Source: https://quod.lib.umich.edu/p/pc/12322227.0007.007/--cheran-el-poder-del-consenso-y-las-politicas-comunitarias?rgn=main;view=fulltext
Timestamp: 2019-11-22 18:16:56+00:00

Document:
Cherán: el poder del consenso y las políticas comunitarias [1]
DOI: http://dx.doi.org/10.3998/pc.12322227.0007.007
En la comunidad indígena de Cherán, municipio del mismo nombre, por desgracia imperan el fanatismo, la ignorancia, la miseria, las venganzas, rencillas y odios personales por generaciones, cacicazgos a nivel de esa comunidad y, en sus dos aspectos de control económico y político, irresponsabilidad, es decir, que no tienen consciencia (sic.) del apoyo y solidaridad que debe haber entre ellos, por lo tanto existe división permanente para cualquier tipo de actividad y presiones constantes de dos grupos ante instituciones oficiales. En una palabra, siempre ha imperado LA ANARQUÍA...[2]
Las líneas referidas arriba son parte de un memorándum enviado por el Delegado de la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) en Michoacán a fines de 1976 al Secretario de la SRA en turno, con la finalidad de ponerlo al tanto de los sucesos ocurridos en la población indígena de Cherán, en donde se habían enfrentado dos grupos antagónicos de la propia comunidad, habían muerto seis personas y varias más habían resultado heridas. Fue necesaria la intervención del ejército para calmar los ánimos y retornar a una relativa tranquilidad. Éste y muchos otros documentos similares, depositados en el Archivo General Agrario (AGA), son un ejemplo de la postura de las autoridades agrarias federales y estatales con respecto a la problemática agraria, social y política suscitada en las comunidades indígenas de Michoacán, no sólo durante la época a la que específicamente se hace mención, sino que son sistemáticas durante el periodo que he estudiado.[3] Queda claro que la visión de una gran parte de las autoridades agrarias con respecto a las comunidades indígenas, y especialmente a Cherán, ha sido ciertamente limitada y negativa, contraria a lo que la organización y unidad comunitaria de los cheranenses contemporáneos reflejan. Sin embargo, subyacente a los desdeñosos testimonios gubernamentales, se encuentra una seria conflictividad y divisionismo al interior de este pueblo por diversas razones que analizo más adelante.[4]
Varios estudios han notado que de manera histórica las comunidades p’urhépechas tienen tantos conflictos por límites y tierras como pueblos vecinos, “As one cynic put it ‘There are as many border disputes as there are pairs of villages’” (Friedrich, “Paul,” caja 5, folder 1). Posterior a 1990 y hasta la actualidad, la región p’urhépecha de Michoacán sigue siendo considerada como un foco rojo por las autoridades agrarias estatales y federales.[5] De hecho, se estima que prácticamente todos los núcleos agrarios de la sierra p’urhépecha presentan en la actualidad cuando menos un problema por límites, dando un resultado de 57 asuntos en 49 comunidades y una superficie en conflicto de 22,576 hectáreas (Ventura 43). Siendo así, resulta muy interesante explicar cómo y por qué a pesar de la inestabilidad y conflictividad históricas, innegables en la región p’urhépecha, surgió el movimiento de Cherán, tan atípico como exitoso en sus exigencias y conquistas frente al Estado mexicano y al crimen organizado y cuya base ha sido la solidaridad étnica y la construcción de consensos comunitarios. Ante esta situación surgen varias interrogantes. En una comunidad con una historia de divisionismo, faccionalismo y enfrentamientos constantes, ¿cuáles fueron las condiciones que permitieron el surgimiento de un sentimiento de solidaridad? Pero más interesante aún, ¿cuáles son las bases de la estructura comunitaria sobre las cuales se han organizado las estrategias colectivas solidarias que, aunadas al apoyo y los aciertos legales de sus abogados-activistas, han permitido tener resultados eficientes frente al Estado mexicano y a los poderes fácticos? Y finalmente ¿cuáles son los retos que enfrenta la comunidad de Cherán ante el reconocimiento de su derecho al autogobierno por parte del Estado mexicano?
En las siguientes páginas respondo a dichos cuestionamientos desde una perspectiva histórica que recoge los antecedentes posteriores a la Reforma Agraria de 1934 en términos de los enfrentamientos y conflictos de la comunidad de Cherán para explicar lo excepcional de la situación actual a partir del levantamiento de 2011.
Breve contexto de Cherán
Cherán tiene un título reconocido como auténtico del 29 de octubre de 1533, otorgado por el monarca Carlos V. El pueblo fue elevado a cabecera municipal en 1861 y hasta la fecha se mantiene como tal, conformándose por cuatro barrios: Jarhúkutin (“al borde de la barranca”), Kénhiku (“abajo”), Karhákua (“arriba”) y Parhíkutin (“del otro lado de la barranca”).[6] En el censo de 2010 el municipio de Cherán contaba con 18,141 habitantes, de los cuales 4,310 eran hablantes de lengua indígena (23.75% de la población) (Instituto 44, 45).[7] El municipio se compone oficialmente por la cabecera municipal, la tenencia de Santa Cruz Tanaco y el rancho Casimiro Leco, conocido como El Cerecito. La cabecera contaba con 14,245 habitantes en el 2010, mientras que Tanaco con 2,947 habitantes y Casimiro Leco con 512 habitantes. La cabecera ha enfrentado conflictos por límites y explotación de recursos desde hace varias décadas tanto con Tanaco como con el Cerecito. Específicamente Tanaco, ha tratado de separarse política y administrativamente en varias ocasiones. Por lo tanto, en este texto al hablar de Cherán me refiero exclusivamente a la cabecera municipal.
La mayoría de la población económicamente activa del municipio se dedica a las actividades agropecuarias, seguidas por la industria vinculada a la madera y posteriormente, al comercio (Enciclopedia). El municipio es sede de la Escuela Normal Indígena de Michoacán (ENIM), el Instituto Tecnológico Superior P’urhépecha (ITSP), la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad Cherán (UPN-UC), y tres escuelas de nivel medio superior; además está muy cerca del campus p’urhépecha de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán (UIIM). Sus habitantes poseen un nivel educativo considerado alto para la región, un 10.2% de la población tienen grados educativos de nivel superior y varios de ellos se desempeñan como profesores e investigadores en la Universidad Michoacana, en la UIIM, en el ITSP, en la ENIM, entre otras instituciones de educación superior. Algunos de ellos han ocupado puestos administrativos a nivel gubernamental estatal y local.
Algunos investigadores señalan que aproximadamente entre un 40% y un 50% de la población cheranense radica en los Estados Unidos como emigrantes y mantienen fuertes vínculos con su comunidad de origen, enviando remesas para sustento de sus familias, para colaborar en las fiestas del pueblo o para obras específicas como la construcción o remodelación de la escuela, el templo, canchas deportivas, entre otros (Leco 1). A partir de abril de 2011, los emigrantes han colaborado al sostenimiento del movimiento destinando gran parte de las remesas que envían para ese fin.
Cherán: la comunidad conflictuada (1930-2011)
Las causas de la inestabilidad crónica en Cherán se encuentran en los conflictos derivados del control de la política y la economía locales, así como por la posesión y la explotación de la tierra y los recursos naturales, principalmente el bosque. Durante las décadas que van de 1930 a 2010 se distinguen cuatro áreas de conflicto principales: a) rivalidades y faccionalismo al interior de la comunidad, b) problemas con comunidades colindantes, c) conflictos con autoridades gubernamentales y, d) intereses de actores externos a la comunidad. Si bien es cierto que los problemas agrarios en la región son tan viejos como la herencia hispana, es necesario advertir que, contrario a lo que las autoridades emanadas del estado nacionalista han querido reconocer, éstos se agravaron con la promulgación de los Códigos Agrarios de 1934 y 1942,[8] ya que al dotar de tierras a un poblado, inevitablemente se afectaban los intereses de los pueblos vecinos derivando en enfrentamientos violentos que causaron decenas de muertes.[9] Esta situación dividió a las comunidades también en términos políticos y facilitó la penetración de intereses ajenos a las mismas.
Mi propuesta para entender cómo a pesar de este complejo y delicado escenario de divisionismo y faccionalismo interno se fraguó un movimiento exitoso basado en la solidaridad comunitaria entre los cheranenses contemporáneos y en la recuperación de estrategias y formas de organización tradicionales, es analizar los hechos a partir del estudio de la interrelación entre los cuatro factores mencionados líneas atrás, más un quinto factor más reciente que corresponde a la llegada del crimen organizado a la zona. Éstos, de una u otra manera, permitieron a los cheranenses aprender y/o desarrollar estrategias y mecanismos de negociación y presión frente al Estado nacional, al mismo tiempo que construir consensos al interior de la comunidad. Por otro lado, estas experiencias les permitieron aquilatar los costos del divisionismo interno y proponer medidas inmediatas y espontáneas para atajarlo.
Primeramente debe considerarse el tema de las rivalidades y el faccionalismo al interior de la comunidad. Cherán es un pueblo que hasta 2011 estuvo fuertemente dividido por diversos motivos políticos, ideológicos, el control del poder local y el gobierno comunal, la explotación de los recursos naturales, así como cuestiones religiosas, rivalidades familiares e intereses de grupos de poder. A pesar de que hubo épocas de relativa tranquilidad y armonía local y que en el pasado los líderes del pueblo trataron casi siempre de difundir una imagen de unión étnica, los documentos de archivo y los testimonios de la gente local refieren tensiones y conflictos. Friedrich, citando a Anguiano, reporta sobre las décadas de 1930 y 1940: “La gente de Cherán es muy reticente acerca de conflictos en el pueblo. Se hacen esfuerzos por convencer al externo de que el pueblo es armonioso y unido y es muy difícil obtener datos que prueben lo contrario. La impresión, después de muchos meses en Cherán, es que una gran hostilidad subyace a la aparente armonía...” (The Princes 163)
Los conflictos más serios se ocasionaron como consecuencia del control ejercido por ciertos caciques locales, quienes monopolizaron los puestos de gobierno municipal, la Representación de Bienes Comunales y el Comisariado Ejidal, además de la delegación de la Sociedad de Crédito Ejidal Forestal, que operaba la resinera de la comunidad.[10] Los caciques locales fueron acusados por grupos opositores de explotar de “manera fraudulenta los montes de comunidad y [porque] permiten la tala con fines comerciales al dueño de un aserradero de Tangancícuaro,”[11] aún durante la época de veda forestal en Michoacán, que se extendió desde 1950 hasta 1975. Otro asunto que causó serias dificultades internas fue la venta de pastos de comunidad a particulares y el otorgamiento de créditos para beneficio de unos cuantos comuneros aliados a los caciques, y no de la mayoría de la población.[12]
La cuestión de las rivalidades políticas y el faccionalismo es un asunto mayor porque generó enfrentamientos armados y varias muertes al interior de la comunidad. El caso más grave de la historia reciente quedó manifiesto a mediados de la década de los setenta cuando se enfrentaron en la plaza de la comunidad los seguidores del cacique en turno contra sus opositores, quienes eran apoyados por grupos de estudiantes calificados por las autoridades como “radicales,” con un saldo de seis muertos y más de quince heridos.[13] Los comentarios de las autoridades agrarias al respecto constan en documentos con las siguientes palabras: “Cherán se ha negado al progreso... El asunto de Cherán, conocido por todos como pugnas internas y posturas caprichosas y necias...” [14] o más recientemente: “Es un pueblo conflictivo desde siempre....”[15]
Aunque en las fiestas y celebraciones tradicionales, en las faenas y en el resto de las obligaciones comunitarias, los cheranenses han colaborado de manera unida y puntual, políticamente las cosas han sido diferentes. En este sentido, el pueblo se mantuvo dividido por décadas, agravándose con la creación del Frente Democrático Nacional (FDN)—posteriormente Partido de la Revolución Democrática (PRD)—en 1988, al decidir defender el triunfo de Cuauhtémoc Cárdenas como presidente de México. Seguidores de ambos partidos políticos lucharon enconadamente por mantener o acceder al control político del municipio. De hecho, en la actualidad la gente reconoce la escisión del pueblo en dos grupos antagónicos con motivo de las elecciones municipales de 2008, porque la competencia fue sumamente cerrada entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el PRD, lo cual ocasionó una fractura profunda que antes del levantamiento de abril de 2011 parecía imposible de resolverse. En muchas ocasiones la cabecera municipal enfrentó problemas con sus propias tenencias que forman parte del municipio tanto por motivos políticos, como por cuestiones de límites de tierras y explotación forestal. De manera recurrente, el desconocimiento de autoridades municipales por haber sido electas sin tomar en cuenta la participación de la totalidad de la población facultada como miembro de la Asamblea comunal de las localidades del municipio fue una estrategia empleada por parte de los afectados, quienes por ese motivo pedían la nulidad de las actas y elecciones, teniendo éxito en algunos casos.[16]
Ligado a lo anterior, los grupos en discordia por lo general fortalecían sus posiciones de poder mediante alianzas con agentes externos, tema que tocaré más adelante pero que resulta importante mencionar ahora puesto que esta estrategia permitía a ciertos personajes o grupos incrementar su influencia, al tiempo que debilitaba a la comunidad en su conjunto, ya que abría la puerta a grupos con intereses ajenos a los de la mayoría de la comunidad. El resultado fue lo que señala Eduardo Zárate sobre el papel divisorio de los líderes de algunas comunidades indígenas:
“No los queremos porque causan división,” se ha dicho en todos los foros posibles y por casi todos los voceros de las organizaciones indígenas; ¿pero acaso ellos no causan también nuevas divisiones al interior de las comunidades?... De lo que se trata más bien es de establecer nuevas formas de dominación con o sin hegemonía. (73)
En segundo lugar, el pueblo de Cherán ha enfrentado problemas con comunidades colindantes por fijación de límites, invasión de pastos o bosques, venta o arrendamiento ilegal de tierras ajenas o en litigio, así como la explotación ilegal de los bosques, lo cual ha generado consecuencias devastadoras tanto para Cherán como para las comunidades involucradas. Por ejemplo, las partes enfrentadas han incursionado en tierras ajenas y saboteado o sustraído la producción agrícola del pueblo enemigo, quemado casas y escuelas, invadido y talado bosques comunales o explotado fuentes acuíferas, entre otras acciones que los ofendidos han denunciado durante décadas con palabras similares a éstas:
El problema tiene más de cuarenta años. La comunidad ha sufrido constantes invasiones de terrenos, no solamente en la zona conflictiva, sino hasta tres km. fuera de esa área... a mano armada causando asesinatos, abigeo, robo de los recursos naturales (pino y resina) y hasta violaciones de comuneras sin importar edades, creando un ambiente de desesperación e inseguridad.[17]
A lo largo de su historia, Cherán ha tenido problemas por límites casi con todos sus vecinos. En el AGA hay documentación que detalla conflictos con Capacuaro, municipio de Uruapan; Carapan, municipio de Chilchota; Aranza, municipio de Paracho; Nahuatzen, municipio del mismo nombre, entre otros. Los resultados de estos enfrentamientos han sido decenas de muertos de ambas partes y un sinnúmero de heridos.[18] Específicamente con Capacuaro y Santa Cruz Tanaco, los conflictos son añejos y graves no sólo por cuestión de límites, sino también de la explotación del bosque. Algunos habitantes de estas comunidades han sido acusados por los cheranenses de talar ilegalmente árboles pertenecientes a su comunidad, lo cual se agravó a partir del 2007 ya que con la llegada de una célula del crimen organizado a la región los otrora talamontes a escala reducida se convirtieron en “narcotalamontes” al contar con la protección de pistoleros a sueldo para explotar los bosques a gran escala, a decir de los cheranenses.
El tercer factor que influyó en el divisionismo y la conflictividad de la comunidad es la ventajosa, negligente o ineficiente actuación de algunos funcionarios de los tres órdenes de gobierno: federal, estatal y municipal, con respecto a los problemas y necesidades de las comunidades indígenas. Dichas autoridades respondieron a políticas dictadas desde un Estado nacional paternalista e integracionista que favoreció a grupos locales afines a sus intereses político-partidistas, por lo general desde una posición que consideraba como problemáticos e ignorantes a los indígenas:
...deben hacer planteamientos serios, ciertos, técnicos y no dejarse llevar por engaños o falsas banderas o ideas exóticas. Para ello, los invito a la cordura... y a que conozcan la verdad jurídica y real de cada caso, sobretodo de la Meseta Tarasca, donde el enemigo número uno para lograr cualquier desarrollo o adelanto, es el propio tarasco, a quienes debemos sacar poco a poco de la miseria y de la ignorancia.[19]
Estas autoridades, al mismo tiempo que favorecían a ciertos grupos indígenas, crearon organismos dependientes para hacer contrapeso a los movimientos y/o grupos “desestabilizadores,” tales como la Confederación Nacional Campesina, las Ligas de Comunidades Agrarias o los Consejos Supremos de los Pueblos Indígenas, en este caso, el Consejo Supremo Purépecha.
Durante esos años muchas de las autoridades gubernamentales actuaron bajo la consigna de “dividir para vencer.” La política agraria buscaba cooptar a ciertos líderes de las comunidades, propiciando un divisionismo interno que facilitaba el control y la injerencia de las autoridades, tal como reconoció en una entrevista personal un ex funcionario de alto nivel de la SRA en las décadas de los setenta y ochenta: “Creábamos problemas o favorecíamos a cierto grupo para que al dividirse y tener problemas nos pidieran intervenir en la comunidad y entonces resolverles y poder controlar...”[20] Eso era posible
sobretodo antes del endurecimiento del sistema fiscal (y de las auditorías); era más fácil controlar a los líderes de los pueblos indígenas. El Estado tuvo muchas herramientas y mecanismos para hacerlo. Al no haber tanta fiscalización de recursos y poderse aplicar la discrecionalidad, los gobernadores autorizaban fuertes cantidades de dinero para invertirse “como mejor se estimara.”[21]
Con respecto al problema específico del levantamiento de Cherán en 2011, otro funcionario de primer nivel, pero de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), comentó:
No nos dejaban entrar. No querían al gobierno ni estatal ni federal. Ahí pudimos entrar para ver cómo estaba la situación a través del programa Oportunidades y de detectar a ciertos personajes que pudieran darle entrada a las autoridades a través de los programas sociales. Así fue como nos mantuvimos informados de lo que pasaba adentro. Algunos de los que llevaban los apoyos eran informantes de nosotros.[22]
Por otro lado, una gran cantidad de programas públicos con respecto a los pueblos indígenas han sido inconsistentes y/o ineficaces por una diversidad de factores, entre los que sobresalen la discontinuidad de los apoyos por intereses partidistas, la falta de recursos y presupuestos disponibles, la canalización de apoyos de acuerdo con compromisos políticos, la monopolización de los beneficios por los caciques locales y regionales, entre otros. Ha habido una desvinculación y falta de constancia entre los distintos órdenes de gobierno y entre sus programas públicos con los destinatarios de los mismos. Incluso cuando los propios indígenas han sido parte de la burocracia gubernamental, ha sido imposible revertir con éxito esta situación o algunos de ellos mismos han sucumbido a sus inercias.[23]
En casi todas las comunidades p’urhépechas, incluida Cherán, hay ejemplos de enfrentamientos entre éstas y actores con intereses ajenos a la comunidad, además de los ya señalados agentes gubernamentales.[24] Por lo tanto, éste es el cuarto factor a considerar para explicar los largos periodos de inestabilidad en el pueblo y comprender cómo la comunidad desarrolló estrategias de negociación, resistencia y defensa de sus recursos que unificaron a sus habitantes en contra de agentes externos. En el área de Cherán, los conflictos se dieron principalmente con empresarios madereros, constructores, ganaderos o propietarios mestizos o extranjeros y grupos con intereses políticos o ideológicos. Los episodios históricos más recordados por la tradición oral cheranense son la exitosa defensa del bosque y los recursos forestales encabezada por el profesor Federico Hernández Tapia y las mujeres de la comunidad en contra de una empresa norteamericana avalada por el régimen porfirista, a la cual forzaron a detener sus actividades. Posteriormente, en la época de la revolución mexicana, la defensa de los saqueos de tropas villistas y bandoleros como Inés Chávez, liderada por Casimiro Leco Churú, que refiere Beals y recuerdan los comuneros de mayor edad, tuvieron carácter heroico, ya que se logró capturar a los saqueadores y poner fin a sus tropelías en la región (Beals 12). Para mediados de la década de 1930, la unión de la mayoría de la comunidad se dio en torno a un enfrentamiento contra agraristas “súper rojos” de Naranja y otros pueblos del Valle de Zacapu y la Cañada, que invadieron Cherán en 1937 y cuyo saldo osciló entre 40 y 100 muertos (Friedrich, The Princes 163). Entre la gran cantidad de documentación de archivo que da cuenta de litigios entre comuneros y mestizos, rescato el conflicto sobre el predio “Huaran,” cuya propiedad peleaban pequeños propietarios mestizos y la comunidad de Cherán, la cual en su alegato hace referencia a un juicio de 1873 en el cual el Supremo Tribunal de Justicia de Michoacán había reconocido a la comunidad la posesión del predio en disputa. En el momento más álgido del litigio, a mediados de los años sesenta, los comuneros acordaron “no dejarnos de hombres que por medio del dinero han tratado de despojarnos el patrimonio de nuestros hijos.”[25]
Los conflictos entre los diferentes grupos de poder en la comunidad fueron exacerbados en muchas ocasiones debido a la presencia de agentes externos, con quienes los grupos locales se aliaban buscando fortalecer sus posiciones. En Cherán fue común que los caciques y sus grupos se aliaran con organizaciones o corporaciones de carácter nacional como la Liga de Comunidades Agrarias,[26] cuya extensa base social e inmediata capacidad de movilización les permitía ejercer presión efectivamente sobre los grupos opositores. Éstos, por lo menos durante los años setenta y ochenta, contaron con el apoyo de organizaciones estudiantiles, principalmente de los normalistas de Cherán y Tiripetío y algunos estudiantes de la Universidad Michoacana. El apoyo de éstos y otros grupos ha sido visible claramente de nueva cuenta a partir del levantamiento de 2011.
El quinto y último factor es la presencia del crimen organizado en la región y específicamente en el pueblo de Cherán a partir de 2007. Este asunto merece una consideración especial debido a que fue el catalizador del descontento crónico de la comunidad, desembocando en el resurgimiento de guardias comunitarias y el enfrentamiento al Estado mexicano y a los grupos criminales. Salvador Maldonado ha señalado que desde 1970 el cultivo de mariguana se extendió hacia la región de Uruapan, al borde de la Sierra P’urhépecha (14).[27] Sin embargo, fue en la década pasada cuando células del crimen organizado fueron ganando control en los pueblos indígenas, inicialmente cooptando a algunos miembros de ciertos poblados, aprovechando la pobreza extrema de algunos de sus habitantes, quienes se emplearon como peones de los criminales en la tala de madera, los cobros de derecho de piso, como halcones, etc. La influencia y control del crimen organizado fue tal que en muchas regiones sustituyó completamente la autoridad del Estado y mantuvo a las comunidades como sus rehenes.
Los voceros de Cherán han expresado que eran objeto de extorsiones, secuestros, violaciones, “levantones,” asesinatos, así como de la explotación inmoderada de sus recursos naturales, principalmente del bosque, del cual las autoridades forestales estiman que en los últimos diez años se perdió más del 80% de superficie, correspondiente a más de 20,000 hectáreas (Velázquez 20). Según los testimonios de la gente de Cherán, a partir del año 2010 se exacerbó la explotación del bosque por parte de los “narcotalamontes” y “troceros.” Cada día bajaban del cerro entre 30 y 40 viajes de camionetas cargadas con madera talada ilegalmente de los bosques de la comunidad; aumentaron las desapariciones y los secuestros; mientras que las extorsiones a los negocios y productores agrícolas, principalmente aguacateros, aumentaron del 5%, al 10% y hasta el 20% del valor total de su producción. Las células criminales controlaban todos los ámbitos de las actividades ilícitas e incluso llegaron a establecer laboratorios para procesar drogas sintéticas en la región, y al interior del propio municipio de Cherán (González). La indignación de la población creció al no recibir respuesta por parte de las autoridades.
Según las denuncias de los cheranenses, el incremento de la explotación ilegal de la madera a manos de algunos habitantes de comunidades vecinas—específicamente Capacuaro y Tanaco—coludidos con “los malos,” la diversificación de las actividades ilícitas de éstos y el consecuente aumento de la inseguridad al interior de la comunidad, así como la corrupción de las autoridades municipales y su supuesta vinculación con miembros del crimen, así como la división entre los cheranenses causada por la última elección municipal, fueron los acontecimientos que prepararon el terreno para el levantamiento de abril. Antes de explicar el tema de las estrategias comunitarias implementadas por la comunidad de Cherán posteriores al 15 de abril de 2011, es necesario recapitular de manera breve lo que sucedió aquel día.
El levantamiento de abril
Aunque las versiones difieren en detalles, el relato que domina señala que recién amaneció el viernes 15 de abril de 2011, las mujeres de la comunidad de Cherán, acompañadas por sus hijos—muchos de ellos niños—detuvieron tres camionetas que venían bajando del monte, cargadas con madera talada ilegalmente de sus bosques. El motivo que detonó esta reacción de las mujeres fue que las personas señaladas como “narcotalamontes” incursionaron en una zona del bosque donde se encuentra un manantial nombrado “La Cofradía” en cuyo derredor crecen los árboles más antiguos de la comunidad. Para los cheranenses, esta zona y su entorno natural representan elementos centrales e insustituibles de su subsistencia y su cosmovisión, por lo cual fue intolerable el atentado contra ellos. Las mujeres se armaron de valor, marcaron el alto a los vehículos y retuvieron a sus conductores, supuestamente originarios de las comunidades de Santa Cruz Tanaco y de Capacuaro, quienes han sido acusados por los cheranenses de emplearse como talamontes para beneficio de una célula del crimen organizado en la región a partir de 2007. Acto seguido, tocando las campanas del Templo del Calvario, se convocó a la comunidad a congregarse en la plaza, mientras se incendiaban los vehículos de los talamontes. Hubo momentos de tensión muy fuerte, ya que algunas personas sugirieron un linchamiento de los ofensores, que la mayoría de la población rechazó, y más bien, optaron por mantener a los detenidos amarrados cerca de la iglesia.
Mientras esto sucedía, algunas personas no identificadas prendieron fuego a los bosques circundantes de Cherán, devastando varias decenas de hectáreas de árboles adultos. Simultáneamente, llegaron comuneros de Tanaco y Capacuaro para intentar rescatar a sus compañeros. Se dio entonces un primer enfrentamiento en el cual hubo varios heridos de bala. Otros comuneros de Capacuaro y Tanaco bloquearon la carretera, mientras que Cherán se autoimpuso un estado de sitio. Los cheranenses armados con todo de tipo de pertrechos, desde rústicos hasta armas largas, se ubicaron en los accesos al pueblo, para defenderse de una incursión de los rivales. La policía federal acudió al lugar con el fin de desalojar el bloqueo, pero fue enfrentada por los comuneros de ambos bandos y se tuvo que replegar. Como medida defensiva, Cherán instaló barricadas en las entradas al pueblo, así como centros de reunión y vigilancia en todas las esquinas de la comunidad, que han sido conocidas como “fogatas,” de las cuales hablaré más adelante.
A partir de ese día, Cherán expulsó de su territorio a los narcotalamontes y a los miembros del crimen organizado que operaban en su área. Acto seguido, desconocieron al gobierno municipal priísta cuyos funcionarios huyeron del pueblo el mismo día del levantamiento, incluyendo a su cuerpo policíaco, a quienes se acusó de estar coludidos con los criminales. Además, lograron proscribir a los partidos políticos gracias a una resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que les permitió elegir a sus autoridades por sus “usos y costumbres” (Aragón, “El derecho” 52-54).[28]
A pocas semanas del levantamiento, las peticiones iniciales de seguridad, defensa de la comunidad y expulsión de los partidos políticos, se volvieron exigencias y desafíos al Estado nacional. Además, surgió una oportunidad histórica para los pueblos indígenas michoacanos a través de la conformación de nuevos mecanismos de resolución de problemas a su interior y con los actores externos (Reimman 1-14). El movimiento evolucionó hasta exigir el derecho a elegir a sus representantes y sus órganos de gobierno mediante los “usos y costumbres” que la Constitución Federal otorga a los pueblos indígenas en su Artículo 2º y los tratados internacionales que el gobierno mexicano ha firmado y al que la reforma más reciente al Artículo 1º ha concedido nivel constitucional.[29]
Estos hechos marcaron el surgimiento de un nuevo paradigma en la lucha por el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas en México porque, desde muchos puntos de vista, Cherán es hoy por hoy una referencia obligada y una bandera de la reivindicación étnica. A continuación explico cuáles fueron las estrategias comunitarias y los factores coyunturales que permitieron a la comunidad de Cherán reorganizarse bajo sus usos y costumbres apelando a la revitalización de la solidaridad comunitaria y a la construcción de consensos en el movimiento que empezó en abril de 2011.
El poder político de los tarascos ha declinado mucho. Pero lo más impresionante es que continúan con un alto grado de autonomía política. No sólo cada pueblo controla sus asuntos internos, sino que los tarascos, como un todo, tienen una larga tradición de independencia dentro del Estado de Michoacán, la cual se remonta a los tiempos del imperio prehispánico.
Paul Friedrich (“Paul” Caja 5, Folder 1)
Como ha señalado Orlando Aragón, para que se diera el levantamiento de Cherán confluyeron factores de larga y corta secuencia (“El derecho” 41). Por un lado, los factores de larga secuencia detallados líneas atrás, como los conflictos al interior del pueblo, con comunidades vecinas, con agentes gubernamentales y con actores externos, ocasionaron un hartazgo que se tornó intolerable ante la situación de despojo instrumentado por éstos, sumado al carácter beligerante de los miembros de la comunidad fraguado a través de la lucha por la defensa de sus terrenos y bienes comunales en contra de otras comunidades a lo largo de varias décadas, finalmente apuntillado por la acción desastrosa de un grupo criminal organizado sobre los recursos naturales de la comunidad y sobre su gente. Lo anterior estuvo enmarcado por la negligencia y el abandono de las autoridades municipales, estatales y federales, ante quienes se planteó el problema y se solicitó intervención inmediata reiteradamente sin recibir ninguna respuesta. Como señala un comunero de Cherán:
Tuvimos que experimentar el modo en que nos trataban el gobierno y los partidos políticos, la división de la comunidad y el crimen organizado... En una comunidad, cuando uno quiere organizarse, enfrentar y hacer valer la palabra, es cuando surgen los conocimientos y saberes de nuestros abuelos más antiguos y en eso nos basamos. (desInformémonos)
La clave del éxito del movimiento se debe a la confluencia de varias circunstancias que no deben subestimarse, puesto que sin el desarrollo de alguna de ellas habría sido muy difícil que éste se concretara. En primer lugar, a diferencia de lo que sucedió en el pasado, fue precisa la identificación de un enemigo común externo a la comunidad mucho más rapaz y peligroso que cualquier otro antes visto, es decir, las células del crimen organizado en la región apoyadas por algunas personas de poblados vecinos: “Sólo el horror volvió a unir al pueblo. Además de los asesinados y desaparecidos, Cherán tiene otras víctimas, como algún anciano que ‘murió de tristeza’ luego de que ‘talaron su bosque y le robaron su ganado’” (Cano). En segundo lugar, el fortalecimiento de la solidaridad étnica y comunitaria entre los cheranenses contemporáneos mediante la recuperación de estrategias y formas de organización tradicionales; en tercer lugar, el papel acertado de los abogados-activistas que tomaron la defensa de la comunidad y llevaron su caso hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y, por último, la vinculación de Cherán con el exterior, logrando el apoyo de organismos internacionales y de organizaciones nacionales generadoras de opinión y/o representantes de causas sociales.
En seguida presento las estrategias comunitarias sobre las cuales se organizaron las acciones colectivas solidarias que permitieron a Cherán tener resultados exitosos frente al Estado mexicano y los poderes fácticos que controlaban su región.
Los intentos de la comunidad de Cherán por resolver sus inveterados problemas internos y con el exterior han atravesado por un largo y costoso proceso marcado por acciones radicales cíclicas y enfrentamientos recurrentes. Sin embargo, en el transcurso de los acontecimientos, los cheranenses aprendieron cómo poner en práctica mecanismos de resistencia, presión, negociación y gestión frente al Estado mexicano. En fechas posteriores al 15 de abril de 2011, los cheranenses han abierto o construido espacios para la conciliación duradera y el consenso entre su gente. Retomando el recuento de los acontecimientos históricos, se identifican como alternativas de solución a los problemas el diálogo entre las partes, la mediación de una instancia o persona respetada (señores de respeto o Tata Kéris, las autoridades civiles, las Juntas de Barrio o incluso la Asamblea Comunal), la alianza con actores políticos poderosos (la CNC, la Liga de Comunidades Agrarias, el Consejo Supremo P’urhépecha, agrupaciones políticas o campesinas locales o estatales, sindicatos de profesores, estudiantes normalistas, entre otros), o acciones más enérgicas como cerrar carreteras, “tomar” plazas o edificios públicos, realizar marchas, “retener” o expulsar a autoridades, entre otras, sobre todo cuando las inconformidades o los conflictos han involucrado a autoridades gubernamentales.
Para el periodo entre 1930 y 2011, los logros de la comunidad empleando estas estrategias en la resolución de sus problemas fueron relativamente fugaces. No obstante, estas mismas estrategias de negociación y lucha implementadas a lo largo de tantos años, resurgieron y se instrumentaron de manera exitosa en defensa de la comunidad indígena y sus recursos el 15 de abril de 2011, cuando se sumaron a nuevas formas de defensa de la comunidad elaboradas, propuestas y construidas al calor de los acontecimientos de ese día, demostrando que en la reconstrucción de la comunidad hay “situaciones en las que las comunidades indígenas, se reconstruyen, se recrean o incluso se inventan, recuperando del pasado—real, mítico o imaginario—los elementos suficientes para fundar y proyectar hacia el futuro la existencia de la comunidad” (Pérez Ruiz 92).
De esta manera, además de las barricadas que se organizaron inmediatamente para proteger al pueblo, se recuperaron ciertas prácticas y formas de organización comunal ancladas en simbolismos culturales y valores ancestrales para generar una mayor cohesión y unificar a todo el pueblo en su lucha, especialmente las fogatas, la organización por medio de comisiones y en asamblea, la ronda comunitaria y la bandera p’urhépecha. Aunque algunos de estos elementos tienen origen antiguo—prehispánico o colonial—basado principalmente en lo que cuenta La Relación de Michoacán, es notorio que otros han sido creaciones recientes o “tradiciones inventadas” (Hobsbawn y Ranger).
Por su importancia, abordo en primer lugar el papel de las “fogatas” o paranguecha en lengua p’urhépecha. Éstas surgieron de manera espontánea como una estrategia de resistencia y protección y se instalaron en todas las esquinas de la comunidad, registrando un total de 240 en los 4 barrios. Fueron conformándose como centro de reunión al nivel más básico de la comunidad contando con la participación de todos los vecinos, quienes contribuyeron con techos de lona, tablas, sillas, imágenes religiosas para construir altares, mesas, utensilios de cocina y otros enseres para el servicio de la fogata (Velázquez 22-30). Las fogatas recuperaron el sentido de solidaridad comunitaria puesto que implicaron el trabajo complementario de hombres y mujeres de todas las edades y condición socioeconómica. Las mujeres fueron una pieza clave para cuidar el fuego y preparar y distribuir los alimentos, así como para organizar las oraciones y cuidar a los niños. Ellas ponían ciertas reglas en cada fogata, sobre todo las relativas a la comida, a las actividades de los niños y al trabajo de algunas comisiones, propiciando la armonía de la gente en el movimiento. Por lo tanto, hay que reconocer el papel de las mujeres no sólo como iniciadoras del movimiento sino también como su sostén. Los miembros de las fogatas acordaron rechazar la discriminación de cualquier tipo y aceptar a todos los cheranenses que se quisieran unir, aún a los hijos o familiares de personas vinculadas con el crimen o de algún antiguo rival. La fogata se convirtió en un espacio intergeneracional de aprendizaje socialmente significativo y un nuevo escenario al cual varias estructuras comunitarias tuvieron que adaptarse (Velázquez 22). Las fogatas tuvieron funciones domésticas, políticas, de resistencia y de acompañamiento emocional; en ellas se fortalecieron o crearon amistades y se resolvieron añejos conflictos personales, familiares y faccionales. Más importante aún es que las fogatas se convirtieron en el centro de toma de decisiones consensadas de la comunidad incorporando un pensamiento de carácter colectivo. Según relatan testigos participantes, en las fogatas se decidieron acciones, acuerdos, y se permitió ejercer una “verdadera democracia,” a través de la participación política de toda la comunidad por lo que se les considera las “células del movimiento” (Leco 10-12). En ese espacio se consensaron y definieron los mecanismos de representatividad a través de la elección de los integrantes de la Ronda comunitaria y el Concejo Mayor de Gobierno Comunal, que se ha constituido como el órgano de gobierno que ejerce el mandato de la Asamblea Comunal, sustituyendo a la figura de gobierno municipal.[30]
Otra de las estrategias exitosas de los cheranenses fue la organización por medio de asambleas y comisiones. El proceso de organización rápida que se dio entre la gente de la comunidad a través de las fogatas permitió reactivar las asambleas de barrio y la asamblea general, las cuales se convirtieron en espacios de deliberación, consenso y acción comunitaria. A partir de sus reuniones se decidió nombrar una “comisión general”—después conocida como “coordinación general”—compuesta por cuatro comuneras y comuneros de cada uno de los cuatro barrios de la comunidad para atender la situación y ser interlocutores con las autoridades gubernamentales. Esta comisión encabezó el movimiento y el proceso judicial que culminó con el nombramiento del nuevo gobierno por usos y costumbres. Además, se formaron otras dieciséis comisiones: de las fogatas, de honor y justicia, de prensa y propaganda, alimentos, finanzas, educación y cultura, forestal, del agua, de limpieza, de jóvenes, de agricultura y ganadería, de comercio, de identidad y de salud (Aragón, “El derecho” 43-45). Los miembros de estas comisiones debían ser electos en asamblea y su trabajo debía ser honorífico, es decir, que no debían recibir ningún pago por él. Aragón ha enfatizado que la organización comunitaria a través de las fogatas, las comisiones y las asambleas fueron el producto del sentido común y las inquietudes de los cheranenses “de a pie” (“El derecho” 45).
Una de las estrategias cheranenses que ha tenido mayor repercusión fue el resurgimiento de su ronda comunitaria.[31] Aunque algunas personas señalan reiteradamente que las guardias o rondas comunitarias existieron desde tiempos inmemoriales, la información disponible no permite afirmar que ésta haya sido una práctica cotidiana entre los tarascos prehispánicos, ni entre los pueblos de indios coloniales, así como tampoco en el siglo XIX mexicano. Las evidencias muestran que en Cherán las rondas fueron creadas en la agitada época posrevolucionaria para garantizar la seguridad de la población ante enemigos bien identificados o grupos bandoleros que devastaban las comunidades y cometían toda clase de atropellos a sus habitantes. Las rondas patrullaban los alrededores del pueblo en las noches, cuando además se constituían como la autoridad del mismo, puesto que recibían de manos de las autoridades civiles (el presidente municipal) las llaves del edificio sede de la autoridad comunal, las cuales eran devueltas por la mañana al presidente municipal (Aragón, “Opinión” 41). En sus miembros recaía la obligación de mantener la seguridad y procurar la defensa de la comunidad; la responsabilidad de las rondas rotaba de manera semanal entre los cuatro barrios de la comunidad. Hay diferentes versiones sobre la desaparición de la figura de la ronda o guardia comunitarias; algunos mayores de la comunidad refieren que desapareció en la década de 1930, pero hay quienes señalan que todavía existía hasta los años setenta, cuando definitivamente se disipó después de varias incursiones militares para apaciguar el pueblo y la región. Con motivo del levantamiento de abril de 2011, la gente de Cherán se organizó para revivir este cuerpo de autodefensa comunitaria a través de la participación voluntaria y rotativa de hombres y mujeres de la comunidad (Aragón, “El derecho” 45). La ronda comunitaria cheranense es una figura emblemática de la resistencia del pueblo. Se compone de voluntarios de ambos sexos y todas las edades, principalmente jóvenes.
Finalmente, otro símbolo que ha permitido unificar la lucha de la comunidad es la bandera p’urhépecha. Este símbolo de identidad, unidad y lucha p’urhépecha surgió en 1980 en la comunidad de Santa Fe de la Laguna, como un medio para fomentar la unión de las comunidades indígenas en su lucha contra propietarios y empresarios mestizos de la ciudad de Quiroga. Sus cuatro colores representan a cada una de las subregiones: Sierra (verde), Lago (azul), Ciénega (morado) y Cañada (amarillo). En el centro hay un puño izquierdo que representa la unión de las comunidades p’urhépechas sobre una punta de obsidiana blanca que simboliza al dios pehispánico Curicaveri, el Gran Fuego. En medio se lee: “Juchari Uinápikuai,” que significa “Nuestra fuerza,” en lengua p’urhépecha. Ahora esta bandera es una insignia del movimiento de Cherán y está presente en todas las acciones colectivas del pueblo. A ella se le rinden honores junto con la bandera de México; está bordada en los uniformes de los integrantes de la ronda comunitaria, está rotulada en los vehículos comunitarios, es decir, tiene presencia en todas las acciones colectivas y públicas de los cheranenses y de su Concejo Mayor.
Además de las estrategias surgidas o recuperadas de manera espontánea por los cheranenses, es necesario recalcar que fue un gran acierto de la comunidad recurrir para su defensa legal al grupo de abogados encabezados por Orlando Aragón. Las vicisitudes, tensiones y detalles del proceso legal que culminó con el fallo a favor de Cherán por parte del TEPJF y de la SCJN han sido dadas a conocer por Aragón en diversos medios (Aragón “Opinión”; Colectivo). Hay que hacer énfasis en la astucia e inteligencia de este equipo al acordar con los comuneros dar “mayor espacio de maniobra al movimiento frente al gobierno al mantener un pie en la institucionalidad y el otro en la movilización social” y “plantear un uso instrumental del derecho para convertirlo... en una arma de lucha política más para el movimiento de Cherán” (Aragón, “El derecho” 50). No sólo eso, sino que en la construcción del argumento legal en el proceso judicial los abogados combinaron una interpretación novedosa y progresista de las “tres escalas del derecho”: el local, el nacional y el internacional, lo cual a fin de cuentas les concedió la victoria. Su maniobra consistió en apelar a los derechos humanos de los pueblos indígenas reconocidos en tratados internacionales en el escrito de la demanda presentada ante los tribunales, mientras que en la ejecución de la sentencia el argumento se movió hacia el uso estratégico de los “usos y costumbres” (de carácter oral, consultas mediante asambleas de barrio, con votación pública y a mano alzada). La ventaja provino del hecho de que los tribunales y sus opositores políticos fundamentaban sus argumentos únicamente en la legislación nacional.
Un último factor del éxito del movimiento de Cherán fue la conformación de alianzas “constructivas” con el exterior y la suma de esfuerzos de sectores comprometidos con un cambio social a través de lo que ha sido considerado como “cosmopolitismo subalterno” por Aragón, remitiéndose a la propuesta de Boaventura de Sousa Santos (Aragón, “El derecho” 61). En la comunidad ha confluido la suma de esfuerzos de muchos actores; en primer lugar, los habitantes de la propia comunidad, muy de cerca del equipo de abogados-activistas que la defendió y esgrimió los argumentos legales necesarios para obtener el reconocimiento ante el TEPJF y la SCJN. Pero también, como reconoce Aragón: “no se puede ni debe obviar el apoyo solidario y fundamental que dieron al movimiento los colectivos, medios de comunicación alternativos, músicos e intelectuales comprometidos para que el movimiento triunfara política y judicialmente” (Aragón, “El derecho” 61). El movimiento de Cherán logró el apoyo de organismos internacionales, incluyendo la Organización de las Naciones Unidas, a través de la Oficina en México del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, así como la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y la atención de los máximos tribunales en México, es decir, la SCJN y el TEPJN. Finalmente, la comunidad ha creado y expandido sus redes de apoyo dentro del país y en el exterior, a través de diversas estrategias modernas de vinculación y comunicación incluyendo el uso de redes sociales, contando con el respaldo de organizaciones como la de los comuneros de Ostula, #YO SOY CHERÁN, #YoSoy132, Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, “Cherán vive, la lucha sigue,” e incluso de músicos-activistas reconocidos como Café Tacuba, Molotov, Pachamama, Zoé, entre muchos otros. En la actualidad la comunidad continúa recibiendo donativos en efectivo o en especie y se llevan a cabo distintas actividades de respaldo al movimiento tanto en México como en Estados Unidos, a través de los emigrantes michoacanos, principalmente en los estados de Illinois, California, Carolina del Norte, Georgia, entre otros.
Logros y desafíos del movimiento indígena de Cherán
Cherán se convirtió en el primer municipio en la historia de México en tener una estructura de autoridad basada en la organización por usos y costumbres de la cultura p’urhépecha, a través del Concejo Mayor de Gobierno Comunal, así como en ser reconocido legalmente por la SCJN con el mismo carácter jurídico que el resto de los municipios mexicanos. Su lucha ha obligado al Estado mexicano a garantizar el derecho de los pueblos indígenas a ejercer la libre determinación y la autonomía para gobernarse y elegir a sus representantes.
Su gente ha recuperado el sentimiento de orgullo étnico y de la solidaridad comunitaria, independientemente de la condición social o de edad, toda la comunidad participa de manera comprometida en las actividades que se les encomiendan, incluyendo niños, jóvenes y adultos mayores. En la percepción de sus habitantes, Cherán es una de las localidades más seguras de México, sin contar con un cuerpo de policía como tal, pero sí con su ronda comunitaria: “La seguridad es uno de los logros más importantes. Ya podemos dormir tranquilos.”[32] Además es una de las comunidades políticamente más activas, sin presencia de partidos políticos. Por otro lado, la atención de las autoridades gubernamentales ha destinado a la comunidad más recursos que nunca a través de diversos programas federales y estatales.[33] A los pocos meses del levantamiento, Semarnat destinó más de 35 millones de pesos a Cherán y casi 200 millones de pesos a la Sierra P’urhépecha para apoyar programas de reforestación, así como “problemas sociales y ambientales” mientras que el gobierno estatal le destinó más de 5 millones de pesos a través de la Comisión Forestal.[34] En este escenario, la comunidad tiene ante sí la posibilidad de empujar planes de desarrollo importantes no sólo para su pueblo, sino para la región, que incluyen fomentar cultura de aprecio por el bosque, reforestar, crear fuentes de empleo y promover puntos de venta de madera legal,[35] o buscar la creación de fuentes de ingresos adicionales, por ejemplo a través del turismo alternativo.[36]
Como bien me señaló Aragón en comunicación personal, lo de Cherán es un experimento imperfecto del cual la gente de la comunidad está aprendiendo. Hay, por lo tanto, problemas que aparecen y se busca resolver, como tensiones, duplicidad de funciones, “tentaciones” de querer figurar más, entre otros. Sin embargo, a más de cuatro años de su inicio, el balance es muy positivo ya que el pueblo ha aguantado y salido fortalecido, aún en contra de todas las previsiones, e incluso a pesar de las presiones de algunos funcionarios estatales y federales y de intimidaciones y amenazas.[37]
Los retos que se vislumbran para Cherán en el corto y mediano plazo son en primer lugar que sus “usos y costumbres” no se traduzcan en la persistencia o la creación de nuevos cacicazgos sino que se logre mantener y asegurar la representatividad de la comunidad a través de la elección de sus órganos de gobierno. Por supuesto, para esto se deben asegurar mecanismos que permitan incluir efectivamente a todos los sectores de la población, incluidas las mujeres, los jóvenes y los habitantes de Tanaco y El Cerecito. De los doce miembros del primer Concejo Mayor, once son varones y una sola es mujer; del Segundo Consejo Mayor que fue electo en mayo de 2015, tres miembros son mujeres y nueve hombres. Esta situación refleja que aún hay cuestiones por reflexionar sobre el tema de la democracia y la construcción de consensos comunitarios y la toma de decisiones de manera participativa e incluyente.[38]
Por otro lado, se han hecho intentos que buscan resolver la problemática con comunidades enfrentadas históricamente por medio del diálogo, así como alcanzar acuerdos beneficiosos para ambos “cediendo un poco.”[39] Especialmente debe atenderse lo que respecta a la tenencia de Santa Cruz Tanaco y el rancho Casimiro Leco (El Cerecito), ambos sujetos a la municipalidad de Cherán, con los cuales es necesario negociar acuerdos para la distribución de los recursos y la representación en los órganos de gobierno ya que hasta ahora estas localidades se quejan de que no son tomadas en cuenta por los cheranenses y que no reciben proporcionalmente los recursos que les corresponden ni forman parte de los órganos de gobierno.[40]
Finalmente, se debe consolidar el derecho al autogobierno en las próximas elecciones del año 2015, y éste en la vida cotidiana. En este sentido, también se espera que en el corto plazo se lleve a cabo la consulta ordenada por la SCJN para la reforma constitucional en Michoacán relativa a la elección de los ayuntamientos por usos y costumbres. [41] Lo ideal será que el alcance de las demandas y los logros alcanzados por Cherán se expandan al ámbito regional y nacional porque hasta ahora el movimiento sigue demandando desde lo local y aún existen conflictos serios entre Cherán y sus tenencias, entre Cherán y otras comunidades vecinas, y entre muchas otras comunidades de la región p’urhépecha.
Es sumamente interesante acercarse a la experiencia de Cherán para conocer las estrategias por medio de las cuales esta comunidad ha podido fortalecer su esencia colectiva, posicionarse como un sujeto político y reelaborar su proyecto de comunidad a partir de una revitalización y redefinición de su identidad étnica centradas en su gente, en su cultura y en sus tradiciones, por encima de intereses partidistas, de divisionismos faccionales y de conflictos internos y con el exterior.
El cheranense, al igual que el resto de los movimientos indígenas contemporáneos en América Latina, es sumamente heterogéneo y responde a un complejo proceso histórico de tensiones, resistencias, negociaciones y concesiones entre diversos actores, que se han generado a partir de condiciones “micro locales” específicas (Leco), pero que no pueden entenderse prescindiendo de consideraciones de carácter global. En la complejidad que hoy se vive, tienen un peso muy importante los mecanismos que se generaron en el seno de la comunidad para presentarse como una colectividad unificada ante el exterior y con base en ello ejercer presión y hacerse de herramientas efectivas para desafiar y negociar con éxito ante el Estado mexicano y sus representantes y para proponer nuevas formas de hacer política y ejercer la democracia. En el mismo nivel de relevancia se encuentra la coyuntura que permitió vincular a la comunidad con el exterior a través del equipo de abogados-activistas que la defendió frente al Estado mexicano y con otros actores sociales mestizos comprometidos socialmente. Sólo el tiempo permitirá conocer la persistencia real y los alcances de este movimiento que ya constituye un parteaguas en la historia reciente de los pueblos indígenas en México.
* Agradezco infinitamente a mis amigos cheranenses por compartirme sus conocimientos, puntos de vista e inquietudes en el proceso que relatan estas páginas. De igual manera a Paul Friedrich, Margaret Chowning, Mauricio Tenorio y Orlando Aragón por sus valiosos comentarios que enriquecieron este texto. De igual forma a Casimiro Leco, Octavio Saucedo, Jurhámuti Velázquez, Anthony Wright y Juan José Estrada Serafín por su apoyo en las distintas fases de este trabajo. Esta investigación ha sido posible gracias al apoyo del Programa para el Mejoramiento del Profesorado de la SEP en México (Promep) y de la Coordinación de la Investigación Científica de la UMSNH, así como el apoyo de una beca Fulbright-García Robles y una de CONACYT para investigadores mexicanos en el extranjero.
La investigación histórica que sustenta este texto es parte de un proyecto más amplio sobre la problemática social, agraria y forestal en las comunidades p’urhépechas de Michoacán entre 1940 y 1990, con documentación del Archivo General Agrario, del Archivo General de la Nación y varios archivos locales michoacanos, además de fondos de la Special Collections de la Universidad de Chicago y de la Biblioteca Bancroft de la Universidad de California en Berkeley. Los documentos de archivo se han complementado con entrevistas y testimonios orales de habitantes de las comunidades indígenas en conflicto, así como de ex funcionarios gubernamentales federales y estatales. Las fuentes de información incluyen también notas periodísticas y consulta de la web.
Las mayúsculas son del texto. Morelia, Mich., 6 de diciembre de 1976, Memorándum de la Delegación de la SRA de Michoacán al Lic., Jorge Rojo Lugo, Srio. de la SRA. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 169.
Los conceptos negativos con que las autoridades se referían con frecuencia a los indígenas tarascos (“ignorante,” “fanático,” “miserable,” “irresponsable,” “anárquico,” “ladino,” “exótico” y un largo etc.) se repiten de manera constante en la documentación que he revisado en el AGA, consistente en más de cuatrocientos expedientes, por lo cual puedo señalar que corresponden a una concepción generalizada a nivel institucional sobre los indígenas p’urhépechas y al punto de vista de varios funcionarios agrarios sobre las razones de su elevada conflictividad, tanto en el aspecto agrario, como en el económico, social y político. Por lo menos hasta 1994. Después del levantamiento en Chiapas, el lenguaje y las maneras de negociar y/o intervenir del gobierno mexicano frente a los grupos indígenas se modificó por razones por demás evidentes.
El gentilicio “tarascos” fue la forma más usada para denominar a este pueblo indígena desde la época prehispánica hasta mediados de 1980, cuando movimientos de revitalización étnica pugnaron por el uso de “p’urhépecha.” En la actualidad la mayoría de sus miembros se autodenominan como p’urhépechas.
El Delegado de la SRA, Reynaldo Correa, estimó que de los 73 conflictos agrarios en Michoacán, 31 corresponden a la región p’urhépecha, donde se disputan 18,369 hectáreas. (Casillas).
El nombre del poblado proviene de la palabra p’urhépecha chérani, que significa asustar. Otro significado que se le da a la palabra es “lugar de tepalcates.” Existen muchas leyendas que narran sucesos sobrenaturales en el pueblo y sus alrededores y popularmente se cree que muchos de sus habitantes practican la brujería—buena o mala—y el curanderismo.
Es necesario aclarar que para cuestiones censales, el INEGI considera como población indígena únicamente a los hablantes de lenguas indígenas (hli), y no toma en cuenta el criterio de autoadscripción étnica. En el caso de las comunidades p’urhépechas, este último criterio resulta determinante para considerar o no como “indígena” a una persona.
El Código Agrario de marzo 1934 estableció la creación del ejido colectivo, así como de nuevos centros de población agrícola y señaló la extensión de las parcelas ejidales en 4 hectáreas de riego y su equivalente en 8 hectáreas de temporal, creó el Registro Agrario Nacional, entre otras disposiciones. Este Código fue reformado en 1940 para garantizar la inafectabilidad de las tierras por 25 años y proteger a la industria ganadera, principalmente. En diciembre de 1942 se promulgó un nuevo Código Agrario que confería al presidente de la república atribuciones supremas sobre los asuntos de “tierras.”
Entre 1950 y 2000 el saldo de los enfrentamientos en la región fue de más de trescientos muertos y más de mil heridos (Ventura 42).
La planta resinera ejidal recibía el nombre de “General Lázaro Cárdenas.” El permisionario del aprovechamiento resinero era la Sociedad Local de Crédito Ejidal Forestal de R.I. Comunidad Indígena de Cherán, constituida el 11 de julio de 1963 con más de mil socios a esa fecha.
En el AGA hay una gran cantidad de documentación que da cuenta de estas situaciones, principalmente en la Serie Cuerpo Consultivo Agrario referentes al municipio de Cherán y sus tenencias. Por ejemplo: Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, 3 de febrero de 1970, Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 82; Informe de la Delegación de la SRA al Secretario de la Reforma Agraria, Lic. Félix Barra García, 31 de diciembre de 1975. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 140-43.
Los quejosos señalaban que los créditos obtenidos se habían repartido a siete comuneros únicamente, del total de los 328 que había en el poblado. Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, 3 de febrero de 1970, Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 82.
El cacique en cuestión fue asesinado poco después. Informe de la Delegación de la SRA al Secretario de la Reforma Agraria, Lic. Félix Barra García, 31 de diciembre de 1975. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 140-43.
Memorándum de la Delegación de la SRA de Michoacán al Lic., Jorge Rojo Lugo, Srio. de la SRA. Morelia, Mich., 6 de diciembre de 1976. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 174.
Entrevista personal con un ex funcionario de primer nivel en la SRA, Morelia, Mich. 4 de abril de 2013.
4 de julio de 1980, AGA/Serie CCA/Autoridades ejidales y comunales/Cheran Atzicurín/Exp. 103, Legajo 1, fs. 1.
El documento refiere un conflicto entre Cheran Atzicurín, municipio de Cherán y Cheran Atzicurín, municipio de Paracho. 26 de mayo de 1980, AGA/Serie CCA/Restitución/Cheran Atzicurín/ Exp. 956, Legajo 3, fs. 393.
Instrucción de investigación urgente al Ing. Gumecindo (¿?) Cristóbal por parte del Ing. De la Peña Valdés (¿?), delegado. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 73.
Morelia, Mich., 6 de diciembre de 1976, Memorándum de la Delegación de la SRA de Michoacán al Lic., Jorge Rojo Lugo, Srio. de la SRA. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 169.
Entrevista personal con un ex funcionario de primer nivel de la SRA. Morelia, Mich. 4 de abril de 2013.
Entrevista personal con un ex funcionario de primer nivel de la SEDESOL. México, D.F. 14 de noviembre de 2012.
Por ejemplo, los titulares de la Secretaría de Pueblos Indígenas y otros altos funcionarios del Gobierno del Estado de Michoacán, así como diputados federales y locales de origen p’urhépecha.
Un caso emblemático es la lucha de la comunidad de Santa Fe de la Laguna contra los ganaderos mestizos de Quiroga entre 1979 y 1989. Con motivo de la misma, surgió un movimiento de reivindicación y revitalización étnica que pugnó por recuperar—o crear—símbolos que favorecieran un sentimiento de identidad étnica. Uno de esos símbolos es la bandera p’urhépecha, la cual ha sido retomada en el movimiento de Cherán y en otros de la región.
Acta que formula con relación al conflicto que se ha suscitado entre la comunidad indígena de Cherán. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, fs. 50 y 51.
6 de diciembre de 1976, Memorándum de la Delegación de la SRA de Michoacán al Lic., Jorge Rojo Lugo, Srio. de la SRA. AGA/Serie CCA/RTBC/Cheran Atzicurín/ Exp. 172, Legajo 9, 169-75.
Por cuestiones de seguridad hay muy pocos trabajos académicos relativos al asunto del narcotráfico en la región p’urhépecha de Michoacán. Por lo tanto, la mayor parte de mi información sobre este tema proviene de diarios estatales, nacionales, así como de comunicaciones públicas de los voceros de las comunidades afectadas.
Los líderes de los partidos PRI, PRD y PAN, que antes había sido enemigos, se unieron en contra del movimiento, tratando de disuadir a los cheranenses de participar en él por ser “ilegal, intransigente, radical,” entre otros calificativos (Aragón, “El derecho” 48).
El artículo 2º reconoce y garantiza, entre otros, el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación y la autonomía para decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural y elegir de acuerdo con sus normas y prácticas tradicionales a las autoridades o representantes para el ejercicio de su gobierno interno. Por su parte, el Convenio 169 sobre pueblos indígenas y tribales de la Organización Internacional del Trabajo, así como el corpus iuris del derecho internacional de los derechos humanos adquirieron el nivel de constitucionalidad bajo la más reciente reforma al artículo 1º de la constitución federal en México (Aragón, “El derecho” 56).
El Consejo Mayor se compone de doce miembros que son conocidos como K’éris, (señores grandes, de respeto en lengua p’urhépecha) que son electos por asamblea comunitaria y representan a los cuatro barrios (se eligen tres de cada barrio). El Concejo Mayor ejerce el mandato de la Asamblea Comunal y debe orientar, regir, vigilar y evaluar los trabajos de los seis Concejos Operativos Especializados. El número de doce integrantes tiene que ver con “el número de estrellas de la Constelación de Orión,” que es considerada la más significativa para la cosmovisión p’urhépecha. Además, mediante el establecimiento de un órgano colectivo “se previene la corrupción.” (Velázquez 131). Es un tipo de gobierno “novedoso, de tipo circular y horizontal.” (Entrevista a José Merced Velázquez) La propuesta de conformar el Consejo Mayor y darlo a conocer públicamente sin tomar en consideración los tiempos legales para hacerlo, generó tensiones entre los abogados de la comunidad y el grupo de cheranenses que lo propuso, debido a que podía generar la acusación de desacato de la resolución del TEPJ. Para detalles, véase Aragón, “El derecho.”
No sólo los poblados indígenas—los únicos facultados por la Constitución mexicana para procurarse autodefensa—sino también varios poblados mestizos, han seguido el ejemplo de Cherán y organizado grupos de autodefensa, principalmente en la Tierra Caliente michoacana a partir de febrero de 2013. Estos grupos han buscado legitimarse a partir de la experiencia exitosa de Cherán, pero difieren considerablemente en sus estrategias y fines (Ojeda).
Entrevista de Jurhámuti Velázquez y Anthony Wright al Dr. Muñoz, comunero de Cherán, quien fue presidente municipal entre 1989 y 1991. Cherán, Mich. 18 de junio de 2014.
En las mesas de diálogo con los cheranenses participaron el gobernador de Michoacán, el secretario de gobierno, el Comandante de la XXI Zona Militar, el coordinador estatal de la Policía Federal, el procurador del estado, el delegado de la PGR, entre otros funcionarios de alto nivel. También se establecieron mesas de diálogo para ubicar necesidades sociales, con participación de funcionarios federales. Después de las primeras reuniones, se instalaron dos bases de operaciones mixtas (BOM) con policía federal, estatal, ministerial y miembros del ejército en la Sierra y cuatro puestos fijos de policía judicial-ministerial en Cherán.
Según una declaración de su director, Cuauhtémoc Ramírez, el problema de la tala está “prácticamente eliminado” hay semanas en que no se reporta ningún hecho clandestino. (García).
Por ejemplo, en el gobierno de Leonel Godoy se ejecutó el programa de Presupuesto Participativo Indígena en Michoacán, cuyo objetivo era la asignación directa de un millón de pesos a 200 comunidades, ejecutables en obras específicas no religiosas. En la práctica se asignó aproximadamente a un 40% de las comunidades únicamente.
La comunidad dio a conocer que se ha convertido en un destino de turismo alternativo y que a partir de las vacaciones de semana santa y pascua del 2013 recibieron el mayor número de visitantes de su historia.
Jesús Reyna, ex secretario de gobierno y ex gobernador interino de Michoacán señaló: “Es pertinente reflexionar si el camino de la autodefensa que ha elegido Cherán es conveniente, si ha resultado eficiente o ineficiente, si le sirve o perjudica a la comunidad.” (Márquez).
A través de su participación en las fogatas las mujeres propugnaron por la conformación del nuevo gobierno con el 50% de integrantes mujeres, pero dentro del Concejo Mayor sólo hay una mujer K’eri y únicamente un 20% de mujeres forma parte de la estructura del gobierno comunitario pero ninguna dirige alguno de los Concejos operativos (Velázquez 103).
En julio de 2012, el vocero de Cherán, José Trinidad, dijo que los conflictos agrarios con Arantepacua y La Mojonera estaban siendo procesados en conciliación directa y “apostando al diálogo” (Aguilera y Equihua).
Implica compartir proporcionalmente el presupuesto que se recibe del estado. Tanaco exigió recibir entre el 20% y el 18% del mismo. Este es un asunto delicado ya que de acuerdo con la Ley de Coordinación Fiscal de la Secretaría de Hacienda los recursos van etiquetados y solamente pueden bajarse de la federación al estado y de éste al municipio. No se puede otorgar directamente a las tenencias ni a las comunidades porque se incurre en violación a la ley y se fincan responsabilidades. Entonces el estado de Michoacán ha tenido que duplicar la erogación presupuestaria al otorgar el recurso tanto al municipio de Cherán, como a sus tenencias, para evitar mayores complicaciones.
La controversia constitucional 32/2012 promovida por el ayuntamiento de Cherán en contra de los poderes ejecutivo y legislativo del estado de Michoacán por la aprobación y publicación de la reforma constitucional en materia de derechos indígenas que no fue consultada a los pueblos y comunidades indígenas de Michoacán fue resuelta por la SCJN a favor de Cherán el 29 de mayo de 2014, lo cual implica la declaración de invalidez de dicha reforma y obliga a los poderes michoacanos a ordenar una consulta a las comunidades indígenas para incorporar sus peticiones y necesidades a una nueva reforma. Este fallo es histórico puesto que concede a los pueblos indígenas que se gobiernan por usos y costumbres el mismo carácter jurídico que a los municipios que no lo tienen para presentar juicios de controversia constitucional (michoacan3.0).
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References: resolución 
 resolución 
 Artículo 2
 Artículo 1
 resolución 
 artículo 2
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 resolución