Source: http://www.libertadidioma.com/20180810.htm
Timestamp: 2019-03-26 16:27:58+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Viernes 10 Agosto 2018
Rafael Bardají Gaceta.es 10 Agosto 2018
Para todo creyente, la muerte ocurre cuando el alma de separa del cuerpo y éste comienza su descomposición. Pues bien, a las naciones les ocurre lo mismo: cuando pierden su alma, su esencia, arranca la descomposición de todos sus elementos visibles y tangibles. Es lo que está sucediendo con España. Cuando “ancestral” se ha convertido es un descalificativo, poco margen puede quedar para la vida nacional, esto es, para compartir un proyecto único, basado en las vivencias del pasado pero orientado a los retos del futuro.
Yo no se cuándo nuestra querida España empezó a ser más difunta que viva, pero lo que si se es que el llamado “régimen del 78” trajo la libertad tras años de dictadura y dictablanda del Gral. Franco pero la trajo de la mano de una democracia suigeneris y, finalmente, suicida. España nunca ha visto a sus enemigos externos, pero tampoco ha sabido ver a sus enemigos internos que, al fin y al cabo, son quienes nos han llevado al estado de zombificación en el que vivimos y quienes están dispuestos a enterrarnos. No creo necesario tener que nombrarlos a todos, desde separatistas a revolucionarios de izquierda y antisitema.
Ahora bien, como decía Edmon Burke, “para que el mal triunfe basta conque los hombres de bien no hagan nada”. Y el problema esencial de España es que sus hombres y mujeres de bien o no hacen nada o, aún peor, están confusos sobre lo que está sucediendo y lo de se debería hacer. Me explico: a estas alturas tendría que estar ya claro que dos de los cánceres que nos han llevado a donde estamos son tanto la partitocracia que se ha metastizado en todas las instituciones de la vida pública y de buena parte de la privada, y las autonomías, agujero negro financiero, multiplicadoras de las corrupción y disolventes de la causa común nacional. Y sin embargo, apenas nadie se propone acabar con estos males, al contrario, se les defiende como si fueran la esencia de nuestro ser y no lo que en realidad son, una enfermedad mortal de necesidad.
Y eso es posible porque el “régimen del 78” y la clase de democracia que trajo estableció que la modernidad de España consistía en repudiar todo lo anterior, no sólo la etapa de Franco, sino prácticamente la Historia que nos ha hecho como nación y pueblo. Es más, el gran error de los constitucionalistas del 78 fue olvidarse de que España era un ser vivo que residía no sólo en sus instituciones y Carta Magna, sino en el pueblo español, auténtico depositario de sus hábitos, normas y tradiciones. De ahí que frente al separatismo no se le oponga el nacionalismo español, sino esa cosa denominada “patriotismo constitucional”, que sólo ve a España desde el prisma del articulado de nuestra ley fundamental. Pero como es obvio, España precede , y con mucho, a la constitución del 78, a Franco, a la “pepa”… Podríamos llegar, al menos, hasta Covadonga y Don Pelayo.
El liberalismo, con su individualismo, su materialismo y su relativismo, ha sembrado de dudas lo que es ser español. De manera involuntaria, si se quiere, pero no por eso menos letal. Y, aún peor, es incapaz de plantear soluciones para España en el estado de emergencia en que nos encontramos. Difícilmente se puede compatibilizar afirmar un día que no puede haber papeles para todos y correr al día siguiente a estrechar la mano de quienes han entrado en nuestro suelo violando nuestras fronteras. La defensa de España no puede ceder al buenismo, el miedo a las críticas y ni siquiera a los sentimientos humanos.
En la España del 78 se ha consentido, cuando no impulsado, el desorden moral. Y no me refiero simplemente a muchas costumbres que tienen que ver con el sexo. Me refiero a la inversión de los valores que tienen que ver, por ejemplo, con la calidad de discernir entre el bien y el mal, entre el interés común y el individual, entre el sacrificio y la satisfacción, entre la educación y la delincuencia, entre lo justo y lo injusto. Lo moderno y aplaudido era matar a la autoridad, denigrar el esfuerzo y el trabajo bien hecho, y alimentar la picaresca, la desidia, la irresponsabilidad y la falta de respeto hacia normas y leyes. Posiblemente España sea el país con más leyes que no se cumplen porque nadie tiene interés ni en cumplirla ni en hacerlas cumplir. El Estado ha pasado a ser, además, el cortijo de quien accede al poder y no el buen gestor de los recursos públicos de todos los españoles. Claro, que como dijo una líder, perdón, lideresa, socialista hoy en el gobierno, “el dinero público no es de nadie”, solo de quien lo administra.
El estado de emergencia nacional en el que se encuentra España sólo ha sido resistido por un pequeño grupo de valientes, militantes de Vox, que, al menos contra el separatismo catalán, han sabido cómo instrumentar el sistema judicial constitucional y actuar, así, contra los responsables de delinquir contra el estado de derecho. Digno de elogio y verdadera vergüenza para todos los demás, Ciudadanos y Populares los primeros. Pero el hecho de que la vida política sólo pueda encontrar la senda a la normalidad mediante la judicialización, dice mucho de la situación en la que nos movemos, donde el respeto a la ley ha desaparecido. Recuperar a España en los tribunales es como defender a Esparta en las Termópilas, una misión justa y valiente, pero que sólo sirvió para ganar algo de tiempo. Cierto, el arrojo de estos nuevos 300 de Leónidas ha servido para que la bandera española ondease de nuevo, con orgullo y rabia, y para que ese concepto de “pueblo español” sonase de nuevo. Pero se requiere más, me temo.
Construir un muro que blinde nuestras ciudades de Ceuta y Melilla es una medida que dice mucho de quien la defiende. Es una clara ruptura con el actual despropósito de la política de inmigración. Y los flujos de inmigrantes ilegales, se diga o no, son un reto vital para el futuro de España. Acabar con la actual arquitectura de las autonomías, no lo es menos. Como rechazar de plano el esquema de integración europea que se ha hecho fuerte en las instituciones de Bruselas. Pero, con todo, lo esencial es inyectar en la sociedad un antídoto contra el concepto de modernidad nacido del 78. Sin eso y alimentar el sentimiento de ser español nuestra alma se habrá ido para siempre y el cuerpo se nos romperá progresivamente en pedazos hasta desaparecer. Está en nuestra mano poder evitarlo.
Enrique Navarro Libertad Digital 10 Agosto 2018
El gasto de la Administración Pública crece tres veces más que el de los hogares
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 10 Agosto 2018
Este enfriamiento no ha impedido que se siga creando empleo. Si analizamos su evolución en términos de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, encontramos un crecimiento del 2,5%, frente al ritmo del 2,6% con el que comenzó el curso. Esta cifra supone "un incremento de 448.000 asalariados durante el último ejercicio".
La remuneración de los asalariados "presenta un crecimiento interanual del 4% en el segundo trimestre, cuatro décimas superior al del trimestre anterior. Este resultado es consecuencia del aumento del 3,2% del número de asalariados, similar al del trimestre anterior, y de que la remuneración media por asalariado varíe un 0,7%, frente al 0,4% del primer trimestre".
El separatismo: un análisis
Alejo Vidal-Quadras Gaceta.es 10 Agosto 2018
El separatismo, tanto en su versión catalana, hoy violenta y subversiva, como en la vasca, ahora en fase posibilista y pragmática tras haber conseguido gran parte de sus objetivos mediante el recurso sistemático al asesinato durante medio siglo, representa sin duda el principal problema político de la España de nuestros días porque se trata de una amenaza existencial. Hay terrenos en los que está en juego el crecimiento económico, la calidad de nuestros servicios públicos, la honradez de nuestros gobernantes o la solidez de nuestras instituciones, aspectos todos ellos de considerable relevancia para nuestra convivencia y prosperidad, pero el problema secesionista es de una raíz más honda, de un carácter definitivo, de una naturaleza esencial, dado que se trata de nuestro ser o no ser como Nación, es decir, como espacio de derechos y libertades que nos proporciona nuestra condición de ciudadanos y nos proyecta en el mundo.Si el alucinado propósito de Torra, Puigdemont, Junqueras y sus huestes de delincuentes y fanáticos tuviese éxito y Cataluña se desgajase de su matriz histórica, constitucional, cultural y sentimental, los españoles sufriríamos una mutilación civil y espiritual irreversible e incurable. Nuestro fracaso colectivo adquiriría dimensiones cataclísmicas y su mera imaginación provoca un vértigo abismal.
Ante la magnitud de esta catástrofe, resulta llamativa no ya la debilidad de la reacción de los dos primeros partidos, sino su colaboración en ocasiones pasiva y en otras activa, con el nacionalismo totalitario, racista y excluyente. Esta actitud, a la vez absurda y suicida, requiere una explicación porque sólo a partir de la comprensión de las motivaciones del PP y el PSOE para entregar el país cuya integridad y seguridad deberían preservar por encima de todo, a sus peores enemigos para que lo despedacen, podrán los votantes elegir las opciones más eficaces para impedir lo que un prestigioso catedrático de Derecho Constitucional ha calificado recientemente como “el desmoronamiento de España”.
La razón principal por la que populares y socialistas, lejos de cerrar filas frente al más virulento de los agentes patógenos que porfían por liquidar España como proyecto histórico reconocible, han intentado apaciguarlo con concesiones desde la Transición, lo han aceptado como aliado parlamentario y han debilitado sus propias siglas en Cataluña hasta llevarlas a la irrelevancia, no es, como tantas veces se ha repetido, la necesidad coyuntural de disponer de una mayoría en el Congreso. Esta es una consecuencia de una posición de fondo, no la explicación última. La base de la extraña benevolencia de las dos grandes fuerzas nacionales con los nacionalistas catalanes y vascos radica en su debilidad conceptual, en su carencia de convicciones y en su deficiente comprensión del fenómeno deletéreo al que se enfrentan. Cuando se crea la República Federal alemana tras la Segunda Guerra Mundial, ni a la CDU ni al SDP se les pasó por la cabeza elaborar una Constitución que reconociese, aunque fuese parcialmente, que la ideología nazi debería tener un lugar en el nuevo orden político democrático. La perversidad intrínseca de sus planteamientos fue tan generalmente aceptada que la ruptura con el pasado se quiso total. En cambio, en España, los complejos de los sectores afines a la dictadura y la confusa mezcla de la oposición al franquismo impidió separar con nitidez el grano de la paja. Así, una concepción de la sociedad apoyada en la aberrante idea de que la identidad étnica, cultural o lingüística es el valor supremo por encima de la libertad, la igualdad, la solidaridad o el imperio de la ley, fue admitida como parte legítima del sistema de 1978. Semejante monstruosidad moral, como es lógico, ha desembocado con el paso de los años en el extremismo totalitario, antidemocrático e inconstitucional que en la actualidad arrasa Cataluña y pone en peligro a España en su conjunto.
El único enfoque éticamente correcto y políticamente sensato de los defensores de la sociedad abierta ante los movimientos separatistas de corte identitario es el combate sin cuartel en el campo de las ideas, la aplicación implacable del marco legal vigente, su derrota en las urnas hasta privarles de toda capacidad de hacer daño y no darles ni agua bajo ninguna circunstancia. Como tanto el PP como el PSOE han hecho exactamente lo contrario durante cuatro décadas, el resultado está la vista. El hecho de que Pedro Sánchez persista todavía en este camino equivocado cuando los golpìstas dejan claro todos los días que piensan culminar su trabajo de demolición y no cejan en utilizar todos los recursos financieros e institucionales que el Estado pone a su disposición para destruir a ese mismo Estado, es inevitable que cunda el desánimo y los peores augurios parezcan cumplirse.
Tan sólo un partido parece haber entendido la verdadera malignidad del nacionalismo separatista y por eso se enfrenta a él sin contemplaciones y sin darle respiro. Si Ciudadanos es en estos momentos la primera fuerza en Cataluña es precisamente por la contundencia de su oposición al separatismo supremacista y su denuncia constante de sus abusos. Ojalá cunda su ejemplo y el resto de grupos se sume a su meritorio esfuerzo. Si sigue manteniendo en solitario esta lucha heroica e imprescindible, es muy posible que el escenario catalán se extienda al resto de España. Demostrado ya que el PSOE es irrecuperable, Pablo Casado ha de entender la situación y tomar las correspondientes decisiones o no podrá detener el declive que experimenta el PP desde su Congreso de Valencia en 2008, cuando renunció a sus principios para caer en la tecnocracia aséptica y tediosa. Vivimos una etapa histórica decisiva y la esperanza de poder superarla, que por supuesto nunca debe perderse, es más y más tenue a medida que transcurre el tiempo.
Sánchez y la inmigración: el fracaso de la propaganda
EDITORIAL Libertad Digital 10 Agosto 2018
En pocas ocasiones un gobierno ha quedado en evidencia de una forma tan rápida como lo ha hecho el de Pedro Sánchez en el tema de la inmigración. Sólo unas semanas han bastado para pasar de una política inmigratoria con puertas abiertas, despliegue de cámaras y privilegios de todo tipo a la llegada semiclandestina de barcos que ni siquiera se avisa al alcalde del puerto que los recibe, tal y como ha contado el alcalde de Algeciras, José Ignacio Landaluce, en Es la Tarde de Dieter.
Para empezar Sánchez y su equipo han dejado claro que no son capaces de gestionar un asunto de evidente complejidad como es la cuestión migratoria. Hay decenas de miles de personas en Marruecos esperando cualquier oportunidad para llegar a España y millones en el norte de África tratando de alcanzar Europa, y para ocuparse de ese enorme problema es necesario desarrollar una gestión complicada, en diversos frentes que van desde el mero trabajo policial hasta la dificilísima labor diplomática en Europa y con Marruecos, pasando por la coordinación de múltiples recursos para atender a los que de una forma u otra pisen nuestro país.
Nada de eso está sabiendo hacer el Gobierno, que se ha limitado a gestos de grandilocuente propaganda pero evidentes consecuencias negativas y que, mientras no ha tenido tiempo de coordinar la situación en lugares como la propia Algeciras que están cerca del colapso, sí lo ha encontrado para criticar a todo aquel que señalase cómo está degenerando la situación.
Pero lo cierto es que mientras Sánchez tuvo el otro día la desfachatez -y el escaso sentido del ridículo- de afirmar que hasta su llegada a Moncloa no había habido política migratoria, él ha tenido que cambiar la suya en un tiempo récord desde la fiesta y las salvas que dieron la bienvenida al Aquarius hasta el silencio vergonzante y el trato de patera con el que se ha recibido al Open Arms.
La peor noticia para Sánchez y los suyos es que la inmigración no va a ser el único asunto en el que su propaganda se va a derrumbar como un castillo de naipes. En prácticamente todos los demás campos -Cataluña, economía, política antiterrorista, relaciones con el Parlamento…- su política está siendo tan oportunista y cortoplacista como mal estudiada, así que esta no será la excepción sino más bien la primera de un larga lista de decepciones, fracasos y marchas atrás.
Gobernar se está revelando como algo bastante más complicado de lo que el presidente y su equipo parece que pensaban, resulta que no basta con montar carísimos anuncios publicitarios, que en política las ocurrencias aparentemente brillantes pueden salirte caras y, en suma, que si nada cambia la historia de amor de Sánchez con el poder va a ser bastante más corta de lo que él creía.
Un paseo por el Monasterio de Yuste
JULIO R. NARANJO ESDiario 10 Agosto 2018
Vicente A. C. M. Periodista Digital 10 Agosto 2018
Así que la situación real de este hombre es que tiene una plaza de Registrador adjudicada en la sede del Paseo de la Castellana, en el municipio de Madrid, donde tiene fijada desde hace años su residencia privada. Pero todo eso y tras haber tomado conciencia de su nueva situación personal y política, creo que le ha hecho reflexionar sobre la no conveniencia de romper totalmente con lo que ha sido su vida laboral, la política y el desempeño de diferentes cargos públicos de responsabilidad. Y supongo que ha sido esa la causa que le ha llevado a no renunciar a las prebendas que tiene derecho como expresidente del Gobierno de España, que se recoge en el Real Decreto 405/1992 y que se resumen en lo siguiente:
- gozarán del tratamiento de «Presidente» y ocuparán el lugar protocolario que oficialmente les corresponda conforme al Ordenamiento General de Precedencias en el Estado.
- Artículo 3. Los Ex Presidentes del Gobierno podrán disponer de los medios y prerrogativas que a continuación se expresa:
- 1. Se adscribirán a su servicio dos puestos de trabajo, uno de nivel 30 y otro de nivel 18, que serán cubiertos, a su propuesta, mediante el sistema de libre designación. Dichos puestos de trabajo se incluirán en la relación de puestos de trabajo correspondientes a la Presidencia del Gobierno prevista en la del Ministerio de Relaciones con las Cortes y de la Secretaría del Gobierno. El personal que ocupe dichos puestos tendrá la consideración de «personal eventual de gabinete» y, si fuesen funcionarios, pasarán a la situación de servicios especiales.
- 2. Una dotación para gastos de oficina, atenciones de carácter social y, en su caso, alquileres de inmuebles, en la cuantía que se consigne en los Presupuestos Generales del Estado.
- 3. Se pondrá a su disposición un automóvil de representación con conductores de la Administración del Estado.
- 4. Gozarán de los servicios de seguridad que las autoridades del Ministerio del Interior estimen necesarios.
- 5. Disfrutarán de libre pase en las Compañías de transportes terrestres, marítimos y aéreos regulares del Estado.
- 1. Quienes hayan desempeñado el cargo de Presidente del Gobierno, al cesar en su cargo, tendrán derecho a la pensión indemnizatoria prevista en el artículo 10, número 5, norma primera, de la Ley 74/1980, de 29 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para 1981.
- 2. Los Ex Presidentes del Gobierno causarán en su favor y en el de sus familiares los derechos pasivos previstos en la legislación sobre clases pasivas del Estado.
- 3. Los apartados números 3 y 4 del artículo 3 del presente real decreto serán de aplicación al cónyuge o persona unida con análoga relación de afectividad, en caso de fallecimiento de los Ex Presidentes del Gobierno.
omo comprobarán no es algo baladí y este modo de “pago por servicios prestados” a la nación, sirvió para que otros Presidentes autonómicos impulsasen leyes similares e incluso mejores en condiciones económicas y prebendas de las que aquí se exponen. Y habrá siempre quien dirá que, si esto es “el chocolate del loro”, o una cuestión de justicia como si fuese una carga insoportable haber tenido esa altísima responsabilidad, aunque fuese durante meses. Y no, no es el chocolate del loro, sino una muestra más del elitismo de la casta política que sabe protegerse bien los riñones a costa de los impuestos de todos los ciudadanos. La política no es un sacrificio sino una profesión libremente elegida, como lo fue en el caso del joven Registrador de la Propiedad Mariano Rajoy Brey, que optó por ese camino de forma voluntaria.
Esta semana hemos asistido a un ejercicio de casta con el “fichaje” de la mujer de Pedro Sánchez por el Instituto de Empresa en una situación clara de incompatibilidades, por ser una empresa privada que recibe subvenciones públicas. Algo que ya se criticó en el caso de Manuel Chaves y su hija. Igualmente vemos cómo un prófugo de la Justicia, Carles Puigdemont, ha exigido que se le concedan los escoltas a los que dice tener derecho como expresidente de la Generalidad. Y ahora, vemos cómo quien parecía que se apartaba a un lado y se quedaba como “militante raso” del PP, exige disponer de los beneficios que le corresponden como expresidente del Gobierno de España. Y todo con cargo al sufrido contribuyente. y es que al final nunca terminan de irse del todo.
La pregunta es si estamos dispuestos a que este estado de cosas siga produciéndose de modo reiterado o manifestamos nuestro profundo rechazo a que esta casta de políticos siga en los pesebres de las Administraciones públicas a nuestra costa.
Personalmente creo que debemos exigir una regeneración de este sistema corrupto y corruptor y negarnos a aceptarlo como un mal menor y como peaje necesario de esta deficiente democracia. Y no es verdad, en otras democracias no existen esas prebendas, ni siquiera durante la etapa de desempeño del cargo público. No se puede aceptar como normal lo que no lo es, aunque intenten hacérnoslo creer. Las empresas privadas o sociedades anónimas podrán hacer con su dinero lo que sus socios les permitan y consientan, pero en lo público, somos los ciudadanos los que debemos exigir que nuestro dinero sea empleado de forma correcta, transparente y justificada. Hay que evitar que la corrupción siga campando a sus anchas y si no podemos hacerla desaparecer, al menos acosarla y reducirla a la mínima expresión.
¡Basta ya de pagar prebendas a esta élite de pesebreros del Estado! Tenemos que terminar con: esas puertas giratorias; con los enchufismos; con las designaciones a dedo para cargos de responsabilidad en empresas públicas que deberían ser cubiertos por funcionarios de carrera; con los ceses por supuestas “pérdidas de confianza” que no es otra cosa que revanchismo político y pago de favores, etc. hay que barrer bien las dependencias, abrir ventanas y sacar a las ratas de sus agujeros.
Vicente Torres Periodista Digital 10 Agosto 2018
Podría decirse que la aspiración más común entre los socialistas es la de transformar la sociedad; pero no sólo de los socialistas, también de otros tontos.
Esta pretensión delata a quienes la tienen en el sentido de que se creen mejores, ellos sabrán en qué se fijan para pensar eso; también es la prueba de que son irresponsables, porque cuando se cambia algo el resultado final no siempre es mejor que lo que había; muchas veces se empeora, otra cuestión es que quienes han perpetrado el cambio se den cuenta de ello.
Puesto que se creen mejores que los demás, pretenden decirles qué lengua deben hablar. Como tienen cogidos los funcionarios por la nómina, se ensañan con ellos, incapaces de comprender que eso es un abuso, una vileza como la copa de un pino.
Teóricamente, los políticos socialistas, igual que los de los demás partidos, deberían preocuparse por atender a los ciudadanos, por mejorar sus condiciones de vida. En cambio, lo que hacen es complicarles la vida empujándoles a hablar un dialecto -el catalán, que según el padre Batllori es infame e infecto- que no es de su interés.
Una lengua viene a ser como un abrigo, un automóvil, o una olla a presión para los ciudadanos, un instrumento que le sirva para su vida cotidiana. Nadie entendería que el gobierno de cualquier parte obligara a comprar una determinada marca.
Cuando alguien intenta imponer una lengua a los ciudadanos no queda más remedio que atribuirle mala intención. Los manipuladores nunca pueden tener buenos propósitos. Si los gobernantes fueran personas santas dejarían que los ciudadanos, funcionarios o no, se entendieran en la lengua que fuera posible, que alguna habría, y comprenderían que lo que interesa a los baleares, con vistas a sus negocios o profesiones, no es exactamente el dialecto catalán, con el que apenas se pueden entender con cuatro gatos.
Gestión migratoria sin demagogia
EDITORIAL El Mundo 10 Agosto 2018
Como en tantas otras cosas, el Gobierno también se ha rectificado a sí mismo en su política migratoria. Ante la evidencia de que éste es un desafío muy complejo que no admite simplismo ni buenismo populista, ya está aplicando medidas mucho más restrictivas en la acogida de migrantes. Así, el buque Open Arms que fue rescatado por una ONG frente a las costas de Libia desembarcó ayer en Algeciras, el puerto seguro ofrecido por Moncloa, pero las 87 personas que iban en él ya no disfrutarán de las ventajas excepcionales que tuvieron los migrantes del Aquarius o de otros barcos que habían llegado a nuestro país en las últimas semanas. Al contrario, están recibiendo el mismo trato que cualquier persona que pisa nuestro país de forma irregular tras llegar, por ejemplo, en pateras. Los protocolos para pasar a disposición judicial o solicitar, en los casos que corresponda, solicitudes de asilo, son mucho más estrictos. La luna de miel con las ONG con la que Sánchez comenzó su mandato parece haber llegado a su fin. Y el realismo empieza a imponerse, como no podía ser de otro modo.
Lo cierto es que al Gobierno sus gestos propagandísticos en esta materia se le han vuelto como un bumerán y se ha visto obligado a dar marcha atrás afeado incluso por el comisario europeo de Migración. En unas declaraciones recientes, Dimitris Avramopoulos advertía de que no se podía "continuar así". Y es que una cosa es la solidaridad y la obligada prestación de auxilio, denegada de forma inadmisible en casos flagrantes por el Gobierno italiano, y otra bien distinta el peligroso mensaje que estaba trasladando España de que aquí pueden venir todos los inmigrantes que lo deseen y que nos sobran los medios y los efectivos para atenderles.
En esto último se visualizó de forma escandalosa la demagogia y la instrumentalización propagandística del Aquarius. Porque un inmenso ejército de voluntarios, responsables públicos, efectivos sanitarios o policiales, y hasta ministros, participaron en aquella mediática acogida como si nos sobraran los medios. Pero, al mismo tiempo, cientos de migrantes llegaban a las costas andaluzas, donde falta de todo y la situación es de desbordamiento. El alcalde de Algeciras lamentaba ayer que el Gobierno no les ha informado de nada y reclamaba coordinación entre Administraciones y medios acordes al escenario actual, dado que España es ya el país de la UE al que más migrantes llegan a través del Mediterráneo.
La rectificación de Moncloa era obligada. Como lo es que las ONG dejen de actuar de un modo que, en última instancia, hace el caldo gordo a las mafias que trafican con seres humanos, un execrable negocio que ya mueve más dinero que la droga. Sólo desde la responsabilidad de todos los actores implicados se puede afrontar el desafío migratorio de un modo ordenado y que no siga engordando al monstruo del populismo xenófobo en Europa.
¿Ya no son xenófobos los que pedían la regulación de la inmigración, presidente?
ESdiario 10 Agosto 2018
Por mera propaganda personal, Sánchez ha extendido el rechazo al inmigrante en la calle. Ahora sí resulta sospechoso el fichaje de su mujer para trabajar con África.
El Gobierno de España se ha encargado en las últimas horas de recalcar que los 87 inmigrantes del barco Open Arms atracado ya en Algeciras no tendrán el mismo trato que los arribados hace unas semanas en el Aquarius, pese a que su estado y procedencia son similares.
La insistencia en ese mensaje, días después del violento asalto a la valla de Ceuta, refleja la evidencia de que ningún país, y especialmente España por su situación geográfica, puede asumir un flujo migratorio descontrolado, al margen de su capacidad, de las normas europeas y de los recursos existentes.
Que es, precisamente, lo que dijeron tanto el líder del PP, Pablo Casado, cuanto el de Ciudadanos, Albert Rivera; para ser presentados a continuación como una especie de radicales de ultraderecha, desalmados y xenófobos. ¿Significa eso, pues, que el presidente y su Ejecutivo merecen de repente esa misma definición?
Obviamente, ni los partidos de la oposición ni Sánchez son racistas ni carecen de los principios ni de la humanidad inherentes a cualquier persona corriente: nadie es ajeno al drama de muchos de esos inmigrantes y a todo el mundo le gustaría poder acogerlos sin cupos para ofrecerles una vida a la altura de sus expectativas. La cuestión es que eso es imposible y las opciones son negar esa evidencia y generar un problema mayor -en la zona de Algeciras ya existe- o asumirla y gestionarla con eficacia.
La bipolaridad de Sánchez
Sánchez ha intentado las dos cosas a la vez, para parecer un presidente distinto en función del foro al que se dirigía. A la vez que se concedía una campaña de autobombo con el Aquarius, respaldaba al presidente francés Macron en su iniciativa de construir 'campos de refugiados' donde alojar y clasificar a los migrantes. Y al mismo tiempo en que intentaba presentar a sus rivales como unos majaderos racistas, emitía el mensaje internacional de que no habría más Aquarius.
Con todo ello, el Gobierno ha empeorado un problema ya preexistente, incitando un 'efecto llamada' inasumible para el litoral andaluz y las ciudades autónomas en el norte de África; irritando a Marruecos; preocupando al resto de Europa y, en definitiva, sacrificando el sentido común y de Estado por la enésima acción propagandística en beneficio propio.
La inmigración es el gran reto de la Europa presente. Y encontrar la fórmula para combinar con eficacia las tareas de auxilio humanitario, cooperación internacional en origen (sospechosamente el nuevo encargo de la esposa de Sánchez, Begoña Gómez), concesión de asilo y control del flujo descontrolado; la clave para que una oportunidad no se transforme en una pesadilla.
Es de lo más sospechoso que el mensaje de cooperación en África coincida con el fichaje de la esposa de Sánchez para una tarea similar
Nada de eso ha hecho Sánchez en su enésimo viaje promocional, provocando un fenómeno que antes o no existía o no se proclamaba con la claridad con que ahora se hace: la inmigración se percibe ya socialmente como un problema y el rechazo crece en la calle de manera abrumadora, como prueban los sondeos oficiales al respecto.
Él sí estimula el radicalismo
Por querer pasar por el más concienciado y pretender que sus contrincantes sean etiquetados por todo lo contrario, Sánchez ha estimulado, él sí, una reacción contraria en buena parte de la sociedad española y alimentado un fuego que ya prende en toda Europa en favor del recelo al de fuera. Un gran balance, presidente.
Algeciras no puede ser Lampedusa
La Razon 10 Agosto 2018
Los 87 inmigrantes del barco Open Arms, en el que viajaban también doce menores, ya están en Algeciras. Todos ellos tendrán el mismo tratamiento que habrían recibido si hubieran llegado a nuestras costas en patera o por otra vía ilegal. Esto es, podrán pedir asilo pero serán devueltos a sus países de origen si se demuestra que se trata de migrantes económicos. No hace ni dos meses, el 17 de junio, el Gobierno concedió un permiso de entrada extraordinario de 45 días de duración por motivos humanitarios a los 629 que atracaron en Valencia a bordo del «Aquarius». ¿Dónde ha quedado aquel trato especial? ¿Qué ha sucedido para que las circunstancias hayan cambiado tanto? La respuesta es que se ha impuesto el sentido común. Nadie duda de las buenas intenciones que llevaron al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a aceptar el «Aquarius», pero todo apunta a que el líder socialista ya ha tenido tiempo para comprobar en carne propia lo que es la «realpolitik». O, lo que es lo mismo, que gobernar es sinónimo de la asunción de decisiones difíciles, incluso incómodas y de difícil venta ante la opinión pública, pero imprescindibles si de lo que se trata es de gestionar el país con cabeza y responsabilidad en el marco europeo de legalidad que es al que se debe España.
A estas alturas, parece claro que se ha producido un efecto llamada tras la llegada al poder de Sánchez vía moción de censura. Sus anuncios sobre el restablecimiento de la sanidad universal o el fin de las concertinas en las vallas de Ceuta y Melilla, por poner sólo dos ejemplos, tuvieron un impacto entre la población subsahariana cuyo resultado seguimos viendo en nuestras costas. Los «papeles para todos» se antojan una quimera que sólo alimenta las mafias y frustra a aquellos que sólo desean una vida mejor y acaban en el peor de los casos en el fondo del Mediterráneo.
A buen seguro que este fin de semana Pedro Sánchez hablará largo y tendido con la canciller alemana, Angela Merkel, en el encuentro que ambos mantendrán en Doñana. Deben hacerlo porque los enormes desafíos a los que se enfrenta la Unión Europea pasan necesariamente por la gestión de la inmigración y esto sólo se podrá abordar de manera sostenible cuando la estrategia sea común. La solidaridad, ese valor que sirvió de amalgama para la constitución del club europeo, ha de guiar los pasos a seguir, una circunstancia que también se circunscribe a España. El Gobierno tiene el deber de garantizar que el peso de esta crisis se comparte entre las distintas comunidades autónomas. Algeciras no puede ser la nueva Lampedusa. El problema es de todos porque todos compartimos patria y nadie puede ponerse de perfil en un asunto de semejante envergadura. Tenía razón ayer el vicepresidente de la Junta de Andalucía, Manuel Jiménez Barrios, cuando se quejaba de que la última Conferencia Sectorial de Migraciones celebrada el lunes en Madrid no arregló nada. En el primer semestre del año han llegado a las costas andaluzas 3.700 menores y la carga del esfuerzo se ha circunscrito a las distintas administraciones de esa comunidad autónoma.
El Gobierno tiene pues el deber de ponerse manos a la obra para atajar una problemática que no va a desaparecer por muchos barcos que acoja. Más bien al contrario. Es necesaria la adopción de una política integral que combine la defensa de nuestras fronteras con el respeto por la dignidad y la vida humanas. Si nos empeñamos en no colaborar con los países de origen de los migrantes, si continuamos ignorando las llamadas de auxilio de Marruecos, estaremos perpetuando unas circunstancias que pueden provocar cambios quizá irreversibles en nuestro país como ha ocurrido en otras naciones europeas.
La Gaceta 10 Agosto 2018
PSOE (XIII) La legitimidad / El diablo en París / Masonería (II)
Pío Moa Gaceta.es 10 Agosto 2018
La huelga revolucionaria de 1917 estaba planteada para derribar la monarquía al modo como se derrumbó al zarismo en Rusia. La intentaron los revolucionarios, y particularmente el PSOE, como vimos, con la convicción de que el régimen estaba muy débil, pese a que las circunstancias diferían mucho de Rusia. Allí un régimen autocrático, aunque en proceso de liberalización, se veía acosado por una guerra desastrosa, mantenida en favor de los intereses de Francia e Inglaterra mucho más que los de Rusia. En España, el régimen era claramente liberal y en buena medida democrático, y había sabido esquivar la guerra europea. No obstante, su debilidad era cierta, y de no contar en aquel momento con un hombre del temple de Dato, es casi seguro que hubiera sucumbido. Esa debilidad de manifestó en su incapacidad para contrarrestar la inmediata campaña de propaganda orquestada por los derrotados, que llevó a sustituir a Dato por García Prieto, modelo de la mediocridad prevaleciente en el régimen, permitió al PSOE llegar a las Cortes, y a los demás realizar sin problemas su agitación y propaganda desde las instituciones y fuera de ellas. Así, la derrota, en lugar de hundirlos, los legitimó.
Pero la raíz profunda de la debilidad de la Restauración era una debilidad psicológica nacida de una sensación de ilegitimidad. Pese a la catastrófica experiencia de la I República, los republicanos se sentían legitimados por su “europeísmo”, que en su tradición se asimilaba a la imitación de Francia. Los separatistas, por el concepto abierto o implícito, de constituir una “raza superior”, que debía separarse del resto (Arana) o dirigir, es decir, dominar y explotar, al resto del país (Prat de la Riba, Cambó). Frente a unos y otros, la Restauración carecía de valedores intelectuales (Menéndez Pelayo, pese a su evolución liberal, era ignorado, simplemente por los nuevos, los regeneracionistas a cuya cabeza emergía Ortega y Gasset, muy inferiores a él como pensadores políticos e históricos); y la derrota del 98, aunque sin efectos prácticos inmediatos, había sumido al régimen en una sensación de ineptitud y precaria legitimidad, sustituida por cierto cinismo práctico, también entre sus propios políticos.
El ataque más profundo y radical a la legitimidad del régimen procedía de anarquistas y socialistas. Esencialmente, el marxismo predicaba que a lo largo de la historia y desde un supuesto comunismo primitivo, todas las sociedades se basaban en la explotación de la mayoría por alguna minoría, que utilizaba el estado como aparato de violencia para asegurar su dominio, y a la religión como instrumento para aquietar con ilusiones ultraterrenas los ánimos de los explotados. Ello era producto, en parte principal, de la escasez de recursos debido a insuficiencia técnica, pero el propio desarrollo “capitalista” estaba superando esa escasez, haciendo posible una sociedad igualitaria, comunista, sin explotación del hombre por el hombre. Ello suponía dos cosas: la ilegitimación de un régimen que mantenía la explotación y las desigualdades sociales, y una doctrina implícita o explícita de guerra civil contra el régimen explotador.
Estas doctrinas, por su sencillez y aparente coherencia, seducían a muchos intelectuales y no encontraron una refutación clara de los políticos ni de los escasos intelectuales del régimen, que se veían así radicalmente deslegitimados. Ortega, que nunca entendió el marxismo, elogió mucho al PSOE como factor de “modernidad”, Unamuno se hizo socialista y predicó la guerra civil por un tiempo, y casi todos los intelectuales mostraban un respeto reverencial hacia el PSOE, precisamente por su doctrina, por otra parte de rasgos asimilables al cristianismo: “los nada de hoy todo han de ser”, cantaba la Internacional: “los últimos serán los primeros”. Y no en un nebuloso “reino de los cielos, sino aquí, en la misma tierra. Desde la intentona revolucionaria de 1917, el régimen de la Restauración viviría aún casi seis años, pero en continua turbulencia
El problema de la legitimidad es crucial en el análisis del poder, lo he tratado en La guerra civil y los problemas de la democracia y otros, pero rara vez aparece de forma explícita en la historiografía corriente.
P. ¿Cómo puede ser interesante el diablo si no se cree en él?
–El diablo, a mi juicio, es la personificación imaginaria del mal. Sus representaciones tradicionales reúnen una serie de símbolos que aluden al poder tiránico, a una sexualidad pervertida, etc., algo parecido a las representaciones de la Quimera clásica. Esto lo ha estudiado convincentemente Paul Diel. Es una representación fantasiosa, pero que ha dado lugar a todo un folklore y un arte, a una cultura. Indudablemente se trata de un tema muy interesante.
P. Pero si no se cree en su existencia tendrá el mismo interés que los fantasmas, como instrumentos arbitrarios para provocar terrores infantiles.
–Sí, pero no. El diablo como tal no existe, pero el Mal sí. Y una vez se ha recubierto con los símbolos mencionados, alguien puede llegar a verlo “realmente”. Como una especie de alucinación, si se quiere, pero… En Adiós a un tiempo, titulo el relato “El hombre que quizá vio al diablo”: ese “quizá” es algo irónico, pero también implica una posibilidad: el hombre que vio una encarnación del mal. Claro que hay cierto desajuste, porque el diablo tendría que aparecer como un personaje enormemente poderoso, mientras que lo que él vio serían “pobres diablos”, pero seguramente se refería a que por debajo de la superficie de la sociedad bulle el mal en forma clandestina… También me impresionó mi encuentro con él, al caer la tarde bajo las gárgolas de la Tour Saint Jacques, de París, donde se reunían los peregrinos a Santiago… Por cierto que el Camino de Santiago podría dar lugar, con un poco de imaginación y por sus rasgos misteriosos, a algo de esa literatura que Julián Marías echaba en falta sobre la España de la Reconquista. Pero, bueno, las conversaciones con aquella persona, o con el curioso peruano que afirmaba haber visitado en sueños la tumba de Durero y charlado con él, indican un mundo extraño y sugestivo, también peligroso para la salud mental.
La Masonería o Francmasonería, cuyos miembros se autodenominan “hijos de la Luz”, se ha considerado tradicionalmente una sociedad secreta, entrar en la cual exige un rito de iniciación. La palabra masonería alude a sociedades antiguas de albañiles o constructores de templos y otros edificios. Según parece, existían ya en tiempos de Roma y luego se adaptaron al cristianismo, conservando reminiscencias paganas. Tenían interés en guardar los secretos del oficio, que envolvían en esoterismos y ritos más o menos pintorescos. Los masones se declaran procedentes de esas sociedades, cosa posible aunque no del todo probada, y aquí poco relevante, porque la masonería actual comienza en el siglo XVIII, con un período de formación a finales del XVII en Escocia e Inglaterra, y por influjo y orientación de personajes ajenos a la albañilería. A esta nueva masonería suele llamársela especulativa para distinguirla de la anterior u operativa, y puso especial atención en integrar a personas influyentes, como políticos, militares, magistrados e intelectuales diversos. De hecho ha sido la sociedad de su tipo más exitosa de la historia y el interés por ella se debe precisamente a su influencia política y social, exagerada o no, pero indudable en los últimos dos siglos.
Sobre la masonería han corrido mil rumores, siendo difícil, de primeras, distinguir lo verdadero y lo falso en ellos. Procederemos, pues, a partir de la ignorancia, resumiendo algunas opiniones. Los propios masones se presentan como miembros de una orden, fraternidad o sociedad filantrópica, respetuosa con el poder público y las religiones, ceñida a labores humanitarias y caritativas en pro de los derechos humanos, la libertad y la razón. Así lo acepta el estudioso jesuita Ferrer Benimeli. La aversión antimasónica de algunos poderes obedecería a que estos defienden el despotismo, la superstición y la ignorancia. Otros estudiosos la han tenido por una empresa diabólica, y así lo ha razonado el historiador Ricardo de la Cierva, entre otros. Para el general Franco, la masonería “no representaba la lucha franca, que incluso el marxismo ha presentado muchas veces: era la lucha sorda, la maquinación satánica, el trabajar en la sombra, los centros y los clubs desde los cuales se dictaban las consignas (…). Sobre los Estados, sobre la vida propia de los gobiernos, existe un superestado: el superestado masónico” (Amanecer, Zaragoza, 12 de IX 75). También encontramos testimonios de ex masones que califican a la orden como una asociación de ingenuos algo estrafalarios. El propio Azaña, que entró en ella, alude con visible desdén a sus barrocas ceremonias. Por su parte, el intelectual italiano Benedetto Croce resumió así su juicio: “Escucho las jactancias de esa institución sobre su grande y saludable eficacia; escucho las atroces acusaciones que le lanzan sus adversarios (…) Y me inclino a creer que jactancias y acusaciones son por igual exageradas (…) Pero conozco la mentalidad masónica (…) y veo en ella un serio peligro para la cultura italiana (…) Abstractismo y simplismo (…) Simplifica todo: la historia, que es complicada, la filosofía, que es difícil, la ciencia, que no se presta a conclusiones precisas, la moral, que es rica en inquietudes y contrastes. Pasa triunfalmente sobre todas esas cosas en nombre de la razón, de la libertad, de la humanidad, de la fraternidad, de la tolerancia. Y con tales abstracciones pretende distinguir a golpe de ojo el bien del mal y clasifica hechos y hombres por signos externos y por fórmulas” Y califica su ideología de “pésima no solo intelectualmente sino también moralmente” (Cultura e vita morale, 1914, p. 162-3).
Hay, por tanto, opiniones para todos los gustos. Empecemos por examinar si se trata de una sociedad secreta o no. Este dato es crucial, porque una sociedad de tal índole persigue por su propia naturaleza fines ocultos, en función de los cuales aspira a manejar al resto de la gente sin que esta se percate. Frente a esta acusación, la masonería suele insistir en que no es secreta, sino solo discreta, al igual que cualquier otra sociedad o club. Para dilucidar la cuestión, lo mejor es recurrir a sus propios rituales, que permanecieron mucho tiempo sin estar escritos y nunca lo fueron en España antes de que Ricardo de la Cierva los tradujera del inglés en su libro El triple secreto de la Masonería”, de gran valor documental. De la Cierva lo plantea como crítica desde el catolicismo, pero aquí me limitaré a hacer una exposición descriptiva.
OKDIARIO 10 Agosto 2018
Intimidación, coacción y agresión como dinámica constante. Tres elementos que definen los albores de cualquier régimen opresor pasado o presente. La Generalitat del xenófobo Quim Torra está fomentando tal clima de enfrentamiento y persecución en Cataluña que la región comienza a parecerse a una dictadura de facto. Este mismo jueves, el secretario de Sociedad Civil Catalana (SCC) en Lérida, Oriol Casanova, ha recibido “una bofetada con la mano abierta” en plena calle. Lo peor del ataque, no obstante, más allá del evidente daño físico, es la amenaza que ha venido después, cuando el agresor le ha advertido de que tenga cuidado porque “más gente sabe quién es y lo que hace”. Este hecho resume a la perfección el contexto extremo que tienen que soportar los constitucionalistas en Cataluña.
El propio juez del Tribunal Supremo Pablo Llarena ha sido acosado sin tregua por la kale borroka catalana, los CDR. Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, víctima de su propia autocomplacencia, no se cansa de reivindicar el éxito inexistente de su “operación diálogo” con los independentistas. Palabras y concesiones que sólo han servido para inflamar los ánimos de los que desprecian la legalidad vigente así como espolear las acciones violentas de sus tropas de asalto. Individuos capaces de acosar a un magistrado, agredir al miembro de una asociación cívica o, incluso, de atacar a los turistas que dejan dinero y prosperidad en la comunidad autónoma.
No es baladí, por tanto, ni mucho menos, que el Gobierno vuelva a aumentar la presencia de guardias civiles y policías nacionales en Cataluña. Es necesario no sólo por la presencia del jefe del Estado el próximo 17 de agosto en Cataluña con motivo de los actos conmemorativos por los atentados de Barcelona y Cambrils, sino por la inseguridad que amenaza la vida de todas aquellas personas que desean vivir en paz y con arreglo a la ley. Postulados ambos que, por contrarios a la manera de actuar de los golpistas, constituyen una amenaza para ellos y que, por tanto, persiguen con dureza. Pedro Sánchez no puede seguir mirando hacia otro lado ante el riesgo más que evidente de que la comunidad autónoma acabe convirtiéndose en una tiranía bananera. Es el momento de que el “no es no” se lo diga a Torra… si se atreve a gobernar de una vez, claro.
Santiago Navajas Libertad Digital 10 Agosto 2018
JOSÉ RAMÓN BAUZÁ El Mundo 10 Agosto 2018
Hace unos días trascendió el famoso lost in translation de Baltasar Picornell. Les cuento: tras la tradicional recepción del Rey a las autoridades de las Islas durante el periodo estival, el presidente del Parlamento balear afirmó que Don Felipe le había dicho que estaba "dispuesto a tender puentes" e "intermediar entre las partes" de la crisis catalana. Después de estar a punto de crear un conflicto nacional sin precedentes por atribuir al Monarca competencias que le son ajenas, Picornell tuvo que excusarse utilizando para ello la justificación más escandalosa que he escuchado en años: que como no sabe expresarse correctamente en castellano, se puso nervioso y mezcló las palabras.
A su vez, en ese ansia insaciable por acabar con todo aquello que recuerde a España y a los valores que representa, la presidenta Francina Armengol reclama "abrir un debate sobre la monarquía" tras mantener una reunión con el Rey apenas unas horas antes que Picornell.
Se ha convertido en imperativo ya, cuando hasta nuestras principales autoridades se vanaglorian de no saber el idioma común que tenemos con el resto de españoles y quieren "plantear debates" para acabar con nuestras instituciones, que los partidos políticos constitucionalistas hagan de Baleares su prioridad y sean conscientes de que aún estamos a tiempo de hacer que las islas no sean el siguiente capítulo de la lucha de España contra su autodestrucción. Y es que algunos estaremos siempre enfrente del nacionalismo a cada paso que dé, pero no podemos estar permanentemente solos predicando en el desierto excepto cuando la lucha es electoralmente rentable.
La evasiva del Gobierno a las víctimas que piden las actas de negociación con ETA: “Tomamos nota”
María Jamardo okdiario 10 Agosto 2018
Las víctimas del terrorismo solicitaron por burofax el pasado 12 de julio al Centro del Memorial de las Víctimas que hiciese públicas las actas de negociación de José Luis Rodríguez Zapatero con la banda terrorista ETA.
La institución pública que preside Pedro Sánchez tras su llegada a Moncloa respondió el pasado miércoles, tras el envío de un segundo burofax, con un escueto “Tomamos nota”, que las víctimas consideran “ofensivo”.
El documento al que ha tenido acceso OKDIARIO contesta en tres líneas a las peticiones trasladadas por la asociación presidida por José Antonio Alcaraz en su reclamación.
‘Voces contra el terrorismo’ insiste en que el Gobierno ponga en conocimiento de la opinión pública el contenido de las actas de negociación con la banda terrorista ETA a las que Sánchez, en su condición de Presidente del patronato de la Fundación que gestiona el Centro del Memorial, tendría acceso.
La asociación insta a las actuaciones necesarias para su obtención, recuperación y custodia y que se acuse recibo de la petición efectuada, convenientemente digitalizada.
Negociación de Zapatero
La petición iba referida a las conversaciones mantenidas por el Gobierno de España en época de José Luis Rodríguez Zapatero con ETA y Herri Batasuna y supervisadas por los observadores internacionales designados por el Centro Henry Dunant (HDCentre) de Ginebra (Suiza), del que el socialista Javier Solana es presidente honorífico.
Según las víctimas, el Ejecutivo pretende seguir ocultando a la opinión pública española el contenido de las concesiones efectuadas para la disolución de la banda armada.
Las víctimas recuerdan que “es obligación del Gobierno tener las actas” porque “la negociación fue en nombre del Estado y es su deber guardarlas y reclamarlas a quien también las guarda” en alusión al Centro Henry Dunant (HDCentre) . Este centro “dice haber mediado como árbitro en la resolución del conflicto y que por lo tanto custodia los documentos de los acuerdos”, añaden.
El acercamiento de presos etarras a cárceles vascas fue una de las medidas pactadas por Sánchez con Iñigo Urkullu a cambio del apoyo del PNV en la moción de censura.
“Aunque en el pacto con el nacionalismo vasco está el acelerar el acercamiento, el origen real es el pacto con ETA“, consideran las víctimas.
El delegado del Gobierno en el País Vasco, Jesús Loza, admitió este miércoles que se realizarán varios acercamientos de presos a cárceles vascas durante el verano.
Un atentado pendiente de investigar y olvidado
Gabriel Moris Libertad Digital 10 Agosto 2018
He de confesar que el tiempo que dedico a escribir me gustaría que versara sobre temas muy distintos al que me ocupa habitualmente. Desgraciadamente, no me puedo permitir ese lujo.
Antes de que los terroristas y sus cómplices nos llevaran a ser víctimas del terrorismo, nuestras ocupaciones eran sobre temas lúdicos o sobre asuntos que redundaran en bien de la sociedad, de la que nos sentimos parte. Nuestro escenario vital ha quedado más limitado, máxime cuando ni el Estado ni las víctimas en general parecen tener intención ni urgencia en aclarar y hacer justicia con el mayor atentado terrorista de Europa en el siglo XXI.
En los tiempos que corren, las noticias que no proceden de la clase política o de la iniciativa de los medios de comunicación que la parasitan o que viven en simbiosis con ella no existen. ¿Alguien habla hoy de los Atentados de los Trenes de Cercanías? Rara vez. Ni las asociaciones, ni las propias víctimas, entre las que me incluyo, tenemos una " hoja de ruta" para no olvidar lo inolvidable.
Si comparamos los temas que se abordan, por su importancia, por su gravedad o por la repercusión de los mismos en nuestra vida individual o colectiva, creo que el 11-M debe ocupar uno de los lugares más relevantes de este siglo. En cambio, casi todos los medios se ocupan de temas pretéritos o presentes que ni por su relevancia o por su interés general, deberían ser portada en ningún medio libre y medianamente serio. Obviamente, no hay regla sin excepción.
Recientemente, se habla mucho de temas relacionados con el terrorismo: acercamiento de presos, salida de terroristas sin cumplir condenas de miles de años, cientos de atentados etarras pendientes de investigación. En el primer aniversario de los atentados de Barcelona y Cambrils aparecen informaciones varias que, lejos de tranquilizar a la opinión pública, crean sospechas fundadas sobre la mala utilización del caso, incluidas las víctimas. El 11-M parece engullido por la "desmemoria histórica". No creo necesario recordar algunas cosas sobre este atentado que cambió la faz de España: aprovechamiento político del mismo creando el denominado "cordón sanitario", que nadie ha explicado qué es, ni qué finalidad tiene, ni a qué partido o partidos se aplica y por cuánto tiempo. Los partidos de nuevo cuño no sabemos cómo se sitúan ni qué piensan del 11-M. Ninguno muestra el más mínimo interés por aclararlo. Creo que podemos pensar, sin miedo a equivocarnos, que este atentado dejó de ser un caladero de votos nada más pasar el domingo 14-03-2004.En cambio, deja patente la irresponsabilidad total de nuestra clase política ante el mayor atentado terrorista de Europa. Ningún país de la Unión Europea, ni EEUU por supuesto, han sido tan negligentes en la investigación y en el tratamiento de un atentado de esta magnitud. Resulta, al menos, sospechoso que un atentado de tal magnitud haya generado un consenso total en las tres Instituciones del Estado y en la clase política con representación parlamentaria. No es menos cierta la afirmación de que poco o nada sabemos sobre la verdad real de lo ocurrido. Permítanme rectificar: sabemos que las explosiones afectaron a cuatro trenes, que perdimos a 192 personas e hirieron oficialmente a 1.850 ( 2.042 víctimas directas), que desguazaron los trenes contraviniendo la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que no conocemos a los autores intelectuales, que sólo cumplen condena un autor material y dos colaboradores necesarios, que a las víctimas nos dividieron y así seguimos, que todos los recursos sobre el tema fueron archivados y una juez fue apartada de la judicatura. En una ocasión, la presidenta del Foro de Ermua preguntó al presidente del Tribunal del 11-M: ¿ Cuando vamos a saber quiénes fueron los autores intelectuales del 11-M? La respuesta fue algo así como que "España no estaba aún preparada para conocer toda la verdad".
A cinco años de la prescripción de los delitos, creo que ha llegado el momento de investigar a fondo el atentado y no olvidarlo ni un solo día. La vida de España, como nación, depende en parte de ello.

References: Real Decreto 
 Artículo 3
 artículo 10
 artículo 3
 real decreto 
 resolución