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Timestamp: 2019-01-20 15:50:37+00:00

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﻿ Sentencia 1996-7982 de marzo 24 de 2011
SENTENCIA 1996-7982 DE 24 DE MARZO DE 2011
CONTENIDO:LA RESPONSABILIDAD DE LAS ENTIDADES DE EDUCACIÓN. RESPONSABILIDAD DE LOS CENTROS EDUCATIVOS FRENTE A SUS ALUMNOS, INOBSERVANCIA AL DEBER DE VIGILANCIA Y CUIDADO DE LOS MENORES POR PARTE DE LAS DOCENTES Y LA DIRECTORA DEL PLANTEL EDUCATIVO.
TEMAS ESPECÍFICOS:ESTABLECIMIENTO EDUCATIVO, OBLIGACIONES DEL ESTABLECIMIENTO EDUCATIVO, RESPONSABILIDAD DEL DOCENTE, RESPONSABILIDAD POR RIESGO EXCEPCIONAL
Sentencia 1996-7982 de marzo 24 de 2011
Rad.: 52001233100019967982 – 01 (19.032)
Demandante: Mélida Isabel Narváez y otros
Procede la Sala a resolver el recurso de apelación interpuesto por la parte demandante contra la sentencia que dictó el Tribunal Administrativo de Nariño el 4 de agosto de 2000, mediante la cual denegó las pretensiones de la demanda.
‘Para encontrarse en condiciones de reprochar una falta de vigilancia al demandado, la víctima debe probar que aquel soportaba esa obligación de vigilancia en el momento preciso de la realización del daño... La obligación de vigilancia se extiende incluso a las horas consagradas al recreo y a los paseos; comienza desde que el alumno queda autorizado para entrar en los locales destinados a la enseñanza y cesa desde el instante en que sale de ellos, a menos que el profesor se encargue de la vigilancia de los alumnos durante el trayecto entre el colegio y la casa; subsiste también aunque no sea ejercida efectivamente, si el profesor se ausenta sin motivo legítimo’(4).
En esta oportunidad la Sala reitera —porque ya lo ha sostenido(5)— que sobre las instituciones educativas recae la responsabilidad por los daños que sus alumnos sufran u ocasionen a terceros cuando se encuentran bajo la tutela de las directivas y docentes del establecimiento educativo, bien sea en sus propias instalaciones o por fuera de las mismas; pero al mismo tiempo se considera necesario resaltar que la justificación para la existencia de esta responsabilidad se halla en el hecho de que en los establecimientos educativos escolares, normalmente se forman y educan personas menores de edad —como en este caso— quienes por esta sola circunstancia se encuentran expuestas a muchos riesgos, toda vez que carecen de la madurez y buen criterio necesarios para regir sus actos y, en consecuencia, pueden incurrir en actuaciones temerarias, imprudentes, de las que se pueden derivar daños para sí mismos o para terceros; es por eso que el artículo 2347 del Código Civil establece que “… los directores de colegios y escuelas responden del hecho de los discípulos mientras están bajo su cuidado (...)” (la Sala resalta), situación que solo puede predicarse, precisamente, de quienes efectivamente requieran de ese cuidado.
Así ha discurrido la Sala, al considerar que
Por ello, a juicio de la Sala, no resulta comparable un evento dirigido estrictamente a personas mayores, como es una fiesta nocturna con baile y licor, con cualquier otra actividad escolar que implique la participación de menores como podría ser un bingo, un ‘día de la familia’, un bazar, un paseo, una excursión, una visita de museos, etc. etc., actividades todas en las cuales corresponde a las directivas y profesores del colegio velar por la integridad y seguridad de sus alumnos, quienes todavía no están en total capacidad de comportarse y cuidarse en tal forma que puedan evitar la producción de daños a sí mismos y a terceros; y por ello, requieren del cuidado de las personas adultas —directivos y profesores— que se encuentran a cargo de los estudiantes”(6).
— Copia auténtica del informe del accidente de tránsito ocurrido el 5 de junio de 1996, sobre la vía “Tuquerres Tumaco - sitio San Jorge. Km. 43”, a la 1:30 p.m., según el cual resultaron muertos los menores Óscar Ferney Narváez y Leidy Yazmín Realpe Delgado y heridas otras cuatro personas —sin especificación de sus identidades—, a causa del volcamiento del autobús particular de placa VPI 678, marca Dodge, modelo 1970, conducido por el señor Carlos Eduardo Ponce, quien, según dicho informe, huyó del lugar de los hechos; como causas probables del accidente se anotó: “al parecer exceso de velocidad y falla mecánica” (fls. 56 7y 57, cdno. 1).
“(...) siendo aproximadamente las 13:30 horas, en la vía Pasto -Tumaco, sitio Monterrey, donde el vehículo tipo bus, cerrado, color verde, amarillo y blanco, servicio público, afiliado a la empresa Palmirana de Transportes Ltda., placas VPI 678 ... donde perdieron la vida los menores Óscar Checa Narváez … Leidy Yazmín Realpe Delgado … resultando heridos los menores Lida Gómez ... Jaider Hugo Castro Burbano ... Daniela Garcia Rosero ... Diana Marcela Meza ... y otros menores que resultaron heridos en el mismo accidente que no fueron registrados sus datos, el bus era conducido por el señor Carlos Ponce Martínez, 20 años de edad, indocumentado ... después del accidente el conductor abandonó el vehículo y emprendió la fuga. El bus recorría las veredas Andalucía y el Guabo y viceversa, de paseo con alumnos de la escuela urbana de niñas, del municipio de Ricaurte, donde según informaciones de los mismos alumnos viajaban al parecer 50 niños, pero en el momento de presentarse el accidente al parecer viajaban un número aproximado de 10 a 15 niños. El accidente se presentó al parecer por fallas mecánicas (...)” (fl. 309, cdno. 1) (se destaca).
— Certificación emitida el 13 de febrero de 1998 por la directora de la escuela urbana de niñas del municipio de Ricaurte, mediante la cual consta que los menores Óscar Ferney Narváez, Leidy Jurany Rivera, Hayder Hugo Castro Burbano, Leidy Yazmín Realpe Delgado y Lady Natalia García Padilla se encontraban matriculados en ese centro educativo para el año lectivo 1995-1996 y cursaban, los tres primeros estudiantes, primer grado de básica primaria; Leidy Yazmín Realpe Delgado, por su parte, cursaba tercer nivel de básica primaria y Lady Natalia García Padilla se encontraba en cuarto grado, igualmente de básica primaria (fl. 359, cdno. 1).
— Copia auténtica del documento denominado “Planeamiento Institucional general de la escuela urbana de niñas del municipio de Ricaurte” para el año lectivo 1995-1996 (fls. 361 a 378, cdno. 1), según el cual:
“Teniendo en cuenta la evaluación institucional del año escolar 1994-1995, el contexto del municipio de Ricaurte, la comunidad educativa de la escuela urbana de niñas realiza la planeación institucional fundamentada en la filosofía, misión, manual para la convivencia y objetivos que propende el establecimiento de acuerdo a los planteamientos de los artículos 5º, 21, 23 de la ley general de educación-Ley 115 de 1994 y artículo 14 del Decreto Reglamentario 1860 de 1994. Propendiendo por una educación humanística y de calidad mediante la formación integral del estudiante.
Planeación actividad día del estudiante.
En propuestas se considera muy pertinente hacer una próxima reunión el día 3 de junio y que cada directora de grupo traiga sus propuestas concretas para la realización del evento” (se destaca).
La señorita Magali Burbano pone en consideración se de a conocer el lugar que cada una había definido ir con los niños, teniendo en cuenta que sean lugares seguros en donde los educandos puedan disfrutar de ese día con gran agrado”.
(...) Toma la palabra la señorita Martha Ruano y manifiesta su deseo de ir al Guabo justificando que es un lugar seguro pues la escuela no ofrece peligros, pues los niños estarán en el patio, la escuela es cerrada, tiene portones grandes donde se evita la salida de los niños hacia la calle, es un lugar bonito, conocen otros lugares, hay integración con otros estudiantes, además el año pasado la escuela de varones de aquí de Ricaurte visitó a los estudiantes del Guabo, fueron muy bien atendidos, pues la profesora María Jiménez es muy buena. A continuación las profesoras Elsa Padilla G. y Liliana Martínez acogen la idea de la profesora Martha y deciden ir al Guabo los grados primero A, tercero A y cuarto.
Cada directora de grupo informará a los niños sobre lo propuesto y llevarán las notas por escrito a los padres de familia, para traer la respuesta el día martes verificando a quienes los mandan de paseo, e inclusive hacerles todas las recomendaciones” (se destaca) (fls. 381 a 383, cdno. 1).
— Testimonio de la profesora Magaly del Socorro Burbano García, directora de la escuela urbana de niñas de Ricaurte (fls. 398 a 404, cdno. 1), quien señaló:
“Dentro de los lineamientos de la administración educativa se debe hacer un planeamiento institucional para todo un año escolar, para el año 1995-1996, en las semanas comprendidas del 22 al 31 de agosto de 1995, se planeó con todos los docentes las estrategias curriculares, estrategias pedagógicas como también el cronograma de actividades que se tiene en cuenta y una de ellas ha sido tradicional en el establecimiento de celebrar el día del alumno que es propiamente a nivel de toda Colombia, el ocho de junio, pero dadas las condiciones que caía sábado entonces en planeación se acordó que fuera el viernes siete de junio. Ya llegándose el tiempo para cualquier evento o actividad que ha sido planeada, dentro de mi estilo de todos los docentes que trabajamos allí es cumplir con la otra etapa de la administración educativa como es la organización de las actividades a realizar, de esta manera durante el mes de mayo se hicieron varias reuniones para dicha organización de la actividad del día del alumno, tal es el caso de las reuniones del 13, 22 de mayo y la del 31 de mayo, donde estábamos todos los docentes, nuevamente como para mirar el lugar, determinar exactamente la fecha ... se definió que para el día lunes tres de junio cada directora de grupo diga el lugar donde quieren ir, el día que se estime conveniente, el algo para compartir con los niños, además de que esto se debe hablar con los padres de familia si están de acuerdo en mandarlos o no al paseo, porque siempre se ha hecho así, organizadamente, el día lunes nos reunimos nuevamente como se había previsto en la reunión anterior ... para el transporte de los grupos que salían asumen la responsabilidad y manifiestan que ellos buscarán el transporte; en cuanto se hace referencia al transporte se dijo que estén en buenas condiciones, y que ofrezcan seguridad y comodidad ... el día martes nos volvimos a reunir entonces la compañera Elsa Padilla manifestó que se había hablado con el señor Marceliano Romo, para que lleve a los niños que iban al Guabo, porque él tiene una camioneta, una vez lleve a los niños que iban a Coaiquer (sic), pues que había hablado con don Eduardo Ponce y él había manifestado de que el carro de ellos estaba en Palmas de Tumaco ... el día miércoles cinco de junio llegué minutos antes de las siete a la escuela ... la profesora Elsa Padilla me llama y me dijo ‘profesora Magaly, hemos visto este bus de los Ponce, pues es grande y ofrece comodidad a los niños, además el chofer dijo que estaba en buenas condiciones porque también la camioneta de don Marceliano es pequeña y tiene que hacer varios viajes porque Patricia también la ha contratado, siendo de que se ofrecía al conductor todas las garantías decidimos subirnos al carro incluso yo también decidí ir con los estudiantes del Guabo ya que era el grupo que iba más lejos, cuando llegamos al lugar llamado Anda Lucía, los grupos que iban en el carro de don Marceliano ya estaban allí, me bajé fui a buscar nuevamente a las docentes y nuevamente les volví a hacer las recomendaciones pertinentes ... cuando ya llegamos al Guabo … las profesoras nos recibieron, suspendieron clases, se les organizó el encuentro deportivo, entre los niños de Ricaurte y del Guabo, las señoras que fueron del restaurante, y otras dos docentes se estaba ayudando en la cocina y las demás estábamos ejerciendo control y vigilancia a los niños ... una vez estando ya estando los alimentos listos era más o menos las doce del día, salí, hice sentar a todos los niños en los corredores de la escuela y a los niños de primero A eran los más chiquitos los ubiqué en una mesa, también me ayudaba a servir la profesora Liliana Martínez, cuando en un momento se oía que pedían talegas, también de que querían ir a la piscina, incluso mis sobrinos porque son cinco sobrinos, aunque yo no tengo hijos, ellos estaban también en el paseo, en vista de eso les dije a mis compañeras sería como que empaquemos porque los niños están guardando los alimentos y que ellos los van a llevar los papás, cuando salí de pagar el servicio del gas y me parece que traía un talego en mis manos, cuando se me acerca Nixon Realpe, estudiante del curso cuarto hermano de la niña que falleció y Ana María Torres y me dicen ‘profesora Magaly, el carro se fue’ les digo ‘imposible, si nosotros ni aún hemos comido, apenas acabo de servir el último grupo’, cuando yo miré el carro iba unos metros recorrido, en una bajada, inmediatamente, les grité a las compañeras, el carro se ha ido, salimos como locas de allá ... cuando llegamos, veníamos corriendo y todo, cuando llegamos a la casa de Javier Álvarez, cuando me gritan ‘profesoras, que ese carro iba sin frenos y desde aquí se oía una cosa que le sonaba’ como loca corrí en búsqueda de una camioneta que estaba al lado de la escuela, le dije que por favor nos lleve que ese carro se había ido, intenté tirarme al carro que bajaba, cuando llegamos al lugar de los hechos, veía que salían los niños ... enseguida nos percatamos quiénes eran los niños que habían fallecido, eran Óscar Ferney Narváez y Leidy Jazmín Realpe ... inmediatamente la angustia de los niños que corrían para un lado y otro contraté una camioneta de mallama, reunimos a algunos de los niños que estaban allí para traerlos acá a Ricaurte, en este accidente cayeron los dos hijos de la profesora Martha Ruano, las dos sobrinas de doña Maribel Guerrero, en el caso mío los cinco sobrinos ... cuando el carro llegó a la escuela yo lo miré bien, en buenas condiciones, el vehículo prendió no más, sin necesidad de empujarlo, nos fuimos, de ida no hubo ningún problema, incluso, yo lo hice parar en Anda Lucía, allí me esperó y todo, a la ida no hubo ningún problema en absoluto, porque uno al ver notado algo, inmediatamente le hubiéramos dicho al chofer porque era la vida la que tiene que salvarse tanto de los docentes como de los niños, además uno de mecánica no sabe es nada, uno sabrá de la cuestión educativa de la mecánica desconozco totalmente ... yo vuelvo a corroborar lo que dije que de mecánica de automóviles ni de conducción, yo desconozco totalmente, pues lo que decía la mamá de Javier Álvarez, que era un tubo que iba arrastrando en el suelo, y eso es cerca a la escuela, el tubo iba sobre la carretera que iba arrastrando y haciendo un ruido horrible y que el carro iba a toda velocidad, más no sé ... Para contratar, la responsabilidad era de todo el grupo de profesoras, directamente quien contrató el carro para el Guabo fue la compañera Elsa Padilla, contrato escrito no hubo, fue verbal el valor según me informó Elsa era de treinta mil pesos y cada niño aportaba con el valor de quinientos pesos, siendo suministrados por sus padres ... Yo no conocía ni siquiera el carro, ni sabía que existía ese carro, por lo cual yo no conocía las características ... Aproximadamente Ricaurte queda a una distancia de veinticinco kilómetros de distancia del Guabo, la vía estaba pavimentada (...)”.
“(...) nosotros salimos [de la última reunión sostenida con ocasión de la celebración del día del estudiante] a buscar nuestro transporte, salimos a las doce del día, más o menos a las dos de la tarde, me fui con la compañera Liliana Martínez donde don Eduardo Ponce, a averiguarle sobre lo del carro porque ellos tenían un bus, él salió, nos atendió, nosotros le expusimos el motivo a que íbamos a su casa, nos comentó que el carro no estaba aquí en Ricaurte, que andaba por Palmas de Tumaco, que había ido a buscar cupo allá a la empresa Palmas de Tumaco, dijo que posiblemente el carro llegaría a las cinco de la tarde, en vista de que no contamos con el carro ... hablamos con don Marcelino, no recuerdo si el apellido es Romo y él nos comentó que la camioneta ya la había contratado Patricia García con otro curso, de ver que nosotros no conseguimos carro, le dijimos que luego de que hiciera el transporte a Patricia, viniera por nosotros, él nos dijo que sí podía y que lo hacía, con eso nosotras quedamos tranquilas con el transporte, cuando por la tarde el día martes, a las siete de la noche, estaba en mi casa ... en este momento llegó este joven Carlos Ponce, hijo de don Eduardo Ponce, quien dijo que el papá le había comentado que nosotros habíamos ido a la casa y que por eso iba a preguntarnos que si habíamos conseguido transporte para el paseo, yo le comenté que habíamos hablado con don Marceliano, el cual me dijo que el carro estaba en buenas condiciones, porque nosotros buscábamos la comodidad, era amplio, era cerrado más que todo, entonces yo le comenté lo de don Marceliano y me preguntó que cuánto nos cobraba, yo le dije que nos cobraba cuarenta mil pesos, le dije que por qué él no me rebajaba, que estaba caro, es así que dejó en treinta y ocho mil pesos el transporte ... Es así que al otro día yo no lo miré subir el bus, faltando un cuarto para las ocho, llegué a la escuela y la sorpresa es que el bus ya estaba estacionado, la camioneta aún estaba con el curso que iba a Ospina Pérez, o sea la camioneta de don Marceliano, les comenté a las compañeras Magaly, a Martha las que teníamos el paseo para el Guabo ... que el carro estaba disponible, que yo lo había contratado el carro y diciéndoles que el carro era cómodo para los niños, entonces las compañeras dijeron que estaba bien, nos organizamos, y salimos como a las ocho y media de la mañana ... llegamos al Guabo ... servimos de últimas la alimentación estábamos en ese momento cuando se escuchó que dijo Magaly ‘el bus se ha ido’, más sin embargo yo le dije ha de ser una broma para que nos afanemos, ya ha de regresar’, al mismo momento le digo ‘por qué es tan irresponsable de llevarse los niños’ allí una compañera del Guabo que se llama Nancy dijo ‘no será que se los llevó a nadar, porque allá abajo hay una piscina’, a lo cual nos sorprendimos y dijimos que por qué hacía eso, que nadie dio autorización para que se los lleve. Al ver esto nosotros empacamos nuestros alimentos y salimos con las cosas en la mano, las ollas en la mano, a buscarlos que a la piscina, cuando pasábamos por frente de la casa de un profesor Álvarez y miramos a unas señoras que estaban asomadas afuera de la calle, les preguntamos que dónde quedaba la piscina, ellas nos dijeron ‘vean el bus que parece que va sin frenos, va salido el cardán y allá abajo lo dejó botado’ ese fue el momento de desesperación para nosotras, nos descontrolamos, unas subían otras bajaban, gritábamos a medida que bajábamos corriendo, la gente estaba todo el mundo nos decía que el carro iba sin frenos y que los niños iban gritando, caminamos como tres kilómetros a la carrera, desesperadas, cuando de repente nos encontramos con los niños que habían salido de regreso a buscarnos y ya nos contaron que el bus se había derrumbado por acá abajo, tratábamos de hacer parar carros para bajar más pronto pero nadie nos paró, luego Magaly se fue para arriba desesperada y había buscado una camioneta y ya nos subimos y llegamos al lugar donde estaba volteado el bus, allí encontramos cantidad de gente, las autoridades de Piedra ancha habían subido, algunos niños ya los habían traído a Piedra ancha, a Ricaurte, otros a Pasto, inclusive Liliana viajó con algunos para Pasto, la sorpresa de los dos niños que estaban muertos Yazmín Realpe y Óscar Narváez, de eso para acá nos hemos visto con tantos problemas, viendo que nosotros con ninguna mala intención hemos actuado, siempre hemos sido acogidas en la escuela por nuestra responsabilidad ... en ningún momento sabía que el carro tenía problemas, aparentemente el carro se lo miraba bien, era un bus cerrado de hierro, aparentemente estaba bien y más que todo cuando fuimos a hablar con el finado Eduardo Ponce, nos dijo que el carro estaba en buenas condiciones, que inclusive lo iban a convertir en camión, el recorrido de Ricaurte al Guabo fue normal, prendió normalmente, llegó bien el carro, ahora dígame padres de familia fueron a dejar a los niños para el paseo, todos ellos miraron el bus, si hubiera estado malo se hubieran opuesto a mandar sus hijos, pero nadie dijo nada, ahora de mecánica no sabemos nada, para detectar alguna falla del carro, hemos hecho transportes hacia Ibarra por ejemplo y nunca hemos pasado por estos momentos tan duros ... yo no tengo conocimiento de las causas del accidente ... en ningún momento he escuchado o tenía conocimiento de que hubiera sufrido fallas mecánicas ... lo único que digo es que nos contó don Eduardo Ponce, que el carro estaba en buenas condiciones, aparentemente se miraba el bus que era bueno, contábamos con esa seguridad, nosotros no preguntamos qué modelo era, solamente como habíamos mirado el bus allá y uno se confía de los dueños del vehículo y del conductor, porque ellos son los que tienen que saber en qué condiciones está un carro si nosotros hubiéramos sabido que el carro estaba funcionando mal, no nos hubiéramos arriesgado, ni nuestras vidas ni la de nuestros familiares (...)”.
“El día martes cuatro de junio del noventa y seis, tuvimos la última reunión para ultimar detalles y mirar en qué vehículos nos íbamos a ir al paseo que se había programado para el día del estudiante, entonces la profesora Elsa y mi persona, hablamos con el señor Marceliano, que tiene una camioneta escalera, hablamos y le dijimos que en vista de que no habíamos hallado ningún otro vehículo, nos hiciera el favor de llevarnos hasta el Guabo, entonces yo estaba segura que nosotros íbamos a viajar en esa camioneta, entonces el día miércoles a las siete de la mañana, miramos ya los carros estacionados frente a la escuela, estaba la camioneta de don Marceliano, el bus de Carlos Ponce y un camión de don Francisco Molina, cuando estuvimos en formación de los niños llegó Elsa, y nos comentó que el joven Carlos Ponce había llegado a la siete de la noche a la casa de ella, con el fin de ponerse a las órdenes del bus, para llevar a los estudiantes al Guabo, allí en ese momento estuvieron presentes Lucy Rosero, Elsa Quispe y Gloria Flórez, que ellas estuvieron en ese momento sobre el contrato que ellos hicieron y que este joven Carlos Ponce garantizó que el bus estaba en buenas condiciones e incluso había ido hasta Palmas de Tumaco a buscar trabajo pero que después se iba a ir con el bus, así hicieron el contrato que me parece que les cobraba treinta y ocho mil pesos ... en todo caso miramos aparentemente el bus, por fuera estaba muy bien, y pensábamos que los niños iban a ir bien cómodos, que sería mejor era irnos en el bus que había contratado Elsa, entonces hicimos en la formación, las observaciones respectivas, verificamos el número de estudiantes que iban con cada profesora y subimos indicándoles a los niños sus puestos, salimos con destino al lugar o sea el Guabo, en el transcurso del camino los niños y todos íbamos muy contentos, el carro iba muy bien, y al llegar allá al Guabo, antes de bajarse los niños del bus, la señorita directora Magaly Burbano, que iba con nosotros, hizo las respectivas observaciones sobre el comportamiento y sugirió que no salieran de la escuela, en vista de que la escuela es cerrada con una reja, que todos debíamos estar adentro ... ellos [los alumnos] nos insistían de que estuviera el almuerzo rápido para bajar a nadar a la piscina que quedaba en Anda Lucía, entonces nosotros hicimos lo posible para afanar el almuerzo, una vez que había estado, les comentamos a las compañeras y ellas los organizaron a los niños ... algunos niños guardaron el seco en las talegas pensando ellos afanarse un poco más para ir a nadar a la piscina de Anda Lucía, una vez que terminamos de servir, nosotros todavía no habíamos comido, estábamos adentro y Magaly nos dijo ‘vean compañeras llevemos nuestra comida y comemos junto con los niños allá en la piscina’ cuando en momentos de segundos, cuando Magaly salió Magaly nos comenta que miró el carro que se fue con los niños, pero antes de eso un niño Nixon Realpe le dijo que el carro se había ido con los niños y que los había dejado a él y a Ana María Torres, ella Magaly dice que vio al bus ya cuando había recorrido algunos metros, que gritó al conductor pero no le escucharon ... cuando nosotros nos admiramos sinceramente, era una cosa incierta, que el bus se hubiere ido, de pronto dijimos es una broma, por allá abajo nos está esperando, además nosotros no dimos ninguna orden a los estudiantes que se subieran al bus, ni tampoco al señor conductor que se fuera, por eso era la admiración nuestra y pensábamos de pronto que este señor era un irresponsable que cómo se iba a ir con los niños y no nos avisó a nosotros. Cuando salimos nos despedimos rápidamente de los profesores y pensando que estaban esperándonos abajo, con las ollas en la mano y con los dos niños que los dejaron cuando más abajo una señora yo creo que es la mamá del profesor Javier Álvarez, nos dice ‘profesoras el bus que lleva a los niños va sin frenos’ y aquí se le cayó el cardán unos metros más abajito de la escuela del Guabo, un señor dijo que había recogido el cardán, en ese momento nos descontrolamos, no sabíamos qué hacer, yo me sentía desesperada, porque además de los estudiantes de mi curso, también iban en ese bus mis dos hijos, nos fuimos corriendo hacia abajo y colocamos la mano a los carros que bajaban pero nadie nos hacía caso, la profesora Magaly se había regresado a contratar una camioneta por acá arriba y entonces cuando habíamos corrido un kilómetro o un kilómetro y medio, encontramos a los niños que venían y los niños que estaban bien ... allí se reunieron la mayoría de los niños que habían caído en el accidente, después ya la profesora Magaly llegó en la camioneta, los subimos a los niños y llegamos al lugar donde sucedió el accidente, encontramos el carro volteado y un niño estaba al lado del bus, estaba muerto, lo mismo que la niña Jazmín Realpe (...)”.
“(...) fui invitada como madre de familia y manejaba el restaurante escolar junto con doña Ernestina Beltrán ... fuimos para el Guabo, íbamos bien, cantando los niños, contentos, hasta que llegamos, nosotros, nos dedicamos a la cocina … afuera estaban las profesoras y nosotras adentro, fue la hora de servir, los hizo formar y les pasaba a cada niño su platico ... nosotras estábamos acabando de servir porque faltaban las profesoras, nosotros y otros profesores del Guabo, porque nos prestaron la cocina, en esas el niño mío se bajó del bus, porque los otros niños que querían bajar a Anda Lucía a la piscina, algunos niños estaban subidos en el bus y todavía estábamos en los quehaceres y cuñado de pronto el bus se fue, vi a Magaly que alzaba las manos, como diciendo al bus que pare, y yo pensé que el Mullo [así le decían al conductor del bus] era por hacernos una broma ... entonces una profesora dijo que por allí al lado había una piscina, que de pronto los llevó allá, entonces Magaly dijo pero cómo si no había dado autorización para salir, que cómo se los iba a llevar (...)”.
“(...) yo fui como acudiente de mi hermanita, yo con todo gusto ayudé a cuidar a los niños, ya se ocuparon en hacer el almuerzo, sin embargo la profesora Magaly estaba cuidando a los niños que no salieran a la carretera ... luego a los niños les dieron el almuerzo y unos niños como que estaban ansiosos por venirse a Anda Lucía a nadar, entonces miré que algunos niños empezaron a correr al bus a subirse por ganar puesto, luego mi hermanita le dije que nos esperáramos a que suban para subirnos nosotras, pero mi hermanita se puso como a llorar, y cuando me subí ya los niños estaban casi todos, faltaban pocos niños, las profesoras también, al mirar que el bus también estaba completo, yo me imagino que Carlos Ponce pensó que las profesoras se iban a subir inmediatamente y no porque les faltaba organizar la cocina, entonces ya los niños estaban diciéndole que vámonos rápido a la piscina, le decían al chofer, el conductor dijo que todavía no, y ese día los niños insistían porque había un calor sofocante, Carlos dijo que no porque esperaba la autorización de las profesoras, entonces como el bus estaba cuadrado un poquito más arriba de la escuela, pensó Carlos cuadrarlo justamente al lado o al frente de la escuela, entonces, pues, yo me di cuenta que el carro se empezó a movilizar, no se cómo lo prendió, entonces cuando llegó frente a la escuela, el carro ya no lo pudo frenar, y entonces empezó a andar con más velocidad y empezó a andar ... yo sí me di cuenta que el bus iba mal, y como los niños iban en una algarabía impresionante, este joven se colocó tenso, nervioso y dijo ... ‘se me fueron los frenos’ pero yo ya sabía porque el carro siguió a una velocidad impresionante, parecía que el bus se iba a salir ... después de haber avanzado unos kilómetros, entonces ya se sentía debajo que un hierro iba sonando entonces eso fue impresionante, los niños se empezaron a abrazar, yo abracé a mi hermanita y a rezar, en una curva subía un carro grande, yo me imaginé que iba a chocar, el carro afortunadamente pasó por un lado y al llegar a donde fue el siniestro, el bus se volteó y se arrastró, yo sentí un golpe en la cabeza, apreté a mi hermanita, y me imaginé que era un abismo que íbamos, cuando me sentí fue apeñuzcada, unos niños encima, y no me podía levantar porque las piernas estaban ajustadas a unas tablas, después de un ratico los niños como que fueron levantándose y ya escuché a mi hermanita que me llamaba … Realmente no sé cuáles fueron las causas del accidente, porque yo no sé nada de cuestión mecánica, eso ya debe saber el conductor quien conoce su carro. La intención del conductor no era venirse sino cuadrar el carro frente a la escuela para que las profesoras pudieran subir las ollas y demás cosas que traían porque los demás niños le pedían que se viniera rápido pero él dijo que no, que esperaba la autorización de las profesoras para salir, pero las profesoras no habían dado la orden porque estaban todavía arreglando la cocina (...)”.
Lo anterior no puede —ni debe— confundirse con la presencia a posteriori de la falla mecánica que al parecer originó el trágico accidente, puesto que una situación bien distinta es que las docentes hubieren conocido desde antes la existencia de las posibles fallas en el automotor y aún así hubieren optado por contratar los servicios de transporte —aspecto que no fue probado y por demás fue desvirtuado— y otra bien distinta es que después de haberse contratado el automotor y estando en marcha, el vehículo hubiere presentado una irregularidad técnica que afectó su desempeño y que habría llevado al acaecimiento del hecho dañoso.
En cuanto al supuesto problema de encendido, para lo cual el automotor debía hacerse “... rodar por algún descenso” para que encendiere, solo basta señalar que se trata de una imputación desprovista de todo sustento y que además se desvirtúa con el simple hecho de que el autobús inició su marcha sin problema alguno desde el municipio de Ricaurte y lo volvió a hacer más adelante, luego de que sus ocupantes, por orden de la directora de la escuela, se detuvieron en un sitio denominado Anda Lucía —donde se encontraban otros alumnos del plantel educativo que decidieron pasar el día del estudiante allí— y recobraron su camino hacia la vereda el Guabo.
Respecto del señalamiento según el cual el bus tendría sobrecupo, se trata igualmente de una afirmación que carece de solidez probatoria e incluso hasta fáctica, puesto que no existe una prueba en concreto que establezca, de una parte, cuál era la capacidad de transporte de pasajeros del automotor y, por la otra, cuántas personas exactamente se trasladaban en él, pues si bien en el informe policial elaborado con ocasión del accidente de tránsito se señala un número —que no exacto— de 50 niños, lo cierto es que esa cifra no se obtuvo de una fuente oficial sino de una aproximación que, “según informaciones de los mismos alumnos viajaban al parecer 50 niños”, (se destaca) le habría sido suministrada; en todo caso, sin total certeza de ello.
12. La formación para la promoción y preservación de la salud y la higiene, la prevención integral de problemas socialmente relevantes, la educación física, la recreación, el deporte y la utilización adecuada del tiempo libre (...)” (se destaca).
“ART. 21.—Objetivos específicos de la educación básica en el ciclo de primaria. Los cinco (5) primeros grados de la educación básica que constituyen el ciclo de primaria, tendrán como objetivos específicos los siguientes:
De conformidad con la normatividad antes descrita, la comunidad educativa de la escuela urbana de niñas del municipio de Ricaurte (Nariño) efectuó su planeación institucional(8) para el año lectivo 1995-1996 (fls. 361 a 378, cdno. 1) y, dentro del mismo, incluyó la celebración del día del estudiante “para contribuir hacia una formación integral”, cuya finalidad se fundamentó en:
—“Fortalecer la integración entre docentes y estudiantes, para contribuir a una convivencia de Valores.
“ART. 77.—Autonomía escolar. Dentro de los límites fijados por la presente ley y el proyecto educativo institucional, las instituciones de educación formal gozan de autonomía para organizar las áreas fundamentales de conocimientos definidas para cada nivel, introducir asignaturas optativas dentro de las áreas establecidas en la ley, adaptar algunas áreas a las necesidades y características regionales, adoptar métodos de enseñanza y organizar actividades formativas, culturales y deportivas, dentro de los lineamientos que establezca el Ministerio de Educación Nacional” (las negrillas son de la Sala).
c) Propiciar las formas asociativas, para que los educandos complementen la educación ofrecida en la familia y en los establecimientos educativos”. (negrillas y subrayas adicionales).
Ciertamente, según el acta de mayo 31 de 1996, uno de los planteamientos que en la reunión sostenida ese día consistió en la posibilidad de que varios establecimientos educativos del sector urbano del municipio de Ricaurte se unieran para conmemorar el día del estudiante en un mismo lugar, proposición que fue considerada por quienes intervinieron en la sesión y se optó por rechazarla debido a que: “... no es conveniente ya que son muchos los estudiantes y sería difícil controlarlos”, cuestión que evidencia el propósito de menguar los riesgos a los cuales podían exponerse los alumnos.
A lo anterior se adiciona que dentro de la reunión celebrada el 3 de junio de 1996, el tema de la seguridad fue nuevamente destacado por los docentes que organizaron la actividad, puesto que convinieron que fuese un día “en donde estemos todos los docentes para que haya un buen cuidado de los niños”, de allí que se hubiere escogido la fecha de junio 5 de ese año.
En ese sentido, la directora del centro escolar efectuó la observación de que debían ser lugares seguros, pues señaló: “... se de a conocer el lugar que cada una había definido ir con los niños, teniendo en cuenta que sean lugares seguros”; fue así cómo una de las docentes planteó que fuese a la vereda el Guabo porque “es un lugar seguro pues la escuela no ofrece peligros, pues los niños estarán en el patio, la escuela es cerrada, tiene portones grandes donde se evita la salida de los niños hacia la calle”, sugerencia que fue acogida.
También debe destacarse que la propia directora del centro educativo decidió acompañar a los estudiantes de los grados 1º, 3º y 4º de primaria, dado que “era el grupo que iba más lejos” (fl. 402, cdno. 1).
Un aspecto irregular que —aunque como se expondrá más adelante no constituye la causa determinante del daño— no puede pasar inadvertido ante la Sala, consiste en la decisión que adoptaron las docentes encargadas de dirigir y controlar la actividad para dirigirse hacia un lugar que no había sido previsto, o al menos así lo advierte la realidad probatoria del proceso, como parte del desplazamiento de los alumnos, puesto que en el curso del paseo y encontrándose en la escuela de la vereda el Guabo, aproximadamente al medio día, se optó por dirigir el grupo de alumnos hacia un lugar denominado Anda Lucía, con el fin de que disfrutaren de la piscina que allí al parecer había.
Ocurre que el acervo probatorio ha sido claro en evidenciar que el lugar escogido para llevar a los alumnos de los grados 1º, 3º y 4º de primaria de la escuela de niñas del municipio de Ricaurte, de los cuales hacían parte las víctimas directas del daño, era la escuela de la vereda el Guabo (municipio de Mallama-Nariño), pues así quedó definido en el Acta 4 de junio 3 de 1996 (fls. 381 a 383, cdno. 1) y así lo ratificaron todas las personas que rindieron sus declaraciones en este proceso, por manera que no existe duda alguna en que ese era el lugar acordado para el paseo de los alumnos de esos niveles de primaria; sin embargo, como lo demuestra el testimonio de la profesora Martha Cecilia Ruano Rosero (fls. 410 a 414, cdno. 1), debido a la insistencia de los alumnos en dirigirse hacia una piscina ubicada en un lugar llamado Anda Lucía —en el cual se hallaba otro grupo de estudiantes del mismo centro educativo—, decidieron por apresurarse e incluso postergar el almuerzo de las docentes para ir hacia ese nuevo lugar; así lo expuso la docente en su declaración:
“(...) ellos [los alumnos] nos insistían de que estuviera el almuerzo rápido para bajar a nadar a la piscina que quedaba en Anda Lucía, entonces nosotros hicimos lo posible para afanar el almuerzo, una vez que había estado, les comentamos a las compañeras y ellas los organizaron a los niños ... algunos niños guardaron el seco en las talegas pensando ellos afanarse un poco más para ir a nadar a la piscina de Anda Lucía, una vez que terminamos de servir, nosotros todavía no habíamos comido, estábamos adentro y Magaly nos dijo ‘vean compañeras llevemos nuestra comida y comemos junto con los niños allá en la piscina’ (...)” (se destaca).
A juicio de la Sala, la anterior declaración resulta suficiente para concluir la intención que les asistió a las profesoras de dirigirse hacia un lugar distinto al previsto para el paseo, esto es hacia la piscina de ‘Anda Lucía’, con el propósito de que los estudiantes estuvieren allí por un tiempo, cuestión que cobra mayor sustento con la declaración de la directora del centro educativo, quien señaló “... en un momento se oía que pedían talegas, también de que querían ir a la piscina...” y en lo manifestado por la señora Solane Molina(10), quien dio cuenta del afán de algunos de los menores en desplazarse hacia ese lugar “porque había un calor sofocante”.
Otro punto que amerita un análisis de la Sala dice relación con la obligación que les asistía a las profesoras encargadas de custodiar a los menores, la cual no fue completamente satisfecha, puesto que el solo hecho de que la mayoría de estos últimos hubieren abordado el autobús para ocupar sus posiciones —producto del afán y alegría apenas propia que en unos menores de edad genera la posibilidad de dirigirse hacia una piscina— para salir de ese lugar, evidencia un descuido por parte del personal educativo, dado que ninguna de las profesoras, incluida la directora de la escuela, se enteró de lo que en ese momento en particular estaban realizando sus pequeños alumnos, esto es subiéndose al vehículo para que los trasladasen al sitio llamado Anda Lucía.
Ciertamente, casi que de forma idéntica al análisis que se hizo en precedencia, a propósito de desestimar el ‘cambio de ruta’ como causa eficiente del hecho dañoso, la Sala considera que si hubiere existido en ese momento un control por parte de las profesoras para que los alumnos no hubieren abordado el bus sin su presencia o incluso no lo hubieren abordado en ese momento sino después, el daño igualmente no se habría podido evitar porque aún si se acogiere la primera hipótesis, consistente en que los menores ocupasen sus posiciones dentro del automotor pero esta vez con la presencia de una o varias de las docentes, ese solo hecho no modificaría el fatídico resultado, pues en este caso resulta bien importante precisar que la puesta en marcha del vehículo —y su aparente pérdida de frenos— no se produjo porque alguno de los alumnos hubiere manipulado el bus, en cuyo caso la ausencia de docentes en el mismo sí habría incidido de manera contundente y eficiente en la producción del daño; pero ello no fue así, toda vez que según el testimonio de la señora Solane Molina, el rodamiento del vehículo se produjo porque su conductor habría optado por estacionarlo frente a la escuela y esperar allí a la totalidad del personal, con la mala fortuna de que en ese momento se presentó la aparente pérdida de frenos y la consiguiente falta de control respecto del bien, hecho que, bueno es precisarlo, se habría presentado, con o sin docentes dentro del bus.
Ahora bien, podría igualmente argumentarse que habría sido por el abordaje de los menores al bus que su conductor optó por encenderlo para estacionarlo en frente de la escuela, por manera que si se les hubiere negado el acceso a los estudiantes al vehículo en ese momento por parte de alguna(s) de las profesoras —lo cual significaría lógicamente que no habría existido descuido alguno por parte de aquellas en ese instante del paseo—, el hecho no se habría producido porque el vehículo no habría tenido que ser movilizado por su chofer; tal hipótesis daría lugar a arribar a las mismas conclusiones que se han venido exponiendo —con o sin profesoras abordo, antes o después de ese momento, para dirigirse a un lugar diferente o retornar al sitio de origen— consistentes en que el automotor igualmente habría tenido que ser puesto en marcha, incluso con un número mayor de pasajeros, sin certeza alguna de que el accidente, se insiste, se habría podido evitar.
“Ha sido reiterada la tesis de la Sala, en el sentido de que en aquellos eventos en los que el daño es producido por las actividades peligrosas el régimen aplicable es de carácter objetivo, porque el factor de imputación está derivado de la realización directa de actividad que entraña peligro, de tal manera que en esos casos basta que el actor acredite, primero, la existencia del daño y segundo, que el mismo se ha generado como consecuencia de dicha actividad. En relación con lo anterior, resulta necesario señalar que la responsabilidad se estructura bajo el hecho cierto de que la actividad peligrosa —conducción de automotores— hubiere sido ejercida por cuenta de la entidad demandada aun cuando, como se analizará al momento de analizar el caso concreto, el vehículo utilizado no sea de su propiedad”(16) (se deja destacado en negrillas y en subrayas).
El caso fortuito se desestima de entrada, por cuanto esta Sección del Consejo de Estado ha considerado de otrora que en un régimen de responsabilidad por riesgo, como es el caso de las actividades peligrosas, “... el caso fortuito, que proviene de la estructura de la actividad del demandado, que puede ser desconocido y permanecer oculto, y en la forma que ha sido definido, no constituye una verdadera causa extraña, con virtualidad para suprimir la imputabilidad del daño”(17). (se destaca).
La razón que llevó al tribunal de primera instancia a denegar las súplicas de la demanda consistió en que no era posible “establecer cuál de los entes estatales demandado, esto es la Nación-Ministerio de Educación, el departamento de Nariño o el municipio de Ricaurte-Nariño, es el obligado a indemnizar los perjuicios derivados del daño antijurídico referido...”; la Sala estima, sin embargo, que la entidad llamada a responder por los daños causados a los actores es el municipio de Ricaurte, pues de conformidad con la certificación emitida por el jefe de división de planeación educativa de la Gobernación de Nariño, la “propiedad jurídica” de la escuela urbana de niñas de Ricaurte, con código Dane 15261200047, es “oficial - municipal”, en zona urbana (fl. 437, cdno. 1), y según la certificación emitida por el alcalde (e) del municipio de Ricaurte, a partir del mes de julio de 1997, la mencionada escuela quedó a cargo de la secretaría de educación y cultura del departamento de Nariño (fl. 441, cdno. 1), cuestión que impone concluir que para la época de la hechos —junio de 1996— el establecimiento educativo pertenecía al municipio demandado y, por consiguiente, es este el llamado a responder por los daños irrogados al grupo demandante.
Ocurre que una vez el apoderado de los demandantes sufragó el valor de las expensas del proceso (fls. 72 y 73, cdno. 1), se libró el oficio y el despacho comisorio respectivo (fl. 75, cdno. 1) para dar cumplimiento a lo dispuesto en el numeral 4º del auto admisorio de la demanda (fl. 63, cdno. 1), esto es notificar al señor alcalde del municipio de Ricaurte, para cuto efecto se comisionó al Juez Promiscuo Municipal de esa localidad; dentro de la respectiva acta de notificación personal del entonces alcalde municipal de Ricaurte, fechada el 4 de junio de 1997 (fl. 81, cdno. 1), se consignó:
“(...) se hace presente ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Ricaurte, el señor Carlos Olmedo Castro, identificado con la cédula de ciudadanía 12.904.988 expedida en Tumaco, en su condición de alcalde municipal de Ricaurte, a quien le notifico personalmente el contenido del auto de veintisiete de septiembre de mil novecientos noventa y siete (sic)(21), proferido por el Tribunal Administrativo de Nariño, dentro de la demanda propuesta por la señora: Mélida Isabel Narváez, radicada bajo el Nº 7982, mediante el cual se admite la demanda presentada por el doctor Jesús Villota Paredes en su condición de apoderado de la nombrada demandante y de Otros. En este estado de la diligencia, el compareciente manifiesta: ‘Enterado del auto de veintisiete de septiembre de mil novecientos noventa y siete (sic), atentamente me permito manifestar que soy parte del proceso en mi calidad de demandante dentro del grupo cuarto familiar en compañía de mi esposa Luz Marina de Castro y que por ser en la actualidad alcalde municipal de Ricaurte, me declaro impedido para que el honorable Tribunal Administrativo de Nariño, proceda a la solicitud para que solicite al señor gobernador el nombramiento de un alcalde ad hoc para este proceso’” (se destaca).
“(...) comparece al despacho del Juzgado, el señor Carlos Olmedo Castro, quien se identifica con la cédula de ciudadanía 12.904.988 de Tumaco, a quien le notifico el contenido del auto admisorio de la demanda(22) fechado el tres de julio del año en curso, dictado dentro del proceso 7982, propuesto por Isabel Narváez y Otros, le corro traslado de la demanda y sus anexos para que la conteste en el término legal. En este estado de la diligencia el compareciente manifiesta: ‘Señora secretaria quiero manifestar que de la demanda principal no me notifiqué como alcalde municipal de Ricaurte, en consideración a que soy demandante en este proceso, en consecuencia con los mismos argumentos no acepto la notificación (...)”.
En efecto, según se desprende del acta que se dejó sentada con ocasión de la surtida notificación personal del auto admisorio de la demanda, el señor Carlos Olmedo Castro, demandante en este proceso y entonces alcalde municipal de Ricaurte, fue formalmente notificado de esa decisión, tal como se indicó de manera clara y expresa dentro de la diligencia “le notifico personalmente el contenido del auto de veintisiete de septiembre de mil novecientos noventa y siete (sic)” e incluso así lo aceptó el propio funcionario notificado al expresar: “‘Enterado del auto de veintisiete de septiembre de mil novecientos noventa y siete (sic)”, quien además suscribió, con su puño y letra, la respectiva acta de notificación (fl. 81, cdno. 1).
A favor de los señores Manuel Mesías Narváez, María Mélida Portillo, David Realpe Ojeda, Licenia López, Juan Evangelista Delgado y Zoila Santander de Delgado (abuelos de las víctimas), una suma equivalente a cincuenta (50) SMLMV, para cada uno, pues como lo ha sostenido la Sala(24), según las reglas de la experiencia “la pérdida de un nieto produce en los abuelos un gran dolor no solo por la tristeza que experimentan sus propios hijos, sino por la frustración de la expectativa frente a ese nuevo ser que es su descendencia”.
Se fija incapacidad médico legal provisional por cincuenta (50) días ... se establece desde ya como secuela una deformidad física y perturbación funcional del órgano de la presión de carácter permanente” (se destaca).
Valoracion de la incapacidad laboral:
Conclusión: ... el menor Hayder Hugo Castro Burbano, presenta una disminución de su capacidad laboral del 80.3% (ochenta coma tres por ciento) catalogada como Iinvalidez” (destaca la Sala).
“... resulta indiscutible que la sociedad actual a impuesto unos parámetros de belleza para el género femenino, bajo los cuales una mujer con defectos físicos tales como cicatrices o problemas en la movilidad (cojera), tal y como lo presentan las demandantes, resulta objeto de críticas y/o de rechazo por parte de la comunidad, la cual exige cada vez más al género femenino mantener una imagen armoniosa y delicada”.
“Ahora bien, con el fin de acreditar el vínculo familiar existente entre el señor Juan Carlos Hidalgo Ariza y sus padres, Reyes Hidalgo y Ana Elvia Ariza, se aportó el registro de bautizo del señor Hidalgo y la partida de matrimonio de quien dicen ser sus padres (Exp. 15.922, fls. 3-4, cdno. 2,), sin embargo, dichas pruebas no resultan procedentes para establecer el parentesco puesto que con la entrada en vigencia del Decreto 1260 de 1970(29) la única prueba válida para acreditar la filiación es el registro civil de nacimiento. En este caso, dado que el señor Hidalgo nació con posterioridad a la expedición de dicha legislación debe decirse que la partida de bautismo no constituye un medio idóneo para acreditar quiénes son sus padres; en consecuencia, la no acreditación del parentesco torna imposible inferir, aplicando las reglas de la experiencia, el sufrimiento de los demandantes por razón de la detención injusta de la libertad de que fue objeto el señor Juan Carlos Hidalgo Ariza. La sola circunstancia de que en la providencia mediante la cual se impuso la medida de aseguramiento se hubiere hecho mención a que el señor Hidalgo era hijo de los señores Reyes y Ana Elvia, en tanto no constituye prueba del parentesco y no da cuenta del perjuicio moral que los hechos de la demanda causaron en ellos, no es relevante para efectos de reconocer a su favor una condena de tipo patrimonial ni para tenerlos como terceros damnificados puesto que, se reitera, no se allegó prueba alguna que permita tener por cierto el padecimiento sufrido por ellos con ocasión de los hechos imputables a la administración.
Respecto del cuarto grupo familiar, el cual demandó por las lesiones causadas a Hayder Hugo Castro Burbano, integrado por quienes demostraron ser sus padres, hermanos y su abuela paterna, se allegaron las siguientes pruebas documentales: i) copia auténtica del registro civil de nacimiento del menor víctima (fl. 37 c 1), en el cual consta que sus padres son Carlos Olmedo Castro y Luz Marina Burbano García; ii) certificado de los registros civiles de nacimiento de Carlos Alexander y Javier Hernando Castro Burbano (fls. 38 y 39, cdno. 1), lo cual demuestra su condición de hermanos de la víctima directa; iii) copia auténtica del registro civil de nacimiento del señor Carlos Olmedo Castro (fl. 40, cdno. 1), en el cual aparece consignado que es hijo de la señora Carmela Castro Morán.
En relación con la anterior pretensión, la Sala estima necesario precisar que mediante sentencia del 19 de julio de 2000, Expediente 11.842, se reformuló dicho concepto por el de daño a la vida de relación. Más adelante, según lo refleja la sentencia proferida el 15 de agosto de 2007(30), la Sala abandonó dicha denominación y se refirió al perjuicio por la alteración grave de las condiciones de existencia.
En el presente asunto resulta más que evidente que la víctima sufrió tanto un daño moral como una alteración grave a las condiciones de existencia; las afectaciones que constituyen el primero han sido explicadas y se refieren, especialmente, a la preocupación y a la angustia que le produjo la gravedad de la lesión, pero además resulta incuestionable que el demandante se vio afectado como consecuencia de la lesión y, por ende, una alteración a su integridad física, la cual repercutirá directamente en el desarrollo de su vida normal, amén de que afecta su estado psicológico y autoestima, por cuanto quedó con “una deformidad física que afecta el rostro, una perturbación funcional del órgano de la presión y una perturbación psíquica todas de carácter permanente” y además presentó “una pérdida anatómica del miembro superior izquierdo”, todo lo cual conlleva indiscutiblemente una alteración grave de sus condiciones de existencia.
‘A Ana Caterine Ceballos Salazar, los gastos derivados de su incapacidad y secuelas, considerando especialmente los gastos en que ha de incurrir para su subsistencia médica y vital, que, con el daño cerebral que padece jamás podrá obtener por sí sola’
El primer detrimento padecido por Ana Caterine Ceballos Salazar, consiste en la imposibilidad psicofísica en la que se encuentra a causa de la falla del servicio de los entes demandados, motivo por el cual, a lo largo de su existencia, no podrá velar por su propia subsistencia, en la medida en que no logrará desarrollar actividad productiva alguna. Así las cosas, para la Sala, y sin que se vulnere el principio de congruencia —en tanto fue solicitado en la demanda—, se decretará una pensión de invalidez para Ana Caterine Ceballos Salazar, la cual se pagará a partir de la fecha en que esta última adquiera la mayoría de edad, puesto que se presume que a partir de sus 18 años, ingresaría en la etapa productiva de su vida, indemnización que permite reparar el daño emergente futuro (sic) sufrido(33) (destaca la Sala en esta oportunidad).
Y no está por demás recordar que la equidad se erige en uno de los más caros criterios teleológicos que debe caracterizar la gestión judicial, no solo para interpretar la ley cual lo disponen los artículos 32 del Código Civil y 8º de la Ley 153 de 1887, sino para definir tópicos ajenos a la labor hermenéutica propiamente dicha, inclusive de naturaleza probatoria, pues, v. gr., de conformidad con la Ley 446 de 1998, dentro de cualquier proceso que se surta ante la administración de justicia, la valoración de daños irrogados a las personas, “atenderá los principios de reparación integral y equidad y observará los criterios técnicos actuariales’ (art. 16, se subraya)”(34) (negrillas y subrayas del original).
‘El ingreso calculado para los afectados, con base en el ingreso promedio de profesionales universitarios, se realiza en aplicación del principio de reparación integral, establecido en el artículo 16 de la Ley 446 de 1998. Debe señalarse que no es un recurso extraño a la jurisprudencia de la Sala. En sentencia del 18 de junio de 1997, no se consideraron los ingresos del afectado al momento de su muerte sino los calculados con base en su trayectoria profesional...’(35)”.
Se solicitó igualmente a favor del joven Heyder Hugo Castro Burbano, por valor de $ 20’000.000, “por concepto de las sumas que debe invertir en las prótesis necesarias para disminuir los efectos de la amputación del antebrazo izquierdo”. (fl. 65, cdno. 1).
A juicio de la Sala, la anterior prueba no resulta suficiente para cuantificar el perjuicio reclamado en la demanda por este concepto, puesto que ni se allegaron y tampoco se mencionaron los soportes que sirvieron de sustento a la información allí consignada y si bien en esa prueba se describe cuál es el procedimiento a seguir frente a la discapacidad de la víctima, lo cierto es que para efectos de calcular el monto de la indemnización que por daño emergente futuro deberá reconocérsele a la víctima directa, tal documento no arroja la convicción necesaria de que los valores ahí determinados sean reales, máxime cuando se desconoce cuántas veces requerirá del cambio de prótesis, pues como lo dice el documento aportado, ello “se determinará en las valoraciones que periódicamente habría que hacerle al paciente”.
“Ahora bien, es importante señalar que es posible que la salud del señor Ámbito Alarcón, con el paso del tiempo evolucione negativamente, como consecuencia de su invalidez —escareas e infecciones urinarias— y, como ello no puede determinarse en este momento con certeza, a fin de lograr una indemnización integral del daño, los tratamientos de los que requiera y que estén por fuera del promedio liquidado en esta sentencia, deben ser sufragados por la entidad pública a quien se le imputó el daño.
La anterior argumentación se refuerza aún más si se tiene en cuenta que la Constitución de 1991 consagra una protección especial para todas aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de “debilidad manifiesta”. El artículo 13 C.P. dispone que: “... El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición económica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan”. Así mismo, el artículo 47 Ibidem, establece que “El Estado adelantará una política de previsión, rehabilitación e integración social para los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a quienes se prestará la atención especializada que requieran”.
De lo anterior se concluye que es obligación del Estado tomar las decisiones de carácter legislativo, judicial, administrativo, educativo o de otra índole que sean necesarias para garantizar el ejercicio de los derechos fundamentales de las personas impedidas, pues este es un deber de rango constitucional”(37) (negrillas del original).
En consecuencia la Sala, en aras de la reparación integral del daño, condenará al municipio de Ricaurte, por concepto de daño emergente futuro, a prestarle al joven Heyder Hugo Castro Burbano la atención hospitalaria y especializada que este llegare a requerir para tratar de obtener la situación más parecida a aquella que presentaba antes de la ocurrencia del daño, cuando quiera que las secuelas de la lesión padecida el 5 de junio de 1996 así lo demanden, con ocasión de la elaboración y adaptación de la prótesis que requiera.
Dado que no se evidencia temeridad, ni mala fe de las partes, la Sala se abstendrá de condenar en costas de conformidad con lo reglado en el artículo 171 del Código Contencioso Admnistrativo, modificado por el artículo 55 de la Ley 446 de 1998.
A favor de los señores Mélida Isabel Narváez Portillo, Nelson Realpe López y María Helena Delgado Santander, una suma equivalente a cien (100) SMLMV., para cada uno.
5. Condénase al municipio de Ricaurte (Nariño), en la modalidad de daño emergente futuro, a prestarle al joven Heyder Hugo Castro Burbano, la atención hospitalaria y especializada que este llegare a requerir para tratar de obtener la situación más parecida a aquella que presentaba antes de la ocurrencia del daño, cuando quiera que las secuelas de la lesión padecida así lo demanden con ocasión de la elaboración y adaptación de la prótesis que requiera.
(2) Sentencias de 18 de febrero de 2010, expedientes 17.533 y 17.732.
(3) Sentencia del 7 de septiembre de 2004, Expediente 14.869.
(5) Así lo ha sostenido en pronunciamientos del año anterior, mediante sentencias de 18 de febrero de 2010, expedientes 17.533 y 17.732.
b) La educación básica con una duración de nueve (9) grados que se desarrollará en dos ciclos: La educación básica primaria de cinco (5) grados y la educación básica secundaria de cuatro (4) grados (...)” (se destaca).
(10) En tal sentido señaló: “(...). unos niños como que estaban ansiosos por venirse a Anda Lucía a nadar… ya los niños estaban diciéndole que vámonos rápido a la piscina, le decían al chofer (...).”.
(11) Sentencia de 19 de agosto de 2009, Expediente 17.957.
(12) Sentencias del 11 de febrero de 2009, Expediente 17.145 y de 26 de marzo de 2008, Expediente 16.530, entre muchas otras.
(13) Sentencia del 30 de noviembre de 2006, Consejero ponente Alier E. Hernández Enríquez, Expediente 15473; sentencia del 4 de diciembre de 2007, Expediente 16.827.
(14) Sentencia de 14 de junio de 2001, Expediente 12.696; sentencia de abril 27 de 2006, Expediente 27.520.
(15) Sentencia de 26 de marzo de 2008, Expediente 16.393.
(16) Sección Tercera, sentencia de 15 de junio de 2000, Expediente 11.688.
(17) Sentencias de la Sección Tercera del Consejo de Estado del 19 de julio de 2000, Expediente 11.842; de agosto 30 de 2006, Expediente 22.918 y de diciembre 4 de 2006, Expediente 15.723.
(18) Sentencia de 18 de marzo de 2010, Expediente 18.357.
(19) Sentencia de 11 de mayo de 2006, Expediente 14.694, en la cual se indicó:
La conducción de vehículos ha sido tradicionalmente considerada una actividad peligrosa y cuando su guarda está a cargo de una entidad estatal, el daño causado en desarrollo de la misma resulta imputable a esta, en aplicación de la teoría del riesgo como un tipo de régimen de responsabilidad objetiva” (se destaca).
(20) Sentencia del 7 de septiembre de 2004, Expediente 14.869, reiterada en sentencia de 18 de febrero de 2010, Expediente 17.732.
(23) Auto de 16 de marzo de 2005, Expediente 27.936.
(24) Sentencia de 26 de marzo de 2008, Expediente 16.085, entre otras.
(25) Así ha discurrido la Sala, mediante sentencias dictadas el 29 agosto de 2007, Expediente 16.052. y de septiembre 2 de 2009, Expediente 17.827, entre otras.
(26) En tal sentido, ver sentencias proferidas el 2 de septiembre de 2009, expedientes 18.011, 17.729 y 17.801, entre otras.
(27) Sentencia de 9 de junio de 2010, Expediente 18.719. Acerca de providencias con perspectiva de género, pueden consultarse, además de la anterior, las siguientes: sentencia de 17 de marzo de 2010, Expediente 18.101; sentencia de 11 de agosto de 2010, Expediente 18.894; auto de 12 de mayo de 2010, Expediente 37.427.
(28) Sentencia de febrero 25 de 2009, Expediente 25.508, Expediente 14908, entre otras.
(32) Sentencia de 1º de octubre de 2008, Expediente 27.268.
(33) Al respecto se puede consultar: sentencia de 16 de agosto de 2007, Expediente 30114, M.P. Ramiro Saavedra Becerra, y sentencia de 19 de julio de 2000, Expediente 11842, M.P. Alier E. Hernández Enríquez.
(34) Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Civil, sentencia del cinco de octubre de 2004, Expediente 6975, magistrado ponente Pedro Octavio Munar Cadena.
(36) Sentencia de 16 de agosto de 2007, Expediente 30.114.
(37) Al respecto ver entre otras: Corte constitucional, sentencias T-619 y T-598 de 2005 y, T-135 de 2006.

References: artículo 2347
 artículo 14
 artículo 16
 artículo 13
 artículo 47
 artículo 171
 artículo 55