Source: https://scielo.conicyt.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716-10182018000300266&lng=es&nrm=iso&tlng=es
Timestamp: 2020-07-12 14:28:08+00:00

Document:
http://dx.doi.org/10.4067/s0716-10182018000300266
Experience in visceral cutaneous and cutaneous loxoscelism of hospital management: clinical, evolution and therapeutic proposal
Constanza del Puerto1
Cristóbal Saldías-Fuentes1
Maximiliano Curi1
Camila Downey1
Romina Andino-Navarrete1
1Departamento de Dermatología, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile.
El loxoscelismo es una patología frecuente en nuestro medio con un amplio espectro de presentaciones y diagnósticos diferenciales, con complicaciones potencialmente graves, e incluso con riesgo de muerte. A la fecha no existe un tratamiento estándar para estos pacientes.
Describir las manifestaciones clínicas, principales complicaciones, manejo terapéutico y evolución de pacientes internados por loxoscelismo en un hospital terciario en Chile.
Se analizaron todos los pacientes consultantes e internados por loxoscelismo en el Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre los años 2014 y 2017, evaluados en interconsulta por Dermatología. Revisión de los registros clínicos incluyendo semiología, imágenes, informes de laboratorio y tratamientos efectuados.
Se registraron 17 casos de loxoscelismo de manejo hospitalario, cuya presentación responde al patrón epidemiológico nacional. La mayoría de los casos fue manejada con antimicrobianos, corticosteroides sistémicos, antihistamínicos y dapsona. De ellos, 11,8% correspondieron a loxoscelismo cutáneo visceral, manejados exitosamente con medidas de soporte, corticosteroides sistémicos y antihistamínicos. El 59% presentó resolución de las lesiones al mes de tratamiento, con cicatriz residual leve o hiperpigmentación postinflamatoria, sin mortalidad en nuestra serie.
La mayoría de los casos de loxoscelismo cutáneo presentó excelente respuesta y rápida resolución del cuadro tras el tratamiento asociado de corticosteroides sistémicos, antimicrobianos y dapsona, sugiriendo que el uso de estas terapias podría detener la progresión de la necrosis cutánea y prevenir las complicaciones asociadas al loxoscelismo.
Palabras clave: Loxoscelismo; dapsona; Loxosceles laeta
Key words: Loxoscelism; dapsone; Loxosceles laeta
El loxoscelismo es el cuadro clínico producido por la mordedura de la araña del género Loxosceles. Existen más de 100 especies de arañas de este género distribuidas en el mundo, presentándose la mayoría en Sudamérica1. La principal especie en Chile es Loxosceles laeta, conocida también como la “araña de rincón”, presente desde la Región de Antofagasta (II° Región) hasta la Región del Bío Bío (VIII° Región), aunque se han descrito casos a lo largo de todo el país2. En Chile, se estima que esta araña se encuentra presente en nueve de cada 10 hogares3, registrándose 450 casos de loxoscelismo al año, con una mortalidad de hasta cuatro casos por año4.
Las arañas Loxosceles se caracterizan por tener actividad nocturna1, prefiriendo ambientes cálidos y alejados del sol, pudiéndose encontrar en clósets, rincones de habitaciones, detrás de cuadros y en cualquier otro lugar oscuro y seco. Son de comportamiento no agresivo, por lo que su mordedura representa un mecanismo de defensa1. Mide entre 10 y 15 mm, y con sus patas extendidas, entre 25 a 42 mm. Presenta características físicas distintivas, con un cuerpo en forma de violín, de color café más oscuro en el abdomen, y la presencia de tres pares de ojos distribuidos en forma semicircular5.
La mayoría de las mordeduras ocurre en el período entre primavera y verano6, en la noche o en la madrugada7. Las zonas del cuerpo más frecuentemente afectadas son el muslo, el tronco y la zona proximal de los brazos1. El loxoscelismo se presenta principalmente en mujeres, en zonas urbanas y urbano-marginales y dentro del hogar8.
El veneno de esta araña es dermo-necrótico y víscerotóxico9,10. El principal componente tóxico es la esfingomielinasa D, que interactúa con las membranas celulares y otros elementos tisulares desencadenando alteraciones que involucran el sistema del complemento y activación de neutrófilos11.
Se han descrito dos cuadros clínicos característicos producto de la mordedura de esta araña: el loxoscelismo cutáneo (LC) que representa 81,2% de las manifestaciones, y el loxoscelismo cutáneo visceral (LCV) que representa el 18,8% restante7. Dentro de las presentaciones de LC se ha descrito una presentación infrecuente (4% de los casos) conocido como loxoscelismo cutáneo predominantemente edematoso (LCPE)12. Este último se presenta en casos en que la mordedura ocurre en la cara, manifestándose con edema, sin isquemia ni placa livedoide (probablemente ya que el edema genera dilución del veneno en los tejidos), siendo en general de buen pronóstico, con recuperación en una semana y con bajo riesgo de generar LCV13.
El LC es generalmente benigno, siendo las manifestaciones más frecuentes el dolor, edema y eritema1. Con respecto al cuadro clínico se describe un dolor tipo urente en 91 a 100% de los casos14, que puede aparecer desde el momento de la mordedura o tener una latencia variable entre cinco minutos y cuatro horas. En general, se acompaña de hiperestesia perilesional, con edema duro o elástico que aparece en las primeras horas7. En seis a ocho horas progresa a un halo de vasoconstricción e isquemia que se extiende alrededor de la lesión15, pudiéndose formar después una ampolla en alrededor de 50% de los casos, generalmente sin adenopatías regionales7. La presentación típica de la placa livedoide se establece a las 24 h como una placa violácea central, halo pálido y borde eritematoso7. La zona isquémica central puede evolucionar a necrosis en tres a cuatro días y formar una escara en cuatro a siete días que luego se desprende dando paso a una úlcera16. La mordedura tiende a curar por segunda intención en seis a ocho semanas7,17.
El LCV ocurre si el veneno alcanza el torrente sanguíneo, desencadenando sus efectos necrosantes, hemolíticos, vasculíticos y coagulantes. Los pacientes comienzan con fiebre, compromiso del estado general, hemoglobinuria y hematuria, evolucionando con ictericia y compromiso de conciencia. La hemoglobinuria y hematuria están presentes en 100% de los LCV. En la mayoría de los casos, la fiebre, ictericia o hematuria se presentan desde las primeras seis horas de evolución7.
El loxoscelismo tiene una letalidad general de 3%, y llega a ser de 20 a 25% en los cuadros de LCV16. La letalidad depende principalmente de la latencia en el inicio del tratamiento. En un estudio que incluyó 250 casos de LC y LCV, 100% de los pacientes que fallecieron recibieron tratamiento después de 24 h de iniciado el cuadro7. Otro factor en el pronóstico es la edad del paciente, siendo más grave en niños18. El tamaño de la lesión cutánea no se correlaciona con el riesgo de desarrollar LCV ni con el pronóstico18.
El diagnóstico es clínico, se basa en la identificación del artrópodo, asociada a un cuadro clínico sugerente. La araña es visualizada en aproximadamente 60% de los casos, pero correctamente identificada sólo en 13%19. Existen métodos en investigación en animales para la detección de la enzima esfinomielinasa D desde 30 min hasta cinco días tras ocurrir la mordedura20, pero que no son de uso habitual en la práctica clínica.
El diagnóstico diferencial incluye celulitis, mordedura sobreinfectada (por otros artópodos), vasculitis y reacciones adversas a medicamentos, entre otros.
En el enfrentamiento de todo paciente con diagnóstico de loxoscelismo es imperativo descartar LCV, por lo que debe realizarse monitoreo de 24 h con exámenes. Dentro del laboratorio necesario para evaluar un compromiso visceral se incluyen hemograma, índice reticulocitario, bilirrubinemia, protrombinemia, tiempo de tromboplastina parcial activado, nitrógeno ureico en sangre, creatininemia, lactato deshidrogenasa y orina completa7.
En relación al tratamiento de esta entidad, no existen pautas establecidas y su manejo es controversial. El manejo general del loxoscelismo cutáneo incluye la aplicación de hielo local, elevación de la extremidad y curaciones simples de la herida. En los casos de LCV el manejo debe enfocarse en mantener la hidratación, monitoreo de las alteraciones hidroelectrolíticas, y manejo de la insuficiencia renal.
Se ha descrito gran variedad de tratamientos para el manejo de LC y LCV, incluyendo corticoesteroides, dapsona, antihistamínicos, suero anti-loxosceles, antimicrobianos y colchicina, entre otros15. A la fecha no existe un consenso en torno a un estándar de oro para el tratamiento de estos pacientes21, en parte porque existen pocos estudios y revisiones sistemáticas de buena calidad metodológica con respecto a las alternativas terapéuticas disponibles15.
El objetivo de este trabajo fue describir las manifestaciones clínicas, principales complicaciones, manejo terapéutico y evolución de pacientes internados por LC y LCV en el Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile (HCPUC).
Estudio descriptivo, retrospectivo y observacional de pacientes internados en el HCPUC entre los años 2014 a 2017 con diagnóstico de loxoscelismo y evaluados por el equipo de Dermatología.
Se obtuvieron datos de fichas clínicas, informes de biopsia, epicrisis y registro de visita dermatológica, en el que se incluyen todos los pacientes hospitalizados evaluados por el equipo de Dermatología, referidos por sus tratantes para evaluación y tratamiento de condiciones cutáneas.
Se registraron 17 casos de pacientes hospitalizados con diagnóstico de loxoscelismo (Tabla 1), de los cuales 82,3% (n: 14) correspondían a LC (Figura 1), 5,9% (n: 1) a LCPE (de localización peri ocular) y 11,8% (n: 2) a LCV (Figura 2).
Tabla 1 Parámetros clínicos, tratamiento y resolución de 17 pacientes con loxoscelismo internados en el Hospital Clínico de la Pontificia Universidad Católica de Chile entre 2014 y 2017
Masculino 9 53
Femenino 8 47
0 a 10 años 0 0
11 a 20 años 1 5,9
21 a 30 años 7 41
31 a 40 años 4 23,6
41 a 50 años 2 11,8
51 a 60 años 2 11,8
Mayor de 60 años 1 5,9
Primavera 2 11,8
Verano 13 76,7
Otoño 2 11,8
Invierno 0 0
Identificación de la araña
Sí 7 41
No 10 59
Cutáneo 14 82,3
Cutáneo-edematoso 1 5,9
Cutáneo-visceral 2 11,8
Cara 1 5,9
EESS 9 52,9
EEII 4 23,5
Tronco 2 11,7
Glúteos 1 5,9
Dolor 17 100
Eritema 17 100
Edema 15 88,2
Necrosis 10 59
Fiebre 6 35
Rash no atribuible a fármacos 6 35
Sospecha de sobreinfección 6 35
Ampolla 5 29
Hemólisis-Hematuria 2 11,8
Causa de hospitalización
Sospecha de sobreinfección 8 47
Sospecha de compromiso visceral 4 23,5
Manejo del dolor 2 11,8
Sospecha de celulitis preseptal 1 5,9
Sospecha de vasculitis 1 5,9
Sospecha de shock tóxico 1 5,9
Antihistamínicos 17 100
Dapsona 11 64,7
Corticosteroides sistémicos 16 94
Corticosteroides tópicos 9 53
Antimicrobianos 17 100
Colchicina 2 11,8
Debridamiento quirúrgico 1 5,9
Tratamiento de loxoscelismo cutáneo
Antihistamínicos 14 100
Dapsona 10 71
Corticosteroides sistémicos 13 93,3
Corticosteroides tópicos 8 56,8
Antimicrobianos 14 100
Colchicina 1 7,1
Drenaje quirúrgico de absceso secundario 1 7,1
Tratamiento de loxoscelismo cutáneo-visceral
Antihistamínicos 2 100
Dapsona 1 50
Corticosteroides sistémicos 2 100
Corticosteroides tópicos 1 50
Antimicrobianos 2 100
Colchicina 1 50
Debridamiento quirúrgico 1 50
Resolución total 10 59
Cicatriz atrófica 3 17,7
Hiperpigmentación post inflamatoria 1 5,9
Escarectomía 2 11,8
Necrosis digital 1 5,9
Muerte 0 0
Figura 1 Loxoscelismo cutáneo necrótico.
Figura 2 Loxoscelismo cutáneo-visceral.
La edad promedio fue de 36 años con un rango entre 11 a 77 años; 47% fueron de sexo femenino.
El 88,3% se presentó entre los meses de diciembre y abril, 11,7% (2 casos) se presentaron en el mes de septiembre.
El 41% de los casos identificó a una araña como la responsable de la mordedura, pero sólo en un caso pudo ser capturada para identificación específica como L. laeta.
Dos pacientes hospitalizadas por loxoscelismo estaban embarazadas; ambas fueron manejadas con antibioticoterapia: ceftriaxona y luego clindamicina, clorfenamina y corticosteroides tópicos, con resolución completa de la lesión al mes de evolución.
En promedio, transcurrieron 2,5 días entre la mordedura y la hospitalización, con un rango entre 1 y 5 días.
La frecuencia de localización de la mordedura en orden decreciente fue: extremidades superiores en 52,9%, extremidades inferiores en 23,5%, tronco en 11,7%, cara en 5,9% y glúteo en 5,9% (Figura 3).
Figura 3A Loxoscelismo cutáneo necrótico asociado a rash morbiliforme no atribuible a fármacos.
Figura 3B Aumento de la imagen en el sitio de la mordedura.
Con respecto a las características clínicas, el dolor y eritema se presentaron en 100% de los casos, edema en 88,2%, necrosis en 59%, fiebre en 35% (incluyendo casos de LC y LCV), rash maculopapular no atribuible a fármacos en 35% (Figura 3A y 3B) y sospecha de sobreinfección al ingreso en 35%. Veintinueve por ciento de los pacientes evolucionó con ampolla en la lesión cutánea. En promedio las lesiones tuvieron un diámetro de 13,3 cm con un rango entre 4 y 30 cm (tamaño registrado en sólo 10 casos).
La principal causa de hospitalización fue sospecha de celulitis o sobreinfección (47%), seguida de sospecha de LCV en 23,5%. Otras razones fueron sospecha de vasculitis y manejo del dolor. El promedio de días de hospitalización fue de 5,8 días (rango entre 1 y 9 días).
Con respecto al manejo terapéutico, todos los casos fueron manejados con antibioterapia intravenosa, siendo en 88% cefalosporinas (80% cefazolina o cefadroxilo, 20% ceftriaxona). En un caso se debió cambiar a clindamicina por aparición de rash. Otros antimicrobianos administrados incluyeron cefadroxilo, penicilinas, clindamicina y doxiciclina.
Un paciente recibió inmunoglobulina intravenosa a su ingreso por sospecha de shock tóxico, pero se suspendió tratamiento una vez establecido el diagnóstico. El 100% recibió antihistamínicos (clorfenamina) en algún momento durante la evolución del cuadro.
Noventa y cuatro por ciento recibió corticosteroides sistémicos; aproximadamente la mitad comenzó con hidrocortisona para luego recibir prednisona en dosis de 0,5 a 1 mg/kg/día, y la otra mitad recibió prednisona desde el inicio. La terapia con corticosteroides se extendió en promedio por siete días en los casos de LC y hasta un mes en los LCV. El 53% recibió corticosteroides tópicos, siendo la mayoría clobetasol.
En 64,7% de los casos se agregó dapsona (50-150 mg al día por 4 a 6 semanas, una vez descartado el compromiso visceral), debiendo suspenderse en un paciente por anemia hemolítica secundaria (aún cuando la actividad enzimática de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa se encontraba normal previo al inicio de fármaco) y en otro por aparición de rash maculopapular. En ambos casos se indicó colchicina 0,5 mg cada 12 h; no obstante, ambos evolucionaron desfavorablemente requiriendo escarectomía posterior.
Un paciente con LC presentó un absceso sobre la úlcera necrótica que requirió drenaje quirúrgico, obteniendo cultivo positivo para Staphylococcus aureus multisensible.
El 71,4% de los pacientes con LC fue manejado con corticosteroides y dapsona simultáneamente. De ellos, 50% presentó resolución completa de la lesión al mes de tratamiento. Cuatro pacientes recibieron terapia esteroidal sistémica sin dapsona, de quienes 75% presentó resolución completa al mes de evolución. No se registraron pacientes que recibieran dapsona sin haber recibido tratamiento con corticosteroides.
Los dos casos de LCV se presentaron con hemolisis, hematuria y elevación de transaminasas hepáticas.
El primer caso consultó con 48 h de evolución de fiebre, compromiso del estado general, y lesión indurada violácea dolorosa de 12 cm en el muslo. Dentro de sus exámenes de ingreso destacó hemograma normal, creatininemia de 1,1 mg/dl, pruebas de función hepática elevadas (SGOT 59 U/l, SGPT 93 U/l, GGT 82 U/l, bilirribinemia total normal), orina con hematuria (32 eritrocitos por campo) y lactato deshidrogenasa levemente elevada. Se inició manejo de soporte y tratamiento con cefazolina, prednisona 40 mg al día, fluticasona tópica y clorfenamina. Tras confirmar una actividad normal de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa, se agregó tratamiento con dapsona. Luego de cuatro días, el paciente fue dado de alta continuando con cefadroxilo durante una semana, dapsona y prednisona. En el control ambulatorio se disminuyó progresivamente la dosis de prednisona -fue suspendida a los 18 días- y completó tratamiento con dapsona por un mes (150 mg/día por 21 días y 100 mg/día por siete días) con excelente respuesta y sin cicatriz residual.
El segundo caso de LCV consultó en nuestro hospital cinco días después de ocurrida la mordedura, con anemia (hematocrito 30,2%, índice reticulocitario 1,6), plaquetopenia, elevación de LDH, transaminasas hepáticas y de bilirrubinemia (predominio directo); y una extensa úlcera necrótica (con placa livedoide de 30 cm de diámetro mayor), requiriendo a su ingreso desbridamiento quirúrgico y aplicación de hielo local. Se inició manejo de soporte y tratamiento con cefazolina, hidrocortisona 100 mg cada 8 h, y clorfenamina. Luego de seis días, se decidió continuar manejo ambulatorio con prednisona 60 mg por cinco días, doxiciclina 100 mg al día y betametasona con ácido fusídico tópico por un mes, tras lo cual requirió escarectomía.
Ningún caso de LCV presentó otras complicaciones médicas, normalizando los exámenes de laboratorio durante el primer mes de evolución con los tratamientos descritos.
En relación a la evolución clínica de todos los casos, 59% no desarrolló úlcera residual, cursaron hacia la resolución de las lesiones al mes de tratamiento y la aparición de cicatriz residual leve o hiperpigmentación post-inflamatoria. Dos casos requirieron escarectomía para tratar la zona de necrosis y el paciente que tuvo la mordedura de la araña en el dedo requirió operación por necrosis digital.
El loxoscelismo es una patología relativamente frecuente en nuestro medio, con un amplio espectro de presentaciones clínicas y diagnósticos diferenciales, y con potenciales complicaciones que pueden requerir manejo médico intensivo, intervención quirúrgica, o incluso provocar la muerte.
Los resultados obtenidos en este estudio representan una primera aproximación a la caracterización clínicoepidemiológica de los pacientes con loxoscelismo manejados en ambiente hospitalario. Si bien el grupo estudiado no constituye una muestra representativa de la población chilena en términos estrictamente estadísticos, sí puede ser considerado como una referencia inicial que permita caracterizar la clínica, manejo y evolución de esta enfermedad en pacientes que requieren manejo hospitalario.
La presentación clínica de los casos en nuestro hospital responde al patrón epidemiológico descrito previamente en la literatura médica, mostrando un franco predominio de LC frente a LCV. La edad de presentación más frecuente fue entre la tercera y cuarta década de la vida, con predominio en pacientes de sexo masculino, siendo las estaciones de verano y otoño las épocas del año más asociadas a la mordedura.
En nuestra serie de pacientes, la identificación de la araña se realizó en menos de la mitad de los casos, por lo que se debe tener un alto nivel de sospecha frente a un cuadro clínico sugerente y no debiera ser descartado por la ausencia de este elemento en la anamnesis.
Con respecto a las características clínicas, la localización más frecuente fue en las extremidades, siendo el dolor y eritema la forma de presentación inicial de todos los pacientes; la necrosis cutánea sólo estaba en la mitad de los casos. Este hallazgo es de vital importancia en la evaluación precoz de los casos de loxoscelismo, enfatizando que la clásica placa livedoide es poco frecuente como presentación inicial del cuadro y la sospecha ante un dolor desproporcionado en relación a la lesión cutánea, junto a una historia clínica compatible, debería primar para establecer el diagnóstico.
La fiebre se presentó en un tercio de los pacientes, independientemente del subtipo de loxoscelismo, lo que sugiere que no debe ser considerado como un factor clave de compromiso visceral.
En relación al enfrentamiento terapéutico, existen distintas alternativas de tratamiento disponibles, pero escasa evidencia en la literatura médica de su real beneficio en este cuadro. Dentro de éstos, dapsona crea particular interés, y si bien no existe evidencia sólida que respalde su efectividad, su uso parece adecuado particularmente en casos de consulta precoz, cuando la necrosis extensa aún no se ha establecido15.
El uso de dapsona como tratamiento para el loxoscelismo fue introducido por King y Rees en 198322, y desde entonces se han reportado diferentes series de casos que avalan su uso. Se ha descrito que con el uso de dapsona las lesiones se circunscriben más rápido, con disminución del dolor, inflamación y necrosis y con cicatricación acelerada de la herida23. Se justificaría su uso en pacientes con cuadros graves, con necrosis, bulas, hemorragia o exudado purulento, en cuadros leves podría no justificarse dado sus potenciales efectos adversos15.
En Chile, el uso de dapsona para LC ha sido reportado previamente con resultados favorables23. En 2009 Manríquez y Silva publicaron una revisión sistemática de 10 estudios de tratamiento en pacientes con LC; entre ellos, cuatro comparaban dapsona con otro tipo de tratamiento15. Si bien los estudios son de pobre calidad metodológica, permitieron concluir que no habría diferencia entre el uso de dapsona en dosis de 100 mg al día en combinación con suero anti-Loxosceles reclusa obtenido de conejos en dosis de 0,2 ml intra-lesional, y el uso de cada uno de ellos por separado en términos de acortar el tiempo hasta la curación de la herida cutánea24. En casos de LC con evolución entre 24 h y cinco días, el uso de dapsona fue superior al uso de clorfenamina en lograr evolución favorable de la herida cutánea25. Dapsona también sería efectiva en el tratamiento iniciado entre los cinco y 20 días26. Además, el tratamiento con dapsona, seguido de tratamiento quirúrgico según fuese la evolución clínica, sería más efectivo que el tratamiento quirúrgico precoz en evitar el retraso de la cicatrización o cicatrización anómala27. En pacientes pediátricos con LC, el tratamiento con dapsona 1 mg/kg de peso al día por siete a 14 días asociado a cloxacilina (si hubiere signos de infección), sería efectivo en lograr la mejoría completa de las lesiones cutáneas28. Sin embargo, mediante análisis multivariado, se ha demostrado que el uso de dapsona y corticosteroides sistémicos se asociaría a un retraso en la curación de la herida cutánea29.
Dentro de los efectos adversos reportados al uso de dapsona se encuentran molestias gastrointestinales, rash cutáneo26, ictericia colestásica, hepatitis, leucopenia, meta-hemoglobinemia, neuropatía periférica30,31, fotosensibilidad32, síndrome de hipersensibilidad a la dapsona y neumonía eosinofílica33. Además, existe el riesgo de desarrollar anemia hemolítica34, especialmente en sujetos con déficit de la enzima glucosa-6-fosfato deshidrogenasa. Esta situación debe ser considerada particularmente en pacientes con loxoscelismo en tratamiento con este fármaco, ya que la anemia hemolítica puede ser difícil de diferenciar como efecto de la dapsona frente el potencial compromiso sistémico del veneno de la araña. Así, su uso debiera iniciarse una vez descartado el compromiso sistémico15. Por los posibles efectos adversos descritos se sugiere control con exámenes periódicos durante los primeros dos meses de tratamiento3.
Clorfenamina es un fármaco que se usa en todos los pacientes con loxoscelismo en el HCPUC, y aunque su evidencia muestra que es menos efectiva que otras intervenciones, es una alternativa con bajo riesgo de efectos adversos y que ha mostrado efectividad en disminuir el dolor y edema en pacientes con loxoscelismo35.
El uso de corticosteroides es discutido15 y, si bien no existe evidencia que avale su uso, la guía clínica del MINSAL de 2016 recomienda su administración sistémica en casos de LCV18, ya que su efecto inmunosupresor podría limitar la gravedad del cuadro36. Se recomienda la vía parenteral, ya que en autopsias de pacientes fallecidos por esta patología se ha observado edema de la mucosa intestinal que dificultaría la efectividad de la administración oral8. Se ha reportado un caso de LCV con síndrome hemofagocítico secundario que presentó respuesta completa al tratamiento con dexametasona intravenosa37. En casos de LC el uso de corticosteroides sistémicos es controversial, ya que fisiopatológicamente tendría un rol como anti-inflamatorio e inmunosupresor, pero un estudio asoció su uso a retraso en la curación de la herida cutánea29. El uso de corticosteroides tópicos no tiene respaldo en evidencia científica; sin embargo, es una práctica clínica habitual en pacientes con loxoscelismo.
Considerando nuestra experiencia, el uso de corticosteroides sistémicos en dosis de 0,5 a 1 mg/kg/día por un período limitado, sí sería beneficioso para detener la cascada proinflamatoria asociada a la mordedura por loxosceles. Esta medida sería particularmente útil en pacientes con LC complicado, cuadros aquellos que puedan evolucionar con escaras o gran cicatriz residual, como son aquellas presentaciones con necrosis, gran extensión, localización compleja (periocular), ampolla o con dolor importante.
Otra herramienta terapéutica es el uso de antimicrobianos. Se ha descrito su uso profiláctico para prevenir infecciones secundarias por Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus15. En un estudio en Antofagasta (Chile) se observó presencia de Clostridium perfringens en colmillos de 15,7% de especímenes de L. laeta recolectados, lo que en asociación al veneno de la araña produce exacerbación del daño dermonecrótico38.
Por otra parte, se ha observado en modelos in vitro y en animales con LC inducido por veneno de L. laeta un aumento de la expresión o actividad de metaloproteinasas 2, 7 y 9, con asociación directa en el daño dermonecrótico10. En modelos in vitro el uso de tetraciclina logró prevenir la muerte celular secundaria a este veneno y la administración tópica de tetraciclina dos veces al día por 48 h disminuyó la lesión dermonecrótica en modelos de conejo, asociada a disminución de infiltración de neutrófilos10. El uso de tetraciclina también ha demostrado disminución de dermonecrosis en modelos de LC en conejos secundario a L. intermedia, asociado a disminución de actividad de metaloproteinasas 2 y 939. De esta manera, antimicrobianos de la familia de las tetraciclinas podrían tener un rol en el manejo de pacientes con loxoscelismo debido a su actividad antiinflamatoria.
Si bien uno de los principales tratamientos conocidos por la población general es el suero anti-loxosceles, se ha comprobado que éste inhibe la formación de lesiones cutáneas necróticas sólo al ser administrado hasta una hora post mordedura34. Además, no inhibe la hemólisis inducida por el veneno34. Por lo tanto, dado la poca evidencia clínica del beneficio que pudiera aportar el suero antiloxosceles, actualmente no se recomienda su uso18 y no se utiliza en nuestro centro.
Existen trabajos prometedores con el uso de anticuerpos monoclonales humanizados contra la esfingomielinasa D40, aún no disponibles en la práctica clínica.
Se describen 17 casos de loxoscelismo de manejo hospitalario, de los que 11,8% tuvieron una presentación clínica compatible con LCV. La mayoría de los casos, con LC, fue manejada con medidas de soporte, antimicrobianos, corticosteroides sistémicos, antihistamínicos y dapsona, con excelente respuesta, rápida resolución del cuadro y escasa cicatriz residual en la placa livedoide. Considerando nuestros hallazgos proponemos el siguiente algoritmo para el manejo de los cuadros de loxoscelismo (Figura 4).
Figura 4 Propuesta de algoritmo para el manejo de pacientes con cuadros de loxoscelismo.
La falta de publicaciones de series clínicas y de evidencia de buena calidad sobre el enfrentamiento terapéutico del loxoscelismo pone de manifiesto la necesidad de realizar nuevos estudios clínicos dirigidos a mejorar el conocimiento respecto a esta enfermedad y a definir las mejores terapias para evitar sus co-morbilidades.
Establecimiento donde se efectuará el estudio: Hospital Clínico Universidad Católica de Chile.
No hubo fuentes de financiamiento.
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Recibido: 15 de Septiembre de 2017; Aprobado: 10 de Abril de 2018
Correspondencia a: Constanza del Puerto Troncoso mcdelpue@uc.cl
Los autores declaran la ausencia de conflictos de interés.

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