Source: https://www.lasegundaguerra.com/viewtopic.php?f=259&t=117432
Timestamp: 2020-02-26 18:53:34+00:00

Document:
El Proceso Graziani - La Segunda Guerra
Portal Índice general Segunda Guerra Mundial Crímenes de Guerra El Proceso Graziani
El Proceso Graziani
Descripción: El 23 de febrero de 1950 el Tribunal Militar Territorial de Roma se reúne para juzgar a Rodolfo Graziani, ex mariscal de Italia.
Etiquetas del tema: Proceso Graziani
Mensaje por cocinilla » 13 12 2018 21:33
El Proceso Graziani (1ª Parte)
Procesado, condenado y libertado el ex jefe del Ejército de Saló
Graziani prisionero de los aliados, en Abril de 1945
CINCO AÑOS DESPUÉS EN ROMA
LA COMPOSICIÓN DEL TRIBUNAL
NO FUE MÁS QUE UN "COLABORACIONISTA"
LA ACUSACIÓN CONTRA EL MARISCAL
LA ACTIVIDAD DE LAS UNIDADES ESPECIALES
"SOY RODOLFO GRAZIANI, EX MARISCAL DE ITALIA..."
"MANDABA A LAS TROPAS POR TELÉFONO Y EN PIJAMA"
UN PROCESO ANTERIOR HABÍA SIDO ANULADO
¡A ROMA LA HE SALVADO YO, NO EL PAPA!
EL "BANDO DE GRAZIANI" Y LA PENA DE MUERTE PARA LOS PRÓFUGOS
"QUERÍA PREPARAR VEINTE DIVISIONES"
LA PETICIÓN DEL FISCAL: VEINTICUATRO AÑOS
EL ACTA DE RENDICIÓN DE GRAZIANI
1. CINCO AÑOS DESPUÉS EN ROMA
El 23 de febrero de 1950, a cinco años del final de la guerra, el Tribunal Militar Territorial de Roma, presidido por el General Beraudo di Pralormo, se reúne para juzgar a Rodolfo Graziani, ex mariscal de Italia. La sala del Tribunal Militar está en el primer piso; es amplia, cómoda, llena de luz. El colegio judicial se establecerá sobre una tarima alta, construida al fondo de la sala, que acogerá también al acusado. El puesto de Graziani está a la izquierda para quien entra desde el fondo. El acusado tiene a su disposición un sillón ante el cual hay una mesita con estantería, sobre la cual el asistente del ex mariscal ha colocado ya dos de las famosas agendas que le han servido a Graziani para compilar el libro Ho difeso la Patria (volumen que, por otra parte, se han apresurado a leer todos los jueces de este colegio a invitación del presidente). Las mesas para los abogados (que son tres, Carnelutti, Augenti y Mastino del Rio), para los taquígrafos y los periodistas están al pie de la tarima, hacia el centro de la sala. Luego, todavía más atrás, hay una fila de sillas destinadas a los parientes cercanos del acusado (entre los cuales está la mujer de Graziani, la marquesa Inés Chionetti) y, por último, una barandilla que delimita el lugar destinado al público, no numeroso, que es seleccionado a la entrada con discreción por los carabinieri.
En su estudio en Afili, después de la prisión
El reloj que está sobre la mesa del Tribunal señala las 9,10 y los jueces de uniforme ya están sentados en sus puestos desde hace algunos segundos, cuando se abre la puerta que está junto a la tarima y aparece Graziani. El ex mariscal aparece con buena salud. Está en el umbral de los sesenta y ocho años, pero tiene la mirada penetrante, el gesto decidido, la palabra lista, sonora y segura. Se vuelve hacia el Tribunal y saluda, hace una reverencia a los tres abogados defensores (que le han asistido durante los cuatro meses del debate anulado luego por el Tribunal Penal Especial); se vuelve para dirigirse a su puesto, pero le rodean los fotógrafos con las cámaras en ristre. Graziani tiene un gesto orgulloso e impetuoso (llegará un momento del proceso en el que el ex mariscal se precipitará gritando sobre el presidente, arrancándole literalmente algunos papeles de las manos para comprobar una firma). Se quita el abrigo verde-gris militar sacudiendo su blanca cabellera leonina y presenta el pecho al relampagueo de los "flashes": no tiene galones ni estrellas, pero, a la izquierda, muestra todas sus numerosas condecoraciones. Luego Graziani toma el gorro, los guantes y las dos agendas y dispone todo sobre los dos estantes. Eso desata de nuevo a los fotógrafos, pero cinco minutos después un campanilleo discreto del presidente interrumpe la escena: "Se abre la sesión", anuncia tranquilamente el general Baraudo di Pralormo. Son las 9,20 del jueves 23 de febrero de 1950.
Carnelutti: "Pido la palabra para una petición preliminar".
Presidente: "Hable, abogado; como sabe, le escuchamos siempre con mucho gusto".
Carnelutti: "Es una petición modesta. Quisiera añadir algunos textos, exactamente tres, a la lista de los ya presentados por nuestro colegio defensor como descargo".
Mientras el Tribunal decide (y acogerá la petición), Graziani está sentado en su sillón y, lanzando alguna mirada a la botella de agua mineral que tiene ante sí, sobre la mesa, hojea meditabundo una de sus agendas. Inmediatamente después, el presidente encarga al secretario Garcea dar lectura al texto de la resolución de envió a juicio, que ocupa nada menos que 68 páginas y que, en grandes líneas, se puede resumir así:
"Ya el 25 de julio de 1943 el alto mando alemán había ordenado desplazamientos de tropas que habían llegado del Brennero a Italia como a un territorio hostil, y se hicieron con el control de centrales eléctricas, telefónicas y telegráficas y partes vitales del suelo italiano", de modo que los alemanes debían considerarse enemigos aún antes de la declaración de guerra que tuvo lugar el 13 de octubre de 1943. Las bien equipadas divisiones alemanas habían hecho irrupción en la ciudad de Roma combatiendo furiosamente contra las unidades del Ejército italiano (división de Granaderos, unidades de la Ariete y de la Piave, y de ciudadanos) que intentaban oponerse al invasor, vertiendo sangre generosa y escribiendo páginas de heroísmo. Pues cuando los alemanes hacían estragos a las puertas de Roma, tratando de aplastar, como aplastaron, toda resistencia, no era preciso esperar la declaración de guerra que tuviera reflejos internacionales, ni la orden formal del combate; todo militar tenía el deber de acudir a engrosar las filas de dichas unidades. En las situaciones difíciles, aunque sean desesperadas, escribir una página de sacrificio señala el camino indiscutible del deber y del honor. En cambio Graziani, que con el juramento prestado había vinculado solemnemente su palabra de honor, abrazando la causa de los alemanes, esto es, del enemigo, traicionó los intereses del legitimo Estado italiano. Graziani no se presentó en el Ministerio de la Guerra en aquellos días inmediatamente siguientes al 8 de septiembre y, en cambio, se presentó a Caivi di Bergolo, comandante de la ciudad abierta, que había sido secundado por un comandante alemán.
Benito Mussolini con Graziani. El mariscal juró fidelidad al Duce en la República de Saló hasta el final
El, mariscal de Italia, aun sin tener ningún encargo en aquel período, conserva su posición de servicio permanente efectivo. "... Establecido que sabia las razones por las que se le había invitado a la embajada alemana, si se presentó allí cuando habría podido eximirse, no puede deducirse más que entre él y el embajador alemán se habría creado, después del 8 de septiembre, una afinidad de opiniones y una línea de conducta que debían conducir a los hechos que luego tuvieron lugar... Frente a la trágica realidad de aquellos días, no hay quien no vea el fuerte contraste que representa el comportamiento de un militar como Graziani, de ingenio vivo y de sólida preparación técnica, como ha sido juzgado por sus superiores en múltiples notas características, y que, en vez de hacer todo lo posible desde entonces para salvar lo salvable, se entretiene buscando un equipo automovilístico de propiedad personal"[/b].
2. LA COMPOSICIÓN DEL TRIBUNAL
El proceso contra Rodolfo Graziani, Roma, se desarrolló ante un Tribunal que no era el ordinario, sino, que siendo el acusado, en el momento de los hechos, mariscal de Italia, era un Tribunal especial constituido ex profeso y compuesto por oficiales de muy alto grado según las normas del ordenamiento jurídico militar. El Colegio Judicial estaba compuesto por eL presidente, general de Cuerpo de Ejército, Emanuele Beraudo di Pralormo; por los jueces, generales de Cuerpo de Ejército, Fernando Galich, Lazzaro De Castiglioni, Raffaele Pelligra; por el juez relator, general de división, Enrico Santacroce; por el fiscal, teniente general de justicia militar, Nicola Galasso, y por los jueces suplentes, almirante Bruno Bribonesi y general Ugo Tabellini. Secretario: Garcea. Los defensores de Graziani fueron: el abogado Francesco Carnelutti, Giorgio Mastino Del Rio y Giacomo Primo Augenti. Las sesiones fueron treinta y cinco, desde el 23 de febrero al 2 de mayo de 1950.
3. NO FUE MÁS QUE UN "COLABORACIONISTA"
Con el 8 de septiembre de 1943, Hitler había anunciado, y la radio había difundido, por todas partes la aterradora decisión del Führer de seguir para Italia la política de la tierra quemada, pero, por suerte, no se había puesto en práctica, no ciertamente por arrepentimiento de los alemanes, sino porque no tenían interés en la destrucción total del país. En efecto, la política de la tierra quemada es practicada por los ejércitos que se retiran, perseguidos de cerca por el enemigo; en cambio los alemanes ocupaban el país y no tenían ningún interés en destruirlo, pues se abastecían con los recursos del mismo y se servían de todas las instalaciones para mantener la ocupación y desarrollar su actividad bélica. Graziani sabia todo eso. Y solo después de su acción resultó que algunos oficiales se pusieron en condiciones de faltar al juramento prestado al rey 'por miedo de la amenaza de daños próximos o futuros, o por sentirse atraídos por su palabra incitadora, por u figura de soldado valeroso, que señala el camino que se ha de seguir...'. El episodio de deportación a Alemania de siete mil carabinieri que se hallaban en Roma, demuestra que Graziani tenía el propósito deliberado de dar ayuda al enemigo. Y ni siquiera "el tardío arrepentimiento de Graziani puede excluir la ilicitud del hecho, pues ya había concluido con el desarme y la deportación".
Graziani durante el juicio
"Las iniciativas de Graziani manifiestan la absoluta y consciente adhesión a las directrices y fines superiores y muestran su decisión de colaborar... Pues, si no hubiera sido ese su pensamiento, Graziani no era un hombre capaz de tolerar que se hiciera algo contrario a sus ideas y habría afrontado los riesgos que se derivaran de su oposición... El acuerdo con Kesselring quita toda eficacia a las justificaciones expuestas por Graziani; según él, los militares italianos que prestaban servicio en las unidades alemanas y que se marchaban de ellas debían ser entregados a los tribunales alemanes. Acuerdo de cuya ilegalidad se dio cuenta el mismo Graziani tras el parecer expresado por el Procurador General Militar del tiempo, pero que ya había tenido consecuencias".
Ilustración de Graziani durante el juicio
Los reclutas de la quinta 1924-25 fueron mandados a Alemania para su adiestramiento y luego se les encuadró en las cuatro divisiones: Monterosa, San Marco, Littorio, Italia, que comenzaron el regreso a la patria en agosto de 1944 y, con algunas divisiones alemanas formaron el ejército de Liguria, cuyo mando recibió Graziani el mismo mes: "Graziani precisa que la formación del ejército de Liguria defendía los pasos alpinos contra la invasión de los ejércitos enemigos. "Con ese asunto contratan las deposiciones de los jefes de la lucha partisana, que especifican que la actividad de las divisiones mandadas por Graziani tuvo exclusivamente funciones antipartisanas con la acción represiva desplegada por las formaciones armadas fascistas que desde hacía tiempo habían comenzado su obra de persecución de los mismos partisanos. Esas deposiciones muestran que Graziani era el verdadero animador de la lucha, que aumentaba en intensidad todas las veces que él iba a inspeccionar sus unidades".
4. LA ACUSACIÓN CONTRA EL MARISCAL
Estas son las acusaciones formuladas contra Rodolfo Graziani y que fueron acogidas en la resolución de envío a juicio del Tribunal Militar de Roma:
En el acto del armisticio habiendo visto cómo caía Roma en manos de los alemanes, en lugar de asumir, como habría sido su deber de italiano y de soldado, el mando de las fuerzas puestas para la defensa de la capital abandonada por los jefes fugitivos, hizo acto de adhesión a los alemanes y al Gobierno republicano, del que se convirtió enseguida en ministro para la defensa nacional. El mariscal Graziani ha sido el organizador y el animador del nuevo ejército del gobierno fascista republicano, empujando a los italianos a una guerra fratricida, prosiguiendo la lucha al lado de los invasores alemanes. Se remontan principalmente al mariscal Graziani las responsabilidades de las expoliaciones y asesinatos de ciudadanos y de patriotas que combatían y boicoteaban al enemigo para liberar a Italia.
La captura y la deportación a Alemania de más de siete mil carabinieri que tuvo lugar en Roma el 7 de octubre de 1942, fue querida por Graziani.
Entre sus numerosos discursos de incitación a enrolarse en el Ejército republicano hay que recordar el pronunciado en el teatro Adriano a primeros de octubre de 1943 a los numerosos oficiales presentes en la capital.
Para alcanzar sus propósitos, Graziani, como es sabido, dictó sin descanso leyes marciales y bandos que amenazaban con la pena de muerte.
El mariscal Graziani siguió hasta el final al gobierno fascista republicano, prestando siempre su eficaz colaboración de ministro de Defensa Nacional y de jefe del Ejército de Mussolini.
Re: El Proceso Graziani
Mensaje por cocinilla » 14 12 2018 21:52
El Proceso Graziani (2ª Parte)
5. LA ACTIVIDAD DE LAS UNIDADES ESPECIALES
La posición de Graziani con respecto a los cargos que desempeñaba entonces, se puede resumir así: como ministro tenía funciones administrativas y de formación, por ende una tarea de preparación; como Jefe de Estado Mayor General era comandante, a todos los efectos y con la mayor amplitud de poderes, de todas las Fuerzas Armadas; como comandante del ejército de Liguria, tendía una misión operativa en el campo de batalla... Una huella claramente reveladora de su completa y consciente adhesión a los fines alemanes se encuentra en la lucha contra los partisanos, que Graziani había considerado necesaria desde los primeros tiempos de la colaboración...; no puede haber duda de que se debe atribuir a él la responsabilidad de esa lucha, en cuanto que, por las funciones que ejercía en el campo militar, dependientes de los cargos que desempeñaba, tenía plena libertad de iniciativa y de mando. A él deben remontar las responsabilidades por todo lo realizado por las unidades Cacciatori degli Appennini, RAP, RAU y CARS, organizadas en la formación especial denominada CO.GU, (contra guerrilla) destinada a la lucha contra los partisanos, creadas por Mischi Archimede, su Jefe de Estado Mayor, que dependía de él.
Del sumario realizado (prosigue el secretario Garcea leyendo la resolución de envió a juicio) afloran dos móviles que pueden haber inspirado el comportamiento de Graziani y que hay que examinar; el miedo de acabar como Cavallero, cuyo cadáver fue hallado en el jardín del cuartel general alemán de Frascati; y la animosidad contra Badoglio... No es fácil atribuir a tal hombre sentimientos de miedo y es fácil añadir que, si hubiera estado dominado por tales sentimientos, habría podido alejarse de Roma... Si el antagonismo con Badoglio no fue el verdadero móvil, no se puede negar tampoco que haya tenido un peso importante en la determinación. Desde hacía tres años no había tenido ningún encargo, mientras Badoglio había vuelto al primer plano...
Después de más de cuarenta años de servicio..., y debido a su temperamento, no era capaz de quedar en la sombra. En su disculpa, Graziani aduce que se ha guiado por el deseo de tutelar el honor de Italia y de salvar lo salvable: con relación al primer móvil es suficiente recordar lo que se ha dicho ya sobre el verdadero camino del honor, que siempre debe seguir el militar... Con su comportamiento Graziani faltó a la fidelidad jurada al legítimo Estado italiano. En cuanto al segundo, queda desmentido por toda su actividad, que no resulta encaminada de ningún modo al fin especifico afirmado, sino en contraste estridente con él, a no ser que el acusado se quiera referir a varios episodios aislados de clemencia..., pero tales episodios se refieren a indulgencias de carácter personal, que servían para aumentar su prestigio... y por tanto no pueden justificar los hechos de los que debe responder".
La resolución concluye imputando a Graziani el delito de colaboracionismo militar y político con el invasor alemán y, en orden a ese titulo, se atribuyen al mariscal discursos propagandísticos para el traslado de los oficiales al Norte; el desarme y la deportación de los carabineros; el envió de los militares a Alemania para su adiestramiento; las sanciones, comprendida la pena de muerte, contra los que no cumplían con las obligaciones militares; el reclutamiento de los trabajadores italianos para las Fuerzas Armadas alemanas; la guerra antipartisana y la triste serie de los rastreos, de los combates, de las penas de muerte dictadas por tribunales especiales: y las represalias contra las poblaciones civiles por haber dado asilo o ayuda a los partisanos.
6. "SOY RODOLFO GRAZIANI, EX MARISCAL DE ITALIA..."
Presidente (al acusado): "Rodolfo Graziani, ¿tiene algo que decir?".
Graziani (en voz alta): "Soy Rodolfo Graziani, ex mariscal de Italia, nacido en Filettino (Frosinone) en 1882. No tengo nada que añadir a lo que declaré en el Tribunal Penal Especial. Responderé a las preguntas que quiera dirigirme su señoría".
Presidente: "Pero si cree que hay que esclarecer algún concepto o rectificar alguna imprecisión... ¿Ha oído la lectura de la resolución instructoria?".
Graziani: "Sí, sí, gracias. Quiero decir una cosa en todo caso. No es verdad que haya organizado el traslado de millares de obreros italianos a Alemania. Era una función específica de los órganos de gobierno".
Un abogado: "Al acta, secretario, por favor...".
Graziani: "Sí, que se escriban mis palabras. No he sido un asesino ni un saqueador, ni uno que mata indiscriminadamente, sino simplemente un soldado que actuaba en la órbita del gobierno de hecho del Norte y de la que, contenida en los justos límites no he renegado nunca ni reniego; y ni siquiera renegaré de las responsabilidades como misión de sacrificio. Pero no quiero pasar por alto lo que todavía me atribuye la resolución de envío a juicio, presentándome como un 'politicastro' cualquiera que ha morado durante tres años en las cavernas de Arcinazzo" (en Arcinazzo tiene una finca y declara que el 8 de septiembre se disponía a la recolección de las patatas).
El acusado vuelve a sus dolores reprimidos, a su acallamiento tras la investigación por las derrotas líbicas: "Golpeado por una comisión infame e injusta, sin ni siquiera ser interrogado, no hice sino seguir la vía más humilde para hacer anulas aquel veredicto: la vía jerárquica. Así, como un nuevo Aligi, descendí por última vez la montaña el 4 de septiembre de 1943 para presentarme al general Sortee y pedirle, una vez más, que se revisara mi posición con relación a la investigación Thaon de Revel. Yo, Aligi, que había dormido durante tres años sin saber, yo, mariscal, que se había manipulado desde el 25 de julio en adelante".
Graziani prosigue: 'No he asaltado al fascismo el 24 de julio. No asalté al príncipe heredero el 12 de agosto de 1943. Fue el príncipe quien me buscó cuando yo recogía patatas...".
Presidente: "¿Confirma usted todos los interrogatorios?".
Graziani: "Todos desde Procida en adelante. He respondido de forma uniforme, aunque con alguna variante".
La sesión se suspende brevemente y, al reanudarse, el presidente pone algunas objeciones. Graziani repite que desde 1941 a 1943 no tuvo función alguna, que escuchó en Arcinazzo la proclamación del armisticio, que "se enteró del amenazador discurso de Hitler", que no escuchó el discurso de Mussolini desde Munich, que el 12 de septiembre vio a De Bono, el 13 por la mañana a Caviglia (quien le dijo que Cavallero iba a ser "fusilado" por los alemanes), el 15 por la mañana fue a la embajada alemana (iba a protestar porque los alemanes le habían confiscado un automotor. Quiso hablar con Kesselring, pero éste no le dio respuesta nunca).
Presidente: "El 22 de septiembre de 1943 recibió en Arcinazzo la visita de los fascistas Barracu y Mezzasoma, y después se presentó en la embajada alemana de Roma. ¿Es verdad'?".
Graziani: "Mire cómo son las cosas. Fui a la embajada alemana porque Barracu me habló de miedo. Fui a la guarida de la fiera, donde nadie, para la verdad histórica, ha sido asesinado con un tiro en la nuca. Antes del 8 de septiembre e inmediatamente después, no había subido a la barca y, si hubiera querido ponerme del lado de los alemanes, no habría recurrido a artes mezquinas; bastaba que escribiera a Kesselring. Por otra parte, no habría ido nunca con los ingleses, a los que, dije en el juicio instructorio y repito aquí, he odiado, odio y odiaré siempre, porque son los verdaderos enemigos de Italia, los que siempre han impedido ascender a Italia. Y tampoco con los fascistas podía ser blando. ¿No decían que gritaba como un loco en mi habitación? ¿ Y podía conmoverme por Mussolini, después de las injusticias recibidas?''.
7. "MANDABA A LAS TROPAS POR TELÉFONO Y EN PIJAMA"
Graziani hace alusión a la defensa de Roma y lanza dardos contra los generales. Carboni era un óptimo jefe de SIM, pero no un general capaz de dar la vuelta a la gravísima situación. ¿Y los otros? El general Solinas mandó la división por teléfono y en pijama desde su habitación.
Presidente: "Volvamos al ofrecimiento por parte del embajador Rahn: ministro del gobierno de Mussolini".
Graziani: "Cuando oí que me decían que mi ingreso en el gobierno podía disminuir los males de Italia, esas palabras me sacudieron. Los alemanes se consideraban traicionados. Me dijeron: 'Si no hace lo que le pedimos, el daño será mayor para su patria'".
El acusado mira a los jueces y dice con fuerza: "Acepté el encargo porque no había otro camino para salvar a la patria. ¡Era Brenno el que, en aquel momento, me ceñía la espada! Siempre he esperado y tratado de evitar lo peor y, en parte, lo he logrado. ¡Condenadme si queréis, pero siempre he creído mi deber supremo aceptar y sacrificarme!".
En ese punto se hace una pausa. Graziani pone las manos sobre las rodillas. Ha hablado siempre con fogosidad. Cuando vuelve a responder a las preguntas del presidente afirma que se sirvió de un decreto para disminuir los límites de edad de todos los generales de la reserva, para librarles del traslado. Luego señala con sarcasmo que sesenta y nueve generales firmaron el acta de sumisión a la República Social.
Graziani:"Entre ellos —dice— estaba el general Ago, que luego se convertiría en el gran depurador". Las sesiones que siguen y que serán, en total, treinta y cinco, ven a Graziani perder con frecuencia el control, gritar, dar puñetazos en el banco y lanzar insultos, tanto que el presidente debe llamarle al orden repetidas veces, amenazándole con su expulsión de la sala.
8. UN PROCESO ANTERIOR HABÍA SIDO ANULADO
Rodolfo Graziani, considerado "criminal de guerra", fue sometido en un primer momento al juicio del Tribunal Penal Especial de Roma. Hasta después de cuatro meses de debate —del 11 de octubre de 1948 al 26 de febrero de 1949— los magistrados, aceptando la tesis de la defensa, no transmitieron las actas a la fiscalía militar que instauró el auténtico proceso. En efecto, Graziani había sido denunciado a la autoridad judicial militar el 14 de junio de 1945 por el ministro de la Guerra Casati junto con los generales de Cuerpo de Ejército Gastone Cambara y Archimede Mischi, por el delito del artículo 51 del código militar de guerra, que castiga con la pena de muerte y la degradación al militar que cometa un hecho tendente a favorecer las operaciones militares del enemigo o bien a dañar las operaciones de las Fuerzas Armadas del Estado italiano.
El jefe del Estado Mayor General inició la acción penal el 20 de junio siguiente. Graziani fue borrado de las listas de los jefes del ejército y perdió el grado de mariscal de Italia en virtud de las normas del decreto legislativo del 26 de abril de 1945, n. 294, que disponían la cancelación de las listas con pérdida del grado aun independientemente de la acción penal, para los oficiales que hubieran colaborado después del 13 de octubre de 1943 con las Fuerzas Armadas que combatían contra Italia. En efecto, desde aquella fecha Italia había declarado la guerra a Alemania; estas normas fueron aplicadas a Graziani mediante el decreto del 20 de agosto de 1945.
Aun antes de que la denuncia del ministro de la Guerra fuera presentada al tribunal militar de Roma, la Alta Comisaría para las Sanciones contra el Fascismo, por medio del comandante del núcleo de policía judicial dependiente de él, el capitán de Carabinieri Gabriello Lastretti, había presentado el 25 de mayo de 1945 un informe judicial contra Rodolfo Graziani a la Alta Comisaría adjunta para el Castigo de los Delitos Fascistas. La Alta Comisaría adjunta, sirviéndose de la facultad que le reconocía la ley de derogar la competencia del tribunal extraordinario, remitió al acusado al Alto Tribunal de Justicia, emitiendo una orden de captura. Después de breve tiempo, el proceso se transmitía a la sección especial del Tribunal de Roma, pues un decreto legislativo de octubre de 1945 establecía que si la vista no había comenzado todavía, los procesos pendientes ante la Alta Comisaría debían ser devueltos a aquella autoridad judicial. Terminado el sumario, se fijó el proceso para la sesión del 24 de mayo de 1946. Aquel día Graziani estaba ausente. El defensor, el abogado Giorgio Mastino del Rio, pidió el aplazamiento del proceso por dos motivos: la imposibilidad de trasladar al acusado por motivos de salud, y su necesidad de otras conversaciones con el defensor. El tribunal dispuso el aplazamiento para una fecha que había de fijarse más adelante. Pero tampoco pudo comenzar el proceso en la nueva sesión del 23 de junio; hubo que esperar hasta el 3 de diciembre, pero el debate se suspendió en seguida. Reanudado el 9 del mismo mes, se aplazó otra vez para una nueva convocatoria por legítimo impedimento del acusado para comparecer.
Algunos años después, el abogado defensor Francesco Carnelutti dirá en su discurso: "Roma ha sabido esperar". Finalmente, la vista de la causa se fijó para el 11 de octubre de 1948 ante la primera sección especial del Tribunal Criminal, La acusación concreta a Graziani era la del delito previsto por el artículo 5 del decreto legislativo del 27 de julio de 1944, n. 159, en relación con el articulo 51 del código penal militar de guerra "por haber cometido, con posterioridad al 8 de septiembre de 1943 y hasta mayo de 1945 en Roma y en los territorios del norte de Italia, delitos contra la fidelidad y la defensa militar del Estado, colaborando con el invasor alemán, esto es, haciéndose promotor, organizador y jefe del ejército de los renegados y traidores al servicio del Gobierno Fascista Republicano y asumiendo el cargo de ministro para la Defensa Nacional del mismo Gobierno y dictando en cuanto tal órdenes de reclutamiento y bandos con amenaza de penas terroristas, disponiendo rastreos sistemáticos, reprimiendo con las armas toda actividad de los patriotas contra los alemanes, haciendo así afrontar a las tropas mandadas por él hasta la derrota, combates de lucha fratricida contra los italianos". Del 11 de octubre de 1948 al 26 de febrero de 1949, el debate mantuvo ocupadas setenta y nueve sesiones del tribunal especial de Roma, hasta que, agotados ya los testimonios y siendo inminente la conclusión del proceso, tuvo lugar un hecho imprevisto al que se opuso en vano el fiscal doctor Ugo Guarnera. Acogiendo la demanda de la defensa el tribunal declaró su incompetencia para juzgar a Graziani y, con sentencia depositada en la secretaría el 4 de marzo de 1949, ordenó la transmisión de las actas a la Procuraduría General Militar para que a su vez las transmitiera al Tribunal Militar.
9. ¡A ROMA LA HE SALVADO YO, NO EL PAPA!
El episodio más curioso es el que sigue a la lectura pública de una memoria fechada el 9 de septiembre de 1936, que había enviado Michele Lessona, ministro de las Colonias, a Mussolini, jefe del Gobierno. Se trataba de una violenta condena de la actuación de Graziani en África que, decía, se había desarrollado "de forma poco inteligente, inconstante, cometiendo burdos errores que debían conducirnos, como nos han conducido, a obtener la desconfianza general por parte de todos los órdenes jerárquicos abisinios civiles y religiosos". Se recordaban las persecuciones y el destierro infligidos por Graziani a los jefes abisinios, y la política de soberbia desarrollada con relación al clero "de modo que las poblaciones, habiendo perdido los jefes civiles autorizados, perseguidos o eliminados los jefes religiosos, dada su ignorancia y su fanatismo, caen fácilmente presa de jefes bandoleros y aventureros". En vano, afirmaba Lessona, había tratado Graziani, virrey de Etiopía, de hacer recaer la responsabilidad sobre el general Pirzio Biroli. Su política era tal que "mantendría las rebeliones en Etiopía por, al menos, veinticinco años, como las hemos tenido en Libia, en Cirenaica, con la diferencia de que allá se trataba de centenares de millares de hombres y aquí se trata de millones. Su Excelencia sabe —concluía la memoria— que los pueblos primitivos tienen radicados unos pocos conceptos fundamentales, como la justicia, la fidelidad, el honor y la venganza. Con la política desarrollada por el mariscal Graziani hemos herido indistintamente todos los sentimientos que, sin embargo, representaban otros tantos documentos aprovechables para nuestra política, y nos hemos limitado sólo a un simplicismo condenable: el de la fuerza empleada poco inteligentemente".
Graziani, que durante la lectura del documento aparece cada vez más agitado por la ira, acusa a Lessona de vileza y le califica a él y a Pirzio Biroli como especuladores y nepotistas aprovechados, gritando, jadeando, con el rostro encendido y temblando, mientras el presidente trata en vano de interrumpir su oratoria y asiste, turbado, al salto con el que el acusado, después de haber gritado que este debate no sirve para nada, se precipita hacia el banco del mismo presidente, coge la hoja e indicando la firma de Lessona grita: "¡Es suya! ¡Es suya!". Un incidente semejante se repite en la sesión en la que se trata de la protección y de la defensa de las principales ciudades italianas durante la ocupación alemana.
El fiscal Galasso (al acusado): "¿Cuáles eran las comunicaciones rápidas entre el valle del Po y Roma?"
Graziani: "¿La ciudad de Roma?".
Galasso: "Ciertamente. ¿Cómo y en cuánto tiempo los contingentes de tropas habrían llegado a la capital para defenderla si fuera el caso?".
Graziani: "Bueno, no sé... Haría falta un experto".
Galasso: "El hecho es que Roma estaba completamente en manos alemanas".
Graziani (gritando): "¡Será, pero a Roma ¡a he salvado yo!".
Presidente: "¿Usted?".
Graziani (gritando de nuevo): "Ahora se dice que a Roma la ha salvado el Papa. La habrá salvado, pero soy yo quien le ha dado de comer, yo, que he hecho disolver la banda Pollastrini, yo, que la he salvado de la batalla. Si Kesselring cambió su estrategia respetando la ciudad, se me debe a mí. ¡Ya es hora de acabar de una vez y decir la verdad, por Dios!".
Graziani arroja con violencia sobre la estantería la agenda de notas que tenía entre las manos y da rabiosamente la espalda a los jueces. El presidente le llama al orden: "¡Póngase firme, acusado!".
Graziani salta dando un taconazo. El presidente le amonesta que observe el comportamiento que debe tener un militar ante un Tribunal Militar. También el colegio de la defensa, cada uno por su cuenta, trata de persuadir al acusado. Palidísimo y silencioso, Graziani escucha en posición de firmes. Luego se reanuda el interrogatorio.
General De Castiglioni: "Deseo saber quién ordenó la formación del ejército de Liguria".
Graziani: "El mando superior del mariscal Kesselring".
General Gelich: "¿Dónde tuvieron lugar los principales combates con las tropas de las Naciones Unidas y qué pérdidas sufrieron las tropas de la República Social Italiana?".
Graziani: "Principalmente, en los Alpes Apuanos. Con tres batallones, el grupo Carloni logró ocupar Viareggio. Los angloamericanos ya habían dado la orden de desalojar Florencia, y si hubiéramos tenido los medios que yo había pedido repetidamente a Hitler, habríamos podido copar al V y al VIII Ejército en los Apeninos. Es inútil que se vanaglorien ahora; habríamos podido echarles otra vez al mar o bloquearlos en la nieve. Esta es la verdad, todas las demás son charlatanerías" (El acusado comienza a excitarse declarando que habría podido ganar la guerra).
General Gelich: "¿Las tropas de la RSI sostuvieron combates con el ejército italiano?".
Graziani: "Mussolini lo habría querido para dar una prueba de fuerza y de empeño. Pero yo me opuse. Nunca un hombre de mis tropas combatió contra los demás italianos (acalorándose): ¡Si hubiera sucedido eso, entonces sí que me habría suicidado!".
General Gelich: "Usted habló ayer de su intención de formar de 15 a 20 divisiones para la RSI. ¿Con qué finalidad proyectaba un ejército tan fuerte?".
Graziani (gritando): "¡Para echar nuevamente al mar a los angloamericanos, nuestro verdadero enemigo! Existía la posibilidad, como lo demostró la acción del Grupo Carloni contra Viareggio. Y, en efecto, el general Carloni cuando fue capturado recibió honores militares del general brasileño, que le acompañó personalmente hasta Parma".
El último ataque de ira antes de la conclusión de la sesión está dirigido contra Badoglio.
El secretario lee un documento que Graziani había anotado en estos términos después del famoso discurso de Badoglio en Agro di San Giorgio Jonico: "El mariscal traidor busca coartadas. ¡Pero la historia estampará sobre él el sello de la infamia!".
Presidente: "¿Reconoce esta anotación?".
Graziani: "Sí, señor, ese es precisamente mi pensamiento. El pensará lo mismo de mí, pero la historia ya ha juzgado".
Presidente: "Le ruego que se abstenga de hacer comentarios".
Graziani: "Su señoría tiene razón, pero debería saber qué es lo que me quema aquí adentro".
10. EL ATENTADO CONTRA LA VIDA DEL MARISCAL
El 19 de febrero de 1937, durante una ceremonia en el recinto del guebi (el palacio imperial) de Addis Abeba, se lanzaron algunas bombas de mano contra el palco de las autoridades en el que estaba Graziani. El mariscal quedó acribillado por la metralla y con él cayeron heridos el general Liotta, el abuna Kyrillos, el general de la ciudad, Cortese, algunos periodistas (entre los cuales estaba Mario Appelius) y otras treinta personas. La represalia duró tres días y fue atroz. Cortese lanzó a los escuadristas. Todos los miembros del partido de los jóvenes etíopes y los intelectuales, y los oficiales y cadetes de la escuela militar de Oletta fueron muertos cruelmente. Graziani se encerró en el palacio del gobierno e impartió órdenes de que las matanzas prosiguieran doquiera hubiera sospechas de una conjuración. Así murieron miles de abisinios (se calculan de 3.000 a 5.800); en Debrá Libanós el mariscal mandó fusilar a 425 monjes, borrando el convento de la topografía de la Iglesia copta.
De los momentos del atentado a Graziani, presentamos el testimonio del periodista, escritor y ensayista Beppe Pegolotti que estaba presente en el hecho, y que incluso fue herido por una de las bombas: Mediodía (...). Una voz gritó: "¡Bombas, bombas!". Pandemonio, entre las explosiones que se sucedían. Nos encontramos allí, bajo el pórtico, al abrigo de la fachada del guebi. Huir era imposible. Habían estallado nueve bombas: a intervalos de algunos segundos las tres primeras, las demás, juntas. La primera estalló sobre la cornisa alta del pórtico; la segunda, lanzada con discreta maestría, había caído entre las dos columnas pasando apenas por encima de las cabezas de los presentes. La tercera había dado en el blanco, alcanzando al virrey y a las autoridades de la primera fila. Graziani, que había dado un salto desde las gradas, la había visto pasar sobre la cabeza, y había explotado a sus espaldas. Esa es la explicación de sus heridas, todas en la espalda y en la parte posterior de las piernas. Cayó al suelo maldiciendo. Cuatro personas, entre las cuales estaban Gariboldi y Cortese, se precipitaron a levantarlo. No fueron muchos los que conservaron la calma. Entre ellos hubo un operador cinematográfico del instituto Luce, Danilo Birindelli de Viareggio. Saltó a un automóvil, metió en él a Graziani, desmayado y sangrando, y le trasladó al hospital de la Consolata. Apenas fuera del recinto, una ametralladora disparó en dirección del auto, pero los disparos fallaron. Quizá Graziani habría muerto desangrado si no hubiera intervenido Birindelli (...).
Cuando Graziani estaba caído en el suelo, un capitán de los Carabinieri le había salvado la vida dejando secos con dos disparos de pistola a dos terroristas cuando estaban para lanzarle otras bombas. Después de explotar la novena bomba hubo una secuencia apretada de otros lanzamientos que, sin embargo, no produjeron daños porque los artefactos, todavía con la anilla sujeta, resultaron inofensivos. ¿Qué sucedió luego? Tuvo lugar un breve tiroteo contra el Pequeño Guebl. Eran algunos cómplices capitaneados por un armenio, que disparaban desesperadamente, con el fin de facilitar la fuga a los lanzadores. Los Carabinieri de guardia en los portones, los cerraron prontamente, y así todos los que permanecieron en el parque cayeron en la trampa (...). Entre tanto, Gariboldi había asumido el mando de la plaza y, con voz tranquila, impartía allí bajo el pórtico las disposiciones de emergencia. También él sangraba, herido en un brazo. Más tarde, cuando se temía la sublevación popular, dudó si llamar a la ciudad al general Gallina con sus tropas, que había sido enviado a la caza del Ras Desta. Pero, una vez aclarada la situación, se le dio a Gallina la orden de "quemar etapas" para tratar de desanimar a los guerreros del Ras, que las columnas Tucci y Natale estaban cercando en el sur. Cuando, después de al menos una hora, los heridos por las bombas fueron trasladados al pequeño hospital Vittorio Emmanuele (antes Sueco), las balas silbaban por todas partes. Ya había comenzado el rastreo de la policía. En muchos "tucul" estaban escondidas las armas.
Se desarrollaban algunos combates a tiros. En las horas sucesivas comenzaría también la sangrienta represalia, realizada generalmente por los elementos más facinerosos de la colonia civil blanca de tres mil italianos. La población etíope del conglomerado de la ciudad ascendía a 120.000 personas en aquel tiempo. En el hospital no había camas suficientes para todos los heridos. Unos cincuenta esperaron la medicación tendidos en el suelo. La extracción de los pequeños fragmentos de metralla era larga; los escasos médicos procedieron sumariamente. Muy pronto se agotó la provisión de éter. Tendido también yo en el suelo (tenía 22 fragmentos de metralla en las piernas) me hice a un lado para dejar pasar una camilla. Sobre ella estaba el general Liotta, en muy mal estado. Le llevaban al quirófano; ya había perdido un ojo: le amputaron una pierna. En otra camilla llegó un carabinero, que expiró casi inmediatamente. En el cuarto donde me hallaba estaban Petretti y Siniscalchi, heridos, pero no de gravedad. Allí hacia las dos de la tarde, me enteré de las primeras noticias sobre el estado de Graziani. Un oficial que venía de la Consolata, informó a los dos altos funcionarios del Gobierno. Dijo que, a pesar de "más de cien" fragmentos de metralla que le habían alcanzado (luego resultaron 350) y de la pérdida de sangre, podía considerarse fuera de peligro. Llegaron también noticias sobre los otros heridos graves. Entre ellos estaba el abuna Kyrillos. Pero el clérigo indígena que le sostenía el paraguas había muerto. En un balance aproximado se estableció que los heridos del atentado eran sesenta. Mario Appelius había recibido un fragmento de metralla en la nariz. Los muertos eran cinco: además del carabinero y el clérigo, había fallecido un técnico (...).
Mensaje por cocinilla » 15 12 2018 21:39
El Proceso Graziani (3ª Parte)
11. EL "BANDO DE GRAZIANI" Y LA PENA DE MUERTE PARA LOS PRÓFUGOS
Notas pesarosas, para Graziani, cuando el fiscal pasa a hablar del decreto legislativo del 18 de febrero de 1944, número 30 —que los jóvenes reclutas llamaban expeditivamente "el bando de Graziani"—, el cual conminaba con la pena de muerte a los prófugos y a los desertores.
Fiscal Galasso: "Está firmado por Usted, acusado; su nombre aparece junto con los de Mussolini, Jefe del Estado, y del ministro de Justicia. Piero Pisenti...".
Graziani: "Mussolini pensaba ya en ese decreto desde noviembre de 1943. Luego se dejó descansar la cosa. En febrero, aguijoneado por los alemanes, el Duce volvió a la carga y sometió la ley al Consejo de Ministros...".
Galasso: "Entre los que usted se hallaba".
Graziani (gritando): "Sí, nunca lo he negado".
Un abogado: "¡Mariscal, por favor, cálmese!".
Graziani: "Yo, por medio del auditor general militar Ciancarini, subrayé al Duce la gravedad de la medida que contrastaba con todas las medidas ordinarias del Código penal militar...".
Galasso: "Hay aquí en las actas una carta suya, acusado, fechada el 18 de febrero de 1944, enviada al mariscal de campo Kesselring. Es, pues, del mismo día de la promulgación del bando que amenaza con la pena de muerte a los prófugos de la RSI. Se la leo: 'Hoy, con la promulgación de ley excepcional que conmina con la pena de muerte por las rebeldías y las deserciones de las unidades, entramos en un nuevo régimen disciplinar y penal que, esperamos, servirá mucho para reducir, si no para truncar incluso, este triste fenómeno (...). Puede estar seguro, excelentísimo mariscal, que este problema constituye una de mis más vivas preocupaciones, pues comprendo muy bien que de la solución del mismo depende en gran parte la reconstrucción de las Fuerzas Armadas Republicanas, a las que me he entregado con fe y con entusiasmo".
Graziani: "Mussolini cortó por lo sano: dijo que se trataba de una ley excepcional impuesta por circunstancias excepcionales. Yo me opuse hasta el último momento...".
Galasso: "Sin embargo, hay quien ha hecho notar que en su libro Ho difeso la Patria, no se ha reproducido esta carta, esto es, la que comienza con las palabras 'Hoy, con la promulgación del decreto-ley que conmina con la pena de muerte...'".
Graziani: "No habría querido asumir la responsabilidad, hice lo posible para atenuar la rigidez de las normas...".
Presidente: "¿Cuál fue el resultado de los reclutamientos de 1924 y de 1925?".
Graziani: "La Emilia, la región más 'roja' de Italia, daba el noventa y ocho por ciento...".
Presidente: "Usted estuvo presente en el encuentro de Salzburgo del 20 al 22 de abril de 1944 entre Hitler y Mussolini. ¿Qué sucedió?".
Graziani: "Los alemanes querían un millón de hombres para llevarlos a Alemania como obreros y ofrecían condiciones óptimas también para las familias. Presionaban a Mussolini, Pavolini insistía, Rahn igual. Por medio del comisario para el trabajo, Marchiandi, un ex sindicalista socialista, no habían logrado reunir más que diecisiete mil. La gente no quería saber nada: ¡no podían agarrarlos por el cuello! Entonces se dirigieron a las Fuerzas Armadas y me dijeron que debía llamar a las armas a las quintas de mil novecientos diez a mil novecientos veintiséis. Protesté ante Pavolini, Rahn, Mussolini; telegrafié al mariscal Keitel haciéndole ver la imposibilidad del asunto. En resumen, pudimos detener la llamada a las armas y así llegamos a Salzburgo. Mussolini quiso hablar en alemán, pero, con todo respeto a su memoria, considero que no podía expresarse a la perfección. Luego hablé yo; con buena dosis de valor le dije a Mussolini que no era el caso de insistir sobre la petición de un millón de trabajadores. '¿Por qué?', preguntó Hitler. 'Porque el pueblo italiano no cree ya en la victoria alemana'. Hitler reaccionó con ímpetu y habló de armas secretas. Habló de algo que debía ser semejante a la bomba H que destruye la vida dentro de un radio amplio, algo semejante a lo que los científicos alemanes deben haber realizado tanto para los rusos como para los norteamericanos".
Entre el público que abarrota el recinto se alza un leve murmullo. Graziani comienza a hablar de su regreso a Italia, de la visita hecha al frente de Neptuno y de su amarga sorpresa al hallar, a su regreso al Norte, la llamada para el primer semestre de las quintas de 1910 a 1926:
Graziani: "Yo no sabía nada —dice con voz apagada—. Mischi me dijo que había sido Mussolini, la disculpa acostumbrada cuando algo no marchaba bien; lo contrario que yo, que, quizá caso único en Italia, el catorce de diciembre de mil novecientos cuarenta le había dicho a Mussolini: "¡Será arrastrado a la ruina, porque está rodeado de traidores!". ¿Qué podía hacer, pues, sino firmar el bando?"
Presidente: ¿Cómo hacia para desempeñar el doble cargo de comandante del ejército de Liguria y de ministro de Defensa?".
Graziani: "Durante veinte meses recorrí ciento cincuenta kilómetros al día en medio de peligros de toda clase. Me habrían podido matar cien veces: y todavía se dirá que en África estaba escondido en los refugios... Cuando me alejaba de la formación, dejaba al coronel Sorrentino, que permanecía relacionado conmigo. Nunca he sustituido a ningún comandante alemán, ni siquiera a Kesselring cuando fue herido"
12. "QUERÍA PREPARAR VEINTE DIVISIONES"
Presidente: "¿Cuándo comenzó la guerra partisana propiamente tal?".
Graziani: "Las primeras escaramuzas tuvieron lugar en los Apeninos en octubre de 1943, y contemporáneamente se verificaron algunos focos en el valle de Aosta. Los alemanes proyectaron la constitución de diez batallones ligeros. Mussolini hizo suya la idea: pero, ¿cómo armar a los batallones si los alemanes no suministraban armas?".
Presidente: "¿Por qué?".
Graziani: "Quiero ser ferozmente objetivo. Después del ocho de septiembre, Italia fue literalmente despojada por los alemanes. Ya no teníamos nada. Sin embargo, yo, sin vanagloriarme, puedo decir que habría podido reunir veinte divisiones. Era el pueblo quien las quería, el pueblo que sentía la verdad en los postulados sociales de Verona (recuerda el 98 por 100 de reclutas en Emilia). Pero cuando los alemanes se dieron cuenta de que era en serio, se llenaron de sospechas, temieron otra traición y no nos dieron nada. Debíamos comprar los uniformes militares en el mercado negro. Luego la desilusión penetró también en el pueblo".
En las demás sesiones, hasta el 17 de abril, se da lectura a los testimonios dados en el primer proceso en el Tribunal Penal Especial, como el de Ferruccio Parri, los de los generales alemanes Karl Wolff y Hans Schlemmer (Parri dijo: "Graziani era el único general italiano que gozaba de popularidad. Fuera de él, Mussolini no hubiera podido disponer,como generales de cierto nombre y autoridad, más que del general de Cuerpo de Ejército Archimede Mischi, quien, por lo demás, por su procedencia de las filas fascistas, habría suscitado resistencias. De ninguna otra persona podría disponer Mussolini para la constitución de este Ejército, como constaté, sobre lodo, a partir de los primeros meses de 1944, notando que a esa intervención de Graziani se debía el desarrollo grave, peligroso, de la guerra civil, que se iba extendiendo en el norte de Italia. Recuerdo que nosotros mismos deploramos profundamente no podernos hallar simplemente de frente a los alemanes, a las fuerzas de policía fascistas y a las Brigadas Negras. Eran casi lo mismo... Cuánto mejores habrían sido la guerra y también la suerte sucesiva de Italia si no hubiésemos tenido que combatir contra el ejército regular italiano"; Wolff dijo: "Graziani actuó valerosa y dignamente en interés de su país incluso ante las más altas autoridades alemanas"; Schlemmer: "Graziani, por razones de puro patriotismo, hizo recaer sobre sí el odioso atributo de colaborador, para evitar a su país mayores males", etc.). Luego, el 18 de abril, toma la palabra el fiscal, general Nicola Galasso: "Ante una Italia dividida en dos —comienza a decir—, ¿qué debía hacer el mariscal, dado su prestigio, su gloria, su valor y su inteligencia? Habría debido resistir como resistieron los generales Zoppi y Grazioli, que han venido aqui a testimoniar; habría debido aislarse, hacerse encerrar en un convento".
Graziani: "¡No!".
Fiscal: "¿Por qué aceptó entonces, Graziani? Aceptó por una serie de sentimientos y de resentimientos. Era perfectamente consciente del paso. Y, en efecto, exaltó esta adhesión suya en un discurso durante el cual dijo a propósito de Badoglio: 'El mariscal traidor hablando en San Giorgio Jónico ha querido buscar una coartada, pero la historia le señalará".
La obra de Graziani en favor de los alemanes comienza el 27 de octubre de 1943, día en que el mariscal firmó el decreto que disolvía al ejército italiano "considerado cubierto de infamia". Continúa la obra con el decreto del 18 de octubre de 1944, que conminaba con la pena de muerte a los prófugos y a los desertores. En una carta a Kesselring, el ministro de las Fuerzas Armadas de Salo afirma que el problema de los prófugos "es su primera preocupación". En ese punto el fiscal ilustra la enormidad de aquel decreto confirmado luego con el del 18 de abril del mismo año. El general Galasso afirma que está fuera de duda que Graziani se había solidarizado con Mussolini en la consideración de las normativas de los alemanes. El fiscal recuerda además las normas institutivas de los tribunales extraordinarios militares y las interferencias del mismo Graziani ante las autoridades judiciarias con circulares, en las cuales se alza contra las condenas blandas contra jóvenes prófugos.
"He ahí por qué —prosigue el fiscal— me parece que no se pueden hacer críticas al testimonio dado por Ferruccio Parri cuando dice: 'Fue la presencia de Graziani en el Ministerio de las Fuerzas Armadas la que hizo posible la organización de aquel ejército que el 12 de abril de 1944 había alcanzado unos efectivos de 380.000 hombres, como se lee en el telegrama de Graziani a Keitel'".
Galasso: "La lucha partisana ha envenenado con frecuencia nuestro debate y, si se ha mantenido en una atmósfera austera, es por mérito del presidente. Quizá en los presupuestos de este proceso haya habido errores de planteamiento".
Abogado Carnelutti: "¡Búsquelos en Montecitorio!".
Galasso: "Puede ser. Pero yo afirmo que los partisanos han merecido el bien de la Patria y tienen derecho a nuestro más profundo respeto y a mayores honores. Graziani siempre estuvo al corriente de las operaciones contra la Resistencia. El decreto del 18 de abril firmado por él contenía sanciones precisas y específicas contra los partisanos, entre las cuales la pena de muerte inmediata para quien fuera hallado en posesión de armas, o para los 'rebeldes' y para sus favorecedores. El acusado sostiene que ha ignorado siempre ese decreto, que se publicó incluso - en la Gaceta Oficial. Pero entonces, si debemos tomar como verdaderas las palabras del mariscal, tenemos que preguntarnos qué representaba Graziani en el Gobierno de la República Social: ¿un pelele?".
Graziani: "¡Mis palabras son claras! ¡Ciertamente que no!".
Galasso: "Yo no critico al mariscal por este o aquel episodio, ésta o aquélla represalia. Graziani es responsable de aquella actividad en su conjunto, actividad que tuvo consecuencias luctuosas. Aun admitiendo, por hipótesis, que la iniciativa de las operaciones haya partido de los partisanos, no se modificará la esencia de la causa, pues, en todo caso, la acción de los partisanos sería legitima en cuanto que a la Resistencia se le puso en la situación moral y jurídica de tener que atacar a las fuerzas organizadas de un Gobierno ilegitimo. Eso lo confirman numerosas sentencias del Tribunal Supremo...".
Graziani (estallando): “He dicho que asumo toda la responsabilidad”.
Galasso: “Graziani ha animado, protegido y alimentado la lucha contra la resistencia. Hasta se creó un distintivo especial para todos los hombres que hubieran participado en tres combates al menos contra los partisanos. Ese distintivo fue causa de otras muertes entre italianos.”
13. EL LLAMAMIENTO DE GRAZIANI A LOS CAMARADAS
14. LA PETICIÓN DEL FISCAL: VEINTICUATRO AÑOS
El fiscal concluye el discurso pidiendo al Tribunal que "se haga justicia", y para Rodolfo Graziani propone veinticuatro años de reclusión con las condonaciones establecidas por la Ley (esto es, la pena se reduce en diecisiete años), y añade: "Jueces que debéis juzgar a un soldado de vuestra milicia, sé y siento lo angustiosa que es vuestra misión para poder pronunciar una sentencia caracterizada por la justicia y la equidad. Por mi parte estoy convencido de que he cumplido dignamente con la difícil tarea que se me ha confiado y de que he servido a la causa de la justicia". Tras las últimas palabras del general Galasso se sigue un profundo silencio, interrumpido de repente por el sonido breve de la campanilla del presidente, que levanta la sesión. Graziani se va a grandes pasos, echándose sobre los hombros el abrigo de siempre. Ahora tienen la palabra los tres defensores, Carnelutti, Del Rio y Augenti. Sustancialmente —tras haber trazado un amplio, vivo y minucioso cuadro de los acontecimientos que siguieron en Italia a la fecha del 25 de julio de 1943, caída del fascismo— sostienen que Graziani no fue responsable de nada, sino de ser el "sindico de una quiebra":
"Nuestra investigación pretende ser severa y valiente. En esta reconstrucción hay motivos tristes, dolorosos, angustiosos, que caracterizan lo que ha sido la desventura de Italia, desventura en la que se ha insertado el drama psicológico del mariscal Graziani". Carnelutti recuerda una sentencia del juez instructor del Tribunal Militar de Roma (la del proceso Roatta), en la que se reconoce que el Alto Mando militar no había preparado ningún plan en previsión del armisticio. "¡Para mantener el secreto sobre aquel armisticio —grita con emoción— se había previsto la pérdida de medio millón de hombres en los Balcanes!". Según el abogado Augenti, con la firma del armisticio el gobierno renunció a su soberanía y dejó de existir, pues, entre otros motivos, en el sur, donde se había refugiado, los aliados lo mantenían en estado de dependencia humillante. Esos, dice el abogado Augenti, son motivos suficientes para explicar el rencor de Graziani contra Badoglio y los aliados, y la hostilidad de todos los militares por el modo en que se había realizado el armisticio.
A continuación, el tercer defensor, Del Rio, se alarga demostrando las intenciones alemanas de convertir a Italia en tierra quemada y se pregunta "qué habría sido de Italia si Graziani, como sugirió el fiscal, se hubiera encerrado en un convento. Y vosotros, jueces, ¿tendríais que tachar de traidor al que, en cambio, ha hecho el holocausto de su vida, de su pasado, por el bien de la patria?". Y llega el 2 de mayo, día de la sentencia. La sala está repleta de muchísimos seguidores de Saló (hay, incluso, un inválido, medalla de oro, que ha sido transportado en brazos por un grupo de condecorados de la RSI), cuando, a las 11, el presidente se dirige a Graziani:
"—¿Tiene algo que añadir el acusado?".
El ex mariscal de Italia responde que sí y se levanta. Con voz atronadora, después de haber dicho que "sólo el deseo de tu-telar y defender el honor y la integridad de la patria me ha movido a asumir mi misión en septiembre de 1943", declara que "rechaza las acusaciones indiscriminadas, fruto de maquinaciones infernales", y que, una vez más, asume todas las responsabilidades para sí y para sus subalternos. Graziani no reniega de su conducta, del "fascismo" durante los dieciocho años en África y luego apartado de él en la patria, y por último al servicio de la República de Saló. "donde la bandera ante el aliado alemán y ante el enemigo fue siempre sólo la de la patria". A continuación los jueces se retiran a la sala de deliberaciones, de donde no salieron hasta después de once horas, pues reaparecieron en la sala a las 22,05, y el presidente, ante una enorme muchedumbre silenciosa, lee el veredicto.
Graziani prisionero después de la guerra
"Vistos los cargos contra Rodolfo Graziani, mariscal de Italia borrado del escalafón con pérdida de grado, acusado conforme al pliego de cargos, el Tribunal Militar declara a Rodolfo Graziani culpable del delito de colaboración con el enemigo después del 8 de septiembre de 1943 por los hechos indicados en los números 1, 4 y 5 y en la segunda parte del número 6 de las acusaciones que se le han hecho, y disminuyendo la pena por graves lesiones recibidas y por acciones valerosas, y concediendo además al acusado los atenuantes de haber obrado por razones de un valor moral
especial, le condena a diecinueve años de reclusión, de los cuales son condonados trece años y ocho meses, y le declara absuelto con respecto a los números 2 y 3 de las acusaciones por no ser punibles al no constituir delito el hecho. Y le absuelve, por insuficiencia de pruebas, en cuanto al empleo de unidades del ejército de 'Liguria' en la lucha antipartisana y por no haber realizado el hecho, por lo que se refiere a las tropas dependientes de él''.
La lectura de la sentencia tuvo lugar en medio de un gran silencio, en un clima de extrema tensión debida a la extenuante espera. El acusado no había pestañeado; pero la palidez de su rostro revelaba la emoción interna. De la muchedumbre que estaba de pie no se elevó ni un comentario. La esposa de Graziani, marquesa Inés, ha tenido los ojos fijos en su marido durante la lectura de la sentencia de condenación, sin revelar tampoco ella la turbación intima. Sólo se secó los ojos alguna señora del grupo de los parientes, allegados y amigos del ex mariscal, que, por concesión del presidente del Tribunal, ocupaban los puestos reservados al otro lado de las barandillas de contención que delimitaban los puestos reservados al público. A las decididas palabras del presidente, general Di Pralormo. "se levanta la sesión", el imponente servicio de orden predispuesto dentro de la sala del Tribunal hizo que el público la desalojara inmediatamente. Graziani fue conducido rápidamente fuera de la sala y sustraído a la vista del público mientras los jueces salían por la puerta reservada para ellos. Naturalmente, no permanecerá en la cárcel ni un solo día. La conclusión del proceso suscitó comentarios discordantes en el país, que se dividió entre "culpabilistas" e "inocentistas". Hubo quien acusó a la Magistratura de conservadurismo; otros afirmaban que condenando a Graziani la joven democracia italiana había querido ganar méritos antifascistas. En realidad, a distancia de los años, no se puede afirmar ciertamente que los jueces se hayan dejado llevar por el espíritu de venganza ni que hayan hecho el juego a los nostálgicos.
15. EL ACTA DE RENDICIÓN DE GRAZIANI
16. LA MUERTE DEL MARISCAL
A mediados de 1950 el ex mariscal, libre pero condenado, privado del grado y de algunas condecoraciones, era un hombre de sesenta y ocho años, cansado, enfermo. Podría encerrarse en el olvido, pero no tiene vocación para la humildad. El 4 de octubre de 1952, aniversario de la constitución del ejército de Saló, Graziani se inscribe en el Movimiento Social Italiano (neofascista) y recibe en su propia finca a setenta y ocho ex jerarcas fascistas que llegan de Milán en autocar. Entre ellos está Asvero Gravelli, ex Jefe de Estado Mayor de la Guardia Nacional Republicana y el ex coronel de la "Mutti" Ampelio Spadoni. La comitiva forma ante el ex mariscal, que pasa revista saludando a la romana. Al año siguiente, en junio, Graziani da una vuelta electoral por Sicilia, pero el jefe de la Policía de Enna le aleja de la isla con un mandato obligatorio por "motivos de orden público". El ex mariscal protesta en un telegrama a Scelba: "El ultraje vulgar y la vejación son armas utilizadas por vosotros para impedir que el pueblo italiano conozca la verdad".
Cadáver de Graziani
Pronto la enfermedad le obliga a guardar cama. A primeros de enero de 1955 le internan en la clínica "Sanatrix" para una difícil operación quirúrgica. El profesor Valdoni le opera el día 5, pero se encuentra con una úlcera perforada que no habían revelado las radiografías, además de una grave forma de litiasis hepática. La operación tiene éxito y en los días inmediatamente posteriores se difunde entre los familiares y amigos un cauto optimismo. Inesperadamente, el 10 por la mañana las condiciones del ex mariscal de setenta y tres años empeoraron. Graziani manda llamar al capellán de Forte Boccea para poderse confesar. A su mujer y a su hija les dice: "Hoy, que debo presentarme ante el juicio de Dios, siento que puedo ir sereno, porque he cumplido con mi deber. He amado siempre a mi familia y he amado mucho a los italianos". Luego comenzaron las horas nocturnas del delirio. A las seis de la mañana del 11 de enero tiene un sobresalto: "Gran Dios, ten piedad de mí" —murmura, y muere inmediatamente.
http://senato.archivioluce.it/senato-lu ... dexPhoto=2
http://web.tiscali.it/tiburtinoportonac ... iani/4.htm
http://discorsograziani.blogspot.com/
https://www.lookandlearn.com/history-im ... ool=phrase
http://italianmonarchist.blogspot.com/2 ... ziani.html
https://causainfinita.blogspot.com/2016 ... ziani.html
Mensaje por abhang » 14 01 2019 20:00
Estupendo artículo, como siempre, camarada cocinilla; me acuerdo de este personaje en la película "El león del desierto".

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 artículo 51
 artículo 5