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Un útil instrumento jurídico por descubrir: las cláusulas escalonadas med+arb | ¿Hay Derecho?
Un útil instrumento jurídico por descubrir: las cláusulas escalonadas med+arb	2 abril, 2013/23 Comentarios/en Contratos, Mercantil, Resolución alternativa de conflictos /por Fernando Rodríguez PrietoLos profesionales del Derecho deben considerar que en este momento su asesoramiento respecto de muchos contratos estaría gravemente incompleto si obvia la previsión de posibles futuros conflictos o incumplimientos en su desarrollo, y de sistemas extrajudiciales de resolución para afrontarlos, como la mediación y el arbitraje.
Fernando Rodríguez Prieto2013-04-02 00:58:172013-04-01 17:59:27Un útil instrumento jurídico por descubrir: las cláusulas escalonadas med+arb
Jesús Casas Dice: 2 abril, 2013 en 09:32 He tenido ocasión de comentar con el Sr. Prieto algunas de las cuestiones que plantea en sus “posts” sobe mediación y otras fórmulas de resolución alternativa de conflictos. En los contratos mercantiles internacionales y marítimos las cláusulas denominadas “ADR” son frecuentes desde hace años, supongo que en realidad, desde siempre, porque ¿qué otra cosa eran lo Consulados comerciales que dieron origen a las rcopilacones de costumbres mercantiles que cristalizaron en las Ordenanzas y luego enlo Códigos? Baste leer nuestro venerable “Llibre del Consolat del Mar” valenciano para comprender que la mediación primero y el arbitraje son fórmulas usuales de resolución de conflictos de intereses. La referencia de la disputa a “amigables componedores” o, como dicen nuestras leyes hitóricas “omes buenos” no es ajena a nuestra tradición, pero ha caído en desuso y quiero plantea abiertamete las dudas que genera la necesaria neutralidad del árbitro o mediador en múltiples ocasiones. Incluir una cláusula de arbitraje y/o mediación CIMA, Cámara de Comercio, CCI, LMAA o la que se quiera es irreversible conforme a nuestras leyes de Mediación y Arbitraje y el Convenio de Nueva York, por lo que la confianzaen e instituto de mediación y arbitraje y la administración neutral del proceso arbitral debe ser absoluta. Aquí (https://www.bimco.org/Chartering/Clauses/~/link.aspx?_id=34DC41FD0C5A4DCD97F7903A81A3A6FF&_z=z ) puede verse una extensa cláusula de resolución de disputas marítima del BIMCO.
Páradox Dice: 2 abril, 2013 en 11:52 Una duda. Si la mediación no obliga a las partes a llegar a un acuerdo ¿Cómo se compagina eso con que se pueda obligar a una parte a mediar en virtud de una cláusula?
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 2 abril, 2013 en 12:46 El que las partes puedan retirarse de la mediación (cosa que se pensarán más si a cambio les espera un arbitraje) no impide que se las pueda obligar a “comenzar” una mediación. El artículo 6 de nuestra Ley reguladora así lo ampara.
De hecho es muy frecuente que alguna de las partes, o incluso ambas, lleguen a la mediación muy renuentes y absoutamente escépticos sobre su utilidad. Y que un buen mediador, al explicarle el funcionamiento y objetivos del procesa, les convenza para intentarlo en serio. Es muy frecuente que las partes en el conflicrto agradezcan que se las haya “obligado” a mediar, por haber así podido descubrir las ventajas de esta herramienta, y lo satisfactorio de sus soluciones.
María Navarro del Valle Dice: 6 abril, 2013 en 13:50 Considero que es una herramienta muy útil, porque no se les obliga a mediar, sino a iniciar el procedimiento acudiendo a una sesión informativa previa en la que se le explicará a las partes las ventajas de proceder a mediación, o es lo que yo tengo entendido.
Franco Conforti Dice: 2 abril, 2013 en 12:02 Enhorabuena, es un muy buen artículo ! Muy completo e informado. En lo personal me queda la duda respecto a la viabilidad.
Ignacio Gomá Lanzón Dice: 2 abril, 2013 en 14:12 Aun pudiendo ser cierto lo que dice Franco Conforti respecto del desarrollo de la mediación en otros países, desde la perspectiva no de las instituciones de mediación sino de los contratantes que pudieran verse inmersos en posibles contiendas futuras, la introducción de la mediación previa al arbitraje no supone sino ventajas: no le ata a nada ni le compromete a nada y puede en un gran porcentaje de suspuestos resolverse el asunto con un coste económico mínimo y manteniendo normalmente la relación (lo que es una de las beneficios más claros de la mediación); y en caso de que no sirva para nada, seguimos teniendo el abritraje. Prácticamente, todo son ventajas, por lo que, en mi opinión, debe difundirese y promocionarse su inclusión.
Franco Conforti Dice: 2 abril, 2013 en 15:21 Estimado Ignacio,
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 2 abril, 2013 en 17:28 Muchas gracias por tus expertos comentarios, Franco.
Efectivamente la cultura del litigio, como la costumbre de acudir al juez para que resuelva las disputas, están bien arraigadas. No cabe duda de que hay factores de resistencia a innovaciones beneficiosas como la mediación. Se fundan en prejuicios, en temores infundados, en inercias y en algunos egoísmos cortoplacistas, y probablemente la exposición y el análisis de la real consistencia de esas resistencias requieran un nuevo post. Totalmente de acuerdo contigo, Ignacio.
Luisa Dice: 2 abril, 2013 en 20:28 Mientras a los abogados les siga trayendo cuenta ir al procedimiento judicial (para minutar vía honorarios profesionales todas las actuaciones: demanda, proposición de prueba, práctica de prueba, conclusiones, recursos…), no habrá nada que hacer. Los abogados preferirán ir a juicio y empantanar de papeles los juzgados. Y me temo que eso no va a resolverse con tasas judiciales. Es necesario que a los abogados deje de interesarles económicamente poner en marcha la maquinaria de la Justicia, porque finalmente las minutas que puedan pasar por un acuerdo o transacción sean al menos iguales que las derivadas del proceso judicial.
Gonzalo Romero Dice: 2 abril, 2013 en 22:22 Estimada Luisa, Como se ha mencionado ya en otros comentarios, es precisamente el mantenimiento de las relaciones comerciales uno de los puntos fuertes de la mediación, y no sólo las relaciones entre las partes, sino de las partes con sus letrados. El solicitar el ejercicio de la potestad jurisdiccional para solventar un conflicto cuando hay una posibilidad de acudir a los ADR, no es siempre la solución económicamente más satisfactoria para los letrados. El mantener y alagar eternamente procedimientos judiciales, aunque se vayan minutando a tu representado, requieren mucho más tiempo y no permiten renovar tan facilmente la cartera de clientes. Sin embargo, se puede facturar por asistir en mediaciones y se puede alcanzar una solución rápida al conflicto que satisfará al cliente, que querrá contar contigo en otras ocasiones, e incluso es posible que se lo cuente a sus amigotes en el bar y amplíes tus expectativas de negocio. No hay que olvidar que los letrados representanos intereses de terceros, y que deontologicamente debemos procurar satisfacer sus interés, cosa que veo compatible con satisfacer nuestro bolsillo realizando hojas de encargo en que se incluya la asistencia en procesos de ADR y en caso de que no se llege a un acuerdo, ofrecer un pequeño descuento sobre la factura de la asistencia letrada en el procedimiento judicial.
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 2 abril, 2013 en 22:40 Totalmente de acuerdo contigo, Gonzalo. Creo que das completamente en el clavo. Abogados honestos, hojas de encargo y clientes satisfechos.
Rosa Mijangos Dice: 2 abril, 2013 en 22:27 Sí hay abogados que actúan como dice Luisa. Pero muchos otros no. Cada vez más se interesan por la mediación y arbitraje, y saben que durante cualquiera de ellos un buen asesoramiento legal es imprescindible. Como los abogados no incorporemos esta forma de trabajar, no iremos bien. Primero, porque nuestra obligación es buscar la mejor solución para nuestro cliente; eso, pocas veces (digo bien) significa optar en primer lugar por un pleito. Y segundo, porque, miremos fuera, otras sociedades que van delante de nosotros exigen que un profesional del derecho conozca otras formas de arreglar sus problemas legales, que son conflictos al fin y al cabo. Las personas involucradas en ellos necesitan sentir que controlan lo que sucede, y esto sólo pasa en una buena mediación. Así que, o espabilamos, y aceptamos otra manera de dar servicio a nuestros clientes, o se irán. Muchos ya lo están haciendo, el viejo modelo de facturar por tiempo, con la inevitable y humana tentación de alargar los asuntos, ya no se sostiene. Yo, desde luego, tengo confianza. En buenos y honestos profesionales, en clientes que confían e intentan solucionar sus problemas de la mejor manera posible. Y no sólo para ellos. Felicito a Fernando; muchas gracias por el post, es estupendo (aunque la figura me plantea alguna duda sobre la que escribiré mañana)
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 2 abril, 2013 en 22:43 Muy buena tu reflexión. Gracias por compartirla, Rosa.
Ignacio Alonso Dice: 3 abril, 2013 en 20:55 Gracias Fernando por el comentario. Y muy oportuno: justamente mañana doy una charla informal a un grupo de estudiantes sobre el tema.
No entro tampoco en ventajas, ahorros, etc. de la mediación pero sí me interesa apuntar la necesaria labor de promoción que instituciones como la que mencionas (Fundación Signum), pueden hacer. Y animaros, pues, a ello. Nuestra sociedad es conflictiva y, además, bastante litigante. Leí no hace mucho que somos una de las que más pleitean en el mundo, con una tasa por habitante elevada. Vamos que los pleitos nos gustan. Si a eso añadimos que los abogados podemos caer en la tentación de fomentarlos porque afirmamos vivir de ello, el círculo se cierra y ni el Ministro con sus tasas va a cambiar esto. Por eso, son a esas instituciones y a los propios abogados (si levantamos la mirada de la mesa y miramos al horizonte) a quienes compete una labor de pedagogía.
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 9 abril, 2013 en 12:13 De acuerdo con todo lo que dices, Ignacio. Como dice Paulino Fajardo, las empresas en gran parte del mundo ya no están dispuestas a financiar más torneos dialécticos de abogados ante los tribunales. Lo que quieren es ver sus problemas resueltos. Y lo mismo acabará ocurriendo con los particulares.
Rosa Mijangos Dice: 3 abril, 2013 en 23:54 Pongo una duda encima de la mesa. ¿Y no suscita alguna crítica o recelo que una misma persona asuma los dos papeles? Que sea mediador y árbitro? El árbitro tiene que ser experto en la materia específica de que se trata. ¿Será eso algo que condicione la mediación, al intentar los mediados que se pronuncie con más frecuencia todavía que en una mediación simple? No tengo una idea clara. Sí me quedo con la de la conveniencia de hacer ver a los clientes la oportunidad de incluir cláusulas en todos los contratos.
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 4 abril, 2013 en 00:05 Rosa, creo que en la inmensa mayoría de los casos, y salvo especialísimas circunstancias, quien ha sido mediador no podrá ser árbitro. Porque se quebraría la necesaria confianza dentro de la mediación hacia el mediador si saben que luego puede “juzgarles”. Por eso propongo Instituciones que den los dos servicios, pero convenientemente separados, y evitando incluso en todo caso la contaminación que puede acompañar al intercambio de información entre el mediador y el árbitro.
Montse Dice: 9 abril, 2013 en 10:57 Hola, Estoy llevando por primera vez una demanda ante el TAB, Tribunal de Barcelona. Dios bendito, qué caros y qué lentos son! La parte demandada, tras aceptar el arbitraje contractualmente, ha optado por desentenderse del asunto y ha alegado que no tiene liquidez para pagar la parte de honorarios del árbitro que le corresponde. Ya se sabe que los árbitros, si no cobran por adelantado, no inician el abritraje. Mi cliente ha tenido que pagar los honorarios correspondientes a ambas partes, nada menos que 50.000€ más la tasa, cuyo importe no recuerdo. En fín, lentos y caros, ya les digo. Con suerte habrá laudo en septiembre. Ya les digo, caros y lentos.
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 9 abril, 2013 en 11:12 Efectivamente, Montse, creo que hay cortes excesivamente caras. Pero hay otra que se pueden escoger, que da un buen servicio, y es perfectamente fiable, por bastante menos precio (www.fundacionsignum.org). Y que va a ofrecer (incluso aunque no esté pactado) la posibilidad de una mediación previa. Porque siempre merece la pena intentar una mediación. Nunca es tiempo perdido y es mucho lo que se puede ganar. Y lo que las partes se pueden ahorrar.
Víctor Sánchez Dice: 10 abril, 2013 en 12:27 Gracias Fernando por recordarnos las bondades de la mediación, el arbitraje, las cláusulas med+arb, y las instituciones administradoras de mediación y arbitraje. Y todo lo anterior, sin obviar lo que denominas “inconvenientes” (imposibilidad de garantizar un acuerdo y la obstructiva voluntad incumplidora de una parte).
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 10 abril, 2013 en 18:16 Muy de acuerdo contigo, Víctor. Salvo en una cosa. Tú afirmas que no cabe imponer la mediación, pues requiere la participación activa y convencida de las partes en el proceso. Esa situación raramente se da en la realidad. Al menos una de las partes, si no ambas, llega siempre a la mediación absolutamente escéptica, convencida de su inutilidad para resolver su específico problema, y creyendo que es perder el tiempo. Pero un buen mediador, al comienzo del proceso, es capaz de convencer a las partes de que merece la pena intentarlo. Como ya he apuntado, muchas partes acaban agradecidas de haber sido obligadas a mediar, pues en otro caso no habrían conocido este medio de resolución y sus ventajas.
Víctor Sánchez Dice: 10 abril, 2013 en 23:15 Fernando: Gracias por tu comentario. La Ley obliga a intentar la mediación, pero también establece que nadie está obligado a mediar y ni a concluir la mediación con un acuerdo. Obligación que sí existe respecto al sometimiento a la jurisdicción de un juez y al acatamiento de la sentencia que éste dicte, recursos al margen.
Fernando Rodríguez Prieto Dice: 11 abril, 2013 en 08:45 Cierto Víctor. Ese asunto sobre medidas adicionales de impulso a la mediación bien merece un post.
Lecturas recomendadas: “Informe sobre España” de Santiago Muñoz... Algunos problemas de la acción social de responsabilidad contra los administradores... Desplazarse hacia arriba

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