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Timestamp: 2019-03-18 14:09:18+00:00

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La Convención se pronuncia por relaciones más estrechas con la Iglesia cubana - Episcopal News Service
La Convención se pronuncia por relaciones más estrechas con la Iglesia cubana
Se explora la posibilidad de una reunificación
Marilyn W. Peterson, visitante de la Diócesis de la Florida, Griselda Delgado Del Carpio, obispa de Cuba y David Alvarado, obispo de El Salvador, durante la audiencia del 25 de junio del Comité Permanente sobre Misión Mundial. Foto de Lynette Wilson/ENS.
[Episcopal News Service – Salt Lake City] La Iglesia Episcopal en EE.UU. y la Iglesia Episcopal de Cuba dieron un paso hacia relaciones más estrechas durante la 78ª. Convención General, que sesiona aquí del 25 de junio al 3 de julio. La Convención también aprobó una resolución en que le pide al gobierno de EE.UU. que levante el embargo económico contra Cuba.
“Mientras las relaciones diplomáticas —de Estado a Estado— entre Estados Unidos y el gobierno de Cuba progresan rápidamente, el interés de la Iglesia Episcopal sobre nuestras relaciones con la Iglesia Episcopal de Cuba deberían de intensificarse siempre que sea posible”, dijo el Rvdmo. James Magness, obispo sufragáneo de las Fuerzas Armadas y Ministerios Federales de la Iglesia Episcopal, que visitó Cuba recientemente y propuso la Resolución B003.
“La Iglesia Episcopal en Cuba, nuestra asociada en la Comunión Anglicana, es un claro multiplicador en lo que se refiere a la infraestructura espiritual, social y física del país de Cuba, y por tanto tiene la posibilidad de ser un importante asociado para nosotros según avanzamos para ampliar nuestras relaciones”, expresó él.
La Resolución B003 le pidió a la Convención General que “reconociera y respaldara” la decisión de la Iglesia cubana de solicitar su membresía como diócesis, y de identificar y abordar los problemas canónicos, incluido el ofrecerles pensiones al clero, que conllevan el que Cuba se convierta en una diócesis.
La Resolución B002 pedía el levantamiento del embargo, e instruía a la Oficina de Relaciones Gubernamentales de la Iglesia Episcopal con sede en Washington, D.C. “a concentrar sus esfuerzos respecto a este asunto con vistas a levantar aspectos del embargo que impiden la asociación de la Iglesia Episcopal con la Iglesia Episcopal en Cuba”.
El largo embargo económico de EE.UU. y el estatus extraprovincial de Cuba han hecho que la Iglesia cubana se sienta aislada, dijo la Rvdma. Griselda Delgado Del Carpio durante una audiencia del 25 de junio sobre la resolución A053, que fue más tarde descartada, y la B003, en el Comité Legislativo sobre Misión Mundial de la Convención General.
“Estos han sido tiempos difíciles nacionalmente y en la vida de la Iglesia”, dijo Delgado, que se convirtió en obispa de Cuba en 2010, añadiendo que las últimas cinco décadas bajo el embargo y como diócesis extraprovincial han sido difíciles.
Durante una reunión del sínodo en marzo, la Iglesia Episcopal de Cuba aprobó, con 39 a favor y 33 en contra, regresar a la Iglesia Episcopal. La Iglesia cubana fue una diócesis de la Iglesia Episcopal antes de la revolución cubana, antes de que la política de la guerra fría limitara los viajes y la comunicación entre las dos iglesias.
La 78ª. Convención General no podría recibir formalmente a la Iglesia Episcopal de Cuba en la Iglesia Episcopal en EE.UU. durante esta convención, ya que tal acción exige un estudio de las implicaciones constitucionales y canónicas.
Sin embargo, pese a las dificultades y al aislamiento, la Iglesia Episcopal de Cuba tiene un ministerio pujante y maduro concentrado en la evangelización, como se evidencia en su plan estratégico.
“La última década ha sido de creatividad: nuestras iglesias (están) siempre abiertas, siempre en oración y creciendo en espiritualidad, y siempre creyendo que pertenecíamos a una familia más grande”, dijo Delgado durante su testimonio. “Nosotros, después de estos años, nos sentimos maduros y sólidos en todos los aspectos.
“Tenemos una identidad cultural. Y el pueblo cubano trabaja con la sociedad, especialmente los niños y los jóvenes, concentrándose siempre en la preparación de la misión para laicos y clérigos, y preparando siempre a los laicos para que puedan formarse en el cristianismo. Creo que con nuestros recursos humanos y nuestra espiritualidad, tenemos algo que ofrecer al resto de la Iglesia”.
Luego de que la Iglesia cubana se separara de la Iglesia Episcopal en 1967, se creó un Consejo Metropolitano, compuesto por los primados de la Iglesia Episcopal, la Iglesia Anglicana del Canadá y la Provincia de las Indias Occidentales, para gobernar la Iglesia de Cuba como una diócesis extraprovincial.
La Resolución B003 también le pide a la Iglesia que fortalezca las relaciones al objeto de crear “mayor entendimiento y hermandad” y que tales empeños “busquen promover el ministerio y la comprensión mutuos mediante el intercambio, la oración, el culto, la fraternidad, la educación y la labor humanitaria: identificando y facilitando oportunidades específicas para el intercambio, incluyendo, pero no limitándose a, viajes, de manera que pueda tener lugar un intercambio entre los episcopales cubanos y norteamericanos”.
El embargo y las estrictas restricciones para viajar no han detenido a algunos episcopales de Estados Unidos de organizar viajes de misión y de viajar con visas religiosas a la isla, la más grande y poblada de las Antillas Mayores.
Por ejemplo, durante su testimonio del 25 de junio respecto al fortalecimiento de la relación entre la Iglesia Episcopal y la Iglesia Episcopal de Cuba, la Rda. Yamily Bass-Choate, diputada suplente de la Diócesis de Nueva York y su misionera para el Ministerio Latino e Hispano, describió su impacto personal de visitar Cuba.
“Fui a Cuba hace 12 años y conocí a Griselda cuando era sacerdote. Ella tenía siete iglesias y fue mi inspiración. Durante los últimos seis años, he llevado de 16 a 20 adolescentes a Cuba cada año. Hemos hecho poco trabajo, pero se han mostrado muy amorosos con nosotros”, dijo Bass-Choate.
“Nuestra Iglesia Episcopal de Cuba necesita de nuestro apoyo”, dijo ella. “Es una Iglesia magnífica y hacen un trabajo estupendo. [Ese] ministerio ha transformado mi vida y mi ministerio. Es nuestra Iglesia, debemos abrir nuestros corazones y nuestras puertas a la diócesis de Cuba”.
La distención de relaciones entre los gobiernos de EE.UU. y Cuba, y la expectativa de que se levante el embargo económico impuesto a Cuba por Estados Unidos, ha suscitado una nueva esperanza en la Iglesia.
El 17 de diciembre de 2014, el presidente Barack Obama ordenó el restablecimiento de plenas relaciones diplomáticas con el gobierno cubano, más de medio siglo después de que Estados Unidos rompiera relaciones con el gobierno comunista del entonces presidente Fidel Castro. Antes de la revolución cubana liderada por Castro, las compañías norteamericanas tenían una gran participación en la economía, la infraestructura y los servicios públicos en Cuba, e importaban el 90 por ciento de su azúcar. Cuba está sólo a 90 millas de Cayo Hueso, Florida, e históricamente era un destino turístico popular para los estadounidenses.
En 1960, Estados Unidos impuso un embargo a todas las exportaciones a Cuba, salvo alimentos y medicinas; para 1962, el embargo se extendió a todas las importaciones y exportaciones. Luego de la crisis de los misiles, el presidente John F. Kennedy impuso restricciones de viajes el 8 de febrero de 1963. A pesar de que algunas restricciones de viajes y comerciales se han distendido después del anuncio de Obama en diciembre, el embargo no puede levantarse sin una decisión del Congreso. En febrero, se presentó en el Senado un proyecto de ley para levantar el embargo.
En octubre de 2014, la Asamblea general de las Naciones Unidas votó por abrumadora mayoría a favor del levantamiento del embargo, con la sola oposición de Estados Unidos e Israel. Fue la 23ª. vez que una mayoría de los 193 estados miembros votaba a favor de levantar el embargo.
“La Iglesia Episcopal ha pedido el levantamiento del embargo antes, pero nada ha sucedido con el sufrimiento del pueblo cubano que nosotros en Estados Unidos estamos creando. Creo que es hora de que esto ocurra. Estamos continuando nuestras políticas fallidas de hace 50 años”, dijo el obispo jubilado Leo Frade durante la audiencia del 24 de junio del Comité Legislativo sobre Justicia Social y Política Internacional. Frade nació en Cuba. “Estamos perdiendo miles de millones de dólares… Será ridículo si esta Convención General no hace una declaración sobre la cuestión del embargo. Esta injusticia fue creada por EE.UU. y hemos estado cometiéndola durante cinco décadas… Es hora de que cese”.
El Rdo. José Luis Mendoza–Barahona, de la Diócesis Episcopal de Honduras, miembro del comité de política internacional, habló el 25 de junio a favor de levantar el embargo.
“Hace unos tres años fui a Cuba y pude presenciar el sufrimiento, el dolor y las limitaciones que experimenta el pueblo cubano. Creo que nuestro comité ha creado demasiadas expectativas… Debemos exigir que ambos gobiernos apoyen el levantamiento del embargo. El gobierno cubano ha impuesto un embargo interno contra su pueblo y no son libres de tener relaciones con otros países… En consecuencia, querría que nuestro comité apoyara esta resolución”, dijo.
En Cuba existen dos monedas, el peso y el peso convertible; este último lo usan los visitantes extranjeros y tiene un valor equivalente a un dólar convertible. Profesionales, como médicos y abogados, ganan el equivalente de $20 al mes.
El levantamiento del embargo significaría, para la Iglesia, más dinero para la misión y el ministerio; para el pueblo cubano “significaría un cambio radical”, dijo Delgado durante una entrevista con ENS. “Ante todo, ambos países estarían en una relación más estrecha”.
Específicamente, desde el punto de vista de la Iglesia cubana, añadió ella, podrían transferirse fondos directamente a Cuba, en lugar de a través de bancos del Canadá con un diez por ciento de recargo.
El presupuesto de la Iglesia Episcopal 2013-2015 asignó $106.000 a la Iglesia en Cuba.
Para el clero ordenado en Cuba antes de 1966, el embargo eliminó sus pensiones, explicó Delgado; hace pocos años, los que aún vivían comenzaron a recibir algún dinero de pensiones. El clero ordenado a partir de 1966 no forma parte de un plan de pensiones.
— Lynette Wilson es redactora y reportera de Episcopal News Service.

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