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Timestamp: 2018-11-13 03:34:20+00:00

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Tecnicas Subir (1)
Riesgos en La Organizacion
7_Calidad y Responsabilidad Social_Olga Luca Ortiz
Instalación de Turbo C++
Tower Safety Handbook-SPA
ANEXO A: INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A.1. Cuestionarios de Chequeo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A.2. Inventarios de indicadores de riesgo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . A.3. Cuestionarios de instalaciones y actividades . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
ANEXO B: DOCUMENTOS DE REFERENCIA PARA LA EVALUACIÓN DETALLADA DE LA EXPOSICIÓN. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167 ANEXO C: EJEMPLO DE APLICACIÓN DEL SISTEMA DE EVALUACIÓN DE RIESGOS PROPUESTO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169 C.1. Breve descripción del centro de trabajo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . C.2. Descripción de los puestos de trabajo e instrumentos utilizados . . . . . . C.3. Situaciones de riesgo detectadas y valoración del riesgo . . . . . . . . . . . . C.4. Priorización preventiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Apéndice: Cuestionarios e inventarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 169 170 176 180 183
ANEXO D: CONDICIONES DE SEGURIDAD CONTRAINCENDIOS . . . . . . . . . . . . . 247 ANEXO E: RIESGOS PSICOSOCIALES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283 ANEXO F: RIESGO HIGIÉNICO POR INHALACIÓN DE AGENTES QUÍMICOS. GENERAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 293
La necesidad de la evaluación de riesgos apenas requiere justificación:es técnica y legalmente el diagnóstico ineludible que sirve de base a toda la acción preventiva, no sólo para definir las actividades que hay que realizar sino también la organización que hace falta para llevarlas a cabo. Además, puesto que la acción preventiva ha de planificarse y eso implica establecer prioridades, la evaluación ha de comportar algún tipo de medida de los riesgos, que la fundamente. Y lo cierto es, llegados a este punto, que no es fácil encontrar en el panorama metodológico procedimientos de evaluación que combinen una razonable sencillez de aplicación con una pretensión de objetividad en la medida, es decir, de validez y fiabilidad. Abundan, eso sí, las listas de chequeo más o menos exhaustivas que, una vez aplicadas, generan relaciones de defectos sin la más mínima indicación sobre su importancia y, por tanto, sin ninguna posibilidad de jerarquizar las medidas preventivas que de ellas se deducen. O, en el otro extremo, presuntos métodos directos que, quizás confiando excesivamente en la experiencia o el “ojo clínico” del evaluador, le animan a asignar por las buenas un valor de probabilidad de materialización a cada riesgo, sin más instrumento que sus conocimientos y unas vagas indicaciones sobre el significado de cada valor. Así pues, el panorama de los métodos de evaluación simplificada de riesgos puede resumirse en los siguientes términos: unos desisten de medir y se conforman con identificar deficiencias; otros renuncian de entrada a cualquier pretensión de objetividad en la medida que proponen, ya que no definen ningún instrumento para ella. Esta renuncia cobra especial gravedad cuando, como ocurre en nuestra organización, son numerosas las personas que han de evaluar y, además, están dispersas en un ámbito geográfico extenso. Aquí, la imprescindible unificación de criterios sólo puede asegurarse metodológicamente, mediante el uso de herramientas bien definidas. Si la necesidad de evaluar es obvia y no hay métodos aceptables para nuestras necesidades, habrá que poner manos a la obra y abordar su elaboración.Y si antes se ha resaltado la carencia de buenos cestos, ahora es justo reconocer que, en cambio, sí hay buenos mimbres. Uno de los mejores, a nuestro juicio, es el que proporciona la Nota Técnica de Prevención (NTP) 3301 bajo el título “Método simplificado de evaluación de riesgos de accidente”.Se dice que es un buen mimbre y no un cesto porque, pese al título, se trata sólo de una guía metodológica a la que han de añadirse aún los instrumentos de medida, esto es, los cuestionarios de chequeo con factores de riesgo de peso preasignado, para convertirla en un método. En esto ha consistido, por tanto, la primera tarea, que ha dado lugar al llamado método general: partiendo de la NTP 330 como guía y marco metodológico, desarrollar, precisar o modificar los aspectos que nos han parecido insuficientes o mejorables y, sobre todo, incorporarle los cuestionarios de chequeo necesarios para evaluar algunos de los riesgos más
comunes en la Administración andaluza. Se trata, pues, de una propuesta de método con un doble objetivo:1) constituir una herramienta de evaluación para las situaciones de riesgo más frecuentes en los centros de trabajo de la Junta y 2) servir de pauta y contexto para la elaboración de nuevos cuestionarios, referidos a otras situaciones de riesgo, que se vayan incorporando al método en el futuro para ampliar su utilidad. Pronto se vio, sin embargo, que no era posible, y en algunos casos tampoco deseable, usar el método general para todos los riesgos que han de evaluarse. Así ocurre, por ejemplo, con los riesgos higiénicos y algunos ergonómicos, para los que no es aceptable renunciar a la evaluación detallada de la exposición, es decir, basada en su medida, cuando resulte viable. Para ellos se ha establecido un procedimiento en dos fases: la primera consiste en la aplicación de un instrumento específico para el riesgo en cuestión, llamado de modo genérico inventario de indicadores de riesgo, cuyo objetivo básico es determinar si es preciso llevar a cabo la segunda, la de evaluación detallada del riesgo, o puede directamente concluirse la suficiencia de su control. Para otros aspectos de la realidad preventiva, que resulta difícil desglosar en situaciones de riesgo, de modo que sea factible la evaluación por el método general, y que, pese a ello, no pueden dejar de ser considerados, se ha diseñado un tercer tipo de instrumento, los cuestionarios de instalaciones o actividades, que, estos sí, limitan su objetivo a la identificación de deficiencias. En resumen, el sistema de evaluación de riesgos de este manual, que se expone con detalle en las páginas que siguen, contempla la utilización, para parcelas distintas y bien definidas del campo preventivo, de tres herramientas metodológicas diferentes: El método general, el de uso más extenso, aplicable a los riesgos de accidente y a los higiénicos y ergonómicos que no admiten evaluación detallada de la exposición. El método, en dos fases, aplicable a los riesgos higiénicos y ergonómicos susceptibles de evaluación detallada de la exposición. El método de identificación de deficiencias mediante cuestionarios de instalaciones o actividades, aplicables, con un criterio restrictivo, a aquella parte de la realidad de interés que tiene difícil tratamiento por el método general.
2. LA EVALUACIÓN DE RIESGOS EN EL MODELO DE LA LEY DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES
La Ley de Prevención de Riesgos Laborales (LPRL), coherentemente con el marco jurídico común de la Unión Europea en esta materia, ha diseñado un nuevo modelo de actuación preventiva en la empresa. De acuerdo con lo que señala, textualmente, el punto 5 de la exposición de motivos de la ley, “la protección del trabajador frente a los riesgos laborales exige una actuación en la empresa que desborda el mero cumplimiento formal de un conjunto predeterminado, más o menos amplio, de deberes y obligaciones empresariales y, más aún, la simple corrección a posteriori de situaciones de riesgo ya manifestadas”. Así pues, no se trata sólo de cumplir los Reglamentos, que nunca podrán abarcar toda la casuística existente, ni de investigar las causas de los daños ocurridos y corregirlas, con ser esto imprescindible, sino que es preciso anticiparse a ellos con una acción sistemática y planificada que se adapte a las necesidades específicas de la empresa en esta materia, es decir a la índole y la magnitud de los riesgos presentes. A conocer estos aspectos sobre los riesgos está dedicado el proceso que denominamos evaluación de riesgos, y de ahí, de su condición de punto de partida de toda la actuación preventiva en la empresa, deriva la importancia capital que, pese a su carácter instrumental, tiene en el modelo. Por tanto, la evaluación de riesgos es el fundamento previo e inexcusable de la planificación preventiva y, puesto que ésta ha de incluir una priorización de las actividades previstas, la evaluación ha de contemplar, necesariamente, algún tipo de medida de los riesgos, que permita su jerarquización.
El término riesgo, utilizado en ámbitos de la vida muy diversos, connota siempre la existencia de un daño, futuro e hipotético, es decir, cuya producción no está completamente determinada por los acontecimientos o condiciones causales que somos capaces de identificar y caracterizar. Tales condiciones, sea el daño del tipo que sea, son siempre de dos grandes clases: personales y ambientales. Entre las primeras, podríamos citar, a título de ejemplo, las características y la condición física, el estado de salud, el nivel de atención, el grado de conocimiento y destreza, etc. Las ambientales abarcan el amplio campo de las condiciones de trabajo, tanto materiales como organizativas. Si para cada situación de riesgo genérica, por ejemplo: caída a distinto nivel en escalera fija, fuéramos capaces de identificar y caracterizar mediante parámetros apropiados todas y cada una de las condiciones personales y ambientales pertinentes, así como de formular las relaciones entre ellas, podríamos predecir con toda certeza si se iba a producir o no un accidente cuando una determinada persona, en un estado específico, utilizara una escalera concreta. Dado que nuestro conocimiento actual no nos permite ni siquiera intentarlo, prescindimos en la práctica de las condiciones personales y basamos nuestras evaluaciones sólo en las condiciones ambientales (Véase la definición de factor de riesgo en el punto siguiente), con lo que el daño adquiere el carácter aleatorio que antes se citaba, su predicción ha de recurrir a la idea de probabilidad y, consiguientemente, cobra pleno sentido el uso del término riesgo. De este modo, puede entenderse por qué, incluso si en una situación no se detecta ninguna posible causa ambiental de un determinado daño, es decir, ningún factor de riesgo, el riesgo puede considerarse controlado pero no eliminado, ya que parece haber condiciones personales que, en presencia de la mera posibilidad de daño, bastan para producirlo. Eliminar un riesgo exige, por tanto, ir más allá de la corrección de las deficiencias preventivas detectadas: implica, pura y simplemente, suprimir la posibilidad de ocurrencia del daño. En general, los riesgos se identifican aludiendo al daño al que se refieren (por ejemplo riesgo de caída a distinto nivel, riesgo de contacto eléctrico) o a la exposición que se considera causante del daño (riesgo higiénico por exposición a ruido, riesgo asociado a la manipulación manual de cargas). En el contexto de la evaluación de riesgos, que implica, como ya se ha dicho, la medida de éstos, la definición de riesgo que elijamos ha de añadir el carácter de magnitud a las notas citadas más arriba. Así pues, siguiendo a Castejón 2, definiremos el riesgo como “la magnitud del daño que un conjunto de factores de riesgo producirá en un período de tiempo dado”.
Evaluar el riesgo será, por tanto, estimar el daño que producirán los factores de riesgo considerados en un cierto periodo. Procediendo de esta forma, será posible jerarquizar los riesgos y adoptar una política racional de actuación frente a ellos. Dado que, en términos generales puede aceptarse que la relación entre un caso de daño y sus consecuencias ( la magnitud del daño que produce ese caso) es aleatoria, es útil algoritmizar la definición anterior de riesgo del siguiente modo: RS = fS x D S Siendo: RS: fS: El riesgo, o sea, la magnitud del daño que producirá el conjunto de factores de riesgo S en el periodo considerado, por ejemplo, un año. El número esperado de casos en ese periodo, ocasionado por el conjunto de factores de riesgo S. Se trata, pues, de una frecuencia esperada absoluta (nº de accidentes esperados/año). El daño esperable por caso debido al conjunto de factores de riesgo S. El daño esperable es el promedio de los daños de un gran número de casos asociados al mismo conjunto de factores de riesgo. Si el daño se midiera en unidades monetarias, lo que resulta viable tanto para las pérdidas económicas como para las lesiones personales, el riesgo quedaría medido de la misma forma.
Muchos métodos de evaluación, siguiendo al famoso Fine, consideran más asequible la estimación de fS desglosándola en dos factores: pS, frecuencia esperada relativa o probabilidad (nº de accidentes esperados/exposición), y E (nº de exposiciones/año). A diferencia de fS, p S sólo depende de S, es decir, del número e importancia de los factores de riesgo presentes. Por otra parte, E puede también descomponerse en FE, frecuencia de exposición por trabajador (nº de exposiciones/trabajador y año) y TE (nº de trabajadores expuestos a la situación de riesgo en cuestión). De este modo, la expresión de RS se transformará en: RS = pS x FE x TE x DS Si dividimos ambos miembros por TE, tendremos: R’S = RS / TE = p S x FE x D S Como habrá ocasión de ver más adelante, es precisamente R’S, el riesgo unitario o magnitud del daño esperado por trabajador expuesto, lo que trata de medir, utilizando escalas ordinales, el método de evaluación de la NTP 330.
3.2. Factor de riesgo
Se considera factor de riesgo de un determinado tipo de daño aquella condición de trabajo, que, cuando está presente, incrementa la probabilidad de aparición de ese daño. Podría decirse que todo factor de riesgo denota la ausencia de una medida de control apropiada Vistos desde la perspectiva del daño ya producido, los factores de riesgo aparecen como causas en la investigación del caso. Otras denominaciones que se usan en el campo de la prevención de riesgos para referirse, en general, al mismo concepto, y que, por tanto, aquí se considerarán sinónimos, son “peligro” y “deficiencia o defecto de control”. Obsérvese que el campo semántico del término “factor de riesgo” está aquí restringido a las que hemos llamado causas ambientales, a diferencia de lo que ocurre en otras disciplinas, como la Medicina o la Epidemiología, que lo extienden también a las causas individuales.
3.3. Situación de riesgo
Situación de trabajo caracterizada por la presencia simultánea de una serie de factores de riesgo del mismo tipo de daño. Desde un punto de vista operativo, que es el que nos interesa, y en términos de la metodología de evaluación de riesgos que se explica más adelante, se puede precisar más diciendo que es el conjunto específico de factores de riesgo al que puede asignarse un solo nivel de exposición (NE) y un único nivel de consecuencias (NC), en cada puesto de trabajo. El nivel global de exposición traduce la idea de simultaneidad, y el valor único del nivel de consecuencias, la de un mismo tipo de daño o, cuando menos, la de daños de la misma gravedad esperada. En coherencia con esta definición, sólo llamaremos situación de riesgo a aquellas situaciones de trabajo en las que, por estar presente algún factor de riesgo, el riesgo no puede considerarse controlado. Las situaciones de riesgo habrán de identificarse añadiendo alguna precisión más a la habitual denominación del riesgo. Así, por ejemplo, para el riesgo de caída a distinto nivel, podrían distinguirse las siguientes posibles situaciones de riesgo: - Caída a distinto nivel. - Caída a distinto nivel. - Caída a distinto nivel. - Caída a distinto nivel. Escaleras fijas Escaleras de mano Rampas Ascensores y montacargas
3.4. Riesgo higiénico
Se denominan riesgos higiénicos aquéllos para los que, entre los factores de riesgo remotos (materiales y organizativos) y los posibles daños, puede reconocerse el contacto con un agente ambiental (químico, físico o biológico) que es consecuencia directa de los primeros y causa inmediata de los segundos, como se ve en el esquema de la figura 1. Esta peculiaridad de los riesgos higiénicos permite una aproximación distinta, y más precisa, a su evaluación, que se basa en la cuantificación de dicho contacto.
3.5. Exposición
3.6. Indicador de riesgo
Término usado en el texto para referirse conjunta e indistintamente a factores de riesgo remotos, indicadores de exposición 3 e indicadores de daño, los tres niveles de la estructura causal de los riesgos higiénicos.
3 Indicadores de exposición son no sólo los parámetros que la definen:la intensidad y la duración, que pueden ser llamados con toda propiedad factores de riesgo inmediatos, sino también otros, como, p.ej., el olor, la presencia de depósitos de polvo en pisos e instalaciones o la corrosión de los metales en el recinto de trabajo, que no son factores de riesgo puesto que no tienen relación causal con el daño.
3.7. Evaluación detallada de la exposición
Por analogía con la evaluación de riesgos, la evaluación de la exposición puede definirse como el proceso por el que se decide acerca de la aceptabilidad o no de una determinada exposición y, consecuentemente, sobre la necesidad de adoptar medidas preventivas adicionales y la índole de éstas. La evaluación de la exposición a un determinado agente ambiental proporciona una estimación de la probabilidad de sufrir el daño específico que el agente en cuestión pueda causar, pero no dice nada acerca de la gravedad de ese daño. Como la evaluación del riesgo exige tener en cuenta también este parámetro, la evaluación de la exposición ha de verse como una parte de aquélla, a la que aún han de añadirse consideraciones sobre los daños específicos que pueden producir los agentes en presencia, para jerarquizar los riesgos correspondientes. En general, el proceso de evaluación de la exposición se desarrolla en tres etapas, identificación, medida y valoración. No obstante, en ocasiones la sola consideración del método o los equipos de trabajo utilizados, o el carácter inequívoco de ciertos indicadores de exposición o daño, permite alcanzar una decisión prescindiendo de la medida. Por evaluación detallada de la exposición ha de entenderse aquélla que se basa en los resultados de mediciones adecuadas.
4. EL PROCESO DE EVALUACIÓN DE RIESGOS
El Reglamento de los Servicios de Prevención (RSP), en su artículo 3, define la evaluación de los riesgos laborales como el proceso dirigido a estimar la magnitud de los riesgos que no hayan podido evitarse, obteniendo la información necesaria para así poder decidir sobre la necesidad de adoptar medidas preventivas y, en tal caso, sobre el tipo de medidas que deben adoptarse. En la definición aparece muy destacada la medida del riesgo, que constituye, por así decirlo, el núcleo central de la evaluación. Sin medida, sólo se podrían identificar las situaciones de riesgo, pero no jerarquizarlas y, por tanto, tampoco fijar las prioridades de la actuación preventiva, aspecto éste que resulta imprescindible en la planificación, como señala el artículo 8 del RSP. Naturalmente, por medida ha de entenderse cualquier cuantificación, desde la que utiliza escalas numéricas de razón, que es el grado más completo, hasta la que emplea escalas ordinales. Pero la medición del riesgo, con ser tan importante, no es la única fase del proceso de evaluación, que tiene aún otras dos; la identificación de los peligros, anterior a ella, y la valoración de los riesgos, posterior. Ya se dijo antes que por peligros ha de entenderse factores de riesgo no individuales, es decir, pertenecientes al ámbito de las condiciones de trabajo. Es la presencia de estos factores de riesgo, o, dicho de otra forma, de deficiencias en el control del riesgo, la que sustancia la significación de éste. Por tanto, identificar los peligros es, a la vez, identificar las situaciones de riesgo. En cuanto a la valoración, última etapa del proceso, consiste en la comparación de las medidas de riesgo obtenidas con los valores de referencia, con la consiguiente decisión sobre su tolerabilidad. Esta decisión debe comportar la jerarquización de los riesgos en dos o más clases. Por último, como ya se indicaba en la definición que encabeza este punto, la evaluación de riesgos ha de proporcionar también información sobre la índole de las medidas que, para el correcto control de cada riesgo, han de incluirse en la planificación preventiva.
5. EL MÉTODO SIMPLIFICADO DE EVALUACIÓN DE RIESGOS DE ACCIDENTE DE LA NOTA TÉCNICA DE PREVENCIÓN 330
Como ya se indicó al definir el riesgo, el método de la Nota Técnica de Prevención 330, sirve para medir el riesgo unitario o riesgo por trabajador. Para ello, en primer lugar, desglosa la frecuencia esperada de accidente (fS) en dos componentes, asumiendo que más fácil que estimar de entrada cuántos accidentes por caída en una determinada escalera tendremos el próximo año, será estimar cuál es la probabilidad de caerse cada vez que se utilice, que debe estar ligada al número y la importancia de los defectos que presente la escalera, y con qué frecuencia se baja o se sube. En segundo lugar, descompone ésta en la frecuencia media de exposición por trabajador y el número de trabajadores expuestos y prescinde de éste último factor. Por ora parte, la característica fundamental de los métodos simplificados, categoría a la que pertenece éste, es que no pretenden determinar el valor real del riesgo, es decir, la magnitud del daño esperado en un periodo de tiempo concreto, sino que se conforman con una aproximación a su medida en términos de nivel, usando escalas ordinales. Estas son escalas numéricas que, como su nombre indica, producen una ordenación de los niveles pero no garantizan la constancia de los intervalos ni las razones en los distintos tramos de la escala. Así, por ejemplo, el valor 5 corresponderá siempre a un nivel mayor que el 4 y éste, a su vez, a otro mayor que el 3, pero las diferencias entre 5 y 4, y entre 4 y 3 no tienen por qué corresponder a iguales diferencias en el atributo medido, ni tampoco las razones entre 4 y 2, y entre 2 y 1. Con estas transformaciones, la fórmula original del riesgo unitario R’S = pS x FE x D S se convierte en NR = ND x NE x NC, donde NR es el nivel de riesgo, ND el nivel de deficiencia, NE el nivel de exposición y NC es el nivel de consecuencias. El método define también el nivel de probabilidad (NP) como producto de ND x NE. Así, la aplicación del método para estimar el nivel de riesgo de una determinada situación de riesgo en un puesto de trabajo concreto comporta los siguientes pasos:
1. Estimación del nivel de deficiencia situación de riesgo.
( N D ) de la
La forma idónea de hacerlo es aplicando un cuestionario de chequeo que incluya los factores de riesgo apropiados y una indicación acerca de la importancia que cabe atribuirles como elementos causales del daño. Tales indicaciones, sea cual sea el sistema que se use, han de ajustarse a la escala de ND que recoge la tabla I4.
De este modo, el nivel de deficiencia que se obtiene con la aplicación del cuestionario será el resultado de los factores de riesgo que estén realmente presentes y del peso causal preasignado a cada uno. Como puede verse, la disponibilidad y el uso de cuestionarios estandarizados constituyen un requisito ineludible de objetividad, característica ésta que, al menos como aspiración, es irrenunciable para cualquier método digno de tal nombre. Podría decirse, pues, que el llamado método de la Nota Técnica de Prevención 330 sólo será una guía metodológica, y no un auténtico método, hasta que no se le incorporen los cuestionarios de chequeo necesarios para las potenciales situaciones de riesgo a las que haya de aplicarse.
2. Estimación del nivel de exposición puesto de trabajo a la situación de riesgo.
Es una medida de la frecuencia con la que se produce la exposición al riesgo en el puesto de trabajo en cuestión, ajustada a los criterios de la tabla II5.
Naturalmente, como se refiere a características del puesto cuyo riesgo se está evaluando, habrá de estimarse sobre el terreno. Como puede observarse, mientras la escala de ND va de 0 a 10, la de NE va de 1 a 4. Esta diferencia responde a la intención deliberada de otorgar más importancia en el cálculo del nivel de riesgo a las deficiencias existentes que a la frecuencia de exposición, de modo que una deficiencia alta y una exposición baja resulten en un riesgo mayor que una exposición alta y una deficiencia baja.
3. Determinación del nivel de probabilidad ( N P ) de accidente en el puesto, asociado a la situación de riesgo.
Se calcula como producto de ND x NE. El resultado numérico obtenido se categoriza en cuatro niveles, según se señala en la tabla III6 . TABLA III: DETERMINACIÓN DEL NIVEL DE PROBABILIDAD
El significado de cada nivel aparece recogido en la tabla IV7. TABLA IV: SIGNIFICADO DE LOS DIFERENTES NIVELES DE PROBABILIDAD
Corresponde al cuadro 5.1 en el original de la NTP 330 Corresponde al cuadro 5.2 en el original de la NTP 330
4. Estimación del nivel de consecuencias del accidente asociado a la situación de riesgo.
Como ilustra la tabla V8, el método considera también cuatro niveles de consecuencias, distinguiendo entre daños personales y materiales, y estableciendo una correspondencia entre ellos. TABLA V: DETERMINACIÓN DEL NIVEL DE CONSECUENCIAS
En principio, el nivel de consecuencias no se estima en campo sino que se preasigna a cada situación de riesgo en función del tipo de accidente a que se refiere, considerando la gravedad de los daños normalmente esperados. La escala de NC es la más amplia de todas, con un rango de 10 a 100, al objeto de primar el peso de las consecuencias, con respecto a los otros factores, en la medida del riesgo.
5. Determinación del nivel de riesgo nivel de intervención.
Como ya se indicó, el nivel de riesgo se determina como producto de ND x NE x NC o, lo que es igual, como producto de NP x NC. Al valor obtenido, por medio de su inclusión en uno de los grupos clasificatorios de la tabla VI9) se le asigna una prioridad de intervención cuyo significado se recoge en la tabla VII10.
Corresponde al cuadro 6 en el original de la NTP 330 Corresponde al cuadro 7.1 en el original de la NTP 330 Corresponde al cuadro 7.2 en el original de la NTP 330
De este modo, en este último paso de la aplicación del método puede decirse que se solapan dos etapas: la última de la evaluación propiamente dicha, que sería la jerarquización de los riesgos, y la primera de la planificación preventiva, que correspondería a la priorización de las medidas de actuación.
6. EL SISTEMA DE EVALUACIÓN DE RIESGOS PROPUESTO.
6.1. El método general
Se propone para la evaluación de los riesgos de accidente, así como para los higiénicos o ergonómicos que carezcan de método específico o a los que éste resulte inaplicable en las condiciones concretas de la actividad en estudio. Su estructura básica corresponde al descrito en la Nota Técnica de Prevención 330 del INSHT, al que ya se ha hecho una amplia referencia en el apartado anterior. Sobre esta base, se han desarrollado algunos aspectos del método original, se han modificado otros y, sobre todo, se han elaborado una serie de cuestionarios de chequeo para posibilitar su aplicación a los centros de trabajo de la Junta de Andalucía. La aplicación del método se llevaría a cabo en las siguientes fases:
Visita preliminar al centro de trabajo.
Tiene por objeto inventariar los puestos de trabajo existentes, describirlos en términos de las tareas que tienen encomendadas y del ámbito en que se desarrollan, decidir qué cuestionarios de chequeo resultan necesarios para el caso y planificar su aplicación. A grandes rasgos, los cuestionarios son de dos tipos: los de situaciones de riesgo generales, ligadas a las características del edificio o de sus instalaciones, y los de situaciones de riesgo específicas, asociadas a la actividad de los distintos puestos de trabajo. La planificación citada incluye la elección de las áreas de aplicación de los primeros (por ejemplo, por planta, área funcional, edificio, etc.), que podrían ser distintas para los diversos cuestionarios.
2. Cumplimentación de los cuestionarios de chequeo en el lugar de trabajo.
Cada cuestionario, cuyo encabezamiento designa la situación potencial de riesgo a la que se refiere, se compone de un cierto número de enunciados sobre condiciones de trabajo que se consideran medidas de control adecuadas para el riesgo en cuestión.Con cada uno de esos enunciados, cuando se aplica el cuestionario en un determinado centro de trabajo, cabe estar de acuerdo (SI), en desacuerdo (NO) o constatar que no es aplicable al caso (NP). Es necesario aclarar que los cuestionarios no contienen preguntas para los trabajadores sino proposiciones para el técnico, que, antes de pronunciarse sobre ellas, tendrá que recabar los datos que considere necesarios y, en base a ellos, responder según su propio juicio. Las respuestas NO detectan factores de riesgo, con lo que constituyen una identifica-
ción de los peligros realmente presentes y, por tanto, de las situaciones de riesgo existentes. Para las situaciones generales de riesgo que se refieren a elementos singulares, de los que el número es pequeño en cualquier centro de trabajo, como, por ejemplo, escaleras fijas, portátiles, ascensores, rampas, etc., se aplicará un cuestionario a cada elemento existente. Por el contrario, para elementos más numerosos y difíciles de identificar como pasillos, puertas, archivadores, mesas, etc., sólo cuando resulte de interés individualizar elementos deficientes respecto a un determinado tipo de daño, se usará un cuestionario de chequeo para cada uno, subdividiendo el área de aplicación inicial lo que sea necesario. Así, por ejemplo, si en una planta de un edificio, que inicialmente se considera como área de aplicación idónea para el cuestionario de “Caída al mismo nivel, pisada sobre objetos … Pasillos”, se encuentran dos pasillos con deficiencias distintas, se utilizarán sendos cuestionarios para ellos y otro común para el resto de los pasillos sin deficiencias de la planta.
A cada factor de riesgo posible se le ha asignado un valor de nivel de deficiencia (NDp), que representa una aproximación al peso o importancia que tiene en la producción del daño con el que se relaciona, de acuerdo con los criterios de la tabla VIII. Los valores numéricos consignados en primer lugar en cada clase, son los que se han TABLA VIII: SIGNIFICADO DEL NIVEL DE DEFICIENCIA DE LOS FACTORES DE RIESGO (ND p)
utilizado preferentemente para los factores de riesgo de esa clase. Los otros se han reservado para los casos en que se ha considerado necesario matizar, por interpolación, una vez completada la asignación inicial. Al final de cada cuestionario de chequeo se ha incluido un item para que el técnico evaluador pueda especificar otros factores de riesgo detectados por él y no incluidos en la lista preestablecida. Naturalmente, el NDp de esos factores no puede asignarse de antemano.
3. Estimación del Nivel de Deficiencia cada Situación de Riesgo.
Salvo indicación expresa en contra, se obtiene sumando los NDp de los factores de riesgo identificados. Su significado se recoge en la tabla IX. Conviene resaltar el hecho, conceptualmente muy importante, de que cuando no se TABLA IX: SIGNIFICADO DEL NIVEL DE DEFICIENCIA DE UNA SITUACIÓN DE RIESGO (ND T)
detecta ningún factor de riesgo no se considera que NDT sea cero, lo que abocaría a la conclusión de que el riesgo es inexistente, sino que sólo se acepta que está controlado y que no cabe ir más allá en su valoración. Si la suma obtenida es mayor de 10, valor máximo que contempla la escala del nivel de deficiencia, se tomará ND = 10 para el cálculo posterior del nivel de riesgo (NR).
4. Estimación del Nivel de Exposición (NE) de la Situación de Riesgo.
De la definición operativa que antes se dio de situación de riesgo, se deduce que a cada cuestionario sólo cabe asignarle un NE en cada aplicación. Lo asignará el técnico que evalúa en base a los datos recabados en el lugar de trabajo, siguiendo los criterios de la tabla X, en la que, como vemos, se han reconvertido en términos de duración, más precisos y objetivos, los significados de los niveles de exposición de la tabla II. Si a una situación de riesgo general están expuestos varios grupos de personas con disTABLA X: SIGNIFICADO DEL NIVEL DE EXPOSICION A UNA SITUACIÓN DE RIESGO (NE)
tintas frecuencias, el valor de NE será el que corresponda al promedio ponderado de las exposiciones, redondeado al valor entero más próximo. Con las situaciones de riesgo específicas no debe darse este caso, porque se aplican por puesto de trabajo y éste, más allá de su denominación, se define por las tareas y el ámbito, lo que debe conllevar exposiciones semejantes para las distintas personas que puedan desempeñarlo. Al final de cada cuestionario, se hará constar el número de personas afectadas por la situación de riesgo.
5. Cálculo del Nivel de Riesgo (NR) que supone la Situación
El nivel de riesgo se obtendrá multiplicando ND x NE x NC, siendo este último valor un dato que suministra el cuestionario de chequeo de cada situación de riesgo, y que supone una aproximación a la magnitud del daño esperable del accidente o enfermedad asociado a ella. Al igual que ocurría con los NDp, no se han utilizado sólo las marcas de clase de la escala de consecuencias de la NTP 330 (ver tabla V), sino también valores intermedios, aunque respetando el significado de aquéllas y los límites de la escala Las fases 3, 4 y 5 constituyen la medición del riesgo, que, con este método, como ya se dijo, no implica el cálculo de su valor absoluto, sino una aproximación en términos de nivel.
6. Jerarquización de las Situaciones de Riesgo.
Por último, según el NR obtenido, incluiremos las situaciones de riesgo medidas en uno de los siguientes grupos, cuyos significados se recogen en la tabla XI. Esta fase corresponde a la valoración de las situaciones de riesgo, por cuanto en ella TABLA XI: NIVEL DE RIESGO DE UNA SITUACIÓN DE RIESGO (NR)
se decide sobre la importancia relativa de cada una, la necesidad o no de adoptar medidas preventivas y sobre el tipo de medidas necesarias, que se deducen de los factores de riego presentes. Por consiguiente, aquí acaba propiamente la evaluación de los riesgos abordados por este método general. No obstante, es bien sabido que la evaluación de los riesgos no tiene más objetivo que permitir una planificación razonable de la actuación preventiva. Así pues, para resaltar la ineludible continuidad de los dos procesos: evaluación y planificación, se recoge en el punto siguiente la primera fase de este último, la priorización de las medidas preventivas, que es la única que puede llevarse a cabo desde un servicio de prevención. Las posteriores, que exigen consideraciones de costes, disponibilidades presupuestarias, plazos de implantación, designación de responsables, etc., han de decidirse necesariamente desde instancias de dirección.
Las medidas preventivas que se propongan, una vez completada la evaluación de las situaciones de riesgo existentes en el centro de trabajo, se clasificarán en cuatro niveles de intervención, de acuerdo con los criterios de la tabla XII. Conviene resaltar el hecho de que, a diferencia del método de la NTP 330, las prioridaTABLA XII: NIVEL DE INTERVENCIÓN DE UNA MEDIDA PREVENTIVA (NI)
des de intervención no se asignan aquí a las situaciones de riesgo como conjuntos sino a cada una de las medidas preventivas que se proponen. Asimismo, con cada medida propuesta se hará constar el número de personas afectadas por ella (dato que se extrae del cuestionario correspondiente), como otro elemento de jerarquización dentro del nivel de intervención.
6.2. Evaluación de ciertos riesgos higiénicos y ergonómicos.
La consideración separada de algunos riesgos higiénicos y, por analogía, también ergonómicos, se fundamenta en el principio de que no es aceptable, técnica ni reglamentariamente, evaluar el riesgo atendiendo sólo a los factores de riesgo materiales u organizativos que son causa remota del daño, como hace el método general que acabamos de ver, cuando es posible evaluar la exposición al agente ambiental, que es su causa inmediata. No es aceptable técnicamente, porque comportará siempre un mayor margen de error y, por lo tanto, un menor grado de confianza en sus resultados, y tampoco lo es desde el punto de vista legal, porque los reglamentos, como ocurre, por ejemplo, con los de agentes químicos y ruido, exigen expresamente que la evaluación del riesgo se base en la medida de la exposición. Así pues, las únicas excepciones que cabe admitir a esta regla general son dos: a) Que tal evaluación basada en la medida, a la que llamaremos evaluación detallada, no pueda realizarse porque no concurra en el caso en estudio alguna de las siguientes condiciones: 1. Posibilidad de identificar los agentes ambientales a los que se está expuesto. 2. Posibilidad de medir las exposiciones, lo que implica la disponibilidad de métodos de medida y exposiciones de suficiente entidad como para ser detectadas. 3. Existencia de valores límite con los que comparar las exposiciones medidas. b) Que, a la vista de las condiciones de trabajo en que se produce la exposición, sea evidente que ésta es muy inferior al valor límite, que está claramente por encima de él o que, sea cual sea su nivel, no están implantadas las medidas preventivas básicas o generales, que deben adoptarse en todo caso. Sólo la primera circunstancia exime definitivamente de la medición; las otras, únicamente la posponen. En este apartado sólo nos ocuparemos de riesgos que admiten evaluación detallada de la exposición y, por tanto, nos centraremos en la metodología usada para ellos, que comporta una aproximación en dos etapas: 1. En la primera, se aplica un tipo de instrumento que se ha denominado Inventario de
Indicadores de Riesgo, por las razones que más tarde se explicitarán. En base a sus resultados se decidirá si es o no necesaria una evaluación detallada, su prioridad y si es preciso adoptar alguna medida preventiva antes de proceder a ella. 2. En la segunda, si ha lugar, se llevará a cabo la evaluación detallada, necesariamente por un especialista en la materia, y siguiendo el método específico apropiado, de acuerdo con las indicaciones que se recogen en el apartado 7 de este Manual. Los inventarios de indicadores de riesgo presentan las siguientes diferencias conceptuales y de diseño con los cuestionarios de chequeo, vistos en el punto anterior: 1. Sus items no son sólo factores de riesgo remotos, sino que pueden referirse también a indicadores de exposición y de daño; de ahí el término indicador de riesgo, que se usa para referirse conjunta e indistintamente a los tres tipos. Esta mezcla en un mismo instrumento es posible porque no se pretende alcanzar ninguna medida de probabilidad de daño con los resultados de su aplicación. 2. El inventario no se utiliza para medir el riesgo y, por tanto, no se le atribuye ND, NE ni NC. 3. Incluye al final el criterio de decisión pertinente. 4. Los items se han redactado con forma de pregunta. 5. Los items que se refieren a medidas preventivas que se consideran básicas, se han señalizado en el inventario. Si alguna de ellas no estuviera implantada, habría de serlo antes de abordar la segunda fase de la evaluación. En general, para cada situación de riesgo concreta sólo se dispondrá de un instrumento: inventario o cuestionario, en función de que se considere susceptible de evaluación detallada o no. Así, por ejemplo, para el riesgo higiénico por exposición a ruido, que siempre puede ser medido y valorado, sólo existe inventario de indicadores de riesgo. No obstante, para algunas situaciones, como, por ejemplo, la exposición a agentes químicos en el laboratorio, que se ha preferido abordar de modo que pueda referirse a cualquier tipo de laboratorio, el técnico puede encontrarse con dos instrumentos, un cuestionario y un inventario, y con la necesidad de decidir cuál de ellos debe aplicar o, incluso, si ha de aplicar ambos en distintas secciones. Para tomar su decisión habrá de atender a la actividad concreta del laboratorio que esté evaluando y a los criterios de posibilidad de evaluación detallada que antes se explicitaron.
6.3. Identificación de otras deficiencias.
Lo ideal sería que los dos métodos del sistema de evaluación propuestos hasta ahora bastaran para considerar la totalidad de los riesgos que pueden encontrarse en los centros de trabajo. Sin embargo, resulta evidente que el más comprensivo, que es el método general, requiere siempre la categorización de la realidad en posibles situaciones de riesgo, es decir, en potenciales conjuntos de factores de riesgo de un determinado tipo de daño a los que quepa asignar un nivel global de exposición y un único nivel de consecuencias. Hay, no obstante, ocasiones en que esta forma de organización de la realidad es muy difícil de alcanzar. Al menos dos de estos casos pueden citarse aquí: a) Factores de riesgo de más de un tipo de daño que se presentan naturalmente agrupados en un elemento o actividad, como, por ejemplo, la gestión de residuos o el almacenamiento de productos químicos en un laboratorio, y que resultaría complicado y excesivamente artificioso segregar en situaciones de riesgo. b) Instalaciones o actividades para las que existen reglamentos técnicos muy detallados (a veces, incluso, una entidad competente muy específica), de modo que resulta prácticamente imposible encontrar factores de riesgo sin referencias reglamentarias o prescindir de deficiencias reglamentarias aunque no esté claro que sean factores de riesgo, como sucede, por ejemplo, con las instalaciones radiactivas Para esta parte de la realidad preventiva que no es fácil tratar por el método general, pero que, desde luego, no puede dejarse al margen de la evaluación, se ha diseñado un tercer tipo de instrumento, al que se denomina, de modo genérico, Cuestionario de Instalaciones o Actividades. Estos cuestionarios, al igual que los inventarios de indicadores de riesgo, no contienen sólo factores de riesgo remotos, y, por tanto, no asignan tampoco niveles de deficiencia a sus items, que presentan redactados en forma de pregunta. En cambio, a diferencia de los inventarios, no incluyen criterios de decisión para evaluaciones posteriores ni señalizan medidas preventivas básicas o de cualquier otro carácter. Es, por tanto, evidente, como se decía de los inventarios, que los cuestionarios de instalaciones o actividades no son instrumentos de evaluación, puesto que su aplicación no proporciona ninguna medida del riesgo. Sólo sirven para identificar deficiencias, que el propio técnico evaluador habrá de jerarquizar para establecer la prioridad de las correspondientes medidas preventivas. Cierto que en esta tarea cuenta con la ayuda que supone la existencia del marco de las clases de intervención del método general, que es el que debe usar, y con la referencia contextual que le suministran las medidas incluidas en ellas como resultado de su aplicación. En cualquier caso, porque estos cuestionarios no sirven para evaluar riesgos, en la propuesta metodológica que contiene este documento, su uso se reduce al mínimo prácticamente posible.
6.4 Resumen de la evaluación y priorización preventiva
El objeto de este apartado, como avanza su título, es establecer los datos mínimos que deben resumir cualquier evaluación de riesgos y la consiguiente priorización preventiva, para informe al centro de trabajo en cuestión, y esbozar el diseño de los documentos que puedan contenerlos. Podría pensarse, probablemente con razón, que sería más apropiado abordar este asunto en un procedimiento de gestión dedicado a la evaluación de riesgos, que sin duda habrá que elaborar, que en un manual metodológico. Sin embargo, puesto que todavía el procedimiento no existe y que este tema está íntimamente relacionado con los métodos que anteceden, se ha decidido incluirlo aquí. Para la elección de los datos básicos que han de reflejar la evaluación y la priorización, se han tenido muy en cuenta las prescripciones de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y el Reglamento de los Servicios de Prevención, en especial, el contenido del artículo 7 de éste, que se refiere a la documentación de la evaluación de riesgos. En primer lugar debe incluirse una relación de los instrumentos empleados: cuestionarios de chequeo, inventarios de indicadores de riesgo y cuestionarios de instalaciones o actividades, especificando, para cada uno, las áreas o puestos de aplicación, según proceda. El propósito de esta información es evitar que surja la duda, cuando se eche de menos una situación de riesgo que cabría razonablemente esperar en un centro determinado, sobre si esta ausencia se debe a que no se ha buscado, aplicando el correspondiente instrumento a las situaciones de trabajo sospechosas, o a que la búsqueda ha resultado negativa. Dicho de otro modo, así tendremos también información sobre potenciales situaciones de riesgo en las que éste se ha mostrado controlado. Para presentar estos datos, podría partirse de listas impresas y tabuladas de todos los instrumentos disponibles, al objeto de que sólo hubiese que reflejar en las celdas correspondientes las áreas o puestos en que se ha aplicado cada uno, o dejarla en blanco cuando no se hubiera hecho ninguna aplicación. En las páginas que siguen se ofrece un posible bosquejo de la estructura de tales listas.
I. RELACIÓN DE INSTRUMENTOS EMPLEADOS
Dado que en estos tres casos la aplicación es individual, en la celda se reflejaría sólo el número de puestos y se remitiría a una relación aparte. En esta, es muy posible que los puestos haya que identificarlos por los nombres de sus ocupantes, aunque se indique la función específica siempre que sea posible.
2. A continuación, en otro apartado del informe se recogerán las situaciones de riesgo detectadas, haciendo constar, para cada una, los siguientes datos: denominación, siguiendo la nomenclatura del cuestionario de chequeo correspondiente, área o puesto de trabajo en que se ha determinado su existencia, nivel de riesgo (NR), reflejando tanto el valor numérico como la clase, número de personas afectadas (PA) y repercusión (Re): producto de NR x PA. Las situaciones de riesgo deben presentarse jerarquizadas por clases de NR, empezando por las de la I, y ordenadas, dentro de cada clase, por su repercusión. Las tablas siguientes representan una posible organización de la información necesaria.
3. Por último, se consignarán las medidas preventivas que se considera n e c e s a ri o adoptar, ordenadas según la clase del nivel de intervención (NI), de mayor a menor prioridad, y, dentro de cada clase, de acuerdo con el número de personas afectadas. De este modo, se respetan escrupulosamente los criterios de priorización que preceptúa el artículo 8 del Reglamento de los Servicios de Prevención. En ese marco se insertarán también, atendiendo a su importancia preventiva, las medidas derivadas del uso de las herramientas metodológicas que, a diferencia del método general, no producen una jerarquización automática. La formulación de las medidas preventivas debe hacerse con tal grado de concreción que el receptor, que no es un especialista en prevención, no albergue dudas sobre su contenido y que, posteriormente, sea posible decidir, sin ninguna ambigüedad, si se han adoptado o no. Al igual que se ha hecho en los apartados anteriores, se incluye a continuación una propuesta de tabla para organizar la información necesaria.
III. PRIORIZACIÓN PREVENTIVA
7. MÉTODOS DE EVALUACIÓN DETALLADA DE LA EXPOSICIÓN
7.1. Riesgos Higiénicos.
7.1.1. Por Exposición a Agentes Químicos
- Indicación Riesgos higiénicos por exposición inhalatoria a agentes químicos cuando es razonablemente posible estimar la exposición. - Estimación y Valoración de la Exposición Con carácter general, se usará la norma UNE-EN 689 y el Documento vigente de Límites de Exposición Profesional del INSHT, teniendo en cuenta también lo establecido en UNE-EN 482 sobre los requisitos de los procedimientos de medida. Para plomo y sus compuestos iónicos, habrá de atenderse, además al anexo I del RD 374/ 2001, sobre agentes químicos, y para amianto y cloruro de vinilo monómero, , a los respectivos reglamentos. Estimar la exposición no implica necesariamente medir las concentraciones del agente químico. Como es sabido, UNE-EN 689 diferencia tres grados de evaluación: estimación inicial, estudio básico y estudio detallado, de las cuales sólo la última exige medir. Cuando haya de efectuarse un estudio detallado, para la estimación y valoración de la Exposición Diaria (ED) se tomarán en cuenta los procedimientos incluidos en los anexos C y D de UNE-EN 689.
7.1.2. Por Exposición a Ruido
- Indicación Riesgo de hipoacusia por exposición laboral a ruido. - Estimación y Valoración de la Exposición Para la estimación basada en mediciones, que serán necesarias siempre que los niveles diarios equivalentes en todos los puestos no estén claramente por debajo de 80 dB(A), se aplicará la metodología adoptada por la Dirección General de Trabajo y Seguridad Social en el documento titulado “Método de medición de los niveles sonoros en el ambiente de trabajo para la estimación del Nivel Diario Equivalente de los trabajadores” (1990).
Para la valoración se usarán los límites establecidos en el R.D. 1316/1989.
7.1.3. Por Exposición a Vibraciones
Del cuerpo entero - Indicación Riesgo de lumbalgia por exposición laboral a vibraciones transmitidas al conjunto del cuerpo por la superficie de sustentación, sea el piso o el asiento. - Estimación y Valoración de la Exposición Las mediciones deben hacerse siguiendo los procedimientos y con la instrumentación establecidos por ISO 2631 Parte 1 (1997): “Estimación de la exposición de los individuos a vibraciones globales del cuerpo. Especificaciones generales”. Como límites de exposición se considerarán los fijados en la propia norma para “reducción de la capacidad de trabajo por fatiga”, que coinciden con los adoptados por la ACGIH. Del segmento mano-brazo - Indicación Riesgo de dedo blanco (Fenómeno secundario de Raynaud) por exposición a vibraciones transmitidas al segmento corporal mano-brazo por el uso de herramientas vibratorias. - Estimación y Valoración de la Exposición Las mediciones se efectuarán según los procedimientos e instrumentación que establece UNE ENV 25349 (1996): “Orientaciones para la medida y la valoración de la exposición humana a vibraciones transmitidas a la mano”. Puesto que esta norma no define valores límite de exposición, se utilizarán los últimos adoptados por la ACGIH.
7.1.4. Por Exposición a Calor
- Indicación Riesgo de sobrecarga fisiológica por exposición a ambientes calurosos. En principio14, este riesgo debería evaluarse siempre que se dé alguna de las siguientes condiciones:
a) Trabajo medio o pesado (consumo metabólico alto según el anexo A de UNE EN 28996) y t a ≥ 25°C. b) Trabajo ligero (consumo metabólico moderado según el anexo citado arriba) y ta ≥ 27°C. c) Trabajo sedentario (consumo metabólico bajo según el anexo citado) y ta ≥ 30°C. - Estimación y Valoración de la Exposición Se usará la norma UNE EN 27243 (1995): “Ambientes calurosos. Estimación del estrés térmico del hombre en el trabajo basado en el índice WBGT (temperatura húmeda y temperatura de globo)”, con las limitaciones que la propia norma establece: trabajador vestido con indumentaria veraniega (I cl = 0,6 clo) y exposiciones no muy cortas al calor. Si es necesario llevar ropa de trabajo especial, de más abrigo o que dificulte la transpiración, deberán corregirse los valores límite del WBGT, según lo establecido en la tabla siguiente:
Los instrumentos y métodos de medida se ajustarán a lo especificado en UNE EN ISO 7726 (2002).
7.1.5. Por Exposición a Frío
- Indicación Riesgo de sobrecarga fisiológica por exposición a ambientes fríos, en exteriores e interiores con temperatura del aire inferior a 10º C. - Estimación y Valoración de la Exposición a) Con carácter general, se debe utilizar UNE-ENV ISO 11079 (1998): “Evaluación de ambientes fríos. Determinación del aislamiento requerido de la ropa, IREQ”. El método que describe esta norma tiene por objeto determinar, para una situación térmica concreta, el índice IREQ, denominado aislamiento requerido de la ropa. Este índice es, a la vez, una medida del estrés por frío en esa situación y una referencia para la elección de la vestimenta apropiada. En los casos en que no resulte posible alcanzar mediante la ropa el aislamiento requerido, el método proporciona un procedimiento para calcular el tiempo máximo de exposición continuada y el tiempo preciso de recuperación tras cada periodo de exposición, para un aislamiento dado. Habrán de tenerse en cuenta también las normas UNE EN 28996 (1995), para la determinación de la producción de calor metabólico, UNE EN ISO 7726 (2002), para la especificación de los instrumentos y métodos de medida, e ISO 9920 (1995), para la estimación del aislamiento térmico y la resistencia a la evaporación de un conjunto de ropa. b) En el caso particular de trabajos en el interior de cámaras frigoríficas o de congelación, los tiempos de exposición y recuperación aparecen fijados en la sección 5ª del capitulo segundo del RD 1561/1995, en función de la temperatura de funcionamiento de la cámara.
7.1.6. Por Exposición a Radiaciones Ionizantes
- Indicación Riesgo de daños somáticos o genéticos por exposición a radiaciones ionizantes: fundamentalmente, radiación nuclear (partículas α ó β y radiación γ) y rayos X. - Estimación y valoración de la Exposición a) En la actualidad, todas las instalaciones capaces de producir un riesgo significativo de esta índole están legalmente sometidas a un control administrativo, que tiene, desde el punto de vista temporal, un carácter triple: 1. En el momento del comienzo de la actividad, sea bajo la forma de una mera homologación de equipos, de autorizaciones de construcción o puesta en marcha, o de declaración y registro, según los casos.
2. Periódicamente, mediante informes de actividad e incidencias, de remisión obligada a la Administración, o por medio de verificaciones llevadas a cabo por entidades autorizadas o servicios de protección radiológica, cuyos resultados han de registrarse y conservarse por el titular de la instalación. 3. Aleatoriamente, a través de la labor inspectora que corresponde al Seguridad Nuclear. Consejo de
b) La Legislación española aplicable está constituida, fundamentalmente, por las siguientes disposiciones: 1.Ley 25/64 de 29 de abril, sobre Energía Nuclear. 2. RD 1836/1999, de 3 de Diciembre (BOE 31/12/99), que aprueba el Reglamento sobre Instalaciones Nucleares y Radiactivas. En el punto 4 de su disposición adicional tercera, establece que las instalaciones de aparatos de rayos X con fines de diagnóstico médico y las acreditaciones de personal para dirigir y operar dichas instalaciones se regirán por lo específicamente regulado en el RD 1891/1991 y disposiciones complementarias. 3. RD 1891/1991, de 30 de Diciembre (BOE 3/1/92), sobre Instalación y Utilización de Aparatos de Rayos X con fines de Diagnóstico Médico. En él se contemplan, además de los procedimientos de control administrativo de los equipos e instalaciones, de la formación del personal que las dirige u opera y de las empresas de venta y asistencia técnica, las características técnicas que deben reunir las salas de radiodiagnóstico y los locales de almacenamiento de película virgen, y las especificaciones para la utilización de las instalaciones. Entre estas últimas merece la pena resaltar la 4ª, que obliga a que una entidad autorizada por el Ministerio de Industria o un Servicio o Unidad Técnica de Protección contra las Radiaciones Ionizantes, propio o contratado, efectúe un control de calidad de los equipos y la vigilancia de los niveles de radiación en los puestos de trabajo, como mínimo anualmente, y siempre que se modifiquen las condiciones de trabajo o se detecte alguna irregularidad que afecte a la protección radiológica. 4. RD 783/2001 de 6 de Julio (BOE 26/7/01), por el que se aprueba el Reglamento de Protección Sanitaria contra Radiaciones Ionizantes. Junto a medidas de protección para el conjunto de la población, dentro de una orientación estrictamente sanitaria, establece medidas específicas de protección para las personas profesionalmente expuestas, como la categorización de los trabajadores, la clasificación de las zonas de trabajo, la medición y registro de las dosis recibidas y la vigilancia médica; por otra parte, fija los limites de dosis. 5. RD. 413/1997, de 21 de Marzo (BOE 16-4-97), sobre protección operacional de los trabajadores externos con riesgo de exposición a radiaciones ionizantes por intervención en zona controlada.
c) En general, podrá alcanzarse una decisión sobre la aceptabilidad o no del riesgo sin necesidad de mediciones de exposición, en base a dos tipos de datos: 1. Los documentos acreditativos de que los equipos, los locales, el personal y la gestión cumplen los requisitos establecidos en las disposiciones aplicables. 2. Los registros de las preceptivas determinaciones periódicas de dosis del personal profesionalmente expuesto, realizadas en base a dosimetría individual o de área, según proceda. Es evidente que no podrá considerarse aceptable ningún grado de control del riesgo que no implique el cumplimiento estricto de todo lo reglamentariamente dispuesto, incluyendo dosis de radiación inferiores a los límites establecidos: Cabe la posibilidad, sin embargo, de encontrar casos de aparente cumplimiento estricto en que el riesgo no resulta aceptable porque no se respeta el principio, preceptuado en el art. 4.2 del RD 783/2001, de que, en régimen normal de trabajo, las dosis recibidas sean las más bajas posibles. En algunos de tales casos, podría ser necesario realizar mediciones, para las cuales existen instrumentos en los Centros, con vistas a concretar la índole de las propuestas preventivas.
7.1.7. Por Exposición a Campos Eléctricos y Magnéticos (CE y M)
Se trata de una región del espectro electromagnético, también denominada subradiofrecuencia (f < 30 KHz, según la ACGIH), en la que no puede hablarse propiamente de radiación, porque los campos eléctrico y magnético no están acoplados ni interrelacionados entre sí. Por ello, es más adecuado usar para esta zona del espectro la denominación “campos eléctricos y magnéticos”. Dentro de ella, la franja que concita mayor interés es la de muy baja frecuencia (ELF, f<300 Hz), ya que a ella pertenecen fundamentalmente los campos generados por las instalaciones y equipos eléctricos habituales, en los que, como es sabido, la corriente es alterna de 50 Hz16. Aunque se producen tanto campos eléctricos como magnéticos, hace ya algún tiempo que, en los estudios que intentan establecer los efectos de las exposiciones de baja intensidad, todo el interés parece centrado en los segundos. Su inclusión en este primer inventario de métodos, pese a la incertidumbre que existe todavía sobre sus efectos, circunstancia ésta que quizás aconsejaría una prudente espera, se debe a la actualidad del asunto en la opinión pública, que hace probable la necesidad de abordarlo en algún caso, siquiera sea a demanda de los trabajadores. Para estas ocasiones, es conveniente disponer, al menos, de unas orientaciones de actuación.
- Estimación y Valoración de la Exposición En la actualidad, el único efecto confirmado de los campos magnéticos de baja frecuencia es la inducción de densidades de corriente en el cuerpo humano, que se produce a intensidades muy altas. Para prevenir que tales densidades puedan alcanzar valores superiores a los de las corrientes fisiológicas (1 - 10 mA/m 2), algunas organizaciones como la ACGIH y la ICNIRP (International Commission on Non-Ionizing Radiation Protection) han establecido valores límite 17. De acuerdo con la bibliografía, las exposiciones reales medidas, tanto residenciales como profesionales, son muy inferiores a estos valores límite. Este hecho, sin embargo, no anula el interés de las mediciones cuando haya que abordar exposiciones a campos eléctricos y magnéticos, dado que pueden servir para detectar instalaciones anómalas, por una parte, y tener utilidad epidemiológica 18, por otra. Además, aunque no exista evidencia científica suficiente y sean, por tanto, controvertidos, hay estudios que han concluido la existencia de un aumento de riesgo de diversos tipos de cáncer (leucemias, cáncer de mama y cánceres cerebrales, especialmente) con exposiciones muy bajas, del orden de unas pocas décimas de microtesla (0,2 - 0,4 mT) que, estas sí, entran dentro del rango de las medidas en situaciones normales. Así pues, la situación actual puede considerarse caracterizada por las siguientes notas: a) Los efectos biológicos confirmados, para cuya prevención están fijados los valores límite existentes, se producen con exposiciones muy superiores a las esperables en situaciones reales, tanto laborales como residenciales. b) Suscitan preocupación otros efectos más graves, pendientes aún de confirmación científica, que podrían producirse a los niveles de exposición que se dan en la realidad. Consecuentemente con la falta de evidencia, no hay valores límite para estos hipotéticos efectos. Por ello, no parece adecuado que las evaluaciones de este rango se limiten a constatar lo que, a la vista de lo dicho, parece de antemano previsible: que las exposiciones medidas son muy inferiores a los valores límite establecidos, sean cuales sean los que consideremos. Además de esto, en aplicación de un elemental principio de precaución, que implica la evitación, con bajo coste, de las exposiciones innecesarias, mientras exista incertidumbre sobre sus efectos, deberían explorarse propuestas preventivas. En ausencia de posibilidades de blindaje para este tipo de perturbación, tales propuestas habrían de surgir de la consideración de medidas de información a los trabajadores, alejamiento de las fuentes y reducción del tiempo de exposición.
Para 50 Hz, la ACGIH ha fijado un techo de 1.200 µT (microteslas) para el valor rms de la inducción magnética (B). El de la ICNIRP es de 500 µT para la misma magnitud. 18 Para favorecer esta última explotación se necesita una cierta homogeneización metodológica de la medida.A tal efecto, se recomienda seguir el protocolo establecido por el grupo “ad hoc”de UNESA, que se incluye en el anexo B.
7.2. RIESGOS ERGONÓMICOS
7.2.1. Por sobrecarga física
- Indicación Riesgos de lesiones musculoesqueléticas, agudas o acumulativas, asociados a la carga física. Desde la perspectiva del tipo de carga física que comportan, pueden distinguirse tres clases de tareas: . Tareas de manipulación manual de cargas . Tareas repetitivas del miembro superior . Tareas en posturas forzadas - Estimación y Valoración del Riesgo a) Tareas de manipulación manual de cargas Pueden comprender actividades de levantamiento, transporte con los brazos, empuje y arrastre. Para su evaluación existen distintos métodos19 cada uno de los cuales está mejor indicado para determinadas situaciones y peor para otras. Así, la guía del I.N.S.H.T.20 es aplicable a tareas simples21 de levantamiento de cargas, incluidas personas, con o sin transporte manual antes de la descarga, en postura de pie. El método NIOSH22 puede aplicarse a tareas simples o múltiples de levantamiento de cargas en posturas de pie, pero excluye, en principio, la carga de personas y no contempla el transporte intermedio. Para tareas de transporte de cargas con los dos brazos, el manual Ergo IBV23 incluye unas tablas de pesos máximos recomendados, en función de la altura del agarre, de la distancia recorrida y de la frecuencia del transporte (desde uno cada 6 segundos hasta uno
Aquí solo consideraremos métodos de evaluación en sentido estricto, es decir, los que proporcionan procedimientos de medición y criterios de valoración. 20 Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo:Guía Técnica para la Evaluación y Prevención de los Riesgos Relativos a la Manipulación Manual de Cargas. 21 Aquéllas en que los valores de los parámetros que definen la tarea de levantamiento, de acuerdo con el método de evaluación de la guía, permanecen estables a lo largo de la jornada. 22 Waters, T.R., Putz Anderson, V. And Garg, A.:Aplications Manual for Revised NIOSH Lifting Equation. Cincinnati, Ohio. NIOSH, 1994. 23 García Molina, Carlos y otros:Ergo IBV. Evaluación de riesgos laborales asociados a la carga física. Valencia: IBV, 1997. El manual se acompaña de un programa informático para la aplicación de los métodos de evaluación del riesgo adoptados por el IBV para las tres clases de tareas que estamos considerando:de manipulación de cargas, repetitivas del miembro superior y realizadas en posturas forzadas. Mediante el uso del programa se facilitan los cálculos, la valoración del riesgo y el rediseño del puesto.
cada 8 horas), para los distintos percentiles de la población, diferenciando entre hombres y mujeres. Las tablas son de Snook y Ciriello (1991). Naturalmente, estas tareas han de ir siempre unidas a otras de levantamiento, con las cuales constituirán, de modo conjunto, una tarea múltiple. Para tareas de desplazamiento de cargas empujándolas o arrastrándolas, el mismo manual recoge en otras tablas, también desarrolladas a partir de recomendaciones de Snook y Ciriello, los límites de las fuerzas iniciales y sostenidas para distintos percentiles de hombres y mujeres, por separado, en función de parámetros análogos a los anteriores: distancia recorrida en cada ocasión, frecuencia de los desplazamientos y altura del agarre del elemento a empujar o arrastrar. Por último, cuando en un puesto de trabajo se dan tareas de manipulación de cargas de más de un tipo de los que acabamos de ver (p. ej. empujes y arrastres), o cuando hay tareas de un mismo tipo caracterizadas por valores distintos de los parámetros definitorios (p. ej. levantamientos de cargas a distintas alturas en el origen), o cuando se dan ambas circunstancias a la vez, el método Ergo IBV permite calcular un índice compuesto para representar el riesgo acumulado de la tarea múltiple. El procedimiento de cálculo que se sigue es el propuesto por los autores del método NIOSH revisado de 1991. b) Tareas repetitivas del miembro superior Para la evaluación de los riesgos de lesión musculoesquelética asociados a este tipo de tareas, el único método disponible de evaluación en sentido estricto, porque es el único que incluye criterios de valoración, es el desarrollado por el IBV en 1996, que puede encontrarse descrito en el manual Ergo IBV. En base al cálculo de la exposición promedio del trabajador a los diferentes factores de riesgo considerados, se obtienen niveles diferenciados de riesgo, y consiguientemente de urgencia de intervención, para la zona de cuello-hombro, distinguiendo entre corto, medio y largo plazo, y para la de mano-muñeca. c) Tareas en posturas forzadas Cuando se trata de evaluar el riesgo de lesión asociado a esfuerzos predominantemente estáticos, producidos por el mantenimiento o repetición de posturas forzadas que afectan a grandes segmentos corporales, en tareas sin ciclos claramente definidos, el método de elección es el OWAS24 , propuesto en 1977 y que desde entonces ha sido ampliamente utilizado, por lo que hay sobre él gran cantidad de bibliografía.
Louhevaara, V. And Suurnäkki, T: OWAS: A method for the evaluation of postural load during work. Helsinki: Institute of Occupational Health, 1992. También puede encontrarse una descripción del método, en español, en el manual Ergo IBV, y puede aplicarse por medio del programa informático de éste.
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MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA Protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos durante el trabajo. Real Decreto 664/1997, de 12 de mayo (BOE 24.5.97). INSTITUTO NACIONAL DE SEGURIDAD E HIGIENE EN EL TRABAJO Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con la exposición a agentes biológicos. Madrid: INSHT MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA Protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos durante el trabajo. Real Decreto 665/1997, de 12 de mayo (BOE 24.5.97) MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA Disposiciones mínimas de seguridad y salud para la utilización por los trabajadores de los equipos de trabajo. Real Decreto 1215/1997, de 18 de julio (BOE 7.8.97) INSTITUTO NACIONAL DE SEGURIDAD E HIGIENE EN EL TRABAJO Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con la utilización de los equipos de trabajo. Madrid: INSHT MINISTERIO DE INDUSTRIA Y ENERGÍA Reglamento Electrotécnico para Baja Tensión. Decreto 2413/1973, de 20 de septiembre (BOE 9.10.73). Instrucción Técnica MIE-BT-042. Inspección de las instalaciones. Instrucción Técnica MIE-BT-025. Locales de pública concurrencia. Instrucción Técnica MIE-BT-039. Puestas a Tierra. MINISTERIO DE INDUSTRIA Y ENERGÍA Reglamento de aparatos de elevación y manutención Real Decreto 2291/1985, de 8 de noviembre (BOE 11.12.85) MINISTERIO DE INDUSTRIA Y ENERGÍA Transposición de la Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo 95/16/CE sobre ascensores. Real Decreto 1314/1997, de 1 de agosto (BOE 30.9.97) MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA Real Decreto sobre disposiciones mínimas para la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores frente al riesgo eléctrico. Real Decreto 614/2001, de 8 de junio (21.6.01)
A1. Cuestionarios de chequeo
. Generales CC-G1 CC-G2 CC-G3 CC-G4 CC-G5 CC-G6 CC-G7 CC-G8 CC-G9 CC-G10 CC-G11 CC-G12 CC-G13 Caída a distinto nivel. Escaleras fijas. Caída a distinto nivel. Ascensores. Caída a distinto nivel. Rampas Caída a distinto nivel. Escaleras de mano Caída al mismo nivel. Pisada sobre objetos, choque o golpe con objetos. Áreas de trabajo Caída al mismo nivel. Pisada sobre objetos, choque o golpe con objetos. Pasillos Caída o desplome de objetos. Falsos techos Caída o desplome de objetos. Estanterías Caída o desplome de objetos. Mesas y archivadores Caída o desplome de objetos. Puertas y mamparas Choque, golpe o atrapamiento con o entre objetos. Puertas Contacto eléctrico directo. Instalaciones y receptores Contacto eléctrico indirecto. Instalaciones y receptores
. Específicos CC-Adm 1 CC-Adm 2 CC-Adm 3 CC-Con 1 CC-Con 2 CC-Lim 1 CC-Lim 2 CC-Lim 3 CC-Lim 4 CC-Man 1 CC-Man 2 CC-Man 3 CC-Man 4 CC-Man 5 CC-Man 6 Carga física. PVD Carga visual. PVD Carga mental. PVD Accidente de tráfico. Conducción de vehículos. Conductores Carga física. Manipulación manual de carga. Conductores Riesgo higiénico por exposición a agentes químicos. Personal de limpieza Caída a distinto nivel. Escaleras de mano. Personal de limpieza Carga física. Manipulación manual de carga. Personal de limpieza Carga física. Posturas. Personal de limpieza Contacto eléctrico. Mantenimiento Proyección de partículas. Mantenimiento Exposición a radiaciones no ionizantes. Soldadura. Mantenimiento Quemaduras. Soldadura y oxicorte. Mantenimiento Riesgo higiénico por exposición a agentes químicos. Soldadura. Mantenimiento Caída a distinto nivel. Escaleras de mano. Mantenimiento
CC-Ord 2 CC-Lab 1 CC-Lab 2 CC-Lab 3 CC-Lab 4 CC-Lab 5 CC-Lab 6 CC-Lab 7 CC-Lab 8 CC-Lab 9 CC-Lab 10
Carga física. Manipulación manual de carga. Ordenanzas Cortes y pinchazos. Laboratorios Atrapamiento en máquinas. Laboratorios Quemaduras. Laboratorios Contacto con sustancias corrosivas o irritantes. Laboratorios Riesgo higiénico por exposición a agentes químicos. Laboratorios Riesgo higiénico por exposición a cancerígenos. Laboratorios Exposición a agentes biológicos. Laboratorios Exposición a agentes biológicos. Estabularios. Laboratorios Carga física. Posturas. Laboratorios Carga física. Movimientos repetitivos. Laboratorios
A2. Inventarios de indicadores de riesgo
. Generales IIR-G1 IIR-G2 IIR-G3 IIR-G4 IIR-G5 IIR-G6 Riesgo higiénico por exposición a ruido Riesgo higiénico por exposición a calor Insatisfacción Térmica Insatisfacción Acústica Riesgos Psicosociales ( véase Anexo E) Riesgo higiénico por inhalación de agentes químicos. General (véase Anexo F)
. Específicos IIR-Lab 1 Riesgo higiénico por inhalación de agentes químicos. Laboratorios
CI-APQ-Lab CI-GR-Lab CI-ORG-Lab CI-IR CI-GAS-Lab CI-CCI Almacenamiento de productos químicos. Laboratorios Gestión de residuos. Laboratorios Organización de laboratorios Instalaciones radiactivas. General Instalaciones de gases a presión. Laboratorios Condiciones de Seguridad Contraincendios (véase Anexo D)
ANEXO B: DOCUMENTOS DE REFERENCIA PARA LA EVALUACIÓN DETALLADA DE LA EXPOSICIÓN.
1. UNE-EN 689: 1996 sobre estrategia de medición y valoración de la exposición a agentes químicos. 2. UNE-EN 482: 1995 sobre requisitos generales de los procedimientos de medida de agentes químicos. 3. Documento del INSHT sobre límites de exposición profesional a agentes químicos (edición vigente). 4. Reglamento de agentes químicos (RD 374/2001). 5. Reglamento de ruido (RD 1316/1989). 6. Método establecido por la Dirección General de Trabajo y Seguridad Social para la medición del ruido y la estimación del nivel diario equivalente. 1990 7. UNE ENV 25349: 1996 sobre medida y evaluación de la exposición humana a las vibraciones mano-brazo. 8. Límites establecidos por la ACGIH para la exposición a vibraciones mano-brazo (edición vigente). 9. UNE ENV 28041: 1994 sobre instrumentos de medida de las vibraciones a las que son sometidas las personas en los lugares de trabajo. 10. ISO 2631: Parte 1: 1997 y Parte 2: 1989 sobre evaluación de la exposición humana a vibraciones del cuerpo completo. 11. UNE-EN 28996: 1995 sobre determinación de la producción de calor metabólico. 12. UNE-EN 27243: 1995 sobre el método WBGT de evaluación del riesgo higiénico por exposición a calor. 13. Anexo III: Condiciones ambientales de la Guía Técnica del INSHT sobre lugares de trabajo. 14. UNE-EN ISO 7726: 2002 sobre instrumentos y métodos de medida de los parámetros físicos del ambiente térmico.
15. ISO 9920: 1995. Ergonomía del ambiente térmico. Estimación del aislamiento térmico y de la resistencia a la evaporación de la vestimenta. 16. UNE ENV ISO 11079: 1998 sobre evaluación del riesgo por exposición al frío, mediante el método del aislamiento requerido de la vestimenta. 17. Sección 5ª del capítulo 3º: Límites de permanencia en cámaras frigoríficas, del Reglamento de jornadas especiales de trabajo (RD 1561/1995). 18. Reglamento de instalaciones nucleares y radiactivas (RD 1836/1999). 19. Reglamento de instalación y utilización de aparatos de rayos X con fines de diagnóstico médico (RD 1891/1991). 20. Reglamento sobre protección operacional de los trabajadores externos con riesgo de exposición a radiaciones ionizantes por intervención en zona controlada (RD 413/1997). 21. Reglamento de protección sanitaria contra las radiaciones ionizantes (RD 783/2001). 22. Protocolo de medida de campo magnético, de UNESA.1996 23. Guía Técnica del INSHT sobre Manipulación Manual de Cargas 24. Método NIOSH (versión 1991) para la evaluación del riesgo en trabajos de levantamiento manual de cargas. 1992 25. Método OWAS para la evaluación de las posturas de trabajo.
ANEXO C: EJEMPLO DE APLICACIÓN DEL SISTEMA DE EVALUACIÓN DE RIESGOS PROPUESTO.
1. Breve descripción del centro de trabajo.
Los distintos puestos de trabajo que van a ser evaluados corresponden a los de un centro de tipo administrativo, de dos plantas, con acceso desde la calle a través de una escalera y una rampa para minusválidos. A la planta baja se llega accediendo por dos puertas sucesivas de cristal que dan paso a un patio interior cubierto. La planta baja la forman un patio central, cuatro despachos y dos servicios, mientras que en la primera hay un total de seis despachos, una sala de juntas, una biblioteca y dos servicios. A la primera planta se llega bien por una escalera o con un ascensor. Esta planta se destina en su totalidad a tareas administrativas en puestos con PVD. Para la evaluación de los riesgos generales del centro de trabajo, se van a cumplimentar los siguientes cuestionarios, de acuerdo con sus características arquitectónicas e instalaciones. CC-G 1: CC-G 1: CC-G 2: CC-G 3: CC-G 5: CC-G 7: CC-G 8: CC-G 11: CC-G 12: CC-G 13: Caída a distinto nivel. Escaleras fijas. (Escalera de acceso exterior) Caída a distinto nivel. Escaleras fijas.(Escalera de acceso de la planta primera) Caída a distinto nivel. Ascensores. Caída a distinto nivel. Rampas. Caída al mismo nivel, pisada sobre objetos, choque o golpe con objetos. Áreas de trabajo (Despacho nº 32 y resto). Caída o desplome de objetos. Falsos techos. Caída o desplome de objetos. Estanterías. Choque, golpe o atrapamiento con o entre objetos. Puertas. Contacto eléctrico directo. Instalaciones y receptores. Contacto eléctrico indirecto. Instalaciones y receptores.
Por otra parte, se van a evaluar las situaciones de riesgo específicas de los siguientes puestos de trabajo: • Analista de laboratorio clínico. • Ordenanzas. • Operario de mantenimiento. • Limpiadoras • Auxiliar administrativo.
2. Descripción de los puestos de trabajo e ins trumentos utilizados.
2.1. Analista de laboratorio.
Las tareas que tiene encomendadas el analista del laboratorio son las determinaciones analíticas en muestras de sangre y orina. Para ello cuenta con un analizador automático, una centrifugadora, pipetas automáticas, así como con los reactivos necesarios. El laboratorio está ubicado en un extremo de la planta baja del edificio, separado del resto de las dependencias por una puerta abatible. El analista es el responsable de dicha dependencia. Para la evaluación de los riesgos se van a cumplimentar los siguientes cuestionarios : CC-Lab 1: CC-Lab 2: CC-Lab 7: CC-Lab 9: Cortes y pinchazos. Atrapamiento en máquinas. Exposición a agentes biológicos. Carga física. Posturas
2.2. Ordenanzas.
En el centro de trabajo hay tres ordenanzas, que desarrollan su trabajo, generalmente, en la planta baja del edificio, en el amplio patio interior donde también se ubican dos máquinas fotocopiadoras. Las tareas que tienen encomendadas son las siguientes: atención al público, realización de fotocopias y traslado de mobiliario. De acuerdo con ellas, se ha considerado necesario cumplimentar los siguientes cuestionarios: CC-Ord 1: CC-Ord 2: Riesgo higiénico por exposición a agentes químicos y radiación ultravioleta. Fotocopiadora. Carga física: Manipulación manual de carga.
Una persona es la encargada del mantenimiento del edificio y de las reparaciones que surjan en sus instalaciones y equipos, tanto eléctricas como mecánicas. Los cuestionarios que se ha considerado necesario cumplimentar en este caso son: CC-Man 1: CC-Man 6: Contacto eléctrico. Caída a distinto nivel. Escaleras de mano.
La limpieza del recinto de trabajo la realizan dos personas, encargándose una de la planta baja y la otra del primer piso. Como se ha descrito anteriormente, la planta baja la forman un patio central, cuatro despachos y dos servicios, mientras que en la primera hay un total de seis despachos, una sala de juntas, una biblioteca y dos servicios. Las tareas que tienen encomendadas son la limpieza de los suelos, servicios y mobiliario de oficina. Para la detección de las situaciones de riesgo de este puesto de trabajo y la evaluación de los riesgos correspondientes, utilizaremos los siguientes cuestionarios. CC-Lim 1: CC-Lim 3: CC-Lim 4: Riesgo higiénico por exposición a agentes químicos Carga física. Manipulación manual de cargas Carga física. Posturas.
2.5. Auxiliar administrativo.
La auxiliar administrativa, ubicada en uno de los despachos del centro de trabajo, realiza las tareas propias de su profesión utilizando un equipo informático compuesto de una PVD, teclado, ratón e impresora. Para la evaluación de los riesgos de este puesto se ha recurrido a los siguientes cuestionarios: CC- Adm 1: Carga física. PVD CC- Adm 2: Carga visual. PVD CC- Adm 3: Carga mental. PVD
2.6. Otros instrumentos utilizados.
Por otra parte, se han aplicado, a la totalidad del centro de trabajo, los inventarios de indicadores de riesgo que a continuación se especifican, por ese orden: IIR-G2: IIR-G3: Riesgo higiénico por exposición a calor. Insatisfacción térmica.
Además, se ha considerado conveniente utilizar también un cuestionario de instalaciones para evaluar la organización del laboratorio. CI-ORGLab: Organización de laboratorios.
Un resumen de los instrumentos de evaluación utilizados se recoge en las tablas I, II, III y IV.
Los espacios en blanco existentes en las tablas corresponden a los cuestionarios que no son aplicables en este caso. Como se puede observar en la tabla I, en el caso de las escaleras fijas (exterior e interior) del centro de trabajo, se ha utilizado un cuestionario para cada una, al tratarse de elementos singulares. Los cuestionarios “CC-G5: Caída al mismo nivel. Pisada sobre objetos, choques o golpes con objetos. Áreas de trabajo” y “CC-G8: Caída o desplome de objetos. Estanterías”, se han rellenado por duplicado, para diferenciar el despacho nº 32 y las estanterías del almacén de material, del resto de los despachos y estanterías existentes en el centro de trabajo, que carecen de deficiencias.
3. Situaciones de riesgo detectadas y valora ción del riesgo.
Para clarificar la confección de las tablas V y VI, que contienen las situaciones de riesgo generales y específicas detectadas, así como la evaluación del riesgo correspondiente a cada una, vamos a analizar dos de los cuestionarios de chequeo cumplimentados; el CCG12 y el CC-G2.
1º CC-G12 En este caso, al igual que en todos, el encabezamiento “Denominación de la situación de riesgo” corresponde al título del cuestionario: ”Contacto eléctrico directo. Instalaciones y receptores” El nivel de deficiencia asociado a la situación de riesgo, NDT = 6, se ha obtenido sumando los NDP de los factores de riesgo detectados. En este caso, corresponde al valor de la única deficiencia detectada, la del ítem 10. Para el cálculo del nivel de riesgo que se refleja en la tabla V, se emplea la fórmula que figura en el cuestionario:NR = ND x NC x NE.En este ejemplo, el valor ND de la fórmula anterior coincide con el valor NDT obtenido, ya que el ∑NDP es menor de 10, valor máximo que contempla la escala del nivel de deficiencia. El nivel de exposición NE se ha obtenido a partir de los criterios recogidos en la tabla X de este manual. En nuestro caso NE = 1. Por tanto, NR = 6 x 1 x 60 = 360. Este valor del nivel de riesgo se encuentra comprendido en el inter valo 400 ≥ NR > 120, por lo que se incluye en la clase III. La repercusión se ha calculado multiplicando el valor del nivel de riesgo obtenido (NR=360) por las personas afectadas (PA=30), por lo que obtenemos una Re = 360 x 30 = 10.800.
2º CC-G2 Como se ha dicho anteriormente, el encabezamiento “Denominación de la situación de riesgo” corresponde al título del cuestionario utilizado para detectarla, en este caso “Caída a distinto nivel. Ascensores”. El nivel de deficiencia asociado a la situación de riesgo, NDT = 16, se ha obtenido sumando los ND p de los factores de riesgo detectados en los ítems 1 y 4. Para el cálculo del nivel de riesgo que se recoge en la tabla V, se emplea la fórmula que aparece en el cuestionario: NR = ND x NC x NE. En este ejemplo, el valor ND de la fórmula anterior no coincide con el valor NDT obtenido, ya que éste es mayor de 10, valor máximo que contempla la escala del nivel de deficiencia. Por tanto, como se señalaba en la página 29, se tomará ND = 10 para el cálculo del nivel de riesgo. El nivel de exposición, NE, se ha obtenido a partir de los criterios recogidos en la tabla X. Las dos personas afectadas por esta situación de riesgo se han considerado con igual nivel de exposición: NE = 1. Si existieran varios grupos de personas expuestas con distintas frecuencias, este valor de NE se obtendría calculando el promedio ponderado de las exposiciones y redondeando al valor entero más próximo, como ocurre, y viene especificado, en el cuestionario CC - G1. Por tanto, NR = 10 x 1 x 60 = 600. Este valor se encuentra comprendido en el intervalo 400 < NR ≤ 1000, lo que equivale a la clase II. La repercusión se ha calculado multiplicando el valor del nivel de riesgo obtenido (600) por las personas afectadas (2), con lo que Re = 1.200. Como puede observarse en las tablas V y VI, las situaciones de riesgo se jerarquizan por la clase del nivel de riesgo, empezando por las de clase I, y se ordenan dentro de cada clase por su repercusión. En este caso, al no existir situaciones de riesgo de clase I, empezamos a ordenarlas por la clase II. Obsérvese que, cuando la aplicación de un cuestionario de chequeo a una determinada situación de trabajo no detecta ningún factor de riesgo en ella, se descarta su consideración como situación de riesgo, el riesgo se califica como controlado y no se continúa con su valoración. Tal ocurre con las aplicaciones de los cuestionarios CC-G3, CC-G7, CC-Adm3, CCOrd1, CC-Lab2 y una de las de CC-G5 y CC-G8.
4. Priorización preventiva.
Las medidas preventivas relacionadas en la tabla VII se clasifican en niveles de intervención según los criterios recogidos en la tabla XII de este manual. Como regla práctica para priorizar las medidas preventivas, se pueden seguir los siguientes pasos: 1. Se agrupan los cuestionarios que han detectado situaciones de riesgo por la clase de nivel de riesgo, empezando por la clase más alta, en nuestro ejemplo la II, y, dentro de ésta, ordenándolos por su repercusión. 2. Por cada cuestionario, se van anotando las medidas preventivas pertenecientes a cada nivel de intervención. Por ejemplo, en el cuestionario CC- G2, la situación de riesgo “Caída a distinto nivel.Ascensores” es de la clase II. Por tanto, la medida preventiva que elimina la deficiencia con mayor ND p (Item1) será de nivel de intervención II. La siguiente medida preventiva, (item 4) será de nivel de intervención II o menor, dependiendo de que la situación de riesgo, una vez eliminada la deficiencia anterior con NDp = 10, siga en la clase II o pase a otra inferior. Es decir, en este cuestionario CC-G2 tendríamos: • Medidas preventivas de nivel de inter vención II. “ El ascensor deberá pasar las revisiones reglamentarias cada dos años y llevar un registro de las mismas”. Hemos eliminado una deficiencia con NDp = 10, © NDT = 16 – 10 = 6, por lo que NR = 6 x 1 x 60 = 360. El Nivel de Riesgo ha pasado a la clase III. Por tanto, la siguiente medida preventiva será de nivel de intervención III. • Medidas preventivas de nivel de inter vención III. “ El ascensor deberá contar con un dispositivo de aviso de exceso de carga e inmovilización de la cabina”. En el caso de esta situación de riesgo, sólo se han detectado dos deficiencias, que han dado lugar a las dos medidas preventivas anteriores. Si existieran más deficiencias, se procedería de la misma manera hasta considerarlas todas. Finalmente, la última ordenación de las medidas preventivas, dentro de cada nivel de intervención, se realizará por el número de personas afectadas (PA).
Apéndice: Cuestionarios e inventarios
A continuación, se incluyen los cuestionarios e inventarios cumplimentados en el centro de trabajo visitado. Esta documentación, en principio, no ha de enviarse al citado centro, aunque sí ha de guardarse en el expediente correspondiente.
CAÍDA A DISTINTO NIVEL. ESCALERAS FIJAS.
1. Las huellas de los peldaños están comprendidas entre 23 y 36 cm. 2. Las contrahuellas tienen entre 13 y 20 cm. 3. Las dimensiones de los peldaños (huella y contrahuella) son homogéneas en la escalera. 4. El pavimento es de material no resbaladizo o tiene elementos antideslizantes. 5. Se observan hábitos de limpieza adecuados (procedimientos y horarios) (1) . 6. Disponen de barandillas y pasamanos adecuados (Anexo I A 3.3º y 3.2º RD 486/1997). 7. Disponen de descansos reglamentarios (Anexo I A 7.7º RD 486/1997). 8. Tiene una iluminación apropiada ( ≥ 50 lux; sin deslumbramientos). 9. Existe alumbrado de emergencia 10. Otras deficiencias (especificar)
2 2 6 6 6 6 0,5 2 2
OBSERVACIONES: Cálculo de la media ponderada de: NE = 2 X 2 + 28 X 1 = 1,06 30
CAÍDA A DISTINTO NIVEL. ASCENSORES.
10 10 0,5 6 2 2 0,5
1. Se realizan las revisiones reglamentarias al menos cada 2 años, y existe registro al respecto. 2. Las puertas disponen de enclavamiento para evitar su apertura en ausencia de la cabina (RD 1314/1997 Anexo I, 2.3). 3. Está señalizada la carga máxima de uso (RD 1314/1997 Anexo I, 5.1). 4. Existen dispositivos de aviso de exceso de carga e inmovilización de la cabina (RD 1314/1997, Anexo I, 1.4.1.). 5. La iluminación en el entorno es apropiada ( ≥ 50 lux; sin deslumbramientos) y existe alumbrado de emergencia. 6. Existe alumbrado de emergencia en el interior del ascensor. 7. Hay una persona encargada del servicio ordinario del ascensor. 8. Otras deficiencias (especificar)
CAÍDA A DISTINTO NIVEL. RAMPAS.
1. El pavimento es de material no resbaladizo o tiene elementos antideslizantes. 2. La pendiente es adecuada (Anexo I A7.3º RD 486/1997). 3. Disponen de barandillas y pasamanos adecuados (Anexo I A 3,3º y 3,2º RD 486/1997). 4. La iluminación es apropiada ( ≥ 50 lux; sin deslumbramientos). 5. Otras deficiencias (especificar)
CAÍDA AL MISMO NIVEL. PISADA SOBRE OBJETOS, CHOQUE O GOLPE CON OBJETOS. ÁREAS DE TRABAJO.
CENTRO DE TRABAJO:___________________________________FECHA:___ _____________ ÁREA DE APLICACIÓN:_DESPACHO Nº 32. PRIMERA PLANTA_ TÉCNICO:_______________
2 0,5 2 6 6 6 6 2 2
1. El espacio disponible es suficiente para el número de trabajadores en el 2 área (2 m de superficie libre por trabajador). 2. La altura del área de trabajo es adecuada (3 - 2,5 m). 3. Existen vías de acceso, de anchura suficiente, para todos los puestos de trabajo. 4. No existen obstáculos en los pisos de las vías de acceso (cables, pequeños escalones inadvertidos, regletas, etc.) 5. Los pisos no son de materiales especialmente resbaladizos. 6. Los pisos no presentan irregularidades por envejecimiento. (1) 7. Los hábitos de limpieza son adecuados (procedimientos y horarios). 8. La iluminación general es apropiada para permitir un tránsito seguro ( ≥ 50 lux; sin deslumbramientos). 9. Existe alumbrado de emergencia. 10. Otras deficiencias (especificar)
CENTRO DE TRABAJO:___________________________________FECHA:___ _____________ ÁREA DE APLICACIÓN:_DESPACHO Nº 32. PRIMERA PLANTA TÉCNICO:_______________
11. El espacio disponible es suficiente para el número de trabajadores en el 2 área (2 m de superficie libre por trabajador). 12. La altura del área de trabajo es adecuada (3 - 2,5 m). 13. Existen vías de acceso, de anchura suficiente, para todos los puestos de trabajo. 14. No existen obstáculos en los pisos de las vías de acceso (cables, pequeños escalones inadvertidos, regletas, etc.) 15. Los pisos no son de materiales especialmente resbaladizos. 16. Los pisos no presentan irregularidades por envejecimiento. (1) 17. Los hábitos de limpieza son adecuados (procedimientos y horarios). 18. La iluminación general es apropiada para permitir un tránsito seguro ( ≥ 50 lux; sin deslumbramientos). 19. Existe alumbrado de emergencia. 20. Otras deficiencias (especificar)
CAÍDA O DESPLOME DE OBJETOS. FALSOS TECHOS.
1. El techo presenta buen estado de conservación 2. Se reparan rápidamente los defectos capaces de producir un desplome. 3. Los elementos empotrados en el techo (luminarias, equipos acondicionadores, etc.) se encuentran bien sujetos. 4. Otras deficiencias (especificar)
1. Las estanterías altas están bien ancladas y/o arriostradas. 2. La distribución de objetos en las estanterías se realiza colocando los más pesados en la parte baja. 3. Las cimeras de las estanterías de más de dos metros están libres de objetos. 4. Se evita el apilamiento inseguro de materiales. 5. Otras deficiencias (especificar)
Cálculo de la media ponderada de: NE = 1 X 3 + 11 X 2 + 3 X 2 + 15 X 1 = 1,53 ≅ 2 30
CHOQUE, GOLPE O ATRAPAMIENTO CON O ENTRE OBJETOS. PUERTAS.
1. 2. 3. 4. La anchura mínima de las puertas es de 80 cm. Las puertas transparentes están señalizadas. Las puertas de paso abatibles disponen, al menos, de 90° de giro libre. Las puertas de vaivén permiten la visibilidad de la zona a la que se accede. 5. Las puertas mecánicas cuentan con los dispositivos de seguridad adecuados (detector de presencia, limitador de fuerza de cierre y apertura manual). 6. Otras deficiencias (especificar)
CONTACTO ELÉCTRICO DIRECTO. INSTALACIONES Y RECEPTORES.
1. Los cuadros eléctricos confieren un grado de protección igual o superior a IP2xx (no pueden tocarse con los dedos partes en tensión durante operaciones ordinarias, como accionamiento de interruptores). 2. No hay receptores con un grado de protección inferior a IP2xx. 3. Las clavijas y bases de enchufe son correctas y sus partes en tensión permanecen inaccesibles cuando la clavija está parcial o totalmente introducida. 4. Las bases de enchufes, interruptores y pulsadores en exteriores son del tipo protegido contra las proyecciones de agua (IPX 4) o instalados en el interior de cajas con protección equivalente. 5. Las cajas de registro disponen de tapa adecuada. 6. Los conductores eléctricos mantienen el aislamiento en todo su recorrido. 7. Los empalmes están correctamente aislados y no hay conexiones a la red sin clavija. 8. Las canalizaciones fijas por el suelo disponen de protección mecánica. 9. Los trabajos de reparación, por sencillos que sean, se realizan sólo por el personal de mantenimiento. (1) 10. Para los locales de pública concurrencia se realizan las revisiones anuales previstas en el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (MIBT 042). 11. Otras deficiencias (especificar)
6 0,5 6 6 2 6 6
Se consideran locales de pública concurrencia aquellos a los que tienen acceso habitual personas del exterior.
CONTACTO ELÉCTRICO INDIRECTO. INSTALACIONES Y RECEPTORES.
1. La instalación dispone de puesta a tierra de las masas y protección diferencial. 2. La puesta a tierra se revisa, al menos, con periodicidad anual (MIBT 039). 3. La protección diferencial es de alta sensibilidad (30 mA o menos) y está dispuesta por sectores. 4. Si no es de alta sensibilidad, resulta adecuada al valor de la resistencia de tierra. 5. Los disyuntores diferenciales se prueban como mínimo mensualmente. 6. Todas las bases de enchufe tienen conexión a tierra. 7. Todos los receptores sin señalización de doble aislamiento, disponen de conductor de protección. (1) 8. Para los locales de pública concurrencia se realizan las revisiones anuales previstas en el Reglamento electrotécnico de Baja Tensión (MIBT 042). 9. Otras deficiencias (especificar)
CC- Adm 1
CARGA FÍSICA. PANTALLA DE VISUALIZACIÓN DE DATOS
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. 16. La silla tiene el asiento regulable en altura (entre 42 y 53 cm.) El respaldo de la silla es ajustable El asiento tiene una profundidad mayor de 40 cm. El asiento es giratorio y estable, con cinco puntos de apoyo Es posible apoyar los brazos en la silla o en la mesa Se dispone de reposapiés si es necesario Se dispone de atril portadocumentos y puede situarse cerca de la pantalla El borde superior de la pantalla puede situarse a la altura de los ojos o algo por debajo. La profundidad de la mesa de trabajo es suficiente para que pueda (2) colocarse la pantalla a la distancia óptima de visión . El espacio libre bajo la mesa permite moverse con comodidad (65 cm. de altura y 60 cm. de anchura) Se dispone de un mínimo de 2 m_ en el entorno de la mesa de trabajo Si el puesto de trabajo dispone de impresora, la ubicación de ésta no condiciona la adopción de posturas forzadas frecuentes. Se dispone, al menos, de 10 cm libres entre el borde de la mesa y el teclado para apoyar las muñecas. El usuario tiene posibilidad de autoadministrarse pausas durante la jornada laboral Existe un programa adecuado de vigilancia específica de la salud. El trabajador ha sido informado de los mecanismos que permiten ajustar el mobiliario de su puesto de trabajo y del objetivo postural de estos ajustes. Otras deficiencias (especificar)
Valores mínimos recomendables de acuerdo con la Guía Técnica de P.V.D. del I.N.S.H.T. Más de 40 cm, según la Guía Técnica del INSHT sobre PVD.
CC- Adm 2
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13. 14. 15. La imagen del monitor es nítida y sin parpadeos La pantalla tiene tratamiento antirreflejos Los símbolos de las letras del teclado son fácilmente legibles La superficie de trabajo tiene acabado mate El nivel de iluminación en el documento es como mínimo de 500 lux. La localización de las luminarias no provoca reflejos ni deslumbramientos. No existen contrastes acusados en el lugar de trabajo. No existen parpadeos en las luminarias Se dispone de atril portadocumentos y puede situarse cerca de la pantalla La profundidad de la mesa de trabajo es suficiente para que pueda 1 colocarse la pantalla a la distancia óptima de visión . Se realizan revisiones oftalmológicas periódicas, en el contexto de la vigilancia de la salud, cuando son necesarias a juicio del médico. 2 Se suministran lentes correctoras especiales , si son necesarias. El puesto de trabajo no está situado de frente ni de espaldas respecto a la luz natural. Las ventanas cuentan con dispositivos de modulación de la luz natural (persianas, estores, etc.) Otras deficiencias (especificar)
Valores mínimos recomendables de acuerdo con la Guía Técnica de P.V.D. del I.N.S.H.T. Véase art. 4 del RD 488/1997 e interpretación de la Guía Técnica del INSHT.
CC- Adm 3
1. Los programas informáticos resultan adecuados para las tareas encomendadas. 2. Los programas informáticos no revisten especiales dificultades de manejo. 3. Los programas informáticos utilizados disponen de ayudas eficaces. 4. En general, se facilita formación a los trabajadores sobre los programas utilizados. 5. En general, la organización del trabajo evita que las tareas se efectúen con una presión temporal excesiva. 6. No hay tareas habituales que exijan una atención elevada durante periodos prolongados (más de 2 – 3 horas diarias). 7. El ambiente físico de trabajo (ruido, condiciones termohigrométricas, iluminación, corrientes de aire) no resulta especialmente desfavorable para el mantenimiento de la atención durante el trabajo. 8. Pueden hacerse pausas, autoadministradas o regladas, para interrumpir las tareas repetitivas (p.e. introducción de datos) cada 2 - 3 horas. 9. Otras deficiencias (especificar)
CC- Lim 1
RIESGO HIGIÉNICO POR EXPOSICIÓN A AGENTES QUÍMICOS. PERSONAL DE LIMPIEZA.
1. Los productos utilizados no son innecesariamente peligrosos para las necesidades de limpieza del centro. 2. Los productos peligrosos se encuentran reglamentariamente etiquetados. 3. En caso de trasvase de productos peligrosos se identifica correctamente el nuevo envase. 4. En caso de trasvase se utilizan elementos auxiliares apropiados. 5. Disponen de instrucciones específicas escritas para la utilización de productos de limpieza no habituales en el ámbito doméstico y clasificados como peligrosos, y éstas son adecuadas 6. Están informados del riesgo que existe al mezclar lejía con agua fuerte y evitan hacerlo. 7. En ningún caso se mezcla lejía con amoniaco. 8. Disponen de guantes de protección apropiados y los utilizan. 9. Otras deficiencias (especificar)
El término peligroso se usa en el sentido de la definición que incluye el Reglamento de Agentes Químicos (RD 374/2001).
CC- Lim 3
CARGA FÍSICA. MANIPULACIÓN MANUAL DE CARGA. PERSONAL DE LIMPIEZA.
1. Las cargas a levantar por el personal (cubos llenos, hojas de ventanas, etc.) son inferiores a 15 kg. 2. Se utilizan carros para el transporte del material de limpieza. 3. En caso de no disponer de carro, las tomas de agua están situadas adecuadamente para evitar desplazamientos excesivos. 4. Existe, al menos, una toma de agua por planta. 5. Se ha formado al personal sobre la correcta manipulación manual de cargas. 6. Otras deficiencias (especificar)
CARGA FÍSICA. POSTURAS. PERSONAL DE LIMPIEZA.
1. Los mangos de las fregonas, cepillos y otros útiles de limpieza pueden adaptarse a la altura de los trabajadores con objeto de permitirles mantener la espalda erguida. 2. La fregona cuenta con un dispositivo mecánico para facilitar el escurrido. 3. Se dispone de escaleras o similares para acceder a la limpieza de zonas altas, de modo que no sea preciso mantener los brazos por encima de los hombros. 4. Se ha informado al personal sobre las posturas correctas de trabajo. 5. Otras deficiencias (especificar)
CC- Man 1
CONTACTO ELÉCTRICO. MANTENIMIENTO.1
1. Los equipos eléctricos utilizados son adecuados para las características de la instalación y del lugar de trabajo. 2. Los equipos eléctricos utilizados cuentan con el marcado CE o están adaptados a los requisitos del Anexo I ap. 1 del Reglamento de Equipos de Trabajo (RD 1215/1997). 3. Los trabajos con riesgo eléctrico no se realizan en tensión cuando pueden realizarse sin ella. 4. En los trabajos sin tensión, la supresión de la tensión y la reposición de la misma se hace por trabajadores autorizados, siguiendo los procesos descritos en el anexo II del RD 614/2001. 5. Los trabajos en tensión se realizan sólo por trabajadores cualificados, 2 siguiendo un procedimiento de trabajo escrito y adecuado. 6. Los equipos y materiales usados para los trabajos en tensión son especialmente concebidos para ello y se utilizan, mantienen y revisan siguiendo las instrucciones del fabricante. 7. Durante los trabajos en tensión, se señaliza y delimita la zona de trabajo cuando existe la posibilidad de que penetren en ella otros trabajadores. 8. Otras deficiencias (especificar)
1 En cuanto a mantenimiento eléctrico, este cuestionario se refiere sólo al de instalaciones de baja tensión. Los términos utilizados en él, tales como riesgo eléctrico, trabajos en tensión, trabajos sin tensión, trabajador autorizado, trabajador cualificado, procedimiento de trabajo, zona de trabajo, etc tienen el significado concreto que les da el anexo 1 del RD 614/2001. 2
Véase anexo III.A del RD 614/2001.
CONTACTO ELÉCTRICO. MANTENIMIENTO.
CC- Man 6
CAÍDA A DISTINTO NIVEL. ESCALERAS DE MANO. MANTENIMIENTO.
1. Las escaleras de madera tienen los peldaños ensamblados, los largueros de una sola pieza y no están pintadas. 2. Las escaleras de tijera tienen dispositivos que evitan su apertura. 3. Las escaleras simples cuentan con zapatas antideslizantes o ganchos de sujeción. 4. Los peldaños tienen una huella suficiente. (Al menos 8 cm) 5. En caso de trabajos a más de 3,5 metros en escaleras de mano, se dispone de cinturones de seguridad. 6. No se utilizan escaleras de mano para trabajos a más de 5 metros. 7. Las escaleras extensibles tienen dispositivos de enclavamiento mecánico. 8. El estado de conservación de las escaleras es aceptable 9. No se observan hábitos de utilización inadecuados ( uso con las manos ocupadas, ascenso o descenso de lado o de espaldas, altura excesiva, uso no ocasional, etc.) 10. Otras deficiencias (especificar)
RIESGO HIGIÉNICO POR EXPOSICIÓN A AGENTES QUÍMICOS Y A RADIACIÓN ULTRAVIOLETA. FOTOCOPIADORAS. ORDENANZAS.
1. Se utilizan cartuchos de tóner desechables. 2. No hay acumulación de máquinas en espacios pequeños mal ventilados. 3. La renovación de aire del recinto de las fotocopiadoras es superior a 50 3 m por hora y trabajador. 4. Se realiza el mantenimiento del equipo de acuerdo con las instrucciones del fabricante. 5. La tapa de la fotocopiadora siempre permanece cerrada cuando se efectúan reproducciones 6. El trabajador ha sido informado sobre el uso correcto de la fotocopiadora 7. Existe un manual de instrucciones en español para cada fotocopiadora. 8. Otras deficiencias (especificar)
CARGA FÍSICA. MANIPULACIÓN MANUAL DE CARGA. ORDENANZAS.
1. En ningún caso es preciso levantar manualmente cargas superiores a 40 kg. 2. Se cuenta con medios de transporte auxiliares para las cargas superiores a 15 y 25 kg, para mujeres y hombres respectivamente, o se realiza entre dos personas. 3. Se ha proporcionado información sobre la forma correcta de la manipulación manual de carga. 4. Las cargas usuales vienen especialmente acondicionadas para un agarre cómodo 5. Las cargas usuales que se manejan no son excesivamente voluminosas 6. Otras deficiencias (especificar)
CORTES Y PINCHAZOS. LABORATORIOS.
1. El material de vidrio que se emplea es de buena calidad y no presenta rebabas, fisuras o bordes cortantes. 2. Los soportes para el secado del material de vidrio son adecuados y suficientes. 3. Para la limpieza manual del material de vidrio, elementos cortantes y punzantes se utilizan guantes. 4. Los fondos de las piletas de lavado disponen de alfombrillas para proteger el material de vidrio frente a golpes. 5. Las mesas de trabajo tienen espacio suficiente para colocar el material de vidrio en uso. 6. El almacenamiento del material de vidrio se efectúa en estanterías y lugares de fácil acceso. 7. El vidrio roto se deposita en recipientes o contenedores rígidos y resistentes 8. Para la recogida de vidrios rotos se dispone de guantes resistentes al corte y utensilios de limpieza apropiados. 9. La obtención y la manipulación de las muestras no precisa el manejo de útiles cortantes o punzantes. 10. Otras deficiencias (especificar)
10 0.5 2 4 0.5 2 6 6 0,5
ATRAPAMIENTO EN MÁQUINAS. LABORATORIOS.
1. Las máquinas con elementos giratorios (centrifugadoras, lavavajillas, molinos, etc.), tienen dispositivos de seguridad que impiden su apertura en funcionamiento. 2. Las partes móviles de las máquinas son inaccesibles durante su funcionamiento. 3. Las máquinas con elementos móviles disponen de espacio libre suficiente para evitar que invadan pasillos u otras zonas de trabajo. Además, se señaliza la necesidad de respetarlo. 4. Las máquinas tienen el marcado CE o puesta en conformidad 5. Otras deficiencias (especificar)
10 6 6 0,5
EXPOSICIÓN A AGENTES BIOLÓGICOS. LABORATORIOS.
12. Los trabajadores disponen de procedimientos accidentes-emergencias escritos y difundidos.
Nivel 2: Aconsejable Nivel 3: Si Nivel 4: Si Se realiza la vigilancia de la salud de los trabajadores en base a la legislación vigente. Se dispone de protocolo de actuación inmediata para descartar posibles infecciones en caso de accidentes Los trabajadores han sido adecuadamente informados acerca de las vacunas específicas disponibles en función del riesgo. El laboratorio dispone de lavabo, jabones bactericidas y toallas desechables. El Laboratorio se encarga del lavado de la ropa de trabajo. Los trabajadores han sido formados sobre los riesgos derivados de la manipulación de muestras biológicas.
Los residuos generados (restos de animales, material desechable, etc.) se esterilizan antes de su eliminación o depositan en contenedores adecuados para su incineración.
Nivel 2 y 3: Si Nivel 4: Si 20. Existe un responsable para la elaboración, control y seguimiento de los procedimientos de trabajo, así como para la activación de los planes de emergencia. 21. Otras deficiencias (especificar)
Véase anexo 9 del texto “Condiciones de Trabajo en Centros Sanitarios” del INSHT.
CARGA FÍSICA . POSTURAS. LABORATORIOS.
1. El hueco de las mesas de trabajo permite colocar cómodamente las piernas. 2. Se dispone de asientos regulables en altura o sistemas de adaptación (plataformas o tarimas) para trabajos de pie, que permitan adecuar la altura de la superficie de trabajo a la estatura del trabajador. 3. Los asientos utilizados disponen de respaldos 4. La colocación de objetos y materiales que se manejan con frecuencia no exige levantar los brazos a la altura de los hombros o por encima de ellos. 5. Otras deficiencias (especificar)
1. ¿El esfuerzo físico que exige el desarrollo del puesto de trabajo 1 corresponde a un consumo metabólico alto y la temperatura del aire puede alcanzar valores superiores a 25º C? 2. ¿El esfuerzo físico que exige el desarrollo del puesto de trabajo 1 corresponde a un consumo metabólico moderado y la temperatura del aire puede alcanzar valores superiores a 27ºC? 3. ¿El esfuerzo físico que exige el desarrollo del puesto de trabajo 1 corresponde a un consumo metabólico bajo y la temperatura del aire puede alcanzar valores superiores a 30º C? 4. Otros indicadores de riesgo (especificar)
CRITERIO DE DECISIÓN: Procede la evaluación detallada del bienestar térmico según UNE EN 7730 si: La respuesta es SI, al menos, a las preguntas 1 y 2.
Los items 5, 6, 7, 8 y 9 se refieren a deficiencias que, con frecuencia, explican la insatisfacción térmica incluso si existe climatización y, por tanto, podría merecer la pena intervenir sobre ellas, si resulta clara su forma de corrección, antes de evaluar.
ANEXO D: EVALUACIÓN DE LAS CONDICIONES DE SEGURIDAD CONTRAINCENDIOS EN EDIFICIOS
0. PREÁMBULO 1. INTRODUCCIÓN
I. II. III. IV. V. VI. Condiciones de entorno Locales y zonas de mayor riesgo Condiciones de protección pasiva Condiciones de protección activa Organización Prevención de incendios
II. 1 – I. 2 – I. 3 – II.II. 1 – II. 2 – III.III.1 – III.2 III. 3 III. 4 – IV.Condiciones de entorno Accesibilidad y aproximación Riesgos colindantes Instalaciones exteriores de protección Evaluación del riesgo Locales y zonas de “riesgo especial” Cuartos técnicos o de instalaciones Condiciones de protección pasiva Materiales y elementos constructivos Sectorización Evacuación Protección estructural Condiciones de protección activa
IV. 1 IV. 2 – IV. 3 – IV. 4 – IV. 5 – IV. 6 – IV. 7 – V.V. 1 V. 2 VI.VI.1 – VI.2 – VI.3 – VI.4 –
Extintores Bocas de Incendio Equipadas Columna Seca Sistema de detección de incendios Sistema de alarma general Instalaciones automáticas de extinción Alumbrado de emergencia. Organización Plan de Emergencia Mantenimiento Prevención Instalación eléctrica Orden y limpieza Control de focos de ignición Inspecciones de riesgo
A.1. Norma Básica de la Edificación. Condiciones de Protección contra Incendios en los Edificios. NBE-CPI96 Real Decreto 1942/1993, de 5 de noviembre por el que se aprueba el Reglamento de Instalaciones de protección contra Incendios. BOE de 14 de diciembre de 1993 y 7 de mayo de 1994) Real Decreto 786/2001, de 6 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de Seguridad contra Incendios en Establecimientos Industriales
Este documento, que se incorpora como Anexo D al Manual de Evaluación de Riesgos, incluye una Lista de Comprobación que se corresponde, metodológicamente, con un Cuestionario de Instalaciones o Actividades de los que se describen en el apartado 6.3. Por tanto, no es , como allí se dice, un instrumento de evaluación en sentido estricto, puesto que no permite la medida del riesgo sino sólo la detección de deficiencias. No obstante, presenta como novedad, respecto a los otros cuestionarios del mismo tipo incluidos en el Manual, una propuesta de Nivel de Intervención para cada deficiencia, que pretende ayudar al evaluador en la imprescindible tarea de priorización de las medidas preventivas con la que ha de culminar su trabajo.
El nivel de riesgo de incendio de un edificio o establecimiento viene determinado por los factores intrínsecos que lo motivan y por las condiciones y los medios de protección disponibles. Los factores intrínsecos que intervienen en el riesgo de incendio son los derivados o inherentes a los elementos fundamentales que dan lugar al fuego. Evidentemente, el riesgo de incendio está presente donde y cuando los elementos del triángulo del fuego – combustible, oxigeno y calor – puedan combinarse. Las características de los combustibles, las condiciones en que se encuentran, se manipulan o se almacenan, los focos de ignición o fuentes de calor que están presentes y la energía de activación que son capaces de generar y aportar a estos, determinan el nivel de riesgo que puede existir en ese punto. La evaluación del riesgo de incendio pasa, por tanto, desde este punto de vista, por el análisis de los factores mencionados. Pero no es esta la evaluación que persigue el presente documento. Puesto que el riesgo de incendio está presente siempre, todos los edificios y establecimientos deben disponer de las condiciones y los medios de protección adecuados a sus características constructivas y de uso, que son también características del riesgo. La evaluación en este sentido supone establecer el grado de idoneidad o adecuación de las condiciones y medios de protección, como determinantes del nivel de seguridad contra incendios existente. Es este el sentido de la evaluación a que se refiere el presente documento. La normativa actualmente en vigor sobre las condiciones y los medios que los edificios y los establecimientos han de prever en relación con su seguridad contra incendios, determina el criterio que sirve de referencia “objetiva” en la evaluación. La evaluación del riesgo de incendio que aquí se propone consiste, por tanto, en determinar el grado de cumplimiento de los requisitos reglamentarios – o de obligado cumplimiento – para deducir el nivel de seguridad contra incendios que existe. El documento recoge, no obstante, aspectos de prevención de incendios que se consideran de interés y que deberán ser tenidos en cuenta en el proceso de evaluación.
El proceso metodológico que sigue la elaboración de este documento de evaluación de las condiciones de seguridad contra incendio es el siguiente: 1º. Identificar los aspectos fundamentales que determinan la seguridad contra incendios 2º. Identificar las condiciones y los medios de protección que corresponde analizar dentro del ámbito de cada uno de los aspectos fundamentales. 3º. Determinar la relación de los requisitos que han de ser verificados en el proceso de evaluación.
La evaluación contempla y desarrolla los aspectos fundamentales que determinan, en todo su conjunto, la seguridad contra incendios del edificio o establecimiento: 1. Las condiciones urbanísticas o del entorno 2. El tratamiento de los locales o zonas de mayor riesgo 3. Las condiciones constructivas o de protección pasiva 4. Los medios e instalaciones de protección activa 5. La organización de la seguridad contra incendios 6. La prevención de incendios. Todos estos aspectos configuran un planteamiento de seguridad integral, posibilitando el ordenamiento de las condiciones y de los requisitos que han de cumplir los edificios y los establecimientos.
I. Las condiciones de entorno
Las condiciones de entorno y las condiciones urbanísticas que corresponden al emplazamiento de un edificio o establecimiento constituyen un aspecto en el que se localizan requisitos que necesariamente han de tenerse en cuenta y, por supuesto, son importantes. Fundamentalmente, las condiciones de entorno hacen referencia a: ­ La accesibilidad de los medios y recursos que puedan proporcionar los servicios externos cuando se requiera su intervención. ­ Viales de aproximación y espacios de maniobra para los vehículos. ­ Accesos de emergencia para los servicios externos. ­ Hidrante de incendio urbano, conectado a la red general de abastecimiento de agua para garantizar las necesidades de los Servicios de Extinción de Incendios y Salvamento en el caso en que sea precisa su intervención.
­ Red de hidrantes propia, cuando se requiera, para la protección de riesgos y posibilitar la intervención desde el exterior con recursos propios gestionados por la propiedad del edificio o establecimiento. ­ Tomas de fachada de instalaciones de columnas secas para posibilitar que pueda ser puesta en carga por los Servicios de Bomberos y para su uso exclusivo. ­ Riesgos exteriores que puedan afectar al edifico o establecimiento planteando necesidades de protección, incluso incompatibilidades de usos en función de su configuración o emplazamiento. Fundamentalmente han de considerarse: ­ Riesgo de incendio forestal, inherente a toda zona forestal ­ Establecimientos industriales, en función de su “riesgo intrínseco”
II. Locales y zonas de mayor riesgo
Dentro del edificio o establecimiento, existirán unos determinados locales o zonas que por su mayor nivel de riesgo requerirán condiciones y especificaciones que les proporcionen un nivel adecuado de protección. La Norma Básica de Edificación “NBE-CPI/96” determina qué locales o qué zonas deben ser consideradas de “riesgo especial”, estableciendo tres niveles de riesgo: alto, medio y bajo. Este catálogo de locales y zonas, por tanto, nos permite la identificación de aquellas partes del edificio que deben ser tratadas especialmente desde el punto de vista de la seguridad contra incendios. Por otro lado, las dependencias o cuartos técnicos que albergan las instalaciones reguladas por reglamentación especifica deben observar medidas adicionales de seguridad, porque desde el punto de vista de Industria presentan riesgos específicos que requieren protección especial. La identificación de estas dependencias permite completar la configuración del mapa de riesgo que presenta el edificio o establecimiento. Son, en definitiva, aquellas zonas o dependencias afectadas por la reglamentación de seguridad industrial.
III. Condiciones de protección pasiva
La protección pasiva incluye todos aquellos aspectos de la protección que van incorporados en el diseño del edificio y en los materiales y elementos constructivos que se han empleado o aplicado en su construcción. El objetivo de su desarrollo y aplicación es el de reducir la “carga combustible” y el riesgo de propagación que conlleva la utilización de materiales y de diseños inadecuados. Al ir incorporados en el edificio y, por tanto, formando parte de sus características constructivas, proporcionan un alto nivel de seguridad. Un edificio o establecimiento construido con materiales adecuados, con una distribución que evite la propagación de humos y gases de combustión, que proporcione unas condiciones de salida que garanticen la seguridad de las personas y que tenga una estructura a prueba de fuego, es un edificio seguro en sí mismo, en su diseño.
Fundamentalmente, dentro de la protección pasiva hay que distinguir las siguientes condiciones: I el comportamiento al fuego de los materiales y elementos constructivos; I las condiciones de sectorización o compartimentación contra incendios; I las condiciones de evacuación I las condiciones de protección estructural.
III.1. Comportamiento al fuego de los materiales y elementos constructivos
El comportamiento al fuego de los materiales y elementos constructivos, y de revestimiento o decoración, juega un papel decisivo respecto al riesgo de incendio del edificio, fundamentalmente favoreciendo su propagación. Para determinar el grado de combustibilidad, reacción al fuego o comportamiento al fuego se utiliza el criterio de clasificación siguiente: M 0: incombustible M 1: no inflamable M 2: difícilmente inflamable M 3: medianamente inflamable M 4: muy inflamable En este sentido, todos los fabricantes o suministradores de materiales y elementos constructivos tienen que proporcionar, con la ficha de características del producto, la clasificación que corresponde a su reacción al fuego (según la Normativa Básica de Edificación NBE-CPI-96), constituyéndose ésta, por tanto, en un documento de verificación. Por supuesto que los materiales de construcción que son pétreos, cerámicos y metálicos, así como los vidrios, morteros, hormigones y yesos se consideran de clase MO y no requieren certificado, ya que su clasificación es inherente a su naturaleza. Deben tenerse en cuenta las características y clasificación de todos los materiales que intervengan en la construcción del edificio: materiales de revestimiento de suelos y paredes, conductos de aire acondicionado, aislamientos térmicos y acústicos, paneles de falsos techos, falsos suelos, paneles de distribución interior y bandejas de cables. La regulación del comportamiento al fuego de los materiales y elementos constructivos afecta, con carácter general, a todos los edificios, cualquiera que sea su tipología y tamaño. El criterio que determina la clasificación máxima admisible que corresponderá aplicar, según la zona, se resume en el siguiente cuadro:
Fuente: Norma Básica de la Edificación. Condiciones de Protección contra Incendios en los Edificios. NBE-CPI-96 (B.O.E. de 29–10–96)
No obstante, la instalación de materiales de revestimiento con un comportamiento al fuego más desfavorable que M2 en suelos y M1 en paredes y techos, no se recomienda. Los productos situados en el interior de falsos techos o suelos elevados, los utilizados para aislamiento térmico y para acondicionamiento acústico, los que constituyan o revistan conductos de aire acondicionado o de ventilación, los cables eléctricos, entre otros, deben ser de clase M1, o más favorable. Asimismo, las bandejas o soportes del cableado a lo largo de todo su trazado tendrán una clasificación de su comportamiento al fuego M1 como más desfavorable. Certificados Es importante saber que todos aquellos materiales o elementos que se utilicen deben disponer de un certificado de clasificación de comportamiento o reacción al fuego, proporcionado por el fabricante o suministrador, que justifique el cumplimiento de las limitaciones establecidas. La justificación de que un material alcanza la clase de reacción al fuego exigida se llevará a cabo mediante Marca de Conformidad a normas UNE. En el caso de productos (materiales y elementos constructivos) provenientes de países que sean parte del acuerdo de Espacio Económico Europeo, éstos estarán sujetos a lo previsto en el Real Decreto 1630/1992, de 29 de diciembre, por el que se dictan disposiciones para la libre circulación de productos de construcción, en aplicación de la Directiva 89/106/CEE (LCEur 1989\134) y, en particular, en lo referente a los procedimientos especiales de reconocimiento, los productos estarán sujetos a lo dispuesto en el artículo 9 del citado Real Decreto. En el momento de su presentación, los documentos de ensayo deben tener una antigüedad menor que 5 años, cuando se refieran a la reacción al fuego de los materiales. Una copia actualizada de todos los documentos y certificados es aconsejable que se adjunte en un Anexo del Plan de Emergencia del edificio.
III.2. Condiciones de sectorización
Un sector de incendios es aquella superficie construida que está delimitada por elementos “resistentes al fuego”, para que, en caso de incendio, éste quede confinado en su interior y no trascienda a áreas colindantes o adyacentes, evitando así que afecte al resto del edificio. Es, por tanto, un aspecto de la seguridad contra incendios que tiene por objetivo evitar la propagación y minimizar las consecuencias que puedan derivarse del incendio. La resistencia al fuego de un material indica el tiempo que conserva sus propiedades estructurales y funcionales sin apreciables pérdidas cuantitativas o cualitativas. La condición de resistencia al fuego de un material implica tener cuatro propiedades fundamentales: Estabilidad mecánica o capacidad portante , condición por la que el material, sometido a elevadas temperaturas durante un tiempo, conserva sus propiedades soportando las cargas y la función. La percepción visual de pérdida de resistencia o estabilidad se efectúa mediante el reconocimiento de grietas, flechas en sus superficies o destrucción manifiesta del elemento. Estanqueidad a las llamas, comportamiento por el cual, durante un tiempo determinado, un material no deja pasar las llamas. Se llega a apreciar el punto crítico cuando en la cara opuesta al fuego llega a entrar en combustión un material inflamable tipo algodón.
No emisión de gases tóxicos o inflamables por la cara no expuesta, procedentes del calentamiento o inflamación del propio material por una de sus caras, aumentando con ello la peligrosidad y dificultad en las operaciones de intervención. Se valora esta propiedad acercando una llama a la cara posterior del material expuesto. Se realizan también análisis de los vapores desprendidos. Aislamiento térmico o resistencia térmica para impedir que se produzcan en la cara no expuesta temperaturas superiores a las que se establecen, según Norma UNE, para que no sea posible transmisión del calor de un combustible a otro por conducción o contacto. El valor de dicha temperatura se obtiene por comparación entre distintos juegos de termopares colocados a ambos lados de la muestra. En realidad esta propiedad no se reconoce cuando en la cara no expuesta se alcanzan temperaturas entre 140 y 1800C. Clasificación Según las propiedades que posean, se distinguen tres categorías de materiales y elementos constructivos: Estables al fuego, aquellos que sólo cumplen con la primera propiedad, la estabilidad mecánica (a). Se aplica fundamentalmente a los elementos estructurales, a los cuales se les exige sólo la condición de estabilidad en caso de incendio. Parallamas, aquellos que cumplen las propiedades de estabilidad mecánica (a), estanqueidad a las llamas (b) y no emisión de gases tóxicos ni inflamables (c). Resistentes al fuego, aquellos que reúnen la totalidad de las propiedades relacionadas para determinar la resistencia al fuego de un material o elemento constructivo la estabilidad (a), la estanqueidad (b), la no emisión de gases (c) y el aislamiento térmico (D). Las exigencias del comportamiento ante el fuego de un elemento constructivo se definen por los tiempos durante los cuales dicho elemento debe mantener las condiciones o propiedades que le sean aplicables, de acuerdo con el ensayo normalizado UNE 23 093. En este sentido, es aplicable la condición (a) cuando se exija “estabilidad al fuego (EF)”; las condiciones (a),(b) y (c) en el caso de “parallamas (PF)”, y todas cuando se exijan elementos o materiales “resistentes al fuego (RF)”. Todas ellas se refieren a tiempos nominales para los cuales se realizan los ensayos: 15, 30, 60, 90, 120, 180 y 240 minutos. Criterio de aplicación La aplicación y el desarrollo de la sectorización como aspecto importante de la protección pasiva debe realizarse teniendo en cuenta que, fundamentalmente, esta medida se utiliza para: ­ independizar los riesgos de las áreas y locales de riesgo especial de los del resto del edificio. Para ello se delimitan con elementos resistentes al fuego y se constituyen como sectores de incendios. ­ que toda la superficie construida tenga una limitación en cuanto a posibilidades de propagación del fuego, el humo y los gases de combustión. Para ello se determinan superficies máximas de los sectores de incendios. ­ Que los huecos verticales, sobre todo aquellos que atraviesan sectores de incendios distintos, no constituyan elementos a través de los cuales se propaga el incendio. Para ello se constituyen como secto-
res de incendios verticales o se aplican sellados a nivel de cada forjado para que cada tramo de hueco vertical quede dentro del sector de planta correspondiente. Nivel de exigencia El nivel de exigencia viene determinado por la reglamentación específica. En ella se detallan las superficies máximas que corresponde aplicar según el uso y características del edificio, el tratamiento que deben recibir los huecos verticales, escaleras, ascensores, patios o huecos de instalaciones, entre otros. La reglamentación incluye, igualmente, las características de las dependencias y zonas que deben ser consideradas de riesgo especial. En la aplicación de los criterios de sectorización, existen especificaciones de carácter general que se deben tener en cuenta: Los elementos delimitadores de los sectores de incendios tienen que tener la resistencia al fuego (RF) al menos igual a la estabilidad al fuego (EF) que le sea exigible a la estructura. Lo contrario sería una contradicción porque pretendería confinar el fuego pero posibilitaría entrar en ruina la estructura por falta de protección. Cuando se compartimente mediante elementos móviles, éstos deben cumplir las mismas condiciones de resistencia al fuego exigidas a los elementos fijos, como es lógico. Para las medianerías o muros colindantes entre edificios, se establece un valor de resistencia al fuego mínimo de RF-120. Además deben cumplir otras condiciones para garantizar la independencia de riesgos frente a terceros. Cuando una medianería o un elemento de compartimentación en sectores acometa a la cubierta, la resistencia al fuego de ésta será al menos igual a la mitad de la exigida al elemento de que se trate, en una franja cuya anchura sea igual a 1 metro. No obstante, si la medianería o el elemento compartimentador se prolonga por encima del acabado de la cubierta 0,60 metros o más, no es necesario que la cubierta cumpla la condición anterior. La distancia mínima, medida en proyección horizontal, entre una ventana y un hueco o lucernario de una cubierta será mayor que 2,50 metros cuando dichos huecos y ventanas pertenezcan a sectores o a edificios diferentes y la distancia en vertical entre ellos sea menor de 5 metros. El valor de la resistencia al fuego exigido a cualquier elemento delimitador de un sector de incendios tiene que mantenerse en todo su recorrido y altura, siempre pensando en el confinamiento del incendio. Las cámaras, los conductos de aire acondicionado, los falsos techos, los suelos elevados y los encuentros con otros elementos constructivos – los forjados con los muros cortinas –deben recibir el tratamiento adecuado. Especificaciones técnicas La resistencia al fuego de un elemento constructivo se puede obtener de diversas formas, según sus carac terísticas: a) por consulta de los valores fijados en el Apéndice 1 de la «Norma Básica de la Edificación: Condiciones de Protección Contra Incendios en los Edificios» en vigor, en su caso; b) por el cumplimiento de las prescripciones técnicas del ANEJO 7 de la Norma Básica de la Edificación “Instrucción de Hormigón Estructural (EHE)”; c) mediante Marca de conformidad, con normas UNE, o Certificado de conformidad, con las especificaciones técnicas que avalen su cumplimiento (las Marcas de conformidad, Certificados de conformidad y Ensayos de tipo, son emitidos por un organismo de control que cumpla las exigencias del Real Decreto 2200/1995, de 28 de diciembre); y d) por aplicación de un método de cálculo teórico-experimental, de reconocido prestigio.
III.3. Condiciones de Evacuación
Las condiciones de evacuación hay que analizarlas teniendo en cuenta que los factores que determinan su idoneidad son fundamentalmente: la ocupación de cálculo; el dimensionamiento de los medios de paso o salida; los recorridos de salida; y las condiciones generales que deberán cumplir los pasillos, escaleras y salidas. La ocupación es un factor fundamental porque condiciona el dimensionamiento de las vías de evacuación. Podemos y debemos conocer la ocupación real pero será la ocupación de cálculo la que utilicemos a cualquier efecto, tanto en el análisis, como en el diagnóstico o el proyecto. La ocupación de cálculo está basada en “densidades de ocupación” o número de personas por metro cuadrado, dependiendo del uso o actividad. Conociendo la superficie construida, en unos casos, y la superficie útil en otros, de una zona y la densidad de ocupación que se le asigna, según los criterios de la NBE-CPI-96, obtenemos el nivel de ocupación que le corresponde. Las densidades de aplicación vienen recogidas en la Norma Básica. Es la única referencia de carácter legal y no es exhaustiva. No obstante, por asimilación, se puede convertir en una herramienta muy útil para determinar la ocupación de cálculo. Las densidades de ocupación se agrupan en dos niveles: de densidad elevada y de baja densidad. Los de “densidad elevada” presentan una banda que oscila entre una persona cada 0,25 m2, en los casos de máxima densidad, y una persona cada 3 m2. Las zonas de “densidad baja” presentan, a su vez, densidades comprendidas entre una persona cada 3 m2 y una persona cada 40 m2. Dimensionamiento El dimensionamiento de los medios de evacuación se realizará en función de la ocupación total resultante en cada punto, calculada de acuerdo a los criterios anteriormente expuestos. Como criterio de aplicación para el dimensionamiento en evacuación horizontal, puertas de paso y pasos horizontales, se establece una ratio de 200 personas por cada metro lineal, o lo que es lo mismo: A = N / 200 ; siendo A, el ancho requerido, y N, la ocupación de cálculo. El dimensionamiento en evacuación vertical deberá diferenciar la evacuación descendente de la evacuación ascendente. El sentido de la evacuación en escaleras determina una mayor o menor capacidad. En evacuación descendente , el ancho de escaleras necesario se determinará de acuerdo con la ratio de 160 personas por metro lineal, o lo que es lo mismo: A = N / 160 ; siendo A, el ancho de escaleras, y N, la ocupación de cálculo. En evacuación ascendente, el ancho de escalera necesario tendrá en cuenta la altura ascendente que hay que salvar, en función de la siguiente expresión: A = N / (160-10h) ; siendo A, el ancho de escaleras, y N, la ocupación de cálculo y h, la altura de evacuación ascendente en metros. A estos efectos, las escaleras mecánicas podrán ser tenidas en cuenta como una escalera normal pero contabilizándose el 50%.
Recorridos de salida o de evacuación El ancho correspondiente a las “salidas de emergencia” computa como ancho normal a efectos de cálculo. Tienen sólo el carácter de disponible a efectos de evacuación, cuando se precisa. No obstante, el número de salidas necesario que hay que prever en el proyecto vendrá determinado por las limitaciones que deberán observar los recorridos de salida. El recorrido de salida unidireccional , es decir con una sola opción de salida, será como máximo de 25 metros, contabilizado desde el origen de evacuación más desfavorable hasta el punto en el que arranquen dos itinerarios de salida alternativos. El recorrido de salida, cuando existe más de una opción, será de 50 metros como máximo, contados desde el origen de evacuación más desfavorable hasta el punto de salida a una zona de riesgo independiente o zona de seguridad, o al exterior, de acuerdo con el criterio de la NBECPI 96. Condiciones generales Los medios de paso y de salida deberán cumplir las condiciones establecidas en el Real Decreto 2177/1996, de 4 de octubre, por el que se aprueba la Norma Básica de la Edificación. NBE–CPI–96, Condiciones de Protección contra Incendios en los Edificios. Siempre, como norma de carácter general, hay que tener en cuenta que las puertas de salida deben ser abatibles con eje de giro vertical y fácilmente operables. La anchura libre debe ser igual o mayor que 0,80 metros y la anchura de la hoja debe ser igual o menor que 1,20 metros, y en puertas de dos hojas, igual o mayor que 0,60 metros. Por último, aclarar que las puertas de salida al exterior, aun cuando tengan el carácter de “salida de emergencia”, no requieren ser puertas resistentes al fuego (RF).
III.4. Condiciones de protección estructural
La protección estructural determina la estabilidad al fuego de los elementos que componen la estructura, fundamentalmente de los elementos portantes, y establece las necesidades de protección para que no se vean afectados por el incendio. El objetivo que persigue la protección estructural, por tanto, es el de garantizar la seguridad del edificio en caso de incendio, para que no se derrumbe a consecuencia del debilitamiento de los elementos estructurales, por el efecto de la temperatura a que se ven sometidos. Normalmente, en España, se utilizan estructuras de hormigón armado y estructuras metálicas, no soliendo utilizarse las estructuras de madera. Las estructuras de hormigón armado tienen ya en sí mismas una estabilidad al fuego propia de su naturaleza y características, que varia en función del espesor de la capa de recubrimiento de la armadura principal. A mayor espesor de recubrimiento más estabilidad al fuego. Las estructuras metálicas no tienen estabilidad al fuego. El acero a los 500 ºC pierde un 50% de su capacidad portante; requiere, por tanto, de recubrimientos que lo protejan del calor. La estabilidad ante al fuego (EF) exigible a los elementos constructivos portantes, puede determinarse:
­ adoptando los valores que se establecen en tablas para los elementos comunes (el hormigón armado, tabiques y muros de fábrica de ladrillos, etc.); ­ por procedimientos de cálculo, analítico o numérico, de reconocida solvencia o justificada validez, cuando son elementos singulares no recogidos en tablas o normas; ­ mediante las características de los productos y materiales fabricados para ser aplicados con este fin. En cualquier caso, la justificación de que un elemento constructivo portante alcanza el valor de estabilidad al fuego (EF) exigido, se puede comprobar o se puede recabar, según necesitemos, de una de las siguientes formas: • Mediante los valores fijados en el Apéndice 1 de la «Norma Básica de la Edificación: Condiciones de Protección Contra Incendios en los Edificios. NBE-CPI-96» • Mediante los valores fijados en las prescripciones técnicas del Anejo 7 de la Norma Básica de la Edificación “Instrucción de Hormigón Estructural (EHE)” • Mediante la “marca de conformidad”, de acuerdo con normas UNE, o Certificado de conformidad, con las especificaciones técnicas que avalen su cumplimiento, en el caso de materiales prefabricados. Los distintos elementos que componen la estructura portante de un edificio o establecimiento industrial tienen que tener la estabilidad que se les requiere en sus correspondientes normas o reglamentaciones. En algunos casos no se les exige, pero la mayoría de ellos están obligados a tener una estabilidad al fuego que oscila entre la EF-30 y la EF-180. En el caso de estructuras metálicas que hayan tenido que ser sometidas a un tratamiento de protección estructural se requerirá el Certificado de aplicación correspondiente así como el del producto empleado. Los niveles de exigencia que se plantean para los edificios según su uso, de acuerdo con los criterios de la NBE – CPI – 96, son los siguientes:
IV. Condiciones de protección activa
La protección activa la desarrollan todos los medios e instalaciones de detección de incendios, de alarma y de extinción, es decir, todos aquellos elementos previstos específicamente para posibilitar la intervención sobre el incendio y conseguir su control. Pueden ser instalaciones o medios de accionamiento manual, que requieran de la intervención de personas para su puesta en funcionamiento o aplicación, o pueden ser automáticos, es decir, que se activen y entren en funcionamiento por sí mismos cuando la situación de emergencia se presenta. La protección activa tiene dos grandes campos de desarrollo: la detección y alarma de incendios y la extinción. Los sistemas de detección automática y los sistemas de alarma van integrados normalmente en un mismo sistema. La extinción puede realizarse con medios portátiles o mediante instalaciones fijas, de accionamiento manual o de funcionamiento automático. En este último caso, la activación o puesta en funcionamiento automático de la instalación puede ser realizada por los sistemas de detección (ver esquema).
De todas las instalaciones y medios de protección activa es importante conocer, por un lado, el ámbito de aplicación que corresponde a cada uno de ellos y, por otro lado, las condiciones y especificaciones que deben cumplir. Para ello contamos con un marco legal claro y preciso: el ámbito de aplicación queda determinado, para los edificios, en la Norma Básica de la Edificación – NBE-CPI-96 – y para los establecimientos industriales en el reciente Reglamento de Seguridad contra Incendios para los Establecimientos Industriales – R.D. 786* . Las especificaciones y condiciones técnicas que afectan a los materiales, a los instaladores y a los mantenedores, se determinan en el Reglamento de Instalaciones de Protección contra Incendios. Estas tres Normas o Disposiciones constituyen los pilares básicos para el desarrollo de las exigencias de protección contra incendios que todo edificio o establecimiento industrial tiene que observar.
Se refiere al “sistema de gestión de la seguridad contra incendios”, forma como se le denomina en el Reglamento de Seguridad contra Incendios en los Establecimientos Industriales, que entró en vigor en enero de 20021. En la Disposición Final Primera del Real Decreto 786/2001, por el que se aprueba dicho Reglamento, se dispone, entre otras cosas, que en cumplimiento de lo previsto en el articulo 5 de la Ley 2/1985, de 21 de enero, de Protección Civil, el Ministerio de Ciencia y Tecnología, de acuerdo con el Ministerio del Interior “determinará aque llos establecimientos industriales que, preceptivamente, deben implantar el Sistema de Gestión de la Seguridad contra Incendios en el establecimiento y elaborar el correspondiente “Manual de Seguridad contra Incendios”. Se entiende, por tanto, que la exigencia de tener un “Sistema de Gestión de la Seguridad contra Incendios” puede regularse en un futuro próximo. De momento, sólo las industrias afectadas por el Real Decreto 1254/1999, de 16 de julio, por el que se aprueban las medidas de control de los riesgos inherentes a los accidentes graves en los que intervengan sustancias peligrosas, están obligadas. En cualquier caso, la organización se refiere al plan de emergencia, al mantenimiento, a la formación, instrucción y adiestramiento del personal, etc.., que son los aspectos más importantes de un sistema de gestión de la seguridad contra incendios en la empresa. El objetivo fundamental de un Plan de Emergencia es evitar la improvisación en situaciones de esta índole y requiere un documento en el que se plasme la organización, los medios materiales y las actuaciones que es preciso prever en caso de emergencia. La necesidad y la responsabilidad de velar por la seguridad de los trabajadores y usuarios de los edificios requiere una organización que evite la improvisación en las actuaciones cuando se presenta una situación de emergencia. Este es el objetivo y el interés de un Plan de Emergencia. El marco legislativo es muy amplio y antiguo. Desde 1979, los establecimientos turísticos, de acuerdo con la Orden de 25 de Septiembre, están obligados a tener previsto y desarrollado un Plan de Emergencia. Después salieron publicadas otras disposiciones que obligaban a hospitales y centros docentes. La industria afectada por “riesgos mayores” o, como se le denomina actualmente, “riesgos graves”, que son debidos a la presencia de determinadas sustancias peligrosas, también se vio obligada. Por último, más recientemente, la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales establece en su articulo 20 la obligatoriedad de que todo centro de trabajo tenga previstas las medidas de emergencia.
VI. Prevención de incendios
La prevención de incendios abarca todas las medidas, sistemas, instalaciones y medios que tienen por objeto incidir sobre los factores de riesgo para evitar que el incendio llegue a producirse. En este sentido, hay que tener en cuenta que los factores que constituyen el triangulo del fuego- combustible, comburente y focos de ignición- son los factores determinantes de que esto suceda y sobre ellos actúa la prevención de incendios.
este Reglamento ha sido declarado nulo por sentencia dela Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo de 27 de Octubre de 2003, aquí se utilizará como referencia técnica.
Siguiendo la estructura general anteriormente descrita, se presentan a continuación las listas de comprobación de los requisitos que la normativa y la reglamentación en vigor establecen como criterio de seguridad contra incendios para el edificio o establecimiento. Para cada uno de los requisitos, en función de las observaciones realizadas y de la información de que disponga, el técnico deberá decidir entre varias opciones: • NP : cuando no procede o no es de aplicación. • Si : cuando cumple la condición o requisito • No : cuando no se cumple la condición o el requisito A su vez recibe, en la propia lista de comprobación, la información del nivel de intervención (NI) que corresponde a cada una de las condiciones o requisitos. Este nivel de intervención viene dado por la importancia que su cumplimiento tiene para la seguridad de las personas. Puede entenderse , pues, como un orden de prioridad en la corrección de las deficiencias observadas, distinguiéndose cuatro niveles que se enumeran del 1 al 4, de prioridad máxima a mínima. Se presentan a continuación la relación de requisitos y condiciones que deberán ser objeto de verificación dentro del proceso de evaluación que se propone.
El inventario que se presenta a continuación tiene la pretensión de ser una herramienta útil para cubrir la primera etapa de la metodología en dos fases que se describe en el apartado 6.2. de este manual. Dicho inventario tiene por finalidad la detección de indicadores de riesgo de carácter psicosocial en el puesto de trabajo y, con base en sus resultados, decidir sobre la necesidad o no de llevar a cabo una evaluación detallada y especializada, orientada a medir y valorar la magnitud de los riesgos identificados, en la que sería imprescindible el análisis de las percepciones y opiniones de los trabajadores que ocupen los puestos afectados. La finalidad última de este proceso de evaluación es diseñar un plan de actuación preventiva bien fundamentado. La cumplimentación de dicho inventario requiere un conocimiento detallado de las condiciones de trabajo, con fundamento en la observación directa de las mismas, en entrevistas con informantes clave y en el análisis de aquella documentación que se considere pertinente y relevante para el caso, por ejemplo:   Organigrama oficial de la organización y de la unidad de aplicación. Relación de los puestos de trabajo existentes en la unidad de aplicación y descripción de las tareas y funciones que tienen encomendadas y del ámbito en que se desarrollan. Horarios, sistemas de promoción, etc. Características de la plantilla (sexo, edad, antigüedad en la empresa y en el puesto, etc.). Aspectos que afectan al personal: absentismo, enfermedades, declaraciones de incapacidad para ciertos puestos de trabajo, permisos personales, formación, siniestralidad, rotación del personal, solicitudes de cambios de puesto, sanciones, etc. Actas de las reuniones del comité de empresa y del comité de seguridad y salud, etc. 
El término factor de riesgo psicosocial hace referencia a determinados resultados de las interacciones de las características de la organización del trabajo con las necesidades, habilidades y expectativas del trabajador, que pueden afectar de forma negativa a la salud a través de mecanismos emocionales (preocupación, apatía, mal humor, etc.), cognitivos (incapacidad para tomar decisiones, dificultad para mantener la atención, restricción de la capacidad de memorizar, etc.), de comportamiento (asunción de riesgos innecesarios, consumo de fármacos, alcohol o tabaco, etc.) y fisiológicos (aumento de la tasa respiratoria, incremento del aporte sanguíneo al cerebro, supresión del apetito, etc.) estrechamente relacionados entre sí, y denominados de forma general y conjunta con el término estrés, que bajo determinadas circunstancias de especial intensidad, frecuencia o duración, pueden ser precursores de enfermedad. Los factores psicosociales suelen agruparse en tres dimensiones: • Demandas del trabajo. Conjunto de acciones psíquicas y procesos psicológicos (por ejemplo, atención, concentración, etc.) necesarios para el desarrollo de las diversas actividades y tareas determinadas por los objetivos de la organización del trabajo. La identificación de las demandas psicológicas supone la consideración de aspectos tales como:
El significado y las características de la tarea, así como el esfuerzo o carga mental que debe realizarse para su ejecución (ítems del 1 al 4). La organización del tiempo de trabajo; epígrafe en el que se agrupan temas referentes a tipo de horario y duración de la jornada laboral (ítems del 5 al 9). El rol. Conjunto de expectativas de comportamiento y patrones de actuación asociados a un puesto de trabajo. Cuando éstos no están bien definidos y el trabajador desconoce lo que se espera de él, hablamos de ambigüedad de rol, y cuando existen contradicciones entre ellos empleamos el término conflicto de rol (ítems 10 y 11). La carga emocional resultante de la posibilidad de cometer errores de graves consecuencias para los procesos de trabajo, recursos técnicos u otras personas, o la que es fruto de la relación con usuarios cuya demanda supone manejar problemas personales graves, o cuyo comportamiento (pasivo o agresivo) es un obstáculo para el desempeño de las tareas asociadas a la prestación de un determinado servicio (ítems 12 y 13). Los recursos técnicos necesarios para la realización de la tarea (ítems 14 y 15). Los cambios en las condiciones de trabajo (ítem 16). Control del trabajo. Conjunto de capacidades y mecanismos sociales para hacer frente a las exigencias del trabajo. Incluye tanto el desarrollo de las habilidades del trabajador como el grado de participación y decisión de éste en la planificación y ejecución de su propio trabajo, ya sea de forma directa o a través de sus representantes legales (ítems 17 al 26). Apoyo social en el trabajo. Relaciones interpersonales con superiores y compañeros que definen las características socio-ambientales o clima social de la unidad de aplicación (ítems del 27 al 30). Dichas relaciones pueden cumplir las siguientes funciones:
Interés o apoyo emocional. Comprende expresiones o demostraciones de simpatía, empatía y estima, que fomentan los sentimientos de reconocimiento, confianza en los demás y autoestima.
2.. Ayuda instrumental. Acciones o bienes proporcionados por los superiores y compañeros que sirven para resolver problemas prácticos y/o facilitan la realización de las tareas laborales. 3. Ayuda de carácter informativo. Informaciones, consejos o guía que proporcionan los superiores y compañeros, que facilitan la asunción de las funciones y responsabilidades laborales y la evaluación del desempeño personal.
Se ha considerado que la situación más desfavorable, o de mayor riesgo para la salud de los trabajadores, ocurre en aquellas ocupaciones o puestos de trabajo en los que la interacción entre estas dimensiones toma el sentido de alta demanda, poco control y escaso apoyo social. El ámbito de aplicación más idóneo de este inventario es la unidad organizativa denominada servicio. No obstante, podría ser aplicado a otras unidades organizativas más amplias, cuando éstas estén conformadas por pocos “tipos de puestos de trabajo” o cuando, siendo numerosos éstos, sus características son similares.
Por último, conviene resaltar que la identificación de indicadores de riesgos mediante este inventario debe hacerse por puestos de trabajo, por lo que hay que indicar cuáles de ellos pueden verse afectados por los riesgos registrados.
Las tablas 1, 2, 3 y 4 han sido tomadas de COSHH Essentials. Healt h and Safety Executive, 2003.
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References: artículo 3
 artículo 8
 artículo 7
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