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Timestamp: 2018-01-20 05:47:13+00:00

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LOS ACUERDOS DE REFINANCIACIÓN EN EMPRESAS CON RIESGO DE INSOLVENCIA EN EL MARCO DE LOS PROCEDIMIENTOS CONCURSALES - PDF
LOS ACUERDOS DE REFINANCIACIÓN EN EMPRESAS CON RIESGO DE INSOLVENCIA EN EL MARCO DE LOS PROCEDIMIENTOS CONCURSALES
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Miguel Ortíz Herrera
1 51B LOS ACUERDOS DE REFINANCIACIÓN EN EMPRESAS CON RIESGO DE INSOLVENCIA EN EL MARCO DE LOS PROCEDIMIENTOS CONCURSALES María Mercedes Carro Arana Doctora en Ciencias Económicas y Empresariales Profesora Titular de Escuela Universitaria de Economía Financiera y Contabilidad Francisco Sousa Fernández Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales Profesor Asociado de Economía Financiera y Contabilidad UNIVERSIDAD DE CANTABRIA Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Departamento de Administración de Empresas Área Temática: A) Valoración y Finanzas Palabras Clave: Refinanciación, Empresas Viables, Procedimientos Concursales, Real Decreto-Ley 3/2009,Reforma Insuficiente de la Ley Concursal
2 LOS ACUERDOS DE REFINANCIACIÓN EN EMPRESAS CON RIESGO DE INSOLVENCIA EN EL MARCO DE LOS PROCEDIMIENTOS CONCURSALES Resumen Con este trabajo nos planteamos como objetivo esencial analizar los cambios introducidos por el Real Decreto-Ley 3/2009 de 27 de marzo en la Ley Concursal, en concreto, los relacionados con los acuerdos de refinanciación preconcursales en las empresas viables con problemas de insolvencia. Además, también queremos poner de relieve otros aspectos relativos a los acuerdos de refinanciación durante el concurso de acreedores, en particular, ante la negociación del convenio, que en nuestra opinión, debiera haber contemplado también dicho Real Decreto, para que así al aplicar la Ley Concursal se puedan alcanzar con éxito los objetivos previstos en los supuestos de concurso de empresas viables. 2
3 1. INTRODUCCIÓN Cuando una empresa se encuentra en situación de insolvencia inminente, en el sentido que contempla la Ley Concursal de no poder atender en un futuro inmediato las obligaciones de pago corrientes, pero a la vez está convencida de la viabilidad del negocio, lo habitual es que se intenten negociar acuerdos de refinanciación con las entidades financieras, bien para alargar el plazo de vencimiento de los créditos existentes, o para ampliar u obtener nuevos créditos que permitan la rehabilitación empresarial sin la necesidad de acudir a un procedimiento concursal. Por su parte, las entidades financieras, ante una situación de incertidumbre provocada por la crisis económica que estamos atravesando, se muestren reticentes y cautelosas a otorgar cualquier tipo de financiación, y en caso de concederla intentan reforzar las garantías para el cobro de los fondos prestados, máxime ante empresas que puedan entrar en concurso y la falta de protección con que son tratadas estas operaciones en la Ley Concursal. En este sentido, interesa resaltar que reciben la denominación de operaciones de refinanciación preconcursales aquellas que se producen en una situación temporal anterior a la declaración del concurso de acreedores, y se denominan de refinanciación porque atienden a modificaciones de la financiación preexistente a la declaración concursal. Dicha refinanciación puede consistir normalmente en la posibilidad de alargar el plazo de pago de los créditos vigentes, a la ampliación del nominal de los mismos, a la obtención de nuevos créditos, a la agrupación de créditos existentes en otros nuevos por mayor importe, junto con las correspondientes modificaciones de las garantías que los avalan en cada caso. El problema que se plantea ante este tipo de operaciones de refinanciación estriba en que si la empresa es declarada en concurso, existe la posibilidad de que las mismas puedan ser rescindidas o anuladas mediante las denominadas acciones de reintegración previstas en los artículos 71 a 73 de la Ley Concursal, consistentes en restituir o dejar como estaban los activos y pasivos correspondientes, con los efectos que se puedan derivar para las partes afectadas. La consecuencia práctica de dicha regulación legal hace que las entidades de crédito no quieran correr el riesgo de no poder recuperar la financiación concedida, y que además se puedan derivar responsabilidades para ellas. Así, por una parte, existe el riesgo de no cobrar de la empresa financiada porque su situación de insolvencia se vea agravada y no pueda pagar sus deudas. De otra, podemos estar ante el riesgo de que finalmente la empresa deba solicitar el concurso de acreedores y que estos créditos puedan ser calificados de créditos concursales, lo que podría llevar a mermar su cobro por la sujeción a un convenio de quita y espera, que es lo más habitual en los supuestos de continuidad de los procedimientos concursales, pudiendo alcanzar un 50% de reducción en los cobros y de 5 años de espera, e incluso superar dichos límites si el juez lo autoriza. También cabe la posibilidad de que estos créditos puedan ser calificados como subordinados, que son los últimos en cobrar en el concurso de acreedores, ya que antes deben satisfacerse el resto de los créditos, y si finalmente la empresa quiebra lo más frecuente es que no cobren nunca. Además, aunque sea menos habitual, puede darse el caso de que en estas operaciones se apreciara mala fe, o que el concurso sea calificado de culpable y las entidades financiadoras puedan resultar responsables y condenadas a devolver los bienes o derechos obtenidos indebidamente del patrimonio del deudor, y a indemnizar por los daños y perjuicios causados. 3
4 Por otro lado, hemos de tener en cuenta que la problemática que estamos describiendo afecta ya a un número significativo de empresas. Así, de acuerdo con la información estadística del INE, los procedimientos concursales habidos en el 2008 ascienden a 2.902, lo que representa el triple que el año 2007, y para el año 2009 se prevén Estas cifras dan idea de lo que puede suponer el impacto de los concursos en la economía, no sólo en los niveles de productividad sino también en el número de parados que pueden generar, máxime cuando los que acaban en liquidación superan el noventa por ciento de los tramitados. Como ya indicamos, en el contexto de crisis generalizada que estamos viviendo, las entidades financieras se muestran más cautelosas y reticentes, exigiendo mayores garantías para realizar operaciones de crédito, en particular, si se está ante una posible insolvencia del solicitante. Paralelamente, para las empresas con problemas de insolvencia pero viables, uno de los aspectos decisivos para conseguir su reflotamiento pasa por la obtención de crédito de las entidades financieras. En definitiva, existe una disfunción entre las necesidades financieras de las empresas con problemas de insolvencia y los criterios restrictivos que rigen en las entidades financieras para otorgar crédito, en particular, ante las múltiples trabas que se pueden presentar para el cobro a las empresas incursas en procedimientos concursales. Ante esta situación, el Gobierno ha ido adoptando diferentes medidas que puedan paliar las graves dificultades financieras de muchas empresas. En este sentido, cabe destacar la aprobación del Real Decreto-Ley 3/2009 de 27 de marzo, que entre otras normas, modifica la Ley Concursal. Con esta reforma se han modificado diferentes aspectos de dicha Ley, entre los que cabe destacar lo relacionado con las operaciones de reintegración, en concreto, desafectando determinadas operaciones de refinanciación, que analizaremos en nuestro trabajo. Consideramos que estas modificaciones no son suficientes ya que se hace necesaria una reforma en más profundidad de la Ley Concursal en el contexto de grave crisis económica en el que nos encontramos, pero al menos, las mismas contemplan ciertas medidas que contribuirán a paliar algunos de los problemas de insolvencia que en estos momentos afectan a gran número de empresas. Por todo ello, nos planteamos como objetivo esencial de nuestro trabajo analizar los cambios introducidos por el Real Decreto-Ley 3/2009 de 27 de marzo en la Ley Concursal, en concreto, los relacionados con los acuerdos de refinanciación preconcursales en las empresas viables con riesgo de insolvencia. Asimismo, queremos poner de relieve otros aspectos relativos a los acuerdos de refinanciación durante el concurso de acreedores y, en particular, ante la negociación del convenio, que en nuestra opinión, debiera haber contemplado también dicho Real Decreto para que de este modo al aplicar la Ley Concursal se puedan alcanzar con éxito los objetivos previstos en los supuestos de concursos de empresas viables. 2. REINTEGRACIÓN Y REFINANCIACIÓN EN LA LEY CONCURSAL La Ley Concursal en su artículo 71 prevé la posibilidad de rescindir los actos perjudiciales para la masa activa realizados por el deudor dentro de los dos años anteriores a la fecha de la declaración del concurso de acreedores, aunque no hubiese existido intención fraudulenta. Esto significa que pueden ser anuladas operaciones realizadas por el deudor en los dos años que preceden a la fecha de declaración del concurso, entre las que cabe destacar los 4
5 acuerdos de refinanciación que hemos referido en la Introducción, tales como la ampliación de créditos, la obtención de nuevos créditos, la ampliación del plazo de vencimiento o de las garantías otorgadas por la empresa para la obtención de los mismos. Estas operaciones financieras podrían considerarse actos perjudiciales si produjesen una merma para la masa activa, como sería el caso de tener que atender el pago de las mismas produciendo un perjuicio en la generalidad de los acreedores; todo ello, incluso sin que hubiera existido intención fraudulenta, y máxime cuando ésta exista. En este sentido, la Ley Concursal contempla tres supuestos de perjuicio patrimonial. El primero, sin admitir prueba en contrario, se refiere a los actos de disposición a título gratuito, salvo las liberalidades de uso, y de pagos u otros actos de extinción de obligaciones cuyo vencimiento fuere posterior a la declaración del concurso. El segundo, hace referencia a las disposiciones a título oneroso realizadas a favor de alguna de las personas especialmente relacionadas con el concursado, así como a la constitución de garantías reales a favor de obligaciones preexistentes o de las nuevas contraídas en sustitución de aquéllas. El tercero, se corresponde con los actos no comprendidos en los dos supuestos anteriores, en cuyo caso, el perjuicio patrimonial deberá ser probado por quien pretenda ejercitar la acción rescisoria. Por todo ello, ciñéndonos al objetivo esencial de nuestro trabajo, se cuestiona si hay perjuicio patrimonial para la masa activa como consecuencia de determinadas operaciones de refinanciación realizadas en los dos años anteriores a la declaración del concurso, en los siguientes casos: Ampliación de los créditos existentes, por obtención de otros nuevos o por alargar el plazo de vencimiento, con el fin de evitar entrar en concurso y, en consecuencia, retrasar de modo artificial la insolvencia. Extensión de garantías hipotecarias o pignoraticias por nuevos créditos o por unificación de contratos respecto de créditos originalmente no garantizados o garantizados en menor cuantía. Con respecto a dichos posibles perjuicios para la masa activa en las operaciones de refinanciación negociadas con entidades financieras, resulta reveladora la Sentencia del 12 de mayo de 2007 del Juzgado de lo Mercantil nº 1 de Madrid, al establecer que si bien es una finalidad calificable inicialmente de legítima, no puede ocultarse que pierde legitimidad cuando se realiza ante un escenario de más que probable insolvencia del deudor, a sabiendas de que el aseguramiento en el cobro de una cantidad irá en detrimento del cobro de otros créditos cuyos titulares carecen de la capacidad de exigir la constitución de garantías. Dicha resolución añade que la actuación de la entidad financiera que participa en este tipo de refinanciación puede ser calificada de mala fe, puesto que siendo conocedora de la delicada situación del deudor, propicia garantizarse la recuperación de su crédito en perjuicio del resto de acreedores. Un caso parecido fue el que se planteó con la conocida inmobiliaria en concurso Martinsa- Fadesa en un acuerdo de refinanciación firmado con un importante grupo de bancos, en el que la Administración Concursal solicitó la anulación de parte del acuerdo por considerarlo perjudicial para la masa activa. La Resolución señalada anteriormente, así como otras que hayan podido dictarse en un sentido análogo, ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las operaciones de refinanciación, 5
6 incluso cuando no ha habido mala fe, sino un esfuerzo por contribuir a solventar los problemas derivados de la falta de la financiación de empresas viables; lo que tal como hemos referido, supone una clara asunción de riesgos por parte de las entidades financieras. De este modo, se está demostrando que la Ley Concursal, en su redacción previa a la aprobación del Real Decreto-Ley 3/2009, no contribuye a paliar los efectos de la crisis financiera por la que están atravesando las empresas, ya que produce un efecto disuasorio en las entidades de crédito privadas y públicas para que den su apoyo a empresas que se encuentran en situación de posible insolvencia, sobre todo si ésta se muestra de forma inminente. No estamos sino ante una contradicción, dado que en la exposición de motivos de la propia Ley Concursal, el concurso se concibe como una vía resolutoria de los problemas de insolvencia, invitándose incluso a las empresas con falta de medios de pago en un futuro próximo -insolvencia inminente-, a la solicitud del procedimiento concursal, como instrumento jurídico que mediante un convenio de quita y/o espera permita a la empresa viable llegar a un acuerdo con sus acreedores para pagar las deudas y acabar con la situación de insolvencia. Esta finalidad preventiva de la Ley Concursal contrasta con la posibilidad de que puedan rescindirse aquellas operaciones de refinanciación que tuvieron por objeto evitar el concurso, y no solo declarar la ineficacia del acto de dichas operaciones, sino también hacer responsables a las entidades financieras de los daños y perjuicios causados a la masa activa, obligando a éstas en dicho supuesto, a resarcir a la masa activa de los mismos. Así, tal como tendremos oportunidad de analizar más adelante, el Real Decreto Ley 3/2009, ha delimitado de manera más adecuada el concepto de acuerdo de refinanciación, el perjuicio y las presunciones y excepciones, regulando de este modo de forma más satisfactoria para las entidades financieras los efectos de dichas acciones rescisorias. Por otra parte, las fuentes de financiación de las empresas insolventes que les permitan atender las deudas pueden provenir de ampliaciones de capital y otras aportaciones de los socios, de la generación de recursos de la propia empresa y del acceso al crédito, sin perjuicio de otras alternativas a la resolución de problemas financieros como son las fusiones, absorciones u otras formulas de concentración y escisión empresarial, por otra parte poco frecuentes en las empresas medianas y pequeñas. Pero hemos de tener en cuenta que los dueños o propietarios diligentes y responsables de empresas en concurso muestran, en muchos casos, patrimonios individuales embargados incluso en declaración de concurso de la persona física además de la empresa persona jurídica de la que son propietarios. La generación de recursos, obviamente debe contribuir al pago de las deudas atrasadas además de las nuevas que se van generando en la actividad, pero normalmente resulta insuficiente para atender las obligaciones de pago a sus vencimientos. Tal como hemos referido, el problema de la refinanciación se plantea en empresas que podemos calificar de rentables y, por tanto, viables o merecedoras de mantener su continuidad. Pero en la situación actual, los concursos se han producido en cadena con un efecto dominó. Hay clientes que no pueden pagar porque a su vez se encuentran en una situación financiera crítica, incluyendo las entidades públicas como los Ayuntamientos y otros organismos dependientes de las Comunidades Autónomas o de la Administración Central del Estado. Cuando otras vías financieras se agotan o son insuficientes, una de las alternativas principales que pueden contribuir a la reestructuración y financiación de las empresas son las entidades de crédito tanto privadas como públicas, pero también es preciso tener en cuenta 6
7 que en estos momentos muchas de ellas si no se encuentran al borde del colapso, están atravesando por una situación dificultosa para suministrar liquidez a las empresas. Aún teniendo en cuenta estas limitaciones, las entidades de crédito desempeñen un papel relevante para el sostenimiento de las empresas viables, en particular, en países como España, en el que como resulta conocido las empresas en su inmensa mayoría acuden para su financiación a la banca y no al mercado de capitales. No cabe duda que cuando la empresa es viable su continuidad beneficia a todos, no solo por el mantenimiento de los puestos de trabajo, sino también por su contribución a la creación de riqueza. Además, ha quedado comprobado en la práctica que se logran los mayores índices de cobro de los acreedores, objetivo prioritario de la Ley Concursal, precisamente cuando se está ante empresas que se mantienen y no cuando se liquidan. Por todo ello, la mayor parte de la doctrina ha venido poniendo de manifiesto la necesidad de llevar a cabo una reforma de la Ley Concursal en diferentes aspectos, entre los que resulta de la mayor transcendencia, una nueva regulación de la refinanciación de las empresas en crisis y de las acciones de reintegración y sus efectos, para que de este modo las entidades financiaras cuenten con incentivos para colaborar con las empresas en situación de insolvencia. Sin embargo, tal como tendremos la oportunidad de poner de manifiesto, dicha reforma ha contribuido a solventar sólo parcialmente esta situación. 3. REINTEGRACIÓN Y REFINANCIACIÓN EN LA LEY CONCURSAL TRAS LA REFORMA INTRODUCIDA POR EL REAL DECRETO LEY 3/2009 El reciente Real Decreto Ley 3/2009 se aprobó con la finalidad esencial de solventar algunos de los problemas que hemos descrito con anterioridad. Así, en su exposición de motivos, se señala en primer lugar que las modificaciones contenidas en el presente Decreto- Ley pretenden facilitar la refinanciación de las empresas que puedan atravesar dificultades financieras que no hagan ineludible una situación de insolvencia. Esta norma tiene como finalidad esencial tanto evitar la necesidad de que las empresas tengan que entrar en concurso como los efectos nocivos que para las entidades de crédito se puedan derivar de la interpretación literal de la Ley Concursal, en concreto, de determinadas acciones de reintegración y sus efectos. Dicha norma ha introducido una mejora sustancial regulando el concepto, el contenido y los requisitos relativos a los acuerdos de refinanciación preconcursales. Sin embargo, se ha limitado a regular los mismos, sin contemplar la protección de las entidades de crédito en los acuerdos de refinanciación, que puede ser necesaria para las mismas durante la tramitación de los concursos, en particular, en la negociación del convenio. En concreto, el artículo 8 de dicho Real Decreto-Ley, ha modificado diferentes aspectos de la Ley Concursal, que interesa destacar. En primer lugar, cabe señalar que se ha introducido el concepto de Acuerdos de refinanciación, anteriormente sin definir, a través de la inclusión de una nueva Disposición Adicional Cuarta en dicha Ley, al establecer que tendrán la consideración de acuerdos de refinanciación los alcanzados por el deudor en virtud de los cuales se proceda al menos a la ampliación significativa del crédito disponible o a la modificación de sus obligaciones, bien mediante la prórroga de su plazo de vencimiento, bien mediante el establecimiento de otras contraídas en sustitución de aquéllas. Tales acuerdos habrán de responder, en todo caso, a un plan de viabilidad que permita la continuidad de la actividad del deudor en el corto y el medio plazo. 7
8 Asimismo, se establece que en caso de concurso, los acuerdos de refinanciación, y los negocios, actos y pagos realizados, así como las garantías constituidas en ejecución de tales acuerdos, no estarán sujetos a la rescisión prevista en el artículo 71.1 de la Ley Concursal, siempre que cumplan los siguientes requisitos: a. Que el acuerdo sea suscrito por acreedores cuyos créditos representen al menos tres quintos del pasivo del deudor en la fecha de adopción del acuerdo de refinanciación. b. Que el acuerdo sea informado por un experto independiente designado por el registrador mercantil del domicilio del deudor conforme al procedimiento establecido en los artículos 338 y siguientes del Reglamento del Registro Mercantil. El informe del experto contendrá un juicio técnico sobre la suficiencia de la información proporcionada por el deudor, el carácter razonable y realizable del plan en las condiciones definidas para los acuerdos de refinanciación, y la proporcionalidad de las garantías conforme a las condiciones normales de mercado en el momento de la firma del acuerdo. c. Que el acuerdo se formalice en instrumento público, al que se unirán todos los documentos que justifiquen su contenido, incluido el cumplimiento de los requisitos anteriores. Del mismo modo, el Real Decreto Ley 3/2009 hace que los acuerdos de refinanciación pactados en los dos años anteriores al concurso no sean anulables si la empresa entra en concurso, siempre que se hubiera cumplido cuando se alcanzaron dichos acuerdos con el contenido de la referida definición de Acuerdos de refinanciación y los anteriores requisitos a, b y c. Finalmente, en dicho Real Decreto, se contempla también que declarado el concurso, sólo la Administración Concursal estará legitimada para el ejercicio de las acciones de impugnación contra estos acuerdos de refinanciación. Sin embargo, en la anterior redacción se contemplaba también la posibilidad de que los acreedores que hubieren instado por escrito a la Administración Concursal pretendiendo la impugnación de alguna acción, quedaban legitimados para ejercitarla si dicha administración no lo hacia dentro de los dos meses siguientes al requerimiento. 4. UNA REFORMA INSUFICIENTE DE LA LEY CONCURSAL No cabe duda que esta nueva regulación contribuirá positivamente a dar mayor seguridad jurídica a las entidades financieras que realicen acuerdos de refinanciación en los términos establecidos en la nueva regulación. No obstante, la reforma concursal ha dejado varios extremos sin precisar, que pueden dar lugar a discrepancias con los consiguientes problemas que pueden sobrevenir derivados de su interpretación: - No se establece la cuantía para que pueda ser considerada una operación de refinanciación como no rescindible. Se hace mención a una ampliación significativa, por lo que resulta evidente la indefinición. Consideramos que debiera especificarse la misma dada la transcendencia de estas operaciones en la Ley Concursal. En este sentido, algunos borradores de reforma concretaban la cuantía en ampliaciones con un mínimo del 20% sobre los créditos existentes. - Por otra parte, tampoco se indican los límites de la prorroga que puede ser admitida en los créditos contraídos, por lo que del mismo modo entendemos que debieran quedar especificados los mismos ante la importancia de estas operaciones. - Con respecto a la modificación de las obligaciones y atendiendo a la prórroga del plazo de vencimiento, no se especifica si se refieren a deudas vencidas o no vencidas. En este 8
9 sentido, algunas propuestas de reforma señalaban prorrogar las garantías un mínimo de tres años para las garantías vencidas. - Asimismo, no se hace referencia a la necesaria regla de proporcionalidad entre la ampliación de las garantías y la ampliación de los créditos. - Se establece que el acuerdo de refinanciación tiene que permitir la viabilidad en el corto y medio plazo, y en la legislación mercantil no queda definido el medio plazo, por lo que resulta también un término impreciso que debiera haberse aclarado. - Por otra parte, no se regula el protocolo o procedimiento del acuerdo de refinanciación. La reforma se limita a decir que deberá documentarse en escritura pública. Se debiera haber especificado los contenidos mínimos de dicho documento. - En lo que se refiere al plan de viabilidad entendemos que debe ser acorde con el establecido en la Ley Concursal para la presentación de determinadas propuestas de convenio, pero tampoco se especifican los contenidos mínimos que debieran incluirse en el mismo. - La reforma, aunque se refiere a la reestructuración de las empresas que se encuentren en crisis financiera, pero puedan ser viables, realmente no regula acuerdos de reestructuración sino únicamente los acuerdos de refinanciación. Se trata, por tanto, de una regulación parcial del problema de las empresas en crisis. - Otra omisión importante recae sobre la publicidad que debe darse a los acuerdos de refinanciación. Parece lógico pensar que puesto que dichos acuerdos deben ser suscritos sólo por una parte del pasivo, en concreto, por los tres quintos del pasivo del deudor, para que se consideren acuerdos de refinanciación; entendemos que deberían ser conocidos por los restantes acreedores mediante publicidad adecuada y suficiente. - En relación con la necesidad de suscripción del acuerdo por tres quintos del pasivo del deudor, dado que no excluye a acreedores especialmente relacionados con el deudor y, en general, a los que se denominan créditos subordinados, en distintos foros de opinión como se señala en REFORD (2009), puede dar lugar a malas prácticas de generación previa de pasivo para alcanzar el porcentaje exigido. - Por otra parte, en esta nueva regulación se ha perdido la oportunidad de definir lo que son los actos ordinarios de la actividad profesional o empresarial del deudor realizados en las condiciones normales a que se refiere el artículo º de la Ley Concusal, donde se hace referencia a que en ningún caso podrán ser objeto de rescisión los mismos. Además de las cuestiones señaladas, deben tenerse en cuenta algunos problemas generales colaterales a los acuerdos de refinanciación como son los siguientes y que no han sido previstos en dicho Real Decreto-Ley. El riesgo de que durante el acuerdo de refinanciación, determinados acreedores aprovechen el conocimiento de la situación de insolvencia por la que atraviesa la empresa para solicitar la declaración del concurso necesario. Asimismo, existe el riesgo de que ante estos acuerdos de refinanciación acreedores ventajistas puedan llevar a cabo ejecuciones singulares. Llama la atención que la regulación de esos acuerdos no lleve aparejada la paralización de las ejecuciones singulares que los acreedores pudieran ejercitar, lo que indudablemente podría hacer fracasar los mismos, tal como ha señalado Rojo Fernández-Río (2009) en el Primer Congreso Español de Derecho de Insolvencia. 9
10 Aún teniendo en cuenta este conjunto de limitaciones, como ya hemos señalado, no cabe duda que esta reforma supone un avance sobre la situación de la regulación inicial de la Ley Concursal, introduciendo mayores garantías para incentivar acuerdos de refinanciación. Sin embargo, los problemas de financiación de las empresas concursadas no se reducen a los acuerdos de refinanciación preconcursales sino también a los acuerdos que puedan necesitarse durante el concurso. Debe tenerse en cuenta que durante el concurso y, en particular, ante la gestión y negociación de los convenios, es habitual la búsqueda de refinanciación en las entidades de crédito que permita respaldar un convenio. Parece lógico pensar que en situación concursal ninguna entidad financiera esté dispuesta a conceder crédito sin unas garantías mínimas de cobro, máxime cuando la aprobación de un convenio, por sólido que pueda parecer, no garantiza el reflotamiento de una empresa, y en situación de liquidación, la experiencia demuestra que los créditos que no gozan de privilegios en el orden de prelación de sus cobros difícilmente consiguen satisfacer el importe de los mismos. Sin embargo, con la finalidad de proteger o premiar a las entidades financieras para que puedan contribuir al reflotamiento de la empresa, no se ha contemplado ningún tipo de regulación de medidas que puedan contribuir a incentivar, o al menos a no disuadir de su apoyo a las empresas en concurso que puedan resultar viables. En cierto grado estas consideraciones constituyen medidas complementarias a los acuerdos de refinanciación preconcursales que permitirían ayudar a la rehabilitación de las empresas concursadas con posibilidades de continuidad. Así, en nuestra opinión debiera de introducirse en el artículo 100 de la Ley Concursal, relativo al contenido de la propuesta de convenio, que los acuerdos de refinanciación formales que cumplan los requisitos del Real Decreto-Ley 3/2009, y se pacten con el concursado para financiar un plan de viabilidad u otros planes necesarios para atender las necesidades corrientes y del concurso de empresas viables, si finalmente la recuperación fracasa o la empresa entra en liquidación, los correspondientes créditos debieran gozar de privilegio especial en el cobro, ya que de otro modo difícilmente habrá entidades dispuestas a financiar empresas en concurso de acreedores, por muy viables que puedan resultar. 5. CONCLUSIONES Las operaciones de refinanciación, antes de llegar a una situación concursal o una vez declarado el concurso, son fundamentales para contribuir a solucionar los problemas de las empresas con dificultades financieras pero que son viables, precisamente en estos momentos en los que ante la grave crisis económica que atravesamos, la cifra de empresas concursadas crece exponencialmente, acabando la inmensa mayoría de ellas en liquidación, con la consiguiente destrucción de riqueza y puestos de trabajo. Por ello, el Gobierno debe fomentar y proteger estas operaciones de refinanciación de las empresas viables antes del concurso y durante la tramitación del mismo, que supongan la correspondiente reforma en la Ley Concursal. En este sentido, la reciente aprobación del Real Decreto-Ley 3/2009 aunque ha venido a subsanar algunos de los problemas derivados de las operaciones de reintegración de la masa activa contempladas en la Ley Concursal, en concreto, los denominados acuerdos de refinanciación preconcursales; se muestra insuficiente. Esta insuficiencia se pone de manifiesto, por un lado en la falta de rigor terminológico y precisión de sus contenidos, y de otro, en la ausencia de una regulación que pueda evitar la 10
11 declaración del concurso necesario durante el periodo de duración de los acuerdos de refinanciación, así como la falta de regulación para paralizar las ejecuciones individuales de los acreedores, que podrían hacer fracasar el acuerdo. En consecuencia, consideramos necesario que la reforma complete la nueva regulación con aquellos extremos imprecisos y la prohibición de que los acreedores insten el concurso e inicien ejecuciones individuales mientras se negocia el mismo. Por otra parte, dicho Real Decreto-Ley únicamente contempla los acuerdos de refinanciación preconcursales, pero debieran también de haberse regulado los acuerdos de refinanciación durante el concurso y, en particular, ante las negociaciones para llevar a cabo una propuesta de convenio en empresas viables. Esta regulación debiera de contener garantías para proteger los créditos de las entidades financiadoras, de tal modo que si finalmente la concursada entra en un proceso de liquidación, estos créditos gocen de privilegio especial en el cobro, ya que de otro modo difícilmente habrá entidades dispuestas a financiar empresas en concurso de acreedores por muy viables que puedan parecer. En definitiva, consideramos insuficiente la reciente reforma de la Ley Concursal para afrontar con eficacia las crisis empresariales, en particular, en lo que corresponde a los acuerdos de refinanciación. Podemos concluir diciendo que la reforma se ha limitado a modificar aquellas cuestiones que el Gobierno ha considerado más urgentes, obviando otras complementarias a las modificaciones introducidas, imprescindibles también para alcanzar con eficacia los objetivos pretendidos por la Ley Concursal en una época de crisis económica como la actual. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE DERECHO DE LA INSOLVENCIA, AEDIN (2009): Primer Congreso Español de Derecho de la Insolvencia, los Problemas de la Ley Concursal. Gijón 16, 17 y 18 de abril. INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICA INE (2009): Estadística del Procedimiento Concursal, período JEFATURA DEL ESTADO (2003): Ley 22/2003, de 9 de julio, Concursal, (BOE núm. 164, de 10 de julio de 2003), Madrid (2007): Ley 16/2007, de 4 de julio, de reforma y adaptación de la legislación mercantil en materia contable para su armonización internacional con base en la normativa de la Unión Europea. (BOE núm. 160, de 5 de julio de 2007), Madrid (2009): Real Decreto-Ley 3/2009, de 27 de marzo, sobre medidas urgentes en materia tributaria, financiera, y concursal ante la evolución de la situación económica, (BOE núm. 78, de 31 de marzo de 2009), Madrid. JUZGADO DE LO MERCANTIL Nº 1 DE MADRID (2007): Sentencia de 21 de mayo de 2007, nº de autos 690 /2006, Madrid. REGISTRO DE ECONOMISTAS FORENSES, REFOR (2009): Comentarios y observaciones al Real Decreto-Ley 3/2009, Boletín nº 453 de 22 de abril, Madrid. ROJO FERNÁNDEZ-RÍO, A. (2009): Los convenios preconcursales, Primer Congreso Español de Derecho de Insolvencia, Gijón. 11
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Carlos Pavón. Socio Director del Departamento Jurídico de IURE Abogados.
derecho mercantil Preconcurso como método para evitar el concurso de acreedores Carlos Pavón. Socio Director del Departamento Jurídico de IURE Abogados. Toda situación de insolvencia, ya sea ésta actual

References: Real Decreto 
 artículo 71
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 REAL DECRETO 
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 artículo 8
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 artículo 100