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Timestamp: 2019-07-21 23:15:02+00:00

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La diplomacia española ante la guerra de las Malvinas.¿Una ...
von Javi Correa (Autor)
Studienarbeit 2013 45 Seiten
2.1 Guerra de las Malvinas. La diplomacia española frente al conflicto
2.2. La encrucijada de la política exterior española
2.2.1 Política del régimen franquista
2.2.2 La política exterior en la transición
2.3 ¿Una ambigüedad calculada?
5.1 Resolución 2065 (XX) de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Cuestión de las Islas Malvinas (Falkland Islands)
5.2 Consejo de Seguridad de la ONU, Resolución Nº 502[1] 26
5.3 2070 (XX). Cuestión de Gibraltar
5.4 Resolución 3160 (XXVIII) de la Asamblea General
5.5 Mapa del Archipiélago de las Islas Malvinas
5.6 RESOLUCIÓN Nº 2.231 DE LA XXI ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS
5.7 Comparecencia del señor Ministro de Asuntos Exteriores (Pérez-Llorca) el martes 11 de mayo de 1982 ante el Congreso de los diputados.
El objetivo de este trabajo es determinar si la postura adoptada por la diplomacia española, caracterizada por su ambigüedad, ante la Guerra de las Malvinas (1982) fue producto de una estrategia calculada o por el contrario fue producto de la incapacidad de elaborar una respuesta por parte del gobierno español, como es generalmente admitido.
Para conseguir este objetivo se abordará: en primer lugar un acercamiento a la Guerra de las Malvinas, especificando cual fue la postura española en los organismos internacionales con respecto a esta; en segundo lugar la situación en que se encontraba la política exterior española en esos momentos, por lo que también se desarrollará: los ejes o prioridades de la política exterior franquista y de la política exterior de transición. Por último se relacionará los datos expuestos para poder llegar a una conclusión pertinente que permita responder a la pregunta planteada.
Durante la búsqueda de información se han consultado fuentes primarias, como comparecencias del ministro de Asuntos Exteriores español, y fuentes secundarias, entre ellas, numerosos libros de especialistas en el tema, por ejemplo, como Esther Barbé o Carlos Moneta, entre otros.
La conclusión final que alcanzamos tras el proceso de investigación es que hay indicios suficientes para creer que la diplomacia española optó por una solución ambigua, no siendo esto producto de una incapacidad. La síntesis momentánea, producto de la transición, que vivían la política exterior franquista y la política exterior de la transición española hacia la democracia, sugería que la ambigüedad fuese la solución menos perjudicial para los intereses del gobierno español. Sin embargo la falta de documentación existente, como los documentos propios de la deliberación entre ministros del gobierno español, que a día de hoy en España siguen siendo secretos, impide afirmar con total seguridad categórica que tal acción del gobierno fuera premeditada.
Número de palabras. 296.
El objetivo de este trabajo es determinar si la postura adoptada por la diplomacia española, ante la Guerra de las Malvinas (1982), caracterizada por su ambigüedad, fue producto de una estrategia calculada o por el contrario fue producto de la incapacidad por parte del gobierno español de elaborar una respuesta, como es generalmente admitido.1
Las Islas Malvinas2, archipiélago situado en el Atlántico Sur a 464 kilómetros3 de la costa de Argentina, han sido reclamadas desde el siglo XIX por Argentina a los británicos. El problema se remonta a la época de las independencias iberoamericanas con respecto a España. A partir de la pérdida de su soberanía en manos británicas (8/01/1833), la recuperación de estas islas paso a ser una de las prioridades en la política exterior argentina.
La disputa por las Malvinas fue y sigue siendo de gran importancia para Argentina, llevando la reclamación de la soberanía a diferentes organismos internacionales, entre los que destaca la ONU, con el fin de obtener algún avance en sus reclamaciones. Una resolución importante para los argentinos fue la resolución de la ONU 2065 (XX)4, aprobada el 16 de diciembre de 1965 por 94 votos a favor, entre ellos el español, y en la que se reconoce la “disputa por la soberanía5 de las Islas Malvinas. Otro ejemplo, también con apoyo español, es la Resolución 3160 (XXVIII)6 del 14 de diciembre de 1973 declarando la necesidad de que se “aclaren”7 (sic) las negociaciones.
La diplomacia española ha apoyado, como en los casos anteriores, las tesis argentinas en los distintos organismos al ver una gran similitud entre la posición argentina y la suya propia con respecto al contencioso de Gibraltar.8.
Sin embargo, la reivindicación de la soberanía no fue siempre mediante vías pacíficas. Así, el día dos de abril de 1982 la Junta Militar Argentina, en pleno ocaso 9, invadió las Islas10.
La guerra se sitúa cronológicamente en el ecuador de la transición española11 (1975-1986). Exactamente, la ocupación de las Islas se produce bajo el gobierno de Leopoldo Calvo Sotelo12 (UCD)13 quién dotó de gran importancia a la política exterior, teniendo como principal objetivo la entrada en la OTAN. La joven democracia tenía como objetivos la incardinación del país en el bloque occidental, con la entrada a la CEE o la adhesión a la OTAN.
Son varios los factores que dotan de importancia al tema de estudio: analizar si la ambigüedad en la respuesta española fue calculada puede ayudar a entender una parte de la transición respecto a la política exterior, y cómo se enfrentó la joven democracia cuando dos políticas exteriores propias de un país, una antigua y una moderna se cruzan en un conflicto bélico ante el que España se ve obligada a responder. Hay que destacar también que los dos beligerantes eran de un interés especial para España, uno muy unido culturalmente con estrechos lazos, y otro necesario para la “occidentalización” española, además de ser un conflicto de características similares al que sufría España con Gibraltar.
También destaca por la escasez de estudios sobre la posición española ante la guerra. Además ninguno de estos estudios se cuestiona acerca de una premeditación en la respuesta dada por España.
Al mismo tiempo hay unos motivos personales que me han llevado al estudio del tema. Durante el estudio de la asignatura de Historia en el Bachillerato Internacional y más concretamente al abordar la guerra de las Malvinas, resulté sorprendido al ver que la posición española no era de apoyo total a Argentina, como yo esperaba. El tema me interesó también debido a que parte de mis familiares viven en Argentina.
Esta investigación resultó ser un estudio fascinante, un estudio que no pretende ser una crónica de la guerra, ni una enumeración de hechos sin más, sino un análisis que estudie el contexto de la postura española para encontrar una explicación pertinente.
El dos de abril de 1982 las tropas argentinas invadieron las Islas Malvinas14. Aunque no hubo declaración de guerra por parte de ningún beligerante se considera este como el comienzo de la Guerra de las Malvinas.
Ese mismo día Reino Unido anunció la ruptura de las relaciones diplomáticas con Argentina y el envío de tropas con el objetivo de recuperar las islas. Las tropas partieron el 5 de abril y el 1 y 2 de mayo atacaron distintos puertos de las Islas Malvinas. El conflicto, que se decantó hacia el lado británico, continúo hasta que el 14 de junio se firmó el alto el fuego entre ambos países, el coste humano se acercaba a 6500.15
Como ya hemos visto, la diplomacia española ha apoyado a Argentina en sus propuestas para la recuperación de la soberanía de las Malvinas por su similitud con Gibraltar. Sin embargo se abre en estos momentos un nuevo interrogante sobre cuál será la actitud de la diplomacia española, en plena metamorfosis, ante la ocupación de las islas Malvinas por parte de tropas argentinas.
La posición de España respecto al conflicto se hizo pública en una nota oficial emitida el mismo día de la invasión, el dos de abril de 1982. En la nota condenaba el uso de la fuerza y el colonialismo. Esta condena al colonialismo fue interpretada como una muestra de apoyo moral a Argentina, en parte por la similitud con el tema Gibraltar, ya comentado. España pareció dar pinceladas de apoyo a uno y otro bando, dejando ver una posición ambigua. España con esta nota logró no posicionarse claramente en ningún bando16.
España adoptó una posición diferente a la mantenida anteriormente con respecto al contencioso pero también respecto a su entorno geopolítico17, es decir a los países europeos pertenecientes a la CEE y la OTAN que apoyaban a Gran Bretaña.
Esta falta de claridad en el posicionamiento español se reflejó en los distintos foros internacionales. Uno de ellos fue el Consejo de Seguridad de la ONU del que España era miembro no permanente (1981 – 1982), por lo que fue el centro de las miradas, siendo imposible obviar el tema. El día 3 de abril de 1982 el Consejo de Seguridad18 votó la resolución 502 del Consejo de Seguridad de la ONU. En esta resolución se pedía el cese de las hostilidades, la retirada de las tropas argentinas y una solución que fuera alcanzada por la vía diplomática.19 La abstención de España20 reflejó su postura. Los representantes argentinos, presentes en la reunión,21 se sorprendieron con esta abstención ya que esperaban que España votara en contra.22
Esta abstención se repitió, por ejemplo, en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, el miércoles 5 de Mayo de 198223, donde únicamente se solicitaba el cese de las hostilidades24
El ministro español de Asuntos Exteriores, Pérez-Llorca, explicó su abstención el martes 11 de mayo de 1982 ante el Congreso de los Diputados25 como “técnica habitual para marcar su actitud”26 y afirmando lo siguiente: “Debe quedar claro- y así quiero reiterarlo- que en el Consejo de Seguridad un voto de abstención no implica en ningún caso ni inhibición, ni indefinición, ni imprecisión en nuestra toma de posición.”27.
El presidente del gobierno español, Leopoldo Calvo Sotelo, al igual que su ministro de Asuntos Exteriores, intentó, el día 4 de abril en unas declaraciones en Algeciras, defender la postura mantenida por el gobierno y alegó respecto al contencioso de las Malvinas que era un conflicto “Distinto y distante”28.
Aun así, la mayoría de los partidos políticos del momento29 y la opinión pública30 coincidieron en la idea de que la postura española, ambigua e imprecisa, era debida a su pertenencia a la OTAN, y sobre todo a la nueva situación del contencioso de Gibraltar.
Es en este contexto en el que se produce el envió por parte del Rey de España de una carta a la ONU (5 de mayo de 1982) pidiendo una solución no bélica y ofreciéndose como mediador31.
La postura española ante la Guerra de las Malvinas no fue la misma que la que se podía haber esperado como consecuencia del apoyo español mostrado en las resoluciones de la ONU de la década de 1960, vistas anteriormente. Esto pudo deberse a los numerosos cambios que vivía España fruto de la transición política. Estas transformaciones también fueron notables en la política exterior. Si entendemos los cambios, podremos acercarnos a entender la ambigüedad de la postura española. Para entender la política exterior española de transición, citando a Esther Barbé: “lo mejor es comenzar recordando 1os rasgos distintivos de la política exterior de los gobiernos del franquismo”. 32
Las semejanzas33 a un régimen fascista34 y el posicionamiento del régimen franquista (1939-1975) con los países derrotados en la Segunda Guerra Mundial35 tuvo como consecuencia, una situación de aislamiento internacional tras la derrota de los sistemas fascistas en la contienda.
Por tanto el principal eje de la política exterior franquista36 será acabar con el aislamiento internacional. También destacan en la política exterior franquista los intentos de mejorar la presencia española en los países árabes y los esfuerzos por mantenerlos especiales lazos con los países iberoamericanos.37
El intento español de acabar con el aislamiento se concretó con el acercamiento al Vaticano y a Estados Unidos en 1953 con la firma del Concordato con la Santa Sede y los acuerdos bilaterales de defensa38 con Estados Unidos respectivamente.
Respecto a los países árabes la buena relación existente se vio favorecida por el no reconocimiento de España al Estado de Israel.
En cuanto a los países iberoamericanos, destaca la relación con Argentina, uno de los pocos países que no rompió relaciones diplomáticas con España al finalizar la Segunda Guerra Mundial39. Es más el gobierno argentino de Perón otorgó al régimen de Franco asistencia económica entre los años 1946 y 194940. Así, el régimen franquista mantuvo, durante cerca de 40 años de existencia, relaciones de carácter especial41 tanto en el terreno económico42 como en el político43 con la República Argentina.
Además de estos frentes, hay otro determinante en la política exterior española44 desde comienzos del siglo XVIII: la recuperación de la soberanía de Gibraltar. Durante el régimen franquista el avance fue nulo debido a que Gran Bretaña señalaba el carácter dictatorial del régimen como un motivo para mantener la soberanía.45 El mayor avance para España se produjo en 1965 con la resolución de la Asamblea General de la ONU, en concreto la 2070(XX)46 la cual invitaba a España y a Gran Bretaña a iniciar conversaciones47. España también vio favorable que la ONU mencionase a Gibraltar como territorio a descolonizar en su resolución 2231 (XXI) del 20 de diciembre de 1966 en la que dice: “y pide a la Potencia administradora que acelere sin ningún obstáculo, y en consulta con el Gobierno de España, la descolonización de Gibraltar”.48
El contencioso de Gibraltar influyó en diversos ámbitos de la política exterior, como en las relaciones internacionales, en especial, con Argentina que reclamaba la soberanía de las Islas Malvinas. Durante años, como se ha comentado anteriormente, Argentina ha tratado de recuperar la soberanía de las islas a través de organismos internacionales y ha contado hasta 1982 con un claro apoyo español en las resoluciones, por ejemplo, en la Resolución 2065 (XX)49 el 16 de diciembre de 1965.
2.2.2 La política exterior en la transición.
La política exterior será uno de los pilares más importantes en la política de transición. La joven democracia española buscó para su afianzamiento similitudes con las democracias europeas, por lo que España consideró fundamental la adhesión a las organizaciones de las cuales eran miembros.50 Se podría decir que los nuevos ejes en la política exterior española aparecen como resultado del intento español de “occidentalizarse”.
Uno de los ejes importantes durante la nueva política exterior fue el deseo de adhesión a la CEE. La “vocación europea”, presente a lo largo de todo el siglo XX, se reflejó en los intentos españoles de adherirse a la organización, lo que se conseguirá en 1986.
Durante el régimen franquista se realizaron los primeros intentos para su entrada, si bien, la existencia de una dictadura impedía la adhesión.
La adhesión a la CEE fue uno de los ejes centrales de la política exterior española en la joven democracia y en la política española desde las elecciones de junio de 1977 en las que ganó UCD, hasta su entrada en 198651. La entrada a esta organización, tenía un amplio respaldo y consenso tanto por parte de la clase política de la transición, como de la población española.
Los cambios se intensifican con Calvo Sotelo. Este presidente va a dar mayor importancia a la política exterior52, rompiendo en algunos casos líneas de identidad de la política exterior española. Citando a José Mario Armero: “Durante la presidencia de Leopoldo Calvo Sotelo la política exterior española registró un claro cambio de rumbo. Se hizo más precisa y claramente occidental, abandonado cualquier vertiente tercermundista.”53
Durante las negociaciones para la entrada de la CEE, Calvo Sotelo, al igual que los demás presidentes de transición que intentaron la adhesión de España a la organización europea, promocionará a España como un nexo fuerte con América Latina.54 Este puente entre ambos continentes, la Comunidad Económica Europea lo vio como algo específico español.
No sucedió igual con la adhesión a la OTAN, lo que provocó la primera gran ruptura del consenso existente durante la transición.55
Los deseos de adherirse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte aparecieron en los primeros gobiernos de la monarquía56, produciéndose la adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se completó el día 29 de mayo de 1982 durante el gobierno de Calvo Sotelo57.
La adhesión a la OTAN era importante en muchos aspectos: la necesidad de “occidentalizar” a las Fuerzas Armadas, ya que después de la intentona golpista del 23 de febrero de 198158 se pensaba que esta adhesión podría evitar nuevos intentos golpistas59.Calvo Sotelo esperaba también que la entrada en un organismo de estas características consolidara la democracia. Otro motivo fue la interdependencia, que al adherirse se intensifica,60 que ya sufría España con algunos miembros de la OTAN.61 Destaca entre estas interdependencias la sufrida por EEUU, con el cual renueva los tratados con Estados Unidos iniciados durante el franquismo, exactamente en 1953.62 El nuevo “Convenio de Amistad Defensa y Cooperación” fue firmado el 2 de Julio de 1982. La renovación de estos acuerdos quedo eclipsada por la entrada en la OTAN, ya que la adhesión a la Organización del Tratado del Atlántico Norte suponía un cambio en el status español de amigo a aliado.63
Por lo general, la importancia de los nuevos ejes fue tal, que empequeñeció a algunos de los antiguos ejes franquistas. El cambio más significativo fue la sustitución de su anterior modelo en las relaciones con los países árabes por un nuevo objetivo de universalizar las relaciones diplomáticas, llegando a iniciar conversaciones diplomáticas con Israel y poniendo en peligro la presencia de España en Oriente Medio.
A pesar de estos nuevos ejes aparecidos durante la transición se mantuvieron algunos antiguos. El primero de ellos, las relaciones con los países de Iberoamérica siguió siendo un pilar clave claro en la política exterior española de transición, hasta tal punto, que para conseguir nuevos objetivos como entrar en la CEE, se usó como promoción este fuerte nexo64 como hemos explicado anteriormente .
El contencioso de Gibraltar tomó en la transición tanta importancia65 como los nuevos ejes de la política exterior. Durante la transición el optimismo de los gobiernos españoles, e incluso de la opinión pública española, por la recuperación del Peñón se puede entender por el inicio de conversaciones de Gran Bretaña por Gibraltar. Estas conversaciones consiguieron desembocar en la declaración de Lisboa, el 10 de abril de 1980, en la cual ambas partes se comprometen a buscarle una solución pacífica al conflicto.66
El tema de Gibraltar influyó en otros campos de la política exterior, por ejemplo, es uno de los motivos por el cual España se incorporó en la OTAN67, de hecho, el ministro de Asuntos Exteriores español, Pérez-Llorca en octubre de 1982, llegó a afirmar que en caso de no obtener beneficios sobre la recuperación de Gibraltar, abandonaría la organización.68
En este cruce de políticas exteriores, la Guerra de las Malvinas se sitúa en el clímax de la síntesis que vivían ambas, es decir en plena transición de la política exterior. Fue en la guerra de las Malvinas de 1982 cuando las dos políticas exteriores, la del régimen franquista y la de la democracia, chocan.
El choque es más intenso si se menciona que en los nuevos ejes de la política exterior (OTAN, CEE…) y en los que se mantienen (Gibraltar) desempeña un papel fundamental Gran Bretaña, implicada en la guerra. También desempeña un papel fundamental Argentina, principal protagonista en la política exterior española en Hispanoamérica y con un conflicto homólogo al de España con Gibraltar. Así en la guerra de las Malvinas se produce un doble choque, por un lado se enfrentan las políticas exteriores fruto de una transición política, por el otro chocan los intereses de dos países, ambos fundamentales para los intereses españoles en unas remotas islas del Atlántico Sur.
Muchos son los historiadores que han interpretado a lo largo de los años la postura española como consecuencia de una incapacidad para resolver el problema que la Guerra de las Malvinas planteaba. Citando a Celestino Arenal: “parecía una solución salomónica, reconociendo la reivindicación argentina sobre las Malvinas, pero deplorando al mismo tiempo el uso de la fuerza, reconociendo la necesidad de salvaguardar los legítimos derechos e intereses de los habitantes de las islas y abogando por la negociación y la solución pacífica”.69
Como hemos visto antes, La ambigüedad española en el conflicto fue constante. Condenando el uso de la fuerza iniciada por Argentina, pero no apoyando ninguna resolución que solicitara el cese de las hostilidades.
Al explicar el ministro de Asuntos Exteriores español su abstención en el Consejo de Seguridad, como se ha explicado con anterioridad, parecía querer convencer a los españoles de que el cambio en el posicionamiento español no era debido a ninguna incapacidad política. Aun así, los partidos políticos del momento70 y la opinión pública71 coincidieron en la idea de una postura española ambigua e imprecisa frente al conflicto. Parece difícil pensar otra cosa, pues esa era la cara que mostraba el gobierno español a los ciudadanos, la imposibilidad de acceder a los documentos de la deliberación entre ministros dificulta el conocimiento de la verdadera voluntad del gobierno.
A diferencia de lo que entendía el presidente del gobierno español, el contencioso de Gibraltar no fue tan distinto del que mantenía Gran Bretaña en el Atlántico Sur, es más, las conversaciones fijadas para el 20 de abril de 1982 por el Peñón de Gibraltar quedaron suspendidas por el comienzo de la guerra, lo que es una muestra de que el conflicto por las Malvinas no era tan distinto del de Gibraltar. No fue tampoco distante, trasladándose el conflicto a Gibraltar con la llamada Operación Algeciras.
La Operación Algeciras consistió en una misión secreta encomendada por la Junta militar argentina al almirante Anaya. La misión consistía en enviar un comando a Gibraltar y hundir un barco de guerra británico. Al final, a la espera de un blanco “rentable”, la policía española les detuvo casualmente en San Roque (situado en Cádiz, próximo a Gibraltar). El presidente del gobierno español ordenó que se embarcaran en un vuelo a Buenos Aires. El comportamiento del gobierno español de no informar a las autoridades internacionales pero tampoco de dejar cumplir la misión al comando, puede ser un ejemplo a pequeña escala de la postura española en la Guerra de las Malvinas.72
Sin embargo, la Operación Algeciras sigue siendo secreto de estado, y resulta muy difícil afirmar con seguridad la intención del gobierno en este aspecto. En este tema también posee analogías con la Guerra de las Malvinas, pues tampoco podemos estar seguros de la intención del gobierno español en su postura ya que, por ejemplo, las deliberaciones del Consejo de Ministro, siguen siendo a día de hoy secretas.
Después de analizar toda la información expuesta en el trabajo se responderá a la preguntada planteada: ¿Puede ser la respuesta del gobierno español ante el conflicto de las Malvinas, una ambigüedad calculada?
El conflicto se produjo en el momento en el que los nuevos ejes de la política exterior, OTAN y CEE, y los antiguos, relaciones con países iberoamericanos y Gibraltar, se encontraban más unidos que nunca, siendo imposible la elección de optar por una política exterior de preocupaciones similares a la del régimen franquista o por una similar a la de las democracias homólogas europeas. La joven democracia, al igual que su política exterior, se hallaba inmersa en una serie de cambios, que con el telón de fondo de la Guerra de las Malvinas, hacía casi imposible la elaboración de una salida con pocas repercusiones para España.
Sin embargo cabía la posibilidad de la ambigüedad calculada, pues se presentaba al gobierno español como una solución en la que no tenga que primar una política por encima de la otra.
Se comprende esta solución siempre que se tenga en cuenta la nueva importancia que tenían los antiguos ejes en la política exterior. La relación con los países latinoamericanos era más importante que nunca y estaba siendo usada para promocionar su entrada en la CEE y en la OTAN, la cual se produce en plena Guerra de las Malvinas (29 de mayo de 1982). En cuanto al contencioso de Gibraltar motivaba un estado de optimismo por el inicio de conversaciones y por la firma de la Declaración de Lisboa.
También se entiende la ambigüedad teniendo en cuenta los nuevos ejes necesarios para una occidentalización, es decir, acercar la democracia española a sus homólogas europeas.
Cuando estalla la guerra de las Malvinas, chocan ambas políticas. Se enfrenta Argentina, país hispanoamericano con el que España mantenía una buena excelente relación y con un conflicto similar al de Gibraltar, y Gran Bretaña, perteneciente a las organizaciones multinacionales económicas, políticas y defensivas a las que España deseaba entrar.
Una solución ambigua, que no es lo mismo que una solución imprecisa, permitiría al gobierno de Calvo Sotelo no elegir posicionarse con ninguno de los beligerantes. Optar por apoyar a Argentina, siguiendo la línea de apoyo a los países iberoamericanos y apoyando un problema que poseía una gran similitud con Gibraltar, hubiera significado renunciar, o por lo menos retrasar, la entrada a la CEE y la OTAN. En cambio apoyar a Gran Bretaña mirando hacia la OTAN y hacia la CEE, hubiera significado abandonar la política hispanoamericana y no apoyar un contencioso con el que Gibraltar posee grandes similitudes.
En otras palabras, apostar durante el conflicto por alguno de los ejes hubiera significado el rechazo del otro. Esta encrucijada provocó que el gobierno español diera pinceladas de apoyo tanto a uno como a otro: condenando el colonialismo por un lado y condenando la fuerza por el otro.
2.3.1 Al finalizar el proceso de investigación y analizar los resultados obtenidos, concluimos sin una respuesta tajante, debido a la falta de documentación existente de carácter oficial, ante el problema que nos planteamos. Después de la búsqueda de información, todo nos hace pensar que al ser la ambigüedad la mejor solución para España, el gobierno de Calvo Sotelo, optaría por esta ambigüedad calculada. Sin embargo, la falta de documentos que verifiquen esta idea, debido a Ley 9/1968 del 5 de abril reguladora de los Secretos Oficiales, nos hace imposible afirmarla sin tapujos. Probablemente cuando se desvele la información confidencial, como las deliberaciones del Consejo de Ministros entre ministros, será posible asegurar sin ningún género de duda averiguar si la postura ambigua del gobierno español fue calculada o por el contrario fue fruto de la incapacidad del gobierno para resolver el problema que la guerra planteaba.
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5.2 Consejo de Seguridad de la ONU, Resolución Nº 502[1]
[3 de Abril de 1982]
Nueva York, 3 de abril de 1982.
Resolución 502 del Consejo de Seguridad.
[1] Votaron a favor Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Jordania, Togo, Uganda, Zaire, Guyana, Irlanda y Japón. En contra: Panamá. Se abstuvieron la Unión Soviética, China, Polonia y España.
Extraído de: http://constitucionweb.blogspot.com.es/2010/05/resolucion-n-50282-del-consejo-de.html
Habiendo examinado la cuestión de Gibraltar,
Habiendo estudiado los capítulos de los informes del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales relativo a Gibraltar,
Habiendo escuchado las declaraciones hechas en la Cuarta Comisión.
1. Invita a los Gobiernos de España y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte inicien sin demora las negociaciones previstas en el marco de los términos del acuerdo adoptado el 16 de octubre de 1964 por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales;
2. Pide a los dos Gobiernos a informar al Comité de Especial y de la Asamblea General, en su vigésimo primer período de sesiones, del resultado de las negociaciones.
Extraído de: http://www.gibnet.com/library/un2070.htm
Teniendo presentes los párrafos relacionados con esta cuestión contenidos en la Declaración Política aprobada por la Conferencia de Ministros de Relaciones Exteriores de los Países no Alineados, celebrada en Lima del 25 al 30 de agosto de 1975, y en la Declaración Política aprobada por la Quinta Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno de los Países no Alineados, celebrada en Colombo del 16 al 19 de agosto de 1976,
Teniendo en cuenta el capítulo del informe del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concerniente a las Islas Malvinas (Falkland) y, en particular, las conclusiones y recomendaciones del Comité Especial relativas a dicho Territorio,
1. Aprueba el capítulo del informe del Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales concerniente a las Islas Malvinas (Falkland) y, en particular, las conclusiones y recomendaciones del Comité Especial relativas a dicho Territorio;
3. Pide a los Gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que aceleren las negociaciones relativas a la disputa sobre soberanía, según se pide en las resoluciones 2065 (XX) y 3160 (XXVIII) de la Asamblea General;
85a. sesión plenaria, 1° de diciembre de 1976
Extraído de: http://munderecho.wordpress.com/2012/04/21/resolucion-3149-de-la-asamblea-general/#more-149
5.5 Mapa del Archipiélago de las Islas Malvinas.
Extraido de: http://www.google.es/imgres?imgurl=http://www.cescem.org.ar/malvinas/geografia/imagenes/malvinas/malvinas.gif&imgrefurl=http://www.cescem.org.ar/malvinas/geografia/malvinas.html&h=405&w=443&sz=23&tbnid=1QUj1QmSpDJacM:&tbnh=90&tbnw=98&prev=/search%3Fq%3DArchipielago%2Bde%2Blas%2BMalvinas%26tbm%3Disch%26tbo%3Du&zoom=1&q=Archipielago+de+las+Malvinas&usg=__LHlqI9ArKdqIfxen7vOEBr-NmcM=&docid=oc_OfpMjAQn8mM&hl=es&sa=X&ei=IVYRUYL7AqiR0QXMxIHgDA&ved=0CDgQ9QEwAQ&dur=692
Habiendo oído las declaraciones de la Potencia administradora y del representante de España,
Habiendo oído las declaraciones de los peticionarios,
Recordando su resolución 2070 (XX) de 16 de diciembre de 1965 y el consenso aprobado el 16 de octubre de 1964 por el Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales,
Recordando asimismo su resolución 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960,
Teniendo en cuenta la manifiesta disposición de la Potencia administradora y del Gobierno español para continuar las actuales negociaciones,
Deplorando que hayan ocurrido ciertos actos que han perjudicado la buena marcha de esas negociaciones,
1. Lamenta la demora en el proceso de descolonización y en la aplicación de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General a Gibraltar;
2. Invita a las dos partes a que continúen sus negociaciones, teniendo en cuenta los intereses de la población del Territorio, y pide a la Potencia administradora que acelere, sin ningún obstáculo y en consulta con el Gobierno de España, la descolonización de Gibraltar, y que informe al Comité Especial encargado de examinar la situación con respecto a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales lo antes posible y, en cualquier caso, antes del vigésimo segundo período de sesiones de la Asamblea General;
3. Pide al secretario General que preste su ayuda para la aplicación de la presente resolución.
1500ª. sesión plenaria
Extraído de: http://www.maec.es/es/MenuPpal/Actualidad/PublicacionesDGCE/Publicacionesnoperiodicas/Documents/012-Resoluci%C3%B3n%202231%20de%20NNUU%2020-12-1966.doc
Se abre la sesión a las doce y cinco minutos de la mañana.
El señor PRESIDENTE: Señores Diputados, vamos a comenzar la sesión de nuestra Comisión de Asuntos Exteriores. El Gobierno, a través del señor Ministro de Asuntos Exteriores, había manifestado su deseo de comparecer, tan pronto como el propio señor Ministro regresara de su viaje a los Estados Unidos y a Costa Rica, a la toma de posesión del nuevo Presidente de aquel país, ante la Comisión de Asuntos Exteriores para dar cumplida información del desenvolvimiento de la crisis en el Atlántico Sur. La Mesa de la Comisión de Asuntos Exteriores deliberó sobre el particular la semana pasada y, por unanimidad, transmitió al Presidente del Congreso el ruego de que se convocara esta sesión de la Comisión de Asuntos Exteriores, que se desarrollará de acuerdo con las pautas tradicionales de actuación de todas las sesiones informativas en el seno de nuestra propia Comisión. Una vez más, agradecemos al señor Ministro de Asuntos Exteriores su deferencia al venir a dar cumplida información de lo acontecido y de lo que está aconteciendo en torno a la crisis de las Malvinas. El señor Ministro de Asuntos Exteriores tiene la palabra.
El señor BALLESTEROS PULIDO: Pido la palabra para una cuestión de orden, señor Presidente.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor Ballesteros.
El señor BALLESTEROS PULIDO: Señor Presidente, el Grupo Parlamentario Comunista pidió hace ya un mes, en la Junta de Portavoces, una comparecencia del Gobierno para discutir en el Pleno del Congreso la situación internacional y la política exterior española. Esta petición fue aprobada por la Junta de Portavoces; no tuvo la oposición del Gobierno, que simplemente dijo que él fijaría la fecha. Con motivo del conflicto de las Malvinas, la semana pasada nuestro Grupo ha vuelto a pedir el debate en el Pleno del Congreso del tema de las Malvinas y las incidencias que tiene sobre la política exterior. Nosotros estamos esperando, al igual que otros Grupos y que la opinión pública, que se discutan en el Pleno las incidencias de la crisis de las Malvinas sobre la política exterior española, en una discusión en que los Grupos Parlamentarios no solamente puedan exponer sus ideas, sino que pueda haber resoluciones del Congreso de los Diputados. En esta espera, nos encontramos con la convocatoria de esta Comisión, con este debate, antes de tener contestación a la petición a la que me he referido. Nosotros queremos expresar nuestra sorpresa de que antes de tener contestación, de que antes de que se reúna la Junta de Portavoces para discutir ese asunto y ver si entra o no en el orden del día y cuándo entra, así como de conocer la disposición del Gobierno respecto a cuál es la actitud que tiene en el sentido de comparecer o no ante el Pleno del Congreso de los Diputados, nos encontramos con la convocatoria de esta Comisión, convocatoria que se ha celebrado sin consultar a la Junta de Portavoces (en lo que nosotros sabemos sin que se reúna la Mesa del Congreso de los Diputados); es decir, a nuestro juicio existe una cierta anomalía respecto a lo que es la práctica normal, la tradición en este Congreso en lo que se refiere a la convocatoria de Comisiones y, sobre todo, para discutir un tema de esta importancia Nosotros queremos expresar nuestra protesta por esta forma de actuar, y queremos también preguntar al señor Presidente de la Comisión –si es que lo conoce- cuándo se va a reunir el Pleno para discutir este tema con posibilidad de que los Grupos Parlamentarios puedan presentar mociones, pueda haber votaciones, y la política exterior del Gobierno sea sometida al control del Parlamento. Queremos pedir al señor Presidente que nos aclare el significado que tiene la convocatoria de esta Comisión, en la perspectiva de esas peticiones. Hay algunas mociones interesantes sobre este tema por parte de algunos Grupos y algunos Diputados, y le pedimos al señor Presidente que nos informe sobre qué significación tiene la convocatoria de esta Comisión en la perspectiva de esas peticiones. Al mismo tiempo -se me olvidaba-, quiero también significar que, evidentemente, por encima del resultado de la pregunta que yo he hecho al señor Presidente como cuestión de orden, un tema como este, prescindiendo de que se vea en Pleno -y nosotros pedimos también en esta Comisión que vaya a Pleno-, y por encima de que se discuta en esta Comisión, nosotros queremos expresar que un tema de esta importancia, en Comisión, no tiene mucho sentido que se empiece a ver a las doce y pico de la mañana; se podía haber empezado antes para tener más tiempo los Grupos Parlamentarios para exponer sus opiniones y, en todo caso, nosotros formalmente pedimos que no tengamos que actuar con precipitación en nuestras intervenciones y que pueda seguir en el curso de mañana por la mañana esta sesión para que todos los Diputados y Grupos Parlamentarios puedan expresar las opiniones que tengan y hacer las preguntas que estimen convenientes al señor Ministro.
El señor PRESIDENTE: Señor Ballesteros, en aras precisamente de que podamos tener el máximo de tiempo, vamos a acelerar la tramitación de estas cuestiones de procedimiento. Obviamente, esta Presidencia no es competente para la resolución de los problemas, ciertamente de interés y que yo recojo y transmitiré, naturalmente, al Presidente de la Cámara, respecto de la posibilidad de que se celebre un Pleno general sobre política exterior. Creo que el señor Ballesteros conoce perfectamente los cauces reglamentarios para que los distintos Grupos Parlamentarios formulen esos deseos y esas peticiones, y sabe también que es la Mesa del Congreso, con la Junta de Portavoces, los que tienen que dirimir y dictaminar, en su caso, la procedencia y la ubicación en el tiempo de esa posible sesión general, a la que, naturalmente, el Presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores es muy sensible y le resulta absolutamente aceptable la propuesta del señor Ballesteros. No obstante, a mí me parece que cumplimos todos con nuestro deber canalizando, con la mayor brevedad posible, el mayor número de información e informaciones por parte del Gobierno, y conociendo también los distintos pareceres de los Grupos Parlamentarios, para iniciar lo que entiendo que, efectivamente, es un debate importante de política internacional y que afecta hondamente a la política exterior de nuestro país. Pero se trata precisamente de eso; se trata de arbitrar los procedimientos más rápidos y más flexibles para que empecemos a trabajar, que, en definitiva, es lo que creo que nos compete a todos. Eso es lo que ha hecho esta Presidencia convocando inmediatamente a la Mesa de la Comisión para arbitrar, tan pronto como llegara el señor Ministro a Madrid, y en el plazo más breve de tiempo, una sesión de nuestra Comisión de Asuntos Exteriores que, como ya he tenido el gusto de manifestar al señor Ballesteros antes del inicio de la sesión, no hemos podido convocar antes de las doce porque también la tradición y la práctica de esta Cámara impide que los martes se celebren sesiones de Comisión antes de las doce, según me manifestó el propio Presidente del Congreso. De manera que hemos actuado a la mayor velocidad posible, convocando inmediatamente después de que llegara el señor Ministro a Madrid y en la hora inmediata, de acuerdo con la práctica reglamentaria, que son las doce de la mañana del martes. Obviamente, esta Presidencia está dispuesta a prolongar, y creo que el señor Ministro manifiesta también su deseo de permanecer con nosotros, el tiempo que sea necesario hasta agotar todas aquellas cuestiones y puntos de preocupación entiendo que legítimos y razonables- que puedan expresar todos y cada uno de los Grupos Parlamentarios. Si el señor Ballesteros le parece bien, creo que podríamos iniciar la sesión. El señor Ballesteros tiene la palabra .
El señor BALLESTEROS PULIDO: Yo le agradezco al señor Presidente las palabras que ha expresado, pero quiero decirle, con toda sinceridad, que esa celeridad a la que se ha referido S. S. es una celeridad, en este caso -permítame la palabra- sospechosa. Sospechosa cuando se está pendiente de una contestación para un debate en Pleno, debate en el que los Grupos Parlamenta rios puedan presentar mociones, pueda haber una toma de posición, con una votación en el Pleno del Congreso, y que, entonces, días antes, o quizás incluso horas antes, se precipite esta Comisión de Asuntos Exteriores, parece que es una táctica dilatoria y una táctica de confusión y, desde luego, los medios de comunicación de masas así han analizado la convocatoria de este Pleno de la Comisión. En este sentido, al mismo tiempo que agradezco la contestación del señor Presidente, yo quiero decirle con toda claridad que, desde luego, ni a mí me ha convencido ni tampoco -estoy segura la opinión pública ha convencido esa explicación.
El señor PRESIDENTE: Señor Ballesteros, no voy a entrar en polémicas, ni voy a hacer interpretaciones a los deseos que usted manifiesta t n su intervención, ni a los deseos de su Grupo Parlamentario, previamente comunicados a los medios de información. Naturalmente que podría también interpretar lo que es el punto de vista de usted. Lo respeto, lo recojo y lo traslado al Presidente de la Cámara. Creo que esta sesión en nada entorpece la posibilidad, eventual (si el propio Presidente y la Junta de Portavoces lo estimaran conveniente) de un debate general sobre política exterior que, desde luego, por parte de esta Presidencia contará siempre con nuestro punto de vista favorable para que se celebre, cuando el propio Presidente de la Cámara lo estime oportuno. Creo que -repito- lo que nos interesa ahora es entrar en el fondo de la cuestión lo antes posible y, en ese sentido, doy la palabra al señor Ministro de Asuntos Exteriores.
El señor MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES (Pérez-Llorca y Rodngo): Muchas gracias, señor Presidente, comparezco ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso para informar de la posición del Gobierno respecto del problema de las Malvinas. Una cuestión que ha preocupado profundamente desde el primer momento, y que seguirá preocupando hasta que sea posible llegar a una solución justa y duradera -sólo por tanto en una dirección- y pacífica, al mismo tiempo; solución que desde hace ya seis semanas venimos pidiendo y venimos tratando de lograr, tanto de las partes directamente envueltas en el conflicto, como ante los focos intencionales a los que España pertenece. Es esta una cuestión frente a la cual el Gobierno ha adoptado una posición sin vacilaciones ni ambigüedades, sobre la base de principios sólidos y bien establecidos, que inspiraron la declaración del 2 de abril y que han venido apoyando nuestra actitud constante y firme en este tema. Tan pronto como tuvo conocimiento el Gobierno del inicio del conflicto de las Malvinas en su fase actual, se hizo pública una declaración en la que tomaba posición de manera clara y precisa sobre este conflicto y sobre las consecuencias que en el ámbito internacional podían derivarse en el futuro. Esta toma de posición, que luego volveré a leer ante SS. SS., fue la primera reacción de los países iberoamericanos que hicieron pública su posición posteriormente, en líneas en ese momento muy similares a la adoptada por España. Esto fue así porque desde el primer momento el Gobierno tuvo conciencia de la gravedad del problema en cuanto a sus repercusiones internacionales y generales de todo orden. Porque el Gobierno conocía perfectamente la preocupación del pueblo español por lo que podía devenir un conflicto generalizado en tomo a la Malvinas, en cuanto a que afectaba directamente a un país iberoamericano. Porque el Gobierno tenía muy claros los principios que guiaban su acción exterior en esta materia; principios que están enumerados en el comunicado de 2 de abril al que daré lectura, aun a riesgo de reiteración, que fueron válidos entonces, lo siguen siendo ahora y han inspirado nuestra línea de actuación de manera decidida, firme y consecuente desde el primer momento de la crisis. El paso del tiempo ha venido a confirmar los temores que se hacían públicos aquel 2 de abril. El problema de las Malvinas ha dejado de ser un conflicto local, que se prestaba a dos interpretaciones divergentes, para convertirse en una posible confrontación generalizada entre dos pueblos. Dos pueblos que, con independencia de sus sistemas políticos, pertenecen al mismo mundo. Una confrontación que desde el principio ha desbordado el terreno de los intereses para inscribirse en la esfera de los sentimientos nacionales: sentimiento nacional en Argentina -sentimiento nacional de una reivindicación profundamente sentida e históricamente justa-, sentimiento de orgullo nacional en la Gran Bretaña. Conflicto que está causando un enorme daño a las relaciones de Europa con Iberoamérica, a pesar de los esfuerzos de España y que &lo puede beneficiarse, como - 5 - tal conflicto, a aquéllos que quieran sembrar la discordia dentro del mundo occidental. La gravedad de estos hechos y la clara conciencia que ya entonces se tuvo de estos peligros, aconsejaron una muy rápida toma de posición, como he dicho antes. La nota oficial que el Gobierno publicó la misma tarde del 2 de abril, después del Consejo de Ministros, era en ese sentido clara y terminante: «El Consejo de Ministros ha examinado con preocupación las informaciones sobre la situación creada en las Malvinas y estima necesario expresar públicamente su criterio en los términos siguientes: Primero. Es conocida y constante la posición española acerca del problema de fondo del archipiélago de las Malvinas, en el sentido de que su descolonización debe hacerse asegurando el restablecimiento de la integridad territorial argentina y la salvaguardia de los intereses y bienestar de la población en un proceso pacífico de negociación. Segundo. La prolongación, sin resolución real, de estas situaciones coloniales establecidas en contra de la integridad territorial de los países es una causa de tensiones que pueden llevar incluso a conflictos como el actual. Tercero. El Gobierno español ha sostenido ante las Naciones Unidas, de manera igualmente constante, su posición contraria al uso de la fuerza, como medio de resolver las controversias entre los países, abogando por la negociación y la solución pacífica de los conflictos intencionales. Cuarto. Ante la situación creada, el Gobierno español estima que deben mantenerse abiertos los cauces de solución pacífica del conflicto y reanudar la vía diplomática, en la que las Naciones Unidas y su Secretario general deben tener un papel relevante para resolver pacíficamente esta confrontación.» Quiero destacar que hoy, seis semanas después del comienzo de la crisis, se va perfilando en la Comunidad Internacional una opinión crecientemente mayoritaria que se configura precisamente en tomo a los principios defendidos, en su inicio, por el Gobierno español: necesidad de establecer un cese en las hostilidades, porque no es aceptable el uso de la fuerza, ni pueden justificarse las pérdidas de vidas humanas ni los sufrimientos que la violencia puede llevar consigo, incluso en la propia población de las Malvinas. Necesidad de negociar, porque no hay ninguna solución válida al margen de la vía diplomática y de la concertación pacífica de posiciones. Necesidad de resolver el tema de fondo sobre la base de las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas, si de verdad se quiere llegar a una solución justa, duradera y pacífica de este contenciosos que es un problema de descolonización. El mismo día de producirse la crisis, el Consejo de Seguridad fue convocado en sesión de urgencia, a petición del Reino Unido, y se aprobó una resolución en la que se pedía el inmediato cese delas hostilidades, la retirada inmediata de todas las fuerzas argentinas de las Malvinas y se hacía un llamamiento a los Gobiernos de Argentina y del Reino Unido para que buscasen una solución diplomática a sus diferencias, y se respetasen plenamente los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas. Se llegó muy pronto a esta resolución y con una celeridad inusitada en los debates del Consejo de Seguridad sobre asuntos similares. La delegación española intentó que se sometieran a votación conjunta la propuesta de resolución británica y la propuesta de resolución planteada por Panamá. La primera propuesta, la que antes he descrito, era una propuesta puramente procesal que no entraba en el fondo del asunto y abandonaba la doctrina de fondo de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la cuestión de las Malvinas. La resolución panameña se centraba casi exclusivamente en la doctrina de fondo de las Naciones Unidas sobre el problema de las Malvinas, y no centraba quizá suficientemente el problema concreto y actual que en ese momento se había producido. España quiso unir los dos proyectos de resolución, pero la actuación enormemente rápida del Consejo de Seguridad, inusitadamente rápida, en este caso, no lo hizo posible. Se votó sólo el proyecto de resolución británico; proyecto de resolución planteado en todos sus términos por una de las partes, y España no podía apoyar este proyecto de resolución. Y no podía hacerlo porque el proyecto británico estaba desequilibrado, como ya he dicho antes, al no contemplar los criterios de fondo que deben tomarse en cuenta siempre, indisolublemente unidos con las cuestiones luego surgidas para quien busque una verdadera solución del tema de las Malvinas. Se olvida la doctrina y las resoluciones aprobadas ya por las Naciones Unidas, resoluciones que España había votado siempre en favor, y que establecen que la descolonización de las Malvinas debe hacerse en negociaciones directas entre Argentina y el Reino Unido y sobre la base del reconocimiento de la integridad territorial de Argentina y la salvaguardia de los intereses de la población de la isla. La decisión adoptada por el Gobierno respecto a la resolución del Consejo de Seguridad era la que nos parecía conforme con nuestros intereses nacionales, con nuestra visión a largo plazo del problema. Debe quedar claro -y así quiero reiterarlo- que en el Consejo de Seguridad un voto de abstención no implica en ningún caso ni inhibición, ni indefinición, ni imprecisión en nuestra toma de posición. Siempre que un miembro no permanente de España, se abstiene, pretende decir algo muy concreto: es una forma de manifestar la falta de acuerdo con los términos de la resolución no contribuir a su adopción. En esta ocasión aquella resolución era incompleta, faltaban elementos que es necesario tener en cuenta indisolublemente en la solución del conflicto. Aunque los elementos que contenía en sí no eran incorrectos, faltaban elementos. Estaba amputada de toda la parte relativa a la situación colonial del territorio de las Malvinas, que es un elemento indispensable para analizar el origen del conflicto y que necesaria- mente debió integrarse en toda propuesta de reso- lución. Una resolución sin esta referencia es una resolución incompleta, como he dicho antes. El proyecto de resolución presentado por el Reino Unido no era, por tanto, posible para España votarlo favorablemente, y de esta manera clara se dejó constancia expresa por medio de la abstención, técnica habitual en los miembros no permanentes para marcar su actitud, puesto que la adopción de una decisión por parte del Consejo de Seguridad requiere, en cualquier caso, que se llegue el quórum de los nueve votos, y sólo tiene un sentido jurídico-formal en el caso de los países que tienen derecho de veto. La crisis empezó a trasladarse a otros organismos internacionales. El Reino Unido solicitó la reunión y el apoyo de las instancias europeas para buscar apoyo político y diplomático. Argentina empezó a hacerlo también con la Organización de Estados Americanos y con el Tratado de Río. El 2 de abril, los Ministros de Asuntos Exteriores de la Comunidad Europea, reunidos en el marco de la cooperación política, adoptaron en Bruselas una declaración que, en síntesis, condenaba la intervención armada argentina, hacía un llamamiento a la Argentina para que retirara sus tropas, e instaba a ambas partes a la búsqueda de una solución diplomática absteniéndose del uso de la fuerza El día 9 de abril, al término de una reunión extraordinariamente del Comité Político de los «diez», se emitió una declaración en la cual se respaldaba la condena comunitaria en su declaración del 2 de abril de la flagrante violación, a juicio de la Comunidad, del Derecho Internacional que representaba la acción armada argentina, se expresaba la profunda preocupación por la crisis, que podía poner en peligro, también según los firmantes de esta declaración, la paz y la seguridad a la aplicación efectiva e inmediata de la resolución 502 del Consejo de Seguridad, se tomaban una serie de medidas -y esto es lo más importante para relatar aquí- contra la Argentina, incluido u n embargo sobre las exportaciones de armas y equipos militares, y la prohibición de todas las importaciones de la Argentina, cuyo detalle se decidió en una reunión del Comité de Representantes Permanentes el 14 de abril. Se pedía la asociación de otros Gobiernos a las decisiones comunitarias y, muy concretamente, a las decisiones de embargo económico. Esta posición comunitaria se nos comunicó inmediatamente, se nos comunicó inmediatamente la petición de asociación de España a esa decisión de embargo económico, y tan inmediatamente como se recibió la solicitud se transmitió la posición española contraria a asociarse a esa decisión europea, entendiendo que se trataba de un grave error político de la Comunidad, que no había valorado suficientemente la profundidad de la reivindicación nacional argentina, incluso de la posición continental iberoamericana sobre el tema de las Malvinas. Esa posición contraria a la asociación de España a las medidas de la Comunidad Europea se transmitió, y entiendo que desde ese momento empezó la Comunidad a comprender suficientemente que la posición española era una posición no sólo más atenida a la justicia y a la profundidad del conflicto, sino, posiblemente, mas importante para los intereses europeos a largo plazo. El 20 de abril, por Último, el nuevo secretario del Foreign Ofice se reunió con los Ministros de Asuntos Exteriores de los «diem, y se firmó un nuevo comunicado de apoyo a la Gran Bretaña. El Parlamente0 Europeo, en el que no estamos representados, adoptó el 22 de abril una resolución de apoyo de las tesis británicas, insistiendo en el embargo económico con destino a Argentina. También se consideró el tema en otros foros iberoamericanos y en el Consejo de Europa. El 7 de abril, en el Consejo de Europa el Comité de Ministros de dicha Organización, a nivel de representantes permanentes, se reunió en Estrasburgo para tratar el tema de las Malvinas. La delegación española expuso ampliamente la posición española y, frente a un proyecto de resolución también británico, expuso las razones por las cuales no podía apoyar un proyecto de declaración que desde la solidaridad exclusiva con la Gran Bretaña repetía los temas centrándose en la resolución 502 del Consejo de Seguridad, que para nosotros es una resolución incompleta. El proyecto fue adoptado con la abstención de España. Esta decisión era coherente con los principios enunciados por el Gobierno y coincidía plenamente con la posición adoptada por nuestra delegación en las Naciones Unidas. España declaró ante el Consejo de Europa que estaba y está, y ha quedado perfectamente claro, contra el uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Pero también tiene que defender la necesidad de encontrar para el problema de las Malvinas una solución satisfactoria que reconozca los derechos de Argentina sobre el territorio, a la vez que resuelva el tema de la población, a la que hay que garantizar plenamente sus derechos individuales y sus legítimos intereses. Así hemos defendido también en ese foro, con claridad y firmeza, una línea de acción, que puede no ser coincidente, o puede, sobre todo, no haber sido coincidente en ese momento con la de otros países europeos, pero que, en todo caso, hade ser la nuestra, y ha sido adoptada como una posición política independiente, que responde a las coordenadas que definen nuestra acción exterior, de la mejor defensa de nuestros intereses nacionales, concebidos de una manera amplia, profunda y a largo plazo. La cuestión se llevó a algún otro foro intenacional, la Organización de Estados Americanos y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. En la OEA se intentó crear una Comisión de mediación, a propuesta colombiana; este primer intento fracasó, y poniendo, incluso en aquel momento, de manifiesto las disensiones que bajo una solidaridad expresada con carácter casi general, existían entre los países miembros de la Organización. Se solicitó, a continuanción, la convocatoria del Órgano de consulta del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, y se obtuvo la resolución de compromiso del 28 de abril, menos enérgica de la que planteó, en primer lugar, el Gobierno argentino, que pedía el cese de hostilidades, el establecimiento inmediato de una tregua y la gestión de una solución pacífica que tuviera en cuenta los derechos de soberanía de la República Argentina. Quiero recalcar que en esta resolución del 28 de abril de la OEA hay una mención explícita y una adopción explícita de la resolución 502 del Consejo de Seguridad, que fue entonces aceptada, aunque quizá completada por la propia Organización que debe ser cumplimentada en todos sus aspectos, dice la resolución. Por otra parte, en ese documento se deplora y se pide que sean levantadas las sanciones econó micas impuestas por la Comunidad Europea otros Estados que se consideren contrarias a las disposiciones del GATT, Acuerdo General Sobre Aranceles Aduaneros y Comercio. No llega la resolución en ningún momento a pedir que se apliquen medidas de defensa colectiva o sanciones, y se aprobó, como saben SS. SS. con 17 votos favorables y cuatro abstenciones, las de Estados Unidos, Colombia, Chile y Trinidad y Tobago. Planteado el tema en la reunión del GATT, en la reciente convocatoria del 8 de mayo, el Grupo iberoamericano planteó que se revocaran las medidas de restricción económica contra Argentina impuestas por los países de la Comunidad Europea, Canadá y Australia. La delegación española, siguiendo instrucciones del Gobierno, hizo ver que si se podía considerar que un estado de guerra, «de facto», entre Gran Bretraña y Argentina justificaría la aplicación de medidas comerciales restrictivas bilaterales entre ambos países 4 e Gran Bretaña con Argentina y de Argentina con Gran Bretaña-, no era éste el caso en relación con el resto de los países que las habían impuesto, que no estaban en una situación de hostilidades abiertas, por lo que estas sanciones no estaban de acuerdo con el Tratado del GATT y con las reglas de dicho convenio. La sesión no ha terminado, y la regla de la unanimidad y el consenso harán difíciles la toma de una decisión. Se produce paralelamente una escalada en el conflicto. La ocupación por las tropas británicas - 8 - de las islas Georgias del Sur y las acciones militares contra el aeropuerto de las Malvinas rnotivaron inmediatas tomas de posición por parte del Ministerio de Asuntos Exteriores, fieles a la línea de acción antes enunciada y en los términos que voy a leer a SS. SS. Respecto a las acciones en Georgias del Sur, el Ministerio de Asuntos Exteriores hizo público el siguiente comunicado: «Ante el desencadenamiento de acciones militares en las islas Georgias del Sur, el Gobierno español, que sigue los acontecimientos con honda preocupación, quiere reafirmar en estos momentos, con toda claridad, su posición de principio, absolutamente contraria al uso de la fuerza y en favor de una urgente solución negociada y pacífica, en las líneas ya indicadas por España en la declaración del 2 de abril, que coincide con la doctrina de fondo de las Naciones Unidas. El Gobierno español considera que deben adoptarse, en cualquier caso, las medidas necesarias para evitar, a toda costa, la pérdida de vidas humanas)). Y después de las primeras acciones británicas sobre las Malvinas, el 1 de mayo de 1982 se publica el siguiente comunicado: «Ante las noticias que se reciben acerca del conflicto de las Malvinas, la Oficina de Información Diplomática, del Ministerio de Asuntos Exteriores, hace público lo siguiente: Uno, el ataque de las fuerzas británicas al aeropuerto de las Malvinas constituye una grave escalada del conflicto. Dos, el posible desencadenamiento de la acción británica, aún más generalizada y masiva en el archipiélago, implicaría una trágica pérdida de vidas humanas y supondría una gravísima responsabilidad y un error histórico. Tres, el Gobierno español, que desde el inicio del conflicto ha dejado clara su posición, absolutamente contraria al uso de la fuerza, posición que ahora reitera, deplora, por otra parte, que, pese a sus esfuerzos en los foros internacionales y en sus contactos bilaterales, no se haya tenido en cuenta el problema colonial de fondo, origen del conflicto, en el que España ha apoyado siempre la posición tradicional de la Argentina, de conformidad con la doctrina de las Naciones Unidas. Cuatro, el Gobierno español ha manifestado a los Gobiernos argentino y británico y a las Naciones Unidas la necesidad de que se utilicen plenamente los mecanismos del Consejo de Seguridad para evitar cualquier nueva fricción)). La preocupación mostrada por el Gobierno ante el inicio de la escalada en el conflicto vino a ser, desgraciadamente, confirmada por dos acontecimientos ulteriores: el hundimiento en días sucesivos de dos buques de guerra, primero, uno argentino, y luego, uno británico, y la destrucción de varios aviones de combate, de una y otra parte, con la trágica pérdida de vidas humanas que llevaron consigo; fueron un enorme aldabonazo, entonces, en todos los países, y generaron u n movimiento de aproximación hacia las posiciones que pedían el cese de las hostilidades y la solución pacífica del problema de fondo, y una aproximación, también general, hacia lo que habían sido las posiciones españolas en los comunicados antes mencionados. En el momento en que comenzó la crisis, en la misma tarde del 2 de abril, el Gobierno tomó ya contacto con los Embajadores de Argentina y el Reino Unido en Madrid, y con los Embajadores españoles en Buenos Aires y en Londres, para expresarles a los Gobiernos de ambos países su preocupación y, exponerles sus ideas sobre el problema de fondo. Desde entonces, y en múltiples ocasiones, el Gobierno ha tenido oportunidad de presentar a ambas partes sus ideas concretas acerca de una posible y deseable solución negociada del problema. El deseo de favorecer una aproximación de las partes llevó a esta constante comunicación a esos Gobiernos y a otros Gobiernos interesados, a la entrevista con el Secretario general de las Naciones Unidas, en la que tuve ocasión de exponerle la posición del Gobierno sobre unas l í neas generales que podrían facilitar su difícil tarea en la aproximación de las posiciones mantenidas por el Reino Unido y Argentina sobre este problema, y también a exponer con amplitud al Secretario de Estado norteamericano la posición española en el conflicto y cómo veíamos el giro absolutamente trágico, negativo y equivocado que estaban tomando. Con motivo de mi estancia en Costa Rica, por Último, he podido exponer las mismas ideas y preocupaciones a los Presidentes y Cancilleres de varios países iberoamericanos. Puedo decir que en esos contactos, desde la diversidad de posiciones que aún existen en Iberoamérica, he podido encontrar u n amplio eco de apoyo y simpatía hacia las posiciones españolas. Hemos hecho, por tanto, desde el primer momento -estamos haciendo y seguimos dispuestos a hacer-, todo cuanto esté en nuestra mano para aproximar posiciones hoy enormemente divergentes aún, y ofrecer u n esquema de soluciones que contemple la cesación de hostilidades y la separación de las tuerzas, al mismo tiempo que la solución del problema de fondo. Así es como España ha adoptado en este terreno una posición clara e inequívoca a favor de la negociación y la paz, una posición que ha culminado, como posición española, con el ofrecimiento y llamamiento a la paz de Su Majestad el Rey. En resumen, el Gobierno ha mantenido y sigue manteniendo una actitud inmediata, firme y coherente, contra el uso de la fuerza y a favor de la descolonización; inmediata, porque fue consciente, desde el primer momento, de la extrema gravedad de la situación y del riesgo de la escalada, clara, porque expresó la preocupación española por la posible pérdida de vidas humanas, confirmada después, por la triste realidad de los hechos; y preocupación también por lo que hemos considerado, y así vengo repitiéndolo en mis contactos con el exterior, un error histórico que está abriendo una separación preocupante de incomprensión entre Europa e Iberoamérica. La evolución Última de la crisis permite contemplar cómo lo que en el inicio de la posición británica era el mantenimiento de un principio acerca de la libre determinación de los habitantes de las islas Malvinas, principio no aceptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en este caso, ha ido perdiendo fuerza, precisamente ante lo absurdo de un conflicto que está poniendo en movimiento contingentes militares muy superiores a la importancia numérica de la población de las islas, que está acarreando gastos muy superiores a los que posiblemente podría conllevar una solución plenamente satisfactoria, la solución del problema de las islas, y lo que es más grave aún, que está causando unas pérdidas de vidas humanas, que ya se acercan peligrosamente, y si no se remedia pueden superar la importancia numérica de la población de las Malvinas. Esta absurda situación ha hecho que la posición británica pierda fuerza - e l argumento antiguo de la libre determinación-, para aparecer cada vez con más fuerza en la Prensa, en los medios de difusión, en la opinión pública, un sentimiento de orgullo nacional herido. Pero frente a ese sentimiento de orgullo nacional herido, existe en Argentina y en toda Iberoamérica un sentimiento de causa histórica, de una causa continental y también, en cierto modo, una causa iberoamericana. Las reacciones iniciales europeas, de la Europa «de los diez», concretamente, han provocado una situación, sin precedentes, de un enfrentamiento, hoy por hoy psicológico, pero profundo, de un enfrentamiento continental. Y yo creo que España, que ha mantenido siempre una posición independiente, la que tenía que ser la suya en este tema, clara e inequívoca, pero serena, ha contribuido, en la medida de lo posible, a que no haya una escisión trágica, en definitiva, entre el sentimiento europeo y el sentimiento iberoamericano. Soy consciente de que nuestra posición es apreciada en Iberoamérica, y soy consciente de que nuestra posición es crecientemente comprendida y apreciada también en este viejo continente al que pertenecemos. Muchas gracias, señor Presidente.
Extraído de: http://www.congreso.es/public_oficiales/L1/CONG/DS/CO/CI_047.PDF
1 Ibídem. Pág. 222
2 “El conflicto entre el Reino Unido y Argentina comprende no solo a las islas Malvinas, sino también a los archipiélagos de Georgia y Sandwich del Sur. Por razones de brevedad solo se utilizará en el texto- en la mayoría de las ocasiones- el término “Islas Malvinas” ”. MONETA, Carlos. “El conflicto de las islas Malvinas: su papel en la política exterior argentina y en el contexto mundial” . Estudios Internacionales Volumen 4 nº 1 Enero-Abril de 1983. Página 389-425. Página 390
3 Véase apéndice 5.
4 Véase Apéndice 1.
3 Para más información véase. BRUNO BOLOGNA, Alfredo, “Los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas” Revista de Estudios Internacionales, Volumen 3, Numero 3, Julio-Septiembre 1982. Página 799
6 Véase apéndice 4
7 Véase Apéndice 4
8 Se llama habitualmente contencioso de Gibraltar a la disputa de la soberanía británica que plantea España como suya.
9 “La situación política de argentina en marzo de 1982 con unos índices de inflación solo comparables con la Alemania de Weimar, con una durísima represión dictatorial, con agitaciones populares incontroladas, con una deuda exterior de repercusiones negativas en la balanza de pagos […]” FERNÁNDEZ SANCHEZ, Pablo Antonio,“La crisis de las Malvinas ante las Naciones Unidas” . Revista de Estudios Internacionales, Volumen 5, Numero 4, Octubre-Diciembre1984. Página 923
10 Para más información sobre derechos de soberanía en las Malvinas véase: BRUNO BOLOGNA, Alfredo, “Los derechos de Inglaterra sobre las Islas Malvinas: Prescripción ”. Revista de Estudios Internacionales, Volumen 4, Numero 4, Octubre-Diciembre1983. Página 775-783. O BRUNO BOLOGNA, Alfredo, “Los derechos argentinos sobre las Islas Malvinas” Revista de Estudios Internacionales, Volumen 3, Numero 3, Julio-Septiembre 1982. Página 799-812
11 Período comprendido entre el primer gobierno de UCD después de la dictadura franquista, en 1975, y la adhesión de España en la CEE, en 1986.
12 El cual comenzó a gobernar ante la dimisión de Adolfo Suárez, el 29 de enero de 1981
13 La unión de Centro Democrático fue una coalición de partido, que posteriormente derivó a un único partido político, cuyo líder fue Adolfo Suarez. La UCD, de ideología progresista y monarquismo constitucionalista, ganó las elecciones de 1977 y gobernó España hasta 1982.
14 Esta acción se ha interpretado como la tentativa de la Dictadura argentina de intentar mediante una acción bélica de buscar intereses que disiparan las dudas que ella misma estaba generando. “La situación política de argentina en marzo de 1982 con unos índices de inflación solo comparables con la Alemania de Weimar, con una durísima represión dictatorial, con agitaciones populares incontroladas, con una deuda exterior de repercusiones negativas en la balanza de pagos […]”. FERNANDEZ SÁNCHEZ, Pablo Antonio “La crisis de las Malvinas ante las Naciones Unidas” . Revista de Estudios Internacionales, Volumen 5, Numero 4, octubre-diciembre 1984. Página 923-935 pág. 923.
15 273 muertos según el "Roll of honour of Palace Barracks Memorial". Extraído de http://www.palacebarracksmemorialgarden.co.uk/roll.html
16 BARBÉ, Esther Óp. cit. Pp. 234
17 La postura española frente a la guerra de las Malvinas se caracteriza por su ambigüedad y por ser contraria a los países de su entorno. BARBÉ, Esther. “Entre Europa y América latina, la diplomacia española frente a la guerra de las Malvinas” Revista de Estudios Internacionales. Vol. 27. Nº 106 (1994) pág. 222-251. Pág. 222.
18 Los países miembros eran: España, Irlanda, Japón, Panamá y Uganda, China, Francia, Federación de Rusia, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América
19 Véase apéndice 2.
20 BARBÉ, Esther. “Entre Europa y América latina, la diplomacia española frente a la guerra de las Malvinas” Revista de Estudios Internacionales. Vol. 27. Nº 106 (1994) pág. 222-251. Pág. 229
21 De acuerdo con las disposiciones de la Carta de Naciones Unidas y el artículo 37 del Reglamento provisional del Consejo de Seguridad, Argentina solicitó tomar parte en los debates de dicha sesión, lo que se aceptó, siendo invitado a tomar asiento su representante, el señor Roca. FERNANDEZ SÁNCHEZ, Pablo Antonio “La crisis de las Malvinas ante las Naciones Unidas” . Revista de Estudios Internacionales, Volumen 5, Numero 4, octubre-diciembre 1984. Página 923-935 pág. 925.
22 como también esperaban que China Popular y la Unión Soviética vetaran la resolución, lo que no fue así por sus litigios territoriales. “ Se evalúo en la Cancillería y en los Estados Mayores que la Unión Soviética y/o China Popular vetarían el Proyecto de Resolución inglés[…]la Unión soviética esta tiene en su poder las islas Kuriles sobre las cuales Japón reclama soberanía; China Popular mantiene por su parte una disputa por soberanía de Formosa”. MONETA, Carlos. Óp. cit. Pág. 378-379 Esta situación podría extrapolarse a España y su situación Ceuta y Melilla. Estos territorios podrían ser reclamados por el pueblo marroquí. BIOSCA, Joan. “Gibraltar, Ceuta, Melilla y Las Malvinas”. La nación. 11 de febrero de 2012
23 ABC. Sevilla. Jueves 6 de Mayo de 1982 Página 35, “La OTAN pone en duda el éxito de un desembarco británico en las Islas Malvinas”.
24 SOTO, Álvaro; TUSELL, Javier, óp. cit. Pág. 205
25 Veáse apéndice 7.
26 Discursos y declaraciones del Ministro de Asuntos Exteriores D. José Pedro Pérez-LLorca (1980-1982). Ministerio de Asuntos exteriores, oficina de información diplomática, Noviembre de 1982. Depósito legal: M-37916-1982. Pág. 190.
27 Ibídem. Pág. 190
28 BARBÉ, Esther Óp. cit. Pp. 234
29 “La unión de Centro Democrático (UCD) como partido gobernante, es la encargada de defender la ortodoxia gubernamental […]. Todos los partidos […] sostienen la idea de que la guerra afecta directamente a los intereses españoles. […] En sentido contrario a lo defendido por la UCD; PSOE, PC y Grupo Mixto consideran, de manera unánime, que la posición gubernamental ha sido ambigua y de bajo perfil, a causa del escaso margen de autonomía que le queda España una vez decidido el ingreso en la OTAN”. BARBÉ, Esther Óp. cit. Pp. 237
30 “Sin embargo la inminencia de nuestro ingreso en la OTAN nos ha privado de la capacidad para elaborar y precisar una perspectiva propia que sustituyera a las formulaciones vagas, emocionales y retóricas hasta ahora difundidas. (El País 1982; mayo 18). SABORIDO, Jorge óp. cit. Pág. 153
31 “Carta enviada por el Rey de España al Secretario General de Naciones Unidas (el 5 de mayo), solicitando un alto el fuego y ofreciéndose “para contribuir a la consecución de la paz y la justicia””. […] “La acción del monarca , que tras el mensaje al Secretario General se concluye con otro mensaje en este caso al Presidente Reagan (el 20 de mayo) BARBÉ, Esther. óp. cit. Pág. 231
32 BARBÉ, Esther "La transición española: cambio y continuidad en la política exterior y de seguridad", Papers, nº 33, 1990, pp.103-120. Página 104.
33 “La política exterior franquista es un cúmulo de sentimientos nacionalistas e impotencias” Extraído de [http://www.uclm.es/ab/humanidades/profesores/descarga/manuel_ortiz/politicaext_franquis.pdf] pág. 1
34 El carácter dictatorial del régimen franquista supuso un impedimento para la plena participación de España en el sistema internacional surgido de la Segunda Guerra Mundial. BARBÉ, Esther "La transición española: cambio y continuidad en la política exterior y de seguridad", Papers, nº 33, 1990, pp.103-120. pp114
35 BARBÉ, Esther Op. cit. Pp. 117
36 Política exterior de sustitución, que debía afrontar la hipoteca y objetivo vital de garantizar internacionalmente la supervivencia del régimen. SOTO, Álvaro; TUSELL, Javier, Historia de la transición (1975-1986) Madrid: Alianza,[1996] 504 p; 20 cm. ISBN: 84-206-2862-X
37 Para compensar el rechazo que generaba entre las potencias europeas, el franquismo buscó alternativas legitimadoras del régimen a nivel internacional. Se trata de sus relaciones con el Vaticano, con los Estados Unidos y con los países árabes e iberoamericanos. BARBÉ, Esther. Óp. cit. PP. 115
38 Se trata de la firma de acuerdos hispano-Norteamericanos que dieron lugar a la instalación en España de diversas […] americanas a cambio de ayuda económica. […]Desempeñando de este modo un papel importante en la política de “contención del comunismo. BARBÉ, Esther. Óp. Cit. PP. 118
39 http://www.argentina-rree.com/13/13-012.htm
40 RAANAN REIN, El Pacto Perón-Franco: justificación ideológica y nacionalismo en Argentina. Y extraído de: http://www.tau.ac.il/eial/I_1/rein.htm
41 España mantiene con América Latina una política que da diferencia de los países de su entorno europeo. Así la diplomacia post-franquista caracteriza las relaciones de España con dichos países en términos de “hermandad” o de “relaciones de familia”. Ibídem. Página 224
42 El comercio mejoró notablemente con Iberoamérica durante la transición española, subiendo la tasa de cobertura con Argentina en 1979 un 90.2%. La inversión directa autorizada española mejoró también en otros países como México y Venezuela durante este período. SOTO, Álvaro; TUSELL, Javier op.cit. Página 206
43 También durante este periodo España formó parte de diversas instituciones latinas, siendo observador permanente de la OEA y la ALADI. Observador del Pacto Andino. Y entró a formar parte de la Comisión económica de América Latina (CEPAC) el 27 de abril de 1979. SOTO, Álvaro; TUSELL, Javier óp. cit. Página 207
44 Según una encuesta realizada en 1991 (a 1000) entrevistados), el 64.2% de los españoles considera que Gibraltar constituye un obstáculo para las relacione hispano-británicas. A la hora de abordar la mejor solución para Gibraltar, el 93.6% de los españoles cree que es el retorno de la soberanía a España. Véase SALUSTIANO DEL CAMPO, Informe Incipe 1991. La opinión pública española y la política internacional, (Madrid, 1991) pág. 62-63
45 No había dejado de alegarse el carácter autocrático del régimen franquista para justificar la negativa británica a ceder la soberanía sobre Gibraltar. REMIRO BROTONS, Antonio. “Regreso a Gibraltar: Acuerdos y desacuerdos Hispano-británicos.” Revista Jurídica 10 (2004) 133-181 .pag..144
46 Véase apéndice 3
47 REMIRO BROTONS, Antonio. Op.cit. pp.160
48 Véase apéndice 6.
49 Véase apéndice 1
50 Sin embargo, se debe tener en cuenta también que la democratización equivalía a europeización y a equiparación con el resto del mundo occidental por lo que, con muchos matices, se puede decir que los dos procesos resultaron paralelos. SOTO, Álvaro; TUSELL, Javier op.cit. Página 215
51 BARBÉ, Esther "La transición española: cambio y continuidad en la política exterior y de seguridad", Papers, nº 33, 1990, pp.103-120. Página 110
52 La sustitución de Adolfo Suarez por Leopoldo Calvo Sotelo va a significar una reorientación de la política exterior, éste va a llevar a cabo la “transición exterior” SOTO, Álvaro ; TUSELL, Javier, Historia de la transición (1975-1986) Madrid : Alianza,[1996] 504 p. ; 20 cm. ISBN:84-206-2862-X
53 ARMERO, José Mario Política exterior de España en democracia. Madrid: 1989, Espasa-Calpe, S.A. ISBN: 84-239-1745-2página 134.
54 Durante el conflicto intentamos actuar de puente, años más tarde y en palabras de Felipe González r “No es el papel de puente el que se nos puede atribuir: sería pretencioso por nuestra parte y desmesurado” CALDUCH CERVERA, Rafael; ABU WARDA, Najib óp. cit pág. 270
55 “La decisión de incorporar a España en la Alianza Atlántica significa la ruptura del consenso que se había mantenido desde el final del franquismo por el conjunto de las fuerzas políticas en un tema tan capital como son la defensa nacional y la política exterior.” Ibídem Página 66
56 “ Es en el programa de gobierno que presenta el candidato a presidente de gobierno, don Leopoldo Calvo-Sotelo, el 18 de febrero de 1982, donde aparece por primera vez, formulada formalmente como objetivo del gobierno, la decisión de adhesión a la Alianza Atlántica” : BRUNO BOLOGNA, Alfredo, óp. cit. Página 61
57 “En la declaración oficial del nuevo gobierno […] se hace referencia al tema de la OTAN en los siguientes términos: “El gobierno contempla favorablemente la apertura de un debate por los representantes del pueblo legítimamente elegidos, con vistas a examinar la posible inserción de España en el Tratado del Atlántico Norte”: ALDECOA LUZARRAGA, FRANCISCO. “Significados y efectos de la adhesión de España a la Alianza Atlántica en su proceso de participación activa en las relaciones internacionales”: Prescripción. Revista de Estudios Internacionales, Volumen 4, Numero 1, Enero- Marzo 1983 Pagina 775-783 página 53
58 El golpe de estado ocurrido el 23 de febrero de 19821, conocido también como 23-F, consistió en un fracasado intento de golpe de estado. Fue llevado a cabo, principalmente, por algunos militares y por numerosos guardias civiles. La escena más conocida es el abordaje del Congreso de los Diputados durante la votación para la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo.
59 Adherirse a esta organización militar, supondría una modernización del ejército, el cúal, buscaría similitudes con sus homólogos europeos.
60 sobre todo en lo económico pero también en lo político.
61 La interdependencia económica, militar y política que España tenía ya en aquel momento con los miembros más influyentes […] CALDUCH CERVERA, Rafael; ABU WARDA, Najib. La política exterior española en el siglo XX. Madrid 1994. ISBN: 9788487510359.
62 aunque hubo otros acuerdos durante esta mitad de siglo: “El 6 de agosto de 1970 se estipula el Acuerdo de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos, en virtud del cual se entregó a la Administración española el oleoducto Rota-Zaragoza” DE SALAS LOPEZ, Fernando óp. cit. Pág. 139
63 DE SALAS LOPEZ, Fernando óp. cit. Pág. 140
64 BARBÉ, Esther "La transición española: cambio y continuidad en la política exterior y de seguridad", Papers, nº 33, 1990, pp.103-120. Página 121
65 Una encuesta realizada en Diciembre de 1979 con un alcance de 2022 personas, sitúa a Gibraltar como el segundo punto más importante de la política española sólo detrás del Mercado Común. Además esta recuperación del peñón es muy homogénea: un 36% de izquierda, un 37% de centro, un 39% de derecha, y un 37% de extrema derecha, a excepción de la extrema izquierda con tan solo un 13%. “Estudio sobre relaciones exteriores. Diciembre de 1979”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, vol22, 1983, pp. 208-209
66 REMIRO BROTONS, Antonio. “Regreso a Gibraltar: Acuerdos y desacuerdos Hispano-británicos.” Revista Jurídica 10 (2004) 133-181
67 Se llegaba así a una posición en la que el ingreso a la OTAN adquiría un significado decisivo: había que tratar de utilizar la coyuntura para obtener la anisada y postergada recuperación de Peñón. ”. SABORIDO, Jorge Un conflicto incómodo: la prensa española frente a la guerra de las Malvinas” y extraído de http://www.biblioteca.unlpam.edu.ar/pubpdf/anuario_fch/n05a12saborido.pdf . Pág. 151-155
68 El ministro de asuntos exteriores saliendo al paso de los argumentos de los partidos de la oposición – socialistas, comunistas, andalucistas, grupo mixto representado por Blas Piñar, que exigían el previo reconocimiento por todos los países de la OTAN de la soberanía española sobre Gibraltar- afirmó rotundamente que España abandonaría la OTAN si, una vez, dentro la cuestión de Gibraltar permanecería bloqueada. . MARQUINA BARRIO, Antonio. “La entrevista Calvo Sotelo-Margaret Thatcher, fin e inicio de un proceso en Gibraltar”. Revista de estudios internacionales. Volumen 3, nº 1. Enero7 Marzo 1982. Página 134
69 ARENAL, Celestino. La política exterior de España hacia Iberoamérica. Madrid, septiembre de 1994. ISBN: 84-7491-516-3. Pp. 196
70 “La unión de Centro Democrático (UCD) como partido gobernante, es la encargada de defender la ortodoxia gubernamental […]. Todos los partidos […] sostienen la idea de que la guerra afecta directamente a los intereses españoles. […] En sentido contrario a lo defendido por la UCD; PSOE, PC y Grupo Mixto consideran, de manera unánime, que la posición gubernamental ha sido ambigua y de bajo perfil, a causa del escaso margen de autonomía que le queda España una vez decidido el ingreso en la OTAN”. BARBÉ, Esther Óp. cit. Pp. 237
71 “Sin embargo la inminencia de nuestro ingreso en la OTAN nos ha privado de la capacidad para elaborar y precisar una perspectiva propia que sustituyera a las formulaciones vagas, emocionales y retóricas hasta ahora difundidas. (El País 1982; mayo 18). SABORIDO, Jorge óp. cit. Pág. 153
72 Véase Documental. Operación Algeciras. Director: Jesús Mora. RTVE. 9 de abril de 2012. GALLARDO, José Luis. “Operación Algeciras, la versión argentina” La Nación. 23 de julio del 2000. GALLEGO DÍAZ, Soledad. “La seguridad española desbarató un intento de sabotaje argentino contra Gibraltar en plena guerra de las Malvinas” El país. 10 de octubre de 1983.
9783668100121
v311136
Malvinas Diplomacia española 1982 Calvo Sotelo Historia de España Historia contemporánea Colonialismo Transición española UCD
Javi Correa (Autor)

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