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Timestamp: 2019-03-19 09:45:30+00:00

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Israel: 71 años después de la partición de palestina – Prodavinci
Residentes de Tel Aviv celebran la decisión de la ONU del 29 de noviembre de 1947 de dividir a Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. Fotografía de AFP
“Y si es verdad que en las fases finales de totalitarismo aparece éste como un mal absoluto (absoluto porque ya no puede ser deducido de motivos humanamente comprensibles), también es cierto que sin el totalitarismo podíamos no haber conocido nunca la naturaleza verdaderamente radical del mal”
El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 181, en la que se acordó la partición de Palestina en un Estado judío y otro árabe, al tiempo que Jerusalén pasaba a ser administrada por el organismo. El pueblo judío se adhirió a la resolución mientras que los árabes la rechazaron [2]. El gobierno de Venezuela, presidido por Rómulo Betancourt, votó a favor de esta resolución.
El 14 de mayo de 1948, es decir, a los seis meses de haber sido aprobada la resolución 181, David Ben Gurion leyó la declaración de independencia del Estado de Israel bajo la imagen de Theodore Herzl; esta fecha coincide con el cese del mandato británico sobre Palestina. Esta declaración de independencia fue reconocida sin vacilar por el gobierno de Rómulo Gallegos mediante un telegrama suscrito por el canciller Andrés Eloy Blanco. De inmediato, el 17 de mayo de 1948, los países árabes le declaran la guerra a Israel. Con ella comienza un conflicto que todavía no se ha detenido.
Posteriormente, el gobierno de Carlos Delgado Chalbaud apoyó la resolución 273 del 11 de mayo de 1949 mediante la cual se admitió a Israel como Estado miembro de las Naciones Unidas. De esta manera, sucesivos gobiernos venezolanos —civiles y militares— apoyaron al Estado de Israel.
Los venezolanos siempre hemos sido, somos y seremos solidarios con Israel, con relaciones diplomáticas o sin ellas. Y no puede ser de otra manera en vista de los aportes, en distintas áreas, de la comunidad judía a nuestro país.
1. Justificación de la creación del Estado de Israel
El pueblo judío es una nación,[3] aunque sus integrantes no vivan en el mismo territorio. Así, un judío que vive en Venezuela y uno que vive en los Estados Unidos son parte de esa nación. Y este asunto —de la naturaleza nacional del pueblo judío— quedó resuelto jurídicamente por el derecho internacional con la Declaración de Balfour del 2 de noviembre de 1917. Los judíos integran una nación [4] con fundamentos religiosos y culturales que existen desde tiempo inmemorial. Por eso, hay un derecho inapelable de los judíos a tener un espacio territorial donde puedan ejercer el principio de la autodeterminación.
El derecho de la comunidad judía internacional de buscar independencia política en su antigua patria, la Tierra de Israel o Sion,[5] explica el movimiento sionista impulsado por Theodore Herzl y materializado políticamente bajo el liderazgo del gran estadista, David Ben Gurion, quien contó con la ayuda, entre otros, de Shimon Peres y Golda Meir. Siendo así el asunto, el movimiento sionista busca que el pueblo judío pueda reivindicar el derecho a su autodeterminación, como aconteció con la creación del Estado judío.
Aunque la evolución hacia la creación del Estado de Israel comenzó antes del Holocausto, la persecución nazi contra el pueblo judío, el crimen más atroz conocido por la humanidad, justifica que el judío que vivía en Europa pudiera contar con su Estado.
Theodor Herzl nació en Budapest, Hungría, el 2 de mayo de 1860 y es considerado el “Padre de la Patria” judía.
Por el lado paterno tenía antecedentes sefardíes españoles; su madre era muy culta y estimuló su vocación literaria, a la cual pensaba dedicarse (“porque el pueblo judío, es el pueblo del libro”). En 1984 se gradúa de abogado y ejerce la abogacía en Viena, como funcionario de un tribunal, al tiempo que escribe obras de teatro.
Herzl es la figura estelar en la faena de crear el Estado de Israel. Fue Herzl un pensador, como lo demostró al escribir su fundamental ensayo: El Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía; obra capital y germen de lo que luego fue el Estado de Israel. El pensador judío cavilaba entre escribir una novela, que era su pasión, o escribir un ensayo; optó por lo segundo, y acertó cabalmente.
Como víctima del antisemitismo de la época consideró que había llegado el momento de que los judíos salieran de Europa y crearan su propio Estado. Por eso escribió el citado texto, para reflexionar a partir del ensayo, siguiendo el método diseñado por Miguel de Montaigne. Fue, incluso, un visionario que se anticipó a lo que luego se convirtió en una necesidad inapelable: la creación del Estado judío.
Herzl no se guiaba por los aplausos ni por las críticas sino por su propio criterio. Esto lo aprendió de la buena recepción u objeciones que merecían sus obras teatrales. Lo que indica que se trataba de un hombre seguro de sí mismo, y comprometido con lo que creía.
Su propuesta no tuvo acogida inicialmente entre las élites judías, pero fue calando, especialmente en el grueso de la población judía de Europa. Iba a contracorriente, pero el peso de sus argumentos y de la realidad cobraba vida, hasta convertirse en realidad.
Sobre Herzl ejerció influencia el affaire Dreyfus, que demuestra como el antisemitismo se había expandido incluso en Francia, un país culto, civilizado y cuna de la libertad. Este torcido juicio llevó a un hombre como Emile Zolá a escribir su célebre texto “Yo acuso” (J’ accuse) publicado el 13 de enero de 1898 en el diario L’Aurore en su primera página. (Tuve la fortuna de ver el original en la Morgan Library de Nueva York). El texto, escrito de su puño y letra de Zolá, en tinta de color turquesa, que sirvió para demostrar el antisemitismo que guiaba el juicio contra el capitán Alfred Dreyfus. Todo esto daba la razón a Herzl sobre la necesidad de crear el Estado judío.
No es posible deslindar los pasos dados para crear el Estado de Israel de la figura estelar de David Ben Gurion. La historia de su vida es la historia de la creación del Estado judío.
El siglo XX contó con dos grandes estadistas: Winston Churchill y David Ben Gurion. Cada uno desde su posición contribuyó a la derrota del nazismo y a la libertad. Churchill se ocupó de construir una alianza que logró derrotar la mayor amenaza que la libertad y la dignidad humana han tenido en la historia: el nazismo. David Ben Gurion demostró unas habilidades políticas descollantes que le permitieron construir la unidad entre las distintas corrientes del movimiento sionista, lo cual culminó con éxito en la creación del Estado de Israel.
Desde la mencionada declaración de Balfour en 1917 la posibilidad de un Estado judío cobró fuerza; era cuestión de tiempo. Esta declaración, suscrita por el jefe del Foreing Office británico Arthur James Balfour, proclamó la necesidad de un Estado judío. A partir de este momento, la pretensión judía de lograr un estado propio goza de respaldo jurídico y diplomático inapelable.
En la medida que evolucionaba el proyecto fueron surgiendo dificultades, debidas a la vacilante posición que por momentos tuvo la política británica. Si a eso se suma el auge del nazismo, podremos imaginar el tamaño de los obstáculos que tuvieron que enfrentar los padres fundadores del Estado de Israel.
El nombre de Golda Meir no puede pasar inadvertido por una razón fundamental: el papel de la mujer en la política en una zona —el Medio Oriente— condenada a ocupar un segundo plano. Meier, importante luchadora y miembro del movimiento sionista, destacó como recaudadora de fondos para adquirir equipos militares. Cuando Ben Gurión, vislumbró que la resolución de las Naciones Unidas que creaba un Estado judío y otro árabe en Palestina iniciaría una guerra, encomendó a Meier la labor de recaudar fondos para el equipamiento militar. Su faena la cumplió con éxito.
La declaración de independencia del 14 de mayo de 1948 fue seguida por el primer ataque militar contra Israel, el cual terminó con una primera victoria militar a favor del Estado recién creado. Para ello, la eficiencia de Meir fue factor relevante. El papel de la mujer en la vida de Israel quedó sellado a perpetuidad [6].
Shimon Peres, el último de los padres fundadores en morir y el pupilo más destacado de David Ben Gurion —quien lo designó secretario del partido Mapai (partido de los Trabajadores de la Tierra de Israel)—, trabajó siempre muy de cerca del fundador del Estado de Israel. Durante la primera guerra árabe-israelí, Peres ocupo el cargo de jefe de la marina y encargado del equipamiento militar del naciente Estado.[7]
Al terminar esta primera guerra, Ben Gurion envía a Peres a Estados Unidos para continuar su formación y lo designó director de la delegación del ministerio de defensa en Estados Unidos. Regresa a Israel a los veintinueve años para ocupar el cargo de Ministro de la Defensa. En estas funciones convierte a Israel en una potencia militar con poder nuclear, porque pensaba que para que Israel pudiese alcanzar la paz debía estar militarmente protegido, en aplicación de la regla romana: si vis pacem, para bellum (“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”).
En 1965 David Ben Gurion y Shimon Peres abandonan el partido Mapai y fundan el Rafi (Lista de los Trabajadores de Israel), del que Peres fue secretario general. Poco tiempo después se produce la integración del Mapai, el Rafi y el Ahdut Avoda para crear el Partido Laborista de Israel.
Considerado un “halcón” porque no apoyaba el diálogo con los árabes, Shimon Peres cambió su posición en favor del diálogo y la negociación. Peres se convirtió en un impulsor de la búsqueda de la paz para Palestina basada en un Israel democrático, fuerte militarmente, con desarrollo económico y una tecnología de vanguardia. Al ser interrogado sobre su reunión y apretón de manos con Yasir Arafat, respondió: “la paz se hace con los enemigos, no con los amigos”. En su libro No room for small dreams (Soñar sin límites) dijo:“Fue de él [David Ben Gurion] que aprendí que la visión del futuro debe moldear la agenda del presente; […] no hay nada más responsable que tomar riesgos hoy para el bien del mañana […].[8]
Su intención, aún vigente, fue crear riqueza en el Medio Oriente para lograr la paz. De ahí su propuesta de impulsar el desarrollo de la zona al amparo del potencial tecnológico de Israel, como vía para lograr la prosperidad común. No puede haber paz con hambre. La propuesta del estadista judío es impecable. Israel tiene la capacidad de impulsar el desarrollo de Palestina para mejorar la calidad de vida de sus habitantes; no obstante, la intolerancia, odios y los dogmas impiden la paz y la convivencia.
Shimon Peres tuvo una relación especial con Venezuela, al punto de recibir el doctorado Honoris Causa de la Universidad Simón Bolívar. En una de sus visitas a nuestro país se trasladó en el Metro, pese a la oposición de su jefe de seguridad y ante la sorpresa de los transeúntes, junto al embajador de Israel y del diplomático venezolano Milos Alcalay. Esto demuestra el rostro humano de este hombre excepcional.
Tuve la oportunidad de conocerlo en uno de sus viajes a Venezuela, cuando mi padre era Ministro de Relaciones Interiores. Hablaba el inglés con el acento característico de los judíos Centroeuropeos que hablan yiddish y hebreo. “Nosotros hablábamos en hebreo, pensábamos en hebreo”, afirmó en sus memorias [9].
Me llamó la atención la pasión de Peres por la literatura latinoamericana. Eran momentos del llamado boom, gracias a escritores como Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, Carlos Fuentes Clarice Lispector y Juan Carlos Onetti.
6. Venezuela y la creación del Estado de Israel
La posición tradicional de Venezuela respecto al pueblo judío ha estado marcada por la solidaridad. Así ocurrió cuando el general Eleazar López Contreras, en mayo del año 1939, dio la bienvenida a 251 judíos que huían del nazismo en los barcos Caribia y Königstein. Este fue un momento estelar de nuestra historia.
Estos buques trataron de desembarcar infructuosamente en Trinidad, Barbados, Curazao y Guayana inglesa, recalando al fin en las costas de Venezuela. En ese momento, el general López Contreras dio la bienvenida a los pasajeros que la persecución nazi había traído a nuestro continente. Este hecho histórico, que colocó al espigado general de tres soles en las mejores páginas de la historia del judaísmo, marca el inicio de una relación fraternal de Venezuela con el pueblo judío. (En ese momento Venezuela también acogía a los republicanos españoles, forzados a dejar España por las consecuencias de la Guerra Civil).
El apoyo de Venezuela a Israel se expresó, como señalé antes, en tres ocasiones fundamentales: al votar a favor de la resolución 181 de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947; al reconocer la declaración de independencia de Israel del 14 de mayo de 1948; y al apoyar la resolución 273 de las Naciones del 11 de mayo de 1949, según la cual se admitió a Israel como Estado miembro de las Naciones Unidas.
Las relaciones de Venezuela con Israel, por otra parte, siempre han sido sólidas y enriquecedoras. Nuestros gobiernos —de todos los colores y tendencias políticas— no se inmiscuyeron en el conflicto palestino-israelí, sino que, más bien, fueron factor de equilibrio y de estímulo a la paz. Se mantuvieron los buenos vínculos con las partes involucradas en el conflicto, pero siempre dejando bien claro el reconocimiento al Estado judío. Esto cambió en el 2009 cuando el presidente Hugo Chávez rompió caprichosamente las relaciones diplomáticas.
De esa manera se acabó con la tradicional posición venezolana y significó un cambio arbitrario de la diplomacia nacional. Estas relaciones deben ser reestablecidas al recuperar la democracia.
7. El antisemitismo
Actualmente estamos viviendo un aumento peligroso de antisemitismo. Tanto de Europa como en los Estados Unidos nos llegan imágenes de horror como el ataque reciente a una sinagoga en Pittsburgh, perpetrada por un supremacista blanco.
El mensaje del odio y su impacto en los supremacistas blancos debe ser estudiado para poder combatirlo. Sobre este asunto no se puede tener un discurso ambiguo y vacilante. En este sentido, la prestigiosa revista británica The Economist, en su edición del 2 de noviembre pasado [10], señaló que el presidente Donald Trump, si bien no es directamente responsable, debe tener más cuidado en su discurso. Los jefes de gobierno que no son antisemitas (como es el caso del presidente Trump) deben temperar su oratoria para evitar que sus seguidores se sientan estimulados en sus odios y resentimientos.
El antisemitismo se debe, en cierta medida, al desconocimiento de los valores que encarna la cultura judía. Por eso, y en el caso venezolano, es conveniente patrocinar los estudios de historia y cultura judía en nuestras universidades. Propongo formalmente crear una cátedra del pensamiento y letras judías contemporáneas en la Universidad Católica Andrés Bello [11], con el nombre de la gran escritora Elisa Lerner; en ella la metáfora no es solo una aproximación a la belleza del lenguaje sino una manera de pensar el país y el mundo al que pertenecemos.
En la práctica del pensamiento y de las letras, los judíos siempre han encontrado un país fidedigno que los preserva de las asechanzas de la historia. De ahí la explicación de tantos escritores que enlazan la belleza literaria con la profundidad de sus pensamientos: Franz Kafka, Hannah Harendt, Walter Benjamín, Stefan Zweig, Jospeh Roth, Saul Bellow, Susan Sontag, Paul Auster, Primo Levi, Isaiah Berlin, Raymond Aron, Woody Allen, Philip Roth, Clarice Lispector, por ejemplo.
Gracias a la labor de estadistas como Theodore Herzl, David Ben Gurion, Golda Meir y Shimon Peres se construyó un Estado, pequeño en territorio, pero con gran desarrollo tecnológico y científico, basado en los valores de la democracia y la libertad. Estos estadistas supieron correr riesgos en su momento para garantizar el porvenir de un pueblo que conoció en el Holocausto “la naturaleza verdaderamente radical del mal”, para decirlo con palabras de la gran pensadora judía Hannah Harendt en la cita que sirve epígrafe a este texto.
[1] Los orígenes del totalitarismo. Madrid, Taurus, tr. Guillermo Solana, 1998, p.11.
[2] La votación favorable fue de 33 países, es decir del 58 %, dichos países fueron: Australia, Bélgica, Bielorrusia, Bolivia, Brasil, Canadá, Checoslovaquia, Costa Rica, Dinamarca, República Dominicana, Ecuador, Estados Unidos, Filipinas, Francia, Guatemala, Haití, Holanda, Islandia, Liberia, Luxemburgo, Nueva Zelandia, Nicaragua, Noruega, Panamá, Paraguay, Perú, Polonia, Suecia, Sudáfrica, la Unión Soviética, Ucrania, Uruguay y Venezuela.
En contra votaron: Afganistán, Arabia Saudita, Egipto, Grecia, India, Irán, Irak, Líbano, Pakistán, Siria, Turquía, Yemen y Cuba bajo la presidencia de Ramón Grau San Martín.
[3] Según el prestigioso diccionario de Maria Moliner, nación se define como: “Comunidad de personas de la misma raza, con los mismos usos, particularmente el mismo idioma, que, por alguna razón histórica ocupa un territorio dividido entre varios países. Se aplica también, por ejemplo, al pueblo judío en su totalidad, aunque no esté reunido en un territorio”. (Diccionario del uso del español. Madrid. Editorial Gredos, 2007, T. II (J-Z), p. 2029).
[4] En esta sección utilizo el agudo análisis de Ruth Gavison: “The national rights of jews”. En: Israel´s rights as a Nation-State in International Diplomacy. Jerusalem. Jerusalem Center as a Nation State in International Diplomacy, 2011, pp. 9-22
[5] Gavison: Ob. cit, p. 10
[6] Bueno es destacar que Golda Meir fue la segunda mujer en ocupar el cargo de primer ministro de un país (la primera fue Sirimavo Ratwattate Dias Bandaranaike que lo logró en 1960 en Sri Lanka).
[7] Véase: //mundo.sputniknews.com/politica/201609281063737967-israel-shimon-peres/ [Disponible, 25.11.2018].
[8] PERES, Simon: No room for small dreams. New York, Harpe Collins, 2017, p.224. p. 224. “It was from him [David Ben Gurion] I learned that the vision of the future should shape the agenda for the present; that one can overcome obstacle by dint of faith; that there is nothing more responsible than to take risks today for the sake of tomorrow’s chance; that just a birth requires the pain of labor, success requires the pain of failure”.
[9] PERES, Simon: No room for small dreams …cit, p. 3.
[10] En un artículo titulado “What is the link between political rhetoric and violence?”
[11] Entre la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y la Asociación Israelita existe un convenio que fue suscrito por la profesora María del Pilar Puig y Abraham Levy. Este convenio ha permitido que se hayan dictado cursos y seminarios de literatura judía en la dicha Escuela.

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