Source: https://www.scribd.com/book/351483446/Guia-para-la-lectura-de-Ser-y-Tiempo-de-Heidegger-vol-2
Timestamp: 2019-04-26 10:24:46+00:00

Document:
Guía para la lectura de Ser y Tiempo de Heidegger ( vol. 2) by Jesús Adrían Escudero - Read Online
by Jesús Adrían Escudero
304 pages19 hours
Publisher: Herder EditorialReleased: Apr 26, 2016ISBN: 9788425436574Format: book
Guía para la lectura de Ser y Tiempo de Heidegger ( vol. 2) - Jesús Adrían Escudero
GUÍA DE LECTURA DE SER Y TIEMPO,
© 2015, Jesús Adrián Escudero
ISBN DIGITAL: 978-84-254-3657-4
EL CAMINO RECORRIDO EN LA PRIMERA SECCIÓN: DEL ANÁLISIS DE LA COTIDIANIDAD A LA HERMENÉUTICA DE SÍ
BREVE NOTA SOBRE LA FORMA DE CITAR LAS OBRAS DE HEIDEGGER Y OTROS TEXTOS
SEGUNDA SECCIÓN Dasein y temporalidad
§ 45 Balance y tarea de una interpretación originaria de la existencia del Dasein
I. EL FENÓMENO DE LA MUERTE (§§ 46-53)
§ 46 La aparente imposibilidad de una determinación ontológica del estar-entero del Dasein
§ 47 La posibilidad de experimentar la muerte de los otros
Anexo: La radical asimetría entre la muerte de los otros y la singularidad irremplazable de la propia muerte
§ 48 Resto pendiente, fin e integridad
§ 49 El análisis ontológico y otras interpretaciones ónticas de la muerte
Anexo: Muerte biológica, biográfica y existenciaria
§ 50 Esbozo de la estructura ontológico-existenciaria de la muerte
§ 51 Muerte y cotidianidad
§ 52 La certeza cotidiana de la muerte y el concepto existenciario pleno de la muerte
§ 53 El proyecto existenciario de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte
II. LA VOZ DE LA CONCIENCIA Y EL FENÓMENO DE LA RESOLUCIÓN (§§ 54-60)
§ 54 El problema de la atestiguación de una posibilidad existenciaria propia
§ 55 Los fundamentos ontológico-existenciarios de la conciencia
§ 56 El carácter vocativo de la conciencia
Anexo: El carácter discursivo de la voz silenciosa de la conciencia
§ 57 La conciencia como llamada del cuidado
§ 58 La comprensión de la llamada y la culpa
Anexo: Josef K. y la noción de «culpa»
§ 59 La interpretación existenciaria y la concepción vulgar de la conciencia
§ 60 Atestiguación y resolución
III. LA TEMPORALIDAD COMO SENTIDO ONTOLÓGICO DEL CUIDADO (§§ 61-66)
§ 61 El estar-entero propio del Dasein y la puesta al descubierto del fenómeno de la temporalidad
§ 62 El modo propio del poder-estar-entero del Dasein como resolución precursora
§ 63 La situación hermenéutica alcanzada para una interpretación del sentido del ser del cuidado y el carácter metodológico de la analítica existenciaria en general
Anexo: La importancia de la formación de conceptos
§ 64 Cuidado y mismidad
Anexo: Estilo de vida, mismidad y propiedad
§ 65 La temporalidad como sentido ontológico del cuidado
Anexo: La tardanza en el tratamiento del problema de la temporalidad
§ 66 Tareas pendientes de la analítica existenciaria
IV. TEMPORALIDAD Y COTIDIANIDAD (§§ 67-71)
§ 67 El esbozo de la interpretación temporal de la constitución existenciaria del Dasein
§ 68 La temporalidad de la apertura en general
Anexo: Breve ilustración de los modos de temporalización impropios y propios de la mano de un ejemplo de la vida cotidiana
§ 69 La temporalidad del estar-en-el-mundo y el problema de la transcendencia
§ 70 La temporalidad de la espacialidad propia del Dasein
§ 71 El sentido temporal de la cotidianidad
V. TEMPORALIDAD E HISTORICIDAD (§§ 72-77)
§ 72 Exposición ontológico-existenciaria del problema de la historia
Anexo: Arendt y el fenómeno de la natalidad
§ 73 La comprensión vulgar de la historia y el acontecer del Dasein
§ 74 La constitución fundamental de la historicidad
§ 75 La historicidad del Dasein y la historia del mundo
§ 76 El origen existenciario del saber histórico en la historicidad del Dasein
§ 77 La conexión del problema de la historicidad con las investigaciones de Wilhelm Dilthey y las ideas del conde York de Wartenburg
Anexo: La presencia de Dilthey en el pensamiento heideggeriano
VI. TEMPORALIDAD, INTRATEMPORALIDAD Y EL CONCEPTO COTIDIANO DE TIEMPO (§§ 78-83)
§ 78 El carácter incompleto del precedente análisis temporal del Dasein
§ 79 La temporalidad del Dasein y la preocupación por el tiempo
Anexo: Tiempo del mundo (Aristóteles), tiempo del alma (Agustín) y tiempo de la conciencia (Husserl)
§ 80 El tiempo de la ocupación y la intratemporalidad
§ 81 La intratemporalidad y el origen del concepto vulgar de tiempo
Anexo: Apropiación crítica de la noción aristotélica del «tiempo»
§ 82 Confrontación con la concepción de la relación entre tiempo y espíritu en Hegel
§ 83 La analítica temporal-existenciaria del Dasein y la pregunta ontológico-fundamental por el sentido del ser en general
CODA. SER Y TIEMPO Y LA HERMENÉUTICA DE SÍ
1. TEORÍAS CONTEMPORÁNEAS DE LA MISMIDAD
2. LA DIMENSIÓN PRÁCTICA: EL DASEIN COMO UN ENTRAMADO DE RELACIONES PRODUCTIVAS ORIENTADO HACIA EL FUTURO
3. LA DIMENSIÓN FENOMENOLÓGICA Y EXISTENCIARIA: LA IRREDUCTIBILIDAD DE LA CONCIENCIA
APÉNDICE. MATERIALES DIDÁCTICOS
1. RESÚMENES TEMÁTICOS DE SER Y TIEMPO POR CAPÍTULOS
2. CUADROS CONCEPTUALES
ABREVIATURAS Y BLIBLIOGRAFÍA
1. LISTADO DE ABREVIATURAS
EL CAMINO RECORRIDO EN LA PRIMERA SECCIÓN:
DEL ANÁLISIS DE LA COTIDIANIDAD
A LA HERMENÉUTICA DE SÍ
Ser y tiempo es una obra compleja y atrevida, sugestiva y provocativa, en la que se propone un replanteamiento de la pregunta por el sentido del ser en un momento de inquietud cultural y desasosiego generacional. Y esta cuestión se plantea de una manera innovadora, lejos de las propuestas de la tradición metafísica. No se trata de deducir la realidad a partir de un primer principio, sino de mostrar y describir el ámbito inmediato de manifestación del ser. Para ello se precisa de una metodología nueva: la fenomenología hermenéutica. También es necesario un nuevo punto de partida: la existencia humana. La existencia es el lugar (Da) donde se manifiesta el ser (Sein); de ahí que reciba el nombre técnico de «Dasein». El Dasein se caracteriza por poseer cierto grado de comprensión del ser, que Heidegger se esfuerza por articular y aprehender de manera conceptual y rigurosa. La aclaración del sentido del ser pasa, pues, por un análisis previo de las estructuras ontológicas del Dasein.
La parte publicada de Ser y tiempo se ocupa sobre todo de la descripción de las diferentes modalidades de existencia del Dasein. Su existencia se caracteriza por la oscilación entre la impropiedad y la propiedad, el anonimato cotidiano y la mismidad, el abandono de sí y la reapropiación de sí. Ser y tiempo analiza en profundidad estas dos formas constitutivas de ser inherentes a todo individuo.
En la primera sección se elabora una hermenéutica de la cotidianidad, que consiste en la descripción de las estructuras ontológicas que constituyen nuestra vida cotidiana. Antes de pensar sobre el sello que nos gustaría imprimir a nuestra existencia, nuestra relación con el mundo y las demás personas está inicialmente gobernada por la esfera pública. La corriente de esa colectividad anónima llamada «el uno» (das Man) determina inmediata y regularmente el curso de nuestras decisiones, acciones y deliberaciones, hasta el punto de que en muchas ocasiones nos diluimos en la masa homogénea de la gente.
En la segunda sección se despliega lo que podríamos llamar una hermenéutica de sí. En ella se plantea la posibilidad de una existencia propia como contramovimiento a la tendencia a dejarnos llevar por los parámetros de la cotidianidad, como modificación de sí, como ejercicio de transformación creativa de uno mismo. Aquí es donde el lector puede establecer una interesante conexión con la noción clásica del «cuidado de sí». Este despierta en el individuo la responsabilidad hacia uno mismo, lo que indefectiblemente lo obliga a reflexionar acerca de su propia existencia. El cuidado de sí remite en última instancia a un estilo de vida.
A fin de cuentas, dar cumplimiento a la máxima pindárica «¡Llega a ser el que eres!» equivale a una elección de vida, a lograr una existencia plena en el contexto de la inercia natural a caer preso de los excesos, de la rutina, de los hábitos sociales y de la opinión pública. En el fondo, se trata de una lucha contra uno mismo. Y de todas las victorias posibles, la más gloriosa es la que se obtiene sobre uno mismo. La filosofía se convierte así en un eficaz instrumento de autorrealización. Ser y tiempo nos invita a emprender un viaje filosófico en el que acabamos descubriéndonos como temporalidad. El segundo volumen que ahora presentamos nos ofrece un itinerario detallado del tramo final de ese viaje que iniciamos con el primer volumen.
Las referencias a los escritos de Heidegger se colocan siempre entre paréntesis en el cuerpo de texto con la paginación correspondiente. En la mayoría de los casos, se remite a los volúmenes publicados en el marco de las Obras completas (Gesamtausgabe). La lista de abreviaturas puede consultarse al final del trabajo. Las cursivas y los entrecomillados son del autor, a menos que se indique lo contrario. Para evitar confusiones con otras referencias a textos editados en las Obras completas, prescindimos de la abreviatura GA 2 para citar Ser y tiempo. En su lugar, preferimos utilizar la abreviatura SuZ para la versión original alemana y SyT para la traducción al castellano, respectivamente, seguidas del número de la página. Asimismo, se indica la paginación de la traducción castellana de Jorge Eduardo Rivera. Por último, las notas aclaratorias y referencias a la literatura secundaria se colocan a pie de página acompañadas del apellido del autor, del año de publicación y de la paginación correspondiente. Las referencias completas pueden consultarse en el apartado bibliográfico.
DASEIN Y TEMPORALIDAD
BALANCE Y TAREA DE UNA INTERPRETACIÓN ORIGINARIA DE LA EXISTENCIA DEL DASEIN
El parágrafo que abre la segunda sección de Ser y tiempo ofrece, por una parte, un balance de los principales resultados obtenidos en la primera (§§ 9-44) y esboza, por la otra, el hilo conductor de esta nueva sección, cuya tarea consiste en replantear la cuestión del sentido del ser desde el horizonte de la temporalidad. La meta queda claramente definida desde el inicio: «Se busca la respuesta a la pregunta por el sentido del ser en general» (SuZ: 307 / SyT: 251). O como también se señala dos años antes en los Prolegómenos para una historia del concepto de tiempo: «El resultado y la tarea de la analítica existenciaria es la elaboración de la pregunta por el ser mismo» (GA 20: 421).
Hasta ahora se han mostrado algunas de las estructuras fundamentales del Dasein (tales como la existencia, la facticidad, la condición de arrojado y la comprensión afectiva) y descrito los elementos del cuidado y sus interconexiones. También se han puesto de manifiesto diversas formas de existencia cotidiana y, por ende, impropias del Dasein. Pero, como se indica en este parágrafo introductorio, todavía no se han examinado los modos de existencia originarios y, así, propios del Dasein (cf. SuZ: 309 / SyT: 253). La dimensión de la cotidianidad no ofrece una interpretación originaria del Dasein, no agota todas sus posibilidades de existencia. Un análisis de la existencia humana que pretende ser exhaustivo y completo tiene que investigar en qué consiste la propiedad (Eigentlichkeit) y arrojar luz sobre la verdadera constitución de nuestro ser: nuestra naturaleza temporal. El análisis del cuidado ha mostrado que el fundamento ontológico originario de la existencia del Dasein es la temporalidad (Zeitlichkeit). Solo desde ella resulta comprensible la totalidad estructural del ser del Dasein. Así, la tarea encaminada a precisar el carácter originario y propio del Dasein exige una relectura del análisis preparatorio de la primera sección desde el prisma de la temporalidad (cf. SuZ: 311 / SyT: 254), relectura que permitirá descubrir nuevos fenómenos existenciarios, en particular el de la historicidad (Geschichtlichkeit).
En este sentido, la segunda sección analiza una serie de fenómenos ligados a la propiedad y la temporalidad de la existencia: la muerte, la conciencia moral, la resolución y la historicidad, entre otros. Si uno quiere responder a la pregunta de cómo el Dasein puede comprender el sentido del ser, hay que describir con rigor fenomenológico estos aspectos esenciales de la existencia del Dasein. Para ello se debe ampliar la analítica existenciaria y mostrar aquellas estructuras ontológicas que resultan decisivas para la determinación de la integridad (Ganzheit) del Dasein.¹ Solo profundizando en la constitución existenciaria propia del Dasein y reinterpretando temporalmente las estructuras ya descubiertas, se puede «sacar a la luz el ser del Dasein en su posible propiedad e integridad» (SuZ: 310 / SyT: 253).
¿Puede el Dasein existir de manera propia? ¿Cuál es el criterio que posibilita un modo de existencia propia? La respuesta de Heidegger vuelve a sorprender: «El testimonio de un poder-ser propio lo da la conciencia moral» (SuZ: 311 / SyT: 254). En otras palabras, la voz de la conciencia moral (Gewissen) se caracteriza por una peculiar fuerza de atestiguación que invita al Dasein a una transformación de sí, a una modificación de la mirada sobre sí, a una conversión de sí, a un repliegue sobre sí.²
De esta manera, queda desbrozado el campo de investigación de la segunda sección de Ser y tiempo. En el capítulo I, se analiza la posibilidad del estar-entero del Dasein y el estar-vuelto-hacia-el fin (§§ 46-53). En el capítulo II, se indaga en la atestiguación por parte del Dasein de un poder-ser propio a través del testimonio privilegiado de la voz de la conciencia, de la capacidad de decisión y de la posibilidad de relacionarse consigo mismo en virtud de la resolución (§§ 54-60). En el capítulo III, se profundiza en el poder-estar-entero propio del Dasein y en el sentido temporal del cuidado (§§ 61-66). En el capítulo IV, se ofrece una reinterpretación de los principales existenciarios desde la perspectiva de su sentido temporal (§§ 67-71). En el capítulo V, se desarrolla el nexo entre temporalidad e historicidad como origen de toda actividad historiográfica (§§ 72-77). Y en el capítulo VI, se aborda la cuestión de la temporalidad originaria y la interpretación cotidiana de tiempo (§§ 78-83).
EL FENÓMENO DE LA MUERTE (§§ 46-53)
LA APARENTE IMPOSIBILIDAD DE UNA DETERMINACIÓN ONTOLÓGICA DEL ESTAR-ENTERO DEL DASEIN
El análisis del cuidado puso de manifiesto que el Dasein se caracteriza por la apertura. No es un sistema cerrado de valores, no es una realidad acabada como una obra de arte, una novela, una pieza musical. En otras palabras, una de las principales características de su existencia es la capacidad de anticiparse-a-sí (Sichvorwegsein). El Dasein es un ente abierto, indeterminado y sometido a un constante proceso de realización. Por tanto, está marcado por un inacabamiento constante (Unabgeschlossenheit). Y «el inacabamiento significa un resto pendiente de poder-ser» (SuZ: 314 / SyT: 257). Mientras es, el Dasein nunca alcanza su integridad.
Ahora bien, ¿cómo puede compatibilizarse el hecho de este excedente, de este resto pendiente (Ausstand) de poder-ser con la idea de una posible integridad del Dasein? ¿Cómo es posible aprehender al Dasein en su integridad (Ganzheit) si constitutivamente es algo inconcluso (Unganzheit)? Esta integridad se deja aprehender precisamente ahí donde ya no cabe la posibilidad de ninguna proyección. La posibilidad última e irrebasable del Dasein es la muerte. Sin embargo, resulta imposible experimentar de manera óntica la muerte y el propio fin del Dasein. La razón de esa imposibilidad no subyace en una imperfección de la facultad cognoscitiva, sino que es de orden ontológico (cf. SuZ: 315 / SyT: 258). Cuando morimos, puede que estemos enteros, pero por esa misma razón ya no existimos. En sentido estricto, no podemos estar muertos, porque entonces ya no existiríamos. La sentencia de Epicuro «Mientras vivimos, no hay muerte; cuando llega la muerte, ya no vivimos» posee cierta justificación.
Pero si la muerte en cuanto fin no afecta al Dasein, ¿cómo representárnosla, cómo describirla en términos fenomenológicos? En principio, parece obvio que podemos experimentar el morir de los demás y transferir esa experiencia hacia nosotros mismos. Sin embargo, esta experiencia no da cumplimiento a la tesis de que la muerte nos hace enteros, ya que no encontramos en el Dasein mismo una forma de llegar a su propia integridad. Como se ve, el fenómeno de la muerte precisa de un análisis riguroso. Nos obliga a una caracterización ontológica del haber-llegado-al-fin y a perfilar el concepto existenciario de la muerte. A partir de este planteamiento, el capítulo primero se articula de la siguiente manera: primero se analiza la posibilidad de experimentar la muerte de los otros (§ 47) y se discute la cuestión del resto pendiente, el fin y la integridad (§ 48); luego se delimita el análisis existenciario de la muerte (§ 49) y se esboza su estructura ontológica (§ 50); a continuación, se analiza el estar-vuelto-hacia-la-muerte (§ 51) y el concepto existenciario pleno de la muerte (§ 52), y, finalmente, se describe el proyecto existenciario de un modo propio de estar-vuelto-hacia-la-muerte (§ 53).
LA POSIBILIDAD DE EXPERIMENTAR LA MUERTE DE LOS OTROS
Ante la imposibilidad de tener una experiencia directa de la propia muerte, Heidegger plantea la pregunta de si es posible aprehender el sentido ontológico del morir a partir de la muerte de los otros. No cabe duda de que la muerte de los demás, en particular la de familiares, amigos y compañeros de trabajo, nos da una prueba ineludible de nuestra mortalidad. La muerte de los otros, con los que regularmente existimos y compartimos el mundo, es una experiencia que también forma parte de nuestra vida cotidiana. Los innombrables ritos funerarios, honras fúnebres, cultos y muestras de pesar constituyen diferentes formas de relación con la muerte. ¿Puede ayudarnos esta experiencia a la hora de aprehender el fenómeno de la muerte? La muerte de los otros se experimenta, por decirlo así, como un «quitarle el mundo», un «perder-su-estar-en-el-mundo», un «no-existir-más-en-el-mundo», un «final de la existencia» —es decir, los otros pierden el modo de ser propio del Dasein para quedar reducidos a una mera cosa corpórea, convertidos en un simple cadáver—.³ Con todo, el cadáver no es una simple cosa material sin vida (leblos), sino más bien un ente no-viviente (unlebendig) que ha perdido la vida (cf. SuZ: 317 / SyT: 259). El mismo lenguaje expresa esta diferencia: uno habla del «difunto» (der Verstorbene) y no del «muerto» (der Gestorbene).⁴ A diferencia del cuerpo muerto y enterrado, el difunto es objeto de un tipo particular de preocupación que se expresa en la gran variedad de ritos funerarios. Al difunto, como señala Heidegger, se le dispensa todavía una específica forma de cuidado: la «solicitud reverencial» (ehrende Fürsorge).
No obstante, la muerte de los otros encierra un aspecto paradójico: por una parte, viene acompañada de la vivencia por la pérdida que experimenta la familia del difunto, pero, por la otra, nos impide el acceso a la experiencia del morir mismo. «Sin embargo, al sufrir esta pérdida, no se hace accesible en cuanto tal la pérdida-del-ser que sufre el que muere. No experimentamos, en sentido propio, el morir de los otros, sino que, a lo sumo, solamente asistimos a él» (SuZ: 318 / SyT: 260). El asistir al morir del difunto no nos da una experiencia de la muerte. Como recuerda Heidegger, no se trata de ofrecer una explicación antropológica, metafísica o psicológica de la muerte. Lo que está en juego es el sentido ontológico del morir que muere como una posibilidad de ser de su ser.
La referencia a la muerte de los otros para explicar la integridad, para analizar ontológicamente el acabamiento del Dasein, descansa en un falso supuesto: la opinión de que alguien puede, a voluntad, ser sustituido por otro. Entre las posibilidades de nuestra convivencia con los demás en un mundo compartido figura, de manera indiscutible, la «reemplazabilidad», la «sustitución» (Vertretbarkeit) de una persona por otra: si por causa de un accidente he de permanecer hospitalizado algún tiempo, la universidad en la que trabajo puede contratar a un sustituto temporal; durante una baja por maternidad, una empleada puede ser reemplazada temporalmente por otra; si el portero titular de un equipo de fútbol se lesiona durante un partido, puede ser sustituido por el portero de reserva; un soldado puede incluso sacrificarse por un compañero de batalla.⁵ Sin embargo, esta posibilidad de reemplazamiento fracasa cuando se trata de sustituir la posibilidad de ser que constituye el llegar-a-fin de otro. Heidegger expresa esta imposibilidad existenciaria de un modo lapidario: «Nadie puede tomarle al otro su morir. […] El morir debe asumirlo cada Dasein por sí mismo. La muerte, en la medida en que ella es , es por esencia cada vez la mía» (SuZ: 319 / SyT: 261).
La muerte es una posibilidad de mi existencia; una posibilidad en la que en cada caso está en juego mi propio ser. El Dasein es capaz de comprenderse a sí mismo de una manera íntegra, plena, total, entera y, por ende, propia, cuando se encuentra cara a cara con su muerte. Esta remite así a la singularidad, insustituibilidad, irremplazabilidad del Dasein cada vez mío. Desde el punto de vista ontológico-existenciario, la muerte pone de manifiesto el irreductible ser-en-cada-caso-mío (Jemeinigkeit) de la existencia del Dasein (cf. SuZ: 319 / SyT: 261). El análisis heideggeriano del fenómeno de la muerte reposa sobre la idea de que el morir del Dasein no puede explicarse satisfactoriamente desde la dimensión biológica, médica, ética, antropológica, religiosa, sociológica y metafísica.
— Anexo —
La radical asimetría entre la muerte de los otros y la singularidad irremplazable de la propia muerte
En este parágrafo, se introducen dos temas estrechamente interconectados, que constituyen las dos caras de una moneda: por una parte, se muestra la imposibilidad de experimentar el morir de los otros y, por la otra, se afirman la singularidad y la unicidad de la propia muerte, que en cada caso tienen que ser asumidas responsablemente por el Dasein mismo.
La radical asimetría entre la muerte de los otros y la propia muerte
La noción de «muerte» se halla envuelta en cierto grado de confusión por el hecho de que Heidegger no utiliza el término «muerte» (Tod) en su sentido ordinario. A él le interesa la cuestión del significado existenciario de la mortalidad humana. Se precisa de un tratamiento adecuado de la mortalidad y finitud humanas para comprender la integridad de la existencia del Dasein. Solo vinculando nuestra existencia con la muerte como una posibilidad podemos aprehendernos de manera genuina en nuestra individualidad e integridad. Lo que está en juego en nuestra vida no es el contenido concreto de ciertos momentos de nuestra existencia, sino el curso completo, ella en su totalidad.
Quizá resulte oportuno recordar lo que la muerte no es. La muerte no es un hecho contingente, un acontecimiento impersonal. Es un elemento constitutivo de la comprensión que tenemos de nosotros mismos. La muerte, pues, no es el hecho de morir, es decir, no tiene una significación biológica. Desde el punto de vista ontológico-existenciario, la muerte es siempre mi propia muerte: «En el morir se echa de ver que la muerte se constituye ontológicamente por medio del ser-cada-vez-mío y de la existencia. El morir no es un incidente, sino un fenómeno que ha de comprenderse en sentido existenciario» (SuZ: 319-320 / SyT: 260). El planteamiento heideggeriano establece una radical asimetría entre la muerte de los otros y la propia. Con mayor precisión, hay una asimetría esencial entre mi relación con la muerte de los otros y mi relación con mi propia muerte, de la misma manera que existe una asimetría entre mi relación con los cuerpos de los otros y mi relación con mi propia corporalidad. Así, la muerte en sentido existenciario no es lo mismo que el estado de estar muerto. En términos estrictos, el Dasein no puede estar muerto, pues para él estar muerto significa precisamente no ser.
La singularidad irremplazable de la propia muerte
La historia de la humanidad presenta una enorme diversidad de concepciones y tratamientos del fenómeno de la muerte. En toda cultura pueden encontrarse diferentes formas de morir por otro y autoinmolación, distintos modos de experimentar el tránsito de la vida a la muerte y la liberación de uno mismo, diferentes maneras de experimentar la muerte como posibilidad irrebasable. En el ámbito concreto de la filosofía occidental, el tema de la anticipación cuidadosa de la muerte (melete tou thanatou) ya está presente en el Fedón, de Platón.⁶ El diálogo platónico describe un viaje interior, un movimiento de recogimiento del alma sobre sí misma que anuncia el syn (con) de la syn-deresis (con-ciencia). Hay que recalcar que no existe un alma previa que con posterioridad se cuide de la muerte. El alma, más bien, no se distingue, no se recoge en sí misma más que en la experiencia de este cuidado de la muerte. Solo desde esta relación consigo misma y toma de conciencia de la propia existencia se constituye una psyche (alma), un yo individual y responsable. En Platón ya hallamos la idea de que la filosofía rectamente ejercida se considera un «entrenamiento para la muerte».⁷
No deja de sorprender que Heidegger, gran conocedor de la filosofía platónica, no cite en Ser y tiempo estas páginas dedicadas a la mejor forma de dar o recibir la muerte, pues aquí se trata de un cuidar, un velar, un preocuparse por la muerte en la que la existencia se relaciona consigo misma.⁸ El cuidado de la muerte del que habla Heidegger implica a la conciencia que mira a la muerte cara a cara y la asume con plena libertad. Los parágrafos 52 y 53 dejan entrever este vínculo entre el cuidado del estar vuelto hacia la muerte y la libertad responsable. Ser libre —como se verá más adelante— significa comprometerse con un obrar, un decidir que responde de sí mismo con conocimiento de sí, es decir, con-ciencia (Ge-wissen). Aun así, el ejercicio de la responsabilidad no deja de ser extraño, misterioso, paradójico. La responsabilidad tiene que ver con uno mismo: se presenta con una voz que escucha y me ordena, pero que no viene de ninguna parte.⁹ Ahí radican —como ya observara Kierkegaard— el espanto y el misterio, el terror y el temblor del momento de la decisión.¹⁰ Precisamente, ese origen incierto e indeterminado de la voz de la conciencia obliga al individuo a asumir su propia responsabilidad.
¿Cuándo se produce el primer despertar de la responsabilidad? ¿Cuándo toma el Dasein conciencia de su propia existencia? En la experiencia y aceptación de su propia muerte. En esta asunción y anticipación de la muerte, se hace patente la unicidad absoluta, la singularidad irremplazable del Dasein. Ante el fenómeno de la muerte, la existencia se sustrae a toda posible sustitución. La muerte, como señala Heidegger, es aquello que nadie puede soportar ni afrontar en mi lugar: «Nadie puede tomarle al otro su morir» (SuZ: 319 / SyT: 261). Puedo sacrificarme por otro, entregar mi corazón a otro (figurada o literalmente), pero no morir en lugar de otro, no darle mi vida a cambio de su muerte. Puedo dar al otro todo, salvo morir por él. La propia muerte es irremplazable. Para acceder a lo que me es más propio he de asumir esta irremplazabilidad. Cada uno debe hacerse cargo y anticipar resueltamente su propia muerte. Este es un ejercicio de responsabilidad y resolución por el que el Dasein conquista la libertad. La propia muerte, en definitiva, se caracteriza por una singularidad irremplazable, en la que el Dasein toma plena conciencia de sí.
RESTO PENDIENTE, FIN E INTEGRIDAD
Todavía falta por determinar el sentido existenciario de los conceptos de «fin» e «integridad» antes de proseguir con el análisis del fenómeno de la muerte. Las nociones de «fin» (Ende), «integridad» (Ganzheit) y «consumación» (Vollendung) admiten muchos sentidos, por lo que Heidegger decide ver hasta qué punto su respectivo significado usual es ontológicamente aplicable al Dasein.
Hasta ahora se han formulado tres tesis acerca de la muerte:
Al Dasein le pertenece, mientras está siendo, un todavía-no que habrá de ser —un resto siempre pendiente.
El llegar-a-su-fin tiene el carácter de un no-existir-más.
El llegar-a-su-fin implica un modo de ser absolutamente insustituible.
El texto parte de la idea de que «hay en el Dasein una permanente no-integridad , imposible de abolir, que encuentra su fin con la muerte» (SuZ: 322 / SyT: 263). El hecho de que al Dasein le pertenece este todavía-no (noch-nicht), la constatación de que el Dasein se caracteriza por un estado perpetuo de inacabamiento, ¿puede interpretarse como resto pendiente (Ausstand)? Heidegger intenta ilustrar este fenómeno con la analogía de «saldar una deuda pendiente». Uno habla en este caso de «resto» para designar la parte que queda pendiente de pago, el dinero que falta para cancelar la deuda. Sin embargo, esta concepción del resto pendiente como algo que falta no sirve para caracterizar ontológicamente el todavía-no de la muerte que forma parte del Dasein. La muerte no es la pieza que falta para completar el rompecabezas de la existencia humana. Ya existe siempre de tal manera que cada vez incluye su todavía-no; es decir, el todavía-no del Dasein es un elemento constitutivo de su existencia.
Así las cosas, Heidegger echa mano de otra analogía: la «maduración de un fruto», pero tras una breve consideración, aquella también se descarta por inapropiada. Mientras que el fruto alcanza su madurez al final del proceso de su desarrollo, el Dasein no llega necesariamente a su madurez plena al final de su vida. De hecho, muchas personas llegan a la madurez antes de morir; otras, en cambio, jamás consuman su vida (cf. SuZ: 325 / SyT: 265). Nada garantiza que la «madurez como fin» y la «muerte como fin» coincidan en su estructura ontológica. Interpretar todo fin como consumación (Vollendung) significa olvidar que el Dasein es algo constitutivamente inacabado. Por tanto, terminar (enden) no quiere decir necesariamente consumarse (vollenden).
El Dasein no es un conjunto de proyectos de existencia acabados ni la culminación de un proceso ni la suma de episodios existenciales. Más bien es ya siempre su todavía-no, está siempre abierto a nuevos proyectos, posibilidades, experiencias, iniciativas, fracasos, éxitos, etcétera. La tarea de autocomprendernos es infinita. A este respecto, resulta ilustrativa la distinción que realiza James Carse entre juegos finitos e infinitos.¹¹ Un juego finito es un juego con una meta clara que, al final, termina con un(os) ganador(es) o perdedor(es). Uno participa en un juego finito con la intención de ganar. Un juego infinito es aquel en que uno simplemente juega por el placer de jugar. Así, por ejemplo, podemos distinguir entre jugar un partido de fútbol y ser un jugador de fútbol, entre impartir una clase de filosofía y ser un profesor de filosofía. Un partido de fútbol tiene un tiempo de juego limitado; una clase también tiene una duración limitada. En cambio, ser un jugador de fútbol o un profesor, no. Ser un jugador de fútbol o un profesor es —o puede llegar a ser— un juego infinito. Aquí se trata de un estilo de vida, una forma de autocomprenderse y no del cumplimiento de una determinada función. De una forma similar, el Dasein heideggeriano se caracteriza por el existir por mor de sí. El fenómeno de la muerte obliga al Dasein a reconocer que la existencia no se limita a momentos específicos. Lo que realmente importa es la integridad de esos momentos y, sobre todo, el modo como se viven.
A la luz de estas consideraciones, ¿cómo cabe entonces caracterizar de una manera ontológicamente adecuada el terminar de la muerte? Heidegger lo expresa así: «El terminar a que se refiere la muerte no significa un haber-llegado-a-fin del Dasein (Zu-Ende-sein), sino un estar vuelto hacia el fin de parte de este ente (Sein zum Ende)» (SuZ: 326 / SyT: 266).
Los diferentes ejemplos de «saldar una deuda», de «los cuartos crecientes de la luna», del «camino que se acaba», de «la lluvia que cesa», de «la madurez de la fruta» solo sirven para mostrar de forma negativa que el todavía-no que el Dasein es en cada caso se resiste a ser interpretado como un resto pendiente. La muerte no es algo accidental, sino que pertenece a lo que él ya siempre es. Si la muerte ya siempre le pertenece, entonces tiene que resultarle accesible de alguna manera: es cierto que no puede experimentarla, pero constituye una parte integrante de su ser en la medida en que mantiene una relación con ella. La interpretación existenciaria positiva de la muerte y de su carácter de fin debe llevarse a cabo al hilo de la constitución fundamental del Dasein, a

References: RESOLUCIÓN 
 resolución

 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución