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Timestamp: 2019-10-19 20:04:01+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Sábado 14 Septiembre 2019
España Suma y sus votantes
Javier Somalo Libertad Digital 14 Septiembre 2019
¿Están los votantes del centro derecha decididos claramente por una opción, por un partido, por un líder o preferirían una coalición?
Asumiendo que las cocinas del CIS no superarían un examen apenas superficial de Chicote, lo cierto es que unas elecciones en noviembre podrían dejarnos tan estancados como ahora e incluso decantarse más hacia la izquierda y con la crisis económica llamando a la puerta. Sin una fragmentación del centro derecha, los guisos de Tezanos serían la misma fritanga pero no sorprenderían tanto.
El verdadero problema, porque se aspira a una solución, está en el centro derecha y conlleva muchas y poco halagüeñas derivadas. Si repasamos la historia reciente de España no encontraremos una coalición de partidos que haya dado frutos. Sólo cuando los partidos se han hecho fuertes por sí mismos –PP y PSOE, fundamentalmente– han sido capaces de derrotar al contrario y gobernar con cierta holgura.
El partido mata demasiadas veces al político y, en el momento que atravesamos, es doblemente frustrante. Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo, Juan Carlos Girauta, Toni Cantó o Santiago Abascal probablemente resuman buena parte de lo que el centro derecha, desde la confluencia original liberal conservadora, puede aportar al votante que no quiere ver a un Sánchez o a un Iglesias pisando moqueta. El problema –suyo y de sus votantes– es quién lidera esa respuesta.
La relación entre PP, Ciudadanos y Vox es enormemente compleja pues, por entendernos y con todos los matices necesarios, son una madera y dos cuñas. No me refiero al aspecto ideológico –Ciudadanos tiene también ADN socialista– sino a la oportunidad de su nacimiento: es el PP el que, de alguna manera, engendra dos partidos en dos momentos determinados por abandono de sus principios. Si resumiéramos mucho, la esencia de esos abandonos está en el mismo sitio: Cataluña. Es cierto que el PP también flaqueó en el País Vasco –tan ligado a su forma de actuar contra el reto separatista catalán– pero es en Cataluña donde arranca el verdadero problema de España que, además, se lleva por delante al PP por obra de Mariano Rajoy. Fue allí donde Ciudadanos ocupó el vacío del PP que se fraguó en la era Aznar. Reprochar a Casado que aquel PP se abocara a pactos con la derecha nacionalista del PNV y CiU es justo pero inútil ya. La propia Rosa Díez, ahora invitada como embajadora civil del PP, fue consejera del Gobierno vasco en tiempos de esquelas y nadie podrá discutir su lucha contra el terrorismo y su sincera valentía antinacionalista. Pero lo cierto es que el PP cambió sus principios en Cataluña para agradar, o al menos no importunar, al eterno posible socio huyendo de todo reto.
La irrupción de Vox, pasando de movimiento social a partido nacional, se explica sola desde que se personó como acusación particular en el proceso contra los golpistas de la Generalidad de Cataluña, otro apunte en la interminable cuenta de Mariano Rajoy que ahora tiene saldar Pablo Casado. Como resumen, quizá hiperbólico, cabría concluir que las causas de nuestros males son dos: el nacionalismo y la ausencia de lucha contra él. En la izquierda de partido nunca se ha esperado nada bueno pero en la derecha constitucionalista, desde luego que sí.
¿Están los votantes del centro derecha decididos claramente por una opción, por un partido, por un líder o preferirían una coalición? Lo único seguro es contra quién están y lo triste es que ante el enemigo común hay una respuesta política desunida.
Resulta extraño que el PP quiera integrar ahora a Rosa Díez como catalizador de una coalición sin haber conseguido que el partido, impulsor de la idea, la apruebe del todo o teniendo incluso destacados detractores en sus propias filas. Se dijo que Alfonso Alonso estaba condenado por la nueva Génova pero esta semana ha podido recrearse en la cadena SER contra la política de su partido en Madrid, a favor de las bondades del fuero y las singularidades del PP vasco, contra Rosa Díez en el día de su presentación como invitada y, por supuesto, contra el proyecto de España Suma. Ya ha quedado claro que Alfonso Alonso reta a Pablo Casado con inexplicables aires de superioridad. Falta que reconozcan en nombre de quién y saber cómo acaba el pulso.
Pero, ¿se piensa en los votantes al pretender que un partido absorba a otro como si se tratara de una fusión bancaria tras la cual el cliente del banco A y el del banco B se encontrarán en el mismo cajero y se saludarán sin más?
En esta casa, Santiago Abascal dijo que el proyecto España Suma es una trampa propagandística y es lógico que lo piense porque podría implicar su desaparición. Quizá por esa razón, Vox está haciendo lo posible por acentuar sus diferencias con el PP –con Ciudadanos no es necesario– en cuestiones en las que tiene asegurada, como mínimo, una respuesta desigual de los populares. La proposición no de ley planteada esta semana por Vox sobre la construcción de un "muro infranqueable" en Ceuta y Melilla va, precisamente, en esa dirección. En cuestiones como la Memoria Histórica, el aborto o la lucha de géneros a falta de la de clases Vox no tardará en "retar" de forma directa o indirecta a las bases ideológicas y cuadros del PP. Aunque está claro que Pablo Casado no es Rajoy, su partido aún no ha desarrollado una voz unánime y desacomplejada en ciertas materias y sigue siendo lento en la gestión de las crisis.
España Suma requiere víctimas
Reconozco el liderazgo natural y la autoridad intelectual de Cayetana Álvarez de Toledo. Y no por ello deja de extrañarme que pergeñe ahora un movimiento social, transversal, sin siglas, más civil que político como el que promovió con Libres e Iguales, extracto sensato de izquierdas y derechas y hasta de sindicatos, que ya es mérito. Ese carácter civil suele ser fruto de disidencias políticas que se convierten en causa y casa común. Pero siempre desde una especie de partitofobia y, desde luego, siempre extramuros. La estrategia de atraer a intelectuales de la órbita de Ciudadanos desde dentro de un partido con el que ya se identifica me parece más arriesgada. Sin embargo, Cayetana bien podría contestarme con su propio ejemplo: ingresó en un PP con el que se sentía identificada, lo combatió desde dentro apoyada en un movimiento civil cuando interpretó que no defendía los principios fundacionales y contribuyó a propiciar los cambios que, a su entender, le merecieron tanto la pena como para convertirse en su portavoz parlamentaria. Pues sí, es cierto. Pero el argumento surgió, evolucionó y culminó dentro de un partido, el PP, a modo de regeneración. Lo que ahora pretende es la convergencia de otros dos, Ciudadanos y Vox o, al menos, de uno de ellos.
La disolución de Ciudadanos por descapitalización intelectual que busca Álvarez de Toledo coloca indiscutiblemente al partido de Casado más lejos de Vox. Y quizá sea esa la clave de todo, que el eslabón débil de la cadena sea hoy, por deméritos propios, Albert Rivera y que Génova haya interpretado que Vox seguirá su camino a la derecha del PP dejando abiertos posibles canales de entendimiento en materias cruciales como la firmeza contra el nacionalismo y confiando en que el tiempo encauce de nuevo las aguas. Si esta fuera la estrategia, aún le quedaría al PP mucho trabajo interno de desbroce y saneamiento y eso implicaría algunos años más de desierto electoral. Este mismo fin de semana, tras el congreso del PP vasco que tan mal recibe a su portavoz parlamentaria nacional, podríamos tener más pistas. No sorprendería a nadie que Álvarez de Toledo y Abascal compartieran opinión sobre la estéril foralidad de Alonso.
Creo que el objetivo del PP en el corto plazo es el abordaje a Ciudadanos para consolidar al PP en el ámbito liberal renunciando cordialmente y sólo de momento a la competición en conservadurismo con Vox.
Pero lo complejo no es el diagnóstico sino la solución. Si quedaran dos o tres años para unas elecciones, el tiempo y las coyunturas contribuirían a ordenar algo las cosas en los tres partidos del centro derecha –y hasta en los dos de la izquierda– por concentración, por selección natural o por catarsis. Pero con Sánchez siempre hay elecciones y eso obliga a estar todo el día de campaña, midiéndose y defendiendo la casa propia en detrimento de la común. Bien lo sabe él.
Directamente proporcional al abandono de las creencias religiosas es el crecimiento de la adoración a la nación. La historia lo ha demostrado.
Torra y otros cargos en la Diada, en el momento en que se ha escuchado el Himno de España | EFE
Bastante baldón supone para España albergar en su seno los últimos totalitarismos europeos, todavía activos y con excelente salud treinta años después del desplome de los regímenes comunistas de la Europa oriental. Pero a ello hemos de añadir un agravante, pues hay totalitarismos de muchos tipos y edificables sobre cimientos muy diversos. Efímeros fueron los totalitarismos fascistas clásicos, el italiano y el alemán, construidos sobre mitos imperiales, raciales y estatistas que colaboraron decisivamente en el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Su predecesor fue el totalitarismo comunista, el más longevo, eficaz, férreo, tiránico y liberticida de los que ha padecido la Humanidad, construido sobre los mitos del internacionalismo marxista, el ateísmo de Estado y la dictadura del proletariado, mitos en nombre de los cuales se oprimió, amordazó, movilizó, adoctrinó, encarceló, deportó, asesinó y encerró a cientos de millones de personas durante setenta largos años. Pero los totalitarismos que padecemos en España, no por agazapados tras las urnas menos odiosos, añaden a su tiránica esencia el agravante del nacionalismo, con toda la irracionalidad, toda la pasión y todo el dogmatismo pseudorreligioso que ello implica.
Adrián Dupuy Libertad Digital 14 Septiembre 2019
Segundo Sanz okdiario 14 Septiembre 2019
La proliferación de plataformas autodenominadas ‘verificadoras’ de hechos noticiosos está creciendo al mismo ritmo que sus promotores van perdiendo la neutralidad y la vergüenza. La ideologización de quienes manejan estas herramientas trucadas, convencidos de ser los Septones Supremos de la verdad, es algo que va en aumento peligrosamente.
Basta con ver cómo estas vestales o eunucos del oficio miran hacia otro lado cuando la sombra del plagio académico acecha a un político de izquierdas. Ni se despeinan. Salvo la excepción de la ex ministra Montón y su falso TFM (algún scoop hay que dar a contracorriente para tener influencia y parecer ecuánime sin serlo), estos pseudoguardianes de la objetividad absoluta, al servicio de la moralina progre, no se ha molestado en escudriñar la tesis fake de Pedro Sánchez, el manual copiado del presidente del Senado, Manuel Cruz, o las irregularidades académicas en los trabajos de Iglesias y Errejón, repletos de faltas ortográficas e inflados con párrafos fusilados de otros papers previos con más autores.
Los mismos que se rasgan las vestiduras para mostrarse como la quintaesencia del periodismo fact-cheking o guardan un silencio revelador al respecto o se prestan incluso al plagiador de turno para articular lo que se conoce como control de daños. Que se lo digan al diario El País cuando salió raudo y veloz, tras reunirse con el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, a frenar el escándalo de la tesis. El rotativo de Prisa dirigió toda la atención hacia el libro de Sánchez y Ocaña que recogía el grueso de la tesis porque aquí estaba el único plagio que se puede incardinar en el delito contra la propiedad intelectual según la legislación española: una conferencia del diplomático Manuel Cacho. El resto de plagios eran de documentos o intervenciones de instituciones del Estado que "no generan derechos de autor", según el periódico de Gallego-Díaz, que salió al rescate del presidente del Gobierno con esta sentencia: "La Moncloa sostiene que se trata de ‘un error involuntario’ y los coautores se comprometen a subsanarlo en el plazo más breve posible".
En cuanto a la tesis, el Supremo ya dijo que "la mayor o menor originalidad de una tesis, su valor dogmático y, en fin, lo verdaderamente innovador de su contenido, son cuestiones que han de ser evaluadas en el ámbito académico y totalmente ajenas al Derecho Penal". Pero nadie en la Camilo José Cela ha movido un dedo. Si bien esto se daba por descontado, lo más sangrante ha sido ver cómo mientras en Alemania las wikis antiplagios (espacios colaborativos de internautas) y la prensa han remado en el mismo sentido a favor de la transparencia, la higiene democrática y la excelencia universitaria, en España no ha ocurrido lo mismo. Mientras investigaciones de plataformas como VroniPlag o GuttenPlag han sido recogidas por los medios germanos, provocando dimisiones de ministros en el país teutón, aquí solamente OKDIARIO se ha hecho eco del trabajo de SánchezPlag, que ha detectado cómo el 52% de la tesis de Sánchez está plagiado o contiene errores de bulto. ¿Dónde están esos chequeadores de espíritu puro? Ya lo sabemos. En la trinchera.
Cristina Seguí okdiario 14 Septiembre 2019
Mientras Junqueras y el resto de los once golpistas del 1-O esperan con el estómago encogido una sentencia que difícilmente bajará de los 15 años de cárcel, Puigdemont baila con Boye y Comín sardanas con los Dansaires del Penedés y el Atomium de Bruselas a sus espaldas. No es extraño que el analfabeto de Rufián se quiera comer a Torra con patatas y musaka en unas nuevas elecciones catalanas. Puigdemont da saltitos al compás de la “tracto-kizomba” del Penedés mientras Junqueras asume su asueto carcelario como un rito de iniciático que le eleve al plano extra terrenal.
Entretanto, el PSOE resulta mil veces más peligroso que estos caganers por culpa de la deferencia de la “derecha española” y a la nada de Rivera que, en vez de considerarle el caballo de Atila de cualquier separatista y batasuno con ínfulas, trata de rehabilitar a Sánchez y a los suyos como si éste fuera un tipo ejemplar pasando el complejo de la pitopausia, y los del PP y Ciudadanos militaran realmente en Ferraz.
En plena Diada, cuatro concejales del PSC en el Ayuntamiento de Moncada y Reixach (Barcelona) se acaban de fotografiar con una pancarta en apoyo a los presos golpistas, y el PSOE acaba de redactar un nuevo documento en el que plasma su nueva fórmula de solución para lo que denomina “una nueva etapa para Cataluña” recogiendo, ni más ni menos, que una cesión al separatismo tan explícita como afirmar que “se acordará una solución para que el pueblo de Cataluña pueda ratificar con su voto”. Esta vía aseguraría conseguir el referéndum por medio de caminos legales mediante una reforma constitucional que, por supuesto, también se ha ofrecido ya a los separatistas en un documento que consigna lo que ya prometió en el conocido como Acuerdo de Pedralbes; un pacto de cenáculo al margen de las instituciones y del Estado de derecho que parte de tres ejes: la “Reconciliación, buen gobierno y retorno a la buena política”.
Es esa grotesca e insistente alusión a que “es necesario buscar el encaje de Cataluña en España” o que “hay que seducir a 2 millones de separatistas con soluciones políticas”, como si los del PSOE fueran los chamanes de una secta con capacidad para hacer exorcismos con una mera imposición de manos en el cogote, es lo que ya propuso la peligrosísima tercera autoridad del Estado, Meritxel Batet, en abril de este mismo año; “eximir de la aplicación de la Constitución a quienes la rechazan" obviando, por pura incapacidad intelectual, que es precisamente la aplicación de la Carta Magna a todos esos que trataron de pulverizarla el 1 de octubre de 2017, lo que garantiza el juicio justo para éstos en el país que está en la élite de las democracias del mundo por encima de EEUU y Francia en lugar de ser quemados en la pira de su Republiqueta africanizada.
El PSOE trabaja a marchas forzadas para adaptar la legalidad a las pretensiones de la marginalidad nacionalista obligando a 45 millones de españoles a financiar los 12 millones de euros diarios de incremento de deuda catalana desde que arrancó “el proceso”, a aceptar la coacción física, y a manufacturar el principio de vulgarización separatista, sus falacias históricas, y las continuas referencias racistas de Torra, Junqueras y Puigdemont a nuestro ADN con 300 millones de euros al año de propaganda televisiva. El sentido constitucionalista del PSOE y su pulsión carnal hacia los separatistas es perfectamente equiparable a la vileza feminista de sus parlamentarias que esperan genuflexas para recibir a la delegación iraní como si fueran las esposas temporales de los ayatolás.
larazon 14 Septiembre 2019
el reloj de la democracia avanza entre reproches de las fuerzas políticas que estaban llamadas a sumar una mayoría suficiente como ya lo hicieron en la moción de censura contra Mariano Rajoy. A cada oferta, o pseudo oferta, se ha contraatacado por la otra parte con una negativa acompañada de una reprimenda. Pablo Iglesias está derrochando imaginación en lo que ya se apunta como los minutos de la basura de esta legislatura con ocurrencias de todos los colores –la última del gobierno de coalición para un año– en su desesperado intento de que el electorado no vacile en que la responsabilidad del fiasco de la izquierda corresponde a Pedro Sánchez en exclusiva.
Si hay un bloqueo frustrante para los votantes socialistas y populistas, no habrá sido porque el líder del partido de los círculos no lo ha intentado casi todo para que Moncloa se avenga a razones. De momento, lo que ha sumado ha sido portazo tras portazo por parte de quien parece tener la decisión tomada de que el poder bien vale la cuarta cita con las urnas en cuatro años. Cómo será de desesperada la posición de Pablo Iglesias, que ayer implicó al Rey en la resolución del bloqueo institucional como una de las obligaciones de su cargo, pero siempre desde la idea de que la solución en cuestión tiene que encajar en su planteamiento. Las palabras del político republicano fueron insólitas por extemporáneas. «Le diré al Jefe del Estado que le toca una labor de mediación y arbitraje, que es más importante que nunca. El Rey debería hacer entender a todos los candidatos, y en particular al que tiene más apoyos, que la coalición es una vía de dar estabilidad a nuestro sistema parlamentario y que España no debería permitirse otra repetición electoral». Sin duda, Pablo Iglesias está en su derecho de conducirse por la interinidad con la estrategia que le sea más conveniente, pero no puede ignorar que su demanda al Rey pasa por desbordar el papel que le tiene reservado la Carta Magna. No le solicita un arbitraje, sino que dirija el partido a favor de uno de los contendientes, en concreto de él.
El artículo 99 de nuestra norma fundamental, al que algunos señalan ahora como la gran piedra en el camino de la democracia, establece unas pautas que nunca han sido puestas en cuestión en cuatro décadas de elecciones libres, en las que distintas generaciones de políticos fueron capaces de dar continuidad a las legislaturas sin provisionalidades sobrevenidas, absurdas y nocivas. Las normas son claras y han funcionado en distintos escenarios, pero cuesta creer que la simple fragmentación del voto, la quiebra del bipartidismo y la irrupción de hasta cinco grandes opciones políticas sea una causa justificada para apelar a una reforma. Distintos expertos consultados por LA RAZÓN así lo entienden y cuestionan que el propio orden constitucional deba correr en socorro de los partidos. La Constitución no es algo inmóvil, granítico e inalterable, pero intervenir sobre ella requiere razones consistentes que no se pueden fundamentar en la ansiedad y la frustración de una clase política que no da la talla. Se puede, eso sí, actuar para que la Presidencia del Congreso pueda intervenir en el proceso y que el tránsito hasta la primera sesión de investidura no se convierta en una tierra de nadie discrecional, en una oquedad institucional, y un canto a la interinidad. Retocar ese supuesto ayudaría a forzar plazos y voluntades de entendimiento entre los partidos. Entretanto, cada uno en su sitio. No es función del Rey sacarle a los políticos las castañas del fuego, ni entrometerse en la disputa partidaria. Los roles constitucionales están claros y son los que deben ser. Atenerse a los usos y costumbres democráticos habría despejado el sendero. En este caso, el candidato debería haber llegado a la consulta en Zarzuela con sus apoyos negociados y pactados y no con la soberbia de quien se maneja como si dispusiera de una mayoría absoluta cuando lo que tiene es una minoría mayoritaria.
La C.E. si es el problema
Nota del Editor 14 Septiembre 2019
La C.E. es el problema porque es absolutamente ilógica y además su interpretación es absolutamente irracional, sólo orientada a satiafacer las
ventajas de los profesionales de la política. Su génesis fue la demostración de la mayúscula tomadura de pelo que sufrieron los españoles.
Lo malo es que si quisiéramos dotarnos de otra C., cada español abogaría por la suya particular, tinglado imposible. Por ello es necesario desmantelar todas las interpretaciones fraudulentas de TC y ceñirnos al sentido común, letra y espíritu de la que tenemos y que hasta ahora ha sido y es papel mojado.
¿Sería necesario volver a aplicar el 155 en Cataluña?
Tendríamos que preguntarnos, con objetividad, si después de la retirada del 155 en Cataluña, aquello que se quiso prevenir con su aplicación se ha conseguido o, por el contrario, la situación ha empeorado
Miguel Massanet diariosigloxxi 14 Septiembre 2019
Es evidente que ninguno de los partidos políticos, con excepción de Ciudadanos del señor Albert Rivera y, con menos convencimiento e intensidad, el PP del señor Casado; el hablar en estos momentos de verdadera inestabilidad política en España de la situación en Cataluña, de las amenazas, desafíos, discursos de índole separatista o las esporádicas convocatorias a ocupar las calles con señeras y eslóganes en petición de la “liberación de los presos políticos” ( como si esta facultad estuviera en manos del Gobierno y no fuera competencia exclusiva de los tribunales de Justicia), cuando todos sabemos que se trata de políticos presos por, presuntamente, haber intentado encabezar una revolución que tendría por objetivo conseguir la división de la nación española mediante la separación de la comunidad catalana del resto de España; no parece ser el tema más adecuado para aquellos partidos que están a la busca de apoyos para conseguir la investidura, como presidente del gobierno, a uno de sus líderes y, es probable, que tampoco les interese remover la tierra bajo sus propios pies a aquellos otros que intentan conseguir sacar tajada de su posición de bisagra, pero saben que uno de sus defectos mayores ha sido apoyar a los catalanes en su petición de independencia, como es el caso de Podemos, lo que les impide mentar a la “bicha” si no quieren que salgan a relucir sus “pecadillos” de hace sólo unos pocos meses.
No estamos de acuerdo respecto a la política con la que el señor Rivera parece querer eliminar a su oponente de la derecha, el PP, o a su otro oponente de más a la derecha,Vox y mucho menos que rechace la fórmula de acudir a las elecciones en los distritos en los que ambos partidos, acudiendo unidos, podrían sacar réditos electorales más satisfactorios que si lo hicieran, cada uno de ellos por su cuenta, que es lo que parece querer defender, no se sabe con qué posibles argumentos, el líder de Ciudadanos. Pero hay un punto en todo lo que pide, con insistencia, el señor Albert Rivera, en el que tenemos que darle la razón; no solamente porque la retirada de este artículo y la convocatoria de unas elecciones apenas a los tres meses, fue uno de los errores garrafales en los que incurrió el anterior gobierno del PP, dirigido por el señor Rajoy; sino porqué es urgente pararles los pies al señor Torres, Puigdemont y demás separatistas que están intentando acabar con España.
El que no haya querido ver la evolución del independentismo catalán hacia un anquilosamiento, un reforzamiento de sus instituciones en cuanto al empeño de mantener sus objetivos de alcanzar la independencia y un consenso preocupante en cuanto a criticar a la Justicia española por el procesamiento de aquellos que fueron los que, aparentemente, más influyeron, más se implicaron y con más descaros se enfrentaron a los tribunales del reino y más oposición hicieron a la prohibición del TC y el resto de instituciones del Estado, a la convocatoria ilegítima y anticonstitucional del referendo en Cataluña, infringiendo con ello el mandato de la Constitución de 1978.
Es evidente que la aplicación, en aquella ocasión, del Artº155 de la CE fue adecuado, pese a que se hizo tarde y, lo que es peor, una especie de vértigo a lo que podrían ser sus consecuencias, a pesar de que todas las amenazas de los soberanistas quedaron por aquel entonces reducidas a agua de borrajas, hizo que el Gobierno, apretado por el resto de partidos políticos, renunciara a su aplicación, con lo que todo el efecto provechoso que había traído a Cataluña su puesta en funcionamiento, al poco tiempo de ser desactivado, todo lo que se había conseguido se perdió y los separatistas encabezados por sus líderes nacionalistas, contentos de haber conseguido la retirada de la guardia Civil y la Policía, empezaron a explotar aquella ventaja de modo que pronto, el señor Torra y sus satélites, impusieron la línea dura que era la que pretendía, desde su refugio dorado en Waterloo, en señor Puigdemont.
No sabemos la información que tienen, en Madrid, los señores del Gobierno en funciones, respeto a lo que está sucediendo en Cataluña, respecto a lo que se está intentando imbuir en la mente de los catalanes por el actual gobierno de la Generalitat y, aunque es evidente que no todos están de acuerdo en el modo con el que se ha de tratar el asunto de los políticos presos y, lo que todavía es más importante, la forma con la que se debe reaccionar en el caso, por supuesto el más previsible, de que se les apliquen sentencias importantes a los que están siendo juzgados por el TS.
Unos, encabezados por Torras y Puigdemont, están empeñados en intentar levantar a todos los catalanes contra lo que ellos califican como una “machada” del Estado para humillar a los catalanes; aunque hay otros que hubieran preferido utilizar medios menos radicales y buscar salidas airosas al Gobierno, como pudiera ser conseguir el indulto una vez se hubiera dictado la sentencia. Claro que por medio están los que están esperando a que concluya el juicio y se dicten las condenas para acudir directamente al Tribunal de Estrasburgo con el objetivo de acusar a España de haber atentado contra las ideas políticas de unos políticos y no por haber cometido delitos que para ellos no lo son. En tanto se resolviera este tema, no es probable que el Gobierno en funciones se decidiera a ejercer benevolencia con los condenados, que se podría interpretar como una monumental bajada de pantalones, por miedo a lo que, el Tribunal de Estrasburgo, pudiera decidir al respeto.
Es evidente que el TS se ha amarrado los machos y la forma exquisita y concienzuda con la que el señor presidente de dicho tribunal, señor Marchena, ha conducido la causa y lo detallista que ha estado, impidiendo que ninguno de los abogados, tanto defensores como la fiscalía y la acusación particular, pudieran cometer algún abuso, error o ilegalidad de los que los encausados pudieran valerse ante Estrasburgo para pedir la revisión o la anulación de la causa que contra los acusados se ha llevado, ante el TS; algo que nos hace pensar que, un juicio ante el tribunal de Derechos Humanos, iba a conducir al mismo resultado y, en consecuencia, dictar una sentencia en consonancia con la emitida por nuestro TS.
Pero todo lo que está ocurriendo ante los tribunales de Justicia no debiera de entorpecer que se arbitrasen las medidas oportunas para atajar lo que se está preparando en Cataluña. El miedo del señor Pedro Sánchez a que si se aplicase de nuevo el 155 en Cataluña le restase un probable apoyo a su investidura por los partidos separatistas catalanes; unido a unas interpretaciones legales que parece que exigirían una situación más grave en Cataluña ( no podemos imaginarnos otra peor, salvo que la revolución se llevara a cabo mediante una sublevación pública, con armas, algo que, en la situación actual no parece demasiado probable, aunque el aumento del número de mozos de escuadra y algunas declaraciones de políticos extremistas catalanes parecen querer indicar que existe la intención de crear un pequeño ejército para la “defensa de Cataluña”). Somos de los que pensamos que el Estado, simplemente usando el Código Penal y las leyes administrativas ya tendría medios suficientes para poner orden en Cataluña, si no fuera por esta postura contemplativa que han venido adoptando, no solamente ahora con el señor Pedro Sánchez al frente del PSOE, sino también cuando el señor Rajoy, con mayoría absoluta, estuvo al frente del Gobierno y fue cuando perdió la ocasión de utilizar mano dura y prefirió intentar ganarse a los catalanes a base de hacerles traspasos de dinero, sin darse cuenta de que, aparte de acogerlo con gran satisfacción, ellos lo que verdaderamente esperaban era otro tipo de acuerdos que les permitiera gobernarse a sí mismos, sin tener obligación alguna de responder de sus actos ni dar cuenta a ningún otro gobierno ni, naturalmente, al propio gobierno español. Y mientras los españoles tenemos que soportar que ministras como la señora ministra de Economía y Empresa, señora Nadia Calviño, por la COPE, nos intenta hacer creer que España va perfectamente, que el empleo sigue boyante, que estamos mejor preparados que ninguna otra nación europea para que, en el caso de que llegase una nueva crisis, resistirla tranquilamente sin que nadie tuviera que alarmarse ante una posibilidad semejante. ¿Por qué sus palabras nos recuerdan las del inefable Rodriguez Zapatero cuando negaba que España estuviera en crisis?
Se dice que, la señora Calviño, es una de las personas mejor preparadas del ejecutivo del señor Sánchez, lo que no quiere decir que sea la que mejor sepa mentir. Si hubiera sido menos optimista, si hubiera hecho algo de autocrítica para su partido o si hubiera admitido que las señales que van apareciendo y que son anunciadas desde todos los ámbitos económicos de Europa y de los EE.UU eran preocupantes, es posible que hubiéramos tragado el sapo, pero el pintarnos una España idílica, que funciona perfectamente, que cumple con todos los requisitos que nos exige la UE y que no debemos de preocuparnos de nada estando la responsabilidad de gobernar en manos de sus colegas socialistas, es suficiente para que cualquier persona que pise la calle, que sabe lo que está sucediendo a su alrededor, que se entera de lo que sucede en las naciones de alrededor y que no se chupa el dedo, sepa sumar dos más dos y sacar sus propias consecuencias que , por supuesto, no van a coincidir nunca con las de esta señora que intenta, como lo hacen la Montero, la Celaá y la, vicepresidenta, señora Calvo, meternos un embolado que no se lo salta el mismo Litri. Si las feministas, que tanto auge van cogiendo, amparadas por estas izquierdas que nos gobiernan, aunque sea transitoriamente o como les gusta decir “en funciones”, siguen empeñadas en defender la supremacía de las mujeres por encima de los hombres, van a tener difícil de mantener esta teoría si nos ponen como ejemplo este póker de ministras que, en definitiva, lo único que vienen demostrando es que no son otra cosa que “la voz de su amo” el señor Sánchez, que hace con ellas lo que quiere y ellas lo abanican con sendos flabelos de plumas de avestruz, esperando conseguir una sonrisa de aprobación de su líder estimado, con lo que ya se sentirían suficientemente recompensadas.
O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos que lamentar que, como les sucede a muchos, los árboles de la investidura fallida del señor Sánchez, les impida, a él y a sus seguidores del gobierno en funciones, ver con claridad lo que se está tramando en Cataluña por aquellos que ya hace tiempo que se han dado cuenta de que el Estado no se atreve a ponerlos firmes y, con una tolerancia impropia de quienes tienen la obligación de preservar la unidad de España, van permitiendo que día a día, mes a mes y año a año, los separatistas y soberanistas catalanes vayan ganando terreno, se vayan atribuyendo más competencias, desprecien a nuestros tribunales de Justicia, desobedezcan nuestras leyes y los mandatos constitucionales y nadie, nadie en absoluto, en este desnortado país, parece darse cuenta de que nos estamos jugando todo lo que, durante tantos años y con tantos sacrificios, hemos venido construyendo entre todos.
Manuel Villegas diariosigloxxi 14 Septiembre 2019
OKDIARIO 14 Septiembre 2019
Pedro José Chacón Delgado ESP
Juan Velarde Periodista Digital 14 Septiembre 2019
La historia no contada de una batalla en la sombra
JOSÉ FRANCISCO RODRÍGUEZ QUEIRUGA latribunadelpaisvasco.com 14 Septiembre 2019
(Economista, residente en París)
I.- El ataque
El primero de junio de 2018, en una España convulsionada por la ofensiva nacionalista catalana y con un Gobierno incapaz de ver el Jaque mate que silenciosamente se estaba preparando contra su líder, se produjo el ataque final y tal como los astros predecían, Rajoy fue destituido.
Todo estaba pactado de antemano y los observadores políticos pudieron constatar cómo una persona que tuvo los peores resultados electorales de la historia del PSOE, y que además fue repudiada por la mitad de su partido cuando Eva Matarín - ex-secretaria de inmigración del propio partido - denunció la colocación de urnas no verificadas, sin censo y sin nadie en la mesa de control.
Pues bien, a pesar de lo dicho, de acusar a Sánchez de tramposo y de intento de pucherazo, a pesar de todas las chapuzas por las que le han denunciado, a él y su equipo, esta persona acabó siendo nombrada “Presidente del Gobierno”.
Lo preocupante para una democracia como la española, no era - en principio - un cambio de Gobierno, pues no sería la primera vez que esto sucede, sino el hecho de que dicho cambio - anunciado como necesario para acabar con la corrupción del Gobierno precedente -, consistiese en poner a la cabeza del Ejecutivo a una persona acusada de tramposa, y que además está a la cabeza de un partido calificado por una parte de la prensa nacional como corrupto. Asimismo, resulta consternante que esto último se haya conseguido gracias a una coalición entre partidos que, en algunos casos, han apoyado abiertamente al terrorismo, y en otros, manifestado una clara ideología separatista, con comportamientos que, hay que decirlo, son provocadoramente inconstitucionales y antidemocráticos.
Dadas las circunstancias, no se debería actuar como si todo transcurriese con normalidad, pues dicho cambio está teniendo graves consecuencias para la unidad territorial del Estado español, para la paz social y para nuestra imagen en el exterior.
II.- Rebelión
Conviene recordar que antes de que se produjese la Moción de Censura, la que conduciría a la destitución de Mariano Rajoy, España ya estaba viviendo un psicodrama político-jurídico y social de carácter internacional que ocupaba los principales titulares de la prensa nacional y extranjera. Estamos hablando, por supuesto, de la rebelión separatista, ilegal y anticonstitucional de los representantes del Gobierno catalán, rebelión que tomó la forma de un Golpe de Estado, cuyo objetivo manifiesto era la ruptura de la unidad territorial de España.
Esta rebelión, equivalente, efectivamente, a un Golpe de Estado, obligó a las autoridades españolas a intervenir en la gestión local catalana, aplicando el artículo 155 de la Constitución de 1978 por un corto periodo de tiempo. Además, estas circunstancias de carácter institucional, se vieron agravadas por la rocambolesca huida al extranjero del principal y más visible instigador del golpe, el Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat, llegándose al paroxismo en mayo de 2018, con el nombramiento, como presidente del Gobierno regional de Cataluña, del incalificable Joaquim Torra, cuyas declaraciones raciales, acompañadas por un comportamiento en franca oposición a la Constitución, parecían una constante provocación que buscaba no solo el enfrentamiento violento con las autoridades estatales para poder justificar y legitimar sus posiciones, sino que además, pretendía desviar la atención del Ejecutivo sobre la trama orientada a derrocarle a muy corto plazo.
Esta forma de actuar, a la que debemos añadir 30 años de manipulación escolar, dividió a la población catalana en dos bandos irreconciliables y además despertó el monstruo del nacionalismo secesionista en otras regiones de España, afectando al conjunto de la población española, que aún guarda en memoria la declaración unilateral de independencia realizada el 6 de octubre de 1934 por Lluis Companys y que costó la vida a más de un centenar de personas.
84 años más tarde, suponemos que nadie querría que este hecho pudiera volver a producirse salvo, quizás, el presidente de la Generalitat y el presidente del Gobierno, si damos crédito a las declaraciones de Torra concernientes a su admiración por la sangrienta "via eslovena" y al reciente lavado del pasado criminal de Companys por el actual Gobierno de la nación española, el cual parece más preocupado por separar a los ciudadanos españoles que por unirlos, así como por denigrar la imagen de España o por poner en duda su existencia más que por ensalzarla, haciendo planear la sombra de la duda sobre la capacidad de autogestión democrática de España.
III.- La estrategia del "mediador" alemán
La experiencia de los últimos tres años corrobora esta última observación y la hace visible en la flagrante y reiterada convergencia o connivencia entre los medios de comunicación y las fuerzas de la oposición al anterior Gobierno del PP, a la hora de calificar negativamente cada una de las acciones emprendidas por el Gobierno central de la época PP, así como para pasar mensajes subliminales, asociando negativamente conceptos tales como Unidad, España o Constitución, con los conceptos de Fascismo, Franquismo y Corrupción, hasta tal punto que en la España de hoy, declararse español, equivale a ser reconocido como franquista o fascista. Y esta cuestión, que a algunos les parece anodina, forma parte de una estrategia global que tiene como fin último acabar con la Constitución de 1978 y con la Monarquía, para crear una República Plurinacional Federal.
De hecho, las actuales circunstancias de la vida política española están destinadas a favorecer las condiciones jurídicas y políticas de desestabilización del país, con el fin de provocar una rápida pérdida de credibilidad en el Gobierno español para, de esta manera, hacer intervenir a un mediador internacional.
Para conseguirlo, era necesario hacer comprender al mundo que la democracia española actual y aquellos que la gobernaban, estaban lejos de tener la fuerza y la legitimidad moral suficiente para decidir el destino del país y, menos aún, para resolver el supuesto diferendo regional que opone a los pueblos de España contra su Gobierno central, lo que, a contrario, podría legitimar las posiciones independentistas catalanas, así como su acción ilegal de rebelión contra la ley y la Constitución.
Esta es la hoja de ruta del presidente de la Generalitat, que como observamos hoy en día se apoya en grupos como Podemos para sacar adelante las tesis convergentes de los separatistas con Pedro Sánchez, el cual propone modificar la Constitución para crear una Nación de Naciones o República Plurinacional como Venezuela o Bolivia.
Antes de la moción de censura, todo parecía señalar que la primera estrategia de la oposición correspondía claramente a la intención de hacer intervenir como “mediador” a un país como Alemania, pues sería una lógica coherente con la desastrosa intervención del juez alemán que, después de que la policía alemana hubiera detenido a Puigdemont, decidió liberar al expresidente golpista de la Generalitat.
Para más inri, hoy, con el Gobierno socialista en funciones, la situación podría parecer que ha cambiado, sin embargo, está claro que la "oposición separatista" se guardaba esa posibilidad de mediación como un as en la manga para futuras negociaciones con el nuevo Presidente, que están teniendo lugar en estos momentos, por lo que nos parece bastante evidente que la actitud alemana hacia España de este último año no es un producto del azar, y desde esa perspectiva debemos analizar dicho comportamiento.
Tribunal Territorial de Schleswig-Holstein (Alemania)
En primer lugar, es sorprendente ver como el Tribunal Territorial de Schleswig-Holstein, que ni siquiera es una jurisdicción nacional, ha tratado en muy pocas horas un asunto complejo de rebelión contra la Constitución de un país democrático y “amigo”. La justicia alemana, decidió, unilateralmente, actuar por su propia cuenta, sin estudiar, como hubiera debido hacer, el expediente que se estaba incoando en España.
Por esa razón, influido por el buen eco que la prensa suele reservar a los antiespañoles, gracias a la estela ideológica dejada por la ‘Leyenda Negra’, el juez alemán decretó que en el comportamiento catalán de rebeldía no había habido violencia, y que por lo tanto, el Puigdemont no podía ser culpable de sedición ni de rebelión, a pesar de haber dirigido un intento de destrucción de la arquitectura política y constitucional española. Según el juez alemán, la ausencia de violencia en la acción de Puigdemont que, no obstante, estaba destinada a destruir la arquitectura político-institucional y constitucional española, lo hace inocente de las acusaciones de rebelión, sedición y alta traición”
Para comprender o para encontrar otras razones a esta situación, es importante analizar cómo hubiera sido tratado este conflicto en un Lander alemán y en tal sentido, el jurista Francisco Sosa Wagner dice: “En Alemania, el artículo 79.3 de la GG especifica que una modificación de la Constitución que afecte a la organización de los Lander de la Federación o a la participación de los Lander en la legislación de la Federación o simplemente que afecte a los artículos 1 a 20 de la Constitución, es pura y simplemente, inadmisible”. Además, merece la pena recordar que, según el artículo 20.4, todo alemán está obligado a ejercer el derecho de resistencia contra cualquiera que quiera eliminar el orden constitucional en vigor. “Las aspiraciones separatistas de los Lander son contrarias al orden constitucional alemán y no tienen cabida en su Constitución”.
Teniendo en cuenta la doctrina alemana en lo que concierne a la unidad de su territorio y a la nación, volvemos a preguntarnos ¿Cómo es posible que el juez alemán, desconociendo el derecho español, haya considerado que el proyecto secesionista del Gobierno catalán, a pesar de violar la Constitución española y buscar unilateralmente la modificación de las fronteras de un país europeo, sea considerado como un asunto menor, hasta tal punto que legitime al Gobierno alemán para rechazar la entrega del prófugo Puigdemont a las autoridades españolas, así como para dejarlo en libertad?
La respuesta a esta pregunta es compleja
Desde un punto de vista jurídico-político interno, creo recordar que en época del Gobierno Zapatero se había modificado el Código penal en lo que respecta al delito de rebelión, excluyéndose del delito todas las hipótesis en las que no hubiesen intervenido fuerzas armadas con el uso de las armas.
¿Conocía el juez alemán esta modificación legal de nuestro pasado reciente? Y si lo sabía, ¿por qué hizo prevalecer este aspecto en lugar de entregar al rebelde en fuga y no complicar las relaciones bilaterales entre España y Alemania? ¿Pensaba Zapatero en una futura rebelión cuando realizó la modificación del Código penal?
Constatamos que hay demasiadas contradicciones que no pueden explicarse solo desde un punto de vista jurídico, necesitamos un enfoque sociológico, que tenga en cuenta el impacto de la propaganda independentista en el caldo de cultivo de la ‘Leyenda negra’.
Explicaciones de María Elvira Roca Barea
Según se desprende de varios artículos de la profesora María Elvira Roca Barea, la acción combinada de los jueces, del Ministro de Justicia así como del ministro del Interior alemanes, demuestra dos cosas: por un lado, una gran falta de respeto a un país aliado, y por otro lado, una total falta de solidaridad entre Estados asociados a la UE, lo que solo puede explicarse por el hecho de que, desde tiempos de Lutero, Alemania considera los pueblos católicos del sur de Europa como inferiores desde un punto de vista ético y moral.
Johannes Aurifaber publicó una compilación de conversaciones de Lutero en las que éste declaraba que los españoles eran ladrones, falsarios, orgullosos y lujuriosos, descendientes de “marranos” y tradicionalmente mal intencionados con los alemanes. Este discurso, aunque antiguo, es casi idéntico al que tienen los independentistas catalanes respecto al resto de los españoles.
No cabe duda de que la influencia de Lutero, ayudada por la ‘Leyenda negra’ y por el lobby político actual, respecto a la persecución española a Puigdemont y la demanda catalana de libertad, influyó en las decisiones de las autoridades alemanas, pero estos cuatro aspectos no pueden explicarlo todo.
Si profundizamos un poco en el análisis histórico de la evolución de Alemania, es obligatorio recordar que después de la reunificación de 1989, la nueva Alemania influyó de manera decisiva en la desintegración de Yugoslavia cuando reconoció legal y políticamente la separación de Croacia, lo que generó un conflicto que ha provocado cientos de miles de muertos en pleno centro de Europa.
No olvidemos tampoco que, aprovechando la crisis griega, Alemania ha, literalmente, desvalijado ese país, como previamente había hecho con Croacia, y por lo tanto no debemos excluir que una crisis similar en España (a la que nos aproximamos a marchas forzadas con el Gobierno Sánchez, pues nuestra Deuda Pública real ya se sitúa en torno a 120% del PIB), añadida a la que se vive en Cataluña, constituiría el momento oportuno para posicionarse como mediadora con los independentistas y hacerse propietaria de algunas de nuestras grandes empresas, como por ejemplo, la que gestiona todo el espacio aéreo alemán: INDRA, en la que, por otro lado, ya han adquirido participaciones.
“Los intereses alemanes en España, son tan importantes y visibles que resulta fácil comprender su actitud. ¿Están todos los poderes políticos españoles al corriente?”
Para completar las perspectivas precedentes sobre la intermediación alemana en la estrategia independentista, sería conveniente introducir un análisis semiótico de la comunicación política en España, pues ésta se dirige al subconsciente colectivo de los españoles y prepara el terreno de la explosión social, como arma arrojadiza del independentismo o separatismo.
Durante todo el año 2017 y la primera mitad del 2018, todas las acusaciones lanzadas contra el Gobierno cesado del PP llevaban asociadas las expresiones: “Gobierno/corrupción (el Gobierno del PP - se podía leer y escuchar - es el más corrupto de la historia de España) y España/franquismo/fascismo (la España que nos quiere vender este gGobierno corrupto, es una falsedad histórica construida por el franquismo, del cual el PP y la Monarquía son herederos)”
¿Qué se buscaba con ese abuso semántico?
Después de muchas lecturas, he constatado que los conceptos de democracia y de libertad perdían toda legitimidad cuando emanaban de la gestión del anterior Gobierno del PP, pues "si los miembros del Gobierno y el Jefe del Estado son una consecuencia lógica del franquismo y además, son corruptos, el hecho de que su acción política esté cimentada en la Constitución de 1978, hace planear sobre esta última la carga de un obscuro pasado", que provocará, en un primer lugar, dudas y que, poco a poco, con la propaganda adecuada e insistente, hará desaparecer el barniz de legitimidad del que hasta ahora se beneficiaba, dejando de representar nuestra democracia y poniendo en duda el real ejercicio de nuestra libertad, para aplicar, por ejemplo, el artículo 155 de la Constitución frente al separatismo.
Además, a este proceso, se le añade un elemento psico-sociológico bien conocido que dice que cuando una ley se vuelve injusta e ilegítima, nace, en el sentimiento colectivo popular, la justificación moral de la desobediencia y de la rebelión, lo que se percibe claramente en Cataluña y que está cristalizando en otras partes de España.
IV.- La idea de nación española
El objetivo de todo partido político en la oposición es tomar el poder, y para eso, los que están detrás de esta campaña, en la que no todos buscan la destrucción del orden establecido, analizan có mo instalarse en el poder, forzando la reforma constitucional a través del sabotaje institucional, ¿y cómo?: transmitiendo de manera permanente la idea de la inexistencia de una única nación española, como dicen que han querido hacernos creer los franquistas y post-franquistas, de tal manera que se diluya poco a poco la idea de nación española entre las jóvenes generaciones, para que ésta no pueda constituir una vía para la resolución del conflicto catalán, pues para el Gobierno cesado del PP, adjetivado de españolista, franquista y corrupto, el mantenimiento de la unidad de la nación española era la única vía de resolución del conflicto catalán, lo que en gran parte explica que después del cese dicha vía haya sido retomada por un nuevo partido: VOX, al que aún no se le puede acusar de corrupto, pero sí de retomar las ideas "franquistas" de unidad de la patria, de recuperar sus símbolos, como la bandera, de recuperar sus héroes, como D. Pelayo, D. Rodrigo, Colón, Cortés, Elcano o Blas de Lezo y, por lo tanto, de pertenecer a la ultraderecha rancia, autoritaria, machista y genocida, es decir, un peligro para la paz y para los indigenistas de esta piel de toro llamada España, cuyo nombre no quieren recordar, buscando de esta manera legitimar, entre las generaciones futuras, un ataque frontal a su esencia, como se hizo en las repúblicas americanas separadas de España a principios del S. XIX.
Ahora bien, detrás de esta estrategia de la "izquierda progresista" ¿existe un modelo de Estado?
Está claro que los que así actúan, buscan la aceptación y la implantación del concepto de Estado Plurinacional (como en Bolivia o Venezuela), lo que, sin duda, facilitaría la vía hacia una República Federal Plurinacional, excluyendo, de esta manera, la monarquía parlamentaria y, sobre todo, la actual dinastía de los Borbones, debido a que, para los instigadores de esta estrategia, los Borbones son, además de responsables de la pérdida del imperio, los herederos del franquismo y los que garantizan el actual orden constitucional, nacido ya viciado por el franquismo, lo que, actualmente parece poder justificar los actos terroristas cometidos durante el período democrático, de ahí que veamos a menudo actos reivindicativos del heroísmo de los etarras en su lucha por la libertad del País Vasco contra la opresión española o de los golpistas catalanes, que hasta se les lleva al Congreso desde la prisión para que recojan sus actas de diputados. Es evidente que el futuro modelo de Estado implica la no existencia de la nación española y por esta razón, los pluri-nacionalistas-indigenistas españoles suelen hablar de una integración de las nacionalidades ibéricas en una Europa federal donde España no tenga razón de ser, para captar también el voto de la juventud europeísta.
¿Quién gana con la desintegración de España? ¿Podemos identificar a los actores de esta estrategia?
Evidentemente, no estamos capacitados para determinar, designar o afirmar quiénes se esconden detrás de esta trama, sin embargo, sí podemos comunicar quiénes son los encargados de llevarla a cabo, consciente o inconscientemente.
El PSOE ha sido capaz de alcanzar el poder con el apoyo de casi todas las fuerzas anti-constitucionalistas. Sólo no hubiera podido pues hasta ahora se ha caracterizado por su indeterminación, por no haber sido capaz de hacer frente a la crisis de 2007/8, por haberse hundido en 2011 y por sus sucesivas crisis internas, así como por sus declaraciones llenas de contradicciones. Esto hace pensar que es un simple beneficiario de la estrategia, pero no un actor principal.
Podemos, sin embargo, es una fuerza política que se retroalimenta con los nacionalistas, y por ello se ha convertido en un actor de peso en el laberinto español. Además, teniendo en cuenta que es un partido bastante nuevo, su rápido éxito solo se puede concebir porque el terreno que pisa le ha sido bien preparado, sobre todo, cuando consideramos las nefastas decisiones tomadas por Zapatero, político-jurídicas antes del 2008 y económico-financieras a partir de la crisis de 2008, legando al gobierno del PP, en 2011, una economía completamente destrozada, cuyos duros ajustes permitieron los constantes ataques de la oposición.
“Frente a la impotencia del poder central para atacarse a las causas de la crisis y compensar las deficiencias del modelo regional, las fuerzas políticas regionales, deben buscar un «chivo expiatorio”, y lo encuentran en el poder central, al cual van a acusar de corrupción y de ser el heredero del franquismo fascista”
A partir del 2012/2013, el poder central no ha tenido un solo momento de reposo, sin que haya sufrido incesantes insultos de corrupto, de fascista, de franquista y otros, insistiendo sobre la falta de colaboración de España con los nacionalistas o sobre el hecho de que España roba sus recursos.
Está claro que el camino de Podemos ya había sido preparado y las corrientes separatistas, que estaban en un estado latente, empezaron a reconstruirse en franca oposición al Gobierno del PP y, a partir de 2014/15, comienzan su escalada política y social. Además, nace una nueva convergencia, pues después de los buenos resultados obtenidos en las elecciones al Parlamento Europeo por Podemos, este movimiento inicia una ascensión fulgurante entre una opinión pública cansada de tantos años de crisis y, sobre todo, entre una juventud desorientada que busca desesperadamente una nueva épica.
¿Mantendrá Podemos, después de su flojo resultado en las elecciones europeas del 26 de mayo, la fuerza y legitimidad necesarias para negociar una parcela de poder más allá del ámbito municipal?
Para comprender la trayectoria de ascenso al poder de Podemos es importante recordar qué lo hizo diferente de los otros partidos. El lema de Podemos era limpiar la política del Estado español de la corrupción y de la casta heredera del franquismo, que siempre se guardaba la mejor parte del pastel para ella. En una época de profunda crisis económica, la fuerza de este lema era más que suficiente para acaparar la atención de una gran parte de la juventud y de los desheredados del sistema.
El terreno ya estaba preparado y abonado para hacer germinar una revolución, solo faltaba introducirse en el sistema e institucionalizarse. ¿Cómo conseguirlo? El lema de Podemos había alcanzado un grado de convergencia suficiente con las fuerzas nacionalistas, por lo tanto, el acceso a los poderes locales ya podía llevarse a cabo, en colaboración con los movimientos llamados “mareas”. Además, dentro de esa convergencia, se había definido y designado a un enemigo fácil: el Poder central, o dicho de otra manera: España, entelequia dominada por los dinosaurios supervivientes del antiguo régimen.
En muy poco tiempo, las asociaciones de Podemos con las fuerzas locales o “MAREAS”, tomaron al asalto numerosos ayuntamientos, como Madrid, Barcelona o La Coruña, introduciendo, en nombre de la “Ley de Memoria Histórica” de Zapatero, numerosas medidas revanchistas que pronto empezaron a levantar unos españoles contra otros, como en el bienio 34/36, recreando el mito de las dos Españas (una opresora, la mesetaria y otra oprimida, la periférica, la no España)
Estas medidas se iban justificando con la sacrosanta misión de acabar definitivamente con la corrupción del poder central, supuestamente inspirada en las prácticas del antiguo régimen franquista, al que todos los miembros del poder central y todos los que se declaraban españoles, pertenecían espiritualmente.
En todas las comunicaciones públicas de Mareas-Podemos, siempre se encontraban asociadas las expresiones: poder central, España, religión católica, monarquía, democracia, Constitución... con las expresiones franquismo, casta, opresión, dictadura, atraso económico, corrupción, robo, incompetencia...
Dicho de otra manera, al utilizar estas convergencias semánticas y conceptuales, al servicio de su estrategia de destrucción de España, estaban resucitando en el inconsciente colectivo, la ‘Leyenda Negra’, atribuyendo lo más negativo que se pueda encontrar a todo lo que de cerca o de lejos parezca España o emane de lo español, levantando una mitad de España contra la otra mitad y preparando el camino de la revolución, legitimando el cambio constitucional, aunque haya de hacerse por la fuerza, al amparo de un europeísmo de salón.
V.- España nos roba
Ahora bien, si yo no fuese español, difícilmente podría creerme el análisis que estoy realizando, y es que ¿puede un país moderno, con un sistema educativo de calidad, dejarse embarcar en un proceso de destrucción institucional como el que estoy describiendo?
En circunstancias normales, ese proceso no hubiera tenido la más mínima oportunidad de realizarse, sin embargo, hace más de 30 años que España cedió las competencias en política educativa a las regiones, lo que sin duda ha provocado que las nuevas generaciones que han alcanzado la edad del voto estén completamente condicionadas por el diferencialismo, el exclusivismo y el separatismo, conceptos vehiculados por la enseñanza en las regiones, enseñanza que ha manipulado la historia y que además ha forzado la diferenciación lingüística, como primer paso para facilitar el rechazo de la lengua común, es decir, del español, la lengua del imperio y –según ellos- de la opresión; el rechazo de la unidad cultural y el rechazo de la homogeneidad religiosa o espiritual que hasta ahora había vehiculado el catolicismo, generador del humanismo moderno.
Con el odio y el desprecio del otro en el corazón, se construye otra realidad, en la que el joven ciudadano periférico, va –poco a poco– rechazando el sistema jurídico que, según se le ha hecho saber desde pequeño, solo sirve para perpetuar su condición de esclavo y facilitar el robo de sus propios recursos.
“La cesión de las competencias educativas a las regiones, ha permitido que se generen las condiciones políticas de la ruptura institucional y social que se vive en Cataluña. Cabe preguntarse: ¿Recuperará, el Gobierno de Pedro Sánchez, esas competencias o cederá aún más?”
Todo dependerá de sobre quién se va a apoyar para gobernar, ¿sobre Ciudadanos?, ¿sobre Podemos? o ¿sobre los partidos independentistas? Las municipales y autonómicas han debilitado a Podemos pero han dado mayor legitimidad a los independentistas identitarios, polarizando aún más la política española. De todas maneras, al conseguir que estas ideas resumidas en el slogan "España nos roba" lleguen a formar parte del inconsciente colectivo, resulta fácil hacer creer, como conclusión lógica aunque inducida, que la crisis económica es el fruto de la opresión política del Gobierno central, tantas veces llamado franquista e identificado con España, lo que obliga al PSOE, actualmente en el poder, a radicalizarse en favor de las tesis anti-españolas para diferenciarse de la imagen del poder central que tanto han atacado, pues este último -sea quién sea - es portador de la opresión que impide la liberación económica de una Cataluña que, teniendo todos los medios intelectuales y morales para liberarse, sigue estando oprimida y saqueada por ese poder central, identificado con España, de ahí la famosa frase “España nos roba”.
A partir de aquí, se hace evidente que el hecho de ceder las competencias educativas a las regiones, unido a los factores antes explicados, ha permitido la creación de las condiciones políticas óptimas para que se produzca la ruptura institucional y social que se vive en Cataluña, cuyos líderes políticos han convertido a España en el enemigo público númerio uno a eliminar, empezando por la Constitución que le da cuerpo.
En conclusión, las condiciones que justifican una revolución social con violencia ya han sido creadas, y Podemos se pretende capacitado para dirigir dicha revolución, siendo éste consciente de que el conflicto catalán debe convertirse en un conflicto de Estado (lo que ya ha conseguido), si quiere forzar el desencadenamiento del cambio con el apoyo de las otras regiones y del extranjero (el proceso ya está en marcha).
El cambio súbito de Gobierno, por la fuerza de las alianzas del PSOE con los nacionalistas, constituyó una nueva fase dentro de la estrategia de destrucción de la unidad de España, donde Podemos se inscribe como el ideólogo que marca (o que marcaba) el paso del cambio, no obstante, no nos engañemos, el PSOE no es un verdadero aliado de Podemos, pues lo que quería (el Poder) ya lo ha conseguido y Podemos empezará a convertirse en un estorbo, con sus insistentes intenciones de cambio, contrarias a la nueva estrategia de Sánchez, basada en la conservación del poder.
VI.- La Educación y la Solidaridad
A pesar de todo, y de la inercia política que parece haberse instalado en el Reino, la realidad que ahora estamos viviendo podría haberse evitado con una educación gestionada por el Estado, favoreciendo la movilidad interregional de alumnos, de profesores y de funcionarios.
¿Existe una vacuna que pueda frenar este proceso destructivo?
De esta manera, es decir, con una educación gestionada por el Estado, la estructura de solidaridad nacional que existía antes del escalofriante desarrollo de las insolidarias comunidades autónomas no se hubiera roto, pues el mutuo conocimiento de los ciudadanos permite compartir importantes parcelas de una historia y de una cultura comunes, haciéndonos capaces de mirarnos con orgullo en las gestas de los antepasados que han escrito nuestra historia, ya sean de una u otra provincia.
¿Acaso no tenemos todos y cada uno de los españoles, familiares en otros puntos de la geografía española y americana?. Y otra pregunta no menos importante: ¿ya no es posible dar marcha atrás?
Estoy plenamente convencido de que la España de hoy es tan solidaria como aquella de 1803, que lanzó la expedición Balmis para salvar la vida de millones de hermanos americanos atacados por la viruela. De hecho, España sigue siendo la primera nación del mundo por sus donaciones de órganos, de sangre y por sus trasplantes, lo que me hace creer que aún se puede dar marcha atrás en el proceso iniciado por los nacionalismos separatistas.
¿Sobre qué elementos podemos actuar y cómo, para generar una recuperación acelerada del “seny” y hacer frente a la estrategia de Podemos y de quienes lo apoyan?
VII.- Génesis del nacionalismo separatista y estrategias para canalizarlo
La lucha se establecerá en varios frentes:
En primer lugar, debe hacerse un esfuerzo para recuperar no solo el conocimiento de nuestra historia, sino también para valorarla como parte de nuestra identidad esencial, que determina lo que somos. En este apartado me parece importante señalar algunos aspectos de la génesis del nacionalismo regional español, pues el nacionalismo extremo que vivimos hoy en día, sobre todo en Cataluña, no ha nacido precisamente como una aspiración de identidad, sino más bien como el rechazo a la identidad común, es decir, todo lo contrario.
El nacimiento de ese separatismo nacionalista y popular tiene su origen principal en una traumática frustración nacional, generada durante el siglo XIX por la pérdida de los territorios de la Nueva España, que se independizaron aprovechando la debilidad económica y militar que se produjo en España por la invasión de Napoleón, a lo que se añadiría la guerra con los EEUU, que obligó a los españoles a ceder Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Ese nacionalismo, nacido de la frustración y de la vergüenza o deshonor, mostrará su aspecto más violento durante el siglo XX, con las declaraciones de independencia acaecidas durante la Segunda República, entre 1934 y 1936, con la Guerra Civil y, posteriormente con el conflicto terrorista generado por ETA, que duró hasta principios del siglo XXI y que aún no ha desaparecido.
¿Cómo podríamos explicar que tantas tensiones hayan acabado por transformarse en un continuo derramamiento de sangre y en una incubadora de odio?
Solo una frustración socio-nacional equivalente a la que nos inunda el corazón cuando hemos perdido a un ser querido, puede explicar la extrema violencia, convulsiva e irracional, que los nacionalistas radicales aplican a aquellos que consideran responsables de su frustración. Por eso es tan importante preguntarse a quién hacen responsables de su frustración los nacionalistas-separatistas españoles.
Cuando España perdió la totalidad de los territorios americanos, el orgullo nacional quedó tan profundamente afectado, que nuestro país parecía un barco a la deriva. En un breve lapso de tiempo pasamos de ser los más poderosos y temibles del mundo a ser desposeídos de todo: territorio, dinero y honra. Hasta el más débil de nuestros antiguos enemigos nos había perdido el respeto. La fuerza destructora de este sentimiento de impotencia y de vergüenza nos fue transmitida por casi todos los autores de la Generación del 98, anclando en el subconsciente colectivo español la ‘Leyenda Negra’.
El peso de la humillación se había vuelto tan insoportable que era necesario deshacerse de él y a cualquier precio, para poder caminar con la cabeza alta, pero ¿cómo hacerlo?
En ese momento crucial para la historia de España, y sobre todo, de la España imperial, el reino de Castilla aún se identificaba con España y España con Castilla. Y precisamente esta identificación que seguía estando muy presente en el espíritu de los intelectuales españoles de las regiones periféricas, les hizo comprender que la única manera de deshacerse de la vergüenza y de la humillación de sentirse los perdedores, era deshacerse de la piel de castellano/españoles, es decir, rechazar esa parte de su identidad y reivindicar una identidad mítica, regional no-castellana y por lo tanto, lo más alejada posible de lo español, esencia que empezaron a describir como opuesta a la propia y a menudo denigrada, con el fin de hacer desaparecer de sus conciencias la responsabilidad de la derrota española y salvar así, el honor perdido.
Este paso de lo español a lo anti-español es un proceso que se desarrolla paralelamente a los movimientos literarios románticos entre el fin del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, movimientos que han tenido figuras de gran genio, no exentas de imaginación y una gran creatividad, capaces de crear y de exaltar valores, hasta la fecha desconocidos, de las regiones de cultura no castellana. Estos movimientos folclórico culturales fueron acompañados de innumerables trabajos de investigación antropológica tendente a demostrar “científicamente” las enormes diferencias existentes entre las etnias de culturas periféricas y las etnias castellano-españolas, con el fin de asentar los nuevos movimientos nacionalistas, a veces culturales, otras raciales, en un halo de racionalidad científica que les permitiría generar el mito de naciones sojuzgadas por el yugo de Castilla (léase de España), lo que –a largo plazo– traería, inevitablemente, la reivindicación del derecho a la autodeterminación.
El injerto del nacionalismo en el subconsciente colectivo se fue generando como consecuencia de este proceso. Así, las oposiciones Euskadi-España, Cataluña-España o Galicia-España, empezaron a consolidarse y a generar una vida propia con un carácter marcadamente político, donde, poco a poco, Castilla/España, la humillada perdedora, se convierte en el enemigo natural de las regiones periféricas, pues, como su estatuto de perdedora deja entender, es incapaz de generar valor por si-misma, convirtiéndose en un depredador de las extraordinarias riquezas de las regiones históricas.
La creación de esta realidad mítica, inconscientemente admitida por los ciudadanos y por un gran número de intelectuales, consolida una ideología de diferenciación compensatoria donde el español periférico, no castellano, que rechaza su hispanidad, está obligado a atacar, a excluir, a denigrar y a negar al otro: el denominado español/castellano, que representa hoy el poder central, origen de todos sus males. La leyenda negra internacional encuentra aquí la llave para introducirse en el inconsciente colectivo español, debido, como hemos dicho, a esta imperiosa necesidad de superar el agravio de una derrota, que todos los españoles consideraron injusta y, sobre todo, vergonzosa.
Estos sentimientos, no explicitados, pero ya inscritos en el ADN político-social español, surgirán con fuerza en ciertos momentos de la historia de España, así por ejemplo, durante la segunda República, hubo una fuerte recrudescencia de la violencia política y nacionalista, la oposición España/periferia, llegó al paroxismo, desencadenándose – con la ayuda evidente de múltiples factores exógenos – la cruenta Guerra Civil española y un gran paréntesis que solo se cerrará con la desaparición del General Franco, el 20 de noviembre de 1975 y con la aprobación consensuada de la nueva Constitución, el 5 de diciembre de 1978.
Fue, precisamente, la Constitución de 1978, la que en su liberalidad y en su ausencia de memoria histórica, reactivó el ADN nacionalista, al crear las regiones autónomas y autorizar la transferencia de importantes competencias, como por ejemplo la Educación, a las regiones.
Hoy en día, 40 años después, existen varias generaciones formateadas por una enseñanza de oposición: España-periferia y que han integrado los nuevos mitos fundadores como realidades indiscutibles que justifican las demandas, inimaginables hace tan solo 20 años, de autodeterminación y de plurinacionalidad, en una España que aun siéndolo no se siente solidaria.
Como decíamos antes, consciente o inconscientemente, el camino para el cambio, tal y como lo imagina Podemos, ha sido preparado con antelación, pero el resultado final depende, como siempre, de las estrategias y la capacidad de anticipación a las mismas por las fuerzas políticas que, en estos momentos, empiezan a ver más claramente quiénes son sus enemigos, su determinación y las armas de que disponen. Las exigencias catalanas de independencia han dejado al descubierto toda una trama que busca cambiar el modelo de Estado, reformando la Constitución, destituyendo la Monarquía e instaurando una, la tercera República, que en esta ocasión se pretende que sea federal y plurinacional, es decir, compuesta por Estados asociados, pero no solidarios.
España, dejaría de ser una nación para convertirse en un territorio estatal compartido y nuestro pasado, así como nuestro patrimonio, dejarían de pertenecemos. Solo es de esperar, si esto se lleva a cabo, que el notario encargado de repartir esta herencia no sea nuestro viejo y buen amigo Alemania, porque en caso contrario acabaríamos debiéndole nuestras vidas, como le ha pasado a los griegos.
Es evidente que esta situación ya no puede ser mantenida oculta por más tiempo. Debemos encontrar una solución de fondo y desarrollar una estrategia a corto, medio y largo plazo que pueda corregir las distorsiones históricas y sus nefastas consecuencias sobre el comportamiento social de nuestras poblaciones, solo así podríamos generar una comunicación serena y no distorsionada por las fuerzas políticas separatistas.
VIII.- La contraofensiva española
La contraofensiva, desde un punto de vista interno, necesita construir una cultura de tolerancia pero no de debilidad gracias a una política educativa unificadora que, reconociendo las diferencias, trabaje sobre las convergencias y complementariedades con el fin de devolver a España un espíritu creativo, de cooperación y solidario, así como una identidad común en la que todos podamos vernos reflejados con orgullo.
Para conseguir esto, tiene que ser el Estado, y no las regiones, el que dirija y controle la política educativa en todo el territorio, favoreciendo la movilidad, con una buena política de becas basada prioritariamente en el mérito, y con una política de defensa y de promoción de la lengua española, que es hoy una de las más importantes joyas de nuestro patrimonio y, por lo tanto, facilitando el intercambio de experiencias y la transversalidad de competencias entre territorios.
Lo dicho anteriormente, exige –para ser realista– armonizar las competencias enseñadas y la creación de certificaciones nacionales reconocidas en todo el territorio nacional y si ello fuese posible, en todos los territorios de la Hispanidad. Solo de esta manera se podrán eliminar las diferencias en el acceso a la cultura, a la formación y al trabajo, de todos los españoles. Al mismo tiempo que se trabaja sobre la educación, es necesario recuperar una buena imagen de España y el honor perdido de los españoles en un espejo no deformado de nuestra historia, sobre todo y de manera muy especial, la que parte de la pérdida de los territorios americanos y que nos ha ocultado la excelencia de los 300 años precedentes durante los cuales España creó una nueva cultura de impacto mundial. Por lo tanto, para luchar contra la leyenda negra, debemos mejorar el conocimiento de nuestra historia, abordándola desde múltiples disciplinas, y debemos sentirnos orgullosos de ella. Solo de esta manera conseguiremos abrir las puertas a la razón y rencontrar la solidaridad latente en todos los españoles.
Para completar estas ideas de fondo, pregunté a mi alrededor, qué otras cosas se deberían emprender en España, y entre las sugerencias recibidas, he registrado que: se necesita comunicar más y mejor tanto en el interior como en el exterior del país. Además, las comunicaciones, al margen de los objetivos concretos de las mismas, debieran ayudar a difundir el conocimiento de las grandes gestas, de las invenciones y de los personajes que han hecho de España un país grande y único, para que todos, solidariamente, defendamos este legado, pues España no existe sola sin sus hombres y sus territorios. También soy consciente de que estos temas son complejos y deben ser abordados de manera pluridisciplinar, pero ello no me exime de la responsabilidad de pensar y, por supuesto no me quita el poder de proposición. Por ejemplo, en lo que concierne al nacionalismo y a la presencia cada vez más importante del islam, ciertos intelectuales actuales, como Karen Amstrong, consideran que los nacionalismos, así como los movimientos yihadistas, están substituyendo la fe religiosa en nuestras sociedades burguesas y secularizadas, y lo explica diciendo que quizás sea porque el yihadismo introduce una cierta épica en la lucha contra lo que ellos denominan “el opresor”, épica que el cristianismo no puede ofrecer actualmente sin regresar a los inicios de su historia. Sin embargo, el nacionalismo separatista español, tal y como lo he presentado, obedece a una frustración que fue sublimada por la exclusión del culpable, asociado a la creación de mitos fundadores excluyentes de la iglesia católica. Por supuesto, esto quiere decir que han generado su propia épica, pero que transcurre por caminos paralelos a la épica católica, con poca probabilidad de colusión, salvo la excepción, digna de estudio, del País Vasco. En este sentido, una épica antinacionalista, que no sea ni religiosa, ni yihadista, es por lo tanto posible puesto que el catolicismo primario de la vieja España se ha convertido en el "humanismo" de la nueva Europa y, aunque muchos de nuestros conciudadanos no sean conscientes de ello, dicha transformación debiéramos apropiárnosla y no dejarla en manos de un protestantismo excluyente y manipulador.
IX.- Elecciones
En el frente europeo, debemos tener en cuenta que las elecciones al Parlamento Europeo del 26 de mayo de 2019 no han marcado ni un antes ni un después en el panorama político europeo.
También hemos podido constatar que Podemos ya es uno más y que le ha salido un competidor (VOX) que le gana terreno día a día, ante los jóvenes y ante una clase media formada.
Por supuesto estas medidas educativas y de comunicación socio-histórica deben ir acompañadas, a corto plazo, con otras medidas de carácter jurídico-político si el actual Presidente quisiera distanciarse de Podemos, con acciones como por ejemplo: destituir, ‘manu militari’, toda persona acusada o con sospechas fundadas de corrupción (ha tenido oportunidades y no lo ha hecho, lo que, a largo plazo, pesará en sus resultados electorales); Bloquear el aparato de comunicación separatista y anticonstitucional legalmente (está haciendo lo contrario para evitar un choque frontal, pero contrariamente a lo esperado, está elevando la temperatura del conflicto político social); aplicar la ley existente con toda su fuerza moral y legal, en los casos de intentos de sedición, rebelión y obstrucción separatista (está haciendo lo contrario, desentendiéndose de la responsabilidad política a través del sistema judicial, lo que puede acabar destruyendo la democracia). Ahora bien, quizás se pretenda, con estos comportamientos políticos, legitimar una negativa a aceptar un Gobierno de coalición con Podemos y, por lo tanto, incrementar las intenciones de voto PSOE del electorado.
Está claro que no hay soluciones simples, pero hay un camino a seguir, y por el momento ningún partido lo ha encontrado, los resultados del 28 de abril son la prueba de que estamos en plena batalla y los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de 26 de mayo nos han dejado claro que las claves que determinan las tendencias en esta España que se busca, por el momento, son solo españolas y que, con voluntad política, aún se puede controlar la comunicación externa y volver a los cauces de un constitucionalismo sereno. Solo nos falta una cosa por saber, ¿qué impacto tendrá la sentencia del “proces” en las estrategias políticas de las negociaciones?

References: resolución 
 artículo 99
 artículo 155
 artículo 79
 artículo 20
 artículo 155
 resolución 
 resolución