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Timestamp: 2020-08-08 08:27:39+00:00

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Escribe Silvia Santos, para El Socialista 1.07.20
El 26 de junio de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, fue firmada la carta de fundación de las Naciones Unidas, en cuyo preámbulo declara “reafirmar los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor del ser humano, en la igualdad de derechos de los hombres y las mujeres” […] y “promover el progreso social y mejores condiciones de vida dentro de una amplia libertad”.
Lamentablemente, la realidad es que tras sus frases de “defensora de la paz, la democracia y los derechos humanos”, esta institución mundial localizada en Nueva York se ha dedicado esencialmente a avalar, por acción u omisión, crímenes de guerra, golpes de Estado, abusos y restricciones a las libertades democráticas por parte de los gobiernos burgueses, genocidios y atrocidades que sirven a los intereses de Washington y sus aliados.
¿Fracasó la ONU?
Esta contradicción entre su declaración de principios y sus acciones concretas no puede analizarse como un fracaso. Tras sus altisonantes frases, la ONU tuvo su origen en una serie de pactos y acuerdos entre los gobiernos, en primer lugar de los países imperialistas, con el aval de la burocracia de la URSS, para controlar, evitar o derrotar nuevos procesos revolucionarios. Recordemos que Hitler fue vencido por el heroico pueblo soviético, lo que le dio un impulso y prestigio a la burocracia estalinista a los ojos del mundo. No es casual que uno de los encuentros para discutir la “paz” de posguerra fue realizado en febrero de 1945 en Yalta (Crimea). En ese momento Josef Stalin, Franklin D. Roosevelt y Winston Churchill resolvieron, entre otros “detalles”, el reparto de Europa, quedando el sector oriental comandado por la URSS, y el occidental bajo el capitalismo. Y Alemania se dividió entre los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y la URSS. Así comenzaba a transitarse el camino rumbo a lo que unos meses después fue la ONU, un proyecto defendido por el presidente yanqui.
Por eso, más allá de las “buenas intenciones” expresadas en su carta, la ONU sirvió y sirve a los propósitos del imperialismo y de las multinacionales y le fue extremadamente útil a la burocracia estalinista para mantener su statu quo. Basta ver cómo actuó y actúa la ONU frente a la lucha de los pueblos del mundo por su liberación, por sus derechos o por su autodeterminación. Podríamos enumerar cientos o miles de casos que demuestran la posición nefasta de la organización, como en el levantamiento popular y la posterior guerra civil siria, frente a la guerra imperialista en Irak o Afganistán, o a las sangrientas dictaduras latinoamericanas, que todos conocemos. Como no podemos detenernos en cada uno, vamos a tomar tres ejemplos para analizar esa conducta.
La creación del Estado sionista de Israel y sus consecuencias. La posición adoptada en la guerra de Malvinas. Y, por último, el levantamiento antirracista acontecido recientemente en los Estados Unidos. Estos casos muestran a quién sirve la ONU.
El 14 de mayo de 1948, en medio de violentos ataques israelíes apoyados por el ejército británico a aldeas palestinas, que costaron miles de vidas, las Naciones Unidas proclamaron la creación del Estado de Israel. Esta medida, rechazada por los pueblos árabes, fue apoyada por las mayores potencias del planeta, incluida la URSS de Stalin, e inauguró una verdadera tragedia de sangre y terror contra el pueblo palestino, que dura hasta nuestros días. Con el mito de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” justificaron la ocupación violenta de un territorio que tenía dueños, los palestinos. Para consolidar su ocupación, Israel impuso un estado de terror expulsando casi un millón de palestinos, destruyendo sus aldeas y expropiando sus bienes.
Envalentonado con ese “aval” de la ONU para imponer su brutal ocupación, el Estado de Israel, convertido en un enclave de los Estados Unidos después de la retirada británica, nunca cumplió con las resoluciones de la ONU que simulaban sancionarlo. La resolución 242, adoptada por unanimidad en el Consejo de Seguridad el 22 de noviembre de 1967, seis meses después de la Guerra de los Seis Días, “exige la instauración de una paz justa y perdurable en Oriente Medio”[…] “la retirada del ejército israelí de territorios ocupados durante el conflicto” y el reconocimiento por parte del pueblo palestino al derecho de los israelíes a tener su “Estado”. Nunca se cumplió y tampoco el sionismo recibió sanciones.
Lejos de respetar las resoluciones, Israel continuó avanzando sobre los menguados territorios palestinos. Asentó judíos en territorios ocupados, lo que en diciembre de 2019 generó una nueva resolución de la ONU llamando a Israel a poner fin a su política de construir asentamientos. Israel jamás acató la medida y la ONU continuó mirando para otro lado. Podríamos seguir relatando innumerables violaciones contra el pueblo palestino, que ha perdido todos sus derechos en su propia tierra. Israel ha impuesto un verdadero estado de ocupación con un régimen racista de apartheid violando los principios de la entidad mundial, sin embargo la ONU nunca avanzó más allá de resoluciones burocráticas.
1982, Guerra de Malvinas
El 3 de abril de 1982 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución 502, que exigía el cese inmediato de las hostilidades a las partes implicadas en el conflicto de las Malvinas, al considerar que existía un quebrantamiento de la paz en la región. Quien había “quebrantado la paz” para defender su derecho sobre las islas Malvinas era la Argentina. La resolución demandaba además la retirada inmediata de todas las fuerzas argentinas de las islas. Finalmente exhortaba tanto a la Argentina como al Reino Unido a que busquen una solución diplomática al conflicto respetando lo dispuesto por la Carta de las Naciones Unidas. O sea, la ONU colocó en pie de igualdad y le impuso las mismas exigencias al colonizador y al país que defendía su territorio.
Tradicionalmente, en el marxismo hemos defendido el fin del proceso colonial, como el control británico sobre el norte de Irlanda, o en enclaves como Gibraltar, Ceuta, Melilla o Malvinas. En todos los casos, como en la guerra de Malvinas, planteamos el fin del vestigio colonial con el retorno de esos territorios a sus legítimos dueños. Los enclaves son estados artificiales creados por el imperialismo con una población que no es originaria de esos lugares. Por ejemplo, si en Malvinas se hiciera una consulta con base en el derecho a la autodeterminación, seguramente la absoluta mayoría de la población defendería ser parte del Reino Unido, pues ese es su origen. Pero la ONU no reconoce la existencia de enclaves. De esa manera, mientras Inglaterra lanzaba todo su poder bélico contra la Argentina con el apoyo del imperialismo yanqui, que detectaba los blancos a ser bombardeados, de forma hipócrita la ONU llamaba a resolver de forma pacífica el conflicto.
La ONU y el racismo
Frente al asesinato por parte de tres policías blancos de George Floyd, un trabajador afroamericano en el estado de Massachusetts, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU convocó a una reunión extraordinaria para tratar el tema. En la ocasión, un grupo de países africanos, con el apoyo del hermano de Floyd, presentó una propuesta para ayudar en la lucha contra el racismo. La iniciativa pedía que la ONU cree una comisión investigadora para indagar los crímenes cometidos en los Estados Unidos y en otros países que viven la misma situación.
Preocupado con una resolución como esa, que podía afectarlo, el representante del gobierno racista y genocida de Brasil salió en defensa del presidente yanqui Donald Trump (que ni siquiera asistió a la reunión) alertando que no se podía singularizar en un único país el tratamiento sobre el racismo. Obviamente, los países imperialistas rechazaron la propuesta con el mismo argumento, no existían motivos para singularizar apenas en un país y una “eventual” resolución debería versar apenas sobre generalidades. Una omisión inconcebible, siendo que en el año 1969, en las Naciones Unidas entró en vigor la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. Finalmente, se acordó una resolución “adoptada por consenso de manera oral y sin votar”, que también hace referencia a las muertes de otras personas de ascendencia africana y repudió el racismo estructural del sistema de justicia penal. Un verdadero saludo a la bandera mientras la sangre del pueblo negro continúa corriendo impunemente.
Aunque termina rechazando los recientes incidentes y el uso excesivo de la fuerza y de otras violaciones de los derechos humanos por parte de los oficiales de las fuerzas públicas contra los manifestantes, no fue capaz de aprobar una resolución concreta para investigar la actuación de las fuerzas represivas yanquis para, en caso de violaciones, determinar las correspondientes sanciones, como se hace en muchos países dependientes cuando el imperialismo los quiere presionar. En la propuesta oral votada se solicita al Alto Comisionado para los Derechos Humanos que elabore un informe sobre el racismo sistemático y las violaciones de las leyes internacionales de derechos humanos contra los africanos y afroamericanos por parte de las fuerzas del orden y de otras personas de ese grupo de población. No es casual que, días después de los incidentes en las marchas que repudiaron el asesinato de George Floyd, otros negros hayan sido asesinados por las fuerzas policiales en los Estados Unidos.
En definitiva, en sus 75 años de historia la ONU ha sido fiel al verdadero propósito de sus creadores, construir un organismo mundial, como lo fue su predecesora, la Liga de las Naciones, para controlar el mundo al servicio de las grandes potencias y sus intereses económicos. Es lo que ha venido haciendo desde su fundación, aunque para eso haya tenido que omitir genocidios, violaciones a la autodeterminación de los pueblos y de los derechos humanos, de las prácticas racistas o la destrucción del medio ambiente. Con sobrada razón la pequeña Greta Thunberg, activista ambientalista de solo 16 años, durante la Cumbre sobre la Acción Climática de la ONU les gritó en la cara: “La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva y lo único de lo que ustedes pueden hablar es de dinero”.
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