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Timestamp: 2020-02-28 09:28:32+00:00

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METEORITOS, núm. 11. Septiembre Octubre 2018. by Jose Garcia - Issuu
METEORITOS, núm. 11, Septiembre 2018
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Petrografía, Geoquímica, Ciencias Planetarias SUMARIO
Página 4 EDITORIAL; COMIENZA EL CURSO. José García. Director. Página 5 NOTICIAS DEL ESPACIO. Meteoritos recuperados. Página 7 ECLIPSE TOTAL DE LUNA. 27 de julio. Página 8 BIBLIOTECA RECOMENDADA. Meteoritos caídos en la Península Ibérica. Página 9 LABORATORIO PETROGRÁFICO MCM. Las rocas del espacio, a estudio. Página 15 CLAUSURA DE “METEORITOS, LA EXPOSICIÓN” 2018. Página 26 CRÁTERES DE IMPACTO COMPLEJOS. R. Bartali y M. Colli. Página 46 HAYABUSA 2. Primeras fotos del asteroide Ryugu. Página 47 EXPEDICIÓN SAHARA 2018. Retorno al desierto. Página 51 INICIO DEL CURSO 2018/19. Guía de actividades escolares del MCM. Página 56 ZHAMANSHINITAS E IRGHIZITAS. Análisis de los vidrios de impactos de Zhamanshin.
Queridos amigos. Finaliza el verano, retornamos a la rutina anual, al nuevo curso, vuelta al trabajo, a los estudios, y con el mejor sabor de boca de un verano lleno de eventos de élite. Estos pasados meses han sido vertiginosos. Ayer concluyó METEORITOS, LA EXPOSICIÓN, que este verano ha estado abierta al público en El Puerto de Santa María, y que inauguramos gracias a la labor organizadora del Comité para la Divulgación de la Ciencia y el Espacio, y del Parque Metropolitano Marisma de los Toruños y Pinar de la Algaida, de la Junta de Andalucía.
Y como siempre, novedades del mundo de la Ciencia del Espacio, astronáutica y exploración espacial ocuparán nuestras noticias. Y retomando el meticuloso análisis que expertos de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México) están llevando a cabo, les traemos un trabajo excepcional sobre los cráteres complejos de impacto. Un trabajo de investigación de los Doctores Bartalli y Colli. Abordamos también parte de un estudio llevado a cabo sobre vidrios de impacto del cráter de Zhamanshin, como preludio al próximo número de la revista, en el que trabajaremos sobre tectitas y vidrios de impacto.
Pero no ha sido el único evento. El 27 de julio fuimos testigos de un eclipse lunar que tiñó de rojo la luna durante más de una hora. Desde Canarias la Luna apareció por el horizonte eclipsada, y fuimos muchos los que nos reunimos para documentar el fenómeno. Les contamos nuestra experiencia. Ahora afrontamos una nueva etapa en la que toca organizar todo un curso de actividades, como cada año. Vuelven los DINOSAURIOS a las aulas, por tercer año consecutivo y con un éxito sin precedentes. Una actividad de extraordinario valor didáctico para el alumnado y que en los últimos años ha sido solicitada por numerosos centros educativos de nuestra Isla. Por supuesto estamos ya organizando la nueva aventura en Sáhara. Avanzamos los preparativos de la Expedición Sáhara, edición 2018 de la que puntualmente les iremos dando noticias.
Petrografía, Geoquímica, Ciencias Planetarias
Recuperados fragmentos del Asteroide 2018 LA. habría caído el meteorito. Científicos consideran que dichos fragmentos pertenecen a la caída del asteroide.
Ocurrió a principios de junio, y en el pasado número de la revista nos hacíamos eco de la noticia. El pequeño asteroide 2018 LA descubierto hacía solo unos días, adoptó trayectoria de impacto y finalmente hizo incursión en la atmósfera hasta caer en tierras de Botswana. Pues bien. El pasado día 6 de julio supimos que diversos fragmentos frescos de meteorito fueron recuperados en la zona donde presumiblemente
Foto © Peter Jennisken.
Próximamente conoceremos si efectivamente el fragmento recuperado pertenece al evento reportado, y en su caso, su clasificación.
Meteorito caído en el Pacífico es recuperado. El 7 de marzo, tres estaciones meteorológicas de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) detectaron la caída de un meteorito a unos 25 kilómetros de la costa del estado de Washington. "La caída fue ampliamente vista y escuchada en las zonas costeras; llegó con algunos ruidosos estampidos sónicos", dijo Marc Fries, experto en polvo cósmico de la NASA.
De esta forma, NASA y el buque de expedición NAUTILUS comenzaron la búsqueda de posibles fragmentos en el lecho marino del meteorito caído. El 2 de julio se lanzaron los vehículos submarinos ROV HERCULES y ROV ARGUS para realizar una exploración visual de diversas zonas, entre las que se incluía la de posible caída del meteorito. El trabajo se prolongó durante siete horas, en las cuales se recuperaron diversas muestras gracias a los instrumentos de a bordo, consistentes en una manguera de succión, una placa magnética y una cuchara de sedimentos. Tras la emersión, el material recuperado dio para otras 6 horas de tamizado en el laboratorio húmedo, donde el Dr. Fries llevó a cabo un primer análisis visual que concluyeron con dos pequeños fragmentos de costra de fusión. Del resultado de los análisis de datos obtenidos por los radares meteorológicos se estima que la caída puede tener una masa de unas 2 toneladas, siendo la mayor observada en 21 años. Esperamos resultados de los próximos análisis que confirmarán si los fragmentos recuperados son del meteorito y si se recuperarán o no más fragmentos
El pasado 27 de julio tuvo lugar un evento que esperábamos hacía mucho tiempo. Unos lo llaman Luna de Sangre, otros apocalipsis. Lo cierto es que se trata del eclipse total de luna más largo del siglo. Durante casi dos horas la Luna se tiñó de rojo en el tiempo que tardó en cruzar el plano de la eclíptica y recibía la sombra terrestre.
Hacia las 11 de la noche, hora canaria, concluíamos una actividad que quedó reflejada en decenas de fotografías que los asistentes pudieron tomar con sus teléfonos móviles a través del objetivo de los telescopios.
Desde Canarias lo hemos vivido intensamente. Y es que la luna ya apareció eclipsada en el horizonte, sobre el mar. Fue un espectáculo que un nutrido grupo de más de medio centenar de personas pudimos presenciar y disfrutar a través del telescopio. Les traemos la crónica del eclipse. Se ha tratado de un eclipse ampliamente seguido desde parte de Asia, África, Europa y América, y sin duda uno de los más largos de los últimos años. La fase de penumbra se alargó por espacio de 06 horas, 13 minutos y 48 segundos. La fase parcial duró en torno a las 3 horas y 54 minutos, mientras que su fase total se prolongó por espacio de una hora y 43 minutos. Nos reuníamos en las inmediaciones de Pozo Izquierdo, en Gran Canaria, un grupo de visitantes para observar el eclipse. Se montaron dos telescopios para que todos presenciáramos las maravillosas vistas del fenómeno. Por espacio de más de una hora pudimos disfrutar del fenómeno, al tiempo que fuimos enseñando a los asistentes la localización de las principales constelaciones en el cielo. La noche dio paso a una observación de los principales planetas que en esos momentos estaban ya bien visibles en el cielo, tanto Marte, que se encontraba a pocos días de su oposición con la Tierra, como Júpiter, Saturno y Venus.
Arriba, eclipse, foto tomada por astrónomos de la empresa www.astrogc.com en Gran Canaria.
Meteoritos caídos en la Península Ibérica. Del Dr. Faura y Sans. Actualmente, salvo una publicación del MNCN sobre meteoritos en España, no existe bibliografía actualizada de los mismos. Por ello es importante mantener vivos los escritos antiguos. Es este caso, METEORITOS CAÍDOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA, donde el Dr. Faura y Sans nos deleitaba con casi 70 páginas de información sobre los meteoritos estudiados en la época y con los medios de entonces. Este mes recomendamos este facsímil, reproducción fidedigna del libro del Dr. Faura. Una obra que no puede faltar en las bibliotecas de ningún coleccionista, en blanco y negro, con ilustraciones y resultados de análisis realizados a las muestras. Se imprimen por encargo, previo pago, consulte condiciones para su adquisición. Precio por ejemplar; 25 €. DÓNDE COMPRARLO. Interesados en su adquisición, pueden hacerlo a través del Museo, al correo electrónico; direccion@museocanariodemeteoritos.com
Desde que en 2015 comenzáramos la andadura del Museo Canario de meteoritos en el campo de la investigación científica en ciencias planetarias, aprovechando el notable incremento de piezas asteroidales y planetarias en la colección, y dado que éstas piezas requerían de un control y un cuidado exquisito, se hizo necesario habilitar un área técnica donde verificar el estado de conservación de las mismas, controlar sus defectos, y corregirlos. Pero también se produjo por esas fechas un hito importante en nuestra carrera; el descubrimiento de nuevos meteoritos en Sáhara de especial interés geológico. Esto nos llevó a pensar en habilitar el área técnica con instrumental necesario para la preparación y estudio de muestras, ya que se nos hacía imprescindible así mismo para los nuevos procesos de clasificación internacional que pensábamos llevar a cabo. Gracias a la inestimable colaboración de la Universidad Politécnica de Cataluña, se llevó a cabo la clasificación internacional de las eucritas NWA 10909 (monomíctica) y NWA 11397 (polimíctica). Su intervención fue crucial para la determinación de la composición geoquímica de los meteoritos, y también para la confirmación de la composición mineralógica de los mismos, con cuyos informes se pudo concluir ambos procesos clasificatorios. Después se procedió a incorporar instrumental para llevar a cabo el corte, pulido y
preparación de secciones y secciones delgadas. Gracias a este instrumental se pudieron realizar decenas de secciones delgadas nuevas que sirvieron de base de estudio de la composición petrográfica de las muestras preparadas. La instalación del microscopio geológico y su adaptación como petrográfico con los filtros convenientes, el tratamiento de las secciones, y otros detalles han permitido tener acceso a un instrumental de calidad para analizar la petrografía de los meteoritos. Se trata del primer paso, crucial, para determinar la tipología de la mayoría de meteoritos. En la actualidad el MCM cuenta con su propio Laboratorio de Petrografía de Meteoritos, desde donde se lleva a cabo la labor de investigación, identificación y certificación de meteoritos. Es por ello que hasta aquí están llegando multitud de muestras desde distintas partes del mundo para su estudio, así como decenas de meteoritos recuperados en los desiertos. Casi un millar de muestras han sido analizadas en el laboratorio en estos últimos 3 años. A los meteoritos se unen otro tipo de muestras de especial interés; las impactitas y otros fenómenos de impacto, ya que desde que comenzamos a recuperar muestras de este tipo de rocas se ha incrementado notablemente el número
de secciones de estudio. Se han documentado características de especial interés en muchas de estas rocas, algunas de las cuales hemos venido publicando en diversos artículos de esta revista. Ya que para llevar a cabo la certificación y clasificación de los meteoritos es necesario verificar que verdaderamente lo son, y de qué tipo, se hace imperativo preparar en ocasiones secciones delgadas. Conocemos algunos de ellos que tienen su análogo terrestre (p.e. diogenitas vs. Peridotitas) e incluso gabros lunares y gabros terrestres cuya diferencia óptica radica en manifestaciones microscópicas (obviamente también geoquímicas). De esta forma se precisa la elaboración de secciones delgadas para dilucidar su naturaleza. Se procede al corte de las muestras, a la elaboración de una superficie pulida y otra delgada que tras ser sometidas al estudio microscópico despejará las dudas de su petrogénesis, su petrografía y composición mineral.
Dos secciones delgadas; izquierda, monomíctica. Derecha, diorita terrestre.
En ocasiones nos echamos las manos a la cabeza cuando solicitamos presupuesto a un laboratorio para llevar a cabo el análisis de nuestras rocas, en orden a establecer su compatibilidad como meteoritos, y al recibirlo observamos la cantidad presupuestada. De sobre las tarifas que los laboratorios tienen para estos menesteres existe un amplio abanico, dependiendo por supuesto del tipo de análisis a realizar, y de otros muchos factores. Por lo general las tarifas del laboratorio oscilan entre los 40 y los 5000 euros. Hay laboratorios dedicados exclusivamente a sus clientes, y otros, como es el nuestro, dedicado a a nuestras colecciones y a nuestros estudios, pero que ofrecen la posibilidad a otras personas de llevarles a cabo sus estudios básicos, y en orden a eso, las tarifas son más económicas.
Se da en todos los casos, que los laboratorios exijan una cantidad determinada del material a estudiar, y esta cantidad puede variar, no arbitrariamente por el hecho de pedir más o menos cantidad sin sentido. Los laboratorios en todos los casos trabajan con las cantidades mínimas requeridas para los estudios a realizar, pero estas cantidades pueden variar. Por ejemplo, llevar a cabo un estudio geoquímico apenas requiere menos de un gramo. Mientras tanto, realizar un estudio petrográfico requerirá que la muestra tenga una superficie amplia mínima de 2 centímetros cuadrados. En ocasiones, como es el caso de las brechas polimícticas, llevar a cabo un estudio fino requiere realizar varias secciones y diferentes análisis, por lo que se puede solicitar una cantidad mayor de material a estudiar. Sobra decir que cuanta mayor cantidad de muestra se aporta, más fiabilidad serán los resultados ya que los técnicos podrán escoger el material más idóneo para sus análisis, e incluso habrá material suficiente para poder realizar diversos análisis. Es el caso de las impactitas, o brechas de impacto de los cráteres. Estudiar una roca de una determinada localización puede aportar información valiosa. Pero esa información se hará en extremo interesante cuando se aportan rocas de distintas localizaciones de una estructura a estudiar, distintas muestras diferentes, y de distinta profundidad. Esto es importante, porque en los procesos de formación de los cráteres de impacto se forman diversos materiales dependiendo de su localización, y cuya diagnosis es crucial para poder determinar fehacientemente si todos ellos reúnen características propias del evento de su génesis. Usualmente cuando un cliente aporta una muestra de meteorito para su estudio y certificación, suelen ser muy parcos con las muestras, y a veces apenas encontramos un pequeño vial con escorias, polvo o pequeños fragmentos raspados de una masa mayor. No se puede realizar un estudio petrográfico fiable de tales muestras.
lo sea, pero hasta no saber realmente qué es la roca, y poder tasarla, el valor de la misma es CERO. Solo tienen una roca. Si tras el análisis correspondiente se determina ser un ejemplar valioso, no habrá perdido nada, sino ganado mucho, aporte una cantidad adecuada o no a su estudio. Aquí es importante decir que las muestras aportadas, sean lo que sean, para un laboratorio solo tendrán valor científico, y ese sí será muy valioso en orden a la cantidad de información científica que aporte a los técnicos que la estudien. La petrografía estudia no solo los granos minerales, sino su estructura cristalina, sus anomalías, su disposición, cómo se integran en una matriz de otros minerales, etc. Para ello se requiere una sección sin modificar su disposición.
Para aquellos interesados en solicitar estudio de muestras en nuestro laboratorio, pueden contactar con nosotros al correo adjunto a continuación. direccion@museocanariodemeteoritos.com
Está también la contraparte de que no envían una cantidad adecuada de la roca porque creen que es muy valiosa a título económico. Es posible que
Pueden solicitar información, o visitar la web www.museocanariodemeteoritos.blogspot.com/p/la boratorio.html
Northwest Africa 11803 Información básica
Nombre: Northwest Africa 11803 Este es el nombre OFICIAL del meteorito. Abreviatura: NWA 11803 Caída observada: No Año de hallazgo: 2017 Pais: Argelia Masa: 442 g
Historial de clasificación:
Eucrita brechada Recomendada: Este es 1 de 151 meteoritos aprobados clasificados como Eucritas brechadas.
Aprobado el 28 de mayo de 2018
Escrito desde MB 107: Northwest Africa 11803 (NWA 11803) Argelia. Comprado: 2017 Agosto. Clasificación: HED acondrita (Eucrita, brechada) Historia: Supuestamente encontrado en Argelis y comprado por Gary Fujihara en Agosto 2017 de un comerciante marroquí. Petrografía: (A. Irving y S. Kuehner, UWS) Brecha compuesta de grandes clastos eucríticos gabroicos en una matriz de grano muy fino, vesicular, fundida y enfriada que contiene detritos minerales angulares. Los clastos eucríticos (tamaño del grano superior a 2 mm) consisten en pigeonita en exolución, plagioclasa cálcica, sílice polimorfa, ilmenita, troilita y metal sin níquel. Los piroxenos en la matriz incluyen ambas formas pigeonita y ferropigeonita. Geoquímica: Clastos eucríticos gabroicos: ortopiroxeno host (Fs61.1Wo2.1, FeO/MnO = 33), lámelas de exolución de clinopiroxeno (Fs27.3Wo42.4, FeO/MnO = 33), ortopiroxeno host (Fs51.7Wo2.0, FeO/MnO = 35), lámelas de exolución de clinopiroxeno (Fs20.3Wo44.5, FeO/MnO = 26), plagioclasa (An91.3Or0.2). Matriz: pigeonita (Fs44.2Wo11.6, FeO/MnO = 32), ferropigeonita (Fs70.3Wo23.1, FeO/MnO = 38), plagioclasa (An89.7Or0.2). Clasificación: Eucrita (gabroica, brecha de matriz fundida). Especimens: 22 g incluida una sección delgada pulida en UWB; el resto con Mr. G. Fujihara.
Data from: MB107 Table 0 Line 0:
Lugar de compra: Fecha Masa (g): Piezas: Clase: Estado de Shock Grado Weathering Ferrosilita (mol%): Wollastonita (mol%): Clasificador: Masa espécimen tipo (g): Localización espécimen tipo Masa mayor Comentarios
UWS: Universidad de Washington, Dpto. Ciencias de la Tierra y el Espacio, 70 Johnson Hall, Seattle, WA 98195, USA. UWB: Universidad de Washington, Box 353010 Seattle, WA 98195, USA.
Marruecos Agosto 2017 442 1 Eucrita brechada Alto bajo 61.1; 27.3 2.1; 42.4 A. Irving y S. Kuehner, UWS 22 UWB G. Fujihara GF18-2; inscrito por A. Irving
CLAUSURA DE “METEORITOS, LA EXPOSICIÓN” 2018.
El pasado 31 de agosto se clausuraba la exposición de meteoritos que durante todo el verano ha estado expuesta al público en el Puerto de Santa María (Cádiz). Más de un centenar de rocas procedentes de fuera del planeta han hecho las delicias de curiosos, estudiantes, astrónomos, que han podido admirar estas piezas que conservamos en el Museo Canario de meteoritos.
Debo decir que ha sido un periodo de tiempo muy productivo, dos meses, pero que durante este periodo de tiempo sentido auténtico pánico. La razón es obvia, era la primera vez que una colección tan grande, de tanto valor económico y científico, salía del museo para ser expuesta en otro lugar del mundo. Como curador de las colecciones del museo he sentido miedo, no por el hecho de que roben algún ejemplar, sino ante el temor de que pudieran sufrir algún deterioro que privara a las generaciones del futuro de este material científico. Y es que los meteoritos son rocas que proceden de fuera del planeta y por lo tanto es en este planeta donde se encuentran en un ambiente profundamente agresivo y absolutamente diferente de su hábitat natural. La elevada concentración de oxígeno atmosférico es el factor más importante que interviene en el proceso de integración de los materiales al planeta. Este proceso bien conocido por los físicos y los químicos lo llamamos oxidación. Cualquier componente químico que se combina con el oxígeno producirá un óxido. Es un proceso habitual ya que los átomos tienden al equilibrio químico mediante la cesión de electrones produciendo de esta manera los enlaces necesarios para la formación de nuevas moléculas más estables al medio en que se forman.
preservados en sus vitrinas, otros conservados de forma hermética bajo condiciones muy estrictas, otros en cámaras de seguridad, y es ahora que paseo delante de esas vitrinas que soy consciente del privilegio que supone estar frente a ellas.
Foto; Paqui García.
Preservar los meteoritos es una tarea ardua, complicada y no exenta de riesgos, sobre todo, porque el factor oxidación en ocasiones es muy difícil de controlar. Por otra parte también he sentido una cierta inquietud dado que las muestras se encontraban expuestas al público a 2000 km de distancia del museo. Es inevitable. Creo que es esa necesidad que tenemos de proteger lo que es irreemplazable. Y en el caso de los meteoritos hay además un factor que es fundamental, además de ser irremplazables, son muestras científicas extraordinariamente sensibles. Sin duda es un orgullo para mí, es emocionante, conservar una colección de tales características, poder acceder a ella en cualquier momento para llevar a cabo diferentes estudios en las distintas ramas imprescindiblemente relacionadas. Para poder disfrutar de este material científico es necesaria su adecuada conservación. A pesar de todo debo decir ha sido una experiencia gratificante ya que cientos de personas han podido contemplar estás joyas científicas en directo. No todos los días se ven rocas procedentes de la luna, de los asteroides, de Marte, etcétera. Pero en el museo ha quedado una importante colección de estos meteorito, bien
En el tomo 8 de la enciclopedia Salvat de las ciencias leemos; los meteoritos son cuerpos sólidos que caen sobre la superficie terrestre procedentes de los espacios interplanetarios. Constituyen objeto de estudio desde diferentes puntos de vista; interesan al astrónomo, que trata de determinar su órbita antes de entrar en contacto con la atmósfera terrestre: al mineralogista, que encuentra en ellos nuevos minerales, junto con otros que ya se conocen en la Tierra; al petrólogo, que estudia la asociación mineralógica que los constituye y su probable modo de formación; al geoquímico, que de su composición química obtiene deducciones sobre la del interior del globo, pues se presume que los meteoritos proceden de la fragmentación de uno o más cuerpos planetarios análogos a la Tierra, así como sobre la composición media del universo, o de las regiones extraterrestres de las que proceden los meteoritos. Pero el interés máximo de los meteoritos, que reúne las investigaciones astronómicas con las de los especialistas de las ciencias geológicas mencionadas, estriba en la posibilidad de deducir de su estudio indicios acerca de la formación de los planetas y sobre el origen del sistema. Pasear por un museo de meteoritos es una auténtica aventura sobre todo cuando somos conscientes de que lo que estamos observando en esas vitrinas son rocas que han viajado por el sistema solar, que se formaron hace miles de millones de años y que en ocasiones son más antiguas que el propio planeta en que vivimos. Llama poderosamente la atención cuando contemplamos en las vitrinas esos meteoritos que conocemos con el nombre de condritas. Su procedencia son los asteroides del cinturón principal que se encuentran orbitando al sol en las regiones intermedias entre las órbitas de Marte y Júpiter. Esas condritas como su propio nombre indica están formadas
principalmente por unos corpúsculos en ocasiones la mayor parte submilimétricos y que llamamos cóndrulos. La edad radiométrica de las condritas en la actualidad se ha establecido en torno a los 4500 millones de años, lo que indicaría que se formaron apenas 100 millones de años después de la formación del sol.
frágiles a las que dudosamente podríamos calificar como tales. Posteriores procesos químicos producidos por la desintegración radiactiva de elementos de vida corta tales como 26Al, produjeron el suficiente calentamiento de estos materiales como para producir la compactación de estas rocas.
No cabe duda que estas rocas son auténticos tesoros para la ciencia, libros de historia natural, rocas que nos enseñan los secretos del origen de nuestro sistema planetario, y por extensión, el posible origen de otros sistemas estelares. Abordar el estudio de las condritas sin duda es una labor extraordinaria.
Usualmente no estamos acostumbrados a estudiar rocas procedentes de fuera de la Tierra. Los geólogos conocen la formación y tipos de rocas sedimentarias, metamórficas e ígneas, pero afrontar el estudio de rocas que en ningún momento de su historia ha sufrido procesos de diferenciación magmática es todo un reto para las ciencias geológicas. Su formación está bien estudiada, estas condritas se formaron como consecuencia de la acreción gravitatoria de los elementos sólidos existentes en la nebulosa presolar. Este material friable ha sido la base de formación de los asteroides y por lo tanto de los detritos desprendidos en las colisiones ocurridas en el cinturón principal. Pero como podemos imaginar la acreción de polvo nebular daría como origen rocas muy
Si bien la mayoría de las condritas que hoy conocemos son rocas muy duras en cuya composición intervienen distintos porcentajes de metales, principalmente camacita (aleación de hierro con un 5,5% de níquel) también conocemos condritas a las que llamamos regolíticas dado que su origen estriba en el regolito de los asteroides. Estas condritas regolíticas son rocas algo más frágiles que el resto de condritas. No por el hecho de que no hayan sufrido el mismo grado de temperatura que las anteriores, sino porque su origen en la superficie de los asteroides implicaría que con frecuencia estos materiales han sido objeto de un proceso que llamamos erosión espacial y que se produce como consecuencia del continuo bombardeo de micrometeoritos en dicha superficie asteroidal. Estos materiales, por tanto, poseen una mayor fragilidad que las condritas formadas a mayor profundidad, que han experimentado un mayor grado de temperatura, y que por lo tanto, se han endurecido mucho más. Podemos sospechar que las condritas cuyo origen está en el regolito asteroidal contendrán en su composición diferentes elementos volátiles, o tal vez en diferente cantidad, al resto de las condritas. Estos elementos volátiles procederían de la emisión producida por el sol. También interesaría
conocer la cantidad de radiación cósmica que estás rocas han recibido, y que gracias a diferentes mediciones es posible determinar fiablemente la profundidad a la que se formaron dichos materiales. En la actualidad las condritas se dividen en distintas familias, las más conocidas son las condritas ordinarias. Reciben su nombre debido a que es el tipo de meteoritos más común que cae sobre nuestro planeta. Sobra decir que son rocas de gran interés para la ciencia. Estas condritas ordinarias se han subdividido en tres grupos principales determinados por una letra, condritas de tipo H (que presentarían cóndrulos de un diámetro aproximado a 0,3 mm), condritas de tipo L (que presentarían cóndrulos de un diámetro aproximado a 0,5 mm), condritas de tipo LL (que presentarían cóndrulos de un diámetro aproximado o superior a 0,9 mm). Las características de los distintos tipos de condritas ordinarias también están determinadas por el porcentaje de hierro metálico y de hierro total en los sindicatos que intervienen en la composición de las mismas, siendo las de mayor contenido metálico las cosas de tipo H, y las condritas de tipo LL las de menor contenido en metales.
contenido en carbono que las propias carbonáceas. Pero el nombre finalmente se respeto, y sucesivos estudios e investigaciones han determinado que existen distintos subtipos, desde las más primitivas que conocemos como condritas CI, hasta algunas que han experimentado altos grados de temperatura y que conocemos como condritas CV, no dejándonos indiferentes el espectacular grupo de condritas CB por su elevado contenido en hierro y que forma en ocasiones auténticos glóbulos metálicos en su interior. De todos los grupos de condritas carbonáceas quizás los de tipo CI son los que más quebraderos de cabeza han dado a los científicos. La total ausencia de cóndrulos y la presencia de una matriz rica en filosilicatos, junto a la afectación de baja temperatura durante su formación y evolución, hacen sospechar a los científicos que su origen es cometario.
Pero esta gran familia de meteoritos que conocemos como condritas también ha dado suficiente material de investigación como para clasificar parte de ellas en un grupo que conocemos como carbonáceas. Para que en una roca los silicatos se transformen en filosilicatos, y parte de ellos en arcillas y minerales foliados, es necesaria la presencia de un entorno acuoso. El análisis de termoluminiscencia de estos meteoritos ha determinado que en su mayor parte la temperatura más elevada que los ha afectado no superaba los 50 grados centígrados. Esto indicaría la presencia de agua (quizás en estado helado) durante la evolución de estos materiales.
Las condritas carbonáceas tomaron su nombre debido a que presentaban una matriz de color oscura a negra y en la que se suponía un alto porcentaje de carbono. En la actualidad algunas condritas ordinarias presentan mayor
Cuando estudiamos el Sistema Solar nos llama poderosamente la atención saber que la órbita situada a unas 4 unidades astronómicas del sol es el punto de condensación del agua. Esto implica que desde esta órbita hacia el interior los materiales han sufrido una
temperatura mayor, y menor alteración acuosa al no haber condensado agua en ellos, mientras que los materiales situados a mayor distancia habrían condensado agua en los mismos y que esta agua (en forma de hielo evidentemente) sería el principal elemento que intervino en la formación de los nuevos minerales. Las condritas de tipo CI son primitivas, y sorprende poderosamente que en la mayoría de los meteoritos de este tipo clasificados hayan podido aislarse químicamente una gran cantidad de moléculas orgánicas de origen inorgánico, en ocasiones avanzadas, tales como la glicina o la alanina. Estamos hablando de aminoácidos, es decir, los bloques sobre los que se cimenta la formación de las proteínas que dan origen a la vida. En muchas de estas condritas, así como en otros meteoritos, se han identificado multitud de nuevos minerales que no se conocían en nuestro planeta, o al menos, hasta el momento de su descubrimiento. Cuando alguien nos pregunta si en un meteorito se ha encontrado algún elemento químico diferente o desconocido en nuestro planeta, la respuesta es no. Rotundamente no. En cambio sí conocemos la formación de minerales que no existen en nuestro planeta, y esto es debido a las particulares condiciones en las que se forman dichos minerales. Si visitamos una exposición de meteoritos probablemente el mayor número de ellos que observaremos en las vitrinas serán condritas, de los distintos tipos que conocemos. Pero también existe otro grupo de meteoritos, que conocemos como sideritos, Están compuestos casi en su totalidad de hierro. Estos meteoritos metálicos presentan una férrea belleza que atrae poderosamente a quien los contempla. Estimamos que su procedencia es el núcleo de algún planetoide que en el pasado se fragmentó quedando expuesto de esta manera. Todos estos meteoritos metálicos presentan una particularidad, el sistema cristalino. Puede resultarnos sorprendente, sobre todo cuando estamos acostumbrados a ver que la
cristalización tiene lugar en minerales, que también este proceso se produce en los metales.
Los meteoritos metálicos están compuestos principalmente de hierro, el cual se encuentra aleado con níquel, cobalto y otros muchos elementos. Pero de todos ellos es el níquel quien marca una notable diferencia. Cuando el contenido en níquel en dicha aleación se establece en torno al 5,5% del volumen, forma un metal que conocemos como camacita. Cuando el porcentaje de níquel es superior al 5,5%, dicho metal recibe el nombre de taenita. Los metales con frecuencia cohabitan en el mismo meteorito, y es gracias a esa diferencia en el porcentaje de níquel que se produce la desmezcla de los metales separándose ambos en forma de láminas alternas. Pero no queda aquí el sistema de cristalización. Estos meteoritos metálicos suelen presentar sistemas cristalinos octaédrico o hexaédrico. En ocasiones el porcentaje de níquel es tan elevado que el meteorito solo está constituido de taenita. Estoy explicando todos estos datos porque a continuación el sistema de cristalización de los meteoritos con frecuencia se revela mediante el corte de una pieza del mismo y tras haber sido pulido y sometido a la acción de un ácido determinado. Como comentábamos en el número anterior de la revista meteoritos en el artículo dedicado el grabado y la conservación de los meteoritos metálicos, usualmente utilizamos el ácido nítrico al 3% para revelar este sistema de cristalización. El proceso químico que se produce en este caso es sencillo de explicar. Una mayor cantidad de níquel contenido en la aleación metálica implica una mayor dureza a la
acción del ácido y viceversa, un menor contenido en níquel implica una menor dureza a esa acción.
Cortar un meteorito metálico, pulir su superficie y someterlo a la acción continua y controlada del ácido nítrico terminará revelando el sistema de cristalización del mismo en forma de bandas alternas de gran belleza. Es de esta manera que podemos medir los ángulos que forman dichas bandas y determinar si el cristal es octaédrico o hexaédrico. Ocurre en ocasiones que el meteorito metálico no presenta visiblemente un sistema de cristalización concreto, pero que el mismo es visible al microscopio metalográfico. Nos encontramos en este caso frente a una ataxita. Todos estos meteoritos metálicos están clasificados según los patrones químicos determinados por el ratio galio/germanio y otros elementos, de forma que se pueden incluir en diferentes grupos químicos. Ocurre, y con mayor frecuencia de la deseada, que en ocasiones el análisis químico de un meteorito metálico revela la existencia de patrones químicos diferentes de los establecidos y que por lo tanto descartan la posibilidad de incluirlo en ninguno de los grupos químicos reconocidos oficialmente. En este caso estamos hablando de un meteorito anómalo, y quedará inagrupado en su proceso de clasificación internacional. Si somos conscientes de que en la actualidad se conocen casi 200 meteoritos metálicos inagrupados, es decir, cada uno de
ellos con su particular composición química, nos podremos hacer una idea de la diversidad química existente en nuestro sistema planetario. Muchos de ellos han podido ser asociados genéticamente a otros tipos de meteoritos o incluso entre sí mismos, lo que implica la procedencia de un mismo o similar cuerpo progenitor. Sin embargo la mayoría de meteoritos anómalos no pueden ser asociados genéticamente implicando una diversidad de cuerpos en el Sistema Solar, muchos de los cuales son desconocidos. Para que se produzca este particular bandeado o sistema cristalino de los meteoritos metálicos es necesario que concurra un factor fundamental; el tiempo. Los estudios químicos y de isótopos han revelado que la cristalización de los metales se produce como consecuencia de un largo periodo de enfriamiento en los mismos. Desde el momento en que estos metales en estado fundido comienzan a enfriarse y solidificarse, la tasa de enfriamiento es tan extremadamente lenta que van perdiendo entre medio y 1000 grados por cada millón de años transcurrido. Este tiempo es más que suficiente para que se produzca la lenta cristalización de los metales en los sistemas citados. Un corte producido en uno de estos metales y sometido a la acción del ácido va a revelar este sistema cristalino que por otra parte también se utiliza en su proceso de clasificación. Estas bandas metálicas suelen presentar anchos muy concretos, y gracias a ello es posible diferenciar entre octaedritas muy finas, finas, medias, gruesas y muy gruesas. Me encuentro en este momento paseando frente a las vitrinas del Museo Canario de meteoritos, me sobrecoge saber que esas rocas apenas tenuemente iluminadas, proceden de los lejanos confines del sistema solar, lugares a los que solo el hombre ha conseguido llegar gracias al lanzamiento de naves interplanetarias. Rocas que son los bloques sobre los que se ha construido nuestro sistema solar, y muchas de ellas son incluso más antiguas en nuestro propio planeta hogar.
Abruma la idea de pensar que cuatro mil quinientos millones de años de historia se encierran entre apenas cuatro cristales, como un valioso códice Calixtino dispuesto a revelar sus secretos a la ciencia. Me detengo a admirar las vitrinas de las rocas lunares, fragmentos de otros mundos, materiales que han orbitado alrededor de nuestro planeta durante millones de años y ahora son contemplados bajo unas importantes medidas de seguridad.
Desde que en el año 1969 las misiones tripuladas a la Luna trajeran a nuestro planeta hasta un total de 382 kg de rocas procedentes del satélite, se han ido identificando en la Tierra una serie de meteoritos cuyo origen era del todo desconocido. Durante largos años, décadas en ocasiones, algunos de esos meteoritos han permanecido guardados en vitrinas, conservados en cajas herméticas, sin apenas despertar el menor interés de la ciencia. Fue con el análisis de aquellas rocas de las misiones Apolo que se pudo identificar una serie de nuevos meteoritos conocidos como Lunaítas. Brechas feldespáticas procedentes de las Tierras Altas lunares, los lugares más antiguos del satélite, gabros y basaltos procedentes de los suelos de las tierras bajas, y cráteres de impacto, diferentes minerales formados en el satélite, han conseguido que en las vitrinas de muchos museos de historia natural así como museos de meteoritos, universidades y laboratorios de todo el mundo cuenten con un material de investigación excepcional y único, tanto por su composición y origen, cómo por su procedencia.
No sabría describir la sensación que se siente cuando tienes en las manos esos fragmentos de rocas procedentes de la luna, es una experiencia única, ya que muy pocas veces se puede vivir en la vida una experiencia con tanta intensidad como es tocar una roca de la luna. Es como volver a revivir el pasado, es como sentir la sensación que sintieron los astronautas cuando pusieron sus pies por primera vez en la Luna, una sensación que bien supieron expresar al mundo, y que el mundo supo vivir con ellos. Ahora, y gracias a esta cantidad importante de material lunar que tenemos en nuestro poder se puede llevar adelante una serie de estudios científicos de alta calidad. Me siento afortunado de ser el curador de esta colección, y es que, uno no se cansa de contemplar las vitrinas, sabiendo las maravillas que hay dentro de ellas, la delicadeza de esas piezas cargadas de historia y de ciencia, y la responsabilidad que conlleva la conservación y el estudio serio de las mismas. Con bastante frecuencia cuando organizo sesiones de astronomía para el público, suelo mostrarles un fragmento de roca procedente de la luna, creo que es un añadido de gran importancia a la actividad, sobre todo cuando contemplamos el satélite a través del telescopio. Disfruto de ver las caras de admiración que los asistentes muestran cuando les enseño una roca lunar y les cuento su historia, me siento afortunado de ser el propietario legítimo, investigador, curador y director de un centro científico dedicado al estudio de materiales procedentes de fuera de la Tierra. Me impacta también de una manera especial contemplar en las vitrinas una serie de
pequeñas rocas que han sido identificadas y clasificadas en un grupo que conocemos como SNC. Estas siglas hacen referencia a los tres tipos básicos de meteoritos que engloban; Shergottitas, Nakhlitas y Chassignitas. Pero no son los únicos, ya que recientemente se han establecido nuevos grupos, tales como las brechas basálticas y las augitas.
En todo caso nos estamos refiriendo a rocas que proceden del planeta rojo; Marte, y cuya identificación ha sido posible gracias a los datos recabados en los análisis llevados a cabo por los Rovers y los orbitadores en órbita existentes en el planeta. El análisis de la atmósfera marciana, así como los diferentes tipos de rocas y minerales encontrados han servido para hacernos conocer la composición del planeta vecino, y a su vez poder establecer vínculos genéticos de algunas rocas con el mismo. Los meteoritos marcianos son joyas muy apreciadas para la ciencia ya que nos describen de una manera sorprendente diversos procesos geológicos ocurridos en el planeta Marte. Tuvimos ocasión en el número 2 de la revista METEORITOS estudiar en profundidad las rocas procedentes del planeta rojo, así como también tuvimos ocasión en el número anterior de hacer una referencia a los mismos en un artículo de gran valor científico que rescatamos mediante su traducción al español, de la asociación internacional de coleccionistas de meteoritos (IMCA). Todavía hay tiempo para pasear un rato más frente a las vitrinas del museo, y me detengo frente a pequeño grupo de meteoritos que
conocemos como las joyas del Sistema Solar, son los palasitos. Estos meteoritos son auténticas delicias para la vista, y nuevamente joyas para la ciencia. Su formación y su origen no es del todo conocido, pero todo parece apuntar que se formaron en la interfase entre el núcleo metálico fundido y el fondo de las cámaras magmáticas donde cristalizan los silicatos (principalmente olivino), y que fruto de esa mezcla nacieron estos materiales. Apenas alcanzan el 1% de los meteoritos recuperados en la tierra, y se han ganado a pulso su merecido nombre de joyas del Sistema Solar. Cortar y pulir uno de estos méritos es una labor que no deja indiferente a nadie, ya que en ese corte podremos contemplar esa fusión de olivinos con categoría de gema imbuidos en una matriz metálica de gran belleza. Muchos de estos meteoritos se han utilizado para la fabricación de joyas de alta gama, y precisamente porque alcanzan en el mercado un valor económico excepcional, es por lo que en ocasiones se ha logrado falsificar con mayor o menor acierto estos meteoritos. El pasado año 2016 fue hallado en Kenia un meteorito del que hacía décadas se conocía su existencia. Los habitantes del lugar suponían que aquellas rocas extrañas y pesadas no podían ser otra cosa sino meteoritos. Oficialmente se han reconocido 6 toneladas, aunque las fuentes más fiables aseguran que son más de 10 las toneladas recuperadas de estos materiales. Sericho fue su nombre, y tras su descubrimiento logro alcanzar una de las mayores masas conocidas de estos meteoritos. En la actualidad es tal la cantidad existente que ha conseguido tumbar los precios en el mercado. La belleza de estos meteoritos es indiscutible. Hace unos años me preguntaba si la desdicha humana sería capaz de emular y falsificar tales rocas. Efectivamente no estaba equivocado. Han sido numerosos los intentos por falsificar palasitos, la mayoría de ellos han quedado en simple anécdota burda, pero algunos han conseguido pasar desapercibidos,
incluso a algunos análisis químicos, y han sido reclamados y conservados por coleccionistas de todo el mundo.
Es sorprendente ver estas piedras artificiales, de qué manera tan perfecta han conseguido clonar a los auténticos palasitos. Afortunadamente, estudios más profundos han sido suficientes para descartar su naturaleza y situarlos en el lugar que les corresponde; las falsificaciones.
terrestres, sino por el origen a partir del cual se han formado. Se engloban en varias categorías, siendo las más conocidas las impactitas, las suevitas, las brechas de impacto y los vidrios diaplécticos. Todos estos materiales tienen en común su formación; son materiales terrestres que han sido modificados en diferentes grados debido a la presión y temperatura producida en el impacto de un asteroide contra el terreno. La composición química de este terreno es crucial para la composición química de los nuevos materiales originados. Por ello podemos observar rocas realmente curiosas que presentan una estructura que nos desvela un violento origen. Están constituidas de multitud de fragmentos angulares de rocas fracturados y compactados, muchos de ellos incluso fundidos. La belleza de los vidrios de impacto no deja de sorprendernos, tanto a nivel macroscópico como microscópico.
Uno de ellos incluso, después de haber sido comprados, perseguidos, cotizados por los coleccionistas, y reconocida después su falsedad, se siguen comercializando como uno de los más perfectos meteorwrong conocidos. Me refiero al palasito de Shirokovsky (foto abajo © Gary Fujihara).
Si avanzamos un poco más en nuestro paseo frente a las vitrinas enseguida nos vamos a encontrar con una serie de materiales que llaman profundamente la atención, no tanto por su procedencia, ya que son materiales
Las rocas han sido literalmente convertidas en una masa plástica que tras su enfriamiento han dado origen a materiales de
nueva génesis que nos revelan las secuelas de un violento impacto. Diferentes agregados rocosos, algunos minerales extraños, anomalías químicas, son algunas de las principales características de estos materiales.
febrero, siento una curiosa inquietud orientada por supuesto hacia la seguridad de los habitantes de este planeta. ¿Realmente existen planes para defendernos de impacto de un asteroide? Desde luego, el evento de Chelyabinsk, nos dice claramente que no.
Con frecuencia presentan texturas clásticas que desvelan un violento origen. Observo una pieza de suevita procedente del cráter de Ries (Alemania) y me maravillo ante su historia. En la Edad Media los habitantes de la región de Baviera construyeron sus casas y demás edificios utilizando las rocas del lugar. Una ciudad entera, Nördlingen, fue construida a base de Suevitas. Lo que realmente sorprende de esto es que estas rocas se formaron gracias al impacto de un asteroide ocurrido hace 14,3 millones de años. Todavía hay otro secreto escondido en las rocas. El impacto del asteroide tuvo lugar sobre un depósito de grafito. La presión y temperatura producida en dicho evento fue lo suficientemente elevada como para producir la cristalización de más de 72000 toneladas de grafito que se convirtieron en micro diamantes. En la actualidad esos pequeños diamantes podemos observarlos con un simple microscopio geológico, y es fácil identificarlos debido a su brillo al que hacen honor, diamantino. Avanzo en la exposición y me detengo frente a las vitrinas que conservan una curiosa colección de meteoritos. Aún recuerdo aquella mañana del 15 de febrero de 2013, cuando hacia las 9:21 horas, la entrada de un fragmento de asteroide en la atmósfera terrestre produjo casi 1500 heridos y más de 30millones de euros en daños materiales. Sí, me refiero a la ciudad de Chelyabinsk. Más de 6 toneladas de meteorito fueron recuperados del hielo, que tras su análisis y clasificación se concluyó ser una condrita ordinaria. Pues de este meteorito también conservamos varios fragmentos en las colecciones del Museo de meteoritos. Y ahora, situado frente a las vitrinas donde podemos verlos, rememorando aquella mañana de
El pasado 31 de agosto se clausuró METEORITOS, LA EXPOSICIÓN. Y no he querido dejar pasar la oportunidad de este número de septiembre para dejar una crónica sobre lo que realmente estas rocas significan para mí. Evidentemente, cuando digo para mí, seguro que hablo en nombre de la ciencia. Por esto es de rigor agradecer todos los esfuerzos que varios colectivos han realizado para que esta exposición haya concluido con éxito. En primer lugar, a Juan Antonio Fernández, presidente del grupo astronómico portuense, y director del Comité para la divulgación de la ciencia y el espacio. También es de rigor agradecer a don Manuel Campuzano, jefe de equipos y de parques metropolitanos de la agencia de vivienda y rehabilitación de Andalucía, a la Casa de Los
Toruños y Parque Metropolitano Marisma de Los Toruños y Pinar de la Algaida, de la Junta de Andalucía, por tan grata acogida de este evento. No hizo falta más que presentar el proyecto para que de inmediato esta exposición contara tanto con un espacio adecuado para su realización, como con la financiación suficiente para poder acceder a los materiales de exposición necesarios. Por todo ello, vaya mi agradecimiento más especial. Con este número de la revista meteoritos, número 11, que publicamos a partir de este mes de septiembre de 2018, damos por concluidas las actividades del verano, y comenzamos ya a preparar las nuevas actividades para el próximo curso. Nos quedamos, indudablemente, con el mejor sabor de boca de esta exposición que ahora finaliza, y que tanto agradecemos todo el equipo técnico del Museo Canario de meteoritos. Ahora todas las piezas volverán a sus vitrinas, no sin antes pasar por el laboratorio para
su revisión, ya que es del todo necesario, como venimos diciendo, su adecuado control y preservación. Algunas de ellas volverán a viajar, no cabe duda. Otras muchas visitarán centros escolares. Quizás alguna incluso vaya a otros países. Lo que sí es cierto, es que todas ellas, continuarán por muchos años haciendo ciencia de calidad. A pesar de todo, esta es nuestra razón de ser en el Museo Canario de meteoritos.
CARACTERÍSTICAS DE LOS CRÁTERES DE IMPACTO: CRÁTERES COMPLEJOS Roberto Bartali y Manuel S. Colli Facultad de Ciencias, Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México RESUMEN En este trabajo se exponen las características morfológicas de los cráteres de impacto denominados complejos. Se describe la estructura general y las características de cada una de las partes que los componen de manera detallada y con varios ejemplos. En términos generales se definen como cráteres de impacto complejos a todos aquellos que poseen paredes internas escalonadas y unas elevaciones en el centro (picos centrales). Las dimensiones de estos cráteres van desde los 15 km de diámetro hasta unos 150-180 km de diámetro con una profundidad que puede alcanzar 4 km. El pico central puede tener una extensión de cientos de km2 y una altura de 2 o más km.
INTRODUCCIÓN Después de describir la importancia del estudio de los cráteres de impacto (Bartali y UrrutiaFucugauchi, 2018) y las características de los cráteres simples (Bartali y Colli, 2018), en este trabajo se tratarán los cráteres complejos. En términos generales, este tipo de cráteres tienen diámetros superiores a los 18-20 km y tienen, como límite superior alrededor de 150 a 180 km. Normalmente, mientras mayor sea el diámetro, mayor será la complejidad de su estructura. En cambio, la profundidad máxima no se incrementa de manera proporcional, manteniéndose en promedio en 4 – 5 km como máximo. Todos los cráteres complejos poseen un fondo relativamente plano, surcado de fallas y con gran cantidad de pequeños cráteres que se formaron de manera simultánea o a lo largo de millones de años. Las partes internas de los bordes presentan estructuras en forma de escalones. En la parte central del cráter se observan cerros de diferentes morfologías que, inclusive, pueden ser verdaderas cadenas montañosas en forma de anillo, las cuales se elevan hasta alcanzar unos 4 km de altura. Por definición, cuando la estructura montañosa en el centro del cráter es única, se denominan cráteres complejos de pico central, pero cuando pasa a ser una cadena en forma de anillo y, además, los anillos son múltiples y concéntricos, el cráter adquiere el nombre de meseta multi-anillo.
CRÁTERES COMPLEJOS Los cráteres complejos son estructuras geológicas cuyo diámetro no supera los 180-200 km. En la Figura 1 se muestran sus principales rasgos característicos que serán descritos en detalle en los siguientes párrafos.
Figura 1 Elementos constitutivos de un cráter complejo. En esta figura se presenta, como ejemplo, el cráter Aristillus (Luna) de 58,5 km de diámetro y 4,6 km de profundidad. El pico central se eleva 1,1 km sobre el nivel del fondo. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona)
Un análisis morfológico detallado muestra que hay varios tipos de cráteres complejos que se diferencian por la forma de los picos centrales y la distribución de la eyecta. Esto sugiere que, tanto los procesos ocurridos durante la formación como los subsecuentes no fueron los mismos. Posiblemente esto tenga relación no solo con el tipo de terreno sobre el cual ocurrió la colisión y la energía cinética involucrada, sino del tipo de proyectil y de cómo éste interactuó con el blanco. En la figura 2 se muestra otro típico cráter complejo de pico central y su perfil topográfico. Se trata del cráter Tycho en la Luna que es, también, uno de los rasgos más fácilmente visibles aún con un telescopio de pocos cm de diámetro. Debido a que se calcula que se formó solamente hace 108 millones de años, es uno de los más y mejores preservados.
Figura 2 Fotografía del cráter complejo Tycho en la Luna. Mide 84 km de diámetro y tiene una profundidad de 4.7 km. El pico central se eleva 2.3 km con respecto al fondo del cráter. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona). El perfil topográfico, a lo largo de la línea azul, fue obtenido con los datos de altimetría laser proporcionados por la nave LROC de la NASA.
Pico central El pico central es un cerro, de forma irregular, que normalmente se localiza en el centro del cráter o muy próximo a éste y, en algunos casos, su altura hasta alcanza la altura de los bordes del cráter. Se presenta como una estructura única o como un pequeño conjunto de elevaciones separadas por profundas cañadas. En la cúspide se pueden observar rocas de gran tamaño (decenas de metros)
parcialmente sumergidas en material mucho más fino (o inclusive derivado de la fusión ocurrida durante el impacto) que no se pueden resolver ni siquiera en las imágenes de más alta resolución (25 cm/pixel). Son famosas las rocas de más de 150 m en la cima del pico central del cráter Tycho (Luna) mostradas en la figura 3.De manera similar se pueden contar decenas de rocas de varios metros en la cima de cualquier pico central. En la figura 4 se muestra una pequeña porción de la cima del pico central del cráter Aristarchus en la Luna. Los picos centrales se presentan de diferente forma y extensión, como se puede ver en los ejemplos mostrados en la figura 5. Estas diferencias se deben a varios factores, uno de los cuales es la antigüedad. Mientras más tiempo el cráter ha sido expuesto a los agentes erosivos mayor será su degradación, en algunos casos, inclusive, llega a desaparecer casi por completo. El constante bombardeo de pequeños meteoroides, los sismos provocados por la formación de nuevos cráteres y la radiación solar son los principales agentes que, poco a poco, deforman y reducen el tamaño del pico central. Si los cráteres se han formado sobre la superficie de los cuerpos que poseen atmósfera, los vientos erosionan los picos y suavizan las laderas por efecto de la acumulación de polvo transportado desde el exterior del cráter. La presencia de agua, en el pasado remoto o reciente, ha provocado la formación de lagos alrededor del pico central que, poco a poco terminan por ser erosionados. Debido a la gran altura de los cerros y a que las laderas presentan pendientes muy inclinadas (> 30°), es frecuente observar avalanchas de rocas una de las cuales se muestra en la figura 6.
Figura 3. Rocas de gran tamaño en la cúspide del pico central del cráter Tycho en la Luna. La resolución de la imagen es de 1 m/px. La roca cerca del centro mide 150 m aproximadamente. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 4. A) Cráter Aristarchus (Luna) de 40 km de diámetro. B) Detalle de la parte superior (cúspide) del pico central. C) Imagen de la cúspide del pico central correspondiente al área delimitada por el cuadro rojo de la figura B. Las rocas de mayores dimensiones miden entre 17 y 20 m. La resolución de la imagen es de 50 cm/px. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 5. Diferentes morfologías de picos centrales en cráteres complejos sobre la superficie lunar. (Cortesía: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 6. Avalancha de rocas generada por el desprendimiento de material muy suelto en el borde Este del cráter Kepler en la Luna. La imagen tiene una resolución de 50 cm/px. La extensión de la imagen es de 1.1 km. (Cortesía de: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Paredes escalonadas Una de las características distintivas de los cráteres complejos con respecto de los cráteres simples, es también la estructura escalonada de las paredes internas del cráter. Cada escalón es en realidad una enorme avalancha. Sectores considerables del borde se desprenden y se deslizan, por efecto de la gravedad, hacia el fondo del cráter hasta que se detienen. Con el paso del tiempo, otras secciones pertenecientes a los materiales previamente depositados o secciones colocadas a mayores alturas, también se desplazan. En algunos casos el nuevo depósito queda encima del anterior y se detiene, pero es posible que la nueva avalancha se impacte en contra de la anterior y le proporcione suficiente energía para seguir su camino cuesta abajo. Esta secuencia de evento produce una estructura escalonada como se muestra en la figura 7.
Figura 7 A) Perfil topográfico de una sección de las paredes internas del cráter Aristillus cuyo diámetro es de 55 km y tiene una profundidad de 3600 m. Los escalones se extienden por más de 10 km. B) Fotografía del cráter Aristillus, el perfil topográfico fue realizado por medio de los datos de la nave LROC a lo largo de la línea azul. (Cortesía de: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Domo central A diferencia del pico central, el domo es una estructura mucho más regular, es más parecida a una enorme pila de arena que a una montaña, la cual tiende a tener una forma más irregular y laderas mucho más empinadas. Aun cuando su altura sea comparable con la de los picos centrales, la extensión de su base es mucho mayor ya que puede inclusive ocupar buena parte del fondo del cráter. Por ejemplo, el cráter Romer en la Luna cuyo fondo es relativamente circular con un diámetro de 19 km, tiene un domo en el centro cuya base mide 14 km de diámetro, como se puede ver en la figura 8. En las laderas se
observan extensas avalanchas de rocas y arena muy extensas. Otro ejemplo interesante es el cráter Gale (Marte) de 154 km de diámetro, actual hogar de la nave Curiosity, el cual posee un enorme domo central que se eleva casi 5500 m sobre el nivel medio del fondo (Figura 9). Estos domos se formaron por sedimentación gradual de material erosionado de lo que, en origen, podrían haber sido picos centrales. Es posible que la presencia de agua líquida o helada haya contribuido a este proceso, por lo que el fondo del cráter podría haber sido un lago. Otra hipótesis (sugerida por Bartali et al., 2015), pero no excluyente con respecto a la anterior, es que el cráter se formó por el impacto de un proyectil extremadamente poco consolidado y muy poroso que quedó aplastado y embarrado en el interior del cráter.
Figura 8 A) Reconstrucción del perfil topográfico del domo central del cráter Romer (Luna) a lo largo de la línea azul que se muestra en (B), utilizando los datos de altimetría laser proporcionados por la nave Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA. B) Fotografía del cráter Romer el cual tiene un diámetro de 40 km y una profundidad de 3.5 km. La altura del domo es de 1.5 km con respecto al fondo del cráter. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 9. Reconstrucción 3D del perfil topográfico del Cráter Gale (Marte). Se aprecia que el domo central tiene casi la misma altura del borde del cráter (color verde/turquesa) y ocupa buena parte del fondo del cráter. El diámetro del cráter es de 154 km y una profundidad media de 5 km. La altura del domo es de 5.5 km con respecto a la parte más profunda del cráter. (Cortesía de NASA, reconstrucción 3D por Alejandro Ochoa, UASLP).
Depresiones centrales Una variante que a veces se observa tanto en los picos centrales como en los domos, son estructuras denominadas “central pits” o depresiones centrales que pueden tomar una forma relativamente regular (circulares) o irregulares que tienen semejanza con las calderas volcánicas. Son más frecuentes en Marte y en los satélites de Júpiter y Saturno. Esto implica que pueden ser el resultado del colapso del pico o domo debido a la inestabilidad y la poca consolidación del material. En el caso de las lunas heladas de los planetas gigantes es posible que la estructura central del cráter no haya podido ser sostenida por las capas de hielo o agua subyacente y por lo tanto colapsó. Otra posibilidad es que la presión del impacto haya producido una explosión freática (erupción explosiva debida al encuentro de magma con un manto freático) o un evento de volcanismo tipo caldera. Estas depresiones a veces se observan como un hundimiento de la parte central del pico que alcanza una profundidad mayor que la del fondo mismo del cráter. Un ejemplo es el que se muestra en la figura 10 en la que se observa un hundimiento, de unos 200 m de profundidad, en la parte central del pico del cráter Einstein-A
Figura 10. A) Vista general del cráter Einstein-A (Luna) de 52 km de diámetro. B) Perfil topográfico del pico central en el que se observa que, en la parte central, hay una depresión con una profundidad de aproximadamente 150-200 m con respecto al piso general del cráter. El perfil (a lo largo de la línea azul) se obtuvo por medio de los datos de altimetría laser proporcionados por la nave LROC (NASA). (Cortesía de: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Eyecta uniforme La distribución del material expulsado desde el interior del cráter, que se está formando, es relativamente uniforme y regular, además puede extenderse decenas de km alrededor de los bordes. Sin embargo este tipo de morfologías (típica de los cráteres simples) no es muy común para los cráteres complejos. Esto se debe a que la extensión de los cráteres complejos es mucho mayor que la de los
cráteres simples y, por lo tanto, la cantidad de material expulsado es mucho mayor y la interacción entre las rocas, el polvo y el regolito, es mucho más compleja. Por otro lado, el material expulsado forma una enorme cantidad de cráteres secundarios alrededor del cráter principal, los cuales, a su vez, modifican la morfología del terreno. Un ejemplo de cráter complejo con eyecta, relativamente uniforme, es el cráter Picard en la Luna, el cual se muestra en la figura 11.
Figura 11. Fotografía del cráter Picard (Luna) de 23 km de diámetro cuyo pico central parece muy erosionado. La eyecta alrededor del cráter presenta una distribución relativamente uniforme y regular. (Cortesía de: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Eyecta en forma de rayos El material expulsado desde el interior del cráter puede desplazarse distancias de 10 o más veces mayores al diámetro del cráter, es decir si el cráter tiene un diámetro de 100 km, la eyecta puede viajar más de 1000 km y formar unas estructuras en forma de rayos. Esta no es una característica única de los cráteres complejos, sino también se presenta en cráteres simples de solo algunas decenas o cientos de metros de diámetro. No está todavía del todo claro cuáles son los mecanismos de formación de los
rayos, pero una de las hipótesis es que se trate de fragmentos de grandes dimensiones que viajan casi pegados al suelo y forman cadenas de cráteres, un ejemplo de esto se muestra en la figura 12. Estas cadenas de cráteres se extienden por cientos de km en forma radial desde el tercer anillo del Mare Orientale (320 km de diámetro en la parte central y 930 km de diámetro en la parte externa) en la Luna. Este tipo de cráteres, cuyos bordes están conformados por una serie de anillos concéntricos, serán descritos en otro artículo. Otra hipótesis para tratar de explicar la génesis de los rayos que se generan fenómenos de colapso granular, en los que las partículas colisionan y pierden energía y por lo tanto tienden a moverse en conjunto, sobre todo si se trata de materiales de pequeñas dimensiones (mm o menores), a poca altura sobre el suelo y se van depositando gradualmente. Muchas veces, aunque los rayos sean muy extensos, no se alcanza a apreciar su estructura fina por lo que es difícil determinar el proceso de formación o si existen varios tipos de fenómenos que actúan en forma conjunta. En las figuras 13 y 14 se muestran dos típicos cráteres de tipo complejo y sus estructuras de rayos.
Figura 12. Los rayos generados durante el impacto que creó el Mare Orientale (Luna) son una secuencia de pequeños cráteres y montículos que se extienden por más de 500 km desde el borde más externo del inmenso cráter. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 13. Imagen en negativo (para obtener mayor contraste y sea más fácil observar los rayos) del cráter Kepler de 30 km de diámetro y 2.6 km de profundidad en la Luna (cerca del centro de la imagen). Algunos de los rayos se extienden por más de 500 km. (Cortesía de LROC/NASA/Universidad de Arizona).
Figura 14. Eyecta en forma de rayos alrededor del cráter Copernicus (96 km de diámetro) en la Luna. La extensión de los rayos rebasa los 1000 km. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona)
Eyecta en forma de pedestal En los planetas o satélites en los cuales el agua ha estado, o inclusive puede estar todavía, presenteen su forma helada o líquida, la formación de los depósitos de eyecta puede adquirir unamorfología diferente a la normal. Entre estos cuerpos se encuentran Marte y las lunas heladas de Júpiter y Saturno. Dos ejemplos de este tipo de morfología de la eyecta son los que se pueden apreciar en las Figuras 15 y 16; se trata de dos cráteres de Marte. Se denomina pedestal porque parece que el cráter se ha formado sobre una planicie (pedestal o “Rampart” en inglés), en realidad esta planicie se desarrolló mientras el material que se estaba expulsando desde el interior del cráter en formación, fluya hacia el exterior. El hielo en el subsuelo y el agua superficial, interactuando y mezclándose con las rocas y la arena, formaron flujos de escombros muy viscosos de manera muy similar a lo que ocurre en la Tierra cuando hay deslizamientos de escombros y lodo por las laderas de las montañas. En nuestro planeta son muy comunes durante las erupciones volcánicas en las que los glaciares son derretidos por la lava y los flujos piroclásticos. Estos flujos, que pueden alcanzar cientos de metros de espesor, después de recorrer varios kilómetros, se detienen y terminan de manera abrupta por lo que el frente presenta una pendiente muy elevada, creando precisamente una estructura que parece un pedestal. Hay básicamente tres tipos diferentes de pedestal. El primero, como se aprecia en las figuras 15 y 16, es relativamente uniforme en espesor y tiene forma aproximadamente circular. Los otros dos son mucho más complejos ya que tienen varios niveles, es decir que tienen una estructura estratificada y terminan en una serie de lóbulos. Esto se debe a que hubo varios flujos de material que se depositaron en secuencia. Inclusive no es necesario que los flujos hayan ocurrido de manera independiente y en corto tiempo, sino que los mismos procesos de segregación de las partículas, típico de este tipo de flujos, provocan que se formen varios frentes y a la hora de detenerse y depositarse parezca que se trata de eventos independientes. Un ejemplo típico de eyecta lobulada es el que se muestra en la figura 17.
Figura 15. Fotografía del cráter Macrobius (Luna) de 67 km de diámetro cuya eyecta, relativamente uniforme, termina de manera abrupta. (Cortesía de: NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Figura 16. Fotografía del cráter Bled (Marte) de 8 km de diámetro y una profundidad de 0.5 km, cuya eyecta es relativamente uniforme, pero termina de manera abrupta como si se tratase de un altiplano sobre el cual se formó el cráter. (Cortesía de Google Mars).
Figura 17. Fotografía del cráter Yuty (Marte) de 20 km de diámetro y una profundidad media de 1 km, cuya eyecta presenta terminaciones en forma de lóbulos que en algunos casos están sobrepuestos. Cada lóbulo termina de manera abrupta y su altura, con respecto al terreno circundante, es de aproximadamente cien metros. El domo en el centro tiene la misma altura que los bordes del cráter. (Cortesía de Google Mars).
Estructuras en el fondo del cráter El perfil topográfico del fondo del cráter, fuera del pico central es esencialmente plano, pero recubierto por una capa de regolito fino cuyo espesor puede ser de algunos metros o hasta cientos de metros. Este material es básicamente polvo muy fino cuyo tamaño va desde algunos micrómetros hasta centímetros. Se origina por fenómenos erosivos debido a la atmósfera o el transporte de la arena desde zonas aledañas, como normalmente sucede en Marte. También es muy importante la interacción con la radiación solar, sobre todo la ultravioleta, como en el caso de la Luna que no posee una atmósfera apreciable. Otro importante generador del regolito fino es el constante bombardeo de meteoritos y micrometeoritos, los cuales, impactándose a alta velocidad fragmentan las rocas y se depositan en el terreno. A la hora de que se forman otros cráteres en las cercanías, el polvo levantado se deposita en amplias regiones circundantes.
El material en las paredes internas se encuentra en un estado muy suelto y por lo tanto está sujeto a deslizarse formando avalanchas, detonadas por las vibraciones o sismos provocados por la formación de otros cráteres cercanos o simplemente por efecto de la gravedad ya que las pendientes suelen ser muy elevadas. En muchas ocasiones es posible observar rocas de grandes dimensiones que se deslizan y brincan dejando su rastro bien visible en el regolito, ya sea desde los picos centrales o desde las paredes del cráter, cómo se puede apreciar en la figura 18.
Figura 18. Rocas dejando su rastro en el regolito mientras se deslizan por las laderas de los bordes del cráter Tsiolkovky (Luna). La resolución de la imagen es de 2 m/px, por lo que se puede calcular que las rocas de mayores dimensiones miden unos 30 m. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Dependiendo de cuánto tiempo haya transcurrido desde la formación del cráter, se van acumulando miles de pequeños cráteres que se hacen visibles solo gracias a las fotografías de alta resolución que, las naves espaciales que orbitan la Luna y Marte (por ejemplo) nos proporcionan. En particular, estos dos cuerpos celestes están siendo retratados con una resolución máxima de 25 cm por pixel. Un ejemplo es el que se muestra en la figura 19.
Figura 19. Fotografía de alta resolución (2 m/px) del fondo del cráter Tsiolkovky (Luna) que tiene 184 km de diámetro. En los cráteres de más de 100 km de diámetro es común observar fallas o fracturas en el terreno, tapizadas por una cantidad incontable de pequeños cráteres. (Cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
Normalmente el fondo del cráter en proximidad de los picos centrales y debajo de la capa de regolito fino, contiene una capa de espesor variable (hasta miles de metros) de material fundido, generado durante la formación del cráter. Parte de este material pertenece al proyectil, parte a la superficie del terreno y parte proviene desde diferentes profundidades. A la hora de solidificar, se generan fallas o grietas y en algunas ocasiones las fuerzas de compresión y extensión provocan crestas o arrugas. En la figura 20 se proporciona un ejemplo.
Figura 20. Fotografía en alta resolución (1 m/px) de una sección del fondo del cráter Tycho(Luna) en la que se aprecian estructuras típicas de material fundido que solidificó tiempo después de la formación del cráter. Tycho es un cráter de 85 km de diámetro con una profundidad de 4.8 km, su pico central alcanza una altura de 1.6 km por encima del fondo. (cortesía de NASA/LROC/Universidad de Arizona).
CONCLUSIONES Los cráteres complejos son estructuras geológicas muy interesantes y, como su nombre lo dice, muy complejas y variadas. Las diferencias entre los tipos de picos centrales, las características de los bordes, las estructuras presentes en el fondo del cráter y la dispersión de la eyecta, son una consecuencia directa de los procesos ocurridos durante la formación del cráter. La interacción entre el terreno y el tipo de proyectil, además de la manera en cómo el material fragmentado y expulsado han interactuado y se han dispersado, tuvo como consecuencia la formación de distintas morfologías de la eyecta.
REFERENCIAS Bartali R., Urrutia Fucugauchi J, 2018. La importancia de los cráteres de impacto. METEORITOS, núm. 8, 2018. ISSN 2605-2946. Bartali R., S. Colli M., 2018. Características de los cráteres de impacto: cráteres simples. METEORITOS núm. 9, 2018. ISSN 2605-2946. Bartali R., Nahmad-Molinari Y., Rodríguez-Liñan G.M., 2015. Low speed granular-granular impact cráter opening mechanism in 2D experiments. Earth Moon and Planets (2015) 116:115-138.
Hayabusa 2; primeras fotos de Ryugu.
El pasado 27 de junio la sonda japonesa Hayabusa 2 alcanzó las inmediaciones del asteroide Ryugu, Que orbita al Sol a una distancia media de 1,19 unidades astronómicas. Recientemente, la agencia espacial japonesa, ha publicado unas sorprendentes imágenes recibidas del asteroide, tomadas por la sonda a tan solo 900 m de altura sobre él. El primer acercamiento de la sonda asteroide tuvo lugar del 20 al 21 de julio acercándose a unos 6 km de distancia, para llevar a cabo las primeras pruebas científicas. Con posterioridad, el 1 de agosto, la sonda Hayabusa 2 alcanzó el asteroide en un descendimiento hasta apenas 5 km de altura. Y fue a partir del 6 de agosto, cuando un tercer descendimiento, la sonda Hayabusa alcanzó al día siguiente los 851 metros de altura. Durante estas tres operaciones de descenso la sonda ha podido tomar mediciones sobre la gravedad del asteroide, Y una serie de fotografías
espectaculares, algunas de las reproducimos junto a este artículo.
Ahora hay abusados se prepara para una misión muy difícil de completar, la factura de material físico de la superficie del asteroide, y su retorno a la tierra para completar sus análisis. El asteroide Ryugu pertenece al grupo de asteroides conocidos como Apolo. Fue descubierto el 10 de mayo de 1999 por el equipo del Lincoln Near-Earth Asteroid Research (Nuevo México). El perfecto éxito de la misión es fundamental para poder conocer y caracterizar los materiales de este tipo de asteroides, como en un pasado hiciera su homóloga Deep Impact alcanzando materiales del cometa Wild 2 y retornando exitosamente a la tierra. La sonda Hayabusa 2 fue lanzada el 3 de diciembre de 2014 desde el centro espacial de Tanegashima, a bordo de un cohete espacial HIIA. el día 3 de diciembre de 2015 sobrevoló
nuestro planeta y utilizó la asistencia gravitatoria del mismo para cambiar al plano orbital del
asteroide. Durante tres periodos de tiempo sus motores iónicos estuvieron en funcionamiento permanente, concretamente entre marzo y mayo de 2016, entre noviembre de 2016 y abril de 2017, y entre enero y junio de 2018. En todos los casos el consumo total de combustible no excedió de los 24 kilogramos de xenón. La sonda detecto por primera vez al asteroide a través de sus cámaras el día 26 de febrero de 2018. Y el 27 de junio de 2018 finaliza su fase de acercamiento al asteroide encontrándose, como hemos dicho, entre 5 y 1 km del mismo. Se espera su aterrizaje sobre la superficie de Ryugu entre septiembre y octubre de 2018, Dónde utilizar a un pequeño artefacto explosivo que lleva a bordo para crear un pequeño cráter y alcanzar muestras de capas más profundas del asteroide. Posteriormente regresará a la tierra con sus muestras. Se estima la finalización de la misión a finales de 2020.
Expedición Sáhara 2018. Retorno al desierto.
Aún nos encontramos en pleno mes de septiembre, y desde el Museo Canario de meteoritos nos encontramos ya preparando la cuarta edición de Expedición Sáhara, 2018. Desde hace 4 años, cada nueva edición de la expedición ha llevado hasta el desierto del Sahara marroquí a una serie de expertos,
estudiantes, interesados en la astronomía y en las ciencias geológicas para la búsqueda y recuperación de meteoritos y fósiles. El motivo principal de la expedición Sáhara es la recuperación de estas rocas procedentes del espacio y que son para nosotros importantes
puntos de inicio de nuestras investigaciones geológicas.
300 kg) llevó al borde del colapso los precios del mercado para estas rocas.
Todos recordamos con agrado la primera edición de expedición Sáhara que celebramos en el año 2015 en las inmediaciones de Dakhla. Una expedición que se saldó con la recuperación de numerosos meteoritos, la mayor parte de ellos condritas ordinarias.
Aún recordamos con asombro como los coleccionistas llegaron a pagar hasta 50,000 $ por apenas un gramo de la primera roca lunar disponible y conocida como meteorito Calcalong Creek. El descubrimiento de tal cantidad de masa de roca lunar hizo que el mercado se desplomara hasta apenas alcanzar 7 $ el gramo. Afortunadamente en la actualidad los precios se van recuperando, y las rocas lunares vuelven a ser cotizadas y deseadas por los coleccionistas.
La expedición 2016 se lanzó a las inmediaciones de Tarfaya, concluyendo también con numerosos meteoritos recuperados por varios miembros del equipo técnico. Este viaje además sirvió de experiencia piloto para futuros viajes que teníamos previsto en los meses posteriores. De esta forma pudimos visitar las lagunas del oasis de Naila, las dunas rojas, el parque eólico de Tarfaya (el mayor de los parques eólicos construidos en África del Norte) y varios otros lugares de especial interés. La pasada de expedición del año 2017, fue algo bastante especial. Teníamos previsto realizar observaciones astronómicas durante la noche, así como estudios de heliofísica durante el día. Ninguno de estos protocolos pudo ser llevado a cabo debido a que en las fechas en las que se desarrollo la expedición, el cielo se encontraba bastante nublado. Incluso hubo un momento en el que llovió durante el viaje a pesar de que nos encontrábamos en pleno mes de julio. Sin embargo tuvimos ocasión de visitar los lechos de sal de los antiguos mares del Cretácico, actualmente en explotación, de la región de Oum Drâa. Dedicamos también una tarde a la búsqueda de fósiles, aunque fue bastante infructuosa, debido a que el permiso concedido para ello no coincidía con las regiones en las que pretendíamos hacer las búsquedas. A pesar de ello fue un viaje bastante interesante en el que se pudo recuperar una gran cantidad de material de procedencia lunar y que recientemente había sido descubierto a unos kilómetros al norte de Tinduf. Se trataba de una serie de rocas lunares que posteriormente fueron clasificadas oficialmente con el nombre NWA 11273. Esta inmensa caída de rocas lunares (digo inmensa porque se han recuperado casi
En estos momentos nos encontramos preparándonos para la próxima edición de Expedición Sáhara, que se celebrará del 1 al 4 de noviembre de 2018. Una nueva expedición cuyo objetivo principal será la recuperación de meteoritos en el desierto, la observación astronómica del cielo durante la noche, y la observación y estudio del sol durante el día. Para ello, disponemos de un telescopio en el hotel que utilizaremos como base principal. Y como cada edición, tenemos previsto visitar diferentes lugares de especial interés geológico. Este interés en la celebración de las expediciones al desierto de Sahara pretende involucrar a profesores, estudiantes, coleccionistas, astrónomos y demás interesados en las ciencias planetarias, en un viaje que inevitablemente nos retrotrae en el tiempo hasta los orígenes mismos de la humanidad. Visitar el gran desierto de Sahara es toda una experiencia inolvidable, y solo las personas que lo han vivido conocen esa sensación de llamada que ejerce el desierto una vez el viaje ha concluido. Es cierto, las dunas hablan, y cuentan historias ancestrales traídas por el viento que barre las arenas. Dicen que el desierto une a las personas, y aunque físicamente a pesar de las kilométricas distancias marcadas por las arenas en las que solo el cielo es su horizonte, lo cierto es que la experiencia del desierto no deja indiferente a nadie. Es verdad, se establecen vínculos estrechos entre los participantes de las expediciones científicas. Es una experiencia
inexplicable desde nuestra óptica, pero sucede, efectivamente se tejen vínculos duraderos mucho tiempo después de finalizar la expedición. Se viven importantes anécdotas, momentos entrañables, conoces gente maravillosa, nómadas del desierto que no tienen más conocimiento que el cielo, las estrellas y las arenas, y sorprende extraordinariamente el sentido de orientación que manifiestan. Después de cientos de kilómetros recorridos en el desierto, sin apenas el más mínimo indicio de señalización, jamás nos hemos perdido en las arenas. Bastaba una mirada al cielo, para conocer perfectamente el camino. Definitivamente puedo afirmar que solo cuando has estado en el desierto conviviendo con esa gente, viajando con ellos, es cuando realmente abres los ojos a las señales que nadie ve, y te das cuenta inevitablemente que el desierto está lleno de señales. Un campo de dunas, un montón de piedras, un trozo de neumático a la entrada de un camino, es más que suficiente para orientar una caravana completa de caminantes, sin posibilidad de perderse, a través del desierto. Vivir una experiencia en el desierto de Sahara te hace comprender muchas cosas, y al mismo tiempo te hace ser consciente de que los occidentales vivimos entre algodones, que la tierra es dura, pero que el hombre es más duro aún. Te das cuenta cuando estás entre las dunas, que tu teléfono móvil no recibe señal, no tienes ninguna posibilidad de comunicarte con el resto del mundo, pero también te das cuenta que no es necesaria esa comunicación en ese momento concreto. Sí, asusta no ver nada a tu alrededor más que arenas y cielo. Pero es ese temor que los occidentales tenemos a lo desconocido, y que termina desapareciendo cuando te das cuenta que el guía que te acompaña en el desierto conoce perfectamente el lugar donde pone cada paso. Llega un momento, en que confías plenamente en un ser que jamás ha pisado una universidad, que no ha cargado con libros en ningún momento de su vida, que apenas ha oído hablar del mundo exterior, pero que conoce perfectamente el camino entre el origen de la humanidad y hoy.
Sentir el viento mecer las arenas sobre las dunas es una experiencia inolvidable. Imposible olvidar un momento así. El retorno se hace difícil, te embarga esa sensación de nostalgia cuando apenas has puesto un pie en el aeropuerto camino de regreso a casa. El desierto te llama. Y terminas llegando a tu hogar con la mochila llena de experiencias, una caja estéril repleta de meteoritos, fósiles, rocas y arenas, y esa inevitable sensación de que no todo ha terminado ahí, que un pedazo de tu corazón se ha quedado oculto entre las dunas del desierto. Y te planteas que no necesitas esperar a la próxima edición de expedición Sáhara para visitar de nuevo las arenas, porque ya formas parte de ellas. Pero dejando aparcado el lado romántico del desierto, que lo tiene y mucho, quiero centrar este artículo en la recuperación de material sensible de investigación, ya que es el objetivo principal de las expediciones al desierto de Sahara. Desde el momento mismo en que ponemos un pie en el continente africano, nos llegan asaltando caminantes del desierto cargados con bolsas de piedras, cajas y macutos repletos de sus hallazgos en el desierto y con la firme intención de llamar nuestra atención y provocar ese momento esperado de comerciar. Siempre he dicho y lo mantengo, tal como las gentes del desierto me enseñaron, que los occidentales tenemos relojes, pero ellos son dueños del tiempo. Efectivamente, tienen todo el tiempo del mundo, y en ese vagar por el desierto van recuperando cada roca oscura que se cruza en sus caminos. Tengo una posible teoría que pocas veces he compartido, y que relaciona azarosamente un par de puntos que vengo observando desde hace tiempo. Las gentes del desierto sienten una especial fijación por las rocas negras. No podemos olvidar, que la roca sagrada de su lugar de peregrinación, también es negra. También fue hallada por el profeta en el desierto. Hubo un tiempo en que los coleccionistas y científicos, principalmente americanos y europeos, llegaban al desierto de Sahara y
gastaban importantes sumas de dinero en rocas negras que habían sido encontradas en el desierto. Pronto, el interés religioso que sentían por las rocas negras halladas en el desierto, como antaño hiciera el profeta, se convirtió en un interés económico especial, y que les garantizaría un ingreso importante de dinero. Las rocas negras del desierto eran vendidas sin más miramientos. Pero aquella época en la que los coleccionistas y científicos pagaban cantidades desorbitadas de dinero, ha pasado a la historia. Quizás propiciado por la ingente cantidad de toneladas de meteoritos recuperados en las arenas, quizás por la competencia tan feroz que se estableció entre caminantes y comerciantes. La ley del mercado marcaba los precios. Todos querían vender sus piedras, aunque para hacerlo tuvieran que bajar los precios. A pesar de ello, las comunidades científicas y los coleccionistas internacionales no cesaban en su interés por comprar estas piedras. Hasta tal punto llegó la situación, que cuando un caminante encontraba rocas negras en el desierto, guardaba tal lugar como el más grande de los secretos. Después de todo, aquella fuente de piedras sería convertida en su propia fuente de ingresos. Han pasado muchos años desde que en 1986, un equipo de expedicionarios alemanes que realizaban prospecciones en busca de petróleo en el desierto de Libia, llegaran a identificar decenas de meteoritos. Han pasado también muchos años desde que los coleccionistas pagaran importantes sumas de dinero por estas rocas. A pesar de todo ello, aún quedan comerciantes en el desierto, que pretenden hacerse de oro a costa de vender cualquier piedra negra que se encuentran en el campo. Han descubierto una técnica curiosa, y es que acercando un imán a estas piedras con frecuencia se adhieren a él. Es lamentable para un científico escuchar que se utilizan imanes para la recuperación de meteoritos, por la sencilla razón de que estas rocas en estado virgen aún conservan reliquias de los campos magnéticos de
sus lugares de procedencia. Acercar un imán a estos meteoritos destruye completamente cualquier resto magnético de origen, y limita la investigación científica de una forma extraordinaria. Pero les da lo mismo, después de todo, de lo que se trata es de encontrar rocas que contienen metales en el desierto para poderlas vender a los turistas, a los comerciantes, a los coleccionistas y a los científicos. Da igual si para ello tienen que decir que no se utilizaron imanes. Da igual incluso si para ello tienen que ocultar que fueron sacadas de países donde no se puede extraer ningún tipo de material geológico. Este punto es importante ya que conocemos actualmente muchos meteoritos comprados en Marruecos, y cuya procedencia era el desierto argelino. Argelia no permite sacar de su país ningún tipo de material geológico, al que protege como parte de su rico patrimonio. Hasta tal punto se juegan muchos la vida, que no les importa que sean detenidos por la policía, acusados de contrabando, precariamente juzgados y encarcelados por largos años. Quizás esta sea una excusa para justificar el elevado precio que muchos piden por sus rocas. Otros alegan afecto o religiosidad a sus rocas, aunque todo esto es muy respetable, lo cierto y verdad es que a los ojos de la ciencia sólo son fragmentos procedentes de otros lugares del universo, y que piden a gritos una investigación científica seria y profunda. Nosotros, desde el Museo Canario de meteoritos, partiremos de nuevo al desierto de Sahara el próximo mes de noviembre. Confiamos, estamos seguros, en recuperar una importante cantidad de material procedente de fuera de la Tierra. Afortunadamente Marruecos no es un país restrictivo en materia de meteoritos. Quizás la máxima restricción estriba en el interés personal del policía de turno que ve la posibilidad de obtener algunos dírham extra como contrapartida de hacer la vista gorda. En todo caso, hablar del valor de los meteoritos es algo que nos llevaría a un artículo
diferente, y no menos extenso, que quizás en próximos números de la revista abordemos. Por eso queremos hacer un llamamiento a todas aquellas personas que deseen participar en la expedición Sáhara 2018, no se olviden que pueden contactar con el museo para obtener toda la información referente al viaje, precios, alojamiento, programa de actividades, y cualquier otra información adicional que necesiten.
Nosotros vamos a viajar, como hacemos siempre, con un seguro médico contratado, con una base en Hotel establecida desde antes de salir, con la dieta completa como parte del precio de la expedición, y en un entorno que realmente es maravilloso, ya que después de todo, no solo nos vamos a dedicar a la ciencia, aprovecharemos que estamos en un país diferente para degustar su gastronomía, disfrutar de sus costumbres, y conocer a su gente.
Comienza el curso; MCM prepara las actividades escolares para 2018/19.
Se acabó el verano, y con él se acabaron las vacaciones, es hora de volver al colegio. Comienza la etapa de preparativos previos para un curso escolar largo, pero sin duda lleno de nuevas sorpresas. Y en nuestro compromiso de acercar la ciencia a todos los escolares y estudiantes en general, desde el Museo Canario de meteoritos estamos preparando la nueva serie de actividades que serán presentadas a los centros educativos de las islas canarias. Y es que creemos que la mejor forma de hacer ciencia es llevándola a los centros educativos, y poniéndola en manos de nuestros
estudiantes. Sin duda, es la mejor forma de crear cantera de nuevos científicos. Por ello, el pasado mes de agosto comenzábamos la elaboración de la nueva serie de actividades que serán presentadas para su realización durante el curso escolar 2018/2019, y que este mes son presentadas a los centros educativos. Por tercer año consecutivo, volvemos a presentar la actividad ”dinosaurios en las aulas”, con la que desde los pasados cursos escolares llevábamos a los centros diferentes fósiles y meteoritos para mostrar a los alumnos una
actividad de alto interés cultural y científico. La mejor forma de comprender la historia natural de nuestro planeta, es tenerla en las manos y estudiarla. La experiencia nos precede, y en ella, hemos visto como los alumnos disfrutaban y aprendían observando directamente fósiles diferentes de distintas épocas geológicas, y explicándoles el papel fundamental que esas especies jugaron durante las distintas etapas por las que pasó nuestro planeta. Quizás el mayor atractivo de esta actividad es poner en manos de nuestros alumnos diferentes fósiles y réplicas de dinosaurios. Garras, dientes, huesos y una gran multitud de diferentes piezas que conservamos en las colecciones de este museo.
en muchos de ellos también sea la brújula que oriente su interés profesional en el futuro. La perfecta formación científica de los alumnos es fundamental para que desarrollen un concepto de la ciencia como algo necesario para la evolución humana, y pilar fundamental en la sociedad.
Más de 4500 alumnos en los cursos anteriores han disfrutado de esta actividad que se ha ganado la confianza del claustro de profesores. El pasado curso visitábamos centros escolares de Gran Canaria y Tenerife. Este nuevo curso, repetiremos la actividad, haciendo llegar la información de la misma a todos los centros de ambas provincias canarias. Dinosaurios en las aulas es una actividad que está preparada para alumnos de todos los niveles escolares, desde infantil hasta bachillerato. El contenido de la actividad evidentemente se adapta a la edad del alumnado de forma que todos ellos puedan disfrutar de la misma, y recibir el mensaje científico que se pretende transmitir con ella. Muchos de nosotros que trabajamos en estas materias tenemos bonitos recuerdos de nuestra infancia en los que se producía ese primer encuentro, con un cierto aire de misterio, con los fósiles. Recuerdo la primera vez que tuve en mis manos un diente de mosasaurio. La sensación que sentí en ese momento siendo un niño, aún hoy no soy capaz de describirla. Y porque creemos en ese impacto que estas rocas producen en el sentimiento de nuestros alumnos, somos conscientes de que para muchos de ellos ese recuerdo quedará vivo para toda la vida, y quizás
Otra de las actividades que ha tenido una gran acogida durante el pasado curso fue la observación solar. Comenzaba la actividad como una charla en la que se exponía a los alumnos cómo se formó el sol, nuestro sistema planetario, cuál es el funcionamiento de la estrella, los procesos que tienen lugar en ella. La segunda parte de la actividad consta del montaje y funcionamiento de un telescopio, para ello lo montábamos en el patio de los colegios, y explicábamos a los alumnos cómo funciona un telescopio, las medidas de seguridad necesarias para observar el sol, y llevábamos a cabo una observación a través del mismo la que los alumnos documentaban las diferentes manchas solares que se apreciaban en su superficie.
De esta manera los alumnos eran conscientes del peligro que supone tomar el sol en exceso, conocían qué procesos tenían lugar en su interior, y de qué manera afecta a nuestro planeta y a las formas de vida que en él habitan. La observación solar con el telescopio es una actividad que llama profundamente la atención de todo el alumnado. Una tercera actividad llevada a cabo y que ha tenido un gran éxito y una inmensa acogida es la titulada “La Luna en tus manos”. El próximo año 2019 celebraremos el 50 aniversario de la llegada de la misión Apolo 11 a la Luna, se cumplía un ciclo importante, un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad, en palabras de Neil Armstrong. Y este 50 aniversario es especial por varios motivos, nosotros lo celebraremos porque gracias a ese material que los astronautas retornaron a la Tierra, pudimos identificar una serie de materiales como procedentes del satélite. Aquí es donde radica especialmente el interés en esta actividad para este nuevo curso. El valor científico de una actividad de esta categoría es indiscutible, en ella los alumnos observaban distintos tipos de rocas lunares auténticos, de los que tenemos conservados en la colección del Museo Canario de meteoritos, y a través de una charla proyectada les íbamos relatando la historia geológica de nuestro satélite, cómo está formado, por qué etapas ha transcurrido, de qué manera se han formado y modificado sus materiales, por qué llegan a nosotros, y qué información aportan a los científicos. Además, está actividad llevaba a cabo la observación de una sección delgada de roca lunar a través del microscopio petrográfico en el que los alumnos podían observar los diferentes componentes minerales de las rocas del satélite.
Finalmente, el pasado curso presentamos una nueva actividad que tuvo una importante acogida y que recibió la visita de cientos de alumnos durante el curso escolar. Uno de los proyectos científicos que llevamos a cabo en el Museo es el estudio de las relaciones que los astros tuvieron en la religión de los antiguos canarios. La comunidad de los aborígenes canarios que habitaron la isla de Gran Canaria dejaron importantes vestigios arqueológicos cuyos secretos están comenzando a desvelarse. La religión de los antiguos canarios estaba basada en el animismo, conferían divinidad a objetos naturales, tales como el sol, la luna y las estrellas. Y esto ha quedado de manifiesto en yacimientos arqueológicos como el de Cuatro Puertas, en el municipio de Telde. Por ello, y habiendo recibido el certificado de excelencia a nuestras actividades en el Parque Arqueológico de Cuatro Puertas durante 2017 y 2018, ofrecido por TripAdvisor, proponíamos a los colegios realizar visitas guiadas a este parque arqueológico las que íbamos realizando una interpretación de sus elementos principales para que los alumnos pudieran conocer cuál era el estilo de vida de los antiguos canarios en ese lugar, cómo desarrollan su actividad diaria, cuáles eran sus creencias, de qué manera trabajaban, se alimentaban, vivían. En definitiva, se trata de que los alumnos de la isla de Gran Canaria no olviden su historia.
educativo durante el curso. Por tercer año consecutivo, y basados en la experiencia precedente, estamos seguros que lograremos un año más nuestro objetivo. Es por ello que especialmente esta revista también será enviada a los centros escolares, para hacerles llegar este mensaje y esta información. El legado de la ciencia debe llegar a las bases de la sociedad; los alumnos.
Este nuevo curso queremos nuevamente proponer esta actividad a los centros escolares ya que creemos que la historia de las islas no debe ser olvidada, sino transmitida a las nuevas generaciones y que en el futuro sean ellas las encargadas de seguir transmitiendo esos conocimientos, y protegiendo los lugares arqueológicos.
Aprovechamos nuevamente para insistir que todas las actividades que presenta el Museo Canario de meteoritos para su realización en los centros escolares, están adaptadas a las edades del alumnado. Diseñadas especialmente para alumnos de infantil, primaria, secundaria y bachillerato.
Este es el segundo objetivo de las visitas guiadas al parque arqueológico, que nuestros alumnos conozcan la importancia de protegerlos, de cuidarlos, en interés de que podamos disfrutar de ellos por muchos años, aprendiendo del legado que nos dejaron los antiguos canarios.
Para aquellos centros educativos que deseen recibir alguna de nuestras propuestas y actividades, solo tienen que ponerse en contacto con nosotros a través de nuestras vías de contacto; direccion@museocanariodemeteoritos.com o a través del número de teléfono 727.76.14.13. Con mucho gusto les haremos llegar toda la información referente a fechas, precios, recursos, etcétera.
Museo Canario de meteoritos tiene un compromiso firme con la educación de nuestros alumnos, por ello creemos necesario presentar diversas actividades para que los centros educativos puedan incorporarlas a su programa
También pueden obtener más información a través de nuestra página web www.museocanariodemeteoritos.com las diferentes pestañas a la izquierda de la página principal.
ZHAMANSHINITAS E IRGHIZITAS; Vidrios de impacto del cráter Zhamanshin.
A unos 200 kilómetros al norte de Aralsk (Rusia), y cerca del río Irghiz nos encontramos la estructura de impacto conocida como Zhamanshin. Un cráter de unos 14 kilómetros de diámetro producido por el impacto de un asteroide hace poco más de unos 900.000 años (~1 m.a.). Este cráter es fuente de una variedad muy interesante de vidrios de impacto que científicos del Instituto de Geoquímica de la Universidad de Viena, y del Departamento de Ciencias Minerales de la Institución Smithsoniana, entre otros, analizaron en profundidad y presentaron en un interesante informe del que traducimos estos datos a lengua española. Se reservan todos los créditos para los autores del paper; C. Koeberl y K. Fredriksson. Los científicos caracterizan dos tipos principales de vidrios de impacto procedentes de este cráter. Los primeros son llamados Irghizitas y
Microirghizitas, que recuerdan a las tectitas en su composición, con un contenido medio de SiO2 sobre el 74%. La segunda clase de vidrios son las Zhamanshinitas. A su vez, éstas zhamanshinitas se subdividen en tres subtipos de acuerdo a su contenido en SiO2; (A) zhamanshinitas ricas en sílice (SiO2 ~ 70-80%), (B) Zhamanshinitas (SiO2 ~ 52-57%) y (C) zhamanshinitas básicas, o pobres en sílice (SiO2 ~ 40%). Las irghizitas son pequeños cristales similares a las tectitas, de entre unos milímetros a unos pocos centímetros de tamaño y de forma irregular. En su composición hay partículas de lechatelierita y vesículas. Las zhamanshinitas son mucho mayores en tamaño y usualmente irregulares y con forma de bloques. Son de colores oscuros y muestran una estructura bandeada y numerosas burbujas e inclusiones.
Debido a que estos vidrios de impactos (zhamanshinitas) y las tectitas (irghizitas) están cercanamente asociados a un cráter específico, se pueden concluir importantes datos sobre los procesos de formación de las tectitas. Existen datos, como la heterogeneidad en los materiales y el fuerte ratio Fe3+/Fe2+ y su contenido en agua, por los que las irghizitas se entienden como materiales intermedios entre las tectitas y otros vidrios de impacto. Los análisis químicos de estos vidrios son de gran interés para proveer una base de datos para reducir el origen de las impactitas y las tectitas en un solo evento. La determinación de elementos mayores en un número diferente de muestras ha sido realizado por Ehmann et al., Fredriksson et al., Taylor y McLennan, Florenskij & Dabizha, Bouska et al., Shaw & Wassenburg, and Koeberl et al, mostrando una extensa variación en su composición y heterogeneidad en las zhamanshinitas, pero limitada en las irghizitas. El estudio de los elementos traza ha sido más limitado. Ehmann et al, Florenskij and Dabizha, y Bouska et al, incluyeron un relativamente corto número de elementos traza en sus estudios. El conjunto de datos más completo incluye datos de más de 32 elementos traza, pero solo para una zhamanshinita rica en sílice y dos irghizitas. Para mejorar la base de datos, los autores de este estudio aportan análisis de cuatro muestras adicionales y de más de 40 elementos. Las conclusiones de sus análisis determinan una clara conexión entre los datos de elementos traza de los vidrios de impacto y los de las capas de rocas sedimentarias presentes en el lecho original, con una mayor claridad en los datos de las Tierras Raras (REE). Los vidrios de Zhamanshin difieren en composición química de las tectitas australitas, y proveen claras evidencias de que ambos eventos de formación son diferentes.
Sección delgada de zhamanshinita bajo luz polarizada, arriba a nicoles paralelos, abajo a nicoles cruzados. © MCM/LPMCM/JGarcia.
Estos mismos argumentos ya fueron anteriormente anotados por Shaw y Wasserburg en base de datos isotópicos, y por Storzer y Wagner en base a la datación de edad. Es difícil interpretar las diferencias químicas solo debido a los calentamientos a baja temperatura, porque los ratios geoquímicos no solo están afectados por estos efectos únicos. También cuenta bastante la contaminación que el material asteroidal produce en los vidrios. Los datos químicos determinan el concepto, derivado del estudio de las microirghizitas, que el cráter de Zhamanshin y sus vidrios asociados proveen un ejemplo del origen de las tectitas. Sin olvidar que las irghizitas no son tan homogéneas en composición como las tectitas australitas y contienen más elementos volátiles, indicando un pico de presión y temperatura menor durante su evento de formación. En todo caso, no es posible explicar la
química de las irghizitas (y de las zhamanshinitas) como el resultado del impacto de un cuerpo vidrioso homogéneo como propuso O’Keefe. En el MCM tenemos numerosos ejemplares de Irghizitas y zhamanshinitas que han sido
analizados en profundidad por el equipo técnico de petrografía, y se confirman en ellas las texturas e implicaciones relatadas por los autores del informe.
En el próximo número… Analizaremos los fenómenos asociados al impacto de los asteroides, especialmente las tectitas y vidrios de impacto. Estos residuos que se originan como consecuencia del impacto de grandes asteroides contra nuestro planeta son de especial interés científico para comprender los mecanismos físicoquímicos desencadenados en estos fenómenos. Foto; sección delgada de tectita indochinita, obtenida para su estudio en el Museo Canario de Meteoritos. Arriba, luz polarizada paralela. Abajo, luz polarizada cruzada.
METEORITOS, núm. 11. Septiembre Octubre 2018.
Número 11 de la revista METEORITOS, editada por el Museo Canario de Meteoritos (www.facebook.com/museocanariodemeteoritos) Suscríbete grati...

References: resolución 
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