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Timestamp: 2018-08-16 17:59:51+00:00

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“La democracia mexicana está en crisis;ha caído en el cinismo”: Orozco Garibay - Revista Macroeconomia “La democracia mexicana está en crisis;ha caído en el cinismo”: Orozco Garibay - Revista Macroeconomia
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“La democracia mexicana está en crisis;ha caído en el cinismo”: Orozco Garibay
Dic 17, 2008, 14:39 pm
Conferencia para el foro sobre “La partidocracia como obstáculo para el ejercicio de la soberanía popular”
Agrupación por un País Mejor
Club de Periodistas de México. Noviembre 19 de 2008.
Por José Manuel Orozco Garibay
Hablar de ‘democracia’ es asunto de gran importancia en momentos actuales. Siempre lo es; pero ahora mucho más. Posiblemente porque pensamos que la democracia está en crisis. O pensamos que no es posible que la democracia esencial se realice bajo la cobertura de todas las demandas que supone su ejercicio. No hay una participación de la ciudadanía como se espera; la gente vive alejada de los partidos políticos, de los representantes, del ejecutivo federal, y de las formas de participación que enriquecen la vida pública. Hay una crisis de civismo en la sociedad. Reflejada en la falta de cumplimiento de las reglas elementales de convivencia. No se cree en las instituciones del gobierno. Ahora más que nunca se pone en duda la honestidad de los gobernantes. La ola de violencia que azota al país, produce en la gente miedo.
Generalmente ese miedo aleja las motivaciones de participación en la vida política porque lo que importa es ‘salvar la vida’. Cuidar que el empleo no se pierda. Encontrar la forma de ‘ganarse la vida’, y defender con lo que se pueda lo que se tiene. La gente ve que la minoría disfruta de ganancias ofensivas. Los monopolios dominan el mercado, que está muy lejos de ser ‘libre, autorregulado, perfecto’. Las pequeñas empresas están al borde de la quiebra. Y los medios de comunicación exaltan la violencia todos los días a toda hora. Hemos llegado al punto de vivir un estado de cinismo político moralmente autorizado. Eso es una contradicción, porque lo moral no puede ser cínico. Y sin embargo, en la norma de vida que se vive lo moralmente correcto es decir mentiras, hacer la gente crea esas mentiras (sabiendo que la gente no cree ya en nada), salvar los intereses de la colusión ‘política-mafia-dinero’. La moral del cinismo diferencia lo que Diógenes llamó ‘lo quínico’ de lo propiamente ‘cínico’1. Lo primero es una actitud que desafía al poder. Lo hace por medio de los señalamientos o las denuncias. Pero también a través de la mofa, con sentido político. Quínico fue el comportamiento del filósofo, Diógenes Laercio, cuando Alejandro Magno se paró frente a su tienda en la playa. Al darse cuenta de que en esa tienda vivía el famoso pensador, Alejandro le dice “dime qué necesitas”, a lo que responde Diógenes “no me estorbes el sol”. Se dice que se desnudaba, se masturbaba, gritaba, con el objeto de hacer conciencia de que el poder estaba en manos de gente moralmente indolente. Lo cínico en cambio es hacer que los valores no valgan nada por medio de la contradicción. Eso significa hablar del bien o de la justicia. Y hacer todo lo contrario. Es hacer un homenaje a un escritor que habla de México pero vive en Londres, tiene mucho dinero, y se toma la foto con grupos de poder, entre los cuales no pocos usan o viven al modo mafioso, escoltados, y tal vez relacionados con lo más oscuro del crimen organizado. Es decir, si uno lee las revistas especializadas, entonces resulta extraño que un personaje aplauda algo ético cuando su conducta, de acuerdo a lo que documentan los medios, se aleja completamente de toda ética. Lo cínico es aparentar un ser que no corresponde al deber ser.
En ese marco de cosas, lo que está en cuestión es la ‘democracia’. De acuerdo a una leyenda griega, ‘cratos’ es la violencia pura. Y responde a la existencia real de Cratos, un espartano muy violento. Expresión del poder como violencia pura. Se enfrenta a Hares, dios de la guerra. Y después de una lucha sangrienta en la que los dos sufren heridas tremendas, triunfa Cratos. Este hombre siente que ha ganado la batalla, pero el dios no puede morir. Hares se levanta y manda a Cratos al Hades a penar como muerto en vida. De hecho lo mata para la vida de los mortales.
Entonces Minerva, la diosa de la sabiduría entre los romanos, entra al Hades y revive a Cratos. Le otorga una condición de semidios. Por lo que vuelve para desafiar al mismo Zeus. Hares ya no enfrenta a Cratos. La batalla es terrible entre Zeus y Cratos. Pero Cratos elimina a Zeus, de la misma forma que Zeus había asesinado a su padre, Cronos. Queda entonces la violencia pura, el poder crudo, el desenfrenado malestar de la dureza. Que se parece mucho a lo que ocurre en nuestros tiempos. ¿Dónde queda la democracia? La idea de un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, es solamente una metáfora. El pueblo elige a los representantes. Pero estos toman decisiones sin consultar al pueblo. Cuando lo hacen, simulan que les importa el pueblo. Terminan beneficiando a las elites en el mando. Se confabula el poder de unos pocos con el poder del dinero. Entonces se tiene una ‘plutocracia’. No es gobierno del pueblo sobre todo si no hay canales para que, por su propia voluntad, se exprese. Los partidos políticos fueron pensados como institutos que representan sectores de la sociedad. Formas de pensar que comparten sectores de la sociedad. Por eso parten lo social; lo social re-partido. El partido retoma esas creencias, las hace suyas, y escoge entre los miembros de la sociedad a los mejores hombres. Se convierten en militantes. Militan, en sentido militar, con el fin de defender los intereses y creencias del sector que representan. La gama de partidos debe completar el espectro de pensamiento del conjunto social. Siempre habrá un sector de gente con dinero, conservadora, que busca un partido que proteja el capital castigando a los pobres. Otro sector buscará quitarle al que tiene más para darle al que tiene menos. Y otro jugará a una medianía entre ambos extremos. Se supone que eso perfila las diferencias entre derecha, izquierda y centro. La política, como arte de la negociación, de hacer posible lo imposible, tiene que concertar a los sectores a través de los acuerdos de los partidos. Son el medio para que lleguen al poder los representantes del pueblo. El medio para alcanzar los acuerdos. Y el medio para que el pueblo vea que mejoran sus condiciones de vida. La democracia, supone un ‘cratos’ autolimitado. Que por medio del respeto a la voluntad de las mayorías decide ir por la vía de la representación. Cratos, violencia pura, se detiene. No es enemistad absoluta, como dirá Schmitt. Es una violencia potencial canalizada electoralmente, con el fin de que los representantes electos, por medio de los partidos, defiendan el pensamiento de un sector social. Aparte de ser los partidos el camino para que los diversos sectores se pongan de acuerdo en hacer leyes, que detonen una mejor calidad de vida para todos.
Naturalmente, la ‘democracia’ falla cuando los partidos se corrompen. La democracia falla si en el curso de ese proceso ocurre que el dinero que destina el gobierno federal a los partidos (para su trabajo político), se convierte en botín de grupos que controlan a esos partidos. La democracia falla cuando la gente deja de confiar en los partidos, porque piensa que no representan el pensar de los diversos sectores sociales. Falla si los partidos se parten ellos mismos, se dividen. Y la pugna por puestos, cargos, dinero, deja de lado al pueblo. Entonces el demos y el cratos se convierten en puro cratos. Violencia de los grupos que se adueñan de los partidos, violencia contra un pueblo que no se siente representado. Que no es consultado. Y sobre todo si el mandato entregado a los representantes es conculcado. Entonces es un mandato para servir a los ricos, a los especuladores, a los mafiosos, a los monopolistas, y a los dueños de los partidos. Esa es la partidocracia. El cratos violento de institutos políticos que no representan al pueblo que vota a través de ellos. Migajas abajo. Controles policiales, connivencia de corrupción e impunidad, arriba.
En la lucha entre democracia y partidocracia se trata de que el cratos se autolimite por medio de los filtros que son los partidos políticos. Para eso se necesita renovar a esos institutos, restringir el dinero que se les da, eliminar a los grupos que los controlan, romper la complicidad de los institutos con la gente del dinero y las mafias. O sea, limpiar al país de ese mal que es la violencia pura de unos pocos contra la fragilidad de millones de seres humanos, la mayoría, que viven en pobreza. Paradoja de ser el soberano un ser pobre ante el no soberano rico, que en nombre del pobre, encubre, miente y roba.
Los candidatos independientes surgen como expresión de mejorar las cosas. Buscan lo mejor para la gente. Porque no se sienten identificados con las plataformas partidarias. Porque tienen propuestas que pueden ser de interés para la mayoría. Porque saben que esos partidos no representan a nadie hoy en día. Aunque las masas vayan a votar por inercia y crucen el diagrama de un logotipo político. Y son candidaturas que responden al derecho ciudadano de votar y ser votado que consagra la constitución. En la medida en que el congreso no legisla a favor de esas candidaturas, demuestra que se vive el monopolio partidocrático. Unos cuantos pasan por el filtro de los capos de cada partido. Esos elegidos llegarán a ocupar cargos de elección popular. Pero los independientes, usted y yo, que no militamos en ningún partido, quedamos fuera de esa posibilidad. Pero sí debemos acatar las resoluciones a las que lleguen en calidad de congreso, ejecutivo y poder judicial (que ni siquiera pasa por el escrutinio del voto).
Algunos dirán que los ‘independientes’ se representan a sí mismos. Que si llegan al Poder ejecutivo nunca tendrán un congreso que apruebe sus iniciativas, pues sus enemigos son los partidos. Y que los partidos no abrirán el paso a los ‘independientes’ porque eso auto destruye su razón de ser como partidos. De modo que no prosperará la lucha que mexicanos hagan por las candidaturas independientes. El registro independiente es un derecho. La ley debe contemplar esa posibilidad para todo cargo a elección. Solamente así se remediará el cratos violento de la partidocracia actual.
Un panismo distante de los ideales de su fundador, un perredismo con escisiones, un priísmo dividido entre tecnócratas y dinosaurios, y negocios familiares –los llamados ‘partidos chicos’- que medran con el presupuesto que emana de nuestros bolsillos, solamente pueden destruir la ‘democracia’. Avanza del Estado en esa dirección. Por eso cobra relevancia tocar el tema del registro a cargos de elección de los candidatos independientes.
Es necesario recordar que el 2 de septiembre de este año, La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), falló la sentencia sobre el caso Castañeda Gutman contra el Estado mexicano. La sentencia fue en parte favorable a castañera; y en parte contraria.
La defensa de castañeda argumentó que el estado mexicano había violado los artículos 23, 24 y 25 de la Convención Americana, referente a la participación política, la igualdad ante la ley y la protección judicial. En la resolución destaca lo que ganó Castañeda, y que es relevante para el caso de las candidaturas independientes:
La Corte se declaró competente para estudiar el caso, dado que México es parte de la Convención Americana, desde el 24 de Marzo de 1981, de modo que la competencia sentenciosa de la Corte es competente para el análisis y fallo de casos contenciosos el 16 de diciembre de 1998.
El estado mexicano violó los derechos humanos de Castañeda, el particular el “derecho de protección judicial consagrado el artículo 25 de la Convención, con fundamento en que “el estado no ofreció a la presunta víctima un recurso idóneo para reclamar la alegada violación a su derecho político a ser elegido”
Exige al estado mexicano que haya un recurso al que puedan recurrir los mexicanos para defender su derecho político a ser elegidos de manera independiente.
El estado mexicano debe indemnizar con siete mil dólares a Castañeda por ‘reintegro de costes y gastos de su campaña, dentro de un plazo de seis meses’.
La sentencia de la Corte deberá ser publicada en el Diario Oficial de la Federación, y ajustar sus leyes a lo dispuesto, de modo que los derechos políticos contemplen el de ser candidato a elección popular de manera independiente, creando un recurso o instancia legal de apelación.
Sin embargo, aunque la sentencia es contundente, hay un elemento que determina su sesgo en contra de la moción del propio ex canciller. Porque, de acuerdo a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el estado mexicano no violó el artículo 23 y 24 de la Convención Americana. Primero, porque el derecho de participación política está garantizado por la Convención, y el derecho a la igualdad ante la ley es reconocido. Por otro lado, la Corte declara que el estado mexicano fundamentó con claridad que la vía para acceder a los cargos de elección es a través de los institutos políticos nacionales, llamado partidos, en virtud de la transición democrática que ha experimentado el país a partir del autoritarismo del régimen anterior (el llamado tiempo del pri-gobierno). Y que el estado no violó el derecho de ser iguales ante la ley porque todo mexicano puede ser votado y votar a través de los partidos políticos nacionales.
Por supuesto que la resolución de la Corte es importante. Por un lado, obliga al estado mexicano a adecuar su ley de modo que un candidato independiente a ocupar un cargo de elección popular (regidor, diputado, senador, gobernador o presidente), se ajuste a lo acordado, que es el hecho de que se permita ese registro al margen de los partidos políticos, creando una instancia jurídica donde el candidato pueda impugnar el que no se le conceda ese derecho. Sin embargo, de acuerdo a los criterios del fallo de la Corte, las instancias de que se dispone actualmente no son las adecuadas. No puede un candidato independiente impugnar ante Suprema Corte de Justicia de la Nación, vía derecho de amparo, porque no procede en la vía electoral. No existe el amparo en materia electoral.
Tampoco puede el candidato apelar al congreso vía juicio de inconstitucionalidad, porque el congreso lo integran los partidos políticos, que son los únicos que pueden acordar, en comisiones, promover el recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte. Y el candidato independiente se opone a participar por la vía partidaria. Y tercero, no puede acudir al Tribunal Federal Electoral porque de acuerdo a un fallo del año 2002 ese tribunal no puede fallar respecto de la inconstitucionalidad en materia electoral. Por lo tanto, la Corte no resuelve realmente el problema de las candidaturas independientes, aunque avanza al reconocer que esas candidaturas son o constituyen un derecho político que el estado mexicano debe atender, modificando sus leyes.
Ahora bien, es claro que no está en el interés de los partidos políticos dar trámite a esa sentencia. Eso va en contra de sus propios intereses. Y son ellos los facultados para legislar desde el congreso, la reforma a la ley. De modo que se permita que las candidaturas independientes sean legalmente permitidas en materia electoral, con todos los recursos de inconstitucionalidad correspondientes, así como reglamentar los montos asignables a las campañas electorales independientes, y los tiempos de propaganda en medios electrónicos. Huelga decir que el congreso no está interesado en hacer ese trabajo.
Las candidaturas independientes permiten a cualquier ciudadano que no está afiliado a un partido político acceder a un cargo de elección popular. La idea es que eso fomenta la democracia y reconoce un hecho de facto. Muchos son los mexicanos inconformes con los partidos políticos existentes, en especial los tres grandes que dominan el espectro político nacional. Ya sea porque desconfían de esos partidos. O porque no están de acuerdo con las plataformas políticas de esos partidos. Los resultados que han arrojado los partidos grandes en los últimos años son malos, muy malos. Es un hecho que la popularidad de un ‘diputado’, por ejemplo, está por debajo de la de un ‘policía’ en la confianza que genera su trabajo en la ciudadanía. Otro hecho es que la mayoría de los mexicanos no tienen acceso a los puestos de elección popular debido a que no se les abre la puerta de los grandes partidos. En los partidos (PAN, PRI, PRD), que son mayoritarios, y los más grandes, las candidaturas son accesibles a los ‘amigos’ de las cúpulas dirigentes. O se personalidades que alcanzan ese privilegio por recomendación u oportunismo. Pero incluso las bases de esos partidos no tienen acceso. Finalmente, un partido político es un instituto que tiene la obligación de recoger la mentalidad de una parte de la sociedad, organizarla, y fomentar la ciudadanía. Así como en un tiempo se buscó ciudadanizar las instituciones para que fueran más honestas y eficientes, ahora se ve corrupción en los partidos políticos. Ni fomentan la ciudadanía, no construyen puentes ideológicos, ni representan los modos de pensar y sentir de la sociedad. Muchos son los ciudadanos que no se sienten representados por los partidos políticos. Por lo tanto, el derecho político a participar en la vida política electoral por la vía independiente, enriquece la posibilidad de que haya más juego político. Como lo afirma la idea económica, a más jugadores más competencia. Eso fortalece la democracia. La confrontación de puntos de vista obliga a los partidos a cuidar sus propuestas. Y al dar acceso a los ciudadanos, los partidos tienen que abrir sus puertas a los ciudadanos lo que de paso ayuda a que se limpie la apropiación de esos institutos políticos, hasta ahora en manos de camarillas que solamente cuidan sus intereses.
Dice José Antonio Crespo, politólogo, al analizar las candidaturas independientes:
“El de las candidaturas independientes es un tema que recientemente se ha instalado en el debate público nacional. Durante décadas el problema que enfrentó nuestra transición a la democracia fue el de construir y consolidar un sistema de partidos plural y competitivo. Sin embargo, en los últimos años, una vez que la diversidad política se enraizó a lo largo y ancho del país, proliferaron las voces que sostenían la necesidad de permitir candidaturas independientes, es decir, que los ciudadanos pudieran competir por los cargos populares de elección al margen de la postulación hecha por un partido político. Ello, se ha sostenido, permite materializar el derecho a ser votado que tiene todo ciudadano y que está establecido en la fracción II del artículo 35 constitucional”2.
Crespo reconoce que la lucha por defender las candidaturas independientes es producto del esfuerzo de Víctor González Torres, y las impugnaciones internacionales de Castañeda. Lo importante es que su accionar permitió llamar la atención de la gente. Y la razón de su enfado fue y sigue siendo legítima. Al margen de lo que cada candidato representa desde el punto de vista ideológico. Lo simbólico alcanza niveles de relevancia cuando se lo lee a contrapelo de lo que es la ‘partidocracia’.
La ‘partidocracia’ se refiere al monopolio del poder y la representación en manos de los tres partidos más grandes. Significa que las cúpulas de esos partidos se reparten los cargos de elección popular, así como la apertura de oportunidad al acceso al poder. Y generalmente, al ser monopolios de fuerza, en un sentido oligárquico, rompen el juego democrático de la libre competencia política. Además, dejan de expresar un pensamiento ideológico claro. Terminan pervirtiendo la política, y no construyen conciencia ciudadana. Los gobiernos emanados de sus filas mantienen al país en la desigualdad, la pobreza, la pésima distribución del ingreso, y la frivolidad en los procesos legislativos. La pregunta es, ¿son constitucionales las candidaturas independientes? El precedente que sentó la Corte en el año 2006 es de gran trascendencia. El congreso de Yucatán aprobó la reforma en materia de legislación electoral, por la que se dio posibilidad a que candidatos a elección, independientes, tuviesen derecho político de participar, condicionando su acceso a tener representación suficiente. Es decir, de acuerdo al congreso yucateco, si un ciudadano cuenta con el apoyo popular equivalente al 2 % del electorado, adquiere el derecho político de participar en la contienda por los cargos. Los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en voto dividido, estuvieron de acuerdo con la decisión del congreso de Yucatán. Las versiones fueron diversas.
El ministro Silva Meza argumentó, grosso modo, que la lectura del artículo 41 constitucional no avala la idea de que los partidos políticos tengan el monopolio de la postulación de candidaturas a puestos de elección popular, de modo que él no veía objeción a que alguien tenga derecho a participar al margen de los partidos. La ministra Sánchez Cordero fue más firme al decir que sujetar las candidaturas al candado de tener que pasar por el filtro de partidos políticos constituye un acto violatorio de de los derechos fundamentales del hombre. Pero a diferencia de ese criterio, el ministro Góngora Pimentel sostuvo que si se permiten las candidaturas independientes se debilita la de suyo democracia mexicana, pues el paso de un régimen autoritario a un régimen de partidos se ha hecho para propiciar la competencia electoral, y garantizar la gobernabilidad toda vez que si de por sí hay un congreso dividido que no ayuda al ejecutivo a desplegar su tarea (por la dificultad para alcanzar acuerdos), peor sería si llegan al ejecutivo candidatos independientes que enviarían iniciativas sistemáticamente rechazables (los partidos no admitirían propuestas de un ciudadano o ciudadana que no proviene de partido alguno). Si hay una confianza de crisis y credibilidad el aval a las candidaturas independientes solamente confirmaría que los institutos políticos no sirven, y por ende, la desconfianza e incredulidad se incrementarían. Conforme a ese criterio, las candidaturas independientes no ayudan a la democracia.
En algunos país es hay candidaturas independientes. Se permite en Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Alemania, Italia, Portugal, España, Suiza, Bélgica, Irlanda, India, Holanda, Dinamarca, Canadá, Rumania, Rusia, Eslovaquia, Venezuela, Turquía, Polonia. Y se prohíbe en Noruega, Islandia, Suecia o Austria. Lo que se pide, donde se permite, es una varianza en el grado de apoyo popular del candidato registrado. Porcentajes que son nimios en Italia, y más rigurosos en Estados Unidos. Pero hay países laxos: en Italia solamente bastan mil firmas para ser postulable como diputado. En la República Checa basta ser postulado por una alianza de diez diputados o senadores. Y en el caso de Chile se está trabajando para que el 0.5 % de los votantes de la elección constituya el respaldo básico. Y los tiempos de propaganda sean iguales para partidos y candidatos, en televisión.
Algunos conflictos de un candidato independiente son: si tiene dinero, entonces no compite en igualdad de condiciones que otro ciudadano sin dinero (luego, hay unos que son más iguales que otros). Y cabe la posibilidad de que se registren miles de candidatos, con lo que se obliga a legislar sobre las condiciones o requisitos que un ciudadano debe reunir para que tenga derecho a participar. Lo peor es que eso lo tiene que legislar el congreso. Y el congreso lo controlan los tres partidos mayoritarios en México. Por supuesto no quieren que haya candidatos independientes. De suerte que ahí entramos a una parálisis, a pesar de que en algunos estados se permite.
El derecho a participar está consagrado en la carta magna cuando acertadamente sostiene que el poder emana del pueblo, soberano, que deposita su poder en un representante. Si la representación vía partidos está en crisis o es deleznable, entonces ¿por qué no puede el soberano elegir a un ciudadano en el que sí se sienta representado? Obviamente, si el congreso federal no da paso a las candidaturas independientes está violando la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al menos en lo que toca a la idea del origen y fundamento de la soberanía. Amén de fortalecer la ‘partidocracia’, que tanto daña al país. Los precedentes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, deben abrir paso a que se obligue a los legisladores a abrir esa ventana. De no hacerlo, nos queda el recurso de impugnar ante instancias jurídicas que la Corte ha exigido al gobierno mexicano que se creen. No es el congreso, no es el Tribunal Federal Electoral, no es la Suprema Corte. Entonces ¿quién? La iniciativa del ejecutivo en ese tema toral es urgente, pero se frena ante una reforma política que sigue a la espera de otros cambios. Revocación del mandato, rendición de cuentas, sistema parlamentario o semi parlamentario, referéndum, consulta popular, y candidaturas independientes.
1 Ver Sloterdijk, Peter Crítica de la Razón Cínica. Biblioteca de ensayo Siruela. Madrid. España. 2006. Pp. 249 -266.
2 Crespo, José Antonio. Candidaturas independientes en el mundo. En: http: democraciamexico.blogspot.com 2006 10 candidaturas-independientes-en-el.html. 28 de Ocxtubre, 11:25 a.m.
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 artículo 25
 artículo 23
 resolución 
 artículo 35
 artículo 41