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Timestamp: 2016-12-03 16:59:00+00:00

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No. 16 Campo y comunicacion. by La Jornada del Campo - issuu
13 de enero de 2009 • Número 16
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POTENCIAL MAICERO DE MÉXICO
13 de enero de 2009 • Número 16 • Año II
Lourdes E. Rudiño
Elena Álvarez-Buylla, Gustavo Ampugnani,
Cristina Barros, Armando Bartra, Eckart
Boege, Marco Buenrostro, Alejandro
Calvillo, Beatriz Cavallotti, Fernando
Celis, Luciano Concheiro Bórquez, Susana
Cruickshank, Gisela Espinosa Damián,
Plutarco Emilio García, Francisco López
Bárcenas, Cati Marielle, Brisa Maya,
Julio Moguel, Luisa Paré, Enrique Pérez
S., Víctor Quintana S., Alfonso Ramírez
Cuéllar, Jesús Ramírez Cuevas, Héctor
Robles, Eduardo Rojo, Lourdes E. Rudiño,
Adelita San Vicente Tello, Víctor Suárez,
Carlos Toledo, Víctor Manuel Toledo,
Antonio Turrent y Jorge Villarreal.
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La Jornada del Campo, suplemento mensual de
La Jornada, editado por Demos, Desarrollo de Medios, SA de CV; avenida Cuauhtémoc 1236, colonia
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expresa de los editores.
FOTO: GEA AC
n el principio fue la palabra: la comunicación profunda es verbal y las radios
comunitarias son los entrañables mass
media del México rústico. Pero en una cultura de lo visible como la que nos circunda,
el combate por emancipar las identidades rurales pasa por las imágenes, es también una
disputa por el look. Porque “una buena mitad
de lo que uno ve, es vista a través de los ojos
del otro”, escribió Marc Bloch a mediados del
siglo XX, y el porcentaje habría sido mucho
mayor si lo hubiese escrito hoy.
En manos de los medios de comunicación
masiva, esta omnipresente imaginería, esta
vicaria realidad especular, este orbe icónico
paralelo les otorga un poder inusitado. Porque
en los tiempos del homo-videns las personas de
carne y hueso dejamos paso a un mundo de
sombras animadas, de espectros, de juegos de
luz: primero fuimos reacciones químicas en el
colodión, más tarde fotogramas en fila, ahora
píxeles digitales... y en el tránsito los amos de
la iconósfera se fueron adueñando del planeta.
La ancestral lucha entre oprimidos y opresores
devino confronta entre visibles e invisibles; en
tiempos de comunicación satelital y vertiginosas redes informáticas, a la propiedad capitalista de los medios de producción se suma la
privatización de los medios de reproducción
audiovisual, el monopolio del espejo electrónico; los que fueron dueños de las tierras y
de las fábricas hoy también son dueños de las
imágenes. Y las imágenes son el mundo.
Si más allá de nuestro vecindario, el único
mundo disponible es el de los medios, es ahí,
en los medios, donde se libra la gran batalla
por el mundo. Y la madre de todas las batallas mediáticas es la batalla por la imagen de
los “otros”: los pobres, las mujeres, los viejos,
los niños, los homosexuales... y sobre todo los
campesinos y los indios, que en México son
aun los “otros” por antonomasia.
En nombre de la ciencia positiva, la fotografía etnográfica del siglo XIX entregaba indios
disecados como los que retrató Desiré de Charnay. Durante el porfiriato el afán de exotismo
produjo rústicos pintorescos como los de las
postales de Charles B. Waite o Hugo Breheme. La revolución de 1910 convirtió a indios y
campesinos en emblemas de la identidad, en
estampas calendáricas del nuevo nacionalismo, y fueron los debutantes fotógrafos de las
películas, como Eduard Tissé y Gabriel Figueroa, quienes popularizaron el nuevo look
de la “raza de bronce”. A mediados del siglo
pasado no fue casual que fotógrafos extranjeros
avecindados, como Walter Reuter y Mariana
Yampolsky, fueran quienes, esquivando tanto
afanes cosificadores como sacralizantes, miraran
a los campiranos desde la altura de los ojos del
hombre, como iguales en la diferencia. Casi
al mismo tiempo foto-reporteros como Nacho
López, Héctor García y Rodrigo Moya daban
otra vuelta de tuerca, al exhibir el contraste entre los labriegos estetizados de la posrevolución
y los rústicos depauperados y encarnados realmente existentes, y desde fines del siglo pasado
una parvada de nuevos fotógrafos de prensa,
como Pedro Valtierra y Frida Hartz, acompaña
a las luchas populares urbanas y rurales... Pero
curiosas, denigrantes, admiradas, compasivas
o solidarias las miradas eran siempre desde los
ojos del otro. Y así como se inventaba y reinventaba su efigie, así los “campesindios” iban
siendo construidos como objeto sociológico,
antropológico y econométrico; como mate-
rial pictórico, literario, musical, periodístico,
cinematográfico y dancístico; como “Mexican curiosity”; como estadística; como botín
El neozapatismo, primero campesinista y luego indianista, del último cuarto del siglo pasado,
es un trajín por derechos y por dignidad pero
también por recuperar la imagen y la palabra
secuestradas. Y en las marchas, junto a mantas
y pancartas, se enarbolan cámaras. Si antes temían —con razón— que el pequeño cíclope
les robara el alma, ahora los “camaristas” mayas
piensan que las fotografías que toman son “pedazos de papel donde queda grabada una imagen del tiempo”, y la chiapaneca Maruch Santis
es una fotógrafa reconocida en el mainstream.
Pero la batalla por la imagen del México
profundo se libra sobre todo en el económico y
flexible video, que en los últimos 30 años desplazó tanto al caro y engorroso registro cinematográfico, como a la propia fotografía (que,
por cierto, está regresando en su modalidad digital). Los rústicos ya no son sólo sombras grises sobre un papel, ahora son también figuras
coloridas y ajetreadas que transitan, gesticulan,
conversan y vociferan en la pequeña pantalla
de cristal. Tanto las químicas como las electrónicas son imágenes construidas, sin embargo
se las confecciona con modos y códigos distintos: los instantes congelados de la fotografía
pueden capturar la vida pero son proclives a
la “pose”, mientras que la cámara que camina
junto a uno, se cuela literalmente hasta la cocina y nunca deja de grabar, acorta distancias,
baja defensas y propicia la “espontaneidad”.
Naturalidad del video que, por cierto, puede
ser tan limitante para fines expresivos como el
acartonamiento fotográfico, de modo que no
hay un medio intrínsecamente mejor que otro.
Todos hemos repetido, alguna vez, que una
imagen dice más que mil palabras. Mentira
grande, pues lo cierto es que las imágenes dicen
lo que las palabras no pueden expresar y al revés.
Una de las virtudes del video es, precisamente,
que fusiona el discurso icónico con el verbal.
Porque hablando se entiende la gente, y
gran parte de la fuerza identitaria, mucho del
proverbial poderío simbólico y político-cultural de los colectivos rurales, radica en que en
el campo se cultiva profusamente el sutil arte
de la conversación. En cierto modo, la vida de
las comunidades es una interminable plática,
un continuo rumor de voces, un perpetuo
flujo de palabras que ratifica —y rectifica—
permanentemente el significado de las cosas
y con ello mantiene vivo el tejido social. La
charla, el chisme, el cotilleo son la argamasa
que sostiene al México profundo.
En el campo, los acuerdos de asamblea no
son asunto de minorías y mayorías circunstancialmente reunidas, sino extensión deliberativa de una prolongada y multitudinaria conversación desarrollada en la plaza, el mercado, la
iglesia, la cantina, la milpa y la huerta; durante el trabajo y en el descanso; a la hora de la
comida y antes de dormir.
La palabra de los ancianos es portadora de sabiduría, la de los corridos preserva la memoria y
la del cura, la curandera o el maestro tienen autoridad, pero a la mera hora todos hablamos con
todos, la palabra es democrática y horizontal.
Y la palabra escrita de las comunidades es la
prolongación de un diálogo. Como lo aprendí
hace muchos años al reunirme para redactar
un manifiesto con los diez o 12 representantes
que hacían cabeza en la Coalición de Promotores Bilingües de Oaxaca, y en vez de que
alguien hiciera un borrador, como yo proponía, Eleazar, que conducía los debates, se paró
junto al pizarrón, tomo el gis y escribió, con
buena letra, “Oaxaqueños:”. No, dijo otro, hay
que poner: “Pueblo de Oaxaca:”.Y así hasta
que nos amanecimos.
Pero este fluir de palabras había sido en
gran medida un río subterráneo, silencioso,
acallado o tergiversado por los medios y en
particular por los electrónicos. Sólo a partir
de 1994, cuando la voz indígena del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se
hizo acompañar del tronido de las balas, Chano y Chon, caracterizados por Los Polivoces, la
campesina María Isabel, personificada por Silvia Derbez, y Yara, la lacandona, interpretada
por Angélica María, dejaron de ser los únicos
rostros visibles del México profundo.
Todas las insurrecciones indígenas han recurrido a mediums portadores de la voz profunda
de la comunidad: una santa, una piedra, una
cruz. Los de Las Cañadas recurrieron a una
pipa parlante. Y el Subcomandante Marcos resultó un espléndido comunicador capaz de fusionar el habla indígena y el lenguaje mestizo
en un discurso sincrético que por un tiempo
rompió el cerco mediático. La apertura nunca
fue grande y duró poco, pero dejó huella, y
desde entonces los protagonistas del drama nacional que no sale en las telenovelas, tratan de
hacerse ver y escuchar por los medios comerciales. Porque los recursos de la comunicación
popular como la radio comunitaria, los videos
testimoniales y las publicaciones alternativas
son insustituibles, pero el sistema comercial
de medios de comunicación masiva es omnipresente y para influir significativamente en la
opinión pública hay que tratar de abrirse paso
en su inhóspito terreno. Así lo hizo el EZLN
en los 90s del pasado siglo, así lo hizo en 2003
el movimiento conocido como El Campo No
Aguanta Más, así lo esta haciendo la Campaña Sin Maíz No Hay País. Y esta causa, la de
comunicar al México del surco con el México
de las banquetas (y viceversa), es también la
causa de La Jornada del Campo.
BUZÓN DEL CAMPO
Te invitamos a que nos envíes tus opiniones, comentarios y dudas a
NORTE Y SUR EN LOS MEDIOS:
DOS ESTRATEGIAS DIVERGENTES EN LA REVOLUCIÓN DE 1910
VILLA Y EL CINE
Mexican bandid predilecto de los estadounidenses y de
sus debutantes cinefotógrafos, Pancho Villa se dio cuenta pronto de la importancia política de los nuevos medios
de comunicación y decidió impulsar su imagen por medio de las películas.
En 1910 el cine cumplía 15 años y ya había documentado tres conflictos bélicos: la guerra entre griegos y turcos, la lucha independentista cubana y la confrontación
anglo-boer en Sudáfrica. Pero para Estados Unidos la re- Foto tomada de Aurelio de los Reyes, Con
Villa en México
volución en México era aún más apasionante que aquéllas, porque se jugaban grandes intereses económicos pero también porque los combates
ocurrían ahí nomás, en su “patio trasero”. De modo que desde el principio los camarógrafos
yanquis estuvieron en México, dándole a la manivela.
En su momento Victoriano Huerta negoció con la Compañía Pathe la filmación del Ejército Federal y más tarde Álvaro Obregón trató de pactar una buena cobertura con otros cinefotógrafos. Nada como el contrato de exclusividad con la Mutual Film Corporation, donde
el general Doroteo Arango se comprometía a trabajar para esta compañía, no sólo cuando se
trataba de registrar las batallas sino también en la realización
de una película de ficción: La vida del general Villa.
El personal de la Mutual, que tenía un vagón exclusivo en
el tren villista, filmó las batallas de Ojinaga y de Torreón, y
en febrero de 1914 comenzó a preparar la biografía del líder,
que debía dirigir el ya afamado D. W. Griffith, quien declinó
por encontrarse realizando El nacimiento de una nación, de
modo que a la postre contrataron a Christy Cabanne. Para
el papel de Villa joven, reclutaron a Raoul Walsh, entonces
actor y más tarde importante realizador.
La vida del general Villa es un tremendo melodrama: la
revolución norteña hecha telenovela. Violada y muerta una
de sus hermanas por dos soldados federales, el joven Doroteo
mata a uno de ellos y se alza en armas contra el mal gobierno
transformándose en el out law Pancho Villa. Más tarde, el
estallido de la revolución le da la razón histórica a su causa y
Hoja volante con corrido
ya en calidad de general, Villa gana batalla tras batalla, hasta
que durante la de Torreón se topa con el otro violador, a quien mata con sus propias manos.
En el proverbial happy end, Villa, aclamado por el pueblo, es nombrado presidente.
Salvo algunos fragmentos, la película se perdió, pero sabemos que a Villa, quien acostumbraba mostrar documentales de la Mutual a sus visitantes, le gustó el guión. En todo
caso el contrato de exclusividad fue una buena decisión política, pues además de recibir
25 mil dólares, que se emplearon en la causa, y un elegante uniforme militar diseñado especialmente para él —que sin embargo era de la compañía y sólo podía utilizarlo durante
las filmaciones—, la Mutual preparó para el gobierno de Estados Unidos un informe favorable a su “artista exclusivo”, que reforzó la postura inicialmente provillista del presidente
La luna de miel con el público y el gobierno de Estados Unidos terminó con la derrota de
la División del Norte en Celaya y, después del ataque a Columbus, el general se transformó
en la bestia negra de los documentales cinematográficos de ese país, como Villa, vivo o
muerto, de Eagle Film Manufacturing and Producing Company.
En México las hazañas de la División del Norte se conocieron por los corridos, los diarios
y, sólo en las poblaciones importantes, por el cine, pero en Estados Unidos la leyenda del
mexican bandid, primero generoso y luego sanguinario, fue obra de la prensa ilustrada y
sobre todo de las películas. Pancho Villa fue el primer personaje de nuestra historia construido por los modernos medios de comunicación.
ZAPATA Y LOS CORRIDOS
Pese a haber estallado muy cerca de la ciudad de México, la rebelión zapatista pertenece culturalmente al mundo campesino,
al sur profundo, y mientras que la División
del Norte cohabitó ampliamente con los
medios de comunicación modernos, el
Ejército Liberador del Sur sólo salió en
las películas cuando Francisco I. Madero
visitó Morelos, cuando Victoriano Huerta
facilitó la filmación del acoso federal a los
alzados y cuando los ejércitos surianos victoriosos se hicieron presentes en la capital.
La aparición póstuma de Emiliano Zapata
en un documental fue en el de su funeral,
que mandó filmar el general Pablo González, para convencer al mundo de que el
“chacal de Anenecuilco” estaba muerto.
Zapata no se ponía uniformes hechizos
ni rayaba el caballo frente a los camarógrafos, como Villa, los recursos con que
se construyó su leyenda fueron los de la
Foto de Marciano Silva y hoja volante con corrido
memoria colectiva y la comunicación
oral, auxiliadas por las multicolores hojas
volantes que circulaban profusamente desde fines del siglo XIX.
Cuando menos desde la guerra de Independencia, los corridos o bolas sureñas dejaban
constancia de los hechos que el pueblo consideraba dignos de recordar: catástrofes, cr��menes, milagros, incestos, nacimiento de niños monstruosos y hazañas bélicas o amatorias de
bandidos más o menos justicieros. Los corridistas
o trovadores que pergeñaban los versos cantaban
en fiestas y cantinas con el apoyo de un segundero y el acompañamiento del bajo quinto, relatos
que podían durar hasta 20 minutos y que a la larga
la gente se aprendía y repetía por su cuenta.
Se dice que los corridos de la tradición oral difícilmente sobreviven dos generaciones, pero con
la proliferación de las imprentas, las bolas y otras
expresiones de la cultura popular como estampas
religiosas, novenarios, pastorelas, vidas de santos,
comenzaron a circular en papeles de colores llamados hojas volantes que se vendían en ferias y
mercados, llegando así hasta las comunidades
más apartadas.
El comunicador de Emiliano Zapata, el hombre que se encargó de difundir sus hechos, no en
Estados Unidos y Europa o en las ciudades grandes de México, sino en el ancho mundo rural y
entre el pueblo llano, se llamó Marciano Silva,
Marcianito, para los amigos.
Marciano era originario de Tilzapotla, municiHoja volante del editor Vanegas Arroyo, con ilustrapio de Puente de Ixtla; junto con su familia, se fue
ción de J. G. Posada
a trabajar a Tlaltizapán, en la hacienda El Treinta, y de ahí lo alevantó la bola zapatista en 1912. Pero habiendo quedado inválido, tuvo que
cambiar de oficio y en lugar del 33-33 empuño el bajo quinto, dedicándose a hacer la loa de
los triunfos del Ejército Liberador del Sur. Uno de sus primeros corridos es El quinto de oro,
que con cadencia de danzón narra la derrota en Cuautla del coronel Munguía y su quinto
regimiento de caballería a manos de las tropas de Zapata.
Marcianito, como lo llamaban los zapatistas, reseñó entre otras hazañas La toma de Chilpancingo, La muerte de Cartón, La toma de Cuautla, La toma de Chinameca y también
escribió el Himno zapatista.
En Un saludo a la concurrencia, el cronista del Ejército Liberador del Sur deja testimonio rimado de su modesta pero invaluable función:
Soy del sur ignorado publicista
que sin gracia ni cultura en la ocasión,
voy cantando del tirano la injusticia
y ensalzando el patriotismo de un campeón.
No es el rifle el que manejo con destreza
ni la brida del intrépido corcel,
es la pluma mi cañón y mi estrategia
y mi verso la metralla, a mi entender.
Villa en fotogramas de ﬁlmes de la Mutual Film Corporation
Hace poco el investigador Gregorio Rocha revisó exhaustivamente los archivos fílmicos de Inglaterra, Holanda, Francia, Estados Unidos, Canadá y México en busca de La vida del general Villa, de
la Mutual, y apenas encontró algunos fragmentos. En cambio todavía hace unos años, en los mercados de Amecameca y de Ozumba, se podían comprar las hojas volantes con los corridos de Marciano Silva, junto con otros que narran las hazañas de Emiliano Zapata. Y es que, a la postre, el papel de china de la memoria popular dura más que el celuloide de las compañías cinematográficas.
Armando Bartra, con información de Aurelio de los Reyes, Con Villa en México, UNAM, 1985; Margarita de Orellana, La mirada circular, Joaquín Mortiz, 1991; Valentín López González, Los compañeros de Zapata, Gobierno de Morelos, 1980; Víctor
Hugo Sánchez Reséndiz, De rebeldes fe, Instituto de Cultura de Morelos, 2006; John Womack Jr., Zapata y la Revolución mexicana, Siglo XXI Editores, 1960, y Gregorio C. Rocha, Los rollos perdidos de Pancho Villa, DVD, Eurolatinoamericana, 2008.
Radio UNAM y Radio Educación
POCOS, PERO CONSISTENTES,
LOS ESPACIOS RADIOFÓNICOS RURALES
omo brotes excepcionales en el
abanico de frecuencias radiofónicas, figuran dos programas de radio
orientados a la situación del campo y de los
indígenas y que tienden puentes en la población rural y entre ésta y la urbana. Son Del
campo y de la ciudad, a cargo de Marco Díaz
León y Sergio Canales –que transmite Radio
Educación los martes y miércoles de 5:00 a
7:00 AM—y Chiapas: expediente nacional,
que forma parte de un proyecto integral campesino e indígena, Boca de Polen, y es conducido por Eugenio Bermejillo todos los martes
en Radio UNAM de 10:00 a 11:30 AM.
Son excepcionales porque los temas rurales son escasamente abordados por la radio
concesionada, que ve a los indígenas “simplemente como adornito o cuestión folclórica”,
según Bermejillo, y porque, dice, a pesar de
que a las instituciones, universidades, gobiernos y agencias de cooperación internacional
se les llena la boca con la comunicación
indígena, en los hechos “es bastante poco y
bastante decepcionante” lo que hacen en esta
materia vía los medios públicos.
Y también son excepcionales porque han
logrado mantenerse vivos, por casi 20 años
Del campo y de la ciudad, y por 15 Chiapas...
Hablan sus protagonistas.
Eugenio Bermejillo: Chiapas. expediente
nacional nació el 12 de enero de 1994, día en
que hubo una gran manifestación para frenar
los enfrentamientos en Chiapas y Carlos Salinas no tuvo opción más que declarar una
paz unilateral que luego fue respaldada por
el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Eso signó el destino del programa, pues con
el eslogan “Información para la paz” se centró en las actividades de la sociedad civil que
tienen que ver con la resolución del conflicto, pero no con su administración, sino con
acciones que atienden las causas profundas.
Así permaneció durante tres o cuatro años,
con una calidad noticiosa que estuvo en el
centro de la polémica nacional. Con la preeminencia que tuvo el movimiento indígena en los Acuerdos de San Andrés en 1996,
el programa se fue adecuando y asumió los
temas básicos de los movimientos indígena,
campesino y de la sociedad en general; desarrollo sustentable, y derechos humanos; esa
es la agenda que prevalece.
Las voces campesinas son muy radiofónicas, frescas, llaman la atención del público,
pues la forma de relatar es diferente a la habitual en la radio. Nuestro objetivo es contar con los testimonios directos, aunque no
siempre lo logramos. Si hay un conflicto, no
entrevistar al abogado o a la organización no
gubernamental, sino a la persona en la cárcel
o a los campesinos afectados por las actividades de una minera, al campesino que es despojado de su tierra. A excepción de nosotros
y Del campo..., nadie en la radio entrevista al
campirano. Aunque esto carece a veces de
inserción en la polémica nacional, tiene una
fuerza comunicativa, humana, ausente en el
testimonio mediado.
Mucha de la comunicación en el mundo
indígena, en el mundo rural, es de bastante
tremendosidad, con una vehemencia perpetua –“Otra vez nos aplastaron”, “los caciques son invencibles”, “el gobierno es...”—.
El programa busca promover la acción, la
organización. Por ejemplo, informar en un
conflicto con una minera, qué se logró con
la lucha campesina; si había un contrato leonino, cómo logró modificarse si los campesinos se sentaron a discutir con empresarios y
funcionarios. Llama la atención decir: gracias
a la organización, se metieron estas cláusulas en el contrato, y si vuelven a organizarse y
movilizarse, esas cláusulas les van a permitir
conservar su río, que la empresa invierta en
La pobreza tiene un lado pornográfico.
Hay medios, incluso premiados por sus reportajes de pobreza, que van al municipio más
pobre y entrevistan al viejito más pobre. Eso
vende: muestras un mundo indígena, rural
conflictivo, con la vertiente de la denuncia.
Está bien, pero falta la parte de impulso a
la acción, a la reflexión. La pura denuncia
muchas veces no educa. Hay que profundizar, por ejemplo decir tal proyecto de presa
es neoliberal y explicar cómo está el contrato
que hace que la trasnacional gane dinero, o
qué apoyos tiene el cacique y cómo funciona
una obra pública inmensa.
Hace unos tres años hubo el intento de las
autoridades universitarias de reestructurar el
programa, lo cual iba a quitarle el público
que ya había hecho en su horario. Dimos a
conocer esto sin alarmismo, y la respuesta de
los radio-participantes fue brutal. Se reunieron en varias ocasiones y luego convocaron
al director de Radio UNAM. Había muchos
maestros, viejos, gente que había participado
en luchas magisteriales y tenían mucha experiencia política. El programa permaneció sin
cambios. Hay mucha gente que quiere transformar al país, y es el fermento social para
impulsar esfuerzos comunicativos y por ello
periodistas independientes siempre tendrán
espacios. Ese es el caso de Carmen Aristegui,
una gran periodista que siempre tendrá un
chorro de público siguiéndola.
En el medio rural, los movimientos cooperativos, campesinos están necesitados de
información diferente. Quien se mantiene
con el cacique, con Wal-Mart, no necesita información más allá que la de Televisa,
pero si tienes un proyecto social, te urge
información, te urgen medios que den otra
visión. Hay, es cierto, un público dormido,
pero hay también uno despierto que crece
Chiapas... es un programa que habla de
los indígenas y tiene un público básicamente
mestizo. Estos puentes son importantes. Los
campesinos necesitan mucho del consumidor
urbano y que éste entienda cómo produce el
campesino, para que hagan su compra de manera solidaria y ejerzan el poder político que
tienen por medio del consumo, que busquen
productos auténticamente campesinos, orgánicos y no transgénicos que no lastimen la tierra. Además hay que considerar el trasfondo,
que somos una nación multicultural, donde
están campesinos e indígenas que necesitan
dialogar con el mundo urbano y conocerse.
Las radios indigenistas (del Estado) fueron
las primeras que tomaron en cuenta al medio
rural y a los indígenas, pero desde el gobierno
de Carlos Salinas han entrado burócratas que
no tienen idea del campo y hoy la Comisión
de Derechos Indígenas (CDI) está llena de
panistas que hacen campaña para su partido.
Del indigenismo no puedes esperar nada. Ya
cumplió su etapa y ahora la estafeta está cayendo en las radios indígenas comunitarias,
que a pesar de tener muchas deficiencias,
plantean un esquema que pudiera armar una
buena comunicación en el campo.
Marco Díaz León: Del campo y de la ciudad nació el 10 de abril de 1989; su antecedente fue el programa Abriendo surco, que
duró tres años. En ese tiempo había más cerrazón, con el PRI en el gobierno y el poder;
era muy difícil mantener un espacio de esa
naturaleza y sobre todo decir la verdad; había
muchos filtros qué traspasar. Propusimos el
nuevo programa y la autoridad priísta aceptó
pues vieron la oportunidad de promover las
modificaciones de políticas públicas que entonces ocurrían y estimular hacia adelante las
modificaciones del artículo 27 constitucional
y la Ley Agraria que vendrían en 1992. Del
campo... nació con una participación amplia
de campesinos e indígenas.
Ahora notamos la baja en la calidad de
vida del campesino y la migración, pues ya
en nuestro auditorio tenemos menos gente
de ese rango social y más gente de ciudad. De
1989 a 1992, ante el cumplimiento de 500 años
del encontronazo de dos mundos, Guillermo
Bonfil apoyó mucho para que en el programa
participaran todas las lenguas que existen en el
país. El nombre del programa busca establecer
un equilibrio entre los temas del campo y de
la ciudad; y los temas rurales no han perdido
vigencia –el levantamiento indígena en Chiapas, el Tratado de Libre Comercio de América
del Norte, la búsqueda de la imposición de
transgénicos—; al menos el miércoles, cuando
yo produzco (el jueves lo hace Sergio Canales), nos hemos cargado más a la parte del campo que al espectáculo de la ciudad que hoy es
de decapitaciones, violencia, secuestros.
Desde hace cinco años hago en el programa el “Semanario por la paz con justicia y
dignidad”, donde expongo temas tales como
las innovaciones científicas factibles y alternativas a la imposición de las trasnacionales,
hago un mini resumen de La Jornada del
Campo. El público defiende la permanencia
del semanario porque, por la carestía, muchos están impedidos de comprar periódicos
y ya no creen en las televisoras.
El programa originalmente se trasmitía
de lunes a viernes, pero se fue acotando,
entre otras cosas por presiones autoritarias;
se quedó en dos días, pero nuestro auditorio,
que es muy fiel, no baja la guardia y continúa
pidiendo que se restablezcan los cinco días.
En general hay un menosprecio de la sociedad al campo, y en la estación, con el programa de 5:00 a 7:00 de la mañana, hay la
idea de que es el horario en que los indios y
los pobres oyen radio; algunos compañeros de
forma racista y juguetona nos ridiculizaban
con el mote de “guarachín y guarachón”, o
“el espacio de las garnachas”. Pero ya empezamos a domesticar a algunos. Hace 20 años
no se ponían ofrendas de muertos, y ahora
incluso Sears las pone. En parte ayudamos a
posicionar la cultura y la tradición propia de
los pueblos mexicanos.
La principal aportación del programa es
la difusión de la identidad, de una nación
multicultural con opciones, con un campo
con gente, que es la base de la construcción
histórica del país. Transmitimos música mexicana, indígena; ésta es la parte espiritual, más
profunda del programa.
También difundimos qué se produce en el
país y cómo producir y un eje fundamental
del programa y de mi vida es el maíz. Mucho
me apoyo en campesinos, productores, científicos rurales de guarache, y en gente especializada en agronomía. Desde 1999 se empezó a
difundir información de los transgénicos y yo
abrí un espacio para ello en el programa que
todavía existe. Los bauticé como OGTs (organismos genéticamente transformados) y el público ya sabe que cuando vamos a hablar de
los OGTs es que nos referimos a los cultivos
modificados o a la clase política. Elaboramos
incluso una serie que se llamó “Los transgénicos hoy, hoy, hoy”, a propósito de los dislates
de Vicente Fox. De eso mandamos a hacer
un tiraje grande que se empezó a difundir en
todas las radios comunitarias. Fue un material
con mucho éxito que todavía nos piden.
Pero el programa, en la parte del semanario, es analítico. Por ejemplo observamos qué
está diciendo la Secretaría de Agricultura respecto de la contaminación de maíz transgénico en Chihuahua y lo ponemos en su lugar
en el contexto de la información alterna que
nos allegan las comunidades afectadas.
Es necesario abrir más este tipo de espacios.
Para los pobres, la radio hertziana es la opción
más significativa, a pesar de los avances tecnológicas de radio por internet. Desafortunadamente, vas a provincia y encuentras cada radio
comercial que dices “hasta prefiero Televisa”
por el nivel tan absurdo de información que
manejan, y por el desprecio que hay hacia lo
rural, hacia lo propio. Las radios comunitarias
son el futuro de la comunicación en el campo
mexicano. en nuestras propias lenguas, con
nuestras propias pautas culturales, y debería
haber una apertura mayor a estas frecuencias,
pero las autoridades les tienen miedo; temen
que la gente hable en su propio idioma y digan cosas que ellas no entiendan. Temen que
por medio de la radio se puedan organizar
movimientos sociales mayores.
Posición de la Red de Radios Indígenas Comunitarias
del Sureste Mexicano frente a las declaraciones
del titular de la FEADP, en relación con el
asesinato de Teresa Bautista y Felícitas Martínez
LA RADIO COMUNITARIA TRIQUI
FOTO: www.elboomerang.es
omper el silencio sobre la violencia y
la impunidad que se vive en la región
triqui no es una tarea fácil. Desde los
70s, cuando se agudizan las disputas entre
grupos rivales, niños, mujeres y hombres han
sido blanco de los ataques, lo que ha generado
el desplazamiento forzado de más de la mitad
de la población triqui y más de 300 muertos.
Con las demandas de autogobierno y sobre
todo de cese a la violencia, el uno de enero
de 2008 los triquis de San Juan Copala y 17
barrios más declaran la creación de un municipio autónomo. Un año después se inaugura
Radio Copala: La Voz que Rompe el Silencio, considerada un ala de la lucha autonómica. Este proyecto de radio es impulsado
por hombres y mujeres jóvenes y tiene como
finalidad promover la cultura triqui, motivar
la participación de la población, rescatar la
historia, reivindicar el idioma triqui, generar
el diálogo intercomunitario e impulsar la autonomía del municipio.
A tres meses de haber iniciado el proyecto
de radio, el siete de abril de 2008, dos mujeres jóvenes claves en el proyecto, Felícitas
Martínez y Teresa Bautista, fueron emboscadas y asesinadas cuando se dirigían a una
comunidad para realizar servicio comunitario
y recabar información para la realización de
Este hecho ha sido un golpe muy duro al
naciente proyecto que comenzaba apenas a
dar sus primeros pasos; este acto de violencia
fue calificado por las autoridades autónomas
como un golpe directo al municipio autónomo y a su proyecto de radio. Para las y los jóvenes esto representó un golpe mayor: “Ahorita la radio no está trabajando como venía
trabajando porque los compañeros no se han
podido reorganizar (...) Ahorita estamos tristes y no hemos hecho programas”, dice una
locutora de La Voz que Rompe el Silencio.
El impacto de este hecho, que hasta la fecha sigue impune, provocó que el proyecto
prácticamente se detuviera. La inseguridad,
el miedo de los y las jóvenes, así como el temor de padres y madres de familia por permi-
tir la participación de los hijos en estos espacios que pudiera significar un peligro para sus
vidas, se incrementó.
Son muchos los obstáculos a los que se han
enfrentado los y las jóvenes, en primer lugar la
violencia, además la falta de equipo, de servicio de internet y de capacitación que les permita trabajar en la edición de sus programas
y la ausencia de financiamiento para adquirir
los materiales necesarios. Sin embargo, siguen
asistiendo a la cabina de radio, intentando retomar su proyecto aun con todo en contra. A
fin de cuentas, una radio comunitaria no se
crea de la noche a la mañana, es un proyecto
arduo, zigzagueante, de lenta maduración.
Comunicación como mercancía. En un
contexto nacional en que el derecho a la comunicación es negado a la población en general y en especial a los pueblos indígenas, se
busca desde abajo ejercer el derecho reconocido en el convenio 169 de la Organización
Internacional del Trabajo. Aun cuando está
reconocido, el derecho a la libre expresión y
a que los ciudadanos difundan sus ideas es negado por el mismo Estado y sus instituciones.
La comunicación es hoy en día una mercancía
que se vende al mejor postor, sólo quien puede
pagarla tiene derecho a obtener una licitación.
Es por ello que los pueblos buscan en los hechos ejercer ese derecho consagrado en la Carta Magna, derecho que ha sido negado y que
es calificado por quienes detentan el poder
económico y político como “ilegal” o “pirata”.
Es obligación de los gobiernos revisar los
marcos jurídicos actuales, obsoletos y discriminatorios para garantizar la igualdad de oportunidades. Es urgente la generación de condiciones que eviten que las radios comunitarias
queden en la marginalidad, que los locutores
sean calificados como delincuentes o que hacer su trabajo signifique poner en riesgo sus
vidas. Es urgente también crear espacios que
sirvan de tribuna para expresar, difundir y denunciar los hechos y acciones que atentan contra los derechos de las personas y de los pueblos
y es la radio comunitaria un medio clave para
que este derecho sea una realidad.
El 9 de diciembre pasado el titular de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos Contra Periodistas (FEADP) de la Procuraduría General de la República (PGR),
Alberto Orellana Wiarco, afirmó que el asesinato de Felícitas Martínez Sánchez y Teresa
Bautista Merino, compañeras de la radio comunitaria La Voz que Rompe el Silencio, ubicada en San Juan Copala, Oaxaca, ocurrido el 7 de abril de 2008, “no tuvo que ver con el
ejercicio de comunicación que desempeñaban en la emisora”.
Agregó que “fueron víctimas circunstanciales de una agresión que iba dirigida al conductor del vehículo donde ellas viajaban” y su asesinato “no tuvo que ver con el ejercicio de
comunicación que desempeñaban en La Voz que Rompe el Silencio”.
Ante ello, la Red de Radios Indígenas Comunitarias del Sureste Mexicano manifiesta lo
Del análisis que hemos realizado del expediente radicado en la PGR por estos asesinatos —donde se incluyen las actuaciones que realizó inicialmente la Procuraduría General
de Justicia del Estado de Oaxaca—, no se desprende ninguna línea de investigación ni
declaración de testigos o de sobrevivientes que descarte una posible agresión por la labor
que desempeñaban en radioemisora.
Existen cuando menos cinco líneas de investigación en el caso que no han sido suficientemente agotadas por la autoridad ministerial; una de ellas, la principal, valora la posibilidad
de que hayan sido asesinadas por su labor de comunicación indígena.
Es imposible determinar en este momento de la investigación las motivaciones de los
agresores para atacar el vehículo donde viajaban Tere y Feli, y no es posible afirmar que
la agresión iba dirigida al conductor del auto y no hacia las comunicadoras, pues no hay
ningún elemento sólido ni pericial ni testimonial en el expediente que permita desprender
tal suposición.
Existen elementos políticos y sociales en la región triqui que permiten suponer una agresión hacia las compañeras por el ejercicio de comunicación e investigación que realizaban
en la estación comunitaria.
Las declaraciones del titular de la FEADP son infundadas y faltas de verdad. Nos preocupa que no conozca el expediente ni las condiciones sociales y políticas de la región triqui, e
intente desviar la atención concluyendo que Tere y Feli no fueron asesinadas por el ejercicio de su profesión. El fiscal busca deslindar su responsabilidad y trasladar el asunto al fuero
común, a la Procuraduría de Justicia de Oaxaca..
Estudiante de la Maestría en Desarrollo Rural de la
Por la Red de Radios Indígenas Comunitarias del Sureste Mexicano:
• RADIO AAMAY IYOLTOKNIWAN 102.5 FM– La voz pura
de la Sierra Amamaloya Veracruz (Nahua-Popoluca)
• RADIO ANPÓN 91.5 FM- San Miguel Chimalapa (Zoque)
• RADIO ARCO-IRIS 90.1 FM – Santa María Jalapa del Marqués (Zapoteco)
• RADIO AYUUK 99.1 FM – La voz de la Montaña- San Juan Guichicovi (Ayuuk)
• RADIO LA VOZ QUE ROMPE EL SILENCIO 94.9 FM - San Juan Copala (Triqui)
• RADIO HUAVE 95.1 FM – La voz del mar- San Francisco del Mar (Huave)
• RADIO IKOOTS 94.1 FM – San Mateo del Mar (Ikoots)
• RADIO TIKAMBAJ 94. FM – San Mateo del Mar (Ikoots)
• RADIO TKYZ 95.1 FM – Santa María Tequisistlán (Chontal)
• RADIO UMAMALANG 93.9 FM – San Dionisio del Mar (Huave)
• RADIO LA VOZ DEL MONTE 96.9 FM- San Sebastían del Monte (Mixteco)
• RADIO LIBERANDO LA PALABRA 94.1 FM- Tezoatlán de Segura y Luna (Mixteco)
• LA VOZ DE LAS NUBES 92.1 FM- Santa Cruz Mixtepec (Mixteco)
• RADIO LA VOZ DE LA LIBERTAD 99.1 FM- San Pedro Yosotato (Mixteco)
LA POTENCIA DE LAS RADIOS COMUNITARIAS
a voz es de todos y por
eso están convocados
para que vengan y digan su palabra
aquí en el micrófono. Este micrófono es comunitario”. Así iniciaba
trasmisiones una de tantas y tantas
radios comunitarias que en los últimos años han emergido en el país.
Entre otras cosas, su proliferación es
expresión concreta del ejercicio de
derechos fundamentales a la libertad de expresión y la comunicación
por parte de sectores sociales a los
que históricamente se les han negado. Siempre se les consideró simples
receptores de mensajes producidos
por medios masivos de comunicación bajo una lógica mercantil.
Pero además de representar una
forma de ejercicio concreto de estos derechos, las radios comunita-
rias en su práctica cotidiana tienen
el potencial de apoyar el desarrollo
de las comunidades rurales que las
gestan, un desarrollo construido
Tradicionalmente la radio ha
sido uno de los medios más utilizados en apoyo a programas y
proyectos de desarrollo rural. Su
accesibilidad, flexibilidad y nivel
de penetración la posicionaron
durante varias décadas como la
tecnología privilegiada de comunicación del y para el desarrollo. Esto
desde la perspectiva de que la información es un elemento de vital
importancia en el desarrollo rural,
por lo que generalmente la radio
fue utilizada como un medio de
difusión y propaganda en aras de la
modernización y el progreso.
Pero las radios comunitarias van
más allá, no se trata sólo de difundir
información sobre un tipo de desa-
rrollo predeterminado. Estas radios
abren espacios de participación y
diálogo intra e intercomunitario
para apoyar un tipo de desarrollo
basado en las necesidades y aspiraciones propias. Se trata de medios
de comunicación propiedad de
las comunidades y organizaciones
locales donde las decisiones sobre
su función y contenidos se toman
colectivamente, respondiendo a un
proyecto político-comunicacional al
servicio y en compromiso con los intereses de los sujetos sociales locales.
Por esto, las radios comunitarias tienen el potencial organizativo para la
búsqueda de alternativas concretas:
son un germen de acción.
Las radios comunitarias crean y recrean comunidad. A contracorriente
de los múltiples procesos que tienden
a la desestructuración, fragmentación
y división de las comunidades rurales, tales como el debilitamiento de
asambleas —formas tradicionales de
organización y toma de decisión comunitaria—, junto a la incidencia de
partidos políticos y nuevas religiones,
políticas públicas “individualizantes”,
migración, etcétera; las radios comunitarias constituyen un elemento
de cohesión y de fortalecimiento de
identidades colectivas. Participan y
en ocasiones recomponen el tejido
social; se vuelven parte importante
de la vida en comunidad, lo cual se
hace manifiesto cuando se incluye a
las radios en el sistema de cargos o,
en momentos críticos, en que las comunidades se organizan y movilizan
en defensa de sus radios cuando se ve
amenazada su existencia.
Asimismo, estas radios acompañan y son expresión de procesos
que las comunidades detonan. Se
puede encontrar una gran cantidad
de ejemplos de radios que apoyan
desde procesos de autodeterminación del desarrollo local, como
el acompañamiento a proyectos
alternativos de tipo educativo, productivo y cultural, hasta procesos
autonómicos en comunidades y
regiones indígenas.
FOTO: Ross Murray
Los Derechos Indígenas en Materia de
Medios de Comunicación: haciendo
visibles los derechos invisibles
arabombo el invisible, un libro de Manuel Scorza,
cuenta la historia del líder de los indios del altiplano peruano, quien tenía un decreto del virrey
que reconocía la propiedad de las tierras a la comunidad a
que pertenecía; Garabombo padecía de una extraña enfermedad: cada que intentaba hacer valer pacíficamente sus
derechos, se volvía invisible, sin que nadie pudiera verlo ni
oírlo; aprovechando esto, organizó una rebelión, así se curó,
pero fue preso y más tarde muerto.
La rara enfermedad de Garabombo es común a todos
aquellos que tratan de reivindicar los derechos colectivos,
¿la comunidad o el pueblo indígena, quién es? La disposición constitucional, tomada de los acuerdos de San Andrés, que establece para el Estado Mexicano la obligación
de crear condiciones para que los pueblos y comunidades
indígenas puedan adquirir, administrar y operar medios de
comunicación, no es la excepción a esta invisibilidad.
En 2002, en aquel primer intento de crear una nueva ley
de radio y televisión y modificar la Ley Federal de Telecomunicaciones, la disposición constitucional antes citada era
prácticamente desconocida, la mayoría de reivindicaciones
a este derecho se soportaba en los derechos humanos relativos a la libertad de expresión e información; todavía hoy la
existencia de este derecho en la Constitución es para muchos una grata sorpresa.
Pero este derecho invisible ha ido tomando forma, parece
que poco a poco, por lo menos en esta área, los pueblos indígenas han podido avanzar en la cura de esta enfermedad, y el
primer tratamiento quizás fue la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, en donde estos pueblos tuvieron una
consideración particular, tanto así que poco tiempo después
se otorgaron los primeros permisos de radiodifusión indígena.
La proliferación y defensa de las
radios comunitarias, a pesar de las
adversas condiciones legales, económicas y políticas que enfrentan,
constituye uno de los cuestionamientos más radicales y directos
al sistema que niega el derecho a
la comunicación de la mayoría de
la población y monopoliza, bajo
la lógica capitalista, la posibilidad
de acceder a los medios. Si bien su
lucha tiene que ver con la libertad
de expresión y el derecho a la comunicación, se trata también de la
lucha contra la exclusión, contra
los imaginarios hegemónicos dominantes: es la lucha por el lugar de
enunciación, que busca redefinir
relaciones sociales establecidas y
construir nuevos horizontes. Las radios comunitarias permiten ejercer
estos derechos negados y sirven a
procesos sociales de transformación
de la realidad, su sola existencia en
un contexto tan adverso da cuenta
de ello. Las radios en comunidad
interpelan la lógica dominante
desde la periferia, su potencia está
“al aire”, pero su fuerza echa raíz
La promulgación de la llamada Ley Televisa brindó una
oportunidad para una nueva cura, tanto la acción de inconstitucionalidad promovida por algunos senadores, como
la controversia constitucional interpuesta por municipios
indígenas, incorporaron como agravio la omisión legislativa a la disposición constitucional de garantizar los derechos
de los pueblos indígenas a los medios de comunicación.
Si bien la invisibilidad perduró, ya que ambos reclamos
fueron declarados improcedentes por una mínima mayoría, la misma Corte señaló el remedio: el derecho existe,
sólo es necesario individualizarlo, así una comunidad,
pueblo indígena, a quien pretenda aplicarse la ley actual,
puede acudir al amparo con amplias posibilidades de éxito.
Puede así reclamar su derecho a administrar un medio de
Hoy no cabe ninguna duda de que este derecho existe y
puede hacerse valer, y que las condiciones que la Constitución obliga a crear tienen que ver con procedimientos acordes a la realidad de los pueblos, que reconozcan sus formas
de organización y su cultura; que determinen el acceso a
recursos para la sostenibilidad de sus medios, y que los pueblos indígenas administren sus propios medios, lo cual, con
o sin permiso, ya lo están haciendo.
En un esfuerzo colectivo por crear un procedimiento adecuado para los pueblos indígenas que les permita adquirir,
administrar y operar sus propios medios de radiodifusión, se
reunirán en San Cristóbal de las Casas, el 16 y 17 de enero,
diversos representantes de radios indígenas y comunicadores para la conclusión de los trabajos del Programa para el
Ejercicio de los Derechos de los Pueblos Indígenas para Administrar, Adquirir y Operar sus Propios Medios de Comunicación, que promete concluir un procedimiento sencillo y
adecuado para la solicitud de permisos de radiodifusión por
parte de los pueblos indígenas.
Aún queda mucho por hacer, aún quedan muchos derechos invisibles, como el que en la planeación del espectro
se consideren frecuencias para estos pueblos, o el artículo
sexto de la Ley de los Derechos Lingüísticos de los Pueblos
Indígenas, que obliga a las televisoras y radiodifusoras a destinar tiempos a programación en lenguas indígenas.
El trabajo consistente y el uso de los medios legales para
exigirlos ha demostrado ser un buen tratamiento para la invisibilidad.
Con una experiencia en el fotoperiodismo de más de 30 años, Pedro Valtierra habla de cómo percibe la relación de la cámara con el medio rural. Sin despojarse de la emoción, pues él nació campesino,
observa una insuficiente comprensión de parte de los fotógrafos de prensa a la vida rural. Valtierra es fundador y director de la agencia fotográfica Cuartoscuro –la cual cuenta con un bagaje de 300 mil
fotos digitalizadas y medio millón de negativos, de los cuales, dice, un cinco por ciento es de temas rurales—. Entre múltiples premios y reconocimentos internacionales que ha recibido, figura el Premio
Rey de España por la mejor imagen noticiosa internacional, que obtuvo en 1998 gracias a su foto titulada “Mujeres de Xoyep”, que captó en enero de ese año con una indígena chiapaneca que intenta
frenar el paso a un robusto soldado. Esa foto, que en enero de ese año publicó en primera plana La Jornada, fue símbolo en marchas nacionales y extra fronteras de la situación indígena de Chiapas.
CAPTAR CON DIGNIDAD AL
CAMPO, RETO DE LA FOTOGRAFÍA
quedó con el rancho. En 1969 llegamos a México, yo trabajé en muchas
cosas y luego, a los 15 años de edad,
fui bolero en Los Pinos, para después
trabajar en el laboratorio de fotografía y ser fotógrafo de la Presidencia
de la República. Ya en los medios,
mucho de mi trabajo en El Sol de
México, Unomásuno y La Jornada se
enfocó al campo, a los temas rurales;
creo que yo mismo lo busqué.
Un único habitante. Desde mi
punto de vista, el testimonio que la
fotografía periodística puede dar de
lo que ocurre en el medio rural es
lo que he visto en Fresnillo: la gente ha emigrado, hay pueblos fantasma, como en el que yo nací, donde
antes habitaban 20 o 30 y ahora sólo
queda una persona. El campo está
totalmente abandonado, y lo veo
también en Michoacán, Chiapas,
Oaxaca, Puebla... Y la perspectiva para el campo es triste; lo digo
como observador, como fotógrafo.
La televisión genera allí expectativas de un mundo distinto; no hay
una educación real que muestre a
los campesinos que hay opciones
masivas para ellos, y mientras la
televisión, con su publicidad, con
las películas que dan, con las güeras que allí aparecen, promueve un
deseo de la gente por ser urbanos.
Me interesa mucho registrar esto.
Veo que para los chavos del campo,
ser cholos es la moda y así lo imponen: ya no usan sombrero, usan cachuchas o gorras, como pachuchos,
y esto es muestra de que aspiran a
ser urbanos. Veo los anaqueles de
las tiendas y ya no hay productos
locales: hay sardinas, refrescos, papitas, galletas, atunes, harina de
maíz empacada... Esto deteriora
la salud del pueblo, y es algo que
me preocupa mucho, me asusta, ya
hay una cultura del refresco. Siento
que en unos diez años va a haber
una crisis profunda en el campo,
por el empobrecimiento y deterioro
que sufre, con ríos y aguas contaminadas, con la ausencia de apoyos
productivos, que veo por ejemplo
en la leche. El Estado mexicano
prefiere gastar millones en importar leche en polvo que en inyectar
la lana para producir buena leche
en México; es inadmisible, obligan
a los lecheros al fracaso.
El estereotipo. Pero los fotógrafos no han logrado registrar esto
adecuadamente; por esta formación que tenemos en el país (no es
un asunto sólo de los fotógrafos),
donde los urbanos se sienten superiores a los campesinos –lo cual
muestra una mentalidad reaccionaria, fascista y malinchista—y no
hay una valoración justa del medio
rural. Creo que la fotografía debe
captar todo: marginación, olvido,
fiestas, cultura... pero hacerlo con
dignidad, no oprimir fotográficamente a los campesinos. Y debe
también hacer a un lado los estereotipos. ¿Qué vemos por ejemplo
con libros entre comillas de arte
que editan Banamex, Maseca y
otros? Están los indígenas en sus
casas, en sus cocinas, estáticos y
sin actuar en sociedad, en fiestas,
en bailes. No se trata de que los fotógrafos inventen algo, no se trata
tampoco de hacer una apología,
como ocurrió en cierto momento
con los campesinos rusos, sino de
trabajar con los campesinos como
seres humanos que son.
La aportación más importante
que debe hacer la fotografía a favor
del medio rural es empezar a tratar a sus pobladores con dignidad;
y llevar exposiciones a los lugares
campesinos, a las plazas, a las ferias.
Yo rancheo mucho, me invitan a
un pueblo y voy, llevo mis fotos. La
gente tiene derecho a ver esas imágenes; cuando las ve, hay una reacción intensa, distinta a la de los ojos
urbanos. La gente en el medio rural
maneja el tiempo de forma particular: hacen una lectura detallada de
la foto, se detienen, la examinan, se
sorprenden, preguntan, lloran.
Fotos para campesinos. La fotografía tiene posibilidades como vehículo de comunicación y la gente va
y la gente le cree; no hablemos de si
es objetiva o no, la gente le cree. Y
dado que hay una gran capacidad de
socialización de la fotografía, por la
facilidad de imprimirse en cualquier
parte a bajo costo –no hablo aquí del
valor de la foto—, precisamente en la
Fototeca de Zacatecas, que dirijo desde que se inauguró en 2006, estamos
trabajando en un proyecto para exponer fotos en pueblos, en plazas, en ferias, porque así como la gente va a la
cantina, a la iglesia, a presentaciones
de equis grupos, así puede ir a una
exposición fotográfica. Lo estamos
haciendo no como un plan populista, sino como una forma de comunicación, de dar acceso a diversos públicos al periodismo y en particular
a la fotografía de campo. Cuando la
gente ve estas fotos, se identifica y se
da tiempo a la reflexión. En términos
generales hemos privado al campo
mexicano de muchas posibilidades,
entre ellas de acceder a la fotografía
publicada o como exposición.
Claro, ha habido oportunismo.
Cuando surgió el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en 1994,
todo mundo se montó en Marcos
y llevaron cosas y les dieron cámaras a los indígenas. Como ya ahora
Marcos no le cae bien a nadie, ya se
acabó el proyecto. En la fototeca el
plan que tenemos es de largo plazo y
en Cuartoscuro hemos identificado
a dos o tres jóvenes que se vinculan
al campo de manera distinta, les
gusta y son buenos. Los apoyamos,
pues la visión del mundo no debe
ser sólo de los que vivimos en la ciudad. (Lourdes E. Rudiño)
FOTO: Tomada de Zacatecas. Fotografìas de Pedro Valtierra
Testimonio de Pedro Valtierra
unque digamos que el campo
es muy importante, al indígena, al campesino siempre se
le ve de arriba hacia abajo, con cierto desprecio; en foto en particular, se
le ve como objeto, no como sujeto,
como para expresar el folclore, lo
curioso, la pobreza. Como fotógrafo
puedo darme cuenta de eso, que está
presente en muchos fotógrafos de periódicos –claro, no en todos— y que
contrasta por ejemplo con la novela
de Juan Rulfo (Pedro Páramo), que
retrata con dignidad a sus personajes
rurales; los mira con respeto, les da
un honor; es una maravilla.
En el periodismo, los reporteros
y los fotógrafos debemos dar un
viraje. Hoy ya no hay crónica de
campo, y los campesinos cuentan
sólo como cifras: cuántos se van a
Estados Unidos, cuántos son pobres, cuántos desnutridos; cuánto
se produce, cuánto se importa.
En lo personal siempre he querido
ver a los campesinos con dignidad.
Me siento identificado con ellos,
pues yo vengo de allí. Nací en un
pueblo de Fresnillo, Zacatecas (en
San Luis de Ábrego); allí en el rancho viví mis primeros 12 años, no conocía la televisión, ni la luz, ni nada;
éramos pequeños propietarios y sembrábamos frijol, maíz, calabaza... Tuvimos una crisis, no llovió en 1966 y
nos quedamos sin lana y el banco se
AGRO DE PAPEL
EN SU PRIMERA ÉPOCA (1992-2000)
l primer número de La Jornada del Campo apareció
el 18 de junio de 1992. De
ocho páginas en sus inicios, pasó
luego a 16 y se estableció con una
periodicidad variable, casi siempre
semanal o quincenal. Las preguntas que los directivos de La Jornada
se hicieron entonces para decidir
si convenía o no editar un suplemento especial sobre los
temas agrícolas y agrarios
del país confluían en una
sola preocupación: dado
que los circuitos dominantes de circulación
eran urbanos en no menos de 70 por ciento, ¿se
concentrarían sus lectores
con atención y suficiencia
en información y análisis
referidos al México rural?
Fue el mismo director del periódico, Carlos
Payán, quien en reunión
motivada por el asunto dio
la respuesta simple, llana,
central: la contrarreforma
agraria del salinismo, desde su impulso en
1991, habría “inundado de campo a la ciudad”, y la protesta y las movilizaciones rurales entraban de lleno en una nueva fase
vital. El “tema rural” dejaba, entonces, de
ser “cosa de especialistas” y “marginales”
para ponerse de nueva cuenta en el centro
del debate nacional.
Lo rural y lo urbano. La huella de esta
reunión quedó literalmente plasmada en el
editorial del primer número del suplemento, titulado “Hablemos sobre el campo”:
“Conforme avanzan los procesos de reforma en el
medio rural mexicano se hace más evidente la necesidad de abrir un nuevo ciclo de debates sobre sus problemas fundamentales. La fase legislativa que inauguró
el cambio del artículo 27 constitucional y que avanzó
con la aprobación de una nueva ley agraria tiene ahora en puerta la discusión de la legislación forestal y la
de aguas (…) Pero más allá del marco legislativo, es el
propio ritmo y la profundidad de los cambios y de los
conflictos rurales lo que llama a revisar con seriedad la
confrontación de diferentes puntos de vista y a abordar
el análisis de temas fundamentales (…)”
La primera época de La Jornada del Campo duró
hasta abril de 2000. No podría decirse, por supuesto,
que ese era el año-gozne del ciclo político-social sobre
el que había navegado la publicación, pero muy diversas razones aconsejaron al equipo encargado del suplemento y a Carmen Lira —a la sazón ya directora del
periódico— suspenderlo en forma temporal. Una de
esas razones resultó fundamental: la cuestión indígena,
ya para entonces fuertemente dominante en el país, encontraba en las páginas cotidianas de La Jornada la suficiente atención como para que se justificara, además,
mantener un suplemento semanal o quincenal que se
abocara al tema. Más aún cuando desde tiempo atrás
el propio diario cobijaba Ojarasca, suplemento especializado en el asunto y conducido con buen criterio y
excelente pluma por Hermann Belinghausen.
La última entrega de la primera época de La Jornada del Campo
–número 86, de abril de 2000— se
concentró en el tema de “el campo
en la ciudad”, con entrevistas en la
materia a quienes en ese momento
contendían electoralmente por la jefatura del Distrito Federal: Santiago
Creel (PAN), Andrés Manuel López
Obrador (PRD) y Jesús Silva Herzog
(PRI). El enfoque resultó un significativo colofón de lo que había sido
la primerísima intención, ya señalada de Payán en la reunión del 92, de
fundir en letra lo que las realidades
del país estaban fundiendo en vida
(el campo y la ciudad, lo rural y lo urbano).
Sus protagonistas. La Jornada del Campo
en su primera época tuvo acaso la virtud de
ser un material entretejido en las pieles de la
lucha política y social de los medios rurales del
momento. Lejos —aunque no demasiado—
de la academia, sus directivos y colaboradores
principales se movían con cierta holgura y libertad en los espacios íntimos o públicos del
movimiento rural.
En sus primeros números
dominó el análisis sobre las reformas agrarias del salinismo,
en un debate en el que nadie
se sintió excluido (Hugo Andrés Araujo, Gustavo Gordillo,
Arturo Warman, por ejemplo,
tuvieron su momento específico de aparición en las páginas
del suplemento). Dio cabida y
voz periodística a los actores sociales y políticos que se identificaron con “las movilizaciones
por la tierra” (“Hoy luchamos
por la tierra y también por el
poder”, diría la Coordinadora
Nacional Plan de Ayala), pero no subestimó la relevancia
de aquellos núcleos y organizaciones que hablaron de ser
un “nuevo movimiento campesino” (“por la apropiación
del proceso productivo”, diría la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas).
EZLN y más. De 1994 a 1996 el movimiento rural se
tiñó de indígena con la emergencia zapatista (del momento de “la insurrección” al cierre del ciclo de negociaciones en San Andrés Larráinzar). Lo mismo sucedió
con La Jornada del Campo de esa primera época. Pero
no fue menor el empeño de sus directivos y colaboradores para tocar el tema de las realidades rurales emergentes a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre
Comercio de Norteamérica (TLCAN).
De 1997 al 2000 se mantuvo más o menos la misma
matriz temática, con apertura a una serie de ítems que
en muy poco tiempo adquirieron una relevancia mayúscula. Entre otros: la problemática de la producción
orgánica y del “mercado justo” (destacadamente en la
producción del café); la participación de la mujer y la
“equidad de género”; las cuentas amargas del proceso
globalizador en el más allá de los rasguños salvajes de
la apertura teleciana; los flujos y reflujos migratorios;
las luchas rurales latinoamericanas. Por allí debe ubicarse la huella que dejó La Jornada del Campo en su
Coordinador de La Jornada del Campo en su primera
época (1992-2000)
Plantea el agro retos a la prensa escrita
Los ajustes estructurales sufridos por el agro en las tres décadas recientes –la
apertura comercial; la desaparición de instancias del Estado relacionadas con
la comercialización, el financiamiento, el aseguramiento y más, y el freno al
reparto agrario—, aunadas con los cambios también en las formas de corporativismo, modificaron drásticamente la cobertura en la prensa escrita de
noticias y la elaboración de los diversos géneros periodísticos en materia rural.
Antes de esto la cobertura que comúnmente realizaban los diarios estaba
enfocada a los conflictos agrarios, a las demandas de tierra, a las exigencias
por mejores precios de garantía; luego fue que comenzaron a aparecer las
notas relativas a las preocupaciones en 1993 por lo que provocaría en el
campo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que
ese año se firmaba; también surgieron incontables notas relacionadas con
el dumping y las barreras técnicas a la exportación –fitosanitarias fundamentalmente—, así como la información relativa a los múltiples tratados
comerciales internacionales que luego firmó México pero que en los hechos no han sido relevantes como el TLCAN.
Sin contar con que también la prensa debió comenzar a observar y dar
cuenta de la evolución de los mercados y los precios internacionales, y de los
acontecimientos en diversas partes del mundo que en ellos influyen (sequías,
bloqueos comerciales, sobreoferta, demanda excesiva de barcos para mover
mercancías), pues dejaron de existir los precios de garantía y los internacionales empezaron a determinar los pagos internos al agricultor. Además de que
a partir de los 90s el tema de los cultivos transgénicos ha venido a ser tema
de interés crítico para el agro y últimamente también los agrocombustibles.
Así, la información se ha vuelto más diversa y mucho más compleja –con
implicaciones éticas muy serias, pues, por ejemplo en el tópico de transgénicos el reportero debe acudir a científicos y ellos no están todos de acuerdo.
Pero ¿qué tanto ha asumido la prensa los retos? Con excepciones, el
tema del agro en los diarios es visto de manera marginal, si bien es cierto
que la sacudida de la crisis alimentaria de 2007 y 2008 hizo a muchos editores abrir los ojos. Malamente se ha pensado que agricultura es igual a pobreza en el sur y agronegocio en el norte, y las ocasiones en que los medios
brindan grandes espacios a los temas rurales se deben a una gran sequía o
inundación con afectación de cosechas, o a las posibilidades de exportación
de los productos estrellas mexicanos (jitomate, aguacate y todo un conjunto
de hortalizas), o a la presencia del medio rural en la capital, con grandes
movilizaciones o las históricas tomas de edificios de secretarías de Estado
hechas por los cañeros.
También es un hecho que en la época navideña estaban y están presentes
en los diarios las notas de las flores de nochebuena, los árboles de Navidad
y por supuesto la oferta de pavo. Y que los medios han dado cuenta de la
piratería de “patentes” de nopal, frijol, chiles mexicanos, pero sobre todo,
medio rural significa en los medios reportajes de pobreza, folclore, peticionismo, acarreo y líderes corruptos.
Los asuntos emergentes mencionados (relacionados con el comercio, los
agronegocios, las nuevas tecnologías) ocupan espacios breves en los medios, y se expresan de forma segmentada, de tal forma que sólo los lectores
estrictamente involucrados en el medio rural atienden esa información. La
sociedad en general queda así desvinculada de lo que ocurre en el campo,
de lo que está pasando en ese ámbito que es proveedor de comida, oxígeno,
agua, energía, cultura.
Y ni qué decir de los temas de desarrollo rural, de organización y autogestión campesina, de equidad de género, de la lucha por el agua de las comunidades campesinas, de las experiencias exitosas locales de producción
o comercialización, de la búsqueda campesina por preservar los recursos
tierra y agua y producir sin agroquímicos. Estos temas prácticamente están
borrados de la prensa escrita, pues lo local es ignorado en medio de un
mundo de noticias “nacionales” o más bien generadas en la capital del país.
Y si en muchas ocasiones la información “nacional” del agro queda marginada en los periódicos porque debe competir con otras notas relacionadas
con las finanzas, con la industria, con el sector laboral, etcétera, con más
razón los textos relativos a lo regional y local se discriminan.
En 2007 y 2008 –con la crisis alimentaria y económica global presente—
los temas relativos al agro se posicionaron en el interés de algunos editores.
Excélsior y Milenio decidieron publicar sendos suplementos, en forma paralela al surgimiento de la segunda temporada de La Jornada del Campo,
pero esos esfuerzos no están exentos del interés económico comercial muy
evidente dada la concentración de la propiedad de los periódicos en México
en manos de pocos empresarios que también incursionan en otros negocios
(como Olegario Vázquez Raña, de Excélsior, dueño del Hospital Ángeles).
La publicidad institucional es el principal motor de estos suplemento. En el
caso de Milenio, el suplemento contiene básicamente colaboraciones “institucionales” (de directivos de la Financiera Rural, del Bansefi) o entrevistas
no críticas con esos mismos funcionarios o líderes de la Confederación Nacional Campesina. El de Excélsior difunde noticias del campo que aportan
los reporteros del propio medio y también reportajes amplios, por ejemplo
de la posición del agro mexicano en el intercambio comercial con los socios
del TLCAN; su enfoque es básicamente de agronegocios. (LER).
BOLETINES, PERIÓDICOS Y REVISTAS:
INSTRUMENTOS CLAVES DE LAS ORGANIZACIONES
a sea con fines políticos; con el interés
de interconectar a organizaciones locales socias; para buscar el diálogo con
actores externos (como legisladores, académicos y funcionarios), y/o para difundir entre las
bases campesinas experiencias y metodologías
de producción ecológica, recuperación de
suelos y comercio justo, entre otros temas, las
organizaciones nacionales del campo están
presentes en los medios de comunicación, básicamente con revistas, periódicos locales, boletines y páginas web. Todos, de su propiedad.
Son medios nuevos y en constante transformación, pues el hecho de que el ámbito
rural tenga espacios escasos en los medios masivos –y que éstos no comuniquen con plenitud sus múltiples dimensiones— hace explorar
nuevos caminos. Guillermo Correa, responsable de Comunicación de la Confederación
Nacional Campesina (CNC), dice: “es responsabilidad de las organizaciones generar nuevos
medios que expresen las situaciones del campo
de manera más justa. En los medios masivos,
comerciales, es conocida la frase de los jefes
de información de que cuando hay algún accidente o matazón, sólo es noticia cuando los
muertos suman más de 50. Así, con criterios
como éstos, el tema rural tiene que competir
con mucha información, y siempre sale perdiendo, siempre se le margina”. Eso preocupa,
dice, pues “en esta época los triunfos se logran
más a través de los medios de comunicación”.
Ejemplos de los esfuerzos informativos desde las organizaciones los podemos encontrar
en la propia CNC, en la Asociación Nacional
de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC) y en el Programa
de Intercambio, Diálogo y Asesoría en Agricultura Sostenible y Soberanía Alimentaria
(PIDAASSA).
La Revista ANEC, con el lema “El cultivo de
estar informado”, nació en 2005 su periodicidad
es bimestral y su tiraje es de mil a mil 500; se distribuye en 15 estados, donde tiene presencia ala
asociación. “Lo que hacemos es construir canales de comunicación e información oportuna y
veraz sobre la problemática de las organizaciones socias e instancias de la ANEC, así como
de nuestras experiencias exitosas”, dice Enrique
Pérez Suárez, responsable de Comunicación
de la agrupación y agrega que la publicación,
junto con la página web que tienen, permite
que las organizaciones socias se conozcan entre
sí de manera amplia y “queremos que ayude al
fortalecimiento de nuestro modelo alternativo”
de organización. Pero la revista no es sólo un
órgano interno, se distribuye también entre los
reporteros del sector agropecuario y se busca
que académicos e investigadores tengan en ella
una fuente de consulta.
La revista además es foro para que la
ANEC dé cuentas claras de su acceso a recursos públicos y de su gestión ante las autoridades gubernamentales. “Esto es de suma
importancia porque la gente no cree en las
organizaciones, debido al clientelismo y cacicazgo de muchos líderes y por su vinculación
con partidos políticos. Por eso, por la vía de
nuestros medios de comunicación debemos
ser transparentes y dar cuentas claras”.
La CNC generó su revista La Campesina en 1998 y la mantuvo vigente mientras
Soslayan al campo los medios impresos
violencia, narco,
FOTO: Alfredo Domínguez / La Jornada
temas predominantes
en la prensa hoy
Un miembro del décimo batallón de infanteria de marina participa en la destrucción, el 9 de junio
de 2008, de un plantío de mariguana en la sierra de Coalcomán, Michoacán
eonardo Sascia en algún momento dijo que los diarios
en su país escurrían sangre.
Sabía de lo que hablaba: el escritor
nació en Italia, donde surgió la mafia, con sus prácticas violentas y corruptoras. Hoy en México todos los
días los periódicos escurren sangre,
la violencia generada por el narco-
tráfico es una infaltable noticia de
primera plana. Lo que podemos
llamar la agenda de lo nacional
está supeditada a la tragedia de la
seguridad pública que sufrimos.
Cuestión de prioridades. Asuntos
como la cada vez más difícil construcción de la democracia, la crisis
laboral o la ruina del campo, por
sólo mencionar algunos, no son
considerados prioritarios en la co-
Heladio Ramírez fue el líder nacional. “Allí
se analizaban los principales problemas del
sector rural, migración, jornaleros, situaciones de las diversas ramas, maíz, frijol (...) La
revista, que llegó a tener un tiraje de cinco mil
ejemplares, contaba con financiamiento del
entonces gobierno federal priista (propaganda
y publicidad pagada por las instituciones relacionadas con el agro). Con la llegada del PAN
al poder en 2000, la publicación continuó recibiendo ese financiamiento, no obstante que
ya la CNC era oposición y que nuestros contenidos eran críticos”, comenta Correa.
La revista logró relevancia internacional.
Un reportaje sobre los descendientes de Emiliano Zapata en condición de emigrantes en
Estados Unidos fue reproducido por la BBC
de Londres y O’Globo de Brasil. La revista
declinó “conforme el PAN se iba aceptando
como partido en el poder”y dejó de editarse,
dice Correa y agrega que cuando llegó Cruz
López a la dirigencia cenecista la agrupación
decidió poner en marcha una página web
como medio de comunicación interno y externo. Reconoce que el internet es un medio al
que tienen poco acceso los pobladores rurales,
los miembros de la CNC, pero precisa que las
ligas campesinas cuentan con periódicos locales y murales y además la agrupación recurre
a los carteles. “Por ejemplo, en agosto se sacaron seis carteles con los logros del primer año
de presidencia de la CNC de Cruz López”.
Cabe destacar por último el boletín de
PIDAASSA, denominado Carta Informativa,
que apenas suma tres ediciones y ha salido
en forma cuatrimestral con tirajes variantes
de entre 500 y mil ejemplares –los costos de-
bertura informativa de las empresas
periodísticas de este país.
Aunque es cierto que la violencia
del narcotráfico, los más de cinco
mi muertos que lamentamos este
año, son un asunto sobre el que
se debe informar y reflexionar,
también lo es que otros temas son
prioritarios en un país sumido en
la peor crisis económica y política
desde la Revolución.
Para un reportero de las infanterías del periodismo como lo he sido
por un par de décadas, cada vez es
más difícil sustraerse a las férreas líneas editoriales que son dictadas en
los consorcios empresariales propietarios de los principales medios del
país, y que parten de la premisa de
que los medios deben ser ante todo
un negocio. Bajo esa consideración,
la credibilidad resulta una moneda
de cambio y los periodistas son reducidos a piezas de una maquinaria que debe resultar productiva y
provechosa. Hace rato que quienes
toman las decisiones finales en los
medios dejaron de ser periodistas y
son empresarios, o lo que es peor,
lacayos de los empresarios.
Omisiones. De la ruina del campo, de los dramas de pobreza y la
marginación; de las condiciones de
terminan esto--. “Más que noticias, el boletín
publica artículos de reflexión y análisis de temas claves, como territorio, recursos naturales
y biodiversidad, pero sobre todo lo que ofrece
son las experiencia que las propias organizaciones miembros desarrollan en materia de
medio ambiente, producción ecológica, rescate de suelos y semillas nativas, participación
de la mujer, comercio justo y exportación de
productos orgánicos como la miel de Calakmul, en Campeche (...) el boletín está escrito
en forma amigable y coloquial, tiene bastante
ilustración a colores, pues es dirigido principalmente a los campesinos”, señala Cecilia
Oviedo, quien comparte con Lorena Paz Paredes la responsabilidad de la publicación.
“La experiencia previa (de PIDAASSA) había sido el intercambio de memorias, talleres.
Pero nos dimos cuenta que era necesario difundir experiencias prácticas (...) Es común
que cada organización realice su trabajo y no
conozca lo que pasa en otros espacios, salvo
cuando hay asambleas grandes. Entonces el
intercambio que propicia el boletín permite
reforzar la identidad de las organizaciones,
que los miembros de éstas sepan que no están
solos, que son parte de una cosa más grande
y que hay otros que hacen cosas parecidas y
enfrentan limitaciones parecidas, además de
que se comparten los avances”.
La Carta Informativa se difunde en México
pero también en organizaciones de Cuba, Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Bolivia, Perú, Ecuador Brasil, Chile y Colombia.
El PIDAASSA México tiene una página
web desde 2004 y también el PIDAASA internacional (en este caso desde comienzos
de 2008). “Pero nos hemos dado cuenta que
el acceso al internet no es una práctica frecuente de las organizaciones campesinas,
indígenas, y el material escrito, gráfico, sigue
teniendo una utilidad muy importante”.
extrema pobreza en las que sobreviven los campesinos, de los turbios
manejos de los apoyos para el campo; de los beneficios con que opera la agroindustria en el norte de
México, o de las historias de los viejos que deciden quedarse a hacer
lo que pueden con sus desgastadas
tierras, nadie se entera.
Esta información no vende, como
tampoco venden los efectos que
pudo tener la apertura del Tratado de
Libre Comercio de América del Norte el año pasado o realidades como la
crisis por la falta y carestía de alimentos, que se avecina, y la dependencia
alimentaría que ya sufrimos.
Si no se informa sobre lo que sucede en el campo, menos se genera
una reflexión. Estos y otros muchos
temas resultan ajenos, son parte de
una extraña realidad que poco interesa visitar a los articulistas que
ocupan las páginas editoriales de
¿A quién le importa en estos días
que el periodismo tenga una función social?, ¿a quién que su práctica
resulte fundamental en una sociedad
democrática como una voz alterna a
la del poder?, ¿a quién el que sus temas incidan de manera profunda en
las preocupaciones de una agenda
nacional dictada por el bien común?
Lo que prevalece son los dicterios del
negocio. La información de la que
hay que ocuparse corresponde a intereses concretos de un grupo políticocomercial, que decide los destinos
de país, el mismo que encontró en
la guerra de las drogas una forma de
legitimarse. La perspectiva con que se
informa en la mayoría de los medios
sobre el tema de la violencia perpetrada por el narcotráfico es la de quienes
son sus propietarios o de quienes de
una u otra forma los controlan.
De lo que ocurre con el narco en
México, de las causas y los hechos de
la violencia, sólo conocemos la versión
oficial. Lo mismo, salvo excepciones,
de lo que está pasando con este país.
Para los periodistas que entendemos este oficio como un instrumento
para mostrar realidades que hay que
transformar, quienes estamos convencidos de su sentido social y su
definición ante las distintas formas de
poder, hoy la amenaza es el silencio.
No podemos permanecer sujetos a
líneas editoriales que más bien son
líneas de negocio de los consorcios
comerciales propietarios de los medios más influyentes; con toda modestia, tenemos que seguir haciendo
lo nuestro: contar historias.
n 2003 estuve tres semanas fotografiando y hablando con gente
en los cafetales de la Sierra Juárez
de Oaxaca y en pueblos alrededor de
Cuetzalan, Puebla. Todos vivían en pobreza extrema, con ingresos de cinco mil
a seis mil pesos al año. La ironía es que
aunque ellos producen parte del mejor
café del mundo –que se vende en unos
10 dólares por libra (más de 260 pesos el
kilo) en Estados Unidos—, sufren privaciones infinitas y apenas sobreviven.
Una tarde estaba yo platicando con un
joven en San José Tenango, Oaxaca, y le
pregunté qué le estaba pasando al campo.
Sin dudar me dijo: “No hay nada en el
campo. Está perdido”.
Regresé a México a principios de
noviembre de 2008 y estuve cinco semanas
en el campo, visitando 11 pueblos en Morelos, Tabasco, Puebla y Veracruz. Fotografié y hablé con gente que trabaja en el
nopal, la jícama, la caña, el cacao, el café,
la naranja y la vainilla. Si “perdido”era el
adjetivo para el campo en 2003, no estoy
seguro qué palabra lo describe adecuadamente ahora. Tal vez “moribundo”.
La historia en cada pueblo es la misma: campesinos con predios de una o dos
hectáreas, que prácticamente hacen todas
sus labores a mano, con el machete como
única herramienta. Trabajan agachados,
usando el machete para cortar la maleza
o las puntas de las plantas de jícama, para
clarear sus cafetales y para cortar la caña
y el bambú que venden. Colectan sus
cosechas en canastas, cartones, plásticos
o grandes costales que llenan con cargas
de 30 o incluso 50 kilos, y las levantan
sobre sus espaldas para luego trasladarlas
al camión más cercano arriba en la montaña o a la parada de autobús, o en pueblos como San Martín Oaxaca, las cargan
durante siete horas al atravesar las montañas. Todo esto, bajo un sol castigador;
es trabajo de ocho a diez horas por día,
seis días a la semana. Y ganan unos po-
cos miles de pesos al año, si tienen suerte.
Nadie obtiene lo suficiente de sus cultivos para sobrevivir.
Los que no tienen tierra, trabajan como
jornaleros y por lo regular ganan entre 80
y cien pesos por día, aunque algunos alcanzan los 250 por ciertas cosechas. Agapito, un hombre que trabaja en la jícama
en Tlaquiltenango, Morelos, dijo que él
come de manera suficiente cuando hay
suficiente trabajo. “¿Y cuando no hay suficiente trabajo?”, pregunté. “Pues como
menos”, respondió.
El campo está desangrando a su gente,
en especial a los jóvenes. Con muy poco
qué buscar, a excepción de demasiado
trabajo y poca paga, ellos están yéndose
a grandes ciudades como Oaxaca, Puebla
y la ciudad de México, donde la mayoría
termina en la economía informal. Platiqué con 15 vendedores ambulantes en la
capital de México y la mayoría de ellos
procedían de Guerrero, Chiapas o Oaxaca. Simón, prototipo de estas personas,
estaba vendiendo artesanías oaxaqueñas
en Avenida Revolución. “Allá (en Oaxaca) yo ganaba 30 pesos al día. Aquí gano
entre 150 y 200”, me dijo. La mayoría de
los ambulantes dividen su año entre sus
pueblos y las calles de la ciudad, aunque
cada vez más ocurre que se quedan en las
ciudades permanentemente. “La gente
joven querría regresar (a su pueblo), pero
a qué. Allá no hay nada para ellos”, me
comentó un defensor de estas personas.
Por supuesto, muchos sueñan con
“hacerla” en Estados Unidos, y la gente
que llega a trabajar allá ciertamente hace
mucho dinero, por lo general unos 10 mil
dólares al año. Pero la mayoría están en
el país ilegalmente, lo cual significa que
tuvieron que pagar a un “coyote” hasta
dos mil 500 dólares para cruzar la frontera, una aventura que mata al menos a
500 personas por año. Muchos están dispuestos a arriesgar sus vidas en busca de
las remesas, que son cruciales para que
la familia sobreviva. Éstas son la segunda
fuente más importante de divisas para
México. Todos aquellos con los que hablé
en el campo tenían familiares trabajando
Realmente no sé si el campo puede sobrevivir. Hay, es cierto, muchas organizaciones que trabajan para mantenerlo vivo y
he colaborado de cerca con varias de ellas,
como el Instituto Maya, Pueblos Unidos
de Morelos, Tosepan Titaniske, Plantación
de Vainilla de México, Coordinadora Estatal de Productores de Café de Oaxaca
(CEPCO) y Comercio Justo México. Son
agrupaciones increíblemente dedicadas y
tienen éxitos. Me dan esperanza. Con impulso a proyectos sociales y asesoría legal,
buscan no sólo lo mejor para el individuo,
sino lo que es mejor para el planeta. Pero si
no obtienen más apoyo dentro de México
e internacional, no sé qué tanto puedan
estas agrupaciones continuar, pues no obstante el trabajo que realizan –o más bien,
debido a él—, enfrentan represión, a veces
severa y a veces mortífera.
Probablemente es muy fácil ser ciego
ante el sufrimiento en el campo y sólo ver
una imagen romántica de su gente: vestidos de forma simple, con ropa tradicional, un machete colgando de la cintura
y contentos con lo que tienen. Pero he
estado casi dos meses con ellos; por horas
los he acompañado por senderos de montañas empinadas, he observado cómo llevan 50 kilos de cacao en sus costales, y los
he fotografiado en sus jornadas de horas
y horas bajo un sol que no perdona. Y he
emergido de esas experiencias creyendo
que los campesinos, no obstante las privaciones que enfrentan, aman su tierra.
Ellos ocupan un lugar muy valioso en la
vida de México y creo que el campo es el
espíritu de este país. Casi todos nosotros
en Estados Unidos hemos dejado de estar en conexión con la tierra, nuestros
alimentos los obtenemos en estrechos
paquetes cerrados que compramos en los
supermercados. Hemos perdido nuestro
espíritu. Temo que México está en riesgo
de perder el suyo también.
joso1444@usa.net
y Pedro Ruperto Albino
a comunidad está en el centro del
mundo. Los ancianos ñuhú dicen
que más allá de la tierra conocida
está un mar. Los lugares lejanos, otros Estados o países de los que solamente se escucha el nombre en las noticias están del
otro lado de las aguas. Así Irak, Perú, Canadá, Colombia, Estados Unidos, Afganistán. En los sitios adonde algunos han
llegado a poner pie están los confines de
la tierra, que primero se conocían ubicados en San Agustín Mezquititlán, la casa
del Señor de los Milagros que se visita el
viernes de la cuaresma, y al sur en Teotihuacan, donde muchos van al corte de la
tuna en el mes de agosto, y en Mbondó
(la ciudad de México). Después se ensancharon hasta Zacatecas, donde vive el
Santo Niño de Plateros y a San Juan de
los Lagos, la tierra de la Sanjuanita.
La modernización tecnológica y el
neoliberalismo aniquilador se han metido sin pedir permiso en los territorios de
los indígenas; con las banderas antiguas
del dominio y con las nuevas consignas
de la exclusión y el despojo, se han convertido en el reto más desconcertante
para las comunidades de la sierra. El programa Procede desmantela los territorios
comunales, cada vez con mayor cinismo
y prepotencia, a la vez que desconoce a
las autoridades indígenas y a sus asambleas, mientras el Progresa rebautizado
divide a los pueblos y reparte migajas de
miseria. El complejo de leyes neoliberales pugna por garantizar a las trasnacionales el botín a escala planetaria, a despecho de cambios de gobiernos.
¿Cómo seguir siendo comunidad en
medio de la mal llamada globalización
que más bien lo fragmenta todo? ¿Cómo
no desbaratarse y perder lugar frente a
los planes de exterminio? ¿Cómo ser
modernos (los de hoy) sin ser arrasados
por la modernización neoliberal?
Entraron las máquinas abriendo los
cerros, emparejando las veredas y tum-
bando las papatlas, las mirras y los cedros
rojos; y en el lugar de las raíces arrancadas se plantaron los postes de la luz eléctrica. Las calles y las casas se iluminaron
de noche y los radios ya no necesitan pilas. La mercancía dinero se convirtió en
la más importante para pagar el servicio,
los transportes y la oferta de necesidades
nuevas que llegan a diario en las camionetas de los placeros. Las carreteras ayudaron para ya no cargar tanto a los enfermos de loma en loma, al tiempo que
se convertían en compuertas para dar
salida a los hombres desde las cañadas
de La Florida y Pie de la Cuesta hasta al
nan guadí (al otro lado).
La dispersión comenzó hace nueve años, cuando los de El Papatlar se
juntaban a escuchar las historias de
los primeros que llegaron hasta Nueva
York, en las conversaciones vespertinas
sin fin. El azoro de los más jóvenes
iba creando en sus mentes el imaginario de los restaurantes y los car-wash,
donde dicen que la gente gana ocho
veces lo que un peón en los potreros
de Amaxac. Pronto, los teléfonos celulares, aun con los precios por llamada
más caros del país, fueron dando con
la casa de Julián Orozco, el coyote michoacano que vive en Phoenix.
De Ayotuxtla ya se han ido cerca de
200, del los mil 500 de la comunidad
Aunque regresan a los dos o tres años,
muchos se van de nuevo. La emigración ha puesto a prueba la relación
comunitaria y la palabra de los que hablan al mismo tiempo que se miran. El
saber todo de todos en la comunidad se
disuelve. El trueque de trabajos entre
compañeros por mano vuelta y el descanso colectivo ordenado por la lluvia
se convierte en jornadas de 12 horas en
el lavado de carros, de noche o bajo la
nieve. No da tiempo a los que hallaron
cuarto en el Bronx para visitar a los que
viven en el barrio de Astoria. Pasaron
de ser reconocidos de nacimiento, a ser
tratados como ilegales perpetuos. La
dispersión también es allá: de dos ba-
rrios de una ciudad pasaron a repartirse
en decenas de pueblos en cuatro estados. La fiesta de Santa Inés, del carnaval, de los elotes y de Todos Santos se
suplantan con la del Halloween, la del
Chrismas y la del turkey, que llaman el
día de gracias. La lengua ñuhú ya sólo
se puede hablar en el encierro de los
Por otra parte, los que se van se llevan los hábitos del corazón colectivo
que aprendieron toda la vida en la
praxis de la comunidad.
Lo que pasa en la sierra se sabe al
detalle en Nueva York y viceversa: todos
supieron el mismo día cómo se hizo la
fiesta en El Pericón cuando inauguraron
su capilla, como si allí hubieran estado.
Al igual que todos, se enteraron enseguida en Amaxac de que el Rubén Juárez
ya se andaba juntando con las pandillas
del Bronx. Naturalmente se recrea el
trabajo y la vida en común en los apartamentos del Queens donde viven juntos
por grupos. A la vez que intercambiando
palabra y apoyo en la red de colectivos
semejantes, se reproduce el tejido de la
comunidad propia. En Todos Santos, las
pocas mujeres que se han ido se organizan desde la calle 149 hasta la avenida
Basford para cocinar los tamales, aunque
sean de maíz transgénico, para que no le
falte su ofrenda a los difuntos. Al poco
de estar, todos van construyendo en su
mente el mapa de los lugares de trabajo
y circula, sin periódicos, la información
socializada de las ofertas de empleo en
los restaurantes griegos de la Roosvelt y
con los jardineros guatemaltecos de Mahopac. La cooperación y el envío del dinero por Western Union de Manhattan a
Phoenix para pagar el coyote de los que
cruzan la frontera, están ensayados al detalle, para que nadie se quede colgado a
medio camino. Y se mantiene el principio de la comunidad: todo es público, excepto las virtudes individuales, de modo
que lo que concierne a uno, preocupa a
todos. En el otro lado, la lengua ñuhú sigue siendo la palabra completa frente al
inglés y el castellano, para resistir como
Fragmento del artículo La comunicación desde
abajo. El espiritu en la palabra. Tomado de
Christus. Revista de teología y ciencias humanas, noviembre - diciembre 2008
FOTOS GRAFFITIS: Archivo
RECREADA EN EL EXILIO
LA CINEASTA YOLANDA CRUZ
olanda Cruz es mensajera de su comunidad. Cuenta las historias de su
pueblo oaxaqueño en ambos lados
de la frontera, y al hacerlo, nutre el diálogo
acerca de quiénes son y en quiénes se están
La cineasta radicada en Los Ángeles está
convencida de la importancia de los registros audiovisuales y cree que éstos pueden
jugar un papel central en preservar y difundir la cultura de los pueblos indígenas que
a estas alturas ya no son tanto migrantes
como binacionales.
“El video es clave para la subsistencia
de las lenguas y tradiciones”, dice en entrevista telefónica. Idea que todavía tiene
que trabajarse en los pueblos: “El mundo
audiovisual es universal y accesible, pero
aún no se valora en nuestras comunidades.
No es una prioridad, la prioridad es que
seamos licenciados o doctores, porque es
lo que se necesita, pero el artista… Dentro de los pueblos, cuando voy a mi comunidad me preguntan ¿qué haces, de qué
trabajas?”.
Pero esta mujer de 34 años que habla
chatino, inglés y español pronostica que
“el audiovisual va a tomar más fuerza dentro de nuestras comunidades como medio
para pasar información, como herramienta
educativa”. A ella le interesa ese camino.
Por ejemplo, trabajos como los que actualmente realiza para el Frente Indígena
de Organizaciones Binacionales (FIOB),
“videos para la comunidad triqui que no
habla inglés ni español, sobre los derechos
y obligaciones de la madre y el cuidado de
los niños (en el contexto estadounidense)”.
Cruz lleva una estrecha relación con el
FIOB, frente crucial en la organización
indígena mexicana en California.
La más reciente cinta de la cineasta, el
documental Reencuentros, narra la historia
de Alejandro Santiago y sus dos mil 501
esculturas. Santiago es un artista zapoteco que regresó a su pueblo y lo encontró
abandonado. Decidió crear dos mil 501
seres humanos de barro para repoblar la
localidad. Cruz quiso no sólo seguir los pasos del artista, sino contar “qué lo inspira”,
qué hay detrás de la historia de las estatuas,
“reflejar la experiencia de esa comunidad”.
Buscaba aportar elementos a una discusión que tiene lugar dentro la comunidad
binacional: hay quienes se alarman de que
todo esté cambiando y de que las culturas se
estén muriendo, y hay otros, como la cineasta, que creen que “la migración puede ser
buena” y que no hay por qué alimentar una
falsa nostalgia por el pueblito que se tiene
que quedar paralizado mientras ellos están
afuera. “Ese tipo de diálogo me interesa mucho”, sigue.
Diálogo que también ha buscado entablar por medio del trabajo de la casa productora que fundó, Petate Productions
(www.petate.com), y de sus otros documentales, entre ellos Sueños binacionales y
Entre sueños, que participó en el festival de
Sundance en 2000.
“Deberíamos valorar nuestra cultura,
conocerla y estar orgullosos de ella; pero
también es muy rico cuando una persona
es abierta y conoce otras culturas y puede
adaptarse. Ayuda a que uno valore más sus
orígenes: uno sale y se educa, y uno regresa
y aprecia más su cultura y trata de mostrarla, esa cultura que tal vez no sea tan moderna, pero tiene algo muy esencial”, contó.
Las esculturas, anuncia Cruz, están por
venir a la Ciudad de México y probablemente viajen a Nueva York (Museo del Barrio).
Nomás que Santiago “quiere que salgan las
dos mil 501, dice que van a hacer la ruta del
migrante, y van a regresar a su pueblo hasta
que tengan 70 años y se retiren”. Irónicamente, “Alejandro hizo esto para llenar un
espacio, ¡pero creó más migrantes!”.
LOS CAMPESINOS DE GILLES GROULX
l conocido crítico de cine Jorge Ayala Blanco no tuvo ningún reparo en considerar a la película Santa Gertrudis, la
primera pregunta sobre la felicidad (Santa Gertrudis, premiére question sur le bonheur), del canadiense-quebequense Gilles
Groulx, como “la aportación fílmica más importante que ha hecho
un realizador extranjero al cine nacional desde ¡Que viva México!
de Einsestein en 1931-32”.
En este breve espacio hablaremos de ese largometraje documental filmado en México en 1976, tratando de establecer su
relevancia desde dos coordenadas específicas: la primera, correspondiente a su materia mexicano-rural, en el escenario del
convulsivo campo oaxaqueño de los 70s; la segunda, referida a
su condición artístico-universal, determinada por su concepto,
estructura, fines y lenguaje. Se trata entonces, si se me permite
adelantar la idea, no de la producción de una pieza maestra sobre
lo específico-local o lo folclórico-particular visto desde un lente
considerado, sino de una obra maestra que —como en el caso
ejemplar de Pedro Páramo, de Juan Rulfo— parte de un particular determinado para producir un universal artístico —que cuestiona o se pregunta a fondo una realidad genérica del hombre (el
tema de la felicidad del Ser).
Un antecedente necesario: Les Raqueteurs. Gilles Groulx
rondaba los 27 años de edad cuando inusitadamente descubrió –descubrieron todos, con ello— que tenía en definitiva
alma de cineasta. Y de las buenas. Era el año de 1958. Había
ido como segundo del reconocido cineasta Michel Brault a
filmar un documental sobre un congreso de raqueteros (Raqueta: “Objeto similar a una raqueta, que se pone en los pies
para andar por la nieve”) a la comunidad de Sherbrooke, cerca
de Montreal. La tarea se llevó un único día de filmación, con
varias horas grabadas de un poco de todo, sin guión preestablecido ni idea clara sobre cuál o cuáles serían los productos.
Fue Groulx el encargado de realizar el montaje, con un resultado que marcó un antes y un después en la historia del cine
quebequense. ¿La razón?
Les Raqueteurs capta las festividades que se desarrollan en el
marco de un congreso de raqueteros, ya lo dijimos, en una comunidad vecina de Montreal. En blanco y negro, prácticamente sin
diálogos, la cámara recoge gestos, voces, murmullos y reacciones
diversas de seres individuales en un mar colectivo en el que se
impone un cierto éxtasis festivo comunitario. La cámara logra
invisibilizarse y entra en los pliegues más íntimos del evento. La
película liga gesto y palabra en el punto preciso en que se presentan sus interconexiones sustantivas: cuando una mirada o un ges-
Voces de Santa Gertrudis
Tino: Bueno compañeros, la película se va a hacer con hechos muy claros, hechos de nosotros mismos. La película no
tendrá nada inventado. (...) Paula: Ya estando allí nos dijeron que íbamos a votar todos juntos. Y cuando ya estaban las votaciones empezaron los garrotazos. Y que entra el ejército, el ejército del gobierno, ¿no?. “Abran, sáquense viejas”, dicen. Y nosotros
dijimos: “Dejen las votaciones libres porque nosotros tenemos que participar (...)” Y los federales nos decían: “Échense p´trás,
aquí no tienen nadita de educación, hay que respetar”. Y nosotros: “Pues si ustedes no respetan, nosotros tampoco respetamos”.
Y entonces dicen ellos: “Suelten los garrotes”. “Bueno –dijimos— ¿por qué no desarman a los caciques y por qué no sueltan sus
rifles?, entonces sí soltamos los garrotes. No necesitamos que nos disciplinen, porque nosotros estamos disciplinados solos, no
como ustedes”. Nosotras las señoras, al ver el problema duro, nos movimos hasta adelante, porque ellos siempre tratan de tomar
arma de fuego y nosotras entramos a los trancazos con garrotes. Y sí, garroteamos, garroteamos a los caciques, al hermano del síndico, al cuñado del presidente, y éstos salieron lesionados, sí, salieron lesionados. Todavía metieron al ejército a querernos agarrar
a la bronca, y nos metió la... bayoneta se llama, ¿no?. Fue cuando nos enojamos y nos aventamos, y ellos nos decían: “No, viejas,
sáquense todas”. Entonces les dijimos: “Pues de una vieja nació, pues no nació de una burra, ni de una perra, usted también de
una vieja nació”. Y entonces fue cuando la tierra le cae en la boca, ¿no? Pues allí fue donde paró un poco la bronca (...)
Tomado de Lorena Paz Paredes y Julio Moguel, Santa Gertrudis: testimonios de una lucha campesina. Editorial ERA, 1979
FOTO: Producciones Petate
LOS CAMPESINOS VAN AL CINE
Yolanda Cruz nació en 1974, en Cieneguilla,
municipio de San Juan Quiaije. Salió de Oaxaca a los 17 años de edad. Hizo estudios en Evergreen State College (Washington), conocido por
sus posturas liberales. Ahí tomó la decisión de
estudiar cine: “Hacía teatro, fotografía, y al final
descubrí el cine. Crecí en una comunidad sin televisión, vi la tele hasta los seis, siete años, crecí
con radionovelas. Pero vine a Evergreen (…) el
equipo era cada vez más accesible; experimenté,
salió muy natural”. Así que entró a la escuela de
cine de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA): “Quería hacer cine para las comunidades indígenas y contar sus experiencias”.
En Los Ángeles encontró una comunidad
mexicana más establecida, de la cual decidió contar historias: “Descubrí que la gente (en México)
quería saber de aquí. Somos (los establecidos al
norte de la frontera ) como mensajeros que vamos
y venimos, cambiamos de mundo muy fácil. Más
que nada estaba interesada en el diálogo entre
comunidades (de ambos lados de la frontera), no
tanto en explicarle al mundo, sino para que dialogara la comunidad de la que soy parte”.
to definen el más allá de lo que el rostro cree que representa. Y
descubre también, entonces, las grandes solidaridades primarias
que se ocultan en los intersticios de la escena: se ven y sienten en
el interlineado o síntesis que capta la cámara silente, los calores
profundos de una lava que tiende a salir de los volcanes humanos
que se observan. Y todo ello en el “contexto rígido de esta época”.
Los campesinos universales de Santa Gertrudis. Casi 20
años después de Les Raqueteurs, la cámara de Groulx entró a la
comunidad de Santa Gertrudis con la voluntad expresa de que
fuera usada por los campesinos levantiscos del lugar para que
se apropiaran del proyecto e hicieran “su” filme. Obviamente,
dentro de un esquema en el que quedara claramente establecida una condición: que ello no implicaba en absoluto que él
perdiera con ello su papel de dirección artística.
El escenario no era simple, pero lo podemos imaginar: los
campesinos pobres del lugar venían de una larga lucha por la
tierra contra un cacicazgo centenario (los Ibáñez y los Hamilton, entre otros, apellidos de caciques con arraigo en el lugar
desde el siglo XIX), y en el nuevo ciclo de luchas agrarias de
los 70s habían pasado a la ofensiva con dos líneas de participación: la primera, con acciones directas de tomas de terrenos
de algunos de los terratenientes de la zona; la segunda, con la
organización colectiva para la producción.
La cámara captó a caciques y comuneros de manera alternada, dejando que cada quién dijera “lo suyo” (las grabaciones de
entrevistas con los caciques fueron escuchadas y “respondidas”
por los campesinos en una reunión amplia de grupo. Y todo
ello se registra en la película de Groulx). Recreó –por medio de
entrevistas y de “encuadres” de monólogos— los recuerdos de
un espacio-tiempo circular en el que lo viejo –la lucha de padres
y abuelos contra los viejos caciques y terratenientes— prácticamente se tocaba en el ambiente y realidades de ese ahora. Y
dejó también que su lente se enfocara sin prisa en los espacios
largos de la cotidianidad, dejando que los hechos y las caras, las
risas y las voces –como en Les Raquetteurs— hablaran por sí
solas, sin necesidad de adorno alguno ni voz en off.
¿Y qué tenía que ver esa historia de lucha social con “la primera
pregunta sobre la felicidad”? En la idea de Groulx, absolutamente
todo. Por lo menos en dos planos: allí, sobre la tierra, a ras del pie
desnudo de los muchos, no sólo se camina el sufrimiento sino el
gozo pleno y alto de existir: por una manera del ser colectivo y del
vivir. Y allí también se llega a otra conclusión: que la felicidad tal
vez no esté en el fin.
DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ:
LA OBRA “CIVILIZADORA” DEL CINEMATÓGRAFO*
esde el inicio del siglo XX se propuso
el uso del cine para incorporar a las
poblaciones “inferiores, primitivas y
atrasadas” a la “auténtica civilización”. Con esta
misión surgió un cine pedagógico en Inglaterra,
Alemania, Bélgica, Francia y otros países, que
crearon instituciones oficiales para el desarrollo
de un cine de propaganda popular científica;
pero sería en las naciones que se disputaban
la hegemonía mundial —la Unión Soviética y
Estados Unidos— donde el cine de instrucción
tendría su desarrollo más espectacular.
Las cinematografías educativas tienen
en común el considerarse portadoras de un
mensaje positivo y el proponerse redimir a
los ignorantes mediante la maravilla de la
imagen en movimiento. Un claro expositor
de este cine es el checo S. G. Askinasi, realizador del documental significativamente
titulado De las tinieblas a la luz y director de
la Escuela Popular Ambulante Demostrativa
Cinematográfica de la Rusia Subcarpática
durante la tercera década del Siglo XX.
La montañosa Rusia Subcarpática se incorporó a la República Checoeslovaca al final
de la Primera Guerra Mundial; habitada por
medio millón de campesinos que —según
Askinasi— “habían permanecido durante
más de tres siglos alejados de todo progreso
europeo”, en 1919 presentaba los más altos
porcentajes de analfabetismo de Europa. Era
pues una región privilegiada para probar la
eficacia del cine educativo, cuyos postulados,
en palabras de Askinasi, resultan reveladores:
“Los gobiernos tienen en el cinematógrafo
una arma poderosa de educación política y
social de sus pueblos, la cual no ha sido aplicada en toda su amplitud para el provecho
moral de la humanidad.
“Toda enseñanza visual y especialmente
la del cinematógrafo, representa una economía enorme del trabajo intelectual del alumno imprimiéndose en su memoria casi sin
“El cinematógrafo reproduce la vida con
una ilusión completa capaz de engañar no
sólo al niño sino también al adulto.
“Mientras más bajo está el nivel de los que se
desea educar y mientras menos habituados están a un trabajo intelectual, exigido aún en los
cursos populares, más grande será sobre ellos
la influencia de la película instructiva. El cuadro que ellos ven proyectado les da la completa ilusión de realidad; es como si ellos vieran
realmente lo que les muestra el cinematógrafo.
“Dado que la mente del pueblo rural está
por lo regular en un nivel inferior no permitiendo ocuparle con cuestiones teóricas,
hallamos en el cinematógrafo un medio de
enseñarle los principios higiénicos y sociales
dándole demostraciones ligeras tomadas de la
vida real y adaptadas a su inteligencia.
“Si el problema es la incorporación de un
pueblo de cultura inferior a la civilización
contemporánea, y no solamente su desanalfabetización que es cosa puramente formal,
el cinematógrafo científico ofrece un medio
más eficaz, podemos decir, el medio único.”
Askinasi cuenta cómo emprendió su “obra
civilizadora”, armado con un carro de hierro,
un aparato de proyección, un dinamo y sus
anexos, un motor de 6-8HP, dos caballos con
arneses y 28 películas científicas, como Explotación de los bosques en los EEUU, La limpieza es garantía de salud, Crianza de cerdos
modelo, Una economía lechera en los Alpes,
La vida del presidente Masarik, La vida en
Nueva York o De las tinieblas a la luz
Los títulos mismos indican el destacado papel que tenían los temas agrícolas, la higiene y
la propaganda cultural. En su informe fechado
el uno de agosto de 1924, Askinasi detalla que
“la Escuela Ambulante Demostrativa ha dado,
en 39 aldeas de la Rusia Subcarpática, 919 sesiones que han sido concurridas por 71 mil 233
personas (…) Los campesinos se apresuraban
a ir a la escuela demostrativa a fin de ver las
milagrosas ‘imágenes vivas’ del cinematógrafo
(…) las proyecciones comenzaban tan pronto
terminaban los servicios religiosos y continuaban sin interrupción hasta horas avanzadas sin
que el espectador se fatigara de escuchar y mirar […] y no solamente sentadas en las bancas
y ventanas, sino muchas veces hasta en las chimeneas y hasta en las espaldas de los otros […]
Durante la función el silencio era absoluto. Los
campesinos miraban y escuchaban casi sin res-
GEAVIDEO, una experiencia de comunicación
Marco Díaz León* y Catherine Marielle**
lo largo de más de tres décadas de trabajo por la construcción de relaciones dignas entre los habitantes del
campo y de la ciudad y por el cuidado de la Madre
Tierra, la comunicación ha sido un eje fundamental del
Grupo de Estudios Ambientales, GEA. En los 70s y 80s utilizábamos diaporamas en las sierras poblanas y oaxaqueñas.
A partir de 1992 el programa de Comunicación y Producción Audiovisual GEAVIDEO es nuestra caja de resonancia, produce y difunde materiales de video y radio. Iniciamos con las costosas y tardadas tecnologías analógicas, pero
a finales de los 90s migramos hacia lo digital.
El maíz ha sido la columna vertebral de muchos proyectos de GEA como lo muestran nuestros videos, entre ellos:
México profundo. Una civilización negada; Nueve mil años
de agricultura en México. Homenaje a Efraím Hernández
Xolocotzi, serie que valora la cultura del maíz y la ciencia
campesina, y Gente de maíz, serie testimonial que resalta
la importancia del maíz en la cultura indígena teenek y
Ante los riesgos de los transgénicos en el cultivo del maíz
mexicano, realizamos el video Maíz transgénico. Una amenaza para la diversidad del maíz en México (1999), junto con
Greenpeace. Posteriormente, para contrarrestar las campañas de las trasnacionales agrobiotecnológicas, hicimos la
serie radiofónica Los transgénicos ¡hoy, hoy, hoy! y el video
¡Vamos al grano! Cuidado con el maíz transgénico (2007),
que pirata viaja en el metro “como una oferta, como una
Hemos hecho coproducciones apoyando organizaciones
civiles, campesinas e indígenas del país en temas de agricultura, manejo forestal comunitario y cultura. Inspirados por
la sustentabilidad y el respeto a la Madre Tierra, realizamos:
Wakan Tanka. El gran espíritu permanente y estable y La
palabra del color de la tierra (2001), con entrevistas a comandantes y comandantas zapatistas sobre el maíz, la naturaleza
y el trabajo de las mujeres; y en el tema de derechos y cultura
indígena, La larga marcha de los indios del México profundo.
Participamos en el comité organizador de la exposición
que titulamos Sin maíz no hay país (2003) en el Museo
Nacional de Culturas Populares, junto con el Centro de
Encuentros y Diálogos Interculturales. Ahí realizamos seis
videos que se proyectaron durante un año, y luego dos más
sobre esta magna exposición y la presencia campesina y popular en ella.
A propósito de la reunión de la Organización Mundial
de Comercio (OMC) en Cancún, hicimos el video colectivo El hambre no aguanta más (2003), con Greenpeace,
la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de
Productores del Campo (ANEC), Red Mexicana de Acción
ante el Libre Comercio (RMALC) y Comercio Justo México, para informar sobre libre comercio, transgénicos y soberanía alimentaria.
GEAVIDEO documenta los logros y los retos de múltiples proyectos, privilegiando el testimonio campesino, como
sucede con la experiencia regional que llevamos a cabo en
Guerrero con la Sanzekan Tinemi. Tenemos una colección
de más de 30 videos del programa Sistemas Alimentarios Sustentables, sobre prácticas ecológicas en la cadena agroalimen-
pirar. Este silencio era sólo interrumpido por
exclamaciones de admiración o cuando aparecía un cuadro divertido, por grandes risas.”
El éxito de la empresa de Askinasi fue,
según su propia descripción, arrollador. Sin
embargo, el educador visual señala un problema: “la falta de películas apropiadas a la
enseñaza por medio del cinematógrafo en
general y especialmente al nivel de sus espectadores carpatorrusos.” Pone un ejemplo.
Explica que la película estadounidense La
limpieza es garantía de salud, “excelente desde el punto de vista técnico y científico”, no
es adecuada a la mentalidad carpatorrusa, ya
que: “Qué podrá sacar el campesino o indio
analfabeta de la parte de este filme en donde
se demuestra el peligro de ensalivarse los dedos al hojear un libro? Él, que no lee libros
porque no sabe leer. ¿O del consejo de no barrer la tapicería de su cuarto sin humedecer
la escoba? Él, que nada tiene que barrer los
muros de tierra de su cabaña.
“Una vez pasando esta película en una
aldea carpatorrusa –cuenta Askinasi—, uno
de los espectadores exclamó: ‘¡Mira como se
vive bien en América!’ Era la sola deducción
que podía sacar este campesino que había
sido impresionado no por el fondo del filme,
sino por las condiciones de exterioridad de la
vida en Estados Unidos.”
Quizá el que no entendió fue Askinasi y
quien comprendió con prístina claridad la película fue el campesino. Pues ¿acaso es otro el
mensaje del cine estadounidense que el de convencer lo “bien que se vive en América”?
* El documento inédito “El Cinematógrafo en la
instrucción pública europea y norteamericana”,
de S. G. Askinasi proviene del archivo de Gabriel
Figueroa y nos fue facilitado por los editores de la
revista Luna Córnea.
taria, producción orgánica, rescate de semillas nativas y de conocimientos tradicionales, conservación y transformación de
alimentos, y Estrategias campesinas sustentables (2001-2008);
y del programa Manejo Campesino de Recursos Naturales
sobre Oxtoyahualco: Un pueblo recuperando el agua perdida (2007), Agua compartida para todos. Un proyecto para el
manejo comunitario del agua y los recursos naturales y Obras
para conservación y restauración de microcuencas (2008).
Para comunicar estas alternativas contamos con el Video
Andariego, por medio del cual llegamos a las comunidades organizando funciones y proyectando nuestros videos y
obras de la cultura universal. Así ampliamos el intercambio campesino, apoyados en metodologías participativas y
diálogo de saberes, y reforzamos el trabajo educativo que
hemos emprendido con las Jornadas por la Madre Tierra en
escuelas primarias y secundarias. También comunicamos a
través de la radio comunitaria de la Prepa de Chilapa y otras
radios en el país.
Compartimos con otras organizaciones nuestros anhelos,
experiencias y aprendizajes, en redes de comunicadores y en
la iniciativa Contra el Silencio Todas las Voces. Aportamos
materiales audiovisuales a diversos videoclubes, televisoras
libres y organizaciones.
Los problemas crecen pero también se multiplican las
experiencias, las opciones y los resultados. Nuestro reto es
sumarnos a los cada vez más numerosos grupos humanos
que velan por la Madre Tierra, la casa de todos, y juntos
demostrar que otro mundo es posible. Tenemos la certeza
de que otra comunicación es posible, que nos ayude a mirar
el mundo con los ojos de los que no han nacido todavía.
* Coordinador del programa GEAVIDEO
** Coordinadora del programa Sistemas Alimentarios Sustentables
geacom@laneta.apc.org www.gea-ac.org
LUCHA POR LA SOBREVIVENCIA:
TEMA DEL DOCUMENTAL RURAL
• Hablan Juan Carlos Rulfo y Eugenio Polgovsky
onceptualizado inicialmente como
“reportaje”, el documental fue el género cinematográfico que dominó las
producciones en México desde que este arte y
medio de comunicación llegó al país a fines del
siglo XIX, y se afianzó con el proceso de la Revolución Mexicana, según relata Rodolfo Peláez
en su estudio “El documental y su público en
México”. Así, el medio rural fue protagonista
clave del cine en esta época, con producciones
que retrataron la participación campesina en las
luchas revolucionarias. A partir de 1918, sin embargo, el cine dio un viraje hacia las películas
de ficción –las pioneras Santa y El automóvil
gris— y el documental declinó hasta que en los
años 70s hubo un impulso desde el Estado al llamado documental antropológico y la naciente
Cineteca Nacional armó ciclos de documentales independientes.
En este marco es que el documental realizado en el medio rural ha tomado un lugar en la
historia. De esa década de los 70s destacan Etnocidio: notas sobre El Mezquital (Paul Leduc,
1976), Los que viven donde sopla el viento suave
(Felipe Cazals, 1973) y María Sabina, mujer espíritu (Nicolás Echevarría, 1979). En los
80s, si bien el género documental tuvo expresiones importantes, como son en el caso de los
de corte rural El día que vinieron los muertos
/ Mazatecos I (Luis Mandoki, 1981); Laguna
de dos tiempos (Eduardo Maldonado, 1982); y
Juchitán, lugar de las flores (Salvador Díaz,
1984), se desplomó el número de producciones
y su exhibición fue limitada, reporta Peláez. Y
es a partir de los 90s que hay un resurgimiento,
y donde se inscribe, para el caso de los temas rurales, El abuelo Cheno y otras historias (1995) y
Del olvido al no me acuerdo (1999), de Juan Carlos Rulfo, obras donde este autor busca rescatar
parte de la historia de su abuelo y de su padre.
Son precisamente Juan Carlos Rulfo, director
también del documental En el hoyo (2006), y
Eugenio Polgovski, director, fotógrafo y editor
de dos documentales rurales, Trópico de Cáncer
(2004) y Los herederos (2008), quienes comentaron a La Jornada del Campo lo que ha ocurrido
en los años recientes en el documental rural,
los retos que éste tiene, y la experiencia de su
Juan Carlos Rulfo: En general, en los medios
de comunicación hay un estereotipo del medio
rural muy sobado y pobre: no ha habido una exploración más allá de asuntos como tierras áridas, lugares abandonados, gente floja, y eso es
fácil de ver y muy peyorativo de antemano. Pero
no habido interés de acercarse a la gente para
tratar de conocerla un poco más, para conocer
su vida cotidiana, y no sólo a la que está en el
campo sino a la que está en la ciudad, pues hay
muchas zonas de la ciudad que son rincones
olvidados con las mismas atmósferas rurales, los
mismos ritmos de vida, las mismas costumbres,
donde hay gallinas, fogones... Y las personas
quieren contar lo que les pasa, no necesariamente la historia amarilla o la historia cruda de la
pobreza, sino otro tipo de historias mucho más
profundas que tienen que ver con la mentalidad,
con las cosas que todos los humanos hacemos
–comer, llorar, querer, educar a los hijos—, aunque desarrollado de diversas maneras.
Una película que me dio una guía muy fuerte,
muy temprana, fue la de Mezquital, de Paul Leduc –la cual retrata el fenómeno de aculturación
de los otomíes en el Valle del Mezquital— porque,
aunque de una forma muy agresiva y de denuncia,
muestra las ganas de acercarse de veras a la comunidad. Pero en los años recientes se ha hecho
muy poco en el cine para lograr ese contacto. Hay
alguna que otra película sobre los tarahumaras y
una más que está produciendo Carlos Reygadas,
con Mantarraya, donde vemos a los huicholes
reír, jugar o echarse chistes. Por supuesto me gusta
mucho lo que intenté hacer al acercarme a la vida
cotidiana en En el hoyo, que retrata a un grupo de
personas que está en la ciudad de México en una
realidad que le es ajena (albañiles que participaron
en la construcción del segundo piso del Periférico). Ellos son gente de extracción rural.
El cine mexicano toca muy poco la cotidianidad del medio rural quizá porque se considera
que para que valga la pena hacer un documental en el campo tiene que ser con un tema duro,
difícil, con mucha carga informativa para poder
venderlo, pero no sobre la vida simple y llana.
En México no nos conocemos, no sabemos
cómo es el pueblo. Nos hace muchísima falta
cine que utilice a los personajes que tienes allí
en el lugar donde estás y contar historias de vida,
cotidianas, pues éstas son el mejor lazo de unión
con el resto del mundo. Las películas que se están produciendo, igual que las telenovelas, son
sobre la clase media, sobre chicos ricos. Y uno
dice “¡chale!, yo creo que el Chavo del ocho retrataba mejor la vida cotidiana”.
Algo que admiraba mucho de mi padre (Juan
Rulfo) era su capacidad de escuchar, de desatar
una conversación... yo no sé si platicaba mucho,
pero sí escuchaba mucho. Estoy pensando en la
gente que llega con cámaras a una comunidad,
en Chiapas por ejemplo, captan lo que aparentemente es importante, porque llama la atención
(...) pero no nos damos chance de ver otras cosas
porque no tenemos tiempo; claro que allí no importa la dignidad (del lugar o las personas que
se fotografían) sino importa a qué vas. Tener un
extra de la vida se da cuando de repente te dejas
llevar, te sueltas y ya no importas tú, importa lo
que te dicen y cómo te lo dicen y lloras con ellos,
porque logras ese lazo de identificación.
Ante los conflictos que vive el campo –el vaciamiento rural, el deterioro ambiental, la pauperización— no creo que haya iniciativas en la
cinematografía. La mayoría de los guiones que se
están escribiendo no tienen nada qué ver con lo
que sucede y a veces sí con la parte de la impunidad, lo espectacular de los narcos y de asuntos
policíacos. Pero eso les sale muy bien a los gringos o a los hermanos Almada (...)
Y en todo esto influye que los medios masivos se han encargado de hacer que la población
pierda la noción de identidad, que se aleje de
sus raíces y no le importe de dónde viene, pues
esos medios tratan de crear necesidades ajenas,
de tipos de vida que no son los propios, de realidades prefabricados en el consumismo (...) El
campo entonces no es tema. Eso es muy triste
(...) Creo que en el medio rural hay muchísimas
historias para contar; no se trata de acercarse
para ver la cruda realidad; hay que buscar la
manera de ver desde otro ángulo donde podamos hablar de eso pero también de otra cosa,
en donde haya una riqueza que se encuentra y
se redescubra (...) Hay muchas cosas que están
pasando en el país y que nadie se imagina cómo
funcionan: la gran clase trabajadora que está
haciendo lo inimaginable para que la familia sobreviva. Hay una gran marginación pero no hay
pobreza de espíritu, eso es lo que habría que dar
a conocer y lo que ese espíritu logra para poder
hacer crecer la economía en esas comunidades,
con trabajo, imaginación, esfuerzo; hacen lo
que pueden y eso es precioso, da para muchos
temas. Y en las historias infilmables está aquello que pasa en montañas perdidas, sin acceso,
donde están los plantíos de droga, los narcos, sus
conexiones, donde nadie se puede acercar ni decir nada, porque nadie se atreve. Allí hay que
intentar, imaginar hacer otra historia, bastante
mañosa, para poder hablar del punto y entonces
sí poder hacer “daño”, que la gente tome conciencia, sin que se sienta agredida y generar no
sentimientos de culpa sino de acción, pues este
país no se merece seguir como está.
Eugenio Polgovsky: Por primera vez en su historia, la sección Generación del Festival de Cine
Berlín –para las audiencias jóvenes— presentará
en febrero próximo un documental, y ese es Los
herederos, el cual ya participó en 2008 en el Festival de Venecia y desató en el público europeo
reacciones de asombro, incredulidad, lágrimas y
tristeza, pues el filme, de 90 minutos, presenta
las jornadas diarias de niños que trabajan en el
campo (en el corte de caña, la cosecha de tomates) y en la producción de tabiques de adobe, en
el tejido, en la creación de alebrijes, en el pastoreo de animales y que contribuyen con el transporte de agua y de leña, y otras labores que en
teoría son responsabilidad de los adultos.
Uno de los elementos integradores de esos niños es que todos son pobres y si entramos a ver su
historia familiar, padres, abuelos, la mayoría ha
heredado la pobreza junto con las actividades que
realizan: trabajan día a día y se mantienen en la
misma condición desde hace varias generaciones.
Este documental lo realicé durante tres años
en un viaje muy amplio por Guerrero, Oaxaca,
Veracruz, Sinaloa y Nayarit, y en él no uso palabras, pues mi anhelo es narrar sin utilizar esa
descripción; así quiero entrar en el tiempo, en la
fluidez, en la contemplación de seres que realizan una labor, en este caso los niños trabajadores,
algo que es muy delicado, complejo y diverso. Mi
trabajo quiere mostrar la lucha de los niños (el
estar ocho horas bajo el sol, en el caso de los jornaleros, tomando el agua que tienen a la mano,
comiendo cualquier cosa a un lado de los tráileres, con niños pequeños a cargo del cuidado de
sus hermanitos más chiquitos), una lucha dura
para sobrevivir, para comer, que va secando su
infancia, que la va desvaneciendo, porque ellos
tienen que resolver la vida familiar. Su labor no
es secundaria, es fundamental para la familia.
Pero al mismo tiempo mi documental es un
homenaje a sus capacidades, a sus talentos, a su
humanidad, a esa herencia cultural (...) Al hablar en particular de los niños que hacen obras
artísticas, alebrijes, telares, el documental no
sólo retrata el acto, el objeto, si no el cómo lo
hacen, ese brillo de sus ojos, esa concentración,
esas manos, esa dedicación, ese talento, yo les
hago un homenaje, los pongo en lo más alto.
Lo que importa en la película son los personajes que la habitan; sin ningún discurso, sin
ningún artificio, los niños son los que cuentan
la historia solamente por estar.
Un reto ha sido la presencia de la cámara,
que es muy agresiva –por la connotación que
la televisión le ha dado, de que implica denuncia—; como la cámara interviene y destruye
muchos instantes valiosos, intimida, entonces
hay que tratar de pasar desapercibido, ganarse la
confianza de los personajes.
Y la cámara es también un instrumento espacial. Muchas veces llegar a un lugar en el que todo
es antiguo, como si nos remontáramos 500 años
atrás, una choza de paja, instrumentos de barro,
ollas de cerámica, carbón; la cámara allí es como
un astronauta, se vuelve una especie de robot que
contempla y registra. Entonces esto es mágico.
El realizar documentales en el medio rural me
provoca un gran asombro por la misteriosa realidad
del campo, sus historias, sus personajes, sus caminos, sus paisajes, y en todo esto encontrar un gran
abandono, una miseria que está allí desde tiempo
inmemorial. Este trajo me permite conocer un poquito, pero sólo un poquito de este gran cosmos
del México rural. Sin ser retórico, esta elocuencia
es porque hay mucha pasión por el lenguaje rural,
por cómo se comunica la gente en los pueblos, tan
distinto a la ciudad, donde todo es verbal, verborrájico. En el campo hay pausas, miradas, tiempos
para cada cosa (...) hay como una temporalidad en
la que te acercas a la tierra, a una seriedad de la
existencia, porque el vivir allí es duro. Y esa comunicación no verbal el cine la puede retratar.
Además de Los herederos, hice el documental Trópico de Cáncer, que muestra cómo gentes
de un poblado de San Luis Potosí caza animales
exóticos y los vende a pie de carretera para poder sobrevivir.
Los herederos es en parte una denuncia,
pero no se reduce a eso porque sería como disminuir su profundidad y sus personajes a un
panfleto. Lo que sí, es una herramienta de conciencia de cómo sobreviven esos niños, cómo
luchan, cómo trabajan y cómo su infancia brota
continuamente, pues quieren jugar, pero ese
descubrimiento del mundo que es ser niño,
ese asombro constante, esa luz, se desgasta, se
va apagando. Claro, quisiera que el documental sirviera para mejorar las condiciones de los
niños y en muchos casos que no hicieran esas
labores y fueran a la escuela.
Creo que tendrían que existir muchos más
producciones de cine enfocadas medio rural, si
consideramos la riqueza que es México, esa diversidad tan grande de culturas; tantas preguntas que están presentes y que son temas abiertos,
muchos son como llagas. Hay documentales
extraordinarios como los de Paul Leduc y Juan
Carlos Rulfo.
El problema es que la atención de la sociedad
está en otra parte. Lo vemos con el asunto de la
crisis económica. Todos están preocupados por
el dinero, por los riesgos que quiebra de bancos
y empresas, pero ¿en qué momento hay una
preocupación de cómo esto afectará a los más
pobres, al medio rural?, donde hay más dramatismo, donde están las familias más desfavorecidas, los que viven con nada. Me preocupa ese
silencio, es como un muro.
LOS COLORES DE LA HORMIGA
FOTO: Imagen del documental Los herederos de Eugenio Polgovsky
O EL COMPROMISO DEL DOCUMENTALISTA CON LA VERDAD
n el campo mexicano hay tantas verdades como realidades, la visión del empresario del norte y su flotilla de
tractores John Deer peinando un horizonte de elotes en
Sinaloa, la del campesino oaxaqueño que pesca cada mazorca
de una milpa caprichosamente encaramada en la loma de un
cerro. Y resumiendo no poco, todo lo que se encuentra en medio. Cada ejido, cooperativa, intermediario, agrupación, corporación, mercado y reglamento que nos podamos imaginar. Aun
así, para los ojos de la mayoría de los mexicanos, es decir 75 por
ciento de la población que reside en las ciudades, existe una
sola verdad. Aquella que los medios televisados nos presentan.
Para que los problemas mexicanos tengan cabida aunque
sea en alguna región subconsciente de la mente de los televidentes tienen que aparecer en la televisión, este oráculo catódico que alumbra las noches e impulsos de los hogares del
país en números sólo superados por los de Estados Unidos. Y
para que un problema mexicano sea tomado en cuenta por la
televisión tienen que combinarse una serie de factores que a
veces se antojan imposibles:
El interés de la gente en el problema mismo. Y el interés de
los medios mexicanos y los grupos de poder que los controlan
por darle alguna relevancia al tema en cuestión.
Es decir, qué tan cerca me tocan temas como la migración,
la marginación, la economía, la educación, las decisiones políticas y los derechos humanos, por nombrar algunos. Y hasta
qué punto estos temas de interés se entrelazan con aquellos de
los grupos de poder que controlan las televisoras, que a su vez
fungen como una especie de válvula que regula los contenidos
del imaginario de los mexicanos.
El resultado suele ser una paleta monocromática y arbitraria de noticias y un inagotable repertorio de programas
de televisión tan repetitivo como vacuo. Tan insulso como
esterilizante.
La capacidad de convocatoria de cualquier movimiento social depende de esta combinación afortunada y casi imposible
de intereses que no pocas veces se oponen entre sí.
Complicidades. Las ramificaciones y consecuencias de
afectar la paz de la fiesta de esta relación gobierno-medios de
comunicación suelen ser de una simplicidad pasmosa que se
traduce, ya sea en espots políticos, como en la laxa aplicación
y observancia de la Ley de Radio y Televisión y su eventual
reestructuración a la medida, tal como ocurriría al amparo de
dos de los partidos políticos más grandes del país. Este hecho
a su vez repercutirá en una serie de favores intrincados que se
pagarán a lo largo de los años en esta espiral viciosa en donde
cada uno tiene la obligación de rascarle la espalda al otro, no
sólo haciendo caso omiso a lo que pueda afectar los intereses
de ambos, sino trabajando para minimizar o de ser posible nulificar la noción misma de los problemas reales del país.
Trueques. En está dinámica de negación de la realidad, a
los mexicanos nos han cambiado (en favor de otros) la tortilla
criolla y su maíz por una suerte de lamina harinosa e insípida,
una elección por otra, una masacre al sur del país por un espejismo, un saqueo millonario por un rescate bancario, y un
estancamiento económico por estabilidad.
El mexicano urbano choca literalmente con la realidad en
medio de Paseo de la Reforma, cuando una marcha viene a recordarle que no todo son perlas en el país; choca con la realidad
cuando el recibo de la luz le está diciendo que este mes pagará
el doble por prácticamente lo mismo. Y cuando su canasta básica contradice uno por uno los párrafos del informe de gobierno.
O cuando se confronta el hecho de que la onceava economía del mundo es sólo una ilusión que atañe a menos del uno
por ciento de la población del país, porque nuestro ingreso per
cápita nos coloca en lugar 54 de la lista, subrayando claramente toda la distancia que aún nos falta por recorrer. Cuando
este choque ocurre puede que ya sea demasiado tarde para
mucha gente que salió de la clase media a engrosar las filas
de la clase baja, o que salió del país para buscarse la vida en
El gobierno ya no se cuestiona estas cosas, es más, en gran
medida cuenta con ellas. Si los medios de comunicación lo
reportan, difícilmente cuestionan las razones por las cuales
esto ocurre. En ese momento y en esos contextos surge la importancia del documentalista. Si hablamos de la verdad como
el caldo reducido por los intereses de los grupos de poder y la
televisión, hay que hacernos conscientes de que no obtendremos ni verdad ni justicia alguna en lo que reporte la televisión,
algo más que los resultados de la liguilla, la clasificación de
la selección y alguna que otra nota amarilla. Para saber qué
sucede en México hay que leer periódicos y la mayoría de las
veces leerlos con gran reserva.
Este gran escepticismo, producto de no tener en quién creer,
ha dado en México y el mundo redoblado impulso en los nuevos medios, y por nuevos medios quiero decir el internet y sus
dos capacidades más notables: el acceso a la información in-
mediatamente y en donde sea, y el poder producir contenidos
de manera irrestricta, ya sea en palabra escrita o en medios
audiovisuales. El gran escepticismo en el internet no espera
más que ser confrontado en blogs por personas con mayor o
menor razón y finalmente aniquilado por cualquier persona
con una cámara que se haya dado el tiempo de documentar
una de las millones de realidades caleidoscópicas y la haya subido a youtube y marcado lo suficientemente bien como para
que aquel sediento de verdad pueda ver lo que está ocurriendo.
Lo vimos en las elecciones del 2006, lo vimos hace poco en
Grecia y ahora mismo en Gaza.
El documentalista actual tiene un compromiso con
la verdad y está presente en el momento y lugar correctos.
Cualquier individuo dispuesto a filmar un acto de injusticia
o a compilar cuidadosamente una realidad por más diminuta
que ésta sea, tiene en sus manos una de las pequeñas luces
con las que la gente interesada en lo que verdaderamente está
pasando puede construir un conocimiento más factual y a la
vez tele-adquirido.
Hace poco Michael Moore, uno de los documentalistas
con mayor impacto preparó la transmisión de su más reciente
documental por internet. No estoy hablando de un pequeño
reportaje, un atisbo de luz compuesta por un solo hecho filmado. Sino un documental hecho y derecho con gran presupuesto y mucha mayor gravitación social y política. ¿Por qué regalar
así un trabajo tan largo y costoso cuando alguien como Moore
tiene prácticamente garantizado el éxito comercial como pocos documentalistas?
Primero que nada porque los documentales tienen un compromiso con la verdad, y un componente importante de la
verdad en sociedades en donde ésta es reprimida, es que al
divulgarse retiene el valor de hecho noticioso, y por lo tanto
la relevancia social y la capacidad de generar un impacto que
conlleve al cambio. Ésta es la epifanía latente de los documentales. La razón por la cual nada es más fuerte y devastador que
En México, los documentales y los documentalistas tienen
un compromiso aún más inmediato con los hechos y con la
verdad, y es menester de cualquier individuo con conciencia
social y una cámara en mano haga el filme oportunamente y
lo comparta en línea o directamente con sus semejantes sin
esperar a que resulte una obra maestra documental; que su
objetivo sea brindar una de las pequeñas luces que construyen
la nuestra gran verdad.
FOTO: Santi MB
MIRADAS AL FUTURO DEL CAMPO
productivo de
• En diez años podría elevarse en más del doble la producción maicera
• Indispensables, inversión en infraestructura y cambios constitucionales
n el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) se estudia el potencial
productivo de maíz de la República Mexicana desde 1963. Hasta antes de 2000, el concepto de potencial productivo se ceñía a la
evolución de las superficies, a la calidad de
la tierra de labor sembrada bajo riego y bajo
temporal y al avance del conocimiento público. Se definía a este potencial como el
promedio de varios años de producción nacional de maíz si la superficie sembrada fuera
tratada con la tecnología pública disponible.
Este ejercicio servía como guía para impulsar programas de transferencia de tecnología.
En la actualidad también se toma en cuenta
a las tierras de labor de ocho estados del sursureste factibles de ser irrigadas y que se siembran con maíz bajo temporal, y se contabiliza
una parte de las tierras con vocación agrícola
que se maneja bajo el sistema de ganadería
extensiva. Mientras en la definición previa se
ponderaba solamente la inversión requerida
para generar nuevo conocimiento público y
para transferirlo, en la actualidad también se
pondera la oportunidad de la inversión pública en varios tipos de infraestructura: interconexión de energía eléctrica para el campo,
caminos, irrigación, y otros servicios.
El INIFAP ha sido el aportador clave del
avance del conocimiento público sobre el
cultivo del maíz en México. En el INIFAP
se ha realizado mejoramiento genético de
maíz a partir de diez de las más de 50 razas
nativas de maíz desde la década de 1940. Se
han desarrollado maíces mejorados para las
seis grandes regiones agroclimáticas del país
(Trópico, Bajío, Altiplano, Transición, Meseta Semiárida del Norte y Subtrópico Semiárido) y cuatro Provincias Agronómicas (PA) de
la tierra de labor (Riego, Muy Buena, Buena
y Mediana Productividad) en cada una de las
Para estas 24 condiciones agroclimáticas se
han sucedido varias generaciones de materiales genéticos cada vez más adaptados a sus
condiciones agroclimáticas, con mayor resistencia a enfermedades y con mayor potencial
Una considerable fracción
de la superﬁcie maicera
se maneja con dosis
subóptimas de insumos. La
cosecha puede aumentarse
de 20.58 millones a 29
la misma superﬁcie, si se
aplicara la tecnología
pública disponible (...)
de rendimiento y uniformidad fenotípica. En
total, el INIFAP ha liberado 168 variedades
mejoradas de maíz, de las que 84 son híbridos
y 84 son variedades de polinización libre. Los
híbridos han sido desarrollados para las Provincias Agronómicas de mayor calidad, mientras que las variedades de polinización libre
se aprovechan en las PA de menor calidad.
El sistema universitario público también ha
desarrollado y liberado maíces mejorados, si
bien sus contribuciones han sido puntuales.
El Centro Internacional de Mejoramiento
de Maíz y Trigo (Cimmyt) ha hecho aportaciones al mejoramiento genético del maíz,
como proveedor de materiales premejorados
a las instituciones públicas y privadas. Los
consorcios transnacionales han concurrido al
aporte de materiales mejorados, con énfasis
en las Provincias Agronómicas (PA) de mayor
calidad y manejadas bajo esquemas de tipo de
Evaluaciones del potencial productivo.
Hasta antes de la década de los 80s, los investigadores del INIFAP y de otras 12 instituciones nacionales habían conducido más de dos
mil 500 experimentos de campo en terrenos
de agricultores cooperantes en las principales
regiones productoras bajo temporal del país y
más de 800 bajo riego. En esos experimentos,
típicamente con predios de 0.3 a 0.5 hectáreas, se estudió la respuesta del maíz a la fertilización, a las densidades de población y otras
prácticas de producción y protección.
Estos experimentos fueron conducidos a lo
largo de 30 años, por lo que sus resultados integran las variabilidades en los rendimientos
asociadas al clima y a la edafología.
El conocimiento tecnológico y la superficie y calidad de la tierra dedicada al cultivo
del maíz muestran evolución sobre el tiempo,
y se asocian cada vez con mayores rendimientos y producción nacional. De aquí que los
varios intentos por evaluar el potencial productivo de maíz han conducido a información cambiante.
La segunda evaluación del potencial productivo de maíz se hizo en 1977, a partir de
dos mil 545 experimentos de campo conducidos en el período 1952-1977; fueron sembrados con las primeras generaciones de maíces
mejorados y con los maíces de los productores (razas nativas). En 1991 el programa
conocido como PRONAMAT, del mismo
INIFAP, aportó información fresca sobre
el desempeño de la segunda generación de
maíces mejorados en las Provincias Agronómicas de Riego y de Temporal de Muy Buena
y Buena Productividad. En 1996 se actualizó
la información sobre los rendimientos a partir
de proyecciones con apoyo empírico; finalmente, en 2000 se incluyeron resultados de
experimentos conducidos en ocho estados
del sur–sureste bajo riego, que involucran
proyecciones sobre tierras potencialmente
irrigables, y también se ponderó el uso potencial de tierras con vocación agrícola, que
actualmente se subexplotan con el sistema de
Evaluación de 1977. Los dos mil 545 experimentos conducidos bajo temporal en
1952-1977 fueron agrupados en 72 agrosistemas de maíz, definidos a partir de seis estratos
arbitrarios del cociente de la precipitación
sobre la evaporación, tres estratos térmicos y
cuatro estratos por la calidad de la tierra. El
rendimiento óptimo-económico de cada experimento fue ajustado a un modelo de exponentes fraccionarios basado en las variables
independientes del agrosistema, por técnica
de regresión. De la ecuación de regresión
se obtuvo una estimación del rendimiento
potencial para cada uno de los 72 agrosistemas de maíz. A partir de información de los
V Censos Agrícola, Ganadero y Ejidal y de
las cartas edáficas y climáticas del territorio
nacional, se estimó la superficie cultivada
de maíz correspondiente a cada uno de los
72 agrosistemas. La integración numérica del
rendimiento potencial y la superficie cosechada condujo a la estimación de la producción agregada de maíz para los niveles país,
estado, distrito de temporal y municipio. Ade-
más se dispuso de 819 experimentos de maíz
bajo riego, estimándose la producción por un
procedimiento similar simplificado. El resultado de este ejercicio fue que la producción
potencial de maíz sería igual a 20.17 millones
de toneladas anuales para la escala nacional,
mientras que la producción observada en
1977 fue igual a 10.05 millones de toneladas
anuales. La superficie cosechada para ambas
estimaciones fue 7.48 millones de hectáreas,
de las que 0.97 millones fueron de riego y 6.51
millones de temporal.
Evaluación de 1991. Este estudio tuvo
como objetivo evaluar el estatus de la tecnología para el cultivo de maíz bajo riego y
bajo temporal en las PA de Muy Buena y de
Buena Productividad. Se condujeron 302 módulos de riego en los ciclos agrícolas otoñoinvierno ( OI) 1987/88 y primavera-verano
(PV) 1988, como muestra representativa de
un millón de hectáreas de maíz bajo riego,
y 201 módulos de temporal en los ciclos PV
1989 y PV 1990 para muestrear 1.77 millones
de hectáreas de temporal de buena calidad.
En ambos casos los módulos fueron de una
hectárea. Estos módulos fueron conducidos
de manera cooperativa entre el productor y el
investigador residente del INIFAP. Los insumos, particularmente la semilla para la siembra y la tecnología, fueron aportados por el
proyecto, en tanto que el productor aportó la
mano de obra y la fuente de potencia requeridas. Se establecieron por coordenadas al azar
dos a cuatro predios vecinos de referencia por
módulo, en los que el productor aceptó se
diera seguimiento a su operación de campo
y resultados. Esta parte del estudio produjo
730 parcelas referentes bajo riego y 567 bajo
temporal. Los rendimientos promediaron 6.15
toneladas por hectárea (t/ha) bajo riego, 4.30
t/ha en la PA de Muy Buena Productividad y
3.80 t/ha en la PA de Buena Productividad;
los rendimientos homólogos referentes fueron respectivamente 3.63, 2.88 y 2.88 t/ha. La
considerables diferencias se asociaron con el
mayor potencial productivo de los híbridos
del INIFAP y con mayores densidades de
No es necesario cambiar a
maíz transgénico y asumir
colectivamente el riesgo y
recuperar la suﬁciencia
alimentaria en maíz.
población, aunque similar fertilización, con
relación a las parcelas referentes. A partir de
esta información y de su comparación con el
estudio de 1977, se hicieron proyecciones para
la producción nacional de 1985-1989 y para el
período 2005-2009. La producción potencial
fue 25.77 millones de toneladas anuales para
1985-1989 y de 28.62 millones anuales para
2005-2009. Se hicieron ambas proyecciones
usando la superficie cosechada de 7.10 millones de hectáreas, de las que 1.1 millones son
de riego y seis millones de temporal.
Evaluación de 2000. Por los estados de
Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Quintana Roo,
Yucatán, Campeche, Tabasco y Veracruz
fluye 62 por ciento del recurso agua dulce
del país. Sin embargo, muy poca infraestructura hidroagrícola ha sido desarrollada en
este región sur-sureste, donde se cosechan
anualmente unos dos millones de hectáreas
del cultivo de maíz. Por manejarse bajo temporal, las tierras se siembran solamente
en el ciclo primavera-verano, permaneciendo ociosas en el ciclo otoño-invierno,
que es mayormente seco. Se estima que hay
un millón de hectáreas de tierras de labor
cercanas a fuentes abundantes de agua (ríos,
lagunas y acuíferos someros) que podrían ser
sembradas dos veces al año si se dotaran de
infraestructura de riego.
Con el objetivo de ampliar el potencial
productivo conocido de maíz del campo
mexicano, se realizaron estudios de campo
durante los ciclos agrícolas OI 96/97, OI
97/98 y OI 98/99, aprovechando la escasa y
regionalmente dispersa disponibilidad de predios con riego. En el ciclo OI 96/97 se condujeron experimentos en 261 localidades de
los ocho estados, comparando tres híbridos
y cinco variedades de polinización libre del
INIFAP con 22 híbridos comerciales ofrecidos
por los consorcios transnacionales. En los ciclos OI 97/98 y OI 98/99 se condujeron diez
experimentos en otras tantas localidades en
que se estudió la respuesta de seis híbridos del
INIFAP a la fecha de siembra y a la fertilización NPK, y a la densidad de población bajo
condiciones de riego. Los resultados muestran que la tecnología actual permite obtener
un rendimiento promedio del orden de ocho
t/ha en el millón de hectáreas estudiado.
Muy probablemente, la factibilidad de
introducir el riego a las tierras de temporal
del sur-sureste se asocie más con la pequeña
que con la grande irrigación, dadas la topografía de lomerío y la profundidad somera
de gran parte de esos suelos. El sistema de
riego presurizado del tipo pivote central, o
de desplazamiento lateral, podría ser la al-
Hay una reserva de 12
tierras de labor que se
subutiliza en ganadería
extensiva en el sursureste. Probablemente
en los próximos diez a
15 años, en la búsqueda
alimentaria, la sociedad
tomará la decisión
de hacer los ajustes
necesarios al Artículo
27 Constitucional para
dar uso agropecuario
integrado a esas tierras.
ternativa en muchos casos, como ya lo han
experimentado productores visionarios del
sureste. Hasta ahora, la escasa interconexión
eléctrica actúa como barrera al desarrollo de
este tipo de riego.
Posibilidades en tierras de ganadería extensiva. Finalmente, la consideración de la
capacidad maicera del campo mexicano quedaría incompleta si se excluyera la reserva de
tierras de labor que actualmente se subutiliza
bajo el sistema de ganadería extensiva. Se es-
tima que hay unos 12 millones de hectáreas
bajo tal manejo en los mismos ocho estados
del sur-sureste. En el sexenio 1988-1994 el
Poder Ejecutivo federal tuvo a consideración
y descartó por no ser prioritario el “Proyecto
Usumacinta”, que planteaba construir infraestructura para el riego de un millón de hectáreas de tierras limítrofes entre Campeche y
Tabasco. Gran parte de estas tierras es de uso
ganadero extensivo actual. Probablemente en
los próximos diez a 15 años, en la búsqueda de
su seguridad alimentaria, la sociedad tomará
la decisión de hacer los ajustes necesarios al
Artículo 27 Constitucional que permitan dar
uso agropecuario integrado a esas tierras. Si
en dos millones de esa superficie se siembra
maíz bajo riego en el ciclo Otoño-Invierno,
se añadirán por lo menos 16 millones de toneladas al año.
La estimación del potencial productivo de
maíz para los próximos diez a 15 años es de 53
millones de toneladas anuales, de los que (a)
29 millones corresponden a lo que se podría
producir actualmente a partir de las tierras
que ya se cosechan anualmente de maíz: 1.1
millones de hectáreas bajo riego y seis millones de temporal; (b) ocho millones adicionales en el sur-sureste, después de acondicionar
con infraestructura hidroagrícola un millón
de hectáreas de tierras de labor; y (c) 16 millones de toneladas cosechables en dos millones de hectáreas de la reserva de tierras, actualmente bajo manejo ganadero extensivo,
que habrán de acondicionarse para el riego.
Es conveniente aclarar que la potencialidad
productiva examinada se refiere exclusivamente al uso de tecnología de origen público
y con maíz no transgénico. No es necesario
cambiar a maíz transgénico y asumir colectivamente el riesgo y dependencia tecnológica
asociados, para recuperar la suficiencia alimentaria en maíz.
La producción nacional promedio del período 2002-2006 fue 20.58 millones de toneladas de maíz al año (mientras la producción
potencial fue 29 millones de toneladas anuales) y se importaron alrededor de diez millones de toneladas anualmente.
1. El potencial productivo de maíz del campo mexicano ha sido objeto de estudio por
parte del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias
desde 1963, y continuado en 1977, 1991 y
2. Los productores mexicanos cosechan
anualmente maíz en 1.1 millones de hectáreas de riego y 6 millones de hectáreas
de temporal, y producen 20.58 millones de
toneladas anuales. Una considerable fracción de estas tierras se maneja con dosis
subóptimas de insumos. La cosecha puede
aumentarse a 29 millones de toneladas en
la misma superficie, si se aplicara la tecnología pública disponible a la totalidad de
las tierras sembradas.
3. En los próximos diez años, y mediando la inversión en infraestructura hidroagrícola e intercomunicación eléctrica y modificaciones
a la Constitución, la producción nacional de
maíz podría incrementarse hasta el orden de
53 millones de toneladas anuales.
Investigador Nacional III del INIFAP
incretismo en el paralelo
cero. Tañidos de caracol, olorosos humos ceremoniales,
invocación en quechua a los elementos primordiales: tierra, agua,
fuego, aire, simiente y sus respectivas deidades ubicados hacia abajo
y en los cuatro rumbos cardinales...
Al empuñar el bastón de mando
de los taitas y las mamas, el joven
combatiente Luis Andrango está
recibiendo de su predecesor, Pedro
de la Cruz, el encargo de conducir
a los suyos en los tiempos turbulentos que se avecinan.
Pero no estamos en la puna ecuatoriana sino en el paraninfo de la
cuyo rector, militante él mismo, repetirá, minutos después la ceremonia por la que cambia de manos la
presidencia de la Confederación Nacional de Organizaciones Campesinas, Indias y Negras (FENOCIN),
empleando ahora el ceremonial
republicano: “Honra la envestidura
que hoy recibes. Si así lo haces, que
la FENOCIN y el pueblo te lo reconozcan. Si no, que la FENOCIN y
el pueblo te lo demanden”.
La transmisión de poderes transcurre entre delegados quechuas,
montubios, negros y mestizos; testificada por representantes de movimientos sociales de Brasil, Venezuela, Perú y México; presenciada por
académicos y “sociedad civil”, y coreada por una rubia parvada de cooperantes suecos. Y es que FENOCIN cumple 40 años en medio del
torbellino desatado por el reformismo radical que propicia en Ecuador
el presidente Rafael Correa. En los
encendidos discursos se entreverán
Marx, Bolívar y Mariátegui pues
la Confederación —movimientista
como la que más, pero vinculada
al Partido Socialista y con representantes en la Asamblea Constituyente y en el Consejo General Electoral— profesa una ideología a la vez
clasista e indianista, promueve el
interculturalismo y se adscribe en
La Vía Campesina, la revolución
agraria y el altermundismo. No se
podía esperar menos de un pueblo ubicado en la exacta mitad del
mundo: etnicismo autogestionario
y campesinismo ecologista; sincretismo de caracol y celular: ¡Pacha
Mama y socialismo! ¡Venceremos!
De luchar contra las bananeras
y el huasipungo a confrontar el
agronegocio. El nuevo presidente
de la confederación tiene 29 años y
cuando él nació la organización ya
llevaba más de una década en el rol.
En 1964 una tibia reforma agraria,
de las que buscaban exorcizar los
demonios desatados por la revolución cubana, propicia calenturas
organizativas rurales; en 1965 agrupamientos como la Federación de
Trabajadores Agrícolas del Litoral,
animada por asalariados de las plantaciones bananeras de la costa, confluyen con otros para formar una
Federación de Trabajadores Agropecuarios, y en 1968, con organizaciones de la costa y la sierra a las que
en los 70s, y en el marco de la creciente colonización, se incorporan
otras de la amazonía, y se constituye
la Federación Nacional de Organizaciones Campesinas (FENOC),
que lucha contra el latifundio y por
un efectivo reparto agrario.
Pero las vertiginosas plantaciones
de la costa persisten y en la sierra
sigue operando por un tiempo el
sistema llamado huasipungo por el
que a cambio del derecho a cultivar una parcelita en la hacienda el
campesino debía laborar gratis para
el patrón cuatro días a la semana.
Con la nueva reforma agraria de
1973 se erradica del todo el huasipungo y hay repartos agrarios tanto
en la cuenca del Daule como en
la sierra central. Sin embargo lo
fundamental del latifundio se mantiene, haciendo de Ecuador uno
de los países latinoamericanos con
mayor concentración de la tierra.
En sus primeros años la FENOC
lucha por parcelas para quienes las
trabajan y adopta un enfoque campesinista. Pero a fines de los 80s del
pasado siglo se desatan las primeras
movilizaciones de perfil indígena;
a la demanda de tierras agrícolas
se suma la reivindicación de los territorios y culturas ancestrales, y en
el congreso de 1986 la FENOC se
convierte en Federación de Organizaciones Campesinas e Indígenas
(FENOC-I), mudanza de siglas que
culmina con la definitiva: FENOCIN, al incorporarse expresamente los negros afroecuatorianos. Por
esos años se forma también la Federación Ecuatoriana de Indígenas,
vinculada al Partido Comunista, y
más tarde la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador
(CONAIE), que enfatiza la reconstrucción de los territorios étnicos.
En la coyuntura se desata el debate
entre la posición clasista-campesinista y la etnicista-indianista; confrontación en la que la FENOCIN
opta por la interculturalidad, que
significa impulsar las coincidencias clasistas pero respetando las
diferencias y propiciando el diálogo
entre indios de la sierra, negros de la
zona norte y montubuios y mestizos
de la costa, siempre con el propósito de construir lo que Luis Andrango llama “unidad en la diversidad”.
Y el joven líder sabe de lo que
habla, pues ya tenía conciencia política durante los primeros 90s del
pasado siglo, cuando el gobierno
FOTO: Florencia Campana
• La Confederación de Organizaciones Campesinas, Indias y Negras cumple 40
Luis Andrango, presidente nacional de la
FENOCIN con el bastón de mando
de Durán Ballén generó una airada
y variopinta convergencia social, al
eliminar barreras arancelarias a la
importación, reducir el gasto social,
y acabar con las empresas públicas
que participaban en el acopio, el
almacenamiento y la comercialización de cosechas agrícolas básicas, así como en la producción de
fertilizantes y semillas mejoradas,
al tiempo que en 1994 promulgaba la neoliberal Ley de Desarrollo Agrario que permite la venta a
particulares de tierras estatales y el
registro como propiedad privada de
las áreas comunales. Conversión
neoliberal que impulsó al agronegocio a costa de los campesinos y
las comunidades, y a la que se resistieron las diferentes corrientes del
Por esos años la FENOCIN ya
forma parte de una naciente red
mundial: La Vía Campesina, y
frente al capitalismo desmecatado
enarbola la bandera de soberanía
alimentaria. Pero la confederación
desarrolla también conceptos programáticos propiamente andinos,
como el de sumak kawsay, que hoy
se traduce como “buena vida” pero
en rigor significa estar en armonía
con los demás y con la naturaleza. Hoy la confederación agrupa
a 56 organizaciones de base, entre
uniones y federaciones, y tiene presencia en 18 de las 21 provincias de
Creciente dependencia alimentaria. La recomposición del capital,
que se intensifica en los 90s, fortalece a la agricultura ecuatoriana, de
modo que en los últimos 20 años el
Producto Interno Bruto (PIB) agropecuario prácticamente se duplica
y hoy es de casi 20 por ciento del
PIB total. Pero esto no beneficia a
las comunidades rurales ni a la población en general, pues al tiempo
que crece la agroexportación empresarial de frutas, flores y hortalizas, y la producción de granos forrajeros destinados a la ganadería,
declinan los cultivos campesinos
y se incrementa la importación de
alimentos básicos. Así, entre 2000 y
2005 la producción de arroz tiene
una disminución anual promedio
de 0.32 por ciento, la de maíz de
0.81 y la de papa del 1.47 por ciento.
En consecuencia las importaciones
alimentarias se disparan, como en
el caso del maíz, que se elevan en
ese lapso en 28.3 por ciento anual.
El resultado es que mientras que
en 1990 las importaciones agrícolas
representaban 20.5 por ciento de
las exportaciones, 15 años después
ya eran 46.5 por ciento. Como en
muchos otros países latinoamericanos, en los 90s los gobiernos de
Ecuador renuncian a la soberanía
alimentaria y el país pasa de ser autosuficiente en básicos a depender
de las importaciones para comer.
En este lapso las empresas agrícolas y agroindustriales se “modernizan”, pero esto no reduce ni
la concentración de la tierra ni la
explotación del trabajo. Según el
censo de 2000, el 30 por ciento
de los propietarios —casi 250 mil
familias—, con parcelas de menos
de una hectárea, poseen apenas el
0.8 de la tierra, mientras el 0.8 por
ciento de los propietarios —algo
más de 600 familias—, con más de
200 hectáreas cada uno, poseen casi
el 30 por ciento. Además de que los
campesinos tienen tierras con mucha pendiente, poca fertilidad y sin
acceso al riego, y cuando producen para el mercado reciben bajos
precios de los acaparadores. Así,
la cosecha propia no alcanza para
vivir y las familias rurales desarrollan también otras actividades, en
especial trabajos a jornal. La crisis
de 1998-2000, producto de siniestros agrícolas, caída de los precios
petroleros y quiebras de bancos, redujo sustancialmente el empleo y
los salarios reales, ocasionando un
empobrecimiento general que apenas se compensó por la emigración
a España y Estados Unidos y la ulterior llegada de remesas en dólares
(tres mil millones en 2005). Sobra
decir que los indígenas rurales son
parias entre los parias: la extensión
media de sus parcelas es de 0.65
hectáreas, tres veces menor que la
media de los no indígenas, y entre
ellos la pobreza afecta al 68 por
ciento mientras que entre los no
indígenas implica al 45 por ciento.
El deslizamiento hacia la dependencia alimentaria empezó antes,
con la progresiva sustitución de
cultivos directamente comestibles
por agroindustriales. En los últimos 40 años el volumen cosechado
de maíz duro se multiplicó por 15
mientras que el de blando —muy
apreciado en la cocina andina— se
redujo a la mitad. Y es que desde
los 60s, en el marco de la Alianza
para el Progreso, Ecuador recibía
de Estados Unidos raciones alimentarias. “Nos enviaban harina
Flor —recuerda el vicepresidente
de FENOCIN—, una harina muy
blanquita que contrastaba con la
nuestra que es trigueña. Y desde
entonces se dejó de producir trigo,
de modo que ahora importamos el
90 por ciento de ese cereal. Lo más
para lo que sirvió la Alianza fue
para que las madres les cosieran a
los niños la ropa de la escuela con
los costales de la dichosa harina”.
Pedro de la Cruz, presidente
saliente, remacha la idea. “Ahora
nos dan ayuda alimentaria en las
escuelas pero, como antes, mucho
es importado y mucho está dañado,
como el fréjol”. Y de ahí pasa a explicar las banderas de la confederación. “Nos han enseñado a consumir. O más bien, nos han enseñado
a gastar. Pero a nosotros nos gusta
la alimentación variada y para esto
hace falta una producción también
variada. Nuestra demanda no es seguridad alimentaria, como dice la
FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y
la Agricultura), porque eso se reduce a tener comida: la que sea y de
donde sea. En cambio la FENOCIN quiere soberanía alimentaria,
que es más profundo pues significa
producir nosotros, a nuestro modo,
con nuestros propios saberes y conforme a nuestros gustos. Además de
que soberanía alimentaria incluye
el derecho a la Pacha Mama y a la
sangre de la Papacha Mama, es decir a la tierra y al agua.
“Porque nosotros somos campesinos —continúa Pedro— pero nos
tratan como pobres y no como productores. Y es que aquí productores
son sólo los de las cámaras industriales. Entonces nos quieren dar limosnas, cualquier cosita para que nos
estemos callados. Pero nosotros demandamos tierra. Tierra y también
empleo, trabajo digno. Y una buena
educación; no que nos enseñen a
avergonzarnos de ser campesinos.”
Una “revolución ciudadana”
por la vía constitucional. En años
recientes, al tiempo en que en
Ecuador se desarrollaba la lucha
popular, se sucedían los presidentes,
seis durante la última década. En
2003 el gobierno de Lucio Gutiérrez generó expectativas, pero a los
pocos meses rompió la alianza con
el partido Pachakutik, brazo político
de la CONAIE, y sus últimos años
fueron calamitosos. Las cosas cambiaron con Rafael Correa, quien
logró desembarazarse de la derecha
enquistada en el Poder Legislativo
y en el Judicial, y desde 2006 viene
impulsando una mudanza generalizada que se expresa en la nueva
Constitución, promulgada en 2008.
“Bien por Correa. Pero no somos
correístas. Nosotros somos de una
organización que está en lucha
desde hace 40 años”, dicen los de
la FENOCIN. Y dicen bien, los
cambios en curso en Ecuador se
impulsaron desde abajo, desde los
campos y las calles, de la misma
manera que se bregó en los espacios institucionales. Pedro de la
Cruz es miembro de la Comisión
Legislativa transitoria y lo fue de
la Asamblea Constituyente, donde presidió la comisión que se encargó de los temas del trabajo y la
producción social, como también
otra militante de la confederación:
Manuela Cobacanco, quien hoy
es miembro del Consejo General
Electoral, encargado de organizar
las elecciones de 2009.
“Nos llamaban ‘asambleístas rojos’ —comenta Pedro—.
Y es que los técnicos decían que en
la Constitución había que poner
que el Estado iba a ‘promover’ la
soberanía alimentaria y nosotros
tercos en que dijera ‘garantizar’”. Al
principio el tema se presentó con
bajo perfil, pues tenía oposición interna, pero las organizaciones presionaron en las calles. Y ganaron: el
artículo 281 constitucional establece que la soberanía alimentaria es
un “objetivo estratégico” y que garantizarla es obligación del Estado.
Por su parte la consejera Manuela Cobacanco recuerda que “Cantones, comunidades, parroquias...
luchamos por sumak kawsay, que
significa ‘estar en armonía con la
naturaleza y con los demás’. También peleamos por otros derechos:
la tierra, el agua, la semilla, la producción y el acceso a los alimentos”. Y lo consiguieron: el artículo
14 constitucional reconoce el derecho de la población al “buen vivir,
sumak kawsay”, y el 282, prohíbe el
latifundio así como el acaparamiento y privatización del agua, además
de que le asigna a la tierra funciones sociales y ambientales, creando
un fondo territorial que deberá regular el “acceso equitativo de campesinos y campesinas a la tierra”.
Del plato a la boca, a veces se
cae la sopa, y de la norma constitucional a la ley reglamentaria se
pueden cercenar derechos. La nueva Constitución ecuatoriana, por la
Nueva dirigencia de la FENOCIN
que se luchó en las calles, es triunfo
del movimiento popular entre otras
cosas porque desmonta las estructuras que en el Poder Ejecutivo, en el
Legislativo y en el Judicial, le permitían a la derecha reproducir indefinidamente su dominación. Un dispositivo que deberá ser plenamente
erradicado en las elecciones del 26
de abril de 2009, en las que se renovarán por completo los tres poderes
del Estado y todos sus niveles.
Como parte de la transición prevista por la Constitución, se están elaborando leyes reglamentarias, entre ellas
la de aguas, la de minas, la de participación ciudadana y la de soberanía
alimentaria. Para esta última se fijó un
plazo de 120 días, que está por cumplirse. “En América Latina —dice
preocupado Luis Andrango— se han
promovido diez leyes de soberanía
alimentaria. De ellas se han aprobado
cuatro, y la que menos, se tardó diez
meses en negociación. Pero en Ecuador tenemos que hacerla en cuatro”.
El problema está en que en la
conversión de la Asamblea Constitucional a Comisión Legislativa
transitoria, disminuyó el número
de representantes populares y algunos de los más combativos ya
no están, pero también en que los
movimientos sociales —que empujaron juntos por la nueva Constitución— están enfrentando separados
la hechura de las reglamentarias, y
podría ser, igualmente, que pasada
la calentura de renovación constitucional, a los políticos les entró
el pragmatismo. Así las cosas, se
corre el riesgo de perder en las reglamentarias lo que se conquistó en
Según Luis Andrango, algunos de
los problemas que dejan ver los borradores de la nueva ley que se han
filtrado son que se constriñe la soberanía alimentaria al tema de la nutrición, soslayando cuestiones vitales
como protección a la biodiversidad
y reforma agraria, la que se reduce
a un programa de créditos blandos
para adquirir parcelas; que no se
considera la participación social en el
diseño y la ejecución de las políticas y
programas, pese a que es un derecho
constitucional; que no se definen
mecanismos de presupuestación que
garanticen la canalización de gasto
público a la consecución de los objetivos fijados, y finalmente, que se
concibe la inclusión social como la
transformación de los campesinos
en agroempresarios: especializados,
netamente comerciales e integrados
en sistemas-producto que controlan
las agroindustrias. El riesgo de un
retroceso es grande pues la iniciativa
la está elaborando una comisión formada por el gobierno, que encabeza
quien fuera negociador del plausiblemente abortado tratado de libre comercio, y en medio de una coyuntura electoral que partidiza la discusión.
“Hay en este debate cuatro asuntos no negociables —dice Luis Andrango—. Primero, nuestra vía es la
campesina, no la empresarial. Segundo, no hay soberanía alimentaria sin amplia participación social.
Tercero, la tierra es un derecho, no
una mercancía, de modo que hace
falta una reforma agraria integral y
no créditos para comprar parcelas.
Cuarto, hay que garantizar la defensa de la biodiversidad.”
La iniciativa deberá estar en
manos de la Asamblea Legislativa
a más tardar el 9 de diciembre, y
ésta tendrá dos semanas para dictaminarla en comisiones y pasarla al
CAMPAÑAS CAMPESINAS EN LOS MEDIOS
n un escenario —todavía vigente— en
que los medios de comunicación veían
al medio rural como asunto no prioritario, y cuando editoriales, artículos y reportajes
daban cuenta de un movimiento campesino
desaparecido, dividido, cuasi muerto, brotó lo
impensable: en el invierno de 2002 once organizaciones campesinas nacionales y regionales,
bajo el lema de “el campo no aguanta más”,
dieron a conocer sus “seis propuestas para la salvación y revalorización del campo mexicano”.
Destinados a no ser la nota principal de
la prensa, radio y televisión, los campesinos
emergieron del México profundo para hacerse visibles ante los ojos de la sociedad civil.
Esas organizaciones fueron AMUCSS,
ANEC, CIOAC, CEPCO, CODUC,
CNOC, CNPA, FDCCH, FNDCM, RED
MOCAF, UNOFOC y UNORCA.
Con un campo en ruinas, empobrecido,
cientos de miles de campesinos se levantaron y
demandaron solidaridad de los trabajadores, los
pueblos indios, los jóvenes, los estudiantes, las
mujeres, las organizaciones no gubernamentales, los intelectuales y artistas, para impulsar sus
demandas, entre ellas una moratoria al apartado
agropecuario del Tratado de Libre Comercio
de América del Norte (TLCAN), que entonces
entraba a su décimo año de desgravación; programas emergentes y de largo plazo; reconocimiento de los derechos y la cultura de los pueblos indios, y recursos específicos para desarrollo
productivo, social y ambiental en el medio rural.
La capacidad que tuvo el Movimiento El
Campo no Aguanta Más (MECNAM), deno-
minado así por la prensa, para generar propuestas, argumentos y acciones, fue determinante
para que los medios de comunicación se interesaran por lo que sucedía en el medio rural.
Con la toma del Puente Internacional
Córdoba las Américas, de Ciudad Juárez,
Chihuahua, el primer minuto de 2003, el
MECNAM lanzó una aguerrida ofensiva de
lucha en defensa de la agricultura campesina
y la soberanía alimentaria; colocó como primer interlocutor al pueblo de México, e hizo
un llamado a la sociedad a participar “a su
modo”: a manifestarse en los puentes internacionales y aduanas, a enviar cartas con firmas
al Congreso de la Unión, a portar un listón
verde, a expresar rechazo al TLCAN, a revalorizar y promover el consumo de alimentos
hechos en México y cultivados por pequeños
y medianos productores y a boicotear el consumo de alimentos chatarra, entre otras cosas.
Campesinos visibles. Esto permitió que el
campo estuviera en las primeras planas de los
periódicos nacionales e internacionales, en
los noticieros de radio y televisión.
El MECNAM realizó ayunos y firmó la
alianza campesinos-sindicatos; organizó foros
con intelectuales, artistas y académicos, exposiciones culturales y la sorprendente movilización nacional “Salvemos al campo para salvar a
México” que congregó a más de cien mil campesinos, obreros, jóvenes y ciudadanos en general que atendieron al llamado del México rural.
Comunicados, boletines, desplegados de
prensa, volantes, folletos, trípticos, entrevistas
radiofónicas y televisivas, fueron sólo algunos
de los medios por lo que el MECNAM dio a conocer a la población sus propuestas y acciones.
El campo dejó de ser nota roja, folclore, conflicto. Y pasó a ser asunto de interés nacional.
La agitación campesina brotaba de sur a
norte, de centro a occidente y así lo reflejaban
los medios de comunicación. El movimiento
campesino, que para muchos analistas estaba
“muerto”, aparecía más vivo que nunca para hacer frente a los desafíos del iniciante siglo XXI.
Los labriegos obligaron al gobierno del entonces presidente Fox a sentarse a dialogar,
de cara a la nación, las bases de una nueva
política para el campo. Las mesas de diálogo
que se desarrollaron en la antigua cárcel de
Lecumberri derivaron en la firma del Acuerdo Nacional para el Campo.
Del MECNAM a Sin Maíz no Hay País.
La fractura del MECNAM, tuvo al movimiento campesino en un letargo. No obstante, se seguían construyendo alianzas pasajeras
y coyunturales.
Con el fin del sexenio de Fox, la problemática del campo se agudizó. Con la crisis
de la tortilla y la cercanía de la última fase de
desgravación del TLCAN, se fortaleció la insistencia campesina por la renegociación del
apartado agropecuario de este acuerdo internacional y específicamente la salida del maíz
y el frijol. Diversas organizaciones campesinas, ambientalistas, de mujeres, de derechos
humanos, civiles y sociales, así como intelectuales, académicos, artistas y ciudadanos de a
pie lanzaron la Campaña Nacional en Defensa de la Soberanía Alimentaria y la Reactivación del Campo Mexicano, Sin Maíz no Hay
País. ¡Pon a México en tu Boca!
Las propuestas y demandas, que incluyen
la prohibición de maíz transgénico, la aproba-
pleno. La ventaja es que antes de
que termine 2008 Ecuador tendrá
una ley de soberanía alimentaria, el
riesgo es que sea una ley defectuosa. En todo caso, lo más importante
es que el tema está en la Constitución, y que las organizaciones que
lo pusieron ahí se muestran dispuestas a seguir luchando para que
el mandato se cumpla.
En su calidad de nuevo presidente
nacional de la FENOCIN, Luis Andrango tiene clara la película: “En
América Latina hay emergencia de
movimientos populares que se producen por la extrema polarización
social. Emergencia que se canaliza
por la vía electoral y hace posible
que haya gobiernos progresistas.
Esto está bien. Pero nos preocupa
que con la institucionalización de la
lucha se reduzcan los movimientos.
Nos preocupa que por los espacios
parlamentarios se minimicen los
no parlamentarios. Porque las leyes,
los gobiernos y las instituciones son
una parte, pero hay otros terrenos
de lucha. Sobre todo, hay que atender el fortalecimiento político de la
FENOCIN, porque los gobiernos
pasan y las organizaciones quedan.”
La misma idea en voz de Manuela Cobacanco, movimientista
y consejera electoral: “Somos interculturales: una organización de
gente diversa pero con la misma
causa, una escuela de formación
para jóvenes y jóvenas reclamando
el buen vivir. Porque las pajas se
queman, pero la semilla queda.”
ción del derecho constitucional a la alimentación y la aprobación de la Ley de Planeación
para la Seguridad y Soberanía Agroalimentaria y Nutricional; y acciones mediáticas novedosas, como ferias, conciertos, siembras de
maíz en la urbe, recolección de firmas, ayunos, plantones frente a las embajadas y oficinas de gobierno, marchas, debates públicos,
toma de puentes internacionales y caravanas
de tractores, permitieron que el campo mexicano resucitara en los medios de la invisibilidad en la que se había sumido nuevamente.
La presencia de la campaña en los medios
ha permitido posicionar temas que generalmente no son tratados en los espacios informativos, y ello le permite un vínculo fundamental con la sociedad civil.
Gobierno autista. A pesar de la calidad y
profundidad de las propuestas y alternativas
para el cambio de rumbo de las políticas públicas, el gobierno sigue sin atender de manera frontal la grave crisis del campo.
Siendo movimientos diferentes y distantes
en el tiempo, tanto el MECNAM como Sin
Maíz no Hay País coincidieron, entre muchos otros aspectos, en la utilización de los
medios de comunicación y en evidenciar que
los asuntos del campo no son únicamente responsabilidad de las y los campesinos, si no de
todas y todos los mexicanos.
No obstante, contrario al MECNAM, la
Campaña Nacional Sin Maíz no Hay País sigue unida y fortalecida, e inició una segunda
etapa de lucha bajo el lema “Alimentos campesinos para México. El hambre no espera”,
que concluyó con la realización, en octubre
de 2008, de la Asamblea Nacional por la Soberanía Alimentaria, y actualmente está en
proceso de una tercera etapa de lucha.
Coordinador de Prensa y Comunicación de ANEC, AC
UNA NUEVA ARENA
DE LA LUCHA CAMPESINA
uizá con retraso, pero con particular fuerza, ha surgido en el
mundo rural la demanda del ejercicio pleno del derecho a
la información. Los procesos de comunicación en manos de
campesinos solían no ser más que la cereza que coronaba el pastel de
un proceso político o la parte publicitaria de un proyecto productivo,
pero hoy se han convertido en parte sustantiva de la actividad política y
del proceso de organización de campesinos e indígenas.
La capa socialmente más activa del movimiento social en el campo
mexicano está buscado por vía de los medios de comunicación diversos
objetivos, entre ellos presentar un nuevo perfil ante la opinión pública,
ganar mercados, prestigiar lenguas maternas, promover identidades,
buscar consensos, informar sobre opciones productivas, educar en el
cooperativismo y capacitar para opciones orgánicas y sustentables.
En los 80s el gobierno puso en marcha programas para desarrollar
esquemas de comunicación para el desarrollo rural. Con asesoría de la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se impulsó el Programa de Desarrollo Rural Integrado
del Trópico Húmedo (Proderith) de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) que produjo más de 400 videos. El Instituto
Nacional Indigenista (INI) puso en marcha el proyecto Transferencia
de Medios Audiovisuales a Organizaciones y Comunidades Indígenas.
Muchos de los recursos invertidos en estos programas terminaron en
montones de videocámaras y mezcladoras arrumbadas y empolvándose, otro “cementerio del desarrollo”. Sin embargo, quedó una semilla
sembrada que ahora está brotando en la parcela civil.
Esta posibilidad se ha abierto, en parte, gracias al abaratamiento de los
equipos necesarios para la producción de servicios de comunicación. Se
han puesto al alcance de organizaciones medianas y pequeñas. Para comprar un equipo equivalente al que usaron los programas gubernamentales de los 80s ahora se necesita una ¿quinceava… una veinteava parte?
Estas tecnologías han revolucionado sobre todo los medios audiovisuales. Los medios impresos, que por décadas aglutinaron a los movimientos sociales, han cedido espacio a nuevos instrumentos como el
video y la radio. Por encima de las facilidades técnicas, estos medios se
convirtieron en opción rural porque encajan con el carácter oral de las
culturas de lo que Guillermo Bonfil llamó el México profundo.
En esta generación de medios de comunicación rural la radio está
llamada a ser la protagonista, ningún otro medio tiene la penetración
de la radio. En muchas regiones rurales la vida familiar todavía se da en
torno a un radio. Pero para emisiones pensadas para la organización y la
participación el protagonismo corresponde más precisamente a la radio
en combinación con el internet. En una situación de escasa conectividad de la población rural, la radio constituye los caminos vecinales
de la llamada supercarretera de la información y los radialistas son sus
seleccionadores y reinterpretadores.
Aparte de la abrumadora cantidad de información en textos, en la web
existe una creciente disponibilidad de audios que pueden ser adaptados
y trasmitidos. La inmensa audioteca alojada en la red brinda materiales
informativos y formativos que permiten enriquecer la programación.
Van algunos ejemplos: el sistema de noticieros de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica (ALER, http://www.aler.org/)
o la Radioteca (http://www.radioteca.net). En su reunión de diciembre
el capítulo mexicano de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias
(AMARC-México) acordó la producción de un noticiero nacional.
Esta oferta permite centrar los esfuerzos de producción de los radialistas comunitarios en materiales de interés local. Pero también se
ha abierto una gama de oportunidades para subir material. Todavía la
radio por internet no es una opción masiva, ni mucho menos rural,
pero sí lo es subir audios sobre información, denuncia y los relativos a
las áreas de especialidad de las organizaciones productoras.
Es difícil calcular el número de radios comunitarias en México. No
pasan de 20 las que tienen permiso para operar y la gran mayoría carecen de él. Algunos han calculado en 300 el número de radios sin
permiso. Sin embargo, muchas de éstas no pueden considerarse como
comunitarias ya que simplemente son negocios de venta de publicidad
que no se diferencian en su programación de las estaciones concesionadas a particulares para su explotación comercial. Por otra parte, hay un
creciente número de radios ligadas a denominaciones protestantes. Particularmente en Chiapas, donde han captado un público importante y
han ejercido presiones políticas para que se les permita seguir operando.
Estas cifras, nada tienen que ver con las redes que muchos de los
países de Latinoamérica han logrado construir. El Estado mexicano es
uno de los más restrictivos en la región en lo que se refiere a las radios
comunitarias. Los gobiernos de Bolivia, Venezuela, Colombia y Uruguay tienen la obligación legal de apoyar las radios comunitarias. En
el caso de Uruguay, gracias a la Ley de Radios Comunitarias aprobada
en diciembre de 2007, se ha reservado un tercio del espacio radial para
las emisiones no comerciales. En cambio, la legislación mexicana ni
siquiera contempla la figura de radio comunitaria y ha sido constante
el cierre de radios y la confiscación de su equipo. Éste es, por supuesto, otro de los campos en los que los monopolios de la comunicación
mexicana han hecho sentir su peso en las decisiones públicas.
La falta de reconocimiento legal no es el único problema de los
medios comunitarios, quizá ni siquiera sea el más importante. Las
agresiones a las radios comunitarias con permiso han sido tan o más
violentas que los cierres ordenados por la autoridad correspondiente, la
Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel). Es el caso de Radio Nandía, de Mazatlán de Villa de Flores de Oaxaca, que cuenta con
permiso para transmitir y que ha permanecido cerrada desde agosto
de 2006 por la acción de grupos caciquiles. Estos casos, como el de las
radialistas asesinadas Teresa Bautista y Felícitas Martínez de la estación
triqui La Voz que Rompe el Silencio tienen más que ver con el vacío
del gobierno de Ulises Ruiz (interesado en manipular los conflictos a
su favor, no en resolverlos) que con la situación legal de las radios.
La base de estos proyectos de comunicación es su base social e institucional: es decir qué tanto son asumidos como propios por las comunidades
e instituciones campesinas e indígenas; qué tanto el “cargo” de comunicador forma parte del sistema de cargos tradicional; hasta qué punto las organizaciones rurales guían y protegen estos proyectos de comunicación.
Coordinador de la Red de Comunicadores Boca de Polen
• Un software libre
Al igual que muchas otras herramientas
de divulgación libre, el proyecto Magón
Vive! se va concretando con elementos
palpables, como la distribución de software libre para quienes busquen desarrollar su labor con herramientas creadas
por, para y desde una lógica distinta a la
de las industrias tecnológicas y culturales a elevados costos, con requerimientos
constantes para su actualización y funcionamiento efectivo.
Las plataformas o ambientes computacionales que ofrecen hoy los monopolios desarrolladores de software limitan
de muy distintas formas las posibilidades
de utilización y funcionamiento de los
equipos de cómputo. La batalla de los virus, los antivirus y los software espía nos
hablan de una lógica de guerra computacional que le hace el juego a las otras
muchas guerras de este mundo torcido,
paranoico y profundamente consumista.
El software que distribuye este proyecto
más que software es una herramienta colectiva. Allí encontraremos software básico tanto para comunicadores y activistas,
como para todos aquellos que comienzan
a utilizar las computadoras o que las usan
en sitios públicos con internet.
Este software garantiza libertad plena por su licencia GPL (general public
license), la cual frena cualquier intento
de apropiación que limite a sus usuarios.
Utiliza y fomenta los formatos y contenidos libres y se encuentra disponible en
línea para su descarga sin cargo alguno;
también se puede descargar la documentación que nos guiará en su uso y forma
Ofrece una comunicación segura ya
que busca garantizar el derecho a la privacidad y el anonimato en los programas
de comunicación que incluye, como
el administrador de correo electrónico
mozilla thunderbird, el navegador de internet mozilla firefox o el de mensajería
instantánea gaim. Además fomenta el
derecho a la privacidad a través de programas de seguridad que permiten el cifrado de información de acuerdo con los
intereses del usuario.
Contiene también programas de oficina, como procesador de texto y hoja
de cálculo; de diseño vectorial, manipulación de imágenes y diseño editorial,
además de los multimedia, entre los que
podemos encontrar editores y reproductores de audio y video.
Así, su nombre le rinde homenaje al
periodista y anarquista mexicano Ricardo
Flores Magón y su aplicación también lo
hace al ofrecer una herramienta común,
libre y segura, con un valor práctico a quienes la deseen utilizar, mejorar, ampliar o
apropiarla de cualquier forma posible.
Descargas y más información en:
http://magonvive.espora.org/
http://www.cmldf.lunasexta.org/node/14513
No. 16 Campo y comunicacion.
Radio comunitaria, cine documental, fotografía y prensa

References: resolución 
 artículo 27
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 Artículo
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artículo 281
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