Source: http://coesfo.es.tl/Bal%EDstica.htm
Timestamp: 2018-04-19 23:09:50+00:00

Document:
COLEGIO DE ESPECIALISTAS FORENSES A.C. - Balística
29 de Julio de 2008 | 07:02
La Declaración de La Haya y la Convención de Ginebra prohiben la utilización de balas de punta hueca, pero el ministro Aníbal Fernández lo autorizó. Organizaciones internacionales ponen a la Argentina en la mira por esa decisión. Un experto español habló del tema con MDZ.
El gobierno argentino le otorgó un inexplicable viso de legalidad a la utilización de las balas de punta hueca por parte de los cuerpos de elite de la policía. Tanto la Convención de Ginebra como la Declaración de La Haya condenan y prohíben su utilización.
Así quedó establecido con la emisión del decreto 1770/08, firmado el 4 de julio pasado por el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández.
El texto fue revelado el domingo por el diario Crítica y el lunes las entidades nucleadas en la Red Argentina para el Desarme iniciaron una serie de consulta a organizaciones internacionales con el fin de ponerle un freno a la medida del Ejecutivo.
La norma autorizó el uso del proyectil expansivo “a las Unidades Especiales de la División Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF), del Grupo Especial 1-GE 1 y al personal de la fuerza que presta servicios de custodia”. Para la fundamentación de la polémica norma, el gobierno argumentó que “la munición del proyectil expansivo tiene la capacidad de inhibir eficazmente, con la menor reacción, el poder ofensivo de un eventual agresor”.
Más adelante, el texto oficial da cuenta que la munición aludida “disminuye, asimismo, la velocidad y los eventuales rebotes en superficies duras, lo que contribuye a salvaguardar la integridad física de los ciudadanos que se hallaren en los recintos o áreas circundantes al lugar del enfrentamiento armado. Que la munición de proyectil expansivo fue concebida para el empleo específico por parte de fuerzas de seguridad y policiales de un importante número de países del mundo, en especial cuando desempeñaren tareas en grupos tácticos de recuperación de objetivos donde se encuentren involucrados rehenes, o tareas de custodias especiales”.
Pedido a expertos internacionales
Las organizaciones sociales que componen la Red Argentina para el Desarme, entre las que se encuentran el Instituto de Estudios Penales y Sociales (Inecip), la ONG Espacios, la Asociación para Políticas Públicas, la asociación La Comuna y la Fundación Lebensohn, pidieron que expertos internacionales en la materia se expidan sobre el caso argentino.
Carola Concaro, miembro de la Red de ONG, anticipó a MDZ que “hemos enviado una consulta a las organizaciones que integran la Coalición latinoamericana para la Prevención de la Violencia Armada (Clave) y a la IANSA (Internacional Action Network on Small Arms) con el objeto de ver de qué manera avanzamos con el caso de nuestro país, que es tan paradigmático como repudiable”.
La especialista en control de armas que integra el colectivo de organizaciones se mostró sorprendida por la medida tomada por el gobierno.
En un comunicado, la entidad que agrupa a los especialistas argentinos en la temática de las armas y la violencia, expresó: "Lo que se le está debiendo aún a la sociedad es una política de seguridad pública capaz de revertir las enormes y persistentes falencias en materia de formación y profesionalización policial, modernización institucional y consecuente defensa de sociedades más justas y seguras en democracia".
Más adelante, el comunicado agregó que "lamentablemente, la Resolución 1770 parece desconocer la imperante necesidad de reducir el grado de violencia y letalidad existente en la resolución de los conflictos en el marco del ejercicio de la fuerza pública".
"Daño innecesario e inhumano"
El investigador catalán´Daniel Luz, experto en temas de control de armas y municiones y asesor en tal sentido de organismos internacionales, consultado por MDZ ratificó que la Convención Sobre Armas de Uso Convencional, Protocolo II (conocido como CCW) "descalifica ese tipo de munición por ser generadora de un daño innecesario, cruel e inhumano".
Luz agregó a todo ello que "el hecho que sea de uso policial, me parece todavía más grave".
La bala de punta hueca destruye dentro del cuerpo donde se introduce.
El diario Crítica aportó el dato de que “en la Argentina esas balas tienen una historia negra y su uso ha sido largamente repudiado por organismos de derechos humanos en los años previos a la última dictadura militar. Su utilización –sostuvo un alto oficial del Ejército– puede llevar a los tribunales de Ginebra al país que legitime su uso”.
El mismo diario recogió la opinión del ex ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires León Arslanian: “Su tilización civil está prohibida –señaló–. El principio que gobierna todo esto es que el uso de la fuerza sea un uso limitado, un uso racional, que se basa en el principio de mínima suficiencia. La verdad es que tengo una prevención al respecto.”
Link permanente: http://www.mdzol.com/mdz/nota/60647
ARMAS DE FUEGO: PÓLVORA
El descubrimiento de algunas sustancias químicas que tienen la propiedad de encenderse cuando se golpean con violencia. En 1825 se generalizó el empleo de cápsulas o cebas que contenían en su interior una pequeña cantidad de esas sustancias.
Golpeadas por el percutor, estas cebas producían una llamarada que encendía la pólvora del arma. De ahí a la idea de reunir pólvora detonante y bala en un cartucho único, hubo un paso. Simultáneamente, a mediados del siglo pasado el sistema de carga por el año era sustituido por el de retrocarga.
Las armas de rueda
Durante los años de cambios políticos en Europa continuaba la serie de descubrimientos relacionados con las propiedades del núcleo atómico. Enrico Fermi, en Roma, era el líder del trabajo experimental. Su trabajo consistía en el estudio sistemático de los núcleos y lo realizaba bombardeándolos con neutrones, una partícula recién descubierta en 1932. Entre los elementos estudiados estaba el uranio, que parecía romperse en trozos más pequeños al recibir el choque de un neutrón. Nunca antes se había observado tal fisión y Fermi se negó a creerlo.
En 1935, los franceses Frédéric Joliot e Irene Curie anunciaron públicamente la posibilidad de que estas fisiones nucleares liberaran una cantidad enorme de energía. Leo Szilard, quien había huido de Alemania y estaba en Inglaterra, fue de los pocos que pensó seriamente en esta posibilidad y se dio cuenta de que si se encontraba un elemento que al fisionarse emitiese al menos dos neutrones extras, sería posible establecer una reacción en cadena que liberaría energía de modo violento y en cantidades mucho mayores que las obtenidas con explosivos químicos.
En 1938, los físicos alemanes Hahn y Strassmann, en Alemania, demostraron que al bombardear uranio con neutrones se producían núcleos más pequeños. Su ex colaboradora Lise Meitner, refugiada en Suecia a causa de su origen judío, junto con su sobrino Otto Frish, un alumno de Niels Bohr, comprendieron que lo observado correspondía a la fisión del núcleo de uranio. Publicaron sus resultados en febrero de 1939.
En Alemania, mientras tanto, el gobierno había organizado en dos ocasiones reuniones de físicos nucleares para discutir el posible uso de la energía nuclear. Entre las primeras medidas tomadas estaba la prohibición de exportar el uranio de las minas checoslovacas, país entonces ocupado por Hitler. El "Proyecto Uranio" alemán, destinado a controlar el desarrollo de la investigación nuclear, se centró en el Instituto de Física Kaiser Wilhelm en Berlín, bajo la dirección de W. Heisenberg.
Según declaraciones posteriores de éste, su aceptación del cargo se debió a su interés por impedir que un arma nuclear cayera en las manos de un dictador que parecía estar dispuesto a todo. La misión principal de los científicos más involucrados fue desviar la atención del gobierno de la posibilidad de construir una bomba y, en cambio, orientar el trabajo hacia la utilización de la energía nuclear en procesos industriales. Noticias de las acciones del Proyecto se filtraban a los Estados Unidos y fueron malinterpretadas como indicios de un proyecto bélico alemán. El grupo de Heisenberg trató de comunicar a sus colegas ingleses y norteamericanos la realidad, pero debido a desconfianza mutua el mensaje no fue recibido.
En 1942, el primer ministro británico W. Churchill y el presidente norteamericano F. D. Roosevelt acordaron concentrar en el territorio estadounidense los equipos científicos de ambos países que ya trabajaban en la bomba. La dirección general del llamado Proyecto Manhattan recayó en el Comité Militar Político, compuesto por tres militares, los generales Styer, Groves, y el almirante Purnell, y por dos civiles, V. Bush y J. B. Conant. Vannevar Bush, ingeniero electricista, había sido vicepresidente del Massachusetts Institute of Technology, y James B. Conant, químico orgánico, había sido presidente de la Universidad de Harvard. Cerca de 150 000 personas llegaron a participar en el Proyecto, la mayoría de ellas sin saber cuál era su objetivo. No más de una docena de individuos tenía una visión global de la empresa.
Los científicos que accedieron a entregarse totalmente a la construcción de un arma nuclear lo hicieron convencidos de la necesidad de contar con tal recurso si es que Hitler también lo obtenía. Muchos opinaban que, una vez logrado un equilibrio entre ambos bandos en guerra, se debería renunciar al uso del artefacto. La existencia de una bomba alemana era una idea siempre presente en sus mentes, hasta el punto de referirse a ella como si fuese una realidad.
Los informes de Goudsmith se filtraron rápidamente a la comunidad científica que trabajaba en el Proyecto Manhattan y, como era de esperarse, causaron gran preocupación entre los investigadores. La motivación principal para su trabajo había desaparecido. Ya nada justificaba continuar fabricando la bomba. Estados Unidos continuaba en guerra contra el Japón, pero este país jamás podría haber fabricado un arma nuclear. Estos asuntos se discutían acaloradamente tanto en Los Álamos como en el Laboratorio Metalúrgico en Chicago. Comenzó entonces la movilización de científicos en contra del uso de la bomba. Niels Bohr ya se había preocupado por las consecuencias que tendría una decisión unilateral norteamericana sobre el empleo de armas nucleares, y a comienzos de 1944 había enviado un memorándum a Roosevelt y Churchill buscando un acuerdo entre los Estados Unidos, la Gran Bretaña y la Unión Soviética para controlar un posible aprovechamiento de la energía nuclear.
En su escrito, Bohr manifestaba su confianza de que "la considerable colaboración entre los científicos de todo el mundo constituiría una ayuda" y que "la relación personal entre los científicos de todas las naciones brindaría excelente oportunidad para inaugurar un contacto provisional y extraoficial". Bohr entregó personalmente el documento a ambos gobernantes, y ninguno de ellos tomó en serio sus sugerencias.
Leo Szilard se dirigió de nuevo a Einstein pidiéndole que firmara una nueva carta dirigida a Roosevelt, para exponerle el cambio en la situación política mundial y previniéndole contra el posible inicio de una carrera armamentista. Roosevelt murió de repente el 12 de abril de 1945 y no llegó a leer la misiva.
El nuevo presidente, Harry S. Truman, nunca recibió personalmente a Szilard y así permaneció sin conocer detalles del proyecto del cual no sabía demasiado. En cambio, lo envió con J. Byrnes, quien sería dentro de poco el nuevo ministro de Relaciones Exteriores. Este hombre demostró en la entrevista bastante ignorancia sobre asuntos internacionales, y opinó que sería inútil y contrario a la soberanía nacional el renunciar a un proyecto de millones de dólares en que habían tenido participación más de 150 000 personas.
Fuimos invitados a dar nuestra opinión sobre si la bomba debía ser empleada o no. Creo que la razón por la cual nos pidieron esta opinión fue que un grupo muy famoso y serio de científicos había presentado una demanda para que no fuera empleada. Y efectivamente, desde cualquier punto de vista, mejor era no hacerlo.[...] Dijimos que en nuestra calidad de científicos no nos considerábamos capaces de responder a la pregunta de sí debían o no ser empleadas las bombas; que nuestra opinión estaba dividida tal como lo había estado la de muchos otros previamente informados.[...] También dijimos que creíamos que la explosión de una de las bombas en un desierto, a modo de advertencia, no tenía probabilidades de impresionar demasiado.Ç
De inmediato, después del ensayo de Alamogordo que trascendió al público como la explosión accidental de un arsenal cerca de Santa Fe, grupos de científicos pertenecientes al Proyecto Manhattan comenzaron a recolectar firmas para solicitar al Presidente que se abstuviera del uso de la bomba contra Japón. Este país se defendía obstinadamente de la superioridad militar estadounidense, y en círculos diplomáticos de los Estados Unidos se tenían indicios de que estaría dispuesto a capitular de modo honroso.
La petición de los investigadores a la Casa Blanca proponía que, además de brindarle al Japón la oportunidad de capitular, se tomaran a la brevedad medidas de control internacional sobre este nuevo tipo de armas. La circulación del documento fue prohibida por las autoridades militares y Szilard lo envió a Truman con sólo 67 firmas de científicos. La suerte que corrió la petición fue similar a la de documentos anteriores: terminó en las manos del Comité Interino que se mantuvo fiel a sus recomendaciones anteriores. El argumento de mayor peso en favor del uso de la bomba fue la salvación de muchas vidas humanas, que se lograría de inmediato con el fin de la guerra.
EL USO DE LAS ARMAS DE FUEGO. BREVE RECORRIDO POR LA NORMATIVA Y JURISPRUDENCIA
El uso de las armas de fuego por los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad es y debe ser, el último elemento defensivo o disuasorio en el ejercicio de sus funciones propias
El uso de las armas de fuego por los agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad es y debe ser, el último elemento defensivo o disuasorio en el ejercicio de sus funciones propias, teniendo en cuanta las graves consecuencias que produce cuando su munición impacta en las personas. Todo ello unido a la controversia que produce en la sociedad su utilización, así como el correspondiente proceso criminal que se iniciará cuando se produce el un resultado lesivo o la muerte de alguna persona.
Marco legal.- La norma marco que regula la materia, el artículo 5 apartado 2, de la Ley 2/1986, de 13 de marzo, de Fuerzas de Cuerpos de Seguridad, (así como dentro de las Policías Locales de Canarias establece el artículo 37 de la Ley 6/1997) dentro de los principios básicos de actuación establece:
Este último precepto no es más que la legitimación legal que supone la existencia de la exención de responsabilidad criminal que recoge el Código Penal vigente, bien por apreciar la legítima defensa o la existencia de obrar en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, oficio o cargo (artículo 20, apartados 4 y 7) con los requisitos que exige para su aplicación la jurisprudencia del Tribunal Supremo.
Esta es la norma marco sobre el criterio para la utilización de las armas de fuego. Internamente y respecto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se han dictado en el tiempo diversas instrucciones internas por parte de la Secretaria de Estado de Seguridad, que intentan desarrollar los conceptos de congruencia, oportunidad o proporcionalidad y las exigencias jurisprudenciales.
De esta normativa de aplicación podemos entresacar como criterios para que los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad pueden utilizar sus armas de fuego ante una agresión ilegítima que se lleve a cabo contra el Agente de la Autoridad o terceras personas, siempre que concurran las siguientes circunstancias:
· Que la agresión sea de tal intensidad y violencia que ponga en peligro la vida o integridad corporal de la persona o personas atacadas.
· Que el Agente de la Autoridad considere necesario el uso de arma de fuego para impedir o repeler la agresión, en cuanto racionalmente no puedan ser utilizados otros medios, es decir, debe haber la debida adecuación y proporcionalidad entre el medio empleado por el agresor y el utilizado por la defensa.
· El uso del arma de fuego ha de ir precedido, si las circunstancias concurrentes lo permiten, de conminaciones dirigidas al agresor para que abandone su actitud y de la advertencia de que se halla ante un Agente de la Autoridad, cuando este carácter fuera desconocido para el atacante.
· Sí el agresor continúa o incrementa su actitud atacante, a pesar de las conminaciones, se debe efectuar por este orden, disparos al aire o al suelo, para que deponga su actitud.
· En última instancia, ante el fracaso de los medios anteriores, o bien cuando por la rapidez, violencia y riesgo que entrañe la agresión no haya sido posible su empleo, se debe disparar sobre partes no vitales del cuerpo del agresor, atendiendo siempre al principio de que el uso del arma cause la menor lesividad posible.
· Sólo en supuestos de delito grave, los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, ante la fuga de un presunto delincuente que huye, deben utilizar su arma de fuego, en la forma siguiente:
a) Disparando únicamente al aire, o al suelo, con objeto exclusivamente intimidatorio -previas las conminaciones y advertencias de que se entregue a la Policía, Policía Local o Guardia Civil- para lograr la detención, teniendo, previamente, la certeza de que con tales disparos, por el lugar en que se realicen, no pueda lesionarse a otras personas y siempre que se entienda que la detención no puede lograrse de otro modo.
b) Disparando, en última instancia, a partes no vitales del cuerpo del presunto delincuente, siempre que concurran todas y cada una de las circunstancias anteriores, cuando le conste al Agente de la Autoridad, además de aquellas, la extrema peligrosidad del que huye por hallarse provisto de algún arma de fuego, explosivos, o arma blanca susceptible de causar grave daño, siempre teniendo en cuenta el lema de la menor lesividad posible y el de que es preferible no detener a un delincuente que lesionar a un inocente.
Este último criterio son sin duda de difícil aplicación, por lo que si se duda de la gravedad del delito, o no es clara la identidad del delincuente, no se debe disparar.
Como ya se había apuntado, el uso del arma de fuego cumpliendo los anteriores requisitos permiten apreciar la exención criminal en al conducta del agente de policía bien, por aplicación del artículo 20 apartado 4, del Código Penal, que establece:
La jurisprudencia, establece que para apreciar la eximente completa de legítima defensa del Código Penal, para evaluar la necesidad legal de racionalidad del medio defensivo empleado hay que atender a los siguientes factores:
a) proporcionalidad de medios agresivos y defensivos;
b) agotamiento prudencial de acciones disuasivas posibles;
c) necesidad residual consecuente de uso directo del arma para frenar al agresor, ante la ineficacia patente de aquellos recursos;
d) capacidad de reflexión o raciocinio para ponderar el uso más mesurado aconsejable del medio o arma con que cuenta el sujeto que se defiende.
Este último punto es el más delicado de calificar, porque el juzgador no puede plantearse la situación en términos de absoluta y fría objetividad, sino que tiene que procurar empatizar con el decidente de su propia situación objetiva, una emergencia, pero valorada subjetivamente desde su perspectiva y contando con escasos segundos para su opción. (TS 2.ª S 24 Sep. 1994._Ponente: Sr. Carrero Ramos) Archivo, 1995, 1573.
La Sala Segunda del Tribunal Supremo señala que esa eximente (completa de legítima defensa), como causa excluyente de la antijuricidad, se asienta en dos soportes principales que son, según la doctrina y la jurisprudencia,
- una agresión ilegítima
- y la necesidad de defenderse por parte de quien sufre aquélla.
En este sentido cabe indicar:
a) Por agresión debe entenderse «toda creación de un riesgo inminente para bienes jurídicos legítimamente defendibles», creación de riesgo que la doctrina de esta Sala viene asociando por regla general a la existencia de un «acto físico o de fuerza o acontecimiento material ofensivo» (Sentencias, por ejemplo, de 19 Abr. 1998 y 16 Feb. 1991).
Sin embargo, tal tesis no es del todo completa en cuanto se ha reconocido también que el acometimiento es sinónimo de agresión «y ésta debe entenderse producida no solo cuando se ha realizado un acto de fuerza, sino también cuando se percibe una actitud inminente ataque o de la que resulte evidente el propósito agresivo inmediato», como pueden ser las actitudes amenazadoras si las circunstancias del hecho que las acompañan son tales que permitan tener un peligro real de acometimiento, de forma que la agresión no se identifica siempre y necesariamente con un acto físico sino también puede provenir del peligro, riesgo o amenaza, a condición de que todo ello sea inminente. Por tanto, y según la sentencia de 30 Mar. 1993, «constituye agresión ilegitima toda actitud de la que pueda racionalmente deducirse que pueda crear un riesgo inminente para los bienes jurídicos defendibles y que haga precisa una reacción adecuada que mantenga la integridad de dichos bienes.»
b) La necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la agresión «constituye un juicio de valor sobre la proporcionalidad entre las condiciones, instrumentos y riesgos de la agresión y las propias de los medios y comportamiento defensivo», juicio de valor que se ha de emitir no tanto en orden a la identidad o semejanza de esos medios materiales sino a las circunstancias del caso concreto, pues según la jurisprudencia «el Código en absoluto equipara la racionalidad del medio con la proporcionalidad del medio». Y es que se ha abierto paso la idea de que, teniendo en cuenta las circunstancias de cada caso, hay que fijarse en el estado anímico del agredido y los medios de que disponga en el momento de ejecutar la acción de defensa, introduciéndose así, junto a aquellos módulos objetivos de la comparación de los medios empleados por agresor y defensor, el elemento subjetivo que supone valorar tales medios como aquéllos que sean, desde el punto de vista del agredido, razonables en el momento de la agresión, posición ésta que ha adquirido apoyo en la doctrina y en la jurisprudencia que «no encuentra en el texto legal razón alguna que imponga en este punto de los medios unas exigencias objetivas e igualitarias que restringirían el ámbito de la legítima defensa», no descartándose, ni la valoración de la posible perturbación sicológica que de ordinario produce la agresión, ni la necesidad de acudir al doble patrón objetivo y subjetivo para establecer la proporcionalidad de los medios. Y es que cuando la ley habla de la necesidad de que el medio empleado ha de ser racional «ya está revelando una flexibilidad o graduación que no puede someterse a reglas predeterminadas, por lo que no se puede exigir a quien actúa bajo la presión de tener que defenderse la reflexión y ponderación que tendría en circunstancias normales de la vida para escoger los medios de defensa.»
Todo lo anteriormente dicho --sigue diciendo dicha Sentencia-- unido al requisito de la falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.
En el caso concreto se trataba de un policía nacional que iba a proceder a detener a la víctima, como presunto autor de un delito, revolviéndose éste sin embargo, lanzándole, por dos veces, navajazos al acusado, que consiguió esquivarlos, e, incluso, derribó al agente, que tuvo que disparar cuando caído en el suelo estaba a merced del fallecido que trató de clavarle la navaja que portaba, lo que pudo evitar el acusado con el disparo que efectuó con su arma reglamentaria.
Valorándose la proximidad de la víctima, con intención agresora, respecto del acusado y lo inminente de su agresión solo cabria considerar la reacción defensiva como proporcionada, atendiendo a las circunstancias del caso y a lo proporcionado del medio empleado, teniendo además en cuenta que el acusado defendía su propia vida ante el ataque que estaba sufriendo; por eso debe estimarse, como se decía, que concurre la eximente de legítima defensa con carácter pleno.
Sobre la eximente del artículo 20 apartado 7, obrar en el cumplimiento del deber, oficio y cargo, la jurisprudencia establece:
- Se trata de la actuación de un agente de la autoridad que tiene no solo la facultad sino también el deber de actuar en el ejercicio de su cargo utilizando medios violentos, en su misión de garantizar el orden jurídico y servir a la paz colectiva «con la decisión de garantizar el orden jurídico y servir a la paz colectiva pero al mismo tiempo «rigiéndose por los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad» , como dice el apartado c) del Art. 5.2 de la L. O. 2/1986, de 13 Mar...
Conforme a tales normas y directrices para la aplicación de la eximente citada ya se ha dicho que es necesario que concurran una serie de requisitos. Estos, destacados, entre otras, en las sentencias de esta Sala de 22 Dic. 1989, 25 Mar. 1992, 2 Dic. 1993, 17 Ene. 1994, 24 Ene. 1994 13 May. 1996, 31 Ene. 1997 y 16 Ene. 1998 son:
1º- Que los intervinientes en el hecho tengan el carácter de autoridad o de agentes de la autoridad y se encuentren en el ejercicio de una función pública que les esté legalmente encomendada, cumpliendo, por tanto, los deberes impuestos por el cargo.
2º- Que el comportamiento violento y el uso de la fuerza, sean necesarios y racionalmente imprescindibles para el cumplimiento de la misión que han de desempeñar, distinguiéndose entre una necesidad en abstracto de violencia y una necesidad en concreto, esta última equivalente a la determinación de la idoneidad del medio utilizado para el cumplimiento del deber, distinción entre ambas clases de necesidad que se refleja en sus efectos, de tal modo que si no existe una necesidad abstracta de recurrir a la fuerza no puede operar la eximente ni como completa ni como incompleta, mientras que la necesidad concreta, cuando se rebase la racional legitimidad del medio utilizado aún permite la eficacia de la eximente degradada a efectos solo atenuantes.
3º- En el caso de exceso en el uso de la fuerza, cuando hay total falta de necesidad para su utilización, la extralimitació n manifiesta impide la aplicación de la exención en forma tanto completa como incompleta (S de 15 Mar. 1990). La reacción de las fuerzas del orden ha de ser sola la racionalmente necesaria y proporcionada para el cumplimiento de sus funciones, teniendo en cuenta las circunstancias concurrentes en el caso (SS 25 Mar. 1992 y 2 Jul. 1993).
Normativa de la Comunidad Autónoma de Canarias:
La Ley 6/1997, de 4 de julio, de Coordinación de Policías Locales de Canarias, artículo 37, donde se establece: " Conforme a los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance, los miembros de las policías locales utilizarán las armas reglamentarias solamente en las situaciones en que exista un riesgo racionalmente grave para su vida o integridad física o las de terceras personas y en aquellas circunstancias que puedan suponer un grave riesgo para la seguridad ciudadana."
ORDEN de 16 de febrero de 2001, por la que se establece la estandarizació n de los medios técnicos y defensivos de los efectivos de las Policías Locales de Canarias.
ORDEN de 20 de febrero de 2003, por la que se complementa la Orden de 16 de febrero de 2001, que establece la estandarizació n de los medios técnicos y defensivos de los efectivos de las Policías Locales de Canarias
Referencia a Convenios Internacionales:
por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley. Adoptados por el Octavo Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Tratamiento del Delincuente, celebrado en La Habana (Cuba) del 27 de agosto al 7 de septiembre de 1990
Dentro de este convenio, cabe destacar los preceptos que obligan a los gobiernos y los organismos encargados de hacer cumplir la ley establecerán una serie de métodos lo más amplia posible y dotarán a los funcionarios correspondientes de distintos tipos de armas y municiones de modo que puedan hacer un uso diferenciado de la fuerza y de las armas de fuego. Respecto a uso se entresaca:
También la Recomendación Rec. (2001) 10 del Comité de Ministros a los Estados miembros sobre el Código Europeo de Ética de la Policía, apartado 35 y siguientes donde se establecen principios sobre el uso de la fuerza y utilización de las armas de fuego.
Letrado sustituto del Abogado del Estado, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife para la defensa penal de los agentes de la Guardia Civil por circunstancias del servicio.
Integrante de la Oficina Periférica de Comunicación de la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife
922241935@terra. es
España - 07/02/2008
RELACION: PROYECTIL – SISTEMA DE TIRO
Angular (Rompimiento)
Peso (Gravedad) W
Ondas Aerodinámicas
ANIMA: LISA Y ESTRIADA
- TRASLACION - TRASLACION
- PARABOLICO - PARABOLICO
- RECHAZO - GIROSCOPICO
• LINEA DE TIRO
• ANGULO DE TIRO
• VELOCIDAD INC.- FINAL
• DISTANCIA DE DISPARO
RELACION: PROYECTIL – BLANCO
ASPECTOS BALISTICOS
 ACCION COMBINADA
 PODER DE PENETRACION
 DESTROZOS POR FRAGMENTACION O DEFORMACIONES DE PROYECTIL
 ENERGIA DE IMPACTO
 PRESION HIDRODINAMICA
 ORIFICIO DE ENTRADA
 ORIFICIO DE SALIDA
 CAVIDAD PERMANENTE Y TEMPORAL
 ONDAS AERODINAMICAS
 POSICION
 PERFORACION POR REBOTES
 REBOTES EN AGUA, MUROS
 TRAMADO, VIDRIOS
 RESIDUOS DE DISPARO
 DISTANCIA DE DISPARO
 SUPERFICIES
 ESTUDIO DE PRENDAS
Al recolectar armas de fuego para evidencias se debe:
Anotar su localización y posición con respecto a otros elementos del lugar de los hechos.
Anotar la posición del percutor.
En caso de ser un revólver:
a. abrir el cilindro y observar la posición de cada munición y vainillas y trazar un croquis ilustrativo, y
b. detallar cuantas municiones y vainillas se encuentran dentro del cilindro o manzana
En caso de pistola:
a. sacar el cargador o proveedor y contar las municiones remanentes.
b. Como en el caso anterior, hacer un croquis ilustrativo.
Proceder a descargar el arma.
Levantar el arma por la empuñadura en las áreas de superficie rugosa, o por los bordes del guardamonte.
Anotar toda la información del arma (marca, calibre, serie y modelo).
Evitar insertar instrumentos en el cañón y levantar el arma con un pañuelo.
Observación: En ambos casos tomar fotografías para constatar.
En caso de suicidio:
a. Evitar manipular excesivamente el arma, y
b. Seguir el procedimiento correspondiente: fotografiar y luego remitir las posibles pruebas a los laboratorios de fibras y pelos, serología, huellas, balística.
Embalar en una cajita o cartucho de papel, para que no se desprendan elementos adheridos a ella.
Municiones o Cartuchos:
Las municiones o cartuchos están compuestos de vainilla, proyectiles, pólvora y fulminante. Para recolectarlas como evidencia se debe:
Anotar la localización y posición en que fueron encontrados.
Anotar como información las inscripciones que presentan las municiones en su culote o base
Embalar en cajitas de cartón o sobrecitos de papel.
Para recolectar proyectiles se debe:
a. evitar hacer marcas en los proyectiles
b. Tener cuidado al recolectar proyectiles incrustados en paredes,
c. Evitar absolutamente recoger los proyectiles con pinzas o instrumentos similares,
d. Evitar la limpieza de los proyectiles,
e. No envolver los proyectiles recogidos en algodón
f. Embalarlos en pequeñas cajetitas o en sobres de papel en forma individual
g. Anotar la localización y posición de los proyectiles en determinadas zonas del lugar de los hechos y documentar.
Para recolectar vainillas se debe:
a. anotar la localización y posición de las vainillas encontradas en el lugar de los hechos.
b. Evitar golpes, rasguños o marcas en el cuerpo cilíndrico y borde de la vainilla.
c. Embalar individualmente en cajetitas o sobres, y
d. Anotar como información las inscripciones que presentan en la base.
Para recolectar tacos y perdigones, se debe:
a. aunque estos elementos no presentan marcas características para la identificación del arma de fuego que la disparó son importantes para determinar su calibre, tipo, clase y manufactura, y establecer si forma parte de los cartuchos encontrados en el lugar de los hechos.
b. Los perdigones pueden ser recolectados en conjunto en una pequeña caja o envase apropiado.
c. El taco, que es un material plástico o cartón, debe ser embalado por separado de los perdigones y
d. Anotar la posición en que los tacos y perdigones fueron encontrados.
Diseño dejado por la pólvora en la ropa y piel o superficie de impacto.
Cuando un arma de fuego es disparada a corta distancia (de 1 a 60 o 75 cm de distancia), las partículas de pólvora combustionadas total o parcialmente, son depositadas sobre el blanco o superficie impactada. (primer plano)
a. documentar y fotografiar el área de las heridas
b. ubicar los orificios de impacto de los disparos,
c. recolectar las vestimentas de los afectados y
d. embalarlas adecuadamente.
A medida que es recogida la envidencia se debe embalar y enumerar para su transporte al laboratorio. La naturaleza del embalado dependerá de la situación.
El investigador debe llevar consigo y poder disponer fácilmente de una amplia gama de materiales y elementos para envase, como: papel de envolver, sobres de papel, botellas y frascos de vidrio limpios de diversos tamaños, cajas de cartón, cuerdas, cinta adhesiva y envases plásticos, y
El paquete debe ser sellado en forma tal que la persona que lo recibe pueda ver si el paquete ha sido abierto.
Arma no letal de efectos contundentes: Es el arma de fuego diseñada
para disparar proyectiles no letales, conformados generalmente
con material blando, impulsados a distancia por los gases producidos
por la deflagración de la pólvora.
Aún si no matan, estas armas pueden cegar, herir seriamente y/o
desfigurar a sus víctimas. Tomemos el caso de las balas de plástico,
originalmente inventadas por los ingleses para disciplinar a los
nativos de sus colonias en Hong Kong y otras partes de Asia. Para las
autoridades inglesas, las balas de plástico eran demasiado terribles
para usar contra los propios ingleses, pero cambió de parecer en 1985,
cuando las comenzó a distribuir a sus fuerzas policiales. Ahora se usan
en Estados Unidos, Argentina, Suráfrica, Israel y China.
¿Cumplen las balas “no letales” de plástico o de goma alguna función
humanitaria? En 1972 un grupo de cirujanos de Belfast, Irlanda
del Nort,e reportó que de 90 pacientes que buscaron ayuda médica
después de ser impactados por balas de goma, 41 necesitaron ser
hospitalizados. Las heridas incluyeron: tres cráneos fracturados,
32 fracturas de la nariz, quijada y otras partes de la cara, ocho
ojos lacerados (resultando todos en ceguera), tres casos de
daño severo al cerebro, siete casos de pulmones heridos, y un caso
de daño al hígado, bazo e intestino. En resumen: una muerte, dos
personas ciegas de ambos ojos, cinco con severa pérdida de visión
en un ojo, y cuatro con sus caras severamente desfiguradas.
En respuesta al repudio moral causado por las balas de goma, las
fuerzas inglesas cambiaron a balas de plástico en Irlanda del
Norte para 1975. Pero en 1983 el periódico inglés Lancet reportó
que las balas plásticas son peores aún que las de goma, que hacen
más daño al cráneo y cerebro y causan más muertes.
Las armas “no letales” no son nada nuevo. En 1972 la Fundación
Nacional de las Ciencias de Estados Unidos publicó un informe
sobre armas no letales en el que ennumeró 34 armamentos
distintos, incluyendo armas químicas, chorros de agua
electrificada, combinaciones de luz y sonido para desorientar
personas, ondas subsónicas, fusiles que disparan jeringuillas
cargadas de sedantes, pociones malolientes para dispersar multitudes,
sustancias resbaladizas que convierten superficies pavimentadas o de
concreto en áreas inaccesibles, etcétera.
En esa década, la British Society for Social Responsibility in Science
advertía sobre el desarrollo de nuevas tecnologías de represión. En
1977 publicó The Technology of Political Control, un informe dedicado
a analizar y advertir acerca de una nueva categoría de tecnologías cuyo
propósito es mantener el control social y político, que incluyen desde el
monitoreo de disidentes y el control de multitudes hasta
tecnologías de interrogatorio y métodos de doblegar a prisioneros.
Desde la publicación de estos dos informes, se han hecho realidad
toda una gama de armamentos “no letales”, como por ejemplo: escudos
y batones con cargas eléctricas, químicos que irritan la piel, balas
de plástico y goma, y jeringuillas disparadas por aire comprimido.
Hoy en día, existe todo un amplio número de armas que “no matan” ó
las conocidas “armas no letales”, pero a veces reciben la denominación
de “pre-letales”, lo que da una idea bastante más aproximada de cuál
puede ser su objetivo real. Y, contra lo que pueda parecer, no son algo nuevo.
Ya en la Primera Guerra Mundial se usaban agentes químicos para
neutralizar al enemigo. En Vietnam se usaban gases en los túneles para
hacer salir a los soldados al exterior y convertirlos así en un
blanco fácil. Teóricamente, esto no debería pasar, ya que el loable
objetivo de las armas no letales es precisamente evitar muertes.
Se trata de sacarse al enemigo de en medio, pero no de matarlo,
siguiendo las últimas tendencias de guerras "limpias", con los
dirigentes dando órdenes desde el salón de su casa y los soldados
posando sonrientes para las fotos. En este ambiente de
corrección política y democrática no está bien visto matar a nadie,
de modo que las armas no letales se presentan como la solución ideal.
No matan, pero pueden dejar secuelas permanentes, lo que
provoca un efecto añadido muy apreciado por los señores d
e la guerra: sale más a cuenta dejar heridos que muertos. Un herido
supone una dura carga para su bando, tanto por los gastos de
sanidad como porque desmoraliza al ejército. Aunque se dice que
la mayoría de estas armas no hieren, sino que dejan fuera de combate
al enemigo durante un período de tiempo, no se han comprobado los
En cualquier caso, la pregunta es: ¿cómo estar en contra de algo
que puede salvar vidas? Y es entonces cuando nos agarramos a la
fría estadística: la proporción de heridos que mueren en el campo
de batalla por heridas derivadas de armas convencionales es menos
del 25%, y más del 60% de los heridos consiguen una recuperación
completa. Sin embargo, a la hora de evaluar estas nuevas armas, hay
que tener en cuenta que pueden causar enfermedades específicas,
trastornos físicos y psíquicos, o discapacidades permanentes.
Resumiendo: que quizá sea mejor lo malo conocido. Que quizá
sea más fácil sacarse una bala del cuerpo que recuperar la vista
cuando un láser ha destrozado la retina.
Dejando aparte el tema de los rifles láser, prohibidos desde el año
95, muchas armas no letales tienen efectos perfectamente tratables.
Claro que hay lugares donde encontrar ese tratamiento puede resultar
complicado. Imáginese buscar una aspirina en Grozni, y vaya un poco
más allá: ¿desea algún tratamiento específico?
Existen por ejemplo espumas que funcionan como pegamento, que
inmovilizan a la víctima e incluso la pega al suelo. El efecto se
pasa, pero hay que contar con los imprevistos. Se dice -aunque
nadie lo asegura- que los marines usaron esta espuma en su
intervención en Somalia en 1995. A pesar del clima somalí, nadie se
preocupó de lo que le pasaría a alguien adherido al suelo durante
horas con 45 grados a la sombra, pero sin sombra. Y no se conocen
con seguridad los efectos de esta espuma a largo plazo, o qué pasa
si llega a la boca o si obstruye las fosas nasales. El Agente Naranja,
uno de los gases usados en Vietnam, era perfectamente legal y bien
considerado en su época, pero resultó contener dioxina letal en
pequeñas dosis. Claro que por aquel entonces no se sabía muy bien qué era la dioxina.
Sin embargo, las aplicaciones de las armas no letales van más
allá de su uso estrictamente militar. Cualquier policía posee porras o
pelotas de goma o utiliza gases lacrimógenos para controlar una
manifestación. Son armas comunes que cada vez se vuelven
más elaboradas. Amnistía Internacional ha denunciado que al
menos 300 departamentos de policía en Estados Unidos utilizan
pulverizadores de pimienta. Y que también se han utilizado
armas de electrochoque, como pistolas paralizantes o cinturones para
incapacitar a presuntos delincuentes mediante descargas de alto voltaje.
Después de las numerosas denuncias de brutalidad policial, queda por
ver qué harán los militares con esas y otras armas más sofisticadas.
Muchas organizaciones, como Cruz Roja Internacional, están levantando
la voz de alarma para tratar de regular el uso de estas armas. Usando
como herramienta las leyes humanitarias del derecho internacional -también
llamadas leyes de la guerra-, que buscan minimizar las muertes y el sufrimiento,
la evolución de las armas no letales deberá estar en el punto de mira.
algunOS EJEMPLOS DE armas no letales:
- Armas sónicas que aturden, causan vértigo, espasmos, confusión mental y náuseas.
- Pueden dañar permanentemente los órganos internos.
Las armas "no letales" han sido destinadas como una alternativa que “no mata” en planes de:
1) Disuasión
2) Influencia
Un ejemplo de “armas no letales” son las pistolas/rifles con proyectiles no letales que operan con bolas plásticas de pimienta, contienen polvo de ese agente químico; el cual es encapsulado en esferas de plástico y liberado mediante un sistema de aire comprimido, similar al utilizado en pistolas de pintura. No se usan para su lanzamiento armas de fuego, como es el caso de algunas balas de goma que se han utilizado en conflictos bélicos, o para controlar manifestaciones en otras latitudes.
Algunos de los efectos de estos proyectiles, señalan que tienen impactos cinéticos, que causan shock psicológico y una serie de lesiones como sus ardores.
ALGUNAS EJEMPLOS ILUSTRATIVOS DE ARMAS NO LETALES
Aerosoles de Pimienta Pistola Taser
Talon (Pepper-Balls/proyectil goma pimienta)
(una muestra curiosa para protección personal, hasta ahora
fabricada sólo para mujeres)
http://www.mouse.cl/2005/productos/10/04/01.asp
EJEMPLO DE LESIONES POR PROYECTILES O BALAS DE GOMA
PISTOLA Y PROYECTILES PIMIENTA
http://www.snipermx.com/artgoma.htm
http://www.securityandsafetysupply.com/product-firearms/Firearms.html
Una de las primeras referencias auténticas que poseemos sobre un arma de fuego se halla en el manuscrito de Milemete que contiene una ilustración en la que se encuentra un atemorizado guerrero encendiendo la mecha de un cañón en forma de vasija.
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References: Resolución 
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 artículo 5
 artículo 37
 artículo 20
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