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Timestamp: 2017-08-20 13:24:14+00:00

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EL DESPERTAR SAI: LA RESOLUCION DEL LIBRO DE JOSUE ' : ''; var trtd = '
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LA RESOLUCION DEL LIBRO DE JOSUE
¿Cuál sería tu respuesta ahora? ¿En qué situación estás si comparas tu resolución con la de Josué? Si no está a la altura,entonces tienes que tomar una decisión. ¿Te sumergirás por completo en el plan de Dios o continuarás dando vueltas por la orilla? ¿Te arriesgarás al seguir las filosofías del mundo o tomarás la sabia decisión de comenzar a ocuparte de lo verdaderamente importante en la vida?
Estamos convencidos de que hay un floreciente movimiento de hombres hastiados de su propia mediocridad e insatisfechos con los patéticos niveles de nuestra tenebrosa cultura. Son hombres que desean trabar su escudo con el de otros varones fuertes para plantarse con valor y permanecer firmes por Cristo y por sus familias como nunca antes. Son hombres que desean aprovechar al máximo el resto de sus días, y que comprenden que la eternidad es demasiado larga como para desperdiciar este breve tiempo aquí en la Tierra.
A lo largo de la historia, los hombres que vivieron vidas increíbles y dejaron grandes legados lo hicieron intencionalmente. Sabían, así como nosotros debemos saberlo, que los hombres no tropiezan casualmente con la integridad ni son fieles a Dios por accidente. La pasividad solo nos conduce a la inutilidad. Un hombre no puede permanecer pasivo frente a lo que la Escritura dice que debe hacer por su familia y luego pretender que, al final del camino, Dios lo considere un siervo fiel. Debe ser capaz de ver con ojos espirituales y comprender que las generaciones futuras recibirán el impacto directo de sus decisiones cotidianas.
La Palabra de Dios nos está llamando a «ponernos de pie» para ser lo que Él quiso que fuéramos y cumplir su propósito para nosotros. Podemos continuar así y ser incapaces de aprender de los errores de los que nos precedieron, o marcar un nuevo sendero de fidelidad para nuestros hijos y para las múltiples generaciones que vendrán. Es hora de tomar algunas decisiones importantes. Esto fue lo que nos condujo a crear la Resolución.
La Resolución es algo innovador. Es una audaz declaración que establece que a partir de este momento, eliges vivir conforme a lo más importante. Se toma con el corazón pero se pronuncia con la boca al declarar que prometes cumplir las responsabilidades encomendadas por Dios y que vivirás con fe e integridad. Expresa lo que deseas ser como hombre y te recuerda la inestimable influencia que tienes sobre la generación siguiente.
Hacer esta promesa implica tomar una decisión de una vez y para siempre. Las Escrituras describen a un hombre decidido como un hombre firme, lo cual significa que se ha puesto de pie y permanece fiel haciendo lo correcto. El salmista describe al hombre bendito diciendo: «Su corazón está firme, confiado en el SEÑOR» (Sal. 112:7, lbla).
Una buena resolución redireccionará el resto de tus días hacia la meta final que reza: «FIEL», para que puedas correr la carrera de la vida con entereza y nunca volver atrás. Cuando otros escuchen y vean tu decisión, inmediatamente sabrán dónde estás parado y hacia dónde te diriges.
Las declaraciones de la Resolución se basan en las más altas prioridades que la Palabra de Dios establece para los hombres. Cada declaración describe un compromiso que decidirás cumplir como líder de tu hogar. Cada una es un llamado a la acción y cumplirlas, finalmente, te permitirá un día presentarte ante Dios y escucharlo decir: «¡BIEN HECHO!» (ntv).
Aquí presentamos , que explicaremos y te ayudaremos a tomar en los próximos días:
Josué 24:15, lbla
Los puntos de esta Resolución son conceptos clave que Dios nos ha mandado cumplir en la Escritura y debemos tomarlos con absoluta seriedad. No se trata de una lista de objetivos de corto alcance a tener en cuenta. No es una decisión para tomar en año nuevo y abandonarla a las pocas semanas. Es una resolución de por vida con la que te comprometes y renuevas el compromiso por el resto de tus días.
Quizás estés de acuerdo con cada punto enunciado pero no te sientes capaz de comprometerte de lleno con ellos. Está bien. La Escritura dice que mejor es no prometer que hacerlo de manera precipitada y luego no cumplir. No obstante, Dios desea que vivamos conforme a estos principios porque ya nos ha mandado cumplirlos. No se trata de conceptos nuevos. Este es un desafío sobre algo por lo cual Dios te pedirá cuentas de todos modos. Al buscar su divino apoyo, Él te dará la gracia y la fortaleza para ser fiel a cada principio.
Cuando leas la Resolución, podrás sentirte abrumado por la sensación de incompetencia, como si tu pasado fuera una pesada piedra en torno a tu cuello que te tira para atrás. Todos hemos cometido infinidad de errores. Todos hemos tropezado de muchas maneras, pero la misericordia de Dios es mayor que nuestro pasado. Y tanto el testimonio de los demás como la Palabra de Dios nos muestran que jamás es demasiado tarde para comenzar a hacer lo correcto. El fracaso del pasado no implica necesariamente un fracaso futuro. Si ya has fallado en estas cosas, todavía puedes crecer y convertirte en un hombre de Dios, exitoso en tus roles de esposo, padre y abuelo. El mayor aliento proviene del conocimiento de que Dios quiere que tengas éxito. ¡Él te está llamando y te brinda todo lo necesario!
Tal vez hayas pasado años enojado por los errores que tu propio padre cometió, errores que han producido un profundo dolor en tu vida. De ser así, este es el momento para enfrentar ese pasado y comenzar a convertirte en el padre que te hubiera gustado tener. Te animamos a que desarrolles odio por la mediocridad en tus compromisos y que la quites de tu vida con desprecio. Oramos para que, a medida que leas este libro, se produzcan avances decisivos y surja una oleada fresca de adrenalina espiritual que te lleve a aferrarte a lo que Dios quiere que seas y hagas.
Reconocemos que las expresiones de la Resolución no se aplican a todos los hombres que leerán este libro. Aplaudimos a los solteros que leen este libro para comprender lo que se espera de ellos y prepararse para ser esposos y padres en los días venideros. Quizás estás casado sin hijos, y deseas guiar mejor a tu esposa. Tal vez tienes hijos pero no esposa y deseas comprender mejor tu rol de padre y ser exitoso como tal.
Estés o no casado, tengas o no hijos, te invitamos a que asumas este desafío, que apliques la Resolución a tu situación particular y te unas a los que respondemos al llamado de Dios a ser hombres piadosos que asumen como líderes espirituales de su hogar y su familia. Firmar la Resolución será sencillo y tomará apenas unos segundos. Pero vivirla plenamente y ser fiel a ella será difícil y nos tomará el resto de la vida. Somos conscientes de esto, así que es bueno que consideres la posibilidad de hacer este compromiso junto con otros hombres para apoyarse unos a otros en el cumplimiento.
Cada capítulo de este libro es una inversión en tu persona para ayudarte a triunfar. Te invitamos a que seas valiente y aprendas lo que significa ser un hombre de resoluciones firmes. Tenemos la plena intención de vivir de manera de ser hallados fieles a Dios al final del camino. Y esperamos que te sumes a nosotros en esta increíble aventura.
¡Fuimos llamados a hacerlo! ¡Fuimos creados para esto! ¡Y por la gracia de Dios podemos hacerlo! ¡Es hora de que te animes y seas todo un hombre!
1 Corintios 16:13, lbla
Malaquías 4:6, nvi
Por qué necesitamos hombres decididos
Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo. Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.
Efesios 5:14-16, lbla
Cuando Jack despertó ante los gritos, volvió enseguida a la realidad, y le tomó apenas una décima de segundo comprender que no había sido un sueño. Su esposa Sarah se había estirado y había intentado llevar la camioneta de nuevo a la calzada. Sin embargo, exageró la maniobra y viró en forma brusca pasándose a la mano contraria con el tráfico de frente. Un camión hizo sonar la bocina y rápidamente maniobró esquivándolos apenas.
«¡Cuidado!», gritó Jack volviendo a apoderarse del volante. Sin embargo, las manos de Sarah seguían aferradas con firmeza mientras hacía cruzar nuevamente el vehículo hacia la derecha. El rápido golpeteo de los deflectores bajo los neumáticos fue reemplazado por el ruido de las barreras de metal que rozaban contra el costado de la camioneta. Jack se estremeció cuando una señal de tránsito arrancó el espejo retrovisor derecho. Sus tres hijos, que iban en el asiento trasero, comenzaron a llorar histéricamente mientras el auto se dirigía a toda velocidad hacia una curva cerrada donde la barrera de metal era lo único que podría evitar que cayeran en picada por el terraplén.
«¡Suéltalo, Sarah! ¡Yo lo tengo!» Todo parecía suceder en cámara lenta. Jack, en estado de choque, miró a su esposa, pálida y aterrorizada. Las manos de ambos se aferraban firmemente al volante, como si lucharan entre sí para corregir el rumbo del auto. Luego, los ojos de Jack saltaron al espejo retrovisor para ver los rostros asustados de los niños que más amaba en el mundo. Comprendió que se había quedado dormido al volante, y que él había sido el causante de que todos estuvieran en riesgo de morir. Sin embargo, también sabía que la causa de la crisis actual era la clave para poder ser rescatados.
De manera instintiva, Jack apretó los frenos cuando el auto comenzó a deslizarse sobre el pavimento, lo que provocó que se despegaran de la baranda metálica y todos fueran lanzados violentamente hacia adelante, mientras los cinturones de seguridad se trababan y los atornillaban con firmeza al asiento. Las gomas chirriaron contra el pavimento, mientras Jack detuvo bruscamente el auto a apenas centímetros de la baranda de contención que protegía de un profundo barranco. Cuando todos rebotaron contra sus asientos, Jack se quedó mirando petrificado el capó, ante la inminente catástrofe que su familia pudo haber experimentado.
Su esposa y sus hijos estaban mudos. Jack permaneció en silencio, mientras lo inundaba una mezcla de culpa y alivio. Sarah se desabrochó el cinturón de seguridad, lo abrazó y ocultó el rostro en su pecho. Se largó a llorar aliviada. Los niños siguieron gritando mientras Jack musitaba: «Lo siento, lo siento» una y otra vez. Su esposa fijó en él la mirada con ojos llenos de lágrimas y le dijo: «Por favor, no vuelvas a hacerlo».
Este relato grafica claramente la posición que innumerables hombres asumen hoy en día. Desconectados y a la deriva. Ocupan la posición de liderazgo en su familia y están en el asiento del conductor. Sin embargo, con el tiempo, se han adormecido por su propia pasividad y los engañosos y atractivos encantos de una cultura sombría.
En este mundo de ensueños, los hombres pueden ser irresponsables, inmaduros y despreocupadamente negligentes en el rol de esposos y padres. Y en el ínterin, han puesto a su familia en peligro moral y espiritual, lo que destruye su matrimonio, sus hijos y su fe. En consecuencia, las madres de sus hijos se han convertido en las que, por defecto y por necesidad, llevan la carga sobre los hombros para poder sobrevivir. Son mujeres estresadas y deseosas de que el hombre de su vida despierte, las rescate y vuelva a tomar las riendas.
Y antes de que sea demasiado tarde, queremos encender el alerta y preguntarte si estás despierto al volante o si siquiera te diste cuenta de que ocupas el asiento del conductor.
La Palabra de Dios manda que los esposos y padres lideren su hogar con amor. Como hombres, debemos caminar con honor e integridad, y asumir plenamente la responsabilidad como pastores de nuestra familia. Hemos sido llamados a ser ejemplo, un modelo de Cristo para nuestra esposa y nuestros hijos.
Por consiguiente, no es un misterio que el mundo se vaya a mofar, a burlar, e intente socavar constantemente la paternidad. Un mundo impío siempre atacará e intentará revertir los designios y los valores de Dios. La cultura les dice a los hombres que no tienen permiso para liderar; pero la cultura no es ni jamás ha sido tu autoridad. Dios lo es.
Tienes que formularte algunas preguntas difíciles y radicales:
• ¿Está tu esposa cansada, agotada y con la sensación de que tiene demasiado sobre los hombros?
• ¿Le falta a tu matrimonio romanticismo y verdadera intimidad?
• ¿Están tus hijos, sean pequeños o grandes, emocionalmente distantes de ti y espiritualmente apáticos hacia Dios?
• ¿Está tu propia fe débil y es tu condición espiritual mediocre?
Si no te agradan tus respuestas a preguntas como estas, es probable que se deba a una cosa: has obligado a tu esposa a estar a cargo de tu familia. No le has dado más opción que tomar el volante. Sin embargo, Dios te ha colocado de manera intencional en el asiento del conductor y quiere que conduzcas. Es tu derecho ordenado por Dios y es también tu responsabilidad. Si no lo haces, al final serás responsable por las consecuencias.
No obstante, no tiene por qué ser así. Dios previó eso, y puso algo dentro de cada hombre que lo hace anhelar ser valiente. Y cuando un hombre usa ese valor para liderar bien a su esposa, ella suele florecer. Se respetan más el uno al otro y experimentan una mayor sensación de seguridad. Pero cuando la esposa es la que debe liderar al marido, sucede lo contrario. Él tiende a agachar la cabeza y volverse pasivo. Ambos albergan cada vez más resentimiento y enojo hacia el otro. Se sienten menos seguros.
Tienes que comprender lo siguiente: todo comienza contigo.
Como líder, eres el principal responsable del éxito de tu matrimonio. Tú eres el que conduce. Cuando un matrimonio fracasa, el esposo es quien debe asumir la culpa en primer lugar porque es el líder y permitió que eso sucediera ante sus ojos. Muchísimos hombres son como Adán luego de pecar en el Edén, y culpan a su esposa por sus propios errores. Es sumamente raro que una esposa desee dar por terminado su matrimonio si el esposo la lidera correctamente y la ama de manera incondicional. Aunque haya algunas mujeres que neciamente derriban su casa y su matrimonio (Prov. 14:1), sus esposos necesitan recuperar el volante y hacer lo que haga falta para volver a poner las cosas en orden.
Con demasiada frecuencia, cuando las cosas empiezan a andar mal, los hombres se dan por vencidos o se desconectan y se sientan a esperar que su esposa se las arregle sola. Eso no es liderazgo. Nosotros somos los líderes. Nosotros tenemos que dar el primer paso y poner nuestra vida en orden, y luego liderar a nuestra esposa con ejemplo amoroso.
Avancemos un paso más. Como líder ordenado por Dios en el hogar, la responsabilidad principal de la capacitación y la enseñanza de los hijos recae también sobre los hombros del padre. No sobre tu esposa, ni la escuela, ni la iglesia. Está sobre TI. No significa que tu esposa no sea parte activa del proceso, pero sí indica que la mayor responsabilidad es tuya.
Hoy en día, la mayoría de los jóvenes abandonan la iglesia y la fe apenas terminan la secundaria. Esta tragedia es principalmente resultado de una influencia paterna pobre. Cuando el padre lidera espiritualmente, es veinte veces más probable que los hijos sigan a Cristo a largo plazo que si las madres son los únicos líderes espirituales de la casa.
Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento ordenan específicamente al padre que enseñe a sus hijos. Se le ordena que instruya, discipline y lidere a sus hijos hacia la madurez espiritual y a triunfar en la vida. En Deuteronomio 6, Moisés les dice a los líderes de Israel que enseñen a sus hijos a lo largo del día para que ellos y los hijos de estos aprendan a amar, a temer y a obedecer a Dios.
Cuando surgieron cuestiones de crianza en la iglesia, el apóstol Pablo dirigió su mensaje a los hombres diciendo: «Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en la disciplina e instrucción del Señor» (Ef. 6:4, lbla). Si tus hijos están tambaleando, rebelándose o fracasando, eso está pasando ante tus ojos, por lo que es hora de que hagas todos los cambios necesarios para intervenir y hacer que vuelvan al camino. Aun si tus hijos son adultos y ya se han marchado de casa, nunca es demasiado tarde para alcanzarlos y convertirte en una influencia positiva para bien, orando, alentándolos, aconsejándolos y levantándoles el ánimo. Mientras viva, el hombre sigue teniendo una influencia muy poderosa como padre y abuelo, y debe seguir aplicándola.
No es nuestra intención agobiar a los hombres con culpa. Nuestra meta es ayudarte a asumir tu rol para que puedas ser vencedor a largo plazo. Sabemos que a veces el divorcio o la rebeldía de los hijos no siempre es culpa del hombre. Pero si con el correr de los años, ha sido pasivo o ha estado desconectado en diferentes etapas, entonces es parte del problema mucho más de lo que cree. Las dificultades siempre surgen cuando un líder permite que haya un vacío relacional o direccional. No obstante, más allá del pasado, un buen líder no dedica su tiempo a culpabilizarse; en cambio, pone manos a la obra de inmediato, lidera con propósito, se encarga de los problemas y luego hace todo lo posible para evitar que vuelvan a suceder. Ese es nuestro desafío. A partir de hoy, la frase: «¡No mientras yo esté a cargo!» necesita estar grabada a fuego en tu mente. Es hora de comenzar desde donde estás y avanzar tan rápido como puedas.
Tanto las Escrituras como las estadísticas transmiten con claridad que no hay una persona más influyente en la vida de un niño que su padre. Aunque las mamás son invalorables, irreemplazables y sumamente necesarias, no fueron hechas para ser hombres ni para cumplir el rol de padre. Cuando la Biblia declara que «el orgullo de los hijos son sus padres» (Prov. 17:6, nvi), revela una importante dinámica de cómo Dios ha creado y ensamblado la mente de los hijos.
Recientes investigaciones muestran que los recién nacidos y los niños durante su crecimiento necesitan la conexión emocional y el afecto continuo tanto del padre como de la madre. El papá es mucho más que simplemente uno de los padres. Dios lo ha capacitado para que provea un tipo especial de dirección, protección y afirmación que una madre jamás podrá proveer sola.
Cuando tus hijos son pequeños, no saben quiénes son, tampoco qué es el bien y el mal ni quién es Dios. No saben cómo deben vivir. Si los papás no les enseñan a sus pequeños la verdad, entonces el mundo les enseñará una mentira. Uno de los roles clave del padre, en sentido bíblico, es ayudar a establecer y reforzar la identidad de sus hijos. Los niños naturalmente irán a sus papás en busca de respuestas a las preguntas de la vida. ¿Quién es Dios? ¿Quién soy yo? ¿Soy amado?
¿Tengo éxito? ¿Tengo lo necesario para triunfar? ¿Cuál es mi propósito en la vida?
A los niños con un padre presente les va mucho mejor en la escuela, tienen mejores habilidades sociales, mayor autoestima y es más probable que digan «no» a la droga y a la conducta delictiva. Cuando un hijo tiene un padre que dice:
«Te amo, estoy orgulloso de ti, te acompañaré toda la vida y estaré para lo que me necesites», eso le cambiará la vida para siempre.
Es también tarea del papá preparar y ayudar a sus hijos a ser ganadores en la vida y a no tener que aprender las lecciones de la manera más difícil. Las investigaciones indican que uno de los más fuertes indicadores del desempeño en la educación de un niño es la participación de su padre. El éxito futuro de cada nueva generación está directamente afectado por el éxito de la paternidad en la generación anterior. Las palabras y las acciones de un padre enseñan y refuerzan continuamente las más altas prioridades y las más profundas lecciones de vida. Si él no está presente, los hijos enfrentarán las decisiones más importantes de la vida sin la persona que más tendría que amarlos y guiarlos.
Cuando una pequeña se mira al espejo, necesita escuchar la voz de su padre que le habla al corazón recordándole que es hermosa y que es amada. Por consiguiente, las niñas con padres presentes tienen mayores posibilidades de sentirse seguras y es mucho menos probable que padezcan desórdenes alimenticios, conflictos de identidad y que sean sexualmente activas en la adolescencia. Sin embargo, millones de adolescentes cada año subastan su invalorable virginidad a cambio de una pizza, una película y algunos halagos momentáneos. Todas ellas esperan que un muchacho adicto a la pornografía y con las hormonas enardecidas las haga suyas por unos minutos, y llene el oscuro y doloroso vacío de amor que un padre desconectado ha dejado en su corazón. Y esto nunca pasa.
Cuando un padre se marcha de la casa o muere joven, lo mismo sucede con el corazón del hijo. Apenas un niño se desconecta de su padre, se genera un vacío masivo de necesidades no satisfechas en todas las áreas importantes que son responsabilidad del padre.
La ausencia del padre también afecta la salud física de los hijos. Los niños sin papá presentan un índice muy superior de incidencia de asma, dolores de cabeza, trastornos de ansiedad, depresión y problemas de conducta. Tienen muchas más posibilidades de consumir drogas y de cometer suicidio.
Tiene sentido, entonces, que las Escrituras declaren que Dios tiene un lugar especial en su corazón para dos grupos específicos de personas: los niños sin padre y las viudas. La Biblia incluso afirma que la religión pura y sin mancha consiste en visitar y mostrar compasión por los huérfanos y las viudas en sus «aflicciones» (Sant. 1:27 nvi). ¿Qué tienen en común los huérfanos y las viudas? Han perdido al hombre más importante en el rol del liderazgo en sus vidas.
Cada vez más niños se van a dormir sin que su padre esté en el hogar. La ausencia física del padre es hoy el problema social y familiar más importante que enfrentan los EE.UU.1 Según las estadísticas, los presos, los drogadictos, los delincuentes y los violadores, todos tienen algo en común: la abrumadora mayoría proviene de hogares con ausencia de padre. Las familias sin padre son las responsables de mucho más de la mitad de los suicidios de jóvenes así como de la mayoría de niños con problemas de conducta.2 Los niños tienen veinte veces más posibilidades de acabar en prisión si su padre no es parte activa de sus vidas.
Esta generación presenta un enorme problema: los padres han perdido el sentido de propósito. Los papás solían tener la intención y el propósito de participar del desarrollo de sus hijos. Sabían que su influencia era decisiva. Sin embargo, debido a que muchos padres hoy no saben quiénes son ni qué están haciendo, hacen muy poco. Y como no están instruyendo a sus hijos varones para ser hombres responsables, la presión cultural interviene y sutilmente los va castrando.
La generación actual de hombres jóvenes no sabe lo que significa la masculinidad ni cómo ser un líder maduro y responsable, ni tampoco cómo ser el día de mañana un padre fuerte y comprometido. Nuestra sociedad fomenta una permanente infantilidad en los muchachos, mientras que obliga a las niñas a convertirse en mujeres antes de estar preparadas. Los hombres jóvenes extienden su infancia hasta casi los treinta años. En vez de crecer, casarse y con valor levantar la siguiente generación, millones de jóvenes permanecen solteros, emocional y direccionalmente dependientes de sus madres, y adictos al entretenimiento, la pornografía y los videojuegos. Desean los privilegios y las recompensas de la adultez pero solo las responsabilidades y los requisitos morales de los niños.
Cuando finalmente se convierten en padres, se sienten extremadamente mal equipados. Estos problemas resaltan el vacío de preparación intencional que sus padres no proporcionaron. En resumidas cuentas, el éxito o el fracaso de la paternidad es el tema clave de nuestra generación. El liderazgo determina la dirección.
Como la presencia o la ausencia del padre es de tanta influencia en la vida de un niño, este siente el impacto de manera personal y muy profunda. Si quieres conocer a alguien de verdad, pídele que comience a hablar de su padre. Lo que les haya dicho y cómo los haya tratado revelará por qué son como son. Y si son realmente auténticos y transparentes, lucharán por ocultar las lágrimas, ya sea porque amaron y admiraron a su padre o porque él los hirió profundamente de alguna manera. A cualquier edad, todos desean una buena respuesta al siguiente interrogante: «¿Qué piensa realmente mi padre de mí?».
Todos anhelamos profundamente la aprobación de nuestro padre. Y cuando no la obtenemos, solemos pasar el resto de nuestra vida trabajando incansablemente para ganarnos la aprobación de los demás, en un intento de llenar el intenso vacío que nos ha dejado. Al mismo tiempo, cuando alguien alberga amargura contra su padre, pasará su vida tratando de probar que estaba equivocado. Dirá: «Yo jamás quise ser como mi padre». Aun así, el padre consumirá mucha de su energía durante toda la vida.
Desde el principio, Dios creó la paternidad con un propósito eterno: revelarse y representarse a sí mismo. Dios no creó padres humanos para luego darse cuenta de que somos como Él y entonces ahí decidió llamarse Padre nuestro. Al contrario, Él ha existido desde la eternidad como Dios el Padre en el cielo y, de manera intencional, creó el rol de la paternidad sobre la Tierra para revelar quién es, la naturaleza de su relación con su Hijo y su condición como nuestro Padre celestial.
Toda la paternidad proviene de Él (Ef. 3:14-15). Todo padre humano ha sido llamado a ser una diaria representación física de Dios para sus hijos. Presentar a Dios a la generación siguiente es el rol de cada padre. Cuando un niño mira a su padre terrenal, debería ser capaz de ver en él las cualidades divinas. Como Dios, un padre debería ser:
• un amoroso proveedor
• un fuerte protector
• un líder confiable
• una autoridad respetable
• un íntimo amigo
Como la mayoría de los padres no lo sabe, pasa por alto el invalorable propósito que tiene. Si bien un padre terrenal es falible, su parecido con el Padre debiera infundir en el hijo el debido temor y amor por Dios. Es parte de la naturaleza humana juzgar lo que no podemos ver a la luz de lo que sí podemos.
Considera la manera de pensar de un niño. Si mi padre me ama y se ocupa de mí, entonces Dios me ama y se ocupa de mí. Si mi padre dice la verdad, entonces Dios dice la verdad. Si mi padre daría su vida por mí, entonces Dios daría su vida por mí. Por el contrario, si el padre terrenal es duro o distante, entonces ¿qué pensará el niño cuando alguien le diga: «Dios es tu Padre»? Basado en lo que él conoce de un padre, ¿cómo verá a Dios? Esta generación no sabe cómo es la verdadera paternidad. Rara vez se ve representada en los medios o en el hogar.
Y lamentablemente, el resultado es una generación que lucha profundamente por comprender cómo es realmente Dios.
La palabra padre significa: «fundador, fuente, jefe o líder». Como nuestro Padre celestial, Dios es la fuente mediante la cual otras cosas existen. El padre de una nación, de un invento, de una empresa o de un movimiento es aquel que ayudó en su creación. Y por el diseño de Dios, la semilla de cada persona que existe siempre se inicia a partir de su padre.
En la Escritura, Dios el Padre es la primera Persona de la Trinidad. Cada vez que escuchas una descripción de la Deidad, siempre está Dios el Padre primero, luego el Hijo y después el Espíritu Santo. Jesús el Hijo sigue voluntariamente el liderazgo del Padre. Si estudias la vida de Jesucristo, descubrirás que Él siempre habla, hace y cumple la voluntad de su Padre celestial. Como Hijo de Dios, vino a revelarnos al Padre. La Biblia dice que Jesús es la plenitud de la Deidad que habita en él corporalmente (Col. 2:9, rvr60). Si deseas saber cómo es Dios, solo tienes que mirar a Jesús. Él representa al Padre a la perfección.
Cuando las células de tu cuerpo se enferman, se declara y se propaga la enfermedad. En una sociedad, las células son las unidades familiares. Cuando las familias se destruyen, la sociedad como un todo se enferma. El gobierno, las iglesias, las escuelas, las cárceles y los negocios dentro de esa sociedad terminan viéndose afectados por los efectos y por tener que ocuparse de las consecuencias.
Veámoslo en detalle. Como el papá del pequeño Johnny vive trabajando y jamás interactúa con el niño en casa, y los padres pelean todo el tiempo, él crecerá sintiéndose no amado e inseguro. Entonces, todo lo que Johnny toque será negativamente afectado. Manifiesta déficit de atención en la escuela, lo cual debilita su capacidad de aprendizaje. Sus maestros se sienten frustrados y sus calificaciones bajan. En la iglesia, le cuesta creer que su Padre celestial lo ama o que escucha sus oraciones, dado que su padre terrenal jamás le transmite amor y lo ignora todo el tiempo. Tanto en la escuela como en el campo de juego, su enojo no resuelto hace que pelee con sus amigos y le cueste relacionarse.
Cuando crece, pasa de un empleo a otro porque le cuesta respetar y someterse a cualquier figura de autoridad. Cuando se casa, su esposa se pregunta por qué se mantiene emocionalmente alejado de ella y le cuesta comprender la resolución básica de conflictos.
Como papá, se siente absolutamente ineficaz, dado que nunca tuvo un buen ejemplo. Debido a sus heridas emocionales, cae más fácilmente en la adicción al alcohol, la pornografía y la medicación para el dolor. A menos que alguien intervenga, este ciclo de enfermedad emocional y relacional en la vida de Johnny se propagará a sus propios hijos y así se multiplicará en las generaciones venideras.
Sin embargo, en Dios hay esperanza. Cuando un hombre reconoce su necesidad, cuando trata con su pasado, cuando halla perdón, esperanza y una nueva identidad en Cristo, entonces puede romper la cadena de dolor y pesar para permitir que Dios lo ayude a reconstruir su vida y su familia. Cuando un hombre aprende a volver a comprometerse, amar y liderar, entonces todas las generaciones futuras se verán afectadas de manera positiva por esa decisión.
Hemos perdido la visión de cómo deben ser nuestros hogares. Las familias deben ser refugios de amor y placer. Debería haber paz y propósito en cada hogar. Sin embargo, los buenos hogares no existen porque sí. Son como jardines que necesitan ser cultivados y cuidados de manera intencional. Un hombre debe permitir que la verdad, el amor y la sabia disciplina sean los ingredientes constantes de su rol como padre. Debe cultivar cuidadosamente su matrimonio, a sus hijos y su propia actitud para que su hogar sea un sitio donde su matrimonio y la generación siguiente puedan crecer y desarrollarse.
Al mismo tiempo, el diablo siempre ha atacado lo que Dios prioriza. En el campo de batalla, el enemigo siempre trata de eliminar al líder. Si quieres mantener a un equipo fuera del Gran Tazón, solo tienes que poner al mariscal de campo fuera de juego. ¿Cómo se gana al ajedrez? Poniendo al rey en jaque mate. No es ningún misterio, entonces, que existan tantos factores confabulados para hacer fracasar a los padres.
1. Los nacimientos ilegítimos. Esta es la primera y principal causa de la falta de padres. El matrimonio es un adhesivo que mantiene a los papás conectados con sus hijos. Hoy en día, millones de niños jamás han vivido con su padre biológico debido a embarazos extramatrimoniales.
2. El divorcio. Antes, las parejas permanecían juntas por el bien de los hijos. Pero la generación actual está convencida de que los hijos estarán mejor si sus infelices padres se divorcian. Las estadísticas revelan lo contrario. Sin lugar a duda, lo mejor para los hijos es ver a sus padres arrepentirse de su egoísmo, perdonarse y volver a comprometerse con su matrimonio. La conveniencia del divorcio de común acuerdo se ha hecho presente a un altísimo costo. Y millones de niños inocentes son forzados a pagar ese precio cada día.
3. El trabajo. Antes de la revolución industrial, los padres mayormente trabajaban en su casa o cerca. Durante cientos de años, la fe y los valores pasaban a la generación siguiente mientras los hijos trabajaban junto a sus padres. Cuando la revolución industrial irrumpió con fuerza en el 1800, las fábricas obligaron al hombre a salir de su casa y los hijos quedaron con la madre. Este cambio cultural impactó de manera negativa en la influencia de los padres. Cuando el papá llegaba a su casa, estaba demasiado cansado como para participar de la vida de hogar, y la familia obtenía las sobras de su atención y energía. Incluso hoy, si un hombre no aprende a decir «no» cuando conviene, sus prioridades laborales lo apartarán sistemáticamente de sus hijos.
4. El esparcimiento. El hombre de hoy pasa más tiempo viendo televisión o navegando por Internet que manteniendo una conversación significativa con sus hijos. Cada hora que un hombre le dedica a la pantalla de su televisor o al monitor de la computadora, se la resta al tiempo de calidad con sus hijos. Si están con su padre mientras él está entretenido, entonces la televisión se convierte en el elemento que influirá sobre ellos, y no es un padre recomendable.
5. El movimiento feminista. Este movimiento ha declarado abiertamente que uno de sus principales objetivos es desmantelar toda forma de patriarcado o liderazgo masculino en la familia o el hogar. Bajo el disfraz de derechos igualitarios para la mujer, las feministas han movido el péndulo hacia el extremo opuesto, hasta trivializar la importancia del padre. Exaltan a la mujer por encima del hombre y hacen campaña por leyes que subvaloran la influencia masculina. Cuanto más fracasan los padres, más proclaman las feministas que son innecesarios.
6. El aborto. La decisión de 1973 de Roe contra Wade no solo legalizó el aborto en EE.UU., sino que indirectamente cortó con la responsabilidad del hombre sobre sus hijos en la mente de las personas. Cuando el gobierno estableció que una mujer podía elegir practicarse un aborto sin autorización del padre, legal y engañosamente esto identificó a las madres como principales responsables de la potestad, la vida y el cuidado de los hijos.
7. La asistencia social. Debido al sistema gubernamental de asistencia social que les da dinero por mes a las madres solteras si no está el padre en la casa, cada vez más hombres permanecen apartados de sus hijos por cuestiones de dinero. Sin embargo, cuando los hombres no asumen su responsabilidad por sus hijos, nuestro dinero de impuestos está siendo mal usado para abortar a los nonatos, medicar a los hijos inquietos en la escuela, enviar a la cárcel a la banda de adolescentes sin padre que delinquen y mantener a las madres solas y abandonadas a través de la asistencia social.
8. Los medios de comunicación anti-padres. Cuando la ética judeocristiana predominaba en los EE.UU., los padres en los programas de televisión y en las películas eran frecuentemente honorables y heroicos. En los años cincuenta y sesenta, las comedias Fathers Knows Best [El padre no se equivoca], The Andy Griffith Show [El programa de Andy Griffith], My Three Sons [Mis tres hijos] y Leave it to Beaver [Las travesuras de Beaver], personificaban a padres fuertes, inteligentes y responsables. Hoy, los padres de la TV son continuo objeto de burla por parte de esposas más inteligentes e hijos irrespetuosos. Suelen ser graciosos, pero a la vez pervertidos, egoístas
y pasivos. Un análisis de la National Fatherhood Initiative [Iniciativa nacional sobre la paternidad] detectó que un mínimo porcentaje de los programas de televisión de los EE.UU. mostraban a un padre como personaje principal. Y aquellos que contaban con padres, los exhibían como desapegados e incompetentes.3
9. Nuestros padres imperfectos. El factor que más influye en nuestra comprensión y apreciación de la paternidad está ligado al desempeño de nuestros propios padres. Los hombres tienden a emular a su padre. De ahí que sea frecuente que los errores del padre se repitan y pasen potenciados a la vida de sus hijos.
10. La iglesia. La iglesia actual hace tiempo que dejó de enseñarles a los hombres lo que la Palabra de Dios dice sobre el rol y la responsabilidad que tienen como líderes espirituales. Suele decirse que un estornudo en el púlpito produce un resfriado en toda la congregación. Los pastores han permanecido silenciosos en muchos sentidos en cuanto a transmitir con audacia el llamado que todo hombre tiene. Al mismo tiempo, muchas actividades de la iglesia separan a las familias al punto de que los niños nunca ven a sus padres dirigiendo, leyendo la Biblia, adorando ni orando porque no están con ellos cuando lo hacen.
Nuestra generación necesita de manera urgente que se levanten hombres valientes. Necesitamos hombres que no se dejen influir por la cultura ni que teman las críticas. Necesitamos hombres decididos a liderar su familia a toda costa. Necesitamos hombres que enseñen pureza sexual a sus hijos e hijas para que no haya más niños que lleguen al mundo sin padres casados. Necesitamos hombres que se aferren a sus votos matrimoniales y clamen por la ayuda de Dios para amar a su esposa en vez de darse por vencidos en los momentos de dificultad.
Necesitamos hombres que se nieguen a sacrificar a su familia a costa de un ascenso en el trabajo. Hombres que no permitan que el esparcimiento consuma su tiempo e insensibilice su conciencia. Hombres que se manifiesten en contra de las leyes y las filosofías que están destruyendo la familia. Hombres que perdonen a sus padres, que rompan las cadenas del pasado y establezcan nuevos principios. Hombres que oren por sus pastores y por un avivamiento en sus iglesias, y que tomen decisiones que fortalecerán a la próxima generación.
Cuando los hombres fuertes trabajan juntos, pueden realizar cosas asombrosas. En 2 Samuel 10, vemos una impactante imagen de cómo pueden los hombres apoyarse unos a otros en tiempos de batalla. Los ejércitos de David habían salido a enfrentar a sus enemigos, con funestas posibilidades. Joab, el comandante general de David, reconoció que perdían la batalla tanto en el frente como en la retaguardia. Sin embargo, él y su hermano decidieron trabar escudos, apoyarse entre sí, y luego confiar en el poder de Dios, sabiendo que el resultado estaba en sus divinas manos.
Joab desafió a su hermano con estas audaces palabras: «Si los arameos son demasiado fuertes para mí, entonces tú me ayudarás, y si los hijos de Amón son demasiado fuertes para ti, entonces vendré en tu ayuda. Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Dios; y que el SEÑOR haga lo que le parezca bien» (2 Sam. 10:11-12, lbla).
¡Su audaz estrategia funcionó! Dios bendijo su valor y su trabajo en equipo y les dio una poderosa victoria en medio de una aparente situación imposible.
En la actualidad, los hombres sienten una intensa presión a su alrededor. La oscura depravación de nuestra cultura y las necesidades desesperadas de la generación que sigue están frente a nosotros. El fracaso de nuestros padres y el pecado de nuestro propio pasado nos atacan por la retaguardia. Pueden parecernos como oscuras nubes que se ciernen sobre nosotros presionando para que nos demos por vencidos, que nos rindamos y nos sintamos derrotados, nosotros y nuestra familia.
Lo que necesitamos es recordar una verdad inconmovible e incondicional: tenemos un Padre en el cielo que nos defiende. Y como nuestro Padre, es nuestro amoroso Proveedor, nuestro fuerte Protector, nuestro Líder confiable, nuestra respetable Autoridad y nuestro Amigo íntimo. Nos ama de manera incondicional. Él, por sí solo, es mayoría. ¡Y la batalla siempre le pertenece!
Si Él es por nosotros, no importa quién o qué esté contra nosotros. Estamos en este mundo para ser como su Hijo, Jesucristo. Estamos aquí para decir la verdad con valor, hacer nuestra tarea y cumplir la voluntad de nuestro Padre. Sin tener en cuenta lo que nuestra cultura diga y sin importar lo que otros hombres hagan, debemos ser valientes para liderar nuestro matrimonio y nuestra familia por el bien de Aquel a quien representamos y en beneficio de las generaciones venideras.
Debemos dejar de quejarnos del futuro de nuestra sociedad y decidirnos a hacer algo al respecto. Debemos trabar nuestro escudo con el de otros hombres que nos rodean y negarnos a fracasar en la batalla por nuestro matrimonio y por nuestra familia. Debemos darles a nuestros hijos y nietos una nueva imagen de liderazgo y un nuevo ejemplo que valga la pena imitar. Debemos ayudar a nuestra generación de hombres a despertar y ponerse de pie para asumir sus responsabilidades ante Dios y comenzar a amar y liderar a sus familias. Si nos armamos de valor y marcamos el rumbo, podremos cambiar el mundo y dejar un fuerte legado para los hijos de nuestros hijos. Ese es el propósito del resto de este libro. ¡Es nuestra misión!
Y por eso debemos convertirnos en hombres decididos. Debemos aprender a levantarnos juntos y decir con audacia: «Si la batalla es demasiado fuerte para mí, entonces tú me ayudarás, pero si la batalla es demasiado fuerte para ti, entonces vendré en tu ayuda. Esfuérzate, y mostrémonos valientes por amor a nuestro pueblo y por amor a las ciudades de nuestro Dios; ¡y que el Señor haga lo que le parezca bien!».
1. Focus Family INSIGHT [Enfoque visión de la familia] Global Strategic Development?Family Research [Desarrollo estratégico global?Investigación de familia], Glenn T. Stanton, 2009.
2. All Pro Dads [Papás profesionales], ©2010 Family First.
3. Del National Center for Public Policy Research [Centro Nacional de Investigación de Políticas Públicas]. Fuente específica del sitio electrónico del NCPPR: «NFI Issues Report on Fatherhood and TV» [La NFI informa sobre la paternidad y la TV], Fatherhood Today, primavera de 1999, National Fatherhood Initiative, Gaithersburg, Maryland.
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De los autores de El desafío del amor y los guionistas de Valientes llega a nosotros el libro que comienza cuando la película termina. Desde el discurso de cierre del filme hasta el texto completo de la promesa hecha por los personajes principales de la película, lleva hasta la intimidad de tu hogar la totalidad de esta experiencia que afectará a todos los miembros de tu familia. Cada capítulo revela una de las promesas de esta Resolución, lo que ayudará a cada hombre a cumplir con valentía su rol como esposo y padre, como hombre de Dios.

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