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Timestamp: 2020-08-05 19:45:43+00:00

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¿Qué influencia han tenido las Naciones Unidas en la fundación del Estado de Israel y en general en el conflicto arabe-israelí? - Hasbarapp| Defendemos a Israel con la verdad
En 1975, por obra de los estados árabes y soviéticos, la Asamblea aprobó la resolución 3379, que comparaba al Sionismo con “Racismo”. El 16/11/1991, la Asamblea General, derogó tal infamia inmoral por 111-25 (13 abstenciones y 17 ausentes). El voto de la abrogación se vio estropeado por el hecho que 13 de los 19 países árabes islámicos – incluso los que han sostenido negociaciones con Israel – Siria, Líbano y Jordania – votaron a favor de mantener la resolución, como también lo hizo Arabia Saudita. Seis de ellos, incluido Egipto – que cabildeó contra la abrogación – estuvieron ausentes.
La ONU se ha transformado en un escenario en donde las lacras antisemitas se sienten a gusto para fomentar su odio: en julio de 2005, Jean Ziegler, el Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación, llamó a la franja de Gaza “un inmenso campo de concentración” y comparó a los israelíes con los nazis. Un año antes (el 28 de mayo de 2004), Ziegler envió una carta a la Caterpillar, en papel oficial de la ONU, en que le exigía a la compañía que boicoteara a Israel. Lamentablemente, Ziegler representa a un enorme grupo de funcionarios.
La ONU se ha transformado en un escenario en donde las lacras antisemitas se sienten a gusto para fomentar su odio: el embajador sirio en la reunión de 1991, insistió en que los judíos mataban a los niños cristianos utilizando la sangre para hacer el pan ázimo. El 11 de marzo de 1997, el representante palestino ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU denunció que el gobierno israelí había inyectado a 300 niños palestinos con el HIV. Pese a los empeños de Israel, EE.UU. y otros miembros, este infame libelo quedó redactado en las actas de la ONU.
En agosto 2005, en el momento en que Israel se preparaba para llevar a cabo su retirada de la franja de Gaza, la Autoridad Palestina produjo materiales para celebrar la retirada israelí. Entre esos materiales se incluían banderolas en las que se leía: “Gaza hoy. Cisjordania y Jerusalén mañana”. Las agencias de noticias reportaron que se había hecho con fondos del Programa de la ONU para El Desarrollo (UNDP, sigla en inglés) y llevaban impreso el logo de esta organización. ¡Bastardos!, la ONU paga con dinero público publicaciones para destruir a un miembro de la organización, contradiciendo su Carta Fundacional.
En 2003, se presentó en la Asamblea General de la ONU la primera resolución que condenaba explícitamente el antisemitismo; pero el país que la auspiciaba, Irlanda, más tarde la retiró, debido a la falta de apoyo. La profesora Anne Bayefsky, Universidad de York (Canadá), al escribir sobre el sistema de Derechos Humanos de la ONU: “Es la herramienta de los que harían de Israel el arquetípico violador de los derechos humanos en el mundo actual. Es un criadero de antisemitismo. Es un santuario de relativistas de la moral. En suma, es un escándalo”. Lamentablemente, los inmorales disfrutan de mayoría allí.
Desde lo teórico, la ONU ha condenado virtualmente toda forma concebible de racismo. Sin embargo, desde principios de los 70′, en la ONU se han permeado claros sentimientos antisemitas y antisionistas. Ejemplos desagradables: “¿No son los judíos quienes explotan al pueblo norteamericano e intentan envilecerlo?”, dijo Alí Treiki, representante libio ante la ONU. “El Talmud dice que si un judío no bebe todos los años la sangre de un hombre no judío, será condenado por la eternidad”, dijo Marouf al-Dawalibi, delegado de Arabia Saudita ante la conferencia sobre tolerancia religiosa de la Comisión de Derechos Humanos de ONU de 1984.
Israel debería formar parte del bloque asiático pero las dictaduras árabe-islámicas censuran su entrada. En principio, Israel no formaba parte de ningún bloque regional. Por lo tanto, Israel no podía sentarse en el Consejo de Seguridad ni en ningún otro organismo clave de la ONU (que están en Nueva York). Durante 40 años, Israel ha sido el único miembro de la ONU excluido de un grupo regional. Por lo tanto, esto queda totalmente claro, Israel no disfrutó de los mismos derechos por culpa de esas dictaduras islamo-fascistas, con apoyo tercermundista, que fijan y monopolizan sus agendas en la ONU. Clarisimo…
Si bien el proceso de paz árabe-israelí, que se inauguró en Madrid 1991, está estructurado sobre las bases de las negociaciones directas entre las partes, la ONU constantemente socava este principio. La Asamblea General usualmente adopta resoluciones que intentan imponer soluciones sobre puntos críticos, tales como Jerusalén, las Alturas de Golán y los asentamientos judíos. Irónicamente, las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU 242 y 338 proponen negociaciones bilaterales, que son socavadas de continuo por las declaraciones de la Asamblea General. Lamentablemente, hasta hoy la ONU no ha desempeñado un papel útil en la resolución del conflicto árabe-israelí.
Incluso cuando Israel no está directamente implicada en un asunto, hay funcionarios de la ONU que encuentran los medios para meter sus prejuicios contra el estado judío. Por ejemplo, en abril 2004, el enviado de la ONU a Irak, Kakhdar Brahimi, llamó a las políticas de Israel “el gran veneno de la región”. El comentario reflejaba la falta de profesionalismo e imparcialidad que se espera de representantes de la organización. Este es un ejemplo, no el más grave, de cómo se evaden los tratamientos de las desgracias y las agendas se centran en el único estado de los judíos. ¿Casualidad?
Cuando el ex Primer Ministro de Israel David Ben-Gurión se refería a la ONU la llamaba “Um Shmum” que se traduce como “La ONU no vale nada”. Más rebuscado fue el ex-Ministro de Exteriores de Israel Abba Eban quien dijo: “Si Argelia pidiese a la Asamblea General de la ONU que condene a Israel por aplastar la tierra, la condena recibiría 130 votos a favor”. Así es, cuando la alianza islamofascista-antisemita es mayoría en el organismo internacional. Por otro lado, fue la ONU quien aceptó el Plan de Partición de Palestina en 1947 y quien aceptó a Israel en 1949.
Israel es el objeto de más comités investigativos, representantes especiales y relatores que ningún otro estado de la ONU. No olvidemos, se trata de un estado democrático, la única democracia en el Medio Oriente. La Comisión sobre Derechos Humanos adopta, rutinariamente, desproporcionadas resoluciones concernientes a Israel. En septiembre 2003, la ONU celebró una Conferencia Internacional de la Sociedad Civil en Apoyo del Pueblo Palestino, cuyo tema era “¡Fin de la ocupación!». Durante el evento, de dos días, el observador palestino ante la ONU, Nasser al-Kidwa, dijo que “la violencia en defensa propia en los territorios palestinos ocupados no es terrorismo”.
Digamos la verdad y citemos a los que han hablado claramente: “La ONU tiene la imagen de una organización mundial basada en principios universales de justicia e igualdad. La realidad es que la suerte está echada, no es más que el comité ejecutivo de dictaduras del Tercer Mundo” (Jeane Kirkpatrick, ex embajadora norteamericana ante la ONU). Hay una realidad, cuanto menos democrático es un país, más aumenta su tendencia a votar a favor de todas las resoluciones que demonizan a Israel. Quizás, porque dichos países no desean que se hable de ellos y sus violaciones cotidianas de los derechos humanos.
En 1975, por obra de los estados árabes y soviéticos, la Asamblea aprobó la resolución 3379, que compara al sionismo con “Racismo”. El embajador de EE.UU. Daniel Moynihan llamó a la resolución un “acto obsceno”, y el embajador israelí Jaim Hertzog dijo que la resolución estaba “basada en el odio, la falsedad y la arrogancia”. “Hitler, dijo él, se habría sentido en casa oyendo el debate de la ONU sobre esto”. El 16/11/1991, la Asamblea General, derogó tal infamia inmoral por 111-25 (13 abstenciones y 17 ausentes o que no votaron). Ningún país árabe votó a favor de este rechazo.
La influencia de la ONU sobre el conflicto árabe o palestino-israelí ha sido, especialmente, nefasta. A partir de mediados de los años 70′, el bloque árabe-soviético-tercer mundo se unió para formar lo que sería un frente pro-palestino en las Naciones Unidas. Esto era, particularmente cierto, en la Asamblea General, donde estos países —casi todos dictaduras o autocracias— votaban juntos para aprobar resoluciones atacando a Israel y apoyando al terrorismo. En 1975, por instigación de los estados árabes y del bloque soviético, la Asamblea General aprobó la resolución 3379, que difama al movimiento sionista al catalogarlo como una forma de racismo.
Desde los años 70′, especialmente, la ONU ha demostrado su hostilidad y antagonismo contra Israel, criticando, desproporcionadamente, sus políticas, señalándolas por sobre todos los demás países, muchos de ellos grandes violadores de las reglas morales por ofensas a los derechos humanos, impidiéndole la total participación que disfrutan los otros países miembros. Los estados árabes, miembros de la ONU, han utilizado como foro la Asamblea General, para aislar y castigar a Israel, apoyados por naciones del tercer mundo, particularmente los Países No-Alineados. Incluso hoy en día, la fortaleza de estos grupos en la institución internacional les permite seguir acusando a Israel.
Algunas agencias de la ONU han demostrado, también, sentimientos contra Israel. Por ejemplo: entre 1974-1978, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y Cultura (UNESCO) impuso sanciones financieras contra Israel, aprobó cientos de resoluciones criticando sus actividades en Cisjordania y denunció los esfuerzos arqueológicos y de restauración, llevados a cabo por Israel, en Jerusalén. Tras el acceso de Palestina a la ONU como Estado no miembro (2012), la UNESCO se apresuró a sumar a la Autoridad Palestina. Comenzaron, entonces, a tomarse medidas y declaraciones surrealistas (declarar una mezquita a la tumba de la Matriarca Rajel). ¡Increible!
Entre las resoluciones contra Israel, una de las más perjudiciales fue la conocida Resolución 3379 (Asamblea General de noviembre 1975) con una votación de 72 a 35 en la que se equiparaba al Sionismo con el racismo. Dicha resolución declaraba que el Sionismo era una forma de racismo y discriminación racial y una amenaza para la paz y seguridad mundial. La resolución buscaba negar la legitimidad política de Israel atacando la base moral de su existencia. La resolución se mantuvo en pie por muchos años hasta que finalmente fue derogada en diciembre de 1991, por supuesto, sin el voto árabe.
Varios comités y divisiones de la Secretaría de las Naciones Unidas, establecidos como resultado de resoluciones de la Asamblea General y dedicados primordialmente a cumplir con una agenda demonizadora de Israel, impulsada desde las naciones árabes y creadas durante la década de 1970, están muy comprometidos con la promoción de programas e iniciativas muy críticas a Israel. Entre estos están: la División de Derechos Palestinos de la Secretaría; Comité para Investigación de Prácticas Israelíes en los Territorios; el Comité para el Ejercicio de los Derechos Inalienables del Pueblo Palestino. Otras agencias, como UNESCO, también ha caído presa de estas políticas.
Es irónico que la ONU sea, frecuentemente, vista como un foro para la deslegitimación del Estado de Israel, teniendo en cuenta que la institución tuvo un papel fundamental en el establecimiento del estado judío. La ONU aprobó el plan de partición de Palestina en 1947 pero ONU no ha creado a Israel. La misma “efectividad” que se constató al declarar la Independencia de Israel (en 1948), comparativamente, vemos la “no efectividad” en el anuncio del declarado estado palestino. Los judíos crearon a Israel, de facto, con sus acciones. Al aceptarla en la ONU, ésta confirmó aquello que, de hecho, existía.
Es irónico que la ONU sea frecuentemente vista como un foro para la deslegitimación del Estado de Israel, si tenemos en cuenta que la institución tuvo un papel fundamental en el establecimiento del estado judío. De hecho, la ONU realizó el trabajo preliminar esencial para el establecimiento de Israel al aprobar la Resolución 181 en 1947, en la cual se pedía la partición del Mandato Británico de Palestina en dos estados, uno Judío y uno Árabe. Tras la independencia de Israel en 1948, el Estado Judío se convirtió en miembro oficial de la institución internacional (el país 59°, en 1949).
En marzo 2005, el Consejo de Seguridad emitió una condena sin precedentes tras un atentado suicida en Tel Aviv llevado a cabo por la Yihad Islámica palestina. A diferencia de las acciones israelíes que provocan resoluciones, el Consejo de Seguridad emitió tan sólo una “declaración política” en la que instaba a la Autoridad Palestina a “tomar medidas inmediatas y creíbles para encontrar a los responsables de estos ataques terroristas”, presentándoles a la justicia. La declaración exigía el consentimiento de los 15 miembros del Consejo. El único país árabe, Argelia, firmó después de que tacharon la referencia a la Yihad Islámica.
Con frecuencia, comités de la ONU con nombres aparentemente inofensivos se convierten en foros de sentimientos y ataques contra Israel. En marzo 2006, la única resolución adoptada por la Comisión de la ONU sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer condenaba a Israel por maltrato a las mujeres, pero no se refería al maltrato que sufren en muchos de los 192 estados miembros de la ONU. Se hacía caso omiso del hecho de que el sistema democrático israelí garantiza la igualdad de géneros, y también de temas como la prohibición de conducir las mujeres en Arabia Saudita, etc.
Con frecuencia, comités de la ONU con nombres aparentemente inofensivos se convierten en foros de sentimientos y ataques contra Israel. Un ejemplo de ello fue la reunión de marzo 2009 de la Comisión sobre la Condición Jurídica y Social de la Mujer en la cual se adoptaron seis resoluciones, cuatro de ellas operativas, una sobre la preponderancia del VIH/SIDA, y otra titulada “Situación y asistencia para la mujer palestina” en la cual: se expresa gran preocupación por las crecientes dificultades que enfrentan las mujeres y niñas palestinas que viven bajo la ocupación israelí. ­¿Cómo puede ganar prestigio la ONU así?
La 63° Asamblea General también estuvo marcada por las acciones y comentarios del Presidente de la Asamblea General, el nicaragüense Miguel D’Escoto Brockmann. Durante su ejercicio, Brockmann dejó claro su desdén hacia Israel y su empatía con los palestinos. Durante el Debate de la Asamblea General (septiembre 2008), el Presidente Ahmadinejad hizo un discurso horrendamente antisemita y anti israelí. Aunque muchos de la audiencia lo rechazaron, Brockmann se levantó para abrazarlo. En noviembre de 2008, Brockmann se refirió a las políticas israelíes como una nueva versión del apartheid e hizo un llamado a la comunidad internacional para boicotear a Israel.
El enfoque de la ONU hacia Israel volvió a decaer con la Conferencia Mundial de la ONU contra el Racismo, organizada en Durban (Sudáfrica 2001). En esta tercera conferencia internacional sobre racismo participaron los miembros de la ONU y un grupo de organizaciones no-gubernamentales con la intención de buscar mecanismos efectivos para combatir la discriminación racial. La conferencia fue monopolizada por una serie de ONG y estados del bloque árabe que buscaron concentrarse en asuntos entre los israelíes y los palestinos y utilizaron dicha plataforma para deslegitimar a Israel y promover el antisemitismo, incluyendo un retorno a odiosas calumnias judeófobas.
Tras varios años de creciente participación israelí y aceptación en la ONU, Israel volvió a convertirse en el blanco de condenas y severas críticas sobre una serie de temas, incluyendo el estatus de Jerusalén, las operaciones israelíes en Líbano, su política con respecto a los palestinos, el proceso de paz y los proyectos israelíes de vivienda sobre la Línea Verde. Comenzó en diciembre de 1995 pero explotó con total virulencia desde el comienzo, premeditado por parte de Yasser Arafat, de la Intifada de El-Aksa en setiembre 2000. No importaba si en Israel había un gobierno de derecha o de izquierda.
La principal resolución adoptada durante el periodo de Oslo favorable hacia Israel fue la del 14/12/1993, cuando 155 estados aprobaron la Declaración de Principios firmada por israelíes y palestinos, el acuerdo de paz entre Israel y Jordania y concedieron total apoyo a los logros del proceso de paz. Esta resolución fue el primer llamado de la ONU a la paz del Medio Oriente, en la que no se criticaba a Israel. De hecho, muchos consideraron esta mejoría entre Israel y la comunidad internacional como un apoyo real de la ONU a algunas políticas del gobierno israelí. Hoy, todo esto cambió.
Los años de la firma de Oslo fueron relativamente buenos en las relaciones ONU-Israel. En 1992, antes de Oslo, la Asamblea General aprobó 29 resoluciones contra Israel pero, en los años siguientes, siete fueron eliminadas o consolidadas, y cuatro fueron modificadas a favor de Israel. En 1995, la Asamblea General adoptó 18 resoluciones sobre el Medio Oriente, ocho de las cuales fueron redactadas nuevamente para evitar condenar a Israel. En octubre de 1993, por primera vez desde 1981, los estados árabes de la ONU no cuestionaron la presencia de Israel en la Asamblea General. En 2000, todo volvió a cambiar.
La participación de Israel en las operaciones de la ONU, de las que había estado excluido hasta entonces, aumentó tras los Acuerdos de Oslo. En junio 1993, Israel fue nominada por primera vez para un comité en la ONU, el Comité de Información. En 1994, los israelíes participaron en la misión de paz de ONU en Angola y viajaron a Sur África como parte de un equipo de la ONU para monitorear las primeras elecciones democráticas de dicho país. En la misma época, los israelíes comenzaron a ser elegidos para cargos importantes como el Alto Tribunal Administrativo en La Haya.
Cuando comenzó el proceso de paz, con la firma por parte de israelíes y palestinos de la histórica Declaración de Principios, en 1993, en Oslo, se hizo evidente una clara disminución en el número de condenas contra Israel en las Naciones Unidas. Por primera vez, la Comisión de Derechos Humanos condenó el antisemitismo como una forma de racismo. Luego, en 1994, cuando el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, se dirigió a la Asamblea General, los únicos que no asistieron fueron los iraníes. Tras la explosión de la Intifada (2000), la demonización de Israel volvió a la agenda.
La posición de Israel dentro de la ONU mejoró un poco en febrero 2003, cuando Israel fue elegido miembro del Equipo de Trabajo sobre el Desarme, en la Asamblea General, su primer puesto en un comité desde 1961 (tras 1961, la ONU se dividió en grupos regionales y ahí fue cuando Israel se vio aislada). Un representante israelí fue electo como uno de los tres vicepresidentes del grupo y recibió votos de Irán y de varios estados árabes. En octubre de 2005, un representante israelí fue elegido, por primera vez, miembro del Comité de la Herencia Mundial de la UNESCO.
Desde el año 2000, le dieron a Israel un asiento temporal en el Grupo de Europa Occidental y otros (WEOG, sigla en inglés). El WEOG es el único organismo regional que es geopolítico y no puramente geográfico. Los 27 miembros del WEOG – los estados de Europa Occidental, Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Estados Unidos – comparten un denominador común democrático-occidental. Este histórico paso le abrió la puerta a la participación israelí en el Consejo de Seguridad, al que Israel solicitó formalmente pertenecer en 2005, pero el próximo asiento al que pueda aspirar no estará disponible hasta el año 2019.

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