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Timestamp: 2017-12-13 13:04:12+00:00

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Los Nóbel de la Paz que se oponen a la Paz - Mundo sin Guerras y sin Violencia. Comunidad Valenciana.
Crónica de las maniobras de la Unión Europea para impedir el reconocimiento del Derecho humano a la paz. Un Nobel para la promoción de un derecho que “no existe” por Micòl Savia. Publicado en Rebelión.
La paz es el objetivo principal de las Naciones Unidas, la razón misma por la cual han sido creadas. Sin embargo, todavía no ha sido posible codificar e incorporar el derecho humano a la paz en nuestro sistema de derecho internacional.
Como denunció el senador canadiense Douglas Roche, “el trabajo realizado hasta ahora en el sistema de las Naciones Unidas para desarrollar el concepto del derecho humano a la paz es uno de los secretos mejor guardado del mundo. La cultura de la guerra impregna a tal punto la opinión pública que ahoga las voces que afirman que el derecho humano a la paz es un derecho fundamental de cada ser humano y la más importante condición previa para el disfrute de los demás derechos humanos”.
En 1984 la Asamblea General adoptó por amplia mayoría una histórica Declaración sobre el Derecho de los Pueblos a la Paz que proclamaba solemnemente que “los pueblos de nuestro planeta tienen el derecho sagrado a la paz” y que “proteger el derecho de los pueblos a la paz y fomentar su realización es una obligación fundamental de todo Estado”. En esa votación, los países europeos se abstuvieron, rechazando apoyar tales afirmaciones y dejando en claro la que será su constante posición obstruccionista sobre el tema.
En enero de 1997, el entonces Director General de la UNESCO, Federico Mayor Zaragoza, en el contexto de toda una serie de iniciativas para la promoción de una Cultura de Paz, propuso proclamar el Derecho humano a la Paz e incorporarlo a la lista de los derechos ya reconocidos. A tal fin fue elaborado un borrador de declaración que fue prontamente distribuido entre los Jefes de Estado para que hicieran llegar sus observaciones en mérito.
La iniciativa, apoyada por una aplastante mayoría de Estados, desencadenó una áspera polémica que culminó el 6 de noviembre de 1997 durante la 29° Conferencia General de la UNESCO, cuando todos los países europeos, uno tras otro, tomaron la palabra para expresar su firme oposición al proyecto: “No debemos tratar de transformar una aspiración en un derecho (…) Abstengámonos de crear un nuevo derecho humano a la paz que es peligroso” (Austria); “La Declaración confunde paz y derechos humanos, que deben abordarse por separado” (Dinamarca); “ Un nuevo derecho podría crear ilusiones” (Francia); “Está de moda apoyar e inventar nuevos derechos humanos cuando los que existen no son respectados” (Italia); “es inoportuno que la UNESCO se entrometa en este campo (…) Esta discusión es una pérdida de tiempo” (Suecia); etcétera.
David Adams, uno de los principales artífices de las políticas de la UNESCO por la Paz, asistió consternado al debate: “mientras algunos estados tenían miedo de que [el derecho a la paz] pudiera ser tan eficaz de interferir con su “derecho” a hacer la guerra, yo me sentía frustrado por su falta de eficacia y por la incapacidad de la UNESCO para incidir realmente a favor de la paz.”
De hecho, en 2000, cuando terminó el mandato de Federico Mayor y los Estados Unidos volvieron a dominar la organización, la UNESCO abandonó el proyecto de contribuir a la codificación del derecho humano a la paz. El discurso fue todavía reanudado y desarrollado en otras sedes por otros países, en primer lugar en Cuba, una pequeña isla del Tercer Mundo, que tantas energías dedicó a esta importante batalla. El debate siguió también en la sociedad civil llevando en 2006 a la adopción de la célebre Declaración de Luarca.
Hace 10 años Cuba, con el apoyo de varios países y una red de 1800 ONG’s, introdujo el tema en el Consejo de Derechos Humanos. Aquí también la oposición de la UE fue férrea. Por suerte, Europa sólo representa una minoría de votos de modo que, a pesar de las dificultades, recientemente el derecho a la paz pudo conocer unos avances importantes.
La UE se opuso en bloque a la propuesta, afirmando básicamente que el Consejo de Derechos Humanos no era el lugar oportuno para discutir sobre el tema.10 Sin embargo la resolución fue aprobada con 32 votos a favor, 13 en contra y una abstención,11 y el taller de expertos se celebró en Ginebra, los días 15 y 16 de diciembre de 2009.
En junio de 2010 Cuba presentó un nuevo proyecto de resolución para pedir que el Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos,13 mediante consulta con los Estados Miembros, la sociedad civil, el mundo académico y todos los demás actores relevantes, preparase un proyecto de Declaración sobre el Derecho de los pueblos a la paz. La UE, agradeciendo a la delegación cubana por la iniciativa, pidió que la resolución fuera objeto de votación, anunciando su voto contrario: “No pensamos que el Comité Asesor haga buen uso de su tiempo ocupándose de este asunto”.
Cuando en junio de 2012 el Comité Asesor presentó el borrador al Consejo de Derechos Humanos, la gran mayoría de los Estados y la sociedad civil reaccionaron con entusiasmo. La UE se limitó a tomar nota, reiterando su posición: “Nos quedamos de la idea de que el derecho a la paz no exista en el derecho internacional”. Cuba adoptó, una vez más, un papel diligente y presentó un nuevo proyecto de resolución para dar el paso siguiente: crear un Grupo de Trabajo Intergubernamental con el mandato de negociar el texto de una futura Declaración de las Naciones Unidas sobre el derecho a la paz basándose en el proyecto presentado por el Comité Asesor.
Finalmente, gracias a unos intensos esfuerzos diplomáticos y a la presión de la sociedad civil, la resolución fue adoptada por 34 votos a favor, 12 abstenciones y un solo voto contrario, el de Estados Unidos.
1 El derecho humano a la paz se menciona de pasada en diversos documentos, aunque ninguno de ellos consagrado enteramente a la elaboración de este derecho. “Ya en 1969 la Declaración de Estambul, adoptada durante la 21ª Conferencia Internacional de la Cruz Roja, proclamó el derecho a una paz duradera como derecho humano. En 1976, la Resolución 5/XXXII de la Comisión de Derechos Humanos reconoció el derecho a vivir en paz como derecho humano. En 1978, la Asamblea General aprobó la Resolución 33/73 sobre la preparación de las sociedades para vivir en paz, que dispone que: “1. Toda nación y todo ser humano, independientemente de su raza, convicciones, idioma o sexo, tiene el derecho inmanente a vivir en paz. El respeto de ese derecho, así como de los demás derechos humanos, redunda en el interés común de toda la humanidad y es una condición indispensable para el adelanto de todas las naciones, grandes y pequeñas, en todas las esferas”.

References: resolución 
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