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Timestamp: 2019-07-22 18:23:21+00:00

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La obra negativa del colonialismo francés en Polinesia : del “buen salvaje” a la bomba nuclear colonial | Investig’Action
La obra negativa del colonialismo francés en Polinesia : del “buen salvaje” a la bomba nuclear colonial
Cocoteros, mujeres tahitianas, cielo y playas paradisíacas, y “buenos salvajes”: esas son las imágenes mediáticas dominantes de la llamada Polinesia “francesa”. Cuando nuestros medios de comunicación dominantes abordan esta colonia francesa compuesta por cinco archipiélagos es para trazar la imagen de un “paraíso mestizo” o de una colonización con éxito gracias a la mezcla de poblaciones. La mayoría de los polinesios no comparten esta visión y el movimiento independentista ha logrado inscribir Polinesia en la lista de territorios que hay que descolonizar. El 17 de mayo de 2013 la Asamblea General de la ONU adoptaba una resolución que afirmaba “el derecho inalienable de la población de la Polinesia francesa a la autodeterminación y a la independencia” y exigía al Gobierno francés “facilitar el establecimiento de un proceso justo y eficaz de autodeterminación”[i]. Aunque ha habido muchas otras resoluciones en el mismo sentido Francia hace oídos sordos y se niega a organizar un referéndum de autodeterminación. Vamos a tratar de entender por qué volviendo a situar Polinesia en su contexto histórico, económicos y geoestratégico.
La violencia de la conquista
Las razones económicas no son prioritarias en la decisión de colonizar los archipiélagos que hoy forman la llamada Polinesia “francesa”. La causa principal hay que buscarla en el ámbito de la geoestrategia y de la rivalidad con la otra gran potencia colonial de la época, Reino Unido. El historiador Renaud Meltz de la Universidad de Polinesia resume así las condiciones de la colonización de las “Islas de Sotavento”:
“Las Isas de Sotavento no suponían una apuesta por su tamaño o sus recursos demográficos, por las perspectivas de explotación agrícola o de poblamiento que dejaban esperar. Aunque estaba aislado, este conjunto pertenecía a varios conjuntos regionales, lo que le confería un interés estratégico. Tradicionalmente se inscribía en un sistema de relaciones internacionales que lo integraba en el conjunto polinesio, esto es, en el triángulo formado al norte por Hawai, al oeste por Nueva Zelanda y al este por la isla de Pascual […] Los administradores franceses eran conscientes de esta situación excepcional” [ii].
Estas palabras también se aplican a las demás islas que componen la Polinesia francesa. El 31 de marzo de 1843 François Guizot, ministro de Asuntos Exteriores, definía así la estrategia francesa en la zona: “Poseer en los puntos del globo que están destinados a convertirse en grandes centros de comercio y de navegación unas estaciones marítimas seguras y fuertes, que sirvan de apoyo a nuestro comercio” [iii].
Esta estrategia choca con la potencia dominante de la zona que es Reino Unido con sus posesiones de Australia, Tasmania y Nueva Zelanda. Es la época de las negociaciones en las que estas dos grandes potencias se reparten el mundo. Este tipo de negociación lleva, por ejemplo, a la anexión de Nueva Zelanda en 1840 (Tratado de Waitangi entre la Corona británica y la confederación de las tribus de Nueva Zelanda) con la compensación para Francia de la autorización de instalar por la fuerza un protectorado en Tahití en 1842.
A pesar del desequilibrio de fuerzas militares la resistencia tahitiana durará de 1843 a 1847. La violencia de los combates es tal que todavía hoy se encuentran obuses que datan de aquella guerra: “En Tahití el lunes 8 de noviembre de 2010 unos artificieros neutralizan dos obuses que se suman a los que ya se habían encontrado en octubre de 2008. Todos datan de mediados del siglo XIX, algunos probablemente provenían de la guerra franco-tahitiana que empezó por el caso Pritchard y se extendió de 1843 a 1847”, recuerda la historiadora Viviane Fayaud [iv].
El pastor inglés Georges Pritchard, cónsul de Inglaterra ante la reina Pomaré IV, es acusado por Francia de manipularla para que denuncie el protectorado. Tanto su detención como la deposición de la reina por parte del ejército francés provoca una crisis internacional que pone a ambas potencias coloniales al borde de la guerra. Esta explicación por medio de la manipulación extranjera es típica de la mirada colonial sobre la resistencia a la conquista. “De hecho, a principios de la década de 1840 la cuestión que se plantea es la de la soberanía tahitiana y la reina no necesitaba que un Pritchard le aclare nada para saber que estaba siendo desposeída de ella” , rectifica la historiadora Claire Laux [v].
La resistencia será aplastada ya que los varios miles de combatientes polinesios armados de fusiles se enfrentaron a un ejército francés que disponía de cinco barcos de guerra que podían bombardear las posiciones polinesias.
El plan de conquista es idéntico para las Marquesas. En 1842 estas islas son anexionadas mientras que se impone un protectorado a las Islas de Viento y las Islas Gambier. También ahí la violencia de la conquista va acompañada de resistencia, en 1842 en Vaitahu, en 1844 en Haapa, en 1846 en Pakoko, recuerda el almirante de navío Pierre Eugène Eyriaud des Vergnes en su libro publicado en 1877 [vi].
La III República remata esta “obra” colonial anexionándose pura y simplemente Tahití en 1880 y después las Islas Gambier en 1881, las Islas de Sotavento 1887 y las Islas Australes en 1902. Desde entonces el conjunto de estas islas se agrupa en el seno de los Etablissements Français d’Océanie (EFO [Establecimientos Franceses de Oceanía]) que en 1957 pasarán a llamarse “Polinesia francesa”.
Pero la “obra” de la conquista no se detiene en la violencia militar y la imposición de una tutela colonial. También se presenta en forma de epidemias periódicas que provocan una importante mortandad. Los médicos Patrice Debré y Jean-Paul Gonzales resumen de la siguiente manera el balance de estas epidemias en las Islas Marquesas, que empezaron con los primeros contactos con los europeos y se aceleraron con la colonización:
“De 1791 a 1863 cuatro epidemias de tuberculosis, fiebre tifoidea, gripe y viruela mermaron sombríamente la población de las Marquesas. Estas emergencias sucesivas se llevaron a más de tres cuartas partes de los isleños […] En la isla de Rapa se suceden tres nuevas emergencias. Se cree que solo el 10 % de la población sobrevivió a la disentería y a la viruela identificadas como causa principal de este dramático despoblamiento. Hacia finales del siglo XIX la población inicia un descenso vertiginoso. En Nuku Hiva, por ejemplo, había 16.000 habitantes en 1804, 12.500 en 1856, 4.865 en 1884, una cifra que cae a 2.075 en 1929, con lo que se raya en un riesgo de extinción” [vii].
La nuclear colonial
Como las demás colonias, hasta 1946 la Polinesia francesa está sometida al Código del Indígena (trabajos forzados, requisas, justicia de excepción, etc.). También conocerá un renacimiento de la resistencia anticolonial tras la Segunda Guerra Mundial. La figura de Pouvana’a a Oopa Tetuaapua, el líder de Rassemblement Démocratique des Populations Tahitiennes (RDPT, [Agrupamiento Democrático de las Poblaciones Tahitianas]) fundado en 1949 simboliza esta resistencia. Fue elegido diputado con el 72 % de los votos en 1951 y reelegido en 1956, y en octubre de 1958 será detenido, privado de su condición de diputado y con condenado “por complicidad en la destrucción de edificios, y posesión de armas y municiones sin autorización” a ocho años de cárcel y 15 años de prohibición de residencia en Polinesia. Solo en noviembre de 1968 podrá volver a casa. Apodado “padre” por su pueblo, Pouvana’a a Oopa Tetuaapua es víctima de la “razón de Estado” en un contexto histórico en el que la guerra de Argelia hace temer a De Gaulle la pérdida de terreno para experimentar las pruebas nucleares francesas. “Desde 1958 e incluso antes de las pruebas saharianas se había elegido la Polinesia como sustituto. De ahí se desprendía otra pregunta: ¿acaso la eliminación de Pouvanaa no se correspondía a la necesidad de deshacerse de una fuerza política susceptible de entorpecer el CEP (Centro de Experimentación del Pacífico)?” [viii], se pregunta el historiador Jean-Marc Regnault.
La independencia argelina acelera la decisión de establecer el CEP, que desde su creación en 1962 se concretiza en la llegada de varios miles de militares y de técnicos a Mururoa, Fangataufa, Hao y Papeete. Cuando en 1966 empiezan las pruebas nucleares solo la base de Hao cuenta con 1920 militares, 280 civiles europeos y 450 civiles polinesios.
Por lo que se refiere a las obras que concretizan la apertura del CEP en esta base algunas cifras permiten apreciar su magnitud y las consecuencias que tiene: “En la base avanzada de Hao el aeropuerto requirió talar 7.700 cocoteros, desplazar 880.000 metros cúbicos de coral, instalar 100.000 toneladas de mezcla asfáltica, 22.000 metros cúbicos de hormigón y 4.000 toneladas de acero, mientras que para hacer más profundo el paso de acceso para los barcos se eliminaron 50.000 metros cúbicos de coral” [ix], resume el economista Gilles Blanchet. En los demás emplazamientos también se produjeron transformaciones de gran magnitud que supusieron a la llamada Polinesia “francesa” y a sus habitantes una brusca transformación total de su estructura económica y social.
La instalación del cuerpo extranjero que es el CEP se traduce rápidamente en una crisis de las producciones tradicionales (fosfato, vainilla, copra, café verde, nácar), es decir, en una dependencia colonial cada vez mayor de Francia. También son desastrosas las consecuencias sanitarias y ecológicas de las 46 pruebas nucleares atmosféricas realizadas de 1966 a 1974 y más tarde de las 150 pruebas nucleares realizadas hasta 1996. La red “Sortir du nucléaire” [Salir de lo Nuclear] resume así los efectos que tiene:
“Estas explosiones debilitaron los fondos submarinos y provocaron el riesgo de desmoronamiento de los atolones de Moruroa y Fangataufa. Los residuos tóxicos y radiactivos (metales pesados, plutonio…) siguen contaminando de forma duradera los suelos y amenazan a la población. A los miles de habitantes y trabajadores irradiados durante las pruebas hay que añadir las deficiencias y malformaciones congénitas, y las minusvalías que siguen padeciendo una cantidad no desdeñable de niños polinesios, como demuestra un estudio publicado en febrero por Observatoire des armements [Observatorio de Armamentos]” [x] .
Todavía no se han evaluado todos los efectos de estas pruebas ni se han desclasificado todos los documentos. Sin embargo, las informaciones disponibles hacen temer lo peor y de forma duradera. Por poner solo un ejemplo, citaremos el que ofrece la CRIIRAD (siglas en francés de Comisión de Investigación e Información Independiente sobre la Radiactividad): “El 2 de julio de 1966 el nivel de radiación en Gambier era más de 1.000 veces superior al registrado en la Francia metropolitana tras el paso de la nube de Chernobil” [xi].
El dirigente independentista Oscar Temaru califica con toda justicia estas pruebas de “crimen contra la humanidad” y la Iglesia Protestante maohí decidió en agosto de 2016 presentar una demanda ante el Tribunal Internacional de La Haya “por todas las consecuencias de las pruebas nucleares y por su desprecio ante todas las enfermedades padecidas por los polinesios” [xii].
En dos ocasiones, en 1987 y en 1995, estallan disturbios en Papeete en los que se quema una parte de la ciudad. De forma indirecta en 1986 y directa en 1995 las pruebas nucleares francesas son las causantes de estos disturbios. “El desarrollo de actividades vinculadas al ejército desequilibró totalmente la vida social y económica. Las tensiones latentes pueden llevar a explosiones. En octubre de 1987 la ciudad de Papeete fue escenario de verdaderos disturbios a raíz de unas provocaciones contra un movimiento de huelga de los estibadores” [xiii], explica el investigador del Institut des Relations Internationales Stratégiques (IRIS, [Instituto de Relaciones Internacionales Estratégicas]) Daniel Cirera.
Por lo que se refiere a los disturbios de 1995, están directamente relacionados con el anuncio por parte del Estado francés de que iba a reanudar las pruebas nucleares. La manifestación de protesta de los sindicatos independentistas contra la reanudación de las pruebas nucleares degenera en unos disturbios que duran 24 horas y cuyo resultado es la destrucción de un 90 % del aeropuerto de Tahiti-Faa y el incendio de una parte importante del centro de la ciudad. Por último, las pruebas nucleares francesas en Polinesia son la causa de un acto de terrorismo de Estado cometido el 10 de julio de 1985. Ese día se da la orden de destruir el “Rainbow Warrior”, un barco de la asociación Greenpeace fondeado en el puerto neozelandés de Auckland [xiv]
La apuesta económica y política de la Zona Económica Exclusiva marítima (ZEE)
Los partidarios del mantenimiento de la colonización francesa insisten con frecuencia en la llamada “ausencia de apuestas económicas” en un territorio de apenas 42.000 kilómetros cuadrados, esto es, de las dimensiones de un departamento pequeño del Hexágono. Para negar el calificativo de “colonia” a la ocupación francesa también se menciona el hecho de que los cinco archipiélagos que constituyen la llamada Polinesia “francesa” no poseen minerales estratégicos. Por último, el hecho de que la población sea de solo 175.000 habitantes repartidos además por decenas de islas en un espacio de dos millones de kilómetros cuadrados también se esgrime para argumentar que el concepto de colonia no es adecuado para la situación polinesia.
Estos argumentos falaces reducen de hecho el concepto de colonia a una de sus formas para salvarse del descrédito histórico que afecta a la colonización capitalista desde las luchas de liberación nacional de la segunda mitad del siglo XX. La colonización consiste en imponer por la fuerza a un país o a una nación una dependencia al servicio de los intereses de la potencia ocupante. Estos intereses pueden ser económicos o geoestratégicos, pero en la práctica siempre son directa o indirectamente económicos. En efecto, en última instancia la preocupación geoestratégica no es sino una herramienta de la defensa de los intereses económicos generales y a largo plazo de la potencia ocupante. Por último, la colonización se puede concretizar en formas diferentes dependiendo de la secuencia histórica, de la relación de fuerzas, del contexto geográfico, etc. (colonización de poblamiento, protectorado, colonia de extorsión de las materias primas, etc.).
Además, la situación económica está inmediatamente presente debido a la existencia de una ZEE (Zona Económica Exclusiva) marítima de 5.500.000 kilómetros cuadrados, lo que supone casi el 40 % del conjunto la ZEE francesa en el mundo. La página web francesa dedicada a los recursos minerales no estratégicos presenta de la siguiente manera los recursos que alberga esta Zona Económica Exclusiva:
“Gracias a Ultramar, con once millones de kilómetros cuadrados de Zona Económica Exclusiva, Francia dispone del segundo espacio marítimo del mundo, tras el de Estados Unidos. Este inmenso espacio marítimo repartido por todos los océanos también dota a Francia de una gran riqueza en materia de biodiversidad marina, lo que constituye una baza a la vez que una responsabilidad. Las Zonas Económicas francesas albergan un potencial de recursos minerales, la mayor parte del cual está aún sin inventariar. Por ejemplo, la Polinesia francesa posee una de las encostraduras de cobalto más ricas de cuantas se conocen actualmente en los océanos” [xv].
Así, los recursos en cobalto se evalúan en 50 millones de toneladas y los de platino en 5.000 toneladas [xvi]. Pero otra apuesta aún más importante caracteriza la zona: la de las “tierras raras”. Este nombre designa 17 metales (escandio, itrio, lantano, etc.) necesarios en la producción de artículos de alta tecnología. Dado el auge de lo digital y de las nuevas tecnologías verdes, las tierras raras se consideran metales estratégicos. Desde hace varias décadas se ha acelerado la demanda mundial de “tierras raras”, lo que convierte a su explotación en “uno de los principales retos geoestratégicos del siglo XXI”, resume el politólogo François Masclani [xvii]. Aunque la magnitud y accesibilidad de los yacimientos está aún en fase de evaluación, se ha confirmado la presencia de yacimientos importantes. La gran profundidad de los yacimientos hace que su explotación no sea rentable por ahora teniendo en cuenta el estado de la tecnología. Sin embargo, a medio plazo estos recursos serán explotables.
Francia ignora a la ONU
Desde que en 2013 la ONU volviera a inscribir Polinesia en la lista de territorios que había que descolonizar, esta organización internacional ha reafirmado su postura en varias ocasiones. Recordemos que es una resolución de la Asamblea de la Polinesia “francesa” aprobada por mayoría el 18 de agosto de 2011 la que pide a su presidente actuar para que vuelva a ser incluida en esa lista. La resolución de la Asamblea General del 6 de diciembre de 2016 recuerda de este modo la postura de la ONU:
“[La Asamblea General ] lamenta que la Potencia administradora no haya respondido a la solicitud de presentar información sobre la Polinesia francesa en virtud del Artículo 73 de la Carta […] exhorta a la Potencia administradora a que intensifique su diálogo con la Polinesia francesa a fin de facilitar un avance rápido hacia un proceso de libre determinación justo y eficaz, en el marco del cual se acuerden las condiciones y los plazos de un acto de libre determinación” [xviii]
La reacción francesa a estas posturas de la ONU es idéntica a la que mantuvo durante la guerra de Argelia: denuncia una “flagrante injerencia” de la ONU en los asuntos internos franceses. El diputado independentista Moetai Brotherson resume así tanto la actitud de sus diplomáticos como sus declaraciones: “Por ahora estamos en la fase de la negación. Francia hace como si no se nos hubiera vuelto a incluir en la lista. Cuando tomamos la palabra en la ONU salen de la sala y vuelven cuando hemos terminado. Consideran que la ONU se ha inmiscuido en sus asuntos internos. Por lo demás, son ni más ni menos que los mismos argumentos que utilizaron en la Argelia francesa en su momento…y si vemos las intervenciones del embajador de Francia en la ONU, pues bien, ¡son los mismos argumentos que escuchamos hace exactamente 56 años!” [xix]
La situación está bloqueada de hecho y el desequilibrio de la relación de fuerzas impide cualquier solución a corto plazo, de modo que la injusticia colonial puede perdurar durante mucho tiempo si las reivindicaciones de los independentistas polinesios no son apoyadas por potentes movilizaciones anticolonialistas en Francia. Estamos muy lejos de ello y eso contribuye a nuestra propia sumisión ya que, como destacaba Marx, “un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”.
[i] Resolución adoptada por la Asamblea General de la ONU el 17 de mayo de 2013, http://www.un.org/fr/documents/view_doc.asp?symbol=A/RES/67/265, consultado el 8 de mayo de 2018 a las 18 h15.
[ii] Renaud Meltz, Du protectorat à l’annexion. La lente pacification des «Îles sous le Vent (Polynésie)», 1880-1897, Revue Monde (s), n° 4, septiembre de 2013, p. 234.
[iii] François Guizot, Intervention à la chambre, 31 mars 1843, Procès-verbaux de la chambre des députés, Session de 1843, Henry, París, 1843, p. 240.
[iv] Viviane Fayaud, “Images de guerre méconnues: le conflit franco-tahitien (1843-1847)”, en Martin Galinier, Images de guerre, Guerre des images, Paix en images: La guerre dans l’art, l’art dans la guerre, Presses Universitaires de Perpignan, 2012, p. 269.
[v] Claire Laux, Le Pacifique aux XVIIIe et XIXe siècles: une confrontation franco–britannique. Enjeu colonial et rivalité géopolitique (1763- 1914), Karthala, París, 2011, p. 149.
[vi] Pierre Eugène Eyriaud des Vergnes, L’archipel des îles Marquises, Berger-Levrault, París, 1877, p. 6.
[vii] Patrice Debré, Jean-Paul Gonzalez, Vie et mort des épidémies, Odile Jacob, París, 2013, pp. 157-158.
[ix] Gilles Blanchet, L’économie de la Polynésie française de 1960 à 1980: un aperçu de son évolution, ORSTOM, París, 1985, p. 33.
[x] “50ème anniversaire des essais nucléaires français dans le Pacifique: la France doit réparation aux victimes”, http://www.sortirdunucleaire.org/article49135, consultado el 14 de mayo de 2018 a las 19 h 20.
[xi] CRIIRAD, Essais nucléaires en Polynésie française. Cinquante ans après le premier essai nucléaire, quel impact pour les populations exposées aux retombées radioactives?, comunicado del 1 de julio de 2016, http://www.criirad.org/actualites/dossiers2006/polynesie/CRIIRAD2016-07-01-polynesie-essais-nucleaires.pdf, consultado el 14 de mayo de 2018 a las 19 h 40.
[xii] “Essais nucléaires en Polynésie: l’Eglise protestante porte plainte contre la France”, L’Express, 8 de agosto de 2016, https://www.lexpress.fr/actualites/1/societe/essais-nucleaires-en-polynesie-l-eglise-protestante-porte-plainte-contre-la-france_1819517.html, consultado el 14 de mayo de 2018 a las 20 h10.
[xiii] Daniel Cirera, Des missiles pour quoi?: L’alternative pacifiste, Messidor, París, 1990.
[xiv] Claude Lecomte, Coulez le Rainbow Warrior, Messidor, París, 1985.
[xv] “Les ressources minérales métalliques de la ZEE française”, http://www.mineralinfo.fr/page/ressources-minerales-metalliques-zee-francaise, consultado el 15 de mayo de 2018 a las 16 h 00.
[xvi] Réseau de la poste polynésienne, “Que sait-on vraiment des terres rares en Polynésie française”, https://www.tahiti-infos.com/Que-sait-on-vraiment-des-terres-rares-en-Polynesie-francaise_a139994.html , consultado el 15 de mayo de 2018 a las à 16 h 30.
[xvii] François Masclanis, prefacio del libro de Viviane Du Castel, Les terres rares: entre défis géopolitiques et dépendance géostratégique? France, Union Européenne, Groenland, Russie, Etats-Unis, L’Harmattan, París, 2015, p. 9.
[xviii] Resolución de la Asamblea General de la ONU del 6 de diciembre de 2016, https://www.un.org/press/fr/2016/ag11868.doc.htm, consultado el 15 de mayo de 2018 a las 18 h 00. [En castellano, de donde tomamos la traducción, http://www.un.org/es/comun/docs/?symbol=A/RES/71/120].
[xix] Entrevista a Moetai Brotherson, “L’épique réinscription ce la Polynésie Française sur la liste des pays à décoloniser”, https://blogs.mediapart.fr/edition/memoires-du-colonialisme/article/141017/lepique-reinscription-de-la-polynesie-francaise-sur-la-liste-des-pays-decol, consultado el 15 de mayo de 2018 a las 18 h 30.
Traducido por Bea Morales para Rebelión
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 Artículo 73
 Resolución 
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