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Timestamp: 2018-01-17 11:01:23+00:00

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Primera parte de la sesion del del 27 de febrero de 1915, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Segunda parte de la sesión del 27 de febrero de 1915
Acta de la sesión anterior.- Dictamen de la Comisión de Peticiones, que consulta proceda la Soberana Convención a la renovación inmediata de su Mesa Directiva. Elección de la misma.- Proposición de los ciudadanos delegados Orozco, Amezcua, Preciado, Montaño y Díaz Soto y Gama, conteniendo las resoluciones acordadas en la junta privada, verificada el día de ayer.- Dictamen de la Comisión de Gobernación, proponiendo que por ningún motivo, podrá ser electo Presidente Provisonal de la República la persona que por cualquiera circunstancia haya estado encargado del Poder Ejecutivo, antes de la elección de dicho presidente.- Dictamen de la misma Comisión de Gobernación, aclarando los términos del artículo 1° de la Ley sobre Parlamentarismo.
Presidencia del ciudadano Otilio E. Montaño.
Secretario: Briones.
El ciudadano secretario dio cuenta con el siguiente dictamen de la Comisión de Peticiones.
Escuchadas las razones aducidas por los señores licenciados Palacios Moreno y Díaz Soto y Gama, y por el coronel Orozco Santiago, en pro del cambio de la Mesa Directiva en funciones de esta Soberana Convención, al discutirse el dictamen de la Comisión de Peticiones sobre la renuncia de sus cargos, presentada por los señores primer y segundo vicepresidentes y primer secretario de dicha Mesa Directiva; y en virtud del perjuicio que resultaría a la causa convencionista de cambiar cada mes al Encargado del Poder Ejecutivo, a lo que llegaríamos en el caso de seguir asumiendo dicho poder esta Asamblea Soberana, en la persona de su presidente, por hallarse en la imposibilidad de elegir al Presidente Provisional, en tanto no sea tomada por nuestras fuerzas la plaza de México, esta Comisión de Peticiones, sin prejuicios y sin fijarse en personalidades y atendiendo tan sólo al bien de la República, que es actualmente el de la causa revolucionaria, propone a la consideración de esta Soberana Asamblea, el siguiente dictamen reformatorio del anteriormente presentado, sobre el mismo asunto, para su aprobación:
Proceda la Convención Soberana a la renovación inmediata de su Mesa Directiva actualmente en funciones como tal, dentro de esta Asamblea.
Cuernavaca, febrero 25 de 1915.
Enrique M Zepeda.
Suplico respetuosamente a la Secretaría, se sirva dar lectura nuevamente a la parte resolutiva.
Con todo gusto, señor Castellanos. (Lee la parte final del dictamen)
Pido la palabra para ratificar un hecho.
En mi concepto, ese dictamen no llena el hueco dejado. La orden del día, al tratar el punto relativo al nombramiento de la Comisión que debe adicionar este dictamen, con los acuerdos relativos y que se aprobaron en la junta privada de ayer. Me refiero al punto relativo al Presidente de la República, y sobre el cual supongo qUe no habrá ninguna duda, pues se trata de algo que bajo nuestra palabra de honor aprobamos ayer.
Opino igualmente, como el señor Soto y Gama, que la parte resolutiva del dictamen a discusión no llena, ni con mucho, el objeto que se ha propuesto la Asamblea, ni tampoco responde a lo que ha motivado ese dictamen, que son las renuncias de los vicepresidentes y del secretario Palacios Moreno. Creo que la parte resolutiva debe ser más categórica.
Con respecto a lo que aludió el señor Lic. Antonio Díaz Soto y Gama, con relación a lo acordado ayer, entiendo que a iniciativa de un grupo de delegados, debe votarse un decreto, disponiendo que el actual encargado del Poder Ejecutivo, no podrá ser nombrado Presidente de la República.
En mi concepto, este dictamen debe reformarse, dándole una forma que resulte más completa, pues es preciso evitar que sea tan ambiguo. Indudablemente que una vez aprobado el acuerdo, tendrá que ser materia de un decreto especial, por el cual se expresa terminantemente que el que haya estado o esté como Encargado del Poder Ejecutivo, no podrá ser Presidente Provisional de la República.
Tanto el señor Soto y Gama, como el señor Piña, tienen razón: sólo que me permito observar que la respuesta del dictamen, al asunto que lo motivó, de ser lógica, porque si no, no se podrá entender.
El decreto a que se refiere el señor Piña, no tiene nada que ver con el dictamen a discusión. Cierto es que hemos empeñado nuestra palabra de honor, de que así se hará, pero también es cierto que debe buscarse una forma adecuada y formal. ¿Cómo vamos a contestar en ese dictamen, lo que no se pregunta en el documento sobre el cual se dictamina?
Creo señores delegados, que son dos asuntos diferentes. Está en el ánimo de todos, que debe renovarse la Mesa Directiva, y yo no veo ningún inconveniente en que se acepte ese dictamen, tal como está.
Respecto al decreto a que hace referencia el señor Piña, creo que puede ser motivo de una proposición que subscribamos algunos de los delegados, para ponerlo a la consideración de la Asamblea como de pronta y obvia resolución, o que pase a Comisión: creo que es indiferente, pero estimo que el dictamen, reduciéndose a lo que expone, es bastante para el fin que perseguimos.
Creo, también, que no hay necesidad de reformarlo, sino hay que aceptarlo tal como está. Fíjense bien los señores delegados, que la nueva proposición a la cual nos hemos comprometido bajo nuestra palabra de honor, puede hacerse perfectamente bien, por separado.
Estoy enteramente de acuerdo con lo que dice el compañero Casta. Entiendo que ese dictamen lo debemos aceptar sin escrúpulo alguno, y también debemos estar de acuerdo en que se presente una proposición por escrito, relativa al punto que se refiere al Presidente de la República, a fin de que se ponga a discusión y que recaiga sobre ella una resolución de la Asamblea.
La Mesa, por conducto de la Secretaria, pregunta a la H. Asamblea si considera el asunto de que se trata suficientemente discutido.
Se pone a votación el acuerdo que dice:
Proceda la Convención Soberana a la renovación inmediata de su Mesa Directiva, actualmente en funciones como tal, dentro de esta Asamblea.
La Presidencia, por conducto de la Secretaría, pregunta a la H. Asamblea, si se procede desde luego al nombramiento de Mesa Directiva, o si se discute la proposición que quedó pendiente ayer en la junta privada.
Los que estén por que se proceda al nombramiento de la Mesa Directiva, sírvanse ponerse de pie.
El dictamen aprobado dice procédase a la elección de Mesa Directiva; pues es necesario, señores, que seamos consecuentes con nuestros actos.
Creí que estaba el acuerdo redactado en otra forma y que decía: Debe hacerse nueva elección de Mesa, pero si dice: Procédase, entonces ruego a la Asamblea, se sirva desde luego proceder a la elección de ella, por cédulas.
Se conceden cinco minutos de receso.
Continúa la sesión. Se suplica a los señores delegados, pasen a depositar sus cédulas. (Los ciudadanos delegados pasaron a depositar sus cédulas)
Electos por mayoría:
Para primer vicepresidente, el ciudadano Matías Pasuengo;
Segundo vicepresidente, ciudadano Angel G. Castellanos, y,
Para secretarios, los ciudadanos Julio Ramírez Wiella, Carlos Treviño, Enrique M. Zepeda y Zenón J. Cordero.
La Mesa declara que han sido electos para vicepresidentes y secretarios, respectivamente, de la Soberana Convención Revolucionaria, los ciudadanos Matías Pasuengo y Angel Castellanos y Julio Ramírez Wiella, Carlos Treviño, Enrique M. Zepeda y Zenón J. Cordero.
La Mesa, con el mayor placer, suplica a los ciudadanos delegados que han sido electos, se sirvan pasar a ocupar sus puestos respectivos.
Mientras no se me conceda la palabra, no tomo posesión de mi puesto en la Mesa.
Está hecha ya la declaración.
Insisto en pedir la palabra.
Yo ya no soy vicepresidente. Además, no hay nada a discusión.
Hasta el lunes debe tomar posesión de sus puestos la Mesa electa.
En todos los Parlamentos del mundo, se acostumbra que una vez hecha la elección de nueva Mesa, pasen a tomar posesión de sus puestos.
Yo declaro, bajo mi palabra de honor, que si no se me concede la palabra, no tomaré posesión de mi puesto en la Mesa.
La declaración hecha por el ciudadano Soto y Gama, indica la voluntad de la mayoría de la Asamblea, y esa voluntad debe ser respetada, porque así lo hemos protestado por nuestro honor.
Aunque no me concedan la palabra, voy a hablar. El señor Lic. Soto y Gama, es todavía el vicepresidente, aunque diga que no. Yo deseo que se haga esta aclaración: en la lista leída por el señor secretario, ni una sola vez se dijo que los votos se referían al ciudadano Matías Pasuengo, y como hay dos señores Pasuengo, yo deseo que la Asamblea diga, es decir, los que votaron por el señor Pasuengo, digan a quién de los dos se refieren.
La Delegación del Sur votó por el señor Matías Pasuengo. (Voces: ¡Matías Pasuengo!)
De todas maneras, había que llenar la formalidad de declarar de quién se trataba.
(Los miembros de la Mesa nuevamente electa, ocupan sus puestos)
Con la honra que he tenido, de venir a este puesto, que es para mí sumamente difícil, ustedes van a tener mucho trabajo, porque podría cometer alguna incorrección; creo me harán ustedes el honor de dispensarme.
Procuraré en lo posible, ser con ustedes consecuente, sujetarme al Reglamento, y, si en algunos casos no lo hago, será por no tenerlo a la mano o por no recordar alguna de sus partes. No crean que al hacerlo, obre de mala fe; muy por el contrario, pues siempre procuraré ser para todos igual, y meterles el rasero por parejo. (Risas y aplausos. Desorden, campanilla) (Voces: ¡Eso del rasero, no; protestamos! Risas, campanilla)
La petición que voy en seguida a formular, es sumamente justa, en vista de todos los escollos. y dificultades por que la Mesa saliente ha pasado. Pido, en nombre de varios compañeros, que la Asamblea de la Convención Revolucionaria, dé un amplio voto de gracias a la Mesa saliente, ya que tuvo el gran tacto y el valor civil suficiente, de estar a la altura de las circunstancias, cuando por medio del golpe de Estado de Eulalio Gutiérrez abandonando la capital, no obstante eso, toda la Mesa, íntegra, sin que en ninguno de sus miembros faltara el valor civil, siguieron al frente de sus puestos, seguros de estar cumpliendo con su deber, y a la altura de la importante labor que les estaba encomendada; después de la evacuación de México, cuando venimos a esta capital, tampoco la Mesa se desintegró, sino que todos caminaron unidos; y cuando se reanudaron las sesiones en el Teatro Porfirio Díaz, de esta ciudad, todos los que integraban la Mesa Directiva, con el mismo entusiasmo y con la misma fe en el triunfo, y con las mismas convicciones que siempre los han alentado, los vimos siempre a todos ellos unidos, compactos, formando' el gran Cuerpo directivo de la Convención Revolucionaria, y yo, por todo eso, por la honradez con que han procedido y por la honra que han dado a esta Asamblea, pido para la Mesa saliente, un voto de gracias. (Aplausos)
Pido la palabra, para contestar acerca de los conceptos vertidos por el honorable compañero que acaba de hacer uso de la palabra.
Agradezco en alto grado los conceptos vertidos por mi honorable compañero, señor Pérez Taylor, y que veo secundados por la H. Asamblea Revolucionaria.
Permítanme ustedes manifestar, que al mismo tiempo que se nos tributa un voto de gracias, aunque hasta cierto punto inmerecido; y digo inmerecido, porque del todo no podíamos satisfacer de una manera conveniente, como lo hubiésemos deseado, el delicado cargo que se nos confiaba; pero sí tengan toda la seguridad nuestros compañeros, que con el mayor gusto, con la mayor satisfacción, vemos que la que la substituye, procurará del todo extremar nuestros lazos, que serán eternos; procurará que la concordia y la unión reinen en todos nosotros, y que en lo sucesivo, se hagan a un lado las pasiones, los personalismos, que a nada nos conducen.
En esto me refiero a un grupo, por cierto muy pequeño, de dos o tres, porque a los demás señores delegados del Norte, los considero siempre firmes en sus convicciones y correctos en su manera de ser; todos con su gran corazón, siempre veo que están con nosotros, y, por consiguiente, nuestras relaciones serán realmente indisolubles, aunque no lo quieran algunos de ellos; ojalá que la Mesa actual pueda córresponder a todos aquellos que de alguna manera no estuvieron conformes con nuestros actos; a todos aquellos que no supimos comprender, cual hubiese sido nuestro deseo; porque la Mesa procuró colocarse siempre en el verdadero terreno de la justicia.
De todas maneras, señores, creo que con la nueva Mesa, se borrará todo lo que haya habido de descontento entre nosotros, desaparecerá por completo aquel espíritu de tempestad que reinaba entonces, y que realmente, no tenía razón de ser.
Hemos dado una prueba a nuestros compañeros del Norte, que colocándonos en el verdadero terreno de la razón y de la justicia, deseamos que nuestra unión se consolide, deseamos que nuestros principios sean realmente la única norma de los actos de esta H. Asamblea, porque comprendemos que en ese punto de razón y en esa balanza de justicia, nuestra unión será verdaderamente eterna dentro de los principios fundamentales de la razón y de la justicia.
Creo firmemente que todos nuestros compañeros del Sur y del Norte, unidos, todos en conjunto, sin pasionalismos de ninguna especie, sin personalismos, debemos preocuparnos por resolver los problemas trascendentales que deben formar la corona brillante que ciña la frente de la Patria en los tendidos rieles del progreso y de las libertades.
El presidente de la Mesa, por conducto de la Secretaría, se permite preguntar a la Asamblea, si da preferencia a las bases del acuerdo aprobado ayer, o se sigue la orden del día.
Deseo hacer constar que ayer se expresó de una manera perfectamente clara, que la preferencia se daría, sin ningún género de duda, a las bases del acuerdo relativo a la cuestión de la Presidencia de la República; es así que no se ha resuelto; luego la Mesa no tiene derecho alguno a preguntar a qué se da la preferencia. El honor de todos está comprometido a que se tramite hoy, de preferencia a cualquier otro asunto, el relativo a la Presidencia de la República.
En virtud de lo acordado en la junta privada que tuvo verificativo ayer, se procede a dar lectura a la proposición presentada por los ciudadanos Orozco, Amezcua, Preciado, Montaño y Soto y Gama.
En virtud de lo acordado en la junta privada que tuvo lugar ayer para solucionar las düicultades surgidas con motivo del proyectado cambio de Mesa Directiva, los subscriptos proponemos a la H. Convención, se sirva adoptar las siguientes resoluciones:
I.- La Soberana Convención decreta que por ningún motivo podrá ser electo Presidente Provisional, la persona que por cualquiera circunstancia haya estado encargada del Poder Ejecutivo, antes de la elección de dicho Presidente.
II.- Se considera vigente desde esta fecha, la Ley de Organización del Poder Ejecutivo durante el período preconstitucional, que creó el régimen parlamentario, y, por lo mismo, desde hoy empezará a correr el plazo de ocho días que al Ejecutivo se fija en el artículo transitorio de dicha Ley; en el concepto de que el Encargado del Poder Ejecutivo, no gozará de veto, ni aun con el carácter de suspensivo.
III.- Tanto el Programa de Gobierno como las Leyes Agrarias, deberán ser amplia y perfectamente discutidas.
IV.- La designación del Presidente Provisional, o sea del que debe fungir dentro del período preconstitucional, se efectuará a más tardar, treinta días después de la fecha en que se instale la Soberana Convención en la capital de la República.
V.- Conforme al Plan de Ayala, se declara que no es de limitarse, y no se limita, el número de los delegados que tengan derecho a representar en esta Asamblea a los generales de los grupos o facciones revolucionarias, inclusive las hoy disidentes.
Cuernavaca, 27 de febrero de 1915.
Considerada de pronta y obvia resolución, se mandó pasar a la Comisión de Gobernación, la que inmediatamente después presentó el siguiente dictamen:
Vista la proposición hecha por varios delegados de la Asamblea, solicitando que no pueda ser electo Presidente Provisional la persona que se haya encargado antes del Poder Ejecutivo, y,
Considerando, que tal solicitud está conforme con el principio de no reelección proclamado por los Planes de San Luis y de Ayala, que han servido de bandera a la Revolución, esta Comisión propone que se expida el siguiente
Por ningún motivo, podrá ser electo Presidente Provisional de la República, la persona que por cualquiera circunstancia haya estado encargada del Poder Ejecutivo, antes de la elección de dicho Presidente.
Comuníquese al Ejecutivo, para su publicación y debido cumplimiento.
Cuernavaca, Mor., febrero 27 de 1915.
Pido la palabra, para una aclaración de estilo.
Allí se habla de que por ningún motivo podrá ser electo Presidente Provisional, etc., etc.; yo creo que debería decirse: Presidente preconstitucional. (Voces: El decreto dice Provisional)
Si dice provisional el decreto, entonces estoy conforme.
Para dejar satisfechos los requisitos reglamentarios, pido que antes de que se sujete a votación, se pregunte si se considera de pronta y obvia resolución.
Ayer no hubo sesión pública; por tanto, no consta nada de lo que tratamos, y es necesario que queden satisfechos los requisitos reglamentarios, y que haya algún antecedente en el Diario de los Debates.
Se pregunta a la Asamblea si se consideran de pronta y obvia resolución los puntos de acuerdo aprobados en la junta privada de ayer.
Se declaran de pronta y obvia resolución.
Habiéndose dado ya lectura a la proposición y al decreto relativo, se va a poner a votación.
Allí se nombra el Plan de San Luis Potosí; yo creo que no se debe hacer reminiscencia de ese Plan, puesto que al decir Plan de Ayala, se dice todo.
Creo que todos tenemos la convicción de que al decirse Plan de Ayala, se dice Plan de San Luis Potosí, supuesto que es un anexo del Plan de Ayala.
Me permito hacer presente al señor delegado Montaño, que la Comisión de Gobernación aludió el Plan de San Luis Potosí, porque fue el primero que proclamó la no reelección, y en eso creo que todos estamos de acuerdo. No juzgo, por lo tanto, que sea un inconveniente incluirlo; cuando más, pueden llamarlo redundante.
Si el Plan de Ayala dice que hace suyo el de San Luis Potosí, no veo la necesidad de que se mencione este último.
Exactamente, señor; sale sobrando que se diga Plan de San Luis. (Desorden, campanilla)
Suplico a la Secretaria se sirva volver a leer ese documento.
(Leyó nuevamente)
Me permito llamar la atención a mi distinguido amigo el señor general Montaño, respecto a que no está a discusión el considerando, sino la parte resolutiva que constituye el decreto; de manera que huelga toda aclaración sobre si debe figurar el Plan de Ayala, o el de San Luis Potosí, o ambos, puesto que lo único que va a figurar cuando se haga la publicación, es el decreto, es decir, la parte resolutiva.
En mi concepto, creo que estamos todos en el perfecto derecho de hacer todas las aclaraciones al documento que se nos pone a la vista. No hay que tener redundancias que a nada nos conducen, que a nada nos llevan.
El Plan de Ayala hizo suyo en todas sus partes, el Plan de San Luis Potosí. En consecuencia, señores, realmente es una redundancia como la de Valbuena, pintada de una manera curiosa, pero que no quiero repetir en estos momentcs, porque no deseo que alguno se dé por aludido.
Creo que deben suprimirse las palabras: Plan de San Luis; sin embargo, si los señores impugnadores opinan lo contrario, por tratarse de un punto tan baladí, que no merece una discusión, debemos hacer a un lado nuestras observaciones y aprobarlo tal como está.
La he pedido antes.
Si el único objeto de la aclaración es que hay redundancia, en ese caso, digamos: El principio consagrado por el Plan de San Luis, porque inició y proclamó en primer término, la reforma de la no reelección. No sé por qué vamos a dar preferencia al Plan de Ayala, cuando fue el de San Luis el que sostuvo primeramente la no reelección.
En consecuencia, si hay redundancia, póngase: el Plan de San Luis Potosí. (Aplausos)
Deseo manifestar a los señores delegados, y en particular al señor Montaño, que no proceden las observaciones que dicho señor ha hecho, toda vez que al referirse la Comisión Dictaminadora a los Planes de San Luis Potosí y de Ayala, lo hace en su parte expositiva, y la Comisión ha tenido presente esa consideración, esa razón, es decir: se ha ilustrado con los antecedentes políticos que tenemos para dictaminar en la forma en que se ha hecho.
Además, hay que fijarse, como ya lo expresó algún señor delegado, que no está a discusión la parte expositiva. Las razones que aduce una Comisión dictaminadora para fundar su dictamen, no son de ponerse a discusión, sino únicamente la parte resolutiva.
He dicho que se haga a un lado todo eso, si es motivo de discusión. (Aplausos)
Para una moción de orden, en nombre de la Comisión, pido la palabra.
Déjenme terminar.
Creí que había usted concluido.
No, señor. Termino manifestando que son inconducentes las aclaraciones Que ha hecho el señor Montaño, toda vez que está a discusión la parte resolutiva. (Voces: Sí, hombre, ya lo sabemos) (Siseos, murmullo, campanilla)
Pido la palabra para una verdadera moción de orden, a nombre de la Comisión.
Se está perdiendo lamentablemente el tiempo.
Pido respetuosamente a la Mesa que se sirva indicar a la Asamblea que se inscriban los señores delegados en pro o en contra, para saber si hay discusión.
Se pregunta a la H. Asamblea si estima suficientemente discutido el asunto. (Voces: ¡Sí, sí!)
Se pone a votación el siguiente acuerdo:
Por ningún motivo podrá ser electo Presidente Provisional de la República, la persona que por cualquiera circunstancia haya estado encargada del Poder Ejecutivo, antes de la elección de dicho Presidente.
Se ha presentado el siguiente dictamen:
En vista de la excusa presentada por los miembros propietarios de la Comisión de Gobernación, los suplentes de la misma, tomando en consideración los argumentos expuestos por la mayoría de la Asamblea, proponen que al oficio del ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, fecha 2 del corriente, se comunique el siguiente acuerdo:
I. Dígase al ciudadano presidente de la Convención, Encargado del Poder Ejecutivo, que el articulo primero de la ley que establece el régimen parlamentario, quedó en definitiva redactado en los siguientes términos:
Artículo 1° El Presidente Provisional de la República durará en su encargo hasta el dia 31 de diciembre del año en curso, y entregará el poder al día siguiente, al Presidente Constitucional que resulte electo conforme a la convocatoria que en su oportunidad expida la Convención.
Términos en los cuales no cabe la confusión a que alude en su citado oficio, por lo que deberá proceder a la promulgación de la citada ley, por bando solemne, dentro de cinco dias a contar de esta fecha.
II. Dígase al mismo ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, que en vista de que la República debe comenzar a disfrutar, a la mayor brevedad posible, de las ventajas que ofrece la implantación del régimen parlamentario, el término de ocho días a que se refiere el artículo transitorio de dicha ley, que se le concede para integrar su Gabinete y proponer el nombramiento de sus Ministros a la ratificación de la Convención, comenzará a contarse desde hoy.
III. Dígase al mismo ciudadano presidente de la Convención, en funciones de Poder Ejecutivo, que en lo sucesivo no podrá demorar la publicación y promulgación de las leyes y decretos de la Asamblea, ni el cumplimiento de sus acuerdos, por ningún motivo, pues la Convención declara que el Presidente de la República o Encargado del Poder Ejecutivo no gozan del privilegio del veto ni aun con el carácter suspensivo.
Cuernavaca, Morelos, febrero 27 de 1915.
Aunque sé que algunos de mis colegas me van a sisear, voy a solicitar de la Mesa que pregunte a la Asamblea si este asunto es de pronta y obvia resolución; me permito, además, advertir que presten gran atención a este proyecto, porque a mi se me antojaría que está inspirado por ideas del licenciado Soto y Gama, al menos en su forma; y también me permito manifestar que en lo relativo al veto, estoy en perfecto desacuerdo y dispuesto a atacarlo.
Por esto insisto en suplicar a mis colegas que presten gran atención y hasta rogaría al señor secretario que volviera a leerlo, porque es un asunto de gran trascendencia.
La Asamblea acaba de resolver que son de pronta y obvia resolución los cinco asuntos acordados ayer; de manera que no procede la moción de orden del señor Cervantes.
Entonces insisto en suplicar a la Secretaría que vuelva a leerse el acuerdo.
Con mucho gusto. (Lee nuevamente)
Me permito interpelar a la Mesa para que se sirva decirme si se va a discutir en lo general.
Se suplica a los ciudadanos delegados que deseen hablar en pro o en contra, pasen a inscribirse. (Lee la lista de inscripción de los oradores)
Debe empezar el contra.
Entiendo que debe hablar primero el pro.
El reglamento dice que harán uso de la palabra, alternativamente, en el orden en que se hayan inscrito. (Voces: Que se lea el Reglamento)
La Secretaría informa que el Reglamento dispone que harán uso de la palabra los oradores en contra y en pro, según el orden en que se hayan inscrito.
Luego debe comenzar a hablar uno del contra.
Entonces tiene la palabra en contra el ciudadano Cervantes.
Antes de usar del derecho de hablar, solicito de los señores ponentes del dictamen, que se sirvan fundarlo. Si renuncian a esa invitación, hablaré desde luego. (Ninguno de los miembros de la Comisión hace uso de la palabra)
En ese caso, supuesto que no lo van a fundar los miembros de la Comisión, permitanme ustedes hablar en pro.
La Mesa se atiene a lo que dispone el Reglamento.
Me reservo para hablar después de haber oído a los defensores del dictamen.
Antes de abordar el asunto, voy a permitirme hacer la siguiente observación, que espero todos tengan en cuenta. Se va a discutir este asunto en lo general, únicamente por mera forma reglamentaria, supuesto que ayer lo aprobamos bajo nuestra palabra de honor. (Una voz: Sí, señor) (Voces: No es cierto) (Aplausos)
Creo que las discusiones en lo general significarían faltar a ese compromiso que celebramos abierta y francamente en esta Asamblea. Realmente, después de dicho esto no necesita apoyo el proyecto a que se acaba de dar lectura; pero me aprovecho de ello para hacer aclaraciones de cierta importancia para mi representado el señor general Roque González Garza.
Con motivo de haberse demorado la promulgación de la ley que instituye el parlamentarismo, ha surgido en alguna persona o, más bien, en el ánimo de alguna persona, la sospecha de que el Encargado del Poder Ejecutivo no estaba conforme con la implantación del régimen parlamentario, y que, con este motivo, ha opuesto las dificultades de un veto suspensivo a la promulgación de esa ley. Estoy terminantemente autorizado para decir a ustedes que jamás el Ejecutivo ha pensado en poner un estorbo a la implantación del parlamentarismo, y también puedo asegurar que fue uno de los primeros defensores de esa institución, porque la cree salvadora. En ese punto también yo me voy a permitir ideas personales. Creo que la gran reforma política del parlamentarismo, nos evitará en lo sucesivo la revolución. Desgraciadamente hemos visto que en nuestro país la conquista del Poder Ejecutivo ha sido el origen de muchísimos cuartelazos y golpes de Estado. El régimen parlamentario da simplemente al Poder Ejecutivo el carácter de una figura decorativa; reinará pero no gobernará; es decir, el gobierno, la administración del país, se hará por el Ministerio. De ahí, señores, que cuando no estemos conformes con determinada política, o con los que se hallen al frente de los Ministerios, es decir, de los que sigan determinadas orientaciones contrarias a los intereses del país, los podemos eliminar por medio de un voto de censura, en esta Asamblea, sin necesidad de recurrir a los cuartelazos, ni a las revoluciones armadas. Por esto, señores, aplaudo de todo corazón el parlamentarismo. (Aplausos)
Pero no quiero distraerme del objeto principal de mi peroración, que es el de borrar del ánimo de los miembros de esta Asamblea la sospecha de que el señor general González Garza sea reacio, o por lo menos haya puesto dificultades a la implantación del parlamentarismo. Entiendo en que todos estamos de acuerdo en que el señor general González Garza fue uno de los iniciadores de esta ley. Por otra parte, todos sabemos que conforme al régimen presidencial que regia, mientras no se promulgaba esa ley, tenía derecho el Ejecutivo de hacer observaciones. De acuerdo con esa facultad anterior, el Ejecutivo expuso a la Asamblea ciertas dificultades, ciertas dudas que surgieron en su ánimo, para la promulgación de esta ley. La Mesa acordó tramitar el asunto, en vez de haber dicho al Ejecutivo, lisa y llanamente: Promulgue usted esa ley. Pero no sucedió así. La comunicación del Ejecutivo pasó a Comisión; ésta rindió un dictamen en el sentido de que se derogara el artículo transitorio de la misma, y la Asamblea sabe que fue rechazado este dictamen y que volvió a la Comisión; cumpliendo con su deber nos hubiera dicho: Dígase al Ejecutivo que se promulgue esta ley. La Comisión no lo hizo así y esto fue lo que motivó la sospecha de que el Encargado del Poder Ejecutívo opusiera dificultades a la implantación del parlamentarismo; pero protesto que en su ánimo está el implantarlo a la mayor brevedad posible, para que todos podamos observar sus frutos, sus opimos frutos y ver cómo esto marcará una etapa en la vida política de México. (Aplausos)
Ruego respetuosamente a la Mesa que pregunte a la Asamblea si considera que este asunto debe aprobarse en lo general, teniendo en cuenta la moción del señor Borrego.
Un momento, señor. Tiene la palabra el ciudadano Cervantes.
Me permito rogar a los señores delegados, mis colegas, que no vayan a figurarse que pretendo faltar a mi palabra, como erróneamente, aunque sin mala fe, lo ha dejado filtrar en el ánimo de ustedes el señor delegado Borrego. No me vengo a oponer a lo que está convenido, porque tengo costumbre habitual de cumplir hasta mis más insignificantes compromisos.
Me propongo combatir especialmente el artículo tercero; pero como estamos discutiendo en lo general, sólo voy a atacar el dictamen. Lo voy a hacer, no sin advertir que estoy en perfecto acuerdo con la idea que encierran los dos primeros, y no vacilo en declarar que es lo convenido. Hago notar, y en esto consiste mi ataque, que el artículo tercero es enteramente ilógico para la esencia del dictamen, porque el asunto del veto no tiene, aunque le llame al señor Borrego la atención, relación inmediata con la cuestión del parlamentarismo. Ya tendré la oportunidad de demostrarlo en la discusión en lo particular; de tal manera que me opongo en lo general, porque en mi concepto no debe figurar en el dictamen el artículo tercero. Como la base de mi argumentación reside en este articulo tercero, no insistiré en hacer notar que hay algún concepto de mala redacción, pues lo combatiré en lo particular.
Hago constar nuevamente, que no falto a mi palabra jamás, y ruego a los señores delegados que lo tengan presente.
Yo no he dicho que falte usted a su palabra; no me atrevería a asegurar semejante cosa. Lo que yo he afirmado es que yo no discutía en lo general, porque estimaba faltar con eso a mi palabra; pero no expresé ningún concepto desfavorable a su señoría.
Como este asunto de hecho está aprobado y fue ampliamente discutido en lo general, en la junta privada, y nos comprometimos bajo nuestra palabra de honor a cumplir con los acuerdos firmados, creo inútil hablar sobre él y me reservo para responder al señor Cervantes, cuando lo ataque en lo particular.
Que se pregunte si está suficientemente discutido en lo general.
Se pregunta si se considera suficientemente discutido en lo general.
I. Dígase al ciudadano presidente de la Convención, Encargado del Poder Ejecutivo, que el artículo primero de la ley que establece el régimen parlamentario, quedó en definitiva redactado en los siguientés términos:
Articulo 1° El Presidente Provisional de la República durará en su encargo hasta el dia 31 de diciembre del año en curso, y entregará el poder al dia siguiente al Presidente Constitucional que resulte electo conforme a la convocatoria que en su oportunidad expida la Convención.
Se suplica a los señores delegados que deseen hablar en pro o en contra, se sirvan pasar a inscribirse.
Es cuestión de detalle e insignificante. Ya afirmé que a excepción del articulo tercero, estoy de acuerdo con el dictamen; pero hay aqui un detalle de redacción. Dice el artículo que se diga al ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, que el articulo tantos quedó redactado en tal forma, y después dice, entre otras cosas, por lo que. ¿Ese por lo que es relativo? Se concede al Ejecutivo un plazo de cinco dias, etc., etc., y franeamente yo no veo la lógica de esa redacción, repito que es cuestión de detalle. (Voces: Que pase a la Comisión de Corrección de Estilo) (Siseos, campanilla)
A fin de aclarar cualquier duda que pudiera surgir por cuestión de redacción, pido que pase el dictamen a la Comisión de Corrección de Estilo, para que quede en forma más correcta, porque en el fondo todos estamos de acuerdo.
Como el señor Cervantes no ha atacado el fondo del artículo, sino únicamente el estilo, pido que se pregunte a la Asamblea si se considera suficientemente discutido.
La Mesa, por conducto de la Secretaria, pregunta a esta H. Asamblea si considera suficientemente discutido el punto.
Está a discusión en lo particular el segundo punto.
II. Dígase al mismo ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, que en vista de que la República debe comenzar a disfrutar, a la mayor brevedad posible, de las ventajas que ofrece la implantación del régimen parlamentario, el término de ocho días a que se refiere el artículo transitorio de dicha ley, que se le concede para integrar su Gabinete y proponer el nombramiento de sus Ministros a la rectificación de la Convención, comenzará a contarse desde hoy.
Deseo preguntar a la Comisión si hoy, sábado 27, es cuando comienza a contarse ese plazo.
Si, señor, desde la fecha del acuerdo; es decir, debe comenzar a contarse desde hoy.
Lamento que los señores de la Comisión, así como los que van a hablar en pro, teniendo en cuenta que lo único que va a estar a discusión es la fecha en que debe comenzarse a contar el plazo; lamento, repito, que no tengan en consideración que este documento va a pasar primero a la Comisión de Corrección de Estilo, la cual no trabajará mañana, por ser domingo, sino que probablemente trabajará hasta el lunes o martes, y mientras se le comunica al Ejecutivo pasarán uno o dos días más. El Encargado del Poder Ejecutivo no podrá tener sino dos o tres días a su disposición para poder elegir a las personas que deben figurar en el Ministerio. Sube de punto la gravedad que en sí encierra ese corto período de tiempo, cuando sabemos que en las condiciones que nos encontramos, no contamos con numerosos individuos que puedan desempeñar estos puestos, tanto por la situación por que atravesamos, cuanto porque si bien el Ejecutivo ya de antemano se ha fijado en algunas personas, es casi seguro que muchas de ellas no radican aquí, otras no querrán aceptar esos encargos, en las condiciones por que atravesamos; de manera que tropezando con todas estas graves dificultades, para poder encontrar las personas idóneas que desempeñen aquellos puestos, en tan corto espacio de tiempo, me permito suplicar a la Asamblea se sirva modificar el dictamen en el sentido de que el plazo comenzará a contarse desde la fecha en que se le comunique al Ejecutivo, y al mismo tiempo rogar a la Comisión de Estilo, o la que sea, se apresure a terminar este dictamen, para que lo mande el lunes, y desde esa fecha se cuenten los ocho días en que el Ejecutivo tendrá la obligación de mandar a esta Asamblea los nombres de los propuestos para Ministros que deban figurar en su Gabinete.
No quiero ofender al señor Castellanos; pero se me figura que ha hablado como un abogado. (Risas)
Ha venido a defender aquí el detalle de cuándo es el momento preciso en que deba comenzar a contarse el plazo al Ejecutivo, para que dé cumplimiento a un decreto de esta Soberana Asamblea, que hasta la fecha, valiéndose de tales o cuales pretextos, no ha cumplido. No es corto, señor Castellanos, el plazo que se concede al Ejecutivo, ni crea usted que pasará mucho tiempo sin que el Encargado del Poder Ejecutivo sepa lo que aquí aprobemos, porque no faltará quien se lo vaya a decir, y porque, por otra parte, tiene obligación su representante, el señor licenciado Borrego, de informarle de cuanto aquí tratemos, ¿Le parece poco al señor doctor Castellanos, le parece poco a la Asamblea el placito cortísimo (risas) de dos meses que se ha tomado el Encargado del Poder Ejecutivo, para al fin y al cabo venirse a ver obligado a implantar el parlamentarismo? ¿Le parece poco tiempo para la honradez política, el tiempo transcurrido, durante el cual no se ha cumplido una ley publicada desde el 23 de enero?
Si no queremos ayudar al Ejecutivo a sus demoras, a sus pretextos y a sus chicanas, debemos fijar el plazo más breve: precisamente por ese modo de obrar del Ejecutivo ha surgido el conflicto, la duda, de que si será Presidente por unos días o por un año, y no le demos el gusto de que siga abrigando una esperanza. Ocho días bastarán para saber quién acepta y quién no acepta, y a quién se nombra en el lugar de los que no acepten; por otra parte, él ya sabe desde ahora quiénes no aceptan.
Si se empeña el Ejecutivo en seguir presentando dificultades y alegando pretextos, no es más que para perder el tiempo; creo que perfectamente en ocho días puede cumplir con el decreto de esta Asamblea; sencillamente hasta ahora lo único que ha demostrado es que no lo ha cumplido porque no ha querido cumplirlo, y esto lo digo, ya que el señor Castellanos me obliga a hablar.
Por eso quiero que desde hoy se obligue al Ejecutivo, sin concederle más plazo; teniendo en cuenta que estaba ya obligado desde el 23 de enero, y sin embargo no ha cumplido. (Aplausos)
Tiene la palabra el ciudadano Borrego para una rectificación.
Lamento que mi distinguido amigo el señor licenciado Soto y Gama, dejándose llevar de su temperamento pasional, califique de pretextos y de chicanas la no promulgación de la ley del parlamentarismo, cuando en la conciencia de todos ustedes está que si hay algún culpable, es la Comisión, por no haber rendido el dictamen oportunamente; de manera que no se le puede culpar al Ejecutivo, ya que él no es la causa de la demora, y es absolutamente injusto atribuirle hechos que han tenido verificativo independientemente de su voluntad.
Para una aclaración. Como veo que se está discutiendo una cuestión de detalle tan insignificante y con el objeto de evitar discusiones que provoquen alusiones personales, que, en mi concepto, no vienen al caso, yo pido, si la Asamblea lo acuerda, que en vez de ocho pongamos diez, once, doce días ...
(Interrumpiendo) No voy de acuerdo.
Es éste un detalle tan insignificante, que la Comisión no tiene empacho en ampliar el plazo dos o tres días más. Es penoso que siempre dejemos pendientes las cuestiones de fondo, para fijarnos en cuestiones insignificantes. Si la Asamblea acepta mi proposición, estoy dispuesto a redactar ese artículo en el sentido de la discusión, expresando que son nueve o diez días, en vez de ocho; pero también debemos obligar a la Comisión de Corrección de Estilo, a que corrija esta ley, a la mayor brevedad posible.
Me voy a permitir contestar al señor Quevedo, que el artículo transitorio de la ley sobre el parlamentarismo fija ocho días al Presidente de la República, para nombrar su Gabinete, y aquí sólo se trata de fijar la fecha en que deben comenzar a contarse los ocho días, y es a lo que me opongo, es decir, a que desde hoy se comiencen a contar los ocho días.
Suplico a la persona que está chiflando, que me haga favor de salir del salón. (Risas)
Yo creo que para que la Comisión de Corrección de Estilo cumpla con su deber, le basta el día de mañana, y entonces el plazo de ocho días comenzará a contarse desde el lunes, en que se ponga el oficio respectivo al señor Presidente de la Convención, Encargado del Poder Ejecutivo, y no desde hoy, en que todavía no acabamos de discutir el punto.
En mi concepto, no debemos festinar de tal manera el asunto, pues la razón alegada por el señor licenciado Soto y Gama, de que ha transcurrido ya un mes y medio sin que el Ejecutivo haya dado cumplimiento a lo aprobado por esta Asamblea, me parece inaplicable; no ha sido culpable de eso el señor Presidente de la República, sino nosotros, y yo tengo parte en ello; no hemos rendido oportunamente dictamen y, repito, esa inculpación al Ejecutivo es perfectamente dolosa.
Así es que yo pido que primero terminemos la discusión, que se corrija después, si así lo acuerda la Asamblea, y que el plazo de ocho días a que se refiere el artículo transitorio de la ley, comience a contarse desde la fecha en que se comunique de oficio al Ejecutivo la resolución definitiva.
Realmente, señores delegados, estamos discutiendo nimiedades que verdaderamente nos están quitando el tiempo. Es triste ponerse a pensar que tenemos aquí una discusión que va a durar una hora o más, por la cuestión de que se ha de conceder al Ejecutivo un día más o menos para implantar el parlamentarismo. Yo, por mi parte, sea capricho o no lo sea, estoy resuelto a sostener el dictamen a todo trance, porque he visto que con mil pretextos se pretende demorar, obstruccionar si ustedes quieren, la cuestión de que se implante entre nosotros el parlamentarismo. Yo no sé si el señor Presidente, como decía el señor licenciado Soto y Gama, ya sabe quiénes van a aceptar las carteras y quiénes no las van a aceptar; por consiguiente, sobra que entremos en consideraciones tan extensas a este respecto.
Por otra parte, yo creo de mayor interés para el Ejecutivo, nuestras discusiones, que pueden ilustrar su criterio, que el plazo de ocho o más días que se le puedan conceder. El señor delegado Casta sabe perfectamente bien que aunque no quiera él, el Presidente de la República sabe media hora después de que se levanta la sesión, qué es lo que se ha convenido y resuelto, y, por tanto, estos dos días que se piden no serán absolutamente más que con el fin de aumentar el plazo, retardando así la implantación del parlamentarismo y por el solo placer de sostener discusiones que pongan de relieve el talento de los oradores.
Veo ya intenciones en el señor Casta, de solicitar la palabra tan pronto como yo termine, y francamente, si vamos a seguir por este camino, estaremos discutiendo días enteros, sin llegar a una solución y ocupándonos de asuntos verdaderamente baladíes y mezquinos.
Les ruego que tengan serenidad y que piensen que esos dos días más que se pretende conceder al Ejecutivo son enteramente ridículos para nosotros y para la seriedad de esta H. Convención; por lo tanto pido que se apruebe ese dictamen y no tengamos discusiones acaloradas y tan poco serias como las que tenemos; en consecuencia, no habiendo más que discutir ruego a la Mesa se sirva preguntar a la Asamblea si lo considera suficientemente discutido.

References: artículo 1
 resolución 
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Artículo 1
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