Source: https://issuu.com/opcandes/docs/opca13
Timestamp: 2018-09-22 16:08:20+00:00

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13 | Patrimonio cultural subacuático by OPCA - Issuu
ISSN 2256 - 3199
Patrimonio Cultural Subacuático... más allá de historias de piratas, corsarios y naufragios
OPCA, Boletín 13: Patrimonio cultural subacuático... más allá de historias de piratas, corsarios y naufragios. Diciembre de 2017 Pablo Navas Sanz Rector Universidad de los Andes Hugo Fazio Vengoa Decano Facultad de Ciencias Sociales
Margarita Serje Directora Departamento de Antropología Luis Gonzalo Jaramillo E. Gestor y Coordinador General OPCA Luis Gonzalo Jaramillo E. Manuel Salge Ferro Editores
Alhena Caicedo Fernández Profesora Asistente Departamento de Antropología Universidad de los Andes Manuel Salge Ferro Investigador independiente Comité Editorial
Grand Parc Fotografía de portada Jazmin Waltero Diseño de portada Jazmin Waltero Armado Digital Luis Gonzalo Jaramillo E. Manuel Salge Julián David Ramiréz Natalia Santofimio Corrección de Estilo
Luis Gonzalo Jaramillo E. y Manuel Salge
Patrimonio cultural subacuático... más allá de historias de piratas, corsarios y naufragios Ernesto Montenegro Juan Guillermo Martín Alhena Caicedo
Otras voces sobre el patrimonio subacuático
Ana María Forero Ángel Profesora Asociada Departamento de Antropología Universidad de los Andes
Jazmin Waltero Diseño y Diagramación
Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Antropología Carrera 1ª 18A - 10 Edificio Franco piso 6 Tel: +57(1) 3394999 Ext 2550 Bogotá, D.C., Colombia
Patrimonio cultural surmergido en Colombia: Negocios y política
Patrimonios emergidos. Herencia inmaterial y su vínculo con el patrimonio sumergido en San Andrés de Tumaco y Buenaventura
Diálogos Patrimonio Cultural Subacuático … ¡más allá de historias de piratas, corsarios y naufragios! Luis Gonzalo Jaramillo E. Manuel Salge
2. Para mayor información visite: http://www.unesco.org/new/es/culture/themes/underwater-cultural-heritage/2001-convention/
o “seca” frente a un tema que despierta tensiones a nivel político entre los Estados que reclaman la propiedad, el uso y las representaciones que emergen de los bienes sumergidos, tensiones a nivel económico en virtud de la cuantificación monetaria del valor de los hallazgos -y las fantasías y realidades que de allí se desprenden-, así como exaltación a nivel social por cuenta de los sentimientos de pertenencia, las reivindicaciones históricas y los reclamos comunitarios que estos bienes vehiculan, la misma destaca que bajo el rótulo de patrimonio subacuático hay mucho más que historias de piratas, corsarios y naufragios!!!.
Para comenzar, se puede señalar que en la actualidad en Colombia resulta casi que imposible disociar el término “Patrimonio Cultural Subacuático” del “Galeón San José”. Y esto no es gratuito. Ya han pasado cerca de tres décadas de fantasías relacionadas con el hallazgo del mayor cargamento de oro, plata y esmeraldas del que se tenga referencia. Basta con revisar la secuencia de noticias que han circulado en los medios masivos de comunicación para identificar puntos de quiebre y periodos de aparente calma. Encontramos, por ejemplo, noticias que ponen de manifiesto las tensiones internacionales:
“Colombia y España se enfrentan por el galeón” ó “Comienza la batalla por el galeón San José”. También encontramos noticias que narran cómo empresas de “caza tesoros” y bufetes de abogados demandan y contrademandan: “España debería presionar para recuperar el galeón San José” ó “Colombia recibe otra demanda de cazatesoros a pesar de su nueva ley”; Y otras noticias ponen de manifiesto la posición de arqueólogos y otros miembros de la sociedad civil frente al asunto como este del 2015 titulado “Diez preguntas sobre el galeón San José”.
1. Lista de países del Caribe y América Latina que han suscrito la convención a diciembre 7 de 2017, según el portal UNESCO Antigua y Barbuda, Argentina, Barbados, Bolivia, Cuba, Ecuador, Granada, Guatemala, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago, Santa Lucia y San Vicente y Las Granadinas.
En la convocatoria para el Boletín OPCA 13, señalábamos que la Convención de la UNESCO de 2001 sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático –la cual no ha sido suscrita por Colombia a diferencia de un buen número de países de América Latina y el Caribe1-, considera que este patrimonio está integrado por “todos los rastros de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico o arqueológico, que hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años”2. Así mismo, remarcábamos que si bien esta definición puede sonar “fría”
Para otras referencias de noticias con contenidos similares ver: “España se opondría al rescate del galeón San José” “Colombia y España se reúnen para analizar el tema del galeón San José” “España y Colombia siguen la negociación por el galeón aunque mantienen diferencias” “Corte de EEUU falló a favor de Colombia en litigio por tesoro del Galeón San José” “La increíble pelea judicial sobre el Galeón San José”
Decreto 1698 de 2014, Artículo 40 Bienes no pertenecientes al Patrimonio Cultural Sumergido. Los bienes que no sean considerados como bienes del Patrimonio Cultural Sumergido, serán objeto de peritaje internacional aceptado de común acuerdo por las partes. El peritaje permitirá adjudicarle un valor comercial a cada uno de los objetos, de manera ponderada y equitativa, que podrá usar el Ministerio de Cultura para aplicar las fórmulas incluidas en cada contrato para el posible pago por procesos de exploración, preservación, intervención, aprovechamiento económico, conservación y curaduría. El Ministerio podrá disponer económicamente de los bienes que no sean considerados como bienes del Patrimonio Cultural Sumergido, mediante subasta u otros mecanismos apropiados. Los recursos que se recauden tendrán la destinación señalada en el artículo 18 de la Ley 1675 de 2013.
En suma, lo que aparece es un denso entramado, que, a pesar de las últimas noticias emitidas por el gobierno nacional en cabeza del presidente o altos funcionarios del Ministerio de Cultura o institutos con competencias en estas materias –como el Instituto Colombiano de Antropología e Historia -ICANH-, está lejos de ser resuelto. O, lo que sería peor aún, con una solución a la vuelta de la esquina, pero sin la veeduría de la sociedad, o si se quiere de la Nación sobre la que recaen los derechos patrimoniales de los bienes arqueológicos en el país, como parce ser el escenario a que nos enfrentaremos. El texto de Carlo Emilio Piazzini titulado Patrimonio Cultural Sumergido en Colombia: negocios y política, con el cual iniciamos este Boletín OPCA 13, nos ofrece una coherente y precisa síntesis de los principales acontecimientos a lo largo del proceso que llevó a la adopción de la Ley 1675 de 2013 “Por medio de la cual se reglamentan los artículos 63, 70 y 72 de la Constitución Política de Colombia en lo relativo al Patrimonio Cultural Sumergido” y su posterior reglamentación con el Decreto Nacional 1698 de 2014 . Su condición de arqueólogo, pero, sobre todo, de ex subdirector científico del ICANH, le otorga una perspectiva de importancia para opinar sobre un caso con pocos o ningún precedente conocido en Colombia, dado que el “manto
del secreto” cobija todo lo que a la fecha se ha surtido y sobre lo que a futuro inmediato parece que sucederá. Para Piazzini, “En términos generales, desde una perspectiva interesada por la protección y mejor conocimiento del patrimonio cultural sumergido, y más ampliamente por el fortalecimiento de una política de Estado proclive a la valoración del patrimonio arqueológico como un bien de interés público, la noticia del hallazgo del Galeón San José y la expedición de la normativa en la que se ampara, constituyen un retroceso. Aparte de la posibilidad de expedir otra ley que pueda corregir los desaciertos de la normativa vigente, sólo se vislumbra en el panorama el cuidadoso seguimiento y control que se pueda hacer para garantizar una aplicación cabal de lo establecido por la Corte Constitucional en su sentencia, y en especial, de las decisiones que tome el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural”. Otras voces en igual sentido se han hecho escuchar por diferentes medios, tanto de colombianos como de extranjeros, para quienes desde un inicio el fantasma del “secreto de Estado” ha sido considerado como un elemento que despierta muchas sospechas -y con justa razón en un contexto de corrupción e impunidad como el que vivimos en Colombia, donde hasta los magistrados de las altas cortes (y quienes han fa-
Ley 1675 de 2013, Artículo 18. Destinación presupuestal. Al menos un diez por ciento (10%) del producto neto que reciba el Estado colombiano por concepto de las actividades de aprovechamiento económico descritas en esta ley, así como por la comercialización de bienes que no pertenecen al patrimonio cultural sumergido, será destinado a los presupuestos generales del Ministerio de Cultura y del Instituto Colombiano de Antropología e Historia ICANH.
llado sobre la constitucionalidad de la legislación del el patrimonio subacuático) se han visto “obligados” a reconocer sus actuaciones ilícitas-. En este sentido, cabe destacar varios documentos que han circulado tratando de frenar o contrarrestar las pretensiones de la ley subacuática -y que sirven para que el lector no familiarizado comprenda las complejidades del tema- como la carta que en julio de 2015 firmaron investigadores de diversas afiliaciones laborales donde tras exponer los principales problemas de los artículos 2°, 3°, 15°, y 23°, destacaron los riesgos de destrucción y especulación comercial a los que se pueden ver sometidos los objetos que no se consideren bienes patrimoniales, tales como las monedas, lingotes y piedras preciosas y sobre la participación de empresas extranjeras especializadas en recuperación de objetos subacuáticos que podrían poner en riesgo el contexto ar{7
¿El Estado colombiano tiene derecho a un porcentaje del valor comercial de lo que se recupere?.
lo referente al patrimonio cultural de la Nación tendrá como objetivos principales la salvaguardia, protección, recuperación, conservación, sostenibilidad y divulgación del mismo, con el propósito de que sirva de testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro” (Ley 1185 de 2008, artículo 1º) y en consecuencia, que se retire o se archive el proyecto de ley”1. Por supuesto, estas cartas no surtieron efecto y así es como hoy resultan entonces relevantes textos como el de Juan Guillermo Martín quién pregunta ¿Ciencia detrás del Galeón San José?, cuya respuesta se inclina negativamente al concluir que “… los propósitos originales de la tramitación de la Ley 1675 de 2013 de beneficiar a privados con patrimonio cultural sumergido se siguen confirmando con cada anuncio y cada declara-
Principios básicos de la Convención de 2001:
ción de los funcionarios públicos a cargo de este tema”. La sospecha manifiesta en estos escenarios se refuerza a través de las intervenciones del mismo presidente de la república, así como de las respuestas del director del ICANH a diferentes medios de comunicación y en parte en las respuestas dadas al cuestionario que le enviamos a propósito de este tema (y que publicamos más adelante en esta misma sección junto con las respuestas de Juan Guillermo Martín -Director del Museo MAPUKA- y la reflexión de Alhena Caicedo Fernández – Profesora Departamento de Antropología- bajo el subtítulo “Otras voces sobre el patrimonio subacuático”), manifestaciones que consolidan una oleada de “informaciones a medias”, de secretos y de sospechas alrededor de un tema que despierta cada vez más desconfianza.
Los Estados Partes deben preservar el Patrimonio Cultural Subacuático. Se exige también que se respeten como es debido, todos los restos humanos que se hallen en las aguas del mar. Los estados partes no necesariamente tienen que realizar excavaciones arqueológicas, sino que sólo tienen que tomar medidas basados en sus capacidades. La Convención anima la investigación científica y el acceso público La preservación “In situ” como opción prioritaria La preservación del Patrimonio Cultural Subacuático “in situ” – esto es, en el lecho del mar – deberá considerarse la opción prioritaria, antes de emprender actividades dirigidas a ese patrimonio. No obstante, la recuperación de objetos podrá autorizarse cuando tenga por finalidad aportar una contribución significativa a la protección o al conocimiento del Patrimonio Cultural Subacuático. No Explotación Comercial El Patrimonio Cultural Subacuático no debe ser explotado comercialmente con fines de lucro o especulativos, ni tampoco debe ser diseminado de forma irremediable. Esta disposición es conforme a los principios morales que ya se aplican al patrimonio cultural en tierra firme. Evidentemente, no debe interpretarse como una prohibición de los trabajos de investigación arqueológicos o del acceso de los turistas a los sitios.
Para visualizar en efecto que el tema del patrimonio sumergido no se constriñe al Galeón San José, debemos destacar el artículo de Clara Riera titulado “Proteger y Conservar el Patrimonio Cultural Sumergido: El Pecio de Bocachica, Cartagena de Indias (Colombia)” en el que nos indica que en efecto cualquiera que sea el número de pecios disponibles en aguas colombianas (algunos hablan de más de 1000!!) y de su relativa riqueza, muchos de ellos como el que es objeto de su artículo, nos obligan a discutir estrategias y de{
Formación e Intercambio de Información Los Estados Partes deberán cooperar e intercambiar información, promover la formación en arqueología subacuática e impulsar la sensibilización de la opinión pública al valor e importancia del Patrimonio Cultural Subacuático.
4. Ver “La comunidad científica pide al presidente de Colombia que pare la ley de Patrimonio: 3.000 académicos internacionales, representantes de comunidades costeras e instituciones suscriben un manifiesto”.
queológico4. Otro documento es la carta firmada por los exdirectores del ICANH, en la que afirmaban, tras exponer diferentes temas relevantes sobre el sentido de la legislación vigente y las pretensiones de la ley subacuática, que el mencionado proyecto lo que hace es “sacar de la condición constitucional de patrimonio a una parte importante de los bienes culturales, para ponerlos a disposición del mercado”, razón por la que instaban a los “honorables senadores que acaten el mandato constitucional que establece como “obligación del Estado y de las personas proteger las riquezas culturales y naturales de la Nación” (Constitución Política de Colombia, artículo 8º). Que hagan efectiva la política de Estado en relación con el Patrimonio Cultural de los Colombianos, tal como ha sido establecida legalmente: “La política estatal en
Según el diccionario de la Real Academia Española, esta palabra que viene del latín pecium, se refiere a: 1. m. Pedazo o fragmento de la nave que ha naufragado. 2. m. Porción de lo que contiene una nave que ha naufragado. 3. m. Derechos que el señor del puerto de mar exigía de las naves quenaufragaban en sus costas.
Esta reflexión surge de un diálogo entre el trabajo etnográfico y la arqueología subacuática en estas regiones de Colombia donde “… la oralidad, la memoria y las prácticas culturales se articulan a las historias de lo sumergido, emergiendo así versiones sobre el pasado vinculadas a naufragios, hallazgos de objetos en el mar, seres { 10
Como cierre de nuestro boletín, y para generar un contraste aun mayor sobre la amplitud de aristas que el tema del patrimonio sumergido tiene, presentamos el texto que Víctor Andrés Pérez Bermúdez y Wilson Peña-Pinzón titulan “Patrimonios emergidos. Herencia inmaterial y su vínculo con el patrimonio sumergido en San Andrés de Tumaco y Buenaventura”, un texto que nos invitan a explorar la noción de patrimonio emergido, como una posibilidad de diálogo entre lo material y lo inmaterial alrededor del patrimonio marítimo.
No cabe duda entonces que los debates actuales sobre los pecios que yacen en las aguas colombianas y sus ”emergencias” – temas mediados por muchas consideraciones tecnológicas y de protocolos de restauración y conservación de patrimonio sumergido, las cuales fluyen empujadas por corrientes no siempre fáciles de identificar en sus orígenes, ponen en escena que este tema trasciende los objetos y se sitúa en el centro mismo de las discusiones acerca de la identidad, la política exterior, las economías de mercado, los emprendimientos turísticos y las discusiones académicas sobre la contemporaneidad. Pero que en materia del patrimonio nos vuelve a enfrentar al problema de un concepto que detrás de la inocencia de su manto, esconde relaciones de autoridad que pueden ajustarse en función de satisfacer necesidades de orden político. Así el patrimonio y los saberes expertos terminan al servicio de intereses ajenos a su naturaleza.
Ernesto Montenegro emontenegro@icanh.gov.co Director del ICANH Instituto Colombiano de Antropología e Historia
1 ¿Cuál es la importancia del patrimonio subacuático en general y para Colombia en particular? Las políticas del patrimonio tienen distintos momentos que se desarrollan de manera prioritaria y con las categorías contemporáneas desde el siglo XX. Es decir, para la historia política es relativamente reciente el tema del patrimonio cultural. Si bien esta noción está asociada a un proceso de reconocimiento del conjunto de elementos que harían parte de las identidades de las sociedades contemporáneas se ha fundado principalmente en el aspecto material y monumental (tanto así que se llama-
ron monumentos en un determinado
conjunto de elementos materiales
espacio de tiempo) y por otra parte,
que se identifican cotidianamente y
en el reconocimiento de ciertas ca-
aquello que estaba sumergido, el con-
racterísticas inmateriales que esta-
junto de objetos de origen antrópico
rían asociadas a unas identidades so-
producto de la actividad humana, ha-
ciales. En ese conjunto de elementos
bían quedado relegados al ámbito de
materiales e inmateriales que permi-
la imposibilidad o la pérdida de esos
ten, a lo largo del S.XX, construir un
objetivos. Puesto que en la mayoría
vínculo entre población y territorio,
de casos no había la posibilidad de
vía la historia. Vía un tercero, el pa-
rescatarlos. Es solo en los desarrollos
sado, se convierte en un elemento
técnicos de la segunda mitad del siglo
vinculante entre las sociedades y el
XX en donde comienza a ponerse de
territorio que habitan. Ese elemen-
manifiesto la capacidad humana de
to vinculante se construyó funda-
llegar a los bienes de origen antró-
mentalmente en tierra y a través del
pico que estaban sumergidos y por
finir políticas claras que permitan a corto plazo, generar la infraestructura adecuada y cualificar el recurso humano disponible. La consolidación de una política seria es el único camino para dejar de apostar a la “guaca” que nos sacará de pobres.
espectaculares que habitan bajo el agua, así como espantos que han hecho fama entre las comunidades afro del Pacífico colombiano y ecuatoriano”. Este es un texto que como corolario a nuestro boletín OPCA 13, reitera que todo aquello que está alrededor del patrimonio subacuático debe ser valorado más allá de la “riqueza” de los miles de pecios que descansan en el fondo de mares, lagos, lagunas y ríos, y que esperan ser “emergidos”.
supuesto se desarrolla una discusión al respecto de la importancia de esos bienes como elementos patrimoniales. Es por eso, que comienzan a desarrollarse instrumentos locales, nacionales e internacionales para la
protección de esos elementos que como todos los demás dan cuenta de los procesos sociales que se han vivido en un territorio específico. Pero la importancia mayor es que vincula las aguas dentro de la concepción territorial de las naciones. En el caso relevante este hecho, puesto que este ha sido un país construido desde tierra que valida de manera prioritaria la tierra como elemento de posesión, identidad y territorialización, mientras que las aguas parecieran estar en un segunda plano. El patrimonio cultural sumergido, para el caso colombiano, permite señalar que el territorio colombiano está constituido por tierras y por aguas y que en esas aguas se han dado procesos, se han desarrollado sectores, se han dado actividades humanas de las sociedad que habitan este territorio y que son partes constitutivas y fundamentales de su historia y por lo tanto de la identidad nacional contemporánea. Ese quizás es el aspecto clave para entender el patrimonio cultural sumergido hoy en día.
2. En el año 2013 se firmó por parte del presidente de la república la ley 1675 “Por medio de la cual se reglamenta los artículos 63, 70 y 72 de la Constitución Política en lo relativo al patrimonio cultural sumergido.” ¿En qué estado se encuentra la reglamentación? La Ley está reglamentada en el decreto 1698 del 2014 y que fue compilada dentro del decreto único del sector cultura (el decreto 1080 del 2015).
3. ¿Sabe si hay acciones en curso en las cortes colombianas en contra de la Ley 1675? No hay acciones en curso.
En el ámbito del proceso de investigación el proyecto de investigación
una metodología para la interven-
en patrimonio cultural sumergido
ción arqueológica de este pecio.
que desarrollamos actualmente en aguas contiguas al departamento de Bolívar permitieron el desarrollo de una prospección de 72 millas cuadradas en donde se hizo una caracterización de los materiales ubicados a lo largo de ese polígono. Uno de los hallazgos corresponde a un pecio del S. XVII que fue estudiado con sensores remotos de manera integral entendiendo el volumen, el contexto, las condiciones físico-químicas del sitio en donde se encuentra, entendiendo las condiciones oceanográficas y el conjunto de factores hidrológicos que están involucrados en el proceso de formación del sitio y eso se ha comparado con el análisis histórico que se ha desarrollado a partir de documentos de archivo. Poner en juego estos distintos elementos ha llevado a que se pueda hacer una caracterización del sitio y podamos inferir, dentro de unas hipótesis, que esperamos sean muy cercanas a la realidad, la manera como se debe estructurar
Parte de los procesos de construcción lógica, para plantearnos la metodología de intervención, son: la planimetría, la magnetometría, un análisis fotográfico y, en consecuencia, hemos tenido la oportunidad de trabajar de manera comparativa, entre los elementos que están en la superficie del lecho marino con las distintas colecciones arqueológicas en el mundo que nos permiten entender, que se trata en efecto del Galeón San José. Es decir, el proceso de identificación del pecio ha sido posible avanzarlo con los elementos que hasta ahora tenemos. Actualmente, discutimos el conjunto de elementos que permitirían adelantar la intervención; estos elementos son: un aspecto de metodología general, tanto en la manera como abordamos el yacimiento en su conjunto y los distintos sitios en donde hay materiales arqueológicos; discutimos, en el marco de esa metodología general, los aspectos { 13
de Colombia resulta particularmente
específicos a las técnicas que puedan ser aplicables en la intervención arqueológica de cada uno de los sitios. En ese sentido la discusión sobre el manejo de la estratigrafía, el manejo del registro: en lo alto, en lo ancho y el en fondo. Resultan fundamentales puesto que aquí pareciese ser,
fía. En consecuencia, no se trata de una estratigrafía de sedimentación cronológica, sino se trata de un proceso de sedimentación propio de la transformación misma del sitio arqueológica. Esa discusión específica, se traslada al ámbito técnico, puesto que la manera como descendamos o avancemos en el proceso de excavación corresponderá a las cualidades mismas del yacimiento arqueológico, el sitio arqueológico y requerirá unos
esfuerzos específicos prepararnos técnicamente para esa metodología, implica vincular en el ámbito de la robótica, no solamente el instrumento de excavación, sino el instrumento para el control de la excavación y el registro adecuado en el ejercicio de la excavación. Actualmente el ICANH participa de estas discusiones metodológicas, técnicas y logísticas que permitirán llevar adelante una intervención y que deben tener, en todo caso, en cuenta la parte de la conservación, puesto que no es posible pensar en un proceso de intervención si la parte de la conservación no está garantizada. Intervención tiene una discusión metodológica, la conservación tiene también una discusión, que en este caso involucra de manera prioritaria una serie de procedimientos asociados a una infraestructura que actualmente se está trabajando y coordinando desde este Instituto.
Juan Guillermo Martín Rincón jgmartin@uninorte.edu.co Director Museo MAPUKA Museo Arqueológico de Pueblos Karib Universidad del Norte
No, el campo normativo colombiano permite avanzar en la búsqueda de otros pecios. Pero, fundamentalmente, identifica que parte de las responsabilidades públicas es la elaboración de un inventario general de bienes sumergidos. En ese sentido
1. ¿Cuál es la importancia del Pa-
2. En el año 2013 se firmó por parte
trimonio Subacuático en general y
de presidente de la república la Ley
para Colombia en particular?
1675 “Por medio de la cual se reglamentan los artículos 63, 70 y 72 de la
el ICANH (Instituto Colombiano de
- El Patrimonio Cultural Sumergido
Antropología e Historia) adelanta, o
está compuesto por diferentes restos
se plantea, mecanismos de comuni-
resultado de la actividad humana del
cación con las autoridades marítimas
pasado. Son, al igual que los terres-
y con las entidades académicas que
tres, patrimonio arqueológico de la
se vean relacionadas o interesadas en
Nación. Su importancia radica en su
La Ley 1675 de 2013 se hizo exclu-
el patrimonio cultural sumergido.
alto grado de conservación, la posibi-
sivamente para aprovechar económi-
lidad de acceder a información marí-
camente el Patrimonio Cultural Su-
tima no documentada, comprender
mergido , en contravía de la Ley 397
procesos sociales tales como migra-
de 1997. En ese sentido se hizo énfa-
ciones, redes comerciales, contactos
sis en que los bienes seriados con va-
y colonizaciones. De igual forma
lor cambiario y piedras preciosas en
nos permite acercar a procesos
estado bruto no se considerasen pa-
como la piratería o la trata negre-
trimonio cultural. El Decreto 1698
ra. Se trata de un patrimonio de
de 2014 reglamenta esta ley, bus-
cando favorecer a quienes están
Constitución Política en lo relativo al patrimonio cultual sumergido”. ¿En qué estado se encuentra la reglamentación de esta ley?
financiando el saqueo del Galeón {
ye, el mismo, su propia estratigra-
que se trata de un sitio que constru-
A propósito del patrimonio sumergido:
Alhena Caicedo Fernández Profesora Departamento de Antropología Facultad de Ciencias Sociales Universidad de los Andes.
Se debe aclarar que este no es un
las cortes colombianas en contra de
proyecto científico sino un “rescate”
la Ley 1675? ¿De ser afirmativa la
con propósitos comerciales. El uso
respuesta, podría sintetizar el alcan-
de tecnología no significa que haya
ce de estas demandas?
ciencia detrás de esta intervención.
No hay respeto por el contexto. 5. Sabe si hay planes para ampliar la búsqueda a otros pecios conocidos? ¿De cuáles?
No se sabe casi nada de este proce-
No puedo confirmarlo pero asumo
so contractual porque el gobierno
que, como se le abrió la puerta a las
decidió declararlo secreto de Estado.
empresas cazatesoros con la Ley
¿Alguien conoce el proyecto? ¿Sus
1675 de 2013, es muy posible que
objetivos? ¿Marco teórico?. Segura-
haya otras empresas tocando la puer-
mente, antes de finalizar 2017, se
ta del Ministerio de Cultura. Ahora
le habrá asignado al “originador” el
mismo es evidente que Colombia
rescate de la carga del San José, pero
hubiese podido asumir la búsqueda y
aún no se saben aspectos técnicos
rescate del galeón San José con recur-
4. Tras los diferentes anuncios en
como la ubicación del laboratorio de
sos propios (técnicos y económicos) y
medios de comunicación sobre la lo-
conservación, el personal a cargo, en-
haciendo uso de la cooperación inter-
calización del Galeón San José por
tre otros. Lo que sí se sabe, porque lo
nacional. Esto habría garantizado el
parte de un equipo científico liderado
afirmó el director del ICANH, es que
carácter científico del proyecto y el
por el ICANH ¿sabe en qué estado
el galeón se quedará bajo el agua, es
respeto al contexto, como patrimo-
o punto se encuentran las activida-
decir, la estructura de madera. Esto
nio arqueológico de la Nación.
des o acciones previstas para con
es como excavar una tumba prehis-
dicho pecio?
pánica y retirar solo las piezas de oro.
la ley. La última sentencia de la Corte Constitucional C-572/14 declaró exequible el criterio de repetición de dicha ley, dándole la responsabilidad de decidir sobre este aspecto al Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.
Sé que se interpusieron demandas a
científica en Colombia, y llama la atención sobre la poca capacidad e interés que ha tenido el Estado colombiano en invertir en formas de ciencia y tecnología para el cuidado y la conservación del patrimonio nacional, más allá de las ganancias futuras previstas en la ley (y de la parte que terminará en el ministerio de Hacienda). Habla sobre los retos que tiene el Estado frente al cada vez más bajo presupuesto para la investigación en ciencias sociales, y habla también sobre la situación general de la investigación arqueológica y patrimonial en el país y su capacidad para hacerle frente a una investigación de esta magnitud. El Galeón San José pone a la arqueología colombiana ante { 17
3. ¿Sabe si hay acciones en curso en
A propósito de la ley de patrimonio y su relación con el hallazgo del Galeón San José hay temas que parecen soslayarse a la luz de las discusiones sobre las posibilidades de mercantilización del patrimonio. Sin lugar a dudas, este hallazgo es una oportunidad única para preguntarse sobre la compleja relación entre Estado y patrimonio. Este trae a colación viejas y nuevas preguntas que invitan a salirse de las maniqueas posturas ofrecidas por los medios de comunicación y por la opinión pública quienes, en general, desconocen la dimensión real de un hallazgo arqueológico de estas proporciones, los retos que plantea su tratamiento científico como patrimonio, y la investigación que lo encuadra. Al contrario, parecieran centrarse solo en el “tesoro”, las monedas, y los beneficiarios privados del negocio, como bien lo señala la editorial de este número. No obstante, más allá de este campo de debate, este descubrimiento arqueológico pone el dedo sobre la investigación
un desafío importante: dejar de pensarse en pequeñito, volver a pensarse como un área de conocimiento y de producción científica e intervención clave para el país. Visibilizar la importancia del patrimonio sumergido desde la investigación especializada y el conocimiento experto en los debates académicos y científicos que hoy ponen a Colombia en el centro de la discusión, puede resultar mucho más productivo a la hora de debatir la actual política pública sobre el patrimonio.
Carlo Emilio Piazzini Suárez carlo.piazzini@udea.edu.co Antropólogo, magíster y doctor en historia Profesor Asociado, Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia
hallazgo un afortunado tintero para mojar sus plumas más o menos exhaustas. Y así, entre fiestas, reinados y finales de fútbol, se divulgaron numerosas notas sobre las circunstancias históricas del naufragio, algunos detalles técnicos de su hallazgo, especulaciones sobre la composición de su carga, reclamos de empresas y gobiernos extranjeros sobre el navío y sus contenidos, y en menor medida, la problemática legislación que hizo posible el hallazgo2. Una vez diluida la espuma dejada por el oleaje noticioso de diciembre de 2015, siguen pendientes una serie de interrogantes: cuáles fueron los términos de la contratación efectuada por el Gobierno, y cuál es la empresa privada con la cual se hizo el contrato; cómo se procederá para extraer los restos del navío y sus contenidos sin destruir el contexto arqueológico
Patrimonio Cultural Sumergido en Colombia: negocios y política
En diciembre de 2015, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos anunció por Twitter: “Gran noticia: ¡Encontramos el Galeón San José!”. Y en rueda de prensa dijo que se sentía muy complacido de informar a los colombianos que por fin se habían encontrado los restos del mítico navío1. Noticia que por lo exótico de su referente - los vestigios de un barco que se dice iba cargado de toneladas de lingotes de oro, piedras preciosas y monedas -, el tono triunfal con el cual fue comunicada y el momento en el calendario, quiso presentarse como un aguinaldo para el País. La prensa nacional, se entretuvo durante todo el mes de diciembre desempacando el regalo, pero sólo esporádicamente volvió sobre el tema en los siguientes meses. No pocos periodistas, columnistas y algunos personajes del mundo académico encontraron en la noticia del
Cabe recordar que desde el inicio de su primer mandato, Santos se propuso sacar adelante una ley que hiciera posible la contratación con empresas privadas para lograr la explotación económica de los contenidos asociados a naufragios del periodo colonial. Al proyecto de ley se opusieron sectores académicos del ámbito nacional e internacional, organismos de control y una minoría de políticos no alineados con la bancada del gobierno, advirtiendo que podía ser inconstitucional e inconveniente puesto que abría la puerta a la enajenación de bienes integrantes del patrimonio arqueológico de la Nación. No obstante, la ley fue aprobada y reglamentada (Ley
1675 de 2013 y Decreto 1698 de 2014), asumiendo, como lo ha anotado en repetidas ocasiones la ministra de cultura Mariana Garcés, que es completamente constitucional y favorece la protección del patrimonio cultural de la Nación, al permitir el rescate de bienes que de otra manera quedarían a merced del saqueo, ante la incapacidad financiera, tecnológica y científica del país para protegerlos, investigarlos y conservarlos. No obstante, la Ley fue prontamente demandada por inconstitucional, generando una sentencia de la Corte Constitucional que declaró inexequibles o condicionados algunos de sus apartados más problemáticos (C-264 de 2014). Es en este contexto que se produjo la noticia del hallazgo del Galeón San José, y el País vino a enterarse de la puesta en marcha de un esquema de alianzas público-privadas que busca obtener financiación para realizar exploraciones subacuáticas, bajo la premisa de que es posible obtener a cambio ganancias económicas derivadas de la venta de aquellos bienes que pudieran ser considerados como no integrantes del patrimonio cultural sumergido: en principio perlas, corales, piedras preciosas
y semi preciosas, monedas y lingotes de oro y plata, además de otros objetos que al ser repetidos podrían ser comercializados como tesoros en el mercado internacional de antigüedades. La importancia de hacer un cuidadoso seguimiento a lo que suceda con el anunciado hallazgo del galeón San José, reside en que el tratamiento que se dé a los bienes culturales sumergidos que hacen parte del hallazgo, marcará la ruta para la aplicación de la nueva normativa sobre Patrimonio Cultural Sumergido. La retórica patrimonialista, patriótica y científica empleada por el gobierno y sus aliados en el Congreso, aunada al tono pintoresco, la banalidad y la inmediatez con las cuales ha sido tratado el tema por varios medios de comunicación4, ha hecho difícil que la opinión pública pueda advertir que la aprobación de la Ley de patrimonio sumergido y su aplicación en el caso del
galeón San José, son el resultado de una estrategia encaminada a modificar una política de Estado que desde hace décadas estorba los intereses de empresas extranjeras dedicadas a comerciar y especular con los hallazgos de naufragios coloniales. Qué tan rentable y poderoso es el mercado internacional de antigüedades, y cuáles son las prácticas de las que llega a valerse, se ponía ya de manifiesto en 1999 por la UNESCO, al establecer que la venta de bienes culturales constituía el segundo mercado ilícito más lucrativo después del narcotráfico a nivel mundial5. Para épocas más recientes, resulta elocuente que el Estado Islámico (ISIS o Daesh) haya financiado parte de sus actividades mediante la venta de bienes arqueológicos saqueados en Siria e Irak6. En este caso, como en otros menos visibles en varios países de Asia, África y América Latina, piezas obtenidas median-
y deteriorar aún más las evidencias; con cuáles de los bienes que yacen en el naufragio pagará el Estado al contratista; y cuáles son las universidades colombianas y las instituciones internacionales que, al decir del Presidente, han sido convocadas para hacer seguimiento a las fases siguientes de recuperación del naufragio. Preguntas que hasta hora permanecen sin respuesta, debido al carácter reservado que el gobierno ha establecido, sobre “buena parte de la información” y dadas las “complejidades y lo que esté en juego”3.
4. Véanse por ejemplo: la alocución completa del presidente el 5 de diciembre de 2015, a raíz del hallazgo del Galeón San José, en https://www.youtube.com/watch?v=FQhzCF0Qmf0; la Audiencia Pública efectuada el 30 de mayo de 2013, y en especial la patética exposición del senador Pedraza en http://www.youtube.com/watch?v=B48ZEjTUrlA; la nota de prensa divulgada en la web del Ministerio de Cultura el 6 de agosto de 2014 en http:// www.mincultura.gov.co/prensa/noticias/Paginas/Corte-Constitucional-declara-exequible-el-criterio-de-repetici%C3%B3n-en-la-Ley-de-Patrimonio-Sumergido.aspx; finalmente, la editorial del diario El Tiempo, publicada el 7 de diciembre de 2015 en http://www.eltiempo.com/ archivo/documento/CMS-16450631.
5. UNESCO (1999) La prevención del tráfico ilícito de bienes culturales. Un manual de la UNESCO para la implementación de la Convención de 1970. Escrito y compuesto por Pernille Askerud y Etienne Clément. México: División de Patrimonio Cultural de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Pag. 7.
En Colombia, por lo menos desde la década de 1960 los gobiernos de turno y el Congreso han sido objeto de presión por parte de estas empresas, interesadas en cientos de naufragios coloniales que ya{
cen en los mares del país. Altos funcionarios y congresistas de los Estados Unidos, así como representantes y abogados de estas firmas, han enviado mensajes, han entablado demandas o han hecho lobby en los despachos y pasillos de Bogotá, tratando de incidir en la modificación de la legislación en aquellos puntos en los que les ha sido adversa. No les ha ido del todo mal, pues entre 1968 y 1986 se expidieron varios decretos y leyes que permitían la explotación de antigüedades náufragas8, mientras que algunos senadores y miembros de la Comisión de Antigüedades Náufragas resultaron apoyándolos en sus pretensiones. Esta brecha legislativa fue la que permitió la firma de contratos entre el Estado colombiano y la firma Glocca Morra Company, más tarde Sea Search Armada, para la búsqueda y extracción de restos que presumiblemente correspondían al Galeón San José, y luego, con la Columbus Corporation Inc. para verificar la ocurrencia de dicho hallazgo, dando resultados negativos. Al finalizar el siglo XX, la huella de la presión ejercida por este tipo de empresas en el Congreso de la República quedó inscrita en una anomalía de la Ley de Cultura de 1997, donde se contemplaban derechos sobre el “valor bruto de las especies náufragas” a personas jurídicas o naturales, colombiana o extranjeras, que las denunciaran y rescataran (Ley 397 de 1997, artículo 9º).
te saqueo de sitios arqueológicos en tierra o sumergidos, van a alimentar circuitos de tráfico que llegan a prestigiosas casas de subasta y almacenes de antigüedades en Europa y Norteamérica, donde se “blanquean” o simplemente, continúan circulando en el mercado negro7.
Por otra parte, en cuanto al criterio de repetición, uno de los más polémicos de la mencionada Ley, la Corte lo declaró exequible, pero condicionó su aplica24
ción en tres sentidos: en primer lugar, no puede ser aplicado de forma aislada al momento de determinar si un bien es parte o no del patrimonio cultural sumergido, sino que debe hacerse en una interpretación de conjunto que incluya los demás criterios, es decir de forma integral; en segundo lugar, en cada hallazgo se debe respetar el criterio de unidad cultural que se perdería si uno o más de los bienes que la conforman es desligado del grupo en virtud de su carácter de objeto repetido; finalmente, incluso en el caso de aquellos objetos seriados y con valor de cambio – como materiales preciosos en su estado bruto, lingotes, barras o monedas- que el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural en virtud del criterio de repetición pudiera considerar como no pertenecientes al patrimonio cultural sumergido, deberá reservarse una muestra representativa de los mismos, con la finalidad de que cumplan una función cultural. Esta sentencia pone de relieve el papel crucial que juega el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural no sólo en el caso del hallazgo del Galeón San José sino en todos aquellos contratos que en adelante el Estado suscriba en la materia. Es responsabilidad de dicho Consejo garantizar que ninguno de los bienes integrantes del patrimonio cultural sumergido pase a formar parte del negocio de los
caza tesoros. Cada decisión tomada será una señal acerca de lo rentable o no que puede resultar para dichas empresas el invertir en el negocio abierto por el gobierno. Resulta por lo tanto pertinente recordar cómo está compuesto éste Consejo, que a partir de 2008 reemplazó al antiguo Consejo de Monumentos Nacionales. Lo integran 14 miembros: el Ministro de Cultura o su delegado, quien lo presidirá; el Ministro de Comercio, Industria y Turismo o su delegado; el Ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial o su delegado; el Decano de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia o su delegado; el Presidente de la Academia Colombiana de Historia o su delegado; el Presidente de la Academia Colombiana de la Lengua o su delegado; el Presidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos o su delegado; un representante de las Universidades que tengan departamentos encargados del estudio del patrimonio cultural; tres expertos distinguidos en el ámbito de la salvaguardia o conservación del patrimonio cultural designados por el Ministro de Cultura; el Director del Instituto Colombiano de Antropología e Historia o su delegado; el Director del Instituto Caro y Cuervo o su delegado y el Director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, quien participará en las sesiones con voz pero sin voto y ejercerá la Secretaría Técnica.
Se tiene entonces que en la toma de tan importantes decisiones, sólo intervienen cinco miembros (38% del total de voces con voto) que no hacen parte del Ejecutivo o no son nombrados por éste, lo cual resulta preocupante en las circunstancias actuales, cuando la autoridad de los conceptos emitidos por representantes de las entidades del Estado no descansa siempre en criterios de carácter técnico. Lo anterior puede agravarse si se tiene en cuenta que la normativa deja abierta la puerta para que, mediante decreto, el Gobierno pueda “ampliar la representación de otras entidades estatales o sectores privados” (Ley 1185 de 2008, artículo 4). Puede decirse que, al haber delegado la suerte del patrimonio cultural sumergido en una instancia sumamente débil frente a las presiones del ejecutivo, la Corte Constitucional actuó en esta ocasión de manera tímida en su misión de defender el bloque de constitucionalidad del Estado colombiano. A ello se suma la existencia de otros factores de riesgo que no podrá controlar el Consejo de Patrimonio Cultural, y cuyo seguimiento está en cabeza del Ministerio de Cultura, el ICANH y la DIMAR. En las actividades de {
Estos últimos son asuntos científicos y de conservación del patrimonio que ocupan un lugar a lo sumo secundario dentro de la estrategia del actual gobierno. En la Ley que se viene examinando, se
incluyeron una serie de asuntos atinentes a la protección y mejor conocimiento del patrimonio cultural sumergido, como la posibilidad de declarar áreas arqueológicas protegidas, y la aplicación de programas de arqueología preventiva en espacios marinos (Ley 1675 e 2013, Articulo 8º). No obstante, se trata de fragmentos de un proyecto de ley anterior9, que esta vez fueron estratégicamente acomodados para rodear de “bondades” la intención principal: modificar la política de Estado en materia de protección del patrimonio arqueológico, permitiendo así la introducción de un esquema de negocios que, a semejanza del que rige las concesiones para la explotación de hidrocarburos y minerales, permita obtener jugosas ganancias económicas con la venta de los productos obtenidos en la exploración de naufragios. Se entiende entonces que en un negocio de esta naturaleza, entre más objetos queden por fuera de la categoría de patrimonio cultural sumergido, mayores serán las
ganancias para los inversionistas privados. En términos generales, desde una perspectiva interesada por la protección y mejor conocimiento del patrimonio cultural sumergido, y más ampliamente por el fortalecimiento de una política de Estado proclive a la valoración del patrimonio arqueológico como un bien de interés público, la noticia del hallazgo del Galeón San José y la expedición de la normativa en la que se ampara, constituyen un retroceso. Aparte de la posibilidad de expedir otra ley que pueda corregir los desaciertos de la normativa vigente, sólo se vislumbra en el panorama el cuidadoso segui-
miento y control que se pueda hacer para garantizar una aplicación cabal de lo establecido por la Corte Constitucional en su sentencia, y en especial, de las decisiones que tome el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.
intervención y aprovechamiento económico, que en el caso de los restos del Galeón San José son las que siguen, el afán de recuperación de la inversión efectuada por parte de los privados, hará que bienes del patrimonio cultural sumergido se encuentre en peligro, ya no sólo por su posible mercantilización, sino por su destrucción. En efecto, identificar las piezas que componen la carga del navío, para establecer cuáles de ellas pueden ser o no consideradas como patrimonio, implica remover los sedimentos y estructuras que las contienen, incluidos los restos de la nave propiamente dicha, así como extraerlas, lo que en contextos subacuáticos puede generar la pérdida irreparable de la información arqueológica y la degradación de las evidencias más frágiles.
Proteger y Conservar el Patrimonio Cultural Sumergido: El Pecio de Bocachica, Cartagena de Indias (Colombia) Carla Riera Andreu
carla.riera@uexternado.edu.co Docente e Investigadora de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural Universidad Externado de Colombia
Las obras de profundización del canal de entrada al puerto de Cartagena de Indias condujeron al hallazgo de los restos de un pecio de madera ubicado frente al Fuerte de San Fernando de Bocachica. En este artículo, además de precisar la importancia del pecio en cuestión y de señalar las actuaciones realizadas en pro de la conservación del mismo, se discuten las capacidades de reacción de Colombia frente al gran potencial arqueológico que yace en sus costas, mares, ríos y lagos. Palabras clave: Patrimonio cultural sumergido; Pecios Cartagena de Indias.
Las obras de profundización del canal de entrada al puerto de Cartagena de Indias (del Cairo et al., 2015) condujeron al hallazgo de los restos de un pecio de madera ubicado frente al Fuerte de San Fernando de Bocachica. La documentación recopilada en los estudios de caracterización histórica de la Bahía de Cartagena de Indias (del Cairo, 2013) sugería que dichos restos podrían estar relacionados con la estrategia de defensa utilizada por los españoles en la batalla de 1741 contra la flota inglesa que pretendía entrar en la bahía, consistente en el hundimiento de embarcaciones para restringir las condiciones de navegabilidad para embarcaciones de gran calado como lo eran los buques de guerra. Estos indicios llevaron a implementar un plan de actuación para estudiar y proteger las evidencias arqueológicas que habían quedado enterradas en el lecho marino durante más de 250 años y a solo cinco metros de profundidad.
Introducción: El pecio localizado en el Canal de Bocachica
Paralelamente a la intervención arqueológica – prospección y excavación orientada a la delimitación del área y a la caracterización de los elementos allí localizados – se trabajó en el diseño del plan de conservación que debía garantizar la salvaguarda y protección de los restos del naufragio. Las actuaciones incluidas en dicho plan se definieron a partir de una discusión entre las necesidades de los materiales arqueológicos de procedencia subacuática en términos de conservación – tratamientos y requerimientos de conservación preventiva – y las posibilidades de actuación del proyecto atendiendo a las capacidades técnicas disponibles – infraestructuras, equipamiento y profesionales especializados –, así como las características del entorno de Cartagena de Indias.
Foto 1: Panorámica del Canal de Bocachica – Fuerte de San Fernando y Fuerte de San José, al fondo. Espacio en el que los españoles hundieron las naves como parte de estrategia de defensa en la batalla de 1741 contra los ingleses, y en el cual se ubica actualmente el pecio localizado durante las obras de dragado. Fotografía de Carlos del Cairo.
Foto 3. Zona del naufragio - Estructura de madera perteneciente a la arquitectura de la nave (fragmento de la quilla). La modificación del lecho marino dejó estos restos al descubierto provocando graves alteraciones en el material debido a la colonización de organismos marinos y a la incidencia directa de las fuertes corrientes de la zona. Fotografía de Fundación Terra Firme.
Los artefactos que se preservan por un largo periodo de tiempo en ambientes saturados en agua se caracterizan por estar en un frágil equilibrio con su entorno, así como por unas alteraciones que requieren imprescindiblemente de procesos de conservación cuando dicho entorno es modificado. La elaboración del plan de actuación sobre el pecio de Bocachica y los artefactos en él localizados, permitió describir y analizar el estado de la disciplina de la conservación y restauración del patrimonio arqueológico sumergido a nivel nacional, en términos de potencialidades y factores en los que debe seguir insistiéndose para posibilitar y consolidar las actividades sobre dicho patrimonio. De esta manera, el proyecto diseñado alrededor de un pecio hallado en un contexto de arqueología preventiva en ambientes subacuáticos dio lugar a revisar la capacidad de reacción de Colombia frente al gran potencial arqueológico que yace en sus costas, mares, ríos y lagos, ejercicio que como discutiremos advierte de las falencias existentes y de la urgencia de acometer acciones para modificar esta situación.
Desde la perspectiva de la conservación y restauración, los ambientes subacuáticos pueden entenderse como sistemas complejos y dinámicos en los que múltiples elementos y factores se interrelacionan e inciden en la estabilidad de los restos arqueológicos: el agua, la temperatura, la biodiversidad, el oxígeno disuelto, la salinidad o el tipo de fondo actúan como factores de alteración que inciden en el tipo, ritmo y alcance de las degradaciones. En el momento de la inmersión, los materiales que componen los artefactos empiezan unos procesos de adaptación a los factores que los rodean; la preservación de dichos materiales depende de su naturaleza y composición, así como del tipo y dinámica del entorno. Cuando las condiciones de dicho entorno son favorables, tanto los materiales inorgánicos – metales, piedra, cerámica o vidrio – como los orgánicos – madera, cuero o fibras – pueden preservarse durante largos periodos de tiempo; la forma original del artefacto puede mantenerse aunque el material experimenta alteraciones que provocan importantes cambios en su composición y sus propiedades (Cronyn, J., 1990:17). Atendiendo a la relación entre entorno y material, la excavación de los restos ubicados en ambientes subacuáticos se comprende
como una ruptura del entorno estable que ha permitido la preservación de los materiales; la excavación provoca nuevos procesos de alteración. En este caso, dichos procesos ocurren sobre una composición y estructura ya debilitada por el periodo de enterramiento, que puede derivar en degradaciones irreversibles o en el colapso y pérdida completa de los artefactos. De esta manera, se hace evidente la necesidad de diseñar estrategias de conservación que señalen los procedimientos necesarios para garantizar la salvaguarda y protección de los artefactos localizados en las zonas intervenidas. El pecio de Bocachica está compuesto por restos de madera pertenecientes a la arquitectura de la nave y por artefactos de diversa naturaleza: clavos de hierro, piedras de lastre de diferente composición y fragmentos cerámicos, principalmente. Todo este material ha permanecido enterrado durante más de dos siglos en un punto cercano a la costa a la Isla de Tierrabomba y junto al canal de acceso al Puerto de Cartagena de Indias. Teniendo en cuenta la elevada temperatura del agua – que en el mar Caribe ronda los 27 grados centígrados – y la poca profundidad en el que se encuentran los restos, puede sugerirse que la preservación de la madera se relacionara con hecho de haber permanecido enterrada bajo un sedimento fino y limoso que
no habría permitido la renovación del agua provocando una reducción progresiva del oxígeno y los organismos asociados a este (García-Castrillo, G, Lanuza, P. y López, P., 2003:104), así como con la proximidad del Canal del Dique el cual aporta gran cantidad de agua dulce a la bahía. La relevancia y singularidad de los restos localizados en la entrada de la Bahía de Cartagena de Indias planteó la posibilidad de intervenir el sitio con miras a extraer el pecio y los artefactos asociados y desarrollar una propuesta museográfica para su exhibición al público en el Fuerte de San Fernando de Bocachica. Con esta voluntad se inició el estudio y valoración de las posibilidades que ofrecía el fuerte en términos de laboratorio y almacén, o espacio de exposición de objetos procedentes del medio submarino (Del Cairo et al., 2017)1. Esta fortificación, contemporánea al naufragio, constituía un espacio idóneo a nivel de discurso museográfico, aunque en términos de conservación se presentaba como un importante reto. Usualmente, las instalaciones en las que se realizan los tratamientos de conservación y {
La particularidad de la materialidad del PCS: preservación y conservación
1 Proyecto apoyado y desarrollado por el Instituto Nacional de Vías (INVIAS), Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), Universidad Externado de Colombia y Fundación Terra Firme.
Estabilizar y conservar el material arqueológico procedente de ambientes saturados en agua Los tratamientos de conservación se basan en la comprensión de las alteraciones que presentan los materiales y de los requerimientos para estabilizarlos en el ambiente en el que serán ubicados finalmente. Como se ha mencionado anteriormente, las alteraciones están directamente relacionadas con el entorno en el que han permanecido un largo tiempo. Para el caso de los entornos submarinos, es imprescindible destacar el agua - concibiéndola como el disolvente universal que tiene la capacidad de reaccionar con un gran número de elementos actuando como catalizador de múltiples procesos químicos y bioquímicos, así como de transportar tanto compuestos orgánicos e inorgánicos en disolución o suspensión (García, S. y Flos, N., 2008:88-89) -, las 32
sales disueltas – las cuales convierten el mar en un medio idóneo para las reacciones de oxidación-reducción debido a que actúan como un gran electrolito (San Andrés, M. y De la Viña, S., 2009:173) y cuya cristalización se da cuando disminuye la humedad –, y finalmente la actividad biológica asociada a este tipo de entorno – la cual se relaciona con los artefactos en tanto que constituyen superficies idóneas para el desarrollo de múltiples organismos (Pearson, C., 1987:13; García-Castrillo, G, Lanuza, P. y López, P., 2003:104). La naturaleza del material define el tipo de alteración que este puede experimentar, sin embargo, el medio submarino provoca de forma general la disolución o transformación de parte de la composición de los materiales, la entrada de sales al interior de su estructura y el crecimiento de capas superficiales de organismos o de depósitos calcáreos generados por los mismos, así como procesos de corrosión en el caso de los metales. En este sentido, los tratamientos post-excavación – aquellos que se realizan cuando los artefactos se encuentran fuera del agua – están orientados a reducir la cantidad de sales contenidas en los artefactos, a proporcionar resistencia y solidez, a eliminar las concreciones y a frenar los procesos de corrosión. Para la realización de estos procedimientos se precisa de
un espacio equipado específicamente para el correcto manejo de estos materiales, además de profesionales capacitados para la correcta ejecución de los diferentes tratamientos. El caso de Bocachica ha permitido revisar el panorama nacional en busca de instalaciones especializadas para tomar como referente, o a las cuales se puedan trasladar los restos para actuar a favor de su salvaguarda, y de profesionales preparados para la ejecución de los tratamientos de conservación necesarios. La ausencia de experiencia en intervenciones de conservación y restauración de material arqueológico de procedencia subacuática condujo a identificar las cuestiones sobre las que consolidar un escenario en el cual poder empezar a plantear el manejo y gestión del PCS después de su extracción. El plan de conservación diseñado para el pecio de Bocachica propone trasladar al Fuerte de San Fernando únicamente los pequeños artefactos de naturaleza inorgánica. Esta actuación se plantea desde una perspectiva de cautela y revisión de los tratamientos con el propósito de estudiar el alcance de los procedimientos atendiendo a las condiciones medioambientales de la zona y a las características de la fortificación, y evaluando los resultados a fin de sugerir posibles procedimientos en contextos similares al de Cartagena de Indias. Los hallazgos de este tipo
Foto 2: Intervención arqueológica – excavación del área del naufragio. Mediante una manga de succión se fue retirando el sedimento que cubría los restos arqueológicos para identificar y documentar las estructuras y artefactos que allí se encontraban. Fotografía de Fundación Terra Firme.
restauración de este tipo de artefactos así como los espacios de almacenamiento y exposición, cumplen con unas características climáticas específicas que contribuyen y permiten la estabilidad de los objetos. En este caso, el entorno de Cartagena de Indias y las particularidades arquitectónicas del fuerte sumaron ciertos inconvenientes a la hora de garantizar las condiciones idóneas de conservación de los artefactos, por lo que se replanteó la estrategia de protección y salvaguarda de los restos del pecio de Bocachica.
de restos arqueológicos pueden repetirse en los próximos años, por lo que es preciso abordar de forma resolutiva las capacidades técnicas y profesionales disponibles actualmente en el país apostando por la investigación, la adecuación de instalaciones y formación de profesionales. Por su parte, para la conservación del resto de elementos, en particular los de mayor tamaño como son las estructuras mismas de la embarcación, la recomendación ha sido la de dejarlos in situ. La conservación in situ como alternativa de intervención Las últimas décadas se han caracterizado por una extracción casi sistemática de los restos arqueológicos subacuáticos; la revisión de los resultados de esta dinámica ha planteado la opción de mantener los restos en el entorno sumergido como una actuación viable para la salvaguarda de este patrimonio (Richards, V., 2001). La conservación in situ se postuló como la opción de intervención prioritaria con la Convención para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de 2001 (UNESCO, 2001). Esto podría relacionarse, entre otras cuestiones, con la complejidad de garantizar los requerimientos en términos de infraestructuras y equipamiento asociados a la ejecución de tratamientos y a los espacios de almacenamiento y exposición.
Foto 5. Material extraído del pecio de Bocachica – fragmentos de lámina de plomo. En la intervención arqueológica se localizó una gran cantidad de lo que parece ser parte del recubrimiento exterior del casco de la nave; en algunos fragmentos se observa la huella de la tela que estuvo adherida como parte del calafate. Fotografía de Fundación Terra Firme.
Esta alternativa de intervención se basa en procurar proporcionar un entorno favorable a la preservación de los materiales en el mismo entorno subacuático. Mediante diferentes sistemas de protección – re-enterramiento, cajas fuertes, rejas (Pešić, M., 2014:78-85) o protección catódica con ánodos de sacrificio (MacLeod, I., 1989; 1998; Bartuli, C., et al., 2008) – y protocolos de control periódico, es posible asegurar la estabilidad de los artefactos sin necesidad de trasladarlos al medio aéreo, evitando afrontar la responsabilidad de garantizar los recursos y medios que esto implica. Sin embargo, este tipo de actuaciones plantean a priori inconvenientes relacionados con la difusión y apropiación del patrimonio por parte de la sociedad; se requiere de la exploración de formas de acceso del público diferentes al tradicional museo (Manders, M., 2009).
Foto 6. Material extraído del pecio de Bocachica – artefactos de hierro. Debido al proceso de corrosión en el ambiente marino en la superficie de este metal se desarrolla una capa de concreción calcárea que dificulta identificar la forma del objeto. Fotografía de Fundación Terra Firme.
Foto 4: Documentación del material previamente a la extracción – Fragmentos de cerámica. Hasta la fecha no se han encontrado objetos completos; únicamente fragmentos que parecen formar parte del lastre de la nave y con los cuales se han podido desarrollar estudios de tipología cerámica. Fotografía de Fundación Terra Firme.
El plan de intervención diseñado para el pecio de Bocachica propone mantener los fragmentos de madera en su ubicación original y re-enterrarlas bajo el mismo sedimento que ha permitido su preservación a lo largo del tiempo. Esta actuación se ofrece como una solución temporal durante el transcurso de las campañas de excavación, y como una intervención definitiva hasta que no se disponga de los medios técnicos y profesionales necesarios para el traslado de esta estructura al medio aéreo, o hasta que haya un interés científico o una amenaza directa sobre el sitio que justifique dicha intervención. Finalmente, la estrategia de conservación diseñada para el pecio de Bocachica responde a la voluntad de reconocer la singularidad e importancia del Patrimonio Cultural Sumergido a la vez que afronta la realidad actual del país en términos de capacidades técnicas y profesionales, con el objetivo de señalar estrategias que posibiliten la salvaguarda y puesta en valor de este tipo de Patrimonio Cultural.
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Para más información sobre el proyecto realizado en el pecio de Bocachica: Vídeo “Actividades en el naufragio de Bocachica” (https://youtu.be/amh4b-Ezl5w). 36
Grafico 1. Esquemas del sistema de protección in situ de los restos que se mantienen en su ubicación original. En este caso, dicho sistema cumple dos objetivos: aportar a la estructura de madera que ha quedado suspendida una superficie en la que apoyarse, y proporcionar al material arqueológico un entorno estable y favorable a su preservación mediante el re-enterramiento con sedimento y tela sombra. Imágenes de Fundación Terra Firme.
Patrimonios emergidos. Herencia inmaterial y su vínculo con el patrimonio sumergido en San Andrés de Tumaco y Buenaventura. Víctor Andrés Pérez Bermúdez victorabperezarq@gmail.com Investigador Fundación Apalaanchi Antropólogo especializado en Patrimonio Arquitectónico y Marítimo
Wilson Peña-Pinzón wilson.pena@me.com Investigador Fundación Apalaanchi Antropólogo, candidato a Magister en Estudios Políticos
Introducción A partir de trabajos de prospección subacuática y de arqueología preventiva en el estero de San Antonio en Buenaventura y San Andrés de Tumaco entre febrero y abril de 2017, desarrollados en el marco de dos Programas de Arqueología Preventiva (PAP), bajo las Licencias de Intervención Arqueológicas 6149 y 6253 respectivamente, se diseñaron estrategias investigativas que complementan las interacciones del material sumergido y su relación con las comunidades de estos lugares, sus historias, narraciones y demás vínculos con el paisaje marítimo en las zonas de prospección. Estas estrategias impli-
caron un análisis historiográfico de archivo que expusiera posibles naufragios, orientando el trabajo de prospección, pero además con un acompañamiento cualitativo en terreno, con un enfoque etnográfico, apoyado de herramientas visuales, comprendiendo las relaciones espaciales, históricas y culturales de los habitantes de estas dos poblaciones, la materialidad de la cultura y su vínculo con las nociones de patrimonio. Desde allí se comprendió que aquello que se entiende como patrimonio se vive cotidianamente, sin reparar en su significado y sus implicacio-
nes, pero además lo que se relaciona como patrimonio sumergido desde las comunidades, se piensa más allá de lo delimitado por la ley. Lo importante aquí es que el patrimonio, como noción amplia, no desliga lo material de lo inmaterial y las prácticas sobre la cultura material que tiene el valor del patrimonio, se encuentran vivas y en riesgo de desaparecer. Es por esto que proponemos la noción de patrimonio emergido, por su condición viva y que habita sobre las aguas, y no bajo ellas.
Resumen mar, seres espectaculares que habitan bajo el agua, así como espantos que han hecho fama entre las comunidades afro del Pacífico colombiano y ecuatoriano. A través de un diálogo entre el trabajo etnográfico y la arqueología subacuática en Tumaco y Buenaventura, se presentará una propuesta sobre la noción de patrimonio emergido, como una posibilidad de diálogo entre lo material y lo inmaterial en el patrimonio marítimo. Palabras Clave: Patrimonio Emergido; Patrimonio Sumergido; Pacífico Colombiano.
Figura 1: Pescador artesanal con una vela improvisada de plástico en el estero de San Antonio, Buenaventura. Fotografía por Wilson Peña-Pinzón - Fundación Apalaanchi.
La definición de la UNESCO sobre el patrimonio sumergido es muy estricta sobre la valoración arqueológica del pasado cultural de un lugar concreto. Sin embargo, para las comunidades el vínculo patrimonial va mucho más allá de esta definición y en muchas ocasiones lo material vive inexorablemente en la cotidianidad que han construido alrededor de espacios acuíferos. Aquí la oralidad, la memoria y las prácticas culturales se articulan a las historias de lo sumergido, emergiendo así versiones sobre el pasado vinculadas a naufragios, hallazgos de objetos en el
Figura 2: Jefferson, tumaqueño de 7 años. El trabajo de campo se realizó con lugareños, incluyendo niños y adultos mayores. En el caso de Tumaco se destacó la relación con los tsunamis como factor de riesgo de la vida, pero también como una historia vinculada a la cultura, a la transformación del paisaje y al hundimiento de zonas que en el pasado estaban habitadas. Fotografía por Wilson Peña-Pinzón / Fundación Apalaanchi. Figura 3: Esqueleto de antigua embarcación platanera con presencia de su roda, quilla, cuadernas y partes de su forro exterior e interior. Esta embarcación en su momento había sido hallada durante la prospección sobre el estero San Antonio mediante métodos acústicos y magnéticos en un momento de pleamar. La foto, así como su registro planimétrico, fue realizado en un episodio de bajamar. Fotografía por Víctor Andrés Pérez Bermúdez Fundación Apalaanchi.
Puesto que las prospecciones realizadas permitieron identificar ciertos elementos, caso puntual en Buenaventura, la presencia de un naufragio de no más de 100 años y en San Andrés de Tumaco, {
Se decidió acompañar el trabajo de prospección arqueológica con el antropológico basado en la etnografía, buscando identificar rasgos sociales y culturales de quienes viven cerca de los espacios de intervención arqueológica así como de las obras de ingeniería. La función que buscó este acompañamiento es el de articular la información física y técnica de la prospección, que se cruzó con el trabajo de archivo en pro de la identificación de vínculos materiales, para la localización de posibles hallazgos, los cuales además pueden estar vivos dentro de la memoria social de la comunidad. Asimismo, existían varias necesidades que no son ajenas al patrimonio sumergido: principal-
mente, la caracterización social es esencial en la comprensión de las comunidades que habitan los lugares donde se buscan objetos sumergidos y con carácter patrimonial. Entender sus contextos permite proyectar las relaciones sociales que se construyen entorno al espacio, su pasado y su nexo con el patrimonio sumergido. Adicionalmente, identificar prácticas vivas que vinculen conocimientos tradicionales sobre la vida en el mar, se conecta con la importancia de lo sumergido y las posibilidades de apropiación de los posibles hallazgos que pudieran existir.
la presencia de fósiles de bivalvos, formaciones geológicas de interés, anclas y la presencia de material prehispánico tanto sumergido como en el área intermareal, pero además relatos alrededor del sistema cultural afropacífico, alrededor de embarcaciones abandonadas y sobre arquitectura naval tradicional, los diferentes Planes de Manejo Arqueológico diseñados estuvieron en razón de las comunidades, pero en dialogo con la legislación nacional e internacional, para que éstas, con el apoyo de las instancias locales que tuviesen injerencia sobre la divulgación y conservación del patrimonio (como las Secretarias de Cultura y Casas de la Cultura), logren una administración consecuente con lo que estos patrimonios emergidos representan.
Figura 4: Verificación mediante buceo de fósil de bivalvo posiblemente perteneciente a la familia Pectindae, las cuales vivían sobre fondos arenosos, en aguas muy profundas. Este hallazgo se hizo durante las actividades de campo en San Andrés de Tumaco. Fotografía por Víctor Andrés Pérez Bermúdez - Fundación Apalaanchi.
Figura 5: Roca ígnea con presencia de meteorización esferoidal y diámetro de 60 cm. Este elemento se encontró resguardado debajo de una plataforma coralina y en su momento se asoció a una posible área de actividad humana o un antiguo volcán de lodo. Fotografía por Víctor Andrés Pérez Bermúdez - Fundación Apalaanchi.
Experiencias etnográficas en contextos de valoración de patrimonio sumergido
Cultura y patrimonio emergido
Figura 6: Niño pescando con sedal desde las columnas del puente de El Morro, Tumaco. En otras columnas del puente se ubicaban adultos realizando la misma actividad. Fotografía de Wilson Peña-Pinzón - Fundación Apalaanchi.
tte, 2006), sumado a los postulados de Geertz (2008), donde concuerdan la mirada cualitativa de los fenómenos, pero además una disposición interpretativa de la cultura que se ligaba con el centro de la preocupación sobre lo sumergido. Concebir la cultura desde el lenguaje, permitió pensar lo sumergido no solo como una condición material del patrimonio, sino también de los vínculos simbólicos del mar, como condicionante espacial, contenedor de objetos bajo el mar, también como espacio social vivo para las comunidades. Es así que la noción de patrimonio emergido surge como una metáfora que complementa a lo sumergi-
do, en la medida en que su estado oculto establece relaciones a priori con las sociedades que pueden dar cuenta de lo que vive inmerso en el mar. Pero lo emergido se considera como diálogo e interpretación del poder de la cultura en su urdimbre simbólica y representada en una amplia diversidad de prácticas donde lo sumergido se vincula, pero también habla de la complejidad social donde lo que fuera sacado del mar con el carácter de patrimonio, sostendrá una relación con las comunidades que decidieran apropiarlo. Lo emergido fue considerado como aquello que surge o podría surgir socialmente en el proceso de un hallazgo en la valoración arqueológica, pero también pensando en aquellos hallazgos, objetos, historias o seres que habitan en el mar, como se identificó en los relatos de bonaverenses y tumaqueños. No todo lo emergido, en materia de relatos y objetos físicos que fueron recolectados en campo, se vinculan con las definiciones de ley con el patrimonio sumergido, pero si con los valores profundos de la
cultura. Estas dinámicas tienen un privilegio en las asociaciones y el valor de lo sumergido en estas comunidades, desbordando así los sentimientos a los que se podría vincular el patrimonio sumergido. De forma concreta los relatos emergidos tienen varios rasgos, algunos que hacen parte del sistema cultural del Pacífico afrodescendiente de Colombia, el cual incluye a Ecuador, y que se relacionan con el intercambio cultural que existe entre poblaciones que sostienen vínculos familiares, comerciales y culturales desde hace siglos. Otros relatos son más contemporáneos, pero tienen la confluencia del espacio y de las condiciones sociales de esta región en el país. Relatos del sistema cultural afropacífico Las leyendas de piratas, navegantes perdidos y espantos, son comunes y se vinculan a la materialidad de lo que se encuentra {
Los planteamientos teóricos en los que se soportó el trabajo en terreno se basaron en categorías y nociones propias de las personas, haciendo un foco especial en elementos propios de la cultura. Se partió de un principio conceptual donde la cultura es un sistema simbólico que comunica y expresa aspectos de la vida social y que se hereda de generación a generación (Geertz, 2008:88), donde este sistema de símbolos se expresa en diferentes campos de la cotidianidad de las personas a través de los vehículos que cada comunidad ha dispuesto para fines específicos. Desde allí hubo un engranaje con la teoría fundamentada, donde se privilegian aspectos inductivos como pilar para la comprensión conceptual y teórica de fenómenos sociales particulares (Guilleme-
El Maravelí (Giraldo, 2009) es otro relato sobre un buque fantasma, que algunos lo asocian con la presencia de piratas en el Pacífico, otros con el comercio de esclavos 44
y hasta con la extracción de caucho en épocas más recientes. Si bien el relato es polisémico, las desgracias que causa, no. Específicamente las versiones coinciden con el mal tiempo y el riesgo que este implica para navegantes y pescadores. El relato está presente tanto en viejos y jóvenes, lo que ratifica el poder de lo oral en la región. Así mismo, la vida en el mar condiciona aspectos fundamentales dentro las actividades cotidianas que se han perpetuado generacionalmente. Entre los relatos importantes se encuentran aspectos básicos sobre el nadar y comprender el entorno, tanto en contextos de esparcimiento como en el entrenamiento para la pesca. En la pesca fue fundamental comprender las lógicas en las que se ordena esta práctica, que no solo se limita en el trabajo y en la alimentación; también incluye una división sexual del trabajo y un sistema de relacionamiento vinculado a lo oral, al canto y a la herencia de valores culturales. La asociación con la guaquería, descrita por habitantes tanto de Buenaventura y Tumaco, sumada con las evidencias de presencia indígena en épocas prehispánicas han construido relatos sobre hallazgos fortuitos en las playas, donde objetos de oro han sido arrastrados a las costas, creando fortuna, pero también desgracia para quienes se han topado con estos objetos. Si bien, los detalles
sobre estos objetos no son claros, si los son sus consecuencias que se debaten entre gloria y maldiciones (Pérez et al., 2017a y 2017b). Relatos contemporáneos Los diferentes sitios de naufragio o descarte de embarcaciones son hitos geográficos y patrimoniales para la población del Pacífico, hacen parte de su patrimonio mueble. El hecho de que no cumplan los requisitos de la legislación colombiana en cuanto a Patrimonio Cultural Sumergido, no les resta los valores y significados para la comunidad, el anclaje con la memoria colectiva, la representación de momentos sociales, políticos, económicos o históricos, como tampoco impide que se fomenten recuerdos que interesan a la colectividad y constituyen parte de su identidad, memoria y tradición. Por ejemplo, el abandono de embarcaciones camaroneras sobre el estero San Antonio en Buenaventura o submarinos artesanales sobre las playas de El Morro en Tumaco, barcos desmantelados, carcomidos por el óxido, moviéndose al ritmo de las pujas y las bajas de la marea, son testimonio de algunos hechos notables relacionados con el narcotráfico y el paramilitarismo, los cuales han tenido repercusiones directas e indirectas en la conformación del paisaje, influyendo, a su vez, en la construcción cognitiva y cultural que los pobladores tienen de su territorio.
Figura 7: Barcos pesqueros abandonados en El Cascajal. Fotografía de Wilson Peña-Pinzón / Fundación Apalaanchi.
sumergido. El Riviel, un espanto que aparece en las noches, es asociado con un pirata que abandonó su tripulación en busca de un tesoro. Su acción lo maldijo, volviéndolo un vagabundo del mar, espantando y sumergiendo a todo aquel que fuera hallado en el mar en la noche. El Riviel navega en una canoa partida en dos, con una linterna en punta, que avisa su veloz presencia. El relato funciona como advertencia a los pescadores sobre los riesgos del mar. Muchos naufragios se le atribuyen al Riviel. Este relato no solo hace presencia en Colombia (Ocampo, 1996. Pp. 292 a 295; Ortiz, 2007. Pp. 243 a 245), también es parte de la cultura afro ecuatoriana (Chasi Escobar, 2014). Al ser parte de un relato que se ha difundido por generaciones y por una región tan amplia, el relato no es unánime; este se recrea y reproduce con diferentes detalles a partir de la experiencia y la herencia. Un ejemplo de ello es reproducido en video por Hugo León Ortiz, llamado “El abuelo del 3D”, quien en su canal de Youtube, cuenta con una versión particular sobre el Riviel, entre otros seres espectaculares de los mitos y leyendas de Colombia y América (Ortíz, 2016. Ver en: https:// youtu.be/CYYvGpPh6lU).
Se puede observar toda una serie de embarcaciones, las cuales evidencian todo un ideal de arquitectura naval tradicional. El conocimiento alrededor de la construcción naval se transmite oralmente y es reconocido como un conocimiento ancestral por los arquitectos navales tradicionales. Desde la división del trabajo para la construcción, hasta la selección del material adecuado de acuerdo al tipo y finalidad de la embarcación, es un trabajo que se reparte entre conocidos y allegados que manejan el arte de la construcción naval, pues es un conocimiento restringido a cargo de pocas personas, el cual es protegido y salvaguardado con recelo. Las diferentes embarcaciones que se pudieron observar, siempre estuvieron asociadas a actividades de pesca y transporte humano así como de mercancías, y algunas de ellas, en cuanto a su arquitectura, coinciden con algunas embarcaciones registradas por algunos viajeros del siglo XIX. 46
Muchas, más no todas estas embarcaciones, tipológicamente representan lo que se conoce como canoas monoxilas. Este tipo de embarcación, como lo menciona Nicolás Lira (1999:16), por su versatilidad, permiten la navegación tanto en contextos marítimos como lacustres, fluviales y palustres. Las diferentes embarcaciones presentan algunas variaciones arquitectónicas, muchas de estas asociadas al tamaño de las esloras, puesto que de esto usualmente se asocia al tipo de actividad de la embarcación, ya sea para el transporte de personas, así como para el de maderas, plátano o incluso la pesca artesanal.
Hablar de lo emergido implica una conexión con los procesos sociales de las comunidades en las que habita el patrimonio sumergido. Valorarlo desde la comprensión de la cultura y las prácticas contemporáneas, implica un reto de diálogo con las comunidades sobre la importancia de sus sistemas simbólicos que se conectan con la presencia de objetos con valor patrimonial y que por efectos de las exploraciones arqueológicas subacuáticas pueden emerger y proponer cambios en la forma en cómo se vinculan conocimientos a la educación, a la identidad, a la economía (cuando el turismo se enlaza con el patrimonio) y hasta la política, donde también, las comunidades que han sido golpeadas por la exclusión, el conflicto armado, la corrupción y el narcotráfico, buscan con dignidad ser sujetos de derechos.
Construcción naval y oralidad.
Referencias Chasi Escobar, Christian Paúl 2014 El Riviel”, leyenda oral afroecuatoriana o de cómo la memoria tornó en azul. Trabajo de grado Maestría en Estudios de la Cultura. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador. Giraldo Herrera, César Enrique 2009 Ecos en el arrullo del mar. Las artes de la marinería en el pacífico colombiano y su mímesis en la música y el baile. Bogotá: Ediciones Uniandes. Geertz, Clifford 2006 La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedisa. Guillemette, François 2006 “L’approche de la Grounded Theory; pour innover?” Recherches qualitatives, 26 (1): 32-50. Lira, Nicolás 1999 Canoas monóxilas en el centro-sur de chile. Navegando sobre los árboles. Trabajo de grado profesional. Santiago: Universidad de Chile. Ocampo López, Javier 1996 Leyendas populares colombianas. Barcelona: Plaza & Janés. Ortiz, Lucia (editora) 2007 Chambacú, la historia la escribes tú: Ensayos sobre cultura afrocolombiana. Madrid: Iberoamericana. Ortiz, Hugo 2016 La leyenda del El Riviel. Recurso Web https:// youtu.be/CYYvGpPh6lU - Recuperado el 6 de septiembre de 2017. Pérez Bermúdez, Víctor Andrés; Roa Brynildsen, Eduardo Basilio; López Ponce de León, Anny Catalina; Skeet Pérez, Julio; Peña Pinzón, Wilson Eliecer, Sánchez Coral, Ramiro Alonso; Herrera Angarita, Andrés Felipe. 2017 a “Programa de arqueología preventiva subacuática y Formulación del Plan de Manejo Arqueológico para el dragado del estero San Antonio y para las zonas de depósito de material municipio de Buenaventura, Valle del Cauca”. Bogotá: Fundación Apalaanchi. Pérez Bermúdez, Víctor Andrés; Roa Brynildsen, Eduardo Basilio; López Ponce de León Anny Catalina; Skeet Pérez, Julio; Peña Pinzón, Wilson Eliecer, Sánchez Coral, Ramiro Alonso; Herrera Angarita, Andrés Felipe. 2017 b “Formulación del Plan de Manejo Arqueológico para el Programa de Arqueología Preventiva en la modalidad de prospección subacuática para las áreas de depósitos de sedimentos para el dragado del canal de acceso al puerto de Tumaco, municipio de San Andrés de Tumaco, en el departamento de Nariño”. Bogotá: Fundación Apalaanchi.
Convocatoria Boletín OPCA 14
Apuestas y controversias alrededor del centro histórico de Bogotá El patrimonio es un campo de tensiones políticas que se alimenta de las aspiraciones comunitarias, los discursos expertos y los intereses económicos que moviliza. La materialización de este universo de relaciones se hace cotidiano en el territorio, y logra incidir en la vida de las personas no sólo como ilusión compartida, sino en las condiciones de reproducción de su vida material. Así, preguntas como ¿De qué hago parte? ¿Qué quisiera legar a futuro? ¿Quiénes, cómo y por qué razones toman decisiones sobre lugares, objetos y prácticas que siento como propias?, son apenas algunas expresiones concretas de la complejidad y alcances que supone la vivencia cotidiana de la patrimonialización en los contextos urbanos. Este ha sido el caso del centro histórico de Bogotá, el cual desde la introducción de la planeación urbana como política pública -y la consecuente inserción de la idea del patrimonio cultural como eje articulador-, ha sido un “laboratorio vivo” para ensayar multiplicidad de apuestas para lograr tal fin. Pero los resultados de estas intervenciones aparecen confusos en el presente de la ciudad. En esta medida, el Observatorio del Patrimonio Cultural y Arqueológico OPCA convoca artículos que exploren la coyuntura de una ciudad que se hace más compleja día a día. Y toma como referencia el centro histórico por ser el nudo sobre el que se enlazan políticas, proyectos, comunidades e intereses de todo orden. Retratar esta instantánea o proyectar el futuro cercano del centro histórico de Bogotá desde el urbanismo, las ciencias sociales y humanas es la intención de este nuevo número del Boletín OPCA.
Formato: Los documentos deben ser presentados en Microsoft Word, de máximo 2000 palabras (sin referencias citadas). Para consultar el Breve Manual de Estilo y Redacción OPCA y ampliar la información sobre el sentido editorial y el formato del boletín, visítenos en nuestro portal web https://opca.uniandes.edu.co/es/ Envíe su documento al siguiente correo electrónico: opca@uniandes.edu.co
13 | Patrimonio cultural subacuático
Boletín OPCA | Uniandes - Facultad de Ciencias Sociales - Departamento de Antropología https://opca.uniandes.edu.co/es/
opcandes

References: Artículo 40
 artículo 18
 Artículo 18
 artículo 1
 artículo 8
 artículo 9
 artículo 4