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Timestamp: 2018-11-14 18:02:50+00:00

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﻿ SENTENCIA C-1143 DE AGOSTO 30 DE 2000
SENTENCIA C-1143 DE 30 DE AGOSTO DE 2000
CONTENIDO:ACCIÓN REVOCATORIA CONCURSAL. EJERCICIO POR LA SUPERINTENDENCIA DE SOCIEDADES.
TEMAS ESPECÍFICOS:ACCIÓN DE REVOCACIÓN EN EL CONCORDATO, RÉGIMEN CONCURSAL, SUPERINTENDENCIA DE SOCIEDADES, EXEQUIBILIDAD DE LAS NORMAS, FALLO DE EXEQUIBILIDAD, PROCESO CONCURSAL, CÓDIGO DE COMERCIO, DERECHO CONCURSAL
REVISTA JURISPRUDENCIA Y DOCTRINA N°:347 DE NOVIEMBRE DE 2000, PÁG.2299
Sentencia C-1143 de agosto 30 de 2000
EJERCICIO POR LA SUPERINTENDENCIA DE SOCIEDADES
EXTRACTOS: «A continuación, se transcribe el texto de la disposición demandada, conforme a su publicación en el Diario Oficial 42.156 del 20 de diciembre de 1995:
ART. 146.—Acción revocatoria. El contralor, cualquier acreedor o la Superintendencia de Sociedades, podrá incoar la acción revocatoria concursal de los actos realizados injustificadamente por el deudor dentro de los 18 meses anteriores a la fecha de solicitud del trámite concursal, cuando dichos actos hayan perjudicado a cualquiera de los acreedores o afectado el orden de prelación de pagos.
5. Las daciones en pago por deudas vencidas realizadas con bienes que representen más del 30% de los activos del concursado.
6. Todo contrato celebrado con su cónyuge, con sus parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad, primero civil, segundo de afinidad o con socios en sociedades distintas a la anónima o con sociedades en que tenga participación el deudor o control administrativo de las mismas o cuando los parientes o cónyuges sean dueños en más de un 50% del capital social.
PAR. 1º—De la acción revocatoria concursal conocerá el juez civil del circuito o especializado del comercio del domicilio del deudor. El trámite se hará por la vía del proceso abreviado y con un procedimiento preferente sobre los demás procesos, salvo el de la acción de tutela.
PAR. 2º—El adquirente de buena fe participará en el trámite concordatario como acreedor quirografario, los de mala fe perderán todo derecho a reclamar”.
2. Generalidades sobre los procesos concordatarios.
El problema jurídico que plantea el demandante a esta corporación, es el de determinar si la facultad que le confiere el artículo 146 de la Ley 222 de 1995 a la Superintendencia de Sociedades, para incoar la acción revocatoria concursal, lesiona la independencia e imparcialidad que deben caracterizar el ejercicio de la función jurisdiccional.
Para resolverlo, la Corte considera indispensable referirse antes, de manera breve, a los siguientes puntos: a) La finalidad de los procesos concursales; b) Las principales características de los procesos concordatarios; c) El rol de la Superintendencia de Sociedades en el trámite de dichos procesos; y d) La naturaleza de la acción revocatoria concursal.
2.1. Finalidad de los procesos concursales.
En general, los procesos concursales se orientan hacia la protección de la organización empresarial y, a través de ella, hacia el mantenimiento del empleo y la salvaguarda del sistema crediticio. Este triple objetivo se logra mediante la sujeción de las empresas que afrontan crisis económicas a ciertos trámites, que pueden ser de dos clases: a) el concordato, o acuerdo de recuperación de los negocios del deudor, y b) la liquidación obligatoria, o realización de los bienes del deudor para atender el pago ordenado de sus obligaciones. En el caso presente, por la especificidad de la demanda, la Corte sólo hará referencia al primer tipo señalado, esto es, a los procesos concordatarios.
La figura del concordato permite que las empresas con dificultades graves en el pago de sus pasivos, lleguen a un acuerdo con sus acreedores, con la finalidad de permitir su recuperación y conservación, en tanto unidades de explotación económica y fuentes generadoras de empleo, y asimismo proteger el crédito (L. 222/95, art. 94), a la vez que se trazan las reglas a las cuales se someterá el cumplimiento de las obligaciones insolutas a su cargo.
El régimen concordatario encuentra su justificación constitucional, en el deber del Estado de crear mecanismos para promover el sector empresarial, y así preservar la función que éste cumple en materia de desarrollo económico. El artículo 333 de la Carta, según el cual la actividad económica y la iniciativa privada encuentran sus límites en los primados del bien común, establece que la “libre competencia económica es un derecho de todos que supone responsabilidades”, y que “la empresa, como base del desarrollo, tiene una función social que implica obligaciones”; por lo mismo, este precepto asigna al Estado el deber de estimular el desarrollo empresarial. A su vez, el artículo 334 superior dispone que corresponde al Estado la dirección general de la economía, y que para ello deberá intervenir en ciertos casos, por mandato de la ley; por ejemplo, sobre la producción, distribución, utilización y consumo de bienes —procesos vinculados la mayor parte de las veces con la actividad comercial de las empresas—, o sobre los servicios públicos, buscando la racionalización de la actividad económica, con especial énfasis en la protección del empleo y en la promoción de la productividad y la competitividad nacionales. Como dijo la Corte en sentencia C-233 de 1997 (M.P. Fabio Morón Díaz), “al Estado corresponde desplegar una actividad orientada a favorecer el cabal cumplimiento de las prerrogativas inherentes a la libre iniciativa y la libertad económica y, a la vez, procurar la protección del interés público comprometido, en guarda de su prevalencia sobre los intereses particulares que pueden encontrar satisfacción, pero dentro del marco de las responsabilidades y obligaciones sociales a las que alude la Constitución”.
Por su parte, la empresa, en tanto concepto organizacional que conjuga los factores económicos del capital y del trabajo, es un canal a través del cual se materializan, en la vida económica, los mandatos del constituyente: mientras que el capital, manifestación por excelencia de la propiedad privada, tiene una función social (C.P., art. 58), el trabajo, su complemento indispensable, goza de un especial estatus constitucional, que le adscribe la triple calidad de valor, derecho y obligación (C.P., art. 25, Preámbulo). Se entiende, así, que se haya encomendado al Estado la función de promover su existencia y desarrollo, por ser la base de la economía nacional.
Bajo tales parámetros, para esta corporación resulta claro que, al establecer un régimen concordatario orientado fundamentalmente hacia la supervivencia de la organización empresarial, el legislador dotó al Estado colombiano de un medio idóneo para cumplir con sus cometidos constitucionales. En efecto: a través del trámite de un concordato, es posible que las empresas en dificultades aseguren su continuidad en el mundo económico, y al mismo tiempo, cumplan con las obligaciones y responsabilidades que surgen de su actividad económica, entre las cuales la más elemental es la de pagar sus acreencias.
En este orden de ideas, la finalidad del proceso concordatario se erige como un factor determinante a la hora de analizar el régimen legal que le es propio, así como todas y cada una de las actuaciones establecidas durante su trámite, por lo cual la Corte la utilizará como criterio guía para examinar los cargos aducidos por el actor.
2.2. Principales características del concordato.
a) Sujetos que intervienen en el trámite.
La Ley 222 de 1995 asignó ciertas funciones a cada uno de los sujetos que participan en el concordato, las cuales derivan su sentido de la finalidad arriba reseñada; es decir, los actos de quienes intervienen en el proceso concordatario gravitan, por disposición legal, en torno a los imperativos de recuperación de la empresa y saneamiento patrimonial. Así, en primer lugar, se encuentra el deudor, quien debe presentar una fórmula de arreglo con sus acreedores desde el momento en que solicita la apertura del trámite —para lo cual están legitimados él, los acreedores (L. 222/95, art. 97, par. 1º), y la superintendencia (L. 222/95, art. 85-7). Además, el deudor debe someterse a los efectos jurídicos y patrimoniales del concordato, a saber, la sujeción a ciertas reglas para el cumplimiento de sus obligaciones y el desarrollo de su objeto social.
En segundo lugar, se encuentra la junta provisional de acreedores, la cual, de acuerdo con el artículo 115 de la citada ley, tiene como principal función el elaborar un proyecto de acuerdo concordatario que sea procedente.
Por otra parte, se encuentra el contralor, que en los términos del artículo 108 ibídem, es un auxiliar de la justicia “a quien le corresponde analizar el estado patrimonial del deudor y los negocios que hubiere realizado dentro de los últimos tres años, evaluar la fórmula de arreglo presentada con la solicitud del concordato y conceptuar sobre la viabilidad de la misma”.
Finalmente, está la Superintendencia de Sociedades, encargada por la ley de tramitar el proceso, y cuyas funciones, en general, se contraen a conducir el procedimiento de forma tal que se pueda llegar a un acuerdo, aplicando para ello sus conocimientos especializados, en tanto entidad administrativa de inspección, vigilancia y control que goza, para estos efectos, de atribuciones jurisdiccionales.
b) Actuaciones preconcursales.
Tal y como lo dispone el artículo 91 de la Ley 222 de 1995, los supuestos fácticos que hacen procedente la apertura de un concordato son: a) que el deudor se encuentre en “graves y serias dificultades” para cumplir oportunamente con sus obligaciones, o b) que se tema razonablemente que pueda llegar a tal situación. Se trata de supuestos netamente económicos, que deberán ser analizados por la autoridad competente para efectos de admitir la solicitud respectiva.
Por ese motivo, puede afirmarse que existe, en primer término, una etapa “pre-concursal”, en la cual se analiza la situación económica de la empresa en cuestión, que aun cuando cumpla, en principio, con los presupuestos exigidos por la ley para ser admitida a un concordato, no tiene necesariamente que ser sometida a este procedimiento, ya que la Superintendencia de Sociedades podrá promover, si lo encuentra conveniente, la presentación de planes tendientes a superar la crisis empresarial, y lograr un acercamiento con los acreedores para llegar a acuerdos o convenios por fuera del concordato. En este sentido, como lo explicó la Corte en la sentencia C-233 de 1997, “sólo ante el evidente fracaso de los planes y programas orientados a obtener la recuperación o cuando la gravedad de la situación no dé lugar a la promoción de esas medidas procede la convocación del trámite concursal”.
c) Etapas del trámite concordatario
Bajo la misma óptica finalista, se puede efectuar el análisis de las distintas etapas de un concordato, así:
(i) Una vez presentada por el deudor o por su apoderado la solicitud de admisión al concordato, debe verificarse que ésta contenga una fórmula de arreglo con los acreedores, y una memoria explicativa de las causas que originaron la crisis (L. 222/95, art. 97). La necesidad de presentar dicha fórmula, se explica por cuanto sólo podrán someterse al concordato aquellas empresas que sean económicamente viables, esto es, que puedan efectivamente superar sus problemas, ya que éste es el objetivo final del trámite.
(ii) Si se verifican los supuestos legales y económicos del caso, la superintendencia admitirá la solicitud, y a partir de la apertura del trámite, restringirá sustancialmente la órbita de acción de la empresa deudora; en este sentido, la misma ley dispone que en la providencia de apertura, la superintendencia deberá prevenir al deudor que “sin su autorización, no podrá realizar enajenaciones que no estén comprendidas en el giro ordinario de sus negocios, ni constituir cauciones, ni hacer pagos o arreglos relacionados con sus obligaciones, ni reformas estatutarias cuando se trate de personas jurídicas” (L. 222/95, art. 98). Igualmente, una vez se haya inscrito tal providencia en el registro mercantil, todo pago o extinción de las obligaciones concordatarias —esto es, de los créditos que ingresan en el concordato— estará sujeta a las disposiciones legales (ídem).
Por lo anterior, los principales efectos que se derivan del concordato (dada la importancia que éste guarda para la vida ulterior de la empresa), son los siguientes:
•• La preferencia del trámite concordatario, que en los términos del artículo 99 de la citada Ley 222 de 1995, precluye la procedencia de cualquier otra petición de apertura de trámite concursal, así como la de los procesos de ejecución singular o de restitución de inmueble que se llegaren a promover contra la empresa. Todos los procesos ejecutivos preexistentes contra el concordado, se incorporarán al procedimiento concursal y estarán sujetos a su suerte.
• La continuidad de los contratos de tracto sucesivo que haya suscrito la empresa, que de acuerdo con lo dispuesto por el artículo 103 de la ley, no admitirán cláusulas en las que se consagre, como causal de terminación, la existencia de un trámite concordatario; de manera concurrente, la prohibición de declarar la caducidad de los contratos administrativos suscritos por el deudor, por ese solo motivo.
• La prohibición de suspenderle al deudor la prestación de los servicios públicos, o de los servicios de previsión social, por virtud de la apertura del concordato, que según el artículo 104 ibídem no podrá hacerse, aun cuando la empresa prestadora de tales servicios sea acreedora de deudas insolutas a cargo del deudor.
• La continuidad en el funcionamiento de los órganos sociales de la empresa, sin perjuicio de las atribuciones del contralor, la junta de acreedores y el representante legal (ibíd., art. 116). Como el objetivo legal es permitir que la empresa subsista y honre sus obligaciones postconcordatarias, se le debe permitir un mínimo de actividad durante el trámite, que no desborde los límites impuestos por las finalidades de recuperación y conservación empresarial.
(iii) Finalmente, viene la etapa de negociación del acuerdo propiamente dicha, en la cual se efectuará el traslado de los créditos admitidos al procedimiento y de sus objeciones, se celebrará la audiencia preliminar y, dado el caso, la audiencia final, con miras a que el deudor y sus acreedores lleguen a un acuerdo viable, que deberá ser aprobado por la superintendencia.
En síntesis, los diferentes momentos del trámite concordatario, así como las atribuciones de quienes participan en él y los efectos de su desarrollo, derivan su sentido y naturaleza de la finalidad de salvar la empresa en crisis.
Con fundamento en las anteriores consideraciones, la Corte procederá ahora a evaluar con mayor detenimiento el papel de la Superintendencia de Sociedades durante el concordato.
3. El rol de la Superintendencia de Sociedades en los procesos concordatarios.
La Superintendencia de Sociedades, entidad administrativa del orden nacional que en virtud de delegación presidencial ejerce las funciones de inspección, vigilancia y control que consagra el artículo 189-24 superior, fue investida de funciones jurisdiccionales por el artículo 90 de la Ley 222 de 1995, para conocer y decidir los procesos concursales. Se trata de la aplicación de lo dispuesto por el artículo 116 de la Carta, en virtud del cual la ley, en forma excepcional, puede “atribuir función jurisdiccional en materias precisas a determinadas autoridades administrativas”, como consecuencia del postulado de colaboración armónica entre las ramas del poder público (C.P., art. 113). En este sentido, la Superintendencia de Sociedades actúa como un verdadero juez durante el proceso concordatario, lo cual le fue permitido en atención a su conocimiento especializado y a su amplia experiencia en el área; con ello, Colombia se ubica dentro de la tendencia mundial hacia la desjudicialización de ciertos trámites que, por su importancia para la vida económica, requieren gran eficacia y agilidad.
No obstante lo anterior, se debe recordar que las funciones jurisdiccionales de la Superintendencia de Sociedades en materia concursal, se relacionan íntimamente con sus funciones genéricas de inspección, vigilancia y control, frente a las cuales sus atribuciones de tipo jurisdiccional constituyen una excepción. Como se señaló en la sentencia C-233 de 1997, estas funciones otorgan a la superintendencia un “repertorio de facultades que (...) podrá ejercer, según el supuesto de que se trate y dependiendo, de manera primordial, de la magnitud de las dificultades que la sociedad sometida a fiscalización presente”.
En la misma providencia, se estableció el contenido específico de cada una de estas atribuciones, así: “mientras que la inspección comporta una leve y ocasional injerencia en las sociedades comerciales no vigiladas por la Superintendencia Bancaria, con el fin de confirmar y analizar información sobre la situación jurídica, contable, económica y administrativa o sobre operaciones específicas; la vigilancia entraña un seguimiento permanente acompañado de facultades de más hondo calado, respecto de las sociedades no sometidas a la vigilancia de otras superintendencias y para velar por que en la formación, en el funcionamiento y en el desarrollo de su objeto social se ajusten a la ley y a los estatutos”. Por su parte, “la noción de control, introducida por el artículo 85 de la Ley 222 de 1995, involucra atribuciones de mayor intensidad, ejercitables por la Superintendencia de Sociedades siempre que cualquier sociedad comercial no vigilada por otra superintendencia atraviese por una situación crítica de orden jurídico, contable, económico o administrativo que haga indispensable la adopción de correctivos enderezados a subsanarla”.
En este orden de ideas, desde el nivel de inspección hasta el de control, la superintendencia posee un abanico de atribuciones, cuyo ejercicio dependerá del estado de la empresa sometida a fiscalización: “entre mayor sea el nivel de gravedad que la Superintendencia de Sociedades, en uso de sus atribuciones, pueda detectar, más contundentes resultan los mecanismos de acción con que la entidad cuenta para tratar de superar la situación que, cuando es crítica, autoriza la asunción de las atribuciones propias del estadio de control, siendo todavía viable, dentro del esquema de gradualidad comentado, la implementación de medidas de diverso signo, dependiendo de las posibilidades de recuperación que el análisis concreto de la sociedad demuestre” (sent. C-233/97). De allí que la convocatoria a un trámite concursal sea el extremo más contundente, dentro de un continuum de medidas que puede tomar tal entidad frente a una empresa en dificultades, en tanto organismo de inspección, vigilancia y control, las cuales coexisten con las atribuciones jurisdiccionales que deberá ejercer una vez sea decretada la apertura del concordato.
Por lo mismo, forzoso es concluir que, además de desarrollar las funciones jurisdiccionales con base en las cuales tramita los concordatos, la superintendencia puede ejercer, respecto de la empresa deudora, los actos inherentes a sus funciones de inspección, vigilancia y control, siempre y cuando con ello no lesione los derechos constitucionales de los sujetos que intervienen en tal proceso, ya que ambos tipos de atribuciones legales apuntan hacia el mismo objeto —la protección de la empresa y de los valores que dependen de ella—, y se derivan conjuntamente de los artículos 333 y 334 de la Carta.
Bajo estos parámetros, la Corte procederá a analizar la disposición demandada, en el sentido de determinar si la legitimación que ella otorga a la superintendencia para ejercer la acción revocatoria concursal, entra en conflicto con sus funciones jurisdiccionales durante el proceso concordatario.
4. Las acciones revocatorias concursales.
Según lo dispone el artículo 146 de la Ley 222 de 1995, que se demanda, tanto la Superintendencia de Sociedades como el contralor o cualquier acreedor pueden incoar la “acción revocatoria concursal” sobre los actos que el deudor haya realizado injustificadamente dentro de los 18 meses anteriores a la fecha de solicitud del concordato, si tales actos han perjudicado a cualquiera de los acreedores, o han afectado el orden de prelación de pagos.
Es claro, a la luz de los anteriores preceptos, que con esta acción se pretende dotar a los sujetos mencionados en la norma, de una herramienta destinada a reintegrar al patrimonio del deudor ciertos bienes que salieron de él a través de actos injustificados, durante el llamado “período de sospecha”. Al ingresar a la masa del concordato, estos bienes pueden aumentar su volumen, y facilitar de esta manera el saneamiento de las finanzas de la empresa deudora, lo cual a su vez hace viable el logro de un acuerdo entre ésta y sus acreedores. La acción revocatoria constituye, así, un instrumento que incrementa las posibilidades de supervivencia económica de la empresa, y defiende, simultáneamente, los derechos del deudor y de los acreedores.
En primer lugar, se defienden los derechos del deudor en el concordato, porque: a) si hay más bienes para pagar los créditos insolutos, la empresa incrementa sus posibilidades de normalización, y por lo mismo, de acordar una fórmula de arreglo, con la cual se garantice la continuidad de su labor económica; y b) si la crisis de la empresa es lo suficientemente grave como para ameritar la apertura de un concordato, es de presumir que por lo menos durante los 18 meses anteriores, haya sufrido un declive, durante el cual pudo haberse visto forzada a aceptar, en relación con los citados actos patrimoniales, condiciones económicas que en otras circunstancias no hubiera consentido. Es decir, la eventual revocatoria de los actos realizados durante el “período de sospecha” es un instrumento que incorpora a la masa concordataria el valor real de bienes que, dada la crisis de la empresa, pudieron haber salido de su patrimonio en circunstancias excesivamente onerosas para ella.
Por lo tanto, el ejercicio de la pluricitada acción no constituye un medio para perjudicar los intereses del deudor en beneficio de sus acreedores; al contrario, a través de ella se pretende garantizar tanto los derechos de las dos partes que se confrontan en el concordato, como la posibilidad real de salvar la organización empresarial, y preservar su función social.
5. Los cargos concretos de inconstitucionalidad.
Visto lo anterior, se puede dar respuesta al problema jurídico planteado por el actor, afirmando que, lejos de ser violatoria de la imparcialidad o independencia de la Superintendencia de Sociedades, la legitimación que le otorga la disposición acusada para ejercer la acción revocatoria concursal se integra armónicamente en su catálogo legal de atribuciones, y constituye una herramienta idónea para el logro de los fines del concordato.
La facultad que la norma asigna a la superintendencia se deriva de sus funciones de inspección, vigilancia y control, en la medida en que en ejercicio de tales atribuciones, la entidad puede reunir elementos de juicio para concluir que, en el contexto de la crisis empresarial, ciertos actos del deudor resultan sospechosos, y deben ser objeto de una verificación judicial. Como tal facultad habrá de desarrollarse, necesariamente, durante el trámite del concordato, puede dar pie para concluir, como hace el actor, que la superintendencia obra como juez y parte en dicho proceso; sin embargo, para la Corte esa afirmación carece de fundamento jurídico. Precisamente por tratarse de una función administrativa, que coexiste con las funciones jurisdiccionales de la superintendencia sin confundirse con ellas, la norma solamente la legitimó para interponer la acción revocatoria, mas no le otorgó competencia para conocer de ella, ni para resolverla: por virtud de la misma disposición impugnada, el funcionario competente para ello es el juez civil del circuito o especializado de comercio del domicilio del deudor. Se trata, así, de dos procedimientos independientes: uno es el trámite del concordato como tal, que se realizará frente a la superintendencia, y otro es el trámite de la acción revocatoria, que se ventilará ante los jueces señalados por la norma, y en el cual la citada entidad juega el rol de accionante.
En este sentido, no le asiste razón al demandante cuando considera que la independencia e imparcialidad de la superintendencia resultan lesionadas por ser esta juez y parte en el mismo proceso, ya que el escenario en el cual la acción revocatoria se habrá de resolver escapa a su órbita de competencia, y en todo caso, la interposición de dicha acción no la realiza en su calidad de juez del concordato, sino como ente de inspección, vigilancia y control.
Se llega a idéntica conclusión cuando se aplica el artículo 83 de la Carta, en virtud del cual la buena fe se debe presumir en las actuaciones que se realicen ante las autoridades; así, carece de validez afirmar que, por el hecho de contar con una facultad legal para ejercer la acción revocatoria, la superintendencia comprometa su neutralidad. Esta afirmación, basada en una hipótesis fáctica de ejercicio indebido de las funciones de tal institución, no basta para fundamentar un juicio de inconstitucionalidad. De hecho, gracias a tal legitimación la superintendencia puede promover, simultáneamente, los derechos de las dos partes confrontadas en el procedimiento, y hacer más cercana la posibilidad de recuperar la empresa, atendiendo siempre a las circunstancias objetivas que señala el artículo 91 de la Ley 222 de 1995. Por ello, tampoco puede alegarse que con la interposición de la acción revocatoria, la superintendencia actúe en detrimento del deudor.
Por las anteriores razones, la Corte rechazará los cargos formulados contra el artículo 146 de la Ley 222 de 1995, que será declarado exequible, únicamente en relación con el cargo formulado.
6. Solicitud de adición de la demanda.
El día 22 de agosto de 2000, el actor presentó un escrito adicionando la demanda. La Corte advierte que esta actuación fue extemporánea, y por lo mismo improcedente, ya que en virtud del artículo 45 del reglamento de esta corporación (Acu. 05/92), “el magistrado sustanciador sólo considerará las adiciones a la demanda que se presenten antes de que el expediente ingrese en virtud de reparto a su despacho”. En consecuencia, dicha adición no se tendrá en cuenta para efectos de la decisión.
Declarar EXEQUIBLE el artículo 146 de la Ley 222 de 1995, únicamente por el cargo formulado en la demanda que dio lugar a este proceso.
(Sentencia C-1143 de agosto 30 de 2000. Magistrado Ponente: Dr. Carlos Gaviria Díaz).

References: artículo 146
 artículo 333
 artículo 334
 artículo 115
 artículo 108
 artículo 91
 artículo 99
 artículo 103
 artículo 104
 artículo 189
 artículo 90
 artículo 116
 artículo 85
 artículo 146
 artículo 83
 artículo 91
 artículo 146
 artículo 45
 artículo 146