Source: http://www.historicas.unam.mx/moderna/ehmc/ehmc09/113b.html
Timestamp: 2017-12-17 15:49:42+00:00

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Volumen 9 / Documento 113 / Segunda parte
Las compañías petroleras se niegan a acatar la nueva legislación
A pesar de que algunas compañías petroleras acataron las nuevas disposiciones del gobierno mexicano y solicitaron concesiones para sus explotaciones, las compañías más importantes se rehusaron a hacerlo.[ 97 ] Estas últimas declararon que no estaban dispuestas a renunciar a sus derechos adquiridos antes de 1917 por una concesión de tiempo limitado,[ 98 ] "en la consideración de que esto no era más que el primer paso en un proceso que acabaría por privarlas de todos sus derechos" y que sería un precedente peligroso para sus propiedades en otras partes del mundo.[ 99 ]
Lo primero que hicieron las compañías rebeldes fue solicitar, por un lado, la protección de su gobierno, que Kellogg y Sheffield estuvieron dispuestos a dar; y, por el otro, pedir amparos a los tribunales mexicanos en contra de la legislación, llegando a haber sesenta demandas de amparo para fines del mes de enero de 1926.[ 100 ] Asimismo las compañías, tanto norteamericanas como inglesas, nombraron, a principios de 1926, un comité de representantes para entrevistarse con el secretario de Industria Comercio y Trabajo, Luis N. Morones, y con el presidente Calles, con el objeto de obtener la anulación de los artículos 4 y 15 de la nueva ley orgánica que limitaban la duración de las concesiones y daban una mala definición del "acto positivo".[ 101 ] Las conversaciones se prolongaron durante todo el mes de febrero y parte del de marzo, pero no se llegó a ningún acuerdo.[ 102 ] Ante el fracaso del primero, se nombró un segundo comité con mayores poderes de decisión para entrevistarse de nuevo con Morones. El objeto era que las compañías presentaran sugerencias para ser incluidas en el reglamento de la ley orgánica, pronto a publicarse. Surgieron otra vez dificultades ante la intransigencia del representante de la Standard Oil que sólo aceptaba la modificación de la ley misma. Sin embargo, se lograron presentar algunos puntos de vista, a reserva de obtener en un futuro la modificación deseada.[ 103 ] Pero el gobierno mexicano no tomó en cuenta las sugerencias de los representantes petroleros en la elaboración del reglamento de la ley orgánica, que fue publicado el 8 de abril. El documento fue presentado al comité de representantes que lo rechazó inmediatamente.[ 104 ]
El reglamento de trabajos petroleros contenía una serie de detalladas disposiciones destinadas a regir todos los trabajos relacionados con la industria petrolera, desde las perforaciones, la producción y la transportación hasta la refinación y el mercado.[ 105 ] Dicho reglamento dio amplios poderes al ministerio de Industria, Comercio y Trabajo para actuar sobre la industria petrolera y Luis N. Morones se convirtió entonces en la figura central de las negociaciones.[ 106 ]
La ya citada correspondencia diplomática sostenida con Washington comprueba la postura invariable que trató de mantener el gobierno mexicano. Sin embargo, ante las protestas de las compañías, Calles se vio en la necesidad de actuar en forma menos rígida en la aplicación de las leyes petroleras y su respectivo reglamento. Desde un principio había dejado la posibilidad de que la Suprema Corte decidiera si las leyes discutidas eran o no retroactivas, en caso de que la situación no llegara a resolverse. Lo anterior se expresó a través del ministro Sáenz en su nota del 27 de marzo de 1926.[ 107 ] En ella se expone que
si se alegara en algún caso que la aplicación de las leyes es retroactiva, y sobre este motivo se suscitara alguna controversia, tengo que repetir lo ya expuesto a propósito de la parte final del artículo 6o. de la ley del 21 de enero de 1926; que correspondería a los tribunales resolver el punto de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 14o. de la Constitución.[ 108 ]
El informe presidencial del 1o. de septiembre de 1926 también demuestra ese cambio. A través de él, Calles anunció la expedición de la ley orgánica del artículo 27 constitucional en lo relativo a los hidrocarburos, del año anterior. Hizo observar que la ley y su reglamento tenían el objetivo de "favorecer de modo especial el descubrimiento de nuevos campos productores de petróleo; definir con exactitud la obligación de quienes obtienen concesiones; de establecer trabajos regulares de explotación, como lo prescribe nuestra ley suprema"; y en lo que respecta a la confirmación de derechos adquiridos antes de la vigencia de la Constitución de 1917, afirmó que con ello se tenía la intención de
determinar la manera de comprobar la existencia de tales derechos ya fueran originados por trabajos petroleros, o bien se derivaran de contratos hechos al amparo de la situación legal que prevalecía hasta que fue expedida la Constitución de 1917 y, finalmente, prevenir el agotamiento prematuro de los pozos de petróleo por su explotación inmoderada.[ 109 ]
Calles mencionó también las protestas hechas por los norteamericanos en contra de dichas disposiciones, que habían originado una controversia diplomática. Defendió su postura diciendo que la expedición de esas leyes era necesaria, pues era preciso definir el derecho de México para legislar y proteger todos los intereses concernientes al país y dejar claramente establecida la forma en que los intereses extranjeros debían operar dentro de la nación, respetando los derechos legítimamente adquiridos por éstos.[ 110 ]
Pero a pesar de estas consideraciones, el presidente demostró asumir una actitud más transigente en la solución del conflicto petrolero con los Estados Unidos. Aunque declaró que no se modificarían las dos leyes orgánicas del artículo 27, prometió que el ejecutivo a su cargo tomaría las medidas correspondientes en caso de haber dificultades en su aplicación.
Si en la práctica, sin embargo, el gobierno encontrase que la aplicación de estas leyes no estuviera conforme a la política que ha normado la actitud y propósitos de México, o si la experiencia aconsejara modificaciones dentro de un espíritu de justicia y equidad, el ejecutivo a mi cargo iniciará las medidas correspondientes; o si está dentro de sus facultades constitucionales, dictará acuerdos necesarios para conformar la aplicación de las disposiciones relativas a la política que ha venido siendo la norma del gobierno que me honro en presidir.[ 111 ]
Y en efecto, a partir de septiembre, el gobierno de Washington empezó a recibir noticias de que Calles comenzaba a ceder a favor de las compañías petroleras.[ 112 ] Morones, por orden presidencial, declaró en octubre que las compañías petroleras ubicadas en la "zona prohibida" y cuyos intereses habían sido adquiridos antes del 1o. de mayo de 1917, podían conservar sus propiedades hasta su disolución, eludiendo así lo establecido en la ley reglamentaria de la fracción I del artículo 27.[ 113 ] Igual medida se aplicaría a las compañías mexicanas que tenían mayoría en accionistas extranjeros. Asimismo, se permitiría que las concesiones no caducaran a los cincuenta años, sino que continuarían en vigor hasta la disolución de las sociedades.[ 114 ] Era evidente que el gobierno mexicano se había decidido a transigir ante las protestas de los norteamericanos, modificando, notablemente a su favor, la reciente legislación. Sin embargo, Morones advirtió a las compañías que debían solicitar sus concesiones confirmatorias antes del último día del año, a riesgo de perder todos sus derechos.[ 115 ] La secretaría a su cargo trataba solamente de comprobar que quien había contratado estaba capacitado para hacerlo, para lo cual las compañías no debían desconfiar del gobierno mexicano, que en todos los casos había dado facilidades para el desarrollo de las actividades de las empresas petroleras en México.[ 116 ]
Por su parte, las compañías petroleras, insatisfechas con lo declarado por el gobierno de Calles, se mantuvieron rebeldes. Entablaron de nuevo conversaciones con Morones, quien se limitó a repetir las seguridades dadas en octubre, poniendo de manifiesto que su gobierno no estaba dispuesto a ceder más.[ 117 ] Las compañías decidieron entonces, por unanimidad, no solicitar ninguna concesión al gobierno mexicano en una reunión que celebraron el 27 de diciembre de 1926. Según su punto de vista, no podían arriesgar sus derechos aceptando una concesión, y sólo esperaban que la ley del petróleo fuera modificada según lo expuesto anteriormente por Morones, para dar su aceptación definitiva.[ 118 ] Al vencer el plazo señalado para poner en práctica la nueva legislación y en un clima de gran tensión, las empresas pidieron una prórroga para la presentación de solicitudes, a fin de dar tiempo para que se modificara la ley. Pero Calles se negó a conceder lo que pedían.[ 119 ]
Con el fin de comunicar la negativa del presidente mexicano, los representantes de las empresas petroleras acudieron a las oficinas de la Asociación de Productores de Petróleo en México instaladas en Nueva York. Al salir de la reunión, los petroleros comunicaron que su actitud no había cambiado y que probablemente no se someterían a la ley y permanecerían a la expectativa de lo que sucediera para el 19 de enero.[ 120 ]
A pesar de todo, el gobierno mexicano no tomó ninguna medida drástica, cuando se venció el plazo para que las compañías confirmaran sus concesiones. El presidente Calles se limitó a exponer públicamente la situación del país en un mensaje a la nación en el que decía:
Ha sido natural, dada la resistencia lógica de las fuerzas antagónicas y de los intereses a que antes aludí, que desconfianzas injustificadas se hayan producido en el exterior, no obstante que no ha habido hasta hoy lesión ninguna de intereses materiales en la política adoptada por el actual gobierno, y a pesar de que he reiterado mi propósito de no pretender interpretar las leyes constitucionales del país para lesionar intereses legítimos que estuvieran fincados en México en la época en que fueron expedidas dichas leyes, dispuesto, por lo demás, naturalmente, a acatar los fallos que, en casos de conflicto de intereses, dictara la Suprema Corte de Justicia.[ 121 ]
Así ponía de manifiesto su visible propósito de actuar lo más amistosa y flexiblemente posible en la solución del conflicto con las compañías rebeldes. Pero el problema estaba lejos de resolverse aún, y el tono de las notas diplomáticas aumentó tanto que se creyó que las relaciones entre México y los Estados Unidos iban a romperse.[ 122 ]
En enero de 1927 las compañías petroleras en México siguieron trabajando como de costumbre, a pesar de que muchas de ellas se habían rehusado a reconocer la ley del petróleo, especialmente en lo relativo a derechos adquiridos antes de 1917. Sin embargo, se esperaba una grave crisis cuando el gobierno mexicano se decidiera a imponerles el cumplimiento de la ley[ 123 ] Calles, a pesar de verse desafiado por las compañías, no se atrevió a confiscarlas, como todo el mundo esperaba con base en lo que las leyes establecían.[ 124 ] Optó por otra salida: la de acusar a las compañías ante el procurador general. El documento, fechado el 4 de enero, relativo a esta medida se publicó en la prensa al día siguiente como sigue:
Presidencia de la República. Acuerdo a la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo. Con fundamento en el artículo 27 constitucional, párrafo dieciséis, y para los efectos del artículo quince de la ley orgánica del mismo precepto, en el ramo de petróleo, póngase en conocimiento del ciudadano procurador general de la República, qué personas o qué compañías no solicitaron, dentro del término de la ley en referencia, la confirmación de derechos a que contraen los artículos 12 y 14 de la misma ley, a efecto de que ese funcionario promueva todas las acciones que corresponden a la nación. Palacio Nacional, México, D. F., enero 4 de 1927. El presidente de la República, Plutarco Elías Calles.[ 125 ]
En esta forma Calles trató de evitar un acto violento y salvar la posición del gobierno mexicano, dejando el problema en manos del poder judicial y ganando tiempo para hacer cumplir el compromiso legal de 1925, a pesar de que los tribunales pudieran dar un fallo a favor de las compañías.[ 126 ]
Hecha la consignación y mientras los tribunales daban su fallo, la Secretaría de Industria empezó a cancelar los permisos provisionales de perforación que había otorgado en 1926.[ 127 ] Los tribunales mexicanos habían decidido obligar a las compañías a suspender sus obras de perforación, pero éstas acordaron el 27 de abril desobedecer la prohibición y continuar la producción sin interrumpir los nuevos trabajos.[ 128 ] La Secretaría de Industria sancionó entonces con fuertes multas a las compañías rebeldes y ordenó cerrar las válvulas de los pozos perforados sin autorización. Por su parte, las compañías, dispuestas a agravar la situación, rompieron los sellos puestos a los nuevos pozos y continuaron la extracción del petróleo, desafiando la autoridad oficial. El gobierno de Calles no pudo permitir tal desacato y utilizó sus tropas para hacer cumplir sus órdenes, cerrándose de nuevo los pozos en explotación.[ 129 ] La intervención del ejército mexicano en el problema provocó mayor tensión. Los Estados Unidos pudieron haber hecho uso de su fuerza para defender la supuesta violación de los derechos de las compañías.[ 130 ]
A raíz de estos hechos surgieron otros motivos de queja por parte de las compañías que empeoraron las relaciones. Primero estuvo la negativa del gobierno mexicano a conceder permisos de perforación a las compañías que no aceptaran la legislación y la cancelación de permisos provisionales dados anteriormente por la misma razón. La posterior paralización de trabajos por la fuerza fue un motivo evidente. Por último, las dos medidas dadas por el gobierno mexicano: la amenaza de embargo a las compañías que se negaban a pagar las multas por perforar sin permiso y el permitir el denuncio de sus terrenos por terceras personas.[ 131 ]
La actuación del nuevo embajador Morrow
A partir de 1927, tanto el gobierno norteamericano como el mexicano se encontraban ansiosos de llegar a un acuerdo, particularmente el mexicano que se enfrentaba a graves problemas internos surgidos de la lucha religiosa.[ 132 ] El tono de las notas diplomáticas se fue moderando de manera considerable; para marzo ambas partes parecían haberse decidido a resolver la situación en otra forma.[ 133 ]
En una conferencia de prensa, Coolidge se mostró más amigable ante el gobierno mexicano. Reafirmando la obligación de su gobierno de proteger personas y derechos norteamericanos en el extranjero, indicó que los Estados Unidos no buscaban enemistarse con México, que simpatizaban con su gente y deseaban ayudarlo.[ 134 ] Por su parte, el presidente Calles encontró que las observaciones hechas por Coolidge eran serenas y cordiales, y declaró que no sólo era posible, sino fácil llegar a un acuerdo ahora que el camino estaba abierto hacia un arreglo satisfactorio de las dificultades pendientes entre ambos países.[ 135 ]
Al inaugurarse la primera conexión telefónica entre México y Washington el 30 de septiembre, ambos presidentes entablaron una conversación amistosa, que para muchos simbolizó el inicio de una nueva etapa en las relaciones México-Estados Unidos.[ 136 ] Pero el hecho que realmente demostró la nueva política norteamericana, que hacía a un lado la amenaza insistiendo en la negociación, fue el retiro del embajador Sheffield y su reemplazo por Dwight Morrow.[ 137 ] El 8 de julio renunciaba Sheffield a su puesto y el 22 de septiembre se retiraba de la embajada en México.[ 138 ] Desde hacía tiempo Sheffield estaba ansioso por dejar su puesto. En diciembre de 1926 había manifestado a un amigo suyo el deseo de ser relevado. Para marzo del siguiente año hacía planes para regresar a su país y consideraba la posibilidad de renunciar si la situación en México no cambiaba.[ 139 ] Finalmente, a principios de abril, Sheffield comunicó sus intenciones al presidente Coolidge. Sólo un mes después reportó haber recibido una carta de Kellogg manifestándole que Coolidge no podía insistir en rechazar la renuncia de su embajador cuando éste consideraba que había llegado la hora de ser relevado.[ 140 ]
Con intención de disolver las dificultades, Coolidge nombró en octubre a Dwight D. Morrow nuevo embajador de México, quien marcó un verdadero giro en las relaciones entre los dos países.[ 141 ] Se trataba de un prominente banquero neoyorquino y antiguo amigo personal del mandatario norteamericano. Desde 1914 era miembro de la firma J. P. Morgan y Compañía, uno de los grupos financieros más fuertes del mundo contemporáneo,[ 142 ] donde adquirió un vasto e intenso contacto con las cuestiones de inversiones norteamericanas en el exterior.[ 143 ] Su amigo y colega Thomas Lamont regularmente le proporcionaba información de las actividades del Comité Internacional de Banqueros, y durante 1926 empezó a trabajar con él en la cuestión mexicana.[ 144 ] Tuvo así acceso a manejar datos de los problemas domésticos y exteriores de México, y estaba bien informado de la situación de este país.[ 145 ] Morrow era además director de la General Electric Company y consejero del Banker's Trust Company y del Guarantee Company de Nueva York.[ 146 ] Características que bien pudieron haberse tomado en cuenta para su nueva designación.
Con Morrow como embajador se normalizó la situación de las relaciones diplomáticas con México. Sus instrucciones consistieron en conseguir que las compañías petroleras mantuvieran el ritmo normal de producción y buscar la solución permanente del problema a través de una decisión de la Suprema Corte de México favorable a los intereses de la industria petrolera norteamericana. El problema debía ser abordado con un espíritu amistoso eliminando las asperezas que caracterizaron las controversias anteriores, y desechando definitivamente el uso de la violencia.[ 147 ] Al presentar sus credenciales como nuevo embajador ante el gobierno de México (29 de octubre), Morrow indicó la necesidad de mantener un respeto mutuo y explícitamente reconoció la soberanía e independencia de México.[ 148 ] Su futura actuación, basada en el respeto de las leyes mexicanas, fue fiel a estas primeras palabras.[ 149 ]
Dwight Morrow se dio cuenta de lo importante que era manejar el problema diplomático desde el punto de vista mexicano. Había indicado que respetaría los derechos soberanos de México y que tenía fe en el deseo y en la capacidad de este país para actuar honradamente. Expresó que creía que las leyes mexicanas serían apoyadas y no pedía privilegios especiales para los americanos, fuera de los reconocidos principios del derecho internacional.[ 150 ] Esto constituyó una nueva forma de presentar la política internacional de los Estados Unidos.
Era indudable que Morrow se enfrentaba a una tarea difícil; sin embargo, fue designado en el preciso momento. A pesar de carecer de experiencia en el servicio diplomático demostró, desde un principio, tener gran habilidad en el manejo de la situación al presentarse en forma tan distinta a la de cualquier otro embajador. Trató siempre que sus relaciones fueran lo más informales posible, evitando todo tipo de protocolo. Era evidente que sus valiosos conocimientos en negociaciones financieras con gobiernos extranjeros y su reciente entrenamiento en las cuestiones mexicanas y del derecho internacional contribuyeron en gran medida al éxito de su tarea.[ 151 ] Ambas características, la del abogado capitalista y la del conciliador, le permitieron establecer una nueva forma de presentar la política imperialista de los Estados Unidos, que se adaptaba ahora a las nuevas necesidades.[ 152 ] La agresiva actitud de Sheffield, propia del imperialismo de viejo cuño, fue descartada y reemplazada por una más sutil, pero más efectiva. Pero si los medios fueron modificados, los fines permanecieron inalterables.[ 153 ] Morrow no perdió de vista en ningún momento su intención de hacer respetar los intereses de petroleros y de propietarios norteamericanos en México. Tuvo siempre presentes los aspectos más controvertidos del problema, que resumía en seis puntos:
la limitación de las concesiones a cincuenta años,
la inseguridad en la confirmación de derechos en la llamada "zona prohibida",
la estrecha definición del "acto positivo",
la imposición de la "Cláusula Calvo",
la determinación sobre si las manifestaciones hechas de acuerdo
con la orden de Carranza de enero de 1915, constituían o no
un "acto positivo", y
el esclarecimiento del carácter exacto de los títulos que los extranjeros poseían sobre todas las tierras adquiridas antes de mayo de 1917.[ 154 ]
Sin embargo, Morrow trató de ajustar los intereses de los petroleros a la legislación mexicana y de abandonar los métodos coercitivos para defenderlos, ya que la nueva política que el embajador traía en mente hacía innecesaria esta forma de proceder.[ 155 ] Pensaba que, en efecto, el deber de un representante diplomático era el de respaldar los intereses de su país y de sus conciudadanos. Pero que la mejor forma de hacerlo era entendiendo y respetando los derechos que tenían otras naciones.[ 156 ]
Desde un principio el nuevo embajador mostró interés por comprender los problemas a los que se enfrentaba Calles y se esmeró en cultivar la amistad de los mexicanos, especialmente la de su presidente.[ 157 ]
Reforma a la legislación petrolera de 1925
La primera entrevista de Morrow con el presidente Calles se llevó a cabo, a iniciativa del segundo, el 2 de noviembre de 1927. En esta primera ocasión no se trataron los problemas pendientes del petróleo, propiedades o deudas, pues la conversación giró en torno de los proyectos que Calles tenía en materia de irrigación.[ 158 ] En vista del aparente interés que por los problemas de México mostró en todo momento el embajador, Calles insistió para que, en su compañía, hiciera un recorrido de inspección de los nuevos trabajos de irrigación que se estaban realizando en el norte del país.[ 159 ] A la semana siguiente Morrow se entrevistó de nuevo con Calles. Esta vez llegaron a hablar sobre la irritante cuestión petrolera. Al pedírsele una sugerencia, el embajador replicó que se trataba de un problema legal y sugirió que se le diera el mismo tratamiento que se había dado al caso de la Texas Oil Company en 1921, cuando la Suprema Corte de Justicia de México había dictado un fallo a su favor.[ 160 ] Probablemente Calles reconocía la importancia que podía tener el comentario de un experto en finanzas y acogió con interés el consejo de Morrow, quien parecía poner a su disposición su vasta experiencia.[ 161 ]
El presidente mexicano pidió, a través de Morones, que la Suprema Corte actuara en la forma convenida con Morrow y el 17 de noviembre se dio a conocer la sentencia esperada. Se trató el caso de la Mexican Petroleum Company de California, que, como otras, había promovido un amparo al negarse a cancelar sus permisos de perforación y rehusarse a cambiar sus derechos por concesiones de cincuenta años.[ 162 ] La decisión de la Corte resultó favorable a las compañías, pues declaró anticonstitucionales los artículos 14 y 15 de la Ley del Petróleo de 1925. Siguiendo en esencia los principios que se habían dictado seis años antes en el caso de la Texas Oil Company, la Suprema Corte señaló que la ley perjudicaba los intereses de las empresas petroleras y que, por lo tanto, debía ser reformada. En el dictamen se especificó lo siguiente:
a) Los derechos de las compañías sobre el subsuelo no eran simples expectativas [tesis que Sáenz había defendido en su correspondencia con Kellogg], sino derechos adquiridos, b) la fijación de un límite de cincuenta años a las concesiones confirmatorias tenía un carácter confiscatorio, c) la negativa de las compañías a pedir la confirmación de sus derechos no había revestido un carácter ilegal y por lo tanto no habían incurrido en sanción alguna, y d) a pesar de lo anterior continuaba siendo necesario que, bajo nuevas condiciones, las compañías obtuvieran de la Secretaría de Industria la confirmación de sus derechos.[ 163 ]
Sin aguardar a que se sentara jurisprudencia, mediante otros cuatro fallos en casos semejantes, Calles propuso al Congreso, el 26 de diciembre, que se hicieran las modificaciones necesarias a la ley para ponerla en concordancia con la decisión de la Corte. Se redactó, para el efecto, un nuevo proyecto de ley que finalmente fue aprobado por unanimidad en el Congreso el 27 y el 29 de diciembre, considerándose de urgente y obvia resolución.[ 164 ]
El hecho demostró de nuevo que los norteamericanos podían conseguir sus pretensiones a través de los tribunales mexicanos y que el gobierno de México no confiscaría, por el momento, sus intereses petroleros.[ 165 ] En realidad, el máximo tribunal mexicano, al igual que el poder legislativo, tomó decisiones según las órdenes de su presidente y no actuaron libremente sino subordinados a éste. Considerando así la situación, puede afirmarse que la decisión de la corte fue un éxito diplomático atribuible al cambio de política llevado a cabo por el gobierno norteamericano y en especial a la habilidad de Morrow para influir sobre las decisiones de Calles al respecto.
La nueva ley fue aprobada finalmente por el ejecutivo mexicano el 3 de enero de 1928 y se puso en vigor al ser publicada más tarde en el Diario Oficial.[ 166 ] El 28 de marzo se dio a conocer el decreto que modificaba y adicionaba el reglamento de la Ley del Petróleo, poniéndolo en concordancia con las reformas del 3 de enero hechas a los artículos 14 y 15 de la misma ley.[ 167 ] La reforma recayó fundamentalmente en el artículo 14, donde originariamente se estipulaba que las concesiones para la explotación petrolera no se otorgarían por más de cincuenta años, contando a partir de que se hubiesen comenzado los trabajos de explotación o a partir de la fecha de la celebración de contratos con ese fin.[ 168 ]
En 1928 se especificó lo que tanto habían pedido las compañías petroleras norteamericanas: que los derechos se otorgarían "sin limitación de tiempo" cuando se hicieran en favor de los superficiarios, y por el término estipulado en los contratos en caso de derechos derivados de contratos celebrados por los superficiarios. Además se señalaba un nuevo plazo de un año más para solicitar la confirmación de esos derechos.[ 169 ]
En el reglamento se amplió considerablemente la definición de "acto positivo". En 1926 se consideraban "actos positivos" solamente las perforaciones de pozos petroleros y los trabajos geológicos efectuados con el fin de explotación petrolera.[ 170 ] En cambio, con la reforma, se consideraron los siguientes:
La ejecución con anterioridad al 1o. de mayo de algún acto positivo que expresare la intención del superficiario o de las personas capacitadas para ejercer sus derechos al petróleo en el subsuelo con el fin de usar u obtener el petróleo en el subsuelo, tales como perforaciones, arrendamientos, celebración de cualquier contrato relativo al subsuelo, hacer inversiones de capital en terrenos con el objeto de obtener el petróleo en el subsuelo, llevar a cabo obras de explotación y exploración del subsuelo, y en los casos en que del contrato relativo al subsuelo aparece que los otorgantes fijaron y recibieron un precio mayor del que se había pagado por la superficie del terreno en virtud de haber sido comprado con el propósito de buscar petróleo y explotar éste, en caso de encontrarlo; y, en general, efectuar o ejecutar cualquier otro acto positivo, o manifestar una intención de carácter semejante a las anteriormente descritas.[ 171 ]
La definición de "acto positivo" era de vital importancia para las compañías petroleras, pues las que los hubieran ejecutado quedaban exentas de cumplir con la legislación petrolera, que no tenía efectos retroactivos en estos casos. Puede apreciarse, sobre todo en los últimos renglones de este artículo, que no se delimitó en forma estricta dicha definición y que, por lo tanto, su vaguedad presentó mayores oportunidades para que las compañías no se vieran afectadas con la legislación.
Si se comparan estas indicaciones con los propósitos que Morrow tenía en mente, se observará que los puntos fundamentales de la disputa petrolera fueron aceptados por el gobierno mexicano a favor de las compañías. Con las enmiendas hechas a la ley del petróleo de 1925, la industria petrolera norteamericana se anotó una significativa victoria en el exterior, que dio fin a una larga y nefasta controversia diplomática entre México y los Estados Unidos.
Morrow y las compañías petroleras
El embajador Dwight Morrow tuvo, de hecho, muy pocas dificultades en negociar un compromiso con el presidente mexicano. Su mayor problema consistió en convencer a las compañías petroleras en aceptar lo que él consideraba una razonable solución.[ 172 ] Los petroleros norteamericanos no estuvieron de acuerdo con el fallo de la Corte, pues, aseguraban, la decisión judicial reafirmaba la política confiscatoria de Calles al tenerse que confirmar sus derechos antes de estar seguros de que éstos serían respetados.[ 173 ] Por este motivo, Morrow mantuvo un constante contacto con los representantes de las empresas desde fines de noviembre al 26 de diciembre de 1927, fecha en que el Congreso mexicano recibía la reforma de la ley petrolera de 1925 propuesta por el presidente Calles.[ 174 ] Las relaciones que Morrow sostenía con la firma Morgan le fueron útiles en estas negociaciones. Lamont y otros antiguos colegas del embajador trataron de convencer a los empresarios de no echar todo a perder, ya fuera con ásperas declaraciones públicas o con una inflexible posición hacia las resoluciones legales.[ 175 ]
En febrero de 1928 se sostuvieron conferencias informales entre Morones, Morrow y los representantes de las compañías extranjeras con el objeto de ponerse de acuerdo en la formulación del reglamento petrolero y armonizarlo con la recién enmendada ley. Las negociaciones se prolongaron varias semanas hasta que Morrow y J. Reuben Clark presentaron un proyecto, basado, no en lo que las compañías querían, sino en varias proposiciones hechas al respecto en periodos anteriores por ministros mexicanos. El proyecto fue finalmente aceptado tanto por las compañías como por Morones, quedando así resuelto el problema con los reacios petroleros extranjeros.[ 176 ]
El éxito de las negociaciones de Morrow con el gobierno de México primero, y con los petroleros norteamericanos después, estuvo altamente favorecido por sus relaciones con los banqueros de Nueva York. Durante la primera mitad de 1927 Thomas Lamont y otros miembros de J. P. Morgan y Compañía entablaron contactos constantes con varios mexicanos influyentes como Alberto J. Pani, Manuel C. Téllez, embajador de México en Washington, Álvaro Obregón, David Montes de Oca, ministro de finanzas desde febrero de 1927, y Agustín Legorreta. También trataron personalmente con el presidente Calles y le presentaron las opiniones de los banqueros norteamericanos. Dwight Morrow desempeñó el papel más importante en estas reuniones informales.[ 177 ] El mismo procedimiento se siguió con los petroleros y con el Departamento de Estado de los Estados Unidos.[ 178 ]
Se ha llegado a sugerir que la intervención del grupo banquero determinó el cambio de actitud del gobierno norteamericano manifestado en el nombramiento de Morrow. [ 179 ] El grupo de banqueros no sólo estaba interesado en el éxito de su amigo y colega, sino también en resolver los problemas que complicaban la relación entre los gobiernos de México y de los Estados Unidos.[ 180 ] Su intención era armonizar los intereses de los revolucionarios mexicanos con los de los norteamericanos en forma cordial y sin enfrentamientos que pudieran resultar desastrosos.[ 181 ]
Balance de la actuación de Dwight Morrow
Según el tratadista Harold Nicolson, Morrow fue el creador de una nueva práctica y teoría diplomáticas. El respaldo que tenía el embajador por parte de ambos presidentes le permitió llevar a cabo flagrantes violaciones de la técnica diplomática. Sus negociaciones y trámites fueron siempre verbales y evitó toda forma de planteamiento escrito. Violaba así uno de los principios más estrictos de la diplomacia, que exige establecer por escrito todas las comunicaciones que median con el gobierno extranjero. Por otra parte, Morrow acostumbraba comunicarse por teléfono con el Departamento de Estado, procedimiento no sólo costoso sino imprudente, ya que sus conversaciones eran interceptadas por el gobierno mexicano y se violaba el secreto con que debían ser manejados los asuntos diplomáticos. Asimismo el embajador trataba los problemas importantes acudiendo personalmente, no sólo al presidente Calles, sino a todos los departamentos que le interesaban, prescindiendo de la Secretaría de Relaciones.[ 182 ] La grave situación en la que Sheffield había dejado las relaciones con México ameritaba un cambio de política basada en la simpatía y la confianza. Morrow consideró que ésta era la única alternativa para llegar al acuerdo.[ 183 ]
Harold Nicolson caracteriza a este embajador como un "conciliador de opiniones opuestas". Cuando arribó a México el enfrentamiento entre el imperialismo y el nacionalismo presentaba un momento perturbador. Por un lado el gobierno de los Estados Unidos no podía rehusarse a otorgar protección a las vidas y propiedades de los americanos. Sin embargo, no deseaba defender sus intereses por medio de la fuerza y de la intervención, pues esto acarrearía la hostilidad de todos los países latinoamericanos ensartados en la misma situación, y la desaprobación de sus conciudadanos.[ 184 ] Por otra parte, el nacionalismo mexicano se había fortalecido considerablemente con la Revolución que, entre sus mayores objetivos, buscaba consolidar el poder del Estado para llevar a efecto los principios por los que se había luchado.
Se atribuye a Morrow el mérito de haber contribuido a hacer coincidentes estas dos posturas desde fines de 1927. Ya se ha dicho que el embajador, al igual que sus predecesores, no abandonó su misión de proteger los intereses norteamericanos. Sin embargo, el concepto que de esos intereses tenía y la manera que utilizaba para defenderlos eran novedosos. Morrow discrepaba totalmente de la política internacional básica de Kellogg, fundamentada en la creencia de que los derechos de propiedad de los extranjeros estaban por encima del derecho de la soberanía de un pueblo.[ 185 ] Se rehusó a hacer uso de la amenaza que sustituyó por un trato más amistoso para inspirar confianza y lograr la cooperación de los países que anteriormente se habían disciplinado con más facilidad. Si bien la tesis de Morrow no fue satisfactoria, desde el punto de vista material para los norteamericanos, lo fue en el sentido que demostraba una nueva teoría en el intercambio entre el fuerte y el débil.[ 186 ] Se establecía una nueva relación de dependencia más pacífica y probablemente más eficaz. Pues, a pesar de lo incierto que pudiera parecer, resultaría, a final de cuentas, ser la única política practicable por el momento. Morrow logró demostrar que por la vía de la simpatía, la confianza y la cooperación, se conseguían soluciones más seguras evitando mancillar el prestigio de los Estados Unidos ante otros pueblos y ante el suyo propio.[ 187 ]
Debe reconocerse que la misión de Morrow se vio envuelta en circunstancias más favorables que las enfrentadas por el señor Sheffield, pues tanto el gobierno de los Estados Unidos como la administración callista habían optado por una postura más moderada.[ 188 ] Los éxitos diplomáticos atribuibles al embajador Morrow deben relacionarse con el cambio sufrido dentro del gobierno revolucionario de México. Calles decidió aceptar la nueva modalidad en las relaciones con los Estados Unidos orillado por serios conflictos domésticos: la rebelión cristera y la deteriorada situación económica del país.[ 189 ] Los líderes mexicanos fueron abandonando la postura intransigente y optaron por una actitud más conciliadora.
El biógrafo de Morrow, H. Nicolson, hace notar que el embajador llegó en el preciso momento en el que Calles se tornaba más receptivo y tolerante.[ 190 ] Independientemente de la presión de Washington o de la influencia de Morrow, Calles olvidaba su anterior antagonismo hacia los intereses extranjeros y se inclinaba por una política más conservadora.[ 191 ] A partir de entonces se dio un franco apoyo a la intervención extranjera en desmedro de los capitales nacionales, desapareció el apoyo al sector obrero, el anticlericalismo fue abandonado y la reforma agraria suspendida.[ 192 ]
La nueva diplomacia, basada en el buen trato, que inició Morrow y la moderación en la posición nacionalista del gobernante mexicano, transformaron las características de las relaciones políticas y económicas de México con los Estados Unidos y que persisten hasta el presente. Aunque tuvieron que resolverse graves conflictos, especialmente los que causó la expropiación petrolera de 1938, se estableció una nueva dependencia de México hacia su país vecino. Los gobernantes mexicanos prosiguieron en su lucha por rescatar sus riquezas naturales, lográndolo en buena medida. Por su parte, los empresarios norteamericanos fueron abandonando aquellos renglones de la economía nacional que al Estado mexicano interesaba someter bajo su control y dirigieron sus inversiones a las actividades industriales, comerciales y financieras.[ 193 ]
[ 97 ] Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 116.
[ 98 ] John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 319.
[ 99 ] Guy Stevens, Current controversies with Mexico. Addresses and writings, s. p. i., [¿1929?], p. 187. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 236.
[ 100 ] Guy Stevens, Current controversies with Mexico. Addresses and writings, [s. p. i.], [¿1929?], p. 187. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 235.
[ 101 ] Guy Stevens, Current controversies with Mexico. Addresses and writings, [s. p. i.], [¿1929?], p. 187. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 235.
[ 102 ] Guy Stevens, Current controversies with Mexico. Addresses and writings, s. p. i., [¿1929?], p. 187. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 249.
[ 103 ] National Archives, Washington D. C., Records of the Department of State, 812.6363/1812-1817. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 249-250.
[ 104 ] "Sheffield a Departamento de Estado, 7 de abril de 1926", National Archives, Washington D. C., Records of the Department of State, 812.6363/1835. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 249-250.
[ 105 ] México, Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, Reglamento de trabajos petroleros, Edición oficial, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1927, p. 3-4. Citado por J. Fred Rippy, American policies abroad: Mexico, Chicago, The University of Chicago Press, 1928, p. 60.
[ 106 ] Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 116; John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 320.
[ 107 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 237-250.
[ 108 ] Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 116; John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 320.
[ 109 ] XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados (editor), Los presidentes de México ante la nación. Informes, manifiestos y otros documentos de 1821 a 1966, 5 v., México, Imprenta de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 1966, v. 3, p. 746.
[ 110 ] XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados (editor), Los presidentes de México ante la nación. Informes, manifiestos y otros documentos de 1821 a 1966, 5 v., México, Imprenta de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 1966, v. 3, p. 727.
[ 111 ] XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados (editor), Los presidentes de México ante la nación. Informes, manifiestos y otros documentos de 1821 a 1966, 5 v., México, Imprenta de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, 1966, v. 3, p. 728.
[ 112 ] Schoenfield a Departamento de Estado, 14 de septiembre de 1926, National Archives, Washington D. C., Records of the Department of State, 812.6363/1946. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 250.
[ 113 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 237, 250.
[ 114 ] Morones a las empresas petroleras, 14 de octubre de 1926, Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, III/628" (010)/1, L-E 533, leg. 2, f. 144-148. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 250.
[ 115 ] Excelsior, 19 de octubre de 1926. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios internacionales, V), p. 251. James John Horn, Diplomacy by ultimatum: Ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 158.
[ 116 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 85.
[ 117 ] Compañías petroleras a Morones, 16 de diciembre de 1926, y Morones a compañías petroleras, 16 de diciembre de 1926, National Archives, Washington, D. C., Records of the Department of State, 821.6363/2077½. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 251.
[ 118 ] Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, III/628 (010) 1, L-E 539, leg. 1, f. 48 y leg. 2, f. 78. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 251.
[ 119 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 89-90.
[ 120 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 89-90.
[ 121 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 90-91.
[ 122 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 258.
[ 123 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 98.
[ 124 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 95.
[ 125 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 97-98.
[ 126 ] Boletín del Petróleo, v. XXIII, enero-junio, 1927, p. 80. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 252.
[ 127 ] Boletín del Petróleo, v. XXIII, enero-junio, 1927, p. 80. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 252.
[ 128 ] Boletín del Petróleo, v. XXIII, enero-junio, 1927, p. 80. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 253-254.
[ 129 ] Boletín del Petróleo, v. XXIII, enero-junio, 1927, p. 80. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios internacionales, V), p. 254. Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 12, p. 232-233.
[ 130 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 254.
[ 131 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 257-258.
[ 132 ] James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 159.
[ 133 ] James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 178.
[ 134 ] "Text of Coolidge Address", New York Times , April 26, 1927. Citado por James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 178.
[ 135 ] "Calles quoted", El Universal, 27 de abril, 1927. Citado por James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 179.
[ 136 ] Howard F. Cline, The United States and Mexico, New York, Atheneum, 1971, p. 210. Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 263. Emilio Portes Gil, Autobiografía de la Revolución Mexicana, México, Instituto Mexicano de Cultura, 1964, p. 397.
[ 137 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 263.
[ 138 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 13, p. 15; Howard F. Cline, The United States and Mexico, New York, Atheneum, 1971, p. 210. Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 210.
[ 139 ] Sheffield to Wadsworth, December 3, 1926, y Sheffield to Taft, March 24, 1927, Sterling Memorial Library, Yale University, James Rockwell Sheffield Papers. Citado por James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 180-181.
[ 140 ] Sheffield to Anderson, May 8, 1927, Sterling Memorial Library, Yale University, James Rockwell Sheffield Papers. Citado por James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 182.
[ 141 ] Howard F. Cline, The United States and Mexico, New York, Atheneum, 1971, p. 210. Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 210.
[ 142 ] Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1974, p. 395.
[ 143 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 13, p. 74-75.
[ 144 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 245.
[ 145 ] Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 131.
[ 146 ] Emilio Portes Gil, Autobiografía de la Revolución Mexicana, México, Instituto Mexicano de Cultura, 1964, p. 398.
[ 147 ] Memorándum confidencial del Departamento de Estado a Morrow, 10 de octubre de 1927, National Archives, Washington, D. C., Records of the Department of State, 812.6363/ 2378½. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 270.
[ 148 ] México, Secretaría de Relaciones Exteriores, Boletín II, octubre, 1927, p. 25-29; citado por Stanley R. Ross, "Dwight Morrow and the Mexican Revolution", Hispanic American Historical Review, v. XXXVIII, n. 4, noviembre 1958, p. 506-528, p. 527.
[ 149 ] México, Secretaría de Relaciones Exteriores, Boletín II, octubre, 1927, p. 25-29; citado por Stanley R. Ross, "Dwight Morrow and the Mexican Revolution", Hispanic American Historical Review, v. XXXVIII, n. 4, noviembre 1958, p. 506-528, p. 527.
[ 150 ] James Morton Callahan, American foreign policy in Mexican relations, New York, Macmillan Company, 1932, p. 611.
[ 151 ] James Morton Callahan, American foreign policy in Mexican relations, New York, Macmillan Company, 1932, p. 586.
[ 152 ] Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1974, p. 395.
[ 153 ] Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 267.
[ 154 ] Memorándum de Morrow al secretario de Estado, 12 de septiembre de 1930, National Archives, Washington, D. C., Records of the Department of State, 821.6363/2698. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 270.
[ 155 ] Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1974, p. 395.
[ 156 ] New York Times, September 15, 1930. Citado por Stanley R. Ross, "Dwight Morrow and the Mexican Revolution", Hispanic American Historical Review, v. XXXVIII, n. 4, noviembre 1958, p. 506-528 y509.
[ 157 ] John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 327.
[ 158 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935.
[ 159 ] Howard F. Cline, The United States and Mexico, New York, Atheneum, 1971, p. 210. Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 211.
[ 160 ] John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 328.
[ 161 ] John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 328.
[ 162 ] John W. F. Dulles, Yesterday in Mexico. A chronicle of the Revolution 1919-1936, Austin, University of Texas Press, 1972 (hay edición en español publicada por el Fondo de Cultura Económica, 1977), p. 328.
[ 163 ] Boletín del Petróleo, v. XXV, enero-junio, 1928, p. 256 y s; citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 271-272.
[ 164 ] Alfonso Taracena, La verdadera Revolución Mexicana, 16 v., México, Jus, 1961, v. 13, p. 182-183, 184.
[ 165 ] James Morton Callahan, American foreign policy in Mexican relations, New York, Macmillan Company, 1932, p. 612.
[ 166 ] Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 134.
[ 167 ] "Decreto que reforma el reglamento de la Ley del Petróleo", Diario Oficial 28 de marzo de 1928, p. 4-5.
[ 168 ] "Ley reglamentaria del artículo 27 constitucional, en el ramo del petróleo", Diario Oficial, 31 de diciembre de 1925, p. 894.
[ 169 ] México, Secretaría de Educación Pública, Legislación petrolera. Leyes, decretos y disposiciones administrativas referentes a la industria petrolera, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1922, v. VIII, p. 1-2.
[ 170 ] "Reglamento de la Ley del Petróleo, de 26 de diciembre de 1925", Diario Oficial, 8 de abril de 1926, p. 733.
[ 171 ] "Reglamento de la Ley del petróleo, de 26 de diciembre de 1925", Diario Oficial, 28 de marzo de 1928. Esta definición de "actos positivos" es idéntica a la que los comisionados dieron en la sesión del 2 de agosto de 1923. Vid. Aarón Sáenz, La política internacional de la Revolución. Estudios y documentos, prólogo de Manuel González Ramírez, México, Fondo de Cultura Económica, 1961 (Vida y Pensamiento en México), p. 58.
[ 172 ] Robert Freeman Smith, The United States and Revolutionary Nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 225.
[ 173 ] Wall Street Journal, 11, 12 y 13 de diciembre de 1927. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 272.
[ 174 ] Wall Street Journal, 11, 12 y 13 de diciembre de 1927. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V), p. 273.
[ 175 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 255-256.
[ 176 ] "Morrow to Kellogg, March 6, 1928", 812.6363/2524, Foreign Relations 1928, III, p. 298. Citado por Camile Nick Buford, A biography of Luis N. Morones. Mexican labor and political leader, The Louisiana State University and Agricultural and Mechanical College, 1971, p. 135.
[ 177 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 250.
[ 178 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 250.
[ 179 ] George K. Lewis, An analysis of the institutional status and role of the petroleum industry in Mexico's evolving system of political economy, tesis de doctorado, Austin, University of Texas, 1959. Citado por Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1974, p. 396-597, nota 194.
[ 180 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 256.
[ 181 ] Véase punto número 4, en donde se habla de la política de este grupo.
[ 182 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935, p. 7.
[ 183 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935, p. 5.
[ 184 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935, p. 5.
[ 185 ] Stanley Robert Ross, "Dwight Morrow and the Mexican Revolution", Hispanic American Historical Review, v. 38, n. 4, noviembre de 1958, p. 506-528 y509.
[ 186 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935, p. 5.
[ 187 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 17 de octubre de 1935, p. 5.
[ 188 ] James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 193.
[ 189 ] Robert Freeman Smith, The United States and revolutionary nationalism in Mexico 1916-1932, Chicago, The University of Chicago Press, 1972, p. 255.
[ 190 ] Harold Nicolson, "La actuación de Morrow en México", El Universal, del 12 al 24 de octubre de 1935; 13 de octubre de 1935, p. 10.
[ 191 ] James John Horn, Diplomacy by ultimatum: ambassador Sheffield and Mexican-American relations 1924-1927, New York, State University of New York at Buffalo, 1969, p. 195, nota 13.
[ 192 ] Frank Brandenburg, The making of modern Mexico, New Jersey, Prentice Hall, 1964, p. 75. Citado por Lorenzo Meyer, México y los Estados Unidos en el conflicto petrolero (1917-1942), México, El Colegio de México (Colección Centro de Estudios Internacionales, V ), p. 268.
[ 193 ] Arnaldo Córdova, La ideología de la Revolución Mexicana. La formación del nuevo régimen, México, Era, 1974, p. 32.

References: artículo 6
 artículo 14
 artículo 27
 artículo 27
 artículo 27
 artículo 27
 artículo 14
 artículo 27