Source: http://izquierdas.revues.org/621
Timestamp: 2017-02-27 11:07:10+00:00

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Español English Este artículo se propone analizar las formas de abordaje de las relaciones entre cárcel y exilio haciendo foco en escenarios, luchas y actores concretos del pasado reciente argentino, a partir del análisis de materiales producidos por los desterrados en su accionar anti-dictatorial, en diálogo con otros emanados del propio sistema penitenciario o con las memorias de los protagonistas. This article aims to discuss ways of addressing the relationship between prison and exile by focusing on scenarios, struggles and specific actors of the Argentine recent past, from the analysis of materials produced by the exiles in their anti-dictatorial action, in dialogue with others issued the correctional system or the memories of the protagonists. Inicio de página
Palabras claves :dictadura, prisión, exilio, Comisión Argentina de Derechos Humanos, historia reciente
Keywords :dictatorship, prison, exile, Argentina Human Rights Commission, recent historyInicio de página
2Este artículo trata de pensar formas de abordaje de las relaciones entre cárcel y exilio haciendo foco en escenarios, luchas y actores concretos del pasado reciente, a partir del análisis de materiales producidos por los desterrados en su accionar antidictatorial, en diálogo con otros emanados del propio sistema penitenciario o con las memorias de los protagonistas. En tal sentido, pretendemos situarnos en las fronteras de los estudios del exilio y la cárcel, con el propósito de avanzar desde una somera aproximación a trayectorias individuales y colectivas y desde la interrogación de ciertos escenarios de lucha antidictatorial, hacia la escritura de una Historia que supere tanto la compartimentación represiva y la segmentación de subjetividades militantes, como la fractura entre una Argentina “de adentro” y una Argentina “de afuera” en términos de historiales de violencia estatal, resistencia y oposición. 3 El trabajo se divide en tres partes. La primera revisa las principales líneas de trabajo de las agendas de las historiografías del exilio y la cárcel durante la última dictadura, tratando de visualizar potencialidades y áreas de vacancia en términos de la articulación del par encierro-destierro. La segunda centra su interés en una organización de exiliados, la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), de cara a pensar desde las trayectorias de sus referentes, en la dinámica institucional y en algunas acciones concretas de denuncia a lo largo del “Proceso de Reorganización Nacional”, cómo los desterrados construyeron sentidos en torno al lugar de la cárcel en el entramado represivo. Se trata de reponer desde una exploración no sistemática de “materiales del exilio” algunas relaciones significativas que habilitan analizar a presos y exiliados como parte de un común universo punitivo y de luchas. Por último, la tercera parte dedicada a reconstruir la trayectoria vital de Walter Calamita –bahiense, detenido a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), beneficiado por la “opción y exiliado en Italia– pretende interrogar los cruces entre encierro y destierro, atendiendo especialmente al análisis de las huellas del exilio en los registros penitenciarios. La elección de Calamita guarda relación no sólo con la riqueza de su biografía personal en términos de nuestro objeto de interés, sino en la posibilidad de analizar diacrónicamente su experiencia de cárcel y exilio. La cárcel y el exilio en la agenda de la Historia Reciente
5 En la historiografía8 sobre el exilio9, la recuperación de las claves que habilitan su lectura política y colectiva no ha sido una tarea sencilla. Si bien en los últimos años, las conexiones entre exilio y dictadura o exilio y Estado de excepción se multiplican en las investigaciones académicas – rompiendo con visiones que desde el rescate de trayectorias biográficas individuales o de recorridos intelectuales y artísticos o desde la historia social migratoria no siempre revelaban la politicidad del movimiento –, no pocas investigaciones continúan obliterando la triple dimensión política del último destierro argentino, a saber: el exilio como modalidad represiva, esto es, el desterrado en su situación de perseguido político; el exilio en tanto consecuencia de una militancia política o político-militar previa y a veces de una presencia o visibilidad público-política, más allá de su encuadramiento personal en partido u organización sindical o revolucionaria alguna; y los huidos en tanto opositores antidictatoriales, luchadores humanitarios o militantes partidarios de nuevo cuño en los países de residencia o en redes humanitarias transnacionales. 10 Si bien hoy las diferentes geografías nacionales del último exilio argentino van concitando la aten (...)
6 En este contexto pueden señalarse etapas que marcan énfasis diferenciales en la producción historiográfica sobre el último exilio argentino. Las primeras investigaciones preocupadas por reconstruir capítulos nacionales del último destierro10 centraron su atención en las disputas y fracturas político-ideológicas11 y en la identificación de escenarios o “momentos de tensión”12 y conflicto antidictatorial (especialmente Mundial de Fútbol 1978 y guerra de Malvinas). Si bien todos estos trabajos ponían el acento en las estrategias de denuncia de la dictadura y, en mayor o menor medida, avanzaban en la elucidación de las acciones que los exiliados emprendieron en pos de calificar y conceptualizar el régimen inaugurado en marzo del ´76; el lugar de las cárceles legales en el entramado punitivo y la situación de los presos políticos no constituyeron una problemática central. La preocupación por los comportamientos opositores de los exiliados en términos esclarecimiento de la naturaleza punitiva del régimen y el interés por las interacciones entre los huidos e interlocutores locales (en los países de residencia), dificultaron la atención pormenorizada a las acciones desplegadas por los desterrados en relación con los diferentes colectivos de afectados por la represión estatal. En este sentido, la primera historiografía del exilio contribuyó a presentar lecturas sintéticas de los esfuerzos denuncialistas realizados para desentrañar la naturaleza de la represión ejercida por las Fuerzas Armadas (FFAA), enfatizando –quizás, sin proponérselo– la situación de los “desaparecidos” por sobre la de asilados, presos políticos, familiares de represaliados, etc. De este modo, queda pendiente una exploración pormenorizada de las estrategias ensayadas por los desterrados –en sus diferentes asociaciones humanitarias, político-partidarias, etc., y en las variadas geografías de la diáspora – para situar/ dimensionar y lograr reconocimiento en la esfera internacional de la situación de estos presos políticos argentinos, situación que no fue ajena al dispositivo represivo “desaparecedor”. 13 Natalia Casola, “El Partido Comunista de Argentina y el exilio en Europa durante la última dictadur (...)
8 En paralelo y nutridas por la apertura de archivos estatales (de servicios de inteligencia, policías políticas de países vecinos, de los servicios penitenciarios, de agencias consulares y ministerios de Interior o Exterior), comienzan a articularse pesquisas que ya no asumen como supuesto la relación entre represión y exilio, sino que logran poner en evidencia, desde la reconstrucción pormenorizada y a ras de suelo, que el exilio fue un dispositivo utilizado por los terrorismos de Estado del Cono Sur – y también por la dictadura argentina – para neutralizar toda forma de oposición, resistencia y disenso, incluida aquella que desplegaban los refugiados de países vecinos residentes en el país15. En tal sentido, el exilio se dibuja como una práctica represiva compleja, que no sólo incluyó formas violentas de salida, legales o clandestinas (expulsiones de extranjeros residentes, “opciones” para nacionales a disposición del Poder Ejecutivo Nacional) y controles fronterizos para evitar las huidas y para limitar los reingresos de militantes bajo la forma de contraofensivas; sino también prácticas de vigilancia, espionaje, infiltración, secuestro, repatriación forzada al interior de las comunidades exiliares instaladas en terceros países, tanto dentro de la región, como en Latinoamérica y Europa16. Esta línea de abordaje es, quizás, la que está alumbrando de manera más decidida la articulación entre cárcel y exilio, en tanto pone de relieve en qué medida el egreso del país de cientos de militantes políticos argentinos y en forma particular de los que estaban a disposición del PEN y salieron haciendo uso de la “opción”17, fue el colofón de instancias represivas previas que incluyeron intimidación, secuestro, desaparición, tortura, reaparición, blanqueo y traslados por diferentes cárceles “legales” del sistema penitenciario, sobre todo las que formaban parte del circuito de “máxima seguridad”.18 19 Judith Filc, Entre el parentesco y la política. Familia y dictadura, 1976-1983, Buenos Aires, Biblo (...)
9Por su parte, la historiografía sobre las instituciones punitivas y los presos políticos también ha venido consolidando un espacio considerable en la Argentina en la última década. En el conjunto de esta sugerente producción académica, las líneas de indagación han sido variadas. Desde los trabajos pioneros de Judit Filc19sobre la construcción de un tipo peculiar de lazos (cuasi de sangre o familiares) entre los prisioneros políticos; Ana Guglielmucci20 sobre las vivencias de encierro de un grupo de militantes revolucionarias en la cárcel de Villa Devoto; Silvina Merenson21 sobre la compleja identidad de “sobreviviente” de las ex presas políticas; a los más cercanos de Santiago Garaño y Werner Pertot22 sobre la experiencia del universo carcelario desde la masacre de Trelew al “Proceso de Reorganización Nacional”; Débora D´Antonio23 sobre las dimensiones de género de la prisión política y a otros de Santiago Garaño24 sobre los “pabellones de la muerte” de la Unidad Penitenciaria (UP) 9 de La Plata; el subcampo de la prisión política bajo el Estado de excepción se va no sólo ampliando sino complejizando. 10Sin embargo no parecen haber sido temas fundamentales para los especialistas de la cárcel, las alternativas vitales tras la salida del penal, ni la exploración de las formas en que los detenidos políticos lograban sacar información precisa para denunciar las condiciones de vida en prisión o alertar sobre la situación de peligro inminente en que vivían los llamados “irrecuperables” (ley de fugas, “suicidios”, etc.) o sobre los modos en que esta información circulaba y llegaba al exilio, gracias a la acción de familiares, abogados, sacerdotes, representantes diplomáticos de terceros países y mediante la activación de redes transnacionales humanitarias. 11Esta vacancia tiene su correlato en el escaso interés que los investigadores de los exilios han mostrado por el estudio de cómo fue posible articular campañas de denuncia por personas concretas detenidas en las cárceles del terrorismo de Estado – campañas para conseguir la libertad, para salvaguardar su integridad física – o por el análisis de cómo se fue construyendo un conocimiento público en la esfera internacional sobre el alcance represivo del “Proceso de Reorganización Nacional”, no sólo ni especialmente en relación al delito de la desaparición forzada de personas, sino también respecto a las modificaciones de las condiciones de detención en vísperas del golpe y sobre la siniestra circulación de detenidos entre los centros clandestinos y las cárceles “legales” y viceversa.
14 Una vía para ingresar a las complejas articulaciones entre cárcel y exilio durante la última dictadura la proporciona la trayectoria de la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU). 34 En buena medida el temprano reconocimiento de la coordinación represiva a escala regional y el foco (...)
35 CADHU. Conferencia de prensa, Ginebra, 21/2/1977. 15 Autodefinida como una “organización civil y no partidaria” y conformada “por personalidades políticas, científicas, culturales, religiosas y hombres de derecho”; desde sus orígenes, la Comisión se fijó un objetivo fundamental: coordinar la “denuncia y solidaridad” no a escala territorial, sino transnacional34, apelando al respeto del Derecho Internacional Humanitario y la Constitución Nacional.35
16 A poco de su fundación en Argentina en abril de 197636 tras la persecución, asesinato y desaparición de sus principales referentes, quedó reducida a su “Delegación Internacional”, en sus sedes formales de Madrid, París y Washington, y con presencia no orgánica en México, Holanda, Bélgica, Suiza y Suecia37. Si bien por la CADHU pasaron numerosas personalidades – sobre todo abogados penalistas y laboralistas38, intelectuales, periodistas y artistas39, en su mayoría claramente filiadas con las organizaciones revolucionarias (Montoneros sobre todo, pero también militantes de la izquierda marxista y trotskista)40 –; hacia 1978 esa “Delegación Internacional” contaba con el trabajo cotidiano y continuado de Gustavo Roca41, Eduardo Duhalde42 (Madrid), Lidia Massaffero43 (Roma, Madrid y otras ciudades europeas), Rodolfo Mattarollo44 (París), Manuel Gaggero45(Madrid, Nicaragua) y Carlos González Gartland46 (México).47 48 Estos ejemplos sólo pretenden alertar sobre lo productivo de una investigación sistemática sobre la (...)
17 A continuación y a partir de una serie de ejemplos48 queremos mostrar cómo las campañas de denuncia que protagonizó la CADHU en el exterior y su propia dinámica institucional49, permiten transitar los puentes que conectan cárcel y exilio, mostrando las potencialidades de un nicho historiográfico en la frontera de dos subcampos que hasta el presente vienen marchando por carriles paralelos. 50 Entre sus principales programas de ayuda, la CADHU tuvo uno orientado a “prisioneros políticos, fam (...)
18 A dos años del golpe de Estado, Eduardo Duhalde exponía en la revista española Triunfo las “cifras” de la represión: “8.000 personas directamente asesinadas, otras 20.000 secuestradas por las fuerzas de seguridad –la mayor parte muerta en los campos de concentración tras inenarrables torturas– y 10.000 presos políticos en las cárceles “oficiales”…”. En la revista madrileña, el titular de la CADHU reclamaba reforzar el cerco internacional, sin paralizarse ante el horror de las “cifras”. A su juicio, quedarse en la enumeración de las víctimas podía obturar la explicación de “las causas de este terrorismo de Estado”, o la elucidación de las razones profundas del comportamiento de los militares, que lejos estaban de ser “irracionales o arbitrarios en su crueldad, al modo de esos tiranuelos de republiquetas”. Para Duhalde, la situación de los detenidos50 y de los secuestrados era una consecuencia querida de “la aplicación fría y planificada del proyecto de exterminio de la militancia política y de los sectores más activos y de vanguardia de la clase obrera, tendiente al dominio y sometimiento del conjunto de los trabajadores”.51 52 Idem.
19 ¿Cuál fue el trabajo de la CADHU en relación con la prisión política? ¿En qué medida lo que ocurría en las cárceles “oficiales” de la dictadura fue para esta organización del exilio parte constitutiva de ese proyecto represivo ejecutado “por el conjunto de las FFAA”, con el “apoyo” del “Pentágono” y el “respaldo” de las “multinacionales” (“ITT, ESSO, Siemens, Banca Morgan”) para la “superexplotación obrera y la concentración de la actividad económica?”.52 53 CADHU, Argentina. Proceso al genocidio, Madrid, Elías Querejeta, 1977, 58-60.
54 Ibid, 61. 21 En segundo lugar, la CADHU denunció la aplicación sistemática de la tortura en las cárceles legales, práctica antigua en la Argentina, pero que en sus actuales formas empezó a institucionalizarse durante los gobiernos de la “Revolución Argentina”, para asumir después del golpe una modalidad sólo equiparable a la de la Alemania nazi, el Vietnam ocupado por los yankis o la Argelia bajo dominio francés.54 55 Ibid, 65 y 66.
22 En tercer lugar, la CADHU señaló que el sistema carcelario durante el “Proceso de Reorganización Nacional” era “cruel e inhumano”. Videla “legalizó” mediante resoluciones y decretos condiciones cada vez más “restrictivas y rigurosas para los ciudadanos encarcelados”. Pero si “las cárceles se ha[bían] transformado de hecho en feroces campos de concentración y en recintos donde la inhumanidad y la bestialidad impera[ba]n impunemente”; desde su perspectiva, la impunidad total sólo fue posible en los “establecimientos no oficializados”, donde no existía la mínima posibilidad de control y “se proseg[uían] las torturas y se aplica[ba]n sistemáticamente el suplicio del agua, la extracción o quema de uñas, los simulacros de fusilamientos, la exigencias de marchas y ejercicios agotadores”.55 56 La CADHU Madrid lanzó una acción urgente en la que denunciaba ante la comunidad internacional el pe (...)
57 CADHU, Argentina. Proceso..., op.cit., 48-49. 58 Resulta incesante observar la trascendencia del trabajo de esta Comisión de Familiares cordobeses. (...)
25 Este cuadro temprano de la magnitud del problema de los presos políticos, de las relaciones entre las condiciones de las cárceles “legales” con la de otros espacios (semilegales y clandestinos) del circuito represivo y de los intentos castrenses por bloquear la información y la denuncia de las condiciones carcelarias, permitió a la CADHU avanzar en la explicación de la “racionalidad del terror”. Para la Comisión, los penales fueron un engranaje fundamental de la “operación de cirugía” puesta en marcha por los militares para “asegurar la estabilidad del sistema capitalista”62. Pero, al mismo tiempo, su situación remitía a la vulneración de un conjunto de derechos individuales contemplados por la Constitución Nacional y la Declaración Universal de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (NNUU), a saber: “derecho de libertad y seguridad individual”, “arbitrariedad de las detenciones, prisiones y destierros”63, “respeto a la integridad física” y contra el “sometimiento a tortura, penas y tratos crueles, inhumanos y degradantes” y “violación del derecho de asilo”64. En este mismo contexto debe comprenderse la constante preocupación de la CADHU por la situación de asilados65 y refugiados conosureños66, extranjeros residentes en la Argentina (especialmente europeos) 67 y por los argentinos huidos en tránsito por los países de la región. 68 Resulta interesante observar que la CADHU difundió tempranamente “testimonios de presos políticos” (...)
27La historia de Walter Calamita72 se encuentra inscripta dentro de los múltiples cruces que dan forma al entramado prisión política/exilio. En su historia no sólo se hacen borrosos los límites entre un “adentro” y un “afuera” (de la cárcel, del país, del propio sujeto), sino que también se entrelazan y, en algún punto se confunden, lo íntimo con lo público, lo colectivo con lo individual, lo personal y lo familiar. 73 Relato de Walter Calamita, Italia, 1978/1979, en: Fanego op.cit.,186
28El punto inicial de esa trayectoria puede rastrearse en un pasado familiar ligado al Partido Comunista Italiano. Antes de migrar, el padre de Walter se había desempeñado como Secretario de la Federación Juvenil Comunista en Masa Fermata, un pequeño pueblo de la región de Le Marche73. Una vez en Argentina, Primo Calamita se casó y constituyó una familia en la que la discusión política permeó la vida cotidiana de todos sus miembros.74 Al llegar a la juventud, sus dos hijos comenzaron a militar en Bahía Blanca: Higinio (el mayor) ingresó a la Universidad Nacional del Sur y se involucró en la estructura del Partido Revolucionario de los Trabajadores, al tiempo que Walter tuvo un activismo estudiantil en el Colegio Nacional de Bahía Blanca.75 76 Idem.
29En la madrugada del 8 de noviembre de 1974, ambos fueron detenidos en un operativo llevado adelante por grupos parapoliciales y miembros de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Se trató de un procedimiento que comenzó en una casa operativa del PRT que había sido alquilada tiempo antes con la garantía de Primo Calamita a pedido de su hijo mayor. La patota que ingresó al lugar secuestró y torturó a Gerardo Saad; luego se dirigió a la casa de la familia Calamita, y en el marco de un operativo que implicó corte de calles e incluyó una cantidad significativa de personas que ingresaron por distintos sectores de la vivienda, fueron detenidos Walter, Higinio y su esposa. La labor del grupo de tareas concluyó en el peladero de pollos Calamita, donde la misma patota detonó bombas que dañaron las instalaciones76. 77 A excepción de Coralia, la esposa de Higinio. Al ingresar a la comisaría estaba embarazada de siete (...)
31Si los “papeles” de la burocracia carcelaria permiten hacer una aproximación a fragmentos de la experiencia vital de Higinio y Walter en las unidades78 del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB), no es menos cierto que esos mismos registros nos dan la posibilidad de seguir sus trayectorias y sus vínculos más allá de las fronteras del penal. Al trascender sus muros, en primer plano aparecen sus padres, que movilizaron los trámites judiciales seguidos por el abogado defensor de los dos jóvenes en el marco de la causa que tramitó primero el juez subrogante Marcelo Aníbal Betnaza, y luego el magistrado bahiense Guillermo Federico Madueño79. En el expediente80 estaban imputados además la esposa de Higinio, Gerardo Saad y Daniel Abot, por infracción al artículo 189 bis del Código Penal y a la ley 20.840 (art. 2° incisos a y c y artículo 3° inciso c).81 82 El juez de la causa dictaminó que Walter Calamita debía quedar en libertad por resolución del 25 de (...)
32Cuando los múltiples intentos por obtener la libertad resultaron infructuosos82, el único “afuera” de la cárcel era un “afuera” del país y ese fue el destino final de todos los miembros de la familia Calamita detenidos y no detenidos. Pero los viajes se sucedieron en el tiempo y en los legajos penitenciarios puede leerse esta historia familiar de encierros/destierros desacompasados. Las gestiones llevadas adelante por los abogados defensores entre 1974 y 1975 dieron por resultado el sobreseimiento definitivo de Walter y su salida del país mediante el “derecho de opción” que le fuera concedido por Resolución Ministerial N° 2875. El 22 de diciembre de 1975 fue notificado de la inexistencia de impedimentos legales para abandonar Argentina y el 12 de enero del año siguiente fue trasladado a Coordinación Federal por la Policía de Azul, donde permaneció durante 10 días hasta que logró emprender el viaje a Italia83. En esa última etapa de encierro en Coordinación Federal, Walter sintió con claridad que no sólo su vida e integridad física estaban en manos de las fuerzas de seguridad, sino que su libertad efectiva no dependía estrictamente de la acción de un juez, del decreto del Poder Ejecutivo o de la intervención del Ministerio del Interior a través de la Dirección General de Migraciones. Los testimonios de Calamita y los registros penitenciarios muestran que aún antes del golpe de Estado, los presos políticos “legales” carecían de cualquier derecho, incluso el de salir de territorio argentino con documentación personal. De hecho, Walter subió al avión esposado y sin ningún papel que acreditara su identidad. Sus documentos le fueron devueltos por el comandante de la aeronave tras sus ruidosas protestas cuando aterrizó en Europa. Esta práctica habitual para los “opcionados” servía a dos propósitos: el primero, reforzar la parálisis por el terror; el segundo, asegurarse que el “deportado” no cambiara su destino, convirtiéndose en una amenaza desde el exterior. 84 Higinio Calamita debió cumplir la “libertad vigilada” en la localidad de Bahía Blanca con autorizac (...)
33Mientras Walter lograba traspasar los muros del penal atravesando fronteras, Higinio quedaba encerrado en los pliegues de expedientes judiciales, de solicitudes de salida del país denegadas y decretos del Poder Ejecutivo en el mismo sentido. Aunque fue absuelto en la causa seguida por el Juez Madueño en febrero de 1977 y se ordenó su libertad, una vez que el fallo fue confirmado por la Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca; sólo pudo salir del penal en régimen de “libertad vigilada”84 tras un largo periplo por diferentes unidades en julio de 1981. Durante todos esos años, solicitó salir del país en varias oportunidades pero siempre obtuvo una respuesta negativa (18/4/1977, 3/4/1978) o el trámite se dilató sin resolución (26/9/1979, 23/6/1980).85 86 A modo de ejemplo puede hacerse referencia a un cuento escrito por Higinio durante su permanencia e (...)
34El exilio de Walter y la cárcel de Higinio están anclados en una materialidad que resiste el paso del tiempo. Pero los “papeles” producidos por el sistema penitenciario no son los únicos que emergen a la superficie. De la mano de los recuerdos de los protagonistas brotan dibujos, objetos construidos durante el encierro, cartas, cuentos86; pero también tabiques y distancias. Esto registros dispares nos permiten entender que Walter se sitúa en un territorio de múltiples herencias, el compromiso político de su progenitor, la militancia de su hermano, las angustias de unos padres que tuvieron que edificar, una vez más, sus vidas en su país de nacimiento porque el que habían elegido para “hacerse la América” se convirtió en un sitio hostil e inhabitable87. 88 Cacho Narzole, Tributo a Naviante. Escuela de militancia, Buenos Aires, Imago Mundi, 2006.
38 Constatar con de Certeau91 que la Historia en general es una “operación”, esto es que se define en la combinación de prácticas científicas, lugar social y escritura; y asumir con Hartog92 que el “régimen de historiografía” del pasado reciente no puede divorciarse del régimen de historicidad de la sociedad “presentista”, no impide a los investigadores interrogarnos sobre las potencialidades y límites de nuestros cuestionarios; o sobre si nuestras herramientas conceptuales operan verdaderamente como instrumentos analíticos o duplican miradas nativas no dejando reponer los contextos múltiples de sentido que explican procesos y acontecimientos, impidiendo descubrir otros objetos u obturando una lectura auténticamente histórica, contingente y situada. 39 Creemos que estamos en un momento óptimo de acumulación como para ensayar desde la reconstrucción sistemática de las articulaciones entre cárcel y exilio durante la vigencia del Estado de excepción, otros caminos para pensar la historia de la represión, sus dispositivos, su temporalidad, sus marcas locales; y también para revisar la historia de la militancia, en sus estrategias, continuidades, rupturas y resignificaciones pre y post golpe, sin jerarquías (víctimas mayores y menores, muertos-desaparecidos y sobrevivientes), sin miradas normativas (un “adentro” y un “afuera”) y en un diálogo de escalas (nacional, internacional, regional, local). Inicio de página
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Yankelevich, Pablo y Silvina Jensen, “La actualidad del exilio”, Pablo Yankelevich y Silvina Jensen (comps.), Exilios. Destinos y experiencias bajo la dictadura militar, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2007. Yankelevich, Pablo, Ráfagas de un exilio. Argentinos en México, 1974-1983, México, FCE, 2010.
5 Pablo Yankelevich y Silvina Jensen, “La actualidad del exilio”, Pablo Yankelevich y Silvina Jensen (comps.), Exilios. Destinos y experiencias bajo la dictadura militar, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2007, 9-19. 6 Hoy en el territorio de los exilios políticos esta “subrepresentación” merece ser discutida o matizada. Para comprender la evolución del campo historiográfico de los exilios, véase: Silvina Jensen, “La historiografía del último exilio argentino: un territorio en construcción”, X Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, UNR y UNL, Rosario, 20-23 de setiembre, 2005, Cd- Rom; y Silvina Jensen, “Exilio e Historia Reciente. Avances y perspectivas de un campo en construcción”, Aletheia, revista de la Maestría en Historia y Memoria de la FAHCE, UNLP, nº 2, vol. 1, mayo 2011. Disponible en: http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar, consulta 31/3/2014. 7 Gabriela Águila, “La represión en la historia reciente argentina: fases, dispositivos y dinámicas regionales”, Gabriela Águila y Luciano Alonso (coords.), Procesos represivos y actitudes sociales. Entre la España franquista y las dictaduras del Cono Sur, Buenos Aires, Prometeo, 2013, 97. 8 Cabe aclarar que no adscribimos a una definición tan amplia de historiografía que incluya toda operación social reflexiva o imaginativa acerca del pasado. Pero tampoco reducimos la historiografía a los historiadores de formación. Para el caso del pasado reciente, se impone incluso con más fuerza que para otras especialidades pensar en un espacio de encuentro entre cientistas sociales y humanos, que a veces redunda en el trabajo interdisciplinario. Por lo tanto, cuando hablemos de producción de sentidos en sede académica consideraremos la de aquellos investigadores que desde su saber disciplinar y experto, tienen como objeto aquellos procesos y experiencias que siguen afectando nuestras subjetividades y sensibilidades, con independencia de que por formación hayan transitado o no las instituciones de la Historia. (Marina Franco y Florencia Levín, “El pasado cercano en clave historiográfica”, Historia Reciente. Perspectivas y desafíos de un campo en construcción, Buenos Aires, Paidós, 2007). 9 Existe cierto acuerdo en situar el inicio del último movimiento colectivo de expulsión/huida de población en los últimos meses de 1973 y especialmente tras la declaración del Estado de sitio en noviembre de 1974. Estas salidas discontinuas y originadas en el accionar de bandas paraestatales como la Triple A, pasaron constituirse tras el golpe castrense del 24 de marzo en un drenaje sostenido de población que no finalizó hasta que los militares abandonaron el gobierno. Para un estudio pormenorizado de las fases de salida de exiliados políticos, véase Silvina Jensen “Huidos, opcionados, liberados. Los exilios argentinos de la década de 1970”, Beatriz Figallo y María Rosa Cozzani (eds.), Los de adentro y los de afuera. Exclusiones e integraciones de proyectos de nación en la Argentina y Latinoamérica, Buenos Aires, IDEHESI/ Unidad Ejecutora en Red del CONICET, 2013, 143-144.
17 La “opción” es un derecho contemplado por la Constitución Nacional (Artículo 23) que establece que cuando por determinado clima político o de conmoción interior, el presidente declara el estado de sitio, el Ejecutivo tiene la prerrogativa de trasladar a detenidos considerados peligrosos dentro del territorio del país y eventualmente concederles el beneficio de salir del mismo. Sobre los “opcionados” puede consultarse Virginia Pisarello, “De presos a exiliados: los “opcionados” de la última dictadura militar”, XIII Jornadas Interescuelas/Departamentos de Historia, Universidad Nacional de Catamarca, 10-13 de agosto de 2011. Publicado en CD Rom, Catamarca, Editorial Científica Universitaria, Secretaría de Ciencia y Tecnología, Universidad Nacional de Catamarca, 2013. 18 Dentro de las cárceles de máxima seguridad se encontraban la Unidad Penitenciaria (UP) 2 de Sierra Chica, la UP 9 de La Plata, la UP 1 de Coronda, la UP 1 de Córdoba, la UP 2 de Villa Devoto, la UP 6 de Rawson y la UP 7 de Resistencia (las tres últimas dependientes del Servicio Penitenciario Federal) Garaño, Entre resistentes e “irrecuperables…, op.cit. 19 Judith Filc, Entre el parentesco y la política. Familia y dictadura, 1976-1983, Buenos Aires, Biblos, 1997.
20 Ana Guglielmucci, Memorias desveladas: Una aproximación a la militancia revolucionaria a través de los recuerdos de un grupo de militantes y ex prisioneras políticas durante la década del setenta en Argentina, FFyL, UBA, 2003 [mimeo]. 21 Silvina Merenson, Y hasta el silencio en tus labios...” Memorias de las ex presas políticas del Penal de Villa Devoto en el transcurso de la última dictadura militar en la Argentina, Tesis de Maestría, IDES/IDAES/UNSAM, Buenos Aires, 2004 [mimeo].
23 D´Antonio, op. cit. y Débora D´Antonio “Políticas de desarticulación de la subjetividad sexual y de género practicadas en la cárcel de Villa Devoto durante la última dictadura militar argentina (1976-1983)”, Estudios, nº 25, Córdoba, enero-junio 2011. 24 Garaño, Entre resistentes e “irrecuperables…, op.cit. y Santiago Garaño, “Los pabellones de la muerte de la Unidad 9 de La Plata. Los límites difusos entre la represión legal y la clandestina”, Entrepasados, nº 34, Buenos Aires, 2008. 25 Garaño, Entre resistentes e “irrecuperables…, op.cit., 30 y 43.
32 No hay que olvidar que la Junta Militar operó en relación a la aplicación de la “opción” de dos formas. Por un lado – como señaló Amnistía Internacional en su Informe de 1977 – suspendiéndolo incluso de forma retrospectiva (Decreto 21.338, 29/3/1976) – hecho que afectó a los detenidos que tenían concedida la “opción” antes del golpe y aún no habían concretado su traslado fuera del país –; y por el otro, aplicándolo con absoluta arbitrariedad y discreción y atendiendo a razones de “seguridad nacional” (Movimiento Peronista Montonero (MPM), Informe sobre la represión en Argentina, 1978, s.p.i..). Según Solari Yrigoyen, sobre los “opcionados” pesaba la imposibilidad de regresar al país. Su regreso constituía un “delito de regreso ilegítimo” (Daniel Parcero, et. al., La Argentina Exiliada, Buenos Aires, CEAL, 1985, 137). 33 Ley que regulaba los “casos en que se procederá la expulsión de un extranjero”, sea residente permanente o no permanente. La ley se aplicaba en caso de que tuviera una condena en el extranjero y lo hubiera ocultado, “cuando fuere condenado por la justicia argentina por delito doloso; cuando realizare en la República actividades que afecten la paz social, la seguridad nacional o el orden público” (BORA, 24/3/76). Resulta interesante observar que esta ley fue aplicada a personas nacidas en el exterior pero que al momento de la expulsión eran ciudadanos argentinos. Un caso interesante es el del militante del FAL 22, José María Company Céspedes , nacido en Asturias, acusado por la ley 20.840, preso en la UP9 y la UP2, reclamado internacionalmente (Cambio 16, Madrid, 23/8/76) y expulsado por decreto de febrero de 1978.
35 CADHU. Conferencia de prensa, Ginebra, 21/2/1977. 36 En la entrada correspondiente a la documentación de la CADHU México, el Archivo Nacional de la Memoria afirma que la CADHU comenzó a funcionar en febrero de 1976. Allí se señala que el grupo original estuvo integrado por Eduardo Luis Duhalde, Haroldo Logiurato, Liliana Galletti, Ignacio Ikonicoff, Marcelo Duhalde y Carlos María Duhalde. Luego se incorporaron Mario Hernández, Roberto Sinigaglia, Gustavo Roca, Carlos González Gartland, Mario Abel Amaya, Lucio Garzón Maceda, Manuel Gaggero, Vicente Zito Lema, Daniel Antokoletz, Gustavo Varela, Juan Carlos Caprioli, Marta Taboada y Elvira Ellacuría de del Castillo. Para mayor información, véase http://anm.derhuman.jus.gov.ar/fanm_colec_institucional.html, consulta 23/4/2014. Por su parte Marina Franco y Pilar García Bernaldo afirman que la CADHU había surgido en 1975 de un acuerdo entre el PRT y Montoneros, que desde 1976 tuvo su núcleo fundamental en Madrid y en 1977 creó su sección francesa (Marina Franco y Pilar García Bernaldo, “Cuando el sujeto deviene objeto: la construcción del exilio argentino en Francia”, Pablo Yankelevich (comp.), Represión y destierro. Itinerarios del exilio argentino, La Plata, Al Margen, 2004, 29) 37 Para conocer parte de la compleja historia de la CADHU, véase: Guillermo Mira Delli-Zotti, “La singularidad del exilio argentino en Madrid: entre las respuestas a la represión de los ´70 s y la interpelación a la Argentina posdictatorial”, Pablo Yankelevich (comp.), Represión y destierro. Itinerarios del exilio argentino, La Plata, Al Margen, 2004; Franco, El exilio. Argentinos en…, op.cit.; Yankelevich, Ráfagas de un exilio..., op.cit.; y Luciano Alonso, Defensa de los Derechos Humanos y cultura política entre Argentina y Madrid, 1975-2005, Tesis de Maestría, Universidad Nacional de Andalucía, 2010.
40 Cabe señalar que en un voluminoso dossier de la inteligencia militar titulado Acciones contra Argentina sobre Derechos Humanos. Marco exterior (s.f.) (Archivo DIPBA) se afirmaba: “La CADHU es el resultado del acuerdo establecido entre Montoneros, PRT-ERP, Partido Comunista Marxista leninista, Partido revolucionario de los Obreros Argentinos, asimismo han participado del acuerdo subversivo otras bandas tales como el Grupo Obrero Revolucionario, Frente Revolucionario 17 de Octubre y Juventud Irigoyenista. Sus integrantes son los Delincuentes Terroristas (DDTT). Entre los integrantes del Comité Ejecutivo figuran los abogados…” 41 Como representante de la CADHU le cupo la responsabilidad de presentar el 28 y 29 de septiembre de 1976, la primera gran denuncia internacional contra la dictadura en el congreso de los EE.UU. Lo acompañó otro integrante de la Comisión, Lucio Garzón Maceda, abogado laboralista que se radicó en París por la cercanía con el epicentro de la denuncia (Ginebra, sede de las NNUU). Ambos habían huido del país por Paso de los Libres, pasando por Brasil hacia Europa.
46 Referente de la CADHU en México DF, es junto a Duhalde (fallecido en 2012) y Pedro Galín, uno de los pocos sobrevivientes de la Gremial que habían actuado en 1972 atendiendo a la situación de los fugados del penal de Rawson y de los sobrevivientes de la “masacre de Trelew”. 47 CADHU Madrid, Fundamentos y bases para una reorganización y reestructuración, 19/3/1978.
54 Ibid, 61. 55 Ibid, 65 y 66.
57 CADHU, Argentina. Proceso..., op.cit., 48-49. 58 Resulta incesante observar la trascendencia del trabajo de esta Comisión de Familiares cordobeses. Sus denuncias sobre la “aplicación de la ley de fugas” como forma progresiva de eliminar presos políticos, llegaron tempranamente a la prensa española que explicaba que se trataba de “simples fusilamientos tras los cuales los comunicados oficiales informan sobre un frustrado intento de evasión” (El País, 18/11/1976). 59 Angélica María Aieta, era ciudadana italiana y fue secuestrada de su domicilio en agosto de 1976. En un informe, la CADHU explicaba que había adquirido “notoriedad· denunciando la “situación de los presos políticos, entre ellos sus hijos” (CADHU, Argentina. Proceso…, op. cit., 55). Se estima que fue trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y que fue víctima de los “vuelos de la muerte”. Continúa desaparecida.
63 Para analizar su posición respecto a los detenidos PEN y sobre la aplicación arbitraria del derecho de “opción”, véase CADHU París. Bulletin, noviembre-diciembre 1977, nº 1. 64 CADHU Madrid Mensaje a la comunidad internacional, agosto 1980.
72 La elección de la trayectoria vital de Walter Calamita guarda relación con varias cuestiones. Por un lado, su compromiso testimonial a lo largo del tiempo. En tal sentido la posibilidad de poner en diálogo su testimonio durante la dictadura y en el exilio italiano publicado en el libro Quebrantos, con la construcción del testimonio realizada por las autoras en 2014, resultaba en sí misma una buena razón. La segunda que su biografía –enlazada a la de su hermano y la de sus padres – permiten ver las alternativas de la secuencia represiva cárcel-exilio y de la secuencia militante interior-exterior del país. La tercera que se trata de un preso bahiense, que pasó por la UP4 antes de ser trasladado a La Plata y más tarde salir del país, y en tal sentido, la investigación contribuía a la reconstrucción de lógicas situadas en nuestra ciudad de residencia. 73 Relato de Walter Calamita, Italia, 1978/1979, en: Fanego op.cit.,186
78 Walter Calamita estuvo encerrado en la UP4 y en la UP2, Higinio también permaneció en estas cárceles y luego fue trasladado a la UP 6 de Rawson y a la UP 9 de La Plata. 79 Se debe tener en cuenta que el juez Guillermo Federico Madueño formó parte de la trama de complicidades civiles del Terrorismo de Estado en Bahía Blanca. Entre las acusaciones que recayeron en su contra se incluye, entre otras cosas, la falta de investigación en casos de denuncias por torturas, la omisión de ordenar la atención médica de las víctimas, los estrechos vínculos que mantuvo con los principales responsables del plan sistemático represivo en la ciudad. Véase la denuncia presentada por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), ante el Presidente del Consejo de la Magistratura (Enrique Santiago Petracchi), Buenos Aires, 11/5/2005. 80 Se trató de la causa N° 753 del año 1974, caratulada “Saad, Gerardo Darío; Calamita, Higinio Roberto; Calamita, Walter Oscar; Calamita, Coralia Elizabeth Amin Díaz de; y Abot, Daniel Alberto (prófugo) s/ Inf. art. 189 bis C.P. y ley 20.840, art. 2° incs. a) y c) y art. 3° inc. c) B. Blanca” (Legajo Walter Calamita, UP 2 Sierra Chica). 81 Legajo penitenciario de Walter Calamita, UP 2 de Sierra Chica, 1975/1976.
84 Higinio Calamita debió cumplir la “libertad vigilada” en la localidad de Bahía Blanca con autorización para desplazarse dentro del ejido urbano y bajo supervisión de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Legajo de Higinio Calamita, UP 9 La Plata, 1981). De acuerdo al artículo 6 de la ley 21.650 las personas que se encontraban en esta situación debían “A) presentarse espontáneamente ante las autoridades militares de Seguridad o Policiales que les hayan sido asignadas, cada tres días los dos primeros meses de estar sometido a esta forma de arresto y cada siete días después de ese período (…), C) abstenerse de realizar cualquier actividad que le sea específicamente prohibida por las autoridades competentes D) abstenerse de participar de reuniones públicas, privadas de cualquier naturaleza, excepto las de mero carácter familiar”. 85 Legajos de Higinio Calamita, UP 2 Sierra Chica, 1975-1979 y UP 9 La Plata 1981.
92 François Hartog, “Sobre la noción de régimen de historicidad. Entrevista con…”, Christian Delacroix, François Dosse y Patrick García, Historicidades, Buenos Aires, Waldhuter Editores, 2010,154.Inicio de página
Silvina Jensen y María Lorena Montero, « Prisión política y destierro en la Argentina dictatorial », Izquierdas [En línea], 26 | Enero 2016, Publicado el 01 enero 2016, consultado el 27 febrero 2017. URL : http://izquierdas.revues.org/621Inicio de página
Argentina, coautora. Doctora en Historia y Magister en Historia Moderna y Contemporánea por la Universidad Autónoma de Barcelona. sjensen@criba.edu.ar María Lorena Montero
Argentina, coautora. Licenciada y Profesora en Historia por la Universidad Nacional del Sur lorenamonter@gmail.comInicio de página

References: artículo 189
 artículo 3
 resolución 
 Resolución 
 resolución 
 artículo 6