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Timestamp: 2018-08-18 08:06:11+00:00

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﻿ SENTENCIA 35112 DE SEPTIEMBRE 23 DE 2009
SENTENCIA 35112 DE 23 DE SEPTIEMBRE DE 2009
CONTENIDO:EJERCER FUNCIONES DIVERSAS AL OBJETO DEL CONTRATO DE TRABAJO NO IMPLICA NECESARIAMENTE LA CULPA PATRONAL. ASÍ SE PRECISA, YA QUE: “LA MERA CIRCUNSTANCIA DE QUE EL ACTOR, AL MOMENTO DEL ACCIDENTE DE TRÁNSITO, HUBIERA ESTADO EJERCIENDO FUNCIONES DIFERENTES A LAS ASIGNADAS COMO GUARDA DE SEGURIDAD, NO SIGNIFICA NECESARIAMENTE QUE EN LA OCURRENCIA DE ÉSTE, EN CONCRETO, HUBIERE MEDIADO CULPA DEL EMPLEADOR".
TEMAS ESPECÍFICOS:ACCIDENTE DE TRABAJO, CONTRATO DE TRABAJO, RESPONSABILIDAD DEL EMPLEADOR, CULPA EN EL ACCIDENTE DE TRABAJO POR PARTE DEL EMPLEADOR, EMPRESA DE SERVICIO DE VIGILANCIA Y SEGURIDAD PRIVADA, INCAPACIDAD LABORAL
Sentencia 35112 de septiembre 23 de 2009
Rad.: 35112
Bogotá, D. C., veintitrés de septiembre de dos mil nueve.
Se pronuncia la Corte sobre el recurso de casación interpuesto por LUIS GUILLERMO ACEVEDO SALDARRIAGA contra la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, Sala Laboral, de fecha 12 de octubre de 2007, proferida en el proceso ordinario laboral que promovió contra ALPHA SEGURIDAD PRIVADA LIMITADA.
Luis Guillermo Acevedo Saldarriaga demandó a la sociedad Alpha Seguridad Privada Limitada para obtener la indemnización total y ordinaria por perjuicios, en sus modalidades de lucro cesante consolidado y futuro, perjuicios fisiológicos y perjuicios morales y los intereses moratorios, y en defecto de éstos la indexación de la deuda.
Fundamentó esas súplicas, en lo que interesa al recurso extraordinario, en que laboró para la demandada desde el 16 de noviembre de 2001, con salario mínimo legal e incrementos por festivos, jornada nocturna y horas extras; que el 31 de octubre de 2002 abordó una motocicleta de propiedad de la demandada, como parrillero, atendiendo orden del Supervisor Elkin Elías Cueto Ortega, y debido a imprudencia de éste en la conducción se lesionó el tobillo y la rodilla izquierda; que el accidente le produjo inicialmente “ESGUINCE DE RODILLA IZQUIERDA y TOBILLO”, lo cual le generó “LESION MENISCAL EN LA RODILLA IZQUIERDA”, que dio lugar a intervención quirúrgica e incapacidad laboral prolongada y a una pérdida de la capacidad laboral que la ARP Colpatria fijó en 17,15%; que impugnó y fue fijada en 17,25%, para luego de la apelación quedar en 21,67%; que nació el 3 de noviembre de 1976 y tiene una esperanza de vida de 51,6 años; que devengó entre el 1 de enero de 2002 y el 31 de octubre de 2002 un salario promedio mensual de $458.349,oo; que el 19 de abril de 2004 la demandada canceló unilateralmente su contrato de trabajo y liquidó sus prestaciones e indemnización con el salario mínimo legal vigente; y que después del accidente ha sufrido perjuicios materiales, por lucro cesante consolidado, futuro y fisiológicos, e inmateriales como los morales; y que la empleadora no le ha reconocido la indemnización total y ordinaria de perjuicios.
La demandada se opuso; respecto de los hechos adujo que el 1, 2, 8, 9, 10 y 11 son ciertos; que el 3, 4, 5 y 7 son parcialmente ciertos y los aclaró; y que el 6, 12 y 13 no son hechos. Invocó las excepciones de inexistencia de las obligaciones reclamadas, cobro de lo no debido y las que resulten probadas (fls. 111 a 123).
El Juzgado Once Laboral del Circuito de Medellín, en sentencia de 5 de junio de 2007, absolvió.
De la decisión apeló el demandante y en razón de ese recurso el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, Sala Laboral, en la sentencia aquí acusada, la confirmó.
El ad quem arguyó que no existe duda sobre el accidente de trabajo (fl. 24), que fue admitido por la demandada al contestar el hecho 4 de la demanda, y narró lo argumentado por el demandante en torno de la culpa patronal; aclaró que ninguno de los testigos que declararon presenció el modo como ocurrió el hecho, pues se enteraron por versiones de los involucrados o por comentarios, por lo que con esa sola base no es posible deducir prueba suficientemente comprobada de la culpa de la empleadora en el accidente, pues no se tiene certeza de cómo ocurrió realmente o a qué obedeció el infortunio, si pudo ser imprevisto o fortuito, si hubo o no acción de la víctima, eventualmente imprudencia, negligencia o culpa suya, o a una acción u omisión culpable de representante o agente de la empleadora en la conducción de la moto, y que el único testigo potencial del hecho, el Supervisor Cueto Ortega, falleció al tiempo del proceso.
Explicó que la mera circunstancia de que el demandante, al momento del accidente, estuviera desempeñando funciones distintas de las asignadas como Guarda de Seguridad, no significa necesariamente que hubiese mediado culpa de la empleadora, puesto que se desconoce si el Supervisor le impuso la orden de acompañarlo a entregar los regalos o si pudo ser por un acompañamiento voluntario del trabajador, no implica per se que la demandada debía prever la ocurrencia del hecho, aún siendo la conducción de motocicleta una actividad riesgosa.
Transcribió un breve fragmento de la sentencia de la Corte, de 30 de marzo de 2000, radicación 13212, y aseveró que “se sabe efectivamente que el demandante llevaba consigo los regalos que distribuirían entre los hijos de los vigilantes, pero en lo que no hay claridad es en la posibilidad de que la encomienda le obligara a adoptar una posición insegura en la moto por el tamaño de la misma”.
Copió lo que expresaron los testigos, Ángela María Aleiza Bedoya, Wilson Cano Romero y Marco Tulio Arias Santacruz, y arguyó que “La aseveración que hace el demandante por medio de su vocero judicial en este punto, vistas las anteriores versiones, queda igualmente sin respaldo en las pruebas del proceso, sin olvidar de nuevo que en estos casos le incumbe al trabajador demostrar con suficiencia la culpa del empleador”; que “Tampoco hay constancia apodíctica acerca de que el supervisor fuere imprudente en el manejo de la moto y que el accidente se debiera, precisamente, a la violación de las normas de tránsito, pues sus alusiones generales que pudieran hacerse por parte de algunos testigos al respecto, no son bastante para inferir que el hecho concreto obedeció a dicha circunstancia”; y que “ningún testigo hubo en el proceso que pudiera dar cuenta de las circunstancias en que acaeció el hecho, lo que se traduce en que no está probada suficientemente la culpa de la entidad demandada”.
Lo interpuso el demandante y con él pretende que la Corte case la sentencia del Tribunal para que, en sede de instancia, revoque la del Juzgado y condene a la demandada a pagarle las pretensiones de la demanda inicial.
Acusa la sentencia del Tribunal de violar por la vía indirecta, por aplicar indebidamente los artículos 1, 15, 18, 19 y 216 del Código Sustantivo del Trabajo, 21 y 2341 del Código Civil, 51, 54A parágrafo y 60 del Código Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social, 156 ordinales 1 y 6 del Decreto 1344 de 1970, hoy 94 de la Ley 769 de 2002.
Afirma que fueron erróneamente apreciados el contrato de trabajo, el formato único del accidente de trabajo (fl. 24), la declaración de Elkin Elías Cueto, rendida ante la Notaría Quinta de Medellín, y la confesión de la demandada (fl. 254).
1. No dar por demostrado, estándolo, que le fueron impartidas órdenes ajenas a las funciones de su cargo.
2. No dar por demostrado, estándolo, que, por transportar la caja de regalos, no se podía acomodar con seguridad en la moto.
3. No dar por demostrado, estándolo, que la conducta imprudente de Elkin Elías Cueto fue la causa del accidente de trabajo, al desacatar las normas de tránsito y circular en medio de dos carriles.
Para su demostración, dice que en el contrato de trabajo se acordó el cargo de Guarda de Seguridad y en la cláusula primera se convino como obligación del trabajador “el poner la (sic) servicio del patrono toda su capacidad normal de trabajo, en forma exclusiva en el desempeño de las funciones propias del oficio mencionado y en las labores anexas y complementarias del mismo”, y que el día del accidente se hallaba disponible y el demandado, por medio de su dependiente Elkin Elías Cueto, le ordenó acompañarlo a repartir regalos para los vigilantes, tal como lo admitió la demandada en el HECHO CUARTO, labor que no tiene relación alguna con las funciones de su cargo, ni es conexa para las que fue contratado.
Arguye que en el proceso se demostró, mediante los testigos Wilson Cano Romero (fl. 143) y Ferney Humbert Arias (fl. 144), que el día de los hechos transportaba una caja grande con regalos para los hijos de los guardas de seguridad, lo que le impedía acomodarse con seguridad en la moto.
Aduce que, ante la Notaría Quinta del Círculo de Medellín, el citado señor Cueto declaró cómo fue el accidente, lo que se armoniza con el contenido del formato único de reporte de accidente de trabajo (fl. 24), en el acápite V descripción del accidente, en el que expresó: “YO VENIA EN LA MOTO Y POR LA MITAD DE LOS DOS CARRILES ME COGIO EL OTRO VEHIUCLO (sic) ACCDENTADOME (sic)”, y la misma demandada admite que el señor Elkin Elías Cueto actuó imprudentemente (fl. 254).
Asevera que no existe duda alguna sobre la responsabilidad del señor Elkin Elías Cueto, como dependiente del accionado, que con su actuación violó flagrantemente las normas sobre conducción de motos, de que tratan los numerales 1 y 6 del artículo 156 del Decreto 1344 de 1970, Código Nacional de Tránsito vigente para la fecha del accidente, hoy normado por el artículo 94 de la Ley 769 de 2002.
Transcribe un breve fragmento de la sentencia del Tribunal y añade que para probar los hechos no se requiere de prueba solemne, porque existe prueba documental, como la señalada antes; reproduce las declaraciones de Wilson Cano Romero (fl. 143), Ferney Humberto Arias Zapata (fl. 144) y Marco Tulio Arias Santacruz (fl. 241), e insiste en que el artículo 216 del Código Sustantivo del Trabajo, sobre la culpa patronal, “no consagra de manera alguna prueba solemne para establecer las causa (sic) del accidente o enfermedad profesional”; que el artículo 51 del Código Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social, tampoco la exige, salvo la pericial, y que el artículo 175 del Código de Procedimiento Civil también establece libertad probatoria.
Explica que los artículos 54A parágrafo y 60 del Código Procesal del Trabajo y de la Seguridad Social le dan valor probatorio a las copias; que el artículo 2347 del Código Civil obliga a indemnizar al demandado por tener agentes a su cuidado y causar daño con sus acciones; que los ordinales 1 y 6 del artículo 156 del Decreto 1344 de 1970 y 94 de la Ley 759 de 2002, “exigen a los motociclistas circular por la derecha de las vías a una distancia no mayor de un metro de la orilla o acera y les prohíbe adelantar por la derecha o entre vehículos que transiten por sus respectivos carriles”.
El Tribunal asentó, en lo esencial de su argumentación, que “De la ocurrencia del accidente de trabajo como tal no hay duda, pues además de aportarse el acta del hecho (fl. 24), la empresa accionada así lo admite al contestar el punto 4º de la demanda, en el sentido de que el día 31 de octubre de 2002 a las 2 p. m., el demandante, quien ostentaba el cargo de Guarda de Seguridad, recibió el requerimiento del Supervisor ELKIN ELIAS CUETO ORTEGA para que lo acompañara en una moto propiedad de la empresa a entregar regalos para los hijos de los vigilantes; que, cerca de las 6 de la tarde, cuando regresaban a las instalaciones de la empresa, se produjo el accidente cuando el pie del demandante rozó con otro vehículo lo que le ocasionó la mencionada lesión”. (fls. 303 y 304).
Precisó también ese juzgador que "En primer lugar, ocurre que ninguno de los testigos que declararon en el proceso presenció la manera en que ocurrió el hecho, pues, por el contrario, todos se enteraron por las versiones de los propios involucrados en el hecho, o por comentarios entre sí. Con esta sola base, difícilmente puede deducirse que exista prueba suficientemente comprobada de la culpa del empleador en la ocurrencia del accidente, es decir, presuponiendo que el demandante en efecto se golpeó el pie con otro vehículo, no se tiene certeza en el proceso de la forma en que realmente ocurrió el insuceso, o a qué obedeció el infortunio, si pudo ser o no imprevisto o fortuito, si hubo o no acción de la víctima -eventualmente imprudencia, negligencia o culpa suya, - o si por el contrario el hecho se debió a una acción u omisión culpable de representante o agente del empleador en la conducción de la moto. No sobra comentar que el único testigo potencial del hecho, el Supervisor CUETO ORTEGA, había fallecido al tiempo del proceso” (fls. 304 y 305).
Finalmente explicó el ad quem que “se sabe efectivamente que el demandante llevaba consigo los regalos que distribuirían entre los hijos de los vigilantes, pero en lo que no hay claridad es en la posibilidad de que la encomienda le obligara a adoptar una posición insegura en la moto por el tamaño de la misma” (fls. 305 y 306); que “Tampoco hay constancia apodíctica acerca de que el supervisor fuere imprudente en el manejo de la moto y que el accidente se debiera, precisamente, a la violación de las normas de tránsito, pues las alusiones generales que pudieran hacerse por parte de algunos testigos al respecto, no son bastante para inferir que el hecho concreto obedeció a dicha circunstancia” (fl. 307); y que “ningún testigo hubo en el proceso que pudiera dar cuenta de las circunstancias en que acaeció el hecho, lo que se traduce en que no está probada suficientemente la culpa de la entidad demandada” (fl. 307).
Del examen objetivo de los medios de convicción que se citan en el cargo como erróneamente apreciados, se observa lo siguiente:
1. La cláusula PRIMERA del contrato de trabajo suscrito por las partes (fl. 23), a la letra, dice: “El patrono contrata los servicios personales del trabajador y este (sic) se obliga: a) A poner al servicio del patrono toda su capacidad normal de trabajo, en forma exclusiva, en el desempeño de las funciones propias del oficio mencionado y en las labores anexas y complementarias del mismo, de conformidad con las órdenes e instrucciones que le imparta el patrono o sus representantes”.
De la apreciación de dicho documento por parte del ad quem no puede colegirse un error de hecho, por lo menos con el carácter de evidente o manifiesto, toda vez que ese juzgador explicó que “la mera circunstancia de que el actor, al momento del accidente, hubiera estado ejerciendo funciones diferentes a las asignadas como Guarda de Seguridad, no significa necesariamente que en la ocurrencia de éste, en concreto, hubiere mediado culpa del empleador. Tal orden, si es que la hubo pues se desconoce si el Supervisor le impuso al demandante la tarea de acompañarlo a entregar los regalos, o si pudo deberse simplemente a un acompañamiento voluntario del actor, no implica per se que la empresa debiera prever la ocurrencia del hecho, aún siendo la conducción de motocicleta una actividad riesgosa” (fl. 305).
Significa lo anterior que el Tribunal no pasó por alto que cuando sufrió el accidente de trabajo, el actor estaba ejerciendo funciones diferentes a las asignadas como guarda de seguridad, de suerte que no puede serle atribuido un error en la valoración del contrato en el que consta el cargo para el cual fue contratado.
2. El formato único de reporte de accidente de trabajo de la ARP Colpatria (fl. 24), suscrito por Doris González Coy, Directora de Recursos Humanos, da cuenta de que Luis Guillermo Acevedo S., quien tenía como oficio u ocupación habitual el de "GUARDA DE SEGURIDAD", sufrió el 31 de octubre de 2002, a las 18 horas, un accidente de trabajo que ocurrió fuera de la empresa, en la "AUTOPISTA NORTE", hecho que se produjo cuando “YO VENIA EN LA MOTO Y POR LA MITAD DE LOS DOS CARRILES ME COGIO EL OTRO VEHICULO ACCIDENTANDOME”, y la única persona que presenció el accidente fue “ELKIN CUETO”.
Sin embargo, importa precisar que la manifestación sobre el origen del accidente que allí se recoge fue hecha por el trabajador accidentado, hoy promotor del pleito, por manera que razonablemente no puede servir de fundamento de los hechos que alega en su favor.
Con todo, lo allí dicho no es prueba suficiente de que el accidente hubiese ocurrido por una imprudencia del conductor de la motocicleta, como tampoco, en consecuencia, que en tal suceso hubiere mediado la culpa de la empresa demandada, pues para establecer tal imprudencia habría que acudir a las normas de tránsito, como lo hace el recurrente, lo que indica que, el hecho que se dice acredita el documento no surge de su sola apreciación, y ello descarta un error ostensible.
3. La declaración extra proceso del señor Elkin Elías Cueto Ortega, rendida ante el Notario Quinto del Círculo de Medellín (fl. 26 y vuelto), dada su naturaleza jurídica, sólo puede tener la calidad de documento declarativo emanado de un tercero. Luego debe apreciarse "en la misma forma que los testimonios", lo que implica que, conforme con lo dispuesto por el artículo 7 de la Ley 16 de 1969, no sea legalmente una prueba hábil para estructurar un error de hecho manifiesto en la casación del trabajo.
4. La supuesta confesión de la apoderada judicial de la demandada, en el alegato presentado antes de la sentencia de primera instancia (fl. 254), no puede considerarse como tal, pues sólo puede entenderse que existe confesión por apoderado “cuando para hacerla haya recibido autorización de su poderdante, la cual se presume para la demanda y las excepciones, las correspondientes contestaciones y la audiencia de que trata el artículo 101”, como lo establece el artículo 197 del Código de Procedimiento Civil, modificado por el numeral 94 del artículo 1 del Decreto 2282 de 1989.
A más de lo anterior, cumple anotar que ese escrito, observado en su contexto, no contiene manifestación alguna que pueda entenderse como la aceptación de que la empresa demandada tuvo culpa en el accidente que sufrió el trabajador, pues aun si se aceptara que se admitió la imprudencia de un dependiente de ella, las explicaciones que se ofrecen están dirigidas a restar cualquier responsabilidad de la empleadora en la contingencia padecida por el actor, de manera que esa versión no puede tenerse, en ningún caso, como confesión.
5. Por último, los testimonios, en los que se apoya el recurrente, no pueden analizarse para sustentar un yerro fáctico en la casación del trabajo, puesto que sólo pueden valorarse en caso de que la acusación hubiera demostrado una equivocación fáctica con el carácter de evidente o manifiesta mediante uno cualquiera de los medios de convicción calificados, lo cual no ocurrió.
El cargo, en consecuencia, no logra demostrar los desaciertos de hecho que le atribuye al Tribunal y por esa razón no prospera.
En mérito de lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, NO CASA la sentencia del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Medellín, Sala Laboral, de fecha 12 de octubre de 2007, proferida en el proceso ordinario laboral promovido por LUIS GUILLERMO ACEVEDO SALDARRIAGA contra ALPHA SEGURIDAD PRIVADA LIMITADA.

References: artículo 156
 artículo 94
 artículo 216
 artículo 51
 artículo 175
 artículo 2347
 artículo 156
 artículo 7
 artículo 101
 artículo 197
 artículo 1