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Timestamp: 2019-06-26 12:38:55+00:00

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Islam » Constitución y democracia
Religiones » Islam » Constitución y democracia
autor: Rafaa Ben Achour
Juez de la Corte Africana de los derechos del hombre y de los pueblos
Docente de Institución del Derecho Público en la Universidad de Estudios de Siena
Docente de Derecho Constitucional en la Marmara University, Estanbul
Vice Presidente de la Suprema Corte Constitucional de Egipto
Andrea Simoncini (introduce)
fuente: Islam, costituzione e democrazia
Bueno, buenas tardes a todos. Iniciamos este encuentro que tiene como título Constituciones, Democracia, Islam. En un editorial publicado hace pocas semanas por la profesora Tania Groppi, que es una de nuestras ponentes, ella formulaba esta pregunta: ¿qué queda hoy de la Primavera árabe? Hace falta admitir que esta pregunta es de verdad candente, sobre todo porque justo en estos días la hacemos con una creciente consternación y aun desorientación por las noticias que continúan llegando. Sin duda el término Primavera árabe ha entrado ya en la historia, lo digo por la cantidad de italianos que veo en la sala. La Enciclopedia Treccani ha decidido, en el nuevo léxico del siglo XXI, insertar la expresión Primavera árabe y eso ya es síntoma de que con esta expresión se denota algo que está destinado a quedar en la historia.
Ciertamente ninguno puede olvidar el viento fuertísimo de esperanza que hace cinco años se ha alzado y ha comenzado a soplar desde la orilla sur del Mediterráneo para investir nuestras democracias sacias y apagadas, demostrando en cambio, cuánta hambre de libertad, de participación, de responsabilidad colectiva hay a pocas millas de nuestras fronteras. En un continente como el europeo, acostumbrado a pensar en el sacrificio por la libertad y la democracia sólo como un recuerdo de nuestros abuelos, los medios de comunicación social, la televisión, han demostrado que jóvenes, chicos y chicas de hoy, en este momento, aquí cerca mueren y luchan por aquellos valores que nosotros con fatiga recordamos. Una gran esperanza para todos, pues. Pero enseguida han iniciado los problemas. Ante todo, diría, los problemas de comprensión: ¿verdaderamente hemos entendido lo que está sucediendo en aquellos Países? ¿Sobre todo estamos comprendiendo lo que está ocurriendo ahora, después de aquellos inicios?
Uno de mis amigos más queridos que está aquí en la sala con nosotros, el Profesor Wael Farouq, siempre me ha hecho notar esta dificultad estructural que tenemos los occidentales para entender lo que sucede en el mondo árabe: el ejemplo más sorprendente es la misma expresión Primavera árabe. Me hacía notar, Wael, que sólo a los ojos de un europeo o de un americano la primavera representa la bella estación que anuncia el renacimiento de la naturaleza. Para quien vive al Norte del África, la primavera es el inicio de una estación que es una pesadilla, hecha de calor y aridez. Por tanto, jamás un árabe habría elegido el término Primavera árabe para definir lo que estaba sucediendo, sólo un occidental. Por tanto, ¿de verdad hemos comprendido lo que estaba sucediendo? ¿Aquello que está sucediendo? ¿O bien, como a menudo sucede, nos hemos limitado a proyectar nuestros esquemas mentales, nuestros deseos, a lo que veíamos?
Comprender algo quiere decir dejarse afectar, dejarse herir de algún modo, y no siempre uno está dispuesto a perder algo por amor al conocimiento. Y así, en Europa y en América, ha inmediatamente cambiado el estado de ánimo respecto a lo que estaba sucediendo allí. A la estación de la primavera ha seguido el íncubo del ardiente y árido verano del África del norte. Y seamos honestos: si hoy hacemos referencia a las revoluciones árabes, a menudo es para señalar que ellas son una de las causas fundamentales del flujo de refugiados y de inmigrantes que huyen de estos Países en el caos para buscar en los nuestros. Y así viene fuera nuestra democracia sacia, nuestra libertad asfixiada, por la cual comienza a serpear la duda que, si el precio por pagar por la democracia de los demás son barcas llenas de migrantes, entonces, quizá es mejor la dictadura.
No podemos aceptar esta miopía: y el problema principal para los miopes es la distancia, como es conocido. Nosotros miramos lo que sucede, pero estos Países están tan lejos que todo se vuelve confuso, desenfocado, incomprensible. La gran oportunidad, única, que ofrece el Meeting es justo aquella de quemar esta distancia, consintiendo un encuentro, un diálogo cara a cara con los protagonistas de estos eventos. Entonces quisiera, abriendo la discusión, partir de la pregunta de la profesora Groppi: ¿qué queda de las Primaveras árabes? Pero haciéndola a cuatro ilustres y muy bienvenidos huéspedes, también amigos, que han aceptado la invitación de venir aquí a Rímini. Tres de los cuatro huéspedes de esta tarde vienen de otros Países símbolo de esta gran transformación del África del norte: Túnez, Egipto, Turquía. Son todos Países claves en aquel fenómeno que hemos llamado Primavera árabe: Túnez, donde todo ha iniciado y que en enero de 2014 ha adoptado una nueva Constitución y en seguida después, como hemos visto todos, parece haber entrado en un túnel terrible de terrorismo; Turquía, viene de recientísimas elecciones, en junio de 2015, que han producido inéditas mayorías nuevas que probablemente llevarán a una ulterior disolución del Parlamento. Un País siempre más crucial en el escenario internacional.
Y luego Egipto, desde siempre el País clave del Mediterráneo, en el cual la Primavera árabe ha producido uno de los símbolos más conocidos: plaza Tahrir. Sólo por eso, les agradezco: de cada uno de esos tres Países tenemos a nuestros ponentes de esta tarde.
El Profesor Adel Omar Sherif, vicepresidente de la Suprema Corte Constitucional de Egipto, que, además de ser juez de este órgano, es también Profesor de Derecho Constitucional, ha estado y es Visiting Professor en un número elevado de universidades, sea en América del Norte que en Europa, además de ser estudioso de Derecho Constitucional y de Derecho de la Familia. Gracias, profesor Sherif.
El profesor Rafaa Ben Achour, Profesor de Derecho Constitucional de la universidad de Cartago: ha insistido en hacerme recordar que nosotros, post romanos, pensamos que Cartago haya sido destruida y nada más, ¡no! Cartago existe aún y existe una universidad donde él enseña Derecho Constitucional. Ha tenido una larga e importante, prestigiosa carrera política, habiendo sido Ministro de Túnez en Marruecos, habiendo sido Viceprimer, fundador de la asociación de Derecho Constitucional tunecina y, algo no secundario para el tema que enfrentamos esta tarde, miembro de la Corte Africana de Derechos Humanos. Gracias, profesor Ben Achour.
El tercer huésped es el profesor İbrahim Kaboğlu, que es Profesor de Derecho Constitucional en la universidad de Marmara en Estambul, en Turquía, también él fundador de la asociación turca de profesores de Derecho Constitucional. Es uno de los principales protagonistas del debate público que en este momento, como escucharemos también por las cosas que nos dirá, está particularmente vivo en aquel País, sobre la tutela de los derechos. Gracias, profesor İbrahim Kaboğlu.
Pero como sabemos, para vencer una miopía hace falta acercarse a los objetos, a veces no basta y hace falta un apoyo, una ayuda, un par de lentes, una lente capaz de acercar las cosas y hacerlas más claras y más distintas. Por eso, además de nuestros huéspedes muy autorizados hemos invitado a abrir la discusión de esta tarde a una querida amiga y colega, una de las expertas más autorizadas de Italia y de Europa en Derecho Constitucional Comparado, justo muy cerca a estos Países. Ha escrito un libro junto a Irene Spigno sobre Túnez, La Primavera de la Constitución, justo este año, es Tania Groppi, profesora en la universidad de Siena. Le pediría que nos ayude, antes de escuchar a los protagonistas directos, a entrar en este tema.
Gracias, Andrea. Gracias a todos ustedes que están aquí tan numerosos. Esto es de verdad reconfortante y bonito. Y gracias a los colegas autorizados, los autorizados jueces que han aceptado esta invitación. Non sé si tengo las gafas idóneas, pruebo a proponerles un poco aquellas que son las mías. Partiendo sin embargo de una consideración que ha sido hecha en el mensaje que ha dirigido aquí al Meeting el Presidente de la República, Sergio Mattarella. Él, en su mensaje, nos ha dicho con gran lucidez y coraje, cito las palabras del Presidente: “El terrorismo, alimentado también por fanáticas distorsiones de la fe en Dios, está tratando de introducir en el Mediterráneo, en Medio Oriente, en África, los gérmenes de una tercera guerra mundial. Es nuestra responsabilidad detenerla”. Por tanto, la interrogante que querría plantear aquí y luego sobre todo las preguntas que querría hacer a nuestros huéspedes, conciernen a la contribución que en esta lucha, porque de eso se trata, el constitucionalismo puede dar. Aquello que puede dar la democracia constitucional, el constitucionalismo de la segunda Postguerra. Ahora, el corazón del constitucionalismo de la segunda Postguerra, aquel que ha nacido, para entenderse, después de Auschwitz, aquel basado en los tratados internacionales sobre los derechos humanos, sobre las Constituciones contemporáneas, es la centralidad de la persona humana.
La persona humana, la dignidad de la persona humana, los derechos inviolables que tienen que ser respetados por todos, incluyendo los poderes del Estado y las mayorías políticas democráticas, aquellas que vencen las elecciones, aquellas que gobiernan. El constitucionalismo de la segunda Postguerra - para estipular al inicio de este encuentro, que habla también de Constitución, alguna definición - nos dice que en torno a estos valores inviolables, escritos en las constituciones rígidas, es decir normas supremas del ordenamiento, se construye un pacto fundacional que mantiene unidas en una visión compartida las sociedades pluralistas, en las que las diferentes componentes, una vez respetado este núcleo de derechos, son luego libres de desarrollar los propios proyectos de vida. Ahora, este discurso nuestro que, además de la Constitución, invade luego también las palabras – en el orden que luego veremos del título preciso, Islam, democracia, Constitución – en torno a las cuales rotamos, yo trataré de desarrollarlo brevemente en dos planos, según dos ejes.
Un eje externo respecto a nuestros Países occidentales, que nos llevará a hablar de lo que eventualmente la democracia constitucional puede dar incluso a los Países de mayoría musulmana. Y un lado más propiamente interno a los Países occidentales, para ver si estamos aprovechando todas las potencialidades que la democracia constitucional nos da al interno de nuestros Países, para relacionarnos en nuestras sociedades siempre más multiculturales con los habitantes de religión musulmana. Por tanto, trataré de desarrollar estos dos niveles: son dos aspectos - aquel que he llamado externo, que mira más a los Países de mayoría musulmana y aquel interno, a los Países occidentales – interconectados porque, y aquí cito de nuevo las palabras del mensaje del Presidente Mattarella, “la democracia se exporta con la cultura y con el ejemplo”. Por tanto, no podemos prescindir de tratar conjuntamente estos dos niveles. Tengo que hacer también dos premisas: hay un punto de partida que puede ser sin duda puesto en discusión y que yo doy por supuesto, que la democracia constitucional ha demostrado con su experiencia en los Países en los cuales ha sido aplicada a partir de 1945 que es algo bueno. Es decir que es un instrumento, una disposición institucional que produce paz al interno de los Países en los cuales es aplicada y en las relaciones entre las naciones. Por tanto, doy esto como punto de partida: no hemos hasta ahora individuado, mirando la experiencia comparada, otras disposiciones institucionales que puedan producir resultados análogos.
Éste es mi punto de partida. El otro es que yo soy una Profesora de Derecho Constitucional C, ésta es mi perspectiva: no soy experta en Islam, no soy experta en Países de mayoría musulmana: mi experiencia, también práctica, en el campo se ha limitado al trabajo hecho en calidad de experto en participar en la actividad constituyente en Túnez.
Hechas estas premisas, algunas palabras en la parte externa de este tema: Islam, democracia, constitución. Ahora, pienso, nos lo decía ya Andrea Simoncini, que tenemos hoy una oportunidad extraordinaria para entender mejor qué está ocurriendo en estos tres Países, que son muy diferentes entre ellos pero, aun por razones diferentes, son los tres cruciales. Creo, como decía Andrea, que la pregunta la tengan también ustedes que han venido aquí, probablemente es una de las preguntas que los ha motivado: ¿qué queda hoy de estos movimientos que hemos visto en escena hace cuatro, cinco años? Al inicio del 2011 parecía que también en los Países de África del Norte y del Medio Oriente, que habían quedado fuera de las grandes transiciones a la democracia de los años 1990 en Europa Centro Oriental, en América latina, después de 1989, en resumen se hubiera puesto en movimiento algo, que aun estos pueblos quisieran tomar en mano el propio sistema institucional. Había en estas áreas regímenes autoritarios, lo sabemos, que gozaban del apoyo de los Países occidentales, un apoyo que después del 11 de setiembre se había notablemente reforzado. Quien ha estudiado atentamente las Primaveras árabes, nos ha dicho que en su interior estos Países, estos regímenes autoritarios, se basaban en un tipo de pacto social en el cual, incluso negándose derechos civiles y políticos, se distribuía sin embargo un moderado bienestar; y que en 2011 las revueltas no han llegado de la nada, que el descontento había madurado con los años. Había una mezcla explosiva de corrupción, de desigualdad, de nepotismo que la crisis económica global probablemente ha contribuido a hacer explotar. Hay tantos estudios, lo que yo les digo está sin duda muy simplificado, sin embargo, más allá de las causas, aunque esas no sean influyentes para comprender los desarrollos sucesivos, lo que es impresionante y que nos lleva a la pregunta sobre qué ha sucedido, es el resultado de aquellas revueltas.
Releyendo algunos textos escritos en 2011, 2012 y aun 2013, para preparar este encuentro, la distancia que hoy nos separa de aquellos eventos, aun de la lectura y de la interpretación que al inicio había sido dada, es abismal. Se comparaban los indignados de Madrid que, a consecuencia de la crisis económica pedían más igualdad y más derechos sociales, con lo que sucedía en Egipto, en el Cairo, en plaza Tahrir.
Estas comparaciones hoy nos parecen poco centradas y poco realistas. Porque hoy la sensación - no sé si me equivoco, cada uno de ustedes puede luego percibir la que es su sensación de lo que ha ocurrido - que se tiene aquí en la orilla Norte, es que la gran parte de aquellos movimientos hayan producido muy poco y que, a parte de los casos más dramáticos en los cuales ha habido la guerra civil, Libia, Siria, también en los otros Países nos parece que haya habido un retorno a los antiguos regímenes o que, sin embargo, de aquellos movimientos se hayan beneficiado esencialmente los islamistas. Donde por islamistas yo entiendo aquellos movimientos políticos que, más o menos abiertamente, miran a la imposición de la ley islámica como ley suprema del Estado. Porque, más allá de lo que venía solicitado en las plazas en las revueltas - probablemente, esencialmente dignidad, también una mayor igualdad en el plano económico - lo que ha sucedido y que reúne no sólo a Túnez y Egipto sino también a Turquía, lo que ha ocurrido en muchos Países ha sido que en las primeras elecciones democráticas, libres, se ha asistido a una victoria de los partidos y de los movimientos islamistas. Aquellos movimientos o partidos que, si no tienen el objetivo explicito de transformar en sentido islámico el Estado, aun cuando llegan al poder favorecen las condiciones para una islamización desde abajo de una sociedad que en seguida, según una lógica de los tiempos largos, de los tiempos larguísimos, aun, podrá dar lugar a una transformación institucional del Estado. Ahora, estas cuestiones parecen casi reforzar la idea que la democracia no sea compatible con el Islam, en cuanto la democracia, con su apertura ontológica al pluralismo, una vez que se introducen elecciones libres no logra impedir el emerger del islamismo.
Estrechamente involucrada a esta reacción, la reacción conectada según la cual sólo regímenes autoritarios pueden evitar en los Países de tradición de mayoría musulmana este proceso involutivo y preservar una esfera pública neutra no islamizada. Túnez parece constituir una excepción en este contexto: es un País que ha logrado aprobar una Constitución que responde al estándares de la democracia constitucional, lo ha logrado con un procedimiento constituyente participado y consensual, donde de verdad se ha encontrado un consenso entre los diversos partidos políticos. Las primeras elecciones habían sido ganadas por el partido religioso Ennahda, que sin embargo no tenía la mayoría absoluta en la asamblea constituyente y ha debido negociar con los otros partidos.
La sociedad civil ha participado también directamente y la Constitución ha entrado en vigor, hubo elecciones. Casi todos los órganos previstos por la Constitución democrática están hoy en función y por tanto parece un poco constituir una excepción. Sin embargo, si miramos más de cerca lo que está ocurriendo en estos días, en estas semanas, en estos meses en Túnez, nos damos cuenta que no sólo se ha convertido en un objetivo primario, justo por este suceso de la transición, del terrorismo internacional, sino ha mostrado también ser extremamente vulnerable: la democracia constitucional, el pacto alcanzado, la Constitución escrita en la cual se encuentra un equilibrio entre tutela de los derechos humanos, pluralismo y rol del Islam, es extremamente frágil. Aquí vengo al problema que quisiera plantear esencialmente también a los otros ponentes: parece que también la sociedad tunecina, así como también las otras sociedades de los Países de mayoría musulmana, sea atravesada por una fractura casi insanable sobre los valores que divide en dos la sociedad.
Ha sido escrito, quizá en modo simplista, que en muchos Países musulmanes existe un desubicación espacio-temporal en la población: una parte, los islamistas, quisieran vivir en otra época lejana, el Medievo; una parte de la población, los laicos, las élites laicas, en otro lugar, el Occidente. Estos dos mundos se encuentran con gran dificultad o no se encuentran para nada y en esta situación el islamismo no tiene mucha dificultad para hacer presión en la población, aprovechando del substrato difundido del Islam popular y sobre todo de los jóvenes. Pienso en lo que hemos visto en Túnez, el número de jóvenes tunecinos que combaten en las filas del Isis, números que son importantes y que no se pueden explicar más que con una inquietud de los jóvenes. Cito un documento muy interesante, El pacto social, contra el terrorismo, aprobado el 13 de agosto por la reunión de miles de intelectuales tunecinos, que nos dice que estos jóvenes del interior y de las periferias carecen de un proyecto de futuro, carecen, por estar en nuestro tema, de la ausencia.
Por tanto, también esta excepción, la Constitución perfecta que responde a los cánones del Estado democrático constitucional, el proceso constituyente participado, muestra sin embargo esta gran vulnerabilidad. Me pregunto, y sobre la pregunta esperamos luces de nuestros huéspedes: ¿es justo así? Es decir, la democracia constitucional, también allí donde viene introducida, ¿es frágil como parece frente al islamismo? ¿De verdad es incapaz de activar los recursos presentes en la sociedad en defensa de un auténtico pluralismo? ¿Hay en las sociedades de Países musulmanes fuerzas para una reacción? Algunas las conocemos, las mujeres, los activistas de los derechos humanos: ¿pero pueden lograr alcanzar otros niveles de población, salir de sus ambientes urbanos e intelectuales, para alcanzar las zonas rurales, pobres y abandonadas? Es decir se puede activar aquel pacto social difundido que sólo puede ser la fuerza de la democracia constitucional o se necesita hipotizar soluciones diferentes y la democracia constitucional como la hemos conocido, como la conocemos desde la segunda Postguerra, como nos parece cosa buena, ¿no está bien, no es la solución más oportuna porque falta aquella que es llamada por los estudiosos constitucionalistas la opinión pública constitucional?
Es decir fuerzas vivas, que sean la mayoría en la sociedad y que de verdad crean en los valores del pluralismo. Vengo rápidamente - y concluyo - a nuestras sociedades, en cambio, a nuestros Países, a Italia, a los Países europeos que viven en el Estado constitucional, al rol de nuestras Constituciones en esta guerra al fundamentalismo y al terrorismo. Aquí no hay, según yo, sólo el tema bastante conocido del doble escándalo, es decir de la ambigüedad de los occidentales que hacen negocios con los terroristas, que no se comprometen lo suficiente a favor de las fuerzas verdaderamente democráticas de los Países musulmanes. Esto lo sabemos, desgraciadamente, es bien conocido: en cambio me ha conmovido mucho todo lo que dice de tiempo nuestro colega Wael Farouq sobre el hecho que en nuestros Países, en Europa, viven veinte millones de musulmanes europeos, a todos los efectos occidentales. Pero viven en guetos, son invisibles, es decir hay una falsa integración.
Una Europa fiel a sus principios, fiel al Estado constitucional, fiel al Estado pluralista tendría que hacer visible a estos ciudadanos en la sociedad civil, en la universidad, en los partidos políticos, en el Gobierno. La primera línea de resistencia contra el Isis son los europeos musulmanes. En otras palabras, hablamos de Estado democrático pluralista en Occidente pero no hemos explorado en realidad plenamente las posibilidades ofrecidas por el pluralismo al construir también aquí una identidad que sea al mismo tiempo occidental y musulmana. Aquí, creo que tenemos aún muchas posibilidades inexploradas, en Europa, cuanto menos, y ahora escucharemos si las tenemos también en los Países musulmanes, para reaccionar al ataque a la democracia pluralista, porque de eso se trata, que es traído por el fundamentalismo. Lo que creo que hace falta hacer, y que eventos como estos contribuyen a hacer, es estar vigilantes, estar despiertos, no ser jamás presa de aquel terrible “¿a mí que me importa, soy quizá yo guardián de mi hermano?” que ha citado Papa Francisco en el discurso en Re de Puglia, recordando el estallido de la Primera Guerra Mundial.
Estas palabras, “¿a mí que me importa, soy quizá el guardián de mi hermano?” han ya causado tanto dolor y están causando tanto dolor a la humanidad: por tanto no debemos caer en este engaño. Debemos explorar estas posibilidades y lo tenemos que hacer dialogando y encontrándonos. Gracias.
Gracias. Profesor Ben Achour.
RAFAA BEN ACHOUR:
Gracias, queridos colegas, quisiera ante todo agradecer a los organizadores por haberme invitado a este Meeting y también por haber previsto un encuentro sobre este tema que es muy interesante, un tema que parece suscitar preocupaciones visto que hay tantas personas, lo veo por la platea muchísimas. Señor Presidente, había previsto hablar de Islam, Constitución y democracia, pero después de haber escuchado a mi ilustre colega, Tania Groppi, que agradezco porque ella en cierto sentido ha sido la artífice de mi invitación, quisiera regresar a algunos puntos que han sido resaltados con sus palabras. Con este fin, quisiera también aclarar algo, en particular para los muchos jóvenes que están presentes aquí, y que representan el futuro de Europa, el futuro del mundo y también el futuro de la cuenca del Mediterráneo.
La primera aclaración, señor Presidente, que quisiera hacer, es sobre este concepto de Primavera árabe: bien, la expresión Primavera árabe ha sido inserida oficialmente, y yo soy entre aquellos que en un cierto sentido reaccionan contra esta definición y rechazan este concepto. ¿Por cuál motivo? Porque esta expresión representa un atajo muy fácil y también una esquematización simplificadora de una realidad muy compleja.
No existe una Primavera árabe, ha habido un inicio de Primavera tunecina pero en los otros Parabi, que son precisamente 23, ha habido en cambio un clima brumoso, gris, muy cercano al temporal, donde no había ningún rastro de yemas de primavera, un aire tempestuoso muy lejos de permitir el abrirse de las flores. En 2011, cuatro Jefes de Estado árabes han dejado por así decir el escenario internacional después de las revueltas populares: el Presidente tunecino Ben Alì, el Presidente egipcio Mubarak, el Leader libio, porque era así que se llamaba Gheddafi y el Presidente yemenita Ali Abdullah Salah. Estos cuatro Países, hoy, ¿qué situación viven? En dos ensaña la guerra, una guerra fratricida, dramática, cada día se cuentan millones de víctimas: en dos de estos Estados por tanto podemos decir que ya no hay un Estado. Y en Libia incluso el Estado ha desaparecido: esto por desgracia hace que no podamos esperar más que desde mañana se instaure un nuevo Estado. Por cuanto concierne a nuestros hermanos argelinos, Sherif hablará seguramente en modo más detallado respecto a mí, la situación es siempre difícil. Egipto aún no ha encontrado un equilibrio, a pesar de la eliminación de los Hermanos Musulmanes de la escena política del poder. Por tanto, no logro entender por qué se hable de Primavera árabe. Quisiera subrayar también que la expresión Primavera ha sido utilizada a menudo por los periodistas: en 1969 se había hablado de la Primavera de Praga e inmediatamente después ha llegado el invierno, de golpe, no ha habido verano. Se ha hablado también de la Primavera de la plaza Tiananmen, una primavera brevísima, de un solo día: ¿entonces, por qué este atajo? ¿Por qué esta expresión, como aquella que crea casi un eslogan de tipo turístico, de la revolución del jazmín? No ha habido ninguna revolución del jazmín.
En Túnez ha habido una revolución de la libertad y de la dignidad y algo que seguramente tiene una consistencia completamente diferente del jazmín, también si el perfume de los jazmines es maravilloso, pero dura sólo 24 horas. Una segunda aclaración que quisiera hacer, si me lo consienten, concierne al terrorismo. El terrorismo, lo saben todos, y los amigos italianos quizá también mejor que cualquier otro, no tiene nacionalidad ni religión. El País que nos acoge hoy ha conocido el terrorismo y la democracia italiana ha sido sacudida en lo profundo. Italia ha conocido el terrorismo ideológico de las Brigadas Rojas, ha conocido el terrorismo, también, por así decir, de los gangsters que han provocado la muerte de centenares de personas, no sólo de tantos magistrados. Pues bien, justo por eso no se puede hablar de terrorismo islámico o musulmán: en cada religión hay integristas, personas violentas y personas tolerantes. Y por tanto, no quiero enseñar para nada a los europeos todos los horrores que han sido perpetrados en nombre de guerras de religión.
Señor Presidente, quisiera hacer una tercera observación que concierne a una distinción que podría parecer difícil. Una distinción entre el Islam, que es una religión monoteísta, una religión aparecida en el siglo VII d.C., y el islamismo, que es una doctrina política que utiliza la religión para fines políticos, usando el factor religioso como palanca: en efecto es un factor que suscita un sentimiento intrínseco al ser humano, y está seguro, haciendo leva en esta tecla, de lograr a alcanzar un número desmesurado de personas. En consecuencia, el islamismo no es la doctrina de todos los musulmanes, yo soy musulmán y orgulloso de serlo, vivo bien mi religión musulmana pero no soy para nada islamista, rechazo el islamismo y lo combato. ¡No he terminado aún, señor Presidente!
Una cuarta reflexión, si me lo permite, concierne al constitucionalismo, una doctrina político-jurídica, política en la medida en que se vuelve un ideal de libertad, pero también jurídico en la medida en que asume una forma jurídica determinada, que es justo aquella de la Constitución. Y la Constitución es la norma suprema, aquella que entre comillas, para citar J. J. Rousseau, “es el así llamado contrato social”. Si establecemos una conexión entre estos tres conceptos - Islam, Constitución y democracia -, veremos que hablamos de tres conceptos anacrónicos, o mejor, diacrónicos: el Islam es una religión aparecida en el siglo VII antes de Cristo, la democracia ha aparecido en el siglo V antes de Cristo, con el siglo de Pericles, y en fin la Constitución ha aparecido en el siglo XVIII, si consideramos la Constitución americana de 1787 como la primera manifestación del constitucionalismo. A menudo constitucionalismo y democracia no han ido a la par, los Países del ex imperio soviético pretendían ser democráticos y se hacían llamar Democracias Populares y tenían Constituciones. En consecuencia, el lazo entre la democracia liberal y la Constitución no ha sido siempre históricamente establecido. En fin, señor Presidente, visto que soy tunecino, estoy obligado a hablar de la Constitución tunecina: una Constitución adoptada el 27 de enero de 2014. Pero quisiera subrayar que Túnez ya tiene una larguísima historia constitucional, una larga tradición constitucional, una tradición que comienza con un movimiento intelectual de reformadores y que se manifiesta en el plano jurídico en 1857, con la adopción de una declaración de derecho que se llama “el pacto fundamental”.
Algunos años después, cuatro años después para ser precisos, este pacto fundamental es seguido por la adopción de la primera Constitución del mundo árabe, la constitución tunecina del 26 de abril de 1861. En 1920, el primer partido político del mundo árabe se llamaba Destur, que significa Constitución, por tanto el partido Liberal Constitucional Tunecino, y en 1934 ha habido un renovación de este partido que se ha llamado Nuevo-Destur. Sucesivamente, ha habido la Constitución tunecina del 1 de junio de 1959.
Aquí, ahora hago un salto temporal en la historia, porque me han pasado un folleto diciéndome que tengo sólo tres minutos, pensaba que tenía siete. Concuerdo con cuanto ha dicho la colega Groppi: “Túnez hoy es una excepción”, una excepción a la cual hace falta añadir también a Marruecos. Actualmente, estos son los dos Países árabes que han logrado cumplir una transición democrática. La Constitución tunecina ha sido difícil de elaborar porque, en un primer tiempo, se ha querido realizar una Constitución teocrática, pero es justo gracias a las resistencias expresadas por el pueblo tunecino en mérito, y sobre todo gracias a la resistencia ejercitada por las mujeres tunecinas, gracias a la resistencia de toda la sociedad civil tunecina, que esta Constitución teocrática no ha sido adoptada. Y por tanto el proyecto de junio de 2013, que por ejemplo insería en uno de sus artículos que la mujer es el complemento del hombre, pero no estaba especificado si era un complemento objeto directo o indirecto, o incluso un complemento nominal, un complemento adverbial y así sucesivamente: toda la gramática era posible. Señor Presidente, llego a una conclusión. Para concluir quisiera citar tres artículos, sólo tres de 148 que forman la Constitución tunecina. El artículo 6, quiero leerlo, si me lo permite. No creo que sea un artículo común a las Constituciones contemporáneas.
Este artículo habla del Estado y dice: “El Estado protege la religión y garantiza la libertad de credo, de consciencia no sólo de ejercicio del culto”. Y en el parágrafo 2, se añade: “El Estado se compromete a difundir los valores de moderación y tolerancia”. Quisiera leerles también el artículo 46: muchos Países democráticos sueñan un artículo como éste. ¿Qué diceeste artículo? “El Estado se compromete a proteger los derechos adquiridos por la mujer y hace que estos derechos vengan consolidados y promovidos. El Estado se esfuerza también para que venga realizada la igualdad entre el hombre y la mujer”. En Túnez, para las elecciones, los partidos políticos están obligados a presentar listas de candidatos que presenten listas de este tipo: hombre/mujer, hombre/mujer o mujer/hombre, mujer/hombre.
En fin, señor Presidente, quisiera concluir citando el artículo 49, un artículo que trae directamente explicaciones del pacto internacional sobre los derechos civiles y políticos. El artículo 49 dice que “ningún ataque a las libertades y ningún ataque a los derechos está autorizado, salvo los casos en que sea necesario y proporcional, y esto bajo el control de la Corte Constitucional”. Gracias, señor Presidente. Había preparado otra cosa, la verdad, pero he decidido cambiar a último minuto. Gracias.
Gracias, profesor Ben Achour. Profesor İbrahim Kaboğlu.
Estoy muy feliz de estar entre ustedes esta tarde, aquí en Rímini, en ocasión de esta sesión dedicada al Islam, constitución y democracia. Mi intervención tiene el siguiente título: La democracia constitucional en Turquía. Obviamente Turquía es un Estado con determinadas características y contemporáneamente es un estado europeo y un Estado del Medio Oriente. pero antes que todo: ¿Cuál es la originalidad de Turquía? Está en el hecho que es un Estado raro, que ha logrado conciliar el Islam y la democracia: y esto, gracias a la laicidad. En efecto, según el artículo 2 de la Constitución, la república de Turquía es un Estado de derecho democrático, laico, social y respetuoso de los derechos del hombre. Hablaré de cuatro aspectos diferentes de mi intervención.
Antes que todo, haré una introducción, justo para recordarles la historia de Turquía, luego hablaré de los derechos del hombre, luego del régimen político y en fin hablaré de la situación de Turquía en el tiempo y en el espacio constitucional, es decir hablaré del constitucionalismo en Turquía y contemporáneamente en la cuenca mediterránea. La República de Turquía se basa en el concepto de estado-nación y en el principio de laicidad. La fundación de Turquía moderna es el resultado del proceso de transformación de Turquía de imperio multinacional a Estado nacional y contemporáneamente de imperio multiconfesional a Estado laico. La realización de este proceso de cambio se da al inicio de 1920. Después de los movimientos para la independencia nacional, la firma del tratado de Lausana de 1923 permite a Turquía convertirse en un Estado independiente. Pero este tratado ha permitido contemporáneamente a los ciudadanos turcos no musulmanes tener un estatus de minoría religiosa. Después del Imperio otomano, Turquía ha conocido cinco grandes Constituciones. La primera es de 1876, bajo el Imperio otomano, la segunda es la Constitución fundadora de 1921, hay otra Constitución de 1924 y luego otra de 1961. Por último, la Constitución de 1982, que es la actual, aún en vigor. ¿Cuáles son las características de estas Constituciones? Sin entrar demasiado en el detalle, quisiera recordar, desde el punto de vista de los derechos del hombre, cuáles son las características de las Constituciones, luego hablaré del régimen político de Turquía. Desde el punto de vista de los derechos del hombre, debo decir que el estado de Turquía es uno de los estados fundadores del Consejo de Europa.
Como la colega decía hablando del constitucionalismo de la segunda Postguerra, el proceso de internacionalización de los derechos del hombre concierne también a la internacionalización del derecho constitucional. Y estos han sido aceptados también por mi País. Justo por este motivo, Turquía es un Estado a todos los efectos europeo. Desde el punto de vista de los derechos del hombre, que son considerados la infraestructura normativa de la democracia, nuestra Constitución adopta un enfoque que se remonta a la constitución liberal. Esto vale también por cuanto concierne al régimen político. Desde hace un cuarto de siglo, vemos algunas reformas muy significativas a nivel constitucional en el campo de los derechos humanos en la Constitución como texto inicial, que había introducido algunas restricciones no desdeñables que luego hemos reformado.
¿Qué han producido estas reformas en los derechos humanos? Antes de todo, ha habido una consolidación de las libertades y de los derechos constitucionales. Además, ha llevado a una jurisdiccionalización de los derechos humanos, hemos tratado de adaptar el estatus de los derechos humanos a la Unión Europea. Y luego ha habido una internacionalización de los derechos humanos. En caso de conflicto entre leyes nacionales y un instrumento internacional que concierne a los derechos humanos, es el instrumento internacional el que cuenta y que debe ser aplicado prioritariamente respecto a la ley nacional. En Turquía, el Estado de derecho es estado creado, establecido gracias a la Constitución precedente de 1961. Nuestra constitución actual ya había introducido algunas derogaciones no desdeñables al Estado de derecho. Y esto al final ha llevado a la creación del Estado de derecho. Pero esto no quiere decir que el Estado de derecho esté en vigor al 100%.
Tenemos todavía un constitucionalismo en el País aún incumplido, que aún no ha completado su proceso. Hablamos ahora de la laicidad en Turquía. Nuestra República se funda en tres principios: la ciudadanía, la igualdad y la laicidad. Una ciudadanía alargada, ahondada, es fundamental justo por la existencia del principio de igualdad y la laicidad no es concebible sin un principio de ciudadanía basado en el principio de igualdad. Para nosotros, en Turquía, la laicidad ha sido constitucionalizada en 1937. Actualmente, la laicidad hace parte de todos los dispositivos que no pueden ser modificados al interno de la Constitución. Y el artículo 24 de la Constitución prohíbe la instrumentalización de la religión para objetivos políticos. Por ejemplo, criticamos mucho a nuestro Gobierno que está en el poder desde hace algunos años, justo porque ha instrumentalizado la religión para objetivo político. Por tanto, la laicidad en Turquía no está en peligro. Es un principio todavía frágil, y para entenderlo hace falta entender cuál es el régimen político actual.
En Turquía, como en Italia, nuestro régimen político es aquel parlamentario. El régimen parlamentario ha sido instaurado desde el Imperio otomano de manera gradual, pero nuestra Constitución ha consolidado el poder ejecutivo. Ha habido recientemente una reforma que ha modificado el escrutinio del Presidente de la República que, hasta 2014, venía electo, como por ustedes, por el Parlamento. El año pasado, sin embargo, por primera vez, el Presidente de la República ha sido electo como en Francia por el sufragio universal.
Y por tanto, gracias a esta modificación, nuestro Presidente de la República, el señor Erdogan, está tratando de introducir un régimen presidencial o semipresidencial. Actualmente en Turquía el debate se concentra justo sobre este tema, y es decir si Turquía tendrá que mantener el propio régimen parlamentario democratizando siempre más este régimen o bien si el señor Erdogan, junto a su partido, logrará introducir un régimen presidencial. Ha habido elecciones legislativas el 7 junio y el partido de Erdogan ha perdido la mayoría, le han faltado 18 diputados. Por tanto, esperamos en elecciones anticipadas que puedan garantizar una mayoría absoluta, las tendremos dentro de dos meses.
Ahora veamos cuál es la situación y el rol de Turquía, también ligado a la cuenca del mediterráneo. Veamos la Turquía en el tiempo y en el espacio constitucional. Dado que los colegas ya han hablado en relación al constitucionalismo, yo no me concentraré en eso sino en algunas características de las Constituciones contemporáneas. La Constitución es la autobiografía de un pueblo: ¿sí o no? Quizá la Constitución puede también ser concebida como una técnica para alcanzar la libertad. Y una tercera característica de las Constituciones contemporáneas es que hay un sistema de checks & balances, de peso y contrapeso. Yo me ocupo justo de estudiar estos mecanismos de peso y contrapeso, y de cómo una Constitución contemporánea pueda introducir estos mecanismos de checks & balances a varios niveles para garantizar una separación de los poderes y por tanto un equilibrio entre la sociedad y el Estado.
En la cuenca del mediterráneo, vale también el término transconstitucionalismo, es decir la constitucionalización del territorio de una parte y de la otra la territorialización de la Constitución. En efecto, justo para hacerlos entender, la convención de Barcelona, a la cual Túnez, Turquía e Italia se han adherido, puede todavía ofrecer un instrumento importante de constitucionalización del territorio, porque su objetivo es aquel de crear una zona integrada que merezca ser protegida al interno de la cuenca del Mediterráneo. ¿Partiendo de este texto, se puede hablar de constitucionalismo mediterráneo? ¿Sí o no? Quizá es demasiado pronto para hacerlo, pero vemos aún que está en curso un proceso de constitucionalismo en el espacio mediterráneo y eso ha tenido inicio en 2010.
De Egipto al Maghreb en Túnez, hay dos mecanismos constitucionales: antes de todo la justicia constitucional, que da a la Constitución el justo valor normativo y el transconstitucionalismo, que puede ayudarnos a introducir este concepto de constitucionalismo en la cuenca mediterránea.
Las Cortes constitucionales pueden encontrar soluciones similares a problemas análogos, en una sociedad islámica o cristiana o en cualquier otra sociedad, también atea. Si los problemas son análogos, las Cortes constitucionales pueden encontrar soluciones análogas y por tanto la justicia constitucional nos parece ser la piedra angular del constitucionalismo y del proceso constitucional en la cuenca mediterránea. Para que la justicia constitucional asuma el rol de guardián, hace falta antes de todo aceptar el principio de coexistencia constitucional de todas las libertades y de todos los derechos económicos, sociales, ambientales, etc., como ha hecho la Constitución tunecina. La Constitución debe responder, garantizar la independencia de los jueces y los órganos nacionales deben ser accesibles a los individuos que han sido víctimas de violaciones de las libertades: es justo el motivo por el cual en Turquía tenemos ahora el recurso individual a la justicia. O bien, tenemos que garantizar trámite eso también el respeto de los derechos del hombre.
¿Cuál es la diferencia entre Turquía y Países del Medio Oriente? Túnez y Egipto tratan de garantizar la alternativa política, Turquía lo hacía ya en 1950. En Turquía tenemos también una separación del poder temporal y espiritual. La Constitución es un texto temporal, no es un texto espiritual y esto es muy importante para Turquía. Para concluir, tengo que subrayar la importancia de la dúplice dimensión de la democracia: la democracia no puede reducirse a una democracia mayoritaria. La democracia tiene que ser una democracia pluralista, si la democracia mayoritaria contiene incluso aspectos técnicos, la otra democracia concierne más a un aspecto ético. Si aceptamos que los derechos humanos sean de verdad la infraestructura normativa de la democracia, hace falta de alguna manera aceptar contemporáneamente las dos dimensiones de la democracia. Gracias por su atención.
En conclusión, el Vicepresidente de la Corte egipcia, profesor Sherif.
ADEL OMAR SHERIF:
Les agradezco tanto. Ha sido un placer seguir estas intervenciones pero era tan cómodo el diván que estaba por quedarme dormido. Por tanto prefiero levantarme de pie. Les prometo no exceder del tiempo que me ha sido asignado. Ante todo, estoy muy agradecido al Presidente de esta sesión y también a mis colegas a los que he apreciado mucho: ha sido verdaderamente un encuentro muy interesante. Y también me siento muy humilde por haber sido invitado aquí a Rímini, en el Meeting que me trae de nuevo a un País que adoro, que me gusta, al cual me ligan tantos recuerdos.
Es verdaderamente un gran placer para mí regresar aquí de nuevo. Pienso que hoy toda esta discusión se ha tratado sobre diferentes aspectos, hemos hablado de naciones, hemos hablado de constitucionalismo, de religión, del Islam en particular y de la participación pública en estos contextos. El todo se ha reflexionado mucho sobre la Primavera árabe, ciertamente. Estas sesiones se vuelven también un poco complicadas, es difícil lograr encontrar términos de la discusión. Por tanto podremos estar de acuerdo o no estar de acuerdo sobre puntos que han sido presentados: cada uno de nosotros tiene las propias ideas y estas ideas deben ser respetadas por los demás. Todavía, vemos que hay múltiples opiniones y no queremos que de todas maneras las nuestras sean separadas de esta gran variedad. No hay mucho tiempo para dar una explicación extensa de todo argumento tratado, recordemos que usamos también diferentes lenguas para llegar a todas las personas aquí presentes. Algunos no son expertos del tema y es por tanto necesario utilizar la terminología de la manera más fácil posible.
Podría resumir todo en dos grandes argumentos: el primero concierne el futuro de la Primavera árabe, si hay un futuro de este movimiento; y el segundo, que es el más importante, es este: ¿el Islam es de verdad una amenaza? Debemos verdaderamente pensar en el Islam desde todos estos puntos de vista, también del punto de vista constitucional, como una amenaza que no puede encontrar un lugar en la cultura occidental. Comenzaré por el primer argumento, con respecto a la Primavera árabe, porque algunos hoy han puesto en duda la presencia, la realización de una Primavera árabe. He también escuchado que, incluso, ha habido quizá una Primavera tunecina, no una Primavera árabe que se ha extendido a todo el África del Norte. Es una idea que respeto pero que no puedo confirmar, diría que todo haya comenzado en Túnez y que luego los otros Países han seguido este proceso.
Quisiera regresar a enero de 2011, con este propósito. A mitad de enero estuve en Georgia para un encuentro, con los colegas que estaban observando los advenimientos de Túnez. había personas que salían a la calle, que se movilizaban. Parecía que nuestros amigos tunecinos hubieran tenido suceso en lo que estaban realizando, ¿pero no había algo similar a lo que estaba sucediendo en un otro País, Egipto? Antes de venir aquí, a este encuentro de personas que son también muy expertas en estudios políticos, la respuesta era no: esto no habría jamás podido suceder en Egipto, decían los expertos, porque todos sabían cuánto fuera opresivo el sistema político y cuánto fuera difícil, por ejemplo, desarrollar manifestaciones públicas en la calle. Diez días después, los egipcios han iniciado a salir por las calles y, en más o menos tres días, han cambiado la forma no sólo de su País sino de toda la historia de la entera región. Quizá, al inicio han, sí, imitado los colegas tunecinos, sin embargo después han intensificado la experiencia y han llevado algo único. E incluso al inicio ninguno en Egipto creía en lo que estaba sucediendo, en lo que había sucedido, porque todos estábamos convencidos de que el régimen fuera tan potente que a lo mejor estaba mostrando un poco de tolerancia por algunos días, sin embargo después habría retomado todo el control, oprimiendo a las personas, que habríamos inmediatamente regresado a los viejos andenes. Yo mismo recibía llamadas telefónicas de colegas de todo el mundo que estaban preocupados por mi situación, querían entender qué estaba sucediendo y qué podía suceder en los tres días sucesivos.
Y mi respuesta, seguramente, era: “no lo sé, sin embargo me parece que el régimen reprenderá el control de la situación”. Y luego sucede el milagro. Cae el régimen y la gente gana la batalla. ¿Por qué lo han hecho? Porque los egipcios han sufrido mucho, no por decenios sino por siglos: cuando estudio la historia de Egipto, desde la época de los Faraones hasta hoy, todas las varias dinastías, había una opresión continua que ha sido ejercitada por una dinastía después de la otra, hasta cuando hemos alcanzado lo que hemos logrado con la revolución de 1952, cuando hemos recibido un tipo de sistema democrático en teoría y en la realidad un régimen opresivo. Podíamos tener una Constitución estupenda, escrita de manera maravillosa. Si la leen, dirán: “por Dios, pero ¿qué cosa es? Aquí los derechos humanos son tutelados, hay tres ramas del Gobierno que se equilibran entra ellos, hay una separación de los poderes, son todos responsables por los demás. ¿Qué más quieren?”.
Sin embargo la realidad, ¿cuál era? No se trataba tanto del texto sino de cómo aquel texto venía puesto en práctica. Y aquí entra en juego el rol de los jueces y de la magistratura, porque los jueces pueden hacer también experiencia comparativa de todo el mundo. Son aquellos que pueden decir que las Constituciones no son la letra muerta que leemos en los documentos escritos. Sino ven lo que sucede en realidad. Teníamos este bellísimo documento que no venía puesto en práctica, había sido suspendido y destruido casi por una legislación particular que precisamente daba una primera imagen de sí misma pero luego sucedía otra cosa. Y nació la idea de tener también ambiciones políticas: pero no teníamos ningún País que aspirase a entrar en la arena política, porque estaba el dominio de un grupo específico que no consentía a nadie el ingreso.
El ser humano medio no pensaba ni siquiera poder emprender una carrera política. Y por tanto, ¿a qué llevaba todo esto? A perder interés. Las personas estaban desinteresadas, no tanto en la política, sino en el propio País: cualquier cosa suceda no habrá luego una recompensa, un retorno. Mejor olvidar. Pero luego ha sucedido el milagro, las personas han asumido el desafío y han tomado el control. Y hay consecuencias por el desarrollo de todo esto, que no lograré profundizar ahora. Pero quisiera dar una respuesta a la pregunta respecto a la continuación de la Primavera árabe y a cuál sea su futuro. Por ahora, la tengo en suspenso, se las diré al final de la intervención, en cinco, seis minutos. ¿Qué podemos decir de la amenaza del Islam? ¿El Islam es de verdad una amenaza?
La gran parte de nosotros no sabe ni menos de qué está hablando, cuando habla del Islam: hay un enfoque inspirado en estereotipos o en ideas un poco confusas. Uno piensa en el terrorismo, en la violencia, cuando se habla del Islam; se piensa en la desigualdad, en la condición de las mujeres Son todas críticas que vienen atribuidas a este reporte que hay en relación a esta religión. Pero no se trata de hablar sólo de relaciones, cuando hablamos del Islam: se habla de un sistema completo, que se basa ciertamente en relaciones sobre preceptos divinos que controlan estas relaciones. Las personas por naturaleza son muy religiosas, muchos de nosotros, si no todos nosotros, creemos en Dios y si uno cree en Dios, debe seguir sus preceptos. Cuando se llega al Islam, todo el concepto está en el hecho de que Dios nos ha dado esta vida y nos ha dado un sistema que es la Sharia, y esta Sharia regula todos nuestros asuntos cuando nos ponemos en relación como individuos, como Países y también con Dios. Por tanto hace falta observar la parte de la devoción y la parte de la acción. Sin embargo, el problema es que no es fácil identificar cuáles sean estas reglas, porque cuando Dios ha transmitido todos sus preceptos en los libros sagrados a través de los profetas, hay textos únicos pero no están completos, no cubren todo. Por tanto, nuestra misión como seres humanos es ir en busca de las reglas que Dios quiere que sean aplicadas en las varias situaciones específicas. Esto lo vemos, lo examinamos a través de diversas fuentes, diversas praxis, con el fin de alcanzar una justa conclusión: aparentemente, no todos tienen los títulos para desarrollar esta tarea. Pero también aquellos que tienen títulos para poderlo hacer, podrían llegar a conclusiones diferentes.
Es seguramente la misericordia de Dios que muestra la diversidad de las personas. Por tanto, podremos encontrarnos de acuerdo hoy sobre una cosa sobre la cual no estaremos de acuerdo mañana. Por tanto hay todo un desarrollo de aperturas y de clausuras. Ahora se habla del derecho islámico que ha sido desarrollado con el tiempo. Sin embargo hay normas que no son definitivas, que pueden ser cambiadas. Hoy a uno no le es permitido cometer un cierto delito, pero podría cometerlo mañana, porque hay factores que deben ser tomados en consideración para poder alcanzar una conclusión. Por tanto, tenemos un sistema flexible que sea capaz verdaderamente de responder a las necesidades de las personas en cualquier momento y en cualquier lugar. Habría mucho por decir de este proceso de desarrollo del derecho islámico, qué quiere decir derecho, sin embargo el objeto final tiene que ver con la justicia, hacer lo que es justo y no consentir que sea hecho lo que es equivocado. Es el mismo concepto que está también en relación con lo divino. Todas las religiones monoteístas se encuentran de acuerdo, seguramente sin excepciones, sobre este punto: esta cosa tiene que ser hecha en este modo, esta otra cosa no puede ser hecha, esta es la idea. Y cuando se habla de Islam, se habla también de continuidad, de otras formas de relación.
Algunas de estas reglas siguen el mismo caminos que se encuentra también en otras religiones, por tanto no hace falta sorprenderse del hecho que también en ciertas áreas donde el Islam es atacado, hay reglas que vienen tomadas, por ejemplo, del Antiguo Testamento. Por ejemplo, se habla a menudo de la posibilidad de la poligamia en el Islam, se critica esta cosa. Sin embargo, si se estudian los textos del Antiguo Testamento, se encuentran referencias también a la poligamia. Ciertamente hubo luego movimientos y desarrollos por los que a un cierto punto la poligamia ha sido prohibida, sin embargo las reglas están allí presentes, hay algunas opciones que se pueden interpretar. Ahora hay este acuerdo entre las escuelas islámicas por lo cual algunos comportamientos, algunas actividades no son prohibidas respecto en cambio a la fase en que hay otras religiones por la que aquellas mismas cosas son prohibidas: tenemos un sistema de derecho verdaderamente complejo. Y esta complejidad nos tendría que empujar a no mirar el todo como a una amenaza sino a buscarles la compatibilidad.
Hay sistemas contemporáneos que podrían ser incluidos en este contexto, en este cuadro: nosotros que trabajamos en estudios comparados, tratamos de entender cuáles son las igualdades y cuáles son las diferencias para tratar de alcanzar una evaluación final que haga verdaderamente justicia a aquella que es la justicia en sí. Y por tanto, ¿cuál es el futuro de la Primavera árabe? Regresamos a esta pregunta. He dicho al inicio de poner atención a la Constitución, al estatuto en el texto constitucional: también si se logra desarrollar un buen texto constitucional, a lo mejor no es el fin de los problemas pero podría ser sólo el inicio, sobre todo en gran parte de los Países de la Primavera árabe, donde ha habido también experiencia de situaciones desastrosas al redactar la Constitución, en prepararla. Hemos verdaderamente visto experiencias dramáticas en Afganistán, en Irak: nuestros amigos de los Estados Unidos han dado su experiencia en aquellos contextos, pero aquí podemos producir un bellísimo documento escrito que sin embargo no tiene nada que ver con el ambiente. Y no basta mirarnos en la televisión: vengan con nosotros, a sentir nuestro dolor, a escuchar los problemas que estamos viviendo. Y cuando escuchan todo eso, he aquí que serán capaces de desarrollar un sentido que es compatible con aquello que tenemos también nosotros.
Esto es cuanto falta en algunos de los documentos constitucionales: luego le compete a las Magistraturas de los varios Países, que son los últimos árbitros de la decisión final, decir si haya una experiencia de Constitución de suceso o valida, pero es importante no concentrarse sólo y exclusivamente en el texto. Y en este sentido, la lucha continúa en aquellos Países. Aparentemente hay muchísimas dificultades pero todo aquello que se ha obtenido ha sido alcanzado por las personas, han habido progresos. Y quizá no podemos saber qué nos reserva el futuro, sin embargo tenemos expectativas, esperanzas para un futuro mejor. Las personas hoy ya no son las que eran ayer, que eran hace un tiempo. Una vez eran muy negativas, ahora están allí dispuestas a pretender sus derechos de libertad, logran hacer emerger los puntos positivos que tienen y que las llevarán seguramente a tener acceso a un futuro mejor. Quisiera concluir mi intervención a este punto, estoy muy agradecido a todos ustedes y estaré contento también de responder a sus preguntas. Gracias.
Visto el tiempo que ha transcurrido, subrayo sólo un punto que sin embargo me parece central respecto a la discusión que hemos hecho. Todas las veces que probamos a dar un juicio concreto y no abstracto, partiendo de la situación, nos damos cuenta que la realidad no soporta las simplificaciones, que la realidad es siempre mucho más compleja de lo que logramos imaginar. Esta tarde hemos escuchado que tres Países, que a menudo ponemos juntos en la misma definición - Túnez, Egipto y Turquía - tienen historias diversas, tres culturas diversas, tres tradiciones institucionales diversas.
Hemos escuchado que no basta tener una Constitución en la que está escrito de todo y más sobre los derechos para tener aquellos derechos, hemos escuchado que aquello que es decisivo es aquello que hay bajo la Constitución, es decir que la sociedad comparta, viva aquellos valores que luego los textos constitucionales escriben y que ese es el futuro de estos pueblos. Sin embargo hay una cosa aún más importante, que hemos visto: qué quiere decir no simplemente hablar de un argumento sino ver personas que viven dentro de estas situaciones, que dialogan entre ellos y que expresan su posición sobre lo que está sucediendo. He aquí, yo pienso que éste sea el auspicio y la posibilidad más interesante que parte de lugares como Rímini, la posibilidad no simplemente de quedarse en la apariencia de los problemas sino de descender dentro y darse cuenta que en el futuro es decisivo que estos Países desarrollen, como hemos escuchado ahora, las potencialidades que tienen.
Todos los interlocutores que están aquí esta tarde sufren personalmente las consecuencias de la afirmación de libertad que están viviendo, les aseguro esto. Por eso les agradezco aún a todos con un aplauso por la participación y la contribución que nos han dado. La única cosa, antes de dejarlos ir corriendo a comer: les recuerdo que prosigue la campaña de fundraising que hace el Meeting de Rímini. Saben que la situación económica para nadie es simple, y por tanto también para una institución como el Meeting hay puntos en que se puede donar en la feria, en el pabellón C1, A1, A3 y C5, la posibilidad de donar un apoyo para el Meeting, para que vaya adelante independiente. Gracias y aún, buen Meeting a todos.
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