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INFORME FINAL Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano
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Francisco José Olivera Muñoz
1 COMISIÓN ASESORA DE POLÍTICA CRIMINAL INFORME FINAL Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano Junio de 2012
2 COMISIÓN ASESORA DE POLÍTICA CRIMINAL INFORME FINAL Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano COMISIONADOS Iván González Amado, Presidente Yesid Reyes Alvarado, Vicepresidente Camilo Sampedro Arrubla Carlos Guillermo Castro Cuenca Daniel Mejía Londoño Farid Benavides Vanegas Iván Orozco Abad Julio Andrés Sampedro Arrubla Julissa Mantilla Falcón María Victoria Llorente Sardi Mariana Martínez Cuéllar Rodrigo Uprimny Yepes Carlos Augusto Gálvez Bermúdez, Secretario Académico Junio de 2012
3 Tabla de contenido Agradecimientos 1. Presentación 2. Introducción general a. Antecedentes de la Comisión b. Independencia académica, pluralismo y metodología de trabajo de la Comisión c. Otras labores de la Comisión d. La estructura y la lógica del presente documento e. El espíritu de estos lineamentos PRIMERA PARTE: EL DIAGNÓSTICO Capítulo I: El marco normativo. Los principios constitucionales y de derechos humanos de la política criminal a. Principios constitucionales sustantivos del derecho penal o garantías penales que encuadran la criminalización primaria b. Principios constitucionales procesales del derecho penal o garantías procesales que enmarcan la criminalización secundaria c. Principios constitucionales sobre la ejecución de la pena o la criminalización terciaria d. Principios transversales de derechos humanos y de racionalidad de las políticas públicas que son relevantes en materia de política criminal Capítulo II: Elementos de diagnóstico empírico: una caracterización de la política criminal y de la criminalidad en Colombia a. La realidad de la criminalización primaria : el diseño y formulación de la política criminal en Colombia 1. Una política criminal reactiva, sin adecuada fundamentación empírica, con incoherencias y falta de perspectiva clara de derechos humanos 2. Una tendencia al endurecimiento punitivo, que parece expresión de formas de populismo punitivo 3. Una política criminal poco reflexiva frente a los particulares desafíos del contexto colombiano
4 4. La tendencia a la subordinación de la política criminal por la política de seguridad 5. Esfuerzos recientes por formular una política criminal más estable y consistente 6. Las debilidades institucionales en la formulación de la política criminal como un factor explicativo importante de su debilidad, volatilidad e incoherencia b. La realidad de la criminalización secundaria y terciaria : diagnóstico básico sobre el proceso penal y el sistema carcelario y penitenciario 1. Algunas tesis básicas sobre la investigación criminal y el proceso penal colombiano 2. La crisis permanente del sistema carcelario y penitenciario (de ahora en adelante SCP) c. Una mirada a las dinámicas de violencia y criminalidad en Colombia 1. Debilitamiento de los grupos insurgentes 2. Del paramilitarismo a la atomización del crimen organizado 3. Reducción del narcotráfico 4. Futuros negocios ilegales 5. Criminalidad común difusa 6. Escenarios actuales de criminalidad en Colombia SEGUNDA PARTE: Lineamientos y recomendaciones Capítulo III: Las bases generales para una política criminal de Estado: Lineamientos sustantivos y diseños institucionales a. La política criminal y el respeto de los principios penales constitucionales y de derechos humanos b. La importancia de la idea del derecho penal como ratio última de protección de bienes jurídicos en la política criminal 1. La prevención en serio 2. Las medidas alternativas a las penas privativas de la libertad y el enfrentamiento de la crisis del sistema carcelario y penitenciario (SCP) 3. Víctimas, política criminal y principio de última ratio 4. Las potencialidades de la justicia restaurativa c. La importancia del principio de no discriminación y de los enfoques diferenciales d. Política criminal y género 1. Elementos básicos de una perspectiva de género en la política criminal 2. Política criminal, derecho penal y violencia sexual 3. Política criminal y aborto e. La necesidad de una política criminal estable, coherente, fundamentada empíricamente y evaluada sistemáticamente f. Las necesarias reformas normativas, de sistemas de información e institucionales para mejorar la formulación de la política criminal g. Algunas recomendaciones frente a la llamada criminalización secundaria : recomendaciones básicas de investigación criminal y el problema del fuero militar 1. Algunas reflexiones y recomendaciones sobre fuero militar 2. Algunas consideraciones y recomendaciones básicas sobre investigación criminal
5 Capítulo IV: Algunos desafíos y temas estratégicos para la política criminal del Estado colombiano a. Sobre la relación entre políticas de seguridad y criminal b. Sobre la política criminal en materia de justicia transicional c. Corrupción d. Sobre la delincuencia económica y su incidencia en la política criminal e. Sobre la política de drogas y su incidencia en la política criminal f. Sobre el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente y la política criminal
6 Agradecimientos Bogotá D.C., martes 9 de octubre de 2012 Señores COMISiÓN ASESORA DE POLíTICA CRIMINAL Ciudad Estimados Señores: El trabajo que realizó la Comisión Asesora de Política Criminal en el último año contó con total independencia en sus perspectivas académicas y tendencias políticas, dado que implicó la conjunción de expertos y expertas quienes desde diferentes ópticas expusieron sus conocimientos teóricos y prácticos sobre las condiciones estructurales y micro-sociales de cada uno de los campos abordados, para extraer de esta dinámica lineamientos político criminales que cuentan a la vez con los elementos teóricos adecuados y con la experticia sobre la práctica cotidiana, dotando así las consideraciones y conclusiones aquí presentes de validez contextual y aplicabilidad real. Estas dinámicas de investigación permitieron que el informe final de trabajo de la Comisión Asesora de Política Criminal presentase de manera sintética, comprensiva y asequible el estado actual de la cuestión criminal colombiana, las normas nacionales e internacionales que modulan la formulación de políticas criminales estatales, los desafíos más importantes que deben afrontar las políticas públicas que toquen el tema y como resultado del análisis sistemático de estos tópicos, los lineamientos y recomendaciones de política criminal. Felicito por ello a todos los miembros de la Comisión que participaron en la construcción del informe que estoy segura se constituye en un buen insumo para el trabajo que realiza el Ministerio de Justicia y del Derecho con miras a delinear y construir una política criminal coherente, racional y eficaz en el marco de un Estado social y democrático de derecho. Cordialmente RUTH STELLA CORREA PALACiO Ministra de Justicia y del Derecho Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 7
7 1. Presentación La Unión Europea se complace muy especialmente con la publicación del diagnóstico y lineamientos de política criminal para el Estado colombiano, realizado por una Comisión Asesora conformada por expertos independientes y nombrados para tal efecto. Esta es una apuesta que la propia UE ya venía defendiendo desde el arranque del proyecto Fortalecimiento del sector justicia para la reducción de la impunidad en Colombia (Convenio ALA/2004/16831) y que afortunadamente, ha logrado materializarse a través del proyecto Apoyo Institucional al Sistema Penal Colombiano (Convenio DCI-ALA/2010/ ), el cual se encuentra actualmente en curso. Estos dos proyectos constituyen el aporte más significativo que ha hecho la Unión Europea en los años recientes en materia de Justicia a través de las instituciones responsables de dicha rama, dando respuesta así a los objetivos propuestos en nuestro Documento de Estrategia País * el cual define las áreas prioritarias y de interés común establecidas por la República de Colombia y la Unión Europea. La política criminal y la lucha contra la impunidad son dos elementos íntimamente ligados. Por un lado, la reducción de la impunidad está en el punto de mira de la mayor parte de las iniciativas de reformas jurídicas y judiciales de los estados y de los programas de cooperación en materia de justicia de las Agencias Internacionales. No es una casualidad. La impunidad, entendida como la incapacidad del Estado para dar una respuesta de justicia material, sujeta a la legalidad vigente, ante las trasgresiones del orden social consideradas como delitos, supone el fracaso del Estado de Derecho. Cuando hay impunidad (en cierto grado) el Estado manifiesta su debilidad para hacer cumplir sus propias normas y eso puede llegar a cuestionar su propia razón de ser, pues cuando no se respeta la legalidad lo que se impone es el poder del más fuerte frente a los más débiles. Asimismo, los estados afectados por altos índices de impunidad tienen que resignarse a prescindir de su propio y muy valioso recurso humano, al tiempo que disuade, por no decir que ahuyenta, la inversión económica extranjera, viendo así seriamente afectada su propia viabilidad económica. Dos señalamientos importantes en relación con lo anterior: 1. Cuando se habla de la debilidad de un Estado vinculada a la impunidad no se está refiriendo necesariamente a la debilidad o a disfunciones de las instituciones o del Sistema de Administración de Justicia, aunque sea lo habitual culpar a los jueces y a la justicia, entendida como sistema judicial. Es lo propio de un Estado de Derecho que cada uno de los poderes asuma las competencias y responsabilidades que le incumben. Por ello, cuando se reflexiona sobre la impunidad y su comportamiento es necesario adoptar una visión más amplia, que incluya al conjunto de las instituciones y de la sociedad, para buscar en las interactuaciones entre unas y otras las causas y las soluciones del problema. 2. La respuesta al problema de la impunidad ha de tener de manera indefectible una dimensión de justicia material. Contra lo que muchos piensan, la impunidad no es un problema de cifras, aunque de alguna manera haya que medirla. Para conjurarla no son suficientes los mecanismos de gestión; no se trata, simplemente, de implementar procesos judiciales más cortos o establecer vías de escape que permitan la descongestión del sistema y su consecuente agilización. Aunque estas medidas son necesarias y valiosas, si a través de ellas no se consigue llegar al esclarecimiento de la verdad material sobre hechos delictivos y a la depuración de la responsabilidad criminal de su autor o autores, el número de casos cerrados, por alto que sea, no dejará satisfechos al Estado de Derecho ni la sed de justicia de sus ciudadanos. En un reciente estudio financiado por la UE, se argumenta lo siguiente Colombia es un país que hace décadas está sumergido en un conflicto armado. Esta constante violencia y convulsión social ha inducido a que el Estado haya hecho una construcción social de la realidad en donde la incertidumbre, lo accidental y lo imprevisto cobran fuerte relevancia. Esta forma de pensar y abordar los problemas de la sociedad ha otorgado a los gobiernos un carácter reactivo frente a las políticas que ejecutan, toda vez que han estado dirigidas no tanto a evitar sino a conjurar coyuntura/mente los efectos críticos **. Es así que, en ocasiones, nos encontramos ante una serie de políticas públicas fragmentadas, desarticuladas y atomizadas en múltiples objetivos, lo que se traduce necesariamente en una falta de estrategia del Estado para reducir la conflictividad social y, por ende, buscar mayores y mejores niveles de convivencia. Es aquí cuando nos encontramos ante la necesidad por contar con una política criminal. * 13 es.pdf ** Comparar Barreto Nieto, Luis Hernando y Rivera, Sneider, Una mirada a la impunidad en el marco del Sistema Penal Oral Acusatorio en Colombia, INFORME FINAL
8 Se considera que el mejor recurso de cooperación internacional, el más útil y el más cualificado es el que propicia un ejercicio de reflexión sobre la realidad nacional, tomando como referencia las experiencias y las lecciones aprendidas, buenas o malas, de otros entornos nacionales, sociales y culturales. Desde este punto de vista, el apoyo técnico de la UE constituye un componente importante e imprescindible en las dinámicas de cooperación internacional con sus países socios. Eso no significa, sin embargo, que la UE o esta Delegación tengan que compartir de manera necesaria las tesis y las valoraciones elaboradas desde la subjetividad de los autores a partir de la información por ellos recibida y procesada y de ninguna manera puede afirmarse que dichas tesis y consideraciones tengan la condición de posicionamientos oficiales de la UE. Sin embargo, sí creemos que desde el debate y la construcción de políticas elaboradas por expertos en la materia, se puede perfeccionar el marco normativo vigente y adaptarlo a la realidad social colombiana. Por último, quisiera agradecer el trabajo de los expertos de la Comisión Asesora de Política Criminal, así como el de los funcionarios y operadores que facilitaron información y prestaron su apoyo a los miembros responsables de este informe, con el cual se pretende propiciar el análisis desde criterios técnicos y objetivos, sobre cuestiones básicas, no sólo relacionadas con un sistema procesal o un modelo de respuesta penal concreto, sino con todo un modelo de organización social que permita avanzar a Colombia hacia la convivencia pacífica. Asimismo, quisiéramos recalcar el más absoluto respeto por parte de la UE en el apoyo a este tipo de procesos de elaboración de políticas públicas, así corno nuestra disposición por mantener dicho fortalecimiento institucional, siempre y cuando el valor agregado y la impronta de la UE se requieran como necesarios. M.W.J.A. (Tanya Van Gool) Embajadora Delegación de la Unión Europea en Colombia y Ecuador Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 9
9 INTRODUCCIÓN GENERAL 2. Introducción general a. Antecedentes de la Comisión 1. Con la Resolución No del 15 de febrero de , el entonces Ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, creó la Comisión Asesora para el Diseño de la Política Criminal del Estado colombiano (de ahora en adelante la Comisión) con el propósito de apoyar la formulación de la política criminal del país y realizar recomendaciones al Gobierno Nacional en torno a ella. Su función esencial era entonces elaborar una propuesta de lineamentos de política criminal. Además, la Comisión debía realizar, en la medida en que el Gobierno o el Consejo de Política Criminal se lo solicitaran, otras tareas como i) evaluar y estudiar la normatividad existente en materia de p olítica criminal; ii) analizar las iniciativas académicas que se formulen sobre la materia; iii) elaborar documentos para el diseño de la Política Criminal colombiana; y iv) realizar consultas con las entidades estatales, universidades, asociaciones de abogados y abogadas, y las personas u organismos que la Comisión considerara pertinentes, sobre las reformas que sugieran deben introducirse 2. La Comisión inicialmente fue integrada por el Ministro del Interior y de Justicia y el Viceministro de Justicia y del Derecho como miembros por derecho propio, y Farid Benavides Vanegas; Iván González Amado quien fue designado como Presidente; Iván Orozco Abad; Yesid Reyes Alvarado, Vicepresidente; Camilo Sampedro Arrubla y Rodrigo Uprimny Yepes, con una Secretaría Técnica ejercida por la Dirección de Política Criminal y Penitenciaria del Ministerio del Interior y de Justicia, oficina a cargo de la abogada Giovanna Vanesa Prieto Cubillos. La Comisión comenzó sus trabajos en el mes de febrero de 2011 y a partir del mes de marzo contó con la invaluable colaboración de Julissa Mantilla Falcón, quien asistió a las reuniones con el carácter de invitada experta en temas de género y quien entró a formar parte posteriormente de la Comisión. Con la Resolución No del 3 de marzo de 2011, se nombró como nuevos miembros de la Comisión a Fernando Velásquez Velásquez, quien renunció a la misma de forma irrevocable el 17 de noviembre de 2011, y a Carlos Guillermo Castro Cuenca, quien también renunció a la Comisión en el mes de diciembre de 2011, por haber sido designado como Magistrado Auxiliar en la Corte Constitucional, quienes infortunadamente no tomaron parte en las discusiones finales, aun cuando hicieron importantes aportes durante su permanencia y presentaron las ponencias que les correspondían. Posteriormente, por recomendación de los integrantes de la Comisión y con el fin de fortalecer su diversidad y su perspectiva interdisciplinaria, se amplió el número de miembros al incorporar formalmente a la Comisión a María Victoria Llorente; Julissa Mantilla Falcón; Mariana Martínez Cuéllar, Daniel Mejía Londoño y Julio Andrés Sampedro Arrubla. También se designó como relator de la Comisión al señor Carlos Augusto Gálvez Bermúdez, quien de tiempo atrás venía desempeñando esta labor por encargo de los comisionados y las comisionadas. b. Independencia académica, pluralismo y metodología de trabajo de la Comisión 2. Desde el inicio de sus labores, el Ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, apoyó la propuesta que, tras su instalación, le fue presentada por la Comisión como base de los trabajos que debería emprender, y recalcó la naturaleza independiente y técnica de la labor encomendada, condiciones que fueron avaladas también por el Ministro de Justicia y del Derecho, Juan Carlos Esguerra Portocarrero. La Comisión entendió entonces que, a pesar de ser una entidad puntualmente asesora del gobierno y del Estado, sus labores debían ser desarrolladas con plena autonomía e independencia académicas. Por eso las conclusiones a las que ha llegado comprometen exclusivamente a sus integrantes académicos. 3. De conformidad con el mandato recibido por la Comisión, en las primeras sesiones se estableció que la finalidad de apoyar la formulación de la política criminal del país y dar recomendaciones al Gobierno Nacional al respecto, debería cumplirse a través de la elaboración de una propuesta de Lineamientos generales de política criminal del Estado colombiano, teniendo en cuenta que no existen suficientes elementos empíricos que permitan la confección de una política criminal integral, en lo que se deberá trabajar con posterioridad a la entrega de este documento que, efectivamente, contiene recomendaciones de política criminal, como política pública. 1 Esta Resolución fue reformada a través de las Resoluciones Nos del 3 de marzo de 2011 y 038 del 15 de septiembre del mismo año, expedida esta última por el Ministro de Justicia y del Derecho Doctor Juan Carlos Esguerra Portocarrero. 2 Artículo 1 de la Resolución No de febrero de INFORME FINAL
10 INTRODUCCIÓN GENERAL Los trabajos de la Comisión se organizaron a través de la realización de ponencias individuales, repartidas por temas según la especialidad de sus integrantes, con la finalidad de ser presentadas ante el plenario y ser debatidas allí, con el objetivo de unificar conceptos y definir sus contenidos. Conscientes de la imposibilidad de abarcar en un primer momento todos los temas que se quisieran y debieran trabajar en un país en el que los estudios de política criminal no han respondido a las necesidades de su configuración, la Comisión se centró en los siguientes aspectos: i) los condicionamientos constitucionales de la política criminal; ii) la arquitectura institucional a través de la cual se pueden implementar las medidas de la política pública frente al delito; iii) las relaciones entre seguridad ciudadana y política criminal; iv) las pautas de política criminal a seguir en el marco de la justicia transicional; v) los fines y funciones de la pena que sean compatibles con la política criminal de acuerdo con el marco constitucional; vi) las alternativas a la privación de la libertad como medida cautelar y como pena; vii) la situación de la política criminal reflejada en la legislación penal y procesal penal vigentes; viii) la incorporación de una perspectiva de género y de derechos de las mujeres a la política criminal; ix) la incidencia de la perspectiva de las víctimas del delito en la política criminal; x) la justicia restaurativa como elemento de la política criminal del Estado; xi) el análisis del sistema de responsabilidad penal del adolescente frente a las condiciones de la política criminal; finalmente abordó fenómenos delincuenciales de particular relevancia para la política criminal en Colombia, como xii) la corrupción, xiii), la delincuencia económica y xiv) el narcotráfico. 4. La Comisión consultó a algunas instituciones públicas y privadas que pudieran aportar opiniones en relación con los temas escogidos, y revisó una amplia bibliografía y fuentes estadísticas. Los documentos e informaciones que a partir de la consulta elaboraron o brindaron algunas entidades, fueron sometidos a debate y se tomaron como importantes insumos para la confección del documento final que hoy se presenta. Durante más de doce meses, en numerosas sesiones, la Comisión analizó las ponencias y los documentos e informaciones a su disposición. Los trabajos individuales de los comisionados y comisionadas, y las discusiones colectivas permitieron a la Comisión llegar a unos consensos básicos, que son el fundamento de las recomendaciones y lineamientos de política criminal que se presentan al Gobierno Nacional como producto final. 5. La dinámica de trabajo que empleó la Comisión significó el reconocimiento a la pluralidad de pensamiento de sus integrantes y de conformación de los principios esenciales en los que se basan los lineamientos de política criminal del Estado colombiano. Por esta razón, cuando se emprenda el estudio de éstos, quien lo haga debería en lo posible consultar no solamente las ponencias individuales presentadas por los integrantes de la Comisión, sino también el contenido de las actas de las sesiones, que se ponen a su disposición como anexos de este documento principal. Las ponencias individuales proceden, entonces, de fuentes distintas y por ello carecen de un único estilo. La Comisión, en un espíritu pluralista, prefirió preservar ese estilo personal de los textos individuales, los cuales también se encuentran incorporados a un anexo de este informe. De la misma forma, al texto de las actas de las sesiones de discusión y análisis se prefirió no hacerle ajustes buscando una mejor presentación, sino conservar el lenguaje coloquial que se utilizó en las reuniones, gracias al buen entendimiento entre los integrantes de la Comisión y a la dinámica libre propia de este tipo de metodología, que permite un intercambio de opiniones más fluido. c. Otras labores de la Comisión 6. Durante el período de su mandato, la Comisión fue invitada a participar en algunas sesiones del Consejo Superior de Política Criminal. En ellas se hizo la presentación del proyecto Lineamientos generales de política criminal del Estado y se emitieron conceptos sobre los temas consultados. En particular, la Comisión se pronunció negativamente ante el Consejo Superior de Política Criminal, y fuera de él, sobre los proyectos de Acto Legislativo relacionados con la iniciativa de imponer cadena perpetua a los autores de ciertos delitos contra menores de edad; la modificación del artículo 11 de la Constitución Política, y la posibilidad del ejercicio de la acción penal por particulares; de la misma forma, expresó su opinión sobre varios proyectos de ley, entre los que se destacan el de imprescriptibilidad de la acción penal para los crímenes de guerra y de lesa humanidad y el de penalización de la conducción de vehículos automotores bajo intoxicación alcohólica o de drogas estupefacientes. d. La estructura y la lógica del presente documento 7. Para comprender la manera como está estructurado este informe, es necesario tomar en cuenta el concepto Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 11
11 INTRODUCCIÓN GENERAL de política criminal que la Comisión adoptó para el desarrollo de sus funciones. 8. No existe una noción comúnmente aceptada de política criminal pues distintos autores sostienen diversas aproximaciones a la misma. A pesar de esos debates, la Comisión tomó como punto de partida la definición que ha elaborado la Corte Constitucional sobre política criminal pues no sólo ésta tiene la virtud de provenir del juez constitucional, lo cual le confiere cierta relevancia jurídica, sino que, además, es una noción amplia y comprensiva, que es un buen punto de partida para la elaboración de una política criminal consistente y de largo aliento. Así, en la sentencia C-646 de 2001, que tiene el interés de ser la decisión en donde la Corte aborda en forma relativamente sistemática el marco constitucional de la política criminal, ese tribunal definió la política criminal en unos términos que ha reiterado en otras ocasiones. Dijo entonces la Corte: Es ésta el conjunto de respuestas que un Estado estima necesario adoptar para hacerle frente a conductas consideradas reprochables o causantes de perjuicio social con el fin de garantizar la protección de los intereses esenciales del Estado y de los derechos de los residentes en el territorio bajo su jurisdicción. Dicho conjunto de respuestas puede ser de la más variada índole. Puede ser social, como cuando se promueve que los vecinos de un mismo barrio se hagan responsables de alertar a las autoridades acerca de la presencia de sucesos extraños que puedan estar asociados a la comisión de un delito (cita suprimida). También puede ser jurídica, como cuando se reforman las normas penales. Además puede ser económica, como cuando se crean incentivos para estimular un determinado comportamiento o desincentivos para incrementarles los costos a quienes realicen conductas reprochables. Igualmente puede ser cultural, como cuando se adoptan campañas publicitarias por los medios masivos de comunicación para generar conciencia sobre las bondades o consecuencias nocivas de un determinado comportamiento que causa un grave perjuicio social. Adicionalmente pueden ser administrativas, como cuando se aumentan las medidas de seguridad carcelaria. Inclusive pueden ser tecnológicas, como cuando se decide emplear de manera sistemática un nuevo descubrimiento científico para obtener la prueba de un hecho constitutivo de una conducta típica. Esta noción de política criminal es amplia pues no la reduce al ámbito penal; la Corte incluye tanto los aspectos analíticos sobre las causas de la llamada criminalidad, como la forma como deben ser sancionados los delitos, los bienes jurídicos que deben ser tutelados y los instrumentos que deben ser utilizados para concretar las orientaciones fundamentales contenidas en dicha política. Obviamente el recurso al derecho penal sigue siendo el elemento distintivo de la política criminal, que la diferencia de otras políticas vecinas como las políticas de seguridad. Con todo, la Comisión considera que esta visión amplia de la política criminal es importante pues, sin disolverla en la política social o confundirla con las políticas de seguridad, evita reducir la política criminal a la política represiva penal, lo cual a su vez es un mecanismo importante para evitar las tendencias excesivamente punitivistas, lo cual preserva la idea del derecho penal como ultima ratio, al mostrar que en muchas ocasiones, la mejor política criminal no es la política penal sino el recurso a otros instrumentos de política pública. 9. La anterior concepción de la política criminal explica la estructura y lógica del presente informe. Es claro que toda política criminal de un Estado social de derecho, como lo es Colombia, está fuertemente condicionada normativamente pues debe respetar un conjunto de principios y derechos consagrados no sólo en la Constitución sino también en los tratados de derechos humanos ratificados por nuestro país. Era pues natural que la Comisión tuviera en cuenta ese marco normativo y por ello el capítulo I recuerda los principios normativos que enmarcan la política criminal. Ahora bien, una buena política criminal debe no sólo respetar ese marco normativo sino que debe estar sólidamente fundada en la realidad particular de la sociedad específica para la cual es elaborada. No puede ser igual la política criminal para un Estado en paz y que controla integralmente su territorio, como pueden ser los países europeos o incluso Chile en América Latina, que la política criminal para sociedades como la colombiana, en donde, entre otras cosas, persiste un conflicto armado cruel y de larga duración, el Estado no controla integralmente todo el territorio, y existen fenómenos de violencia intensos y amenazas graves de criminalidad organizada. La Comisión consideró entonces que era necesario tomar en cuenta esas particularidades de la realidad colombiana y por ello el capítulo II de este informe presenta la realidad de la política criminal y de los fenómenos de criminalidad en Colombia. Estos dos primeros capítulos conforman la primera parte del documento, que es el diagnóstico del problema pues se precisa el marco normativo de la política criminal (capítulo I) y se adelantan algunas consideraciones básicas sobre la realidad de la política criminal y la criminalidad en Colombia. (capítulo II). Esta 12 INFORME FINAL
12 INTRODUCCIÓN GENERAL primera parte de diagnóstico fue entonces la base para que la Comisión realizara recomendaciones y lineamientos de política criminal que estuvieran al mismo tiempo enmarcadas normativamente y sustentadas empíricamente. La segunda parte del documento presenta entonces esos lineamientos, para lo cual la Comisión consideró que era útil distinguir entre aquellas recomendaciones que hacen parte de lo que podría denominarse una política criminal estable y de largo plazo del Estado colombiano, como los relativos a su institucionalidad u orientaciones generales, y aquellas recomendaciones referidas a elementos temáticos específicos, o fenómenos criminales particulares. Por ello el capítulo III presenta las bases generales para una política criminal de Estado, de largo plazo, que sea democrática, garantista y al mismo tiempo eficaz, mientras que el capítulo IV desarrolla algunos componentes específicos o temas particulares de la política criminal, que se relacionan con fenómenos criminales específicos o poblaciones específicas. El gráfico siguiente resume entonces la estructura y lógica del presente documento. Capítulo I Fundamentos normativos de la política criminal. PRIMERA PARTE: EL DIAGNÓSTICO Capítulo II Bases empíricas de la política criminal en Colombia. SEGUNDA PARTE: LINEAMIENTOS Y RECOMENDACIONES tanto responde a necesidades sociales y políticas del país en un momento determinado, y depende de quién tiene la facultad de formularla. Ello obligó a la reflexión sobre la estabilidad de las recomendaciones y lineamientos que se propusieran y sobre su carácter vinculante, en caso de ser acogidos. En este escenario se pensó en buscar el mecanismo idóneo para, por un lado, lograr la estabilidad de los lineamientos propuestos y, por otro, asumir el compromiso institucional de someter a sus términos y contenidos, cualquier propuesta, legislativa o no, relacionada con el sistema penal. Es importante relevar que los documentos que aquí se entregan no constituyen la política criminal del Estado colombiano, sino que pretenden ser apenas una propuesta inicial para su construcción; sólo son guías a considerar en la implementación de la política criminal que, a partir de aquí, se construya para Colombia, con base en amplios estudios empíricos que permitan conocer la forma como realmente funcionan las instituciones encargadas de desarrollar la política criminal; los factores incidentes en el delito; las condiciones de las personas que son investigadas o sancionadas por la realización de conductas delictivas; los índices de reincidencia; y, en fin, toda la amplia gama de aspectos que se deben contemplar para el diseño de una política criminal racional y coherente. La Comisión desearía que el país no emprendiera acción alguna que afecte el sistema penal en cualquiera de sus instancias, sin antes atender los contenidos de una política criminal respetuosa del marco constitucional y de las necesidades sociales, alejada de coyunturas intrascendentes y diseñada con sustento real y empírico, como pretende serlo el trabajo que se le encomendó. Capítulo III Lineamientos generales para una política criminal democrática, estable y de largo plazo del Estado colombiano. Capítulo IV Lineamientos específicos de política criminal para fenómenos criminales particulares. La Comisión contó con el auspicio de la Unión Europea en el marco del Proyecto Apoyo Institucional al Sistema Penal Colombiano, Convenio DCI-ALA/2010/ *. e. El espíritu de estos lineamentos 10. Vale resaltar una consideración que la Comisión tuvo presente durante el desarrollo de su trabajo: la política criminal como política pública es dinámica y variable, en * Los contenidos de este informe representan la opinión de cada uno de los autores y no comprometen la opinión de la Delegación de la Unión Europea para Colombia y Ecuador, ni del Ministerio de Justicia y del Derecho. Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 13
13 INTRODUCCIÓN GENERAL El diagnóstico 14 INFORME FINAL
14 INTRODUCCIÓN GENERAL 11. La política criminal de un Estado social de derecho, como es Colombia desde el punto de vista constitucional, debe fundarse no sólo en unos principios normativos, tanto constitucionales como de derechos humanos, sino también en un diagnóstico apropiado de la realidad empírica de la sociedad para la cual dicha política ha sido elaborada. La Comisión procede entonces a recordar en los siguientes dos capítulos los principios que enmarcan la política criminal del Estado colombiano (capítulo I) así como los elementos del contexto empírico colombiano que son relevantes para la política criminal, como ciertas dinámicas criminales, o los desarrollos prácticos que han tenido las decisiones de política criminal en Colombia (capítulo II). Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 15
15 Capítulo I 16 EL MARCO NORMATIVO: LOS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DE DERECHOS HUMANOS DE LA POLÍTICA CRIMINAL INFORME FINAL
16 EL MARCO NORMATIVO: LOS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DE DERECHOS HUMANOS DE LA POLÍTICA CRIMINAL 12. Sin pretensión de exhaustividad ni de originalidad, este capítulo presenta una perspectiva general del marco normativo de la política criminal, la cual no excluye otros principios para temas específicos. Además, como se trata de un tema relativamente conocido, la Comisión se limita a enunciar esos principios, sin desarrollarlos in extenso. La política criminal, como ya se explicó, no se reduce a la política penal ni se confunde con el derecho penal pues tiene una dimensión más amplia. Sin embargo, el recurso al instrumento penal es el elemento distintivo de la política criminal, que la diferencia de otras políticas públicas. En efecto, conforme a la definición de la Corte Constitucional, ya referida en la introducción de este documento, y a ciertas distinciones propuestas por ciertas perspectivas criminológicas, la política criminal tiene vínculos estrechos con las llamadas tres formas de criminalización. Así, la política criminal tiene que ver con la criminalización primaria o definición de un comportamiento como delito, que es su fase legislativa; igualmente se vincula con la criminalización secundaria, esto es con la determinación de un individuo como responsable de un crimen ya establecido por la ley, que es el problema de la judicialización o investigación criminal de los hechos punibles; y finalmente también se vincula con la criminalización terciaria, esto es, la ejecución y cumplimiento de la sanción penal por parte de una persona declarada responsable de un crimen, que es la fase de ejecución penitenciaria. Por esos vínculos estrechos de la política criminal con los procesos de criminalización y con el derecho penal, es natural que los principios normativos que enmarcan la política criminal se encuentren a su vez estrechamente vinculados a los principios propios del derecho penal, el cual hunde sus raíces en la Constitución y en los tratados de derechos humanos, pues el derecho penal, como lo ha señalado la Corte Constitucional, a pesar de una cierta libertad de configuración del legislador democrático, es un derecho altamente constitucionalizado porque tanto en materia sustantiva como procedimental, la Carta incorpora preceptos y enuncia valores y postulados particularmente en el campo de los derechos fundamentales que inciden de manera significativa en el derecho penal y, a la vez, orientan y determinan su alcance 3. La Comisión procede entonces a sintetizar esos principios constitucionales del derecho penal, que a su vez condicionan la política criminal en un Estado social y democrático de derecho, para lo cual se fundará no sólo en las normas constitucionales y en los tratados de derechos humanos que integran el bloque de constitucionalidad sino también, por su obvia relevancia, en la jurisprudencia desarrollada al respecto especialmente por la Corte Constitucional. Comenzará entonces la Comisión por reseñar los principios constitucionales sustantivos de derecho penal, que algunos conocen como garantías penales, que enmarcan la política criminal en su fase de criminalización primaria, esto es, en el momento de definición legislativa de los delitos y las penas. Luego abordará los principios constitucionales procesales o garantías procesales, que enmarcan los requisitos que deben reunir la investigación y el proceso penal para que la fase de criminalización secundaria, esto es, la definición judicial de la responsabilidad penal de una persona, sea legítima. Luego la Comisión estudiará los principios constitucionales y de derechos humanos que gobiernan la criminalización terciaria, esto es, la ejecución penitenciaria. Finalmente, presentará ciertos principios transversales de derechos humanos y de racionalidad de las políticas públicas, que no son exclusivos de la política criminal, pero que tienen una obvia incidencia normativa en este campo. a. Principios constitucionales sustantivos del derecho penal o garantías penales que encuadran la criminalización primaria 13. Las penas implican la carga de soportar una privación o disminución de bienes jurídicos; por ello, deben ser previstas e impuestas con las limitaciones que señalan la Constitución, la dignidad de la persona humana y el respeto a los derechos humanos 4, considerando la configuración del bloque de constitucionalidad. A su vez, el establecimiento de penas se ve limitado por los principios de legalidad, proporcionalidad, culpabilidad, finalidad de la pena y de razonabilidad. 3 Corte Constitucional. Sentencia C-038 de MP Alejandro Martínez. Fundamento 3. En el mismo sentido, ver, entre otras, las sentencias C-417 de MP Juan Carlos Henao y C-422 de 2011 MP Humberto Sierra Porto. 4 Cfr. Sentencia de la Corte Constitucional C-647 de 2001, 20 de junio de M.P. Alfredo Beltrán Sierra. 5 Cfr. Sentencia de la Corte Constitucional C 730 de 2005, 12 de julio de M.P. Álvaro Tafur Galvis. En el mismo sentido: T-079 de 1993, 26 de febrero de M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; C-565 de 1993, 7 de diciembre de M.P. Hernando Herrera Vergara; C-591 de 1993, 14 de diciembre de M.P. Eduardo Cifuentes Muñoz; T-139 de 1994, 22 de marzo de M.P. Antonio Barrera Carbonell; T-303 de 1994, 1 de julio de M.P. Jorge Arango Mejía; C-308 de 1994, 7 de julio de M.P. Antonio Barrera Carbonell; C-428 de 1994, 29 de septiembre de M.P. Antonio Barrera Carbonell; T-146 de 1995, 3 de abril de M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; T-155 de 1995, 6 Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 17
17 CAPÍTULO I 14. La restricción del derecho a la libertad está condicionada por el principio de legalidad 5 tanto en sus causas como en sus requisitos, de acuerdo con el mandato constitucional de reserva legal, que impone el reconocimiento de postulados como i) la taxatividad, según el cual, tanto las conductas punibles como las penas que se impondrán, deben ser previa, expresa e inequívocamente definidas por la ley 6 ; ii) la prohibición de aplicación retroactiva de las leyes penales, salvo lo concerniente al principio de favorabilidad 7 ; y iii) la prohibición de la analogía penal in malam partem. 15. Esta centralidad del principio de legalidad deriva no sólo de una exigencia de seguridad jurídica, propia del Estado de derecho, según la cual las personas tienen derecho a conocer previamente y con claridad cuáles son los comportamientos prohibidos y las penas que les son atribuidas, sino que también se encuentra fundada en el principio democrático, pues remite a la idea de que la definición de los crímenes y las penas debe realizarse por el órgano de representación ciudadana, que es el Congreso. Esto es así por cuanto, aunque el derecho penal esté altamente constitucionalizado, de todos modos no se encuentra totalmente determinado por la Carta. El Legislador, como representante de los ciudadanos, tiene la posibilidad de tomar opciones dentro de los límites señalados por la Constitución y puede criminalizar o despenalizar conductas, siempre que al hacerlo respete los principios, derechos y valores establecidos por la Constitución, por lo cual el control ejercido por el juez constitucional es esencialmente un control de límites 8. Y por ello esa definición de los delitos y de las penas debe ser desarrollada por el Congreso, como expresión del principio democrático y en la soberanía popular (CP arts. 1º y 3º). Ha dicho al respecto la Corte Constitucional: La finalidad de esta representación popular en la elaboración de las leyes penales deriva no sólo del respeto de la separación de poderes, y de los controles que ésta supone para la protección de la libertad individual, sino que también debe permitir un proceso público de debate y aprendizaje en la concepción y ejecución de las políticas criminales, es decir una elaboración más democrática de la ley penal. Esta discusión pública debe permitir que la respuesta penal no sea un recurso contingente que el poder político utiliza a discreción, sin debate, para hacer frente a las dificultades del momento. La respuesta penal debe ser proporcional a la conducta objeto de la sanción, debe ser idónea, operar únicamente cuando no hay otras alternativas, y no debe ser criminógena, es decir, causar más problemas de los que resuelve. Esto sólo es posible si la definición de las políticas criminales se hace a través de una amplia discusión democrática, y no mediante una inflación de normas penales promulgadas apresuradamente. Como vemos, el respeto riguroso del principio de legalidad opera no sólo como un mecanismo de protección de las libertades fundamentales, sino que también obliga a la discusión colectiva y democrática de las políticas criminales a fin de evitar la intervención penal inútil y perjudicial. El principio de legalidad es expresión no sólo del Estado de derecho, sino también de las exigencias del Estado democrático, pues gracias a su riguroso respeto pueden llegar a estar representados los intereses de todos los miembros de la comunidad en la elaboración de la política criminal La política penal debe igualmente respetar el principio de lesividad, a veces conocido como de antijuridicidad material, que se encuentra desarrollado legislativamente de abril de M.P. Fabio Morón Díaz; SU-1722 de 2000, 12 de diciembre de M.P. (E) : Jairo Charry Rivas; C-1339 de 2000, 4 de octubre de M.P. Antonio Barrera Carbonell; C-710 de 2001, 05 de julio de M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-974 de 2001, 12 de septiembre de M.P. Álvaro Tafur Galvis; T-433 de 2002, 30 de mayo de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-312 de 2002, 30 de abril de M.P. Rodrigo Escobar Gil; T-433 de 2002, 30 de mayo de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-1064 de 2002, 3 de diciembre de M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-530 de 2003, 3 de julio de M.P. Eduardo Montealegre Lynett; T-499 de 2003, 12 de junio de M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-864 de 2004, 07 de septiembre de M.P. Jaime Araújo Rentería; C-431 de 2004, 06 de mayo de M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra; C-1001 de 2005, 3 de octubre de M.P. Álvaro Tafur Galvis; T-649 de 2005, 23 de junio de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-897 de 2005, 07 de septiembre de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; T-284 de 2006, 5 de abril de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-117 de 2006, 22 de febrero de M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-040 de 2006, 1 de febrero M.P. Jaime Araujo Rentería; T-171 de 2006, 7 de marzo de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-370 de 2006, 18 de mayo de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño, Rodrigo Escobar Gil, Margo Gerardo Monroy Cabra, Álvaro Tafur Galvis, Clara Inés Vargas Hernández; T-391 de 2007, 22 de mayo de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-1198 de 2008, 4 de diciembre de M.P. Nilson Pinilla Pinilla; T-1249 de 2008, 12 de diciembre de M.P. Jaime Córdoba Triviño; T-072 de 2008, 31 de enero de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-801 de 2009, 10 de noviembre de M.P. Gabriel Eduardo Mendoza Martelo; C-936 de 2010, 23 de noviembre de M.P. Luis Ernesto Vargas Silva; T-200 de 2010, 23 de marzo de M.P. Humberto Antonio Sierra Porto; C-442 de 2011, 25 de mayo de M.P. Humberto Antonio Sierra Porto. Art. 29 Inc. 2 de la Constitución Política, Art del Pacto Internacional de derechos Civiles y Políticos, Art. 9 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, Art. 6 de la ley 599 de 2000, Art. 6 de la ley 906 de 2004 y CSJ Sala de casación Penal sentencia de 15 de mayo de 2008 proceso número Sobre este principio Cfr. Sentencias de la Corte Constitucional: C-843 de 1999, 27 de octubre de M.P. Alejandro Martínez Caballero; C-996 de 2000, 2 de agosto de M.P. Antonio Barrera Carbonell; C-1144 de 2000, 30 de agosto de M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; C-198 de 2002, 19 de marzo de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-1080 de 2002, 5 de noviembre de M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-238 de 2005, 15 de marzo de M.P. Jaime Araujo Rentería; C-820 de 2005, 9 de agosto de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-1260 de 2005, 5 de diciembre de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; y T-676 de 2006, 17 de agosto de M.P. Clara Inés Vargas Hernández. 7 Sentencia de la Corte Constitucional C-820 de 2005, 9 de agosto de M.P. Clara Inés Vargas Hernández. 8 Sentencia C-038 de 1995, con criterio reiterado en muchas otras sentencias, como la C-442 de Sentencia C-559 de MP Alejandro Martínez Caballero. Fundamento 21. En el mismo sentido, ver muchas otras sentencias, como la C-226 de INFORME FINAL
18 EL MARCO NORMATIVO: LOS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DE DERECHOS HUMANOS DE LA POLÍTICA CRIMINAL en el artículo 11 de la Ley 599 de pero que tiene claro sustento constitucional, aunque no se encuentre formulado explícitamente en la Carta 11. Según ese principio, sólo pueden ser criminalizadas y sancionadas penalmente conductas que efectivamente vulneren o pongan en riesgo bienes jurídicos fundamentales, que tengan sustento constitucional, en la medida en que protejan los derechos y libertades de las personas o condiciones esenciales del orden social. Esto significa que no son punibles, en un Estado democrático que respeta el pluralismo, comportamientos meramente inmorales o estados de ánimo pervertidos, hostiles o incluso peligrosos, pero que no representan en sí mismos un comportamiento lesivo para terceros. Y que tampoco son punibles comportamientos que afecten bienes jurídicos de poca importancia. Este límite material del derecho penal deriva de que éste implica una afectación intensa de la libertad de las personas, por lo cual sólo es admisible cuando se trate de amparar bienes jurídicos de mayor trascendencia que la propia libertad. 17. Íntimamente ligado al principio de lesividad, el Derecho Penal se enmarca en el principio de mínima intervención, según el cual el ejercicio de la facultad sancionatoria criminal debe operar cuando los demás alternativas de control han fallado 12. En este sentido, puede concluirse que la creación de leyes penales exige la realización previa de estudios de política criminal y fundamentos empíricos adecuados sobre la efectividad de las formas de control social que han fracasado. De este mismo postulado se deriva la consecuencia de que el derecho penal debe ser un instrumento de última ratio para garantizar la pacífica convivencia de las personas, previa evaluación de su gravedad, la cual es cambiante conforme a las circunstancias sociales, políticas, económicas y culturales imperantes en la sociedad en un momento determinado 13. No es razonable ni legítimo que un Estado fundado en la libertad y los derechos humanos recurra al derecho penal si cuenta con instrumentos menos restrictivos de la libertad para amparar los mismos bienes jurídicos y lograr los mismos propósitos, como pueden ser el desarrollo de formas vigorosas de política social o la adopción de medidas administrativas de control. 18. Estas consideraciones muestran que un Estado democrático fundado en los derechos humanos debe evitar los desbordamientos punitivos. Ni la idea del Estado social de derecho (CP art. 1º) ni los deberes de justicia y solidaridad que ésta impone (CP art. 2º), ni el reconocimiento de los deberes de las autoridades de respetar y garantizar los derechos humanos, implican una fuga hacia el derecho penal. Por el contrario, este tipo de Estado se funda en una minimización de la intervención punitiva del Estado, pues si el cumplimiento de los deberes sociales del Estado y de los particulares y la garantía y protección de los derechos humanos puede ser alcanzada por vías distintas a la penal, como la política social, las políticas preventivas o el uso de mecanismos administrativos de control, entonces es ilegítimo recurrir al instrumento penal. Por ello, por su opción por la libertad y la dignidad humanas, sólo de manera excepcional la Constitución o los pactos de derechos humanos imponen deberes de penalización, lo cual sucede específicamente con conductas extremas, atentatorias de bienes constitucionales superiores, como la vida e integridad personales, como son los delitos de lesa humanidad, los crímenes de guerra u otras violaciones muy graves a los derechos humanos, que el Estado colombiano, en desarrollo de deberes internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad (CP art. 93) tiene el deber de investigar y sancionar. 19. Un ordenamiento penal de un Estado social de derecho respetuoso de los derechos humanos está gobernado además por el principio de culpabilidad, el cual tiene las siguientes consecuencias: i) el derecho penal es de acto, por lo que se castiga a la persona por lo que hace, por su conducta social, y no por lo que es, ni por lo que desea, piensa o siente 14. De la misma manera, dentro de los llamados requisitos de los sistemas penales exigidos por la Convención Americana de Derechos Humanos, encontramos la exigencia del nullum crimen sine conducta, en cuanto no se puede fundar ninguna pena en alguna característica del ser humano o que resulte 10 Sentencia Corte Suprema de Justicia. Sala de Casación Penal, proceso No del 18 de Noviembre de M.P. José Leonidas Bustos Martínez. 11 Ver, entre otras, las sentencias C-221 de 1994, C-070 de 1996, C-226 de 2002 y C-442 de Sentencia de la Corte Constitucional C-636 de 2009, 16 de septiembre de M.P. Mauricio González Cuervo. 13 Sentencia de la Corte Constitucional C-636 de 2009, 16 de septiembre de M.P. Mauricio González Cuervo. En muy similar sentido se han pronunciado las sentencias de la Corte Constitucional: C-647 de 2001, 20 de junio de M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-226 de 2002, 2 de abril de M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-762 de 2002, 17 de septiembre de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-489 de 2002, 26 de junio de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-312 de 2002, 30 de abril de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-355 de 2006, 10 de mayo de M.P. Jaime Araújo Rentería y Clara Inés Vargas Hernández; C-988 de de noviembre de M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-370 de 2002, 14 de mayo de M.P. Eduardo Montealegre Lynett; C-897 de 2005, 30 de agosto de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa; C-575 de 2009, 26 de agosto de M.P. Humberto Antonio Sierra Porto. 14 Sentencia de la Corte Constitucional C-239 de 1997, 20 de mayo de M.P. Carlos Gaviria Díaz. En el mismo sentido: C-179 de 2007, 14 de marzo de M.P. Clara Inés Vargas Hernández; C-228 de 2003, 18 de marzo de M.P. Alfredo Beltrán Sierra. Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 19
19 CAPÍTULO I discriminatoria. ii) No hay acción sin culpabilidad, que exige la configuración del elemento subjetivo del delito. De acuerdo al mismo, ningún hecho o comportamiento humano es valorado como acción si no es el fruto de una decisión consciente 15. iii) El grado de culpabilidad es uno de los criterios básicos de imposición de la pena. Al autor de una conducta punible se le impone una sanción, mayor o menor, atendiendo a la entidad del juicio de exigibilidad, es decir, la pena debe ser proporcional al grado de culpabilidad Las penas deben estar sujetas, entre otros, a los siguientes principios: i) Proporcionalidad, que implica que debe haber una adecuación entre la conducta delictiva y el daño social causado con ella, y la medida de la pena 17, principio que además encuentra fundamento legal en el artículo 3 de la Ley 599 de 2000; ii) Necesidad, conforme al cual la pena debe servir para la preservación de la convivencia armónica y pacífica de los asociados 18, postulado con respaldo normativo en el artículo 3 de la Ley 599 de 2000; iii) Utilidad, por el cual las penas deben ser socialmente necesarias 19, regulado por el artículo 3 de la Ley 599 de 2000; iv) Humanidad, en virtud del cual se debe ligar el principio de dignidad humana con la imposición de la pena dentro de un Estado social de derecho. Es en virtud de lo anterior, que por mandato constitucional, quedan proscritos los tratos crueles, inhumanos o degradantes, la desaparición forzada y la pena de muerte, cuya consagración normativa se encuentra en el artículo 12 de la Constitución Política y en el artículo 1 de la Ley 599 de 2000; v) Razonabilidad, por virtud del cual las penas deben guardar correlación con la conducta punible y ser adecuadas a los fines previstos en la ley parta ellas, según lo dispuesto por el artículo 3 de la Ley 599 de 2000; vi) Legalidad 20 cuantitativa y cualitativa, y tipicidad 21 de la pena. 21. Los derechos de las víctimas de los delitos, y en especial de aquellos que configuran violaciones graves a los derechos humanos, no están restringidos a la reparación económica, sino que incluyen las pretensiones de verdad, justicia y reparación integral de los daños sufridos, así como garantías de no repetición 22. b. Principios constitucionales procesales del derecho penal o garantías procesales que enmarcan la criminalización secundaria 22. La política criminal en general y la política penal en particular se encuentran también condicionadas normativamente por las garantías procesales, esto es, por los principios constitucionales y de derechos humanos que señalan los requisitos básicos que debe reunir la investigación criminal y el proceso penal para ser legítimo constitucionalmente. 23. El proceso penal debe respetar el derecho al debido proceso, que es el conjunto de garantías regladas en la Constitución y en normas que hacen parte del bloque de constitucionalidad, y no puede suspenderse ni aun durante los estados de excepción 23. Como principales elementos integrantes del derecho al debido proceso judicial, además de los que han sido citados particularmente, pueden indicarse 24 : a. El derecho a la presunción de inocencia y a ser tratado de acuerdo con ella, lo que significa que durante toda la actuación la persona investigada o procesada debe ser tenida como no responsable de la conducta punible y por ende las medidas restrictivas de sus derechos solo proceden excepcionalmente y deben estar condicionadas a estrictos requisitos para su procedencia. b. El derecho a no ser procesado ni juzgado dos veces por el mismo hecho o principio de ne bis in ídem, establecido en el artículo 29 de la Carta, desarrollado legalmente en el artículo 8 de la Ley 599 de 2000, todo lo anterior sin excluir las excepciones legales que existen a este principio. c. El derecho de favor rei entendido en sus dos dimensiones: la resolución de toda duda a favor del sujeto pasivo de la ley penal y la interpretación de la ley en su favor. 15 Corte Constitucional: C-239/97. En el mismo sentido: C-616/02; C-928/ Corte Constitucional: C-239/ Sentencia de la Corte Constitucional C-647 de 2001, 20 de junio de M.P. Alfredo Beltrán Sierra. 18 Sentencia de la Corte Constitucional C-647 de 2001, 20 de junio de M.P. Alfredo Beltrán Sierra. 19 Corte Constitucional: C-647/ Art. 29 de la Constitución Política de Colombia. 21 Art. 10 de la ley 599 de En el mismo sentido: Sentencias de la Corte Constitucional C 516 de 2007, 11 de julio de M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-370 de 2006, 18 de mayo de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa, Jaime Córdoba Triviño, Rodrigo Escobar Gil, Margo Gerardo Monroy Cabra, Álvaro Tafur Galvis, Clara Inés Vargas Hernández; C-454 de 2006, 7 de junio de M.P. Jaime Córdoba Triviño; C-575 de 2006, 25 de julio de M.P. Álvaro Tafur Galvis. 23 Sentencia de la Corte Constitucional C-925 de 2005, 6 de septiembre de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. En el mismo sentido: Sentencia de la Corte Constitucional C-200 de 2002, 19 de marzo de M.P. Álvaro Tafur Galvis. 24 Sentencia de la Corte Constitucional C-1083 de 2005, 24 de octubre de M.P. Jaime Araújo Rentería. 20 INFORME FINAL
20 EL MARCO NORMATIVO: LOS PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y DE DERECHOS HUMANOS DE LA POLÍTICA CRIMINAL d. El derecho a no declarar contra sí mismo y sus familiares más cercanos, o principio de no autoincriminación, regulado por el artículo 33 de la Constitución Política 25. e. El derecho a obtener decisiones ceñidas exclusivamente al ordenamiento jurídico, en razón de los principios de legalidad de la función pública y de independencia funcional del juez, con prevalencia del derecho sustancial 26. f. El derecho al juez natural, es decir, al juez legalmente competente para adelantar el trámite y adoptar la decisión de fondo respectiva, con carácter definitivo 27 ; dicho juez debe ser funcionalmente independiente e imparcial y actuar exclusivamente sometido al imperio de la ley, según el mandato de los artículos 228 y 230 de la Carta Política. g. El derecho a ser juzgado con la plenitud de las formas propias de cada juicio. h. El derecho a la defensa técnica calificada y material, que debe ser ejercido desde el momento en el cual la persona conoce la existencia de una investigación en su contra 28 y debe ir acompañado de garantías para que el procesado pueda contar con los medios y las oportunidades que le permitan el ejercicio efectivo de este derecho, según lo previsto en la Convención Americana de Derechos Humanos y la Constitución Política. El derecho a la defensa también comprende las facultades de pedir y allegar pruebas y controvertir las que se alleguen en su contra; formular peticiones y alegaciones, e impugnar las decisiones que se adopten 29. i. El derecho a participar en la actividad probatoria, sujeta siempre a los principios de legalidad, contradicción y publicidad 30, por lo que la práctica de las pruebas tiene que ser pública y éstas deberán poder ser controvertidas en el curso de las audiencias respectivas y contar con los recursos que se consagren en la ley 31. j. De la misma manera, y según lo previsto en el artículo 29 de la Constitución Política, debe ser excluida cualquier prueba, directa o derivada, que haya sido obtenida con violación de las garantías procesales y los derechos fundamentales 32. k. El derecho a un proceso público que permita a la sociedad el control de las decisiones de los jueces. l. El derecho a que las decisiones se adopten en un término razonable, sin dilaciones injustificadas. m. El derecho a la interdicción de la reforma peyorativa, que consiste en la imposibilidad de agravar la pena al apelante único. 24. La Constitución Política y los tratados de derechos humanos establecen unos fundamentos esenciales para la configuración del sistema procesal penal. De ellos, sin pretensión de exhaustividad, se resaltan: a. El principio de juez imparcial que implica que quien instruye no juzga y que la carga de la prueba de la responsabilidad penal del procesado se encuentra en cabeza de la fiscalía 33. b. El principio de igualdad de armas, según el cual las partes puedan acudir ante el juez con las mismas herramientas, oportunidades, elementos de convicción, sin privilegios ni desventajas, a fin de convencerlo de sus pretensiones procesales 34. c. El principio de oportunidad que hace referencia a las razones por las cuales el Estado puede legítimamente optar por no perseguir penalmente una determinada conducta, en los casos que establezca la ley y dentro del marco de la política criminal del Estado Sentencia de la Corte Constitucional C-213 de 1994, 28 de abril de M.P. Jorge Arango Mejía; C-319 de 1996, 18 de julio de M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; C-403 de 1997, 28 de agosto de M.P. Vladimiro Naranjo Mesa; C-426 de 1997, 4 de septiembre de M.P. Jorge Arango Mejía; C-422 de 2002, 28 de mayo de M.P. Álvaro Tafur Galvis; C-102 de 2004, 10 de febrero de M.P. Rodrigo Escobar Gil; C-102 de 2005, 8 de febrero de M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-782 de 2005, 28 de julio de M.P. Alfredo Beltrán Sierra; C-799 de 2005, 2 de agosto de M.P. Jaime Araújo Rentería y C-850 de 2005, 17 de agosto de M.P. Jaime Araújo Rentería. 26 Arts. 6º, 121, 123, 228 y 230 de la Constitución Política. 27 Sentencia de la Corte Constitucional T-954 de 2006, 17 de noviembre de M.P. Jaime Córdoba Triviño. 28 Sentencia de la Corte Constitucional C 1260 de 2005, 5 de diciembre de M.P. Clara Inés Vargas Hernández. 29 Sentencia de la Corte Constitucional T-954 de 2006, 17 de noviembre de M.P. Jaime Córdoba Triviño. 30 Sentencia de la Corte Constitucional C 591 de 2005, 9 de junio de M.P. Clara Inés Vargas Hernández. 31 Sentencia de la Corte Constitucional C 1260 de 2005, 5 de diciembre de M.P. Clara Inés Vargas Hernández. 32 Sentencia de la Corte Constitucional C 1154 de 2005, 15 de noviembre de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. 33 Corte Constitucional: C 144/ Sentencia de la Corte Constitucional C-545 de 2008, 28 de mayo de M.P. Nilson Pinilla Pinilla. 35 Sentencia de la Corte Constitucional C-925 de 2005, 6 de septiembre de M.P. Manuel José Cepeda Espinosa. Diagnóstico y propuesta de lineamientos de política criminal para el Estado colombiano 21
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 artículo 3
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 artículo 1
 artículo 3
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 artículo 8
 resolución 
 artículo 33
 artículo 29
 artículo 12