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Timestamp: 2017-04-28 10:03:21+00:00

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ESTAMENTO DE CABALLEROS Y DAMAS DE CASAS TITULADAS VACANTES
1º) Los títulos nobiliarios.
La titulación nobiliaria, si tiene algún sentido, es el de servir a los demás siquiera sea a través de un recuerdo o de un ejemplo permanente que estimula las voluntades. Algo más que la pura y simple ostentación de una distinción que diferencia. Un motivo más que obliga a ser ejemplo para mantener la posesión de algún modo privilegiada, especialmente cuando el privilegio se fragua en sacrificio, conductas o actitudes dignas de ser emuladas porque sólo entonces es verdadera distinción merecida y por serlo justificable en su mantenimiento.
Los títulos nobiliarios son distinciones honoríficas, perpetuas, creadas por el Jefe del Estado a favor de una persona física, transmisible de acuerdo con las normas a tal fin establecidas por la propia carta de creación, por la voluntad del poseedor o, en su defecto, por las disposiciones tradicionalmente aplicadas en esta materia.
A) Distinción honorífica: Posiblemente no sea suficientemente expresiva esta locución y ello sin duda por la variedad de matices que la integran. Porque el título nobiliario es evidentemente algo más que una pura condecoración. La merced nobiliaria, en términos generales, no es una simple dádiva. La merced nobiliaria hay que ganarla con esfuerzo, con voluntad, con sacrificio, es decir, obligando al investido a una conducta beneficiosa para una causa común y, en todo caso, para la sociedad de que formaba parte. B) Perpetuos. Es ésta una nota característica de los títulos nobiliarios. Al lado de aquella idea de premiar o distinguir determinadas actitudes humanas y, consustancial con ella, aparece la de que esa distinción o merced nobiliaria sirva como recuerdo permanente de los hechos que la motivaron. Es por eso que con la investidura del título, que sucesivamente pasa de generación en generación y que en su día premió una conducta humana, se obtiene aquella finalidad de perpetuidad. El Consejo de Estado con todo acierto ha relacionado el principio de perpetuidad con el orden sucesorio. En su dictamen número 34.736, el Alto Cuerpo Consultivo dice que «la perpetuidad es un requisito indispensable que ha de darse en los títulos nobiliarios para que proceda la rehabilitación». Y en el número 25.339 señala que «justificada la creación sin condicionamientos y sin tener el carácter previo de las cancelables ha de darse por supuesto su carácter perpetuo y su transmisión por orden regular.
Queda claro que principio fundamental y esencia indiscutible de los títulos nobiliarios es su perpetuidad y, por ende, su imprescriptibilidad. Dudar de ello, legislar en contradicción con este principio es destruir la esencia de las mercedes nobiliarias, que en nuestros tiempos no tienen ya más fin que perpetuar servicios eminentes de una persona a su patria y a su Rey; pero para perpetuarlos, para que su recuerdo no se oscurezca, para que las eminentes virtudes, los relevantes méritos que dieron lugar a la concesión del título sirvan de estímulo y de ejemplo que imitar, es necesario que la administración no los suprima por el mero hecho de no haber pagado unos derechos fiscales; ésta podrá no permitir su uso si no reúnen determinados requisitos, pero no puede cancelarlos ni suprimirlos.
En la legislación actual se prevé el caso de la persona que se hace indigna por su conducta de ostentar un título nobiliario; pero se reconoce que, aun en el caso de un crimen de traición contra la Patria, el título, como tal merced nobiliaria, no ha sufrido menoscabo, y aunque se degrada al individuo que cometió tales indignidades desposeyéndole de él, éste no revierte a la Corona ni queda caducado para ulterior rehabilitación, sino que pasa al inmediato sucesor.
Así, pues, si en el caso anterior la merced nobiliaria, patrimonio no de un individuo, sino de una familia, no fue castigada por delitos cometidos por el que lo ostentaba, mucho menos deberá serlo por la dejación de derechos que suponen no haber cumplido unos trámites legales para su sucesión: además, como ya hemos mencionado, normalmente, en las cédulas de creación de un título se dice: "... para vos, vuestros hijos y sucesores legítimos, cada uno en su tiempo ... ", y por ello, si uno de éstos no hace uso del título "en su tiempo", no puede perjudicar a los que le sucedan y que están específicamente llamados en potencia a ostentar la dignidad nobiliaria "en su tiempo", por voluntad del Rey que la estableció.
C) Creados por el Jefe del Estado: Es la suprema jerarquía del Estado y a ella le corresponde el ejercicio del derecho de gracia, que ha sido consagrada a lo largo de nuestra historia bajo las fórmulas de «por la gracia de Dios» y «por la Constitución». La referencia del artículo 2º del Real Decreto de 27 de mayo de 1912 al acuerdo del Consejo de Ministros queda subordinado a la función exclusiva que en este sentido la Constitución actual le concede a S.M. el Rey en su artículo 62.
D) Personas físicas: El título nobiliario es, por antonomasia, una merced personal. Se concede a una persona que lo podrá transmitir a sus sucesores, pero nunca, ni en ningún caso, es susceptible de transmisión a una persona jurídica. E) Transmisible: El título nobiliario es fundamentalmente transmisible y en ello concuerda con el carácter de perpetuo a que hacíamos alusión en líneas anteriores. Respecto a la forma en que esta transmisión se produce, puede ser: de acuerdo con lo que establece la Carta de creación, por cesión, distribución, autorización para designar sucesor o variación de la cabeza de línea, o por las normas que tradicionalmente se han venido aplicando en esta materia.
F) Posesión incorporal: Una visión de conjunto de lo que es en la actualidad un título nobiliario en su aspecto estrictamente jurídico nos ofrece las siguientes características componentes de su naturaleza jurídica: a) se trata de un derecho incorporal, b) el título nobiliario confiere fundamentalmente el derecho a ostentar la merced de manera exclusiva y excluyente.
G) Irrevocable: Nota ésta consustancial con las características más fundamentales de la titulación nobiliaria entre las que destaca la perpetuidad. La dignidad se concede «perpetuamente» La fórmula usualmente empleada en las cartas de «perpetuamente, para siempre, jamás» es harto expresiva al respecto. Si en su origen el título fue esencialmente revocable debido a su carácter eminentemente territorial y jurisdiccional, al quedar desligado de la tierra y la jurisdicción se convirtió en irrevocable por parte de quien lo concedía, esto es, el Monarca. Quizá parezca un tanto paradójico que una merced que, otorgada graciosamente por el Rey para ser transmitida posteriormente por el concesionario o poseedor, incluso cambiando la línea sucesoria y más aún la estirpe, sin embargo, no puede ser revocada por quien la creó. Ello es así no sólo por seguir la institución en este aspecto las normas que rigen la Corona, sino también porque constituyendo su fundamento al perpetuar un hecho digno de recuerdo, la supresión que tal revocación produciría iría en detrimento de aquel objetivo. No se crea, sin embargo, que esta irrevocabilidad es tan absoluta como puede parecer a primera vista. El poseedor del título nobiliario puede ser suspendido y aún privado del uso de la merced, y ello cuando existen circunstancias personales que le hacen indigno de ostentar tal dignidad. La distinción que se concedió para perpetuar algún hecho o actuación memorable no debe caer, a través de las transmisiones posteriores, en manos de persona indigna de ostentarla. Ello iría en contra del principio a que antes nos referíamos de perpetuar el hecho memorable. Y en tales condiciones esa persona indigna puede ser suspendida e incluso privada de la dignidad. Pero esta privación temporal o vitalicia no supone una «desposesión» (a lo que equivaldría la revocación), sino que la merced queda vinculada a la familia del indigno, reanudándose el tracto con su fallecimiento y adquisición por el sucesor a quien le corresponda.
H) Afecta a la personalidad y a la familia: El título nobiliario se concede a una persona y se vincula perpetuamente a sus sucesores, esto es, a su línea, a su estirpe, en definitiva, a su familia.
I) Graciable: Los títulos nobiliarios se conceden a la vez que se fundamentan por méritos, servicios o para perpetuar hechos memorables que, en el fondo, viene a ser lo mismo. Se debe a la munificencia real. Ello equivale y supone que este carácter graciable que crea la merced limita su alcance, pudiéndolo hacer perpetuo o vitalicio; establece y regula el orden sucesorio de su transmisión «inter vivos» o «mortis causa»; priva o suspende su uso, puede autorizar un cambio de línea... Como se ve, cada título se ofrece como un producto pleno de la voluntad real que lo creó.
J) No enajenable: Quede como inconmovible la afirmación de que los títulos nobiliarios son inalienables.
K) Vinculados: Nota característica que supone adscripción a una estirpe, a un linaje del que no puede apartarse, al menos teóricamente, pero al que en todo caso debe volver. Para el Tribunal Supremo «los títulos y grandezas tienen carácter vincular».
Que los títulos son vinculados, no puede quedar duda después del Decreto de Carlos IV de 29 de abril de 1804 y que fue la ley 25 del título 1° del libro VI de la Novísima Recopilación y que dice: "He tenido a bien mandar, que se tengan por vinculadas todas las gracias y mercedes que se concedan en lo sucesivo, siempre que no manifieste yo expresamente en tales gracias o mercedes o posteriores Reales Órdenes ser otra mi Voluntad; pero quiero que no por esto se entiendan libres las ya concedidas..." La Ley de 27 de septiembre de 1820 por la que se suprimieron los mayorazgos, dispone en su artículo 13: "Los títulos, prerrogativas de honor y cualesquiera preeminencias de esta clase que los poseedores actuales de vinculaciones disfrutan como anejas a ellas, subsistirán en un mismo pie y seguirán en el orden de sucesión prescrito en las concesiones, escrituras de fundación u otros documentos de su procedencia." Tanto una como otra disposición están hoy vigentes.
L) De privilegio sucesorio: Dado el carácter perpetuo y la vinculación a la familia del concesionario, el título nobiliario se nos muestra como auténtico privilegio dentro de la estirpe y siguiendo la línea de primogenitura. Naturalmente que, como siempre, habrá que estar a lo que en estos supuestos señale la carta de concesión, ley suprema en la mecánica sucesoria, Pero, naturalmente, la transmisión se opera por la mejor línea, mejor grado y mayor edad.
M) De preferencia genealógica: Hay que señalar la diferencia existente entre derecho o preferencia genealógica y derecho o preferencia sucesoria. En una sucesión normal, el derecho sucesorio del hijo del último titular es, administrativamente hablando, indudable. Sin embargo, puede haber otra persona con mejor derecho genealógico. Ello se deriva de la circunstancia de que el poseedor de un título nobiliario se considera como mero precarista y en dependencia siempre de la posesión civilísima.
N) Imprescriptible: Los títulos son imprescriptibles a todos sus efectos, puesto que es de aplicación a ellos, por el hecho de ser vinculados, la Ley 45 de Toro, que trata de la posesión civilísima. Dicha ley determina: "Mandamos que las cosas que son de mayorazgo agora sean villas, o fortalezas o de otra cualquier calidad que sean, muerto el tenedor del mayorazgo, luego sin otro acto de aprehensión de posesión, se traspase la posesión civil e natural en el siguiente en grado, que según la disposición del mayorazgo debiere suceder en él, aunque haya tomado otro posesión de ellas en vida del tenedor del mayorazgo, o el muerto, o el dicho tenedor la haya dado posesión de ellas". Esta Leyes recogida en la ley 1ª, título XXIX, libro XI de la Novísima Recopilación, que dice: "La posesión civil y natural de los bienes de mayorazgo, muerto su tenedor, se transfiere al siguiente en grado que deba suceder".
Ñ) Caducidad: La caducidad a que alude el último párrafo del artículo 6 del Real Decreto de 27 de mayo de 1912, hoy vigente, en virtud de la Ley de 4 de mayo de 1948, está en contradicción con lo que anteriormente hemos manifestado, ya que caducar es perder su fuerza una ley, y por meros trámites administrativos o fiscales no puede perder su fuerza una merced que se crea a perpetuidad para premiar unos servicios que tampoco los pierden a través de los siglos. Ni se puede hablar de revertir a la Corona los títulos que no fueran solicitados en determinados plazos. Los servicios relevantes prestados por los individuos es la herencia moral, de incalculable valor, que ilustra y enaltece a su familia, y que por su carácter espiritual ni se menoscaba ni se disminuye con el tiempo.
Si los títulos son perpetuos, y sobre ello no hay autor que lo contradiga, y si son de mayorazgo como dispone la ley 25 del título 1º del libro VI de la Novísima Recopilación, reafirmada por el artículo 13 de la Ley de 27 de septiembre de 1820, es de aplicación la Ley 45 de Toro, que nos dice: "Mandamos que las cosas que son de mayorazgo... muerto el tenedor del mayorazgo, luego sin otro acto de aprehensión de posesión se traspase la posesión civil y natural en el siguiente en grado que según la disposición del mayorazgo debiere suceder en él...".
En efecto, al morir el poseedor de un título nobiliario, éste, sin más requisito, pasa automáticamente al inmediato sucesor, al pariente más propincuo, de que nos habla la ley II del título XV de la Segunda Partida. Es decir, que el título no está nunca vacante por falta de legítimo poseedor.
2º) Límites de los llamamientos a la sucesión de los títulos nobiliarios.
Los mayorazgos no tenían límite alguno en los llamamientos y los podían suceder cualquier persona descendiente de las llamadas a suceder, sin tener en cuenta el grado de parentesco con el último poseedor. Así por ejemplo, la Sala de las Mil y Quinientas del Consejo de Castilla, en el pleito sobre la sucesión del marquesado de Guadalcázar, falla que lo debe ostentar y disfrutar el mayorazgo la persona que era primo en 17° grado, computado civilmente, del último poseedor. Lo mismo ocurrió en la sucesión del ducado de Medina de Rioseco a la muerte de don Pascual Enríquez, IX Duque de Medina de Rioseco, por sentencia del Consejo de Castilla del año de 1759 lo adjudicó a don Francisco Pimentel de Quiñones, XIV Conde y XI Duque de Benavente, que era pariente del anterior en grado 20 computado civilmente.
Para la sucesión de los Títulos, por ser éstos de mayorazgo y deber regirse para su sucesión por las cláusulas fundacionales, como queda dicho, no existen más límites de parentesco con el último poseedor que lo dispuesto en su fundación.
3º) Legislación actual sobre rehabilitación de títulos nobiliarios vacantes.
Una de las formas que existen en la actualidad para poder usar legalmente los títulos nobiliarios es la rehabilitación, palabra que define la Real Academia: "volver a habilitar o restituir a su estado anterior una persona o cosa"; en el sentido jurídico, es la acción y efecto de reponer a una persona en la posesión de lo que se le había desposeído.
Mencionaremos a continuación los siguientes artículos de la actual legislación:
-Artículo 11º del Real Decreto de 14 de noviembre de 1855. "Si se concediera una Grandeza o Título nuevos con la denominación de los cancelados o extinguidos, podrá ser anulada y revocada la concesión, cambiándose la denominación de otorgado por otra diferente y nunca usada".
-Artículo 15º del Real Decreto 27 mayo 1912. “No se otorgarán distinciones nobiliarias nuevas con denominación igual a otras caducadas o existentes, y caso de que algunas de las que en la actualidad estén en uso pudieran prestarse a confusiones podrán modificarse en aquellos en que así sucediere a instancia de cualquiera de los poseedores, pero limitándose la variación al que formule la solicitud en tal sentido.”
-Artículo 15º del Real Decreto de 8 de julio de 1922. “La Grandeza de España o Título del Reino solicitados revertirán a la Corona en los siguientes casos:
C) Cuando, interpuesto recurso contencioso-administrativo contra la Real orden denegatoria de rehabilitación, el Tribunal correspondiente absuelva a la Administración de la demanda.”
-Artículo 32º de la Real Orden de 21 de octubre de 1922. “También se hará mediante Real orden la declaración de haber quedado sin efecto la rehabilitación por consecuencia de no haberse satisfecho el impuesto de Títulos y Grandezas, o los derechos de imposición del Sello Real o los derechos correspondientes conforme a la Ley del Timbre del Estado, según se previene en los párrafos A) y B) del artículo 14 del Real decreto de 8 de Julio de 1922.
La reversión a la Corona de Grandezas de España y Títulos del Reino, según prescribe el artículo 15 del expresado Real decreto, se producirá, desde luego, sin necesidad de especial decisión administrativa.”
-Artículo 1º del Real Decreto 222/1988, de 11 de marzo. “Los artículos 6º, párrafo primero, y 17 del Real Decreto de 27 de mayo de 1912, sobre reglas para la concesión y rehabilitación de Títulos y Grandezas, quedan redactados de la siguiente forma:
«Artículo 6º párrafo primero:
Ocurrida la vacante de una de estas mercedes, el que se considere como inmediato sucesor podrá solicitarla del Ministerio de Justicia en el término de un año; si nadie lo hiciese en tal concepto se concede otro plazo, también de un año, para que lo verifique el que le siga en orden de preferencia y, si tampoco en ese tiempo hubiere ninguna solicitud, se abrirá un nuevo término de tres años durante el cual puede reclamar cualquiera que se considere con derecho a la sucesión.»”
-Artículo 2 del Real Decreto 222/1988, de 11 de marzo. “Los artículos 3º, 4º, 5º, 6º, 8º y 10 del Real Decreto de 8 de julio de 1922, sobre Rehabilitación de Grandezas y Títulos, quedan redactados de la siguiente forma:
«Artículo 3º
«Artículo 5º
Sólo procederá la rehabilitación cuando el solicitante tenga un parentesco con el último poseedor legal que no exceda del sexto grado civil y cuando concurran en aquél méritos que excedan del cumplimiento normal de obligaciones propias del cargo, profesión o situación social que no hayan sido objeto de recompensa anterior a la petición que en ellos se apoye.»”
Es decir, que a raíz de estas leyes, coronadas por la del año 1988, los títulos que hayan permanecido vacantes durante cuarenta o más años nunca podrán rehabilitarse, permaneciendo en “posesión” de la Corona por los siglos de los siglos, ignorándose así la naturaleza, principio y razón de ser de los títulos nobiliarios; La perpetuidad, la transmisibilidad, la posesión incorporal, la irrevocabilidad, la vincularidad y la imprescriptibilidad.
4º) El Estamento de Caballeros y Damas de Casas Tituladas Vacantes.
Forma parte de la condición humana, el afán de superación en todas aquellas disciplinas a las que dedicamos nuestras energías. Aquellas personas que consiguen medrar, son dignas de admiración y engrandecimiento, puesto que al ensalzar sus virtudes, nos hacemos partícipes de sus logros, consiguiendo con ello recompensar tanto los anhelos del interesado, como los del resto de conciudadanos. Conocer a aquellos que engrandecen nuestra memoria, nos hace sentirnos orgullosos de formar parte de un todo, a la par que nos indica el verdadero camino a seguir.
Dado que la actual legislación deja en el olvido los méritos ganados por nuestros antepasados, y dando por hecho que en el futuro esto va a seguir siendo así, este Estamento pretende hacer frente a ello no permitiendo que queden en el baúl de los recuerdos aquellos hechos memorables de los que todos debemos estar orgullosos.
Es propósito de este Estamento de Caballeros y Damas de Casas Tituladas Vacantes, aglutinar a todas aquellas personas, que desciendan de aquellas que en su día fueron agraciadas con un título nobiliario y que en la actualidad esté vacante por haber transcurrido cuarenta años o más sin haber estado ocupado. De esta forma mantendremos vivo el recuerdo de gloriosas hazañas y las perpetuaremos en el tiempo para ejemplo de nuestros descendientes.
No es intención de este Estamento ser una corporación, asociación, congregación, etc., al uso tradicional que todos conocemos, sino un elenco de personas, cuyo punto de encuentro es la condición de ser descendiente de persona agraciada con un título nobiliario español, hoy vacante y sin posibilidad de rehabilitación.
En su momento, una vez llegado al punto de suficiencia, se editará este Estamento en formato de libro, donde constarán los datos de la persona así como los motivos de su inscripción y genealogía, para su posterior adquisición a precio razonable. El precio de adquisición se indicará en el momento oportuno.
5º) Condiciones para inscribirse en el Estamento.
Para poder inscribirse en este Estamento es condición necesaria descender bien por vía paterna (agnada) o bien por vía materna (cognada), en cualquier grado y línea, de determinada persona agraciada con un título nobiliario español actualmente vacante y sin posibilidad de rehabilitación. Se incluyen los títulos carlistas, austracistas, así como los concedidos por cualquier monarca español en cualquier territorio que hubiese pertenecido a lo largo de la historia a la Corona española (puede consultar una relación, no exhaustiva de títulos vacantes en nuestra sección de Títulos Nobiliarios). Así, puede inscribirse aquella persona que cumpla alguna de las siguientes condiciones:
-Descender del primer poseedor legal del título nobiliario.
-Descender de cualquiera de los posteriores poseedores legales del título nobiliario.
-Descender del último poseedor legal del título nobiliario.
La designación de los inscritos será la siguiente:
Por ejemplo, suponiendo la existencia del vacante Condado de Belijar, los hombres y mujeres se inscribirán, respectivamente, como:
-Caballero de la Casa Condal de Belijar -Dama de la Casa Condal de Belijar
Si fuera un marquesado, etc., la inscripción sería:
-Caballero de la Casa Marquesal de Belijar -Dama de la Casa Marquesal de Belijar
Aquellas personas que se inscriban se comprometen con los principios y códigos morales de la Caballería, es decir, rectitud, benevolencia, cortesía, veracidad y sinceridad, honor y lealtad.
Nuestra comisión de expertos (formada por Licenciados en Derecho, Diplomados Superiores en Heráldica, Genealogía y Nobiliaria (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), Expertos Universitarios en Relaciones Institucionales y Protocolo, teniendo como órgano consultivo el Consejo Asesor de Heráldica y Genealogía de España), hace un peritaje de las pruebas genealógicas y nobiliarias aportadas por el interesado y, una vez se compruebe su veracidad y suficiencia se emite un documento (en forma de diploma o carta patente), firmado y sellado por el Director General de este Estamento.
6º) Quienes pueden inscribirse en este Estamento.
Pueden inscribirse todos los ciudadanos españoles o extranjeros, que puedan probar su descendencia de determinada persona agraciada con un título nobiliario español, actualmente vacante y sin posibilidad de rehabilitación.
Para solicitar la inscripción en el Estamento, el interesado:
1º Debe hacernos llegar un escrito de solicitud de inscripción en el que consten todos sus datos personales (nombre, apellidos, dirección, teléfono, etc.).
2º Debe aportar toda aquella documentación necesaria y suficiente para probar que se desciende de una determinada persona agraciada con un título nobiliario español actualmente vacante y sin posibilidad de rehabilitación. Dicha documentación debe enviarse autenticada. Puede ser fotocopia compulsada de su original por el responsable del archivo donde esté custodiada o ante notario. Si alguna parte de la documentación es muy antigua, siendo necesario para su correcta comprensión tener conocimientos de paleografía, es necesario aportar junto con dicha documentación una transcripción de dicho documento.
3º También deberá remitir un árbol genealógico, acompañado de las correspondientes partidas de nacimiento o bautismo, firmado por el interesado. La documentación debe ir numerada y asociada al árbol genealógico para facilitar el seguimiento de la genealogía.

References: artículo 2
 Real Decreto 
 artículo 62
 artículo 13
 artículo 6
 Real Decreto 
 artículo 13
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 14
 Real decreto 
 artículo 15
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto