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Timestamp: 2018-11-18 11:01:51+00:00

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Crítica política: sobre noticias de actualidad en el mundo: Diciembre 2015
NOTICIA. El 18/12/2015, el Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU), alcanzó un consenso unánime para poner fin al conflicto sirio.
Siria y el triunfo de los principios fundacionales de la ONU
La resolución 2254 aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU) el 18/12/2015, establece la hoja de ruta para poner fin al conflicto interno sirio, y unir fuerzas para combatir al terrorismo yihadista. Los principales puntos de la resolución son:
- Se hace un llamamiento a un cese el fuego y al inicio de un diálogo formal con miras a una transición política a partir de enero de 2016.
- Excluye a grupos calificados como "terroristas" señalando expresamente al Estado Islámico y el Frente al Nusra, considerado el brazo sirio de Al Qaeda.
- Prevé la continuación de "acciones ofensivas y defensivas" en contra de esos grupos.
- Establece que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, presente el 18 de enero un informe acerca de cómo hacer seguimiento del cese el fuego.
- Fija como meta el establecimiento en el plazo de seis meses de un sistema de gobierno "creíble, inclusivo y no sectario".
- Se propone la realización de elecciones "libres y justas", bajo supervisión de la ONU en el plazo de 18 meses.
- Señala que la transición política debe ser dirigida por los propios sirios, haciendo hincapié en que la nación "decidirá el futuro" de su país.
- Exige el cese de los ataques a la población civil y todas las facilidades para garantizar la asistencia humanitaria a las víctimas de los enfrentamientos.
La unanimidad en la aprobación de la resolución 2254 del CSNU supone un cambio fundamental, pues es la primera vez que el CSNU se pone de acuerdo para diseñar una hoja de ruta sobre la crisis en Siria, y declara institucionalmente una guerra abierta de la ONU contra el terrorismo jihadista.
La resolución coloca a la ONU en el centro de la mediación de la hoja de ruta acordada, mantiene el principio de la integridad territorial Siria y establece como marco institucional del Estado Sirio su carácter laico con respeto a todas las confesiones religiosas y creencias, lo cual, supone de facto unas líneas rojas para frenar a Turquía en sus ambiciones sobre partes del territorios de Siria, y para Arabia Saudita en su afán de instaurar un Estado wahabista en Siria.
Estas líneas rojas ya quedaron claramente establecidas previamente con la aprobación el 17/12/2015, de la resolución 2253, también por unanimidad del CSNU, preparada por Rusia y Estados Unidos para combatir la financiación y logística del Estado Islámico (EI), Al Qaeda y "a los individuos, grupos, empresas y entidades relacionados con ellos", y por la que los países de todo el mundo deben impedir el suministro y la transferencia directa o indirecta de las armas destinadas a estos individuos.
Además, la resolución se fundamentó en el Capítulo VII de la Carta de la ONU, lo que significa que las medidas indicadas en el documento son de cumplimento obligatorio para todas la naciones y, de forma singular, en la aprobación de la resolución estuvieron presentes los representantes financieros de las naciones que componen el CSNU.
En la interpretación de Rusia expresada por el ministro de asuntos exteriores Serguéi Lavrov, la operación aérea rusa en Siria, iniciada a petición de Damasco, "ha contribuido a cumplir esta tarea". Ahora, "Todos coincidimos en que terroristas de toda laya y aquellos que admiten una solución militar no tienen cabida en la mesa de negociaciones", y que el Consejo de Seguridad debe “salvaguardar la soberanía de la República Árabe Siria", y la autodeterminación del pueblo sirio. "Solo el pueblo sirio tiene derecho a decidir su destino".
Para Lavrov la votación unánime del CSNU debe allanar el camino a la formación de un amplio frente antiterrorista basado en la Carta de la ONU y apoyado en todas las fuerzas que combaten el terrorismo sobre el terreno, incluido el Ejército de Siria, las milicias kurdas y los grupos armados de la oposición patriótica siria, debiendo preservarse el Estado único, laico, pluriconfesional y multiétnico y seguro para todos los grupos de la población de Siria.
Esta resolución, de la que Rusia y EEUU han sido sus artífices, es un paso importante, no solamente en lo que concierne a la posible solución del conflicto sirio en consonancia con las normas internacionales, sino que supone también un avance en la construcción del mundo multipolar y en devolver a la ONU el desempeño de ser el centro de equilibrio entre potencias, cuestión que se corresponde con los principios del orden de posguerra, obligando a las potencias que han venido pretendiendo reformular el orden mundial para la instauración de un mundo unipolar regido por EEUU, a retroceder en sus ambiciones.
Los reclamos de imponer desde fuera la exclusión del actual presidente sirio Al Asad, expresado por los representantes de las potencias occidentales, suena retórico frente al texto de la resolución 2254 del CSNU, en la que se ha impuesto el derecho a la autodeterminación del pueblo sirio, y resultan también improcedentes en la consideración que se hace en la resolución de luchar contra el terrorismo en Siria, cuando es el Ejército Árabe Sirio sobre quien descansa la parte más importante de esa lucha, y del que Al Asad, después de cuatro años de guerra, es su líder indiscutible.
EEUU, ha realizado un gran esfuerzo por no perder el liderazgo en la región del Próximo y Medio Oriente, pero está vez saludablemente apostando por la Paz en lugar de por la guerra, llegando a acuerdos con Rusia para poner freno a las persistentes ambiciones desestabilizadoras de sus belicosos aliados en la región, principalmente en el caso sirio, de Arabia Saudita y de Turquía, país este último, al que el 18/12/2015, el propio presidente Barack Obama, instó a respetar la soberanía y la integridad territorial de Irak, retirando las tropas turcas del territorio iraquí para reducir la tensión entre Ankara y Bagdad.
Los incansables esfuerzos del secretario norteamericano de Estado, John Kerry, con su homónimo ruso, Serguéi Lavrov, para que Rusia y EEUU llegaran a un acuerdo para que ganara la paz en la atormentada región del Próximo y Medio Oriente, son loables por parte de ambos. John Kerry, ha sacado a EEUU de la situación de empantanamiento y desconcierto en la que se encontraba en la región después de 15 años de guerras, y con unos aliados como Turquía, Arabia Saudita e Israel que, si en los inicios del siglo, en la estrategia estadounidense de dominar esa parte del mundo, los consideraba como países a utilizar en su confrontación contra Irak, Siria e Irán, en la actualidad, EEUU era el que se había convertido en rehén de las ambiciones expansionistas de esos países, lo que le situaba en una situación de guerra permanente sin ningún resultado.
John Kerry, contribuyó a desactivar el contencioso iraní, alimentado por Israel y Arabia Saudita para arrastrar a EEUU a una guerra contra ese país y, ahora, ha conseguido contener y meter en cintura a Turquía y Arabia Saudita a través de las resoluciones del CSNU. El creciente protagonismo de Rusia y el Ejército Árabe Sirio en la lucha contra el Estado Islámico estaba situando a EEUU fuera de juego en la región, y la política de persistir en la desestabilización le arrastraba a EEUU a tener que llegar incluso a una confrontación directa con Rusia en Siria, cuestión deseada por Turquía y Arabia Saudita, lo que hubiera colocado al mundo ante una posible escalada militar de impredecibles consecuencias, aunque al final y como salida a esa situación, el camino hacia la paz y la derrota del Estado Islámico se ha impuesto como el más adecuado para los miembros del CSNU.
La denominada eufemísticamente como “primavera árabe” apoyada y fomentada en años pasados por las potencias de la OTAN en colaboración con los elementos wahabistas más fundamentalistas del Islam, ha obtenido unos resultados desastrosos, que se pueden resumir: 1. Ha sumido a los países de tradición laica, como Túnez, Libia, Egipto, Siria e Irak en un desestabilización de muy difícil y prolongada solución; 2. los grupos jihadistas han cobrado una fuerza y autonomía, particularmente el Estado Islámico, que representan una sería amenaza para la paz mundial; 3. La desestabilización ha creado una grave crisis social y de seguridad en materia de orden público, que ha llevado a crear una ola de refugiados hacia Europa sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.
Pero las potencias y medios de comunicación responsables de avivar en el pasado los conflictos ahora se niegan a asumir sus responsabilidades, y su fracaso lo encubren bajo el manto de una casual fatalidad del destino, cuando ellos han contribuido dramáticamente a ese fatal destino.
Aunque lo importante es que, de nuevo, se demuestra que el camino de la paz es el acertado y hay que construirlo bajo los principios fundacionales de la ONU, tal y como lo entendieron en su día quienes los redactaron y aprobaron, tras sufrir la amarga experiencia de la Segunda Guerra Mundial. Y a esa visión renovada ha contribuido sin lugar a dudas, ahora, la política firme de Rusia de defenderlos.
La lucha contra el terrorismo jihadista es una lucha que requiere un frente común de las naciones en diversos frentes, el militar, el logístico, el financiero, pero especialmente en el combate a la inhumana ideología wahabista que lo sustenta que busca acabar con todas las formas de civilización que no se atienen a su concepción sectaria religiosa.
En esta necesaria lucha ideológica, separar las ideas civilizatorias correctas de la barbarie es fundamental, y mientras en Occidente no se diferencie nítidamente la corriente mayoritaria del Islam sunnita del extremismo wahabista, se estará dando alas entre su ciudadanía a la propia intolerancia contra el Islam, sin distinciones.
Evolución de la concentración del dióxido de carbono en el aire atmosférico
Las naciones del norte de África y subsaharianas, son en las que los enfrentamientos son más acusados, sumiéndoles en un círculo vicioso de inestabilidad política que impide a su vez diseñar proyectos de desarrollo de futuro como naciones. Estas divisiones sociales, a veces, son instrumentalizadas por potencias foráneas y élites locales para obtener réditos particulares con el comercio de materias primas.

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