Source: https://www.slideshare.net/lauramadre/quiere-y-podras
Timestamp: 2019-09-15 07:36:28+00:00

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1. ¡QUIERE, Y PODRAS! Cultivo y empleo De la Voluntad Omnipotente William W. ATKINSON
2. 2 ¡QUIERE, Y PODRAS! Cultivo y empleo De la Voluntad Omnipotente Trascrito por Eduardo José Peláez Peláez
3. 3 CAPÍTULO PRIMERO ¿QUÉ ES LA VOLUNTAD? Análisis del término. – Definición, según las principales autoridades. – Definición de la Nueva Psicología. No existe forma de actividad mental tan universal en sus manifestaciones visibles como la que lleva el nombre de Voluntad y, por otra parte, no hay nada tan generalmente mal comprendido y tan poco comprendido como la Voluntad. Cuando nos ponemos a considerar la naturaleza de la Voluntad, nos encontramos frente a un cúmulo de definiciones, teorías y creencias. En efecto, casi puede asegurarse que para todos y cada uno de los individuos la palabra Voluntad tiene una significación diferente o una diferente gradación de significación. Pregúntese uno a sí mismo lo que quiere expresar cuando dice “la Voluntad”, y pregúntelo después a unas cuantas personas; se sorprenderá cuando vea cuán grandemente varían las respuestas y definiciones. Hemos procurado evitar en lo posible toda disquisición filosófica en esta serie de libros sobre la Nueva Psicología, pero nos encontramos de vez en cuando frente a ciertas circunstancias en las que es preciso que establezcamos una clara inteligencia con nuestros lectores en lo referente a la significación de algunos términos; y, para tal objeto, nos es necesario analizar estos términos y considerar la opinión de las mejores autoridades sobre el asunto. Y este curso es especialmente necesario en el caso del término que tenemos entre nosotros: La Voluntad. ¿Qué es la Voluntad? Dejando a un lado las concepciones filosóficas de la Voluntad, en el sentido de una universal actuación mental, como indican Shopenhauer, von Hartmann, Nietszche y otros, y limitándonos estrictamente a la aceptación psicológica de la palabra, consultaremos las principales autoridades. Un reputado diccionario americano define la “Voluntad” como la determinación o elección de un ser provisto de autoridad; “poder discrecional, mandato, decreto”; asimismo la llama el “poder arbitrario, disposición o autoridad”; también la define como la fuerte determinación o inclinación, deseo, intención, disposición, afecto y asimismo como lo que deseamos o queremos fuertemente, cuando se tiene mucha voluntad. La misma autoridad da la siguiente nota concerniente al significado filosófico de la voz: “La palabra Voluntad, se usa por lo común en dos sentidos: 1.° El poder mental, que capacita a la persona para escoger entre dos cursos en acción.
4. 4 2.° El actual ejercicio de este poder. Algunos razonadores separan estas dos fases, llamando a la primera voluntad y a la segunda volición”. La voluntad, en este limitado sentido, es el poder o facultad mental por la cual, de dos o más deseos o cursos de acción dados, se escoge uno desechando otro u otros. Hasta qué punto este poder de selección es arbitrario o resultado de la necesidad, ha sido, durante siglos, objeto de encarnizadas controversias. La división de los poderes mentales según nos ha llegado de la antigüedad, y la aceptada preferentemente por los filósofos, eran la de los poderes que pertenecían a la inteligencia y los que pertenecían a la voluntad. Reid adopta esta división, aun cuando no la encuentra enteramente lógica: “Bajo la Voluntad – dice – comprendemos nuestros poderes activos y todo cuanto conduce a influir o encaminar la mente a que actúe, tal como el apetito, las pasiones y los afectos.” Brown considera esta clasificación del todo ilógica, entendiendo que la voluntad no es en modo alguno opuesta a la inteligencia, sino que ejerce en el departamento intelectual un imperio casi tan extenso como el que se atribuye a ésta. “Nosotros razonamos – dice ­, y planteamos e inventamos, por lo menos tan voluntariamente como amamos u odiamos, esperamos o tememos. El término Poderes Activos usado por Reid es sinónimo de Voluntad.” Con objeto de que se vea con mayor amplitud la confusión en el uso de esta palabra, consideraremos las definiciones de la misma autoridad, del término usado como verbo. “Determinar por un acto de elección; formar un deseo o volición; ejercitar un acto de la voluntad; desear, querer; ser voluntario, consentir; decidir, ordenar; formar la volición de...; tener una intención, propósito o deseo de...; entender; enunciar o expresar un mandato o instrucción autoritaria a...; dirigir; ordenar; deseo o pretensión de producir o causar; estar ansioso por...” Omitimos otras definiciones especiales; pero creemos que las expuestas son suficientes para dar una idea de la confusión que naturalmente ha de resultar de los muchos y variados usos del término, la totalidad de los cuales han sido aceptados por buenas autoridades. El “Diccionario de Filosofía y Psicología”, de Baldwin, dice de la Voluntad: “El uso del término “Voluntad” es tan variado que es imposible extraer de la Historia ninguna significación exclusiva. Tres usos poseen su propio valor, por la razón de estar asociados con los diferentes puntos de vista desde donde se mire el asunto. La misma autoridad, en concordancia, procede a considerar el término desde el punto de vista de estos tres respectivos usos, en la forma siguiente:
5. 5 “1.° El punto de vista de Conación, término que se define como “los elementos teóricos de la conscientividad demostrándose en tendencias, impulsos y deseos y actos de Volición. Estática en su forma más general, la Conación es inestable. Existe cuando y en tanto que un presente estado de conscientividad tiende, por su intrínseca naturaleza a desarrollarse en algo.” 2.° El punto de vista de un Estado Intermedio que empieza por la Conación, o termina con la Volición, o “aquella organización Conativa de la cual es la Volición el término y fin” (usando la palabra “fin” en el sentido de “cumplición”). 3.° El punto de vista de la Volición, término que se define como Adopción por la mente de una resolución psíquica, adopción de un fin (o cumplición) conducente a un acto o acción.” Después de errar por y a través del laberinto de tentativas filosóficas y psicológicas para definir y analizar la Voluntad, los pensadores meticulosos prueban a salir del paso del mejor modo posible, y luego, considerando lo que encuentran en sí mismos respondiendo al nombre de Voluntad, llegan a la conclusión de que la Voluntad, como la encuentran en sí mismos, se compone de tres fases o modos de ser, que son: 1.° La fase de “faltar” o “querer” poseer una cosa o tener una cosa. 2.° El peso del “necesitar” y “no necesitar” concerniente a la cosa; el balance de lo “necesitado” con “otras necesidades”, que también se encuentran dentro de nosotros; la deliberación de si la cosa es digna de lo que cuesta, y la final decisión resultante del peso y balance. 3.° La Acción producto de semejante necesidad, peso y balance y decisión. Estas tres fases pueden denominarse: 1.° Deseo­Voluntad. 2.° Voluntad Decisiva. 3.° Acción­Voluntad. Estos términos son crudos; pero expresan cumplidamente los tres escalones que se encuentran en todas las manifestaciones de lo que llamamos Voluntad. Recomendamos se tenga presente esta clasificación. La nueva escuela filosófica, representada por William James y otros que sustentan similares ideas, ponen singular atención en la fase de la voluntad que hemos denominado Acción­Voluntad. En sus obras de texto, el rasgo o fase de “Acción”, está recalcado. James dice:
6. 6 “Deseo, pretensión y voluntad, son estados mentales que conoce todo el mundo, y no existe definición que pueda hacerlas más claras. Deseamos sentir, hacer o tener una multitud de cosas que en el momento no sentimos, hacemos o tenemos. Si con el deseo va el sentido de que la obtención no es posible, pretendemos sencillamente; pero si creemos que, a la postre, la victoria es nuestra, queremos que el sentimiento, posesión o acción deseados, lleguen a la realidad; y la realidad es inmediata, o en el acto de manifestar la voluntad o después de ultimar ciertos preliminares... Todos sabemos lo que es saltar de la cama en una fría mañana de invierno y sin el consuelo de una estufa, y cómo todos nuestros principios vitales protestan contra tal procedimiento. Probablemente muchas personas habrán demorado durante más o menos tiempo el heroico esfuerzo discutiendo el pro y el contra de la resolución. Pensamos que será ya tarde, que sufrirán los deberes del día; decimos: “Es preciso levantarse; esto es escandaloso, etc.”; pero la caliente camita es altamente deliciosa, el frío exterior desagradable y punzante y la resolución se desvanece, y la vamos posponiendo una vez y otra, precisamente cuando nos creemos en el momento de vencer la resistencia y efectuar el hecho culminante. ¿Cómo obramos en semejantes circunstancias? Si puedo generalizar por mi experiencia individual, la mayor parte de las veces obramos sin ninguna lucha ni decisión. Encontramos, de pronto, que hemos de levantarnos. Llega un afortunado lapso de conscientividad; olvidamos el calor y el frío; caemos en cualquier disquisición mental relacionada con los menesteres de la labor cotidiana, en el curso de la cual brota la idea en nuestra mente: “¡Arriba, basta la pereza!”, idea que en este feliz momento no despierta sugestiones paralizadoras o contradictorias, y por consiguiente produce inmediatamente su apropiado efecto motor. Era nuestra aguda conscientividad del calor y el frío durante el período de lucha lo que paralizaba nuestra actividad y conservaba nuestra idea de levantarnos en la condición de pretensión y no de voluntad. En el momento en que estas ideas accesorias cesan, la idea original produce sus efectos”. Halleck, siguiendo la misma corriente de pensamiento, dice: “La Voluntad se relaciona con la acción. Es preciso que el lector tenga presente este hecho, por complejo que parezca el procedimiento... Vemos que la Voluntad está restringida a ciertas especies de acción. Desde la cuna al sepulcro, jamás somos pasivos recipientes de nada; en otras palabras, jamás estamos privados de la actividad de la Voluntad, en el más alto sentido del término. ¿Cómo distinguiremos entre sentimiento y voluntad? La línea de demarcación no sería más exacta que la que existe entre el Océano Atlántico y el estrecho de Davis. Decíamos, durante nuestro estudio de la percepción y sensación, que los varios poderes mentales obran con semejante unísono, que sería harto difícil separar exactamente los unos de los otros. La dificultad es particularmente grande en la separación de sentimiento y voluntad, porque, frecuentemente, no parece que exista solución de continuidad entre los dos procedimientos. Para marcar estos poderes tenemos la ayuda de dos series de experiencias: 1.° Algunas veces experimentamos sentimientos de los cuales no resulta acción marcada. Se evaporan, no dejando huella en el mundo de acción. 2.° Nos sentimos angustiados y doloridos por los pobres y enfermos, y abandonamos nuestras comodidades, quizás en un día tempestuoso, para socorrerlos.
7. 7 “Es cosa clara que en este caso existe un elemento adicional en la segunda experiencia. Este elemento es la Voluntad, que no estaba activamente presente en la experiencia primera. Pudo haber existido allí el germen; pero no la plena florescencia. Dondequiera que haya en una emoción un elemento motor que tienda a manifestarse en acción, este elemento es la Voluntad. Cuando me siento malhumorado y regaño, o contento y acaricio, el regaño y la caricia son el resultado de un peculiar y activo poder que llamamos Voluntad. En algunas emociones el elemento voluntario puede ser tan débil que escape a toda observación; pero el germen está allí”. La Nueva Psicología está de acuerdo con la antes mencionada escuela de psicología académica, que sostiene que la esencia de la Voluntad está en el Actuar y Hacer. La Acción es la razón para la Voluntad; su Explicación Ultimada.
8. 8 CAPÍTULO II DESEO­VOLUNTAD Definición del Deseo y sus sinónimos. – Confusión del Deseo con la Voluntad. – Su diferenciación. – Deseo subconsciente y superconsciente. – Cultivo y estímulo del Deseo. Hemos visto que el primer significado del término “Voluntad”, o sea la primera fase de la manifestación de la Voluntad, de acuerdo con el punto de vista, es el llamado Deseo­ Voluntad. En un sentido, el Deseo es uno de los significados de la Voluntad; en otro, es una de las tres fases o manifestaciones de la Voluntad. El Deseo, como la Voluntad, es objeto de muchas definiciones. En el uso vulgar, el deseo es una emoción, ansiedad o excitación de la mente dirigida hacia la obtención, goce o posesión de algún objeto del cual se espera placer, provecho o recompensa; una viva pretensión, ansía o aspiración por una cosa; lucro, apetito, pasión; pretender, querer o aspirar, etc. Crabbe ha dado las varias gradaciones de significación de los sinónimos de Deseo: El deseo es imperioso, exige una recompensa; la pretensión es menos vehemente, y consiste en una fuerte inclinación; el ansía es una impaciente y continuada especie de deseo; la ambición es un deseo por lo que está fuera de nuestra mano; la codicia es un deseo por lo que pertenece a otro o él puede proporcionarnos; deseamos o ansiamos lo que tenemos a nuestro alcance o dentro de la probabilidad; pretendemos y codiciamos lo que es más remoto o más alejado de la probabilidad; ambicionamos aquello que hemos poseído alguna vez; una persona decontentadiza pretende más de lo que posee; el que está en tierra extraña ansía por su país natal; el hombre vicioso ambiciona los placeres que le son negados; el avaro codicia riquezas. “Estos matices de significación no son más que fases variadas del sentimiento de faltar algo”, que es la esencia del Deseo. La palabra Voluntad se usa algunas veces para expresar Deseo en su fase de pretensión, gusto, etc.; diciéndose que “él quiere” hacer o tener la cosa; o en el sentido de que ”le place” hacer o tener la cosa. Del propio modo un fuerte deseo es llamado frecuentemente “querer”, probablemente a causa de su intensidad, y porque la acción de la voluntad sigue tan de cerca al deseo, que los dos parecen confundirse y ser uno solo. En las apariencias exteriores existe realmente muy escasa distinción entre un fuerte, ardiente y activo deseo y la manifestación de la voluntad, porque la última brota en respuesta a la primera, y parece
9. 9 una parte suya mejor que un efecto resultante. Con frecuencia se dice que una persona “que ha conseguido su voluntad”, significando que ha cumplido su deseo o remediado la “falta de algo”. Pero un ceñido análisis hará distinguir siempre las dos fases de Deseo­Voluntad y Acción­Voluntad en todas las manifestaciones de la Voluntad, aun cuando la fase intermedia, o Voluntad­Decisiva, no sea aparente. Es preciso siempre una falta de “consciente, subconsciente o superconsciente, antes de que responda la acción”. El Deseo y la Voluntad no pueden estar divorciadas en las activas manifestaciones de la Voluntad. Verdad es que uno puede sentir Deseo y no manifestar la Acción­Voluntad; pero nadie jamás abandona la Acción­Voluntad sin la existencia de un deseo precedente en alguna forma o fase, directa o indirecta, próxima o remota. Siendo así, puede comprenderse la importancia de una comprensión y dominio de nuestros Deseos. El Deseo es el gran incitador de la Voluntad, de manera que, si seguimos, estimulamos o restringimos el Deseo, tendremos en nuestras manos el dominio de la Voluntad. El deseo precede a todo acto de la Voluntad; esto es, el Deseo a través de cualquiera de las líneas consciente, subconsciente o superconsciente. El Deseo contiene en sí dos fases o escalones: 1.° el sentimiento; y 2.° la manifestación del llamamiento a la Voluntad. En muchos casos el Deseo no va más allá de la fase del sentimiento, y se contenta con un sentimiento o atracción más o menos vagos hacia el objeto o cosa que ha llamado su atención, y el llamamiento a la Voluntad es débil y no se inicia. En otros casos, el sentimiento excitado nace con tal energía, que la segunda fase, la del llamamiento a la Voluntad para que responda y satisfaga el Deseo, se manifiesta vigorosamente. Este “sentimiento”, naturalmente, será en la dirección de “obtención, goce o posesión de algún objeto del cual se espera placer, provecho o recompensa” o en la opuesta de “huir, rechazar, alejarse de algún objeto en el cual vemos la posibilidad, probabilidad o evidencia de que nos procure dolor, molestia o sinsabor”. Ha de existir siempre un objeto precedente a esta fase de sentimiento del Deseo; esto es, si un objeto es solicitado por la “falta de algo” para su posesión, disfrute o satisfacción, o si por el contrario es un objeto del cual queremos alejarnos. Es una paradoja de psicología que si el Deseo despierta Voluntad, también la Voluntad puede despertar Deseo. Esto es, que, así como el Deseo­Voluntad puede llamar y poner en actividad la Acción­Voluntad, del propio modo la Voluntad­Decisión puede emplear la Acción­Voluntad para que dirija y concentre la atención sobre algún objeto hasta que el interés y el consiguiente Deseo nazcan en la mente. Pero, naturalmente, aún en este caso es necesario que exista alguna forma de Deseo precedente, inspirando a la Voluntad decisiva para que obre así. El interés y la atención manifiestan tendencia a despertar Deseo, y en este sentido, dichos actos mentales pueden ser considerados como condiciones precedentes al deseo, desde el momento en que ellos proporcionan al Deseo los objetos relatados para despertar la fase de sentimiento del último. El interés y la atención pueden ser excitados sin la participación de la Voluntad del individuo, mediante la presentación de objetos exteriores. Pero la Voluntad puede inhibir o destruir la atracción del objeto exterior; o, por el contrario, puede estimularla y desarrollarla dirigiendo la atención y despertando así el interés. Existen numerosos ejemplos de esta acción y reacción en los fenómenos de la Voluntad.
10. 10 Hemos hablado de Deseos subconscientes y superconscientes. El Deseo subconsciente tiene varias causas posibles. Muchos de nuestros deseos subconscientes son el resultado de herencia y de experiencia de la raza. Encontramos sentimientos que nacen en la profundo de su subconscientividad, que nos sorprenden por su insospechada presencia y aparición inesperada. Poseemos innumerables gérmenes de deseo en el gran depósito del subconsciente, que esperan en estado latente la aparición de algún objeto o circunstancia que despierte en ellos el adormecido vigor y los impulsa hacia el campo de la conscientividad en su tentativa de manifestar el segundo escalón del Deseo; la fase del llamamiento a la Acción­Voluntad. De igual modo poseemos varios deseos subconscientes almacenados en el depósito subconsciente a causa de nuestras propias sensaciones y de las sugestiones que hemos recibo de otros o de nosotros mismos, como hemos explicado en el volumen de esta serie sobre “Las Fuerzas Ocultas”. Estos deseos mueven asimismo hacia una manifestación, a la aparición de algún incidente objeto de circunstancias. La mayor parte de nuestros deseos nacen debajo del campo de la conscientividad, habiendo permanecido latentes en el gran depósito de deseos, instintos, inclinaciones y tendencias: la subconscientividad. Los únicos deseos conscientes que poseemos son aquellos que radican en el campo de la conscientividad, por razón de la atracción y excitadora influencia de objetos y circunstancias que puedan despertar en nosotros el “falta de...” o también el “huir de...” En la que ha sido llamada región superconsciente de la mente, el más elevado y más amplio de los campos de mentación, gracias al desenvolvimiento de cuyas facultades vamos evolucionando, existen también muchos gérmenes de Deseo, alguno de los cuales cae ocasionalmente en el campo de la conscientividad, y allí produce extraños sentimientos y llamadas a la Voluntad, ya en el sentido de “falta de...” o bien en el de “huir de...”. Aplicamos a esto el de Arranques Intuitivos y otros nombres similares, y aun imaginamos que son sugestiones de seres de un orden más elevado; pero vienen realmente de nuestras propias elevadas regiones. Dudamos si debemos hablar en este libro de esas cosas, por temor de que se nos acuse de que tratamos de conducir al lector al terreno del trascendentalismo; pero una mención de ellas es necesaria. Estos deseos de las regiones de “arriba” de nuestra mente caminan en el sentido de un sentimiento de “huida de...” o de “dejarlo quieto” más o menos fuerte. En bastantes casos evitamos acciones y hechos peligrosos por escuchar estos avisos de las regiones superconscientes de nuestra mente. Cuando estos sentimientos pertenecen a la especie de “falta de...”, encontramos siempre que son deseos o inclinaciones hacia objetos o cosas de escala elevada, y jamás en la dirección de abajo. Los deseos de arriba siempre son “altos”, y nunca “bajos”. Esta puede ser la prueba para distinguirlos; la piedra de toque que debe aplicarse a los arranques intuitivos. Siendo el Deseo el primer escalón de la Voluntad y precedente a sus actividades, es de gran importancia el que se aprenda a estimular o desechar los deseos, según su naturaleza. Deseos que no proporcionan la más alta satisfacción, el cumplimiento del deber y el merecido goce, deben repelerse. Los deseos que nos lleven a lo que es mejor, deben cultivarse. Un deseo se estimula dirigiendo atención e interés al objeto que la causa, empleando la imaginación en todo el proceso.
11. 11 Insistiendo sobre el papel apropiado, fijando primeramente sobre él la atención y el interés, añadiendo a éste el empleo de la imaginación en el sentido de proporcionar las apropiadas Imágenes Mentales, el deseo acariciado puede medrar en actividad y vigor; y si se persevera en el procedimiento, se pasa sin inconveniente a la segunda fase: la del llamamiento de la Acción­Voluntad. Los deseos pueden restringirse o anularse dirigiendo la atención e interés (ayudados por la imaginación) sobre ideales diametralmente opuestos a aquéllos que se desea cohibir o anular. Reconcentrarse en el contrario; esta es la regla de la Nueva Psicología, donde se encuentra expediente para restringir o inhibir estados mentales de cualquier especie. Si se desea aumentar y desarrollar la Voluntad en una dirección dada, la primera condición es formar el Deseo para la obtención de la cosa. Hágase todo el posible esfuerzo para cultivar el apropiado Deseo; conviértase en hoguera las brasas que arden pobremente en nuestro interior. Debe acariciarse la idea, y estimularla en todo sentido. Para obtener el beneficio de la Voluntad, es preciso tener siempre presente la “falta de...”, y la “falta de...” firmemente, activamente, vigorosamente, constantemente, persistentemente; “falta de...” en un grado que haga necesaria una respuesta de la Voluntad, y que sea afirmativa. Deseo es el fuego que produce el vapor de la Acción­Voluntad. Volvamos sobre nuestros pasos, y procuraremos que los fuegos del Deseo ardan espléndidamente, si queremos conservar el “pleno vapor” de la Voluntad.
12. 12 CAPÍTULO III VOLUNTAD DECISIVA Lo que es la Voluntad Decisiva. – Su modo de obrar. – Cultivo. Considerada la primera fase de la Voluntad, la fase que hemos llamado Deseo­ Voluntad, permítasenos volver nuestra atención a la segunda fase, la fase que hemos llamado Voluntad Decisiva. Esta segunda fase de la Voluntad es la que va incluida en aquella definición de la Voluntad que afirma que la Voluntad es “la determinación o elección de uno provisto de autoridad; poder discrecional, mandato, decreto; gusto discrecional; poder mental, que capacita a la persona para escoger entre dos cursos de acción; la facultad por la cual uno se determina por acto de elección; la facultad por la cual uno decide: la adopción de un fin. Como hemos visto en un capítulo anterior, esta fase de la Voluntad puede considerarse bajo dos aspectos: 1.° Voluntad latente, que consiste en el poder de escoger o decidir entre motivos o deseos opuestos; y 2.° Volición, que consiste en el actual ejercicio del poder. Uno es la posibilidad, el otro, la actualidad; el primero es el estado latente; el segundo, la actividad. Aun cuando esta definición, uso y concepto del término, no son del dominio popular, son precisamente los que los filósofos aceptan firmemente, y en torno de los cuales arde la controversia referente a la “Libertad de Voluntad”. Y si consideramos cuidadosamente la materia, veremos que los filósofos tienen buenas razones para afirmar que en esta fase de la Voluntad – esta fase intermedia – radica el secreto de la Voluntad del hombre. En efecto, sólo a través de los umbrales de esta fase podemos esperar la llegada a alguna clase de inteligencia sobre la Voluntad Ultimada, aun si esto es posible. Todo esto podrá parecer enojoso a los que han tomado este libro en la mano con la esperanza de llegar a lo que para ellos es la esencia del asunto de la Voluntad, cómo desarrollar una Fuerte Voluntad y cómo usarla. Pero semejantes personas encontrarán que solamente caminan a través de una consideración de esta fase de la voluntad. No a través de las metafísicas o filosóficas sutilidades encontraremos lo que buscamos; poco o nada hemos de hacer con esto. Pero a través de la reminiscencia que esta fase nos ofrece con referencia al Ego y “Yo”, encontraremos finalmente el sendero que nos lleve al Poder de la Voluntad. ¡Voluntad Decisiva! ¿Qué significa por éste término? Las autoridades definen la palabra “decisiva” como sigue: “Que posee el poder o atributo de decidir o determinar;
13. 13 conclusivo, final; irrevocable, inalterable; caracterizado por firme decisión o resolución; lo que decide”. La palabra “decidir”, en su original significado, implica el acto de “cortar”, o separación. En su sentido ordinario significa: “Determinar; sentar; hacerse el ánimo”. Las palabras son generalmente en el sentido de una terminación o conclusión mental de algo puesto a la consideración, un “dejar de lado” de una cosa, cuando se trata de las desechadas. Y en el poder del individuo para dejar de lado, seleccionar y determinar ininteligentemente, y luego mantener la decisión, radica la fuerza de la Decisiva Voluntad individual. En las formas inferiores de la vida, y en el caso de muchos hombres, existe un uso muy limitado de esta Voluntad Decisiva. La mente de semejantes criaturas y personas posee muy poca capacidad para esta facultad, si podemos llamarla así. El deseo usurpa su lugar y la decisión se toma inmediatamente y en el mismo lugar, por el más fuerte o más apremiante deseo, que vence al más débil. La inteligencia o la razón desempeñan una parte muy pequeña en semejantes decisiones. El deseo más próximo y más fuerte gana la partida. Como reza el axioma psicológico, el grado de deseo depende de la cantidad de placer o dolor relacionada con la idea. El placer menor es sacrificado por el mayor; el dolor mayor es descartado en favor del menor, de acuerdo con la ley que nos impela escoger “del mal el menos”. Pero la perspectiva de espacio y tiempo desconcierta la relativa importancia de estos deseos motores. Proximidad en tiempo y espacio del objeto del deseo, hacen que este deseo sea mayor que algo de igual valor pero más remoto en tiempo y espacio, y el deseo adquiere su grado de fuerza según la aparente importancia de su objeto. Existe siempre la tendencia a vender la primogenitura futura por el plato de lentejas presente, particularmente si ocurre que tenemos hambre. Una peseta hoy, parece tener mayor atractivo que dos pesetas mañana. Las llamadas “diversiones” de la juventud, se compran aun precio exorbitante, pagando intereses usurarios, que han de satisfacerse años después; pero muchos hacen alegremente el alevoso contrato, porque la proximidad del deseo presente obscurece la cuantiosa suma del porvenir.. Un perro chico puesto delante de los ojos parece mucho mayor que la luna llena. Y así, aun cuando es una verdad, como proposición general, que triunfa siempre el deseo mayor, también lo es que los elementos de perspectiva y experiencia intervienen en gran manera en el elemento de fuerza de los deseos, y aquí está trazado uno de los caminos en que opera la Voluntad Decisiva. Pero podrá objetarse: Esta Decisiva Voluntad, en lugar de ser una fase de la Voluntad ¿no es únicamente la facultad de Intelectual Deliberación? La cuestión es pertinente; la distinción nimia. Es indudable que el Intelecto desempeña un papel importante en la decisión; la Voluntad lo utiliza para este propósito. La Voluntad experimenta el sentimiento de la necesidad de decidir, y recurre al Intelecto para que tome parte en la deliberación. Llama también a la Imaginación y a la Memoria, y pide a esta última un memento de las pasadas impresiones, recogidas allá en sus
14. 14 profundidades, usando la Imaginación para representar la posible aplicación de estas experiencias en el presente y en lo futuro. Pero, por el uso de la Atención (el principal instrumento de la Voluntad Decisiva), la voluntad coloca estas imágenes o memorias en el campo de la conscientividad, en tanto que la Inteligencia pesa y compara sus valores; o también los remite al campo subconsciente, frecuentemente acompañados de una demanda de datos más completos. Si la Voluntad Decisiva estuviese ausente, el Deseo­Voluntad pasa inmediatamente a la fase de Acción­Voluntad, según el deseo del momento, siendo la total operación lo que denominamos “impulso”. La variedad de objetos presentados ante la Inteligencia en el curso de la deliberación, depende, naturalmente del equipo intelectual del individuo. Su decisión depende de su capacidad para pesar, medir y comparar. Pero la decisión final es potestativa en la Voluntad Decisiva, juez supremo del tribunal mental, representante de su majestad “Yo mismo” o el “Yo”. Muchos hombres de espléndido bagaje intelectual y sobresaliente criterio, carecen de ese peculiar algo, que capacita a otros para “hacerse el ánimo”. Este “hacerse el ánimo” es el último paso de la deliberación y con frecuencia el más difícil. Es distintamente un acto de la Voluntad. Se cumplimenta fijando firmemente la atención en lo que el juicio ha dictaminado como lo mejor en perspectiva, y luego reconcentrando la atención sobre ello, y desechando los contrarios objetos de deseo y atención, que atormentan al hombre falto de esta Voluntad Decisiva. Muchas personas tienen esta Voluntad Decisiva débilmente desarrollada y les parece cosa imposible “hacerse el ánimo”; prefieren delegar en otros el cumplimiento de esta importante tarea. El polo opuesto, también censurable, es decidir sin la debida deliberación. Lo más sabio es un término medio: liberar cuidadosamente, y luego utilizar la Voluntad para que decida con firmeza. Hoffain nos da una demostración de la voluntad vacilante en Jeppe, uno de sus personajes más populares. Jeppe siente el deseo de tomar una vasito de aguardiente. Tiene bastante dinero para pagar el gasto, pero su mujer se le ha dado para que compre jabón, amenazándole con una paliza si vuelve a casa sin él. Y aquí viene la deliberación. Su paladar apetece el aguardiente; sus espaldas temen la paliza. “El paladar”, dice Jeppe, “me aconseja que beba; mis espaldas dicen que no”. El paladar y las espaldas luchan algún tiempo, pero finalmente Jeppe se interroga, y poniendo toda su atención en el paladar y enviando sus espaldas al campo de la conscientividad, razona en esta forma: “¿No es para mí más importante mi paladar que mis espaldas? ¡Sí! digo yo... Por consiguiente, ¡sí! ... a ello” Y el paladar gana la partida. Una cosa semejante viene a ser el antiguo ejemplo filosófico del mono indeciso. Este mono, hambriento, divisó de pronto dos zanahorias, igualmente atractivas, igualmente grandes e igualmente próximas, sino que una estaba a al derecha y otra a la izquierda; sintiendo el mismo deseo por una que por otra, el pobre mono no acababa de decidir hacia cuál de ellas se lanzaría, y así se mantuvo hasta morir de inanición. De haber poseído Decisión, el mono hubiera dicho: “Las dos son atractivas, son igualmente grandes y están a la misma distancia; es preciso que escoja una u otra, y no pensar en la que dejo”. Y en su consecuencia, hubiese fijado la atención sobre la arbitrariamente escogida, haciéndola suya. Esto no prueba la libertad de la Voluntad, sino que ilustra meramente la labor presente de la Voluntad Decisiva. En el caso de Jeppe, el aguardiente parece menos remoto que el vapuleo. Si Jeppe hubiera visto a su mujer a cierta
15. 15 distancia, u otra mujer cualquiera con un vergajo en la mano, seguramente hubiera cambiado la perspectiva, y las espaldas habrían ganado la partida. La Voluntad Decisiva utiliza la facultad de la atención como su instrumento de la mayor importancia. En el mismo sentido es apta para distraer la atención de objetos e ideas que pueden intervenir en el plan trazado. Esto se denomina Inhibición y es distintamente un acto de la Voluntad. Combinando la Atención Voluntad y la Inhibición Voluntaria, tendremos el procedimiento de la mente que llamamos Concentración, que es una característica del hombre de Fuerte Voluntad, en todos los pasos de la Vida. La Concentración es un foco de las energías mentales, bajo la Voluntad; una dirección de las fuerzas del carácter del individuo sobre cualquier objeto fijo. El genio está formado en gran parte por la Concentración. Hemos visto la parte que desempeña la Voluntad Decisiva, que es el escalón intermedio de la Voluntad, colocado entre el Deseo­Voluntad y la Acción­Voluntad. Nos ocuparemos largamente de la Voluntad Decisiva y de sus atributos en este libro; así que la abandonamos de momento, para entrar en consideraciones sobre la Voluntad en Acción.
16. 16 CAPÍTULO IV ACCIÓN­VOLUNTAD Definición de la Acción­Voluntad. – Características de la Fuerte Voluntad. – El “Freno de la Voluntad”. – Cómo se manifiesta la Acción­Voluntad. Habiendo considerado las dos primeras fases de la Voluntad, conocidas como Deseo­Voluntad y Voluntad­Decisiva, respectivamente procederemos a la consideración de la tercera fase, que hemos llamado Acción­Voluntad. Esta fase puede ser denominada la fase dinámica. Los psicólogos nos dicen que la “Voluntad se compenetra con la acción” al principio, al fin, y en todo tiempo; en la Acción radica la “explosión” de la Voluntad. Podemos desear ardientemente el tener o hacer alguna cosa, y realizar los actos conducentes para tenerla o hacerla; pero, a menos que el deseo y la decisión no se traduzcan en Acción, o a menos que el conato de Acción­Voluntad no sea relegada, faltará siempre la plena manifestación de la Voluntad. La esencia de la Voluntad yace en el actual haciendo. La actitud mental del hombre de Voluntad está representada por su consciente sentimiento de “¡Yo hago!”. No solamente que desea hacer, o que está decidido a hacer, sino que actualmente hace. Los libros de texto sobre Psicología dedican gran espacio y atención al asunto de las “acciones reflejas”, “acciones impulsivas”, “acciones instintivas” y otras acciones no deliberadas de la Voluntad. Estas fases del asunto general son muy interesantes para el aficionado a la psicología científica; pero, en nuestro sentir, pueden pasar con una somera mención en este libro, dedicado principalmente al desarrollo y científico uso de la voluntad, por el individuo, en la vida práctica. Es muy interesante saber por qué nos conmovemos violentamente, por acción refleja, cuando nos repican las costillas con los dedos; y por qué una rana decapitada levanta su pata perforada para desprender el alfiler que la sujeta a la tabla; y por qué nosotros obramos instintiva o impulsivamente en ciertos casos; pero estas cosas tienen muy poco que ver con la educación, ejercicio y desarrollo de lo que los hombres llaman Voluntad­Poder, y su inteligente y adecuado uso. La sola cosa práctica de estos asuntos es el hecho de que, por un acto de la voluntad, el individuo puede restringir o inhibir estos movimientos y actos de la Voluntad, sean reflejos, impulsivos, o instintivos, y establecer otros y nuevos impulsos e instintos por un esfuerzo de Voluntad. La manifestación de Acción­Voluntad que nos concierne principalmente, es la que puede llamarse un resultado de deliberado raciocinio que el Deseo despierta primero, y luego la razón y el juicio pesan, comprueban, consideran y equilibran; después actúan sobre la Voluntad Decisiva, y, finalmente, son puestas en acción por esa peculiar cualidad de la Voluntad que “deja salir” las acumuladas energías de la Acción­Voluntad.
17. 17 Es cierto que todas las ideas de deseo tienen un aspecto motor; esto es, que todas las ideas y todo lo que es afín al deseo o “falta de...”, ejerce un impulso sobre la Acción­ Voluntad, variando el grado y fuerza según las circunstancias, pretéritas experiencias, carácter, etc. Y esto es tanto más cierto, y es asimismo un hecho más importante, cuanto que la mayoría de estos impulsos son corregidos, restringidos o anulados por el ejercicio de los restrictivos poderes de la Voluntad­Decisiva. En los animales inferiores y en los niños pequeños, existe al principio una viva sucesión del deseo al impulso sobre la Acción­ Voluntad y el acto resultante. A medida que el animal o el niño adquieren experiencia, aprenden que su descomedido ejercicio de impulsar la Acción­Voluntad, les ocasiona frecuentemente desagradables y peligrosas consecuencias, y un nuevo plantel de deseos, deseos negativos, nacen y originan lo que llamamos prudencia, cautela o temor. Esto no obstante, la Voluntad Deliberada entra en acción en un pequeño grado, pues en el caso se manifiestan dos grupos de deseos luchando por precedencia y manifestación. La decisiva Voluntad obra como un refrenador de la acción impulsiva. Esta acción inhibitoria de la Voluntad Decisiva se manifiesta en los individuos adelantados por lo que llamamos Dominio de sí mismo. Cuanto más adelantado es el individuo, mayor es el grado de este Dominio, por regla general. La Fuerte Voluntad se evidencia, no solamente en el poder de ejercer una fuerte Acción­Voluntad, sino también en el poder de inhibir enérgicamente la acción no deseada. En efecto, el Dominio de sí mismo y la propia restricción son las características del hombre de Fuerte Voluntad. Si todo deseo o impulso llegara a completarse en acción, el individuo perecería bien pronto víctima de su locura y falta de dominio sobre sí mismo. La persona que posee una fuerte voluntad es apta para restringir un impulso hacia un placer inmediato en pro de alguna satisfacción más intensa, demorada por la distancia en espacio o tiempo. Desprecia la satisfacción menor para alcanzar la mayor; soporta la pena más chica para evitar la más intensa. La Inhibición ha sido llamada el “Freno de la Voluntad”. Es altamente ventajoso adquirir el dominio de estos frenos. James dice, refiriéndose a la inhibición de los impulsos motores: “A medida que avanza la evolución mental, lo complejo de la conscientividad humana se hace mayor, y con ello la multiplicación de las inhibiciones a las cuales está expuesto todo impulso... La inhibición tiene su lado bueno y su lado malo; y si los impulsos de un hombre son en su mayoría ordenados tan pronto como sentidos, si tiene el valor suficiente para sufrir sus consecuencias, y bastante inteligencia para llevarlos a un final satisfactorio, siempre será a favor de su mental organización y ventajoso para el reposo de su cerebro. Los militares más famosos y los revolucionarios más célebres que menciona la Historia han pertenecido a este simple, pero exclusivo tipo de impulsión. Los problemas se hacen difíciles para las mentes reflexivas e inhibitorias. Pueden, es cierto, resolver grandes problemas; y pueden evitar más de una equivocación, a que están expuestos los hombres de impulso. Pero cuando éste no comete equivocaciones, o es hábil para enmendarlas, viene a ser el más atractivo e indispensable de los tipos humanos.” Parécenos que un feliz término medio entre los dos extremos mencionados, sería el ideal de un carácter.
18. 18 Halleck dice, hablando de la inhibición: “La Inhibición solamente hace su aparición con la educación y la experiencia. Los animales, los niños pequeños y los salvajes tienen escaso poder de restricción. Si pisamos la cola de un gato se sucede en el acto la acción acostumbrada. Si herimos los sentimientos de una persona culta, con frecuencia no vemos un signo exterior de su descontento. Si se pone comida delante de un animal, engulle lo que puede y pisotea el resto. Del mismo modo, muchos jóvenes no pueden inhibir su tendencia a malgastar el tiempo y pisotean sus mejores oportunidades. El esfuerzo de una voluntad desarrollada en nada se demuestra tanto como en la inhibición.” La Acción­Voluntad se manifiesta en varias direcciones, que escuetamente pueden clasificarse como sigue: I. Acción en Movimiento Físico.­ Usted siente el deseo de atravesar la sala; usted puede, y probablemente quiere, deliberar un momento sobre la conveniencia de dar el paso para cumplir o satisfacer la “falta de...”; entonces decide usted dar el paso; después delega usted en ese misterio algo que pone en actividad la Acción­Voluntad; y finalmente, atraviesa usted el salón. Del propio modo, yo levanto el brazo, necesito levantarlo; me decido a hacerlo; abro el manantial de acción, y el brazo se levanta. De la misma manera podemos, y lo hacemos frecuentemente, inhibir los movimientos físicos. Decidimos no golpear; no movernos; no hablar. II. Acción de la Dirección del Pensamiento. – Usted pone en operación la actividad mental llamada pensamiento; o, como algunos prefieren, usted dirige y regula la dirección del torrente de pensamiento, conduciéndolo por los canales apropiados y evitando que se desvíe el curso que usted le ha señalado. Del propio modo podemos inhibir e inhibimos pensamientos determinados, apartando la mirada mental de los asuntos desagradables y evitando toda tendencia en esta dirección de manifestación. Bajo la cabecera de pensamiento, pueden incluirse los varios procedimientos de razonamiento, deliberación, juicio, comparación, etc. III. Acción en el Ejercicio de la Atención.­ Usamos la voluntad dirigiendo la Atención hacia cualquier objeto, bien exista en la mente o bien en el mundo exterior, y conservándolo allí. Esta es una de las manifestaciones más importantes de la Acción­Voluntad. En su grado más alto se la llama Concentración, que poseen en escala superior todos los hombres eminentes. IV. Acción en el Ejercicio de la Memoria.­ O sea en traer a la mente los archivados registros de pasadas impresiones. Esta manifestación pone en moción varias actividades mentales subconscientes, tales como la Asociación, etc., que describiremos al tratar de la “Memoria”, y que no necesitamos adelantar aquí.
19. 19 V. Acción sobre las Facultades Mentales Subconscientes. – Esta clase de actividad de la Acción­Voluntad, apenas si está reconocida por los psicólogos ortodoxos; pero forma una importante parte de la instrucción práctica de la Nueva Psicología. Abre un campo de mentación enteramente nuevo, cuyos límites no han sido bien definidos aún. VI. Acción en la Dirección de Excitar o Reprimir el Deseo, las emociones, sentimientos, etc. Esta es la fase de Acción­Voluntad que emplean los hombres que rayan a gran altura. Mientras una naturaleza ineducada permita ser arrastrada por sus deseos, sentimientos y emociones, el individuo bien cultivado los domina, y, o los estimula para aumentar la llama de la acción, o bien los restringe o inhibe con objeto de dejar más libertad y más amplitud a otros más ventajosos. VII Acción en la Dirección de ejercer esa peculiar influencia de la Voluntad­Poder sobre personas, cosas, circunstancias y condiciones, cuyo “poder” está reconocido por todo el mundo como existente y en plena operación, pero que es estudiadamente ignorado por los profesores ortodoxos de psicología en sus obras de texto. Aún cuando omitida en las escuelas académicas, esta fase de la Voluntad se explica en la gran “Escuela de Experiencia”, y se dan cursos superiores de ella en la universidad de Hard­Knocks 1 Aún cuando muchas de las manifestaciones de la Acción­Voluntad pueden parecer ajenas a la clasificación antes expuesta, un pequeño análisis demostrará que estas manifestaciones están compuestas de variaciones o combinaciones de las clases o fases indicadas, en grado variable. 1 Estados Unidos
20. 20 CAPÍTULO V LA VOLUNTAD ULTIMADA ¿Inteligencia o Voluntad? – La Voluntad y el “Yo”. – La Nueva Psicología y la Voluntad Ultimada. Aún cuando hemos resuelto evitar en lo posible el conducir al lector de esta serie de libros a las profundidades de la metafísica o la filosofía, no podemos resistir a la tentación de llamarle la atención, en este punto de la consideración de la Voluntad, sobre el hecho de que existe una escuela filosófica que se aparta de las escuelas más ortodoxas en su concepto de la Voluntad como el capital principio de la mente o de la vida. Las más ortodoxas escuelas de filosofía (si semejante término puede ser usado en esta conexión) reconocen la existencia de la Razón o Inteligencia como la base y el Algo fundamental debajo y detrás de los fenómenos del Ser. Estas escuelas vienen, pues, a afirmar que lo que se llama Voluntad está subordinado a la Razón, a causa de su naturaleza, y que, en su consecuencia, el Ego es racional en su más elevada naturaleza, y volitivo solamente en manifestación secundaria. La heterodoxa escuela de filosofía a que nos hemos referido es conocida como escuela del Voluntarismo, y afirma que el Ser es, en su naturaleza íntima, Voluntad; que la Razón y la Inteligencia se han originado de la Voluntad, con objeto de capacitarla para manifestarse y obrar. En su consecuencia, que el Ego es volitivo en su naturaleza interna; y la Razón y la Inteligencia son usadas por él en forma que su voluntad precede a la Inteligencia en la escala de la Vida, y se encuentra en su plena fuerza desde el principio de ella; que mientras la Inteligencia y la Razón decrecen y se debilitan cuando descendemos en la escala de la vida, la Voluntad mantiene su fuerza e importancia, y es por consiguiente la base y fundamental realidad. Esta escuela sostiene que el objeto de la Inteligencia y de la Razón de la Vida es simplemente desempeñar su papel en esa fase de la Voluntad que hemos llamado Voluntad­ Decisiva; esto es, capacitar a la Voluntad para que use del criterio entre diferentes deseos, objetos de deseo, etc. No llevaremos más adelante el argumento; deseamos tan sólo informar al lector de la existencia de esta idea filosófica. Dejando a los filósofos que ventilen y decidan a su gusto sus opuestos pareceres sobre la respectiva supremacía de la Inteligencia o de la Voluntad – un conflicto en que no hemos tenido ocasión de participar, en este lugar, por lo menos ­, nos vemos obligados, esto no obstante, a admitir que la Voluntad ocupa, verdaderamente, un lugar muy aproximado al Trono del Ser, dentro del Ego. Topamos con personas de limitada inteligencia que poseen un gran grado de deseo y voluntad, esto es, Deseo­Voluntad y Acción­Voluntad en armónica correlación. Observamos esto en niños y muchachos de poca edad; conocen lo que necesitan y lo echan de menos cuando lo necesitan. La única cosa ausente es ese algo
21. 21 que razona, pesa, compara, que hemos llamado Voluntad Decisiva, y es un atributo de la Inteligencia. Pero esta carencia de razonamiento en el niño o en el adulto no quiere decir que éstos no “escojan” en cierto modo, ni que exista en ellos una absoluta ausencia de la Voluntad Decisiva; nada de eso. Al contrario, en semejantes casos se ve muy poca vacilación en la elección de motivos, deseos u objetos; la elección, en su naturaleza, es casi automática, casi un “reflejo”. Esto ocurre a causa de que la elección y su objeto parecen sencillos. Tan solo la mente razonadora es capaz de percibir la complejidad de elección, que no existe para las mentes no razonadoras. En éstas, es una materia de instinto; la Voluntad decide que necesita dos o más cosas, y acuerda tomar o dejar ésta o aquélla. La inteligencia pesa las consecuencias, y el beneficio o daño indirectos, y acordemente basa su acción sobre estas cosas, con el resultado de inhibir la acción sobre el deseo o voluntad. Pero en todos y cualquiera de estos casos, puede verse que la Voluntad está presente en esta operación, aun cuando el Intelecto esté ausente o casi ausente. La Voluntad está, realmente, en el centro del “Yo”; y esto no necesita de teoría filosófica particular para ser demostrado. En efecto, un pequeño análisis de sí mismo, demuestra que en cada uno de nosotros, en nosotros, que estamos considerando esta cuestión como escritor y lectores, la Voluntad está tan íntimamente ligada con el Ego, que es muy difícil (muchos dicen imposible) para nosotros divorciarlos, o distinguir entre ellos. Veamos si esto es cierto. Hagamos un ligero análisis íntimo o exploración mental. En primer lugar, encontramos que no es posible divorciar el “Yo” del sentimiento del Deseo, o la fase de Deseo­Voluntad. Es decir, que somos capaces de hacer una distinción entre el sentimiento y el “Yo”. Podemos decir que “yo siento”, “yo deseo”, “yo quiero”, etc. Comprendemos que este deseo o sentimiento es algo que ocurre en nosotros, pero que no es exactamente el “Yo”. En efecto, es potestativo de nosotros reprimir este sentimiento o causar su aparición mediante el uso de la Voluntad sobre la Imaginación. Así, si nos tomamos la molestia, podremos distinguir entre el Sentimiento y el Sentidor; los dos pueden ser divorciados. Después, ascendiendo el escalón de la Voluntad­Decisiva, consultada la Razón, podemos distinguir igualmente entre el “Yo” y el pensamiento o idea, entre el pensamiento y el Pensador. Podemos darnos cuenta de que, por un acto de voluntad, nos encontramos capacitados para volver la atención en éste o aquél sentido, para usar nuestra inteligencia en ésta o en aquélla dirección, y para invocar ideas, pensamientos, razones, etc. La distinción y divorcio son posibles en esta fase, como en la primera. Pero, cuando llegamos a la tercera fase, experimentamos una nueva dificultad. Nos encontramos con que no podemos emplear la Acción­Voluntad en ningún sentido sin involucrar el “Yo”. No podemos actuar y permanecer aparte; el “Yo” nuestro ha de estar en el acto. Esto es verdad, tanto si es el acto de final acción de decisión sobre las cosas de la Voluntad­Decisiva o razón, como si se trata de la ejecución de algo en respuesta a un deseo o elección. El “Yo” es el algo involucrado en el acto. Véase si no es esto lo que ocurre al lector. La acción puede ser involuntaria, ejecutada por líneas inconscientes, si se quiere; pero es uno el que está involucrado en ello, de todos modos.
22. 22 Así, pues, podemos ver que la Voluntad, en su fase final, es algo muy íntimamente ligado al Ego. Deseo u objetos de deseos internos; Deseo u objetos de sentimientos internos; Razón e Inteligencia obrando como Voluntad­Decisiva; todo esto puede tener y tiene influencia sobre la Acción­Voluntad; pero no está identificado con ella. Cuando la Voluntad y la Razón, o ambas a la vez, incitan a la Voluntad para la acción, somos conscientes de una especie de “dejar ir”, algo del “Yo” dejado en libertad, y la acción resulta. Ese es el acto final de “querer” de la Voluntad, que desafía toda explicación, definición y análisis. Es una cosa ultimada, según todo parecer. A veces somos conscientes del sentimiento de no “dejar ir” la Acción­Voluntad, y lo consentimos casi involuntariamente. Y esto a pesar del más fuerte “falta de...” del Deseo, acompañado del “debiera” o “puedes” de la Razón. ¿Por qué no “dejarnos ir y hacer en estos casos? No podemos dar más respuesta que esta: Porque no tenemos VOLUNTAD para ello. Esto es muy similar al “por qué” de las mujeres. Esta Voluntad final, esta Voluntad Ultimada, es un algo ligado, y muy estrechamente, con la naturaleza íntima de nuestro Ser; el Ego. Y lo que es el Ego, la psicología no nos lo dice, pertenece a un campo de pensamiento ultrapsicológico. La psicología reconoce meramente un Ego, sin ulterior explicación. Y no pudiendo decirnos lo que es el Ego, tampoco puede explicarnos lo que viene a ser esa Voluntad Ultimada; repetimos que son cosas más allá de la psicología, aún cuando solamente los psicólogos más adelantados reconocen este hecho. La Nueva Psicología hace firme hincapié en esta Voluntad Ultimada, esa cosa que deja ir o no deja ir. Sin intentar su explicación, fuera de aseverar que es una de las más altas cualidades del Ego, nos limitaremos a aprender su uso y empleo. Y ella nos enseña que puede aprenderse a dejar ir siguiendo derroteros subconscientes, y ayudarnos grandemente en este inmenso campo de mentación. Existen muchos psicólogos de la antigua escuela que tuercen el gesto a esta idea de la Voluntad Ultimada; pero es un hecho de todos modos, como lo prueba la experiencia de muchos individuos.
23. 23 SEGUNDA PARTE EL PODER DE LA VOLUNTAD CAPÍTULO PRIMERO FUERZA DE VOLUNTAD Usamos de la Voluntad sin darnos cuenta de ello. – Definición y acción del Poder de la Voluntad. Tenemos la seguridad de que el lector, tanto como el autor de este libro, se alegrarán de descender de la fría y enrarecida atmósfera de las elevadas altitudes de la especulación filosófica y la explicación psicológica, a las más modestas regiones de la práctica en el uso cotidiano de la Voluntad; de las regiones en las que la práctica se ve solamente en la penumbra, a las en que la veremos frente a frente. El autor, por lo menos, se felicita de la transición del campo de las palabras al de los hechos. El escalamiento teórico de las montañas es útil y desarrolla los músculos mentales; pero, después de todo, estamos contentos de volver a la tierra firme de la práctica. Estas especulaciones filosóficas, con sus inseparables análisis psicológicos, nos hace recordar a aquel hombre que, en su edad madura, llegó a enterarse de la diferencia que había entre la poesía y la prosa. “¿No es cosa admirable – exclamó – que yo haya estado escribiendo prosa toda mi vida sin saberlo?” Seguramente la educación es una gran cosa. Así, nosotros hemos estado usando la Voluntad toda nuestra vida, y presenciando nuestras manifestaciones en otros, y solamente cuando nos hemos enterado de las teorías y discusión de los filósofos, y la explicación de los psicólogos, nos hemos de dar cuenta de lo que veníamos haciendo, y cómo ocurría todo ello. Como decía Fothergill: “La Voluntad es una materia sobre la cual los metafísicos no han podido decir la última palabra, después de toda la atención que se ha puesto en el asunto; y cuando han llegado a alguna conclusión bien sea de asentimiento o fijeza de disentimiento, el resultado no tenía el menor valor práctico”. “¡Tiene fuerza de voluntad, vaya si la tiene!”, suele decir la madre o nodriza de algún pequeñuelo; como han hecho, como hacen y como harán, los sabios escudriñadores cuando han llegado a una decisión.
24. 24 La Voluntad es “un duendecillo que va detrás de nosotros”, mente, alma, espíritu, voluntad, intangible, algo, revelado a nosotros... ¿cómo?... Jamás vacilamos en el uso de las palabras, ni existe ninguna dificultad para que sean comprendidas por los demás. Cuando una palabra suena en el oído, su sonido no es ni desconocido ni dudoso. Un hombre puede poseer una “mente sólida”, ser “una buena alma” en ambos sentidos, ser un “espíritu amante”; y sin embargo, no ser notable por su poder de Voluntad. Semejante al Dr. Brooke en “Middlemarch”, se le pudiera fundir y vaciar en un molde, y sin embargo no tomar la forma. Un hombre puede estar dotado de gran habilidad, y sin embargo ser un fracaso práctico, porque es irresoluto o le falta fuerza de Voluntad. Al contrario, un hombre puede ser modestamente hábil, y, sin embargo, “ponerse en candelero”, porque posee una firme voluntad. Jorge Elliot ha presentado este contraste de carácter, con su atrevido estilo, en la diferencia, entre Tom Tulliver y su hermana Maggie en su “Mill on the Floss”. Tom es realmente de pocos alcances, tan desposeído de imaginación como pudiera serlo un Dodson; pero es inflexible. Maggie es altamente simpática, posee una activa imaginación y gran capacidad intelectual; pero le falta Voluntad. Puede que sea imposible definir esta Voluntad; pero comprendemos lo que queremos significar cuando hablamos de su presencia o ausencia. La mayoría convenimos con la citada autoridad en su afirmación de que, aún cuando el poder de Voluntad pueda ser de difícil explicación o definición, existe, sin embargo, en diferentes grados de manifestación, y es prontamente reconocida y sus efectos comprendidos. Es un extraño y curioso hecho que esta popular comprensión y uso de los términos Voluntad y fuerza de Voluntad no sean reconocidos por los redactores de diccionarios, que aceptan los usos y definiciones académicas. Se ve uno obligado a buscar otras fuentes para encontrar la definición que busca; la definición de una “cosa” que sabe que existe actualmente y que es común en la experiencia de la raza. No sólo este popular concepto de la Voluntad se emplea conscientemente en la conversación, sino que lo han usado muchos escritores, y algunos continúan usándolo, frecuentemente y sin excusarse. Mientras unos usan el término mismo, otros se contentan con describir las características de la Voluntad, sin mencionar la palabra. Por ejemplo, el bien conocido y frecuentemente citado pasaje de Buxton: “Cuanto más voy viviendo, mayor es mi certidumbre de que la gran diferencia entre los hombres, entre el débil y el poderoso, el grande y el insignificante, es la energía, invencible determinación, el propósito una vez decidido, y después muerte o victoria. Esta cualidad lo es todo en el mundo, y ni el talento, ni las circunstancias, ni las oportunidades, harán, sin ella, un hombre de una criatura humana”, ¿qué es, sino nuestro antiguo y popular amigo, el poder de Voluntad? Marvel describe su manifestación y el empleo cuando dice: “La resolución es lo que pone de manifiesto a un hombre; no forzada resolución, ni creída determinación, ni vago propósito, sino esa fuerte e infatigable Voluntad que desafía dificultades y peligros, como un muchacho desafía la nevada en campo raso; que afirma sus ojos y su cerebro con orgullosa decisión hacia lo inexpugnable. La Voluntad hace gigantes a los hombres.”
25. 25 ¿En qué diccionario ha encontrado este escritor la definición, para el uso de la palabra “Voluntad” Y sin embargo, ¿quién dejará de conocer su significación? Disraeli, que no sólo ha escrito sobre la Voluntad, sino que la poseía plenamente, ha dicho: “He llegado, tras larga meditación, a la conclusión de que un ser humano con un sentado propósito, ha de cumplirlo, y que nada puede resistir a una Voluntad que pone en el trance hasta su propia existencia para realizarlo”. Simpson escribe: “Un deseo apasionado y una invariable Voluntad pueden hacer realizar imposibles, o lo que pudiera parecer tal, a una persona débil o indecisa.” Forster dice: “Es admirable cómo aun las contingencias de la vida parecen inclinarse ante ellas, y que se obstina en la realización de un designio que parecía, en un principio, amenazar con un completo fracaso. Cuando se reconoce un firme y decidido espíritu, es curioso observar cómo se aclara el espacio alrededor de un hombre; proporcionándole lugar y libertad.” Forster usa aquí la palabra “espíritu” en el mismo sentido que otros usan la palabra “Voluntad”. Sustitúyase espíritu por Voluntad, reléase la cita y se verá la similitud.
26. 26 CAPÍTULO II LA RESUELTA VOLUNTAD La resolución o determinación es la base de una firme voluntad. – Hechos y hombres que demuestran esto. – Bernardo Palissy, el prototipo de la Voluntad Resuelta. – Opiniones autorizadas. – La Voluntad es la esencia de todas las cualidades positivas. Lo que llamamos Resolución o Determinación es una prominente característica de la Voluntad Positiva. Esta cualidad está claramente expresada en la palabra “Resuelto”, que significa: “que tiene un fijo e inalterable propósito; determinado; firme; constante: dirección absoluta a un fin determinado”. Napoleón poseía y tenía en gran estima esta cualidad, y solió decir con frecuencia: “La verdadera sabiduría es una resuelta determinación.” Formaba una marcada característica de este hombre extraordinario, y lo demostró en varias ocasiones. Fijaba su mente y atención sobre el deseado propósito, y luego iba derechamente al objeto. Cuando se le dijo que los Alpes opondrían insuperable obstáculo al paso de su ejército, exclamó: “¡Pero si no hay Alpes!” Y procedió para hacer buenas sus palabras. “Imposible”, solía decir, “es un término que sólo se encuentra en el diccionario de los mentecatos.” Como ha dicho un conocido escritor: “El que resuelva sobre la ejecución de una cosa, frecuentemente en virtud de esta resolución, escala las barreras que se oponen a ella, y cumple su propósito. Pensar que somos capaces, es casi serlo; determinar la consecución de algo, es, con frecuencia, conseguirlo. Así, una ardiente resolución parece bastantes veces revestida de un cierto sabor de omnipotencia. Suwarrow era un ejemplo notable de esta cualidad. Su fuerza de voluntad para llevar a cabo lo una vez determinado era portentosa. “El que fracasa sólo quiere a medias”, era una de sus máximas”. Un escritor francés escribió en cierta ocasión estas palabras a un joven por el cual se interesaba: “Está usted en una edad en la que es preciso que tome usted una decisión; si no se resuelve a hacerlo ahora, quizá vaya usted a gemir en la tumba que usted mismo se habrá abierto, sin que le queden energías para apartar la losa.
27. 27 Lo que con más facilidad se hace un hábito en nosotros es la Voluntad. Aprenda usted, pues, a querer fuerte y decisivamente; fije así su fluctuante existencia, y no deje que por más tiempo vaya de aquí para allá como una hoja caída, a merced de todos los vientos.” La Resuelta Voluntad está bien expresada en este versículo de la Escritura Santa: “Donde quiera que pongas tu mano para hacer, hazlo con todo tu poder” Como dice cierto escritor: “El hombre debe su medro principalmente a este activo impulso de la voluntad, que encuentra con dificultad lo que nosotros llamamos esfuerzo, y es asombroso encontrar, frecuentemente, que resultados aparentemente impracticables, se han hecho así posibles. Una intensa aplicación transforma la posibilidad en realidad; a menudo, nuestros deseos no son sino los precursores de las cosas que somos capaces de ejecutar. Por el contrario, el tímido y vacilante lo encuentra todo imposible, principalmente porque le parece así... Es la Voluntad – fuerza de propósito ­ la que capacita a un hombre a ser o hacer aquello que se proponga ser o hacer resueltamente”. La vida de Bernardo Palissy nos proporciona un notable ejemplo de Resuelta Voluntad. Era un pobre muchacho, demasiado pobre para procurarse instrucción. Decía posteriormente: “No tuve más libros que el cielo y la tierra, que están abiertos para todo el mundo”. Se arregló de manera que pudo adquirir algunos conocimientos de pintura sobre cristal; después dibujó; después elementos de lectura y escritura. Estaba pobrísimo y con harta dificultad apenas si podía mantener a su mujer y tres hijos. Se interesó en el arte de esmaltar la loza. Se hizo con todos los conocimientos que sobre la materia se poseía entonces a fuerza de pesquisas e investigaciones. Vio un hermoso vaso italiano, que le indujo a hacer experimentos para descubrir un medio que le permitiera reproducirlo. Inventó y experimentó nuevos métodos, asediado como estaba por la miseria y la falta de materiales para la obra. Era preciso sostener a su familia, y sólo podía dedicarse a su labor durante las horas de descanso. Gastó más de lo que aconseja la prudencia, construyendo hornillos y comprando cacharros para sus experimentos. Su familia vestía andrajos con harta frecuencia, debido al furor experimental del jefe de ella. Pero cada experimento era un fracaso. Esto duró algunos años. Un día obtuvo un éxito parcial, que avivó sus esperanzas. Transcribiremos lo que un biógrafo inglés escribe sobre la materia: “Con el objeto de poder dar cima a su invento, que creía ya al alcance de su mano, resolvió construir por sí mismo un horno de vidrio cerca de su morada, donde pudiera practicar secretamente sus experimentos. Construyó, pues, el horno, acarreando los ladrillos a hombros desde la fábrica en miniatura que él mismo había establecido. El era el ladrillero, el alfarero; todo, en fin. Transcurrieron siete u ocho meses; al cabo, el horno quedó terminado y dispuesto para funcionar. Palissy, en el entretanto, había preparado un buen número de cacharros de barro, dispuestos a recibir una capa de esmalte. Después de haberlos sometido a los procedimientos ordinarios, los embadurnó con la composición de esmaltes, y los volvió a colocar en el horno para el grande y decisivo experimento. Aun cuando sus medios estaban ya casi exhaustos, Palissy había estado durante algún tiempo acumulando una gran cantidad de leña para el esfuerzo final y creyó que tendría bastante.
28. 28 “Por fin el fuego ardía y la operación comenzó, Estuvo sentado todo el día junto al horno alimentando el fuego. Así pasó la noche, sin cesar echando combustible. Pero el esmalte no se derretía. Salió el Sol, y su mujer le llevó un fragual desayuno, pues el valeroso inventor no quería moverse de allí, echando leña al horno de vez en cuando. Transcurrió el segundo día, y el esmalte seguía inconmovible. Volvió a ponerse el Sol y se pasó otra noche. El pálido, enfermizo y exhausto pero no vencido Palissy, continuaba junto al horno, esperando que el esmalte se derritiese y vino un tercer día y una tercera noche, y una cuarta, y una quinta y una sexta, a así durante seis largos días y noches el invencible Palissy vigiló y esperó, luchando contra la esperanza, el esmalte resistiéndose como el primer día. “Ocurriósele entonces que pudiera existir algún defecto en los materiales que formaban el esmalte; quizá faltaba algo para que fluyese; y se puso de nuevo a la labor, componiendo y combinando nuevos materiales para un nuevo experimento. Así transcurrieron dos o tres meses. Pero, ¿cómo comprar más vasijas? Porque las que había confeccionado con sus propias manos para el primer ensayo, habían quedado inútiles por su larga permanencia en el horno. No le queda un céntimo; pero podía pedir prestado. Su reputación era buena todavía, aun cuando su mujer y sus vecinos no le juzgaban muy cuerdo, viéndole echar al fuego sus economías detrás de una quimera. Triunfó de todos modos. Tomó a préstamo una cantidad suficiente para comprar más cacharros y más combustible, y pronto estuvo dispuesto para el segundo ensayo. Las vasijas fueron recubiertas con la nueva mixtura, colocadas en el horno, y el fuego ardió de nuevo. “Las llamas rugían en el horno; el calor se hizo intenso; pero el esmalte no se fundía. ¡El combustible iba disminuyendo! ¿Cómo mantener el fuego? Allí estaban las empalizadas del jardín; buen combustible. Mejor era sacrificarlas que abandonar aquel experimento decisivo. Y las empalizadas fueron destruidas y quemadas en el horno. ¡Pero quemadas en vano! El esmalte no se había derretido aún. Diez minutos más y el fuego podía conseguirlo. Era necesario procurarse leña a toda costa. Pensó en el mobiliario y en la techumbre de su pobre casa. Oyóse un estrépito dentro, y entre los gritos de su mujer y sus hijos, que creyeron que Palisssy se había vuelto loco, las tablas fueron arrancadas, partidas y embutidas en el horno. ¡Y el esmalte no se fundía! Quedaban las sillas, las mesas y otros enseres. Otro estrépito de maderas destrozadas resonó dentro de la casa y los muebles fueron detrás de la techumbre. Los hijos y la mujer de Palissy salieron escapados, y penetraron desolados en el pueblo cercano, gritando por las calles que el pobre Palissy se había vuelto loco, y que estaba echando la casa al fuego. “Durante un mes entero, su blusa había permanecido sobre sus hombros, y Palissy presentaba un aspecto demacrado, extenuado por la fatiga, la ansiedad, la expectación y la falta de alimento. Estaba entrampado y se veía al borde de la ruina.. Pero, finalmente, había dado solución al problema; el último intensísimo calor había fundido el esmalte. ¡Los jarros caseros de color rojizo, al ser sacados cuando el horno estuvo frío, ofrecían el brillo y la blancura de la porcelana! Ante tal resultado, podía soportar el escarnio, el reproche y la contumelia, y esperar pacientemente una coyuntura de sacar su descubrimiento a luz, cuando viniesen mejores días.”
29. 29 Pero ésta sólo fue la primera parte de un período de lucha; faltaba la segunda. Habiendo descubierto el esmalte, era preciso perfeccionar los métodos para obtener la loza. No tenía dinero, En una ocasión hubo de quitarse la ropa de encima para pagar a un alfarero que le había ayudado. Sus nuevos hornos se rajaron, y transcurrieron algunos años perfeccionando otros nuevos. Su mujer y sus amigos continuaban en sus reproches. Se quedó flaco y demacrado; sus pantorrillas adelgazáronse tanto, que las ligas no podían sostenerle ya las medias, que le caían sobre el empeine. Con frecuencia tenía que abandonar su tenaz tarea para ganar el pan de su familia. Aun cuando le había costado diez años el descubrimiento del esmalte, empleó otros ocho en perfeccionar el método para fabricar su nueva vajilla. Años después, él contaba la historia con estas palabras: “De todos modos, la esperanza continuaba inspirándome, y yo me agarré a ella varonilmente; algunas veces venían a visitarme; platicaba placenteramente con ellos, mientras mi corazón estaba realmente apenado. El peor de todos los sufrimientos que he soportado, era el de oír las burlas y denuestos de mi propia familia, tan poco razonable, que parecía de mí que trabajase sin contar con medios para hacerlo. Durante algunos años, mis hornos no tenían cobertizo ni techumbre, y atendiéndolos, he pasado muchas noches a merced del viento y de la lluvia, sin ayuda ni consuelo, ni más compañía que el maullido de los gatos por un lado y el ladrido de los perros por otro. Algunas veces la tempestad se desencadenaba tan furiosamente contra los hornos, que me veía obligado a abandonarlos y refugiarme en casa. Aterido por la lluvia, empapado hasta los huesos, me retiraba hacia la media noche o al romper el día, metiéndome en casa sin una luz que me alumbrase y tambaleándome como un hombre ebrio; pero realmente devorado por la ansiedad y lleno de pena por la pérdida de mi trabajo después de tantas congojas. Pero, ¡ay! Mi casa no resultaba un refugio, pues extenuado y triste como me sentía, encontraba en mi morada una persecución peor que la primera, que hace que aun hoy me maraville de cómo no me volví loco o perecí víctima de tanto infortunio.” Pero este hombre, esta personificación de la Resuelta Voluntad, alcanzó finalmente celebridad y riquezas. Las piezas de su loza esmaltada, alcanzan hoy precios fabulosos, siendo consideradas como joyas. Fue nombrado jefe de la Real Cerámica, con alojamiento en las Tuillerías. El Destino no pudo dominar a una Voluntad semejante; fue la Voluntad la que dominó su propio Destino. Cuando deseemos un símbolo de la Resuelta Voluntad, recordemos a Bernardo Palissy. Como canta el poeta: “La estrella de una Voluntad invencible Se levanta en mi pecho, Firme, serena, llena de sí misma, Resuelta, todo a un tiempo.” John Stuart Mill dice: “Un carácter es ni más ni menos que una Voluntad educada”
30. 30 Sherman ha escrito: “Es imposible observar las condiciones en que se da la batalla de la vida, sin percatarse de lo mucho que depende del grado en que el poder de voluntad ha sido cultivado, fortalecido y echo operativo en rectas direcciones”. Otro escritor ha dicho: “El que guarda silencio es olvidado; el que no avanza, queda detrás, el que se detiene es alcanzado y aplastado; el que cesa de ser mayor, se hace más pequeño; el que deja de avanzar queda fuera; lo estacionario es el principio del fin, precede a la muerte; la vida se ha de cumplir, y la Voluntad es incesante.” Munger dice: “Un fuerte propósito está al alcance de todos y yace junto a cualquiera que necesite emplearlo; posee un poder magnético que acude donde quiera que se le nutra. ¿Qué es este fuerte propósito, sino lo que nosotros llamamos Voluntad? ¿Y qué es la siguiente admonición, sino una llamada a la Voluntad? Sea nuestro primer estudio demostrarle al mundo que no somos hechos de lana o de paja; que hay en nosotros algún hierro.” Marden escribe: “La energía de Voluntad, fuerza originada en uno mismo, es el alma de todo gran carácter. Donde está ella, allí está la vida; donde no está, la debilidad, el desamparo y el despecho... Lo que abarca la Voluntad va más allá de toda comparación. Apenas le parece nada imposible al hombre que quiere con toda decisión y constancia. Un talento con una Voluntad detrás, hace más que diez sin ella, como una pulgarada de pólvora en un fusil cuyo cañón esté bien dirigido, hará más que un cartucho encendido en pleno aire.” Tennyson se expresa como sigue: “¡Oh, bien para aquellos cuya Voluntad es fuerte!” Emerson dice: “Caminamos gravemente, impávidos, creyendo en los férreos lazos del Destino, y no daríamos media vuelta ni aún para salvar la vida. Un libro, un busto, o tan sólo el sonido de un nombre, dispara una chispa a través de nuestros nervios, y repentinamente creemos en la Voluntad. No podemos oír hablar de vigor personal de cualquier especie, de gran poder de acción, sin sentir una nueva resolución. Fothergill ha escrito: “La fuerza de Voluntad es uno de los más grandes dotes naturales, así como uno de los más hermosos retoños de la cultura de sí mismo. El hombre que consigue trepar paso a paso, encuentra su poder de Voluntad extendiéndose con sus energías ante una simple
31. 31 demanda; si no, el límite es alcanzado más o menos pronto. El jefe de partido, el general, o el empleado elevado necesitan de una firme Voluntad para dominar a sus colegas, aún sin demostrar ninguna supremacía. Existe una Voluntad que gobierna delante de cualquier oposición o conflicto... La Voluntad no puede dotar a un hombre de talentos o capacidades; pero forma una importante materia; le capacita para poseer el mejor, el más sobresaliente de sus poderes.” Tanto mejor para la “Voluntad” que no está definida en los diccionarios ni mencionada en los libros de texto. Existe, pese a los diccionarios y a los confeccionadores de obras de texto. Puede argüirse que esta Voluntad no es otra cosa que Determinación, Persistencia, Valor, Empeño, etc. Pero, realmente, ¿podremos nosotros dejar de oponer la pregunta: “¿Qué son estas cualidades sino la manifestación de la Voluntad?” Quitémoslas la Voluntad y no quedará nada de ellas. La Voluntad es la esencia de todas las cualidades positivas.
32. 32 CAPÍTULO III LA VOLUNTAD PERSISTENTE La Voluntad Persistente y su cometido. – Sin Persistencia no hay Éxito. – Ejemplos de triunfadora Persistencia. – El hombre que triunfó, según Fothergill. – Hombres célebres. Una de las características de la Voluntad Positiva es la cualidad de la persistencia, esa cualidad que se manifiesta en la decisión, firmeza y constancia en plantear y perseguir el designio, proyecto o curso comenzado y emprendido; perseverancia frente a los obstáculos y desalientos; determinación y decisión frente a la oposición o la intriga. Estabilidad; decisión, perseverancia; fijeza de propósito; tenacidad; éstos son los términos aplicados a la Voluntad Persistente. La Persistencia combina las cualidades de continuidad y firmeza. La Voluntad hostiga de cerca la labor –se aferra allí firmemente – y se mantiene hasta la obtención del triunfo. El éxito depende muchas veces de la capacidad para obtenerlo. Más de un hombre ha sostenido una valerosa lucha; pero, falto de Persistencia, ha cejado en sus esfuerzos antes de efectuarse el cambio de cosas, y ha caído derrotado, no por sus rivales ni por las circunstancias, sino por sí mismo. El individuo persistente tiene por lema: “Cuando se introduzca uno en un lugar tenebroso, y todo parezca ir contra él, hasta el punto de hacerle pensar que no puede permanecer allí, guárdese bien de hacerlo, pues es precisamente el lugar y tiempo en que las cosas van a variar” Un antiguo proverbio dice: “El éxito estriba en sufrir un momento más”. G. Kennan escribe: “En este mundo, el espíritu humano, con su fuerza dominadora, la Voluntad, puede y debiera ser superior a todas las sensaciones corporales y a todos los accidentes circundantes. Debemos no tan solamente sentir, sino enseñar, por nuestra literatura, que en la batalla de la vida es una noble cosa, y una heroica cosa, morir luchando”. Debiera haber añadido que la muerte no sigue necesariamente a semejantes luchas; por una de las extrañas paradojas de la vida, el que se decide a morir por una causa digna, con frecuencia vence en su lugar a la vida. La voluntad de morir antes de rendirse,
33. 33 proporciona con frecuencia el triunfo. El destino es hembra; manténgase con ella una actitud propia y su ceño se convertirá en sonrisa; esto conduce a librarse de sus importunidades. Como escribió D’Alembert en cierta ocasión: “¡Adelante, señor, adelante! Las dificultades con que usted tropiece se resolverán a medida que usted avance. Prosiga usted y brillará la luz y alumbrará su camino con creciente claridad”. La historia nos ofrece numerosos ejemplos de hombres que persisten y obtienen una victoria de una aparente derrota. La persistente aplicación es una de las cualidades características de todos los hombres que han sobresalido. Carlyle la poseía. Terminó su gran obra La Revolución Francesa después de muchos años de ardua labor y cuidadosas investigaciones. Poco tiempo antes de darla a la imprenta, dejó el manuscrito sobre una mesa. Cayó al suelo, y la doméstica lo echó al fuego creyendo que se trataba de papeles inútiles. Aquel hombre no se dejó influir por el desaliento; al contrario, empezó de nuevo su tarea y volvió a escribir el libro, que es hoy un monumento erigido a su genio... y a su persistencia. Andubon, el gran naturalista, experimentó algo parecido. Después de haber pasado varios años en los bosques, dibujando e iluminando más de doscientas láminas de aves raras, las hormigas destruyeron su obra en una noche. A este propósito escribió lo siguiente: “Una punzante llama atravesó mi cerebro como una flecha de fuego, y durante varias semanas yací postrado en el lecho presa de la fiebre. Por fin las fuerzas física y moral despertaron en mí. Tomé de nuevo mi escopeta, mi mochila, mi álbum y mis lápices y penetré otra vez en la profundidad de las selvas”. El resultado de su persistente Voluntad fue lo que le capacitó para dar a luz su hermoso trabajo sobre las aves, cuyos ejemplares hoy valen millares de pesetas. Napoleón, en cierta ocasión, mientras estaba en París esperando un empleo en el ejército, se vio tan agobiado por la desesperación y la pobreza que se encaminó al río para precipitarse en él, sintiéndose fracasado. Sin embargo, su Voluntad manifestó que conservaba un fondo de reserva, y retrocedió lleno de un nuevo deseo, un deseo de Vida y de Conquista. Pocos días después tenía su nombramiento; el mundo sabe el resto de su historia. Casi todos los grandes escritores, pintores y músicos han adquirido la celebridad tan solamente a merced al poder de la Voluntad Persistente. La relación de las privaciones y luchas de algunos de los grandes hombres en todas las esferas, es una continua enumeración de la Voluntad Persistente en lucha contra la aparente decepción. Como dijo una vez H. Ward Beecher: “Es la derrota la que convierte los huesos en roca y los músculos en granito y hace invencibles a los hombres, y forma esas heroicas naturalezas que están en ascendencia en el

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