Source: http://www.libertadidioma.com/20171219.htm
Timestamp: 2018-11-21 20:01:59+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Martes 19 Diciembre 2017
Javier Benegas. vozpopuli 19 Diciembre 2017
Cuando abordamos unas elecciones, la expresión más reiterada y vacua que repiten los partidos como loros es la famosa “fiesta de la democracia”. Lo que no es más que la liturgia final de un proceso muy complejo; es decir, votar, para los partidos en realidad lo es todo: es su razón de ser. No importa la manera o las razones por las que, al final, los ciudadanos se ven llamados a las urnas; mucho menos si los comicios servirán para resolver los problemas planteados o, siquiera, permitirán definir un mapa político distinto que ofrezca una salida real a situaciones conflictivas que los propios partidos han generado. Así, demasiado a menudo, cuando se alude a la fiesta de la democracia en realidad se alude a la fiesta de los partidos. Porque la democracia, en su sentido de representación ciudadana, cada vez importa menos.
Antonio García Fuentes Periodista Digital 19 Diciembre 2017
De la mentira al referéndum
Cristina Losada Libertad Digital 19 Diciembre 2017
Entiendo que quienes creen que Cataluña es una región sometida a toda suerte de maltratos, agravios, opresiones y represiones infligidos por España reclamen un referéndum para separarse de un Estado tan malvado. Entiendo a los separatistas catalanes que dan por cierto un relato tan increíble, aunque no entienda cómo pueden creer tal montón de falsedades. Y, como no los tengo ni por irremediablemente tontos ni por completos ingenuos, me pregunto si lo suyo no será tanto una verdadera creencia como una creencia impostada: un artificio que cubre un supremacismo auténtico. Pero hay algo que decididamente se me escapa, y no de los separatistas, que son simples. No entiendo que estén a favor de un referéndum de autodeterminación en Cataluña los que denuncian la montaña de mentiras en la que ha crecido la exigencia del referéndum.
El escritor Javier Cercas daba ese salto –mortal para la coherencia, al menos– en un artículo (versión en español aquí) en el New York Times hace un par de días. Exponía cómo los "nacionalistas conservadores" que han tenido el poder en Cataluña utilizaron el "control exclusivo" del que disfrutaba la autonomía en educación, lengua o cultura (olvidaba a los medios) para desarrollar una "minuciosa, subrepticia y desleal estrategia de construcción nacional". Decía que, en 2012, esos nacionalistas abrazaron la causa de la independencia porque, en medio de una grave crisis económica, les convenía culpar de todo a Madrid y tapar la impresionante corrupción de sus dirigentes. Y hablaba, en fin, de "las toneladas de mentiras que se fabricaron con fondos públicos y fueron difundidas por la causa pro-independencia".
Hasta aquí me parecía un artículo impecable, cosa que me sorprendió. Cercas está en un bando literario o periodístico (no sé bien donde ubica su actividad) que no es el mío, y este tipo de bandos son mucho más cerrados y hostiles, dónde va a parar, que los bandos políticos. La sorpresa duró poco. A la hora de las soluciones, que es una hora feliz porque implica que las hay, Cercas se pronunciaba por dos a largo plazo. Una reforma constitucional para hacer de España un país plenamente federal. Vaya usted a saber. Y establecer las condiciones para que Cataluña pueda tener un referéndum de independencia siguiendo el modelo de la Ley de Claridad canadiense.
O sea. Se dice que el nacionalismo catalán usó el poder autonómico para labores de ingeniería social destinadas a fabricar nacionalistas, y por ende separatistas. Se denuncia que aquella estrategia subrepticia, más todo lo que después se hizo ya en clave independentista, está fundado en mentiras. Se constata que no hay agravios ni opresión ni represión ni maltrato que fundamenten el berrinche separatista. Sin embargo, pese a todo ello, se propone que aceptemos la existencia de justificación suficiente como para darles lo que quieren: un referéndum de independencia. ¿Cuál es la lógica? ¿Basta que en una región haya un porcentaje notable de ciudadanos que quieran separarse para que se les ceda la soberanía y decidan ellos solitos si se van o se quedan?
Esa lógica presenta muchos problemas. Los presenta en todos los casos. En el caso catalán, con un nacionalismo que pudo dedicarse durante muchos años a la "construcción nacional", en detrimento de valores esenciales de la democracia, el problema es previo. Porque la propia demanda del referéndum ha surgido de las toneladas de mentiras nacionalistas. Si aceptamos esa demanda estamos diciendo que son legítimas las reclamaciones nacidas de las falsedades, las incitaciones al odio y el silenciamiento del discrepante. Estamos diciendo que cuando mucha gente ha caído –o ha querido caer– en las redes del odio y la mentira tenemos que satisfacer la exigencia engendrada por esa ofuscación. Que no podemos hacer nada, salvo inclinarnos ante la demanda. Por injusta, aberrante o catastrófica que sea.
No es un buen criterio. La cuestión es cómo se llega a defender tal cosa cuando se tiene claro de qué manera y con qué malas artes se ha gestado la exigencia de un referéndum en Cataluña. Yo sólo lo puedo entender por el espejismo de la solución. Y ni así. Pensar que un referéndum es la solución no es más que otra quimera. Peor aún que creer que la política tiene soluciones definitivas para todos los problemas.
Un nuevo informe de AMES revela que la Historia también se manipula en la ESO
ESTHER ARMORA ABC 19 Diciembre 2017
En los institutos catalanes también se manipula la historia de España. Así lo suscribe un informe del sindicato Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria (AMES) sobre manuales de 2º, 3º y 4º de ESO. El estudio, presentado ayer y que completa uno anterior sobre los textos de Primaria, concluye que algunos de los libros ofrecen «un relato sesgado y partidista» de la Historia.
El informe «Adoctrinamiento ideológico partidista en los libros de ESO de Geografía e Historia utilizados en Cataluña en el curso 2017/18» llega antes de que el Ministerio de Educación presente el suyo (que anunció en el punto álgido de la crisis secesionista) sobre el adoctrinamiento ideológico.
El trabajo, adelantado por ABC, constata con ejemplos «cómo el relato histórico se ha manipulado durante años en Cataluña a favor de las tesis nacionalistas», según AMES.
En la mayoría de manuales consultados, la palabra «España» está desterrada y es sustituida por «monarquía hispánica». Asimismo, el relato histórico se construye en base a una oposición constante entre España y Cataluña, donde los gobernantes españoles «son los malos» y los catalanes «los buenos», según denuncia Antonio Jimeno, presidente de AMES. En los libros de ESO analizados aparece también la idea de independencia relacionada con Cataluña desde el siglo XIII y se presenta a España como «un estado plurinacional».
«Mejor ir solos»
Como novedad respecto a lo avanzado, en algunos manuales se perfila una UE «débil» y «fracasada» y se deja entrever que «la mejor opción para superar la crisis en la que están sumidos algunos países europeos es salir del euro y de la UE». En los libros se insta a los alumnos a analizar con varios ejercicios un texto que presenta a la Unión Europea como «una entidad fracasada con problemas muy serios».
«La Unión Europea se encuentra en las horas más bajas de su historia. Cada vez son más numerosas las voces que afirman que, ante la crisis económica, sería mejor ir solos», apunta el texto, en el que se afirma que «el abandono de la moneda única facilitaría salir de la crisis». También se presenta a España como «un estado plurinacional». «Dan por sentado que lo es y aluden a la Constitución para justificarlo», denuncian los autores del informe.
«El hecho de que la Constitución, que también califica a España como nación, establezca la existencia de nacionalidades (sinónimo de nación) permite afirmar que el estado español es plurinacional», apunta uno de los libros.
En el mismo manual, se muestra un mapa de Europa coloreando las regiones donde hay un porcentaje de personas que desean la autodeterminación, «sin indicar que en muchas de ellas ese porcentaje es muy pequeño», apunta el sindicato. Denuncia, asimismo, que en el citado gráfico se señala junto a Cataluña, también a la Comunidad Valenciana y a las Islas Baleares, intentando generar la idea de que todos los «países catalanes quieren la independencia».
En la mayoría de los libros, la Historia de España se presenta como un constante conflicto entre España y Cataluña y los gobernantes españoles aparecen «como los malos», coartando las libertades, las costumbres, las tradiciones y la lengua propia de Cataluña; frente a los dirigentes catalanes («los buenos»), a los que se atribuyen siempre acciones positivas.
El Estado Islámico asienta su terror en el mundo al perder su “califato”
YCM lagaceta.eu 19 Diciembre 2017
Hay un error de concepto en la idea de que el conflicto catalán deben resolverlo los catalanes. Es un problema de España
Ignacio Camacho ABC 19 Diciembre 2017
Sea cual sea el resultado de las elecciones del jueves, su propia convocatoria al amparo del artículo 155 contiene un error de concepto: el de que el conflicto catalán deben resolverlo exclusivamente los catalanes. Eso sería así si se tratase de un problema de índole interna derivado del autogobierno, pero el procés no es tal cosa sino un cuestionamiento global de las bases del Estado, de los fundamentos constitucionales, de la fuente de la soberanía nacional. Incluso si fuera el caso de un debate estatutario, la Constitución establece que los estatutos de autonomía son leyes orgánicas que debe aprobar, en nombre de (todo) el pueblo español, el Congreso de los Diputados. Por eso hubo un recurso de inconstitucionalidad contra el vigente estatuto, que por exceder su margen competencial sufrió recortes a pesar de haber sido refrendado. Al utilizar los poderes excepcionales del 155 sólo para llamar a las urnas a los ciudadanos de Cataluña, el Gobierno efectuó una generosa concesión al soberanismo, integrándolo en una supuesta solución de la que no puede formar parte mientras persista en su delirio. Esa decisión no sofocaba la insurrección de octubre; la dejaba en suspenso e ignoraba adrede a la totalidad de la nación afectada por el desafío.
Porque la secesión de Cataluña es un problema de España y es a los españoles en su conjunto a quienes corresponde afrontarlo. Ésa es la base de la cuestión, la que tiene que ver con el sujeto soberano. Los catalanes sólo tienen capacidad, como los andaluces o los vascos, para decidir quién está al frente de su gobierno autonómico. Pero cuando ese gobierno traspasa sus márgenes legales para abolir el orden normativo de la nación de la que forma parte, es el Estado el que tiene que ejercer su autoridad sin delegarla ni esconderse, que es lo que de algún modo ha hecho, por apocamiento, al dar la palabra a los catalanes. ¿Y el resto? ¿No tienen nada que decir los demás españoles a los que el separatismo ha tratado de amputar su soberanía, su territorio, su igualdad y sus derechos?
Si el Gobierno, y el resto de los partidos constitucionalistas, no se atrevían a desempeñar el papel para el que tienen plena legitimidad, a quienes debían consultar es a los ciudadanos de España. Eso significa convocar elecciones generales con Cataluña como eje casi exclusivo del debate. Preguntar a los españoles cómo quieren arrostrar el conflicto soberanista, que compete a su proyecto de convivencia. Y si, por las razones que fuere, esta solución no se considera aconsejable, entonces el Estado tenía que haber actuado con resolución para desmontar las estructuras políticas e institucionales de la independencia de facto. No lo ha hecho: ha convocado elecciones con el poder separatista casi intacto. Y el jueves lo puede -lo podemos- lamentar si el recuento devuelve el problema al punto en que quedó simplemente aplazado.
Ernesto Ladrón de Guevara latribunadelpaisvasco.com 19 Diciembre 2017
Cuando dijo Franco que este país es diferente tenía toda la razón. Pero no sé si lo afirmaba como diagnóstico o como pronóstico. El caso es que acertó de pleno.
En España suceden cosas que no ocurren en ningún otro lugar del universo. El caso de las lenguas es paradigmático. En ningún país del mundo donde existen diversas lenguas se obliga a los escolares a aprender los contenidos curriculares en lengua distinta a la suya propia, si esa lengua es la natural y común de ese país. En todos los lugares del mundo se acepta que los niños aprendan lo que corresponde por edad en la lengua vernácula de esa nación, y después se enseñan otras lenguas, pero la que se emplea para el aprendizaje es la lengua nativa del niño, la que llamamos materna o primera lengua. Y eso sucede porque en las naciones civilizadas se contempla el superior interés del niño en lugar de tener en cuenta los intereses políticos de los caciques territoriales. En España no, porque el interés que han tenido sus gobiernos en desarrollar un sistema educativo compatible con los derechos individuales es nulo. La prueba es que apenas se han producido mejoras o reformas en un sistema educativo ya caduco y frustrado, como fue la LOGSE, una ley nefasta, de resultados paupérrimos y que nos dejan en mal lugar en relación a los países de la OCDE, como muestran los resultados PISA y PIRLS.
Pero es que, además, lo que ocurre en comunidades como País Vasco y Cataluña no tiene nombre ni parangón.
Nací y vivo en el País Vasco. Nadie me preguntó si quería nacer aquí, hace 67 años. Por ello considero que mi nacimiento fue una circunstancia sobrevenida, ajena a mi voluntad. Para mí es una cuestión que no tiene mayor interés pues no ha dependido de mí.
Pues bien, en mi tierra -Alava- siempre se ha hablado el llamado castellano, que para mí es español, término más correcto pues es así como se denomina la lengua en la que escribo en todo el mundo. Es más… el castellano (español) surgió en el oeste de Alava, tal como lo testimonian sus primeros elementos paleográficos en lengua romance, descubiertos en el Valle de Valdegovía por el franciscano y amigo mío Saturnino Ruiz de Loizaga.
El caso es que, por razones meramente políticas, de construcción nacional, consentida por los no nacionalistas, vulnerando la Ley de Normalización del Uso del Euskera que dice que se respetará la voluntad de los padres y la realidad sociolingüística de cada zona, se implantó a machamartillo el modelo de inmersión en euskera, contraviniendo la lengua materna de la absoluta mayoría de la población y la lengua de contexto que es el español, mi lengua. Lo mismo se pretende hacer ahora en Navarra por el tinglado talibán que gobierna la Comunidad Foral, con una previsión de efectos que se vislumbra similar a lo que ahora se ha demostrado en el lugar en el que he vivido hasta ahora, y que ahora voy a exponer.
Desde hace más de treinta años vengo avisando por todos los medios a mi alcance de que esto iba a traer fatales consecuencias. Y, para desgracia, pues no me ha gustado haber acertado, nos encontramos con los informes PIRLS últimos donde se refleja que País Vasco y Cataluña están por debajo de la media estadística española en comprensión lectora. Y eso pese a que en el País Vasco la ratio de inversión en educación está muy por encima de las demás comunidades autónomas, lo que quiere decir que hay menos alumnos por aula, más apoyos educativos, mayores refuerzos para lo que arrastran problemas de aprendizaje y de todo tipo, etc. ¿Qué es lo que está pasando, entonces?
La razón es obvia. Sobre esto he venido escribiendo en múltiples artículos y en mis libros desde hace mucho tiempo. La explicación de este desaguisado está en lo que recomienda la UNESCO que aquí se pasa por el arco de triunfo, y es, ni más ni menos, que si se contraviene la lengua materna del niño (empleo el género epiceno para no hacer el ridículo de no respetar las normas de la Real Academia Española) hay un retardo inevitable en la adquisición de la comprensión verbal. Y en muchos casos ese retardo se traduce en una situación de desventaja respecto a quienes no se ven inmersos en esta aberración, puesto que una pobreza léxica se convierte en una losa para entender mensajes escritos u orales. Y eso es un factor de reducción cognitiva y de atraso en el aprendizaje. No lo digo yo solamente. Lo afirman personalidades del mundo de la teoría del aprendizaje como Vigotsky, Ausubel, etc. La estructura cognitiva se extiende en red sobre mecanismos del lenguaje por acumulación en cadena de significados.
Parece mentira que en este país se haya consentido priorizar la construcción nacional al superior interés del niño, protegido por los convenios internacionales suscritos por España, en una vulneración de derechos que es de juzgado de guardia.
PIRLS es uno de los estudios internacionales comparados, similar al PISA, referido a los tramos de escolarización de educación primaria. España ocupa el lugar 28 de los 50 países que son analizados, lo cual no es para tirar cohetes, precisamente. Y, dentro de ese desfase, el País Vasco está por debajo de comunidades como Madrid, Asturias, La Rioja o Castilla León que tienen presupuestos educativos mucho más modestos. Y, paradójicamente, detrás de Cataluña, que no está para lucir el tipo, pues también está por detrás de la media española. La razón es obvia, el euskera es una lengua endiabladamente más complicada que el catalán, y alumnos castellanohablantes tienen que estudiar las materias en una lengua que sus familias desconocen, en general. Si esto no es para tocar a rebato y alarmarse es que ni somos sensibles ni nos importan las nuevas generaciones. Es para llorar.
Hoy mismo me ha llamado un fundamentalista catalán que ha conseguido mi teléfono móvil para intentar ponerme contra las cuerdas, diciéndome que por qué odio el catalán, lo cual es un chorrada de tamaño gigantesco, pues a mí ni me va ni me viene que la gente hable catalán o sánscrito, lo que quiero es que la gente se entienda, y que no haya problemas con la formación escolar de los niños, quizás por deformación profesional, pero también porque tengo nietos y he visto ya demasiados desaguisados.
Me decía -la culpa es mía por ser educado y haberle escuchado- que aprender no ocupa lugar, lo cual es una tontería indescriptible. Aprender ocupa tiempo, no lugar, y requiere priorización de contenidos y objetivos, pues el tiempo empleado en unas cosas impide la adquisición de otras. Si se empeñan en construir instituciones mal llamadas educativas para que se conviertan en escuelas de idiomas, no sé si se aprenderán estos, lo que sé es que no se desarrollarán otros aprendizajes de mayor urgencia para las posibilidades futuras de los alumnos como es la competencia verbal (así se llama ahora a lo que antes llamábamos aptitudes mentales primarias), vital para el aprendizaje y el futuro de las nuevas generaciones, amén de otros contenidos prioritarios para saber qué es significativamente importante y que no, y diferenciar lo que es verdadero o falso, lo que tiene valor desde el plano del conocimiento y lo que no. Cuestión esencial en la Era de Internet, que es una selva en la que es fácil perderse y hay muchas falsedades entre la mucha información contenida.
Pero no se apuren ustedes. La consejera de Educación vascongada no irá a la fuente del problema, no. Dirá que la culpa es del profesorado, que hay que motivarles, que hay que cambiar las didácticas o la organización escolar, o lo que sea. Lo que no dirá es que el sistema de inmersión lingüística en euskera -o en catalán- es un disparate, y que de ahí proceden estos resultados nefastos. Y eso, a pesar de que las pruebas se hicieron en castellano, para que el desastre no fuera tan evidente. Es para esta gente, (el sufijo me lo ahorro por educación), más importante construir nación que el futuro de nuestros muchachos.
Cuenta atrás para la traición a España (-3)
Vicente A. C. M. Periodista Digital 19 Diciembre 2017
ÚLTIMO DEBATE A CARA DE PERRO Y ÚLTIMO DÍA DE CAMPAÑA ELECTORAL. EL PPC DE ALBIOL NO ILUSIONA NI A LOS INCONDICIONALES: EL FIN DE LA ERA RAJOY.
Anoche se celebró el último debate a siete en la sede de la televisión pública TV3, que sigue impunemente en su plan de favorecer a la opción independentista por unos periodistas que se escandalizan cínicamente de que se les tache de no mantener la neutralidad informativa, porque la de opinión ya es notoriamente independentista. El caso es que el actual responsable máximo, el Director de la entidad, Vicente Sanchis fue el que actuó como moderador, y decir eso es faltar totalmente a la verdad de su verdadera labor. Asistieron: Inés Arrimadas (CIUDADANOS) Miquel Iceta (PSC), Xavier García Albiol (PPC), Xavier Domènech (Catalunya En Comú-Podem), Marta Rovira (ERC), Carles Riera (CUP) y Jordi Turull (Junts per Catalunya). Era la última oportunidad de llegar a millones de espectadores y tratar de arañar votos. Y aquí volvió a repetirse la mono polarización de un “todos contra Arrimadas”, que evidencia el reconocimiento de facto de que CIUDADANOS tiene posibilidades reales de salir como la formación más votada. Eso sí, lejos de la mayoría absoluta salvo milagro de un PP en liquidación en Cataluña.
El debate comenzó con un Turull lanzando mensajes de reincidir en el proceso indicando que “se mantendrán fieles al mandato del 1 de octubre” y que “Estas elecciones van de restituir aquello que el Estado ha querido fulminar”. Toda una declaración de intenciones ya avanzada en la campaña. Marta Rovira volvió a quejarse de la ausencia de Junqueras y la falta de igualdad de derechos entre candidatos. Arrimadas acuso al Gobierno de la Generalidad de haberse dedicado en exclusiva al proceso independentista y "no enfrentarse a resolver la realidad ni reformar este país" (Cataluña, claro). Miquel Iceta aseguró el fracaso de la hoja de ruta y sus costos inadmisibles. Xavier Domenech se refirió al proceso como un juego donde se han tomado decisiones de mucha irresponsabilidad. Albiol acuso directamente al “moderador” de su responsabilidad diciendo que “hemos llegado a esta situación porque personas como usted decían que el PP apoyaba grupos fascistas”. Por último, en su primera intervención, Riera con una valoración sobre las causas de estar donde estamos “hemos llegado a la situación actual por dos motivos. Uno porque el 1 de octubre dos millones de personas decidieron que Catalunya se convierta en una república y otro porque acto seguido se llevó a cabo un golpe de Estado”.
El largo debate estuvo salpicado de mensajes tan demagógicos como el de Turull cuando dijo que “lo que estamos discutiendo en estas elecciones es la democracia”, cuando lo que hicieron para la declaración de independencia fue todo menos democrático al pasar el rodillo de su famélica mayoría parlamentaria en asuntos que obligatoriamente por higiene democrática exigen de un mayor apoyo. O cuando dijo en un tono no menos insultante “Si el 21-D hay una mayoría independentista, ¿respetarán los resultados?”. En clara alusión a un supuesto “pucherazo” o a si permitirá el Gobierno de España que se reanude el proceso en ese “mandato” del pueblo que se realizó el 1 de octubre. O la no menos populista y anti española declaración de Iceta sobre la inmersión lingüística y el adoctrinamiento al decir que “Nosotros no queremos cambiar el modelo lingüístico en las escuelas catalanas”. Por parte de Arrimadas negó que estas elecciones fuesen para “restituir” al Gobierno cesado y las Instituciones abolidas por la intervención, diciendo que su pretensión era hablar de lo que realmente le importa a la gente y de la reconciliación“Quiero dejar atrás la inseguridad y la crispación".
Miquel Iceta dejó clara las intenciones del PSOE – PSC cuando dijo “Queremos impulsar una reforma constitucional para convertir España en un estado federal” y “Decir no a la independencia no es suficiente. Queremos demostrar que la vía del diálogo, la negociación y el pacto se traduce en mayor actividad económica”. Mientras que Domenech reclamaba su “cupo catalán” al exigir “Queremos un nuevo modelo económico y un nuevo pacto nacional”. Por su parte Riera dejó clara la posición de los anti sistema en perseverar en la independencia diciendo “La CUP quiere conseguir unos buenos resultados para construir una mayoría republicana y de izquierdas en el Parlamento de Cataluña que desde el día 22 se pueda dedicar a restituir la república. Creemos que esto solo lo podemos hacer unilateralmente, no porque no nos guste el diálogo”.
La conclusión tras casi tres horas de debate a cara de perro es la enorme distancia entre los supuestos bloques, uno empeñado en restituir el pasado y volver a las andadas con los mismos golpistas al mando y el otro, intentando llevar a la autonomía a una normalidad imposible por la gravedad de las heridas en la sociedad, esas que Iceta intenta cerrar pidiendo indultos de los responsables de esta situación. Un debate que hoy culminará con los últimos actos de campaña electoral antes de la jornada de reflexión y de las votaciones del jueves 21. Una jornada laboral en una semana laboral dominada por los preparativos y el comienzo formal de las Navidades y las reuniones familiares, que en el caso de Cataluña, pueden ser especialmente tensas por las discrepancias políticas, y no solo las normales riñas de unas celebraciones que cada día se ven como más forzadas y superficiales.
Pero si hay sin duda un damnificado en todo este guirigay de este movido último trimestre del año, es el PPC de Xavier García Albiol y su matriz, el PP de Mariano Rajoy. El primero va a cosechar el fracaso reconocido por la propia María Dolores de Cospedal al responder a la pregunta de El Mundo de si ha faltado “hacer españolidad” en Cataluña, con un “posiblemente habría que haber actuado de otra manera”. Una frase que a continuación fue seguida de su postulación a aspirar a la Presidencia del PP diciendo que “uno debe tomar las decisiones en relación con el tiempo que esta viviendo". Y desde luego el PP no está pasando por su mejor momento, pero es que en Cataluña la debacle puede ser histórica por esa Ley D’Hont, por la que se atenta contra la democracia al conceder a unos votos más valor que a otros, dependiendo de las circunscripciones electorales, y que, sin embargo, tantos beneficios les da a los partidos mayoritarios en las elecciones generales.
Y es que a pesar de que Mariano Rajoy sigue empeñándose en repetir cargo y ser el candidato por tercera vez a Presidente del Gobierno de España, diciendo que se siente fuerte e ilusionado, la realidad es que su desgaste en la acción de Gobierno, o mejor decir acción reprimida y condicionada, cediendo al chantaje del nacionalismo vasco y comprando apoyos mercenarios de otras formaciones para subsistir otra legislatura, ha sido de tal calibre que descarta esa alternativa de un tercer mandato. Es por eso que el día 22 no se solo se abre la veda para que Pedro Sánchez retome la vía de la moción de censura y dé por finiquitado su apoyo a la intervención del artículo 155, sino que se abre la lucha por la sucesión de un PP que ha llegado al empate técnico con el PSOE en intención de voto y necesita tiempo para mostrar un cambio en profundidad de sus estructuras de Gobierno y presentar nuevas caras con un mensaje mucho más nítido que esta pseudo social democracia y tecnocracia de burócratas practicada por el equipo de Rajoy. Ese cambio es absolutamente ineludible si quieren subsistir y no seguir los pasos de un PSOE cuyo fondo del pozo electoral creo que aún está por verse, si persiste en desunir a los españoles y apostar por la plurinacionalidad.
Mañana es el día de la reflexión y los catalanes tienen mucho que reflexionar a la hora de elegir entre lo malo conocido y la ruina, o apostar por la reconciliación, y como dice la canción, por emprender "el largo y sinuoso camino a casa", en este caso a la normalidad de una sociedad obligada a enfrentarse apelando a sus sentimientos y mantenerse como uno de los motores económicos que empujan a España en este mundo global, donde es mejor ir en grupo que en solitario. La unión hace la fuerza y juntos podemos enfrentarnos a todos los desafíos, incluidos los de aquellos que nos quieren separar para poder gobernar a su antojo y seguir robando con impunidad como han hecho en el pasado. Hay que renegar de referentes como el de los Pujol, Artur Mas, el fugitivo Puigdemont, la radical Anna Gabriel y su reflejo, Marta Rovira, el fariseo Oriol Junqueras y demás embaucadores que solo han enarbolado banderas para tapar sus tropelías.
Montoro y la financiación del golpe
Guillermo Dupuy Libertad Digital 19 Diciembre 2017
"La Generalidad no ha gastado ni un euro público en el referéndum" (Cristóbal Montoro, 31 de agosto de 2017).
Quizá no haya habido nunca en España un economista metido a político que haya defraudado tanto a sus votantes como él. Lo que es un hecho es que, bajo el mandato de Cristóbal Montoro, la deuda pública ha superado con creces cotas jamás alcanzadas bajo ningún otro ministro de Hacienda, a pesar de ser él quien más ha incrementado, en menos tiempo, la presión fiscal. Tampoco tengo constancia de que haya un ministro que haya burlado tanto una legislación aprobada por su propio partido (Ley de Estabilidad Presupuestaria) y sus propios objetivos de reducción del déficit. Él es, sin duda, el máximo responsable –obviamente, junto con Rajoy– del retraso y, en el fondo, de la fragilidad de una recuperación económica favorecida por la tímida pero positiva reforma laboral, por la rebaja artificial de los tipos de interés, pero retardada y debilitada por la insaciable voracidad fiscal de este irreconocible Partido Popular de Mariano Rajoy, que tiene en el ámbito económico a Montoro como máximo exponente.
Con todo, si hay un motivo suficiente por sí solo para pedir la destitución de Montoro ha sido su papel de financiador –indirecto, involuntario pero absolutamente decisivo– del ilegal proceso secesionista iniciado en Cataluña en 2012. Desde entonces, algunos venimos denunciado cómo un proceso de ruptura como el planteado por Mas no sólo era radicalmente ilegal sino absolutamente inabordable sin el auxilio financiero del Estado, dada la ingente cantidad de recursos públicos que requería, en forma de empresas, fundaciones, chiringuitos, propaganda de medios de comunicación públicos; por no hablar de las ilegales estructuras de Estado erigidas y la adulteración –esta de muy larga tradición– de competencias constitucionalmente encomendadas, como la educación, que también constituye –aunque nadie lo quiera ver– una no menos grave malversación de fondos públicos.
Por mucho que las autonomías españolas estén entre las Administraciones regionales que más porcentaje del dinero del contribuyente se quedan de todos los países de la OCDE, era evidente que la Generalidad de Cataluña no habría podido, sin el auxilio del Fondo de Liquidez Autonómico, sufragar los bienes y servicios que tiene legalmente encomendados y, al tiempo, los de este proceso delictivo, que, a diferencia de un puntual y clásico golpe de Estado, ha requerido de manera constante de enormes cantidades de dinero público.
Desgraciadamente, sin embargo, la clase política, judicial y periodística española, que es en el fondo la gran responsable de nuestra crisis nacional, sólo ha tenido ojos –y eso cuando los ha querido tener– para la malversación de fondos públicos que ha conllevado las celebraciones de las ilegales consultas secesionistas perpetradas el 9 de noviembre de 2014 y el pasado 1 de octubre. Pero es, sin duda, Cristobal Montoro, como ministro de Hacienda, el máximo responsable in vigilando de la financiación pública de este proceso golpista, en general, y de la consulta secesionista del 1-O, muy en particular.
El hecho de que la Administración golpista de Puigdemont ya tuviera impreso y abonado buena parte del material electoral antes de la convocatoria oficial del 1-O, tal y como publica este lunes El Mundo basándose en los informes de la Polícia Judicial, no nos debe hacer olvidar que el Gobierno de Puigdemont llegó a incluir en los Presupuestos de 2017 una partida destinada a un ilegal referendum como el que ya a finales de 2016 tenía públicamente previsto celebrar en otoño de este año. Con todo, el ministro de Hacienda tuvo la desvergüenza de asegurar, a un escaso mes del 1-O:
El hecho de que, finalmente, el material de esa ilegal consulta se sufragara mediante "negocios jurídicos simulados" no borra la responsabilidad política de Montoro durante los años en los que supuestamente fiscalizó los gastos de la Administración en rebeldía y, menos aún, durante el tiempo en que se hizo cargo directo de la misma. Ningún secretismo ni ocultos tejemanejes de Puigdemont y su tropa son excusa para la pasividad del Gobierno del PP y de su responsable de Hacienda ante noticias tales como "El Parlament condiciona ayudas a los medios a la publicidad del 1-O" o "El
Y es que si la responsabilidad in vigilando del Gobierno de Rajoy ha sido la propia de un incompetente, la responsabilidad derivada del momento de elegir la suspensión de la Administración en rebeldía en aplicación del artículo 155 de la Constitución –una vez que los golpistas ya habían consumado todos los delitos que, con tanta antelación, nos habían anunciado– es la propia de un cobarde que se ve arrastrado por los acontecimientos. Claro que más surrealista aun que la tardanza en la aplicación del 155 ha sido su objetivo de destinarla únicamente a la celebración de unas elecciones como las que tendrán lugar pasado mañana. Vamos, como si la falta de elecciones en Cataluña hubiera sido la causa de su ruina y de su adulterada democracia, así como la de la crisis nacional que padecemos todos los españoles.
Vicente Benedito Francés vozpopuli.es 19 Diciembre 2017
OKDIARIO 19 Diciembre 2017
El Gobierno no debe extender un cheque en blanco a los nacionalistas vascos con tal de que apoyen los Presupuestos Generales del Estado de 2018. Un acuerdo entre Partido Popular y PNV sería idóneo para apuntalar la actual legislatura, especialmente ahora que vivimos en un contexto complicado donde consolidar la recuperación económica y solucionar el golpe de Estado en Cataluña son absolutas prioridades. Sin embargo, el actual Ejecutivo no debe pagar una factura demasiado alta con tal de seguir al frente de España. No es de recibo que el ministro de Energía, Álvaro Nadal, haya usado competencias sustraídas de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) para rebajar un 50% la factura eléctrica a las empresas vascas.
Esa maniobra supone una tremenda insolidaridad con el resto de comunidades autónomas —que además tienen menos recursos— con el único objetivo de contentar a sus potenciales socios. El problema tarifario como rémora de la competitividad de las empresas no es patrimonio exclusivo del País Vasco, ya que es algo que también afecta a Andalucía, Extremadura o Aragón; por citar sólo tres ejemplos de una larga lista. Por mucho que la aprobación de las Cuentas Públicas sea perentoria, no debe suponer un cheque en blanco para que el Partido Nacionalista Vasco consiga tanto como se le antoje. Bien es cierto que la situación actual les beneficia. La crisis en Cataluña los ha convertido en el único socio nacionalista en el que puede apoyarse el Gobierno. Sin embargo, una cosa son las concesiones y otras acuerdos soterrados como éste.
Los españoles tienen suficiente con el esfuerzo tributario que tendrán que realizar para seguir pagando las consecuencias de la gestión golpista en Cataluña como para que ahora se sumen los privilegios vascos. Además, este tipo de cesiones económicas pueden desembocar en otras de ámbito político. No es ningún secreto que la formación presidida por Andoni Ortuzar tiene entre ceja y ceja el acercamiento de los presos etarras al País Vasco. Algo que, desde luego, es una frontera que jamás debe traspasar el Popular Popular, ya que sería una ofensa irreparable a las víctimas del terrorismo. También deben ser especialmente cuidadosos con la unidad de España. Aprovechando la ola secesionista en Cataluña, Urkullu ha insinuado en varias ocasiones que el PNV podría solicitar una consulta similar a la de Quebec en Canadá. El PP debe negociar. Dada su condición minoritaria, incluso ceder. Pero nunca, por el bien de España y de los españoles, regalar.
Manuel Molares do Val Periodista Digital 19 Diciembre 2017
21-D: democracia a la catalana
Pablo Planas Libertad Digital 19 Diciembre 2017
A los colegios tomados por los apoderados de los Comités de Defensa de la República hay que sumar los efectos de la ley electoral injustísima.
El Gobierno ha anunciado el establecimiento de un dispositivo especial para las elecciones del jueves en Cataluña ante el elevado riesgo de ataques informáticos acompañados de bombardeos de noticias falsas y de alteraciones digitales de toda índole patrocinadas por Julian Assange, Edward Snowden, la sectorial de Anonymous en la Assemblea Nacional Catalana y los hackers de Vladimiro. En todo lo catalán, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ha pasado de dar tranquilamente la espalda a Oriol Junqueras a no fiarse ni de su sombra, lo que no es óbice para que el separatismo mantenga intacta su capacidad de reírse del Gobierno, organizar el 1-O y cargarse el 21-D.
La vigilancia del espacio sideral durante el día de autos es un loable propósito gubernativo que puede contribuir a despistar (más) al gabinete de crisis catalana de Moncloa en lo que se refiere al aspecto concreto y real de los colegios electorales, las mesas, urnas y papeletas de las autonómicas. Para empezar a hablar, las candidaturas separatistas disponen de más de dieciséis mil interventores (10.607 aporta de momento ERC) para controlar ocho mil mesas electorales. Por contra, los otros partidos apenas suman entre todos cinco mil.
Tal desequilibrio prefigura el escenario electoral del antecedente directo, las elecciones autonómicas del 27 de septiembre de 2015. Aquel día hubo colegios en los que había que atravesar auténticas manifestaciones de apoderados separatistas para poder votar. En los centros en los que había presencia de elementos del PP o de Ciudadanos, los susodichos soportaban estoicamente el vacío a los leprosos mientras los scouts de la CUP porfiaban por facilitar a las monjitas el trámite de votar.
Los indepes tardaron cinco minutos en desconvocar la paella popular de la CUP para las elecciones convocadas por Mariano Rajoy porque en el mismo momento que el presidente del Gobierno anunciaba la solución del artículo 155 de la Constitución planteaba el problema de unas elecciones inmediatas en las condiciones ambientales labradas por el nacionalismo durante cuatro décadas.
A los colegios tomados por los apoderados de los Comités de Defensa de la República hay que sumar los efectos de la ley electoral que otorga a un voto en Queralbs, el pueblo de veraneo de Jordi Pujol, el valor de diez papeletas en el Hospitalet. Y luego que los responsables finales del recuento son altos cargos afectos al separatismo.
Sin embargo, entre las filas separatistas sólo la CUP ha tenido el decoro de no poner en tela de juicio lo que pase el 21-D. A su modo, la pijería anticapitalista tiene un cierto sentido de la proporción y se ha limitado a decir que si, a pesar de todo, pierden no piensan reconocer los resultados. ERC y Junts per Puigdemont, más pragmáticos, ya se han liado la manta a la cabeza de mentar un pucherazo. Entre tanto, Ciudadanos se fía de la Generalidad (el Estado en Cataluña) y el PP se prepara para ratificar los datos supervisados por los interventores de la republiqueta. Dadas las condiciones, cualquier resultado que aboque a la repetición de las elecciones sería un milagro a la luz de la invocación de un 155 que serviría para prolongar sus benéficos efectos a pesar de su pacata aplicación. Todo lo demás es más proceso, sobre todo en la tesitura de que Ciudadanos gane las elecciones para no poder gobernar, lo que sería tan histórico como estéril. Eso sí, en el entretanto, Moncloa vigila a los rusos y el candidato del PP apoya al del PSC en el caso de que Arrimadas sea la más votada. Para redondear el cuadro, juegan fuera, en un sembrado de minas y con el árbitro comprado. Democracia a la catalana.
Javier Caraballo elconfidencial 19 Diciembre 2017
Ha sido el actor Juanjo Puigcorbé el último en decirlo: “Si vivieras aquí, lo entenderías”. Hablábamos de las causas de su independentismo y resolvió la conversación con esa afirmación, entre la condescendencia y el desprecio, tan utilizada por muchos catalanes, no sólo los independentistas. “Ven a Cataluña y lo entenderás pero, si además vienes en coche, lo entenderás más rápido todavía”, añadió con ese tono que invalida al interlocutor para seguir hablando. Sencillamente, se ha asumido que para cualquier español que no viva allí es un atrevimiento hablar de Cataluña; es como pretender que un aborigen del Amazonas entienda las claves de Wall Strett. O eso piensan.
“¿Lo de las carreteras lo dice por los peajes de las autopistas?”, le pregunté. “Porque si es eso, quizá lo más razonable sería pensar que quien pidiera la independencia en España fuesen aquellos que no tienen ni autopistas, ni trenes de alta velocidad, ni aeropuertos cercanos…” Pero ya sólo pude oír una sonrisa, maliciosa o perdonavidas, de fin de charla. ¿Cuántos catalanes hay así, que piensan que uno de los grandes problemas de Cataluña es que en el resto de España no se les entiende, no se les comprende? No sería precipitado afirmar que la inmensa mayoría piensa que Cataluña es independentista porque España no ha sabido escucharla. Sin embargo, lo que ninguno de ellos se ha planteado es que quizá el problema es el contrario, que hay muchos catalanes que no saben escuchar. Que han dejado de escuchar.
Es verdad que esa displicencia no es nueva; esa pose de egoísmo intelectual es una limitación propia de los nacionalistas más acérrimos y lo extraordinario ha sido observar cómo se ha propagado en Cataluña en los últimos años a consecuencia de la crisis económica y de la debacle del pujolismo. Un tipo como Juanjo Puigcorbé, con el que ahora es difícil hasta dialogar, no era así hace tan solo diez años. En 2008 participó de protagonista en una película de Antonio del Real, ‘La conjura del Escorial’, en la que encarnaba a Felipe II.
En un chat con lectores, en el diario 'El País', una mujer le preguntó: “Juanjo, además de un excelente actor, creo que encarnas unos valores muy acordes con los de la España democrática, fruto de la transición. En tus propias películas transmites ese espíritu, aunque quizá no busques hacerlo”. Y Puigcorbé respondía: “Yo estoy absolutamente de acuerdo. Un actor transmite no sólo el personaje sino algo de sus valores humanos”. Cinco años después, en 2013, ya convertido en un activo militante del independentismo, su visión de España ya había cambiado radicalmente, de la España moderna y democrática que él mismo encarnaba, pasó a repudiar un Estado retrógrado. "A mí España no me ha hecho nada, yo he vivido en Madrid y en Barcelona y mi mujer es de Alicante, no tengo absolutamente nada en contra. No son los españoles sino el Estado español, que es obsoleto, antiguo y que va para atrás".
Toda esa diatriba independentista contra el Estado español, del que se cuestiona todo, se ha sustentado desde hace años en algunos referentes palmarios, como la invocación constante de las autopistas de peaje, convertidos en símbolos de la incomprensión de los problemas de los catalanes. Lo de que “España no nos escucha, no nos atiende, no nos entiende” es uno de los lemas más corrosivos porque es un discurso que también asumen quienes se mantienen en una cómoda equidistancia. Es el clásico reproche que se realiza contra ‘el Gobierno de Madrid’ cuando se le acusa no de haber atendido las demandas de la sociedad catalana para evitar que se expanda la desafección y el independentismo.
Lo del los peajes invocado por Juanjo Puigcorbé es uno de los mejores ejemplos de lo que ocurre en Cataluña. La realidad incontestable es que los catalanes, a diferencia de otras regiones de España –no de todas-, soporta un mayor numero de peajes en sus autopistas. Lo que no se dice es por qué ocurre eso: En primer lugar, porque en los años 60 y 70, el franquismo, que había favorecido el desarrollo de Cataluña en detrimento de otros territorios, diseñó un plan de autopistas de peaje para poder afrontar financieramente la construcción.
Con la llegada de la democracia, fue la Generalitat de Cataluña la que, en vez de compensar a sus ciudadanos con autovías gratuitas, como sí hicieron otros gobiernos autonómicos, mantuvo la construcción de autopistas de peaje. ¿Quién tiene la culpa de los peajes, por tanto? Los catalanes se movilizaron con una campaña de protesta, de insumisión contra los peajes, #novullpagar (‘no quiero pagar’), pero en vez de mirar a sus dirigentes han terminado señalando a quien menos culpa tenía, el resto de España. Y todo lo demás, se ignora, como que Cataluña, que tuvo la primera línea de tren de España en 1848, es la única comunidad con todas sus capitales de provincia conectadas por alta velocidad y con una de las mayores redes de cercanías de Europa.
El arraigo social del independentismo tiene una fase de aislamiento, de ensimismamiento que, al final, es más decisiva que todas las demás. Por algún motivo que se desconoce, de pronto se deja de escuchar a los demás. El paroxismo de ese aislamiento llega cuando hasta el mero hecho de escuchar argumentos contrarios, distintos, se hace incómodo, violento, y aparece como un movimiento reflejo el instinto de evitar cualquier diálogo, cualquier discusión. Sólo en una dictadura pueden encontrarse datos tan asombrosos como los que reflejaba una encuesta de octubre pasado en 'El Periódico' en la que casi un 41 por ciento de los catalanes admitía que había dejado de hablar de política con algún familiar. Si eso es lo que ha ocurrido en las familias, puede calcularse qué puede pasar con respecto al resto de los españoles, de sus problemas, de sus necesidades, de sus anhelos, de sus frustraciones, con sus carreteras viejas y sus trenes olvidados, que también existen por increíble que pueda parecerle a Juanjo Puigcorbé.
Trapero adiestró a los golpistas y a sus escoltas para evitar la investigación judicial y los ‘pinchazos’
Carlos Cuesta okdiario 19 Diciembre 2017
Los Mossos diseñaron un esquema de protección de los golpistas y obstrucción a la Justicia bajo orden del “mayor”. El “mayor” no podía ser otro más que Josep Lluís Trapero, como señala en sus investigaciones la Guardia Civil. El plan se basaba en adiestrar a los investigados para eludir las actuaciones del juez y escapar a las actuaciones policiales, como detalla la documentación a la que ha tenido acceso OKDIARIO. Tanto escoltas como investigados fueron preparados para obstruir al máximo las órdenes del Juzgado número 13 de Barcelona que estaba cercando ya a los golpistas.
El plan se puso en marcha tras el registro al Departamento de Economía del 20 de septiembre y tras percatarse los Mossos de que los teléfonos de algunos de los protagonistas de la preparación del golpe como Josep Maria Jové, Salvadó Tenesa, Francesc Sutrias o Pi-Sunyer estaban siendo pinchados, sus rutas controladas y sus reuniones monitorizadas.
“A raíz de las actuaciones policiales llevadas a cabo, la actividad telefónica de los números de abonado utilizados por los investigados descendió notablemente”, señala el informe de la Guardia Civil que ya ha sido entregado a la Justicia.
Las causas estaban claras: “Además, tal y como se refleja en algunas de las llamadas telefónicas registradas a los investigados, han contado con la colaboración de miembros de la policía autonómica catalana que les han informado de las técnicas policiales utilizadas en las investigaciones policiales como escuchas telefónicas, instalación de micrófonos, etc.”, apunta la policía judicial.
Para ello, se destinó un equipo de mossos, que, lejos de controlar a los golpistas e intentar impedir el desarrollo del referéndum ilegal del 1-O, se centró en labor de adiestramiento de algunos de los principales golpistas para evitar que fuesen atrapados judicialmente: Marta Rovira, Jové, Salvadó Tenesa y otros tantos figuran en las sospechas de la Guardia Civil como posibles receptores de estos cursos acelerados para escapar a las diligencias judiciales.
Pero el máximo responsable de los Mossos, Josep Lluís Trapero, no debió quedarse tranquilo con esas precauciones y dio un paso más. “Del mismo modo les están proporcionando actualmente servicios de protección con escoltas, cuya única finalidad dadas las circunstancian sería la de detectar y dificultar que puedan seguir siendo investigados por otros agentes de la autoridad”, apunta la Guardia Civil. Porque los propios escoltas asignados por los Mossos se encontraban ya en funciones de obstrucción a la labor judicial: su verdadero objetivo era proteger la creación de “las estructuras de país” y que se celebrase el referéndum.
“En esas fechas se registraban otras conversaciones telefónicas de Francesc Sutrias o Natalia Garriga, en las que se observa como algunos de los investigados estaban reclamando la protección y el apoyo de miembros de la policía catalana para garantizar de alguna forma la seguridad en sus comunicaciones y en sus personas”, señala la Guardia Civil. “De ahí que esta conversación que el tal César tenía que mantener con el mayor y la contestación que Jové daba de que necesitaba algo para otra persona y que estaría bien que le pusieran… Se interpretaba que el mayor debía ser el mayor de los Mossos d’Esquadra Josep Lluís Trapero al que iban a pedir este tipo de colaboración”, concluye la Guardia Civil.
Se trata de la enésima evidencia de que las actuaciones de los Mossos bajo el mando de Trapero se centraron en impedir la labor policial y judicial y garantizar el desarrollo del plan separatista. Un plan por el que mandó espiar a los policías, a asociaciones constitucionalistas como Sociedad Civil Catalana, partidos políticos contrarios al nacionalismo y delatar los operativos de los agentes policiales nacionales cuando intentaban frenar el referéndum ilegal del 1-O, tal y como ha adelantado OKDIARIO.
Cinco libros sobre Cataluña iluminan su realidad: los de Fernando Sabater, Eduardo Mendoza, Ignacio Camacho, el último inédito de Josep Pla y el “panfleto” de Jordi Amat
José Antonio Zarzalejos elconfidencial 19 Diciembre 2017
Hay libros que iluminan la realidad –en este caso la política- de una manera especial. En relación con lo que sucede en Cataluña cinco publicaciones breves, concisas, periodísticas, están teniendo un gran éxito editorial. La crisis catalana hastía, cansa y confunde, pero también preocupa por su dimensión y consecuencias.
Fernando Savater ha escrito lo que él denomina un “libelo” bajo el rotundo título de 'Contra el separatismo' (Ariel). El filósofo es implacable y niega la legitimidad a los separatistas que distingue de los nacionalistas. Con éstos se puede convivir, dice, pero a aquellos hay que combatirlos.
Eduardo Mendoza, nuestro Premio Cervantes, se pregunta en un opúsculo '¿Qué está pasando en Cataluña?' (Seix Barral), y sus respuestas son breves y sosegadas pero agudas y esclarecedoras. Probablemente ofrece explicaciones muy básicas pero necesarias a sucesos ininteligibles para la mayoría de los ciudadanos.
La editorial Destino ha publicado el último inédito de Josep Pla bajo el título de 'Hacerse todas las ilusiones posibles y otras notas dispersas'. Reencontrarse con el prosista catalán seguramente más importante del siglo XX y leer la extraordinaria dureza con la que juzga a España y, en particular, a la idiosincrasia de los catalanes, constituye, en estos momentos, una impertinencia que muchos juzgaran inoportuna. Algunas páginas de esta obra (220) dan la impresión de haber sido escritas ayer y lo fueron hace décadas.
Ignacio Camacho, uno de los mejores columnistas de nuestro país, publica en Almuzara 'Cataluña, la herida de España'. Son análisis recopilados que adquieren la trabazón de una narrativa brillante a la que nos tiene tan acostumbrados el gran periodista de `ABC´.
Pero siendo los cuatro títulos anteriores de obligada referencia, un quinto merece una particular atención. Se trata del “panfleto” –así lo califica el autor- de Jordi Amat titulado 'La conjura de los irresponsables'. Amat es un hombre joven, filólogo, historiador, articulista y editor. Militante también en un catalanismo en ocasiones fronterizo con el nacionalismo. Sin embargo es un intelectual que embrida las emociones y logra equilibrarlas con deducciones frías de la realidad.
Esta “Conjura de los irresponsables” es una crónica, un relato breve (107 páginas, editado por Nuevos Cuadernos de Anagrama) que se lee con facilidad aunque exige un cierto conocimiento previo de la vida pública de Cataluña de los últimos años y algunas nociones de la transición española. No es un "panfleto" que pueda recabar unanimidades ni su autor lo pretende.
En pocas palabras Amat dice muchas cosas y algunas muy serias. “El 'procés' -escribe- sobre todo ha sido un relato, demasiado a menudo desmentido por los hechos (…) que ha terminado por adquirir la estructura de un drama con el desenlace inquietantemente abierto”. El propósito del texto resulta claro desde las primeras líneas: “Esta crónica quiere ser la descripción de una cadena de conductas políticas que si nos han llevado hasta aquí –hasta el colapso del sistema- forzosamente se han caracterizado por la irresponsabilidad”.
Una irresponsabilidad, añado, que se desgrana puntualmente en el librito y que atañe a unos y a otros. Amat es duro con Madrid, con el Estado, con España, dejándose llevar en exceso por esa inercia tan catalanista del síndrome de incomprensión que le hace escribir a Pla que los “catalanes nunca están contentos”. Pero lo es también con el proceso soberanista y con sus protagonistas.
Jordi Amat diagnostica bien el origen del tsunami independentista y llega a algunas conclusiones interesantes por autocríticas. Cuando sostiene que la puesta en marcha del Estatuto de 2006 “estuvo diezmada por una legitimidad demasiado frágil”; cuando acusa a la narrativa separatista de flirtear “con la posverdad” creando “una falsa sensación de consenso”; cuando niega que existiese “un mandato democrático” tras las anteriores elecciones catalanas de 2015. O, en fin, cuando afirma que “la dinámica del 'procés' ha imposibilitado siempre la rectificación realista porque en el fondo ha escogido siempre una soterrada competición por el liderazgo”.
Amat reconoce la humillación al Rey el 26 de agosto en Barcelona, pero critica con acritud a Felipe VI por su intervención el 3 de octubre pasado. Se refiere al artículo 155 de la Constitución como a “un monstruo” admitiendo que en la DUI del 27 de octubre no había “nada sólido”. En definitiva, este catalán fronterizo de afectos y pertenencias, aplica, quizás dolorosamente, un análisis que congela los sentimientos y compone una buena pieza de relato histórico inmediato que no gustará enteramente a nadie.
El gran acierto del ensayo es basar su diagnóstico en la irresponsabilidad de unos “conjurados” que nos han llevado a un terreno pantanoso por el que jamás debimos transitar. Culpas compartidas, no equivalentes. La equidistancia es rechazable porque es ambigua; lo que vale es la ecuanimidad y la honradez intelectual. En ese perímetro se mueve Amat en un libro, que como los anteriores, es bueno leer, para entender lo que pasará el jueves en Cataluña.
Lorenzo Ramírez okdiario 19 Diciembre 2017
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References: artículo 155
 resolución 
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