Source: http://abogadodelruido.com/salud-acustica/14-salud-acustica
Timestamp: 2020-08-06 07:37:28+00:00

Document:
El ruido en las primeras etapas de la vida
El ruido en las aulas y su efecto en el aprendizaje
El ruido y las relaciones personales, sociales y familiares
El ruido y la nutrición
Ruido y sueño: mala combinación
El hogar y el ruido, hábitos saludables
Ruido, estrés y cáncer.
Los afectados nos cuentan sus experiencias
Los afectados por el ruido nos cuentan sus experiencias
La desgracia de vivir rodeados de ruidos
Sólo las personas que hemos tenido la desgracia de vivir rodeados de ruido podemos llegar a entender el grave sufrimiento que esto supone, llegando a afectar gravemente a nuestra salud, tanto física como mental.
Durante seis años hemos sufrido la actividad de una terraza situada en un patio interior, anexo a nuestra casa, con todo lo que ello supone: Gritos, pantallas gigantes a todo volumen para ver el fútbol, juegos infantiles, etc.
Uno puede no dormir alguna noche de forma excepcional, pero cuando ésto se prolonga a lo largo del tiempo, llega la ansiedad, la depresión, la rabia, la angustia y sobre todo, una sensación de desamparo por parte de las administraciones, que teóricamente deberían proteger nuestro derecho al descanso.
Además, soy padre de una niña de cuatro años, que la mayoría de las noches se despertaba sobresaltada por algún grito de “Gooool” procedente de la terraza. Con el fin de mitigar los efectos del ruido, y ante la imposibilidad de abrir las ventanas, nos vimos obligados realizar una importante inversión económica con la instalación de doble acristalamiento y aparatos de aire acondicionado.
Los propietarios de este tipo de locales, suelen ser además conocedores de todo tipo de estrategias que tienden a retrasar o anular cualquier tipo de actuación, bien de la policía o de la propia administración, con lo que las denuncias y reclamaciones interpuestas se prolongan a lo largo de los años sin ningún efecto.
En nuestro caso además, la actividad ha contado con diferentes propietarios a lo largo de los años, con lo que hemos tenido que iniciar nuevos procedimientos administrativos para cada uno de ellos.
Llegados a ese punto, llegué a plantearme muy seriamente abandonar mi casa, por el bien de mi familia y por el mío propio, pese a que mi dignidad me empujaba a no dejar de luchar por lo que es un derecho, nuestro descanso.
Afortunadamente y ante la escasa eficacia de nuestras denuncias y reclamaciones, decidimos acudir a Antonio García, abogado del ruido. Finalmente y gracias a su profesionalidad, consejos y actuaciones, la actividad ha sido clausurada.
Después de tantos años, podemos nuevamente leer un libro sin distracciones, estudiar en mi casa (algo imposible hasta ahora), pero sobre todo descansar...
Quiero agradecer a Antonio sus esfuerzos en la lucha contra el ruido, por su empatía con los clientes y su saber hacer, pese a que los clientes angustiados muchas veces carecemos de la paciencia necesaria para seguir sus consejos.
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Sacrificio por tener una vivienda y sufrimiento por ruido en ella
En primer lugar quiero decir que un sacrificio tan grande, como es adquirir una vivienda, no se merece el sufrimiento que he padecido. Se escucha a la gente en las terrazas del establecimiento, la televisión, los golpes de la maquina del café y el arrastre de mesas y sillas…... Me siento muy mal por no poder tener un espacio sin ruido para desarrollar actividades cotidianas como coger un libro, hacer ejercicios de relajación y descansar por las noches.
Durante estos años de sufrimiento tenía pavor a la hora de ir a la cama ya que sabía que me levantaría con mucha tensión por el poco descanso motivado por la molestia constante del zumbido y molestias por ruido.
En mi vivienda duermo con tapones en los oídos y cuando cojo un libro también. Cuando se juntan muchas personas en el establecimiento, parece que esas personas están a mi lado en mi habitación ya que se escucha sus charlas y sus gritos.
Me he sentido muy impotente. Mis vecinos me han dejado sola ante la situación tan desagradable que tenía en mi casa ya que sus dormitorios no están lindando con la actividad y sin que las autoridades municipales hicieran caso a mis escritos.
Me puse en contacto con Abogado del Ruido y tras ello, llegando a exigirle personalmente al titular de la actividad el cese de la molestia, en la actualidad el propietario ha procedido a colocar unos aislantes para la maquinaria del local, lo cual ha posibilitado que pueda descansar bastante mejor. Me produce rabia el hecho de que haya tardado muchos meses en tomar esta medida, pudiendo haberme evitado muchas molestias.
Te compras una vivienda con la ilusión de tener una casa digna y estás con todo ese problema metido en casa. Es por esto que quiero que este testimonio lo lean las personas que no tienen eses problema para que sepan el padecimiento y lo que se sufre por ruido.
* Seudónimo
Relato mi experiencia.
Adquirí una vivienda y cuando comencé a habitar en ella me di cuenta de que oía demasiado ruido, incluso con las ventanas cerradas y de modo continuo, sin embargo lo achaque a algo fortuito o alguna actividad diaria que desaparecería llegada la noche.
Me percaté de que ese ruido tan molesto no solo se seguía percibiendo durante el día en todas las estancias y de modo ininterrumpido sino que todas las noches se hacía insoportable impidiéndome dormir.
Con el tiempo descubrí que procedía de una fábrica muy cercana al bloque de pisos de mi comunidad, decidí acudir al Ayuntamiento a “Actividades Molestas” y preguntar qué hacer, la respuesta fue que avisara a Policía Local para que hiciera mediciones del nivel de ruido dentro de mi domicilio y les notificara estas al Ayuntamiento.
Una vez realizados estos trámites y visto que el expediente de mediciones que hizo la policía en mi domicilio superaba los límites permitidos, pensé que la fábrica adoptaría medidas correctoras pero no fue así y cuando volví a preguntar al Ayuntamiento me dijeron que el expediente estaba cerrado porque la fábrica había contestado que todo estaba en regla.
Por lo tanto visto el resultado de indefensión por parte de las autoridades locales competentes así como la negativa respuesta de los responsables de la fábrica decidí poner el asunto en manos de Abogado del Ruido.
En definitiva el hecho es que después de entablar reuniones y diálogo a través de mí abogado con los responsables locales he observado que se han llevado a cabo una serie de medidas correctoras por parte de los encargados de la fábrica que han logrado reducir los niveles de ruido que yo sufría hasta el punto de no agredirme en mi domicilio.
Un local que se saltaba todas las ordenanzas municipales.
Suni*
Somos una comunidad de vecinos con un bar en el local de la planta baja, el cual aunque contaba con limitador de potencia, seguimos teniendo problemas en nuestras viviendas. Muchas llamadas a la policía y escritos al ayuntamiento que estaban cayendo en saco roto. Al recoger el testigo y con la presencia ante las autoridades locales, el Abogado del Ruido ha conseguido que este se implique y tengamos una mejor calidad de vida y menos problemas de ruidos nocturnos.
Nuestra experiencia ha sido positiva, pasando por un local que se saltaba todas las ordenanzas municipales, haciendo que este se mantenga en el lado de la ley y con la advertencia del control en caso de cruzar la linea. Nuestro estado actual es un local con una disminución acústica y un mayor control policial, el cual nos permite vivir mas tranquilos.
El ruido de un lavadero que no nos dejaba vivir.
En uno de los locales de planta baja de nuestro edificio existe un lavadero de coches que hacía un ruido insoportable. Después de varias reclamaciones por escrito al Ayuntamiento, visitas a la concejal de área y varias llamadas a la policía local sin éxito, nos decidimos a acudir a Abogado del Ruido.
Gracias a su labor han insonorizado el lavadero y ya cumple con toda la ordenanza municipal. Han desaparecido todas las molestias que no nos dejaban vivir.
Nuestra experiencia con el Abogado del Ruido ha sido muy satisfactoria y ya podemos vivir sin ruido.
El ruido de los aparatos acondicionados, molestia no confortable.
Buenos días, simplemente comentar mi experiencia personal en relación a mi problema de ruidos, pos si puede servir de ayuda para alguien que pudiera encontrarse en la misma situación.
Yo tenía unos aparatos de Aire Acondicionado situados justo encima del techo de mi vivienda. Vivo en un ático y quienes construyeron el edificio no tuvieron mejor ocurrencia que ubicar los 5 aparatos justo encima de mi casa. Con que sólo uno de los aparatos estuviera encendido, el ruido se transmitía a través del techo por buena parte de mi vivienda.
Por suerte, pude contactar con Antonio García, Abogado del Ruido. Afortunadamente, el problema se ha resuelto ya que, después de insistir a mi comunidad de propietarios sobre la necesidad de corregir esta situación, los aparatos fueron reubicados en el torreón del edificio, lo que ha supuesto una minoración considerable de los ruidos.
Quiero agradecer a Antonio García su asesoramiento y ayuda en esta cuestión, y destacar el buen hacer de la persona que acometió la obra de reubicación.
Dra. Ana Pastor Planas, Licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en Cardiología en el Hospital Quirón de Madrid.
Las enfermedades cardiovasculares son aquellas que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos. A pesar de que se han tomado medidas para informar a la población sobre sus causas y su prevención, las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la principal causa de muerte y de ingreso hospitalario en España.
Ciertos factores influyen significativamente en las probabilidades de que una persona padezca una enfermedad cardiovascular. Son los denominados «factores de riesgo». Algunos factores de riesgo no pueden ser controlados, como el sexo, la edad y la herencia. No obstante sí es posible reducir el riesgo cardiovascular controlando los factores de riesgo relacionados con el estilo de vida: el consumo de tabaco, la ingesta de alimentos ricos en grasa que propicia el aumento de colesterol en sangre, la obesidad, el sedentarismo, la hipertensión arterial y la diabetes mellitus.
El estrés como factor de riesgo cardiovascular:
En los últimos años se ha dado más valor al estrés como factor contribuyente al riesgo cardiovascular. Cuánto y cómo nos afecta el estrés depende de cada uno de nosotros. No se han demostrado aún los efectos del estrés emocional, de los hábitos conductuales y del estado socioeconómico en el riesgo de padecer una enfermedad del corazón porque todos nos enfrentamos al estrés de maneras diferentes. No obstante diversos estudios de laboratorio han demostrado que el estrés o las situaciones estresantes desencadenan la activación de una compleja cascada hormonal del sistema neuroendocrino.
La activación neurohormonal:
La activación neurohormonal consiste en el aumento de secreción de catecolaminas y cortisol plasmático, que producen cambios hemodinámicos (como aumento de la tensión arterial y aumento de la frecuencia cardiaca), alteraciones metabólicas (como la resistencia a la insulina), aumento de la agregación plaquetaria, disfunción endotelial, alteración del flujo sanguíneo en las arterias coronarias y desencadenamiento de fenómenos inflamatorios e inmunológicos.
La activación de la respuesta hormonal repetida o exagerada, secundaria a un estrés mantenido, resulta finalmente dañina, ya que estos cambios pueden favorecer el desarrollo de arteriosclerosis, que a la larga puede producir enfermedad coronaria o accidentes cerebrovasculares.
El ruido como estresor:
El ruido es un estresor biológico, por lo que puede provocar las mismas respuestas neurohormonales. Estos efectos empiezan a ser observados con exposiciones diarias y a largo plazo a niveles de ruido por encima de 65 dB o con exposiciones agudas a niveles de ruido por encima de 80-85 dB.
En las últimas dos décadas se han llevado a cabo diversos estudios tanto en laboratorio como a nivel poblacional para demostrar que la exposición al ruido puede afectar a nuestra salud cardiovascular.
Un estudio publicado en Junio 2009, investigó la relación entre la presión arterial y la exposición a ruido en una muestra de 60 jóvenes (30 hombres y 30 mujeres), obteniendo como resultado que la exposición a ruido ambiental por encima de 55 dB puede estar asociada con presiones sanguíneas elevadas, aunque es un estudio limitado por el pequeño grupo estudiado y por posibles variables confusoras no controladas.
En el año 2006 se publicó en el European Heart Journal el estudio observacional NaRoMi (Noise and Risk of Myocardial Infarction), en el que se estudió a 4115 pacientes ingresados por infarto de miocardio entre los años 1998-2001 en diversos hospitales de Berlín. Se estudiaron las áreas en las que trabajaban y en las que vivían, y se observó que existe una relación entre los niveles de ruido ambientales y el riesgo de sufrir un infarto de miocardio. No obstante la evidencia queda limitada al tratarse de un estudio observacional.
En resumen, el ruido es un factor estresante que puede contribuir al desarrollo de otros factores de riesgo clásicos para la enfermedad cardiovascular. Y aunque desde el punto de vista biológico existe una asociación entre la exposición al ruido y el desarrollo de factores de riesgo cardiovascular, es necesario un mayor número de estudios epidemiológicos que confirmen esta relación de causalidad.
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* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2012.
Dra. Isabel Lorenzo Lorenzo. Especialista en Oncología Médica. Pontevedra.
Según el informe “La situación del cáncer en España, 1975-2006” del Instituto de Salud Carlos III, los tumores malignos han sido la segunda causa de muerte en España en las últimas décadas, solamente superados por las enfermedades del aparato circulatorio. Desde el año 2005, los tumores son la primera causa de muerte en los hombres y se mantienen en un segundo lugar en las mujeres.
Esto se explica porque la incidencia del cáncer en los países industrializados, ha sufrido un formidable incremento en la última parte del siglo pasado. En nuestro medio se estima que 1 de cada 3 hombres y 1 de cada 4 mujeres va a sufrir un cáncer a lo largo de su vida. En Estados Unidos la incidencia que se espera se aproxima más a 1 de cada 2 hombres y 1 de cada 3 mujeres. La mitad de los afectos por la enfermedad fallecerán por ella.
Causas del cáncer: carcinógenos.
De modo genérico, los factores ambientales y su influencia sobre el organismo son la causa de alrededor del 90% de todos los cánceres. De ellos, los más importantes son el tabaquismo, ciertas infecciones, los hábitos nutricionales incorrectos, el sedentarismo y la exposición a diversos agentes físicos y químicos de efecto carcinogénico conocido, tales como las radiaciones ionizantes, cientos de sustancias y disolventes industriales, la radiación ultravioleta en exceso y otros.
Las circunstancias del medioambiente, del entorno y los hábitos personales forman parte del denominado “estilo de vida” responsable del aumento de incidencia y mortalidad por cáncer en la sociedad industrializada.
Muchos de estos agentes no actúan indiscriminadamente sino se aumenta el riesgo de sólo determinados tipos de cáncer. Por ejemplo, el exceso de radiación ultravioleta aumenta el riesgo de cáncer de piel, pero no de otros tumores, y ciertos disolventes industriales se prohibieron después de detectar el riesgo de leucemia. Esto se debe tanto a que diferentes órganos son expuestos en mayor concentración o tiempo que otros, como a una especial susceptibilidad intrínseca – propia - al daño de agentes carcinógenos.
También existe una importante diferencia en la susceptibilidad personal. Sin lugar a dudas el mejor ejemplo es el de los fumadores inveterados que resultaron longevos con una salud de hierro frente a la mayoría de los pacientes que fallecen de un cáncer de pulmón o de vías respiratorias causado por el tabaco, que apenas se encuentran en la cuarta o quinta década de su vida. Los enfermos no son necesariamente los de hábito más intenso, sino los más susceptibles a los carcinógenos del tabaco.
Algunos agentes externos que en sí mismos no son directamente carcinógenos pueden terminar siendo responsables del incremento del cáncer. Este es el caso del trío formado por la alimentación inadecuada (exceso de grasa, exceso de calorías) la obesidad y el sedentarismo, que podría estar implicado en el 20% de todos los casos de cáncer de los adultos.
La obesidad después de la menopausia se asocia con un incremento de riesgo de 1,5 veces de sufrir un cáncer de mama, debido, principalmente, al exceso de hormonas femeninas (estrógenos) que se producen en el tejido graso. De igual forma, la obesidad en una mujer después de ser tratada de un cáncer de mama, incrementa su riesgo de recaída y muerte en hasta un 50% por el mismo mecanismo.
Hoy por hoy, al igual que no es posible predecir qué fumadores van a desarrollar un cáncer por su hábito, tampoco es posible predecir la susceptibilidad individual de desarrollar cáncer a igualdad de agresiones, salvo para casos excepcionales (síndromes hereditarios de predisposición).
Otra dificultad añadida es que, habitualmente, el cáncer surge después de años, incluso décadas, tras la exposición a los carcinógenos, por lo que, cuando el seguimiento de los grupos de riesgo no es muy largo, el efecto puede pasar desapercibido, tal y como ocurrió con los efectos dañinos de los cigarrillos durante décadas de uso.
Por todo ello, cuando se identifica un factor como de riesgo de cáncer, lo prudente es evitar en la medida de lo posible la exposición de todas las personas sanas a él.
¿El ruido produce cáncer?
a) Ruido, estrés y depresión:
La Real Academia de la Lengua Española define el concepto del siguiente modo: estrés (del inglés stress): tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves.
Numerosos estudios apoyan la teoría de que, todos aquellos factores externos que someten a las personas a un estrés crónico pueden terminar provocando cáncer por alteración de la regulación fisiológica que permite mantener el equilibrio orgánico normal, la homeostasis . En este sentido, los cánceres que más se han investigado son los denominados “hormonodependientes”, los que son estimulados por ciertas hormonas de producción endógena: el cáncer de próstata en los varones y los cánceres de mama y ovarios en las mujeres.
La exposición a ruido no deseado, impuesto, alienante, que enajena al individuo por asedio, asalto e invasión de su espacio privado, resulta un factor estresógeno de primer nivel. Así ha quedado establecido en dos informes específicos de la Organización Mundial de la Salud sobre contaminación acústica. Además, principalmente cuando la situación se cronifica, deviene en problemas psicológicos severos, síndromes ansioso- depresivos que, a su vez, pueden causar otras conductas de riesgo para cáncer, tales como el abuso de alcohol y de tabaco.
b) Estrés y Cáncer:
Las situaciones estresantes producen respuestas en el organismo caracterizadas por el incremento en la producción de ciertas hormonas denominadas, justamente, “hormonas del estrés” entre las que figuran las catecolaminas y del cortisol. Éstas podrían tener un gran impacto en los procesos relacionados con el cáncer, en particular la promoción tumoral, los procesos de inflamación, la disregulación del sistema inmunitario que permitiría el crecimiento y la multiplicación de células tumorales, la angiogénesis (formación de nuevos vasos sanguíneos en el seno del tumor) y el desarrollo de metástasis (tumores satélites a distancia).
En la práctica, la asociación entre estrés y cáncer se ha observado en varias fases de la enfermedad y para diferentes tipos de cáncer. Para el cáncer de mama la relación se ha establecido mediante estudios de cohortes y de casos y controles, publicados en revistas médicas de prestigio mundial durante las dos últimas décadas.
En el año 2009 se publicó un meta-análisis de todos los estudios publicados, incluidos los discrepantes. El resultado final es que no se encuentra asociación entre acontecimientos catastróficos únicos, tales como la muerte de un ser cercano o el divorcio, y el riesgo de cáncer de mama. Pero, por el contrario, no puede excluirse en absoluto que la exposición prolongada a estrés esté involucrada en el desarrollo de esta neoplasia; así, el estrés crónico se asoció de forma positiva al desarrollo de cáncer de mama, con un riesgo relativo de 1,73 (95% CI: 0,98- 3.05 y p=0.059) respecto a las personas que no lo sufrían (para las que el riesgo relativo sería de 1.0).
Otros artículos científicos se han centrado en analizar de forma pormenorizada los mecanismos a través de los cuales puede explicarse como el estrés crónico puede terminar causando cáncer. Por su calidad, su extensión y su actualidad, recomendamos la revisión publicada en 2011 por el Dr. Antonova de Ottawa (Canadá) en la revista “Breast Cancer Research” que lleva por título: “Estrés y Cáncer de Mama: de la epidemiología a la biología molecular”.
También se ha encontrado relación con el cáncer de próstata. En un estudio ingles de la Universidad de Bristol encontró que los varones que perciben un moderado y elevado estrés poseen más riesgo de desarrollar cáncer de próstata que los no estresados o que perciben niveles bajos. Las medidas de asociación resultaron estadísticamente significativas con valores de HR: 1,65 y HR: 1,35 respectivamente.
Como explicación más fácilmente inteligible, podría decirse que, al igual que en el ejemplo citado anteriormente sobre la alimentación inadecuada y el sedentarismo que producen obesidad, que a su vez incrementa el riesgo de cáncer de mama, el colorrectal y otros, el ruido produce estrés crónico y éste se asocia con incremento de riesgo de cáncer.
c) Depresión y Cáncer:
Largamente estudiada esta vinculación, entre las publicaciones destaca un riguroso meta-análisis del año 2007 que incluyó 13 estudios previos desde 1994. Se encontró que en aquellos en los que las personas deprimidas fueron vigiladas durante más de 10 años, el riesgo de desarrollar cáncer de mama fue estadísticamente significativo con una medida de asociación de 2.5 (95% CI: 1,06- 5,91) y que el cáncer podía emerger varios años después de haber pasado la depresión.
Con un seguimiento de 24 años sobre población de Baltimore (Pennsylvania, EEUU), el prestigioso centro Johns Hopkins, analizó y publicó sus conclusiones en la revista “Cancer Causes Control” de 2010. Se encontró que la depresión mayor está asociada con un elevado riesgo para sufrir en los años siguientes cualquier tipo de cáncer en general (HR= 1,9) y con el cáncer de mama en particular (HR= 4,4) ambos resultados estadísticamente significativos. También se observó concordancia entre depresión mayor y cáncer de próstata en los varones.
Se destaca la relevancia del tiempo de observación, ya que es bastante frecuente que el cáncer se manifieste varios años, incluso décadas, después de exposición a las noxas.
d) Otros factores que incrementan el riesgo de cáncer.
La exposición crónica a ruido causa efectos psicológicos devastadores, que pueden llevar al individuo al abuso de psicofármacos, tabaco y alcohol.
Otra investigación del Departamento de Salud Mental del Hospital Johns Hopkins del año 2004 concluyó que las personas con trastorno crónico del sueño tienen un riesgo de 2,32 veces de sufrir consumo abusivo o dependiente de alcohol frente a las personas que pueden dormir de forma fisiológica. Además de sus efectos sobre el hígado, cerebrales y psiquiátricos, el alcohol es uno de los carcinógenos evitables más potentes.
e) Y si no hubiese sufrido estrés ¿hubiera tenido cáncer?
Ésta es una pregunta sin respuesta posible. Algunos tipos de cáncer tienen un factor de riesgo de mucho peso, tal y como ocurre con la infección por papilomavirus y el cáncer de cérvix en las mujeres: si se evita la infección presente se evita el cáncer futuro.
En la inmensa mayoría de los tipos de cáncer conocemos algunos agentes que aumentan el riesgo, otros que lo disminuyen, y una gran cantidad son desconocidos. No es posible cuantificar la proporción del riesgo para un determinado factor de exposición ni, salvo excepciones, deducir si eludir una determinada circunstancia hubiera sido suficiente para evitar el cáncer.
En un estudio sobre población asiática, los factores de riesgo relacionados con el cáncer de mama y las respectivas medidas de asociación (odss ratio) fueron las siguientes: obesidad (4,07), historial de enfermedad mamaria benigna (1,68), menarquia precoz o menopausia tardía (1,41) y estrés anticipatorio (2,15- 3,48).
Si una mujer que hubiera estado expuesta a todos estos factores desarrollase cáncer de mama, sería imposible deducir si la supresión de uno de ellos concreto hubiera evitado el cáncer, aunque sí se puede afirmar que cuantos menos factores de riesgo reúna una persona, menos probabilidad de sufrir la enfermedad. Entonces, los esfuerzos en la prevención del cáncer deben centrase en evitar los factores de riesgo modificables.
Respecto al objetivo principal de este artículo, la relación entre la exposición a ruido no deseado de modo crónico y el cáncer, y asumido que la contaminación acústica provoca estrés y depresión, las cuestiones fundamentales que deben plantearse en cuanto a la prevención primaria del cáncer son dos:
Si el estrés y la depresión provocados por la contaminación acústica son factores de riesgo modificables
Si depende de la voluntad del individuo que los sufre su corrección
¿El ruido empeora la evolución del cáncer?
Sí, posiblemente lo empeora; al menos algunos tipos de cáncer parecen evolucionar peor en individuos que sufren estrés, ansiedad o depresión.
El National Cancer Institute (NCI- Instituto Nacional del Cáncer) de EEUU tiene abierta toda una línea de investigación en este campo; tras obtener sólidas evidencias observacionales y de laboratorio, se están probando fármacos en animales de experimentación cuyo mecanismo de acción no se ejerce sobre las células cancerosas, sino que van dirigidos a la supresión de los efectos de las hormonas del estrés sobre el organismo.
En 2006, un equipo del Anderson Center dirigido por el Dr. Anil K. Sood, de la Universidad de Texas, publicó en la revistas Nature Medicine Y Clinical Cancer Research dos artículos demostrando, en roedores, que las hormonas vinculadas con el estrés se unían directamente a las células tumorales y estimulaban el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos y otros factores que conducían a la formación de tumores más rápidamente y de manera más agresiva (angiogénesis). El estrés también causaba que los tumores cancerígenos ováricos de los ratones creciesen y se expandiesen más rápidamente. Algunos medicamentos que actúan bloqueando los efectos de las hormonas del estrés, como el propanolol, revertían el efecto.
Otros estudios han corroborado estos mismos hallazgos, por lo que es posible que la investigación pase a humanos.
Respecto a la depresión y el riesgo de morir por cáncer, la evidencia es abrumadora, por lo que únicamente vamos a citar el meta-análisis de 25 estudios independientes y otro análisis publicado en 2006 por la Universidad de Carolina del Sur que incluyó un total de 78.433 personas- año de seguimiento.
Los pacientes con cáncer que sufren síntomas depresivos tienen un riesgo de morir del 25% superior que los pacientes oncológicos no deprimidos, y si se cumplen criterios de depresión menor o mayor, el riesgo de muerte es de un 39% más elevado. El efecto de la depresión sobre la mortalidad permanecía tras realizar el análisis ajustando los grupos por otros factores de mal pronóstico conocidos del cáncer, sugiriendo que la depresión tiene en sí misma un efecto causal en la mayor mortalidad de estos pacientes. Los cánceres de pulmón, mama y del aparato gastrointestinal son los influenciados de forma más negativa.
Se aconseja que, de modo rutinario, todos los pacientes con cáncer sean interrogados de forma dirigida buscando signos y síntomas de depresión, y se recomiendan esfuerzos terapéuticos para evitarla, incluido, en caso necesario, la consulta específica con psiquiatría.
¿El ruido empeora los síntomas del cáncer?
Cuando un cáncer se torna incurable, los objetivos del tratamiento son dos: mejorar la calidad de vida y aumentar, en la medida de lo posible, el tiempo de supervivencia.
La mejor aproximación a la noción de “calidad de vida” es la que adscribe este concepto al de “Salud” de la OMS: «un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades.» La mejor calidad de vida se obtiene cuanto más cerca se encuentra el individuo del estado de salud.
Cuanto más incurable es un cáncer y cuánto menor el tiempo esperado de supervivencia, más importante debe ser conseguir calidad de vida, y no es difícil comprender cuanto es mermada por la exposición a contaminación acústica, aunque sólo fuere por el sufrimiento moral que causa.
Objetivamente, muchos de los síntomas específicos del cáncer, que por su gravedad, son el objeto de que los pacientes deban recibir tratamientos complejos y con muchos efectos secundarios (quimioterapia, radioterapia) empeoran por el estrés, la ansiedad, la depresión, y la privación de horas de sueño o la interrupción del mismo. Entre los más intratables y que más empeoran por estas causas se encuentran los siguientes: el dolor; los vómitos; la tos; el hipo; el vértigo; la disnea (que es la sensación de falta de aire, el ahogo) la astenia (el cansancio abrumador que se percibe como un dolor generalizado mal localizado o el peso del propio cuerpo) y toda la esfera del síndrome de temor- ansiedad- depresión.
Los efectos secundarios de los tratamientos curativos del cáncer, de la quimioterapia y radioterapia, en muchos casos son idénticos: náuseas, inapetencia, vómitos, astenia, dolor generalizado, diarrea…
Entre los tratamientos aconsejados por los manuales de Cuidados Continuos y Cuidados Paliativos se aconseja mantener a los enfermos con estos síntomas en ambientes tranquilos y relajados, y en muchos casos utilizar ansiolíticos y sedantes como coadyuvantes de otros tratamientos más específicos.
Parece claro que a un enfermo oncológico expuesto a contaminación acústica en su domicilio se le está privando de una parte muy importante de los cuidados continuos, ya sean curativos o paliativos que precisa.
El incremento de incidencia y mortalidad por cáncer en la sociedad industrializada es un fenómeno ligado al envejecimiento de la población y al “estilo de vida”, formado por el conjunto de medioambiente, entorno y hábitos personales.
Múltiples estudios han ligado la exposición al estrés y la depresión al incremento de riesgo de sufrir cáncer, al menos de determinados tipos.
El desarrollo de la mayoría de los cánceres es multifactorial; no suele ser posible cuantificar la fracción de riesgo que supone un determinado factor ni deducir si la eliminación de ese factor hubiera evitado el desarrollo del cáncer. Pero sí se puede afirmar que cuantos más factores de riesgo se acumulen más probable es desarrollar un cáncer; y viceversa: cuantos más factores de riesgo se eliminen menos probable se vuelve la enfermedad.
Para, al menos, algunos tipos de cáncer, el estrés y la depresión pueden empeorar todas las fases y pueden aumentar el riesgo de recidiva, metástasis y muerte.
La contaminación acústica en el domicilio puede interferir de forma negativa con los tratamientos curativos y paliativos del cáncer.
El estrés y la depresión empeoran muchos de los peores y más intratables síntomas del cáncer, deterioran la calidad de vida de los pacientes e incrementan el sufrimiento de todos los enfermos, posiblemente más en la fase terminal.
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Sociedad Española de Oncología Médica: Manual SEOM de Cuidados Continuos. ISBN: 84.609.2494.7 Madrid, 2004
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Deseamos poder mostrártelo en breve.
Doña Mª del Carmen Garcia Vico.
Técnico Superior de Prevención.
Unidad Técnica de Agentes Físicos (CNMP).
Según la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo en España el 86,4% de los trabajadores encuestados señala que el problema de salud que les aqueja ha sido agravado o producido por el trabajo, asociándolo fundamentalmente a problemas como cansancio o agotamiento, trastornos musculoesqueléticos, estrés, ansiedad o nerviosismo, y, sin embargo, según el estudio, los mayores porcentajes de visitas al médico no se deben a estos problemas, sino más bien a aquellos que los trabajadores no relacionan tan frecuentemente con el trabajo, como son, entre otros, los problemas auditivos. Resultados como los obtenidos en la encuesta, ponen de manifiesto la consideración tradicional del ruido en el mundo laboral como un problema “light”.
La VII Encuesta desvela que en 2011 el 34,8% de los trabajadores encuestados estimó que en su puesto de trabajo el nivel de ruido al que están expuestos es molesto, elevado o muy elevado. Además el estudio refleja que los trabajadores expuestos a un nivel de ruido elevado o muy elevado son el 10% del total, representando el 26,1% en Industria y el 21,8% en Construcción.
Aunque el problema del ruido es más evidente en sectores industriales como el manufacturero o el de la construcción, también puede constituir un problema en otros entornos de trabajo, desde talleres mecánicos hasta puestos de conducción de vehículos, call-center, colegios, bares, fosos de orquesta, granjas de producción intensiva, sector pesquero, etc.
Señalar que la extensión e importancia que el riesgo de exposición al ruido comporta en el ámbito laboral tiene múltiples causas, destacando entre ellas el incremento energético incorporado a las instalaciones de producción, el aumento progresivo de los niveles de mecanización (máquinas cada vez más potentes y de mayores dimensiones), el incremento de los ritmos de producción y la incorporación de nuevas tecnologías.
El sonido es una perturbación, producida por una serie de variaciones de presión, en forma de vibraciones, que se propaga a través de un medio elástico a la velocidad característica de ese medio. Esas ondas vibratorias llegan a nuestro oído y son interpretadas como un sonido. Para describir correctamente un sonido es necesario precisar su nivel de presión acústica, su frecuencia y su duración.
La intensidad del sonido se mide en decibelios (dB). La escala de decibelios es logarítmica, y esto implica que una variación de 3 dB en un nivel de sonido supone duplicar (o reducir a la mitad) su intensidad. Para considerar que el oído humano reacciona de forma distinta a diferentes frecuencias, la fuerza o intensidad del sonido suele medirse en decibelios con ponderación A (dB(A)).
Según un criterio objetivo, el ruido es todo sonido que puede producir una pérdida de audición, ser nocivo para la salud o interferir gravemente en una actividad. Según criterio subjetivo, ruido es todo sonido indeseado, y por lo tanto molesto, desagradable o perturbador.
El ruido, como forma de energía tiene una capacidad de dañar la salud relacionada con la cantidad de energía que recibe el individuo expuesto a ella. Esa cantidad no sólo depende del nivel de ruido (expresado en dB) sino también de la duración de la exposición. Se considera que 80 dB(A) durante 8 horas de exposición diaria es el umbral de riesgo para la pérdida de audición, pero, por ejemplo, se alcanza la misma dosis en tres minutos cuando el nivel es de 120 dB(A), de modo que la capacidad de dañar el oído es la misma.
El efecto más conocido es la pérdida auditiva (reconocida como enfermedad profesional), pero también puede aumentar el estrés o disminuir la agudeza visual y elevar la posibilidad de accidentes. El ruido dificulta la capacidad de comunicación y, como es sabido, escuchar bien es un factor fundamental para trabajar de forma segura y disponer de unas relaciones sociales y laborales saludables. El problema se agrava si tenemos en cuenta que las lesiones producidas por este contaminante acústico son irrecuperables y que la única forma posible de protegerse contra el riesgo del ruido consiste en implantar medidas preventivas que eviten sus perjudiciales efectos.
Aunque hablemos del ruido en el ámbito laboral, no hay que olvidar que la exposición al ruido es acumulativa en el tiempo y las dosis recibidas, provengan de dónde provengan, se van sumando y aumentando la probabilidad de que se produzcan daños en la salud.
Evaluación de la exposición laboral al ruido
La legislación laboral (Real Decreto 286/2006) establece que una vez identificado el riesgo de exposición a ruido el primer paso es la reducción o eliminación del mismo en su origen o su reducción al nivel más bajo posible, para seguidamente evaluarlo. La evaluación exigirá, como norma general, la medición de los niveles de ruido, con objeto de valorar la exposición.
Los valores de referencia respecto a los que hay que comparar los valores de exposición obtenidos son:
Valores inferiores de exposición que dan lugar a una acción: Nivel de exposición diaria o semanal de 80 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 135 dB(C).
Valores superiores de exposición que dan lugar a una acción: Nivel de exposición diaria o semanal de 85 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 137 dB(C).
Además hay valores límite que no se deben superar nunca. En este caso para determinar la exposición del trabajador se tendrá en cuenta la atenuación proporcionada por los protectores auditivos.
Valores límite de exposición: Nivel de exposición diaria o semanal de 87 dB(A) y nivel de presión acústica de pico de 140 dB(C).
Los empresarios están obligados a llevar a cabo una serie de acciones específicas cuando se alcanzan unos determinados valores de exposición al ruido de sus trabajadores, tanto en los niveles medios de exposición durante la jornada de trabajo o semanalmente, como respecto al nivel pico de carácter instantáneo.
La valoración de la exposición al ruido, y, en general, todo el proceso de evaluación de riesgos, debe correr a cargo de un técnico competente conforme a la Ley 31/95 y al Real Decreto 39/1197, de 17 de enero, por el que se aprueba el Reglamento de los Servicios de Prevención.
Control del de la exposición laboral al ruido
Para llevar a cabo un adecuado control del ruido en el ámbito laboral el primer paso es la identificación del riesgo, para a continuación medirlo y evaluarlo, analizando el problema teniendo en cuenta los valores de exposición de referencia y, en función del resultado, aplicar las medidas de control adecuadas a cada caso.
Se deben aplicar según posibilidades y en el orden enumerado:
Actuación sobre el foco de emisión.
Esta actuación suele ser la más eficaz y la menos costosa.
Selección los equipos de trabajo adecuados que generen el menor nivel posible de ruido.
La Unión Europea ha dictado directivas que obligan a los fabricantes de máquinas a facilitar la información sobre el ruido emitido, y, en determinados casos, limitan las emisiones sonoras de las mismas. El Real Decreto 212/2002, de 22 de febrero, por el que se regulan las emisiones sonoras en el entorno debidas a determinadas máquinas al aire libre y el Real Decreto 1644/2008, de 10 de octubre, son trasposiciones al ordenamiento jurídico español.
Reducir el ruido de impacto.
Evitar fricciones.
Actuación sobre el medio.
Aunque normalmente la vía de transmisión más importante del ruido es la aérea, no debe olvidarse que, en ocasiones, también puede transmitirse a través de las estructuras del edificio o cuerpos sólidos en general.
Para reducir el ruido aéreo se puede recurrir a:
Uso de recubrimientos absorbentes del sonido en los paramentos del local.
Aislar la fuente emisora del ruido mediante cerramientos.
Colocación de barreras entre el foco emisor y las personas expuesta.
La transmisión del ruido por cuerpos sólidos puede reducirse, por ejemplo, mediante el empleo de amortiguamiento y aislamiento.
Actuación sobre el receptor.
Instalación de cabinas insonorizadas si el aislamiento de la máquina no es posible o resulta insuficiente para reducir el nivel de ruido hasta valores aceptables.
Utilización de equipos de protección individual de protección auditiva adecuados.
Medidas de control organizativo
Programas adecuados de mantenimiento de los equipos de trabajo, del lugar de trabajo y de los puestos de trabajo.
Con el paso del tiempo, los equipos de trabajo suelen convertirse en equipos más ruidosos, así, el programa de mantenimiento debe incluir actuaciones como engrasar y lubricar regularmente las máquinas para evitar fricciones, equilibrarlas dinámicamente, sustituir las piezas desgastadas y alinear adecuadamente los engranajes y cojinetes
Limitar la duración e intensidad de la exposición.
Reducir el tiempo de exposición individual, sin modificar el nivel de ruido ni el tiempo durante el que se emite, exige establecer algún tipo de rotación entre los trabajadores.
Ordenación adecuada del tiempo de trabajo.
Realización de los trabajos ruidosos en las horas en que existan menos trabajadores expuestos.
Organizar el trabajo de modo que, si es posible, se alternen tareas ruidosas con otras que no se produzca exposición al ruido.
Concepción y disposición de los lugares de trabajo
Disponer los equipos emisores de ruido teniendo en cuenta la ubicación habitual de los trabajadores, alejando, siempre que sea posible, a los trabajadores de los equipos más ruidosos.
Organizar el trabajo de tal forma que sólo estén expuestos a las operaciones más ruidosas aquellos trabajadores que realicen dicha tarea.
La comparación del valor de exposición con los valores de referencia determinará si es preceptiva la señalización de la obligatoriedad del uso de la protección auditiva.
Además, si se sobrepasan los valores superiores de exposición que dan lugar a una acción, cuando sea posible, se colocarán señales de advertencia que informen del riesgo de exposición al ruido y se limitará el acceso a la zona.
Los trabajadores expuestos deben recibir información y formación relativa a los riegos derivados de la exposición al ruido, en particular sobre la naturaleza de tales riesgos, sus consecuencias, las medidas tomadas para eliminar o reducir al mínimo posible los riesgos derivados del ruido, los valores de referencia, los resultados de las evaluaciones y mediciones del ruido, el uso y mantenimiento correcto de los protectores auditivos, criterios para que el propio trabajador pueda detectar indicios de pérdida auditiva, circunstancias en las que los trabajadores tienen derecho a una vigilancia de la salud y su finalidad y prácticas de trabajo seguras, con el fin de reducir al mínimo la exposición.
El empresario debe garantizar la vigilancia de la salud de los trabajadores en función de los riesgos inherentes al trabajo.
Facilitará el seguimiento de la salud del trabajador y proporcionará información suficiente para detectar a trabajadores sensibles.
Reconocimiento médico periódico.
La comparación del valor de exposición con los valores de referencia determinará la periodicidad del reconocimiento. No obstante puede ser necesario un incremento en la frecuencia de reconocimientos si se detecta una especial o en circunstancias de exposición atípicas o de difícil evaluación.
Protectores auditivos: selección y utilización
Tipos de protectores auditivos:
Se diferencian dos grandes grupos de protectores auditivos:
Protectores auditivos pasivos.
Poseen una respuesta acústica que es función de su diseño y de las características físicas de los materiales empleados. Este grupo incluye las orejeras, las orejeras acopladas a casco y los tapones (moldeables, premoldeados, personalizados o con arnés).
Protectores auditivos activos
Poseen algún dispositivo electrónico o mecánico que los hace comportarse acústicamente de una forma específica. A su vez estos protectores se dividen en:
Dependientes del nivel: incluyen un sistema electrónico de reproducción del sonido, a bajo nivel el ruido es captado por un micrófono exterior, amplificado y transmitido al altavoz situado en el interior del casquete de la orejera o del tapón. Cuando el nivel de ruido aumenta, la electrónica reduce gradualmente la trasmisión del sonido al interior del protector.
Con reducción activa del ruido: incorporan sistemas electrónicos de cancelación del sonido que permite conseguir una atenuación acústica adicional siendo particularmente eficaces en bajas frecuencias, donde los protectores pasivos suelen ser menos frecuentes.
Con entrada eléctrica de audio: poseen sistema por cable o eléctrico con el que se pueden trasmitir señales, alarmas, mensajes o canales de entretenimiento.
El protector debe reducir el nivel de ruido por debajo del nivel de acción que determine la normativa correspondiente.
La selección dependerá de las características del ruido (el nivel de presión acústica), el contenido en frecuencia, las características impulsivas o no del ruido, las características del trabajo y del trabajador.
La caracterización acústica del protector auditivo que debe figurar en el folleto informativo del equipo debe incluir:
Atenuación asumida por frecuencias del tercio de banda de octava de 125 a 8000 Hz.
Valores H-M-L, atenuaciones acústicas globales para ruido en alta, media y baja frecuencia.
El valor SNR, atenuación acústica global para un ruido de espectro plano.
Las características acústicas del protector conjuntamente con la caracterización de nuestro ruido permiten calcular el valor PNR, reducción prevista del nivel de ruido (diferencia entre el nivel de presión sonora ponderado A del ambiente y el nivel de presión sonora efectivo con protector).
Existen distintos métodos para obtener el valor PNR, esencial en la elección del protector adecuado:
Método de bandas de octava, que requiere la caracterización espectral del ruido. Es un método bastante exacto.
Método H, M, L, que requiere los niveles globales ponderados A y C del ruido. Su exactitud es media-alta.
Método SNR, que requiere conocer el valor de presión sonora ponderado C del ruido. Su exactitud es baja.
La Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con la exposición de los trabajadores al ruido, publicada por el I.N.S.H.T. contiene amplia información sobre los métodos referenciados. En la página web del I.N.S.H.T. hay disponible una herramienta informática (“Calculador de la atenuación acústica de los protectores auditivos”) que facilita la obtención del valor PNR de los protectores auditivos.
Efecto de la sobreprotección. Conviene asegurarse de no suministrar un protector auditivo con una atenuación acústica innecesariamente elevada. Estos protectores pueden causar dificultades en la comunicación y la audición de las señales de aviso. Los usuarios pueden sentirse incómodos o aislados del entorno, danto como resultado que los protectores auditivos no sean usados durante todo el tiempo de exposición requerido.
Es un factor personal, de modo que siempre que sea posible ha de ser el trabajador el que haga la elección.
En el caso da las orejeras, la masa, la presión de las almohadillas, la fuerza del arnés, la adaptabilidad, el tipo de material y la construcción del equipo afecta al confort percibido.
En el caso de los tapones la facilidad de colocación y de extracción son los más determinantes.
Ambiente de trabajo y actividad.
En este sentido considerar fundamentalmente las altas y bajas temperaturas y la humedad.
En determinadas condiciones las almohadillas pueden suponer una excesiva y desagradable sudoración que puede evitarse utilizando tapones, o, en su caso usando cubre-almohadillas (estas suponen una disminución de la atenuación proporcionada por el protector, obviamente deberá estar previsto esta situación en el certificado del equipo).
Trastornos médicos.
Antes de seleccionar un protector auditivo habrá que preguntar a los usuarios si ha tenido algún problema de oído (irritación, dolor, supuración….), siendo aconsejable que las personas con estos problemas consulten con su médico. En el caso concreto de personas que ya sufren pérdidas auditivas la consulta al especialista se hace totalmente necesaria a efectos de determinar el audífono más adecuado.
Compatibilidad con otros equipos de protección individual
Hay que asegurarse de que las prestaciones del protector auditivo no se vean mermadas por el uso de otro tipo de EPI (ropa de protección, gafas, pantallas faciales, cascos….)
> Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de prevención de Riesgos Laborales.
> Real Decreto 286/2006, de 10 de marzo, sobre la protección de la salud y la seguridad de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición al ruido.
> Real Decreto 212/2002, de 22 de febrero, por el que se regulan las emisiones sonoras en el entorno debidas a determinadas máquinas de uso al aire libre.
> Real Decreto 1644/2008, de 10 de octubre, por el que se establecen las normas para la comercialización y puesta en servicio de las máquinas.
> Real Decreto 773/1997, 30 de mayo, sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas a la utilización por los trabajadores de equipos de protección individual.
> Real Decreto 1407/1992, de 20 de noviembre, por el que se regulan las condiciones para la comercialización y libre circulación intracomunitaria de los equipos de protección individual.
Documentación de consulta ( I.N.S.H.T)
> IV Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo.
> Guía Técnica para la evaluación y prevención de los riesgos relacionados con la exposición de los trabajadores al ruido.
> Guía Técnica para la utilización de los trabajadores de equipos de protección individual.
> Código de Conducta con orientaciones prácticas para los sectores de la música y el ocio.
> NTP 638: Estimación de la atenuación efectiva de los protectores auditivos.
> NTP 864. Ruido en los sectores de la música y el ocio (I).
> NTP 865. Ruido en los sectores de la música y el ocio (II).
> NTP 950. Estrategias de medición y valoración de la exposición a ruido (I). Incertidumbre de la medición.
> NTP 951. Estrategias de medición y valoración de la exposición a ruido (II). Tipos de estrategias
> NTP 952. Estrategias de medición y valoración de la exposición a ruido (III). Ejemplos.
> NTP 960. Ruido: control de la exposición (I). Programa de medidas técnicas o de organización.
> NTP 980. Protectores autidivos dependientes del nivel.
> Portal de equipos de protección individual
> Protección auditiva.
> Fichas de selección y uso de equipos.
> Documentos Técnicos I.N.S.H.T.
> Documentos Técnicos destacados.
> Normas Técnicas específicas.
* Este artículo ha sido realizado para su inclusión en “Salud Acústica” y como colaboración con © 2015.
DE MEDICINA DEL SUEÑO
UNIDAD ACREDITADA POR EL COMITÉ ESPAÑOL DE ACREDITACIÓN EN MEDICINA DEL SUEÑO (CEAMS)
Necesitamos dormir para vivir *
El sueño tiene una función reparadora tanto desde el punto de vista físico, preparando nuestro cuerpo para afrontar la vida al día siguiente, como sobretodo una importantísima función de recuperación de nuestro cerebro, interviniendo en la consolidación de la memoria y de otros procesos cognitivos.
Vivimos porque dormimos. Cuando pasamos una mala noche, bien porque hemos dormido pocas horas o porque el sueño no ha sido de buena calidad, nos despertamos con malestar o dolor de cabeza, solemos estar irritables, nos cuesta concentrarnos en nuestras tareas cotidianas y podemos presentar sueño ante situaciones inapropiadas. Si esta situación de privación de sueño se alarga el problema se cronifica, pudiendo desarrollar una depresión, ansiedad y gran deterioro personal, social y laboral de las personas que lo sufren.
El sueño no es homogéneo, está compuesto por distintas fases, cada una de las cuales tiene su función. Es importante que el orden de aparición y la cantidad de dichas fases se mantenga, ya que de ello va a depender la calidad del sueño. El sueño se compone del sueño NREM y del sueño REM. A su vez el sueño NREM consta de tres fases, la fase I, la II y la III. Las fases I y II constituyen el sueño superficial y la fase III el sueño profundo de ondas lentas, encargado de la recuperación física del organismo y es en esta fase en la que se segrega la hormona de crecimiento. A la fase REM o de movimientos oculares rápidos se le atribuyen funciones cognitivas, consolidación de la memoria y es en esta fase en la que soñamos. Estas fases se organizan en ciclos (fase I, Fase II, Fase III y por último fase REM) que se repiten de 4 a 5 veces por noche. La cantidad de las horas de sueño y de las distintas fases del mismo va a depender de la edad del sujeto, ya que no es lo mismo hablar de un recién nacido que de un anciano.
Ruido y Sueño: una mala combinación
Para conseguir un buen descanso es aconsejable mantener unas condiciones ambientales óptimas en la habitación en la que dormimos, en lo que respecta a luminosidad, ventilación, humedad y ruido. Dormir en un ambiente ruidoso puede alterar nuestro sueño de varias maneras: dificultando su inicio, despertándonos frecuentemente durante la noche o provocándonos un despertar antes de la hora deseada (despertar precoz).
La primera reacción ante el ruido mientras dormimos es un cambio en la actividad cerebral con un aligeramiento del sueño, pasando de una fase profunda (fase III y fase REM) a otra más superficial. Si el ruido persiste durante la noche nos va a originar frecuentes alertamientos, interrumpiendo la continuidad fisiológica del sueño y provocándonos al fin y al cabo una privación de sueño. Pero esto no queda ahí, ya que cada pequeño despertar conlleva lo que en medicina llamamos variaciones del tono simpático que aumentan la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria, aumento de la presión sanguínea y vasoconstricción. Las respuestas bioquímicas del organismo también cambian a raíz de la exposición al ruido: por ejemplo, la cantidad de hormonas del estrés, como la noradrenalina, la adrenalina y el cortisol, son más elevadas al día siguiente. Por lo tanto, la exposición crónica al ruido se va a traducir en una mala calidad de sueño con sensación de de falta de descanso, somnolencia durante el día, menor rendimiento laboral y mayor riesgo de accidentes de tráfico. Si esta situación se mantiene además puede desencadenar alteraciones del estado de ánimo (ansiedad, depresión) o alteraciones cardiovasculares. Todos estos efectos son similares a las personas que padecen insomnio crónico.
Las consecuencias de la exposición al ruido durante el sueño dependen de las características del ruido y de factores de la persona: el tipo de ruido (continuo o intermitente), la intensidad, la duración, la frecuencia, el espectro y la diferencia entre el nivel de ruido de fondo y la máxima amplitud del estímulo son aspectos que van a determinar el impacto del ruido sobre el sueño. Respecto a los factores personales, la edad, el sexo y las características de la personalidad van a jugar un papel importante: los niños, por ejemplo, son mucho menos sensibles a los ruidos durante la noche y es mucho más difícil que se despierten; por el contrario, las personas mayores tiene un mayor número de despertares espontáneos por causa del ruido.
En resumen: la consecuencia de la exposición al ruido durante el sueño de manera crónica va a producir un trastorno del sueño con repercusiones al día siguiente en forma de menor rendimiento físico, deterioro de procesos cognitivos (pérdida de memoria, falta de concentración), cambios de carácter (irritabilidad), alteraciones del estado de ánimo (depresión, ansiedad), pudiendo provocar alteraciones cardiovasculares.
Fdo: Dra. Paula Giménez.
Neurofisióloga Clínica.
Responsable Unidad de Sueño Vistahermosa.
Dr. Eduardo Serrano
Médico especialista en ORL
Los traumatismos acústicos agudos se deben a la exposición súbita de la cóclea, órgano dentro del oído encargado de la transmisión del sonido a nuestro cerebro, a una presión acústica excesiva. Tanto si se deben a ruidos de impulso de corta duración (la explosión de un petardo o la detonación de un arma de fuego) o ruidos continuos (conciertos, salas de fiesta) las alteraciones auditivas que pueden producir pueden ser definitivas.
¿Cómo puede afectar el ruido al oído?
Las lesiones auditivas se constituyen cuando la cóclea absorbe una cantidad de energía que supere sus capacidades de tolerancia. De esta manera, el ruido puede provocar la ruptura de estructuras dentro de la cóclea, ocasionada por la energía cinética de la onda sonora. A su vez, esta ruptura pude producir inflamaciones dentro de la cóclea que desencadenan la liberación de neurotransmisores que en exceso son tóxicos para el oído.
Según la cantidad de energía que haya penetrado en el oído interno las lesiones pueden ser temporales o permanentes. Pueden ser en forma de acúfenos o tinitus que se definen como la percepción de ruidos que no proceden de ninguna fuente externa, y que son constantes en el traumatismo acústico agudo.
Acompañados de los acúfenos puede presentar hipoacusia o disminución de la capacidad auditiva que se puede percibir como sensación de taponamiento.
Ambos síntomas pueden ser unilaterales, en función de nuestra posición en el momento del traumatismo.
¿Qué puede presentar en la exploración?
El tímpano suele ser normal, en algunos casos puede observarse un enrojecimiento del mismo en los primeros momentos tras el traumatismo acústico.
La audiometría es la mejor herramienta a la hora de evaluar estos casos. En ella, y en función de la gravedad, se pueden observar pérdidas auditivas sobretodo en frecuencias agudas. Mientras mayor haya sido el daño más suelen afectarse las frecuencias graves. Otra herramienta útil y sobretodo en las primeras horas tras el traumatismo, son las otoemisiones acústicas que también son utilizadas como método de screening en la sordera del recién nacido.
Podemos incluir varios aspectos en este término, en primer lugar las circunstancias de aparición. Un accidente durante un juego pirotécnico en un lugar cerrado con reverberación o la continuidad del ruido como podría ser en el entorno de una mascletà, el antecedente de un traumatismo acústico y la ausencia de protección auditiva, son elementos que empeoran el pronóstico. En segundo lugar, el grado de pérdida auditiva que se debe evaluar en función del tiempo transcurrido tras el accidente sonoro. Y por último, la precocidad del tratamiento en cuyo caso no debe sobrepasar los 3 días del accidente.
También influye mucho la susceptibilidad individual. Así, las personas con una hipoacusia previa o en tratamiento con fármacos ototóxicos o con antecedentes de otitis medias agudas de repetición en la infancia tienen una mayor predisposición a lesiones permanentes tras un traumatismo acústico.
Como mencionamos anteriormente el resultado del tratamiento esta condicionado por el inicio del mismo por lo que se aconseja que éste no se inicie más tarde de las 72 horas del accidente.
Los corticoides son el tratamiento de referencia en el traumatismo acústico. No obstante, no existen estudios que demuestren su eficacia porque es muy difícil obtener grupos comparables desde el punto de vista estadístico. Su resultado parece depender de la cantidad administrada por lo que se recomiendan altas dosis de corticoides (de 1 a 2 mg de metilprednisolona por kg de peso, preferiblemente en un ambiente hospitalario y por vía intravenosa) en los primeros días (se recomienda entre 5 y 7 días) que se van disminuyendo progresivamente.
Otros tratamientos que tienen una eficacia menos demostrada, consisten en la hemodilución controlada con el que se trata de disminuir el hematocrito al 30-35% mediante la inyección de suero fisiológico vía intravenosa y el oxígeno hiperbárico, que consiste en hiperoxigenar la sangre mediante sesiones de cámara hiperbárica.
De momento, la mejor y única forma demostrada de prevención es el uso de protectores auditivos, los que recordamos deben de adaptarse tanto al paciente como a sus necesidades y deben ser utilizadas durante toda su exposición al ruido.
Fdo. Eduardo Serrano
Fco. Javier Vivancos Pérez
Responsable de Calidad del Colegio Ntra. Sra. de la Vega
La puesta en marcha del proyecto "Aulas sin Ruido" nace por la necesidad de reducir el ruido que, en general, veníamos observando en las aulas y zonas comunes del colegio.
Cuando nace la idea y empieza a tomar forma el contenido del proyecto, se hacen unas mediciones previas y se corrobora lo que se sospechaba: En el Colegio estamos sufriendo un exceso de ruido.
Las primeras mediciones nos mostraron un punto muy conflictivo: el comedor escolar y varios que podemos denominar como puntos conflictivos pero que fueron:
Aulas de tercer ciclo de primaria y primer ciclo de ESO durante los cambios de clase.
Pasillo de tercer ciclo de primaria y primer ciclo de ESO durante las entradas y salidas de alumnos y cambios de aula.
Una vez que identificamos los focos más problemáticos intentamos averiguar el origen y observamos que en el comedor la manipulación de cubiertos y bandejas originaban que la cresta de la señal fuera alta y para conseguir ser escuchados los niños debían hablar por encima de él lo que hacía del momento de la comida un momento realmente molesto.
La solución a este problema la encontramos en que, tras hacer una presentación a los alumnos sobre los efectos negativos del ruido y las posibles repercusiones de salud que puede originar convivir a diario con él, les explicamos el funcionamiento del semáforo del ruido que se instaló en el comedor escolar.
El resultado no ha podido ser más positivo, ya que, a los pocos días de instalarse el semáforo el nivel en el comedor escolar descendió de forma significativa.
Por otra parte, en las aulas y pasillo del tercer ciclo de Primaria y primer ciclo de ESO los momentos más problemáticos eran los de los cambios de clase y los de los cambios de aula donde no se respetaba el silencio.
En cada una de las aulas se presentó, al igual que en el comedor, los efectos negativos de convivir diariamente con esos niveles de ruido y se consiguió descender notablemente el pico de decibelios que se daban anteriormente.
Para la exposición en las aulas sobre los diferentes niveles de ruido se utilizó una escala de decibelios hecha por mí y en la que se comparaban los distintos grados de ruido con el que producen máquinas conocidas por todos, por ejemplo, un nivel sostenible de ruido es el que se produce cuando se pasa una hoja de un libro y un nivel insostenible de ruido puede ser el que produce una motocicleta, y un ruido que nos puede dañar seriamente puede ser el producido por un avión y se compararon con los niveles que se habían medido con ellos, al ver los picos que alcanzaban en su aula en determinados momentos y los comparamos con la tabla de decibelios , los alumnos se dieron cuenta que estaban produciendo, en comparación, el mismo ruido que produce una aspiradora en marcha, lo cual produjo mucho impacto en ellos.
También se habló acerca de los trastornos que se producen por vivir durante tiempo con ruido como inatención, falta de concentración, errores en procesos cognitivos, reducción de esfuerzo hacia tareas memorísticas o de cálculo, estrés, e incluso trastornos del sueño, y por supuesto, es absolutamente necesario identificar los ruidos más habituales que se dan en clase, como por ejemplo, el arrastrar de sillas, libros que se caen, y sobretodo el volumen con el que hablamos.
La consecuencia principal de estas medidas fue el incremento de la atención en clase y el de la concentración a la hora de poner en marcha la tarea, sobretodo cuando ésta requería el esfuerzo del cálculo numérico o la del detalle espacial.
El trabajo en pequeño grupo también mejoró ya que, permitía compartir ideas sin la necesidad de voces excesivas, amén que el ambiente silencioso se propagó por el pasillo, y a la vista de que alumnos más pequeños de edad eran capaces de mantener orden en las tareas, silencio en los trayectos y trabajo en equipo más colaborativo, los mayores quedaron en evidencia y comenzaron a imitar actitudes.
Si un ruido es superior a 35 ó 40 decibelios provoca dificultades en la comunicación oral que tan solo puede resolverse elevando el tono de voz. Los niños sometidos a estos niveles de ruido durante parte de su etapa escolar no sólo aprenden a leer con mayor dificultad, sino que también tienen dificultades a la hora de ejercer la práctica numérica, cálculo y concentrarse para un examen se vuelve una tarea realmente difícil.
Por eso se valora muy positivamente la puesta en marcha de esta iniciativa y de la mejora de los resultados en los alumnos.

References: Real Decreto 
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