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Timestamp: 2020-01-18 11:29:25+00:00

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por ©®iⓈBøⓈⓈ el Lun Feb 20, 2012 3:25 pm
Miguel María Grau Seminario (* Paita, Perú, 27 de julio de 1834 - † Punta Angamos, Bolivia, 8 de octubre de 1879) fue un marino peruano, almirante de la Marina de Guerra del Perú y destacado patriota peruano, máximo orgullo de la República del Perú.
Era hijo del teniente coronel grancolombiano (más tarde nacionalizado peruano) Juan Manuel Grau y Berrío, natural de Cartagena de Indias, que llegó al Perú formando parte del ejército del Libertador Bolívar, y de María Luisa Seminario y del Castillo, piurana de nacimiento. Antes de entrar a la guerra del Pacífico, logró una curul en el parlamento peruano como representante de Paita - Piura.
Poco después de su nacimiento, Perú vive una época de inestabilidad e intrigas políticas que provocan levantamientos y divisiones, haciendo imperar la anarquía. Para frenar los intentos Golpistas del mariscal EP Agustín Gamarra en el sur, el presidente Luis José de Orbegoso se dirige al Cuzco. En su ausencia el sargento Pedro Becerra se amotina en el Callao, en la madrugada del 1 de enero de 1835, apoderándose del 6 de enero de 1842, expresa al militar Grau padre que acepta sus servicios "con entusiasmo" y lo llama a la capital.1
En abril de ese año el militar Grau padre se incorpora a la Secretaría del general Gutiérrez de la Fuente, quien lo destina a Ayacucho. En junio se celebra la paz con Bolivia por el Tratado de Puno, pero se enciende la guerra civil. El general Francisco Vidal, segundo vicepresidente del Consejo de Estado, ejerce el poder desde la muerte del mariscal Gamarra en Ingavi. En el mar la barca Limeña y la corbeta Yungay se baten a la vista de Paita.
En noviembre el general Vidal, que ejerce el mando supremo como jefe del Poder Ejecutivo, después de derrotar a Juan Crisóstomo Torrico, el 17 de octubre, en la batalla de Agua Santa, cerca de Pisco, nombra a Grau padre vista de aduana de Paita.
En Paita la actividad marítima civil es grande. Todos los navíos que hacen el tráfico entre Panamá y el Callao tocan en su radar. Funciona en el puerto la escuela náutica que, para formar pilotos capaces de dirigir con acierto la marina civil del Perú, había fundado el vencedor de Yungay, el mariscal Agustín Gamarra. Al pequeño Miguel, que sólo tenía ocho años, le fascina la inmensidad del océano. Su vocación naval comienza a despertar.
Mas la anarquía militar sigue. El general del ejercito de tierra Manuel Ignacio de Vivanco se subleva y marcha sobre Lima.
Miguel Grau tiene nueve años y sigue los primeros cursos de instrucción primaria. El muchacho, listo y resuelto, ha sido educado con dureza por el padre para conseguir con ello templar su carácter y acerar su voluntad. Como siente la atracción del mar, obtiene en marzo de 1843, tras continuos ruegos, el permiso paterno para embarcarse en un bergantín de la marina civil dedicado al tráfico marítimo entre Paita y otros puertos del litoral peruano y de los países del norte hasta Panamá. El capitán del buque es el capitán de travesía don Manuel Francisco Herrera, gran amigo de Juan Manuel Grau y Berrío. La profesión está decidida y el niño de nueve años logra imponer su voluntad y se hace marino civil. En casa quedan los padres y tres hermanos más: Enrique, Dolores y Ana.
El comienzo de su carrera náutica no tiene buenos augurios. El buque zozobra y el aspirante a marino se salva de forma milagrosa, retornando al hogar para volver al colegio.
Casa de Grau en Lima
Igualmente visita las lejanas y entonces desconocidas islas oceánicas. El mismo almirante ha dejado una relación circunstanciada y concisa de los azares de ese período de su existencia.2
Estatua de Miguel Grau en Pucallpa, Ucayali.
[editar]Guardiamarina
Durante estos viajes aprende la ciencia y el arte de la navegación y conoce a hombres de muchos países que hablan distintos idiomas. De regreso al Perú, el piloto Grau, graduado en Inglaterra como oficial de la marina mercante, que ya es un lobo de mar, 12 años de marino civil, se establece en Lima, donde ingresa a la Marina Militar del Perú.
En el mismo año, 1853, en que Grau deja la marina civil para convertirse en Marino Militar, su padre, consigue que, en atención a sus méritos militares y leales servicios prestados al Perú, las Cámaras Legislativas asignen a su favor una pensión de gracia, de por vida, de cuarenta pesos mensuales. Aprobada en la Cámara de Diputados el otorgamiento de dicha pensión, la Comisión Militar del Senado la aprueba, igualmente, con un honroso dictamen, en que se califica a Grau padre como "viejo soldado de la independencia americana".3
Durante los viajes del joven Grau, la Marina militar del Perú se había incrementado. Permanente preocupación del presidente Ramón Castilla y Marquezado, el militar y gran organizador del Perú, ha sido la de reforzar la escuadra. El Perú cuenta ahora con más buques: el Rímac, construido en Nueva York, de 1.300 toneladas y armado con cuatro cañones, la fragata Mercedes, los bergantines Guise y Gamarra y las goletas Peruana y Héctor.
[editar]Alférez de fragata
Estatua de Miguel Grau en Trujillo.
El guardiamarina sirve primero en el Rímac por espacio de 6 meses y luego pasa, el 2 de octubre de 1854, al pailebot Vigilante, en el que permanece más de 10 meses para ser trasladado a continuación al vapor de ruedas BAP Ucayali.
Estando Grau embarcado en el Vigilante ocurre el siguiente hecho. El 10 de junio de 1855, cuando el pailebot navegaba rumbo a Paita, entre Máncora y Punta Sal, con mar gruesa y el horizonte nublado, el aspirante de marina Manuel Bonilla, que se hallaba en el castillo de proa de la nave, cayó al agua. Grau, que en esos momentos se desempeñaba como oficial de guardia, dispuso que el buque se detuviera de inmediato y se echaran al agua algunos cabos y un bote, en el que se lanzó con seis tripulantes, con la decisión, que resultó infructuosa, de salvar al náufrago. En el parte que Grau pasó ese mismo día al comandante del buque, dando cuenta del suceso, expresa que "todos sus esfuerzos resultaron inútiles, pues el mencionado pilotín no sabía nadar". Y agrega: "Sin embargo de esto me mantuve en su busca tres horas, por si conseguía siquiera su cadáver". Concluye el parte con las siguientes palabras, que traducen su pesar por esa desgracia: "después regresé a bordo sin ninguna esperanza".4
Pese al ambiente revolucionario y a los cambios de gobierno, la escuadra ha mejorado con la adquisición de nuevas unidades. Castilla compró, al concluir su primera administración, la fragata Amazonas. Echenique siguió el empeño de su antecesor en fortalecer el poderío naval peruano con la adquisición en Inglaterra de la fragata mixta Apurímac y las goletas Loa y Tumbes.
El movimiento de Vivanco gana adeptos y la escuadra peruana se pronuncia a su favor. En el Apurímac el teniente segundo Lizardo Montero Flores promueve la sublevación. Grau, que sin duda juzgó peligrosos los principios liberales de la Carta de 1856, siguió con otros oficiales a Montero, su amigo y paisano. Al Apurímac se unen muy poco después el Tumbes, el Loa, el Guise y el Izcuchaca.
El levantamiento a bordo del Apurímac ocurre en la rada de Arica el 16 de noviembre de 1856. En oficio de 20 de ese mes (que se encuentra en el archivo de la Comandancia General de la Marina), el comandante del buque, capitán de navío José María Salcedo, da parte a la Comandancia General de Marina "de la inesperada sublevación de la fragata acaecida la tarde del 16" y encabezada por "el teniente segundo Juan Lizardo Montero". En la nota se explican los pormenores de la sublevación, realizada cuando "bajó a tierra con el objeto de visitar al señor coronel Nicolás Freyre, Comandante General de la Dirección de Observaciones del Sur". Dice enseguida cuáles eran los oficiales que quedaron a bordo de guardia y menciona, entre otros, al "alférez de fragata don Miguel Grau". Concluye el comandante Salcedo informando que los sublevados habían "desconocido la autoridad del Gobierno"; que se reunieron con los presos políticos de los pontones Caupolicán y Highlander, y que proclamaron al general Vivanco "supremo regenerador de la República".
[editar]Separación del servicio
Estatua de Miguel Grau en Arequipa.
Separado del servicio, Miguel Grau no forma ya parte de la Marina Militar del Perú, pero vuelve al mar. Regresa a su origen, la marina civil como capitán de un buque ingles y hace viajes entre América y Asia, experto marino con excelentes conocimientos náuticos.
Casi a los dos años, y mientras navega en buques mercantes por países lejanos, surge en el Perú un conflicto internacional. El Ecuador, para arreglar sus deudas con acreedores británicos, ha cedido extensos territorios de la región fronteriza, pero ubicados dentro de los límites del Perú. Ramón Castilla anula todos esos actos al ocupar sin combate el puerto de Guayaquil en enero de 1860, y convoca después un Congreso Constituyente que dicta, en noviembre de ese año, una nueva Constitución, que suprime algunas de las liberales reformas de la Carta de 1856. El mariscal Ramón Castilla y Marquezado evoluciona radicalmente y pasa del liberalismo al conservadurismo, justificando así, quizá, en esta última etapa de su segunda administración, el pronunciamiento de Vivanco de noviembre de 1856, al que Miguel Grau prestó concurso. La Constitución de 1860 va a regir en el Perú, salvo pequeñas interrupciones, hasta 1920.
[editar]Reincorporación
Al cabo de tres años de ausencia, Grau, comprendido en los efectos de las mencionadas leyes de reparación, vuelve al Perú. En diciembre de 1861 se presenta al Gobierno y pide que se declaren los goces que le corresponden como indefinido. El recurso que lleva fecha de 6 de diciembre y que corre en original en su expediente de reconocimiento de servicios5 ).
En observancia de las disposiciones citadas por Grau, el 24 de abril de 1862 se resuelve favorablemente su solicitud, ordenándose inscribir al "alférez de fragata Miguel Grau" en el "Escalafón General de la Armada" con "7 años y 27 días de servicios" y, a la vez, se le expide "cédula de licencia indefinida".6
Solucionada su situación en la Marina militar, como oficial en retiro, Grau continúa en la marina civil todo el tiempo que dura la segunda administración del mariscal Castilla, que concluye su gobierno el 24 de octubre de 1862 y entrega la banda presidencial al mariscal Miguel de San Román. Fallecido el nuevo presidente el 4 de abril de 1863, asume transitoriamente el poder el segundo vicepresidente, general Pedro Díez-Canseco, hasta el 5 de agosto de ese año, en que regresa de Europa el primer vicepresidente, general Juan Antonio Pezet. Al mes siguiente, en septiembre, Grau es llamado al servicio activo y ascendido.
Efectivamente, el 12 de septiembre de 1863, el comandante general de la Marina militar, capitán de navío José María Silva Rodríguez transcribe al señor Ministro de Estado en el despacho de Guerra y Marina la siguiente orden general de la Armada:
"Por decreto supremo de fecha de ayer, se ha llamado al servicio activo al alférez de fragata don Miguel Grau, que se hallaba en la condición de indefinido, expidiéndole al mismo tiempo despachos de teniente segundo de la Armada". Y al día siguiente se dicta una resolución que dice: "Su señoría el Comandante General del Departamento, se ha servido destinar a la dotación del vapor Lerzundi al teniente segundo de la Armada, don Miguel Grau."
Menos de tres meses después, el 4 de diciembre, Grau es ascendido a teniente primero graduado.7
[editar]En comisión a Europa
Fotografía de Miguel Grau.
En el Lerzundi, de 850 toneladas con 6 cañones, construido en Filadelfia en 1853, y reincorporado a la Marina de Guerra del Perú después de cuatro años de ausencia, Grau permanece a bordo sólo cuatro meses, durante los cuales estrecha su amistad con el comandante del buque, el prestigioso marino capitán de corbeta Aurelio García y García, intimidad que permanecerá inalterable hasta el día de la muerte de Grau.
En la revista de comisario que mensualmente se realiza en todos los buques de la escuadra, y cuya relación se remite a la Comandancia General de Marina, figuran por última vez los nombres de García y García, como comandante del Lerzundi y de Grau, como su segundo, en enero de 1864. Y es que el Gobierno envía con premura a Europa a ambos jefes, así como a otros marinos, con el encargo de construir y adquirir modernas unidades navales que permitan reforzar la escuadra y hacer frente a cualquier agresión. Días antes de partir, el 8 de enero, se concede a Grau la efectividad del grado de teniente primero.8
La decisión del presidente de la república, el general Pezet, de comprar nuevos buques se justifica no sólo porque los que existen carecen de los más modernos elementos de combate, sino porque las relaciones con España se tornan delicadas y difíciles (de acuerdo con las condiciones de la Capitulación de Ayacucho, el gobierno del Perú, cuya independencia España seguía sin reconocer, reconocía ciertas deudas con España, que aún no se habían pagado; la presión de los tenedores de bonos españoles, unido a la política de O'Donnell, tendente a incrementar el prestigio exterior de España, habían exacerbado las tensiones hispano-peruanas). Fragatas españolas de primera línea surcan costas peruanas desde julio del año anterior, causando alarma y recelo a los gobiernos de Perú y Chile, no obstante que la expedición, según se asegura, tiene un carácter exclusivamente científico.
Empero, los temores de un conflicto se confirman a raíz de las reclamaciones diplomáticas efectuadas por la flota española, fondeada en el Callao al saberse que, en la hacienda Talambo, en Chiclayo, había surgido un incidente entre campesinos, en el que resultó muerto un ciudadano español. Tomando como excusa un incidente diplomático (el gobierno español envió a un representante dotado de un título de la época de la colonia, cuya llegada fue considerada una intromisión en la soberanía interna peruana y, por tanto, no fue recibido por ninguna autoridad), el 14 de abril de 1864 la escuadra española, integrada por las fragatas Resolución y Triunfo y la goleta Covadonga, ocupa las islas Chincha y arría el pabellón peruano.
Para explicar la agresión, el comandante de la escuadra española, brigadier Luis Pinzón, habla de perentorios reclamos de súbditos españoles y en circular al cuerpo diplomático afirma haber ejecutado un acto de reivindicación de derechos usurpados a la Corona de España desde la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824.
El Congreso Americano que reúne en Lima a plenipotenciarios de gobiernos amigos del Perú apoya también con toda decisión la enérgica actitud del gobierno peruano, de rechazo a la ocupación de las islas, y dirige una nota al jefe de la escuadra española, con fecha de 31 de octubre, defendiendo la soberanía del Perú sobre las islas. En uno de sus párrafos la nota dice:
"Esta ocupación a que no precedió la negativa por parte de Perú a satisfacer reclamos clara y expresamente individualizados; que no fue consecuencia de una declaración de guerra hecha con arreglo a las prescripciones de la ley internacional; que se ejecutó bajo el amparo de un derecho de reivindicación y de un estado de tregua inconciliable con la independencia indisputada de la República del Perú, hiere los derechos de todos los estados del continente e introduce justas y fundadas alarmas en orden a los designios de la España sobre su condición de naciones independientes."
Mientras estos hechos ocurren y las gestiones diplomáticas se tramitan, los marinos peruanos en Europa han intensificado sus actividades para la compra de buques, con resultados positivos. La misión confiada a ellos ha sido cumplida, tras examinar y reconocer las naves más apropiadas que pueden adquirirse de inmediato, y se activan a la vez los trabajos de construcción de dos blindados.
Monumento de Miguel Grau en Acequia Alta, Arequipa.
En efecto, dos semanas antes de la ocupación de las islas Chincha, el 30 de marzo de 1864, se firma en Londres, con la casa J.A. Samuda & Brothers, la construcción de la fragata BAP Independencia, cuyo costo se estipuló en 108.000 libras esterlinas. Los firmantes por Perú fueron el cónsul, Enrique Kendall, y el capitán de fragata Aurelio García y García.
En agosto, se decide en Europa la adquisición de dos corbetas francesas y los delegados fiscales en Londres, Manuel Pardo y José Sevilla, escriben al capitán de navío José María Salcedo para que proceda sin demora a la compra de los buques franceses, que se hallan en Saint-Nazaire y en Nantes, y que han sido examinados por el comandante García y el teniente Grau. Se trata de las corbetas Shangay y San Francisco, mandadas construir durante la Guerra de Secesión de Estados Unidos por el gobierno de la Unión. Se trataba de buques de mucho andar, movidos a hélice, con fuerza de 500 caballos, 1.600 t y armados con 14 cañones de a 70 libras. En la mencionada carta se expresa que la resolución se adopta "después de tomar en consideración las opiniones de los señores García y García y Grau".9
No obstante estar resuelta la compra de las corbetas, la adquisición de la Shangay, a la que se re rebautizó como BAP Unión, no se produce hasta fines de noviembre de 1864 y la de la San Francisco, rebautizada BAP América, hasta mediados del mes siguiente. Federico L. Barreda, nombrado ministro en París y Londres, había llevado a cabo gestiones para dotar a la Marina de Guerra con las unidades y fue el encargado de la compra.
Al particular, en carta que el 1 de septiembre de 1864 escribió el señor Barreda a Mariano J. Sanz, su antecesor como ministro en Londres, le dice que había reunido al comandante Salcedo "con los señores García y García y Grau" para decidir sobre la compra de las naves examinadas (Unión y América) y que después de una larga discusión resultó el acuerdo unánime para la compra de los buques.10
Adquiridas las corbetas, el teniente primero Miguel Grau es nombrado comandante de la BAP Unión . Inmediatamente Grau se dirige a Saint-Nazaire y se hace cargo del buque el 15 de diciembre de 1864.
Al día siguiente, García y García escribe al ministro de Guerra y Marina en Lima dando cuenta de los nuevos armamentos y buques comprados por el ministro Barreda y se refiere, en seguida, a la necesidad de "oficiales idóneos para llenar esas dotaciones", lo que obliga al ministro, dice, a solicitarle que "pusiese a su disposición al teniente primero Miguel Grau Seminario que se hallaba a sus órdenes, cosa que en el acto he verificado, pasando ese Oficial al continente". Agrega que se ha quedado privado de los muy importantes servicios de Grau y que necesita "oficiales inteligentes", para conservar "la mayor vigilancia en los diversos trabajos del buque, armamento y máquinas", en atención a que se "construyen en puertos separados por largas distancias".11
Meses antes, el 12 de agosto, admitió el Perú la propuesta de la casa Laird de Birkenhead, frente a Liverpool, para construir un buque sólido con aparejo de bergantín. Ese otro blindado, cuya construcción va a vigilar el capitán de navío José María Salcedo, será el Huáscar, el buque donde encontraría honrosa muerte Miguel Grau.
El 31 de diciembre de 1864, el capitán de fragata Ignacio Dueñas, de la Comisión de Construcción Naval en Londres, escribe al ministro de Guerra y Marina en Lima y le confirma que Barreda ha dado la comandancia de los nuevos buques BAP América y BAP Unión al capitán de corbeta Pardo de Zela y al teniente primero Miguel Grau.
[editar]Detenido en el Reino Unido
La corbeta Unión sale de Saint-Nazaire enarbolando pabellón peruano el 18 de diciembre de 1864, tres días después que Grau tomara su mando, y fondea en el Támesis el 22 de ese mes. El 5 de enero de 1865 el conde Russel, canciller de Su Majestad Británica, escribe al ministro peruano en Londres, Federico L. Barreda, para exponerle que se ha informado de la existencia en el Támesis de un buque de guerra bajo bandera peruana y le pregunta si la legación lo reconocía como perteneciente a la Marina de Perú.
De inmediato el ministro Barreda contesta al conde y le indica que el buque a que se refiere es "la corbeta de guerra peruana Unión, construida en Francia, y mandada por el teniente de navío don Miguel Grau". Y como Barreda comprende que la nota obedece al propósito del gobierno británico de mantener neutralidad en el diferendo entre Perú y España, agrega en su comunicación el siguiente párrafo: "El Gobierno de S.M. debe descansar en la seguridad de que si desgraciadamente entrase mi país en guerra con alguna potencia amiga de la Gran Bretaña, el que suscribe no olvidaría ese deber ni permitiría que lo olvidasen sus nacionales".
El 13 de enero de 1865 zarpa Grau con la Unión de Greenhithe, donde se encontraba fondeada y el 17 está en Plymouth. Es en este puerto británico donde Grau sufre arresto de 48 horas, por orden de las autoridades británicas, bajo sospecha de haber violado la ley que regula el enrolamiento de gente de mar. Su segundo, el teniente Felipe Pardo, dirige una nota al ministro del Perú en Inglaterra y Francia dando cuenta del suceso, acaecido cuando Grau salía de casa del almirante jefe del apostadero de Plymouth.12
Informado de lo ocurrido el ministro Barreda, que se encontraba en París, se traslada a Londres encargando la defensa de Grau, con la celeridad que el caso requería, al abogado de Plymouth Tilfourd Slater, a quien advierte que debe presentarse al juzgado de Dartford a exigir que el comandante de la Unión sea puesto en libertad sin condiciones. Por su parte, Barreda dirige al canciller británico una nota de protesta por la arbitraria prisión de Grau, denunciando la grave falta cometida por las autoridades de Plymouth, y solicita la libertad del marino peruano.13 El canciller británico contestó en seguida al Ministro del Perú expresando su profundo sentimiento por lo ocurrido con el comandante de la Unión, que ya se encontraba en libertad, y otorgó las más amplias satisfacciones.
El cónsul del Perú en Londres, Enrique Kendall, en comunicación dirigida a Barreda, dando cuenta de los hechos realizados le informa de que, ventilado el juicio y sentada la protesta del Gobierno del Perú por al atropello cometido contra el comandante Grau, el Juez expresó que "encontraba el testimonio insuficiente para la formación de causa" y declara "que no había lugar para la detención", por lo que ordena la inmediata libertad del comandante de la Unión. Grau, en carta de 23 de enero dirigida a Barreda explica la forma como fue arrestado y las incidencias que pasó durante su detención.14 Solucionado el incidente, Grau apresura sus preparativos para regresar al Perú.15
[editar]La revolución restauradora
Combate Naval de Iquique, de Thomas Somerscales (1842-1927).
Representación del enfrentamiento entre el monitor peruano Huáscar, al mando del capitán de navío Miguel Grau, y la corbeta chilena Esmeralda, al mando del capitán de fragata Arturo Prat.
Mientras el Gobierno del Perú compra corbetas en Francia y apresura en el Reino Unido las gestiones para la construcción de dos blindados, continúan con España las representaciones diplomáticas, conversaciones a fin de obtener la devolución de las islas Chincha y el otorgamiento de una amplia satisfacción por lo que el gobierno peruando considera un acto de piratería internacional. Al tiempo, el Congreso expide la ley de 9 de septiembre de 1864 que autoriza al Ejecutivo para que "haga la guerra el gobierno de España" y expulse a los españoles de las islas Chincha.
Pero el tiempo transcurre sin que se restituyan las islas y el conflicto se agudiza. Y cuando más arrecia la excitación pública, el Gobierno del Perú, por intermedio de su comisionado, el general Manuel Ignacio de Vivanco, celebra con el almirante español José Manuel Pareja, que ha reemplazado a Pinzón en el mando de la flota española, el tratado conocido con el nombre de Vivanco–Pareja; mas el pacto, suscrito a bordo de la fragata Villa de Madrid bajo la presión de un ultimátum, resulta inaceptable. No obstante que expresamente se desaprueba la ocupación de las islas y el alegado título de reivindicación de derechos, el arreglo hiere el orgullo nacional de los peruanos y hace que se intensifique la indignación popular. Y es que por el tratado, además de aceptar el Perú el reconocimiento de los créditos que pudieran existir a favor de súbditos españoles desde la época de la independencia, con la intervención de un comisario regio en las discusiones, se conviene en el pago de tres millones de pesos fuertes a favor de la Corona de España; suma que se abona de inmediato para cubrir, en concepto de indemnización, los gastos que la escuadra agresora ha soportado desde que ella misma promovió el conflicto ocupando las islas el 14 de abril de 1863. Se consigna también en el tratado el hecho inexacto de que el Perú se había negado a aceptar la devolución de las islas.
El 28 de febrero de 1865 estalla en Arequipa la revolución que encabeza el prefecto coronel Mariano Ignacio Prado. En Chiclayo el coronel José Balta secunda el movimiento y se levanta en armas el 12 de abril. La revolución se organiza y el coronel Prado asume el cargo de comandante en jefe de la Revolución Restauradora y el coronel Balta, el de segundo comandante. El jefe político al que corresponde gobernar el país, en su carácter de segundo vicepresidente de la República, es el general Pedro Díez-Canseco.
Entre tanto, Grau, que ha dejado el Reino Unido el 5 de febrero, se dirige con la Unión hacia las islas Madeira, junto con la América, comandada por el capitán de corbeta Juan Pardo de Zela. El 12 siguen los dos buques a Cabo Verde donde tocan el 20 y el 22 continúan viaje a Río de Janeiro, puerto al que arriban el 6 de marzo. Aquí Grau se dedica a componer la máquina de la corbeta que ha sufrido desperfectos en la travesía. El 26 parte en convoy con la América pero, al siguiente día, después de navegar más de 100 millas, Grau se ve obligado a regresar a puerto. Un furioso temporal causa graves daños a la Unión en su arboladura, al extremo de tener que ser remolcada por la América. De vuelta en Río de Janeiro las reparaciones de la Unión, entorpecidas por incesantes lluvias, demoran dos largos meses. Recién el 6 de junio, Grau puede hacerse a la mar. Un mes después, el 6 de julio, fondea la Unión en Valparaíso.
Ya desde el 1 de mayo, el presidente Pezet había ascendido a los comandantes de las dos corbetas. El artículo único de la orden general de la Armada, transcrita en oficio de 6 de mayo dice:
"Su Excelencia el Presidente con fecha 1º del actual, y con abono a la antigüedad del 31 de marzo último, ha expedido a favor del capitán de corbeta don Juan Pardo de Zela, despacho de capitán de fragata efectivo; para el teniente primero don Miguel Grau el de capitán de corbeta" (corre en el libro respectivo del escalafón de Marina, en la página 70) "y al alférez de fragata don José E. Castañón el de teniente segundo."
Billete de 5000 intis con el rostro de Miguel Grau.
La carta que Grau, caballerosamente, envió a la viuda del capitán Prat, fue tallada en un monumento en un parque del centro de Santiago de Chile.
por ©®iⓈBøⓈⓈ el Lun Feb 20, 2012 3:27 pm
disculpenme pero no alcanzo espacio acaba la continuacion...
En Valparaíso Grau se informa de la grave situación que atraviesa el Perú y expresa a la oficialidad del buque su firme resolución de combatir al lado de las fuerzas de Prado y de Balta. Nada vale ante él la solicitud que en nombre del Gobierno de Lima le formula su anciano padre, que ha hecho viaje a Chile con el sólo propósito de entregarle un mensaje personal del presidente de la República en el que le pedía sumisión al régimen constitucional. La Unión se une así a la escuadra rebelde y presta todo su apoyo a los ejércitos que combaten al gobierno.
Grau, como comandante de la Unión, realiza las operaciones que más convienen al éxito de la revolución. Patrulla las costas, traslada tropas, vigila puertos, transmite informes y ejecuta distintas comisiones para la causa que defiende. En premio a los méritos efectuados y en pleno período revolucionario, es ascendido, el 22 de julio, a la clase de capitán de fragata por el segundo vicepresidente de la República, el general Pedro Díez-Canseco, que se encuentra esos días en la sierra del centro en unión del coronel Mariano Ignacio Prado, después de dominar todo el sur. Es interesante el parte, escrito por Miguel Grau, que eleva a la Comandancia General de Marina el 5 de octubre de 1865, estando al ancla en el puerto chinchano de Tambo de Mora.16
Organizado el nuevo gobierno por el general Pedro Díez-Canseco, se realiza en la capital el 26 de noviembre un gran mitin popular en el que con aceptación de jefes del ejército se propone la dictadura, que el presidente rechaza. La dictadura es aceptada por el coronel Mariano Ignacio Prado, jefe de la revolución triunfante.
[editar]Guerra Hispano-Sudamericana
Ajustada la alianza con Chile por el tratado de 5 de diciembre de 1865 y en víspera de la declaratoria de guerra a España, el Gobierno del Perú apresura la formación de una División Naval, bajo las órdenes del capitán de navío Manuel Villar, la que queda integrada por las fragatas Amazonas y Apurímac y las corbetas Unión y América, recién llegadas de Europa. A fines de diciembre salen hacia el sur para unirse a la escuadra chilena, compuesta por la Esmeralda y la Covadonga, ésta última capturada poco antes a los españoles entre Coquimbo y Valparaíso. La escuadra navega rumbo al Estrecho de Magallanes para dar encuentro a los blindados peruanos Independencia y Huáscar, recientemente construidos, que se esperaba ya hubiesen salido de los astilleros británicos rumbo al Callao.
El 15 de enero de 1866, al día siguiente de la declaratoria de guerra a España, la división del Comandante Manuel Villar llega a Chayahué, apostadero de la escuadra chilena en Chiloé, al abrigo de la isla de Abato. Ese mismo día la Amazonas, al introducirse por uno de los estrechos canales de Abtao, naufraga, quedando su casco varado en la playa.
Días después, el 21 de enero, las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca salen de Valparaíso en busca de la Escuadra aliada para empeñar combate. En la tarde del 7 de febrero, las fragatas españolas se aproximan resueltamente a los canales de Abtao. Se baten por parte de Perú, la fragata Apurímac, a órdenes del Jefe de la Flota peruana capitán de navío Manuel Villar y las corbetas Unión y América, a órdenes de los capitanes de fragata Miguel Grau Seminario y Manuel Ferreyros. Interviene también la goleta chilena Covadonga al mando del capitán de corbeta Manuel Thomson.
Atestiguando la valía de las corbetas peruanas, el comandante de la Villa de Madrid, Claudio Alvear Gonzáles, en el parte que sobre el combate de Abtao pasó al Jefe de la Escuadra española decía, lo siguiente: “Los tiros más certeros, de más alcance y de más efecto fueron los de las dos corbetas peruanas América y Unión”. Por su parte el Jefe de la Escuadra chilena Juan Williams Rebolledo, saludando los resultados del combate de Abtao, felicitó al capitán de navío Manuel Villar con la siguiente carta:
"Aproximándose la salida del vapor de la carrera y deseando imponer al Supremo Gobierno el hecho de armas que tuvo lugar el 7 del actual y que V.S. con tanto acierto dirigió, espero que V. S. me dará los pormenores a fin de comunicarlos.
Esta oportunidad me permite congratular a V. S. y a los Jefes, Oficiales y tripulaciones peruanas, por el arrojo y serenidad que han manifestado durante las dos horas que duró el combate, bajo un fuego sostenido por ambas partes y por el resultado favorable que se ha obtenido, el cual se debe a la Escuadra del Perú.
V. S. sabe bien cuanto importa la derrota que han sufrido las naves enemigas y la prueba que han dado sus subordinados es un motivo poderoso para esperar más tarde un espléndido triunfo."
Monumento de Miguel Grau en Genova, Italia.
Después del resultado favorable del combate, las corbetas Unión y América salen el 25 de marzo nuevamente en dirección sur al Estrecho de Magallanes, para encontrarse con los nuevos blindados peruanos, que con toda seguridad estaban en viaje al Perú. De retorno, sin encontrar a los blindados, Grau al mando de la Unión, fondea en Valparaíso, puerto desguarnecido que había sido bombardeada el 31 de ese mes por la escuadra española. Recogiendo en este puerto al almirante Manuel Blanco Encalada, nuevo Jefe de la Escuadra chilena y algunos otros marinos, la Unión retorna a Huito, en donde permanece hasta el 15 de mayo en que se dirige nuevamente a Valparaíso. De este puerto, vuelve al sur hacia Ancud, para reunirse con el resto de la flota aliada, en espera de los acorazados peruanos.
En el norte, la guerra continúa y el almirante español Casto Méndez Núñez, al mando de siete navíos, decide incendiar el Callao, así como lo ha hecho con Valparaíso. Cumpliendo su anuncio, el 2 de mayo rompe los fuegos de 300 cañones sobre el puerto peruano. Después de más de cuatro horas de intenso bombardeo, en el que dos fragatas españolas tuvieron que retirarse tras ser alcanzadas por las defensas costeras, la escuadra española se retira sin haber cumplido sus objetivos, para no regresar jamás. En dicho combate muere el ministro de Guerra y Marina, José Gálvez, tribuno liberal.
La fragata Independencia y el monitor Huáscar, que el Perú esperaba ansiosamente, salieron de sus respectivos astilleros del Támesis y del Mersey, en enero de 1866, al mando de los comandantes Aurelio García y García y José María Salcedo. Los buques se juntan en Brest el 20 de febrero y el 27 dejan ese puerto con rumbo a las Azores, donde arriban el 4 de marzo. El 7 zarpan rumbo a San Vicente, en el archipiélago de Cabo Verde, en donde anclan el 12. El 1 de abril, después de un accidentado viaje, fondean en Río de Janeiro. El 24 de mayo, son avistados por la América en el Estrecho de Magallanes. Y el 7 de junio arriban a Ancud, donde se reúnen con el resto de la escuadra peruana. El 11 de junio, la escuadra peruana, sale con rumbo a Valparaíso, puerto en el que permanecen anclados cerca de dos meses, a órdenes del capitán de navío Lizardo Montero, que ha sucedido en el mando al almirante Salcedo. La flota espera en Chile, órdenes del Gobierno de Lima.
[editar]Arresto en la isla de San Lorenzo
Mientras la escuadra peruana se movilizaba, el Gobierno de Lima, después del combate naval del 2 de mayo, tenía en proyecto una expedición naval a Filipinas con los nuevos blindados, a fin de desalojar de esas islas a los españoles. Para realizar esa audaz empresa el Gobierno peruano contrata en Estados Unidos de América al contralmirante de la marina estadounidense John R. Tucker, quien arribó a Valparaíso a principios de julio, asumiendo sus funciones de Jefe de la Escuadra. La insignia fue izada precisamente en la Unión, la nave que Miguel Grau comandaba. Sin embargo, antes que el almirante John R. Tucker asumiera el mando, los marinos peruanos, noticiados que la escuadra peruana iba a ser comandada por un almirante extranjero, escribieron al Gobierno de Lima, expresando la penosa impresión que les causaba esa resolución que, en buena cuenta, significaba dudar de su lealtad y competencia y solicitaron que el nombramiento del almirante Tucker fuera revocado o, en su defecto, que se accediera al relevo de sus puestos.
El Gobierno de Lima desechó la petición de los comandantes y jefes de los buques anclados en Valparaíso y, el 23 de julio, expidió una resolución suprema, por el ramo de Guerra y Marina, disponiendo que el Secretario de Estado en el despacho de Hacienda y Comercio, Manuel Pardo, viajara a Valparaíso, investido de amplias facultades, para arreglar todo lo concerniente al servicio de la Marina. Dos días después en el transporte de guerra Callao, parte el Secretario de Estado, llevando consigo a los jefes y oficiales de Marina que debían llenar las plazas vacantes, de conformidad con las instrucciones recibidas.
Al arribar a Valparaíso, el Secretario de Estado Manuel Pardo transcribe al capitán de navío Lizardo Montero, Comandante de la Flota, la resolución del 23 de julio. Como los marinos insistieron en su renuncia, el señor Pardo les dirigió una nueva comunicación, el 3 de agosto, en los siguientes términos:
En virtud de la nota que he tenido el honor de poner en manos de U. S. y de las órdenes supremas, sírvase U. S. disponer que se haga reconocer como comandantes de los buques de guerra a los siguientes jefes: al capitán de navío don José María Salcedo, como Comandante del monitor Huáscar; al capitán de navío don José María García, como Comandante de la fragata Independencia; al capitán de fragata, don Juan Pardo de Zela, de la corbeta América; y al capitán de corbeta don Camilo Carrillo, de la corbeta Unión.
Los jefes y oficiales de los buques surtos en la rada de Valparaíso se sometieron a las disposiciones del Gobierno peruano, y entregaron los buques a los marinos embarcados en el transporte Callao para reemplazarlos. Miguel Grau dejó la Unión al capitán de corbeta Camilo N. Carrillo. Los marinos renunciantes, llegados al Callao el 15 de agosto, fueron llevados a la isla San Lorenzo, frente a La Punta, Callao, en condición de arrestados. Sumaban más de treinta los marinos arrestados. En el diario El Comercio del 16 de agosto de 1866, se inserta un telegrama del Callao del día anterior, que dice así: "A las 5 ½ ha fondeado el vapor de guerra nacional Callao, procedente de Valparaíso, de donde salió el 8 del presente. Vienen a su bordo el comandante Montero y todos los jefes y oficiales que se negaron a reconocer al contralmirante Tucker. El Callao fue puesto en incomunicación”. El 24 de septiembre]] de 1866, desde Valparaíso el contralmirante John R. Tucker agradece el despacho de contralmirante de la Armada del Perú, que le confiere el Gobierno “durante la guerra con España”.
En la isla San Lorenzo los marinos fueron sometidos a juicio acusados de insubordinación, deserción y traición. Rosendo Melo, en su libro Historia de la Marina del Perú, editado en Lima, en 1907, cuenta que esta detención fue sólo nominal, lo mismo que el sumario y dice:
El cautiverio no impedía pasar la mayor parte de su tiempo en Lima o en paseos por la isla, cuando no lo empleaban a bordo en ejercicios de esgrima, de tiro o de natación. Montero florete en mano no se dejaba tocar. Grau, nadando era un pez.
Las dificultades limítrofes entre Bolivia y Chile provienen de la explotación del guano y el salitre por compañías chilenas, en los desiertos bolivianos de Atacama. Los incidentes fronterizos se suceden no obstante que la línea de separación es fácilmente identificable. Ya en 1866, luego del combate del Dos de Mayo, en un ambiente de paz y concordia, se fijó en un tratado de límites, suscrito el 10 de agosto, el paralelo 24 como línea divisoria entre ambos países. El artículo 1º de dicho tratado decía así: “La línea de demarcación de los límites entre Chile y Bolivia en el desierto de Atacama, será en adelante el paralelo 24º de latitud meridional, desde el litoral del Pacífico hasta los límites orientales de Chile, de suerte que Chile por el sur y Bolivia por el norte, tendrán la posesión y dominio de los territorios que se extienden hasta el mencionado paralelo 24º, pudiendo ejercer en ellos todos los actos de jurisdicción y soberanía correspondientes al señor del suelo”. Pero a su vez ese tratado estableció una absurda comunidad entre los dos países, autorizando la partición por mitad de la explotación de los depósitos de guano de Mejillones y de los existentes entre los grados 23º y 25º y sobre los derechos de exportación de minerales extraídos en esa extensa zona. Así lo expresaba el artículo 2º de dicho tratado, que tenía la siguiente redacción: “No obstante la división territorial estipulada en el artículo anterior, la República de Bolivia y la República de Chile se partirán por mitad los productos provenientes de la explotación de los depósitos de guano descubiertos en Mejillones y de los demás depósitos del mismo abono que se descubriesen en el territorio comprendido entre los grados 23º y 25º de latitud meridional, como también los derechos de exportación que se perciban sobre los minerales extraídos del mismo espacio de territorio que acaba de designarse”. Y por el artículo 3º se obligaba a Bolivia a establecer en el puerto de Mejillones una aduana, como única oficina fiscal, para percibir los productos del guano, pudiendo Chile nombrar interventores para inspeccionar las entradas de aduanas y recibir la parte que conforme al tratado le correspondía.
A la caída del dictador boliviano Melgarejo, en enero de 1871, el gobierno del general Morales que le sucedió anuló los actos de la administración depuesta y resolvió modificar el tratado de límites de 1866 celebrado con Chile, que el pueblo boliviano reprobaba, porque confería derecho a Chile para intervenir en el territorio de Bolivia y explotar el guano y las riquezas minerales existentes en el desierto de Atacama, zona exclusivamente boliviana desde que se constituyó esa república.
A fin de resolver, mediante negociaciones diplomáticas, la tensa situación creada entre ambos países, Bolivia designó como Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario en Santiago a Rafael Bustillo, quien conocía ampliamente el problema de límites con el vecino país. Las gestiones de Bustillo ante el Presidente de Chile Federico Errázuriz Zañartu, en el sentido de confirmar el paralelo 24 como línea divisoria de ambos territorios y anular el artículo 2º del tratado, dejando sin efecto la comunidad de bienes entre los paralelos 23 y 25, fue materia de amplias discusiones, propuestas y consultas sin que se llegara a arreglo alguno. Al final Chile insinuó a Bustillo la compra del territorio comprendido entre los paralelos 23 y 24, lo que fue rechazado de plano por el representante boliviano. Chile, deseoso de llegar a un arreglo con Bolivia que no alterase las bases sustanciales del tratado de 1866, y viendo que esto no lo podría lograr con Bustillo en Santiago, envió a La Paz, como su Ministro, a Santiago Lindsay, con las instrucciones de iniciar en La Paz las conferencias que fueron suspendidas con Bustillo.
Cuando Bustillo estaba próximo a regresar a Bolivia, en julio de 1872, el general boliviano Quintín Quevedo, adicto a Melgarejo, armó en Valparaíso una expedición y desembarcó en Antofagasta avanzando hasta Tocopilla, donde las fuerzas bolivianas lo rechazaron. Quevedo y sus hombres se refugiaron en un buque de guerra de Chile, la corbeta “Esmeralda”, anclada en el puerto.
Desde Iquique, cumpliendo las órdenes recibidas, Grau escribe una nota el 6 de septiembre de 1872 al Ministro de Guerra y Marina, informándole del curso de los acontecimientos y dejando en ella constancia que la mayoría de los expedicionarios que acompañaron a Quevedo eran chilenos y que la Escuadra de Chile se encontraba en Mejillones.17
Dos semanas después, el 24 de septiembre, siempre en Iquique, Grau informa que no tiene noticias de interés que comunicar y, el 30, al arribar al Callao, de regreso de su viaje al sur, dirige una nota al Ministro de Guerra y Marina expresando que, “en respuesta a su oficio de 21 del presente, le es satisfactorio decir que no ha ocurrido novedad durante la navegación” y agrega que, en el vapor que arribó de Valparaíso el día de su salida de Iquique, “llegó al puerto de Arica el señor Bustillo, representante de Bolivia en Chile”.
Fracasada la intentona de Quevedo y de regreso Bustillo a Bolivia, prosperan en La Paz las gestiones del Ministro chileno Lindsay para determinar nuevas bases de arreglo. Se llegó así a suscribir, el 5 de diciembre de 1872, el protocolo conocido con el nombre Lindsay – Corral, por el cual se confirma el paralelo 24 como límite de Chile y Bolivia. Se estipuló asimismo que los límites orientales de Chile eran las más altas cumbres de los Andes; que la partición por mitad de los derechos de exportación se referían, aparte de a los metales, al salitre, bórax, sulfatos y demás sustancias inorgánicas; que Chile cubriría a medias con Bolivia los gastos de la administración del departamento de Cobija y que ambos gobiernos se comprometían a seguir negociando, a fin de revisar y abrogar el tratado de 1866, y sustituirlo por otro que consultara mejor los intereses de las dos repúblicas. Pero este arreglo en vez de mejorar la situación de Bolivia, la desmejoraba por los nuevos derechos y beneficios que se conferían a Chile, con facultades para intervenir mayormente en territorio boliviano y, como era natural, creó más serias resistencias en el pueblo de esta república, provocando reacciones que hicieron temer se afectara la tranquilidad en la costa occidental de América.
[editar]Crucero por el litoral boliviano
El 13 de marzo, estando en Iquique, Grau envía al Ministro de Guerra y Marina una comunicación dando cuenta de que existe tranquilidad en el litoral, sin que haya “nada que pueda amenazar una perturbación en el orden político”. Añade que, en cumplimiento de sus instrucciones ha tratado de investigar cautelosamente los sucesos que se verifican en Chile para darse cuenta “de cualquier apresto que pudiera hacerse con algún carácter bélico”; y agrega: “no descuidaré medida alguna conducente al mejor desempeño de mi comisión”.
Once días después, el 24 de marzo, el Huáscar llega a Cobija y permanece en el puerto tres días. El 28, ya en Iquique, Grau escribe al Ministro de Guerra y le informa de la cariñosa acogida de las autoridades bolivianas de Cobija:
Conforme indiqué a V. S., en mi oficio del 24 del presente he permanecido tres días en el puerto de Cobija, habiendo regresado a éste en la tarde de ayer. Durante mi permanencia en esas aguas me ha sido muy satisfactorio el recibimiento hecho por las autoridades bolivianas, las que me han dispensado toda clase de atenciones, no omitiendo circunstancia alguna para manifestar sus sentimientos de adhesión al Gobierno y pueblo del Perú.
El 4 de abril, desde Iquique, Grau vuelve a informar al Ministro de Guerra “que el sur continúa sin novedad”, además de comentar que desea que el Huáscar sea una unidad de primer orden en batalla sometiendo para ello a su tripulación a “faenas doctrinales, haciendo diariamente ejercicios a fin de conseguir en la marinería la disciplina y moralidad que son tan necesarias”.
Satisfecho el Gobierno peruano de la forma como Grau lleva adelante su comisión, lo autoriza para que continúe los reconocimientos al sur del litoral de la República en la oportunidad que lo juzgue conveniente. Estando Grau en estas comisiones, el gobierno expide la resolución legislativa del 23 de abril de 1873, por la que se le asciende a capitán de navío efectivo.
El 27 de mayo el Huáscar zarpa de Iquique rumbo nuevamente a Cobija, donde fondea el 28. Al día siguiente vuelve a escribir al Ministro, avisando su llegada a este puerto e informando que toda la costa se encuentra en perfecto orden. El 2 de junio da cuenta de la desfavorable acogida dispensada al protocolo Corral–Lindsay por parte del pueblo boliviano; además, vuelve a informar de los buenos tratos con que es recibido y que demuestran la sincera simpatía de ese pueblo por el peruano: "Por lo demás, la recepción hecha tanto por ese funcionario, como por las autoridades de este puerto, y las diversas circunstancias que he tenido la ocasión de hacerles atenciones cariñosas y agasajos, en cuanto me ha sido posible, no han hecho más que estrechar los vínculos y afecciones que dichas autoridades y pueblo boliviano manifiestan sinceramente por el Gobierno y pueblo del Perú, no omitiendo la ocasión de probarlo prácticamente, una vez que han tenido la oportunidad de hacerlo".
Por el tenor de las cartas, es indudable que Grau no conocía en marzo de 1873, cuando zarpó del Callao para el sur, el Tratado Secreto de Alianza Defensiva, suscrito en Lima por representantes de Perú y Bolivia, el 6 de febrero de ese año, por lo que tenía que llamarle la atención la cariñosa acogida de que era objeto por las autoridades de Cobija, en los meses de marzo y junio. Pero es justo reconocer, que las autoridades bolivianas de Cobija tampoco conocían el pacto y que las recepciones y muestras de cariño tributadas a Grau y al Huáscar, comandante y buque de guerra de un país aliado, obedecían en parte a instrucciones del Gobierno de Bolivia impartidas con ese objeto.
De regreso en Iquique, Grau se dedica a otras tareas encomendadas para mejorar el puerto de Iquique a fin de facilitar el desarrollo de las actividades portuarias. En julio de 1873 termina el crucero a lo largo del litoral boliviano, una vez desaparecidos los peligros de más graves disputas en la zona salitrera y una vez aclarado el ambiente internacional. Sin embargo la presencia del Huáscar en el Callao es corta, ya que a fines del mes siguiente nuevamente el Huáscar es comisionado al sur del litoral.
[editar]Jefe de la escuadra peruana
El 30 de abril de 1874 la Comandancia General de Marina acuerda que los buques de la escuadra se encuentren listos para zarpar para las evoluciones que deben practicar en táctica naval. El 10 de junio la superioridad expide la esperada resolución ordenando que la escuadra practique en el mar los movimientos consignados en la obra de Táctica, que sirve de texto en la Escuela Naval. Integran esa escuadra los siguientes buques de guerra Huáscar, Independencia, Atahualpa, Manco Cápac, Unión y Chalaco. Se nombra Jefe de la Escuadra de Evoluciones al capitán de navío Miguel Grau. Dos días después, el Comandante General de Marina, contralmirante Diego de la Haza, se dirige al ministro de Guerra y Marina para informarle de que el capitán de navío Miguel Grau, el día 10 de junio, había cambiando su insignia en el monitor Huáscar, asumiendo el mando de la escuadra.
En ejercicio del alto cargo de Jefe de la Escuadra de Evoluciones, Grau recorre todo el litoral peruano, ordenando se ejecute a bordo de los buques toda clase de maniobras para adiestrar a las tripulaciones en conocimientos de táctica naval y manejo de la artillería. Como su experiencia le hace intuir que Perú está próximo a perder su supremacía en el mar y que acecha al Perú el gravísimo peligro de verse envuelta, en cualquier momento, en un conflicto bélico con Chile, es que se preocupa en adiestrar a las tripulaciones para el manejo hábil y preciso de las unidades navales y su potencia de fuego. El alza del salitre de Tarapacá, en zona vecina a los territorios bolivianos del desierto de Atacama, que explotan compañías chilenas, y la construcción de dos poderosos blindados por Chile en el Reino Unido, uno el Almirante Cochrane, ya lanzado al agua en enero de ese año, preparándose para salir al Pacífico y el otro por terminarse, justifican sus temores.
De otro lado, las diferencias entre Bolivia y Chile aparentan estar zanjadas en agosto de 1874, en que se firma el nuevo tratado de fronteras entre los dos países, que fija siempre el paralelo 24, desde el mar hasta la Cordillera de los Andes, en el divortium aquarum. El artículo 1º del tratado dice lo siguiente: “El paralelo del grado 24º, desde el mar hasta la cordillera de los Andes, en el divortia aquarum, es el límite entre las Repúblicas de Chile y de Bolivia”. Sin embargo, siempre se mantiene la comunidad de los dos países para la explotación y partición por mitad del guano y minerales existentes o que se descubran, entre los paralelos 23º y 25º. Se conviene, también, que los derechos de exportación que se impongan sobre los minerales que se exploten no excederían de los que estuvieren vigentes; y que durante 25 años las personas, industriales y capitales chilenos no quedaban sujetos a más contribuciones, de cualquier clase que fueran, que las que entonces existían. El incumplimiento por parte de Bolivia al tratado al aumentar las contribuciones a las salitreras chilenas hasta el paralelo 23 es el detonante de la posterior Guerra del Pacífico.
Ese mismo año, en octubre, ya disipados momentáneamente los peligros de guerra entre Bolivia y Chile, el gobierno peruano descubre que navega en sus aguas peruanas Talismán, fletado en el Reino Unido, de 140 t y en el cual, según se afirma, viaja Nicolás Fernández Villena (Nicolás de Piérola), ex Ministro de Hacienda del Presidente José Balta, con armamento y alzados, que persigue derrocar al régimen mediante un golpe revolucionario.
En cumplimiento de las órdenes recibidas, la Escuadra de Evoluciones sale en persecución del Talismán, que de acuerdo con las informaciones del gobierno, tocó en Pacasmayo, en donde intentó un desembarco. Luego de activa búsqueda, el Talismán es apresado por el Huáscar en la bahía de Pacocha, cerca de Ilo, la mañana del 2 de noviembre de 1874. Buena parte del cargamento es capturado, así como la tripulación. Nicolás Fernández Villena escapa internándose hacia Moquegua.
Luego de capturar al Talismán, Grau lo envía a Mollendo, a cargo del capitán de corbeta Leopoldo Sánchez y eleva un parte al Ministro de Guerra y Marina, fechado en Pacocha, dando cuenta de los sucesos. Hecho, el Huáscar parte al sur para resguardar el orden.18 El capitán del puerto de Ilo, Germán Paz, avisa también el mismo día 2, a la Comandancia General de Marina, que esa mañana el Huáscar apresó al Talismán, con su tripulación y parte de su carga.
Esta acción del Huáscar en Pacocha fue determinante para el triunfo de las fuerzas del gobierno en la acción del 6 de diciembre de 1874, en Los Ángeles, lugar cercano a Moquegua que devolvió la calma al país. El mismo diciembre la Escuadra de Evoluciones se encuentra en Iquique y regresa al Callao dando término a su entrenamiento. El 20 de enero de 1875 Grau cesa en el mando de la escuadra continuando como comandante del Huáscar. El crucero ha durado siete meses.
[editar]Diputado por Paita
En 1875 Miguel Grau es requerido por el pueblo de Paita, donde él residiera los años de su niñez, para representar a la provincia en el Parlamento Nacional. El marino acepta esta distinción confiando en que podrá servir igualmente a su patria en el recinto de las leyes como lo ha hecho en la cubierta de los buques.
El 5 de julio de 1876 Grau deja el comando del Huáscar, que ha tenido durante más de 8 años y se apresta a ir al Parlamento. Pero la separación no será larga; a los tres años Grau volverá a la Armada Peruana, al mando del Huáscar.
El 2 de agosto de 1876 inicia su gobierno constitucional el General Mariano Ignacio Prado, que ha sucedido a Manuel Pardo. El 4 se reconocen y califican las credenciales de Grau como diputado por Paita. Al día siguiente, Grau se dirige por oficio al Mayor de Órdenes del Departamento, informando de que va a ocupar su curul en la Cámara de Diputados y pide se le otorgue la consiguiente licencia. El mismo día 5 de agosto, Grau presta juramento de ley en la Cámara de Diputados y pasa a formar parte de la Comisión de Marina. Su actividad como diputado es grande y eficaz, análoga a la que ha desplegado en la escuadra. Presenta interesantes proyectos que cuentan con la aprobación de su Cámara.
Concluida la legislatura Grau se desempeña por pocos días como agregado al Departamento de Marina y, en enero de 1877, pide licencia por dos meses a su Superioridad para dirigirse a Valparaíso: va a traer los restos de su padre, el teniente coronel Juan Manuel Grau y Berrío, fallecido en ese puerto el 30 de noviembre de 1865. Para cumplir esta misión, se embarca en el vapor británico Eten.
Cumplida su misión, Grau, al retornar al país, cumple con informar al Gobierno su honda preocupación ante el poderío naval de Chile, que ha podido comprobar in situ en las aguas de Valparaíso, donde se encuentran fondeados los dos blindados Almirante Blanco Encalada y Almirante Cochrane, buques de guerra chilenos, inmensamente superiores a los peruanos. Ha apreciado, igualmente, los aprestos bélicos de las fuerzas militares de ese país.
[editar]Comandante general de la Marina de Guerra del Perú
[editar]La escuadra peruana y la chilena
[editar]La campaña naval y el monitor Huáscar
[editar]Combate naval de Iquique
El 21 de mayo de 1879 el monitor Huáscar al mando del capitán de navío Miguel Grau , y la Independencia al mando del capitán de navío Juan Guillermo More Ruiz, ingresaron a la bahía de Iquique y se enfrentaron a los ya mencionados buques de madera chilenos comandados, respectivamente, por Arturo Prat Chacón (Esmeralda) y por Carlos Condell de la Haza (Covadonga). El transporte Lamar izó bandera estadounidense y puso rumbo al sur, siendo seguido por la cañonera Covadonga que fue perseguida por la Independencia. Mientras tanto, el Huáscar en Iquique cañoneaba a la Esmeralda, buque que maniobró para colocarse delante de la población, ante la imposibilidad de doblegar al enemigo, y ya que el combate se extendía con gran número de bajas chilenas, el comandante Grau decidió utilizar el espolón 3 veces. En el segundo ataque al espolón, el comandante chileno Arturo Prat realiza un abordaje frustrado, principalmente, por las algarabía del momento y por las importantes bajas en su tripulación, la Esmeralda tenía varios daños antes del combate. Prat murió en el intento, pues jamás llegó a ver a Grau.
Wikisource contiene obras originales de o sobre Carta de condolencias de Miguel Grau Seminario a Carmela Carvajal vda. de Prat.
[editar]Combate naval de Angamos
[editar]Homenaje a Miguel Grau Seminario
Monumento a Miguel Grau Seminario en Plaza Perú, ciudad de Buenos Aires.
"Como del carbón sale el diamante, así de la negrura de esta guerra sale Grau. (...) Al estudiar lo que hizo, preciso es recordar con qué elementos trabajó y cabe preguntar qué hubiera sido del Perú con Grau en un barco como el Cochrane o el Blanco Encalada..."
Re: Miguel Grau Seminario

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