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Timestamp: 2020-04-06 12:36:45+00:00

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Nestornautas: EL FIN DE UNA ZONCERA
EL FIN DE UNA ZONCERA
El envío de un proyecto de ley para modificar la Carta Orgánica del Banco Central y la ley de Convertibilidad fue -sin dudas- el anuncio más importante que hizo Cristina en su mensaje ante el Congreso.
Seguramente los medios hegemónicos pondrán su atención en el asunto de la eliminación de las trabas legales para usar las reservas para el pago de los vencimientos de la deuda externa; volviendo así a un debate saldado hace un par de años, a favor del kirchnerismo, y en contra de las expectativas de Redrado de convertirse en autor de un best seller.
Sin embargo el proyecto es más importante que eso, porque permitirá ponerle punto final a una zoncera digna de figurar en el célebre "Manual" de Arturo Jauretche: la "autonomía" del Banco Central.
De cualquier modo, el inciso estaba directamente vinculado a la facultad de emitir moneda, tratando de que hubiera una sóla de curso legal y forzoso en todo el territorio nacional, proscribiendo las monedas provinciales que eran frecuentes cuando la Constitución se dictó (no había un Estado nacional organizado), y por eso el artículo 108 (hoy 126) estableció entre las cosas que las provincias tienen prohibido hacer -porque son exclusivas del Estado nacional- “acuñar moneda, ni establecer bancos con facultad de emitir billetes, sin autorización del Congreso federal”.
Recién con la citada Ley 12.155 y previo cierre de la Caja de Conversión, esa función de emitir moneda, pasó a ser propia del Banco Central, cuya actual Carta Orgánica aprobada por la Ley 24.144 (1992) establece en su artículo 3 que “Es misión primaria y fundamental del Banco Central de la República Argentina preservar el valor de la moneda”, incluso antes de aquélla misión primordial que le daba la Constitución al “Banco Nacional” (luego de la reforma del 94’, “Federal” como se dijo) de emitir moneda, la que recién aparece en el artículo 17 inciso a) (“Emitir billetes y monedas conforme a la delegación de facultades realizadas por el Honorable Congreso de la Nación”).
Una prueba clara del peso de las ideas del neoliberalismo (desde el monetarismo de Friedman, que nos llegó vía Martínez de Hoz, a Cavallo y la Convertibilidad) en la definición del perfil de la institución.
De allí que la cuestión de las reservas del Banco Central y su vinculación con el respaldo del dinero circulante (la famosa “base monetaria”) no aparezca en la Carta Orgánica del Banco, sino en la Ley 23.928 que estableció el régimen de convertibilidad monetaria, ley cuyos artículos 1 y 2 (que establecían la libre conversión de australes -luego pesos- a dólares, el famoso uno a uno) fueron derogados en el 2002 por la Ley 25.561 llamada de Emergencia Pública y del Régimen Cambiario.
Esta misma ley (promovida por Duhalde para poder devaluar) modificó el artículo 3 de la Ley de Convertibilidad, que refiere a la actividad del Central en la compra de divisas, que originariamente decía que debía hacerlo “a precios de mercado”, y de acuerdo a la reforma del 2002 pasó a hacerlo “al precio establecido conforme al sistema definido por el Poder Ejecutivo nacional, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 1° de la Ley de Emergencia Pública y de Reforma del Régimen Cambiario”, por la cual el Congreso le delegó esa atribución al presidente, en el marco del artículo 76 de la Constitución reformada en el 94’.
De modo que ni siquiera los creadores de la Convertibilidad (menos aun los devaluadores seriales y pesificadores asimétricos) creyeron en la zoncera de la autonomía del Banco Central tal como hoy nos la quieren vender, a lo que hay que añadir lo inherente a “la defensa del valor de la moneda”, con lo cual se habría metido el kirchnerismo en el 2005 (al pagar la deuda con el FMI) y a fines del 2009 al crear el Fondo del Bicentenario.
Como dije, la cuestión inherente a la relación entre las reservas en internacionales del Banco Central y su relación con el respaldo de la base monetaria, fue establecido en la Ley de Convertibilidad, cuyo artículo 4 dispuso que “las reservas de libre disponibilidad del BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA en oro y divisas extranjeras, serán equivalentes a por lo menos el CIENTO POR CIENTO (100 %) de la base monetaria”, base monetaria definida por el artículo 6 de la misma ley como “la circulación monetaria más los depósitos a la vista de las entidades financieras en el BANCO CENTRAL DE LA REPUBLICA ARGENTINA, en cuenta corriente o cuentas especiales”.
Cuando Kirchner decidió en diciembre del 2005 cancelar la deuda con el FMI, dictó el DNU 1599 que modificó el artículo 4 de la Ley de Convertibilidad (creando el concepto de reservas de libre disponibilidad) y el artículo 6 disponiendo que esas reservas “de libre disponibilidad” podían aplicarse “al pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales”, lo que se hizo con el Fondo con el Decreto 1601, y el DNU anterior lo ratificó el Congreso por Ley 26.078.
El Fondo del Bicentenario fue creado por Cristina por el DNU 2010/09, simplemente agregando al artículo 6 de la Ley de Convertibilidad ya modificado en el 2005, la expresión “y al pago de servicios de la deuda pública del Estado Nacional”, dado que se incluyó a tenedores privados de bonos de la deuda, que se cuantificaban en el mismo decreto.
Aunque se creyera a pie juntillas en la zoncera de la autonomía del Central, el artículo 3 de la Carta Orgánica dice que “En la formulación y ejecución de la política monetaria y financiera el Banco no estará sujeto a órdenes, indicaciones o instrucciones del Poder Ejecutivo nacional”, pero el DNU de Cristina no refería ni a una cosa ni a la otra, sino a la cancelación de parte de la deuda pública externa; y el mismo artículo también dice que el Estado nacional garantiza las obligaciones asumidas por el Banco, con lo que queda claro que lo de la autonomía es puro cuento.
El proyecto que se acaba de remitir al Congreso modifica los artículos de la ley de convertibilidad que tienen que ver con la relación entre las reservas del BCRA y el respaldo de la base monetaria (nada tienen que ver con la prohibición de indexar, que sigue vigente), lo que es perfectamente lógico con un esquema de flotación sucia administrada y no de caja de conversión (como lo era la Convertbilidad); y de ese modo libera reservas para el pago de deudas.
Pero al mismo tiempo se modifican las funciones del Central (artículo 3 de la Carta Orgánica aprobada por la Ley 24.14) en un doble sentido:
Por un lado, ampliando sus funciones más allá de la preservación del valor de la moneda (de allí que perdería importancia contextual el diseño del programa monetario anual, y desaparece legalmente la obligación de fijar metas de inflación), para vincularlas con los objetivos de política macroeconómica (crecimiento, empleo, inversión, crédito, distribución, demanda, ahorro) pero sin perder la independencia de criterios técnica para elegir los instrumentos que sean más idóneos para los fines perseguidos: encajes, redescuentos, limitación a la distribución de utilidades de los bancos (como se acaba de hacer), regulaciones de las operaciones financieras.
Por el otro, ampliando las facultades de regulación del BCRA y las actividades financieras sujetas a esa regulación; por lo que el proyecto (sin lugar a dudas una reforma estructural que termina con uno de los más perniciosos paradigmas de los 90') no sólo no se contrapone con una reforma de la ley de entidades financieras, sino que la complemente o puede tornarla innecesaria; mucho más que algunos proyectos bien intencionados pero voluntaristas que andaban por allí, aunque de algunos recoja elementos, como el presentado por Carlos Heller.
Habrá que ver que resulta de la discusión en el Congreso, pero ojalá que se apruebe pronto.

References: artículo 108
 artículo 3
 artículo 17
 artículo 3
 artículo 1
 artículo 76
 artículo 4
 artículo 6
 artículo 4
 artículo 6
 artículo 6
 artículo 3