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Timestamp: 2018-10-20 12:56:49+00:00

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Pedro María López Martínez 1861-1934
Profesor español de filosofía, catedrático de Metafísica en La Habana, Sevilla y Valencia, nacido en Moratalla (Murcia) el primero de agosto de 1861, «hijo legítimo de Pedro López Montoya, Labrador, y Vicenta Martínez Suárez». Pudo estudiar el bachillerato gracias a una beca del Ayuntamiento de Caravaca, y continuar sus estudios en Madrid, en la Universidad Central [Archivo Histórico Nacional, Universidad Central, Derecho, 4339, exp. 20, 1880-1884; y Filosofía y Letras, 6639, exp. 14, 1880-1888]. Se licencia en 1883 en la Facultad de Filosofía y Letras y en 1886 en la de Derecho. El día 7 de abril de 1888 alcanza el grado de doctor en Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, con la tesis «La ciudad de Murcia durante la Edad Media» (que ese mismo año imprime en Murcia, en la Imprenta del Diario, 53 páginas).
Archivero bibliotecario, opositor al profesorado
Inicia su carrera como servidor público al ingresar en el Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, siendo destinado inicialmente a la Biblioteca Provincial de Huesca. Pero, «exiguo el sueldo de entrada, lentísimos los ascensos, nada tiene de extraño que los jóvenes capaces y estudiosos que en él ingresaban lo abandonasen apenas se presentaba la oportuna ocasión», como se queja en 1912 el abogado y archivero-bibliotecario Clemente Calvo, en un escrito en el que menciona a Ángel Ganivet, Navarro Ledesma, Pedro María López, Antonio de la Torre y Federico Onís como ejemplos elocuentes de su aserto.
En efecto, en cuanto tuvo ocasión, el ayudante de tercer grado del cuerpo de archiveros, bibliotecarios y anticuarios intentó dejar de serlo. En 1889 se presentó a la oposición para cubrir una cátedra vacante en la Universidad de Valladolid, pero el tribunal propuso entonces elevar a catedrático de Metafísica al propagandista kardeciano Manuel Sanz Benito, un opositor en quien ya se habían encarnado armónicamente el espiritismo de Allan Kardec y el krausismo de Julián Sanz del Río (El espiritismo es la Filosofía, 1881) y que ese mismo año asistía como delegado español al Congreso espiritista y espiritualista internacional de París. El liberal Práxedes Mateo Sagasta presidía por entonces el Consejo de Ministros de España.
En 1890 no deja pasar la convocatoria de oposiciones para la cátedra de Lengua Griega de la Universidad de Salamanca. Los firmantes de aquellas oposiciones fueron Miguel de Unamuno, Ruperto Ruiz de Velasco, Miguel Rodríguez Juan, Pedro María López y Martínez, Narciso Sentenach, Enrique Soms y Castelín –que posteriormente se retiró el 26 de mayo de 1890–, Feliciano García, Roque Romo González, Maximino A. López Rubio –que falleció el 5 de febrero de 1891– y fray Justo Cuervo. El tribunal, nombrado el 16 de marzo de 1891 para entender también de las oposiciones para la cátedra de Lengua Griega de la Universidad de Granada (a las que se presentó Ángel Ganivet, y que había de ganar José Alemany), presidido por Marcelino Menéndez Pelayo, convocó a los opositores el 15 de mayo de 1891 y tras los sucesivos ejercicios propuso, como es bien sabido, a Miguel de Unamuno.
La oposición a la cátedra de Metafísica de la Universidad de la Habana, 1891-1892
Recién comenzado 1891, el 4 de enero, la Gaceta de Madrid publica la Real Orden de 30 de diciembre de 1890 para que la cátedra vacante de Metafísica de la Universidad de la Habana fuera provista por oposición que había de tener lugar en Madrid. Otra oportunidad para cambiar de cuerpo, y como el turno político correspondía a un gobierno conservador, presidido por Antonio Cánovas del Castillo, cabía esperar que el tribunal fuera ideológicamente más favorable. Por otra parte la Universidad de la Habana dependía del Ministerio de Ultramar y no del Ministerio de Fomento, como el resto de las universidades peninsulares, y el ministro de Ultramar lo era entonces el veterano hegeliano Antonio María Fabié Escudero, quien, recordando a su maestro José Contero Ramírez, catedrático de Metafísica cuando estudiaba en Sevilla, no podía dejar de estar sorprendido por lo sucedido con la cátedra de Metafísica de Valladolid. En efecto, la composición del tribunal para la cátedra de la Habana se conoció oficialmente el 4 de julio de 1891, cuando fue publicado en la Gaceta de Madrid por la Dirección General de Ultramar, cerrado ya el día anterior el plazo de inscripción de candidatos:
«Esta Dirección general ha acordado publicar en la Gaceta de Madrid el Tribunal de oposiciones a la cátedra de Metafísica, vacante en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de la Habana. Dicho Tribunal ha quedado nombrado con arreglo al párrafo cuarto de la Real orden de 30 de Diciembre último y a lo que preceptúa el art. 6º del reglamento de 2 de Abril de 1875, en la siguiente forma: Presidente, D. Marcelino Menéndez Pelayo, Consejero de Instrucción Pública. Vocales: D. Francisco Fernández y González, D. José Campillo y Rodríguez, Catedráticos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central; D. Francisco Commelerán, D. Juan Valera, Académicos de la Española; Don Pedro Juste e Isaba, Doctor en Filosofía y Letras, matriculado inscrito en el Claustro de la Universidad de Madrid; D. Francisco Fernández de Henestrosa, autor de obras. Madrid 3 de Julio de 1891. El Director general, Arcadio Roda.»
Fueron cinco los opositores que, tras acreditar la aptitud legal exigida en la convocatoria, decidieron disputar la cátedra de Metafísica de la Habana: Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco, Gerardo Benito y Corredera, Pedro Roca y López, Pedro María López y Martínez, y José Antonio Frías y Pérez, el único isleño que solicitó ser admitido a los ejercicios de esa oposición, en instancia firmada en la Habana el 3 de julio de 1891 –la Gaceta de la Habana había publicado el 30 de enero de 1891 la Real Orden de 30 de diciembre de 1890–, aunque luego no se presentaría al comienzo de los ejercicios (unos pocos años más tarde, cuando las últimas fuerzas españolas que quedaban en Cuba embarcaron en Cienfuegos el 5 de febrero de 1898 en el vapor Cataluña, acababa de ser nombrado alcalde de esa ciudad).
Como es natural los documentos oficiales sólo reflejan una parte de la realidad, y tenemos que limitarnos a intuir el rumor de todos los tejes y manejes que necesariamente había de suscitar un proceso que tenía innegables consecuencias ideológicas y políticas, y que movilizaba muchas voluntades e intereses, públicos y privados. Así, por ejemplo, en el epistolario de Menéndez Pelayo (MPEP 11-295) se conserva una carta que desde París le escribió el 18 de agosto de 1891 su antiguo amigo Antonio S. de Bustamante, preguntando a don Marcelino, como presidente del tribunal, «cuándo se celebrarán las oposiciones a la cátedra de Metafísica de la Universidad de La Habana, pues un compañero suyo, D. José Antonio Frías, va a presentarse y quiere saber cuándo debe embarcarse»; y otra carta (MPEP 11-323) fechada el 29 de septiembre de 1891, en la que el Marqués de Pidal, Luis Pidal y Mon, directamente le recomienda a «D. Pedro Mª López, a quien conoce, opositor a la Cátedra de Metafísica de la Habana»; y una tercera (MPEP 11-399), de su gran amigo José R. Fernández de Luanco, el 25 de noviembre de 1891: «Querido Marcelino: D. Pedro Roca, empleado en la Biblioteca Nacional, Sala de manuscritos, a quién sin duda conoces, de vista por lo menos, es uno de los opositores a la cátedra de Metafísica de la Universidad de la Habana y me pide que te escriba para que lo mires con buenos ojos, dentro de los límites de la justicia. En recomendaciones de esta especie nada se arriesga haciéndolas y el pretendiente es persona de mérito, sobre todo como arabista», &c.
Cinco meses después de haber sido nombrado quedó constituido el tribunal, con la asistencia de todos sus miembros, el viernes 20 de noviembre de 1891:
«Acta de la constitución del Tribunal de oposiciones a la Cátedra de Metafísica, vacante en la Universidad de la Habana. Reunidos todos los Señores que al margen se expresan a las cuatro de la tarde en el salón de grados de la Facultad de Filosofía y Letras, el Sr. Presidente manifestó: Que el objeto de la reunión era para dar cumplimiento al artículo 11 del Reglamento de oposiciones que dispone se reúna el Tribunal unos días antes del señalado para el sorteo de trincas a fin de proceder a su constitución definitiva y elegir entre sus individuos el que ha de desempeñar el cargo de Secretario del mismo; hecha la elección ésta recayó en el vocal D. Francisco Fernández Henestrosa, que como tal actúa, declarando el Sr. Presidente quedaba constituido el Tribunal.
Acto seguido el Sr. Presidente dijo: Que era necesario designar los tres jueces encargados de formular las preguntas para el primer ejercicio de las oposiciones, y tras una breve discusión se acordó que todos los señores que forman el Tribunal hicieran proporcionalmente las papeletas que han de formar el cuestionario para verificar el expresado primer ejercicio. Seguidamente el Sr. Presidente recordó a los demás señores que el día veintisiete a las cuatro de la tarde se verificaría el sorteo de trincas y les encarecía la puntual asistencia. Y no habiendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión. Madrid veinte de Noviembre de mil ochocientos noventa y uno.»
El 27 de noviembre de 1891 se reunió de nuevo el tribunal a las cuatro de la tarde, y tras aprobar el acta de la sesión anterior abrió la sesión pública a la que habían sido convocados todos los opositores:
«Seguidamente se abrió la sesión pública dando lectura el Sr. Secretario de la convocatoria publicada en la Gaceta de Madrid de diez del actual en que se fijó el día de la fecha para el sorteo de trincas y leídos los artículos 12, 13 y 14 del Reglamento vigente de oposiciones a Cátedras se procedió a llamar a los señores opositores por el orden en que figuran en el anuncio de que se hace referencia, habiendo acudido al llamamiento los señores D. Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco, D. Gerardo Benito Corredera, D. Pedro Roca y López y D. Pedro Mª López y Martínez. El Sr. Presidente manifestó que el opositor Sr. López y Martínez había entregado los documentos que se le reclamaban en el expresado edicto y que acreditan su aptitud legal para tomar parte en las oposiciones; asimismo declaró excluido de las oposiciones al Sr. D. José Antonio Frías y Pérez, conforme al artículo 14 del Reglamento de oposiciones vigentes, por no haber acreditado con causa legítima su ausencia del sorteo de trincas. Procediéndose enseguida al sorteo de los opositores para la formación de las trincas, dio el resultado siguiente: primera pareja, D. Pedro María López y Martínez y D. Pedro Roca y López; segunda pareja, D. Gerardo Benito Corredera y D. Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco. Levantándose con esto la sesión pública y continuando el Tribunal reunido acordó convocar a los Sres. que componen la primera trinca para verificar el primer ejercicio el día dos de Diciembre próximo a las cuatro de la tarde en el Salón de grados de la Facultad de Filosofía, anunciándose también que los programas quedaban desde aquel momento a disposición de los Sres. opositores en el expresado Salón de grados. Seguidamente el Tribunal acordó reunirse el día 30 del actual para examinar las preguntas que habían de ser objeto del primer ejercicio. Y no habiendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión.»
En el «Programa de Metafísica» entregado como era preceptivo por Pedro María López Martínez para poder disputar la cátedra, firmado en Madrid el 3 de julio de 1891, procuró exponer con claridad las posiciones doctrinales en las que se situaba, si se quiere, en las que creía estar situado o en las que pretendía situarse, y que sin duda no habían de disgustar a buena parte de los miembros del tribunal:
«En el sentido indicado que hoy deben tener los estudios y, sobre todo los filosóficos, nótase en nuestro país, desde la elevación al solio pontificio de León XIII, como un renacimiento de la filosofía tomista que aun cuando no ha tenido en cuenta como debiera el progreso de las demás ciencias y los adelantos de las otras escuelas filosóficas, sin embargo ha servido y sirve para contrarrestar el positivismo materialista al que se han pasado, con armas y bagaje, los partidarios del krausismo en España.
[...] que cuatro son los sistemas extremos a que pueden reducirse las teorías más opuestas producidas por los filósofos y dentro de las cuales se desarrollan, aproximándose o distanciándose, las escuelas que registra la historia; estos sistemas no son otros que el materialismo, idealismo, escepticismo y misticismo que han aparecido en el tiempo, en el mismo orden con que los hemos enumerado.
[...] Método: prescindiendo aquí de su naturaleza, quiere decir con aplicación a la Metafísica, la dirección o camino que nuestra inteligencia va a seguir en la enseñanza de la misma, y en este sentido subjetivo, como estos caminos pueden ser dos extremos y uno intermedio, o sea, el analítico, sintético y compositivo didáctico; desde luego afirmamos que, como se verá en el programa, seguimos el compositivo, habida razón, a que no es dable la ciencia puramente analítica, ni puramente sintética, sino que en todas sus ramas se da en mayor o menor cuantía el análisis y la síntesis.
[...] La metafísica es una ciencia y como tal ciencia tiene un objeto que nosotros afirmamos ser real, pero para que una ciencia sea tal ciencia, es necesario que los conocimientos que la compongan estén conformes con la naturaleza de su objeto, de ahí que procuremos para la metafísica que vamos a desarrollar en el adjunto programa, un método y plan en consonancia con el orden natural del objeto real de la misma, y para conseguir este fin hemos desechado los cuatro sistemas extremos que dejamos apuntados; las dos direcciones opuestas de la inteligencia y los planes descabellados que pululan en las ciencias filosóficas, proponiéndonos ser idealistas, hasta donde llegue la realidad de las ideas; materialistas, hasta donde encontremos la existencia de la materia; escépticos para todo lo que sea erróneo y falaz, e intuitivos, en aquéllas poquísimas verdades que vemos directamente y aplicaremos la inducción y deducción en consonancia con las cuestiones, con la mira de darles mayor claridad a fin de que sean entendidas, pronta y fácilmente, por los alumnos.»
El lunes 30 de noviembre de 1891 se reunió de nuevo el tribunal, con asistencia de todos los vocales según el acta, aunque en su margen no figura el nombre de Campillo, y aprobó las preguntas del cuestionario del primer ejercicio. La sesión del miércoles 2 de diciembre de 1891, en la que había de iniciarse el primer ejercicio, comenzó con el anuncio por parte del presidente del tribunal de la renuncia por carta de uno de los cuatro opositores que se habían presentado el 27 de noviembre al sorteo de las trincas. A la vista de los otros concurrentes ya nada podía allí esperar Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco (Puerto Real 1848-Madrid 1922), literato que entonces firmaba Savan, fundador del Círculo Filológico Matritense (1885-1890) donde había enseñado Gramática filosófica, pero también director que había sido del periódico La Justicia, controlado por el catedrático de Metafísica Nicolás Salmerón (recuérdese que diecisiete años antes Marcelino Menéndez Pelayo se había trasladado a Valladolid para no examinarse en Madrid de Metafísica, huyendo de la masonería krausista del expresidente de la República). De manera que sólo tres opositores se disputarían ya la cátedra de la Habana.
«Seguidamente fue llamado el opositor D. Pedro Mª López y Martínez, primero de la trinca, a que había quedado reducido el número de opositores a concurrencia de la expresada renuncia, sacando de la urna destinada al efecto las diez preguntas, que originales se acompañan, para verificar el primer ejercicio el cual empezó a las cuatro y cuarto y habiendo invertido una hora sin contestar a todas ellas el Sr. Presidente advirtió al opositor que había terminado el tiempo reglamentario, pero que podría disponer de otra media hora conforme al artículo 18 del Reglamento vigente, y con esta advertencia continuó el ejercicio, terminándole a las cinco y cuarenta y cinco minutos. Seguidamente el Sr. Presidente manifestó a los tres opositores que el sábado cinco del actual continuarán los ejercicios, dando estos principio a las dos de la tarde, actuando en primer lugar D. Pedro Roca y López, 2º de la trinca. Y no habiendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión.»
En efecto, se conservan en el expediente de esta oposición las diez papeletas que extrajo Pedro María López de la urna, numeradas correlativamente y firmadas en el anverso por el opositor. Las preguntas están manuscritas y con diferentes grafías, por lo que suponiendo verosímilmente que sean autógrafas de los miembros del tribunal que las propusieron, no existiría gran dificultad en poder agruparlas e incluso atribuir la correspondiente paternidad caligráfica e ideológica. Estos son los enunciados de las diez cuestiones a las que hubo de responder el primer opositor:
«1. ¿Existe un primer principio de conocimiento o presuposición científica? Condiciones que ha de reunir. Verdadero alcance de este principio. Su fórmula. El principio de contradicción reúne las condiciones de primer principio de conocimiento y presuposición científica? Razónese la opinión que se sustente.» «2. Grados y formas de lo Bello en el respecto general metafísico.» «3. Unión del alma y el cuerpo.» «4. ¿El conocimiento de las cosas singulares se verifica inmediata y directamente, o requiere algún término medio entre el sujeto y el objeto, para que sea posible la intelección?» «5. ¿El conocimiento humano se limita a lo puramente fenomenal o penetra en algún modo la esencia de las cosas.» «6. Limitada la facultad de conocer por una ética general y supuesto el agnosticismo, qué base sólida queda para la moral y qué recurso queda al espíritu humano para dar unidad al conjunto de las cosas que sabe?» «7. ¿Son meras formas del entendimiento del hombre el tiempo y el espacio, y si no lo son, de qué suerte podemos concebir de modo objetivo algo que en la realidad ronda o mejor dicho contenga la variación y la extensión?» «8. ¿Admitida la Providencia divina, puede explicarse la existencia del mal?» «9. ¿Están en Dios contenidas las perfecciones de todas las criaturas?» «10. Concepto de las leyes eterna, natural y humana.»
El sábado cinco de diciembre, a las dos y cuarto, sacó de la urna Pedro Roca López sus diez preguntas, ocupando también en su respuesta la hora reglamentaria y la otra media hora prevista, terminando su exposición a las tres y cuarenta y cinco minutos, citando el presidente para el lunes 7 de diciembre, a las cuatro de la tarde, al tercer opositor. Las diez cuestiones a las que hubo de responder Pedro Roca en su primer ejercicio fueron las siguientes:
«1. Unidad de la naturaleza humana.» «2. Espiritualidad del alma humana.» «3. Unidad específica de la vida espiritual.» «4. ¿El espacio y el tiempo son meras formas de la intuición sensible o responden a alguna realidad existente fuera de nuestro espíritu?» «5. Deducción metafísica de la idea de lo Bello: Belleza absoluta y Belleza relativa.» «6. ¿En qué relación se ha considerado la Estética como Ciencia de lo Absoluto? ¿Puede construirse toda la Metafísica de lo Bello en esta relación exclusiva?» «7. Exposición del concepto de la relación de la forma con la esencia de lo Bello. Doctrinas modernas acerca del particular.» «8. Concepto científico de la moral. Su clasificación como ciencia.» «9. Si Dios está en todo lugar, ¿dónde le recibirá más clara y menos mediatamente el entendimiento humano: en el Universo visible o en el abismo de su propio ser?» «10. Exposición de las antinomias de Kant. ¿Estas antinomias son reales, o son meros paralogismos?»
El lunes siete de diciembre, a las cuatro y cuarto, comenzó su primer ejercicio el tercer opositor, Gerardo Benito Corredera, tras sacar de la urna las diez preguntas. A este opositor se le hizo muy largo el tiempo de una hora, y terminó antes de contestar sus diez cuestiones: «Y no habiendo invertido la hora reglamentaria en contestar a todas ellas, el Sr. Presidente advirtió al opositor, que toda vez que no había terminado el tiempo que previene el Reglamento, podía sacar más preguntas, y con esta advertencia el opositor sacó de la urna otra pregunta que con las diez anteriores van adjuntas, terminando el ejercicio a las cinco y veinte minutos. Acto seguido el Sr. Presidente manifestó a los Sres. opositores que quedaban en suspenso los ejercicios de oposición hasta nuevo aviso, que se haría por medio de anuncio fijado con anticipación en el sitio de costumbre.» Las preguntas que tan velozmente respondió el tercer opositor fueron estas:
«1. Demostración del objeto en que reside el fin último del hombre.» «2. Teoría de las virtudes morales y su influencia en orden a la generación del derecho.» «3. Relaciones entre el deber y el derecho y sus ciencias respectivas.» «4. Definición del derecho. Sus atributos y elementos de que se compone.» «5. Definición de las ideas de bien y fin.» «6. Las categorías como formas del pensar. Explicación de las categorías en la filosofía de Aristóteles y en la de Kant.» «7. ¿Hasta qué punto y en qué sentido podemos identificar la metafísica con la lógica?» «8. ¿Es innata la idea de lo Bello? Posibilidad o imposibilidad de sentir la Belleza sin concepto previo de lo que sea. Doctrinas antiguas y modernas sobre esta cuestión.» «9. De lo ideal y de sus fuentes. Importancia de lo ideal religioso en el Arte.» «10. ¿Qué se entiende por problema crítico? Posición o planteamiento de este problema.»
Cuarenta días después, tras las vacaciones navideñas, se volvió a reunir el tribunal el domingo 17 de enero de 1892 para sortear con el primer opositor la lección de su programa que había de exponer como segundo ejercicio, tras una encerrona de veinticuatro horas:
«Diligencia. Reunidos los Sres. que al margen se expresan en el sitio de costumbre a las tres y media de la tarde de este día, fue llamado el opositor D. Pedro María López y Martínez, para que sacase de la urna destinada al efecto tres preguntas de entre las ciento diez y ocho que contiene su programa; esto verificado sacó los números 27, 35 y 105, eligiendo la lección treinta y cinco, que dice así: "De la esencia. Nombres con que se ha designado a la ciencia. La ciencia en orden a nuestro conocer. Id. en orden a la operación. Id. en orden anímica. ¿Qué entendemos por esencia? Propiedades de las esencias. ¿De qué dependen las esencias? Cuestión acerca de si las esencias de las cosas no son o no conocidas. Resolución de esta cuestión." Acto seguido fue incomunicado el referido opositor, advirtiéndole podría disponer de 24 horas y pedir los libros que le hagan falta para consultar. Madrid 17 de enero de 1892.»
Como el opositor tuvo que informar por escrito de las obras que había consultado durante su encerrona podemos saber que todos los libros que tuvo presentes, salvo los diccionarios, eran de absoluta ortodoxia neotomista: el cardenal González, Ortí Lara, y José Campillo, miembro además del tribunal:
«Obras consultadas. Historia de la Filosofía por el Cardenal Ceferino González. Estudios sobre la Filosofía de Santo Tomás por el mismo autor. Metafísica por Don José Campillo. Lecciones de Metafísica y Filosofía Natural por don Manuel Ortí Lara. Diccionario de la lengua castellana por la Real Academia. Diccionario de la lengua griega por Chassang. Y mis apuntes de Metafísica. Universidad Central a 18 de enero de 1892. Pedro María López.»
Tras la encerrona Pedro María López expuso durante una hora la lección de su programa que había elegido entre tres, y se produjo la primera trinca en la que intervinieron los otros dos opositores:
«Sesión del día 18 de enero de 1892. Reunidos todos los Sres. que al margen se expresa a las cuatro de la tarde en el salón de grados de la Facultad de Filosofía y Letras, bajo la presidencia del Sr. D. Marcelino Menéndez Pelayo, y leída por el que suscribe el acta de la sesión anterior fue aprobada. Acto seguido el Sr. Presidente llamó al opositor Sr. López Martínez, para que explicase su lección en la que invirtió una hora, haciéndole inmediatamente objeciones el Sr. Roca y López, por espacio de media hora. Seguidamente le replicó el actuante en veinte minutos. Antro continuo le hizo observaciones el Sr. Benito Corredera durante media hora, replicándole el Sr. López Martínez, en un cuarto de hora. La nota de los libros que ha consultado el actuante para la explicación de un tema va adjunta, suscrita por el interesado. Terminado este ejercicio el Sr. Presidente manifestó a los Sres. opositores, que mañana a las tres y media de la tarde tomará puntos el opositor Sr. D. Pedro Roca y López, segundo de la trinca. Y no habiendo más asuntos que tratar se levantó la sesión.»
El martes 19 de enero el opositor Pedro Roca y López sacó de la urna los números 77, 84 y 130, eligiendo su lección 84: «Existencia del entendimiento. Razón del método. División de la tercera parte de la Psicología. Lecciones que abraza el estudio de las facultades del alma racional. Definición nominal del entendimiento; varios nombres que recibe. División de las cuestiones que se refieren al entendimiento. Existencia del entendimiento por el que el hombre se distingue esencialmente del bruto. 1. Estado de la cuestión. Puntos que comprende: opiniones de los materialistas, cartesianos y sensistas, sobre si el entendimiento difiere esencialmente del sentido; especial exposición del sistema de la transformación activa de las sensaciones de Lock y del sistema de la transformación pasiva de las sensaciones sostenido por Condillac. 2. El entendimiento difiere del sentido. Hay en el hombre una facultad cognoscitiva esencialmente diversa de la potencia sensiblemente cognoscitiva y esta potencia se llama con propiedad entendimiento. 3. Si los brutos entienden. Opiniones, los brutos carecen de entendimiento. 4. Diferencia esencial entre el hombre y el bruto. Varias opiniones, el hombre difiere esencialmente del bruto, por el entendimiento. Corolario.» Al día siguiente, tras la encerrona, entregó Pedro Roca al tribunal la siguiente relación de «Obras consultadas. –Lexicon philosophico-theologicum... accurante ac dirigente D. D. Niceto Alonso Perujo, Valentiae edetanorum 1883. –De la philosophie scolastique par B. Hauréau, París 1850, 2 tom. –Lettres philosophiques, sur les vicissitudes de la philosophie..., par P. Galluppi, trad. de l'italien de la 2ª édition par L. Peisse, París 1844. –Diccionario apologético de la fe católica, por J. B. Jaugey, trad. al castellano, 1891 (en publicación). –Obras de Aristóteles, trad. al cast. por D. Patricio de Azcárate, t. 1º y 5º. [tachado] –Kirwan, Instinto, inteligencia... separata al Congreso... abril 1891 (tirada aparte, París 1891). Madrid 20 enero 1892. Pedro Roca y López» (la última referencia aparece tachada pero legible). Según el acta de la sesión del miércoles 20 de enero de 1892 intervino Pedro Roca durante una hora, le hizo objeciones el Sr. Benito Corredera por espacio de media hora, siendo replicado en diez y ocho minutos, interviniendo después el Sr. López Martínez durante media hora, replicando el Sr. Roca y López en un cuarto de hora.
El jueves 21 de enero de 1892, a las tres y media, tomó puntos el opositor Gerardo Benito Corredera de entre los 47 que contenía su programa, sacando los números 11, 28 y 31, y eligiendo la lección treinta y una: «De la antigüedad y perfección del mundo. Creación temporal del mundo. Filósofos que admitían la eternidad del mundo. El mundo no existió siempre. Posibilidad de la creación eterna. No parece que repugna la creación ab eterna. Fin por el cual Dios ha creado el mundo. Perfección absoluta del mundo. Este mundo no es el más perfecto de todos los posibles. Perfección relativa del mundo. Este mundo es perfectísimo relativamente.» Acto seguido fue incomunicado durante veinticuatro horas. Al día siguiente entregó al tribunal firmada la preceptiva relación de «Libros consultados por el opositor a la cátedra de Metafísica de la universidad de la Habana, D. Gerardo Benito Corredera. 1º La Religión católica vindicada de las imposturas racionalistas, por Mendive. 2º Cosmología del mismo. 3º Ceferino González, Filosofía elemental. Obras pedidas y que no me han proporcionado. 1º Los grandes arcanos del Universo, por Tilman Pesch. 2º Tongiorgi en latín, obra lata titulada Institutiones philosophicae. 3º Mateo Liberatore, obra lata en latín. Madrid 22 de enero de 1892. Gerardo Benito Corredera.» El viernes 22 de enero, a partir de las cuatro de la tarde, explicó su lección Gerardo Benito durante una hora, le hizo objeciones el Sr. López Martínez durante media hora, le replicó el actuante en veinte minutos, le hizo sus observaciones el Sr. Roca López durante media hora, replicándole el Sr. Benito Corredera en sólo cinco minutos. Terminado así el segundo ejercicio, convocó el presidente a los opositores para el lunes 25, para comenzar el tercer ejercicio, la defensa del programa de cada opositor.
El lunes 25 de enero defendió su programa Pedro María López durante una hora, haciéndole inmediatamente Pedro Roca objeciones durante media hora, replicando el actuante en veinticinco minutos, nuevas objeciones de Gerardo Benito durante media hora, y réplica final de Pedro López durante quince minutos. El miércoles 27 de enero le correspondió a Pedro Roca defender su programa durante una hora, le presentó observaciones Gerardo Benito durante media hora, le replicó el actuante en treinta minutos, durante otra media hora intervino Pedro López a quien replicó Pedro Roca en diez y ocho minutos. Al día siguiente, jueves 28, le tocó a Gerardo Benito Corredera defender su programa durante una hora, escuchar las objeciones de Pedro López durante media hora, replicarle en otros treinta minutos, tras los que hizo sus observaciones Pedro Roca por espacio de media hora, contestándole el actuante en quince minutos. «Terminado este ejercicio, el Sr. Presidente manifestó a los Sres. opositores que habían concluido los ejercicios de oposición que les ocupaba.» Al día siguiente, el viernes 29, se reunió el tribunal para proceder a votar, eligiendo a Pedro María López Martínez por cinco votos, contra dos que obtuvo Pedro Roca López:
«Acta de la sesión celebrada para la votación. Reunidos todos los señores que al margen se expresan a las cinco de la tarde en el Salón de grados de la Facultad de Filosofía y Letras de esta Universidad, bajo la presidencia del Sr. D. Marcelino Menéndez Pelayo, el cual manifestó: Que habiéndose concluido los ejercicios de oposición que les ocupaba y en cumplimiento de lo que dispone el Reglamento, procedía verificar la votación para decidir la aptitud de los opositores y acordar la propuesta unipersonal del que había de serlo para ocupar la Cátedra de Metafísica vacante en la Universidad de la Habana. Conforme con esta indicación todos los señores que componen el tribunal se efectuó dicha votación resultando de ella lo siguiente: fueron declarados aptos, por unanimidad Don Pedro Mª López y Martínez y D. Pedro Roca y López, y D. Gerardo Benito Corredera por mayoría. Verificada enseguida la votación para los lugares; para el número uno D. Pedro Mª López y Martínez, para el número dos D. Pedro Roca y López y para el tres D. Gerardo Benito Corredera, siendo D. Pedro Mª López y Martínez elegido Catedrático para la expresada Cátedra por cinco votos contra dos que obtuvo el Sr. D. Pedro Roca y López. Y no habiendo más asuntos de que tratar se levantó la sesión. Madrid veintinueve de enero de mil ochocientos noventa y dos. [Siguen las siete firmas de los miembros del tribunal.]»
Pedro María López, el nuevo catedrático de Metafísica de la Habana, tenía entonces treinta años de edad. Más joven era Pedro Roca López, de 26 años (había nacido en Tarancón el 9 de octubre de 1865). Pedro Roca estudió en el Instituto Provincial de Cuenca y en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid mostró gran disposición por las lenguas y la filología. En 1888 ingresó en el Cuerpo de Archiveros, y tras unos meses en Barcelona, a principios de 1889 ya trabajaba en la Biblioteca Nacional de Madrid. El 10 de mayo de 1890 presentó su tesis doctoral, Teoría de la declinación árabe, y firmó las oposiciones a las cátedras de Metafísica vacantes en Valencia y Barcelona (anunciadas en la Gaceta del 13 de febrero de 1890). No alcanzó el profesorado oficial, y siguió en la Biblioteca Nacional, desde 1897 como ayudante primero, en el departamento de manuscritos. Falleció muy joven, el 21 de enero de 1903, dejando viuda a Juliana Peralta Rodríguez. Marcelino Menéndez Pelayo, en la sentida necrológica que publicó inmediatamente en la Revista de Archivos, Biblioteca y Museos, recuerda que Pedro Roca «estaba muy versado en filosofía escolástica, y alguna vez hizo oposición a cátedras de Metafísica con mucho lucimiento». Siete años más que Pedro María López tenía el tercer opositor, Gerardo Benito Corredera, natural de Villaseco de los Gamitos (Salamanca), entonces auxiliar supernumerario de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Salamanca, donde había cursado estudios en el Seminario Conciliar Central de San Carlos Borromeo. Gerardo Benito Corredera había obtenido el título de doctor en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid el 31 de octubre de 1890, con una tesis titulada «El origen de los seres. Estudio comparativo a las principales teorías sentadas por los principales sistemas filosóficos, así antiguos como modernos, fuera de la teoría bíblica». Después de frustrársele la cátedra habanera siguió como profesor interino y luego auxiliar en la Universidad de Salamanca (de «Latín vulgar y de los tiempos medios», «Literatura española (curso de investigación)», en 1917 de «Lógica fundamental»), ingresando también el 27 de febrero de 1904 en el Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, con destino en la Biblioteca Universitaria de Salamanca (en 1917 ascendió a oficial primero) donde se jubiló en la primavera de 1924.
El 30 de enero de 1892 remitía Menéndez Pelayo los expedientes y las actas de las oposiciones al Ministerio de Ultramar, quien trasladó toda la documentación para su informe al Consejo de Instrucción Pública. Ese mismo día devolvía el tribunal a Manuel Rodríguez-Navas y Carrasco toda la documentación que había presentado, a solicitud suya, pues a ello tenía derecho al haberse retirado antes de comenzar los ejercicios. Por eso su programa de metafísica no figura, junto a los del resto de opositores, en los archivos del Ministerio de Ultramar, hoy en el Archivo Histórico Nacional de España.
Era también el momento de hacer cuentas de los gastos hechos por el tribunal: 1.680 pesetas en indemnizaciones a los siete miembros que lo habían formado, a razón de 240 pesetas para cada uno de ellos, y 145,07 pesetas para gastos de personal y material: Félix Gutiérrez y Gerónimo Pabón, escribiente y mozo del tribunal desde el 20 de noviembre hasta el 30 de enero, 48 y 24 pesetas respectivamente; Francisco Parrondo, por dos quintales de carbón de Cok, 7,50 pesetas; Fernández Getino, por un kilogramo de azucarillos, 3 pesetas; Concepción Pérez, por tres servicios de cama, lavados y planchados (se supone que utilizados por los opositores en las encerronas), 3 pesetas; Manuel Hernández por 30 cuadernillos de papel de barba, 10 cuadernillos de papel cortado, 15 cuadernillos de papel de oficios, 50 sobres para volantas, 100 sobres para oficios dobles, 1 caja de papel para cartas y sobres, 12 porta plumas finos, 12 lapiceros Faber, una botella de tinta y una caja de plumas Leohmar, 31,50 pesetas; Juan García, por diez paquetes de bujías, 10 pesetas; y el habilitado de material, por el beneficio del uno por ciento sobre la suma de 1.807 pesetas, 18,07 pesetas. El Rector de la Universidad Central ofició el 8 de febrero de 1892 al Ministerio de Ultramar solicitando el abono de 1.825,07 pesetas, que sumaban los gastos hechos por el tribunal de la cátedra de metafísica de la Universidad de la Habana. Adviértase que cada miembro del tribunal recibió cinco veces más dinero que el escribiente y diez veces más que el mozo, y que el presidente y el secretario no recibieron una indemnización diferente a la de sus compañeros.
El 18 de marzo de 1892 el Consejo de Instrucción Pública aprobó el proceso de la oposición y el nombramiento propuesto, y el 24 de marzo una Real Orden nombraba catedrático de Metafísica de la Universidad de la Habana a Pedro María López Martínez. En el título que ese mismo día le expidió Francisco Romero Robledo, sucesor de Fabié como Ministro de Ultramar, se hace constar además que el nombramiento supone «el sueldo anual de setecientos pesos y mil cincuenta de sobresueldo».
Catedrático de Metafísica de la Universidad de la Habana, 26 de abril de 1892
Sólo quince días después, el 10 de abril de 1892, quedó certificado el embarque en Cádiz del nuevo catedrático con destino a Cuba, a bordo del vapor correo Alfonso XII, y un mes después de ser nombrado, el 26 de abril de 1892, tomaba ya posesión de la cátedra habanera, fecha oficial de su ingreso en el Cuerpo de Catedráticos Numerarios de las Universidades del Reino. El 28 de mayo el Gobernador General de la isla de Cuba participa al Ministerio de Ultramar que el nuevo catedrático ha tomado posesión (con incidente burocrático incluido, al confundirse el escribiente de la universidad y sustituir el apellido paterno del nuevo catedrático por el de Valdés, lo que obligó a sucesivos escritos correctores transatlánticos).
No se demoró el nuevo catedrático, y muy pronto, con fecha de ese mismo año de 1892, publicó en La Habana unos Apuntes para unos prolegómenos a la Metafísica (P. Fernández y Compañía, 207 págs.).
Desde 1893 de vacaciones, licencia por enfermedad y comisión de servicio en Madrid
Pedro María López Martínez sólo estuvo en La Habana poco más de un año, pues en cuanto comenzó el periodo de vacaciones de 1893 volvió a la península, con la correspondiente licencia a la que tenía derecho, aunque a la hora de volver a Cuba... dotado del certificado médico oportuno:
«Don Juan Horma y González, Doctor en Medicina y Cirugía, Médico de número de la Beneficencia Municipal de esta Corte: Certifico, que desde el día quince de Agosto último viene visitando como médico a Pedro María López y Martínez el que se encuentra padeciendo una Anemia cerebro-espinal que le imposibilita en absoluto dedicarse por ahora a toda clase de trabajos intelectuales. Y para que conste donde convenga a petición del interesado firmo la presente en Madrid a doce de Septiembre de mil ochocientos noventa y tres. D. Juan Horma.»
solicitó el 13 de septiembre de 1893 «licencia con el sueldo personal» para reponerse de esa anemia cerebro-espinal que le afectaba, licencia que le fue concedida, firmando el ministro de Ultramar el conforme el 6 de octubre (ya no era Romero ministro de Ultramar, sino que Antonio Maura desempeñaba entonces esa cartera):
«Excmo. Señor. El doctor don Pedro María López, catedrático de Metafísica de la Universidad literaria de la Habana a V. E. con el debido respeto expone: Que habiendo venido a la península durante el periodo de vacaciones en uso del derecho que le concede el artículo 27 del Reglamento de la Universidad de la Habana de 1880, y además, con autorización de la Autoridad superior de la Isla para reponerse de la anemia cerebral-espinal que padecía, se halla hoy igualmente enfermo según la certificación facultativa que acompaña, necesitando por tanto continuar en la península, a cuyo efecto, a V. E. Suplica le conceda licencia con el sueldo personal para que pueda atender al restablecimiento de su salud. Gracia que no duda alcanzar de la reconocida rectitud de V. E. cuya vida guarde Dios muchos años. Madrid 13 de septiembre de 1893. Excmo. Sr. Dr. Pedro María López. = Excmo. Sr. Ministro de Ultramar.»
La anemia cerebro espinal no le impidió solicitar al Consejo de Instrucción Pública a finales de 1893 que reconociese su libro publicado en la Habana como mérito para su carrera, y aunque el 6 de marzo de 1894 el mismo médico Juan Horma González volvió a certificar que el catedrático habanero «se encuentra padeciendo una anemia cerebro-espinal que le imposibilita por ahora dedicarse a los trabajos propios de su profesión de Catedrático y aunque con el tratamiento a que viene sometido dicho señor desde el mes de septiembre del año anterior ha encontrado mucha mejoría en su enfermedad sin embargo aún no está su cerebro en disposición de soportar el trabajo que da el desempeño de su cátedra de Metafísica», certificado con el que justificó ese mismo día una ampliación de licencia hasta el 30 de junio, sólo una semana después «su cerebro» ya pudo aceptar el contenido de la Real Orden que le nombraba, el 14 de marzo de 1894, vocal del tribunal de oposiciones que habían de celebrarse para cubrir la cátedra vacante de Literatura griega y latina de la Universidad Central. El catedrático de La Habana había logrado así trocar su licencia por enfermedad por una cómoda comisión del servicio en la Corte. El 18 de diciembre de 1894 otra Real Orden volvía a nombrarle vocal de otro tribunal de oposiciones, esta vez para cubrir la cátedra de lengua griega vacante en la Universidad de Salamanca.
El 30 de enero de 1895 ya puede Pedro María López, «catedrático numerario de Metafísica de la Universidad de La Habana, residente temporalmente en Madrid en uso de licencia y desempeñando una comisión del servicio», dirigirse al Ministro de Ultramar, del que dependía, para exponerle «que habiéndose anunciado al concurso de traslado la cátedra de Metafísica de la Universidad de Sevilla y conviniendo al que suscribe ser admitido en dicho concurso, a V. E. suplica se digne dar traslado al Excmo. Señor Ministro de Fomento de la adjunta solicitud documentada...». Como Pedro María López fue el único aspirante a esa cátedra en concurso de traslado, una Real Orden de 16 de marzo de 1895 le nombró Catedrático de Metafísica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, «ingresando en el escalafón con número duplicado y antigüedad de 26 de abril de 1892».
Fugaz catedrático de la Universidad de Sevilla en 1895
El 1º de abril de 1895 tomó posesión de la cátedra de Metafísica de la Universidad de Sevilla, en la que había de parar menos aún que en la de la Habana, pues muy pronto aceptó permutar su puesto con el del sevillano José Castro Castro, que el 29 de abril de 1893 había ganado la cátedra de Metafísica de la Universidad de Valencia. Ese mismo año de 1895, ya en Valencia, publicó la segunda edición, corregida y aumentada, de los Prolegómenos con los que se había estrenado en La Habana.
Desde 1895 a 1931 catedrático en Valencia, recordado por sus alumnos
En Valencia vivió los siguientes cuarenta años, destacándose como activista católico y conservador, aunque su producción bibliográfica parece haberse detenido en 1905. Algunos de sus alumnos, como el filósofo José Gaos González-Pola [1900-1969], el poeta Juan Gil-Albert Simón [1904-1994], el abogado Rafael Supervía Záhonero [1904-1978] o el literato Vicente Lloréns Castillo [1906-1979] no le olvidaron, y cuando tuvieron ocasión no dejaron de rememorarle, con la mayor o menor imprecisión con la que se traiciona la memoria biográfica cuando se cruza con la memoria histórica, pero con no mucho aprecio:
«Mi primer verdadero maestro en filosofía fue Morente: por ciertos aspectos y en cierto sentido, incluso el mayor. Mis anteriores profesores de Filosofía no cuentan. El Padre Manuel Mayor, profesor de Psicología y Lógica en las Escuelas Pías de Valencia, encargado provisionalmente de la Filosofía, profesor propiamente de Literatura, se limitó a no hacerme aborrecible la Filosofía, a la que me daba privadamente como referí anteayer. Don Manuel Polo y Peyrolón, profesor de Filosofía en el Instituto de Valencia, político de la extrema derecha, senador, novelista olvidado de las Historias literarias y vejete cascarrabias, apenas había empezado el curso de Ética y Rudimentos de Derecho, se murió; y el auxiliar se quedó encargado de la clase, Don José Feo, era un gordo realmente feo, un abogado mediocre y un profesor de Filosofía, no digo un filósofo, nulo: no yo solo, hasta los menos llamados por la Filosofía de mis compañeros nos limitamos a no hacerle caso, o a tomarlo a chacota, y a no estudiar con él realmente una palabra –a pesar de lo cual, aprobamos. Pues, el siguiente profesor, Don Pedro María López y Martínez, de Lógica Fundamental y Teoría de la Literatura y de las Artes en la Universidad de Valencia, fue una de las causas, según decían algunas lenguas de las que suelen llamarse malas, pero en este caso al menos parecían justas –fue una de las causas de que España perdiese la última de sus colonias, Cuba. En efecto, aquel hombre pelirrojo, "chaparro" y estevado, había venido a parar a la Universidad de Valencia, porque en ella había vacante en qué colocarle, al perderse Cuba, donde enseñaba, no sé, ni sé que nadie supiera bien, qué materia, ni en qué lugar, ni con qué títulos. Pero, realmente, si los representantes de España en Cuba eran como él, lo único inconcebible es cómo los cubanos no los botaron a todos al mar mucho antes de 1898. De la personalidad intelectual, llamémosla así, del hombre, podría darles idea de varias maneras; mas, para máxima brevedad, elegiré sólo un detalle de ambiente –¿no se expresan los hombres en los ambientes que se crean?– Una vez tuve que visitarle en su casa y me recibió en su despacho y biblioteca, vi que ésta se componía de unos cuantos libros sueltos y, ocupando prácticamente todas las estanterías, que ocupaban a su vez prácticamente la pieza –cierto, reducida–, la colección, encuadernada, en gruesos volúmenes –no olviden, por Dios, que era profesor de Lógica Fundamental y de Teoría de la Literatura y de las Artes–, del Blanco y Negro, la revista de las buenas familias españolas, burguesas, católicas y poco letradas. A pesar de todo lo cual, perseveré en mi entusiasmo por la Filosofía: aún ahora, al recordarlo todo, y aún al recordarlo fríamente, me extraña un poco. Lo que no extrañarán ustedes es que "ardiese en ganas" de irme a Madrid, a seguir los estudios con aquellos Ortega, Morente, Besteiro, de quienes ya conocía, no sólo la fama, sino las obras.» (José Gaos, Confesiones profesionales [1958], en Obras completas XVII, UNAM, México 1982, págs. 75-76.)
«Poco antes de las nueve de la mañana, unos cuantos muchachos, con actitud entre altanera y asombrada, iban congregándose en el claustro de la Universidad de Valencia. Algunos se saludaban con alborozo porque habían sido compañeros de Instituto, aquel único Instituto de la calle Játiva [...]. Entre ellos había uno que llamó mi atención. Su traje era, poco más o menos, como el de los demás. La inclinación del ala del sombrero no podía ofender a nadie. [...] Lo que llamó mi atención fueron sus gafas. [...] Las de aquel muchacho eran para ver... a las nueve en punto comenzó el desfile solemne de los profesores hacia sus respectivas aulas. La primera clase era de Lógica Fundamental que se iba a reunir en un aula de la que Azorín, que había estado allí años antes, decía "que la luz que recibe, como procede de una calle angosta, es penumbrosa; que unas filas de escaños ofrecen asiento a los estudiantes y que, en el fondo, elevada a modo de ancho púlpito, está la tribuna profesoral". Desde aquella altura olímpica don Pedro María López –Dios le haya perdonado– empezó a pasar lista con sonsonete de letanía. En un momento llamó "Lloréns Castillo, don Vicente" y el de las gafas contestó: "Servidor". [...] Al otoño siguiente Lloréns no volvió a pasearse por el claustro que preside Luis Vives, desterrado cultural voluntario. Vicente se fue a Madrid a disfrutar las enseñanzas de Menéndez Pidal, Américo Castro y a hacer amistar con Unamuno y otros escritores de aquel tiempo vedados a los que éramos estudiantes de provincias.» (Rafael Supervía Záhonero, profesor de la George Washington University, refiriéndose a 1920, al presentar en Washington una conferencia de su amigo Vicente Lloréns Castillo; apud Albert Girona & M. F. Mancebo (eds.), El exilio valenciano en América, obra y memoria, Valencia 1995, pág. 246.)
«Ese sol, entraba en las clases, a través de los altos ventanales, en forma de espacio oblicuo, crepitante de corpúsculos de oro: lo demás era frío y oscuridad. Desde su elevada tarima, don Pedro María López, rubicundo y en bloque, nos iba soltando su plúmbea explicación de Lógica que no era, al pie de la letra, sino el texto impreso del grueso volumen que tenía delante. Cuando antes de entrar en el aula, daban las campanadas del reloj, veíamos aparecer precedidos por los bedeles uniformados, andando lentamente y departiendo entre sí, como en la presidencia de una procesión, a los catedráticos, alguno más anciano o precavido, con el birrete, los más destocados: junto a ellos, como si los padres hubieran solicitado la protección, iba la única estudiante femenina de la Universidad, una muchacha bonita y, para los tiempos, especialmente desenvuelta.» (Juan Gil-Albert, Crónica General, Barral, Barcelona 1974, pág. 198.)
«Unos y otros evocaban a maestros comunes que se habían distinguido por su excelencia o su incapacidad. Rafael Supervía y yo no podíamos menos de acordarnos de don Pedro María López, nuestro catedrático de Lógica fundamental en la Universidad de Valencia –recordado no hace mucho en sus Confesiones profesionales por José Gaos–. Don Pedro, personaje singular de rostro rojizo, barba blanca, bajo de estatura, pero macizo y grueso, que una vez en un hotel se lavó la cara en un bidet creyendo que aquello era una palangana especial, se había portado a fines del XIX, allá en las Filipinas, como un patriota digno de Valle-Inclán, haciendo frente él solo a varios tagalos con un pistolucho enorme. Hazaña que no dejó de serle meritoria para la obtención de la cátedra de Lógica, en la que mostró la supina ignorancia revelada por el libro de texto que nos imponía. ¡Qué contraste con los mejores profesores de la Universidad de Madrid, a cuyas clases asistí más tarde por gusto o por obligación!: Morente, el maestro ideal para la iniciación en la Filosofía; don Américo Castro, cuyas explicaciones de textos eran para nosotros una revelación, acostumbrados como estábamos a escuetas clasificaciones retóricas y a historias literarias donde se hacinaban sin sentido títulos y fechas; y no digamos aquellas magistrales lecciones, con su clásico en la mano, de don José Ortega y Gasset.» (Vicente Lloréns, Memorias de una emigración. Santo Domingo 1939-1945 [Ariel, Barcelona 1975], Editorial Renacimiento, Sevilla 2006, pág. 173.)
En 1919 presidía el Circulo Ciervista (del ministro, también murciano, Juan de la Cierva). En marzo de 1930, al dimitir irrevocablemente el rector, Joaquín Ros Gómez, y los vicerrectores, Enrique Castell Oria y Salvador Salom Antequera, a pesar de que habían sido confirmados por el gobierno del General Berenguer, se hizo cargo del rectorado de la Universidad de Valencia durante una semana, en tanto que Decano de más edad, hasta que fue nombrado rector José M. Zumalacárregui Prat. En 1931 alcanzó la edad de jubilación en la cátedra de Lógica y Teoría del Conocimiento de esa universidad. En la Guía Oficial de España de 1935 figura como Decano honorario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia (pág. 510), aunque parece ser que ya había fallecido en 1934.
Algunas referencias sobre Pedro María López Martínez
«Noticias de sociedad. Viajes. Han llegado: a Valencia, don Manuel Polo Peyrolón, don Pascual Testor, D. Pedro María López, don Vicente Novella y don Eugenio Miquel.» (La Correspondencia de España, Madrid, martes 6 de diciembre de 1910, pág. 3.)
«Premios a catedráticos. A propuesta del Consejo de Instrucción pública, les han sido concedidos premios en metálico, con cargo a la cantidad consignada en presupuesto para este servicio, a los catedráticos siguientes: Facultad de Filosofía y Letras: Don Luis Segalá y Estalella, catedrático de Barcelona, 1.000 pesetas; don Pedro María López y Martínez, de Valencia, 500 pesetas; don Andrés Jiménez Soler, de Zaragoza, 500 pesetas. Facultad de Ciencias: Don Luis Octavio de Toledo, catedrático de la Central, 1.000 pesetas; don Luis González Frades, de Valladolid, 500 pesetas; don Félix Gila Fidalgo, de Sevilla, 500 pesetas. Facultad de Derecho: Don José Valdés Rubio, catedrático de la Central, 1.000 pesetas; don Lorenzo Benito y de Endara, de Barcelona, 500 pesetas; Don Eusebio Díaz y González, de Barcelona, 500 pesetas. Facultad de Medicina: Don Luciano Clemente y Guerra, catedrático de Valladolid, 1.000 pesetas; don Jesús Bartrina y Capella, de Valencia, 500 pesetas; don Ladislao Ricardo Lozano y Monzón, de Zaragoza, 500 pesetas. Facultad de Farmacia: Don Bernabé Dorronsoro Ucelayeta, catedrático de Granada, 1.000 pesetas; don Miguel María Sojo y Alonso, de Santiago, 500 pesetas, y don Antonio Eleicegui y López, de Santiago, 500 pesetas.» (La Vanguardia, Barcelona, jueves 15 de diciembre de 1910, pág. 12.)
«Premios a catedráticos. Han sido concedidos los premios siguientes: Facultad de Filosofía y Letras: Don Luis Segalá y Estalella, catedrático de Barcelona, 1.000 pesetas; don Pedro María López y Martínez, de Valencia, 500 pesetas; don Andrés Jiménez Soler, de Zaragoza, 500 pesetas. Facultad de Ciencias: Don Luis Octavio de Toledo, catedrático de la Central, 1.000 pesetas; don Luis González Frades, de Valladolid, 500 pesetas; don Félix Gila Fidalgo, de Sevilla, 500 pesetas. Facultad de Derecho: Don José Valdés Rubio, catedrático de la Central, 1.000 pesetas; don Lorenzo Benito y de Endara, de Barcelona, 500 pesetas; Don Eusebio Díaz y González, de Barcelona, 500 pesetas. Facultad de Medicina: Don Luciano Clemente y Guerra, catedrático de Valladolid, 1.000 pesetas; don Jesús Bartrina y Capella, de Valencia, 500 pesetas; don Ladislao Ricardo Lozano y Monzón, de Zaragoza, 500 pesetas. Facultad de Farmacia: Don Bernabé Dorronsoro Ucelayeta, catedrático de Granada, 1.000 pesetas; don Miguel María Sojo y Alonso, de Santiago, 500 pesetas, y don Antonio Eleicegui y López, de Santiago, 500 pesetas.» (La Correspondencia de España, Madrid, jueves 15 de diciembre de 1910, pág. 4.)
«Archiveros bibliotecarios. Reforma necesaria. Para el señor ministro de Instrucción pública y Bellas Artes. El Cuerpo facultativo de Archiveros bibliotecarios era hasta hace muy poco tiempo –como V. E. perfectamente sabe– un puerto de escala, un pequeño oasis, donde los aspirantes a determinadas funciones públicas reparaban las fuerzas y proveíanse de nuevas energías para el logro de justas y legítimas pretensiones. Exiguo el sueldo de entrada, lentísimos los ascensos, nada tiene de extraño que los jóvenes capaces y estudiosos que en él ingresaban lo abandonasen apenas se presentaba la oportuna ocasión. Ángel Ganivet, Navarro Ledesma, Pedro María López, Antonio de la Torre, Federico Onís (catedráticos de las Universidades de Valencia y Oviedo, respectivamente), &, &c., son ejemplos bien elocuentes de la veracidad de mi aserto. [...] Clemente Calvo Iriarte. De la Biblioteca Nacional.» (La Correspondencia de España, Madrid, viernes 29 de marzo de 1912, pág. 1.)
«II Asamblea de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras. Ayer mañana comenzó en la Universidad la II Asamblea nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias y Filosofía y Letras, cuyo objeto, según la convocatoria, es «la reunión de todos los graduados en Filosofía y Letras o en Ciencias, sean o no colegiados, para tratar del mejoramiento y orientaciones que han menester todos los grados de la enseñanza que caen, o debieran caer, dentro de la esfera de acción de los profesionales de las citadas carreras y de la defensa de los intereses de la clase.» El acto, como se verá, revistió excepcional importancia. Para asistir a la asamblea habían llegado a esta capital, entre otros señores: de Madrid, el senador y decano de aquel Colegio de Doctores y Licenciados, don Luis Palomo; don Lorenzo Mangas, don Esteban García Bellido y don Enrique Barredo. De Valencia, el decano de aquel Colegio, don Pedro María López, el tesorero don José Foret Quilis, el secretario don Manuel Gibert y don Manuel Sanchis, don José Vilanova, don Enrique Honrubia, don Jesús Gil y don Juan Codoñer. De Sevilla, don Sebastián Pérez Pacheco y el secretario don Antonio Sánchez Castaller. De Zaragoza, el decano de aquel Colegio don Gregorio García-Arista, el secretario don Pedro Gómez Lafuente, don Claro Allué Salvador y don Gerardo Mendiri. De Bilbao, don Eduardo Wangüemer. [...] La sesión inaugural. Poco después de las once, en el espacioso Paraninfo de la Universidad, comenzó la sesión inaugural de la asamblea, ocupando la presidencia el gobernador civil señor Francos Rodríguez, quien tenía a su derecha al rector de la Universidad, señor barón de Bonet, delegado de Hacienda, señor Eulate, senador señor Palomo, inspector provincial de Sanidad doctor Trallero y decano del Colegio de Valencia don Pedro María López y a su izquierda al presidente de la asamblea señor Prats Aymerich, al concejal señor Carreras Candí en representación del Ayuntamiento; canónigo doctor Puig, en representación del obispo, presidente de la Academia de Ciencias, señor Doménech y Estapé y el decano del Colegio de Zaragoza, don Gregorio García-Arista.» (La Vanguardia, Barcelona, jueves 3 de julio de 1913, pág. 2.)
«II Asamblea de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras. Primera sesión. En el salón doctoral de la Universidad comenzó ayer a las diez de la mañana la primera sesión de la II Asamblea nacional de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras, ocupando la mesa presidencial el señor Prats al que acompañaban el director del Instituto general y técnico señor Escriche, el senador señor Palomo, el decano del colegio de Valencia señor López y los secretarios señores García Bellido y Serrano. Poco después llegó el conde de Lavern, quien también ocupó un sitio en la presidencia.» (La Vanguardia, Barcelona, viernes 4 de julio de 1913, pág. 2.)
«En los Ministerios. Instrucción pública. Universidades. Tribunales de oposición a cátedra. —Psicología superior, de Barcelona. Presidente, obispo de Madrid-Alcalá. Vocales: D. Adolfo Bonilla, D. José Ortega Gasset, D. José Daurella y D. Juan Díez del Moral, competente. Suplentes: D. Eduardo Sanz y Escartín, D. Pedro María López, D. José de Castro y D. Marcelino Arnaiz.» (La Correspondencia de España, Madrid, miércoles 13 agosto 1913, pág. 5.)
«Consejo de Instrucción pública. Se declara de mérito para su carrera a don Pedro María López su obra de Lógica fundamental, y a D. Ruperto Lobo la de Nociones de Química orgánica.» (La Correspondencia de España, Madrid, sábado 13 de diciembre de 1913, pág. 1.)
«De la instrucción pública. Se resuelve que no ha lugar a lo solicitado por don Pedro María López, decano de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, porque no compete a este ministerio la resolución sobre inclusiones o exclusiones en las listas electorales de los claustros.» (La Vanguardia, Barcelona, viernes 13 de febrero de 1914, pág. 11.)
«Murcia. El diputado a Cortes don Isidoro Lacierva ha recibido una valiosa adhesión del catedrático de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, don Pedro María López, sobre la creación de la nueva Universidad en esta capital.» (La Vanguardia, Barcelona, martes 28 abril 1914, pág. 12.)
«Universidades. Por fallecimiento de D. Santiago Mundi y Giró, catedrático de Barcelona, se dan los ascensos de escala en el Profesorado de Universidades a D. José Gómez Ocaña, catedrático de la Central; a D. Enrique Ruiz Díaz, de la de Sevilla; a D. Pedro María López, de la de Valencia; a D. Mariano Gaspar Remiro, de la Central; a D. Luis Segalá, de la de Barcelona; a D. Blas Cabrera, de la Central, y a D. Isidro Beato y Sala, de la de Salamanca, pasando a ocupar los números 75, 135, 135 bis, 135 tris, 215, 305 y 406 del escalafón.» (La Correspondencia de España, Madrid, martes 22 de junio de 1915, pág. 7.)
«De la instrucción pública. Por fallecimiento de don Santiago Mundi y Giró, catedrático de Barcelona, se han dado ascensos de escala en el profesorado de las Universidades a don Pedro María López, catedrático de Valencia y don Luis Segalá, de Barcelona.» (La Vanguardia, Barcelona, martes 22 de junio de 1915, pág. 9.)
«López y Martínez (Pedro María). Biog. Catedrático y publicista español contemporáneo, nacido en Moratalla (Murcia) en 1º de Agosto de 1861. Cursó el bachillerato con gran lucimiento, sufragándole los gastos el Ayuntamiento de Caravaca, pues obtuvo una plaza de las creadas por dicha corporación, y luego estudió Derecho y filosofía y letras, en cuyas Facultades se licenció en 1886 y 1883, respectivamente. Habiendo ingresado en el cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, se le destinó a la Biblioteca Provincial de Huesca. Ganó en 1892, por oposición, la cátedra de metafísica en la universidad de la Habana, en cuyo centro docente explicó también historia de la filosofía, mas no probándole aquel clima, regresó a la Península, y desempeñó, sucesivamente, la cátedra de metafísica en las universidades de Sevilla y de Valencia, y posteriormente las de literatura griega, teoría de la literatura y de las artes (1900), y lógica fundamental en la universidad últimamente citada. En Valencia ha dado pruebas de su temperamento activo, pues dirigió la comisión del Boletín y publicaciones de la Juventud Católica, y fue vicepresidente del Ateneo Científico, presidente de la sección de Ciencias Sociales del Ateneo Valenciano, secretario y decano de la Facultad de Filosofía y Letras, &c. Además de numerosos artículos periodísticos, ha publicado: La ciudad de Murcia durante la Edad Media (Murcia 1888), Apuntes para unos prolegómenos a la Metafísica (Habana 1892), Apuntes para una Metafísica elemental (Valencia 1896), Educación de la voluntad (Valencia 1896), Lógica fundamental (Valencia 1901), y Don Quijote y Sancho, ¿son verdaderos caracteres humanos? (Valencia 1905). Escribió. además, el Discurso de apertura del curso de 1895 a 1896 de la Academia de la Juventud Católica valenciana, y el correspondiente a la apertura del curso universitario de 1898 a 1899: este último se publicó con el título El examen de la naturaleza humana nos enseña que el porvenir será de aquellos pueblos que sepan unir al vigor del sentimiento por sus ideales el mayor grado de educación e instrucción de sus individuos (Valencia 1898). Las obras de este escritor han merecido los elogios de periódicos nacionales y extranjeros.» (Enciclopedia universal ilustrada europeo americana, Hijos de J. Espasa, Barcelona 1916, tomo 31, págs. 183-184.)
«Universidades. Por fallecimiento del catedrático numerario de la Universidad de Valencia, D. José María Machí, se conceden los ascensos reglamentarios en la escala a los catedráticos numerarios de las Universidades: de Granada, D. Federico Gutiérrez Jiménez; de la Central, D. Luis Mendizábal, D. Cayo Ortega, D. Antonio Simona Zabaleta, don Mariano Gaspar Ramiro, D. Marcelo Rivas Mateos y D. Leonardo de la Peña; de la Universidad de Valencia, D. Pedro María López; de la de Salamanca, D. Eduardo No García, y de la de Sevilla, D. Antonio Lecha Marzo, pasando a ocupar los números 15, 35, 35,2, 76, 76,3, 136, 217, 76,2, 307 y 416 del escalafón general de Universidades.» (La Correspondencia de España, Madrid, sábado 16 de octubre de 1918, pág. 6.)
«Notas valencianas. En el tren correo de Madrid han llegado el ex ministro don Amalio Gimeno y el actual subsecretario de Hacienda, señor Montesinos, quien ha sido obsequiado con un banquete en el restorán Miramar, asistiendo cerca de cuatrocientos comensales. El presidente del Círculo Ciervista, don Pedro María López, ha ofrecido el banquete, pronunciando después un elocuente discurso de gracias el festejado.» (La Vanguardia, Barcelona, domingo 11 mayo 1919, pág. 14.)
«Valencia. El claustro de la Universidad ha designado a los catedráticos que la representarán en la asamblea que se celebrará en Madrid el 3 de enero próximo. Por la Facultad de Derecho marchará el señor Zumalacárregui; por filosofía, don Pedro María López y por Ciencias, el doctor Bermejo.» (La Vanguardia, Barcelona, miércoles 21 de diciembre de 1921, pág. 23.)
«Tribunal para unas oposiciones. Se ha nombrado el siguiente tribunal para juzgar las oposiciones en turno de auxiliares a la cátedra de Lógica fundamental vacante en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza: Presidente, don Manuel Bartolomé Cossio, catedrático de la sección de Filosofía de la central y consejero de Instrucción pública; vocales, don Julián Besteiro, titular de la asignatura en la central; don Alberto Gómez Izquierdo, titular de la asignatura en Granada; don Pedro Font Puig, catedrático de Psicología superior de Barcelona; don Hilario Andrés Torre Ruiz, titular de la asignatura en Valladolid; suplentes, don José Daurella, titular de la asignatura en Barcelona; don Baldomero Díez Lozano, titular de la asignatura en Murcia y don Pedro María López, titular de la asignatura en Oviedo.» (La Vanguardia, Barcelona, viernes 26 de febrero de 1926, pág. 17.) [Adviértase el error de hacer a PML catedrático en Oviedo, provocado al saltarse el nombre de Faustino Luis de la Vallina.]
«De enseñanza nacional. —Nombrando presidente del Tribunal de oposiciones a la cátedra de Lógica fundamental de la Facultad de Filosofía y Letras, de Zaragoza, a D. Manuel B. Cossio; vocales, a D. Julián Besteiro, D. Alberto Gómez Izquierdo, D. Pedro Font Puig y D. Hilario Andrés Torres; y suplentes, a D. José Daurella, D. Baldomero Díez Lozano, D. Pedro María López y D. Faustino Luis de la Vallina.» (El Imparcial, Madrid, miércoles 3 de marzo de 1926, pág. 7.)
«Valencia. En vista de la actitud del rector y de los vicerrectores dimisionarios de no continuar en el desempeño de sus respectivos cargos para los que fueron confirmados por el gobierno del general Berenguer, se ha dispuesto que se haga cargo interinamente del rectorado de la Universidad, el decano de más edad, habiendo correspondido a don Pedro María López, el cual pertenece a la Facultad de Filosofía y Letras. Es posible que a fin de pulsar la opinión del claustro y darse cuenta personalmente del estado de ánimo de los profesores y escolares de la Universidad, haga próximamente un viaje a Valencia el ministro de Instrucción Pública, en cuyo caso nombraría inmediatamente rector y vicerrectores con carácter definitivo.» (La Vanguardia, Barcelona, sábado 22 de marzo de 1930, pág. 22.)
«El rectorado de la Universidad de Valencia. Valencia, 21. Ante la actitud del rector y vicerrector de la Universidad de dimitir irrevocablemente se ha hecho cargo del rectorado el decano de Filosofía don Pedro María López.» (El Imparcial, Madrid, sábado 22 de marzo de 1930, pág. 4.)
«Firma del Rey. Su Majestad el Rey ha firmado los siguientes decretos: De Instrucción. [...] –Admitiendo la dimisión del cargo de rector de la Universidad de Valencia a don Joaquín Ros y Gómez. –Idem del cargo de vicerrector de la Universidad de Valencia a don Enrique Castell Oria. –Idem del cargo de vicerrector de la Universidad de Valencia a don Salvador Salom Antequera. –Nombrando rector de la Universidad de Valencia a don José M. Zumalacárregui y Prat. –Idem vicerrector de la Universidad de Valencia a don José Gascó Oliag.» (La Época, Madrid, sábado 29 de marzo de 1930.)
«Cuatro años más tarde [Alberto Gómez Izquierdo] publicaba las Nuevas direcciones de la Lógica; (1) en este libro campeaba ya el maestro de erudición cernida y sólida, de firme y profunda penetración, de juicio maduro y macizo, de criterio certero e independiente, y con idéntica naturalidad y destreza daba un palmetazo a la ridícula Lógica fundamental (2) de Don Pedro María López, o refutaba en páginas vigorosísimas y contundentes, de las mejores, a nuestro juicio, que salieron de su pluma, la lógica hegeliana (3).» (Boletín de la Universidad de Granada, 1932, pág. 487.)
«López y Martínez, Pedro María. Nació en Moratalla (Murcia) el 1 de agosto de 1861, y después de cursar el bachillerato becado por el ayuntamiento de Caravaca, estudió filosofía y letras y derecho, cuyas licenciaturas obtuvo respectivamente en 1883 y 1886. Tras su licenciatura en filosofía y letras consiguió una plaza de bibliotecario en la Biblioteca Provincial de Huesca, y en 1892 ganaba por oposición la cátedra de metafísica de la Universidad de la Habana, Universidad en la que explicó también historia de la filosofía. Sin embargo, no pudiendo tolerar aquel clima, regresó a la Península, incorporándose primeramente a la Universidad de Sevilla y posteriormente a la de Valencia, en la que, además de metafísica, explicó, a partir de 1900, literatura griega, teoría de la literatura y de las artes y lógica. Y también en Valencia, donde fijó definitivamente su residencia, llevó a cabo una intensa labor pública desempeñando diversos cargos, entre otros los de director del Boletín y publicaciones de la Juventud Católica, vicepresidente del Ateneo, presidente de su sección de ciencias sociales y decano y secretario de la Facultad de Filosofía y Letras. Debió de fallecer tempranamente en los primeros años de este siglo. Doctrinalmente fue un decidido tomista, como muestran sus publicaciones. [...]» (Gonzalo Díaz Díaz, Hombres y documentos de la filosofía española, CSIC, Madrid 1991, tomo 4, págs. 790-791.) [Obsérvese que toda la información biográfica de esta entrada procede del artículo de la enciclopedia Espasa de 1916, errando cuando se desvía de esa fuente: "Debió de fallecer tempranamente en los primeros años de este siglo": en 1935 figura aún en la Guía Oficial de España, como Decano honorario de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valencia, aunque falleció en 1934.]
«Cuando se introduce en el plan de estudios la Teoría de la Literatura y de las Artes, además de que su implantación no era obligatoria en todos los distritos, la Facultad valenciana funcionaba bajo mínimos y ni dependía económicamente del Estado. Estos precarios inicios se reflejan en el hecho de que el primer docente que la impartió ni fue historiador ni filólogo, sino un especialista en Lógica: Pedro María López y Martínez (Moratella, Murcia, 1861-Valencia, 1934).» (José Martín & Jorge Sebastián Lozano, «La Historia del Arte en la Universidad de Valencia durante la postguerra (1939-65)», Saitabi, Facultad de Geografía e Historia, Valencia 1997, nº 47, pág. 184.)
Prólogos a los Apuntes para unos prolegómenos a la metafísica, 1892 y 1895
Prólogo de la primera edición, La Habana 1892
«La obra filosófica presenta en nuestros días una fase no muy fácil de clasificar. Grande es la confusión que tanto en las escuelas como en los sistemas se nota, ya se llamen materialistas, ya espiritualistas, ora escépticos, ora místicos. Atravesamos una época de crítica en la que más conviene probar que inventar; convencer con la razón, que entusiasmar con el brillo de ingeniosos atrevimientos. Época es ésta en que, o mucho nos alejamos del movimiento que llevan las ciencias, o si pulsamos sus necesidades, por las quejas que los autores lanzan y por las aspiraciones que revelan en sus obras, precisa ante todo y sobre todo –dejando a un lado por ahora el afán de innovar,– reunir y dar forma científica a los muchos conocimientos que fluctúan dispersos en la atmósfera en que se desenvuelve la generación presente, acumulados en ella por la incesante labor, consciente e inconsciente, de las generaciones que nos han [12] precedido en el tiempo; y es, que en las ciencias filosóficas –como en la madre tierra– hay que sembrar y cultivar para luego poder obtener el fruto de la verdad y de la certeza.
Desde Kant hasta hoy, se han venido sembrando ideas más o menos fecundas, pero también más o menos erróneas, que junto con las verdaderas empezaron a germinar y luego a desarrollarse frondosas, por el cultivo, esmerado en la forma, que les dio la falange innúmera de secuaces de los maestros innovadores; y aún cuando entre estos discípulos no han faltado hombres de talento y genio, tomaron con tal pasión el cultivo de lo que en revuelta confusión sembraron los maestros, que dejaron crecer la cizaña junto al trigo, el error junto a la verdad, siquiera para ello hayan tenido que librar entre los de uno y otro bando, titánicas batallas de ingenios, dignas en verdad de mejor causa. Admira ciertamente ver cómo aún dentro de la doctrina hegeliana lucharon con encarnizamiento la derecha y la izquierda, y cómo aún los de esta última han sido combatidos en nuestros días por los experimentalistas ingleses y materialistas de todos los puntos.
Ya se ha sembrado y formulado el sistema o modo de presentar organizada la ciencia filosófica modernista. Ha llegado la hora de coger el fruto de las ideas vertidas y discutidas hasta la saciedad. Importa ahora mucho ser prácticos, y no perdernos ni en las disquisiciones del idealista puro, ni en los efluvios fosfóricos del materialista enragé. ¿Dónde encontrar la verdad? ¿En la filosofía idealista hegeliana o en la monista materialista de Häckel? ¿En la experimentalista inglesa y francesa o en las tendencias espiritualistas [13] escocesas? ¡Acaso sus mismos defensores saben cuál es el libro que la contiene!
Los que pretenden formar parte de la highlife filosófica, claman a todas horas y en todos los tonos, que los moldes de la escolástica son estrechos y anticuados para la filosofía de fines del siglo XIX; mas en cambio no adoptan otros que en puridad convengan, pues no han hecho otra cosa que ordenar, vestir bellamente el error de todos los tiempos, a vueltas de alguna que otra verdad consignada en sus sistemas para encubrir las falacias de que están plagados. En buen hora que digamos muy alto que los moldes en que se encerró la filosofía escolástica en los siglos XIII, XIV y aún en el XV, y de los que por mucho tiempo no ha querido salir, son estrechos. En buen hora que repitamos, cuantas veces sea necesario, que aquel molde aristotélico-escolástico está anticuado y mandado retirar; pero seamos juiciosos; en aquella filosofía había una verdad, esa verdad debe aprovecharse y vestirse de modo que hoy se la comprenda por todas las inteligencias. Entonces se formuló así el pensamiento filosófico, porque el tiempo y el medio ambiente en que se vivía, lo exigían de ese modo.
El progreso de las ciencias ha contribuido, con el estudio incesante de la Filosofía, al descubrimiento de más y más verdades; pues bien, unamos éstas a las que ya consignaba el gran filósofo de los tiempos medios, el inmortal Tomás de Aquino, y consignémoslas formando el organismo científico-filosófico con el tecnicismo y forma adecuada a la mayor sencillez con que hoy se pueden exponer las más abstrusas verdades. Busquemos, con serenidad y amor, nuevos [14] procedimientos, con los cuales se exponga clara, sucinta y fácilmente la Filosofía, y dejemos una vez de aparecer sabios, por el nimbo misterioso y trascendental con que envolvemos las ideas más comunes y generales a nuestro pensamiento.
He aquí la aspiración de nuestra vida. Nosotros hemos pretendido desde que nos dedicamos al estudio de la Filosofía, y pretendemos hoy, que la Metafísica está a la cabeza de todas las ciencias, y por eso vémonos obligados a dar a la estampa estos Apuntes mucho antes de que nos propusiéramos, con el fin de evitar los efectos desastrosos que para los alumnos lleva consigo la preocupación, muy generalizada, de que la Metafísica es un estudio inútil e imposible de aprender, pues creemos que el que los estudie con amor y sin prejuicios de ninguna especie, observará como los problemas metafísicos no tienen tales dificultades de comprensión cuando se les va a estudiar convenientemente preparados.
Que la Metafísica es difícil, es una verdad; pero lo es a la manera que lo es toda ciencia cuando se inicia uno en ella, y mucho más si –como repetidas veces lo ha comprobado la experiencia– se quiere entrar en su parte fundamental de repente, sin conocer el sujeto y objeto de la misma, ni haber reflexionado jamás acerca del propio pensamiento, y lo que es más lamentable, si ni siquiera sabemos pensar.
Que la Metafísica es inútil suele decirse. ¿Acaso los que esto han dicho la conocieron ni aún aproximadamente? No es éste el lugar a propósito para probar la utilidad de la primera de las ciencias; pero dispénsenos el lector que lo digamos, que el que vaya con ánimo frívolo y disipado a estudiarla, ese la encontrará siempre inútil, no llegará a [15] poseerla, y no poseyéndola, no comprenderá su realidad, y, por consiguiente, no encontrará objeto alguno al estudiarla; mas el que vaya a su estudio con constancia y amor a la verdad, y procure ir pertrechado del examen reflejo de los términos conocer y conocimiento, pensar y pensamiento, ciencia y método, o mucho nos engañamos, o en la Metafísica encontrará el principio y explicación del objeto de las demás ciencias, y por añadidura el consuelo de la vida.
Prólogo de la segunda edición, Valencia 1895
«Lo que decíamos en el prólogo de la primera edición de este libro el 1892, en que fue impreso en la Habana, podemos repetir hoy al darlo a la publicidad de nuevo, tanto más, cuanto que hemos podido apreciar en los años que llevamos de enseñanza oficial, lo conveniente, y aún necesario, que es evitar las asperezas del aprendizaje a los alumnos que concurren a nuestras Universidades; pues, ora sea por sus pocos años, ora porque aun cuando tengan la suficiente edad no aprendieron a tiempo a reflexionar, sino cuando más a devorar libros, ello es que en la cátedra y en el tribunal de exámenes manifiestan encontrar dificultades insuperables en todo aquello que exige fijeza y meditación.
Estas y otras muchas razones, que no hay para qué mencionar aquí, nos han movido a reproducir estos Apuntes, publicando la segunda edición purgada de las pequeñas obscuridades que, no obstante nuestro buen deseo en esto, pasaron inadvertidas en la primera, no habiendo variado ni el método ni el plan seguidos en la misma, ya que tan [16] buenos resultados nos dio, y no introduciendo más novedad sensible que haberla aumentado en la cuestión del punto de partida y principio de la ciencia, pues en las correcciones que se han hecho queda ya suficientemente distinguido, a nuestro modo de ver, el conocimiento metafísico del filosófico, punto a que se refiere el Consejo de Instrucción Pública en su docto informe, con lo cual no hemos hecho otra cosa que atender a satisfacer nuestra aspiración dentro del campo científico, de que, ya que no podamos por propio esfuerzo adelantar la Ciencia, contribuyamos de alguna manera a preparar el camino de su conocimiento a los que a ella se dediquen; y esto de tal modo, que no encuentren obstáculos que les hagan desesperar ni perniciosos prejuicios o pasiones que les conduzcan necesariamente al error, y les alejen, por tanto, de la verdad, el bien y la belleza, fines a que debe aspirar el hombre ante todo al desarrollar sus facultades anímicas.»
Bibliografía de Pedro María López Martínez:
1888 «La ciudad de Murcia durante la Edad Media.» Discurso leído en la Universidad Central el día 7 de abril de 1888 para graduarse de doctor en Filosofía y Letras por Don Pedro María López y Martínez, Imprenta del Diario, Murcia 1888, 53 págs.
1892 Apuntes para unos prolegómenos a la metafísica, P. Fernández y Compañía, La Habana 1892, 207 págs. Apuntes para unos prolegómenos a la metafísica, por don Pedro María López y Martínez, Doctor en Filosofía y Letras, ex individuo del cuerpo facultativo de Archiveros Bibliotecarios y Anticuarios, catedrático de dicha asignatura en la Universidad literaria de Valencia, segunda edición de mil ejemplares, Imprenta y litografía de José Ortega, Valencia 1895, 238 págs. (Dedicatoria impresa en página 5: «Al Excmo. Señor Marqués de Pidal, dedica estos apuntes en prueba de cariñoso respeto y amistad, El Autor.»). Apuntes para unos prolegómenos a la metafísica, 2ª ed., José Ortega, Valencia 1896, 358 págs.
1895 «La educación de la voluntad.» Discurso leído en la solemne sesión inaugural de la Academia de la Juventud Católica de Valencia en el curso de 1895 a 1896 por el académico Dr. D. Pedro María López y Martínez el día 30 de Octubre de 1895, Imprenta de M. Manánt, Valencia 1895, 15 págs.
1896 Apuntes para una metafísica elemental, Imprenta y litografía de José Ortega, Valencia 1896?, 2 vols.: 1. Metafísica general y Cosmología, 438 págs. 2. Psicología y Teodicea, 358 págs. Segunda edición en 1899, bajo el rótulo de Metafísica. Tomo I, Metafísica general y Cosmología, Estab. Tip. Domenech, Valencia 1899, 448 págs.; Metafísica. Tomo II, Psicología y Teodicea, Tip. Domenech, Valencia 1899, 382 págs.
1898 «El examen de la naturaleza humana nos enseña que el porvenir será de aquellos pueblos que sepan unir al vigor del sentimiento por sus ideales el mayor grado de educación e instrucción de sus individuos.» Discurso leído en la solemne apertura del curso académico de 1898 a 1899 en la Universidad Literaria de Valencia por el Dr. D. Pedro María López y Martínez, Establecimiento tipográfico de Domenech, Valencia 1898, 123 págs.
1901 Lógica fundamental, por Pedro María López y Martínez, catedrático numerario de la misma asignatura en la Universidad literaria de Valencia, Establecimiento tipográfico de Domenech, Valencia 1901, 467+5 págs. 2ª ed.: Domenech, Valencia 1906, 599 págs. 3ª ed.: Domenech, Valencia 1913, 646 págs.
1905 Don Quijote y Sancho, ¿son verdaderos caracteres humanos?, Valencia 1905.
Textos de Pedro María López Martínez en el proyecto Filosofía en español:
1891 Programa de Metafísica
1895 Los sistemas filosóficos

References: artículo 11
 artículo 14
 artículo 18
 Resolución 
 artículo 27
 resolución