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Timestamp: 2018-02-25 15:18:14+00:00

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El Secreto (La Ley de Observación) – Señueleros / Esos locos que pescan con muñequitos.
por G.I. Ramone · Publicado diciembre 9, 2014 · Actualizado diciembre 4, 2014
Observación, una palabra que encierra tantas cosas y tan poco usada en materia de pesca en general, es el secreto que muchas veces puede transformar, no sólo una mala jornada en una buena, sino también a un pescador afortunado en un pescador que comprende y actúa en consecuencia, con lo que mejora sensiblemente su eficacia. Y como bonus se convertirá, probablemente, en un pescador que se amalgamará con el entorno y aprenderá a quererlo y respetarlo aún más.
Arranquemos por definir qué es observación. La definición del diccionario dice: “La observación es una actividad realizada por un ser vivo (humanos, animales, etc.), que detecta y asimila los rasgos de un elemento utilizando los sentidos como instrumentos principales. El término también puede referirse a cualquier dato recogido durante esta actividad. La observación, como técnica de investigación, consiste en “ver” y “oír” los hechos y fenómenos que queremos estudiar, y se utiliza fundamentalmente para conocer hechos, conductas y comportamientos colectivos”. Cómo aplicaríamos esta definición de la observación a la pesca es sencillo y a la vez complejo: es poder ver, oír y hasta sentir los datos que el lugar de pesca nos brinda, para interpretar y actuar en consecuencia. A esto que parece chino básico, y a la vez una verdad de Perogrullo, es frecuente que no se le dé la importancia suficiente y que por eso los buenos resultados dependan de la suerte más de lo necesario.
Muchas veces pasa que un pescador ve que otro obtiene mejores resultados y lo atribuye a la suerte, a los equipos, al señuelo o a cualquier cosa menos a su poder de observación, y es justamente este último elemento el que marca la diferencia (no por nada a los grandes pescadores se les dice “biguá”). Por supuesto que es necesaria una destreza técnica que permita ejecutar lo que la observación indique, de nada sirve ser un as de la lectura de aguas y de la interpretación de ambientes y no poder poner el señuelo en el lugar preciso ni darle la vida necesaria para engañar al pez, pero de nada sirve tampoco ser un diez casteando si no sabemos a qué sitio tirar, o por dónde tiene que pasar nuestro artificial. Otro punto es saber elegir el señuelo correcto, el que resuelve la situación de pesca porque es el indicado para ese lugar en ese momento El tema de las calidades de los mismos no viene al caso analizarlo en este momento, para la ley de observación lo importante es cómo funciona un artificial.
Ahora bien, esto de la observación, ¿es tan difícil? Creo que no, que la observación se ejercita y se logra a fuerza de horas en el agua, pero no horas revoleando y cambiando muñecos sin sentido, sino horas de mente abierta y dispuesta al aprendizaje, dispuesta a captar eso que nos va dando el río, la laguna, el lago, el mar o el lugar que sea, el ENTORNO para decirlo en una palabra.
Artículo 1 – “El pequeño ictiólogo interior”
La ley de observación parte de una premisa dogmática: hay que conocer a los peces, saber sus costumbres, de qué, cómo y cuándo se alimentan, en qué época se reproducen, cómo los afecta el calor, cómo el frío, por qué se producen migraciones, por qué se acarduman, etc. Hay que ser un pequeño ictiólogo. Yo diría que tener éxito en la pesca con señuelos, que es una modalidad completamente dinámica, requiere de manera imprescindible este conocimiento, ya que los artificiales tienen que ir o pasar por los lugares donde estén los peces. Aquí no se cuenta con la ventaja de la carnada natural que es un atractivo por sí misma (aunque todo esto que dijimos también se aplica para maximizar los resultados cuando pescamos con carnada). Si bien algunos señuelos en ocasiones atraen a los peces, tampoco es que éstos cruzarán grandes distancias para agarrarlos.
Artículo 2 – “Leyendo el agua”
Si nuestro amigo Guiyote hubiera escrito sobre la lectura de aguas, rápidamente nos diría: “Mis queridos manquitos, no sean boluditos, ¡no busquen carteles indicadores en el río de dónde tirar!”, y esto es en parte cierto. ¿Por qué en parte? Porque sí hay indicadores, y muchos, que un buen pescador debe aprender a leer; por supuesto, no son letras pero sí distintas cosas que van revelando lo que pasa debajo de la superficie o al menos nos permiten imaginarlo. La corriente del río, el viento, las olas en el mar, van escribiendo en la superficie lo que ocurre debajo. En este aspecto siempre es bueno tener algún maestro, que puede ser el guía o un pescador con más experiencia que nos dé las pautas básicas, y a partir de ellas ir indagando más y más.
Artículo 3 – “Las pistas ambientales”
Otro punto a tener en cuenta en esta ley de observación es el factor ambiental. Como animales de sangre fría, los peces rigen su actividad por la temperatura del agua. Esta temperatura es el resultado de muchas variables, como el clima en los días previos, o el del mismo día de pesca, la presión atmosférica y el viento, tanto en cuadrante como en intensidad. Estos factores no sólo inciden en la temperatura, sino también en la densidad de oxígeno disuelto en el agua. Cada especie tiene una mayor o menor demanda de este elemento. En resumen, y para no extendernos demasiado en un tema que sería inacabable, las condiciones del lugar nos develarán pistas de dónde pueden estar los peces.
Artículo 4 – “El ojo entrenado”
Otro elemento importante en esta ley de observación es la capacidad de ver los peces, hay que aprender a verlos y a distinguirlos. Muchas veces una sombra, un movimiento en el agua, una mancha de barro, delatan la presencia de los peces. Lo importante es distinguir dos cosas: por un lado, la especie (por ejemplo, es muy común en algunos pescadores confundir la actividad de tarariras con la de sábalos), y por otro, la actitud de esos peces, que pueden estar alimentándose, buscando refugio, asoleándose, etc. Saber determinar estas variables es la clave para definir el abordaje, por ejemplo: manchas de barro delatan la presencia de tarariras en estado de alerta, por lo que un encare tranquilo seguramente será mas exitoso que uno ruidoso, ya que el pez está más propenso a huir que a atacar.
Artículo 5 – “La carnada”
Pasemos a la “carnada”. Muchas veces escuchamos este término en boca de lugareños y guías para referirse a los forrajeros de los que se alimentan los peces, sobre todo tratándose de dorados. Que “se mueva la carnada” es algo a lo que hay que estar atentos. Detectar qué están comiendo, qué forrajeros están comiendo y por dónde están pasando, definitivamente ayuda a pescar. Un detector natural de “carnada” son los pájaros que se alimentan de peces. Tanto el biguá como el martín pescador y también algunas gaviotas están donde se mueven o hay peces pequeños. La naturaleza permanentemente nos da señales, está en nosotros saber interpretarlas. Los peces en general no desperdician oportunidades de alimentación fácil, siempre hay que tener eso presente, imitar un pez moribundo es uno de los mejores gatillos para provocar un ataque, es una conducta que se repite en todos los depredadores.
Artículo 6 – “Las claves”
Resumiendo un poco, los peces eligen los lugares donde estar según cuatro necesidades básicas: respirar, comer, no ser comidos y que el agua tenga una temperatura que les sea confortable, todo esto gastando la menor energía posible. Dependiendo del lugar y la especie, hay mayor o menor incidencia de cada factor. A un dorado grande, por ejemplo, poco le preocupa ser comido, por lo que buscará principalmente un lugar que le proporcione fundamentalmente comida. Una tararira de las lagunas bonaerenses o cordobesas lo mismo, pero en una laguna litoraleña con palometas, su conducta cambiará radicalmente, pues el factor “no ser comido” la llevará a ubicarse donde tenga reparo. Un cardumen de sábalos o de mojarras navega pegadito a la costa justamente para no ser comido. Si observamos cómo se desplazan estos cardúmenes, veremos que hay puntos donde sí o sí tienen que abandonar la seguridad costera para pasar por sitios de mayor profundidad, como una barranca o una punta, o incluso salir a río abierto, ahí ni más ni menos los van a estar esperando depredadores como el dorado, que siempre busca estos lugares de paso obligado de las especies forrajeras. La trucha necesita agua con mucho oxígeno y bien fresca, en cambio las tarariras prefieren aguas más calidas y calmas, que son pobres en oxígeno.
En general, porque obviamente estamos hablando de seres vivos y no hay reglas fijas, los peces están en lugares bien determinados, y gracias a la observación podemos tener una idea cada vez más aproximada de cuáles son. La conjunción, según las costumbres de cada especie, de los cuatro factores mencionados en el párrafo anterior da en qué lugar del río vamos a encontrar los peces, en qué lugar estarán los más grandes y en qué lugar la mayor cantidad.
Entendamos que el título, la ley y sus correspondientes artículos, no son un recetario ni una fórmula matemática exacta, sino más bien un chiste que invita a pensar en las infinitas variables que rigen el comportamiento de los peces. Hay que tener muy en cuenta esas variables, ya que son más importantes que los equipos y los señuelos. La gente que más pesca no es la que tiene los mejores elementos sino la que sabe qué hacer con ellos.
Para ir finalizando quiero compartir un párrafo del neurocirujano Facundo Manes: “La capacidad para aprender es lo que permite la supervivencia del ser humano. La historia misma de cada uno de nosotros puede leerse en clave del conocimiento adquirido para adaptarse a situaciones nuevas por el hecho de haber conocido (y procesado) situaciones viejas. Eso es aprender y sólo es posible por obra de la memoria”. En la pesca todo el tiempo se está aprendiendo, y es muy importante el conocimiento que da la experiencia puesto en práctica al momento de resolver situaciones de pesca.
Así que la próxima vez que llegues al agua, no te conviertas en un tirador de señuelos compulsivo y enajenado, tomate un instante, conectate con el lugar, mirá el agua, buscá las señales y luego ponete a pescar, ése es EL SECRETO.
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por Señueleros · Published enero 30, 2012 · Last modified junio 29, 2012
Rapala 2012 (USA)
por Señueleros · Published noviembre 23, 2011 · Last modified junio 29, 2012
diciembre 9, 2014 a las 7:57 pm
Estaría bueno puedieras dar esos trucos básicos de lectura del agua para nosotros los recién iniciados. En que condiciones y que factores influyen. Poder darlo más detallado sería ideal! te lo agradecería. Gracias por la nota.
Hola Andres Gracias por el comentario. Seguramente en un futuro escribamos algo relacionado especificamente con lectura de aguas. Igualmente te recomiendo que recorras articulos que ya tenemos publicados, vas a encontrar mucha informacion al respecto, tal vez no condensada pero si muchos datos utiles. Nuevamente gracias por el comentario
Gerardo Giordano dice:
marzo 13, 2015 a las 11:42 pm
Hola Andres. Como expresa Guille, y sin tenerla tan clara como el, lo que mas ayuda son horas y horasde observación. Es como cuando sos chico y te dicen que no metas los dedos en el enchufe, cuando aprendiste que patea no te olvidas mas. Disfruta y observa mientras pesques. Cuantas mas horas en el agua mas aprehendes. Saludos
rodrigo Neuenburg dice:
marzo 13, 2015 a las 10:12 am
muy linda nota.. me senti en un momento mirando el agua.. jaj pero buieno. estoy laburando y mirando la pc 😛
José Tártara dice:
octubre 5, 2016 a las 5:56 pm
Excelente artículo, muy bien explicado y, realmente, extraordinaria la información y las recomendaciones brindadas.
Con respecto al pedido de Andres B, solo le puedo sugerir que se tome un muy buen tiempo, antes de tirar, para ver. Hace años que pesca, sin embargo, solo hace un año que me dedico a la pesca con artificiales, lo aprendido antes de los muñecos, fue bueno, sin embargo, debí dedicarme y debo dedicarme, mucho, a observar cada lugar cuando salgo, antes de tirar.
Para finalizar, una vez más, gracias muchachos por los excelentes textos que van subiendo. Saludos.
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