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Chivi Vargas - 2009 - Los desafíos de la justicia comunitaria (y bases p | Imperio Inca | Gente indígena | Prueba gratuita de 30 días | Scribd
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Historia de La ad en El Peru
LOS DESAFÍOS DE LA JUSTICIA COMUNITARIA (Y BASES PARA UNA “LEY DE DESLINDE JURISDICCIONAL”)
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4-1-1913-09
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PRIMERA PARTE JURISDICCIÓN INDÍGENA EN LA MEMORIA LARGA
1. JUSTICIA: UNA MIRADA AL HORIZONTE COLONIAL
2. QUIPUS LEGISLATIVOS
3. JUSTICIA INDÍGENA: ENTRE CRONISTAS Y COLONIZADOS
3.1. Juan de Betanzos (1551)
3.2. Pedro Cieza de León (1553)
3.3. Fernando Santillan (1563)
3.4. Cronista anónimo (1593)
3.5. Relación anónima (ordenanzas)
3.6. Waman Poma de Ayala (1612)
3.7. Waman Poma de Ayala: la justicia del Inca para la nobleza
4. RECOPILACIÓN DE LAS LEYES DE INDIAS O EL PLURALISMO JURÍDICO COLONIAL
SEGUNDA PARTE JUSTICIA INDíGENA: ESCENARIOS Y CONTRAPUNTEO
1. JUSTICIA INDÍGENA: UN DEBATE ENTRE DOS SIGLOS…
2. “JUSTICIA COMUNITARIA”: VIDA PASIÓN Y MUERTE DE UN CONCEPTO…
3. ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA INDÍGENA EN EL DERECHO INTERNACIONAL
4. LA JURISDICCIÓN INDÍGENA EN EL ESCENARIO CONSTITUCIONAL LATINOAMERICANO
LA JURISDICCIÓN INDÍGENA ORIGINARIA CAMPESINA:
LA NCPE ENTRE ORURO Y LA PAZ
LOS DILEMAS DE LA JURISDICCIÓN INDÍGENA:
6.2. Los límites de la jurisdicción indígena
TERCERA PARTE ESTADO PLURINACIONAL Y LEY DE DESLINDE JURISDICCIONAL
1. CONSTITUCIONALISMO: MÁSCARA DEL COLONIALISMO…
2. CONSTITUCIONALISMO PLURINACIONAL: ELEMENTOS PARA SU DESARROLLO
3. DESCOLONIZAR LA JUSTICIA
4. ANTEPROYECTO DE LEY DE DESLINDE JURISDICCIONAL:
El día domingo 25 de enero de 2009, las ciudadanas y ciudadanos de Bolivia concurrieron a las urnas para sancionar una nueva Constitución Política del Estado, como paso fundamental para el desarrollo y consolidación del proceso de cambio que hoy encara el país. La implementación de ese nuevo texto constitucional plantea grandes desafíos de construcción nor- mativa. El reto consiste en traducir adecuadamente los principios y definiciones generales que contiene la nueva CPE en instrumentos de efectiva y eficaz aplicación. El análisis de las experiencias internacio- nales, la doctrina y la legislación comparada, así como la revisión y sistematización de los estudios e investigaciones que se han realizado en el país, son algunos de los insumos que pueden enriquecer los esfuerzos que realicen los responsables de esta ingente tarea, tanto en el nivel nacional como en los ni- veles subnacionales. En este marco, el Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral, IDEA Interna- cional, que tiene como misión institucional apoyar al fortalecimiento de la democracia y la construcción constitucional en todo el mundo, propició una serie de trabajos de especialistas que pudieran contribuir, desde enfoques diversos y en áreas temáticas diferentes, con elementos de análisis que estén orientados a la profundización de las transformaciones en curso, en el campo específico del reordenamiento territorial del Estado en el nivel de las autonomías departamentales e indígenas. La presente publicación contiene todos esos aportes y su único propósito es alimentar un amplio, plural y fecundo debate. La vertiginosa evolución de la coyuntura boliviana explica algunos desfases en la temporalidad de los documentos y en la naturaleza de los instrumentos que se analizan (ej. proyecto de nueva Constitu- ción -vs- nueva Constitución aprobada) que, sin embargo, no afectan la pertinencia de los trabajos que presentamos en esta serie.
I. Sin duda, la amnesia del derecho moder- no estriba en un olvido histórico, en el ol- vido de su origen. Y es que todo el dere- cho moderno –y en su caso el Estado– le deben su existencia a un acto colonial y terriblemente dramático: El genocidio de las Indias ayer y hoy. El genocidio primero, el del colonialismo español, encuentra su envase de derechos en una pieza arqueológica: la Recopilación de las Leyes de Indias. El genocidio segun- do, el liberal, vino como Constitución Po- lítica y códigos y se quedó Todo el saber jurídico contemporáneo, entonces, le debe al genocidio primero su existencia. Ese detalle es algo que se olvi- da olímpicamente; lo hacen las construc- ciones normativas actuales, la enseñanza universitaria y la investigación académica. La globalización del Derecho no sólo lo evade intencionalmente, sino que lo encu- bre. Por lo que dice, por lo que calla y por lo que anuncia. Evadiendo e ignorando el genocidio, la globalización del Derecho ha tratado de poner frenos a los procesos emancipatorios que hoy se abren por toda América Latina; y no es la primera vez que lo hace, existen antecedentes de anti- gua data y muy contemporáneos también. II. Hasta el presente, los estudios jurídicos referidos a los saberes normativos indí- genas y los procedimientos no oficiales para su aplicación han dado como resul- tado ajustes institucionales de orden “pa-
ralelo” entre Estado y pueblos indígenas, que luego han sido constitucionalizados en gran parte de América Latina. Es en este campo de lucha donde el vacío en el conocimiento es notoriamente sen- sible, preocupante y denunciante. Vacío que se explica en dos razones: a) Las políticas comunitaristas plurimul- ticulturales o de indigenismo neoliberal dominantes en América Latina, y b) la excesiva preocupación por la compati- bilización de procedimientos estatales e indígenas en la resolución de conflictos. Las organizaciones indígenas del con- tinente y el mundo, después de más de veinte años de peregrinaje, lograron, en septiembre de 2007, la proclamación de la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas, el primer instrumento internacional de derechos humanos cuyas disposiciones son vinculantes y de obli- gatorio cumplimiento para los Estados, tal como lo dispone su artículo 42. Además, la citada Declaración establece, en su artículo quinto, que: “Los pueblos indígenas tienen derecho a conservar y reforzar sus propias instituciones políti- cas, jurídicas, económicas, sociales y cul- turales, manteniendo a la vez su derecho a participar plenamente, si lo desean, en la vida política, económica, social y cul- tural de los Estados”. La Declaración tiene como eje central el derecho a la cultura propia y en condicio-
nes de igualdad con el Derecho estatal.
matrices informativas. Incluso, juristas
Este dato no debe comprenderse como
enorme prestigio en el mundo indíge-
paralelismo jurídico, sino como “pacto
por sus contribuciones al diálogo entre
de coexistencia radicalmente democráti- ca entre saberes y prácticas instituciona- les propias y válidas para cada ámbito de vida”.
derechos, pagan costos enormes por este pecado original, elaborando proyectos normativos que reproducen la coloniali- dad del Derecho.
Este aspecto, escasamente percibido, es
no dudarlo, en Bolivia estamos vi-
fundamental para resolver equívocos permanentes, de enfrentamientos pocas veces fructíferos entre juristas y culto- res de otras ciencias sociales, así como enfrentamientos conceptuales entre los líderes indígenas, los decisores políticos
viendo un tiempo político emancipato- rio. Emancipatorio del tutelaje doctrinal eurocéntrico, por el desafío de crear De- recho desde la realidad y no al revés, por la comprensión de que los saberes ajenos tienen sus propios ámbitos de validez,
que también son nuestros.
No mirar este hecho ha generado un pro-
Lo sabemos, la ley por sí sola no cambia
blema mucho más grande aún: por un
realidad, pero es una poderosa ayuda
lado, los teóricos de las ciencias sociales no han enfrentado adecuadamente el fun- cionamiento real de las diferencias entre culturas jurídicas y su normativización en un mismo Estado. Por el otro, los juristas no logran construir un horizonte teórico que ayude a conciliar las diferencias y los lugares comunes en conflicto debido, en gran parte, al horizonte liberal de sus
para su transformación en beneficio de la dignidad humana. Lo que hacemos aquí es presentar una vista panorámica de la jurisdicción indí- gena en el horizonte colonial, establecer el estado del debate y elaborar una Ley de Deslinde Jurisdicción, tal como lo esta- blece la Nueva Constitución Política del Estado en sus artículos 190, 191 y 192.
JURISDICCIÓN INDÍGENA EN LA MEMORIA LARGA
JUSTICIA: UNA MIRADA AL HORIZONTE COLONIAL
Un déficit en los estudios sobre la justicia indígena ha sido precisamente la revisión del horizonte colo- nial, vale decir, del momento de hibridación entre un modelo de justicia precolonial (el ejercido du- rante el Tawantinsuyu) y la imposición del modelo español (proceso que dio como resultado a la Reco- pilación de las Leyes de Indias, tanto en su versión “Nueva” de 1680, como “Novísima” de 1750). ¿Cómo hicieron los españoles de la invasión temprana para contar con información sobre lo prohibido, su sanción y los mecanismos de averi- guación con que contaban los naturales? Tal pregunta sólo puede responderse de una manera: a través de las informaciones de los cro- nistas españoles y no españoles, que eran una especie de historiadores que acompañaban a los conquistadores y detallaban día a día sus hechos, a la vez que registraban todo lo que concernía a los intereses de la Corona.
Muchos de estos cronistas dejaron un legado im- portante sobre las formas de vida cotidiana de los colonizados, sobre la historia de sus elites y sobre las formas de su justicia. En el presente acápite recorremos crónicas en las que se detallan las acciones prohibidas o peca- minosas, que agravian a la ley de Dios o del rey, la forma de averiguarlas y las sanciones que se aplicaban contra ellas. Vemos también cómo la legislación colonial recoge la legislación del Inca y la acoge en sus ordenanzas, constituyendo así las formas pri- migenias de lo que hoy denominamos de modo equívoco como “justicia comunitaria”. Naturalmente, puesto que nuestro oficio no es la historia del periodo colonial, la interpretación de lo expuesto se la dejamos al lector, no sin antes recordar que no siempre es fácil comprender el pasado con los lentes del presente.
QUIPUS LEGISLATIVOS
Sin duda, las fuentes de los cronistas fue la elite ilustrada del imperio inca. Eran conocidos como quipucamayoc y, a través de la lectura de los qui- pus, dieron a conocer a los “cronistas” las moda- lidades de la justicia del inca. Los quipus no sólo eran un instrumento de control numérico, sino también un método nemotécnico. Dejemos que sean los mismos cronistas quie- nes nos indiquen las funciones de los quipus. La noticia de la existencia de quipus legales viene de tres fuentes de la época: Polo de Onde- gardo, el padre José de Acosta y Pedro Cieza de León.
Polo de Ondegardo:
En aquella ciudad –dice refiriéndose al Cusco– se hallaron muchos oficiales antiguos del Inga, así de religión como del gobierno y otra cosa que no pudiera creer sino la viera, que por hilos y nudos se hallan figuradas las leyes y estatutos, así de lo uno como de lo otro y las sucesiones de los reyes y tiempo que gobernaron y hallóse que todo lo que esto tenía a su cargo no fue poco y aún tuve alguna claridad de los es- tatutos que en tiempo de cada uno se había puesto” (Porras, 1963: 121-122).
Padre José de Acosta:
Son quipus unos memoriales o registros hechos de ramales en que diversos ñudos o diversos colores significan diversas cosas. Es increíble lo que en este modo alcanzaron porque cuando los libros pueden decir, de historia, leyes, y cere- monias y cuantas de negocio todo eso suplen los quipus tan
porque para diversos géneros, como la guerra de
gobierno de tributo, de ceremonia, de tierras había diversos quipus y ramales; y en cada manejo de estos tantos ñudos, nudicos e hilillos atados unos colorados, otros verdes, otros azules, otros blancos y finalmente tantas diferencias que así como nosotros de veinticuatro letras guiándolas de diferen- tes maneras, sacamos tanta infinidad de vocablos, así estos de sus ñudos y colores sacaban innumerables significaciones de cosas (Porras, 1963: 123).
Los orejones antiguamente se mandava por todos los pueblos
y provincias de reyno de perú que los señores principales y
sus delegados supiesen cada año todos los hombres y muje-
res que avian nacido cuenta de sus nudos
mandaba asentar en los quipos por la y en esto avia gran verdad y sertidum-
bre sin en nada aver fraude y engaño. Y entendido esto sabía
el señor y los gobernadores los indios que destos eran povres
y las mujeres que eran viudas y otras muchas cosas.
De estas citas puede deducirse que existía una especie de quipus legislativos, donde se registra- ban las leyes que tenían en el Tawantinsuyo. Fue a partir de este registro detallado y sólo conocido por los quipucamayocs que los cronistas pudieron acceder a un conocimiento que luego fue parte de las idolatrías exterminadas en el tiempo del geno- cidio primero. Entonces, cronistas y quipucamayocs consti- tuyen el soporte por el cual se puede acceder a una idea más completa de la justicia de ayer.
JUSTICIA INDÍGENA: ENTRE CRONISTAS Y COLONIZADOS
Vayamos, pues, por los retazos que nos dejaron los cronistas y recordemos los informes etnográ- ficos contemporáneos, a fin de reconstituir la Jus- ticia del Inca:
(El Inca) ordenó y mandó que si alguno fuese tomado hur- tado en tierras do al maíz estuviese verde o seco que el tal fuese desnudo en cueros ansi hombre como mujer la cual ropa llevase el que ansi le tomase hurtando mandando que cada uno tuviese sus guardas en las tierras. Ordenó y mandó que si alguno hurtase a otro cualquier cosa que fuese poca que mucha cantidad que el tal ladrón fuese gravemente atormentado y a su dueño de la tal cosa hurtada le fuese vuelta la tal cosa con el doble y si no tuviese el la- drón con que lo pagar ni tuviese por ello que fuese dado el tal ladrón al señor cuya la cosa era por perpetuo servidor suyo y no por esclavo porque entre ellos no se usaba tener escla- vos con que tratasen y contratasen si no servidores perpetuos ellos y los descendientes destos tales lo eran de los hijos de los tales señores a los cuales les mandó y averiguándose ser mentira que no le hubiese hurtado que por la tal mácula que le hubiese puesto haciéndole ladrón no lo siendo que el tal que ansi le hubiere informado al sin culpa diese dos tanto que la cosa que la pedía que la había hurtado valiese y que si no tuviese otro tanto que le pagar el infamador al infamado que el tal infamado entrase en la casa del infamador y lo to-
mase todo lo que se hallare públicamente y que allí le hiciese desdecir delante de todos de lo que ansi le había levantado y que le hiciese allí delante de todos un sacrificio con lo cual fuese restituido en su honra. Ordenó e mandó que si alguno levantase a otro testimonio
y que por el tal testimonio viniese infamia al que ansi era
levantado que probándose ser mentira este tal testimonio que al que tal testimonio levantase muriese por ello. Ordenó e mandó que quien dijese mentira al Ingá en cual- quier cosa que con él hablase o nueva que le trujese que mu-
riese por eso. Ordenó y mandó que la mujer que se hallase que hubiese sido adúltera casada o mamacoma como se le probase mu-
riese apedreada de todos fuera de la ciudad en cierto sitio que para ello señaló que era en la junta de los dos arroyos que van por la ciudad del Cuzco y como no se le probase que
el que tal testimonio levantase muriese por ello en el mismo
lugar e de la tal muerte que la tal había de morir.
3.2. Pedro Cieza de León
Como la cibdad del Cuzco era lo más prencipal de todo el Perú y en ella residían lo más del tiempo los reyes, tenían en la misma cibdad muchos de los prencipales del pueblo, que eran entre todos los más avisados y entendidos, para sus consejeros; porque todos afirman que antes que yntentasen cosa ninguna de ynportancia, lo comunicavan con estos ta-
les, allegando su parecer a los más botos; y para la gober- nación de la cibdad y que los caminos estuviesen seguros y por ninguna parte se hiziesen ningunos e ynsultos ni la- trocinios, de los más reposados déstos nonbravan para que sienpre anduviesen castigando a los que fuesen malos y para esto andavan sienpre mucho por todas partes. De tal manera entendían los Yngas en prove[e]r justicia que ninguno osava
hazer desaguisado ni hurto. Esto se entiende quanto a lo to- cante a los que andavan hechos ladrones o forcavan mugeres
o conjuravan contra los reyes, porque en lo demás, muchas
provincias ovo que tuvieron sus guerras unos con otros y del
todo no pudieron los Yngas apartallos dellas. En el río que corre junto al Cuzco se hazía la justicia de los que allí se prendían o de otra parte trayan presos, adonde les cortavan las cabecas y les davan muertes de otras mane- ras, como a ellos le agradava. Los motines y conjuraciones castigavan mucho y más que todo los que eran traydores y tenidos ya por tales, los hijos de mugeres de los quales eran aviltados y tenidos por afrentados entre los mismos. En cosas naturales alcancaron mucho estos yndios, así en el movimiento del sol como en el de la luna; y algunos yndios dezían que avía cuatro cielos grandes y todos afirman quel aciento y silla del gran Dios Hacedor del mundo es en los cielos. Preguntándoles yo muchas vezes si alcancan quel mundo se a de acabar, se reyen y sobre esto saben poco: y si algo saben, es lo que Dios permite quel Demonio les diga.
A todo el mundo llaman “Pacha” conociendo la buelta quel
sol haze y las crecientes y las menguantes de la luna. Con- taron el año por ello, al cual llaman “guata” y los hazen de doze lunas, teniendo su quenta en ello. Y usaron de unas to- rrezillas pequeñas, que oy día están muchas por los collados del Cuzco algo ahuzadas para por la sonbra que sol hazía en ellas entender en las sementeras en lo que ellos más sobre esto entienden. Y estos Yngas miravan mucho en el cielo y
en las señales dél, lo qual tanbién pendía de ser ellos todos tan grandes agoreros. Quando las estrellas corren, grande es
la grita que hazen y el mormullo que unos con otros tienen.
3.3. Fernando Santillan
Para averiguar cualquier debate ó delito que se imponía á al- guna era, ponerle en presencia del juez á él y á todos los que podían ser testigos, en aquella causa, y allí le convencían sin que pudiese negarlo, ó parescia su inocencia, y si el tal indio era
mal inclinado y de mal vivir dabanle tormento; y si confesaba, era castigado, y si no, en cometiendo otro delito, quedaba con- vencido en todos y era sentenciado á muerte, siendo en casos graves, ó hurto, ó fuerza; y una de las principales causas porque los indios alababan la gobernación del inga, y áun los españoles que algo alcanzan della, es porque todas las cosas susodichas se determinaban sin hacerle costas (Santillán, 1979: 30).
La manera de confesarse era junto á un rio, y el confesor co- gia con la mano un gran manejo de heno ó esparto y lo tenia en la mano derecha, y en la izquierda una piedra pequeña dura atada a un cordel ó encajada en el hueco hechizo de algun palo manual, y sentado, llamaba al penitente, el cual venia temblando y se postraba ante él de pechos, y el con- fesor le mandaba levantarse y sentarse; exhortábalo a que dijese verdad y no escondiese nada, porque él como adivino ya sabia poco mas o menos lo que podia haber hecho. Con esto no osaba el penitente esconder cosa. La confesión habia de ser auricular secreta, y el ichuri o confesor guardaba el secreto natural grandemente, por que si se le probase que habia descubierto pecados que alguno que hubiese sido su penitente y los habia oido en confesión, moria por ello sin remedio (165-166). Intención de hacer algun motín, ó mostrar algún deseo de
ó alguna
tambien declaraban los deseos é
pecar con alguna virgen ó casada ó mujer comun
intenciones de hurtar. Y asi, lo que dicen algunos que no de-
claraban los pecados interiores. Acabado de decir el peniten- te, si via el confesor que habia descubierto todo su pecho no curaba de sacarle más sino que le exortaba á la enmienda ala adoración de sus dioses, y a la obediencia del gran Vilahoma
ó del inga
forme á los pecados que habia oido
pobre ó rico, una misma penitencia le daba con-
Que en el comer sean moderados y templados, y mucho más en el beber, y si alguno se embriagase de manera que pierda el juicio, que sea por la primera vez conforme al juez pare-
ciere, y por la segunda, desterrados, y por la tercera, privados de sus oficios, si son magistrados, y echados a las minas.
Esta ley se guardó á los principios con rigor
relajó la ejecucion los ministros de justicia eran los primeros que más bebian, no habia castigo; porque los amautas, eran
como letrados y sabios dellos, interpretaban las leyes
tre cenca, que es encalabriarse y calentarse, y hatun machay, que es embriagarse hasta perder el juicio Todo género de homicidio que se hiciese fuera de guerra, sea punido y castigado con pena de muerte natural, en esta forma: quien mata a su padre ó madre, que muera y sea he- cho cuartos; lo mismo si matare á sus abuelos ó hijos; quien mataré algun niño ó niña, muera despeñado ó apedreado quien á otro particular del pueblo, que muera ahorcado. Quien mata á algun ministro del rey, conociendo que era tal, ó á algun ministro de los dioses; ó á alguna virgen aclla, que muera
arrastrado o asaeteado. Quien matase á su mujer por odio, sin cul- pa della, ó sin saber que tenia culpa de adulterio, que muera ahor- cado y hecho cuartos; lo mismo la mujer si matare á su marido. Quien matare á su mujer hallándola en adulterio, que sea des- terrado por un cierto tiempo. Lo mismo si matare al adúltero con quien adulteró su mujer, pero que el tiempo del destierro
o pase de un año.
Quien fuere causa de que alguna mujer preñada de tres me-
ses para arriba, muera o malpara, dándole hierbas ó golpes, ó
de cualquier manera, que muera ahorcado ó apedreado.
Quien matare al rey ó reina ó príncipe heredero, muera arras- trado ó asaeteado y sea hecho cuartos, su casa derrumbada
y hecha muladar; sus hijos sean perpetuamente bajos, de vil condición y (n)o puedan tener cargo ninguno honroso en el
pueblo ni en la guerra, y todo esto hasta la cuarta generación.
se arrepintiesen y pidieren per-
Y lo mismo los traidores;
don y se metiesen debajo del estandarte del inga, vuelva en
su gracia real y no parezca nada de los dicho.
El adúltero y la adúltera sean castigados con pena de muer-
te; y el marido, si hallare á su mujer en tal delito, denuncie luego, para que se le cumpla de justa venganza; lo mismo la
Quien forzare doncella y la deshonrare, que muera apedrea- do. Y si ella quisiera casarse (sic) con él, que no muera, sino que se case luego. Quien forzare casada, que muera ahorcado.
Quien cometiere estupro con alguna doncella consintiendo ella, que sean azotados y trasquilados y puestos á la vergüen-
Los incestos con los tios y sobrinos, ó con primos y primas en segundo grado, ó afines en primer grado sean ambos cas- tigados con pena de muerte de horca ó apedreados Quien cometiere el pecado de sodomía, que muera arrastrado y ahorcado, y luego sea quemado con todos sus vestidos, y los mismo si se juntare con alguna bestia. Si los grandes señores cometieren algunos destos delictos, por donde merecieren morir, que los gobernadores y conse- jos hagan la veriguación y información, y la sentencia qué-
dese para el rey, y cuando los tales murieren por su delicto, sean degollados en la plaza o donde el rey pareciere; y si fuesen señoras ilustres ó sus hijas, merecieren morir, sean degolladas dentro la cárcel. Quien fuese alcahuete para que se cometan estupros ó in-
que muera por ellos ahorcado. Y lo mismo la he-
chiceria que diere hierbas para que se amen y se junten. Quien fuere alcahuete de adulterios que esté en la cárcel perpétua, ó sea condenado á minas ó á las tierras o partes de la comunidad. Quien hurtare cosa de comer ó de vestir, ó plata ó oro, sea examinado si hurto forzado de la necesidad y pobreza y si se
hallare que si, no sea el tal ladrón castigado sino que tiene el cargo de proveedor, con privación de oficio porque no tuvo
ropa y comida y tierras y casa que si dende adelante hurtare, que hade morir. Si se averiguase que hurtó de vicio ó por ser haragan y ocioso, que muera ahorcado, y si fuese hijo de señor, muera degollado en la cárcel.
lro: Que todos los subiectos al imperio de los ingas hablen una misma lengua general, y esta sea la quichua del Cuzco,
y la depriendan por lo menos, administrar justicia.
los que han de gobernar ó
za, y el sea desterrado y conducido á las minas, y ella á guardar algun templo; y si quisieren casarse, sean solamente azotados
se casen luego; más si el casado y tiene hijo y mujer sirvan á
2do: Que en todos los pueblos haya de todo a oficios y ofi-
aquí tejedores de lana, ahí de algodón, canteros
ciales y maestros acullá plateros
comunidad y ella á algun templo ó á las acllas.
Quien tuviere cuenta con su propia hija, que mueran entre
pero si fue forzada y violada, que mue-
ambos despeñados
ra el padre, y ella sea puesta para que sirva siempre á las
acllas; y si alguno la pidiese por mujer, que se case
3ro: Que para el tiempo de barbechar, sembrar, segar
las tierras, así comunes como de particulares, nadie se excuse, sino que salga con su arado, y que desde el rey hasta el más
bajo ciudadano se ocupe de la labranza
4to: Que se miren las tierras para qué planta ó semilla tienen más virtud, y no se siembre allí más de aquella semilla ó
desta manera en todo lo demás.
5to: Que se conozcan las inclinaciones y habilidades de los mochachos, y conforme a ella (sic) sea empleados, cuando
llegasen á edad madura
aunque lo más común y ordinario sea que
cada uno siga el oficio de su padre.
á la guerra y mostraren valor, se
hagan soldados
6to: Que en todas las provincias haya uno o más depósitos y alhóndigas, donde se guarde todo el bastimento necesario para tiempo de hambre, de esterilidad, de guerras, para dar a cojos, ciegos, tullidos, ciudad y huérfanos, y que de esto no pueda aprovecharse el rey ni los señores.
7mo: Que hubiese depósito de ganado de la tierra, que sir- viese, lo primero, para los sacrificios; lo segundo, para las necesidades de la república, lo tercero, para socorrer á los pobres, lisiados y viudas y huérfanos.
8vo: Que en cada pueblo se dividan las tierras, a cada vecino cierta medida, y a los propios y comunidades tanta, y que estas comunidades no se pueda meter el rey ni los eñores y si se me- tiere el rey por alguna causa justa, sea para bien de tal provincia, acabada la necesidad vuelva la comunidad á sus juros proprios.
9no: Que cada uno se vista y adorne conforme a la cualidad que tiene, el plebeyo como plebeyo y el noble como noble, y que ninguno se vista del género de ropa y traje y labor que
se visten los reyes, sino fuese hijo ó hija ó pariente del rey,
ó particular privilegio para ello.
10mo: Que en el comer sean moderados y templados, y mu- cho más en el beber, y si alguno se embriagase de manera que pierda el juicio, que sea por la primera vez conforme al juez pareciere, y por la segunda desterrados, y por la tercera, privadas de sus oficios, si son magistrados, y echados a las
los ministros de la justicia eran
no había castigo; porque los
minas. Esta ley se guardó a los principios con rigor
pués se relajó la ejecución los primeros que más bebían
amautas, eran como letrados, y sabios dellos, interpretaban
cenca, que es encalabriarse y calentarse, y
hatun machay, que es embriagarse hasta perder el juicio
11ro: Todo género de homicidio que se hiciere fuera de gue- rra, sea punido y castigado con pena de muerte natural, en esta forma: quien mata a su padre ó a su madre, que muera y
sea hecho cuartos, lo mismo si matare á sus abuelos ó hijos, quien mataré algún niño ó niña, muera despeñado ó apedrea-
quien á otro particular del pueblo, que muera ahorcado.
12ro: Quien mata á algún ministro del rey, conociendo que era tal, ó algún ministro de los dioses: ó á alguna virgen aclla que muera arrastrado y asaeteado. Quien matase a su mu- jer por odio, sin culpa della, ó sin saber que tenía culpa de adulterio, que muera ahorcado y hecho cuartos, lo mismo la mujer si matare a su marido.
13ro: Quien matare a su mujer hallándola en adulterio, que sea desterrado por cierto tiempo, lo mismo si matare al adúl- tero con quien adulteró su mujer, pero que el tiempo del des- tierro no pase un año.
14to: Quien fuere causa de que alguna mujer preñada de tres meses para arriba, muera ó malpara, dándole hierbas ó golpes, ó de cualquier manera. que muera ahorcado ó apedreado.
15to: Quien matare al rey ó reinas ó príncipe heredero, muera arrastrado a asaeteado y sea hecho cuartos, su casa derrum- bada y hecha muladar, sus hijos sean perpetuamente bajos, de vil condición y (n)o puedan tener cargo ninguno honro- so en el pueblo ni en la guerra, y todo esto hasta la cuarta
generación. Y lo mismo los traidores;
se arrepintiesen y
pidieren perdón y se metiesen debajo del estandarte del inga, vuelva en su gracia real y no padezca nada de lo dicho.
16to: El adúltero y la adúltera sean castigados con pena de muerte; y el marido si hallare a su mujer en tal delito, denun- cie luego, para que se le cumpla la justa venganza; lo mismo la mujer denuncie dellos, para que mueran.
17mo: Quien forzare doncella y la deshonrare, que muera ape- dreado, y si ella quisiera casarse (sic) con él, que no muera si no que se case luego. Quien forzare casada, que muera ahor- cado. Quien cometiere estupro con alguna doncella consin- tiendo ella, que sean azotados y trasquilados y puestos a la vergüenza y él sea desterrado y conducido á las minas, y ella á guardar algún templo; y si quisieron casarse, sean solamente azotados y se casen luego, más si el casado y tiene hijo y mujer sirvan a la comunidad y ella á algún templo ó a las minas.
18vo: Quien tuviese cuenta con su propia hija, que mueran
pero si fue forzada y violada, que
muera el padre, y ella sea puesta para que sirva
entrambos despeñados
las acllas y si alguno le pidiere por mujer, que se case.
19no: Los incestos con los tíos y sobrinos, ó con primos y primas en segundo grado, ó afines en primer grado, sean am- bos castigados con pena de muerte de horca ó apedreados
20mo: Quien cometiere el pecado de sodomía, que muera arrastrado y ahorcado y luego sea quemado con todos sus ves- tidos, y lo mismo si juntare con alguna bestia.
21ro: Si los grandes señores cometieren algunos destos de- litos, por donde merecieren morir, que los gobernadores y consejos hagan la averiguación y información, y la sentencia quédese para el rey, y cuando los tales murieren por su de-
licto, sean degollados en las plazas ó donde el rey pareciere,
chos Yngas con sus ydúlatras y guardar fiestas y pascuas en el año y meses y ayunar y uarachicos y rotochicos (cere- monia del ciclo vital, primeros taparrabos, primer corte de cabellos) y pacaricos (celebración ritual que dura toda la no- che) y uachachicos (lamentos rituales y sacrificios de esco- ger uírgenes y depósitos) y otras cosas de seremonias de los demonios guardaron los Yngas. Dize ací:
Topa Ynga Yupanquiy los demás auquiconas (príncipes) y señores grandes; capac apoconas coracaconas, allicac cama- chicoccunas (ascendidos), Tawantin Suyo camachiconchic (consejo, nuestras autoridades mayores del Tawantin Suyo); dize ací:
si fuesen señoras ilustres ó sus hijas, y merecieren morir, sean degollados dentro la cárcel.
“Hordenamos y mandamos en estos rreynos y señorios que se guarde y que se cumpla so pena de muerte los que
22do: Quien fuese alcahuete para que cometan estupros ó in-
no las guardaren ellos y sus hijos y desendientes, porque serán castigos y serán muertos y condenados a muerte y
que muera por ellos ahorcado. Y lo mismo la hechice-
acauarán todo su generación y consumirá sus pueblos
que diere hierbas para que se amen y se junten. Quien fuere
se senbrará sal en ellas y biuirán animales: luycho
alcahuete de adulterios que éste en la cárcel perpetua, ó sea condenado á minas ó a las tierras ó partes de la comunidad.
(venado de monte), poma (león), atoc (zorro), usco (gato montés), condor y guaman (halcón).” Estas dichas penas
23ro: Quien hurtare cosa de comer ó de vestir, ó plata ó oro, sea examinado si hurtó forzado de la necesidad y pobreza,
tenían puesto, mandado, executado perpetua en todo este rreyno. Y ancí no abía pleyto jamás; con esta dicha sentencia estaua fixa la ley y justicia en este rreyno.
si hallare que si, no sea el tal ladrón castigado, sino que
“Hordeno y mando en esta gran ciudad, cauesa destos
tiene el cargo de proveedor, con privación de oficio por-
rreynos, ayga un pontifize hechisero mayor llamado ua-
que no tuvo cuidado
y désele al tal ladrón lo que hubiere
lla uiza, conde uiza, y otros de Chinchay Suyo y de Ande
menester de ropa y comida y tierras y casa
que si dende
Suyo y de Colla Suyo y de Conde Suyo”. A éstos les lla-
adelante hurtare, que ha de morir. Si se averiguase que hurtó por vicio ó por haragán y ocioso, muera ahorcado, y si fuese hijo de señor, muera degollado en la cárcel.
maua uiza, layca camascacona. Ëstos tenía en el tenplo del sol y otros muchos tenían en otros tenplos y uacas deste rreyno, como en Pariacaca, Caruancho Uallullo,
24to: Haya en cada pueblo un juez contra los ociosos y haraganes, que los castigue y haga trabajar. (Anónimo: 1879, 198-205).
Saua Ciray, Pito Ciray, Coropona, Suru Urco, Titicaca. Y en otros tenplos tenían sazerdotes como obispos y canó- nigos y sacristanes, los que le ceruían y confesauan, en- terrauan; éstos eran laycaconas, uizaconas, camascaco-
3.6 Waman Poma de Ayala
ORDENANZAS PARA LOS INDIOS COMUNES
El gran gobierno de los Yngas deste rreyno y demás señores
prencipales grandes deste rreyno que en aquel tienpo auía
se gouernaua la tierra en este rreyno.
Leys y hordenansas destos rreynos desté Pirú, es como se sigue primeramente del primer ley, aunque se añadió los di-
nas. Estos dichos estauan en los tenplos y dioses de todo
el rreyno y tenía muy entablado esta ley de la ydúlatras y
serimonias de los demonios en este rreyno. “Yten: Hordeno y mando que en esta ciudad ayga con- sejo rreal: dos Yngas, Hanan Cuzco y Lurin Cuzco y quatro grandes de Chinchay Suyo y dos de Ande Suyo y quatro de Colla Suyo y dos de Conde Suyo”. A estos estos les llamaron Tawantin Suyo camachiconchic. “Yten: Mando que ayga asesor, yncap rantin rimaric ca- pac apo (señor principal que habla en nombre del Inka)”. El dicho asesor fue hombre principal. “Yten: Mando que ayga birrey que fue segunda perso- na”. No consentía que fuese gente baja su birrey, cino
capac apo (poderoso señor) Guaman Chaua. A este se- ñor enbiaua con andas; chicche ranpa (de color pardo); lleuaua como Ynga, a las dichas prouincias y le llamaua yncap rantin, en lugar del Ynga. “Yten: Mandamos que ayga en cada prouincia para la
buena justicia un corregidor que le llamaron tocricoc (oficial real)”. Este era de los Yngas de orexa quebrado., Hanan Cuzco, Lurin Cuzco. “Yten. Mandamos que ayga alcaldes de corte que fue- ron Anta Ynga para prender a los prencipales y capitanes
y señores grandes y caualleros destos rreynos”. Estos
llauauan por señal de justicia, en una uara alta, masca paycha (borla real) del Ynga. A estos les llamaua yncap camachinan uatay camayoc “Yten. Mandamos que ayga alcalde hordenario de cada
rrepartimiento”. A éstos les llamauan yncap cimin oyaric (que oye los mandados del Inka), Quillis cachi. “Yten. Mandamos que ayga rregidores”. A éstos lles llamauauan (sic) surcococ (adminitrador despensero), Equeco Ynga. “Yten: Mandamos que ayga secretario de consejo real”.
A éstos les llamauan Tawantin Suyo quipoc (contador
del Tawantin Suyo), Queuar ynga. “Yten: Mandamos que ayga escriuano público de cada
pueblo”. A éstos les llamaron llactapi quipococ camachi- coccuna, mandoncillos (autoridades que llevan cuentas del pueblo). “Yten: Mandamos que ayga escriuano real o nombrado”. A éstos les llamauan caroman cachasca quipococ (conta- dor enviado lejos), Pabri ynga. “Yten. Mandamos que ayga contadores mayores”. A és- tos les llamauan Tawantin Suyo hucho tasa yma hayca uata quillatauan quipococ yupacoc, curaca churicona (los que calculan en khipu todos los años y meses los incumplimientos de las tasas en el Tawantin Suyo, hijos
de kurakas).
“Yten: De todo lo dicho ordeno y mando para el gobier- no y buena justicia y bien del Pirú deste rreyno”.
Yten: Mandamos en este nuestro rreyno que nenguna persona blasfemie al sol mi padre y a la luna mi ma-
dre y a las estrellas y al luzero Chasca Cuyllor (Venus), uaca billcaconas (divinidades locales) y a los dioses gua- cas y que no me blasfemie a mí mismo, Yenca (Ynka)
y a la coya (reina)”. Decía ací: “Ama nacaconquicho yntiman quillaman chuqui ylla uaca uillcaconamam
noca yncayquitapas coyatauanpas. Uanochiquimanmi, tucochiquimanmi”(“no debereis maldecir contra el sol,
la luna, las divinidades resplandecientes como objeto de
oro, ni contra mí, vuestro Inka, ni contra la reina. Los haría matar ciertamente, los exterminaría sin duda”). “Yten: Mandamos que no blasfemie a nenguna persona y al consejo y prencipales ni a yndios pobres: Ama naca- conquicho pitapas (no maldecirás a nadie)”. “Yten: Mandamos que ayga otro Cuzco en Quito y otro en Tumi (Pampa) y otro en Guanoco (Pampa) y otro en Hatun Colla y otro en Charcas y la cauesa que fuese el Cuzco y que se ajuntasen de las prouincias a las cauesas al consejo y fuese ley”. “Yten. Mandamos que nenguna muger no ualleese por testigo por ser embustera y mentiras y pucilánimo, pici songo”( de poco corazón, cobarde). “Yten: mandamos que nenguno que fuese pobre, no fue- se testigo porque no fuese cohechado, pagarasca runa, llullamanta rimac runa” (hombre comprado, hombre que habla mentiras). “Yten: Mandamos que es este rreyno que ningún árbol frutal o madera aomente o paxa que no fuesen quemado ni lo cortasen cin lesencia, so pena de la muerte y castigos”. “Yten: Mandamos que no las cogiesen luycho, taruga (ve- nados), uanaco (guanaco), uicona (vicuña), uachaua (gan- so andino) ni lo matasen, para aumente, cino que fuese a león o sorra lo matasen por los daños que rrezultaua”. “Yten: Mandamos que la biuda en says meses que no descubriese su cara ni salga de casa y de un año tubiese luto y toda su uida no conociese a hombre, que estuviese onesta y rrecogida y criasen a sus hijos en su hazienda y casa y chacaras (sementera) y lucri (?) y que llorase dallí como biuda y pobre”. “Yten: Mandamos que todos enterrasen a sus defuntos en cada sus bóbedas y pucullos (construcción funeraria) y que no las enterrasen dentro de sus casas y que enterrazen al huzo de su natural con sus bagillas y comida y beuida y ropa” “Yten: Mandamos que los mosos y niños que fuesen muy ubidente y a sus padres y madres y a los demás biejos ancianos y señores grandes y a los mayorasgos de todo deste dicho rreyno, no cumpliendo, por la primera, fuese asotado; por la segunda fuese desterrado a las mi- nas de plata o de oro”. “Yten. Mandamos que no ayga ladrones en este rreyno ni que ayga salteadores, suua poma ranra, y que por la pri- mera, fuesen castigados quinientos asotes y por la segun- da, que fuesen apedreado y muerto y que no la enterrasen su cuerpo, que lo comisen las sorras y cóndores”. “Yten. Mandamos que los que hallasen que lo rrestituye- sen lo hallado y lo pagasen el hallasgo por donde auía de ser castigado por ladrón y ací a de pereser luego”.
“Yten. Mandamos que nenguno, después de auer muer-
to, no le pida deuda ni pague la muger ni el marido ni
el padre por el hijo ni el hijo por el padre, ni para otra
alguna, cino que lo pida en dia de su uida y no se pague por ser suspecha y mentira. Y se dejare en el testamento, que lo pague de su hazienda y que fuere el defunto po- bre, que lo pierda”. “Yten: Mandamos que a los yndios, yndias desterrados y depocitados les haga muy mucho tauajar porque rreciba pena y castigo, exenplo y mienda de su culpa”. “Yten. Mandamos que en este rreyno que no tenga uene- no ni ponsona ni hechesería nenguna para matar a per- sona ni lo mate, al que matare le condenamos a muerte despeñado y cuartezado. Y se fuere contra el Ynga o de los señores grandes rreueldes y traydores, que fuesen hecho tanbor de persona, de los güesos, flauta, de los dientes y muelas, gargantilla, y de la cauesa, mate de ueuer chicha. Es la pena del traydor y a de alsarse públi- camente y se dize yscay songo auca (traidor)”. “Yten: Mandamos que cualquiera persona que matare, que muera como lo mató, ci fuere con piedra o con pa- los, lleue la pena y se execute y sentencie”. “Yten: Mandamos que la muger estando con su rregla no
entre en el tenplo ni al sacrificio de los dioses uaca bilca (divinidades locales) y se entrare, sean castigados”. “Yten: Mandamos que la muger que miuiese (abortase)
a su hijo, que muriese, y ci es hija, que le castigasen
dozientos asotes y desterrasen a ellas”. “Yten: Mandamos que la muger corronpida o consentía que la corronpiesen o fuese puta, que fuese colgada de los cauellos o de las manos en una peña biua en Anta Caca y que le dexen alli murir, el desuirgador, quinien- tos asotes y que pase por tormento de hiuaya (piedra
muy pesada) que le suelte de lo alto de una uara al lomo del dicho hombre”. Con esta pena se muere, algunos quedan bibos. Y al forzador le sentencia la muerte de
la muger. Y se consentieron las dos, mueran colgados,
yguales penas. “Yten: Mandamos que la muger biuda que no se casa- sen otra ues ni que fuesen amasebados después de auer muerto su marido. Teniendo hijo, sea eredero de toda su hazienda y casa y chacras (sementera), y ci tubiere hija sea eredero su padre o su madre o sus ermanos”. “Yten: Mandamos que el quien tubiere un hijo fuese on- rrado, yupaychasca, y a los de dos hijos, que lo fuese
hecho merced y a los tres hijos, quel diesen sementeras y pastos y tierra y a los de quatro hijos, fuesen rresenuados
y a los de cinco hijos, mando que fuesen mandoncillo
de sus hijos, pichica camachicoc (el que manda cinco unidades domésticas), y a los de dies hijos, que fuesen señor de merced y a los de treynta o quarenta o cincuenta hijos, que se poblasen adonde pidiesen en pueblo y tierra ualdía y fuese señor en ellos”. “Yten: Mandamos que sean desterrados todos los que enterrasen sus defuntos en sus casa con ellos”. “Yten: Mandamos que los caciques y prencipales tengan cincuenta mugeres para sus serbicios y aumento de gente en el rreyno, huno curaca (señor de miriadas de unidades domésticas), treynta mugeres, guamanin apo (capitán), tenga beynte mugeres, uaranca curaca (de 1.000 unida- des domésticas), que tenga quinze mugeres, pisca pacha- ca (de 500), tubiese doze mujeres pachaca camachicoc (de 100) tubiese ocho mugeres, pisca chunca camachi- coc (de 50) tubiese ciete mugeres, chunca camachicoc (de 10) tubiese cinco mugeres, pichica camachico (de 5) tubiese tres mugeres, y un yndio pobre tubiese dos mugeres y los otros que tenía puesto por mitimays (que reside permanentemente fuera de su pueblo) tenía dos mugeres y los soldados de guerra conforme de uitoria le daua muger para el aumento”. “Yten: Mandamos que nenguno se cazazen con ermana ni con su madre ni con su prima ermana ni tía ni sobrina ni parienta ni con su comadre, so pena que serán casti- gados y les sacarán los dos ojos y le harán quartos y le pondrán en los serros para memoria y castigo, porque sólo el Ynga a de ser cazado con su ermana carnal por la Ley”. “Yten: Mandamos que los dichos capitanes sean de bue- na sangre y casta y fiel y los dichos soldados que fuesen fieles y no traydores de edad de treynta años y de qua- renta y cincuenta y que sean yndios rrecios y fuertes y suficientes y rricos para la guerra y batalla”. Yten: Mandamos que nenguna persona que no derrame el mays ni otras comidas ni papas ni lo monden la cásca- ra, porque ci tubiese entendimiento llorarían quando le monda y ací no lo monden, so pena que será castigado”. “Yten: Mandamos que, en tienpo de pistilencia o de sacri- ficio ni tenpestades ni en tienpo de hambre y sed o muerte del Ynga o de algún señor capac apo o leuantamiento, no hagan fiesta ni baylen ni canten ni dansen ni se toque tan- bor ni flauta ni toque a muger los hombres, ni en tienpo de ayuno y penitencia ni an de comer sal ni agí ni carne ni fruta ni ueua chicha ni coma nenguna comida, cino sólo mayys blanco y crudo en esta penetencia”. “Yten: Mandamos que, en tienpo de yelo o de graniso o de tienpo que se seca el mays que no uiene agua del cie-
lo, pidan todos a dios Runa Camac (creador del hombre) agua, todo cubierto de luto, enbijados las caras de nigro con nununya (ciruelas amargas) y qhichimcha, ollín. An de andar por los serros llorando y pidiendo agua a dios Pacha Camac (creador del universo) todos los yndios grandes, como mugeres y muchachos, dando bozes con ésta doctrina:
Ayaoya uacaylla ¡Ay, Ay! Vestidos de llanto. Ayaoya puypulli ¡Ay, Ay! Vestidos de rojo. Lluto puchac uamrayqui, Tus hijos de luto. luto puchac uacchayque Tus pobres de luto Uacalla callamosumquim Te imploramos llorando Unoc sayquita Tu agua Yacuc sayquita Tu agua Cachallamouay Mándala hacia nosotros Uacchayqui, runayqui Hacia tus pobres, tu gente Llacta runa camascayquiman Hacia los pobladores que tú criaste. An de tener esta horden de este rreyno”.
“Yten: Hordenamos y mandamos que todos los oficia- les que no sean ociosos ni peresosos, ací los dichos que tubieren cargo de beneficios, gouernadores, pontífises y saserdotes y señores grandes que manda la tierra, y de artificios, pintores, que pintan en paredes y en quiro (vaso de madera) y en mate que le llaman cuscoc (pin- tor de paredes), llinpec (decorador en lacre), amauta- cona (sabios) oficiales; llacllac (el que hace tablas con hazuela), quiro camayoc, carpinteros; rumita chicoc, canteros; manca llutac, olleros; tacac, plateros; conbi camayoc, bordadores y sederos; pachaca, labradores; pastor, michic; aua camayoc, dexedores; cirac, jastre, aunque no ací a custorera; panadera, sara tanta rurac (el que hace pan de maíz), cocinera, micuy rurac (la que hace de comer); suyoyuc (administrador de una subdivisión); mayordomo; collca camayoc (admi- nistrador de los depósitos); cómon y sapci caamayoc (administrador de los depósitos del común), adminis-
trador; quilca camayoc (encargado de la iconografía); escriuano de quipo (cordeles con nudos usados en con- tabilidad), cordel; cantores y múcicos, taquic (cantor, danzante), cochochic; pingollo camayoc, flauteros; auca camayoc, guerreros. Que no falten estos dichos oficiales en este rreyno, porque serán castigados por peresoso y ladrón”. “Yten: Mandamos en todo el rreyno ayga abundancia de comida y que se cienbre muy mucho mays y papas y ocas (Oxalis tuberosa) y que hagan caui, caya, chuño, ta- mos (conservas de diversos tubérculos), chochoca (maíz seco, maíz hervido y secado al sol) y quinua (semilla de altura, chenopodiacea hay de muchas variedades), ullu- cu, masua (tubérculos, ullucus tuberosum. Tropaeoluum tuberosum), todas las comidas hasta las yeruas yuyos (acuáticas) lo sequen para que tengan qué comer todo el año y se cienbre de comunidad y sapci de mays, pa- pas, agí, mago (verdura seca), algudón y coxan flor de pauau queuencha (flor amarilla) y otras hojas para tiñir colores para el cunbe (tejido fino) y ausca (corriente) y queman lipta (pasta de ceniza) de marco (planta com- puesta fraganciosa de flores en racimo, Lira) y de qui- nua. De cada año den cuenta; no lo haziendo los dichos
corregidor tocricoc (oficial real) lo castigue cruelmente en este rreyno”. “Yten: Mandamos que todas las cosas y bestidos y ollas
y lo que han trauajado y criado conejos y cada chacara
(sementera) se le uecite dos ueces en el año. Y no lo haziendo, de cada cosa le castigue cien asotes. Y pida
cuenta de estiércol de las dichas sementeras y chacaras,
y tengan en sus casas abundancia de leña, paxa y ( )
patos y tengan barriles, cullona (
de papas para
ellos y para seruir al Ynga y a los capac apoconas (se- ñores poderosos) y capitanes y para tener en los tanbos (mesón) y chasques (postillón) en los caminos rreales, linpiallos, aderesar puentes y para fiestas. Dexamos y mandamos esta ley y hordenansas en estos rreynos”. “Yten: Mandamos que los barberos y seruxanos, hambi camayoc (médico cirujano), circac, quichicauan (san- grador) y curan con yeruas”. A éstos dichos les llamauan hanbi camayoc y a las dichas parteras beatas comadres llamauan uaua uachachic (partera), uicza allichac hanpi camayoc (la curandera que arregla estómagos). “Yten: mandamos que las dichas amas de güérfanos, uaccha rurocha nunochic (la que da de amantar a los huérfanos), sean rreseruados de todo y le den otra niña grande para que le ayude a criar”. Estos se llamaua ma- macona (señoras).
“Yten: Mandamos que nengún yndio en este rreyno no mude su áuito y trage de cada parcialidad y ayllo, so pena de cien asotes”. Yten: Mandamos en este rreyno en los pueblos an de comer en la plasa pública caciques prencipales, yndios chicos y grandes para que se alleguen todos los pobres
y güérfanos, biudas, enfermos, biejos, ciegos y tullidos, pelegrinos, caminantes. Todos coman por la caridad y de ser uso y costumbre desde primer gente y ley y bue- na obra y misericordia de Dios en este rreyno”. “Yten: Mandamos que en estos rreynos tengan uír-
genes de tenplos, uayror aglla (escogida principal), chaupi aglla (intermedia), pampa aglla (sencilla). Estas monjas murieron con sus uirginidades cin coronperse. Fue puesta estas dichas hordenansas generales deste rreyno por Topa Ynga Yupanque y por su consejo rreal deste rreyno.
Y uista estas dichas hordenansas el señor don Francisco
de Toledo, bizorrey destos rreynos, se enformó esta ley
y hordenansas antiguas, sacando de ellas de las mejores,
Ordenó y confirmó nuestro católico rrey don Felipe el segundo y por ella mandó que todos comiesen en plasa pública y que hiziesen fiesta en ella. Que todo ello creo en un solo Dios de la Santísima Tri- nidad, Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, y su bendita madre, Santa María, y en todos los sanctos y sanctas angeles del cielo y todo lo que se creo y tiene la santa madre yglecia de Roma con la fe uerdadera que tengo, y creo que de todo escribo para que con lo bueno sea seruido Dios de los malo se enmiende los cristianos que la leyere estas dichas hordenansas antiguas de los yndios. La becita general de los yndios deste rreyno por los Yn- gas y demás señores prencipales, conpuesto de su conse- jo rreal, es como se cigue:
Diez calles de yndios para ocupar en trauajos por que no fuesen osiosos y holgasanes en este rreyno, porque de otra manera no pudiera sustentarse ellos ni los de-
más prencipales y señores y la magestad del Ynga y su gouierno.
3.7. Waman Poma de Ayala:
la justicia del Inca para la nobleza
Es conveniente ahora ingresar a un capítulo espe- cífico sobre la Justicia del Inca, elaborado por el mismo autor, pero a diferencia del anterior acápi- te, este tiene gráficos que nos ponen al tanto de la justicia reservada para la nobleza indígena.
PRIMER CASTIGO DESTE REYNO 1
Zancay (cárcel perpetua) cárzeles de los traydores y de gran- des delitos como de la ynquicición, Zancay deuajo de la tierra hecho bóbeda muy escura, dentro criado serpientes, colebras ponsoñosas, animales de leones y ticre, oso, sorro, perros, gatos de monte, buytre, águila, lichusas, zapo, lagartos. Destos animales tenía muy mucho para castigar a uellacos y malhechores dilenqüentes auca (enemigo), yscay songo (trai- dor; lit.: de corazón doble), suua (ladrón), uachoc (adúltero), hanpioc (brujo), ynca sipcicac (murmuradores del Inka), apuscachac (soberbio) estos dihos le metían hatun huchayuc (grandes delincuentes) para que la comiesen bibo y algunos no las comía por milagro de Dios y lo tenía dos días ence- rrado. Dizen que se sustentaua con tierra y se saluaua destos animales. Luego mandaua sacar el Ynga y le daua por libre cin culpa y ací lo perdonaua y lo bolbía la honrra. Y ancí dizen quescapaua desta cárzel llamado Zancay. Estos dichos cárzeles auía en las ciudades y no podía auer en otra parte, porque no se podía sostentarse, cino que sólo el Ynga lo podía sustentallo. Ni lo podía tener otros señores deste rreyno. Por lo primero que sólo las grandes ciudades rrequería tenella y lo segundo, la magestad del Ynga era jus- ticia mayor. Lo tersero, con este miedo no se alsaua la tierra, pues que abía señores desendientes de rreys antigos que eran más que el Ynga. Con este miedo callauan.
1 Ver las páginas del 279 al 288 Nueva Crónica y Buen Gobierno, Phelipe Guaman Poma de Ayala. Conviene escudriñar los gráficos que son definitivamente ilustrativos sobre las ejecuciones a las cuales eran sometidos quienes incurrían en las prohibiciones del Inca aún siendo parte del mismo linaje.
EL SEGVNDO CASTIGO
Pinas (cautivo), el segundo carzél que a los prencipales y a los demás yndios se castiguana en éstas cárzeles:
Y mandaua que no durasen tanto tienpo, cino que luego les
sentenciua a la muerte o a af(r)entar y castigos o tormento
que ellos le llaman chacnay, thocllauan, chipanay uillaconan (dar tormentos de cuerda, con el lazo y con la loza para que
se confiesen). Y se hallaua, le sentenciaua como dicho es a
muerte o asotes, destierro o a minas o a las ocupaciones o trauajo de luccre (?) del Ynga. No sentenciaua a las galeras porque no las auía. la comida daua su rración y seruicio pero que no le daua lugar que hablase con nadie. Tanbién auía protetor los que estauan serca del Ynga le ayu- daua. A éste les llamaua runa yanapac, uaccha yanapac (que ayuda generosamente a la gente, a los necesitados). Como di- cho es, que tenía otro aposento y corral y patio y casa adonde le tenía preso a los prínsepes, auquiconas, y a los señores grandes como capac apo (señor poderoso), huno apo (señor de 10.000 unidades domésticas en el estado Inka), guamanin
apo (capitan famoso o valeroso), uaranca curaca (señor de 1.000 unidades domésticas). Sólo estos dichos tenía en esta casa preso y con alemento y mucho rrecaudo y seruicios y aparato. Se deuía tenella porque fuesen seruido los grandes señores destos rreynos que el propio Ynga les yua a uecitar y las seño- ras coyas (reina) y los prínsepes y auquiconas y nustas (prin- cesas) le becitauan a esta casa grande y a los demás cárzeles de los pobres. No le uía cino que tenía mandado para que den rrecaudo. alemento a los pobres. Y ací tenía estas dichas hór- denes y preciones en todo su rreyno y en las ciudades.
EL TERZERO CASTIGO
Castigo de adúlteras:
Preguntaua ci se consentían los dos y para auello de castigar igualmente fue sentenciado a muerte, tirándole con piedras en el citio que le llaman uinpillay (en que daban trato de cuerda por un día). Y ci le fuerza el hombre a la muger sen-
tencia al hombre a la muerte; a la muger le sentencia du-
cientos asotes con soga de tocclla (lazo) y destierro al depó- cito de las monjas acllaconas (las escogidas) para que cirua toda su uida en aquella casa. Ya no haze uida con su marido porque fue afrentada uachoc, adúltera.
Y ci lo forsó la muger al hombre, le sentencia a la muger a
muerte y al hombre a los asotes y destierro a la montaña a los Yndios Chunchos para nunca más pareser. Y se se concien- ten los dos, mueren juntamente y no le an de enterrar que allí le an de comelle los buytres y soras y los güesos a de estar
por los suelos tendido.
Questa justicia y ley tenía en todo el rreyno puesta a los que castigaua los corregidores tocricoc (gobernadores reales) y los jueses michoc y jues de comiciones, Quiles Cachi cimi apac (un K”illis Kachi que leva instrucciones). Y ancí an- daua la tierra muy justa con temoridad de justicia y castigos
y buenos egenplos. Con esto parese que eran ubidente a la
justicia y al Ynga y no auía matadores ni pleyto ni mentira ni peticiones ni proculadrones ni protetor ni curador enteresado
ni ladrón, cino toda uerdad y buena justicia y ley.
EL QVARTO CASTIGO
Castigo de donzellas y de donzeles, los castigos que hazía
para que se guardasen el bien y onrra de la donzel y donzella deste rreyno y pulicía y buena justicia y gouierno.
Y ancí los dichos forzadores de las mugeres a los donzeles y
ancí en aquel tienpo se castigaua ci se consentieron los dos,
el hombre y la muger. Sentencian a muerte, colgado bibo de
los cauellos de una peña llamado arauay (horca) o de Antaca Caca o de Yauar Caca. Allí penan hasta morir. Dizen que fue muy lástima que allí cantan sus canciones arawi (cantar de hechos de otros) y dize:
Yaya condor apauay, Tura guaman pusauay, Mamallayman uillapuay, Nam pisca punchau Mana micosca, mana upyasca, yaya cacha puric, quilca apac, chasqui puric, Cimillayta soncollayta apapullauay,
PENA DE MUERTE A PEDRADAS PARA ADÚLTEROS,
O WACH’UQ (PÁG. 308)
[Padre cóndor, Hermano gavilán, guíame, Intercedan por mí ante mi madre. Ya estoy aquí por cinco días, sin comer, sin beber, Caminando como mensajero de mi padre, que lle va instrucciones, que corre como mensajero. Lleva, te ruego, mis palabras y mi corazón, Intercede por mí ante mi padre, ante mi madre]. Y mueren colgado.
Ci le forsó el hombre, muere sólo. Y si le forsó la mujer, muere la muger sola. El acometedor y el que se dexó aco- meterse lleua castigo, asotes con chocclo copa, un asote de cabuya, en la punta hecho pelota, de dentro tiene piedra que le muele las entrañas. Con ella de la cinqüenta asotes y le saca media muerta al yndio o a la yndia. Cúranle y le sana
dello. Y ésta nunca más se a de casar ni a de ser manseba en su uida, porque le matará por ley que tienen y porque en su uida ya fue adúltera de la uirginidad, puta pública cin onrra y le desonrró a toda su casta, muera.
QVINTO CASTIGO
Castigo de los que dan ueuedizos y ponsoñas, los que mata a los yndios:
Que a éstos les llamauan hanpicoc, collayoc, runa uatoc, ynca uatoc pachata pantac, yma hayca hanpita, machacuayta, hanpatota, pizacata, runa uanochinata uacaychac caycunata, astaya, ayzay uanochi, Yauar pampapi tucuchon churinuan mitanuan (curanderos, herberos, adivinos del pueblo, adivi- nos del Ynka, los que engañan al mundo, los que guardan toda suerte de medicinas, culebras, sapos, perdices y objetos que matan a la gente, a éstos, maldita sean llévatelos, máta- los. Que se acaben en un campo de sangre con sus hijos y sus semejantes).
LOS CASTIGOS DEL YNGA EN ANTA CACA DE JÓVENES
VÍRGENES QUE FORNICARON, THASKIKUNA WAQLLISPA
HUCHALLIKUQKUNA (PÁG. 310)
Que estos yndios murían con este castigo todo su casta y ayllo y sus hijos y nietos. Escapaua los niños que fuesen de
teta porque no sauía el oficio y ancí se escapaua de la muerte.
Este dicho castigo hacía para que fuese fiel y cristiano exen- plo en su ley, que tubiesen hordenansa.
éstos no les enterrauan, que lo dexáuan comer los condores
gallinasos y sorras en el canpo.
DEL INGA I SV JVSTICIA
Este oficio de matador de los adúlteros fueron Mayo ynga, Equeco ynga, que en aquel tienpo eran uerdugos. Y ancí en todo el rreyno estaua executado esta sentencia. El Ynga y su
consejo que los corregidores, tocricoc, le sentenciaua y desto
le abizan al ynga de todo lo que pasa.
Que el Ynga tenía citios y lugares deste rreyno señalado para el castigo de los malos en peñascos y serros y rríos y lagunas y cárzeles y preciones lla mados Uatay Uasi, Zancay y Pinas Runa Uanochinan, Yauar Caca, Anta Caca, Arauay, Uinpi- llay, Ancas Cocha, Muyoc Jatun Yaco.
Por sus mentiras o falsos leuantamientos le castigaua graue- mente, cin apelación. Le sentenciaua hecho quarto; le daua a comer a los animales, leones y serpientes de sancay (cárcel).
Los tubiesen los dichos prínsepes y señores grandes y pontífises y saserdotes. Y para que aumentase su ley de sus dioses que los sa- serdotes, que no fuesen an señor apsoluto, que temiesen a sus dio- ses y leys y justicia del Ynga y de los principales destos rreynos.
Y luego le sentenciaua que fuese colgado bibo de los cauellos
en las peñas llamados araway (horca), aunque le uean hablar y conuersar o enbiar otro que le hablen por ellos, con color de pecar con los hombres. Uista luego les daua esta sentencia para exenplo de las demás uírgenes y monjas, aclla (la esco-
gida) de sus dioses, porque no fuesen quebrantado su ley y
boto de la uirginidad. Aún el dicho Ynga y los pontífises no
le osaron a hablalle y ancí abía muchas uírgenes acllaconas.
LOS CASTIGOS DEL YNGA EN YAUAR PAMPA DE LOS QUE MATAN
CON PONZOÑA, HAMPIYUQ QULLAYUQ RUNA WATUQ (PÁG. 312)
Si éstas les entrasen la ley de Dios, fueran sanctas de ellas.
Castigo de los señores grandes y prencipales deste rre-
yno, como dicho es, y de los auquiconas yngas rreueldes,
acimismo de los capac apoconas.
El castigo fue la cárzel de sancay y se les parese enforma-
ción, les dan bibo para que coma los yndios Chunchos y se
(e)xe(c)uta ésta.
Castigo de las señoras principales y de coya(reina) y de
nustas (princesa), pallaconas (mujeres nobles, galanas):
Les manda atormentar con toclla (lazo), uasca (soga) y ci le
hallan culpada le dan a comer a los yndios Anti que lo coman
biba; esta sentencia se executa.
Castigo de las mugeres pobres: Ci les hal(l)an culpadas, les
echa en un rrío que uiene cricida, uanatay mayo (lit.: el río
que ata). Allí se muere; esta sentencia se executa.
Castigo de los uirreyes capac apo, oydores, alcaldes de
corte, corregidores, alguaziles, fiscales y otro jueses: Que
los fiscales fueron Quilles cachi, Yquecos. Estos lleuauan
mentira al Ynga; fueron cimi apac (el que lleva la lengua, el
verbo), fiscauan a los malos en este rreyno. Le tenía preso en
la cárzel de pinas y ci les hallaua culpado, dallí les senten-
ciaua a muerte y castigo, exenplo.
Castigos de caualleros que se dize allicaccona, fuera de
los prensipales, los quales le llaman allicac (ascendido por
el Inka por sus méritos), hecho merced del Ynga, y chu-
rinpi camachicoc (autoridad menor): curaca huno (señor
de 10.000 unidades domésticas en el sistema decimal del
Tawantin Suyo), uaranca (señor de 1.000 unidades domés-
ticas), pisca pachaca (de 500), pachaca (de 100), pisca
chunga (de 50), chunga (de 10), pisca (de 5) camachicoc:
Questos mandones desde pisca pachaca, de quinientos yn-
dios tributarios, fueron castigados con hiuaya rumi (piedra
negra, durísima, contiene mineral de hierro) que le soltauan de alto de dos uaras hacia el lomo con una piedra que será como medio adobe. Algunos se muría luego; algunos salía medio muerto y desto le curauan y lo sanauan aunque que- dauan tollido. Esta sentencia fue executado en ellos.
Castigo de borrachos que a éstos les llamauan haplla (vio- lento), machasca (emborrachado), zuua (ladrón), uachoc (adúltero), pallco (mentiroso), yscay songo (traidor):
Todo este bocablo y pecado entraua al borracho y ancí
luego le mandaua matar. Y ci el borracho bolbía el rrostro a
la muger o rreuesaua o hablaua nesedades, luego fue muerto
y executado la sentencia y la pena y la muerte. Fue manda- do que todos los yndios le pizasen en la barriga para que la hiel y la chicha del borracho rreuentase. Sentenciaua al borracho el Ynga. Dice ací: “Astaya ayzarcoy, sarocuychec Tauantin Suyo hapllacta llullata yscay sonco machascata”. (En hora mala, arrástrenlos violentamente, pisotéenlos a los violentos del Tawantin Suyo, a los mentirosos, traidores y borrachos”). Y ací muere.
Castigo de mentirosos y perjuros que dezían llulla rimac, pacha pantac, llullata ynti uaca bilcata pacha mamata suca- ric (los que hablan mentiras, confunden el mundo, levantan falso testimonio contra el sol, los waqas y willkas y la madre tierra):
orines. Porque no le hiciera daño le dauan a ueuer dos queros (vaso de madera) o mates grandes en póblico plasa por su
peresa y culpa, estos castigos estaua executado en los sucios
y peresosos.
Castigo de traydores contra la coro(na) del Ynga y de los seño- res grandes y contra el sol y lo que manda en la ley del Ynga:
Le fueron castigados que de la cauesa hazían mate de ueuer chicha, de los dientes y muelas hazían gargantilla, de los güesos flauta, de los pellexos tanbor. Le llamauan runa tinya (el tambor de piel humana), que
es “Aucap umanuan upyason, quironta ualcarisun, tullunuan pincullusun, caranpi tinyacusun, taquecusun” (“Beberemos con la calavera del enemigo, nos pondremos por collares sus dientes, tocaremos la flauta con sus huesos, el tambor con su pellejo y así bailaremos”).
Castigo de jugadores: Es que les manda asotar en los bra- sos y en las manos cinqüenta asotes con la guaraca, que en tienpo del Ynga nadie no jugaua ni prencipal ni yndio pobre, cino a de jugar por mandato del Ynga. Todo el rreyno an de
trauajar; ya que no tenía que hazer hacía soga y trayýa leña
o paxa para su casa o texía cunpana (tejido) o hazía soga y
hazía ojotas (sandalias) o sobaua pellexo. En esto se ocu- pauan los yndios.
Castigauan a éstos con unos asotes que llamauan uau-
Castigo del que fue desubedente y mal criado que no obe-
quin songo que era texido como cordón y era de cabuya. A
dese a su padre y madre y a los hombres mayores y justicias
la punta del asote estaua pegado cuero souado dos doleses
a las mugeres biejas y a todo lo mandado:
tamaño como sapato de niño. Con ello de dauan ueyte asotes
Fue sentenciado a los niños y niñas y muchachos rinri-
que les acaua las entrañas. Esto fue castigo de los perjuros,
tipci (horadar las orejas) que los uiejos que tenían muy
cocimanta nacacuc (el que jura en falso).
grandes uñas traspasaua las orexas de uanda a uanda que les
Castigo de peresosos y sucios y puercos que no tiene cosa limpia:
De ellos sucios de cauesa y de la cara, de la boca hidiondo
y de los pies y manos y de la rropa que traýan sus bestidos,
le castigaua cien asotes con una uaraca (honda), y toda la
suciedad del cuerpo y de la cara y cauesa, pies y manos, esta cucidad les daua a ueuer a él mismo o a ella por castigo. Y
si no lo linpiaua ni estiercolaua su chacra (sementera) toda
la yerua amarga o no amarga hazía moler y rrebuelta con
hacía saltar los ojos afuera y las lágrimas y da critos el niño.
Y a los mayores le dan cincuenta asotes con rricoc uaranca
(honda) de los biejos y se executa esto.
Castigo de matadores de qualquier suerte que mató al yndio o a la yndia:
Allí le castigan y le matan con piedras al que lo hirió o que le sacó los ojos o dientes o le quebró un braso o piernas. Manda que pague la misma pena del herido y no pase a más. Esta es
la sentencia (e)xecutada en estos delitos
RECOPILACIÓN DE LAS LEYES DE INDIAS O EL PLURALISMO JURÍDICO COLONIAL
Como se puede advertir en el acápite anterior, el pro-
Ley IV, T. I, L. II. Ordenamos y Mandamos que
(manda ejecutar dichas leyes
ceso de hibridación de la ley del Inca con la ley de la Corona es un proceso que duró, al menos, un siglo. Conviene destacar que entre los intelectuales de la Corona hubo fuerte tensión, pues la disper- sión de ordenanzas favorecía al incumplimiento de las mismas, eso que hoy llamamos fetichismo normativo- Por ello es que la Corona ordena ela- borar una Recopilación de las Leyes de los Rei- nos de las Indias; este proceso culminó en 1680.
aun en el caso de apelación de las mismas). Ley XXII, T. I, L.V. Los gobernadores y justicias reconozcan con particular atención la orden y la forma de vivir de los indios, policía y disposición de los mantenimientos y avisen a los virreyes y audiencias y guarden sus buenos usos y costum- bres en lo que no fueran contra nuestra sagrada religión, como esta ordenado por la Ley IV, T. I, l.II. 2
En lo que respecta a nuestra indagación, basta ver las siguientes disposiciones:
las leyes y buenas costumbres que antiguamente tenían los indios para su buen gobierno y policía y sus usos y costumbres observados y guardados después que son cristianos y que no se encuen- tren con nuestra sagrada religión ,. ni con las le- yes de este libro y las que han hecho y ordenado
Como puede advertirse, ya tempranamente, el proceso de conquista construye un universo nor- mativo adecuado a los intereses coloniales, pero a su vez un ejemplo extraordinario de pluralismo jurídico. El investigador peruano Atilio Sivirichi añade lo siguiente:
se guarden y ejecuten Ley V. Deseando la conservación y acrecenta- miento de nuestra Indias y conversión de los na- turales de ellas a nuestra Fe Católica y para su buen tratamiento hemos mandado juntar en esta recopilación todo lo que esta ordenado y dis- puesto en favor de los Indios y añadir todo lo que ha parecido necesario y conveniente. Y porque nuestra voluntad es que se guarde y particular-
La famosa carta de Isabel la Católica al gober- nador de la Española, declarando a los Indios “Vasallos libres de la Corona de Castilla”. La cláusula del testamento de la misma Sobe- rana en que declara que no se consiente ni se dé lugar a que: “los indios y moradores de las dichas islas y tierra firme ganadas y por ga- nar reciban agravio alguno en sus personas y bienes debiendo ser justamente tratados y los agravios remediados los agravios recibidos.
mente las leyes que fueran en favor de los indios.
mandamos a los virreyes, presidentes,
2 Ibid. Pág. 93
audiencias, gobernadores y justicias reales y encargamos a los obispos y prelados eclesiás- ticos que tengan esta cláusula muy presente y guarden lo dispuesto por las leyes que en orden a la conversión de los naturales y a su cristiana y católica doctrina enseñanza y buen tratamiento estén dadas.” La Bula “Veritas ipsa” expedida por el Pontí- fice Paulo III (1537) que declaró a los indios seres racionales en los términos siguientes:
“Algunos ministros deseosos de satisfacer codicias y deseos afirman continuamente que
los indios de las partes occidentales y los del mediodía, y las demás gentes que en nuestros tiempos han llegado a nuestra noticia, han de ser tratados y reducidos a nuestro servi- cio como animales brutos, a título de que son
inhábiles para la fe católica (
proveer en estas cosas remedio conveniente
determinamos y declaramos que los di-
chos indios y todas las demás gentes que de aquí en adelante a noticia de los cristianos, aunque estén fuera de la Fe de Cristo, no es- tán privados, ni deben serlo, de su libertad, ni del dominio de sus bienes y que no deben ser
reducidos a servidumbre” 4º Las Leyes de Indias que se dictaron recono- ciendo la capacidad jurídica de los indios y otorgándoles la libertad como Vasallos de la Corona de España.” 3
Por su parte Jorge Basadre nos señala que las las costumbres indígenas permanecieron bajo el do- minio colonial en tres formas:
2) La facultad real de la validez de la cos-
tumbre indígena en todo lo que no fuera contra la religión o la ley.
La influencia en la mita y el tributo.
3) La validez del derecho “indio” aun contra la legislación colonial pero no en contra de la religión e instituciones tales como la propiedad o el derecho de sucesiones en materia de familia, propiedad sobre la tierra, propiedad individual, etc. 4
Tal estado de situación es lo que hoy conocemos como tregua pactada o pacto de reciprocidad. La vigencia de las Repúblicas de Indios y Repúblicas de Españoles establecía una situación de empate gubernativo: las autoridades indígenas tenían de- rechos sino iguales, similares en jerarquía a los de la autoridad colonial y, en el caso del ejercicio judicial, éste se expresaba en la primacía de la au- toridad indígena por sobre la colonial. Las reformas borbónicas (1765) son –con mu- cho– causa fundamental de la quiebra colonial y la reanimación de la lucha por los derechos políticos indígenas, que se expresará en los levantamientos de 1780-81 en el Bajo y Alto Perú, pero su derrota llega como llega la victoria de los colonizadores:
con toda su violencia fáctica y simbólica. Las reformas borbónicas negaban a las elites indígenas su carácter de gobierno territorial y expresión política de representación ante la Co- rona, desconocían los datos básicos que suponía la estructura de: Pueblos de Indios y Pueblos de Españoles, y en el fondo quebraban duramente un esquema de administración colonial que, si no era equilibrada, por lo menos contenía mecanismos de reconocimiento a la territorialidad y las formas gubernativas indígenas. 5 A ello se unió la presión tributaria para hacer estallar la insurrección gene- ral de 1780-1781 El cerco a La Paz, liderizado por Tupac Katari, 6 la toma militar de Oruro por Jacinto Rodríguez y los indígenas de Paria y Carangas, 7 la crisis del gobierno colonial en Potosí generado por los her-
3 Cfr. Derecho Indígena Peruano de Sivirichi, Atilio, Kuntur, Lima, 1946, Pág. 79
4 Cfr. Jorge Basadre, Historia del derecho peruano. Citado por Atilio Sivirichi. Op. cit., pág. 94
5 Carlos Mamani Condori, comunicación personal.
6 Cfr. Choque Roberto, “Los caciques frente a la rebelión de Tupac Katari en La Paz”. En: Historia y Cultura Nº 19, 1991, Sociedad Boliviana de Historia, La Paz. Así también véase, de Del Valle Mª Eugenia, Historia de la rebelión indígena de Tupac Katari 1781-1782. Don Bosco, 1990, La Paz.
7 Cfr. Cajías, Fernando; así también el magnífico trabajo de Beltran A. Marcos, Capítulos de la Historia Colonial de Oruro. La República, La Paz, 1925
manos Tomás y Dámaso Katari, 8 son la expresión movilizada de una sociedad fracturada en sus ci- mientos. Entre 1781 y 1820 la crisis del gobierno colo- nial se profundiza llegando a extremos insosteni- bles 9 , los procesos independentistas se dan cada vez con más fuerza, los ejércitos de San Martín y
Simón Bolívar concentran –en la primera década del siglo XIX– la fuerza necesaria para consolidar la independencia de las colonias 10 , pero un dato que por lo general pasa desapercibido es que la propia España se encontraba en una crisis galo- pante que le impedía ver las dimensiones políti- cas de lo que ocurría en sus colonias.
8 Cfr. Platt, Tristán, Estado tributario y ayllu andino. IEP, Lima, 1982
9 Cfr. Arnade, Charles, La dramática insurgencia de Bolivia. Juventud, La Paz, 1964.
10 Cfr. Arze, René, La participación popular en la guerra de la independencia de Bolivia. Quipus, La Paz, 1987
ESCENARIOS Y CONTRAPUNTEO
JUSTICIA INDÍGENA: UN DEBATE ENTRE DOS SIGLOS…
En el siglo XX, la cuestión indígena adquiere no- toriedad en el mundo. La presentación del proyecto de ley de crea- ción del Patronato Nacional de Indígenas por A. Saavedra, a fines de los años veinte en Bolivia, el envío del jefe Deskaheh de la nación cayuga en 1923 a la Liga de las Naciones “para que in- formara sobre las infracciones perpretadas por el gobierno canadiense de los tratados que ha- bía suscrito con los Cayuga 11 , y a finales de los cuarenta, la presentación por un representante de Bolivia ante la ONU de la cuestión indígena, lo que le mereció sendas reprimendas de parte de los delegados de Perú y México 12 , son hitos que no pueden perderse de vista. La revolución del 52 iniciará un proceso de campesinación forzada (sindicalización emene- rrista), a la vez que la desaparición paulatina de las autoridades originarias, porque éstas cons- tituían una rémora en el proyecto de mestizaje cultural, propio de los planes integracionistas iniciados ya en los veinte por varios países de la región 13 . Frente a ello, las autoridades originarias, en un acto de respuesta política, mimetizarán su
legitimidad detrás de un orden representativo aceptado por los mestizos. En la década de los sesenta, los indígenas se encuentran suficientemente organizados y envían más delegaciones a la ONU, hasta que en 1972 ésta designa a Martínez Cobo como encargado de un informe sobre la situación de los pueblos in- dígenas, que entrega a principios de los ochenta. Esta década ve reaparecer la lucha indígena con toda su fuerza reivindicativa. Esta misma década es una época especialmente particular porque la globalización de la economía recibe como contrapartida la globalización del Derecho –en la versión no deseada por las transna- cionales– y es en este preciso lugar donde “acce- so a la justicia” y “pluralismo jurídico” adquieren una fuerza política reivindicativa. Es el momento del “surgimiento de una coalición transformativa, transnacional, compuesta por ONG indígenas y no indígenas, que han estado llamando la atención de la opinión pública mundial hacia las violaciones de los derechos históricos de los indígenas” 14 . Este hecho –sin embargo– es parte comple- mentaria de un debate igualmente complejo en
11 Vid. “El reto de ejecutar la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas” de Victoria TAULI – CORPUZ. En: La Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Barcelona: Punto y Seguido. AlterNativa Intercambio con Pueblos Indígenas. 2008, pág. 9.
12 Cf. Clavares, Bartolomé; Derecho Indígena y Cultura Constitucional en América. México. Siglo XXI. 1994
13 Instituto Indigenista Interamericano que tendrá a su cargo una acción académica que permitirá “ver”, primero, las falencias del sistema de justicia formal en relación a los indígenas tratados por ella, y segundo conformar cuerpos legales que tomen el tratamiento jurídico especial para los indígenas considerados en situación de inferioridad social y minoridad psicológica. Un segundo momento se inicia cuando el Insti- tuto Interamericano Indigenista rompe su esquema lineal de desarrollo y se prodiga en pensar la realidad indígena como un lugar donde son los mismos indígenas quienes deciden su propio sistema de justicia.
14 Cf. De Souza Santos, Boaventura; La globalización del derecho: los nuevos caminos de la regulación y la emancipación. ILSA, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 1999. Pág. 152
cuanto al Derecho estatal. La falta de acceso a
la justicia se convierte en un poderoso instrumen-
to de las mayorías para cuestionar los efectos del
modelo neoliberal, al mismo tiempo que el fun- cionamiento de la justicia indígena cuestiona la existencia misma del sistema formal de justicia y
su núcleo ideológico liberal, dejando así al Poder Judicial desnudo. Se observan dos vertientes de cuestionamiento: una enorme demanda de acceso
a la justicia –como promesa incumplida del libe-
ralismo– y otra una enorme parte de la población que hace prevalecer su propia justicia. Un resultado práctico de estos debates lo encon- tramos en el “Anteproyecto de Ley Agraria Funda- mental” preparado por la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el año ¡1984! En él se establece que:
Artículo 17. Las controversias de naturaleza civil, agraria, como las faltas y delitos originados entre miem- bros de las comunidades serán resueltas o sancio- nadas en forma definitiva por los órganos internos de gobierno de la comunidad según sus costum- bres, creencias y valores socioculturales. La forma de ejercicio de estas atribuciones será regulada a través de la correspondiente reglamentación. Es- tas costumbres y tradiciones deberán también ser tomadas en cuenta por los tribunales de justicia ordinarios y especiales cuando se juzguen casos en los que estén involucrados comunarios.
Este artículo precisaba la jurisdicción “extensiva”
y “definitiva” de las resoluciones tomadas por las autoridades indígenas, campesinas y originarias, adelantándose media década a las disposiciones del convenio 169 de la OIT. En 1985 se realiza un evento auspiciado por la Comisión Andina de Juristas donde se sugie-
ren como temas de análisis: la tierra/territorio, los usos y costumbres y, en especial, las cuestiones penales de un Estado plurinacional:
(Los juristas) sugieren como posibles temas a ser abor-
dados con
-Los derechos consuetudinarios, usos y costumbres en
grupos andinos, amazónicos y de los llanos, énfasis en los derechos referidos a la tierra/ territorio y a cuestio- nes penales. Descripción y visión prospectiva en torno a la conveniencia / inconveniencia de su codificación, registro, etc.
- Normas sustantivas y procesales del derecho consuetu-
dinario que vienen siendo utilizados por algunos de los aparatos formales del Estado.
- Relación cosmovisiones/derecho: Límites en la acepta-
ción de escalas de valores diferenciadas en torno al pro-
yecto de un Estado Nacional multiétnico y pluralista.
- La administración de justicia en el mundo andino y ama-
zónico. Se busca analizar y formular propuestas tanto en lo que respecta al funcionamiento real de instancias que pertenecen al aparato del Estado teniendo funciones ju- risdiccionales (juzgados de paz, por ejemplo) como en lo
que se refiere a mecanismos en la propia base (justicia co- munal, por ejemplo).
- Percepción campesina sobre la legalidad 15 .
Por la misma época hace su aparición el boletín indianista “Chitakolla”, en el que se expresan las primeras voces indígenas en la discusión sobre el Derecho en los países coloniales y, a la vez, se difunde el avance de los derechos de los pueblos indígenas en el seno de las Naciones Unidas 16 . El Convenio 169 adquiere resonancia ya desde inicios de los noventa, pero en especial desde 1992 17 . En los noventa, el mundo entero entra al fas- cinante nuevo terreno de los planteamientos indí- genas y, con ello, a la peligrosidad política de sus propuestas 18 .
15 Cfr. “Por el Imperio del Derecho”. En: Boletín de la Comisión Andina de Juristas, Nº 8, Agosto de 1985; Derecho: Mundo Andino y Ama- zonía, La Paz Bolivia Págs. 16-19
16 Chitakolla. Boletín, Nº 46, Junio de 1990, La Paz. Tema del mes: “Derechos indios, derechos humanos”. Págs. 4-18
17 En diversos países se realizan publicaciones comentando el citado Convenio, dando pautas de su aplicación o realizando procesos de sensibi- lización para su ratificación. También son las organizaciones indígenas quienes exigen a sus profesionales a conocer y explicar este Convenio y llevarlo a las comunidades. Fue precisamente en este momento que el autor ingresa a la discusión indígena y su vivencia practica, así como sus construcciones políticas.
18 Esto, sin lugar a dudas, ha repercutido en el ámbito constitucional latinoamericano. Varios países tienen textos constitucionales cuyos diseños responden - al grado de presión política y capacidad de negociación de los movimientos indígenas (Colombia, Perú, Ecuador y Vene- zuela son casos representativos e ilustrativos porque sus reformas fueron resultado de Asambleas Constituyentes). Para mayor información, conviene revisar los trabajos de Raquel Irigoyen, Bartolomé Clavero, Silvina Ramírez en: www.alertanet.org.
En Bolivia, los noventa se inauguran con la mar- cha por el Territorio y la Dignidad (1991), el de- bate sobre los quinientos años de descubrimiento/ conquista/saqueo o invasión (dependiendo del gusto) del Abya Yala (lengua kuna que descri- be al continente futuro). La misma década ve al katarismo en el poder, con Víctor Hugo Cárde- nas de vicepresidente, en la cúspide del modelo neoliberal. Este modelo vivió su dominio total y luego comenzó su debacle en un punto político preciso: la Reforma Constitucional del 94-95 y la pluriculturalidad constitucional, que reconoció por primera vez la justicia indígena, aunque en un lenguaje lleno de ambigüedades. En 1994, los zapatistas entraron en escena y abrieron un nuevo horizonte: el de las autono- mías indígenas en los municipios rebeldes, las cuales hasta hoy tienen el control de la justicia indígena. Fue un paso más allá de las autonomías
jurisdiccionales conseguidas por los pueblos in- dígenas de la Costa Atlántica, en la Nicaragua de la Revolución Sandinista y su Constitución Polí- tica de 1985. En el plano local, tratamiento particular mere- ce el Taller de Historia Oral Andina, en el que se iniciará un proceso de reflexión multidisciplina- ria sobre la resistencia histórica y la persistencia de lucha indígena anticolonial, que inició el pro- ceso de reconstitución de ayllus, que hoy se han agrupado bajo el CONAMAQ, un proceso que ha llegado a un punto culminante con la recons- titución de ayllus en países como Perú, Ecuador, Argentina y Chile. Éste es un logró del proceso iniciado hace dos décadas en el altiplano de Bo- livia. Los resultados contemporáneos nos hacen ver que éste fue el período de quiebre de un eje discursivo, de determinadas prácticas sociales y dominios de saber 19 .
19 Los intelectuales aymaras que inician este proceso de desplazamiento práctico y teórico fueron, entre otros, Carlos Mamani Condori, Maria Eugenia Choque, Ramón Conde, Juan Félix Arias, Silvia Rivera, que rompieron el modelo “investigador - objeto de investigación” y que apelan al “colonialismo” como categoría central de análisis de los “campos de saber”, para su conversión en campos de lucha.
“JUSTICIA COMUNITARIA”:
VIDA PASIÓN Y MUERTE DE UN CONCEPTO…
Poco se ha escrito sobre el concepto “justicia co- munitaria”. Vale la pena, por ello, aclarar que este concepto es el resultado final de un proyecto en- carado por el Ministerio de Justicia bajo el rótulo de “Proyecto de Reforma Judicial”, convenio de crédito 2705-BO, del 21 de abril de 1995, entre el gobierno de Bolivia y la Asociación Interna- cional de Fomento. Por él se encararon estudios y propuestas de institucionalización de la justicia tradicional o comunitaria 20 . El autor del concepto –que es el mejor ejemplo de políticas públicas erráticas en Bolivia– fue el co- nocido intelectual Ramiro Molina, quien señalaba:
El gobierno boliviano, a través del Ministerio de Jus- ticia y Derechos Humanos, llevó a cabo entre 1996 y
1998 el Proyecto Justicia Comunitaria con el objetivo de elaborar un anteproyecto de ley para el reconocimien- to del Derecho consuetudinario vigente en los pueblos
indígenas y las comunidades campesinas del país [
El Proyecto Justicia Comunitaria tuvo dos fases: En la primera fase el proyecto se abocó a realizar cuatro estu- dios de caso basados en trabajos de campo en distintas regiones del país, buscando obtener con ellos ilustrar y comprender las prácticas de justicia comunitaria en dife- rentes contextos socioculturales 21 .
El concepto acuñado pretendía contener elemen- tos que atrapen a la realidad y la describan. Por ello el citado autor nos dice de modo explícito:
En nuestros términos, “justicia comunitaria” …tiene la ventaja de remitir no sólo a las instituciones y prácticas de resolución de conflictos sino también a los contex- tos socioculturales que los definen, haciendo referencia fundamentalmente a la especificidad de la organización sociopolítica comunitaria
Sin embargo, este concepto no es definitivo, sino que puede ser tomado como punto de partida. En efecto, Ramiro Molina nos lo dice con toda claridad: “[L]a justicia comunitaria es un campo de acción específica que deberá ser inicialmente definida, aunque solamente sea como referencia conceptual” 23 . Sin duda, el debate estuvo concentrado en las definiciones que el Ministerio de Justicia y el Co- mité Nacional de Implementación del Nuevo Có- digo Procesal tuvieron en sus manos. La vacatio legis declarada tuvo como fin establecer un pro- ceso de difusión y consolidación de este Código y, con él, de la justicia comunitaria como concep- to homogenizante 24 .
20 Vid. Justicia Comunitaria: Derecho Consuetudinario. (Vol. 9) Ramiro Molina Rivero, La Paz: Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Banco Mundial, 1999 p. 6.
21 id. p. 11
22 Ibidem p. 36
23 Ibidem p. 40
24 Asumiendo -como lo dijimos arriba- la versión comunitarista neoliberal.
Otros antecedentes son las investigaciones de la década de los noventa (CEJIS, CASDEL, PROADE), como parte de consultorías elabo- radas por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos; las investigaciones publicadas por el mismo Ministerio en diez volúmenes (1998); el trabajo realizado por Marcelo Fernández en 1998 y publicado el 2000; los proyectos desarrollados por la Red de Participación y Justicia. Estos tra- bajos se adhieren o se separan parcialmente de la definición dominante de justicia comunitaria. Gran parte de ellos cae en la descripción etnográ- fica, olvidando que las etnografías sin profundi- dad histórica y apreciación política del presente son sólo eso: etnografías y no materiales para el diseño de políticas públicas viables. Compañeros de las Américas, USAID, el Pro- grama Ciudadanos Trabajando por la Justicia y la Red de Participación y Justicia tuvieron que rea- lizar gran parte del proceso de capacitación e im- plementación del Código 25 . En el camino se per- cataron de que la justicia comunitaria se expresa en sucesos como los de Ayo Ayo, y entonces la figura benévola y benigna de la justicia indígena adquiere nuevas connotaciones perversas e ilega- les que perduran hasta hoy. Esto ya fue anunciado en un estudio coordinado por Elizabeth Morató 26 . El Informe de Desarrollo Humano 2004 del PNUD hace especial énfasis en la libertad cultu- ral 27 . El acceso a la justicia plural, la justicia indí- gena y el derecho consuetudinario son componen- tes esenciales en la construcción de democracias multiculturales. Sin embargo, se da por sentado que la aceptación de tradiciones y costumbres no equivale a la continuidad de sanciones o cos- tumbres violatorias de los derechos humanos: la aceptación de una memoria histórica, de la len-
gua y la identidad indígena no es necesariamente una cuestión de culto político para retornar a la tradición. En todo este proceso se hace poco esfuerzo para cuestionar los soportes epistemológicos del concepto “justicia comunitaria”; menos aún de sus soportes materiales. Las mismas instituciones encargadas del proceso de difusión no proponen cuestionamientos al concepto, hasta que el con- cepto se cae. Lo de Ayo Ayo, en 2004, y Sica Sica, en 2008, pone en evidencia un malentendido de grandes dimensiones. La reacción a estos hechos de sangre nos recuerda el colonialismo más radi- cal, es comparable a lo dicho y establecido por los penalistas de la primera mitad del siglo XX 28 . Una excepción fue la investigación realizada por René Orellana (2005), un abordaje desde la sociología y la antropología del Derecho que ayu- da a la clarificación de conceptos, estableciendo campos normativos y campos judiciales como escenarios complementarios y de interlegalidad. Dicho de otro modo, existen prácticas jurídicas y judiciales indígenas que se conectan directamen- te con la normatividad y judicialidad estatal, pero éstas dependen del grado de autonomía que las comunidades deciden tener respecto a los órganos representativos del Estado. La conceptualización de “campos” pone en evidencia que los estudios realizados hasta aho- ra pierden de vista las nociones de orden y disci- plinamiento que se practican en las comunidades indígenas. Si vemos con atención los datos etno- gráficos, encontraremos una enorme experiencia histórica, así como capacidad de inventar Dere- cho y, con ello, de hacer jurisprudencia. También lo testimonia así la Nueva Constitución Política del Estado.
25 Vid. Conociendo el Nuevo Código de Procedimiento Penal. Red Participación y Justicia, Mayo 2004, (2ª edición) especialmente las pags. 83-91, La Paz
26 Para la citada autora: “Los llamados pactos de silencio vinculan a autores con no autores de hechos extremos reñidos con los mandatos de la Constitución Política del Estado, en una complicidad de encubrimiento que también atenta contra toda forma de administración imparcial de justicia”. Esa apreciación se adelanta en mucho a lo que ocurrió en Ayo Ayo, junio 2003. Cfr. La Reforma Procesal Penal: Un proceso, varias visiones. Compañeros de las Américas, abril 2004, La Paz, Pág. 36
27 Cfr. Informe sobre Desarrollo Humano 2004. PNUD, Mundi Prensa, Madrid, 2004, especialmente páginas 57-59
28 En radio Panamericana, los ciudadanos de a pie llegaron al extremo de señalar a los indígenas como: “salvajes, primitivos, alcohólicos, inadaptados, incapaces”, etc. etc. Conviene recordar esto de cara al planteamiento que proponemos adelante.
ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA INDÍGENA EN EL DERECHO INTERNACIONAL
El Seminario Internacional sobre Pueblos Indíge- nas y Administración de Justicia realizado en Ma- drid del 12 al 14 de noviembre del 2003 concluyó y recomendó lo siguiente:
• Los expertos agradecieron la oportunidad que les proporcionó el seminario de las Naciones Unidas para discutir en torno al tema “pueblos indígenas y la administración de justicia”. Los expertos identificaron un conjunto de preocu- paciones relativas al trato que reciben los pue- blos indígenas en los sistemas de administra- ción de justicia. En este contexto, señalaron que había un número desproporcionado de in- dígenas en todas las áreas de la justicia crimi- nal haciendo frente a diversas causas tanto en los tribunales como en las prisiones. Además, pusieron de manifiesto que las mujeres y ni- ños y niñas indígenas sufrían particularmente los efectos negativos de las prácticas jurídicas contemporáneas y que desgraciadamente las violaciones de los derechos humanos de los pueblos indígenas a menudo tenían lugar en los sistemas de administración de justicia. Por ejemplo, señalaron que en algunos casos eran preocupantes los altos índices de muertes de indígenas en custodia mientras eran ellos mis- mos víctimas del crimen y la violencia.
• Los expertos reconocieron los avances alcan- zados tanto en el ámbito nacional como inter- nacional en relación a los pueblos indígenas y la administración de justicia. Este desarro- llo incluye el reconocimiento formal de los pueblos indígenas por parte de los Estados en
sus constituciones y legislación respectivos, el creciente número de indígenas empleados en los sistemas de justicia, el reconocimiento de las tradiciones y prácticas jurídicas de los pueblos indígenas, los esfuerzos llevados a cabo para facilitar intérpretes para los indíge- nas ante los tribunales y los pasos hechos por las autoridades de cara a respetar y tomar en cuenta las culturas de los pueblos indígenas. Los expertos manifestaron que, a pesar de estos progresos positivos, existe una falta de puesta en práctica de medidas para mejorar la administración de justicia de los pueblos in- dígenas y que es necesaria una acción urgente por parte de los Estados en este sentido.
• Los expertos expresaron su preocupación res- pecto de la discriminación y del racismo que su- fren los pueblos indígenas en la administración de justicia e identificaron las siguientes causas:
a) La negación histórica y persistente de los
derechos de los pueblos indígenas y el cre- ciente desequilibrio y desigualdad en el dis-
frute de sus derechos civiles, políticos, eco- nómicos, sociales y culturales;
b) El fracaso de los sistemas ordinarios de
justicia en el reconocimiento y protección de la relación especial de los pueblos indígenas
con sus territorios ancestrales, incluyendo la violación de derechos derivados de tratados, convenios y otros acuerdos constructivos;
c) La discriminación por parte de las autorida-
des del sistema judicial, tanto de la policía como en los tribunales, que da lugar a que los indíge-
nas sean más fácilmente arrestados y detenidos
preventivamente en espera de juicio y que sean condenados a menudo a penas privativas de li- bertad más que a otro tipo de penas menores;
d) La existencia de sistemas de administración
de justicia culturalmente inapropiados que ofre- cen una participación limitada de los pueblos indígenas en los cuerpos de policía, como abo- gados o jueces o como funcionarios dentro del sistema de justicia;
e) El fracaso en garantizar la igualdad ante la
ley de los pueblos indígenas, el acceso a la jus- ticia y el derecho a un juicio justo debido a la falta de servicios de traducción disponibles en todas las fases del sistema de administración de justicia y a la falta de capacidad para pro- porcionar una adecuada representación legal;
f) La debilitación o destrucción de los sistemas
jurídicos indígenas debido a procesos de acul- turación, desplazamiento, migración forzada,
urbanización, violencia política y asesinato de autoridades indígenas;
g) Criminalización de prácticas culturales y
jurídicas indígenas, así como persecución de autoridades indígenas que administran justi-
cia, por parte del Estado;
h) Falta de reconocimiento oficial del dere-
cho y la jurisdicción indígena, incluyendo el derecho consuetudinario indígena;
• Se manifestó especial preocupación ante el hecho que en muchas ocasiones la discri- minación contra los pueblos indígenas en la administración de justicia puede ser indirecta y resultado de la aplicación de leyes aparen- temente neutrales pero que tienen un impacto desproporcionado sobre los pueblos indíge- nas.
• También se expresó preocupación por los incidentes de violencia contra indígenas por parte de la policía y en los centros peniten- ciarios. Se observó que en muchos Estados existe también una ausencia de protección y reconocimiento constitucional o legal de los derechos de los pueblos indígenas y que esto es un factor que contribuye a la vulnerabili- dad de los pueblos indígenas en los sistemas de justicia.
El siglo XXI ve el resultado de veinte años de peregrinación para lograr el primer instrumento internacional de los derechos humanos relativo a los derechos de los pueblos indígenas, conocido como “Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas” y aprobado en septiembre del 2007 en la Asamblea General de la Organiza- ción de las Naciones Unidas. Sus artículos más importantes rezan lo siguiente:
Subordinación del derecho y la jurisdicción
indígena a la jurisdicción nacional o federal,
Los indígenas tienen derecho, como pueblos o
así como limitación de la autoridad indígena a conocer de casos menores;
como personas, al disfrute pleno de todos los de- rechos humanos y libertades fundamentales re-
Falta de puesta en práctica de mecanismos
conocidos por la Carta de las Naciones Unidas,
procedimientos adecuados mediante los
cuales los sistemas jurídicos indígenas sean reconocidos y complementen a los sistemas nacionales de justicia;
y la normativa internacional de los derechos hu- manos.
No reconocimiento de las decisiones toma-
das por las autoridades indígenas, por parte
Los pueblos y las personas indígenas son libres e
los órganos del Estado;
iguales a todos los demás pueblos y personas y tie-
Falta de reconocimiento de las leyes indí-
nen derecho a no ser objeto de ninguna discrimina-
genas así como de la cultura y las tradicio- nes jurídicas indígenas, por parte de jueces y otros operadores judiciales; m) Debilidad de los sistemas jurídicos indíge- nas para tratar nuevas situaciones, incluyendo cuestiones legales de niños y mujeres.
ción en el ejercicio de sus derechos que esté funda- da, en particular, en su origen o identidad indígena.
Los pueblos indígenas tienen derecho a la libre de- terminación. En virtud de ese derecho determinan
libremente su condición política y persiguen libre- mente su desarrollo económico, social y cultural.
Artículo 4 Los pueblos indígenas, en ejercicio de su derecho de libre determinación, tienen derecho a la autono- mía o el autogobierno en las cuestiones relaciona- das con sus asuntos internos y locales, así como los medios para financiar sus funciones autónomas.
Artículo 5 Los pueblos indígenas tienen derecho a conser- var y reforzar sus propias instituciones políti- cas, jurídicas, económicas, sociales y culturales, manteniendo a la vez sus derechos a participar plenamente, si lo desean, en la vida política, eco- nómica, social y cultural del Estado.
1. Los pueblos indígenas tienen derecho a las
tierras, territorios y recursos que tradicionalmen- te han poseído, ocupado o de otra forma utilizado o adquirido.
2. Los pueblos indígenas tienen derecho a po-
seer, utilizar, desarrollar y controlar las tierras, territorios y recursos que poseen en razón de la propiedad tradicional u otra forma tradicional de ocupación o utilización, así como aquellos que hayan adquirido de otra forma.
3. Los Estados asegurarán el reconocimiento y
protección jurídicos de esas tierras, territorios y
recursos. Dicho reconocimiento respetará de- bidamente las costumbres, las tradiciones y los sistemas de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas de que se trate.
Artículo 34 Los pueblos indígenas tienen derecho a promo- ver, desarrollar y mantener sus estructuras ins-
titucionales y sus propias costumbres, espiritua- lidad, tradiciones, procedimientos, prácticas y, cuando existan, costumbres o sistemas jurídicos, de conformidad con las normas internacionales de derechos humanos.
Artículo 38 Los Estados, en consulta y cooperación con los pueblos indígenas, adoptarán las medidas apro- piadas, incluidas medidas legislativas, para al- canzar los fines de la presente Declaración.
El Derecho Internacional Público se renueva y re- cibe aires frescos con la aprobación de la Decla- ración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU. Asimismo, en las Naciones Unidas se ha establecido una oficina conocida como Foro Permanente sobre Cuestiones Indí- genas, que es un organismo especializado para el tratamiento de las cuestiones indígenas en el mundo entero 29 . Como señala Victoria Tauli-Corpuz:
La aplicación de la Declaración no sólo beneficiará a los pueblos indígenas sino que también beneficia- rá al planeta y al resto del mundo. Si nos permiten vivir de acuerdo con nuestro modo de vida sosteni- ble, de cuidar la tierra y de cuidar de nuestros fami- liares, de las plantas, animales y otros seres vivos, todos nos beneficiaremos. Si somos capaces de continuar hablando nuestros idiomas y de conser- var nuestras culturas, contribuiremos a enriquecer el patrimonio cultural del mundo. Si nuestros dife- rentes sistemas económicos, culturales, espiritua- les, sociales y políticos pueden coexistir con otros sistemas dominantes, legaremos a nuestros hijos y nietos un mundo mucho más diverso y estimulante
29 El autor participó en dos eventos organizados para la construcción de la mencionada oficina especializada, tal como puede verse en DoCIP (ONG suiza que establece un lazo entre los pueblos indígenas y las Naciones Unidas, creada a pedido de los representantes indígenas en 1978). Informativo 39/40 Julio/Octubre de 2001 www.docip.org/espagnol/update_sp/up_sp_39_40.html - 218k
LA JURISDICCIÓN INDÍGENA EN EL ESCENARIO CONSTITUCIONAL LATINOAMERICANO
En el contexto constitucional –que es uno de nues- tros vértices de trabajo–, un brevísimo recorrido nos muestra el siguiente panorama regional de la jurisdicción indígena: Panamá (1971), Nicaragua (1986), Brasil (1988), Colombia (1991), El Sal- vador (1992), Guatemala (1992), México (1992, 2001), Paraguay (1992), Perú (1993), Argentina (1994), Bolivia (1994), Ecuador (1994, 1998), Venezuela (1999) y nuevamente Bolivia, con el reconocimiento a los pueblos indígenas de la con- dición de “sujetos electorales” (2004) 30 . Algunas de estas constituciones (Bolivia, Co- lombia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragu
a, Panamá, Paraguay, Perú y Venezuela) han reco-
nocido, en mayor o menor medida, las costumbres jurídicas o “Derecho consuetudinario” indígena, estableciendo normas para su consideración por el Derecho estatal y/o para su desarrollo a través de sistemas de jurisdicción indígena. Una excelente síntesis crítica de los retos y de- safíos que el constitucionalismo latinoamericano tiene con los pueblos indígenas y su administra- ción de justicia nos la ofrece el profesor Barto- lomé Clavero, quien señala que asistimos al des-
prestigio de las política de los Estados en materia de constitucionalización de los derechos indíge- nas, pues ésta fue una especie de retirada táctica
y no así una salida estratégica pluralista, intercul- tural y plurinacional. Por ello “el indigenismo de Estado se halla profundamente desprestigiado.
se asiste durante estos últimos años. 31 ” A pesar de los grandes avances en las Cons- tituciones de Bolivia (2008) y Ecuador (2008) el panorama constitucional de la región no ha cam- biado mucho desde aquella vez en la que Raquel Irigoyen mencionó la Jurisdicción Especial Indí- gena para reconocer a la autoridad indígena en la solución de conflictos y las competencias inhe- rentes a ella (competencia territorial, competencia personal, competencia material). Otros asuntos vinculados son los conflictos de competencia que puedan suscitarse y los límites de la autoridad in- dígena. Estos ejes conceptuales son -en gran me- dida- las vigas sobre las cuales se han construido los proyectos locales de justicia indígena. Pero veamos que dice Raquel Irigoyen al respecto:
De ahí procede
el viraje constitucional
Diversos estados han elevado a rango constitucional los derechos tanto individuales como colectivos de los pue- blos y de las personas indígenas. Entre ellos destacan Pa- namá (1971), Nicaragua (1986), Brasil (1988), Colombia (1991), El Salvador (1992), Guatemala (1992), México (1992, 2001), Paraguay (1992), Perú (1993), Argentina (1994), Bolivia (1994) y Ecuador (1994, 1998). Por otra parte, en la mayor parte de los países de la región se han aprobado en el mismo período legislaciones que regulan la naturaleza y alcance de los derechos de los pueblos indígenas. A través de estas reformas se ha reconocido el carácter multiétnico y pluricultural de los estados, in-
31 Cfr. Geografía Jurídica de América Latina: Derecho Indígena entre Constituciones no Indígenas, enviado por el mismo correo y que se lo puede encontrar en la siguiente dirección:
http://alojamientos.us.es/derecho/clavero/retablo.pdf
cluyéndose normas relativas al derecho de los indígenas a la mantención y desarrollo de sus lenguas y culturas, al reconocimiento de las comunidades indígenas, de su personería y capacidad legal, a los derechos de los indí- genas a la tierra (o a sus territorios) y a los recursos na- turales. Excepcionalmente se han reconocido además los derechos de los indígenas a la autonomía en sus asuntos internos (Nicaragua, Colombia, México (2001)). Algu- nas de estas constituciones (Bolivia, Colombia, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Perú) han reconocido, en mayor o menor medida, las costumbres jurídicas o “derecho consuetudinario” indí- gena, estableciendo normas para su consideración por el derecho estatal y/o para su desarrollo a través de siste- mas de jurisdicción indígena. Entre las reformas más interesantes en este último ámbi- to, se encuentran las de Colombia, Perú, Bolivia, Ecua- dor y México. Nos detendremos a continuación en su análisis.
- Principios fundantes del reconocimiento del derecho indígena:
El carácter pluriétnico y pluricultural de los estados y las sociedades que los componen es establecido en los ordena- mientos constitucionales de estos países como el fundamento principal del reconocimiento de derechos particulares a los pueblos, comunidades indígenas y a quienes los integran, así como de sus “costumbres” o “derecho consuetudinario”, y de la “jurisdicción especial” de sus autoridades para la re- solución de conflictos. Así, en Colombia (1991) “el Esta- do reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana” (art. 7); en Perú “el Estado reconoce y
protege la pluralidad étnica y cultural de la nación” (art. 2, inc. 19); Bolivia (1994) se reconoce como un Estado “ libre, ”
1); Ecuador (1998) se reconoce en términos similares como
estado social de derecho, soberano, unitario, indepen-
independiente, soberano, multiétnico y pluricultural
diente, democrático, pluricultural y multiétnico.” (art. 1); y México (2001) declara que “La Nación tiene una composi- ción pluricultural sustentada originalmente en sus pueblos indígenas que son aquellos que descienden de poblaciones que habitaban en el territorio actual del país al iniciarse la co- lonización y que conservan sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas” (art. 2). A esta fundamentación se agrega en el caso de México (2001) el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación, derecho que “se ejercerá en un marco constitucional de au-
tonomía que asegure la unidad nacional” (art. 2). La misma Constitución establece el derecho indígena como criterio para la definición de las comunidades indígenas al estable- cer que “son comunidades integrantes de un pueblo indígena, aquéllas que formen una unidad social, económica y cultural, asentadas en un territorio y que reconocen autoridades pro- pias de acuerdo con sus usos y costumbres” (art. 2).
- Contenidos del reconocimiento del derecho indígena:
Conviene detenerse en la revisión de los textos constitucio- nales a través de los cuales se da reconocimiento al derecho indígena y a la jurisdicción especial de las autoridades indí- genas. En el caso de Colombia (1991) el artículo 246 dispo- ne: Las autoridades de los pueblos indígenas podrán ejercer funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial, de conformidad con sus propias normas y procedimientos, siempre que no sean contrarios a la Constitución y leyes de la República. La ley establecerá las formas de coordinación de esta jurisdicción especial con el sistema jurídico nacional. La Constitución de Perú (1993) establece en su artículo 149:
Las autoridades de las Comunidades Campesinas y Nativas con el apoyo de las Rondas Campesinas, pueden ejercer las funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial de conformidad con el derecho consuetudinario siempre que no violen los derechos fundamentales de la persona. La ley es- tablece las formas de coordinación de dicha jurisdicción es- pecial con los Juzgados de Paz y con las demás instancias del Poder Judicial. La Constitución de Bolivia (1994) dispone en su artículo 171: Se reconocen, respetan y protegen en el mar- co de la ley los derechos sociales, económicos y culturales de los pueblos indígenas que habitan en el territorio nacional y especialmente los relativos a sus tierras comunitarias de origen, garantizando los usos y aprovechamiento sostenible de sus recursos naturales, a su identidad, valores, lenguas, costumbres e instituciones. El Estado reconoce la personalidad jurídica de las co- munidades indígenas y campesinas y de las asociaciones y sindicatos campesinos. Las autoridades naturales de las co- munidades indígenas y campesinas podrán ejercer función de administración y aplicación de normas propias como solución alternativa de los conflictos, en conformidad a sus costumbres y procedimientos siempre que no sean contrarios a esta Constitución y las leyes. La ley compatibilizará estas funciones con las atribuciones de los poderes del estado. La Constitución de Ecuador (1999) señala en su artículo 191:
El ejercicio de la potestad judicial corresponde a los órganos de la Función Judicial. Se establecerá la unidad jurisdiccional.
De acuerdo con la ley, habrá jueces de paz, encargados de resolver en equidad conflictos individuales, comunitarios o vecinales. Se reconocerán el arbitraje, la mediación y otros procedimientos alternativos para la resolución de conflictos, con sujeción a la ley. Las autoridades de los pueblos indígenas ejercerán fun- ciones de justicia, aplicando normas y procedimientos propios para la solución de conflictos internos de conformidad con sus costumbres o derecho consuetudinario, siempre que no sean contrarios a la Constitución y las leyes. La ley hará compati- bles aquellas funciones con las del sistema judicial nacional. Finalmente, la Constitución de México (reforma 2001) dispone en su artículo 2, letra A: Esta Constitución recono- ce y garantiza el derecho de los pueblos y las comunidades indígenas a la libre determinación y, en consecuencia, a la autonomía para: I. Decidir sus formas internas de conviven- cia y organización social, económica, política y cultural. II. Aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus conflictos internos, sujetándose a los princi- pios generales de esta Constitución, respetando las garantías individuales, los derechos humanos y, de manera relevante, la dignidad e integridad de las mujeres. La ley establecerá los casos y procedimientos de validación por los jueces o tribunales correspondientes. III. Elegir de acuerdo con sus normas, procedimientos y prácticas tradicionales, a las auto-
ridades o representantes para el ejercicio de sus formas pro-
VII. Elegir, en los municipios con
población indígena, representantes ante los ayuntamientos. Las constituciones y las leyes de las entidades federativas reconocerán y regularán estos derechos en los municipios, con el propósito de fortalecer la participación y representa- ción política de conformidad con sus tradiciones y normas internas. VIII. Acceder plenamente a la jurisdicción del Es- tado. Para garantizar ese derecho, en todos los juicios y pro- cedimientos en que sean parte, individual o colectivamente, se deberán tomar en cuenta sus costumbres y especificidades culturales respetando los preceptos de esta Constitución. Los indígenas tienen en todo tiempo el derecho a ser asistidos por intérpretes y defensores que tengan conocimiento de su lengua y cultura. Las constituciones y leyes de las entidades federativas establecerán las características de libre determi- nación y autonomía que mejor expresen las situaciones y aspiraciones de los pueblos indígenas en cada entidad, así como las normas para el reconocimiento de las comunidades indígenas como entidades de interés público.
pias de gobierno interno
El cuadro siguiente, elaborado por la misma au- tora, establece una síntesis de ejes temáticos del estado de situación de la justicia indígena en el contexto constitucional latinoamericano:
RECONOCIMIENTO DEL PLURALISMO LEGAL Y DERECHO INDÍGENA EN LOS PAÍSES ANDINOS
169 0IT
POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE COLOMBIA
POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DEL PERÚ
POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE ECUADOR
POLÍTICA DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA
REPÚBLICA DE BOLIVIA DE
-Considerando la evolución del derecho internacional desde 1957 y la situación de los pueblos indígenas ( hacen aconsejable adoptar nuevas
Art. 7: El estado
Art.2: Toda
Art. 1: Bolivia,
Art. 1. El Ecuador
Artículo 100: Las
derecho, inc. 19:
constitutivas de la
multiétnica y
reconociéndose y
unitaria, adopta
respetándose la
multiétnico. Su
bajo el principio
internacionales en la materia, a
democrática representativa, fundada en la solidaridad de todos los bolivianos.
republicano, presidencial, electivo, representativo, responsable, alternativo, participativo y de administración descentralizada. (
de igualdad de las culturas. (
fin de eliminar la orientación hacia
-Reconociendo
las aspiraciones de esos pueblos
control de sus propias instituciones y formas de vida y de su desarrollo económico y a mantener y fortalecer sus identidades, lenguas, religiones, dentro del marco de los Estados en que viven.
Art. 8, 2: Dichos pueblos deberán tener el derecho de conservar sus costumbres e instituciones propias siempre que éstas no sean
Art. 246: Las autoridades de los pueblos indígenas podrán ejercer funciones jurisdiccionales dentro de su ámbito territorial, de conformidad
Art. 149: Las autoridades de las Comunidades Campesinas y Nativas con el apoyo de las Rondas Campesinas, pueden ejercer
Art.171: (
Art. 191: (
Artículo 260: Las autoridades legítimas de los pueblos indígenas podrán aplicar en su hábitat instancias de justicia con base en sus
Las autoridades naturales de las comunidades indígenas y campesinas podrán ejercer función de administración y
Las autoridades de los pueblos indígenas ejercerán funciones de justicia, aplicando normas y procedimientos
a)El Derecho
incompatibles con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Siempre que sea necesario, deberán establecerse procedimientos para solucionar los conflictos que puedan surgir en la aplicación de este principio. Art.9, 1: En la medida que ello sea compatible con el sistema jurídico nacional y con los derechos humanos internacionalme nte reconocidos, deberán respetarse los métodos a los que los pueblos interesados recurren tradicionalmente para la represión de los delitos cometidos por sus miembros.
b)la Jurisdicción
ancestrales y que
sólo afecten a sus
sean contrarios a
conflictos, en
propias normas y
(autoridades e
sus costumbres y
República. La ley
violen los
a la ley y al orden
persona. La ley
y las leyes. La ley
las leyes. La ley
público. La ley
hará compatibles
funciones con las
dicha jurisdicción
especial con los

References: resolución 
 artículo 42

Artículo 17
 resolución 

Artículo 4

Artículo 5

Artículo 34

Artículo 38
 artículo 246
 artículo 149
 artículo 171
 artículo 191
 resolución 
 artículo 2

Artículo 100

Artículo 260