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Timestamp: 2020-05-31 08:03:06+00:00

Document:
Representación Permanente ante las Naciones Unidas | Prevención de los conflictos armados. Proyecto de resolución “La situación en la República Árabe Siria”, A/67/L.63, explicación del voto antes del voto, 15 de mayo de 2013
Prevención de los conflictos armados. Proyecto de resolución “La situación en la República Árabe Siria”, A/67/L.63, explicación del voto antes del voto, 15 de mayo de 2013
Desde que comenzara la crisis siria, durante su vertiginoso desarrollo y hoy, en este momento de profundo dramatismo, Argentina ha mantenido la misma posición y defendido los mismos principios.
El 2 de octubre de 2012, la Jefa del Estado Argentino, Cristina Fernández de Kirchner, en la Cumbre de América del Sur y los Países Arabes en Perú, sostuvo con firmeza que: "En Siria abogamos por una solución pacífica, es decir, políticamente negociada, sin intervencionismo extranjero. Demandamos una solución pacífica de los conflictos, de "todos" los conflictos. Demandamos un multilateralismo a rajatabla, el respeto a las resoluciones de la ONU y la solución de los conflictos mediante negociaciones sinceras y justas. Porque hoy la amenaza más fuerte a la paz no es el holocausto nuclear, sino que radica en conflictos focalizados que tienden a extenderse en determinada región y arrastrar al mundo a partir del pingüe negocio de la industria de armamentos que está en los países desarrollados."
La compleja y desafiante realidad del mundo que vivimos nos exige ser sinceros e inteligentes. Porque, junto a la industria de la muerte, no podemos ignorar el juego de las hegemonías.
En aquélla oportunidad, nuestra Presidenta señaló que: "Cuando reclamamos igualdad en el multilateralismo", es decir respetar la Carta que decidimos honrar, "no podemos ignorar la importancia y mayor responsabilidad de determinados países en la resolución de los conflictos o, tal vez, no solamente en la resolución, sino también en la provocación de los conflictos".
Argentina, como miembro no permanente del Consejo de Seguridad y como Estado parte de esta Asamblea, tanto ayer como hoy, y en nombre de los valores que siempre ha defendido: la paz, la libertad y la vigencia irrestricta de los derechos humanos en todos los países; reafirma la misma convicción. También en el caso de Siria.
Es nuestra la convicción de que la paz no es una enunciación formal e ingenua de deseos, sino un valor que se construye a través de la verdad, la justicia y de la igualdad. Porque "no puede haber paz en un mundo donde no se trate en forma igual a todos los países, no puede haber paz en un mundo donde cada vez haya más pobreza y menos inclusión, no puede haber paz en un mundo donde no se diga la verdad y las cosas tal como son".
Por ello, es obligación de esta organización, tanto en la Asamblea General cuanto en el Consejo de Seguridad y sus diferentes órganos, asumir que es imperativo actuar con un solo estándar para construir y hacer realidad los valores de la paz, los derechos humanos, la igualdad y la verdad. Entendemos que es ésta la única manera de asegurarnos vivir en un mundo más justo y seguro del que vivimos hoy y, también, el mejor modo de contribuir a encontrar una solución política efectiva, duradera y coherente para la trágica situación que vive Siria.
A la luz de la escalofriante intensidad de la situación humanitaria y de la masiva violación de los derechos humanos que padece el pueblo sirio y de las graves ramificaciones del conflicto en toda la región, el proyecto de resolución que tiene ante sí la Asamblea General contiene una serie de elementos que Argentina comparte. En particular, aquellos contenidos en la sección relativa al derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.
Porque creemos que una actitud constructiva es siempre preferible a una confrontación estéril, en las últimas semanas nuestra delegación acercó diversas propuestas y formuló una serie de comentarios que reflejaban la profunda convicción de mi país acerca de que la única solución posible de la crisis siria es a través de un diálogo político inclusivo y sin precondiciones, con todos los sectores de la sociedad siria y sobre la base de la hoja de ruta que ofrece el Comunicado de Ginebra del 30 de junio de 2012.
Valoramos el esfuerzo de los copatrocinadores por incorporar algunas de nuestras propuestas. Pero, lamentablemente, algunas cuestiones sustantivas y otras preocupaciones de especial relevancia no fueron tenidas en cuenta.
Permítame referirme a aquéllas que Argentina considera sustantivas.
Primero, el proyecto sigue caracterizando a la Coalición Nacional Siria como legítimo representante del pueblo sirio. Si bien la Argentina considera imprescindible el surgimiento y consolidación de una oposición democrática que logre convertirse en un interlocutor confiable en y para la sociedad siria, a fin de iniciar un proceso de diálogo político tal como lo pide el Comunicado de Ginebra, es el pueblo sirio -a través del elecciones libres y transparentes- y no la Asamblea General o un grupo de países, quien debe determinar la legitimidad de sus representantes.
No es extemporáneo recordar, hoy y aquí, que la fuente de legitimación del poder en toda democracia es la libertad positiva que ejercen los pueblos al expresar su voluntad con el objetivo de elegir a sus representantes y decidir el proyecto de sociedad que necesitan y anhelan.
Ni los intereses aún legítimos ni las desnudas ambiciones de un grupo o individuo, por más poderoso o prepotente que sea, son ni pueden ser criterio de legitimidad política como tampoco causa democrática de legitimación.
Segundo, las implicancias de la lectura conjunta de los párrafos operativos 26 y 30 presentan serias dificultades para ser aceptados sin más por la Argentina. Puesto que, además de reafirmar el reconocimiento de la Coalición Nacional de las Fuerzas Revolucionarias y la Oposición Sirias como la legítima representante del pueblo sirio, las tareas encomendadas al Secretario General de las Naciones Unidas parecieran pedirle que inicie planes para la transición política, sin tener en cuenta que ésta debe ser el resultado de un acuerdo en el marco de un diálogo político franco, transparente y sin exclusiones.
Tercero, a pesar de nuestros reiterados pedidos y propuestas, no fue posible o deseable para los copatrocinadores que el proyecto de resolución incluyera una explícita posición acerca de que no existe una solución militar de la crisis y, en consecuencia, un fuerte llamamiento para evitar una mayor militarización del conflicto.
En el pasado mes de enero, la Argentina hizo un llamamiento en el Consejo de Seguridad, llamamiento que seguimos creyendo indispensable y urgente. Por eso, nuevamente hoy en esta Asamblea, queremos llamar a todos los Estados que suministran armas y materiales conexos a las partes en el conflicto en Siria que dejen de hacerlo de manera inmediata.
Si antes esto era necesario y urgente, ahora lo es aún más. Estamos viendo cómo la violencia ilimitada y cruel está llevando a un inédito drama humanitario y a una tragedia existencial, donde se cuentan por millones las víctimas, pues son millones las vidas inocentes humilladas, desesperadas, despreciadas.
Este incremento intolerable de la violencia pone al desnudo que en Siria no estamos frente a una "revolución que hará historia", sino frente a una opción histórica que destruirá a un pueblo que se encuentra sometido a insondables tristezas y desgraciadas imposibilidades.
Por responsabilidad ética y convicción política, Argentina rechaza toda intención o acción que desde el Gobierno o la oposición y los grupos rebeldes, favorezcan o pretendan favorecer la opción militar como salida y respuesta.
Por responsabilidad ética y convicción política, manifestamos nuestra profunda diferencia con aquellos actores que, desde dentro de Siria o desde fuera de este país, privilegian la militarización, armando y financiando a las partes.
En adición a los puntos anteriores, no podemos dejar de mencionar que en los últimos días se ha abierto una nueva puerta para encontrar una solución pacífica y negociada en y para Siria.
El entendimiento alcanzado por Estados Unidos y Rusia a fin de convocar a una Conferencia Internacional, ofrece una oportunidad concreta para la diplomacia y no para las armas.
Creemos que el proyecto de resolución que tenemos ante nosotros contiene elementos que pueden ser interpretados como contrarios a esa iniciativa, precisamente en un momento en el que las energías de la comunidad internacional deben estar dirigidas a enviar un mensaje de unidad en apoyo de estos esfuerzos.
Estamos convencidos que Ginebra II será posible si y sólo si existe un auténtico compromiso en el Gobierno, la oposición y los grupos rebeldes sirios, pero también en los países vecinos, los actores regionales y la comunidad internacional.
Ginebra II es la única alternativa realista a la militarización y es la única herramienta diplomática con la que contamos no sólo para hacer frente a la desmesurada e intolerable ley del más fuerte sino también para impedir que junto a una atmósfera de impunidad se aplique descarnadamente la justicia de los vencedores y la venganza sectaria.
La Argentina ha votado consistentemente a favor de las resoluciones sobre la situación en Siria, tanto en la Asamblea General como en el Consejo de Derechos Humanos. Siempre lo hemos hecho convencidos de que esas iniciativas enviaban un mensaje claro para poner fin a la violencia y acercarse a una solución pacífica.
Hoy, teniendo en cuenta los comentarios precedentes, votaremos en abstención.
Y queremos dejar en claro que nuestra abstención no puede ser entendida como un sustituto del diálogo político ni puede ser esgrimida como una excusa para entorpecer o evitar su desarrollo.
Que quede claro: ya hemos acumulado demasiados retrasos.
Tratemos de no incrementarlos con falsas promesas, oscuras maniobras, conocidas desconfianzas, inexplicables indiferencias o interesados escepticismos.
La historia siempre puede ir en dos direcciones opuestas: hacia la paz o hacia la violencia, hacia la libertad o hacia la opresión.
A la luz de nuestros principios y respetuosos de lo que dice el Comunicado de Ginebra, el objetivo último es y debe ser que el pueblo sirio ejerza su inalienable derecho a la vida, a la dignidad y a todos los derechos humanos, gozando de plena libertad para elegir a sus gobernantes y decidir cómo quieren vivir.
Por tanto, Señor Presidente, tampoco en este caso es indiferente lo que decidamos hacer o dejar de hacer.

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