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Timestamp: 2019-10-21 07:10:27+00:00

Document:
Inventario, Paciente, Terapia estratégica
Guía y esquema gráfico para el uso de los recursos del consultante en terapia estratégica
Castronovo, Mercedes
Centro Privado de Psicoterapias (CPP)
Hirsch, Pablo
En las últimas décadas se ha enfatizado explícitamente la búsqueda y utilización de los recursos de los consultantes y de los otros miembros del sistema terapéutico. La noción de recursos está en vías de transformarse en uno de los constructos que aspiran a la validez transteórica, como la alianza terapéutica (Horvath y Bedi, 2002; Norcross y Wampold, 2011), las etapas de cambio (Prochaska, Diclemente y Norcross, 1992; Norcross, 2012) y las curvas del cambio en terapia (Lambert, 2013). Esos constructos implican ideas muy generales, aplicables a diversos modelos de psicoterapia, de las cuales se deducen técnicas (por ejemplo, cómo construir alianza terapéutica y repararla en caso de ruptura o las intervenciones adecuadas para cada etapa del cambio, etc.).
El constructo "recursos" no ha sido acompañado de una descripción de los tipos o las clases de recursos que las personas pueden desplegar. {ver nota de autor 1} Solo existen procedimientos que "ponen de manifiesto" recursos que al destacarlos llevan a un uso particular de ellos. Un ejemplo podría ser la pregunta por las excepciones (De Shazer, 1994): si existe la excepción, la descripción de esa excepción lleva a una forma de representación de lo que llevó a constituirse en algo peculiar y allí aparecen los recursos que permitieron esta excepción. Esa descripción facilita algunas cosas. Por ejemplo, si un paciente dice que su estado de ánimo es gris y uno encuentra una manera de preguntarle si recuerda una excepción a ese estado en las últimas semanas, automáticamente la descripción de esa excepción lleva al qué y cómo y por ende "qué se podría utilizar" que es lo que estuvo disponible en esa oportunidad.
Propuesta de una clasificación
Consideramos que si se parte de una clasificación de los recursos se pueden enriquecer notoriamente los procedimientos para ponerlos de manifiesto y utilizarlos. Siguiendo los lineamientos de Kahneman (2011), toda disciplina se beneficia de la construcción de un vocabulario que permita distinciones que lleven a acciones determinadas, entendiéndolas a los efectos de una praxis.{ver nota de autor 2}. En el área de la psicopatología existe cierto consenso de clasificación (CIE 10, DSM IV, etc.), sin embargo, en el área de los recursos aún no se ha alcanzado.
Aquí profundizaremos en una clasificación que busca ayudar a desarrollar este consenso. Se puede aplicar en general y particularmente en psicoterapia estratégica. Definimos psicoterapia estratégica como aquella que ayuda a los consultantes a especificar un problema y a modificar las soluciones intentadas fallidas que contribuyen a mantenerlo.
Definición de recurso
La palabra "recurso" viene del latín recursus y significa "acción de recurrir, bienes o medios que dispone alguien para realizar algo". Sus componentes léxicos son el prefijo "re" (hacia, atrás, reiteración) y "cursus" (carrera). Un buscar atrás para tomar impulso.
Los recursos, dicen Schiepek y Cremers (2003, p.p. 154) son:
"Fuentes de energía de las que se puede obtener lo necesario para diseñar una vida satisfactoria y buena, resolver problemas o hacer frente a las dificultades."
Esto puede implicar condiciones muy variadas, ya que cada persona es diferente y debido a que en cada situación, desafío y etapa de la vida se necesitan diferentes recursos.
La definición de los autores implica una concepción de la psicoterapia que apunta no solo a la resolución de problemas, sino también al desarrollo personal y al logro del bienestar. En nuestra perspectiva, aspiramos a algo más limitado; por eso restringimos la definición a "fuente de energía para resolver problemas o hacer frente a dificultades". Si un recurso es entendido como "fuente de energía", la existencia de una fortaleza no implica que sea un recurso, al menos en ese momento. {ver nota de autor 3}
Al trabajar con terapia estratégica este concepto se vincula directamente con el problema definido a trabajar en el tratamiento. Supongamos que una persona consulta por sentirse en un permanente estado de ánimo gris y sabemos que tiene una historia en la que ha tenido grandes momentos de disfrute entregándose a la ejecución de música en el piano. Además, exploramos que en esos momentos perdía un poco la noción del tiempo sumergida al placer de la sucesión de notas entre sus dedos. Hay allí una pasión por la música, una aptitud, una posibilidad.
Sin embargo, la pregunta en cuestión es: ¿Puede imaginarse haciendo eso ahora como un modo de, al menos, interrumpir la continuidad del ánimo gris? Si la respuesta es sí, tiene el recurso. Si la respuesta es no, no tiene el recurso. Sigue teniendo la fortaleza, pero en este momento no es fuente de energía, no es un "buscar atrás que permite tomar impulso".
La definición de Schiepek y Cremers (2003) de recurso como fuente de energía implica que la persona puede sentir que cuenta con algo para alcanzar un logro; ese mismo sentir es también un saber y la conjunción moviliza. En eso pensamos al rescatar la noción de fuente de energía. Implica que hay una idea de que existe algo con lo que se puede operar, hay algo para hacer. Nos trasladamos de impotencia a oportunidad. En el caso de la pianista eso puede faltar hoy, ahora. Pero a lo mejor esta persona tiene un hijo con dificultades escolares, y el impulso por ayudarlo y la noción de que tiene los conocimientos para hacerlo podría ser un recurso.
En definitiva, entonces, los recursos son algo que "lleva" hacia, o desde lo cual "ir" hacia. Ese algo es alguna forma de herramienta cuya propia existencia proporciona parte de la motivación pero cuyo uso, al mismo tiempo, depende de la motivación. Por eso, parte de la tarea del terapeuta es establecer esa ligazón. Todo eso se resume en "estado motivacional de conocimiento": experiencias de que algo de uno o de otros puede ser usado con cierta inmediatez. Es decir, no puede estar muy lejos de la acción en la representación del consultante. La persona tiene que "sentir", verse en la situación en la que pone en juego el recurso, a eso nos referimos con inmediatez. Si, por el contrario lo siente como "algún día" será un elemento interesante como esperanza, pero aun no tendrá que ver con los recursos que ayudaran a resolver el problema.
Si un recurso es potencial, no es todavía un recurso. Quizá no llegue a serlo nunca. Puede ser útil inventariar los recursos potenciales para tenerlos en cuenta y usarlos cuando puedan ser activados. Los comienzos de las primeras entrevistas implican inventariar recursos potenciales buscando los actuales. El concepto de fuente de energía nos permite distinguir el recurso potencial del actual. Puede que no sirva como fuente de energía hoy, que tenga que cambiar algo en el estado interno o externo del consultante para que pueda ser activado.
Al buscar los recursos, el terapeuta debe tener cuidado de que el consultante simultáneamente note que su malestar está siendo atendido. Quien consulta lo hace generalmente con un presente negro. Por eso es necesaria una orientación hacia el futuro, que incluye superar la situación actual. La terapia consiste en facilitar el camino de A a B. Para eso el diálogo implica hablar de A al tiempo que ir marcando lo que podría llevar a B. El terapeuta acepta los problemas y los relaciona con recursos para superarlos.
Hoy sabemos que los terapeutas más expertos indagan sobre recursos más tempranamente en la sesión (Flückiger y Grosse Holtforth, 2008). Esto aumenta las posibilidades de que el consultante experimente momentos de "dominio" de la situación y que los resultados de la terapia sean mejores al término de la sesión 20 en comparación con grupos control.
La atención a recursos tiene como objetivo alcanzar los objetivos del tratamiento. La literatura alemana, a partir de autores como Gassmann y Grawe (2009), sugiere que esta actitud terapéutica tiene ventajas indiscutibles: mejora la alianza de trabajo, el paciente experimenta emociones positivas en las sesiones, se fortalecen las expectativas de autoeficacia y autoconfianza y se promueve la resolución de problemas.
Clasificación de recursos: un tesauro
¿Cuáles son las clases de recursos, de fuentes de energía de las que se puede obtener lo necesario para hacer frente a los problemas o resolver las dificultades?
El esquema que pensamos tiene en cuenta los recursos personales del consultante y los recursos circundantes. Pensamos que es más un tesauro que una clasificación rigurosa. Un tesauro es la lista de palabras o términos empleados para representar conceptos. Proviene del latín thesaurus ('tesoro'), y este a su vez del griego clásico thesauros ('almacén'). Podemos decir que estamos haciendo el inventario del almacén de energía de la gente para resolver los problemas por los que concurre a terapia. En definitiva, nuestro tesauro es solo la proposición de un esquema mínimo que obligue y ayude al terapeuta a estar atento y a buscar algo. Sin duda se puede desarrollar otra clasificación, más adaptada a cada terapeuta; aquí solamente exponemos una que pensamos puede ser utilizada con relativa facilidad.
Como se puede apreciar en el gráfico, los recursos del consultante pueden ser intrínsecos de la persona o recursos circundantes (personas, sistemas y otros recursos del contexto). {ver figura 1}.Comenzaremos por los recursos propios del consultante.
El primer grupo de recursos propios lo constituyen las competencias. Entendemos por competencia a toda característica subyacente de una persona que le permite demostrar un desempeño superior en un determinado rol y situación (McClelland, 1973). Todos nosotros somos competentes en algunas cosas y no tanto en otras. Una primera clasificación natural es:
- para la vida familiar, la pareja y las relaciones
- para la vida laboral y la educación
- para el autocuidado y el bienestar
- para encontrar sentido en la vida
Esta última tiene que ver con la experiencia religiosa, intereses comunitarios, intereses trascendentes, etc.
En cada uno de los puntos de esta clasificación es posible encontrar que la persona es más competente en un aspecto que en otro, por ejemplo, más en la pareja que en la vida familiar. Lo importante es en definitiva es encontrar en qué es competente.
Competencia es un concepto ligado a la acción, tiene que ver con clases de acciones eficaces. Por ejemplo, si nos representamos un padre competente versus un padre incompetente se nos ocurren diversas conductas que pueden definir si una persona está en una categoría o en la otra. Un padre competente tendrá ciertas habilidades, ciertos valores, ciertas destrezas en el manejo de sus hijos. Como terapeuta es importante evaluar la posibilidad de que esa competencia como padre pueda ser usada como recurso para el problema que se está tratando. Las competencias son constructos complejos. Frecuentemente es necesario identificar como recursos no solo competencias, sino aptitudes, intereses y virtudes.
Definimos aptitud como la capacidad para aprender a actuar eficazmente en un cierto número de áreas, en el sentido de una habilidad innata (Bennett, Seashore, Wesman, 2002). Siguiendo el modelo de tipos de aptitudes psicológicas distinguimos las siguientes:
- Abstracta o científica: para entender principios y teorías que no están inscritos en la naturaleza.
- Espacial: para manejar espacios, dimensiones y geometría.
- Numérica: para comprender y desarrollar mecanizaciones numéricas.
- Verbal: para comprender palabras, oraciones, textos y relaciones entre los mismos.
- Mecánica: para comprender la transmisión de movimientos y sus disfunciones.
- Artística-plástica: para desarrollar formas, aplicar colores y apreciar formas estéticas.
- Musical: para relacionar y memorizar notas musicales, generar arreglos y crear música.
- Social: para comprender e interactuar con el prójimo.
Coordinación visomotriz: para movimientos finos y coordinación de ojo-mano.
Ejecutiva: para planificar y dirigir grupos de trabajo.
Organización: para clasificar, ordenar y sistematizar una fuente de información.
Persuasiva: para argumentar, convencer y ordenar una fuente de información.
Pensamos que los intereses son inclinaciones o preferencias del consultante. Según la escala de Kuder (1991), estos pueden ser:
- Interés por el cálculo
- Interés artístico
- Interés por la tecnología. Este último lo agregamos nosotros.
La clasificación de los intereses se solapa en muchos casos con la de las aptitudes. Es importante tener en cuenta que alguien puede tener aptitud para algo, pero no tener un interés o viceversa. No siempre es necesario que una persona tenga aptitud para que su interés pueda ser utilizado como recurso. Un adolescente puede tener interés por la música o por los deportes, pese a no tener aptitud particular en esas áreas. Ese interés puede constituirse en un recurso. A la inversa, la aptitud sin interés no servirá, pero el terapeuta que ilumina la existencia de una aptitud puede explorar modos de desarrollar el interés en usarla de una u otra manera.
Una virtud, por otro lado, es la cualidad que permite a quien la posee tomar y llevar a término lo que considera correcto en las situaciones difíciles. Las virtudes se van desarrollando por la práctica. La virtud es un término que Seligman (2011) rescató de la filosofía y la religión, para proponer un sentido genérico y transcultural. Cada una de las virtudes da pie a un conjunto de fortalezas características. Él propone las siguientes: la sabiduría y la búsqueda del conocimiento, el valor, el amor y la humanidad, la justicia, la templanza y la espiritualidad y la trascendencia. Otras podrían ser: curiosidad, responsabilidad, tenacidad. A continuación, caracterizamos brevemente las enunciadas por Seligman.
- Sabiduría y búsqueda del conocimiento: Implica la adquisición y la aplicación del conocimiento; la habilidad para usar la inteligencia y la experiencia para buscar soluciones y respuestas. En esta categoría Seligman (2011). incluye las fortalezas cognitivas: creatividad, curiosidad, apertura, espíritu, amor por el aprendizaje y perspectiva.
- Coraje: Es la cualidad que persigue la consecución de metas ante situaciones de dificultad, externa o interna. Implica el uso y el fortalecimiento de la voluntad para lograr objetivos. En esta categoría están las fortalezas emocionales: valentía, persistencia, vitalidad e integridad.
- Humanidad: Significa preocuparse por los demás, tener sensibilidad al dolor ajeno y la solidaridad. En esta categoría se agrupan: el amor, la inteligencia emocional y la bondad.
- Justicia: Es la virtud cívica que conlleva una vida en comunidad saludable, tiene que ver con la concepción que cada cultura posee del bien común. En esta categoría están la equidad, la ciudadanía y el liderazgo.
- Templanza: Es la virtud que nos hace fuertes ante los excesos; nos permite aprender cuáles son nuestras necesidades reales y no dejarnos llevar por los caprichos y las tentaciones que puedan surgir. La templanza trata de buscar la moderación. En esta categoría se incluyen la auto-regulación, la prudencia, el perdón, la misericordia y la humildad/modestia.
- Trascendencia: Se refiere a la capacidad del ser humano para experimentar su experiencia en la vida como parte de una totalidad más amplia dentro de un contexto global. Se basa en reconocer que nuestra vida está dentro de procesos más amplios dentro del espacio - tiempo (aquí caben todas las creencias y religiones humanas) que tratan de dar un sentido distinto, una dirección a la vida humana.
Denominamos recuerdos de éxito a los registros del consultante de una experiencia pasada en algún sentido similar a la problemática que tiene ahora y que pudo resolver adecuadamente desde su propia perspectiva. Un recurso es fácilmente identificable si el consultante usó algo parecido en una situación semejante y tiende a pensar que la podría aplicar aquí.
El ítem Otras características, es como siempre una miscelánea. Un ejemplo de lo que se podría incluir allí es "sentido del humor"; puede ser un recurso si le permite a una persona distanciarse lo suficiente de una situación difícil para operar con más flexibilidad.
Como comprenderá el lector, la lista se puede ampliar o achicar. Aquí hemos optado por un camino intermedio, pero efectivamente el inventario puede ser muy detallado o muy sintético. Depende en parte del propósito y de las características personales del terapeuta.
Recursos circundantes
Los recursos circundantes se refieren a fuentes de energía que no se encuentran en el consultante mismo. En pocas palabras "recurso circundante" es todo aquello que está fuera de la persona del consultante que aumenta la probabilidad de conductas beneficiosas o disminuye la probabilidad de conductas inconvenientes vinculadas al problema por el que se consulta. Dependiendo de la naturaleza del recurso, del estado de motivación para aplicarlo y de las barreras para su uso, convendrá alternativamente estimular a la persona para que active el recurso, acompañarla para que lo busque (llevarla) o traer el recurso hacia ella. Eso dependerá de la clase de recurso circundante de la que se trate.
Definimos tres clases de recursos circundantes:
1. Personas que enriquecen la experiencia vital y a las que uno puede recurrir para resolver problemas, recibir apoyo emocional, desarrollar las emociones positivas o adquirir conocimiento. Algunos ejemplos son los familiares, los amigos, los maestros o los mentores.
2. Instituciones o grupos con los que uno cuenta para dar respuesta a las necesidades. Estos pueden incluir comunidades específicas, escuela, trabajo, iglesia u organizaciones sin fines de lucro.
3. Bienes de todo tipo. Por ejemplo, recursos económicos, tecnológicos, ambientales, entre otros.
Comenzaremos ahora por referirnos a la primera clase: Personas que enriquecen la experiencia vital.
Ellas pueden ser recursos para disminuir o resolver el problema por dos vías:
a) Actuando de un modo diferente al que suelen hacerlo cuando el consultante o paciente manifiesta su problemática, con lo que podrían ayudar a producir a su vez una respuesta diferente. Por ejemplo, no seguir exhortando al adolescente a limpiar su cuarto mientras que lo limpian por él.
b) Activando recursos internos del consultante o paciente a través de su vínculo. Por ejemplo, si el adolescente se va con su tío a acampar por quince días, probablemente será estimulado por el ejemplo y al mismo tiempo la necesidad aumentará su posibilidad de desarrollar más hábitos de orden.
Existen dos maneras en que el terapeuta puede accionar para activar los recursos que esas personas significativas implican. La primera es estimular al paciente para que vaya y se contacte con la persona. Por ejemplo, "Me mencionaste la otra vez que tu tía en una situación parecida... ¿Esta es una situación en la que valdría la pena volver a ponerte en contacto con ella? ¿Por qué no la llamas de aquí a la sesión que viene y vemos de qué hablaron? ¿Te parece que podría ayudar conversar con ella?".
En la segunda el terapeuta le pide permiso al paciente, se contacta con la persona y promueve el encuentro, con o sin presencia suya. Una posibilidad es que el terapeuta llame o visite a esa persona y la contacte con el consultante. El terapeuta aquí moviliza el recurso hacia el consultante, en lugar de movilizar el consultante hacia el recurso como en el ejemplo anterior. No se estimula al adolescente para que vaya con el tío, sino que se llama al tío para que vaya y se lo proponga.
Instituciones o grupos.
La iglesia, un club de ajedrez o el grupo de narcóticos anónimos son ejemplos típicos de lo que consideramos instituciones o grupos que pueden constituirse como la segunda clase de recursos. La iglesia puede ser tanto un lugar de pertenencia como un medio institucional para encontrar sentido; el club de ajedrez puede servir tanto para concentrarse en algo que no sean las preocupaciones del momento como para socializar; y el grupo de narcóticos anónimos puede ayudar a reencontrarse con los principios que lo llevaron a superar una situación muy difícil. Es fácil ver que estos grupos o instituciones podrían ser desarrollados como recursos en más direcciones: el cura podría ser muy simpático o el club podría servir para desarrollar el sentido de la competencia y el aprendizaje, entre otros.
Como en el caso anterior, el terapeuta puede dirigir la conversación para que el consultante se ponga en contacto, que "vaya hacia" el recurso, pero a veces esto es difícil porque existen barreras internas (vergüenza, miedo) o externas (distancia, complejidad, acceso). Existe entonces la posibilidad de que el terapeuta acompañe al paciente para ponerlo en contacto con el recurso.
Una tercera posibilidad menos usual es la de traer el recurso hacia al paciente, como por ejemplo citar al profesor de ajedrez a una reunión con el consultante.
A modo de ejemplo, se puede sugerir a un consultante que concurra a un grupo de autoayuda y trabajar con él hasta que acepte la idea y vaya. En otros casos es preferible que el terapeuta acompañe al consultante hasta el grupo y lo ponga directamente en contacto con él. Una tercera alternativa es arreglar las cosas para que un miembro de ese grupo tenga una sesión conjunta con el consultante y el terapeuta en el consultorio o en la casa de aquel, para que vaya apreciando para qué le podría servir concurrir a ese grupo.
Hoy en día existen también grupos e instituciones virtuales. Ejemplos de ellos son foros de discusión sobre problemáticas específicas (sobre sueño, miedo a los exámenes, entre otros) o instituciones tales como La Asociación Española de Ayuda Mutua contra Fobia Social y Trastornos de Ansiedad. Su uso depende, una vez más, del conocimiento de su existencia, y el terapeuta puede intervenir en la interacción del consultante con ellos asesorando a este sobre la calidad de los contenidos y la utilidad de las interacciones. Debe funcionar en cierto sentido como un curador, que selecciona y ayuda a interpretar el material.
A modo de otro ejemplo, consideremos un caso donde el terapeuta recibe a un padre y una madre que consultan porque el chico no va a la escuela y no tiene relación con pares ni con adultos fuera de sus familiares directos. El niño es muy demandante y los padres se acusan mutuamente de no cubrir todas las necesidades. Lo expulsan de dos escuelas. Se interesa por las catástrofes e incendios y la madre lo acompaña a visitar un cuartel de bomberos, que le explican su trabajo. El joven empieza a soñar con ser bombero algún día. El cuerpo de bomberos lo adopta y él se pasa casi todo el día allí. El jefe del cuartel se da cuenta que puede ayudar y le va mostrando que tiene que aprender varias cosas si quiere algún día trabajar como bombero. Encuentra allí una motivación para estudiar, después de un tiempo descubre que es capaz de estudiar si tiene interés suficiente y comienza a dar algunas materias.
Este caso nos permite ver la interacción entre recursos propios (interés en las catástrofes) y recursos circundantes (personas -madre, jefe de cuartel-, instituciones -cuartel de bomberos-).
Bienes de todo tipo
Es la tercera clase de recursos. En principio, definimos a los bienes de todo tipo por la negativa: son aquellos recursos externos que no son ni personas significativas, ni instituciones. Por ende, constituyen un conjunto muy heterogéneo que básicamente implica "algo que pueda ser usado para…". Pueden ser de naturaleza variada: recursos económicos de la persona, fuentes de inspiración, distracción o instrucción (libros, música, películas), medios de transporte, lugares de la naturaleza, entre otros.
Por ejemplo, muchos estudios resaltan la utilidad de que una persona tendiente al sobrepeso tenga muy a mano los medios para hacer ejercicio. Esto puede implicar un parque cerca de su casa o una caminadora en su habitación. El conocimiento sobre el impacto de la cercanía en los hábitos del consultante pertenece al terapeuta. Éste hará uso de él para sugerir conductas en un rango tan amplio como mudarse a una zona donde pueda hacer ejercicio fácilmente, hasta explorar que se compre la caminadora en vez de irse de vacaciones.
El vínculo entre el problema y el bien de todo tipo puede establecerlo tanto la persona como el terapeuta. Destacamos aquí particularmente los que establece el terapeuta que implican un acoplamiento entre sus conocimientos sobre cómo operan ciertos bienes y lo que podría beneficiar al paciente.
Un ejemplo del uso de este tipo de recursos se dio en el caso de un consultante con dificultades para controlar sus impulsos. El consultante llega al tratamiento porque se siente muy angustiado cuando, al caminar por la calle, no puede contener sus ganas de decir groserías, perseguir y tocar a mujeres. Después de hacerlo se avergüenza y siente mucha angustia e impotencia frente la imposibilidad de controlarse, miedo a ser descubierto y a tener consecuencias legales. Esto le sucede en el trayecto desde y hacia el trabajo, 600 metros que él hace caminando. Conociendo su amplio interés por la música, el terapeuta sugiere usar un recurso externo. La intervención se basa en prescribir el uso de una aplicación de música en su teléfono inteligente para distraer su atención camino al trabajo. De este modo, las seis cuadras que el consultante debe recorrer están inundadas de su música preferida y su atención se focaliza en ella. Estaría implicado un recurso interno del paciente (interés por la música) vinculado con un recurso circundante.
¿Cómo usar el tesauro?
Hasta aquí hemos hecho una descripción de los ítems generales de lo que hay o podría haber en el "almacén". ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo hacer para que no resulte engorrosa y se transforme en algo útil en el proceso terapéutico? En este artículo proponemos tres formas.
En la primera opción, el terapeuta después de clarificar con el consultante el problema por el que consulta, lo invita a llenar un inventario en el que pasa revista al listado y marca los ítems que le parece al consultante que podrían ser recursos para resolver el problema. {ver nota de autor 4} Esto lleva naturalmente a que la sesión siguiente comience con la indagación por parte del terapeuta de lo que el paciente consideró. Si surgen muchos recursos, probablemente sea bueno seleccionar unos pocos y ver a dónde llevan; si no surge ninguno ese es un buen punto para empezar la terapia.
En la segunda opción el terapeuta y el paciente llenan juntos el listado y construyen un consenso sobre los recursos a utilizar. Dejamos a criterio del terapeuta evaluar si usar la primera o la segunda opción; creemos que la variable a considerar es la capacidad del consultante de llenar el inventario a solas y por sí mismo o no. También aquí juega un papel la preferencia del terapeuta.
Como anexo de este artículo adjuntamos el inventario con la instrucción para administrarlo. Por supuesto, no pretendemos que el instrumento tenga una validez rigurosa, creemos que lo importante es que el consultante pueda representarse recursos y compartir esa representación con el terapeuta.
Una tercera forma de utilizar el esquema en el tratamiento es que el terapeuta tenga en su cabeza el listado y busque la oportunidad para identificar recursos en el discurso o comportamiento del consultante. Aquí es donde entra en juego la noción de pies, desarrollada en psicoterapia por Sergio Bernales, a partir del concepto de "pie" en el teatro. En la acción teatral lo que uno de los actores dice o hace da "pie" a que el otro intervenga con su parte. Bernales (2005) describió que en psicoterapia los pies pueden ser "gestos, palabras o acciones del consultante que son tomadas a continuación por el terapeuta como una entrada para resaltar la comprensión, el cambio o los recursos del consultante". {ver nota de autor 5}
A continuación, mostramos tres ejemplos:
En el primer caso (comprensión) el consultante llora. El llanto es un pie para que el terapeuta exprese su comprensión alcanzándole un pañuelo.
En el segundo caso (cambio) una pareja de padres consulta porque su niño se hace pis en la cama y menciona que en la semana que pasó entre la decisión de hacer la consulta y su concreción hubo noches en que el niño amaneció seco. Eso da pie a que el terapeuta pueda indagar qué cosa diferente hicieron ellos. Tiene que ver con resaltar lo ya hecho en relación al problema.
En el tercer caso (recurso) como mencionamos a lo largo del artículo se trata de resaltar algo propio de la persona o de su entorno que puede facilitar la resolución del problema.
A medida que el consultante habla, el terapeuta que tiene una mirada centrada en recursos puede hacer una apreciación más precisa de lo que el consultante dice y tomar algunos pies para resaltar recursos e invitar a emplearlos.
Proponemos aquí un ejercicio al lector: registre su próxima entrevista con un consultante en audio. Escúchela y fíjese cuántos pies que dan entrada a recursos aparecieron en los primeros diez minutos de la entrevista y cuántos usted utilizó. Es muy probable que la lectura reciente de este artículo haya aumentado momentáneamente su agudeza para "ver" recursos y eventualmente ponerlos en juego. Aun así, seguramente su escucha le permitirá registrar otros pies que no utilizó.
Y ahora le proponemos que antes de ver a su siguiente paciente mire con atención durante dos minutos el gráfico, el listado de recursos. Mire el tesauro, no piense solo en la noción general de recursos.
Si graba su próxima entrevista es probable que aparezca un listado de pies para recursos más rico y preciso. "Mágicamente" el consultante produjo más pies. El único problema es que si después de eso, ya contento con el aprendizaje se limita a decidir que se fijará en los recursos los meses siguientes, pronto volverá al estado inicial. Verá la misma (poca) cantidad de recursos que antes de comenzar el experimento, aun pensando que la noción de recurso es muy útil y que la está utilizando todo el tiempo. Eso al menos es lo que afirman Flückiger y sus colegas en su artículo "Ressourcenaktivierung lernen" (Flückiger, Lakatos, Weisensee, Reinecker, 2012). La solución a esto a es que el terapeuta se tome al menos un minuto para volver a mirar el tesauro gráfico antes de cada entrevista o, por lo menos, el listado de recursos ya puestos en juego en ese proceso terapéutico.
En resumen, en este artículo hemos tratado de contribuir al desarrollo del constructo recurso. Haciendo nuestras las palabras de Grawe y Grawe-Gerber (1999):
"El principio de activación de recursos es un mecanismo de cambio que influye todo el proceso terapéutico. Corresponde más a una actitud del terapeuta que a una técnica. El desarrollo de un pensamiento orientado a recursos y de competencias específicas para activar los recursos del consultante debería constituir una parte de cualquier programa de entrenamiento en psicoterapia."
Con esto en la mira ofrecimos una definición de ese constructo apropiada para su uso en psicoterapia breve estratégica junto con un tesauro que facilita al terapeuta distintos procedimientos para identificar recursos del consultante y su entorno que pueden contribuir a la resolución del problema que presenta.
{Ver Anexo}
1. El modelo de psicología positiva de Martin Seligman (2002) pone énfasis en la identificación de fortalezas, que son aspectos positivos de las personas necesarios para la construcción de sus virtudes, pero una fortaleza no necesariamente implica un recurso para la resolución del problema que se plantea en la consulta.
2. Aquí vale mencionar el libro de Flückiger, Wüsten, Zinbarg y Wampold (2010) que sugiere una heurística. Pero, siguiendo a Kahneman (2011), consideramos que esta heurística requiere una clasificación para ser más efectiva.
3. Aquí vale mencionar el libro de Wampold y Flückiger (2010) que sugiere una heurística. Pero, siguiendo a Kahneman (2011), consideramos que esta heurística requiere una clasificación para ser más efectiva.
4. Aquí vale la pena citar que existen otros inventarios, tales como el Inventario de Recursos de Berner (Trösken y Grawe, 2003).
5. El Diccionario de la Real Academia define Pie como "Palabra con que termina lo que dice un actor en una representación dramática, cada vez que a otro le toca hablar".
Bennett, B., Seashore, H y Wesman, A. (2002). DAT-5: Tests de Aptitudes Diferenciales. Madrid: TEA.
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References: resolución 
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in fine
 resolución 
 resolución 
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