Source: http://www.slideshare.net/hansmejia/deprim-pdf-seriematematica01
Timestamp: 2015-07-30 23:41:39+00:00

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MANUAL DE BUENAS PRÁCTICAS DE EVALU...
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by Alejandro Gil O
La enorme cantidad de informes publicados en el campo de la didáctica de las matemáticas, obligaron a los autores a exponer pocos casos, pero han tratado de dar una perspectiva.
Bertha Jimenez Clemente
, MMMMMM...
Transcript of "Aprendizaje y enseñanza de las Matemáticas escolares"
ISBN: 978-607-467-053-0
y enseñanza de las
Casos y perspectivas
Aprendizaje y enseñanza de las Matemáticas escolares. Casos y perspectivas fue elaborado por la Dirección General de Desarrollo Curricular, que pertenece a la Subsecretaría de Educación Básica, de la Secretaría de Educación Pública, con la colabo­ ación
del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional.
Coordinación académica por el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto
Carmen Batanero Bernabeu, Universidad de Granada, España
Ángel Gutiérrez Rodríguez, Universidad de Valencia, España
Verónica Hoyos Aguilar, Universidad Pedagógica Nacional, México
Gonzalo López Rueda, Escuela Normal Superior, México
Salvador Llinares Ciscar, Universidad de Alicante, España
Mariana Sáiz Roldan, Universidad Pedagógica Nacional, México
Ernesto Sánchez Sánchez, Cinvestav-IPN, México
D.R. © Secretaría de Educación Pública, 2011	Argentina 28, Centro, CP 06020
1. Didáctica de las matemáticas y el profesor
de los niveles básicos	15
Un día en la clase de matemáticas de la maestra Carmen	17
Las tareas en la clase de matemáticas	22
El aprendizaje: la relación entre lo matemático y lo cognitivo	25
La cultura en el salón de clases	31
Conclusión: el papel del profesor en el desarrollo
de competencias	35
2. Sentido numérico y pensamiento algebraico	37
Sentido numérico	37
Pensamiento algebraico	48
3. Forma, espacio y medida	59
Aprendizaje de la geometría durante la educación básica	60
Aprendizaje de la medida de magnitudes
durante la educación básica	71
4. Manejo de la información	79
Datos, gráficas y medidas de tendencia central	79
Azar y probabilidad	92
Relaciones de proporcionalidad	101
5. La tecnología para el aprendizaje de las matemáticas	109
Sentido numérico	110
Pensamiento algebraico	114
Forma, espacio y medida	117
Azar y probabilidad	123
Relaciones de proporcionalidad	126
6. Pautas para la formación continua de los profesores
de matemáticas	129
Tareas profesionales del docente	130
Competencias docentes	132
Oportunidades de aprendizaje profesional para el docente	135
Tres pautas para la formación continua de los profesores
de matemáticas	Bibliografía	147
149	8.
de la Reforma Integral de la Educación Básica (RIEB). Su propósito es impulsar la comprensión de los enfoques, campos formativos, asignaturas
campos formativos y asignaturas en los tres niveles de la educación básica
(preescolar, primaria y secundaria) y, al mismo tiempo, convertirse en una
herramienta útil para fortalecer la actualización y formación continua de
los y las docentes en los distintos espacios disciplinares de la educación
Los títulos que conforman la serie han sido cuidadosamente elaborados por especialistas a nivel nacional e internacional en los diferentes
campos que integran el currículo de educación básica, a fin de apoyar la
comprensión de los procesos de transformación curricular que en el
marco de la RIEB experimentan docentes, directivos, personal técnico y
de apoyo, así como alumnos en los jardines de niños y en los planteles de
currículo nacional de la educación básica de las siguientes asignaturas según su distribución en los planes y programas correspondientes: Matemáticas, Ciencias, Formación Cívica y Ética, Historia, Geografía, Artes, y
Estimado profesor, estimada profesora, éste es un material de apoyo para su actividad docente, que le ofrece información sobre investigaciones recientes acerca del
aprendizaje y de la enseñanza de las matemáticas; los temas de investigación que
lo integran forman parte de algunos programas de estudio de los niveles básicos:
preescolar, primaria y secundaria. La enorme cantidad de informes publicados en
el campo de la didáctica de las matemáticas —imposible de incluir en este volumen— obligaron a los autores a exponer pocos casos, pero han tratado de dar una
perspectiva general de cada eje curricular.
En la medida de lo posible, la elección de los temas y las investigaciones resumidas cumplen tres requisitos: 1) claridad de los problemas propuestos y resultados
obtenidos en la investigación; 2) aplicabilidad en las sesiones de algún grado de
la educación básica; y 3) relevancia didáctica, en el sentido de aportar resultados
valiosos, reconocidos por la comunidad, para la comprensión de los problemas que
enfrenta la enseñanza y el aprendizaje de las matemáticas en las aulas.
En el capítulo 1 se identifican los tipos de conocimiento que debe desarrollar
un profesor de niveles básicos para tener un desempeño competente en sus tareas
docentes. El autor se apoya en un fragmento de un registro de observación que le
permite ilustrar cómo se traducen los conocimientos del profesor sobre contenido
matemático, aprendizaje de los alumnos y gestión de la clase en la promoción de
una cultura matemática dentro del aula.
El capítulo 2 se divide en dos partes: en la primera, se define el sentido numérico y se ejemplifica cómo desarrollarlo, y se exponen los distintos significados que
toman las fracciones; en la segunda, se ofrece una breve caracterización del pensamiento algebraico y se aborda el tema clásico de ecuaciones de primer grado.
Para finalizar, se presenta un estudio sobre la generalización en álgebra.
El capítulo 3 también se divide en dos partes: la primera trata acerca del aprendizaje de la geometría; se expone el modelo de Van Hiele sobre desarrollo del razonamiento geométrico; y se aborda el tema de la enseñanza y del aprendizaje de
la demostración y la visualización en la educación básica. La segunda parte, sobre
el aprendizaje de la medición, resume estudios del aprendizaje de la medición de
longitudes, áreas y volúmenes. Al final se tratan los errores en el cálculo de áreas, y
volúmenes donde se aplica inadecuadamente la proporcionalidad.
El capítulo 4 incluye tres apartados: a) Datos, gráficas y medidas de tendencia
central, donde se resumen estudios sobre recopilación y organización de datos;
b) Azar y probabilidad presenta temas (la percepción de la aleatoriedad, por ejemplo), adquisición de nociones (espacio muestral y eventos), así como el aprendizaje
y las dificultades de las definiciones de probabilidad; y c) Relaciones de proporcionalidad desarrolla un esquema para organizar situaciones de proporcionalidad.
En el capítulo 5 se revisan brevemente diferentes estudios relacionados con el uso
de la tecnología para desarrollar en los estudiantes el sentido numérico con ayuda de
calculadoras; el pensamiento algebraico con hojas de cálculo; el razonamiento
geométrico con Logo y software de geometría dinámica; el razonamiento probabilístico con Probability Explorer y TinkerPlots; y para finalizar el razonamiento proporcional, también apoyándose en Logo.
En el capítulo 6 se enuncian y analizan las tareas profesionales del docente, lo
que permite definir las competencias que debe adquirir durante su formación y desarrollo profesional. Se describen las características que es necesario considerar para
crear oportunidades de aprendizaje profesional y, por último, se formulan tres pautas
que deben seguirse para formarse y superarse de forma continua como profesores
Los autores esperamos que este material proporcione ideas y conocimientos
para planear y llevar a la práctica los proyectos de clase, pero también que ofrezca
la posibilidad de formarse una perspectiva general de la investigación en educación
matemática. Esto permitirá al docente de la asignatura aprovechar las nuevas aportaciones de la investigación y convertirlas en casos prácticos en su aula.
1.	Didáctica de las matemáticas
y el profesor de los
Ernesto Sánchez Sánchez, Cinvestav, ipn, México
La didáctica de las matemáticas abarca múltiples ámbitos de reflexión e indagación,
tales como el desarrollo de teorías educativas, el currículo, la política educativa,
la formación de profesores, el aprendizaje y la enseñanza de las matemáticas y el
aula de matemáticas. Sin embargo, en este capítulo vamos a identificar las tareas
profesionales que definen la enseñanza de las matemáticas y nos centraremos en
los conocimientos de didáctica de las matemáticas que pueden ser pertinentes
para el docente de los niveles básicos en la realización de esas tareas; es decir, expondremos los conocimientos que ayuden al profesor a comprender las situaciones
de enseñanza y de aprendizaje de las matemáticas en las aulas de educación primaria y secundaria, y que puedan utilizar para la toma de decisiones docentes.
En el proceso de enseñanza y de aprendizaje que ocurre en una clase de matemáticas identificamos tres elementos y sus relaciones, generadas en un contexto
sociopolítico determinado: el estudiante, el contenido matemático y el profesor
(llamado triángulo didáctico, véase figura 1.1). De manera específica, en una situación de enseñanza de las matemáticas, un profesor debe gestionar una parte
del contenido matemático con el objetivo de que sus estudiantes desarrollen diferentes dimensiones de lo que podemos considerar competencia matemática. En
estos casos, la didáctica de las matemáticas modela y estudia las interacciones
entre estos tres elementos y sus relaciones, y proporciona el conocimiento para
interpretar, comprender y tomar decisiones en dicha situación (Gutiérrez y Boero,
2006; Lester, 2007).
Figura 1.1. Elementos del proceso de enseñanza y de aprendizaje.
El profesor, por medio de los problemas y las actividades que plantea a sus estudiantes, implementará un currículo que refleje lo que la sociedad demanda a la formación matemática de los estudiantes. El programa de matemáticas (sep, 2006:11)
se refiere a la competencia matemática en los siguientes términos:
Una competencia implica un saber hacer (habilidades) con saber (conocimiento), así
como la valoración de las consecuencias del impacto de ese hacer (valores y actitudes). En otras palabras, la manifestación de una competencia revela la puesta en
juego de conocimientos, habilidades, actitudes y valores para el logro de propósitos
Las competencias movilizan y dirigen todos estos componentes hacia la consecución de objetivos concretos; son más que el saber, el saber hacer o el saber ser [....]. La
movilización de saberes (saber hacer con saber y con conciencia respecto del impacto
de ese hacer) se manifiesta tanto en situaciones comunes de la vida diaria como en
situaciones complejas, y ayuda a visualizar un problema, a determinar los conocimientos pertinentes para resolverlo, a reorganizarlos en función de la situación, así como a
El objetivo de este libro es proporcionar sugerencias para pensar en clases que
favorezcan el desarrollo de estudiantes matemáticamente competentes. Por lo cual,
la información de éste y los siguientes capítulos se pensó para que los docentes implementen diferentes decisiones con fundamento para lograr el mismo objetivo: que
los alumnos aprendan matemáticas a partir de comprenderlas para llegar a ser ciudadanos competentes; es decir, que aprendan cómo funcionan las matemáticas
para que las produzcan por ellos mismos y sepan utilizarlas en asuntos de su vida
profesional y personal, además de apreciar su rigor y belleza. Para organizar y desarrollar el contenido de este capítulo, nos apoyaremos en un fragmento de registro de
observación procedente de una clase de 5º de primaria (alumnos de 10 a 11 años
Este registro de la clase de la maestra Carmen es una ventana mediante la
cual podemos identificar aspectos de la enseñanza de las matemáticas que consideramos relevantes para entender lo que sucede en una clase de esta asignatura,
e identificar el conocimiento de didáctica que puede ser pertinente para potenciar la competencia matemática de los estudiantes.
del programa de Matemáticas de este grado, en el tema “Significado y uso de las operaciones”, y el subtema “Multiplicación y división”, se proponen los “conocimientos y las habilidades” siguientes: 2.4 Encontrar las relaciones D = c × d + r (r < d) y utilizarlas para resolver
cifras. Por ejemplo, en el tema de la división entera (la división inexacta) los estudiantes suelen realizar, de manera correcta, los cálculos en ejercicios como los siguientes:
a) 23451 : 4	d) 58788 : 69
b) 48623 : 58	e) 17346 : 23
c) 14030 : 46	f) 5572 : 37
el algoritmo de la división y son capaces de realizar la prueba de la división. Sin embargo,
es decir, determinar de cuántas cifras va a estar compuesto el cociente, antes de hacer
anterior?, ¿cuántas tendrá el cociente del ejercicio f?
unidades con las que están trabajando en cada momento. Así, al realizar la división del inciso
c, cuando escriben lo que aparece en la figura 1.2, tienen dificultades para responder la pregunta: ¿qué tipo de unidad es el 23?, así como para justificar y argumentar su respuesta.
aritmética vinculada a la división entera (D = dxc + r). Para el inicio de la clase de hoy, plantea a sus alumnos los siguientes problemas:
Indica los números que faltan en las expresiones:
661 = 9 × [_]+4
837 = [_]× 64 + 52
302 = 7 × 42 + [_]
La maestra Carmen escribe en el pizarrón las expresiones anteriores y pide a sus alumnos que le digan qué número falta en la primera. Algunos alumnos levantan la mano y
empiezan a decir números para la primera expresión (27, 43…). La profesora les pide que
justifiquen por qué creen que esos números son los adecuados, y solicita que lo comprueben. Cuando los alumnos realizan las operaciones con el fin de verificar que se cumple la
primera igualdad para el número 27, se dan cuenta de que lo que obtienen de multiplicar
9 por 27 y luego sumarle 4 “está muy lejos de 661”. La maestra Carmen pide a sus alumnos
que trabajen en equipos de dos o tres integrantes y busquen números que cumplan las igualdades. Insiste en que luego explicarán al resto de sus compañeros lo que han pensado
hasta obtener los números: lo que obtienen y el procedimiento que siguieron.
Luego de trabajar durante unos minutos, la maestra Carmen propone una discusión
grupal para compartir los diferentes procedimientos usados para averiguar los números que
faltan. La profesora pide al equipo de Inés que diga cómo lo hicieron.
Inés y Manuel van al pizarrón y explican:
Inés: —Hemos probado diferentes números en la tabla del 9 y a lo que salía le sumamos
4. Pero no daba igual (se refiere a que la suma no da 661). Hemos probado con
más números, pero todavía no lo hemos encontrado.
Maestra: —¿Alguien puede plantear una forma más rápida de averiguar el número que
falta en la primera igualdad? Además, tiene que explicar por qué el procedimiento pensado ayudaría a resolver el problema.
Lucía (levanta la mano): —Cuesta mucho la manera en que el equipo de Inés y Manuel
está probando, y puede ser que nunca acierten; como 661 son 6 centenas, si mul-
tiplicamos 9 por 100, que es una centena, se pasa; se puede probar con 80 (Lucía
va al pizarrón y hace las operaciones [9 × 80 + 4]). Al obtener 724 se puede probar
con 70 (hace las operaciones [9 × 70 + 4]) y el resultado es 634, el que (señala el
número 70) está más cerca.
Paco (levanta la mano): —Se podría probar con 60 (varios compañeros empiezan a
protestar).
Eduardo: —634 es más pequeño que 661, pero poco. Tenemos que multiplicar por
un número un poco mayor que 70 para no pasarnos (muestra una lista de números que estuvieron probando en su equipo y los resultados que obtuvieron).
Nosotros nos dimos cuenta, al mirar todos los números, que habíamos probado y
lo que nos salió.
Maestra (pregunta a Paco): —¿Comprendes lo que está diciendo Eduardo? ¿Los demás están de acuerdo?
Paco: —Es verdad, para que salga un número un poco mayor que 634 debemos multiplicar por un número un poco mayor que 70.
Inés: —Yo probé con el 73 y me salió (señala en el pizarrón las operaciones que hizo;
véase figura 1.3).
Figura 1.3. Comprobación de la solución a la ecuación 661 = 9 × [_] + 4.
Maestra: —¿Cómo lo obtuviste?
Inés: —Cada vez que multiplicamos 9 por 70, y luego por 71 el resultado aumenta en 9,
como de 630 a 661 van un poco más de 30, decidí multiplicar por 3 más (se refiere
a multiplicar por 73) que aumentaba en 27. Lo probé y salió.
La maestra Carmen resume lo que han hecho durante los últimos minutos. Su objetivo es
que se dieran cuenta que ordenar y organizar los diferentes números que probaron y los resultados que obtuvieron, les permitió realizar una búsqueda específica del número que faltaba, y evitar así probar números sin un objetivo claro. Además, resalta el último razonamiento de Inés, quien
se apoyó en el cálculo mental y usó la relación entre los números para justificar una decisión.
La profesora intenta que sus alumnos trasladen su atención del resultado al procedimiento usado. Para reforzar esto, a continuación pregunta si algún otro equipo había utilizado otro procedimiento. Susana pide la palabra:
Susana: —Nosotros pensamos que teníamos que buscar un número que al multiplicarlo
por 9 le faltaran sólo 4 para llegar a 661. Así que nosotros buscamos un número que
multiplicado por 9 diera 657.
Maestra (se dirige a Susana): —Ve al pizarrón y explica cómo lo hicieron (Susana realiza
la división que aparece en la figura 1.4).
Figura 1.4. División.
Susana: —73 es el número que falta, ya que al multiplicar 73 × 9 sale 657.
Maestra (se dirige a todo el grupo): —¿Se entiende el procedimiento realizado
por el equipo de Susana? (los alumnos asienten; ella enfatiza). Lo relevante en cómo
el equipo de Susana resolvió la tarea es el hecho de ver la expresión aritmética
(661 = 9 x [_] + 4) como un todo, y ver que el signo de igual indica la equivalencia
entre las dos partes de la igualdad. Ahora busquen el número que falta en la siguiente igualdad: (837= [_] x 64 + 52). Usen cualquiera de los dos procedimientos
que revisaron hasta el momento.
Del fragmento del registro de observación de la clase de la maestra Carmen
podemos identificar cuatro dimensiones que la articulan (Fennema y Romberg,
1999), las que nos permitirán generar una reflexión sobre el conocimiento de didáctica de las matemáticas pertinente para que el docente promueva el desarrollo de
la competencia matemática de los estudiantes en el aula:
•	Las características de las tareas matemáticas (problemas, ejercicios, actividades).
•	El aprendizaje: la relación entre lo matemático y lo cognitivo en un contexto social.
•	El desarrollo de una cultura matemática en la clase: las normas y reglas que rigen
el discurso y la comunicación matemática en el aula.
•	El papel del profesor en el desarrollo de clases de matemáticas que potencien la
generación de la competencia matemática.
Las tareas en la clase de matemáticas
Las tareas constituyen las referencias sobre las que se articula la enseñanza y, por
tanto, son un factor fundamental que determinan el aprendizaje. Se entiende
por tareas matemáticas los ejercicios, los problemas o las actividades de contenido matemático que se realizan en la clase (no a lo que tradicionalmente se
llama la tarea, que consiste en ejercicios o problemas para resolver en casa). En
seguida se resaltarán características de las tareas en su relación con tres aspectos
fundamentales que intervienen en la actividad escolar: el contenido, el aprendizaje y la gestión de la clase.
a)	Contenido. Las tareas se elaboran o eligen para ofrecer a los estudiantes oportunidades de aprendizaje de los diversos contenidos del Programa de estudio de
Matemáticas del grado correspondiente; al hacerlo así, se asume que los temas
y conceptos que el programa prescribe son ideas matemáticas centrales que
los estudiantes requieren aprender.
La tarea que la maestra Carmen sugirió a sus estudiantes cubre parte de
los conocimientos y las habilidades prescritos en el segundo bloque del 5º grado del Programa de estudios (sep, 2009) que indica: 2.4 Encontrar las relaciones
D= c × d + r (r < d) y utilizarlas para resolver problemas. Como se verá más adelante, este tema es fundamental para la comprensión de la división aritmética.
b)	Aprendizaje. En la elaboración o elección de las tareas es importante considerar los conocimientos que ya poseen los estudiantes y prever posibles dificultades, errores y falsas concepciones que surjan cuando las tareas se realicen en
el salón de clases. Además, es necesario considerar la trayectoria hipotética del
aprendizaje que estos pueden desarrollar al resolver las tareas. En relación con
esta cuestión, los resultados de las investigaciones sobre didáctica de las matemáticas proporcionan conocimiento acerca de las características del aprendizaje matemático de los estudiantes, se identifican y caracterizan dificultades,
errores comunes y concepciones de éstos en cuanto a diversos temas de las
matemáticas escolares (véase la siguiente sección y los demás capítulos de este
libro), incluso proporcionan información sobre cómo los estudiantes aprenden
Una característica de la tarea que eligió la maestra Carmen era que representaba un desafío para los alumnos, aunque podía resolverse a partir de sus
conocimientos previos, pues sólo requería las operaciones de suma, resta y multiplicación; es decir, temas que ya se vieron en grados anteriores. Sin embargo,
la manera en que se presentó permitió desarrollar en los estudiantes procesos
matemáticos que potenciaron su comprensión de la división y de la perspectiva
estructural de las expresiones aritméticas.
Así, la forma (c = a ×  + b) en que la maestra Carmen presentó las igualdades
aritméticas en las tareas dadas a sus estudiantes, colocando las operaciones a la
derecha del signo igual, tenía como objetivo intentar superar el significado que
muchos alumnos de primaria dan al signo igual: como anunciando el resultado
de una operación aritmética que debe realizarse de izquierda a derecha (por
ejemplo, la expresión 24 + 73 =  dificulta que la vean indicando una equivalencia entre las dos partes, porque lleva a interpretar el signo
= como el resultado
de alguna operación). La presentación de las actividades en la forma en que la
profesora lo hizo intenta crear contextos para que los alumnos empiecen a desarrollar una interpretación del signo igual para una equivalencia matemática y
no sólo se vea como una visión operativa (tener que hacer cuentas para buscar
un resultado). El contexto fue el de las relaciones aritméticas en la división entera
(D = dxc + r) mediante un problema que resultó asequible y estimulante para
sus alumnos. En otras palabras, la actividad propuesta por la maestra Carmen
le permitió enfatizar el significado de las expresiones aritméticas (por ejemplo:
837 =  × 64 + 52) como objetos (estructuras) más que como procedimientos de
cálculo que deben realizarse. En este sentido, una visión estructural de la igualdad aritmética es lo que permitió al equipo de Susana generar su procedimiento
c)	Gestión de la clase. La elaboración y elección de las tareas también depende
de la concepción que el profesor tenga sobre cómo se crean condiciones en
el aula para que los estudiantes aprendan y, por tanto, de la flexibilidad y las
posibilidades que ofrecen para ser manejadas en clase.
La tarea elegida por la maestra Carmen debe verse, asimismo, desde la
perspectiva en que la presentó a sus estudiantes y la manera en que gestionó las
respuestas de sus estudiantes. En este sentido, su elección estuvo guiada por la
convicción de que los alumnos aprenden resolviendo problemas y creando un
ambiente de discusión en clase. En consecuencia, esperaba que los estudiantes
se comprometieran con la tarea y se presentaran diferentes procedimientos de
solución e, incluso, resultados distintos. Esto permitiría generar la discusión. Con
estas ideas, la profesora fue capaz de tomar decisiones con base en las diferentes reacciones de sus estudiantes frente al problema. Si pensara que los alumnos
aprenden mediante explicaciones y después ejercicios y práctica, quizá hubiera elegido otro tipo de tareas, y planteado su gestión en el aula de manera
diferente; por ejemplo, una batería de ejercicios para resolver después de dar
una explicación de cómo hacer un caso general.
El aprendizaje: la relación entre lo matemático
y lo cognitivo
Una amplia clase de investigaciones en didáctica de las matemáticas ofrece conocimientos sobre los procesos de aprendizaje de contenidos matemáticos específicos, muchos referidos a tareas muy precisas. La pregunta fundamental "¿Cómo
aprenden los niños contenidos matemáticos?" se multiplica en muchas preguntas
en las que se debe precisar el contenido matemático. Los estudios de didáctica, en
relación con el aprendizaje en general, prevén dificultades y falsas concepciones
en los estudiantes respecto a contenidos específicos y, a veces, también indican
cómo utilizar esos conocimientos en la clase y su potencial para la evaluación.
La situación de la clase de la maestra Carmen nos sirve de ejemplo y nos permite
subrayar aspectos que requieren considerarse al analizar el aprendizaje. Estos aspectos son: a) El contenido matemático y las dificultades de comprensión del signo de
igualdad; b) Las características de la implementación de las tareas; y c) La evaluación de la actividad matemática de los alumnos.
a)	Contenido matemático y la comprensión de signo de igualdad. En la escuela
suele aprenderse el aspecto operacional de la división; esto quiere decir aprender los pasos que deben seguirse para obtener el cociente y el resto de un
número que se divide entre otro. En México, este procedimiento suele llamarse
el método de la casita, cuya representación queda como se muestra:
Por ejemplo, si se divide 428 entre 12, se obtiene como cociente 35 y como
resto 8; el procedimiento mediante el cual los estudiantes obtienen esos números
queda representado de la siguiente manera:
8................(1)
En cambio, la formulación estructural del algoritmo de la división pre-
senta un aspecto diferente; dicha formulación se conoce desde la época de
Euclides (300 a. C.) y es la siguiente (en lenguaje moderno):
Dados dos números enteros positivos B y A, con A > 0,
existen dos enteros q > 0 y r, con 0 ≤ r < A, tal que B = q × A + r
Un ejemplo de esta proposición se obtiene al aplicarla al ejemplo anterior;
significa que dados los números 428 y 12 existen los números 35 y 8 (con 8 < 12)
428 = 35 × 12 + 8…………..(2)
La proposición no nos informa sobre el procedimiento a seguir para encontrar
el cociente y el resto, pero establece, de manera precisa, la relación estructural de
todos los elementos presentes en la división entera en términos de una igualdad y
de las operaciones de multiplicación y suma. La forma de organizar los elementos de la división con residuo recuerda la técnica de comprobación de una división.
Es muy importante que los estudiantes asocien la expresión (2) a la repre-
sentación del procedimiento de la división (1) y viceversa, así como que el procedimiento (1) los lleve a la expresión (2). Una manera de establecer y fortalecer
esos vínculos es mediante los problemas que la maestra Carmen propuso a sus
estudiantes, en este caso, pidiéndoles encontrar el valor faltante en expresiones
similares a la siguiente:
428 =  × 12 + 8
Un aspecto que se resolverá en la proposición del algoritmo de la división
de Euclides es que la división se formula sólo en términos de las nociones de multiplicación, suma e igualdad. Sin embargo, esta noción de igualdad conlleva
dificultades para los estudiantes. Como ya se mencionó, en relación con la tarea que la profesora Carmen sugirió a sus alumnos, hay dos formas de entender
el signo = : una, como un operador, y, dos, como una relación de equivalencia.
El signo de igualdad se interpreta a manera de operador cuando se mira la
parte izquierda de la igualdad como las operaciones que hay que realizar para
obtener el valor de la parte derecha; en cambio, se interpreta como una relación de equivalencia cuando se entiende a manera de proposición que es
verdadera si las expresiones de ambos lados representan una misma cantidad,
y falsa cuando representan cantidades distintas.
En los problemas que administró la maestra Carmen es necesario ver al sig-
no de igualdad como una relación de equivalencia, porque hay que encontrar
un número que haga verdadera la igualdad. A muchos niños el problema les
puede resultar extraño, incluso sin sentido, ya que pueden estar acostumbrados
a encontrar el signo de igualdad como un operador y no haber tenido nunca
la oportunidad de enfrentarse a problemas en los que se requiere entenderlo
como una relación de equivalencia.
Las dificultades con el significado relacional del signo de igualdad se pre-
sentan en estudiantes de diferentes niveles, desde primaria hasta bachillerato,
como lo muestran varios informes de estudios de didáctica, como los de Kieran
(1981, 2006), y Baroody y Ginsburg (1983). Recientemente, Seo y Ginsburg (2003)
llevaron a cabo una investigación con estudiantes de Taiwán de 2º de primaria.
Estos autores analizaron cómo se presenta el signo de igualdad en los problemas y ejercicios en los textos; cómo enseña y utiliza el signo de igualdad una profesora en sus clases de matemáticas; y las concepciones del signo de igualdad
de los niños. En seguida resumiremos esta última parte de la investigación, que
parte de tres entrevistas.
En la primera entrevista, a los niños se les presentó sólo el signo = y se les pi-
dió que dijeran qué era; 14 de 16 niños respondieron que era el “signo de igual”.
Cuando se les pidió explicar qué quería decir dicho signo, sólo dos sugirieron
un significado relacional (es decir, respondieron que “es igual a”); los otros 14 lo
interpretaron como un símbolo operador; por ejemplo, tres respuestas de tipo
operacional fueron: “el resultado es”, “la suma da”, “el total es”.
En la segunda entrevista, el signo
= se presentó en enunciados numéricos
canónicos de suma o resta de la forma:
(por ejemplo: 2 + 3 = 5). Los participantes en este caso dieron las mismas respuestas que en la primera entrevista. Los dos niños que interpretaron el signo igual
como un símbolo relacional en la primera entrevista volvieron a responder que
significaba “lo mismo que” y los 14 niños que lo interpretaron como un operador,
lo interpretaron de la misma manera.
En la tercera entrevista, a los alumnos se les presentaron enunciados de la
(por ejemplo: 5 = 2 + 3) y se les pidió que explicaran qué quería decir la expresión
y el signo de igualdad. 13 de los 16 niños respondieron que la expresión no decía
nada; algunos dijeron que estaba invertida (“La escribió volteada, maestra”,
“Debería ponerla al revés, ¿no?”, etc.). Sólo tres niños, que interpretaron el
signo de igual como un operador en las primeras entrevistas, aceptaron que
la expresión c = a + b tenía sentido y argumentaron que ya la habían visto en
otro lado. Los dos niños que en la primera y segunda entrevistas vieron el signo
de igualdad en su aspecto relacional estuvieron dentro de los 13 que no le encontraron significado a la expresión. Los autores deducen que no es suficiente
tener una idea relacional del signo igual, sino que es necesario familiarizarse con
problemas y situaciones en que el signo se utilice en su forma relacional.
El conocimiento matemático del algoritmo de la división y del signo de
igualdad, muestran la profundidad de la, aparentemente, simple tarea que
puso la maestra Carmen a sus estudiantes.
b)	Características de la implementación. No sólo los conocimientos mencionados
fueron puestos en juego por la profesora Carmen en su lección; también la relación entre lo matemático y lo cognitivo, como un aspecto del aprendizaje, queda reflejada por una concepción de cómo adquieren los niños los conocimientos y una posición sobre cómo deben enseñarse los contenidos matemáticos.
No basta con saber los contenidos y las dificultades del tema, ya que la
profesora pudo haber dictado en su clase la relación entre el procedimiento de
la división y la estructura del algoritmo de la división e insistir con los niños para
que lo aprendieran; haber explicado los significados del signo de igualdad e ilustrar con ejemplos cómo a veces el significado del signo no es llevar a cabo una
operación; preparar una batería de ejercicios con todas las variantes posibles
y organizarlos del más simple (operacional) al más complejo (relacional); poco
a poco enseñarles los procedimientos para resolverlos y después dejar a los niños resolver, individualmente, todos los ejercicios, procurando ayudarles cuando
tuvieran dificultades. Sin embargo, de seguro ella sabe que los conocimientos
adquiridos de esta manera no son tan eficaces para desarrollar un pensamiento
matemático, como lo es que los estudiantes resolvieran los problemas con sus
propios recursos, conocieran procedimientos de otros y discutieran la validez y
calidad de los resultados y procedimientos que permitieron alcanzarlos.
c)	Evaluación de la actividad matemática de los alumnos. Determinar en qué medida los estudiantes aprendieron el contenido de la enseñanza para asignarles
una calificación ha sido, durante mucho tiempo, el objetivo de la evaluación.
Pero, las nuevas tendencias de la evaluación sugieren que su propósito principal
es ser un medio para obtener información y llegar a conocer las dificultades y
concepciones de los estudiantes, y hacer un seguimiento de su aprendizaje
(Llinares y Sánchez, 1998; Giménez, 1992). Este conocimiento permitiría al docente ajustar su proyecto de enseñanza para optimizar los resultados. Se mencionó
que el propósito de la evaluación es conocer los aprendizajes alcanzados por
los estudiantes, pero también las dificultades para aprender los contenidos específicos, así como las concepciones que tienen acerca de ellos, esto facilita la
toma de decisiones del profesor, sus estrategias para mejorar la clase y la asignación de calificaciones.
La tarea que la maestra Carmen eligió para trabajar con sus alumnos le
permitió darse cuenta de que los alumnos no asocian la expresión c = a ×  + b
con la división con resto de c entre a, a pesar de que poseen los antecedentes para hacerlo. También le ayudó a observar que los estudiantes descubren
estrategias propias y las pueden comparar con otras de sus compañeros y evaluarlas. Por otra parte, la puesta en común de los diferentes procedimientos de
resolución encontrados por los equipos en clase crea la oportunidad para que
los alumnos justifiquen sus propuestas; además, con la petición de la maestra
Carmen a sus estudiantes de que argumenten lo que se hace, le permite obtener información sobre la comprensión de sus alumnos de las diferentes ideas
matemáticas. Este aspecto es relevante porque, para evaluar la resolución de
problemas, la profesora debe ir más allá de recopilar las respuestas escritas de
sus alumnos y apoyarse en las explicaciones que los diferentes alumnos realizan
La cultura en el salón de clases
Se vieron dos aspectos importantes de la didáctica de las matemáticas para la actividad docente del profesor: la naturaleza de las tareas y los elementos para su
aprendizaje. Ahora se adoptará un punto de vista más global al centrar la atención
en la noción de cultura matemática en la clase de matemáticas; ésta incluye un
conjunto de significados compartidos acerca de las interacciones entre los profesores, los alumnos y el contenido matemático dentro del salón de clases; tales significados determinan los comportamientos que ahí se producen y su efectividad.
La cultura matemática en la clase está determinada por los siguientes aspectos:
•	Dirigir la actividad hacia ideas matemáticas centrales.
•	Favorecer unas determinadas características de la interacción:
a)	La interacción de los estudiantes con relación a las matemáticas.
b)	El tipo de actividad cognitiva que desarrollan en relación con el contenido matemático.
•	Establecimiento de normas sociomatemáticas.
Actividad con la que el profesor ayuda a crear normas sociomatemáticas (por
ejemplo, cómo se determina la verdad matemática en el aula).
Actividad dirigida hacia ideas matemáticas centrales. En las diferentes áreas
de las matemáticas hay ideas que son la base para comprender otras muchas
nociones matemáticas y que es deseable que todos los estudiantes adquieran y
manejen a un nivel más o menos profundo. La mayoría de estas ideas se sugieren
en los programas de estudio, aparecen por primera vez en el grado escolar en
que se considera que los estudiantes son maduros para comprenderlas, y luego se
incluyen reiteradamente en grados subsecuentes, pero de manera más compleja o elaborada. Por ejemplo, las nociones de número (entero, racional), de figura
geométrica, de variable, de probabilidad y de datos, a partir de su aparición en
algún grado escolar se vuelven a revisar a lo largo de varios grados. Hay otras ideas,
llamadas transversales que están, o deberían estar, presentes en cualquier grado,
que aun cuando no se refieren a contenidos específicos forman parte integral de
la actividad matemática; tales ideas se identifican con las expresiones: resolución
de problemas, representación, comunicación, manejo de técnicas, justificación y
argumentación. En ocasiones, hay otras ideas que pueden no estar explícitamente
en los programas, sin embargo, en la investigación didáctica se revela su importancia. Este es el caso de las nociones de igualdad en aritmética y álgebra, visualización en geometría, aleatoriedad en probabilidad y variación en estadística, entre
otros. La identificación y selección de las ideas centrales y su posterior tratamiento
ayudan a construir la cultura del salón de clases al poner el foco de atención en lo
que es relevante para el desarrollo de la competencia matemática.
La maestra Carmen dirige la atención de sus alumnos hacia las ideas matemáticas que considera relevantes en esta situación (organizar información, explicar
y evaluar resultados; el significado del signo
= como una equivalencia). Consigue
esto cuando ella solicita a sus alumnos, de manera sistemática, que justifiquen o
argumenten sus decisiones (¿Qué estás pensando para hacer esto? ¿Por qué crees
que esto funcionará?). La petición que hace al grupo, a partir de la primera intervención de Inés y la respuesta dada por el equipo de Lucía, es una manifestación
de este hecho. Lucía propone una explicación matemática que justifica la decisión que toma cuando se busca el número adecuado que cumpla la primera
igualdad. En esta primera parte de la lección, Lucía sabe que debe justificar las decisiones tomadas y se apoya en su conocimiento del valor de posición en el sistema
de numeración decimal. Aunque la estrategia propuesta no es totalmente eficaz,
pone de manifiesto que el equipo de Lucía y el de Inés pueden empezar a manejar
las ideas matemáticas relevantes de esta situación.
Favorecer determinadas características de la interacción. Una parte importante de la cultura del salón de clases está determinada por la manera en que la
profesora es capaz de favorecer una interacción específica entre los estudiantes,
y entre ellos y el contenido matemático, mediante la colaboración y la discusión.
De esta manera, las características de la interacción se determinan por la gestión
que el docente hace de la lección diseñada, sus decisiones ante eventos imprevistos ocurridos en clase y la actividad que desarrollan los estudiantes. Es decir, la
cultura del salón de clases queda determinada por la manera en que se gestiona
y realiza la situación de enseñanza y de aprendizaje. En particular, algunas características son las siguientes:
•	El profesor debe proporcionar determinado tipo de apoyo para el desarrollo de las
tareas que los estudiantes deben realizar.
•	Establece tiempo suficiente para que los alumnos mejoren sus propios procedimientos.
•	Es conveniente mantener permanentemente la exigencia de que los alumnos proporcionen explicaciones, argumenten, justifiquen y expliquen de manera adecuada los procedimientos seguidos.
En el fragmento de registro de clase ya descrito, la manera en la que la maestra Carmen gestionó la situación de enseñanza como de resolución de problemas,
permitió resaltar aspectos de la relación entre los estudiantes, el contenido matemático y ella misma, que ayudan a desarrollar una determinada cultura matemática en el aula. Por ejemplo, dio oportunidades a sus alumnos para hablar de
matemáticas y que organizaran datos de una determinada manera para que les
ayudara a obtener información relevante y resolver la tarea. Además, les permitió y
dio tiempo —al plantearles la resolución de la segunda igualdad— para que compararan la eficacia de los procedimientos que utilizaron en la resolución de la primera igualdad. La posibilidad de poner en funcionamiento los dos procedimientos en
la resolución de la segunda igualdad crea el contexto para hablar de las ventajas y
limitaciones de los procedimientos, introducir la idea de expresiones equivalentes y
subrayar el potencial de generar y organizar información. Así, la profesora establece relaciones de apoyo y confianza con los estudiantes.
Establecer normas sociomatemáticas. Un aspecto intrínseco a la manera en
que se genera la interacción y ayuda a configurar una determinada cultura en el
aula de matemáticas son las normas sociomatemáticas, reglas —algunas veces
implícitas— que rigen la comunicación en el aula y determinan lo que los estudiantes pueden llegar a concebir como una actividad matemática verdadera y lo que
es o no lícito hacer en una clase de matemáticas en relación con las matemáticas
que deben aprenderse. Por ejemplo:
•	El convencimiento de que el grupo entero debe valorar las ideas expuestas y los
•	Los alumnos eligen y comparten diferentes métodos de resolución.
•	Los errores al realizar las tareas y de comprensión forman parte del proceso de
•	La argumentación y la explicación matemática es la que fundamenta la corrección
En la clase, la maestra Carmen establece normas de respeto y valoración de
las ideas de los demás. De las ideas que cada equipo propone se considera lo que
importa y se subraya lo que puede ser genuino de cada aproximación. Por ejemplo, con la propuesta del equipo de Eduardo en la que se resalta el papel que puede
tener el organizar la información de manera adecuada para obtener información
relevante y resolver la tarea; o en la última respuesta de Inés, donde se resaltan las
relaciones numéricas en que se apoyaba su propuesta, así como la estimación y el
cálculo mental. Esta forma de actuar de manera sistemática a lo largo del curso
permite a los alumnos desarrollar confianza en sí mismos como solucionadores de
problemas, lo que se traduce en confianza al formular preguntas y hacer propuestas para la resolución de los problemas.
Las tareas, el aprendizaje, la gestión y la evaluación constituyen componentes principales de la didáctica de las matemáticas que conciernen directamente a la actividad del profesor y que debe considerar a la hora de hacer su proyecto docente.
Tales componentes se traducen en los siguientes deberes del maestro:
•	Crear ambientes de aprendizaje en el aula de matemáticas.
•	Lograr que los estudiantes reflexionen sobre las matemáticas que están haciendo.
•	Propiciar la comunicación de las ideas matemáticas que se producen en el aula.
•	Evaluar el nivel de comprensión de los conceptos matemáticos que alcanzan sus
Para desempeñar este papel es fundamental que el docente conozca el contenido matemático que debe ser aprendido por los estudiantes y sepa qué conocimiento didáctico posee en relación con dicho contenido, pues estos le permitirán
seleccionar tareas para generar actividades matemáticas, gestionar la comunicación y el discurso matemático en el aula, evaluar el desempeño de sus estudiantes
y encontrar formas de mejorar las tareas y su propia gestión de la clase.
En los siguientes capítulos se describirá un conjunto importante de resultados de
la investigación en didáctica de las matemáticas que forman parte del conocimiento
didáctico que es fundamental que el docente adquiera, con el fin de que esté mejor
preparado para cumplir con las responsabilidades que se enumeraron antes.
En la exposición de tales resultados se encontrarán elementos de diversos tipos
que podrán utilizase como base para diseñar actividades de clase, pero cabe destacar que aún requieren de cierta elaboración para ser adaptados y aplicados al
entorno específico en que el profesor desarrolla su actividad. Esta tarea de adaptación debe ser realizada por el profesor. El contenido visto en este capítulo puede
ser una guía para llevar a cabo dicha tarea.
2.	Sentido numérico
Ernesto Sánchez Sánchez, Cinvestav, IPN
Gonzalo López Rueda, Escuela Normal Superior de México
La aritmética tiene un lugar privilegiado en las matemáticas de los niveles básicos;
los docentes, los elaboradores del currículo, los investigadores y todos los que opinan e influyen en la educación reconocen su importancia fundamental para la
vida diaria, la formación y el desempeño profesional, y el cultivo del pensamiento
El aprendizaje y la enseñanza de la aritmética es el área de la didáctica de
las matemáticas que más se ha estudiado; las operaciones con un solo dígito, las
operaciones con números de dos y más dígitos, la estimación, el sentido numérico,
la resolución de problemas, son temas de esta extensa área de la didáctica. Este
apartado se dedicará específicamente al sentido numérico.
El sentido numérico consiste en los conocimientos, las habilidades y las intuiciones que una persona desarrolla acerca de los números y sus operaciones. Implica
la habilidad e inclinación hacia el empleo del conocimiento numérico, de manera
flexible, para formular proposiciones matemáticas, desarrollar estrategias útiles para
manipular números, realizar operaciones y resolver problemas. Alguien con sentido
numérico utiliza los números y métodos cuantitativos como un medio de comuni-
cación, procesamiento e interpretación de información; además, está convencido
de que las matemáticas son útiles y aprecia su belleza.
McIntosh, Reys y Reys (1992) proponen un modelo en que se distinguen tres
componentes fundamentales del sentido numérico:
a)	El concepto de número. Consiste en el conocimiento de, y la facilidad con los
números. En este componente se incluyen habilidades para identificar, saber
y manejar el orden de los números, las diversas representaciones de un mismo
número, las magnitudes relativas y absolutas, y un sistema de estrategias para
acotar números.
b)	Las operaciones con números. Es el conocimiento y la facilidad para las operaciones. Incluye la comprensión del efecto de las operaciones en los resultados, el
conocimiento de las propiedades de la operaciones (conmutatividad, asociatividad y distribución), su aplicación en la creación de procedimientos de estimación y cálculo mental, y entender las relaciones que hay entre las operaciones.
c)	Las aplicaciones de los números y sus operaciones en la solución de problemas. Es
la aplicación de los conocimientos sobre los números y sus operaciones en situaciones que requieren un manejo cuantitativo. Involucra habilidades como determinar
la operación necesaria en relación con el contexto de un problema; ser consciente de que existe más de un camino correcto para encontrar una solución; ser proclive a utilizar métodos o representaciones cada vez más eficientes; y, finalmente,
la inclinación para revisar los datos y resultados en función del contexto original.
Aunque el sentido numérico implica habilidades complejas, su desarrollo comienza desde antes de ingresar a la escuela y continúa a lo largo de toda la primaria. Existen descripciones detalladas de cómo los niños progresan en la habilidad de
operar con dígitos. Thompson (1999) describe el proceso por el que se pasa para
dominar la suma: en el nivel más básico utilizan material concreto, en un segundo
nivel, cuentan sin material recitando la serie numérica utilizando estrategias cada
vez más simplificadas hasta llegar a la automatización. Durante el aprendizaje de
este proceso los niños aplican y desarrollan conocimientos aritméticos informales
que el profesor debe saber observar y potenciar.
Un ejemplo lo muestran Baroody y Tiilikainen (2003), quienes mencionan el caso
de Alexi (7 años), quien no había comenzado aún su enseñanza formal de las operaciones. Se le pidió que dijera qué número va en la tarjeta blanca de la figura 2.1.
El niño dijo que en la tarjeta debía ir el 8. Se le pidió que realizara la suma;
entonces contó los 5 dedos de su mano izquierda y agregó otro dedo de la mano
derecha, después agregó otros 3 dedos de la mano derecha y contó; al terminar
dijo dudoso ¿Nueve? ¿Nueve? Yo pienso que 5 + 4 son 9.
En este sencillo episodio, los autores ven un ejemplo del tipo de oportunidades
que el profesor puede utilizar para ayudar al niño a enriquecer sus conocimientos
aritméticos y sentido numérico; explican que la respuesta 8 pudo haber sido una
conjetura del niño basada en su conocimiento de que “el resultado de una suma
es más grande que cualquiera de los sumandos”; con base en este supuesto, los
autores comentan que Alexi iba en la dirección correcta. Después, el niño realizó
el procedimiento de sumar con los dedos, probablemente adquirido antes o inventado en ese momento con base en conocimientos informales previos. Los autores destacan que algo sorprendente es que Alexi, como resultado de ejecutar
su procedimiento, se dio cuenta de que la combinación 5 + 4 también produce
9, y entonces asoció las combinaciones 6 + 3 y 5 + 4; esta relación se incorporó a
sus conocimientos acerca de la suma; pero este conocimiento también lleva a la
idea más general de que sumas con diferentes combinaciones de números pueden llevar al mismo resultado. Este es un ejemplo del sinnúmero de procesos que
ocurren en las actividades aritméticas de los niños, mismos que si son detectados
y bien encaminados por el profesor, llevan al desarrollo del sentido numérico de
En cualquier tema de aritmética pueden encontrarse tareas, y formas de gestionarlas en clase, para desarrollar el sentido numérico. En particular, el estudio de
los números decimales es de gran importancia, por su riqueza, sus aplicaciones y su
posición estratégica en el desarrollo de las matemáticas. Para mostrar de manera
más concreta en qué consiste y cómo se observan algunos aspectos del sentido
numérico de los estudiantes con los números decimales, en seguida presentamos
parte de una investigación de Reys y Yang (1998), quienes llevaron a cabo un estudio con alumnos de sexto grado de primaria y segundo grado de secundaria
en Taiwán. En este país el sistema de educación básica es similar al de México. El
problema que se formularon los investigadores consistió en encontrar las relaciones
entre el desempeño de los estudiantes en la realización de operaciones por escrito
y la posesión o no de un sentido numérico, pues observaron que los maestros privilegian el aprendizaje de algoritmos y relegan el desarrollo del sentido numérico de
El estudio consistió en aplicar dos pruebas a 115 alumnos de sexto grado y 119
de segundo grado de secundaria, una para evaluar el desempeño con los algoritmos escritos, la otra para evaluar el sentido numérico. Encontraron un desempeño
significativamente superior en la prueba de algoritmos respecto a la que evalúa el
sentido numérico. Con base en los resultados de estas pruebas se clasificó a los estudiantes en una de tres categorías de acuerdo con su desempeño en las pruebas:
niveles bajo, medio y alto. Después se eligieron nueve alumnos de nivel alto y ocho
de nivel medio para entrevistarlos y observar cómo aplicaban su sentido numérico
en la solución de algunos problemas.
A continuación veremos ejemplos de los problemas que utilizaron ya que muestran cómo se evalúa el sentido numérico y cómo piensan los estudiantes de los
La siguiente pregunta la incluyen para explorar la componente “El concepto
de número”: ¿Cuántos números decimales hay entre 1.42 y 1.43? Los alumnos de
alto nivel de los dos grados no tuvieron problema en responder que hay un número
infinito de decimales, por ejemplo, un estudiante argumentó así:
Los decimales pueden ser infinitamente extendidos 1.421, 1.4211, 1.42111… Se puede
añadir cualquier número después del 2 de 1.42. Esos decimales pueden extenderse a
muchos otros decimales diferentes entre 1.42 y 1.43. Por ejemplo 1.421, 1.422,… 1.4211…
todos están entre 1.42 y 1.43.
Seis estudiantes de segundo de secundaria, creían que sólo hay nueve números decimales entre 1.42 y 1.43; sostenían que los únicos decimales entre 1.42 y
1.43 son 1.421, 1.422, 1.423… 1.429. Cuando se les sugirió que buscaran otros fueron
incapaces de hacerlo. Dos estudiantes de secundaria de nivel medio dijeron que
no había ningún número entre 1.42 y 1.43, uno de ellos dijo:
¡No! el sucesor de 1.42 es 1.43, por lo tanto no hay decimales entre ellos.
Un problema del mismo tipo pero referido a fracciones fue el siguiente: ¿Cuántas fracciones hay entre 2/5 y 3/5? En esta pregunta nuevamente los estudiantes del
nivel alto dijeron que había un número infinito de fracciones entre las fracciones
dadas. Una respuesta fue:
21/50, 2.2/5
22/50… 2.9/5
son fracciones entre 2/5 y 3/5. Se pueden cam-
biar los denominadores de las fracciones, por ejemplo: 2/5 =
y 3/ 5 =
600/1000,
entonces 401/1000, 402/1000, 403/1000… están entre 2/5 y 3/5. Por lo tanto, hay un infinito de
fracciones entre 2/5 y 3/5.
En cambio, ningún estudiante de nivel medio fue capaz de responder correctamente esa pregunta; la mayoría creía que 3/5 es la fracción que sigue a 2/5, por
La diferencia entre 2 y 3 es 1. Entonces la fracción que sigue a 2/5 es 3/5. Por lo tanto, no
hay fracciones entre 2/5 y 3/5.
En relación con la habilidad de contar con un sistema para acotar números, de
la tercera componente del modelo visto arriba, se incluyeron preguntas como:
-	Sin calcular la respuesta exacta, ¿piensas que el producto 72 × 0.46 es más que 36
o es menos que 36?
-	Sin calcular la respuesta exacta, ¿piensas que 62/5 ÷
es mayor que 62/5 o es
menor que 62/5?
-	Sin calcular la respuesta exacta, ¿crees que la suma 5/11 + 3/7 es mayor que 1/2 o
menor que 1/2 ?
Seis de nueve estudiantes de alto nivel utilizaron adecuadamente procedimientos para responder, mientras que sólo uno de nivel medio tenía un sistema para
hacerlo. Los autores concluyeron que aunque muchos estudiantes se desempeñan
más o menos bien en algoritmos escritos, no han desarrollado su sentido numérico.
Se puede concluir este apartado con la recomendación de que el profesor incluya
en su proyecto de enseñanza actividades específicas para ofrecer la oportunidad a sus
estudiantes de desarrollar un sentido numérico; para este fin, los problemas mostrados
en la investigación referida pueden dar una idea de cómo elaborar esas actividades.
Significados de las fracciones. El área de las matemáticas elementales de mayor
riqueza y complejidad es el de las fracciones, razones y proporciones. Esta complejidad se refleja en el hecho de que las fracciones se pueden ver con varios significados.
Con ayuda de un análisis matemático y didáctico emergen cinco formas en las que
se pueden pensar las fracciones: relación parte-todo, cociente, medida, operador y
razón. Cabe mencionar que estas categorías son útiles para comprender la complejidad de las fracciones, pero no se deben pensar como categorías excluyentes, pues
en un solo problema una fracción podría presentarse con dos o más de los anteriores significados. En este apartado aclararemos en qué consisten dichos significados.
Las fracciones describen una relación parte-todo cuando una unidad o totalidad se descompone en partes iguales y la fracción indica una o varias de estas
partes. Este es el significado más elemental de una fracción; los niños aprenden a
identificar en una figura —círculo, rectángulo y otras— una parte sombreada correspondiente a una fracción unitaria (un medio, un tercio, un cuarto, etc.), después
a reconocer y tomar varias de estas partes. Tal acercamiento, aunque importante, en ocasiones origina algunas ideas erróneas; por ejemplo, en el manejo de la
unidad. Mack (1990) informa de un estudio cuyo propósito fue enseñar a sumar y
restar fracciones con base en el conocimiento informal de seis estudiantes de 6º
grado. Se encontró que aunque los escolares conocían representaciones, procedimientos y símbolos sobre las fracciones, no relacionaban adecuadamente esos
conocimientos. Una observación importante fue la dificultad que tenían para
identificar la unidad en situaciones representadas de manera concreta y de forma
simbólica. Aaron piensa que “como las fracciones son una parte del todo, siempre
son menores [que el todo]”. Una idea parecida pudo haber influido en que la primera respuesta de Julia al problema de la figura 2.2. fuera 5/8.
Figura 2.2. Problema: ¿Qué parte está sombreada?
El entrevistador le dice que, en realidad, cada círculo es una pizza, entonces Julia
responde que hay 11/4 de pizza. Ella asumió en principio e inconscientemente que
la unidad estaba formada por los dos círculos, pero en el contexto familiar de las
pizzas, le resultó natural identificar un círculo como unidad.
El significado de las fracciones como cociente ocurre cuando se identifican las
relaciones entre una situación de división y una fracción como representación de
su cociente; de manera simbólica:
El cociente de la división a — b es igual a la fracción a/b
para toda a, b en los enteros y b =0
Este significado de las fracciones se asocia a las situaciones de reparto equitativo
(por ejemplo, interpretar a/b como repartir a [galletas] entre b [niños]), pero estas situaciones no son suficientes para construir ese significado. En efecto, el significado abarca
otras situaciones y otros esquemas, en especial, el de fracción como cociente se asocia a las situaciones de división entre enteros y después a la división entre racionales.
Toluk y Middleton (2001) hicieron un estudio sobre la construcción del significado de las fracciones como cociente por parte de niños de 5º Con base en sus
observaciones proponen un esquema (figura 2.3.), donde se representan una progresión y conexiones entre significados y esquemas de las fracciones y divisiones
que culmina en la construcción del significado de una fracción como cociente.
La interpretación de una fracción como relación parte-todo se vio en el apartado anterior. El esquema de cociente como número entero ocurre cuando los
niños piensan que el resultado de una división es un entero (posiblemente con resto)
y pueden obtenerlo, así como que una división tiene sentido cuando el dividendo
es más grande que el divisor. El esquema de fracción como un reparto equitativo se
da al dividir unidades en partes alícuotas; aunque los niños son capaces de encontrar soluciones a estas situaciones, cuando se pide que las escriban no las simbolizan en forma de fracción. Al principio, las situaciones que tienen sentido para los
niños son aquellas cuyo resultado es menor que la unidad, porque no conciben las
situaciones de reparto equitativo como un caso de división, aun cuando sean capaces de encontrar el cociente en términos de fracciones dividiendo una unidad.
El esquema de cociente fraccional ocurre cuando los niños escriben en forma
de fracción la solución de problemas de división en contextos de reparto.
El esquema de división como fracción se presenta cuando se anticipa el cociente de una situación de división sin utilizar ningún procedimiento algorítmico; los
niños llegan a hacerlo después de que son capaces de simbolizar la solución de
situaciones de reparto con una fracción menor que uno. El esquema se resume en
un razonamiento como el siguiente: “si cualquier cantidad a se divide en b grupos
iguales entonces el cociente es a/b”.
División como número
a — b = a/b para todo a, b
a/b = a — b, para toda a/b
División como fracción
a — b = a/b si a/b < 1
Fracción como relación
Cociente como número
Figura 2.3. Progresión de la construcción del significado de fracción
como cociente (Toluk y Middleton, 2001).
Finalmente, el esquema de división como número ocurre al concebir una división como fracción y viceversa; esto implica reconocer las divisiones con dividendo
mayor que divisor como fracciones (impropias), y fracciones propias a manera de
divisiones con dividendo menor que el divisor.
Las fracciones como medida se dan cuando se representa el número de unidades y partes de la unidad de una clase (longitud, área, volumen, tiempo, etc.)
que cubren o aproximan una cantidad de la misma clase. La coordinación de actividades de medida con el uso de fracciones promueve las conexiones entre dos
importantes áreas de las matemáticas. En un estudio cuyo objetivo era promover
la comprensión de la noción de medida con niños de 5º grado, Lehrer, Jaslow y
Curtis (2003) describen una secuencia prototípica para desarrollar la noción de
medida de longitud. En un primer paso, se trató de medir algo caminando; es
decir, determinar una longitud a partir de cuántos pies del niño cabían; luego se
sustituyó el pie por una tira de papel y se midió; en un tercer paso, se hicieron subdivisiones para lograr una mejor aproximación de la medida del objeto; en este
paso entró la fracción como una noción necesaria para continuar el proceso. La
actividad siguió de manera que se presentaron operaciones con fracciones; por
ejemplo, el producto de fracciones sencillas se presentó cuando se habló de: “la
mitad de la mitad de la unidad es un cuarto de la unidad”. El contexto de actividades de medida es ideal para la profundización de la noción de fracción.
Las fracciones son vistas como operador cuando actúan para modificar un estado o situación. Behr y otros (1993) indican que los problemas que usan las fracciones como operador suelen requerir soluciones de varios pasos; para lo cual ofrecen
Muchas marcas de chicles venden su producto en paquetes de 5 piezas
por paquete. Juana tiene 8 paquetes. María tiene 3/4 partes de lo que tiene Juana. ¿Cuántos paquetes tiene María? ¿Cuántas piezas tiene María?
Lo que tiene María se puede ver como una transformación de lo que tiene
Juana, indicada por el número 3/4 ; éste opera sobre los ocho paquetes.
Las fracciones juegan el papel de razón cuando funcionan para poner en relación dos cantidades. La comparación de cantidades relativas son características
de las fracciones como razón; por ejemplo, Lamon (1993) investigó las estrategias
que los niños desarrollan para resolver el siguiente problema, aun antes de estudiar
el tema de fracciones.
Las niñas se reparten tres pizzas y los niños una, ¿quién come más pizza, una
niña o un niño?
Comenta el caso de Kuri, quien resolvió el problema diciendo que a las niñas
les toca más, porque los niños reparten una pizza entre tres; si las niñas hicieran lo
mismo, si ellas repartieran esta pizza entre tres (marca una pizza y cubre a tres niñas)
y esta otra entre tres (marca otra pizza y cubre otras tres niñas) entonces la última
niña podría comerse una pizza entera; así que a ellas les toca más (p. 141).
Lamon comenta que el procedimiento espontáneo que Kuri utiliza consiste en
tomar una de las razones como unidad y ésta le sirve para reinterpretar la otra
fracción; de hecho Kuri responde la pregunta: “¿cuántas ‘unidades’ de 3:1 caben
en 7:3?” Muchos ejemplos interesantes de las fracciones como operador y razón se
presentan en situaciones de razonamiento proporcional, pero este tema se verá en
El álgebra es la rama de las matemáticas que trata con la simbolización de las
relaciones numéricas generales, las estructuras matemáticas y la forma de operar
con éstas. De acuerdo con Christmas y Fey (1999), los conceptos, principios y métodos del álgebra constituyen poderosas herramientas intelectuales para representar
información cuantitativa y razonar acerca de esa información. En trabajos de investigación recientes se ha sugerido que desde la enseñanza primaria se pueden,
y deben, desarrollar rasgos del pensamiento algebraico (Butto y Rojano, 2009). Es
lícito decir que la génesis del pensamiento algebraico en la primaria comienza con
el desarrollo del sentido numérico, que vimos en la primera parte de este capítulo. Sin embargo, tradicionalmente se considera que en la escuela secundaria es
cuando comienza formalmente el aprendizaje del álgebra. Los tres temas que aquí
se abordarán, a saber, pensamiento algebraico, ecuaciones y generalización, se
ubican en este nivel académico.
¿Qué es el pensamiento algebraico?
Varios expertos en didáctica del álgebra ofrecen características del pensamiento
algebraico que nos dan una idea de la complejidad de este tipo de pensamiento. Por ejemplo, Greenes y Findell (1998) sostienen que las grandes ideas del pensamiento algebraico involucran la representación, el razonamiento proporcional,
el significado de variable, patrones y funciones, razonamiento inductivo y razonamiento deductivo. Por su parte, Kaput (1998) señala que incluye la construcción y
representación de patrones y regularidades, generalizaciones deliberadas y, más
importante, la exploración activa en la resolución de problemas y la formulación
de conjeturas. Asimismo, Kieran y Chalough (1993) resaltan la construcción de significados para los símbolos y operaciones del álgebra en términos de la aritmética.
Kriegler (2000) recoge las expresiones anteriores sobre el pensamiento algebraico,
más otras de diferentes autores, y propone un marco para organizarlas, que en seguida se expondrá de forma resumida. Está formado por dos componentes, el primero se
refiere a las Herramientas del pensamiento matemático, que incluye las habilidades
de resolución de problemas, representación y razonamiento; el segundo trata de las
Ideas algebraicas fundamentales, que consiste en ver el álgebra como aritmética generalizada, un lenguaje y herramienta para la modelación y el estudio de funciones.
Herramientas del pensamiento matemático
Tener habilidades de resolución de problemas es saber qué hacer ante un problema cuando no se sabe qué hacer; es decir, significa poseer estrategias para seguir
al no tener un método preestablecido para hallar la solución. Por ejemplo, acercarse a la solución por ensayo y error; hacer una lista; suponer que ya se tiene la
solución e invertir los pasos; elaborar un modelo de la situación; formular y resolver
un problema similar, pero más simple, son estrategias de resolución de problemas.
Poseer habilidades de representación significa saber describir las relaciones
matemáticas y la información cuantitativa presente en un problema mediante el
lenguaje de un sistema (verbal, gráfico o simbólico) y llevar a cabo transformaciones dentro de éste (como, despejar una ecuación) y entre sistemas diferentes (por
ejemplo, traducir una relación dada verbalmente a una expresión algebraica o a
una gráfica).
Contar con habilidades de razonamiento matemático significa saber cómo se
conserva la verdad de las proposiciones a través de sus transformaciones, la expresión típica de un razonamiento es “si esto es cierto, también esto es cierto”; por
ejemplo, en un proceso de despeje de la incógnita, cuando se elimina el término
independiente de la primera parte de la igualdad 3 x – 2 = 5 obteniéndose 3 x = 7
se realiza un razonamiento de la forma:
Si 3 x – 2 = 5 (es verdadera) entonces 3 x = 7 (es verdadera).
Conviene distinguir los razonamientos de tipo inductivo a los de tipo deductivo, en
los primeros se generalizan relaciones presentes en casos particulares, de manera
que la verdad de las proposiciones así obtenidas es sólo probable. Por ejemplo, a la
pregunta: ¿cuál es el término siguiente de la secuencia 3, 5, 7…?, podría responderse con 9, asumiendo que la secuencia es la de los números impares, pero también
se podría proponer que el siguiente es 11, pues puede pensarse que la secuencia
es la de los números primos mayores que dos. En cambio, en los razonamientos deductivos, la verdad de una proposición se obtiene de otra, u otras, basada en propiedades generales, así su verdad se hereda de la verdad de las premisas. El ejemplo del despeje de una ecuación como la que vimos antes es de este tipo, porque
se basa en las propiedades generales de los números y del signo de igualdad.
Las ideas algebraicas fundamentales
Aritmética generalizada (o abstracta). La idea del álgebra como aritmética generalizada surge al centrar la atención en las expresiones algebraicas como generalizaciones
de pautas o patrones aritméticos y, en las identidades como propiedades generales de
las operaciones aritméticas. Por ejemplo, las relaciones y propiedades expresadas en las
siguientes identidades aritméticas:
1 × 2 = 1 + 1;
2 × 3 = 4 + 2;
3 x 4 = 9 + 3;
4 × 5 = 16 + 4…
se generalizan mediante la expresión:
n×(n+1) = n2 + n
Esta identidad expresa la propiedad que exhiben las expresiones aritméticas
anteriores y, a su vez, representa una aplicación de la propiedad distributiva de
los números. En esta concepción del álgebra, el concepto de variable es fundamental, pues precisamente esta noción es la que permite expresar las propiedades
aritméticas de manera sintética. La n en la expresión anterior es una variable que
varía sobre todos los números naturales.
Lenguaje. El álgebra se considera el lenguaje de las matemáticas. En el estudio
del lenguaje natural se elaboraron nociones como semántica y sintaxis; el estudio de
los aspectos análogos de semántica y sintaxis del álgebra ha ayudado a entender
el funcionamiento del álgebra como lenguaje. Expresado de manera breve, la semántica se refiere a los mecanismos de producción y comunicación de los significados matemáticos, mientras que la sintaxis se refiere a las reglas de formación y
transformación de enunciados y expresiones algebraicas. Por ejemplo, la comprensión y el uso del concepto de variable y de expresiones algebraicas en diferentes
contextos, forma parte de la semántica, mientras que las reglas de combinación y
manipulación de las variables e incógnitas lo son de la sintaxis.
Herramienta. El álgebra también es una (caja de) herramienta(s) para la modelación
matemática y el estudio de las funciones. La búsqueda y generalización de patrones y reglas de situaciones en contextos matemáticos y del mundo real, así como sus
representaciones en fórmulas, ecuaciones, tablas y gráficas, son poderosas herramientas para comprender el mundo y resolver problemas.
El uso del álgebra en las ciencias en general muestra su potencia en la modelación; un ejemplo sencillo, extraído de la física, es la ley de la caída libre de los
cuerpos debida a Galileo. Está dada por la función:
d = 1 /2 g × t 2
donde g = 9.8 m/seg2, es la aceleración y se conoce como la constante de gravitación; d = distancia; t = tiempo.
Esta forma tan sintetizada de expresar una ley natural compleja, muestra la
potencia del álgebra en la modelación de situaciones de la realidad.
La resolución de ecuaciones de primer grado
Las ecuaciones lineales son un tema importante de los cursos de matemáticas de la
secundaria; al desarrollarlo comienza a experimentarse la potencia del uso de literales en lugar de números; sin embargo, se encontró que los estudiantes pasan por
grandes dificultades antes de dominarlo. La importancia del tema y las dificultades
de su aprendizaje han dado lugar a la realización de una gran cantidad de estudios
didácticos que buscan entender y mejorar su aprendizaje.
Las investigaciones sobre la resolución de ecuaciones algebraicas publicadas
por Filloy y Rojano (1989), Filloy (1999), Filloy, Puig y Rojano (2008) constituyen aportaciones significativas de autores mexicanos en esta área de la investigación. En
particular, en el trabajo de Filloy y otros (2008) se exponen las construcciones teóricas para explicar procesos generales de aprendizaje pertenecientes a la didáctica del álgebra. A continuación, se expondrá una de las estrategias de enseñanza
mencionadas por estos autores (Filloy y otros, 2008: 169-175), en la cual se utilizan
representaciones geométricas de las ecuaciones para darle significado a las transformaciones algebraicas (semántica) que llevan a la solución, y propone que una
vez entendidas se formulen y aprendan las reglas sintácticas (sintaxis) mediante
ejercicio y práctica.
De acuerdo con los autores, el primer tipo de ecuaciones algebraicas a las
que se enfrentará al estudiante son las del tipo Ax + B = Cx, donde A, B, C son
enteros positivos dados y C>A. Nótese que la incógnita aparece en los dos lados
de la igualdad, cuestión que diferencia las ecuaciones algebraicas de las aritméticas. Las ecuaciones del tipo Ax = B, a pesar de contener la incógnita x, se consideran aritméticas, porque cualquier estudiante sin preparación en álgebra podría
resolverlas sólo echando mano de sus conocimientos aritméticos. En cambio, en
las ecuaciones algebraicas es necesario manipular y operar la incógnita, lo cual es
netamente algebraico.
A continuación se describirá un método de resolución de la ecuación Ax + B = Cx,
que se basa en una representación geométrica de la ecuación.
Paso A. Traducción de la ecuación Ax + B = Cx al modelo geométrico:
Figura 2.5. Situación de comparación entre Ax + B y Cx en el Modelo Geométrico.
Paso B. Comparación de áreas:
Figura 2.6. Como C>A, se puede ver que el área Ax
podría estar contenida en el área Cx.
Paso C. Realización de acciones concretas; lo que en el caso del modelo geométrico equivale a suprimir las áreas que son equivalentes, como se ve en seguida:
Figura 2.7. Al suprimir las áreas que son equivalentes (véase las áreas sombreadas)
se obtiene que el área B es equivalente al área (C-A)x.
Paso D. Traducción del modelo geométrico a una nueva ecuación: (C-A)x = B
Obsérvese que esta última ecuación ya es una ecuación aritmética que tiene menor
nivel de dificultad. Finalmente, es posible que surja una situación problemática
intermedia, que consiste en que ahora el estudiante quiera interpretar la ecuación
aritmética en el contexto geométrico que ha estado operando. Esto se traduce,
por ejemplo, en el caso de la ecuación 3x = 3, a la siguiente situación:
Figura 2.8. Situación intermedia, de traducción de una ecuación aritmética
ahora al modelo geométrico; por ejemplo, la ecuación 3x = 3.
En seguida aparece la estrategia de enseñanza (y/o de aprendizaje) de la repetición y la práctica, con más casos a resolver, pero con números cada vez más y
más grandes en la ecuación Ax + B = Cx , C>A.
Hasta aquí se ha creado un artefacto didáctico para resolver sólo las ecuaciones del tipo Ax + B = Cx , C>A.
Paso E. Puede surgir la pregunta, ¿qué ocurrirá si al alumno se le presenta una ecuación de primer grado de tipo diferente?, por ejemplo, 8x + 5 = 3x + 15?
Entonces será necesario realizar un nuevo proceso de aprendizaje, por descubrimiento, con la misma estrategia de enseñanza que se muestra en los pasos A al D.
Finalmente, se hace notar que se podrá observar que ocurre con los estudiantes, al echar a andar el proceso de resolución que aquí se describe que aparece
una serie de tendencias cognitivas, como la de “abreviación”. Ésta consiste en
que los pasos A al D, ahora (después de utilizar el artefacto didáctico y la estrategia
de repetición y práctica) se realizan en menos tiempo, pues es seguro que los estudiantes habrán encontrado formas personalizadas y niveles sintácticos de proceder.
Los autores señalan que las reglas sintácticas que los alumnos produzcan a
lo largo de la secuencia de enseñanza luego se aplicarán a la resolución de las
nuevas situaciones. Por ejemplo, la ecuación 8x – 3 = 5x + 6, hará que el profesor
regrese nuevamente al punto E, donde se enfrentaron nuevas situaciones problemáticas, para volver a desencadenar los pasos A al D, tratando de obtener una
ecuación reducida de tipo aritmético. Por último, desde el punto de vista de los
autores, con la estrategia de la repetición y la práctica, se logrará rebasar la utilización de un modelo concreto de resolución para llegar a utilizar un nuevo lenguaje
más abstracto, cada vez más sintáctico y más cercano a los procedimientos conocidos de resolución algebraica.
Sobre la generalización en álgebra
Un tema actual y novedoso del álgebra es el de la generalización. Radford (2006)
aborda el tema de su aprendizaje mediante el descubrimiento de patrones por
parte de los estudiantes de 13 y 14 años de edad. Algunas preguntas a las que trata
de responder esta investigación son:
•	¿Cómo comprenden los estudiantes lo que es común a un patrón?
•	¿Cuáles son los mecanismos (lingüísticos o de otro tipo) por medio de los cuales los
estudiantes generalizan lo que observaron que es común a todos los términos de
una secuencia?
•	¿Cómo expresan los estudiantes la generalidad?
Para responder se considera la siguiente situación. Teniendo en cuenta las imágenes que aparecen en la figura 2.9, se pide a los estudiantes (que están agrupados en equipos de 2 a 4 miembros) que encuentren el número de círculos que
deben aparecer en las figura 10 y 100 de la secuencia:
El autor reporta que las estrategias de los estudiantes para resolver la tarea
planteada se pueden clasificar en dos categorías: en la primera, la heurística de
descubrimiento del estudiante se basa en el ensayo y error. Esto es, el estudiante
propone reglas simples, como “2 veces más 1”, “2 veces más 2”, o “2 veces más
3”, y verifica su validez para algunos (pocos) casos; por otro lado, el autor hace
notar que la simbolización de la regla puede variar y presenta una de las provistas
por uno de los equipos en la clase: “n×2(+3)”. Cuando se solicitó a los estudiantes
de este equipo explicar cómo habían encontrado esta regla, respondieron: “La
encontramos por accidente”.
Las estrategias que entran en la segunda categoría son aquellas en que los
estudiantes buscan algo en común en las figuras dadas; por ejemplo, un estudiante, Mel, escribió: “La hilera de arriba siempre tiene un círculo más que el número
de la figura, y la hilera de abajo siempre tiene dos círculos más que el número de
la figura”, su fórmula fue: “(n+1) + (n+2)=”.
En su análisis, Radford indica que aunque las estrategias de ambas categorías
conducen al uso de simbolismo, las heurísticas son inconmensurablemente diferentes. La última descansa en notar ciertos elementos comunes en las figuras dadas y
en generalizarlos a las figuras que siguen en la secuencia. En contraste, la primera
descansa sobre una regla formada adivinando. Las reglas formadas de esta manera, de hecho son hipótesis. Tal forma de razonamiento funciona sobre la base de un
razonamiento probable, cuya conclusión va más allá de lo que está contenido en
sus premisas. En términos más precisos, es un tipo de inducción simple (pues se puede distinguir de otros tipos más sofisticados). La comparación de las dos estrategias
mencionadas resalta una importante distinción entre inducción y generalización, y
sugiere uno de los rasgos que pueden constituir el núcleo de la generalización de
un patrón: la capacidad de notar algo general en lo particular.
Finalmente, Radford señala que este rasgo por sí solo no es suficiente para caracterizar la generalización algebraica de patrones y argumenta que, adicionalmente a
ver lo general en lo particular, “uno debe ser capaz de expresarlo algebraicamente”.
Hasta aquí la primera parte del análisis de Radford (2006) acerca de los procesos
de generalización de los estudiantes. Sin embargo, para terminar la reseña de este
trabajo, es necesario expresar, al menos, de manera sintética, que el autor extiende
su análisis de las producciones de los estudiantes para incluir las palabras que emiten,
sus gestos y el ritmo en que expresan ambos componentes. En este sentido, añade
que la generalidad algebraica está hecha de diferentes estratos, algunos más profundos que otros. Además, la meta de generalidad que se puede alcanzar dentro de
un cierto estrato está estrechamente relacionada con la forma material que se usa
para razonar y expresar lo general. El autor plantea entonces, la siguiente definición:
Generalizar un patrón algebraicamente descansa sobre la capacidad de
comprender lo que de común se ha notado en algunos elementos de una
secuencia S, estando consciente de que lo común se aplica a todos los
términos de S y siendo capaz de usarlo para proveer una expresión directa de cualquier término de S (en particular, de los que están más allá del
campo perceptual).
A continuación se da un ejemplo de este último tipo de análisis, que se denota
como semiótico. El autor utiliza el patrón de figuras antes mostrado para señalar que
existen varias maneras de observar lo que se puede calificar como lo mismo y lo
diferente en las figuras dadas. Da el siguiente ejemplo: hablando con sus dos compañeros de equipo, Doug (un estudiante de 14 años) dijo: “Entonces, sólo añadimos
otra cosa como ésta”; al momento en que pronuncia la palabra “otra”, comienza a
hacer una secuencia de seis gestos con un ritmo paralelo. Naturalmente, todas las
figuras que se están considerando tienen la misma forma, pero, al mismo tiempo, son
diferentes: lo que las hace diferentes, nos está sugiriendo Doug, son los dos últimos
círculos dispuestos diagonalmente al final de cada figura (véase la imagen 2.10.):
Figura 2.10. Doug resalta los dos últimos círculos en un intento de notar algo común
en los términos de la secuencia.
Radford hace ver que la comprensión de Doug de lo que es común es diferente
de la de Mel (véase líneas arriba); también es diferente lo que Doug expresa al respecto. Así, mientras que Mel vio las figuras como hechas de dos líneas horizontales y expresó la generalidad en forma verbal, Doug vio las figuras construidas de manera recursiva por la adición de dos círculos diagonales arreglados y expresados dinámicamente,
mediante gestos y palabras. En este ejemplo, Doug comenzó a hacer aparente una
estructura matemática general y a objetivarla. Para lograrlo, utilizó dos medios semióticos de objetivación: las palabras y los gestos. En conclusión, lo que se observó en el
salón de clases desde el primer día fue que el acto perceptual de notar algo se desdobla en un proceso mediado por una actividad multisemiótica (palabras habladas,
gestos, dibujos, fórmulas, etc.), en el curso de la cual el objeto que será visto emerge
progresivamente. A este proceso de notar el autor le llamó proceso de objetivación.
La objetivación del conocimiento es un constructo teórico para dar cuenta de
la manera en que los estudiantes se involucran en algo que notan y a lo que dan
sentido; desde esta perspectiva, los salones de clases son más bien vistos como zonas interactivas de actividades mediadas que transmiten valores científicos, éticos,
estéticos y otros, cultural e históricamente formados, que los estudiantes objetivan
por medio de la participación reflexiva y activa.
3.	Forma, espacio
Mariana Sáiz Roldán, Universidad Pedagógica Nacional, México
La enseñanza de la geometría en los niveles no universitarios tradicionalmente ha
sido escasa y centrada en unos pocos polígonos y cuerpos espaciales, de los que se
enseñan las características físicas destacadas, los principales elementos y algunas
propiedades básicas. Algo similar se puede decir de la enseñanza de las medidas
de longitud, área y volumen, centrada en lograr que los estudiantes memoricen el
Sistema Métrico Decimal y las fórmulas de cálculo de perímetros, áreas y volúmenes
de las principales figuras geométricas planas y espaciales.
Los nuevos programas oficiales mexicanos de educación básica (sep, 2004,
2006, 2008) tratan de corregir esta carencia a partir de aumentar el énfasis y la cantidad de contenidos de geometría y medida que los estudiantes deben aprender.
Para ayudar a los profesores a poner en práctica dicho cambio. En este capítulo
presentamos información sobre los principales resultados de la Investigación Internacional en Educación Matemática referentes a los procesos de aprendizaje de los
conceptos y las propiedades de geometría y medida para los niveles de preescolar,
primaria y secundaria. La información ofrecida dará lugar a sugerencias didácticas
que sirvan de apoyo a los profesores.
El capítulo se divide en dos secciones dedicadas a la geometría y a la medida de magnitudes. La primera sección tiene cuatro partes, en las que se abordan
los problemas del desarrollo del razonamiento matemático, de la enseñanza de
conceptos geométricos, del aprendizaje de la demostración y del papel de la visualización en la enseñanza y el aprendizaje de la geometría. La segunda sección
también incluye cuatro partes, la primera se enfoca a analizar los problemas comunes a las medidas de longitud, superficie y volumen, y las siguientes tres partes se
dedican a analizar los problemas particulares de cada magnitud geométrica.
Aprendizaje de la geometría durante la educación básica
La geometría está formada por varios bloques de contenidos entre los que hay una
multitud de relaciones. Por ello, su enseñanza y su aprendizaje se basarán en descubrir y explorar esas relaciones. La misión del profesor es organizar la actividad en
clase para dar a los estudiantes oportunidades de aplicar los contenidos geométricos que estudian en situaciones diversas. En esta sección analizamos varios aspectos comunes a todos los contenidos de geometría, tanto en el plano como en
El desarrollo del razonamiento matemático
La investigación didáctica muestra claramente que los niveles de razonamiento
matemático de Van Hiele son un exitoso modelo de organización de la enseñanza
y del aprendizaje de la geometría (Battista, 2007).
Los cinco niveles de razonamiento identificados por el modelo de Van Hiele
ofrecen una descripción de las características de las diferentes formas de razonamiento matemático de los estudiantes, que se suceden desde que están en
preescolar hasta que alcanzan el máximo desarrollo de su capacidad matemática, incluso como matemáticos profesionales. Sólo podemos hacer una breve descripción de los niveles 1 a 4, que son los relacionados con la educación básica.
Hay descripciones y análisis más detallados en Burger y Shaughnessy (1986), Jaime
(1993), Jaime y Gutiérrez (1990) y Van Hiele (1986).
El razonamiento de nivel 1 se caracteriza porque los estudiantes perciben las
figuras geométricas globalmente y como objetos individuales; sólo razonan sobre
propiedades llamativas relacionadas con los elementos físicos de las figuras; dan
importancia a propiedades como posiciones, formas o tamaños, y no son capaces
de generalizar. Un estudiante de nivel 1 puede decir que un rombo se diferencia de
un rectángulo en que “el rectángulo es más largo” o que “el rombo es más picudo”
(Jaime y Gutiérrez, 1990:307).
Los estudiantes que razonan en el nivel 2 ya identifican y usan partes y propiedades matemáticas de las figuras, pero no son capaces de relacionar unas propiedades con otras; por ejemplo, en un rectángulo, no asocian la perpendicularidad
con el paralelismo de los lados. El razonamiento de nivel 2 se basa en la observación
de ejemplos para identificar regularidades, que se convierten en propiedades generales, y los propios ejemplos son la demostración o explicación de la veracidad
de la propiedad descubierta. Así, por ejemplo, después de observar o manipular
varios rombos, descubren que las diagonales de un rombo son perpendiculares y,
desde ese momento, admiten que las diagonales de cualquier otro rombo también son perpendiculares sin necesidad de más comprobaciones (Jaime y Gutiérrez,
1990:309).
La principal característica del nivel 3 de Van Hiele es que los estudiantes
aprenden a realizar razonamiento deductivo abstracto, si bien todavía no pueden leer ni entender demostraciones complejas ni presentadas en lenguaje formal. Por ejemplo, entienden la demostración deductiva usual de que los ángulos
de un triángulo suman 180° (figura 3.1), pero no sienten la necesidad de justificar
las congruencias de ángulos, porque éstas son visualmente evidentes (Jaime y
Gutiérrez, 1990:314). Por otra parte, los estudiantes pueden comprender cualquier
definición dada en los libros de texto y realizar todo tipo de clasificación entre familias de figuras geométricas.
Los estudiantes que razonan en el nivel 4 son capaces de hacer y entender demostraciones matemáticas formales, así como entender las características de un
sistema axiomático y aspectos más operativos, como la posibilidad de que un concepto tenga varias definiciones formales diferentes, pero equivalentes. Por ejemplo,
un estudiante del nivel 4 admite que se defina un rectángulo como “el cuadrilátero
que tiene dos ejes de simetría que pasan por los puntos medios de sus lados” y es
capaz de demostrar formalmente que esta definición es equivalente a la usual.
Los niveles de Van Hiele permiten evaluar el progreso de la capacidad de razonamiento matemático de los estudiantes a medida que avanzan a lo largo del
sistema educativo. Gutiérrez, Jaime y Fortuny (1991), Jaime (1993) y Gutiérrez y Jaime (1998) ofrecen ejemplos de cómo realizar estas evaluaciones y de resultados de
evaluaciones ya hechos.
El conocimiento de los niveles de Van Hiele también puede ayudar a los profesores a diseñar tareas apropiadas para cada nivel y a establecer las condiciones
para ayudar a sus alumnos a transitar al nivel inmediato superior. Van Hiele sostenía
que el progreso por niveles depende en gran medida de la experiencia matemática que los estudiantes adquieren gracias a la enseñanza, por esto también propuso
directrices para el diseño de actividades. En particular, sugiere que las actividades
de aprendizaje estén organizadas siguiendo cinco fases: información, orientación
dirigida, explicación, orientación libre e integración.
En seguida se ofrece un ejemplo en el que se describe una actividad que tiene
las fases propuestas por Van Hiele y que sigue las “orientaciones didácticas” del
objetivo de segundo grado de primaria que propone “identificar caras de objetos
a partir de sus representaciones planas y viceversa” (sep, Programa de estudio. Segundo grado. Educación básica. Primaria: 60). Muchos de los niños de este grado
están en el nivel 2 de Van Hiele: “Identifican y usan partes y propiedades matemáticas de las figuras, pero no son capaces de relacionar unas propiedades con otras”.
La actividad siguiente reconoce este hecho, pero tiene el propósito de establecer
condiciones para que los niños superen el razonamiento de dicho nivel destacando
las relaciones entre figuras planas y las caras de los cuerpos geométricos.
Información. Se les presentan figuras planas, como cuadrados, triángulos, rectángulos, círculos. Se les pregunta el nombre de cada figura; se les da el nombre
de una figura y se les pide que la señalen. También se les presentan varios cuerpos
sólidos: cubos, pirámides, prismas y cilindros. Se les pregunta por el nombre de cada
cuerpo; si no los conocen se les enseña y se les pide que los repitan. Se les da el
nombre de un cuerpo y se les pide que lo localicen; de esta manera el docente se
asegura que aprendan el nombre de cada cuerpo.
Orientación dirigida. Se les pide a los alumnos que utilicen los cuerpos gométricos a manera de sellos para estampar figuras en papel o tela. Se les pide que
identifiquen qué figuras planas se obtienen estampando sellos con los diferentes
cuerpos; que elijan el cuerpo apropiado si se quiere estampar determinada figura
(cuadrado, círculo, triángulo, rectángulo) y que lo comprueben. Imprimirán todas
las caras de un solo cuerpo y observarán algunas de sus relaciones.
Explicación. Se les pide a los alumnos hablen de lo que han observado, que expresen las relaciones entre caras y cuerpos: “Una pirámide tiene caras que son triángulos”, “el cilindro es el único que sirve para estampar círculos” o enunciados similares,
y entre las caras de un solo cuerpo: “Todas sus caras son iguales”, “sólo tiene cuatro
caras”, etcétera. El profesor tendrá que formular preguntas para propiciar que los niños formulen enunciados, pero sin inhibir su libertad de pensamiento y expresión.
Orientación libre. Se deja que los niños hagan estampados propios en los que
combinen libremente las figuras. Después se les presentan configuraciones estampa-
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