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Timestamp: 2020-07-05 16:07:45+00:00

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General José Emilio Roldán Pascual | ASEVAUME
Mi último destino militar: la UME
Teniente General José Emilio Roldán Pascual
Recibo la invitación de la Unidad Militar de Emergencias para que, como antiguo miembro de esta Unidad, colabore con un artículo en la celebración del 10º Aniversario (¡diez años ya!) de su creación, cosa que hago encantado, aunque he de reconocer que se me escapan las razones para ser yo, “viejo” miembro de esta Unidad, el que se atreva a escribir sobre sus vivencias en la misma.
1.- MI LLEGADA A LA UME
Corría el mes de julio del año 2008 y me encontraba yo en un destino en el que era, personal y profesionalmente, feliz. Era por
aquel entonces Comandante General de Baleares, puesto desde el que había visto nacer y dar sus primeros pasos a la UME, así como también había sido testigo atento de alguna de sus primeras intervenciones.
La UME era mandada, desde su creación, por el Teniente General Fulgencio Coll, militar de enorme prestigio en el Ejército, mallorquín y, además, buen amigo mío. Su actuación en la creación y en los primeros pasos que dio la UME fue extraordinaria, aunque dudo que fuera lo suficientemente valorada. La labor desarrollada en esta primera etapa de la Unidad fue admirable en todos los aspectos,
¡la creación de una Unidad nueva, con responsabilidad y despliegue en todo el territorio nacional, con nuevas misiones, con procedimientos inéditos y con material que, en muchos casos, había de ser concebido desde su inicio! Difícil- mente se podrá agradecer lo suficiente al General Coll que esta Unidad naciera y se desarrollara, en esta primera etapa, con las raíces bien asentadas y el tronco y ramas bien rectos.
Pero volvamos de nuevo a julio de 2008, cuando la entonces Ministra de Defensa, Carme Chacón, decidió el relevo de la cúpula militar al completo y el viernes, día 18 de julio, fueron nombrados el nuevo JEMAD así como los Jefes de Estado Mayor de los Ejércitos y de la Armada. El JEME designado fue el, desde entonces, General de Ejército Fulgencio Coll. Para mí, y para otros muchos, el nombramiento constituyó un acierto y supuso una enorme alegría al ver cómo nuestra Institución reconocía las virtudes, la profesionalidad, el trabajo y la dedicación de un gran militar y yo veía, además, cómo un amigo llegaba a lo más alto del escalafón del Ejército de Tierra.
Esto ocurría un viernes, día en que se celebran habitualmente los Consejos de Ministros, mientras yo preparaba mis vacaciones en la isla de Menorca, auténtico paraíso desconocido para muchos. El lunes 21 recibí en mi despacho una llamada del ya General de Ejército Coll ante la cual me apresuré a felicitarle sinceramente por su nuevo cargo, cuando me sorprendió diciéndome que el motivo de la llamada era ofrecerme el mando de la Unidad Militar de Emergencias,
que lo pensara, y que me volvería a llamar en cinco minutos. Mi con- testación fue que me sobraba cualquier tiempo de reflexión y que aceptaba encantado la propuesta. A pesar de ello, colgó el teléfono y volvió a llamar a los cinco minutos, momento en que reafirmé mi aceptación, comunicándome entonces que el nombramiento se produciría a corto plazo. Llevaba razón ¡el plazo no pudo ser más corto! tres días después, el jueves 24 (día en que se celebró el Consejo de Ministros por ser fiesta el 25), fui ascendido a Teniente General y, en el mismo Boletín Oficial del Estado, fui nombrado Jefe de la Unidad Militar de Emergencias.
El lunes 28, sin haber tenido apenas oportunidad de comunicárselo a mis compañeros en la Comandancia General de Baleares, y tras la sorpresa de mi familia que vio cómo las vacaciones en Menorca quedaban pospuestas “sine die”, me trasladé a Madrid para ver cuándo y cómo se iba a producir la toma de posesión. La verdad es que hubo poco lugar al debate y a la preparación ya que la Ministra nos comunicó que presidiría el acto de toma de posesión ¡al día siguiente!, martes 29, en la Base Aérea de Torrejón. Es fácil imaginarse el grado de premura con el que hubo de organizarse el acto.
El martes, 29 de julio, sin haberme despedido de la Comandancia General de Baleares (en la que alguno de mis subordinados se enteraron de que yo ya no era Comandante General por los medios de comunicación) y con mi familia asimilando que los billetes para Menorca podía ir tirándolos a la papelera, yo tomaba posesión del mando de la UME, de manos de la Ministra de Defensa.
Regresé a Mallorca dos días después para recoger el pabellón, el equipaje y para despedirme de las Autoridades de las Islas, de la guarnición y de todos mis compañeros, pero también para decir adiós a una tierra entrañable en la que, tanto mi familia como yo, habíamos sido muy felices y en la que nunca nos sentimos “forasters”.
El día 4 de agosto regresé a Madrid y tuve escaso tiempo para ponerme al día de lo que era la Unidad, de sus proyectos, de su “filosofía”, de sus medios … ya que el día 5 la UME fue activada para intervenir en un incendio que se produjo en Zuera (Zaragoza) y el día 6 para el que arrasaba centenares de hectáreas en Honrubia de la Cuesta (Segovia). El día 6 visitaba en helicóptero, acompañando a la Ministra de Defensa, ambos incendios.
Así fue mi entrada en la UME, tan ilusionante como apresurada, aunque he de reconocer que no había otra solución para incorporarme a una Unidad en cuyos genes han anidado siempre las actuaciones rápidas, aunque nunca precipitadas.
Una vez mentalizado de que era un privilegiado por haber sido designado como Jefe de esta Unidad, novedosa y moderna, bien dotada tanto de personal (realmente magnífico como he podido constatar durante los más de cuatro años que he tenido el privilegio de ejercer el mando) como de material (moderno y “puntero” en muchos aspectos, sobre todo el material de telecomunicaciones y de lucha contra riesgos tecnológicos), bien instruida y altamente motivada, me correspondía ahora el papel de ir asimilando los problemas a los que nos enfrentábamos, de ver las soluciones que se estaban aportando, de estudiar y evaluar el futuro hacia el que se dirigía la Unidad, sus medios y sus posibilidades.
Pero permítanme que trate en primer lugar de las personas. Como ya he dicho sería difícil, muy difícil, encontrar un equipo humano con la motivación, la profesionalidad, la ilusión y la coherencia en el trabajo como el que yo me encontré a mi llegada a la Unidad. Eran personas entusiastas, magníficos profesionales, que sabían perfectamente para lo que estaban allí, que hacían su trabajo de manera coordinada, con planes bien diseñados, con el futuro bien planificado siendo conscientes de los retos a los que nos enfrentábamos y de nuestras propias posibilidades. No es éste lugar para dar nombres, pero no puedo obviar aquí el referirme al inmenso trabajo, a la imaginación, a la profesionalidad y a la categoría de mi primer Jefe de Estado Mayor, el entonces Coronel Fernando López del Pozo, mi mano derecha (e izquierda a veces) en cualquier circunstancia y ocasión, incluidas las situaciones más difíciles, que nunca le sorprendieron por estar habituado a ellas en sus comprometidos destinos anteriores.
Pero no quiero referirme tan sólo a las personas que tuve más cerca, a los miembros de mi Cuartel General que, lógicamente y por motivos de proximidad, fueron los colaboradores más cercanos, sino a todos los miembros de la Unidad, a los que formaban parte de todos los Batallones repartidos a lo largo y ancho de España. Podría extenderme horas recordando a los hombres y mujeres con los que tuve la oportunidad de trabajar, de convivir, de compartir ilusiones, de vivir momentos, en ocasiones difíciles, pero, sobre todo, dotados todos ellos de una capacidad de trabajo, de una ilusión y de una dedicación difíciles de superar.
Valga este humilde artículo para hacerles llegar, a todos ellos, mi admiración más profunda, mi respeto, mi reconocimiento y todo mi cariño.
Pero los problemas a los que se enfrentaba la UME en esta primera etapa eran muchos. Para sistematizarlos, los dividiré en diversos apartados:
• Adaptación de la UME al marco legal
• Aceptación de la Unidad:
• en el mundo civil de las emergencias
• en el ámbito militar
• en los Medios de Comunicación Social
• Relaciones con las Comunidades Autónomas
• Desarrollo armónico de todos los aspectos de la Unidad
• Creación y perfeccionamiento de las infraestructuras
• Lucha contra los riesgos tecnológicos y medioambientales
2.- ADAPTACIÓN DE LA UME AL MARCO LEGAL
La legislación que debía regular el funcionamiento de la Unidad Militar de Emergencias se produjo mediante un parto “a forcioris”, que se llevó a cabo sin cumplir todos los hitos exigidos a una norma legal. La UME fue creada el 7 de octubre de 2005, por un Acuerdo del Consejo de Ministros, y su “Protocolo de Intervención”, regulación básica para el funcionamiento de la Unidad, fue aprobado por Real Decreto 399/2007, de 23 de marzo de 2007.
Este “Protocolo” fue recurrido, el 29 de noviembre de ese año, en vía contencioso-administrativa, por el Gobierno Vasco ante el Tribunal Supremo, alegando para ello razones de fondo y razones de forma. El Tribunal Supremo, el 4 de noviembre de 2008, sin entrar en el fondo de la cuestión, declaró “no conforme a derecho” y anuló el Real Decreto por no haberse recabado los preceptivos informes de la Comisión Nacional de Protección Civil y del Consejo de Estado.
De esta manera, la UME actuó sin “Protocolo de Intervención” desde el 4 de noviembre de 2008 hasta el 22 de julio de 2011, momento en que se aprobó el Real Decreto 1097/2011 con el nuevo “Protocolo de Intervención”. La carencia de este instrumento legal, durante estos casi tres años, no fue nunca obstáculo para que la Unidad siguiera funcionando en base al resto de normas que formaban el “cuerpo legal” en el que se basaba su actividad (Ley Orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional, Directivas de Defensa Nacional
1/2004 y 1/2008, Orden de Defensa 1766/2007 de 13 de junio de 2007 sobre “encuadramiento, organización y funcionamiento de la UME”, Directiva del JEMAD 05/08 sobre “actuación de las Fuerzas Armadas en emergencias”, etc …)
El nuevo “Protocolo de Intervención” (RD. 1097/2011) incluía tres aspectos importantes que no contemplaba el anteriormente anulado:
el Jefe de la UME ejercería la dirección y la coordinación operativa de la emergencia, si ésta era declarada de “interés nacional”, bajo la dependencia del Ministro del Interior
se autorizaba la firma de acuerdos de colaboración entre el Ministerio de Defensa y las Comunidades Autónomas, para que la UME accediera a sus redes de alerta y emergencia
se autorizaba a la UME a actuar en emergencias fuera del Territorio Nacional
3.- ACEPTACIÓN DE LA UNIDAD
Pero ¿cómo reaccionaron la Administración Central y las diferentes Administraciones autonómicas a la creación de una Unidad militar que, por primera vez, tenía como misión principal aquella atribuida a las Fuerzas Armadas por el artículo 15.3 de la Ley Orgánica 5/2005, de la Defensa Nacional:
“Las Fuerzas Armadas, junto con las instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y el bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente”
Las reacciones fueron muy variadas, pero podemos decir para resumir y con toda la carga de simplificación que ello conlleva, que éstas fueron generalmente de sorpresa y, en algún caso, de clara oposición a la creación de la UME. Las causas alegadas fueron, en primer lugar, por ser una Unidad militar la que pasaba a ocupar un lugar preminente en el complejo entramado de la lucha contra las emergencias y, en segundo lugar, por la sorprendente premura en su creación y puesta en funciona- miento, que sorprendió si no a todos sí a muchos de los estamentos dedicados a las emergencias.
La creación y el desarrollo de la UME tuvo diferencias importantes si se compara con la creación y el desarrollo de una unidad “standard” de las Fuerzas Armadas, que puede nacer, organizarse, instruirse y desarrollarse haciendo abstracción de su entorno. Pero la creación de la UME, y su posterior consolidación, sí ha estado en íntima relación con su entorno. La UME ha sido, y es, una “unidad de relaciones”:
relaciones con órganos de las diferentes Administraciones (Central, Autonómicas y locales) (incluidos, principalmente, el Ministerio de Defensa y los propios Ejércitos)
relaciones con las diversas entidades susceptibles de sufrir situaciones de emergencia (Consejo de Seguridad Nuclear, Red Eléctrica, ENAGAS, CLH, AENA, Autoridades Portuarias, …)
relaciones con las empresas civiles capaces de suministrar equipos, algunos completamente novedosos y concebidos por la propia Unidad, para hacer frente a los riesgos a los que debe enfrentarse
relaciones con los medios de comunicación y relaciones internacionales, especialmente con la Unión Europea (destacar aquí las visitas a la Unidad tanto de la Sra. Georgieva, Comisaria Europea de Cooperación Internacional, Ayuda Humanitaria y Respuesta a las Crisis, como las del “European Union Political and Security Commitee” o el “European Union Special Commitee Athenea” ) y con la Organización de Naciones Unidas, con la certificación de un equipo de la UME como equipo USAR (“Urban Search and Rescue”)
La Unidad Militar de Emergencias es el caso más nítido, en el una Unidad nacida para el servicio directo al ciudadano y necesitada de una intensa relación con el mundo exterior. Es una Unidad que depende de la comunicación (en su más amplio sentido) para crecer, desarrollarse y llevar a cabo sus actividades.
Lógicamente, la UME ha sido y es una Unidad continuamente observada, analizada y enjuiciada por los medios de comunicación.
El nacimiento de la Unidad provocó ciertas reticencias iniciales:
reticencias “externas”, ya que hacía aparición un nuevo “actor” en el complejo escenario de las emergencias.
reticencias “internas”, en el seno de las Fuerzas Armadas
reticencias en los medios de comunicación
En relación con las instituciones civiles, con los organismos que se dedicaban al “mundo de las emergencias”, fue, permítaseme el símil, como si sobre un tablero en el que existiera un “puzzle” con diferentes piezas, reflejo del complejo Sistema Nacional de Protección Civil, hubiera un hueco libre de una determinada forma (el hueco que correspondía a la herramienta que debería aportar el Estado Central) y, de pronto, se intentara rellenar con una pieza de forma cuadrada que, al no ajustarse a la forma exacta del hueco, rozaba y chocaba con las demás.
El procedimiento para lograr ajustar la forma de esa pieza, y hacer que todas ellas encajasen en este “puzzle”, fue la comunicación y las propias actuaciones de la Unidad. Esta comunicación se produjo en dos sentidos:
desde la UME, explicando quiénes éramos, qué pretendíamos, despejando dudas, deshaciendo incógnitas, espantando temores de que no se pretendía “militarizar” a nadie, y que nuestro único objetivo era colaborar estrecha- mente con todos.
desde el resto de los actores implicados, contándonos, y nosotros escuchando con humildad, sus problemas y lo que esperaban de nosotros.
Este trabajo de comunicación, llevado a cabo con paciencia y, fundamentalmente, en conjunción con las actuaciones de la Unidad, siempre disciplinadas y, cada día que transcurría, con un mayor nivel profesional hasta llegar a un “nivel de excelencia”, es el que ha propiciado que la Unidad Militar de Emergencias haya sido progresivamente, no sólo aceptada, sino reclamada por parte de todos los intervinientes en el mundo de las emergencias.
Pero no sólo fue la desconfianza del mundo civil la que estuvo presente en las primeras fases de la puesta en marcha de la Unidad, sino que también existieron serias reticencias en el seno de las Fuerzas Armadas: motivos de encuadramiento y organización, de captación de Cuadros de Mando y personal de tropa, … hicieron que se tuvieran que desplegar enormes dosis de prudencia y de capacidad de absorción de críticas, actuando siempre la UME de forma estrictamente profesional lo que, a la larga, dio como resultado el que se considerara a la UME como una Unidad plenamente militar, solidaria con todos y dedicada por entero al apoyo de la población.
También se tuvo que hacer frente a determinadas críticas y reticencias procedentes de los medios de comunicación, que reflejaban lo anteriormente dicho y, a ello, unían las posturas de sus diferentes líneas editoriales.
Hoy solo podemos ver todo lo expresado con anterioridad como un referente histórico, ya que la UME es aceptada plenamente como un elemento imprescindible en la lucha contra las emergencias y catástrofes, con un claro espíritu de cooperación y estrecha coordinación con todos los servicios de emergencias pertenecientes a las diferentes Administraciones.
La UME siempre ha buscado conseguir la máxima sinergia de todos los medios, en su propósito de alcanzar la mayor eficacia en la respuesta ante crisis y emergencias. Creo sinceramente que, en estos primeros años, se buscó y se consiguió la complementariedad, y se añadieron capacidades al Sistema Nacional de Protección Civil, sin sustituir ni excluir las ya existentes, tratando de agregar las características propias de las Fuerzas Armadas, basadas en los principios de unidad, disciplina y jerarquía, además de sus capacidades operativas y logísticas que aseguran, de manera decisiva, niveles importantes de coordinación y de mando y control.
4.- RELACIONES CON LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS
De todos los aspectos señalados en el apartado anterior, quizás el más conflictivo y delicado sea el de las relaciones con las Comunidades Autónomas, que tenían transferidas las competencias sobre emergencias, hasta el nivel 2, desde la promulgación de la Ley 2/1985 sobre Protección Civil.
A este apartado podrían dedicarse varios artículos, ya que no se puede resumir en unas líneas las diferentes actitudes y las diversas relaciones que la UME mantuvo con las Comunidades o Ciudades Autónomas a lo largo de sus primeros años de existencia.
Hubo, en un principio, una reacción generalizada si no de rechazo sí de apertura de un paréntesis, de un período de prueba, para ver en qué quedaba aquel “invento” del Gobierno central, que creaba en todos nuestros interlocutores una sensación de desconfianza y, en el mejor de los casos, de escepticismo.
Recuerdo perfectamente la primera reunión de la Comisión Nacional de Protección Civil a la que asistí, el 16 de diciembre de 2008. En esta Comisión se encuentran representados todos los departamentos dedicados a las emergencias de las diferentes Comunidades Autónomas, así como aquellos organismos de la Administración Central con competencias sobre las mismas. A mi entrada en la reunión se produjo un silencio generalizado: había entrado el militar que consideraban iba a “apropiarse” de las competencias sobre emergencias de los allí presentes. Afortunadamente, la reacción de alguno de ellos y la actitud de la Directora General de Protección Civil y Emergencias, Pilar Gallegos, relajó el ambiente y la reunión se celebró en un ambiente de normalidad, pero con las reservas propias ante un nuevo miembro cuyas intenciones no eran muy bien conocidas y cuya misión no estaba todavía claramente definida.
Las relaciones iniciales fueron, por nuestra parte, extraordinariamente cuidadosas y de enorme respeto a la labor, magnífica labor por otra parte, que realizaban los servicios de emergencias de las diferentes Comunidades Autónomas, y todo ello haciendo uso de una de las características de la Unidad, que ha quedado como “marca permanente de la casa”: la humildad.
La UME había sido creada, y así estábamos todos dispuestos a que se consolidara y permaneciera, con la finalidad no de sustituir a nadie sino de colaborar con todos. Estábamos firmemente decididos a convertir a la UME en el elemento fundamental de unión, en el “punto de soldadura”, entre las dos partes, militar y civil, de una única sociedad en la que debíamos ser la herramienta de equilibrio entre las capacidades diferentes de las Comunidades Autónomas, para conseguir que todos los españoles, fuera cual fuera su región de origen, tuvieran la garantía de recibir la misma ayuda en caso de “grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas”.
La evolución en las relaciones fue, en algunos casos, muy rápida pasando a ser algunas Comunidades unos leales aliados en la lucha contra las emergencias. Otras Comunidades, más reticentes, tardaron algo más de tiempo en convencerse de que la UME había sido creada, no para cubrir unas necesidades propias de la Unidad sino, precisamente, para cubrir “sus” necesidades, las necesidades de la Nación y de todos sus habitantes. Al cabo de unos meses, en algunos casos, o de unos pocos años, en otros, las relaciones se normalizaron y todos fuimos conscientes de que en tema tan importante y delicado como es el de las emergencias, había que dejar al margen los celos mal entendidos y las luchas por competencias que se pueden compartir, hasta llegar al estado actual en que todos sabemos, y así lo practicamos, que nuestra única obligación es estar al servicio del ciudadano para proporcionarle el servicio más integrado, más rápido y más eficaz posible.
Nada mejor para detectar cuál es el grado actual de colaboración y de sintonía entre todos los implicados en las emergencias que regresar a una reunión de la Comisión Nacional de Protección Civil y ver como el silencio y las reticencias iniciales se han reconvertido en un ambiente de confianza, de absoluta y coordinada colaboración, debido a la actuación conjunta en todas las emergencias que han surgido y a la realización periódica de ejercicios, cada vez con mayor grado de integración, entre todos los implicados en este exigente y atractivo mundo.
5.- DESARROLLO ARMÓNICO DE TODOS LOS ASPECTOS DE LA UNIDAD
Si hay algo complicado en la creación de una Unidad como la UME, dotada de medios muy específicos y, en muchos casos, inexistentes previamente en las Fuerzas Armadas, es el desarrollo armónico de todos aquellos elementos que forman la Unidad: personal, material, doctrina, infraestructura, telecomunicaciones, …
Dotarse de los equipos que la UME necesitaba y que en gran parte había que diseñarlos “ex novo”, no era sólo un problema de planificación o de existencia de medios económicos, que también, sino de un buen entendimiento y una correcta coordinación con las empresas suministradoras de equipos, en muchos casos no solo novedosos sino también extraordinariamente complejos.
Es este aspecto el que más horas de sueño me quitó y el que más preocupaciones me proporcionó a lo largo de mis primeros años al mando de la UME.
La UME tenía dos prioridades internas esenciales, éstas eran la formación del personal, es decir, como convertir a un buen soldado en un magnífico “soldado de emergencias” y las comunicaciones y el enlace con el resto de actores implicados en las emergencias.
La formación del personal “en emergencias” se llevó a cabo mediante un estudiado programa que se iniciaba con el “Curso Básico de Emergencias”, curso de cinco semanas que se desarrollaba habitualmente en la Base de San Clemente de Sasebas (Girona), en el que participaban los aspirantes a ingresar en la UME, de soldado a Capitán, y se convertía en requisito “sine qua non” para formar parte de la Unidad. Posteriormente se llevaban a cabo diversos cursos de perfeccionamiento en Centros de Formación pertenecientes a las Fuerzas Armadas, a instituciones autonómicas, a organismos civiles, y, muy especialmente, en la Escuela Nacional de Protección Civil, organismo dependiente de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, centro de formación ejemplar cuyas relaciones con la UME han sido siempre excepcionales.
Por lo que respecta a las comunicaciones y el enlace, es de justicia reconocer que las telecomunicaciones en las Comunidades Autónomas eran, por lo general, modernas y lograban el enlace entre todos los implicados, siempre que la emergencia se produjera en el ámbito de la propia Comunidad. Pero si se producía una emergencia que afectaba a más de una Comunidad Autónoma había auténticas dificultades para establecer dicho enlace, al no haber unificación ni interoperabilidad entre los diferentes medios de telecomunicación que utilizaban. ¡Y la UME se había creado como un concentrador (HUB) para que la comunicación entre todos estos servicios se produjera de manera inmediata a través de sus Sistemas de Telecomunicación e Información (CIS), sirviendo como pasarela de todos con todos!
La intervención en emergencias exige la coordinación con una amplia gama de órganos decisorios y de elementos de intervención dependientes de diferentes Administraciones. Por ello, la capacidad de mando y control de que debía disponer la Unidad debía estar diseñada para, además de materializar los enlaces internos, permitir la interoperabilidad en la zona de la emergencia con el resto de elementos operativos que intervienen en ella. En concreto, con las estructuras de mando de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, Administración General del Estado, organismos de las Comunidades Autónomas, de Corporaciones Locales, Entidades públicas, privadas o mixtas que tengan a su cargo infraestructuras críticas, etc…
El diseño y la materialización de los Sistemas de Telecomunicaciones, y de los Sistemas de Información que corren por ellos (en su conjunto, lo que denominamos los Sistemas de Telecomunicación e Información (CIS) de la UME), fue uno de los principales retos a los que se enfrentó la Unidad. Fue un trabajo importante y de enorme complejidad técnica que, en conjunción con empresas españolas, se llevó a cabo para finalmente permitir el enlace instantáneo de los medios de la Unidad con cualquier otro sistema de telecomunicación, fuera cual fuera éste, perteneciente a cualquier organismo implicado o participante en la emergencia.
En este apartado debo hacer una referencia obligada al Oficial al que se le debe reconocer el mérito del diseño y puesta en funcionamiento del moderno Sistema CIS de la UME, y es al entonces Tenien te Coronel José Luis Goberna Caride, excelente militar, con enorme preparación técnica y de una capacidad de trabajo excepcional.
Hubo problemas en el desarrollo coordinado de todos estos elementos, problemas lógicos si se tiene en cuenta la ambición del proyecto, produciéndose retrasos en los Sistemas de Información, pero que fueron superados sin renunciar, en ningún momento, a las características con las que habían sido concebidos y logrando, con ello, que la UME dispusiera finalmente de unos Sistemas de Telecomunicación e Información realmente admirables, capaces de enlazar con cualquier otro sistema, fuera cual fuera su forma de funcionar, y en las circunstancias más adversas.
Es de destacar aquí la importancia de las telecomunicaciones por satélite, absolutamente básicas en caso de emergencia en que las infraestructuras terrestres pueden quedar colapsadas físicamente o por un empleo masivo por parte de la población. La UME se basa, para ello, en las capacidades de los satélites militares (gubernamentales) SPAINSAT y XTAR (siete estaciones fijas y ochenta y dos estaciones móviles), complementadas con terminales civiles tipo INMARSAT, THURAYA e IRIDIUM (ciento ocho estaciones móviles y veintiuna estaciones fijas) lo que proporciona un enlace de garantía, independientemente de los daños que haya causado la emergencia en la infraestructura de telecomunicaciones terrestre.
6.- CREACIÓN y PERFECCIONAMIENTO DE LAS INFRAESTRUCTURAS
Una de las ventajas importantes para la UME, en su creación, fue disponer de infraestructuras preexistentes, pertenecientes a las Fuerzas Armadas, o bien la puesta a su disposición de terreno militar en el que se podían construir las nuevas infraestructuras necesarias.
De esta manera, la Unidad fue desplegada en su inicio en diferentes Bases Aéreas (Torrejón, Morón de la Frontera, Zaragoza, Gando) y en diversas Bases y Acuartelamientos del Ejército de Tierra (Bétera, San Andrés de Rabanedo, Los Rodeos), ubicaciones que reunían no sólo la ventaja de ser militares y poder usar las instalaciones no utilizadas por las Unidades que vivían en ellas, y válidas para nuestros objetivos, sino que además ofrecían la posibilidad de construir nuevas instalaciones en sus terrenos.
Se aprobó y emprendió un Plan de Infraestructura muy ambicioso que, debido a las restricciones posteriores en las dotaciones económicas, debió constreñirse a la construcción de instalaciones básicas, aunque suficientes.
Los primeros años de la UME supusieron la vida en locales a veces no lo suficientemente adecuados, pero que fueron aceptados con buen espíritu por todo el personal. Poco a poco fueron construyéndose y dignificándose locales y edificios hasta lograr que hoy todas las Unidades estén convenientemente alojadas y dispongan de una infraestructura que les permite la vida y el cumplimiento de sus misiones con la debida dignidad.
No quiero ni debo desaprovechar estas líneas y esta ocasión para agradecer pública y profundamente tanto al Ejército del Aire como al Ejército de Tierra la magnífica disposición que siempre adoptaron para darnos cobijo y apoyo, suponiendo a veces dificultades y problemas para las propias Unidades que estaban alojadas en las Bases y Acuartelamientos, y que siempre constituyeron un ejemplo de generosidad y colaboración.
7.- RIESGOS TECNOLÓGICOS Y MEDIOAMBIENTALES
Si tuve un sentimiento de frustración en mi marcha de la UME (el 27 de septiembre de 2012) fue por no ver completada la Capacidad Operativa de la Unidad en la lucha contra los riesgos tecnológicos y medioambientales.
Ahora, cuando el día 4 de diciembre de 2014, la UME alcanzaba la Capacidad Operativa Plena de intervención en este tipo de riesgos, con la certificación de su Grupo de Intervención en Riesgos Tecnológicos y Medioambientales (GIETMA), sí puede decirse que la Unidad Militar de Emergencias está en disposición de cumplir por completo la misión que le fue asignada en su creación, por la que tanto esfuerzo y tanta ilusión han derrochado muchas personas.
Cada año, la UME celebra un ejercicio en el que plantea una emergencia de nivel 3, o de “interés nacional”, con amplia representación de instituciones y organismos tanto nacionales como internacionales. Durante los días 9 a 12 de marzo del presente año se ha celebrado el Ejercicio GAMMA “DAIMIEL 2015”, con la finalidad de desplegar y ejecutar, en tiempo real, una operación en el marco de una emergencia de riesgos tecnológicos y medioambientales, en la zona de Daimiel (Ciudad Real).
8.- ACTIVIDADES REALIZADAS
La consolidación progresiva de la UME ha logrado ir desembarazando a los Ejércitos, casi en su totalidad, de los apoyos a las Autoridades Civiles en emergencias, lo que les ha permitido dedicarse con mayor profundidad al resto de sus misiones. En resumen, la UME se ha configurado como un elemento que aporta eficiencia orgánica a la totalidad de las FAS.
Las actuaciones más importantes que se llevaron a cabo en el período en que ostenté el mando de la Unidad fueron, esencialmente, las campañas de lucha contra los incendios forestales y la actuación de la UME con motivo de los terremotos en Haití y Lorca.
En lo que se refiere a campañas de lucha contra incendios forestales, son de destacar las de los veranos de 2009 y 2012. En 2009 España fue asolada por un gran número de incendios forestales, superando la media anual de los ocurridos en el último decenio. La UME intervino en 30 incendios forestales de nivel 2, a lo largo y ancho de todo el territorio nacional (21 de ellos concentrados en tan sólo 19 días) llegando a actuar simultáneamente hasta en diez zonas geográficas distintas. La actuación de la UME se puede considerar, en este verano de 2009, como la “reválida” de la Unidad, pasando del aprendizaje de “cómo hacer las cosas” a “hacerlas en la realidad” y además, y creo no exagerar, hacerlas con auténtica dignidad y profesionalidad.
En la campaña de 2012 se produjeron incendios de gran extensión en Valencia, Castellón, Murcia, Albacete, Zaragoza, Tenerife y Gerona. La exigencia fue tal que obligó a la Unidad a emplear simultáneamente, el día de mayor concentración y gravedad de los incendios (2 de julio), un total de 1.416 militares, 360 vehículos, 5 helicópteros y 14 hidroaviones. En ese momento la UME estaba empleando 22 secciones (un 79% del potencial de la Unidad en la Península), distribuidas en cuatro grandes incendios en cuatro Comunidades Autónomas.
En Haití, la UME participó, por primera vez, en una operación fuera del Territorio Nacional como consecuencia del terremoto que asoló, en el año 2010, la isla. En esta operación se desplazaron a Puerto Príncipe 37 efectivos de la Unidad junto con dos vehículos. Se les asignó la misión de localizar víctimas desaparecidas en las ruinas del Hotel Christopher, antigua sede de la delegación de Naciones Unidas en la capital. Se recuperaron un total de 30 víctimas.
Es de destacar, asimismo, la intervención que se llevó a cabo tras el terremoto que se produjo en la ciudad murciana de Lorca el día 11 de mayo de 2011. Esta operación se prolongó desde el mismo 11 de mayo hasta el 29 de octubre de ese año, y en ella la UME, además de desplegar diversas capacidades propias de búsqueda y rescate, desescombro y apuntalamiento, alojamiento de damnificados y rehabilitación de servicios básicos esenciales, cumplió con su misión de ser la Unidad de “primera intervención” de las FAS en situaciones de catástrofe y calamidad pública y, sobre todo, la canalizadora de todos los medios y recursos aportados por el resto de las FAS, cuya colaboración fue muy importante para incrementar las capacidades de alojamiento y de asistencia sanitaria.
9.- EQUIPO USAR (BÚSQUEDA y RESCATE URBANO)
A raíz de la experiencia obtenida en la intervención en Haití y para obviar las dificultades que se encontraron en la actuación en aquel país, se tomó la decisión de certificar, inicialmente, un equipo de la UME como equipo USAR (Urban Search and Rescue) de Búsqueda y Rescate Urbano ante los órganos
competentes de la Organización de Naciones Unidas.
Con la inestimable colaboración de la Comunidad de Madrid, en noviembre/diciembre de 2011 dos equipos, uno perteneciente a esta Comunidad (ERICAM) y otro a la UME, fueron certificados simultáneamente ante un exigente equipo examinador de Naciones Unidas. Estos dos equipos han sido los primeros de habla hispana certificados ante la ONU, destacando la importancia de este hecho ya que, hasta el momento de la certificación (2011), sólo habían obtenido ésta 19 equipos en todo el mundo.
10.- RELACIONES INTERNACIONALES
El Real Decreto 872/2014, que establece la organización básica de las Fuerzas Armadas, dice en su artículo 19: “… La Unidad Militar de Emergencias es una fuerza conjunta … que tiene como misión la intervención en cualquier lugar del territorio nacional y en operaciones en el exterior ….”
Esta vertiente de actuación en “el exterior” ya aparecía en el anteriormente citado Real Decreto 1097/2011, “Protocolo de Intervención”, en el que se facultaba al Ministro de Defensa a “… dictar las disposiciones que sean necesarias para reglamentar las condiciones operativas que resulten de aplicación a la participación de la UME en operaciones en el exterior ….”
Pero no sólo la actuación de la UME en “operaciones en el exterior” sino también su proyección internacional han sido aspectos fundamentales desde su creación, así como también su colaboración con aquellas iniciativas que la comunidad internacional ha lanzado (iniciativas regionales, supranacionales, …) para lograr hacer frente a las serias emergencias que nos amenazan a todos, y en las que las iniciativas nacionales pueden no ser suficientes.
Estas iniciativas, con el objetivo común de lograr una coordinación efectiva entre medios civiles y mi- litares han convertido la opción “militar” de un “concepto posible” a una “opción real”.
España ha sido una nación pionera en este campo. La experiencia de la UME ha suscitado un enorme interés como solución al problema planteado y, de hecho, se ha con- vertido en un modelo para aplicar el concepto de la participación de las Fuerzas Armadas en la gestión de las emergencias. Más de treinta (30) países, destacando especialmente los iberoamericanos (13) y europeos (7) han mostrado su interés por conocer la misión, organización y actuación de la UME.
Pero además de estas colaboraciones bilaterales con países concretos, muy especialmente con nuestros países vecinos (Francia, Marruecos y Portugal), se han producido contactos y se han mantenido relaciones con organizaciones supranacionales como la Unión Europea, la Organización de Naciones Unidas, la OTAN y la Iniciativa 5+5.
Independientemente de los aspectos profesionales, a los que he hecho alusión a lo largo del presente trabajo, me gustaría terminar haciendo también alusión a lo que para mí ha representado mi destino en la UME. Ha sido éste mi último destino militar, con el que he cerrado una hoja de servicios de más de 45 años, y no podría haber soñado con un destino mejor para despedirme de una vida en la que “lo militar” ha sido todo para mí.
En los más de cuatro años como Jefe de la UME he tenido la oportunidad de ser un observador, desde primera línea, de la evolución de esta Unidad.
He sido consciente de cómo se ha ido adiestrando, preparando y perfeccionando en el cumplimiento de sus misiones específicas de emergencias, sin dejar de ser nunca una Unidad militar.
He sido testigo de cómo las relaciones con los diferentes departamentos de la Administración General del Estado y con otras Administraciones y Servicios de Emergencias han ido mejorando, superando determinadas reticencias surgidas en un principio.
He podido observar cómo, poco a poco, con la humildad que nos caracteriza y de la que habla nuestro himno, la UME se ha ido convirtiendo en una herramienta nacional, en un importante instrumento del Estado dentro del Sistema Nacional de Protección Civil.
Creo que la UME se ha convertido en una Unidad suficientemente conocida por los españoles que, de manera prácticamente unánime, la reconocen como una fuerza seria, eficaz y altamente valorada por su profesionalidad y por su entrega.
Creo, también, que la actuación de la UME ha contribuido a la alta valoración que las Fuerzas Armadas tienen en la opinión pública española, según indican las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas.
En este destino, en fin, he podido vivir las mejores experiencias de la milicia: una misión clara, un estilo especial de enfrentarse a los retos planteados por la misma bajo el lema de la Unidad: “para Servir”, unos medios adecuados para llevarla a cabo, un personal, y esto lo repetiré cuantas veces sea necesario, realmente excepcional, y todo ello unido a unas relaciones muy enriquecedoras con el Ministerio de Defensa, los Ejércitos, la Armada y con todos los organismos pertenecientes a la Administración Central y a las Administraciones Autonómicas y Locales así como con aquellas organizaciones dedicadas a la lucha contra las emergencias o susceptibles de sufrir las mismas. Es decir, un amplísimo mapa de relaciones que, por un lado, me han enriquecido y, por otro, me han hecho ser más humilde y más comprensivo.
No quiero terminar este artículo sin dedicar un emocionado recuerdo para los tres militares de esta Unidad que entregaron su vida en acto de servicio:
el Brigada D. Pedro José Romero Martín-Mora, del Regimiento de Apoyo a Emergencias,
el Soldado D. Héctor Luelmo Mayo, del 5º Batallón y
el Cabo 1º D. Alberto Guisado Majano, del 1º Batallón
Ellos, que supieron llevar al límite su compromiso con España, nos han marcado y nos seguirán marcando el camino a seguir, y ellos y sus familias siempre tendrán nuestro recuerdo, nuestro respeto y nuestro cariño.
Y quiero terminar con la afirmación que figuraba en el Artículo 48 de las antiguas Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, que decía: “todo militar se sentirá orgulloso de la Unidad en que sirve ...”
Puedo asegurar que me he sentido, me siento y siempre me sentiré orgulloso de haber servido en la Unidad Militar de Emergencias.
El General Roldán estuvo al mando de la UME desde julio de 2008 hasta septiembre de 2012

References: Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 15
 Real Decreto 
 artículo 19
 Real Decreto 
 Artículo 48