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Timestamp: 2018-04-19 09:59:00+00:00

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ESTAMPAS DE CHICLAYO EN EL SIGLO XXI: LAS FOTOGRAFÍAS QUE RETRATAN LOS COLORES DE LA CIUDAD
La provincia de Chiclayo cumple este 18 de abril 183 años de creación y el paso del tiempo en la “Capital de la Amistad’ marca un hito histórico y llena de emotividad a sus pobladores, quienes atesoran aquellas estampas fotográficas que documentan cómo ha evolucionado su gente, sus costumbres y su belleza.
Chiclayo atesora mucha su historia y las fotografías existentes son un fragmento del acontecer de esa realidad. Son grupos de imágenes que reflejan escenarios de las distintas etapas de la ciudad, las cuales con el pasar de los años se convertirán en una referencia para el estudio y la investigación.
La fotografía es una herramienta que permite documentar el día a día del quehacer de la sociedad, además posee un potencial etnológico, antropológico, folklórico y social. Esta da a conocer cómo somos, cómo vivimos y qué hacemos.
Según el fotógrafo documentalista Juan Gil Salvatierra, generalmente cualquier fotografía es documental siempre que documente un momento, un escenario o una realidad, pues es posible que esos registros sirvan para mostrar en la posteridad cómo era un lugar u objeto en una determinada época.
“Capturar momentos maravillosos, transmitir un sentimiento o realizar una imagen con sentido meramente estético. Esas son algunas peculiaridades de la belleza de lo cotidiano y en ocasiones generan conciencia social”, comenta.
Juan Gil señala que todo está en la mirada, pues cuando una persona contempla entiende que lo observado es agradable y una bendición.
“Yo me pregunto cuántas veces vemos un amanecer chiclayano o una puesta de sol. Cuántas veces vemos cómo la flor se abre o cómo el girasol cobra el sentido de su nombre. Muchas veces no somos conscientes de esos pequeños detalles. Nadie se ha detenido a ver eso y eso es maravilloso. Lo mejor de ello es que no tenemos que recorrer grandes kilómetros, todo lo tenemos en Chiclayo”, expresa.
SI SE VE BIEN, SABE BIEN
“Cuando se habla de recetas y gastronomía local nos imaginamos un sabroso arroz con pato, un seco de cabrito o un ceviche mixto. Una de las múltiples bondades de Chiclayo es su comida y yo me encargo de generar ese gustito y despertar el apetito en el paladar chiclayano”, cuenta Víctor Contreras Bardales, fotógrafo gastronómico.
Una disciplina que últimamente avanza en la localidad es la fotografía gastronómica junto con las costumbres culinarias del pueblo norteño. La intención de esta es plantearle a las personas ‘comer por los ojos’ y su objetivo principal es captar la textura de los insumos, su esponjosidad, volumen, color y tamaño.
“Una de las características principales de la fotografía es que preserva la realidad para visualizarla. He ahí la importancia del factor etnográfico para retratar a las culturas que están próximas a desaparecer y tenerlas como registro para el futuro.
Rescatar la historia es lo mejor que podemos hacer, porque el tiempo cambia y Chiclayo no es el mismo que hace cinco años”, dice.
Para Víctor Contreras los mejores lugares para fotografiar son las distintas cocinas chiclayanas y su evolución a través de los años. Agrega que la cocina chiclayana es muy nutrida y en ella se condensa toda nuestra tradición.
“Si pasas por la calle y le preguntas a alguien qué es lo mejor de la ciudad te dirán la comida. En las cocinas ves todo tipo de insumos y cada insumo tiene su región y proviene de alguna parte del Perú que llega a parar a Chiclayo”, indica.
“De todo lugar mágico que existe en Chiclayo creo que las cocinas tienen mucho que dar y contar. De ahí no solo salen grandes platos, también son un espacio donde hombres y mujeres se juntan para compartir algo y esos momentos de coyuntura con los más sinceros y los que sacan el lado más bonito de la gente”, menciona.
A su turno Jorge Alberca, fotógrafo de bodas, señala que Chiclayo no solo tiene escenarios muy bonitos que ofrecer, sino también el calor de su gente hace que la ciudad se vuelva acogedora. Añade que una foto tiene el poder de contar historias y expresar sentimientos, además de guardar los momentos más importantes de la vida.
“En mi experiencia como fotógrafo de bodas he visto a muchas familias del Perú. En el marco de los 183 años de la creación de Chiclayo es oportuno resaltar a sus novias. Mis lugares mágicos para crear una estampita de una joven pareja son los campos y las playas. El verde de la naturaleza crea una atmósfera muy bonita, mientras que en las playas la brisa del mar juega con el cabello de las jóvenes y con miradas cómplices las parejas derrochan amor”, manifiesta.
Según Juan Gil Salvatierra cualquier hecho cotidiano es digno de ser inmortalizado en una fotografía. Una salida turística a los grandes centros arqueológicos, las actividades en casa, una caminata por el Parque Principal… todo comunica y genera un grado de respuesta en las personas. Una fotografía (de acuerdo a su contenido) puede arrancar una sonrisa, un suspiro o puede ser tema de denuncia social y ese tipo de actividades – dice - desarrolla sensibilidad.
CHICLAYO EN EL TIEMPO
El fotógrafo documentalista realizó durante los primeros meses del 2016 una exposición denominada “Retratos de mi Tierra”. En ella tomaron protagonismo las distintas fotografías de la catedral, la municipalidad, principales avenidas de la ciudad y aspectos resaltantes de distritos cercanos.
Entre el año 1992 y 1993 Juan Gil tomaba fotos en el Parque Principal a fin de aprender el uso de su cámara. Posteriormente le salió un pedido grande de postales de Chiclayo. “En esa oportunidad vendí dos mil fotografías”, recuerda.
“No hay mejor manera de mostrar el amor por nuestra ciudad que aportando un poco a nuestra cultura y revalorándola de alguna manera. Chiclayo tiene muchas cosas que ofrecer como sus playas, sus costumbres, su gastronomía, su gente bonita y sus atardeceres espectaculares. Vivamos nuestra fiesta llevando en alto el nombre de nuestra ciudad”, finaliza.
“LAMBAYEQUE, LA COCINA DE UN GRAN SEÑOR”: TRIBUTO A LA SAZÓN POPULAR
“Lambayeque, la cocina de un gran señor” es el libro que hace algunos años publicó el reconocido chef chiclayano Héctor Solís Cruz, heredero de una tradición gastronómica que ha hecho del Fiesta Restaurante Gourmet el mejor de su tipo en el país.
La obra, editada por el Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología de la Universidad de San Martín de Porres – USMP, es la más completa compilación de recetas que se ha hecho hasta hoy de la cocina departamental, destacando por la valoración de los platos sencillos que se sirven en los pueblos de Lambayeque y, en especial, de Chiclayo.
Solís Cruz ofrece en el libro un recorrido casi mágico por la cocina tradicional, acompañando la publicación con una cautivante fotografía que estuvo a cargo de Heinz Plenge y Pocho Cáceres.
El autor confiesa que su cuna estuvo perfumada por aderezos y aromas de ollas calientes, por la combinación inigualable de ricos ingredientes que hacen a nuestra gastronomía variopinta y excepcional, lo que sirvió de insumo para convertirse en uno de los más prestigiosos cocineros del país.
Para entender su pasta gastronómica debe saberse de dónde proviene. Su abuelo fue el fundador de la Sala Bolívar, el mejor restaurant que tuvo Chiclayo en la década del 50; su padre, Alberto Solís Serrepe, tras años de trabajo en el sector financiero, fundó el Fiesta Gourmet, hoy uno de más prestigiosos restaurantes del país y el primero en atender a puerta cerrada en la ciudad. Pero además, creció bajo los cuidados y la enseñanza en el arte gastronómico de su madre, Bertha Cruz, de quien asegura, aprendió todo sobre las sazones lambayecanas.
“Crecí en el piso de arriba de un restaurante llamado Fiesta, en la cuadra 18 de una avenida alejada del centro de Chiclayo, justo donde hoy sigue el viejo restaurante familiar, aunque ahora transformado en un edificio muy diferente. Por entonces mis padres trabajaban en el primer piso de la casa y todos vivíamos en el segundo, rodeados de los aromas de la cocina chiclayana de siempre. Para hacer justicia a mi madre, doña Bertha, debo decir que ella domina como nadie los secretos de la que para nosotros es la cocina más grande del Perú”, relata Solís Cruz.
TESORO CON SABOR
El chef refiere que la cocina lambayecana es gran tesoro que han guardado durante siglos las cocinerías y cocineros de esta tierra.
“No hay más que recorrer algunas de las humildes picanterías de Puerto Eten, Monsefú, Santa Rosa, Pimentel, Ferreñafe, Túcume, Pacora, Jayanca, Íllimo, Mórrope o Lambayeque, para descubrir un mundo diferente en el que los sabores son un boleto que abre las puertas del paraíso”, comenta.
Entre los productos que se destacan en el libro figuran la langosta de Puerto Eten, el pato de Batán Grande o el humilde life.
“Llevo siguiendo estos sabores desde siempre, maravillándome hoy como cuando era niño y corría entre las preparaciones de la primera cocina del Fiesta pensando en que algún día estos también serían mis dominios”, comenta Héctor Solís.
RECETAS CON SU TOQUE
“Lambayeque, la cocina de una gran señor”, presenta 70 recetas recogidas y perfeccionadas por las manos de Solís Cruz, quien con más de 25 años de convivencia con la cocina local busca, a través del libro, perennizar el arte culinario de los pobladores urbanos y rurales de la región.
“Todas son mías, nacieron de las tradiciones culinarias de mi tierra y me acompañaron en un viaje tan largo que acabaron creciendo conmigo hasta convertirse en lo que son. Hoy son muestra de los nuevos desafíos que afrontamos cada día en las cocinas del Fiesta, un restaurante en el que trabajamos con el mayor respeto del mundo para aumentar la grandeza de una cocina que camina hacia el futuro”, asevera.
Para Héctor Solís, la cocina constituye el gran patrimonio inmaterial de Lambayeque, combinación de tradiciones, creencias y aventuras que se mezcla con la alegría de la gente y su apreciable generosidad.
“La cocina es uno de los grandes patrimonios de Lambayeque y de todo el Perú, y no puedo dejar de pensar que es la gastronomía el principal vehículo para convertir al Perú en una marca mundial. Disponemos de productos únicos en el mundo que provocan la envidia de cuantos cocineros los conocen: frutas excepcionales llegadas de la selva, ajíes con sabores y perfumes que definen la naturaleza de una cocina siempre diferente, papas y otros tubérculos crecidos bajo los suelos andinos. Tenemos en nuestras manos los insumos necesarios para preparar nuestro asalto al futuro, defendámoslo, pero antes que nada aprendamos a conocerlos para poder defenderlos”, refiere el reconocido chef.
RIQUEZA DEL LITORAL
La publicación está divida en siete capítulos en los que Solís Cruz expone, de acuerdo a los espacios geográficos de la región, la multiplicidad de platos lambayecanos.
El primer apartado se refiere a “Las Recetas del Mar y de los Ríos”, figurando en él exquisitas manifestaciones de la culinaria local como la causa chiclayana; el cau cau de langostinos norteños y mariscos; el ceviche de conchitas saladas; la batea fresca ahogadita; la albóndigas de bonito; el ceviche de caballa salpresa; la caballa rellena; la causa de mero murique y langosta de Puerto Eten; el ceviche de mero murique y cangrejos moros crudos; los cachuelos fritos con sarza criolla; el ceviche a la brasa de tollo pirucho y langosta; las sardinas al horno; el chinguirito de guitarra sechurana; la jalea de cachema oreada; los dados de tollo pirucho en salsa de limón y ajinagua; la guitarra sechurana guisada; el jaladito de cabrilla; la tortilla de raya; el chilcano de pescado; el sudado de rinchín o pez diablo; la jalea de suco de Santa Rosa; las panquitas de life cocidas en brasas de carbón; el pocoche a la leña y el sudado de mero.
Héctor Solís presenta en el capítulo “De los Arrozales” al tamal del Fiesta de arroz con asado de tira de lechón; el arroz agarbanzado con costillar de cabrito; el arroz arvejardo; el arroz con chancho; el arroz con mariscos; el arroz mojadito de langostinos norteños y marisco al pisco y el inigualable arroz con pato a la chiclayana.
El chef muestra también el famoso seco de cabrito con frejoles; el aguadito de punta de pecho; la carne seca; el cabrito al horno; la sangrecita de cabrito; la sopa de cholo, el chirimpico de cabrito, el lomo de vacuno al jugo, el estofado de osobuco a la chiclayana y el costillar de cabrito de leche a la brasa con puré de loche, platos que reúne en las recetas “De la Chacra”.
En las recetas “Del Corral”, “De la Tierra” y “De la Casa”, Solís Cruz agrupa a otros tradicionales potajes lambayecanos, muchos de ellos que se han dejado de preparar en la cocina local. Allí figuran la rellena; el adobo de cerdo; el frito chiclayano de costillar de cerdo; la patita de cerdo en sarza; el migadito de hígado de cerdo; la patita de cerdo con garbanzos y maní; las manías y la salchicha ferreñafana.
También el espesado de punta de pecho; el tacu tacu; los garbanzos guisados; las humitas de choclo rellenas con pechuga de pollo; el pepián de pava; las tortitas de choclo y la poda de zarandajas; el pavo criollo hornado y relleno; el estofado de pato negro; apatadito de pato o jugoso; la boda; la cazuela de gallina criolla; el lomo saltado de pechuga de pato; la cecina de pechuga de pato y el mechadito de pato.
“Debo agradecer al padre Johan Leuridan y al rector de la Universidad de San Martín de Porres, ingeniero José Antonio Chang Escobedo, por permitir que una prestigiosa facultad como es la de Ciencias de la Comunicación, Turismo y Psicología respalde la publicación de esta obra, que procura exponer al mundo uno de los mayores tesoros de Lambayeque, patrimonio que su gente conserva a diario y que se ha heredado de generación en generación”, refiere Héctor Solís.
A 175 AÑOS DE SU NATALITICIO: EL CAPITÁN DE CORBETA ELÍAS AGUIRRE
Escribe: José Carlos Cosío
Este año se conmemora el centésimo septuagésimo quinto aniversario del nacimiento del Capitán de Corbeta Elías Aguirre Romero, uno de los más ilustres chiclayanos y hombre ejemplar de la Marina de Guerra del Perú, cuya vida sacrificó en defensa de la patria junto a otros epónimos hombres de la armada como Grau y Ferré.
Este heroico y valeroso marino nació en Chiclayo el 1 de octubre de 1843, hijo del matrimonio de Carlos Aguirre y María Candelaria Romero. Las primeras letras las aprendió en su ciudad natal. Al cumplir los 10 años sus padres lo enviaron a Lima para que continuara sus estudios bajo el control de sus tíos José y Manuel Romero, quienes lo matricularon en el colegio denominado “El Liceo”. Posteriormente pasó al colegio del señor Jacobo López Castilla.
En una breve biografía de Aguirre, en el “Catecismo Patriótico”, José Luis Torres dice lo siguiente:
“De fisonomía alegre, carácter enérgico e inteligencia superior, revela una extraordinaria vocación por la difícil y peligrosa profesión de la Marina. En ella creyó encontrar sin duda aquello que la superioridad de su inteligencia y la energía de su carácter necesitaban para poder prestar a su patria servicios de la más alta importancia”.
Antes de cumplir los 15 años ingresa en la Escuela Naval Militar, el 7 de julio de 1858. Después de dos años de estudios obtiene el grado de Guardiamarina y es destinado a servir en la fragata “Amazonas”. Durante cuatro años realiza sus prácticas profesionales en diversos buques de la escuadra y el 20 de enero de 1864 obtiene el grado de Alférez de Fragata.
Oficial serio, competente, cumplidor de sus deberes, de trato afable y caballeroso es apreciado por sus superiores y sus ascensos se suceden sin interrupción. El 11 de junio de 1865 alcanza el grado de Teniente Segundo y el 23 de noviembre del mismo año se le otorga la efectividad en el grado.
Al año siguiente, el conflicto con España se agudiza con la Revolución de Arequipa y las acciones bélicas entran en una fase crítica. Para enfrentar a la poderosa escuadra española, el gobierno había mandado construir en Inglaterra dos blindados: el “Huáscar” y el “Independencia”, que ya estaban en viaje al Perú. El resto de la escuadra se envió a Chile, para reunirse con ellos en la región de los canales y presentarse unida para el encuentro final con la flota española. A la poderosa escuadra peruana debían agregarse las dos únicas naves chilenas: la “Covadonga” y “La Esmeralda”, que por su antigüedad e ínfimo valor militar no significaban ningún aporte efectivo.
La División Naval Peruana sale del Callao rumbo al sur está constituida por las fragatas “Apurímac” y “Amazonas” y las corbetas “Unión” y “América”, recientemente adquiridas. Al mando de esta fuerza está antiguo y prestigioso marino peruano, el capitán de navío don Manuel Villar, quien iza su insignia en la fragata “Apurímac”.
La escuadra de Villar llega a Chile y se une a las dos naves chilenas al mando del capitán de navío Wlliams Rebolledo, que por ser más antiguo que Villar asume el mando general de la flota unida.
La escuadra española al tener información sobre estos movimientos de la escuadra aliada envía al Sur a dos de sus fragatas: “Villa de Madrid” y “Blanca”, con el fin de desbaratar estos aprestos bélicos.
La escuadra aliada escoge la rada de Challahué, cerca de la Isla de Abtao, para esperar a las naves enemigas. El 16 de enero el Perú pierde a la histórica fragata “Amazonas” al tomar uno de los canales cerca de Abtao. El día 7 de febrero tuvo lugar el memorable combate de ese nombre. La escuadra aliada está al mando de Villar, pues días antes Williams Rebolledo tuvo que dirigirse a Valparaíso en “La Esmeralda”.
Después de un rudo cañoneo las naves españolas tuvieron que abandonar el campo ante la imposibilidad de batir a las naves peruanas que habían elegido excelente posición defensiva. En ese combate encontramos al Teniente Aguirre en la dotación de la gloriosa corbeta “Unión”, que esta vez está al mando del Capitán de Corbeta don Miguel Grau.
Elías Aguirre tenía a cargo las baterías de la corbeta y su desempeño fue excelente, dirigiendo con eficacia y energía el fuego de su nave. En esta oportunidad Grau pudo apreciar las excelentes cualidades del joven oficial a sus órdenes.
Por su valiente y digno comportamiento en acción, Aguirre fue ascendido a Teniente Primero, se le dio medalla conmemorativa y el título de Benemérito de la Patria. Iguales distinciones se otorgó a los jefes y oficiales que participaron en el combate.
EL INCIDENTE TUCKER
Como la guerra ya se había concluido con la retirada de la escuadra española, el gobierno contrató los servicios de un marino norteamericano, el Contralmirante Tucker, para que tome el mando de la escuadra peruana y emprenda una campaña marítima sobre las Filipinas, islas en las que se supone se habían refugiado las naves españolas.
Este nombramiento produjo el general desagrado en el personal de la escuadra. Era desestimar los merecimientos de almirantes antiguos y experimentados como Mariátegui, De la Haza, Montero y otros que habían demostrado su competencia para comandar empresas de esta naturaleza. La protesta se tradujo en una renuncia colectiva. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y fue drástica, se les aceptó la renuncia y se envió al “Chalaco” llevando los relevos con órdenes de conducir presos a los revoltosos para su enjuiciamiento. Entre los detenidos figuraban destacados y prestigiosos marinos, entre ellos: Montero, Manuel Ferreyros, Grau, Aurelio García y García, Otoya, Tellería, Cobián, Elías Aguirre, Nicanor Alayza, Meza, Ureña, Proaño y otros.
Los enjuiciados, después de una prolongada prisión preventiva en la Isla de San Lorenzo recibieron la sentencia que fue más intimidatoria que efectiva en atención al prestigio de muchos de los afectados que en gran mayoría fueron absueltos y reincorporados al servicio.
EL VIEJA EN EL “MANCO CÁPAC”
Al año siguiente el Perú adquirió en los Estados Unidos dos monitores fluviales, bautizados con los nombres “Atahualpa” y “Manco Cápac”, construidos para operar en el río Misisipi y no en mar abierto. Lentos, pesados y sin quilla tuvieron que hacer el viaje desde New Orleans al Callao a remolque. La cubierta principal sobresalía de la superficie solamente 12 pulgadas, motivo por cual las escotillas y tomas de aire debían permanecer permanentemente cerradas durante la navegación, haciendo condiciones de navegabilidad de un sacrificio verdaderamente insoportable, particularmente en la frígida zona del estrecho.
Elías Aguirre fue nombrado a la dotación del “Manco Cápac” y en él efectuó todo el azaroso viaje en las condiciones más adversas que se pueda imaginar. Solamente la gran capacidad profesional y el inquebrantable espíritu del sacrificio de sus tripulantes pudo culminar con éxito uno de los más increíbles viajes de la historia naval. Los norteamericanos al verlos zapar decían: “Ahí van los peruanos en sus ataúdes de fierro…”. Aquí vemos cómo se va forjando el carácter de Aguirre.
Al llegar al Callao la corbeta “Unión” es enviada a Inglaterra para su carena y reparación. Va como comandante Nicolás del Portal y como segundo Elías Aguirre. La navegación se efectúa en gran parte a la vela, adquiriendo sus tripulantes una excelente práctica en ese tipo de navegación. La estadía en Inglaterra duró más de año y medio. Salieron del Callao en el mes de septiembre de 1871 y regresaron el 11 de julio de 1873.
LA DESGRACIA DEL “CHANCHAMAYO”
Terminando este largo viaje Aguirre es nombrado subdirector de la Escuela Naval. Es un jefe destacado, un brillante profesional, sus dotes personales y su innata simpatía le granjean el aprecio de superiores y subalternos. En adición a sus funciones tiene a su mando a la cañonera “Chanchamayo”, nave en la que realizan sus prácticas efectivas en el mar los alumnos de la Escuela de Grumetes.
Infortunadamente, en uno de los numerosos viajes que hizo por la costa norte, aproximadamente a la cinco de la tarde, el oficial de guardia anuncia que se había avistado tierra muy próxima. La nave impelida por vientos favorables de popa avanzó rápidamente varándose totalmente en plena rompiente cerca de la Punta de Falsa Aguja. La proximidad de la noche y la falta de medios impidieron que los denodados esfuerzos hechos por Aguirre y sus tripulantes pudieran evitar la pérdida de toda la nave. Aguirre después de varios días de infructuosos esfuerzos logró salvar a su gente y parte del equipo de la cañonera y tuvo que afrontar las graves consecuencias del desastre.
Con la entereza y nobleza de su carácter, asume plenamente sus responsabilidades, exime a sus oficiales y subalternos de toda responsabilidad y se presenta noblemente para que caiga sobre sus hombros todos el peso de la ley. Su prestigio y bien ganada fama de brillante oficial influyen en el ánimo del Consejo de Guerra y Aguirre es separado del servicio durante dos años.
Con este motivo dirigió una carta a su padre “concebida en términos propios de la altivez de su carácter y de la idea que todas las almas nobles conciben de las obligaciones que la dignidad nacional impone a sus servidores”. Los hermosos conceptos vertidos en ella dieron lugar a que se publicara en “El Nacional”.
Al declararse la guerra con Chile, Aguirre se presenta para ofrecer sus servicios. Es nombrado a la dotación de su antiguo buque la Corbeta “Unión” en abril de 1879 como Mayor de Órdenes del Comandante Aurelio García y García. Participa del apresamiento de la fragata chilena “Adelaida”, de la barca “Adriana Luisa” y del transporte “Rímac”. El 28 de julio de 1978 es trasladado al “Huáscar” como Segundo Comandante a solicitud del Almirante Grau.
Es la tercera y será la última vez que ambos héroes se encuentren para rubricar con su sacrificio y su sangre el amor y devoción a su bandera. Entre agosto y septiembre acompaña a Grau en sus osados ataques a Antofagasta y puertos chilenos, hasta que llega Angamos, epopeya en la que alcanza el zenit de su fama.
En la memorable mañana del 8 de octubre, el enemigo ha preparado convenientemente los pesados cañones de sus blindados para que a muy corta distancia disparen sobre la torres de combate del “Huáscar”, lugar donde saben que se encuentra Grau… No se habían equivocado. Las salvas barren el puente, la torre recibe los mortíferos impactos. A pocos minutos de iniciado el combate el ínclito y heroico Almirante y su ayudante, el teniente Diego Ferré, mueren víctimas de la explosión.
El Capitán de Fragata Melitón Carvajal avisa a Elías Aguirre que el almirante había muerto y debía asumir el mando del glorioso monitor. Aguirre sabe que su nave está perdida, los buques enemigos lo atacan por todos los sectores del horizonte.
En esta fatal emergencia surge la vena heroica de Elías Aguirre y sólo encuentra una solución: el uso del espolón. Con voz reposada y firme ordena rumbo de colisión sobre su más cercano perseguidor, el “Cochrane”. Aguirre no rindió el viejo monitor.
Sus restos reposan en la Cripta de los Héroes, en uno de los seis sarcófagos de mármol de la nave principal, al lado de los que guardan los restos de Grau, Cáceres, Carvajal, Bolognesi y Recavarren.
Texto publicado en “Héroes y Marinos Notables – Apuntes Biográficos Vol. 1”.
EN LOS ÚLTIMOS 20 AÑOS: ONCE AUTORIDADES DE CHICLAYO FUERON VACADAS DEL CARGO
La historia política reciente de Chiclayo tiene pasajes interesantes cuya revisión puede advertir situaciones futuras en el gobierno provincial. En las últimas dos décadas un total de 11 autoridades elegidas por el voto de los ciudadano fueron desaforadas del cargo por razones diversas que van desde el fallecimiento hasta el ejercicio indebido o el nepotismo. El siguiente es un recuento de los casos cuya ocurrencia vale la pena tener presente, más por ser este un año electoral.
1.Caso Garrido Lecca
En 1995 resultó electo como regidor provincial, para el período 1996 – 1998, el arquitecto Jorge Garrido Lecca Higginson, como candidato de Acción Popular en la lista que lideró Miguel Ángel Bartra Grosso a la alcaldía de Chiclayo.
Garrido Lecca se había desempeñado como decano del Colegio de Arquitectos de Lambayeque entre 1984 y 1987 y gozaba de notable prestigio como docente universitario. Sin embargo, su fallecimiento a los 73 años motivó su vacancia del concejo municipal por esta causal.
El colegiado de Chiclayo arribó al Acuerdo Municipal N° 072-96-MPCH-A, el 12 de agosto de 1996, declarando su vacancia, la misma que fue amparada por el Jurado Nacional de Elecciones – JNE con la Resolución N° 605-96 el 25 de octubre de ese año, siendo convocado en su reemplazo José Bocanegra Iturregui.
2.Caso Vásquez Sialer
El 1 de octubre de 1997 el JNE emitió la Resolución N° 912-97 y amparó la vacancia de Ángel Manuel Vásquez Sialer como regidor provincial, decisión que había sido adoptada por el concejo municipal el 11 de marzo de ese año y ratificada el 20 de agosto. Vásquez Sialer había resultado electo como candidato de la Lista Electoral Independiente “Unidos”.
La razón del desafuero fue la inasistencia injustificada del regidor a las sesiones del concejo, pese a las retiradas notificaciones que el municipio cursó haciéndole saber del riesgo que corría por incumplir con lo establecido en la Ley Orgánica de Municipalidades.
Tras la emisión de la resolución del JNE fue convocado como regidor de la provincia Luis Montenegro Serquén.
3.Caso Ortiz Prieto
En su tercer período como regidor provincial, Alberto Ortiz Prieto fue vacado por “ejercer funciones o cargos indebidos”. Así lo señaló el Jurado Nacional de Elecciones en su Resolución N° 681, del 6 de mayo de 1999.
Ortiz Prieto había llegado al concejo provincial como candidato de Adelante Chiclayo, agrupación liderada por Miguel Ángel Bartra, para el período 1999 – 2002.
El cuestionamiento en su contra fue elevado al JNE por el entonces congresista de la República Róger Cáceres Velásquez, quien comunicó que Ortiz Prieto además de ser regidor provincial era rector de la Universidad Particular de Chiclayo, cargo que ejercía desde junio de 1997. Este hecho trasgredía lo dispuesto en los artículos 35 y 36 de la Ley Universitaria, que señalaban que los cargos de rector, vicerrector o decano eran a dedicación exclusiva e incompatibles con el desempeño de cualquier otra función o actividad pública o privada.
El JNE concluyó que el concejo municipal no había actuado ante la circunstancia irregular, por lo que en uso de sus atribuciones vacó a Ortiz Prieto y convocó en su reemplazo a Guillermo Guerrero Guerrero.
4.Caso De la Rosa Anhuamán
En 1999 también fue vacado como regidor provincial de Chiclayo Félix de la Rosa Anhuamán, por la misma causal por la que fue apartado Ortiz Prieto.
De la Rosa Anhuamán mostraba incompatibilidad debido a que ejercía el cargo de regidor provincial, vicerrector Administrativo de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo y presidente del Consejo Transitorio de Administración Regional – CTAR.
En este caso, el concejo sí consultó al JNE qué acciones tomar respecto de la situación de Félix de la Rosa, esto debido al pedido de vacancia que formulado por el también regidor Francisco Cabrera Carrasco.
Félix de la Rosa presentó su renuncia a la regiduría en Chiclayo, lo cual era improcedente, por lo que el JNE procedió a apartarlo del cargo convocando a José Novoa Solís como nuevo regidor de la provincia.
5.Caso Armas Loyola
En mayo del 2000, en atención al Oficio N° 008-2000-MDC, elevado por el alcalde de Chiclayo Miguel Ángel Bartra Grosso, el Jurado Nacional de Elecciones expidió la Resolución N° 726-2000 con la cual declaró la vacancia de Julio Armas Loyola, regidor provincial que había fallecido en ejercicio del cargo.
Armas Loyola era una figura conocida de la política local. Durante el segundo gobierno de Fernando Belaunde Terry se desempeñó como prefecto del departamento y en dos ocasiones había llegado al concejo provincial. Además, en 1990 había sido elegido como representante en la Asamblea Regional.
Ante su fallecimiento fue convocado como reemplazo Gonzalo Díaz Fuentes.
6.Caso Bartra Grosso
El segundo gobierno municipal de Miguel Ángel Bartra Grosso fue sumamente accidentado, al punto que él mismo fue vacado de la alcaldía bajo causal de enfermedad, asumiendo en su reemplazo Fernando Noblecilla Merino.
El 20 de marzo del 2002 el Jurado Nacional de Elecciones emitió la Resolución N° 091 ante el pedido de revisión que Bartra Grosso había presentado contra el Acuerdo Municipal del 12 de diciembre del 2001, en el que se resolvió su vacancia en el cargo de alcalde.
Para el JNE se acreditó que Miguel Ángel Bartra había gozado de licencia por razones de salud y motivos personales por tiempo que excedía el plazo previsto en la Ley Orgánica de Municipalidades. La causal de vacancia que se invocó en este caso fue enfermedad.
Vacado Bartra Grosso asumió la alcaldía el teniente alcalde e ingresó al concejo provincial Rosa Cabanillas Chávez.
7.Caso Castillo Chirinos
La vacancia de Arturo Castillo Chirinos como alcalde de Chiclayo, en su tercer mandato, es la más polémica de las que se han producido en la provincia. El caso incluso abrió el camino para que el ahora exalcalde recurra a la Corte Interamericana de Derechos Humanos por lo que considera la vulneración de sus derechos cuando fue separado del cargo.
El 6 de junio del 2005 el JNE emitió la Resolución N° 156-2005 que revisó la apelación contra el Acuerdo Municipal N° 021-2015 que había declarado improcedente la vacancia de Castillo Chirinos.
El apelante – Rodolfo Guerrero Barreto – argumentó al tribunal electoral que la autoridad tenía una sentencia condenatoria en su contra, alcanzando un oficio emitido por la Corte Superior de Justicia de Lambayeque.
La sentencia contra Castillo Chirinos fue dada en septiembre del 2004 por el delito de desobediencia y resistencia a la autoridad en agravio del Estado, imponiéndole dos años de pena privativa de la libertad suspendida e inhabilitándolo por el mismo período para el ejercicio de la función pública. El fallo fue apelado y ratificado, en parte, en segunda instancia.
Pese a que el JNE señaló que la sentencia había quedado firme esto no era cierto. Pese a ello, le entregó las credenciales de alcalde a José Barrueto Sánchez y convocó como regidor a Manuel Cabrejos Tarrillo. La causal invocada fue sentencia judicial.
8.Caso Carhuatanta Hernández
Con la Resolución N° 420, del 27 de diciembre del 2005, el Jurado Nacional de Elecciones vacó al regidor provincial Candelario Carhuatanta Hernández por nepotismo, luego que se acreditara que su hijo, Ángel Carhuatanta Castañeda, ingresó a laborar en enero de ese año a la Empresa Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque – EPSEL, cuya presidencia del directorio tenía la comuna de Chiclayo.
El concejo provincial declaró improcedente el pedido de vacancia, pero el JNE lo admitió al subir en apelación.
Formulado el fallo del máximo órgano electoral, este procedió a convocar como regidora de Chiclayo a Elizabeth Sandoval Carillo. Ambos eran integrantes de la lista que presentó Acción Popular en las elecciones del 2002.
9.Caso Ortiz Suárez
El mismo día que se emitió el mandato de vacancia contra Carhuatanta Hernández, el JNE emitió la Resolución N° 419, con la cual resuelve apartar del concejo provincial de Chiclayo al regidor Guillermo Ortiz Suárez, también de las filas de Acción Popular.
Se acreditó que el concejal intervino en la contratación de su hijo Guillermo Ortiz Toledo en la Entidad Prestadora de Servicios de Saneamiento de Lambayeque, aun cuando el concejo de la ciudad había declarado improcedente la vacancia por causal de nepotismo al no haber alcanzado el número de votos necesarios para la adopción de la medida.
En reemplazo de Ortiz Suárez fue convocado al concejo Ernesto Lazo de los Santos.
10.Caso Guerrero Samamé
Electo como regidor provincial en las elecciones del 2002 por el Partido Aprista Peruano, Óscar Guerrero Samamé también fue vacado por nepotismo.
El 20 de marzo del 2006 el Jurado Nacional de Elecciones emitió la Resolución N° 340, ante la apelación que el concejal presentó al Acuerdo Municipal N° 074 que lo separaba del cargo.
El tribunal electoral valoró el hecho de que David Guerrero Saavedra, hijo de Guerrero Samamé, había sido contratado en la Municipalidad Provincial de Chiclayo como jefe de Licencias del Servicio de Administración Tributaria, aun cuando la entidad era un organismo descentralizado del gobierno de la ciudad.
El jurado declaró improcedente la apelación de Guerrero Samamé, lo vacó en el cargo y en su reemplazo convocó a Guillermo Pérez Sialer.
11.Clemente Ramírez Prado
La última autoridad vacada del municipio provincial fue Clemente Ramírez Prado, en el segundo gobierno de Roberto Torres Gonzales. La causal invocada fue inasistencia.
El Jurado Nacional de Elecciones emitió la Resolución N° 826, del 16 de diciembre del 2011, tomando como antecedente que el 13 de octubre de ese año el concejo declaró la vacancia del regidor por haber incurrido en la causal de enfermedad o impedimento físico permanente, lo que le impidió asistir a más de tres sesiones ordinarias consecutivas.
El procedimiento a nivel municipal fue irregular, por cuanto no se elevó al jurado la documentación completa que acredite el impedimento físico de Ramírez Prada. En un primer momento la administración buscó frenar la vacancia argumentando que se tenía el permiso médico por el cual el regidor quedaba justificado en su ausencia.
Así, el JNE desestimó la vacancia por enfermedad y confirmó la vacancia por inconcurrencia injustificada, convocando en su reemplazo a Guido Sánchez Requejo.
El 9 de octubre del 2014 el Jurado Nacional de Elecciones emitió tres resoluciones suspendiendo en el ejercicio al entonces alcaldes Roberto Torres Gonzales y a los regidores Rolan Alarcón Rojas y Coeli Sarmiento Torres debido al mandato de detención que se dictó en su contra desde el Cuarto Juzgado de Investigación Preparatoria de Chiclayo.
En septiembre del 2012 ya Torres Gonzales había sido inhabilitado como alcalde por la sentencia por peculado de uso que dictó la Segunda Sala Penal de Apelaciones de Lambayeque.
LA IGLESIA MATRIZ: CAPILLA BAUTISMAL DE CHICLAYO
Escribe: Velia Beltrán Centurión
En 1961 destruyeron totalmente – sin haber elaborado ningún tipo de levantamiento – la Iglesia Matriz, “capilla bautismal de Chiclayo”, en torno a la cual se desarrolló una población indígena y que con el tiempo se había convertido en una de las principales ciudades del país, aquella que había cumplido un papel protagónico en la vida de varias generaciones de chiclayanos.
Cuentan los antiguos ciudadanos que hubo una cierta oposición de algunos intelectuales por estar en total desacuerdo con este atentado en contra de la magnífica iglesia, pero acaso fueron tan pocos o tan poco influyentes que no fue suficiente y más pudo la indiferencia del grueso de la población que pasivamente permitió que Chiclayo perdiera su verdadero patrimonio monumental.
Al contrario, mucha gente influyente presionaba desde hace tiempo para que fuera demolida.
También hay versiones del dolor de ver a madres, tías y abuelas llorar por esta demolición, sobre todo ante las escenas del despojo de las sacras imágenes, las que se supone terminaron dispersas o acaso pertenecen hoy a colecciones privadas.
Inclusive, muchos chiclayanos recordaron siempre a monseñor Jerónimo Mondoñedo, obispo de Chiclayo, con lágrimas de impotencia contemplando su malhadado, condenable y totalmente injustificado derribo.
Por antigüedad no se puede justificar su demolición, pues las construcciones de antaño estaban hechas para perdurar en el tiempo. Ejemplos varios tenemos en los templos coloniales de ciudades vecinas que han soportado exitosamente el paso del tiempo.
Si bien revelaba en su fachada clara tendencia renacentista, en ella también empezaban a asomar elementos que posteriormente definirían el barroco. Constaba de dos pisos o cuerpos, ambos de tres calles que se articulaban mediante pilastras pareadas con aletones y el ritmo exterior reproducía el ritmo interior, reflejando la distribución de las naves.
El frontispicio era destacado con un portal definido mediante un frontón partido, entre el primer y el segundo nivel, remarcando el eje axial de la solemne puerta principal. Todos los vanos, así como todas las hornacinas, fueron de arco de medio punto. Inclusive la hornacina de la calle central del segundo cuerpo en el lugar del rosetón que igual servía de ventana, pero una reja rectangular y cuadriculada recubierta con vidrios la disimuló por algún tiempo.
Las calles laterales en sus dos niveles tenían sendas hornacinas y eran delimitadas en sus extremos por pilares simples. Las cuatro hornacinas remataban en cuarto de esfera, pero solo las dos inferiores contaban con sus respectivas peanas. Si bien las hornacinas son típicamente renacentistas, la presencia de peanas y el frontón partido con volutas enrolladas hacia abajo son influencia barroca.
En este segundo nivel los aletones de las pilastras se multiplicaban desdoblando sus aristas cuatro veces hacia el centro, creando una profundidad justo sobre el frontón partido. Igual sucede con las pilastras que enmarcan las cuatro hornacinas pero en ese caso solo se desdoblan dos veces a cada lado, de modo que el plano de arranque de los nichos es menos profundo que el del vano central de toda la fachada. Como consecuencia de ello, la cornisa ampliada rompe su continuidad, resultando rítmicamente fragmentada yendo hacia delante o hacia atrás, cosa que posteriormente en el estilo barroco se acentuaría aún más.
El imafronte, si bien estilísticamente corresponde al estilo renacentista, constructivamente resulta más similar a una espadaña renacentista, por cuanto es tan solo una prolongación de la fachada en lugar de ser un volumen. La relación armónica entre el ancho del cuerpo inferior y el cuerpo superior de la fachada es algo más estrecho y fue resuelto con dos aletones cóncavos, muy propios del renacimiento. Presentaba además un vano en arco de medio punto, con resalte moldurado simple y era rematado por un frontón triangular.
Todos estos elementos y juego de profundidades daban a la fachada ritmo y sumado a las molduras en todos sus niveles, le aportarían juegos de luz y sombras a diversas horas del día, dotándola de una sensación dinámica pues variaba sutilmente conforme el movimiento solar.
Las torres de sección cuadrangular, aparentemente eran exentas, pero en realidad, al menos en el primer nivel fueron parte de la fachada corrida. De paramento sencillo, sin fenestraciones ni ornamentación alguna, correspondiéndose con cada una de las naves laterales.
Con la finalidad de suavizar el pase del paramento llano del muro y articularlo a la primera cornisa, aparece a poca distancia de ella una delicada moldura de medio bocel, que a manera de cordón recorre las caras del cuerpo interior de las torres.
En su segundo nivel si presentaban cuatro vanos en arco de medio punto, uno en cada una de sus caras estando delimitado cada vano en su tramo inferior por sencillísimos barandales de madera.
Entre el primer y segundo cuerpo de cada una de las torres aparece un volumen intermedio cuya presencia denota la intención de aumentar la altura de las mismas, ornada con un friso moldurado en sus extremos inferior y superior, presentando como únicos elementos decorativos tres discos de relieve hundido, en cada una de sus caras visibles.
Estos cuerpos intermedios de las torres presentaban machones en cada uno de sus cuatro vértices, que sobresalían del plano de los frisos, en consecuencia la línea de las cornisas superiores también se quebraban ligeramente hacia adelante siguiéndoles el ritmo.
Y coronando el segundo cuerpo de las torres, como haciendo un marco que suavice la transición ente la planta cuadrada de ellas a este nivel y la base octogonal del propio remate de las torres aparecía un barandal de madera.
Este, a manera de balcón, rodeaba sus cuatro costados, contando en cada una de las esquinas con pilarotes de ángulo remarcados por pináculos para iniciar el cambio de sentido de cada tramo de barandas.
Todos estos sencillos detalles dotaban a nuestra Iglesia Matriz de una gran singularidad y podríamos decir serena belleza, pues contrastaba con el a veces recargado estilo mestizo que floreció en templos contemporáneos a este al centro y sur del Perú.
Lo que no resultaba singular, sin embargo, eran los agudos chapiteles piramidales de madera con sendas cruces en sus ápices, con los cuales se remataban las torres.
Estos resultaban totalmente incoherentes con el estilo que se venía desarrollando, por ser de una plástica totalmente ajena a él. Muchos templos a inicios del siglo XX utilizaron este recurso para dar un completamiento volumétrico, a modo de prótesis a cada una de sus torres, tras haber sufrido derrumbes a causa de sismos o de intensas lluvias en el caso del norte.
Pero en la mayoría de los casos estos elementos eran sólo temporales hasta que se dieran las condiciones para su reconstrucción en el estilo correspondiente. Es por esta razón que a pesar de haber sido un recurso algo común, no permanecieron mucho tiempo y por ello no nos resultan tan familiares.
Estos agudos chapiteles piramidales de base octogonal tenían en sus cuatro lados correspondientes a las cuatro caras del segundo cuerpo de torres, unos vanos triangulares agudos con su respectivo armazón saledizo a modo de lumbreras o buhardillas que más que iluminar contribuían a atenuar la dureza de sus líneas.
Mientras que los otros cuatro lados de los chaflanes eran totalmente lisos, en sus vértices había unos cuerpos esféricos que hacían la transición entre el ápice de los chapiteles y las bases de las cruces metálicas que estos sustentaban.
Su fachada lateral era aún más sencilla. La torre de este lado tenía el mismo diseño que al frente y era seguida de un largo muro cuyo vano era el correspondiente al portón lateral que también era de medio punto, enmarcado por una sencilla y elegante portada realzada por un frontón circular, puramente renacentista.
A pesar de su ubicación lateral, para los feligreses resultaba siendo el acceso principal dado que el ingreso cotidiano, tanto como el ceremonial a los sacramentos de bautismos, matrimonios, primera comunión o confirmaciones, invariablemente se daba por este lado.
A cierta distancia era posible vislumbrar el lado externo del clerestorio ubicado en la diferencia de niveles de techos entre las naves laterales y la nave central, que contaba con seis ventanas a cada lado, con arcos de medio punto intercaladas con contrafuertes, que iban desde las torres hasta el transepto, y que bajaban para formar las naves laterales.
Las ventanas del clerestorio servían de marco a hermosos vitrales en los que predominaban los colores básicos, los cuales filtraban la tenue luz cenital que envolvía al interior de la nave central en una atmósfera musical.
INTERIOR Y CÚPULA
El espacio interior de la Iglesia Matriz era estrecho y profundo, una combinación de planta de una nave mayor y con dos alas haciendo cruz latina y con transepto de brazos cortos, coro alto, cúpula y robustos pilares cuadrangulares y moldurados, por lo que suponemos debe ser de la época del protobarroco o manierista, pues antes, en el Renacimiento Americano, los templos solo tenían una nave.
A juzgar por las fotos aéreas presenta una solución de cubiertas muy especial: la nave central se encuentra cubierta con una bóveda de medio punto que toma unos 40° a 45° de desarrollo. En cuanto a su expresión exterior, era posible apreciar esta redondez a medias, puesto que solo se asomaba la parte más elevada del trasdós, que lógicamente coincidía con el eje de la nave. En cambio en las partes laterales la cobertura era plana. En las vistas laterales es evidente la presencia de una serie de canes simples que sustentaban estas cubiertas planas.
La cúpula de media naranja sobre pechinas conocida también como bóveda compuesta, que se ubicó en el crucero de la iglesia, estaba inscrita en el “Cubo de la cúpula” que resultaba conteniendo los empujes de esta. La presencia de bovedillas a su interior debió corresponder al diafragma que debía sostener al nivel del coro en buen trecho de la nave central.
La Iglesia Matriz, con sus cuatro siglos de antigüedad, cuna de Chiclayo, fue arrasada totalmente. Según atestiguan varios documentos de la época, por los años cuarenta el complejo franciscano ya estaba condenado a desaparecer y el Colegio de San José ya había sido mudado a su nuevo local. Este abandono contribuyó a acelerar su sentencia.
(*) Publicado en “Historiografía del Centro de Chiclayo y del Palacio Municipal”.
EN BUSCA DEL SÍMBOLO DE CHICLAYO
Hace 21 años escribí este homenaje a Chiclayo, tierra bendita y generosa en la que he nacido y cumplido grandes anhelos. Hoy que cumple 183 años de elevada a la categoría de provincia reedito mi deseo de buscar el símbolo de Chiclayo.
Podrían ser símbolo de Chiclayo los dos titanes del mar: Elías Aguirre y Diego Ferré, que cayeron para siempre en el "Huáscar" junto a Miguel Grau, más grande marino que Nelson, el inglés. Ferré murió mutilado junto a Grau, cuando una grana explotó en el puente de la torre de mando. Muerto el gran almirante, tomó el mando Elías Aguirre, pero pronto, una ráfaga de cañones lo destrozó.
El símbolo de Chiclayo es la juventud, innegable por cierto. Juventud que hará que Chiclayo, el departamento y el Perú, crean en su propio destino, pero siempre pensando en la unidad política, plenamente integrada con otros países y otros continentes. Esta juventud se inspirará en el pasado, pero no con nostalgia frustrante, no con mentalidad inerte, sino impregnada de historia luminosa, dirigirá su visión al presente con perspectiva del futuro y en esto jugamos papel especial los padres desde nuestros hogares y los maestros desde la escuela y la universidad para re-crear la historia con lo bueno y lo malo y así seguir aprendiendo.
La vida no es sino una búsqueda y el hallazgo no es sino la preparación para otra búsqueda, a través de lo bello. Los que amamos a Chiclayo sentimos que florecen árboles en nuestra fe y rosas en la fantasía, por eso queremos buscar el símbolo de esta tierra bendita y bendecida.
Símbolos de Chiclayo, los poetas y escritores como el célebre Nixa, a quien anhelamos su buena salud por toda una eternidad; Teodoro Rivero Ayllón, con su prosa galana y sus pies que han nacido para irse; José Escajadillo Farro y su "pueblo llamado Chiclayo", canción que lugareños y foráneos la escuchan y cantan de pie, o Jorge Lazo Arrasco, maestro de maestros, escritor y periodista, que recorre el mundo dictando conferencias pero lleva siempre grabado en la parte más ancha de su corazón a Chiclayo, pueblo de soñadores, refugio de enamorados.
También pueden ser símbolos de nuestra tierra otros que se han adelantado en el camino de la vida, pero supieron desafiar el olvido y hermanarse con la gloria como José León Barandiarán, periodista y jurista de gran valía; José Arana Cuadra, periodista de fuste, hermano de ese hombre y amigo genial, Guillermo; José Eufemio Lora, el famoso Jelil, sobre todo con su canto la "Soledad, soledad, madre mía" y que recuerda a Cervantes: "Oh soledad alegre, compañía de los tristes". Hombres de inspiración como Alfonso Tello Marchena, con su canto a "las callecitas de mi tierra", que eran estrechas para estar más cerca unos de otros.
Podría ser símbolo de Chiclayo José Leonardo Ortiz, a cuya intermediación se debe que a Chiclayo se le llamara "Heroica" y fue quien gestionó su elevación a la categoría de provincia.
Podría ser símbolo de Chiclayo los anónimos cañeros, quienes en su mayoría ante el inclemente sol siguen sembrando, cortando y limpiando los campos de la caña de azúcar, o los agricultores que año tras año, generación a generación, siembran nuestro arroz o los diversos productos de pan llevar y ahora los productos agroeportables como la uva, el páprika, el limón y la palta Has.
Podría ser símbolo de Chiclayo Pedro Ruiz Gallo, aquel que inventó un ave voladora con la que quiso cruzar el espacio y estallada la guerra con Chile apresuró sus inventos, pero murió en infernal explosión en el Callao.
Podría ser símbolo de Chiclayo Enrique López Albújar, cuya cuna, como la de Homero, la disputaban Piura y Tacna, pero él antes de fallecer confesó que era chiclayano hasta sus cansados huesos. Tan chiclayano como "el sol que se mete hasta la cuenca de los ciegos.
Podría ser símbolo de Chiclayo Naylamp, personaje mitológico del antiguo Perú. De acuerdo a relatos recogidos por cronistas españoles, se dice que provino del mar, trayendo la civilización a las tierras lambayecanas, donde fundó un reino o señorío en el que se sucedieron varios reyes.
Podría ser símbolo de Chiclayo el recordado y modernista alcalde Alfredo Montenegro de la Oliva, solo superado hasta hoy por Arturo Castillo Chirinos, quien prosiguió su obra.
Podría ser símbolo de Chiclayo nuestra Catedral, no porque se parezca a la de "NotreDae" de París como le pidieran las damas del lugar a Balta, sino por su bella construcción arquitectónica de gran orgullo para todos los chiclayanos.
Símbolo de Chiclayo puede ser el poeta Juan José Lora Olivares quien le cantó a la Catedral: "Chiclayo ama, sufre, crece y muere al pie de ti. La Catedral es más bien un símbolo del olvido por los gobernantes con que han pagado su valiosa contribución al erario nacional, el tercero en el Perú. Y el olvido es la más descarnada de las maldiciones".
Podría ser símbolo de Chiclayo el Señor de Sipán descubierto por el arqueólogo Walter Alva, quien puso el nombre de nuestro pueblo en el mundo por el esplendoroso hallazgo.
Podría ser símbolo de Chiclayo el dueño del cielo José Abelardo Quiñones, quien supo hacer honor a la placa que luce en la Base Aérea; "Morir venciendo o morir matando". Con su avión envuelto en llamas, pudo salvarse, arrojándose en paracaídas, pero prefirió virar su nave humeante en dirección al bastión de ametralladoras ecuatorianas para hacerlas callar para siempre.
Podría ser símbolo de Chiclayo Eloy G. Ureta, quien junto al coronel Miñano se pasearon por el territorio ecuatoriano como Pedro en su casa. Y no le rendimos homenaje a Ureta como mariscal porque en Perú hemos tenido dos maris-cales ascendidos por un parlamento complaciente, sin haber pisado nunca un campo de batalla. Lo exaltamos como un gran sol-dado y no necesita más.
Podría ser símbolo de Chiclayo el gringo Karl Weiss, maestro de quilates, que cual Fidias moderno moldeó a muchas generaciones.
Podría ser símbolo de Chiclayo Alfredo José Delgado Bravo con su inmortal letra del Himno a la Ciudad, cosmonsefuano único de preclara pedagogía. O también Glicerio García Campos, periodista, escritor y hombre de servicio que dedicó su vida al voluntariado bomberil.
Podrían ser símbolo de Chiclayo Estrella Mora Risco con sus versos, las Hermanas Bulnes y Sara Bullón Lamadrid con su apostolado educativo, Fanny Abanto Calle con su lucha reivindicativa, Victoria Silva de Dallorso o Artemia Woyke por su solidaridad.
Podría ser símbolo de Chiclayo el amauta Guillermo Baca Aguinaga con su Casa Comunal de la Juventud; el cuco Luis Heysen o el orejón Andrés Townsend, aquel que decía que era chiclayano y sus hijas "limeñitas las pobres".
Podría ser símbolo de Chiclayo Nicolás Ayllón, el indio santo por aclamación popular o el Niño del Milagro de Eten o el Cautivo de Monsefú.
Podría ser símbolo de Chiclayo Elmer Yaipén y su Grupo 5, el "Cholo" Montenegro, Nicolás Seclén y Los Mochicas, los músicos de la Esquina del Movimiento o Tania Libertad. También "Chiclayanita" de Emiliano Niño Santisteban.
Podría ser símbolo de Chiclayo la Plazuela Elías Aguirre, el Parquecito Villarreal, la que vende caballitas frescas o la de los alfeñiques.
Podrían ser símbolo de Chiclayo la torta de choclo, la panquita de life, la empanada globo o el cebiche con rabanito de La Boni, existente hace más de 90 años. Podrían ser símbolo de Chiclayo el champús, las cachangas, las manías, El Fiesta y su creador Alberto Solís Serrepe.
Símbolo de Chiclayo puede ser la Familia Cannata con sus 45 años dedicados a la engreír el paladar de propios y extraños; Carlos Burgos Montenegro, quien ha demostrado que desde las instituciones se pude hacer mucho por la ciudad.
También Lupe Fernández Castillo, mujer institucionalista, emprendedora y creadora de círculos empresariales de la pequeña y mediana empresa; la Familia Gasco y sus empresas,
El símbolo de Chiclayo puede ser Juan Scander Juayeq, reconocido empresario y rotario, hombre de servicio con incalculable trabajo en beneficio de la educación de los más pobres; el juez Ismael Rodríguez Riojas, respetado profesional de la judicatura lambayecana.
Símbolo de Chiclayo puede ser José Luis Medina Acuña, intachable como hombre de prensa, de carácter independiente y vocación democrática.
Símbolo de Chiclayo podrían ser sus instituciones centenarias como el Club de la Unión, la Sociedad de Tiro 77, la Sociedad Amantes de las Artes, la Sociedad Primero de Mayo, la Sociedad Obreros de la Unión y la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque, cada una con historia propia y contribuyendo siempre al desarrollo de Chiclayo.
Símbolos de Chiclayo podrían ser los médicos César Hirakata, Carlos Cerrón, Félix Mundaca Guerra, Juan Julio Florián Ca-bellos, Gonzalo Delgado Meléndez, Nancy Mocarro Aguilar, Martín Inoquio Oliva y Jorge Enrique Núñez Polo, quienes desde sus diferentes especialidades brindan lo mejor de su profesionalidad a sus pacientes.
En fin, el símbolo de Chiclayo también puede ser usted en la medida que contribuya y entregue lo mejor de sí a esta noble tierra que nos acoge con amistad y amor.
HISTORIA DE CHICLAYO: DE VILLA INDEPENDIENTE A PROVINCIA DESARROLLADA
Desde los albores del grito libertario en el siglo XIX hasta mediados del siglo XX, Chiclayo vivió un proceso evolutivo que consolidó sus destellos de modernidad, tiempo en el que notables personajes dieron forma a la heroica ciudad capital del departamento.
Para entender la declaratoria de independencia de Chiclayo del yugo español es preciso abordar la emancipación de Lambayeque como el primer pueblo peruano que se declaró libre sin ayuda del ejército liderado por el generalísimo José de San Martín, pese a que para ese entonces el militar argentino y sus tropas ya se encontraban en el Perú.
El hecho histórico de Lambayeque sucedió la noche del 27 de diciembre de 1820, en el proceso que condujo la sociedad secreta conocida como Logia, formada por esclarecidos patriotas.
La logia lambayecana desarrollaba sus actividades tanto en la vecina ciudad como en los pueblos cercanos y sus socios trazaron un plan inicial que consistió en asaltar el cuartel realista y posteriormente marchar triunfantes sobre Trujillo. Según lo ideado el asalto debió realizarse el 12 de diciembre “en un impulso conjunto del pueblo armado, de los numantinos y los batallones de milicias de Lambayeque Chiclayo y San Pedro”.
Después del memorable 27 de diciembre de 1820, Juan Manuel Iturregui y Pascual Saco convocaron a los patriotas para que se enlistaran a las filas del ejército libertador.
Se presentaron voluntarios de Lambayeque, Chiclayo y Ferreñafe y fue de lo más notable cómo gente distinguida y prestigiosa se presentó con valiosos donativos en dinero y especies para el sostenimiento de la lucha por la independencia.
En cabildo realizado el 31 de diciembre de 1820, los chiclayanos se adhirieron a la proclamación de la independencia de Lambayeque y proclamaron la suya. Fue líder de este movimiento y prócer de la independencia local el ciudadano José Leonardo Ortiz y Salcedo, quien al lado de muchos vecinos apoyó la lucha patriótica, llegando ante el propio general San Martín, acantonado en su cuartel general de Huaura, con combatientes, armas, víveres y caballos.
Consecuencia de ello, Leonardo Ortiz fue elegido representante del gobierno local como un reconocimiento a su valiosa intervención en la causa de la independencia, en tanto se definía la gloriosa jornada de la libertad. Más tarde, el prócer chiclayano fue honrado por San Martín con el título de Benemérito de la Patria y se le concedió el grado de coronel, mientras su tierra lo reconoció como “Hombre del Pueblo”.
LA VILLA DE CHICLAYO
A diferencia de Zaña o Lambayeque, Chiclayo alcanzó poca notoriedad durante el virreinato. La primera ciudad estuvo a punto de convertirse en capital del Perú colonial y su belleza arquitectónica se debió al asentamiento de familias españolas que tras la inundación de 1720 se trasladaron a Lambayeque, formado como pueblo de indios que supieron relacionarse con los descendientes ibéricos.
Es recién al iniciarse la República que Chiclayo empieza a tomar fuerza por su ubicación de enlace geográfico y el desarrollo de actividades agrícolas, productivas y comerciales.
El ingreso a la República significó la ruptura de la demarcación político – administrativa del virreinato. En tal razón, Lambayeque dejó de ser el partido de la intendencia de Trujillo para convertirse en provincia del departamento de Trujillo (luego La Libertad). Las tierras de Chiclayo pasaron a pertenecer a esta provincia. Esto ocurrió en 1821 por mandato de San Martín, quien ordenó una nueva demarcación política del territorio peruano.
Primero “parcialidad” y después anexo y pueblo en 1826; el 22 de noviembre de 1827, por decreto del mariscal José de la Mar, Chiclayo fue declarado “villa”, considerando su importancia económica y social, razón por la que el Congreso autorizó que “… el pueblo de Chiclayo, perteneciente a la provincia de Lambayeque se denominara villa”.
De esta forma Chiclayo inició su auge político y económico, marcándose desde entonces su ascendente progreso. En esta época, destacaba mucho la figura del hombre público y prócer José Leonardo Ortiz, a quien se debe mucho del avance de la hoy provincia.
En 1828, el coronel Ortiz afrontó la inundación de Chiclayo desviando el cauce de las acequias. En este mismo año representaba a la provincia de Lambayeque como diputado ante la Asamblea Constituyente el presbítero Antonio Arteaga, cuñado de Leonardo Ortiz.
En 1831, como alcalde de Chiclayo, Ortiz dirigió una petición a la Junta Departamental de La Libertad solicitando se creara en Chiclayo un colegio de educación secundaria. De esta forma, el 22 de diciembre de 1832 se creó el colegio por ley dada por el Congreso.
Agustín Gamarra, entonces presidente de la República, firmó la Ley el 17 de enero de 1833 y el Colegio Nacional de San José fue instalado, finalmente, el 18 de septiembre de 1859, siendo su primer director el doctor Clemente Peralta y el primer vicedirector el doctor Francisco Quevedo. El 24 de septiembre fue inaugurado oficialmente.
SALAVERRY Y LA PROVINCIA
José Leonardo Ortiz, nacido el 13 de octubre de 1782, fue amigo íntimo del caudillo Felipe Santiago Salaverry del Solar, quien desaprobó los procedimientos del gobierno de Agustín Gamarra y fue hecho prisionero en julio de 1833 siendo internado en la aldea de Huallaga. Sin embargo, al convencer a sus captores recuperó la libertad y junto con un puñado de partidarios marchó a Chachapoyas donde depuso al prefecto, desconociendo así el gobierno de Gamarra.
Ante la aproximación de las fuerzas gobiernistas fue abandonado por los suyos y capturado, siendo llevado encadenado a Cajamarca. Nuevamente convenció a sus captores para que lo liberaran y efectuó un nuevo pronunciamiento el 26 de octubre.
Desembarcó en las playas de Lambayeque, pasando inmediatamente a Trujillo, en febrero de 1834. Durante el gobierno del presidente José de Orbegoso, Salaverry ascendió a general de brigada y aprovechando una crisis política iniciada por los seguidores de Agustín Gamarra el joven militar se proclamó jefe supremo de la República el 25 de febrero de 1835.
En un gesto de gratitud por el apoyo dado a su causa, Salaverry ofreció a Ortiz y Salcedo la elevación de la categoría de Chiclayo y en efecto el 15 de abril de 1835 convirtió la villa en ciudad, confiriéndole el título de “Heroica” por sus servicios prestados a la independencia y apoyo a los restauradores del honor nacional. Tres días después la creó como provincia.
Al retornar al gobierno, Agustín Gamarra ratificó a Chiclayo como capital de la nueva provincia sumando a Chérrepe como uno de sus distritos. Años más tarde, en noviembre de 1864, Chongoyape pasó a pertenecer a Chiclayo.
De este modo, José Leonardo Ortiz vio coronada su más grande aspiración: darle a su tierra el valor que le correspondía al convertirla en provincia del departamento de Lambayeque.
AUGE DE CHICLAYO EN EL SIGLO XX
Desde sus inicios, los habitantes de la ciudad mostraron preocupación por el desarrollo educativo, por lo que el 21 de marzo de 1900 fue fundado el Colegio “Bolognesi” para brindar instrucción primara, media y comercial, siendo sus primeros directores el doctor Juan de Dios y Cordero y el maestro Nicolás La Torre.
El 5 de enero de 1902 se inició el funcionamiento del “Instituto Chiclayo”, que fue centro educativo de la Orden R.L. Estrella del Norte N° 29 (logia masónica) dirigido por la educadora Sara Bullón Lamadrid.
Con el trascurrir de los años Chiclayo fue afianzando en la etapa de las comunicaciones modernas, adquiriendo prestancia de gran ciudad. En 1912 llegó a Chiclayo el primer automóvil conducido por el trujillano Carlos Martínez de Pinillos.
El 28 de septiembre de 1918 llegó la moderna locomotora anunciando el progreso comercial de la zona. Fue traída por la Compañía del Ferrocarril y Muelle de Pimentel siendo alcalde don Manuel María Ízaga. Por después, el 30 de agosto de 1916, los chiclayanos inauguraron su Parque Principal, cuya iniciativa constructiva correspondió al filántropo Víctor Larco Herrera.
En el plano urbanístico, el dinámico ciudadano don Francisco Cabrera Chirinos, que el 3 de abril de 1917 fe elegido como alcalde de la provincia, ordenó la construcción de desaguaderos para evitar las inundaciones, construyó parques y avenidas, adoquinó las calles e inició la edificación del Palacio Municipal. También se creó la Escuela de Artes y Oficios hoy Politécnico Pedro Abel Labarthe.
Aspectos importantes en materia cultural también sucedieron en aquel tiempo. El 1 de mayo de 1918 se creó el Colegio “Nuestra Señora del Rosario”, durante el gobierno del presidente José Pardo, cuya regencia fue encargada a las Madres Dominicas de la Inmaculada Concepción de Tolouse (Francia), siendo su primera directora la reverenda madre María Diana. Ese mismo día fue fundado el diario El Tiempo de Chiclayo por el periodista Alejandro Leguía Álvarez. Su último director fue el destacado periodista limeño Julio A. Hernández.
Francisco Cabrera fue diputado nacional en 1919 en el gobierno de Augusto B. Leguía y alcalde nuevamente de 1922 a 1923 velando por el progreso de la educación, las vías de comunicación y la agricultura. Fundó y presidió la Liga Agraria Departamental, que tuvo como vocero al diario “El Bien Agrario” dirigido por Pedro Cusianovich.
PROCESO CULTURAL Y RELIGIOSO
El 6 de abril de 1948 inauguró sus actividades en Chiclayo el colegio particular “Manuel Pardo” en su moderno local construido por la Negociación Tumán, según testamento de la señora Mariana Barreda de Pardo, encargándose su dirección a la Congregación de la Misión de los Padres Vicentinos.
El 12 de abril de 1950 se emitió la Resolución Suprema reconociendo oficialmente a la Academia de Música “Bernardo Alcedo” de Chiclayo, siendo su primer director el músico limeño Julio Juapil Hidalgo.
Dos años después, el 17 de febrero de 1952, se fundó el diario “La Industria”, en 1963 se fundó la Casa de la Cultura que después de convirtió en el Instituto Nacional de Cultura – INC y hoy es la sede de la Dirección Desconcentrada de Cultura.
Chiclayo fue colocado bajo la advocación de la Virgen María llamada La Inmaculada o La Purísima, entronizada como patrona de la ciudad el 8 de diciembre de 1954 en solemne ceremonia realizada por el padre Jerónimo Mondoñedo, vicario general.
En 1960 la Iglesia Catedral de Chiclayo fue consagrada a los Sagrados Corazones de Jesús y María en ceremonia presidida por monseñor Daniel Figueroa Villón, primer obispo de la Diócesis Episcopal de Chiclayo, creada el 1 de diciembre de 1957 por el papa Pío XII.

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