Source: http://laxenlacasilla.blogspot.com/
Timestamp: 2017-07-25 10:48:47+00:00

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Y lo negro es blanco cuando le interesa a esta panda de sinvergüenzas autoproclamados progresistas. Basta con darse una vuelta por el panfleto que edita el canalla de Enric Sopena para echarte a temblar ante buena parte de sus afirmaciones. Hoy he pasado por allí y no he podido resistirme a comentar un titular que me ha dejado de piedra. Reza así: El vocal ultra del CGPJ José Luis Requero califica el aborto de “delito despenalizado”. Supongo que este hombre será ultra porque está en el CGPJ tras ser designado por el PP o por la asociación mayoritaria de jueces: la Asociación Profesional de la Magistratura, llena de ultras como todo el mundo sabe. Pero desde luego, no creo que sea ultra por llamar a lo blanco, blanco. ¿O sí? El motivo de escándalo para el panfleto progresista radica en que describe el aborto exactamente como lo que es: un delito despenalizado en ciertos supuestos. Porque es eso exactamente. Sé que no hay mucha gente entre la progresía que pierda su tiempo en leer pero, como desde este lado del río todavía mantenemos la costumbre, os copio exactamente los preceptos del vigente Código Penal relativos al delito de aborto para que cada cual llegue a sus propias conclusiones: Título II Del aborto Artículo 144. Sin consentimiento de la mujer. El que produzca el aborto de una mujer, sin su consentimiento, será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años e inhabilitación especial para ejercer cualquier profesión sanitaria, o para prestar servicios de toda índole en clínicas, establecimientos o consultorios ginecológicos, públicos o privados, por tiempo de tres a diez años. Las mismas penas se impondrán al que practique el aborto habiendo obtenido la anuencia de la mujer mediante violencia, amenaza o engaño. Artículo 145. Con consentimiento fuera de los casos permitidos por la Ley o causado por la propia mujer. 1. El que produzca el aborto de una mujer, con su consentimiento, fuera de los casos permitidos por la ley, será castigado con la pena de prisión de uno a tres años e inhabilitación especial para ejercer cualquier profesión sanitaria, o para prestar servicios de toda índole en clínicas, establecimientos o consultorios ginecológicos, públicos o privados, por tiempo de uno a seis años. 2. La mujer que produjere su aborto o consintiere que otra persona se lo cause, fuera de los casos permitidos por la ley, será castigada con la pena de prisión de seis meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses. Artículo 146. Por imprudencia. El que por imprudencia grave ocasionare un aborto será castigado con la pena de prisión de tres a cinco meses o multa de seis a 10 meses. Cuando el aborto fuere cometido por imprudencia profesional se impondrá asimismo la pena de inhabilitación especial para el ejercicio de la profesión, oficio o cargo por un período de uno a tres años. La embarazada no será penada a tenor de este precepto. Los casos en los que la Ley despenaliza la práctica del aborto se recogen en el artículo 417 bis del Código Penal de 1973 que continúa vigente conforme a la Disposición derogatoria única 1 a) del vigente Código y que establece lo siguiente: 1. No será punible el aborto practicado por un médico, o bajo su dirección, en centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado y con consentimiento expreso de la mujer embarazada, cuando concurra alguna de las circunstancias siguientes: 1.ª Que sea necesario para evitar un grave peligro para la vida o la salud física o psíquica de la embarazada y así conste en un dictamen emitido con anterioridad a la intervención por un médico de la especialidad correspondiente, distinto de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. En caso de urgencia por riesgo vital para la gestante, podrá prescindirse del dictamen y del consentimiento expreso. 2.ª Que el embarazo sea consecuencia de un hecho constitutivo de delito de violación del artículo 429, siempre que el aborto se practique dentro de las doce primeras semanas de gestación y que el mencionado hecho hubiese sido denunciado. 3.ª Que se presuma que el feto habrá de nacer con graves taras físicas o psíquicas, siempre que el aborto se practique dentro de las veintidós primeras semanas de gestación y que el dictamen, expresado con anterioridad a la práctica del aborto, sea emitido por dos especialistas de centro o establecimiento sanitario, público o privado, acreditado al efecto, y distintos de aquél por quien o bajo cuya dirección se practique el aborto. 2. En los casos previstos en el número anterior, no será punible la conducta de la embarazada aún cuando la práctica del aborto no se realice en un centro o establecimiento público o privado acreditado o no se hayan emitido los dictámenes médicos exigidos. En fin, supongo que cualquiera que sepa leer llegará a la escandalosa conclusión a la que llegó el ultra José Luis Requero: el aborto es un delito despenalizado en unos supuestos tasados por la Ley. Si alguien considera que es un derecho, me gustaría saber en qué Ley se reconoce, porque yo no la conozco. O que simplemente diga que prefiere sus mentiras a cualquier verdad.
¿El final de la disidencia?
Llevo un par de días sin ganas de escribir. Me da la impresión de que los acontecimientos políticos me superan y que, en cierta medida, estoy en el camino de la resignación. Me cuesta, me cuesta, pero cada vez me parece más evidente que esto tiene muy mal arreglo y, la verdad, no tengo la impresión de que la sociedad española esté en condiciones de articular un movimiento cívico que sea capaz de hacer frente a la deriva de nuestra política y que pueda apuntalar las ruinas que aún se mantienen en pie. El no me resigno que entonó Aguirre –además de una mentira puesta en su boca- parece un esfuerzo inútil. Es triste ver que, al final del día, no se puede confiar en nadie y, mucho menos, en los que dicen representarnos. La cantinela del “son todos iguales” se ha convertido en la banda sonora del cada vez más extendido desencanto de la política. Es tan claro que prácticamente todos no tienen más objetivo que vivir del prójimo que los que nos consideramos personas de principios no vamos a tener más remedio que aceptar la abstención como única forma coherente de participación política. Antes del 9 de marzo podíamos tener la ilusión de que el cambio necesario era posible pero, desde entonces hasta ahora, la esperanza se ha convertido en conformismo y la ilusión en una cruda realidad. No, no son todos iguales pero es fácil apreciar que la distancia que separan a unos y a otros es mucho más corta que la que nos separa a nosotros de cualquiera de ellos. Y eso ya no tiene remedio. El espectáculo del juicio a Federico Jiménez Losantos es la prueba del 9 para la confirmación del camino por el que va a discurrir la política española durante los próximos años y que se resume en la estigmatización y la eliminación del disidente. La tendencia hacia el pensamiento único, hacia la uniformidad, es imparable. Como ya adelantara Ortega allá por los años treinta del pasado siglo, la masa ha tomado el mando y la libertad ha desaparecido para todo aquél que no quiera verse convertido en un paria, en un apestado. Ser libre y comportarse como tal es hoy tan utópico como lo era en los tiempos de la dictadura pero con un agravante: hoy ni siquiera podemos afirmar que somos esclavos. Es tanta la propaganda, los mensajes, las consignas que no tienen más objeto que mantenernos ignorantes en la caverna que, cualquiera que se revele contra la esclavitud que padecemos, cualquiera que afirme que hoy somos más esclavos que ayer, será rechazado por cuantos le rodean. ¿Nadie es consciente del engaño al que nos someten? ¿Nadie se da cuenta de que somos y nos tratan como esclavos? Vivimos en una sociedad tan acostumbrada a no pensar que terminamos aceptando como cierto lo que más veces o más alto se repite y en la que existe un falso consenso sobre la infalibilidad de la mayoría cuando, sin embargo, no hay nada más mayoritario que el error. La identificación de mayoría y certidumbre es lo que condena al ostracismo al disidente y lo que permite a muchos exhibir una fuerza moral de la que carecerían sin el respaldo de la masa. Desgraciadamente, la verdad nada tiene que ver con la masa, aunque los aduladores de las masas se empeñen en desmentirlo. El juicio a Federico no es un juicio contra un periodista, es un juicio contra el derecho a la disidencia, contra el derecho a pensar con libertad y a expresarse del modo que cada cual estime conveniente. El problema que plantea Federico no es que diga verdades o mentiras, que insulte o deje de insultar, que sea más simpático o antipático, el problema es que va por libre: que hace y dice lo que quiere, que su mensaje es coherente y que, además, llega a mucha gente. Federico en un blog no sería peligroso para el sistema, como no lo somos ninguno de los que por aquí escribimos. Federico en un medio como Libertad Digital resultaría irrelevante a efectos políticos (como lo son la inmensa mayoría de los que escriben en periódicos digitales). Pero en una emisora de radio y sin más atadura que la audiencia alguien como él resulta peligrosísimo para muchos. La campaña de acoso y derribo contra él lleva en marcha años pero, hasta la fecha, se había mostrado rocoso, posiblemente porque sabía de donde procedían los disparos. En cambio ayer, y con independencia de lo que termine disponiendo la sentencia (la vista oral continuará el 4 de junio) le dieron un golpe muy duro: aquellos a los que viene defendiendo desde marzo de 2004 y en los que confiaba (demasiado, por cierto) le dejaron bien claro que está solo y que puestos a elegir entre Gallardón y sus fingidos principios, eligen lo primero. Gallardón puede ser su adversario para ocupar un sillón, pero tienen más en común con él de lo que tendrán con cualquier cosa que se parezca levemente a la decencia. Nadie escarmienta en cabeza ajena y no deja de ser curioso que quien vivió el acoso al que fue sometido Antonio Herrero (no sólo desde la izquierda que era lo previsible, sino desde el aznarismo al que tanto ayudó para que alcanzara el poder), no hubiera previsto que tarde o temprano terminarían persiguiéndolo los que hasta ayer se presentaban como amigos. Como le ocurrió a Antonio Herrero, a Federico lo respalda su audiencia pero es indudable que le será muy difícil sobrevivir en una guerra con tantos frentes abiertos y tan poderosos enemigos. Difícil sobrevivir en un mundo que no tolera la disidencia. Ojala aguante.
De flores y epístolas
Desde que empecé a escribir este blog, me he pronunciado en diferentes ocasiones sobre la imprescindible regeneración de España. Nuestro país –mi país- se está convirtiendo justamente en lo contrario de lo que debería ser y de lo que dice nuestra Constitución que es. Desde la Transición hasta ahora hemos sido testigos del modo en el que las buenas intenciones de unos pocos han ido empedrando el camino para que la mayor de las tiranías se abriera paso, una tiranía invisible pero que todo lo abarca y todo lo corrompe. Cada vez es más evidente que las más altas instituciones del Estado se han uncido al carro de la corrupción pero, sin embargo, esta evidencia se esconde detrás de una apariencia democrática que las legitima de cara al exterior, de cara a la población, y que la hace invisible para muchos. Todas las miserias de este régimen se esconden detrás de la democracia, de una democracia retórica, tutelada desde los partidos que detentan el poder y que (oh, casualidad) están en manos de personas que no tienen más objetivo que su permanencia en él. Así, partiendo de una partitocracia legal que tenía como objetivo asegurar el poder de los dos grandes partidos (entonces la UCD y el PSOE) hemos podido contemplar cómo se asaltaban una por una todas las instituciones del Estado y cómo los principios de mérito y capacidad que deberían guiar los nombramientos en todos los ámbitos del Estado fueron sustituidos por criterios de pertenencia. La necesaria independencia de las instituciones (que sólo tiene sentido desde el estricto cumplimiento de la legalidad) se ha transmutado en la fidelidad canina hacia los políticos que ostentan el derecho a nombrar y cesar y para los que los méritos personales y la idoneidad para el cumplimiento del deber no tienen ningún valor. Este tránsito que se iniciara tímidamente en la Transición y que se podría justificar entonces como consecuencia de las circunstancias que rodearon aquel proceso, fue llevado al extremo por los distintos gobiernos del PSOE de Mister X pero también el PP de Aznar contribuyó a que se alargara la distancia entre la España que se dibujaba en la Constitución y la que hoy padecemos. En su falta de decencia democrática no fue mejor Aznar que Mister X y bien que lo siento, sobre todo porque Aznar llegó al poder cuando ya era imprescindible la regeneración de España y de unas instituciones que ya mostraban signos evidentes de agotamiento. Tras los ocho años de gobierno del PP de Aznar, España no había afrontado ni una sola de las reformas que hubieran permitido una auténtica separación de poderes y una mejora de la calidad democrática. Bien al contrario, subidos en la poltrona que había construido el PSOE, no sólo no se adoptaron medidas para evitar la progresiva degeneración del sistema, sino que se hizo uso en primera persona de todo aquello que se debía haber evitado y con el mismo objetivo que tuviera el PSOE en su creación: acaparar todo el poder y perpetuarse en él. La llegada al poder de Mister Zeta ha servido para que se continúe profundizando en la implantación del régimen, para que muchos comiencen –comencemos- a pensar que el enfermo está cada vez peor y más cerca del precipicio, del punto sin retorno. La crisis del PP es el último de los síntomas. Todo esto viene a cuento de una carta remitida por el General de Brigada Blas Piñar Gutiérrez (sí, sí, hijo de quien piensa) al Jefe del Estado Mayor de la Defensa y por la que, parece, ha sido arrestado (publicada por El Confidencial Digital). Si triste es que quien se expresa del modo en que lo hace este General sea sometido a medidas disciplinarias, más triste es que nuestro país haya llegado a un nivel de degeneración que demande actos de este tipo. Este es el texto:Blas Piñar GutiérrezGeneral de Brigada de InfanteríaGranada a 19 de enero de 2008Mi general:Acabo de pasar a la reserva por prescripción legal, profundamente decepcionado del Ejército. Desde hace más de dos años y medio, cuando presenté mi primera instancia pidiendo voluntariamente el cese en la situación de actividad, ningún mando me ha preguntado por las razones de mi solicitud. No me ha extrañado, pues desde hace tiempo y de forma progresiva, la cúpula militar ha optado, en temas mucho más importantes y transcendentes, por lavarse las manos o aplicar la política del avestruz. Hemos “conseguido” una institución no sólo ciega, sorda y muda, sino además insensible, sumisa y desvertebrada.En mi caso concreto, para la superioridad ha resultado más cómodo inhibirse del fondo de la cuestión afirmando frívola y falsamente:”Se quiere ir porque tiene dinero por casa y se ha cansado de esto”; o “está molesto porque no le han dado el destino que quería”. Cualquier cosa resultaba más fácil que hablar conmigo, porque el asunto no aparentaba ser políticamente correcto – más aún con este gobierno- y no merecía la pena darse por enterados de mi situación, vicisitudes y hoja de servicios.Profesionalmente, en estos últimos cinco años, me he sentido infrautilizado y excluido, no he recibido la mínima consideración formal exigible, y he carecido del apoyo y la defensa que cabía esperar de mis jefes.En realidad han sido mi nombre y apellido, de los que me siento profundamente orgulloso, la explicación evidente del trato recibido. Me es posible llegar a admitir, e incluso entender y asumir, esta animadversión si proviniera exclusivamente de ciertos medios políticos, pero en absoluto puedo aceptarla si tiene su origen o es asumida (e incluso preventivamente superada) por mis propios mandos.Pero no tranquilices tu conciencia concluyendo que mi deseo de marcharme ha sido exclusivamente consecuencia de dicho trato. A pesar de ello, hubiera seguido hasta el final, con pleno entusiasmo, en cualquier puesto y empleo, si tuviera un mínimo de fe y confianza en el Ejército actual, representado por sus máximas jerarquías. Pero he podido comprobar, una y otra vez, que estamos en sintonías bastante diferentes. El amor a España, nuestra historia, la bandera, el juramento sagrado, el reconocimiento a nuestros héroes, el honor, la lealtad, la responsabilidad, el sacrificio, el compañerismo, nuestras ordenanzas…todo parece difuminado, silenciado, sometido a interpretaciones oportunistas, disimulado en escritos, declaraciones o discursos excesivamente acomodaticios y contemporizadores. He llegado a la conclusión de que se pretende que estos conceptos y valores pierdan autenticidad, para que no se vean reflejados con todo su vigor en los comportamientos institucionales y personales. Como excusa se habla en exceso de disciplina, desvirtuando su esencia y utilizándola de comodín para sustituir el cumplimiento del deber, mucho más exigente y comprometido.Cuando se llega al convencimiento personal de que el Ejército -de forma consentida- se está vaciando institucionalmente, que no cree ni está en disposición de cumplir con su misión constitucional, que no asume ni defiende realmente sus valores permanentes y que renuncia a representar con dignidad el papel encomendado, caben dos líneas de acción: esforzarse desde dentro en cualquier destino -si esto resulta posible- para restablecer los principios y recuperar las actitudes abandonadas; o desvincularse de la institución por considerar que -en tu caso- te han limitado la capacidad de actuación y tu presencia solo sirve para respaldar posturas incompatibles con los compromisos asumidos con España y el Ejército.En ambos aspectos, personal e institucional, concretamente tu has tenido una muy especial responsabilidad como JEMAD durante los últimos años.Desde un año antes de ascender a general he podido constatar que profesionalmente me han recortado las posibilidades de seguir trabajando de acuerdo con la vocación militar. He sufrido -con excesiva frecuencia- desconfianza, aislamiento y discriminación, obligándome todo ello, muy a mi pesar y tras profunda meditación, a cambiar la primera línea de acción por la segunda. En definitiva, me he querido ir –sin conseguirlo- antes de tiempo por exigencia de la lealtad, la responsabilidad y la dignidad, y con el orgullo y satisfacción del deber más que cumplido hasta el final, de una entrega sin límites y de la superación de numerosos obstáculos internos. En cualquier caso, me llevo el reconfortante bagaje de las innumerables compensaciones que el ejercicio diario de la milicia te proporciona, y sin las cuales no tendrían explicación estos últimos años de dedicación y esfuerzo, a pesar de las adversas circunstancias.Habiendo llegado a la dolorosa conclusión de que ya no podía ni quería ser útil a este Ejército y por fidelidad al juramento prestado, consideré una obligación renunciar a mi situación de actividad como general. Los repetidos intentos (hasta agotar los procedimientos reglamentariamente disponibles) resultaron inútiles, sin haber merecido siquiera explicación o contestación alguna. Por eso hoy he querido exponer, sincera y claramente, ante los miembros actuales y recientes del Consejo Superior del Ejército, las razones que motivaron mi decisión. De esta manera cumplo con mi conciencia y honor, aunque es probable que mi conducta ni tan siquiera sirva como referencia “diferente” a nuestros oficiales, suboficiales y soldados.A pesar de todo, me seguiré esforzando por mantener la esperanza de que el Ejército quiera, sepa y pueda reaccionar antes de que sea demasiado tarde para España. La responsabilidad es vuestra. Para entonces, si esto ocurriera, podéis contar conmigo en el puesto de mayor riesgo y fatiga, donde de nuevo me tendréis a vuestras órdenes.¡VIVA EL EJÉRCITO!¡VIVA SIEMPRE ESPAÑA!Fdo. Blas Piñar Gutiérrez
700.000 cobardes
Para esto hemos quedado. Nunca fuimos gran cosa, hay que reconocerlo, pero nunca pensé que llegaríamos a tan poco. Es lo que ocurre cuando hay tantos: unos por otros, la casa sin barrer. Y cuando no se barre lo que permanece es la mugre. En eso ha quedado la única casa de la derecha sociológica: en un antro lleno de basura donde nadie se atreve siquiera a insinuar que hay que coger la escoba. Sí, hay 700.000 militantes, pero está claro que muy poquitos –por no decir ninguno- son capaces de dar un puñetazo en la mesa y decir basta ya de basura. La izquierda, el PSOE, ya ha contribuido con suficiente basura a colmar el vertedero en que se está convirtiendo nuestro país para que sea necesario sumar también la inmundicia de la derecha. Un día oí decir a José María García que Rajoy era un hombre que tenía la virtud de no manchar allí por donde pasaba y el defecto de no limpiar. Hoy sabemos por qué no limpia: está a gusto con la basura, se encuentra a sus anchas rodeado de ella. Sabemos también hoy que su poca afición a la escoba está poniendo en la calle a cuantos no son capaces de soportar tanta porquería a su alrededor. Porque la basura sólo genera más basura. Convertir la basura en algo útil –reciclarla- requiere un esfuerzo que Rajoy no está dispuesto a realizar; es mucho más fácil mimetizarse con el entorno, adaptarse a él, que mejorarlo. Más sencillo convivir con la basura, ser basura, que limpiar. Claro está que el PP se descompone, claro es que se está convirtiendo en un partido que ya no representa ni a sus propios militantes. Es evidente que tampoco quiere representar a los votantes que confiaron en este partido el pasado 9 de marzo. Y a pesar de todo ello no hay ni un solo movimiento interno que diga que por ahí no vamos a pasar. ¿Dónde están esos 700.000 militantes? ¿Rompiendo el carnet o disfrutando del panorama? Porque ni lo uno ni lo otro es lo que se espera de ellos. ¿O sí? No me cabe duda de que el marianismo espera exactamente eso, que la militancia se quede de brazos cruzados mientras él y su cohorte de sorayos se aprestan a cruzar el Rubicón y unirse al nuevo régimen zetapeísta con la seguridad de que su legión de cobardes militantes no se atreverá más que a decir amén. Sí, sí, cobardes, 700.000 cobardes que no cuentan más que para pagar su cuota, colocarse la pegatina del PP y agitar banderitas cuando se lo manden. Cobardes portadores de un carnet que no significa nada. ¿Dónde están nuestros principios? ¿Dónde está el valor que se nos presumía? ¿En casa? ¿En un cofre bajo siete llaves? ¿Dónde? ¿En busca de unas primarias? ¡Por Dios! Si ni siquiera fuimos capaces de exigir votaciones para nombrar a los compromisarios del Congreso, ¿y vamos a pedir primarias? Luego nos lamentaremos y entre nosotros, con los nuestros, criticaremos a los unos y a los otros, a La Soraya y a Lasalle, a Mariano y a su madre. Hasta habrá quien llore porque gente como María San Gil se vea abocada al abandono de la política, pero no habrá nadie que haga lo que tiene que hacer porque, claro está, es mejor que lo hagan otros. Panda de cobardes. ¿Eso somos? La cobardía, la bajeza, la indignidad de los dirigentes es comprensible –que no justificable- pero me niego a aceptar que todos –los 700.000- seamos así. María San Gil, nos acaba de dar una lección –una más- de lo que significa dignidad y coherencia. Demostremos que somos capaces de levantar la cabeza. Mariano, vete ya.
El ser y el ser
La repentina muerte de Roberto García-Calvo, Magistrado del Tribunal Constitucional, ha dejado a la vista de quien lo quiera ver las miserias de nuestro sistema jurídico kelseniano. La construcción teórica de Kelsen partía de una norma suprema, la Constitución, principio y fin del sistema jurídico. De ella nacía la legitimidad del resto del sistema normativo y en ella se fijaban los límites de todas las normas. Sabiendo que el poder político tiene una extraordinaria tendencia a forzar el Derecho, el modelo de Kelsen introducía como garantía un órgano cuyo único cometido era asegurar que todas las normas se ajustaban escrupulosamente a la norma suprema. Sobre el papel este órgano –en nuestro Derecho, el TC- cerraba el círculo: sin él el sistema era inviable y, como no podía ser de otro modo, gracias a él hoy el sistema es ética y jurídicamente inviable. La construcción de Kelsen partía de la absoluta independencia de los miembros que conformaran el Órgano de Garantías Constitucionales, el TC, y habrá que reconocer que la premisa de la independencia de sus miembros ni se ha dado, ni se dará. El fallecimiento de García-Calvo es una gota más que se suma al torrente de desvergüenza que mana desde el TC y sus aledaños. La cuadra ideológica a la que pertenecía el finado era por todos conocida –al igual que la del resto de los miembros de TC- y la postura a adoptar por éste en cuantos asuntos conociera era sabida de antemano. Simple y llanamente: no era un Juez imparcial. Su notoria parcialidad no era nada extraordinario en el TC donde todos sus miembros actúan con un absoluto desprecio de sus obligaciones. Era uno más de la parroquia del TC, tan parcial en su actuación como los que se sentaban en los bancos de la izquierda. Su muerte no nos priva de un excelso jurista –pocos han pasado por ese Tribunal que vislumbraran la excelencia-, simplemente hace perder la teórica mayoría a la cuadra de los llamados conservadores de cara a la resolución del recurso interpuesto contra el Estatuto de Cataluña que, del mismo modo que se sabía pasaría el trámite del TC antes de la recusación de Pérez Tremps, muerto García-Calvo, se sabe completamente a salvo gracias al voto de calidad de su Presidenta (sí, aquella a la que abroncaba sin disimulo nuestra arrugadísima Vicepresidenta). Y ahora llegan las prisas; de los unos porque se nombre rápido a un Magistrado de los suyos cuanto antes, y de los otros, para que el nombramiento se materialice antes de que el Estatuto de Cataluña sea declarado constitucional. A ninguno de los dos se les cae la cara de vergüenza porque eso es algo que ya no se estila en esta España que han construido entre muchos mientras los más nos quedábamos de brazos cruzados. Nuestro sistema jurídico se fundamenta en un Tribunal corrupto a sabiendas y, lógicamente, de esta corrupción primigenia no puede nacer otra cosa que no sea más corrupción. Esto es lo que nos hemos dado, lo que hemos permitido, y esto es lo que recogemos. El problema de García-Calvo no consistía en que fuera –como algunos han dicho- ultraconservador o conservador a secas. El problema es que sus posturas, en vez de tener como base el Derecho, se fundamentaban en su pertenencia y contrastaban con las posturas de aquellos que –pública y notoriamente- pertenecían al otro bando y que basaban sus posturas también en criterios de pertenencia en vez de en razones estrictamente jurídicas. De nuevo la confrontación entre el ser y el deber ser, aunque agravada porque aceptamos mansamente que el deber ser es sólo una utopía inalcanzable. Ya no se discute sobre el deber de ser imparcial, sino que, aceptada de antemano la parcialidad, la cuestión radica exclusivamente en que sea de los míos o de los otros. Hemos pasado de pedir que la mujer del césar sea honesta y lo parezca, a aceptar sin rubor no sólo la deshonestidad –que casi se presume-, sino también su apariencia –que ni siquiera se oculta-. Que a estas alturas de la película los españoles sigamos sosteniendo un Tribunal como el TC y que ninguno de nuestros representantes haya tenido la honradez de decir bien alto que el Emperador está desnudo, nos hace merecedores de lo que tenemos.
Tristeza y repugnancia
Llevo varios días un poquito lejos del blog y desde que publiqué mi última entrada han pasado cosas muy tristes y otras simplemente repugnantes. Triste es lo que está pasando con María San Gil y repugnante es que ETA haya vuelto a las andadas y que, los mismos que han consentido que se refinanciara con el dinero de nuestros bolsillos, salgan ahora a hacerse los buenos, buenísimos y hablen –ahora sí- de acabar con el terrorismo. Mentira. ETA hace lo que siempre hizo: matar. Ni ha habido cambio, ni lo habrá. Ha sido el Estado –el Gobierno- quien durante mucho tiempo no ha cumplido con su obligación: perseguirlos. ETA no ha cambiado, ha sido el Gobierno el que ha cambiado, el que ahora ha dejado de hablar del fin de la violencia y ha pasado a hablar de acabar con el terrorismo (las palabras, las palabras). El problema para los que vemos esto tan claro es que la gente tiene una memoria de pez: muy corta, muy escasita y se olvida del modo en que Mister Zeta dio oxígeno a ETA con la excusa de que no mataba. Fue Mister Zeta quien permitió a esta pandilla de asesinos y a cuantos les apoyan volver a la vida pública y, lo que es más importante, a recibir el dinero de nuestros impuestos que, como era de esperar, ha ido al bolsillo de los pistoleros. Así de fácil. Y ahora vienen con las chorradas de la unidad de los demócratas y con la unidad del pueblo contra el terror y contra ETA. Váyanse ustedes a la mierda. Ustedes y el pueblo al que pastorean: ¡Váyanse a la mierda! Ustedes –políticos todos- no han detonado la bomba, no, pero les importa una higa que las sigan poniendo. Sólo les importan dos cosas: que no les toque la china (y para eso ya van bien protegidos con coches blindados y guardaespaldas mil) y que, con tanto bombazo y asesinato, no les venga nadie a mover la silla. Es eso y sólo eso. Es en eso en lo que están unidos. Por eso la negociación con ETA les parecía muy bien: porque, de una parte, los sacaba del punto de mira y, de otra, podía eternizarlos en el sillón del poder. Ignominioso, cierto, pero eso de la ignominia no va con nuestros políticos. El fin de la negociación fue el final de los dos objetivos de los políticos que la promovieron. Del primero se escapan gracias a la protección que entre todos les pagamos (y a la cobardía de los etarras, por cierto) y del segundo se salvan –por ahora- gracias a la estulticia y la indecencia de la mayor parte del pueblo español. Qué le vamos a hacer, digo lo que siento y pienso: somos un pueblo (o varios, que ya no lo tengo claro) a la altura de nuestro Gobierno. Ya sólo falta que la oposición se ponga a la altura del Gobierno –que en eso está- para que logremos la tan cacareada unidad y el consenso. La unidad en la indecencia, en la cobardía, en la amoralidad. Y el consenso en la rendición ¡Como si esa unidad y ese consenso evitaran que esta panda de hijos de puta mate! Entérense: la unidad consiste en cumplir las leyes que nos hemos dado y que todo aquél que las incumpla tenga la seguridad de que recibirá cuanto marque la Ley, con independencia de que sea un etarra, un ministro o un amigo del Rey. Así de simple. Si estos canallas asesinos de ETA tuvieran la seguridad de que en frente tienen y tendrán a un Estado digno de ser calificado como de Derecho no buscarían acuerdos ni componendas. Y si el Gobierno no creyera que está por encima de la Ley –que prometió cumplir y hacer cumplir, ja, ja y ja- ni se podría plantear negociar con nadie que la hubiera incumplido porque, simplemente, no tendría nada que ofrecer. Pero como nada de esto es así y, además, nos quedamos todos tan anchos, pues la rueda sigue girando. Para el próximo muerto ya sabemos la receta: un minutito –o cinco- de silencio, caras tristes –por un ratito- y unidad, mucha unidad. Después nos tomamos unas cañas que, ya se sabe, el vivo al bollo. Pero claro, este discurso lo hago porque soy un duro: un ultra, un miembro de la derecha extrema y antipática. Y además católico. Vamos, escoria. A los buenos ya los conocemos: basta con poner la tele. Están en el PSOE y, últimamente, en el PP de Mariano. Están en ERC y en el PNV. En IU y en CiU. Esos son los buenos. Esto de la política funciona así: se pinta una raya en el suelo y se tacha a todo aquél que queda al otro lado. La basura que nos gobierna pintó esa raya hace unos cinco años con el famoso Pacto del Tinell: a un lado quedaban los demócratas, los progresistas, El País y la SER, El Periódico, La Vanguardia, las televisiones todas y al otro quedaban el PP y sus votantes, los obispos y los católicos, la COPE y cuantos no pasaran por rendir pleitesía a la izquierda. Yo no tengo dudas donde estaba ayer y donde estoy hoy. La antipatía de quienes detestan mis ideas me tiene sin cuidado y como a mí a la mayoría de quienes el pasado marzo votamos al PP. Lástima que ese no nos moverán no sea compartido por muchos de aquellos a los que dimos nuestro voto. Estos, con Mariano a la cabeza, están en pedir árnica al Rey Zeta, en ser simpáticos con quienes los despreciaron ayer a costa de hacer a otros –que eran de los suyos- todavía más antipáticos y que, llegada la hora, y puestos a elegir entre los antipáticos genuflexos y los antipáticos orgullosos de serlo, sean ellos, los marianistas, los elegidos por los del otro lado para acompañarlos no se sabe dónde. Pues que con su pan se lo coman. A María San Gil la han puesto al otro lado de la raya, pero no de la raya que pintó el Tinell sino de una nueva raya que ha trazado Mariano y que divide al PP en dos bandos: los que están con Mariano y los que no, los blandos y los duros, los centristas y los de la derecha extrema, los simpáticos y los antipáticos. María San Gil como tantos otros están ahora en ese lado, son la coartada que utilizan los traidores para ganarse la confianza del que ayer era su enemigo, son el precio que hay que pagar para formar parte de la unidad de los demócratas. No saben, pobres imbéciles, que Roma no paga a traidores y que en torno a gente como María San Gil hay más vida y más fuerza que en toda esa unidad en la miseria socialista. Y mientras tanto siguen renegando de unas primarias que saben que nunca ganarían. Mariano, vete ya.
¡Un premio! ¡Un premio!
El autor del blog República Rojigualda ha tenido a bien concederme el Premio Unidad. Este premio está sujeto a las siguientes reglas: El Premio Unidad reconoce a aquellos blogs que fomentan el compañerismo, la solidaridad, que hacen campaña a favor de campañas generales, con los que siempre se puede contar para cualquier iniciativa y que practican y promocionan la unidad entre bloggers.Los blogs premiados enlazarán esta entrada para conocer el origen del premio, así como enlazarán la entrada del Blog que les concede el galardón.Los premiados pueden mostrar el premio en sus blogs.Cada Blog premiará a su vez a otros 3, los que según su criterio mejor representen las características del premio.Los premiados se comprometen a observar las reglas. Desde aquí mi agradecimiento. En breve nombraré a mis galardonados. Publicado por
Unos crían la fama
Almíbar Zeta

References: Artículo 144
 Artículo 145
 Artículo 146
 artículo 417
 artículo 429
 resolución