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Timestamp: 2018-12-18 21:33:14+00:00

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Cia | Pedro Aponte Vázquez
Habla Albizu sobre la IX Conferencia Internacional Americana
Hoy la tiranía y la democracia son la misma cosa, pues los ocho poderes coloniales en las Naciones Unidas mantienen un frente para perpetuar su tiranía sobre el mundo entero, acaudillados por Estados Unidos, el mismo poder cuya fuer­za gravita sobre la nación de Puerto Rico. Aunque son sólo ocho los poderes coloniales en una organización mundial de 58 naciones libres, para una proporción de 8 a 50, los poderes coloniales exigen que en cual­quier cuestión colonial que se plantee tengan ellos igualdad de representantes que los poderes no coloniales.
De ahí surge que, suponiendo que los poderes no coloniales en una Comisión sobre asuntos coloniales se mantuvieren firmes en una cues­tión determinada y los poderes coloniales por su parte se mantuvieren firmes también, la votación de una proposición determinada sería par, de igual a igual y, de acuer­do con el derecho parlamentario, cuan­do surge un empate en una discusión cualquiera, se considera la proposición derrotada. Es decir, que los poderes coloniales llevan en sí una fuerza arrolladora sobre la voluntad total de las 58 naciones que constituyen las Naciones Unidas y quien concurra allí lleva la derrota ya en el bolsillo. Eso no quiere decir que no se insista en concurrir allí, pues nuestro deber es insistir en la recuperación de nuestra soberanía nacional dondequiera que haya un foro adecuado.
Al aceptar los poderes coloniales la obligación de rendir un informe sobre las condiciones económicas y sociales de sus respectivas administraciones, Estados Unidos tuvo que aceptar esa obligación jurídica en cuanto a Puerto Rico y todos los años el gobierno de Estados Unidos presentaba un informe a las Naciones Unidas sobre el estado de la administración de Puerto Rico. Ese informe siempre tenía la tendencia a presentar las cosas aquí como sucedidas por la voluntad de Dios. Aquí los norteamericanos nunca han hecho nada malo. Aquí no hay hogares, no hay médicos, hay enfermedades, hay mucha hambre y todo eso lo confiesan ellos porque saben que el Partido Nacionalista se lo va a decir allí. Pero toda esa hambre, toda esa enfermedad y toda esa falta de médicos en Puerto Rico se debe a la explotación inmisericorde del colonialismo al que Estados Unidos ha sometido a este país.
El Partido Nacionalista logró hacerse representar oficial­mente ante las Naciones Unidas y todos los años con­curría allí a exigir el derecho de ser oído mientras el gobierno interventor insiste en que a Puerto Rico ni a ningún pueblo colonial del mundo se le oiga ante las Naciones Unidas. A todas las colonias del mundo se les ha venido negando ese derecho y es Estados Unidos quien insiste, de espaldas a la democracia, en que en las Naciones Unidas no se oiga a nadie que esté en contra de sus intereses, en que se mantenga a todo el mundo bajo una campaña de si­lencio hasta dejar de existir para que su despotismo siga sobreviviendo en el mundo.
Es cierto que en las Naciones Unidas se dispone que una entidad independiente, como el Partido Nacionalista de Puerto Rico, tenga representación oficial, reconociendo el principio de que lo que no es gubernamental puede ser más importante en la vida de las naciones que lo gubernamental, como pasa en Puerto Rico. En virtud de esa disposición es que al Partido Nacionalista lo reconocieron como entidad distinta a cualquier organización de Estados Unidos, aceptándose el prin­cipio inequívoco de que Puerto Rico es una nación distinta a Estados Unidos.
La delegación del Partido Nacionalista, en la persona de quien era entonces nuestro secretario de relaciones exteriores, Juan Juarbe Juarbe, llevó ese principio a la IX Con­ferencia Internacional Americana, celebrada en Bogotá entre los meses de marzo y abril de 1948. Allí, el Movimiento Libertador de Puerto Rico promovió el que las naciones americanas se dispusieran a completar la obra de sus libertadores y salieran de este despotismo de Estados Unidos en nuestro hemisferio. Nuestra delegación presentó la siguiente Resolución, la que puedo citar textualmente gracias a Juanita Ojeda:
1.–Que la Nación de Puerto Rico está militarmente intervenida por Estados Unidos;
2.– Que esa intervención se realizó sin que mediara la solicitud ni el consentimiento de la nación intervenida;
3.–Que tal intervención es sostenida por Estados Unidos alegando derechos supuestos adquiridos sobre Puerto Rico en la cesión hecha por España a Estados Unidos en el Tratado de París de 1898;
4.–Que ese Tratado es nulo y sin valor en lo que a Puerto Rico concierne porque Puerto Rico era una nación autónoma en la fecha de su negociación y nunca intervino en ella, ni ratificó dicho tratado en ningún momento;
5.–Que España no podía ceder a Puerto Rico, ya que, como nación autónoma, Puerto Rico no era res in comercium y el reconocimiento de su autonomía, hecho por España el 25 de noviembre de 1897, obligaba a España y a todas las naciones civilizadas;
6.– Que el reconocimiento de la autonomía no es revocable por el poder otor­gante ni puede ser negado por un tercero;
7.– Que Puerto Rico vive desde el 25 de julio de 1898 bajo un régimen colonial impuesto por Estados Unidos, régimen que ha suprimido los derechos civiles, aherrojado la expresión de la voluntad nacional, sometiendo al país a un proceso de yanquizamiento, arrui­nando su comercio, finanzas, agricultura e industria;
8.– Que la explotación económica extranjera y la falta de un gobierno nacional responsable han producido la ruina de la salud de la nación;
9.–Que la población de Puerto Rico ha sido víctima de intentos para su eliminación física, sufriendo en la actualidad el desarrollo de un programa de desalojo de su tierra ejecutado por el poder interventor;
10.–Que desde principios del siglo XIX Puerto Rico luchó por su independencia política;
11.– Que todas las naciones hispanoamericanas reconocieron esa voluntad puertorriqueña de independencia y se solidarizaron con ella;
12.–Que en 1868, en lo que la historia registra como El Grito de Lares, Puerto Rico en armas proclamó su independencia y constituyó la República, movimiento que fue debelado por España;
13.–Que en 1869, el Primer Ministro de España reconoció la madurez política de Puerto Rico y declaró que su destino cercano era la independencia;
14.–Que el otorgamiento de la autonomía por España en 1897 constituyó el reconocimiento pleno por el poder colonizador de la voluntad libertaria de Puerto Rico;
15.–Que la intervención norteamericana en Puer­to Rico ha privado a esta nación americana de colaborar con las demás naciones hermanas en el plano internacional;
16.– Que el derecho público americano condena toda conquista, agresión o intervención, así como la expansión territorial realizada por la amenaza de la guerra o la presión de la fuerza armada;
17.–Que el principio fundamental de la asociación internacional americana es la consagración a la defensa de la independencia y la libertad de las naciones americanas;
Único: Que la IX Conferencia Internacional Americana resuelva invitar a Estados Unidos a que, como reafirmación práctica del derecho de las naciones a su independencia y como demostración ante el mundo del respeto que entre sí guar­dan las naciones americanas a sus derechos recíprocos, dé término inmediato a su intervención semicentenaria en Puerto Rico auspiciando, con ese fin, la restauración de la República de Puerto Rico mediante la celebración de la Convención Constituyente a la mayor brevedad posible.
Diversas delegaciones, entre estas las de Guatemala, Venezuela y Ecuador, apoyaron de inmediato nuestra Resolución. Cuando se sometió a votación la Constitución de la Comisión de Territorios Dependientes para la liquidación de las colonias francesas, holandesas, inglesas y de Estados Unidos, es decir, las Islas Vírgenes y Puerto Rico, el General George Marshall, entonces Secretario de Estado de Estados Unidos, la combatió y quiso sobornar a toda Latinoamérica diciendo que Estados Unidos podía comprometer de antemano una cantidad de $500,000,000 en ayuda para la América Latina. Este señor insolente, como son los norteamericanos en el poder, creyó que todas las delegaciones latinoamericanas se iban a poner de pie para aplau­dirlo delirantemente como si fueran los populares de Puerto Rico, pero se encontró con que nadie se puso de pie y nadie aplau­dió. Marshall se sintió por primera vez en su vida con un poquitito de vergüenza en el rostro y abandonó la sesión primaria al ver que su oferta era rechazada por pueblos de orgullo nacional y de honor.
De todos modos, los norteamericanos insistieron en que esta Comisión no se estableciera, pero la Comisión se estableció con 21 naciones americanas independientes y se dispuso que, para que hubiese quórum para la liquidación del coloniaje, se requiriera dos terceras partes de las naciones americanas (14). Los norteamericanos, para impedir que se formara el quórum, anunciaron que se retirarían y después de anunciarlo reconsideraron y dijeron que concurrirían. El mismo Marshall rectificó y muchos se tragaron la idea de impedir que se reuniera el quórum necesario para la Conferencia.
A pesar de todas las presiones de Estados Unidos, 13 naciones –Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Panamá, Paraguay y Perú– se reunieron y, aunque hubo dudas sobre la aplicabilidad de la referida Resolución al caso de Puerto Rico, por lo que la cuestión quedó en suspenso, la Comisión de Territorios Dependientes al menos expresó su deseo de que Puerto Rico recupere su independencia.
En Bogotá quedó evidenciado el hecho de que, aunque los poderes coloniales han podido agarrotar a las Naciones Unidas por medio del mencionado sistema de votación, ante las naciones americanas el cuento es otro. Es por eso que los norteamericanos, por primera vez en su historia, tuvieron que confrontarse con los crímenes de su imperio. Los norteamericanos por primera vez en su historia no se atrevían a comparecer ante una asamblea internacional a pesar de que siempre se han presentado con esas caras lavadas de tocino blanco, con ese desparpajo que caracteriza a un país que no vacila en recurrir al asesinato político, a un país que ha asesinado a casi todos los nativos que había dentro de sus fronteras.
La delegación de Estados Unidos no votó cuando se llevó a votación la Resolución y luego amenazó con boicotear la Comisión que la Resolución creó. Simultáneamente, el gobierno de Estados Unidos, empeñado en des­viar a su antojo el curso de la Historia, recurrió incluso al derrocamiento de gobiernos que apo­yaron con sus votos la creación de la Comisión y hasta promovieron el asesinato del patriota colombiano Eliécer Gaitán.
La Conferencia aprobó la Resolución XXXIII que estableció la Comisión de Territorios Dependientes y le tocó a Ia nación cubana el privilegio designado por las naciones ame­ricanas para que fuese La Habana Ia sede de esta tras­cendental conferencia para la liquidación del coloniaje en el Nuevo Mundo.
Sobre este asunto, el Senado de Puerto Rico le dijo a la gran magna asamblea, a los pueblos que se reunieron en la Habana, que esos pueblos no tenían ningún derecho a decir que Puerto Rico debe ser libre, soberano e independiente. Ningún esclavo puede opinar sobre libertad del hom­bre porque no sabe qué es libertad y por eso es esclavo.
El hombre o la mujer que renuncia a su dignidad de libertad como ciudadano o que renuncia a la libertad de su nación no tiene derecho a opinar sobre su persona.
Cuando todavía estaba en preparativos la IX Conferencia de Estados Americanos de 1948 en Bogotá, comenté que el gobierno de Estados Unidos habría de recibir una lección durante ese importante evento internacional. Me refería a que Estados Unidos habría de enfrentar allí una fuerte resistencia de los hermanos pueblos latinoamericanos a sus maniobras de manipulación de la política regional, sobre todo en lo que respecta a nues­tro Movimiento Libertador. Como ya he dicho, así resultó para frustración y enojo del general Marshall y su séquito diplomático, así como para todo el aparato imperialista norteamericano, pues la Resolución de Bogotá establece la liquidación del coloniaje en las Américas. El Partido Nacionalista de Puerto Rico fue y es la organización que gestionó la Resolución de Bogotá y logró que se insertase una cláusula para que pudiesen comparecer, por su propio derecho, las entidades interesadas.
No contábamos los Nacionalistas en aquel momento con que la CIA hubiera de aprovechar la coyuntura para tramar el vil asesinato del líder revolucionario colombiano Jorge Eliécer Gaitán en una calle de Bogotá justo cuando se proponía reunirse con representantes de organismos internacionales estudiantiles y sindicales. Allí estaba, por supuesto, la mano oculta de la CIA, pues Estados Unidos no podía aceptar que un patriota insobornable, defensor incondicional de su pueblo, un hombre de la dedicación y entrega de Gaitán llegara a la presidencia de Colombia.
Parte integral de la trama de aquella conspiración era no sólo quitar del medio a Gaitán, sino achacarles a los comunistas la natural indignación del pueblo colombiano. Por eso llegaron al absurdo de especular que mi citado comentario en torno a la lección que habrían de recibir los norteamericanos durante la reunión en Bogotá de­mostraba que los comunistas –no los Nacionalistas, sino los comunistas– habían planificado el asesinato y las manifestaciones populares subsi­guientes. Lo mejor que le podría suceder a Colombia dentro del contexto de la resistencia del pueblo ante la intervención yanqui en su territorio nacional sería recordar siempre a Gaitán y las circunstancias de su muerte.
Fragmento del libro Las memorias que don Pedro no escribió, disponible en Librería Norberto González en Río Piedras, en El Candil en Ponce y en http://www.lulu.com/spotlight/albizu.

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