Source: https://www.slideshare.net/Valfh/axiologia-tecnociencia
Timestamp: 2017-03-23 05:10:22+00:00

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Resumen tecnociencia y sistemas de ...
Capítulo V Axiología de la tecnociencia V.1: Tecnociencia y valores. La práctica tecnocientífica puede ser estudiada desde muchas perspectivas: una deellas es la axiológica. Las evaluaciones de las acciones científico-tecnológicas se producencontinuamente, incluyendo las de sus resultados. Si mantenemos la distinción de cuatrocontextos en la actividad científico-tecnológica, el de educación y difusión, el deinvestigación e innovación, el de aplicación y el de evaluación, la axiología es nuclear eneste último contexto. En este capítulo nos centraremos en el contexto de evaluación de latecnociencia y sus relaciones con los contextos de investigación y aplicación, dado que enotras publicaciones ya nos hemos ocupado de los valores en el contexto de educación 1. No pretendemos valorar la tecnociencia en su conjunto. Como dice León Olivé, “noes posible evaluar moralmente la ciencia y la tecnología en general o en abstracto” 2. Sinembargo, “los sistemas técnicos concretos sí están sujetos a evaluaciones morales y no sonéticamente neutros” 3. Es importante tener en cuenta esto al hablar de axiología de latecnociencia. No tiene sentido preguntarse, salvo a título subjetivo, si la tecnociencia engeneral es buena o mala, digna o indigna, justa o injusta, solidaria o insolidaria. En cambio,sí podemos valorar los sistemas tecnocientíficos concretos, entendidos éstos como sistemasde acciones humanas y no como conjuntos de artefactos, como vimos en el apartado I.7.Nos centraremos en la valoración de las acciones tecnocientíficas, incluidos sus resultados,sus consecuencias y sus riesgos, siguiendo la línea abierta en el libro Ciencia y Valores,cuyas hipótesis básicas siguen desarrollándose en la presente obra 4. En algunos casosdichas valoraciones pueden hacerse desde una perspectiva ética. Algunas accionestecnocientíficas suscitan importantes problemas morales, tanto en las comunidadescientífico-tecnológicas como en la sociedad en general. Pero no todas. La axiología es másamplia que la moral. Aparte de las valoraciones éticas, la actividad tecnocientífica puedeser juzgada desde otros muchos puntos de vista. Los valores epistémicos, técnicos,económicos, políticos, jurídicos, ecológicos, sociales, etc., también son relevantes para laaxiología de la tecnociencia. Por ello dedicaremos el apartado V.2 a distinguir los diversostipos de valores relevantes para la tecnociencia. Por otra parte, las acciones axiológicas son muy distintas según los diversoscontextos de la actividad tecnocientífica, así como según los agentes, lo evaluado, etc.Veámoslo brevemente, aplicando al acto de evaluar la teoría de la acción que hemospropuesto anteriormente. En el contexto de educación y difusión hay diferentes agentes evaluadores. Por unaparte la comunidad científico-tecnológica, representada por los profesores de los distintos1 J. Echeverría, 2002, o.c., caps. 3 y 4.2 L. Olivé, El bien, el mal y la razón, México, Paidós, 2000, p. 91.3 Ibid., p. 92.4 Echeverría 2002, cap. 2. 2.
niveles educativos y los directores de centros. Un profesor no sólo enseña, también evalúa.Son dos acciones muy distintas. A su vez, la actividad docente es evaluada, al igual que susresultados finales e intermedios. Además, se evalúan los libros de texto y los instrumentosdocentes, así como los centros escolares, las universidades o el sistema educativo en suconjunto. Conforme consideramos más acciones axiológicas en el contexto de educación,constatamos que los científicos y los ingenieros no son los únicos que llevan a caboevaluaciones. Aunque sea en base a criterios más subjetivos y mediante procedimientos nonormalizados, los padres también evalúan, así como los propios estudiantes. La sociedad engeneral, y más concretamente los Estados, suelen instituir sus propios sistemas deevaluación: reválidas, pruebas de selectividad y de acceso a las universidades, agencias decalidad, análisis de costes, etc. El contexto de evaluación interactúa por doquier con elcontexto educativo mediante agentes, procesos y criterios de valoración muy distintos. Ladicotomía bueno/malo no es más que uno de los criterios a tener en cuenta. También sepuede evaluar la competencia, la eficiencia, el coste, la utilidad, la integración social porvía educativa, los avances en el nivel de alfabetización de una sociedad, etc. Por lo querespecta a la difusión de la ciencia y tecnología, las acciones principales las llevan a cabootros agentes y con otros medios: revistas de divulgación científica, programas de radio ytelevisión sobre ciencia y tecnología, libros, páginas Web en Internet, museos de ciencia ytecnología, etc. Cuando un visitante de un museo de ciencia y tecnología rellena unaencuesta en la que se le preguntan sus impresiones tras la visita, está haciendo unaevaluación de usuario. Los expertos en documentación electrónica han desarrolladosistemas muy sofisticados para valorar la calidad de las páginas Web. En general, lasdiversas acciones de difusión tecnocientífica siempre son valoradas, y no sólo en elmercado, en función de las audiencias o índices de venta, sino también mediante otrosinstrumentos: encuestas sobre la percepción y las actitudes de la sociedad ante la ciencia yla tecnología, índices de impacto e influencia, indicadores de calidad, análisis económicosde coste/beneficio, etc. En el contexto de educación y difusión se producen multitud deevaluaciones. Todas ellas tienen interés axiológico y, desde luego, no todas son de índolemoral, ni mucho menos. Hay evaluaciones subjetivas (por ejemplo las de un estudiante, lasde un padre o las de un profesor), intersubjetivas (nota media en un curso, expedienteacadémico, ...) y objetivas, entendiendo por éstas últimas las que se llevan a cabo medianteprotocolos normalizados de evaluación, de modo que los resultados no dependan del agenteevaluador, al menos en principio. Algunos de los resultados de las evaluaciones se hacenpúblicos, otros permanecen en ámbitos privados, o incluso íntimos. En resumen, dada lagran complejidad y variedad de las acciones axiológicas en el contexto de difusión, esimprescindible analizar y distinguir los tipos de acciones axiológicas, así como las clases devalores, de agentes, de situaciones, de resultados, de instrumentos docentes o divulgativos,etc. Así se aplica la teoría de la acción expuesta en el capítulo anterior al contexto deeducación y difusión. Nuestra axiología de la tecnociencia será analítica y empírica, comoya hemos propugnado en el libro Ciencia y Valores. En el contexto de investigación ocurre algo similar, pero corregido y aumentado. Laciencia moderna creó un sistema específico de evaluación de las publicaciones científicas,el sistema de evaluación por pares (peer system review), que constituye una de lascaracterísticas más singulares de la ciencia desde el punto de vista de la evaluación. Dichosistema se ha ido expandiendo a las diversas disciplinas y por distintos países, lo cual noequivale a decir que impere por doquier. De hecho, uno de los índices de calidad de una 3.
publicación científica depende de la existencia de un sistema de evaluación anónima y porpares. Posteriormente, ese modelo evaluatorio se implantó en otros ámbitos del contexto deinvestigación e innovación. Uno de los rasgos distintivos de la tecnociencia públicaconsiste en la evaluación comparativa de los proyectos de investigación, solicitudes deinfraestructura, organización de congresos, nombramientos, atribución de puestos detrabajo, innovaciones tecnológicas, etc. Para ello se crearon diversas Agencias y Comitésde Evaluación de la Ciencia y la Tecnología. El contexto de evaluación de la ciencia poseesus propias instituciones (tribunales de tesis doctorales, comisiones para concursos yoposiciones universitarias, comisiones para asignación de fondos públicos, comisiones decontratación, etc.), las cuales toman decisiones sobre la excelencia de los investigadores, laidoneidad y fiabilidad de los equipos, la calidad y el prestigio de las universidades y loscentros de imvestigación, etc. En algunos casos surgen problemas éticos (falseamiento delos datos, plagios, deshonestidad), que suelen ser resueltos por las comunidades científicasen base a reglas deontólogicas que las propias comunidades establecen 5. Sin embargo,aparte de los problemas éticos, en la investigación científica hay otros muchos conflictos devalores. No sólo se producen conflictos epistémicos, como la inconmensurabilidad entreparadigmas rivales, o la contradicción entre hipótesis, teorías y predicciones, o laimprecisión de los datos observacionales, de las mediciones o de los experimentos, o lafalta de rigor de algunas propuestas, ni tampoco únicamente conflictos entre valorestécnicos, como la utilidad, la eficiencia, la aplicabilidad, la robustez o el buen o malfuncionamiento de los artefactos, sino también conflictos que dependen de valoreseconómicos, sociales, políticos, jurídicos, ecológicos o militares. Por tanto, en el contextode investigación funcionan otros muchos procesos de evaluación, aparte del sistema depares anónimos. Los gobiernos tienen sus propios criterios político-económicos, y en sucaso estratégico-militares, para evaluar los programas tecnocientíficos y las institucionesdedicadas a la investigación. Otro tanto cabe decir de las grandes empresas y susDepartamentos de I+D. Puesto que las innovaciones compiten entre sí en el mercado, éstepuede ser considerado como un agente importante de valoración: es el que asigna valor adichas innovaciones, en el sentido económico del término ‘valor’. Otros grupos socialestambién hacen sus propias estimaciones, manifestando mayor o menor confianza en lainvestigación científica y en el juicio de los expertos. Aunque el sistema de evaluación porpares sea muy importante y se haya generalizado, no es el único sistema a tener en cuenta.Desde una perspectiva axiológica, la tecnociencia se distingue de la ciencia y la tecnologíapor la mayor pluralidad de sistemas de valores involucrados en los procesos de evaluación.En lugar de plantearnos la vacua cuestión de si la tecnociencia es buena o mala, hay queanalizar caso por caso, en base a datos empíricos y utilizando criterios de evaluaciónpreviamente diseñados y normalizados. Todo ello en la medida de lo posible, claro está. Enel contexto de investigación e innovación también podemos distinguir entre valoracionespuramente subjetivas, que existen, y son muy frecuentes, aunque se les preste pocaatención, evaluaciones intersubjetivas (que implican procesos de consenso entre distintosagentes evaluadores) y evaluaciones objetivas. En las evaluaciones objetivas se utilizanprotocolos normalizados de evaluación: al menos en principio, ofrecen resultados similaresindependientemente de quién sea el agente evaluador. La objetividad de algunos procesosde evaluación no implica neutralidad axiológica. El mito de la neutralidad y de la cienciavalue-free ha de ser eliminado de la reflexión sobre la tecnociencia. Los instrumentos que5 El código de Hipócrates es el primer gran ejemplo histórico de la deontología científica. 4.
utilizan los científicos y los ingenieros para evaluar sus propios instrumentos deinvestigación, la fiabilidad de los resultados, la incidencia de los resultados, etc., estáncargados de valores, como mínimo de valores epistémicos y técnicos. En el caso de latecnociencia, también suelen estar cargados de valores económicos, empresariales,militares, políticos y jurídicos, como vimos en el capítulo segundo. La objetividad es unvalor, un valor nuclear de la tecnociencia, que forma parte de un sistema de valores y sóloadquiere sentido en dicho marco sistémico. Por otra parte, en el contexto de investigación einnovación hay evaluaciones públicas, pero no todas lo son. Muchas de ellas se producenen ámbitos privados, incluido el fuero íntimo de los diversos agentes tecnocientíficos:científicos, ingenieros, técnicos, empresarios, políticos, etc. Esta pluralidad de sistemas devalores y de agentes evaluadores es mucho más amplia y compleja en el caso de latecnociencia que en el de la ciencia y la tecnología. Por ello afirmamos que los conflictosde valores son una parte integrante de la actividad tecnocientífica, porque se derivan de laestructura axiológica de la práctica científico-tecnológica. En la ciencia y la tecnología dela era industrial también existían, pero en muchas ocasiones podían ser resueltos en el senode las comunidades científico-tecnológicas. En el caso de la tecnociencia esto ya no esposible, como vimos en el apartado III.6, al referirnos a las contiendas tecnocientíficas. Elsujeto de la tecnociencia es estructuralmente plural y por ello está en conflicto consigomismo. Las comunidades científicas y tecnológicas tienen un papel importante en losconflictos de la tecnociencia, pero no sólo ellas. Tanto durante el desarrollo como en laeventual resolución de los conflictos intervienen otros muchos agentes, cuyos sistemas devalores no son epistémicos ni técnicos. Por ello resulta indispensable analizar las diversasclases de valores relevantes para la tecnociencia. Como ya dijimos en el capítulo anterior,los valores caracterizan las diversas subculturas que se integran en la culturatecnocientífica. Lo que acabamos de decir del contexto de investigación vale todavía más en elcontexto de aplicación. Los descubrimientos e innovaciones tecnocientíficas no sólo seaplican a la naturaleza, sino ante todo a la transformación de las sociedades y de la vida delas personas. Las guerras basadas en la tecnociencia son el ejemplo más claro, pero hayotros muchos: la ingeniería genética, la farmacología, la tecnomedicina, las tecnologías dela información y la comunicación, la publicidad, las técnicas de modificación de laconducta, las encuestas sobre tendencias de voto, los modelos macroeconómicos, etc.Cuando las sociedades y los seres humanos devienen el objeto de las accionestecnocientíficas, entonces surgen necesariamente reacciones, o si se quiere respuestascríticas, aceptaciones, oposiciones, etc. El contexto de aplicación de la tecnociencia es, antetodo, la sociedad, por lo que no tiene sentido intentar separar la actividad tecnocientífica dela vida social. La pluralidad de valores y agentes evaluadores aumenta exponencialmenteen el contexto de aplicación, y con ella las aceptaciones y los conflictos. Es literalmenteimposible dilucidar si la tecnociencia es buena o mala para la sociedad, en primer lugarporque hay muchas sociedades y muchas tecnociencias, pero ante todo porque la diversidadde sistemas de valores es mucho mayor en el contexto de aplicación social de latecnociencia. A unos les irá muy bien alguna tecnociencia, por ejemplo un misil inteligente,o una droga sintética. A otros muy mal. La mayor parte de las valoraciones en el contextode aplicación son subjetivas e intersubjetivas (por ejemplo culturales), pocas pueden sercalificadas de objetivas. Una de ellas es el sistema de votaciones siguiendo la regla de lamayoría, que se aplica una y otra vez en la actividad tecnocientífica para la resolución de 5.
conflictos: por ejemplo en tribunales, en las comisiones que asignan proyectos, o en losParlamentos que aprueban leyes y planes de ciencia y tecnología. Otra es la evaluación acargo de expertos, conforme a una racionalidad procedimental previamente establecida. Elprincipal problema consiste en fijar protocolos y procedimientos normalizados y públicosde evaluación, cosa que debe hacerse antes de poner en marcha los procesos de evaluación.Para lograrlo, es preciso reflexionar sobre la acción de evaluar y sobre los instrumentos quela facilitan. Un parlamentario que trabaja en una comisión de ciencia y tecnología, al igualque cualquier otro comisionado, ha de disponer de reglas procedimentales e instrumentospara llevar a cabo su tarea, aparte e su propio criterio como agente evaluador. Podemosconcluir, por tanto, que la definición de acción tecnocientífica que propusimos en elapartado IV.7 vale también para las acciones de evaluación. Evaluar la tecnociencia es (hade ser) una acción tecnocientífica. De ahí la importancia que atribuimos a los instrumentosde evaluación, que no se reducen al buen o mal criterio de los agentes evaluadores. No hay que olvidar que, desde el origen de la tecnociencia, muchas “controversias”entre programas rivales se resolvieron por la vía de la contienda militar. El propósitoprincipal de este libro consiste en proponer metodologías civiles para la resolución de losconflictos de valores en el contexto de aplicación de la tecnociencia. Dichas metodologíasciviles no están basadas en la teoría de la decisión racional ni en la racionalidadinstrumental, que son las dos formas de racionalidad que imperaron en la época industrial.Este propósito es difícil de lograr, puesto que no basta con encontrar una posiblemetodología social para la resolución de esos conflictos axiológicos. Se requiere unametodología trans-social, puesto que ya hemos recalcado que la tecnociencia incide sobrevarias sociedades a la vez, no sobre una sola. Volveremos ulteriormente sobre estosproblemas, que son muy arduos, pero cabe anticipar que en el contexto de aplicación de latecnociencia no se puede rechazar la existencia de valores culturales y sociales muydiversos. Se trata de ir configurando un sistema mínimo de valores compartidos pararesolver civilizadamente los diversos conflictos generados por las tecnociencias. Algunospensarán que es una tarea imposible. Pero hay precedentes de acciones axiológicassimilares, como la Declaración de Derechos Humanos de 1948, que instituyó un sistema devalores básicos para guiar la vida político-social. Dada la creciente importancia de latecnociencia en las sociedades contemporáneas, se trata de establecer un contrato socialpara la tecnociencia basado en el pluralismo axiológico, y no en el predominio dedeterminados valores empresariales y políticos que permitieron reformular el informe deVannevar Bush tras su crisis en los años 70. Los párrafos anteriores muestran la envergadura del desafío. Insistimos en que laperspectiva axiológica en la que nosotros nos situamos no es la única posible: la praxiologíade la tecnociencia no se reduce a la cuestión de los valores, y no hay que olvidar que laepistemología, la historia, la sociología y la economía de la tecnociencia siguen teniendogran importancia en los estudios de ciencia y tecnología. Sin embargo, consideramos que esuna de las líneas de investigación filosófica que más puede aportar hoy en día a los estudiosde ciencia, tecnología y sociedad (CTS), que son el marco en que se sitúa este libro.Recordando brevemente la emergencia de la filosofía de la ciencia a principios del sigloXX, cabe afirmar que la aparición de los estudios CTS son una consecuencia de la propiaemergencia de la tecnociencia tras la crisis de la macrociencia en la década 1965-1975. LaFilosofía de la Ciencia y la Historia de la Ciencia se constituyeron como disciplinas 6.
académicas en las primeras décadas del siglo XX, a nuestro entender como consecuencia delos grandes cambios y revoluciones que se habían producido a finales del siglo XIX yprincipios del siglo XX en el ámbito de la Biología (Darwin, Mendel), las Matemáticas(geometrías no euclídeas, teoría de conjuntos), de la Física (teoría de la relatividad,mecánica cuántica) y de las ciencias sociales (Psicología Experimental, EconomíaMatemática, Sociología Empírica, etc.). La Naturphilosohie de las Universidades alemanasse reveló insuficiente para pensar esos grandes cambios científicos y por ello surgió unaFilosofía de la Ciencia de orientación logicista, empirista y positivista. Pues bien, a finalesdel siglo XX se produjo un cambio no menos importante en la actividad científica: lo quehemos denominado revolución tecnocientífica. Como consecuencia, en los años 70surgieron las dos grandes líneas de lo que hoy en día se denominan Estudios CTS: laescuela norteamericana (Mitcham, Durbin, etc.) y la europea (Programa Fuerte,etnometodología, etc.). La filosofía analítica de la ciencia y la tecnología se mostró incapazde asumir que la propia ciencia había cambiado y siguió manteniendo su programa básico,centrado en el análisis y reconstrucción de las teorías y del conocimiento científico, sinatención alguna a la práctica. La Praxiología de la ciencia y de la tecnología todavía noexiste como disciplina, y tampoco la Axiología, aunque en ésta se han producido avancesimportantes en los últimos años (Laudan, Rescher, Longino, etc.). Pues bien, los estudiosCTS son hijos de la tecnociencia y vienen a cubrir el hueco dejado por la filosofía de laciencia, la cual, salvo honrosas excepciones, sigue centrada en la ciencia moderna, sinaceptar siquiera la emergencia de la tecnociencia. La axiología que propugnamos es unaaportación filosófica a los estudios interdisciplinarios de ciencia, tecnología y sociedad,más que a la filosofía de la ciencia en el sentido estricto de la palabra. Veamos cuáles sonlas bases sobre las que se asienta. V.2: Tipos de valores. En este apartado analizaremos los diversos sistemas de valores que inciden en laactividad tecnocientífica. Para ello hay que afrontar dos delicados problemas: qué son losvalores y qué tipo de valores hay. Con respecto a la primera cuestión, ya hemosmanifestado ampliamente nuestra postura 6: no consideramos los valores como esencias oentidades, y mucho menos como intemporales, sino como funciones (en el sentido deFrege) aplicadas por agentes evaluadores a los sistemas de acciones científicas,tecnológicas o tecnocientíficas. Con respecto a la segunda, cabe introducir diversoscriterios para clasificar los diversos tipos de valores. Por nuestra parte, seguimos un criterioempírico, basado en la observación de la práctica tecnocientífica, tal y como ha sidodescrita en los capítulos anteriores. Otros autores proponen clasificaciones mássistemáticas, algunas de ellas muy interesantes, como la que ha presentado recientementeJuan Ramón Alvarez Bautista 7. Sin embargo, en esta obra seguiremos ateniéndonos a ladistinción de doce subsistemas de valores relevantes para el análisis axiológico de lapráctica tecnocientífica, conforme a lo apuntado en el libro Ciencia y Valores:1.- Básicos6 En Echeverría, 2002, cap. 1.7 Ver J. R. Alvarez, “La ciencia y los valores: la interpretación de la actividad científica”, en M. I. Lafuente(coord..), Los valores de la ciencia y la cultura, León, Universidad de León, 2001, pp. 17-33. 7.
2.- Epistémicos3.- Tecnológicos4.- Económicos5.- Militares6.- Políticos7.- Jurídicos8.- Sociales9.- Ecológicos10.- Religiosos11.- Estéticos12.- Morales Cada uno de estos subsistemas agrupa diversos valores. No todos ellos inciden enlas diversas disciplinas, ni en cada momento histórico, ni en cada acción tecnocientíficaconcreta. Sin embargo, todos esos tipos de valores pueden ser significativos a la hora devalorar conjuntamente las acciones tecnocientíficas y sus resultados. Los procesos deevaluación suelen ser iterados, e incluso recursivos. El modelo lineal de Bush presuponeque en primer lugar se valoran los descubrimientos científicos, en base a criteriosexclusivamente epistémicos. A continuación se evalúan sus aplicaciones eimplementaciones tecnológicas, en base a valores técnicos. Una vez satisfechos dichoscriterios, se pasa a la fase de diseño del producto, en la que ya se tienen en cuenta otro tipode estimaciones, al igual que en las fases ulteriores de desarrollo de la producción,comercialización y uso de los artefactos. Por último, el mercado hace sus propiasvaloraciones, al igual que la sociedad. En el sexto ámbito de los sistemas SCyT, lasorganizaciones militares también tienen sus propios criterios de evaluación de lasinnovaciones tecnocientíficas. En la periferia del sistema, pueden distinguirse otrossistemas de valores (ecológicos, morales, estéticos, religiosos), algunos de los cualespueden ser muy relevantes en circunstancias y ámbitos concreto, por ejemplo en un Estadofundamentalista que pretende impulsar la tecnociencia. Otro tanto cabe decir de losusuarios, que pueden tomar sus decisiones en función de criterios estéticos o por razonessubjetivas, supuesto que los productos entre los que tiene que elegir hayan superado losumbrales mínimos de los valores nucleares, y por tanto hayan sido difundidos en elmercado. Desde la perspectiva axiológica, la tecnociencia se caracteriza por una mixtura devalores heterogéneos, puesto que surge de una alianza estable entre agentes socialesdiversos, cuyas acciones son guiadas por diferentes sistemas de valores. Muchasinvestigaciones son promovidas por su posible interés militar, económico o político: lasevaluaciones epistémicas y técnicas son secundarias en este caso, aunque también existen,pero no como objetivo, sino como requisito necesario. El proyecto Manhatan, por ejemplo,no fue diseñado e impulsado por razones epistémicas o técnicas, sino ante todo pornecesidades político-militares. Los indudables avances científicos y tecnológicos quegeneró estaban subordinados a los objetivos de dicho proyecto, como vimos en el apartadoII.3. Otro tanto cabe decir del Proyecto ENIAC, de la exploración del espacio o delproyecto Genoma. Para sus promotores y financiadores, los avances epistémicos quesuscitaron eran instrumentales. En términos generales, y contrariamente a lo afirmado porBush: si las empresas tecnocientíficas financian la investigación básica no es para hacer 8.
avanzar la frontera del conocimiento, sino para tratar de lograr sus fines, que suelen serbastante más prosaicos que la búsqueda de la verdad. El conocimiento científico es uninstrumento para las empresas tecnocientíficas. Los inversores no invierten en I+D para quelos científicos propongan nuevas teorías. Estos avances son bienvenidos, pero únicamenteporque suponen prestigio para la corporación o institución correspondiente, lo cual puedecontribuir a paliar la desconfianza pública, a ganar la confianza de los inversores privados oa garantizar la financiación pública. El ejemplo del Instituto TIGR, creado por Rosenbergbajo el patrocinio de una Fundación sin ánimo de lucro, pero que tenía a su lado unaempresa creada para rentabilizar comercialmente las secuenciaciones de genes que lograranCraig Venter y su equipo, ilustra bien la pluralidad axiológica de la práctica tecnocientíficay la subordinación de los valores epistémicos a los empresariales. En otros casos, lasubordinación de los avances en el conocimiento se produce en relación a los objetivosmilitares o políticos que subyacen a la mayoría de las acciones tecnocientíficas, sobre todosi éstas son de gran envergadura. Si queremos disponer de un marco teórico general para la axiología de latecnociencia, es preciso considerar como mínimo esos doce subsistemas, puesto que todosellos desempeñan un papel en el diseño y evaluación de las propuestas tecnocientíficas. Acontinuación, hay que dilucidar empíricamente en cada caso cual es el orden de aplicaciónefectivo y la relevancia relativa de unos u otros subsistemas. Todo ello sin perjuicio de quepudiera añadirse algún subsistema más, por ejemplo desglosando los subsistemas devalores epistémicos, políticos, morales, etc. En general, cuando estudiemos casos concretosde tecnociencia no tendremos que considerar los doce subsistemas, sino unos pocos. Laactividad tecnocientífica casi siempre involucra valores epistémicos, tecnológicos,económicos, políticos y militares. En algunos casos se añaden valores ecológicos, en otrosvalores jurídicos, sociales, morales o religiosos. Hay ocasiones en que los valores estéticosson muy importantes, inclinando la decisión a favor de una propuesta u otra en función desu estética. Otro tanto cabe decir de los valores jurídicos, o de los ecológicos. En resumen,de estos doce subsistemas habrá que seleccionar unos cuantos para llevar a cabo el estudiocaso por caso de la tecnociencia desde una perspectiva axiológica. La axiología de latecnociencia que propugnamos es analítica y empírica. Lo primero que hay que precisar esel orden de las evaluaciones y el peso específico de cada subsistema o valor, en lugar depresuponer una jerarquía estable en el sistema de valores que guían las accionestecnocientíficas. En algunos casos primará la utilidad, en otros la precisión o los beneficioseconómicos esperables. Las funciones axiológicas son aplicadas por los diversos agentesevaluadores conforme a distintas ponderaciones, que han de ser determinadasempíricamente en cada caso. Ello no impide, claro está, que el análisis empírico muestre laausencia de determinados valores, o su escaso peso relativo a la hora de aprobar o rechzardeterminadas acciones. Frente a una crítica abstracta a la tecnociencia, propia de laracionalidad perezosa, los axiólogos de la tecnociencia han de tomarse el trabajo de analizarpreviamente los valores en juego, con el fin de intervenir en el debate introduciendo nuevoscriterios de valoración o modificaciones en los pesos relativos de los valores efectivamenteintervinientes. La condena moral de la tecnociencia es muy satisfactoria desde el punto devista de la buena conciencia individual, pero completamente imprecisa e ineficaz a la horade intentar modificar la práctica tecnocientífica. 9.
Al distinguir esos doce subsistemas estamos proponiendo una clasificación de losvalores de la tecnociencia. Dicha clasificación es provisional y mejorable. Otrasclasificaciones son mucho más sistemáticas, como la propuesta por Alvarez Bautista. Esteautor distingue entre valores comunicativos, económicos y sociales, por una parte, y, enfunción de un segundo criterio, entre valores liberatorios (desiderata), eliminatorios(exigencias o deberes) y nucleares. Su propuesta tiene gran interés, pero comentarla a fondonos llevaría muy lejos, por lo que mantendremos por ahora nuestra propia clasificación, queha de ser entendida como una tabla abierta y con realimentaciones internas. Hay valores,como la libertad, que pueden ser entendidos desde muy diversas acepciones: como valorbásico, epistémico (libertad de investigación, libertad de enseñanza), político, jurídico,empresarial, social, etc. Por tanto, los doce subsistemas no son auténticas clases deequivalencias, sino subsistemas que interactúan entre sí en situaciones concretas. De ahí laimportancia de las condiciones iniciales y de contorno a la hora de llevar a caboevaluaciones. La información disponible, por ejemplo, resulta decisiva para que losresultados de las evaluaciones sean uno u otros. Las diversas clasificaciones de los valores presuponen concepciones filosóficas y lanuestra no es una excepción, pese a que en puridad no sea una clasificación, comoacabamos de señalar. Antes de proseguir, conviene explicitar dos de sus presupuestosfundamentales. En primer lugar, optamos por una perspectiva sistémica a la hora de estudiar losvalores de la tecnociencia. En lugar de considerar cada valor por separado (atomismoaxiológico) y aceptar que tiene un sentido per se, partimos de la hipótesis de que los valoresse aplican conjuntamente, de modo que al valorar un aspecto también ponemos en juegootros valores. Este carácter sistémico, al que ya nos hemos referido en otros lugares 8,implica afirmar la existencia de diversos subsistemas de valores Vj en la tecnociencia,variando el subíndice j desde 1 a 12 (o más), puesto que hemos distinguido docesubsistemas de valores. Cada subsistema Vj incluye a su vez una pluralidad de valores Vjkinterrelacionados entre sí. Por ejemplo, para calibrar la verosimilitud de una hipótesis hayque valorar su coherencia interna y externa (es decir, también en relación con otrashipótesis verosímiles en dicha disciplina científica), la precisión de las observaciones ymediciones que permiten corroborarla o refutarla, la realizabilidad de los experimentos quepodrían confirmarla o refutarla, etc. Un determinado valor epistémico se co-implica conotros valores epistémicos, así como con otros no epistémicos. Por ello hablamos desistemas y subsistemas de valores, más que de valores elementales o atómicos que pudieranser agrupados en doce o más clases de equivalencia. Un mismo valor puede incluirse envarios subsistemas, si bien, de suceder esto, no será aplicado del mismo modo en uno u otrocaso. Dicho de otra manera: dicho valor no tiene el mismo significado según se integre enuno u otro subsistema. Esto no supone ninguna “paradoja del significado”, como solíandecir los filósofos de la ciencia de la concepción heredada (received view), puesto que losvalores, al depender de funciones axiológicas, sólo adquieren significado cuando dichasfunciones son aplicadas para evaluar una acción o una componente concreta. La existenciade una pluralidad de subsistemas genera una tensión interna al sistema de valores de latecnociencia, que se manifiesta en forma de conflictos de valores, como hemos recalcado8 Ver J. Echeverría 2002, o.c., apartado I.6. Ver también III Congreso de Solomefi. 10.
más de una vez. Aunque nuestra axiología es analítica, pretende analizar la “dialéctica”interna a los sistemas de valores de la tecnociencia. Es una de las principales peculiaridadesde nuestro planteamiento. En otros términos: la axiología de la tecnociencia es dinámica, noestática. Lo importante es dilucidar los sistemas de valores compartidos en un momentodado, independientemente de que en dichos sistemas haya valores contrapuestos entre sí. En segundo lugar, los valores concretos son emergentes, es decir, van surgiendo a lolargo del tiempo y de los procesos de evaluación, partiendo de unos valores iniciales. Unade las características más notables de la tecnociencia del siglo XX fue la progresivaemergencia de un nuevo subsistema de valores, los valores ecológicos, que apenas habíansido tenidos en cuenta en la ciencia moderna, pero que en la segunda mitad del siglo hanido adquiriendo un peso relativo de cierta significación en la actividad científica ytecnológica. Hoy en día, un laboratorio científico se preocupa por el problema de laeliminación de los residuos de sus experimentos, lo cual no era habitual a principios delsiglo XX, ni mucho menos antes. Aunque los valores ecológicos no son los más relevantesen el contexto de investigación (algo más en el de aplicación), tienen cierto papel a la horade valorar las investigaciones tecnocientíficas. Por ello han de ser considerados como unsubsistema específico, cuyo peso relativo crece paulatinamente. Otro tanto podríamos decirde los valores empresariales o jurídicos, que han ido adquiriendo un peso cada vez mayoren la tecnociencia a lo largo del siglo XX. Los valores de la tecnociencia no sonconsustanciales a ella, aunque simpre haya un núcleo axiológico compuesto por valores sincuya satisfacción mínima las propuestas y las acciones tecnocientíficas son lisa yllanamente rechazados, al igual que sus resultados. Tanto los valores concretos como lossubsistemas han ido surgiendo a lo largo de la historia, han impregnado en mayor o menorgrado las acciones científicas y técnicas y, gracias a sus repetidas interacciones, se han idoconsolidando como tales valores o subsistemas de valores de la ciencia. Frente a muchosfilósofos de los valores que han tendido a pensarlos como entidades ideales, nuestraaxiología reconoce la historicidad de los valores, su carácter sistémico y, además, afirma laexistencia de valores emergentes en dicha interacción sistémica. Por otra parte, en laactividad tecnocientífica se producen transferencias de valores de otras actividades socialesa ella, y recíprocamente. Esta es una de las principales modalidades de cambio de valoresen la tecnociencia. Todo lo que venimos diciendo quedará más claro si enumeramos algunos de losvalores pertenecientes a los doce subsistemas que hemos distinguido. Por valores básicosentendemos aquellos que son comunes a los seres humanos, aunque en algunos casospudiera rastrearse el origen de dichos valores en el mundo animal. Para aclarar de quéhablamos, valga la siguiente lista, para cuya presentación recurrimos al orden alfabético,con el fin de no entrar en los tremendos debates sobre la prioridad de unos u otros valoresbásicos: 1.- Valores básicos: alegría, amor, bienestar, capacidad, cordura, creación,crecimiento, felicidad, fertilidad, fortaleza, fortuna, fuerza, gozo, grandeza, interés,madurez, necesidad, normalidad, permanencia, placer, potencia, prudencia, pulcritud, salud,seguridad, sensatez, seriedad, simpatía, suerte, supervivencia, vida, etc. 11.
En esta primera enumeración queda claro el sentido laxo en que aplicamos elconcepto ‘valor básico’, puesto que incluimos en la lista valores, virtudes y bienes,independientemente de que esos tres conceptos pueden distinguirse 9. Muchos de losvalores mencionados son estrictamente subjetivos, otros no. Algunos son relevantes para latecnociencia, otros menos. Nuestro propósito consiste en ilustrar por la vía de los ejemplosel concepto de ‘valores básicos’, puesto que en esta obra no intentaremos elucidarlo. Estasobservaciones valen también para las enumeraciones siguientes, incluida la característicamás significativa de la esfera de los valores: la existencia de contrarios, es decir dedisvalores. Es importante tener presente que los valores tienen sus contrarios, o disvalores.y que la racionalidad valorativa o axiológica se basa en la regla de incrementar el grado desatisfacción de los valores positivos y menguar el de los negativos, como veremos en elapartado siguiente. Varios de los términos que hemos incluido aparecen en el listado debidoa la relevancia del disvalor correspondiente para los seres humanos (tristeza, odio, malestar,incapacidad –o discapacidad-, locura, destrucción, infelicidad, infertilidad, infortunio,debilidad, sufrimiento, pequeñez, desinterés, inmadurez, anormalidad, volatilidad,displacer, impotencia, imprudencia, suciedad, enfermedad, inseguridad, insensatez,irrisoriedad, antipatía, desgracia, aniquilación, muerte, etc.) y otro tanto ocurrirá con losrestantes tipos de valores que vamos a mencionar dentro de cada tipo. 2.- Valores religiosos: autoridad, caridad, devoción, divinidad, esperanza, fe, gracia,jerarquía, misterio, obediencia, piedad, pureza, respeto, sacralidad, sacrificio, salvación,santidad, sobrenaturalidad, etc. 3.- Valores militares: autoridad, deber, disciplina, fidelidad, jerarquía, heroísmo,honor, lealtad, magnanimidad, mando, obediencia, patriotismo, paz, secreto, valentía,victoria, triunfo, etc. 4.- Valores morales: altruismo, amistad, autonomía, benevolencia, bien, bondad,compasión, deber, dignidad, fidelidad, felicidad, generosidad, gratitud, honestidad, limpieza(en el sentido de fair play), prudencia, respeto, responsabilidad, sinceridad, solidaridad,tolerancia, veracidad, virtud, etc. 5.- Valores estéticos: armonía, belleza, claridad, corrección, creatividad, deleite,elegancia, equilibrio, gracia, ligereza, pulcritud, originalidad, sencillez, sublimidad,sutileza, etc. 6.- Valores sociales: antigüedad, cooperación, diligencia, estabilidad, excelencia,éxito, fama, fraternidad, género, igualdad, intimidad, libertad, mérito, nobleza, orden, paz,prestigio, privacidad, profesionalidad, raigambre, reconocimiento, seguridad, solidaridad,etc. 7.- Valores políticos: autonomía, autoridad, control, democracia, estabilidad,hegemonía, gobernabilidad, igualdad, independencia, justicia, libertad, mayoría, orden, paz,poder, potestad, prudencia, público (res publica), representatividad, respeto, tolerancia, etc.9 Para una manera de distinguirlos, ver Echeverría, 2002, apartado I.6. 12.
8.- Valores jurídicos: autonomía, claridad, equidad, formalidad, durabilidad,estabilidad, garantías, imparcialidad, independencia, justicia, legalidad, legitimidad,libertad, publicidad, representatividad, seguridad, transparencia, universalidad, etc. 9.- Valores económicos: beneficio, calidad, comerciabilidad, competitividad, coste,desarrollo, eficacia, eficiencia, generosidad, libertad, maximización, propiedad,rentabilidad, riqueza, etc. 10.- Valores ecológicos: biodiversidad, conservación, equilibrio, limpieza (nopolución), minimización (de impactos medioambientales), renovabilidad, sostenibilidad,etc. 11.- Valores técnicos: aplicabilidad, competencia, corrección, durabilidad, eficacia,eficiencia, fiabilidad, flexibilidad, funcionalidad (en el sentido de que algo funcione),habilidad, innovación, integrabilidad (o composicionalidad), rapidez, robustez, sencillez (deuso), utilidad, versatilidad, etc. 12.- Valores epistémicos: adecuación (empírica), claridad, coherencia,contrastabilidad, fecundidad, generalidad, ingeniosidad, inteligibilidad, originalidad,precisión, publicidad, repetibilidad, rigor, simplicidad, verdad, verificabilidad,verosimilitud, etc. Como puede observarse en estos listados, varios valores son transistémicos, porquepueden ser considerados desde diversas acepciones. Ninguna de las enumeracionespretende ser completa y más de una inclusión resulta discutible, así como la asignación dealgunos valores a unos u otros subsistemas. No afirmamos la existencia de tipos de valoresfijos e inamovibles, puesto que, como ya hemos mencionado, los valores se transfieren deunos subsistemas sociales a otros. Dicho de otra manera: no hay una tipología “natural” delos valores. Al clasificarlos de esta manera estamos llevando a cabo una acción axiológica,o más bien meta-axiológica. No se trata de proponer una tabla inamovible de valores.Pretendemos ante todo mostrar la enorme variedad de cuestiones axiológicas que, conmayor o menor frecuencia o relevancia, se suscitan en la actividad tecnocientífica y, porsupuesto, también en otras actividades sociales. Algunos de esos valores (o virtudes, obienes) son estrictamente subjetivos, otros no. Por tanto, nuestra propuesta podría afinarse ymejorarse introduciendo otros criterios. Aun así, la distinción de doce subsistemas devalores relevantes para la tecnociencia es sumamente útil para el análisis axiológico, apartede introducir un principio de clarificación en un tema de enorme complejidad. En cuanto alorden en que han sido propuestos los doce subsistemas, podría ser modificado. Hemospuesto los valores epistémicos y técnicos en los últimos lugares de la lista a propósito, lastbut not the least. Al principio han sido colocados los sistemas de valores quetradicionalmente han agotado la reflexión sobre los valores (valores básicos, religiosos,morales y militares), pero no porque los consideremos como los principales para latecnociencia, sino por mantener un cierto orden histórico. Aun así, ya hemos dicho que losvalores ecológicos, que no deben ser confundidos con los morales, por mucho que se hablede ética medioambiental, han sido los últimos en configurarse como sistema. Su incidenciaen la actividad tecnocientífica todavía es escasa, al menos en algunos escenarios, pero vacreciendo, por lo que deben ser considerados como un subsistema específico. 13.
Tras esta breve presentación de lo que consideramos como valores potenciales de latecnociencia, interesa subrayar los presupuestos “ontológicos” de los que partimos 10.Consideramos a los valores como funciones (en el sentido de Frege) aplicadas a sistemas deacciones por diversos agentes evaluadores, obteniendo como resultado de la acción deevaluar una valoración, y en algunos casos un juicio. Dicho en términos filosóficosclásicos, que normalmente no utilizaremos: la “facultad” de valorar es mucho más ampliaque la “facultad” de juzgar. Por lo mismo, el contexto de evaluación es mucho más amplioque el contexto de justificación de Reichenbach y los filósofos positivistas. Estos últimossólo se interesaron en las justificaciones epistémicas. Para la tecnociencia esto no vale.Muchas acciones tecnocientíficas se justifican en base a criterios económicos, políticos,militares o sociales. Los valores epistémicos tienen importancia, pero han perdido elmonopolio de la “justificación” de la actividad científico-tecnológica. Es otra de las razonespor las que la filosofía clásica de la ciencia no es válida para analizar y reconstruir latecnociencia. V.3: Aplicación de las matrices de evaluación a la práctica tecnocientífica. En la obra Ciencia y Valores introdujimos la noción de matriz de evaluación comoinstrumento básico para el desarrollo de una axiología analítica, empírica, formal,pluralista, sistémica y meliorista 11. Dicha axiología está basada en la existencia de unapluralidad de valores que rigen las acciones científicas, tecnológicas y tecnocientíficas.Dichos valores no son un simple elenco, sino que están organizados en sistemas ysubsistemas. Por ello cabe hablar de evaluaciones epistémicas, técnicas, económicas,políticas, militares, sociales, etc. En general, cabe hablar de un sistema V de valoresrelevantes para la actividad tecnocientífica, V = Vj, donde Vj representa alguno de losdoce subsistemas de valores anteriores, de modo que Vj = vjk. Cada valor del listadoanterior, vjk, se aplica a las acciones tecnocientíficas para valorarlas en función de muydiversos criterios de estimación. Puesto que en dichas acciones también habíamosdistinguido doce componentes, A = Ai, la acción de valorar queda representada engeneral mediante la expresión axiológica vijk (Ai), que puede ser un enunciado o juicio devalor (el científico Ai es competente, el instrumento Ai es preciso, la teoría Ai es verosímil,etc.), pero también un número o puntuación, cuando se usan protocolos normalizados ybaremos de evaluación, o, en el caso más frecuente, una preferencia u opción por unaalternativa frente a otra: el científico Ai tiene mejor currículo que Bi, el ingeniero Ai es máscompetente que Bi, los instrumentos Ai son más precisos que los Bi, la teoría Ai es másgeneral que la teoría Bi, etc. Como ya indicamos en el libro Ciencia y Valores, en el que secomentan ampliamente las peculiaridades de las matrices de evaluación, las inecuacionesson las representaciones más habituales de las valoraciones: vijk (Ai)  vijk (Bi). Estaexpresión significa que la componente j de la acción A es preferible (o mejor) que lacomponente correspondiente de la acción B, en base al criterio de valoración vijk. Puestoque las evaluaciones de la tecnociencia son procesos que transcurren en el tiempo, no10 Para una discusión amplia de las diferencias entre axiología y ontología, ver Echeverría, 2002, cap. 1.11 La noción de matriz de evaluación ha sido elaborada en estrecha colaboración con José Francisco AlvarezAlvarez, Catedrático de Filosofía de las Ciencias Sociales de la UNED. Ambos preparamos una obra conjuntasobre la racionalidad axiológica y procedimental, que será publicada el próximo año por Paidós (México). 14.
juicios puntuales, las inecuaciones axiológicas adoptan la forma general vijk (Ai(t))  vijk(Bi(t)), que representa la situación de preferencia por una propuesta o acción tecnocientíficaen un momento concreto, siempre en relación al criterio vijk. Ello no implica una valoracióndefinitiva, puesto que nada impide que en un momento ulterior Bi sea preferible a Ai. Unartículo enviado a una revista puede mejorar en una segunda redacción, al igual que laformación de una persona, la presentación de un proyecto de investigación o la calidad deuna institución. Nuestra axiología es meliorista, puesto que localiza los avances o mejorasen relación a cada criterio de valoración: mayor precisión, mayor eficiencia, másrentabilidad, menos costes económicos, menores impactos medioambientales, mejorrecepción social (o en el mercado), mayor competitividad, etc. Las inecuacionesaxiológicas que hemos propuesto permiten representar las diversas situaciones deevaluación, y ello para los diversos valores (o disvalores) que estamos considerando. Cuando, en lugar de considerar un solo valor vijk, tenemos en cuenta varios criteriosde valoración, es preciso introducir un parámetro adicional para representar el factor deponderación pijk que el agente evaluador asigna a cada uno de los valores vijk. Si todos losvalores fueran equiponderados, la matriz de evaluación sería: (vijk (Ai(t))). Como ello noocurre en la práctica evaluatoria real, sino que hay valores más y menos relevantes a juiciode los diversos agentes evaluadores, la forma más general de las matrices de evaluación es:(pijk .vijk (Ai(t))). Es decir, se trata de una secuencia de matrices estrechamente vinculadasentre sí, un matricial. Por poner un ejemplo: dicha expresión formal representaría todos losjuicios de valor emitidos a lo largo de un intervalo temporal por un determinado evaluadorE que aplica los criterios de valoración vijk a la componente Ai de una accióntecnocientífica. A lo largo del tiempo puede haber cambios de criterio en un mismoevaluador. Algunos considerarán esto como un inconveniente grave, pero se equivocan. Losvalores relevantes para la práctica científica pueden cambiar, y en particular sus respectivasponderaciones. Lo importante es la dinámica de la evaluación, no la creencia metafísica enla atemporalidad de los valores ni en su jerarquía eterna. Los cambios axiológicos formanparte importante de la dinámica de la tecnociencia, aunque esos cambios sólo afecten a lasponderaciones relativas, no al sistema mismo de valores. Por otra parte, el evaluador E puede ser un científico, un ingeniero, un empresario,un comerciante, un general, un político, un jurista, un ecologista o un ciudadano cualquiera.También puede ser un obispo, un profesor de ética o un experto en cuestiones estéticas. Enla medida en que la acción A afecte a la vida de las personas, el evaluador E será unapersona normal y corriente, es decir un usuario, o si se prefiere alguien que se preocupa porlas consecuencias y riesgos que sobre él, su familia o su entorno pudiera tener la accióntecnocientífica A. Nuestra axiología no sólo es pluralista porque reconozca la existencia deuna pluralidad de valores, sino también porque parte de un agente plural, es decir, de unapluralidad de agentes más o menos integrados en un sistema tecnocientífico concreto. Losconflictos de valores son inherentes a la actividad tecnocientífica. Ello no implica queoptemos por la teoría subjetivista de los valores 12. La cuestión es más compleja, o siprefiere más plural. Hay valoraciones subjetivas, intersubjetivas y objetivas. Todas ellashan de ser tenidas en cuenta por la axiología de la tecnociencia. La objetividad y lasubjetividad funcionan como valores epistémicos, por lo que forman parte de un subsistema12 Concepción muy habitual entre los positivistas (Russell, Ayer, etc.), pero no sólo entre ellos. 15.
concreto de valores. Además, como la inmensa mayoría de los valores, son graduales. Haysubjetivismos irracionales, otros basados en razones subjetivas, otros en donde hay ungrado considerable de intersubjetividad (por ejemplo en los valores culturales) y tambiéncabe hablar de otras valoraciones que, siendo subjetivas en su origen, han sido reconocidasfinalmente como objetivas. Recíprocamente, hay grados mayores o menores de objetividad.Nuestra axiología está basada en la gradualidad de los valores y ello incluye a los conceptosde objetividad y subjetividad, cuando éstos son usados como criterio de valoración, lo cualsucede frecuentemente en la actividad tecnocientífica. Las dificultades para el análisis axiológico-formal de la tecnociencia surgen cuandoadmitimos la existencia de una pluralidad de agentes evaluadores, no sólo de una pluralidadde valores. Muchas de ellas pueden ser resueltas. En todo caso, las funciones axiológicas delas que hablamos no son entidades atemporales ni desprovistas de sujeto que las aplique. Loimportante es dilucidar cuáles son los valores compartidos, sobre todo si llegan a constituirun sistema axiológico, como es el caso de la tecnociencia. Aunque los distintos agentesevaluadores jerarquicen de manera diferente los valores, es decir, aunque no los ponderenpor igual, pueden llegar a evaluaciones comunes, cuyos resultados son intersubjetivamenteaceptados. En el caso de la tecnociencia (a diferencia de la ciencia y la tecnología) ellosucede incluso con agentes heterogéneos, los cuales representan y encarnan los subsistemasde valores de diferentes grupos sociales. Nos ocupamos de situaciones que pueden serconflictivas, y no sólo desde el punto de vista discursivo o argumentativo, sino desde laperspectiva de la acción. No sólo hay juicios contrapuestos, sino también accionescontrapuestas. Es preciso representar los procesos de evaluación, no sólo las valoracionespuntuales. A lo largo de un proceso de evaluación pueden irse formando sistemas devalores compartidos, sin perjuicio de que las tensiones sigan existiendo. Cuando se llega auna situación de consenso axiológico pueden crearse protocolos normalizados deevaluación y sistemas de reglas procedimentales para dirimir los desacuerdos. Esto sucedeuna y otra vez en la práctica tecnocientífica, en la cual no rige la regla de la unanimidad, nimucho menos la de la universalidad de la ciencia aristotélica. La aceptación previa de unasreglas procedimentales y, en muchos casos, la adopción de protocolos normalizados deevaluación, forma parte de la racionalidad valorativa. En el apartado siguiente veremos dequé manera esos protocolos de evaluación intersubjetiva pueden ser considerados comomatrices específicas de evaluación. Hemos mencionado algunas de las dificultades con las que se topa la axiología de latecnociencia. Para afrontarlas, es preciso disponer de un marco conceptual más afinado ypreciso que lo dicho hasta el momento. Veámoslo con mayor detalle. (a): En primer lugar, hay que subrayar que las expresiones formales que estamosutilizando valen para cualquier acción axiológica: juicios de valor, preferencias, elecciones,rechazos, indecisiones, etc. Aunque los criterios de evaluación de los agentes E variaránmucho, y normalmente serán contrapuestos entre sí, la representación formal es la mismapara todos ellos. Las matrices de evaluación posibilitan la introducción de un protocolocomún para las diversas valoraciones, lo que permite la comparación entre ellas, porheterogéneas que sean. Sobre todo, permiten detectar la existencia de valores compartidos,aunque las ponderaciones respectivas sean distintas. Cuando un conjunto de valorescompartidos se convierte en estable a lo largo de diversos procesos de evaluación, lo cual se 16.
detecta analizando la práctica científica, la axiología puede afirmar (a título hipotético) laconsolidación de un sistema de valores V, cuya estructura y modos de aplicación hay queanalizar. Dicho sistema V es una de las componentes estructurales del “paradigma”tecnocientífico correspondiente, en la medida en que guía las acciones de evaluación. (b): En segundo lugar, nuestra axiología está basada en la noción de satisfacción.Cuando el agente evaluador E utiliza el criterio vijk para valorar la componente Ai de unaacción tecnocientífica (por ejemplo los resultados que de ella se derivan), lo que hace esdilucidar si Ai satisface o no el valor vijk, y en su caso en qué grado lo satisface. A lapregunta: ¿satisface Ai el criterio de valoración vijk?, el evaluador E sólo podrá responder enalgunos casos ‘sí’ o ‘no’. En dichas ocasiones la evaluación vijk (Ai) puede ser representadamediante ‘1’ o ‘0’. Estaríamos usando una escala cardinal para representar mediantenúmeros el resultado de la evaluación. En otros casos, el evaluador E es capaz de dilucidarel grado en que, a su juicio, la componente Ai satisface el valor vijk, o su disvalor vijk. Es loque ocurre cuando alguien otorga una puntuación al valor vijk. En este caso puede decirseque vijk (Ai)= gijk, siendo gijk la puntuación asignada, es decir, el grado en que Ai satisface elcriterio de valoración vijk a juicio de un evaluador E, que puede ser individual, colectivo oinstitucional. Así ocurre, por ejemplo, cuando un profesor califica de 1 a 10, cuando unciudadano rellena una encuesta de opinión, cuando un referee puntúa un artículo enviado auna revista científica o cuando se resuelve un concurso entre grandes empresastecnocientíficas para adjudicar un contrato importante. Este procedimiento es el máshabitual en la práctica evaluadora y permite representar los resultados de una acciónvalorativa en escala ordinal. Sin embargo, en otras ocasiones la evaluación tiene mayor precisión y puede serrepresentada en escala de intervalos o incluso en escala métrica (con unidad de medida).Esto es muy frecuente al valorar los instrumentos científicos, los costes económicos, losíndices de impacto o el precio de un producto tecnocientífico en el mercado. En tales casosla valoración vijk (Ai) está representada por un número y puede operarse con él. Las matricesde evaluación son matrices en el sentido matemático de la palabra, por lo que puedenintroducirse diversos operadores algebraicos para operar con las estimaciones realizadaspor E y otros agentes evaluadores. Aquí es donde tiene pleno sentido hablar deponderaciones. Por ello reservaremos la expresión pijk.vijk (Ai) para las situaciones en quepuedan usarse escalas de intervalos o métricas 13. En tales situaciones, por ejemplo, esposible hallar la media aritmética de las evaluaciones emitidas por agentes diferentes, asícomo introducir otros operadores matemáticos y estadísticos. También puede instituirse elprocedimiento de resolución de las diferencias de valoración por remisión a una tercerainstancia, por ejemplo un árbitro de mayor rango. O, lo que es más frecuente, se puedenimpulsar las dos propuestas alternativas, dejando que sea el tiempo, el mercado o lasociedad quienes otorguen su favor a una u otra. Esto es lo habitual en las fases dedesarrollo del producto y comercialización. El mayor nivel de penetración o de ventas dediversas innovaciones tecnocientíficas, una vez puestas en el mercado, funciona como uncriterio racional de resolución de conflictos. No es el único procedimiento, claro está.13 Sin embargo, es sabido que es posible metrizar las escalas ordinales, por lo que lo más habitual en axiologíaserá utilizar ponderaciones y criterios de valoración metrizables. 17.
La axiología que propugnamos es formal, o formalizadora, y adopta sin problemasrepresentaciones matemáticas e informáticas. Las valoraciones E(pijk.vijk (Ai)) no tienen porqué ser representadas únicamente mediante juicios de valor, como ocurre en los lenguajesnaturales, sino también como magnitudes, utilizando para ello diversas escalas de medida.Al analizar empíricamente los procesos de evaluación, se detectan también los agentes y losescenarios en donde se dirimen los conflictos entre propuestas alternativas. Lascomunidades científicas y tecnológicas son uno de esos escenarios, pero no el único, y en lamayoría de los casos tampoco el más importante. Los criterios de valoración de latecnociencia son mixtos. Las comunidades científicas eran las que determinabanantiguamente qué es aceptable en ciencia y qué no. Con la emergencia de la tecnociencia,siguen desempeñando un papel al respecto, pero no tienen el monopolio de la evaluación.Dicho de otra manera: el contexto de evaluación de la tecnociencia es inter.- o trans-comunitario. Los militares, los empresarios y los políticos introducen nuevos criterios devaloración, además de los epistémicos y técnicos. La sociedad y los usuarios de losartefactos tecnocientificos también tienen un papel importante en los procesos deevaluación de la tecnociencia. Para los defensores de la autarquía de la ciencia, agrupadosbajo el lema de que sólo los que saben ciencia (o tecnología) pueden valorar latecnociencia, esto produce escándalo. Sin embargo, es consecuencia necesaria de laestructura de la práctica tecnocientífica, y más concretamente de su estructura axiológica. (c): En tercer lugar, las divergencias entre los agentes evaluadores son la regla, no laexcepción. Por eso decimos que el sujeto (o agente) de la tecnociencia es plural. Lageneración de sistemas de valores compartidos, los procesos de consenso y elestablecimiento de reglas procedimentales para dirimir las divergencias y los conflictos, sies preciso ante tribunales, son algunos de los temas más relevantes para el análisisaxiológico de la actividad tecnocientífica 14. También suele ocurrir que las propuestassuperen algunas fases de la criba axiológica, pero no las restantes. Por ejemplo, un proyectode investigación puede estar muy bien planteado desde el punto de vista científico ytecnológico, pero puede ser rechazado ulteriormente por no tener interés militar,empresarial o comercial. Los procesos de evaluación son iterativos: por ello hablamos decribas axiológicas. Las propuestas tecnocientíficas van pasando sucesivos umbrales devaloración, pero tienen que pasarlos todos para llegar a ser efectivas. Cada agenteevaluador incorpora sus propios criterios y puede diferir por completo de otros agentes quehabían considerado excelente una determinada propuesta. El pluralismo axiológico conllevauna secuencialidad, con realimentaciones entre las diversas fases del proyecto. Aunquerepresentamos el proceso completo mediante una matriz de evaluación, en realidad hay quedistinguir varias submatrices, cada una de las cuales expresa la diversidad de sistemas devalores que intervienen en la tecnociencia. (d): En cuarto lugar, la axiología que propugnamos, por ser empírica yformalizadora, no se limita a localizar los diversos agentes evaluadores a lo largo deltiempo, sino que, además, clarifica y explicita los valores efectivamente usados en dichasevaluaciones. En la medida en que se utilizan protocolos normalizados y matrices deevaluación (o derivaciones de dichos instrumentos formales), los resultados finales de las14 En este libro no nos ocuparemos de este punto, que será abordado más ampliamente en un libro próximosobre la racionalidad valorativa de J. Francisco Alvarez y este autor. 18.
evaluaciones pueden ser analizados y justificados, incluyendo las divergencias y losconflictos. Frente a la ocultación de los criterios reales de valoración, típica de los juiciossubjetivos, las matrices de evaluación incrementan el grado de intersubjetividad, y en elmejor de los casos de objetividad de los procesos de evaluación. Antes de proceder a unavaloración, cada agente evaluador ha de declarar públicamente los criterios que quiere quese apliquen, y en su caso también las ponderaciones relativas. Como resultado de esta fasepre-evaluatoria, la acción evaluadora está sujeta a reglas, como toda acción, en lugar deregirse por el libre arbitrio de cada evaluador o del que tiene más poder relativo. Lasmatrices de evaluación, cuando son aplicadas, contribuyen considerablemente a lanormalización de los procesos de evaluación, incrementando el grado de objetividad de susresultados. Por supuesto, los procesos de evaluación no son lineales, como ya señalamos.La posibilidad de recurrir los resultados de una evaluación, de conseguir que se repita condistintos agentes, etc., mejora los procesos de evaluación y sus resultados. Todo ellointroduce una componente jurídica importante en la actividad tecnocientífica: la actuaciónde las comisiones evaluadoras ha de estar sujeta a reglas, y en el caso de las accionespúblicas también a leyes. Otro tanto cabe decir de la inscripción de patentes o de los pleitosque puedan tener las empresas tecnocientificas entre sí. Las instancias judiciales son elúltimo eslabón de un proceso de evaluación, pero no por ello menos importante. (e): En quinto lugar, la axiología de la tecnociencia basada en el uso de las matricesde evaluación favorece la crítica y la intervención. Basta con comparar, por poner unejemplo, dos matrices de evaluación utilizadas por dos evaluadores E y E’ para detectarausencias y sesgos axiológicos en la práctica de uno y otro. Esto vale para evaluadoresindividuales pero también para evaluaciones realizadas por grupos, comisiones oinstituciones. Los indicadores de la actividad científico-tecnológica no son más que una delas expresiones de lo que aquí denominamos matrices de evaluación. Suelen sereconómicos (gasto en I+D), profesionales (recursos humanos disponibles), bibliométricos,de patetntes y de innovación tecnológica. Recientemente se han introducido (RICYT 2001)indicadores sociales. La ausencia de indicadores ecológicos, jurídicos o éticos evidencian ladefectuosa estructura de las matrices de evaluación efectivamente utilizadas en dichosprocesos. Al analizar los criterios de valoración efectivamente usados, así como susponderaciones respectivas, las críticas dejan de ser ideológicas y se convierten en mejorasformales. Eso sí, las mejoras que se propongan han de explicitar los valores a incluir y lasponderaciones que hay que modificar. La controversia y el debate se producen antes deevaluar, con lo que se mejoran las técnicas de evaluación y se incrementa el grado deintersubjetividad y objetividad de los instrumentos de evaluación que se vayan a usar.Dicho de otra manera: los propios criterios de evaluación que se van a usar han de serevaluados, tanto ex ante como ex post. Con ello se mejoran las acciones axiológicas, alperfeccionarse los instrumentos con cuya ayuda se llevan a cabo. No se olvide queconsideramos las valoraciones como acciones y, por ende, sujetas a la teoría de la acciónque hemos mencionado repetidas veces. A nuestro modo de ver, las matrices de evaluacióny sus desarrollos derivados suponen una mejora considerable de los procesos de evaluaciónde la tecnociencia. Ello no obsta para que esos instrumentos también tengan defectos einsuficiencias. Lo importante es instituir el principio de meta-evaluación (o control de lasevaluaciones), según el cual haya que evaluar las propias acciones axiológicas, y por tantosus agentes, sus instrumentos, sus condiciones iniciales y de contorno (por ejemplo,presiones a las comisiones evaluadoras), sus resultados, sus consecuencias y sus reglas. 19.
Formular reglas procedimentales previas para los procesos de evaluación es una de lasmejoras netas a considerar, porque disminuye el grado de discrecionalidad de losevaluadores. Obsérvese que lo que estamos diciendo no contradice nuestra aceptaciónanterior de un cierto grado de subjetividad en las evaluaciones de la actividadtecnocientífica. La subjetividad en las evaluaciones puede alcanzar un cierto grado, pero noha de ser nunca el criterio dominante. Podría incluso ponderarse la valoración subjetiva,combinándola con los restantes criterios de valoración. Lo importante es que ese factor deponderación fuera explícito y previo, en lugar de ser implícito y manifestarse en losmomentos de conflicto, como suele ocurrir. A la hora de contratar investigadores, porejemplo, suelen ponderarse las cartas de apoyo que los candidatos reciban por parte decientíficos, personalidades o instituciones de prestigio. Este es un factor a tener en cuenta,no el único. Ponderar adecuadamente estos juicios subjetivos forma parte de laconstrucción de una matriz de evaluación. (f): En sexto lugar, las matrices de evaluación tienen una gran utilidad a la hora decomparar áreas y sistemas tecnocientíficos diferentes, favoreciendo la transferencia devalores entre unas y otras y el cambio axiológico en amplias zonas de la tecnociencia.Pongamos un ejemplo muy trivial: el grado de informatización de la propia prácticatecnocientífica, sea en el contexto de investigación, de aplicación o de educación. O inclusoen el contexto de evaluación, lo cual es un indicador de gran relevancia para analizar lapráctica evaluadora. O también: el porcentaje del Producto Industrial Bruto que unos yotros países dedican a la investigación científico-tecnológica, o a la educación, o a lainnovación. Si un país compara su inversión en I+D con la de otro país más avanzadotecnocientíficamente, puede remodelar su política presupuestaria y fijar como objetivo elincremento paulatino de dicho porcentaje de inversión en I+D. Otro tanto cabe decir delvalor prioridad: unas líneas prioritarias son imitadas rápidamente por otros países o agentestecnocientíficos. Desde nuestra perspectiva, esta transferencia de valores se vería facilitaday precisada con el uso sistemático de las matrices de evaluación, independientemente delformato que éstas adopten en cada caso. Lo dicho no sólo vale para la tecnociencia pública,sino también para la privada. Las matrices permitirían comparar asimismo ambos tipos detecnociencia, con todas las consecuencias que de ello se derivarían. (g): En séptimo lugar, hay que subrayar que las matrices de evaluación no sonpropuestas con el fin de intentar definir algoritmos deterministas para la toma de decisionesni están basadas en la maximización de las funciones de utilidad 15. Salvo en casos muyexcepcionales no hay tales algoritmos 16. Una de las principales razones es que la axiologíafunciona por lo general con escalas ordinales e inecuaciones. Nuestras propuestas seinsertan en la línea de trabajo iniciada por Herbert Simon, basada en la noción desatisfacción frente a la de maximización de los valores y constitutiva de lo que hoy en díase denomina racionalidad acotada (bounded rationality). En general, cada valor vijk odisvalor vijk tienen asociadas una cota mínima cijk de satisfacción de un valor positivo, pordebajo de la cual se dice que la propuesta tecnocientífica es rechazable, y una cota máximade disatisfacción del disvalor, Cijk, por encima de la cual la propuesta tampoco es aceptada,15 Sobre estos puntos hemos hecho comentarios más amplios en Echeverría, 2002, apartado I.5.16 Coincidimos en este punto plenamente con Kuhn, que siempre negó la existencia de algoritmosdeterministas para evaluar la actividad científica. 20.
por exceder el umbral máximo tolerable de dicho disvalor. Esas cotas pueden variar a lolargo de un proceso de evaluación, y en general a lo largo del tiempo, siendo uno de losprincipales indicadores de los avances de la actividad científica en relación con dicha parejade valor y disvalor. En términos formales, para que una propuesta o acción tecnocientíficano sea rechazada es preciso que i, cijk  vijk (Ai)  Cijk, y ello tanto en un instantedeterminado como a lo largo de un intervalo de tiempo. Las propias teorías científicassoportan un cierto número de anomalías, como mostró Kuhn, siempre que no seanexcesivas y siempre que, además, dichas teorías tengan un suficiente número decomprobaciones empíricas que avalen su posible validez. Un artefacto tecnológico puedetener un cierto número de averías, o un período previsible de obsolescencia, pero si esosdisvalores se manifiestan con exceso el artefacto correspondiente es reemplazado por otro,o retirado del mercado. Este tipo de racionalidad acotada es la que prima asimismo enámbitos políticos, sociales, ecológicos y militares, e incluso en ambientes jurídicos, aunqueen este caso con un grado menor de flexibilidad. No así en los círculos económicos, endonde el “paradigma maximizador” se ha implantado con fuerza, convirtiéndose incluso enun modelo para el análisis de la acción social, a través de la teoría de la acción racional.Como ya dijimos, en las valoraciones económicas es más fácil utilizar escalas métricas,debido a la existencia del dinero como unidad de medida. Ello ha generado una tendenciareduccionista: muchas teorías de la racionalidad han aceptado el paradigma maximizador.Sin embargo, incluso en teoría económica se muestran fuertes tendencias contrarias almismo, empezando por Simon y terminando con Amartya Sen. Independientemente de laclaridad, simplicidad y utilidad que pueden tener las técnicas maximizadoras en las cienciassociales, son empíricamente inadecuadas y técnicamente sesgadas en el caso del análisisaxiológico de la tecnociencia. En cambio, la existencia de cotas mínimas de satisfacción ymáximas de satisfacción es una de las “generalizaciones simbólicas” más características dela racionalidad acotada. Volveremos sobre esta cuestión en publicaciones ulteriores. (h): En octavo lugar, no sólo utilizamos la distinción entre los doce subsistemas paraanalizar la estructura axiológica de la actividad tecnocientífica. También distinguimos entrevalores centrales y periféricos (o nucleares y orbitales). Por valores centrales o nuclearesentendemos aquellos cuya insatisfacción (vijk (Ai)  cijk o vijk (Ai)  Cijk) implica el rechazoinmediato de una componente de una acción tecnocientífica, y por tanto el de la acciónmisma, hasta que dicha componente no sea modificada. Hay valores nucleares en cada unode los doce subsistemas: por ejemplo la incoherencia o la falta de adecuación empírica(valores epistémicos), la inutilidad o el disfuncionamiento (valores técnicos), la desmesurao la no rentabilidad (valores económicos), la indisciplina o la cobardía (valores militares),etc. Los valores periféricos u orbitales, en cambio, no conllevan el rechazo automático de lacomponente o de la acción, aunque suscitan dudas sobre su idoneidad. Desde nuestraperspectiva, los cinco valores que Kuhn consideró como permanentes de la ciencia(precisión, rigor, coherencia, generalidad y fecundidad), son valores nucleares de la ciencia.Ello no significa que tengan que satisfacerse al máximo. Lo que resulta imprescindible esque no caigan por debajo de determinados niveles de satisfacción (cambiantes según losvalores, las situaciones y las épocas), ni que excedan de los niveles máximos dedisatisfacción tolerable. En el caso de la ciencia, el núcleo axiológico está compuestoexclusivamente por valores epistémicos. En el caso de la tecnología por valores técnicos.En la medida en que la ciencia y la tecnología fueron involucrándose en la producción 21.
industrial, sus núcleos axiológicos se fueron transformando, dando entrada a algunosvalores económicos y empresariales. En el caso de la tecnociencia esta tendencia se haagudizado, y en muchas direcciones. En términos generales, diremos que el núcleoaxiológico de las diversas tecnociencias siempre incluye valores epistémicos, técnicos,económicos y políticos, y muy frecuentemente valores militares y jurídicos. Los valoresecológicos, hoy por hoy, están en la periferia de la tecnociencia, al igual que los valoresestéticos, morales y religiosos. Ello no implica negar la existencia de casos en que dichosvalores son nucleares, o pudieran serlo, sobre todo en algunos países y culturas. En cuanto alos valores básicos, algunos de ellos forman parte del núcleo axiológico de algunastecnociencias (por ejemplo la tecnomedicina), pero no de todas. Por ejemplo, latecnomatemática apenas se ve afectada por los valores básicos. En resumen, la distinciónentre valores centrales y periféricos es una distinción formal, cuya concreción efectiva hade ser investigada con estudios de casos. No cabe afirmar un núcleo axiológico común atodas las modalidades de tecnociencia, aunque tampoco hay que descartar que dicho núcleose acabe constituyendo conforme la tecnociencia se desarrolle y se consolide, como ocurrióhistóricamente con la ciencia y la tecnología. (i): Por último, conviene clarificar la noción de sistema de valores de latecnociencia, V. Hasta ahora hemos hablado de los diversos subsistemas posibles yacabamos de introducir la distinción estructural entre valores nucleares y orbitales 17.También hemos afirmado que el sistema V de valores que rige una determinada actividadtecnocientífica nunca está formado por un único subsistema (valores epistémicos, valorestécnicos), como era el caso de la ciencia y la tecnología. Por supuesto, esto vale tambiénpara otros subsistemas. Por muy militarizada que esté una actividad tecnocientífica, losvalores militares nunca son los únicos relevantes. Los valores epistémicos, tecnológicos yeconómicos siempre tienen una presencia en cualquier actividad tecnocientífica, y no sóloen la periferia, sino en el centro axiológico. Por tanto, un sistema V siempre es un sistemamixto. Así como el agente tecnocientífico es plural, porque está compuesto por un conjuntode miembros, cada uno de los cuales representa, encarna y defiende tal o cual subsistema devalores, así también la matriz de evaluación que define dicho sistema V es estructuralmenteheterogénea, lo que genera la existencia de submatrices dentro de ella. Cada una de lassubmatrices representa los valores nucleares procedentes de cada uno de los docesubsistemas que estamos considerando, por lo general cuatro o cinco. Otro tanto ocurre conlos valores periféricos, que también están organizados por subsistemas y vienenrepresentados mediante submatrices 18. Los sistemas V pueden ser muy diferentes según lasdiversas tecnociencias, contextos y situaciones. Por ejemplo, difieren radicalmente segúnestemos en el contexto de educación, de investigación o de aplicación. Por tanto, cadasistema V está asociado a un campo de actividad tecnocientífica, lo cual debe ser dilucidadoempíricamente. Dichos sistemas surgen, se desarrollan y se afianzan en la propia prácticatecnocientífica, generando en algunos casos sistemas V estables con protocolos de17 Dicha distinción ya había sido planteada en publicaciones anteriores: ver Echeverría 2002.18 Puesto que este libro está dirigido a un público amplio, prescindimos de introducir un aparato formaladicional para dichas submatrices. Pensamos que, dados los destinatarios potenciales de este texto, el nivelmáximo de formalización mayoritariamente aceptable ya ha sido alcanzado. Lamentamos la pérdida de rigor yprecisión que ello implica, pero ya hemos manifestado que no estamos por la maximización de ningún valor,sino por alcanzar grados mínimos de satisfacción y máximos de disatisfacción en función de las situacionesen las que uno actúa, en este caso en un libro dirigido a un público amplio. 22.
evaluación normalizados y generalizados. En tales casos diremos que dicha actividad esuna tecnociencia madura. Aunque no lo habíamos dicho hasta ahora explícitamente, tanto la‘cientificidad’ como la ‘tecnocientificidad’ (si se nos permite el palabro) pueden ser usadoscomo términos valorativos, y por ende son cuestión de grados. La macrociencia está en ungrado intermedio, o si se prefiere, fue una transición de la ciencia a la tecnociencia. Laexistencia de sistemas V de valores, estables, normalizados y generalizados en un sistemacientífico-tecnológico, así como la integración en V de varios subsistemas de valoresdiferentes, expresan el grado de avance e implantación de la tecnociencia. Si aplicamos lasmatrices de evaluación a un sistema tecnológico concreto, se hace posible analizar laestructura del sistema V de valores, y por ende parte de la estructura de la prácticatecnocientífica. V.4: Tecnociencia y capacidades de acción. Una de las características más acusadas de la tecnociencia es su vinculación condiversas modalidades de poder: económico, militar y político, en particular. Aunquealgunos autores, como David Noble, han considerado a la tecnociencia como una nuevareligión 19, lo cierto es que las relaciones entre la tecnociencia y los poderes religiosos sonmás bien escasas, cuando no conflictivas. El actual debate sobre las células-madre es unbuen ejemplo de ello. Los valores religiosos tienen incidencia sobre la tecnociencia, peronormalmente por contraposición a muchas de las innovaciones tecnocientíficas. Lo que síocurre, en cambio, es la inserción del poder tecnocientífico en el núcleo mismo de losgrandes poderes tradicionales. Empresarios, políticos y militares, dependen de latecnociencia para incrementar su poder. Numerosos autores han estudiado desde un punto de vista histórico el afianzamientoprogresivo del poder de la ciencia y el establecimiento de vínculos con otros poderesclásicos, en particular con el poder militar y económico 20. Por nuestra parte, para explicarla emergencia del poder tecnocientífico haremos un planteamiento más filosófico,introduciendo la noción de capacidad de acción, inspirada en algunas ideas de AmartyaSen, Premio Nobel de Economía (1999) 21. Sus propuestas en economía pueden ser unabuena fuente de inspiración en filosofía de la ciencia, como ha señalado J. FranciscoAlvarez 22. En nuestro caso, no las tomaremos al pie de la letra. Reinterpretaremoslibremente las tesis de Sen sobre el espacio de capacidades, con el fin de explicar elaumento continuado del poder de la tecnociencia a lo largo del siglo XX. Diremos que, así como la ciencia ha incrementado las capacidades cognitivas del serhumano, las técnicas han aumentado sus capacidades de acción, usando las máquinas comoprótesis corporales. Otro tanto cabe decir de las tecnologías industriales, gracias a cuyautilización se incrementó enormemente la capacidad productiva, así como la capacidad19 Ver D. F. Noble, La religión de la tecnociencia, Barcelona, Paidós, 1999. Noble también incurre en el errorde hacer omnicomprensivo el término ‘tecnociencia’, en el que engloba toda modalidad de ciencia y detecnología.20 Al respecto, un libro accesible y muy bien documentado es el de J. M. Sánchez Ron, El poder de la ciencia,Madrid, Alianza-Expo 92, 1992.21 Ver A. Sen, Bienestar, justicia y mercado, Barcelona, Paidós, 1997.22 J. F. Alvarez, ... 23.
energética (electricidad) y los medios de transporte de personas y mercancías, haciendoposible la aparición de las grandes fábricas y de las metrópolis industrializadas. Laemergencia de la tecnociencia ha supuesto un salto cualitativo, tanto en lo que respecta alconocimiento como a la acción. Los ordenadores, los rádares, las bombas atómicas, losaceleradores de partículas, los materiales sintéticos, las naves espaciales, los satélitesartificiales, la televisión, las redes telemáticas y otros muchos ejemplos canónicos de latecnociencia coinciden en una propiedad fundamental: hacen posibles acciones que anteseran imposibles. De aquí proviene una primera relación profunda entre el poder y latecnociencia, en la medida en que ésta incide sobre la esfera de lo posible. El inviernonuclear es el ejemplo más claro, puesto que, de producirse, alteraría radicalmente la faz delplaneta, incluyendo la desaparición de buena parte de la especie humana y latransformación radical de los eventuales supervivientes. La tecnociencia transforma porcompleto el espacio de capacidades del que habla Sen. Si los políticos, los militares y losempresarios se interesan por los artefactos tecnocientíficos, junto con el público que losusa, es porque dichos artefactos revolucionan el ámbito de lo que se puede hacer. Latecnociencia nos sitúa ante un espacio de acciones posibles radicalmente nuevo, tanto anivel individual como colectivo. La razón de las estrechas relaciones que se handesarrollado y consolidado a lo largo del siglo XX entre la macrociencia y los grandespoderes consiste en que los artefactos tecnocientíficos abren nuevas capacidades de acción,y ello a un nivel cualitativamente superior al de las tecnologías de la época industrial. Con la llegada de la tecnociencia propiamente dicha surgió un nuevo tipo demáquinas, las infomáquinas, que permiten simular y controlar el funcionamiento dediversos tipos de artefactos. Los aparatos tecnocientíficos operan ante todo sobre otros tiposde máquinas, automatizando y controlando su funcionamiento. Ello se manifiestaclaramente en el caso de las nuevas armas, guiadas por telecontrol remoto, pero también enla industria, al automatizar la producción, en el comercio, al posibilitar la compraventa através de las redes telemáticas y, por último, en la propia sociedad, al poblarse nuestrasoficinas y nuestras casas de instrumentos informáticos. El operador manual ha sidoreemplazado en muchos sectores productivos por el operador informático, multiplicándoselos ritmos de producción y distribución. Al incidir directamente sobre los gobiernos, lasempresas, las organizaciones militares, el mercado y la sociedad, la tecnociencia hamodificado los seis grandes ámbitos de los sistemas SCyT que distinguimos en el capítuloanterior. Su éxito no depende del nuevo conocimiento científico que ha generado, sino antetodo de la modificación del hacer humano, que va dependiendo cada vez más de toda unapléyade de artefactos tecnocientíficos que hoy en día son de uso cotidiano. El conjunto de capacidades de una persona se puede definir como el conjunto deacciones posibles y valiosas para ella, dando por sobreentendido el bosquejo de teoría de laacción con doce componentes que hemos resumido en el capítulo anterior. Como vimos alcomentar la definición de ‘realización técnica’ propuesta por Quintanilla, las accionestécnicas están estrechamente relacionadas con lo que los agentes técnicos consideranvalioso. Por tanto, forman parte del espacio de capacidades humanas, tal y como loentiende Sen 23. Diremos entonces que, así como los filósofos clásicos definían al sujetohumano por sus notas o propiedades, los agentes tecnocientíficos se caracterizan por sus23 Sen, o.c., p. 80. 24.
capacidades de acción, incluyendo las valoraciones positivas o negativas de las mismas, esdecir, los valores y los disvalores. En tanto agente, el ser humano posee en cada momentoun conjunto de capacidades de acción, valoradas por el propio sujeto, pero no sólo por él,sino también por los demás agentes que llevan a cabo acciones similares (u opuestas).Dicho espacio de capacidades se va ampliando o reduciendo a lo largo de la vida, enfunción de los estados por los que pasa el agente. Los agentes humanos tienen asociado unespacio de capacidades de acción cuyas realizaciones efectivas o posibles no sólo dependende ellos, sino de las restantes componentes de cada acción. Las situaciones, los medios einstrumentos con los que se cuentan, los riesgos posibles o simplemente las condicionesiniciales funcionan como constricciones de ese espacio de acciones posibles. Algunas deesas componentes no limitan, sino que potencian la capacidad de acción. Tal es el casocuando el sujeto-agente se inserta en un sistema tecnocientífico y es competente en el usode los instrumentos correspondientes. Reinterpretando a Sen, podemos decir que, en estecaso: 1.- Poseer conocimiento científico (teorías, hechos, métodos) no sólo es un bienepistémico, sino también económico, militar, político, social, etc. Desde la perspectiva delsubsistema de valores epistémicos, tener conocimientos de las diversas teorías científicas,un buen curriculum y prestigio como investigador, profesor, divulgador o profesional de latecnociencia equivale a tener bienes epistémicos. Los científicos tratan de hacer suyos eincrementar esos bienes, debido a que les proporcionan bienestar epistémico. Sin embargo,esos conocimientos, una vez implementados tecnológicamente y aplicados al mercado,suponen una ventaja indudable para quien los posee, porque su capacidad de acción se veincrementada. La simbiosis entre el conocimiento científico y otros agentes sociales hatransformado radicalmente el sistema de valores epistémicos. Estos siguen existiendo, peroestán sistémicamente vinculados a otros sistemas de valores. La interacción entre laepisteme y la pólis aporta beneficios mutuos. El conocimiento sigue siendo un bienepistémico pero, además se convierte en capital intelectual. Esta fue la gran aportación delinforme de Vannevar Bush. 2.- Los instrumentos para la investigación y los grandes equipamientos son a su vezbienes técnicos. Son valorados altamente por los científicos e ingenieros, porque sin ellosno pueden actuar. La componente tecnológica de la investigación científica aumenta lacapacidad de acción científica, es decir, la capacidad de computar, observar, medir yexperimentar. Llamaremos bienes tecnológicos a esta componente de la actividadtecnocientífica. 3.- Para el empresario tecnocientífico, en cambio, tanto el conocimiento de loscientíficos a los que contrata o financia como las habilidades y destrezas de los técnicos sonante todo bienes económicos, que hay que intentar rentabilizar. En el caso de las empresaspúblicas de investigación, la rentabilidad no tiene por qué ser estrictamente monetaria.También puede ser rentable el aumento del conocimiento o el progreso tecnológico, por susrepercusiones ulteriores sobre la sociedad, la salud o el mercado. En el caso de las empresasprivadas de I+D+i, los beneficios suelen ser dinerarios, pero tampoco son los únicos: laconsolidación y expansión en el mercado, por ejemplo, suele ser un objetivo tanto o másimportante que la realización de beneficios. Desde nuestra perspectiva, esos objetivosestratégicos son perfectamente racionales, al incrementar la capacidad de acción de dichas 25.
empresas. Contar con una determinada cuota de mercado implica delimitar (o incrementar)la capacidad de acción empresarial: mayor producción, mayor comercialización, mayoractividad económica, como suele decirse. Los propios científicos suelen ser sensibles a estetipo de valoración económica, aunque no sea la principal para ellos. La financiaciónobtenida, los puestos de trabajo de que se dispone y los salarios que se cobran son aspectosimportantes para los tecnocientíficos, puesto que éstos no sólo tienen intereses epistémicoso tecnológicos, sino también económicos. Los sociólogos del conocimiento científico haninsistido mucho en la importancia de los intereses de los científicos. Tienen razón, pero conuna matización muy importante: así como hemos distinguido diversos subsistemas devalores relevantes para la tecnociencia, así también hay que distinguir otras tantasacepciones del término ‘interés’, o del término ‘bien’. Los bienes y los interesestecnocientíficos tienen muchas facetas, dada la estructura plural de la agenciatecnocientífica y de los sistemas de valores V que la guían. 4.- Otro tanto cabe decir de los militares, que forman una parte considerable de laempresa tecnocientífica. La mayoría de las acciones militares son hoy en día accionestecnocientíficas, al menos en los ejércitos más avanzados, que coinciden con los que hanincrementado su capacidad de acción e intervención. Dichas acciones también sonvaloradas como bienes por los estrategas, o si se quiere como intereses. La defensa de losintereses estratégicos de un país justifica una guerra, incluso preventiva, como la de Irak,no sólo en respuesta a una agresión. Los lobbies científico-militares potencian lainvestigación tecnocientífica con el fin de aumentar la capacidad de acción de los ejércitos,sea ésta ofensiva o defensiva. No es su único objetivo, claro está, pero su alta valoración dela tecnociencia y su imbricación institucional en ella provienen de la incidencia que lainvestigación tecnocientífica tiene en el espacio de capacidades de acción militar. 5.- Aun con diferencias significativas, el interés de los políticos por la tecnocienciatiene raíces semejantes. No en vano el leit-motif de la propaganda política es: hechos, nopalabras. Esos hechos siempre son resultado de acciones políticas, para cuya realización latecnociencia hace contribuciones muy importantes. El modelo Bush de política científico-tecnológica, como vimos, está basado en el postulado de que la investigación básica y eldesarrollo tecnológico son los grandes motores del progreso en los campos políticamenteestratégicos: seguridad, economía, sanidad, educación, defensa. Ulteriormente se mostróque la transferencia de conocimiento y tecnología es un excelente instrumento para ladiplomacia. La tecnociencia es uno de los grandes pivotes de los Estados contemporáneos,a diferencia de la ciencia de los siglos XVII y XVIII, que desempeñaba un papelsubsidiario. Por lo mismo, el poder tecnocientífico constituye uno de los grandes poderesdel Estado. Articular un sistema científico-tecnológico que posibilite el desarrollo de estanueva modalidad de poder, así como su integración equilibrada con los poderes clásicos, esuno de los grandes problemas de los Estados contemporáneos. La tecnociencia se inserta enel núcleo duro del poder político, como antes lo había hecho con el poder militar yeconómico, porque es uno de los principales factores de transformación y control de lassociedades, sin perjuicio de su dominio sobre la naturaleza, que se sigue ejerciendo. Dichode otra manera: su avance es un bien político y forma parte de los intereses del Estado. Poreso las políticas científico-tecnológicas suelen ser cuestiones de Estado. La valoración quelos políticos hacen de la tecnociencia es muy distinta a la de los anteriores agentestecnocientíficos, pero no por ello menos positiva. La evolución de las sociedades 26.
contemporáneas a lo largo del siglo XX ha mostrado que aquellos países que han impulsadola actividad tecnocientífica han adquirido un peso mucho mayor en el conciertointernacional, y ello en los principales ámbitos de interés de los Estados. Por ello se optapor fomentarla y regularla jurídicamente, conforme a distintos modelos que, esos sí, suelentener una componente ideológica y partidaria muy fuerte 24. Hasta aquí no hay dudas. En su conjunto, la tecnociencia es un bien, aunque hayapreferencias por unas u otras líneas de investigación, en función de los intereses y valoresrespectivos. Ya hemos dicho que, aunque la desarrollen mayormente científicos y técnicos,la actividad tecnocientífica siempre está sustentada en otros agentes sociales que se integranen los sistemas de ciencia y tecnología con el fin de potenciar sus propias capacidades deacción en el mercado, la sociedad, las relaciones internacionales y los campos de batalla.Los juristas también participan en el sistema SCyT, aunque sea subsidiariamente.Simplificando mucho, podríamos decir que, para todos estos agentes tecnocientíficos, latecnociencia propia siempre es un bien (al menos al principio) y por ello debe serpromovida y desarrollada. La noción de bien admite acepciones muy diversas, como yahemos mencionado. Los conflictos de valores surgen porque cada agente promueve supropia concepción del bien, sin que haya ya un bien supremo al que se subordinen losdiversos subsistemas de valores. En general, esos principios suelen ser resolubles medianteacuerdos y transacciones múltiples, que se van estableciendo en la propia prácticatecnocientífica. Las amenazas provienen de la tecnociencia que posee el enemigo,contrincante o competidor. Si es mejor, o bien hay que hacerla propia o bien hay quemejorarla. La competencia entre ejércitos, empresas y Estados es el motor principal de latecnociencia. Puesto que, genéricamente hablando, la tecnociencia aumenta las capacidadesde acción (empresarial, política, militar), para vencer al adversario es preciso superarle endesarrollo tecnocientífico. El principio fundamental de la tecnociencia, como vimos en elcapítulo 4, es pragmático: ella es la fuente del progreso económico, político y militar. No setrata de una ley de la naturaleza, sino de un principio para la acción estratégica en un marcocompetitivo. En otros términos: la tecnociencia genera poder porque incrementa las diversascapacidades de acción. Puesto que, en términos filosóficos esta vez, incrementar lascapacidades de acción es bueno, la tecnociencia es un bien empresarial, político y militar.El bien principal no es el conocimiento, sino la capacidad de acción. Estamos simplificandomucho, pero gracias a ello podemos contraponer el principio básico de la ciencia moderna,el conocimiento (y dominio) de la naturaleza es un bien, frente a este nuevo principiobásico de la tecnociencia. La búsqueda del conocimiento físico-natural o de otra índole noha dejado de ser un bien: la tecnociencia se apoya en la ciencia. Pero la diferencia esradical, puesto que ahora ese incremento del conocimiento, incluida la investigación básica,no es más que un medio para aumentar las capacidades de acción, en este caso políticas,militares y empresariales. Con ello llegamos a una de las conclusiones de este libro: el24 Para un estudio de los cambios de la política científica norteamericana en función de los cambios políticos apartir de la segunda guerra mundial, ver D. Dickson, o.c., 1988. En dicho libro se analizan a fondo loscambios en las líneas estratégicas y prioritarias, según gobernaran el Partido Demócrata o el Republicano. Elapoyo a la tecnociencia permaneció, pero la financiación general y las de unas u otras áreas expresaba lasdiferencias ideológicas entre ambos partidos. Este fenómeno es común en otros países que desarrollanpolíticas tecnocientíficas. Recommended

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e contrario
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