Source: http://bo.unsa.edu.ar/cs/R2005/R-CS-2005-0498.htm
Timestamp: 2019-04-25 13:44:12+00:00

Document:
SALTA, 28 NOV. 2005
Expediente Nº 684/74.-
RESOLUCIÓN CS Nº 498/05.-
VISTO las presentes actuaciones por las cuales la Prof. María Beatriz Bonillo y el Dr. Guillermo Andrés Baudino, docentes de esta Universidad, presentan proyecto de modificación de la Fórmula de Juramento para la entrega de diplomas a los egresados de las distintas carreras que se dictan en la Universidad Nacional de Salta, y
Que el análisis realizado en la propuesta profundiza cada uno de los aspectos atinentes al:
1. Estatuto cultural del juramento;
2. Estatuto lingüístico del juramento;
3. Análisis diacrónico de las fórmulas de juramento de la Universidad Nacional de Salta;
4. La relación entre las transformaciones de las fórmulas y el proyecto institucional de la Universidad enmarcado en un amplio contexto nacional;
5. Homenaje al Dr. Holver Martínez Borelli, quien fuera en el período 1973-1974 Rector de la Universidad Nacional de Salta, quien marcó un derrotero que los autores quieren destacar en su propuesta al decir: “Ese ideario, alejado de toda ortodoxia, encarnó en una propuesta original con una Sede Central y Sedes Regionales, en la posibilidad de ingreso de quienes no habían cumplido otras etapas del sistema educativo, en la creación de carreras que respondan a necesidades reales e irresueltas en la provincia, en la estimulación de formas de participación colectiva y comunitaria para vivificar prácticas universitarias que traduzcan vivamente la esperanza, la confianza, la certeza de que la educación es la herramienta privilegiada para que todo pueblo diseñe su propio proyecto de desarrollo y liberación. La U.N.Sa nace bajo ese signo de distinción en el conjunto de las universidades nacionales, no lo hace para sumar al modelo más canónico sino para alimentar otro, muy implicado en la construcción social”.
Que del análisis global de la propuesta se re escribe un texto que revaloriza el compromiso de los graduados con el valor democrático y de solidaridad social que, de ser seguidos, contribuirían a la construcción de un País mejor.
Que rigen en nuestra Universidad las Resoluciones C.S. N° 465/86, C.S. Nº 264/99 y 308/01, que establecen las fórmulas actuales de juramento.
Por ello y atento a lo aconsejado por la Comisión de Docencia, Investigación y Disciplina, mediante Despacho Nº 309/05,
ARTÍCULO 1°.- Acoger el Anteproyecto “El FUEGO Y LA VIDA..., LAS MUTILACIONES..., LAS INCLUSIONES...” “Consideraciones sobre las fórmulas de juramento de la U.N.Sa”, elaborado por la Prof. María Beatriz Bonillo, docente de Sede Regional Tartagal y el Dr. Guillermo Andrés Baudino, actual Vice Decano de la Facultad de Ciencias Naturales, cuyo texto obra como ANEXO I de la presente.
ARTÍCULO 2°.- Aprobar las siguientes fórmulas para el juramento de los graduados de la Universidad Nacional de Salta:
La Universidad Nacional de Salta les hace entrega, por mi intermedio, del título que acredita la suficiencia en la profesión que han elegido, comprometiéndolos al leal desempeño de la misma mediante su incorporación a la comunidad de la que formamos parte y a la que deberán servir. Por ello, esta Universidad les pide juramento.
¿Juran por Dios, por la Patria, por estos Santos Evangelios y por su honor, ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano?. ¿Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional.?
En el cumplimiento de este compromiso se reconocerá su honor”.
¿Juran por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios, ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano.? ¿Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional.?
Fórmula c)
¿Juran por Dios, por la Patria y por su honor, ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano.? ¿Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional.?
Fórmula d)
¿Juran por la Patria y por su honor, ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano.? ¿Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional.?
Fórmula e)
¿Juran por su honor, ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano.? ¿Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional.?
ARTÍCULO 3°. Destacar la iniciativa de los Profesores María Beatriz BONILLO y Guillermo Andrés Baudino y felicitarlos por la excelencia del trabajo realizado.
ARTÍCULO 4°.- Derogar las Resoluciones C.S. Nº 465/86, C.S. Nº 264/99, 308/01, y toda otra norma que se oponga a la presente.
ARTÍCULO 5º.- Comuníquese con copia a : Sra. Rectora, Facultades, Sedes Regionales, IEM, Secretarías, Consejo de Investigación, Dirección de Control Curricular, Dr. Baudino, Prof. Bonillo, UAI y Asesoría Jurídica. Cumplido siga a Dirección de Control Curricular para su toma de razón y demás efectos. Asimismo, publíquese en el boletín oficial de esta universidad.-
ANEXO I – Expediente Nº 684/74.-
“ EL FUEGO Y LA VIDA …, LAS MUTILACIONES…, LAS INCLUSIONES…”
Consideraciones sobre las fórmulas de juramento de la U.N.Sa
Autores: María Beatriz Bonillo - Sede Regional Tartagal.
Guillermo Baudino - Facultad de Ciencias Naturales.
I. MOTIVOS INICIALES.
II. LAS PALABRAS Y LAS COSAS.
a) El juramento como práctica institucional y cultural
b) El juramento como hecho de lenguaje.
III. EL CORPUS: LAS FORMULAS DE JURAMENTO DE LA U.N.Sa.
c) Texto 1: Resolución 471- 73
d) Texto 2: Resolución 529-75
e) Texto 3: Resolución 105-DI-76
f) Texto 4: Resolución 194- 79
g) Texto 5: Resolución 465-CS-86
h) Texto 6: Resolución 264-CS-99
i) Texto 7: Dictamen 5882/01-Asesor ía Jurídica
j) Texto 8: Res. CS.308/01
IV. RELACIONES ENTRE LAS TRANSFORMACIONES DEL DISCURSO Y EL
1. El fuego y la vida.
2. Las mutilaciones/eliminaciones.
3. La democracia y sus inclusiones.
V. PARA ENCENDER NUEVOS IDEARIOS.
1. Holver Martínez Borelli.
2. Propuesta: recuperación del origen.
I. MOTIVACIONES INICIALES
El encuentro casi azaroso de un panfleto permitió rescatar el texto de aquella fórmula de juramento consagrada durante la gestión 1973-1974 de HOLVER MARTINEZ BORELLI como Rector de la U.N.Sa.
Como todo panfleto resultó un texto provocador, interpelante, un texto de márgenes que desarma todo modelo compuesto o cristalizado; texto que fisura la costumbre e instala, en el contexto presente, una urgencia: recuperarlo del olvido o de los recuerdos sesgados.
Esta exigencia demanda la necesidad de recorrer su territorio y leerlo en relación con un conjunto de acontecimientos referenciales. La significación que emerge abreva en ese “archivo” pero, también es posible depositar allí otra mirada privilegiada: la que busca los sentidos de una forma de legibilidad, espiralada en el tiempo, que la propia institución universitaria construye acerca de sí misma y sus prácticas.
La tarea derivó en una recopilación de textos-documentos conformada por la serie de Resoluciones que autorizaron e instituyeron las diferentes fórmulas de juramento usadas, en esta Universidad, en diferentes épocas desde 1973, año de la fundación como institución autónoma, a nuestros días.
Notamos que la cronología reconstruida no sólo articula una secuencia de formalidades académicas sino que devela, también, formas en que una institución impera en la palabra. Es inevitable el reconocimiento de pliegues de la historia nacional y provincial emergiendo en esos textos aparentemente inocuos, neutros. Se plantea, entonces, la necesidad de revalorizarlos como “voces” no retóricas, como formas de orden discursivo que hacen plausibles modos del “ser” universitario en distintas etapas históricas. Una lectura así contextualizada nos los devuelve ya no como textos automatizados por la burocracia o la maquinaria administrativa sino como versiones parciales, transversales, elipsis metafórica de la experiencia histórica de la institución tensada entre rupturas, discontinuidades, resistencias, memoria y olvidos.
Tenemos, en un sentido, una manera convencionalizada de pensar, interpretar y definir la esencia de la organización universitaria. La misma destaca:
• La sustantividad de sus actos de formación de recursos humanos fundados en la transmisión de conocimientos.
• El grado de involucramiento en el horizonte social a través del uso y confrontación de sus saberes con la realidad,
• El desarrollo de la investigación como espacio de transferencia y renovación de lo sabido.
Docencia, Extensión e Investigación diseñan, ciertamente, con variable grado de incidencia el producido intelectual que sale a la luz y refleja lo concretado como institución.
Estos ejes aparecen, igualmente, estructurando la letra del discurso estatutario, el normativo, el de políticas de acción de Unidades Académicas, de Institutos. Se traslucen en situaciones más próximas y cotidianas: en polémicas gremiales, en debates que dirimen espacios de poder, en jerarquizaciones que profundizan desigualdades distributivas, en ausencias y presencias presupuestarias.
La Institución Académica construye, además, un universo simbólico que, al interior y exterior de sí misma, congrega, identifica, sustenta. Lo corporiza en rituales, en emblemas, en usos y “habitus” que dan cuenta de los idearios que la constituyen y evidencia, así, el rol que ejerce en los procesos de lucha de nominaciones y clasificaciones que alimenta toda operatoria social en torno a la producción de lenguajes. (Bourdieu, 1985)
Reconocemos, entonces, estos textos como posibles microespacios donde leer críticamente, como ejercicio de conciencia política, la consistencia ideológica del decurso de la institución universitaria pública en esta región del país. Enunciados menos usuales como materiales de lectura y análisis del funcionamiento institucional pero igualmente ricos como elementos producidos y productores de significación.
Inscribimos, en esta zona, el sentido de este cuerpo de textos conformado por las fórmulas de juramento y que, como todo cuerpo, habla y enuncia prácticas, regímenes, representaciones, deseos, alcances de verdad en relación con un proyecto institucional.
Las indagaciones reunidas en este trabajo son el resultado de los desafíos de re-significación, funcionalización, de estos mismos materiales que activaron, descarnada y emotivamente, los mecanismos de la memoria. Son también, expresión del deslumbramiento en que siempre deriva la aventura del significante y del reconocimiento del poder constitutivo de las palabras a la hora de desplegar la potencialidad del testimonio, del compromiso, de la resistencia.
• Reconocer en la serie de fórmulas de juramentos de la U.N.Sa, marcas emblemáticas del tiempo histórico en que se sitúan y del proyecto institucional implícito.
• Contribuir a la revalorización de la labor fundadora de Holver Martínez Borelli como primer Rector de esta Casa de Estudios.
• Proponer la modificación de la Fórmula de Juramento vigente.
a. El juramento como práctica cultural e institucional
Realizar un juramento permite, a quien lo expresa, revelar un potencial, establecer un propósito de práctica fundamental desde un espacio ideológico determinado y comprometerse en el sostenimiento de ello más allá de las denegaciones, las oposiciones, las posibilidades fácticas que determinan un fondo de condiciones para actualizar lo proyectado, lo prometido.
Jurar es una práctica reconocida culturalmente. Se fundamenta en la necesidad de explicitar un contrato simbólico entre partes, en torno a propósitos relevantes. Se traduce en un enunciado austero, altamente convencionalizado y regulado como hecho de lenguaje: el juramento. Este se plantea como una declaración formal de que lo declarado, lo proclamado posee el estatuto de verdad, posee un valor otorgado por consenso que impregna ese instrumento que lo formaliza: la propia palabra como sustento y garantía del compromiso.
En ese marco, la palabra pertenece por igual a quien la enuncia y a quien está destinada; en el mismo entramado, los actores sociales dirimen la legitimidad de esos parlamentos con los cuales reivindican como razón, como identidad, como afirmación, un saber, un sentir y un hacer construidos colectivamente. Allí, en ese horizonte se dibuja una respuesta fluctuante entre la significación social y el sentido individual.
La pr áctica del juramento tiene una dimensión histórica. La indagación de sus orígenes nos remite al reconocimiento de su ancestralidad en la cultura de Occidente y, también, al valor histórico de la palabra como soporte de idearios y ritos que explicitan el sistema de creencias, convicciones, costumbres, jerarquizaciones por las cuales existen sus instituciones.
El origen latino de la voz (iurare , jurar; iuramento, juramento) ya da cuenta de la tradición que la enlaza con usos y convencionalizaciones de larga data en diferentes instituciones. Estas aseguran para sí, por esa vía, no sólo la pertenencia sino también la obediencia, la fidelidad, la lealtad de sus miembros, obligándoles a pasar por situaciones de desmérito o sanción si no cumplen con los compromisos o promesas efectuadas. Por ello mismo se invoca, como testigo de acto, la presencia de Dios, de los pares, de sí mismo u otros dispositivos, del orden de las creencias identitarias de clase, de condición o de la corporación a la que se pertenece
Ya en el siglo XII aparecieron dispuestas las raíces de una lógica de fondo que articulaba una serie de acontecimientos y procesos políticos, sociales, culturales y económicos que se materializaban en organizaciones de carácter corporativo que superaban los espacios monásticos, religiosos y posibilitaban la emergencia de distintos núcleos de poder intelectual en torno a la conservación, producción, transmisión y legitimación de saberes disciplinares.
En esa época, pleno medioevo, “donde la vida corporativa está en plena floración en todas las esferas de la actividad pública” (Durkheim, E. 1992, 118) los trabajadores de profesiones afines se vinculaban entre sí formando asociaciones, gremios, escuelas, lo suficientemente poderosas como para imponer respeto y conseguir así que el poder (de la Iglesia) les garantizara el derecho a existir como instituciones laicas. Estas constituyeron, progresivamente, escenarios con gran poder de convocatoria de estudiantes de distintos puntos de la Europa medieval, definieron espacios de prestigio en torno a figuras de autoridad que las representaban y particularizaban. Entre ellas definían procesos de oposición, de resistencia, de superación, de legitimación y se identificaron como centros monopólicos de generación y transmisión de saber. Este movimiento tuvo su primer centro importancia en París y abrió las puertas a la creación de las universidades. Este fue el germen de las Universidades en Occidente.
En efecto, en la génesis de la institución encontramos la reunión de voluntades y necesidades de saber en torno a una figura aglutinante: el magister scholarum. Esta micro-red de vínculos entre discípulos y maestro ostentaba el dinamismo propio de los sectores en expansión que estaban adquiriendo un peso especial en la dinámica político-social medieval y para los cuales, la erudición y las prácticas culturales eran habituales. Se instauraron prácticas discursivas e institucionales destinadas a regular la producción y circulación de los que se consideraban “saberes legítimos”. Tales grupos conformaron escuelas; las primeras, ligadas a la iglesia, pronto resultaron insuficientes para responder a las demandas de los grupos cada vez más numerosos y activos. Surgieron otras escuelas, más independientes, particulares que constituyeron una verdadera revolución en el escenario socio-cultural de esa época. Si bien extienden a ellas la organización eclesiástica están fuera de la atmósfera monacal, abacial; son laicos que están controlados indirectamente por la Iglesia y esto favoreció la renovación de las ideas, de las modalidades de enseñanza, de los enfoques.
Notoriamente, desde mucho antes, la autoridad religiosa reglamentaba el número de “maestros” en el ámbito de las escuelas catedralicias para que nada amenazara la tradición, el dogma, y con ello el poder de la institución. La corporación de maestros, por su lado, había establecido la costumbre de que quien quisiera desempeñarse en la enseñanza debía haber seguido durante un lapso de tiempo (cinco a siete años) la guía de un maestro debidamente autorizado para que luego, le otorgara a su alumno una especie de “investidura” . La labor del maestro, en ese momento culminante, no consistía solamente en la escucha de la lección final sino “ que imponía al debutante las insignias de su nuevo cargo y después le abrazaba y le daba su bendición”. (Durkheim,íb.) Esta ceremonia, muy antigua, tanto que no se conoce exactamente la fecha de origen, se puede tomar como la matriz de formas posteriores por las cuales se instituye la idea, incuestionable, de habilitación de un discípulo por parte de su maestro para que pueda ser recibido en la comunidad como un par. Esto es, graduarlo.
La puntual indagación genealógica en el orden de estos espacios pedagógicos posibilita reconocer como antecedentes de las actuales formas de juramento en las Universidades, a esa antigua ceremonia que se denominó inceptio privilegiando el sentido de comienzo, de ensayo inaugural, de presentación de una obra maestra. Era una ceremonia de reconocimiento por la cual se destacaba que sólo el maestro en ejercicio podía otorgar el derecho a enseñar; sólo él podía consentir la recepción de un nuevo docente en la corporación luego de haber dado pruebas de su idoneidad. Se estableció una estrecha relación entre ese acto solemne, pautado y la organización corporativa en general. Sabemos que no fue una práctica usual solamente en los ambientes educativos sino que estaba generalizada como acto simbólico de recepción en los gremios, en corporaciones, en las órdenes de caballería y llegó a consagrarse como institución vital que exteriorizaba la coherencia, la fuerza de la asociación duradera, de la disciplina común, la indispensable conciencia de sí misma y de la autoridad moral que la organización detentaba y sostenía frente a otros grupos.
Esto contribuyó a la definición de un territorio que rebasó el control catedralicio, incrementó las posibilidades de enseñar más diversamente y con ello la necesidad de un mayor número de maestros. Salir de ese circuito de control implicó para “la escuela” la urgencia por desarrollar con mayor ahínco ese sentimiento de solidaridad, de protección del propio oficio, de limitación de la competencia y, básicamente, enfrentar el poder de la iglesia en la misma actividad.
La iglesia a través del canciller que dependía del obispo responsable de las catedrales, controlaba las escuelas catedralicias, espacio de enseñanza más antiguo que el de las corporaciones de maestros. Allí se otorgaba la licentia docendi, especie de certificado de moralidad y de capacitación que el maestro de escuela otorgaba a quien fuera digno de él.
Tenemos, hacia el siglo XII, dos titulaciones: licentia otorgada por el canciller de la iglesia, inceptio, entregada por la corporación de maestros. Dos grados conferidos por dos poderes diferentes con orientaciones y filosofías diferenciadas. A la arbitrariedad y canongía del primero se oponía la especificidad y competencia que animaba a los segundos. Se estableció un conflicto de poderes que derivó en una larga lucha por la jerarquía y legitimidad de los títulos otorgados. El canciller llegó a excomulgar y retirar la licencia según su parecer y los maestros resistían boicoteando a los licenciados que se les querían imponer, rechazaban el ingreso a la corporación, les negaban el trato de colegas y anulaban, prácticamente el derecho que se les había otorgado.
Esta lucha por el poder simbólico, por entonces se resolvió con la recurrencia de la corporación de maestros al Papado quien por medio de bulas acotó el poder del canciller quien tuvo que otorgar la licencia a quien se presentara como digno de ese grado. En 1215 las diversas medidas que se fueron instrumentando se reunieron en un código que reconocía a la sociedad de maestros el derecho a legislar sobre todo lo referido a la organización de la corporación y a pedir a sus miembros un juramento de obediencia a los estatutos de la asociación.
Esto marcó el comienzo de una emancipación progresiva y marca otro rasgo característico luego de las universidades: la validez en todos los reinos de Europa de la licencia de enseñar obtenida en París: jus o licentia ubique docendi. Esto manifiesta el cosmopolitismo propio de la vida social medieval de esos siglos y uno de los rasgos distintivos de la universidad ya en esos estadios primitivos: su condición de órgano intelectual, internacional. Escuelas como la de París eran patrimonio de toda la cristiandad y cada una, en su territorio, buscaba trascender esas fronteras.
Estas eran ceremonias propias de los centros de saber que alimentaron la génesis de la Universidad de París, matriz de todo el sistema educativo de Occidente. No fueron las únicas, se fueron particularizando, especificando según las necesidades de control y poder de las Facultades habilitadas. La estabilización de una u otra fórmula en el tiempo fue afianzando el valor de esa cadena de expresiones fundada en la valía que entonces tenía la palabra como expresión del honor y el compromiso personal. El juramento no solo exteriorizaba el lugar simbólico del graduado respecto del saber adquirido sino que se convertía en el principio sobre el cual actuar jurídicamente ante faltas a la lealtad y pertenencia institucional.
Así se encauzó la intensa actividad intelectual, el entusiasmo científico que guiaba a una gran cantidad de estudiantes a residir en las ciudades y a aglutinarse en torno a figuras con dotes y saberes destacables que los educaban e instruían.
b . El juramento como hecho de lenguaje.
Las fórmulas de juramento instituidas por la entidad universitaria conforman un acto de habla, núcleo, a su vez, de un hecho administrativo que se particulariza en el conjunto de sus acciones porque tiene un valor agregado: el efecto de la titulación.
El despliegue de palabras “construye” la magnanimidad de una instancia nutrida por la fuerza de los logros personales alcanzados y los logros institucionales ratificados. “Graduarse” en el universo de las simbolizaciones y representaciones significa alcanzar metas en torno al saber y al hacer que delimitan un escenario de poder. Estas dimensiones se encarnan en el discurso que se pronuncia con la certeza de la eficacia representativa del lenguaje a la hora de definir la existencia y organización de elementos del mundo social.
Es con palabras que nombramos, clasificamos y valoramos, que proclamamos, instituimos y destituimos plasmando así su eficacia para traducir las actitudes y las acciones. En el caso de los juramentos concretizan un acto institucional “fundado socialmente, por medio del cual un individuo actuando en su propio nombre o en nombre de un grupo más o menos importante numérica y socialmente, manifiesta a alguien que tiene tal o cual propiedad haciéndole saber, al tiempo, que se comportará de acuerdo con la esencia social que le es así asignada”. (Bourdieu, 1985,68).
De este modo, la autoridad reconocida, con poder de nombrar (en este caso Rector/ra), otorga a quien la identifica y valora como tal (el/la graduado/a), un bien: el título profesional y por ello demanda una promesa, un compromiso de acción. Definen, de este modo, condiciones sociales que cualifican y acotan el uso de ese bien en relación con la institución universitaria que la otorga.
La palabra oficial con poder delegado actúa en tanto discurso de autoridad como enunciado que se pronuncia en una situación solemne con características retóricas, estilísticas precisas y escogidas. El discurso institucional deviene ritual de institución: tiempos y modos de intervención, gestos, otorgamiento de la palabra son elementos visibles de ese acto que predisponen al reconocimiento de la eficacia y validez del mismo. Patentiza, así, todo el proceso de construcción acumulativa y probada de un capital simbólico que consagra y legitima un saber hacer de definida implicancia social (eficacia simbólica de ese rito consagratorio, legitimador de la función social de la institución.)
El efecto performativo del juramento en tanto acto de habla, indica la estratégica y definitiva importancia de la elección de las palabras que lo constituyen como soporte verbal del rito de institución. Es a través de ese “acto de constitución” (Bourdieu, 1985, 79 a 86) que ella marca solemnemente la superación de una línea que impacta en el orden social: dones simbólicos asociados al saber y constitutivos de una experticia invisten al sujeto titulado y hacen palpables ese poder de hacer legitimado ante la sociedad. “La investidura ejerce una eficacia simbólica completamente real en tanto y cuanto transforma realmente a la persona consagrada: …transforma la representación que los demás agentes se hacen de ella, …los comportamientos que adoptan respecto a ella, …la representación que la propia persona se hace de ella misma y los comportamientos que se cree obligada a adoptar para ajustarse a esa representación. Un acto de fuerza simbólica pero cum fundamento in re” (Bourdieu, ídem). Lo cual no impide que algunas estratificaciones, clasificaciones, jerarquizaciones, asignaciones sean difíciles de modificar, de transformar y además
En el continuum, no obstante, se puede inscribir una instancia discontinua. Puede estar allí el gesto de humanización que particularice los procesos y deje la marca de un gesto creativo, de la voluntad de reflexión y cambio, de la decisión de potenciar la mirada singularizadora. El hecho institucional suma en el devenir identidad de una persona, tanto en el estricto espacio de lo individual como en el que nos define sujetos sociales, parte de un colectivo comunicante y comunicable. Así, ese acto de institución instala al uno frente a los otros.
Aquí reside el ethos que redime al acto de institución de ser sólo un hecho de logro y alcance personal. Inviste fundándose en prácticas socialmente modeladas, construidas para conocer y reconocer las condiciones institucionales según el grado en que los destinatarios estén más o menos habilitados para actuar, más o menos concientizados de que su saber y su hacer pueden ser modelizaciones del poder.
A su vez, el destinador, es portavoz autorizado para actuar en nombre de quienes lo invistieron con tal atribución; no obra según su pretensión individual, sino que su palabra otorga e instituye por mandato colectivo, está garantizada y reconocida por la fuerza del consensus significante de la institución y materializada en el rito mismo que nombra y consagra.
La fuerza representativa sólo será eficaz, sólo tendrá relevancia social, entonces, en la medida que surja de ese juego de todos los actores que con la consistencia de su palabra, reactualizan el poder de las validaciones, las creencias y los propósitos establecidos como contrato, como sistema de condiciones para que todo funcione.
Se diseña así una trama en la que todos sus puntos y lazos dan cuenta de los movimientos y posiciones ensayados y concretados para que manifieste un determinado efecto de sentido. Todo cambio perceptible en la red de las palabras será síntoma de un dinamismo más profundo que lo causa y justifica. Dejan de ser meros actos performativos, mágicos, estereotipados, formales, naturalizados, para convertirse en retazos del discurso social del tiempo que los contextualiza.
En el caso que consideramos, las fórmulas de juramento institucional de esta Universidad, notamos un modo de nacer y de “ser” en el tiempo sostenido en transformaciones que según pasan las épocas, exceden la estricta adecuación protocolar, dejan de ser sólo textos y se convierten en discursos que legibilizan las condiciones políticas, ideológicas, sociales, culturales, desde las cuales fueron enunciadas.
Aquí se instalan las preguntas:
• ¿cómo nacieron?, ¿qué decían entonces?
Hoy, ¿qué significan?, ¿son históricamente útiles?
• Las palabras que las forman, ¿son términos vagos, difusos o nos marcan el instante y nos impulsan al devenir?, ¿qué voces son habladas a través de ellas?
• Si son un compromiso de la institución ante la comunidad que la sostiene, ¿coinciden con la necesidad colectiva de conquista de una identidad?,
III. EL CORPUS. LAS FORMULAS DE JURAMENTO DE LA U.N.S.a
La Universidad Nacional de Salta inició su vida institucional autónoma en 1973. Entonces, se decidieron un conjunto de acciones fundacionales, propias del nacimiento de la institución universitaria; entre ellas, una fórmula de Juramento. Su autor fue Holver Martínez Borelli, primer Rector de la Universidad Nacional de Salta.
Desde entonces a la fecha observamos sobre ese texto primigenio una serie de cuatro operaciones de modificación, pero cada una con su propia especificidad semántica. Notamos: variaciones/ sustituciones/ restricciones/supresiones que le imprimen algunas señas particulares al corpus registrado en relación con las acciones a las que da soporte y se vinculan con los momentos históricos que se suceden. Centramos nuestro enfoque sobre tales particularidades discursivas, inscriptas progresivamente en las fórmulas de juramento y su significado en el universo simbólico de la institución..
Transcribimos, a continuación, la cronología de Resoluciones que contienen los textos validados como fórmulas de Juramento.
Se consignan para cada una de ellas:
• Número de Resolución.
• Autoridades que firman el instrumento administrativo.
• Texto resolutivo.
Fecha: 23 de Mayo de 1973
Expediente: 1475/73
Resolución: 471/73
Firmas: Dr. Holver Martínez Borelli, Interventor; Dr. Enrique Santos Delgado, Secretario Académico
Que es necesario establecer las fórmulas que deberán ser pronunciadas en el acto de entrega y de recepción de los documentos mencionados;
Que las mismas deben sintetizar la filosofía que orienta los fines y objetivos de la Universidad, su vocación regional y latinoamericana y su compromiso de servicio a la comunidad dentro del proceso de liberación nacional, regional y latinoamericana elegido por el pueblo;
En fs. 2 dispone la obligatoriedad de prestar juramento, de respetar las declaraciones, derechos y garantías de la Constitución Nacional a todo egresado que reciba grado, título o certificado completo de estudios expedido por la Universidad Nacional de Salta.
En fs. 4 y 5 establecen la modalidad del juramento:
El Rector requerirá el juramento al egresado en la siguiente forma:
“Señor…, la Universidad Nacional de Salta le hace entrega por mi intermedio del título de…, comprometiéndolo al leal desempeño de su profesión, mediante su incorporación al Proceso de Liberación Nacional propuesto por nuestro pueblo y asumido por esta Casa de Estudios. Por ello, y en nombre de la comunidad a la que deberá servir, esta Universidad le exige juramento.”
Establece tres fórmulas de juramento:
Juro por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios …
Juro por Dios, por la Patria y por mi honor …
Juro por la Patria y por mi honor …
“…ser consciente de que el titulo que se me otorga es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de mi profesión estará al servicio de la justicia social y del Proceso de Liberación Nacional, Regional y Latinoamericano. Juro ser fiel a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y luchando por la unidad de nuestro pueblo y de los países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesionalista. En el cumplimiento de este compromiso se reconocerá mi honor”.
Fecha: 28 de agosto de 1975
Expediente: 684/74
Resolución: 529/75
Firmas: Francisco Villada, Rector Interventor y Lic. Vicente Juan Pérez Sáez Secretario Académico
La resolución 529/75 recae sobre otro expediente (684/74), iniciado para reglamentar las NORMAS PARA EL FUNCIONAMIENTO DEL DEPARTAMENTO DE TITULOS Y LEGALIZACIONES Y PARA LA EXPEDICION DEL DIPLOMA QUE LA UNIVERSIDAD OTORGARA A SUS EGRESADOS.
Modifica el texto de la fórmula de juramento, que queda redactado de la siguiente forma:
"Señor..., la Universidad Nacional de Salta le hace entrega por mi intermedio del título de ..., que usted ha conseguido con su trabajo, con la dedicación de sus profesores y el esfuerzo de la comunidad; y lo compromete al leal desempeño de su profesión y a la defensa de la verdad y de la justicia. Por ello, esta Universidad le exige juramento”.
Establece cuatro fórmulas de juramento:
a) Juro por Dios, por la Patria, por estos Santos Evangelios y por mi honor...
b) Juro por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios...
c) Juro por Dios, por la Patria y por mi honor...
d) Juro por la Patria y por mi honor...
El graduado pronuncia a continuación, el siguiente texto:
“... ser consciente de que el título que se me otorga es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de mi profesión estará al servicio de la justicia social, de la reconstrucción y liberación regional, nacional y latinoamericana. Juro ser fiel a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional; y trabajar por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional. En el cumplimiento de este compromiso se reconocerá mi honor”.
Fecha: 17 de mayo de 1976
Resolución: 105-DI-76
Firmas: Capitán Eduardo Alberto Casal, Delegado Interventor y Psi. Carlos L. Arredondo Director General Académico
Sin realizar considerando alguno, la resolución 105-DI-76 modifica los artículos 14 y 15 de la Res. 529/75, que quedan redactados como sigue:
Determinar que el suscrito y en su ausencia, su reemplazante natural, requerirá el juramento al egresado de la siguiente forma:
“Señor... la Universidad Nacional de Salta le hace entrega por mi intermedio del título de... que Ud. ha conseguido con su trabajo, con la dedicación de sus profesores y el esfuerzo de todos; y lo compromete al leal desempeño de su profesión y a la defensa de la verdad y de la justicia. Por ello la Universidad le exige un juramento”.
Establece fórmulas de juramento:
“ ...ser consciente de que el título que se me otorga es fruto del esfuerzo de todos y que, en consecuencia, ejerceré mi profesión, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional. En el cumplimiento de este compromiso se reconocerá mi honor”.
Fecha: 8 de mayo de 1979
Resolución: 194-79
Firmas: Dr. Agustín González del Pino, Rector y CPN Gustavo E. Wierna, Secretario Académico
Sin realizar ninguna consideración, deja sin efecto la Res. 105-DI-76 y establece las siguientes fórmulas de juramento:
“Juráis por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral, vuestra Religión y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“Juráis por Dios, por la Patria y por vuestro honor, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“Juráis por la Patria y por vuestro honor, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“ Sí, juro”.
“Con la autoridad que invisto os confiero el título y os entrego el diploma que acredita vuestra suficiencia en la profesión que habéis abrazado y que desde hoy podéis ejercer en todo el territorio de la Nación Argentina”.
Fecha: 1 de setiembre de 1986
Resolución: 465/86
Firmas: Dr. Juan C. Gottifredi, Rector y Lic. Delia E. Dagum, Secretaria Académica
Teniendo en cuenta las solicitudes efectuadas por miembros del Consejo Superior, dispone dejar sin efecto la anterior resolución 194/79 que norma la modalidad de los juramentos y pone en vigencia las siguientes fórmulas:
“ Juráis por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral, de vuestra Religión, de la Constitución Nacional y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“ Juráis por Dios, por la Patria y por vuestro honor, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral, de la Constitución Nacional y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“ Juráis por la Patria y por vuestro honor, ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
EGRESADO : “Sí, juro”.
RECTOR: “Con la autoridad nacional que invisto, os confiero el título y os entrego el diploma que acredita vuestra suficiencia en la profesión que habéis abrazado y que desde hoy podéis ejercer en todo el territorio de la Nación Argentina”.
Fecha: 9 de setiembre de 1999
Resolución: 264/99
Firmas: Dr. Juan C. Gottifredi, Rector y Prof. Juan A. Barbosa, Secretario del Consejo Superior
Sobre la base de una solicitud del Ing. Lucio Yazlle, que considera que el honor de las personas es abarcativo de la totalidad de sus actos, siendo en este caso la sociedad en su conjunto la que debe demandar el cumplimiento del mismo ”, la resolución introduce una cuarta fórmula de juramento:
“ Juráis por vuestro honor ejercer la profesión que habéis abrazado, con arreglo a los preceptos de la moral, de la Constitución Nacional y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”
“ Sí, juro.”
Expediente: Fac. de Ciencias Exactas N º 55/85
Dictamen: 5882 – Asesoría Jurídica.
Firma: Dr. Horacio De La Serna.
Ante la solicitud de una Graduada de la Facultad de Cs. Exactas quien plantea razones de principio personales que no acuerdan con los Juramentos, el Sr. Decano de la Facultad inicia los trámites de consulta legal debidos. El Director de Asesoría Jurídica de la Universidad recomienda para este caso particular:
La Srta. ………, egresada de esta Universidad, debe iniciar los trámites de expedición de su título en el que se requiere la elección de una fórmula de juramento, de acuerdo a lo previsto en las Res. Nº 465/86 y 264/99. Fundada en razones personales que se vinculan con sus principios no acepta formular un juramento para que se le expida el título.
El requerimiento de un juramento para la entrega de un título universitario, como así también para asumir determinados cargos o funciones, forman parte del derecho consuetudinario argentino y se vinculan con los orígenes religiosos de nuestro país.
Ahora bien, en el año 1994 la Reforma Constitucional establece en el Art. 93 que al tomar posesión de su cargo, el Presidente o Vicepresidente deberán prestar juramento - respetando sus creencias religiosas- de desempeñar con lealtad y patriotismo el cargo y observar y hacer observar fielmente la Constitución.
De manera tal, que si estos altos funcionarios tuvieran un impedimento de formular el juramento, deberán ser eximidos de éste para no violentar su creencia religiosa pero de todos modos el concepto que tiene la Constitución es incompleto, pues únicamente contempla a quienes se excusarían de jurar por creencias religiosas y no a quienes no tienen esas creencias, sean ateos o agnósticos.
Por lo expuesto, el suscrito considera que si la Constitución establece que los más altos funcionarios del país no pueden ser obligados a jurar cuando esto afecte sus creencias religiosas, de igual manera a nadie se le puede imponer la obligación de juramentar cuando ello está en oposición a sus creencias religiosas o a sus íntimas convicciones, por el hecho de que a ningún habitante de la Nación se le puede obligar a declarar la religión que profesa.
Atento a lo expuesto, corresponde se eleven estas actuaciones al Consejo Superior para que en caso de coincidir con lo sostenido por esta Asesoría Jurídica, se incluya una fórmula en la cual el egresado únicamente se comprometa por su honor a ejercer la profesión… etc. Obre la presente de atenta nota de remisión a la Facultad de Ciencias Exactas.”
Fecha: 14 de Diciembre de 2001.
Expediente: 8.249/01
Resolución: CS. 308/01
Firmas: Dr. Víctor Omar Viera, Rector y Prof. Juan A. Barbosa, Secretario del Consejo Superior
En relación con lo presentado y sugerido en el texto 7, precedentemente consignado, el Consejo Superior emite la siguiente resolución:
…… solicita excepción al Juramento que debe prestar para recibir los diplomas de “Bachiller Superior en Química” y “Licenciada en Química”, a la vez que la recepción de los mismos se realice en forma privada,
Que fundamenta dicho pedido en razón de que sus principios no concuerdan con ninguna de las formulas vigentes,
Que obran en las actuaciones los informes administrativos, técnicos y jurídicos respectivos producidos por las oficinas pertinentes
POR ELLO, en uso de las atribuciones que le son propias y atento a lo aconsejado por la Comisión de Docencia, Investigación y Disciplina de este Cuerpo, mediante despacho Nº 149/01,
ARTICULO 1 º: Exceptuar a... de la obligación de prestar el Juramento establecido en las Res. Nº 465/86 y 264/99 fundado en razones personales que se vinculan con sus principios.
ARTICULO 2 º: Autorizar al Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Exactas a entregar el diploma en ceremonia privada si la…. mantuviera esa solicitud, caso contrario podrá recibirlo en la colación conjunta, sin efectuar juramento alguno.
ARTICULO 3 º: Comuníquese con copia al Sr. Rector, Facultad de Ciencias Exactas, Secretaría Académica, Dirección de Control Curricular y a…. Cumplido siga a Dirección de Control Curricular a sus efectos.
IV. RELACIONES ENTRE LAS TRANSFORMACIONES DEL DISCURSO Y EL PROYECTO INSTITUCIONAL.
La secuencia cronológica de esta serie de textos administrativos nos permite apreciar:
• Cambios de autoridades acontecidos, básicamente, durante los primeros 13 años de vida institucional autónoma de la universidad: 1973 – 1986.
• La vinculación de tales cambios con los ocurridos en la sucesión de gobiernos nacionales; éstos determinaron que la conducción de la U.N.Sa se resolviera, sucesivamente, por la participación de profesionales civiles, la participación de militares como autoridades de la universidad, la elección democrática de las propias autoridades.
• La presencia o ausencia de las razones que fundan la toma de decisiones en los documentos que las establecen. Las resoluciones, instrumentos con disposiciones de valor legal que norman el procedimiento administrativo de un organismo o institución, en tanto tipología textual cuentan con un componente destinado específicamente a explicitar las razones de lo que luego se resuelve: los “considerandos”. En este sentido, algunas de las resoluciones analizadas los consignan y otras los omiten.
• En tanto rito institucional de consagración, la toma de Juramento destaca la intervención de la autoridad, investida del poder para pedirlo, y de quien lo presta como depositario de un bien otorgado por la institución. Por ello, son destacables los modos de toma y otorgamiento de la palabra de cada uno de los enunciadores.
• Núcleos conceptuales que organizan el campo de contenidos de las fórmulas de juramento que varían según la modificación de las condiciones de producción estableciendo nexos insoslayables con la semántica política argentina.
1 – El fuego y la vida….
1973, fue el escenario socio-político y cultural de creación de la Universidad Nacional de Salta. Esos, también, son los primeros años de una década compleja, de transformaciones rotundas, de vivencias intensas, en la que eclosionan las ideas que proliferaban desde la década previa, la de los ´60, trazando un mapa de continuidades y rupturas.
Ambas se transitaron bajo esas consignas: “ruptura y revuelta” pero con sustantivas diferencias en los modos de concretar los postulados de cambio y transformación de un orden socio-cultural y político percibido y teorizado como injusto, ganado por la inequidad distributiva, los abusos del poder económico capitalista, la invisibilización de la mayor parte del mundo bajo el peso de las formas prevalentes de colonialismo en lo que se denominó “Tercer Mundo”.
En su percepción de las relaciones de fuerza del sistema existente, la dirigencia sostenía y proclamaba la esperanza y convicción en “la revolución” para instalar los cambios, la confianza en la fuerza de la lógica del “movimiento” para introducir las reacciones. El compromiso político desplegado en todos estos ideales impregnaba todos los órdenes de la vida: el trabajo, la profesión, los vínculos, la creación artística, el lenguaje cotidiano. El signo de la época era el signo de la inminencia. Son años de una particular intensidad intelectual en la que toda participación, toda acción, derivaba en una profunda discusión teórica, filosófica y política.
Los ´60 habían instalado los reclamos, la protesta a través de la voz de los jóvenes y los intelectuales. Al mismo tiempo, esas demandas de cambio y caída de un orden tan conservador como rígido, y por ello caduco, les confiere un protagonismo que los instituye como una categoría política con función vanguardista en el orden de la cultura. En este contexto el “Mayo Francés” había emblematizado el espacio universitario como un eje de lucha y resistencia. Allí está el modelo que al interior de las universidades movilizó la formación de agrupaciones estudiantiles comprometidas con las transformaciones sociales y la participación política activa, pero también una concepción de universidad no replegada sobre sus muros o aseptizada, esterilizada cual laboratorio, sino mezclada con los dilemas y desafíos de los hombres que la atraviesan, interpelada por las crisis de su tiempo y conminada ante las opciones por los imperativos fuertes e impostergables.
Acontecimientos notables marcan a fuego la época y la generación que se convertirá en icono de libertad e insurrección contracultural. Algunos no apuntaron al cambio violento en las instituciones políticas, económicas o sociales de una nación y buscaban más la transformación del acto de existir en el mundo. Otros, polémicamente, sí apostaron a la utopía de la violencia y al revolucionismo armado para cambiar y actuar sobre la injusticia. (Grinberg: 2004). Es, sobre todo, la dimensión que adquieren las palabras, los discursos como herramientas de fundación, de denuncia, de defensa lo que gana la escena. La presencia de determinadas palabras en todas las consignas señala la radicalización de las transformaciones y la extremidad de las militancias: hombre nuevo, victoria, lucha, patria, liberación, muerte, utopía, compromiso, reconstrucción.
En Argentina, recordemos, las sucesivas dictaduras militares desde el ’55 habían proscrito al Gral. Juan Domingo Perón durante 18 años. El gobierno militar encabezado por el Gral. Alejandro Lanusse inicia la apertura política y llama a elecciones generales pero sin permitir la vuelta al país de Perón. Razón por la cual el Partido Justicialista, atravesado por un profundo debate ideológico y metodológico, postuló como candidato al Dr. Héctor Cámpora.
Así planteado el escenario electoral, el Justicialismo gana por amplio margen las elecciones del 11 de Marzo de 1973. Cámpora asume la presidencia con el compromiso de renunciar y convocar a elecciones sin ningún tipo de prohibiciones o exclusiones, compromiso que cumple en forma inmediata. Esto posibilita el retorno de Perón al país el 20 de Junio, después de 18 años de exilio, mitificado por la distancia, las prácticas de proscripción de los gobiernos militares y las más recientes luchas internas del movimiento peronista por controlar el espacio político luego de ganar esas elecciones.
El “hacer” es la vocación y la marca que imprimen al proyecto iniciático el grupo de docentes, alumnos y administrativos que concretan la tarea de fundar. Todos sus aspectos están impregnados del ideario del momento. La figura del Dr. Holver Martínez Borelli designado como primer Rector Interventor, resume el saber, la voluntad y la imaginación puestas a trabajar en la digna tarea de anunciar y afirmar en esta región el nacimiento de una universidad pública. Los actos básicos de fundación, con larga tradición desde el origen de las universidades en Occidente, se cumplen marcando el pasaje de lo imaginado a lo materializado a través de la consolidación de una iconografía
2. - Las mutilaciones/eliminaciones.
Los textos 2 a 4 del corpus clasificado representan las variaciones de mayor densidad practicadas sobre el texto primigenio. Son fisuras que abren gradualmente en el texto zonas por donde van migrando, no por azar, las palabras claves del ideario original. La lectura hace perceptible una progresión en los desplazamientos de conceptos, en las formas de organización de los parlamentos, en la creciente formalidad y distanciamiento temporo-espacial que adquiere su contenido.
• La Resolución de 1974 (texto 2) contiene las siguientes modificaciones:
a) En el enunciado pronunciado por el Rector suprimió “… mediante su incorporación al Proceso de Liberación Nacional propuesto por nuestro pueblo y asumido por esta Casa de Estudios…” y adecuó el texto acotando el sentido de la titulación a: “… que Usted ha conseguido con su trabajo, con la dedicación de sus profesores y el esfuerzo de la comunidad y lo compromete al leal desempeño de su profesión y a la defensa de la verdad y la justicia.”
b) En el enunciado que pronunciaba el graduado se sustituyó la palabra “…luchando…” por la frase “…y trabajar por la paz…”
c) Agregó, a las tres ya establecidas, una primera fórmula de juramento: “Juro por Dios, por la Patria, por estos Santos Evangelios y por mi honor”.
d) Esta Resolución ya no forma parte del Expte.Nº 1475/73. Se ha iniciado otro Expediente, 684/74, que establece un conjunto de normas para que funcione el Departamento de Títulos y Legalizaciones. En ese marco que acciona estrictamente lo administrativo se incluye la Res. 529/75 con el texto modificado de la Fórmula de Juramento.
Las modificaciones no representan formalmente un cambio sustancial en la fórmula, pero permiten advertir ya cambios semánticos llamativos. Una lectura de las palabras que salen y de las que llegan, contextualizadas en los acontecimientos de esos años 1974/75 permite reconocer allí los cambios en la orientación del proyecto político en el que se inserta la Universidad. El sentido del compromiso que se le exige al graduado en nombre de la Institución pierde elementos de nítida filiación ideológica que la distancian, de alguna manera, de un proceso político harto singular.
Borrar “lucha” y escribir “trabajar por la paz” no es una mera operación de corrección de escritura. La corporeidad del luchar en la escena política argentina de entonces nos remite a una implicancia práctica cuyos efectos se tratan ya no de enardecer, sino de suavizar, de controlar, de encuadrar. Otra forma de distanciamiento, a través de la tachadura en el discurso, de un orden concreto, real que registra una profunda acentuación de los enfrentamientos de los actores sociales por el control del escenario político.
Varios elementos componen y fundamentan esta lectura. Recordemos que en 1973 renunció Héctor J. Cámpora a la presidencia del país, cumpliendo su promesa pre-electoral de corregir toda proscripción. En una nueva convocatoria electoral fue elegido como Presidente Juan Domingo Perón, el candidato antes ausente que, en ese momento, ganó apoyado por sectores absolutamente contrapuestos y por más del 60% de los votos. Cuando fallece Perón, toda una línea de dirigentes fue desplazada. La Sra María Estela Martínez de Perón desplaza a Jorge A. Taiana como Ministro de Educación y nombra en su reemplazo a Oscar Ivanissevich, quien designó al CPN Francisco Villada como Rector Interventor de la U.N.Sa.
Se separó así, a partir del 06/12/1.974 al Dr. Holver Martínez Borelli de la conducción de esta Universidad. Antes había sido detenido y sometido a tormentos en la Delegación de la Policía Federal. Continuará con su militancia pero también continuará sobre él, la persecución e intimidación permanentes:
“… la vida abría fuego
disparaba sus armas
contra los que pueden hacer el olvido. ”
( H. Martínez Borelli;1992:95)
Se produjo un fuerte viraje en el rumbo político del Partido Justicialista como resultado del nuevo encuadre interno de sus sectores de izquierda y de derecha. Las agrupaciones políticas como la Juventud Peronista y las otras organizaciones armadas de la izquierda que habían actuado en la resistencia contra la dictadura y posibilitado el retorno del líder exiliado, decidieron su paso a la clandestinidad. Los grupos de derecha, por su parte, conformaron grupos paramilitares que actuaron desde el propio Estado. Todo impactó cruentamente en el funcionamiento de las instituciones democráticas. El desencuentro tensa la situación general del país y la violencia desatada comenzó a marcar de un modo indeleble las situaciones individuales y colectivas de la ciudadanía.
Se inició un proceso que ya en el gobierno democrático tuvo una primera expresión de modificación y no sólo representó el giro político implícito en el cambio de autoridades. En términos generales los desplazamientos fueron no sólo discursivos, sino también políticos, sociales, económicos, culturales y fueron dejando una serie de avatares que trastocaron el principio de realidad: muerte de Perón, terrorismo de Estado, Triple A, recrudecimiento de la guerrilla urbana, Rodrigazo.
• El texto consignado como 3 data de mayo de 1976 y consigna un cambio cualitativo en el gobierno de la Universidad: por entonces, estuvo al frente un Delegado Interventor que actuó en nombre de la Junta Militar que había usurpado el poder el 24 de Marzo de ese mismo año. Sin realizar considerando alguno, la Resolución 105/DI/76 modificó los artículos 14 y 15 de la Res. 529/75.
a) Se refiere a la autoridad de la institución como “… el suscrito y, en su ausencia, su reemplazante natural…”.
b) Mantiene las cuatro fórmulas de juramento establecidas por la Resolución anterior. No suprime la esencia del juramento al conservar así el vínculo entre el honor del egresado y el cumplimiento del compromiso de solidaridad.
c) No altera la estructura del texto ya que conserva el modo de otorgamiento de la palabra original: un enunciado a cargo de la autoridad universitaria y otro a cargo del graduado.
d) En ambos enunciados se sustituye la palabra “…comunidad…” por “todos”.
e) Se suprimen definitivamente las palabras “…Justicia social…”, “…Liberación regional, nacional y latinoamericana.”, “…Constitución Nacional…”,”…nuestro pueblo y demás países hermanos…”.
La simplificación del texto fue resultado de la supresión de los conceptos nodales que subsumían la definición política y el sentido social de la acción institucional e individual. Se intensificó el significado de lo individual, la dimensión sólo personal del hecho de graduarse. Así, tales acontecimientos se valorizaban en tanto expresión del carisma particular, la implicancia y compromiso con lo social, con el interés común se eliminaron como propósito y sentido de todo proyecto y práctica. Sobrevivió un texto despojado de toda referencialidad legal, histórica, institucional.
24 de Marzo de 1976 es una fecha que a esta altura de nuestra historia como república, nos exime de alguna cronología que lo refiera en este trabajo. Decimos, sí, que es de las fechas más sombrías y aberrantes de nuestra historia. La fecha del golpe de estado, que derrocando a un gobierno impotente y extraviado, pero constitucional, abre las puertas a la dictadura militar más sangrienta y opresiva de la historia argentina.
La Universidad Nacional de Salta, como todas, es intervenida. Los registros datan la designación del Capitán Casal como Delegado de la Junta Militar. La política de supresión y persecución de la Junta Militar dejó aquí, lo sabemos, su marca en profesores expulsados, otros, junto a estudiantes y personal de apoyo universitario, fueron amenazados, perseguidos y debieron partir hacia el exilio. Entre ellos el primer Rector de la U.N.Sa, Holver Martínez Borelli, quien falleció padeciendo el destierro en Bélgica, en 1978. Otros fueron secuestrados, detenidos, torturados y posteriormente asesinados en el Paraje Palomitas.
Se quemaron libros, se cerraron carreras, se prohibió toda forma de actividad que implicara prácticas de socialización y actividad política y hasta se prohibió el escudo creado en el tiempo inaugural, sustituyéndolo por otro adecuado a las prescripciones de la heráldica. La Universidad se replegó sobre sí misma; perdió contacto con su entorno, la práctica docente y de investigación se puso bajo sospecha, la amenaza y la censura como expresiones claras del autoritarismo disciplinaban enfoques teóricos, atendían razones privativamente técnicas al definir objetos de estudio, metodologías de indagación y de transmisión de conocimientos. Visualizada como campo cultural peligroso, como zona de repliegue de lo disolvente y lo subversivo, se fragmentó, se retrajo y perdió una generación de investigadores, de científicos bajo el peso del antiintelectualismo dictatorial. Vienen aquí, oportunas, las reflexiones y conclusiones de intelectuales como Francine Masiello acerca de las prácticas dictatoriales:
“De tal manera, el estado, al utilizar principios de exclusión, espera imponer el silencio del otro para que permanezca indisputable la norma autoritaria. Por consiguiente, el Proceso, que fue concebido para eliminar la resistencia popular, también intentó invalidar la producción intelectual difamando el valor de la cultura y considerando a los pensadores como subversivos potenciales”. (1987, 12).
La dinámica rizomática de esta concepción de poder, de saber y de control se disemina hasta en los hechos que pueden parecer más inocuos o menos relevantes. La transformación de la fórmula de juramento en este período, es un ejemplo modesto y casi irrelevante, en la desmesura de las acciones de la Junta Militar en las universidades, pero no por ello dejar de ser sintomático de la exhaustividad del control y la voluntad de eliminación de toda disidencia. Gregorio Caro Figueroa sostiene acerca de esos tiempos en Salta “…que esa visión policíaca de la historia, combinada con la causalidad diabólica, y el odio por ella generado, fue la que presidió las disputas por el poder. El enfrentamiento de las supersticiones ideológicas y la lucha armada entablada por el terrorismo y el contraterrorismo, actuaron combinadamente para desalojar del escenario a las ideas, al conflicto y a la confrontación política civilizada”. (Política y Cultura; 2005: 6- 8)
• El texto 4 recoge la Resolución 194/79 que se emitió durante ese segundo tiempo de la Dictadura tras cambiar autoridades en las Universidades designando rectores civiles. Sin realizar ningún tipo de considerando, se deja sin efecto la Res-105/DI/76 y se ordenan cambios sustantivos en las fórmulas de Juramento.
a) Establece solo tres fórmulas de Juramento.
b) Cambia radicalmente el enfoque de la graduación: se jura para “… ejercer la profesión con arreglo a los preceptos de la moral, las leyes del Estado…” y para “prestigiar las Resoluciones de la Universidad…”
c) Sustituye la frase “me comprometo” por “…promete..” cambiando la dimensión vincular, ética que sostiene el proyecto de ejercicio y desarrollo del profesional recién graduado. La sustitución pone la fuerza performativa del acto de habla en la implicancia individual, personalista y desestima, así, el reconocimiento del “otro”, del “hacer con…”, del valor comunitario, social de la experticia construida y adquirida.
d) El modo de otorgamiento de la palabra sufre una transformación cualitativa. La proporcionalidad casi dialógica que tenían los enunciados pronunciados por la autoridad universitaria y por el graduado se anula. Prevalece, en cambio, la alocución demandante, interrogativa del Rector al graduado y éste sólo participa diciendo “ Sí, juro.” . Luego, como cierre del juramento, exaltando su autoridad, el Rector proclama la entrega del título habilitante.
e) Aumento de marcas y formas de la imperatividad destacable especialmente por el uso del verbo jurar en 2º persona plural. Este procedimiento otorga mayor formalidad y solemnidad al enunciado y acentúa el distanciamiento entre los enunciadores. La ausencia de pronombre logra destacar el efecto enérgico de orden, de mando ceremonial.
Las modificaciones efectuadas denotan un giro total de lo ideológico en la institución Universitaria y la radicalización del control de todas las estructuras de la institución y la inmovilización de los sujetos en ella.
Tras la primera etapa de ejercicio de poder de la Junta Militar, dominada por las acciones de terrorismo de Estado y la consolidación burocrática-administrativa del régimen, comienza un período de institucionalización del mismo proceso orientado, específicamente, a insertarlo en un reajuste económico-político, sobre las bases de un modelo económico de mercado establecido por las potencias centrales.
Las universidades son gobernadas ya no por militares sino por funcionarios civiles designados por el Ministro de Educación. Toda expresión de la autonomía universitaria sigue clausurada: no se elige ningún nivel de autoridad, no funcionan las instancias de Consejos como expresión de co-gobierno, no se realizan concursos regulares para acceder a cargos docentes, no existe la libertad de cátedra.
Esto último queda claramente expuesto en la fórmula de juramento dispuesta en este período porque abre la instancia de que un profesional preste “… auxilio, cooperación y favor…” a la Universidad. Nadie es parte de la universidad; para el graduado está marcada la distancia que la fragmentación del sentido activo de pertenencia a una comunidad, de solidaridad, que la institución ostentaba en sus primeros días: comunidad científica, educativa con sentido de pertenencia y responsabilidad de acción directa en la región. Pero, además, lo condiciona a que tal favor se acepte toda vez que se reconozca “... lícito, justo y honesto…”. Cabe preguntarse si esta cláusula se incluyó en resguardo del poder de identificación y exclusión que las autoridades universitarias ejercían sobre los proyectos y prácticas que la dictadura militar consideraba “amenazantes”, “subversivos”, y “espurios” para la institución en particular y por extensión, a la integridad de la nación.
Es la forma de hablar de la “boca autoritaria, segura de sí misma, inapelable y apodíctica. Su discurso va aislando pedazos enteros del cuerpo social, fragmentándolos y depositando en cada uno de ellos miedo y vocación de olvido, penuria de sentido e impotencia”. (Avellaneda; 1993: 13).
De todos modos, contrasta trágicamente esta invocación a valores de incuestionable aceptación y promoción en el imaginario colectivo como lo justo y lo honesto, en el marco de persecución ideológica, de desaparición de personas, de coerción por secuestro y tortura, de eliminación de toda oposición, de intervenciones paramilitares en universidades, fábricas, asociaciones profesionales, iglesias, instituciones sanitarias sostenidas con prolijidad programática indudable, por la dictadura militar.
Esta es una forma de construcción del discurso propia del autoritarismo. Los registros, digamos, ”oficiales” se caracterizan por el vaciamiento de la polifonía de las voces y la exacerbación del monologismo, del juego altisonante de la voz única que destaca la subordinación y eclipsamiento de las otras voces. Potencia la fuerza retórica de las palabras, la estructura cerrada, los modos interpelantes, los roles estereotipados y fijos de cada uno de los enunciadores en un marco de notable asimetría enunciativa.
Tecnologías discursivas que liman la superficie del lenguaje de toda posibilidad de disenso y apuntalan la consagración de un discurso unificado e inflexible que destierra todo sentido de otredad. “Esta, no demasiado discreta, manipulación de un modelo discursivo fue utilizada para controlar la proliferación de sujetos hablantes dentro del estado, normalizando las expresiones públicas en un intento de volver pasivos a los sujetos. De este plan, que fue concebido para eliminar todo exceso y toda superabundancia de discursos, los disidentes fueron vueltos invisibles, evacuados del lugar del diálogo humano. En suma, esta acción dio crédito a una sola voz autoritaria e impuso un código simbólico inflexible para reforzar el programa de estado.” (Masiello y otros; 1987, 14).
3.- La democracia y sus inclusiones.
El texto que identificamos como 5 corresponde a 1986. Es una Resolución que modifica la fórmula de Juramento a propuesta de Miembros del Consejo Superior. Consiste en la inclusión del sintagma “de la Constitución Nacional…” en el texto que inscribe el sentido del ejercicio profesional quedando así:
g...con arreglo a los preceptos de la moral, de vuestra Religión, de la Constitución Nacional y de las leyes del estado…”
El retorno a la democracia en 1983 fundamenta la adecuación. Se busca destacar la transformación del orden de legitimidad para todos los actos de la ciudadanía desde la recuperación del sistema democrático. La supresión del Constitución Nacional como marco de derecho que organice y signifique la naturaleza de los actos de los ciudadanos es lo que posibilitó a la dictadura militar vulnerar hasta la destrucción el horizonte social cultural y político del país. El gesto es ciertamente simbólico pero necesario para establecer desde el discurso los nuevos marcos de acción y producción para la sociedad argentina.
En las universidades comienza el proceso de normalización: la U.N.Sa es una de las primeras universidades en iniciar los llamados a concursos regulares para cubrir los cargos de profesores y auxiliares de la docencia; elige la conformación de sus órganos de gobierno de modo democrático, esto es, a través del voto. Algunos de los docentes despedidos durante la dictadura pueden regresar a sus cargos.
En 1.986, por Res. Nº 647/86, la Universidad recupera su escudo original, pero las metas y objetivos plasmados en el documento fundacional de 1972 y sintetizados en su fórmula de juramento de 1974, no reaparecen ni en el discurso ni en la acción.
El texto identificado con 6 contiene la Resolución 264/99. En la misma está probada la propuesta del Ing. Lucio Yazlle quien como miembro del Consejo Superior solicita la inclusión de una cuarta fórmula de Juramento. La base de la solicitud es la valoración del honor de las personas como una categoría “abarcativa de la totalidad de sus actos, siendo en este caso la sociedad en su conjunto la que debe demandar el cumplimiento del mismo”. El texto aprobado es el siguiente:
“ Juráis por vuestro honor ejercer la profesión que habéis abrazado con arreglo a los preceptos de la moral, de la Constitución Nacional y de las leyes del Estado, y prometéis prestigiar las resoluciones de esta Universidad y prestarle Vuestro auxilio, cooperación y favor en cuanto fuere justo, lícito y honesto?”.
Esta nueva fórmula permite que el graduado cuente con una proposición en la cual elige comprometerse apoyado en un principio que subsume distintas categorías y expresiones de su “ethos”, considerando que de esta manera se respetan todas las posibles concepciones individuales respecto del compromiso asumido al recibir el título de graduación.
El corpus de análisis conformado para este estudio, se completa con otros textos que no constituyen modificaciones de la Fórmula de Juramento sino prueba del lugar que ocupa la acción de jurar en el imaginario simbólico general y en el propio de esta institución.
Así, por caso, el Expte. Nº 8249/01 contiene una serie de actuaciones propiciadas por una graduada de la U.N.Sa pidiendo la excepción a la obligatoriedad del acto de jurar para recibir sus títulos fundándose en razones del orden particular y privado. La aceptación final de lo solicitado pone en evidencia como han entrado en el juego social las voces disonantes, las demandantes, las que imprimen una coda reflexiva a la aplicación de una norma para atender la razón individual desde el marco de los derechos constitucionales.
Aún con todos sus defectos y limitaciones, con todas las asignaturas pendientes en el restablecimiento de la justicia social y económica, especialmente en la recuperación del trabajo como derecho individual y colectivo, la democracia permitió la recuperación del encuadre sustantivo para la palabra propia, silenciada, desaparecida: la de ser reconocida “Otra” en el horizonte de lo humano y por ello mismo, ser incluida en el amparo de la ley y de la justicia.
Resulta temerario, pero por ello mismo conmovedor, elegir palabras para reconocer, homenajear y siempre, reivindicar a Holver Martínez Borelli como primer Rector de la Universidad Nacional de Salta.
Esa fue una tarea iniciática que el Dr. Martínez Borelli honró bajo el imperativo de sus convicciones y utopías personales en la premura que caracterizó a la década del ’70. Un tiempo breve pero intenso y suficiente para marcar un derrotero.
Hablamos del fuego y la vida, de las mutilaciones padecidas y de la lenta recuperación de idearios tomando como punto de partida la letra institucional. Desde estos núcleos reflexivos debemos referir también, aunque siempre insuficientemente, el significado que para ésta Institución tuvo, y tiene, haber contado en su momento fundacional con la fuerza y la mirada comprometida, militante y poética de Holver Martínez Borelli.
Todo un signo de su tiempo como profesional, intelectual y creador, excepcionalmente desafiado e involucrado con firmeza en procesos y proyectos concretos, dentro de las vertiginosas y vanguardistas formaciones políticas y culturales de su tiempo. Puso en pie una universidad pública en una región crítica pero estratégica, con un estilo de pensamiento y determinadas proposiciones, no en línea irreflexiva con las inflexiones dominantes, sino con una voluntad singularizante e innovadora, con el sentido de compromiso social que envolvía a esos fragorosos días.
Pensó y echó a andar una universidad que no borre ni niegue, sí que se nutra asumiendo la historia milenaria de los ancestros indígenas de la región, con una vocación para reconocer y apropiarse del conocimiento humano ya constituido pero, a la vez, recrearlo valiente, creativa y diversamente desde esta tierra de uno. Promovió la consolidación de espacios académicos en los cuales fuera posible la construcción de saberes relevantes pero en relación viva con la existencia concreta de la mayoría de nuestro pueblo.
Ese ideario, alejado de toda ortodoxia, encarnó en una propuesta original con una Sede Central y Sedes Regionales, en la posibilidad de ingreso de quienes no habían cumplido otras etapas del sistema educativo, en la creación de carreras que respondan a necesidades reales e irresueltas en la provincia, en la estimulación de formas de participación colectiva y comunitaria para vivificar prácticas universitarias que traduzcan vivamente la esperanza, la confianza, la certeza de que la educación es la herramienta privilegiada para que todo pueblo diseñe su propio proyecto de desarrollo y liberación. La U.N.Sa nace bajo ese signo de distinción en el conjunto de las universidades nacionales, no lo hace para sumar al modelo más canónico sino para alimentar otro, muy implicado en la construcción social.
El profesor, el intelectual, el abogado, el poeta, el militante se conjugaron en cada decisión y acción amalgamando las múltiples caras de una ideología, la cual hace posible, en nombre de una praxis, que ninguna palabra sea fútil. Vienen a la memoria aquí, las palabras de Luis Andolfi en el Prólogo a su Obra Poética:
“… el poeta supo y pudo elegir sus trofeos y desdeñó los oropeles en beneficio de la genuinidad y de la belleza.”
Imposible es no reconocer que esta personalidad vibrante y siempre interpelante, condensada en el tiempo, crece como metonimia de nuestra historia reciente. Historia que por cuyos efectos fragmentarios, aún demanda tareas reconstitutivas.
2.- Recuperación del origen: propuesta.
De todos los desafíos y necesidades que nos marcó la recuperación de la democracia representativa, la reconstrucción del universo simbólico siempre fue una de las más urgentes, sustantivas y lentas.
Hemos reivindicado, como sociedad, el ejercicio básico de la libertad cívica cifrado en el derecho a elegir nuestras autoridades por la vía del voto. Pero es preciso aún, promover una mayor diversidad de gestos y acciones, individuales y colectivos, que permitan deconstruir habitus y prácticas de la cultura autoritaria y represiva internalizados durante los largos años de dictaduras y que sobreviven enquistados, larvados o naturalizados en múltiples espacios y discursos.
La censura, el miedo, la delación, el no compromiso horadaron los basamentos de la red social y cultural vaciándola de sentidos y valores. La supresión del otro como instancia de constitución y legitimación de un “yo” que por ello se piensa absoluto respecto del resto de la sociedad, la construcción gradual y orgánica de un discurso de censura cultural de poder totalizador que penetró y caló hondo el arte, la educación, las normativas, las costumbres, las formas de decir y el qué decir, fueron parte de un proceso acumulativo que alcanzó diversos niveles de diseminación y profundidad.
Mucho se ha restablecido pero aún demanda de tareas sutiles, como una práctica de resistencia y ejercicio de conciencia crítica, sobre aquellas esferas que movilizan aún los actos y gestos menos cotidianos y, aparentemente, menos políticos. Desde ese lugar hemos leído y analizado una parte del discurso institucional y reconocimos en esa estructura la huella del tiempo histórico en su condición compleja y polémica, la marca de una creación que sale a la luz y nos refleja. La fórmula de juramento vigente, cristalizada en el tiempo, nos remite a una intencionalidad y voluntad difícil de vincular con los reclamos del presente.
Entendemos que es positivo continuar desmantelando aún los micro-espacios donde se alojó la palabra censora con sus rasgos de masividad amorfa y asepsia inmovilizante e individualista.
Entendemos, también, que el presente nos reclama la producción de signos y acciones implícitas en ellos, que den cuenta de otras interpretaciones de la entidad universitaria.
Creemos, igualmente, que mirar el origen no es mera acción restitutiva idealizante sino recuperación de un legado que apoye la ardua tarea de recongregación democrática que estamos empeñados, diversa pero tenazmente, en construir.
Sostenemos, a la vez, que la recuperación de la otredad en todas los espacios institucionales y con más razón, en lo discursivo como sostén de la acción, es un aspecto clave en la fundamentación de los actos institucionales.
Por ello, proponemos la modificación del texto de la fórmula de juramento de la siguiente manera:
La Universidad Nacional de Salta les hace entrega por mi intermedio del título de ..., que acredita la suficiencia en la profesión que han elegido, comprometiéndolos al leal desempeño de la misma mediante su incorporación a la comunidad de la que formamos parte y a la que deberán servir. Por ello, ésta Universidad les pide juramento.
a) Juran por Dios, por la Patria, por estos Santos Evangelios y por su honor …
b) Juran por Dios, por la Patria y por estos Santos Evangelios …
c) Juran por Dios, por la Patria y por su honor …
d) Juran por la Patria y por su honor …
e) Juran por su honor …
…ser conscientes de que el título que les otorgamos es fruto del esfuerzo de toda la comunidad y que, en consecuencia, el ejercicio de sus profesiones estará al servicio de la justicia social, y el desarrollo regional, nacional y latinoamericano. Juran ser fieles a estos principios, respetando y haciendo respetar la Constitución Nacional y trabajando por la paz y la unidad de nuestro pueblo y demás países hermanos, anteponiendo el sentido de solidaridad a todo afán de lucro o de prestigio profesional. En el cumplimiento de este compromiso se reconocerá su honor.”
Rta. Sí, juramos.
Caben algunas apostillas a esta propuesta.
Recuperamos el texto fundacional, re-escribiéndolo como búsqueda crítica de esa “filosofía” inicial, fundacional; no para impugnarla sino para reconocerla y desde allí considerar sus supuestos, sus alcances, sus límites y revalorizar la actualidad y vigencia de aquellos aspectos y contenidos que vigoricen las funciones y fines presentes.
Valorizamos las formas de otorgamiento de la palabra que permitían la clara y equilibrada intervención de la autoridad institucional y del graduado en la realización del juramento. Leímos, en ese sentido, críticamente el significado de su transformación por decisión de las autoridades de facto. La voluntad indiscutida era restaurar esa modalidad pero aún cuando el cambio de contexto socio-político-institucional lo fundamenta y posibilita, hay razones de orden práctico que la hacen inviable. En los primeros tiempos el número de graduados permitía esa forma casi “dialogada”; hoy, resulta irrealizable. Antes que incoherencia o quiebre del análisis, mantener esa modalidad es, entonces, una consecuencia necesaria o imperativo práctico.
Priorizamos, por ello, destacar algunas maneras por las cuales el lenguaje nos permite organizar una alocución que sea, en sí misma una proposición con efectos de valoración de lo colectivo, de lo identitario, de lo personal que es político: de allí, el uso de un nosotros con sentido inclusivo, en boca de la autoridad universitaria que destaca la pertenencia a una comunidad que genera responsabilidades y la participación del compromiso público. Este uso se refuerza con las formas de segunda persona plural del verbo jurar más fieles a los usos lingüísticos locales que a los hispánicos.
Aún cuando tenemos un precario distanciamiento con la realidad inmediata, vivimos en un tiempo histórico menos atenazante desde lo directamente represivo pero a la par nos enfrenta a un horizonte social convulso y crítico. Esto constantemente conflictiviza nuestra relación con la institución universitaria como real espacio público y nos convoca a redifinir nuestros puntos de partida y nuestros modos de hacer.
La realización de este trabajo creó una situación de lectura de lo institucional que lejos de ser convalidatoria o meramente historicista abrió otro escenario de interpretación de su desarrollo.
Sabemos que en nuestra cultura los cuerpos, literales y simbólicos, no son sólo los que se muestran con mayor o menor sutileza. Están atravesados por complejas encrucijadas, por profundas conflictividades, potenciados o amordazados por relaciones de saber y poder.
Las fórmulas de juramento de la U.N.Sa conforman, sí, un cuerpo textual y discursivo que no es enigmático ni obvio pero pone en evidencia a partir de esa existencia dialéctica de las palabras, la contingencia de los usos a las que fueron sujetas. Podremos disentir en mayor o menor medida con las expansiones de sentido en que derivan pero no en que develan de un modo insoslayable la naturaleza, la condición de las cosas y los hechos y muestran, allí mismo, el sistema de relaciones sociales de una situación dada.
Somos parte de una sociedad y de un momento histórico, que en 22 años de haber recuperado las instituciones para la vida democrática, ha hecho posible con valor y no sin dolor el debate sobre la significación concreta de las dictaduras y su herencia política, económica y cultural. Por estos días, asistimos a la reapertura del debate sobre violencia y política y, en él, al análisis de la significación de los 60 y los 70 como escenario de la lucha armada. Debate que sin idealizaciones y con una distancia desapasionante y rigor intelectual, comienza a arrojar interpretaciones, valoraciones de hechos complejos y polémicos que marcaron los tiempos subsiguientes.
Por lo tanto, esperamos que esta mirada sesgada sobre una parte del discurso institucional se pueda sumar a otras que problematicen nuestras razones y nuestras condiciones institucionales para afirmarnos en la responsabilidad política esencial: la defensa de la libertad buscando el bien común no como absoluto heroico que enceguezca sino como un desafío cotidiano que nos lleva a hacer posible lo propio sin desoírlo.
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