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Al Qaeda potencia su presencia en el Líbano ante la impotencia de la «legalidad internacional» - El Revolucionario
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La Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) amenazada
Al Qaeda potencia su presencia en el Líbano ante la impotencia de la «legalidad internacional»
Al Zawahiri impartió órdenes a sus miembros para esparcirse en el Líbano, Egipto y Siria
Jueves 11 de enero de 2007, por ER. Tel-Aviv
El pasado 12 de julio el Ejército israelí comenzaba una campaña militar en Líbano contra Hezbolá, en respuesta a un ataque más de esta milicia chií contra las Fuerzas de Defensa de Israel. Los objetivos oficiales que el Gobierno hebreo se marcó para esta campaña militar fueron claros: liberar a los dos soldados israelíes que habían sido secuestrados por la milicia libanesa, causar el mayor número de bajas a la misma y, sobre todo, dañar al máximo la infraestructura de Hezbolá en el país. Israel se había retirado del Líbano en el 2000 hacia las fronteras internacionales marcadas en la resolución 425 del Consejo de Seguridad, aprobándose posteriormente la resolución 1559 que «exigía» al Líbano desmantelar Hezbolá, milicia que, al servicio de Irán y Siria, y armada hasta los dientes, controla la frontera libanesa contigua a la israelí
Y es que, en efecto, tras la retirada de Líbano de las tropas sirias en 2005, Hezbolá ha ejercido al sur del país de los cedros un papel sustitutivo del control militar sirio y que, sin la presencia de Israel, no ha hecho más que reforzarse a pesar —es decir, en contra— de la resolución 1559 del Consejo de Seguridad.
Además de disponer de un verdadero arsenal (armamento pesado, incluidos algunos blindados, misiles tierra-tierra iraníes de largo alcance Al-Fajr 3 y Al-Fajr 5, misiles anti-tanque Tow, misiles sirios de 220 mm de alcance medio y unas 13.000 piezas de artillería ligera, además de aviones no tripulados Mahajer-4 de fabricación iraní) con numerosos efectivos (se estima que puede llegar a contar con unos 10.000 militantes en primera línea), Hezbolá cuenta también con un poderoso canal de Televisión (Al Manar, que emite desde el Líbano, y cuya sede atacó Israel este verano pero sin lograr cortar su emisión), de una red de hospitales así como infraestructuras de servicios diversas que, dirigidos a la población chií, consigue recibir el suficiente apoyo de esta como para mantener ocho diputados en el parlamento del Líbano llegando incluso, a partir de julio de 2005, a formar parte del gobierno en coalición.
Difícilmente, cabía pensar, el Líbano cumpliría con la resolución que le compromete a desarmar a Hezbolá cuando la milicia terrorista, ahora en la oposición, pertenecía al gobierno se supone encargado de ejecutar tal «resolución».
Así, la ONU, a través de su Consejo de Seguridad, aprueba el pasado 11 de agosto, con el cese de las hostilidades, la resolución 1701 que «obliga» a Israel a retirarse, cosa que hace en efecto sin cumplir sus objetivos, reforzando a los Cascos Azules de la FINUL como fuerzas de interposición en la frontera pero sin el mandato expreso —ni tácito— de desarmar a Hezbolá. Al margen del desgaste interno que esto está representando para el ejecutivo de Olmert en Israel, lo único que quiere decir tal reforzamiento de la mano de esa resolución unánime es que, por un lado, la FINUL no puede imponer la paz a las partes (una de ellas fuera de cualquier tipo de compromiso internacional, por cierto) si éstas deciden reanudar los enfrentamientos armados, ni puede forzar el cumplimiento de las estipulaciones de la resolución 1701.
Lo único que puede hacer allí la FINUL es preocuparse por su propia seguridad (la FINUL es la misión que mayor número de bajas ha sufrido de todas las que se han movilizado con cobertura de la ONU), como ocurre por cierto con otras tropas desplazadas «en misión de paz» bajo mandato de la ONU. Lo único que «puede» pues tal mandato se resuelve en enviar a una tropas de interposición al matadero si las hostilidades se reanudan, cosa por otro lado muy previsible (como en efecto lo prevé la Inteligencia Militar israelí según declaraciones de un portavoz suyo realizadas ayer mismo).
Pues bien, anteayer el Jefe de la Inteligencia Militar israelí, General Amos Iadlin, estimó en la Comisión de Exteriores y Seguridad de la Knnéset que la organización terrorista Al Qaeda, por si la cosa no fuese suficientemente problemática, ha diseminado a sus militantes en la región con el objetivo de ampliar sus operaciones terroristas (contra cruzados y judíos, no lo olvidemos).
Amos Iadlin expresó que entre decenas y centenas de militantes de Al Qaida han arribado al Líbano, país que cuenta con un aparato de seguridad muy débil como para obstaculizar su ingreso. Se estima que el número dos de la red terrorista, Al Zawahiri, impartió órdenes a sus miembros para introducirse en el Líbano, Egipto y Siria. El General Iadlin puntualizó que quienes pueden resultar afectados por la actividad de Al Qaida son precisamente la fuerza multinacional de paz de la FINUL y, en general, los intereses occidentales en el Líbano.
Nuestra izquierda fundamentalista y farandulera dirá, por supuesto, que con estas declaraciones Israel busca una «coartada» para, sobre todo, encontrar el apoyo de los EE.UU y «cubrirse así las espaldas» ante una posible nueva intervención del Tsahal en el sur del Líbano.
Pero, sin embargo, ¿tiene Israel acaso otra alternativa que la de desmantelar, si puede, por sí mismo una milicia que representa una constante agresión, apoyada (financiada) además por un país, Irán, que la amenaza, literal y explícitamente desde la máxima autoridad ejecutiva de ese país, con «borrarla del mapa»? ¿Puede confiar Israel en unas fuerzas de «interposición» cuya única misión efectiva es la de defenderse?
Nosotros aún diríamos más. Esta impotencia de la «legalidad internacional», representada por la FINUL en el sur del Líbano, no es una impotencia coyuntural, sino estructural, relativa a la propia contradicción que representa la noción de «legalidad internacional». Y es que semejante concepto, que es un abuso total de los términos, es un ejemplo, casi modélico de contradicción in abjecto. En efecto, puesto que no existe Cosmópolis, la única legalidad real, potente, efectiva, es la legalidad «nacional», la legalidad que viene determinada por las distintas «soberanías nacionales» en las que está distribuida la Humanidad.
No se da el caso de una legalidad común a todas las naciones y es que, de darse, automáticamente quedaría en suspenso la legalidad «nacional», y por tanto difícilmente podría hablarse de «legalidad inter-nacional» si se suspenden, en virtud de la fuerza de obligar de esa ley común, las distintas «legalidades nacionales».
¿Pero quién o qué obliga a cumplir esa «legalidad común»? Pues una o varias naciones en coordinación, luego, en el mismo instante en que se aplica deja de ser «común» a todas las naciones.
Es decir, resumiendo, si esa legalidad común fuese tal, no sería ni podría ser «internacional» porque la propia ley dejaría en suspenso las propias «naciones» a las que se supone sería común; y si existen las naciones, según se deriva del adjetivo (inter-nacional) no es posible una ley común a todas ellas.
En rigor la noción de «legalidad internacional», común a todos los hombres, es un concepto, no sólo de origen, sino directamente teológico, única perspectiva desde la que se puede justificar la existencia de un «derecho natural» (ley natural), común a todos los hombres. En el fondo los faranduleros anarquizantes, esos que defienden que «otro mundo es posible» (un mundo, por supuesto, al que no nos dicen cómo llegar, pero en el que seguro que Israel no se encuentra), tienen posiciones muy cercanas, cuando no idénticas, a posiciones evangélicas en las que la ciudad ideal es la ciudad de Dios: la «legalidad internacional» que dicen defender, es la legalidad que nada puede, la misma que la que envía «fuerzas de interposición» al Líbano, y que, naturalmente, nada puede hacer contra Al Qaeda, de ser cierto que su presencia se multiplica en la región.
En fin la única «legalidad internacional» realmente existente hoy es la Pax usamericana y, tanto si es un farol, como si es verdad el que los servicios de inteligencia israelíes hayan detectado tal incremento de militantes de Al Qaeda en el sur del Líbano, Israel tiene razones de peso, eutáxicas, como para desconfiar en la potencia de esas «fuerzas de interposición» desplazadas bajo el mandato de la ONU, y confiar mejor en la Sexta flota y el apoyo norteamericano.

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