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Timestamp: 2013-05-24 00:55:00+00:00

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5 julio, 2012 14:13 admin Historia sin comentarios
En entrevista que le hiciera el periódico La Diaria a Luis Alberto Heber, Presidente del Directorio del Partido Nacional y dirigente del sector autodenominado “Herrerismo”, el entrevistado manifestó que: “El Herrerismo es quizás una de las principales fuerzas, si no la principal, de sostén y está en proceso fermental, también provocado por Luis Alberto”.
Al señor Heber seguramente le haya traicionado el subconsciente, porque lo “fermental”, como todo el mundo sabe, puede ser algo positivo desde un punto de vista de la producción de bebidas alcohólicas, porque es un proceso bioquímico de descomposición que ayuda a conseguir un producto final inocuo, alimenticio en dosis normales. Pero aplicado para someter a cambios a una organización política cuya acción y programa tradicionales eran patrióticos y populares, el efecto de fermentación no puede ser en absoluto positivo, ya que “fermentar”, en ese contexto de descomponer lo saludable, es sinónimo de corromper, alterar, descomponer y pudrir.
¿El señor Heber está confesando que él y “Luis Alberto” (Lacalle), desde el “Herrerismo”, son la principal fuerza y sostén de un proceso de pudrición dentro del Herrerismo y del Partido Nacional?
Para quienes no conocen la historia del Partido Nacional, del Herrerismo y del personaje que actualmente encabeza el partido, sigue una breve reseña histórica para que puedan juzgar por sí mismos a qué se refiere Luis Alberto Heber al afirmar que él es un agente de “fermentación” dentro del Herrerismo.
El Partido Nacional fue creado por los continuadores del Federalismo Artiguista, y como su nombre claramente lo proclama, es el partido de la nación oriental, de la defensa de lo criollo. En la acera de enfrente estaba el Partido Liberal, posteriormente llamado Partido Colorado, que defendía lo internacional, lo extranjerizante, lo cosmopolita; en resumidas cuentas, lo que decidía el imperio de turno y hacía llegar a sus huestes alrededor del mundo a través de las sectas masónicas.
Luis Alberto de Herrera fue un gran patriota de ese Partido Nacional, que dedicó su vida a luchar por los intereses de la nación y por la soberanía e independencia del Uruguay, que siempre estaban siendo amenazadas por los liberales, y en la época de Herrera, por un nuevo aliado de éstos: los marxistas. El accionar de las hordas liberales y marxistas, era coordinado desde las sectas masónicas, como dos tentáculos de un mismo pulpo, para que sirvieran al imperio desde diferentes flancos.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Herrera se plantó firme y luchó contra la instalación de bases militares extranjeras en suelo patrio, y luchó por la neutralidad del Uruguay en la guerra, enfrentado por liberales y marxistas unidos y ávidos por involucrar al Uruguay en una guerra en la que nuestro pueblo no tenía nada que ver. Por su defensa de la nación, Herrera fue atacado por ambos brazos del pulpo internacional y acusado de ser nazi, a pesar de que su postura era de neutralidad. Cabe destacar que ninguno de aquellos “valientes” belicosos, ni ninguno de sus hijos, se enlistó jamás para ir a combatir en esa lejana guerra, en la que gustosos habrían inmolado a toda la juventud uruguaya.
Sin embargo, todo ello sirvió para que cayeran las caretas de liberales y marxistas, que estratégicamente simulaban ser “opositores”. Pero en aquel contexto de fuerza mayor, no tuvieron más remedio que mostrar ante la humanidad entera su verdadero rostro y la incestuosa relación que hasta entonces los había unido en estrecha y muy secreta colaboración, al conformarse lo que se conoce como “Los Aliados”. A través de esa pública alianza, los marxistas pudieron lanzarse a la conquista de una decena de países neutrales, amparados por el silencio cómplice y la decidida colaboración de sus “demócratas” aliados.
Pasados los años, el Herrerismo cayó en manos de Luis Alberto Lacalle Herrera, nieto del viejo patriota, acompañado de su ambicioso primo y mano derecha, Luis Alberto Heber. Lejos de mantener la postura nacionalista, soberanista y neutralista característica del Herrerismo, introdujeron una nueva ideología, bautizada por el propio Lacalle como “Nacionalismo Inclusivo” (que también podría haberse llamado “Liberalismo Disfrazado”). Lo único que tenían de “nacionalistas” las nuevas ideas de Lacalle, eran su incondicional defensa del Sionismo (nacionalismo de Israel), es decir, eran nacionalistas… pero en favor de otra nación.
Esta transformación del Herrerismo nacional en “lacayismo” extranjero, no estuvo motivada por elevados ideales, sino por una mezquina ambición de poder. Hace algunos años, el periódico El Observador citaba al Dr. Lacalle diciendo que para ser Presidente de Uruguay, era condición necesaria ser amigo de los israelitas, lo que le llevó a ponerse en contacto con su viejo compañero de infancia en el British School, el Sr. Cambón (de origen hebreo), para que le ayudara en esa tarea (2). Es evidente que el Herrerismo dejó de ser un instrumento al servicio de los intereses de la nación, para convertirse en un instrumento al servicio de poderes extranjeros dispuestos a ayudar a Lacalle y Heber a alcanzar sus ambiciones personales de poder.
Como es evidente, una organización política extranjera como es el sionismo, no iba a dar su apoyo al Dr. Lacalle a cambio de una amistosa sonrisa, pero dejemos que sea el propio Lacalle que nos ilustre sobre el asunto (transcripción textual de actas oficiales judicializadas del Directorio del Partido Nacional que presidía Lacalle): ”Recuerda [Lacalle] que el tema del sionismo también es muy antiguo, pues Teodoro Herzl, hijo, gran patriota, creó el movimiento sionista que, como se sabe, no es compartido por todos los judíos, pero fue un nacionalismo que logró y llevó adelante la lucha por la reivindicación de la creación del Estado de Israel, y es una figura espectacular de la historia, con un tesón y una fuerza tremenda. Pide que no se olviden que el Dr. Washington Beltrán y quien habla [Lacalle], en el año 1985 estuvieron en una Conferencia en Porto Alegre, donde empezó la reacción contra la Resolución 3379 de Naciones Unidas, que declaraba la equivalencia de sionismo con racismo, y el Partido Nacional, en ese entonces, por intermedio de ellos, se comprometió a que Uruguay iba a patrocinar la derogación. Señala que el tiempo pasó y patrocinaron la derogación desde el Gobierno”. (1)
Nota: La Resolución 3379 establecía que: “…se condenó de la manera más severa al sionismo como una amenaza a la paz y la seguridad mundiales y se exhortó a todos los países a que se opusieran a esa ideología racista e imperialista. Declara que el sionismo es una forma de racismo y discriminación racial” e invoca entre sus fundamentos, como aplicable al sionismo, la Resolución 1904 de la propia Asamblea General, que establece que “toda doctrina de diferenciación o superioridad racial es científicamente falsa, moralmente condenable, socialmente injusta y peligrosa”, y expresa su alarma (sic) ante “las manifestaciones de discriminación racial que aún existen”.
No está demás señalar que el Dr. Lacalle hizo eso que tan orgulloso narra de atrevido y caradura que es, porque nadie del Partido Nacional ni del gobierno de la República Oriental del Uruguay, le mandató esa misión internacional ni le nombró representante para ello, y menos aún, le autorizó a comprometer el patrocinio del Partido Nacional y del gobierno uruguayo, en un asunto tan delicado de política internacional, en apoyo a una ideología foránea que había sido descrita por la ONU como una “amenaza a la paz y la seguridad mundiales” además de ser descrita como una ideología “racista e imperialista”.
Tiempo después de mostrar su claro compromiso con la causa sionista, el Dr. Lacalle efectivamente llegó a la presidencia y utilizó su nuevo cargo para impulsar, a nombre de todos los orientales (su compromiso personal), la resolución más breve e injustificada en la historia de Naciones Unidas, la Resolución 4686, que en una sola línea revocó la Resolución 3379, sin exponer ningún motivo para ello.
La biografía del Dr. Luis Alberto Lacalle que publica el Centro de Estudios y Documentación Internacionales de Barcelona, lo describe como alguien que lleva adelante “planteamientos neoliberales” (¿Nacionalismo Inclusivo?), y añade: “Fuera de este ámbito, Lacalle entabló tratos cordiales con países latinoamericanos como Chile y México, viajó a Europa, China y América del Norte, se distinguió por sus excelentes relaciones con las administraciones estadounidenses de George Bush y Bill Clinton -en lo que ayudó su perfecto inglés- y se proyectó también como un estadista muy ligado a la comunidad judía y sus iniciativas internacionales” (léase las iniciativas del sionismo, pues el mismísimo Lacalle, como transcribimos más arriba, tuvo que confesar que el sionismo “no es compartido por todos los judíos”).
El alumno reemplaza al maestro
Como legítimo continuador del “lacayismo” mal llamado Herrerismo, está actualmente Luis Alberto Heber, también defensor incondicional del sionismo, con ideas “innovadoras” como las siguientes (transcripción de actas oficiales judicializadas del Partido Nacional): “Yo les pediría que Uds. lean el nuevo Programa de Principios porque habla de una nueva concepción que es Nacionalismo Inclusivo (…) que por lo menos nosotros queremos interpretar, no es nada excluyente, sino que busca adjuntar la mejor de las razas que conforman una sociedad como la nuestra”. (1) El mismo Heber, minutos antes durante esa misma reunión, afirmaba: “…es de vital importancia política tener una buena relación como para poder entablar los contactos necesarios como para que no se vea en la actitud Nacionalista un concepto excluyente”. Es decir, el mismo Sr. Heber que sostiene que nuestra sociedad está integrada por diferentes razas, destacando entre ellas a una raza que es mejor que las demás (concepto supremacista típico de los más radicales exponentes del Ku-Klux-Klan) manifiesta sin embargo que es de vital importancia política que no se vea (no que no exista) una actitud excluyente.
Vale aclarar que el Sr. Heber no es de origen israelí ni ha nacido en Israel, y toda esta defensa de un movimiento político extranjero y una potencia extranjera, es por pura alcahuetería interesada, confiando que con ello, al igual que Lacalle, va a terminar siendo Presidente de Uruguay. Lamentablemente para el Partido Nacional y para el Uruguay, este problema no se limita al Herrerismo, ya que nos consta que el Dr. Larrañaga, atendiendo gentiles instancias de esa misma organización política extranjera, bajó de posición en sus listas electorales, para evitar que fueran electos, a candidatos críticos del sionismo como el Sr. Leopoldo Amondarain. Y si ya es inaceptable y gravísimo que agentes políticos foráneos metan sus narices en asuntos electorales nacionales, incidiendo sobre qué candidatos salen electos o no, más inaceptable y grave aún, es que un candidato a la Presidencia de la República Oriental del Uruguay, haga lo que le pide el agente foráneo, como si el nuestro fuera un gobierno colaboracionista de una potencia extranjera de ocupación.
La triste realidad del actual Partido Nacional
Durante los últimos años, se ha ido agudizando una grave crisis de identidad en el Partido Nacional. Fundado como partido de innegable ideología nacionalista, ha perdido casi por completo su esencia, su razón de ser: defender a la nación. Además de los grupos que abiertamente se declaran liberales; está el sector de Heber/Lacalle con esta nueva ocurrencia del “Nacionalismo Inclusivo”, que básicamente es ser liberal cuando se trata de Uruguay y ser nacionalista cuando se trata de Israel; con otro sector fuerte liderado por el Dr. Larrañaga, que en una muestra de ignorancia supina, se ha definido a sí mismo como Progresista (queremos creer que ignora que “progresismo” significa el avance hacia la dictadura del proletariado, que eso es lo que los marxistas entienden por progreso). ¿Dónde ha quedado el tradicional e histórico nacionalismo popular, que se enfrentaba a liberales y marxistas por igual, comprometido sólo con los intereses de una ÚNICA nación: el pueblo oriental?
Pero no todo está perdido; aún pervive en las bases del Partido Nacional, un nacionalismo popular auténtico, y aún quedan dentro del partido, pequeñas agrupaciones que mantienen viva la llama del nacionalismo histórico de Oribe, de Saravia, de Leandro Gómez y de Herrera, como por ejemplo la agrupación Unidad Nacionalista del Cnel. Agosto, los Viejos Herreristas de Domínguez y el valiente mensaje radial de Ginel, el intrépido movimiento “Orejano” de Rocha y muchas otras pequeñas agrupaciones repartidas por el territorio nacional. Sólo hace falta que los blancos de verdad, los nacionalistas de toda la vida, dejen de apoyar a los “dotores”, esos que como dice la canción “nunca aparecen para pelear, pero enseguida salen a hacer la paz”, y empiecen a apoyar a los grupos genuinamente patrióticos.
Apéndice sobre la indiscreción de Lacalle publicada por El Observador
Cuando el periódico El Observador cometió la osadía e indiscreción de publicar el comentario del Dr. Lacalle sobre su estrategia arribista para llegar a Presidente, consistente, según dicho periódico en utilizar a un amigo de particular y no positiva notoriedad pública, el Sr. Cambón, para “enlazar” la dirigencia sionista, ello molestó tanto a ciertos grupos de poder, que el director de El Observador, lógicamente atemorizado, denunció bajo su firma en su diario amenazas y acosos. Para purgar su inconveniente indiscreción y compensar de algún modo a los poderes extraconstitucionales cuyo enojo habían despertado, los responsables del periódico recurrieron al laxante del servilismo, convirtiendo su periódico en un papel higiénico usado y arrojadizo, con el que tapar de mucha “merde” a cualquiera que osara criticar al sionismo.
Eso fue lo que sucedió con un grupo de jóvenes del Partido Nacional críticos del sionismo, contra quienes El Observador lanzó carradas de embustes y agravios, lo que le valió al diarreico periódico una condena en lo Penal y otra en lo Civil. Según sentencia de la justicia Penal del Uruguay, El Observador “…no aporta medio probatorio, ni siquiera lo ofrece, que avale la veracidad de la imputación formulada…“. Según la sentencia de la justicia Civil del Uruguay, lo publicado por El Observador era: “…muy grave, y resulta información no veraz. No sólo inexacta, sino falsa…“.
¿Una organización política extranjera entrega premios a políticos uruguayos por apoyar la causa de otro país?
La Organización Sionista Mundial, a través de la Organización Sionista del Uruguay, entrega todos los años el Premio Jerusalén, principalmente a políticos uruguayos, entre los que se destacan: Jorge Batlle, Luis Alberto Heber, José Mujica, Luis Alberto Lacalle, Julio María Sanguinetti y Tabaré Vázquez, debido a que: “…han tenido una actuación destacada en la amistad y el apoyo a la causa de Israel…“.
¿Es esta la causa que apoyan nuestros políticos y por la que reciben premios?
Para comenzar, la Ley 9.936, incorporada al Código Penal, establece como “Asociaciones Ilícitas”, en su Artículo 1:
4º Las que usen enseñas, uniformes, símbolos o saludos que singularicen a partidos, tendencias o entidades políticas extranjeras“.
Uno de estos símbolos es de la Organización Sionista del Uruguay, el otro de una entidad política extranjera llamada Organización Sionista Mundial, ¿cuál es cuál?
Es innegable que la Organización Sionista es un movimiento político que de algún modo logra que las principales figuras políticas de nuestro país (absolutamente TODOS los presidentes desde el fin de la dictadura hasta hoy), apoyen la causa de “un poder extranjero”, lo que violaría la Ley 9.936 del Código Penal. ¿Será precisamente esta influencia que ejerce sobre los políticos, lo que le permite a esta organización operar en territorio nacional sin consecuencias legales?
Al respecto cabe recordar que bajo la presidencia democrática del Dr. Julio María Sanguinetti, y ante manifestaciones públicas del Comité Central Israelita sobre las desapariciones forzadas, Sanguinetti (que se entendió atacado porque había contribuido a las leyes de punto final y denegado el trámite judicial de las denuncias), ordenó al Ministro de Relaciones Exteriores, Alvaro Ramos, que hiciera comparecer a su despacho al embajador del Estado de Israel en Montevideo para expresarle severamente la molestia que significaba esa intromisión en asuntos internos del país. Obsérvese que esa decisión de Sanguinetti (persona de notoria filiación antifascista y antinazi si las hay) implicaba claramente que el gobierno uruguayo no dudaba que los individuos que habían lanzado improperios contra la soberanía internacional del Uruguay, aunque ciudadanos locales, eran instrumento de la mentada embajada y potencia extracontinental (interpretación que el propio embajador israelí reconoció sin lugar a dudas al negar tener nada que ver con tales personajes). Fuente: Periódico Nación, Nro. 17, abril 2008, pág. 5)
Así defienden la causa palestina los marxistas como Mujica y Topolansky, recibiendo premios de los sionistas por su actuación en favor de la causa de Israel. Nótese qué acicalados y elegantes estaban ambos, que para reunirse con el "cascarriaje" que los vota ni siquiera se peinan.
¿Cómo piensa Don Teodoro Herzl, creador del sionismo, al que Lacalle tanto admira?
Teodoro Hertzl plasmó sus ideas políticas en el libro “El Estado Judío“, en el que explicaba los motivos por los que era necesario crear el Estado de Israel. En dicho libro, describía a los judíos de un modo tal, que de haberlo escrito un gentil, indudablemente habría sido tildado de antisemita: “Los componentes de nuestras clases inferiores se vuelven proletarios perturbadores del orden, llegan a ser los subalternos de todos los partidos revolucionarios, mientras aumenta el temible poder del dinero en nuestras clases superiores” (Pág. 42).
También explica dónde pretendía crear el Estado Judío (Pág. 45):
Dos países pueden ser tomados en cuenta; Palestina y Argentina. En ambos países se han llevado a cabo notables ensayos de colonización según el falso criterio de la infiltración paulatina de los judíos. La infiltración tiene que acabar mal, pues llega siempre el instante en que el gobierno presionado por la población que se siente amenazada, prohíbe la inmigración de judíos. Por consiguiente, la emigración sólo tiene sentido cuando se asienta sobre nuestra afianzada soberanía.
La Society of Jews tratará con las actuales autoridades superiores del país y bajo el protectorado de las potencias europeas, si el asunto les resulta claro. Podemos proporcionar enormes beneficios a las actuales soberanías, responsabilizarnos por una parte de las deudas del Estado, construir vías de comunicación que nosotros mismos necesitamos y muchas cosas más. Pero, el mero surgimiento del Estado Judío trae provecho a los países vecinos porque, en grande como en pequeño, la cultura de un país eleva el valor de los países que lo rodean.
¿Cuál elegir: Palestina o Argentina? La Society tomará lo que se le dé y hacia lo que se incline la opinión general del pueblo judío. La Society reglamentará ambas cosas. La Argentina es, por naturaleza, uno de los países más ricos de la tierra, de superficie inmensa, población escasa y clima moderado. La República Argentina tendría el mayor interés en cedernos una parte de su territorio. La actual infiltración de los judíos los ha disgustado, naturalmente; habría que explicar a la Argentina la diferencia radical de la nueva emigración judía.
Es bastante lógico pensar que de haber resultado Argentina el país seleccionado para el programa sionista, los argentinos estarían padeciendo actualmente lo mismo que los palestinos, y nosotros, los uruguayos, estaríamos sufriendo las mismas peripecias que los sirios, los egipcios o los libaneses, porque obviamente habríamos apoyado a nuestros hermanos argentinos. Conociendo la postura de Herzl sobre cómo la organización “tratará con las autoridades superiores del país” (¿políticos como los que reciben premios en el nuestro?), para que acepten darles a los sionistas un pedazo del país que gobiernan, estamos ante una organización política que cree tener suficiente poder de persuasión para lograr que gobernantes renuncien ILEGITIMAMENTE a una soberanía que pertenece al pueblo y NO a los gobernantes de turno. Y además, ¿a qué se refiere Hertzl con eso de “La actual infiltración de los judíos…”?
(1) Actas certificadas del Partido Nacional que constan en el Juzgado de lo Civil de 19º Turno (expediente 2-46759/2006)
(2) Estamos buscando el artículo original (traspapelado), para poder citar el texto exacto y un enlace a una reproducción digital del periódico.
Destaques y negritas nuestros.

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 Artículo 1