Source: http://jpalaciosgil.blogspot.com/2008/11/
Timestamp: 2017-10-23 15:05:45+00:00

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“Antes de ponerte a revolver, encuentra el cubo de basura adecuado.”
Comentario de un gato experto, a uno novato.
En la línea de las diferentes entradas dedicadas a los modelos mentales, os dejo este post referente a cómo construimos escenarios cuando abordamos la resolución de un problema. Espero que os sea de utilidad.
Para modelar nuestro comportamiento cuando abordamos los aspectos paradigmáticos en la resolución de un problema, considero (de forma didáctica y no exhaustiva) que, para ubicar un escenario de referencia, nuestros mecanismos de pensamiento transitan, inicialmente, por cuatro fases. Aunque, a bote pronto, pudiera dar la impresión de que es fácil realizar una secuencia, perfectamente seriada, del orden en el que se suceden esas fases; en realidad, la cosa es bastante más compleja. En muchas ocasiones, las diferentes fases intercambian su orden, aparecen y desaparecen, se presentan de forma fusionada, se ejecutan sólo parcialmente, etcétera. Por tanto, es más conveniente quedarse con la idea de que, desde un planteamiento didáctico, he considerado cuatro fases, por separado, con un cierto orden; pero que, en realidad, éstas forman un sistema, más circular que lineal, interdependiente, sinérgico (o contrasinérgico) y complejo.
Veamos, pues, teniendo en cuenta las premisas acotadas en el párrafo anterior, cada una de esas fases y sus características.
Es una fase previa, tácita e intangible. La más inconsciente. La menos estudiada y la menos considerada, y sin embargo, paradójicamente, una de las más cruciales para el éxito en la resolución. Ésta es una fase de entorno, paradigmática, una fase que precede a todas las demás. Está compuesta por el conjunto de nuestras vivencias anteriores relacionadas con el problema que vamos a abordar. Es una fase fundamental ya que condiciona todo lo que sucede en las fases posteriores: lo que percibiremos, lo que procesaremos, a lo que le daremos importancia, el tipo de planteamiento que estableceremos, y el tipo de escenario en el que operaremos. La predisposición es inconsciente, es previa a la percepción y anterior al procesamiento, por eso es tan peligrosa y tan difícil de controlar. Además, influye de forma crítica en el planteamiento. Por tanto, es la principal causante del secuestro escenarial y, consecuentemente, de todos los errores que de él se derivan.
Para abordar la información que nos permite plantear y resolver un problema, necesitaremos activar mecanismos perceptivos relacionados con el manejo de esa información. Hay que tener muy en cuenta que la percepción vendrá condicionada por nuestra predisposición (que es inconsciente), y estará sustancialmente influenciada por nuestras habilidades y por nuestras limitaciones personales.
Para procesar, necesitamos contrastar la información que nos sirve nuestro mecanismo perceptivo con nuestras vivencias previamente almacenadas. El resultado de ese procesamiento resulta crítico, ya que, mediante el mismo, daremos significado a la información que consideremos relevante, significado que servirá de base para establecer nuestro planteamiento.
Una vez realizadas las fases anteriores y basándonos en las conclusiones obtenidas en cada una de ellas, estaremos en disposición de generar un planteamiento para abordar la resolución del problema.
El conjunto de las fases anteriores conforma nuestro escenario referencial, escenario que condicionará de manera crucial nuestro abordaje. Sin embargo, solemos prestar una ínfima atención a ese proceso inicial. Lo saltamos rápidamente porque tendemos a considerar que el verdadero proceso de resolución se inicia cuando empezamos a operar (sobre todo, en entornos en los que tenemos una fuerte presión de tiempo para resolver con urgencia). Si, con una dedicación ínfima de nuestra atención y de nuestro esfuerzo, damos con el escenario adecuado, podremos alcanzar una solución de forma rápida y eficaz, aplicando la lógica o la operatoria sugerida o exigida por el escenario; sin embargo, si el escenario es erróneo, nuestra solución será, muy probablemente, también errónea.
Publicado por Juan Palacios en 23:52 No hay comentarios:
Etiquetas: Construcción de escenarios, Modelos mentales, Resolución de problemas
El planteamiento de esa conferencia, en palabras de Claudio, es el siguiente: “mi intención es la de delinear brevemente el problema de la degradación de la conciencia a través de la historia hasta llegar a nuestro momento crítico, luego dar cuenta, también brevemente, de la exploración de mis actividades en vista de una transformación de la educación, para luego abordar el tema del liderazgo. Respecto a éste, compartiré mi visión teórica de lo que debe entenderse como desarrollo personal y luego daré cuenta del método pedagógico que he desarrollado a través de unas cuatro décadas de experimentación con grupos”.
Como participante activo del Programa SATeduca de Claudio Naranjo, y como profesor del S.E.P. (Senior Executive Program), postgrado de alta dirección de ESADE; representa para mí una gran satisfacción y una enorme esperanza, ese feliz y necesario encuentro entre uno de los más respetados maestros en la aportación de procesos integrativos, transformadores y transformacionales para cambiar el mundo desde propuestas humanizantes; y una de las mejores escuelas de negocio del panorama internacional, en la que destaca, de forma sustancial, su decidida apuesta por el desarrollo de una significativa componente humanística en su forma de entender y de implementar la formación de directivos.
Espero y deseo que ese feliz encuentro sea el punto de partida para generar y concretar propuestas en torno a ese nuevo y necesario directivo con conciencia de sí, que ve al otro como un “yo” relevante y no como un “ello” indiferente, que se compromete con su propio autoconocimiento y desarrollo, que potencia su autenticidad y que es capaz de trascender a su ego y de integrar su dimensión humana, personal y profesional. En definitiva, esa nueva especie de directivo noeticus que tanto estamos necesitando en estos convulsos e inciertos tiempos de sociedades y empresas deshumanizadas.
Os completo el post con un vídeo de Claudio Naranjo, en dos partes, en el que explica algunas de sus ideas y propuestas acerca de cómo cambiar la educación para cambiar el mundo.
Publicado por Juan Palacios en 16:17 No hay comentarios:
Etiquetas: Claudio Naranjo, Deshumanización de la empresa, ESADE, Formación de Directivos, Formación Humanizante
Hace unos días subí un post hablando de los modelos mentales. En él, recogía una definición de Peter Senge que decía: “los modelos mentales condicionan todas nuestras interpretaciones y acciones. Definen, cómo percibimos, sentimos, pensamos e interactuamos”.
Por tanto, como nuestra acción está en función de nuestros modelos mentales y no de la realidad; si cambiamos la realidad representada, podemos cambiar la realidad percibida, y, consecuentemente, influir de forma determinante en lo que sentimos, pensamos y hacemos. Veamos todo esto en la práctica.
De la edición digital de “El Periódico de Catalunya”, os incrusto, a continuación, cuatro imágenes de políticos (esos que hablan de honestidad, de transparencia y de confianza), para que veáis una lección práctica de cómo modificar la realidad representada para manipular la realidad percibida.
Sin michelín. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, apareció con algunas grasas menos en la revista Paris Match (propiedad de su amigo Arnaud Lagardère) tras pasar por el Photoshop.
Más joven y más pelo, en campaña. El alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, posa junto al cartel de las últimas municipales, donde aparece muy mejorado.
Merkel también suda. El Photoshop escondió la marca de la axila de la cancillera alemana en un día muy caluroso, en el 2005.
Dati, mejor sin joyas en tiempos de crisis (un anillo de 15.600 Euros). El diario conservador francés Le Figaro ha reconocido que manipuló la foto de la ministra de Justicia francesa.
Os completo el post con una referencia a la publicidad, ámbito éste en el que, prototípicamente, la realidad es representada para inducir el modelo mental, emocional y de acción que más convenga a los intereses del anunciante.
Sin embargo, justo en este caso: el anuncio del Ford Focus, en el que suena una orquesta de instrumentos realizados con piezas del coche, al parecer, esos instrumentos, en vez de ser de atrezzo, son reales y producen, con su sonido, la pieza que es tocada por los músicos en el spot (quien lo iba a decir, los anunciantes juegan a la realidad desde un supuesto mundo de ficción, mientras los políticos juegan a la ficción haciéndonosla pasar por realidad).
Publicado por Juan Palacios en 17:11 No hay comentarios:
Etiquetas: Modelos de acción, Modelos emocionales, Modelos mentales, Procesamiento de información, Realidad percibida
Leo, en la prensa de ayer, que “Las Tropas de EEUU estarán fuera de Irak a finales del 2011”. Ese titular me evoca una presentación que elaboré de mis propuestas sobre management con conciencia, justo cuando EEUU invadía Irak, y al tiempo que una inmensidad de personas compartíamos y manifestábamos un rotundo NO A LA GUERRA.
Entonces decidí incrustar encriptadamente ese lema en mis propuestas, y mostrarlo visible, aunque no fácilmente procesable, en mis presentaciones. Os adjunto una copia de la transparencia que lo contenía.
Os dejo, también, al respecto, el trenzamiento de una no menos críptica asociación libre sobre otras desconocidas, sutiles, cotidianas y próximas guerras:
Discutir: luchar por la razón.
Una discusión es una contienda.
Competir: dicho de dos o más personas que contienden por una misma cosa. Diccionario de la RAE
Contender: pelear, batallar, guerrear.
Solo compiten los incompetentes, lo competentes colaboran.
Ojo por ojo, y al final todos ciegos.
Cierro el post con una canción de Joaquín cantada por Ana.
que nadan por no llorar...
Publicado por Juan Palacios en 17:17 No hay comentarios:
Etiquetas: asociación libre, encriptado, management con conciencia interdependiente, No a la guerra, Paz
“Errar es humano, pero más humano es echarle la culpa alguien.”
Después de muchos años de diseñar e impartir acciones formativas relacionadas con procesos de desaprendizaje, y ante la implementación de determinados retos construidos a modo de microterremotos cognitivos, y dirigidos al centro de los procesos automáticos que gobiernan y justifican ciertas respuestas secuestradas, una de las constantes que más he observado, ha sido, precisamente, la puesta en marcha de síndromes reactivos de resistencia al cambio y la afloración de rígidos y difícilmente metabolizables mecanismos de defensa.
Efectivamente, cuando una persona aborda un reto y pone en marcha un procedimiento aprendido, cuya justificación y cuyo razonamiento le parecen absolutamente obvios, y, a pesar de ello, acaba emitiendo una respuesta equivocada; su reacción más común, no es, en absoluto, la aceptación; muy al contrario, la conducta que más se repite es, justamente, la defensa. Las personas suelen identificar sus convicciones cognitivas con ellas mismas y con sus principios más profundos, de modo que, cuando esas convicciones son atacadas, es la propia persona la que se siente agredida, y, consecuentemente, reacciona defendiéndose.
Sigmund Freud, personaje especialmente vapuleado en los tiempos que corren, nos dejó reflexiones muy interesantes y muy útiles para enmarcar y para entender las explicaciones que subyacen a los mecanismos de defensa. En mi práctica docente, como comentaba unas líneas más arriba, ante un reto orientado a generar emergencias secuestradoras, he podido observar repetidas conductas que reflejan, con minucioso detalle, el amplio abanico de resistencias evocadas por los seres humanos (supuestamente racionales) para enmascarar un fracaso en un resultado, y soslayar, una veces de forma burda y otras exquisitamente sofisticada, la aceptación del no saber, del haberse equivocado, o del haber caído en el proceso y en la subsiguiente respuesta secuestrada. Ese amplio repertorio, incluye, desde la negación cerrada e impenetrable, muchas veces esperpénticamente adornada con la guinda de la sinrazón más pertinaz; hasta la represión que evita la conexión con el porqué, e impide el metapensamiento; pasando por la formación reactiva que se apresura a buscar culpables fuera del foco autoinculpativo. Ese amplio repertorio, decíamos, también transita por la racionalización (superficial, o tremendamente sofisticada, compleja y sutil); y puede llegar, incluso, al humor, o a la descarga irónica, para no afrontar el error y/o para liberar la tensión inducida por el fracaso en la respuesta emitida.
Podríamos decir, por tanto, que el proceso de duelo, habitualmente descrito por una secuencia que se inicia en la negación, salta a la ira, tiende a pasar por conductas depresivas, y acaba en la aceptación, sería totalmente aplicable al comportamiento observado en las personas que tienen que afrontar problemas susceptibles de generar secuestros cognitivos. Cosa que, por otra parte, tiene su sentido, si admitimos, como dijimos antes, que el aprendizaje profundo de nuevas formas de pensar ataca principios esenciales y modelos mentales sustanciales, sobre los que se asienta una determinada visión de la realidad, y que éstos tienden a instaurarse con tal nivel de pregnancia que llegan a confundirse con lo que la propia persona es; si eso es así, y el replanteamiento del modelo mental profundo exige desaprendizaje, no es de extrañar que el sentimiento de pérdida (es obvio que desaprender implica pérdida) de un parte de nuestro aprendizaje (muchas veces establecido, cimentado y consolidado desde la infancia), nos impulse a desplegar una amplia y variada gama de estrategias, de reacciones y de conductas defensivas.
La resolución de retos cognitivos, muy frecuentemente abordada desde mecanismos y razonamientos ubicados en el cerebro izquierdo (entiéndase dominante), es especialmente susceptible de generar mecanismos de defensa. Como muy bien describe Ramachandran, en su libro “Fantasmas en el cerebro”, el hemisferio izquierdo (siga entendiéndose como el dominante), se ha especializado en generar patrones a través de los cuales entendemos y damos sentido a la realidad. Cuando ésta (la realidad) no cuadra con los patrones elaborados por ese hemisferio, éste, antes que replantearse sus esquemas, lo que hace es cambiar la realidad para que ésta se ajuste a los mismos, inventándose, por otra parte, algún tipo de razonamiento (léase mecanismo de defensa) que justifique por qué son precisamente sus patrones los que están en lo cierto, y por qué es justamente la realidad la que se equivoca. Tiene que ser el hemisferio derecho (entiéndase el no dominante), muchas veces aliado con el corazón (entiéndase con el sistema límbico), el que le tiene que sacar los colores al hemisferio izquierdo (dominante), diciéndole algo así como: ¿No te das cuenta de que estás haciendo el más espantoso de los ridículos? ¿No ves que son tus patrones los que están equivocados y no la realidad? ¡Anda y cámbialos ya, y no sigas haciendo el tonto! ¡Mira que eres cabezota…! Algunas veces, ese hemisferio (el cabezota) hace caso y entra en un principio de aceptación, pero otras (más de las que nos pensamos) se aboca a una orgía desenfrenada de indefendibles defensas y de injustificables justificaciones, susceptible de ser extendida hasta cotas insospechadas, con tal de no dar su brazo a torcer (es decir, sus neuronas) y de no cambiar su visión de la realidad.
Los mecanismos de defensa son tan habituales y tan insistentes porque, en el fondo, nos ayudan a vivir. Actúan como analgésicos que nos protegen de ese desgastador vaivén al que nos impele el cambio, a través del replanteamiento continuo de nuestros modelos mentales y de nuestra constante revisión de la realidad. Actúan como implacables protectores de nuestra homeostasis cognitiva y como fieles aliados de los principios que fijan y expanden la estabilidad y la dimensión de nuestra zona de confort. Sin embargo, a la vez que nos protegen, nos causan daño, porque nos impiden aprender, porque direccionan nuestras energías a la autojustificación y no al cambio, y porque, en definitiva, actúan como uno de los elementos más sustanciales que impiden nuestro crecimiento y nuestro desarrollo. Aunque pudiera ser cierto el hecho de que auto-defendiéndose se vive mejor, no es menos cierto que si nos especializamos en defendernos, acabaremos siendo incapaces de abordar el cambio, y nunca podremos llegar a disfrutarlo en vez de a sufrirlo. Por otra parte, dado que el cambio (y el caos, como dice Tom Peters), ambos dos, están especial y específicamente interesados en nosotros, aunque nosotros no estemos nada interesados en ellos, lo más probable es que acabemos recibiendo sus innumerables, y a veces inesperadas visitas. Por tanto, más vale que cultivemos el principio de aceptación (muy gestáltico y muy budista él), en vez de empeñarnos obsesivamente en alimentar nuestro ego negador y justificador.
Cuando tenga que abordar cualquier reto, hágalo desde el principio aceptador de que, posiblemente, haya otras estrategias diferentes a la suya para afrontar su planteamiento y su resolución, y de que, incluso, alguna de esas otras alternativas, puede hasta ser mejor que la suya. Por tanto, le sugerimos que si, por casualidad, se ve autosorprendido/a en un error, no se meta debajo de la cama (es un decir), afróntelo como una oportunidad para crecer, para saber más y para enriquecerse. Considere, como dice el proverbio chino, cada problema al que se enfrenta, como una oportunidad encubierta; como una posibilidad que le puede ayudar a reconstruir (o a des-construir) su principios más profundos, sus procedimientos más automatizados y sus estrategias más insustituibles.
Si cae en la cuenta de que, como decía Sigmund Freud, el 90% de lo que hacemos está dirigido por nuestro inconsciente; y si a eso le suma que el 95% de la realidad se escapa a nuestros mecanismos sensitivos, perceptivos y de procesamiento (como dice Eduard Punset que argumenta Edward Kolb), lo más normal es que cuando tenga que abordar un reto, sólo sea capaz de representar y de dar sentido a un ínfima parte de la realidad; y que, además, esa minúscula representación, muy probablemente, será planteada desde incontrolables fantasías inconscientes. Si cae en la cuenta de eso, seguramente sintonizará con la reflexión que establecía Albert Einstein, cuando afirmaba que “la realidad no es más que una ilusión, aunque sea una ilusión muy persistente”.
Os adjunto el video de un anuncio en el que aparece un "alto directivo" en una actitud prototípicamente defensiva
Publicado por Juan Palacios en 22:42 No hay comentarios:
Etiquetas: mecanismos de defensa, mecanismos de evitación, Resolución de problemas, Sigmund Freud
Publicado por Juan Palacios en 14:53 No hay comentarios:
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Publicado por Juan Palacios en 2:17 1 comentario:

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