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Timestamp: 2020-07-02 21:35:09+00:00

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2004: reconocimiento del Gobierno de Santa Fe. – SEPA Argentina
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2004: reconocimiento del Gobierno de Santa Fe.
por SEPA - junio 8, 2020 junio 8, 2020 0
Antecedente – Decreto Nº 3562/92 – Gobernador Carlos Alberto Reutemann.
21-05-2004: VI Premio “Juan de Garay”.
Olga Bressano de Alonso – Correa.
Unamuno a través de su correspondencia.
Jorge Raúl Muñoz – San Genaro.
Presencia de Jorge Raúl Muñoz en las escuelas.
Junio melancólico.
La tapera gringa.
32: El tiempo.
Vínculo perdurable…
Pablo Alcides Pila – Reconquista.
La trampavida.
Magia del niño.
Mareili Sordello – Suardi
Un escritor en el exilio.
Tras las señales de Mareili desde Suardi.
Consideró también que “en esta oportunidad, teniendo en cuenta sus trayectorias culturales procede a otorgar a propuesta de la Subsecretaría de Cultura, con carácter excepcional el premio cuya institución se propone a los señores Ricardo Supisiche y César Fernández Navarro en reconocimiento a su vasta y destacada labor como artista plástico santafesino.”
“Por ello, el gobernador de la Provincia decreta:
Artículo 1º: Institúyese el Premio ‘Juan de Garay’ el que será otorgado anualmente, cuyas bases norman parte del presente decreto como anexo en 2 fojas.”
Artículo 2º: Establécese que las erogaciones que resultaren del Premio instituido por e artículo precedente, serán atendidas oportunamente con las disponibilidades crediticias existentes en la Cuenta Corriente Especial Nº 17996/10 –‘Fondo Provincial de Ayuda Escolar – Asistencia Cultural’.
Artículo 3º: Otórgase, excepcionalmente, el Premio ‘Juan de Garay’ correspondiente al año 1992 por sus trayectorias culturales a los señores Ricardo Supisiche y César Fernández Navarro, propuestos por la Subsecretaría de Cultura dependiente del Ministerio de Educación, en reconocimiento a su vasta y destacada labor como artistas plásticos santafesinos.
Artículo 4º: Regístrese, comuníquese, publíquese y archívese.”
21-05-2004: VI Premio “Juan de Garay”…
Tras los trámites pertinentes, el 21 de mayo de 2004 el gobernador Ingeniero Jorge Obeid firmó el decreto Nº 0827 teniendo a la vista “el Expediente Nº 00401-0132318-7 del registro del Ministerio de Educación, mediante el cual su Secretaría de Cultura solicita se otorgue el Premio ‘Juan de Garay’ correspondiente al año 2003”. [1]
A partir de la gestión del gobernador Obeid, es “Secretaría de Cultura”. Desde el 10 de diciembre de 2003 tiene asignada esa misión el Licenciado Raúl Bertone, ex director del IPA”José Pedroni” en 1985 y directivo en la Escuela de Cine y Televisión de Rosario; persona de confianza del actual gobernador durante su gestión anterior, ya que sucedió a Enrique Llopis desde el momento de su cese, 1º de julio de 1997 hasta la finalización de aquel mandato, 10 de diciembre de 1999.)
Mediante el artículo 1º otorgaron el Premio “Juan de Garay” a Gastón Gori” y a partir del tercer considerando del Decr. Nº 0827, está escrito:
“Que el citado escritor fue seleccionado por su trayectoria intelectual, firmemente sostenida por una ética inclaudicable.
Artículo 2º: Otórgase una mención especial a todos los aspirantes al citado galardón, como una forma de reconocer el trabajo de toda una comunidad a favor de la cultura: Laura Lidia Vizcay; Dante Ruggeroni y Pablo Alcides Pila de Reconquista; Gabriel Cepeda de Granadero Baigorria; Lorena Maricel García de Monje; Olindo Cecilio Strada de Sastre; Antonio Héctor Torres de Fuentes; Jorge Alberto Hernández; Jorge Taverna Irigoyen y Luis Di Nucci de Santa Fe; Víctor Hugo Debloc de Romang; Juana Rosa Cordero de Timbúes; Belkys Larcher de Tejeda de Coronda, María Angélica Kovasevich de María Susana; Olga Bressano de Alonso de Correa; Hugo Lorena de Santo Tomé; Aldo Emilio Basaglia de Rosario; Raúl Lanas de Casilda; María Inés Hischier, Selvino Ortolano, Mareili Sordello, Gladys Costamagna, María Isabel Ferrero, Fortunato Nari, Eduardo Jara y Edo Sgrazzutti de Suardi; Roberto Beliera y Antonio Bosikovich de Máximo Paz; Jorge Raúl Muñoz de San Genaro; Emilio Martín Pasquinelli de Villa Mugueta y Nilson Maritano de San Jenaro Norte. [2]
Artículo 3º: Regístrese, comuníquese y archívese.” Ingeniero Jorge Alberto Obeid
Hay Sello del Ministerio Coordinador. / Otros Sellos.
Olga Bressano de Alonso – Correa
Conocí a Olga en el Club Español de Rosario –calle La Rioja 1951- durante el acto de presentación de la Selección “Poesía y Prosa ’81” de la Asociación Literaria “Nosotras”, con Prólogo del crítico Eugenio Castelli, donde incluyeron mi poemario “Canto íntimo”. Fue uno de los tantos viajes organizados con mi amado amante Eduardo Rodolfo Fontanini Doval, con el propósito de compartir… Primero nos acercamos a la casa de Ana Hilda Quinodoz de Villanueva integrante de esa Selección con un conjunto de poesías titulado “Simplemente soñando”. Un año después, esa Asociación organizó las “Jornadas de Literatura” – “Escritores españoles de las últimas cinco décadas”, del 11 al 13 de agosto de 1982, con auspicios de la Dirección General de Cultura de la ciudad de Rosario, el Consulado de España, el Instituto de Cultura Hispánica de Rosario y el Club Español. La maestra y escritora Febe Cúcari de Ellena fue la organizadora y coordinadora general junto a Clara C. de Verdejo, secretaria de esa entidad. Gobierno de facto en Santa Fe Roberto E. Casis (15-01-82 al 25-02-83), Intendente de la ciudad de Rosario Dr. Alberto Natale, luego diputado provincial y nacional por el Partido Demócrata Progresista.
Fueron aprobadas dos ponencias “Los ‘postistas’, nuevos poetas de España –1949-“ (p. 161-173) y “Los escritores españoles desde hace cinco décadas y la presencia de Dios” (p.167-173). Incluida en la nómina de cuarenta “participantes activos”, entre ellos Olga Bressano de Alonso con un trabajo incluido en las páginas 136 a 144. Aquí, la reiteración completa:
Unamuno a través de su correspondencia
Unamuno era, aún antes de morir, un escritor de obra imperecedera. Todos lo sabían. Lectores y espectadores de ese español universal lo señalaban ya entonces como una de las conciencias más esclarecidas del siglo. Lo seguimos sabiendo ahora cuando advertimos que ha dejado tras de él “esa reciedumbre de piedra y ese temblor de cosa viva”, contraste paradojal, como dice Fermín Estrella Gutiérrez, que hacen de un hombre y un escritor un paradigma ante sus contemporáneos y ante la posteridad. Murió el último día de diciembre de 1936 a los setenta y dos años, y escribió hasta siempre, aún en su vejez. Por eso, en estas Jornadas que abarcan las últimas cinco décadas de la producción literaria española, D. Miguel de Unamuno, aunque perteneció a la generación del 98, no podía quedar afuera. Por eso, y porque este hábil hilvanador de palabras y de ideas, este Unamuno vasco, Unamuno Español, Unamuno hombre universal, es perdurable y apasionante lección de preocupación y de valentía por los eternos problemas que atenacean el transcurrir de la vida, y un maestro en la profundización de la conciencia individual y colectiva de sus contemporáneos con conceptos que siguen y seguirán vigentes. Por su voz habló la España de siempre, la de Santa Teresa, la de Cervantes, y también la del hombre de su tiempo y de todos los tiempos.
Más allá de la obra que trasciende, más allá de los datos biográficos a veces puramente cronológicos, hay en la vida de los grandes creadores algo que define su quehacer: cómo fueron, qué hicieron, cómo vivieron, a quiénes los unió el vínculo del amor y la amistad. Es un poco retrotraernos al intemporal “Yo y las circunstancias”. De allí que más que hablar de Unamuno que descolló en todos los géneros, que cultivó la poesía, la novela, el teatro y el ensayo con singular maestría, me gustaría retratar a quien fue y será el símbolo del pensamiento de la España inmortal, a través de la correspondencia que lo uniera con un vínculo de amistad entrañable, al poeta catalán Juan Maragall, abogado, periodista orientador de la opinión del país, y el poeta lírico y épico más grande que tuvo Cataluña. Es quizás en las cartas, en esas cartas escritas con el corazón y con tanta frescura como si estuviera hablando, donde Unamuno se revela aún más humano y sensible que en sus más profundos ensayos. Están escritas a veces con la prisa que caracteriza a los grandes creadores, pero llenas de una vida inusitada que ni el tiempo, ni los cambios de gustos y preferencias podrán marchitar nunca. Unamuno tenía necesidad de comunicarse con los demás, de intercambiar ideas, de polemizar, de revolver asuntos inquietantes, de hablar consigo mismo como si los destinatarios lo escucharan. La correspondencia que los tuvo hermanados a lo largo de los años, desde 1900 hasta la muerte de Maragall el 20 de diciembre de 1911, interesantísima no sólo por la jerarquización de ese sentimiento desinteresado y casi inefable que es la amistad, sino porque en esas cartas, como en verdaderos ensayos con un solo receptor, Unamuno desnudó su alma y profundizó en sus arduos conflictos personales en torno del yo, en sus anhelos supervivencia y continuidad, y en sus forcejeos interiores entre fe y razón, vida y creencias.
Documento irremplazable de una época, lo es también de las vidas y de los sentimientos de ambos. En su primera misiva dice Unamuno:
“De las cartas que con ocasión de mis “Tres Ensayos” he recibido, es la de Ud. una de las más gratas y la más animadora. Soy yo ahora quien digo a Ud. ¡Dios se lo pague! Porque aunque conservo fresco el manantial de mi tenaz constancia vasca, vivo tan aislado –voluntariamente- en este viejo ciudadón de la austera tierra castellana, que como voces del mundo en que sueño me llegan voces con la de Ud. Predico: adentro, tal vez mi mal sea el adentrarme en exceso.
Nos hemos hecho amigos, me escribe Ud. Así tenía que ser, y lo que tiene que ser al fin es. Yo lo era de Ud. hace tiempo, porque más de una vez he apacentado mi espíritu en sus poesías, y una de éstas, “la vaca ciega”, hace tiempo que me lo sé de memoria de puro leerla y recitarla a otros. Es una de las poesías puramente poéticas que conozco. ¡Es tan raro hallar hoy aquí verdaderos poetas, nobles, serenos, reposados, maduros! Han dado en convertir al mundo en un caleidoscopio mareante. Creo que comulgamos en un culto, y es el culto a Goethe Casi aprendí en él el alemán, y en él aquieto las turbaciones de mi espíritu.
Será una debilidad de padre, pero en nada he puesto tanto cariño como en mis poesías. Después de mi novela “Paz en la guerra”, sobre todo su final, no había vertido tanta alma como en ellas he vertido. No sabe Ud. bien cuánto me regocija el haber entablado relación con Ud. el poeta español de mi generación que más me satisface (los de la pasada me gustan poco). Verdaguer, Guerra Junqueiro el portugués y Ud. son los únicos que releo”.
Con respecto a esta reflexión sobre la poesía hay que acotar que en la fecha en que fue escrita, no habían publicado sus primeros libros Juan Ramón Jiménez y Machado.
En la carta siguiente se refiere a su Vasconia natal llamándola “mi país” y otra vez habla de “La Vaca Ciega” al comentarle que únicamente está atrapado por tres traducciones: la de esa poesía, una de Leopardi y otra de Coleridge.
En la carta siguiente, Unamuno, al hablar de las obras que prepara, menciona una que piensa titular “Inteligencia y Voluntad” o “Ciencia y Religión” o “Razón y Fe” y dice, con peculiar gracejo español y lúcida ubicación, que “quiere escribir de filosofía en la lengua en que se pide chocolate y se habla de la cosecha y de los asuntos domésticos. “El libro resultante de estas indagaciones fue nada menos que “Del sentimiento trágico de la vida” aparecido muchos años después, en 1913, y que tiene como tema de preocupación constante la gran cuestión unamuniana de la inmortalidad del alma como única posibilidad de trascendencia existencial.
Hasta este momento, Unamuno y Maragall no se habían visto ni conocido personalmente. En su carta del 2 de noviembre de 1906, Unamuno se refiere al encuentro de ambos en Barcelona y a la impresión que Maragall le produjo “Vuelto ya al reposo de esta sosegadora Salamanca saludo a Ud. desde ella para decirle por carta -ya que mi pluma es más expresiva que mi lengua y no me cohibe el pudor que la presencia impone- cuán prendado he venido de Ud. y cómo el afecto admirativo que antes de conocerle le profesaba, se ha corroborado y acrecentado con este conocimiento personal. Y espero y deseo que ésta, nuestra amistad, sea duradera, y espero y deseo también volver por ahí ya de tapadillo y que podamos departir sin apremios y sin ruido.”
Y en la respuesta, que es la primera carga de Maragall que figura en este epistolario, después de referirse a la simpatía completa y mutua que los ha inundado, habla del significado de la visita de Unamuno a Barcelona teniendo en cuenta las reservas de éste, con respecto a esa ciudad:
“Y dentro de ella estábamos por un lado nosotros, sus devotos; y usted, por su lado, nos veía como rodeados de una invisible pero, -no imperceptible- atmósfera castellana, que en ciertos momentos se condensaba en su persona de una manera dura, agresiva -hasta involuntariamente- al sentido catalán. ¿Cómo pudimos conocernos y amarnos a través de todo esto? Sin duda por aquello que está más adentro, pero que es lo más fuerte y acaba por vencerlo todo. Yo vi brillar en Ud. el recóndito diamante cuando nos leía sus poesías, especialmente cuando se las oí en esta misma estancia donde ahora estoy escribiendo y en cuya atmósfera yo no sé qué quedó de su presencia. Aquí mismo donde espero leerlas a mis solas, evocando su viva voz y el modo como Ud. las decía. He recibido su poema “La Catedral”. Hacía muchos años que no había estado en ella en esta hora sagrada de la tarde, y hoy, lleno de su “Oda” y loco de orgullo de vérmela dedicada, he salido adrede de mi casa y, como a escondidas (porque a quién podía decirle yo que iba a “estar” en la Catedral?), he ido, y he estado, y he pensado en Ud. amigo y poeta, y he dicho el Padrenuestro. ¡Ay! estaba demasiado bella, ya toda inundada de tinieblas menos en lo más alto, donde agonizaba la luz en unos rayos sanguinolientos. ¡Ay! aquello sí que era bien español, de ese español tétrico y grande que hemos dado al mundo,”
En otra de sus cartas y hablando de su “Tratado del amor de Dios”, en preparación, Unamuno se refiere también a la visión personal de la poesía, “ese mundo donde todo se hermana y donde Leopardi da la mano a Walt Whitman”. A ello responde Maragall haciendo suyo ese sentimiento que encuentra “lleno de promesas, vagas pero sublimes”, y después de un largo discurrir confiesa, casi ingenuamente, que al ver en el sobre la letra de su amigo, es tanta su alegría que, en vez de abrir inmediatamente la carta, la va guardando hasta “el momento de poder leerla dignamente”.
En la carta fechada el 20 de diciembre de 1906, Unamuno define así su comprensión por Castilla:
“No olvide que no soy castellano, aunque el alma de Castilla me haya empapado. El canto del Cantábrico meció mi cuna, nací y me crié en un puerto y entre montañas. Y ni el mar ni la montaña verde son cosa castellana. Así comprenderá que puedo gustar de otras cosas. ¡Pero esa tierra, esta tierra me ha ganado!”
Maragall le contesta días después:
“No lo olvido, no, que no es usted castellano de nacimiento. Pero ¿qué importa si esta tierra -como usted dice- le ha ganado! Yo creo más, que ha encarnado en Ud. como en nadie que hoy viva y tenga voz.”
Quizás la frase que con mayor justeza define los caracteres de ambos está en una carta de Unamuno y dice así:
“¡Dios le conserve a Ud. su serenidad y me conserve mi inquietud a mí!”
Y como compendio de lo que era D. Miguel de Unamuno entonces, no sólo para los catalanes, sino para muchos de sus contemporáneos españoles, Maragall, en una de sus más bellas cartas, nos lo hace comprender diciéndole, a propósito del retrato que Unamuno le enviara y que él conservó colgado en su despacho “Acabo de recibir su retrato: ¡Qué buena fotografía! Parece obra de mano humana, tiene fuerza. Al caer el envoltorio y aparecérseme, me ha sacudido como una presencia viva, inesperada y misteriosa. Después era su alma sola la que quedó ante mí y e dio el fraternal abrazo ¡Oh, y como lo correspondí! Si estas cosas sintiesen los cuerpos a distancia, usted lo sabría ya. Cuán bien dice su figura su alma. Es Ud. un hombre fuerte, don Miguel, pero fuerte ¿cómo le diría yo? Quisiera bruñir la palabra fuerte como se dice del vino, como se dice de un olor, fuerte porque penetra, porque se hace sentir en derredor, porque invade. Lo que Ud. es, yo no he podido definírmelo; veo los atributos, pero no aún su esencia. Lo que digo es lo que Ud. sea lo será fuertemente. Ésta es para mí la expresión de su figura que me renueva ahora el retrato. Pero una cosa falta a éste: es el color y el brillo de sanidad. La presencia física de Ud. da una sensación de vigor, de salud (cuán torpemente me expreso, pero siempre me parece que Ud. me entiende) que no está en su retrato.”
El Unamuno autobiográfico, el que escribió esa joya que es su libro “Recuerdos de niñez y de mocedad” está retratado en este párrafo de una de sus misivas:
“En su última carta me hablaba usted de mi tienda de campaña. Sí, en mi vida de lucha y de pelea, en mi vida de beduino del espíritu, tengo plantada en medio del desierto mi tienda de campaña. Y allí me recojo y allí me retemplo. Y allí me restaura la mirada de mi mujer, que trae brida de mi infancia. Nos conocimos de niños casi, en Bilbao; a los doce años volvió ella a su pueblo, Guernica, y allí iba yo siempre que podía, a pasear con ella a la sombra del viejo roble, del árbol simbólico. Y allí me casé. A mi mujer la alegría del corazón la rebasa por los ojos, y ante ella tengo vergüenza de estar triste. Un día, hace años, cuando me preocupaba lo cardíaco, al merme llorar presa de congoja, lanzó un ¡hijo mío! Que aún me repercute. Y ésta es mi tienda de España.”
Y así, con ese tono íntimo, se continúan enlazando sus almas en una correspondencia que perdura hasta 1911. A lo largo de ella proyectan publicar juntos una revista que se llamaría “Revista Ibérica” o “Celtibérica”, escrita en las diferentes lenguas y dialectos de la Península. Intento que fracasa por no saber cómo financiarla. También se pone de relieve la armonía que lograron esos espíritus, al llegar Unamuno a encomendar a su hijo, que va a Barcelona a estudiar, a Maragall, a quien pide sea un segundo padre para el muchacho.”
Enterado Unamuno de la muerte de Maragall el 20 de diciembre de 1911, ese mismo día responde al telegrama enviado desde el diario barcelonés “La Publicidad”, con un artículo titulado “En la muerte de Maragall”, que fue publicado ya el día 23. En él comienza hablando de la congoja por la pérdida “del amigo del alma, del hermano” y termina con las desgarrantes palabras que los unen para siempre en la inmortalidad: “Pero, no, no ha muerto, no!” También lo recordó en dos bellos artículos publicados en La Nación, de Buenos Aires, el 7 y el 29 de marzo de 1915, y en el prólogo de las Obras completas de Maragall, el gran Unamuno escribe:
“¿Lo oís, lectores? ¡Oírlo y no sólo leerlo ¿lo oís? ¿Oís esas palabras del glorioso y puro autor del elogio a la palabra y no a la letra? Y basta ya, que he de dejarla para que tú, lector, la tomes. Y Dios quiera que en tu espíritu resuene el suyo, como ha vuelto a resonar, al volverlo yo a leer, en el mío.”
Creo que a través de la rememoración de este epistolario ha vuelto a resonar en nosotros el espíritu de Unamuno, y hemos quizá así satisfecho para él esas “ansias de inmortalidad” que lo acosaron –como acosan a todos los humanos- y trascienden en el texto apasionante de “El Sentimiento Trágico de la Vida”.
Bien dice un proverbio que “quien vive sólo en el pasado, posiblemente esté desperdiciando el presente. Pero quien olvida su pasado, malogrará su porvenir, porque en las raíces del ayer se nutre el follaje del mañana”. Por eso, recordando este pasado inmortal de España, estamos sin duda vivificando el hoy y nutriendo el futuro de Hispanoamérica toda.
Conclusiones: Pese a pertenecer a la generación de ’98, Don Miguel de Unamuno no podía quedar afuera de estas Jornadas, porque este español universal es un maestro en la renovación de la conciencia individual y colectiva de sus contemporáneos. Su mensaje profundiza los arduos conflictos intemporales en torno del yo, los anhelos de supervivencia y continuidad, los forcejeos interiores entre fe y razón, vida y creencias buscando la inmortalidad del alma como única posibilidad de trascendencia existencial.
Más allá de la obra y de los datos puramente cronológicos, hay en la vida de los grandes creadores algo que define su quehacer, cómo fueron, qué hicieron, cómo vivieron, a quiénes los unió el vínculo del amor y la amistad. Todo eso lo aprehendemos a través de la correspondencia que mantuvo con Maragall, el más grande poeta de Cataluña, con quien lo unió una amistad entrañable desde 1900 hasta 1911, y en la que Unamuno se revela aún más humano y sensible que en sus más profundos ensayos. Son cartas escritas con el corazón, que ni el tiempo ni los cambios de gusto podrán nunca marchitar. Al revivir este epistolario logramos revivir el espíritu de Unamuno y rescatamos para él esas “ansias de inmortalidad” que lo acosaron y que trascienden en el texto apasionante de “El sentimiento trágico de la vida”.
Jorge Raúl Muñoz – San Genaro
En 1984, el poeta Jorge Raúl Muñoz pertenecía al grupo de adherentes al “Círculo de Escritores del Litoral” y colaboró con su obra al desarrollo de programas de educación por el arte –de vivir y convivir- en distintas circunstancias.
Destacado poeta de San Genaro (Departamento San Jerónimo), recibió premios y distinciones por su labor literaria otorgados por autoridades oficiales y privadas. Participó en el Plan Cultural de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe (proyectos elaborados por la coordinadora de las áreas de Educación y Cultura (Res. Nº 322/84 encomendándole esa misión) y aprobados mediante sucesivas disposiciones por el Subsecretario Dr. Jorge Alberto Guillén hasta su fallecimiento el 2 de septiembre de 1985, luego por el Subsecretario D. Néstor Norberto Zapata hasta 1987. Desde entonces participó activamente en diversos proyectos culturales. En el año 2004, fue reconocido por su trabajo “favor de la cultura” y aquí, la información pertinente:
En el libro “Desde Santa Fe… para los niños” editado con aporte de material para impresión y obras de escritores vinculados al CEL (Círculo de Escritores del Litoral), entregado durante el desarrollo del Plan Cultural 1987 del Ministerio de Educación y Cultura, aprobado por el Dr. Juan Carlos Gómez Barinaga el 16 de marzo de 1987), fueron incluidos cinco poemas de JORGE MUÑOZ, en las páginas 35 a 38.
28. Junio melancólico.
Día de pájaros muertos y rosales marchitos.
La soledad helada
vaga por las calles desiertas.
Perfumes de chimeneas
y humos que se espantan por la brisa.
Lacio sosiego en el alma
que se adormila en el olvido
en las largas horas de la noche.
Las garras del invierno
deshilachan los últimos ropajes de los árboles
que lloran a ratos por la llovizna.
¿Quién anda por este silencio
que parece paralizar la vida?
¿Acaso el alma de las flores
que vaga por los marchitos jardines?
De momentos, la niebla
pone un tinte fantasmagórico en los álamos
que se presienten irreales.
¡Qué deseos de dormir junto al fuego
y que el pensamiento vuele en busca del sol y de las flores!
29. El fuego
De qué golpe de piedra,
o de qué ciclópeo trueno emergiste
iluminando al hombre
en la noche fantasmal de sus principios.
transcurrió su vida modelada.
30. La tapera gringa
Perdida entre los campos de trigal amarillo
como un pequeño oasis entre el cereal desierto,
cubierta de malezas y frutales desechos,
duerme la tapera de los abuelos muertos.
Igual que la del gaucho que destruyera el tiempo,
ésa de hechura gringa es tinta del recuerdo.
Su larga galería de nidos se ha cubierto
de ratonas saltonas y gorriones inquietos.
Albergó las fatigas del sembrador primero
que anduvo tras la yunta partiendo el duro suelo
quemado de sequías y azotado de vientos,
entre parvas de trigo y altos arrendamientos.
Supo de las langostas que todo destruyeron
dejando tras su paso soledades de invierno
y el labrador descalzo masticando la pipa
volvía sobre el surco a sementar de nuevo.
Cobijó en un tiempo de rurales faenas
los baúles de Europa, la rústica panera,
y en su patio de tierra y fragua bullanguera
descansaba el arado perfumado de gleba.
Cuando la tarde cae se puebla de misterios,
El horno derrumbado, el pozo de agua seco.
Es como un olvido que dejara el pasado,
como una sombra triste soñando en el recuerdo.
31. La guitarra
¿Qué vientos salados te trajeron
quejosa y desolada al Continente
a reinar entre una nueva raza,
invocándote en la vida y en la muerte?
Anduviste furtiva en los fogones
entre polvosos ponchos montoneros
gritando: ¡Patria! en las payadas duras
y en las hojas filosas del acero.
Con un tropel de potros desbocados
galopaste sonora, las distancias,
hilvanando en tu música celeste
los pasajes del canto y de la danza.
Mujer por el árbol germinada,
en tu caja se duermen los veranos,
añosos de trinos y silbidos
que despiertan tus cuerdas tremolando.
Hollada de cedro y sicomoro,
desde un tiempo de lluvia fermentada desvelando cansancios
artesanos que en tus suaves caderas se derraman,
te perfuman agrestes los jazmines
tu cintura de luna enamorada.
32: El tiempo
Lo veía estar
en esa casa vieja, añosa,
arrinconada en el olvido
del yuyaral de la esquina.
Sus tapias,
cariadas por el derrumbe,
dormían la quietud de los años
trepados por las campánulas lilas
de la enredadera.
la tristeza entraba
por las puertas carcomidas
y el silencio, seco y polvoso,
se adueñaba de la penumbra.
¡Qué interesante será
algunos de estos versos!…
En distintas circunstancias continuaron las comunicaciones de Jorge Raúl Muñoz más que con el propósito de difundir su obra, con la intención de hacer posible que perdurara aquella integración desde principios de la década del ’80 que en pocos meses había generado vigorosos brotes.
“El placer de compartir”… como decía Gabriela mistral.
Pablo Alcides Pila – Reconquista
Un día escuche un nombre: Pablo Pila, poeta, personal director de la Escuela Nacional de Educación Técnica de Reconquista. Después, supe que había elaborado un trabajo de investigación folclórica en torno a “comidas” de la región y otros temas. En 1984 asumí la misión de desarrollar un proyecto de integración de las áreas de Educación y Cultura teniendo en cuenta una ponencia: “La escuela como centro de atracción e irradiación de la cultural” aprobada en el Congreso del Movimiento Nacional Justicialista realizado en Buenos Aires en 1983, con objetivos y medios semejantes a los enunciados por el gobernador C.P.N. José María Vernet en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa, el 10 de diciembre de ese año. Después de breve experiencia en el Instituto Nº 12 de Santa Fe como Jefa del Departamento de Evaluación, por no compartir el criterio de organizar cursos para perfeccionamiento que incluían a recién egresados -lo cual implicaba admitir que era insuficiente la formación que lograban hasta la culminación de las pertinentes carreras- y observando que lo proyectado para 1984 no era pertinente a un plan de “educación por el arte” que integrara los recursos disponibles en todas las áreas del Ministerio de Educación y Cultura decidí renunciar. No aceptada la renuncia, mediante la RM Nº 322/84, pasé a desempeñarme bajo la dependencia del Subsecretario Dr. Jorge Guillén como Coordinadora de Áreas de Educación y Cultura. Como hice en el Instituto que funciona en la planta alta del “Complejo Educativo Domingo Faustino Sarmiento” dediqué dos semanas a estudio de antecedentes para ajustar el diagnóstico elaborado antes de elevar aquella ponencia. Fue entonces cuando supe que estaban guardados los folletos impresos tras la investigación de Pila, porque las autoridades habrían considerado que no era conveniente entregarlo en las escuelas. Tras breves diálogos con el Subsecretario Dr. Jorge Alberto Guillén se pusieron en marcha los proyectos que le presenté en áreas de Difusión y Promoción Cultural, Educación por el Arte y Ecología, también la distribución de aquellos libros impresos en sucesivos encuentros con educadores. Después, en diciembre de 1984, fui designada Secretaria Técnica del IPA (Instituto Provincial de Arte) “José Pedroni” de Santa Fe dirigido por el Prof. Norberto Victorio Zen siendo secretaria la Dra. Raquel Busaniche de Humbert, no sólo teniéndose en cuenta la organización del “Seminario de Educación por el Arte” realizado en “Septiembre: Mes de la Educación” en Santa Fe y Rosario, propuesto en el citado plan de Coordinación sino diversos aportes… Fue entonces cuando supe que Alcides Pablo Pila era personal integrante de la “Escuela de Folklore y Tradición Popular” con sede en Reconquista y dependiente del IPA con sede en Santa Fe.
Viajamos con autoridades de la Subsecretaría a Reconquista, donde Alcides Pablo Pila no necesita ser presentado… porque su trayectoria como docente, poeta y promotor cultural es reconocida. En las entrelíneas lo que siendo invisible a los ojos es lo esencial… Tiempo de siembra y de talas. Después, durante un encuentro, el poeta me entregó “Tablas de dos” con poemas de Florentino Hernández y Pablo Alcides Pila. En la dedicatoria manuscrita: “Con todo el afecto de Pila/ Nov/85 (su dirección…) En otra circunstancia, estuvimos reunidos en su hogar… Tiempo después, siendo Directora del Centromultimedios ”Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe” y Secretaria de la Comisión Bicameral que ejerce la superintendencia de ese organismo, recibía noticias sobre la continuidad de la labor cultural de Pablo Pila porque un empleado de la Cámara de Senadores era de Reconquista, los pagos de nuestra familia ampliada “Leonhardt-Torossi”…
Aquí, la reiteración de algunos poemas de Pablo Alcides Pila y el reconocimiento a su talento y su perseverancia.
En “Tabla del dolor” – Página 10-11:
La trampavida
La trampavida está abierta.
Hay un niño ahogándose en medio de la calle
con los ojos zanjones donde navega el espanto
y un fantasma que crece como un beso
anidado en el hueco de la mano.
Nacen sombras en la copa de los árboles
como mueren las luces en los pastos.
Hay un rayo veloz que nace y muere:
el recuerdo en el vuelo de los pájaros.
Después, los cuadernos y los llantos;
no los primeros ni los últimos: únicamente el rastro
de un largo abecedario.
Y el carmín agrio, con pantalones largos.
Y una isla con sueños y muchachos
que se nombraban Pilicho-peces y Conano-barcos,
y los manteles de Cristina Conde
tendidos en el aire emborrachado
con la caña fuerte y con la flauta del Toro González.
Y el lanchón de Fernández
donde se contaban todas las historias
de una orilla a la otra.
Y después Buenos Aires.
Y Horacio blandiendo un corazón tan grande
que no cabía ni en él ni en Buenos Aires.
Y la trampavida abierta en jarro
conteniendo el vino que nunca más se bebe
y los amigos que pasan y se pierden
pero que sin embargo vuelven
cuando los días retornan en el vuelo delos pájaros.
Y el amor -los amores- y los hijos
que respiran en el pecho que les abro.
Pero siempre, siempre, los hombres y mujeres
con sus niños de barro
que se caen y levantan a mi lado.
La trampavida abierta,
la sed de los ojos y los huesos, no concluye de se abecedario.
En “Tabla de la incertidumbre” – Página 20:
Solamente un pasajero de la tarde.
Como si no fuera de estos ruidos, de estos tonos
de la tarde y de este viento.
Como si hubiera venido de otro tiempo
a pisar el asfalto de la tarde.
La lluvia ha caminado por los techos,
bailoteó en los carteles,
descendió a las veredas,
y se fue nuevamente con su gracia desnuda
dejando en el espacio campanas y palomas.
Extrañan, suenan las bocinas.
Suenan también las hojas con mis pasos.
Y el gas que se muere en las primeras lámparas
hace estrellas lejanas.
Resplandece la calle: es un cuchillo nuevo,
afilado y distante;
sobre su acero desfilan la muchacha y el árbol,
el sonido del aire, la rueda de la máquina.
Estoy paralizado en el minuto
que repasan las aves escribiendo anillos
para encerrar la tarde.
En “Tabla del corazón” – Página 27.
Magia del niño
Nunca supuso, hijo, que me dieras,
de nuevo el sol y el aire del verano,
aquellos que se fueron de la mano
con mis gritos de gol y mis gomeras.
Pero hoy corren contigo las aceras
y viven en tu paso cotidiano,
persiguiendo la gracia del vilano
y pinchando el jabón de las esferas.
Tengo un tiempo de hamaca y calesita,
de cuentos para el sueño y el puchero,
de barriletes, fútbol y potrero.
Un tiempo, en fin, que has convocado
como el mago que gira su varita
y confunde presente con pasado.
En Tabla de la conjetura – Página 40.
Somos los que velamos el silencio
desde los altos pastos donde muere el asfalto,
desde el ruedo del monte donde nuestra vigila fundadora
hace un paso de espuela imperceptible,
como un humo lechoso, una saliva,
que circunda el pueblo para protegerlo.
Desde aquí y en la profunda sombra
pervivimos el sudor de los nuevos,
sus azadas, sus bocinas,
los pistones calientes de sus fábricas.
Escuchamos el llanto de los nietos
y las voces de las mujeres entre grasas y albahaca.
Hasta que la madrugada nos destruya
todo continúa siendo nuestro
pese a nuestras cenizas flojas aventadas.
Porque en cada ladrillo está hundida la huella
de nuestras manos y de nuestros caballos
y gira en las veletas todavía
la lanza que empuñamos.
Porque con sólo ser olvido
somos los que fundaron y apuntalan,
los que hasta el alba velan,
los que derraman el sol
y los que aman.
En Tabla del silencio – Página 46.
La luz refulge chiribitas,
atraviesa en añicos los vidrios de colores
y baja resbalando entre lágrimas y culpas.
No llega, no obstante, a quebrar la inocencia
de esa frescura profunda que habita los rincones
donde se arrebujan las ancianas
y algún hombre pálido y temeroso.
Hacia el centro, bajo la paloma,
dos niños investigan las alturas.
Evidentemente no aguardan respuestas.
En el silencio abovedado
son los bienaventurados sin preguntas.
Los que permiten que Getsemaní descienda
con sus olivares olorosos
y su hermano en oración
“Palabras para compartir 4” incluye un relato de Mareili Sordelo. Esas ediciones del Servicio de Educación por el Arte eran continuidad de otros programas de difusión cultural desarrollados desde principios de la década del’60. Señal: Educación Renovada + Infancia Mejorada = Admirable Generación. Esa colección nació en 1989, en “Junio – Mes de las Letras” celebrando el 13 de junio el Día del Escritor. En ese cuarto y penúltimo volumen, se alude al anterior y a las celebraciones del Día del Libro -15 de junio-; Día del Bibliotecario -13 de septiembre- y “Octubre – Mes de la Familia”. Mareili Sordello participó con un relato (p. 79-81) y en la página anterior, esta aproximación a su trayectoria:
“Su labor literaria mereció diversas distinciones. Primer premio en el Concurso de Cuentos Regionales, organizado por la Confederación nacional de Empleados de Comercio, año 1968. Primer Premio: Certamen Escritores Rafaelinos Agrupados – Rafaela 1978. Primer premio autores de la provincia de Santa Fe. Concurso Internacional de Poesía y Cuento “Quijote de Plata VII San Lorenzo 1984. Primer premio Certamen cuentos cortos Morteros (Córdoba) años 1983 y 1985. Menciones en Jujuy, Gálvez, Itauzaingo (Buenos Aires), Vicente López (Buenos Aires), varias veces finalista en concursos de revistas literarias. Ha publicado en el diario “El Litoral” (Santa Fe), Diario “Hoy” (Asunción, Paraguay) y otros. Seleccionada para edición “La Gesta de las Malvinas” Equipo de Educación y Cultura de la CGT Delegación Regional Santa Fe 1989; participó con el cuento “Vagón de segunda clase” en PALABRAS PARA COMPARTIR 3, en 1989…
Anochece. Es el final de una larga y tediosa jornada. El escritor, decepcionado, abandona la lectura. No se ha producido la necesaria comunicación entre autor y lector, el relato no lo cautiva y se distrae. Prendidos en una palabra o en un signo aparecen y se diluyen nombres, lugares, personas que formaron parte de su vida: sus padres, doña Matilde, el Honorable Presidente del Supremo Tribunal de Justicia de Montevideo, el Ministro ante la Gran Bretaña… Julio Herrera y Reissig y su saludo augural; los viajes, las ciudades europeas… Oxford, Florencia, Chartres, Salamanca, sitios en los cuales quisiera vivir: “con la condición de que se prohibiese la estada a quienes no fueran soñadores de sueños generosos”.
Su mente a diario cuajada de visiones y capaz de grandes trabajos hoy se niega a pensar, a realizar, se pierde en divagaciones, en recuerdos que ni le duelen ni alegran; todo está tan lejos, sucedió hace tanto tiempo… Ahora es poco menos que un inválido, nada puede sin ayuda, es un hidrópico que con mucho esfuerzo consigue moverse, el vientre abultado pesa mucho y las piernas no logran sostenerlo. Las manos le duelen y apenas puede escribir unas palabras… si no fuese por el estudiante que generosamente oficia de secretario viviría aislado en su ínsula.
En la mañana estuvo el muchacho. Hablaron de España, de la guerra civil, de la muerte de Federico, ¡qué muerte absurda para un poeta!, y lo dejó marcharse sin dictarle las cartas que debía responder.
Inolvidable el asombro del primer día: “Hoy contestaremos esta correspondencia. Escribe: Suardi, la fecha… Señor: José Martínez Ruiz…” y el mozuelo que interrumpe: “¿Azorín? ¿de verdad, Azorín?”. “Sí, Azorín, no te sorprendas, luego le escribiremos a Unamuno y también a Benavente….”
Las sombras han ganado la habitación, imposible leer. Deja el libro sobre la mesa. Por la puerta abierta contempla las últimas luces de la tarde. El sol, juguetón y dadivoso, en el ocaso le regala al patio un manto dorado que piadosamente cubre su desidia. Los reflejos luminosos se alejan del piso pardo que las gallinas han sembrado de granos de maíz y con pequeñas flores blanco grisáceas de estiércol, se posan sobre las ramas del paraíso y se quiebran en las aspas del molino.
Terminó el verano y la melancolía del otoño se ha adueñado de la naturaleza. ¿El otoño se apresuró a tomar su sitio o simplemente es la tristeza del Viernes Santo que le contagia tan tremendo desasosiego?
Para quebrar la oscuridad estira el brazo, antes de rozar la perilla, aparta la mano. La luz mortecina del foquito eléctrico únicamente servirá para acentuar la fealdad, la pobreza del cuarto. En la penumbra le parece que el tiempo no ha transcurrido; él no es el de hoy, es el de ayer. Rememora:
“El dormitorio donde tenía la costumbre de leer a Taine, cuando la noche era profunda y el silencio había invadido la casa, permanece sagrado entre mis recuerdos. Colgaban de las paredes copias de magníficos cuadros del Renacimiento italiano: bibelots ingleses adornaban las esquinas, libros y más libros, todos como un ejército de gala se desplegaban ante mi silenciosa persona. Allí era donde tenía mi templo íntimo, escondido de las miradas curiosas e indiferentes; allí donde he gozado un sueño de dicha llena de novedad. La luz se ha extinguido, y el risueño rayo no dora los muros, contemplando los cuales forjaba mis ensueños. ¿Guardarán ellos mis secretos?
Vienen a su memoria los versos de Lorenzo el Magnífico: “Quant’é bella giovinezza, che si fugge tutavía…” ¿Qué resta de su juventud, de sus sueños. Apenas un recuerdo igual a un relámpago que destella en medio de un cielo opacado de nubes.
Las campanas permanecen silenciosas, las palomas asomadas a las celdillas del campanario y los gorriones ocultos en las copas de los árboles, sin el sonido que los empuje a elevarse, no se atreven a volar. El duelo de la Iglesia lo priva de un momento de belleza; la calma del crepúsculo, huérfana de los sones el Ángelus y el aletear de pájaros tiene callares de muerte.
Necesitaría la verba florida, la conversación chispeante, la discusión rápida de Badanelli para reanimarse, pero el cura está metido en la parroquia, se debe a su feligresía y ocupado por los ritos de la Semana Santa abandona al amigo.
¡El sacerdote y el escritor!… ¡quién diría, reunidos en esta aldea! Uno, Orador Oficial del Reino de España, obligado por la Segunda República a emigrar; el otro, un diplomático privado de sus cargos por una de las tantas luchas internas del Uruguay, a través de largas charlas, en el ostracismo, comparten su amor por los clásicos, por los efebos y la común esperanza de regresar al hogar, a la patria.
En el cielo se enciende la primera estrella. La posadera con su cuerpo pequeño cubre el hueco de la puerta. Pregunta:
¿Prendo la luz?
-No por favor, señora, deseo ver la procesión, ayúdeme.
La mujer llama a su marido y entre los dos, trabajosamente, lo llevan a la vereda y lo acomodan en un sillón. Por la esquina de la plaza ya asoma la procesión, presidida por los miembros de la Comisión de la Iglesia. Los monaguillos con sotanas y esclavinas negras portan los símbolos de la Pasión, rodeados de ángeles con albas túnicas y alas cubiertas de plumas de ganso, beatas rezando interminables letanías preceden el paso de Juan el Evangelista, lo siguen las mujeres con hábitos de verónicas y muchachas vestidas con trajes claros y diademas de flores representando las virtudes teologales. Rodeado por los fieles que imploran el perdón de sus pecados, el Santo Cristo en su pesado altar es llevado por los hombres más fornidos del pueblo ocultos por los paños que cubren la armazón del paso. Un poco más atrás la Macarena acompaña a su hijo camino del Calvario.
El escritor observa con atención el vistoso desfile en tanto piensa: una procesión al estilo sevillano en una colonia piamontesa.
Ruega: “Deseo ir a mi cuarto, estoy muy cansado”. Lo llevan, lo acuestan.
-Mañana –murmura mientras le arreglan las almohadas- mañana… “di doman non c’ é… certezza…” y sonriendo se duerme en la paz del Señor.
El escritor se llamaba Alberto Nin Frías. Literato y diplomático uruguayo, nació en Montevideo en 1882. Profesor de las universidades de Montevideo y de Siracusa (EE.UU.). Fundador de la Sociedad Cervantes de Montevideo. Ocupó la secretaría de las Legaciones uruguayas en Estados Unidos, Brasil, Chile, Bolivia, Venezuela y Colombia. Sus obras: Ensayo sobre Taine, Un huerto de manzanas, Alexis, El árbol y otras.
Murió en 1937, el 27 de marzo en Suardi. En su cementerio está sepultado sin que nadie lo recuerde, salvo dos o tres personas que piadosamente, al pasar, dejan una flor sobre su tumba. Pág. 79-81.
Tras las señales de Mareili desde Suardi…
El relato de Mareili en torno al escritor Alberto Nin Frías con-movió mi íntimo sentir y busqué más datos acerca de este uruguayo casi desconocido en los caminos pertinentes a la Literatura santafesina.
Leí: “nacido en Montevideo en 1979, muerto en Buenos Aires en 1937”.
Una vez más comprobé que no todo lo escrito es certeza.
Mareili Sordelo desde su lugar, sabe qué ha sucedido en ese lugar y describe con precisión lo que ha sido experiencia concreta en Suardi, localidad situada a aproximadamente a doscientos treinta kilómetros al noroeste de Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia. [3]
Busqué más información y leí que en 1932, el escritor Alberto Nin Frías había publicado “Alexis o el significado del temperamento urano. Al año siguiente logró editar Homosexualismo creador -(Sec. Ciencias Biológicas, Javier Morata Editor), considerado en la literatura hispanoamericana como un libro clave y probablemente el primero escrito en castellano referido a esos temas y que abarca cuatrocientas páginas e incluye treinta y seis láminas. [4]
Invierno de 2005.
[1] Agradezco la atención en la división Compiladora de Leyes de la Legislatura, en el Ministerio de Educación y en la Subsecretaría de Cultura por la entrega de fotocopias a los fines de completar estas aproximaciones a la historia de los santafesinos…
[2] Solicité los antecedentes de los mencionados en el artículo segundo a los fines de incluirlos en ese archivo, me informaron en la Secretaría de cultura que terminado el trámite los devolvían a quienes habían enviado las propuestas. Con nuestro amigo a perpetuidad, el Contador Reinaldo Bruzzone –pionero en Informática en Santa Fe-, dialogábamos ya en 1984 cuando él estaba trabajando en el proyecto de registros sistematizados -Banco de Datos Culturales- en ese tiempo con el propósito de completar el inventario de bienes materiales y culturales en los museos y otros reservorios, coincidiendo en la necesidad de recopilar antecedentes de quienes se han destacado por sus aportes al solidario desarrollo de la comunidad. Si desde 1993 a 2003 no se otorgaron los Premios “Juan de Garay” y en ese decreto firmado por el ingeniero Obeid y la ministra Nin otorgaron menciones a todos los aspirantes, cuando anuncien quién fue distinguido en el año 2004 ya será posible recopilar sus antecedentes. ¡Celebro que le hayan otorgado otro Premio al Patriarca de los Pájaros!… Si lo recibe el 15 de noviembre… será dos días antes de la celebración del ¡Día de los Pájaros!… ¡el 17 de noviembre!…
[3] Como ha sucedido con la mayoría de los pueblos santafesinos, en el departamento San Cristóbal cuando estaban construyendo la “estación ferroviaria” en el ramal La Rubia-San Francisco del Ferrocarril General Mitre, don Fortunato Suardi decidió fundar ese pueblo y presentó los planos que fueron aprobados mediante decreto del 5 de octubre de 1909 y habilitaron el ramal el 10 de diciembre de ese año. Sabido es que durante el mes de mayo celebran la Fiesta Provincial del Sorgo.
[4] En Homosexualismo creador, Nin Frías reitera experiencias registradas en la historia de la Humanidad referidas a homosexuales reconocidos en el Antiguo Testamento de la Biblia -David y Jonatán- y en sucesivos siglos hasta relatar algunas vivencias de Oscar Wilde. Fue un destacado crítico uruguayo y paradójicamente casi no es nombrado en estudios sobre la literatura del Río de la Plata, mínimamente figura en la “literatura oriental”. Más información y aproximación a “Ensayos de Crítica e Historia” y “El carácter inglés”, en “Un lugar para el sosiego y el asombro” del Servicio de Educación por el Arte www.sepaargentina.com.ar Literatura / Autores Hispanoamericanos.
GASTÓN GORI 1975-1981
Del Archivo de la Cofradía de los Duendes
Esteban Rams y Rubert – Catalán, empresario
05-08-1898 – Nacimiento de Salvador María del Carril
Marzo de 2005 – Aumentos en el precio de combustibles…
Centro de Propagación Patagónico de Literatura Infantil y Juvenil
Mayo de 2004 – Hacia la comprensión religiosa…

References: Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4
 artículo 1

Artículo 2

Artículo 3