Source: http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/historia/soberana1/2_46a.html
Timestamp: 2018-01-18 07:58:53+00:00

Document:
Segunda parte de la sesion del del 19 de febrero de 1915, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Primera parte de la sesión del 19 de febrero de 1915
Deseo insistir respecto a la última objeción que hace el señor Soto y Gama; a que no pueden obligarlo a uno a votar. Si se consigna en el Reglamento que todo ciudadano delegado tiene obligación de votar y no quiere hacerlo, que entonces dejé de ser delegado; no se lo llevarán a la cárcel porque deje de votar; pero sí es una obligación, ya podrá hacerse que deje de ser delegado, como puede suceder con cualquier otro cargo. Supongamos, por lo que a mí respecta, que como Tesorero, naturalmente tengo que pagar las dietas de los delegados; si no las pago, no se me .puede obligar a hacerlo, pero me quitan de Tesorero.
Ahora voy a presentar un argumento a lo absurdo que es manifestar la inconveniencia que resultaría si se diera el caso contrario; es decir, que si se concede el derecho a cada uno de los delegados para salvar su voto, puede resultar que todos los delegados lo salven y no se pueda votar; es decir, que habrá asuntos en los que no haya votación.
Yo creo que este artículo debe pasar y que la Asamblea debe darle su aprobación a pesar de las objeciones del señor Soto y Gama, que no deben impresionarnos porque vengan de un hombre inteligente; debe aprobarlo la H. Convención, porque así evitará muchas dificultades.
Yo estoy conforme con el artículo tal como lo expresa la iniciativa; el voto es la sanción aprobatoria o reprobatoria de un asunto, y para fundarlo, voy a referir un hecho en el cual el señor Soto y Gama estuvo de acuerdo ...
Ha hablado antes un delegado en pro y va a hablar en estos momentos otro en pro también, y esto no es conforme al Reglamento.
El señor Menchaca pidió la palabra para aclaraciones, por esta circunstancia la Mesa se vio obligada a darle la palabra.
Decía yo que me iba a referir a un hecho en el cual el señor licenciado Soto y Gama estuvo completamente de acuerdo con lo expresado en este artículo. Cuando se nombran las Comisiones, creo que no todos los individuos que las constituyen, conocen suficientemente la materia sobre la cual van a deliberar o van a dar su aprobación o reprobación. Hubo un hecho y fue éste; alguna persona protestó de formar parte en alguna Comisión y el señor licenciado Soto y Gama dijo que no se necesitaba que tuviera conocimiento sobre la materia; que, con el sentido común y la honradez que debe caracterizar a todos los miembros de esta Asamblea, era suficiente para que diera su voto aprobatorio o reprobatorio, allí se ve claramente que al afirmar un dictamen, muchos lo hacen no porque conocen la materia que está a discusión, sino por sentido común, por honradez. Debemos también tomar en cuenta, o debemos concederle a todos los miembros de esta Asamblea, que tengan sentido común y que sean honrados. Si un asunto está a discusión, y en la discusión todavía no nace el convencimiento, ya sea en pro o en contra, muy bien ellos pueden manifestarlo diciendo que ese asunto no está suficientemente discutido, y así podrán formarse un criterio de lo que se trata, porque si vamos a atenernos a que tendremos siempre un absoluto conocimiento o no del asunto, me permito decir que en la mayoría de los casos que aquí tratamos, muchos de nosotros no votaremos.
Para rectificar un hecho, señor presidente.
El señor Menchaca me atribuye que alguna vez yo estuve de acuerdo con que podía un individuo en la duda, estar obligado a emitir su voto.
Ratifico el hecho en cuestión; pero entonces se trataba de una comisión que una persona no quería aceptar, no se trataba de un voto, sino de aceptar la intervención en un asunto que no requería conocimientos, sino que se trataba únicamente de una comisión para recoger fondos. (Voces: justo)
Eso depende de que todos los que no tenemos fe en los señores abogados, sabemos que muchas veces los legos tienen más criterio para saber de qué lado está la justicia que los señores abogados que ya tienen el criterio formado.
De manera que sostenía que no se necesitaban conocimientos jurídicos para saber si esta silla es del dueño del teatro o forma parte de la propiedad; los argumentos del contra son ociosos, porque esto es de sentido común. De modo que el señor me ha atribuido un hecho que yo no he asentado.
El C. Luis Valle
Me llama mucho la atención lo que ha dicho el señor Zubiría y Campa, que un delegado, al venir aquí, tenía el derecho de votar. Yo creo que tiene todavía más derecho para no votar; o si es que vota, ha de ser juzgado por la conciencia de que el asunto que está a discusión es de aprobarse. Dice un refrán que primero es ver y después hacer. Voy a poner un ejemplo y el señor Zubiría y Campa quedará más convencido; es el siguiente: creo yo que todos los señores delegados al venir acá, en nombre de sus representados, es indudable que piensan que diariamente tendrán que informarlos sobre los asuntos que se desarrollan en esta Asamblea; si es que no lo hacemos es por falta de comunicaciones; además, en los informes que se mandan a nuestros representados se les dará a conocer nuestro modo de proceder.
Vamos a suponer que se pone a discusión un asunto, el cual, por más que yo lo entienda, por más que yo haya oído hablar a los señores delegados del pro y del contra no está en mi conciencia que debe aprobarse; pues está en mi deber el no votar en nombre de mi representado, porque no lo consideraba suficientemente convincente.
Cuando me presente ante mi representado y éste me diga: ¿Se acuerda usted del asunto que en tal día se trató, por qué no votó usted? La razón es muy sencilla, no voté porque no voté, y él quedará convencido y yo no incurriré en error, pues estaba en mi perfecto derecho de venir a votar o dejar de hacerlo. Yo creo que no tiene razón el señor Zubiría.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta respetuosamente a esta H. Asamblea, si cree que el punto esté suficientemente discutido ...
Pido la palabra para aclaraciones ...
No está suficientemente discutido.
En mi anterior peroración expuse ampliamente los argumentos que habían motivado la inserción de este artículo, así es que voy a limitarme a refutar los razonamientos que han hecho algunas de las personas que han hablado en contra del mismo. Decía el señor Aceves que nosotros venimos aquí nada más con derechos y no con obligaciones, y yo me permitiría preguntarle: ¿Debe usted asistir a las sesiones, señor Aceves?
Entonces viene usted con obligaciones, con la obligación de asistir; el otro argumento, el de la intelectualidad, señores, yo pregunto a todos; cuando se inicia una reforma a nuestra Constitución, ¿se van a abstener ustedes de votarlas, sencillamente porque no conocen la ciencia del derecho constitucional? ¿No sería dejar incompleta una multitud de iniciativas por el simple hecho de consignar que la emisión del voto es un derecho y no una obligación? Y aquí voy a suplicarle al señor Soto y Gama se sirva atenderme en este argumento. Si no consignamos como una obligación la emisión del voto, las minorías, cegadas por la pasión, como acabamos de verlo hace poco, en un incidente trivial y baladí, se abstendrán de votar, simplemente por llevar en contra un voto negativo. No olviden ustedes que muchas resoluciones requieren el concurso de las dos terceras partes de la Asamblea.
Si otorgamos el derecho de abstenerse, yo les protesto que muchas resoluciones no se votarán. Por este motivo les suplico que consideren atentamente el asunto; es de suma trascendencia, de suma importancia.
La emisión del voto no puede ser un derecho, es una obligación, es función fundamental; sin la asistencia y sin la emisión del voto no habrá resoluciones.
Se me preguntaba, señores delegados, si yo tenía obligación de concurrir a la Asamblea; evidentemente que sí tengo obligación de concurrir, para defender derechos que represento, y defender derechos es una cosa y cumplir con una obligación es otra; al venir a la Asamblea no vengo como el mozo de canasta; no, señores, repito: vengo a defender derechos.
El señor licenciado Borrego dice que si un grupo se abstiene de votar, haría obstrucción. Evidentemente que sí; si un grupo de más de tres se abstiene de votar, su proceder no es honrado; es posible que dos o tres delegados se abstengan de votar, pero que determinado grupo se abstenga, es sencillamente falta de honradez.
Yo digo al licenciado Borrego lo siguiente: se acaba de preguntar si esto estaba suficientemente discutido; se declaró que no; si en igual caso la mayoría se levanta y dice está suficientemente discutido y diez señores delegados creen en su fuero interno que no está suficientemente discutido, a éstos se les diria que no había nada a discusión. De manera que uno, dos o tres individuos tienen derecho de abstenerse de votar, pero hacer un complot con determinado número de individuos para obstruccionar de la manera más descarada un asunto, repito que seria poco honrado ...
Después le cedo la palabra al ciudadano Caraveo. Vuelvo a repetir que al emitir mi voto creo que tengo derecho de hacerlo o no hacerlo, y el estar obligado por el hecho de que cuatro o cinco personas ilustradas voten en sentido afirmativo, o votar por él, porque cuatro, cinco o diez Aceves voten porque no, ¿yo también he de hacerlo?, haré lo que me dicte mi conciencia, lo que crea que sea honrado, y no admito obligación de decir si o no; puedo decir me callo y callado me llevan a la cárcel, pero no hablo.
Tiene la palabra en pro el ciudadano Luis González.
He pedido la palabra en pro, porque creo que el articulo a discusión es de suma importancia. Al venir aquí a la Asamblea, no solamente tenemos derechos, tenemos obligaciones y esas obligaciones vienen a concretarse precisamente en la votación, porque de otra manera no se podrá dar ningún fin a los asuntos; el abstenerse de votar seria sencillamente hacer que las discusiones que se emplean en los debates no tuvieran caso; se perdería el tiémpo y no haríamos nada de provecho en lo que tenemos que hacer. Al decir que algunos de los delegados se abstengan de emitir su voto, esto vendrá a dar graves resultados.
Si teniendo un asunto muy interesante se deja de votar, se quedaria olvidado, a pesar de su importancia, no se podría resolver nunca.
Por lo que respecta a los delegados que no quieran votar, porque no hayan entendido el asunto, tienen otros muchos medios de hacer que este asunto se discuta en otra forma, ya sea pidiendo que vaya a una comisión, para que lo aclare más, o que si no es de la competencia de la Asamblea pase a donde deba ir; pero no dejando de emitir su voto en aquellos asuntos, porque eso no vendrá a dar ninguna resolución y por tanto creo que el punto que tenemos a discusión vendrá a hacer que los trabajos que tenemos en el seno de la Convención, sean efectivos y no se pierda el tiempo discutiendo nada más asuntos de importancia, y al llegar a la hora de la votación, que es cuando se va a resolver el asunto, se abstengan de dar su voto, cuando se va a resolver la cuestión.
Honradamente debo confesar que después de haber oído las razones del pro han surgido en mí reflexiones que me han hecho cambiar de parecer; lo digo, repito, con toda honradez y no quiero sostener el contra con testarudez que nada justifica. (Aplausos)
Para una moción de orden. Me permito decir que no se puede dar la palabra dos veces seguidas en pro; en consecuencia, debe hablar uno en contra.
Había pedido la palabra el señor, en contra, y por esa circunstancia estaba inscripto en el contra; por este motivo tiene ahora la palabra el señor Pérez Taylor.
Yo estoy en todo de acuerdo con el artículo que se pone a debate; pero hay que formar el carácter parlamentario de todos los que acuden a cuerpos colegiados. ¿Qué prestigio puede tener una asamblea en que cada vez que se pongan en la palestra de la discusión temas verdaderamente trascendentales, ya sea desde el punto de vista nacional, ya desde el punto de vista económico, a la hora de la votación varios señores delegados, sea por ligas con estos u otros ciudadanos, sea por su carácter tímido, ya por desconocimiento del punto a discusión, se abstengan de votar? ¿Qué prestigio puede tener un cuerpo colegiado que esté integrado por individuos que no saben lo que se va a poner a discusión? Esto es sencillamente ridículo. Acabamos de presenciar un enojoso incidente de varios señores delegados que por no tener espíritu verdaderamente adiestrado en las luchas parlamentarias, por no tener carácter de hombres parlamentarios, perfectamente bien definido, en lugar de venir aquí a oponer su verbo a las opiniones del contra, han tenido que abandonar el salón. Señores delegados: esto es perfectamente ridículo. Todo individuo, en las asambleas como en los campos de combate, debe estar perfectamente preparado para la lucha.
Es cierto que al principio de la discusión puede uno no estar suficientemente ilustrado para poder votar, tratándose de algunos asuntos técnicos que se pongan a debate; pero yo creo, señores delegados, que todo el que tenga una pequeña dosis de sentido común, al final de la discusión ya está perfectamente definida, identificada, su manera de pensar con respecto a la discusión, y puede lanzar de una manera honrada su voto. Sería ridículo para un cuerpo colegiado, que a la hora de las discusiones, varios ciudadanos delegados, de la manera más triste, de la manera más amorfa e incolora, digan que ellos no pueden votar, que se abstienen de ello, y tengan que abandonar el salón; así, pues, ciudadanos delegados, yo os excito a que todos aquellos que estamos perfectamente identificados con la alta labor que tenemos en esta Soberana Asamblea Revolucionaria, tengamos que dar nuestro voto, ya sea en pro o en contra, perfectamente definido, porque eso es lo que estamos haciendo: formar nuestro carácter revolucionario, y si no vamos por esa línea de conducta, si nos trazamos subterfugios, si nos trazamos hipocresías, si nos trazamos una conducta que no es recta, con nuestra manera de ser, yo digo, ciudadanos delegados, que el día que esté frente a una prensa libre y satírica, el día que todas las galerías y todas las tribunas sean hombres conscientes de inteligencia, este Cuerpo colegiado quedaría sencillamente azotado por la pluma de cualquiera. (Aplausos)
El hermoso discurso del señor Pérez Taylor es todo un sofisma, pues se basa sobre un hecho falso; sería vergüenza que el Cuerpo colegiado, todo se abstuviera de votar; pero se trata de los que se van a abstener de votar, dos o tres, porque están en la duda, porque, por ejemplo: la Asamblea declara el asunto suficientemente discutido, y ese hombre no lo cree suficientemente discutido, porque no tenía los principios tan claros para declararlo; ese individuo dirá como el señor Aceves: me callo porque me callo, y si me meten a la cárcel y silban las galerías, respeto más mi conciencia.
Es un hecho falso que toda la Convención se abstenga de votar; son sólo dos, tres o cinco delegados.
Le cedo la palabra al señor Pérez Taylor, para que exponga el hecho.
Ya que el señor Soto y Gama hizo uso de la palabra, diciendo que estaba yo basado en sofismas, le digo que el mismo hecho que él presenta, tiene las mismas bases; su señoría dice que son tres, cuatro o cinco delegados los que pueden abstenerse de votar; este es el sofisma en que se basa, porque el mismo derecho que tienen esos cuatro o cinco individuos para abstenerse, pueden tenerlo veinte, treinta o la mayoría de la Asamblea. (Aplausos).
Tenía sobrada razón el señor licenciado Soto y Gama al expresar conceptos que, como se dice vulgarmente, me quitó de los labios.
El señor Pérez Taylor, como otros señores delegados, careciendo de argumentos, ha venido a pretender asustarnos con el coco de la abstención del voto. Este caso es muy raro, señores delegados, y aunque puede suceder que se abstuviera de votar un gran número, sería justificándose y no resultaría grave en el seno de la Asamblea. Pero ya que se presenta la ocasión, quiero rectificar la afirmación de varios señores delegados que en apoyo de sus argumentaciones pretenden hacer citas y contracitas del incidente ocurrido hace unos momentos, para afirmar, como creo que tengo obligación de hacerlo, que los señores delegados que protestaron contra la decisión de la Presidencia, estaban en su perfecto derecho y tenían sobrada razón al exigirle que diera un trámite correcto y no aquel que se reconocía como perfectamente indebido; observen ustedes conforme al dictado de su conciencia, y no quieran dar las razones que tuvieron para ausentarse de esta Asamblea, haciendo sólo constar que reconociéndoles la razón, yo no me ausenté con ellos, porque la Mesa cambió de proceder, es decir, porque la Mesa nos dio una razón.
El artículo a discusión es a todas luces malo y se puede analizar desde dos puntos de vista: desde el punto de vista moral y desde el punto de vista material: Si desde el punto de vista moral se quiere hacer la afirmación de que todo delegado tiene la obligación del voto, se hace entonces una afirmación y queda el artículo perfectamente inútil; no porque aquí sancionemos este artículo vamos a obligar aquí a los señores delegados a que en los casos de conciencia, que son los más graves, en los que el hombre debe hacer gala de honradez, se eximan de votar; de manera que la afirmación desde el punto de vista moral es inútil, porque afirmar equivaldría a señalar una de tantas obligaciones morales que tiene el hombre; pero desde el punto de vista material, sí es grave, porque sentar aquí, en un artículo del Reglamento, que todo delegado tiene obligación de emitir su voto, es sencillamente facultar a la Presidencia para un atentado.
Yo me quiero poner en el caso de que un delegado desea abstenerse de votar, y que se procede a la votación; el delegado dice o declara, obrando con perfecta conciencia: Señores: tengo dudas muy graves en mi fuero interno y me abstengo de votar. Entonces la Presidencia, para hacer ejercicio de este mal pensado y formulado artículo, le dice al delegado: Señor delegado, usted tiene la obligación de votar. El delegado le contesta a la Presidencia: Ahí está el caso grave. Señor presidente, no voto. Entonces la Presidencia. para hacerse respetar y hacer respetar el artículo, tendrá que verse en la dolorosa obligación de decirle a un hombre honrado, que se abstiene de votar por razón de conciencia, que salga del salón. De otro modo no veo cómo podrá imponerse el ejercicio de este artículo.
No voy a argumentar en contra de la osada afirmación del señor Zubiría y Campa, de que los que se abstienen de votar no son delegados; pero voy a exponer algunos casos concretos, que demostrarán abundantemente que el artículo no debe votarse, que debe ser rechazado. En alguna ocasión tuve la fortuna de interpretar los sentimientos de la mayoría de la Asamblea, proponiendo que los delegados marcharan a empuñar las armas, y el señor delegado Pasuengo me ha declarado que en este caso yo tenía razón, pero que una consideración, la de no darse cuenta completa de que si como resultado de mi proposición se disolvía la Convención, hizo que surgiera en él una gran duda, y viéndose en un conflicto se abstuvo de votar. El señor Pasuengo obró perfecta y honradamente. Si hubiera sancionado el artículo que estamos discutiendo, el señor Pasuengo se hubiera visto en el caso obligado de negarse a la excitativa del presidente, y éste se hubiera visto obligado a expulsarlo del salón; es decir, a expulsar a un miembro honrado de esta Asamblea.
Pero todavía se puede presentar un caso más importante; yo quiero suponer que alguien presenta una candidatura, y que hablan en pro de ese personaje varios delegados, con éxito; pero en el seno de la Asamblea existe uno de esos delegados -pongo por caso un doctor, un profesional cualquiera- que tiene conocimiento de la vida privada y que revela la condición moral del individuo a discusión, haciéndolo despreciable.
Ese profesional, no sólo por razones de moral privada, sino por razones personales, se verá en el caso de abstenerse de enunciar en el seno de la Asamblea, las razones que tenga para afirmar o declarar que ese hombre es despreciable, y sin embargo, contrariamente a la opinión de la Asamblea, puede hallarse en el caso de no votar por el individuo a discusión. ¿A qué se le obliga en este caso? ¿Se le va a exigir que vote? Resulta, pues, que el artículo es absurdo y yo estoy seguro de que si se cometiera el error de aprobarlo, no tendría sanción por los hechos, porque yo declaro que aun cuando haya compromiso de someterse a las decisiones de la Asamblea, no se opone a ellas el que me abstenga de votar.
Tiene la palabra en pro el ciudadano Zubiria y Campa.
Tiene usted la palabra para alusión personal.
Para una alusión muy importante y que ya me creo en el caso de contestar, ahora que la calma ha vuelto a esta Asamblea. Yo no quisiera que, en mi conciencia, ya que fui el atacado y agredido injustificadamente, quede que fui el culpable de los incidentes, como con mucha cortesía y corrección, lo acaba de dejar entrever el señor Cervantes. El señor Cervantes acaba de aludirme, diciendo que la Presidencia en cierto modo tuvo la culpa del incidente desagradable que ha surgido, y que los señores que se salieron tuvieron derecho para hacerlo. Voy a explicar al señor Cervantes y a la Asamblea, cómo estuvo el incidente, para que se juzgue quién tuvo la razón.
Nadie impugnó el trámite de que pase a la Comisión de Justicia; está en la conciencia de toda la Asamblea; el conflicto, fue posterior, señor Cervantes, y permítaseme hacer relación de los hechos, tal y como pasaron: Se da lectura a la comunicación del Secretario de Justicia, y después de que el Secretario, en virtud de esa comunicación, quiso tomar la palabra, porque quería producirlo verbalmente, el señor delegado Piña pidió la palabra para una moción de orden, diciendo que no tenía que hablar, y lo que pasó fue que preguntó la Secretaría, por orden del señor Montaño, si se le permitía al ministro de Justicia que diera lectura a su documento; sobre esto versó toda la discusión, y tan fue así, que algún señor delegado gritó con voz airada que eso no estaba en la orden del día; lo que quería decir era que se quedara en cartera, como otro documento cualquiera. De manera que la impresión de la Asamblea -y ésta es la impresión que tenía- era que no se debía permitir la palabra de parte de la Asamblea al ministro de Justicia, porque sería lo mismo que declarar que ya estaba vigente el parlamentarismo; tan es así, que sobre lo que versaba el debate, la prohibición de palabra al ministro de Justicia, que se dijo que se atropellaba al Presidente, al Ejecutivo, que el ministro de Justicia no era más que un empleado en esos momentos. La Presidencia juzgó que se trataba de provocar un incidente; sin motivo se me provocó y me provocó el señor Nieto, puesto que la cosa no era para tratarse en esa forma; había sido convenido por la Asamblea el asunto aquél, bien o mal si ustedes quieren, pero volvieron a traerlo al debate; ¿cuál era el objeto, máxime que había una orden del día? Vamos a volver a la orden del día, y la discusión hubiera versado sobre el trámite de Pase a la Comisión de Justicia; entonces hubieran estado en lo justo los que se salieron; pero esto lo vino a alegar el señor Piña después de la tormenta, como está acostumbrado; cuando ya estaba suficientemente discutido, impugnó el trámite; pero todos esos argumentos nada tenían que ver ya con el trámite de Pase a la Comisión de Justicia.
Yo tendré oportunidad, cuando llegue la vez, de explicar el porqué de esa animadversión de los señores Nieto, Palacios Moreno y Piña; se trataba de preparar el ánimo de la Asamblea contra mí, cuando solicité ciertas reformas; y esa animadversión se marcó más ahora. Esos ataques inmotivados del señor Palacios Moreno, ya los descubriré a su tiempo, con toda honradez; no se trata de mí, es un asunto muy serio, y por eso no me doy por aludido, porque estimo más los principios revolucionarios y mis deberes revolucionarios, que un incidente personal; pero quiero desde ahora poner en guardia a la Asamblea sobre la táctica, que estuvo perfectamente clara; creo de mi honor hacer esta explicación; que no quede sino como explicación, que ya contestaré a su tiempo.
Las expJicaciones del señor delegado Soto y Gama son buenas, según creo yo; nada más que hace una afirmación de un hecho que él supone, lo cual es proceder con muy mala lógica, no quiero llamarle mala fe; es una afirmación y la hago constar, sobre la actitud asumida por otras personas, afirmándolas, estableciéndola como una verdad, por el sólo hecho de que él la considera así.
Por lo que respecta a la justificación que pretende darle a su actitud, yo le hago presente que sí se reformó el trámite y que una gran parte del escándalo que se produjo fue debido a que el trámite era perfectamente malo.
No lo reconozco.
Pues si no lo reconoce, yo le afirmo que era malo y estoy dispuesto a demostrarlo; se habla de atropellos por la reclamación del trámite, porque ese asunto no tenía, como debía tener, la sanción del Presidente de la República, ni la iniciativa o la firma de uno de los delegados, para tener apoyo en esta Asamblea.
Dice el señor Cervantes que yo reconozco que el trámite era infundado; no puedo reconocerlo cuando era fundado, y era fundado por una razón, porque el señor Fierro se levantó e hizo suya la proposición del señor ministro de Justicia; de tal suerte que, con o sin carácter de ministro de Justicia, sino con el carácter de simple particular, simplemente por estar apoyado el señor Gómez con la firma del señor Fierro, era justo que debía pasar a la Comisión de Justicia. Más todavía: la Presidencia tiene pruebas ahí de que no ha sido derogado el artículo transitorio y está vigente el parlamentarismo.
Además, el señor ministro de Justicia aseguró que tenía autorización del Presidente; pero la razón fundamental es la que se expuso diciendo que la proposición debía pasar a la Comisión de Justicia; yo la pasé a la Comisión de Peticiones, pero, ¿para qué echarse la odiosidad de un grupo y declararse parcial en una cuestión de Comisiones de más o de menos? No había objeto.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, con todo respeto pregunta si la Asamblea considera suficientemente discutido el artículo 25, que está a debate.
Los que lo consideren así sírvanse ponerse de pie.
En votación económica se pregunta a la H. Asamblea si lo aprueba.
Que se modifique en el sentido de la discusión.
Artículo 26° Será necesario el voto de las dos terceras partes de la Asamblea para declarar que un asunto es de urgente y obvia resolución. Igualmente será forzoso dicho voto en los casos que fijen las leyes. En todos los casos, para decidir cualquier asunto bastará el voto de la mayoría de los delegados presentes.
No tiene discusión; ¡si en el ánimo de toda la Asamblea está aprobarlo!
Artículo 27 y último. Cualquier delegado que tenga interés personal en un asunto, se retirará luego que llegue la hora de votar.
¿Algún ciudadano delegado desea hacer uso de la palabra?
Yo me opongo, señores delegados, a este artículo, porque me parece indebido consignar que un delegado que tenga interés personal en un asunto, se retire a la hora de la votación. Se comprende fácilmente que, llegado este caso, cualquier individuo que se estime en algo se retirará; así es que yo pediría que se suprimiera el artículo.
Yo creo, señores delegados, que desde el momento en que el fondo del artículo 25 ha sido reprobado por la H. Asamblea, el artículo 27, que está perfectamente en consonancia con la reforma que se le ha hecho al artículo 25, debe aprobarse, pues así como en la actualidad se encuentra en el Reglamento Interior de esta Soberana Convención el artículo 27, que está en perfecta contraposición con el artículo 25, que se había aprobado allí, desde el momento en que en el artículo 25 ya se permite a los delegados salvar su voto, el artículo 27, que dice: cualquier delegado que tenga interés personal en un asunto se retirará luego que llegue la hora de la votación, está perfectamente con el artículo 25 reformado.
¿Algún otro ciudadano delegado desea hacer uso de la palabra?
La Comisión se reserva el derecho de contestar a lo último.
Tiene la palabra en contra el ciudadano Orozco.
Señores delegados: dice el artículo 27 del Reglamento Interior (Lo leyó)
Como es natural, señores, cualquier artículo de este Reglamento es una obligación para los delegados, y yo no encuentro por qué razón se va a imponer a un ciudadano delegado la obligación de retirarse del salón en el momento de ir a verificarse la votación; más aún cuando el artículo 25 ha sido rechazado, precisamente para que el delegado tenga derecho a emitir su voto o no. Si tiene derecho a emitir o no su voto, y tiene derecho de abstenerse de votar, sale sobrando ese artículo; si un artículo anterior dice que puede permanecer en el salón y decirle a la Mesa que se abstiene de votar; de manera que yo creo que este artículo es atentatorio ...
Como miembro de la Comisión y para aclarar un hecho, pido la palabra.
De manera que este artículo coarta la libertad a los delegados ...
Como miembro de la Comisión y para aclarar un hecho que pesa en el seno de la Comisión, y el señor Borrego me dará la razón en ese punto, cuando nos objetó, entre otras cosas, el caso del interés personal, entonces los señores miembros de la Comisión comprendieron que para salvar ese sistema después de haber obligado a un individuo a que votara, siempre tenían necesidad de arrojarlo fuera del salón, si ese individuo tenía interés personal, porque no se podía abstener de votar y debía votar por el mismo interés personal; la solución para el sistema que habían ellos adoptado, era sacarlo del salón; pero ese artículo es contrario al 25; suprimiendo éste se suprimirá el 27. Ustedes recordarán cómo para salvar la cuestión de la abstención del voto, se puso el artículo 27.
Este artículo tiene mayor alcance del que supone el querido compañero señor Soto y Gama. Todos tenemos la presunción de ser hombres honrados, mientras no se pruebe lo contrario; pero dentro de la condicionalidad humana puede haber hombres no honrados, y voy a poner un ejemplo: supongamos este caso, para que se vea la aplicación de este artículo, supongamos que se trata de la fundación de un Banco, supongamos que tengo interés en este asunto, como apoderado de ese Banco, y me callo el manifestarlo; el señor Pérez Taylor sabe que soy apoderado y que tengo interés personal en este asunto; entonces me dirá: retírese usted, porque tiene interés personal en el asunto; si no, lo consignamos a quien corresponda.
Yo soy el primero en creer que todos somos honrados; pero en la posibilidad humana cabe que haya algunos que no lo sean.
Efectivamente, cuando se discutió este artículo me opuse a las razones dadas por el señor delegado Cervantes, pero por no alargar la discusión convine en que se pusiera así, por las razones que me dio el señor licenciado Borrego y porque no vi para qué seguir insistiendo sobre mi modo particular de pensar; se dijo: como ni usted ni nosotros estaremos comprendidos en el artículo, vamos poniéndolo, y dije: ¡pues pónganlo ustedes!
Los dos señores delegados que acaban de opinar, establecen este principio: dado que por la supresión del artículo 25 un delegado puede abstenerse de votar, permaneciendo en el seno de la Asamblea, quieren los señores ponentes que, porque puede haber un hombre poco honrado -que es la excepción- en el seno de la Asamblea, se imponga a los muchos honrados -que es regla general- el bochorno de que no puedan permanecer en sus asientos, sino que tiene que expulsárseles del seno de la Asamblea; juzgue la Asamblea de esa forma de razonamiento.
No habrá más que dos medios, señores: o retirarse o abstenerse de votar, y si al señor Cervantes le parece, que se abstenga de votar, no tengo inconveniente; lo único que quiero es que esta Asamblea tenga derecho para decirles: señor don Fulano de Tal: usted tiene interés en este asunto, porque es apoderado de tal compañía, absténgase de votar o retírese del salón; no creo que eso sea bochornoso, ¿acaso no tiene un delegado derecho de representar a una Compañía para tal o cual iniciativa? Lo que puede suceder es que no tenga la honradez bastante para decir: Soy apoderado del autor de esta iniciativa y, en ese caso, que la Asamblea tenga el derecho de decirle: Absténgase usted de votar o retírese. Ese es el caso a que se contrae esto, Si el señor Cervantes quiere que se ponga: Absténgase de votar se pondrá, pero tan bochornoso es decirle: Absténgase de votar, porque tiene interés personal, como decirle que se retire, con la simple omisión de manifestar que tiene interés personal en el asunto; ya el acto de la abstención o del retiro es bochornoso.
Pido la palabra para una aclaración: Decididamente el señor Borrego no quiere perder, porque quiere, vuelvo a repetir, ya no el bochorno de que salga del salón, sino que quiere que la Mesa o cualquiera de los delegados, en virtud de este artículo, le haga a una persona delicada esta advertencia inoportuna y grosera: Señor, como usted está interesado en el asunto en cuestión, cuando venga la votación se tendrá que abstener de votar. Y ese señor, con toda justicia, si la Mesa le hace esa advertencia, le dirá: Usted procede incorrectamente al hacerme esa advertencia, sin saber que yo de antemano tengo el derecho de abstenerme de votar.
El señor Cervantes no ha leído entonces el artículo; dice terminantemente: luego que llegue la hora de votar, no antes; es decir, que si en el momento de la votación permanece sentado y el señor Cervantes sabe que tiene interés esa persona, es el momento oportuno de decirle: absténgase usted de votar.
Para un hecho:
El señor licenciado Borrego dice que hay que estipular en un artículo el derecho de decirle a una persona: está usted obrando mal; y yo, con el artículo o sin él, a la hora en que vea que se procede, no necesito el artículo para decírselo. De manera que debe suprimirse, porque es redundante del otro.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta a la Honorable Asamblea, si lo considera suficientemente discutido.
En votación económica se pregunta si se aprueba; los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse de pie.
No se aprueba; rechazado.
Pasa el proyecto a la Comisión de Estilo para su corrección e impresión. (Voces: Orden del día)
Del estudio del expediente de la señora Elena Plancarte viuda de Escalante, resulta perfectamente comprobado que su esposo falleció sosteniendo al Gobierno legítimamente constituido, y en vista de los antecedentes políticos del finado, la Comisión opina que debe dársele a la solicitante lo que pide, en calidad de asignación, mientras las Cámaras sancionan pensiones.
Sala de Comisones de la Soberana Convención Revolucionaria.
Está a discusión. (Voces: Se aprueba)
Se suplica a los señores delegados que pasen a inscribirse, ya sea en pro o en contra del dictamen.
(Para una moción de orden) Puesto que no hay nadie inscrito en contra, sino en pro, no hay discusión.
Todavía no pasan a inscribirse los señores delegados.
Por orden de la Mesa se vuelve a dar lectura al dictamen de la Comisión de Guerra. (Lo leyó)
La misma Mesa, por conducto de la Secretaría, suplica a uno de los miembros de la Comisión, se sirva dar un informe, un poco detallado, a efecto de evitar la lectura del voluminoso expediente, porque algunos señores delegados quieren tener datos sobre este asunto.
Como miembro de la Comisión, diré unas cuantas palabras, resumiendo lo que el expediente habla en favor de lo que solicita la señora Plancarte.
El señor Salvador Escalante, su esposo, como dice la solicitud, murió defendiendo al Gobierno, legítimamente constituido, a que ella se refiere, y que fue el del señor Madero; murió, según informe de todos los documentos, el 23 de enero de 1912, es decir, en pleno Gobierno maderista; todos los certificados que adjunta la señora para apoyar su solicitud, y que vienen de los jefes con los cuales militó su esposo, abonan su buena conducta y dicen que siempre cumplió con su deber. (Aplausos)
La viuda del señor Escalante quedó en la desgracia desde que su marido perdió la vida en el pueblo de Huetamo. El señor Salvador Escalante fue un gran luchador; en 1910 fue el primero que se levantó en Michoacán, en el pueblo de Santa Clara e inmediatamente formó grandes núcleos de revolucionarios; prestó grandes garantías a la sociedad, fue un hombre de positivo orden, fue el iniciador de la Revolución en Michoacán, y tuvo grandes triunfos durante su carrera militar, y creo de perfecta justicia que a la familia de ese militar se le conceda alguna pensión, porque con su muerte perdió al único sostén que tenía para su familia; tiene hijos que son bastante jóvenes; hay uno que es militar, pero su grado no le da lo suficiente para mantener a la familia, que es numerosa. (Aplausos)
Por lo tanto, ruego a la Asamblea que se sirva aprobar este dictamen. (Aprobado)
Tiene la palabra, en contra, el ciudadano Montaño.
Si me he visto en el caso de pedir la palabra en contra del dictamen, es precisamente, porque la persona a quien se mienta en ese mismo dictamen, tomó las armas contra la Revolución, es decir, tomó las armas en favor de la Revolución de 1910, pero, cuando nosotros no reconocimos los convenios de Ciudad Juárez, ese individuo vino a luchar aquí, y luchó contra todos aquellos que sostuvimos el Plan de San Luis Potosí. En consecuencia, debo manifestar a la honorable Asamblea, que no es cierto verdaderamente, que haya muerto defendiendo a la Revolución, murió defendiendo un Gobierno, pero no defendiendo el Plan de San Luis, y debo manifestar también, a ustedes, que éste violó los principios de dicho Plan.
Debo manifestar, igualmente, que si vamos a decidir que debemos pensionar a las viudas de los que lucharon contra las ideas revolucionarias del Plan de San Luis, en vez de las viudas de los que han luchado en la actualidad, ¿cómo van a alcanzar los dineros del pueblo para pensionar esas viudas? Nosotros levantamos el estandarte del Plan de Ayala, y ¿cómo vamos a pensionar a todas las viudas, cuyos esposos murieron? Tendría que pensionarse a las de Figueroa, de González, a las de aquellos que vieron quemados los hogares y calcinados nuestros pueblos, y habría que pensionar a la viuda, hasta del mismo Juvencio Robles, puesto que defendió al Gobierno constituido; en una palabra, tendría que pensionarse a todos los asesinos del pueblo de Morelos, y a los asesinos, no sólo del pueblo de Morelos, sino de toda la región suriana.
Es verdaderamente patético que aquellos soldados que tomaron las armas en 1910 se levantaron contra nosotros, ¿por qué? Por la sencilla razón de que sostuvimos con tesón, con entereza, los principios del Plan de San Luis; después, cuando nosotros proclamamos el Plan de Ayala, cuando dimos a conocer de una manera clara y perfecta nuestras tendencias, aquellos hombres lucharon contra nosotros; lucharon en Michoacán contra aquellos revolucionarios de buena fe, que nos secundaron, contra aquellos revolucionarios de buena fe que pelearon por los mismos principios que nosotros sostuvimos; y ese soldado, que se dice, que murió defendiendo al Gobierno constituido, es uno de aquéllos; murió defendiendo al Gobierno constituido, pero no defendió los principios, las ideas de la Revolución; si se apega uno a la verdadera Revolución; si se apega uno a la justicia como he dicho antes, no le debe conceder pensión a todos aquellos que lucharon en contra de nosotros; precisamente de las ruinas del pueblo de Morelos, de las cenizas de la ciudad, de las tumbas, brota una voz aguda, brota la voz de los muertos, y brotan las lágrimas de las viudas y de los huérfanos, protestando siempre que se concedan pensiones a los asesinos del pueblo, siempre que se concedan pensiones a los que verdaderamente quieren encadenarnos, siempre que se concedan pensiones a todos aquellos que sucumbieron no defendiendo a la Patria, sino defendiendo aq los déspotas. (Aplauos y siseos)
Para una aclaración, señor Presidente.
Debe ser rectificación de hechos.
Como firmante del dictamen, voy a hacer una aclaración.
Como firmante del dictamen, tiene usted derecho.
Lo que solicita esta señora viuda, no es que se le asigne una pensión, sino que se le continúen proporcionando ciertos elementos, puesto que esta pensión ya le había sido concedida desde antes; la pensión parece que le fue concedida desde el tiempo del señor Madero; el Gobierno de Huerta, a pesar de ser enemigo del Gobierno maderista, reconoció la justicia que tenía esta señora para solicitar esta pensión y accedió concediéndosela; el Gobierno de Carranza también consintió y le estuvo pagando esa pensión; pero, con los últimos trastornos y el desbarajuste que ha habido a últimas fechas, como todo está fuera de orden, no se podía entregar esa pensión, que le había sido asignada, por lo cual hace la moción en el sentido en que se le ha dado lectura hace un momento; es decir, que en alguna forma se le ayude para su subsistencia.
¿Es usted miembro de la Comisión?
El C. Rarnírez Wiella
Entonces, no, señor, entonces no hay derecho mas que para pedir la palabra para mociones de orden, rectificaciones de hechos o interpelaciones a la Comisión; ese es el artículo aprobado.
Como hay varios inscritos, me parece más justo y más ordenado que hablen primero los inscritos.
Para la rectificación de un hecho, relativo a la discusión.
Por motivos que debo expresar, no quiero tomar la palabra en pro; tengo algún parentesco muy íntimo con la señora solicitante y ni siquiera conocía la solicitud de ella, y, por motivo de ese parentesco, me constan dos cosas: que él fue el que se levantó primero, que su hijo combatió contra el golpe de la Ciudadela, habiendo sido herido en la calle Ancha; de ahí, Huerta lo mandó entonces al Norte a pelear, y él se fue de las filas, en donde se lo llevaban por la fuerza, porque fue de las pocas fuerzas maderistas, y se pasó al campo contrario. Esos son los hechos.
Yo estaba inscrito.
En el momento de entrar a la Presidencia y leyendo la segunda lista, me encontré con lo que indica el señor delegado; pero la Presidencia no se dio cuenta desde luego de que usted la había pedido antes; sin embargo, creo que le ha cedido la palabra al señor Pasuengo.
Pero creo que el señor iba a hablar en contra.
En pro va a hablar.
El objeto de haber pedido la palabra, en pro de ese dictamen, es seguramente porque tengo mis razones bien fundadas. En el expediente se dice, y así lo informó el señor doctor Menchaca, que el señor Escalante murió defendiendo al gobierno constituido. Es efectivo que el gobierno del señor Madero fue constituido, y no un gobierno usurpado. Todos los que en el Norte reconocimos al gobierno constituido peleamos contra el orozquismo que se pronunció contra él; yo fui uno de los que combatí, y si yo hubiera muerto en la campaña contra las huestes orozquistas, sin duda, que, según su manera de pensar, mi buen compañero el señor Montaño, diría: ese murió allá, defendiendo al gobierno constituido de Madero, luego murió combatiendo al pueblo.
No, señor, el pueblo se equivocó al haber aprobado, según él, que el Presidente fuera electo; pero fue electo justificadamente por el pueblo y por el pueblo de México, fue Presidente el señor Madero y si el señor Madero fue Presidente electo por el pueblo, no tuvo ninguna culpa en que el pueblo se hubiese equivocado.
Si el señor Escalante combatió no estaba en ninguna manera fuera de la razón ni fuera del derecho; yo combatí contra el orozquismo y hubiera combatido contra el zapatismo en aquel tiempo; hoy no, pero en aquel tiempo hubiera combatido, porque era mi deber defender al gobierno constituido que, efectivamente, tenía la ley, y por eso me ardió, es decir, me llegó a lo íntimo de mi alma la usurpación del asesino Huerta; precisamente porque se asesinó al presidente legítimo, tal vez el único que había tenido México, y el esposo de la solicitante, es muy cierto que murió cumpliendo con un deber y es muy cierto también, que, por humanidad y por derecho, debemos tener un rasgo de conciencia y de deber también para admitir que se le ayude, no con una pensión, como dice allí, sino con una ayuda aisladamente, tal vez, pero que sea ayuda; y no solamente a ella, a todas las viudas de aquellos miserables que hayan ido a combatir contra nosotros, en el gobierno del mismo Huerta, porque muchos iban, los llevaban a fuerza y allí morían, sin tener ellos en su conciencia la razón de pelear contra nosotros; pero allí los tenían, y cuando no los matábamos, los mataban los mismos huertistas, porque los hacían entrar a la guerra así en esa forma; pero ese hombre murió en el cumplimiento de un deber, y yo me opongo a todo lo que dice el señor Montaño, porque está fuera de toda razón, de todo juicio; no tiene ni siquiera juicio moral lo que dice, porque es muy cierto que tuvimos un presidente legal, aunque usted no quiera, mi querido amigo, tuvimos un presidente legal de la República. (Aplausos)
Antes de concederle la palabra al señor Montaño, voy a suplicarle que, como es un punto sumamente escabroso, y todo el mundo sabe que está perfectamente dividida la opinión y que tantas convicciones tienen unos como otros, se abstenga de tratar el punto, haciendo alusiones personales; no hay que referirse al general Pasuengo, como él se refirió al general Montaño, sino tratar el punto en lo general. El señor Pasuengo nunca convencerá a los antimaderistas de que Madero debió perpetuarse en el poder; ni nosotros, los antimaderistas, convenceremos nunca al señor Pasuengo de que el pueblo tenía razón para rebelarse contra un presidente que faltaba a sus promesas; el asunto es histórico; desde luego, yo le suplico calma, porque es asunto que nos puede dividir mucho.
Unicamente voy a concretarme al punto, haciendo a un lado las alusiones personales, pero sí voy a inmiscuirme dentro del orden de los principios ... (Una voz: ¡Disparate!)
Puedo manifestar que no es un disparate, porque estoy dentro precisamente de los principios, y uno de los principios establecidos y aceptados en el seno de esta Asamblea, es que se pensionará a todas las viudas y huérfanos de los que hayan luchado por dichos principios revolucionarios del Plan de Ayala, y, en consecuencia, estoy verdaderamente dentro de los principios que ha juramentado la Convención en Aguascalientes.
Debemos desechar de plano ese dictamen, porque no es moral despilfarrar los dineros del pueblo; no es honrado distribuir en esa forma los caudales de la Nación, cuando la Nación tiene tantas necesidades y atraviesa verdaderamente por un mar de miserias y de angustias.
En consecuencia, señores, si nosotros vamos pensionando a todos los que cumplieron con su deber, teniendo en cuenta cuántos de los nuestros han sucumbido desde 1910, no alcanzarian todos los tesoros habidos y por haber para pensionar a las viudas de tantos muertos.
El principio que invoco en estos momentos es verdaderamente racional, porque la H. Asamblea lo ha aceptado; y bajo ese fundamento, yo me he permitido realmente pedir que se deseche ese dictamen, porque es una inmoralidad conceder pensiones a quienes no se deben conceder; vamos a entrar así al terreno de las canonjías, de las prebendas, al terreno de Porfirio Díaz, de Huerta y sus camarillas.
Yo creo que no debe aceptarse el presente dictamen; nosotros tenemos miles de viudas y de huérfanos de hombres que realmente han peleado con heroísmo y con un tesón verdaderamente admirable y que hoy atraviesan por la miseria y por la angustia, que verdaderamente debían provocar la conmiseración, no sólo del pueblo del Estado de Morelos, sino del de toda la República; el Estado de Morelos está convertido en un montón de ruinas, en un montón de cenizas y, sin embargo, las mujeres del Estado de Morelos -y voy a referirme en este caso a las mujeres del Estado de Morelos, teniendo en cuenta el sacrificio que hace el pueblo mexicano- ustedes han visto que nos han ayudado; no han venido a pedir nada a la Asamblea, teniendo en cuenta las necesidades por que atraviesa el pueblo.
Nosotros tenemos millares de viudas y huérfanos, las viudas lloran las muertes de sus esposos, los huérfanos lloran las muertes de sus padres; sin embargo, jamás, a pesar de esas miserias por que atravesamos, no han venido, ni han solicitado nada absolutamente, porque comprenden nuestra mala situación social, porque comprenden que no tenemos fondos, porque comprenden la miseria en que estamos; y nuestras mujeres de Morelos, como todas las de la región del Sur, cuando sucumbieron sus hijos, sus esposos, en vez de llorarles, les han entonado un himno; en vez de pedir a la Patria algo, hacen esfuerzos para ayudar a los combatientes, hacen esfuerzos para ayudar al pueblo; no vienen a pedir limosna, no vienen a pedir asignaciones; las pedirán a su debido tiempo, cuando convenga; nosotros, que hemos encabezado la Revolución morelense, seremos los primeros en pedir a la Patria para esas viudas y para esos huérfanos, que realmente merecen la asignación; pero a esas viudas y a esos huérfanos que, realmente, al concedérseles una pensión, una asignación, se cumplirá con los principios que se han ofrecido al pueblo, y al cumplir con lo que se ha ofrecido al pueblo, creo que ese pueblo nos dará un aplauso, porque le hemos ofrecido desde un principio; mientras que las viudas que vienen a solicitar aquí esa asignación, no tienen en consideración las miserias por que atraviesa el pueblo, no tienen en consideración que las arcas del Tesoro Nacional están completamente exhaustas, no tienen en consideración que estamos en un conflicto horroroso, no tienen en consideración que, si bien es cierto que sus hijos, sus esposos (quien haya sido el señor Escalante), sucumbieron defendiendo al gobierno constituido, así sucumbieron muchos en esa época, y, ¿acaso reclaman pensiones, acaso reclaman indemnizaciones, acaso vienen aquí a solicitar algo?
Nada absolutamente solicitan, porque comprenden que primero, antes que todo, antes que las pensiones, antes que todo eso que solocitan, está la Patria, y el deber nos incumbe de hacer sacrificios inmensos y hacer sacrificios de tal manera que no nos manifestemos como los israelitas, adoradores del Becerro de Oro; nosotros somos por el contrario; hoy es cuando a todo el mundo, desde la mujer al niño, desde el niño al anciano, y desde el anciano a todos los hombres, nos incumbe el sostener la Gran Causa, para que no vayamos al desastre, para que no rodemos al abismo; hoy es cuando se necesita de todas las colectividades, desde los humildes hasta las medianías y, en general, de todas las masas populares; debemos dar un impulso grande y poderoso para que nuestra causa triunfe, para que los principios se hagan efectivos y para que la redención del pueblo no sea burlada.
Esos que piensan en solicitar, desde luego que ven que se anuncia el triunfo; que solicitan concesiones, que solicitan dinero, ésos no tienen otra conciencia más, que la conciencia del dinero, y yo me opongo terminantemente a que se acepte ese dictamen, y creo que la H. Asamblea, aceptándolo, no sería moral, sino perfectamente inmoral; porque, señores, nosotros no venimos a despilfarrar los dineros del pueblo; nosotros no vamos a conceder pensiones personales, nosotros no vamos a hacer asignaciones a una persona; cuando lo hagamos, lo haremos a todas las viudas, no sólo para una viuda; porque no debemos hacerlo; adoptemos principios generales; que, cuando salgan dineros de las arcas de la Nación, para proteger a las viudas, salgan, no para una, sino para todas las viudas, para todos los desheredados, para todos los huérfanos, para todos los mártires y los héroes que sostuvieron el pendón de la Revolución. (Aplausos)
Miembro de la Comisión:
Hago uso de la palabra, para hacer constar que desde un principio no fui de la opinión de firmar el dictamen que teníamos a discusión; pero, en vista de que el general Casarín dijo que lo creía bueno, y porque el dictamen ya estaba hecho (porque no fuimos nosotros los que lo hicimos), lo firmamos, aun en contra de nuestra misma voluntad. Yo fui de opinión de que el dictamen debía estar en otro sentido, y de que en la forma que tenía debía retirar la firma, porque no creía honroso darle una pensión a la viuda de un ex federal ...
No fue ex federal.
El C. Ledesma (continuando)
Así es que, de acuerdo con el compañero Menchaca, que es el que está presente, presentamos la proposición de que se permita retirar el dictamen.
No señor, yo no estoy de acuerdo; yo soy responsable de la firma que puse en el dictamen. (Aplausos)
La otra vez que se me presentó el dictamen, firmado por el general Casarín, por el señor Menchaca, y por mí, sin consultarme fue retirado y presentado en otra forma.
Se presentó el dictamen a que se refiere mi compañero, y que dice que se presenta reformado y con otras firmas, porque, no estando él presente y estando presente el miembro propietario de la Comisión de Guerra, éste con mucho derecho, pudo estampar su firma en el dictamen reformado.
Me permito suplicar a los señores de la Comisión, que no extravíen el debate. Como el señor Casarín y algún otro miembro de la Comisión no están presentes, y sólo un miembro pide que se retire el dictamen, no puede preguntarse si se retira el dictamen; por tanto, continúa la discusión, y tiene la palabra el señor Marines, en pro.
No es posible concedérsela.
El señor Montaño no conoció al señor Escalante, ni se ha dado cuenta de la solicitud de su viuda; dice que el señor general Salvador Escalante murió combatiendo los ideales del Plan de Ayala; no es exacto. Yo conocí perfectamente al general Escalante; en 1910 fue Jefe de las armas en Uruapan, y era un revolucionario de primer orden. Cuando el que regentaba el gobierno era el doctor Silva, y Presidente de la República el señor Madero, el doctor Silva tenía especial interés de llevar a cabo los principios del Plan de Ayala, y si el general Salvador Escalante, como todos en Michoacán, lo apoyaba, fue porque era un verdadero partidario de los principios que proclamaba el Plan de San Luis, reformado en Tacubaya y Villa Ayala; tanto más cuanto que en aquel tiempo en Michoacán surgieron algunas partidas reaccionarias, y si el general Salvador Escalante las combatió, fue porque se dio perfectamente cuenta de que esas partidas se oponían a la implantación de los ideales del Plan de San Luis Potosí.
La viuda no viene a solicitar una pensión, la tenía ya; lo que viene a pedir es que no se le retire. En consecuencia, es claro que el general Escalante era un maderista de primer orden, que no vino combatiendo contra los revolucionarios del Sur y que si peleaba en aquellos tiempos era por la realización de los principios del Plan de San Luis Potosí. (Aplausos)
Tiene la palabra, en contra, el ciudadano Lecona.
Siendo consecuente con uno de los conceptos más bien fundados, uno de los conceptos más firmes de mi estimado compañero el general Montaño, me voy a permitir proponer a ustedes el que se retire ese dictamen, modificado en el sentido de que sí se le conceda a esta señora viuda del señor Escalante, que yo no me meto a averiguar si será un mártir, un héroe, un apóstol o un infidente; cualquiera que haya sido la comisión, me presta bastantes garantías para creerla honrada y que ha dictaminado en conciencia; pero, repito, que haciéndome eco de uno de los conceptos más bien fundados del señor Montaño, me permito proponer que se retire el dictamen y se presente reformado en el sentido que queda impreso, para cuando las circunstancias cambien, porque, efectivamente, señores delegados, la caridad es muy hermosa, nadie lo va a negar; pero la caridad bien entendida, debe comenzar por casa.
El señor general Montaño ha significado, nos lo ha dicho con claridad, lo ha significado de una manera bastante tierna, bastante profunda: el Estado de Morelos tiene hambre atrasada, y no sólo por cuestión de la Revolución, sino por causa de los tiranos, de los latifundistas, de los hacendados, de los reaccionarios, que expoliaron en tiempo atrás al pueblo; tiene hambres atrasadas y tiene hambres presentes, y quizá hambres venideras, porque no estamos seguros todavía del próximo triunfo de la causa; y, en esa virtud, siendo de justicia dar a aquellos que lo necesiten, me permito proponer y creo que estará en la conciencia de todos el que se aplace que se dé a esta señora la cantidad que solicita o la pensión para cuando las circunstancias cambien.
¿Cómo vamos a dar lo que no tenemos?
Verdaderamente es cierto lo que dice el señor Montaño, es inmoral; si no damos de comer a los soldados en el campo de batalla, ¿cómo vamos a dar una pensión a una persona que ha comido bien? ¡A no ser que se ponga el argumento de la otra noche, que es una viuda de 60 años y hay temores de que se prostituya! (Risas)
Habiendo hablado tres oradores en pro y tres en contra, se va a preguntar si está suficientemente discutido.
Pido la palabra, para rectificación de hechos.
Como han hablado ya tres en pro y tres en contra, el deber de la Mesa es preguntar si está suficientemente discutido.
Como miembro de la Comisión: Para proponer que, en vista de que los otros compañeros de Comisión no se encuentran presentes y, además, la Asamblea ya se encuentra abandonada por muchos señores delegados, se aplace la discusión del dictamen.
Se va a preguntar si está suficientemente discutido.
El señor Escalante fue un revolucionario de ideas puras. Levantarse después de los hechos de Victoriano Huerta, no tienen ningún chiste; cualquiera que ve que se comete un asesinato, un delito tan grande como no se había registrado en nuestra historia, porque es el borrón más horroroso que sobre ella vino a echar ese bárbaro, se siente movido a hacerlo; pero en el tiempo de Porfirio Díaz, cuando no teníamos más cerebro que un hongo y todos creían que no había otro más que él, ponerle el cascabel al tío aquél, sí tenía gracia; y el señor Esealante no vaciló, se levantó en armas e hizo la Revolución, de una manera honrada, decente.
Ahora pregunto a ustedes, ¿qué, nosotros, los que aquí estamos, mañana o pasado no podemos dejar una viuda? Y los soldados que nos escuchan, los que están en la8 galerías, ¿qué dirán? Si saben que hay auxilios, dirán mañana al ir a pelear: Sí, mi viuda está al pelo; mi viuda queda perfectamente garantizada.
Nosotros, si se atraviesa un rico con cinco automóviles, se los quitamos; y si viene un pobre y nos dice: dame pan, le decimos: espérate, hermano, todavía no es tiempo, es muy temprano. ¿Cuándo es tiempo, entonces? (Aplausos)
Nosotros necesitamos que el Erario esté en condiciones de darle al pobre, y nosotros nos preocupamos por hacer pedazos a ese mismo Erario teniéndolo en nuestras manos; para nosotros está listo el Erario, para el pobre no, y, ¡somos los caritativos! (Aplausos)
¡Pobres viudas y pobres hijos de todos los revolucionarios, cuando vengan a substituirnos! Levantarse por el hecho de un delito cometido por Victoriano Huerta, no tiene chiste; levantarse en tiempos de Porfirio Díaz, cuando se creía que él sólo era el más allá en Oaxaca, que era la tierra de los presidentes, y que no podía haber más presidentes que de allí, eso era gracia; los revolucionarios de entonces tienen más méritos que los revolucionarios de ahora.
De tal manera que, les ruego, aplacen su discusión, es justo aplazarla; evidentemente que la mayoría de las viudas y los hijos de nuestros compañeros y los mismos nuestros, la verdad que van a decir con toda seguridad: Vente, porque no hay ninguna garantía para nosotros.
Para una rectificación, pido la palabra.
Hago notar que el señor Aceves, que estuvo muy atinado, según parece, por las observaciones que hizo, no rectificó hechos; de manera que estamos faltando al Reglamento.
Bueno, se me olvidó, soy un bárbaro. (Risas)
No hay para aclaraciones.
Pido la palabra, para una rectificación.
Debo manifestar a los señores delegados, que al concederse esa asignación que se pretende, de un defensor del Gobierno constituido, vuelvo a hablar, porque el Gobierno constituido no es la Patria; primero está la Patria que el Gobierno, primero está el pueblo que el mismo Gobierno; de suerte que debo manifestar a ustedes que, al concederse esa pensión, no olviden que existen multitud de viudas en toda la República y si se concede a una, por espíritu de justicia, debe concedérsele a todas las viudas en toda la República, y a todos los huérfanos; por eso mi petición que hago a la H. Asamblea se refiere a que al hacer una concesión de esa naturaleza, se establecen privilegios y yo voy contra los privilegios, y yo quiero para la generalIdad; cuando se haga un bien, que se haga a todos los necesitados; pero de la otra manera, no establezcamos ese antecedente de privilegios; para los privilegiados no debe existir eso, hagamos el bien común, el bien general, la caridad general ...
El C. Áceves
Cuando el tiempo lo permita. En estos momentos, si queremos comenzar por despilfarrar el Tesoro en esa forma, el Tesoro que está exhausto, que está agotado, entonces, señores, vamos a dar al traste con nuestras convicciones, vamos a dar al traste con todo lo noble y santo de la causa, vamos a dar al traste con los mismos hijos que están sufriendo penurias verdaderamente grandes, inmensas y que sus sacrificios son bastante inmensos; nosotros hagamos esfuerzos, preocupémonos porque esas indemnizaciones sean cuando el tiempo lo permita.
Si en las actuales circunstancias se trata de dar una pensión, entonces no concedamos privilegios; de una vez llamemos a todas las viudas, a los huérfanos, y habremos hecho un beneficio general y no particular a una sola persona.
En consecuencia, señores delegados, creo que sois partidarios de los principios revolucionarios; acatad entonces esos principios; ahi está el juramento que habéis protestado para salvar a la Patria.
(Varios ciudadanos delegados piden que se ponga en práctica el artículo 12 del Reglamento)
He tratado de hacerlo, pero no me han dejado. Iba a hacer una rectificación. El asunto está planteado en estos términos: si se pone el dictamen a votación, muy probablemente el grupo zapatista rechaza la pensión, y yo no quiero hacerme cómplice de esto; no quiero que se vaya a creer que queremos que se apruebe en este. momento; por lo tanto, yo propondría que se aplazara el asunto.
No es la viuda de Escalante, sino el recuerdo del señor Madero el que se ha mezclado; y como éste es punto muy delicado en que yo estoy más por los que lo defienden que por los que lo atacan, porque ya murió, y, además, están en nuestra casa y hay razones de hospitalidad, yo creo que es conveniente no resolverlo por sorpresa; que se discuta esto, no como puñalada de pícaro, y entonces se verá quién gana; por supuesto prescindiendo del maderismo.
La Presidencia, por conducto de la Secretaría, pregunta si se aplaza la resolución de este asunto.
Los que estén por que se aplace, sírvanse ponerse de pie.
La Mesa consulta si se levanta la sesión.
Ya no hay nada a discusión. Se están yendo del salón, y se va a dar lectura a la orden del día.
El C. secretario dio lectura a la orden del día.

References: resolución 
 artículo 25

Artículo 26

Artículo 27
 artículo 25
 artículo 27
 artículo 25
 artículo 27
 artículo 25
 artículo 25
 artículo 27
 artículo 25
 artículo 27
 artículo 25
 artículo 27
 artículo 25
 artículo 12
 resolución