Source: http://www.slideshare.net/radioecologica/panoramaandino-cambioclimatico
Timestamp: 2015-11-30 07:51:50+00:00

Document:
Panoramaandino cambioclimatico .
Evaluación de la Vulnerabilidad al ...
para impartir una conferencia sobre el cambio climatico
andino sobre
Vulnerabilidad y adaptación en los Andes Tropicales
en los Andes Tropicales
F r a n c i s c o C u e s ta
Coordinador de la Iniciativa de Estudios
Ambientales Andinos CONDESAN
Responsable del Área de Medio Ambiente
mtbecerra@comunidadandina.org
Francisco Cuesta1, Macarena Bustamante1, María Teresa Becerra2,
Julio Postigo3, Manuel Peralvo1
Secretaría General de la Comunidad Andina (SGCAN)
© 2012, CONDESAN, SGCAN
Consorcio para el Desarrollo Sostenible de la Ecoregión Andina – CONDESAN
Kenneth Young, The University of Texas at Austin
Olivier Dangles, Institut de recherché pour le développement (IRD)
Galo Medina, Programa Ecobona – Intercooperation
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Se permite la reproducción de este libro para fines no comerciales,
Citas sugeridas:
Cita del libro: Cuesta, F., Bustamante, M., Becerra, M.T., Postigo, J., Peralvo, J. (Eds.) 2012.
Panorama andino de cambio climático: Vulnerabilidad y adaptación en los Andes Tropicales.
CONDESAN, SGCAN, Lima.
Cita de capítulos: Autores del capítulo. 2012. Título del capítulo. Pp. XX-XX, En: Cuesta, F.,
Bustamante, M., Becerra, M.T., Postigo, J., Peralvo, J. (Eds.) 2012. Panorama andino de cambio
climático: Vulnerabilidad y adaptación en los Andes Tropicales. CONDESAN, SGCAN, Lima.
Los modelos globales de clima y su incertidumbre . 39
La necesidad de la desagregación . 41
D ato s y m é to d o s . 4 3
R e s u lta d o s y d i s c u s i ó n . 4 5
Proyecciones del cambio climático de los GCMs . 45
Evaluación de la desagregación con PRECIS . 54
Conclusione s . 57
Introducción: Cambio climático y los Andes Tropicales
Las sociedades andinas . 31
M é to d o s . 6 9
Estimación de impactos proyectados sobre recursos
hídricos en los Países Andinos . 69
Revisión de literatura sobre adaptación y vulnerabilidad
en los recursos hídricos de los Andes Tropicales . 71
C a m b i o s c l i m át i c o s e s p e r a d o s y s u e f e c to
s o b r e l a d i s p o n i b i l i d a d d e a g ua . 7 2
Generación de escenarios desagregados del
cambio climático para los Andes Tropicales
Resumen . 37
Introducción . 38
Los cambios en el clima de los Andes: una breve revisión . 38
El clima e hidrología de los Andes Tropicales . 62
La disponibilidad y suficiencia de agua en los Andes . 64
Los ambientes naturales . 22
Resumen . 60
Introducción . 61
Introducción . 19
Síntesis de los impactos de los efectos del
cambio climático en los recursos hídricos
en los Andes Tropicales y las estrategias de
adaptación desarrolladas por los pobladores
Panorama andino sobre cambio climático
Disponibilidad futura de agua: tendencias en
el promedio entre los modelos . 72
El rango de proyecciones de disponibilidad de agua:
el promedio oculta los valores extremos . 77
La incertidumbre en las proyecciones de disponibilidad hídrica futura . 79
C o n s i d e r a c i o n e s s o b r e z o n a s d e i m p o rta n c i a e n l a
r egul aci ó n hid ro ló gi c a en los And e s Tro pi c ale s . 84
L a d e m anda híd r i c a en los And e s Tro pi c ale s . 86
Impactos en la biodiversidad a nivel de biomas . 125
Mayor demanda de agua para riego . 86
C o n s e r va c i ó n d e l a b i o d i v e r s i d a d e n
Mayor demanda de agua para generación hidroeléctrica . 87
e s c e n a r i o s d e c a m b i o c l i m át i c o . 1 3 1
Mayor demanda para uso doméstico urbano y rural . 90
Investigación y Monitoreo . 132
Impacto del crecimiento demográfico a través
de un indicador sencillo . 90
Manejo de especies . 134
Política y planificación regional . 136
E s t r at e g i a s d e a d a p ta c i ó n a c a m b i o s e n l a
d ispo nibilidad híd r i c a en los And e s Tro pi c ale s . 91
Respuestas locales ante variabilidad climática . 94
Respuestas locales ante cambios hidrológicos
y en el estado de los ecosistemas . 96
Adaptación y vulnerabilidad de los
sistemas productivos andinos
Resumen . 142
Respuestas locales ante la incertidumbre
exacerbada por el cambio climático . 97
Respuestas locales para fortalecer los mecanismos
de acceso y mediación del agua . 98
Introducción . 142
Respuestas locales para enfrentar la demanda de agua . 100
M é to d o s . 1 4 5
Conclusione s . 101
EstimaciÓn de impactos proyectados en los cultivos
de los Países Andinos . 145
Fuentes de vulnerabilidad y adaptabilidad
de los SP Andinos . 147
Síntesis de los impactos y estado del conocimiento
de los efectos del cambio climático en la
biodiversidad de los Andes Tropicales
R e s u lta d o s . 1 4 9
Patrones predominantes de impacto . 149
Fuentes de vulnerabilidad de los SP Andinos . 157
Resumen . 104
Fuentes de adaptabilidad de los SP Andinos . 163
Antecedentes . 104
Introducción . 105
M é to d o s . 1 0 7
Cambio en el nicho climático de especies andinas . 107
Cambios en los rangos climáticos de distribución
de los biomas andinos . 109
Síntesis del estado del conocimiento de los efectos del
cambio climático en la biodiversidad andina . 111
R e s u lta d o s y D i s c u s i ó n . 1 1 2
L a n at u r a l e z a s o c i a l y p o l í t i c a d e l c a m b i o
c l i m át i c o : R e f l e x i o n e s f i n a l e s . 1 6 6
Acciones de adaptación promovidas por la cooperación
internacional en los países andinos como respuesta
a los impactos esperados del cambio climático
Resumen . 174
Introducción . 175
Patrones de diversidad actuales y futuros . 112
M é to d o s . 1 7 8
Principales hitos de las negociaciones internacionales
sobre Cambio Climático . 226
R e s u lta d o s . 1 8 0
Cro n o lo gía d e l a s nego ciaci o ne s so br e C a mbi o
Cl i m át i c o d e s d e l a C u m b r e d e L a T i e r r a e n R í o d e
Características de las acciones de adaptación
promovidas por la cooperación . 180
J a n e i r o e n 1 9 9 2 , e n e l c o n t e x to d e l a CMNUCC . 2 2 8
Evolución te mpor al de l as accione s de
D e s c r i p c i ó n d e l a e v o l u c i ó n d e l a t e m át i c a d e c a m b i o
a d a p ta c i ó n e n l a r e g i ó n . 1 9 2
c l i m át i c o e n l o s pa í s e s d e l a s u b r e g i ó n a n d i n a . 2 3 3
Financiamiento para las acciones de adaptación
en la región . 195
P r i n c i pa l e s m e c a n i s m o s e i n s t r u m e n to s d e
Principales tendencias de las acciones de adaptación
en la región . 204
p o l í t i c a d e s a r r o ll a d o s e n l o s 4 pa í s e s d e l a
s u b r e g i ó n e n r e s p u e s ta a l a CMNUCC . 2 3 3
Reflexiones finales bajo un enfoque
Avances regionales en el marco de organismos
intergubernamentales. . 248
d e m a n e j o a d a p tat i v o . 2 1 1
Definir objetivos comunes a través de la participación
de actores del entorno institucional . 213
Discusión . 254
Modelar e integrar el conocimiento existente,
identificando vacíos e incertidumbre . 214
Principales tendencias identificadas en la evolución del tema de cambio
climático en la agenda política de los cuatro países de la subregión. . 254
Establecer metas en base a los recursos y conocimientos
disponibles a diferentes escalas . 215
Los retos frente a las necesidades de adaptación . 258
El rol de los Estados de la subregión en la
gestión del cambio climático . 259
Identificar medidas de adaptación e implementarlas . 216
Necesidad de articulación intersectorial . 259
Fortalecer el marco político-institucional articulando acciones
de adaptación con las herramientas de desarrollo . 217
Monitoreo, evaluación y escalabilidad
de las acciones de adaptación . 218
Marco institucional y normativo en los países de la
subregión andina para abordar el tema de cambio
climático en el marco de la Convención Marco
Resumen . 222
Introducción . 223
M é to d o s . 2 2 5
R e s u lta d o s . 2 2 6
El rol de los organismos intergubernamentales . 260
Necesidades de estudios complementarios . 260
—Discusión y conclusiones—
I m pa c to s d i f e r e n c i a d o s d e l c a m b i o c l i m át i c o
en los And e s Tro pi c ale s
M e c a n i s m o s q u e i n t e r a c t úa n c o n l o s i m pa c to s
d e l CC y l a c a pa c i d a d d e r e s p u e s ta
R e s p u e s ta s a d a p tat i va s f r e n t e a l c a m b i o
c l i m át i c o e n l o s A n d e s T r o p i c a l e s . 2 7 1
C e rt e z a s pa r a l a to m a d e d e c i s i o n e s e n e l
c o n t e x to d e c a m b i o c l i m át i c o . 2 7 4
L i m i ta c i o n e s d e c o n o c i m i e n to y
va c í o s d e i n f o r m a c i ó n . 2 7 5
a. Falta de estudios empíricos y experimentales
sobre procesos ecosistémicos . 276
b. Estudios de impacto basados en enfoques de
modelamiento con supuestos grandes . 278
c. Falta de comprensión de la interacción entre factores
biofísicos y sociales, económicos, institucionales. . 279
Los países de la Comunidad Andina han sido identificados como algunos de los
más vulnerables en escenario de cambio climático, tanto por los efectos que se
prevén en las costas ante el aumento del nivel del mar, como en las alteraciones
que implica la elevación de la temperatura a lo largo de los gradientes altitudinales y sus impactos sobre ecosistemas naturales que hoy son determinantes en la
provisión de servicios como el agua y el almacenamiento de carbono.
En instrumentos como la Agenda Ambiental Andina y la Estrategia Andina para
la Gestión Integrada de los Recursos Hídricos, los países han manifestado su
compromiso en el desarrollo de acciones conjuntas para mejorar el conocimiento
sobre los impactos del cambio climático, promover la implementación de medidas de adaptación, desarrollar acciones de mitigación y abrir espacios de intercambio de experiencias que fortalezcan las capacidades nacionales y subregionales en el tema.
El concepto de montañas es para los países de la Comunidad Andina un referente, si tenemos en cuenta la dinámica vertical de nuestro territorio. Sin embargo,
el paisaje andino, también involucra zonas costeras, bosques amazónicos, valles
secos y otros sistemas naturales y antrópicos que igualmente están influenciados por la dinámica que imponen las montañas en nuestro territorio. En este
sentido, avanzar con el estudio de los efectos del cambio climático en los Andes
Tropicales a escala subregional es una labor importante, por lo cual el desarrollo
de este estudio evidencia la importancia de conocer con más profundidad lo que
implica esta verticalidad en la Comunidad Andina en las estrategias de respuesta
a los efectos del cambio climático, así como la necesidad de desarrollar análisis
más específicos en sectores de interés, identificar vacíos de información y abrir
espacios para compartir experiencias de proyectos de cooperación que se están
desarrollando en la subregión a escalas locales, nacionales y regionales.
y los Andes Tropicales
F r a n c i s c o C u e s ta C . 1
M a c a r e n a B u s ta m a n t e 1
María Teresa Becerra2
Gabriela Maldonado1
Estudios Ambientales Andinos, CONDESAN � francisco.cuesta@condesan.org
os ecosistemas de los Andes Tropicales, junto con los de la cuenca
Amazónica, contienen más del 15% de la diversidad biológica del planeta (Brooks et ál. 2006, Lang-hammer et ál. 2007, Mittermeier et ál.
1998) y regulan los patrones climáticos del centro y norte del continente sudamericano (Hoorn et ál. 2010, Vuille 1999, Vuille and Bradley 2000). Esta enorme biodiversidad se explica por la heterogeneidad de los
patrones bioclimáticos y físicos de la cordillera, los cuales se evidencian en sus
gradientes ambientales y edáficas, así como por su historia geológica y climática (Gentry 1982, Kattan et ál. 2004). Estos mismos procesos han influenciado
las prácticas y dinámicas de integración de las sociedades andinas desde hace
aproximadamente 8.000 años, abasteciéndolas con recursos naturales que incluyen tierras para agricultura y ganadería, agua y riego para el desarrollo agrícola e
industrial, y espacio para la conformación de sociedades organizadas (Young et
ál. 2011; Josse et ál. 2009).
Es así como hoy en día este territorio contiene grandes extensiones de paisajes
transformados, que conforman mosaicos donde se combinan diferentes usos de
la tierra, desde centros urbanos con más de 6 millones de personas, hasta grandes
extensiones rurales que abarcan áreas para agricultura, ganadería y plantaciones
forestales con especies exóticas (pinos y eucaliptus primordialmente). Solo las
áreas más inaccesibles de los flancos externos de las cordilleras mantienen condiciones donde los paisajes naturales predominan y no se encuentran regidos
por los patrones de uso de los recursos naturales. No obstante, la minería a gran
escala y los frentes activos de deforestación del piedemonte amazónico, constituyen en la actualidad dos de los usos de la tierra que generarán, en el corto plazo,
una mayor tensión, dada la complejidad que presentan las necesidades de conservación y la protección de la biodiversidad versus el desarrollo económico y la
reducción de las inequidades sociales (Bebbington 1997, Bebbington et ál. 2008).
Las altas tasas de pérdida y fragmentación de los ecosistemas andinos debidas
a la deforestación y la ampliación de la frontera agrícola, el desarrollo de gran
infraestructura, la minería a gran escala y las proyecciones de un incremento de
la temperatura en el orden de 2° a 4°C al final del presente siglo, plantean una
gran disyuntiva respecto a la viabilidad futura de los sistemas sociales y ecológicos de los Andes, en particular de los pequeños agricultores andinos y otros
grupos vulnerables (Adger et ál. 2003, Agrawal 2008). La evidencia de la exposición y sensibilidad de los Andes al cambio climático está siendo ya documentada
a través del retroceso glaciar y sus posibles implicaciones en el abastecimiento
de agua, en particular en las zonas más áridas de la cordillera andina, como el
altiplano boliviano (Vergara et ál. 2007, Vuille et ál. 2008), o a través de las extinciones de muchas de las especies de anfibios del páramo y la puna (La Marca et
ál. 2005, Pounds et ál. 2006).
No obstante, aparte de un claro y documentado incremento en la temperatura del
aire durante las últimas décadas (Soares and Marengo 2009, Vuille et ál. 2008),
nuestro grado de comprensión sobre el futuro climático de la cordillera es todavía
incierto; más aun lo son los efectos y respuestas de los ecosistemas, organismos
y sociedades humanas a estas nuevas condiciones climáticas, y su capacidad
de adaptación. En este contexto, los análisis de vulnerabilidad y el desarrollo
de estrategias de adaptación bajo un enfoque de manejo adaptativo han sido
propuestos por la comunidad mundial como las herramientas adecuadas para
incrementar la capacidad de resiliencia de las sociedades y disminuir los efectos
y costos asociados a estos cambios (IPCC 2007).
En los Andes, las prácticas de adaptación se entienden como las respuestas o
ajustes de una sociedad o sistema ante cambios ambientales, sociales, económicos e institucionales, dirigidas a reducir la vulnerabilidad y mejorar la resiliencia de los sistemas socioecológicos (Valdivia y Quiroz 2003, Stadel 2008).
La resiliencia se refiere a la capacidad de un sistema –social o ecológico– para
absorber las perturbaciones y mantener las funciones esenciales y estructuras, al
mismo tiempo que es capaz de auto-organizarse, aprender y adaptarse (Walker
et al, 2004; Folke, 2006; Adger et ál. 2005; ). Por lo tanto, la resiliencia se refiere
no sólo a la capacidad de absorber perturbaciones, sino también a la capacidad
para aprovechar las oportunidades para renovarse, evolucionar y emerger con
nuevas trayectorias (Folke, 2006: 259). En la mayoría de los casos documentados
© Murray Cooper
La variabilidad climática ha sido parte de la vida de los pobladores rurales de
los Andes, quienes han desarrollado continuamente estrategias para minimizar
los riesgos asociados a variaciones del clima y del ambiente (Murra 1972, Brush
1976, , Guillet 1987, Knapp 1991, Gade, 1999, Stadel 2001, 2008, Denevan 2001).
Sin embargo, los cambios climáticos asociados al incremento de gases de efecto
invernadero en la atmósfera involucran un rango de incertidumbre mayor, tanto
para pobladores como para tomadores de decisión, con órdenes de magnitud de
cambio en tiempos mucho más cortos. Ello limita aún más la capacidad adaptativa de los pobladores y aumenta su vulnerabilidad (Alley et ál. 2003, IPCC 2007,
Adger 2006).
en la región, el término vulnerabilidad se refiere al grado en que un sistema o
comunidad puede soportar y sobreponerse a los cambios a los que está expuesto,
revelándose dos fuentes de vulnerabilidad: la exposición al cambio, casi siempre
de tipo ambiental o biofísico, y la sensibilidad del sistema, determinada por las
características socio-económicas inherentes de comunidades o individuos (Smit
and Wandel 2006, IPCC 2007).
En este marco, se impulsan actualmente en la región Andina numerosas iniciativas de adaptación a escala regional, nacional o local, promovidas principalmente
por la cooperación internacional. Estas iniciativas no siempre consideran que la
vulnerabilidad es un concepto inherentemente diferencial, ya que los riesgos o
cambios —y la habilidad de sobrellevarlos— varían geográficamente, tanto entre
los diferentes grupos humanos como al interior de cada uno de ellos. Además, no
necesariamente se tiene en cuenta que la vulnerabilidad es un concepto dinámico, y como tal, puede cambiar con el tiempo ya que las estructuras y condiciones
subyacentes cambian (e.g., pobreza, acceso al agua, migraciones). Debido a estas
limitaciones, existe una preponderancia de iniciativas que contemplan acciones
poco articuladas con procesos y características locales que apunten a fortalecer
aspectos estructurales de la vulnerabilidad, como son la prosperidad, la tecnología, la educación, la información, el fomento de habilidades, la infraestructura, el
acceso a recursos, la estabilidad y el fortalecimiento de las instituciones locales
(Adger et ál. 2003, Folke et ál. 2002).
En ese contexto, el análisis de la capacidad de adaptarse a la variabilidad climática y situaciones extremas (e.g., sequías o inundaciones severas) puede ayudarnos a inferir la capacidad de respuesta de las sociedades andinas ante cambios
climáticos futuros (e.g., cambios de regímenes de precipitación, incremento de
la temperatura). Garantizar el mantenimiento de los servicios ecosistémicos en
los Andes en el contexto de la incertidumbre asociada al cambio climático, es
el gran desafío para tomadores de decisión en la región. Mientras que, para los
pobladores andinos, el reto es desarrollar estrategias de adaptación que conjuguen prácticas y conocimientos tradicionales, el fortalecimiento de sus formas de
organización social, y el desarrollo de infraestructura para solventar los cambios
ambientales, sociales e institucionales que afectan su resiliencia.
Si bien, tanto el financiamiento como la publicación de los procesos y resultados
de estas iniciativas han incrementado en los últimos años, aún existen vacíos
conceptuales y limitaciones de conocimiento considerables (Vogel et ál. 2007, Vos
et ál. 2008, Wilbanks and Sathaye 2007). Al margen de los esfuerzos de generación de información promovidos y de los procesos institucionales desarrollados
por cada uno de los países andinos en relación a la temática del cambio climático, la región andina aún no cuenta con información suficiente o una línea base
robusta que alimente el desarrollo de análisis de vulnerabilidad detallados y su
posterior utilización en el diseño de acciones de adaptación a múltiples escalas.
conocimiento sobre los impactos del cambio climático en los Andes Tropicales,
las respuestas promovidas desde la cooperación internacional como acciones de
adaptación, y los ajustes institucionales adoptados por los países andinos en el
marco de los acuerdos internacionales. Se priorizaron tres líneas temáticas relevantes para los Andes Tropicales: recursos hídricos, biodiversidad, y sistemas
productivos. Los estudios partieron de la revisión y análisis de la literatura científica y estudios técnicos disponibles, así como del desarrollo de análisis de impactos construidos a partir de datos climáticos y ambientales disponibles. También
fue necesaria la recopilación de información sobre las acciones de la cooperación
y sobre las dinámicas institucionales de los países andinos asociadas a la temática del cambio climático.
Con base en los resultados de este trabajo, esta publicación ha sido estructurada
en 7 capítulos, cada uno de ellos es una síntesis de las temáticas abordadas. Así,
el Capítulo 2 presenta el área de estudio comprendida por los Andes Tropicales,
donde se documenta la alta heterogeneidad ambiental y social de la cordillera.
El Capítulo 3 presenta una descripción de los escenarios globales de cambio climático, su aplicación y limitaciones para una región geográficamente compleja
como los Andes. Los capítulos 4, 5 y 6 reportan ejercicios de modelamiento sobre
los posibles impactos del cambio climático en el agua, biodiversidad y un grupo
representativo de cultivos andinos. Estos ejercicios son complementados y contrastados a partir revisiones de literatura científica sobre las respuestas de adaptación, primordialmente endógenas, generadas por los pobladores andinos como
mecanismo para identificar y sintetizar las principales fuentes de vulnerabilidad
y adaptación de los sistemas agrícolas.
El Capítulo 7 presenta una sistematización de las acciones (programas y proyectos) de adaptación promovidas por la cooperación internacional en la región
andina con énfasis en los ejes temáticos priorizados. El Capítulo 8 describe los
avances respecto de la institucionalidad y estrategias nacionales de los países
de la Comunidad Andina en respuesta a los compromisos adquiridos ante la
Convención Marco de la Naciones Unidas sobre Cambio Climático, como una
contribución a mejorar la articulación entre las acciones de la sociedad civil
y la gestión pública en torno al tema. Finalmente, el Capítulo 9 presenta una
discusión articulada de las principales conclusiones del conjunto de investigaciones generadas, junto con unas recomendaciones concretas para mejorar la capacidad adaptativa frente al cambio
climático en la región andina. Este capítulo incluye una propuesta de una agenda aplicada de investigación para mejorar
la base del conocimiento e información sobre las relaciones
entre las sociedades rurales andinas y los ecosistemas que las
sustentan, como base para implementar un enfoque de manejo adaptativo que permita enfrentar la incertidumbre que el
cambio climático implica para la región.
En este marco, el estudio Panorama Andino sobre Cambio Climático fue concebido con el propósito de contribuir a documentar y analizar el estado actual del
F r a n c i s c o C u e s ta 1
J u l i o P o s t i g o 2,3
M a c a r e n a B u s ta m a n t e 4
Iniciativa de Estudios Ambientales Andinos – CONDESAN � francisco.cuesta@condesan.org
Iniciativa de Estudios Ambientales Andinos – CONDESAN
l área de estudio de Panorama Andino ha sido definida como la subregión de los Andes Tropicales conformada por las regiones montañosas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, abarcando una
extensión cercana a los 4.000 Km de norte a sur, desde los 11ºN desde
la sierra del Perijá en Venezuela y Colombia hasta los 23ºS en Bolivia.
El límite sur del área de estudio corresponde a una delimitación política, y no así
al límite biogeográfico de los Andes Tropicales, que se extienden hasta los 27°
S en el noroccidente de Argentina. El límite altitudinal establecido coincide con
los primeros ecosistemas extra-andinos colindantes que alcanzan una elevación
aproximada de 600 metros, con algunas variaciones según la vertiente y la ubicación latitudinal (Figura 1).
Figura 1. Distribución de los biomas andinos en el área de estudio.
Los Andes Tropicales albergan los ecosistemas tropicales de altura más diversos del mundo, con más de 45.000 plantas vasculares (20.000 endémicas) y
3.400 especies de vertebrados (1.567 endémicos) en apenas el 1% de la masa
continental de la Tierra (Myers 2000) (Tabla 1). La alta singularidad de estos ecosistemas es el resultado combinado de su historia geológica y climática (Fjeldså
1995, Gentry 1995), lo que ha permitido el desarrollo de sistemas naturales a
partir de un conjunto de adaptaciones evolutivas determinadas por gradientes
ambientales pronunciadas (García-Moreno et ál. 1999, Kessler et ál. 2001).
S I M B OL OG Í A
Límites países
Bosque montano deciduo
Bosque montano semideciduo
Bosque montano siempre verde
Arbustales y matorrales montanos
semideciduos y deciduos
Pajonal yungueño
Puna xerofítica
Prepuna xerofítica
20°0'0"S
Estos ecosistemas proveen servicios fundamentales para los países andinos. Los
Andes Tropicales acogen a más de 40 millones de personas agrupadas en ciudades importantes y poblados –tanto urbanos como rurales– asentados a lo largo
de la cordillera, que dependen de la provisión de agua para el consumo humano y la generación de energía hidroeléctrica (Bradley y Mustard 2006, Buytaert
et ál. 2006a, Vergara et ál. 2007a). Adicionalmente, la provisión de agua para
los sistemas productivos es un elemento clave para la seguridad alimentaria y
el bienestar, en particular de los pequeños agricultores que dependen de estos
servicios ecosistémicos para el mantenimiento de sus formas de vida (Young y
Lipton 2006). Tomando en cuenta que muchas regiones en los Andes Tropicales
se caracterizan por elevados índices de marginalidad y pobreza, esto implica una
mayor connotación como áreas vulnerables a cambios ambientales, incluido el
cambio climático (Adger et ál. 2003).
El área de estudio abarca una extensión aproximada de 1,52 millones de km2,
de los cuales cerca del 78 por ciento (1.181.000 km2) corresponde a áreas naturales, mientras que el 22 por ciento restante (333.400 km2) ha sido transformado a otras coberturas y usos (e.g., pastos y agricultura). La distribución de las
áreas no-naturales es asimétrica en la región, con una mayor concentración en
los Andes del Norte que en los del Centro. En los Andes del Norte la superficie
transformada (236.680 km2) es mayor que el área que ocupa la vegetación remanente (197.630 km2), mientras que en los Andes Centrales la transformación es
más sutil, llegando a discriminarse apenas el 9 por ciento de su superficie como
áreas transformadas (Josse et ál. 2009). No obstante, extensas áreas de la puna
y los valles interandinos de Bolivia y Perú se encuentran sutilmente modificadas
por los regímenes de pastoreo y agricultura de autoconsumo con sistemas de
rotación, lo que dificulta nuestra capacidad de discriminación entre las áreas
naturales respecto de las áreas de uso humano. En muchos casos estos sistemas
productivos junto con el fuego asociado al pastoreo, controlan la dinámica y
composición de la vegetación natural de la puna pero no llegan a cambiar el
carácter de la cobertura para ser clasificada como otro tipo de coberturas y los
usos humanos asociados.
Glaciares y áreas crioturbadas
60°0'0"W
Figura 2. Temperatura media anual en los Andes Tropicales.
tabla 1. Diversidad y endemismo en los Andes Tropicales
Fuente: Myers et ál. (2000), Mittermeier et ál. (2004)
Temperatura media anual ºC
−9,9 - 0
12,1 - 15
15,1 - 18
21,1 - 24
La estructura y fisonomía de la vegetación en los altos Andes está determinada,
en gran medida, por la interacción entre la temperatura, la precipitación y los
vientos, que también controlan otros factores como la humedad. La variabilidad
de temperatura en los Andes Tropicales depende principalmente de dos aspectos:
el gradiente altitudinal y la humedad del aire, aspecto fuertemente controlado
por las condiciones locales de la orografía andina (Smith y Young 1987). La tasa
de cambio en el promedio de temperatura con respecto a la altitud está típicamente entre 0.6 y 0.7 ºC por cada 100 metros de variación altitudinal (i.e. lapso
de proporción; (Buytaert et ál. 2009, Hooghiemstra y van der Hammen 2004). La
humedad del aire disminuye tanto el lapso de proporción, como también la variación diaria de temperatura, por lo que las regiones más húmedas tienden a tener
menor fluctuación térmica diaria y anual (Smith y Young 1987). La temperatura
promedia anual en los Andes Tropicales alcanza valores sobre los 27 °C en los
valles interandinos xéricos de Colombia (e.g., valle del Patía o en el Magdalena
medio) o en los límites orientales de los Andes peruanos (Figura 2). Conforme
los Andes ganan altura, la temperatura promedia anual decrece a una proporción
de ~ 1,2 grados por cada 1.000 metros de altitud hasta llegar a los ambientes
alpinos tropicales de los páramos y las punas, los cuales ocurren a temperaturas
que oscilan entre los 3 y 9 °C (Figura 2).
Contrariamente a la temperatura, la precipitación en los Andes no sigue un patrón
lineal sino que está determinada por la orografía andina y la influencia de los
vientos prevalecientes localmente, lo que determina su alta variabilidad temporal
y espacial (Buytaert et ál. 2010a). La circulación del aire en los Andes Tropicales
está influenciada por la interacción de la Zona de Interconvergencia Tropical
(ITCZ por sus siglas en inglés) con los factores locales orográficos que controlan
el clima, debido al enfriamiento adiabático de las columnas calientes de aire y los
factores de convección producto de cambios en la temperatura diurna. Los vientos tropicales del Este (“tradewinds”) traen masas de aire húmedo que chocan
con el piedemonte de la vertiente externa de los Andes orientales a lo largo del
año (Vuille y Bradley 2000, Vuille et ál. 2003). Los valles interandinos tienen una
Porcentaje de endemismo
24,1 - 27
27,1 - 30
Fuente: worldclim (http://www.worldclim.org/)
500,1 - 1.000
1.000,1 - 1.500
1.500,1 - 2.000
2.000,1 - 2-500,1
2.500,1 - 3.000
3.000,1 - 4.000
Los Andes Centrales tienen una estacionalidad mucho más marcada, que está
claramente sectorizada entre el régimen de humedad dominante en los Andes
orientales respecto de la aridez de la cordillera occidental a partir de los 15°S
hasta los 22°S. En los Andes Centrales, la cordillera alcanza una elevación promedia de 3.500 a 4.000 m, lo que los convierte en una barrera que separa y define
las diferencias en el clima de ambas cordilleras. Hacia el oeste, los anticiclones
del Pacífico Sur generan condiciones estables y secas, que determinan que la
humedad en las masas de aire no precipite, resultando en el clima más seco del
mundo a lo largo de la puna xerofítica de Bolivia (Vuille y Bradley 2000). Hacia el
Este, en el interior del continente, las condiciones climáticas calientes del Chaco
predominan durante los meses de verano (diciembre-marzo), lo que determina
condiciones ambientales húmedas y calientes, donde los bosques montanos de
las Yungas presentan patrones de humedad comparables con sus contrapartes
septentrionales. Durante el resto de meses del año (abril-noviembre) predomina
la influencia de las masas frías de aire del sur del continente, fijando la ocurrencia de la estación seca, razón por la cual muchos de los bosques montanos de la
cordillera oriental de Bolivia (e.g., Tarija, Cochabamba) presenten características
Los Andes Tropicales evidencian un gradiente de humedad decreciente de norte
a sur –a excepción de Venezuela, que está expuesta a vientos convergentes del
Atlántico y el Caribe, generando un sistema marcadamente estacional con características pluviestacionales subhúmedas a secas (Ataroff y Sarmiento 2003)–. En
los Andes de Colombia y Ecuador, los flancos occidentales inferiores están influidos principalmente por las masas de aire originadas en el Pacífico, mientras que
la cordillera oriental está dominada por vientos húmedos del Atlántico Tropical
y de la cuenca amazónica, por lo que predominan los climas pluviales húmedos
a hiperhúmedos (Vuille y Bradley 2000). Los valles interandinos de los Andes
del Norte localizados entre las cordilleras se encuentran expuestos a influencias
variables entre las masas de aire oceánicas y continentales con dos períodos de
lluvia entre febrero-mayo y octubre-noviembre. Por el contrario, dos períodos de
estiaje son claramente definibles; el primero se extiende de junio a septiembre y
es mucho más pronunciado que el segundo, el cual ocurre entre diciembre-enero.
Conforme las masas de aire pierden su humedad en los flancos externos de las
cordilleras, se genera un efecto de sombra de lluvia que define valores de precipitación anuales relativamente bajos que fluctúan entre 800 a 1.500 mm al año
(Vuille y Bradley 2000, Vuille et ál. 2003). Debido a estas condiciones, los valles
interandinos suelen formar enclaves pluviestacionales secos con vegetación xerofítica (precipitación < 800 mm/año) que en muchos casos actúan como barreras
biogeográficas (García-Moreno et ál. 1999, Schuchmann et ál. 2001).
figura 3. Patrones de precipitación anual en los Andes Tropicales.
gran diversidad de climas debido a las diferencias de altitud en distancias cortas
y a los efectos de la sombra de lluvia (Kessler et ál. 2001, Killeen et ál. 2007). Los
registros climatológicos para el período 1960-2000 reportan una alta variabilidad
con valores inferiores a los 200 mm al año, en la puna xerofítica, hasta los 4.000
mm en los flancos externos de las cordillera oriental y occidental, y con valores
extremos (>4.000 mm) en áreas muy específicas de los bosques (Hijmans et ál.
2005b, Jarvis y Mulligan 2011, Killeen et ál. 2007) (Figura 3).
4.000,1 - 6.000
6.000,1 - 8.000
semideciduas propias de la provincia biogeográfica Boliviana-Tucumana (Navarro 2011, Josse et ál. 2009). La precipitación en el Altiplano está asociada con un
verano dominado por fuertes convecciones térmicas diarias y flujos de humedad
provenientes de la cuenca amazónica (Garreaud et ál. 2003). Más del 80 por ciento de la precipitación anual (350-400 mm) ocurre durante los meses de verano,
comúnmente durante la tarde y noches por efectos de convección térmica debido
a la alta radiación solar del Altiplano (Vuille 1999).
riego y generación de energía, tierra fértil para producción agrícola, entre otros
(Bradley et ál. 2006, Buytaert et ál. 2006a). Por otra parte, los páramos son reconocidos por ser un importante depósito de carbono almacenado en forma de
materia orgánica del suelo (promedio de 100 g/Kg). El proceso de descomposición es tan lento que, a pesar de que los reservorios de hojarasca y biomasa
aérea son muy bajos, la materia orgánica (MO) se acumula en el suelo y puede
alcanzar los 60 kg C/m2, ubicándose entre los suelos con las mayores reservas de
carbono en el mundo (Farley 2010, Farley y Kelly 2004).
La puna corresponde a los ecosistemas altoandinos del centro del Perú y Bolivia
hasta el límite de los Andes Tropicales en el noroeste de la Argentina (Josse et
ál. 2009, Smith y Young 1987). La puna puede ser dividida en dos grandes tipos
de vegetación o biomas, la puna mesofítica o húmeda y la puna xerofítica o seca
(Navarro 2011).
El páramo se extiende desde Venezuela hasta los 6°Sur en la depresión de Huancabamba, Perú, formando islas confinadas a las cumbres de los volcanes y montañas andinas, representando un archipiélago continental rodeado, generalmente, de bosques montanos (Sklenáˇ et ál. 2005) . El páramo está caracterizado por
condiciones de una elevada humedad relativa (>40%) –con notables excepciones– y pequeños cambios estacionales en las medias máximas (12°C) y medias
mínimas (8°C) mensuales de temperatura a lo largo del año, pero con una gran
amplitud térmica diaria mayor a los 20°C (Buytaert et ál. 2006a). Estos ecosistemas reportan una alta diversidad de especies de plantas vasculares (3.595 especies distribuidas en 127 familias y 540 géneros de los cuales 14 son endémicos de
los Andes del Norte) (Sklenáˇ et ál. 2005). Los páramos juegan un papel fundar
mental en sostener las formas de vida de millones de personas, proveyéndoles de
bienes y servicios ambientales tales como la producción de agua para consumo,
© Jorge Juan Anhalzer
La gran diversidad de los Andes Tropicales puede ser caracterizada de manera sencilla en siete grandes biomas que estructuran el paisaje andino: (1) los
páramos, (2) la puna mesofítica, (3) la puna xérica o xerofítica, (4) los bosques
montanos (pluviales, semideciduos y deciduos), (5) los valles interandinos,
(6) prepuna xerofítica y (7) glaciares-áreas crioturbadas (Cuesta et ál. 2009a)
La puna mesofítica se encuentra distribuida desde el centro-norte de Perú (~11°
S) hasta el centro de la Cordillera Oriental de Bolivia en una superficie aproximada de 183.500 km2, equivalente al 12% del área de estudio. Se extiende por
las altas cordilleras tropicales de los Andes Centrales, e incluye la gran cuenca altoandina del Lago Titicaca hasta las cordilleras de Cochabamba en Bolivia
(e.g., Tunari, Tiraque). En conjunto, predominan los bioclimas pluviestacionales
húmedos a subhúmedos. La vegetación está actualmente dominada por sistemas
de pajonales y matorrales, cuya flora es notablemente diversa en especies junto
con remanentes de bosques de Polylepis spp. Estos pajonales ocurren en condiciones estacionales, es decir, se encuentran adaptados a los meses del año en
los cuales las lluvias son mucho más escasas, llegando a crearse condiciones de
déficit hídrico en las que la evo-transpiración es mayor que el ingreso de agua
por precipitación (Navarro 2011). Durante esa época, las plantas reducen mucho
su producción de biomasa y crecimiento, llegando a secarse y perder parte de sus
hojas (Josse et ál. 2009).
La puna xerofítica, de gran extensión en el centro de los Andes, se distribuye fundamentalmente en el centro-sur del oeste de Bolivia y en el noroeste de Argentina, con extensiones menores en zonas adyacentes del suroeste de Perú y noreste
de Chile, abarcando una superficie de 100.000 km2, equivalente al 6,5% del área
de estudio (Josse et ál. 2009, Navarro 2011). Incluye la gran meseta del Altiplano
andino, con una altitud promedio de 3800 m, situada en la zona más ancha de
toda la cordillera de los Andes. Al estar situada latitudinalmente en el área de
influencia del cinturón de altas presiones subtropicales, el clima de la puna xerofítica es marcadamente estacional, con una época seca muy intensa y fría, que
se acentúa notablemente hacia el sur y hacia el oeste. Predominan los bioclimas
xéricos secos y semiáridos (Josse et ál. 2009). La vegetación de la puna xérofítica
está notablemente diversificada, presentando 20 ecosistemas restringidos a esta
región geográfica (Navarro 2011). Entre ellos se destacan los grandes salares del
Altiplano, que son probablemente los ecosistemas salinos de alta montaña más
extensos de la Tierra y con una gran cantidad de especies de plantas vasculares endémicas de los géneros Festuca, Nototriche, Arenaria, Draba, Parastrephia
entre otros (Josse et ál. 2009).
Por sus características geológicas y climáticas, tanto la puna mesofítica como la
xerofítica albergan grandes extensiones en torno a lagunas y cursos de agua (~
50.000 km2). El agua fresca y medianamente salina de los bofedales proviene de
agua subterránea asociada a riachuelos que se originan de glaciares, derretimiento de nieve y lluvia. Estos bofedales son entidades únicas, extremadamente frágiles por su dependencia del agua, sensibles a los cambios climáticos y vulnerables
a la alteración humana, como es el caso de la actividad minera en la región.
Dichos ecosistemas alcanzan en este paisaje su mayor extensión y representatividad dentro del conjunto de los Andes Tropicales. Al igual que los páramos,
las turberas o bofedales están marcados por la influencia de bajas temperaturas
y humedad ambiental que reducen drásticamente las tasas de descomposición
de materia orgánica, por lo que acumulan cantidades importantes de carbono
orgánico (~500 toneladas/Ha), lo cual contribuye en su alta capacidad de regulación y provisión de agua (Squeo et ál. 2006). Esto ha estimulado la agricultura
semi-intensiva y el desarrollo de pastizales adecuados para la crianza de ganado
vacuno, vicuñas y alpacas. Por ello no es extraño que esta zona sea una de las
más pobladas de toda la puna (Josse et ál. 2009).
Los bosques montanos cubren la mayor superficie de áreas naturales en los
Andes Tropicales (336.800 km2 equivalente al 23% del área de estudio) y constituyen el paisaje matriz dominante. Se extienden desde el piedemonte (600 ±
100 msnm) hasta el límite arbóreo –que varía de acuerdo con la latitud y la
historia de uso del suelo, pero que generalmente se encuentra sobre los 3.500 m
de elevación (Webster 1995, Lauer 1989). Este bioma se distribuye a lo largo de
los flancos de las vertientes externas e internas de las cordilleras en los Andes
del Norte. Habitualmente, en el flanco amazónico de la Cordillera Real o en la
vertiente Pacífica de Colombia o Ecuador, los bosques montanos forman un gradiente continuo de más de 2.500 m de elevación. Hacia los flancos interiores de
la cordillera andina, los bosques son delimitados por los enclaves secos de los
valles interandinos. En los Andes Centrales, adoptan el nombre local de Yungas
y se encuentran restringidos principalmente al flanco exterior de la cordillera
oriental (Cuesta et ál. 2009a).
El clima de los bosques montanos es altamente variable entre localidades,
con un promedio de precipitación de ~2000-2600 mm/año y una temperatura
promedio anual de 14-18 °C. Por otro lado, los ecosistemas montanos deciduos y semideciduos ocurren en ambientes con precipitaciones anuales inferiores a los 1000 mm pero con patrones de temperaturas similares a las de sus
contrapartes siempreverdes (Jarvis y Mulligan 2011). Los bosques montanos
generalmente se subdividen en tres grandes grupos de acuerdo a sus patrones
bioclimáticos: bosques siempreverdes o de neblina, bosques semi-deciduos y
deciduos (Figura 1).
Los bosques montanos de los Andes tienen una importancia global por ser
reservorios de biodiversidad y por sus excepcionales funciones de regulación
hídrica y mantenimiento de una alta calidad del agua (Bubb et ál. 2004). Específicamente, los bosques montanos siempreverdes presentan una dinámica
hídrica poco convencional (Bruijnzeel 2001), donde la niebla y la lluvia, que
es transportada por el viento, se convierten en un aporte adicional de agua al
sistema (Tobón y Arroyave 2007). Este aporte se convierte en un componente
importante del balance hídrico de dichos ecosistemas, por la capacidad que
tienen para interceptar el agua de la niebla y por la disminución de la transpiración (Tobón 2009).
El aprovechamiento de la lluvia horizontal cobra gran importancia en la época
de estiaje, especialmente en los bosques montanos semi-deciduos y deciduos.
Muchos de estos bosques estacionales se caracterizan por ser áreas con baja precipitación pero con frecuente formación de neblina. Bajo condiciones húmedas,
la cantidad de agua directamente interceptada por la vegetación de los bosques
montanos puede estar en el orden de 15% a 20% de la precipitación total, y
puede llegar al orden de 50% a 60% en condiciones más expuestas (Bruijnzeel y
Hamilton 2000). Estos valores tienden a incrementarse en bosques montanos de
mayores altitudes. En áreas con menor precipitación total, o que experimentan
períodos de estiaje extendidos, tales porcentajes pueden ser incluso mayores y
equivalentes a entre 700 y 1.000 mm año−1 (Bruijnzeel 2001).
Un elemento fundamental de la hidrología y ecología de los bosques montanos
es la gran riqueza y abundancia de epifitas, lianas y bejucos que constituyen,
en gran medida, el estrato inferior o sotobosque de estos ecosistemas. Cerca de
un cuarto de todas las plantas vasculares tiene una forma de vida epifita (Foster 2001). Esta comunidad juega un papel fundamental en la captura de lluvia
horizontal y provee una gran diversidad de microhábitats para varias especies de
anfibios y reptiles. El agua almacenada en la comunidad epifita ha sido estimada
entre 3.000 litros por hectárea (Richardson et ál. 2000) y 50.000 litros/ha (Sugden
1981). Hasta la mitad del total de ingreso de nitratos y otros iones y nutrientes en
el bosque puede provenir del agua filtrada por las epifitas (Benzing 1998).
Los patrones de diversidad vegetal en los bosques montanos evidencian valores
muy altos en la diversidad beta y gama, siendo lo opuesto a lo observado en los
bosques amazónicos (Gentry 1995, Churchill et ál. 1995). Los bosques montanos
presentan patrones excepcionales en el recambio de especies y comunidades,
debido, en parte, a la enorme heterogeneidad de hábitats producto de los fuertes
gradientes ambientales (Kessler et ál. 2001, Kessler 2002, Jorgensen y León-Yanez
1999). La diversidad de estos bosques disminuye al incrementarse la elevación
por encima de los 1.500 m. Debajo de este límite, los bosques montanos son tan
diversos como los de tierras bajas y presentan patrones de composición florística
similares a éstos (Gentry 1995). Las especies arbóreas de la familia Leguminosae y Bignoniaceae, en el caso de las lianas, representan las familias más diversas en ambos casos. Por encima de los 1500 m, los bosques montanos pierden
diversidad pero su composición florística es marcadamente distinta, con una predominancia de especies y géneros de origen laurásico. La familia Lauraceae es
preponderantemente la más rica en especies leñosas (mayores a 2,5 cm de DAP)
en todos los bosques montanos de los Andes localizados entre 1500 y 2900 m de
elevación, seguida por las familias Rubiaceae y Melastomataceae. En elevaciones
superiores, las familias Asteraceae y Ericaceae pasan a ser los elementos de la
flora leñosa más ricos en especies (Gentry 1995).
Los bosques montanos albergan gran variedad de especies de fauna, muchas
ellas de distribución restringida. Un ejemplo son los valores que se reportan
para las aves. El 10% de las 2 609 especies de aves de distribución restringida
(aquellas que tienen un rango inferior a 50 000 km2) reportadas a escala global se
encuentran principalmente en los bosques montanos. Los datos sobre los patrones de endemismo de los bosques montanos a escala de país muestran consistentemente valores excepcionales. Young y León (1997) y Young (1992) estimaron
que en las Yungas peruanas se encuentra el 14% de la flora del Perú, en lo que
representa el 5% del área del país. Balslev (1988) estimó que la mitad de la flora
de Ecuador se encuentra en el 10% de la superficie nacional, área representada
por las regiones entre los 900 y 3000 m de elevación.
Los bosques montanos son también el hábitat natural de muchas de las variedades silvestres de los cultivos andinos. Debouck y Libreros Ferla (1995) identificaron 12 géneros silvestres asociados a cultivos andinos, tales como la papaya
(Carica papaya), el tomate (Lycopersicon esculentum), el tomate de árbol (Solanum betaceum), varias especies parientes del maracuyá y del taxo, del aguacate
(Persea americana), granos del género Phaseolus, la mora (Rubus spp.), el pepinillo (Solanum muricatum) y la papa (Solanum spp.).
Es en este escenario de contrastes climáticos, gradientes altitudinales y diversidad ecosistémica donde las sociedades humanas andinas se han desarrollado,
convirtiéndolo en un paisaje cultural milenario en permanente transformación.
Las sociedades andinas
Grupos humanos han habitado en los Andes por miles de años, conociendo y
adaptándose a las condiciones climáticas y características eco-geográficas de este
sistema montañoso. En esta convivencia, los Andes han moldeado a los grupos
humanos que en ellos han morado, al igual que las sociedades andinas han
transformado los Andes mediante las actividades productivas que han desarrollado en busca de garantizar su reproducción material (Etter y van Wyngaarden
2000, Murra 1984, Young 2009, Zimmerer 1995). Esta interacción, mutuamente
transformadora, entre naturaleza y sociedad hace de los Andes un sistema social
y ecológico (SSE) complejo. El SSE andino –que incluye tanto los Andes del norte
como los del centro– se caracteriza hoy en día por una alta densidad poblacional
en las zonas urbanas (>66% en todos los países andinos), y relativamente baja
en las zonas rurales (Báez et ál. 2004, Cano 1999, del Callejo 2010, Eguren y Cancino 1999, Etter y van Wyngaarden 2000, Morales et ál. 2009).
La naturaleza y el enfoque adoptado en Panorama Andino prioriza a la zona rural
del SSE andino dentro del área de estudio, donde las actividades económicas
tradicionales son la agricultura, la ganadería y la minería (Brush et ál. 1981, Dell
2010, Dore 2000, Young 2009, Zimmerer 2002). Las actividades agropecuarias
están organizadas principalmente en torno a unidades de producción agrícola
(i.e. UPAs) campesinas y familiares, con pequeñas extensiones de tierra que, en
muchos casos, tienen un patrón disperso a lo largo de la gradiente altitudinal
andina (Field 1991, Knapp 1991, Mayer 2002). Sin embargo, en la región se observa la diversificación de los sistemas productivos, incluidos patrones migratorios
–sean estos temporales, cíclicos o permanentes– como fuente complementaria
de ingresos familiares (cf. Reardon et ál. 2001). Además, desde hace décadas la
población rural andina ha desarrollado diversos grados de interacción con los
mercados regionales, nacionales e internacionales, en función de su aislamiento
geográfico (i.e. accesibilidad), su relacionamiento con actores externos, y sus
vínculos con dinámicas urbanas (Bebbington 1997, Reardon et ál. 2001).
Las características biofísicas y climáticas de los Andes, y su diversidad, han generado numerosos nichos ecológicos aptos para una variedad de cultivos y crianzas
que incluyen prácticas propias del SSE andino; sin embargo, estas mismas características determinan la baja productividad (TN/Ha) de los sistemas agroecológicos (Golte 1980). Asimismo, esta aptitud ha hecho posible la creciente presión
sobre el uso de la tierra, y los acelerados procesos de conversión asociados a
la sobre-explotación de los recursos naturales, los cuales se han convertido en
una amenaza para la característica biodiversidad andina y las propias sociedades
andinas que merman sus recursos (Etter et ál. 2006, Liberman 1993, Moncayo
2008, Quiroz et ál. 1995). El contexto histórico estructural andino de pobreza,
inequidad, aislamiento y marginalidad son factores subyacentes de los patrones
mencionados (Bebbington 2001, Glassman y Handa 2005).
El área de estudio del Panorama Andino puede ser categorizada en cuatro grandes sistemas productivos:
a) Sistema pastoril exclusivo.– Es el pastoreo extensivo de rebaños de alpacas,
llamas, ovejas y vacas, que se realiza entre los 3200 y 4000 m en los Andes del
Norte, y por encima de los 4000 m en los Andes Centrales. El predominio de los
camélidos sudamericanos en el rebaño se extiende desde Bolivia (puna xerofítica y los pisos altoandinos pluviestacionales húmedo y seco); (Liberman 1993)
hasta Junín (Perú), de aquí hacia el norte predominan las ovejas. La unidad de
organización social más importante de este sistema es la comunidad campesina,
la misma que es propietaria de la tierra, mientras que las familias que componen
la comunidad usufructúan en la propiedad comunal.
b) Sistema agro-pastoril.– Es característico de las laderas andinas desde Bolivia (Zimmerer 2000) hasta Venezuela (Sarmiento et ál. 1993), con el patrón de
mosaico formado por campos de policultivo de papa, maíz, trigo, cebada, haba,
caña panelera, ajo, cebolla, hortalizas, avena y alfalfa. La tendencia es que la
agricultura sea de secano, aunque, si hay riego, este se regula mediante organizaciones de regantes históricamente existentes en los países andinos (Guevara Gil
y Boelens 2010, Rocha et ál. 2010) o más recientes (e.g., en Cochabamba, Bolivia:
Chila y Delgadillo 2010). La agricultura se combina con la crianza de ganado
vacuno, ovino, caprino y equino, que pasta en las zonas más altas y en los
terrenos en descanso, como complemento al ingreso familiar (Bebbington et ál.
1992, Hamilton et ál. 2001). La tecnología es mayoritariamente tradicional, siendo notorios los sistemas de terrazas y andenes (para un sistema tradicional de
riego con agua subterránea en Bolivia ver: Soto 2010), y el escaso uso de tractores
y trilladoras (Field 1991). Una particularidad del sistema agro-pastoril es el barbecho sectorial, especialmente en Bolivia (Pestalozzi 2000) y Perú (Orlove y Godoy
1986, Zimmerer 1991a), aunque también en Colombia y Venezuela (Sarmiento
2000). El barbecho consiste en que los terrenos están en ciclos de descanso de
3 a 15 años luego de una o dos campañas de papa, quinoa, cebada, seguida por
haba o alguna leguminosa. La zona de barbecho suele estar bajo control comunal y su presencia varía en las parcelas familiares, con zonas donde es estricta y
zonas donde es casi inexistente (Golte 1992). Las particularidades agronómicas
en la región pueden verse, entre otros, en Etter y Villa (2000) y Rodríguez Quijano
(1993) para los Andes colombianos; en Cañadas (1993) para el páramo pluviestacional húmedo del Ecuador, y en Field (1991) para la sierra norte de este mismo
país; en Fonseca y Mayer (1988), para la vertiente occidental andina en Perú, y
en Camino (1982) para la vertiente oriental del mismo país; en del Callejo (2010),
Rocha et ál. (2010), y Zimmerer (1999) para Bolivia; y en Sarmiento (1993) para
la zona andina Venezolana.
c) Sistema agrícola.– El sistema se ubica, fundamentalmente, en los valles interandinos y los valles occidentales. Se trata, en la mayoría de los casos, de pequeña y mediana agricultura comercial con riego tradicional y tecnificado en algunas
zonas (para el riego en Bolivia cf. del Callejo 2010), con bajas inversiones en
capital y tecnología (Alber 1999, Báez et ál. 2004, Etter et ál. 2006). La tenencia
de la tierra es individual, la fuerza de trabajo consiste en el trabajo familiar máy
trabajadores eventuales asalariados (Bebbington et ál. 1992, Tamayo 2010). Los
cultivos característicos son cereales, hortaliza, y frutales, cuyo destino fundamental es los mercados nacionales (del Callejo 2010, Vos 2010, Wiegers et ál.
1999); mientras que el café es también exportado. Una variante de este sistema
es la agroindustria—intensiva en capital y orientada mayormente al mercado
internacional—productora de caña, café, flores, palmito y palma africana (Báez
et ál. 2004) ubicada en el piedemonte andino, en los valles interandinos, y en
partes del oriente boliviano (del Callejo 2010).
d) Sistema ganadero.– Nos referimos aquí a la ganadería lechera que se ubica en algunos valles interandinos; por ejemplo: Cajamarca y Mantaro en Perú,
Machachi y Cayambe en Ecuador, y en Colombia, Cauca y Magdalena (Aubron
2006, Báez et ál. 2004, Etter y van Wyngaarden 2000, Etter et ál. 2006). Los sistemas de los valles suelen ser de mediana propiedad, formando ‘cuencas lecheras’ cuya actividad agrícola principal consiste en la producción de forraje con
y sin riego (del Callejo 2010). Asimismo, la ganadería también se desarrolla en
la región andina colombiana (Etter et ál. 2006), en algunas zonas del altiplano peruano-boliviano y en Ecuador, con pequeña producción lechera campesina familiar (Báez et ál. 2004, Bebbington 2001). La promoción de la industria
lechera en la zona altoandina (e.g., en Ecuador y Bolivia: Bebbington 2001) ha
impulsado la intensificación de capital y la innovación tecnológica para el mejoramiento de la ganadería, logrando elevar su productividad (Cardozo Gonzales
2007, Morales et ál. 2009).
Estas categorías buscan reflejar tendencias y patrones generales, más no límites
rígidos ni situaciones estáticas. Los campesinos andinos están en constante cambio frente a las condiciones sociales y ambientales; en este sentido, la mundialización de la producción agroalimentaria, la consolidación del modelo primario
exportador en los países andinos, y las políticas de ajuste estructural (Malleta
1999), han llevado a que los campesinos, tendencialmente, están cada vez más
marginados, más excluidos (Callejo 2010), y más empobrecidos (Crabtree 2002).
En este contexto, los sistemas productivos que hemos presentado, tienden a ser
replegados en terrenos poco fértiles, en zonas de mayor altitud con marcada
pendiente—propensas a la erosión—con escasos servicios y muy limitado acceso
a infraestructura productiva (Eguren y Cancino 1999, Llambí 1990, Rubio 2008,
Salgado y Prada 2000), lo que tiende a agudizarse para las mujeres (Hamilton et
ál. 2001) y bajo la influencia de desplazamientos poblacionales y violencia política (para el caso colombiano cf. Cano 1999, Machado 1991, Moscardi 1994). La
forma tradicional de acceso a la fuerza de trabajo era el intercambio de trabajo
por trabajo o trabajo por especies (con el ayni como institución emblemática de
las comunidades andinas), sin embargo, en las zonas de producción comercial
predominan las relaciones salariales (Crabtree 2002, Vos 2010), las cuales han
modificando las lógicas tradicionales de intercambio de fuerza de trabajo. La creciente movilidad de la mano de obra campesina fuera de sus zonas productivas
mengua la presión sobre el ecosistema, pero disminuye la disponibilidad de la
fuerza de trabajo; asimismo, como trabajadores asalariados no sólo se les extrae
excedentes de múltiples formas (Rubio et ál. 2008), sino que el mercado laboral
los somete a trabajos temporales (Campana 2008), sin beneficios sociales y en
condiciones deplorables (Llambí 1990, para un caso de jornaleros en la producción de tabaco en México cf. MacKinlay 2007). Estas condiciones sociales y productivas, sumadas con la pobreza endémica de los Andes, merman sistemática y
sostenidamente las capacidades de los campesinos y pequeños productores para
responder a perturbaciones socioambientales.
Colombia (Moncayo 2008, Salgado y Prado 2000) y Bolivia. La propiedad privada
individual/familiar predomina en las tierras bajas. Las comunidades son heterogéneas, algunas tienen un pasado prehispánico mientras que otras se crearon en
el siglo XX (Cotlear 1989, Mossbrucker 1990, Urrutia 2004). Asimismo, existen
variaciones espaciales en las estructuras agrarias y sus históricas vinculaciones
con los circuitos mercantiles; por ejemplo en Ecuador, además de la diferencia
costa/sierra, existe también la diferenciación entre la sierra norte de estructura
hacendaria de producción agrícola; la sierra centro de mediana y pequeña agricultura comercial; y la sierra centro-sur con sus tradicionales haciendas ganaderas (Báez et ál. 2004).
Finalmente, la minería que se encuentra dentro del área de estudio del Panorama
Andino se ha convertido en una nueva presión sobre los SES andinos. El despegue de la minería en los países andinos responde al ciclo global de expansión
de la explotación de minerales provocado poa los altos precios y la creciente
demanda (Gordon et ál. 2006, World Bank 2005). Esta minería se caracteriza por
masivas inversiones de capital y tecnología, altos requerimientos de agua para su
extracción, escasa demanda de mano de obra no calificada (Damonte Valencia
2008); influencia en las políticas nacionales (Bridge 2004b, Durand 2005, Urteaga
Crovetto 2010); preeminencia en las economías de los países; y desmesurado
poder en la institucionalidad de la gobernanza de los recursos (Bridge 2004a), lo
que a su vez deslegitima la institucionalidad y debilita la gobernanza (Bebbington y Bury 2009).
La tenencia de la tierra es un tema crítico en la configuración del paisaje andino,
y presenta estructuras tanto comunales como privadas/individuales. La propiedad comunal es la forma de propiedad dominante en la zona altoandina, aunque
también hay gran propiedad en zonas altoandinas de Ecuador (Báez et ál. 2004),
escenarios desagregados
del cambio climático para
W o u t e r B u y ta e r t 1
J u l i á n R a m í r e z - V i l l e g a s 234
Civil and Environmental Engineering – Imperial College London � w.buytaert@imperial.ac.uk
CGIAR Challenge Program on Climate Change, Agriculture y Food Security – CCAFS
Institute for Climatic y Atmospheric Science, School of Earth and Environment – University of Leeds
n este estudio se evalúan las proyecciones del conjunto de modelos globales de clima adoptado por el Grupo Intergubernamental de Expertos
sobre el Cambio Climático (IPCC) para los Andes tropicales. En promedio, los modelos predicen un ligero incremento de precipitación (alrededor de 10%) y un incremento de la temperatura (alrededor de 3°C)
dependiendo del periodo de predicción y el escenario de emisión. Sin embargo, la
discrepancia entre los modelos es muy alta sobre los Andes, especialmente en el
caso de la precipitación, lo cual se atribuye a las diferencias en la representación
de la topografía y los procesos climáticos sobre la zona de montaña. Aunque la
predicción promedia es un incremento de precipitación, varios modelos predicen
una disminución dramática, de tal manera que ni siquiera hay acuerdo entre
los modelos de clima en cuanto a la dirección del cambio de precipitación, y se
concluye que la implementación de métodos de desagregación es necesaria para
bajar la incertidumbre de las proyecciones. Por ende, evaluamos el desempeño
de un modelo regional, PRECIS, implementado para los Andes tropicales, con
el propósito de evaluar el potencial de modelos regionales para desagregar las
proyecciones globales. Se concluye que la aplicación de un modelo regional para
bajar la escala de los modelos globales de clima no necesariamente mejora la
representación del clima. Un mayor incremento en la resolución, combinado con
una mejor disponibilidad y asimilación de datos, será necesario para representar
gradientes locales apropiadamente.
Los cambios en el clima de los Andes: una breve revisión
Se está observando un rápido cambio climático en toda la región de los Andes
Tropicales. Las muestras más notorias de este cambio son las observaciones de
temperatura de aire en el superficie. Sobre los Andes Tropicales se ha observado
un incremento promedio de de la temperatura de 0.7°C en las últimas siete décadas (1939 – 2006, Vuille et ál. 2008). De los últimos 20 años, solo dos (1996 y
1999) estuvieron por debajo del promedio de temperatura observado entre 1961
y 1990. Los datos de reanálisis del Centro Estadounidense para la Protección del
Medio Ambiente y el Consorcio Estadounidense para la Investigación Atmosférica (NCEP-NCAR) muestran un incremento promedio de 73 m del nivel de altura
de congelamiento para los Andes y la cordillera Americana entre 1948 y 2000.
Si solo se consideran datos entre 1958 y 2000, período para el cual se considera
que la información disponible es más confiable (Diaz et ál. 2003), el incremento
es de 53 m.
En términos generales, el incremento de la temperatura y el incremento asociado
de la energía en la atmósfera aumentará la evaporación de agua de la superficie
de la tierra. Este proceso necesariamente aumentara el contenido de humedad
de la atmósfera (IPCC 2007). De acuerdo a las leyes físicas de los gases, eso debe
resultar en una disminución del cambio de la temperatura con la altura (llamado
el “lapse rate” en inglés) y por ende, en un calentamiento mayor a mayores elevaciones (Bradley et ál. 2006). Aunque los resultados de los modelos generales de
clima soportan esta tendencia, es difícil de verificar debido a la falta de observaciones suficientemente confiables y abundantes en la región de los Andes tropicales. Sin embargo, la limitada evidencia que existe, ciertamente, parece apoyar
el supuesto. Por ejemplo, reportes recientes de los Andes Peruanos, muestran
que las temperaturas diarias máximas ahora suben encima de 0°C entre Octubre
y Mayo, aún a elevaciones tan altas como 5.680 m (Bradley et ál. 2009). Dichos
cambios en temperatura son suficientes para causar alteraciones significativas
en la disponibilidad del agua en el suelo y los rangos de distribución de especies
Los cambios en la precipitación durante el siglo 20 han sido menos notables (Vuille et ál. 2003), sin embargo, es posible encontrar una tendencia de incremento
de la precipitación al norte de los 11°S, en Ecuador, mientras que en el sur del
Perú y a lo largo del límite peruano-boliviano, la mayoría de estaciones indica una disminución de la precipitación. Estos resultados fueron posteriormente
confirmados por Haylock et ál. (2006), quien también encontró un cambio hacia
condiciones más húmedas en Ecuador y el norte del Perú, así como una tendencia a la desecación en zonas húmedas del sur peruano. La cantidad de radiación
de onda larga, que es indicativa de la actividad convectiva de la atmósfera que
origina precipitación, muestra una disminución significativa en los Andes tropicales durante el verano austral (Vuille et ál. 2003, Vuille et ál. 2008). En las
zonas cercanas al trópico de Cáncer (al sur de los 10°S) la tendencia es opuesta,
mostrando un incremento en la radiación de onda larga (Garreaud et ál. 2003,
Vuille et ál. 2003, Vuille et ál. 2008). Aunque estas tendencias son pequeñas y
no significativas, son consistentes con las proyecciones en el cambio de la precipitación para finales del siglo 21 hechas por el ensamblaje de modelos del IPCC
(Vera et ál. 2006).
Los modelos globales de clima y su incertidumbre
Para enfrentar el problema del cambio climático mundial, la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente crearon el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático
(IPCC). El IPCC analiza la información científica, técnica y socio-económica relevante para entender el fenómeno del cambio climático. Una herramienta clave en el análisis del impacto de cambio climático son los modelos globales de
clima (GCMs por su denominación en inglés), los cuales se usan para generar
proyecciones cuantitativas del cambio climático al futuro. Existe una multitud
de modelos globales de clima desarrollados por varios grupos de investigadores
mundiales. El IPCC ha seleccionado un conjunto de unos 25 modelos, los cuales
han sido presentados y evaluados en los reportes del IPCC. Los modelos difieren
en su estructura, la implementación técnica, los datos de ingreso, su resolución,
entre otros. Por ende, las proyecciones de dichos modelos divergen debido a esas
diferencias, lo cual ayuda a analizar las incertidumbres de las proyecciones futuras del cambio climático.
Regularmente el IPCC publica los resultados de este proceso en reportes de evaluación. El análisis presentado en este estudio esta basado en el cuarto informe
del IPCC, publicado en 2007 (IPCC 2007).
Especialmente en regiones con un sistema climático complejo como las tienen los
Andes tropicales, existen discrepancias importantes en cómo los modelos representan el clima local y regional. En esas regiones es importante tomar en cuenta
la incertidumbre en las proyecciones y evaluar la capacidad predictiva de los
GCMs. Las incertidumbres en las proyecciones climáticas pueden tener diferentes
Generación de escenarios desagregados del cambio climático para los Andes Tropicales
fuentes: adicionalmente a la implementación misma del modelo, mencionada
anteriormente, el contexto es otra fuente importante de incertidumbre. En el tema
del cambio climático, el contexto representa la evolución socio-económica mundial y su impacto sobre las emisiones de gases de invernadero. El reporte especial de escenarios de emisiones (SRES) desarrolló un número de escenarios de
emisiones (IPCC 2000), y estos fueron posteriormente usados en el tercer (IPCC
2001) y cuarto (IPCC 2007) reporte de evaluación. Los SRES (como se conocen
comúnmente) describen trayectorias socioeconómicas basadas en dos dimensiones: (1) gobierno y (2) desarrollo. Cada dimensión divide los futuros plausibles
del mundo en dos. En el caso del gobierno lo divide en mundos: (1) globalizado y
(2) regionalizado, mientras que en el caso del desarrollo lo divide en mundos: (1)
consciente ambientalmente y (2) orientado al desarrollo puramente económico
(IPCC 2000). Estas dos dimensiones dan origen a cuatro familias de escenarios
de emisiones (IPCC 2000):
A1:	Un crecimiento económico muy rápido pero con una rápida introducción de
tecnologías nuevas. Un miembro de esta familia es el escenario A1B, con un
énfasis balanceado en diferentes fuentes de energía.
A2:	Un mundo muy heterogéneo, con una población global incrementando
B1:	Un mundo convergente con mayor reducción en intensidad de consumo de
materiales e introducción de nuevas tecnologías.
B2:	Un mundo con población que aumenta sistemáticamente pero a una tasa
menor que A2, y un nivel intermedio de crecimiento económico.
Dentro de este conjunto de escenarios, B1 y A2 representan los extremos de una
tasa de emisión más baja y más alta, respectivamente.
Para analizar adecuadamente los varios tipos de incertidumbre y sus consecuencias para la toma de decisiones, es entonces importante considerar la
variabilidad de las proyecciones entre las diferentes estructuras e implementaciones de los GCMs y los diferentes escenarios de emisión. El IPCC facilita
este proceso, a través de la recopilación y distribución central de un conjunto
de GCMs desarrollados por varios institutos mundiales de investigación. Ese
conjunto de modelos se utiliza frecuentemente para analizar los impactos del
cambio climático (ej. Fowler et ál. 2007a, Buytaert et ál., 2010a). Aunque la
mayoría de los estudios de impacto escogen una selección limitada de modelos,
varios estudios (e.g., Allen y Ingram 2002, Stainforth et ál. 2007a) sugieren que
es más apto usar el conjunto completo de los modelos globales, e interpretar los
límites del conjunto como un sobre mínimo de la incertidumbre de los modelos. La razón principal para llegar a esa conclusión es la dificultad de evaluar
el desempeño de los modelos sobre una región, la cual sería una condición
necesaria para escoger una selección de modelos “más adecuados” para una
cierta zona. Además, no es cierto que un modelo con mejor desempeño en el
pasado tendrá el mejor desempeño en el futuro (Stainforth et ál. 2007a). Ese
es el caso de los Andes Tropicales, donde existe menor conocimiento sobre las
razones de los errores y sesgos en los modelos actuales. Es probable que las
fuentes de error más importantes en los modelos se relacionen con la falta de
detalle topográfico y la parametrización de la convección, aunque es también
probable que haya una relación entre el desempeño y lo que se conoce como el
monzón de Sur América (Hudson y Jones 2002, Marengo et ál. 2010, Carvalho
et ál. 2011). Lo anterior resalta la importancia del uso de diferentes GCMs y de
una apropiada cuantificación de las incertidumbres, así como la importancia de
entender los principales procesos que ocurren en el sub-sistema climático de la
región (Challinor et ál. 2009).
La necesidad de la desagregación
Debido a la gruesa resolución y la falta de representación de procesos locales,
ninguno de los modelos de clima logra representar la situación actual de precipitación y temperatura a pequeña escala en los Andes (Sección 2). Eso hace
imposible un análisis de impacto directo del cambio climático con base en las
proyecciones de los modelos globales. Se vuelve evidente la necesidad de implementar un proceso de disminución de resolución de las proyecciones, lo cual es
conocido como desagregación (o “downscaling” en inglés, Fowler et ál. 2007b,
Maraun et ál. 2010). A pesar de que en la literatura científica existen muchos
métodos para la desagregación de las proyecciones climáticas de gran escala,
muy pocos de estos métodos han sido implementados en regiones tan complejas
como las áreas montañosas tropicales.
El uso de modelos dinámicos regionales basados en procesos físicos (ej. el modelo PRECIS desarrollado por la oficina meteorológica del Reino Unido MetOffice,
Jones et ál., 2004) intenta usar de una manera óptima el conocimiento de los
procesos climáticos locales. Estos modelos operan a una resolución típica de 50
km o menos, y pueden capturar la variabilidad espacio-temporal del clima en
mucho mayor detalle que los GCMs. De esta manera, potencialmente, los modelos regionales de clima (RCMs) pueden proveer simulaciones más realistas del
clima actual y de los cambios climáticos futuros en los Andes, en comparación
con la resolución más gruesa de los GCMs. También pueden ayudar a tener un
mejor entendimiento del impacto potencial que estos cambios tendrían en los
ecosistemas andinos.
Los RCMs están basados en los mismos modelos físicos utilizados para los GCMs
y, por lo tanto, no requieren una red de observación densa, que sí es necesaria para la desagregación estadística (Jones et ál. 2004, Marengo et ál. 2009).
Sin embargo, se requiere una validación cuidadosa del modelo con información
observada para asegurar que los RCMs representan de forma precisa la variabilidad espacio-temporal del clima, particularmente a lo largo de áreas montañosas como los Andes, donde la orografía afecta fuertemente la distribución de
la estacionalidad de la precipitación (Buytaert et ál. 2010a). Los RCMs han sido
usados con éxito para estudios de cambio climático que evalúan toda Sudamérica
(e.g., Marengo et ál. 2009, Soares et ál. 2009), pero su aplicación para los Andes
aún se encuentra en una fase experimental (Urrutia y Vuille 2009).
Algunas de las principales desventajas de los RCMs son la dependencia en un
tiempo largo de procesamiento computacional y la complejidad de su implementación. Por lo tanto, la implementación no usa todo el rango de modelos
disponibles en el cuarto informe del IPCC, sino solamente uno o dos modelos
globales para producir las simulaciones, lo que hace los análisis de incertidumbre
significativamente más difíciles. Las deficiencias estructurales del modelo, los
errores presentes en los datos de base y la parametrización se pueden también
propagar de los GCMs a los RCMs e incrementar la incertidumbre. En conclusión,
la necesidad de disponer de datos locales, la complejidad de la implementación
de dichos modelos y los requisitos altos de tiempo de computación prohíben el
uso de modelos dinámicos para muchos estudios de impacto.
Alternativamente, se pueden usar modelos estadísticos de desagregación. Estos
modelos buscan relaciones estadísticas entre los procesos climáticos a escalas
globales y las condiciones locales de clima. Los modelos estadísticos son conceptualmente mucho más simples y fáciles de aplicar para un conjunto de modelos
y escenarios, como es el caso en el presente estudio (para tener una idea panorámica, ver e.g., Maraun et ál. 2010). Sin embargo, por no representar los procesos
físicos de clima, los modelos estadísticos dependen del supuesto de que las relaciones entre los procesos globales de clima y el clima local no cambiarán en el
futuro, lo cual es probablemente erróneo. Uno de los métodos de desagregación
más populares es el método delta, que supone que los modelos globales de clima
hacen un mejor trabajo proyectando los potenciales cambios de clima (anomalías) que los flujos absolutos (Maraun et ál. 2010).
En este estudio se aplica el método delta para generar climatologías futuras a alta
resolución que está siendo usado en los estudios de impacto (Secciones 3 y 4). Se
usan todos los GCMs para los cuales las variables están disponibles, y dos escenarios de emisión que se consideran representativos para la incertidumbre en las
tazas de emisión de gases de efecto invernadero. La decisión de usar el método
delta se basa en razones de parsimonia, uniformidad y facilidad de aplicación.
Por su naturaleza, el método delta no puede ser evaluado ni su incertidumbre
cuantificada. Entonces, para tener una idea del potencial error de métodos de
desagregación, y para evaluar el potencial de métodos de desagregación más
avanzados, en esta sección se incluye una evaluación del modelo regional popular PRECIS sobre los Andes del Ecuador.
El objetivo de este capítulo es entonces detallar la generación de las proyecciones usadas en los siguientes capítulos, así como analizar las características de
la incertidumbre en dichas proyecciones y el uso del método de desagregación.
D at o s y m é t o d o s
El presente estudio analiza dos escenarios de emisión de gases de efecto invernadero definidos por el IPCC: A1B y A2. A1B es un escenario moderado que es
usado frecuentemente en los estudios de impacto (IPCC 2007), mientras que el
escenario A2 es un escenario extremo que se puede considerar como un caso
pesimista dentro del contexto de la toma de decisiones. Aunque los modelos
globales de clima simulan el clima de manera continua hasta 2100, este estudio
se enfocó en los promedios de los períodos 2010-2039 y 2040-2069 que son más
relevantes para los procesos de toma de decisión.
El conjunto de modelos usado en el cuarto informe del IPCC (2007) consiste en
24 modelos, pero no todos los grupos de modeladores han entregado los resultados de todas las variables simuladas a la base de datos CMIP3 (tercer experimento de inter-comparación de modelos acoplados). Especialmente, las temperaturas
mínimas y máximas diarias no están disponibles para varios modelos. Para sincronizar el uso de modelos entre los diferentes estudios de impacto, se restringió
la selección de los modelos a los que tienen resultados para dichos parámetros,
disminuyendo el conjunto de modelos a 10 para el escenario de emisión A1B y 8
para el escenario de emisión A2 (Tabla 1).
Tabla 1. Modelos usados en este estudio
Los modelos en itálicas solo se usaron para el escenario de emisión A1B
NASA / Goddard Institute for Space Studies, US
Center for Climate System Research, National Institute for Environmental
Studies, Frontier Research Centre for Global Change, Japan
Center for Climate System Research, National Institute for Environmental MIROC3.2
(medres)
National Centre for Atmospheric Research, USA
US Dept. of Commerce, NOAA, Geophysical Fluid Dynamics Laboratory, GFCM20
US Dept. of Commerce, NOAA, Geophysical Fluid Dynamics Laboratory,
Para la evaluación del método de desagregación estadística en los Andes tropicales, se usan los resultados de la implementación del modelo regional PRECIS
generados por Urrutia y Vuille (2009). El modelo PRECIS es un modelo climático regional de área limitada, basado en la tercera generación de los RCM del
Hadley Center (HadRM3) (Jones et ál. 2004). Varios estudios han usado PRECIS
para evaluaciones regionales de cambio climático para Centro y Sur América
(Garreaud y Falvey 2009, Karmalkar et ál. 2008, Marengo et ál. 2009, Soares et ál.
2009, Urrutia et ál. 2009). Urrutia y Vuille (2009) implementaron el modelo a una
resolución de 50km, con las condiciones de frontera del modelo HadAM3p y para
los escenarios de emisión A2 y B2. Para la comparación de estos modelos con la
climatología observada se usó mapas de precipitación interpolados con base en
observaciones históricas por New et ál. (2000).
Para la evaluación de la incertidumbre del conjunto de modelos, se remuestreó
todos los modelos a una resolución común de 0.1º. Se calculó las anomalías para
todas los variables. Se usó la anomalía absoluta para las variables de temperatura (mínima, máxima, y promedia) y la anomalía relativa para la precipitación.
Luego se calculó las estadísticas básicas de la distribución de las proyecciones
para cada pixel, es decir promedio, varianza y rango. Para la evaluación del conjunto de modelos para el periodo histórico se calculó el rango de la simulación
de temperatura promedia y precipitación promedia del periodo 1960 – 1990 para
el conjunto de GCMs.
R e s u lta d o s y d i s c u s i ó n
Proyecciones del cambio climático de los GCMs
Tomando el promedio de los modelos usados (Tabla 1) se espera un incremento
de la precipitación sobre los Andes entre 0% y 10%, junto con un incremento de
la temperatura de alrededor de 1°C (escenario A1B, período 2010 – 2039) hasta
3°C (escenario A2, período 2040 – 2079; Figura 1).
Se observa ciertas tendencias claras. En cuanto a la precipitación, se espera sobre
los Andes un cambio menor a 10%. En los Andes de Colombia y Ecuador, el promedio del conjunto proyecta un aumento ligero de la precipitación, mientras que
hay una disminución más ligera de la esperada para los Andes del sur del Perú y
los Altiplanos de Bolivia y el norte de Chile. El impacto más fuerte se encuentra
en la región caribe, bajo la influencia de los vientos alisos proviniendo del Atlántico. Esa región espera una disminución dramática de precipitación hasta -40%,
la cual afectará a los Andes de Venezuela alrededor de la ciudad de Mérida. No
se puede observar relaciones claras con índices topográficos como la altura, el
pendiente o la orientación.
En cuanto a la temperatura, los gradientes son menos fuertes y la dirección de la
tendencia es más clara. Se observa un aumento de temperatura más fuerte sobre
el continente de Sudamérica comparado con los océanos. Este efecto es bien
conocido y se atribuye a la mayor capacidad calorífica del agua en comparación
con la tierra (IPCC 2007).
Figura 1. Promedio de las proyecciones de cambio de temperatura y precipitación
para el futuro basado en respectivamente 10 modelos (escenario A1B) y 8 modelos
(escenario A2) del conjunto CMIP3.
Precipitación [mm/día]
Figura 2. Rango de las proyecciones de temperatura y precipitación para el futuro
basado en respectivamente 10 modelos (escenario A1B) y 8 modelos (escenario A2)
del conjunto CMIP3.
Precipitación [%]
Temperatura [00C]
Sin embargo, examinando la discrepancia en la magnitud de las anomalías proyectadas por los modelos (Figura 2), se puede observar que el rango (max – min)
de las proyecciones es muy amplio. La discrepancia en las proyecciones de cambio de precipitación es frecuentemente mayor al 50% de la precipitación anual
actual, mientras que las proyecciones en el cambio de temperatura van de 1.5 a
4.5°C, dependiendo del período y escenario de emisión. Se puede observar que
en los gráficos de los rangos de proyección y concordancia de modelos (Figura 2),
los Andes no destacan como una región de incertidumbre particularmente alta.
Sin embargo, para tener una mejor idea de la incertidumbre, es importante también evaluar el desempeño de los modelos para condiciones pasadas de clima.
La falta de datos confiables de precipitación sobre los Andes complica la evaluación individual de los modelos para el período 1960 – 1990. Alternativamente, se
puede evaluar la discrepancia de los modelos para ese período como indicación
de la calidad de la simulación que éstos implementan (Figura 3). La discrepancia entre los modelos es considerable (Figura 3), especialmente sobre los Andes
húmedos de Ecuador y Colombia y los altiplanos de Bolivia y el sur de Perú,
donde los valores pueden llegar a más de 20 mm/día (7300 mm/año). En general, los Andes destacan como una zona con alta dificultad para modelar adecuadamente los patrones de precipitación. Para la temperatura, las diferencias entre
los modelos son más probablemente causadas por las diferentes resoluciones y
los alineamientos de los pixeles de los modelos. Los modelos usados tienen una
resolución entre 1.5º y 5º (IPCC 2007). En las zonas donde las cordilleras de los
Andes son estrechas, como en Ecuador, partes de Colombia y Venezuela, esa
resolución simplemente no permite tomar en cuenta la topografía de los Andes.
Por ende, ningún modelo representa los procesos climáticos alrededor de los
Andes, resultando en un caso típico donde todos los modelos tienen un sesgo
en la misma dirección: aunque los modelos pueden estar de acuerdo en cuanto
a los procesos, en realidad todos están mal. En el sur de Perú y en los altiplanos
Figura 3. Rango (max – min) de las simulaciones de los 10 modelos para el período
1960 - 1990. Isolínea de 1.000 m.
P: Discrepancia para condiciones
históricas [mm/día]
históricas [0C]
Bolivianos, donde los Andes son más anchos, ciertos modelos representan la
topografía, aunque sea de una manera simplificada. En esta zona, la resolución
de los modelos determina fuertemente la manera de representar la topografía
(por ejemplo la elevación promedia de cada pixel y la alineación de los pixels, así
que en esa zona la discrepancia de los modelos es más pronunciada (Figura 3).
Figura 4. Regiones (en gris) donde 80% o más de los modelos usados concuerdan en la
dirección de la proyección de precipitación para el futuro.
Figura 5. Precipitación anual promedio [mm/día] modelada para los periodos 1960
– 1990 (A y D) y 2070 – 2099 (B y E) por el modelo regional PRECIS y el modelo global
HadAM3p que ha sido usado como condiciones de frontera. C y F: Anomalías relativas [%]
en precipitación entre el presente y el escenario A2. La isolínea de 1000 m de altura está
indicada en gris.
CTRL [mm/día]
2070-2099 A2 [mm/día]
Anomalías [%]
En efecto, la discrepancia entre los modelos al representar los patrones locales de
clima sobre los Andes puede tener muchas causas subyacentes, pero es probable
que las diferencias en resolución sean el factor principal. En efecto, debido a la
resolución gruesa, muchos de los GCMs son incapaces de representar adecuadamente los gradientes de elevación, además de no considerar procesos locales
importantes como la precipitación orográfica y eventos convectivos localizados.
Sería necesario comparar detalladamente los esquemas de parametrización de
todos los GCMs para poder entender los mecanismos que se encuentran detrás de
esta divergencia. Aunque no hay estudios sobre ese tema en los Andes, estudios
similares en los Himalayas muestran la incapacidad de GCMs para representar
esos procesos (ej., Turner y Slingo 2009).
Figura 6. Diferencia relativa [%] entre la lluvia simulada por PRECIS y por HadAM3p
durante el periodo 1960 – 1990 usando la climatología observada a tres resoluciones
diferentes. A y D: Resolución de la climatología (0.167º); B y E: resolución de PRECIS
(0.5º); C y F: Resolución de HadAM3p (1.25 por 1.875º). Notar que el área de agregación
de algunas celdas de PRECIS y HadAM3p es más baja debido a la falta de disponibilidad de
datos de clima sobre el océano.
Evaluación de la desagregación con PRECIS
En esta sección se evalúa el potencial de usar un modelo regional de clima para
mejorar las proyecciones de los GCMs sobre los Andes, usando un estudio de
caso de la aplicación de PRECIS sobre Ecuador. Se seleccionaron las simulaciones corridas para el período 1961-1990, ya que se cuenta con datos de estaciones
meteorológicas para efectuar una comparación adecuada. Es necesario mencionar que una mejor simulación durante la corrida control no necesariamente indica una mejor simulación de las condiciones futuras (Stainforth et ál. 2007a). El
presente trabajo se centra en el desempeño de PRECIS (Urrutia y Vuille, 2009)
en la desagregación espacial de la precipitación, que representa la variable más
importante para el manejo de recursos hídricos.
En conclusión, el hecho de que los GCMs no concuerdan en la representación
del clima actual pone en discusión la confiabilidad de las anomalías proyectadas.
Como consecuencia de la incertidumbre alta, hay poco acuerdo entre los modelos
en cuanto a la dirección del cambio de precipitación (Figura 4).
El hecho de que PRECIS tiene una resolución más fina que HadAM3 resulta en
un patrón de precipitación actual y futura mucho más fina y realista comparado
con HadAM3 (Figuras 5d y e comparado con Figuras 5a y b). Sin embargo, eso
no necesariamente significa que la simulación de PRECIS es más correcta que
HadAM3. Para verificar eso, hay que comparar las simulaciones para el pasado
(1960-1990) con mapas de precipitación observada. En el presente estudio se
compara las simulaciones con la climatología observada de New et ál. (2000)
de 10 min de resolución (Figura 6). Para hacer la comparación más justa, se
ha agregado los resultados a tres resoluciones: la resolución de la climatología
(0,167º); la resolución de PRECIS (0.5º), y la resolución de HadAM3p (1,25 por
1,875º). Así se puede evaluar la posibilidad que HadAM3p represente mejor los
flujos a escala gruesa, aunque no pueda resolver la variabilidad espacial dentro
de un pixel.
isolínea de 1000 m
Agricultura Familiar en el Perú garante de la seguridad alimentaria y la agro...
La pequeña agricultura en el perú un sector postergado
Evaluación de la vulnerabilidad al cambio climático de la agricultura en la r...

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
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 Resolución 
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 Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
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