Source: https://vivapy.wordpress.com/2016/10/27/la-institucionalidad-se-va-declarando-soo/
Timestamp: 2017-08-21 13:45:17+00:00

Document:
La institucionalidad se va declarando so’o | PARAGUAY PÉICHANTE✓
La institucionalidad se va declarando so’o
Publicado por jotaefeb ⋅ 27 octubre, 2016 ⋅ 28 comentarios
Declarar “so’o” algo significa, en el lenguaje popular, dejar de lado toda seriedad, respeto o formalidad sobre alguna cuestión en particular. Es un término aplicable a lo que algunos dirigentes del oficialismo, con la complicidad de otros de la oposición, intentan hacer respecto al tema de la reelección presidencial y la institucionalidad del país.
La Cámara de Senadores rechazó el 25 de agosto pasado el proyecto de enmienda constitucional que pretendía incluir en la Constitución la posibilidad de la reelección presidencial, que actualmente está prohibida.
Sobre el tratamiento del proyecto de enmienda en el Congreso, el artículo 290 de la Constitución dice en un párrafo que “si en cualquiera de las cámaras no se reuniese la mayoría requerida para su aprobación, se tendrá por rechazada la enmienda, no pudiendo volver a presentarla dentro del término de un año”.
El rechazo del Senado implica que recién se puede volver a presentar en agosto del año próximo un proyecto de enmienda para la reelección.
Sin embargo, con una interpretación que raya lo ridículo, diputados oficialistas pretenden estudiar una propuesta de enmienda constitucional sobre el mismo tema de la reelección presidencial, argumentando que se trata de “otro” proyecto y no del mismo.
El presidente Horacio Cartes, que en numerosas oportunidades dijo que no le interesaba ni perdería su tiempo buscando la reelección, sale ahora, por medios de sus voceros, con el viejo cuento stronista de que “el pueblo se lo pide”.
En vez de parar este desatino, el Mandatario les da vía libre a los legisladores colorados para hacer lo que quieran, mostrando una vez más su desapego a las reglas democráticas.
Tal vez no cabe esperar otra cosa de alguien que ejerció el derecho ciudadano a votar por primera vez en su vida en unas elecciones generales en 2013, cuando él fue candidato a Presidente.
Además, para que pudiese ser candidato del Partido Colorado, sus amigos políticos de entonces adecuaron el estatuto partidario a su medida, dejando de lado la disposición que establecía un tiempo mínimo necesario de afiliación.
Ya en ejercicio de la Presidencia de la República, impulsó la modificación de la Ley de Defensa Nacional para disponer a su antojo de las Fuerzas Armadas en la zona norte del país, lo cual, en la práctica, significó instalar allí un estado de sitio permanente, cuestión de dudosa constitucionalidad.
También, vía decreto, en febrero de 2014, eliminó la reunión periódica del Consejo de Ministros, figura con rango constitucional y la reemplazó por un “Centro de Gobierno” compuesto por gerentes de sus empresas que coordinan y controlan la labor de los ministerios, como si fuese una empresa privada.
Es posible que la actual arremetida presidencial por la reelección, cuando las encuestas nacionales e internacionales lo colocan como uno de los mandatarios con menor popularidad ciudadana, solamente sea una estrategia para evitar el desbande anticipado de los dirigentes colorados que hasta ahora lo acompañan por interés y que, cuando se confirme que no podrá intentar la reelección, correrán a encolumnarse detrás del próximo “líder” que asome con posibilidades.
Sin embargo, el daño que están haciendo quienes se prestan ahora a violar la Constitución es muy grande.
Esa actitud seguirá retrasando la consolidación del sistema institucional que el país necesita justamente para evitar que oportunistas sin convicciones democráticas, sin una mínima formación cívica y con el único “mérito” de su poder económico lleguen al poder y pretendan después, por medios torcidos, quedarse más allá de lo que la Constitución les habilita.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/la-institucionalidad-se-va-declarando-soo-1531901.html
« Rebaja del gas, otra buena señal
Urge política de prevención ante los azotes climáticos »
28 comentarios en “La institucionalidad se va declarando so’o”
Las mentiras de Cartes
Durante su campaña electoral por la presidencia de la República, Horacio Cartes ya guardaba distancia de los dinosaurios del Partido Colorado y de las prácticas clientelistas de estos.
Quizá ese haya sido el gesto más significativo de alguien que generaba, más que nada, desconfianza y dudas. Particularmente por el currículum plagado de sombras que presentaba.
Hasta el más incrédulo de los ciudadanos se sintió descolocado cuando el neófito político declaró: “A mí nadie me maneja”, reafirmando su prescindencia de los dueños del Partido Colorado.
Es la agrupación política cuyos estatutos obligó a modificar, incentivo económico de por medio, para derribar el obstáculo de la exigencia de antigüedad de afiliación de 10 años para candidatarse por el partido a la presidencia de la República. Es importante no perder de vista esto.
Su discurso, en el que prometía “un nuevo rumbo”, cobró cierta credibilidad cuando, desafiando a la vieja maquinaria partidaria, voraz y autoritaria, nombró como ministro del Interior a un liberal y, encima, responsable de la lucha antidrogas hasta entonces.
Su provocación a los líderes del pasado del partido, asociados con la corrupción y el prebendarismo, se mantuvo hasta hace poco, al negarse a recibir a los presidentes de seccionales y otros líderes de base de la poderosa agrupación. Él despreció a los políticos del partido que le posibilitaron llegar a la primera magistratura.
Cuando días antes de su investidura presentó a su gabinete como una “selección nacional” también se ganó cierto beneficio de la duda. Más aún cuando resaltó que el suyo iba a ser un gobierno “incluyente para todos”.
Fue Cartes el que puntualizó que, con él, “el diputado será diputado, el senador será senador”, prometiendo de ese modo no incurrir en la misma práctica de otros presidentes de designar entre sus colaboradores a parlamentarios, votados para ejercer la legislatura y no otra función.
Durante la campaña electoral enfatizó su objetivo de valorar la meritocracia, de elegir a cada una de las ministras y cada uno de los ministros “en base exclusivamente a su honorabilidad y a su formación profesional”.
El empresario presidente también negó en más de una ocasión que aspiraba a la reelección, y reiteró que no se metería en las internas del Partido Colorado.
El sábado, en la convención de este partido, el presidente de la República corrió páginas y asumió sin ruborizarse que las diferencias que prometió marcar solo eran parte de un libreto y que, para él, las mentiras son parte de su discurso.
Se sacó la máscara para asumir que quiere ser reelecto, que está dispuesto a someterse a los colorados, que le da igual nombrar ministro a un diputado de desteñida trayectoria, y que su “nuevo rumbo” es solo más de lo mismo.
Publicado por Anónimo | 2 noviembre, 2016, 5:18 am
En varias oportunidades y en diversos momentos, quien esto escribe señaló estar de acuerdo con la reelección.
Muchos que no leen más que el título y, quizás, un par de líneas, le adjudicaron preferencias políticas y le agregaron diversos “ista”.
Hecha la salvedad de que para que haya reelección debe hacerse una REFORMA de la Constitución Nacional y remarcando que no se puede hacer por simple ENMIENDA, cabe analizarse la conveniencia o no de la reelección.
En primer término habría que evaluar si cinco años son suficientes para gobernar y hacer bien las cosas.
El primer año se trabaja con el presupuesto aprobado el año anterior, por lo que es poco probable que se puedan desarrollar nuevos proyectos.
En el segundo año se elaboran los proyectos, se prevén los recursos y, a lo sumo, se podrá comenzar a ejecutar algunos de ellos.
En el tercer año, se completan los proyectos más largos y se acomoda mínimamente la economía.
En el cuarto año, se comienza a trabajar en la campaña política de las próximas elecciones armando y desarmando estrategias de continuidad partidaria.
El quinto año es muy poco lo que se hace. No sea cuestión de perder las elecciones y que al que venga, si es de otro partido, le quede la mesa servida.
Acá valdría la pena aprovechar y analizar si al reformar la CN no sería conveniente reducir el plazo del mandato llevándolo, por ejemplo, a cuatro años. Así, si el que gobierna no sirve, se le reduce el tiempo de hacer macanas. Pero si sirve, si hace las cosas bien, ocho años deberían ser suficientes para completar proyectos de largo alcance.
Para evitar la perpetuidad en el poder, debería establecerse que la reelección podrá aplicarse una vez, nada más que una vez y solamente una vez consecutiva y, quizás, habría que analizar con más detenimiento, dos veces alternadas. Los honorables constituyentes deberán redactar muy bien el texto ya que no deberá prestarse a interpretaciones ambiguas, tales como que si fue reelecto una vez consecutiva pudiese ser reelecto dos veces más alternadas o algo así. Una consecutiva o (leyeron bien: O) dos alternadas.
Quedaría por verse la aplicabilidad a quienes hayan sido presidentes desde 1992 a la fecha. O ceñirse al principio de la no retroactividad de las leyes y que queden todos los ex afuera. Y, como a ley pareja nadie se queja, Cartes también quedaría afuera. O no y podría participar hasta Wasmosy.
Publicado por Anónimo | 1 noviembre, 2016, 5:43 am
El desmoronamiento del discurso cartista
Elías Piris –
Por si quedaban dudas respecto a la imagen que se pretendió instalar en la ciudadanía, en la convención colorada del sábado terminó por caerse la careta de Horacio Manuel Cartes Jara.
Cartes no es un divorciado de la antigua forma de hacer política, es más, tiene todos los vicios y hasta los perfeccionó como pudo evidenciarse.
También aquel supuesto gabinete técnico que fue tan aplaudido por sesudos analistas y una prensa servil tres años atrás terminó por desmoronarse.
Porque si a un ministro no lo rajás por inoperante, por 8 militares muertos en un atentado terrorista, por cuatro secuestrados en simultáneo –título tristemente ostentado por este Gobierno–, por la ola de inseguridad, por los motochorros acribillando a los trabajadores en las calles y solo basta un “mandato partidario”, el discurso oficialista está oficialmente –valga el juego de palabras– muerto, así de simple.
Si, leíste bien (y por si no lo entendiste de buenas a primeras), a Francisco De Vargas, el ministro más resistido por la ciudadanía se lo destituyó del puesto simplemente “por no ser colorado”.
Misma suerte iba a correr el bien parecido Santiago Peña, ministro de Hacienda, quien fue fotografiado cuando el propio Cartes le colocaba el pañuelo rojo al cuello para salvarle el pellejo.
Discurso. Así entonces, tenemos a un cuestionado ex ministro rajado por liberal y a un afiliado por conveniencia. (¿Esta historia no es la misma que antes de 1989?)
Volviendo al discurso oficialista que fue hábilmente manejado por expertos en márketing político, el mismo resultó ser una total y absoluta falacia, y lo que es peor, una mentira que ya no puede ser escondida bajo la alfombra y mucho menos maquillada.
El presidente de la República se enfrenta actualmente a un escenario turbulento: Con una imagen cayendo en picada, con decisiones que podrían volver a provocar una ruptura irreconciliable en el poderoso Partido Colorado.
Pero lo peor no es que se haya instalado la imagen de ese presidente técnico con un gabinete eficiente y lejos de las lacras de la politiquería.
Tampoco el problema no es que Cartes mienta –de hecho lo hace y descaradamente– con temas como el distanciamiento de los seccionaleros o la reelección
Lo peor fue que le creyeron, y unos cuantos hasta ahora le siguen creyendo, o fingen creerle.
Si en los próximos meses la clase política decide tirar al tacho la poca cordura que le sobra y corra la ley del mbareté que pretende imponer el cartismo, espero de todo corazón que no nos falle la memoria y recordemos todo esto. Puede ser demasiado tarde.
Publicado por Anónimo | 1 noviembre, 2016, 5:18 am
Horacio, el emperador
Era una mañana de sábado y sobre la calle 25 de Mayo el coliseo republicano estaba abarrotado. Los felinos convencionales, esos que andan hambrientos de privilegios estatales, caminaban sobre la arena afinando gargantas para hacer los honores a su rey.
En el coliseo colorado, apenas unas pocas voces discordantes se escucharon, voces que a la postre fueron acalladas por la multitud de aduladores a su majestad.
Llegó Horacio y resonaron las fanfarrias. Él, con su porte retacón y malhablado, se paró ante la afluencia en vestiduras blancas, agitando brazos, creyéndose un semidiós. Adornado con un rojo pañuelo al cuello sonreía y se golpeaba el pecho, en un gesto de agradecimiento tan falso como el halago del gentío que aclamaba su nombre.
El emperador sabía que esas alabanzas cuestan caro, pero siempre es más fácil racionar fortuna cuando está en juego el poder. Los convencionales del coliseo reclamaban sangre a cualquier costo. Y las víctimas del bárbaro espectáculo no tardarían en aparecer.
El emperador escuchó el clamor viniendo desde la arena y de inmediato, para mantener al coro de lisonjeros arengando su ¡larga vida al rey!… decidió bajar el pulgar.
Lo hizo sin titubear. Desnudando una vez más que su criterio imperial está subordinado al reclamo de su séquito de adulones, antes que al pueblo al que juró servir años atrás.
Francisco fue el primero en ser inmolado. Sus magros resultados de gestión no fueron el motivo de la condena, fue lo azulado de su fe política.
El segundo en caer tenía que ser Santiago, pero este sorprendió a todos renunciando a su dignidad. Y ante la mirada atónita del pueblo entero se postró ante el rey.
El soberano, con una sonrisa maliciosa, lo bendijo colocándole el rojo lienzo de la traición a su fe política.
Santiago, intentando disimular la humillación por salvar el pellejo, exclamó: “Esto lo hago por convicción”. Y de inmediato Zacarías, uno de los más corruptos de la corte con una socarrona sonrisa, replicó: “Esto no me gusta para nada, su lenguaje es una competencia para nosotros”.
Otro, siguiendo el juego mentiroso, añadió: “Rapidísimo tiene discurso colorado”.
En este ambiente cada vez más cercano a la guerra por el poder, serán Soledad y Fernando los próximos en entrar a la arena del coliseo republicano. Porque tarde o temprano le reclamarán al emperador que sus afiliaciones aún no se han teñido en rojo.
Entonces ellos tendrán que decidir: convertirse en dignos mártires políticos, o postrarse ante el lóbrego emperador.
La impunidad de Cartes
Hoy, martes 1 de noviembre de 2016, la Cámara de Diputados debería elegir a un nuevo contralor general de la República y a un nuevo defensor del Pueblo, pero no había mayor seguridad sobre que ello pueda ocurrir porque el presidente Horacio Cartes quiere, según lo confirmó ayer Jorge Oviedo Matto, negociar un paquete que incluya Contraloría y Fiscalía y no había votos para frenar al primer empleado de nuestra República. Ayer, a la tarde, él tenía mejores chances de mantener su influencia sobre los institutos de control que la oposición.
Para que todos entendamos fácilmente, el Artículo 281 de nuestra Constitución establece que la Contraloría “… es el órgano de control de las actividades económicas y financieras del Estado, de los departamentos y de las municipalidades…”.
El Artículo 283 de nuestra Carta Magna agrega que corresponde al contralor “… la fiscalización de las cuentas nacionales de las empresas o entidades multinacionales, de cuyo capital participe el Estado en forma directa o indirecta…”, así como “… el requerimiento de informes sobre la gestión fiscal y patrimonial a toda persona o entidad pública, mixta o privada, que administre fondos, servicios públicos o bienes del Estado…” y “… la denuncia a la justicia ordinaria y al Poder Ejecutivo de todo delito…”.
La gestión de Cartes contó hasta ahora con la pasividad del Ministerio Público y de la Contraloría para llevar adelante asuntos bastante vidriosos desde el punto de vista de las cuentas públicas.
Nadie ha profundizado las denuncias sobre si la empresa Tape Porã, concesionaria del Estado, tiene participación accionaria del Grupo Cartes; nadie ha profundizado las denuncias sobre si los beneficiarios de los contratos de alcantarillado con un crédito llave en mano son gerentes del Grupo Cartes; nadie ha profundizado las denuncias sobre si los concesionarios del billetaje electrónico tienen participación accionaria de gerentes del Grupo Cartes; nadie ha profundizado las denuncias sobre si los nombramientos aduaneros en los departamentos fronterizos con Brasil se realizan en el Grupo Cartes; nadie ha profundizado si los “observadores ad honórem” que Cartes impuso en muchas oficinas públicas llevan información privilegiada al Grupo Cartes. En fin, el Ministerio Público y la Contraloría miran para otro lado en todo lo que pudiera arrojar dudas sobre la sujeción a las leyes por parte del presidente de la República y sus gerentes.
La pública desesperación de Cartes por evitar que los diputados nombren un contralor que pueda profundizar en cualquiera de los temas mencionados y los muchos otros que existen fue puesta en evidencia por la insólita declaración que los autodenominados “soldados del presidente” realizaron el jueves en nombre de la Junta de Gobierno del Partido Colorado, según lo remarcaban ese día los medios de comunicación del Grupo Cartes (http://bit.ly/2f5rOjT), reiterada ayer con la Resolución CE 03/2016, que insiste en obligar a los diputados colorados a votar lo que Cartes quiera.
Da la impresión de que Cartes no está siendo tan pulcro en la administración de los bienes de todos los paraguayos como dijo que sería, de lo contrario, es difícil entender sus movidas en este campo. Si fuera pulcro no tendría problema alguno en permitir que alguien imparcial, o incluso alguien contrario a él, auditara sus acciones, pero demostró que no lo quiere permitir. Por algo será.
Publicado por Anónimo | 1 noviembre, 2016, 5:17 am
Aunque un ex asesor de la Justicia Electoral asegura que, con plazos muy apretados, todavía es posible realizar una Asamblea Nacional Constituyente antes de las elecciones de 2018, el ambiente de crispación política que se ha instalado en torno a la figura de la reelección no resulta el más favorable para llevarla a cabo en este momento. Forzar el proceso, tan solo para intentar que el actual presidente sea reelecto, solo conducirá a más conflictos y enfrentamientos. Lo más recomendable es que los actores políticos lleguen a un consenso para convocar a una reforma de la Constitución en los primeros años del próximo periodo presidencial, en donde se pueda resolver lo de la reelección y varios otros puntos que permanecen pendientes.
Esta nueva estrategia, que ha sido reforzada tras la controvertida convención del Partido Colorado del sábado último, aclara un poco más el panorama político y traslada el debate sobre la reelección presidencial a un plano que depende enteramente de si se logra o no reformar la Constitución antes de las elecciones de abril de 2018.
Mientras muchos dirigentes políticos consideran que ya no hay tiempo para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente que pueda reformar la Constitución antes de las elecciones generales, un gran experto en cuestiones electorales, Carlos María Ljbetich, ex asesor del Tribunal Superior de Justicia Electoral, asegura que sí se puede hacer, aunque con un plazo muy apretado, siempre y cuando ambas Cámaras del Congreso se pongan de acuerdo y la convoquen ya en los próximos días, de manera que pueda instalarse para antes de agosto de 2017.
Aunque eso resulte cierto y se puedan cumplir todos los plazos con mucha celeridad, el actual ambiente político no resulta el más indicado, debido a la gran crispación que se ha instalado en la sociedad, en gran parte por culpa del propio oficialismo colorado, al haber acudido a varias maniobras para intentar que su proyecto de enmienda a favor de la reelección sea aprobado en el Congreso, incluyendo haber ganado el apoyo de tres diputados de la oposición, con altas sospechas de compras de votos.
Forzar ahora el proceso a favor de lograr la reelección de Horacio Cartes por vía de la reforma de la Constitución, antes de las elecciones, solo conducirá a más conflictos y enfrentamientos. La mayoría de los dirigentes de la oposición, incluyendo a los propios disidentes colorados (a pesar de las amenazas de castigo establecidas en la reciente convención de la ANR) ya han dejado muy en claro que no acompañarán este nuevo intento.
Por tanto, lo más recomendable es que los diferentes actores políticos lleguen a un consenso para convocar a una necesaria reforma de la Constitución, pero que la misma se pueda llevar a cabo en los primeros años del próximo periodo presidencial, después de las elecciones y ya fuera de la puja electoral, y que en dicha asamblea constituyente se llegue a resolver no solamente lo de la reelección, sino también todos los otros temas sensibles que se vienen reclamando desde hace tiempo, y que pueden ayudar a que podamos avanzar como sociedad democrática.
Publicado por Anónimo | 1 noviembre, 2016, 5:15 am
Abominable, no encuentro otro adjetivo más adecuado, fue el espectáculo que ofrecieron en el Congreso los tres diputados liberales que votaron, contra lo dispuesto por su partido, a favor de la reelección presidencial. Uno de ellos, para limpiar su imagen en un vano esfuerzo, dijo que él no votó a favor de la reelección sino simplemente votó a favor de postergar la discusión del tema y que, llegado el momento, votará que “no”. Siguen creyendo estos señores que todos somos idiotas, pues como a tales nos tratan.
No quiero volver sobre el tema de la reelección aunque esté absolutamente en contra, pues la sola idea de que pueda suceder me provoca un pánico irreprimible. Lo que sí quiero recalcar es la conducta despreciable de la clase política que actúa con absoluta impunidad, no solo respecto a las leyes de la nación, ya que muchos de sus integrantes están debidamente protegidos por una dudosa figura jurídica llamada “fueros”, sino incluso respecto a sus propios partidos que, al igual que los monos sabios, no ven, no oyen, no hablan. Les sumaría que tampoco huelen porque al decir de Hamlet, “hay algo que huele a podrido en Dinamarca”; cambiemos entonces de país y nacionalicemos al atormentado príncipe.
Se viene hablando en todas partes que los partidos políticos se encuentran en crisis, que las ideologías se han agotado y que se deben reinventar nuevas formas de gobierno. Encuentro que esta afirmación es un tanto exagerada. No son los partidos ni las ideologías los que se encuentran en crisis sino son las personas las que han arrastrado a sus grupos políticos a situaciones intolerables al haber puesto por delante sus intereses personales a los intereses de la mayoría. Aquella vieja idea de que los gobernantes y la clase política deben buscan el bienestar de los ciudadanos ha sido modificada por una nueva forma de proceder: buscar el bienestar propio y el resto “que se joda”, como dijo en una oportunidad, dos años atrás, una diputada española en plena sesión de la cámara.
Apenas se conoció el voto de los tres diputados liberales, Gustavo Cardozo, Fernando Nicora y Milciades Duré, miembros del PLRA comenzaron a pedir que sean expulsados del partido. No es este el remedio más adecuado porque será como ponerle un parche al problema y el zurcido seguirá a la vista de todos. Es necesario, en cambio, buscar soluciones efectivas para evitar enfrentarnos, en el futuro, con situaciones detestables como la que estamos presenciando.
Una de las preguntas que surgen de manera espontánea es: ¿cómo personas carentes del sentido ético que tendría que primar en todo acto político, han llegado a la Cámara de Representantes, donde, como su nombre lo indica, están representando a la ciudadanía? Esta gente no me representa y lastimosamente carezco de las herramientas necesarias para retirarle mi representatividad. Me responderán que están allí porque la gente les ha votado. Por eso cambiaría la pregunta por otra que quizá sea más efectiva: ¿qué filtros utiliza un partido político para elaborar sus listas y pedirle a sus afiliados que asuman el cargo de diputados? He intentado hacer una lista de los posibles criterios utilizados por las autoridades de cada partido y no he logrado encontrar ni siquiera uno. Ya que estamos frente a la dictadura de las “listas sábana” y debemos votarlas en su totalidad, los dirigentes tendrían que poner el máximo empeño y todo su interés al elaborar dichas listas para no incluir en ellas a candidatos impresentables que terminen ofreciendo este espectáculo.
Mal de otro consuelo de tonto: pero no son los diputados liberales los únicos en avergonzarnos a todos los ciudadanos, seamos o no miembros de ese partido, sino también los de otros partidos que tratan de explicar su proceder condenable dándonos excusas que, por lo elementales que son, terminan resultándonos insultantes. Hace unos días, el presidente de la ANR (Partido Colorado), el diputado Pedro Alliana, trataba de justificar el haber utilizado un avión de las Fuerzas Aéreas para asistir a un acto partidario alegando que él se había subido al avión sin intenciones políticas y que casualmente el aparato aterrizó justo en el sitio en que se realizaba un mitin de su partido. En esta como en tantas otras ocasiones, nadie dirá nada, nadie pedirá las sanciones correspondientes y los jueces actuarán como aquellos monitos sabios: no escuchar, no ver, no hablar. Aunque en este caso me inclinaría por suprimir lo de sabios y dejar el resto como está. Quizá esto nos ayude a superar la profunda vergüenza propia y ajena que nos invade ante tanta inmoralidad.
Publicado por Anónimo | 1 noviembre, 2016, 5:14 am
“Fuhrerprinzip” en la ANR
Adolfo Hitler estableció el “Fuhrerprinzip” (principio del líder) como estatuto del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán en la convención que esa organización política llevó a cabo el 28 de julio de 1921. El nuevo estatuto abolía el comité ejecutivo del partido y trasladaba todos sus poderes al líder, el propio Hitler, que se convirtió así en dictador “de jure” del partido. Bajo el “Fuhrerprinzip” el partido fue totalmente centralizado y verticalizado, de forma tal que solamente Hitler podía, desde arriba, dar las ordenes que debían ser obedecidas por todos los estamentos inferiores de la organización (http://bit.ly/1Rd5wHk) (http://bit.ly/1fG3fIA).
Las decisiones del 28 de julio de 1921 fueron confirmadas total y radicalmente por la convención del 27 de febrero de 1925 del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, en una famosa declaración, “El pronunciamiento de la Bürgerbräukeller” (http://bit.ly/2egqbxN) (http://bit.ly/1fG3fIA).
Todo lo anterior está explicado y justificado jurídicamente por el brillante abogado de Hitler, Carl Schmitt (http://bit.ly/2eDi4Q9), una especie de combinación Juan Carlos Mendonca y Rodrigo Campos Cercera de aquella época, en muchas obras, pero principalmente en “El Fuhrer protege a la ley” (http://bit.ly/2ecwpEm).
En consecuencia, todos los diputados, senadores, concejales, intendentes o gobernadores elegidos en las listas de candidatos del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán no eran más que delegados personales de su líder, Hitler, a quien estaban estatutariamente obligados a obedecer sin discutir.
Antes y después de las elecciones alemanas del 20 de mayo de 1928 a muy poca gente le importó que el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán se organizara internamente como una dictadura porque obtuvo apenas doce (12) escaños en el Reichstag, la Cámara de Diputados del Legislativo alemán. Que doce diputados obedecieran a su autoimpuesto dictador no hacía diferencia alguna.
Debieron haberse preocupado del modo en que estaba organizado el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, y no lo hicieron, porque en las siguientes elecciones, las del 14 de setiembre de 1930, el grupo de Hitler obtuvo, no doce, sino ciento siete (107) escaños, convirtiéndose en el segundo mayor partido de Alemania. Ciento siete diputados, sobre un total de quinientos setenta y siete (577) obedecían y no deliberaban. Su jefe era Hitler y no el pueblo que los había votado. Todavía poca gente dio importancia porque la dictadura era interna en el partido y Alemania seguía siendo una democracia plena.
El 21 de julio de 1932 los alemanes debieron ir a las urnas para elegir otra vez diputados al Reichstag. Cómo estaba organizado internamente el grupo de Hitler no era motivo de gran debate público. En esas elecciones el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán se convirtió en el mayor de Alemania y obtuvo doscientos treinta (230) bancas. Casi la mitad del parlamento tenía un jefe que no era el pueblo sino Hitler.
El 6 de noviembre de 1932 hubo que ir de nuevo a elecciones en las que el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán confirmó ser el mayor partido de Alemania, con ciento noventa y seis (196) escaños. El 30 de enero de 1933, el presidente de la República, Paul von Hindemburg, encomendó al dictador del partido la jefatura del gobierno alemán.
Ya en el gobierno, controlando los recursos públicos y la policía, Hitler convocó a nuevas elecciones el 5 de marzo de 1933, en las que su partido obtuvo doscientos ochenta y ocho (288) bancas. Los diputados nacional socialistas al fin estaban en posición de destruir la Constitución de Alemania a la orden de su jefe y lo hicieron.
El golpe de Estado se consumó en la votación parlamentaria del 23 de marzo de 1933, en la que el Reichstag, la Cámara de Diputados, votó la delegación de sus poderes en la persona del jefe del gobierno mediante una “ley habilitante”. El Partido Nacional Socialista Alemán contó para consumar el golpe con la colaboración de diputados de otros partidos, que habían recibido promesas secretas de Hitler para colaborar. La “ley habilitante” fue aprobada por cuatrocientos cuarenta y cuatro (444) votos contra noventa y cuatro (94) (http://bit.ly/1cxwYPg).
Millones de alemanes fueron tranquilos a dormir esa noche porque compartían la equivocada idea de que en la democracia “la mayoría manda”. Se habían olvidado que en democracia ninguna mayoría está sobre la Constitución. Al día siguiente, despertaron ya en la dictadura que iba a durar doce años trágicos.
En nuestro Paraguay estamos recorriendo un camino parecido al que recorrieron los alemanes desde 1921. Demasiado parecido, lamentablemente.
Horacio Manuel Cartes Jara había trabajado en el mundo de los negocios en una organización, que posteriormente conoceríamos todos como “Grupo Cartes” (http://bit.ly/2ebbrDl), que es vertical y no democrática lo que, siendo malo incluso en el mundo empresarial, podría ser comprensible dado que se trata de empresas industriales y comerciales de responsabilidad personal, aunque formalmente puedan adoptar otra denominación.
En el Grupo Cartes manda Horacio Cartes. Luego hay una jerarquía: Sarah Cartes y sus gerentes, José Ortiz, Francisco Barriocanal, Osvaldo Salum, entre otros. Es una pirámide rígida que no tenía mayor incidencia en el funcionamiento de nuestra democracia porque nunca había trabajado en política más que con donaciones esporádicas a líderes colorados y liberales para la defensa de sus intereses corporativos.
Pero cuando Horacio entró en la política, fuimos demasiados los que, como los alemanes, creímos que el lema “lo público debe ser público” implicaba que lo privado no se mezclaría con lo público y, por tanto, que el manejo del Grupo Cartes no se proyectaría al manejo de nuestra República.
Nos equivocamos. Sobre todo yo, me equivoqué.
Mediante aportes periódicos y un control rígido que se ejerce bajo la fachada de la fundación Ñande Paraguay (http://bit.ly/2eRk9VK), Cartes y sus gerentes ordenan y fiscalizan a diputados, senadores, gobernadores, intendentes, concejales municipales, concejales departamentales, ministros, viceministros, directores y vicedirectores como si fueran empleados de su grupo y no de la República del Paraguay.
El jefe de todos esos funcionarios públicos es Cartes, no el pueblo paraguayo, exactamente como Hitler era el jefe de los funcionarios nacional socialistas y no el pueblo alemán. A los convencionales de la ANR los trata igual, como si fueran sus empleados y no de los afiliados del partido Colorado.
La orden de Cartes de violar nuestra Constitución imponiendo a sus diputados y senadores que voten a favor de la reelección vía enmienda ya demostró el peligro de semejante manejo para nuestra democracia, pero lo que hizo con los convencionales colorados ayer, 29 de octubre, obligándoles a apoyar la violación de nuestra Constitución y, sobre todo, lo que hizo con el ministro de Hacienda, Santiago Peña (“sugerirle” que debía afiliarse al partido Colorado para continuar en el cargo) y con el ministro del Interior, Francisco de Vargas (destituido del gobierno no por su gestión sino por no afiliarse a la ANR) tuvo el mérito de exponer claramente al fin el concepto totalitario que grupo Cartes tiene del poder: No tolera ni la más mínima diferencia (http://bit.ly/2eRsf0k).
En el grupo Cartes el que no se somete a las instrucciones de Horacio es juzgado como que está contra él y debe ser eliminado: Este método, dudosamente aceptable en empresas, es totalitarismo en la República.
Creo que Horacio Cartes es el mayor peligro y la mayor amenaza a nuestra democracia y libertad desde que José Felix Estigarribia cambió la democrática Constitución de 1870 por la carta fascista de 1940.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 1:03 pm
Nuevamente toda la sociedad se desgasta con el remanido cuento de la reelección, una figura que flota en el ambiente desde el advenimiento de la democracia. La convención Nacional Constituyente de 1992 había bloqueado la pretensión del entonces presidente Andrés Rodríguez, luego el tema volvió a plantearse durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, Nicanor Duarte Frutos, Fernando Lugo y ahora nuevamente con Horacio Cartes. En todos los gobiernos las vueltas siguen siendo las mismas, significando un desgaste tremendo para la sociedad.
En algún momento se tiene que llegar a un consenso y poner un punto final a esta cuestión. Sin embargo, en el contexto actual, dada ya la crispación y el escaso tino político de los asesores del presidente se llegó a un estado de cuasi convulsión social por la inminente posibilidad de pisotear la constitución, para facilitar la nueva postulación del presidente Cartes.
Desde ayer algunos referentes comenzaron a plantear la figura de la reforma de la Constitución para incorporar la figura de la reelección. Es lo más sensato y sobre todo constitucional. Enmendar la constitución solamente para responder al afán de una persona en particular es una absoluta pérdida de tiempo.
Ahora que se plantea la posibilidad de la reforma sería también una excelente oportunidad para aprovechar y corregir algunos aspectos de nuestra constitución, que si bien ofrece muchas garantías para las libertades, presenta muchas lagunas respecto a varias instituciones, tales como el Consejo de la Magistratura, la Contraloría General de la República, las Juntas Departamentales y la Defensoría del Pueblo.
Existen algunas instituciones que fueron creadas por la constitución de 1992, que de la forma que funcionan no justifican absolutamente su existencia, como las juntas departamentales. La cantidad de concejales departamentales depende del número de habitante de cada departamento. Hay aproximadamente 200 concejales departamentales actualmente que durante cinco años se aseguran una dieta mensual sin aportar absolutamente nada, ya que sus decisiones no son vinculantes, o son manejados por el gobernador o directamente ignorados. En estas condiciones, lo que corresponde es eliminar esta figura es instalar un consejo de intendentes municipales que actúen como contralores y colaboradores del gobierno departamental. Así se podrá también asegurar la efectiva descentralización.
Lo mismo pasa con la Contraloría General de la República, que así como está no sirve absolutamente para nada, dada la galopante corrupción en las instituciones públicas, que el ente contralor no redujo, ni controla ni combate. De hecho las funciones de la contraloría se superponen con la de la fiscalía y del Tribunal de Cuentas. Son desprolijidades que necesariamente se tienen que superar para el buen funcionamiento de las instituciones del Estado.
De una buena vez se tiene que aprovechar y plantear la reforma de la Constitución, incorporar la posibilidad de la reelección, si es que los convencionales así lo consideran, cerrar ese capítulo, y corregir otras imperfecciones de nuestra carta magna.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 11:35 am
Reelección, jueces y partes
La reelección es una opción democrática consagrada en prácticamente todas las naciones democráticas, ya sean de carácter presidencialista o parlamentarista, para dar continuidad a una gestión eficiente o castigar una opción ineficiente; la decisión final está en el voto ciudadano que debe dictaminar el veredicto; es decir, que haya posibilidad de reelección no garantiza la reelección y el continuismo. Eso lo decidirá el supremo elector, el pueblo, como manda la Constitución.
Es también habitual que esté legalmente regulada y tenga límites que impidan el continuismo hasta eternizar a un mandamás. La actual Constitución previó también la coyuntura que bloqueó al presidente Rodríguez a aspirar a ser reelecto. Ante esta eventualidad coyuntural, prevista por la Convención Constituyente, estuvimos cerca del golpe, pero se terminó respetando la Constitución y el derrocador de la dictadura acató la Carta Magna y aceptó que no podía candidatarse ni candidatar a un pariente, para evitar la última consigna de la dictadura: “después de Stroessner otro Stroessner”; así que se logró el objetivo, después de Rodríguez no habría otro Rodríguez, como se promovía en ciertos sectores del coloradismo retardatario y de los militares estronistas que habían derrocado al estronismo.
A partir de ese momento, todos los presidentes electos tantearon la posibilidad de reelección, y desde entonces cada mandato termina en la polémica, porque no se plantea un debate serio sobre la reforma necesaria para crear la posibilidad de que el presidente saliente o algún otro ex presidente pueda volver a candidatarse, lo que no significa que automáticamente sea reelecto. El orden constitucional democrático plantea claramente que es el voto popular el que va a nombrar nuevo presidente, no la candidatura de uno u otro candidato.
El problema está en que no se plantea la factibilidad de procedimiento para la reelección sobre la base de un análisis de juristas para analizar los términos de la reforma, sino en base a juicios, generalmente con poco juicio y más interés político, con poco argumento y más electoralismo declamativo y hurrero, a la vieja usanza, que debate sobre bases jurídicas constitucionales.
El debate político se diluye así en el río revuelto de los ataques y las descalificaciones, convirtiéndose cada orador en juez supremo y parte interesada para defender su posición descalificando a las otras. Hasta los propios analistas y periodistas, que deberíamos mantener cierta distancia prudencial, terminan descalificando, con calificativos denigrantes, léase insultos, a los que piensan diferente.
La cuestión es atizar las cenizas del continuismo dictatorial en la memoria para anular a candidatos posibles, cuya gestión va a ser analizada por los votantes, que hoy no se dejan engañar ni arrear, como se ha demostrado ante todos los intentos de restablecer comportamientos dictatoriales.
Durante estas décadas democráticas no hemos sido capaces de superar el temor al pasado, y asumir que hoy estamos en una democracia estable que debe desenvolverse por las vías establecidas por la Constitución y las leyes. Hay dos vías posibles que la constitución plantea para hacer cambios: la Constituyente y la enmienda constitucional.
Seamos serios… nadie puede convertirse en juez supremo siendo parte interesada. Es tan ridículo como dejar que los futbolistas diriman los pleitos en la cancha dejando de lado a los árbitros.
Hay constitucionalistas respetables que apoyan una u otra opción, incluso ambas.
Dentro de la democracia eso tiene también sus procedimientos, sin convertir, como viene sucediendo con sucesivos gobiernos, la polémica en demonización, con el objetivo de descartar a posibles contendientes en la próxima elección. Se llega incluso a la grotesca descalificación de la candidatura de un presidente y la justificación de otro, por el mero hecho de que es el candidato propio. Es decir, mi ex presidente puede candidatarse pero el del otro sector no puede, en base a razones que parecen más de diálogo de imbéciles que de argumentos jurídicos.
Y se acentúa el grotesco del debate cuando los contendientes se declaran jueces supremos, dueños de la verdad constitucional, para declarar inconstitucionalidades. Ese recurso final está establecido constitucionalmente y corresponde a la Corte Suprema. No hay mayor y peor golpismo que el de adjudicarse poderes que corresponden a un poder del Estado claramente establecido en la Constitución. Es decir, que cualquier buey corneta viola la Constitución atribuyéndose el poder de repartir inconstitucionalidades de acuerdo a los propios intereses, atropellando los canales constitucionales.
La contraposición entre la Constituyente y la enmienda es un problema jurídico constitucional, que, pasando por las dos cámaras del Congreso, en última instancia tiene que definirse en la Corte Suprema.
Hay constitucionalistas respetables de un lado y de otro lado; lamentablemente, como suele suceder en nuestra política, hay sabihondos –no hay quien se proclame más sabio que el ignorante o el manipulador– que tienen la verdad absoluta y se convierten en jueces implacables de los que razonan de otra forma.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 11:27 am
Repodrido con la reelección
No sé ustedes, pero yo francamente estoy harto de la comezón del tercer año. Invariablemente, cuando llegamos a esta etapa de cada gobierno el administrador de turno empieza a obsesionarse con la reelección, pese a que la Constitución es absolutamente clara al respecto; “no habrá reelección en ningún caso”. Punto.
Cartes está gastando un montón de plata (que le sobra) y de crédito político (que le falta) para meter de contramano la figura, mientras su propia figura política se va desdibujando aceleradamente a golpes de motochorro. Si realmente pretende tener una segunda chance de gobierno debería concentrar todas sus energías y las de su equipo en resolver el drama de la inseguridad.
Me parece que llegó el momento de cortar este culebrón reiterativo atacando su causa. Propongámonos ya mismo hacer una reforma constitucional en el primer año del próximo gobierno, digamos para octubre o noviembre de 2018. Por supuesto que no será una reforma exclusivamente para introducir la tan cacareada reelección, eso sería un despropósito absoluto. De hecho, podemos empezar a trabajar ya mismo en buscar consensos sobre todas las cosas que queremos cambiar y que sí son esenciales.
Ahora, sobre la reelección propiamente, opino que podríamos permitirla, pero con un periodo intermedio, así quién esté en el poder estará obligado a terminar sus cinco años con los mejores resultados posibles si pretende volver después. La probabilidad de una reelección inmediata repetirá el drama de los presidentes desesperados por asegurarse el bis ya desde el tercer año de mandato.
Pero la reelección, insisto, es casi una cuestión secundaria. Resolvamos primero, por ejemplo, el drama de la Justicia que no es tal. Por decir, yo prefiero ministros nombrados directamente por el presidente con acuerdo del Congreso, pero inamovibles desde su designación y por un periodo improrrogable de diez años, plazo tras el cual se deberán ir a sus casas, indefectiblemente.
Así su nombramiento será político, pero luego no necesitarán mantener dependencia política alguna ni tendrán que hacer lobby para seguir en el cargo. De paso, borraría instituciones prostituidas por los políticos como el Consejo de la Magistratura y el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Me encantaría eliminar además todos los cargos superfluos, empezando con la vicepresidencia y pasando por los consejos, la defensoría del Pueblo y hasta al subcontralor. También podríamos plantearnos reducir el número –o eliminar– gobernaciones y una buena cantidad de municipios.
También querría limitar los cargos de confianza a ministros y viceministros; incluir un artículo transitorio que permita reconcursar todos los cargos del Estado y unir a los trabajadores públicos y privados bajo un mismo marco legal laboral, eliminando de cuajo las diferencias de beneficios y obligaciones entre unos y otros.
Y puedo seguir con un montón de ideas más, pero no me queda espacio. Como ven, hay mucho por discutir sobre las potenciales reformas. Podríamos invertir nuestras energías en este debate, poniéndonos como meta parir una nueva Constitución en el 2019, y dejar de tontear infantilmente con la reelección con cada nuevo gobierno.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 11:25 am
La comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados me ha convidado junto con otros notables juristas para dar mi opinión sobre si el camino de la modificación del artículo 229 de la Constitución Nacional, que prohíbe la reelección en “ningún caso”, es posible por el atajo de la enmienda y no por el camino correcto de la reforma.
Paraguay debe ser uno de los pocos países donde lo obvio necesita explicación. Donde lo que parece claro requiere ser detallado y en donde lo contundente es sospechoso. Las explicaciones delirantes, la confusión semántica, las interpretaciones shamánicas, los augurios pitonescos y crematísticos tienen un sitio bien ganado en la literatura, donde muchos han creado toda una corriente exitosa como García Márquez o Vargas Llosa, pero que resulta terrible cuando son llevadas al mundo jurídico o político. Crear una ficción desde la norma es un juego peligroso tanto como la ouija. Hecha esta introducción, paso a explicar lo obvio.
En la Constitución Nacional de 1992 no se quería repetir la trágica historia de la dictadura de Stroessner. No se quería que nadie pudiera ser reelecto incluso prohibiendo a los familiares más cercanos del mandatario de turno. Por eso el artículo 229 repitió dos veces la imposibilidad de la reelección del electo. Esto parece muy claro si no incluyéramos al antojadizo y delirante abogado Fariña, quien defiende una afiebrada interpretación del español traducido del esperanto cuando afirma que “electo” solo se refiere al actual y no a los anteriores. Dejemos por un tiempo esto de lado porque perfectamente puede volver como árbol derribado en medio del camino. Los constituyentes no queríamos presidentes perpetuados en el poder. Estábamos en contra de eso. Algunos propusimos dos periodos de 4 años, pero finalmente se impuso el mandato de la asamblea de uno solo de 5.
Este artículo 229 está blindado o constituye parte de lo que se denomina cuestiones pétreas, que no puede ser sujeta de modificación alguna sino por el camino de la reforma que ciertamente es más farragosa, compleja, larga y difícil. Se puso de esa manera para evitar que una mayoría caprichosa circunstancial en el Congreso pudiera modificar a su antojo cualquier artículo constitucional. Esa y no otra es la razón por la que luego de 10 años de vigencia, el 229 solo admite cambio por el camino de la reforma y no el de la enmienda.
Cuando Duarte Frutos y Lugo intentaron el camino, se les cerró. En caso del primero, la marcha con manifestaciones populares que ungieron al obispo candidato primero y presidente después y, en la situación de Lugo, un dictamen terminante de Filártiga y otros juristas de la ANR por indicación y orden de Cartes, explicaron lo obvio: no cabe la enmienda en cuestiones de reelección.
Estas cosas se olvidan cuando uno alcanza el poder y como la experiencia no es la madre de nadie ni nada, hoy debemos volver a lo mismo, explicar lo que se puede y lo que no. Las interpretaciones sospechosas de algunos juristas en torno a que la Constitución es vaga y permitir el sendero de la enmienda es tan imposible de creer, como el voto sin incentivos crematísticos de los tres liberales en la última sesión.
Seamos previsibles, serios y comprometidos con la República. Si se pretende la reforma, que el candidato en campaña lo incluya como promesa y la lleve adelante si resulta ganador. No caben convenciones de cualquier índole para cambiar el fondo ni la forma de la Constitución. Hacerlo es perturbar el orden democrático, poner en riesgo el estado de derecho, colocar bajo sospecha la democracia y abrir los caminos para cualquier aventura autoritaria.
Obviamente, lo que cabe es la racionalidad y no el delirio en estas cosas serias de la República.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 11:23 am
Napoleón y Dios
Luis Napoleón Bonaparte, Napoleón III, fue llamado Napoleón el Pequeño, por comparación con su tío, el gran Napoleón. En una reunión de amigos, ya bastante aperitado, el sobrino decidió someter a votación la existencia de Dios. Ganó Dios con el voto del emperador’i, que no quería problemas con su esposa, una devota que le perdonaba los cuernos, pero no la irreverencia religiosa.
Tampoco Luis Napoleón quería problemas con la Iglesia, no le convenía por razones políticas. En lo demás, el suyo fue un gobierno de relativismo moral, donde todo estaba en venta.
Cambiando lo que se debe cambiar, estamos en un tiempo de relativismo moral similar al del Segundo Imperio. Lo que se debe cambiar es, en primer lugar, el estilo. La votación napoleónica pro y contra Dios es una anécdota poco conocida; la votación parlamentaria pro y contra la violación de la Constitución es de público conocimiento: apareció en todos los diarios, con estimaciones sobre el precio de los votos para permitir la reelección de Horacio Cartes. En segundo lugar, el sentido de la realidad. En la urbanización de París hubo una gran especulación inmobiliaria y financiera, una gran corrupción, pero los resultados positivos de la modernización de la ciudad han quedado. La especulación inmobiliaria y financiera ha destruido Asunción y, por lo que puede verse, pretende destruirla aún más, para beneficio de individuos corruptos y encima incompetentes.
Mientras se compran votos y conciencias, aumenta la criminalidad, que no es casual. Como dijo el doctor Francia: “sabida es la influencia que en todas partes tienen los empleados [públicos] en lo que es opinión pública”. En otras palabras, los funcionarios públicos forman o deforman la opinión pública. ¿Por qué no he de robar yo si esos roban?, dijo un motochorro refiriéndose a los corruptos de arriba, que no necesitan un revólver para delinquir.
Según me contaron, un descuidista del Congreso dijo: el cambio climático es cuando uno cree que va a hacer buen tiempo pero llueve. Es comprensible en una persona que vive en un microclima, tanto por su ignorancia como por sus intereses particulares. Por suerte, además de estos representantes sin representatividad, existen en el país personas conscientes y decididas a tomar en serio la realidad, con el problema actual del cambio climático, que debe combatirse en varios frentes.
Hay compatriotas que trabajan en la investigación y el desarrollo de autos eléctricos: desde hace unos días, una empresa ofrece la posibilidad de una carga rápida para los autos eléctricos. Por cierto, hay pocos autos eléctricos, pero pueden ser más, y pueden ser parte de un parque automotor menos contaminante. En este sentido, el Paraguay se integra a una tendencia internacional, que es el desarrollo de las energías alternativas. El año pasado, por primera vez, más de la mitad de la nuevas fuentes de energía producidas correspondieron a las renovables (https://www.theguardian.com/environment/2016/oct/25/renewables-made-up-half-of-net-electricity-capacity-added-last-year?utm_source=esp&utm_medium=Email&utm_campaign=KIITG+series+2016&utm_term=196346&sub4800516&CMP=ema-60 Es alentador, aunque todavía quede mucho por hacer.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 11:20 am
El pacto que nunca fue
Desde el fin de la dictadura stronista, en 1989, pero mucho más a partir de la vigencia de la Constitución de 1992, se hablaba de la necesidad de un gran pacto de todas las fuerzas políticas de nuestro país con el objetivo de crear condiciones para que, cualquiera fuera el partido en el poder, hubiese principios elementales que todos respetasen para lograr cierto nivel de desarrollo nacional y evitar inestabilidad o regresiones en nuestro proceso democrático.
Huelga decir que desde el año 1993, cuando asumió el primer gobierno con las nuevas reglas constitucionales, hasta ahora, nunca se lograron establecer consensos básicos que fuera más allá de respetar el resultado de las periódicas elecciones que se fueron dando.
Los primeros años de nuestra novel democracia fueron difíciles, porque la sociedad paraguaya salía de una experiencia fuertemente autoritaria. De hecho, continuamos viviendo un tiempo bajo la tutela militar, primero con Andrés Rodríguez y luego con la influencia continuada de un personaje de baja estatura pero de grandes ambiciones, como Lino Oviedo.
En ese primer lustro, se impulsó un llamado “pacto de gobernabilidad” que, en la práctica, sirvió básicamente para que los partidos con representación democrática acordasen un reparto más o menos consensuado de cargos en las nuevas instituciones que creó la Constitución.
Luego del traumático “Marzo Paraguayo” de 1999 y pasado el esperpéntico “gobierno” (es un decir) de Lucho González Macchi, parecía que podía encarrilarse el país en un camino institucional previsible. Más aún, cuando en 2008 se concretó la alternancia pacífica de un gobierno a otro de distinto signo político.
Sin embargo, aquella administración quedó interrumpida, utilizando una figura válida de la Constitución, pero con una aplicación “a la paraguaya”. Ese episodio de 2012 dejó al descubierto la fragilidad del sistema porque evidenció que la voluntad popular podía ser desconocida con la utilización perversa de los mismos mecanismos constitucionales.
Podemos creer que las sucesivas elecciones demuestran que vivimos bajo un sistema democrático. Sin embargo, la verdad es que seguimos sin rumbo.
A esta altura, no deberíamos esperar que un mesías venga a solucionar mágicamente nuestros problemas en educación, salud, seguridad, justicia social.
Sería mejor exigir a los principales líderes políticos que dejen de lado sus ínfulas de salvadores de la patria para ponerse de acuerdo, por medio de ese gran y postergado acuerdo, en cuestiones elementales referidas a atender y solucionar las necesidades reales de la mayoría del pueblo, con políticas de Estado y también evitar que se sigan profundizando las diferencias entre quienes en nuestro país viven bien y quienes no cubren sus necesidades básicas.
La alternativa es esperar que las cosas empeoren hasta el punto de desembocar en un Estado fallido, manejado por narcotraficantes y toda clase de delincuentes, como ya se va perfilando, peligrosamente.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 10:44 am
¡Y dale con la reelección!
No acabo de entender la obsesión de muchos colorados por la reelección de Cartes que supondría una grosera violación constitucional. Cargarán con la responsabilidad moral y penal si llegare a consumarse la barbaridad por vía de la enmienda. Será un Gobierno ilegal que abrirá las puertas a la inestabilidad y a más violencia.
¿Tienen conciencia los colorados y liberales cartistas –que los hay– del futuro de un país manejado por fuera de la Constitución? ¿No podrían tener un poco de patriotismo y enterrar la desmedida ambición económica y de poder?
Alguien dijo por ahí que “cinco años son insuficientes para la realización de los proyectos que este gobierno tiene para el país”. Entonces la solución es que Cartes esté otros cinco años. El problema es que siempre quedan cortos los años en el poder. No tanto por las obras pendientes, sino por el poder mismo que permite rodearse de adulones y repartir graciosamente los bienes del Estado entre ellos. Stroessner estuvo 35 años y le pareció que todavía eran insuficientes.
Sí, de acuerdo, cinco años son un plazo muy breve cuando se tienen grandes aspiraciones para el país. Apenas dan para iniciar obras trascendentes, en todos los órdenes. Habría que pensar con seriedad –reitero, con seriedad– en la reelección presidencial. Hasta ahora esa interesante figura aparece más bien como un pedido de socorro del gobernante de turno. Y busca los atajos para salir del apuro como la mentada “enmienda”, prohibida por la Constitución Nacional.
En esta intención el candidato no está solo. Es más, hasta es posible que su interés en la reelección no sea tan ferviente como el de quienes le rodean. Esto es así porque son autoridades nacionales o regionales, altos funcionarios, gracias a la permanencia actual en el cargo del presidente de la República. Cuando ya no esté, todo se derrumbará, y de vuelta al anonimato. A la pobreza no, porque se aseguran de que el regreso a la molesta llanura ya no sea una desgracia total.
Al ciudadano de a pie, ese que se desloma en el trabajo honrado, el que apenas consigue algo para engañar al estómago, ese que desea que no llegue fin de mes porque se le acumularán las cuentas por pagar, ese ciudadano que procura salir adelante con el estudio y después para nada le sirve, ese que deambula por los hospitales públicos en busca de atención y no la encuentra, en fin, a ese ciudadano que forma mayoría en el círculo de las frustraciones, muy poco o nada le importa, ya no la reelección, sino la elección misma de un político o empresario que será igual o peor que el anterior jefe del Ejecutivo.
Decía que se debe pensar con seriedad en la reelección presidencial, pero que sea en el seno natural en una democracia: la Convención Nacional Constituyente, y para el próximo presidente de la República, no para quien se encuentre en el ejercicio del cargo. El actual o el que viene. Esto para evitar el espectáculo bochornoso, la paralización del país, las peleas interminables entre quienes quieren o rechazan un segundo mandato de Cartes.
¿Por qué no se hace por la única vía correcta?: Llamar a una Constituyente. Sospecho que los cartistas en la Junta de Gobierno y en el Congreso no quieren arriesgarse a un resultado negativo. Si la Convención tuviese más opositores que oficialistas todo quedará en aguas de borraja, por lo menos para las actuales autoridades. Pero es posible que se apruebe la reelección para el próximo presidente de la República.
Que por el camino de la enmienda es ilegal lo dice –lo dijo– el mismo asesor principal de Cartes, el Dr. Darío Filártiga quien sostuvo con todo acierto que los convencionales habían “echado candado” a la reelección a través de la enmienda. Y agregó: “La Constitución ha cerrado la vía de la enmienda para la introducción de la reelección presidencial”. Así es. Este es el mandato claro, preciso, sin posibilidades de discutir si dos más dos son cuatro o es viernes. Muchos políticos llegan al resultado delirante de que es viernes.
Desde hace un par de meses el país está paralizado porque sus autoridades nacionales y regionales del oficialismo están de lleno metidos en la campaña por la reelección presidencial. Si esta llegare a consumarse vía enmienda, y Cartes vuelve a ganar, viviremos en un país tomado por más violencia y por la inseguridad jurídica. Tendremos un gobierno ilegítimo contra el cual la ciudadanía puede levantarse apoyada por la Constitución Nacional.
Publicado por Anónimo | 30 octubre, 2016, 10:25 am
La amígdala cerebral de ciertos parlamentarios
Siempre me intrigó el poco respeto de sí mismo que tienen algunos corruptos que acceden a cargos públicos. Actúan como si no les importara lo que la gente opine de ellos, como si no tuvieran una familia avergonzada detrás.
Una cosa es cometer actos de corrupción apostando a que nadie se entere y otra es hacer algo vergonzoso a sabiendas de que la gente lo sabrá, se indignará y lo escrachará.
La recompensa debe ser enorme para justificar tanto escarnio. Seguro que usted recuerda a aquellos jueces de Pedro Juan Caballero que liberaron a un importante narcotraficante con argumentos ridículos. Sabían que habría un escándalo, que serían enviados al Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados y que perderían sus cargos. Pero en compensación, se quedaban con un dinero que superaba con creces lo que podrían ganar como jueces, con la jubilación incluida. Estos sinvergüenzas calcularon que, superada la tormenta, su desfachatez sería olvidada. En las sociedades con estándares morales laxos, eso suele ocurrir. ¿O acaso recuerda usted los apellidos de aquellos jueces?
En la política sucede lo mismo. La oferta indecente apunta a un target específico. Por ejemplo, parlamentarios con líos judiciales, sin posibilidades de reelección, con apremios económicos, o –lo es más común– con un perfil de badulaques. Es decir, políticos que tienen poco que perder, que ya se han vendido antes y que no tienen mucha reputación que cuidar.
Dije que el tema me intriga. Por eso lo investigué. Un artículo de la revista Nature Neuroscience, titulado El Cerebro se adapta a la deshonestidad, muestra los resultados de un creativo estudio de imágenes obtenidas con resonancia magnética funcional. Hay una pequeña estructura del cerebro profundo llamada amígdala cerebral que procesa todo lo relativo a nuestras reacciones emocionales, como la rabia o el miedo.
La misma registra señales intensas cuando los participantes del experimento cometen sus primeros actos deshonestos, pero la respuesta se va apagando con la repetición de los mismos.
Pero la cuestión no es solo individual. La revista Forbes comentó los resultados de otro estudio, en que se analizó el comportamiento de miles de diplomáticos del mundo que estacionaban sus autos en Nueva York. Las multas por mal estacionamiento se correspondían notablemente con los índices de corrupción mundial de la organización Transparencia Internacional. Los diplomáticos que provenían de países con alta corrupción violaban con mayor frecuencia las normas de tránsito fuera de sus países de origen.
En resumen, los parlamentarios que venden sus votos tienen dos problemas. Uno, con sus amígdalas cerebrales y, otro, con el hecho de vivir en un país que no los castiga como se merecen.
Publicado por Anónimo | 29 octubre, 2016, 8:27 am
Reelección no puede ser objeto de referéndum:
1. Si la reelección presidencial afecta necesariamente a las elecciones nacionales; y,
2. No podrán ser objeto de referéndum las elecciones nacionales (Art. 122, inc. 6 de la Constitución);
3. Entonces, la reelección presidencial no puede ser objeto de referéndum.
Enmienda de la Constitución requiere de referéndum:
1. Si la enmienda de la Constitución requiere de referéndum (Art. 290); y,
2. No podrán ser objeto de referéndum las elecciones nacionales (Art. 122, inc. 6);
3. Entonces, no se puede utilizar la enmienda para permitir la reelección presidencial, ya que dicha reelección afecta necesariamente a las elecciones nacionales y éstas no pueden ser objeto del referéndum requerido por la enmienda.
Miguel Arestivo. C.I. 3030057.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 3:13 pm
Empiezo aclarando que estoy de mal humor, pero que probablemente cambie al terminar de escribir, al estilo clima que no sabés si es primavera, otoño, verano o todo lo contrario y viceversa e inclusive.
Es que el tema este de la reelección ya me tiene mareado, lo leo a la mañana, a la tarde y a la noche, con el mate, el yogur y la sopa (la dura y la de verduras), ya no sé si se puede o no, si renuncia el que estaba o sube el que tumbaron o se suma el que nunca quiso y no sé cuántos partidos hay, o si ya nomás declaremos so’o y hagamos dos, la anti y la pro, hagamos un partido (puede ser un piqui piqui) y yae’ya.
Después, en el medio de la semana (que ya no retengo los días por el mareo del párrafo anterior) me entero que el siempre sosegado Benito le encajó un “estatequieto” al aire a Héctor, que la dueña de la radio los separó y que habrá denuncia.
¿Saben qué? Pongamos a Benito como presidente, señores. ¿No vieron el apoyo que tuvo? Si hasta lo aplaudieron sus compañeros del canal (ya sabemos que los periodistas la tienen clara y si ellos aplauden por algo es) y él, cual Rocky del micrófono, esbozó una triunfal pose.
Ese tipo de candidato nos gusta, señores; si hasta un diario puso en tapa a un conocido exfutbolista diciendo que estaba bien golpearle a Héctor (y unos cuantos criticaron al golpeado por denunciar, vaya kuña í).
Porque las cosas las interpretamos de acuerdo al color y si no lo soportamos, está bien trompearlo a Héctor. Y si es nuestro candidato, le aceptamos todo: las buenas, las dudosas y las malas y si del otro equipo, no le aceptamos nada.
Porque “poderoso caballero es Don Dinero” o más criollamente “por la plata baila el mono”, torcemos votos y voluntades, forzamos leyes y las hacemos de goma. Porque en los colegios compramos los votos para elegir las misses y en las kermesses pagamos un mil í para salir.
Revuelto, todo revuelto y complicado como el clima, tanto que ahora, al terminar de escribir esto, saldré de short y bufanda. Porque todo, todo está bien.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 10:58 am
El deseo de reelección del Presidente Horacio Cartes, es una gran manera de perder tiempo y gastar energías en algo que no tiene mucho valor. Los paniaguados de su corte y el propio mandatario deben darse cuenta que su pretensión es desmedida y va en contra de la ley. Parten de la lógica que en este país lo primero en violarse son las leyes y las normas constitucionales, pero esta vez la ciudadanía no está dispuesta a tolerarla y no es porque Cartes sea Colorado o del partido que fuera, simplemente su incapacidad e incompetencia para dirigir las riendas de la nación son tan notorias y en consecuencia el pueblo ya no puede tolerar más de lo mismo por un nuevo periodo. Aparte la burda maniobra, la ingeniería de la irregularidad que fue diseñando con su equipo político para consolidar su proyecto continuista es inaceptable en este tiempo.
Horacio Cartes llegó al poder luego de una vertiginosa carrera hacia el sillón de López, impulsado por una solida fortuna personal amasado en dudosos negocios en sus orígenes, que le daba chapa de empresario exitoso, nunca estuvo en la política, la paradoja es que la primera vez que sufragó, lo hizo para sumar su voto a los que le eligieron Presidente de la República, los electores en aquella oportunidad pensaban que era mejor un Outsider, el foráneo sin conocimientos políticos que respaldado por buenos técnicos y políticos podía armar un equipo de gobierno sólido y honesto para combatir las desigualdades e inequidades de un sistema político perimido y miserable. Lo que no se cristalizó en los hechos quedando este anhelo ciudadano solamente en buenas intenciones.
En estos tres primeros años de gobierno se profundizaron las injusticias, el sisma entre los privilegiados y los pobres se fueron ensanchando, el desempleo y la falta de oportunidades, las legiones de desarraigados del campo que huían hacia zonas urbanas formó el cinturón de pobreza que fue creciendo hasta niveles inaceptables que crearon el caldo de cultivo de las irregularidades y la precarización de la vida que fueron formando los grupos marginales que se dedicaron a la delincuencia surgiendo nuevas modalidades delictivas como los moto chorros, caballos locos, mulas de la droga, etc., unidos a la venalidad y el desinterés policial y judicial, acabaron perfeccionando este sistema perverso de criminalidad con índices insoportables al punto que la inseguridad es la segunda piel de todos los paraguayos.
Si Horacio Cartes se hubiera dedicado solamente a gobernar, si toda la energía suya y de su equipo, incluidos políticos y técnicos se hubieran dedicados solamente a trabajar por solucionar los males del país y no pensaran de manera tan insistente en la reelección, la suerte de la nación guaraní hubiera sido otra. Por eso la ciudadanía sin distinción de colores le pone la cruz y parece difícil a pesar de su gran fortuna que geométricamente aumento en este tiempo que gobierna el país, pueda seguir comprando la conciencia de la ciudadanía, esta vez pudo con tres corruptos legisladores liberales, pero el escrache y la repulsa del pueblo finalmente incidirá que estas imposturas de políticos no se sigan cometiendo y estén cerradas el camino a otro periodo de gobierno para Horacio Cartes.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 10:50 am
28 octubre, 2016 0 5
Nuestro departamento tiene la mala fortuna de elegir representantes quienes una vez en sus puestos actúan absolutamente de contramano a los intereses ciudadanos o avergüenzan con sus acciones a quienes habitamos esta región. Hubo una época en que los parlamentarios regionales representaban bochornosos espectáculos en el congreso, fueron los que en aquel momento eran denominados “parlamentarios sombreritos” por las ridículas vestimentas que llevaban a las sesiones. Era lo único que podían aportar, pues eran absolutamente huérfanos de ideas y propuestas.
Ahora nuevamente gana protagonismo un diputado regional, por acompañar el proyecto reeleccionario del presidente Cartes, violando lo establecido en la Constitución Nacional y generando el repudio de sus propios correligionarios. Es el mismo diputado, que años tras años se caracteriza por sus escasos aportes en proyectos y su rabonería en las sesiones.
Nuestra región desde hace tiempo viene siendo sacudida por una terrible crisis, que golpea principalmente al comercio, y consecuentemente a los demás sectores de la economía regional. No se avizoran perspectivas de solución cercana. Diferentes sectores de la sociedad, cada cierto tiempo, por lo menos se sientan a analizar, debatir, buscar analistas y proponer alternativas que apunten a recuperar la economía regional. ¿Dónde está la presencia y el aporte de nuestros parlamentarios en estos debates? ¿Expresaron alguna vez al menos una preocupación por la terrible inseguridad que sufre nuestra región, sobre el aumento de la delincuencias, sobre el estado de indefensión de los habitantes de la zona a quienes representan?
Se realizaron graves denuncias de corrupción en las instituciones públicas, en Aduanas, en la Fiscalía en el Poder Judicial, las municipalidades, la misma gobernación. ¿Sentaron algún lineamiento, alguna postura, estos representantes de los altoparanaense sobre estos graves problemas que afectan a sus representados? Dijeron al menos algo, aunque sea para apoyar o criticar a los denunciados, para que sepamos de qué lado están.
Son los mismos representantes quienes desde hace varios periodos calientan sus bancas, sin ningún aporte a la región, los mismos quienes durante todo el periodo se mantienen mudos ante los problemas regionales, así pasan desapercibidos, luego vuelven a integrar una lista sábana o compran un lugar en la lista para seguir otro cinco años más a expensas de los contribuyentes.
Hay que anotar sus nombres y preguntarles cuáles fueron sus aportes para la región durante los cinco años, para que cuando vuelvan a pedir votos, la ciudadanía les pase la factura con el voto castigo, la única herramienta más efectiva sancionar a los haraganes y sinvergüenzas.
http://www.vanguardia.com.py/2016/10/28/a-quienes-representan/
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 10:48 am
Para mí lo ancho, para ti lo agudo…
Este tiempo político que está viviendo nuestro país debe quedar en la historia y ser estudiado por las generaciones futuras por la variedad de situaciones y posturas, algunas lógicas, otras radicalmente ilógicas- y taimadas- que manifiesta nuestra clase política, y a la que se suma un nuevo actor, la ciudadanía, que se expresa y reacciona histéricamente en las redes sociales, aunque solamente conozca una parte de la historia, generalmente la adversa a la postura oficial, porque así da gusto.
Pero veamos primero la actuación de la dirigencia política de todos los sectores e ideologías. La virulencia de la reacción en contra de los tres diputados liberales que, contra todo pronóstico, votaron por la propuesta colorada de postergar el tratamiento de la enmienda hasta tener un dictamen de comisión.
Se los ha acusado de ser traidores, corruptos, de haber recibido 500 mil dólares a cambio de su voto, etc, solamente porque tuvieron el atrevimiento de desobedecer un mandato partidario. Nadie los escuchó cuando expusieron las razones de su proceder. Estaban condenados de antemano.
Pero, y he aquí lo llamativo, estos mismos políticos pretenden que en ambas cámaras se cuelguen letreros que recuerden que senadores y diputados no pueden ser presionados por mandatos imperativos, en un intento de que la convención colorada de mañana no tenga el poder de hacer que los republicanos que el miércoles votaron por la versión liberal de tratar la enmienda ese día y rechazarla, tengan que obedecer ninguna orden partidaria.
Así que lo que cuestionan en los tres liberales, haber votado en libertad y desobedeciendo el mandato partidario, es exactamente lo que exigen para los colorados, que tengan la posibilidad de tomar su decisión sin ninguna presión de la convención. Este simple análisis, que no pasa de ser superficial, ya demuestra a las claras que la política nacional de quienes detentan una mayoría circunstancial, está guiada por intereses particulares que nada tienen que ver con lo que disponen la Constitución y las leyes, y, mucho menos, con lo que conviene a la ciudadanía.
Una ciudadanía que, por otra parte, tampoco se detiene a analizar a fondo lo que ocurre sino que se deja manejar por los que son considerados “democráticos” sin importar todos los abusos que han cometido en estos años que llevan ocupando bancas en el Legislativo.
Rebelarse contra el poder de turno siempre tuvo su atractivo, pero llega un momento en el que el planteamiento debe ser diferente, puesto que el enfrentamiento estéril y que choca permanentemente con la realidad, no conduce a nada ni construye nada.
Pero aun así, estos supuestos rebeldes, que mientras denuncian al gobierno transan bajo la mesa con quien se les ponga a mano, siguen teniendo un discurso atractivo que solivianta a las masas y las hace reaccionar como un monstruo sin criterio ni sentido común. Así que esta ciudadanía confundida y manipulada se está autoconvocando a través de las redes sociales para manifestarse en contra de la posibilidad de reelección presidencial, cuando que ni siquiera fue capaz de reaccionar cuando los senadores dejaron sin posibilidad de mejorar los locales educativos o sin trabajo a unos 50 mil paraguayos que trabajan en la construcción.
Este es un tiempo duro, pero atractivo, que, más temprano que tarde, dejará palpable la postura de cada uno de los sectores involucrados, que serán juzgados por las generaciones futuras.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 10:47 am
Lo ocurrido en una sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados, en que con 41 votos contra 38 se decidió postergar por 8 días el tratamiento de un proyecto de enmienda constitucional, a fin de permitir la reelección del presidente Horacio Cartes, ha sido una perversa maniobra que conduce hacia la inconstitucionalidad. El plan del oficialismo colorado cartista –que acude a diversas artimañas para intentar imponer un mecanismo electoral prohibido por la Carta Magna– pone las ambiciones de poder por encima de las reglas del sistema democrático y, una vez más, estas empujan al país hacia un peligroso camino con rasgos de totalitarismo. Es de esperar que los legisladores y políticos reconsideren la situación, actúen con madurez e impidan este retroceso.
Si el célebre filósofo y político italiano Nicolás Maquiavelo hubiera vivido en el Paraguay actual, probablemente se hubiera quedado asombrado de la habilidad de numerosos dirigentes políticos sin escrúpulos, mucho más que aquellos a los que él conoció en la antigua Roma del 1500 y a quienes retrató en su obra de doctrina política titulada El Príncipe, y a quien se atribuye la famosa la frase “el fin justifica los medios”.
Lo que sucedió este miércoles, en una sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados, en que el oficialismo colorado cartista logró postergar por 8 días el tratamiento de un proyecto de enmienda constitucional, por el cual se pretende instalar la reelección presidencial –prohibida por la Constitución Nacional–, ha sido calificado por varios analistas como una operación maquiavélica.
Los colorados disidentes y los exponentes de gran parte de la oposición legislativa buscaban tratar la propuesta de enmienda en la misma sesión, con la intención de votar y de enviarla a archivo, pero fueron sorprendidos por los votos de tres diputados de la oposición liberal que favorecieron al oficialismo. Fueron los votos de los legisladores Gustavo Cardozo, Fernando Nicora y Milciades Duré, quienes han pasado a ser objeto de manifestaciones de indignación ciudadana, al ser acusados de traicionar los mandatos de su propio partido, con acusaciones no probadas de haber vendido sus votos al cartismo.
El operativo que busca la reelección del actual presidente Horacio Cartes avanza ahora en un nuevo escenario, que se apuntalará este sábado durante la convención de la ANR, en donde probablemente se planteará que los legisladores colorados que no respalden el proyecto de enmienda no puedan participar en las próximas elecciones dentro de las listas del partido. Y que estos casos se traten en el Tribunal de Conducta para establecer sanciones, que pueden llegar a la expulsión de la nucleación.
De este modo, se busca aprobar la enmienda de la Constitución en Diputados, pese a que la Cámara de Senadores ya ha rechazado un proyecto similar de enmienda, con lo cual tal tratamiento queda proscripto por un año en ambas cámaras. Pero se ponen las ambiciones de poder por encima de las reglas del sistema democrático, lo cual, una vez más, empuja al país hacia un peligroso camino con rasgos de totalitarismo. Lo llamativo es que el propio Horacio Cartes había asegurado reiteradas veces que no podía ser reelecto, porque “la Constitución no lo permite”.
Es de esperar que los legisladores y dirigentes que tienen en sus manos el destino político del país, tengan la capacidad de reflexionar, reconsiderar la gravedad de la situación y actuar con madurez e impedir que se consume un lamentable retroceso.
http://www.ultimahora.com/el-afan-reeleccion-conduce-la-inconstitucionalidad-n1035205.html
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 5:20 am
Que lo importante sea eternamente postergado por lo urgente es una norma en el Paraguay. Un país que se dice democrático, pero que sufre por el bajísimo nivel cultural, resultado del proceso lento de transformación educativa. Esta realidad deviene en una pobre memoria colectiva; con una consecuencia lógica, un pueblo que repite sus miserias, en donde lo único que cambian son los protagonistas.
Hoy, quienes están impulsado el proceso de enmienda constitucional para instalar la reelección presidencial como la panacea a todos los problemas del país, señalan que el período de gobierno de 5 años es escaso, que el trabajo realizado es maravilloso, que el liderazgo el presidente exige que continúe en el cargo y que los principales beneficiados son los ciudadanos.
Hace 10 años pasaba exactamente lo mismo. Se habló de violentar la Carta Magna desde el Ejecutivo, la gente salió a las calles y quien capitalizó esa indignación fue el “outsider” que prometía, desde la alternancia de signo político, una buena nueva para el país. Como aquel señor tenía corazón, que lo utilizó en lugar de la razón, el mismo protagonista de la gesta ciudadana, una vez electo y en el cargo, nuevamente planteó lo mismo que su antecesor, una enmienda para prologar su estadía en el Palacio de los López. El argumento, idéntico.
Las peleas coyunturales posicionan a los políticos en escenarios diferentes, en donde, gracias a la bendita alternancia en el poder, pudimos notar que la praxis es idéntica, lo único que cambia es el color de los contendientes. La excusa de defensa de la Constitución Nacional, como toda verdad en boca de mentirosos, suena falsa. Lo único claro es que el poder conmueve hasta las convicciones más férreas.
Quienes hoy acusan, antes fueron acusados y mañana, dependiendo del azar, pueden ser actores en cualquier bando. Sin olvidar a quienes se erigen en los grandes defensores de la ética y la moral, que se consideran la reserva moral de la patria, pero que no son más que marionetas al servicio de intereses mezquinos, lejanos a las necesidades reales de la gente.
Los nombres de las últimas escaramuzas servirán para completar el largo listado de anécdotas que pasarán a formar parte de un inconsciente colectivo, que lejos de saltar a la luz como sostienen los psicoanalistas, quedarán sepultados por otros escándalos que serán motivo de las tradicionales y efímeras discusiones álgidas.
La clase política actual demuestra que en lugar de buscar edificar un país que atienda los problemas del pueblo, con políticas públicas serias que ataquen la raíz del conflicto, se centra en la reelección y enmienda como fin último de sus cavilaciones. Entonces podemos reconfirmar que vivimos en un país que remienda.
Remendamos un tema acá, amenazamos con trancar otra acción allá, remendamos un punto acá, con el único objetivo de seguir con lo mismo, el manejo de los recursos del poder.
Una sociedad víctima de una dirigencia política tan egocéntrica, que es incapaz de sentarse en tiempo y forma, a plantear los cambios que necesita la Constitución Nacional e incluso a debatir seriamente si la reelección es una alternativa válida, como lo es en muchos países desarrollados del mundo; tiene que sufrir los grandes problemas estructurales que agobian.
Es grotesco el espectáculo que ofrece esta clase política putrefacta, que cíclicamente se mira al ombligo mientras miles de paraguayos siguen sufriendo una educación de baja calidad, un pobre acceso a los sistemas de salud, sobreviviendo en medio de la inseguridad, peleando para llevar un pedazo de pan a la boca, que se respeten las garantías de acceso a un empleo digno. El pueblo merece otra respuesta a sus necesidades y no estas peleas nulas de contenido en donde la puesta en escena es degradante. Y que los políticos dejen de hablar en su nombre cuando lo único que quieren es disfrutar de los beneficios del poder.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 5:19 am
Honorables… ¡hipócritas!
“No a la reelección vía enmienda. No al atropello a la Constitución”. Tales las leyendas que aparecieron ayer en los curules de los senadores pertenecientes a la “disidencia” colorada, la “multibancada” y el sector “efrainista” del radicalismo auténtico, varios de los cuales, en el pasado fueron férreos defensores de llevar a la práctica el mecanismo que ahora cuestionan tan airadamente, como en el caso de Juan Carlos Galaverna, cuando proponía una segunda candidatura de Nicanor Duarte Frutos, o de Carlos Filizzola, para habilitar a Fernando Lugo.
Tamaña contradicción pone de manifiesto uno de los problemas más serios que sufren la política y los políticos en nuestro país: Las reglas de juego de la democracia y las normas constitucionales son aceptadas o desconocidas de acuerdo a las conveniencias. Son buenas, reivindicables y merecedoras del máximo respeto que alguien pueda imaginar, siempre y cuando beneficie de manera irrefutable a quien las invoque. Si no, se las “meten en gorra”, y listo.
En el caso de la enmienda constitucional, el tratamiento que le dieron sus promotores, o mejor, el manoseo que hicieron de dicha figura, produce vergüenza, por decir lo menos. Basta señalar que los senadores responsables del proyecto fueron los primeros en proponer su rechazo, lo cual no tiene precedentes, y de igual modo pretendieron obrar en la Cámara de Diputados, aunque sin éxito, el miércoles pasado.
Lo paradójico del caso es que justifican la “estrategia”, como le llaman a lo que no pasa de ser una grotesca maniobra, alegando una causa superior, cual sería la defensa de la democracia.
Sin embargo, en el supuesto de que 23 senadores y 41 diputados logren impedir la enmienda, arrebatarán a 4 millones de paraguayos inscriptos en el Registro Electoral el derecho a decidir, Referéndum mediante, si aprueban o rechazan la reelección presidencial. ¡Vaya forma de “defender” la democracia!
La misma “lógica” aplican respecto a la convención de los partidos políticos y el mandato imperativo que pueden ejercer sobre sus representantes en el Congreso. Tanto “disidentes”, como “luguistas” y, desde luego, “efrainistas”, reivindicaron a voz en cuello la potestad de los convencionales liberales de ordenar a sus legisladores que voten contra la reelección, a la vez que condenaron el hecho de que tres diputados de dicho partido apoyaran la propuesta de postergar el tratamiento del tema por una semana.
Ahora bien, esa facultad de la Convención es aplicable solo en el caso del PLRA, no así en el del partido colorado, como sostienen los senadores Mario Abdo Benítez, Enrique Bacchetta, Silvio Ovelar y Galaverna, al igual que los diputados Carlos Maggi y Freddy D´Eclesis, entre otros, quienes adelantaron que se reafirmarán en la postura de rechazar el proyecto de enmienda aunque los convencionales colorados mañana resuelvan impulsar su aprobación.
Puestas las cosas de esta manera, “está bien” que los tres diputados liberales sean expulsados de su partido, “porque votaron contra el Directorio, la Convención, contra todos los paraguayos y la Constitución”, al decir de Efraín Alegre, en tono apocalíptico, pero “ni hablar” de dicha posibilidad, ni de ningún tipo de sanción, en el caso de que repitan sus votos negativos los diputados y senadores de la “disidencia” de la ANR, pues eso sería calificado como una “feroz persecución del cartismo”.
Conclusión, para estos señores, la única regla que importa es la que a ellos favorece, aunque contradiga principios básicos de la democracia y las leyes. Son vulgares rufianes que desconocen la ética y los escrúpulos, que de honorables no tienen nada y de hipócritas, mucho.
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 5:18 am
La semana de los “maletines”
El desvergonzado proyecto de ley presentado por el diputado colorado al servicio del presidente Horacio Cartes, Óscar Tuma, que plantea la reelección presidencial vía enmienda constitucional, propuesta que ya fue rechazada en el Senado y que, por tal motivo, según prescribe la Constitución, no debió ser tratada hasta transcurrido un año, no obstante, allanó fácilmente los escrúpulos de los diputados y el patético proyecto tuvo trámite parlamentario.
La iniciativa no tuvo la mayoría suficiente de votos para su aprobación; por el contrario, estuvo a un paso de ser rechazada; pero los cartistas consiguieron a última hora cooptar a tres diputados liberales –Fernando Nicora, Milciades Duré y Gustavo Cardozo– para conseguir una crucial postergación del tratamiento por una semana, que, a juzgar por la experiencia, se presenta como pródiga para las “negociaciones” de rigor, que muchas veces han demolido hasta las más sólidas oposiciones a determinada postura.
Es de esperar, entonces, que de aquí a la próxima fecha fijada para la consideración del mismo proyecto transcurrirá lo que podríamos denominar “la semana de los maletines”, con tentadoras ofertas que irán subiendo de monto a medida que se acerque el día de la siguiente votación legislativa. Y según se den “fugas” o “aproximaciones” de diputados, las cotizaciones subirán o bajarán, como en una bolsa de valores.
Curiosamente, el presidente Cartes, pese a que el Partido Colorado dispone de 46 bancas en la Cámara de Diputados, no obtuvo la aquiescencia de 41 que necesitaba para enjabonar los rieles del proyecto de su operador Tuma, por lo que se vio en la necesidad de “ablandar” la resistencia de tres diputados liberales –los citados Nicora, Duré y Cardozo– y “convencerles” de que apoyaran por ahora la demora y evitar el rechazo, dándole un tiempo estratégico para buscar “ablandar” algunas conciencias.
¡Qué triste papel les cupo a estos tres personajes, que fueron repudiados por sus propios correligionarios! Desde luego, a nadie puede sorprender esa actitud, pues no es la primera vez ni será la última, seguramente, que legisladores tránsfugas cambien de posición sin que se les mueva un músculo del rostro. Es que la funesta práctica de soslayar y dejar impunes la falta de principios éticos, de coherencia y de coraje personal en nuestros políticos, acabó convirtiendo a nuestras cámaras en reductos de oportunistas y sinvergüenzas, productos de las “listas sábana”, que ponen sus votos en el mercado para volcarlos hacia quien formule la mejor oferta por ellos.
Esto que afirmamos no tiene deseos de injuriar a alguien particularmente, pues es sabido que con frecuencia los propios legisladores se acusan entre ellos de vender sus votos a unos o a otros bandos, según sea cada caso. Ahora se está hablando de que las ofertas en este “tira y afloja” entre los diputados alcanzan topes de más de 150.000 dólares, según la resistencia de cada uno. En esta semana seguramente los “maletines” llegarán más abultados que nunca.
Afirmamos que este episodio demuestra una vez más que la codicia de muchos políticos y legisladores no tiene límites, pero hacemos resaltar algo que es más grave: que la estabilidad de nuestras instituciones republicanas y la integridad de nuestro sistema legislativo están actualmente puestas en manos de esta gente, ya que, con todas sus miserias morales y pese a su carencia de escrúpulos, son estos los que tienen éxito al momento de formar mayorías e imponerse en cuestiones que son de las más importantes para el futuro de la democracia en el Paraguay.
Este episodio sirve, asimismo, para reiterar este aserto de hierro: ningún gobernante debe ser reelecto en este ambiente de gran penuria ética e indigencia intelectual que se dan en nuestra política actual.
El presidente Horacio Cartes, por poner un ejemplo, desde el principio de su mandato se pasó declarando a diestra y siniestra que no le interesaba continuar en el poder sino cumplir bien con su misión, retirarse y ser bien recordado. Reiteró muchas veces que la Constitución Nacional no le permitía aspirar a ninguna reelección e, inclusive, una vez invitó a no hablar más del tema. De pronto, recientemente, en forma súbita cambió de opinión y decidió “escuchar la voz del pueblo”, como en tiempos de Stroessner, y dar alas a los obsecuentes que le calentaban los oídos con la idea de permanecer en el sillón de los López. Si se lo toma en serio, significa que su palabra no vale un céntimo.
Pero esto es lo de menos. Lo grave es: ¿para qué nos sirven la Constitución, el resto del sistema jurídico, la administración de justicia, el régimen pluripartidista y la democracia representativa y participacionista si, al final de cuentas, en los temas que realmente importan lo que se impone no son las reglas de juego legales sino el poder de hecho, la determinación de cualquier ambicioso de poder político con dinero suficiente para comprar conciencias, y un grupo de secuaces dispuestos a hacer cualquier cosa por dinero?
Si, finalmente, contra la Constitución, la ley y la decencia se impone el proyecto cartista vehiculizado por el diputado Tuma, quienes voten esta insensata iniciativa tendrán que estar dispuestos a que sus nombres y sus rostros queden en la prensa y en las redes sociales a disposición de la opinión pública con el mote de “violadores de la Constitución”, como serán recordados por el resto de sus vidas, para su propia vergüenza, la de sus familias y de sus descendientes.
Es necesario que los ciudadanos y las ciudadanas del país estén pendientes de este episodio, para conocer a quienes son dignos de merecer su confianza o a ser enviados al basurero de la historia en las próximas elecciones.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/la-semana-de-los-maletines-1532286.html
Publicado por Anónimo | 28 octubre, 2016, 5:11 am
La Cámara de Diputados frenó ayer la maniobra rastrera de la mayoría que controla el Senado, cuyo objetivo era “liquidar” toda posibilidad de enmienda constitucional para instituir la figura de la reelección, y postergó su tratamiento para dentro de una semana, previo dictamen de la Comisión de Asuntos Constitucionales. Una decisión a todas luces correcta, pues resulta inadmisible que un puñado de legisladores defina un tema de tanta relevancia política, de espaldas a 4.000.000 de electores, quienes debiéramos poder ejercer el derecho a expedirnos al respecto. Sin embargo, aunque resulte paradójico, los propiciadores de la burda jugarreta y sus adherentes, incluyendo no pocos periodistas, fueron los más molestos al ver frustradas sus desquiciadas pretensiones.
El blanco que escogieron para descargar municiones de grueso calibre fueron tres diputados del PLRA, Federico Nicora, Gustavo Cardozo y Milciades Duré, que cometieron el “sacrilegio” de votar a favor de la postergación, razón por la cual recibieron la calificación de “traidores” y “vendidos”, sin que faltaran exigencias de que sean expulsados. Pero la verdad es que no incumplieron ninguna directriz, ni de bancada, ni del partido, por lo cual si tuvieron la libertad de votar en la forma que lo hicieron fue en todo caso a raíz de una “chambonada” del mismísimo Efraín Alegre, quien se las dio de “gran burlador” y terminó “burlado”.
Lo resuelto en la víspera constituye un revés para la “gavilla” que controla el Senado, que en la víspera quiso pero no pudo reprisar su bochornosa actuación, ahora en Diputados, y en especial para la “disidencia” colorada. Ésta había conseguido que 7 diputados de la ANR evidenciaran su disposición a rechazar la enmienda y 1 se abstuviera, pero, ¿cómo podrían sostener esa posición después del sábado, cuando la máxima autoridad partidaria, la convención, resuelva impulsar dicho mecanismo?
Los dos diputados “disidentes” es probable que se mantengan en la misma tesitura. De hecho, el líder de dicha corriente, Mario Abdo Benítez, así como el senador Enrique Bacchetta, entre otros, ya adelantaron que no van a acatar lo que dispongan los convencionales en esta materia, lo que por cierto representa una bofetada a la democracia partidaria. ¿Y los demás? ¿Harán lo mismo José María Ibáñez, Danny Durand o Carlos Maggi, por citar a algunos? Este será un verdadero problema para la “gavilla”, pues basta que tres de los 8 respeten lo resuelto por la convención para que el oficialismo tenga mayoría propia como para aprobar en Diputados la enmienda.
Por supuesto que seguirán endulzándoles los oídos con “cupos” en la Contraloría General de la República, en la Defensoría del Pueblo y la Fiscalía General de la República, que ya tienen mandato vencido, que forman parte del “paquete” negociado impúdicamente entre Efraín y “Marito”. Pero aceptar ese tipo de “ofertas” e ir en contra de lo dispuesto por una convención, significaría para cualquiera de ellos “pan para hoy, hambre para mañana”, pues sus carreras políticas podrían llegar a su fin, al menos en las filas del coloradismo.
Por lo pronto, la mayoría de los diputados consiguieron evitar que ayer se consumara la maniobra perversa urdida desde el Senado, lo que hubiera representado un retroceso a la época en que se los conocía como integrantes de la Cámara de la vergüenza. Ahora resta esperar que en el curso de la semana acumulen la suficiente fuerza para que, cuando se trate el proyecto de enmienda, lo aprueben y sea finalmente el soberano, los electores, quienes digamos sí o no a la reelección.
Publicado por Anónimo | 27 octubre, 2016, 9:31 am
El Pato Donald o el chupín
En estas últimas horas el cartismo –y Cartes– despliegan artillería económica pesada para torcer voluntades y permear principios entre los legisladores. La táctica y la estrategia están claras. Liberar de escombros legales el camino a la reelección del delfín de Las Carmelitas. Aunque legalmente no se puede, se hará.
Ayer, en la sesión extra de la Cámara de Diputados, donde se esperaba mandar al archivo el pedido de enmienda constitucional para introducir la reelección a contra legis (que ya había sido rechazado en una sesión extra, tiempo atrás), no se previó lo imponderable o lo que en otros términos se entiende como maniobra. El tratamiento del tema se postergó para dentro de 8 días. No había votos colorados, en principio. No hacía falta. Tres liberales estuvieron firmes para darle una mano a Cartes (aún cuando su partido ordenó tajante no a la reelección): Fernando Nicora, Gustavo Cardozo y Miciades Duré. Este último, descubierto el martes a la noche en el piso 12 del edificio Ahorros Paraguayos junto con otros colegas azules (la mayoría molestos con la conducción de su partido por suspensiones tras ausentarse cuando se votó la intervención de la Municipalidad de Ciudad del Este, neofeudo cartista con los Zacarías). Se juntaron con el presidente de Diputados, el cartista Hugo Velázquez, quien huyó de los periodistas. Se habrían negociado altos cargos y USD 150.000 por voto.
Cartes y el cartismo necesitaban este plazo de 8 días para terminar de cerrar los tantos. Además, el sábado 29 será la convención del Partido Colorado de donde saldrá el mandato imperativo de votar a favor de la enmienda constitucional para la reelección presidencial; y quien no acompañe tal decisión no será incluido en lista alguna para ningún cargo en próximas elecciones. Así, los que hoy no hubieren acompañado con su voto el aplazamiento del tratamiento del proyecto, aunque no lo deseen deberán hacerlo la próxima vez o desaparecer de la escena política y perder todo lo que ello reditúa en dinero y tráfico de influencia.
A troche y moche va el plan reelectoral de Cartes. Un aprendiz de político, acusado internacionalmente de contrabando de cigarrillos y anexos, que alquiló un partido para ser presidente, que nunca antes siquiera se inscribió en el Registro Electoral. Que despliega desde 2013 una gestión donde aumentó la pobreza extrema, sin obras de envergadura ni resultados significativos. Que gasta millones del presupuesto público sin obras o legado importantes. Cuya impopularidad raya el 80%.
Pato Donald o chupín. Le viene igual al Partido Colorado, donde la dirigencia no dudaría en negociar hasta a su propia madre.
Publicado por Anónimo | 27 octubre, 2016, 9:20 am
Política, soberbia y ambición
Hace unos días observaba con unos chicos Kingsman, servicio secreto, un forzado filme adaptado del cómic del escocés Mark Millar de 2014, que habla de una organización de espionaje, creada por multimillonarios para luchar por la paz y el bien del mundo, pero lejos de la burocracia, la corrupción y los intereses mezquinos de políticos, jueces y presidentes de naciones. Algo absolutamente utópico, pero siempre deseado por todos.
Cada tres o cuatro años –en el mejor de los casos–, Paraguay soporta los dolores y las molestias de una destructiva pero bien conocida fiebre electoral; una que pisotea toda promesa de bien realizada meses antes y cualquier tipo de iniciativa positiva que esté en proceso en diversos ámbitos.
Por el rekutu vale todo; esa es la lógica, pues están en juego altos salarios, poder, prestigio, viajes, viáticos, entre otras cosas, y por lo cual legisladores, ministros, directores de entes, recomendados y hasta el mismo titular del Ejecutivo entran de lleno en una carrera maquiavélica que provoca mucho daño a la nación, su gente e instituciones.
Y en este juego perverso, la ambición, la soberbia y el capricho ocupan espacios en donde –por el contrario– debían marcar presencia la racionalidad, el respeto por las leyes y las instituciones, el deseo del bien común; es lo que le ocurre ahora al presidente Cartes, quien por su obsesión por la reelección contradice sus palabras, pretende violar la Constitución, justifica lo injustificable, llena las binacionales de seccionaleros, pone en peligro la continuidad de obras públicas y proyectos sociales, además de utilizar recursos del Estado y su tiempo para obtener votos, en vez de destinarlos a generar soluciones para la nación.
Es sabido que la política implica necesariamente la lucha por el poder y la negociación, pero con ellas, o en medio de ellas, no corresponde el olvido de las necesidades del país ni del compromiso asumido con su gente.
Se dice que el ejercicio de la política o del poder saca lo peor del ser humano. Sin embargo, habría que darles su justo valor y lugar, sin demonizarlos. Y como el poder no es en sí una cosa mala, cabe recordar que será el hombre, la persona, la que finalmente con su libertad debe jugarse por aquello verdadero, por ese bien común al que se deben. Un desafío enorme para aquellos que están en medio de la política, viven de ella y con ella, y que con prácticas de honestidad y transparencia buscan marcar la diferencia y responder a sus propias exigencias de justicia en una sociedad moralmente enferma; un reto que difícilmente pueda lograrse de manera solitaria, sin la ayuda de una compañía de personas unidas por el mismo deseo y fin.
Publicado por Anónimo | 27 octubre, 2016, 9:19 am

References: artículo 290
 Artículo 281
 Artículo 283
 Resolución 
 artículo 229
 artículo 229
 artículo 229