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Historia de Filipinas: Compendio de la historia de Filipinas
por el Padre Francisco Xavier Baranera (1884)
Establecimiento tipo-litográfica de M. Perez , hijo
El Excmo. Sr. Gobernador General de estas Islas con fecha 11 del actual se ha servido decretar lo siguiente:
— Vista la instancia presentada por Procurador general de la Compañía de Jesús solicitando autorización para imprimir y publicar los compendios titulados, Historia de Filipinas, en preguntas y respuestas para los niños de las escuelas. Historia de Filipinas para los niños más adelantados y Geografía de las Islas Filipinas, Marianas y Carolinas: — Visto el informe emitido por 1aComisión permanente de Censura;
— Resultando que las tres obras indicadas no se oponen á la sana moral y buenas costumbres: — Este Gobierno General de conformidad con la Comision permanente de Censura y lo propuesta por la Dirección General de Administracion Civil, viene en autorizar al Procurador general de la Misión de la Compañía de Jesús, para que pueda impri inir y publicar los tres compendi s citados, sujetándose á lo que previene ei artículo 4. del Reglamento de imprenta, previo pago de los derechos de firma correspondientes. Lo que traslado á V. R. para su conocimienlo y satisfacción.
Dios guarde á V. R. muchos años Manila 24 de Agosto de 1877.
M. R. P. Procurador (general de la Compañia de Jesús).
Después de tanto como se ha escrito sobre el Archipiélago filipino, echábase de menos siquiera no fuese más que un resumen de su historia, á fin de iniciar en el conocimiento de ella á la juventud numerosa que frecuenta sus escuelas. En el presente Compendio se hallan consignados, con la concisión exigida por obras de esta índole, los hechos más señalados, y los más notables acontecimientos, que uno tras otro se han sucedido desde la época del descubrimiento de estas islas hasta nuestros dias. Desde el capítulo 1 hasta el ano 1700 hemos seguido cuasi en un todo el plan histórico desarrollado por el R. P, Cuevas de la Compañía de Jesús en la concienzuda é interesante historia de Filipinas, que hasta aquella fecha deja escrita. En lo demás nos hemos atenido á lo que han narrado autores dignos de toda fé. Quiera Dios que este corto trabajo sea útil á la juventud filipina, á quien se lo dedicamos; sujetándolo de antemano, como lo hacemos, al juicio infalible de nuestra Madre la Iglesia Católica. 1
Estado del Archipiélago Filipino antes de su descubrimiento por los españoles.
Siguiendo la común costumbre de los que han escrito historia de Filipinas, vamos á dar por vía de Introducción una sucinta noticia del estado del Archipiélago, antes que á él llegasen los españoles. La carencia absoluta de monumentos de todo género hace difícil el poder averiguar de un modo satisfactorio, cuáles hayan sido los primeros pobladores de estas islas. Con todo, el atento estudio de las razas diversas que en ellas se encuentran: la comparación de los idiomas en que hablan; la situación topográfica que cada una de ellas ocupa; los usos, costumbres y rasgos característicos que las distinguen entre sí; han arrojado yá sobre esta cuestión cierto grado de luz, que, si no produce una evidencia completa, dá una probabilidad tal á la opinión hoy dia predominante, que apenas se hallará quien pretenda seriamente contradecirla. Esta opinión casi común es, que los primeros habitantes del país han debido de ser los llamados Negritos por los españoles, y Actas, Etas ó lías por los naturales. Estos pudieron haber venido de Nueva Guinea ó de Australia. Semejante raza, salvaje y bárbara en sumo grado, y por consiguiente débil, vencida más tarde por invasores de complexión más robusta, y dotados de un más alto grado de cultura, hubo de refugiarse en la fragosidad de las montañas; que es donde se la encuentra aún ahora en diversos puntos del Archipiélago, si bien que de cada dia más reducida y próxima á desaparecer por completo. La causa de esto es, además de su ingénita barbarie y vida nómada, el que, considerando como enemigos suyos á todos los demás hombres, consume su existencia en medio del más lamentable aislamiento, viviendo de una manera más propia de fieras, que de seres racionales.
Remontados los Negritos; los nuevos invasores se enseñorearon de las playas y llanuras fértiles, dónde se fueron estableciendo y formando poblaciones y cierto género de estados, gobernados por jefes ó régulos que llevaban el título de Rajáh, bajo cuyo amparo se defendían contra sus enemigos. De ahí la muchedumbre de provincias, en las que les hallaron distribuidos los españoles á su llegada, las más de las cuales, lo mismo que sus poblaciones, conservan aun al presente nombres, que están en perfecta consonancia con el lenguaje de los nuevos colonos.
Por lo que toca al origen de estos, cierto conjunto de relaciones y afinidades en el lenguaje, usos y costumbres, y en la fisonomía misma les haría originarios de la raza Malaya, que es la de los indios naturales de las islas, que se hallan situadas entre Ceilan y nuestro Ardiipiélago. Porque Malayo significa aún ahora entre nuestros indios lejano^ distante^ y con la denominación de malayos eran designados los habitantes de las mencionadas islas con respecto á los que pueblan el continente índico. Esto por lo que mira á los Luzones principalmente. En cuanto á los indígenas llamados hoy Visayas^ y Pintados en los escritores antiguos, que son los que habitan en las islas situadas al Sur de la grande isla de Luzon, por diferir en varios puntos de los Luzones, han pretendido algunos asignarles origen distinto, el cual sería el Macasar ó Borney.
Pero, si bien se coi/sidera, éste en último resultado no es otro que el mismo Malayo. Además de que no son suficientes ciertas diferencias, por notables i que ellas parezcan, para atribuir á una raza una
procedencia distinta de la otra, por cuanto esto nos conduciría á tener que buscar origen diverso á cada una de la casi infinidad de razas que se encuentran en nuestro Archipiélago, y con especialidad en las grandes islas de Luzon y de Mindanao. El género de vida que cada una observa, la región que ocupa y otras circunstancias, son más que suficientes para imprimirlas un carácter particular que las separe de las demás, si no en un todo, por lo menos en rasgos muy notables; como vemos que sucede en varias naciones de Europa, como son España, Francia, Italia, etc., donde, á pesar de las estrechas relaciones que les unen entre sL, han conservado sus provincias al través de tantos siglos su idioma, sus usos y hábitos peculiares, sin que por esto se les considere originarios de raza distinta. Uhimamente debió de invadir estas fértiles islas, no muchos siglos antes de venir á ellas los cristianos, esa secta funesta de los mahometanos ó moros, que cual plaga mortífera se vá infiltrando y propagando por todas las naciones, donde no ha llegado, ó de donde por desgracia ha desaparecido la civilización católica. Plaga que mata todo cuanto toca con su hálito impuro; que hace refractarios á toda cultura á cuantos están emponzoñados con el veneno de su doctrina pestilencial. Esa raza déspota, cruel y egoísta, al paso que indolente y bárbara, tenía sujetas en la sazón indicada á las razas sencillas de infieles que habitaban la isla de Mindanao y gran parte de las Visayas, cual sujeta y estruja entre sus anillos la culebra á la desgraciada presa que ha caído en su poder. Su horrible cabe2a había alcanzado á asomar hasta May-Níía, cuando llegando á ella el animoso Salcedo logró cortársela de un tajo con el filo de su espada siempre victoriosa, desterrándola para siempre de Luzon, cual la fueron desalojando sus sucesoies de todas las Visayas,^ y cual debería arrojársela de Mindanao, si de veras se quiere la prosperidad y cultura de tan fértil como importante isla.
Tales son en resumen las naciones diversas, que fueron invadiendo * sucesivamente y poblando el Archipiélago filipino en los tiempos antiguos; población que sin embargo no llegaba á la tercera parte de lo que es al presente, cuando á él aportaron las primeras naves españolas. Ni se debe olvidar tampoco, que este país fué visitado por naves de China y del Japón, como lo comprueban varios objetos de estos reinos que se encontraron entre los indios, como son, sederías, díges y otros artefactos; y que de consiguiente varios de sus mercaderes se debieron de estabk cer aquí, resultando de esa mezcla ciertos rasgos y costumbres, que asemejan á los indios é infieles de algunas provincias con los nacionales de los citados imperios, separándoles algún tanto de su verdadero tipo malayo.
En cuanto á la religión de los indios, si bien parece que habían tenido alguna idea de un ser supremo, había últimamente degenerado en verdadera idolatría, por la que prestaban cierto culto á uu dios casero llamado Anito entre los Luzones, y Dinata entre los Visayas; no tenían templos, nialtares; y su culto era un conjunto de supersticiones ridiculas y absurdas, que más bien les servían de diversión que de otra cosa.
Su comercio era de simple cabotaje, no permitiendo más la imperfección y pequenez de las embarcaciones de que se servían; hacían í.lgunos cambios con los chinos y japoneses, á quienes entregaban oro, sibucao y otros productos del país, por las telas, utensilios y otros objetos que de ellos recibían.
Su civilización era la propia de pueblos bárbaros; imponiéndose á los demás los más poderosos; motivo por el que su estado normal puede decirse que era el de la guerra, con la que se destiozaban unos á otros. Era sin embargo conocida entre ellos la escritura. De tan abyecto y lastimoso estado vino por fin á sacarles la religión Católicn, que los reyes de España trajeron á este Archipiélago, enviándole á su costa gran número de misioneros apostólicos, que insiruyesen y civilizasen á sus naturales.
EPOCA DE LA CONQülSTA
(DESDE 1519 A ISsls)
Expedición de Magallanes y descubrimiento del Archipiélago Filipino.
(15 19 á 1542,)
Ueinando en España el invicto Emperador Carlos V.; con el deseo grande de ensanchar el reino de Dios, que distinguió siempre á nuestros católicos monarcas, fué para empresa tan gloriosa enviado á estos mares de Oriente, no surcados aún hasta entonces, D, Hernando de Magall;mes; quien zarpando el 20 de Setiembre de 1519 de l.i barra de Sanlúcar^ y pasando por el estrecho, al que dio su nombre, llegó al rio de Butúan en la isla de Mindanao, dia 31 de Marzo df 1 año d521 . Recibido cortésmente por e\ régulo de aquella comarca, determinó Magallanes desembarcar allí. Y como fuese aquel dia Pascua de Resurrección, hizo levantar una enramada, donde
se celebró por la vez primera en Filipinas el Santo Sacrificio de la Misa, dejando luego allí enarbolado el civilizador estandarte de la cruz.
El dia 7 de Abril del mismo año llegó á Cebú, cuyo rey Hamabar celebró con Magallanes alianza solemne. Atraidos aquellos naturales por la mageslad de nuestro culto, y por la generosidad del general español, pidieron el bautismo el Rey la Reina, €l Principe y demás del pueblo en número de 800 iilmas, prestando luego juramento de obediencia y vasallaje al Emperador. Habiendo salido Magallanes con 60 de los suvos al castigo de los enemigos de Cebú, que cvi\u los insulares de Máctan, cayó muerto á los tiros de aquellos bárbaros, dia 26 de Abril del mismo ano de 4521. Muerto el ilustre caudillo, rebelóse con períidia propia de bárbaros el Rey de Cebú conlra los pocos españoles que allí quedaban; teniendo que retirarse la escuadra, ^'e la cual, después de varios desastres sólo llegó* ;t España la nave Victoria al mando de D, Juan Sebastian de Elcano, dia 6 de Setiembre de 4522, con la gloria envidiable de ser la primera que ha dado la vuelta al rededor del mundo.
Expediciones de Villalobos y de Legaspi. (1542 (i 1571.)
En (íuniplimiento de una orden expresa de Carlos V. salió, año de 1542, una nueva armada del puerto de Juan Gallego en la Nueva España, al jnando *del Capitán Ruy López de Villalobos. Esta
contrariada por los vientos y corrientes, llegó á la vista del Archipiélago, sin serle posible aportar en ninguna de sus islas. Mermados por el hambre y las enfeimedades, dirigiéronse los restos de ella á 1a^ Molucas, sin más gloria que la de haber dado su capitán el nombre de Filipinas, en honor de Felipe, príncipe de Asturias, á las numerosas islas que forman este Archipiélago.
Siguiendo los católicos deseos de su padre, Felipe H, mandó se aprestase una nueva expedición para la conquista y civilización de estas islas. Esta zarpó del puerto Natividad en la Nueva España, el 20 de Noviembre de 1564, siendo su capitán Miguel López de Legaspi, Iba en su compañía el sabio y religioso Agustino padre Urdaneta con otros dos compañeros de la misma orden. Esta expedición, después de tocar en las islas de los Ladrones, hoy Marianas, fué á surgir en las islas de Camignin "^ BohoL Llegaron por este tiempo los. españoles hasta Dajntan en el Norte de Mi ndanao, "donde fueron bien acogidos por los naturales.
El dia 27 de Abril de 1565 presentóse Legaspi en el puerto de Cebú. Mal acogido por aquellos isleños, á pesar de las buencs ofertas que les hacía, hubo de hacer USO' de la fuerza, dirigiendo contra ellos sus armas, y teniendo estos que huir á los montes vecinos. En esta jornada fué cuando un marino de la armada, acompañado de un artillero de la misma, encontraron en una casa principal la imagen del Niño Jesús hoy tan célebre con el nombre de Santo Niño de Cebú. Posesionado Legaspi de aquella población, levantó un fuerte y señaló lugar donde edificasen los españoles, que se intituló San Miguel; mandando erigir uiía Iglesia, para honrar en ella al Santo. Niño,
en el mismo solar, donde había sido hallada aquella imagen milagrosa. Perdido ya el miedo á los españoles, bajáronse de los montes los indios, y reconociéndose su Rey, llamado Tupaas las negociaciones en Madrid, salió el P. Sánchez para Roma, donde llegó á fines de 1588. Dispensáronle allí igual acogida á la que había tenido en Madrid, Sixto V, y los Papas que le sucedieron hasta Clemente VIH. Fueron reconocidos los derechos que tenían los reyes de España no solo á Filipinas, sino también á las Indias Occidentales, comprendidas bajo el nombre de América. Obtuvo además el P. Sánchez muchedumbre de privilegios y gracias espirituales en pro de las Iglesias del Archipiélago. Llamado á España por sus superiores, falleció en Alcalá de Henares á 27 de Mayo de 1593.
Da el ultimo asiento Dasmariñas a lab coías del Archipiélago
(Í590 á i 5 93). Gobierno de Oomez Dasmariñas.
Para la cumplida ejecución de las resoluciones alcanzadas de Su Majestad se necesitaba un Go
bernador que juntase en uno, carácter enérgica y activo, y extremada prudencia y madurez, por haber de quitarse la Real Audiencia, que era el único freno para la autoridad superior. Estas cualidades las reunía D. Gómez Dasmariñas, quien lleg6 á Manila en Mayo de 4590. Lo primero que hizo fué aprestar las naves que halló en el astillero de Cavite. Relevó á los vecinos del servicio de guardias y rondas. Cumpliendo la voluntad soberana deshizo la Real Audiencia, recogiendo el Real sello.
Dedicóse á cercar dé murallas á Maniln, edifica la fuerza de Santiago^ la Catedral y el colegio deSanta Potenciana. Entabló igualmente los propios de la ciudad. Puso en orden los hospitales. Era tanta su vigilancia, que él por sí mismo, inspeccionaba las obras públicas, premiando á los que cumplían con su deber. Mayor atención ponia aú» en lo tocante al orden moral y religioso, yendo delante con su ejemplo: pacificó también las provincias de Zambales y Camarines,
La naciones del Oriente, como ^ son el Japón» Camboja y Siam, enviaron embajailas á la Capital del Archipiélago. Salió en persona el Gobernador con una gruesa armada á socorrer al rey de Siam, que le habia pedido su auxiho. Más al salir de bahía la asaltó una fuerte brisa, que dispersó las naves. La galera que montaba Dasmariñas llegó á fuerza de remos el 2o de Octubre de .1593 á la punta llamada Azufre^ donde los sangleyes bogadores en número de 250 se rebelaron contra lo» españoles, de los cuales solos 18 de los 80 que llevaban no fueron asesinados. Dasmariñas, despertando al ruido de la catástrofe, al acudir á poner orden, le fué partida la cabeza por los fieros sangleyes, muriendo bañado de su sangre, y abrazada
€on una imagen de la Virgen, que consigo llevaba. Cerrada la escotilla navegaron los chinos hacia llocos; echaron alli en tierra á dos españoles Juan de Cuellar y al P. Montilla, religioso Franciscano, con algunos indios, que se hablan estado quedos debajo de cubierta. Ellos, arribando á las costas de Conchinchina, fueron despojados por el xey y sus mandarines de cuanto hablan robado.
ÉPOCA DEL ENGEANDECIMJENTO. (1593 HASTA 1694.)
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SeGIKF.A COKQIISTA DE CaGAYAN Y PRIMERA BATALLA NAVAL
CONTRA EL HOLANDÉS.
(i593 á i602). Gobiernos de D. Pedro de Rojas, de Don Luis Pérez Da amarinas, de B, Antonio Morga y de Don
Francisco 2'ello,
Sabida en Manila la muerte trágica de Gómez Dasmariñas, asumió el mando D. Pedro de Rojas, el que solo conservó durante 39 dias, entregándoselo á Luis P. Dasmariñas, que era el designado por su padre. A las grandes cualidades de éste unía además una blandura y apacibilidad tal de carácter, que le bacía bien quisto con todos, concillando los ánimos y rindiendo los corazones.
Los naturales de Nueva Segovia, en Cagayan» mal reducidos y sin ninguna predicación, andaban en continuas guerras contra los españoles. Pidió Dasmariñas, para catequizarles, religiosos de Santo Domingo, haciendo él mismo jornada para pacificar aquella provincia, atravesando por los montes de los Igorrotes. Erigió en Manila, á instancias de un clérigo venido de Méjico, que se llamaba Juan F. de León, la caritativa Hermandad de la Misericordia, la cual, además de otras obras pías, ampara y educa un gran número de doncellas pobres. Fomentó mucho la conversión de los indios á la religión católica.
Llegó á Cavite á 11 de Junio de 1795 el Doctor D. Antonio Morga proveído por S. M. con el cargo de Asesor del Gobierno y de Teniente de Gobernador. Pero fué tal la abnegación de Dasmariñas, que, reconociendo por auténticos los despachos de Morga, hizo en él resignación de su mando. Salió por este tiempo una armada destinada á dar auxilio al rey de Camboja, la cual, después de muchos contratiempos, logró su objeto, restituyéndole ai trono, del que le habia desposeído un usurpador.
D. Esteban Rodríguez de Figueroa, que habia pasado á Filipinas con Legospi, tenía solicitada de S. M. la conquista de Mindanao por su cuenta. Logrados sus deseos, salió de Otón en Abril de 1596 con una numerosa escuadra, que subió por el rio grande de dicha isla. Saltados en tierra, mientras cuerpo á cuerpo pelea Figueroa con los moros, recibe una herida mortal, con cuya desgracia y la de otros capitanes hubo de retirarse por entonces la armada.
Mientras tanto habia llegado á Manila, en Julio de 1596, D. Francisco Tello de Guzman, nombrado sucesor de Dasmariñas. Sabida por él la desgracia
de Figueroa, tomó la expedición á cargo de S. Uf. el cabo de ella que era D. Juan Ronquillo, quien destruyó una poderosa armada de moros, que venía del Moluco en socorro de los de Mindanao, teniendo que salvarse á nado Buhisan padre del Sultán Corralat, á quien los ternateses habian confiado el mando de su gente. Abatidos los moros de Mindanao con este golpe, se resolvieron al rendimiento, y aceptaron la dominación y amistad de los españoles.
Abandonó en mal hora Ronquillo su comenzada conquista, con lo cual se envalentonaron los moros para cometer nuevas tropelías en las Visayas. Fué enviado á perseguirles el capitán J. Juárez de Gallinato, año de 1602, quien fué á ponerle sobre el cerro de Joló; pero malogróse la empresa por no haber habido constancia suficiente para llevarla á cabo. En Mayo de 1597 súpose en Manila la captura en las costas del Japón del galeón San Felipe, que venía ricamente cargado de Nueva España, y con esta nueva, la de haber sido allí martirizados cinco religiosos misioneros franciscanos, y tres de la Compañía de Jesús con varios seglares. Arrojaron también los temporales á las islas Marianas las naos San Gerónimo y Santa Margarita j que, cayendo en poder de aquellos bárbaros, fueron robados y asesinados ó tomados por esclavos los que en ellas venían.
Estos y otros reveses durante el gobierno de Tello fueron al fin coronados con la gloriosa victoria reportada del holandés, en la bahía misma de Manila, donde fué completamente destrozado y apresada su nave almirante. En su tiempo la Sede de Manila fué elevada á Metropolitana por Breve de Clemente VIH, (1595), ocupando su solio como primer Arzobispo D. Fr. Ignacio Santibañez, eri
giéronse para sufragáneos los Obispados de Cebú» de Nueva Cáceres y de Nueva Segovia. La Audiencia, suprimida en tiempo de Dasmariñas, se restituyó» dia 8 de Mayo de 1598. Se erigió asimismo el colegio de San José, para la educación de los hijos de los vecinos, bajo la dirección de los Padres de la Compañía de Jesús, á 25 de Agosto de 1601, siendo el primero de Filipinas. Reinando Felipe IV obtuvo de la Santidad de Gregorio XV, la facultad de conceder grados solemnes en Filosofía y Teología, celebrando Manila con públicos regocijos, año 1623, la alta honra de tener una Universidad. Hubo durante este Gobierno dos fuertes temblores de tierra; uno á fines de Junio de 1599, y el otro el dia último de 1600, tan largo, que duró cerca de medio cuarto de hora, causando daños gravísimos en los edificios.
@á^i?i^i ^.
Primer alzamiento de los sangleyes, y conquista de las
{i602 á i€09). Gchiernos de D. Pedro Bravo deAcvña^ de la Real Audiencia y de D. Rodrigo de Vivero,
Por el mes de Mayo llegaba á Cavite D, Pedro Bravo de Acuña promovido al mando superior del Archipiélago. Entabló con Daifusama, emperador del Japón mutuo comercio, despachando para esto los vecinos de Manila el navio Santiago, Mientras los Mindanaos ó Moros, siempre pérfidos, á pesar de los tratados de paz y amistad hechos con los españoles, no dejaban pasar ocasión para asolar
— alias cristiandades al Sur de Manila, veía ésta convertida en cenizas enla tercera parte de sus edificios por efecto del voraz incendio ocurrido á 1.* de Mayo de 1603. Presagio eran estas llamas de otro incendio mayor, que amenazaba abrasar á toda la república ' con el fuego de la rebelión de los sangleyes ó chinos avecindados en los arrabales de la Capital en número de más de treinta mil, mientras que los españoles no pasaban de 800.
Dio ocasión á tragedia tan sangrienta la venida de tres mandarines, y la noticia que corrió entre €llos, de que se oslaba disponiendo en China una armada de cien mil hombres para venir sobre las islas. Noticioso de estos rumores siniestros el Gobernador, comenzó por solicitar las voluntades de los japoneses, que vivían cerca de Manila, para que se uniesen con los españoles é indígenas. Víspera de San Francisco de Asis se declararon por alzados, principiando por poner fuego á las casas de los arrabales y matar á la gente, que encontraban por las calles. Acometieron de noche los barrios é iglesias de Binondo y de Tondo, en las que se habían refugiado las mugeres y niños, pero fueron rechazados. Trataron el dia siguiente de asaltar la ciudad murada; pero hubieron de desistir á causa de los estragos, que sobre sus masas causaba la Artillería de nuestros baluartes, donde habían acudido todos los vecinos y los mismos clérigos y religiosos. Distinguióse entre los combatientes D* María de Albarado, que se presentó en el muro armada de alabarda, demostrando que no se había extinguido la raza de aquellas heroínas españolas, que se vieron pelear en el nuevo mundo al lado de sus esposos.
Viendo frustrados sus planes los sangleyes, se hicieron fuertes en la Iglesia de Dilao. Salió á com
l)atirles erviejo capitán J. Juárez de Gallinato, biei* conocido por sus antiguas proezas militares. Pera huho de retirarse Oj rimido por la fuerza de más de ^torce mil chinos, que cargaron sobre sus escasas tropas. Mal seguros á pesar de todo esto, determinaron los sangleyes retirarse tierra adentro; pero, perseguidos sin tregua por los españoles, japoneses é indios, que iban cobrando de cada vez mayores bríos,, los acorralaron hacia los montes, donde fueron pasados al filo de las espadas. Con esto cesó, el dia 20 da Octubie, la resistencia de los sangleyes en todas partes.
Sosegado el movimiento intestino, dispúsose Acuña á salir contra los holandeses, que en las Molucas, unidos con los moros, no cesaban de oprimir aquellas cristiandades. Embarcóse á fines de i605. Reunido el grueso de la armada en Otón,, hízose á la vela el 15 de Enero dé 1606, yendo á juntarse con el resto de ella en Tidor, que al instante quedó por el Rey de España, lo mismo que la factoría, que allí tenían los^ holandeses. El dia último de Mayo dio fondo la armada castellana junta á la fortaleza de Ternate. Sallar en tierra los nuestros, arremeter contra los moros que deff ndían un fuerte, arrollarles, entrar tras ellos dentro de las murallas de Ternate, enarbolando en ellas la bandera 'española, fijé obra de un momento. El rey tuvo que encomendar su salvación á la fuga.
Recuparada Ternate, envió Acuña una expedición de mil hombres á la Ratachina, donde se había refijgiado el rey Sedan Areph ó Zaide. Este, presentándose al Gobernador, juró vasallaje al monarca de España. Dejado por Gobernador de Ternate Don Juan ¿squivel, dio la vuelta para Manila, Rravo de Acuf.a, donde entró victorioso el 9 de Junio. Después
de tanta gloria en la tierra, salió de ella para ir á gozar de la deí cielo, el dia de San Juan Bautista.
Entró á gobernar en su lugai' la Real Audiencia en lo político. Particulares diferencias entre un español y un japonés, de los que vivían en Dilao, dio origen á un levantamiento de éstos, que hubiera sido funesto á no haberse interpuesto entre los dos bandos el P. Pedro de Montes, Rector del colegio de S.José, porparte délos españoles, y elP. J.Bautista, Franciscano, ministro de Dilao, por parte de los japoneses. Esto no impidió que al año siguiente volviesen á alzarse; pero vencidos por el sargento mayor Azcueta, fué desecho su parián, y obligóseÍes á vivir desparramados entre las demás naciones que poblaban las islas.
Los holandeses al mando de Blan-Kerden infestaban el Archipiélago de las Molucas. Envió Esquivel una galera para apresarle; embistiéronse con ardor, quedando cautiva con su capitán la nave holandesa, A 15 de Julio de 1608 llegó á Manila D. Rodrigo de Vivero, quien en menos de un ano que duró su gobierno, dio muy buenas ordenanzas para la administración de estas islas.
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Combate maval de MAurvELES» y jornam de D. 1. de Silva á
(1609 á 1618), Gobiernos de D, Juan de Silva y de la
El 15 de Abril de 1609, tomaba posesión del Gobierno de Manila D. Juan de Silva. Presentóse á poco tiempo delante de Otón el almirante holandés
Witter con una escuadra de cinco naves con el designio de hacerse dueño de Iloilo y Gavite. D. Fernando de Ayala, que se hallaba 'en Panay con tres compañías de españoles, hízole tan buena recepción al desembarcar, que tuvo por más conveniente el holandés dirigirse hacia Gavite. Acercóse á esta playa á tiro de cañón. En ella había sólo un navio inútil de puro viejo, y cuatro tan pequeñas embarcaciones, que apenas sufrían artillería. Dueño Witter de la entrada de la bahía, apresaba cuantos bajeles venían del Japón, Ghina, Macao y la India.
En tanto creaba Silva una armada de seis naves gruesas y otras menores y con las campanas de las Iglesias fundíanse cañones de gran calibre. Aprestada ya una armada respetable, á la que se juntó el galeón San Juan Bautista, que había logrado burlar la vigilancia del enemigo, embarcóse en ella D. Juan de Silva con el maestre de campo Juárez de Gallinato y otros capitanes. Saliendo del puerto de Gavite divisó el 24 de Mayo á la capitana holandesa. Llevaban los españoles en el Estandarte Real la imagen de María con este lema: Monstra te esse Matrem. Llegando á encontrarse, acometieron sobre cubierta los españoles, mientras que el holandés peleaba debajo sus jaretas y entrecubiertas. Ansiosos los nuestros por ir al abordaje, echaron el ferro y, entrando la capitana y demás naves enemigas, pelearon con tanto denuedo con los que con iguales bríos resistían, que al fin se hicieron dueños de ellas, muerto su almirante. Llegó á la mañana siguiente la nueva de la victoria á Manila, donde se celebró con extraordinario regocijo, dando por ella gracias al Todopoderoso.
No contento Silva con mantenerse á la defensiva, determinó, salir, á principios de 4611, con una
buena escuadra para limpiar de piratas los mares de la Oceania. Redujo con efecto á la obediencia del rey de España las islas de Gilolo y Sabugo, que estaban por el holandés. Habiendo regresada á Manila y teniendo noticia de la gran pujanza que iban adquiriendo los holandeses, por los continuos socorros que de Europa recibían, nuestro gobernador con una actividad asombrosa, recabando auxilios de cuantas partes podía esperarlos, reunió en Cavite la mas poderosa escuadra, que jamás aquí se haya visto. Constaba de 10 galeones, 4 galeras, 1 patache y otras embarcaciones menores, con 5000 hombres y 300 piezas de artillería, de las cuales montaba la capitana 46 del calibre de 18 á 30, todas de bronce. Eran las municiones de boca y guerra 4800 arrobas de pólvora, 8000 de bizcocho y 13000 fanegas de arroz limpio.
Con una escuadra tan formidable^ hízose á la vela el Gobernador el 4 de Febrero, con el fin de perseguir á los corsarios holandeses, y desalojarlos de todos los puertos de la India. Llegó hasta Malaca, donde le recibieron los portugueses con los mismos honores, con que eran allí recibidos los vireyes; por cuanto le consideraban como á su libertador. Más, ¡oh designios inescrutables de la Providencia divina! al corto tiempo de su llegada adoleció de tabardillo, que acabó en once dias con la existencia de. ese varón verdaderamente magnánimo y esforzado. Su muerte fué á 19 de Abril de 1616, Desalentados los capitanes, viendo que les faltaba el que era el alma de tan vasta empresa, dieron la vuelta para Manila, fondeando entera la escuadra en Cavite cuatro meses después que había salido. Por muerte de D. Juan de Silva, tomó el mando de estas Islas la Real Audiencia, te
niendo que desnudar la toga para ceñir la espada el Licenciado D. Andrés de Alcaráz, y los Oidores, que gobernaban, para hacer frente á una escuadra de holandeses, que vino á surgir junto al Corregidor. Pero, vista la actitud decisiva del Gobierno de Manila, tendió velas á los quince dias de estar en Mariveles, dejando en paz y sosiego á la capital.
dii^if iüL® ^:
Defensa de Ilo-ilo. Batalla naval de Playa-honda. Socorro DE Macao. Levantamiento rE Bohol y de Leytb.
• (1616 á 1624.) Gobiernos de la Real Audiencia de B, Gerónimo de Silva y de D. Alonso Fajardt de Tema,
La escuadra holandesa, que había desaparecido de las bocas del Corregidor, volvió pronto del Moluco rehecha de gente y de bajeles, haciendo rumbo hacia Ilo-ilo, el 28 de Setiembre de 1616. Defendió este pueblo el bravo capitán Diego de Quiñones, por medio de una trinchera, que con su poca gente pudo abrir, la cual fué sepultura de 87 cadáveres «enemigos; quienes, viendo tan obstinada resistencia, se recogieron á las naves, dirigiéndose á Manila. Fueron también deshechas á la sazón por el valiente capitán Lázaro de Torres un gran número de caracoas moras, que al abrigo del holandés, recorrían Jas costas de Panay, Negros y Cebú.
Cada dia mas osado el pirata protestante, á pesar ^e sus múltiples descalabros, presentóse el 30 de Octubre en la bocana de Corregidor con una escuadra la más poderosa que hasta entonces habia
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parecido; pues constaba de 10 galeones al mando ÍLel experimeata lo general Rodrwik. Manila sola podia presentarle 7 galeones, 2 galeras y un patache, restos de la escuadra de D. J. de Silva» que maltratados con la larga navegación, hubieron de ser aderezadas á tod i prisa. Daspues de estar á la vista una de otra armada, levó anclas por fin la enemiga siguiendo su derrota hacia el Norte. Sin tardanza salió en su seguimiento la española, zarpando de Gavite á 7 de Abril de 1617, bajo el mando de Don Juan Ronquillo del Castillo. Descubierto d holandés en Playa honda, costa de Zambal^s, á 13 del mismo mes, nuestra capitana, que se habia adelantado á las demás naves, se halló sola en un principio frente las del enemigo. En esta situación llegáronse contra ella seis de las enemigas, pasando una iras otra por su costado de babor, disparáronla una andanada con la artillería.
Respondió el Salvador, que así se llamaba nuestra capitana, con primorosas maniobras, devolviendo á cada galeón holandés su descarga tan certera, que les metía en los costados todas las balas. Que•daron tan escarmentados los enemigos con este encuentro, que no se atrevieron á revolver sobre nuestra capitana, antes procuraron tomar viento para alejarse de nuestra escuadra. Pero ésta les fué siguiendo. Encontráronse juntas el dia 15, y rompiendo -el fuego pelearon con tal denuedo nuestros marinos, ^ue la capitana Sol de Holanda fué echada á pique la primera; siguióse el incendio de otras dos, cuyos náufragos fueron humanamente recibidos por nuestros soldados. Las restantes, harto maltratadas, á favor de las tinieblas de la noche hiciéronse mar á fuera, para evitar una completa derrota.
La armada española victoriosa entró en Gavii&
tí 8 de Mayo, sin más pérdida que el S. Marcos, seguida de muchas naves de diferentes naciones, parte de las apresadas antes por el enemigo, y parte de las que detenidas esperaban ver el mar libre de correrías.
Desgraciado fué el Gobierno interino de D. Gerónimo de Silva, el cual vuelto á esta sazón del Moluco y habiendo tomado el mando de las armas, empeñó en una empresa arriesgada los restos de la armada, que tan victoriosamente habia combatido, concluyendo con ellos un temporal furioso: año de 1647,
El dia 3 de Julio de 1618 tomaba posesión del mando de Filipinas D. Alonso Fajardo de Tenza, nombrado por S. M. Menos belicoso que sus antecesores, contentóse con asegurar las plazas fuertes, procurando con astucia sustraer á la rapacidad holandesa las naos, que cargadas de plata venían da Nueva España. Y así iba recobrándose el Archipié-* lago de sus pasados desastres, poniéndose en estado de poder socorrer á Macao acometido con mucha fuerza por el holandés. Mientras por los montes de Igorrotes extendían su dominio las armas españolas en Bohol y Leyte se enrpleaban en domar la rebelión de aquellos naturales, que, miserablemente alucinados, querían sacudir el yugo de la nueva ley y de la dominación de España. Consumido de melancolía á causa de una desgracia doméstica, después de haber gozado dias felices, moría edificantemente arrepentido D. Alonso Fajardo á 11 de Julia de 1624.
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Encuentro de las armadas española y holandesa en Playahonda. Conquista en la isla Formosa. Jornadas de Joló.
(1624 á 1632), Gobiernos de ¡a Real Audiencia, de Don Fernando de Silva y de Juan Niño de Tavora,
Apenas había tomado el mando político la Audien'cia y el militar D. Gerónimo de Silva, cuando volvie^ ron á dejarse ver de nuevo siete naos holandesas. Salió contra ellas la armada española, compuesta de 5 galeones, 2 galeras y un patache, mandada por Gerónimo de Silva. Hacia Playa-honda dieron vista á las naves neerlandesas, que no se atrevieron á aceptar el combate. En vista de lo cual regresá^ á Manila nuestra escuadra, por cuya retirada, mientras que todos sus soldados ardían en deseos áe pelear, fué encerrado en la Fuerza el general, hasta la llegada de D. Fernando de Silva siendo multado en su residencia en 3742 pesos. Tomó D. Fer* nando posesión del mando interino de las islas e»^ Junio de 1625 con gran aceptación de los manileños, que conocían ya bien su prudencia y acierto.
Habían los holandeses hecho asiento en la isla Formosa en 4624, apoderándose del puerto de Taiguan. El dia 8 de Febrero de 4626 una tuerte armada^ al mando del sargento mayor D. Antonio Carreña de Valdés salía de Cavite, descubriendo á 7 de Mayo las playas de la Formosa. Tres dias después echada el ancla en el puerto de la^ Santísima Trini
dad, ocupando también el puerto de Tanchuy, catorce leguas del anterior. Al abrigo de las arnaas católicas comenzaron los religiosos de Sto. Domingo á predicar el Evangelio á aquellas gentes, viéndose luego producir en aquella breña inculta, frutos copiosos en tanto grado, que se fundó allí la Hermandad de la Misericordia, y se enviaron de Manila oficiales, que ejerciesen y enseñasen las artes mecánicas á aquellos nuevos cristianos. Para consolidar los establecimientos españoles, se hacía necesaria desalojar al holandés, nuestro constante enemigo, del puerto de Taiguan.
Don Juan Niño de Tavora, nobilísimo capitán español en las guerras de Flándes, que, nombrado Gobernador por S, M. entraba en Manila á 29 de Junio de 1626, tomó á pechos el llevar á cabo empresa tan importante. En el espacio de diez meses logró tener prestas en el puerto de Cavite S naos de alto bordo, dos galeones para capitana y almiranta en la carrera de Nueva-España, dos galeras y dos naves más pequeñas para los socorros de Ternate. El 17 de Agosto de 1627 salía una buena escuadra mandada por el mismo Gobernador. Pero, tiempos contrarios, contra los que forcejó por espacio de dos meses, la obligaron á volver á Manila, logrando solamente la pequeña nave Rosario llegar á la Formosa. Con este socorro pudo su Gobernador D. Juan de Alcaráz rechazar una acometida que intentaron los holandeses contra Tanchuy, en la que batidos éstos hubieron de retirarse con muerte de su general y de muchos soldados.
Los horrores causados por los moros en las cristiandades de Visayas no podian menos de conmover el corazón bondadoso de Tavora. Asi que
mandó salir al Alcalde de Cebú D. Cristóbal de Lugo con una armada, la cual se presentó el 22 de Abril de 1628 en el puerto de Joló, eterna guarida de aquellos sectarios. Desembarcar los nuestros, arremeter contra los jólo anos, no parando hasta penetrar en el alci'izar real, fué obra de un momento. Entregado éste, y toda la población, desamparada por sus habitantes, al saco y á las llamas, retiráronse los españoles, después de haberse apoderado del Real Estandarte, de todas las armas, de 60 joangas y de más de 100 embarcaciones grandes y pequeñas. Oe allí hicieron rumbo á Basilan, conocida entonces con el nombre de Taguina, donde ejecutaron otro tanto, con el fin de castigar á su reyezuelo Sapay^ por haber salido á corso con los joloanos.
No escarmentados los moros con tamaños casr tigos, continuaron muy pronto sus correrías devastadoras, viéndose precisado Tavora á enviar contra Joló otra armada, " cuyo mando se confió al maestre de campo don Lorenzo Olaso. Esta vez mostróse la fortuna favor.^ble á los sectarios, quienes, bien fortificados, resistieron el combate de los españoles. Contentándose éstos con talar las sementeras y apresar las embarcaciones, que encontraron en la playa, retiráronse después de 15 dias de bloqueo. No quedó satisfecho Tavora con la retirada poco airosa de Olaso. Así que volvió á mandar otra tercera escuadra, encomendando el buen suceso al sargento mayor Pedro Taufiño, que gobernaba el presidio de Dapítan. Esta, más afortunada, sorprendió la armada enemiga compuesta de más de 40 embarcaciones, parte de las cuales fueron presa de las llamas, y parte conservadas, dándose con esto por concluida la
facción. También fueron sometidos los caragas, en la costa Oriental de Mindanao, quienes, incitados por el sultán Corralat, se habían sublevado . contra los españoles. Recibió por este tiempo Tavora embajadores de todas las potencias, vecinas, en especial del Japón, á las que con su extremada prudencia satisfizo del modo más completo.
Estos y otros graves negocios no embargaban tanto la atención del Gobernador, que no aplicase sus cuidados á la fortificación de las plazas de guerra. Labró el puente de piedra, que une á Manila con los arrabales. En su tiempo se levantó el magnífico templo de la Compañía de Jesús. Tavora trajo de Acapulco la sagrada imagen de Nuestra Señora de la Paz, que se venera en Jos montes de Antipolo. Lleno de dias y de merecimientos por lo mucho bueno que hizo, murió por fin con cristiana resignación el dia 22 de Julio 1632,
ta^ífil.®
Fundación de la plaza de Zamboanga. Estado de los presidios DE Terna TE. Encuentros entre la potestad eclesiástica Y civil.
(163 2 á 1637) Oobiemos de la Real Audiencia^ de Don Juan Cerezo y de D. Sebastian Hurtado de Cor cuera.
La Real Audiencia tomó el Gobierno político, vacante por la muerte de Tavora, y el de las armas D. Lorenzo Olaso. Un año después vino D. Juan Cerezo nombrado Gobernador interino ^
quien, para atajar la osadía cada dia creciente de los moros, hizo levantar en tierra de ellos la plaza de Zamboanga, idea concebida ya por Tavora. Púsose su primera piedra el 23 de Junio de 1635, dirigiendo la obra el P. Melchor de Vera ingeniero insigne, que había trazado los planos, e\ cual abasteció asimismo la plaza de muy buenas aguas, por medio de una acequia tomada del rio Tumaga; beneficio; que aun hoy dia le agradecen los Zamboangueños.
Deplorable era el estado de los presidios de Ternate, á causa de la gran distancia que los separaba de Manila, de donde les iban los socorros. Presas los soldados de tedio, y lo que peores, de vicios abominables, habían más de una vez intentado sublevarse contra su jefe D. Pedro de Heredia, que les iba conteniendo con castigos ejemplares. Estado semejante movió al Gobernador Gerezo á enviar dos galeones de socorro, los cuales, después de una encarnizada lucha, que duró por espacio de ocho dias, contra un galeón holandés, lograron introducir dicho socorro, destrozando el buque enemigo con gran pérdida de su gente.
A 25 de Junio de 1635 aportaba á Manila don Sebastian Hurtado de Gorcuera, recibiendo de manos del Señor ' Gerezo el bastón del mando. Muy á los principios de su Gobierno tuvo la desgracia de malquistarse con algunas de las órdenes religiosas de Filipinas, manifestando cierta austeridad y rigidez, que para algunos frisoba con la injusticia. El dia mismo, en que tomaba posesión del mando, entraba el limo. D. Fr. Hernando Guerrero en el gobierno del Arzobispado de Manila, no sin haber precedido antes dificultades de tal calidad, que hacían ya augurar si
niestramente de la buena armonía que debería haber reinado entre ambas potestades. Con efecto, competencias las más ruidosas y encuentros desagradables hicieron su admininistracion la más triste que registra la historia de la Iglesia de Filipinas.
©a^if iii ^,
Ck)MBATE NAVAL DE PüNTA DE FLECHAS, JORNADAS DEL Ría GRANDE JOLO, BOHAYEN, Y LaGUNA DE MaLANAO.
(1637 á 1644,) Gobierno de D, Hurtado de Corcuera^
Sosegadas ya las turbulencias de Manila, volvióse el ánimo de Corcuera hacia las islas meridionales, donde humeaban aún las ruinas de los templos y estaba reciente la sangre vertida por el alfange musulmán. El dia 2 de Febrero de 1637 salía de Manila Corcuera, cuando en la punta de Naso recibió nueva de la victoria, en que la armada de Zamboanga había desbaratado y vencida á la del Sultán Corralat en el sitio llamado Punta de Flechas. En los dias 3 y 4 de Marzo siguiente zarpaba la escuadra del puerto de Zamboanga, donde se habían reunido las fuerzas españolas» para volar á la conquista del Rio Grande. Habíanse antes preparado cristianamente, bajo la dirección del V. Mártir P. Marcelo Mastrilli, coma lo hacían entonces los soldados de nuestros ejércitos, siempre que marchaban al combate contra los moros. Llegados al Rio Grande, desembarcait)n, dirigiéndose inmediatamente á Lamitang por
una vereda, que por no ser muy transitable, estaba menos defendida. Corcuera y los demás ca-^ pitanes espada en mano guiaban las pequeñas huestes cristianas, poiñendo en huida á los moros, que se les oponían al paso. Desalentados éstos con la muerte de Boiongon, que los acaudillaba fueron presa de tal turbación y desorden, que abandonaron la fuerza, en la que entraron sin dificultad los nuestros, sin costarles una gota desangre.
Quedó el campo acuartelado en Lamitang esperando á que llegase el resto de la armada. Reunidas ya todas bs fuerzas, se tomó la resolución de embestir al Sultán en el cerro, hoy llamada de Cottabato, yunto reputado entonces por el baluarte de Mindanro. Emprendióse la marcha el i7 de Marzo, dividida la tropa en dos columnas; la una á las órdeijes del sargento mayor Nicolás González, la otra mandada por el General. Llegado que hubo ésta al cerro, viéndole defendido por fuertes estacadas, arrojóse al asalto á pesar de ser muy angosto el lugar por donde acometía. Empeñada en la lucha toda la columna del Gobernador, viendo éste lo desventajoso del sitio, que ésta ocupaba, expuesta como se hallaba á los tiros del enemigo, mandóla retirarse en buen orden á los reales. Mientras tanto iba caiíiinando González hacia el punto, que se le había señalado, con su^ columna. Mas, por ser venida la noche, tuvo que hacer alto, para asaltar al dia siguiente. Regocijábanse entre tanto los moros, creyéndose ya victoriosos. Aun no se habían disipado del todo las tinieblas de la noche, cuando como leones arremetieron por la retaguardia los soldados de González. No pudiendo los
moros resistir su ímpetu en las estacadas, corrieron á parapetarse en la casa del Sultán. Pero rechazados también de allí, soltando las armas, apelaron á la fuga, tan ciegos, que se despeñaban por [los derrumbaderos del cerro. Celebró el 25 de Marzo el ejército su victoria con una función religiosa. Al mismo tiempo envió el Gobernador al •sargento mayor Pedro Palomino con cartas para Moncay, Sultán de Bohayen, requiriéndole con la paz, fundada en el vasallaje á la corona de Gastilla; lo cual fué aceptado. También los principales de Basílan, sujetos entonces á Joló, vinieron á dar obediencia, presentándose asimismo doscientas familias joloanas. El dia 24 de Mayo hizo el Gobernador su entrada triunfal en Manila, en medio de las salvas de artillería, y de los vítores del pueblo.
Poco tiempo gozó Corcuera de los aplausos de la Capital: pues por Setiembre del mismo año de i637 ya estaba de vuelta á Zamboanga, resuelto á castigar ejemplarmente á los moros de Joló, que con insolencia habían desechado sus proposiciones de paz. El 4 de Enero 1638 hallábase ya delante de Joló. Determinóse allí atacar el cerro por varios puntos; pero estaba tan bien fortificado, que todos nuestros esfuerzos fueron vanos para rendirle, si no es por el hambre. Para lo cual ordenó Corcuera cercarle con un estrecho bloqueo. No pudo resistir por mucho tiempo el sitio bajando el Sultán y su esposa á recibir las condiciones de paz que les imponía el General. Entró éste luego en la fortaleza, más con la confusión de tanta gente y con un fuerte aguacero que sobrevino, tuvieron ocasión de dispersarse, escapándosele de las manos los sultanes y datos allí reunidos. En vista de lo cual
se dio á saco el cerro, y guarneciéndole luego cod presidio de españoles, con otro que se puso á la barra, filé nombrado Gobernador de Joló D. Ginés de Ros. Concluido lo cuat se embarcó el campo para Manila, donde entró á 31 de Mayo.
A 15 de Marzo de 1649 salía de Zamboanga su Gobernador D. Pedro de Almonte, guerrero famoso, para castigar la insolencia de Moncay, sultán de Boháyen, como en efecto lo hizo, apoderándose de su fortaleza, guarnecida no solo de fuertes estacadas, más también protegida por grandes estanques de agua, producidos por la presa con la que durante seis meses hizo rebosar el agua de la Laguna de Liguasan. Por el mismo tiempo el sar* gento mayor, D. Pedro Fernandez del Rio, sometía y hacía tributarios á los moros, que habitaban en las orillas de la grande Laguna de Malanao y ríos afluentes. En prueba de su fidelidad se empadronaron dos mil de ellos; dieron rehenes para llevarlos á Manila, y prometieron admitir Misioneros que les instruyesen en la Religión católica.
s^i^QiirKii® i:
Pérdida »r ^a isla Formosa. Tbxores de invasión ho
JLAÍfDBSA. LrVANTAMIEMTO, GUERRA Y RENDICIÓN DK LOS'
SAMGLEYES.
GobUrno de 2. Sebastian Hurtado de Corcuem,
En tanto que las armas españolas se empleaban» m domar la fiei*eza de los moros de Joló y Mindanst^, los holandeses, pujantes por las victorias
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obtenidas contra los portugueses en las Indias, intentaban de nuevo conquistar el Archipiélago ' Filipino. Para esto creyeron deber apoderarse de nuestra fuerza de Tanchuy, única que conservábamos en la isla Formosa. Presentáronse pues delante de ella con u^na fuerte escuadra. Aún cuando prevenidos los españolas opusi^ou una vigorosa ' resistencia, faltándoles ya el necesario socorro, su ' 'Gobernador Gonzalo Portillo opinó por la rendición de la plaza, con 4.al de que fueran honrosas las condiciones. Estipuladas éstas, se ppncedieron á la
* guarnición todos los honores de la guerra, como ' son: salir de la fuerza al son de las cajas, con
•sarnas, banderas desplegadas, bala en boca y cuerda calada. ' •
•• Con la caida de Tanchuy creían. los vecinos de ' Manila ver ya asomar por las boca§ del Corregidor las naves holandesas; y . si era grande el peligro, no"' fué menor el ánimo de los habitan
• tes dc' la caipital, empleándose todos, desde los más elevados hasta los más humildes, en las rudas faenas de atrincheramiento y fortificación. Las órdenes religiosas aprestaron por su cuenta embarcaciones, y para fundir cañones franquearon las campanas ,de sus , Iglesias : ^ero la más eficaz defensa de Maniíá fué ' Ta lentitud, con que el holandés dispuso sus operaciones militares.
El ' éJisódio mé^ sí^ngriento, que rej^istran los anales de Filipinas, es sin duda aíguna el segundo levantamiento de' los sangleyes, ocurrido á fiíiefe de% 4639 y principio^, del 40; el cual duró
«)r espacio de cuatro meses. Su principio tuvo gar 'en-'Csrfámba/ donde les cJwos, que labo^^W^bat ^unkífcaeienda del Estado, ^np pudiei^flo $u' frir'el áuro trato que se les daba, alzaron el
estandarte de la rebelión, entregándose á toda suerte de excesos. Incendiaron la Iglesia de aquel pueblo, acometieron al cura y al alcalde que allí residía, y dieron muerte á varios dé los naturales. Reunidos en número de 6,000 se desparramaron primero por las provincias de la Laguna, y de Batangas. Pero, deseando se acrecentase su ejército, se acercaron á Manila, donde residían más de 40 000. ^Instigados éstos por stis paisanos» y por los malos tratos de que hace tiempo venían siendo víctimas por parte del pueblo y de la soldadesca; no menos que por la mano oculta de ciertos hombres codiciosos, que, según es fama, ansiaban por grangear en rio revuelto, no tuvieron más medio que unirse k los alzados, á excep5Íon de alguBOS, que, abominando el alzamiento, se refugiaron dentro de Manila en los conventos y casas de ciudadanos honrados, Organizá-ronse á su modo, se proveyeron de armas, qlje ellos mismos tabricaban, v. presentaron un ejército de SO. 000 hombres, iíá'{)oneríte cuándo Trtéñm por el número. ^ . . •
En vista de la inminencia' y graíidor del peligro, se deja entender que el árfifiló (esforzado de Corcuera, proc'ui*aría hacerte fícenle, valiéndose de todos los medios dé que podía disponer. Formó 5uerpos con los españoles; indígenas, japonese:^ v aím irac"'/ '^'' "'• ^^le psfcibati'á gos rtHi'-n^*v^fóles capitanes valerosos y entendidos, tíi'móles io mejoí que pudo, y con ello salió' en p¡pi*seoucion de los rebeldes, dejando encomendada la defensa de la ciudad alclero, a los religiosos', de toadas ' ias órdenes, á los estudiantes y demás"pfersonas A qui( nes rio íe^ permitííiíi las clrcftíngfáiiéía^ ^«lir íV cámiJaña. ' Ifubó varios eiicüentrtííf'^ eA tJS pít
— 40 — Ttncias limítrofes, en los que no dejaron alguna que oti-a vez de llevar la ventaja los sangleyes^ Pero acosados sin tregua ni descanso por toda»^ parles, acrecentándose cada dia nuestro ejército con los socorros de pampangos, pangasinanes, zambaleños, y otros, con que acudían de otras provincias, iueron al fin derrotados los sangleyes entregándose anos 6,000, que de tantos millares sola quedaban, desnudos, hambrientos y enfermos, á causa del continuo suírir. Calcúlase en 50,000 el número de víctimas, que ocasionó tan malhadado alzamiento.
Heformas i»b Corchera. Fundación de la capilla Reak.
Y DEL COLEGIO DE SaN FeLIPE.
Fué Corcuera de esos hombres de genio reformador, extremoso á las veces, como la mayor parte de los de su carácter, en sus planes y designios; algo precipitado para plantearlos y demasiado riguroso en los me'lios de ponerlos en ejecución. Sus innovaciones no se limitaron sólo ei^ )o político y militar, sino que se introdujeron también en las cosas eclesiásticas. Fué la primera ^cttlarizar la capellanía y administración económica del hospital Real pasándolas de las manos de los PP. de S. Francisco, á las de un capellán, majordomo y empleados seglares. Poco satisfecho de «o reforma Corcuera, confiaba en 1640 dicho hospital á los religiosos de S. Juan de Dios. Varió asi* jtoism» el m«N¡lo de nombrar gobernadores eclesiás
ticos de los Obispados vacantes; innovacioa qae motivó la Real cédula de 8 de Julio de 1639, que mandaba al presidente y oidores de la Real Audiencia guardar la costumbre que había habido en esta materia. Suprimió por su propia autoridad nueve beneficios llamados sacrisHas, por haber observado que los que á titulo de ellas se ordenaban no cumplía» €on la obligación de residir. Llegó también la reforma á los Párrocos y Doctrineros, bien que 1« iniciativa de esta reforma no fué de Corcuera.
El acontecimiento más notable en materia de negocios eclesiásticos fué la fundación de la capilla Real del tercio de Manila, con objeto de proporcionar á los militares un templo, donde se les administrasen los Sacramentos y tuviesen enterramiento decente. En honor de Felipe IV fundó el colegio de S. Felipe con 20 becas, para premiar con ellas á los hijos de los vecinos más beneméritos. Pero una Real cédula vino á derribar una obra, que no sontaba con rentas suficientes para su sostenimiento.
En la esfera política pocas son las mudanzas que introdujo, por cuanto carecía de la autoridad necesaria para llevarlas á cabo, y por habéreele respondido por el Rey, que hiciese observar las ordenanzas existentes, y no innovase nada Ideó el arbitrio de estancar el tabaco, año de 1 639 para acudir á los apuros de las cajas reales, exhaustas casi por los gastos cuantiosos, que ocasionaban las expediciones de Joló, Mindanao y otras semejantes. Introdujo el papel sellado en 1643, que rindió aquel año al Erario la cantidad de 9335 pesos. Pero el mérito principal de Corcuera consiste, no sólo en haber levantado las cargas del. Estado en tiempos tan calamitosos, sino en haber desempeñado la Real caja en más de medio mi
llon de pesos, y haber podido prestar á pobres^ particulares 70,775 pesos.
Coreuera fué el primero que tuvo la gloria de completar el ejército filipino, institución por este tiempo la más floreciente en Filipinas, anadien* dolé el arma de caballería de que hasta entonces había carecido, confiando el mando de ella á su sobrino D. Pedro de Corcuera,
ÉPOCA DE LA DECADENCIA.
1644 A 1S44.
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RESIDENCIA Y PRISIO» DE CORCüERA, PRIVANZA Y DESAFUEROS DE D. ESTASIO VbNEGAS, SU CAÍDA, PRISIÓN Y MUERTE. MüERTE
DEL Sr. Arzobispo Montero. Reventazón de tres volcanes,
TEMBLOR DEL DÍA DE S. ANDRÉS,
(1644 á i646).^ Gobierno de B, Diego Fajardo y Chacón.
Al paso que la gigantesca monarquía, que heredó Felipe rV, iba rindiéndose á la pesadumbre de su propia grandeza, se dejaban sentir á su vez en Filipinas los efectos de tan funesto cataclismo^ Iba desapareciendo en el Archipiélago aquella ge-; neraóíon varonil, religiosa y guerrera que había paseado en triunfo las banderas españolas por los mares y tierras d« orienté. No íiié empero aquella
época del todo estéril en virtudes: hubo nobles ejemplos de valor, abnegación y heroísmo, (pie al cabo éstos son frutos que no pueden menos de brotar en el seno de un pueblo católico como el español.
El más ruidoso de los tristes sucesos de aquel tiempo fué la residencia de Corcuera. Había éste 0btenido de S^ M. la ansiada licencia de retirarse de los negocios públicos, á condición de que antes enterase del estado del Gobierno á su sucesor. Era éste D. Diego Fajardo, el cual tomó posesión del mando el H de Agosto de 1644. Violento é injusto con su antecesor, no haciendo caso de la Real licencia que tenía para volver á España, le encerró incomunicado en una estrecha cárcel; teniendo que vdvir de limosna, sin un abogado que le defendiese. No parecían merecer tanto rigor los cargos que se le hacían; pues se reducían éstos á la demolición de la Iglesia y Convento de Bagumbayan, á la formación de la compañía de caballos, y á la erección del colegio de San Felipe. Llegadas á oidos del Rey las extrañas violencias de que era víctima Corcuera, y desaprobándolas, mandó que se le pusiese en libertad. Vuelto á España le honró con el Gobierno de Canarias, dónde falleció.
La mayor parte de los excesos de Fajardo se la atribuyeron los historiadores al válido D. Manuel Estasio Venégas, quien aprdveclxando la aversión de Fajardo á los negocios, se apoderó del Qobierno de la república, abusando de su posición para cometer toda suerte de desafueros. El remedio á tamaños males se cifraba en la llegada del nuevo At^obispo D. Fernando Montero, á quien todos esperaban como á iris de paz. Habíanle salido á recibir hasta la Laguna de Bay numerosas
embarcaciones; cuando en la barra de la misma les fué entregado un cadáver. Era el del Señor Arzobispo, el cual después de ocho dias de áspero camino desde Lampón á Santa Cruz, había enfermado de un tabardillo, viniendo á morir en el pueblo de Pila. Entró el féretro en Manila por la puerta de Almacenes el mismo día y hora en que nueve años antes híibía salido extrañado por la misma el Arzobispo Guerrero.
Reconoció Fajardo, aunque demasiado tarde, la desmedida confianza, que había dispensado á Venégas; y resultando contra él cargos gravísimos, le aprisionó y puso á cuestión de tormento para que confesase sus delitos. Pero él resistió los dolores de la tortura, y mantuvo su inocencia. Quitóle el bastón de mando y entregóselo á D. Pedro de Almonte. Murió Venégas en la cárcel, mientras se le estaba siguiendo la causa, siendo enterrado de limosna en San Francisco el 7 de Marzo de 1660.
El dia 4 de Enero de 1641 reventaban tres volcanes con fragor tan espantoso; que al mismo tiempo se oyó en Zamboanga, Manila, Ternate, Conchinchina y Camboja: eran los volcanes de San
fuil en Mindanao, el de la isleta enfrente del rio e Joló y el de Aringay en Pangasinan. El primero cubrió de cenizas á Mindanao, convirtiendo el dia en noche oscura. El de Aringay vino tras un fuiíoso huracán, y con sus vaivenes precipitó en profunda sima tres montes con otros tantos pueblos colocados en sus laderas. Era tanta su fuerza, que arrojaba á más de cuarenta pies por el aire árboles y peñascos: deprimidas las cumbres de los tres montes, formóse en su lugar una laguna. Manila, que se había visto libre por entonces de tamaños males, vino á experimentar en 1645 uno
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de los cataclismos más horrorosos. Eran las ocho de la noche del dia 30 de Noviembre, fiesta de San Andrés Apóstol, cuando, estando sereno el cielo é iluminado por la luna, empezó á moverse la tierra con tal violencia, que alborotó el mismo mar. Mientras el suelo arrojaba globos de fuego y un confuso fragor atronaba los aires, veníanse abajo todos los más grandiosos edificios, que encerraba entonces en su recinto la ciudad, que por su magnificencia había merecido el dictado de Perla del Oriente, quedando sólo en pié los templos de San Agustín y de la Compañía. Llegó á eclipsar la claridad de la luna la inimensa polvareda, que levantaba la ruina de tantos edificios, que á un tiempo se desplomaban. El número de víctimas fiíé de 600, y la ciudad quedó desierta por algunos meses, pues los temblores se iban repitiendo dos ó tres veces el dia, aunque con menos intensidad, si no es el quinto dia, que se sintió uno más fuerte que eí primero, y consumó las ruinas que éste había comenzado.
El Colegio de Santo Tomás, fundado en 1619» íté erigido en universidad este mismo año, á instancia del monarca Felipe IV, por Bula de Inocencio X de 20 Noviembre de 1645.
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Paces con £^1. Sultán de Mindanao, Defensa de Joló contra.
EL HOLANDÉS Y TRATADO CON EL SULTAN RaYA BOGSÓ. COMBARES NAVALES CONTRA LOS HOLANDESES EN BOLINAO, MaRINDUQUE, MlN
DORO Y Corregidor. Cavite defendido por Azaldegui. Muerte del Príncipe de JoLÓ Paquián Cachile. Hazañas del P. Capitán. Alzamiento de Visayas y bxpkdicion' de palapag.)
{1646 á 1653.)
Conocidos por D. Diego Fajardo los intentos del holandés de caer sobre el Archipiélago, su primer empeño fué hacer las paces con los sultanes de Mindíínao y Joló. Para lo cual comisionó al gobernador de Zamboanga D. Francisco Atienza y afF. Alejandro López, para que moviesen pláticas de paz con , Corralat y demás reyezuelos de Mindanao. Firmóse ésta en la barra del rio de Limoay á 24 de Junio de 1645, delante de varios representantes por ambas partes. En estas negociaciones supo Atienza como estaban sobre las escasas fuerzas españolas de Joló las naves holandesas al mando de Solicala enemigo mortal del nombre español. Estas intimaron la rendición á los nuestros dentro del término de cuatro horas. Rompieron el fuego el 27 del mismo mes; pero resistióles ügalde tan bizarramente, que después de tres dias de cañoneo y con pérdida de no poca de su gente, tomó el holandés el partido de levantar el campo. Tratóse
de persuadir entonces al sultán de Joló que lo más conveniente para él era ajustar las paces con el Gobierno de Manila. Este acto tuvo lugar en la barra del puerto de Lipir á 14 de Abril de 1646. Fueron llevados á tan feliz térmii)0 estas negociaciones por la hábil diplomacia del R. P. Alejandro López, qíie logró atraer al sultán Bogsó á firmar un tratado el más hono»ífico para nuestra bandera. Con éste se lograba el poder retirar sin mengua de nuestras armas el presidio de Joló, tan difloiii de sostener en las circunstancias presentes.
Una armada holandesa de siete galeones, viendo desaparecidos los españoles de Joló, dirigióse á Zamboanea. Arrimó á su fuerza las naves, con muestras de querer echar gente á tierra; más no lo consintió nuestra artillería. Esta pequeña armada formaba parte de otra formidable, compuesta de quince galeones, la cual había salido de Batavia con el objeto de conquistar el Archipiélago Filipino. Sin comparación menor era la que podia oponerle Manila; aunque grande y sin rival el valor de sus capitanes y soldados, y mayor la protección de Nuestra Señora del Rosario]^ bajo cuya tutela se encomendaron. Zarpó ésta de Cavile el 3 de Marzo de 1646 al mando de D. Lorenzo de Ugalde, y el 15 se encontró con la escuadra neerlandesa cerca de cabo Bolinao. Trabóse el combate, que duró hasta que la noche lo hizo imposible. Al favor de sus tinieblas huyeron las naves de los Países Bajos con los faroles apagados. Quedaba pues dignamente inaugurada la campaña naval contra Holanda.
No apareciendo el dia siguiente nave alguna enemiga, fué en busca nuestra escuadrilla de otra' división holandesa, que se habia apostado en el estrecho de S. Bernardino para apresar el galeón San
Luis, que venia de Acapulco. Este se perdió en el cabo del EngañOy salvándose la gente.
Cansados de esperar los holandeses, se dirigieron hacia Manila. Más nuestra escuadrilla, que se habia refugiado en el puerto de San Jacinto de la isla de Ticao, fuéles siguiendo hasta encontrarlos dia 29 de Junio entre las islas de Banton y Ma. rinduque. Pronto se vieron envueltas las naos Encamación y Rosario, á las que por burla llamaban gallinas, por siete galeones holandeses; más dieron tan buena cuenta de sí, sus disparos fueron tan á tiempo y tan certeros; que los holandeses horrotosamente destrozados, y muertos dos tercios de su gente« hubieron de abandonar aquí también el combate. Dia 3 1 de Julio volviéronse á encontrar las dos armadas entre las islas del Maestre de Campo y de Mindero donde trabaron combate, que duró desde las dos de la tarde hasta el oscurecer. Maltratada por la Encarnación la capitana holandesa, tuvo que retirarse, ni valieron á los enemigos los brulotes, con los que intentaron incendiar nuestras naves, pues fué echado á pique uno que con 30 cañones se dirigía á nuestra capitana. A vista de lo cual huyeron los holandeses al cerrar la noche, llevando apagados los faroles. Nuestra armada dio fondo en Cavite el 31 de Agosto, después de haber rodeado victoriosa toda la isla de Luzon. No fueron más afortunados otros tres galeones holandeses, que junto al Corregidor,, esperaban las demás divisiones navales, que debían caer sobre Manila. Porque otra vez la Enrarna€ion y Rosario fueron á acometerlos hasta ponerles en fuga con tanta prisa, que abandonaron una ñlúa llena de chusma y pertechos de guerra. Celebráronse en la capital con solemnes acciones de
gracias tantas tinunfos, debidos á la visible protección de la Virgen del Rosario, el 20 de Enero de 1647.
Obstinado en su propósito el holandés, el 10 de Junio dé 1647 entraba de nuevo por el Corregidor con trece galeones de Batavia. Dirigió sus fuegos contra Cavite, cuyo Gobernador D. Andrés de Azaldegui, le correspondió con tanta felicidad, que, herido mortalmente el almiranle enemigo y malparados sus galeones, se retiraron hacia la costa de Bataan. Allí, para vengarse de tanto desastre^ saltaron en tierra y acometieron los pueblos indefensos de Abucay y Samal, cometiendo desafueros propios de herejes rabiosos* Estuvieron en bahía hasta fines de Octubre, donde, habiéndoles acometido un contagio pestilente, volvieron á Batavia, con la gloria que se deja ver.
Ocupadas nuestras escuadras con el holandés, salían á corso por las A^isayas los. moros de Joló; pero fué en su persecución nuestra armadilla de Zamboanga al mando de D. Juan de Isastegui, y habiéndose encontrado con la escuadra Jolpana, que acaudillaba Paquian Cachile príncipe moro, éste derribado por una estocada por Isastegui, cayó prisionero con su capitana, rescatándose diez y ocho cautivos cristianos. Varias hazañas de este jaez llevó á cabo contra la bárbara morisma el religioso recolólo Fr. Pedro Je S. Vgustir? llamado el P. Capitán, ministro del pueblo de Rombion, an compañía de unos centenares de indios, en quienes, supo infundir el valor, que en su pecho . ardía.
Mal. reducidos aún algunos pueblos de Víssfyas, . no se hncían al nuevo orden de cosas iiitroducido • por la civilización cristiana. Intentaron pué's re
helarse; y el pretexto fué, el quererles traer á algunos de ellos al arsenal de Cavite para relevar á los tagalos, que hasta aquí habían llevado esta carga, si bien es verdad, que se les daba el salario correspondiente. El incendio, que prendió en Palapag de la Isla de Samar con muerte del Misionero, P. Miguel Ponce, se propagó pronto por los pueblos de Catúbig, Barugo, Bobon, Gaterman y otros, costando no poco el extinguirle; hasta que, habiéndose hecho fuertes los alzados en un cerro cerca de Palapag, fueron acometidos y vencidos.
Sosegados apenas tantos alborotos, tuvo que entregar "^D. Diego Fajardo el bastón de mando, á su sucesor D. Sabiniano Manrique de Lara. Fué residenciado con el rigor con que el residenciara á Corcuera: abandonado de sus favorecidos, buscó un asilo en el colegio de la Compañía, hasta que, embarcado en un galeón de Acapulco, falleció durante la travesía á lá edad de más de setenta años.
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Actos tí providrncus del Gqbernador D. Manrique de Lara , V DBL Señor Arzobispo Poblete, Guerra y treguas con los
Mm DAÑAOS,
{Í653'á i 66S), Gobierno de D. Sabiniano Manriquede
, EL dia. 25 de .Julio tomó póí^esion del mando
de Filipinas b. Sabiniano Manrique de Lara, de
,. singujaf nobljeza, desinterés, prudencia y celo de
— sala religión, Con él llegó también el Señor Araohispo D. Miguel de Poblete. Conforme al voto hecho en el viaje por su Ilustrísima y el Gobernador, mandóse restituir la Sagrada Imagen de María á su templo de Antipolo el 9 de Setiembre de i653 con una solemnidad inaudita, conforme á la devoción que le profesan los hijos de este Archipiélago. No fué menos notable el acto de dar el Señor Arzobispo en nombre de S. S. el Papa Inocencio X la bendición papal á Manila y á sus habitantes. Espantados éstos de la esterilidad, que veian en sus campos de algunos años á esta parte, temieron fundadamente no fuese esto efecto de alguna excomunión, que pesaba sobre ellos. Movido pues de sus ruegos el Padre común de los fieles, envió junto con su apostólica bendición la absolución de las censuras eclesiásticas, en las que por sí ó por sus antepasados hubieran incurrido. A' estas fiestas siguióse otra no menos solemne, cual es el voto hecho por el Gobernador, la milicia y el Ayuntamiento de Manila de defender el singular privilegio de la Concepción Inmaculada de la Virgen Santísima.
El Señor Arzobispo por su parte aplicóse también á la reedificación de la Catedral, habiéndose puesto la primera piedra el dia 20 de Abril de 1654. Promovió á su vez el bien de las almas, templos vivos de la divinidad, por medio de las misiones. Prohibió á los cristianos la venta de los esclavos, fíieran ó no infieles; dando otras muchas providencias á cual más útiles, que pensaba coronar con un acto de la mayor trascendencia, cual es la celebración de un concilio provincial.
En medio de todo esto hallábanse en un lamentable estado las cosas públicas» i causa de
las enormes deudas que agravaban el Estado, y la escasez de funcionarios públicos, facultativos y militares en que se veía Manila. Y aun cuando estaba libre de las armas holandesas, por las paces que se hablan hecho, todavía necesitaba conservarse en las mismas con los moros de Mindanao y Joló, para reponerse de sus quebrantos. Poco dispuesto parecía para la paz Corralaíy á pesar de sus protestas, cuando hacía dar muerte alevosa al P. Alejandro López, enviado por el Gobernador para ajustaría. Pero hubo de conocer que no impunemente se burlaba del poder español. Fué enviada contra él una armada, que sin lograr prenderle, taló sin embargo lo mejor de sus pueblos y campiñas. Este desgraciado sultán, murió por fin en el año de 1671, desengañado de que le fuese posible desechar nuestra amistad; la cual encargó conservase siempre su sobrino y sucesor Batatamay. También el sultán de Joló, aliado de Corralat, vino á los mismos sentimientos en vista de lo mal que le salían sus traidoras protestas. El año de 1656 se vieron talados nuestros campos por una horrible pla^a de langostas. Tras ella vino el hambre y las viruelas, que diezmaban á los naturales. Coronó todas estas desgracias el temblor del dia 20 de Agosto de 1658, el cual con ser más violento, que el del dia de S. Andrés, fué sin embargó de menor duración, y por consiguiente menores las desgracias personales, aunque no así los estragos causados en los edificios.
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LEVAm-AinENTOS DE PAMPANGA^PANGASroANÉlLOCOS. AMENAZAS* DE KOSEKG, TIBANO DI LA ISLA FORMOSA. ALZAMIENTO DE LOS SAKGLEYE8, APRESTOS DE GUERRA EN MANILA. ReTÍRANSE LOS PRESIDIOS DE TeRNATE Y ZaMROANGA.
(i658 á 1663), Gobierno de Manrique de Lara.
Con un temperamento discreto de energía y prudencia logró D. Sabiniano poner feliz término á la rebelión, que á principios de Octubre de 1660 había tenido lugar en la provincia de Pampanga» Contaminadas las provincias vecinas con el contagio, trataron también de rebelarse, como lo efectuó la de Pangasinan el dia 1 5 de Diciembre del mismo año en Lingayen^ matando los amotinados en su propia casa al alguacil mayor D. Nicolás de Campos con toda su familia y poniendo fuego al edificio. Igual suerte le cupo al Alcalde mayor, á su esposa y familiares que acababan de embarcarse, siendo cruelmente asesinados á flechazos y lanzadas. £1 alzamiento se mancilló con horrendos sacrilegios y crueldades, lo que no habia sucedido en el de la Pampanga. Pero acabaron con él los generales Ugalde y Esteibar con la muerte de sus principales caudillos, y la captura de cierta MáUmg^ que se habia proclamado rey. La provincia de llocos fué teatro de estragos aún mayores.
Partió á sublevarla el Conde Gumápos, gran amiga de Málong, que le habia hecho gracia de tal tí
tule. Llevaba en su compañía más de 5000 zambaleños, que también hacían causa común con los alzados de Pangasinan. Estos, después de haber cometido toda clase de excesos en robos, muertes é incendios, fueron al fin derrotados por Jas tropas de Ugalde y Esteibar en una batalla en la que filé cogido A mismo Ck)nde Gumápos, con el báculo del Señor Obispo en la mano; según se lo profetizó éste, al tiempo de arrancárselo descaradamente de la suya en su propia Iglesia de Vigan. En llocos Norte donde habia sido alzado rey cierto Pedro Almazan^ acabó con la facción D. Lorenzo Arqueros, el cual había acudido allí para impedir el paso de los rebeldes á la provincia de Cagayan. Estando á caballo para huir el rey Almazan, cayó muerto de repente, teniendo también sus hijos, un fin desgraciado.
Koseng famoso pirata chino, que acababa de arrojar á los holandeses de la isla Formosa, ufano con sus victorias, intimó al Gobernador de Filipinas la sujeción de estas islas á su obediencia y vasallaje, en 21 de Abril de 1662. En vista de lo cual nuestro Gobernador reunió junta de autolídades para consultar lo que debería resolver ante provocación tan altiva. Entre las resoluciones que adoptaron fué una el que después de contestarle menospreciando todas sus amenazas, se mandase salir del Archipiélago á los sangleyes que no fuesen cristianos. Vinieron estos á sospechar que se intentaba algo contra ellos, alarmándose unos á otros con la idea de que se trataba nada menos que de degollarles, se declararon en rebelión los del Parían; empezando por dar la muerte al alguacil mayor Juan de Frias y al capitán Francisco de Espinosa. Más, presentándose el Gober^
— senador con una fuerza respetable de soldados, á sus amenazas, parte se rindieron, parte se refugiaron eu las naves áe la Formosa, y como dos mil de ellos se dirigieron á los montes de Antipolo donde se fortificaron. Pero, habiendo salido contra ellos el maestre de campo Laxamana con 400 pampan
fos, acabaron muy pronto con los amotinados; siendo ichos pampangos recompensados de una manera, que daba bien á entender el alto aprecio que de ellos se hacía, pues se confió por espacio de 24 horas á su sola lealtad la defensa de la capital.
Tomáronse entre tanto las precauciones necesarias á fin de estar preparados para cualquier evento de guerra, que se temía por parte de Koseng, atendidas las fuerzas inmensas de mar y tierra de que disponía. Formáronse regimientos de pampangos, cagayanes, boholanos, dapitanos y mardicas, hasta componer un ejército de 8,000 infantes y 400 caballos. Aprestóse una escuadra de 50 caracoas. Demoliéronse todos los edificios de piedra de extramuros, que pudiesen servir de reparo á los enemigos. Otro tanto y con el mismo fin se estaba practicando en Cavite; hasta que se mandaron suspender tales derribos por la vuelta y buenas nuevas que trajo nuestro embajador. Koaeng, en medio de los aprestos enormes que hacía para venir sobre el Archipiélago, murió el 23 de Julio de 1662. Lo más lastimoso de todo esto fué el que por idéntico motivo se mandasen retirar los presidios de Zamboanga y de Ternate, que con tantos sacrificios habíamos conservado hasta entonces; sin que para nada valiesen las suplicas y reclamaciones de los PP. Ministros, que tanto se interesaban por aquellas cristiandades. El abandono de Zamboanga fué en 1663.
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Residencia de D. Sabiniano Manrique de Lara. Construcción DE galeones. Desaires al Sr. Arzobispo y su muerte. Empresa contra los igorrotes. Conjuración contra el Gobernador, su prisión.
(Í66S á 1668,) Gobierno de D. Diego de Salcedo.
Con grandes aclamaciones y regocijos entró en la capital D. Diego de Salcedo, tomando posesión del Gobierno el dia 8 de Setiembre de 1663. Era de nación flamenco, y con su carácter altivo se enagenó las voluntades, y las irritó del todo con la codicia, que era su pasión dominante. El primer suceso de su gobierno fué la residencia de D. Sabiniano Manrique de Lara, tomada por el oidor D. Francisco de Coloma. Pero salió tan bien de ella que, habiéndosele ordenado depositar en fianza 60.000 pesos, el Consejo de Indias mandóselos restituir, absolviéndole de todos los carg:os. Vuelto á España ordenóse de sacerdote, muriendo en santa ancianidad.
No puede negarse á Salcedo después de todo una actividad digna de los mayores elogios. Regularizó las salidas de las naos para Acapulco; lo cual contribuyó no poco á que se hicieran muy prósperos viajes. Puso astilleros en las provincias, donde los acarreos de madera eran más fáciles, menos onerosos para ellas, y por lo tanto menos dispendiosos que en Cavite. Para entablar
comercio envió embajadas á Camboja, al reino de Bantá, á Siam y á Batavia. Todas estas providencias tuvieron lugar en 1664.
Por motivos harto fútiles indispúsose Salcedo con el Ayuntamiento de Manila, llegando á poner preso al alcalde ordinario general D. Sebastian Rayo Doria, sujeto de mucha influencia en la ciudad; con el mismo Arzobispo, á quien mandó intimar orden de extrañamiento á Mariveles; con el cabildo eclesiástico, reteniendo sus estipendios: motivo por el cual abandonó éste la residencia en el coro. Mortal tristeza y desconsuelo por los graves desaires, que. del Gobernador recibió el limo. Sr. Poblete, acarrearon su muerte, que acaeció en la casa del Rio el 7 de Diciembre de 1667.
Viendo la paz de que gozaban las islas, mandó Salcedo las armas al corazón de los montes de llocos, para sujetar y reducir los Igorrotes. Los pueblos que dieron obediencia fueron unos 50 y los que llegaron á pagar reconocimíeato y vasallaje, como ciento. La reducción se continuó hasta 1668, en que se retiró el presidio por muy difícil de conservar.
Por este tiempo había llegado á su colmo la exasperación contra el Gobernador. Publicóse un libelo clandestino, en el que con más pasión que justicia se le hacían cargos gravísimos. El alma de este complot era el ya mencionado Rayo Doria. No queriendo ninguno de los dos oidores Mansilla y Coloma, poner la firma el uno antes que el otro, por temor de que puesta por uno, se retrajera el otro, acudieron al Comisario del Santo oficio, que era el P. Paternina; éste resolvió proceder á la prisión del general. La noche del 8 de Octubre del 1668, presentóse en Palacio el Co
misario con muchos familiares del Santo oficio^ estando ya recogido el Gobernador. Llegados á su aposento, dijole el Comisario que se diese preso; á lo cual contestó, que de buena gana. Pusiéronle grillos allí mismo, y sacáronle en una hamaca, y fué depositado en San Agustin. Golpe tan sensible lo llevó Salcedo con tanta resignación cristiana y con tanto valor, que causaba admiración. Prueba inequívoca de que era inocente en los más de los cargos, que le hicieron, como se probó más tarde. Embarcáronle en fin para Nueva-España, ano 1670, cuando gobernaba ya don Manuel de León, pero murió en el viaje con muy cristiano ñn Los inquisidores de Méjico fallaron con más rectitud, que la prisión de Salcedo había sido nula, injusta y atentada; y nulos los embargos; y que nada podia obstar á su honra y buena fama. Los mismos expidieron órdenes para que al P. Patemina, depuesto de su oficio, le enviasen preso á Méjico; pero durante la travesía murió en el mismo paralelo cabalmente donde había muerto Salcedo.
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Alzase Bónifáz con el mando. Llegada del nuevo Gobernador. Embajada de Magda. Bbstierro rEL Dean y arresto del Obispo de Heliópolis. Muerte del Gobernador. Reducgioei
DE LAS Marianas.
(1668 á 1677). Gobiernos de Bonifaz y de León.
Ejecutada la prisión de Salcedo, asumió sin dilación la Real Audiencia él gobierno político;
en cuanto al de las armas se lo disputaron calurosamente los dos oidores más antiguos, que eran Coloma y Mansilla. En vista de lo cual el oidor Bonifaz se ofreció á tomarlo, ínterin se resolviese á cual de los dos le tocaba. Más, reconocido ya por Gobernador, 45 de Octubre de 1668, le pareció bien quedarse con el bastón de mando y envió desterrados á los dos oidores contendientes, y al fiscal de S, M., por más que por fuerza le hubiesen ya también reconocido. Portóse en el gobierno con notable cordura, ganándose la devoción de los soldados.
Poco tiempo gozó Bonifaz de las dulzuras del mando, pues á 8 de Diciembre del año siguiente tomaba de él posesión el Gobernador propietario D, Manuel de León y Laravia. Inmediatamente de tomar posesión de su empleo, acogióse Bonifaz á sagrado; primero en San Agustin y más tarde en Recoletos donde falleció. Aplicóse el nuevo Gobernador á mejorar el orden y disciplina militar. Para dar impulso al comercio envió á Macao al general D. Enriquez de Losada y al P. Francisco Mesina de la Compañía de Jesús; y al año siguiente vinieron ya barcos de Macao y Cantón. Abrií senos el puerto de Ningpo en China; igual se obtuvo en la corte de Coromandel y Siam. Los socorros de Méjico fueron también abundantes, pues el año 4671 trajo la capitana Buen Socorro 150,000. en 1672 vino la almirante San Diego con otros 100.000; y en 1676 los galeones San Telmo y San Antonio trajeron 196.099 pesos, además 503,512 pesos registrados como pertenecientes á particulares; Por ingerirse más de lo que convenía en los negocios eclesiásticos hubo de experimentar el Señor Xeoa algunos encuentros desagradables; cuales fue
— Girón el mandar desterrado en una banca á Cavile^ al Sr. Dean Cartagena, que era al mismo tiempo Gobernador eclesiástico, para poner en su lugar á don Gerónimo de Herrera, persona muy querida suya. Quiso reducir á los PP. de S. Agustín á que eligiesen un Provincial á su gusto. Al Señor Palú Obispo de Hierápolis y á sus familiares de la Congregación de la Propaganda, destinados á Siam, les mandó detener, hasta que hubo embarcación para remitirlos á Europa, por la errada opinión en que estaban los de aquí, de que aquellos reinos pertenecían aún á la demarcación de Castilla* Después de una larga y penosa enfermedad, fallecía León en la noche del 10 de Abril de 1667, siendo enterrado eíi la Capilla Real de la Encarnación.
, En 23 de Marzo salía de Acapulco el P. Luis de Sanvítores de la Compañía de Jesús con otros cinco' compañeros, para la reducción de las islas Marianas, á donde llegaban el 15 de junio de este mismo año de 1667. Sin auxilio' de armas, en los ocho primeros meses de su apostolado se contaban ya 13.000 cristianos y 20.000 catecúmenos, Pero la sangre de los mártires había de sazonar los frutos de aquella mies evangélica; como. así aconteció, siendo la mayor parte de los primeros misioneros, entre ellos el P. Sanvítores, víctimas de la crueldad de aquellos infieles. El pueblo de San Ignacio de Agaña fué escogido por cabecera de la misión. Junto á su Iglesia levantaron los PP. un colegio para educar en él á los niños marianos, mediante decreto de S. M. de 16 de Abril de 1673.
Los OIDORES GOLOMÁ Y MaNSILLA. FiESTAS REALES. El GOBERNADOR Vargas. El Gobernador Gurucelaegui. Varias plagas EN el Archipiélago. Piratas Ingleses. Nueva Audiencia.
Muerte del Gobernador.
(1677 á Í689). Gobierno de la Real Audieneia, de Vargas
y de Curucelaegui,
Dirimida la cuestión de antigüedad, entró á gobernar, por muerte de D. Manuel de León, el oidor Coloma. El 4 de Agosto llegaba á Manila la noticia del ensalzamiento de D. Carlos H al trono de España. Mientras sé disponía la celebración de las fiestas reales falleció D. Francisco Coloma, 14 de Setiembre. Sucedióle en el mando su antiguo competidor D, F. Mansilla, que se mostró digno de tan alta honra por su bondad y rectitud.
El 4 de Diciembre comenzaron temblores con tanta frecuencia, que el dia 6 desde las dos de la mañana hasta las nueve del dia se contaron 17, pero sin que ocurriese apenas desgracia alguna.
El dia 8 de Setiembre de 1678 entraba en Manila el Gobernador en propiedad D. Juan Vargas, el cual comenzó á gobernar con mucho tino y aplicación á los negocios, y como buen soldado se esmeró en mantener en gran lucimiento el campo de Manila. Fomentó el comercio, acudiendo á este puerto naves de China, Bengala, Coromandel y de los portugueses de Macao, Castigó á los Zambaleños de Playa-honda, que infestaban con sus correrías
— estos caminos de Pangasinan é llocos. Durante su gobierno recibió embajada del rey principal de Borneo, quien cedió á la corona de Castilla toda su isla Paragua.
En 1779 llegaba á estas islas confinado D. Fernando de Valenzuela primer ministro de Carlos 11, Castigó el Gobernador, de orden de S. M.,álos que habian tenido parte en la prisión de D. Diego de Salcedo. Su gobierno hubiera sido de los más felices á no haber ocurrido tempestuosas competencias entre el Sr. Arzobispo, Cabildo metropolitano, Real Audiencia y otras corporaciones; competencias que trató de cortar en un principio, y en las que se vio después envuelto á pesar suyo.
El dia 24 de Agosto hizo su entrada en Manila D. Gabriel de Curucelaegui nombrado sucesor de Vargas, Un temblor, que acaeció al tiempo de entrar pareció ser presagio funesto dé varias calamidades, que se sucedieron durante su Gobierno. Una epidemia de viruelas en 1685 causó gran mortandad en párvulos y adultos. Tras éstas en 1686 viniei'on tan continuas lluvias que causaron la pérdida de las sementeras: á las lluvias siguió la falta de galeones, porque en 1687 no vino nao de Acapulco El 28 de Marzo del mismo año el fuego destruyó más de mil casas en los arrabales de Baybay y Tondo. Vino luego la langosta talando no solo los sembrados sino hasta los mismos árboles. A esto se siguió un hambre espantosa, temblores con frecuencia y una epidemia de catarro, en 1688, que dejó desiertas las calles por el gran númsro de enfermos. Quedó destruida la Audiencia, con prisión de los oidores y juez de residencia, á causa de los disturbios ocasionados con la restitución del Sr. Arzobispo extrañado en Lingayen.
Unos piratas ingleses aparecieron en las islas Babuyanes quemando el pueblo, robando y maltratando á los religiosos de Santo Domingo. El año 1688 llegó D. F. de Campos Valdivia, nombrado juez pesquisidor en la causa de extrañamiento de S. I. Restituyó la Real Audiencia, puso en libertad á Valenzuela, el cual fué trasladado á Nueva España donde murió. También acababa sus dias en Manila, el 27 de Abril de 1689, el General Curucelaegui, á la edad de 60 años, después recibidos los SS. Sacramentos: y á la edad de 79, el Sr. Arzobispo Pardo bajaba al sepulcro el 31 de Diciembre de este mismo año.
Reyertas del Obispo de Troya con el cabildo. Llegada del
Señor Cruzat.
(1689 á 170 i). Gobiernos de la Audiencia, y de D. Fausto
Cruzat y Góngora,
Por muerte de Curucelaegui empuñó interinamente el bastón de General el Sr. Abella Fuentes, el cual supo mantener el sosiego público, refrenando los espíritus inquietos. El Señor Obispo de Troya, que gobernaba la Sede vacante, quiso portarse como superior al cabildo. Resistiendo éste, hubo de refugiarse su deán en S. Agustín, de donde permitió Fuentes le extrajera el Obispo, como pretendía; éste vióse al fin obligado á hacer cesión del gobierno al cabildo.
El galeón Santo iVmo trajo á estas islas á don Fausto Cruzat, nombrado Gobernador, el cual hizo
su entrada á 25 de julio de 1790. El rasgo distintivo de su gobierno fué el aumento de las rentas públicas, con el cual empezó á salir este Archipiélago de la continua dependencia de las cajas de Méjico, y á pagar á la madre Patria los cuantiosos sacrificios, que le habian costado la reducción y civilización de estas remotas regiones. Pero la pasión por las economías le hizo injusto con algunas clases rebajando su sueldo de manera, que las redujo á la miseria. Construyó galeones magníficos, fundió artillería y estableció en Manila una fábrica de armas. Ocurrió por este tiempo una conjuración de los forzados en Marianas, que descubierta, costó la vida á 20 de ellos; también se sublevaron los naturales, asesinando á varios Padres de la Compañía rindiólos empero el valor heroico de nuestros soldados. A consecuencia de esto mandó el Gobierno se concentrasen los habitantes del Archipiélago en las dos islas de Guájan y Rota.
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Llegada del Señor Zabalburu; sus prosperidades y sus pesadumbres.
(179 i d 1709), Oóbiemo de don Domingo Zabalburu.
Año de 1701 á 8 de Setiembre se encargaba del gobierno de Manila D. Domingo Zabalburu. Su inauguración fué muy feliz, pues reparó Cavite, auxiliándole el comercio en esta obra importantísima. Prosiguió la fábrica de almacenes y reedificó el polvorín más abajo de Malate con un buen fuerte. Atendió á la fábrica de galeones, y el co
merció estaba pujante. Los dos reyezuelos de Joló y de Mindanao, en una entrevista amistosa, no acabando de fiar el uno del otro, viniendo por fin á^ las manos, recíprocamente se mataron. El sobrino de Curay^ que así se llamaba el de Mindanao» pidió auxilio al Gobernador de Manila contra el de Joló; más, como estábamos en paz con ambos, excu;5Óse Zabalburu, de manera que ninguno de los dos enemigos quedase ofendido.
El galeón Rosario al mando de Salaverría (1704)» acometido por dos navios ingleses, hizo retirar al enemigo del combate con pémida de uno de ellos, que se fué á pique junto á Marianas; en cambio el galeón San Javier, que salió prósperamente de Cavite, pereció, sin que hasta ahora se haya podido averiguar el cómo ni dónde. La pesadumbre mayor para Zabalburu fué el haber merecido ser depuesto por S. M, á causa de la honorífica recepción que hizo en Manila al nuncio apostólico el Señor de Tournon, que pasaba á la China en calidad de legado de S, Santidad. Muy mal correspondió dicho Señor á los agasajos que se le hicieron, pues llevó sus exigencias hasta el punto de privar á nuestro Arzobispo Señor Camacho del uso de la cruz arzobispal, despojándole en público de la muceta: habiéndose él negado por su parte á manifestar á ninguna de nuestras autoridades los títulos que le acreditaban, y no devolviendo ninguna de cuantas visitas se le hicieron. Nuestro Señor Arzobispo,, por su demasiada condescendencia con el Señor de Tournon, incurrió en el Real desagrado, sienda trasladado al obispado de Guadalajara en la N. España. Fué pastor vigilante, habiendo ido en persona á predicar á los mismos setas. En su tiempo se erigió frente á su palacio el semin'ario triden
tino del que habia carecido hasta entonces esta diócesis. Ignorado del Rey, el Señor Zabalburu se retiró á España, año 4710. Por este tiempa se despachó una expedición de soldados y misioneros de la Compañía de Jesús á las islas Palaos. Descubriólas el barco en que iban los religiosos, los cuales tomaron tierra y fueron bien recibidos^ más por haberse tenido que alejar el buque á causa de los temporales, no se ha sabido más de su suerte.
Año de 4707 tomaba posesión déla silla arzobispal, en 12 de Agosto, D. Fr. Francisco de la Cuesta. Su celosa administración no fué desabrida; y eran veneradas sus determinaciones.
El año anterior habia muerto en Ilog, isla de Negros, el P. Juan Dávila de la Compañía de Jesús, á los 91 años de edad y 63 de Misiones. Hizo que se trajesen de Nueva España los primeros pies de cacao á fin de que los indios con su cultivo se fijaran más en sus misiones respectivas.
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Besuccion del número de chinos. Combate natal contra lo&
(1709 á Í7í7). Gobierno de Orsúay déla Real Audiencia.
Don Martin de Orsúa y Arismendi, conde de Lizárraga, tomaba posesión del Gobierno de estas islas en 4709. Su justicia é imparcialidad le captaron el aprecio de todos. Conociendo lo excesivo del número de chinos para poder convenientemente sujetarlos, mandó á sus tierras á los que consideró superfinos; resolución á todas luces im
portantísima y que sin embargo no se vio libre de toda critica. Año de 4710 devolvían los Padres Dominicos la provincia de Zambales á los Padres Recoletos, de que se les habia desposeido, cuando les fueron confiadas las misiones de Mindoro.
Hablan salido de Manila este mismo año dos navios para Acapulco; esperábanles otros tres ingleses, que montaban 82 piezas, en la costa de California. Mandaba nuestra almiranta un francés; y sin probar defensa alguna arrió bandera y se entregó al enemigo. Acometieron después á la capitana Nuestra Señora de Begoña, cuyo general era D. Fernando Ángulo, el cual resistió con tanto valor, que hizo ceder al inglés en sus tres ataques, teniendo que retirarse muy mal tratado. Sintió el Rey esta pérdida y ordenó no se confiasen semejantes jnandos á extranjeros.
Después de un gobierno pacífico de seis años bajaba á la tumba el Conde de Lizárraga, á 5 de Febrero de 1715. Entró á gobernar interinamente la Real Audiencia, tomando el bastón militar el Oidor D. José Torralba, el cual prosiguió las obras empezadas por su antecesor. Deslustró luego su Gobierno con violencias y arbitrariedades tales, que le enajenaron el común aprecio del que en un principio gozara.
©aiFífiii n.
Edifícanse los presidios de Labo en la'Paragua y be Zam BOANGA. Cargos al Sr. Torralba. Embajada al reino de SiAm
Muerte del Gobernador;
(17 i 7 á i72i). Gobiemo de D, Femando Manuel de Buslámante y del Sr. Arzobispo Cuesta.
El 9 de Agosto de 1717 entraba á gobernar el Mariscal de Campo D. Fernando Manuel de Bustamante; hombre de mérito en i a milicia. Empezó con resolución protegiendo el comercio y hacienda respetables estos dominios. Era tan eficaz en sus proyectos, que se reputaban violencias, á las que se sujetaba poco la libertad intioducida; lo cual concitaba los ánimos inclinados á tumultos. Puso un trabajo inmenso en los cobros de los que adeudaban á las cajas reales y en las economías que introdujo en todos los ramos.
La isla de la Paragua expuesta á continuas invasiones de joloanos y borneyes, necesitaba de un presidio para la defensa de sus moradores. Edificóse éste en el sitio de Labo, punta meridional de la Paragua, á instancias especialmente de los PP. Recoletos ministros de Calamianes, También, á instancias repetidas de los PP. de la Compañía de J(sus, volvióse á levantar la importante fortaleza de Zamboanga. Envió una embajada al rey de Siam, la cual fué muy bien recibida, logrando que se concediera terreno para una factoría española en aquel país.
Varios y gravísimos cargos resuitaban contra la administración del Sr. Torralba, sujeto, según se dice, de i:onducta poco ejemplar y acusado de un destalco de 700,000 pesos. Eu su consecuencia dispuso el Gobernador fuese arrestado en la fuerza de Santiago; lo cual fué tachado de crueldad por los que tenían interés en que no cesasen los abusos. Grande fué el odio que le atrajo la rectitud severa con que procedía. Organizóse contra él una conjuración de la que formaban parte los individuos del Ayuntamiento. La situación en que se hallaba Bustamante necesitaba del apoyo de la Audiencia. No sabiendo qué partido tomar, escribe á Torralb^ en su cárcel: éste, que deseaba á todo trance salir de ella, se prestó á cuanto quiso el Gobernador. Por motivo de ciertas comunicaciones, en las que el Oidor trataba al Señor Arzobispo Cuesta con poco miramiento, hasta amenazarle, éste excomulgó á Torralba, que repi'esentaba la Audiencia. A consecuencia de lo cual Bastamente decretó la prisión de S. lima., del Cabi'do y de los principales religiosos de la Capital. Alarmóse contra esto la ciudad en la que se propalaron rumores los más siniestros, halándose abocada de cada vez más á una conflagración.
El dia 19 de Octubre de 1719, á las once de la mañana, empezaron á circular por la ciudad gentes de todos estados y condiciones armadas de sables, palos y pistolas. Llenando los aires con gritos de vivas y mueras se dirigian hacia palacio. La guardia que allí estaba nada hizo para impedir que los amotinados subieran las esca'eras; sólo el Gobernador se presentó con sable ceñido y un fusil en la mano. Habiéndole faltstdo éste, echó mano del sable y acometió á la turba. Pero en tan
desigual pelea es derribado de una cuchillada, cayendo sin sentido. Confesóse allí muy devotaineute y luego tal como estaba llev ironle á la cárcel de corte. Viendo su hijo, que era Gobernador de la fuerza de Santiago que el motin se hab'a apoderado de palacio, monta á caballo y vuela en socorro de su padre. Pero al entrar espada en mano y derribando á cuantos se le oponen, cae él mismo cubierto de heridas y de sangre. Llévanle junto á su padre ^y ambos á dos, sin recibir auxilio alguno de medicamentos y cirujanos, espiraron hacia la misma hora, á las cinco y media de la tarde.
Así concluyó este Gobernador de genio duro, sí; pero íntegro y celoso por el servicio de su soberano. Pensóse desde luego en dar á alguien el mando, que nadie quería admitir por no aparecer ante la Corte como complicado en el atentado cometido. Por fin el Arzobispo, para evitar consecuencias funestas, aceptó el bastón. Dispuso' se enterrase solemnemente al difunto; señaló 4,000 pesos mensuales para el mantenimiento de los seis hijos que dejó, á los cuales envió más tarde por cuenta del Gobierno á reunirse con sus parientes que se hallaban en N. España; restableció la Real Audiencia, y dispuso que se instruyese una sumaria para averiguar los perpetradores de la muerte de los Bustamantes, la cual fué remitida á Madrid,
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Cesa en el gobierno el I. S. Cuesta; su nueva promoción y su MUERTE. Id. de Torralbá. Expediciones y treguas ejecutadas con los moros.
(i72í á i 7 29). Gobierno del [Marqués de Torre-Campo^
Mientras se encaminaba hacia la Corte la malhadada causa de la muerte del Gobernador, llegaba á estas playas el nombrado para sucederle en el mando, del cual tomó posesión á 6 de Agosto de 1721, Llamábase D. Toribio José de Casio marquésdé Torre-Campo, cesando kego el señor Cuesta» cuya administración no parece fué del todo aceptable á S. M , por cuanto le promovió al Obispado de Mechoacan en Méjico, donde, después de 43 dias de su toma de posesión, talleció á 30 de Mayo de 1724, á la edad de 63 años, llorado de todos cuantos tuvieron el consuelo de tratarle. No así moría en Manila algunos años después el funesto Torralbá; quien, habiendo pasado los últimos dias de su vida entre preso y libre, y reducido á tal miseria, que le obligóla necesidad 4 pedir limosna, fué llevado en una hamaca por dos negros á San Juan de Dios, donde como pobre, sin solemnidad le dieron sepultura.
Principió y seguía gobernando el Sr. Marqués de Torre-Campo con prudencia sagaz, acomodándose á tiempos y genios, para conservar los ánimos tranquilos. Atendió á la persecución de los moros, que con sus correrías no cesaban de infestar las
provincias meridionales, también siete champanes sangleyes arribaron á Calamian el Grande apoderándose del pueblo y robando cuanto pudieron. Formaron^ allí su establecimiento, como en país conquistado, de que informado el Gobernador, despa^chó una armada, que los derrotó de modo, que no ha quedado de ellos memoria. No fué tan afbr-^ tunada otra, que al mando de Carranza se envió contra los moros, pues se le escaparon éstos jde las manos por falta de inteligencia entre los capitanes, teniendo que volver á Manila, después de una expedición tan costosa como inútil.
El sultán de Joló, sea temor, sea astucia, que es lo más natural en raza tan perversa, entabló negociaciones de paz con nuestro Gobernador, con condiciones tan ventajosas, que se cieyó prudente «1 aceptarlas. Pero duraron ío que duiar puede la fé de un moro, pues poco tardaron las provincias Visayas en verse de nuevo vejadas por esos enemigos del género humano. Lo cual obligó á nuevas prevenciones militares y á tener que enviar nueva escuadra, de cuya expedición no se sabe sino que fué feliz; que ganó la fuerza de la Sabanilla de Tuboc; que se mató mucha canalla, entre ell^'S algunos príncipes y datos y que se formó un tratado de tregua, solicitado por los moros bien castigados.
Ocho años gobernó este Archipiélago el Señor Marqués de Torre Campo, entregando á su sucesor el mando de una república, que gozaba de un sosiego y de una paz, cual nunca la hubiesct logrado semejante.
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Providercias del nuevo Gobernador. Expediciones contra. MOROS. Incendio. El comercio de Cádiz y el de Manila. Bloqueo. Nuevo Arzobispo.
(i729 á 1739), Gobierno de D. Femado Valdés y Tamon"
D. Fernando Valdés y Tamon encargábase del Superior Gobierno de Filipinas en 14 de Agosto de 1729. Era sujeto muy instruido en la milicia, de que dio pruebí^s convincentes en el curso de su gobierno el más dil'itado de todos después del d« D, Sabiniano Manrique de Lara. Aplicóse en reformar el estado de la plaza, proveyéndola de armas» de que estaba muy desprovista. Mandó una fuerte escuadra contra el sultán de Joló, eterno enemigo de los cristianos, á quienes no daba descanso coft sus continuas piraterías. Llegó felizmente la armada y desembarcando su gente, fueron abrasados muchos pueblos, taladas sus sementeras, perdiendo la vida muchos moros en las refriegas, entre ellos dos datos principales. Otro tanto se hizo con los de la isla de Capual, y con los subditos del sultán de Masílog, en el rio grande de Mindanao, aliado de los holandeses, contra quien pidió el socorro de nuestras armas Maulana Diafar, sultán de Tamojitaca^ nuestro aliado.
Un voraz incendio destruyó por completo los reales almacenes en 17 de Julio de 1733. Hallábanse éstos abastecidos con los acopios que debían conducir dentro de poco dos naos á Acapulco. El
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comercio de Manila con esta Ciudad daba justos celos al comercio de Cádiz y de Sevilla, por cuanto el rio de plata, que salia de Nueva España, sólo servía para fecundar la India, la ChiüM y el Japon, teniendo casi paralizadas las graneles manufacturas de seda de Toledo, Sevilla y Granada. Una Real Cédula, de fecha 1734, fijó que el galeón llevase anualmente efectos asiáticos por valor de 500,000 pesos, retornase en plata 1.000,000.
Los moros, continua pesadilla de nuestro gobierno, no le dejaban en paz un solo instante. Vino á turbar además el sosiego de la Capital un bloqueo en su puerto por una escuadra holandesa, la cual se retiró luego que le fué devuelto un paquebot mercante, apresado por llevar armas á los moros.
Como ángel de paz llegó á Manila D. Fr. Juan Ángel Rodríguez, consagrado Arzobispo de esla Metrópoli, tomando posesión de su silla á 24 de Enero de 1737. Formalizó la asistencia al coro: impuso el canto gregoriano, haciendo que se instruyesen en él sochantres y tiples, y hasta los capellanes de coro; insistiendo sin cesar en la paz y armo»ia que tanto importa* en estas islas. Murió, puede decirse, víctima de su acendrado amor á la paz y á la concordia, y llorado de todos sin distinción de personas.
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Apresamiento de la Covadonga. Muere rl Gobernador. Er.
Ilmo. Sr. Arrechedera le sucede. Lkvantamiento en Bai^
yan. Expedición de Hita. Bautismo del sultán de Joló.
(1739 (i 1750), Gobiernos del Sr. don Gaspar de la Torrey del limo. Señor Arrechedera.
Año de 1739 I). Gaspar de la Torre se encargaba del Supremo Gobierno de Filipinas. Recorría por este tiempo los mares vecinos una escuadra inglesa al mando del almirante Anson, con objeto de apoderarse de las naos, que venían de Acapulco. Mientras nuCvStra armada enviada en su perserucion la buscaba en las aguas de Mae^o, donde creía encontrarla, la enenaiga acometía á la nao Covadonga junto al cabo de Santo Espíritu^ Resistió ésta é hizo frente á los enemigos con un valor digno de todo elogio, pues no arrió bandera, sino hasta que tuvo á bordo 60 muertos y más de 70 h(M'idos, entre ellos el primero y segundo Comandante; confesando el mismo enemifi:o haber ido los nuestros más allá de lo que exigía el pundonor militar.
Los reveses experimentados durante su Gobierno postraron de tal modo al Sr. L^torre, que consumido de tétrica melancolía entregaba con resignación cristiana su alma al Criador en 21 de Setiembre de 1745, entrando á gobernar interinamente el limo. Sr. Arrechedera, como Obispo electo deN. Segovia*
Al tiempo de morir el Señor iLatorre, tenía luga"^ «n alzamiento de Balayan, que á fuerza de armas sujetó el nuevo Gobernador, siendo capturados y pasados por las arníiDS los cabecil! s de la rebelión.
D. Gerónimo de Hita con otros particulares piden licencia al Gobierno para armar en corso nn navio á cuenta de varios ciudadanos, á fin de molestar al inglés, declarado ya enemigo de España Salen en demanda de los Estrechos donde se encuentran ron un navio británico, con el cual combaten durante nueve horas. Iba ya á rendirse, cuando dejándoje ir los nuestros, so arrojan sobre una balandra, que se descubre allí, mismo; ríndenla y trícenla con su tripulación á Manila, hallándose en el avalúo de su carga por valor de 45.000 pesos.
Desplegó en su Gobierno el Sr. Arrechedera una actividad tal en promover las obras de defensa de nuestras plazas, cual hubiera podido mostrarla el militar más entendido y resuelto. Y cierto que se hacía bien necesaria, rodeados como estábamos por todas partes de enemigos ingleses y holandeses; y pudiendo fiar tan poco de nuestros aliados de entonces los moros. El 7 de Agosto de 1747 tomaba posesión de la silla Arzobispal D. Fr Pedrp Martínez piadosísimo Franciscano, quien dejó continuar en el mando al Sr, Arrechedera.
Por este tiempo llegaba á Manila el sultán de Joló Alin-Mudin, como huyendo do su herniano Batilan que decía le tenía usurpado el -trono. Muy agasajado estuvo aquí, y al parecer tan satisfecho, que pidió hacerse rristiano, como efectivamente lo hizo después de instruido suficientemente en nuestra santa religión. Si esto era con la mira de que nuestro gobierno le restituyese en su reino ó si
78 — persuadidos en la capital de que convenía que fuese cristiano el sultán de Joló, á fin de asegurar más esta alianza para lo porvenir, lo cierto es que oran vnrios los pareceres de las personas principales de Manila, no creyendo muchas hubiese sinceridad en las protestas del príncipe Joíoano.
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Nuevo sistema de gobierno, sus frutos. Piraterías de los MOROS. Nuevo Gobernador. Explosión horrible del volcan DE TAal. Armada contra los moros al mando del P. Dugos. Muerte del Gobernador. Su sucesor interino el Sr. Ezpe
leta, Obispo de Cebú.
(17 50 á 1761), Gobiernos de D. Francisco José de Obando de D. Pedro Manuel de Arandia y dei limo, Sr. Ehpeleta^
Aprovechando las buenas disposiciones de ánimo» á las que ?e luibía procurado traer á Ali-Mudin y á ios que le acompnfiaban, en los dos años que permanecieron en M; nila. no parecía inverosímil que hubiesen adelantado algo en pro de la paz nuestras relaciones con el jefe de la morisma. Más la marcha opuesta adoptada por el nuevo Gobernador» no cabe duda que fué parte muy principal, para que fríicasasen tales esperanzas. Era éste D, Francisco J. de Obando y Solis, Jefe de escuadra de las armadas reales, quien tomó posesión del mar do en Julio de 1750. Conforme á lo que es muy co
mun y tentación cuasi irresistible, halló mucho que reformar é innovar.
Expediciones infructuosas contra Joló fueron todo el fruto del sistema iniciado por Obando. Gozoso Batilan con sus triunfos, sin que ningún compromiso le ligara con nosotros, echó á la mar sus pancos; é instando á los demás moros á que hiciesen lo mismo, viéronse todas las playas del Archipiélago inundadas de escuadrillas, que llevaban el terror y la miseria á todas partes: siendo la irrupción que tuvo lugar en 1754 la más numerosa que hasta entonces se había visto. Previno el Gobernador una escuadra á fin de imponer respeto á los moros, y apenas había salido, cuando llegaba á estas islss D. Pedro í^lanuel de Arandía, quien tomí^ba sobre sí el cargo de gobernarlas, en Julio del mismo año. Tuvo el Señor Obando una residencia muy penoso; al año siguiente se embarcó para Acapulco, pero muri6 en la travesía sin poder llegar á España.
En Diciembre de este año de 54 acaeció una erupción del volcan de Táal la más terrible de cuantas se han conocido. Los torrentes de lava» fuego, piedras y ceniza que vomitaba, ensancharon su cráter de tal modo, que mide ahora dos mil as de diámetro. Pero, no siendo aún suficiente esto, reventó por otros varios puntos y hnsta del fondo de la Laguna que lo circunda, se levantaban columnas de fuego, que pusieron en ebullición sus aguas, saliendo medio cocidos á la playa, peces, caimanes y tiburones, Tuatro pueblos inmediatos, entre ellos Táal y Tanáuan, fueron arrasados completamente. Las arenas llovían como agua en nn fuerte aguacero. Manila, distante unas 4o leguas, se vio cubierta de ceniza; los terre
molos fueron sin número, y uno de ellos se dice que duró por espnci» de media hora. Quedaroa agostadas á mucha distancia no sólo las yerbas y plantas, más también los árboles. Lo más fuerte de esta explosión duró ocho dias consecutivos, que más bien pueden llamarse noches, á causa de las densas tinieblas, que tenían oscurecido el aire.
La armada, que el Sr O bando había enviado contra los moros, lo hacía tan mal' que fué preciso quitaile el mando á su Gomaudante Valdes y dárselo al P. Ducós de la « ompañía de Jesús, el cual se condujo tan bizarrameule, que cogió á los enemigos 150 embarcaciones, les destruyó tres pueblos, y cautivando gran número de gente, contuvo el ímpetu de aquellos bárbaros, Celebróse en Manila por Enero de 1755 con un Te-Deum tan fausto aooiitecimienlo, y fué confirmado en el mando ^1 P. Ducós. Trató Arandia con mucha benignidad ^1 rey de Joló, al que había -puesto preso su antecesor; pues habiéndose ya casado, vivía como cristiano.
Algunas competencias con el Gobernador, junto con sus achaques, í.carrearon en 29 de Mayo de 1755 la muerte del Sr. Arzobispo. Una de las buenas cosas que hizo Arandia fué la expulsión de los chinos infieles, que dejando el cultivo de las tierras se rntregaban el comercio: matando de esta manera el de los filipinos lndispús(»se empero con la Audie:cia y con las órdenes religiosas; y los mismos cuidadanos miraban con malos ojos las reformas á que era tal' vez demasiado inclinado; bien que de todo eslo se echaba la culpa á su privado D. Sanliaffo de Orendain. Causóle tanta pena el verse aborrecido, que en 31 de Mayo de 1759 conoció que se moría, y el dia
siguiente recibidos los SS. Sacramentos espiró. Entró á gohernnr interinamente ei Sr. Espelela, Obispo después de Cebú, hasta el 22 de Julia de 1761.
ta^itiü m.
Sitio, entrada y evacuación de Manila por el inglés. Muerta DEL Sr. Rojo. Anda cede el bastón de maoo al nuevo Gobernador Sr. de la Torre.
(i 761 d 1765) Gobierno de los Sres. Ezpeleta, Rojo y
Árida y Francisco de la Torre.
No muchos dias después que Espeleta se había hecho cargo del mando Supremo de Filipinas llegaba de España el limo. Sr. D. Manuel Rojo, quien tomó posesión de su silla á 22 de Julio de 1759. Pretendía también el bastón de mando, que ta» dignamente empuñara el Sr. Espeleta, más' éste no se lo cedió sino en virtud de una Real cédula en que se nombraba á Rojo Gobernador interino; de cuyo cargo se posesionó en 4761. Una de las primeras providencias del Sr. Rojo fué dar libertad á su paisano, el funesto Orendain. Fuera de ésto gobernó por entonces las. islas con muoha paz, hasta la venida de los ingleses, contra quienes no mostró todo el tesen y patriotismo que era de esperar.
Declarada la guerra entre España é Inglaterra, una escuadra de esta nación se presentó en la bahía de Manila á 28 de Setiembre de 1762, pidienda nada menos sino que le fuesen entregadas todas las islas. Hasta este momento puede decirst que nada
tiabia hecho el Gobernador para estar prevenido para un lance que todos era previsto. Contestóse al inglés con la negativa que era de esperar. En vista de lo cual desembarcó éste un numeroso ejército al mando del general l^raper, para íitacar la ciudad. Los pocos indios que á toda prisa se pudieron reunir al mando de a'gunos jefes improvisados,, manifestnron al ejército británico, que no era empresa fácil el apoderarse de una plaza á la que ampara el pabellón español. Óiganlo sino las batidas que les dieron en los campos de Bagumbayan, hasta que encerrándose el enemigo en el fuerte convento de San Juan, puso allí contra la ciudad, sembrada aún de casas de caña y ñipa tan terrible batería que arrojó contra ella 6,000 bombas y 30.000 balas. Abierta una gran brecha en la murallr, donde está al presente la puerta Real, no habiendo en ella quien hiciese resistencia, entró á su salvo el inglés, pues los que con él estaban en inteligencias, mandaron á sus pueblos á los indios, que tan valerosamente peleaban, por más que los prelados de las órdenes religiosas y los buenos españoles aconsejaban al Gobernador resistencia hasta morir.
Dueños de Manila Draper y %\ almirante Cornik, á fin de atraerse la voluntad de los indios, diéronles á entender que conservaban á Rojo la dignidad de Gobernador. Más, no saliéndoles á su placer semejante treta, hubieron de aliarse con los chinos, moros y toda clase de canalla, hasta dar libertad á los forajidos que se hallaban en las cárceles. Pero esto no sirvió sino para hacer más odioso á los naturales el yugo inglés, á causa de las trocidades, robos y violencias, que á su sombra se permitía semejante chusma. En esto
D. Simón de Anda, magistrado de la Audienciar había logrado un nombramiento de Gobernado, Juez visitador de FilipiQfis. Salióse con él y embarcado en una bafica, en compañía de un criado suyo, se dirigió á Bulacan, en cuya cabecf^ra dio el primer grito de independencia, que salvo á Filipinas del pesado yugo británico, y de la pérdida de su amada religión.
No tuvo poco que hacer Anda en sosegar primero las p^-ovincias, que instigadas por el inglés se iban una tras otra sublevando contra el Gobierno español. Pero con el eficaz auxilio, que le prestaron los PP. Religiosos, logró también á su vez sosegarlas una tras oira. Eíi p^z ya el país, toda su atención y la de su segundo, Bustos, se dirigió á molestar al inglés, á quien, después de alguna salida sin éxito favorable intentada, tenían poco -menos que sitiado por hambre dentro de los muros de Manila. En tan apurada situación se hallaba el enemigo, que fué para él una fortuna el poder entrefar á sus verdaderos dueños las llaves de una ciuad, cuyo dominio les era tan costoso, tomando pretexto de las treguas que se habían firmado entre España é Inglaterra.
Lleno de pena moría, á 30 de Enero de 1764, el limo. Sr. Rojo, y el 17 de Marzo próximo recibía de mano de Anda en la Pampanga el bastón del mando Supremo de Filipinas el Gobernador interino recien llegado D. Francisco de la Torre, el cual se trasladó á Santa Cruz á la casa de los PP. de la Compañía de Jesús, para recibir allí las llaves de Manila, enviando al Sr. D. Simón de Anda para que en ella hiciera su entrada triunfal. Empezó desde luego el Sr. Gobernador á restaurar el orden y arreglar las cosas que habían
quedado arruinadas con la guerra. Gobernó con bastante acierto hasta la lleori«da de su sucesor, el Mariscal de Campo D, José Ráon,
igatif iüL® íf.
"lídevo gobsftnador y nuevo arzobispo. segundo gobierno de
Anda. Su muerte edificante.
(1765 á 1778), Gobieimos de los Sres. Raon, Anda^
y Sarrio,
En Julio de 1765 tomaba posesión de su cargo el Gobernador propietario Sr. Ráon, de quien^apéñas se oirece que decir, pues no sólo no coadyuvó al reparo de los quebrantos que sufrió la capital en la pasada guerra, más ni siquiera trató de castigar á los piratas moros, conforme se le encargaba en una Real orden de 34 de Julio de 1766. También en 22 de Julio de 1769 entraba á gobernar la diócesis el limo Sr. D. Basilio Sancho, presentado por Carlos 111, y tenido por los de su corte como hombre muy idóneo para llevar á cabo los planes que meditaban. Como prelado promovió sus derechos, fomentó la clerecía, adornó la catedral y presidió el Concilio Provincial, que aun no ha obtenido su total aprobación.
Llegó, para relevar en 1770 á D. José Ráon, D. Simón de Anda y Salazar, el cual, según refiere un historiador, lo halló todo en el mismo estado, en que lo habían dejado los ingleses. Hizo sufrir á su antecesor una residencia severa, concluyendo por meterle en una prisión donde murió, tal vez de pesadumbre, como muy bien puede
creerse. Con la actividad que le era propia, puso Anda en buen estado de defensa la capital, restauró la marina; envió una escuadra con el fin de desalojar al inglés de la isla de Balambágan, cedida por el sultán de Joló á la Compañía de la india, empresa que malogró la imprudencia del jefe Juan Camelli, que mandaba la armada. Este, en vez de ser castigado por Anda cual merecía, tomó posesión del empleo, que le vino durante su ausencia. Basco le envió más tarde á N. España bajo partida de registro.
Los laureles alcanzados por Anda en su primer gobierno, quedaron no poco deslustrados con la apasionada antipatía, que mostró contra los religiosos, en especial contra los PP. Agustinos; sin cuya eficaz cooperación, hubiera intentado en vano oponerse á la dominación inglesa. Desplegó también, secundado por el Sr. Sancho, un celo digno de mejor empresa en la expulsión de Filipinas de losPP. de la Compañía; aunque en esto obró conforme á las órdenes apremiantes, que tenía del Gobierno de Madrid. A consecuencia de éstas tuvieron los PP» que abandonar á sus amados indios, sin que les fuese permitido llevar consigo cosa ninguna. Fomentó la agricultura y el comercio, entablando en Batavia relaciones comerciales, y estableciendo el consulado y junta, ó sea, tribunal de comercio. No todas sus medidas sin embargo merecieron el Real aprecio. Murió por fin, cristianamente en el hospital de Cavite, el 30 de Octubre de 1766, La posteridad agradecida le ha erigido el glorioso monumento que se vé en el llamado makcon del mr de Manila, además de otro que tenía ya en la cabecera de la Pampanga desde 1851. Lleva tambiem su nombre una de las calles principales.
de la capital. El teniente de Rey, D. Pedro de Sarrio, gobernó interinamente hasta Julio de 1778.
Categoría del nuevo Gobernador, sus cualidades. Obeas
QUE EMiniENDIÓ. El TABACO. REPARACIONES. PROYECTO
DE MaRQUINA.
(1778 á 1793). Gobiernos de Basco ^ Sarrio (interino) y
de Barenguer.
D, José Basco y Vargas entró á gobernar el Archipiélago en Julio de 1778, no siendo más que simple capitán de fragata, lo que fué motivo de no pequeño disgusto para la Real Audiencia, teniendo que ser presidida por un sugeto» á quien aquellos Sres. consideraban como de categoría inferior á la suya. Sus solas cualidades á cual más revelantes, le merecieron el alto puesto que vino á ocupar en este Archipiélago. Dedicóse ahincadamente desde un principio á regenerar las islas, fomentando en ellas la agricultura, notante con teorías y lecciones, cuanto con la práctica; proporcionando medios de toda clase, como son instrumentos de labranza, semillas y plantas; ofreciendo recomf-ensas á los que se aventajasen; lo mismo que á los que levantasen fUbricas de seda, linos, algodones, porcelanas y de todo cuanto r;os viene de los países vecinos; á los que se dedicasen á la explotación de las minas; á los que presentasen inventos útiles, y á los que sobresaliesen en las ciencias y en las artes. Mejoró las escuelas y reanimó el comercio nacional. Llevó
á cabo la reducción formal de las islas Bata^ nesy fundándose en memoria suya la población de Santo Domingo de Basco, cabecera de todas ellas.
Temiéndose fundadamente un nuevo ataque por parte del inglés, puso la plaza de Manila en el mejor estado de defensa que pudiera desearse. Esto fué sin duda la causa que hizo desistir al «nemigo de intentar la empresa. Fundó, no sin tener que vencer grandes dificultades, la Sociedad Económica, á fin de secundar el desarrollo del comercio, agricultura é industria. Habiéndose aconsejado varias veces á nuestrosj monarcas el desamparar estas regiones por lo muy gravosas que se hacían al Real erario, éstos jamas la consintieron, prefiriendo la salvación de tantas almas á toda granjeria, que del país reportarse pudiera. Basca trató de hacer más llevaderos dispendios semejantes, fomentando la plantación del tabaco y estancándolo en la Isla de Luzon, lo cual ha venido hacer como la base de la riqueza de la Hacienda pública.
Hizo que se crease la Compañía de Filipinas para dar mayor impulso al comercio, y esto precisamente le acarreó la aversión de los comer. eiantes de Manila, que en sus miras mezquinas no veían otro comercio posible más que el de las Naos. Limpió el país de ladrones y forajidos por medio de su famosa institución, llamada Acordada, que sin ser menos eficaz y segura, era tal vez más económica que la de los gendarmes. Empezó á restablecer en sus curatos á los religiosos, que habían sido separados de ellos por los reformadores pasados. Recibió de los hombres en pago de todo esto indiferencia, envidias
y calumnias. Disgustado y desabrido regresó tila Península á fines de 1787, habiendo antes entregado el mando interino al mencionado ya Don Pedro de Sarrio, que duró hasta 4788, dejanda una grata memoria en los interregnos de su administracion.
Vino á gobernar en propiedad D. Félix Berenguer y Marquina en Julio 1788. Reconocen todos en él gran capacidad administrativa y conocimiento del país. Propuso al Gobierno de la Metrópoli el reformar el sistema de los alcaldes mayores en las provincias, asignándoles sueldos correspondientes, y con escala de unas á otras. Otros muchos proyectos presentó, á cual mejores, para la prosperidad del país, sin que llegasen los más de ellos á verse realizados: achaque añejo, por lo visto, en Filipinas. Marquina fué acusado de vender empleos; sufrió una dura residencia, saliendo multado en Madid en 40,000 pesos, Pero, rehabilitada más tarde, se le nombró Virey de Méjico. Repartid muchas limosnas entre pobres y enfermos.
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l^l]£VO EXPRDIENT£ PARA CONCILIAR LA AMISTAD DÉ LOS MOROS SU INEFICACIA. El BaRGKLÓ FILIPINO. PERFIDIA DEL MlNDANAO.
Tratado de paz con éstr. Sublevaciones en el Norte
DE LUZON.
/Í793 á Í8Í3). Gobiernos de D, Rafael if.« de Agui-^ iar^ de D, Mariano de Fulgueras y de D, Manuel G. de
D. Rafael María de Aguilar, caballero sumamente generoso y espléndido, según las tradiciones de Manila, comenzó su gobierno en Agosto de 1793, y Sil primera atención fué concluir con los piratas moros. Empezó por probar á estar con ellos en buena armonía. En los consejos que tenía sobre ^«ste asunto, suplicaba á cada uno dijese con franqueza lo que sentía, dispuesto siempre á seguir el dictamen que se aprobase, cualquiera que fuese su ^utor. Calculábase que entrarían anualmente en Joló le 400 á 500 cautivos de ambos sexos y de toda edad; víctimas desgraciadas que después de haber servido á la codicia de los moros, eran vendidos • cuando viejos á bárbaros infieles de Sandaca, quienes los sacrificaban según su impía costumbre á los manes de los que morían entre sus familias.
El sistema de conciliación empleado por Aguilar €on los moros no tuvo por desgracia más lisonjero éxito que el de rigor, que habían usado sus antejesores. Antes pareció servir para dar mayor audacia al mahometano siempre fementido, llegaada
— 90 — su fiudacia hasta introducirse en nuestra bahía de Manila, donde hacía nocturnas sorpresas en los pueblos playeros; como sucedió por este tiempo en el de'Malate, donde fueron arrebatadas y llevadas cautivas mas de veinte personas de Pasay que venían de un mortuorio. Por estos mismos piratas sabían los sultanes y datos de Joló los aprestos V salidas de nuestras armadillas y dando avisa i sus vintas se escondían éstas á tiempo, dando lugar Á que nuestros bajeles encontrasen limpio el paso, sin parico ninguno de moros,
Habia en aquel tiempo un oficial de marina sutil llamado Gómez, quien derrotó á los moros en cuantos encuentros tuvo con ellos. Teníanle ya extremada temor, con lo que sólo conseguía que huyesen de él, Al' morir Gómez dijo el Rey al general Aguilar que ésta era una pérdida que no tenía reemplazo, y era comunmente llamado el Barceló de Filipinas. El sentir de ese valiente patricio era que si hubiese fuerzas suficientes para exterminar á los moros, éste era el recurso que debía adoptarse al punto, por no poder sacarse de ellos otro partido. Ni siquiera el canje se pudo obtener de los moros, que en Manila había, con los cristianos cautivos de Joló, aun cuando se llegó hasta el punto de ofrecer cuatro moros por un' cristiano, viéndose Aguilar en el extremo de tener que darles libertad, por hacerse demasiado costosa su manutención.
No se portaba con mayor humanidad el sultán de Mindanao. En 1797 fuéle enviado á guisa de embajador un teniente llamado Arcillas, el cual filé horriblemente alanceado, después de hacerle padecer martirios los más atroces. Lejos de dar satisfacción por atentado semejante, en 1798 apre« saron por traición los mindanaos una goleta. Ha
mada San José, qpe se hallaba fondeada en Tavitavi. Una escuadra inglesa quiso, este mismo año, apoderarse de la plaza de Zamboanga, donde habiendo desembarcado fué rechazada con tal bizarría por nuestro presidio, que hubo de reembarcarse á despecho suyo, contentáníJose con arrojar desde sus buques sendas andanadas contra la fortaleza que no había podido conquistar. La filantropía inglesa llegaba por entonces hasta el punto de instigar á los moros, á que nos saqueasen; y en efecto, el 10 de Julio, 24 pancos entraron en Baler, y al retirarse llevaron 450 cautivos, entre ellos dos religiosos, teniendo ya á bordo 800 que habian cautivado en otros pueblos.
De orden de S. M. fué suprimido en 1802 el arsenal llamado de la Barraca, á causa de las sumas exorbitantes que en él se consumían. Habiendo abandonado el inglés en 1805 la isla de Balambángaii, de la que se posesionaron pocos anos antes celebróse inmediatamente un tratado de paz entre el Gobierno de Manila y el sultán de Mindanao, por el cual éste se comprometía A no permitir que ningún extranjero se estableciese en sus dominios, sin el consentimiento del Gobierno español.
En Agosto de i 806, D. ?TÍariano Fernandez Folgueras reemplazaba en calidad de interino al Sr. Aguijar. Dunínte su gobierno tuvo lugar una sublevación de indios descontentos, año de 1807, en el norte de Luzon, la cual fué felizmente apaciguada por la paternal intervención de los PP, Ministros de aquellas misiones. Vino á gobernar el Archipiélago, en Marzo de 1810, D. Manuel González de Aguilar. Al año siguiente intentaron unos, indios mal aconsejados apostatar de la religión crisr
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liana haeiendo causa común con los infieles de los montes de Cagayan, más no lograron seducir ú los indios fieles.
Promulgación de la Constitución de Cádiz; su abolición. Tumulto POPüLAtl contra los EXTRANJEROS. SUBLEVACIÓN NOVA
i.ES. Expedición contra los moros. Reducción de tribus rb
BELDES D£ BOHOL.
(18í3á 1830). Gobiernos de los Sres, Gardoqui, Folgut' ras (interino.) Martínez y Ricafort,
En Setiembre de 1813 tomaba las riendas del Gobierno Superior de Filipinas D. José Gardoqui de Jaraveitia. A principios del año siguiente publicóse también en este país la infausta constitución de Cádiz, que, como en España, fiíé la verdadera manzana de la discordia; por cuanto su primer efecto fué alborotar la imaginación de estos sencillos naturales, quienes, al oir lo dé; igualdad de todos los españoles; se creyeron dispensados de pagar tributo. En vano se esforzó Gardoqui en explicarles el decreto constitucional; los motines y alborotos cundieron en varias provincias, pero sobre todo en llocos, donde corrió mucha sangre; se cometieron saqueos y atropellos de personas las más respetables, y en este aprieto, como en casi todos los de su origen, no se recobró la paz sino por medio del ascendiente benéfico, que ejercen los RR. PP. Curas sobre sus feligreses.
Vino al poco tiempo el nuevo decreto expedido
^n Valencia, aboliendo la Constitución del año 12; más esto, en lugar de tranquilizar los ánimos, RO sirvió sino para exaltarlos más; llamándose los indios á engaño, y creyéndolo una superchería, para persuadirlos á que siguieran como ántesi. No podían ellos concebir como en tan poco tiempo hubiese el Gobierno de Madrid expedido dos decretos tan opuestos entre sí.
En Diciembre de 1816 volvía á encargarse del «iando interino el Sr. Folgueras, que lo conservó hasta la venida de D, Juan Antonio Martínez, en 1822. Con ocasión del cólera que apareció en 1819, ^l^unos mal intencionados, como sucedió en Ma* dnd quince años más tarde contra los religiosos» persuadieron al populacho que los extranjeros y los chinos envenenaban las aguas. El recuerdo de lo sucedido en 1762, cuando la invasión inglesa» dio ocasión á que los naturales tratasen de vengarse de lo que entonces padecieron. Kbrios pues de furor sacrificaron á 28 extranjeros y gran número de chinos, saqueando sus casas, hasta que Folgueras se determinó á poner fin á tan bárbaro desahogo popular. Este infeliz, Teniente de Rey, murió vilmente asesinado en la escalera de su propia casa en la sublevación militar, llamada de Novales, que tuvo lugar en 3 de Junio de 1823. El. motivo de ésta parece haber sido entre otros, el descontento de los oficiales del ejército, que servían en Filipinas, por ver paralizados sus ascensos á causa del gran número de aquellos, que consigo trajo el Gobernador Martínez. La asonada fué amenazadora, y hubiera tenido consecuencias gravísimas, á no haberse do' minado el motin con la brevedad con que se hizo; pues el dia 5 estaba ya apaciguada la Capital, publicando ün bando de amnistía.
El Gobernador Martínez era reemplazado e» el mando superior, en Octubre de 1824, por el Excmo. Sr, D. Mariano Ricafort. Envió á Joló una escuadra, la que no habiendo podido desembarcar, dirigióse á Mindanao, donde entregó á las llamas gran númeix) de poblaciones mpras. El dia 26 deOctubre de este mismo año sintióse uno de los más fuertes temblores, que aquí se hayan experimentado. Derribó varias iglesias, casas particulares y los cuarteles. Lá guarnición acampó debaja de tiendas fuera de la ciudad. Un huracán, qiW sobrevino el 1.** de Noviembre, barrió el campamento, se llevó los techos de las casas que habían quedado, y dio al través con seis buques surtos^ en bahía. El 9 de Noviembre de 1828 repitióse otro temb'or, que sin embargo de ser recio, causó menos estragos que el pasado. El 7 de Mavo de 1827, D. José Lázaro Cano, Alcalde mayor de {kbú, se embarcó con 1,100 hombres por orden de Ricafort, para sujetar las tribus rebeldes, que vagueaban por los montes de Pohol. Logró por fin reducirlas con la cooperación del P. Miguel de Jesús recoleto y del P. Julián Bermejo agustino. Con motivo de una nueva conspiración, llamada de los Palmeros,, se instaló la guardia de policía, v, á petición del jefe sub-inspector Camba, se mandó de España el regimiento expedicionario de Asia, el cual llegó á Manila en 1830,
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Establécese óyiden én el sekvicio de correos. Expediciones. Sublevación de Apolinario. Meioras materiales. Ocupación de la Isabela de Basílan.
(i830 á 1844), Gobiernos de los Excmos: Sres. Enrile, de Torres^ de Crame^ de Salazar, de Lardizabal^
de Oráa y de Alcalá.
El Excmo. Sr. D. Pascual Enrile se encargaba del Gobierno del Archipiélago en Diciembre de. 4830. Desplegó actividad suma en abrir vías de comunicación, tan necesarias en el país; estableció . el orden en el servicio de correos; sirviéndose para el objeto de su inteligente y laborioso ayudante D, José María Peñaranda, nuevo Salcedo de los tiempos modernos, que á la edad de 24 años recorrió todo Luzon é islas Batanes, dejando trabajos y recuerdos, que harán siempre grata su memoria en Filipinas. Hízose en su tiempo la carta geográfica de Filipinas; y promovió la venta del tabaco.
«Ha sido por algunos tachado de violento, pero nadie podrá decir qne estuvo ocioso» dice el Sr. don Sinibaldo Mas,
Sucedióle en el gobierno el Sr. D. Gabriel de Torres, en Marzo, en Abril D. Joaquín Crame, interino, y á éste, en Setiembre del mismo año de 1835, el Excmo, Sr. D, Pedro A. Salazar, interino también. Poco conocedor éste de la índole perversa de los moros, envió para atajar sus piraterías, al capitán de fragata Sr. Halcón, el cual celebró con su majestad joloana un tratado de comercio, tan irrisoria
como los celebrados antes, y como cuantos se celebren en adelante con gente semejante. Poco más feliz fué la expedición para reducir á los infieles, que viven en los montes, encomendada por el mismo Sr. Salazar al comandante Galvey. Habiéndose escogido una estación, en concepto de éste, poco favorable, sucedió lo que era de temer, que las lluvias á la sazón continuas, ocasionaron tantas enfermedades en la tropa, que hubo de desistirse de la empresa.
Relevó al Sr. Salazar en Agosto de 1837 el Mariscal de Campo Sr, D, Andrés María Camba, quien á los 16 meses de mando fué llamado á España. En su tiempo se redactó la Guia de Forasteros. El Excelentísimo Sr. D. Luis Lardizábal le reemplazaba en 30 de Diciembre de 1838. Sujeto sumamente pacifico y de tan extremada modestia, que no tenia taparo en confesarse á sí propio como inadecuado para A puesto que ocupaba. No así su sucesor el Excmo. Sr. D, Marcelino Oráa, quien tomó á su cargo el superior gobierno de Filipinas en Febrero de 1841. Su actividad y afición á los negocios contrastaban singularmente con el carácter tan distinto de su antecesor, pues para él la mesa, el paseo, la tertulia, toda era oficina, ocupado siempre en preguntar y enterarse de todo lo concerniente al gobierno que desempeñaba.
En 1841 un tal Apolinario, ex-donado de S. Juan de Dios, tenía organizada en las provincias de lavabos y la Laguna una afiliación de indios que bajo el pretexto de la devoción á San José, premeditaba una insurrección, en la qiíe debia proclamarse al dicho Apolinario emperador de los tagalos. Habiéndose levantado el grito de rebelión en ígsáuan, salió el alcalde de la^provincia. Ortega, acompañado de dos religiosos Franciscos y algunos guardas y cua
drilleros, con ánimo de reducir á razón á los alzados^ Mas éstos les hicieron resistencia, quedando en la refriega herido y prisionero Ortega, á quien después acabaron. Envióse contra ellos una columna al mando del coronel Huet, quien, llegado al punto, donde se habían parapetado, les ofreció tres dias de tiempo para que se rindieran. Alucinados con los prodigios que Apolinario les vaticinaba habían de verificarse en su favor, salieron á batirse alegres y bailando, conforme al uso de los pueblos asiáticos. Pero, apenas vieron caer algunos muertos, volvieron las espaldas y echaron á huir. Saltó luego. la tropa los parapetos, donde acuchilló desapiadadamente á más de 240 de aquellos infelices ilusos, y con esto quedó terminada la facción. Pocos dias después fué cogido el mismo Apolinario y pasado por las. armas con otros muchos que iban cayendo en manos de la justicia.
Irritados los soldados del Regimiento del Piey acuartelado en Malate, el cual se componía de soldados Tayabas, al ver tantas ejecuciones contra sus paisanos, sublevóse en 1843, y dando muerte al capitán de guardia, dirigióse á la fuerza de Santiago, atacando por la parte *del rio. Pero defendiéronla valerosamente dos medias brigadas acuai teladas allí, una de Pampangos . y otra de Camarines^ los cuales derrotaron completamente á los rebeldes.
En 12 de Junio de 1843 relevaba al Sr. Oraá el. Teniente general D. Francisco de P. Alcalá. Tan activo como su antecesor, excedíale en rigidez de principios. Presentábase en las oficinas de gobierno á exigir cuenta de lo que los diversos negociados hubiesen despachado. Vez hubo en que bailando, que éstos no habían cumplido con su deber, detuvo en ellas á los oficiales hasta tanto qua
hubiesen terminado los expedientes que tenían encomendados. Promovió en grande escala los intereses materiales del país. A él se deben, entre otras mejoras, las calzadas que unen la Pampanga ^on Pangasinan, é llocos con Cagayan, cuya ejecución cometió á sujetos dignos de su coiífianza: ocupó la isla de la Isabela de Bastían, sujeta hasta entonces á los moros.
ÉPOCA DE ADELANTAMIENTO,
(1844 A 1876.)
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I\efoumas útiles. Conquista de B.vlangüingüí. Piuheros
VAPORES DE GUERRA EN FlLIPáNAS. MONUMBNTO DE MaGALL\NKí.
1 1844 á 1849) Gobierno del Conde de Manila, Vizconde
de Clavería.
La isla de Basüan, ocupada por Alcalá, fué puesta en esfado de defensa por su sucesor el Excmo. Sr. D. Narciso Clavería, que entraba á gobernar en 16 de Julio de 1844. Hombre de grandes dotes de gobierno y uno de los más célebres y entendidos generales que han regido los destinos de estas islas. Ordenó, en decreto de 21 de Noviembre de 1844, que la cuenta de los años fuera uniforme con la de» Europa y América; pues aquí desde el tiempo de la conquista se contaba uu
dia mas adelantado: y asi al mes de Diciembre de 4844 se le suprimió el dia 31, para que resultase la cuenta que en el dia se lleva. En 30 de Enero de 1845 salió á visitar las provincias del Sur de Luzon, verificando lo mismo más tarde á todas las demás provincias. Un voraz incendio en 17 de Enero de 1847 reducia á pavesas los arrabales de Sta, Cruz, Quiapo y Sibacon.
La isla de Balavgidngui era dé mucho tiempo madriguera de moros piratas y depósito de sus rapiñas, desde donde salían á robar y cautivar no sólo en las Visayas mas también en la misma Luzon. Resolvióse Clavería ir en persona á conquistarla y hacer un escarmiento con aquellos bárbaros. Hízose á la vela á 5 de Febrero de 1848 con 650 hombres, en una escuadra compuesta de 3 vapores de guerra, 2 goletas, 6 falúas y 8 lanchas cañoneras. Encontró en la morisma una feroz y obstinada resistencia; para animar á sus soldados se avalanzó él mismo á arrimar las escaleras al fuerte para el asalto. Estimulados éstos con tal ejemplo de intrepidez, se lanzaron como leones denti'o de los fuertes enemigos, apoderándose de todos ellos, apesar, de lo perfectamente artillados que se hallaban. Dieron muerte á 450 piratas, por no haber querido rendirse, por más instancias que les hizo el e^enerah
En el fuerte llamado Sipac empezaron los moros á matar á sus mugeres é hijos para que no cayesen en manos del vencedor; á lo que se interpuso el General salvando la vida á más de 300 raugeres y niños que iban á perecer al filo del cris. Fueron libertados más de 200 cautivos; entre ellos muchos holandeses de Java, á quienes ofreció Clavería trasladarlos á su país; pero ellos
prefirieron seguir á su generoso libertador á Manila. Arrasáronse 7 pueblecillos y las cuatro fortalezas de BalanguigiiU Sipac, Sungap y Bocotingol, donde se encontraron 124 cañones ele calibres diversos; fueron destruidas 150 embarcaciones moras, talándose el país, con objeto de hacerlo inhabilitable á aquell^^s hordas crueles.
Por esta conquista tan importnnte para la seguridad de las cristiíindades de Visayas y Mindaiiao, mereció Clavería Título de Castilla con la denominación de Conde de Manila v Vizconde de Cíavería, del cual le hizo merced S. M. la Reina Isabel II en dos de Mayo de 1848 para sí y sus sucesores legítimos. El Ayuntamiento de Manila le hizo el presente de una espíala y bastón de mando: y Su Excelencia á su vez entregó á dicha corporación para que los conservase la espada y bastón que usó en dicha campaña.
Para servir el correo del Sur por medio de vapores, mandó construir en Inglaterra los tres primeros vapores de guerra, que surcaron estos mares, cuyos nombres eran: Reina de Castillo, Magallanes, y Elcano. Creó el cuerpo de Seguridad pública y dispuso el Reglamento de servidumire doméstica. Promovió la suscrícion para erigir el esbelto y clásico monumento de Magallanes; el que inauguró en 848 frente á la puerta que lleva también este nombre. En decreto de 21 de Noviembre de 1849 ordenó el cambio de apellidos de la mayor parte de los indígenas, pues por ser muy poco variados introducían gran confusión para poder distinguir unas familias de otras. Teniendo por fin que regresar á la Península á causa del mal estado de su salud, hizo entrega del mando tan dignamente ejercido, al General S."" Cabo D. Antonio Blanco en 26 de Diciembre de 1849.
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INMIGRACIÓN CfíINA. El BaNCO EsPASOL FILIPINO. SUSPBN* SiON DEL TiniilNAL DE COMERCIO. CONQUISTA DE JOLÓ*
(1849 á i854). Gobíeymo de los Sres. Blanco, interino. Marqués de la Solana y Montero, interino.
Después de un interregno de seis meses, en el que legó recuerdos muy gratos para el país el Gobernador interino D. Antonio Blanco, llegaba á Manila, dia 26 de Junio de 1850, D. Antonio de Urbiztondo, marqués de la Solana, nombrado por Real decreto de 28 de Enero del mismo año Gobernador Capitán General y Presidente de la Audiencia de las islas Filipinas, tomando posesión de su cargo el 29 de Junio. Venía precedido da una gran fama como militar valiente y distinguido, y le dio nuevas creces y lustre mayor como hombre de gobierno, tanto en la administración civil, como en la económica, atendió mucho á castigar abusos, para depurar á ambas de funcionarios y prácticas inconvenientes.
La agricultura, que en sentir de las personas más prácticas y mejor intencionadas con respecto ' al adelantamiento y prosperidad del Archipiélago, es y ha de ser en todos tiempos el manantial perenne de su riqueza, fué atendida por esta celosa autoridad, accediendo á los deseos manifestados por los hacendados principales, á fin de que se introdujeran colonias de chinos labradores, ya que
loa naturales son insuficientes por sí solos para darla todo el impulso que se merece. Si tan prudente medida no ha llegado á dar los resultados» que era de esperar, atribuyase no á otra cosa sino á la inobservancia del sencillo reglamento, que para el objeto fué publicado con fecha 5 de Agosto de 4850. Si bifen es verdad que pudo también contribuir á ello el haberse permitido pocos meses después la inmigración de sangleyes, cualquiera que fuese la profesión que quisieran abrazar. Y bien sabido es que éstos, no menos que los naturales, huyen de las penosas faenas del campo» para dedicarse á lo que es su ocupación favorita» «1 tráfico y la tienda.
Otra de las acertadas disposiciones, que por -este tiempo se dieron, y que debía contribuir no poco para el fomento de los intereses materiales, fué sin duda alguna el establecimiento del Banco Español Filipino de Isabel II, el cual, dirigido hasta nuestros dias por personas entendidas y de toda probidad, goza de un crédito tal, que le pone al nivel de los más afamados. Bien necesaria era semejante institución, cuando las obras pías, que hasta aquí suplieran la falta de aquél, habían venido muy á menos, debido esto en graa parte á la falta de buena administración, que en ellas se observaba. No tan acertada ha parecido á personas competentes la suspensión del tribunal de Comercio, decretada en 22 de Diciembre de 4851 **en atención", como se dice en el preámbulo de dicho decreto, "á ser insuficiente el número de personas que reúnen la aptitud legal necesaria.*' cuya aptitud se reconoció en el alcalde de Tondo, hoy Manila, por el mero hecho de ser letrado.
No fué el archipiélago Filipino estéril en laureles para el caudillo, que tan gloriosos los conquistara en la Península. Joló, ese Cartago de ¡VíaDíla, (si es que á tal categoría merece ser elevada), había provocado por la milésima vez la justa indignación de los Filipinos, perseverando tenaz en sus violencias y perjurios. Creyó Urbiztondo que era llegado el caso de castigar cual convenía sus atentados y piraterías, demoliendo y devastando el alcázar de tantos latrocinios.
Salió pues en 11 de Diciembre de 1850, para el Sur del Archipiélago con un ejército y escuadra imponenle. El 28 de Febrero siguiente hallábase en las aguas de Joló; y habiendo distribuido su gente, conforme á los grandes conocimientos estratégicos que le distinguían, dióse con felicidad el asalto este mismo dia; cayendo en su poder ocho fuertes con 130 piezas de artillería, municiones y otros efectos de defensa. Fueron reducidas á cenizas las fortalezas y parte de la población que lasrodeaba, entregándose el Sultán Mahomat á la má& vergonzosa fuga. En este asalto cayó mortalmente herido víctima de su celo el P. Pascual Ibañez, agustino recoleto, que se distinguió entre los demás por su arrojo, á fin de inspirar valor á los Visayas, que formaban parte del ejército conquistador.
En 21 de Marzo siguiente el ejército expedicionario entraba victorioso en Manila, cuyo Ayuntamiento entregaba á su digno caudillo, como presente y memoria de este hecho glorioso de armas,, una espada y bastón de mando.
Un recio temblor afligía á los habitantes de Manila en 16 de Setiembre del año 1882 á las siete de la tarde. Vínose abajo el techo del magnífico templo de la Compañía, y parte del cuartel anexo^
dejando mal parados otros edificios. Desde esta noche, mandó el Capitán General que no se cerrasen las puertas de la plaza, como se hacía antes al toque de las oraciones, si no es la del Parían, que cerraban á las once de la noche. Desde el dia 4 de Enero de este mismo año quedaba abierto al público el magnífico puente colgante sobre el Pásig, enlazando la ciudad de Manila con los arrabales; bien necesario por cierto, cuando sólo uno existia hasta el presente, á pesar del sin número de personas y de vehículos, que diariamente cruzan por aquella via. Para el mejor aseo de las calles se abrieron alcantarillas en la ciudad murada; y mandóse colocar en el monumento de Magallanes el primer para rayos como prueba. Por fin, en decreto de 7 de Diciembre de 1833, establecióse el porte y previo franqueo de la correspondencia interior de las islas. Habiendo el Sr. Urbiztondo presentado dimisión de su cargo le fué aceptada, entrando á gobernar interinamente el segundo Cabo Excmo. Señor D. Ramón Montero, dia 20 de Diciembre de 1853, después de haber prósperamente ejercido el supremo mando por espacio de 3 años y 6 mesesl
@ai^itiii
l^ROYECTO DEL AYUNTAMIENTO DE MANILA PARA LEVANTAR. UNA ESTATUA Á ISABEL II. VAPORES CORREOS. INCENDIO DE
ToNDO Una sublevación felizmente sofocada. Calamidades
PÚBLICAS en la provincia DE MaNILA, MeJORAS. Un HURACÁN.
(Í854 á 1857), Oobiemos de los Sres. Marqués de NovalicheSf Crespo y Montero^ interino*
Con el cargo de Gobernador Capitán General y Superintendente subdelegado de Hacienda tomaba posesión del Superior Gobierno de Filipinas en 2 de Febrero de 1854 el Teniente General D. Manuel Pavía, Marqués de Novaliches. Animado el Excelentísimo Ayuntamiento de los más gratos sentimientos para con su amada Reina Isabel \l ia bondadosa por los favores que de su generosa mano recibiera, propuso al General el pensamiento,, por toda la corporación concebido, de erigirle una estatua, que perpetuara entre los Filipinos la memoria de su Augusta Soberana. Accedió de buen grado el Sr. Marqués, disponiendo se abriera suscricion para llevar á cabo el proyecto. Al darle de él noticia, S. M. contestó: Estoy sumamente satisfecha del afecto de mis leales Filipinos, y deseo que inmediatamente se realice la obra,
ísta fué encomendada al hábil escultor español D, Ponciano Ponzano, quien, á petición de la Reina, la modeló en el magestuoso traje oficial, qu&
llevaba en aquel dia, en el que una mano sacrilega clavó en su pecho un puñal regicida. Fundida en bronce salió tan perfecta y parecida, que mereció los más lisonjeros elogios de propios y extraños. El entusiasmo que causó su llegada i Manila fué tan grande, que se disputaban los buenos indios d honor de llevarla en hombros al lugar donde debía erigirse. Celebró la capital el dia de la inauguración con regocijos tales, cuales nunca los hubiese visto más gratos y expansivos. Esta tHvo lugar en 14 de Julio de 4800. en el centro de la avenida que da frente al teatro de Alfonso XII, asistiendo á ella el Excmo. Sr. Capitán General, como Presidentíí del Excmo. Ayuntamiento, hallándose presentes también las Autoridades Religiosas, Civiles y Militares.
Acortada ya por decirlo así la distancia entre Filipinas y la Península á causa de la apertura del Istmo de Suez, para la más rápida comunicación entre ambas y mayor comodidad de los viajeros, establecióse por decreto de 43 de Febrero de este año, el que uno de los vapores de guerra saliese con el correo una vez al mes para Hong-kong, donde hacen escala las mensajerías francesas, admitiendo carga fina y pasajeros de todas clases. Mejora semejante fué recibida de todos con el agradecimiento que es de suponer.
Mientras con tan felices auspicios empezaba su corto gobierno el marqués de Novaliches, dos acón-tecimientos desagradables vinieron á turbar el común alegría. Fué uno el incendio que en 44 de Marzo destruyó el populoso barrio de Tondo, y el otro, el atentado ^e un tal teniente Cuesta^ en 4 de Abril. Este, habiendo en España hecho aprendizaje de pronunciamientos, quiso introdu.
cirios aquí; pero con tan mala suerte, que, después de haber robado los cau4ales públicos on Nueva Ecija, y asesinado á varias personas, acá? bándosele el dinero, fué perdiendo en pocos dias los compañeros, hasta venir á caer en manos ie la Justicia, que le condenó á la pena que sus crímenes merecían. Recomendó sobremanera la prudencia del General, el que dando á este hechíla sola importancia que merecía, procuró desvanecer prevenciones, y consiguió en pocos meses hacvr olvidar tan desagradabe suceso. Así es coni'» se captó la bienquerencia de todas las clases, en especial de los indios, entre quienes es, aún hoy dia, grata su memoria.
Dia 20 de Noviembre sucedíale en el mando el Excmo. Sr. D, Manuel Crespo, únicamente con el cargo de Gobernador y Capitán General. A tres grandes calamidades tuvo desde luego que hacer frente; la crisis monetaria, la carestía de si: Insistencias y el bandolerismo, para cuyo remedio proyectó y presentó al Gobierno de Madrid varias disposiciones. El tribunal de Comercio fué resiable!Ído en 5 de Febrero en el pleno ejercicio do sus funciones. Esta provincia que hísta el presente se liabía llamado de Tonda recibió, por decreto de :20 de Mayo de 18oG, la denominación de provincia de Manila; y de la Isabela, lacreada con parte do la (le Cagayan de Nueva-Ecija. Embellecióse la Capital con el derribo de cortijos y edificios que la afeaban. Un huracán acaecido en 27 de Octubre de 1856 vino á causar grandes dcitiozos en los pueblos inmediatos. En iV de Noviembre de este mismo año tubo una tan considerable erupción en el Macaturmg, volcan de Mindanao, que sus cenizas ocultaron la luz del dia en Pollok, teniéndola
que encender artificial, y llegaron abundantes hasta Zamboanga, salvando una distancia que no baja de 43 leguas. A las cenizas sucedió la lluvia de piedras incandescentes, que de Pollok se veían rodar por las laderas. Hasta Marzo del siguiente año duró el fenómeno, que se había anunciado con vioíentos terremotos en toda la comarca de Cottabato.
na^if iii 4
El noble desterrado y novilísimo Gobernador. Calamidades I conjuradas. Mií^oras en la Capital. £l Eiército Filipino
1 1' admirado por el FrANCÉíí en COCHINCHINA. GOBIERNOS EN LAS
Y provincias. La Compañía de Jesús restituida á Filipinas. La
llj instrucción de la .tuví:ntud. Despedida, muürte y exequias
DEL Gi^NERÁL NORZAGARAY.
(1857 á 1860), GMcrno del Excmo, S7\ D. Fernando de
La lealtad á su soberana trajo desterrado á estas islas en 1842, en aquel ominoso trienio, que tan amargo duelo causó á la Iglesia de España, al liel soldado, al militar pundonoroso, que arrostró el ostracismo, antes que faltar á sus deberes y á la té jurada. Empero, esa misma lealtad jamás desmentida hizo, que pasados ya aquellos dias de funesto recuerdo, viniese otra vez á Filipinas investido de la Superior Autoridad el noble caballero, el esclarecidísimo General D. Fernando de Norzagaray. La fama de las dotes inapreciables
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que como hombre de Gobierno había desplegado poco antes en Puerto-Rico, había llegado á oidos de los habitantes del Archipiélago: así que todos á una ansiaban amaneciese el dia venturoso en cfue le viesen tomar puerto en la anchurosa bahía de Manila. Amaneció éste por fin, y fué el 6 de Marzo de 1857, dia de júbilo, según refieren los que se hallaron presentes, dia de verdadero entusiasmo para los Filipinos, por cuanto veían en el antiguo conocido de grato recuerdo, al hombre providencial enviado para remedio de hondos males» que afligían á todas las clases.
Inmediatamente luego de su toma de posesión» que fué el 9 del mismo mes, se dedicó con desvelo inaudito á conjurar las calamidades, de las que se ha hecho mérito en el Gobierno anterior, Y por lo que respecta á la crisis monetaria, originada de la depreciación del oro americano, que llegó á perder por entonces una tercera parte de su valor cíe cuño, causando esto indecible trastorno en los Intereses, resolvió por decreto en 18 de Junio, se establecieran puestos públicos de cambio de monedas en la Capital y arrabales, no permitiéndolos sin expresa licencia de la autoridad. Consultó luego al Gobierno de Madrid, para la pronta creación en Manila de una Casa ds Moneda, que !an excelentes resultados ha dado en todo tiempo. La cuestión de subsistencias resolvióla permitiendo el libre tráfico de cereales; la del bandolerismo fué todavía más fácil para un hombre de guerra, dictando medidas tan enérgicas, y ejecutándolas con tan severa justicia, que bien pronto hubieron de tíonvencerse Jos malhechores, cuanto les con veniaabandonar la mala senda que habían emprendido. Además d« esto fué perseguidor terrible de loa
que con sus abusos perturbaban las provincias. Así es que nunca estuvo más alto que en su tiempa el principio de autoridad.
Las mejoras locales fueron un objete de especial predilección del Señor Norzagaray, y gracias á ella, la Capital del Archipiélago se vio en poco tiempo de tal manera transformada; que si dicha& mejoras hubieran continuado con igual empeño, Manila hubiera podido aspirar á reconquistar á la vuelta de algunos años, el antiguo y gloriosa dictado de Perla de Oriente. Pero, para ello era precisa una actividad y una constancia, que difícilmente se encuentra en el grado en que las. poseía el General. Aquello de vérsele antes de amanecer recorrer las calles y plazas de Manila, visitar cuarteles, inspeccionar pcseos, puentes y calzadas, examinar por sí mismo el estado de las obras públicas, estimulando el celo de los operarios, dispensando elogios al ingenio y aplicación de los directores, y descendiendo á pormenores lo» más insignificantes, y esto un dia y otro .dia, no es cosa fácil de hallar en todos. De este modo es como se pudieron ver los inmundos cenegales, que rodeaban la Ciudad, convertidos en deliciosos jardines, en paseos amenos y en calzadas espaciosas. Entonces se inició el Jardin Botánico, se levantaron las graciosas «guadas de los Regimientos^ que pronto la incuria acabó por volver á hacer desaparecer.
En medio de tan halagüeñas empresas, un incendio horroroso, desgracia harto común en e\ país, vino á asolar, en la madrugada del 8 de Abril de 1859, la mayor parte del arrabal de S. Mi-^ gueU á cuya restauración pronta, acudió S. E. coa su celo acostumbrado; siendo al presente el máa
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Vistoso de cuantos rodean la Capital. El dia 5 tle este mismo mes á las cinco de la tarde en pueblo de México en la Pampanga caía coii estruendo como de un cañonazo un aerolito, que traía la dirección de E. á 0. tenía un pié de largo y ocho pulgadas en su parte más ancha. Al Caer abrió en tierra un hoyo de tres palmos de profundidad. Dispuso el Sr. Norzagaray fuese remitido al Museo de Historia natural de Madrid.
No se crea que por atender el General á tales cuidados y mejoras, quedase desatendido el ejército, garantía de la paz y de la justicia. Mejoróse en gran manera la suerte del soldado; perfeccionóse el armamento, y con vigor constante de la disciplina logróse que el ejército Filipino fuese sino el más numeroso, al menos el más brillante del Asia; capaz de llamar altamente la íitencion, en aquellos dias, de los so'dados mismos que ceñían los lauros de Magenta y Solferino, cuando en compañía de estos partió á Gochinchina, á pelear contra la barbarie annamita, y á hacerla respetar los derechos de la justicia. Aumentóle con la creación del Rec^imiento número 10 llamado (le Castilla.
Tomando por modelos á sus dos ilustres predecesores en el Gobierno los generales Enrile y Clavería, atendió como ellos al bienestar v buena administración de las provincias. A este fin dispuso, en 6 de Mayo de 1857, la separación de las^ de Camarines Norte y Camarines Sur, creó las Comandancias Político-Militares de Escalante, en la isla de Negros; de Saltan en \íx Isabela, para contener los desmanes de los igorrotes y gaddanes; lade la Concepción en la isla de Panay. Fué ocupada también durante este gobierno la isla de Bala-,
bae al S. O. de la Paragua; donde se puso el establecimiento militar llamado del Principe Alfonso.
A mediados del año 1859 llegaban de nuevo á estas isbs, llamados por el Gobierno de S. M.,' los religiosos de la Compañía de Jesús, que con tanto fruto habían en ellas trabajado en los pasados siglos. Fueron benigna y cariñosamente recibidos tanto por las Autoridades y Corporaciones, como por el pueblo, que aun conservalm de ellos grata memoria. No permitiendo algunas dificultades, que se atravesaron, el que pasasen desde luego al Mindanao, y deseando ellos por otra parte ser provechosos á la ciudad durante su permanencia en ella, se encargaron desde luego de la única escuela de instrucción primaria que en ella había, la cual á instancias de Excmo. Ayuntamiento. Municipal, les confió S. E. Fué tal el entusiasma con que acogió el vecindario disposición semejante, que el número de alumnos, que era de solos 36 el dia 10 de Diciembre de 1859 en que dichos Pa^ dres se hicieron cargo de la mencionada escuela, el 2 del próximo Enero ascendían á 124. Quedó apro-^ bado por el decreto de 15 de Diciembre de 1859 •el Reglamento propuesto por el Cabildo Municipal, de acuerdo con el R, P. Superior de la Compañía, para dicha Escuela, la cual tomó el nombre de Ateneo Municipal de Manila, por ser sostenida con los fondos de dicha corporación. En ella se dio muy pronto no solo la instrucción primaria elemental y superior, sino que se explicaron las matemáticas, la agrimensura y la física, con tanta amplitud, como en cualquier instituto, de 2.** Enseñanza.
Aceptada la dimisión, que de su cargo hizo don Fernando de Norzagaray, entregó el mando del
Archipiélago á su Segundo Cabo D. Ramón M. Solano, en 12 de Enero de 1860, para volver á su amada patria. No ha conocido Manila, dice un testigo de vista, ovación semejante á la de la des« pedida de este General. Créese que su muerte á los pocos meses de llegado á España, debe atribuirse en gran parte al conocimiento que tuvo de una calumnia grosera, algo ligeramente acogida en Madrid, contra la probidad y nobleza de su carácter y también á consecuencia de ciertos actos oficiales. Manila agradecida á sus bondades celebró por el descanso de su alma unas exequias magníficas, en las que pronunció un notable elogio fúnebre del finado el R, P. José Fernandez Cuevas, Superior de la Misión de la Compañía de Jesús, su amigo íntimo.
(Sai^llFilü @.
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pROYiciü DE Escuela Normal. Muerte del Sr. Solano.
NUEVO Gobernador. Gobiernos de Visáyas t de Mindanao.
Conquista de Págalúngan. nuevo Arzobispo.
(1860 á Í862) Gobierno de los Sres. Solano y Herrera Dávila^ interino, y de Lemery,
Dado ya el primer impulso á la , instrucción primaria de la juventud con la creación del Ateneo Municipal para hijos de españoles y mestizos, liacíase preciso extender también este beneficio á los indios. El general Solano, que en 12 de Enero de 1860 recibía el Gobierno del Archipiélago, si bien que en calidad de interino, movido de las razones que le hizo presentes el R. P. Superior
--lisde la Compañía de Jesús, las cuales se fundaban en las Reales ordenanzas y sínodos diocesanos de entrambas Indias, acogió con placer la idea de una Escuela Normal, donde se formasen primero, los que luego como maestros en los pueblos habían de difundir la instrucción primaria entre los naturales*
Una muerte prematura, acaecida en 30 de Agosto del mismo año, vino á desvanecer las lisonjeras esperanzas, que todas las clases de la sociedad Filipina tenían fundadas en las altas dotes que adornaban al Sr. Solano. Cúpole la honra de inaugurar la estatua de Isabel II, y dio disposiciones que manifestaban bien á las claras, cuánto se podía esperar de su rectitud y prudencia; tal fué entre otras la de prohibir las batidas anuales, que hacía el Resguardo en los montes, pai*a destruir las plantaciones de tabaco de los infieles.
Fué ciertamente notable á la vez que triste la coincidencia de fallecer con muy pocos días de intervalo el General saliente, el interino y el nombrado, que lo era el General D. José MaoCrohon, el cual munió á 21 de Agosto, en la travesía del mar Rojo, dirigiéndose á Filipinas.
Por fallecimiento del Sr. Solano encargóse interinamente del Gobierno de las islas el Sr. Brigadier de Artillería D. Juan de Herrera Dávila» liasta el dia 2 de Febrero de 1861, en que tomó posesión del Superior Gobierno en propiedad el Excmo. Sr. D. José de Lemery persona muy digna y entendida. Falto de auxiliares fué algo estéril su adminiátracion. Celoso sin embargo por la instrucción primaria como sus predecesores, encargó al R. P. Cuevas Superior de la Compañía de Jesús un proyecto de organización de las escuelas
que poco después con escasas variaciones fué aprobado por el Gobierno de S. M. Autorizó la fun~ dación de un Colegio, que algunos generosos vecinos de la Pampanga desearon establecer en Bacolor. Inaugurábase también en 12 de Marzo de 1861 en Manila una casa de moneda, y eran creados por Reales Decretos el Gobierno de la plaza de Manüa, un Gobierno Político para las islas Visayas, y otro para toda la isla de Jlindan^o y adyacentes. Suprimida la denominación antigua de aquella grande isla fué dividida en seis Comandancias de Distrito en este orden: Distrito 1.** Zamhoanga, 2/ Misamis, 3.^ Surigao, 4." Dávao, 5.^ Cottabato y 6.° la isla de Basilan.
En Noviembre de 1861 se sublevaron en el Distrito de Cottabato los moros de Tumhao, de donde se había retirado una estación militar allí establecida. Para defender el paso del Rio-grande reunieron lo más escogido de su gente en la cotta de Pagalmgan, Formóse una expedición que, al mando dd entonces Teniente de Navio D. Casta Méndez Núñez, y más tarde el vencedor y el héroe del Callao en el Perú, fuese á desalojarles de aquella fortak-zn. Lo que se ejecutó no sin mucho trabajo; pues defendiéndose los moros con buena artillería, contra la que eran impotentes las descargas, que se les hacían desde nuestros cañoneros, fué preciso que la goleta Constancia, se situase junto á la cotta enemiga, para que desde sus cofas y vergas hiciese fuego al enemigo; en tanto que desde su mismo bauprés y por otro lado se operaba el asalto, el cual costó mucha y muy noble sangre. En él fué gravemente herido el capitán de fragata D. José Malcampo, más tarde C^obernador General de Filipinas. Victoriosos los
nuestros destruyeron aquel fuerte é impusieron condiciones de paz á los Datos del Rio-grande; entre ellas era la de que no molestarían á los Misioneros de la .Compañía de Jesús, recientemente establecidos en Tamontaca, para que pudiesen visitar las rancherías de tirurayes y demás infieles, á fin de convertirles á nuestra Santa Religión.
El dia 27 de iMayo de 1862 el limo. Sr. D, Gregorio Meliton Martínez, Arzobispo consagrado de Manila, tomaba posesión de la Administración y Gobierno de esta Diócesis metropolitana. Asistió más tarde, desde la apertura hasta sü suspensión, al Concilio ecoménico del Vaticano, convocado por Pío IX. En 7 de Julio de 1862 el Sr. Lemery cesó en el mando superior de estas islas, entregándoselo al stgundo Cabo, el Excmo. Sr. D. Salvador Valdés.
Época de infortunios. El terremoto de 1863. Creación del Consejo de Administración y de varios gobiernos. Inauguración DE LA Escuela Normal.
(i862 á 1865), Oohierno del Teniente General D, Rafael
Echagúe y Btrmingham.
Calamidades las más tristes y funestas de cuantas afligir suelen al humano linaje parece se concertaron entre sí para llover juntas durante el mando en estas islas del Excmo, Sr, D. Rafael de Echagúe, el cual tomaba de él posesión en 9 de Julio de 1862,
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Dos años de epidemia colérica, que haciendo cada día nuevas y dolorosas víctimas, vino por fin á ensañarse en la virtuosa y nobilísima Señora Doña María de las Mercedes de Méndez Vigo, esposa del Sr. Echagüe, arrebatándosela á su cariño en la flor de sus años; un incendio espantoso, que en la noche de 30 de Enero de 1863, asoló y destruyó el extenso barrio de San Nicolás; el más horroroso terremoto, que se haya experimentado en estas islas, acaecido el 3 de Junio del mismo año; otro incendio que consumió en pocas horas dos grandes cuarteles acabados de levantar en la sabana de Barjumbayan, con una gran parte del pueblo de la Ermita; y para colmo de tantas desdichas y aumento de la miseria pública, el haberse incendiado en Manila y en Lal-lo, de Cagayan por efecto de una centella, tabaco en rama por valor de unos tres millones de pesos; desde cuya fecha data el déficit de la Hacienda de Filipinas; tal es el cúmulo de males y desgracias, que no pudieron menos de oprimir y de desgarrar el corazón naturalmente sensible y bondadoso del Sr, Gobernador.
Por su magnitud y efectos desastrosos merece una particular mención en la historia el terremoto df^ 1863. Fué víspera del Corpus á las 7 y 25 minutos del anochecer con tres movimientos asaz definidos: el trepidatorio, el oscilatorio de S. E. á N. E., describiendo un arco de unos 40'': y el vertiginoso ó giratorio, que es de todos el más destructor, siendo víctimas de su furia 500 personas entre muertos y heridos. Habia sido aquella tarde una de las más bochornosas por el calor y cúmulo excesivo de electricidad de que se hallaba cargada la atmósfera bañada de cierto color fatídico. Atri
búyese á ella la asfixia, de la que quedó repentíñámente acometido un hombre en la plaza de Santa Cruz; las chispas que se desprendían al simple roce de algunos cuerpos, y las llamas de fuego con dirección de S. E. á N, 0. observadas desde la fragata Cañbbean por los marinos ingleses Winchester y Cobb. Un ruido sordo y subterráneo vino como á decidir el casi simultáneo desplome de los mayores y mejores edificios, que en el corto espacia de 35 segundos no eran ya más que montones informes de ruinas, las cuales tenían obstruidas la mayor parte de las calles.
La lobreguez de la noche; los alaridos de la gente; la espesa nube del polvo, que por do quier se leyantaba; la falta de luces artiíiciales, que ^alumbrasen las viviendas y las vias públicas; convirtieron la ciudad de Manila en el más espantoso caos que imaginarse pueda. Agregúese á esto la incertidumbre de las familias por la suerte de los ausentes; el tener que buscarse un asilo seguro en medio de tanta confusión; el fundado temor de que se repitiese, como tantas veces ha sucedido» aquella catástrofe funesta; el clamor de las víctimas, que en vano pedían auxilio desde el fondo de los escombros; el extraño espectáculo, que ofirecían las personas que divagaban por las calles cubieitíis de polvo blanquizco sus rostros y vestidos á manera de espectros ó fantasmas escapados de los sepulcros, y se tendrá una idia aproximada de lo horrible y pavoroso de aquel u noche aciaga y para siempre memorable.
Los principales edificios arruinados fueron: la Catedral, que desplomándose sepultó en su ruina 47 víctimas entre dignidades, Canónigos, Preveniados y demás personas, que parecieron sin re
medio, pudiéndose sólo algunas escapar á duía» penas; pues era en el acto mismo de empegar los maitines para la festividad del dia siguiente. Derrumbáronse los templos de Santo Domingo, de San Juan de Letran de PP. Dominicos^ S. Juan de Dios, con una gran parte de Hospital anejo, Santa Isabel, quedando muy mal parados los de San Fran(isco y Recoletos, Vinieron abajo el Palacio del General, los edificios soberbios de las casas consistoriales, de la Aduana, de la Audiencia; en una palabra: excepción hecha del monumento templo y convento de S. Agustín, fabricado, bien puede decirse, á prueba de temblores, no quedó en pié construcción alguna grandiosa de cuantas encerraba Manila. Esto sólo dentro de la Ciudad murada; \ por ahí podrán inferirse los estragos de igual {género causados en los arrabales extensos, queforman la más numerosa parte de la población. Cuéntanse hasta 249 los edificios públicos y privados completamente derruidos, y 272 los que hacía inhabitables una ruina inminente. No fueron menores los estragos causados en las provincias, particularmente en la de Bulacan, donde no quedó» en pié templo alguno.
Si á lo menos en presencia de tamaños desastres, sobreponiéndose á las circunstancias presentéis y á vanos temores, se hubiese animado el General á hacer uso de las facultades extraordinarias, de que le había revestido el Gobierno de Madrid, hubiérase podido remediar algún tanto su situación difícil y embarazosa que ha seguido arrastrando por mtichos años consecutivos el estado económico del Archipiélago, Pero compréndese la presión inmensa que había de ejercer en el corazón del hombre máft magnánimo tal cúmulo de infortunios.
No dejaron sin embargo de llevarse á cabo ea €Ste gobierno mejoras y resoluciones de la más alta importancia. El Consejo de Administración» 5reado por Real Decreto de 4 de Julio de 1861, quedó establecido y empezó á funcionar desde 1 '* de Enero de 1863; lo mismo que la Administración Militar de Filipinas; aprobóse el nuevo ceremoi ial para la entrada de los Capitanes Generales; \i\ creación de la Comandancia Político Militar de Porac en la Pampanga, á fin de tener á raya el bandolerismo siempre amenazante en aquellos montes; y la Comandancia militar de Dapítaii, depertdiente de Misamis, para defender aquella costa de las invasiones de piratas moros.
Pero lo que afortunadamente vino á comunicar cierta expansión en el ánimo abatido de Señor Echagüe fué, el poder dar cumplimiento por sí mismo á los Reales decretos de 20 de Diciembre de d863, por los cuales se creaba en Manila y se reglamentaba una Escuela Normal de jóvenes indígenas bajo la dirección de los PP. de la Compañía de Jesús, la cual, á modo de seminario^ fuese suministrando maestros idóneos para propagar la instrucción primaria en todos los pueblos del Archipiélago. Con solemnidad extraordinaria era inaugurada por S. E., en nombre de S. M. la Reina, dicho establecimiento, en 23 de Enero da 1865, dias del entonces Serenísimo Señor Príncipe de Asturias, D. Alfonso de Borbon, empe^ zando desde el dia inmediato el orden de las clases con asistencia numerosa de alumnos. Admitida que fué por el Gobierno de S. M. su tan deseada dimisión al Sr. Echagüe, entregó el bastón de mando al Segundo Cabo Sr. D. Joaquín del Solar, día 29 de Marzo de 1865.
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Conclusión, (Í865 á 1876).
Los hechos y acontecimientos de los años que quedan por reseñar son demasiado recientes para que la historia pueda dar su fallo sobre ellos con toda la imparcialidad que le atañe. Esto no obstante no impide el anotar un gran número de mejoras, que se han ido llevando á cabo hasta nuestros dias y que á toda luz justifican el titulo de^ Época de adelantamientos, con el que hemos encabezado el último libro de la presente Historia.
Empezando puf s por las que merecen la preferencia ora sea por su Índole misma, ora por su importancia; una nueva Sede Episcopal, con el titulo de Sta babel, ha sido erigida en la Ciudad de Jaro provincia de Uoilo, formándose con una parte de la de Cebú, que era sobradamente extpnsa: los Seminarios tridentinos de las diócesis áe\ Archipiélago han sido confiados á la dirección de los virtuosos Sacerdotes de la Misión de San Vicente de Paul, para formar en ellos ministros piadosos é ilustrados: se han dividido algunas de las muchas parroquias, que por su grande extensión y muchedumbre de feligreses, no podian ser suficientemente atendidos en lo espiritual: se activa la reducción de las razas infieles al conocimiento de nuestra Santa Religión y ley del Evangelio por medio de las misiones.
Las ciencias y artes van también adquiriendo nuevo auge con la institución de las Cátedras de Medicina, Cirujía y Farmacia, que ha tenido lugar en la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás; con la apertura de dos Colegios de segunda enseñanza completa, uno en la Universidad, y otro en el Ateneo Municipal, fundado y sostenido por la munificencia del Excrno* Ayuntamiento de Manila, el cual tiene un Observatorio meteorológico en el que funciona el Meteorógrafo del P. Sechi; hay además clases especiales de música y dibujo con escuela de gimnástica para los alumnos internos. La academia de dibujo de Manila va dando artistas, que han tenido ya el honor de hacer admirar algunas de sus producciones. También posee, como se ha dicho, una Escuela Náutica; y los pueblos todos van adquiriendo maestros, y algunos también escuelas públicas para niños de ambos sexos. La prensa además de la Gaceta Oficial y del Boletín Eclesiástico del Arzobispado de Manila, cuenta con tres órganos diarios y dorevistas una semanal y quincenal la otra. El tes légrafo eléctrico va cogiendo una tras otra dentro de su red las provincias de la grande isla de Luzon: y sus costas se van poblando de semáforos, que mucho han de contribuir para la seguridad de los navegantes y para las operaciones del comercio. Un cable submarino une á Filipinas con Hong-kong,
La Beneficencia y educación pública no es decible cuanto ha medrado con la venida á Filipinas de las excelentes Hijas de la Caridad, De desear fuera para fomento de la moralidad que tuviese cada cabecera de provincia por lo menos un establecimiento á cargo de tan virtuosas
Señoras. Por fortuna cuenta ya la Capital siete Establecimientos entre colegios, hospitales. Casa de Beneficencia y Escuela Municipal dirigidos por las hijas de San Vicente de Paul; hay además uno en la ciudad de Jaro v otro en la Nuevaáceres, para el cual el limo. Sr. Gainza dignísimo Obispo de aquela diócesis obtuvo merced de que fuese elevado á la categoría de Escuela Normal de maestras de instrucción primaria.
Los ramos diversos de industria introducidos en el Archipiélago en los últimos años formarían un catálogo demasiadamente prolijo para poderlos enumerar en un simple Compendio, como es el presente. El Comercio va á adquirir un notable desarrollo con el aumento diario de nuevos buque ^ de vapor, que recorren ya todas las provincias, y con los que van y vienen no sólo de los reinos vecinos, mas también de las regiones de ultramar. Sólo la agricultura, que es manantial de verdadera riqueza para el país, és la que menos adelanta, por falta de empresas y de brazos que la hagan prosperar; sino es en algunas provincias como la Pampanga, Batangas, Albay é Isla de Negros, donde, merced á mejoras introducidas y á máquinas de vapor para la elaboración del azúcar va haciendo este ramo progresos visibles. Van levantándose también de sus ruinas, si bien con harta lentitud, los edificios derruidos por el temblor de 1863. Está ya concluido y abierto ai tránsito público el suntuoso puente de España construido parte con buena piedra, parte con hierro. La Catedral que reconstruida ya, es un templo digno de la metrópoU del Archipiélago. , Está ya concluida y habitada una espaciosa Casa de Beneficencia para hospicio de pobres huérfanos* El
hospital civil de San Juan de Dios será la á vuelta de algunos años un establecimiento que hará honor á Manila, También se está terminando la restauración de la hermosa casa de Ayuntamiento y de algunos otros templos y edificios, que fueron arruinados por la ya citada catástrofe y se ha felizmente ejecutado la traida de aguas potables á la ciudad y sus arrabales.
Hay además proyectadas muchas, muchísimas mejoras á cual má3 útiles é importantes; quiera •el Cielo qu^ lleguen á realizarse cuanto antes, si así conviene: y que ceda todo á la mayor gloria de Dios y bien de las almas^ que son los intereses que deben estar siempre sobre todos los intereses.
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Introducción. Estado del Archipiélago Filipino
antes de su descubrimiento por los Españoles. ni Libro primero. Época de la Conquista. . . I Capitulo 1.** Expedición de Magallanes y descubrimiento del Archipiélago Filipino. . id. Capitulo 2.® Expediciones de Villalobos y de
Legaspi 2
Capitulo 3.° Conquista de Manila .... 4 Capitulo 4.** Guerra de Lima-hong. ... 6
Capitulo 5.** Jornada de Borneo 9
Capitulo 6.** Union de las armas Castellanas
y Portuguesas en Oriente \í
Capiuulo 7."* Primer Obispo y primera Audiencia de Manila 12
Capitulo 8.** Embajada del P, Sánchez á las
cortes de Madrid y Roma 13
Capitulo 9." Da él último asiento Dasmariñas
á las cosas del Archipiélago 14
Libro segundo. Época del Engrandecimiento. 17 Capitulo 1.° Segunda Conquista de Cagayan y primera batalla naval contra el
holandés id.
Capitulo 2 ® Primer alzamiento de los san
gleyes y conquista de las Molucas . . .20 Capitulo 3.^ Combate naval de Mari veles, y
jornada de D. Juan de Silva á la India . • 23 Capitulo 4.** Defensa de Iloilo. Batalla na
— 128— PágínM.
val de Playa-honda. Socorro de Macao. Levantamiento de Bohol y de Leyte ... 26
Capitulo o.*" Encuentro de las armadas española y holandesa en Playa-honda. Conquistas en la isla Formosa. Jornadas de Joló, 29 ^
Capitulo 6.*^ Fundación de la plaza de Zamboanga. Estado de los presidios de Xernate. Encuentro entre la potestad Eclesiástica y Civil 32
Capitulo I."" Combate naval de Flechas. Jornadas del Rio-Grande, Joló, Bohayen, y Laguna de Malanao . 34
Capitulo 8.** Pérdida de la isla. Formosa, Temores de invasión holandesa. Levantamiento, guerra y rendición de los sangleyes. 37
Capitulo 9.*" Reformas de Corcuera. Fundación de la Capilla Real y del Colegio de S, Felipe. 40
Libro terceuo. Época de la decadencia. . . 43
Capitulo 1.** Residencia y prisión de Corcuera. ^
Privanza y desafueros de r, Estacio Venégas, su caida, prisión y muerte. Muerte del Sr. Arzobispo Montero. Reventazón de tres volcanes. Temblor del dia de S. Andrés. . id.
Capitulo 2.° Paces con Mindanao. Defensa de Joló contra el holandés; y tratado con el Sultán Raya Bogsó. Combates navales contra los holandeses en Bolinao, Marinduque, Mindoro y Corregidor. Gavite defendido por Azaldegui. Muerte del Príncipe de Joló Paquian Cachile. Hazañas del P. Capitán. Alza-^
mientos de Visayas y espedicion de Palapag. 47
Capitulo 3.^ Actos y providencias del Gobernador D. Manrique de Lara v del Sr. Arzobispo Poblete. Guerra y treguas con los Mindanaos 51
— 129 — pagina
Capitulo 4."* Levantamientos de la Pampanga, Pangasinan é llocos. Amenazas de Koseng tirano de la isla Formosa'. Alzamiento de los sangleyes. Aprestos de guerra en Manila. Retíranse los presidios de Ternate y Zamboanga 84
Capitulo 5*" Residencia de D. Sabiniano Manrique de Lara. Embajadas. Construcción de galeones. Desaires al Señor Arzobispo y su muerte. Empresa contra los Igorrotes. Conjuración contra el Gobernador; su prisión. 57
Capitulo 6.** Alzase Boniñíz con el mando. Llegada del nuevo Gobernador. Embajada á Macao. Destierro del Dean y arresto del Obispo de Heliópolis. Muerte del Gobernador. Reducción de las Marianas. ... 89
Capitulo 7.** Los oidores Coloma y Mansilla. Fiestas Reales. El Gobernador Vargas. El Gobernador Curucelaegui. Varias plagas en el Archipiélago. Piratas ingleses. Nueva Audiencia. Muerte del Gobernador .... 62
Capitulo 8.° Reyertas del Obispo de Troya con el Cabildo. Llegada del Sr. Cruzat .. . 64
Capitulo 9.** Llegada del Sr. Zabalburu; sus prosperidades y sus pesadumbres , . , 65
Capitulo 10. Reducci n del número de chinos. Combate naval contra los ingleses ... 67
Capitulo 11. Ediflcanse los presidios de Cabo en la Paragua y de Zamboanga. Cargos al Señor Torralba. Embajada al reino de Siam. Muerte del Gobernador. 69
Capitulo 12. Cesa en el gobierno elL S. Cuesta. Su nueva promoción y su muerte; id. de Torralba. Expediciones y treguas ejecutadas con los moros ........ 72
430 — Pgpi
Capitulo 13. Providencias del nuevo Gobernador. Expediciones contra los moros. Incendio. El comercio de Cádiz y el de Manila. Bloqueo. Nuevo Arzobispo ..... 74
Capitulo 14. Apresamiento de Ja Covadonga. ^
Muerte del Gobernador. El iJmo. Sr. Arvecbedera le sucede. Levantamiento en Balayan. Expedición de Hita. Bautismo del Sultán de Joló . , 76
Capitulo 15. Nuevo sistema de gobierno, sus frutos. Piraterías délos moros. NuevoGobernador. Explosión horrible del volcando Taal. Armada contra los moros al mando del P. Pucos. Muerte del Gobernador. Su sucesor interino el Sr. Expeleta Obispo de Cebú. • 78
Capítulo 16. Sitio, entrada y evacuación de Manila por el inglés. Muerte del Sr. Rojo. Anda cede el bastón de mando al nuevo Go^
bernador Sr. de la Torre ...... 84 \
Capitulo 17. Nuevo Gobernador y nuevo Arzobispo. Segundo Gobierno de Anda. Su muerte edificante 84
Capitulo 18. Categoría del nuevo Gobernador, sus cualidades. Obras que emprendió. El tabaco. Reparaciones. Proyectos de Marquina. 86
Capitulo 19. Nuevo expediente para conciliar la amistad de los moros; su ineficacia. El Barceló Filipino. Perfidia delMindanao. Tratado de paz con éste. Sublevaciones en el Norte de Luzon . . , 89 ^
Capitulo 20 Promulgación de la constitución de Cádiz, su abolición. Tumulto popular contra los extranjeros. Sublevación Novales. Expedición contra los moros. Reducción de tribus rebeldes en Bohol 92
Capitulo 21. Establécese orden en el servicio de correos. Expediciones. Sublevación de Apolinario. Mejoras materiales. Ocupación de la Isabela de Basilan ...... 95
Libro cuarto. Época del adelantamiento . . 99
Capitulo 1.^ Reformas útiles. Conquista de Balanguingui. Primeros vapores de guerra en Filipinas. Monumento de Magallanes, . id.
Capitulo 2/ Inmigración China. El Banco Español Filipino. Suspensión del Tribunal de Comercio. Conquista de Joló. Mejoras . . 102
Capitulo 3.** Proyecto del Ayuntamiento de Manila para levantar una estatua á Isabel II Vapores correos. Incendios de Tondo. Una sublevación felizmente sofocada. Calamidades públicas. Provincia de Manila Mejoras. Un huracán . . . ' 109
Capitulo 4.° El noble desterrado y nobilísimo Gobernador. Calamidades conjuradas. Mejoras en la Capital. El ejército Filipim» en Conchinchina . Gobiernos de las provincias. La Compañía de Jesús restituida á Filipinas. Despedida, muerte y exequias del General Norzagaray 106
Capitulo 5.° Proyecto de Escuela Normal. Muerte del Sr. Solano. Nuevo Gobernador. Gobiernos de Visayas y de Mindanao. Conquista de Pagalúngan. Nuevo Arzobispo . . 114
Capitulo 6.** Época de infortunio. El terremoto de 1863. Creación del Consejo de Administración y Jde varios Gobiernos. Inau guracion de la Escuela Normal . . . 117
Capitulo 7.^ Conclusión 122

References: artículo 4
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 Real decreto 
 Real Decreto