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Timestamp: 2017-10-22 19:31:10+00:00

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De política: 2006
Venezuela - Amor con hambre no dura
Fuente: Chileven Blog Spot
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) “el hambre no es un problema de falta de alimentos en el mundo, pues ahora producimos suficiente para cubrir nuestras necesidades, se trata, más bien, de una mala distribución de la riqueza, pero no de los recursos, pues, de hecho, la denominación de países pobres o ricos es una mera falacia, puesto que es en los países en desarrollo donde, por ejemplo, nos encontramos la mayor diversidad biológica o las principales reservas petrolíferas y minerales, pero también es donde se encuentran las mayores bolsas de pobreza y de hambre”.
Y, efectivamente, eso es lo que sucede en Venezuela; en la Venezuela supuestamente revolucionaria y socialista del coronel golpista Hugo Chávez Frías. La gente se ha olvidado, lamentablemente, y no sólo en Venezuela sino que, en todo el ámbito mundial, de que el teniente coronel Hugo Chávez Frías (paracaidista con 10 saltos, según su instructor) propició dos golpes de Estado, los cuales fueron abortados; es decir, sus éxitos como político han sido muy parecidos a sus “éxitos” militares.
La FAO manifestó en su último informe que el 18% de los venezolanos, es decir, 4,7 millones de personas sufren de desnutrición.
Ante esto, no contestó ni el presidente Chávez quien está en campaña reelectoral (por vez tercera), ni el Ministro de Alimentación. La tarea sucia se la dejaron a una Viceministra de Alimentación, Isis Ochoa, quien dirige el Frente Francisco de Miranda, que según su definición es “una fuerza antiimperialista, disciplinada, dinámica y organizada; fundamental en la lucha por erradicar la pobreza en todas sus manifestaciones y por alcanzar la igualdad social en Venezuela. Es un instrumento que apoya a las Misiones y contribuye al desarrollo exitoso de los programas impulsados por el Gobierno Revolucionario en beneficio de las clases más humildes, en correspondencia con el ideario bolivariano y el pensamiento del Comandante Chávez “, organismo que, como veremos no cumple sus funciones, entre las cuales está erradicar el hambre y la pobreza en el país.
La Viceministro revolucionaria le contestó a la FAO que 20 millones de personas han comprado en Mercal (red de abastos y supermercados oficiales, que solamente en la ciudad de Maracay en el estado Aragua, están acusados de un desfalco de 6 mil millones de bolívares, que son unos 2,7 millones de dólares). Eso, significa (para la aritmética de la Viceministra) 55.500 personas que compraron en 13.700 establecimientos de la red, lo que da un promedio de 4 personas por día. Eso significa, obviamente, que en la Red Mercal, según la funcionaria (que al parecer no revisó sus cuentas) asisten más empleados que clientes, si consideramos que cada establecimiento requiere, de al menos, un cajero, un portero, un cuidador, un chofer, un barrendero, un despachador, etc.. En otras palabras, en cada establecimiento Mercal podríamos ver (siempre de acuerdo a la aritmética ministerial) a unos 7 u 8 empleados más 4 clientes, lo que nos da unas 12 personas diarias.
En su rechazo al informe de la FAO, la Viceministra, reconoce que en su despacho hay problemas de ineficiencia lo cual le impide tener estadísticas exactas y confiables. Sus cifras, obviamente, lo confirman. Pero, hay que considerar que cuando los organismos públicos son ineficientes eso significa, también que son inauditables y, eso, se hace a propósito. Lo que sucedió en la ciudad de Maracay es una excepción a la regla: los empleados denunciaron el desfalco.
Por otra parte, el Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela - INE - para respaldar a la funcionaria pública en su diatriba en contra de la FAO, organismo que está considerado, por cierto, completamente neutral en materia política, dice que la extrema pobreza en Venezuela era de un 17,1% en 1998 (año en que el teniente coronel Hugo Chávez, gana su primera elección) y que ésta baja a 15,3% en 2005 de los hogares venezolanos. Al respecto, el economista y profesor José Guerra (ex director del banco Central de Venezuela) dice que: “el Instituto Nacional de Estadística asevera que la pobreza disminuyó entre 1999 y 2005 dos (2) puntos porcentuales. Es cuestionable este milagro estadístico cuando en ese lapso el ingreso por habitante cayó seis (6) por ciento, la tasa de desempleo abierto aumentó desde 11,0% en 1998 a 12,2% en 2005 y la tasa de inflación reflejó un incremento acumulado de 258,0%”.
Pero, aún hay más, el INE dice que los hogares pobres en 1999 eran 42,8% y que para 2005 estos llegaban apenas a 37,9%, lo cual, de todas maneras, evidencia un fracaso enorme, considerando que los ingresos petroleros, en ese lapso, superaron los 500 mil millones de dólares, es decir, 4,2 veces el PIB nacional.
La población desnutrida de Venezuela, de acuerdo a la FAO sería de 4,5 millones de personal, lo cual equivale al 8% de la población latinoamericana desnutrida que es de aproximadamente 8,2 millones de habitantes, contando los 3,8 millones de Haití y los 200 mil desnutridos de Cuba, país, este último, que también niega esta figura.
Para el economista Guerra, la pobreza se mide en función de las medidas convencionales de ésta que se basan en la llamada línea de pobreza la cual consiste en comparar el ingreso monetario que percibe una persona o una familia con el valor de una determinada canasta de consumo. Esta canasta puede contener exclusivamente bienes de consumo en cuyo caso se estaría midiendo la pobreza crítica. Cuando se trata de una canasta que además de contener bienes de consumo incorpora también servicios, al cotejar el valor de esa canasta con el ingreso se contabiliza entonces la pobreza general.
La montaña rusa estadística
El análisis del economista José Guerra es concluyente en lo que respecta a las informaciones del INE venezolano. Por un lado el presidente Chávez le obliga a maquillar las estadísticas y por el otro se olvidan de las metodologías científicas a usar. Guerra dice: “definitivamente, las cifras del INE deben llamar a la reflexión. Se reconoce que la pobreza no aumenta ni disminuye de manera abrupta, salvo que ocurra un cataclismo económico y social en un país. Los datos del INE se mueven como una montaña rusa. En cambio, según la UCAB, - (Universidad Católica Andrés Bello) - la pobreza presenta un comportamiento más estable, tanto cuando aumenta como cuando disminuye, como cabría esperar. Pero hay más. En 1999, la economía venezolana experimentó una fuerte contracción al cifrarse la caída del PIB en 6,1% mientras que el ingreso por habitante disminuyó 7,9%, con lo cual, en promedio, el ingreso de los venezolanos cayó en esa magnitud. ¿Cómo puede explicar el gobierno una reducción de la pobreza de casi dos (2) puntos porcentuales en 1999 cuando el ingreso recibido por venezolanos se contrajo en casi 8,0%? Ese milagro estadístico no se había visto en ningún país, salvo en esta Venezuela. Pero hay todavía otra razón para asombrarse con la contabilidad de la pobreza del INE. En ese año, 1999, el desempleo abierto aumentó significativamente al ubicarse en 14,5% con relación al 11,0% en que se situó ese indicador en 1998. Es muy difícil que con cierta coherencia las autoridades del INE puedan explicar semejante contradicción”.
“Desde una perspectiva de mediano plazo, obsérvese estos datos. De acuerdo con el INE la pobreza general pasó de 43,9% en 1998 a 37,0% en 2005, es decir una disminución de aproximadamente siete (7) puntos porcentuales. En ese mismo lapso, el ingreso real promedio que perciben los venezolanos disminuyó a un ritmo de 0,9% anual para una caída acumulada de los ingresos de 6,0% en siete años, entre 2005 y 1998. Durante el mismo período, la tasa de desempleo abierto pasó de 11,0% en 1998 a 12,2% en 2005, con todo y la creatividad estadística oficial que hace que haya aumentado de forma importante la población inactiva, entre otros elementos. Algo no cuadra en las cuentas del INE. El daño que se le está infligiendo a la credibilidad de las estadísticas en Venezuela debe ser reparado para con ello evitar su uso como instrumento de la política oficialista”.
Hay una consideración muy importante que se le olvidó mencionar y cuantificar al profesor Guerra, y esta tiene que ver con la magnitud de las misiones (que son las medidas sociales populacheras creadas por el gobierno para disfrazar la cesantía). Por lo menos 3 millones de venezolanos reciben el equivalente al 70% de un salario o sueldo mínimo mensual; de esta manera, estas personas aparecen en las encuestas y registros estadísticos del INE como empleados. Por otra parte, los llamados buhoneros (vendedores ambulantes callejeros), quienes tarde, mal y nunca obtienen una renta económica para sobrevivir, también aparecen como fuerza laboral empleada (por su propia cuenta). En otras palabras, debemos considerar que la fuerza laboral venezolana es de unos 12 millones de personas adultas más unos 5 millones de niños explotados (una casi esclavitud), y de la suma de estos, unos 6 millones que trabajan en el sector informal, sin tener posibilidad de llegar a obtener atención de los servicios públicos como el Instituto venezolano de los Seguros Sociales - IVSS - , no tienen posibilidad de jubilarse, de pensionarse o de obtener una ayuda crediticia por su situación informal y al margen de las leyes. La pregunta es ¿debemos considerar a estas personas cómo pobres?
Considerando esta situación social, más bien parece que la FAO se quedó corta en sus mediciones y apreciaciones sobre la pobreza venezolana. Además, de todo esto se desprende que los altos funcionarios públicos deben ser más cautos, acuciosos y creíbles cuando quieran desmentir cifras, informes u opiniones basadas, generalmente es estadísticas y encuestas cuyos marcos han sido científicamente elaborados.
Publicadas por Moisés Iturbides a la/s 2:27 p. m. No hay comentarios.: Vínculos a esta publicación
Japón: la reforma constitucional para el relanzamiento en el escenario de la política internacional
Después de décadas de ausencia de los escenarios importantes de la política internacional, el país del pacifismo institucionalizado, cómplice también del irresistible ascenso chino y de la creciente preocupación por el desarrollo nuclear de Pyongyang, parece ya decidido a regresar plenamente al escenario político asiático e internacional mediante la modificación de su constitución y el rearme de las Fuerzas de Defensa.
Equilibrio.net (27 noviembre 2006)
Desde sus primeras declaraciones, el nuevo primer ministro nipón Shinzo Abe, que sucedió a finales de septiembre al reformista Junichiro Koizumi, ha hecho ver su determinación de conducir un Gobierno reformista que devuelva al país el orgullo nacional y la conciencia de su papel internacional, que por décadas, a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, han quedado enterrados bajo el pacifismo dominante tanto en las instituciones como en la sociedad.
Para renovar el espíritu de iniciativa del país del sol naciente en el escenario internacional Abe no ha ocultado que quiere modificar la constitución, que incluso está considerada por una buena parte del establishment y de la opinión pública como un "código inmortal".
En una entrevista concedida al Financial Times a principios de noviembre Abe ha afirmado que el pueblo japonés debería escribir una constitución en línea con la situación del siglo veintiuno.
El nuevo líder del Gobierno ha señalado especialmente al artículo 9 de la presente constitución, que en su opinión debería ser revisado en vistas de las nuevas exigencias defensivas y del papel que el país debería desempeñar en el futuro en el esfuerzo común con las otras naciones para garantizar la seguridad internacional.
El debate sobre el artículo nueve
En virtud de la constitución impuesta por las fuerzas de ocupación después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón no posee fuerzas armadas propiamente dichas, sino simples "Fuerzas de Autodefensa" que pueden contar con unos 260.000 efectivos en servicio incluyendo las fuerzas terrestres, aéreas, marítimas y los cuerpos paramilitares y unos 44.000 reservistas. Formalmente todo el personal de las Fuerzas de Autodefensa es civil.
El artículo 9 establece en efecto que el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra, la amenaza y la fuerza como medios para solucionar las disputas internacionales.
Por consiguiente Japón posee una maquinaria bélica esencialmente defensiva, caracterizada por la ausencia de armamentos (bombarderos, misiles de largo alcance, portaaviones) capaces de llevar su capacidad ofensiva más allá de los confines nacionales. Además, el sistema de defensa japonesa confía, en caso de agresión exterior, en las unidades aéreas y navales estadounidenses presentes sobre su territorio en base a los tratados de seguridad estipulados a partir de los años sesenta.
A pesar de esto, según algunas estimaciones, Japón asigna cada año al gasto militar el 1% de su PIB, un presupuesto que ronda los 40.700 millones de dólares, el sexto del mundo después del estadounidense, chino, ruso, inglés y francés. Una cifra nada despreciable para un país que se declara pacifista.
En los últimos años el Gobierno japonés ha comenzado efectivamente a forzar los dictámenes del artículo 9 haciendo una interpretación “generosa” para permitir la participación de las Fuerzas de Autodefensa en operaciones conjuntas con las fuerzas estadounidenses en el escenario internacional contra el terrorismo, y finalmente el despliegue en Irak de tropas no beligerantes en apoyo del resto de contingentes de la coalición.
En el curso de estos años se han expresado muchas reservas acerca del fundamento jurídico de tales operaciones en el extranjero, así que desde diversos sectores de la opinión pública se ha comenzado a discutir la cuestión de, a la luz de los acontecimientos internacionales de los últimos años, si es necesaria una modificación de la constitución que permita al país participar activamente en los asuntos de la política internacional, evitando así la confusión y la incertidumbre legislativa que se crea cuando en lugar de modificar un artículo se trata de reinterpretarlo de acuerdo con varias “escuelas” de la doctrina jurídica.
Las posiciones del nuevo primero ministro son ampliamente compartidas también dentro del propio partido de Abe, el Liberal Democratic Party (LDP), desde siempre admirador de la constitución pero también partidario de una leve reformulación del texto existente que atenuara su carácter de imposición del exterior.
Justamente después de la clara victoria del Partido Liberal-demócrata en las elecciones de septiembre de 2005 para la renovación del Shugi-en (la cámara baja japonesa), la revisión de la constitución empezó a despertar una mayor atención y un creciente interés dentro del panorama político nipón.
En noviembre de 2005 el LDP ha presentado el borrador de un nuevo dictado constitucional que reconoce de manera clara la existencia de "fuerzas armadas" de autodefensa en lugar del actual artículo 9 y auspicia una participación japonesa más activa en las actividades internacionales de mantenimiento de la paz.
A pesar de los ambiciosos propósitos políticos parece sin embargo difícil para el estadista nipón revolucionar en el plazo de pocos años un orden político consolidado en el tiempo.
Con base en el artículo 96 de la actual Constitución, cada enmienda a la misma tiene que ser propuesta con el apoyo de al menos dos tercios de los miembros de las dos cámaras parlamentarias y tiene que ser aprobado en un referéndum popular por mayoría simple.
En este sentido la opinión pública parece dividida sobre si es oportuno alterar el carácter pacifista.
El reciente desarrollo del programa nuclear norcoreano y las pruebas de misiles han contribuido ciertamente a incrementar el temor de amplios sectores de la sociedad japonesa, que asisten al progresivo deterioro del contexto político de la región y que teme encontrarse en el futuro inmediato con un peligroso enemigo armado con la bomba atómica justo a las puertas de casa.
Como prueba de la preocupación que se ha instalado en el tejido social del país del sol naciente, en los últimos meses se ha comenzado a discutir sobre cuestiones que hasta hace poco tiempo eran consideradas auténticos tabúes, y dentro de los círculos políticos y mediáticos se ha desarrollado un gran debate sobre los pros y contras de la eventual dotación del país con armas atómicas.
Recientemente el Gobierno ha afirmado, en respuesta a una pregunta del Parlamento, que, a nivel puramente legal, cree que tiene derecho a dotar al país de un "mínimo necesario" de armas atómicas para la autodefensa.
Por lo tanto el Ejecutivo japonés ha manifestado por primera vez de modo oficial su intención de analizar la opción atómica, remarcando al mismo tiempo su voluntad de no turbar la vieja posición política.
Sin embargo, frente a un Japón que quiere pasar página y modificar la constitución pacifista hay otro caracterizado por los movimientos pacifistas, de izquierdas, de mucho supervivientes de Hiroshima y Nagasaki, que denuncian el brusco giro del país hacia la derecha, en la misma dirección que lo arrastró a la tragedia de la Segunda Guerra Mundial.
En este sentido, un reciente sondeo realizado por el periódico japonés Yomiuri Shimbun muestra que el 80% de los entrevistados se declara favorable al respeto de los principios constitucionales que prohíben poseer, producir o introducir en el país armamentos nucleares.
Los reflejos internacionales del nuevo protagonismo japonés
Un Japón que vuelva a ser miembro activo de la comunidad internacional constituiría sin duda un elemento de rotura del status quo que se ha consolidado en las últimas décadas en la región del extremo Oriente, y podría contribuir a reabrir viejas heridas y reavivar viejos rencores en los países cercanos, que conservan amargos recuerdos de las agresiones y las atrocidades cometidas por los japoneses durante la ocupación nipona de los años '30 y '40.
Sobre todo China, que ha aprovechado los sesenta años de inmovilismo de Tokio para reforzar su liderazgo político en la región, parece el país más seriamente preocupado por un eventual rearme y un renovado protagonismo del país del sol naciente, y queda por ver cuales podrían ser las eventuales contramedidas.
Sobre el otro lado de la política exterior nipona, la que mira a occidente y a los EE.UU., los nuevos propósitos del gobierno japonés representan cualquier cosa menos que un problema.
Las relaciones entre los dos países no presentan problemas y el creciente apoyo que va madurando en Japón para una reforma constitucional es par Estados Unidos la clara evidencia de que el país asiático está yendo en la dirección correcta para volverse un fiable y responsable socio político, tanto a nivel regional como global.
Aunque recientemente EE.UU. ha vuelto a subrayar que a Japón le tiene que bastar con el “paraguas” nuclear estadounidense, en la estrategia americana de contención con respecto a la creciente potencia china, Japón, con su orden económico maduro y consolidado que en los últimos años ha sabido restablecerse de la crisis de finales de los años '90, es un precioso aliado y sin duda un elemento de contrapeso.
También para Tokio la consolidación de la alianza con los Estados Unidos representa no sólo una elección obligatoria por razones ligadas a las tradiciones de la política exterior del Japón democrático de la posguerra, sino que también por motivaciones meramente económicas.
La ulterior intensificación de la cooperación entre los dos países en ámbito militar, con el consiguiente fomento de la maquinaria bélica nipona, podría constituir en efecto un elemento fundamental de input para el desarrollo de la industria pesada japonesa, que tiene en primera fila al Mitsubishi Heavy Industries y al Kawasaki Heavy Industries.
Como prueba de esto en noviembre de 2005, la agencia de Defensa nipona, ha anunciado su intención de dotarse, de aquí a finales de 2010, de 124 misiles Patriot que deberían ser inicialmente importados de los Estados Unidos, pero después está previsto que la producción sea trasladada al Mitsubishi Heavy Industries.
El nuevo líder japonés Shinzo Abe parece decidido a rescribir la constitución de 1946 modificando su rígido carácter pacifista.
Redactada durante la ocupación americana posbélica, según el primer ministro y buena parte de la opinión pública nipona se ve afectada por la influencia exterior y parece completamente inadecuada para sostener el recobrado peso internacional de Tokio.
Japón parece sin embargo dividido sobre la elección del rearme, y sobre todo inquieto por el que muchos juzgan como un salto al vacío que borra más de sesenta años de historia.
Al la espera de pasos concretos hacia las reformas, Abe parece en todo caso tener el apoyo de los estadounidenses, que ven a un Japón nuevamente protagonista en la escena internacional como un importante elemento de reequilibrio en el área del extremo Oriente, caracterizada por las tensiones nucleares y el crecimiento de la influencia china.
¿De qué hablamos cuando decimos socialdemocracia? Marxismo y revisionismo(YIII)
Pepe Gutiérrez-Álvarez (Para Kaosenlared)
-SERVICIOS DE GOOGLE PARA BLOGGERES-
Otra cuestión trascendente debatida fue la del partido.
Para Bernstein. el partido debía de ser como un "movimiento" en el cual tendrán cabida todos los sectores "progresistas" al margen de los criterios de clase. Su finalidad debía de ser fundamentalmente electoral. y su dirección debería estar en manos de la fracción dirigente. En diversas ocasiones durante el debate sobre el revisionismo, Bernstein se pronunció en contra de cualquier intento de bajarla discusión entre los obreros. Por su parte. el centro ortodoxo mantendría una combinación entre su vocación electoral y su base clasista, apoyando el desarrollo orgánico del movimiento obrero en todas direcciones. Sus normas eran bastante centralistas y su preocupación primordial fue mantener la "unidad" por encima de las discrepancias. De esta manera, cuando Bernstein cuestiona la política del partido y, en palabras de August Bebel, se muestra más duro con su socialismo que con el enemigo de clase, a nadie se le ocurre la expulsión. Solamente Plejanov y Lenin insistirán en que ésta era una medida necesaria.
Este debate cobra un vuelo mucho más alto dentro de la izquierda, en particular entre Lenin de un lado y Rosa Luxemburg y Trotsky, de otro. Para Lenin, el partido debe de ser el instrumento de la revolución, la fracción que condensa lo más aguerrido del movimiento obrero y socialista. Debe de ser una vanguardia disciplinada, y funcionar por el centralismo -unidad en la acción- democrático -libertad de fracción y de tendencias-; debe de delimitarse clara y rotundamente de las posiciones reformistas y del "movimiento", dentro del cual deben de intervenir. Este centralismo le parece a Rosa Luxemburg -que lo pesa por la medida alemana en la que el aparato impide la iniciativa de las masas-, el del "vigilante nocturno", el de un grupo elegido de "jacobinos", de una fracción que, en palabras de Trotsky, sustituye a las masas. Rosa Luxemburg ve el partido como un servidor de las masas en las que ve un enorme potencial de autoemancipación. El debate se agriará al situarse en medio de la confrontación entre bolcheviques y mencheviques.
Otro debate muy importante es el que trató de la huelga general. La idea que sobre la cuestión impera en la socialdemocracia es, en gran medida, la expresada por Engels en Los bakuninistas en acción, donde critica el fetichismo que hacen los anarquistas de esta forma de acción de masas, concluyendo que para conseguir ponerla en pie es necesario un grado de organización obrera muy alto... y cuando esto se ha logrado, ya no vale la pena hacer el rodeo de una huelga general. Después de que en Bélgica se lograra el sufragio universal mediante una huelga general y, sobre todo, después de la revolución rusa de 1905, estas concepciones tan sumarias de Engels no se podían mantener de pie. Para la derecha sindicalista, la huelga general no era más que "el disparate generar'. Pero para los revisionistas, que no la podían rechazar tan burdamente, la huelga general era una cosa demasiado seria para dejársela a los trabajadores. Bernstein no rehuía la fórmula, pero la sujetaba al estado mayor de los sindicatos y del partido, y la encaminaba como una forma de presión suplementaria a la labor parlamentaria de cara a una mejora legal concreta.
Naturalmente, la izquierda tenía otro punto de mira. Representaba la forma suprema de la acción directa y consciente de las masas obreras, la aplicación inmediatamente de la democracia directa, el medio para organizar alrededor de los organismos obreros a la mayoría de la población oprimida. Para Rosa Luxemburg: "...las huelgas de masas y generales habían tenido su pero origen en la concurrencia de diversas luchas por mejoras de salarios, las cuales, según la tendencia de la situación revolucionaria y bajo el impulso de la agitación de los socialdemócratas, se convertían rápidamente en manifestaciones políticas". Para la izquierda se trataba de desbordar los estrechos cauces de la burocracia sindical y del parlamentarismo. La huelga general no será el día D que como las trompetas de Jericó, derrumbará las murallas capitalistas, pero sí será el instrumento más idóneo para preparar el derrocamiento del sistema.
Los conflictos interimperialistas que precedieron la Primera Guerra Mundial fueron localizados, pero aun así permitían vislumbrar su dinámica internacional, su repercusión mundial que se derivaba del carácter imperialista de la época que tendía hacia la absorción de los grandes mercados precapitalistas disputados por las grandes potencias. Dentro de la socialdemocracia, los revisionistas veían estas guerras como restos anacrónicos 'del pasado y no creían, más bien al contrario desestimaban, la posibilidad de una guerra internacional. Por su lado, el "centro ortodoxo" era escéptico sobre la capacidad del proletariado de contraponerse a la generalización de un conflicto armado, Jaurés y Vaillant pensaban que esta actitud no ayudaba a "examinar las medidas generales a tomar", por lo que proponían para "los partidos de los países afectados" y "conjuntamente para todo el partido socialista internacional", una "acción concertada" para evitar toda guerra.
Se trataba en su opinión de movilizar a los trabajadores "tan pronto como secretos o públicos acontecimientos hicieran temer un conflicto entre los gobiernos que convirtiera la guerra en posible o probable". Para Jaurés "el proletariado quiere ser actor de su propio drama. La acción parlamentaria ya no basta en ningún terreno. Hay que apelar a los medios de acción que el genio ,obrero ha creado"; dicho de otras manera, la huelga general y otras formas de movilización social. Durante el Congreso de Stuttgart (1907), se precisará más claramente la línea que debía seguir la Internacional y se proclamaba:" Ante la amenaza de una guerra, es un deber de la obrera de los países afectados, así como para sus representantes en los parlamentos junto con la ayuda del Buró Internacional, fuerza de acción y coordinación, de realizar todos sus esfuerzos para impedir la guerra mediante los medios que le parezcan más apropiados y que, naturalmente, varían según la lucha de clases y la situación política internacional.
Creyendo esta noción todavía insuficiente, la izquierda -Rosa Luxemburg con el apoyo de Lenin y Martov- propone una enmienda que es finalmente adoptada, y que dice así: "No obstante, en el caso de. que estallara la guerra, tienen el deber de intervenir para hacerla cesar rápidamente utilizando con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra a. fin de llevar la agitación a las más profundas capas populares y precipitar la caída de la dominación capitalista."
Esta enmienda no pone todavía el suficiente énfasis sobre los medios, lo que se tratará de hacer en el Congreso de Copenhague por parte de Keir Hardie y Edouard Vailland cuando plantea: "La huelga general, sobre todo en las industrias que suministran a la guerra sus instrumentos (armas, municiones, transportes, etc.), así como la agitación y la acción populares en sus formas más activas". Por su lado, el delegado holandés Toelstra es aclamado, cuando exclama: "La clase obrera no debe de dejar la política internacional en manos de la burguesía " . Pero entre las grandes declaraciones y la voluntad y capacidad real de respuesta, hay grandes diferencias. Jaurés insiste en que la huelga general será internacional o no será, pero no se concretan mayores precisiones tácticas. Los nuevos intentos de discutir, de reunir la Internacional, coinciden con los prolegómenos del estallido de la guerra.
La Gran Guerra será, sobre todo para el movimiento obrero internacional, el inicio de una nueva historia, de una nueva época, mucho más intensa y dramática. Para la clase dominante es un momento que comienza con una euforia como la que se desprende de estas palabras escritas por Max Weber en la ocasión: "La guerra que ahora comienza no constituye ninguna catástrofe; por el contrario, abre muy bellas perspectivas. Los beligerantes tendremos que hacer un gran consumo de material y de municiones. El material que emplearemos pondrá de manifiesto imperfecciones y defectos graves, y como suele hacerse en otros ejércitos importantes, la experiencia obligará a los grandes Estados a renovar su armamento. Por consiguiente, se presentan buenas perspectivas de trabajo para la industria y para los capitales... Este es nuestro pensamiento, desprovisto, ciertamente, de toda consideración sentimental”'
Lo que viene después, es ya otra historia.
--(1) Para más información sobre esta resolución, ver Pepe Gutiérrez-Álvarez, El primer 1º de Mayo, Historia y Vida n.º 218, mayo 1986.
--(2) Una aportación, considerada como definitiva sobre esta confrontación entre el marxismo y las demás corrientes socialdemócratas. es la de Bo Gustafsson, Marxismo y revisionismo, Ed. Grijalbo, Barcelona, 1976.
--(3) El programa socialista, Ed. Fontamara, Barcelona, 1975, p. 54. La traducción es de Pablo Iglesias. La misma editorial publicó el mismo año las otras dos obras capitales del debate: Reforma o revolución, de Rosa Luxemburg, y El socialismo evolucionista. De Edouard Bernstein. .
--(4) Ed. Fontamara, Barcelona, 1978, prólogo de Emilio Olcina.
--(5) En 1879 Marx y Engels llevaron una dura polémica contra la "banda" de Karl Hochber, un filántropo de izquierda que tenia a Bernstein como secretario.
--(6) Ver, Gustafsson. ob. cit., p. 214.
--(7) Citado por Michelle Auclair, en Jaurés, Ed. Grijalbo. México, 1974, pp.112-113.
Publicadas por Moisés Iturbides a la/s 10:19 a. m. No hay comentarios.: Vínculos a esta publicación
¿De qué hablamos cuando decimos socialdemocracia? Marxismo y revisionismo(II)
El desarrollo teórico y estratégico de la socialdemocracia clásica se forja, al mismo tiempo, con intensos debates hacia fuera co Ias demás corrientes del movimiento obrero y, sobre todo con la clase dominante, y hacia dentro, entre las distintas interpretaciones del marxismo. Entre sus debates hacia fuera, los más importantes son, naturalmente, los llevados contra los ideólogos del orden establecido, que son sometidos a una crítica rigurosa en todas las cuestiones fundamentales de la vida política, social y cultural. Contra ellos, la socialdemocracia clásica forja todo un arsenal teórico que más tarde será un inapreciable legado para sus desprendimientos de izquierdas, en particular para los comunistas. También resultan importantes sus polémicas con los anarquistas (a los que consideran como una corriente pre-marxista y equivocada por su revolucionarismo precipitado), y nacionalmente, con otras corrientes como lo serán los lasalleanos alemanes, los posibilistas franceses, los populistas rusos, los nacionalistas polacos, etc. (2).
Pero todos los debates con las otras corrientes socialistas pasará a un segundo plano con la aparición del revisionismo, que recoge diferentes opciones gradualistas y estatales -fabianismo. lasalleanismo. etc.- y las insertas en una reconsideración del marxismo puesto boca abajo. o sea convertido en un instrumento contrario a la revolución. Hasta entonces, la posición básica de principios de la socialdemocracia. la expresaba así Kautsky: “Marx y Engels... reconocieron que una revolución no se hace a voluntad sino que se produce necesariamente en unas condiciones determinadas, que se elaboran poco a poco, no se cumplen todas. Sólo donde el sistema de producción capitalista ha alcanzado un alto. grado de desarrollo las condiciones económicas permitan la transformación por el poder público de la propiedad capitalista de los medios de producción en propiedad social: pero. por otra parte, el proletariado únicamente está en condiciones de conquistar el poder político o allí donde se ha convertido en una masa potente. indispensable en la el..economía del país. en gran parte solidamente organizado y es consciente de su posición de clase e instruido acerca de la naturaleza del Estado y la sociedad (3).
La próxima revolución encontraría una clase obrera a la altura de las circunstancias. Entre tanto, mientras que la lucha se dé en el marco de un desarrollo pacífico del capitalismo, la socialdemocracia --siguiendo una "vieja táctica probada" (gradualista)-, iría acumulando fuerzas en el terreno político y orgánico e incrementando su porcentaje electoral. No se repetiría la tragedia de la Comuna. Para el "centro ortodoxo" (Kautsky, Bebel, Wilhem Liebknecht, Viktor Adler, Plejanov, Guesde, etc.), la ruptura con el sistema era inevitable, y su carácter violento o pacífico dependía de la actitud de la clase dominante frente a la cual se emplearía la fuerza obrera organizada y la legitimidad electoral y democrática. Estas concepciones serán facilitadas por el período de coexistencia interimperialista. Solamente desde sectores de la izquierda, y muy en particular Rosa Luxemburg, cuestionarán esta línea. Por ello, Rosa será tratada con hostilidad; incluso Kautsky encontrará la desaprobación del "caucus" parlamentario y sindical cuando plantea la cuestión de la ruptura en El camino del poder (4).
Después de un primer intento fallido en tiempos de Marx (5). Bernstein pasará a la ofensiva. La primera batalla la desarrolla en torno a las lecciones sobre la Comuna de París. Las suyas son las siguientes: los comuneros no habían agotado las posibilidades democráticas. habían actuado como "blanquistas" (6) al insurreccionarse le atrajo la hospitalidad de la clase media y del campesinado...
El eje de sus posiciones se situaba en la creación de una alternativa gradualista "que no depende de la teoría de la concentración del capital en manos de un número cada vez más reducido de magnates, ni de todo el andamiaje dialéctico del cual es un tramo, sino del crecimiento de la riqueza social y de las fuerzas sociales productivas. en conjunción con el proceso social general y. particularmente. en conjunción con el programa intelectual y moral de la propia clase trabajadora... Bernstein entendía que la humanidad no progresaba por saltos y crisis en su evolución, que la clase obrera podía conseguir (como en cierta medida había hecho la burguesía) su hegemonía sin necesidad de una revolución violenta. La concentración capitalista se estaba demostrando mucho más lenta de lo que había previsto Marx y no suponía la desintegración de la clase media. La burguesía se había mostrado capaz de convivir en un marco democrático parlamentario estable y de hacer concesiones para contener las luchas obreras.
Frente al mito revolucionario, Bernstein proponía una “línea moral”. El “interés común moral” debería de estar por encima de los antagonismos de clase. Había que volver a Kant contra la dialéctica de Hegel.
Para el ala revolucionaria, la crisis abierta por los revisionistas mostraba la necesidad de adecuar la teoría marxista a las nuevas exigencias. Para Rosa Luxemburgo, la mayor lentitud de la concentración capitalista no cuestionaba la tendencia general apreciada por Marx. El capitalismo había llegado a sus límites en la dominación del mercado nacional, y ahora estaba pasando a la dominación de los mercados precapitalistas de las colonias. Esto provocaría las contradicciones interimperialistas, de manera que "los grandes avances realizados por el capital financiero que conducía a intensos conflictos y rivalidades imperialistas, acompañados de la explotación creciente del trabajo colonial barato y del empleo de éste para hacer bajar el nivel de vida de los trabajadores en los países más adelantados. Con estas contradicciones, la era de las revoluciones se planteaba de nuevo y los síntomas se encontraban en las guerras interimperialistas y en diversas crisis sociales como la que anunciaba la revolución rusa de 1905.
La izquierda no encuentra contradicción entre reforma y revolución, para Kautsky ambos extremos se combinan, para Rosa Luxemburg las reformas tienen como misión preparar la meta final. "La lucha diaria, escribe en Reforma o revolución, por las reformas, por el mejoramiento de la condición de los trabajadores dentro del sistema social y por las instituciones democráticas, ofrece a la socialdemocracia el único medio de tomar parte activa en: la lucha de clases al lado del proletariado y' de trabajar en la dirección del objetivo final: la conquista del poder político y la supresión del asalariado. Entre las reformas sociales y la revolución existe para la socialdemocracia un lazo indisoluble, su fin. Se trataba, para esta última, de pasar de "las armas de la crítica a la crítica de las armas" porque, al renunciar a la ruptura se renunciaba al socialismo. Los revisionistas, en realidad, no optaban por un camino distinto solo que más largo, cambiaban el carácter de clase de la socialdemocracia a la que querían convertir en el ala izquierda de la clase dominante.
Independencia o colaboración con la burguesía
El debate entre revisionistas y marxistas se trasladó prácticamente a todas las cuestiones importantes que preocuparon a la Internacional. Sin duda uno de los trascendentes fue el relacionado con el llamada "affaire Millerand.. que tuvo lugar en 1899. Alexander Millerand, abogado socialista francés, tomó la iniciativa de participar en un gobierno burgués en el que se sentaba el general Gallifet, conocido en los medios obreros tomo .'el verdugo de la Comuna". Jaurés. aunque a regañadientes lo defendió como una medida excepcional y explicó que eran como unas muletas obreras para que los republicanos pudieran defenderse mejor de la ofensiva de la derecha que. tras haber sido derrotada en el "affaire Dreyfus". amenazaba con un golpe de Estado.
La izquierda marxista, a través de Guesde. denunció dicho apoyo en los siguientes términos: "Si hace veinte años, cuando hemos dicho a la clase obrera: Afirmaos como clase.. nos hubieran dicho: 'Todo esto desembocará en la obtención de una cartera por uno de los nuestros'. habríamos protestado. En aquel momento. nadie hubiera pensado en la posibilidad de una mezcla de dos clases (...) La voz de un ministro socialista. no puede ser la de un hombre clamando en el desierto capitalista. En realidad, Waldeck -el jefe del gobierno- ha cogido a Millerand como rehén. Quiere impedir que los revolucionarios disparen contra él. sobre Waldeck, por miedo a herir, ¿a quién? Al socialista Millerand" (7).
La política francesa -diría Lenin- tenía la Ventaja de probar antes que en ningún sitio los métodos de dominación de la burguesía. En la Internacional, los germanos Bernstein y David se ponen al lado de Millerand. Abogan por un entendimiento con la burguesía para ampliar y consolidar el marco republicano. Sin embargo. los hechos van en otro sentido: Millerand llega hasta enviar las tropas Contra los obreros en huelga. Sin embargo, a pesar de Ia presión izquierdista, el Congreso de Amsterdam -en el que se logra un voto favorable a la huelga general-, la resolución. presentada por Kautsky. es, por lo menos ambigua. En su apartado final. se dice: "La lucha de clases prohíbe toda especie de alianzas, con cualquier fracción de la clase capitalista, aunque se admite que en circunstancias excepcionales puedan ser necesarias las coaliciones en algunas partes ( desde luego sin confusión de programa y táctica)”. (Continuará)
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¿De qué hablamos cuando decimos socialdemocracia? (I)
Dentro de la lógica del neolenguaje imperante en nuestro tiempo, se habla muy impropiamente de socialdemocracia, y no digamos, de socialismo, cuando se trata de conceptos prácticos muy alejados de la realidad.
Dentro de la lógica del neolenguaje imperante en nuestro tiempo, se habla muy impropiamente de socialdemocracia, y no digamos, de socialismo, cuando se trata de conceptos prácticos muy alejados de la realidad. Socialdemocracia socialdemocracia -como lo del café-café- es la que corresponde a la época que antecede la 1ª Guerra Mundial, luego, todo es, cuanto menos mucho más discutible.
Después de los diversos fracasos en la tentativa de reconstrucción de la Internacional, se convocaron en París dos congresos al calor del primer centenario de la gran Revolución francesa. Un congreso se celebra en la "rue Lancry" y reúne a la corriente socialista "posibilista", animada principalmente 'por el ex-anarquista galo Paul Brousse, y que cuenta con el apoyo de las poderosas Trade Unions. En la "salle Petrelle" se congregan los marxistas y algunas tendencias radicales afines que han respondido a la invitación del Partido Obrero Francés encabezado por Jules Guesde, Paul Lafargue y el blanquista Edouard Vaillant. Este último congreso toma la iniciativa de la unidad, y el año siguiente, gracias a los buenos oficios de Fréderic Engels, tiene lugar el Congreso fundacional de la Internacional Socialista o Segunda Internacional, que impulsará la creación y el desarrollo de los grandes partidos socialdemócratas y de los sindicatos de masas. Desde el primer momento el Congreso de mayoría marxista aboga por la unidad y proclama a todos los trabajadores: "Todos sois hermanos y sólo tenéis un enemigo, el capital privado, ya sea prusiano, inglés o chino" (Paul Lafargue). Al llegar a su punto final, el Congreso acuerda una propuesta en memoria de los "mártires de Chicago" que será adoptada por la Internacional ya constituida.
La propuesta dice: "Se organizará una gran manifestación en fecha fija, de tal manera que simultáneamente en todos los países y en todas las ciudades en el mismo día convenido, los trabajadores pedirán a las autoridades oficiales la reducción mediante una ley de la jornada de trabajo a ocho horas, y que se lleven a efecto las demás resoluciones del Congreso de París...En vista de que una manifestación análoga ha sido aprobada para el 1 de mayo de 1890 por la Federación Norteamericana del Trabajo (American Federation of Labor) en su congreso celebrado en St. Luis en diciembre de1888, se adopta esta fecha para la manifestación internacional." (1).
La influencia marxista se impondrá sobre la de los posibilistas. Un año después, cumpliendo las previsiones de París, se funda, en Bruselas, entre los días 18 y 23 de agosto, la Segunda Internacional. Su estructuración interna no repite las concepciones centralistas de la AIT, pues acentúan mucho más los márgenes de autonomía nacional. En realidad, la Segunda Internacional es una coordinadora que federa a una red de partidos socialistas con diferentes orígenes e incluso, diferentes planteamientos, que tratan de asuntos comunes a través de congresos convocados y preparados por un Secretariado Internacional donde están representadas todas las secciones, amén de una Comisión Internacional Interparlamentaria en preparación -se dice- del "futuro parlamento proletario", y finalmente, de un Secretariado Sindical.
Más tarde se crearán secretarías para los grupos femeninos y juveniles. Los congresos no son imperativos, Sino una "tribuna" en la que se discuten los problemas. se establecen los principios generales, se desarrollan medios de solidaridad... Se respeta rigurosamente la autonomía nacional v no se establecen más que Consejos e indicaciones, de manera que la Internacional, aunque Posee una importante fuerza moral, carece de capacidad para intervenir seriamente en problemas internos como los que aquejaban a los Socialdemócratas rusos o franceses. Durante los primeros años la presencia de los anarquistas en su seno llega a ser un problema. En el Congreso de Bruselas se permite la intervención del anarquista holandés Nieuwhehuis, que es portavoz de unos planteamientos radicales sobre la huelga general y el antimilitarismo, dos ejes del sindicalismo revolucionario que se impondrá en Francia en la CGT unos años más tarde.
En el siguiente de Zurich (1893). la convivencia todavía parece posible, pero va en el de Londres (1896) se vota con una gran mayoría una resolución presentada por Wilhem Liebknecht, que determina: "La Comisión de reglamento del Congreso queda encargada de enviar invitaciones para el próximo Congreso sólo a:
1. Los representantes de aquellas organizaciones que traten de sustituir la propiedad y producción capitalista; por la propiedad y producción colectiva, y que consideran la acción legislativa y parlamentaria como uno de los medios necesarios para alcanzar este fin;
2. A las organizaciones puramente sindicales obreras, que aunque no tomen parte activa en la Política, declaran que reconocen la necesidad de la acción legislativa y parlamentaria: por consiguiente quedan excluidos los anarquistas.
Otro problema importante son los sindicatos. con los cuales todavía no se había establecido una clara relación organizativa. Para los alemanes. los sindicatos son .la escuela primaria del socialismo" y plantean su vínculo con el partido y por ende con la Internacional. Por el contrario. los franceses se pronuncian por la "autonomie syndicale". El Congreso de Londres se llama a un Congreso Internacional Socialista y de Cámaras Sindicales, pero finalmente la presión sindical establece la independencia orgánica. A principios de siglo se estructura la Internacional Intersindical. cuyo secretario será el alemán Karl Legien. y su sede Amsterdam. La línea programática se fundamenta en torno a unas reivindicaciones sociales y democráticas mínimas, que en el Congreso de Stuttgart se establecen así: "... el sufragio universal, la libertad de expresión, de reunión y de asociación, la introducción de las dietas parlamentarias, la educación pública, libre y laica. Adecuar los partidos socialdemócratas para ayudar al pueblo a mejorar sus condiciones de vida y de trabajo y patrocinar las leyes de protección obrera, de seguro social, de reforma de tarifas de aduanas y un sistema de impuestos más popular."
En estas líneas se percibe la inspiración del viejo cartismo británico. Se trata de mejorar las condiciones estratégicas del movimiento obrero mediante la "probada táctica" de las conquistas parciales, en vías de preparar el momento del gran cambio histórico, de imponer el programa máximo, el socialismo. Sobre esta dualidad minimalista-maximalista. se desarrollará la controversia entre la derecha el centro y la izquierda socialista en los años siguientes. (continuará)
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Al año del histórico llamado de Fidel
Si le pareciera largo este artículo que reproducimos por sus interesantes precisiones, en un momento crítico de la política en nuestro hemisferio; no pierda de vista el lector que según hemos publicado en nuestra página IMAGENES, la caricatura de Pagina 12, diario argentino, hace algunas semanas; el presente artículo comparado con un discurso de Fidel viene a ser solo un chiste corto.(MI)
Ya se hace imprescindible convocar el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, el primero del Siglo XXI, para readecuar las tácticas de la Revolución Socialista a las nuevas condiciones nacionales e internacionales.
Después de la caída del campo socialista, la Revolución Cubana enfrentó sus más desfavorables momentos de la correlación internacional de fuerzas en toda su historia. Nos vimos prácticamente solos, aislados, con nuestra economía en crisis, sin el petróleo ni la ayuda económica y militar de los soviéticos y el CAME*,con un incremento sustancial del bloqueo y la presencia de un gobierno brutal en nuestro cercano y principal enemigo, además envalentonado y creído omnipotente ante su "victoria mundial".
Vino la época del reflujo revolucionario; pero Cuba, firme. Solo nosotros creímos posible nuestra supervivencia. Ya fue una heroicidad.
En 1991, durante las discusiones previas al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, las bases plantearon la necesidad de una profunda renovación democrática del Partido y la sociedad toda, que en gran parte fue postergada, por decisión de la dirección, para tiempos mejores, debido a la crisis que enfrentábamos y los temores a que una renovación, provocara en Cuba el desastre similar al de los países socialistas de Europa.
El aislamiento internacional y la consolidación del poder unipolar del Imperialismo Norteamericano pusieron a Cuba ante una seria amenaza de agresión directa. Esa adversa situación internacional, que justificaba un fortalecimiento del centralismo en todas direcciones, llevó a declarar el Periodo Especial para tiempo de guerra, condujo a una semi-militarización del Partido y la sociedad y a la concentración de los recursos y esfuerzos en la Defensa.
Quince años después, los contextos nacional e internacional han cambiado. Internamente, y por segundo año consecutivo, se anuncian crecimientos económicos superiores al 10 %, hemos reactivado y diversificado nuestras exportaciones y sus destinos, gracias a la Revolución Bolivariana hemos tenido un suministro estable de petróleo y ha sido posible hasta comprar alimentos directamente a Estados Unidos. Además de mantener y mejorar los niveles de salud, educación y seguridad social, se ha experimentado una ligera mejoría en las condiciones de vida del pueblo en relación con los primeros años del Período Especial.
Sin embargo, el país ha seguido funcionando con los métodos del Período Especial, lo que no ha posibilitado que se haya podido conformar un programa general integral de desarrollo armónico, con aprobación popular, como corresponde a esta sociedad madura de alto nivel cultural, político e ideológico que pretende construir el socialismo.
Como resultado, muchos renglones de la economía siguen deprimidos, subsisten viejas regulaciones y concepciones que continúan obstaculizando la imbricación y desarrollo de los diferentes sectores, ramas y regiones; la productividad es baja en muchos centros y perduran serias deficiencias en la alimentación, el transporte, la vivienda y los servicios básicos.
Los salarios y la canasta básica siguen siendo insuficientes en un país de hombres y mujeres cult@s, (sic.) el desempleo real se esconde tras el subempleo oficial, la carestía de la vida ha aumentado, al igual que la emigración de jóvenes y profesionales por todas las formas y vías posibles, bajan los índices de población y natalidad, las diferencias sociales se han acentuado, la corrupción y el desvío de recursos continúan, al tiempo que aumentan los niveles de insatisfacción con la situación actual y las demandas de cambios hacia una mayor socialización que beneficie los intereses de las mayorías.
En este río revuelto pretenden pescar los agentes de la privatización y el capitalismo, los que prefieren ver nuestras industrias, nuestras fábricas, nuestra tierra y recursos naturales en manos de capitalistas nacionales o extranjeros, antes que en poder de los trabajadores, profesionales y campesinos cubanos. Camino que recorrieron los que traicionaron al Socialismo en los países europeos.
Igualmente, la coyuntura internacional no podría ser más favorable para reordenar científicamente el país: En América Latina gobiernos de izquierda, que han proclamado como objetivo la construcción de sociedades socialistas se han instalado en Venezuela y Bolivia. Una oleada de Estados progresistas amigos, ha inundado el Cono Sur. Acaba de regresar al poder, el Frente Sandinista en Nicaragua, ahora por vía de las urnas. Avanzan formas de integración económica y política regional en las que Cuba se imbrica favorablemente.
China y Rusia colaboran activadamente con Cuba en el terreno económico y le brindan apoyo en la política internacional. La posición monolítica europea de enfrentamiento con Cuba, ha ido cediendo terreno con el gobierno de Zapatero en España. Cuba ocupa la Presidencia del Movimiento de Países No Alineados.
La administración reaccionaria y neofascista actual de Estados Unidos acaba de entrar en crisis que parece irreversible, como consecuencia de su desastrosa política aventurera en Irak, la corrupción y el abuso de poder fundamentalmente. La oposición demócrata ha retomado el control de las dos cámaras del Congreso y gobierna ahora en la mayoría de los Estados. Son previsibles cambios en la política exterior, que podrían incluir presiones para la eventual reevaluación de algunas medidas del bloqueo, el cual acaba de ser rechazado en la o­nU por 183 países de 187 posibles.
Estas nuevas circunstancias encuentran a nuestro país, con el Comandante en Jefe convaleciente y a Raúl al frente del Estado y el Partido, como le corresponde por ley y por historia. El Jefe de la Revolución nos ha explicado que su recuperación es lenta. La Revolución y el Socialismo, como él mismo nos ha pedido, tienen que seguir avanzando de todas formas. La inercia, no importa la causa, puede ser nuestro peor enemigo.
La situación demanda medidas urgentes, pero debemos tener en cuenta que la urgencia sin reflexión democrática puede dañar a la Revolución, y es preferible equivocarse con el apoyo del pueblo, que sin su consentimiento.
Hoy se ha hecho evidente, que la forma de socialismo que se intentó construir en el Siglo XX, basado la propiedad estatal, la centralización y el trabajo asalariado fracasó en sus intentos de crear una nueva sociedad. Científicos, teóricos, filósofos, economistas y políticos internacionales y del patio han analizado las causas de aquel fracaso y retomando los fundamentos del marxismo-leninismo han proyectado las bases del nuevo socialismo participativo en el Siglo XXI, democrático y autogestionario.
Es preciso recordar, que muchos de los planteamientos de los militantes cuando el IV Congreso, a tenor con su democrática convocatoria por el Segundo Secretario, son coincidentes con los modernos presupuestos de ese no tan Nuevo Socialismo.
Estas nuevas circunstancias, crean una coyuntura favorable para propiciar los cambios que las mismas bases de nuestro Partido demandan desde su IV Congreso en 1991. Si antes, aquellas propuestas no fueron aplicadas atendiendo a la crítica situación de los años 90, ¿qué lo impide ahora? El V Congreso del Partido, el último, se efectuó en 1996 pero se realizó también bajo la presión y premisas del Período Especial, aunque con adecuaciones.
Se ha reconocido que algunas medidas tomadas durante el nombrado Período Especial resultaron desafortunadas. Esas, otras que luego se han venido aplicando y algunas nuevas que se anuncian no son el resultado de un análisis colectivo del Partido, ni producto de un programa general integral aprobado por el Congreso de los comunistas o que cuente con el consenso de la nación. Cuando se proyectaban nuevas medidas que afectaban a los trabajadores y a toda la sociedad, en los años 70-80, se hizo tradicional en Cuba realizar discusiones y consultas masivas previas.
Si en la década final del Siglo pasado, las decisiones adoptadas por imperativo de las circunstancias fueron el Período Especial, la concentración del mando de la Revolución, la toma de decisiones sin consultar las bases y la postergación de los procesos de apertura democrática en el seno del Partido Comunista y la sociedad, hoy la estrategia socialista, aconseja una readecuación táctica, acorde a las nuevas circunstancias nacionales e internacionales, para garantizar la continuidad y avance de la Revolución y el socialismo.
Lo necesitan nuestros militantes, nuestros trabajadores y nuestro pueblo, que es decir la Revolución Cubana. Lo necesita el movimiento obrero, revolucionario y socialista contemporáneo.
A tenor con estas nuevas situaciones, como corresponde al Partido de los comunistas, vanguardia de la Revolución y de los trabajadores, se hace imprescindible no seguir postergando por más tiempo la convocatoria del VI Congreso del PCC, el primero del Siglo XXI y comenzar los preparativos para su celebración.
Lo más pronto posible debe presentarse el llamamiento y el proyecto de programa para que sea discutido amplia y abiertamente, en las reuniones y en la prensa del Partido, garantizando que todas las opiniones de las bases sean tenidas en cuenta, junto con nuevos mecanismos democráticos de aprobación por todos los militantes, de manera que el sentir común de los comunistas de la base y de todo el pueblo queden plasmados en el nuevo programa, y los nuevos acuerdos que deberán guiar los pasos futuros de nuestra sociedad en la nueva coyuntura internacional. El Programa deberá ser aprobado democráticamente por los militantes.
Al año del histórico discurso del Comandante en Jefe en la Universidad de la Habana, el 17 de noviembre del 2005, donde dijo que los revolucionarios cubanos debíamos resolver los graves problema que aquejaban a al Revolución, o nosotros mismos podríamos destruirla, ninguna mejor recordación de aquel acontecimiento, que la discusión colectiva de todos esos problemas en el seno de nuestro Partido Comunista.
CE del autor:perucho1949@yahoo.es
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Jorge Edwards: la lucidez que no claudica
Por: Wilfredo Cancio Isla.
-De Proyectamérica, Chile-
Cuando el escritor y diplomático chileno Jorge Edwards se decidió a publicar Persona non grata (1973),la revolución de Fidel Castro saboreaba aún la euforia del mito y el beneplácito de un mundo que cifró sus esperanzas justicieras en el desafío a ultranza contra Estados Unidos.
Su libro testimonial fue entonces una estocada demoledora. Edwards había sido enviado a Cuba como el flamante encargado de negocios (con funciones de embajador) del gobierno de Salvador Allende. La permanencia fue corta pero intensa. Tres meses después, abandonó la isla cargando el afecto de amigos y las heridas de una profunda decepción. Así nació Persona non grata, la creación más polémica y desacralizadora de una trayectoria literaria que en 1999 se vio coronada con el Premio Cervantes.
Para los incautos y entusiastas admiradores del socialismo criollo resultó un viaje desesperanzador por las entrañas de un proyecto social que había sepultado sus promesas esenciales. Para los ninguneados y difamados por el régimen castrista, una excepcional oportunidad de reivindicación mediante la palabra de un testigo de primera fila. Acaso el más creíble de los testimoniantes, atendiendo a su jerarquía, trayectoria política y vocación humanista.
A 33 años de aquel acontecimiento que estremeció por igual a partidarios, incrédulos y opositores del régimen castrista, el escritor decidió reeditarlo con un epílogo que busca iluminar la actualidad de América Latina desde las lecciones vividas en el pasado. Hoy Edwards inaugurará la XXIII Feria Internacional de Libro de Miami con el lanzamiento de la nueva versión de Persona non grata y de la novela El inútil de la familia, ambos publicados este año por Alfaguara.
En esta entrevista con El Nuevo Herald, Edwards, de 75 años, repasa aquella experiencia diplomática que terminó en pesadilla en marzo de 1971, habla de Cuba y del exilio, y pronostica las coordenadas futuras del continente latinoamericano.
Han pasado ya tres décadas de Persona non grata . ¿Cuánto carga aún emocionalmente de su experiencia cubana?
Me pasa algo curioso, todos los cubanos me vienen a ver. Soy el más cubano de los no cubanos. Esos tres meses me marcaron para siempre. Todo el tiempo estoy recibiendo testimonios y amigos cubanos. Tengo además gran simpatía por el exilio y la oposición, porque creo que entre ellos está lo mejor de Cuba. Duele mucho ver un país dividido. Hay dos Cubas: divididas las familias, divididas las gentes, sin conducir a una salida política. Y eso es un fracaso.
¿Cómo fueron sus últimas horas en Cuba?
Una pesadilla. Me estuvieron paseando por dos días, mostrándome cosas absurdas y luego me llevaron a una conversación de despedida con Fidel Castro en el Ministerio de Relaciones Exteriores. Me dijo que yo era hostil a la revolución cubana y a la revolución chilena. Para terminar me increpó: ‘’¿Sabe lo que más me ha sorprendido de usted? Su tranquilidad'’. Al siguiente día fueron muchos diplomáticos a despedirme al aeropuerto. El oficial de protocolo pasó y viró la cara para no saludarme. Pero allí estaban el nuncio apostólico, Monseñor Cesare Sacchi, el embajador de Yugoslavia y otros. Fueron días terribles, pero sobreviví.
De ese Castro enérgico y vital que usted conoció a éste que ahora vemos en videos de la televisión cubana hay un largo trecho. ¿Ha visto esas imágenes?
Sí. Castro es un hombre enfermo, cansado y con una preocupante cara de locura. Lo veo mal, muy mal. No soy adivino para predecir lo que va a suceder, pero algo está cambiando. No sé que viene, pero el cambio está en marcha en Cuba. Lo único que puedo asegurar es que Castro no es inmortal.
¿Cómo explicaría a la luz de la historia los supuestos éxitos de Castro?
Su mayor éxito ha estado en hacernos creer que Estados Unidos es un monstruo total. Ese antiyanquismo primario le favoreció y favorece aún en un continente aquejado por la pobreza y la falta de oportunidades. El ambiente chileno de los años 60 era así, totalmente antiamericano. Hoy día no lo es de la misma manera. Con un gobierno socialista, Chile firmó un acuerdo de comercio con Estados Unidos y no ha afectado sus relaciones normales con ese país, a pesar de las discrepancias respecto a la guerra de Irak. Bueno, ahora el señor Hugo Chávez nos dice que no, que no se pueden firmar esos acuerdos. La realidad es que tenemos que asumir políticas prácticas. La teoría se acabó, no sirve, es inútil si no permite que nos desarrollemos. Porque si no hay desarrollo no habrá justicia en el mundo. Hay que impulsar políticas prácticas de desarrollo, de educación, de cultura para nuestros pueblos. Me parece que los éxitos de Fidel Castro en educación y salud son a medias. Te enseñan a leer y luego te prohíben libros. Y sobre la medicina, tengo dudas de que pueda existir una medicina tan desarrollada en un ámbito de completo subdesarrollo.
Y con el socialismo real de la Unión Soviética y los países del Este, ¿qué pasó?
Fracasó estrepitosamente. La gran ilusión política del siglo XIX que comenzó con el Manifiesto Comunista terminó en un total descalabro económico y político. El socialismo real fue una política de confrontación total. Y la lección mayor es que hacer política es favorecer consensos. No se puede imponer una política de confrontación permanente porque eso lleva inevitablemente a dividir. Ya le mencioné el caso de Cuba.
¿Sigue considerándose aún un hombre de izquierdas?
Me considero un escritor y un hombre de progreso. Lo mejor de una sociedad es propiciar mejor educación y mejor cultura para sus ciudadanos. Soy un hombre partidario de las libertades públicas. El gran error de la izquierda es no darse cuenta de que las conquistas políticas de la Ilustración y la Revolución Francesa, el ideario de libertad y fraternidad, fueron adquisiciones emanadas del pueblo. La izquierda tradicional creó dictaduras y a veces trata de convencernos de que hay dictadores buenos y dictadores malos. No, todos son malos. Si revisas, Pinochet y Fidel Castro tienen muchas frases iguales en sus discursos. Son ironías de la historia.
¿Qué representa hoy Augusto Pinochet para los chilenos?
Es una figura del pasado, como también lo es Castro. Ya los chilenos estamos en otro mundo que no le pertenece ni lo tiene en cuenta. Nos interesa muy poco y su influencia en la vida política del país es nula. La gente trata de desmarcarse del ‘’viejito'’ que ya no conviene tenerlo cerca. Sé que entre la comunidad cubana de Miami hubo muchas simpatías por Pinochet y eso es un error. Me parece importante que el exilio cubano mantenga principios democráticos, porque eso va a influir en la transición que va a venir allí más temprano que tarde. Cuba va a salir de la encrucijada en que se halla. Yo soy optimista. Sólo espero que tanto el exilio como el gobierno de Estados Unidos actúen con prudencia.
Bueno, aquí ya lo enterraron simbólicamente… (Le hago el relato de la escultura de Castro que esta semana fue destruida por los exiliados en La Pequeña Habana, con música de fondo).
(Se ríe). Es que las cosas cubanas tienen que ser siempre con música y color.
¿Cómo ve la evolución política de América Latina? ¿Piensa que los gobiernos de izquierda puedan convertirse en mayoritarios?
No creo que América Latina vaya hacia la izquierda. La imagen de Castro sigue ahí, pero las posiciones de centroizquierda como los casos de Brasil y Chile son las alternativas más sólidas y viables. Los hechos demuestran que se va mejor con consensos, entendimientos y decisiones prácticas.
De esa tentación es fruto Hugo Chávez en Venezuela. ¿Cuál es su pronóstico sobre el chavismo?
Chávez es un fenómeno confuso, mezcla de populismo, neoperonismo, con influencias de la revolución peruana de Juan Velasco Alvarado [1968-1975]. Creo que ni el mismo Chávez sabe quién realmente es. Estamos ante un fenómeno de poder izquierdista, favorecido por los petrodólares. Un hombre que comete disparates como repartir dinero a partidos políticos extranjeros. En Chile sería investigado por la contraloría. Pero es un fenómeno pasajero. Hay un giro importante en la política latinoamericana que ha empezado a consolidarse: Lula en Brasil, Alan García en Perú, Felipe Calderón en México, y no se vislumbra un triunfo de Rafael Correa en Ecuador. El chavismo es un fenómeno transitorio, felizmente.
¿Cuál es su evaluación del actual panorama político chileno?
La democracia chilena se ha consolidado, el desarrollo económico del país avanza, pero aún nos falta mucho. Tenemos que mejorar el sistema. Si se impone la sensatez y la buena voluntad pudiéramos ser un modelo aceptable, incluso para el futuro de Cuba. La idea de división de Chile que generó la dictadura, ya pasó. Estamos en otra etapa, superada la división nacional. Allende fracasó porque trató de hacer valer su ideología, sin consideración. Cuando llegó al poder Allende declaró que gobernaría para sus partidarios, no para todos los chilenos. Lula hizo todo lo contrario cuando ganó su reelección en Brasil.
¿Cómo influyó el capítulo cubano en su posterior relación con Allende?
Allende no se portó bien conmigo, y quiso aplicarme sanciones a mi regreso. Clodomiro Almeida, que era el ministro de Relaciones Exteriores, se reunió conmigo para que le contara lo que había pasado en Cuba. Me dijo que la única discusión que había tenido con Allende estando en el cargo había sido por mi caso, porque Allende quería sancionarme y Clodomiro se negó a hacerlo hasta que no hablara conmigo. Después de mi conversación con Clodomiro no pasó nada más. Recuerdo que me dijo que él no pertenecía al lobby cubano. Allende estaba fascinado y seducido con la figura de Fidel Castro.
¿Cómo recuerda a José Lezama Lima?
Cuando me iba de Cuba me invitó a que fuera a visitarlo a su casa de Trocadero. Yo estaba muy complicado con los preparativos de la partida y no pude ir, pero me lo encontré finalmente un día en la casa del poeta Pablo Armando Fernández. Me senté en una butaquita y recuerdo que Lezama se inclinó hacia mí y me dijo: ‘’Usted, Edwards, ¿se ha dado cuenta de lo que pasa aquí, que nos morimos de hambre?'’ Yo pensé entonces en las hambres monumentales de Lezama, pero prosiguió. ‘’Espero que ustedes allá en Chile sean más prudentes'’. Yo creo que Chile no era entonces muy prudente.
Usted habla también con mucho afecto del narrador Enrique Labrador Ruiz…
Cuando Neruda estaba en Chile me llamó una vez a Cuba y me dijo: “¿No has visto a Enrique? Neruda le tenía un gran afecto porque Labrador Ruiz no firmó la carta de los intelectuales cubanos de 1966 [reprochándole sus vínculos con el Pen Club de Nueva York] y me pidió que fuera a verlo. Yo le llevé dos botellas de whisky, pensando en tomarnos una y que guardara la otra, pero nos bebimos las dos entre tres: el caricaturista Juan David, que estaba de visita, Labrador y yo. Tuvimos siempre conversaciones muy amenas y nostálgicas. Cuando salió de Cuba a Venezuela me mandó una carta desde Caracas: “Todo en Cuba sigue igual o peor: más hambre y más terror'’.
¿Y el poeta Heberto Padilla?
Era un intelectual imprudente. Muy divertido, pero absolutamente imprudente. Yo tuve que decirle que no lo iba a invitar más a las fiestas de la embajada, pues su presencia me perjudicaba. El caso Padilla fue, de hecho, mi caso. A Padilla lo toman preso un viernes tras visitarme en mi casa. Yo salía de Cuba en la madrugada del lunes siguiente.
Aunque Guillermo Cabrera Infante ya no estaba en Cuba, usted ha dicho antes que Persona non grata le sirvió para conectarlo con él.
Teníamos muchos amigos comunes y le envié un ejemplar cuando salió el libro en España. Al principio, la gente que leyó el libro pensó que yo estaba con delirio paranoide de persecución. Se lo conté a Cabrera Infante en una carta y él me respondió: ‘’No hay delirio de persecución donde la persecución es un delirio'’. Fuimos muy amigos desde entonces.
También conoció allá a Roberto Fernández Retamar, a quien Neruda llama ‘’el sargento Retamar'’ en su autobiografía.
Cuando salimos de la dictadura, yo fui embajador en la UNESCO. Y Cuba envió a Retamar a una reunión. Uno de los comités de la UNESCO me pidió que intercediera con Retamar por un médico disidente preso. Le conté el asunto y me dijo que a su regreso a Cuba iba a averiguarlo todo, y si lo que yo le había dicho era verdad, no podría dormir con tranquilidad nunca más. Supongo que lo averiguó y que ha seguido durmiendo bien.
¿Le gustaría entonces volver a una Cuba en transición política?
Enrique Krause, el director de la revista Letras Libres, me ha dicho que tiene abiertas sus páginas para publicar una entrevista de Mario Vargas Llosa conmigo en La Habana. Se sabe ya el lugar, pero no está la fecha. Llegará.
Publicadas por Moisés Iturbides a la/s 9:27 p. m. No hay comentarios.: Vínculos a esta publicación
Tratan reforma constitucional concluya antes de la campaña
Japón: la reforma constitucional para el relanzami...
¿De qué hablamos cuando decimos socialdemocracia? ...
Tratan reforma constitucional concluya antes de la...

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 artículo 9
 artículo 9
 artículo 9
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