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Timestamp: 2019-09-15 14:56:44+00:00

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﻿ SENTENCIA SP2771–2018/46612 DE JULIO 11 DE 2018
SENTENCIA SP2771–2018 DE 11 DE JULIO DE 2018
CONTENIDO:IMPUTACIÓN EN LOS DELITOS IMPRUDENTES. SE EXPLICA QUE LAS ACCIONES IMPRUDENTES SUSCEPTIBLES DE REPROCHE PENAL NO ESTÁN DEFINIDAS EN LA LEY, DADA LA NATURALEZA IMPREVISIBLE DE LAS INNUMERABLES INTERRELACIONES QUE A DIARIO SE PRESENTAN EN EL INTERCAMBIO SOCIAL DE LAS PERSONAS. EN CADA CASO CONCRETO, EN CONSECUENCIA, LE CORRESPONDE AL JUZGADOR DETERMINAR SI EL COMPORTAMIENTO INVESTIGADO SE EJECUTÓ DE MANERA IMPRUDENTE, ESTO ES, SUPERANDO EL RIESGO JURÍDICAMENTE PERMITIDO CON INFRACCIÓN DEL DEBER OBJETIVO DE CUIDADO. EN EL DELITO IMPRUDENTE, POR ENDE, SE REQUIERE DEMOSTRAR TANTO LA RELACIÓN CAUSAL ENTRE EL COMPORTAMIENTO EXAMINADO Y EL RESULTADO LESIVO COMO LA CONCURRENCIA DEL TIPO SUBJETIVO, ENTENDIDO COMO EL CONOCIMIENTO QUE EL SUJETO TENÍA DEL RIESGO CREADO CON SU CONDUCTA. SE CONCLUYE ENTONCES QUE PARA IMPUTAR AL TIPO OBJETIVO UN RESULTADO LESIVO NO BASTA LA CAUSALIDAD. ES INDISPENSABLE DEMOSTRARLA, PERO NO ES SUFICIENTE. SE REQUIERE, ADEMÁS, VERIFICAR LA CREACIÓN DE UN RIESGO NO PERMITIDO Y EL CONOCIMIENTO DE QUE CON LA ACCIÓN SE CREABA O INCREMENTABA EL PELIGRO —TIPO SUBJETIVO—.
TEMAS ESPECÍFICOS:RIESGO CREADO, RECURSO DE CASACIÓN, CAUSALIDAD, SUPERACIÓN DEL RIESGO PERMITIDO, DELITO IMPRUDENTE, TIPO PENAL SUBJETIVO
Sentencia SP2771-2018 de julio 11 de 2018
SP2771-2018
Radicación 46612
(Aprobado Acta 227)
En el primero denuncia el defensor la violación indirecta de la ley sustancial por errores de hecho cometidos en la apreciación de la prueba, al haberse presentado falsos juicios de identidad por cercenamiento y tergiversación, con violación del principio de valoración articulada de la prueba, lo que conllevó a la aplicación indebida de los artículos 23, 111, 112, 113, 114, 115, 117 y 120 del Código Penal y a la falta de aplicación de los artículos 7-2 y 381 de la Ley 906 de 2004.
Yerro que en su opinión tiene la capacidad de quebrar la presunción de acierto y legalidad del fallo de instancia, toda vez que no existe conocimiento más allá de duda razonable que demuestre que NHN fue responsable de las lesiones personales culposas sufridas por YPPA.
1. Para demostrar el cargo el defensor transcribió el resumen consignado en la sentencia de la declaración de la víctima, según el cual «después yo me devuelvo a bajarme pongo los pies sobre la ventana allí es donde yo siento que pierdo el equilibrio como si la hubieran cerrado fuerte porque yo ya estaba totalmente apoyada. ¿Mientras usted salía dijo que apoyó los pies sobre la ventana? Sí ¿En qué parte de la ventana? Sobre el marco. Una ventana tiene una parte superior, inferior ¿qué parte concretamente? Sobre la parte plana ¿En la parte de arriba o de abajo? La parte de abajo. ¿Cuál fue la causa para que usted cayera del zarzo? Que hubieran cerrado la ventana. Mientras usted apoyaba los pies en la ventana ¿qué sucedía con sus manos? Estaban agarradas del muro. Solo sé que cuando estaba agarrada yo puse las piernas y de un momento a otro sentí como si alguien me las hubiera quitado de ahí y ahí es donde yo pierdo el equilibrio porque ya estaba desestabilizada ¿Y cómo cae? Descríbanos esa caída. Yo sé que caigo de espaldas y sentí dos golpes, pero ya no recuerdo muy bien, sentí que K me levanta y sentía un dolor terrible en lo que era la parte de la columna y en la cabeza».
Destacó a continuación el censor que en ese momento la declarante no supo quién cerró la ventana y sólo después de oírlo de una de sus compañeras se enteró que había sido NH y, al efecto, señaló que «yo a N no lo vi que me hubiera cerrado la ventana, yo lo escuché fue por el audio y porque todos fueron a la clínica y me contaron que efectivamente lo había hecho N y que él sabía que yo estaba ahí, y que lo había hecho con esa razón de tumbarme...».
Enseguida el demandante reseñó que en el juicio oral se le pusieron de presente a la joven YPP sus relatos ante la sicóloga del CTI N.C.R.M. y el médico J.D.B., según los cuales:
«Después me fui a bajar, puse la mano en la barra de metal que tenía el zarzo y la otra mano la puse en la escalita de la pared y puse una pierna en la ventana que estaba abierta y ahí me cerraron la ventana, me fui para atrás porque el peso de mi cuerpo estaba apoyado en la ventana y porque ya me había soltado de la barra de metal y me sostenía de la escalita de pared con las manos, pero yo no me podía agarrar bien de la escalita y entonces me caí porque me cerraron la ventana y estaba bien cogida de la escalita».
Al médico legista le reseñó que «lo mío fue un accidente en mi salón más o menos a las dos y 45 de la tarde, un muchacho lanza la cartuchera al zarzo del salón una muchacha me dice que si me puedo subir... que no sea gallina, me siento presionada... fui una tonta... me dijeron hágale, no sea gallina... había una ventanita, yo me subí... lancé la cartuchera... había una bufanda, también la bajé... Cuando me fui a bajar... antes de bajarme el techo se estaba desplomando, puse mis dos piernas en la ventana y me cerraron la ventana y me caí, caí sentada en un pupitre y después el golpe en la cabeza y fui a dar al piso. De lo que me acuerdo es que mis compañeros me tenían alzada, yo estaba muy sonsa, no sabía qué me pasaba, entonces me llevaron a la enfermería entonces yo estaba muy mal, me dolía mucho el codo, la columna, la cabeza».
A partir de lo anterior colige el defensor que el tribunal cercenó el testimonio porque sólo consideró lo expresado por la declarante en el interrogatorio y dejó de lado lo manifestado ante el médico legista y la sicóloga del CTI, pues la víctima no relató los hechos como un acontecimiento criminal sino como un accidente. Además, narró los sucesos de forma desigual. En unas ocasiones indicó que estaba sostenida con las dos manos y en otras con una, que había apoyado sus dos pies sobre la ventana y en otra oportunidad dijo que sólo había puesto una pierna.
Concluye entonces, que cuando la versión proviene de una misma persona, en particular de quien sufrió lesiones, no existe razón para que cuente historias diferentes. Como ello no sucedió así, dedujo la existencia de duda sobre la forma como pretendía bajar el muro y la razón de su caída, por manera que si se hubiese hecho una adecuada valoración probatoria, la sentencia habría sido otra.
2. Igual ejercicio realizó el recurrente respecto del testimonio del joven JEMC, quien declaró en el juicio que «al subir Y.P.P.A. al altillo, se apoyó en el espacio donde quedaba la ventana, alcanzó los objetos que estaban allí y al descender se desplomó» y en el informe actitudinal del 3 de septiembre de 2009 aseguró que «cuando Y.P.P.A. se disponía a bajar, de repente se resbaló y decidió saltar, pero fue un momento de impulso y ella no se dio cuenta de las sillas de abajo y cuando decidió saltar de espaldas se pegó con un puesto y cayó de para atrás, pero de lado...».
En su criterio, este testigo declaró que la razón de la caída de MPP fue la decisión voluntaria de la joven de saltar de lo alto, pero, a pesar de la claridad y espontaneidad de esta declaración, el tribunal no la consideró en la construcción de la sentencia de responsabilidad penal, pues sólo transcribió su contenido para rememorar la forma como subió la víctima al altillo, mas no para considerar las razones de su caída. Si el testimonio se hubiese valorado en su totalidad, se habría colegido la existencia de duda sobre el motivo de la caída.
3. Según el censor, JCSY dijo en el juicio que había ido al baño y cuando volvía al salón se percató de que el techo del pasillo se estaba rompiendo, luego escuchó que la joven cayó al suelo dentro del salón, por lo que asumió que se asustó y se desplomó, aseveración que el tribunal desestimó bajo el argumento de que al testigo no le consta nada de lo sucedido.
Pero, a su criterio, si se hubiese analizado en conjunto la declaración se habría encontrado que el testigo no ubica a NHN en el pasillo ni informa que fue quien cerró la ventana en donde, según el tribunal, YPP tenía apoyados sus pies.
4. Reseñó igualmente que MPA dijo de la caída de MPP que «a la hora de ella bajarse, ella se iba a lanzar de cara, nosotros le dijimos no... nosotras le dijimos que se diera vuelta para que bajara con cuidado y nosotros la ayudábamos a bajar. Entonces bueno, estábamos en ese proceso y P pues tenía los pies apoyados y pues ocasionalmente pues N pasó y yo no recuerdo en este momento porque yo tenía mi visión fijamente en P, no quien estaba pasando, ni nada, tenía mi visón plenamente en que P bajara correctamente de donde ella estaba encima como del borde, entonces pues al cerrar, si vi que se cerró la ventana y P cayó, pero aún no lo entiendo bien porque yo trato de pensar, o sea, de analizar y de recordar (…) si se lanzó porque al caer, o sea, al perder el apoyo de los pies pues obviamente uno, pues se cae, pero yo vi, o sea, no sé si fue un reflejo de ella, pero cayó como de lado y las manos de ella quedaron en mis pies».
Para el defensor, la testigo no aseguró que NHN fue quien cerró la ventana ni que esa fue la causa de la caída y por ello considera que esos apartes del testimonio fueron cercenados por el tribunal, con evidente infracción de los principios de valoración probatoria al omitir las afirmaciones que dejan duda sobre la responsabilidad del joven inculpado.
5. JSRP declaró que «cuando la sicóloga salió del salón, con N nos dirigimos al baño, al regresar veníamos pasando, a él se le abrió la ventana del salón, casito le golpea la cara a él y él la cerró cuando veníamos, al cabo ahí son como unos cinco a diez pasos que uno va hasta el salón, y ahí fue cuando Y cayó, soltó sus manos y cayó sobre un pupitre que se encontraba pegado hacia la pared, ahí pues hasta donde recuerdo K y yo no sé si había otro compañero, ayudamos a P y la acompañamos hasta la enfermería del colegio».
A criterio del censor, la sentencia sólo consideró el aparte incriminatorio del testimonio y no el exculpatorio en el que el testigo explicó las razones por las cuales NH, cerró la ventana, esto es, que la misma se abrió frente a su cara y tuvo la necesidad de protegerse. En todo caso, agregó el demandante, esa maniobra no fue la razón de la caída de la víctima, pues segundos después de haberse cerrado el postigo, el declarante observó la caída de MPP. Si no se hubiese cercenado el testimonio, en opinión del censor, se habría tenido que aplicar el principio in dubio pro reo.
6. También consideró distorsionado el contenido de la declaración de MAN por cuanto el tribunal le hizo decir a la testigo que NH «estaba saltando porque la madera se estaba cayendo», pero la realidad es que la víctima aún no había descendido, pues precisamente sus movimientos en el altillo ocasionaron que las tablas cedieran, de forma que el acusado no transitaba por el pasillo cuando Y del P estaba bajando, sino que con antelación se encontraba cerca a la ventana, cuyo cuarterón estaba abierto.
En opinión de la defensa, además, ningún testigo afirmó de manera categórica que el acusado fue quien cerró la ventana y mucho menos que la ventana ya se encontraba abierta antes de que la víctima procediera a bajar y que permaneció abierta durante toda su estadía en el altillo. Lo que se advierte, entonces, es que la joven subió por un lado de la ventana al zarzo y caminó por el mismo para alcanzar las cosas, luego, según algunos testigos, se abrió el postigo para que descendiera. Con todo, considera que como las manifestaciones de los testigos son contradictorias, existe duda sobre la supuesta acción culposa de HN.
7. Según el resumen del tribunal, JDRV señaló que la víctima «estaba sosteniéndose con las manos, había gente ayudándola a bajar, ella se botó de una. N estaba al lado mío en el pasillo y cerró la ventana haciéndole fuerza, pues la ventana hay que hacerle fuerza para cerrarla, P se soltó y sonó un totazo...».
De lo anterior el tribunal infirió que «respaldado en lo dicho por JDRV de que al oír que la madera se “rompía”, salió y se ubicó “a un paso del marco de la puerta”, aunque en su entrevista expresó que fue “al lado de la ventana y cerca de ese lugar estaba NH”, se entiende que se refirió al postigo que queda próximo a la entrada del aula. Y según las fotografías que tomó la investigadora de la defensa, se infiere que para ir del baño al salón se debe pasar frente de la ventana que fue abierta para que la víctima se apoyara con el fin de subir al “zarzo”». «De manera que para que NHN estuviera al lado de JDRV tuvo que haber superado la última parte de la ventana, mencionada en el párrafo precedente, lo que confirma que aquél no transitaba por el pasillo y tampoco existió el evento intempestivo y sorpresivo aducido por el recurrente que obligó a su representado a cerrar el cuarterón, especialmente cuando JDRV ratificó que el primero estaba atento de si el techo se desplomaba para recibir a la persona que estuviera arriba».
Para el recurrente, por el contrario, la ventana que fue cerrada no es la ubicada justo al lado de la puerta de salida y entrada del salón, sino la situada al otro costado, de manera que se tergiversó la prueba. Además, el testigo señaló que la víctima se botó hacia atrás de espaldas, que no tenía sus pies apoyados en la ventana sino que estaban colgando.
Si el tribunal hubiese analizado este testimonio en su totalidad y no fraccionadamente, no habría dejado de lado las manifestaciones exculpatorias del testigo que indican que NHN no tuvo que ver con la caída de Y del PP.
Cuestionó adicionalmente el demandante, que existiera coincidencia de la prueba frente a la razón por la que YPP subió al zarzo, de qué manera lo hizo y cómo se desplazó por el altillo, pero no en torno a la forma como descendió y la razón de su caída.
Concluyó, entonces, que como los testimonios no son unívocos en ese punto sino contradictorios, existe duda sobre las razones de la caída, la cual pudo ocurrir porque i) la víctima se soltó del muro lesionándose seriamente, sin que el hecho de cerrar la ventana hubiese tenido que ver con su caída, o ii) que NHN cerrara el postigo donde aquella posaba sus pies y que éste acto produjera su desplome. Pero como no se probó más allá de toda duda razonable una cualquiera de esas hipótesis, no era posible condenarlo por el delito de lesiones personales culposas en calidad de imprudente.
Pidió el defensor, en consecuencia, casar la sentencia y dictar fallo de sustitución.
Segundo cargo. Violación directa de la ley sustancial por inaplicación del artículo 9º del Código Penal.
Según el demandante, el tribunal aplicó en forma indebida los artículos 111, 112, 113, 114, 115, 117, 120 y 23 del Código Penal y omitió el artículo 9º del mismo estatuto, que exige la tipicidad de la conducta.
Lo anterior porque YPPA, después de participar en un juego con sus compañeros de salón en el que se arrojaron algunos elementos al zarzo, a petición de algunas compañeras, tomó la decisión libre y voluntaria de subir a propio riesgo hasta aquél lugar. La joven, incluso, previó la posibilidad de caerse y lesionarse y, sin embargo, como lo indica la prueba, emprendió la aventura, se subió al altillo, recuperó los útiles escolares y al bajarse sin las adecuadas medidas de seguridad —escalera, colaboración de un adulto—, cayó sobre un pupitre y luego al piso.
Reseñó enseguida que en la doctrina penal contemporánea, la opinión dominante considera que la realización del tipo objetivo en el delito imprudente —infracción al deber de cuidado—, se satisface con la teoría de la imputación objetiva, según la cual un hecho causado por el agente es jurídicamente atribuible si el comportamiento ha creado un peligro para el objeto de la acción no abarcado por el riesgo permitido y dicho peligro se realiza en el resultado concreto.
Lo anterior significa que si la infracción al deber de cuidado se concreta en el desconocimiento de la norma de cuidado inherente a actividades en cuyo ámbito se generan riesgos o puesta en peligro de bienes jurídicamente tutelados, es necesario fijar el marco en el cual se realizó la conducta y señalar las normas que la gobernaban a fin de develar si mediante la conjunción valorativa ex ante y ex post, el resultado que se produjo, puede ser imputado al comportamiento del procesado.
En opinión del defensor, fue la víctima quien se puso en peligro al ejecutar una acción a propio riesgo, con lo cual satisfizo los presupuestos de esa figura, a saber: 1. Tener el poder de decidir si asume el riesgo y el resultado. 2. Ser autor responsable, es decir, conocer o tener la posibilidad de conocer el peligro que afronta con su actuar y tener capacidad para discernir sobre el alcance del riesgo. 3. No tener posición de garante.
Lo primero se cumple, según el censor, porque para la fecha de los hechos YPP contaba con total discernimiento sobre los alcances de su conducta y podía auto determinarse, pues no tenía ninguna deficiencia desde el punto de vista volitivo que le impidiera tomar sus propias decisiones, no estaba afectada por ninguna enfermedad o sustancia que perturbara su conciencia. La decisión que tomó, por tanto, fue consciente y voluntaria.
Lo segundo, por cuanto fue Y del P quien decidió asumir el riesgo y su resultado porque sabía que subirse al altillo implicaba la posibilidad de caerse y ocasionarse daños a la salud e integridad personal y, sin embargo, se aventuró, realizó la maniobra, con lo cual creó un riesgo no permitido y violó el principio de autoprotección.
Un análisis ex ante del peligro, en su criterio, según la prueba acopiada en el juicio, le permitía advertir a MP desde antes de subir al zarzo que era un riesgo treparse allí porque podía caerse y atentar contra sus bienes jurídicos.
El tercer aspecto también lo encuentra configurado el demandante porque NHN no tenía deberes legales o constitucionales frente a Y del P P, de los cuales se le exigiera una determinada conducta con el fin de amparar o proteger los bienes jurídicos de ésta. Por demás, acorde con lo probado en juicio, el joven transitaba por el pasillo cuando inesperadamente se abrió una ventana, la cual cerró en defensa de su integridad.
El artículo 9º del Código Penal establece que la causalidad por sí sola no basta para la imputación jurídica del resultado, por manera que cerrar el postigo de la ventana no convierte a NHN en autor del delito de lesiones personales culposas en calidad imprudente. En consecuencia, según el recurrente, no están dados los presupuestos de la imputación objetiva porque quien creó un riesgo desaprobado fue la propia víctima al optar por subirse sin las seguridades necesarias a un altillo, comportamiento en el que no hay intervención del procesado, en el entendido que no desplegó ninguna actividad que pusiera en riesgo a la víctima.
Y aunque efectivamente se materializó un resultado lesivo, en su producción no participó NHN, aún si se aceptara que el joven realizó una maniobra que generó un resultado —cerrar la ventana—, porque de acuerdo a lo probado en el juicio, tal actividad sería impensada, inesperada e imprevista, dada su apertura intempestiva en el momento en que HN pasaba frente a la misma, como sostienen los estudiantes JSR, MAN y LVJ. Ello porque desplegó una actividad normal que carece de imprudencia y dolo, pues le resultaba imposible determinar porqué se abría la ventana y sólo defendió su rostro de un eventual golpe, conducta socialmente adecuada.
No se cumplen en su opinión los presupuestos legales del artículo 23 del Código Penal para atribuir responsabilidad al joven procesado en las lesiones padecidas por YPP y, conforme a ello, pide casar la sentencia.
Tercer cargo. Violación directa de la ley sustancial por inaplicación del artículo 32-1 del Código Penal.
El demandante denuncia la violación directa de la ley sustancial por inaplicación del artículo 32-1 del Código Penal, dado que la conducta atribuida a NHN no es típica, antijurídica y culpable en tanto se configuró la causal de exclusión de la responsabilidad penal denominada fuerza mayor o caso fortuito.
Ello porque justo en el momento en que NHN pasaba frente a la ventana, ésta se abrió y, por ello, debió cerrarla, pero no pudo advertir lo que sucedía dentro del salón ni que la ventana era utilizada para brindar apoyo a los pies de MPP, por manera que su accionar fue involuntario, pues el vidrio se convirtió en un espejo por el fenómeno conocido como reflexión especular de la luz.
Y aunque el tribunal aceptó la posibilidad de que NHN estuviera pasando por el pasillo justo cuando se abrió la ventanilla, negó que el acto de cerrar la ventana para proteger su rostro pueda considerarse caso fortuito bajo el argumento de que toda persona en las mismas circunstancias se defiende poniendo su antebrazo, regla que a criterio del censor no es matemática ya que las personas reaccionan de manera diferente.
Aún más, el demandante encuentra contradictorio que el tribunal niegue la configuración de un caso fortuito, cuando en la sentencia señaló que «al cerrar NHN el cuarterón, produjo efectos negativos en el punto de apoyo, lo que le hizo perder a YPPA el equilibrio y cayó, o sea, ese acto inesperado interfirió en la maniobra descendiente de la menor con las consecuencias antes indicadas, como fueron las lesiones a que se ha hecho alusión», pues un acto inesperado es impensado, imprevisto, insospechado. En consecuencia, erró el tribunal al predicar responsabilidad en cabeza de NH, cuando la prueba acopiada señala que quien actuó imprudentemente fue la víctima y no el joven procesado.
Solicitó, en consecuencia, casar el fallo y, en su lugar, dictar el de sustitución.
En la audiencia de sustentación oral intervinieron el defensor, el fiscal delegado ante la Corte, el Ministerio Público y la apoderada de la víctima.
Se atiene a lo expuesto en la demanda.
En su opinión no asiste razón al censor por cuanto hace una valoración sesgada de los testimonios recogidos en la investigación y en el juicio, razón por la cual llega a la conclusión de que existen dudas que han debido favorecer a su protegido. Por el contrario, tal como se observa en las correspondientes sentencias, de primera y de segunda instancia, su fundamento fue el caudal probatorio debidamente allegado y los testimonios rendidos por quienes fueron compañeros de estudio de la víctima, todo lo cual se valoró en su conjunto y no de manera dispersa o fragmentada.
Justamente ello fue lo que le permitió a los jueces de instancia llegar a la conclusión de que el entonces adolescente obró de manera culposa al cerrar la ventana en la cual se apoyaba la jovencita cuando descendía del lugar a donde había escalado por presión moral de sus compañeros de estudio, pues no es cierto que hubiese subido por su propia voluntad.
Tampoco es verdadero que ella misma se haya puesto en peligro y que supiera que podía caer al vacío y lesionarse. Por el contrario, creyó y confió en sus compañeros y jamás se le pasó por la mente que uno de ellos le impediría descender, lo cual, en últimas, influyó definitivamente en su caída al vacío y en que sufriera las lesiones mencionadas en estas diligencias.
Menos sostenible le resulta la teoría expuesta por el censor sobre la ocurrencia de un caso fortuito, pues mientras esté de por medio la conducta culposa de un tercero, como ocurrió en este caso, éste es responsable del resultado, precisamente por su actuar imprudente y negligente violatorio del deber objetivo de cuidado, al cual estaba obligado el alumno NH en vista de que también hacía parte del grupo de estudiantes que se encontraban en el lugar y necesariamente sabía y era consciente de lo que allí estaba ocurriendo porque el hecho de que la joven víctima subiera al zarzo del aula de clase, fue realizado a vista y paciencia de todos sus compañeros de clase.
Para el fiscal, entonces, las explicaciones expuestas por el demandante no minan la fortaleza valorativa y argumentativa de las sentencias de primera y segunda instancia, las cuales se fundaron en la integralidad probatoria de la cual obtuvieron certeza sobre la ocurrencia de los hechos, así como de la responsabilidad del joven procesado en las lesiones personales causadas, motivo por el cual solicita no casar la sentencia.
3. El procurador delegado.
Considera que el primer cargo no se estructura porque confrontado el testimonio de la víctima con lo que de él dedujo el sentenciador ninguna tergiversación se aprecia, como quiera que no corresponde a la realidad que con fundamento en ese elemento hubiere concluido el tribunal que NH fue el causante de la caída de la menor. Con mayor razón cuando el hecho de que la víctima narre de diferente manera los hechos ante diversas personas o autoridades no hace que su versión pierda valor, como lo ha señalado la jurisprudencia.
En el cargo segundo el demandante consideró que fue la víctima quien creó su propio riesgo, por lo tanto, nada tuvo que ver su defendido en que Y del P subiera al altillo, pues no participó en ninguna broma, tampoco colaboró para el ascenso ni lanzó los elementos al zarzo, por lo cual cerrar el postigo de la ventana, no lo hace autor del delito de lesiones personales culposas en calidad imprudente.
Lo que en su criterio se le reprocha al procesado es haber cerrado la ventana sabiendo que la víctima se encontraba apoyada en la parte inferior del marco. La acción de NH de cerrarla fue lo que produjo el resultado lamentable, esa fue la causa de la caída de M.P., ya que le hizo perder el equilibrio y como consecuencia de ello cayó. Es decir que el implicado incurrió en un riesgo puniblemente desaprobado porque la conducta por él realizada imprudentemente, como fue cerrar la ventana, le es directamente imputable.
Por lo anterior, desestima la autopuesta en peligro de la víctima, pues si bien MP era responsable y podía comprender el riesgo que asumía al subir al altillo, no le era posible prever que alguien cerrara de manera imprevista la ventana de la cual dependía para bajar. Fue este episodio el que causó el resultado. Tratándose del delito culposo, aunque es necesario, no es suficiente que la conducta creadora del riesgo jurídicamente desaprobado cause el resultado típico. Se requiere que éste pueda verse como la realización del riesgo inherente a la conducta, lo que impone analizar además de la relación de causalidad, la relación de riesgo entre la conducta y el resultado, al punto que es posible negar la imputación objetiva cuando el resultado, pese a haber sido causado por una conducta que creó el riesgo típicamente relevante, no supone la realización de este riesgo sino de otro factor.
Una de las materias más profundamente innovadas con la entrada en vigor de la nueva legislación, es la de la posición de garante y la estructura del delito imprudente. Teniendo en cuenta todos los elementos objeto de estudio por parte de la doctrina científica sobre la naturaleza y situación del deber de cuidado, el papel del resultado o los criterios de imputación de dicho resultado en los casos concretos, se colige que el criterio fundamental de imputación al agente radica en el fin de protección de la norma de cuidado e implica que el daño se refleje en la realización del riesgo creado a través de la infracción de aquella, al tiempo que se deben determinar los riesgos y peligros que debió prever según sus circunstancias, si los mismos eran adecuados o no y qué medidas de protección debía adoptar para no llegar al resultado.
En su criterio es claro que NH creó un riesgo jurídicamente desaprobado que ocasionó las lesiones sufridas por Y del P y, por ello, el reproche no puede prosperar.
En el tercer cargo el defensor postuló la violación directa de la ley por inaplicación del artículo 32-1 del Código Penal. Sin embargo, en su opinión la censura se quedó corta porque se limitó a etiquetar los hechos como un caso fortuito o fuerza mayor sin acreditar la ausencia de lesividad de la conducta de su defendido. Tesis que en todo caso no le parece aceptable por cuanto quedó establecido en las instancias que el cierre total se realizó en dos etapas separadas por segundos, de manera que el caso fortuito lo constituiría, eventualmente, la acción de cierre a partir de un movimiento orientado a proteger la integridad física del acusado, pero no es producto de lo evidenciado en el caso ya que no pudo cerrar la ventana totalmente sino que fue a partir de una segunda maniobra ejercida con mucha fuerza y en la que no tuvo la precaución adecuada.
Como lo ha definido la jurisprudencia, el caso fortuito se dirige a circunstancias en las que desde el punto de vista dogmático se presente ausencia de acción, pero en este caso no se presentó un hecho imprevisible e inevitable de resistir que escapara al control del procesado y le obligara a cerrar la ventana, por lo cual, en su opinión, no concurre la causal de ausencia de responsabilidad invocada, motivo suficiente para denegar el cargo.
4. Apoderada de la víctima.
Se atiene a lo expresado por los representantes de la Fiscalía y de la Procuraduría.
Adicionalmente reseña que el día de los hechos, los estudiantes de 10º del XXX arrojaron una cartuchera al altillo y le pidieron a MPP que la bajara, quien se negaba a subirse debido a la altura del lugar, pero por presión de los compañeros accedió a escalar y recuperar los elementos. Al descender, apoyó sus pies en el marco de la ventana abierta, momento en el que su compañero NH cerró la ventana, por lo que Y cayó al piso de espaldas y perdió el conocimiento. Estos hechos, así como sus consecuencias en la integridad de la víctima, fueron corroborados en el juicio oral, motivo por el cual no deben prosperar los cargos propuestos por el defensor, pues se logró demostrar más allá de toda duda razonable en las dos instancias la materialidad del delito de lesiones personales culposas y la responsabilidad de NH.
La víctima entregó su versión de los hechos, la cual fue corroborada con los testimonios de sus compañeros quienes declararon que la ventana había sido abierta para que Y se apoyara al bajarse y fue cerrada de manera abrupta por NH, motivo por el cual la joven perdió el equilibrio y cayó. En ese contexto, el actuar del sentenciado fue imprudente porque pudo prever que cerrando la ventana de manera repentina podía causar un accidente con lo cual infringió el deber objetivo de cuidado.
La defensa atribuye a la sentencia la violación mediata de la ley sustancial derivada de la falta de aplicación del principio in dubio pro reo, vía falsos juicios de identidad, porque al cercenar y tergiversar los testimonios que enumera, coligió equivocadamente que las lesiones padecidas por YPPA son imputables a NHN.
Aduce igualmente la infracción directa de la ley por indebida aplicación de los artículos 111 y siguiente del Código Penal y la omisión del artículo 9º que exige que la conducta sea típica. Ello porque el accidente se produjo como consecuencia de la acción a propio riesgo asumida por la víctima —segundo cargo—. Propone, por último, la violación directa de la ley por inaplicación del artículo 32-1 del Código Penal por cuanto en el accionar del procesado se configura un caso fortuito excluyente de responsabilidad.
1. Fundamentos del fallo de condena.
1.1. Luego de reseñar las pruebas recaudadas, la juez de primer grado consideró que la causa de la caída de la joven YPP fue el cierre de la ventana donde tenía apoyados sus pies, acción realizada por NHN, quien estaba ubicado en el pasillo adyacente al salón y desde allí podía percibir que Y estaba en el altillo.
Para la juzgadora, en consecuencia, HN creó un riesgo jurídicamente desaprobado al cerrar abruptamente la ventana, conociendo que una persona se encontraba en el altillo del salón, pues tenía la oportunidad de detenerse a observar si su comportamiento podía ocasionar un daño y no lo hizo.
Desestimó la configuración de una acción a propio riesgo porque no era previsible que alguien cerrara la ventana de manera intempestiva. De igual forma, negó la configuración del caso fortuito por cuanto el cierre de la ventana se hizo en dos tiempos y entre el primero y segundo pasaron varios segundos en los que HN pudo verificar la existencia de un riesgo, con mayor razón cuando los vidrios de la ventana eran transparentes y podía comprobar lo que ocurría al interior del salón.
1.2. Por su parte, el tribunal, después de analizar la prueba acopiada y los argumentos de la impugnación, afirmó que la ventana permaneció abierta desde que se inició el ascenso de Y del P al ático, lo cual descarta la apertura intempestiva cerca de NH cuando aquella bajaba de ese lugar y deja sin sustento la maniobra defensiva aducida por la defensa.
Con todo, según la colegiatura, si se hubiese abierto la ventana cerca al implicado, su reacción no fue un acto reflejo sino una acción voluntaria porque la protección de su cara se cumplía colocando el antebrazo, mas no cerrándola porque esto requiere más tiempo y es menos efectiva.
A partir de las fotografías aportadas por la defensa, consideró que el vidrio de la ventana es de espejo sólo cuando está cerrada, más no abierta, de manera que NH podía percibir que alguien estaba en el techo. Entonces, como estaba en el pasillo atento a lo que sucedía dentro del salón le era posible prever que si cerraba la ventana en cuyo marco su compañera apoyaba los pies, ésta correría el riesgo de desplomarse. Como no actuó como un adolescente promedio lo haría, infringió el deber objetivo de cuidado.
Coincidió con el recurrente en que YPP no debió subir al altillo en la forma en que lo hizo, pues lo prudente habría sido utilizar una escalera, de manera que al aceptar que se acercara un pupitre a la ventana para escalar al zarzo creó un riesgo para su integridad personal «máxime que era una persona miedosa y poco diestra para ese tipo de maniobras». Con todo, a su criterio no se demostró que no tendría éxito en esa maniobra, pero sí se evidenció que fue el actuar de NH el que aumentó el riesgo creado por la ofendida, lo que lo hace responsable del delito imputado.
2. Temas objeto de debate.
Al constatar los fundamentos del fallo de condena, así como los argumentos expuestos por el demandante en casación y lo manifestado por los no recurrentes, advierte la Corte que son tres los temas que corresponde dilucidar en orden a establecer si NHN es o no penalmente responsable de las lesiones sufridas por YPPA: i) si la acción es imputable jurídicamente al procesado, ii) si la víctima realizó una acción a propio riesgo que determinó su caída o iii) si el desplome de la joven obedeció a un caso fortuito.
2.1. Imputación en los delitos imprudentes.
Las acciones imprudentes susceptibles de reproche penal no están definidas en la ley, dada la naturaleza imprevisible de las innumerables interrelaciones que a diario se presentan en el intercambio social de las personas. En cada caso concreto, en consecuencia, le corresponde al juzgador determinar si el comportamiento investigado se ejecutó de manera imprudente, esto es, superando el riesgo jurídicamente permitido con infracción del deber objetivo de cuidado.
El juicio de reproche no recae, por tanto, sobre la acción —conducir un vehículo, realizar un procedimiento médico, cerrar una ventana, etc.— sino sobre la forma en que la misma se ejecuta, esto es, infringiendo las reglas de cuidado propias de la actividad realizada, valga decir, los reglamentos de tránsito, las reglas de la experiencia propias de cada profesión u oficio —lex artis— y, si no las hay, las pautas de comportamiento social del hombre promedio. O creando un riesgo jurídicamente desaprobado a partir de la ejecución imprudente de una acción normalmente trivial.
Ello porque no basta con que se produzca un resultado lesivo para pregonar la configuración de un delito imprudente. Se requiere, además, que la acción se haya ejecutado sin el cuidado exigible ex ante al sujeto en atención a su capacidad individual o al rol que desempeña en la sociedad, pues la mera causalidad no es suficiente para imputar penalmente el resultado al autor del comportamiento lesivo, como lo señala el artículo 9º del Código Penal al indicar que «la causalidad por sí sola no basta para la imputación jurídica del resultado», lo cual significa que en el sistema penal colombiano está proscrita la responsabilidad objetiva.
En el delito imprudente, por ende, se requiere demostrar tanto la relación causal entre el comportamiento examinado y el resultado lesivo como la concurrencia del tipo subjetivo, entendido como el conocimiento que el sujeto tenía del riesgo creado con su conducta.
Al respecto la jurisprudencia de la Sala ha señalado:
De acuerdo con la evolución doctrinaria y jurisprudencial del delito imprudente, lo esencial de la culpa no reside en actos de voluntariedad del sujeto agente, superando así aquellas tendencias ontologicistas que enlazaban acción y resultado con exclusivo apoyo en las conocidas teorías de la causalidad —teoría de la equivalencia, conditio sine qua non, causalidad adecuada, relevancia típica—, sino en el desvalor de la acción por él realizada, signado por la contrariedad o desconocimiento del deber objetivo de cuidado, siempre y cuando en aquella, en la acción, se concrete, por un nexo de causalidad o determinación, el resultado típico, es decir, el desvalor del resultado, que estuvo en condiciones de conocer y prever el sujeto activo.
En la doctrina penal contemporánea, la opinión dominante considera que la realización del tipo objetivo en el delito imprudente (o, mejor dicho, la infracción al deber de cuidado) se satisface con la teoría de la imputación objetiva, de acuerdo con la cual un hecho causado por el agente le es jurídicamente atribuible a él si con su comportamiento ha creado un peligro para el objeto de la acción no abarcado por el riesgo permitido y dicho peligro se realiza en el resultado concreto.
En otras palabras, frente a una posible conducta culposa, el juez, en primer lugar, debe valorar si la persona creó un riesgo jurídicamente desaprobado desde una perspectiva ex ante, es decir, teniendo que retrotraerse al momento de realización de la acción y examinando si conforme a las condiciones de un observador inteligente situado en la posición del autor, a lo que habrá de sumársele los conocimientos especiales de este último, el hecho sería o no adecuado para producir el resultado típico.
En aras de establecer cuándo se concreta la creación de un riesgo no permitido y cuándo no, la teoría de la imputación objetiva integra varios criterios limitantes o correctivos que llenan a esa expresión de contenido, los cuales también han tenido acogida en la jurisprudencia de la Sala:
No provoca un riesgo jurídicamente desaprobado quien incurre en una «conducta socialmente normal y generalmente no peligrosa», que por lo tanto no está prohibida por el ordenamiento jurídico, a pesar de que con la misma haya ocasionado de manera causal un resultado típico o incluso haya sido determinante para su realización».
Tampoco se concreta el riesgo no permitido cuando, en el marco de una cooperación con división del trabajo, en el ejercicio de cualquier actividad especializada o profesión, el sujeto agente observa los deberes que le eran exigibles y es otra persona perteneciente al grupo la que no respeta las normas o las reglas del arte (lex artis) pertinentes. Lo anterior, en virtud del llamado principio de confianza, según el cual «el hombre normal espera que los demás actúen de acuerdo con los mandatos legales, dentro de su competencia».
Igualmente, falta la creación del riesgo desaprobado cuando alguien sólo ha participado con respecto a la conducta de otro en una «acción a propio riesgo», o una «autopuesta en peligro dolosa».
En cambio, «por regla absolutamente general se habrá de reconocer como creación de un peligro suficiente la infracción de normas jurídicas que persiguen la evitación del resultado producido».
Así mismo, se crea un riesgo jurídicamente desaprobado cuando concurre el fenómeno de la elevación del riesgo, que se presenta «cuando una persona con su comportamiento supera el arrisco admitido o tolerado jurídica y socialmente, así como cuando, tras sobrepasar el límite de lo aceptado o permitido, intensifica el peligro de causación de daño».
Se extrae de esta cita que, más allá del solo nexo de causalidad entre la acción y el resultado, la atribución de responsabilidad en grado de culpa demanda que el comportamiento imprudente del sujeto activo de la infracción se despliegue creando o extendiendo un riesgo no permitido o jurídicamente desaprobado —en relación con las normas de cuidado o reglas de conducta— y necesariamente se concrete en la producción del resultado típico, lesivo de un bien jurídico protegido (CSJ 26/06/13, rad. 38904).
En suma, para imputar al tipo objetivo un resultado lesivo no basta la causalidad. Es indispensable demostrarla, pero no es suficiente. Se requiere, además, verificar la creación de un riesgo no permitido y el conocimiento de que con la acción se creaba o incrementaba el peligro —tipo subjetivo—.
2.2. Acción a propio riesgo.
El comportamiento que se reprocha a NHN(1) consiste en haber cerrado la ventana en cuyo marco MPP(2) apoyaba sus pies cuando pretendía descender del altillo al que había subido a recoger un implemento escolar de MPA arrojado por JCS.
Ese hecho, el cierre de la ventana por parte del implicado, fue demostrado a través de la prueba testimonial en tanto ANG, LVJ C y JSRP vieron cuando el inculpado realizó esa maniobra y así lo declararon en el juicio. Contrario a lo manifestado por el demandante, entonces, no existe duda sobre este aspecto, con mayor razón cuando la víctima y los estudiantes MPA y JDRV manifestaron que aunque no observaron a N cuando cerró la ventana, todos en el salón decían que él lo había hecho.
Se demostró, por tanto, la intervención del joven inculpado en el curso causal iniciado por la víctima, situación a partir de la cual se colige que el resultado lesivo no se produjo como consecuencia de una acción a propio riesgo, como aduce la defensa, pues aunque Y del P actuó de manera imprudente al subirse al altillo del salón sin contar con ningún elemento de seguridad y sin tener la experiencia ni la pericia para llevar a cabo ese procedimiento, es lo cierto que, de acuerdo a lo probado en el debate público, la causa de su caída fue el cierre de la ventana en cuyo marco apoyó los pies, sin que para el efecto sea relevante si tenía una o las dos extremidades apoyadas, pues lo trascendente es que esa maniobra la dejó sin punto de sustento y, a la postre, precipitó su desplome.
La acción que emprendió la joven al subir al altillo a alcanzar los elementos arrojados por sus compañeros, no incluía la posibilidad de que le quitaran los pies del sitio utilizado para apoyarse en la maniobra de descenso. Se trata, por tanto, de dos cursos causales que confluyeron, siendo el causante del desplome de la víctima, según relataron los testigos del acontecimiento, el movimiento realizado por NH, el cual interfirió en forma determinante el accionar desplegado por Y del P.
Ello porque en la autopuesta en peligro «el daño ha de ser la consecuencia del riesgo corrido y no de otros fallos adicionales»(3), como ocurrió en este evento en el que no era previsible ex ante que alguien interferiría en la maniobra de descenso emprendida por la joven estudiante.
Recuérdese que en las acciones a propio riesgo la víctima, con plena conciencia, se pone en tal situación o permite que otra persona la coloque en esa circunstancia riesgosa, razón por la cual no puede imputarse al tercero el tipo objetivo, porque quien conscientemente se expone a un acontecer amenazante se hace responsable de las consecuencias de su propia actuación (SP1291-2018).
Para que se configuren las acciones a propio riesgo, según la jurisprudencia de la Sala, es necesario que la persona: «Uno. En el caso concreto, tenga el poder de decidir si asume el riesgo y el resultado. Dos. Que sea autorresponsable, es decir, que conozca o tenga posibilidad de conocer el peligro que afronta con su actuar. Con otras palabras, que la acompañe capacidad para discernir sobre el alcance del riesgo. Tres. Que el actor no tenga posición de garante respecto de ella»(4).
El riesgo asumido por YPPA no incluía que cerraran la ventana sobre la que apoyaba su cuerpo al descender del altillo y, aunque sabía del peligro de caer, no podía imaginar que ello ocurriría por la intervención de un tercero que alterara sus propias acciones. De esta manera, los requisitos primero y segundo no se satisfacen, por manera que las lesiones no se produjeron como consecuencia directa de la autopuesta en peligro por parte de la víctima.
No se configura, por tanto, la acción a propio riesgo que impediría la imputación objetiva del resultado a NHN.
2.3. Creación del riesgo y tipo subjetivo.
La acción de cerrar la ventana, irrelevante e intrascendente de ordinario, en este particular evento adquiere una importancia sustancial que debe ser analizada frente al material probatorio acopiado en el juicio para determinar si las lesiones sufridas por YPPA se pueden imputar a NH.
Ello porque todos los aspectos del delito imprudente deben estar soportados probatoriamente, de manera que a los juzgadores no les es dado suponer el vínculo causal, la infracción del deber objetivo de cuidado ni el conocimiento de la creación de un riesgo no permitido.
Pues bien, lo probado en el proceso es que NHN y JSRP salieron del salón detrás de la profesora de inteligencia emocional y se dirigieron al baño, como lo declararon APB, docente del área, y el propio RP, por manera que no estaban en el salón cuando Y del P decidió subir al altillo.
Sin embargo, cuando el inculpado regresaba al salón, luego de usar los sanitarios, se encontró en el pasillo con varios estudiantes que estaban mirando al techo porque alguien se encontraba allí y corría peligro de caer dado que las tablas del cielo raso trataban de ceder. La siguiente es la narración de los testigos que observaron la participación del joven procesado en los acontecimientos:
1. MAN G afirmó que Y del P subió al altillo ayudada por K y MP. Luego de bajar los implementos, el techo «se empezó a romper, en torno a la madera había mucha gente mirando, en ese momento N empezó a saltar y a empujar la madera. Entré al salón, P ya se disponía a bajar, por eso abrieron la ventana, y en ese momento casi se pega N y de un impulso cerró la ventana, en ese momento ella cayó y se golpeó todo el hemisferio derecho del cuerpo».
2. LVJ C informó que después de que Y del P alcanzó los útiles escolares, «yo fui al baño y cuando estaba en el pasillo veía como las tablas se movían y estudiantes de otros cursos estaban presenciando lo que estaba sucediendo, entonces, N estaba pasando y casi se pega con la ventana, entonces la cerró y se volvió a abrir y la volvió a cerrar al poco tiempo, escuché un golpe y apenas entré, vi a P en el piso».
Recalcó que N «por defenderse de la esquina de la ventana que va a la altura de los ojos, la cerró y pues las ventanas son muy duras, entonces tocaba hacerles presión. No sé si él se dio cuenta o no, pero entonces en ese momento había un pie en la ventana, no sé si estaba muy salido no sé si estaba muy metido, yo no sé en qué posición estaba. Lo que yo puedo decir es que el pie estaba en la base de la ventana apoyándose, sí yo lo testifiqué yo lo vi».
3. JSRP refirió que al finalizar la clase «me dirigí con N al baño, es lo que acostumbramos a hacer, íbamos al baño, nos arreglábamos para ir a la ruta. Cuando regresábamos ocurrió el accidente de P. Veníamos del baño con N, cuando veníamos pasando, a él se le abrió la ventana del salón, casito le golpea la cara a él y él la cerró, al cabo de 5 o 6 pasos que hay hasta el salón y ahí fue cuando Y cayó, soltó sus manos y cayó sobre un pupitre que se encontraba pegado a la pared».
Los restantes alumnos que declararon en el proceso —JEMC, MCV, JDRV, MPA y JCS— estaban al interior del salón y, por ello, no se refirieron al comportamiento de NH, aunque dicen haber escuchado decir que fue quien cerró la ventana.
De lo anterior se deduce que aunque el joven inculpado no se hallaba en el aula cuando Y del P subió al altillo y, por tanto, ignoraba que era ella quien allí se encontraba, sí sabía que alguien estaba en el techo porque cuando regresaba del baño, encontró en el pasillo adyacente al salón un corrillo de estudiantes alarmados porque parecía que la persona se iba a caer puesto que las tablas estaban cediendo, como lo declararon NG, JC y RP.
Al tener conocimiento de ese hecho, le era posible prever que la apertura repentina de la ventana obedecía a la necesidad de brindar un punto de apoyo a la persona que se encontraba en el zarzo y que, por tanto, tenía que tener cuidado al ejecutar la maniobra de cierre. En otras palabras, debía cerciorarse de no afectar a quien estaba en el altillo, pues todos los que allí se encontraban eran conscientes de lo que estaba sucediendo.
Aún más, LVJ declaró que cuando salió hacia el baño vio que «había un pie en la ventana, no sé si estaba muy salido no sé si estaba muy metido, yo no sé en qué posición estaba. Lo que yo puedo decir es que el pie estaba en la base de la ventana apoyándose» y aunque no sabe si N también observó la extremidad, su testimonio corrobora que era posible advertir desde el pasillo que el marco de la ventana era utilizado como soporte en el descenso.
Es verdad, como aduce el demandante, que los vidrios de la ventana del salón no eran traslúcidos sino oscuros y con efecto espejo, lo cual limitaba la vista hacia el interior del aula. Sin embargo, cuando la ventana se abre se puede ver con nitidez lo que hay detrás del vidrio, según se aprecia en la fotografía 25 aportada en el juicio por S.P.G.P., investigadora de la defensa. Este hecho permite afirmar que desde el pasillo era posible advertir que el marco de la ventana era usado para apoyar el pie por parte de la estudiante para bajar del altillo.
Siendo ello así, el resultado lesivo padecido por YPP con ocasión de la caída que sufrió en el aula de clases, debe atribuirse penalmente a NHN porque se probó que estaba en condiciones de conocer y prever que con el cierre de la ventana creaba un riesgo no permitido en la medida que sabía que una persona estaba en el altillo, que corría el riesgo de desplomarse por la fragilidad de la madera, que debía descender prontamente y que la ventana estaba debajo del altillo y era usada para descender de ese sitio, como se estableció con la pericia topográfica.
Es acertado afirmar, entonces, como hizo el tribunal, que cualquier adolescente ubicado en la misma posición del implicado se habría abstenido de cerrar la ventana y sólo habría colocado el antebrazo para proteger su integridad, pues conociendo la situación de peligro que se presentaba con quien estaba en el techo y sabiendo las características del salón en el que recibía clases, podía prever el riesgo que implicaba cerrar la ventana para quien necesitaba descender del altillo.
Por demás, el hecho que la víctima y algunos testigos se refirieran a los sucesos investigados como un «accidente» no implica que no configuren un comportamiento delictivo de orden imprudente, pues se trata de un aspecto de reserva judicial en la medida que son los jueces quienes deben establecer en cada caso la connotación delictiva de un comportamiento, de acuerdo a las pruebas acopiadas en el juicio.
No se configuran, por ende, los yerros en la valoración probatoria denunciados y, en consecuencia, no hay lugar a casar el fallo por este aspecto.
2.4. El caso fortuito.
Para el defensor la apertura intempestiva de la ventana ocasionó que NHN reaccionara en defensa de su integridad física cerrando la ventada, en lo cual observa la configuración de un caso fortuito.
Sobre esta figura jurídica, la jurisprudencia de la Sala ha precisado que «cuando se hace alusión a un caso fortuito, lo que se quiere expresar en términos de la teoría de la imputación objetiva es que la lesión o puesta en peligro del bien jurídico no se puede determinar en el ámbito de competencia de persona alguna, entendida ésta como la portadora de un rol socialmente comprensible, o bien la imposibilidad de establecer la relación entre el sujeto activo y el resultado típico para que se le pueda atribuir al primero como ‘obra suya’ lo segundo. Es decir, el caso fortuito se refiere directamente a circunstancias en las que desde el punto de vista dogmático se presenta una ausencia de acción»(5).
En consonancia con lo expuesto en los capítulos anteriores, la Sala encuentra que la apertura de la ventana para permitir que YPP descendiera del altillo era un acto previsible para NHN por cuanto sabía que en el techo se encontraba una persona que corría el riesgo de caer. En ese contexto, la maniobra de cierre del ventanal no fue un acto reflejo dado el conocimiento del inculpado sobre lo que estaba sucediendo. Su conducta, por tanto, configura una acción imprudente en la medida que creó un riesgo desaprobado jurídicamente, lo cual descarta el caso fortuito aducido por la defensa.
Si se concluye que NHN cerró la ventana y estaba en condiciones de prever que alguien se apoyaba en ella —YPPA—. Si además, se verifica que las lesiones en la integridad física de la víctima no se concretaron por una autopuesta en peligro sino por la acción desplegada por el implicado, la cual no configura un caso fortuito, se impone confirmar la sentencia demandada porque contiene una declaración de justicia acorde con el material probatorio acopiado en el juicio y con las normas sustanciales del derecho nacional, en la medida que resulta viable imputar el resultado lesivo al tipo objetivo de lesiones personales agravadas. Se desestima, por ende, la atipicidad pregonada por la defensa.
NO CASAR la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 4 de junio de 2015.
1 De 15 años de edad al momento de los hechos.
2 De 16 años de edad al momento de los hechos.
3 CLAUS ROXIN, Derecho Penal, Parte General, Tomo I, Ed. Civitas, 1997, pág. 395.
4 CSJ SP 20/05/2003, rad. 16636.
5 CSJ SP, 5/12/07, rad. 26513.

References: in dubio
 artículo 9
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 artículo 23
 artículo 32
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