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Timestamp: 2017-09-22 06:04:04+00:00

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Reclamación de la legítima - Despacho de abogados en Barcelona ⋆ Garanley Abogados
Las herencias son uno de los puntos más complicados a la hora de presentarse un fallecimiento, ya que se entra a un proceso de sucesión en el que todas las pertenencias que se encontraban a nombre del fallecido entran a un proceso de repartición entre los familiares y las personas que se determinen si se tiene un testamento escrito y notariado para este efecto.
Dentro de las particiones que se hacen en cualquier herencia, existe una parte intocable denominada la legítima, ya que esta parte se debe repartir en la forma que lo exige la ley entre los herederos forzosos, que son un grupo de personas que determina la ley de acuerdo al grado de consanguinidad y de afinidad.
¿Qué es y para qué sirve la “legítima”?
Cuantía de la “legítima” en función del territorio
Los legitimarios en la herencia
La desheredación: concepto y novedades jurisprudenciales
Qué es la desheredación
Consecuencias de la desheredación
¿Es posible desheredar a un hijo en España? La legítima y sus excepciones
La “legítima” es la porción de la herencia de la que el testador no puede disponer libremente, por estar reservada a los herederos forzosos.
Imaginemos que una tableta de chocolate representa el conjunto del caudal hereditario (los bienes que conforman la herencia). A continuación, dividimos la tableta en tres partes idénticas. Pues bien, uno de esos trozos debe repartirse por igual entre los herederos forzosos. El testador, además y salvo excepciones contadas, debe cumplir dicha obligación legal.
Las otras dos porciones de la tableta de chocolate son el “tercio de mejora” y el de “libre disposición”. El primero puede emplearse para beneficiar especialmente a algún descendiente, indicándose este extremo de manera expresa en el testamento. Si no se señalara nada al respecto, dicha parte se destinaría a incrementar la legítima en otro tercio. Únicamente con la parte de “libre disposición” el testador puede proceder con absoluta libertad.
La cuantía de la “legítima” varía en función de la comunidad autónoma en la que residamos, así como del número y tipo de herederos. De esta forma, pueden distinguirse tres clases: legítima de hijos y descendientes, legítima de cónyuge viudo y legítima de padres y ascendientes.
Para el derecho común (Código Civil), la “legítima de hijos y descendientes” equivale a las dos terceras partes de los bienes de la herencia, salvo que el “tercio de mejora” se destine a beneficiar a uno de ellos en particular.
La “legítima de padres y ascendientes” está conformada por la mitad del caudal hereditario, salvo que concurra cónyuge viudo. Si existe esta circunstancia sería de un tercio. El Código Civil establece que, en caso de existir descendientes del heredero, los padres o ascendientes quedarían sin ningún tipo de derecho.
En último término, pueden darse tres casos en lo relativo a la “legítima de cónyuge viudo”:
Usufructo de un tercio si concurren hijos o descendientes.
La mitad si concurren padres o ascendientes.
Dos tercios si no existen ni descendientes ni ascendientes.
Todas estas cantidades son las establecidas en el Código Civil, que opera con carácter supletorio en los territorios en los que existen leyes forales, como Navarra, Bizkaia, etc. o legislación propia como es el caso de Cataluña.
En cualquier caso y si, por las razones que sean estamos pensando en la posibilidad de desheredar a un descendiente, los despachos de abogados especializados nos orientan en la mejor dirección.
Los herederos forzosos, son a los que les corresponde al porcentaje de la herencia denominado la legítima, siendo estos los dueños de esta fracción de los bienes del fallecido y será repartido de acuerdo a lo que la ley determine de acuerdo a lo que el legislador dicte para cada caso.
Los herederos forzosos son los descendientes, ascendientes y cónyuge de la persona que fallece, en el orden en que son nombrados, este orden es importante ya que la ley prioriza de acuerdo a la existencia de estos, constituyéndose así la forma más sencilla y sin problemas legales de repartir una herencia. Los herederos forzosos tienen derechos de acuerdo a su parentesco y su orden de la siguiente manera:
Los descendientes son los primeros en la lista de repartición de la legítima, siendo dos terceras partes del total de esta repartido entre los hijos, de acuerdo a las especificaciones expresas del testador o si no existiera este tipo de testamento, se entregará por partes iguales a todos los hijos legítimos de quien fallece.
Si no hay descendientes, los ascendientes son los que tienen el derecho a esta fracción de la sucesión, siendo el monto para ellos igual a la mitad del valor total de la legítima, repartido en partes iguales a cada uno de los padres, y si sólo existe uno de los padres, tendrá derecho a un tercio del total.
El cónyuge tiene derecho al usufructo de un porcentaje de la propiedad, es decir a seguir viviendo y disfrutando de las ganancias de algún negocio o de la vivienda, este porcentaje es de la mitad si hay ascendientes, y si hay descendientes este porcentaje se reduce a un tercio.
Son legitimarios en el derecho español: los hijos y descendientes respecto de sus padres y ascendientes. A falta de hijos y descendientes, son legitimarios los hijos y descendientes respecto de sus padres y ascendientes. Y el cónyuge viudo, cuya legítima es siempre en usufructo y varía por está condicionada a los legitimarios con quienes concurra.
Centrándonos en la legislación catalana, el Código Civil determina que son legitimarios: los hijos respecto a su causante. Si éstos hubiesen premuerto al causante son legitimarios, por derecho de representación, sus descendientes.
En defecto de todos éstos, la ley catalana atribuye la condición de legitimarios a los progenitores del causante, si bien no tendrán derecho a legítima para el caso de que los hijos del causante existieran y hubiesen sido desheredados por justa causa o bien declarados indignos para suceder.
La desheredación es un acto jurídico, por el que se priva a un heredero forzoso de la legítima que le corresponde legalmente. Debe realizarse a través de testamento y fundamentarse en algunas de las causas establecidas en el Código Civil. En un par de sentencias recientes, el Tribunal Supremo ha incluido el maltrato psicológico en esa lista de motivos.
Los procesos hereditarios, en ocasiones, terminan rompiendo las familias aparentemente más unidas. Quizás hayas oído la historia de un hombre, Alberto (nombre falso), que engañó y maltrató psicológicamente a su madre, Flora (nombre falso), para que ésta le donara todos sus inmuebles. Flora terminó retirándole la legítima en el testamento, para dejar todo su patrimonio a otra hija. La anciana falleció meses después, pero jamás llegó a conocer si su voluntad se cumplió finalmente. Alberto pleiteó y la Audiencia Provincial de Castelló le devolvió la legítima. Sin embargo, una sentencia del Tribunal Supremo de enero de 2015 revocó dicha resolución, respaldando así los deseos de la madre.
De esta forma, el Alto Tribunal equiparó el maltrato psicológico al físico como causa de desheredación, reinterpretando lo establecido en el artículo 853.2 del Código Civil. El Tribunal Supremo tuvo en cuenta la relación entre madre e hijo (éste arrebató dolosamente los bienes de la anciana y la dejó sin ingresos con los que hacer frente a la etapa final de su vida). Según la sentencia, “el hombre maltrató psíquicamente y de manera permanente e intensa a su madre desde el 31 de diciembre de 2003, fecha en la que le arrebató su patrimonio, hasta que la misma falleció el 12 de abril de 2009, sin intención alguna de devolvérselo, más bien al contrario”.
Esta resolución del Supremo, no obstante, no fue la primera en marcar este rumbo jurisprudencial. En junio de 2014, el mismo tribunal dio al traste con las pretensiones de unos hijos de Málaga, que menospreciaron y abandonaron a su padre. Éste padeció una grave enfermedad durante siete años y, tras sufrir la desatención de sus vástagos, acabó retirándoles la legítima. Los hijos lucharon por lo que se suponía les correspondía, hasta que el Tribunal Supremo dio la razón, finalmente, al progenitor.
Esta jurisprudencia ha provocado un aumento de las consultas sobre desheredación en notarías y despachos de abogados. Sólo en 2014 ese incremento rondó el 18 por ciento. La casuística es compleja y, por ello, un bufete acreditado y de prestigio es la mejor garantía.
Seguro que ya lo sabes: el acto de desheredación priva a un heredero forzoso de su legítima. Debe realizarse por medio de testamento y en función de causas establecidas legalmente. Ten en cuenta que, si se omiten dichas premisas, los tribunales pueden anular el proceso.
Fuera de las causas reguladas expresamente por la ley no puede producirse, por tanto, la desheredación. Ese numerus clausus se halla recogido en el Código Civil. En concreto, el artículo 853 establece: “Serán también justas causas para desheredar a los hijos y descendientes, además de las señaladas en el artículo 756 con los números 2º, 3º, 5º y 6º, las siguientes: 1º Haber negado, sin motivo legítimo, los alimentos al padre o ascendiente que le deshereda. 2º Haberle maltratado de obra o injuriado gravemente de palabra”.
El tenor literal del artículo 756, por su parte, es el siguiente: “Son incapaces de suceder por causa de indignidad: …2º El que fuere condenado en juicio por haber atentado contra la vida del testador, de su cónyuge, descendientes o ascendientes. 3º El que hubiese acusado al testador de delito al que la ley señale pena no inferior a la de presidio o prisión mayor, cuando la acusación sea declarada calumniosa…5º El que con amenaza, fraude o violencia, obligare al testador a hacer testamento o a cambiarlo. 6º El que por iguales medios impidiere a otro hacer testamento, o revocar el que tuviese hecho, o suplantare, ocultare o alterare otro posterior.
Como puedes comprobar, estamos centrándonos en la desheredación a hijos y descendientes. Sin embargo, también es posible desheredar a un padre o ascendiente y al propio cónyuge. El Código Civil regula las causas para ambos supuestos.
Llegados a este punto conviene hacer una importante distinción. Al referirnos a los preceptos 853 y 756 del Código Civil, hablábamos de conceptos diferentes: desheredación en el primer caso e indignidad para suceder en el segundo. Ten presente que, mientras la primera requiere testamento y únicamente afecta a descendientes, ascendientes y cónyuges, la segunda puede hacerlo a cualquier persona y opera con o sin testamento. Además, la indignidad debe probarse en todo caso y la desheredación sólo cuando es contradicha.
Si el desheredado negase la causa alegada, los demás herederos podrían acreditar su certeza ante el juez. En estos casos sólo son válidos los legados y disposiciones testamentarias efectuadas al margen de las legítimas.
La consecuencia fundamental de la figura es que el desheredado queda privado de su legítima y de participar en el caudal. Si en vida del testador éste hubiera donado algún bien al desheredado, la acción se consideraría absolutamente válida y resultaría imposible su revocación, salvo que la causa de desheredación fuera también motivo de la revocación de la donación.
Puede que te preguntes qué ocurriría si se produjera, a posteriori, una reconciliación entre testador y desheredado. Pues bien, en tal caso la desheredación quedaría sin efecto.
Otra cuestión que genera muchas dudas es la situación en la que quedan los hijos del desheredado. La legítima de aquél se transmite directamente a éstos, quienes mantienen a su favor los derechos que originariamente pertenecían al primero. Es decir, los vástagos conservan su estatus de herederos forzosos.
La desheredación, en definitiva, está más en el candelero que nunca, debido a las últimas novedades jurisprudenciales. El Tribunal Supremo ha optado por interpretar flexiblemente el precepto 853.2 del Código Civil, considerando el maltrato psicológico como una modalidad más del maltrato de obra. Se rompe, de esta manera, la rígida aplicación que del artículo se hacía hasta el momento.
La figura jurídica de la “legítima” impide que los padres puedan desheredar legalmente a los hijos en nuestro país, al menos en los territorios en los que rige el derecho común. Sin embargo, muchos sectores abogan por la supresión de esta institución decimonónica.
Desde el inicio de los tiempos, al ser humano le ha preocupado sobremanera la brevedad de la vida, su desenlace y la situación de desamparo en la que quedan los familiares más allegados al finado. Ya el derecho romano abordó tímidamente la institución jurídica de la “legítima”, consolidada por el derecho germánico e instaurada definitivamente en el Código Civil español de 1889. Ahora, este instrumento que obstaculiza la libertad absoluta a la hora de testar está más en cuestión que nunca y en algunas comunidades autónomas se ha rebajado o tiene un carácter meramente simbólico.
Como principio general, en nuestro país no es legal desheredar a un hijo, ya que es uno de los herederos forzosos que la ley señala como beneficiarios de la “legítima”. Así lo contempla el artículo 807 del Código Civil:
Sólo en casos excepcionales es posible desheredar legalmente a un hijo en España. Por ejemplo, cabría esa posibilidad cuando se demostrase que el vástago ha intentado matar a los progenitores, cuando existieran problemas de explotación o prostitución, negación de alimentos etc.). No obstante, si el legitimario a quien se pretende desheredar tiene descendientes, la “legítima” pasaría automáticamente a éstos.
Cuestión distinta son las legislaciones de determinadas comunidades autónomas. En Navarra, por ejemplo, es legal desheredar a cualquier descendiente (es posible privar de la herencia a los hijos). En aquella comunidad foral, además, los ascendientes no son legitimarios y el cónyuge viudo o la pareja de hecho se benefician de un usufructo universal.
¿Anacronismo?
En agosto de 2015 entrará en vigor un nuevo Reglamento Europeo de Sucesiones. Esta norma introducirá cambios trascendentales en el derecho legitimario del Viejo Continente. Se posibilitará la elección de la ley de sucesiones del estado de la Unión Europea que más interese al ciudadano, siempre que éste haya residido en el mismo.
Aprovechando la llegada de estos cambios que se avecinan, algunos sectores profesionales, notarios y expertos jurídicos han solicitado al Gobierno y a la Comisión de Justicia del Congreso de los Diputados la supresión de la figura jurídica de la “legítima”, una institución considerada anacrónica por muchos y un obstáculo a la libertad del testador.
La realidad social actual no es la misma que la del siglo XIX, momento en el que esta institución jurídica fue recogida en nuestro derecho. En aquellos tiempos, la esperanza de vida apenas superaba los cincuenta años y todos los miembros de la familia permanecían unidos férreamente. Padres e hijos contribuían al patrimonio familiar común y la “legítima” tenía pleno sentido en aquel contexto.
Aunque aún conserva partidarios, parece evidente que esta figura está en crisis y cada vez más detractores se unen en su contra. La anhelada libertad absoluta de testamento gana enteros entre los profesionales y juristas de nuestro país. De salir adelante sus propuestas, las cosas cambiarían sustancialmente y, entonces sí, sería posible desheredar legalmente a un hijo en todo el territorio nacional.
Los partidarios de la “legítima”, por su parte, argumentan razones de protección de la familia y de la consanguinidad. Sin embargo, parece inevitable el fin de esta obligación en el derecho español, en pro de una mayor libertad del testador a la hora de nombrar a sus herederos.

References: artículo 853
 resolución 
 artículo 853
 artículo 756
 artículo 756
 artículo 807