Source: https://it.scribd.com/document/433712792/Dictamen-fiscal-R-C-CSJ-733-2018-CS1
Timestamp: 2020-05-30 22:27:25+00:00

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Dictamen fiscal R_C_CSJ_733_2018_CS1 | La violencia contra las mujeres | Convenio europeo de derechos humanos
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AÑO DE LA LUCHA
La violencia contra la mujer en la sociedad religiosa salvadoreña
derechos mujer.pdf
GERENO YULIANA
Ley 14509 Fundamentos
violencia familiar en el peru monografia pnp utru.doc
GO 40551
manual-pastoral.pdf
Ensayo Violencia Intrafamiliar (Final) (1)
La extensa lucha por los derechos de la mujer en Colombia.
nO 63.006"
CSJ 733/2018/CS1
s/ recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley en causa
La Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires desestimó, por inadmisibles, los recursos de inaplicabilidad de ley y nulidad interpuestos por la defensa de C E R contra la sentencia de la Sala Cuarta de! Tribunal de Casación Penal, que rechazó e! recurso de casación deducido contra la condena a dos años de prisión en suspenso por el delito de lesiones graves, impuesta a la nombrada por el Tribunal en lo Criminal nO 6 de San Isidro. Contra esa decisión interpuso recurso extraordinario la defensa, que fue
concedido (fs. 185/205 y 210/211).
1. Surge de las actuaciones que a fs. 70/72 el fiscal ante el tribunal de casación dictaminó a favor del recurso de C R por considerar que actuó en legítima defensa. Señaló que declaró que era víctima de violencia de género por parte de P S , padre de sus tres hijos y con quien convivía a pesar de la disolución de! vinculo de pareja, y que el día de! hecho, como consecuencia de no haberlo saludado, le pegó un empujón y piñas en e! estómago y la cabeza, llevándola así hasta la cocina; allí ella tomó un cuchillo y se lo asestó en e! abdomen, luego salió corriendo y fue a la casa de su hermano, que la acompañó a la policía. R dijo que no quiso lastimarlo, pero fue su única forma de defenderse de los golpes. Afirmó el magistrado que el tribunal no sólo descreyó arbitrariamente su versión sino que también omitió considerar prueba determinante que la avalaba. Al respecto señaló que la médica legista que examinó a R dejó constancia de hematomas
con dolor espontáneo y a la palpación en abdomen y miembros inferiores (piernas), y que refirió dolor en el rostro, sin observar lesiones agudas externas. Sostuvo que el tribunal valoró en forma absurda el informe, para restarle entidad a la agresión de
S e inferit la mendacidad de la nombrada en tanto refirió golpes en la cabeza
que no fueron corroborados. Recordó el fiscal que la violencia de género, incluso la
física, no siempre deja marcas visibles, aunque en el caso se constataron lesiones y
R manifestó dolor en todas las zonas donde dijo que recibió golpes. Estimó
que el tribunal fue arbitrario porque aunque tuvo por probado que fue golpeada por
S y descalificó el testimonio del nombrado por exagerado y mendaz, negó
que constituyera violencia de género, en contradicción con lo dispuesto por la Convención Belem do Pará y la ley 26.485. Por último, destacó la similitud de las circunstancias del sub judice con las del precedente ''Leiva'' (Fallos: 334:1204) en tanto la imputada era víctima de violencia de género y había actuado en legítima defensa. 2. La cámara de casación declaró improcedente la impugnación contra la condena por considerar que: i) al alegar legítima defensa, el recurrente reeditó el planteo basado en una distinta y subjetiva valoración de los hechos y pruebas, sin asumir la refutación de los argumentos por los cuales se lo rechazó; ii) la afirmación de la materialidad del hecho y la autoria de R fue corolario de una razonada evaluación de la prueba rendida en el debate, entre otros, los testimonios de la victima y de la hija de ambos, que desterró cualquier pretensión de legítimidad en el accionar de su madre; iii) si bien no debía descartarse alguna situación de hostigamiento, no pudo afirmarse con certeza una agresión de S a R que le permitiera comportarse como lo hizo cuando "podría haber actuado de otra
forma"; iv) ninguno de los nombrados resultó creJ.ble para los juzgadores.
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s/recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley en causa
3. Con relación al recurso de inaplicabilidad de ley interpuesto por la defensa
contra la decisión antes reseñada, el a quo consideró que no superaba el límite
establecido por el artículo 494 del código procesal de la provincia; no obstante y en
tanto la via constituía un carril idóneo para canalizar cuestiones federales, sostuvo a ese respecto que la falta de adecuado planteamiento de la arbitrariedad alegada,
exirrúa su obligación de ingresar a su conocimiento en su carácter de tribunal
inte=edio. También desestimó el recurso de nulidad por ser copia textual de los agravios
vertidos en el recurso de inaplicabilidad de ley y carecer de fundamentación
independiente confo=e a su objeto y finalidad (art. 484 del código procesal).
En el recurso extraordinario la defensa fundó sus agravios en la doctrina de la arbitrariedad de sentencia. Planteó que el a quo omitió tratar un agravio federal medular, relativo a la
falta de jurisdicción del tribunal de casación en tanto el fiscal ante esa instancia
dictaminó a favor del recurso de la defensa y que, por ello, la decisión que lo
rechazó lesionó los principios ne procedat iudex ex officio y contradictorio, y las
garantías de debido proceso, defensa en juicio e imparcialidad, máxime en el sistema
que rige en la jurisdicción, que es acusatorio en todas las etapas del proceso. Explicó que en razón del excesivo rigor fo=al con que la Suprema Corte
provincial examina la admisibilidad de los recursos, articuló las dos vias disponibles
en el ordenamiento procesal y consideró que, al menos, el agravio federal invocado debió ser tratado en el marco del recurso de nulidad porque implicaba una lesión
directa a los articulas 168 y 171 de la Constitución local; tal omisión -agregó- dio
ongen a una nueva causal de arbitrariedad por defecto en la consideración de
extremos conducentes para la solución del litigio.
Por otra parte, cuestionó la caracterización de la relación entre R y
S como de "agresión recíproca" que hizo el tribunal de mérito -y convalidaron la casación y la Corte provincial- por colisionar con lo dispuesto por la Convención Belem do Pará (art. 1°) Y la ley 26.485 de "Protección Integral de la
Mujer" (arts.
suma golpes y agresiones por parte de S , como surgía de la denuncia de fs. 103 incorporada por lectura, y que esa circunstancia imponía la consideración de los
hechos a la luz de la normativa citada. Observó que si se probó que la mujer era golpeada por su ex pareja y que lo denunció; que dependia de él para su sostén y el de sus hijos, y se constató que sumó lesiones el dia del hecho, no podia negarse - como se hizo- que estuviera inmersa en una relación de violencia de género, aun cuando se aceptare que las agresiones eran mutuas. Adujo que la incomprensión de la problemática de la violencia contra la mujer hizo que los tribunales cayeran en prejuicios, v.gr. no creer su relato, considerar que provocó la agresión o que pudo poner fin a la violencia por otros medios (abandono del hogar). Puso de resalto que para el tribunal S no fue sincero y que diversos testimonios, incluido el de la hija de ambos, corroboraron los dichos de R . La
; dijo que nunca vio a su madre pegarle a su
padre; por el contrario, la vio tirada en el piso y a su padre golpearla en las "piernas
con patadas y piñas y en la panza también". Las testigos S P ,G
M YF R declararon que vieron a R golpeada, las últimas,
menor desmintió la versión de S
4°, 5° Y 6°). Expuso que se acreditó que desde hacía tres años R
además, presenciaron maltrato verbal. El tribunal descartó a los testimonios por falta de precisión de la fecha de los hechos; la defensa impugnó la exigencia por ser
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contraria a las reglas de la sana critica, sin perjuicio de lo cual señaló que sucedieron
en e! curso del 2010 y 2011. Mayor objeción dirigió a la re!ativización de la
declaración de M por ser "otra mujer que se dice golpeada", por entender
que ello demuestra la incomprensión del fenómeno de la "violencia contra la
Por otra parte, cuestionó la determinación del hecho. Los jueces no creyeron
la versión de S ni la de R y concluyeron que se trató de "otra de sus
pe!eas" sobre la base de que el primero, luego de un corte en una de sus muñecas, se
envolvió con una toalla y enfrentó a R . y ella "como anticipándose a un
trágico desenlace" resguardó a sus hijas, "ordenándoles que no salgan de su
habitación". Sin embargo -resaltó la defensa- en otro tramo de la sentencia y en
forma contradictoria, pusieron en duda la existencia de la toalla, negaron el
desdoblamiento de la acción y afirmaron que una sola causó las dos lesiones de
S ; además, tampoco explicaron cuándo R sufrió las lesiones
constatadas. En tales condiciones -afirmó e! recurrente- correspondía aplicar el
principio favor rei.
También rechazó el reclamo de! tribunal de "algo más" para tener por
acreditada la violencia, por desatender la doctrina del precedente ''Leiva'' (Fallos:
334:1204) que estableció que en un contexto de violencia de género, al apreciar los
presupuestos de la legítima defensa, los jueces deben seguir el principio de amplitud
probatoria consagrado en los artículos 16 Y 31 de la ley 26.485. Destacó que el 13 de
mayo de 2010 R denunció que fue golpeada por su ex pareja -aunque no
instó la acción penal por sentir culpa y depender materialmente de! agresor- y que
los funcionarios provinciales incumplieron sus obligaciones de asesoramiento y
asistencia a la victima de violencia de género establecidas por la normativa citada.
En suma, estimó que su asistida, victima de violencia de género, actuó en legítima defensa. Al respecto sostuvo que: i) la discusión de pareja no configura una provocación suficiente que pueda justificar los golpes o vedar la posibilidad de defensa; ii) las agresiones y lesiones previas acreditaban la ventaja física de S:
sobre R a la vez que fundamentaban su temor por su integridad; iii) para fi:enar la agresión ilegítima su asistida utilizó el único medio a su alcance: "agarró e! cuchillo que estaba sobre la mesa y tiró e! manotazo hacia S ", quien "no paró de pegarle hasta que recibió e! corte"; iv) e! corte en el estómago fue la acción requerida de acuerdo a la intensidad de la agresión; v) existe proporción entre el bien agredido y la lesión necesaria para su protección -en ambos confluían la salud y la vida-o
Por último, se quejó porque los tribunales intervinientes incumplieron la obligación de revisión amplia de la condena conforme lo establecido en e! precedente "Casal" (Fallos: 328:3399).
Si bien V.E. ha señalado que las resoluciones por las cuales los superiores tribunales de provincia deciden acerca de la procedencia o improcedencia de los recursos extraordinarios de carácter local que se interponen ante ellos no son, en principio, revisables en la instancia de! articulo 14 de la ley 48, y la tacha de arbitrariedad a su respecto es especialmente restrictiva (de! dictamen de la Procuración General, al que remitió la Corte Suprema en Fallos: 327:5416 y Fallos:
307:819; 308:174, entre otros), la regla puede ceder, con fundamento en la doctrina de la arbitrariedad, ante supuestos de excesivo rigor formal susceptibles de menoscabar la garantía de defensa en juicio y e! debido proceso legal (de! dictamen
de la Procuración General al que la Corte remitió en B. 412. XLIX. RHE ''Bocazzi, Mariano Marce!o y otros s/causa nO 34126/10", de! 12 de mayo de 2015, con cita de
Fallos: 315:356; 326:2759 y 3334). En mi opinión, en el sub lite se verifica la situación excepcional que habilita la
intervención de V.E. Tal como surge de la reseña efectuada en e! apartado III supra, en el recurso extraordinario la defensa fo=uló agravios con base en la existencia de cuestión federal así como en la doctrina de la arbitrariedad; y ello hace aplicable e! criterio de v.E. según e! cual corresponde atender primeramente a los últimos pues, de configurarse tal vicio, no habría sentencia propiamente dicha (Fallos: 339:683, 930 y 1520; 340:411 Y1252; 341:1106). Sin perjuicio de ello, advierto que las causales de arbitrariedad alegadas, se conectan de modo inescindible con la cuestión federal vinculada a la interpretación y aplicación de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (art. 14, inc. 3°, de la ley 48 y Fallos: 336:392) y de! artículo 16, inciso i), de la ley 26.485, en tanto reglamentario de la convención citada (del dictamen de la Procuración General al que la Corte remitió en Fallos: 338:1021). En ese orden V.E. ha establecido que si existe conexión entre la interpretación de! derecho federal y las causales de arbitrariedad invocadas, es adecuado e! tratamiento de ambos aspectos sin disociarlos (Fallos: 308:1076; 322:3154; 323:1625 y 327:5640), como se hará a continuación por tratarse de ese supuesto. Aunque lo debatido remite al examen de aspectos de hecho, prueba y derecho común, regularmente ajenos a la instancia extraordinaria, e! Tribunal ha
señalado que ello no es óbice para que conozca en los casos cuyas partícularidades
hacen excepción a esa regla sobre la base de la doctrina de la arbitrariedad, toda vez que con ésta se tiende a resguardar la garantia de la defensa en juicio y el debido proceso, al exigir que las sentencias sean fundadas y constituyan una derivación razonada del derecho vigente con aplicación de las circunstancias comprobadas de la causa (Fallos: 331:1090). Asimismo, en el sub judice se ha omitido considerar elementos relevantes de aquella naturaleza, a la luz de la normativa federal aplicable.
Bajo tal criterio, las características del caso imponen, según lo veo, la necesidad de abordar detalladamente diversos aspectos de aquel carácter que surgen de las actuaciones y de la sentencia de mérito, para fundar adecuadamente la conclusión a la que se arribará por considerar que fueron omitidos al resolver la impugnación de la defensa. Al ingresar a esa tarea, observo que, en efecto, el tribunal de juicio descartó la
legítima defensa alegada y tuvo por probado que R agredió con un arma blanca a S , causándole una herida en su mano izquierda y en su abdomen, lesiones que fueran calificadas como graves. Los jueces no creyeron la versión de ninguno de los dos y concluyeron que se trató de "otra de sus peleas".
R declaró que S le pegaba; en el año 2010 se animó a
denunciarlo y se fue a la casa de su hermano pero a los tres meses regresó porque allí sus hijos carecían de comodidad. La golpiza fue presenciada por la madre y las
hermanas de S , pero no intervinieron; sí lo hicieron dos personas que "lo sacaron, él me tenía en el suelo, pateándome". Refirió que a una madre del colegio
de su hija le había contado que era golpeada porque la vio marcada. Además de la agresión ya referida, dijo que sufrió otras, verbales y físicas y que S , que es epiléptico, luego de pegarle se descomponía. El día del hecho que aquí se investiga, cuando llegó a la casa luego del trabajo, no lo saludó y comenzaron a discutir; él le pegó un empujón y piñas en la cabeza y el estómago y así la llevó hasta la cocina, donde tomó un cuchillo que estaba sobre la mesada; dijo que "sólo le pegué un manotazo", ''lo corté porque me estaba pegando y fue lo que tenía más a mano que agarré", salió corriendo y fue a la casa de su hermano, que la acompañó a la policía. Declaró que sus hijas menores estaban en la habitación y no pudieron observar lo sucedido y ante la discusión comenzaron a llorar. Agregó que "nunca antes me defendí, porque le tenía miedo. Esta vez me defendí porque pensé que me iba a
matar, porque me pegaba y me pegaba". El tribunal sostuvo que la falta de concordancia entre la entidad de la golpiza y las lesiones corroboradas, restaban credibilidad a los díchos de R ya que dijo que sufrió "piñas en la cabeza" pero no refirió dolor ní se constataron hematomas
en el rostro. Según lo aprecIO, la valoración es arbitraria. No ha sido objeto de controversia que en 2010 R denunció a S por haberla golpeado y que se fue de su casa. La testigo G M declaró que la vio golpeada dos veces, la primera -precisamente- cuando abandonó el hogar y se fue a la casa de su hermano; incluso S reconoció que se fue y luego regresó. Dado que R entonces no instó la acción penal por el delito de lesiones leves (art. 72, ine. 2°, del Código Penal), no se inició el proceso correspondiente. Sin perjuicio de ello, cabe poner de resalto que la Ley de Protección Integral de las Mujeres nO 26.485 -que se aplica en todo el país, excepto las disposiciones
procesales que se indican- en su artículo 4° define a la violencia contra las mujeres
como la acción u omisión, que de manera directa o indirecta, en el ámbito público o privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, o su seguridad personal. En lo que aquí interesa, abarca a la violencia doméstica que es la ejercida por un integrante del grupo familiar, originado en el parentesco por consanguinidad
o afinidad, el matrimonio, las uniones de hecho y las parejas o noviazgos, esté o no
vigente la relación y haya o no convivencia (art. 4°). La ley garantiza todos los derechos reconocidos, entre otras normas, por la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belem do Pará), a la integridad física y psicológica; a recibir información y asesoramiento
adecuado; a gozar de medidas integrales de asistencia, protección y seguridad, entre otros (art. 3°) y establece que los tres poderes del Estado, nacional o provincial, adoptarán las medidas necesarias, entre otras, la asistencia en forma integral y oportuna de las mujeres que padecen cualquier tipo de violencia, asegurándoles el acceso gratuito, rápido, transparente y eficaz en servicios creados a tal fin (art. T). La falta de instancia de la acción penal no exceptúa el cumplimiento de obligaciones como las referidas, las cuales fueron soslayadas respecto de R ; en ese orden cabe recordar que el artículo 7°, inciso b), de la citada Convención establece que es deber de los Estados Partes actuar con la debida diligencia no sólo para investigar y sancionar la violencia contra la mujer, sino también para prevenirla. Por otra parte, en su artículo 16, inciso i), la ley 26.485 dispone que en cualquier procedimiento judicial o administrativo, además de los ya reconocidos, se
le garantizará a la mujer el derecho a la amplitud probatoria para acreditar los hechos
denunciados, teniendo en cuenta las circunstancias especiales en las que se
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desarrollan los actos de violencia y quiénes son sus naturales testigos. En sentido concordante, e! Comité de Expertas de! Mecarusmo de Seguimiento de la Convención de Belem do Pará (MESECVI o CEVI), responsable del análisis y evaluación de! proceso de implementación de la Convención en los Estados Parte
ha recomendado, en e! marco de la alegación de legítima defensa en un contexto de violencia contra la mujer, la adopción de los estándares que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha desarrollado para otro grupo de casos, en lo que aquí interesa, entender que la declaración de la víctima es crucial, y que la ausencia de evidencia médica no disminuye la veracidad de los hechos denunciados y tampoco la falta de señales físicas implica que no se ha producido la violencia (Recomendación General del Comité de Expertas del MESECVI (nOl) Legítima Defensa y Violencia
http://www.oas.org/es/mesecvi/docs/RecomendacionLegitimaDefensa-
ES.pdf?utm source=Nuevos+suscriptos&utm campaign=868228919b EMAIL CAMPAIGN 2018 12 10 08 20 COPY 01&utm medium-email&utm term-O 77a6c
04b67-868228919b-160275653).
De acuerdo a esas prerrusas, deviene arbitraria la valoración del tribunal, como así también la que en igual sentido implica el criterio de las instancias revisoras, toda vez que restó credibilidad a los dichos de R porque dijo que sufrió "piñas en la cabeza" pero no marufestó dolor ru se constataron hematomas en el rostro. Sin perjuicio de ello, lo cierto es que declaró que S le pegó "piñas en la cabeza y en el estómago" y en e! informe médico se dejó constancia de hematomas en e! abdomen y en las piernas, con dolor espontáneo y a la palpación, y que refirió dolor en e! rostro, es decir que los golpes fueron corroborados.
s declaró que la discusión comenzó porque R no lo saludó; que ella reconoció que queria pelear y le indicó a su hija mayor que llevara a su hermana al dormitorio y "ahi agarra un cuchillo y empieza a tirar cuchilladas, me corta la mano"; tomó una toalla para defenderse y como sus hijos lloraban les dijo "no pasa nada, es un enojo de mami" mientras levantaba las manos, ocasión en que "me pega el cuchillazo con la mano izquierda en el abdomen pero el primer corte fue con la mano derecha y después cambió el cuchillo a la izquierda". A preguntas que se le formularon "ratificó que R le asestó la puñalada en su estómago con la mano izquierda pese a ser diestra". Dijo que el hecho fue presenciado por su hija mayor y negó haber agredido a R ese dia o con anterioridad, sólo reconoció insultos reciproco s y discusiones por dinero o por el trato a sus hijos; agregó que en 2010 la nombrada le pegó con un palo en la cabeza, tuvo convulsiones y fue internado. Expuso el tribunal que "la comprensión y tranquilidad" con que S narró el suceso no convenció sobre su sinceridad; tampoco sus explicaciones relativas a la conducta de R , "tan artificial fue la tolerancia y serenidad con que se pronunció que delató cuanto menos, su exageración". Agregó que "su supuesta actitud ante el agresivo requerimiento de R sobre su parrilla" fue desmentida por su madre. Todo ello, condujo a los jueces a parcializar la credibilidad del testimonio y los persuadió de que "intentó ocultar lo que realmente ocurrió", que su rol no fue "tan estático o pasivo" como declaró. En tales condiciones, más aún en virtud de las normas específicas que rigen para los casos de violencia contra las mujeres, frente a las versiones opuestas de
R yS sobre lo sucedido, el tribunal no podia descartar con certeza la
causa de justificación alegada. Es oportuno recordar al respecto que en el precedente
de Fallos: 339:1493, V.E. sostuvo que frente a hipótesis de hechos contrapuestas, en
el derecho procesal penal el in dubio pro reo y la prohibición de non fiquet le imponen al juez inclinarse por la alternativa fáctica que resulta más favorable al imputado. Ello es así, sin perjuicio de los aludidos elementos de convicción que favorecen la alegación de la defensa, como la valoración de los que a continuación se referirán en
igual sentido. En esa dirección, la madre de S , que vivía en la casa de adelante, declaró que no presenció los hechos; que R decía que su hijo le pegaba pero ella no escuchó nada; y que una vez "se dieron una buena garroteada y ahí lo mandó al hospital". Sus hermanas refirieron una pelea anterior en la cual R le pegó con un palo, tuvo convulsiones y fue al hospital. Con relación a ese episodio, el tribunal de juicio sostuvo que no se corroboró la internación. Cabe indicar que, respecto de la mayor de ellas, ordenó la remisión de copias para investigar la posible comisión del delito previsto en el artículo 275 del Código Penal porque en el debate rectificó sus dichos en sede policial y reconoció que no presenció los hechos del sub
Los jueces también señalaron que
era qUlen golpeaba como
afirmaban los familiares de S , resultaba inexplicable que no la hubieran denunciado y pretendieran que lo visitara cuando fue la causante de su internación y que, por el contrario, intentaran contenerla y prometieran ayudarla para que el nombrado abandonara la casa familiar. Según lo aprecio, la situación inversa, esto es, que era S quien golpeaba a R " sena una explicación plausible para esa conducta de los familiares, tal como fue alegado por la defensa, sin obtener respuesta adecuada por parte de los tribunales revisores. La hija mayor de R y S , por su parte, recordó que ese dia su madre le dijo "andá a la pieza con tu hermanita" y "cierren la puerta y quédense ahí
y ella la cerró", "escuché gritos y golpes"; "cuando mi abuela abrió la puerta para
llevarnos a la casa de ella, dijo que mi mamá había matado a mi papá y también que
mi papá estaba en el hospital. Por un momento creí que era cierto y pero por otro
lado no". La abuela paterna las encontró gritando y llorando "porque teníamos miedo porque escuchamos gritos y nos asustamos", y a preguntas que se le hicieron
aclaró que tenían miedo de los dos y que "no vi nada en las manos de mamá, ni tenía nada". Agregó que una vez "mi papá había tirado a mi mamá al piso y la
golpeaba en las piernas con patas y piñas y en la panza también. Esa sola vez lo vi a
mi papá pegándole a mi mamá, pero nunca vi que mi mamá le pegara a mi papá.
Había discusiones pero tanta violencia no. No me acuerdo si antes de esto alguna
vez mi papá estuvo internado en el hospital".
Si bien los jueces no negaron que la niña vio a su padre golpear a su madre,
hicieron hincapié en "el temor que también sentía respecto de la acusada y la
posibilidad de creer que ésta le hubiera quitado la vida a S , mientras descarta
permanente situación de hostigamiento que la defensa pretendió en su alegato, no
presenta a R
como ajena a toda agresividad ni violencia".
Observo que la menor declaró que vio a su padre golpear a su madre y no la situación inversa, y que el día del hecho cuando le indicó que se encerrara en el
dormitorio, no tenía nada en las manos, dato que coincide con lo declarado por
R en punto a que tomó el cuchillo de la mesada cuando la pelea se trasladó a
la cocina. Desmintió a su padre ya que negó haber presenciado la pelea; y que haya
creído en la posibilidad de que su madre lo hubiera matado no puede desconectarse del hecho de que fue su abuela quien se lo dijo y que había escuchado gritos y golpes, pero no se puede inferir, a partir de los dichos de la niña, que R haya
sido antes violenta con S , cuando precisamente dijo todo lo contrario: "nunca vi que mi mamá le pegara a mi papá". El tribunal estimó que "los elementos arrimados han resultado estériles para acompañar el pretencioso alegato de la defensa", enumeró las pruebas omitidas que
-a su criterio- podrian haber demostrado la problemática que indicara la lectura sugerida por la defensa del precedente ''Leiva'' (Fallos: 334:1204) o la Convención Belem do Pará, y recordó que el principio de contradicción le impedía recabar tales pruebas. Estimó que las testigos propuestas por la defensa no suplían tal déficit
porque hicieron referencia a dos episodios de violencia -diferentes al de la denuncia
de fs. 103- sin precisar la fecha y por "la subjetividad propia" de quien dijo haber
padecido un sometimiento similar.
U na de ellas, E S , madre de una compañera de colegio de la hija de
R , declaró que en 2011 la vio golpeada dos veces y que le había reconocido
que le pegó su ex pareja. Su hermana F R , Y G M " qUlen dijo que sufrió maltratos, la vieron golpeada dos veces y presenClaron agresión verbal. La falta de precisión relativa a las fechas no implica que los golpes no hayan existido y la condición de víctima de violencia tampoco per se mengua el valor del testimonio. El tribunal de juicio también consideró la declaración del médico que concluyó que la lesión en la muñeca de S era un signo de defensa y que junto con la del abdomen, pudieron haber sido producidas por una sola herida de arma blanca; y la confrontó con sus dichos, según los cuales, tras el corte en la muñeca, se defendió con una toalla, cuya existencia no pudo acreditarse. Por su parte, R dijo que no causó la lesión en la mano porque "sólo le pegué un manotazo" en referencia a la herida producida en el abdomen con el cuchillo. También le pareció
ilógico a los jueces que -según S - se colocara frente
manos, a menos que "su rol no haya resultado tan estático o pasivo" como declaró. Dado que para el tribunal ninguno de los dos brindó una explicación creíble sobre la herida de la muñeca, sostuvo que una sola acción causó las dos lesiones, máxime cuando ambos coincidieron en que tras el acometimiento pe=anecieron inmóviles y luego salieron de la casa. Según lo aprecio, la versión de R , en punto a que dio una sola cuchillada, se aproxima más a la explicación del médico. Los jueces hicieron mérito de que R hirió a S con su mano izquierda pese a ser diestra y sostuvieron que ello "evidencia que no estaba en sus planes terminar con la vida de S ;". Así consideraron "las deficiencias que cualquier diestro tiene a la hora de manipular un elemento con su mano izquierda, la falta de precisión que ello implica y la escasa habilidad y que tampoco se utilizó con la fuerza idónea para provocar una herida más profunda que permitiera provocar una lesión de mayor envergadura". El dato que R , siendo diestra, haya herido a S con su mano izquierda, que se valoró a los fines de descartar la figura del homicidio, indicaría, en el contexto de la situación, una reacción frente a una agresión, que ella explicó al afi=ar que "fue lo que tenía más a mano que agarré". Expresó el tribunal su convicción de que "el vínculo entre victima y victimario respondia a una relación basada en agresión recíproca, en la cual los insultos y los golpes no se encontraban ausentes ni resultaban privativos de uno sobre el otro". Sin menoscabo del principio de inmediación, aprecio que los elementos de convicción descriptos, no sustentan razonablemente la afi=ación de que la agresión física haya sido recíproca. En ese sentido, concluyeron los jueces que "estaban protagonizando otras de
sus peleas. Solo ello puede explicar que, frente al corte que R le habría
a R y levantara las
ocasionado en una de sus muñecas, éste decidiera tomar una toalla para defenderse representando una suerte de pelea 'tumbera' con facas y trapos, y hacerle frente al punto tal de arrinconar a su agresora y permanecer a una distancia aproximada de un metro. Solo ello puede explicar que, como anticipándose a un trágico desenlace,
R resguardara a sus hijas ordenándoles que no salgan de su habitación. No se
logró acreditar que R haya sido victima de violencia de género", "si bien no
descreo que haya recibido golpes de su marido (lo que asimismo surge de la
denuncia de fs. 103 /vta. incorporada al juicio por lectura) tampoco descarto que
haya hecho propia la ley del Talión" (fs. 38 vta./39). En este punto observo que, la sentencia es contradictoria ya que tuvo por cierto que fue una sola acción la que produjo las dos lesiones (en la muñeca y abdomen) y luego afirmó que primero se produjo el corte de la muñeca, a raiz del
cual S tomó una toalla (cuya existencia, además, puso en duda) para defenderse, y después la herida en el abdomen. En ese orden, V.E. ha señalado que es arbitrario y corresponde dejar sin efecto el fallo en el que se advierte contradicción (Fallos: 311:608; 323:2900) y ese defecto también abona el criterio que vengo postulando, pues fue igualmente omitido por el a quo al resolver sobre la admisibilidad del recurso local intentado por la defensa. Asimismo, en tanto tuvo por cierto que R había recibido golpes por parte de S , esa premisa indicaba que el subjudice debía examinarse a la luz de la normativa específica sobre la violencia de género, que fue indebidamente soslayada. En cuanto a que no podía descartarse que "haya hecho propia la ley del
Talión", al margen de la falta de pertinencia de la expresión en el derecho vigente,
esa consideración exhibe la incertidumbre del tribunal sobre la posibilidad de que la
conducta de R haya respondido a una agresión.
También adujo el tribunal que le correspondía a qUlen alegaba legítima defensa demostrar la concurrencia de sus extremos porque no se trató de un caso en que esa causal de justificación se presume iuns tantum, ni surgía en forma clara y evidente de la prueba. Destacó que la hija declaró que R les ordenó que permanecieran en la habitación cerrando la puerta, detalle que juzgó "determinante pues acredita sin mas que R quiso mantener a las niñas fuera de lo que iba a ocurrir. Y es justamente tal previsión la que erradica la inminencia de la agresión y
mientras descarta la posibilidad de tener por cierta la falta de provocación suficiente, evidencia que la pelea que se avecinaba, era cuanto menos esperada o prevista por
e R ". Sin embargo, omitió valorar que cuando R les indicó que
permanecieran en la habitación, su hija mayor no vio que tuviera nada en las manos; y esa circunstancia, sumada a que tomó el cuchillo de la mesada con su mano izquierda, siendo diestra, contradice la afirmación de que la pelea se haya presentado de ese modo. Sobre la base de que R dijo que "sólo me miraba la mano y veía el cuchillo con que lo había lastimado, no lo pensé, no lo pensé" y que un vecino vio luego del hecho su "estado de nerviosismo", los jueces entendieron que no se configuró el aspecto subjetivo de la causa de justificación. Más allá de que no es unánime en la doctrina la exigencia de elementos subjetivos conforme a la cual quien no sepa que se defiende no podría actuar en forma justificada, lo cierto es que -en las condiciones del sub judice- es razonable considerar que ese aspecto se presentaba ante los dichos de R en cuanto a que "esta vez me defendí porque pensé que me iba a matar porque me pegaba y me pegaba". Es oportuno recordar, no obstante, que YE. ha señalado que la valoración de los hechos o circunstancias fácticas alcanzadas por el in dubio pro reo incluye también los elementos subjetivos del
extraordinario de inaplicabilidad de ley en causa
tipo penal y que la falta de certeza también debe computarse a favor del imputado
(Fallos: 329:6019).
Las circunstancias hasta aquí consideradas, permiten advertir, en mi opinión,
que la apelación de la defensa resulta procedente y autoriza a descalificar la sentencia
del a quo, en tanto convalidó arbitrariamente la inadmisibilidad del recurso de
casación local, en pugna con el criterio del precedente de Fallos: 334:1204, invocado
por la defensa.
La conclusión anterior resulta de mayor entidad si se atiende a que los
antecedentes y circunstancias del sub lite lo sitúan en el contexto de violencia contra
la mujer, lo cual involucra los siguientes criterios al momento de evaluar la
justificación que se ha descartado y reclama la defensa.
En efecto, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha señalado en
diversos precedentes que la investigación penal en casos de supuestos actos de
violencia contra la mujer debe incluir la perspectiva de género (conf. casos "Veliz
Franco y otros Vs. Guatemala. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y
Costas", sentencia de 19 de mayo de 2014, párr. 188; "Espinoza Gonzáles Vs. Perú.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas", sentencia de 20 de
noviembre de 2014, párr. 309 y ''Velásquez Paiz y otros Vs. Guatemala.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas", sentencia de 19 de
noviembre de 2015, párr. 146).
En sentido concordante, en el documento del Comité de Seguimiento de la
Convención Belem do Pará (CEVI) ya citado, se recomendó incorporar un análisis
contextual que permita comprender que la reacción de las víctimas de violencia de
género no puede ser medida con los estándares utilizados para la legítima defensa en
otro tipo de casos, en tanto la violencia contra la mUjer tiene características específicas que deben permear en el razonamiento judicial. Se expuso allí que la persistencia de los estereotipos y la falta de aplicación de la perspectiva de género, podría llevar a valorar de manera inadecuada el comportamiento. Para la procedencia de la legítima defensa, el artículo 34, inciso 6°, del Código Penal exige la concurrencia de: a) agresión ilegítima, entendida como la amenaza de lesión o puesta en peligro de bienes protegídos, que está en curso o es inminente y es emprendida sin derecho. En el documento referido, se señala que la violencia basada en el género es una agresión ilegítima definida por la Convención y que la inminencia debe ser considerada desde una perspectiva de género. Se sostiene que en las uniones de hecho o derecho, la violencia de género no debe concebirse como hechos aislados sino en su intrinseco carácter continuo, porque en forma permanente se merman derechos como la integridad nsica o psíquica. La inminencia permanente de la agresión, en contextos de violencia contra la mujer, se caracteriza por la continuidad de la violencia -puede suceder en cualquier momento y ser detonada por cualquier circunstancia- y su carácter cíclico -si fue maltratada, posiblemente vuelva a serlo-. En el sub lite, S , quien ya había sido denunciado por R por lesiones leves, a raíz de una discusión origínada por la falta de saludo, comenzó a golpearla, agresión que cesó cuando ella lo hirió con la cuchilla en el abdomen. El requisito b) del citado artículo 34, esto es, la necesidad racional del medio empleado, exige que se verifique una situación de necesidad de defensa y que el medio empleado sea racionalmente adecuado (necesario) para impedir o repeler la agresión y conlleva una cierta proporción entre la agresión y el medio empleado y entre el daño que se evita y causa. El principio de menor lesividad no obliga a usar
causa nO 63.006"
CS] 733/2018/CSl
s/recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley en la
medios de dudosa eficacia. El aludido documento del CEV1 señala que este requisito también se debe evaluar desde la perspectiva de género, que implica considerar el contexto en que se da la agresión y la respuesta. N o requiere la proporcionalidad entre la agresión y la respuesta defensiva porque existe una relación entre la proporcionalidad y la continuidad de la violencia. Se sostiene allí que la aparente desproporción entre la agresión y respuesta puede obedecer al miedo de la mujer a las consecuencias por una defensa ineficaz y se subraya que existe una relación entre la defensa empleada y los medios con que las mujeres disponen para defenderse. No se requiere la proporcionalidad del medio, sino la falta de desproporción inusual entre la agresión y la defensa en cuanto a la lesión. Cabe recordar que en el sub examine R declaró que tomó el cuchillo que estaba sobre la mesada porque "fue lo que tenía más a mano que agarré", "lo corté porque me estaba pegando", "me defendi porque pensé que me iba a matar, porque me pegaba y me pegaba" y "sólo le pegué un manotazo", y que fueron constatadas diversas lesiones en su cuerpo por la médica que la examinó. Tales circunstancias debieron ser consideradas por los jueces de la causa en tanto se ajustan razonablemente a las exigencias contenidas en el requisito b) antes expuestas. Por último el punto c) de aquella norma penal, exige la falta de provocación suficiente por parte del que se defiende. Se entiende que es suficiente la que resulta idónea para provocar la agresión, aunque se trata de un concepto relativo, que debe referenciarse al caso concreto; y, en ese sentido la falta de saludo y posterior discusión, no lucen idóneas para provocar una golpiza. Para el CEVI interpretar que cualquier comportamiento anterior a la agresión es una "provocación" constituye un estereotipo de género.
En definitiva, se desprende de los dos apartados precedentes que la defensa había planteado los graves defectos de fundamentación que exhibía la condena de
R -<:onvalidada por el tribunal de casación- y el a quo dejó sin respuesta sus
atendibles argumentos con invocación de limites formales establecidos en el código
procesal provincial.
En esas condiciones, su decisión se aparta de la doctrina elaborada por el Tribunal conforme a la cual, si bien los temas vinculados a la admisibilidad de los
locales resultan ajenos a la vía prevista en el artículo 14 de la ley 48 por
carácter netamente procesal, a partir de los precedentes "Strada" (Fallos:
308:490) y "Di Mascio" (Fallos: 311:2478) ha precisado que las limitaciones de orden
local no pueden ser invocadas por los máximos tribunales provinciales para rehusar el abordaje de las cuestiones federales sometidas a su conocimiento (Fallos:
339:194).
En virtud de ello, considero que corresponde que la Suprema Corte de la
provincia soslaye los limites formales previstos en el código procesal local y trate la impugnación de la defensa basada en la doctrina de la arbitrariedad de sentencia.
La procedencia del agravio anterior importa motivo suficiente para invalidar ese pronunciamiento, por lo que considero innecesario abordar el análisis de los demás agravios planteados por la defensa.
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References: artículo 494
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 artículo 275
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