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Timestamp: 2017-05-27 11:48:08+00:00

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2012/02/14 at 20:54 Deja un comentario	Enseñar y aprender… ¿para qué?
Muchas veces nos enredamos en discusiones acerca de la mejor manera de enseñar o aprender determinado contenido, o incluso si dicho contenido es importante o pertinente. Está bien que nos preocupemos por la didáctica o por el curriculum, pero no olvidemos que “el qué” y “el cómo” no tendrían sentido sin un “para qué” (precisamente los tres elementos que conforman el concepto de competencia). Aún así, y sin quitarle mérito a este concepto que nos está ayudando a re-enfocar la tarea de la escuela, quiero ir más allá, hasta la finalidad última de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, que no se encuentra en el contenido, el área, el método… sino en la persona.
El REAL DECRETO 1630/2006, de 29 de diciembre, por el que se establecen las enseñanzas mínimas del segundo ciclo de Educación infantil señala en su artículo 2 los siguientes fines:
1. “La finalidad de la Educación infantil es la de contribuir al desarrollo físico, afectivo, social e intelectual de los niños y las niñas”.
2. “En ambos ciclos se atenderá progresivamente al desarrollo afectivo, al movimiento y los hábitos de control corporal, a las manifestaciones de la comunicación y del lenguaje, a las pautas elementales de convivencia y relación social, así como al descubrimiento de las características físicas y sociales del medio. Además se facilitará que niñas y niños elaboren una imagen de sí mismos positiva y equilibrada y adquieran autonomía personal”.
A estas finalidades, el DECRETO 12/2009, de 20 de enero, por el que se establece el currículo de la Educación Infantil y se implantan estas enseñanzas en la Comunidad Autónoma del País Vasco añade, entre otras: “Promover una educación preventiva y compensadora de las desigualdades procurando, de forma especial, la atención a los más desfavorecidos social o personalmente y la búsqueda de la equidad” (art.3).
Estos fines han de ser el referente último de las decisiones pedagógicas, sea cual sea su ámbito: administración, centro, aula… Para ayudarnos un poco en la concreción, el Real Decreto señala, en su artículo 4, que “Los métodos de trabajo en ambos ciclos se basarán en las experiencias, las actividades y el juego y se aplicarán en un ambiente de afecto y confianza, para potenciar su autoestima e integración social“.
Pero dejemos por ahora la cuestión de los métodos. Volviendo a los fines de la educación infantil, me he permito subrayar el término “desarrollo”, recordando lo que señala el decreto de enseñanzas mínimas de infantil a este respecto: “En esta etapa, más que en cualquier otra, desarrollo y aprendizaje son procesos dinámicos que tienen lugar como consecuencia de la interacción con el entorno. Cada niño tiene su ritmo y su estilo de maduración, desarrollo y aprendizaje, por ello, su afectividad, sus características personales, sus necesidades, intereses y estilo cognitivo, deberán ser también elementos que condicionen la práctica educativa en esta etapa. En este proceso adquiriere una relevancia especial la participación y colaboración con las familias”.
Esta idea de respeto a la diversidad de ritmos madurativos está explícita también en el artículo 8 del Real Decreto que, en el punto1, señala que “La intervención educativa debe contemplar como principio la diversidad del alumnado adaptando la práctica educativa a las características personales, necesidades, intereses y estilo cognitivo de los niños y niñas, dada la importancia que en estas edades adquieren el ritmo y el proceso de maduración“.
Por su parte, el decreto de la CAPV señala en las orientaciones metodológicas que “El equipo docente deberá considerar y respetar las diferencias personales de niños y niñas y realizar pro­gramaciones y propuestas abiertas y flexibles que, al lle­varse a la práctica, permitan acomodar el proceso de en­señanza a las necesidades personales de cada alumno y alumna. En consecuencia, deberían evitarse actividades estandarizadas, de ejecución colectiva simultánea, con resultados únicos que suponen requerimientos unifor­mes para todos y todas, y sustituirlas por aquellas que respondan a diferentes intereses y permitan trabajar, en pequeños grupos, a distintos niveles dentro del aula”.
En consecuencia, creo que podemos decir que la tarea de la escuela infantil consiste, esencialmente, en ofrecer un entorno rico en estímulos que favorezca el desarrollo y el aprendizaje de cada niño y niña en función de sus características personales, de su propio proceso madurativo; un entorno que promueva la interacción con las personas y con el mundo que le rodea, convertido en objeto de conocimiento, para avanzar en los aprendizajes; un entorno enriquecido que complemente y, en su caso, compense las oportunidades de interacción que ofrece la familia. El papel del maestro y la maestra será diseñar situaciones de aprendizaje en las que los niños y las niñas puedan realmente interactuar, entre ellos/as y con el entorno, para construir nuevos aprendizajes en función de su propio nivel de desarrollo.
No está de más que tengamos presentes estos argumentos cuando volvamos a las discusiones acerca del contenido, el método o la actividad de turno y sobre todo, no olvidemos que “La educación que reciben los niños y niñas en sus primeros años de vida es un factor decisivo para su posterior desarrollo integral como personas” 2011/03/28 at 11:47 Deja un comentario	Estatistika - Estadística	92,005 bisitak - visitas

References: REAL DECRETO 
 artículo 2
 Real Decreto 
 artículo 4
 artículo 8
 Real Decreto