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Timestamp: 2017-09-24 21:07:53+00:00

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El Liberal Autodidacta: noviembre 2009
"Yo no creería en el Evangelio si no me impeliera a ello la autoridad de la Iglesia" (San Agustín. Contra epistolam Manichaei I 5,6)
En una anterior entrada expliqué cual es la relación entre Economía y Magisterio de la Iglesia. Llegué a la conclusión que dicho Magisterio debía servir de guía para decidir entre las distintas opciones que nos ofrecen las leyes económicas. Además, comenté que el fin último del Magisterio es la consecución de salvación, lo que para un católico significa la obtención de la felicidad, la cual comienza a experimentarse en este mundo y llega a su culmen en la Eternidad. Es por ello de suma importancia comprender el carácter del Magisterio ya que nos estamos jugando nuestra felicidad. De esta forma, podremos estudiar de forma segura y sin riesgo a un extravío, la no contradicción del Liberalismo Austriaco con el Magisterio de la Iglesia, y en concreto con su Doctrina Social. A fíjese que indico la no contradicción, porque no es mi intención, adhiriéndome así a lo afirmado por Gabriel Zanotti (1), convertir el liberalismo indicado en una especie de “teología de la liberación del otro lado”, en una herramienta de salvación, pues este papel, como ya he dicho, queda reservado al Magisterio. Así, al demostrar ésta no contradicción, podríamos considerar al Liberalismo Austriaco como un medio para conseguir el Bien Común, ayudando por lo tanto al desarrollo integral del ser humano, pero sin confundirlo con el Reino de Dios (2).
La primera dificultad que encontramos para entender el carácter del Magisterio es que éste no es científico sino testimoniante. Pío XII lo expresaba del siguiente modo: “El Magisterio de la Iglesia no es científico, sino testimoniante. Es decir, no se funda en las razones intrínsecas que se dan, sino en la autoridad del testimonio. Por lo cual, cuando se trata de prescripciones y sentencias dadas por los legítimos pastores en cosas de ley natural, no deben los fieles apelar al dicho que suele pronunciarse acerca del sentir de los individuos: tanto vale la autoridad cuanto valen las razones. De aquí que, aun cuando a alguien, en una ordenación de la Iglesia, no parezcan convencerles las razones alegadas, sin embargo, permanece la obligación de la obediencia” (Acta Apostolicae Sedis 46 [1954] 671-672).
Lo anterior es un duro ejercicio para el hombre actual. Acostumbrados a rechazar cualquier imposición externa, se pretende aplicar lo mismo a lo afirmado por la Iglesia. Y aunque se acepte la autoridad del Jesucristo, no se acaba de comprender cómo ésta se identifica con la autoridad de la Iglesia. Ya Rousseau exclamaba: “¡Cuántos hombres entre Dios y yo!”
Sin embargo, hemos de situar el Magisterio en sus justos términos. No debemos convertirlo en una especie de Dios que habla, pues esto haría desaparecer sus elementos humanos (con sus tanteos, dudas, fracasos y errores). Pero tampoco debe entenderse como un simple ejercicio intelectual que pierda de vista su carácter testificante y su finalidad y nos lleve a estériles elucubraciones. Más adelante profundizaremos en estos aspectos cuando veamos el concepto de la infalibilidad del Magisterio en una próxima entrada.
Los rasgos esenciales del Magisterio
La constitución Lumen Gentium, en su artículo 24, resumen los rasgos esenciales del Magisterio:
“Los Obispos, en su calidad de sucesores de los Apóstoles, reciben del Señor a quien se ha dado toda potestad en el cielo y en la tierra, la misión de enseñar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda criatura, a fin de que todos los hombres logren la salvación por medio de la fe, el bautismo y el cumplimiento de los mandamientos (cf. Mt. 28,18; Mc. 16,15-16; Act. 26,17ss.). Para el desempeño de esta misión, Cristo Señor prometió a sus Apóstoles el Espíritu Santo, a quien envió de hecho el día de Pentecostés desde el cielo para que, confortados con su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, pueblos y reyes (cf. Act. 1,8; 2,1ss.; 9,15)”. Veamos con un poco más de detalle estos rasgos.
La misión de los Apóstoles es clara y les fue dada por el mismo Jesucristo: “Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo.” (Mt 28, 18-20)
De esta forma, los Apóstoles se convierten en los verdaderos representantes del mensaje de Dios. Lo que afirman no lo hacen por su cuenta, sino siguiendo las instrucciones del mismo Jesucristo. Además, ya en vida de los Apóstoles estos buscan colaboradores que unas veces se llaman presbiterios y otras, obispos. Estos colaboradores se instauran mediante el rito de imposición de manos que les confiere un carisma permanente. Ya en el siglo II es general el reconocimiento que los Apóstoles han nombrado a los Obispos como sus sucesores. De esta forma, los Obispos son partícipes del mismo carácter de los Apóstoles como guardianes de la verdad evangélica, procediendo de ellos en una cadena ininterrumpida en el tiempo.
La naturaleza testificante
La Iglesia es una simple conservadora del depósito de la revelación cristiana. Ni los Apóstoles, ni los Obispos, ni la Iglesia, son dueños de este depósito. Lo han recibido para trasmitirlo fielmente hasta el final de los tiempos y para devolverlo intacto entonces. De esta forma, el Vaticano I, en su constitución Pastor Aeternus nos decía: “Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe”.
Y esto es parte fundamental del catolicismo. Si se acepta, se es católico, si no se hace, no se puede serlo. Cuando la Iglesia define un dogma de fe, realmente ella no impone nada. Se limita a explicitar una verdad contenida en la revelación cristiana. No estaría de más que algunos políticos actuales que se definen como católicos lo comprendieran. La fe se recibe libremente, pero se recibe en su totalidad, sin acudir a subterfugios para adaptarla a nuestros gustos.
Esta característica se basa en parte en elementos anteriores. A simple nivel humano no podemos dejar de señalar la credibilidad que tiene la Iglesia en la trasmisión del mensaje cristiano. Cualquier institución humana puede cambiar completamente a través de los tiempos, pero la Iglesia siempre ha sido consciente de que su existencia depende de su fidelidad al mensaje primitivo, sin adulteraciones ni añadidos que hagan peligrar su contenido original.
Pero, ¿cómo puede la Iglesia estar tan segura de respetar esta fidelidad? Tal como hemos indicado, la Iglesia es consciente de su misión y sabe que ésta fue encargada por el mismo Jesucristo. Además, se reconoce como una simple trasmisora de una revelación original. Sin embargo, cuando Cristo encarga esta misión no deja sola a la Iglesia. Sabe que humanamente esta tarea es imposible y que pedir algo sin dar las herramientas necesarias para conseguirlo sería faltar a la lógica. Por ello, Jesús afirma: “Yo estaré con vosotros hasta la consumación de los siglos” (Mt 28, 20). Esta fórmula se emplea en el Antiguo Testamento unas cien veces, cuando Dios impone una misión difícil, para indicar una ayuda divina eficaz mediante la cual podrá ser llevada a cabo dicha misión a pesar de todas las dificultades. De igual forma, Jesús promete a los Apóstoles el Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes” (Jn 14, 16-17).
Así, para San Juan es impensable que la Iglesia, regida por los Apóstoles y sus sucesores “hasta la consumación de los siglos” pueda apartarse de la doctrina de Cristo. No podría pensarse fracaso mayor de la presencia eficaz de Cristo y de su Espíritu de Verdad, prometido tan solemnemente por Jesús. Y esta garantía sobrenatural de la fidelidad sustancial del Magisterio es tan grande que puede por ello hablarse con razón de infalibilidad.
El fin del Magisterio
Este aspecto del Magisterio ya ha sido comentado. La Salvación o la obtención de la felicidad, al ser universal, tiene la consecuencia de hacer a todos los hombres hijos de Dios, lo que los hace hermanos entre si e iguales.
Además, el Vaticano II fija la institución del Magisterio con estas palabras: “a fin de que los hombres logren la salvación por medio de la fe”. Sin embargo, la fe es entrega a la Palabra de Dios con todas sus consecuencias existenciales y vivenciales. No es pues, producto de una especulación propia (eso sería filosofía), sino la aceptación de unos conceptos que comprometen nuestra vida y que vienen trasmitidos en la Iglesia a través de la enseñanza de los Apóstoles y de sus sucesores, los Obispos.
Por este motivo, los católicos tenemos el deber de aceptar la doctrina de nuestros Obispos en cuestiones de fe y costumbres, propuesta en nombre de Cristo, y adherirnos a ella con religiosa sumisión de voluntad y entendimiento (Lumen Gentium 25). Es claro que un Obispo “tomado individualmente no goza de la prerrogativa de la infalibilidad” (ibid.), y mucho menos cuando se trata de disposiciones disciplinares, pero aun en el caso de tener opiniones divergentes, ningún católico responsable puede eximirse de la colaboración leal y sincera con la autoridad competente, ni de la obediencia y humildad cristiana, ni de la caridad para con los hermanos, a los cuales no es lícito meter temerariamente en inextricables conflictos de conciencia.
(1) Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia, pág. xi. Editorial Cooperativas 2005. Argentina
(2) “Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31)” (Catecismo de la Iglesia Católica, 2820)
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Etiquetas: Doctrina Social de la Iglesia, Magisterio de la Iglesia
Ser católico y liberal es motivo de una doble condena en España. Por ser católico se me exige pedir perdón por hechos tales como las Cruzadas, la Inquisición, el caso Galileo... En definitiva, se acusa a la Iglesia, y a mí como parte de ella, de gran parte de los males actuales del país. De igual manera, por ser liberal se me exige pedir perdón por la Revolución Industrial, por la explotación de los pueblos subdesarrollados y en la actualidad por la crisis económica que vivimos.
Así, la Izquierda escudriña cada acontecimiento histórico intentando encontrar pruebas de la maldad de la Iglesia y el liberalismo económico. Sin embargo, ve la paja en el ojo ajeno, pero es incapaz de ver la viga en el propio (Lc 6, 41-42). Sin ánimo de ser exhaustivos, como suele decir nuestro admirado César Vidal, veamos algunos ejemplos de la ceguera de la Izquierda.
Neruda y su “Oda a Stalin” (fragmentos)
“Stalin alza, limpia, construye, fortifica
Educación para la Ciudadanía en los 80
En COU tuve que leer el “Manifiesto Comunista” (hubiera sido interesante que nos hubieran recomendado también “Camino de Servidumbre”, sólo para ver otro punto de vista). Además, en mi libro de texto, “Historia de la filosofía” de José Barrio de la Editorial Vicens-Vices (1982), su autor escribía (pág. 242):
“En la actualidad es costumbre hablar muy mal de Stalin, incluso por los comunistas más comunistas. Pero lo cierto es que tomó a la URSS con el arado romano y la dejó con la bomba de hidrógeno, después de pasar por un terrible boicot internacional, el drama de la colectivización, la segunda guerra mundial y la guerra fría (cierto es que todo ello costó mucha sangre, pero otros, con mucha sangre, no han conseguido nada).”
Preparando la Revolución Socialista
Y por último, unos fragmentos de las actas de las reuniones del Comité Nacional de la UGT (los textos proceden del libro “1934: el movimiento revolucionario de octubre. Akal, Madrid, 1984, publicado por el dirigente socialista Amaro del Rosal):
Reunión del 23 de diciembre de 1933
Amaro Rosal (propuesta de resolución presentada):
“Ante la situación política actual, el Pleno acuerda la inmediata y urgente organización, de acuerdo con el Partido Socialista, de un movimiento de carácter nacional revolucionario para conquistar el poder político para la clase obrera, aceptando la colaboración de todas aquellas fuerzas que quieran contribuir al movimiento y sean una garantía para nuestros intereses y propósitos. El momento para determinar el movimiento será estimado, de ser posible, por lo plenos de Unión General y del Partido Socialista, de no serlo, por sus respectivas Ejecutivas o Comisión Nacional que pudieran haberse constituido por ambos organismos.”
Reunión del 27 de enero de 1934
Besteiro:
Vamos a someter a votación la aceptación del punto de vista del programa de acción del Partido. Los que digan que SÍ votan la posición del Partido [es decir, la opción revolucionaria].
Se realiza la votación con los resultados siguientes: […]
Han votado que SÍ: 33 representantes de Federaciones.
Han votado que NO: 2 representantes de Federaciones y la Comisión Ejecutiva.
Es evidente que la Izquierda tiene mucho por lo que pedir perdón. Sin embargo, suelen excusarse alegando que todos sus actos fueron hechos con la mejor intención o por desconocimiento de la realidad. Es curioso, en España ser de izquierda representa todo lo noble, pero ser católico o liberal es motivo de vergüenza y escarnio. Quizás ya va siendo hora de que esto cambie. Quizás ya va siendo hora de que la Izquierda pida perdón. Yo estoy dispuesto a perdonarla.
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El pasado 21 de noviembre fue convocado un paro en el sector agrario por tres de las principales organizaciones nacionales (COAG, ASAJA y UPA). En esencia, protestaban porque sus negocios no son rentables. El precio de venta de sus productos no es suficiente para cubrir sus costes de producción en la mayoría de los casos.
Por los datos obtenidos de la COAG y el INE, podemos señalar que durante el periodo 2004-2008 se ha producido lo siguiente (teniendo en cuenta la inflación, se pueden ver los datos completos aquí):
- Una bajada de la producción agrícola desde los 41.623,60 millones de euros a los 36.489,51 millones (-12,33%).
- Una subida de los costes de producción desde los 15.091,70 millones de euros a los 15.375,35 millones (1,88%).
- Una bajada del Valor Añadido Bruto (que coincide prácticamente con el PIB) desde los 26.531,90 millones de euros a los 19.056,64 millones (-28,27%).
- Una bajada de la renta agraria desde los 25.422,80 millones de euros a los 20.351,40 millones (-15,95%).
- Una subida de las subvenciones recibidas desde los 2.567,90 millones de euros a los 5.237,67 millones (103,97%).
- Un descenso del número de ocupados sector, que ha pasado de dar trabajo a casi 938 mil personas a darlo a 771 mil (unos 172 mil trabajadores menos, un -18,22%).
Asimismo, los agricultores y ganaderos señalan el incremento de precios que sufren sus productos desde el momento que les son comprados hasta su venta al consumidor. Este incremento llega en algunos casos al 667%, siendo su media del 367%.
Soluciones antiguas para nuevos problemas
Estos son lo datos macroeconómicos del sector. El campo español en su conjunto languidece. Las medidas propuestas por la COAG para solucionar los problemas pueden resumirse en las siguientes:
- Mantenimiento de subvenciones.
- Autarquía agraria.
- Control de mercados y precios y fijación de márgenes comerciales y costos de producción (exigencia de aplicación del artículo 13.2 de la Ley 7/1996 de Comercio que prevé que “el Gobierno del Estado, previa audiencia de los sectores afectados, podrá fijar los precios o los márgenes de comercialización (…) cuando se trate de productos de primera necesidad”).
- Control de las importaciones.
- Control del plazo de pago de sus productos por parte de los distribuidores.
- Definición detallada de todos los agentes de la cadena alimentaria.
- Fijación de modelos de contratos entre productores y restos de agentes.
- Modificación del Observatorio de Precios.
- Prohibición de productos modificados genéticamente.
- Bajadas de impuestos al sector agrario.
La adopción de las anteriores medidas significaría una rígida planificación del sector agrario, una planificación que tienes similitudes con las llevadas a cabo por la antigua Unión Soviética. Así, proponen obligar a la sociedad a organizarse de tal forma que posibilite la rentabilidad de sus negocios. Es decir, lo que ellos no han conseguido por sus medios ha de imponerlo el Estado. Otras medidas, como el control de las importaciones o el mantenimiento de subvenciones, tendrían consecuencias para el resto de la sociedad (en esta entrada explico las consecuencias de estas medidas aplicadas en el sector del plátano).
No quisiera que se me tildara de insensible frente a los dramas personales de muchos campesinos que ven con profundo pesar como no son capaces del mantenerse a si mismos y a sus familias. Esta situación es en verdad sangrante. Pero no creo que las anteriores medidas sean la solución. Al igual que sus negocios, existen muchos otros en distintos sectores que no consiguen ser rentables y se ven abocados al cierre. Siguiendo el criterio propuesto por la COAG, la solución pasaría por controlar toda la economía para que ningún negocio cerrara por falta de rentabilidad. Si los campesinos piden esto para si mismos, no veo el motivo de negárselo a cualquier pequeño comerciante o industrial. Este camino de planificación socialista de la economía ya ha sido andado en otras ocasiones y ha demostrado su inviabilidad.
¿Existe soluciones alternativas a las anteriores propuestas? Veamos a continuación dos interesantes casos.
Cincuenta años no son nada. El caso COVAP
La Sociedad Cooperativa Andaluza del Valle de los Pedroches (COVAP) es una cooperativa situada en la localidad de Pozoblanco, provincia de Córdoba. Fue fundada en 1959 y contaba según los últimos datos del 2007 con 14.917 socios. Esta cooperativa ha conseguido durante el 2007 unas ventas de 266,95 millones de euros (un incremento del 16,43%). Asimismo, su beneficio en el 2007 ascendió a 5,14 millones de euros (un incremento del 0,59%). Su número de empleados se incrementó un 13,95% llegando a 564. De igual manera, ha mejorado en el 2007 los márgenes brutos sobre ventas y la rentabilidad antes de impuestos.
El camino seguido por COVAP ha supuesto invertir en instalaciones, mejorar sus sistemas de gestión empresarial, abrir tiendas propias que distribuyen sus productos y expandirse en mercados fuera de España. Con todo ello ha conseguido dar un valor añadido a todos sus socios, obteniendo unos resultados que contrastan con los conseguidos por el resto del sector agrario.
Una vistas al Mediterráneo. El caso Intercoop
El Grupo Intercoop es una cooperativa de segundo grado, es decir una cooperativa de cooperativas, teniendo un total de 207 socios. Su ámbito de actuación son las provincias de Valencia, Castellón y Alicante. Su volumen de ventas durante 2008 alcanzó los 70,3 millones de euros (con un incremento del 0,79%). Su beneficio en este mismo año llegó a los 0,26 millones de euros. El número de empleados del grupo se mantuvo prácticamente constante con un total de 202 trabajadores.
Como podemos ver, este caso constituye otro ejemplo de que apostando por la unión de los campesinos, ofreciendo una amplia gama de servicios a los mismos para que puedan competir en los actuales mercados y comercializando directamente los productos, se consiguen unos resultados satisfactorios.
De los datos macroeconómicos que hemos vistos al principio se puede deducir que el sector agrario tal como hoy está estructurado tiene un futuro muy incierto. Sin embargo, también hemos presentado otras formas de afrontar los problemas que consiguen resultados positivos. Es cierto que el campo se muere, pero realmente lo que muere es la antigua manera de explotación de los recursos agrarios y ganaderos. El sector tiene un alto grado de atomización y quizás el pequeño campesino que camina por libre no podrá sobrevivir salvo contadas excepciones. Frente a este campesino se abren dos caminos. Uno es el solicitar que el Estado lo proteja y haga posible su supervivencia, al menos a corto plazo ya que como hemos indicado ésta es una vía sin salida. El otro camino es apostar por la unión y la innovación en la gestión empresaria tal como se ha hecho en los casos comentados. Asimismo, puede que ya sea hora de preguntarnos porqué hemos de ser nosotros, los habitantes de este primer mundo privilegiado, quienes tengamos que producir los productos agrícolas y ganaderos que consumimos. Quizás haya llegado el momento de dar una oportunidad al comercio y permitir entrar en los mercados a los países en vías de desarrollo, que podrán ofrecernos los productos que deseamos, contribuyendo al mismo tiempo a su desarrollo. Hace ya mucho tiempo se formuló la ley de los costos comparativos (video) y realmente se cumple. No niego que la travesía sea dura. La pregunta que debe hacerse ahora el pequeño agricultor o ganadero es si va a ser uno de los que continuará caminando mediante su adaptación a la realidad actual, o será de esos que protestan pero al final no tendrá más remedio que abandonar sus tierras y sus animales.
Publicado por Eetión en 16:08 0 comentarios
Etiquetas: Agricultura, Intervencionismo
Esto es lo que afirmaba Joaquín Sabina en el programa "En noches como estas" (27:20) el pasado 12 de noviembre. Además, Sabina nos contó que prefiere el calificativo de "rojo" al de "progresista" ya que ser "rojo" significa estar "a favor de la justicia, de la libertad y la igualdad de oportunidades".
La última frase suena muy bien, pero la realidad es que hablar no cuesta nada. Recuerdo la vergüenza que sentí con el incidente del Circulo de Bellas Artes en mayo del 2003 durante las elecciones municipales. Allí un Joaquín Sabina más "rojo" que nunca manifestaba con sus actos lo que para él era ser de izquierdas. Como dice el Evangelio “Por sus frutos los conoceréis” (Mt 7, 16). De esta forma, teniendo en cuenta sus actos, podemos entender con más claridad el significado de las palabras justicia, libertad e igualdad de oportunidades para el cantante.
Justicia, o lo que es lo mismo, dar a cada uno lo que le corresponde. Al PSOE poder presentarse a las elecciones, a los Verdes poder retirarse de las mismas.
Libertad, tal como la que quería para Mendiluce cuando le decía que sólo le dejaría el micrófono para anunciar la retirada de su candidatura.
Igualdad de oportunidades, como la que exigía cuando consideraba que un pequeño partido no tenía el mismo derecho a presentarse a las elecciones que un gran partido.
Realmente no son nada comestibles los frutos políticos de Sabina. Una pena, pues he de reconocer que me gustan muchas de sus canciones. Por eso, a veces al escucharlas me siendo algo confuso. Sin embargo, enseguida se me pasa cuando recuerdo que también Nerón tocaba su lira en lo alto de la colina Palatina mientras ardía Roma.
Publicado por Eetión en 22:49 4 comentarios
Según el último estudio de la OCU, Las Palmas de Gran Canaria es la ciudad con la cesta de la compra más cara de España. Le sigue muy de cerca Santa Cruz de Tenerife y si consultamos las estadísticas publicadas por el Instituto Canario de Estadísticas (ISTAC), comprobaremos que dicha cesta es aún más cara en el resto de las islas, llegando la diferencia al 10% en alguna de ellas.
Cualquier medida que produjera la bajada de los precios contribuiría al Bien Común, que es aquel conjunto de condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de su propia persona(1). Además, tal como indica la Doctrina Social de la Iglesia es deber de los gobernantes el contribuir a dicho Bien Común(2).
Teniendo en cuenta lo anterior, el objetivo sería la bajada de los precios. Para poder conseguirlo, hemos de acudir obligatoriamente a los principios de la Teoría Económica. Ya Carl Menger explicaba en el capítulo V de su libro “Principios de economía política”, como la única manera de abaratar los precios era aumenta la oferta por medio de la introducción en el mercado de nuevas empresas que ofrecieran los mismos productos. De esta forma, la política comercial de las empresas monopolistas de restringir la cantidad de mercancías en el mercado para conseguir mayores beneficios, sería imposible llevarse a cabo debido a la oferta adicional de las nuevas empresas. Y auque la empresa monopolista podría hacer subir los precios mediante la decisión de retirar del mercado parte de sus productos, dicha acción sería antieconómica, pues sólo conseguiría obtener menores beneficios a pesar de la subida de los precios.
Lo anterior es fácilmente demostrable y tan cierto y evidente como que dos y dos son cuatro. De esta forma, a través de las leyes de formación de precios formuladas por Menger, hemos obtenido la solución a nuestro problema del abaratamiento de los mismos. Así, el gobernante sólo tendría que seguir el anterior camino marcado por las leyes económicas. Un camino que debería seguir tan a rajatabla como los procedimientos de construcción de un edificio basados en su cálculo de estructuras. Resumiendo, la Administración no ha de poner ninguna traba a la aparición de nuevas empresas en el mercado para conseguir la disminución de los precios.
¿Ha hecho lo anterior la administración autonómica? En la actualidad, el Gobierno de Canarias ha presentado el anteproyecto de una nueva ley de comercio. La necesidad de aprobación de una nueva ley que sustituya a la Ley 10/2003, es debida a la entrada en vigor de la Directiva europea 2006/123/CEE. De esta forma, la nueva legislación comercial debería ser una herramienta que contribuyera a conseguir el fin antes comentado. Veamos si dicho anteproyecto ayudará al establecimiento de nuevas empresas.
El artículo 3 concreta que la finalidad de la ley es “el logro de un modelo comercial basado en la flexibilidad, diversidad y oferta plural.” Éste es un buen comienzo.
El artículo 4 fija once principios rectores. Quizás demasiados principios, pues realmente habría bastado con indicar sólo uno, que sería el permitir todas aquellas condiciones que posibilitaran a cada uno de los habitantes de las islas el conseguir unos intercambios comerciales más libres y de acuerdos con sus necesidades. Así, ya empezamos a ver un exceso de legislación.
En el apartado a) del anterior artículo se nos habla “del principio de libertad de empresa en el marco de la economía de mercado y la planificación económica general del Estado, dentro de una libre y leal competencia, sin perjuicio de las disposiciones contenidas en la misma y las restantes disposiciones específicas que regulan la actividad comercial”. Vamos, que competencia sí, pero la justa, la que crea conveniente la Administración.
Es también especialmente interesante el apartado c) del artículo, donde se señala que uno de los principios es “la preservación y el fortalecimiento de la cultura comercial tradicional canaria y el equilibrio con las demás formas comerciales”. Así, se opta por la protección de una determinada clase de comercio, independientemente de si con ello se consigue un beneficio o perjuicio para el consumidor.
El resto del anteproyecto de ley se entretiene en regular las condiciones de acceso al mercado de las distintas empresas. No olvidemos que tal como hemos indicado, el objetivo es facilitar éste acceso. El anteproyecto regula y define los siguientes aspectos:
-Los grandes establecimientos comerciales, definiendo sus metros cuadrados, superficies de ventas que incluyen escaparates, mostradores, zonas de caja, etc. Luego hace una clasificación de los mismos por grupos de mercancías.
- Los centros comerciales. Define los mismos y fija sus metros cuadrados.
- La licencia comercial, que es el permiso que necesita un comercio para poder abrir al público y vender sus productos. Es especialmente largo y farragoso el artículo 11 donde se fijan los criterios para su obtención, criterios tan imprecisos como “la contribución del proyecto al equilibrio interterritorial y a la cohesión social”.
- Los deberes de los comerciantes, entre ellos el “desarrollar su actividad procurando adecuarse a las necesidades comerciales del área de influencia en que se sitúe el establecimiento comercial”. Vamos, que se fija por ley como el empresario debe hacer su trabajo, a pesar de que el dinero invertido es suyo y también asume el riego de la actividad.
- El procedimiento para la concesión de la licencia comercial. Éste es desarrollado por medio de 5 artículos y 9 páginas, fijándose un “corto plazo” de seis meses para conceder la licencia. Además, puede ser denegada si existe coincidencia de solicitudes para una misma zona, ya que el correspondiente Plan Territorial de Equipamiento Comercial puede fijar el número máximo de licencias comerciales. Es decir, todo un ejemplo de cómo favorecer la implantación de nuevas empresas.
Para no alargar más la entrada, podemos hacer un resumen indicando que el anteproyecto continúa poniendo normas para mantener la licencia, trasmitir la misma y vender los comercios. Fija los números de días y horas de apertura, así como el número de horas en los días festivos. Indica qué zonas de las islas puede abrir más o menos horas o días al año y la forma en que los comercios han de indicar su horario. Regula la autorización de vendedores ambulantes, las características de las máquinas expendedoras y la instalación de las ferias de una forma muy detallada. Por último indica un total de 32 infracciones administrativas y hace su clasificación, fijando multas de hasta 600.000 euros. Al final acaba con una clasificación de las zonas comerciales de las islas y con la creación de un registro de comerciantes y comercios.
¿Contribuirá el anterior proyecto de ley al aumento de la competencia? Yo no lo creo. Incluso me sorprende que algún empresario aún tenga el valor de abrir un nuevo comercio. Si nadie lo remedia, Canarias seguirá siendo la comunidad con la cesta más cara de España.
(1) Pacem in Terris (58) – Juan XXIII
(2) Pacem in Terris (60) – Juan XXIII
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Etiquetas: Canarias, Doctrina Social de la Iglesia, Escuela Austriaca, Intervencionismo, Precios
Siempre es bueno recordar que una recuperación saludable este años y aún más una economía sana en el futuro no puede medirse simplemente basándose en las cifras de empleo, porque no todos los empleos producen riqueza. En realidad hay buenos y malos trabajos. Los trabajos buenos generan riqueza y suman a la capacidad productiva de la economía, mientras que lo malos no.
Durante años, la Unión Soviética informaba con orgullo tasas cero de desempleo. Perdida en esta cifra estaban quienes estaban empleados para hacer el equivalente a cavar hoyos, seguidos por otros pagados para hacer el equivalente a rellenarlos.
Ludwig von Mises analizó este fenómeno en su clásico “El Socialismo”: “La política intervencionista ofrece a miles y miles de personas trabajos seguros, plácidos y no demasiado exigentes a expensas del resto de la sociedad”. Murray Rothbard extendió más tarde esta línea de pensamiento separando a los pagadores netos de impuestos y consumidores netos de impuestos”
Extracto del artículo de Christopher Westley “El desastre de los empleos en Estados Unidos.”
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Etiquetas: Empleo, Escuela Austriaca, Humor, Impuestos
Uno de los reproches más habituales al liberalismo es que se basa en esencia en el egoísmo del individualismo. Esta afirmación ha regresado con una fuerza inusitada en la actualidad al culpar a la economía liberal de ser la causa de la actual crisis económica. Sin embargo este debate no es nuevo. Ya Böhm-Bawerk afirmaba en su libro "Teoría positiva del capital" (pág. 313):
“La teoría del valor que he presentado suele ser inadecuadamente calificada de teoría en esencia «hedonística» o «utilitaria» (…)”
Y como respuesta a dichas críticas, realizaba a continuación varias manifestaciones. Una de ellas era la siguiente (pág. 314, la cursiva está en el original):
“Yo abjuro de cualquier clase de adhesión a los principios hedonistas y en la presentación de mi teoría del valor deseo evitar cualquier manifestación que pueda ser interpretada como expresión de una adhesión de esta clase”
Pero esta afirmación de Böhm-Bawerk no se quedaba en una declaración de intensiones, sino que explicaba la causa de no confundir egoísmo con liberalismo (pág. 318, la cursiva está en el original):
“Para el economista y para la teoría económica del valor de los bienes es absolutamente indiferente el que la gente ame y odie, busque o trate de eludir, y el que con más o menos intensidad traten de conseguir o escapar de algo. Lo que importa no es el placer o el sufrimiento o si hay además otras cosas que merece la pena desear u odiar. Lo único que importa es que la gente ama y odia algo, que buscan con más o menos intensidad conseguir o evitar algo para lo que su economía está dotada de medios y que sus «opiniones doradas», sobre cual de los objetivos son más o menos estimables, transmiten su color a los medios económicos para lograrlos”
No debemos deducir del párrafo anterior que el economista deba comportarse como un ser desalmado, sino que existe una ley que rige la teoría del valor y esto es lo que ha de importarle en su particular estudio. Pensar lo contrario sería como afirmar que un físico es un malvado ya que al expresar la teoría de la gravedad no considera que ésta sea la responsable de las innumerables muertes de seres humanos por caídas desde grandes alturas. Como afirmaba en la anterior entrada, las aplicaciones de una determinada ley económica corresponde a la moral o a la ética, pero la ley es la que es.
Para clarificar un poco más lo anterior, tomemos una de las lecturas que se han leído este domingo durante la misa (Primer libro de los Reyes 17, 10-16):
“En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.» Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.» Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.» Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."» Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.”
La teoría del valor que defiende la Escuela Austriaca se apoya por una parte en una ordenación de las necesidades que hace cada individuo. Utilizando el tipo de gráfico que ya utilizó Carl Menger y también Böhm-Bawerk, podemos representar la ordenación de las necesidades de la viuda en relación con el puñado de harina que tenía (los números indicados no tratan de medir el grado de necesidad, sino sólo representan la ordenación de las mismas, siendo las de más alto número, las más importantes):
Después de la petición de Elías, la ordenación de sus necesidades fue la siguiente:
Este cambio de ordenación tendría una importancia fundamental en el caso de la formación del precio, pero la ley que se aplica es la misma. Es la moral de la viuda la que decide cómo ordenar sus necesidades. Y este cambio, hecho libremente por parte de la viuda, es lo que premia Dios. No existe aquí ninguna organización que obligue a esta mujer a cambiar su escala de necesidades. Y esto es lo mismo que predica hoy en día la Iglesia. La caridad es voluntaria y no puede imponerse por la fuerza. Si esto no fuera cierto, la Iglesia obligaría a sus miembros a dar una parte de sus bienes. Por supuesto, cuando mayor se viva la fe, mayor necesidad tendrá un católico de compartir sus bienes. Pero esto es una decisión libre y personal. El mundo sería mucho más justo si todo el mundo compartiera, pero esto no puede ser impuesto desde el exterior. Tal como decía Santo Tomás (ST, I-II, Q. 96, a.2):
“Ahora bien, la ley humana está hecha para la masa, en la que la mayor parte son hombres imperfectos en la virtud. Y por eso la ley no prohíbe todos aquellos vicios de los que se abstienen los virtuosos, sino sólo los más graves, aquellos de los que pueden abstenerse la mayoría y que, sobre todo, hacen daño a los demás, sin cuya prohibición la sociedad humana no podría subsistir, tales como el homicidio, el robo y cosas semejantes”
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Etiquetas: Doctrina Social de la Iglesia, Escuela Austriaca
"No existe ninguna otra institución estable e inteligente que haya meditado sobre el sentido de la vida durante dos mil años. Su experiencia abarca casi todas las experiencias, y en particular casi todos los errores. El resultado es un plano en el que están claramente señalados los callejones sin salida y los caminos equivocados, esos caminos que el mejor testimonio posible ha demostrado que no valen la pena, el testimonio de aquellos que los han recorrido antes" - Gilbert Keith Chesterton
Recuerdo pensar cuando estaba leyendo "Camino de Servidumbre" que las ideas allí expuestas se ajustaban bastante bien a mis creencias católicas. Aunque no creo que eso fuera nada extraño ya siempre he sido bastante ortodoxo. Para que se hagan una idea, con trece años, estando en octavo de EGB, realicé para una asignatura de clase un trabajo sobre la antigua URSS donde criticaba su sistema político. Vamos, que era todo un “Vicentito Fenelón”. Es una pena que no conserve aquel trabajo. Hubiera sido interesante analizar la prehistoria de mi pensamiento.
A medida que profundizaba en el estudio de la Escuela Austriaca de Economía, ocurrió lo inevitable. Sentí la necesidad de encajar todas aquellas nuevas ideas en el lugar correspondiente del puzzle inacabado de mi pensamiento. Nunca me ha gustado dejar los conocimientos inconexos. Desde entonces, el reto ha sido ir confirmando mi idea inicial, que indicaba que el liberalismo defendido por la Escuela Austriaca es compatible con el Magisterio de la Iglesia, y más en concreto con su Doctrina Social. Hasta ahora no he encontrado ninguna contradicción irresoluble, pero claro, estoy comenzando el viaje.
La inevitable pregunta que surge es qué tiene que ver la Economía con el Magisterio de la Iglesia. Sin embargo, antes de contestarla hemos de definir que se entiende por Economía, concretar su metodología y clarificar como se define el Magisterio de la Iglesia.
En relación a la metodología de la Economía tenemos en primer lugar la postura historicista que fue defendida por la Escuela Histórica Alemana. Ésta partía de la idea de que no existen leyes económicas universales y que lo único que podemos hacer es acumular datos y estadísticas para aplicar políticas económicas en cada caso concreto.
En segundo lugar, nos encontramos con el positivismo, que pretender aplicar el método de las ciencias naturales tales como la Física. Además, como complemento se utiliza la formulación matemática para definir las leyes económicas.
Por último, podemos mencionar al empirismo, que afirma que sólo es posible utilizar métodos inductivos para las construcciones teóricas y que niega la posibilidad del pensamiento a priori.
La Escuela Austriaca de Economía se opone a los tres planteamientos metodológicos anteriores. Afirma que es posible obtener leyes económicas generales aplicando métodos deductivos y sin la utilización de modelos matemáticos. Además, Mises define la Economía como una rama de una ciencia que la engloba, la Praxeología.
La Praxeología estudia la acción humana y afirma la existencia de leyes inmutables dentro de ese ámbito. Para ello, centra su estudio en el individuo ante la evidencia que éste actúa persiguiendo unos fines, decantándose por lo tanto por un individualismo metodológico y por el subjetivismo, entendido éste último como una consecuencia de la toma de decisiones por parte de cada individuo. Además, la Praxeología formula las leyes de una forma apriorística, no pudiendo ser éstas validadas o falsadas por medios empíricos, sino solamente mediante el razonamiento deductivo. Por ultimo, a la Praxeología no le interesan los fines últimos de las acciones humanas, limitándose a definir postulados válidos con independencia de sus fines.
Sin perder de vista que la praxeología engloba a la Economía, ya que esta última estudia la acción humana en el ámbito del mercado, considerado éste como el lugar donde se producen los intercambios, podemos acudir a un párrafo de “Principios de Economía Política” de Menger para definir la Economía (págs. 149-150):
“Cuando, respecto de un determinado período de tiempo, advierten los hombres que se produce esta circunstancia, es decir, que la necesidad de un bien es mayor que la cantidad disponible, comprenden también al mismo tiempo que no puede disminuirse una parte importante de las cualidades útiles de la cantidad disponible, o no puede ser sustraída a la disposición de los hombres, sin que quede insatisfecha una concreta necesidad humana que hasta ahora había sido cubierta, o que quede satisfecha menos perfectamente que si no se diera tal caso.
La más inmediata consecuencia que se deriva de este conocimiento en orden a la actividad humana tendente a la más perfecta satisfacción posible de sus necesidades es que los hombres se esfuerzan por:
1. Mantener aquella cantidad parcial de los bienes de que disponen en la relación cuantitativa anteriormente existente.
2. Conservar las propiedades útiles de dichos bienes.
Otra de las consecuencias derivadas del conocimiento de la mencionada relación entre necesidad y cantidad disponible es que, por un lado, los hombres adquieren conciencia de que, sean cuales fueren las circunstancias, una parte de las necesidades de los bienes de que hablamos queda insatisfecha y, por el otro, que toda utilización inadecuada de cantidades parciales de estos bienes tiene como consecuencia inevitable que también quedará insatisfecha una parte de aquellas necesidades que podrían haber sido cubiertas con una utilización racional de la masa total de bienes disponibles.
Así pues, respecto de la relación cuantitativa de los bienes, los hombres pretenden con su actividad previsora, encaminada a la satisfacción de sus necesidades, los siguientes fines:
A la actividad humana encaminada a la consecución de los mencionados fines la denominamos, considerada en su conjunto, economía. A los bienes que se hallan en la relación cuantitativa antes descrita, y que constituyen su objeto exclusivo, los llamamos bienes económicos, en contraposición a aquellos otros de los que los hombres no tienen ninguna necesidad para su actividad económica (…)”
Nos queda ahora definir el concepto de Magisterio de la Iglesia. Para ello acudamos a la Constitución dogmática Dei Verbum (10):
“La Sagrada Tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida.
Es evidente, por tanto, que la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tiene consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas.”
Es decir, para un católico, el Magisterio, junto con la Tradición y la Sagrada Escritura, constituye la guía necesaria y obligada para la consecución de su fin último, la salvación, que al fin y al cabo es la consecución de la felicidad, que comienza a ser experimentada en el presente y llega a su culmen en la Eternidad.
Estamos ahora en condiciones de poder evidenciar la relación entre Economía y Magisterio de la Iglesia. Tanto una como otra tratan de la acción humana. La primera, de las acciones realizadas para el manejo de los bienes económicos y la segunda de las acciones a tomar para la consecución de la salvación, de la felicidad. Como católico, mi fin último es la búsqueda de la felicidad, de la salvación, pero un católico que viven en este mundo y ha de lidiar con la escasez y la necesidad. A dicho de otro forma, tengo que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 15-21)
Por lo tanto, ya que una determinada acción en el mercado puede tomarse de una forma u otra, el Magisterio de la Iglesia nos servirá para evaluar moralmente las opciones posibles. De esta forma, no se trata de afirmar que los principios económicos se derivan del Magisterio de la Iglesia, ni de elevar dichos principios a elementos rectores del Magisterio. Se trata de afirmar que dichos principios son compatibles con dicho Magisterio y, teniendo en cuenta el planteamiento expresado, también complementarios.
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Etiquetas: Escuela Austriaca, Magisterio de la Iglesia

References: artículo 24
 resolución 
 artículo 13
 artículo 3
 artículo 4
 artículo 11