Source: http://revistalatinacs.org/074paper/1390/73es.html
Timestamp: 2019-09-22 06:36:36+00:00

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J Vega Casanova, C A Tapias Hernández, C E Pérez Quintero (2019): “Radio comunitaria y construcción de paz en Colombia. Comunicación, interacción y planeación participativa para el posconflicto”. Revista Latina de Comunicación Social, 74, pp. 1391 a 1410. RLCS, Revista Latina de Comunicacion Social
10.4185/RLCS-2019-1390 | ISSN 1138-5820 | RLCS, 74-2019 | | |
J Vega Casanova, C A Tapias Hernández, C E Pérez Quintero (2019): “Radio comunitaria y construcción de paz en Colombia. Comunicación, interacción y planeación participativa para el posconflicto”. Revista Latina de Comunicación Social, 74, pp. 1391 a 1410.
http://www.revistalatinacs.org/074paper/1390/73es.html
DOI: 10.4185/RLCS-2019-1390
Análisis de la paz en Colombia, desde la comunicación / 05
Radio comunitaria y construcción de paz en Colombia. Comunicación, interacción y planeación participativa para el posconflicto
Community radio and peace building in Colombia. Communication, interaction and participatory planning for the post-conflict
Jair Vega Casanova [CV] [ ORCID] [ GS] Profesor del Departamento de Comunicación. Universidad del Norte (Colombia) jvega@uninorte.edu.co
César Augusto Tapias Hernández [CV] [ ORCID] [GS] Estudiante del Doctorado en Comunicación. Universidad del Norte (Colombia) ctapiasa@uninorte.edu.co
Camilo Ernesto Pérez Quintero [CV] [ ORCID] [ GS] Profesor del Departamento de Comunicación. Universidad del Norte (Colombia) ecquintero@uninorte.edu.co
[ES] Introducción: En el artículo se discuten elementos estructurales que afectarían los alcances de algunos espacios de interacción social en la radio comunitaria, tales como los escenarios de planeación participativa y comunicación interpersonal que podrían constituir un importante aporte a la construcción de paz en Colombia. Metodología: El estudio de estos espacios se hizo a través de dos viñetas etnográficas: la primera sobre las Juntas de Programación en las emisoras comunitarias del Caribe y, la segunda, sobre los Comités Temáticos Locales de las emisoras del nordeste antioqueño. Literatura sobre intensidades participativas enmarca este proyecto de investigación en una perspectiva histórica y crítica de la comunicación comunitaria para la paz. Discusión y conclusiones: Se concluye que se requiere fortalecer la planeación participativa con un carácter político y que la comunicación interpersonal debe ser la base de una radio que convoca ciudadanos al encuentro y al diálogo para construir la paz.
[EN] Introduction: This article discusses some structural elements affecting spaces for social interaction within community radio processes, such as spaces for participatory planning and interpersonal communication that could be considered as a crucial contribution to the construction of peace in Colombia. Methodology: The study of these spaces was conducted through two ethnographic vignettes: the first about the “Programming Boards” of community radio stations in the Caribbean, and the second about the “Local Thematic Committees” of community radio stations in northeast Antioquia. Literature on participatory intensities frame this research providing a historical and critical perspective of community communication for peace. Discussion and conclusions: It is concluded that it is necessary to strengthen participatory planning with a political emphasis and that interpersonal communication should be the basis of a radio that is intended to call and engage civil society to meet, share, and dialogue towards the collective construction of peace.
[ES] radio comunitaria; paz; planeación participativa; posconflicto; interacción; comunicación interpersonal.
[EN] community radio; peace; participatory planning; post-conflict; interaction; interpersonal communication.
[ES] 1. Introducción. 1.1. ¿Qué radio es o no comunitaria? 1.2. Emergencia de la radio comunitaria en Colombia 1.3. La construcción de la paz en un contexto de violencia 1.4. 1.4. La radio comunitaria en la construcción de la paz territorial 2. Metodología. 3. Resultados. 3.1. Viñeta uno: Juntas de Programación 3.2. Viñeta dos: Comités Temáticos Locales 4. Discusión. 5. Conclusiones. 6. Notas. 7. Bibliografía.
[EN] 1. Introduction. 1.1. What is a community radio or not? 1.2. Emergence of community radio in Colombia 1.3. Peacebuilding in a context of violence 1.4. Community radio in the construction of territorial peace 2. Methodology. 3. Results. 3.1. Bullet one: Programming Boards 3.2. Panel two: Local Thematic Committees 4. Discussion. 5. Conclusions. 6. Notes 7. Bibliography.
Traducción de resumen de Camilo Pérez Quintero
(Departamento de Comunicación, Universidad del Norte, Colombia)
En un contexto de posconflicto, «No matarás» significa con Lyotard, no negarás a los otros la condición de interlocutor. Tras la firma de los acuerdos de paz entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC-EP uno de los escenarios designados para la construcción de paz, para el encuentro de interlocutores asediados por las violencias en los contextos locales, lo suponen las radios comunitarias. Ya desde 1997, con el decreto 1447, el Estado plateaba que la radio comunitaria en Colombia debía ser un espacio para la reflexión y concertación comunitarias, y la resolución de conflictos. En este sentido hay experiencias de radios comunitarias que durante los últimos 20 años han generado reflexiones populares y ciudadanas sobre paz y conflicto, que se traducen en procesos comunicativos con capacidad para fomentar la diversidad, el diálogo intercultural y la tolerancia. Los medios comunitarios se han convertido en socios privilegiados de la resolución de conflictos y la reconciliación (Pereira y Cadavid, 2011). Existen estudios que se relacionan con los medios comunitarios (Downing, 2001; Gumucio-Dagron, 2001); también hay investigaciones sobre cómo estos medios potencian la capacidad expresiva de los ciudadanos en medio del conflicto (Atton, 2002; Rodríguez y El’Gazi, 2005; Rodríguez, 2008).
En Colombia, tres procesos clásicos demuestran que las radios comunitarias propician espacios, incluso para la curación de las heridas que provoca la guerra, “Ganándole terreno al miedo”, de Vega y Bayuelo (2008) sobre el uso de la comunicación en Montes de María; la Red de Radios Comunitarias del Magdalena Medio (AREDMAG), que proporciona pruebas poco comunes del papel central de los medios comunitarios en la lucha por la paz en medio del conflicto según Cadavid & Moreno (2009); y Radio Andaquí, de Belén de los andaquíes, en el departamento de Caquetá, un proceso comunicativo donde quienes antes no podían hablar, ahora pueden, se toman la palabra y se sienten bien haciéndolo (González y Rodríguez, 2006). A nivel internacional, en Timor Oriental, la nación más joven del mundo con un conflicto armado, la radio comunitaria ha sido una herramienta importante utilizada por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (UNDP 2009). Un caso más cercano a la experiencia colombiana ocurre en Chipre, Carpentier & Doudaki (2014), muestran que los medios comunitarios tienen un papel central en la resolución de conflictos armados a nivel local.
Sin embargo, es poca la investigación sobre el papel específico de la comunicación interpersonal como herramienta de comunicación participativa para la construcción territorial y colectiva de la paz desde medios comunitarios. Territorial, porque el conflicto ha afectado más a unos territorios que a otros. Colectiva, porque ese cambio no se va a lograr si no se articulan los esfuerzos y se moviliza a la población en esos territorios alrededor de la paz (Jaramillo, 2013). Y participativo, para reconocer a las comunidades como agentes políticos (OACP, 2017). Para explorar este subcampo de la comunicación para la paz (Gorsevski, 2014) en el contexto colombiano, analizamos varias experiencias de radios comunitarias del caribe agrupadas en RedeMediosCaribe, una red de redes departamentales de Guajira, Cesar, Magdalena, Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba; y de la RedeNorte, la red de radios comunitarias en el nordeste antioqueño, municipios de San Pedro de los Milagros, San José de la Montaña y Briceño. El propósito es dar cuenta de los procesos de planificación participativa, en los espacios de interacción y comunicación interpersonal que tiene la radio comunitaria de estas zonas del país.
En este artículo, (i) presentaremos una breve sinopsis del desarrollo de la radio comunitaria en Colombia, a continuación, (ii) señalaremos cómo ésta toma fuerza en los acuerdos de paz con las FARC_EP, a propósito de la visión del Gobierno nacional de la paz territorial, para luego, (iii) examinar los encuentros de las juntas de programación y comités temáticos, como los espacios sociales concretos que respaldan los procesos comunicativos que se proponen construir comunicación para la reconciliación. Al final, (iv) cerramos con la discusión en torno a los problemas que significan la participación y el compromiso de los actores comunitarios proponiendo posibles soluciones con lo hallado en campo.
1.1.	¿Qué radio es o no comunitaria?
No hay una definición única. La premisa básica se centra en medios sin fines de lucro, participativos y hechos por y para una audiencia local, proporcionando una variedad de programas educativos y de entretenimiento, para facilitar el desarrollo comunitario. Esta radio ha demostrado ser un medio sostenible e interactivo para que las poblaciones pobres y marginadas sean escuchadas e informadas, se formen opiniones y se conviertan en agentes más decisivos en su propio desarrollo (ver McKay, 2010; Wabwire, 2013).
En muchos países, es un sector reglamentario de la política de radiodifusión y, aun así, es una forma de "comunicación emancipadora" (Bruck y Raboy 1989). Su programación ofrece espacios cruciales para el empoderamiento del género y la juventud; para la resolución de conflictos entre grupos locales; para desarrollar habilidades; para el empoderamiento personal y comunitario (Lewis, 2008; Howley, 2005). En este contexto, la investigadora colombiana Clemencia Rodríguez (2009) propone el término global “medios ciudadanos” (radios ciudadanas en nuestro caso), con base en lo que generan: procesos de cambio provocados por sus participantes, en tanto adquieren competencias ciudadanas. El concepto ha permitido diferenciar las emisoras de servicio a la comunidad, que propician la consolidación de una esfera pública vital, constituida por una diversidad de contra-públicos, de procesos de locales de auto-reconocimiento y auto-reflexión (González y Rodríguez, 2006).
En este artículo destacamos la comunicación hecha por las comunidades, que conversando al aire contribuyen a la constitución de la opinión pública y a la participación posterior de los ciudadanos en las estructuras democráticas (Dahlgren 2009). De hecho, estas radios comunitarias que construyen la paz son medios ciudadanos desde el momento en que inician ese proceso por consolidar, completar, hacer la paz. Sin embargo, continuaremos usando el calificativo comunitario, porque así se autodenominan las experiencias analizadas, y porque el Estado (en función de las licencias), así las nombran en sus contratos y convenios. El uso del término tiene, sin embargo, tres niveles de respaldo:
1.	El de apertura del medio a que todos y cualquier miembro de la comunidad pueda participar en la producción de la programación y el manejo del medio (Gumucio-Dagrón, 2001).
2.	El de acceso de diferentes ideas en programas que respetan todas las opiniones; que estimulan la diversidad cultural, sin discriminación ni censura; con las mujeres como actores en la comunicación y no simples trucos de publicidad; Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC).
3.	El de empoderamiento de los medios comunitarios que deben ser medios abiertos a la participación de miembros de la comunidad en la creación y gestión de programas "(Parlamento Europeo, 2007: 1).
1.2.	Emergencia de la radio comunitaria en Colombia
Antes que la primera emisora de radio comunitaria legal hiciera su aparición en Colombia en 1997 (Pereira, 2001), un puñado de organizaciones gubernamentales, privadas e internacionales, lideraron procesos importantes de acompañamiento a movimientos sociales que intentaban desarrollar medios locales. Se destacan los esfuerzos que entidades como Fundación Social, el Proyecto Enlace del Ministerio de Comunicaciones, el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y UNICEF, que les brindaron a colectivos juveniles y de comunicación en Bogotá, en el pacífico colombiano, en los santanderes, en el Caquetá, Montes de María y algunos barrios de Medellín entre 1990 y 1995 (Gómez & Quintero, 2001).
Si bien en 2017 la radio comunitaria cumple 20 años de su reconocimiento legal (EEColombia2020, 2017) sus raíces se remontan a las experiencias de radios alternativas como Radio Sutatenza, que apareció en 1947 (Rodríguez, 2011), a las radios militares que funcionan desde 1981 en el departamento del Caquetá, junto a las radios ilegales que existían desde 1987 en pueblos como Tamalameque, Cesar, y en algunos municipios del Cauca, Nariño y Guajira (Cadavid, 2011), unas de carácter político insurgente como las radios de la guerrillas (Espinoza 2010), otras, de algunas comunidades indígenas trasmitiendo no sólo en su lengua sino bajo sus propias definiciones y condiciones (Rodríguez y El´Gazi, 2005), junto a las prácticas de comunicación popular como el uso de carteleras y megáfonos que hicieran Iglesias y circos para convocar fieles y vecinos a reuniones y espectáculos (González y Rodríguez, 2006). Se puede pensar que la aparición de estas emisoras forma parte de procesos que buscan de manera creciente la presencia directa de las voces de diversos sectores en los escenarios públicos; en este caso, en los espacios mediáticos de la comunicación (El’Gazi, 2011).
De acuerdo con Pereira (2001), comenzando el Siglo XXI ya existían en Colombia aproximadamente 550 emisoras comunitarias, y 15 años después, según datos de la Red de Radios Comunitarias del Santander (Resander) ya funcionaban 650, algunas de ellas con dificultades técnicas y económicas para cumplir con los requerimientos que la normatividad les exige:
“De las 650 emisoras comunitarias que hay hoy en el país, a 261 se les vence el permiso al finalizar el 2017, mientras que, en 2018, otras 160 tendrán el mismo problema. Es decir, estamos hablando de más del 50% de las que están licenciadas”. Fernando Tibaduiza [1] (EEColombia2020, 2017)
1.3.	La construcción de la paz en un contexto de violencia
La guerra no solamente ha estado presente en muchas etapas de la historia colombiana, sino que con ella se ha formado el país (González, 2003; Pardo, 2004). Los momentos más renombrados y estudiados son la Independencia, y la violencia de mediados del siglo pasado. De las guerras civiles del siglo XIX entre los diferentes gobiernos federales y sus reformas hay estudios de interés como los de Uribe de Hincapié (2008). Del siglo XX se destacan también la guerra de los mil días y especialmente del último cuarto de siglo. Sin embargo, en lo que va del presente Siglo, poco se sabe de los procesos de diálogo. El primero, data de 1974 entre el Gobierno de López-Michelsen y el ejército de liberación nacional (ELN), con quien paradójicamente aun en 2019 se intenta esta establecer un acuerdo. Durante este período de 45 años, hubo negociaciones con diferentes grupos alzados en armas. Destacan los acuerdos con el M19 y otras guerrillas de izquierda en los 90, con algunos grupos paramilitares en 2007, y con las FARC_EP, en 2016. Entre el Estado y esta guerrilla, hubo varios intentos de paz: las negociaciones de 1984 con el Gobierno Betancurt; de 1990 con el Gobierno de Gaviria; de 1998 con el Gobierno de Pastrana; y finalmente el acuerdo logrado con el Gobierno de Santos en 2016 tras cuatro años de diálogos. No sobra decir que al cierre de esta segunda década del S XXI, existen otras organizaciones armadas en el territorio colombiano, con excepción del ELN, mas vinculadas al tráfico de drogas e insumos para su procesamiento que con causas políticas.
El último acuerdo con las FARC_EP resulta importante no sólo por involucrar a una de las guerrillas más antiguas del mundo, sino porque vincula a víctimas y comunidades locales y hace explícito el enfoque de género. En ese marco aparece la necesidad del fortalecimiento de la radio comunitaria como un espacio de paz. Así se lee en el punto 2.2.3. de los acuerdos finales.
La participación ciudadana en los medios comunitarios contribuye además a la construcción de una cultura democrática basada en los principios de libertad, dignidad y pertenencia, y a fortalecer las comunidades con lazos de vecindad o colaboración mutuos´[2].
Sin duda, los acuerdos van en la dirección de algunos sectores académicos y activistas, convencidos de que los medios de comunicación pueden convertirse en un verdadero agente para lograr una paz sostenible (Rodríguez, 2004; Vega y Rodríguez, 2009; Laplante & Phenice, 2009; El’Gazi, 2011; Gorsevski, 2014). Puesto que el conflicto armado en Colombia ha afectado en mayor medida a las comunidades rurales, se las debe involucrar de manera activa en el diseño de medidas para superar las consecuencias de violencia, en especial a las mujeres, quienes sufren de modo diferencial la violencia y la marginación (Romero, 2012). Así lo cuentan los líderes de estas radios: “La violencia se ha vivido es en la provincia y es en la provincia donde está la radio comunitaria, por lo tanto, es el vehículo principal para construir paz.” (J. González, comunicación personal, 23 octubre de 2017)
Para ello, el Estado inicialmente creó espacios en las emisoras comunitarias y canales institucionales y regionales a través de los cuales divulgar los acuerdos, y posteriormente, el trabajo de las organizaciones y movimientos sociales. Como paso complementario se deberán crear al menos 20 radios más los próximos dos años (2018-2020) según lo pactado en La Habana, y que el acuerdo renegociado en Bogotá, fortalece al exigir que sean administradas en conjunto por excombatientes de las FARC_EP, organizaciones comunitarias y de víctimas. El papel de la comunicación en este sentido se encuentra definido en el capítulo 2 de los acuerdos de paz. Allí se propone la construcción de una cultura de reconciliación, convivencia, tolerancia y no estigmatización, como condiciones que suponen un lenguaje y un comportamiento de respeto y dignidad en el ejercicio de la política y la movilización social.
Todo esto demuestra en las letras, la apuesta de las partes por una paz construida desde abajo, desde los territorios, por la comunidad y no sólo desde arriba, entre los ejércitos o, entre la institucionalidad y el movimiento guerrillero. Aquí resulta importante distinguir entre dos tipos de paz, según plantea Galtung (1996), la ‘paz negativa’ y la ‘paz positiva’. La primera es la ausencia de un enfrentamiento armado en la solución de los conflictos existentes. La segunda es resultado de las paces que hace la gente común y corriente, la generación de relaciones más armoniosas (ver, Martínez, 2001; Jiménez, 2009).
1.4.	La radio comunitaria en la construcción de la paz territorial
Pensando en cómo hacer para que las emisoras comunitarias contribuyeran al proceso de paz más allá de la divulgación de los acuerdos, varias instituciones del estado como la Oficina del Alto Comisionado para la Paz (OACP), los Ministerios de cultura y Tics, y la Presidencia de la República, crearon el Proyecto Radios comunitarias para la paz y la convivencia (RCPC) con apoyo financiero de Unión Europa (UE), bajo la operación de la red de radios comunitarias de Santander (REDSANDER).
En efecto, entre 2015 y 2017 se realizó el proyecto (RCPC) con el fin de fortalecer las emisoras comunitarias colombianas en temas de reconciliación, convivencia y paz a través de procesos de formación y producción radial, y la posterior circulación a nivel nacional de los contenidos producidos. De esta manera, 50 radios comunitarias se comprometieron con acciones de participación, producción, emisión y circulación de contenidos como aporte a la construcción de paz, que se emitieron por 400 emisoras comunitarias. De este modo, RCPC, no sólo dinamizó la participación ciudadana con estos nuevos espacios; propuso que los medios comunitarios no sólo informaran sobre los acuerdos y su implementación, sino que identificaran y consolidaran a la comunidad, organizando conversaciones públicas, que como veremos, vienen jugando un papel importante en la reforma del sistema político colombiano.
El principal antecedente de algo semejante fue el proyecto de Radios Ciudadanas espacios para la democracia (RCED), creado en 2004 por la Unidad de Radio del antiguo Colcultura [3]. El propósito era fortalecer los procesos democráticos locales a través de la producción y emisión de programas radiales que faciliten la promoción de los derechos humanos, la formación ciudadana, el debate público local y la consolidación de las emisoras comunitarias mejorando su capacidad de producción y el fortalecimiento de las redes de radio a nivel departamental (Buendía y Pino, 2008; Giraldo, 2010).
Retomando la experiencias de RCRD, RCPC, puso en práctica los Comités temáticos locales (CTL), un espacio social para el encuentro de las comunidades, creado para ampliar la participación comunitaria, reglamentada por el Decreto 1982 de 1997, con el que el Ministerio de Comunicaciones creaba las Juntas de Programación (JP) otro espacio social de participación que propiciaba la integración de las organizaciones sociales de cada municipio, en la definición de los contenidos y orientación de la emisora. El decreto demandaba que estas JP debían formular el manual de estilo y la parrilla de programación, para ser consultados y puestos a consideración de la ciudadanía, como herramienta para orientar la programación y producción de programas, y estimular la participación ciudadana en los medios locales. Pero después de 20 años de implementar esta propuesta, ha sido evidente el incumplimiento de algunas emisoras en la conformación de estos espacios sociales o JP. “Se cuenta con unos muy bajos registros de participación ciudadana en las emisoras comunitarias, tanto en las juntas de programación de las emisoras diseñando y planificando, como en las parrillas de programación, desarrollando ideas (Durán, 2011, 321).
Así también lo manifiesta en una entrevista Liliana Ramírez, primera coordinadora del Proyecto RCPC, desde donde se configuró el rol de la radio comunitaria en la construcción de paz:
“En sus deseos de parecerse cada vez más a la radio comercial, muchas emisoras comunitarias instrumentalizaron las Juntas de Programación, reduciéndolas a un grupo de organizaciones locales que avalaban anualmente la programación de la emisora, a través de un acta, que respaldaba la renovación de licencias; por ello se implementaron los Comités temáticos locales (CTL), para la construcción participativa de franjas temáticas.” (L. Ramírez, comunicación personal, 13 de febrero de 2018)
Tanto si la radio comunitaria es un sujeto que participa en espacios políticos como asambleas, juntas de acción comunal o rendición de cuentas de servidores públicos (Vega y Rodríguez, 2009); o un escenario para el encuentro, el diálogo, la conversación y el debate entre diferentes actores locales, resulta importante explorarla desde un enfoque participativo (Gou, 2015) para ver esos espacios de interacción (El’Gazi,1999), como unas esferículas públicas (Gitlin, 1998), o plataformas de proyección de unas ciudadanías diferenciadas (Moore, 1999) o ilimitadas (Cammaerts y Carpentier, 2007) que quieren construir la paz desde su condición, posición e interés. Todo esto encaja en la idea de una comunicación para constituir democracia, esto es según Jeanine El´Gazi (2011) “que las voces hablen cuando pueden, y una vez puedan, estimular y permitir su acceso, su elaboración y la calificación del diálogo con otros” (p. 325). De esta manera, JP y CTL constituyen pequeñas esferas donde diversos actores locales participan para promover la construcción de unas ciudadanías activas; que como sujetos reflexivos (Thiebaut, 1998) asumen el compromiso de construir la (radio para la) paz.
El propósito de esta estrategia metodológica es inspeccionar las intensidades participativas en términos políticos. Esto exige ver a las JP y los CTL como diálogos abiertos entre actores representantes de sectores más amplios. Para dar cuenta de esta interacción comunicativa y su compromiso participativo, se diseñó una apuesta metodológica que involucró tres aspectos:
I.	Observación y registro de estos espacios sociales de encuentro, negociación e interacción en las emisoras comunitarias, desde una perspectiva dialógica. Dialogar con radialistas a través de una observación acompañante que consiste tanto en el estar –en el doble sentido de asistir a los actos y de estar con los agentes sociales- como en el conversar con ellos, mientras realizan las actividades cotidianas en la emisora, que se registran fotográficamente (Greiner, 2012).
II.	Entrevistas comprensivas que constituyen una herramienta adecuada en fases exploratorias, especialmente cuando el investigador desconoce el contexto social y los marcos culturales que intervienen en la estructuración de la realidad observada (Kaufmann, 1996).
III.	Análisis etnográficos de los archivos, que aun cuando con una serie de limitaciones, los etnógrafos estamos preparados para enfrentarlos, preguntando por los procesos de producción cultural (Stoler, 2002; Manoff, 2004).
Así, una perspectiva etnográfica respalda este trabajo de discusión y análisis de materiales con los que se crean dos viñetas etnográficas en torno a las Juntas de programación en las emisoras del caribe, la primera y; los comités temáticos locales de las emisoras del nordeste antioqueño, la segunda. Ambas, resultan del uso de varias técnicas de recolección de información como entrevistas colectivas, talleres, visitas de campo y consulta de archivos.
Resumen de los métodos y técnicas de investigación usados
Método	Técnicas	Cantidad	subtotales
Etnografía	Observación a radios comunitarias	1	7
Taller de memoria	1
Entrevistas conversación	5
Entrevistas	RedeMediosCaribe	10	16
Redenorte (Antioquia)	5
otras redes	1
Revisión de documentos Consulta de carpetas de archivos (RedSander) proyecto RCPC	120 135
Actas de juntas de Programación	5
Actas de Comités Temáticos Locales	10
casos	Juntas de Programación	3	6
Comités temáticos Locales	3
Total, de personas	Entrevistadas	22	22
Los espacios sociales de la comunicación y sus actores participantes
En este apartado ilustraremos a través de testimonios, fragmentos de documentos y un soporte teórico en torno a la participación, la manera cómo funcionan los dos espacios de encuentro mencionados, y que, por constituir plataformas de participación ciudadana, serían determinadores de la comunicación para la paz en la perspectiva de la comunicación interpersonal o dialogada: (i) las juntas de programación que deben aprobar la parrilla de programación de las radios ciudadanas y (ii) los comités temáticos locales que deciden sobre los contenidos de franjas destinadas a consolidar procesos de construcción de la paz.
3.1.	Viñeta uno: Juntas de Programación
La junta de programación (JP) es una figura que creó el Ministerio de la cultura de Colombia hace 20 años para garantizar la participación de distintos “sectores” de la comunidad, ya sean privados, públicos, comunitarios o institucionales, en el diseño de la programación de las emisoras comunitarias dentro de una estrategia denominada Radios ciudadana (Cadavid; El´Gazi, 2011). Pero con el tiempo, la existencia de la JP se convirtió en una condición para la concesión de las licencias de radiodifusión. El productor de la radio comunitaria urbana “Voces de Santa Marta” confirma esta situación, cuando dice que la JP existe en la emisora “porque es un requisito del ministerio”. (G. Orozco comunicación personal, 23 octubre, 2017)
Una situación similar también acurre en la emisora comunitaria rural “Ecos del río” en el Piñón, departamento del Magdalena. Allí, según su director, desde hace 14 años que fue fundada la emisora, se cuenta con una JP en la que participan representantes de “todos” los sectores existentes en el Municipio:
“Ahí se delibera cuál es la conducta que nosotros debemos llevar cuando estamos concientizando como medio a la comunidad. Como prueba se levanta un acta y la firman los asistentes”. (L. Gómez, comunicación personal, 23 octubre, 2017)
En una tercera emisora, “Sitio Nuevo estéreo”, de La Loma en el departamento del Magdalena, encontramos que, aunque su JP también está conformada por líderes de los diferentes gremios que tienen su asentamiento en el municipio, tienen una diferencia: además de una reunión anual,
“...también tenemos reuniones pactadas a última hora por algunas eventualidades que se dan, por ejemplo, ideas para recoger fondos... todos pendientes de lo que sucede en la emisora y dispuestos a brindar ayuda.” (A. Lòpez, comunicación personal, 23 octubre, 2017)
Estas intervenciones dan cuenta de unos espacios donde varios actores se reúnen para aprobar los planes de la Juntas directivas de las emisoras. No hay registros de seguimiento, evaluación o monitoreo de la parrilla de programación o algún asunto editorial o político. Posterior a los encuentros sólo quedan actas con los listados de varias personas quienes aprueban la programación. Tampoco se menciona que presenten propuestas de programas radiales, ni se discuten los existentes. Sin embargo, el vicepresidente de la Red de Radios Comunitarias del departamento del Atlántico, miembro de RedeMediosCaribe, dice que las JP, podrían incluso resolver problemas de sostenibilidad económica:
“...podría significar menos responsabilidades para el director de la emisora si quienes al participar de la JP se hicieran cargo de espacios o de franjas más amplias que garantizarían realmente la participación de las diferentes comunidades presentes en el municipio. (J. Medina, comunicación personal, 23 octubre, 2017)
Esta idea expresada por un líder radialista, exige distinguir la participación activa en estos procesos comunicativos. Desde una perspectiva sociológica, hay gente haciendo parte de grupos; pero desde una perspectiva política, surge la pregunta por el poder de decidir o influir en la toma de decisiones, que tienen los que participan. El presidente de la Red de Radios comunitarias del Magdalena puede ilustrar mejor el espacio social de las JP desde una aspiración política acorde con el acontecimiento histórico que se vive en el país del pos-acuerdo:
...Ojalá dentro de la programación pudieran estar estos mismos actores que participan de las JP, por ejemplo ¿usted se imagina un programa radial donde estén un ex paramilitar, un exguerrillero, una víctima, un patrocinador? Es ahí a donde apunta el proyecto de construir paz, construir espacios reales de diálogo (S. Pertuz, comunicación personal, 23 octubre, 2017)
La reflexión de este líder radialista es de avanzada en términos conceptuales y genera inquietudes en términos pragmáticos. Al proponer una JP como esfera pública alternativa, como espacio de diálogo entre contrarios políticos que prefieren intercambiar las palabras; pero entre los que no incluye a las fuerzas del estado. Este testimonio deja ver que sí se requiere de una acción de comunicación para transformar la sociedad, pero no se trata de comunicar como el acto de informar sino como la acción social transformadora de conversar.
En realidad, se requiere que los todos actores sociales estratégicos estén reunidos detrás de la acción de comunicación: diseñándola en función del proyecto político que es construir la paz como un mecanismo real de transformación de la sociedad, como una acción colectiva y un escenario de paces imperfectas y potenciación de empoderamientos pacifistas (Hernández, 2009). Importante insistir en la acción de potenciar, entendiendo esto tal y como propone Levy (2004) en su texto de ‘Inteligencias colectivas’, cuando dice que “el problema político ya no es tomar el poder, sino acrecentar las potencias del pueblo, o de grupos humanos cualesquiera.” (p. 54).
Lo que nos enseñan las experiencias registradas en esta viñeta, es que con las JP existe la posibilidad del encuentro entre diversos actores sociales, con diversas perspectivas e intereses. Que existe la posibilidad de espacios para la discusión y toma de decisiones sobre la radio, la identidad o el desarrollo local, y que esa posibilidad supone a la comunicación interpersonal como potenciadora de un proceso participativo mucho más dinámico, contingente y crítico. La pregunta que resulta es ¿Qué impide que esas posibilidades comunicativas se materialicen como mecanismos de transformación efectiva?
3.2.	Viñeta dos: Comités temáticos Locales
En esta viñeta veremos los casos de las radios comunitarias del nordeste antioqueño agrupadas en la red, Redenorte, como son Briceño estéreo, Paraíso estéreo y La voz de San Pedro.
Aunque el Comité Temático Local (CTL) surge en el programa Radios ciudadanas como ya dijimos, para renovar las JP, aquí los líderes representantes de varias organizaciones locales definirán los contenidos de las franjas específicas; en el proyecto RCPC, los CTL debían, además de diseñar contenidos de la franja “Así suena la paz en los territorios”, hacer seguimiento a la ejecución de los programas y visibilizar las prácticas y procesos que las organizaciones sociales en los territorios desarrollaban en torno a la paz:
El CTL de Briceño y el sector productivo del municipio
El Municipio de Briceño, tiene unos 10.000 habitantes, está ubicado al norte del departamento de Antioquia, y es uno de los llamados laboratorios de paz, en donde se vienen realizando entre otras labores, el desminado de campos y caminos. Su emisora comunitaria existe desde el año 2006, y además de tener su JP, como exigencia normativa que es, conformaron un CTL, debido a su participación en el proyecto RCPC. En este Comité se agruparon organizaciones sociales y gremios económicos como, por ejemplo, la asociación de juntas de acción comunal (ASOCOMUNAL), la cooperativa multi-activa de transportadores de Briceño (COOTRABRI) y la Asociación para el Desarrollo Productivo, Económico, Social y Ecológico de Briceño (ASDESEBRI), que han estado construyendo o generando acciones de paz desde su cotidianidad. Ninguno de estos actores participa de la JP, pero en el CTL, han promovido la selección idónea de temas trascendentes para la vida cotidiana de un municipio que intenta ver sus problemas sociales desde una óptica alternativa a la militar.
“Esas organizaciones son quienes han vivido en un Briceño permeado por la guerra, y ahora buscan permanentemente cómo aportar para que su municipio sea un territorio libre de hechos violentos. (B. Agudelo comunicación personal, 05 octubre, 2017)
La creación de este CTL permitió identificar como actores participantes de la radio, a sujetos colectivos específicos como lecheros, cafeteros, transportadores y constructores; mujeres, jóvenes y colectivos de comunicación. El análisis del acta de conformación del CTL deja ver que luego de la presentación de todos los asistentes, la coordinadora explica que proyecto tiene como objetivo “hacer visibles las acciones de paz y convivencia” que vienen desarrollando las comunidades organizadas en Briceño. Esa Acta No. 1 da cuenta de hechos que nos acercan al tema de la comunicación para la paz, desde una perspectiva interactiva y participativa que respalda la comunicación mediática, pues como veremos, se le propuso a cada miembro, que redactara un compromiso y lo compartiera con los demás,
“Yorley Echavarría, represento la acción comunal. Me comprometo a apoyar el proyecto en la ejecución y recolección de información, ya que tengo la experiencia de trabajar con la comunidad”.
“Lina Rodríguez, desde mis conocimientos previos y profesionales, además desde mi labor en Coovialco, me comprometo a ayudar en los temas de interés social y comunitarios, especialmente en las veredas”.
“Fanny Díaz, desde Asomubri puedo aportar al proyecto contando nuestra historia, de las unidades productivas, de las capacitaciones”.
“Julián Torres, desde la Corporación Comunicativa Voces que Transforman, podemos apoyar todas las actividades sociales encaminadas a comunicar a la comunidad.”
“Medardo Ramírez, desde la Alcaldía, puedo seguir apoyando el proyecto con participación, divulgación, y poniendo a disposición mi experiencia como líder comunitario y como briceñita”.
Esta estrategia de compromiso resultó altamente motivante respecto a un interés ya no sólo técnico, sino político, de integrar el CTL con representantes de algunas agremiaciones de la comunidad briceñita y, hacerlos parte de la emisora que los convoca a la acción colectiva de construir los contenidos, discursos y narrativas de paz para favorecer a todas las comunidades. Es un caso de como construyendo la paz, las ideas de la paz, se construye una radio participativa.
El CTL de Paraíso estéreo y las organizaciones sociales
San José de la Montaña, municipio del nordeste antioqueño con 4,000 habitantes tiene más de 12 años de posconflicto: no asesinan ni secuestran a nadie, ni hay tomas armadas. La paz del lugar es una consecuencia del acuerdo con entre el Estado y múltiples ejércitos de autodefensa en el año 2007.El CTL de la emisora que se creó para el proyecto RCPC, resultó ser un grupo interdisciplinar, intergeneracional y con amplia participación de mujeres. Conformado más por personas que agremiaciones, allí también forman parte del CTL el párroco del municipio; el personero municipal, el líder de la asociación de juntas de acción comunal del municipio y un representante de los docentes. En una entrevista colectiva con algunos miembros del comité, obtuvimos entre otros, estos testimonios:
“en el comité abordamos conversaciones entre nosotros, sobre los tiempos de la violencia, no solo para hablar de la ausencia de guerra, se abordó la paz como un asunto espiritual (B. Rodríguez, comunicación personal, 03 diciembre, 2017)
“Y Hablamos de la forma de vida en los hogares, la paz inicia en la casa, si yo quiero vivir en paz, evito contratiempos, malos tratos, peleas con los hijos, con el marido… con los vecinos, si nos saludamos y nos miramos bien, estamos irradiando paz. (N. Avendaño, comunicación personal, 03 diciembre, 2017)
“En nuestras reuniones, evaluábamos la situación del Municipio como sociedad, para a partir de ahí, seleccionar las historias. Definíamos los temas, y luego el colectivo de producción salía a buscar información, testimonios, entrevistas, de quienes nos contarían esas historias. A. Rodríguez, comunicación personal, 03 diciembre, 2017)
“Adoptamos un enfoque múltiple porque el concepto de paz no es único, muchas personas lo pueden entender de diferentes formas, tratamos de mostrar todos esos conceptos de paz que había, reconocerlos, entonces pienso que hubo un diálogo entre los significados de la paz, lo quería el proyecto, y lo que termina ocurriendo en el municipio – J.L. Pérez, comunicación personal, 03 diciembre, 2017)
Este CTL propuso entre otros, un programa sobre la mesa de víctimas del municipio, que luego se transformó en una serie de acciones conjuntas que llamaron “la Fiesta de la paz y la memoria”, Un acto de reparación simbólica a las víctimas que tuvo como centro, una marcha que atravesó las calles del municipio por dos (2) horas, y que se transmitió en vivo con comentarios de invitados, por la emisora comunitaria, y por redes de medios sociales.
El CTL de San Pedro de los Milagros y la región San Pedro de los Milagros tiene una población de 25000 habitantes, como los dos anteriores, es principalmente un municipio agricultor y ganadero, sede de las empresas lácteas de la región. En la emisora “La Voz de San Pedro” desde antes del proyecto RCPC, ya se venía trabajando conjuntamente con las otras emisoras de la red, acerca de los acuerdos de paz, María Noemí Ríos, directora de “la voz de San Pedro” y representante de RedeNorte, nos cuenta:
“El comité temático local de San Pedro, fue algo muy simbólico y significativo para las 18 personas participantes. Este comité estuvo al frente de una serie de programas con mucho vox pop, es decir, testimonios callejeros para recoger impresiones de la gente acerca de los puntos principales del acuerdo de paz, y entrevistas con la participación de asesores externos. Además, la producción fue muy femenina, pensada y hecha por mujeres, aunque en el CTL tuvimos participación de hombres jóvenes que ofrecieron su perspectiva, entonces hubo diferentes niveles de participación a nivel de género ... (M.N. Ríos, comunicación personal, 25 de enero 2018)
Lo que nos enseñan las experiencias registradas en esta viñeta, es que con los CTL la participación es más efectiva y lograr resultados más tangibles frente al encuentro y la toma de decisiones, lo que deja ver, el componente político de la participación. La pregunta que resulta es ¿por qué no se incentiva más la creación de estos CTL en lugar de la JP?
Pero ¿qué es lo novedoso de los CTL, si son espacios que como la JP están vinculados a una exigencia normativa (EE/RCPC, 2017) ?, ¿Qué hacer si en ambos, como procesos administrativos, los formatos que certifican la conformación de CTL como de JP desgastan los procesos sociales?
Uno de los hallazgos de nuestro trabajo da cuenta de la necesidad de distinguir en términos conceptuales entre el nivel sociológico de participación que según Azurmendi et al, (2015) radica en la recepción; del nivel político descrito por Carpentier (2016), y que se verifica en términos de la formación ciudadana y la construcción comunitaria de la democracia. Así las cosas, hay una diferencia crítica entre pasar por el ritual (vacío) de la participación, ser convocado para escuchar una serie de ideas y firmar un acta que certifica haber participado en la divulgación de esas ideas; y por el otro lado, tener el poder real y efectivo para incidir en los resultados de ese proceso, es decir, reconstruir las ideas. En todos los casos, las radios observadas manifestaron desacuerdo con el diligenciamiento de actas y listados que entorpecían el trabajo de articulación con la comunidad. Aun así, los CTL alcanzan niveles superiores de participación a las JP, según la escala de Arstein (1969), el parámetro teórico con el que estableceremos diferencias entre los espacios sociales discutidos.
En su trabajo de 2016, Carpentier retoma la ya clásica escalera de participación de Arnstein en cuyas palabras podríamos decir que la participación en las JP analizadas, “no ofrece garantías de que las preocupaciones e ideas de los ciudadanos se tendrán en cuenta." (como se citó en Carpentier, 2016, p. 219). Estas JP aparecen como un grupo de personas que asesoran; pero no deciden. Si finalmente es el director de la emisora quien aprueba las propuestas que llegan de la JP, el papel de ésta no pasa de ser un requisito técnico.
Arstein piensa que la participación y el poder se dividen en tres niveles:
●	Poder de asociación
●	Poder delegado
●	Poder de control ciudadano.
En el primer nivel, las responsabilidades de los ciudadanos asociados se comparten a través de "juntas directivas, comités de planificación y mecanismos para resolver impasses" (p. 221), tal y como sucede con las JP de las emisoras comunitarias del caribe. La mayoría de estas JP trabajan en el nivel de la consulta o asesoramiento, y se componen de representantes de organizaciones, agremiaciones e instituciones locales, que opinan sobre la programación radial de las estaciones.
En el poder delegado, donde los ciudadanos obtienen autoridad para tomar decisiones, no encontramos referentes en las emisoras analizadas en el Caribe; mucho menos, frente al nivel de control ciudadano, donde aumenta la posición de poder de los ciudadanos. Sólo en los CTL pudimos encontrar ejemplos de ciudadanos que participan en la radio comunitaria con autoridad para tomar decisiones. Los participantes deciden sobre los contenidos que se producirán para la serie e incluso, se convierten en protagonistas de sus historias y hasta logran integrarse al equipo de producción, como es el caso del CTL de Paraíso estéreo.
En cuanto al nivel del control ciudadano, donde aumenta la posición de poder de los ciudadanos, resulta interesante ver como cada CTL desarrolla varias actividades con el propósito de garantizar un compromiso de sus participantes: el pacto de Briceño, por ejemplo, o el involucramiento de entidades específicas para el caso de Paraíso estéreo con la Mesa de víctimas en San José de la Montaña. El poder de decisión y de control ciudadano se evidencia finalmente en los eventos públicos con los que estas radios cerraron la serie ‘Así suena la paz…’ del proyecto RCPC. De mediadoras, las emisoras comunitarias pasaron a ser movilizadoras.
Estos espacios sociales de participación, más aún, su visibilización, están en línea con la posibilidad de ver la radio comunitaria desde una perspectiva interaccional que reivindica la comunicación como acción constitutiva de lo social y, no sólo como una acción de transmisión de mensajes. Esto ocurre cuando como comunicación ciudadana, convoca al encuentro y al diálogo de ciudadanos para pensar juntos el espacio público, las identidades y la paz. Clemencia Rodríguez (2011), dice: "En lugar de transmitir mensajes al público sobre construcción de paz, los medios comunitarios colombianos involucran a audiencias en la experiencia sentida y encarnada de la paz '' (p. 69)
Sin embargo, pensar la comunicación interpersonal como soporte de la comunicación para la paz, exige definir tres elementos estructurales que afectarían esa posibilidad o, ese propósito de contribuir no sólo en la consolidación de una paz estable y duradera, sino en la transformación de la radio comunitaria en una radio ciudadana, en tanto espacio que convoca la comunicación social y la democracia deliberativa (Lippmann, 2003).
Primero, que la comunicación comunitaria en sí misma no es comunicación participativa, mucho menos ciudadana. Como espacios sociales o plataformas de participación comunitaria y comunicación interpersonal, tanto la JP como el CTL son indispensables para que la opinión publica comunitaria se haga presente en la agenda pública como alternativa a la visión hegemónica de autoridades y elites. Incluso en contextos de violencia que amenazan los acuerdos de paz, estas plataformas, como espacios de ciudadanos con poderes delegados y de control, siguen siendo la posibilidad de construir el país del pos-acuerdo. Ahora, la ausencia o limitación de esos espacios limita no sólo la condición ciudadana de la radio comunitaria, sino las posibilidades de la paz como una construcción desde las bases sociales.
Segundo, algunos de los procesos participativos analizados siguen siendo espacios de consulta sin capacidad de decisión. Las opiniones de las JP sobre parrillas de programación no son vinculantes. Parte del problema es la limitada participación a sectores institucionales como la alcaldía o la parroquia, que delegan sus funciones. Como alternativa, los CTL ofrecen constituir espacios sociales para el encuentro de grupos de ciudadanos, por ejemplo, la asociación de Juntas de Acción Comunal, la red de mujeres o asociaciones de comerciantes, lo que significa un diálogo social amplio entre comunidades que tienen poder sobre sus medios y sus narrativas. La esperanza que representa este tipo de paces y concertaciones es lo que debe potenciar el compromiso de los participantes en la construcción de una opinión publica comunitaria.
Y tercero, aunque la exigencia normativa de procesos de planeación participativa documentados vacía de sentido el compromiso de esa participación, situación claramente observable en las JP; ni los CTL logran ser una alternativa frente a este aspecto, pues ambos espacios comparten el gen administrativo de formatos y papeleos que alteran la espontaneidad de procesos comunicativos que deberían evaluarse más por su capacidad movilizadora, que de convocatoria.
Sin embargo, lo que permitirá distinguir entre JP y CTL acaso sea la asesoría y el acompañamiento brindado por los profesionales que han impulsado esos procesos en proyectos como RCED y RCPC. Las JP se descuidaron como espacio de discusión o de comunicación interpersonal en función de labores más técnico-administrativas que políticas, por lo que los CTL han tomado un gran impulso durante los últimos años. Si bien estos comités venían siendo considerados como una herramienta de participación desde el mismo proyecto de RCED 2002 y 2010 (Giraldo, 2010), es a partir del proyecto RCPC de 2014, en donde se configuran como espacio de participación en términos políticos, para las organizaciones comunitarias en las emisoras locales.
Resulta positivo constatar que con dificultades y todo, en la radio comunitaria colombiana existen espacios para construir la paz. Las JP y los CTL, como espacios para el encuentro de la diversidad social y, plataformas para lanzar sus voces a través de la radio, son en tanto escenarios de la comunicación interpersonal, la base de la comunicación para la paz y, por lo tanto, la radio comunitaria que quiere contribuir en su consolidación debe comenzar por fortalecer esos espacios desde las fases de preproducción o diseño de contenidos específicos.
Las dificultades siguen siendo las lógicas administrativas que terminan torpedeando los procesos sociales que estos encuentros posibilitan. Se deben repensar los criterios para evaluar la participación de la diversidad comunitaria en la radio para la construcción de paz, y monitorear mejor la movilización que promueve y no sólo la cantidad de participantes que consigue como asistentes a las reuniones.
Es significativo que las comunidades más afectadas por la guerra están haciendo parte de los procesos dirigidos a construir la paz y, que las radios comunitarias participantes se van transformando en radios ciudadanas en tanto convocan al diálogo público no sólo para promover entre sus audiencias la convivencia y el respeto sino para generar desde el diálogo, una construcción participativa de contenidos. Lo preocupante sigue siendo la limitada participación comunitaria, no sólo en términos de acceso sino de compromiso. Sin embargo, la investigación deja ver innovaciones metodológicas como los compromisos que en Briceño estéreo se formulan autónomamente sus participantes y que luego comparten como medida de control.
En efecto, resulta positivo ver en estos escenarios sociales de participación la presencia de múltiples voces, aunque en las JP casi siempre eran voces institucionales como la alcaldía o la parroquia; resulta interesante constatar que en los CTL participan agremiaciones comerciales e incluso sociales: mesas de juventud, de víctimas, los lecheros, los docentes. Creemos que en la conjugación de las experiencias de JP y CTL con sus fallos y aciertos, dibuja en el horizonte la radio comunitaria para la implementación de los acuerdos, una radio administrada por organizaciones de segundo nivel, es decir organizaciones que agrupen a otras organizaciones, no sólo de actores institucionales o económicos de la región, sino sociales y políticos.
Igualmente resulta clave que en estas experiencias de participación comunitaria se materialice la apuesta teórica por una paz construida desde las bases sociales, es decir, la comunicación para la reconciliación, ratifica desde la práctica, la necesidad de escenarios para el encuentro de esas bases en la construcción de nuevos acuerdos, sin embargo, la incertidumbre en los cambios de gobierno y más aún, las limitaciones de la institucionalidad que implementa la paz, ponen en riesgo la posibilidad de crear encuentros entre víctimas y victimarios al frente de proyectos comunicativos.
La experiencia colombiana en los intentos por resolver sus conflictos constituye material de análisis conceptual y práctico para los estudios de paz, pero específicamente a través del estudio de los espacios sociales de participación comunitaria mencionados, vemos que el sub-campo de la comunicación para la paz tiene en la interacción interpersonal e intersubjetiva, salidas para los retos que impone la reconciliación.
* Investigación financiada: Este artículo es producto del proyecto de investigación “Evaluación externa del proyecto ‘Radios Comunitarias para la Paz y la Convivencia’. Contrato No. EU 124-2017, financiado mediante convocatoria pública por la Red Cooperativa de Medios de Comunicación Comunitarios de Santander -RESANDER-, con recursos de la Unión Europea y los Ministerios de Cultura y Tecnologías de la Información y las Comunicaciones del Gobierno Colombiano.
* Agradecimiento: Los autores expresamos un agradecimiento especial a la magister en comunicación Lina María Vega Estarita, quien se desempeñó como asistente de investigación del proyecto, haciendo valiosos aportes.
[1] Presidente de la Red de Radios Comunitarias del departamento de Santander, entrevista al periódico El Espectador.
[2] Acuerdos de Paz del Teatro Colón, entre el Estado colombiano y la guerrilla de las FARC_EP. Recuperado de :http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/Documentos%20compartidos/24-11-2016NuevoAcuerdoFinal.pdf
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J Vega Casanova, C A Tapias Hernández, C E Pérez Quintero (2019: 1391 a 1410) …
…J Vega Casanova et al, 2019 (1391 a 1410)
Artículo recibido el 31 de enero. Aceptado el 30 de abril
Publicado el 5 de agosto 2019

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
in fine
 resolución 
e contrario