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Timestamp: 2020-02-26 22:29:17+00:00

Document:
Silvana Andrea Staltari(*)
Palabras clave: Partido Comunista; sindicalismo; estrategia; peronismo.
The Argentine Communist Party: its union approach in the early years of the Peronist government (1946-1948)
The objective of this work is to analyze the shift in the trade union strategy of the Argentine Communist Party in mid-1946 and how it was applied in the unions with highest communist incidence. The actions of the Communist Party during the first two Peronist governments are studied mainly in its political rather than its union aspects. As regards the latter ones, official publications of the Communist Party such as Orientación and La Hora as well as internal documents were analyzed. The purpose of this analysis is to look into the set-up of union-party political strategy following Juan Domingo Peron´s triumph in the February 1946 elections, to improve knowledge about one of the main ideological trends that influenced workers and its drifting apart.
Keywords: Communist Party; syndicalism; strategy; Peronism.
El Partido Comunista de la Argentina (PC) desde sus orígenes tuvo como objetivo constituirse en la dirección política de la clase obrera organizada para incidir en la dinámica social. Fue a mediados de la década de 1920 que se registró más firmemente una productiva experiencia de aquel trabajo, que continuó en aumento a pesar de sus cambios estratégicos (Camarero, 2008). El PC logró consolidar su presencia en el mundo del trabajo, principalmente industrial, promoviendo una serie de organizaciones gremiales de base junto con una red de instituciones socioculturales que lo convirtieron en una corriente de peso en aquellos ámbitos hasta mediados de la década de 1940, cuando el peronismo termine desplazándolo (Camarero, 2008; Camarero y Ceruso 2014; Ceruso, 2015).
Cuando se produjo el golpe de Estado de 1943 los comunistas se encontraban en su momento de mayor expansión en el movimiento obrero, los sindicatos dirigidos por cuadros del Partido representaban aproximadamente el 30% de los cotizantes de la Confederación General del Trabajo (CGT), a la cual co-dirigieron. Bajo la estrategia política del frente popular que sostenía el comunismo a nivel internacional desde 1935, el PC utilizó las banderas de Democracia y Unidad para enmarcar las denuncias sobre la represión y persecución a sus militantes y la lucha contra lo que identificaron como fascismo a nivel nacional. También las emplearon para poder articular estructuras y espacios de acción en el universo gremial frente a la campaña anticomunista y las maniobras jurídico-administrativas con las cuales los sindicatos con influencia comunista tuvieron que lidiar.
A este ya complejo escenario se sumó la potencia con la cual irrumpió la nueva dinámica relacional que se construía entre los trabajadores y el sector encabezado por Juan D. Perón al amparo estatal y que incluyó la satisfacción de demandas sociales y salariales, la regulación de las relaciones laborales, tanto como el control y la centralización del modelo gremial. La estrategia política frentista del PC, que incumbió alianzas con sectores de la burguesía, el acuerdo con los demás partidos, la campaña electoral en la Unión Democrática y su discurso de corte reformista se encuentran más estudiados en comparación a su actividad gremial del mismo período. Esta última contempló la estrategia sindical que se caracterizó por los intentos de conformar un cambiante programa de unidad (Ceruso y Staltari, 2018). Luego de las elecciones de febrero de 1946 que dieron el triunfo a Perón, el Partido se planteó llevar adelante una nueva estrategia político-sindical que le permitiese contrarrestar la continua pérdida de influencia en la clase trabajadora, tarea que permanece insuficientemente explorada.
El presente trabajo se propone estudiar el planteo estratégico que el PC realizó en el mundo del trabajo industrial y cómo fue su implementación en los primeros años del gobierno peronista. Para ello se observó cuáles fueron los sectores que priorizaron, las tácticas utilizadas y las estrategias empleadas, sopesando las modificaciones respecto del período anterior. La intención es realizar un aporte a los estudios sobre el PC, particularmente en este caso, en lo que respecta a su nueva posición política frente al triunfo de Perón y al cambio de la línea sindical una vez realizado su XI Congreso en agosto de 1946.
Los estudios académicos sobre el PC que abarcan el período 1946-1955 centran sus análisis mayoritariamente en el eje político, incluyendo las relaciones con Moscú (Amaral 2008; Gilbert, 2007, 2009; Valobra, 2015, 2017; Gurbanov y Rodríguez, 2008; Jáuregui, 2012) as{i como también atendiendo al rol de los intelectuales y perspectiva de género, retrotrayendo temporalmente, en la mayoría de los casos, la observación a 1943 (Acha 2006; Petra, 2017; Prado Acosta, 2015; Norando, 2013, 2018). En ellos las explicaciones sobre los posicionamientos y prácticas partidarias durante aquellos años establecen la relación comunismo-peronismo a través de un alejamiento-acercamiento y de una acción y reacción, dejando fuera de la observación las particularidades del ámbito donde más alcance tuvo la influencia comunista, el movimiento obrero industrial.
En este sentido creemos que la posición política frente al peronismo estuvo determinada por el nuevo análisis sobre aquel “fenómeno”, el nuevo contexto político y por la continuación de su estrategia frentista; los tres factores redefinieron la línea sindical prevista para recuperar los espacios perdidos en el movimiento obrero industrial (Staltari, 2014). Del mismo modo, los estudios del período que giran en torno a la relación sindicalismo-peronismo han relegado la observación de las otras corrientes que actuaban en el ámbito sindical. Sin embargo, tanto en las investigaciones que observaron el plano institucional de la relación Estado, CGT y dirigencia sindical (Germani, 1974; Murmis y Portantiero, 2004; Di Tella, 2003; Torre, 1990; Doyon, 2006), como en las que agregaron los conflictos gremiales, la presencia comunista resulta evidente (Durruty, 1969; Matsushita, 1986; Del Campo, 1983; Horowitz; 2004). En estos últimos, se los referencia como destinatarios principales de los mecanismos estatales represivos, mientras que en otros aparecen denunciados por el gobierno como uno de los principales promotores de la conflictividad obrera (Nieto, 2018; Herrera, 2016; Contreras, 2018; Schiavi, 2013).
Frente a la falta de estudios temáticos existente es que resulta pertinente observar al PC como objeto de estudio específico y atender al cambio de su estrategia sindical que sufrió una brusca modificación que implicó abandonar la declamada independencia de sus sindicatos, proceder a su disolución y emprender una nueva experiencia bajo el precepto táctico que denominaron “unidad desde abajo”.[1]
Así, en el nuevo contexto político, y aquí nuestra hipótesis, el PC modificó su estrategia gremial con la intención de construir espacios de solidaridad intergremial que pusieran en tensión la cada vez más firme identificación política de los trabajadores con el peronismo, con sus dirigentes gremiales y con la CGT. A través del análisis de documentos del Partido y de los órganos de difusión El Patriota, La Hora y Orientación, se estructuraron los principales interrogantes en las tres secciones del trabajo: en la primera, se desarrolla el modo en el que el Partido proyectó la nueva estrategia gremial en su XI Congreso; en la segunda se muestran las implicancias de llevar adelante aquella estrategia en los sindicatos donde más presencia tenían y por último, se analiza cómo caracterizó el PC las prácticas sindicales y relaciones institucionales entre los años 1946-1948. El corte temporal obedece a los objetivos específicos del trabajo, establecer el cambio de estrategia y las primeras acciones para llevarlas a cabo. De la misma forma, entendemos que luego del año 1948 por los cambios políticos y económicos se abre paso una nueva dinámica en las relaciones sindicales y por lo tanto en las tácticas del PC.
El XI Congreso y el cambio estratégico en el plano gremial
Desde mediados de los años treinta, el PC organizó, condujo o codirigió con otras tendencias importantes sindicatos como la Federación Obrera Nacional de la Construcción (FONC), la Unión Obrera Textil (UOT), el Sindicato Obrero de la Industria Metalúrgica (SOIM), la Federación Obrera de la Industria de la Carne (FOIC), el Sindicato Único de Obreros de la Madera (SUOM) y la Federación Obrera del Vestido (FOV). Estos fueron los sindicatos y federaciones que enfrentaron la embestida anticomunista que sostuvo y profundizó el gobierno a partir del golpe de 1943. Desde un principio, el PC identificó al gobierno con el nazi-fascismo y asumió la lucha antifascista que los comunistas sostenían a nivel internacional, denunció el cierre de su diario La Hora, la intervención de sindicatos, clausuras de locales y la detención de sus principales dirigentes gremiales (Del Campo, 1983, p. 181).[2]
Mientras Perón cobraba mayor relevancia como figura gubernamental, el Partido, en el plano político-sindical, caracterizó como demagógica, divisionista y corporativa la política llevada adelante por la Secretaría de Trabajo y Previsión (STyP). El PC enarboló un programa de unidad que no quedó estanco entre los años 1943-1946, pues fue mutando su contenido, interpretación y aplicación conforme al desarrollo político del país. En los primeros meses del gobierno militar se buscó la unidad de todo el movimiento obrero organizado en una sola central, lo que pronto se abandonó al concretarse el apoyo de algunos sindicatos al gobierno. Hacia mediados de 1945, los comunistas comenzaron a discutir su política sindical planteando un nuevo tipo de unidad con la conformación de una Central Obrera Independiente. Sin embargo, en el discurso del PC persistió la intención de establecer vasos comunicantes con los obreros identificados con el peronismo, pero sosteniendo y defendiendo los gremios donde conservaba influencia para contrarrestar la política gubernamental de fortalecimiento y de creación de los llamados sindicatos paralelos (Ceruso y Staltari, 2018).
La consecuencia del apoyo gubernamental, que encerró la política de cooptación, concedió la representación gremial y propició el crecimiento de aquellos sindicatos resultó evidente cuando se produjo el levantamiento de las clausuras y las restricciones políticas entre junio y finales de 1945. Cuando los sindicatos dirigidos por los comunistas intentaron reorganizar su actividad denunciaron que las “restricciones oficiales e ilegales” trababan el desarrollo de la dinámica gremial, factores que se profundizaron luego de las elecciones de febrero de 1946.
Hasta que estas últimas se concretaron en la prensa comunista se observan tres cuestiones principales: las advertencias sobre el avance de los sindicatos “colaboracionistas”, las denuncias sobre presiones para que sus filiales “se incorporen a la órbita de influencia” de la STyP y los llamados a la unidad de la comisión nacional Pro-Central Obrera Independiente.[3] Si bien a fines de 1945 se inauguraron las sesiones de la Conferencia Nacional pro Central Obrera Independiente y se proyectó el Congreso de la Central para el mes de abril de 1946, tras las elecciones el PC cambió sus perspectivas sobre el escenario político. El carácter minoritario de aquella Central frente a la representación de fuerzas que la CGT tenía con el grueso de los sindicatos industriales, de comercio y de servicios se ratificó con la adhesión mayoritaria de los trabajadores a la candidatura de Perón.
Reconocido el triunfo peronista, el Partido inició un debate donde se aprestaba a decidir si continuaba con su oposición abierta al peronismo o si se daba un nuevo programa para contrarrestar el influjo de la naciente fuerza en el movimiento obrero. La abierta oposición había fracasado, pero lejos estuvieron de plantear el apoyo a un movimiento que, aún legitimado por la mayoría de los asalariados, seguía siendo para el PC un conglomerado de fuerzas sociales contradictorias que relegaba a los trabajadores a un lugar de subordinación. Los cambios no fueron automáticos y los meses entre febrero y julio-agosto fueron de transición. El Partido preparó su XI Congreso que significó encarar análisis políticos, una nueva estrategia sindical y tareas de organización que estuvieran en concordancia con el Frente de Liberación Social y Nacional, en correlación a las instancias internacionales. A la par que esperaba y observaba el planteo político de Perón al momento de su asunción y cómo se iban desarrollando las relaciones de fuerza dentro del movimiento obrero.
Cuando finalmente se realizó el XI Congreso Nacional a mediados de agosto de 1946 el escenario político para evaluar las posibilidades de desarrollo de su tarea en el movimiento obrero industrial estaba más claro. La debilidad de los sindicatos bajo su influencia y su insuficiente presencia en las grandes industrias fueron puntos importantes del análisis. La política de obturación de su representación gremial y de represión a sus dirigentes sindicales y militantes en el período anterior habían sido clave para tal situación, así como, según el PC, los errores cometidos en sus prácticas sindicales.
Durante el desarrollo del Congreso los principales dirigentes del Partido fundamentaron y explicaron los resultados de las elecciones. El peronismo dejó de caracterizarse en clave de fascismo, nazi-fascismo y nazi-peronismo y sus políticas como “demagogia peroniana” y pasó a ser entendido como una fuerza socialmente heterogénea, integrada por sectores progresistas y reaccionarios que, por sus intereses contradictorios, se enfrentarían inevitablemente. Lo más importante de aquella caracterización fue que la mayoría de la clase obrera apoyaba al peronismo y que ello se debía a la existencia de un sector “nuevo de obreros” que sin experiencia política previa se volcaron a realizar su experiencia con Perón. Según las autocríticas realizadas por el líder máximo del PC, Victorio Codovilla, la falta de comprensión de las características y necesidades de este último sector social fue fundamental en los errores del Partido, junto con el abandono de las luchas por las reivindicaciones inmediatas en los lugares de trabajo en pos de privilegiar la campaña electoral y la subestimación de la influencia del peronismo en las masas trabajadoras.[4]
De los análisis de los posibles desarrollos políticos y económicos del país, el Partido entendió que sus militantes debían acompañar el proceso de adquisición de experiencia política de aquellos obreros que habían votado por Perón. La táctica de apoyar lo positivo y denunciar lo negativo de las acciones de gobierno evidenciaría sus contradicciones. Apuntalar, acompañar y direccionar las luchas para presionar por la concreción de los intereses de la clase obrera y de los sectores populares a través de la conformación de comité de luchas específicas fue la forma con la que el PC proyectó la conformación del Frente de Liberación Social y Nacional, en concordancia con su estrategia frentista (Staltari, 2014). Se continuaba así relegando las prácticas clasistas buscando un marcado colaboracionismo de clase.
La estrategia sindical que los comunistas elaboraron en el Congreso partió, como se dijo, de la situación de debilidad de su representación gremial, situación que se profundizó tras el triunfo de Perón principalmente en dos aspectos. Por un lado, los proyectos de convenios colectivos presentados durante los meses de febrero a junio por los sindicatos donde se encontraban, ahora en minoría o sin reconocimiento oficial, perdían peso en las negociaciones con la patronal.[5] Por otro lado, ya para mediados de 1946 el primer paso del cambio de la política sindical de los comunistas había fracasado. La intención de lograr la unificación desde la Central Obrera y Sindical Independiente con el trabajo de la Comisión Unitaria Central a través de la constitución de comisiones mixtas que lograsen acuerdos intersindicales en condiciones de igualdad había encontrado la negativa sistemática de los sindicatos reconocidos oficialmente. Frente a este escenario, la resolución del mes de julio de la CGT exhortando a todas las organizaciones obreras a incorporarse a ella fue el marco donde encarar rápidamente la estrategia de la línea unitaria y abarcar las dificultades en las cuales el PC, su dirigencia sindical y militancia gremial se encontraron.[6]
Según se analizó en el XI Congreso, sumarse a los sindicatos oficialmente reconocidos, implicaba, primero, trabajar por garantizar y fortalecer su presencia en plantas industriales, recomendándose especialmente las áreas de la alimentación, textiles, metalurgia y los sectores del transporte; segundo, se podía establecer un contacto cotidiano con los trabajadores peronistas a través de impulsar desde las organizaciones de base las luchas por las reivindicaciones inmediatas. En tercer lugar, en aquel trabajo se lograría contrarrestar la influencia del peronismo y recuperar los espacios perdidos.
Del mismo modo se definió cuáles deberían ser las tácticas en pos de implementar la estrategia sindical, cómo debían organizarse las tareas en las grandes fábricas y el modo en que podían distribuirse los recursos partidarios. Como punto de partida los militantes comunistas debían “ser miembros de la organización sindical de cada fábrica o industria y luchar en la defensa de los intereses obreros, sean quienes fueren los que dirigen la organización”.[7] Para ello se aconsejó reformular las tareas de los militantes activos en la estructura celular de empresas y de los comités de barrios fortalecer y crear una serie de organizaciones intermedias, como las que llevaban adelante las mujeres del Partido, que en cooperación interviniesen en los conflictos laborales montando redes de solidaridad (Valobra, 2005, p. 75-82). Las células de fábrica y comités fueron proyectados como los organismos fundamentales, políticos y operativos para llevar adelante la estrategia comunista. Así el PC se volcó a recuperar viejas tácticas que datan desde sus orígenes para emplearlas en un nuevo contexto.
De la misma manera que se hizo a mediados de la década del veinte, se señaló que se debía estudiar el funcionamiento de las grandes empresas y la composición y particularidades de los trabajadores en base al tipo de relación que se establecía entre ellos, las especialidades, la calificación y experiencia fabril, sindical y gremial (Camarero, 2007, p. 65-124). En cada lugar productivo, el trabajo debía organizarse a través de los miembros de la célula que debía reunirse periódicamente antes o después de la jornada laboral estableciendo contacto con los militantes de otras secciones y turnos. Cada célula debía atender a los conflictos cotidianos proyectando los programas de lucha junto a los obreros de cada sección para reforzar la actividad sindical. En este punto se reclamó que “las células comunistas, por otra parte, no debe ni puede suplantar al sindicato”.[8] Esto resultaba importante para no generar conflictos y romper los puentes que buscaban crear.
Es decir, la organización celular que desde mediados de la década del veinte y treinta fue la táctica que le permitió a los comunistas implantarse en los ámbitos industriales, expandir su influencia y promover el paso a modernas formas de organización, ahora se volvía a plantear con nuevos objetivos en un contexto claramente diferente (Camarero, 2007, p. 347-348). En aquellos momentos, su implementación se daba en un “terreno fértil” sin que existiesen organizaciones sindicales robustas ni corrientes políticas con presencia sólida en la industria (Ceruso, 2015, p. 42). En cambio, ahora, la estructura celular se ofrecía como un “repertorio organizacional” (Tilly, 1995; Tarrow, 1995) que brindaba la posibilidad de aprovechar las ventajas de la clandestinidad en un momento en donde los comunistas debían abrir nuevamente surcos en los espacios perdidos y ocupados por una corriente política novedosa, con firme voluntad organizativa, que contaba con el apoyo estatal e impulsaba desde su dirigencia una campaña abiertamente anticomunista. Esa doble condición, de refugio frente a la represión y de táctica para recuperar influencia, fueron los motivos por los cuales el PC convirtió a la célula, nuevamente, en el centro de gravedad de su trabajo sindical.[9]
El trato cotidiano entre obreros comunistas y obreros peronistas se debía reforzar con los elementos de difusión, la prensa partidaria y la elaboración de periódicos de empresas y volantes de fábricas que contaran con financiamiento propio. En todas estas tareas el comité de barrio, formados a partir de la ubicación de las grandes empresas se volvía una estructura fundamental. Estos asumían el rol de enlace entre las células y el Partido porque debían tener trato directo con los comités locales, con las direcciones provinciales, que a su vez, a través de delegados debían mantener reuniones regulares con la dirigencia Partidaria y realizar tareas de tipo político-pedagógicas.[10]
Cada comité de barrio debía reformular su composición con cuadros políticos del Partido y militantes miembros de las células de empresa, en un número que permitiese apuntalar, vigilar y mantener un estrecho vínculo con estas y las células de calle o de bloqueo. Por último, la importancia de la divulgación de la prensa partidaria dentro y en los alrededores de las fábricas resultaba clave para poder establecer el acercamiento con los obreros peronistas, realizar una tarea pedagógica y de seguimiento a las luchas por las reivindicaciones económicas como las salariales y las políticas-sociales como las realizadas por la defensa de las libertades democráticas y la legislación obrera.[11] Los errores y el balance no evitaron las críticas internas de sectores que intentaron ir más allá de aquellas problemáticas analizadas por la dirigencia partidaria. La expulsión tanto de la célula ferroviaria del barrio porteño de Barracas como del grupo de intelectuales donde se desatacaron Rodolfo Puiggrós y Eduardo Astesano luego de la discusión del Congreso reafirmaron la voluntad monolítica de la dirección (Acha 2006, p. 93-105). Así se consolidó aún más una dirección partidaria rígida y burocrática representada por Codovilla, Gerónimo Arnedo Álvarez y Rodolfo Ghioldi que si bien no fue monolítica en cuanto a su visión sobre el peronismo, siendo el último el más renuente a cambiar la mirada sobre el nuevo gobierno (Amaral, 2008) lo cierto es que llevaron adelante la aplicación de la línea incluso frente a la visión de los líderes del Partido sobre el abandono de los sindicatos (Nadra, 1989, p. 115).
Con estas bases programáticas, el PC encaró el nuevo período, pero el sostenimiento y el éxito o fracaso de las mismas no dependió solamente de la mera formulación, intención, ni del trabajo de sus militantes, los cambios operados en el movimiento obrero y en las corrientes que en él actuaron son un factor importante de observación. Por ello, para evitar la subestimación o el sobredimensionamiento de la acción comunista en las dinámicas gremiales resulta necesario analizar lo ocurrido con los sindicatos donde tenían históricamente presencia y así apreciar el contexto en dónde llevaron adelante su estrategia sindical.
La nueva estrategia y la superestructura sindical
El trabajo hacia el interior de los sindicatos proyectado en el XI Congreso comenzó a partir del mes de mayo con la reorganización de los sindicatos. En este punto las acciones llevadas a cabo dependieron si los comunistas se encontraron al frente de direcciones gremiales o si compartían las mismas con otras corrientes. En los primeros casos como en la FOIC, la UOT, el SOIM, la Federación Obrero de la Alimentación (FOA), la FONC y la FOV el proceso de disolución de los sindicatos por ellos conducidos y su integración a los oficialmente reconocidos incumbió, en algunos, intentos fallidos por lograr la unificación a través de la fusión en posiciones de igualdad. En los segundos, los comunistas abandonaron los sindicatos en los que estaban para sumarse a los oficiales como en las ramas de la madera y el calzado.
La primera reorganización llevada a cabo por el PC fue en el sector de la carne, rama emblemática para los comunistas por su trayectoria y el peso que supieron conseguir cuando a mediados de los años veinte a las asociaciones por oficio de los anarquistas se opusieron sus diversas formas de organización hasta que finalmente en 1930 se conformó la FOIC (Camarero, 2007, pp. 347-348; Lobato, 2001, p. 180-242; Ceruso, 2015, p. 12). Este trabajo fue impulsado principalmente en la zona de Berisso, Avellaneda, Zárate y Rosario por dos de los que llegarán a ser destacados dirigentes del Partido, Gerónimo Arnedo Álvarez y José Peter. Dieciséis años después la FOIC decidió su disolución muy debilitada frente a una Federación de Sindicatos Obreros de la Industria de la Carne y Afines (FSOICA) que consiguió el reconocimiento legal por parte del gobierno en marzo de 1946, luego de una medida de fuerza en la cual la Federación comunista intervino “sin reservas” tanto en “la ayuda económica, como en la creación de un clima de concordia que permita aunar esfuerzos”.[12]
La FSOICA fue el resultado de un proceso que se puede remontar a principios de la década del cuarenta cuando comenzó a crecer la disconformidad hacia la dirigencia comunista y la multiplicación de sindicatos autónomos de planta fundados por anarquistas, socialistas y sindicalistas que dejaban de cotizar en la FOIC (Di Tella, 2013, p.327-344). A esto se sumó que a partir del golpe de 1943 la Federación fue clausurada y Peter junto a otros dirigentes fueron recurrentemente encarcelados. En este período, los cuatro sindicatos autónomos de Avellaneda conducidos por anarquistas, entre ellos Lucas Domínguez, trabajaron junto al autónomo de Berisso de Cipriano Reyes y el sindicalista de Zárate para continuar las actividades; estos dirigentes fueron denunciaron por la FOIC por “entreguismo”[13].
Estos fueron los años en que se consiguieron algunas de las demandas históricas del sector a la par que se construyó, si bien con oscilaciones, la alianza entre el sector liderado por Reyes y Perón. Cuando la FOIC intentó volver a sus actividades, una vez levantada su clausura el 30 de julio de 1945, los comunistas denunciaron la destrucción de la organización básica de los frigoríficos reemplazada por “elementos peronianos” protegidos en su “acción antidemocrática”[14]. De este cuadro de situación a la conformación en octubre de la Federación de Sindicatos Autónomos de la Industria de la Carne y al mes, ya sin el “Autónomos” pero con más sindicatos y con Reyes como Secretario General, quedarán pocos meses (Contreras, 2018, p. 55-79).
La clara pérdida de representación de la FOIC no dejó espacio para ningún tipo de negociación, pasadas las elecciones entre abril y mayo de 1946, con el reconocimiento legal dado a la FSOICA, comenzaron a discutir su disolución. En el acto del 2 de junio, Peter y Salvador de Aquila, secretario de la Alimentación, aclararon que la decisión era para “facilitar la completa unidad sindical de los trabajadores de los frigoríficos” con la intención de crear “condiciones de lucha a través de una sólida organización, libre de toda intromisión extraña, combativa y disciplinada, democrática en sus formas orgánicas”. La resolución general constó de siete puntos donde la independencia y la unidad tanto del gremio cárnico como del movimiento obrero en una sola central fueron los ejes principales.[15]
La experiencia del gremio metalúrgico resulta similar al de la carne, el sindicato comunista, el SOIM, llevaba años de desgaste al momento de su disolución, factor que influyó en la decisión de no intentar la unificación. Aunque por la proporción de afiliación de ningún modo puede calificarse como un gran sindicato, sí fue una gran experiencia del tipo de organización que los comunistas llevaron adelante durante la década del treinta. El SOIM se disolvió en los primeros días de julio de 1946 aceptando que “la Unión Obrera Metalúrgica se levanta poderoso y tiende a agrupar la totalidad del gremio” (UOM),[16] Este último surgido en abril de 1943 a partir que el ferroviario José Domenech incentivó el descontento hacia los comunistas en el SOIM por un conflicto originado en 1942 (Gurbanov y Rodríguez, 2008).
Al igual que en el caso de la carne, el crecimiento de la UOM se desarrolló mientras el SOIM permaneció clausurado y sus dirigentes detenidos (Di Tella, 2003, p. 300-306). Si bien en marzo de 1946 los dos sindicatos formaron comisiones mixtas en un conflicto en Rosario, el SOIM no insistió en unificaciones en pie de igualdad, en el comunicado de su disolución puede leerse que el que “durante tantos años fue el defensor de los derechos e intereses de los obreros metalúrgicos, ha cumplido una etapa” y al sumarse a la UOM peticiona que esta “vele por el cumplimiento de los estatutos y por el excelente control administrativo”.[17] Ni en el caso de la carne ni en el gremio metalúrgico los comunistas contaron con las condiciones o posiciones que pudieran hacer valer a la hora de negociar, estas tempranas experiencias a modo de ensayo condicionaron las discusiones del XI Congreso y las tácticas sindicales posteriores.
En otros casos los sindicatos comunistas continuaron su actividad llevando adelante reuniones de delegados y negociaciones de convenios directamente con la patronal o como hizo la UOT conjuntamente con la Asociación Obrera Textil (AOT) en el mes de junio de 1946 para negociar en la rama de la seda. Esta última organizada hacia octubre de 1945 cuando, clausurada la UOT de la calle Entre Ríos, de influencia comunista, los socialistas, que habían formado una nueva UOT con sede en la calle Independencia, rompieron relaciones con la CGT (Schiavi, 2013, p. 35-65). El PC había logrado la dirección de la UOT hacia mediados de la década del treinta con un trabajo que implicó una notable y eficaz combinación de pericia organizativa, repertorios de base y la apelación a la fuerza de trabajo femenina, mayoritaria en el gremio (Camarero, 2008; Ceruso, 2015; Norando, 2018).
Durante el primer semestre de 1946 la UOT comunista trabajó en apoyo y solidaridad, movilizando a los delegados de otras empresas, en los conflictos de las fábricas más importantes de la rama como Alpargatas y Sudamtex cuyas comisiones internas pertenecían a la AOT. En este caso, como se dijo en el XI Congreso, se priorizó el trabajo celular ya que durante el conflicto fue la célula de Parque Chas la encargada de la organización de colectas para los trabajadores de Sudamtex[18].
Sin embargo, el trabajo conjunto no dio el resultado esperado por los dirigentes gremiales comunistas; una vez concluidos los conflictos, sin lograr el acuerdo de unión en condiciones de igualdad ni con la AOT ni con la UOT socialista, en la asamblea del día 6 de julio la UOT de la calle Constitución resolvió su disolución. En el comunicado se establece que el objetivo fue el “de facilitar el proceso de unificación gremial y contribuir a forjar esa unidad en las actuales circunstancias, ingresando cada uno en las organizaciones gremiales existentes de acuerdo a lo que decidan la mayoría de los obreros de cada establecimiento textil”. Se aconsejó el ingreso a la AOT y la constitución de comisiones internas y de delegados “que sean la expresión fiel de la voluntad de los obreros” y que “practiquen la democracia sindical y sean incorruptibles cuando se trate de defender los derechos y reivindicaciones de los obreros y los principios de clase de los sindicatos obreros frente a quien sea”.[19]
En los mismos meses, el dirigente comunista Juan Lapichino, Secretario General de la FOA propuso comenzar las negociaciones para obtener mejoras laborales y la campaña de unificación del gremio. La Federación incluía a una gran cantidad de gremios del sector productivo, siendo el de la carne el que le brindó más peso. Aunque con la existencia de otros sindicatos de orientación sindicalista y anarquista que fueron creciendo en la década anterior, el predominio comunista se mantuvo hasta el golpe de 1943. Una vez acaecido este último las divisiones ocurridas dentro de los sindicatos del sector se profundizaron como el caso de la carne, panaderos y aceiteros; serán estos los que aparecerán como los sindicatos “oficiales” con el activo acompañamiento de la STyP (Di Tella, 2013, p. 327-329; Camarero y Ceruso, 2014). Este punto resultó decisivo en la disolución de la FOA, que se confirmó en la asamblea de delegados del día 21 de julio de 1946 y fundamentó la decisión porque “otros organismos sindicales representantes de los trabajadores de nuestra industria actúan respaldados en su reconocimiento gremial obtenido ante los organismos del Estado hecho este que determina que los trabajadores afluyan a esas entidades”.[20]
En la rama de la construcción, el más importante caso de presencia comunista, los dirigentes gremiales del Partido tampoco pudieron hacer valer sus años de experiencia gremial (Camarero, y Ceruso, 2014). Siendo uno de los gremios más importante por la cantidad de adherentes y por las estructuras de organización tanto el Sindicato Único de la Construcción de la Capital Federal y pueblos circunvecinos (S.O. de la Construcción) como la Federación Obrera Nacional de la Construcción (FONC) mantuvieron el predominio comunista, pese a las divisiones que como en los otros gremios se acentuaron luego del golpe de 1943. El S.O. de la Construcción sufrió la clausura de sus locales, mientras la Unión de Obreros de la Construcción (U.O. de la C. futura U.O.C.R.A) surgía en septiembre de 1943 promovida por los socialistas, con pocos adherentes en relación a los que mantuvo la FONC (Di Tella, 2013, p.323-324).
Durante los primeros meses de 1946 desde la FONC y desde el S. O. de la Construcción se realizaron denuncias sobre el accionar de la U.O. de la C. por las negociaciones que llevaba adelante y por su negativa a la unificación o trabajo conjunto.[21] En el comunicado del 10 de junio la FONC denunció que “desde su mismo origen la U.O. de la Construcción contradice en su actividad sindical, premisas irrenunciables del movimiento obrero independiente. Y desviada de sus funciones ordinarias por los compromisos políticos adquiridos, se coloca en pugna con los intereses del gremio”, apuntando a los dirigentes del gremio que cumplen “funciones delegadas por una repartición pública” y que anuncian “como propias las actividades de los sindicatos adheridos a esta Federación”.[22]
Al igual que en los otros casos, la falta del marco legal para que funcione tanto el sindicato como la Federación fue denunciada, uno de los principales dirigentes de la FONC, Rubens Iscaro advirtió que al no conceder la personería jurídica ni al S.O. de la Construcción ni a la FONC, que contando con “20.000 cotizantes por mes, con 100 filiales en todo el país” se violaba la ley porque “de acuerdo con al artículo 9 del decreto sobre Régimen Legal de las Asociaciones Profesionales Obreras, corresponde concederle la personaría gremial, al mismo tiempo, cumplir el artículo 10 del mismo decreto, retirándole la personería gremial a la Unión Obrera de la Construcción”.[23]
Frente a esta situación una vez emitido el llamado de la CGT a la unidad y realizado el XI Congreso del PC, el S.O de la Construcción en la Asamblea General del 15 de agosto decidió la disolución “después de agotar todos los recursos, en las gestiones realizadas para lograr la unificación de nuestro gremio y la existencia de UN SOLO sindicato que agrupe A LA TOTALIDAD de los trabajadores de la construcción”[24]. La resolución de la asamblea advertía sobre los posibles problemas burocráticos que podrían enfrentar los militantes comunistas al momento de ingresar en los sindicatos oficiales.
La experiencia de la rama del vestido resulta similar al textil por la diversidad de actividades, las divisiones entre las corrientes ideológicas-políticas y la existencia de varios sindicatos. La Federación Obrera del Vestido (FOV) sufrió divisiones a principios de 1943 cuando se creó el Sindicato de Obreros Sastres, Costureras y Afines (SOSCA), que se agregó a la ya existente Unión de Cortadores de Confección (UCC). Estas dos últimas entidades, afines al gobierno, se unirán hacia 1945 formando la Federación Obrera Nacional de la Industria del Vestido y Afines (FONIVA), mientras que la FOV perdería representación (Di Tella, 2013, pp. 370-372). Sin embargo, el predominio comunista en el sector se mantuvo recalando en la Confederación General Obrera del Vestido (CGOV) y la FOV.
Al igual que en el caso textil durante los primeros meses de 1946 las dos entidades del gremio del vestido acompañarán las negociaciones y la huelga del 3 de abril promovidas por la FONIVA.[25] Para los meses de mayo y junio tanto la FOV como la CGOV, sin haber conseguido los reconocimientos legales del gobierno, comenzaron a deliberar en asambleas de todos los sindicatos que las componían la posibilidad de la unificación. Las resoluciones fueron presentadas a la FONIVA y al Sindicato de Obreros Sastres, Costureras y Afines de la calle Maipú, junto con una lista de representantes delegados de casas del sector, recibiendo la negativa de los sindicatos oficiales.[26] Al no conseguir la unificación en pie de igualdad, la CGOV decidió su disolución en el mes de julio y la FOV el 4 de septiembre. En el comunicado de la primera se establece que se llega a la resolución porque la existencia de distintas entidades “trae como consecuencia el debilitamiento orgánico frente a la patronal”, aconsejando a “todas las organizaciones adheridas a esta Central Obrera y Sindicatos Autónomos del Vestido a adherirse a la FONIVA”,[27]
La tarea de unificación resultó más difícil en los gremios en los cuales los comunistas o no pertenecían a la dirección o la compartían con los socialistas, anarquistas y sindicalistas y en donde tenían incidencia en ramas, pero no en federaciones o confederaciones. En ellos los militantes del Partido tuvieron no sólo la oposición del sindicato reconocidos oficialmente, como en los casos anteriores, sino que se encontraron con la negativa de las otras corrientes que integraban el gremio. En tales condiciones los comunistas o forzaron disoluciones parciales como en el caso de la madera o abandonaron el sindicato para sumarse al oficialmente reconocido como en el gremio del calzado.
El gremio de la madera fue un sector en disputa continua entre sindicalistas, anarquistas, socialistas y comunistas. Si bien el PC no logró monopolizar la dirección del sindicato hasta entrados los años cuarenta, mantuvo una presencia importante frente a la dirigencia sindicalista y al trotskista Mateo Fossa. Luego del golpe de 1943, como sucedió con otros gremios, al existente Sindicato Único de Obreros de la Madera y Afines (SUOMyA), se sumó la Unión de Obreros de la Madera (UOMad) en 1943 patrocinado por Domenech y a fines de 1944 se agregó la Unión Obrera de la Industria de la Madera (UOIM) incentivado por la S.T.yP. El último fue el que creció rápidamente al amparo de la legalidad gubernamental (Di Tella, 2013, p. 180). También fue al cual el dirigente comunista Vicente Marischi reclamó insistentemente la unificación. Pero en este caso, los comunistas no sólo se encontraron con la negativa del UOIM sino también de los obreros pertenecientes a la FORA nucleados en la “Agrupación Orientación Sindical”. En tales condiciones los comunistas iniciaron la disolución, después de lograr la expulsión de los anarquistas, quienes “refundaron” el disuelto sindicato mientras los militantes del PC se sumaron a la UOIM.[28]
La experiencia en el gremio del calzado no fue una disolución parcial como en la madera sino que los comunistas abandonaron el sindicato y se sumaron a los socialistas y sindicalistas en el Sindicato Obrero de la Industria del Calzado. Durante la década del veinte, los comunistas tenían una posición de debilidad frente a los socialistas dentro del Sindicato de Obreros del Calzado (SOC) fundado en 1916 con el nombre Unión General de Obreros del Calzado. El PC no logró tener una fuerte presencia, salvo en el sindicato de la provincia de Córdoba que se encontraba dirigido por Pedro Magallanes hacia mediados de los años cuarenta.
Luego del golpe de Estado de 1943 según Di Tella “el gremio no pudo ser doblegado, forzando al gobierno a crear uno paralelo, la Unión de Obreros de la Industria del Calzado, fundado en la muy tardía fecha de enero de 1946” (Di Tella, 2013, pp. 170-172). Sobre la situación Antonio Forte, militante y dirigente comunista, denunció los intentos divisionistas que llevaba adelante la STyP quien “ha formado un sindicato a cuyo frente ponen a sujetos que han estado siempre contra los intereses de los trabajadores”, insistiendo en la organización desde los lugares de trabajo “EN LA NECESIDAD DE APOYAR Y CONTRIBUIR AL FORTALECIEMINTO DE NUESTRO SINDICATO LIBRE E INDEPENDIENTE”,[29] Si bien en los meses de junio y julio la prensa señala las mejoras conseguidas en el convenio del Sindicato O. de la I. Del Calzado para agosto, una vez realizado el XI Congreso y establecida la estrategia sindical, los comunistas aparecen en la oficialista Unión Obreros de la Industria del Calzado (UOIC).[30] Con notas firmadas por los “obreros comunistas del calzado” se reconoció el buen funcionamiento de la vida orgánica del sindicato cristalizada en la realización de asambleas y en la confección del pliego de peticiones presentado a la patronal.
Mientras se desarrollaron estas disoluciones el PC puso el acento en las formas de estructuración, organización y las dinámicas internas de aquellos sindicatos a los cuales sus militantes se sumaron. Una vez en ellos resultaron importantes las relaciones institucionales, es decir cómo se desenvolvían las actividades entre sindicatos y entre éstos y una CGT cada vez “más complacientes a las necesidades políticas oficiales” (Doyon, 2006, p. 232). En este punto las ideas de independencia y unidad con las cuales todos los sindicatos comunistas se disolvieron se volvieron banderas de defensa y lucha frente a los problemas que el Partido denunció.
Desarrollo orgánico de los sindicatos y las relaciones institucionales
Los comunistas tuvieron escasas posibilidades de acción en lo que concierne a la reorganización de las superestructuras institucionales de los sindicatos. Su línea política se redujo así a tareas tanto “pedagógicas” como de seguimiento, vigilancia y de denuncias de las irregularidades que fueron surgiendo. En este punto, en la segunda mitad del año 1946 el PC comenzó a criticar el accionar de las dirigencias sindicales por su falta de independencia, pero también el de la CGT por promover un doble discurso de unificación y anticomunismo que se materializó en la puesta en marcha por parte de las direcciones gremiales de “maniobras antiobreras”.[31]
Tempranamente se denunció a las dirigencias sindicales por impedir la incorporación de los trabajadores comunistas, como en el caso de la construcción y sastres; por guardar silencio o promover los despidos a los trabajadores comunistas, como en la rama del caucho en Good Year y en el gremio textil, en Alpargatas; por propiciar transados regionales, como en el caso del transporte y por expulsarlos del sindicato como se registró en metalúrgicos, tranviarios y calzado. Las expulsiones de los quince trabajadores comunistas en el gremio del calzado, a mediados de junio de 1947, realizada por el interventor Formica que declaró justificando esa decisión “somos anticomunistas porque estamos con la democracia, la libertad y la justicia” es un ejemplo ilustrativo de tales maniobras.[32]
Las editoriales donde se advirtió el desvío en el cumplimiento de las normas sindicales por parte de la CGT comenzaron a ser corrientes en el diario La Hora y el semanario Orientación a partir de septiembre de 1946 y se incrementaron a mediados de 1947. Sobre las diversas acciones de la Central el PC señaló que: “en la actualidad es un hecho visible que la independencia sindical intenta ser, pese a la oposición de los obreros agremiados, prácticamente anulada. Corrobora cuando afirmamos el hecho de que son varios los sindicatos que, con diversos pretextos, han sido intervenidos por la dirección de la central obrera sin que haya miras de que puedan recuperar, en un plazo prudencial, su normalidad orgánica y administrativa”.[33]
A la suma de las intervenciones de los gremios de la construcción, la UOIC, el Sindicato Obreros Telefónicos, el sindicato de Good Year, la UOT y el SUPA, se denunció también que se estaba poniendo en marcha otro mecanismo de anulación de la independencia sindical “que se refiere a la intromisión patronal, so pretexto del cobro de la cotización directamente del jornal, tarea que, por la razón lógica de la vida y lucha del sindicato, debe ser privativa de los cuadros de la organización destinados a tal fin”.[34] Completó el cuadro de denuncias sobre el desvío de las normas sindicales los apoyos por parte de la Central a las declaraciones de ilegalidad de huelgas y la falta de realización de un Congreso Nacional de la CGT desde 1943.
En el plano institucional, y más específicamente en el que concierne a la central obrera, cuando la CGT impulsó la realización del Congreso en septiembre de 1947, los comunistas advirtieron que la forma de “convocatoria del congreso y la confección del temario debieron ser hechos por el Comité Central Confederal como lo establecen los estatutos y no simplemente por su dirección restringida”, aunque saludaron que se invitase a los sindicatos autónomos.[35]
El PC analizó los puntos más importantes del temario advirtiendo que la puesta en cuestión del derecho a huelga y las formas que se proponían para aumentar la productividad por parte de dirigentes de la CGT tenía que ser discutidas y defendida por los obreros en el Congreso. Una vez concluido el mismo el saldo para los comunistas fue positivo, ya que se habría evidenciado el desacuerdo entre los trabajadores y los dirigentes que asumieron la “representación patronal” como Aurelio Hernández y Antonio Valerga, por la silbatina recibida, y el apoyo a los “que plantearon los problemas y las reivindicaciones concretas de los trabajadores” especialmente los delegados provinciales de Córdoba, Chaco y Salta.
El mayor éxito del Congreso fue el haber forzado a emitir la resolución sobre el deber de la C.G.T. de “prestar apoyo y solidaridad a todas las luchas huelguísticas de los trabajadores de la ciudad y el campo”, deber que el PC denunció que no se estaba cumpliendo.[36] La renuncia del Secretario General de la CGT, Hernández apareció como una victoria de los trabajadores, que hicieron evidente su disgusto sobre los discursos oficiales en el Congreso de la Central que proponían aumentar la producción a costa del esfuerzo obrero. A esto último se sumó la imposibilidad del dirigente de evitar el desarrollo de nuevos conflictos.
Ahora bien, la forma de elección del reemplazante del Secretario General de la Central, la continuidad de otros dirigentes dentro de la misma y la clausura de sindicatos rurales y de la Unión Obrera Local de Mar del Plata evidenció para los comunistas, en los primeros meses del año 1948 “la tendencia de ciertas esferas oficiales a corporativizar el movimiento obrero e impedir sus luchas”. Según declaró el PC la necesidad de sometimiento de la actividad sindical llevada adelante por el accionar de los dirigentes de la CGT respondía a los intereses del capital y del gobierno, por primera vez nombrado directamente.[37]
El hecho que esta situación tuviese éxito se debía, según se explicó desde el Partido, a las maniobras para mantener la división del movimiento obrero, donde la campaña anticomunista llevada adelante por el gobierno, los medios de comunicación oficiales y las políticas de la CGT cumplían un rol importante. A partir de 1949 se observará un recrudecimiento de la campaña anticomunista que llevarán al propio PC a denunciar su “utilización” con el objetivo de desacreditación a dirigentes y trabajadores que no se dejaban presionar por el gobierno. En esta situación, el Partido llevó adelante nuevas discusiones, reajustes en sus tácticas dentro de los sindicatos y en las organizaciones de planta, que marcaran la política sindical de los siguientes años de los militantes comunistas.[38]
La propuesta del presente trabajo fue observar el planteo estratégico que el PC desarrolló en el mundo del trabajo industrial luego del triunfo de Perón en las elecciones de febrero de 1946. Bajo la continuación de su estrategia política de frente popular mantenida desde 1935, los comunistas pasaron de sostener la independencia de sus sindicatos en el período que abarcó el golpe de Estado de 1943 a disolverlos y comenzar lo que denominaron “unidad desde abajo”.
Las transformaciones operadas dentro del movimiento obrero en el período 1943-1946 con el crecimiento y fortalecimiento de un vínculo novedoso entre dirigentes sindicales y un nuevo líder político reacomodó las tendencias que actuaban en el sindicalismo nacional. Las consecuencias de la centralización y la regulación de las relaciones laborales por parte del Estado, la satisfacción de demandas sociales y salariales, la represión sufrida por los sindicatos dirigidos por los comunistas, el surgimiento de nuevas organizaciones fortalecidas desde el reconocimiento estatal, el abandono de la prescindencia política por parte de la CGT y el apoyo a la candidatura de Perón, configuraron un escenario complejo que estableció los límites y posibilidades de acción del PC luego de las elecciones.
Al observar cómo fue su implementación en los primeros años, se puedo establecer que, si bien el cambio de la línea sindical se fundamentó con su contenido metodológico y programático en el XI Congreso en agosto de 1946, la disolución de los sindicatos con influencia comunista comenzó en los meses anteriores. Las maniobras conjuntas de los sindicatos reconocidos de manera oficial y el gobierno nacional para continuar con el debilitamiento de los dirigidos por los comunistas, aún los de mayor peso, dejándolos fuera del marco legal de actuación y de representación en las negociaciones de convenios a la par que se realizaban desde la CGT los pedidos de unificación resultaron exitosos.
Los sectores que el PC priorizó trabajar fueron los mismos que en la década del treinta supieron tener la dirección o co-dirección de los sindicatos o federaciones, al que agregaron los sectores del transporte. Como se demostró, la “unidad desde abajo” supuso que los comunistas integrasen los sindicatos mayoritarios y oficialmente reconocidos abandonando o disolviendo los existentes con anterioridad. En algunos casos como el de la carne y metalúrgicos se disolvieron al principio del período sin pretender establecer condiciones, consecuencia de la debilidad en la que se encontraban tanto la FOIC como el SOIM. Los casos de la FONC, UOT, FOV y la FOA que intentaron sin éxito seguir con las acciones sindicales y lograr la unificación en pie de igualdad demuestran que, en realidad, la debilidad fue la condición general en la que se encontraron todos los sindicatos de influencia comunista, conjugación de la política de represión y obturación de su actividad que se dio desde el gobierno y de la elección de los trabajadores. El tercer tipo de caso fue el de la madera y calzado donde los comunistas al compartir direcciones tuvieron o que forzar disoluciones que terminaron siendo parciales o abandonaron el sindicato.
En todos los casos, las resoluciones en las cuales se basaron las disoluciones apelaron a la necesidad de la independencia y a la unidad para conformar organizaciones que tuviesen la fuerza suficiente para encarar las luchas por las reivindicaciones inmediatas, tarea en la cual los militantes del PC debían incidir activamente. Esto fundamentó el objetivo de la estrategia sindical: la construcción desde las bases de espacios que pusieran en tensión la identificación de los trabajadores con el peronismo y especialmente la representación de los dirigentes gremiales y de la C.G.T que se identificaran con la fuerza política gobernante. De allí la importancia dada en el Congreso a las tácticas de organización y a los elementos de trabajo con las bases, la prensa, las células y los organismos políticos y operativos: los comités de barrio.
Por último, al observar cómo el PC analizó las prácticas sindicales y relaciones institucionales entre los sindicatos y la CGT se puede determinar que las críticas al desarrollo orgánico de la vida gremial comenzaron de inmediato. Aquí las banderas de Unión e Independencia sindical resultaron claves para el discurso comunista. La primera se relacionó con lo que se denunció en la prensa partidaria como la campaña anticomunista, que se materializó en un abanico de acciones contra los trabajadores comunistas dentro de los sindicatos y que se profundizó a partir de 1947 con medidas como la expulsión en el gremio del calzado. Pero además, y aquí la segunda bandera que entra en juego, la existencia de la campaña anticomunista por un lado acredita la presencia de ellos en la dinámica sindical y, por otro, permite vislumbrar la puesta en marcha de su estrategia de “unidad por las bases” de modo tal que al gobierno les permitió colocarlos como los impulsadores de los conflictos obreros e implementar los “mecanismos de disciplinamiento” que se fueron imponiendo a medida que llegaba a su fin el período de bonanza económica, como las intervenciones de los sindicatos y la declaración de ilegalidad de algunas huelgas.
Camarero, H. y Ceruso, D. (2014). Las estrategias en el lugar de trabajo del Partido Comunista en Argentina desde sus orígenes hasta 1943: Células, comités de fábricas y comisiones internas. Anuario del Instituto de Historia Argentina. 14. Memoria Académica. UNLP-FaHCE. Recuperado de https://www.anuarioiha.fahce.unlp.edu.ar/article/v.
Evaluado: 28/07/2019
Versión Final: 08/09/2019
(*) Profesora de Historia (Instituto Superior Joaquín V. González), Licenciada en Historia (Universidad Nacional Tres de Febrero), Magister en Historia (Universidad Nacional Tres de Febrero), Doctoranda de la Universidad de Buenos Aires con mención en Historia (Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires). Docente Universidad Nacional de Lanús; Profesora de Historia (Escuela Técnica N° 4 República del Líbano y Escuela de la Paz). Argentina. E-mail: silvanastal@gmail.com ORCID: https://orcid.org/0000-0002-4030-7387
[1] Orientación, Buenos Aires, 10 de julio de 1946.
[2] El 21 de junio ocurrió la entrevista de los dirigentes de la CGT Nº 2 con el ministro del interior Alberto Gilbert y las detenciones de los dirigentes sindicales comunistas.
[3] El Patriota, Buenos Aires, 20 de julio de 1945.
[4] Partido Comunista, República Argentina, Comité Ejecutivo. XI Congreso Nacional Ordinario, días 14, 15, 16,17 y 18 de agosto 1946, Raíces políticas de los errores y debilidades que tuvo el Partido en el desarrollo de su actividad durante el período de la dictadura militar-fascista”, pp. 3-5.
[5] La Hora, Buenos Aires, 11 de enero de 1946. La Hora, Buenos Aires, 06 de abril de 1946. Orientación, Buenos Aires, 22 de mayo de 1946. En enero la Federación Obrero de la Alimentación presentó a diferentes empresas pedidos de aumento de sueldo y aguinaldo. En mayo la UOT elaboró el convenio de la seda. En la rama de la construcción presentaron en abril y mayo pliego de condiciones. La Hora, Buenos Aires, 01 mayo de 1946.
[6] Orientación, Buenos Aires, 27 de febrero y 13 de marzo de 1946 y 10 de julio de 1946.
[7] Partido Comunista Argentino, Comité Ejecutivo. XI Congreso..., pp. 17.
[8] Partido Comunista Argentino, Comité Ejecutivo. XI Congreso…, p. 14.
[9] M. Duverger (1957, pp. 60-66) describió a las células como creación del Partido Comunista Ruso impulsadas luego por la III Internacional como centro de gravedad del trabajo político, pero no para conquistar votos sino como instrumento de agitación, propaganda y organización.
[10] Partido Comunista Argentino, Comité Ejecutivo. XI Congreso…, pp. 5, 6 y 11. y 14.﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ia partidaria era tambial cual debe pertenecer. en su organizaci
[11] Ibídem, pp. y 14.﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ia partidaria era tambial cual debe pertenecer. en su organizaci13 y 14.
[12] La Hora, Buenos Aires, 16, 19 y 24 de marzo de 1946.
[13] El Patriota, Buenos Aires, 28 de abril de 1945.
[14] Orientación, Buenos Aires, 07 de noviembre de 1945.
[15] Orientación, 3 de junio de 1946.
[16] La Hora, 11 de junio de 1946.
[17] La Hora, 11 de junio de 1946.
[18] Orientación, 15 de mayo de 1946. La Hora, 8 de junio de 1946.
[19] Orientación, Buenos Aires, 07 de julio de 1946.
[20] Orientación, Buenos Aires, 31 de agosto de 1946.
[21] La Hora, Buenos Aires, 11 de abril de 1946.
[22] La Hora, Buenos Aires, 10 de junio de 1946.
[23] La Hora, Buenos Aires, 30 de junio de 1946.
[24] Orientación, Buenos Aires, 25 de septiembre de 1946.
[25] Orientación, Buenos Aires, 27 de marzo y 10 de abril de 1946.
[26] La Hora, Buenos Aires, 10 y 14 de julio de 1946. Orientación, Buenos Aires, 26 de junio de 1946.
[27] La Hora, Buenos Aires, 01 de agosto y 6 de septiembre de 1946.
[28] Orientación, Buenos Aires, 14 de agosto, 16 de octubre, 12 de diciembre de 1946 y 8, 22 de enero y 6, 13 de agosto de 1947.
[29] Orientación, Buenos Aires, 13 de febrero de 1946. (mayúsculas en original).
[30] La Hora, Buenos Aires, 07 de julio de 1946.
[31] Orientación, Buenos Aires, 20 y 27 de noviembre de 1946. En algunos casos eran los mismos dirigentes de la CGT en sus sindicatos.
[32] Orientación, Buenos Aires, 12 de junio de 1946 (Alpargatas), 04 de septiembre de 1946 (caucho), 11 de septiembre de 1946 (tranviarios), 11 de diciembre de 1946 (IMPA); 12 de diciembre de 1946 y 04 de junio de 1947 (Ferroviarios), 18 de diciembre 1946 (construcción) de 1946 y 23 de abril de 1947 (Sindicatos de Obreros Sastres, Costureras y Afines). Orientación, Buenos Aires, 11 de febrero de 1948 (corporación del transporte). Orientación, Buenos Aires, 11 de junio de 1947 (Calzado)s a la cabeza﷽﷽﷽ante lidad ios industriales abandonaron la estrategles actuaron con los .
[33] Orientación, Buenos Aires, 02 de abril de 1947.
[35] Orientación, Buenos Aires, 10 de septiembre de 1947.
[36] Orientación, Buenos Aires, 22 de octubre de 1947.
[37] Orientación, Buenos Aires, 08 de diciembre de 1947 y 8 y 21 de enero de 1948.
[38] Orientación, Buenos Aires, 29 de octubre de 1947.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 9
 artículo 10
 resolución 
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