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Timestamp: 2020-08-14 00:36:05+00:00

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Misiones populares de la C.M. en España (1704-1975). Parte 8 - Somos Vicencianos
Posts Misiones populares de la C.M. en España (1704-1975). Parte 8
Capítulo 1: El trabajo misionero de la C.M. en España
1. La vida del Equipo Misionero
Parece claro, en principio, que una fundación se instaura para realizar un determinado trabajo (recogido en el consiguiente contrato) y que la vida del grupo humano dedicado a él quedará determinada por dicho contrato.
Así ocurre con las Comunidades de la C.M. dedicadas a las Misiones Populares. Establecida la fundación, su vida se regirá, a nivel interno, por las Reglas y Constituciones de la C.M.1 y los Decretos de las Asambleas Generales2 y, a nivel del trabajo en las Misiones, por los Reglamentos de misiones3 y las Prescripciones que van dejando en cada casa los Visitadores en los «Libros de Visitas»4 Parece evidente, por tanto, que debemos detenernos en ellos para comprender la importancia vital que tal trabajo ha tenido en las Comunidades.
1.1. La vida de los misioneros en los Reglamentos
Como ya se indicó5 dos han sido los Reglamentos Generales que han estado vigentes en la historia de la CM.6 y en ellos encontramos descritos escrupulosamente los comportamientos que deben seguir los equipos misioneros en el desempeño de su trabajo.7 De este modo cada misionero conocía sus obligaciones tanto en el desarrollo de la misión [antes de salir de casa,8 durante el camino9 y una vez establecidos en el lugar a misionar: llegada,10 ritmo diario,11 ritmo semanal12 y finalización13 ] como en los períodos intermisionales [responsabilidad de los superiores,14 descanso,15 preparación16 y otras ocupaciones].
1.2. Las Ordenanzas de los Visitadores
La C.M., desde tiempo del fundador, se divide, para su Administración, en Provincias17 («unión de varias casas entre sí, circunscrita por límites territoriales»)18 a cuyo frente hay un Visitador19 al que corresponde, entre otras cosas, «hacer visitas frecuentes a las Casas y a los misioneros, lo que hará por oficio al menos cada dos años».20 De estas visitas sistemáticas dejará constancia en un libro llamado «De Ordenanzas o Visitas» junto con normas para un mejor funcionamieto de la Comunidad visitada.
En ellos, aún cuando no contamos con algunos del s. XVIII, encontramos infinidad de aspectos relacionados con las Misiones Populares, de los que podemos deducir la importancia que este trabajo ha tenido a través de los años y la forma que tenían dichas comunidades de vivir lo que se tenía establecido tanto en las Reglas Comunes, como en los Contratos y en los Reglamentos.
Del análisis de estos «Libros de Ordenanzas»,21 podemos extraer las siguientes conclusiones:
+ el trabajo en las Misiones Populares es la primera y principal función de la Institución; nadie estará exento de ella.22
+ la publicación del Reglamento de Misiones de 1895 establece un «antes» y un «después» en los contenidos de las Ordenanzas:
. antes de 1895 existe una machacona insistencia en el cumplimiento detallado del Reglamento23 como elemento clave del éxito de las misiones; posteriormente las ordenanzas son más genéricas e incluso ni se cita el Reglamento.
. antes de 1895 se habla de las Misiones, de forma extensa, en prácticamente todas las visitas; posteriormente o se hace de forma muy reducida o ni siquiera se toca el tema.
. algunos detalles, tratados con profusión antes de 1895, luego dejan de hacerse (sumisión al Director,24 utilización del estilo llano,25 escrupulosidad en no hablar más de tres cuartos de hora,26 asuntos relacionados con la confesión,27 uniformidad en lo que se diga y haga,28 importancia de la ejemplaridad del misionero,29 no ir sólo ni a las misiones ni durante la misión,30 ir y venir de la Iglesia a la hora marcada por el Reglamento,31 prohibición de aceptar limosnas de misas32 o regalos,33 cuidados en punto a la castidad,34 importancia de mantener el ritmo espiritual en las Misiones,35 cuidados en el trato con los externos,36 preparación del misionero,37 cuidados que ha de tener el Director para con los misioneros38 …) y aparecen, por el contrario, otros nuevos (las misiones como parte del bien de la casa39 o trabajo principal de la misma,40 nueva visión de la gratuidad tradicional41 …).
+ aparición de nuevas preocupaciones tras la guerra civil de 1936: establecimiento de un «plan de misiones»,42 insistencia de misionar tanto en pueblos como en barrios pobres de las ciudades,43 alabanza por alguna misión concreta…44
1.3. Determinaciones del Consejo Provincial
Para ser asesorado en el Gobierno de la Provincia cuenta el Visitador con una serie de colaboradores con quienes forma el Consejo Provincial. Este organismo se reune de forma regular. Sus decisiones son recogidas por el Secretario en los Libros de Actas.45 Las preocupaciones que muestran las sucesivas Actas presentan un mapa claramente coincidente con otras fuentes y realidades y que parcelan la actividad de las Misiones Populares en tres etapas:
+ antes de 1938: el tipo de misiones más normal es el que corresponde a las «fundaciones» y realizado, en los llamados «Cursos misioneros», por equipos estables compuestos por tres misioneros y, la mayor parte de las veces, por un Hermano Coadjutor. Las preocupaciones del Consejo Provincial se orientan principalmente en cuatro direcciones:
. nombramiento de los equipos misioneros46
. destinos para completar los equipos47
. nombrar Director de los mismos48
. estudiar las ofertas de nuevas fundaciones49
+ 1938-1944: la guerra civil agudiza una tendencia ya iniciada en décadas anteriores. Las «fundaciones» ven reducidos notoriamente sus fondos y, como consecuencia, la actividad misionera se orienta hacia las misiones «solicitadas» bien por los párrocos o bien por los obispos. Comienza la decadencia de los Cursos largos de misiones. Notorio es también la reducción del equipo tradicional de tres misioneros (más el Hermano) a únicamente dos sacerdotes.
Las preocupaciones del Consejo Provincial se orientan en la misma dirección que en la época anterior:
. nombramiento de binas o ternas para las misiones de «fundación» que aún quedan50
. nombramiento de las binas o ternas para las cada vez más numerosas misiones «solicitadas» y destinos de misioneros para completar las mismas51
. nombramiento de directores52
+ después de 1944: caracterizado el período por la aparición y desarrollo espectacular de las misiones «generales» o «zonales» y de los grandes e inestables equipos misioneros. Este fenómeno llevará consigo la cuasi desaparición de las misiones de «fundación» y un importante freno de las «solicitadas». La magnitud de estas empresas hace necesaria la aparición de organizaciones más amplias y la colaboración con otras instituciones.
Las más significativas preocupaciones que reflejan las Actas se refieren a:
. destinos de misioneros para misiones53
. nombramiento de director54
. aspectos diversos sobre Misiones Generales55
. nombramiento de las «Comisiones Organizadoras de cada Misión»56
. asuntos relacionados con la organización57
. relaciones con la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl58
. relaciones con la Federación Española del Apostolado de la Palabra – FEDAP-59
. contribución con otras iniciativas misioneras60
. cursillos y congresos de Misiones61
. informes sobre misioneros62
2. Tipología de Misiones Populares
2.1. Misiones de «fundación»
+ Origen: contrato con un Obispo para misionar en su diócesis
+ Época de actuación: han mantenido su existencia desde comienzos del s.XVIII hasta mediados del s.XX.
+ Soporte económico: réditos provenientes de un capital, tierras o bienes inmuebles; aportación del Estado o de la Diócesis
+ Agentes: número: ternas más un Hermano (ss.XVIII y XIX) o binas (s.XX); estabilidad del equipo: alta; origen del equipo: las casas-misión de la C.M.; responsable: el Director de Misión; dedicación de sus miembros: exclusiva;
+ Duración: s.XVIII: 15 – 30 días; s.XIX: 10 – 21 días; s.XX: 10 – 21 días
+ Relación con lugares próximos: muy alta por reali-zarse dentro de un Curso Misionero, que ocupaba Octubre-Junio, e ir los misioneros de un pueblo al otro.
+ Contenidos: recogidos en los Manuales Tradicionales
+ Organización: a tenor de los «Reglamentos»
+ Lugares: núcleos de población rurales
+ Destinatarios: toda la población bautizada
+ Regularidad: a merced de los misioneros o según lo estipulado por el contrato (hasta c. del s.XX); posteriormente cada diez años (Código de Derecho Canónico)
2.2. Misiones «Solicitadas»
+ Origen: petición de algún particular (obispo, párroco, Asociación …)
+ Época de actuación: aunque han existido desde el s. XVIII, su desarrollo más importante lo adquieren a partir de la Guerra Civil.
+ Soporte económico: el aportado por el solicitante
+ Agentes: número: dependiente del lugar de misión; estabilidad del equipo: nula; origen: las casas misión o reunidos «ad hoc»; responsable: el Director de la misión; dedicación de los miembros: exclusiva (si son de Casas-Misión) o esporádica (si provienen de otras residencias).
+ Duración: 7 – 15 días
+ Relación con lugares próximos: nula
+ Contenidos: recogidos en los Manuales Tradicionales o en los Renovados
+ Organización: a tenor de los Reglamentos
+ Lugares: núcleos de población urbana
+ Destinatarios: la población bautizada que lo desee
+ Regularidad: no existe
2.3. Misiones «Generales» o «Zonales»
+ Origen: petición de algún Obispo
+ Época de actuación: 1944 – 1975
+ Soporte económico: aportación del Obispado
+ Agentes: número: equipos numerosos y heterogéneos dependiente de la zona de misión; estabilidad: mediana; origen: casas-misión de la C.M., misioneros «ad hoc», seglares, Hijas de la Caridad, sacerdotes diocesanos y otros religiosos; responsable: Director de la Misión, Directores de Zona, Directores de Centro; dedicación de sus miembros: exclusiva (unos pocos), esporádica (la mayoría).
+ Duración: dependiendo de la población del lugar.
+ Relación con lugares próximos: alta pero discontinua
+ Contenidos: Recogidos en los Manuales del Misionero o en Temarios preparados «ad hoc»
+ Organización: a tenor de las líneas marcadas por la Comisión Preparatoria de la Misión
+ Lugares de misión: capitales, barrios de capitales, arciprestazgos, diócesis…
+ Destinatarios: bautizados que quieran renovar su vida
+ Regularidad: dependiente de los deseos del Obispo correspondiente, aunque dada la complejidad de organización no es mucha.
3. Estructuras misioneras de la C.M. en España
La realización del trabajo descrito anteriormente precisa de unas estructuras materiales y de personal. ¿Hasta qué punto, teniendo en cuenta la prioridad teórica de este trabajo, dispuso la C.M. sus posibilidades materiales y de personal?
3.1. Las Casas-Misión de la C.M. en España
Con este nombre se ha conocido tradicionalmente las Residencias de la C. M., indicando con ello la función principal a la que debían dedicarse. Los datos aportados por las fuentes nos indican que el desarrollo de la C.M. en España, desde sus inicios hasta la fecha propuesta como final en nuestro trabajo, ha sido lento hasta finales de siglo XIX, acelerado hasta mediados del XX y contenido hasta 197563
LAS CASAS-MISIÓN DE LA C.M. EN ESPAÑA64
1736 1780 1835 1886 1930 1975
TOTAL CASAS 2 5 8 10 43 66
CASAS-MISIÓN 2 5 8 10 26 5
ANDALUCÍA – – – 1 6 –
ARAGÓN – 1 1 2 3 –
ASTURIAS – – – – 1 –
BALEARES 1 1 1 1 1 1
CANARIAS – – – – 2 –
CANTABRIA – – – – 1 –
CASTILLA LA M. – – – 1 1 –
CASTILLA LEÓN – – – 1 3 –
CATALUÑA 1 3 3 1 2 3
C. VALENCIANA – – 1 – – –
EXTREMADURA – – 1 1 1 –
GALICIA – – – 1 3 –
MADRID – – 1 1 1 1
NAVARRA – – – – 1 –
En la primera etapa, incluidas las supresiones de las Revoluciones liberales, todas las casas se dedicaban a la primera de las tareas para las que se habían fundado: las Misiones Populares. Posteriormente la diversificación de trabajos (Parroquias, Hijas de la Caridad, Residencias varias, Casas de Formación, Colegios…) hará que vaya disminuyendo esta dedicación cuasi-exclusiva, para desaparecer prácticamente en la década de los años setenta del siglo XX.
La localización de las mismas también sigue unas líneas muy concretas. El s.XVIII contempla una Institución centrada en Aragón, Baleares y Cataluña; la primera incursión en otras tierras (Badajoz, Madrid, Valencia) se verá borrada por las supresiones de 1835. Sólo a partir de la Restauración, con el traslado de la Casa Central a Madrid, comenzará a ser una Institución que inicia su asentamiento en todo el territorio español.
3.2. El personal disponible65
Sigue en su evolución similares líneas que las residencias. Un desarrollo lento hasta 1835; una profunda crisis con motivo de las Revoluciones liberales; un crecimiento sostenido y progresivamnte acelerado a partir de la Restauración (con un momento de máximo auge a mediados del s.XX) y un inicio de crisis (más palpable en Hermanos Coadjutores y Seminaristas) a partir de los años setenta del citado siglo.
Sin embargo no todo este personal «participa» del trabajo de las Misiones Populares. La existencia, desde los inicios, de otras obligaciones, bien sea hacia los externos (Ejercicios a los Ordenandos o la atención a Seminarios…) bien hacia la misma Congregación (burocracia, Seminario Interno…) impedía una completa dedicación de todo el personal. Añádase los sacerdotes enfermos, ancianos o imposibilitados. Con todo ello podemos decir que durante el s. XVIII el porcentaje de sacerdotes de la C.M. que dan misiones oscila entre el 25 – 35% de los residentes en España con tendencia a la baja (15-25%) según nos acercamos al s. XIX. Las conmociones político-sociales de este siglo harán disminuir espectacularmente este trabajo, nulo entre 1834 y 1852 (salvo alguna excepción en Baleares), que sólo recuperará su fisonomía a partir de 1875. Hasta la proclamación de la I República mantendrá unos porcentajes de participación entre el 20 – 30% siendo notorio su declive entre los años 1930 y 1939. Tras la guerra civil se alcanzarán unos niveles de participación similares a los anteriores, iniciando una nueva caída en los primeros años de la década de los setenta.
MISIONEROS DE LA C.M. RESIDENTES EN ESPAÑA
SEMINARISTAS 3 9 6 104 218 91
HERMANOS COADJUTORES 7 27 30 62 115 67
SACERDOTES RESIDENTES 17 68 92 64 310 434
DAN MISIONES 12 16 – 22 33 55
NÚMERO DE MISIONES:
1-2 MISIONES 2 5 – 3 13 36
3-5 MISIONES 7 7 – 6 4 16
6-10 MISIONES 3 4 – 5 8 3
11-15 MISIONES – – – 4 5 –
+15 MISIONES – – – 4 3 –
Estos niveles de «participación» no implican una exacta correlación con los de «dedicación». Dos elementos debemos tener en cuenta para determinar esta dedicación: el modelo y la duración de cada misión.
Las Misiones de «fundación» implicaban el compromiso de misionar un número determinado de pueblos durante toda una temporada -Octubre a Junio- (llamado «Curso misionero»). Para ello existía en las Casas-Misión una terna o una bina de misioneros que hacían el recorrido y que solían mantenerse estables durante todo el Curso. Esta forma de trabajo implicaba una dedicación prácticamente total, salvo aquellas sustituciones «momentáneas» por enfermedad o necesidad mayor. Las Misiones «solicitadas» y las «generales» eran realizadas por equipos «ad hoc» que podían combinar misioneros con dedicación plena a este trabajo y otros (mayoritarios en las «generales») reunidos para la ocasión.
Por otra parte debemos tener en cuenta la duración de la misión. Durante todo el s. XVIII los misioneros permanecen en cada lugar no menos de veintiún días. El aumento numérico, a partir de la Restauración, de las casas, de los misioneros y de las peticiones de misionar hará disminuir este tiempo en función de la importancia del lugar (siete o quince días). Cuando se impongan las Misiones Generales la diversidad temporal será total: tres, cinco, siete o doce días.
Teniendo en cuenta estas dos cuestiones podemos concluir que:
– el personal con dedicación exclusiva a este trabajo únicamente ha sido importante, aunque no mayoritario, hasta 1835; tras la Restauración ha pasado a ser minoritario para terminar, en la década de los años sesenta del s.XX, siendo imperceptible. Esta situación conlleva la aparición de personal que simultanea sus trabajos ordinarios con la participación en alguna de las misiones.
– la disminución de personal dedicado a las misiones se ha debido prioritariamente a la aceptación de otros trabajos (bien por las opciones de la misma Congregación o por el descenso de la demanda).
– la incidencia en la vida de la Institución de esta disminución, salvo en la crisis final de los años sesenta del s. XX, no ha sido tan significativa como pudiera parecer. Las Casas-Misión con sus dos o tres sacerdotes dedicados a este trabajo tenían un ámbito de influencia limitado a su entorno y a la constatación impresa en los Libros de Misión. Los equipos esporádicos (más o menos numerosos) surgidos a fines del s. XIX requerían el compromiso de muchas de las casas (la de origen, visitas en el camino…) además de reflejar en publicaciones periódicas los resultados de cada misión. De este modo el «ambiente» misionero «ad intra» era, quizá, superior al existente en años anteriores con más personal dedicado en exclusiva a este trabajo.
Toda pretensión de abarcar el total de los resultados misioneros tropieza con varios inconvenientes insalvables, como la pérdida de determinados Libros de Misión, el descuido de los misioneros a la hora de reflejar todas y cada una de las misiones, la dispersión de otras posibles fuentes de información… Del vaciado de las fuentes cotejadas podemos llegar a las siguientes conclusiones que intentaremos perfilar con más detenimiento en capítulos posteriores.
4.1. Apreciaciones Generales
Los resultados obtenidos nos muestran, para el período estudiado, un total de 10.789 misiones y de 12.174 lugares misionados. Estos datos requieren de una serie de observaciones:
– hemos optado por tabular como misión toda acción que se desarrolla en un lugar o zona durante un tiempo determinado, sin atender a otro tipo de connotaciones (multiplicidad de centros, lugares simultáneos, habitantes…). Así tan misión es la que dura tres días o un mes; misión es la desarrollada en un pequeño pueblo como en una capital; misión es la local y la zonal … Esto explica, por ejemplo, la no coincidencia de «misiones» y «lugares misionados».
– nos hemos decidido por la localización civil antes que por la diocesana (utilizada frecuentemente por las fuentes). Los contratos de misiones se hacían con los Obispos y, por tanto, su ámbito de influencia era la diócesis correspondiente. Los cambios de delimitaciones diocesanas, la desaparición de algunas, la aparición de otras muchas, etc… nos aconsejó optar por la organización civil actualizada.
– hemos aceptado como misiones de la C.M. todas aquellas en las que participa personal de la Institución aunque no sean organizadas exclusivamente por ella. Esta situación tendrá repercusiones únicamente a mediados del s.XX con la aparición de la Hermandad Misionera de San Vicente de Paúl (entidad misionera formada por Sacerdotes Diocesanos y Paúles) y de la FEDAP (organización integrada por religiosos dedicados a las misiones populares).
– el ámbito de referencia es únicamente el territorio español desestimando, por tanto, las misiones populares dadas por la C.M. de España en otros territorios que dependían jurídicamente de ella. En este sentido es particularmente rica la historia misionera en algunos países de América Latina.
4.2. Distribución Geográfica (Tabla I)
Atendiendo a la actual división administrativa, podemos establecer las siguientes pautas:
4.2.1. Zonas de máxima incidencia
– Baleares: 1.129 misiones con 1.145 lugares. El centro de la actuación está en la Casa-Misión de Palma y su acción abarca todas las islas por igual. La antigüedad de la casa [1736] y el haber permanecido abierta todo el período le concede una peculiar importancia. El singular y completo Libro de Misiones nos muestra una regularidad en el mantenimiento de la actividad misionera digna de encomio. Nada tiene de extraño que la mayoría de lugares, salvo la capital, hayan sido misionados entre diez y veinte veces por el personal de la C.M.
– Cataluña: 1.371 misiones y los mismos lugares. Más de la mitad corresponden a Barcelona (770 misiones) y en menor medida a Lérida (249 misiones), Gerona (199 misiones) y Tarragona (153 misiones). Los centros de actuación son las Casas-Misión de Barcelona (1704), Guisona (Lérida, 1751) y Reus (Tarragona, 1757). Con toda seguridad se dieron bastantes más en el s. XVIII, especialmente en Lérida y Tarragona, que no han llegado a nosotros por la desaparición de sus Libros de Misión.
– Aragón: 1.646 misiones con 1.651 lugares. Presenta este territorio unas peculiares características. Huesca (164 misiones), desde la Casa-Misión de Barbastro [1759], recibe prácticamente todas sus misiones en la segunda mitad del s. XVIII, aunque la desaparición del Libro de Misiones impide sacar otras conclusiones; Teruel (1.394 misiones) y Zaragoza (88 misiones), sin embargo, lo hacen únicamente a partir de la Restauración. Las Casas-Misión de Teruel y de La Iglesuela (Teruel) serán los focos de acción más importantes aunque también se dieron desde las Residencias de Alcorisa (Teruel) y Zaragoza. Indicar, por último, que es precisamente Teruel el territorio nacional que más misiones ha recibido de la C.M.
– Extremadura: 607 misiones con 881 lugares. Preciso es señalar la enorme diferencia entre las 521 dadas en Badajoz y las 86 de Cáceres. Las primeras, dadas íntegramente desde la Casa-Misión de Badajoz desde comienzos del s. XIX y, sobre todo, después de la Restauración. En Cáceres a partir de la Restauración y, especialmente, después de la Guerra Civil. Constatar, por último, que en Badajoz todas las misiones son locales, mientras que en Cáceres, habiendo únicamente 86 misiones, se misionan 360 lugares.
– Castilla-León: 3.306 misiones con 3.589 lugares. A partir de la Restauración se convierte en la zona más intensamente misionada por la C.M.: Ávila (1210 misiones), Burgos (863 misiones) y, en menor medida, Soria (170 misiones), León (165 misiones) y Palencia (146 misiones) son los lugares de más atención merced a las Casas-Misión de Ávila, Tardajos, Sigüenza, Villafranca del Bierzo y Paredes de Nava. Caso distinto es el de Salamanca (418 misiones) que sólo comienza a ser misionada sistemáticamente después de la guerra civil.
– Madrid: 710 misiones con 721 lugares. Desarrolladas principalmente después de la Restauración aunque comenzaron en el primer tercio del s.XIX. Su centro de acción será la Casa-Misión de Madrid.
– Canarias: 395 misiones que corresponden a un número similar de lugares. Comienzan a darse a finales del s. XIX desde las Casas-Misión del Puerto de la Luz, La Laguna, La Orotava y Las Palmas para completar 174 misiones en Las Palmas y 221 en Santa Cruz de la Palma.
4.2.2. Zonas de mediana incidencia
– Castilla La Mancha: 707 misiones con 851 lugares misionados. Únicamente adquieren importancia en Guadalajara (341 misiones) y Toledo (292 misiones). En el primer caso dependientes de la Casa-Misión de Sigüenza con un gran empuje en los inicios de la Restauración; en el segundo por influjo de la de Madrid y desarrolladas principalmente tras la Restauración.
– Galicia: 213 misiones con un número similar de lugares. Comienzan a darse a partir de 1868 por mediación del P. Díez, misionero semiclandestino huído de Badajoz. Propiamente no hay ninguna Casa-Misión aunque es seguro que desde Orense y Los Milagros se trabajaba en ellas. Desgraciadamente no tenemos constancia de Libros de Misiones salvo el personal del citado P. Díez.66 Añádase la dificultad de tabularlas por el concepto plurilocal que tiene la Parroquia en Galicia y que hace inviable saber a ciencia cierta qué lugares fueron los misionados. Orense es la provincia que presenta un número más significativo de misiones: 132.
– Navarra: 182 misiones con similar número de lugares. Su centro de acción se sitúa en las Casas-Misión de Lodosa y Pamplona. Todas ellas misiones «contratadas» por no existir convenio misionero con el Sr. Obispo. Se desarrollan desde comienzos del s. XX.
TABLA I: MISIONES POPULARES C.M. EN ESPAÑA
LOCALIZACIÓN MISIONES LUGARES LOCALIZACIÓN MISIONES LUGARES
ANDALUCÍA 261 273 C.VALENCIANA 124 330
ARAGÓN 1.646 1.651 EXTREMADURA 607 881
ASTURIAS 22 164 GALICIA 213 213
BALEARES 1.129 1.145 LA RIOJA 41 319
CANARIAS 395 395 MADRID 710 721
CANTABRIA 43 43 MURCIA 5 5
CASTILLA M. 707 851 NAVARRA 182 182
CASTILLA L. 3.306 3.589 PAÍS VASCO 27 41
CATALUÑA 1.371 1.371 TOTAL 10.789 12.174
– C. Valenciana: 124 misiones con 207 lugares. Tuvo un corto período a comienzos del s.XIX centrado en la Casa-Misión de Sot de Chera-Valencia. Posteriormente las misiones se dan en la segunda mitad del s. XX, con una gran significación en el devenir misionero de la C.M.
– Andalucía: 261 misiones con 273 lugares. Prácticamente todas pertenecen al s.XX. Las Casas-Misión allí establecidas servirán de base para estas acciones misioneras aunque no tuvieron una larga vida. Todas las misiones son «contratadas».
4.2.3. Zonas de poca incidencia: Asturias: 22 misiones con 164 lugares; Cantabria: 43 misiones e igual número de lugares; La Rioja: 41 misiones con 319 lugares; Murcia: 5 misiones e igual número de lugares; País Vasco: 27 misiones con 41 lugares.
4.3. Distribución tipológica (Tabla II)
5.3.1. Las Misiones Locales.
Integramos en este apartado aquellas que abarcan a una sóla población bien sea rural o urbana. Por su origen pueden ser de «fundación» o «solicitadas». Normalmente han sido dadas por una terna o una bina pero, dependiendo de la población, también pueden asistir más misioneros. Representan la mayoría (97 %) de las impartidas por la C.M. y sólo han visto reducida su importancia a partir de mediados del s. XX. Los contenidos que en ellas se desarrollan son los recogidos en los «Sermonarios» tradicionales. Se lleva a cabo siguiendo escrupulosamente las prescripciones de los «Reglamentos». Sermonarios y Reglamentos caerán en desuso a mediados del s. XX. Los primeros serán sustituidos, en principio, por los «Manuales del Misionero» (temarios de misión renovados y preparados para misiones «de» capitales o zonales) aunque hay continuas propuestas de renovación. La responsabilidad del funcionamiento de la misión recae en la persona del Director de la misma.
4.3.2. Las Misiones «en» Capitales
Aunque pertenecen al apartado anterior aportan algunos aspectos peculiares habida cuenta de la resistencia de la C.M. a misionar en las capitales. Se trata de realizaciones «locales» dentro de la capital bien en alguna de sus parroquias o bien en alguno de sus barrios. Los equipos responsables de la misión estarán en función de la extensión del lugar y del número de personas asignadas. En sus contenidos y organización seguirán las mismas pautas que las misiones locales. Representan el 1% del total de misiones y tendrán una especial importancia en Andalucía, Baleares, Canarias, Extremadura, Galicia y Madrid. Están constatadas en todos los períodos de la vida misionera de la C.M. en España.
4.3.3. Las Misiones «de» Capitales.
Igualmente pertenecen al apartado de las «locales» diferenciándose de ellas, en principio, por el número de personas misionadas y por la más compleja situación, lo que conlleva una organización y recursos diferentes.
TABLA II: MISIONES POPULARES C.M. EN ESPAÑA
LOCALIZACIÓN MISIONESLOCALES MIS. ENCAPITALES MIS. DECAPITALES MISIONESZONALES
ANDALUCÍA 234 15 10 2
ARAGÓN 1.631 8 6 1
ASTURIAS 10 – 1 11
BALEARES 1.107 18 3 1
CANARIAS 382 11 2 –
CANTABRIA 43 – – –
CASTILLA LA M. 690 2 8 7
CASTILLA LEÓN 3.262 7 11 26
CATALUÑA 1.356 9 6 –
C. VALENCIANA 102 4 1 17
EXTREMADURA 563 12 5 27
GALICIA 198 13 2 –
LA RIOJA 39 – 1 1
MADRID 683 26 – 1
MURCIA 4 – 1 –
NAVARRA 180 – 2 –
PAÍS VASCO 21 – 5 1
TOTAL 10.505 125 64 95
Dos serán las razones que justifiquen el cambio de comportamiento respecto a misionar en las capitales: la nueva ubicación de las gentes del campo (que el desarrollo industrial arrastró hacia los suburbios de las grandes ciudades) y las nuevas necesidades espirituales que precisan sus habitantes, para las que los obispos solicitan la intervención de la Institución. La mayoría de estas misiones, que no llegan al 1% del total, serán dadas por equipos de misioneros muy amplios integrados no sólo por sacerdotes seculares (Paúles, Diocesanos) sino también por religiosos, religiosas, Hijas de la Caridad y seglares. Salvo alguna rara excepción se han dado únicamente a partir de la guerra civil. Algunas de ellas han representado hitos claves para comprender el devenir último de las misiones populares: Valencia 1949 (apoteosis: el temario y la organización preparados para ella serán modelos seguidos en las misiones posteriores), Bilbao 1953 (inicio de la crisis: los intentos de asumir en los temarios la dimensión social se saldan con un sonoro fracaso), Sevilla 1965 (punto álgido de la crisis: comienza a cuestionarse la viabilidad de las misiones populares ….
4.3.4. Las Misiones Zonales.
Corresponden a un nuevo modelo de entender el trabajo misionero basado en la «zona» y no en la «localidad». Un equipo misionero (similar al que trabaja en las Misiones «de» Capitales) se repartirá por una zona y la misionará al mismo tiempo. La existencia de varios pueblos y el mayor número de habitantes requerirá de mayores medios tanto humanos como materiales y tendrá unas repercusiones en la prensa y radio más amplias que las de tipo local. Tienen su principal desarrollo (aunque no represente sino el 1% del total) a partir de la guerra civil, manifestándose tanto en forma de misiones por arciprestazgos, zonas geográficas amplias o diócesis enteras.67 Los contenidos de las misiones son los recogidos en los «Manuales del Misionero».
4.4. Distribución temporal (Tablas III y IV)
4.4.1. En el Antiguo Régimen
La acción misionera se basa principalmente en las Casas-Misión de Barbastro (para Aragón); Barcelona, Reus y Guisona (para Cataluña) y Palma (para Baleares). Se dan 1.814 misiones en este período (17 % del total) con especial incidencia en Cataluña (1.031 misiones) y Baleares (572 misiones), algo menor en Aragón (150 misiones), mínima en Madrid, Extremadura y Comunidad Valenciana y nula en el resto. Todas ellas son locales y, dentro de ellas, con muy poca actividad en las capitales (1,5%). El equipo misionero estará formado por tres o cuatro personas, todas ellas de la C.M. Los contenidos de la misión son los recogidos en los «Sermonarios» y la organización la del «Reglamento» del s.XVII.
TABLA III: MISIONES POPULARES DE LA C.M. EN ESPAÑA
LOCALIZACIÓN ANTIGUORÉGIMEN ESPAÑALIBERAL ESPAÑACONTEMPOR.
ANDALUCÍA – 2 259
ARAGÓN 150 4 1.492
ASTURIAS – – 22
BALEARES 572 55 502
CANARIAS – – 395
CANTABRIA – – 43
CASTILLA LA MANCHA 1 70 636
CASTILLA LEÓN – 34 3.272
CATALUÑA 1.031 – 340
C. VALENCIANA 16 – 108
EXTREMADURA 12 66 529
GALICIA – 82 131
LA RIOJA – – 41
MADRID 30 15 665
MURCIA – – 5
NAVARRA 2 – 180
PAÍS VASCO – – 27
TOTAL 1.814 328 8.647
4.4.2. En la España Liberal
La creciente pujanza misionera se ve paralizada por los sucesos de 1835 y 1868. El total de misiones del período asciende a 328 (3% del total) adquiriendo el mapa misionero unos nuevos perfiles. Desaparición de la actividad en Cataluña y Valencia, reducción a la mínima expresión en Aragón, mantenimiento en Baleares (55 misiones) y Madrid (15 misiones) e inicio de la misma en Castilla-León (Casa-Misión de Ávila, 34 misiones) y Castilla la Mancha (desde la Casa-Misión de Madrid, 70 misiones). Un caso atípico es el de Extremadura (66 misiones) y Galicia (82 misiones) que, sin Casas de Misión, fueron misionadas en solitario por el P. Díez y de las que únicamente conservamos memoria por su personal «Libro de Misiones». Todas las misiones son «locales», con una mínima presencia (14 misiones) de las realizadas «en» las capitales. El equipo misionero, dentro de lo posible, estará formado por tres o cuatro personas de la C.M. Siguen en vigor los «Sermonarios» y el «Reglamento de Misiones» del s. XVII.
4.4.3. En la España Contemporánea
Con la Restauración comienza una época de expansión de la C.M. en España y de su actividad misionera, prácticamente ininterrumpida hasta finales de nuestro período. El total de misiones asciende a 8.637 (80% del total). Destacan sobremanera Castilla-León (basadas en las Casas-Misión de Ávila y Tardajos) con 3.272 misiones, Madrid (665 misiones) y Aragón (Casa-Misión de Teruel) con 1492 misiones; en menor medida Baleares (502 misiones), Extremadura (529 misiones), Galicia (131 misiones) y Castilla La Mancha (636 misiones); se recupera lentamente Cataluña (340 misiones) e inician su actividad Andalucía, Canarias y Navarra.
La presencia en el resto de España es esporádica (Asturias, Cantabria, C. Valenciana, La Rioja, País Vasco) o nula (Murcia).
La mayoría de las misiones son locales (97,30%) aunque a partir de la guerra civil se inicia una fiebre contagiosa por las realizaciones «en» capitales (87 misiones) y «de» capitales (62 misiones). Inician su andadura, a partir de 1951, las misiones «zonales» que aunque no muy significativas en número (1 %) sí lo son por el volumen de «lugares» misionados (1.395 pueblos que representarían el 16 %), por los habitantes implicados y por la publicidad que adquirieron.
La existencia de misiones «locales» y «zonales» motiva dos tipos de equipos: para las primeras son reducidos (formados normalmente por miembros de la C.M.) y para las segundas mucho más amplios (sacerdotes de la C.M., sacerdotes seculares, religiosos, Hijas de la Caridad, seglares). Los contenidos no sufren cambios hasta después de la guerra civil y serán recogidos en los nuevos «Manuales del Misionero». La organización de las misiones «locales» estará dirigida por el «Reglamento» de 1895 aunque, después de la guerra, tendrá poca efectividad; en las misiones «zonales» dependerá de lo determinado por la Comisión organizadora.
TABLA IV: MISIONES POPULARES DE LA C.M. EN ESPAÑA
TIPOLOGÍA ANTIGUORÉGIMEN ESPAÑALIBERAL ESPAÑACONTEMPOR.
MISIONES LOCALES 1.788 314 8.403
MIS. EN CAPITALES 24 14 87
MIS. DE CAPITALES 2 – 62
MISIONES ZONALES – – 95
Desde un comienzo hemos enmarcado las Misiones Populares dentro de la acción evangelizadora de la Iglesia.68 La C.M., a partir de la experiencia de Vicente de Paúl, utilizará esta técnica, centrándola en la catequesis, como medio privilegiado de acercar el Evangelio a los «pobres de los campos que se condenan por ignorancia» y de hacer efectivo su contenido. Los misioneros, en función de este doble objetivo, recorrerán los pueblos y aldeas enseñando las «verdades necesarias para salvarse» y buscando no sólo la conversión personal y comunitaria sino también la creación de los mecanismos que hagan perdurable los efectos de dicha conversión.
Parece claro que para la C.M. este trabajo, a pesar de las sucesivas crisis, no ha perdido significación a través de los tres siglos. Justificar su mantenimiento únicamente desde la opción fundacional no parece suficiente. Los sucesivos escritos de los misioneros insisten una y otra vez en la «actualidad» de la técnica. ¿En qué se basan para hacer esta afirmación?. Indudablemente en los resultados que obtienen de cada una de las campañas misioneras y que de una u otra forma irán anotando en los Libros de Misión. Resultados que no están únicamente en función de los «manuales» sino también de las necesidades captadas en el lugar misionado. De ahí la importancia que dan los distintos Reglamentos al hecho de estar bien informados de la situación en la que viven las gentes del pueblo a fin de adecuar convenientemente el trabajo de los misioneros.69 Trabajo que se centra, en principio, no sólo en la renovación de cada persona sino también en la extirpación de las causas que provocan su decaimiento y en la puesta en marcha de los mecanismos necesarios para mantener el tono alcanzado en la misión. Preocupación dirigida, durante el Antiguo Régimen, a todas y cada una de las personas del lugar misionado, y limitada, a partir de entonces, a quienes se acercan a la misión.
Las distintas fuentes documentales nos ofrecen toda una gama de resultados que intentamos agrupar, por cuestiones meramente metodológicas, en los siguientes apartados.
5.1. Consecuencias de orden individual
Tendentes a la mejora de cada persona bien en función de sí misma o bien en función de la comunidad.
5.1.1. En relación a la vida espiritual
Uno de los objetivos claves de la misión es la renovación de la vida espiritual de quien se acerca a la misma. Preciso es reconocer, en este sentido, que durante todo el período del Antiguo Régimen la asistencia de las gentes a los actos misionales era prácticamente total y los niveles de cumplimiento similares: todos se aprovechan de la misión. Durante buena parte del s. XIX la inestabilidad y el desasosiego en que se dan las misiones impiden una correcta evaluación de la asistencia, aunque parece claro que la misión ya no llega a todas las personas y que, a partir de la Restauración, salvo momentos puntuales, será una minoría relativa la que opte por beneficiarse de sus frutos.
Los medios empleados para esta renovación por la C.M. son: la instrucción (sermones, catecismos, conferencias) y la conversión (centrada en la confesión general y en la comunión). La instrucción abarca principalmente cuatro vertientes: en primer lugar, toda la amplia temática de las verdades fundamentales necesarias para la salvación del hombre; en segundo lugar, una preparación inmediata (análisis, dificultades y realización) para hacer una buena Confesión General; en tercer lugar, unas directrices morales sobre el comportamiento en general y, por último, el modo de perseverar en el futuro. A esta instrucción, prácticamente la única que hasta tiempos recientes recibían los núcleos rurales, se dedican los sermones, pláticas y catecismos.
Si arriesgado resulta medir los resultados «externos» de la misión, más complejo es intentar hacerlo con la conversión «interior». En este segundo sentido, las fuentes documentales emplean normalmente un mismo mecanismo de control: a partir del número de «obligados» a cumplir (confesar y comulgar) con la misión, señalar el número de quiénes lo han hecho. En la práctica, sin embargo, no es tan sencilla la evaluación. La mayor parte de las fuentes indican únicamente el número de comuniones, empleando no sólo diversas expresiones (almas, habitantes, vecinos) sino indiferenciando las comuniones generales (que sí pueden ser orientativas) con las totales repartidas en el transcurso de la misión. De este modo cualquier intento de aproximación a los resultados desde esta perspectiva queda extremadamente difuso. Mayor interés puede tener hacerlo desde el número de Confesiones generales; sin embargo, su inclusión no es tan frecuente (más en las Fichas que en los Libros de misión).
Parece, por tanto, poco conveniente tratar de acceder a los resultados personales a través de estos datos. Quizá lo único fácilmente deducible es el general aprovechamiento de quienes «participan» en la misión, siendo ésta participación la que varía notoriamente en función de los períodos.
5.1.2. En relación a la vida social
Regularización de matrimonios: problema del que son conscientes los equipos misioneros por la información que reciben del sacerdote del lugar antes de comenzar la misión. Forma parte no sólo del contenido de la predicación sino de la preocupación de los misioneros por solucionarlo; a este respecto señala el Reglamento del s. XVIII : «Sería conveniente desde el principio de la Misión el pedir al sr. Cura la licencia de revalidar los matrimonios inválidos y casar a los concubinarios secretos para que si allí ocurriere alguno de estos casos se pueda dar remedio sin peligro que se venga a conocimiento de las personas. En esta forma se recabará más fácilmente de los Srs. Obispos la dispensación de las proclamas y la facultad de hacer estos matrimonios secretamente».70 Por tanto, no tiene nada de extraño que, después de la escucha en la Iglesia y del encuentro personal, muchas personas se sirviesen de la misión para regularizar su situación. Los testimonios encontrados no son muy abundantes pero aparecen regularmente entre los años 1754 y 1948. Las crónicas misioneras inciden sobre todo en dos cuestiones: «casamiento de amancebados» (citado en 44 lugares con varios casos en bastantes de ellos) y «arreglo de matrimonios separados» (citado en 44 lugares con similar problemática). En menor medida se citan algunos casos de «arreglos de relaciones escandalosas» e, incluso, el fracaso de algunos intentos.
Reconciliaciones: la propia dinámica de la misión está orientada, entre otras cosas, a este logro. La predicación lleva a la confesión general y ésta a la reconciliación no sólo para con Dios sino, al mismo tiempo, con los demás. Los distintos Reglamentos hablan de ello tanto en el contexto sacramental71 como extrasacramental.72 En algunas ocasiones se hacen en público pero ni los Reglamentos dicen nada al respecto ni la práctica, a tenor de la documentación, debió ser abundante. Entre 1722 y 1951 son citados al menos 123 lugares en donde se dan reconciliaciones notorias, junto con 8 casos donde no se logró, a pesar del empeño de los misioneros. En 65 citas se habla de ellas «en general»; el resto abarca una amplia casuística implicando 25 casos de arreglo entre familias o familiares, 11 entre seglares, 4 entre eclesiásticos, 10 entre eclesiásticos y seglares, 6 entre autoridades diversas y 2 sin clasificar.
Arreglo de pleitos: no es un tema que se busque específicamente en las misiones aunque los Reglamentos lo señalan como un suceso al que debe darse respuesta: «no se emprenderá ajuste alguno dificultoso y que pide mucho tiempo sin orden del Director».73 Íntimamente relacionado con el anterior tema de las reconciliaciones, aparece en la documentación como hecho diferenciado que se da entre 1739 y 1866. En este período encontramos un total de 139 lugares donde se arregla algún tipo de pleito (aunque en algunas poblaciones son varios los solucionados). En 82 ocasiones se habla de arreglo de pleitos «en general»; el resto se distribuyen en múltiples casos de los que 10 corresponden a asuntos entre familias o familiares, 22 a pleitos entre seglares o instituciones civiles, 19 a asuntos entre eclesiásticos o entre instituciones eclesiales y 7 a pleitos entre eclesiásticos y seglares.
Restituciones: como en algunos otros apartados debemos señalar que no es objetivo directo de la actividad misionera pero sí una consecuencia derivada de la buscada conversión. Los misioneros son conscientes de ello y los Reglamentos lo ponen en relación con la Confesión.74 Sin embargo existen muchas reticencias a que sean los propios misioneros quienes se responsabilicen de realizarlas.75 A causa de ello no son abundantes las citas a las restituciones suponiendo se harían a través de otros cauces. Entre los años 1764 y 1910 encontramos únicamente citados 13 lugares donde se realizan.
5.1.3. En relación al clero del lugar
La causa más importante del estado en el que se encuentra el «pobre pueblo del campo» es, en opinión de Vicente de Paúl, la desastrosa formación y vida del clero. Convencido de esta realidad, y siguiendo las directrices del Concilio de Trento, hará un esfuerzo grande para que sus misioneros, junto a las Misiones Populares, se entreguen a su formación. En virtud de esta opción la mayor parte de las fundaciones de los siglos XVII, XVIII y XIX tendrán como obligaciones casi exclusivas la atencion a ambas necesidades cuando no sea la propia dirección de los mismos Seminarios diocesanos.
En las Casas-Misión esta atención se desarrollará a través de Ejercicios-Cursillos a los Ordenandos, Ejercicios Espirituales regulares, Conferencias semanales, etc…
En las campañas misioneras esta preocupación adquirirá una nueva dimensión. El tiempo «extraordinario» de la misión termina con la salida de los misioneros del lugar misionado; comienza entonces una labor de consolidación que corresponde a los agentes de pastoral «ordinarios», especialmente a los sacerdotes. Importa, por tanto, insistir en su formación durante la misma misión. Para lograr este objetivo uno de los misioneros dedicará parte del tiempo de misión a predicar una serie de Conferencias a los eclesiásticos. Esta costumbre se mantendrá viva, a tenor de las fuentes documentales, durante todo el Antiguo Régimen, siendo abandonada posteriormente. El Reglamento de Misiones de 1895 indica que «sería de desear el que los reuniesen en conferencia» matizando que «no se trata de convocar a los sacerdotes de la comarca, ni a los cercanos siquiera, sino solamente a aquellos que ayudan a los misioneros o que asisten a algunos ejercicios de la misión«.76
5.2. Consecuencias de orden colectivo
Tendentes a la mejora de la vida espiritual y material de la comunidad o al mantenimiento de los frutos de la misión.
5.2.1. En relación a Asociaciones
Cofradías de la Caridad: asociaciones de mujeres y doncellas (salvo el Procurador) instituidas por el mismo Vicente de Paúl para «honrar a Nuestro Señor Jesucristo, su patrón, y a su Santísima Madre, y con el fin de socorrer corporal y espiritualmente a los pobres enfermos de los lugares, donde está establecida: corporalmente, suministrándoles la comida y bebida y los medicamentos que necesiten durante sus enfermedades; y espiritualmente, haciendo se les administren los sacramentos de la Penitencia, Eucaristía y Extremaunción, a su debido tiempo, y cuidando de que, los que mueran, salgan de esta vida en buen estado y que, los que sanan, hagan propósito firme de vivir bien en adelante».77
Uno de los tiempos más adecuados para su instauración es el de la misión. Así queda reflejado tanto en el Reglamento de Misiones del s. XVII78 (y Anexo de la Asamblea General de 1668)79 como en el de España de 187880 y en el Universal de 1895.81
Sin embargo los Libros de Misión españoles de los siglos XVIII y XIX no reflejan en sus crónicas su instauración durante las misiones. Teniendo en cuenta la meticulosidad con que anotan el resto de los aspectos señalados como obligatorios por San Vicente y por el Reglamento, debemos concluir que, en los ss. XVIII y XIX, no se utilizaron éstas como trampolines de instauración de las Cofradías. La primera cita de fundación en una misión corresponde al año 190882 en Villarroya de los Pinares (Teruel), continuándose luego de forma habitual hasta la guerra civil y sumando, al menos, en ese período un total de sesenta y nueve (55 en Madrid; 8 en Teruel; 4 en Ávila y 2 en Navarra).
Conferencias de San Vicente de Paúl: asociación de laicos, sin excluir a seminaristas, clérigos o sacerdotes, fundada en París en 1833 por Federico Ozanam y sus compañeros. Puesta bajo el patronato de San Vicente «se inspira en su pensamiento y en su obra, esforzándose en aliviar, con espíritu de justicia y de caridad, a aquellos que sufren, y haciéndolo por medio de un compromiso personal».83 En España está autorizada por Real Orden del 18 de Julio de 1851.84
A diferencia de las Cofradías de la Caridad no aparece mencionada ni en documentos relativos a misiones ni en el mismo Reglamento de 1895. Sin embargo, la práctica nos muestra que el tiempo de misión era aprovechado para ser instauradas. Debemos suponer que el fin que se pretendía estaba relacionado, por similitud con las Cofradías, con la perseverancia de los frutos de la misión. La primera referencia la encontramos en 1860 (Escalonilla -Toledo-) sumando un total de setenta y uno hasta 1946 (24 en Toledo, 19 en Badajoz, 11 en Ávila, 6 en Teruel, 5 en Cáceres, 3 en Madrid y 1 en Burgos, Castellón y Sevilla).
Hijas de María: Asociación, fundamentalmente juvenil, que contempla entre sus fines «honrar a María Inmaculada por la imitación de sus virtudes, particularmente su pureza, su humildad, obediencia y caridad. Para ayudar a sus miembros a lograr este doble objetivo de santificación personal y apostolado, les ofrece…».85
Al igual que las Conferencias no aparece relacionada en la documentación relativa a las misiones ni tampoco en el Reglamento de 1895. La práctica, sin embargo, nos muestra que las misiones se utilizan para su instauración, debiéndose situar en el apartado de medios para la perseverancia de la acción misionera. La primera referencia la encontramos en 1866 (Villar del Rey -Badajoz-) continuando hasta 1960. En este período se establecen, en el tiempo de misión, al menos en 174 localidades (102 en Teruel, 23 en Badajoz, 14 en Ávila, 8 en Cáceres, 6 en Canarias y León, 5 en Toledo, 3 en Burgos, 2 en Segovia, y 1 en Castellón, La Coruña, Orense, Guadalajara y Segovia).
Asociación de la Medalla Milagrosa: destinada a personas de uno y otro sexo, cuyo fin es «tributar a la Virgen María, concebida sin pecado original, el honor que le es debido, ya procurando la santificación personal, ya ejerciendo el apostolado, como a ello nos exhorta la Sagrada Medalla, tanto por los símbolos que ostenta como por la virtud que posee, presentándonos a un mismo tiempo modelos y auxilios».86 El único deber esencial de los asociados y asociadas es llevar la Medalla Milagrosa y acostumbran a rezar todos los días tres Avemarías, alternando con la invocación «¡Oh María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos». Esta Asociación fue aprobada por el Romano Pontífice el 8 de Julio de 1909.
En el Reglamento de Misiones de 1895 se hace referencia a ella al hablar de las «Obras de perseverancia» indicándose que, a excepción de las Cofradías de la Caridad, se debe tener en cuenta «sobre todo, la Asociación de la Medalla Milagrosa«87 porque «es admirable su eficacia en el resultado de las misiones, y la de la Visita Domiciliaria para asegurar ese resultado después de la misión«.88
Nada tiene de extraño que a partir de su aprobación tuviese un rápido desarrollo propiciado, entre otras plataformas, desde las misiones. «Comenzaron los misioneros españoles a establecerla en los pueblos misionados, observando que éstos, apenas se les hablaba sobre la Medalla, respondían a la gracia de la Misión y en masa acudían a los actos de ella…».89 Así encontramos los primeros establecimientos en el Curso 1914-5 (Badajoz y Teruel), continuando el proceso hasta 1947. En el resto de campañas misioneras se establecerá en, al menos, 302 lugares misionados (117 en Teruel, 57 en Badajoz, 55 en Avila, 54 en Madrid, 7 en Burgos, 3 en Cáceres, 2 en Navarra, Canarias y Segovia y 1 en Castellón, Toledo y Barcelona).
Otras: dependiendo de lugares y épocas se fundan otras varias con la intención siempre de asegurar los frutos de la misión. Con respecto a este punto el Reglamento de 1895 señala «a propósito de estas obras diversas, importa observar ante todo que deben tenerse en cuenta, no sólo las necesidades de las poblaciones, sino, sobre todo, las disposiciones del clero para favorecer a esta obra más que a la otra. Ordinariamente es mejor resucitar o reanimar las cofradías ya establecidas y con frecuencia decaídas, como la del Rosario, la del Santísimo Sacramento, etc., que establecer otras nuevas. Con todo, es menester dar siempre la preferencia a nuestra Cofradía de la Caridad y a las obras de la juventud tan necesarias en la época en que vivimos».90
Entre estas asociaciones tienen alguna importancia las del Apostolado de la Oración (76 fundaciones entre 1888 y 1919, especialmente en Teruel), Asociación del Corazón de Jesús (9 fundaciones entre 1893 y 1937), Juventud Católica, Hijos de San José, Santísimo Sacramento, etc…
5.2.2. En relación a usos y costumbres.
Una de las constantes insistencias de los Reglamentos es la obligación de cumplir fielmente con las funciones propias de la misión. Hacerlo tal y como está reglamentado constituye la razón última del éxito de la misma. Y los Reglamentos señalan que una de las cosas que deben hacer los misioneros antes de comenzar una misión es el estar debidamente informados de la situación en la que se encuentra el lugar de misión. Esta norma se mantiene a través del período aunque cambien las fuentes de información; así, durante dos siglos y medio, será normalmente el sacerdote quien lo haga para, posteriormente, realizarlo los mismos misioneros. A partir de aquí la propia dinámica de la misión lleva impresa la actuación de los misioneros en este terreno bien a través de la predicación bien a través de su actuación personal.
Nada tiene, pues, de extraño que en sus crónicas reflejen no sólo la situación de cada lugar sino las intervenciones que han tenido en este terreno. A nivel de resultados podemos observar dos apartados, correspondiendo el primero a la corrección de los considerados «abusos» y el segundo a la introducción de «nuevos» elementos.
Entre los primeros se señalan: cierres de locales (bailes, tabernas, casas de juego…), actuaciones en cuestiones escandalosas (vestimenta de las mujeres, juegos de cartas…), moral matrimonial (relaciones prematrimoniales, relaciones padres-hijos …), moral social (tratos usurarios, blasfemia …), etc., …
La introducción de «buenas» costumbres está en relación directa con las causas que se cree provocan las situaciones anteriores: la falta de oración (para lo cual se instaurará en bastantes lugares -al menos se citan 21- la costumbre de tener oración mental en privado o en público), el influjo negativo de la «mala prensa» («El Motín», «El Heraldo», «España Nueva», «El Imparcial», «El Liberal», «La Bandera Federal», «Las Dominicales», …) , (para lo cual se harán sistemáticas campañas no sólo para que se borren de la «mala» sino animando -encontrado al menos en 23 poblaciones- a inscribirse en la llamada «buena» («ABC», «El Universo», «El Correo Español», «El Debate», «El Adalid Seráfico», «El Noticiero», «La Inmaculada de la Medalla Milagrosa», «El Siglo Futuro», …), la incultura popular (para ello se opta tanto por poner maestras como mediante la instauración de escuelas dominicales o bibliotecas populares) y la falta de caridad (insistencia en dar limosna a los pobres).
Mención especial, dentro de este apartado, representa la introducción de nuevas «devociones» en los pueblos misionados. Destacan, sobre todo, las relacionadas con San Vicente de Paúl y la Virgen de la Medalla Milagrosa. La primera, iniciada a mediados del s. XVIII (Vicente de Paúl es canonizado por la Iglesia en 1737), tiene sus reflejos en la aplicación a su intercesión de diversos hechos (felices partos, curaciones…) lo que conlleva diversas acciones de gracias por parte de las gentes (construcción de capillas, instalación de altares, cuadros o imágenes…). La devoción a la Virgen de la Medalla Milagrosa tiene, desde comienzos del s. XX, un desarrollo espectacular indicando las crónicas misioneras con sumo detalle las estatuas entronizadas, las asociaciones formalizadas, las medallas distribuidas, los cuadros repartidos, las suscripciones al Boletín de la Medalla …
Una última consecuencia deriva de este apartado: el reclutamiento de vocaciones. No es difícil suponer que la acción extraordinaria de los misioneros atrajese la voluntad de personas entusiastas de seguir sus pasos. La instauración del Seminario Interno para aspirantes a la C.M. es uno de los primeros pasos que dan los misioneros a su llegada a Barcelona. Si uno de sus trabajos principales son las misiones populares, debemos aceptar que de allí saldría una buena parte de los aspirantes. Por Paradela91 conocemos que, en un principio, la mayoría de los que ingresaban eran personas adultas de las que un elevado número eran sacerdotes. Posteriormente con la instauración de los Seminarios Menores o Apostólicas se comenzará el reclutamiento desde edades muy tempranas; en este sentido encontramos unas pocas citas (9 lugares) en la documentación aunque debemos suponer que su transcendencia fue mucho mayor.92 Similar importancia debió tener su influjo sobre niñas y jóvenes en su acercamiento a las órdenes religiosas femeninas, especialmente hacia las Hijas de la Caridad.
5.2.3. En relación a «recordar la misión»
Esta serie de manifestaciones privadas y públicas se completa con los llamados «recuerdos de la misión»: Libros de devoción, rosarios, estampas, crucifijos, Cruces de misión…
La costumbre se admite como un hecho en los distintos Reglamentos y Determinaciones dictando únicamente ciertas normas para su aplicación: cuándo deben darse,93 quién debe hacerlo94 o en qué condiciones.95
La práctica, en España, está suficientemente atestiguada. En el Libro de Cuentas de la Casa-Misión de Barcelona 1762-1785 aparece un asentamiento de Octubre de 1781 que dice: «por libritos, estampas de Cristo, Manual de Actos de Confesión y estampas de Nuestra Señora: 6 libras y 12 sueldos».96 En la misma dirección apuntan algunas partidas de la casa de Sigüenza, a finales del s. XIX, dedicadas, en este caso, a objetos piadosos, Libros de Cánticos y, sobre todo, a Medallas de la Milagrosa para las misiones.97
El «recordatorio» de más tradición en las misiones vicencianas es un pequeño librito con los «Ejercicios del Cristiano» que, citado ya en el Reglamento del s. XVII, se sigue imprimiendo y repartiendo a mediados del s. XX. La costumbre, sin embargo, de dejar «cruces conmemorativas» de la misión no parece tener, a diferencia de otras instituciones, demasiada relevancia. Únicamente hemos encontrado testimonios de su implantación desde 1893, siendo posteriormente abundantes hasta mediados del siglo XX.
Por último, reseñar algunas «obras materiales» que en diferentes lugares aparecen como fruto de la misión. Su existencia, aunque para nada son citadas en los Reglamentos, muestra la preocupación de la misión por centrarse en las necesidades del pueblo misionado tanto a nivel individual como social, a nivel espiritual como material. Entre ellas hemos constatado la construcción de Iglesias o capillas (en 27 lugares), la instauración de escuelas dominicales (en 10 lugares), creación de comedores, roperos de Caridad… y sindicatos o similares (19 Sind. Agrícolas, 2 Sind. Obreros Católicos, 3 Cajas Rurales, 1 Círculo Obrero).98
Vide: Parte Primera, Capítulo II, 3.3.
Id.: Capítulo II, 3.4.
Id.: Parte Primera, Capítulo II, 4.
Vide: Parte Segunda, Capítulo I, 1
Vide: Parte Primera, Capítulo II, 4.1. y 4.3.
En España existió desde 1878 un Reglamento que coincide casi totalmente con el de 1895; vide: Parte Primera, Capítulo II, 4.2.
La normativa descrita en estos Reglamentos cayó en desuso cuando comenzaron las Misiones Generales a mediados del siglo XX. El aumento del número de misioneros, los distintos lugares de hospedaje, la dispersión de los centros, el menor número de días, el trabajo conjunto con miembros del clero diocesano y otros religiosos, etc … hizo inviable esta Reglamentación. Que nosotros sepamos nadie se preocupó de habilitar una normativa general en este sentido
«Reglamento de Misiones» del s. XVII, Título I, Introducción y Apartado 1º; «Reglamento de Misiones» de 1895, Segunda Parte. Capítulo 2. Artículo 1, 1º y 2º.
«Reglamento de Misiones» del s.XVII, Título I, Ap. 2º y 3º; «Reglamento de Misiones» de 1895, Segunda Parte. Capítulo 2. Artículo 1. 3º y 4º.
«Reglamento de Misiones» del XVII, Título I, Ap.4º.»Reglamento de Misiones» de 1895, Segunda Parte, Capítulo 2. Artículo 1. 5º Nota 1.
«Reglamento de Misiones» del s. XVII, Título II; El «Reglamento» de 1895 (Segunda Parte. Capítulo 2. Artículo 2. NN. 1º-9º) no es tan estricto en la distribución de la horas dejando a la prudencia del Director determinarlas («Reglamento» de 1895, Segunda parte, Capítulo 2, Artículo 2, Observaciones 4º).
Fuera de este horario no les está permitido, salvo autorización del Director, salir de casa o de la Iglesia («Reglamento» del s. XVII, Título III, Ap.5) ni predicar en otros lugares («Reglamento» del s. XVII, Título III, Ap.917).El «Reglamento» de 1895 añadirá la obligatoriedad de tener toda una serie de prácticas usuales en las comunidades, como el Capítulo, la Conferencia, la Repetición de Oración, la Comunicación o los Ejercicios Espirituales («Reglamento» de 1895, Primera Parte, Capítulo 1, Art.2).
«Reglamento» del S. XVII, Título II; «Reglamento» de 1895, Segunda Parte, Capítulo 2, Artículo 2, II.
«Reglamento» del s. XVII, Títulos III y V, ConclusiónDeclaraciones de la Asamblea General de 1673, 7º; «Reglamento» de 1895, Segunda Parte, Capítulo 2, Artículo 3.
Resoluciones de la Asamblea General de 1717, 15º.
«Reglamento» de 1895, Parte Primera, Capítulo 2.Art.3.
«Reglamento» de 1895, Parte Primera, Capítulo 2, Artículo 2; Resoluciones de la Asamblea General de 1673, 1-5.
Constituciones 1985, N.120.
Id.: N.122.
Id.: N.125.7º.
Contienen algún tipo de información sobre misiones los Libros de Ordenanzas de Ávila (Archivo de la Casa), Ayamonte (Archivo de la Casa), Badajoz (Archivo de la Casa), Barcelona v.1 (Biblioteca Universidad de Barcelona), Barcelona v.2 (Archivo Provincial de Madrid), Ervedelo (Archivo Provincial de Madrid), Gijón (Archivo de la Casa), Granada (Archivo de la Casa), La Iglesuela (Archivo Provincial de Madrid), La Laguna (Archivo de la Casa), La Orotava Archivo Provincial de Zaragoza), Los Milagros (Archivo de la Casa y Archivo Provincial de Madrid), Las Palmas (Archivo de la Casa), Madrid (Archivo Provincial de Madrid), Málaga (Archivo de la Casa),Pamplona (Archivo de la Casa), Palma de Mallorca 3vv.(Archivo de la Casa. Desgraciadamente ha desaparecido, aún estando registrado un cuarto volumen), Santa Cruz de Tenerife (Archivo Provincial de Madrid), Tardajos (Archivo de la Casa), Teruel (Archivo de la Casa), Villafranca del Bierzo (Archivo de la Casa), Zaragoza (Biblioteca Casa de Zaragoza).
Libro de Ordenanzas (LO) de Barcelona, 1724; LO Palma, 1771; LO Palma, 1777; LO Palma, 1785; LO Palma, 1792; LO Valencia, 1829; LO Madrid, 1861; LO Palma, 1866; LO Teruel, 1887; LO Iglesuela, 1904; LO Palma, 1908; LO Las Palmas, 1912; LO Gijón, 1938; LO Madrid, 1940; LO La Laguna, 1940; LO Teruel, 1945.
LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1732; LO Barcelona, 1752; LO Palma, 1752; LO Barcelona, 1762; LO Barcelona1769; LO Palma, 1771; LO Palma, 1777; LO Barcelona, 1781; LO Palma, 1781; LO Barcelona, 1788; LO Palma, 1789; LO Barcelona, 1817; LO Barcelona, 1829; LO Madrid, 1861; LO San Pedro de Arenas, 1864; LO Palma, Palma, 1866; LO Palma, 1879; LO Ávila, 1880; LO Teruel, 1883; LO Teruel, 1895; LO Teruel, 1899; LO Avila, 1900; LO Palma, 1901; LO Las Palmas, 1931.
LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1736; LO Barcelona, 1744; LO Palma, 1744; LO Barcelona, 1781; LO Palma, 1781; LO Palma, 1783; LO Barcelona, 1788; LO Madrid, 1861; LO San Pedro de Arenas, 1864.
LO Barcelona, 1722; LO Barcelona, 1732; LO Barcelona, 1769; LO Palma, 1771; LO Palma, 1777; LO Madrid, 1861; LO Palma, 1879; LO Avila, 1958.
LO Barcelona, 1722; LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1744; LO Barcelona, 1747; LO Barcelona, 1752; LO Palma, 1752; LO Barcelona, 1757; LO Barcelona, 1769; LO Palma, 1771; LO Palma, 1781; LO Palma, 1783; LO Barcelona, 1788; LO Barcelona, 1817; LO Madrid, 1861; LO Palma, 1866.
LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1732; LO Barcelona, 1762; LO Palma, 1771; LO Guissona, 1773; LO Barcelona, 1788; LO Palma, 1792; LO Palma, 1819; LO Barcelona, 1819; LO Barcelona, 1831.
LO Barcelona, 1732; Barcelona 1752.
LO Barcelona, 1722; LO Barcelona, 1736; LO Palma, 1771; LO Barcelona, 1781; LO La Iglesuela, 1904.
LO Barcelona, 1724; LO Palma, 1789; LO Barcelona 1789; LO Barcelona, 1829; LO Madrid, 1861 LO Palma, 1879.
LO Palma, 1752; LO Palma, 1781; LO Palma, 1783; LO Barcelona, 1788; LO Palma, 1819; LO Barcelona, 1829.
LO Barcelona, 1762; LO Palma, 1785; LO Palma, 1823.
LO Palma, 1802; LO Palma, 1806; LO Madrid, 1861; LO Palma, 1866; LO Teruel, 1921.
LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1781; LO Palma, 1781; LO Palma, 1806; LO Barcelona, 1825; LO Palma, 1866.
LO Palma, 1783; LO Palma, 1919; LO Teruel, 1893; LO Avila, 1898; LO Ávila, 1900; LO Palma, 1901; LO Teruel, 1907; LO Ávila, 1960.
LO Barcelona, 1724; LO Barcelona, 1736; LO Barcelona, 1752; LO Palma, 1771; LO Palma, 1802; LO Barcelona, 1817; LO Palma, 1823; LO Madrid, 1861; LO Teruel, 1903.
LO Barcelona, 1732; LO Barcelona, 1769; LO Madrid, 1861; LO Palma, 1866; LO Los Milagros, 1895; LO Los Milagros, 1905; LO Ávila, 1958.
LO Barcelona, 1732; LO Barcelona, 1747; LO Palma, 1777; LO Palma, 1819; LO Ávila, 1953; LO Ávila, 1958.
LO Los Milagros, 1879; LO Las Palmas, 1898; LO La Orotava, 1931; LO Las Palmas, 1931; LO La Orotava, 1934; LO Pamplona, 1934; LO Pamplona, 1936; LO La Orotava, 1937; LO Avila, 1935; LO Ecija, 1967.
LO Teruel, 1893; LO La Iglesuela, 1904; LO Gijón, 1938; LO Zaragoza, 1941; LO Las Palmas, 1943; LO La Orotava, 1943; LO Badajoz, 1949; LO Ávila, 1953; LO Teruel, 1953; LO Zaragoza, 1953; LO Badajoz 1962; LO Las Palmas, 1963.
LO Las Palmas, 1912; LO Las Palmas, 1931; LO Ávila, 1931; LO Écija, 1932; LO Granada, 1932; LO Teruel, 1932; LO Pamplona, 1934; LO Ávila, 1938; LO Badajoz, 1938; LO Teruel, 1945; LO Badajoz, 1949.
LO Sevilla, 1938; LO Ayamonte, 1938; LO Granada, 1938; LO Málaga, 1938; LO Écija, 1938; LO Badajoz, 1938; LO Madrid, 1940; LO Sevilla, 1941; LO Écija, 1941.
LO Gijón, 1938; LO Madrid, 1940; LO La Laguna, 1940; LO La Orotava, 1940; LO Zaragoza, 1941; LO La Orotava, 1943; LO Gijón, 1946; LO Madrid, 1947; LO Gijón, 1949.
LO Sevilla, 1941; LO Ayamonte, 1943; LO Badajoz, 1943; LO Ávila, 1945; LO Pamplona, 1945; LO Teruel, 1945; LO Las Palmas, 1948; LO Ávila, 1948; LO Pamplona, 1952; LO La Orotava, 1962; LO Avila, 1971.
Que nosotros sepamos se conservan en Archivo únicamente dos de estos Libros, ambos en el APM: los correspondientes a 1866-1920 y 1938-1965. Los anteriores, como tantos otros, desaparecieron en las sucesivas tragedias de la Casa de Barcelona; el correspondiente a 1920-1938 estaba en el Archivo vivo del Visitador de Madrid cuando fue asaltada la Casa en la Guerra Civil y desapareció.
Libro de Actas (LA): 1866, 20 Octubre; 1881, 9 Octubre; 1884, 12 Septiembre; 1885, Septiembre; 1886, 31 Agosto; 1888, 7 Octubre; 1900, 9 Septiembre; 1910, 19 Septiembre.
LA: 1880, 2 Septiembre; 1881, 9 Octubre; 1885, 24 Octubre; 1887, 20 Febrero y 1 Diciembre; 1888, 7 Octubre; 1889, 16 Septiembre y 31 Octubre; 1891, 6 Octubre; 1893, 12 Septiembre; 1894, 31 Agosto; 1897, 27 Diciembre; 1899, 2 Enero y 9 Octubre; 1902, 1 Septiembre y 10 Octubre; 1908, 2 Noviembre; 1910, 5 Diciembre; 1911, 3 Julio y 11 Septiembre; 1916, 9 Octubre; 1918, 27 Agosto; 1920, 10 Octubre.
LA: 1889, 31 Octubre; 1890, 3 Noviembre; 1895, 16 Julio; 1896, 28 Septiembre; 1938, 24 Mayo.
LA: 1907, 9 Diciembre; 1916, 1 Febrero.
LA: 1940, 20 Junio, 3 Agosto y 13 Septiembre; 1941, 18 Agosto y 22 Septiembre; 1943, 8 Octubre. 1940, 30 Mayo y 20 Junio; 1941, 16 Diciembre; 1942, 7 Enero, 25 Septiembre, 26 Octubre y 23 Noviembre; 1943, 7 Enero.
LA: 1940, 12 Agosto; 1941, 10 Enero, 10 Octubre, 24 Octubre y 16 Diciembre; 1942, 7 Enero, 17 Enero y 11 Agosto; 1943, 18 Enero, 11 Febrero, 11 Febrero, 15 Febrero, 16 Marzo, 30 Agosto, 8 Octubre y 10 Diciembre; 1944, 19 Septiembre.
LA: 1940, 10 Octubre; 1941, 7 Agosto.
LA: 1946, 28 Enero, 26 Marzo, 10 Octubre, 31 Octubre y 10 Diciembre; 1947, 9 Enero, 19 Enero, 28 Agosto y 29 Noviembre; 1948, 12 Enero; 1950, 10 Octubre; 1953, 28 Diciembre; 1955, 29 Diciembre.
LA: 1947, 9 Enero; 1953, 28 Diciembre.
LA: 1944, 10-12 Junio; 1949, 3 Marzo, 28 Abril, 13 Agosto y 30 Diciembre; 1950, 24 Enero y 7-8 Agosto; 1951, 8 Febrero; 1953, 26 Enero, 13 Abril; y 26 Julio; 153, 1954, 30 Abril.
LA: 1948, 12 Enero y 4 Febrero; 1949, 19 Febrero; 1952, 16 Junio; 1957, 21 Octubre.
LA: 1948, 11 Febrero; 1949, 19 Febrero y 28 Abril; 1952, 27 Diciembre; 1953, 13 Abril.
LA: 1949, 3 Marzo; 1950, 12 Enero; 1954, 23 Mayo; 1955, 10 Octubre y 1955, 25 Octubre; 1956, 1-2 Mayo, 5 Mayo, 1-2 Junio y 6 Septiembre; 1957, 21 Octubre; 1959, 21 Enero.
LA: 1955, 18 Noviembre; 1956, 1-2 Junio y 1956, 6 Octubre; 1957, 6 Febrero y 11 Junio; 1958, 27 Marzo; 1959, 6 Octubre.
LA: 1947, 5-6 Agosto; 1948, 29 Abril; 1949, 28 Abril; 1956, 1-2 Junio.
LA: 1948, 26 Mayo; 1952, 18 Diciembre; 1956, 5 Mayo; 1957, 11 Marzo, 6 Abril y 7 Mayo; 1958, 27 Marzo y 12 Junio; 1959, 6 Octubre.
LA: 97, 1945, 28 Abril; 1949, 14 Marzo; 1950, 3 Marzo, 15 Marzo, 29 Marzo, 3 Noviembre y 4 Diciembre; 1951, 3 Septiembre; 1953, 4 Marzo; 1954, 9 Mayo; 1956, 1-2 Junio.
Vide: Parte Primera, Capítulo IV.
«Catalogus Provinciarum, domorum ac personarum. Congregatio Misionis (1853-1993)», Roma. «Recueil des Principales Circulaires des Supérieurs Généraux 1625-1874», París 1877 – 1880. Román, José Mª «Fundaciones de la C.M. en España», Curso Vicenciano, Salamanca 1991.
«Catalogus Provinciarum, domorum ac personarum. Congregatio Missionis (1853-1993)», Roma. Benito Paradela «Notas biográficas de los que han pertenecido a la Congregación de la Misión en España 1696-1835», Madrid, 1935. José Mª. Román «Estudios Vicencianos», Salamanca, 1991.
En la relación del personal no hemos tenido en cuenta a los Hermanos Coadjutores. El estudio de su contribución a las Misiones Populares está sin hacer y no resulta sencillo. Fieles acompañantes de las ternas y binas de misioneros sus nombres no aparecen en la mayoría de los casos por lo que resulta complicado averiguar quiénes iban a las misiones.
APM. «Libro de Misiones de Badajoz». Aunque ostenta tal título en él se relacionan únicamente las dadas por el P. Díez
Todas ellas quedan estudiadas en el Apartado correspondiente a «Misiones en la España Contemporánea», Parte Segunda, Capítulo IV. La Asamblea General de 1955 admite estas Misiones, recomendando a los misioneros colaborar en ellas («Collectio Completa Decretorum…» nº 39, nova serie); las Asambleas de 1957 (id. Artículo XII. Missiones, 3º) y 1964 (id. Título XII, 75. 4º) repiten la misma idea.
Vide: Parte Primera, Capítulo I, 1.
«Así mismo es a propósito… informarse prudentemente de los hombres más de bien del lugar, especialmente del sr. Cura, qué vicios reinan en tal lugar, qué ocasiones hay de pecados en él, qué usanzas malas y de qué genio es el pueblo. Y de todo ésto informará a los predicadores y confesores». (Reglamento de Misiones del s.XVII, Título V).
«Al principio de la misión tendrá -el Director- cuidado de reunir a todos y de conferenciar con ellos sobre los ejercicios que se han de hacer, las costumbres, hábitos, defectos y buenas cualidades de los habitantes que se han de evangelizar, indicando los medios más oportunos para producir fruto en el pueblo». (Reglamento de Misiones para la Provincia de España de 1878, Capítulo V, II, 1º).
«Antes de la apertura de la misión, los misioneros se informarán del Sr. Cura acerca de los vicios dominantes de la parroquia, los escándalos públicos…». (Reglamento de Misiones de 1895, Capítulo II, Artículo 1º, 5º).
Desgraciadamente sólo hemos encontrado un mínimo de éstos informes, todos ellos dirigidos a los párrocos del lugar y posteriores a 1940, aunque sabemos de su existencia anterior por testimonios directos de misionero. Debemos suponer que en los siglos anteriores, dados los pocos cambios operados en la organización general de las misiones y algunos testimonios indirectos de las crónicas misioneras, no sólo existiesen sino que sus apartados fundamentales no diferirían mucho de los impresos a partir de 1940. Estos apartados se refieren al «lugar» de misión (no a personas en particular) y de él se solicitan, sobre todo, la Situación Moral (Advocación preferente, moralidad en general, vicios predominantes, centros inmorales, ignoracia religiosa, acción católica, asociaciones parroquiales, % de los que oyen misa, comunidades religiosas) y la Situación Social (% de ricos, clase media, pobres, miserables; industrias; salarios medios de los obreros). Los poquísimos encontrados debidamente cumplimentados responden (salvo los datos objetivos) de forma muy genérica y, en general, benévola.
«Reglamento de Misiones del S. XVII», Tìtulo V).
«Y es medio para no errar en ésto (absolución) el que nuestros confesores estén de acuerdo sobre los casos por los que deben diferir o negar la absolución, los cuales son … 3) las enemistades cuando las partes pueden reconciliarse» (Reglamento de Misiones del s. XVII, Título III, Apartado 9).
El Reglamento de Misiones para la Provincia de España de 1878 indica lo mismo en Capítulo VI, III, 3º.
«Importa mucho que al principio de la misión predique el Predicador contra las enemistades exhortando al pueblo a reconciliarse con sus enemigos antes que lleguen a los pies del confesor y que no hagan caso del punto de honor de los mundanos, antes bien que los más inocentes sean lo primeros en buscar a los otros por amor de Jesucristo, el cual nos previene y busca el primero. Y cuando no es bastante el ánimo para hacer ésto por lo menos reciban cordialmente a los que les buscaren; y cuando por sí solos no puedan ajustarse vengan a nosotros y tengan por bien de que seamos medianeros de sus ajustes». Reglamento de Misiones del s. XVII, Título IV
Reglamento del s. XVII, Título III, Apartado 5
«Y es medio para no errar en ésto (absolución) el que nuestros confesores estén de acuerdo sobre los casos por qué deben diferir o negar la absolución, los cuales son … 2) las restituciones que se pueden hacer». Reglamento de Misiones del s. XVII, Título III, Apartado 9. El Reglamento de Misiones para la Provincia de España de 1878 repite lo mismo en el Capìtulo VI, III,3º.
«No se encargará sino lo menos que se pueda de las restituciones que se deben hacer; sin embargo si hay algún necesitado que tenga que hacer uso, será con las precauciones siguientes: 1) se pondrá el dinero o la cosa que se debe restituir en las manos del superior o director; 2) si la restitución se debe hacer al interesado se tomará de él un recibo por escrito, que se pondrá en las manos de aquél de quien se ha recibido el dinero; si es un desconocido, se tomará el consejo del cura del lugar o de alguna otra persona prudente para hacer la aplicación de ello a obras de piedad» («Resoluciones de la Asamblea General de 1668 tocante a las Misiones» n. 8º). En la misma línea está la Asamblea General de 1685 («Collectio Completa Decretorum …» nº 413)
El Reglamento de Misiones para la Provincia de España de 1878 Capítulo VI, III, mantiene el mismo espìritu.
El Reglamento de 1895 indica: «No se encargará de las restituciones necesarias, a causa de los inconvenientes graves que pueden resultar contra la honra y buena reputación de los misioneros; y si las circunstancias no le permiten declinar esta misión, tomará todas las precauciones propias para declinar toda responsabilidad» (Reglamento de Misiones de 1895., Parte segunda, Capítulo IV, Artículo III, Prudencia).
Reglamento 1895. Segunda Parte, Cap. III, Art. II, «Comportamiento con los eclesiásticos de la localidad y sus alrededores».
«Reglamento de la Cofradía de la Caridad del s. XVII», nº.1º. Recogido en el «Reglamento de las Misiones» de 1895, Madrid 1924, pp. 169-175 y vigente hasta la renovación de 1976. En los «Reglamentos de las Damas de la Caridad» de los años 1918 y 1957 se repite «La Asociación de la Caridad tiene por fin honrar a Nuestro Señor Jesucristo, Patrón de la misma, y a su Santísima Madre; proveer a las necesidades de los pobres sanos, pero inútiles para el trabajo; alimentar y medicinar a los pobres enfermos, y, finalmente, practicar los ejercicios de piedad que más adelante se expresarán» (Artículo 1º).
Entre lo que debe llevar el Director de la Misión figura «las Reglas de la Compañía de la Caridad» (Título I, Apartado 1); uno de los elementos a tratar con los curas del lugar será «el establecimiento de la Caridad» (Título III, Apartado 5); las limosnas que algún rico pueda ofrecer se orientarán hacia «la Compañía de la Caridad si la hubiere o se hubiese de instalar» (Título III, Apartado 10); terminada la misión podrá quedarse unos días alguno de los misioneros para, entre otras cosas, «… ajustar … la Junta de mujeres de la Caridad» (Título III, Apartado 11); entre las obligaciones del Director se señala «Desde la primera semana se puede probar si en dichos lugares se puede establecer la Compañía de la Caridad para cuyo efecto podrá con discreción hablar de ella con algunas personas mujeres más celosas sin que una sepa que se ha hablado con otra y habiéndolas ya medio dispuesto juntarlas sin dar muestra de saberlo alguna. Y si hubiese algunos enfermos ponerlas en la práctica de esta obra, antes de establecerla a ejemplo de Cristo Señor Nuestro que «coepit facere» y después «docere». Y si dicha compañía estuviese ya establecida la visitará o hará visitar en el modo que se practica fuera del tiempo de la Misión que es hacer un discurso en el púlpito, juntas las hermanas, leerles el reglamento, remediar los desórdenes, hacer nueva elección de oficiales si fuera menester y lo restante que se acostumbra. Podrá si hubiese necesidad hacer dar a los pobres algunos dinerillos de limosna al día alternativamente del dinero de la Misión a la puerta de la casa y no por las calles» (Título V).
«Como no basta con establecer la Cofradía de la Caridad, sino también se debe tener cuidado de hacerla subsistir se ha juzgado que los medios siguientes eran muy propios…»Resoluciones de la Asamblea General de 1668 tocante a las Misiones» nº 15.
«En fin, no debe olvidar el Director que uno de los principales frutos que San
Vicente exige de las Misiones, es el establecimiento de la Conferencia de la Caridad para la visita y alivio de los pobres enfermos. A este efecto se valdrá de toda su influencia para con las personas ricas, para animarlas a que emprendan una obra tan agradable a Nuestro Señor y tan ventajosa para el pueblo, haciendo algunas instrucciones relativas a este objeto, y teniendo reuniones especialmente consagradas a este fin. Si existen ya fundadas en la Parroquia, reunirá a sus miembros y los excitará a la exacta observancia del Reglamento y a que en todo procedan según el espíritu de San Vicente» (Reglamento de Misiones para la Provincia de España de 1878, Capítulo V, II, 8º).
Entre los elementos que deben anotarse en los Libros de Misión figura «si se estableció la Cofradía de la Caridad» (Segunda parte, Capítulo II, Artículo III, «Relación de los hechos de la misión» 9º); igualmente se habla de su establecimiento en la Segunda Parte, Capítulo III, Artículo III «Dirección General de la Misión», como la principal de las obras de perseverancia».
La Asociación se estableció oficialmente en España en 1915, siendo clasificada por orden ministerial del 12 de diciembre de 1944 como de Beneficencia Particular. «Estatutos y Reglamento de la A.N.C.S.V.P.» pp. 1 y 2
«Reglamento de la Sociedad de San Vicente de Paúl» Madrid, 1988, pg. 27. En su formulación más antigua indica: «Ninguna obra de Caridad debe considerarse ajena a la Sociedad, aunque la principal es la visita a las familias pobres. Así es que los individuos de la Sociedad aprovechan las ocasiones que se presentan de consolar a los enfermos y a los pobres, dar instrucción a los niños pobres, abandonados o reclusos y proporcionar los auxilios religiosos a los que los necesitan en su última hora» (Manual de la Sociedad de San Vicente de Paúl, Artículo 2º, Madrid 1887). Con ligeros matices también lo indica el «Reglamento de la Sociedad de Señoras de San Vicente de Paúl» (Madrid, 1885): «Ninguna obra de Caridad debe … Sin embargo no desatiende la obra caritativa de consolar a enfermas y presas en los asilos del dolor y de la expiación, como tampoco la de alimentar, instruir y educar a las niñas pobres; todo lo cual lleva a cabo por medio o de Conferencias especiales o de asilos abiertos y sostenidos por la Caridad de sus miembros» (Artículo 2º).
Idem, pg.45
Manual de las Hijas de María Inmaculada, Artículo 3º (Madrid, Ed. de 1961). Hoy encontramos la Asociación bajo el nombre de Juventudes Marianas Vicencianas (JMV) cuyos fines son: 1º) La formación de sus socios para que vivan la vocación cristiana tomando como modelos a la Virgen María y a San Vicente de Paúl… 2º) El Apostolado mediante el testimonio de la vida y el trabajo por la evangelización y servicio de los pobres 3º) La promoción personal de sus socios y la ayuda a la mejora de la sociedad por toda clase de medios culturales y recreativos» (Estatutos de la Asociación «Juventudes Marianas Vicencianas» Madrid, 1986).
«Reglamento General de la Asociación de la Medalla Milagrosa» Capítulo 1º, Artículo 2º. Tomado del «Reglamento de Misiones de 1895» pp. 178-198.
Reglamento de Misiones de 1895, Segunda Parte, Capítulo III, Artículo III, «Obras de Perseverancia». La Asamblea General de 1931 indicará que «con autorización del Obispo y Párroco» se pongan imágenes de La Milagrosa en los lugares donde se den misiones «para que permanezca allí» («Collectio Completa Decretorum…» nº 630). La Asamblea de 1964 (Id. Título XII, nº 83) indica exactamente lo mismo.
Idem pg.96, Nota 2.
Ibidem. En «Anales de la C.M.» escribe Faustino Arnao. «Estamos firmemente persuadidos de que la Medalla Milagrosa conocida y amada, es un gran medio de perseverancia en el bien, y de vuelta al recto sendero de la salvación en caso de lamentable extravío… Comprendiéndolo así, hemos procurado en primer lugar tener medallas, y en segundo, no perdonar medio ni fatiga para hacerla amar de nuestros misionados» (1915, p. 219).
Reglamento de Misiones de 1895, Capítulo III, Artículo III, Observación.
PARADELA, B.: «Notas biográficas de los que han pertenecido a la Congregación de la Misión en España, 1696-1835». Madrid, 1935.
YÉTANO, A.: en «La enseñanza religiosa en la España de la Restauración» pg. 115, afirma: «Los párrocos eran los grandes suscitadores de vocaciones religiosas ayudados por las misiones que recorrían los pueblos y excitaban a sus gentes a la penitencia y a la oración. El tema de las Misiones Populares y su impacto está aún sin estudiar, pero será sin duda apasionante».
La Asamblea General de 1947 es la primera que relaciona expresamente el trabajo misionero y las vocaciones, al indicar que «son un medio muy eficaz para la promoción de vocaciones» (Collectio Completa Decretorum…» nº 670). Posteriormente repiten la misma afirmación las Asambleas de 1957 (id. Artículo XII. Missiones, 1º) y 1964 (id. Título XII, nº 75.1º).
«No se distribuirán los Ejercicios del Cristiano sino hacia el fin de la misión aunque se debe explicar desde le principio y dar algunos a los niños en la doctrina» (Reg. s. XVII, Título III, Apartado 10); «Es también necesario que impidan [los Directores] tanto como puedan que los sacerdotes … planten cruces durante la misiòn» (Asamblea General de 1703).
«Los confesores no deben dar a sus penitentes rosarios, medallas, estampas, ejercicios del cristiano y otras cosas parecidas, sino enviarlos al Director o Catequista que tendrán cuidado en dárselo a las personas que pudieran tener necesidad» (Asamblea General de 1668, núm. 10º).
«Que nadie de los nuestros sino el Director de la misión u otro a quien él hubiese encargado debe distribuir a ninguno rosarios, imágenes; pero el doctrinero las puede dar el mismo en el acto de la doctrina» (Asamblea General de 1692, núm 16, 1).
El Director con el Superior determinarán la cantidad de rosarios, medallas y otros objetos de piedad, según el uso de los lugares y circunstancias» (Regl. para la Provincia de España 1878, Capìtulo III, 5ª).
«Es un uso, generalmente admitido en Francia, distribuir objetos de piedad como recuerdo de misión. A los hombres se les da un crucifijo, a las mujeres la imagen de la Virgen Inmaculada de la Medalla Milagrosa, y a los niños, la Medalla Milagrosa, que se les impone solemnemente, según el rito aprobado por la Santa Sede. No pueden los misioneros olvidar que no les es permitido dar recuerdos personales y que deben poner en común el dinero que se les ofrece para adquirir objetos de piedad… Nada debe hacerse en orden a la distribución de los recuerdos que no sea bajo la dependencia y con el permiso del Director de la misión» (Regl. de 1895, Parte Segunda, Capítulo III, Artículo III).
«Si es del agrado del Sr. Cura, se puede colocar la cruz, y con este objeto organizar una procesión; pero si los gastos que esto origine han de gravarse más o menos sobre los habitantes de la parroquia, los misioneros renunciarán a ello, absteniéndose de discutir sobre el asunto» (Regl., de 1895, Parte Segunda, Capítulo III, Artículo III). Cien años antes la Asamblea General de 1788 determina que «si se distribuyen libros de cantos o de piedad no sean vendidos a mayor precio del que se compraron» («Collectio Completa Decretorum …» nº 292).
Esta es la cita más clara aunque podemos suponer que las partidas que se conservan desde 1704 en los mismos libros deben corresponder, entre otras cosas, a estos conceptos. (Archivo de la Corona de Aragón. Libro de Cuentas de la Casa-Misión de Barcelona 1762-1785. Legajos Hacienda. Núm 3484).
Septiembre 1880: Total en objetos piadosos 3390 reales de vellón, total Libros de cánticos 4490; Noviembre 1883: Medallas para la misión: 480 reales; Octubre 1885: ídem 1320 reales; Octubre 1891: idem 26 pesetas (APM. Carpeta Sigüenza).
J. A. Gallego en «Pensamiento y acción social de la Iglesia en España» estudia con detenimiento el nacimiento y desarrollo de estos movimientos. Por ninguna parte aparecen las Misiones Populares como impulsoras de estas actividades.
Etiquetas: Ayamonte, Misiones Populares

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