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Timestamp: 2020-07-14 05:36:17+00:00

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Método EMDR. ¿Qué es EMDR? — Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares. Es un abordaje psicoterapéutico en el tratamiento de las dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida del sujeto, desde fobias, ataques de pánico, muerte traumática y duelos o incidentes traumáticos en la infancia hasta accidentes y desastres naturales.
EMDR (Eye Movement Desensitization and Reprocessing), desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares.
Durante los movimientos oculares, los pacientes dan la impresión de realizar espontáneamente una <<asociación libre>> como recomendaba Freud y de la que se sabe que resulta especialmente difícil <<por encargo>>. De igual manera que ocurre en los sueños, los pacientes atraviesan una vasta red de recuerdos ligados entre sí mediante distintos fragmentos. A menudo empiezan a acordarse de otras escenas relacionadas con el mismo acontecimiento traumático, bien porque sean de a la misma naturaleza (por ejemplo, de otros episodios de humillación en público), o porque reclamen las mismas emociones (un mismo sentimiento de impotencia). Les suelen sobrevenir fuertes emociones que emergen con rapidez a la superficie, aunque hasta entonces permaneciesen ignoradas. Todo sucede como si los movimientos oculares –igual que en el transcurso del sueño- facilitasen un rápido acceso a todos los canales de asociación conectados a un recuerdo traumático determinado por el tratamiento. A medida que se activan dichos canales, pueden conectarse a los sistemas cognitivos que, a su vez, contienen la información anclada en el presente. Gracias a esta conexión, la perspectiva del adulto, que hoy ya no es ni impotente, ni está sometido a los peligros del pasado, acaba por hacer pie en el cerebro emocional. Entonces puede sustituirse la impresión neurológica del miedo o de la desesperación. Y cuando se la reemplaza acaba siendo eliminada por completo, hasta tal punto que a menudo se observa emerger a otra persona.
Era como si meses, incluso años, de psicoterapia se hubieran condensado en una única sesión. La estimulación del sistema adaptativo de tratamiento de información parecía haberla ayudado a establecer todos los vínculos necesarios entre los acontecimientos del pasado y su perspectiva de mujer adulta. Una vez que dichos vínculos se establecieron, la información disfuncional fue digerida -<<metabolizada>>, dicen los biólogos- y perdió su capacidad de desencadenar emociones no apropiadas.
Privado de su carga <<límbica>> disfuncional, el recuerdo pierde su vitalidad. Su influencia se difumina. Eso ya es mucho. Y no obstante, la resolución de viejos traumatismos que llevamos en nosotros como heridas no cicatrizadas no finaliza con la neutralización de los recuerdos antiguos.
Dicho brevemente, el modelo considera que la mayor parte de las patologías nacen de experiencias tempranas que ponen en movimiento un continuo patrón de sentimientos o emociones, conductas, cogniciones, y las consecuentes estructuras de identidad. La estructura patológica es inherente a la información estática, insuficientemente procesada, que fue almacenada en el momento en que aconteció el suceso perturbador. En una gran variedad de casos, que van desde casos sencillos de desórdenes postraumáticos (PTSD) y fobias, hasta condiciones más complejas tales como desórdenes de pánico, algunas formas de depresión, de disociación y desórdenes de la personalidad, se considera que la patología fue configurada por el impacto de experiencias tempranas que aún se conservan en el sistema nervioso en la forma específica en que fueron contraídas originalmente.
Por lo tanto, se considera que las patologías clínicas tienden a cambiar si el clínico enfoca la información que ha sido almacenada disfuncionalmente en el sistema nervioso. Parte del proceso de conocer el historial del paciente es identificar los recuerdos que han ayudado a conformar las conductas negativas y los conceptos negativos que el cliente tiene de sí mismo. Incluso los desórdenes de personalidad más pronunciados son considerados como susceptibles de sufrir cambios por virtud del reprocesamiento de recuerdos que accionaron las características disfuncionales; por ejemplo, los recuerdos que han sido enfocados quizá sean aquellos que ocasionan que una personalidad paranoica sospeche siempre de los demás o que una personalidad evasiva se sienta insegura. Además, por supuesto, los déficits de desarrollo y de experiencia son atendidos gracias al procesamiento apropiado y de la asimilación de información positiva.
1. La posibilidad de participar a nivel fisiológico, y de manera directa y no intrusiva, con los elementos patológicos que han sido almacenados. La observación de los efectos producidos por el tratamiento EMDR sugiere que las patologías son representadas por información disfuncional que ha sido almacenada fisiológicamente y que puede ser localizada y transformada directamente, sin el uso de medicamentos. Por ejemplo, en lugar de enfocar la reacción del cliente al suceso perturbador -como lo hace la biorretroalimentación, las terapias de «anegamiento» (flooding) o la capacitación en técnicas de relajación- el método EMDR centra su atención en el recuerdo mismo. La resultante transmutación de la información almacenada en el recuerdo que ha sido enfocado parece ocurrir espontáneamente, lo cual conduce a un cambio en las reacciones del cliente.
Las observaciones hechas sobre los cambios que se generan en el recuerdo mismo, provocados por el método EMDR, y la manera en que son almacenados, guardan relación con las conjeturas independientes respecto a las diferentes manifestaciones de la memoria declarativa (narrativa) y de la memoria’ no declarativa (Lipke, 1992a, 2000; Stickgold, en prensa; van der Kolk, 1994, en prensa). Por ejemplo, antes de recibir el tratamiento EMDR, los componentes del recuerdo traumático que es objeto de estudio -imagen, cognición, sentimientos o emociones, sensaciones físicas muchas veces parecen manifestarse en la forma perturbadora y en el estado específico en que fueron adquiridas. Algunos investigadores sugieren que dichos recuerdos traumáticos son almacenados en la memoria no narrativa o no declarativa (por ejemplo, van der Kolk, 1994). Sin embargo, tras recibir un tratamiento EMDR efectivo, los recuerdos son almacenados con imágenes menos perturbadoras, con una cognición positiva y con los sentimientos o emociones apropiados. Además, no existen sensaciones físicas perturbadoras concomitantes. Es posible que el procesamiento de la información permita que el recuerdo se almacene apropiadamente en la memoria declarativa (narrativa), lo cual implica que el cliente queda libre de reacciones patológicas.
Janet (1889/1973) y Pavlov (1927) propusieron que, de alguna manera, el trauma mismo ocasiona un desequilibrio que impide que se lleve a cabo un procesamiento adecuado. Esta misma sugerencia se ha propuesto en estudios contemporáneos sobre los efectos de los neurotransmisores (van der Kolk, 1994; Watson, Hoffman y Wilson, 1988; Zager Y Black, 1985). Además, la hipótesis que sugiere que la información traumática misma se desplazará a un plano positivo una vez que el sistema sea activado, se generó a partir de la observación de sesiones del tratamiento EMDR. Por ejemplo, no existe ningún reporte que indique que una víctima de violación sexual, que esté en paz con el suceso, se desplace subsecuentemente, por medio del tratamiento EMDR, a un nivel de odio por sí misma. Sin embargo, las víctimas de violación sexual que inician el tratamiento en un estado de vergüenza y culpabilidad, evolucionan hacia estados positivos una vez cumplido el tratamiento, y terminan por aceptarse a sí mismas y alcanzar un estado de paz interna. A pesar de que los clientes del método EMDR puedan experimentar sentimientos de disasociación y negación y se sientan perturbados temporalmente, esto constituye meramente un estadio de transición hacia una resolución sana.
Suelo usar conceptos psicofisiológicos al usar el término neurofisiológico o neuro-redes. A pesar de que el término memory networks (redes de la memoria, redes mnemónicas, o redes de recuerdos) es empleado en muchas ocasiones en este texto para referirse a patrones de recuerdos asociados, el término neuro-redes también se refiere a la configuración neurobiológica de un recuerdo individual. Este constructo resumirá la manera en que el término neuro-redes es usado en la actualidad por los neuropsicólogos y extenderlo a estratos adicionales del procesamiento cognitivo/emocional. Emplear un término que no tiene una referencia neurofisiológica precisa resulta particularmente importante para subrayar que la eficacia del método EMDR no se basa en la validez del modelo fisiológico ofrecido. Esto resulta relevante, debido a que debemos recordar que aún no hemos llegado a comprender la fisiología del cerebro lo suficiente como para confirmar la validez del modelo a ese nivel. Sin embargo, el modelo no parece contradecir algo que sea cierto. Es congruente con los efectos del tratamiento EMDR observados y sirve como un mapa clínico para dar tratamiento a una amplia variedad de patologías. Hasta ahora, el modelo ha logrado explicarse a sí mismo y ha podido predecir con gran éxito la respuesta terapéutica en nuevas áreas de aplicación.
El modelo de Procesamiento de la información a un estado adaptativo coincide con las nociones de Freud (1919/1955) y Pavlov (1927) respecto a lo que ahora se denomina procesamiento de la información. En términos específicos, tal parece que existe un equilibrio neurológico en un sistema fisiológico definido, que permite que la información sea procesada hasta alcanzar una «resolución adaptativa.» Por resolución adaptativa quiero decir que se realizan conexiones con asociaciones apropiadas y que la experiencia es empleada constructivamente por el individuo y es integrado a un esquema cognitivo y emocional positivo. En esencia, lo que resulta útil es aprendido y almacenado con los sentimientos o emociones apropiados y está disponible para ser usado en el futuro. Por ejemplo, digamos que nos sucede algo negativo, quizá una circunstancia humillante en el trabajo, y esto nos perturba. Pensamos acerca de ello, soñamos con ello y hablamos de ello. Tras cierto tiempo, ya no nos molesta y la experiencia puede ser usada apropiadamente como información que guíe nuestros actos futuros. De tal manera, aprendemos algo acerca de nosotros mismos y de otras personas, comprendemos mejor las situaciones que vivimos anteriormente y estamos mejor preparados para manejar situaciones semejantes en el futuro.
3. Algunos otros factores involucrados en el foco de atención dual del cliente, al tiempo que atiende simultáneamente a los estímulos presentes y el trauma pasado (por ejemplo, «atentividad» (mind_ fulness), respuesta orientadora, interrupción de la función de la pizarra visual-espacial.
Por lo tanto, durante el tratamiento EMDR, cuando le pedimos al cliente que haga aflorar un recuerdo del trauma, es posible que estemos estableciendo un vínculo entre la conciencia y el sitio en que la información ha sido almacenada en el cerebro. Dentro del contexto de los demás elementos del procedimiento, la estimulación dual parece activar el sistema de procesamiento de la información y permite que el procesamiento ocurra. Ya sea que se deba a una alteración directa del sustrato fisiológico de la red que ha sido blanco del tratamiento, o por el propiciamiento de un estado mental necesario para la asimilación de la información, o ambos, es algo que aún está por descubrirse (vea el capítulo 12). Sin embargo, con cada serie de estimulaciones, desplazamos la información perturbadora -a un ritmo acelerado- a lo largo de los caminos neurofisiológicos apropiados, hasta que se resuelve por medio de la adaptación. Por ejemplo, se puede llegar a una resolución cuando la información perturbadora, que anteriormente se mantenía aislada, entra en contacto con información adaptativa del momento (tal como «No es culpa mía que mi padre me haya violado»). Una de las principales suposiciones del método EMDR es que, al activar el procesamiento del recuerdo traumático, éste se desplazará naturalmente hacia la información adaptativa que requiere para alcanzar una resolución.
Inherente en el modelo de Procesamiento de la información a un estado adaptativo se encuentra el concepto de la autosanación psicológica, que es un constructo basado en la respuesta curativa del cuerpo cuando sufre una herida física. Por ejemplo, cuando uno se corta una mano, el cuerpo trabaja para cerrar y curar la herida. Si algo obstaculiza dicha sanación, como un objeto extraño o la repetición del trauma, la herida se infectará y provocará dolor. Si el obstáculo es retirado, el proceso de sanación seguirá su curso. Lo mismo parece ocurrir con los procesos mentales. Es decir, la tendencia natural del sistema de procesamiento de información del cerebro es desplazarse hacia un estado de salud mental. Sin embargo, si el sistema está siendo obstaculizado o sufre un desequilibrio debido al impacto de un trauma, se pueden observar respuestas de una adaptación equivocada. Estas respuestas pueden ser detonadas por estímulos del presente o quizá por el intento que realiza el mecanismo de procesamiento de la información para resolver el material. Por ejemplo, la víctima de una violación posiblemente continúe recordando, de manera automática, escenas de la violación en un intento impedido por alcanzar una resolución y completar el procesamiento (Horowitz, 1979). Si se retira el obstáculo, el procesamiento seguirá su curso y conducirá la información hacia un estado de resolución adaptativa y de integración funcional. La resolución se manifiesta por medio de un cambio en las imágenes, en los sentimientos, en las emociones, y en las cogniciones que el cliente asocia con el suceso. Metafóricamente, podemos pensar que el mecanismo de procesamiento está «digiriendo» o «metabolizando» la información, de manera que pueda ser empleada de una manera sana y vital.
El sistema de procesamiento de la información, podemos esperar que otros movimientos rítmicos o formas de estimulación sostenida o repetitiva ejerzan un efecto similar. Además, debe hacerse notar que los estudios más recientes indican que los patrones de activación regional del cerebro, producidos exclusivamente por la atención, muestran un significativo traslape con aquellos producidos por los movimientos oculares (Corbetta et al., 1998).
Como se mencionó anteriormente, estoy ofreciendo un modelo teórico para interpretar el efecto clínico, no para probar la existencia de mecanismos específicos. Por ejemplo, la hipótesis de la etapa REM del sueño únicamente intenta explicar el papel aparente de los movimientos oculares en los efectos producidos por el tratamiento; no excluye la posible utilidad de otros estímulos, tales como señales táctiles o auditivas. Aun cuando se compruebe que los movimientos oculares sacádicos o los movimientos oculares de rastreo estimulan la activación de un mecanismo que también opera durante la etapa REM del sueño, este descubrimiento no descartaría la efectividad potencial de otros estímulos utilizados durante la vigilia (vea también Stickgold, en prensa). Evidentemente, existen otros estímulos probables, aun cuando el cuerpo sea incapaz, durante el sueño, de generar estímulos auditivos, palmadas, luces intermitentes u otros medios externos. Como propone Stickgold (en prensa), la reorientación repetitiva de la atención puede producir cambios específicos en la activación regional del cerebro y una neuromodulación semejante a la producida durante la etapa REM del sueño.
Nuestra hipótesis acerca del innato sistema de procesamiento de información del cerebro nos lleva al concepto de las redes mnemónicas o redes de recuerdos asociados. En términos muy sencillos, una red mnemónica representa un sistema asociado de información. Nadie sabe qué apariencia tienen las redes mnemónicas, pero podemos imaginarlas metafóricamente como una serie de canales en donde se almacenan los recuerdos, los pensamientos, las imágenes, las emociones y las sensaciones relativas y donde unos se vinculan con otros.
El tratamiento EMDR puede ser conceptualizado como desplazarse a lo largo de las redes mnemónicas o redes de recuerdos, configuración ilustrada en la figura 1. Cuando aplicamos el tratamiento EMDR, pedimos al cliente que centre su atención en un blanco, es decir, un recuerdo específico o la imagen de un sueño; una persona; un suceso, ya sea real, imaginado o proyectado; o algún aspecto de la experiencia una sensación corporal o un pensamiento. En el modelo de Procesamiento de la información a un estado adaptativo, este blanco es llamado nódulo, ya que tiene un lugar central entre el material psicológicamente asociado. Por ejemplo, si la respuesta de la cliente a su jefe constituye la dolencia que
la aqueja, el clínico posiblemente enfoque como «blanco» u «objetivo» una imagen del rostro del jefe, lo cual sería considerado un nódulo, debido a toda una constelación de experiencias relativas que giran en torno a ella. Si la cliente reacciona con furia indebida o con ansiedad, esto se debe a las asociaciones vinculadas. Entre éstas posiblemente haya ciertas experiencias con el jefe o con otras figuras de autoridad, como puede ser el padre de la cliente. Por lo tanto, si la meta de la terapia es que la cliente reaccione tranquilamente ante el objetivo, es necesario «limpiar» cada canal al reprocesar todo el material que ha sido almacenado disfuncionalmente y que esté ligado a ese nódulo. El reprocesamiento se lleva a cabo durante cada serie de movimientos oculares (u otros estímulos), y considera cada etapa consecutiva un plano o estadio en el que las imágenes, los pensamientos y las emociones completan un cambio en su camino hacia una mayor resolución terapéutica.
Al final de cada serie, la terapeuta brinda confianza al cliente diciendo: «Bien.» ¿Luego le indica que borre de su mente todo lo anterior y le pregunta “Qué ve ahora?» A continuación, el cliente reporta el pensamiento, la emoción (o el nivel de intensidad), o imagen predominante, de manera que la terapeuta pueda obtener una lectura sobre el nuevo plano o estadio de información alcanzado. Con base en lo que descubre, la terapeuta dirigirá la atención del cliente hacia la información nueva o hacia el objetivo original. La figura 2 muestra el nódulo (el colega incompetente), con los canales asociados de información revelados por las sucesivas respuestas del cliente. La primera designación en cada columna (por ejemplo, mayor ansiedad, estado cómico) refleja la respuesta inicial del cliente cuando el blanco le llega a la mente; bajo cada designación aparecen las asociaciones que afloraron después de haberse iniciado cada serie subsecuente. Sólo se ilustrará una fase (la desensibilización) de la sesión del tratamiento EMDR.
Con el fin de reiterar nuestro punto de vista, nuestra hipótesis funcional es que los síntomas del PTSD son ocasionados por información perturbadora que ha sido almacenada en el sistema nervioso. Esta información es almacenada en la misma forma en que fue experimentada inicialmente, debido a que el sistema de procesamiento de información, por alguna razón, ha sido impedido. Aún años después, la víctima de una violación puede experimentar todavía el temor original, ver el rostro del violador y sentir sus manos sobre su cuerpo, como si el ataque estuviera sucediendo de nuevo. En efecto, la información está congelada en el tiempo, aislada en su propia neurored y almacenada en su forma originalmente perturbadora. Debido a que la intensidad de las emociones y de los sentimientos ha encerrado la memoria efectivamente en una red asociativa restringida, la neurored en la que ha sido almacenada la información vieja está efectivamente aislada. No se puede llevar a cabo un nuevo aprendizaje debido a que la subsecuente información terapéutica no se puede vincular asociativamente con ella. Por lo tanto, cuando afloran pensamientos sobre el incidente, aún se encuentran conectados a todas las atribuciones negativas del suceso original. Los resultados de años de terapias conversacionales, de leer libros de autoayuda y de tener experiencias de contra-ejemplos también son almacenados, pero residen en sus propias neuroredes. Es en parte la disparidad entre la información terapéutica y la información que ha sido almacenada disfuncionalmente lo que impele al cliente a acudir al consultorio del terapeuta en busca de un tratamiento, haciéndole decir: «No debería ser así.»
Un trauma con «T mayúscula» (Suceso de criterio A, necesario para diagnosticar el PTSD), como una violación, el abuso sexual o el combate bélico, claramente ejerce un impacto en sus víctimas en términos de cómo se comportan, cómo piensan y qué es lo que sienten acerca de ellos mismos. También ejerce un impacto en su susceptibilidad a padecer síntomas pronunciados, como pesadillas, recuerdos retrospectivos insertos en el presente (flashbacks) y pensamientos intrusivos. Estas víctimas pensarán negativamente acerca de sí mismas: «Soy impotente en todos los sentidos», «No valgo nada», «No puedo controlar nada.» Por supuesto, los clientes que no han experimentado tales traumas quizá también piensen negativamente respecto a sí mismos: «No valgo nada», «No tengo el menor poder» o «Sin duda, me abandonarán.» Estos clientes parecen haber derivado sus llamadas declaraciones sobre sí mismo negativas a partir de experiencias de la tierna infancia. Por lo tanto, cuando se les pide que den una puntuación del 0 al 10 acerca de lo que sienten sobre un suceso representativo de su familia original, que ayudó a infundirles estas creencias, es posible que reporten un 8, un 9 o incluso un 10. Al igual que las víctimas de traumas con «T mayúscula», ellos ven el suceso, lo sienten y son afectados profundamente por él.
Tales clientes, por supuesto, no perdieron una extremidad al explotar una granada ni tampoco fueron violados sexualmente por sus padres. Sin embargo, un recuerdo acerca de algo dicho o algo hecho en contra de ellos está encerrado en su sistema nervioso y parece ejercer un efecto similar al que nace de una experiencia traumática. De hecho, según la definición del diccionario, cualquier suceso que ejerce un efecto negativo duradero en el ser o en la psique es, por su misma naturaleza, «traumático.» Como consecuencia, podemos llamar a estos sucesos traumas con «t minúscula», para mantener en mente la naturaleza de su impacto (vea Shapiro y Forrest, 1997, para aplicaciones adicionales). Un indicio de la disfunción es que el recuerdo del suceso aún logra que el cliente se clasifique de modo negativo a sí mismo y que sus emociones o sentimientos sean igualmente negativos. Sus sensaciones físicas negativas son similares a las que prevalecieron el día en que el recuerdo fue generado originalmente. El blanco terapéutico es el recuerdo perturbador, como es almacenado en la actualidad, ya que la información disfuncional ha creado los fundamentos para la patología actual. Ya que una amplia variedad de condiciones puede sufrir cambios, el diagnóstico específico es menos importante que el hecho de enfocar apropiadamente las experiencias tempranas que están generando los síntomas, las características y las conductas disfuncionales que padece el cliente. Por ejemplo, el desorden dismórfico corporal ha sido tratado exitosamente al procesar el aparente suceso etiológico con el tratamiento EMDR (Brown, McGoldrick y Buchanan, 1997). En la mayoría de los casos, el suceso inicial, que fue blanco del tratamiento, no era más que un comentario denigrante o una humillación.
No es nuevo el concepto de que son las experiencias del pasado las que forman la base de la disfunción actual, pero examinemos este hecho específicamente dentro del contexto del método EMDR, en términos del almacenamiento de los recuerdos y del modelo del Procesamiento de la información a un estado adaptativo. Imaginemos que una niña pequeña camina al lado de su padre y que levanta su mano para tomar la mano del padre. En ese momento y de manera deliberada o sin darse cuenta, el padre mece su brazo hacia atrás y golpea el rostro de la niña. La niña experimenta entonces sensaciones y emociones negativas, sumamente intensas, que podrían ser verbalizadas así: «No puedo obtener lo que quiero; hay algo en mí que no está bien.» (Esta culpabilización autoinfligida resulta casi predecible: típicamente, los niños parecen asumir la culpa de los errores o faltas de sus padres, un hecho que resulta más dolorosamente obvio en el caso de las víctimas que han sido objeto del abuso sexual, las cuales tienden a culparse a sí mismas del abuso que han sufrido. Esta tendencia quizá sea también ocasionada por procesos evolutivos que codifican una sumisión ante la autoridad como un medio necesario para la sobrevivencia.) Los sentimientos y las emociones, quizá sentimientos intensos de impotencia y de desprecio por sí mismo, y las imágenes, los sonidos y el dolor producido por el golpe, son almacenados en el sistema nervioso de la niña. Dicha experiencia se convierte en un suceso de primordial importancia en su vida, un suceso básico de definición de uno mismo; en el modelo de Procesamiento de la información a un estado adaptativo, a esto se le llama nódulo. Ya que los recuerdos son almacenados asociativamente, el siguiente suceso que represente un rechazo similar seguramente se vinculará con el nódulo en la creación actual de una neuro-red que resulte central a la definición valorativa que la niña tenga de sí misma. Las subsecuentes experiencias de rechazo de parte de la madre, de sus hermanos, de sus amigos y de otras personas quizá se vinculen con el nódulo en los canales de información asociados con ese primer suceso. Aún antes de que el lenguaje se haya desarrollado adecuadamente, todas las distintas experiencias de la infancia que contengan sentimientos similares de impotencia, desesperación e inadecuación son alma-cenadas como información vinculada con una red mnemónica o una red de recuerdos, organizada en torno al nódulo de la primera experiencia original. Las experiencias positivas no son asimiladas a la red debido a que el nódulo es definido por las emociones y los sentimientos negativos.
Cuando uno tiene un lenguaje lo suficientemente elaborado para formular un concepto de uno mismo como «No puedo conseguir lo que quiero; hay en mí algo que no está bien», la verbalización se vincula asociativamente con la red por medio de los sentimientos y las emociones que el significado de dichas palabras engendra. En esencia, una vez que la conceptualización verbal, cargada de sentimientos y emociones, se establece dentro de la neuro-red, puede ser considerada generalizarte en el caso de las experiencias subsecuentes que serán almacenadas en la red como información. El proceso continúa durante la adolescencia cuando, por ejemplo, la niña de nuestra suposición es rechazada por un maestro o por su novio. De tal manera, todos los subsecuentes sucesos relativos quizá se vinculen con el mismo punto nodular y asuman las atribuciones de la experiencia inicial. Por lo tanto, la valoración asociada con tal suceso no se limita a la declaración de función específica (por ejemplo: «No puedo obtener lo que quiero en este momento»), pero se vincula con la declaración disfuncional generalizada «No puedo conseguir lo que quiero; hay algo en mí que no está bien.»
¿Qué sucede cuando la niña llega a la edad adulta y sucede algo que parecería -o que amenaza con convertirse en- un rechazo? Esta nueva información es asimilada en la neuro-red, y el concepto «No puedo obtener lo que quiero; hay algo en mí que no está bien» y sus sentimientos o emociones se generalizan y se le asocian. A lo largo del tiempo, los sucesos relativos que han sido acumulados producen una profecía de autocumplimiento; así, cualquier asomo o posibilidad de rechazo puede detonar la neuro-red, junto con su cognición dominante: «Hay algo en mí que no está bien.» La conducta consecuente de esta persona, así como sus atribuciones en el presente son disfuncionales, ya que se motivan y nutren con las emociones y los sentimientos intensos: el miedo, el dolor y la impotencia de esa primera experiencia, que ahora se ha solidificado gracias a todas las experiencias subsecuentes. De tal manera, el dolor de la infancia continúa siendo detonado en el presente, y debido a la naturaleza asociativa de la memoria y del comportamiento, las respuestas actuales de la mujer, así como la manera como se valora a sí misma y evalúa el mundo serán disfuncionales. Cuando la mujer entra a una situación social o de negocios y desea algo, la neuro-red con las emociones y los sentimientos verbalizados como «No puedo conseguir lo que quiero; hay algo en mí que no está bien» será estimulada, y las emociones y los sentimientos asociados, el nivel de perturbación y la creencia autodenigrante dañarán severamente su conducta funcional en el presente.
Por ejemplo, durante una sesión EMDR, una cliente que comienza por ofrecernos la imagen de su padre, hombre abusivo, alto como una torre, que la amenaza, de pronto reporta que se ve a sí misma crecer en tamaño, hasta poder ver a su padre cara a cara. A medida que la información vieja evoluciona hacia una resolución terapéutica y sana al seguir series sucesivas, es posible que la cliente pueda declarar espontáneamente algo así: «No hay nada malo en mí; era papá quien tenía un verdadero problema.» Esta valoración transformada constituye una parte integral de los nuevos sentimientos, las emociones, y de la nueva experiencia sensorial, experiencia que dominará a partir de ahora, siempre que sea activada la neuro-red por estímulos internos o externos. En otras palabras, a medida que la información se transmute, el panorama cambiante corresponderá a las transformaciones de los sentimientos, las emociones y la evaluación de sí mismo, que se convierten en una parte de la nueva forma de almacenar la experiencia.
A partir de esto, la cliente se comportará de manera distinta, ya que la creencia subyacente es que «No hay nada malo en mí», en lugar de «Hay en mí algo que no está bien.» Para la mayoría de los clientes, un tratamiento EMDR exitoso da como resultado una nueva cognición positiva, que se generaliza a lo largo de la neuro-red. Por lo tanto, cualquier recuerdo asociado (por ejemplo, de otras amenazas hechas por el padre abusivo a la mujer de nuestro ejemplo) evocado después del tratamiento dará como resultado el afloramiento de la cognición positiva («Soy una buena persona»), junto con las emociones y los sentimientos apropiados. La resolución terapéutica es mostrada en todos los aspectos del blanco de nuestro tratamiento (imágenes, sensaciones físicas, emociones, etcétera) y en sucesos asociados, tanto del pasado como del presente. También se manifiesta en un cambio apropiado de la conducta del cliente.
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