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Timestamp: 2017-09-22 05:12:13+00:00

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Palestina y las Naciones Unidas – Palabras Al Margen
Palestina y las Naciones Unidas
septiembre 13, 2014 junio 26, 2017 Palabras al Margen
Han sido muchas las resoluciones de las Naciones Unidas, tanto de la Asamblea General como del Consejo, en las que se han condenado las continuas agresiones de Israel en Palestina. En términos generales, la mayoría de los Estados han apoyado la creación del Estado palestino. De hecho la primera resolución de la ONU en 1947 […]
Han sido muchas las resoluciones de las Naciones Unidas, tanto de la Asamblea General como del Consejo, en las que se han condenado las continuas agresiones de Israel en Palestina. En términos generales, la mayoría de los Estados han apoyado la creación del Estado palestino. De hecho la primera resolución de la ONU en 1947 proponía la creación de dos Estados, uno “árabe”, otro “judío” (A/RES/118 II). El incumplimiento de esta resolución ha creado una de las relaciones de fuerza más asimétricas y desiguales en el orden geopolítico de los siglos XX y XXI. Sin embargo, en el escenario de las Naciones Unidas, la Autoridad Palestina se ha ido consolidando como representante del pueblo palestino y ha desempeñado allí funciones simbólicas importantes, aunque, como se sabe, Palestina sólo ha podido acceder al estatus de Estado no miembro observador (A/67/19 de 2012), a pesar de haber solicitado en 2011, ante el Consejo de Seguridad, ser miembro con todos los derechos. El Consejo en este caso no apoyó la petición. Declaró no haber logrado “una recomendación unánime”. La presencia de Estados Unidos como aliado de Israel es en efecto cada vez más patente en el Consejo.
Con todo, en sus resoluciones sobre Palestina, este mismo Consejo ha afirmado una y otra vez que todos los asentamientos israelitas “no tienen validez legal” (S/RES/446 de 1979), una y otra vez “reafirma la necesidad imperiosa de poner fin a la prolongada ocupación de los territorios árabes ocupados por Israel desde 1967” (S/RES 476 de 1980). Habla de Israel como “la potencia ocupante” (S/RES/446 de 1979) y califica sus acciones como “nulas y carentes de valor” (S/RES/478 de 1980). Deplora la violencia contra los palestinos y las irresponsables provocaciones por parte de Israel (S/RES/1322 de 2000). En casi todas las resoluciones, menciona la convención de Ginebra.
La Asamblea, por su parte, ha repetido hasta el cansancio que “Palestina tiene derecho a la libre determinación y a la soberanía”(A /RES/58/292 de 2004). Señala la proclamación del Estado de Palestina por el Consejo Nacional de Palestina el 15 de diciembre de 1988 (A/RES/43/177 de 1988). Recuerda que el derecho de los palestinos refugiados expulsados por la fuerza a volver a sus tierras es “inalienable” (A/RES/3236 de 1974). Hubo incluso una resolución en la que se hablaba sin tapujos de “el régimen racista y colonial en la Palestina ocupada” (A/RES/3379 de 1975).
Cada vez que Israel invade, ocupa, desaloja por la fuerza a la población nativa palestina, las Naciones Unidas le recuerdan a Israel y al mundo entero que la “adquisición de territorio por la fuerza es inadmisible” y que “la situación del territorio palestino ocupado desde 1967, incluida Jerusalén oriental, sigue siendo de ocupación militar”. Vuelve a expresar “su determinación de contribuir a que el pueblo palestino ejerza sus derechos inalienables” (A/RES/58/292 de 2004).
Muchas resoluciones se abren con la mención de todas las resoluciones anteriores que Israel ha desconocido e incumplido. Es una retahíla que crece, resoluciones anteriores que se van acumulando en el papel, una tras otra, como triste evidencia de la debilidad del derecho internacional.
Si las Naciones Unidas, incluyendo su hegemónico Consejo de Seguridad, han mostrado tan buenas intenciones frente a Palestina y han criticado tan duramente la “política” expansionista israelí, ¿por qué no han logrado otorgarle a Palestina el estatus de Estado con derechos plenos? Sólo hay un Estado con el mismo estatus que Palestina en las Naciones Unidas: el Vaticano, con su puñado de cardenales y su medio kilómetro cuadrado de extensión. La respuesta en este punto es sencilla: Estados Unidos e Israel, dos Estados -en una organización con 193 miembros- han logrado bloquear esta decisión.
Sin embargo, con estos antecedentes y a pesar del derecho de veto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, es difícil pero no imposible que este último acepte considerar, dependiendo de sus contenidos, el bosquejo de resolución que proponga el 15 de septiembre Abbas. Después de todo ¿qué cambia con la aprobación y adopción de una resolución más? Los antecedentes también nos permiten anticipar que la colonización ilegal israelita no cesará mediante resoluciones del Consejo. De hecho ya el 27 de agosto, el Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, anunció que Israel se apropiará de 404 hectáreas más en territorio palestino, lo que sería la usurpación de tierra más grande en los últimos 30 años. La verdadera pregunta es si el derecho internacional, el campo en el que de manera tan persistente como estéril ha luchado Al Fatah, es el camino para poner algún limite a un Estado que desde su mismo emplazamiento no ha hecho otra cosa distinta a violarlo. Es muy difícil que el lenguaje y las prácticas del derecho internacional puedan siquiera perturbar a un Estado que afirme que “ninguna decisión que adopten las Naciones Unidas puede romper el viejo lazo de 4000 años que existe entre el pueblo y la tierra de Israel”1. No se puede hablar de derecho con un Estado cuyo único “argumento” es bíblico. Incluso Hamas parece dispuesta a transitar los inciertos caminos del derecho internacional al decidir firmar la aplicación para que Palestina sea miembro de la Corte Penal Internacional y puedan desde ahí “investigarse” los crímenes de guerra de Israel. Si Palestina adhiere a la Corte, Hamas se expone también a ser investigado y juzgado. Además de la presión ante la Corte también se ha hablado de un bloqueo económico para hacer presión sobre Israel.
En la sesión en la que en 2012 se aprobó la resolución para “subirle el estatus” a Palestina y convertirlo en estado observador no miembro, Abbas dijo ante las Naciones Unidas que “el apoyo de esta asamblea confirmará a nuestro pueblo que no está solo y que la apuesta por el derecho internacional nunca será una apuesta perdedora”. Ojalá Abbas estuviera en lo cierto. Pero esa no es la percepción general de la gente en Palestina, y el desconocimiento sistemático de las resoluciones de las Naciones Unidas y de los principios básicos del derecho internacional por parte de Israel le ha dado la razón a los palestinos de la calle.
“El mundo debe decir si somos un pueblo que sobra o si falta un Estado que debe establecerse en su tierra, es decir, en Palestina”, dijo también Abbas en su discurso ante la Asamblea en el 2012. El jefe de una Autoridad Palestina fracturada por la dificultad de lograr acuerdos internos con Hamas anunció ya que entregará Cisjordania a Israel si fracasan las negociaciones para establecer el Estado palestino de acuerdo a las fronteras anteriores a 1967.
Puede que las resoluciones de la ONU queden sepultadas y los pronunciamientos de la comunidad internacional ahogados por los hechos de fuerza de Israel. Puede que Israel logre ocupar todo el territorio palestino y logre demorar o incluso impedir definitivamente la creación formal de un Estado palestino. Pero Israel no podrá, al menos por un largo tiempo, borrar a los palestinos de la tierra.
1Ron Prosor, embajador de Israel ante las Naciones Unidas en la plenaria donde se aprobaría concederle a Palestina el estatus de estado observador no miembro. http://www.un.org/en/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/67/PV.44&referer=http://www.un.org/Depts/dhl/resguide/r67sp.shtml&Lang=S
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