Source: https://es.scribd.com/doc/61332309/mandeb007
Timestamp: 2017-03-29 21:24:59+00:00

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Editorial. Después de largo tiempo, un domingo en la mañana nuestro editor se levantó
decidido a revivir este proyecto de su largo coma, inducido por el fatídico “mundo real”. Los autores que aparecen aquí confiaron sus letras a nuestra revista hace ya seis meses o más, pedimos las disculpas del caso, y anunciamos que nuevamente (parece que) mandeb está en la calle -virtual-. Siéntense, laptop, netbook o copia impresa en la falda, o en su defecto aproxime su nariz al monitor un poco más, que ya se viene el por largo tiempo tan anunciado número 7 de mandeb. Bienvenidos. RM.
Editorial. .................................................................................................................................. 2 De Quién Es Mandeb. ............................................................................................................ 2 Infelices al Fin. Mario Pires ................................................................................................... 4 Entre Nubes de Confusión. Mario Pires ............................................................................. 5 Dime Quién me lo Robó. Laura Durán ................................................................................ 6 Destellos Sobre el Mar Por la Resistencia de Un Navío a la Deriva. Laura Durán ........ 7 El Camino. Laura Durán ......................................................................................................... 7 Hijos de los Hombres. Laura Durán ..................................................................................... 8 El Cubo. Laura Durán ............................................................................................................ 8 El Escalador. Darío Columbich ............................................................................................. 10 El Color del Fuego. Darío Columbich .................................................................................. 10 Novás, la Hoguera y el Baile de la Sombra. May Yudith Serrano ................................... 11 El Periodista Gordito Uruguayo que También Era Escritor. Angelina Lemauvais K. .. 14 La Música Que Escuchan Todos. Milagros Leiva .............................................................. 17 El Gordo Escanlar No Está Muerto. axel luchilin krustofski ............................................. 20 Colectivo Inmigrante. Cecilio Pastrami ............................................................................... 24 Sobre la Imagen de Portada. ............................................................................................... 29 >_<
Mandeb es y será una revista bimensual gratuita, de distribución libre, en formato PDF y diagramada en A4 para facilitar su impresión si así el lector lo desea. Los editores no recibimos nada a cambio de nuestro trabajo excepto dolores de cabeza por las horas pasadas frente al monitor de la computadora y algo de satisfacción artística. Todas las obras que aquí se publican son mérito, responsabilidad y propiedad de sus autores. Por esto, las felicitaciones o críticas a sus contenidos serán derivadas a ellos. Finalmente, la revista, en su totalidad y sin modificaciones, puede ser distribuida y copiada cuanto se quiera; pero para reproducir aisladamente alguno de los textos que la componen se deberá solicitar el permiso expreso del autor. Para esto, basta con enviar un mail a revistamandeb@yahoo.com y nosotros lo pondremos en contacto con él. Los editores Agosto, 2011.
por el mundo reencarnando tirando piedrecitas recordando el camino Satisfechos o no volviendo marcando el ciclo infelices hasta morir Reencarnación podría ser Infelices al fin Amo cuidando al trono Lacayo cuidando al amo Infelices al fin Pobres y ricos Infelices al fin Pobre vacío Rico vacío Infelices al fin Siempre volviendo podría ser Infelices al fin Siempre mendigando el próximo día o viviendo el día a día Infelices al fin “Mejor no pensar en todo esto es demasiado cruel y patético Mejor no pensar ni sentir Toda la energía aplicada y ni un minuto para darse cuenta de algo que afecte el bienestar emocional Como caballitos siempre mirando al frente Como cerditos empujando empujando para pasar por la puerta Como moscas pretendiendo llegar muy lejos 4
y cayendo en la peor trampa” Infelices al fin
aún puedo sacar una mano Decirles que locos están los cuerdos y que cuerdos están los locos Entre nubes de confusión aún puedo decir que pecado es lo que me duele a mi y no lo que le duele a Dios ya que él está cómodamente instalado en su trono de gran rey conformado y yo deambulo y caigo y siento Entre nubes de confusión aún puedo sugerir un cambio y grito cambio y grito revolución Entre nubes de confusión pienso si tanta confusión no abre puertas
Nace en Oporto, Portugal. A los 3 años se traslada con su familia a Alemania. A los 8 se traslada a Montevideo, Uruguay, donde reside actualmente. Comienza a escribir relativamente tarde, allá por los 18 o 19 años. Antes de esa edad no manifestó ningún interés por la escritura, pero siempre demostró un gran interés por la lectura y la música. Entre otras cosas publicó poemas y cuentos en diferentes revistas under, participó en varios libros colectivos, editó una revista under, publicó dos librillos con textos propios, escribió una novela y un libro de poemas y cuentos que permanecen inéditos, escribió varias obras de teatro que fueron llevadas a los escenarios, produjo varios espectáculos, publicó en diversos sitios web. 5 Más info: maldicionpoeta.blogspot.com.
Laura Durán Para Nico y Charly
que conocí y tomé prestado confieso que en realidad me lo robé O acaso culparían al vagabundo que encuentra un abrigo al poeta que encuentra sus palabras en una canción de Charly Mi amigo escucha acordes y armonías solamente muere los domingos, y los lunes ya se siente bien 2 porque siente... sueña... y siente Mi amigo percibe que los dinosaurios volverán3 sabe que pronto va a llover fuerte4 porque siente... intuye... y siente Mi amigo ve en las oficinas muerte en sociedad5 y espera encontrar a su Cassandra6 para sacarla a bailar porque siente... vive... y siente No piensen que está loco7 la locura es poder ver más allá8 porque siente... siente... siente... siente... sí, él siente...
-------------------Notas del autor 1 ‘Dime quién me lo robó’, título del tema homónimo de Sui Generis, del álbum ‘Vida’, 1972 2 Fragmento modificado del tema ‘Confesiones de invierno’ de Sui Generis, del álbum homónimo, 1973 3 La frase “los dinosaurios” es en referencia al tema ‘Los dinosaurios’, de Charly García, del álbum ‘Clics modernos’, 1983 4 Fragmento del tema ‘Amigo vuelve a casa pronto’ de Sui Generis, del álbum ‘Vida’, 1973 5 Fragmento del tema ‘Lunes otra vez’ de Sui Generis, del álbum ‘Confesiones de invierno’, 1973 6 El nombre “Cassandra” es en referencia al tema ‘El tuerto y los ciegos’ de Sui Generis, del álbum ‘Pequeñas anécdotas sobre las instituciones’, 1974 7 Fragmento del tema ‘De mí’ de Charly García, del álbum ‘Filosofía barata y zapatos de goma’, 1990 8 Fragmento del tema ‘El tuerto y los ciegos’, de Sui Generis, del álbum ‘Pequeñas anécdotas sobre las instituciones’, 1974
DESTELLOS SOBRE EL MAR POR LA RESISTENCIA DE UN NAVÍO A LA DERIVA
Densas aguas desvían el rumbo
las agitadas velas deslizan la nave en la superficie agitados los hombres Nocturnos relámpagos perturban la quietud silenciados los peces juzgan la calma en la noche silenciados los hombres Centelleantes estrellas desafían el tiempo desvanecido el destino resiste la tormenta en el mar desvanecidos los hombres Buscando en la profundidad del océano allí seguirán siempre agitados, silenciados, desvanecidos preparándose para estallar
Dejaré de esperar señales de vida
de rostros sin palabra, y el veneno quedará sin efecto La llama, libre y liviana, será tibia acompañante, si tus pasos se dirigen firmes al jardín del laberinto sin espejos Al llegar sabrás que siempre fuimos uno
CONSIGNA: ‘INSTINTO MATERNAL, INSTINTO PATERNAL, DÍA DE LA MADRE’ HIJOS DE LOS HOMBRES
Padre, de tu origen ancestral
Madre, de tu fuerza vital ha nacido el hijo del hombre Padre Sol, fuente de claridad y luz Madre Tierra, diosa fértil, madre de toda vida ha nacido la humanidad infinito enigma del bien y del mal Padre, de tu pensamiento Madre, de tu palabra ha nacido la belleza y la poesía De Shivá, destructor sabio y orgulloso de Párvati, protectora del mundo ha nacido Ganesh sabio conocedor de los caminos y de las letras
Padre, de tu semilla Madre, de tu umbral de vida ha nacido la creación Padre, de tu seguridad y protección Madre, de tu amor y tu esperanza han nacido los juegos Padre, de tu mente intensa Madre, de tu espíritu sereno ha nacido la voluntad intrépida Padre, de tu pétrea estabilidad Madre, de tu vivaz pasión ha nacido el equilibrio Padre, de tus imperturbables principios Madre, de tu incansable lucha otra historia se está gestando
Hubo una vez un punto, que solía vivir encerrado. El encierro no era del tipo
que todos conocemos, entre muros, con puertas y llaves. Se trataba más de una huida, una especie de fuerza que chocaba contra las máscaras del entorno y a su vez las repelía. A cualquier distraído podría parecerle que aquel punto no era más que eso, sin embargo dentro de él se abrían infinitos caminos, que lo guiaban a laberintos, que solo él, como quien corta los nudos que sostienen, sabía recorrer sin perderse. Afuera estaban ellos, los distraídos, siempre aturdidos, caóticos, ruidosos, que irónicamente pertenecían al universo del "orden". Este orden era incuestionable, no en un sentido totalitario (o quizás un poco sí) sino que era lo natural, esperable y lógico en ese mundo. 8
Desde su primera aparición en aquel orden, el punto se movía entre sus habitantes, marginal y distante, con una curiosidad inefable y una absurda mezcla de inocencia con altanería. Los observaba, analizaba, estudiaba sus formas, sus ademanes, sus métodos; sin llegar nunca a develar tal disimulado caos. Exhausto, decidía retornar a su habitual encierro. Esa estrategia, como suele ocurrir con toda estrategia, comenzó a mostrar fallas. Con el tiempo, los luminosos y fantásticos laberintos, cuyos caminos conocía de memoria, cobraron un aspecto sombrío. A su vez el punto se volvió físicamente más pequeño y la nitidez que solía caracterizarlo se desdibujaba. También comenzó a tener una extraña sensación de ahuecamiento en su interior, experimentaba una incipiente metamorfosis de su geometría a la de una esfera. El punto estaba desesperado, casi no existe forma más mediocre que la de una esfera. Los laberintos de pronto eran grises pasillos, que jamás a nadie le interesaria recorrer. A todo esto, los distraídos, obviamente continuaban exactamente igual que siempre, nada se había modificado en su comportamiento, como tampoco llamaba su atención la mencionada transformación. Esta situación desesperaba aún más a la esfera, que ahora en lugar de moverse esquiva entre los distraídos, rodaba y chocaba permanentemente contra ellos, que por supuesto seguían inmutables, en su existir acelerado y sin sentido. Estos choques, en lugar de provocar una fuerza repelente, como solían hacerlo, tenían un poder de deformación sobre el cuerpo de la esfera, que ahora presentaba ciertos bordes rectificados. La habilidad de rodar se hacía cada vez más difícil, hasta que se volvió impracticable. Esta nueva y desconocida forma, estaba compuesta por bordes, esquinas, ángulos y planas superficies. El ex punto, ex esfera, o como quieran llamarlo, yace hace siglos inmóvil, estático, abúlico, eterno, en aquel lugar donde fue capaz de moverse por última vez. El universo del orden no ha cambiado demasiado, sigue siendo, como algún sabio dijo... un caos por descifrar. Los distraídos pasan indiferentes a su lado, sin darse cuenta que cada día pueden verse más puntos reunidos alrededor de ese símbolo, y la mutación ya puede vislumbrarse... se percibe...
Laura Durán Nací en 1980. Viví y crecí en el barrio de Flores. Manuel Mandeb en su libro ‘Personajes de la calle Artigas entre el 400 y el 1100’, menciona al verdulero Don Benito, mi vecino italiano de Artigas al 1000. Solía ser una nena extremadamente introvertida, observadora, que siempre estaba en su mundo de fantasía. Escribí mis primeros textos en la preadolescencia, fue una breve etapa en la que incursioné en los cuentos de terror y misterio. Mi eclecticismo y cierto costado pragmático me llevaron a convertirme en Ingeniera Industrial. Hace unos meses con mi marido, logramos renunciar al trabajo en corporaciones para dedicarnos a otros proyectos personales. El año pasado, el fin de una intensa búsqueda personal me trajo nuevamente a la escritura, y comencé a asistir al taller literario de Vicente Zito Lema en quien encontré un verdadero maestro. Agradezco a las personas que hacen Mandeb por dedicar un espacio a los sensibles. 9
El día apareció calmo en la cima del cerro descolorido de tan dolorido, ya sin
plantas de tanto viento descreído de tanto vaivén obra de un tal Dios y sin decir aquí estoy. Llevaba varios días el escalador buscando ese trofeo sin palabra sin gloria, solo la vista de una comarca bulliciosa en su adentro y acostada desde el cerro por ser escala de varios y sin contar entre ellos. Piedras y leños, arena y sima al costado sin la costumbre de mirar pasaron por el sendero algunos con trabajo otros con te veo, camino duro para el dibujante, camino sabroso para el viajante, el primero rápido diviso el campanario de un antiguo edificio y la torre de un metal brilloso, al segundo le alcanzó una mirada para brillar en sus ojos al ver tanto mundo de una vez sin moverse sus pies. No quiso darse vuelta el escalador para ver del otro lado si aun estaba entusiasmado. El dibujante recorrió con sus ojos el curso sin pulso del arroyo más caudaloso desde la lejanía hasta su fin y así enumero los pasos que se asentaba a sus orillas en ese valle verde, sin fin en el sur sin fin en el norte, costados abruptos de piedra dura. El viajante se dio una zambullida de aire para descansar de tanto trajín.
Ardía la vela azul y nada dejaba prever que era la más seria de todas, muy
conocido el color por esa cualidad por muchos etiquetada para el pobre color que ni de su existencia sabe, el incendio comenzó justo cuando las llamas habían consumido la mitad...
NOVÁS, LA HOGUERA Y EL BAILE DE LA SOMBRA.
May Yudith Serrano “Divina hoguera… Quietos ya los viajeros, bailan sus sombras.” Raúl Hernández Novás.
Probemos comenzar el texto: “Raúl Hernández Novás fue poeta.” O “Raúl
Hernández Novás murió en 1993.” Hasta aquí parece no haber problema con su biografía. Mas si decimos “Raúl Hernández Novás, el poeta, se suicidó el 12 de junio de 1993.” comienzan a pulular las dudas, y a sobreandar malentendidos, frecuentes, cuando juzga a los que ya no están, peores aún en el caso de los suicidas. Es obvio que el hombre, todo hombre o mujer, deja tras sí una imagen, el testaferro de su paso cuya fijación tributa al oficio de la memoria recogiendo, codificando, sintetizando lo que el ser humano fue mientras pudo fabricar novedades, mientras pudo ser para sí mismo y no sólo para los otros (como son para los otros los que habitan en aquel nebuloso país del recuerdo). El acto de la muerte se impone comúnmente a casi todos los actos del hombre, recortando las imágenes difusas, y hasta aplicándoles un rasero no siempre justo al limar las aristas públicas y menos públicas, y desoír instantes –a veces los más esplendorosos- de su existencia. Advertimos sin embargo que Raúl Hernández Novás no es su muerte. O por lo menos, no sólo es su muerte. Si mantenemos que su poesía no puede ser catalogada bajo el ribete de la lírica pesimista, es porque ésta contiene una visión de futuridad que conmueve y alegra, más allá de toda la dificultad que no pretenden esconder sus versos. ¿Cómo no alegrarse de que haya existido el poeta fugitivo, el enamorado de la belleza en su estado más promisorio –acaso prenatal-?, ¿Quién quita que logremos un día, como Apolo con la huidiza Dafne, hacer de su obra un estandarte que lo devuelva, pese a su propia negativa, al mundo de los vivos? Si recorremos los versos del autor de “Enigma de las aguas”, “Embajador en el horizonte”, “Da capo”, “Al más cercano amigo”, “Animal civil”, “Sonetos a Gelsomina” y “Atlas salta”; nos percatamos de que estamos en presencia de quien fuera, quizá, el poeta más importante de su generación –más allá de los que florecieron bajo el influjo de los origenistas y su quehacer marcado por la visión católica del cristianismo-. Hernández Novás parece haber sido un milagro de concreción poética al aunar en su desempeño, como bien señala Jorge Luis Arcos en el Prólogo, un amplio conocimiento de la literatura universal y el amoroso reconocimiento de la expresión más cubana y criolla. Leer el volumen de su Poesía completa, es reparar en la originalidad de un poeta que siempre nos sorprende, lo mismo engendrando sonetos a la manera de un buen Quevedo, que desafiándonos con palíndromos, llenos más de sentido que de ingenio. La Poesía de este autor demuestra, sobre todo, que el poeta consiguió Ser -en mayúscula-, ser mucho más que su propia angustia existencial (cosa no tan frecuente como se piensa). Brillante en la elaboración de sus imágenes, logró como pocos, fundar una cosmogonía inusitada en la que madre, árbol, agua y mar, distienden el espectro de lo conocido, trascendiendo lo social sin evitar su contacto y 11
testimoniando una dimensión adyacente, pero irreducible al saber cotidiano o las pautas del sentido común. De esta manera se le dio al poeta lo que muchos persiguen sin suerte: el conocimiento de una “verdadera otredad”, de una región acaso sólo semejante al “país de eterna bruma” de Julián del Casal o las islas fantásticas de Edgar Alan Poe. “Enigma de las aguas”, poemario inaugural, es también su manifiesto y su primer himno de combate. “Aguas” presenta su visión de las consecuencias del Génesis: las aguas han sido divididas por Dios (en un duelo contra la materia innominada): Escena I- nacimiento y primera sorpresa del niño, separado del “cuerpo de la lluvia”, encuentro y decepción de lo visible “Los ojos callan. Pero ¿cómo pueden los ojos/ buscar lo que ha huido para siempre?”, engaño del niño que cree “que es un rey mago quien prodiga los dones”, Escena II- “todo reconoce al azar por infinito padre”, Escena III- “somos los vagos animales que la lluvia reúne”, “indefinible sustancia hecha de infinitos actos”, de nada vale el tiempo, Escena IV- donde se reconoce frente al mar que “nacer fue entonces el comienzo del exilio.”, “una a una caían palabras como anclas en su pecho”, “Y conocía que no era uno y que su ser no se resumía en su cuerpo/ sino se repartía en los lugares por él habitados/y se hacía de la suma de los lugares y los seres frecuentados/ y todo se unía a él por hilos invisibles.”, “No preguntéis por qué este hombre frente al mar/ está llorando lágrimas saladas/ y sus ojos acarician como a un padre el vacío.” Escena final (V)- “el infinito azar sus hilos mueve.” El poeta le escribe a su exégeta (Jorge Luis Arcos) que reconoce en sus obsesiones de “la vuelta al vientre materno”, no “un determinismo biológico sino psicológico, pues más bien es ese segundo vientre que la madre crea sin quererlo y que rodea al niño y lo protege después que ha nacido.” El mar, la lluvia, las aguas en general, son para él la representación de lo materno que no exige del sujeto definición ni épica alguna; lo paternal encarnaría en el tiempo, el destino ciego, el azar, todo lo que nos obliga, fija y precisa. La adultez, la sexualidad, forman parte de la obligación de lo paterno en cuanto condena lo maternal; Novás se reconoce incapaz de consumarlas. “De esa imposibilidad de configurar la adultez –escribe Novás a Arcos- derivan las visiones autoparódicas del sujeto lírico como antihéroe (…)”. Nunca habíamos encontrado en un poeta tales resoluciones. Tal vez hubo algo de aquello en la pasión de Juana Borrero y Carlos Pío, la aspiración infinita a otra cosa más allá de los reclamos biológicos y sociales de la adultez. Mas no se percibe en ellos la comprensión filosófica de la tragedia a la manera de Novás. Novás se siente desterrado de su verdadera realidad (su ideal de realidad, sólo pre-vista en el estado amniótico) realidad paradisíaca de comunicación espiritual con todo lo existente, realidad figurada siempre en un “otro” lugar y destino. Y con todo el aparente desapego, no puede hablarse, en este caso, de escapismo. Manteniéndose lejos de cualquier forma de sensiblería, de cualquier exhibición del dolor personal, la imaginación de Novás es proyectiva incluso en el momento de negar lo real anquilosado; la sumatoria de los actos poéticos se resuelve si bien no siempre en lo visible, sí en el espacio de la especulación positiva. 12
El autor de “Embajador en el horizonte” comparte el doble juego de Dante, su alegoría está enraizada en la tierra firme a la vez que tiende sus puentes a la Idea en sus estados de mayor pureza (recurso al que Auerbach llamara alegoría figural) y aunque nos haya repetido inicialmente que “capitán el es viento” (reclamando para el azar un punto decisivo) la voluntad se instala en su oficio poético probando que todo proceso iluminativo implica a un elegido que encienda por sí mismo las primeras chispas. Da capo, Al más cercano amigo, Animal civil, Sonetos a Gelsomina son joyas de la poesía cubana que corresponde analizar por separado, en busca de sus mejores vetas. El último poemario publicado (Atlas salta) resulta esclarecedor en cuanto subraya algo aplicable a su propia encrucijada vital, diferenciándola de la proustiana: “No recuperar un tiempo perdido, sino no haberlo perdido nunca”. De esta forma, se nos presenta como quien, más que pretender remedar los empeños de Orfeo cuando intenta recuperar a Eurídice del espacio infernal; -tal vez con más sabiduría- se remonta al instante en que la serpiente marcó el destino de su bienamada, para abolirlo; restaurando así la beatitud previa al fatídico suceso. Un breve contacto y una definitoria separación del Borges que especulaba que Dios puede alterar incluso el pasado; Novás creía también en la abolición del sucedido, mas no se fió en el tiempo unidireccional como tampoco en la existencia de un Señor de la Creación. Cuando Novás habla del uso del palíndromo señala “no tiene fin ni principio, sólo un centro”. ¿En esta figura pendular que dibuja uno de sus recursos favoritos se cifra acaso el fatum del autor? Elegimos el sí. Preferimos creer que la desaparición física de Hernández Novás viene a ser su último acto de anulación del tiempo; más que una cobarde escapada, recordatorio de que como en el palíndromo, solo existe un centro al que confluyen comienzo y fin. Su salto final, se nos presenta casi justificable por sus versos de “Atlas salta” donde señala “Atlas salta en callado cataclismo/ por sobre su miseria transitoria” (…) “Haciendo de su muerte nacimiento/ en viaje hacia sus fuentes, Atlas salta.” Si bien no puede negársele un exceso de voluntarismo en pretender (tanto en el uso de sus palíndromos, como en la manera en que concluyó su vida) destituir del cargo a la providencia que lo echó al mundo con un corazón defectuoso y un espíritu sumamente delicado, ¿quién pudiera lanzar alguna piedra?, ¿¡quién sabe qué hubiésemos hecho en su lugar!?... y nadie puede restarle a la existencia de Novás su alta valía y sus logros más que impresionantes. Culpable tal vez por impaciencia, dechado de calidades incuestionables, buscador del origen en el fin, Raúl Hernández Novás, como Atlas, cedió al Hércules de la posteridad – ¿acaso a los lectores como nosotros?- la carga de un mundo antes llevado a sus espaldas: va siendo hora de que se la devolvamos en una íntima y minuciosa visita al Horizonte de sus versos. May Yudith Serrano Nacida en abril de 1978 en Antilla, Holguín, al Oriente de Cuba. Creció en Nicaro, pueblo vecino, yendo constantemente de un lado a otro a través de la Bahía de Nipe. De ahí sus dos cultos: el del mar y el de la interioridad. Aprendiz de poeta desde tiempos inmemoriales, obtiene un Accésit del Premio Adonais en 1997, con un pequeño cuaderno de poesía (“Poesía” Ediciones Rialp. Madrid). En el 2000 se gradúa de Letras en Santiago de Cuba y en el 2006 publica otro cuaderno de poemas (“Rudeza del estiaje”). 13 Con un par de libros de poesía aún inéditos, se aventura a la crítica ¿en prosa? de tópicos poco reconocidos de la literatura (ahí donde el discurso se enfrenta a la hegemonía cultural).
EL PERIODISTA GORDITO URUGUAYO QUE TAMBIÉN ERA ESCRITOR
Angelina Lemauvais K.
Gustavo Escanlar falleció a fines de 2010 en Montevideo, ciudad de la que era
oriundo. Personaje, más que persona, ya que su identidad mediática parecía escapar a la chatura característica de la producción televisiva tradicional uruguaya, que no se preocupa en ser atractiva ya que importa su dosis de carroña diaria de la tele de la vecina orilla. Antes de su muerte, se (lo) involucró en muchas disgresiones en los medios en los que trabajaba; fue a juicio, estuvo procesado, se lo acusó de plagio, faltó a grabaciones por quedar internado con sobredosis, protagonizó escándalos en la vía pública; todo sazonado con el poder del murmullo popular y esa maravillosa retroalimentación tan característica del referente mediático. Su público lo ama o lo odia; disfrutan de insultar el televisor o asentir con la cabeza mientras habla. Pero todos lo miraban y lo escuchaban, porque su palabra tenía la fuerza de la convicción del que habla desde lo propio, desde las ideas originales; de ahí el des-acierto, el cambio de rumbo, la contradicción, el humor bizarro. Aventurándome en la construcción de un ensayo, o al menos de unas palabras con un mediano orden que pueda considerarse textual, buscando algún punto de partida por ahí en internet, me encuentro con mil reportes acerca de su muerte; todos cortados con el mismo molde; salvo algún blog perdido que ha hecho de la cuestión algo más personal. Pero en todos, noto la misma carencia: periodista y actor. publicó libros. Para mí Gustavo Escanlar es ante todo un escritor, un revolucionario de la palabra. De su carácter de revolucionario de la palabra es que llegó a la televisión, a la prensa escrita, y que no desapareció mimetizado en la masa de personas con micrófono frente a una cámara. Gracias a su posibilidad de usar las palabras como estrategia y como recurso es que llegó a construirse como personaje. Cuando digo usar las palabras no me refiero a un academicismo, a una concepción culturalmente culta del lenguaje. Todo lo contrario. Escanlar intercambiaba el código, variaba el sociolecto con una presteza admirable, sencilla e imperceptible. Gracias a eso es que puede contarnos historias de planchas antes de que existiesen como tales en Uruguay (Estokolmo; y Dos o Tres Cosas que Sé de Gala), o relatarnos los asesinatos más crueles en la historia del país (Crónica Roja) con la misma simpleza argumental, lo que no carece de mérito. Puede acercarnos personajes lejanos, irreales, puede reconstruir sucesos pasados en base a textos perdidos, relatar sucesos bordeando lo imaginario, o puede adelantarse al modo de pensamiento y a las acciones de sus construcciones. Dicho de otro modo, construye personajes coherentes, imperfectos, sucios, mezquinos. Humanos. Lo que logra es, simplemente, ficcionar la realidad de un modo admirable, logrando historias plausibles, escenarios complejos, historias desprevenidas de moralejas subyacentes. Literatura por literatura; sin contaminación periodística, sin contaminación ideológica. Para lo ideológico se reservaba su personaje.
De todas maneras, su personaje no temió nunca invadirse de literatura, saltando las normas convencionales de lo “políticamente correcto”. Disfrutaba burlarse de Saramago, de Galeano (a quien llamaba, muy a pesar del referido, con su primer apellido) o criticar la idolatría hacia Benedetti, quienes consideraba que debían su fama al monopolio del pensamiento izquierdista en la cultura latinoamericana. De Galeano, puntualmente, dijo “creó el mundo de los buenos y los malos, haciéndole creer a la gente que él ocupa el mundo de los buenos y que los demás son todos malos”. A Saramago lo plasmaba como el estandarte de la intelectualidad rioplatense, y daba a entender que hasta el menos dotado para el razonamiento si comenzaba a leer a Saramago sería considerado brillante por la élite que decide los rumbos de la cultura. Escanlar, con poca diplomacia, y a veces algún que otro arrebato, decía lo que pensaba, pero no desde la chabacanería, como quizá muchos lo malinterpretaron al verlo descontextualizado en Bendita TV, sino desde la irreverencia y la provocación. Hay personas que generan en su paso por el mundo, sólo con una mirada, respeto, admiración, miedo, o confianza. Él generaba desprecio. Tenía más detractores que amigos, algunos con razón, otros por provocación. En ese punto su personaje y su literatura se encontraban, buscaban provocar al otro. Hacerlo reaccionar. Moverse del lugar del mundo donde se estuviese y putearlo, reírse o aplaudirlo. Pero dejar la actitud pasiva, dejar de ser un receptáculo de imágenes en movimiento o palabras en un papel, y accionar. Escanlar buscaba la reacción no por fetichismo, sino porque su vida era la expresión. Y la expresión denota acción. Expresión en explosión, sin miedos ni tapujos. El primer libro de Escanlar que leí fue “Oda al niño prostituto” (1993). Un conjunto de relatos, poemas y reflexiones, separadas en capítulos ilustrados con viñetas de cómic porno y con epígrafes de un libro religioso de 1902 hablando acerca de la masturbación. Llegó a mis manos por un conocido, que lo consiguió de otro conocido, que lo había comprado usado. Vivió un tiempo conmigo. Lo presté a otras manos que nunca lo devolvieron, que lo volvieron a prestar. Así como llegó, estuvo y siguió su camino. Parece que hubiera elegido caminar. Fue su primer libro de sello editorial. Pero antes, en 1988, publicó un poemario: “El pene en la boca”. Nunca lo leí, y probablemente no lo haga. Edición independiente. Inconseguible. Luego siguieron novelas y crónicas, un libro de relatos, pero la clave es que dejó la narración puramente provocadora en primera persona y pasó a construir historias igual de escatológicas, sangrientas, subversivas y desagradables para el público puritano, pero ahora en manos de personajes. Esta mutación literaria coincide con su mayor participación en los medios, y la génesis de su personaje televisivo. Parece que en esta etapa Escanlar separó personaje y literatura; hasta entonces una unidad. Su literatura se civilizó, maduró, dejó de desafiar estilos y estructuras y logró escapar a la narración de sí mismo. Leer la Oda, te deja con un será cierto en la punta de la lengua. Ves pasar abusos, violaciones, drogas, reflexiones, rutinas vividas por el narrador y quedas con el sabor de vida de otro, de que estás espiando su intimidad. Sucede lo mismo al leer a Bukowski, la historia y la vivencia se entremezclan y no sabes como lector si lo que lees fue real o no, y lo mejor es que reconoces que en realidad no importa, que el producto final que está en tus manos es lo único certero y 15
lo único que vale. Por otra parte, leer sus obras posteriores es leer una obra de forma tradicional, de contenido controversial. Sus personajes salen de los parámetros estéticos y escapan de lo establecido, pero son personajes. Saben a personajes. Escanlar pudo madurar como escritor, descansar su literatura, porque ya tenía un nuevo modo de romper esquemas. su personaje mediático. Y vaya que le dio resultado. Un punto aparte fue “Crónica Roja” en su vida de escritor. Fue la intersección entre la literatura y el periodismo, oficio que cultivó rompiendo a conciencia premisas teóricas fundamentales como la objetividad; a decir de Marcelo Jelen (columnista de “La Diaria”, periódico uruguayo) “Escanlar era el periodista y la noticia. La noticia era qué pensaba (cómo se sentía) Escanlar frente a la noticia”. En Crónica Roja se manifiesta esta postura. Escanlar reescribe los asesinatos más sangrientos de la historia del Uruguay. Publica en el libro recortes de noticias del momento y fotografías, pero construye diálogos, discusiones y sucesos. Decora los sucesos sin miedo a que se lo acuse de poca rigurosidad periodística, o por el contrario, de poca creatividad literaria. Disfruta el género como nunca vi antes. Ocho años después de Oda al niño prostituto, logra nuevamente dejarnos con sabor de incertidumbre en la boca, sin saber si lo que leemos pasó o no. Cada paso que el protagonista da -ahora sí para el lector con una existencia certera- abre la pregunta de si realmente lo habrá dado. Y de nuevo, la respuesta la sigue dando el lector, casi al instante: en realidad no es relevante si pasó o no, pero en esta experiencia construida por Escanlar, sí fue. No olvidemos que estos cuestionamientos, será o no será, tienen un origen nada caprichoso. El lector duda, se cuestiona, simplemente porque se logra un relato creíble, con personajes humanos, imperfectos, dignos de encontrarse en el paisaje donde los vemos. Ésa era la gran hazaña de Escanlar, uno de los pocos escritores sin puritanismos baratos que ha parido el Uruguay y ha visto una publicación de editorial, a pesar del contenido transgresor, a pesar de no ser políticamente correcto. Lástima que se haya ido, y lástima que perdurará en la memoria colectiva como “aquel periodista gordito uruguayo, que también era escritor”.
Angelina Lemauvais K. No leerán mucho de mí, y menos aún trapitos nuevos, porque nunca escribo. Si vuelvo por aquí sólo será con escombros de la adolescencia. Considérense prevenidos.
LA MÚSICA QUE ESCUCHAN TODOS…
“Bueno, por un lado está bien que podamos descargar música, copiarla y regalarla sin gastarnos muchísimo dinero. Los cedés en las tiendas con sus cajas de plástico me parecen muy caros y absurdos, para nada valen tantos euros como te cobran. Creo que los vinilos son diferentes. Porque son analógicos y la vida es analógica.” Belén Gopegui - Deseo de ser Punk
juntábamos a la tarde, en general en la esquina de esa disquería ultramoderna que no era más que un montón de vidrio, hoy creo, convertida en local de zapatillas. Entrábamos a mirar. Podían pasar horas en las que no era necesario hablar. Caminábamos buscando todo eso que también nos buscaba los ojos o la curiosidad y nos perdíamos. Nos reencontrábamos en miradas cómplices para compartir algún disco o libro hallazgo. Por algún motivo, casi nunca alcanzaba, ni siquiera sumando lo de los dos, para comprar nada. La felicidad era salir de ahí, cada uno con bolsa en mano, a alguna casa para compartir la música que buscábamos, que nos encontraba en ese momento donde todo era por descubrir. Otras veces podía ser la galería de Pueyrredón. Me parecía irónico que se llamara “Galería de la Juventud” y exhibiera ese cartel deprimente, tan del pasado, de un pasado no Vintage, sino viejo, sin brillo. Pero había un local de discos que valía la pena. Sí, en este caso se justificaba que los llamara discos -jamás compact o cede, como vos los llamabas- porque eran vinilos usados, abandonados por alguien en algún momento. Y yo no entendía, como hoy tampoco entiendo, cómo alguien puede desprenderse de algo que es tan de uno como su música. Una locura, un delirio. Hablábamos de los discos que buscábamos,
de los que perseguíamos y la única frustración era ver que la colección no iba creciendo a la velocidad deseada. Hoy no sé. Me molesta descubrir una copia rodeada de originales. Falta el objeto, el logro, la conquista de haberse hecho con un buscado o difícil. Lo que sí sé, es que esos lugares donde descubríamos, aprendíamos y empezábamos a trazar la vida ya no existen. Sea eso bueno o malo. ¿Por qué una playlist? Porque hay música que con el tiempo pasa a formar parte de uno, y a veces de los personajes que se inventan. Porque cuentan historias o porque son el soundtrack de otras. Pero hay otros que lo explican mejor: “Entrar en una canción tiene que ser como la electricidad. En vez de un sitio, algo que te atraviesa y, mientras lo hace, la atracción hacia unas cosas y la repulsión hacia otras se vuelve muy potente. Tanto que tienes la impresión de estar siendo abducida y ahí estás tú, fuera de órbita, en un sistema planetario nuevo donde importa lo que vibras, deseas, blasfemas y sueñas mientras vives esa maldita canción”. Belén Gopegui - Deseo de ser Punk El blog Paper Cuts tiene una sección que se llama Living with Music, en la que semanalmente invitan escritores y les piden que hagan una lista de las 10 canciones más representativas para ellos. Melissa Febos da su lista y agrega: “While writing has always been my life, music has always been my obsession. I love songs the same way I have loved drugs, books and certain lovers -fervently, singlemindedly, repetitively- and this ensures they become immaculate time capsules of the period in my life when I listened to them. Here are the songs I will never be able to hear again without feeling as if my heart is simultaneously breaking and filling. It is the soundtrack to a story that turned out to be the kind I love best: gorgeous, sad and inspiring, and not without a sense of humor.” “Si bien la escritura es mi vida, la música siempre fue mi obsesión. Amo algunas canciones de la misma manera en que amé las drogas, libros y a algunos amantes -fervientemente, firmemente y repetitivamente- y esto las convierte en cápsulas de tiempo del momento de mi vida en que las escuchaba. Éstas son las canciones que no puedo escuchar de nuevo sin sentir que mi corazón se rompe y se compone a la vez. Es la banda de sonido de una historia que resultó ser de las que más me gustan: hermosa, triste e inspiradora, y a pesar de todo con sentido del humor.”
que me ensucia las manos, no encuentro las raíces. No existe origen cierto. No sabría reaccionar ante las palabras que deseo porque nunca fueron, nunca son. La única opción, el miedo. Mi única opción, la huida. Sólo de vez en cuando, recuerdos. El robo de esas palabras dichas para ser olvidadas. El error, dejar que el corazón se volcara sobre una existencia árida.
EL GORDO ESCANLAR NO ESTÁ MUERTO
por las malas, al autor de “crónica roja”. por las buenas, al autor de “estocolmo”.
-si abrís la boca te rompo la cabeza, ¿te quedó claro? -me tenía agarrado del
cuello, apretado contra el costado del bondi. “¡cómo odio viajar!”, pensé. -hhí -dije como pude. entonces me soltó. me fui de golpe al piso, de culo contra las piedras amarillas de junto al camino. después se subió otra vez al vehículo y arrancaron. me quedé unos instantes tirado allí. cuando dejó de dolerme al tragar saliva me paré. miré la ruta vacía y después el cielo, negro, a punto de llover. busqué la mochila hasta que di con ella. me la puse a la espalda, metí las manos en los bolsillos y arranqué a caminar. rumbo a minas. entonces, como era de esperarse, el cielo se despejó y apareció el sol. radiante, radiactivo, más fuerte de lo que estaría durante el resto del verano. la cosa empezó dos días antes: para ir de minas a rocha (y al revés) hay que tomar dos bondis, haciendo escala en pan de azúcar o san carlos. para quien no las conozca, son dos ciudades asquerosas, que compiten por el premio al peor olor a meada, con gente gris, terraja y sudada en todas las estaciones del año. lo normal en uruguay cuando se trata de poblaciones que nacieron o se transformaron en satélites de lugares más grandes de lo que deberían ser. en este caso, la diva es punta del este, pero pasa lo mismo con sitios como pando y todos los demás circunvaladores de montevideo. el viaje fue raro desde el principio, pero no me di cuenta hasta que me encontré cara a cara con el gordo. alguien un poco más despierto que yo seguro habría notado las señales que anunciaban prodigios mientras sucedían. en defensa de mi supuesta inteligencia, podría esgrimir que hacía mucho calor, lo que no deja de ser cierto pero no me hace menos nabo. para empezar, me tocó un asiento de ventanilla, cosa que mi mala suerte me ha vedado casi siempre desde que tengo memoria. y las pocas veces que me ha 20
tocado alguno he tenido que viajar aplastado entre el vidrio y las carnes de alguna gorda que me llena de migas de bizcochos sin siquiera convidarme (sí, esto es una referencia a vos, gorda de mierda, tú que cuando aún era un niño lleno de esperanzas, no me diste ni una sola margarita de crema en aquel viaje de rocha a la paloma). estaba jugando a adivinar cuál de los impresentables con olor a sobaco que estaban esperando el bondi afuera se iba a colocar a mi lado, cuando una rubia divina y repleta de pecas me golpea con el culo en la cara, me pide disculpas y se sienta. y no era una moneda falsa, por cierto. todo estaba en orden. el perfume, el pelo, los dientes, las dos tetas; todo. entonces, con la situación ya gritándome en el oído que si todo iba bien era sólo porque en algún momento el mundo entero se iba a desconchar, la rubia me habla. -disculpa. vos sos de rocha, ¿no? -s-ssí -eyaculación mental: tenía una voz hermosa. -yo viví allá dos años. me acuerdo de verte en el liceo. chandler bing se paró, diminuto, en el respaldo del asiento de adelante, y se puso a hacer su bailecito victorioso. un gran cohete despegó del cabo cañaveral. un corcho salió disparado de una botella de champagne, seguido por una catarata de espuma. y fuimos todo el viaje conversando. y no dije nada mal, ningún comentario fuera de lugar. ¿y cómo mierda no me di cuenta de que todo aquello era sinónimo de desgracias por venir? ella se bajó en pan de azúcar. y en el trayecto hasta san carlos disfruté de la tranquilidad de ir sentado solo. lo mismo en el ómnibus que tomé desde allí a rocha, lo que era de por sí muy raro ya que estábamos casi a principios del verano. los dos días transcurrieron lentos, como todos en la capital del departamento “donde nace el sol de la patria” (¡qué pedorrada! y pensar que ése es el lema de verdad, que no lo estoy inventando). el viaje de vuelta pintó bastante horrible cuando miré el pasaje y vi número de asiento: la última ventanilla. y ésa, aunque técnicamente lo sea, no cuenta como ventanilla. es, después del motor, el lugar más caluroso del vehículo, lo que está bueno si es invierno, pero estábamos a principios de diciembre. así que, sonriendo por el regreso a la normalidad, considerando el viaje de ida como un descanso otorgado por el destino, subí a mi tortura personal. el bondi había empezado su recorrido en el chuy y venía repleto. el olor a mortadela me invadió desde el primer paso, y sumado al vapor y el calor que desprendían los cuerpos de toda esa gente amontonada, resultaba un espectáculo peor que mis primas en camisón. muy lento, controlando la necesidad de abrirme paso a patadas, llegué hasta el asiento. una pelirroja divina, voluptuosa como nunca vi fuera de una porno, con un escote que jamás consideraré una prenda de vestir, estaba en mi lugar. junto a ella, un hippy fumón se hurgaba las rastas con los dedos. -disculpá -le dije a ella, babeando mentalmente-, tengo ese asiento. -bueno -le dijo la mina al piojoso-. devolveme mi lugar. él se levantó y se fue. ella se levantó, me dejó sentarme y se acomodó en su sitio. 21
poco rato después ya estábamos en la ruta y el guarda nos rompía la puntita de los pasajes a los que subimos en rocha. la pelirroja dormía. el aire acondicionado funcionaba. y en eso el bondi salta un poco al pasar por una parte rota de la carretera, ella durmiendo me abraza, las tetas se le salen de la musculosa y me abrazan también. tiene unos pezones grandes como dólares de plata y rosados como la vía dos de una boleta de pago contado. yo, a falta de una idea mejor, decido dormir, así que me tuerzo un poco hacia su lado, agarro una teta en cada mano y cierro los ojos. no pude dormir. cuando llegamos a san carlos se despierta. se mira las tetas. yo hago como que también dormí (incluso babeo para disimular). -perdón -me dice. las guarda en su sitio. me sonríe. y se baja. bajo también, sin creer mi suerte, y entro en la terminal para comprar el pasaje a minas. el bondi de emtur ya está llegando. en ése sí quedan asientos porque en verano todos van en la dirección contraria. me toca otra ventanilla. como no hay nadie en el asiento de atrás me reclino y me dispongo a dormir. ya vamos en la ruta cuando una mano en el hombro me despierta. -boletosss. es el guarda. busco el papel que me hacía acreedor del lugar en que estaba y se lo extiendo. entonces le veo la cara. está todo sudado, con la cabeza saliendo por el cuello de una camisa de guarda de emtur, pero es él, el gordo escanlar. me quedo viéndolo fijo. estudio cada parte de su rostro. me mira dubitativo. -¿está bien? -me pregunta con una formalidad que no le pega. -sí -digo-. ¿no te conozco de algún lado? -no, no me conocés de ninguna parte. en esa respuesta su tono cambia, se vuelve brusco, evidencia estar “molesto, irritado y confuso”. entrecierra los ojos (como hacen todos en mis relatos cuando se enojan conmigo pero disimulan ante los demás). una gota de sudor le corre por el costado de la cara, de la frente al mentón. lo estudio un poco más, no cabe duda que es él. -¿estás seguro? porque me resultás ESPECIALMENTE familiar. esta vez susurra al responder: -no me co no cés. ¿OK? y sigue recolectando el resto de los pasajes. a la vuelta, al pasar junto a mí otra vez, se lleva el índice sobre uno de los pómulos y gesticula mudamente “mucho ojo”. si me quedaba alguna duda, eso me convenció. nadie se enoja de esa manera porque se le pregunte si lo conocen de otra parte. se metió en la cabina y se puso a hablar con el chofer. yo lo estudiaba. traté de recordar una vez que iba caminando por montevideo y me crucé con él. era una tarde de invierno, lluviosa, como las de las imágenes de aquellos libros de escuela donde hablaban de las estaciones y las lecturas decían que papá juntaba leña para la estufa y bla bla bla (aunque ahora que lo pienso, si decía “leña” debía ser la lección del otoño, porque los autores de esos libros parecían creer que la base del aprendizaje eran las aliteraciones boludas; siendo “lalo va a la ola” la peor de todas). fuera como fuera, estaba seguro que se trataba de él. cada tanto me miraba con odio, como si quisiera matarme. y ahí, justo ahí, me vino a la mente la sospecha de que todas las comodidades y premios de los viajes anteriores habían sido sólo la 22
excusa del destino para poder matarme a manos del gordo escanlar. me dieron unas urgentes ganas de mear. entonces, cuando me levanto para ir al baño, el bondi frena de golpe. la puertita que separa la cabina del chofer del resto de los mortales se abrió. -su parada, señor -me dijo el gordo. sonreía un poco. y en menos de lo que tardo en recordarlo me tiró la mochila para afuera y me bajó. me agarró del cuello y me apretó contra el costado del bondi. -si abrís la boca te rompo la cabeza, ¿te quedó claro? -hhí. y así fue como terminé en la ruta, caminando bajo el sol que me quemaba sin piedad y pensando cuánto odio viajar.
axel luchilin krustofski no sé cuál es la bendita gracia de tener que presentarse. es decir, ¿no se supone que es la obra la que habla por el artista? además, en mi caso, hay muy poco para decir. nací, fui a la escuela, dos o tres chotos me pegaban a la salida, las pendejas no querían ser mis novias porque era gordo y feo. ésa fue la infancia. en la adolescencia hubo más de lo mismo. de adulto casi todo me dejó de importar excepto el animé, el ajedrez, internet, y por supuesto la literatura. y como soy un inconformista crónico y la mayor parte de lo que hay escrito no me gusta, escribo para poder leer. página web: http://krustofski.es.tl.
Hubo una larga época durante la cual tomaba el autobús todos los días a las
ocho y veinticinco de la mañana. Eran tiempos difíciles y el único trabajo que había podido encontrar me quedaba un poco lejos de casa. A setenta kilómetros para ser más exacto. Pero era lo que había y no me quejaba. La paga era mala y tampoco me quejaba: Me alcanzaba para vivir, para pagar mi triste habitación, para dar un relajo al cuerpo cada dos fines de semana, en fin para mantenerme a flote mientras esperaba que la mala pasara, que la economía mejorase o que el mundo se acabase, no lo sabía. Lo bueno de las rutinas es que nos permiten desentendernos. Y lo lograba; Mi única preocupación era despertarme a las siete de la matina y arrastrar mi cuerpo de la cama al asiento del bondi y del asiento a mi lugar en la empaquetadora de cítricos. Diez horas de chamba y a deshacer los setenta kilómetros para retornar al día siguiente. Eran 140 kilómetros al día, 700 a la semana y más de 3000 al mes. Viéndolo de esa manera, cada tres meses recorría la distancia que me separaba de mi ciudad: La Paz. En aquel entonces yo aún no tenía los malditos papeles y andaba todo el tiempo cuidándome la espalda. En cualquier momento podía detenerme un paco de la Policia Nacional o de la Guardia Civil para pedirme identificación. Si esto pasaba lo más probable es que me mandaran en un avión de la compañía “patadaenelculo” en un vuelo sin escalas a Bolivia. No estaban bien las cosas para los inmigrantes en Europa, y aún menos en España... Por ello es que nunca esperaba en la parada sino en un bar de la acera de enfrente. La parada era un riesgo; Se sabe, en España sólo los abuelos y los inmigrantes viajan en autobús. Así es que todos los días me tomaba mi café con leche con dos de azúcar mientras observaba llegar a mis compañeros de viaje, que todos los días eran los mismos: 24
Los primeros en llegar eran los negritos con su bolsas llenas de Dvds piratas e imitaciones de camisetas y lentes de sol Dolce Gabana. Luego, una a una, llegaban las rumanas. Y finalmente los marroquíes. Cada uno de estos grupos tenía un destino diferente. Las rumanas eran las más ruidosas, conversaban a los gritos y se reían a las carcajadas; por suerte, también eran las que primero bajaban; Trabajaban limpiando casas en una zona de chalets de lujo situado a las afueras del primer pueblo del recorrido, Benicassim. Los africanos eran lo contrario, viajaban callados y alerta; Imagino que se debía a que muchos de ellos (tal vez todos) serían indocumentados como yo y siendo indocumentados hay dos cosas importantísimas a tener en cuenta para no ser parados por la poli: La primera es pasar desapercibido, la segunda siempre estar atento a lo que ocurre a nuestro alrededor. Los negros se bajaban en el pueblo siguiente, Oropesa, dónde había un mercadillo popular. Para quién no lo sabe, un mercadillo es una especie de feria que se monta en las calles de cualquier pueblo y dónde se venden desde imitaciones de todo tipo de artículos hasta frutas y verduras. Los marroquíes se bajaban en ese mismo pueblo pero dos paradas más adelante, imagino que trabajaban en la obra, siempre iban con las ropas manchadas de cemento y cal... Después de Oropesa, quedábamos muy pocos en el autobús. Yo me pasaba a la última fila y cuando salíamos de aquel pueblo, intentaba dormir los cuarenta y cinco minutos de viaje que aún faltaban para mi destino. ¿Cómo explicar el hecho de que tardáramos dos horas en hacer unos miserables setenta kilómetros? Simple, el autobús se detenía no sólo en cada pueblo sino en cada parador, motel o incluso puticlub que encontrábamos en la carretera. Y la carretera, a partir de Oropesa, estaba infestada de clubs, cada uno de aspecto más decadente que el siguiente; Con esos nombres exóticos y rebuscados que parecen ser propiedad exclusiva de este tipo de establecimientos: Las Palmeras, Oasis, éXtasis (con la letra X de mayor tamaño) y así. Llevaba acumulados cerca de dos viajes de ida y vuelta a Bolivia el día que Hlya subió por primera vez al bus. Estaba seguro que era su primera vez, aquella mujer no hubiera pasado desapercibida para mí ni para cualquiera. Era extremadamente delgada y al mismo tiempo voluptuosa. Llevaba un pantalón deportivo y una chaqueta jean que no disimulaban en absoluto sus curvas. No pude ver su rostro con detenimiento aquella vez pero sí con posterioridad. Tenía una de esas caras que resultan atractivas por el desconcierto que provocan en nosotros. No sabemos si nos gustan o no, pero no podemos dejar de observarlas. Sus rasgos eran, no sé si árabes o siberianos. Sus ojos, profundos y de un color violeta infinito. Llevaba el pelo suelto ocupando casi toda su espalda. Un bolso Vuitton, seguramente de imitación, colgaba en su brazo y, de su cuello, un crucifijo cómo no había visto en 25
mi vida, del tamaño de un puño, en cada una de sus puntas se me figuraba que florecían tres pétalos. Desde aquella mañana comencé a esperar con ansiedad que llegáramos a su parada. Y me alegraba cuando, al acercarnos al puticlub dónde trabajaba, veía su silueta recortada contra la carretera. Su aspecto siempre era el mismo. Aparecía sombría y ensimismada. Ni siquiera miraba hacia dentro del bus al entrar. Sólo se sentaba en alguna de las primeras filas y se colocaba sus auriculares para desentenderse del viaje y quizás olvidar los aspectos desagradables de su trabajo. Yo no esperaba nada. Bueno, esperaba verla. Y si bien, en un principio pensé seriamente en ir hasta ese club para disfrutar con ella mi cuotita quincenal de felicidad efímera, con el paso de los días lo descarté completamente. Nuestra relación era más que eso. Lo nuestro iba más allá de lo estrictamente físico. Comprendí que estaba en lo cierto con respecto a esto último a medida que comencé a notar pequeños cambios en su comportamiento. Una mañana, me ví sorprendido al ver que dejaba libres los primeros asientos y se sentaba en los del medio. En otra ocasión, ví cómo miraba hacia el fondo del autobús sin fijar(aparentemente, sólo aparentemente) sus ojos en mí. Otras veces se quitaba el MP3 sin que nada la forzara a ello y perdía su mirada púrpura en el paisaje... Concluí que, por caballerosidad, debía responder a estos pequeños detalles hacia mi persona. Así fue que durante una semana entera me senté en los asientos situados frente a la puerta trasera. Ella pareció no notarlo, pero algo me dijo que quizás yo estaba yendo muy rápido, el último día de aquella semana ella volvió a sentarse en las primeras filas... Me odié por ser tan estúpido. ¡Qué bestia! ¡Qué cojudo más pajero! Pensé que habría pensado. Perdí las esperanzas y el lunes de la semana siguiente todo volvió a la normalidad: Hlya en la primera fila y yo en la última. Así que me resigné y comencé a plantearme la posibilidad de retomar mi cabeceadita habitual. Pero ese mismito martes estaba comenzando a dormirme cuando ocurrió el milagro; Al subir, ella se dirigió directamente a los asientos que están frente a la puerta de atrás. Nunca se había aventurado tanto. Cuando ví esto, sentí una pequeña implosión en el pecho. De repente hacia mucho calor y sentía cómo si me hubiera fregado un locoto por toda la cara. Me ardía todo y sudaba, sudaba mucho. Me temblaron las piernas al pasar delante de ella para bajarme. Ella ni siquiera pareció darse cuenta. Miraba por la ventana y chupaba un caramelo. Su boca dibujaba formas ondulares, concavas, convexas y centrífugas. Sus labios estaban muy juntos y creo que un poco secos. Durante dos segundos me perdí en ese vortex dónde el tiempo a lo mejor pasaba a una velocidad distinta que en nuestro universo. Por suerte la puerta se abrió y el aire frío de la carretera me hizo reaccionar. Bajé pensando en mañana, en que mañana me sentaría en aquel lugar a esperarla. 26
Y así será, aún cuando, en realidad, no sé qué esperar que diga o haga. Tampoco sé que haré o diré yo. Lo único que sé es que me sentaré en aquellos asientos marcados por el destino y temeré, temeré que alguien descubra (alguna de las rumanas, algún negro) el terrible secreto que poseo: la mujer más hermosa del mundo pronto vendrá a sentarse a mi lado. Será un día de miércoles, habrá un sol de esos macizos, de esos que arrastran tras de sí a la primavera. Pero todavía no es tiempo de quitarse el sayo. Temprano hará fresco, con aumentos de temperatura al promediar la mañana. Ella esperará en la parada, en SU parada. Subirá y podré notar un pequeño temblor de sorpresa (aunque no estará sorprendida porque sabe que me tiene en sus manos) en su semblante. Caminará contoneándose por el pasillo sin satisfacer (por un mínimo, por un minino instante) a mi retina con sus ojos. Se sentará en mi fila, pero del otro lado del pasillo, dejándolo como último recurso defensivo. Allí es cuando enloqueceré, porque estaré (ahora mismo estoy) convencido que aquello es imposible, que ella nunca, jamás puede fijarse en alguien como yo. Y estando tan seguro de su indiferencia no llegaré a plantearme ningún plan de ataque. Entonces me conformaré con el oro de los tontos. Pensaré en que nos veríamos ridículos caminando juntos por la calle y ni hablar tomados de la mano. Sería cómo si Esmeralda sacara a pasear a Quasimodo. Pensaré en los huevones allá en Bolivia, en que siempre sabré que tuve esta belleza a mi alcance y en que, de contarlo, nadie me creería. Y pensaré, al fin y al cabo, que es una puta, y que eso invalida absolutamente todo. ¿Pero si me hablara? ¿Pero si le resulto simpático? ¿Si me necesita porque no la juzgo? Ese será el momento. En que estaré seguro de que si no hablo, aunque sea para decir una tontería, me arrepentiré el resto de mi vida. Y entre tantas disquisiciones no llegaré a escucharla la primera vez que me pregunte si tengo hora. Entonces lo repetirá porque yo aún estaré descifrando si había en verdad escuchado su voz o estaba volviéndome loco. Y tras largos segundos, le contestaré que son las nueve y cincuenta y me quedaré congelado, mudo y con cara de opa ¡Qué cholo de mierda! Pensaré que piensa ¡Que coya bajao del cerro a ponchazos! Ella reirá con una sonrisa del este y me dirá que gracias. Yo seguiré apunao y seguramente con la misma cara de estúpido que generalmente llevo; Y tras otra pausa saldré con una nueva idiotez, preguntaré algo así como “¿Llegás tarde al trabajo?” sabiendo que justamente es del trabajo de dónde recién sale. Pero no se enojará y luego de otra de sus sonrisas, me dirá que se dirige a su casa, que vive en Vinaroz, el pueblo siguiente al que yo me dirijo. Conversaremos de cosas banales aquel primer día, es ley de vida. Le contaré que soy inmigrante, sudamericano y boliviano, que trabajo de empaquetador porque el cuerpo no me da para recoger naranjas, que hace demasiado que estoy en España y que hace demasiado que no vuelvo a mis pagos. 27
Ella también me contará cositas: es turca, descendiente de kurdos. Hace menos de un año que vive en España y por eso no habla muy bien español aún. Que tiene una hija que se llama como ella. “¿Y cómo te llamas?”, le preguntaré. Y responderá, “Hlya. ¿Sabes qué significa?” Imagino que no hará falta que emita sonido alguno, mis ojos responderán por mí. “Sueño diurno”, dirá y yo pensaré que nada, absolutamente nada, podría ser más apropiado.
Se podrían decir muchas cosas sobre Cecilio Pastrami. Huraño, antisocial, ermitaño lo describen con cierta precisión. Aunque egoísta, ingrato, soberbio pueden aplicarse sin dudar a su persona. Las últimas evidencias lo ubican en el norte de Argentina, en una cabaña perdida en la quebrada de San Lorenzo, a unos veinte (o quizás treinta) kilómetros de la ciudad de Salta, lugar donde se desterró en un desesperado intento por evadirse. Las permanentes negativas a mostrar (y publicar) sus cuentos ha disminuido en los últimos tiempos y se habla incluso de un libro de cuentos de inminente edición. Su exclusivo círculo íntimo ( no más de diez personas, los únicos que alguna vez han accedido a leer lo que escribe) cree que este cambio en su mentalidad se debe a que pronto cumplirá setenta años, edad a la que se comienza a experimentar el inevitable terror, el relámpago frío que recorre a cada persona que descubre la segadora a su espalda.
“... el corazón latía con mayor violencia, cada vez mas precipitadamente y con más ruido... ”
Carla Olivieri es diseñadora gráfica, actualmente cursa la Licenciatura en artes plásticas y visuales dentro del Instituto Escuela Nacional de Bellas Artes (IENBA - UDELAR) en Montevideo, enfocándose en el área de fotografía. Su trabajo se inicia en la fotografía, para luego obtener de ésta una estampa digital.
Título: El Corazón Delator Medidas: 32 x 45 cm Técnica: Fotografía y arte digital
propágate.
Espacio Gratuito de Difusión Cultural
--------------------------URUGUAY --------------------------Montevideo. RUIDO DE POEMAS Teatro poético. Un espacio imaginario. Eduardo Nogareda, poeta, comunicador y actor, y Fernando Pareja, músico y editor de sonido, realizan este trabajo de espíritu experimental. Ruido de poemas quiere vestir a la voz humana con un entramado sonoro que incluye detalles musicales y otros componentes de diverso tipo. Ruido de poemas es una apuesta por la transmisión oral de la poesía.
www.myspace.com/ruidodepoemas
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