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Timestamp: 2019-12-09 10:37:47+00:00

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título Alimentos transgénicos: Mitos y realidades
Arriagada, N.; Bravo, F.; Caro, J.; Chacón, O.; Valencia, D.
La ciencia encargada de la producción de los alimentos genéticamente modificados es la Ingeniería Genética, la cual se define como “un conjunto de técnicas de laboratorio que permite transferir genes de un organismo a otro” (Martinez, 2006).
El progreso de la ingeniería genética ha significado un gran avance en cuenta al desarrollo de alimentos transgénicos debido a que ha acelerado los lentos procesos desarrollados por la biotecnología, donde se debía esperar el paso de varias generaciones de plantas silvestres y la selección de cosechas para desarrollar algunas características especificas en un determinado producto.
Por lo tanto, se puede afirmar que la ingeniería genética ha obtenido los mismos resultados de la biotecnología, pero de manera más rápida, eficiente y específica, gracias a la técnica de introducir material genético (genes) a otro organismo (generalmente a plantas) (Reyes & Rozowski, 2003).
En sus inicios, la introducción de genes a plantas se llevo a cabo para (1) la expresión de resistencia a herbicidas y pesticidas, y así se lleva a cabo la eliminación selectiva de malezas y (2) para mejorar la calidad de las cosechas (Reyes & Rozowski, 2003), lo cual ha creado productos alimenticios que se comercializan alrededor de todo el mundo, especialmente en países como Estados Unidos, Australia, Canadá y Japón (Vidal, 2009).
Gracias a la ingeniería genética se ha logrado aislar desde un organismo determinado una secuencia de interés de ADN y propagarlo en otro organismo, con lo que se puede obtener cantidades ilimitadas del producto que es codificado por ese gen. El fragmento introducido se une covalentemente mediante la utilización de una enzima ADN ligasa a un vector o plasmidio, generando una “molécula recombinante”; donde el vector pueden ser genes que confieren resistencia a antibióticos específicos, lo cual se constituye en uno de los principales fundamentos para los detractores de la transgénesis en alimentos (Reyes & Rozowski, 2003).
Con la creación de los alimentos transgénicos es posible saltar la barrera de especies, gracias a lo cual, se pueden introducir características de un organismo a otro cercano en la es la escala filogenética e incluso, especies no emparentadas (Vidal, 2009).
Técnicas para obtener los transgénicos
Hay una serie de técnicas por las cuales se puede llevar a cabo la introducción de nuevos genes a un organismo. En la actualidad son 4 tipos de técnicas: 1) transformación de protoplastos, 2) transformación por electropolacion, 3) transformación por “biobombardeo” y 4) transformación mediada por Agrobacterium (Fernandez, 2006).
La producción de alimentos transgénicos es abarca una gran gama de productos, donde podemos encontrar algunos de origen animal, vegetal o fermentado.
Dentro de los alimentos de origen vegetal destacan el maíz transgénico resistente al taladro, patatas transgénicas que inmunizan contra el cólera o diarreas bacterianas, etc. También se encuentran productos de origen animal como carpas y salmones transgénicos con trasngenes que codifican la hormona del crecimiento. Sin embargo, las mejores perspectivas del futuro son centradas en la expresión de genes que codifican proteínas de alto valor añadido a nivel de la glandula mamaria, con lo que se pueden producir leches enriquecidas en fármacos, como el caso del activador del plasminogeno (Vidal, 2009).
Finalmente, los alimentos fermentados se manejan mediante el uso de bacterias lácticas o levaduras que son modificadas genéticamente, para lograr quesos que disminuyan sus tiempos de maduración, vinos con mayor aroma, etc. (Vidal, 2009).
Para poder llevar a cabo un correcto juicio sobre el uso de alimentos transgénicos se debe tomar en cuenta una serie de factores. Primero, tener en cuenta que el riesgo cero no existe, y mucho menos en alimentación; lo cual se relaciona con nutrientes que pueden o no ser desventajosos para un grupo poblacional especifico (Gluten). En segundo lugar, tener en cuenta que no es posible generalizar y encasillar a todos los alimentos transgénicos dentro de un mismo saco, obviamente hay centenares de esos alimentos, todos con características disimiles. Y finalmente en tercer lugar, no es posible encontrar un solo riesgo, ya que existen riesgos sanitarios, medioambientales o económicoas (Vidal, 2009).
Hay un concepto de gran importancia elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), donde se otorga la “equivalencia sustancial” (Vidal, 2009).
Los posibles beneficios de este tipo de organismos genéticamente modificados abarcan una gran cantidad de aspectos relacionados con los procesos agrícolas actuales. Por nombrar algunos, se podrían destacar: mejorar el aspecto (una ventaja muy importante tanto para el productor como para el consumidor, algo realmente no muy habitual en este tipo de productos), resistir a herbicidas y plagas, mejorar la calidad nutritiva de los vegetales, resistir condiciones nutricionales, meteorológicas o espaciales adversas (Fernández, 2006) y ser utilizados para producción de vacunas y otros compuestos de interés (las plantas actuarían, según esto, como autenticas “fábricas vegetales”). Estas “vacunas comestibles” resultan muy interesantes, al no requerir de requerir del mantenimiento de una cadena de frío para conservar su funcionalidad, como ocurre con las vacunas convencionales. Los cloroplastos son un compartimento celular ideal para el desarrollo de vacunas de este tipo (Fernández, 2006), sobre todo una vez que se ha conseguido transformar con base en esta técnica a cultivos comestibles como la papa, y el tomate (Fernández, 2006).
Siguiendo con esto, los principales argumentos de quienes están a favor de la utilización de alimentos transgénicos es que se puede aumentar, disminuir o modificar la cantidad de nutrientes específicos de los vegetales, y además por que se podría prevenir e inclusive tratar numerosas enfermedades. Se ha estudiado y evaluado el tratamiento de enfermedades inflamatorias del aparato digestivo con papas y plántanos transgénicos; y también se está analizando el efecto del arroz y trigo modificados genéticamente en el desarrollo de anticuerpos para células tumorales de cáncer de pulmón y de colon. Además, se han estudiado lo beneficios sobre aquellos individuos con desordenes inmunológicos, que han sido tratados con microorganismos no patógenos modificados genéticamente para producir anticuerpos (Reyes & Rozowski, 2003).
Se han creado un sinnúmero de productos transgénicos beneficiosos para el humano, dentro de los cuales se puede nombrar una cepa de maíz con baja cantidad de ácido fítico (compuesto que disminuye la biodisponibilidad del fierro), incorporación de antihipertensivos (RPLKPW) en base a la ovokinia presente en la ovoalbúmina, papas modificadas en su perfil aminoacídico aumentando el contenido de lisina. A su vez, los alimentos mejorados genéticamente son útiles para su utilización en tierras marginales, siendo más resistentes a variaciones de pH alcalino o ácido de estas (Reyes & Rozowski, 2003).
Se dispone igualmente de un arroz transgénico que aumenta en un tercio el rendimiento de las cosechas, proporción enorme si se tiene en cuenta que los programas convencionales consiguen aumentos del rendimiento de sólo un 2-3% anual (Valtueña, 2003).
Existe también un arroz transgénico que contiene el disacárido trehalosa, glúcido que le confiere resistencia a la falta de agua, la salinidad excesiva del agua de riego y las temperaturas extremas. El gen que favorece la formación de trehalosa ofrece, además, la importante particularidad de que sólo se activa cuando las condiciones ambientales son adversas (Valtueña, 2003).
Si bien, la ingeniería genética ha llevado a cabo la producción de innumerables productos transgénicos con beneficios para la salud, también se ha desarrollado en el campo de la producción animal ya que se ha desarrollado una mejoría en la calidad proteica de la alfalfa. A la cual se le introdujo un gen de la maravilla que codifica secuencia de aminoácidos azufrados, mejorando los parámetros productivos (Reyes & Rozowski, 2003).
Aunque se han descrito una serie de efectos benéficos a los alimentos modificados genéticamente, también hay una serie de riesgos a los que podríamos estar expuestos con este tipo de alimento, siendo el principal fundamento de organizaciones ecologistas que rechazan el consumo y utilización de este tipo de producto (Reyes & Rozowski, 2003).
Dentro de los efectos negativos que pueden generar por el consumo de alimentos modificados genéticamente se puede nombrar el desarrollo alergias, la resistencia a los antibióticos, perdida y modificación del valor nutricional de los alimentos, presencia de compuestos toxicos, aparición de enfermedades nuevas y no tratables, además del daño causado a las especies silvestres de plantas (Reyes & Rozowski, 2003).
Históricamente las proteínas presentes en los alimentos causan reacciones de hipersensibilidad en personas susceptibles, por lo que los genes introducidos para la creación de alimentos genéticamente modificados pueden codificar para proteínas que causen alergias en algunos grupos poblacionales. Es por esto que la Food and Drug Administration de Estados Unidos exige rigurosos procedimientos para la evaluación del potencial alegénicos de los productos transgénicos (Reyes & Rozowski, 2003).
Este punto representa uno de los mayores temores del consumo de este tipo de alimentos; esto debido a que se postula que al utilizar bacterias u otros microorganismos resistentes a un antibiótico determinado puede transmitirse luego de la ingesta de los alimentos transgénicos, por lo que se dificultaría el tratamiento de ciertas patologías. Sin embargo, aun no hay evidencia contundente que compruebe este suceso (Reyes & Rozowski, 2003).
Es necesario recordar que alimentos tradicionales también pueden presentar toxinas o factores antinutricionales. Pero, si la concentración de estos elementos es mayor en los alimentos modificados genéticamente, estos no podrían ser comercializados; aunque algunos alimentos transgénicos presentan niveles menores e incluso exentos de toxinas (Reyes & Rozowski, 2003).
Si bien, existe una serie de factores negativos relacionados con los alimentos transgénicos, no existe en la actualidad evidencia científica que respalde la teoría de que el consumo de alimentos modificados genéticamente desarrolle algún tipo de enfermedad o daño a largo plazo (Reyes & Rozowski, 2003).
A nivel mundial, los cultivos transgénicos han aumentado y se han concentrado considerablemente. Un caso excepcional es que el 90% de los cultivos transgénicos en el mundo están representados por cultivos de 4 especies diferentes: Granola, soya, algodón y maíz (Martinez, 2006).
Si bien, los consumidores son libres de elegir el consumo o no de productos de origen transgénico, no pueden percatarse del ingreso indirecto que hacen estos a sus dietas. Esto se debe a que los cultivos anteriormente nombrados son utilizados principalmente para alimentación animal, cuya carne, leche, huevos, etc. son consumidos constantemente por toda la población. Sin contar productos como chocolates, helados, aceites, cervezas, bebidas, etc. que contienen elementos transgénicos (Martinez, 2006).
Efectos negativos de los transgénes sobre el ecosistema
La biodiversidad comprende la abundancia d especies vivientes en un hábitat, así como la variación genética presente en cada una de ellas, por lo que se considera un patrimonio a conservar; ya que las activididades del ser humano dependen de la biodiversidad. Es importante tener en cuenta que la agricultura es la actividad que mayor efecto tiene sobre la biodiversidad, y el uso de cultivos transgénicos se señala como una de las mayores causas de su reducción. Esta reducción de biodiversidad se produce debido a que hay una pérdida gradual de identidad genética de las variedades vegetales localmente adaptadas; estas especies locales poseen una amplia base genética por lo que debería evitarse que se crucen con cultivos transgénicos, los cuales poseen una base genética mucho más estrecha y pobre (Cantamutto & Poverene, 2003).
Como se nombró anteriormente, el gran riesgo que se corre con el cultivo de este tipo de productos es el denominado “Escape de transgenes”; es decir, genes transgénicos pueden considerarse un riesgo o peligro potencial para los ecosistemas como fue descrito anteriormente.
Si bien, la alteración de la biodiversidad es un tema preocupante, no es el único punto a tener en cuenta; debido a que el hecho del escape de un transgén resistente a herbicidas puede generar que especies silvestres se transforme en “supermalezas”, con una capacidad exacerbada de invasión (Cantamutto & Poverene, 2003).
Mitos sobre el uso de alimentos transgénicos
Anteriormente se nombraron los efectos negativos asociados al consumo de alimentos transgénicos, algunos de los cuales se pueden considerar como mito, por lo que es totalmente relevante analizar una serie aseveraciones:
“Los transgénicos provocan resistencia a los antibióticos”
Como se mencionó anteriormente, esta afirmación es científicamente muy discutible. Esto se basa en que la incorporación de un gen no implica que este sea funcional en especies distintas a la que sirve con receptora del transgén. De aquí es que se deduce que la posibilidad de que estos genes se incorporen al propio material genético humano no es real, como irreal sería que al consumir productos convencionales, estos hicieran traspaso de sus genes a nuestro genoma (Fernandez, 2006).
Aun así se recomienda eliminar todos aquellos genes que presenten resistencia a antibióticos como marcadores de selección en plantas transgénicas. Actualmente, si hay presencia de marcadores para este tipo de genes, incluso si estos son totalmente inocuos para la salud del consumidos, genera una disminución en la aceptación pública del producto (Fernandez, 2006).
“Los transgénicos provocan alergia y cáncer”
En teoría, el hecho de introducir una proteína exógena a un organismo puede generar una reacción de rechazo inmunológico por parte del sistema inmunológico, lo cual se puede llevar a cabo de la misma manera con todos los demás alimentos de origen vegetal y animal no transgénicos (Fernandez, 2006).
Como se mencionó anteriormente, los alimentos transgénicos deben cumplir con una serie de requisitos estrictos, similares a los requeridos para la comercialización de medicamentos; es por estos controles estrictos que ya fue sacada del mercado una soya transgénica que incluía una proteína procedente de la nuez brasileña para suplir sus déficit de metionina; esta proteína de la nuez tenía un gran potencial inmunológico, por lo que fue retirada del mercado. Mientras que en cuanto al cáncer, aun no hay estudios contundentes (Fernandez, 2006).
“Los investigadores no controlan la tecnología hasta el punto de predecir sus resultados”
En teoría este punto tiene razón, ya que los científico integran los genes al azar dentro del genoma del vegetal que recibe el transgén, pero en la actualidad se estudian técnicas para integrar genes en regiones precisas del cromosoma mediante el uso de recombinación homóloga, para lo cual se usan cloroplastos (Fernandez, 2006).
“Los alimentos ya no saben como los de antes porque son transgénicos”
Este problema no tiene nada que ver con la ingeniería genética, y se relaciona principalmente con la creciente necesidad de alimentar a un número creciente de personas, lo que ha generado una modificación de los ciclos de cosecha y recurrir a soluciones agrícolas diferentes a las tradicionales. Y muchos de los productos a los cuales se les atribuyen estas frases, no tienen componentes transgénicos aprobados para su cultivo (Fernandez, 2006).
“Los vegetales transgénicos pueden hibridar con vegetales silvestres y afectar la biodiversidad”
La potencial diseminación de organismos genéticamente modificados mas allá de sus barreras espaciales o más allá de sus límites como especie cultivada es una opción que realmente se debe tener en consideración.
Para frenar este posible peligro es que se está desarrollando la manipulación genética de cloroplastos. Estos organelos subcelulares se caracterizan por desafiar las leyes mendelianas de la herencia, al ser transmitidos exclusivamente por la línea materna, lo que permite una disminución notable del riesgo de trasmisión de los transgenes al ambiente por medio de la polinización cruzada (Fernandez, 2006).
Sistema regulatorio en Chile
En Chile, la Resolución N° 1927 de 1993 sobre Normas y Regulación de Liberación de Transgénicos (Servicio Agrícola y Ganadero, Ministerio de Agricultura) actualizada por la N° 1523 de 2001, autoriza la entrada de semillas transgénicas para multiplicación con fines de exportación. Las instituciones encargadas de velar por el cumplimiento de las normas regulatorias son el Servicio Agrícola Ganadero (SAG), y el Ministerio de Salud (MINSAL). Próximamente, el Ministerio de Medio Ambiente, nuestra nueva institucionalidad ambiental, también estará involucrado en estos procesos (ChileBio, 2010),
En el sector silvoagropecuario, el Ministerio de Agricultura ha autorizado la multiplicación de material vegetal genéticamente modificado de propagación (semillas), previa evaluación caso a caso y cumpliendo las medidas de bioseguridad establecidas por la autoridad competente. Después de una serie de modificaciones realizadas a la normativa desarrollada en el país desde el año 1992, fecha de la primera solicitud de internación, actualmente son tres las resoluciones que regulan los OGM en el sector silvoagropecuario, las que se señalan a continuación:
La Resolución Exenta Nº 1523 del año 2001, que establece normas para la internación e introducción al medio ambiente de organismos vegetales vivos modificados de propagación (OVVM). La normativa para OVVM de propagación abarca: importación; multiplicación en campo; cosecha; exportación de la producción, medida de resguardo para los remanentes, subproductos y desechos (SAG, 2001).
La Resolución Exenta Nº 3970 del año 1997, que establece autorización para consumo animal de maíz GM con modificaciones para resistencia a insectos (Bt), a glufosinato de amonio (Basta) y a glifosato (Roundup) (ChileBio, 2010).
La Resolución Exenta Nº 3136 del año 1999, que establece normas generales de bioseguridad para los productos farmacéuticos de uso veterinario desarrollados mediante procesos biotecnológicos y que contienen OGM (ChileBio, 2010)
Por otro lado, la Ley de Bases Generales del Medio Ambiente (Ley N° 19.300/1994)), establece, entre otras materias, el Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), señalando los proyectos y actividades que deben ser evaluados a través de dicho sistema y, su Reglamento (Decreto Supremo N°95/2001), determina como uno de los criterios que define si se debe realizar un estudio de impacto ambiental, la introducción al territorio nacional, o uso, de organismos modificados genéticamente. Los proyectos o actividades que ingresan al SEIA son los que se consideran de gran envergadura (mega proyectos o actividades), dentro de los cuales no está considerado el cultivo agrícola (ChileBio, 2010).
Normativa vinculada a OGM en Chile
A principios del 2007, en el marco del Reglamento Sanitario de los Alimentos, se dictó la Norma Técnica Administrativa sobre incorporación a nómina de eventos biotecnológicos en alimentos de consumo humano (Norma n°83), la que pretende el adecuado registro en una nómina de productos y componentes asociados a los alimentos que hayan sido originados por medio de la biotecnología moderna. Es decir, se pretende generar una lista de alimentos GM evaluados y autorizados para consumo humano, para la eventualidad que se apruebe el consumo de estos alimentos en Chile (ChileBio, 2010).
Con el objeto de asegurar condiciones de inocuidad y características nutricionales, se determinó un procedimiento basado en el conocimiento científico actualmente aceptado, homologado con los Principios y Directrices de la Comisión del Codex Alimentarius para alimentos obtenidos por medios biotecnológicos (ChileBio, 2010).
Estas normas establecen la responsabilidad del Instituto de Salud Pública como organismo evaluador, el que deberá recomendar al Ministerio de Salud incorporar o no un determinado evento a la nómina, se basa en el trabajo de un comité que deberá evaluar diferencias y similitudes entre un alimento genéticamente modificado y su homólogo convencional. Entre las dimensiones nutricionales y de inocuidad a evaluar, se debe determinar toxicidad, efectos agudos, alergenicidad y efectos a largo plazo (ChileBio, 2010).
En nuestro país, el Ministerio de Agricultura propone políticas sectoriales sobre los organismos genéticamente modificados (OGM), por su parte, el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), es el organismo facultado para regular los OGM; mediante la aplicación del Decreto de Ley Nº3.557/82, de Protección Agrícola, y sus modificaciones Ley Nº 18.755/89, Ley N° 19.558/98 y Ley N° 20.161/07. El SAG, a través de la Resolución Exenta Nº699 del año 2005, crea el “Comité Técnico de OGM y su Secretaría Técnica”, entidad encargada de realizar análisis de riesgos caso a caso (ChileBio, 2010).
Dentro de las funciones del SAG se encuentra el establecimiento de 1) la cantidad de material de propagación autorizado de importar, 2) lugar específico del país donde se multiplicará la semilla, 3) medidas de bioseguridad y 4) destino de los remanentes y/o subproductos (ChileBio, 2010).
Funciones del SAG:
1.- Autorización para internar e introducir al medio ambiente organismos vegetales vivos de propagación modificados genéticamente. Se lleva a cabo un proceso de análisis de riesgo caso a caso que permita concluir la introducción de un alimento transgénico al país no conllevará efectos adversos al medio ambiente.
2.- Autorización de lugar de acopio de organismos vegetales vivos modificados. Este punto tiene como fin la mantención de los materiales transgénicos bajo condiciones de bioseguridad y controlar los volúmenes que entran al país.
3.- Inscripción de semilleros de organismos vegetales vivos modificados. Estos semilleros deben inscribirse ante el SAG para que esta institución lleve a cabo labores de fiscalización del cumplimiento de condiciones de bioseguridad establecidas caso a caso para la multiplicación del material.
En sus inicios, la introducción de alimentos transgénicos tenía como principal objetivo apalear la hambruna que azotaba al mundo. Lo contradictorio de este punto es que los principales dueños de plantaciones con productos transgénicos son las grandes transnacionales, quienes ocupan los principales productos de este origen, como la granola, maíz, trigo y algodón para alimentación animal, y por ende, la gran mayoría de la población de escasos recursos no puede tener acceso a este tipo de productos. Debido a este monopolio, el gran riesgo es que solo se comercialicen productos de interés global o para los países desarrollados, dejando una gran parte de la población mundial fuera de este sistema comercial. Es por esto que es fundamental el rol de los gobiernos de países en vías de desarrollo para la inversión en investigación para el desarrollo de productos de interés local, buscando una relativa independencia tecnológica.
Actualmente no hay estudios científicos que avalen la utilización o rechazo hacia los alimentos transgénicos, por lo que es totalmente fundamental realizar un estudio de riesgos caso a caso, y no generalizar a todos los productos.
Hay muchos puntos referidos a las características de los alimentos transgénicos donde se crea un amplio debate en cuanto a estos; ya que por una parte, los defensores de los alimentos transgénicos promueven su uso por la gran productividad que se puede lograr, sumado a los altos estándares de calidad obtenidas por estos medios, mientras que los detractores establecen dentro de muchos puntos, el prejuicio que traerían al consumidor, sin dejar de lado el grave daño que se crea al medio ambiente, llegando a alterar la biodiversidad de las poblaciones locales. Los cultivos convencionales se caracterizan por poseer una amplia rica diversidad genética, lo cual se comienza a perder al integrar transgenes.
Respecto a la situación en Chile existe un marco regulatorio bastante específico, en donde el Ministerio de Agricultura ha autorizado la multiplicación de material vegetal genéticamente modificado de propagación (semillas), previa evaluación caso a caso y cumpliendo las medidas de bioseguridad establecidas por la autoridad competente.
CANTAMUTTO, M.; POVERENE, M. 2003. Cultivos transgénicos en Argentina: Mitos y realidades. REDES, 10 (20): 171-181.
CHILE. MINISTERIO DE AGRICULTURA. 2001. Resolución Núm. 1.523 exenta. 6 Julio de 2001.
CHILEBIO. 2010. Realidad en Chile: Resolución. [en línea] <http://www.chilebio.cl/regulacion.php>. [Consulta: 15-06-2010]
FERNANDEZ, F. 2006. Vegetales Transgénicos: Mitos y Realidades desde una perspectiva técnica. Rev. Fitotec. Mex. Vol 29 (2): 95-102.
MARTINEZ, R. 2006. Transgénicos: Mitos y Realidades. Rev. Ciencias Sociales 111-112: 23-26.
REYES, S.; ROZOWSKI, J. 2003. Alimentos transgénicos. Rev. Chil. Nutr. 30 (1).
VALTUEÑA, J. 2003. Los alimentos transgénicos: ¿solución o problema?. OFFARM, 22 (4): 78-82.
VIDAL, R. 2009. Alimentos transgénicos, de la mano de la ingeniería genética. [en línea]
< http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/sociedad-y-consumo/2001/08/14/350.php> [Consulta: 07-06-2010].
Todos los alimentos que consumimos deberían ser transgénicos”

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