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Timestamp: 2018-12-18 15:29:46+00:00

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Aprende a resolver de problemas
La resolución de problemas es una habilidad clave, y la que va a marcar una gran diferencia tanto en tu vida como en tu carrera profesional. A diario nos enfrentamos a problemas y conflictos a los que hay que dar solución. No hablamos sólo de grandes problemas, sino de pequeñas situaciones a las que hay que dar solución. Todos necesitan de una actuación por nuestra parte. El no hacerlo o retrasarlos en el tiempo es lo que nos acaba produciendo estrés.
La Resolución de Problemas está en relación directa con la toma de decisiones, pero son muchas otras habilidades las que utilizamos en este proceso. Podemos decir que todas ellas participan de una forma u otra en la búsqueda de soluciones. Desarrollar cuanto antes esta serie de habilidades y comenzar a automatizar el proceso te hará dar un gran salto en tu vida, en la relación con los demás, en tu propia felicidad y en tu futuro profesional.
Antes de liarte la manta a la cabeza y empezar a resolver problemas con método, es importante que entiendas que, en la mayoría de los casos, no hay una única forma de resolver los problemas. Lo que sí es cierto es que no hay problemas sin solución, sólo hay que saber cómo encontrar el mejor camino dadas las circunstancias, la información que se tiene, el contexto y el tiempo para resolverlo.
Para adquirir la confianza en esta habilidad y empezar a dominar el arte de resolver problemas es importante tener un guión con el que enfrentarte a los problemas. Con un buen método y la experiencia que vayas adquiriendo podrás resolver problemas de forma rápida y eficaz. Sin él, las soluciones pueden no ser las más ser eficaces, o, lo más probable, te sentirás bloqueado sin saber qué hacer.
Hay seis pasos básicos en la resolución de problemas:
Este es el punto clave y en el que suelen fallar la mayoría de personas. Si no sabes qué hay que arreglar, ¿cómo vas a hacerlo? Lo primero es conocer cuál es realmente el problema. No hay nada más absurdo que resolver un problema que no existe. Sería como arreglar la lavadora cuando lo que está roto es el friegaplatos. Asegúrate de que te ocupas del verdadero problema, y no de sus síntomas. Por ejemplo , si sacas malas notas podría pensarse que no has estudiado lo suficiente, pero puede ser que tengas conceptos erróneos, que no tengas un buen método de estudio, o simplemente que ese día dormiste mal, tengas otros temas que ocupan tu cabeza o incluso que el profesor no se explicó lo suficientemente bien en ese tema.
Para definir el problema es bueno que te fijes en él desde diferentes puntos de vista. Mirarlos desde diferentes perspectivas te aportará una mejor visión de la realidad a resolver, y no sólo de tu primer impulso.
Cuando el problema es simple, la solución suele ser evidente gracias a nuestra experiencia, y no se necesita seguir estos pasos, pues lo hacemos inconscientemente. La experiencia suele ser suficiente en este tipo de problemas. Pero cuando se nos presentan problemas más complejos, con diferentes aspectos y personas relacionados, es importante detenerse a pensar qué estas realmente intentando resolver.
A menudo, lo que puede parecer un problema aislado resulta ser toda una serie de pequeños conflictos. Una vez que lo tengas bien definido habrá que dividirlo en partes, en pequeños problemas, e ir solucionándolos uno a uno por separado.
Cuando tengas el problema bien definido, deberás pensar no sólo en cómo solucionarlo sino también en qué es lo que quieres que ocurra cuando el problema esté solucionado. Piensa en un objetivo más allá de eliminar el problema. Esto te hará mirar desde otros puntos de vista y encontrar soluciones más creativas. En el ejemplo anterior del examen suspenso, no será lo mismo querer únicamente recuperarlo que decidirse a adquirir unos buenos hábitos de estudio.
Ahora sí, a generar todas las alternativas y soluciones que puedas. No te censures, todas las ideas valen, hasta las más alocadas. Apúntalas en un papel para que no se te olviden. Cuántas más soluciones se te ocurran, más habrás pensado en el problema y en cómo resolverlo, y, por tanto, estarás más cerca de encontrar la mejor solución posible.
Para pensar diferentes caminos que resuelvan los problemas también hay muchas técnicas, que puedes ver en otras secciones. Escoge la que mejor se ajuste a tu forma de ser.
Evaluación y selección de alternativas .
Evaluar las diferentes alternativas puede ser el proceso más complicado, pues en todas ellas tendrás partes positivas y partes negativas, cosas que ganar y que perder. Unas tendrán más posibilidades de éxito que otras, unas implicarán a más personas, otras conllevarán más cambios, etc. Para empezar, puedes pensar simplemente en el trabajo que te va a costar realizar cada una de ellas y en las consecuencias que pueden traer. A partir de ahí seguro que te quedas con un menor número sobre las que pensar.
La experiencia es muy importante para la resolución de problemas. Según vayas trabajando el proceso te verás más cómodo con él y lo harás de una manera natural. Además irás incorporando el feedback de cada resolución una vez que lo analices. También puedes preguntar a tus padres, profesores,... ten en cuenta que ellos ya han pasado por problemas similares y te pueden aconsejar.
Llegado a este punto toca tomar una decisión. Ya has analizado todas las alternativas y seguramente te queden sólo dos o tres por las que decidirte. Todas tienen sus ventajas y sus desventajas, así que no pierdas más el tiempo, elige y ponte en marcha. Cuánto más lo retrases el problema más crecerá.
Es el momento de llevar a la práctica la mejor solución que hayas encontrado. Si te has decantado por ella, es que tienes razones suficientes. No lo dudes y adelante. Ten en cuenta que no existe la solución perfecta. Pero sí la incorrecta, que es paralizarse y no hacer nada. Especifica los pasos concretos que vas a dar y cuándo lo harás. Ponte en marcha y... ¡un problema menos!
Seguimiento y toma de medidas nuevas
Una vez que te hayas puesto en acción, podrás comprobar los resultados y modificar lo que quieras si ves que algo no va bien o que no sale como tu esperabas. La solución no debe ser estática sino dinámica. Debes aceptar ajustarla o, incluso, cambiarla radicalmente según los resultados. Puede aparecer nueva información de la que carecías antes o personas que colaboren o que entorpezcan tu solución.
Este último paso no va asociado a la resolución del problema en sí, pero es fundamental para coger experiencia y mejorar día a día. Es el paso del aprendizaje, del crecimiento y el que realmente te hará convertirte en un gran solucionador de problemas.
El problema está resuelto y todo vuelve a la normalidad. ¿Por qué volver a darle vueltas? Pues es fácil. Ahora tienes una visión global de la generación del problema, de sus implicaciones, de los aspectos que tuviste en cuenta y de los que no, de la forma en que generaste alternativas, de cómo elegiste tu opción y cómo la llevaste a la práctica, de los resultados, de dónde acertaste y dónde te equivocaste, a quién afectó tu decisión, etc. Es el momento de repasar mentalmente todo el proceso y aprender en aquellos puntos que ves que fallaste, o no acertaste completamente.
También debes pensar qué habría pasado si hubieras tomado otra alternativa. Nunca tendrás certeza, pero sí te puedes hacer una idea viendo las reacciones de las personas implicadas, el tiempo transcurrido, etc. Es un buen aprendizaje que irás incorporando inconscientemente a tu habilidad, y que cada día te hará más sencillo resolver los problemas de la mejor manera posible.

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