Source: http://studyres.es/doc/1082219/causas-y-antecedentes-diplomaticos-de-la-guerra-hispanoam.
Timestamp: 2018-08-19 09:19:06+00:00

Document:
causas y antecedentes diplomaticos de la guerra hispanoamericana
Download causas y antecedentes diplomaticos de la guerra hispanoamericana
CAUSAS Y ANTECEDENTES DIPLOMATICOS
DE LA GUERRA HISPANOAMERICANA:
CASELLAS*
"La .guerra hispanoamericana señala una época memorable para España, los Estados Unidos y Puerto
Rico. Como resultado de ella, la bandera que Colón
y sus compañeros pasearon por el Nuevo Mundo se,
ocultó, como se oculta un sol de oro, tras los celajes
de Occidente."l
guerra hispanoamericana ha sido llamada por los hispanistas la
guerra' injusta. Tal vez se merezca ese nombre, pero ciertamente
en 1963 el nombre que más le corresponde a esa guerra romántica es
el de la guerra olvidada.
Puerto Rico no debe olvidar la guerra que terminó con el cambio
de soberanía en la Isla y a la cual le debe su posición de asociación
Los efectos históricos de la guerra hispanoamericana fueron muy
importantes para que el siglo veinte los olvide. Mediante la guerra
hispanoamericana Estados Unidos se estableció como una potencia
mundial de primer orden con un imperio colonial en el Caribe y en el
Pacífico; Cuba obtuvo su tan luchada independencia; Puerto Rico fue
transferido como botín de guerra a los Estados Unidos y España perdió el restante de aquel vasto imperio forjado por los conquistadores.
Este breve estudio tiene por finalidad esclarecer de una manera
objetiva, las causas y los antecedentes diplomáticos de esta guerra
* B.S.F.S., Universidad de Georgetown, 1957; LL.B, Universidad de Puerto Rico,
1960; LL.M, Universidad de Harvard, 1961.
1 Angel Rivera, Crónica de la Guerra Hispanoamericana e1I Puerto Rico, (Madrid,
1922), p. v,
olvidada de manera que el lector pueda llegar a una conclusión imparcial por sí mismo basándose en los verdaderos hechos históricos.
LA REVOLUCI6N CUBANA y LA POSICI6N
"La guerra de los Estados Unidos con España fue
breve. Sus resultados fueron muy grandes, sorpren.
dentes y de mucha importancia mundial.
La historia de esta guerra, en su más amplio y verdadero sentido, no podrá ser escrita hasta que pasen
muchos años, porque hasta entonces será imposible
reunir todo el material necesario ni tampoco obtener
la exacta perspectiva y proporción, que solamente la
distancia puede dar."
Henry Cabot Lodge, Tbe War with Spain, 1899.2
L pacto de Zanjón de 1878, puso fin a la sangrienta lucha de diez
años entre cubanos y españoles. España prometió mucho a Cuba en
1878, pero con excepción de la abolición de la esclavitud y de cierta
representación en las Cortes, las promesas no se cumplieron y las
condiciones en Cuba empeoraban cada día más.
Las inversiones norteamericanas en Cuba se multiplicaron de
tal manera que ya en 1894, el capital americano en Cuba prin.
cipalmente invertido en la industria azucarera, era alrededor de
$50,000,000. 3 En 1894, la nueva tarifa Wilson americana revocó el
tratado de reciprocidad comercial con España de 1884, y la tarifa
McKinley de 1890, los cuales permitían la entrada libre a Estados
Unidos del azúcar de Cuba y Puerto Rico.' La nueva tarifa de 1894
imponía derechos de aduana excesivos sobre el azúcar antillano española y precipitó una grave crisis económica en Cuba y Puerto Rico.
La riqueza económica de Cuba se basaba 85'70 en el azúcar y el golpe
fue mortal para la industria.
El desempleo, la pobreza y el hambre azotaron la Isla y a la
creciente crisis política se unió una seria dislocación económica: unas
semillas revolucionarias que los patriotas cubanos no podían desperdiciar.
Rivero, obra citada, p. v,
Thomas A. Bailey, A Diplomatic History 01 tbe American People, (Nueva York,
1955), p. 495.
4 Samuel Flagg Bemis, A Diblomatic HÍJtol'Y 01 tbe Unlted States, (Nueva York,
1950), p. 437.
LA GUERRA HISPANOAMERICANA: 1895-98
El 24 de febrero de 1895, los insurrectos nuevamente enarbolaron la bandera de la revolución después de diecisiete años de una
precaria tregua. La intransigencia española y la crisis económica enardecieron el fuego revolucionario y miles acudieron a enlistarse en
las filas rebeldes. Los insurrectos procedieron a destruir sistemáticamente las cosechas, haciendas y propiedades con el propósito de desalentar la resistencia española. Los métodos de guerra sin cuartel uti,
lizados por los rebeldes vestían una brutalidad y crueldad jamás vistas
en el Hemisferio desde los días de Hernán Cortés. Los insurrectos
para provocar la intervención estadounidense, destruían las grandes
plantaciones de azúcar y las haciendas de ganado norteamericanas, perdonando a aquellas que rendían tributo," Al mismo tiempo, las Juntas
reaparecieron en los Estados Unidos como lo hicieron en 1868. Allí
se encargaban de recaudar fondos y de realizar una campaña de
propaganda anti-española con miras a provocar la intervención de
los Estados Unidos en la Isla.
Los españoles respondieron valerosamente al reto rebelde, con
esa testarudez y esa intransigencia características del español del siglo diecinueve. España no estaba dispuesta a perder la colonia más
rica de su decadente imperio y no escatimó en gastos para sofocar la
rebelión militarmente. Lo mejor de sus fuerzas de mar y tierra fue
enviado a Cuba y miles de españoles se enlistaron en la Península
dispuestos a defender la integridad del territorio nacional. El gobierno
español, encabezado por el reaccionario señor Antonio Cánovas del
Castillo, envió en febrero de 1896, al General Valeriano Weyler a
Cuba, seguro de que este brillante soldado lograría poner fin a la
.costosa campaña."
La política del General Weyrer en Cuba motivó grandes protestas de parte del gobierno norteamericano y las supuestas brutalidades del "carnicero" Weyler, como lo llamaba la prensa amarilla,
fueron un arma de propaganda utilizada por las Juntas Revolucionarias y por la prensa amarilla para promover el clamor popular en
Estados Unidos en favor de la intervención.'
El señor James Truslow Adams recuerda que una corporación azucarera en la cual
él. tenía intereses, le pagó a los "patriotas" cubanos en Nueva York, más de $10,000 en'
tributos, The Epic oi Americe, (Boston, 1931), p. 335.
6 El general Weyler sustituyó al general Martínez Campos. Weyler había peleado
en Santo Domingo valerosamente; desde 1868 a 1870, en Cuba y regresó a España en
1873, con el rango de brigadier. En 1875, y en 1876, peleó contra los carlistas obteniendo
por su arrojo el rango de general. de división. Se le concedieron el título de Marqués
de Tenerife y fue senador del Reino, capitán-general de las Islas Canarias y capitángeneral de las Islas Filipinas en 1888.
7 "It is not only Weyler the soldier ... but Weyler the brute, the devastator of
haciendas, the destroyer of families, and the outrager of women... Pitiless, 'cold, and
exterminator of men ... There is nothing to prevent his carnal, animal brain from running
El fracaso del General Martínez Campos, condujo a Weyler a
pensar en un nuevo plan de campaña que según él, pondría término
a la lucha. Consistía el plan. en aislar a los rebeldes, privándoles de
toda comunicación con el pueblo y de los recursos con que éste podía
contribuir al sostenimiento de las fuerzas rebeldes. Para conseguirlo,
Wey ler ideó la reconcentración de toda la población rural en los
centros urbanos, fuera del dominio de los insurrectos. La dureza de
esta medida es aparente. En los reconcentrados murieron cientos de
mujeres, ancianos y niños debido a la falta de la más mínima sanidad.
Ahora bien, esto no es una apología de la política de Weyler, pero,
considerando el carácter salvaje e inhumano con que los rebeldes conducían la guerra, a España casi no le quedaba otro remedio que proceder de esta manera," La política ciertamente no estaba en conflicto
con las leyes de la guerra civilizada de la' época. Debemos recordar
que otras naciones civilizadas han tenido que recurrir a medidas similares para afrontar situaciones parecidas. Así lo hizo Gran Bretaña
en Sudáfrica y los Estados Unidos con los indios y luego en Filipinas.
Los cubanos mismos, por el carácter tan salvaje de sus operaciones
bélicas, son más responsables que los españoles del hecho que la
campaña cubana fuera tan sangrienta."
España estaba determinada a conservar su hegemonía sobre Cuba
a toda costa y decidida a aplastar la insurrección militarmente. La
pacificación militar era para ella la única solución. Negociar con los
caudillos rebeldes equivaldría a un reconocimiento tácito; primero
pacificación y después negociación.
. La actitud española queda demostrada claramente en las siguien-tes palabras del Presidente del Gobierno Español, Sr. Cánovas del
Soy hombre de calma, pero muy resuelto. No me dejo llevar por los arrebatos, ni soy propenso al desaliento. De inquebrantable e imperturbable
firmeza, no acepto la conciliación, no quiero medidas a medias, ni me
avengo a transacciones con los rebeldes.
Por otra parte, ¿a qué transigir con los elementos de la raza negra? Así
no conseguiríamos la pacificación definitiva, sino una tregua. ¿Y de qué
serviría una tregua? ¿Para volver a empezar al cabo de ocho o diez años?
No es ese mi sistema.
Mientras ocupe este sillón, mi política se resumirá en la siguiente fórmuriot with itself in inventing tortures and infamies óf bloody debauchery". New York
[ournal, 23 de febrero de 1896, citado en Bailey, obra citada, p. 498.
8 Bernis, obra citada, p. 438.
9 A la fecha de la intervención americana, había habido alrededor de 200,000
la: Nada de balandronadas, nada de temeridades, calma y firmeza en el
interior, y en el exterior ninguna concesión, ningún retroceso, ninguna debilidad ante nadie, quien quiera que éste sea. El derecho está de, nuestra
parte, y tenemos el inquebrantable propósito de hácerle valer.l?
Al estallar la revolución cubana en febrero de 1895, la situación
prevaleciente en Estados Unidos se parecía poco a la situación que
existía de 1868 a 1878. Durante ese período el país se dedicó a la
reconstrucción del Sur, a la expansión económica interna con la acom,
pañante industrialización y al desarrollo del Oeste. Los años de 1877
a 1890, son los años de oro de la política de aislamiento estadounidense. En 1895, los mercados domésticos están ampliamente desarrollados; una gran red de ferrocarriles comunica y conecta la nación de
nor~e a sur, y de este a oeste; el pueblo no ha tenido una guerra
desde 1865 y una guerra extranjera desde r848; una nueva generación busca aventura y la encuentra en el renacimiento de la filosofía
del Destino Manifiesto; en fin, Estados Unidos, halagado por
sus recientes triunfos en Samoa, Hawaii y la crisis venezolana del
mismo año, próspero y restablecido del pánico de r893, estaba deseoso de una nueva aventura para saciar su nuevo y recién cultivado,
apetito imperialista ...
"America is bounded on the East by sunrise, West
by sunset, North by the Artic Expedition, and South
as far as we darn please."
Pbiledelpbia Public Ledger, 8 de julio, 1853.11
NA de las causas de la guerra hispanoamericana fue la filosofía
imperialista reinante en los Estados Unidos y conocida popularmente como la del "Destino Manifiesto". La creación de esta filosofía
del Destino Manifiesto tuvo su origen alrededor de 1840, su renaci.
miento tuvo lugar unos cuarenta años más tarde impulsado por el
profundo impacto que tuvieron las teorías de Charles Darwin sobre
el pensamiento y desarrollo intelectual del siglo diecinueve. La teoría
evolucionaria de Darwin, basada en la supervivencia de los más aptos,
fue adaptada política y económicamente por intelectuales como John
io Juan B. Soto, Causas y Consecuencias, San Juan, 1922, p. 81.
11 Bailey, obra citctda, p. 303.
Fiske, Josiah Strong y John Burgess. Estos escritores sostenían la proposición de que la raza anglosajona era superior a las demás y que
estaba destinada a colonizar y a civilizar el mundo.
El ministro religioso, Josiah Strong, publicó en 1885, su libro
Our Country, lt' s Possible Putere and Ir s Present Crisis, en el cual,
refiriéndose a la raza anglosajona dice:
Then this race of unequaled energy, with all the majesty of numbers and
the might of wealth behind it, the representative, let us hope, of the
largest liberty, the purest Christianity, the highest civilization having developed peculiarly agressive traits calculated to impress its institutions
among mankind, will spread itself over the earth. If 1 read not amiss,
this powerful race will down upon Mexico, down upon Central and South
America, out upon the islands of the sea, over upon Africa and beyond.
And can any one doubt that the result of this competition of races will
be the "survival of the fittest",12
Esta filosofía fue acogida con mucho entusiasmo por el pueblo
norteamericano y en menor grado se refleja en el pensamiento político de la época y en las ideas de Alfred Thayer Mahan, T eodoro
Roosevelt, Henry Cabot Lodge, Albert J. Beveridge y Whitelaw Reed.
En 1890, con la publicación de su libro, The Influenee of Sea
Pouier Upon History, el Almirante Alfred Thayer Mahan, se convir.
tió en el geopolítico norteamericano por excelencia y en mentor de
dos prominentes figuras del Partido Republicano: Henry Cabot Lodge y Teodoro Roosevelt." Mahan creía que los Estados Unidos podía
elegir entre dos políticas exteriores: una de aislamiento internacional .
y de expansión interna; y la otra de expansión externa mediante la
adquisición de nuevos mercados mundiales, nuevas colonias y bases
navales en ultramar. Mahan sostenía que solamente las naciones que
concentraban en expansión externa, i. e. Gran Bretaña, podían ser
potencias de primer orden y. que para esto lo primordial era una
armada moderna.
Estas ideas de Mahan se convirtieron en el large poliey del
grupo expansionista encabezado por Henry Cabot Lodge y Teodoro
Roosevelt. Este grupo, muy poderoso dentro del Partido Republicano,
y cuyo exponente principal en el Congreso lo era el Senador Cabot
Lodge, luchaba por la adopción dellarge poliey.
Esta política expansionista postulaba lo siguiente: 1) La construcción de un canal transoceánico en Centroamérica bajo el control
Julius W. Pratt, Exp.msionists of 1898, (Baltimore, 1936), p. 6.
Pratt, obra citada, p. 14.
y dominio de los Estados Unidos; 2) convertir el Caribe en un lago.
americano mediante la adquisición de Cuba, Puerto Rico, las Islas
Vírgenes, bases en Santo Domingo, etc., para así asegurar estratégicamente el canal; 3) obtener bases y colonias en el Pacífico tales
como Samoa, Hawaii y Filipinas para poder dominar el mercado
oriental; 4) la consrtucción de una moderna marina de guerra para
llevar a cabo los susodichos planes.
Teniendo una idea de la filosofía jingoísta prevaleciente en los
Estados Unidos para esta época y conociendo los planes del grupo
expansionista dentro del Partido Republicano, resulta fácil comprender la aparición de un núcleo en el Congreso en 1895 y 1896, deseoso
de que Estados Unidos interviniera el). el conflicto cubano; así como
porque, a instancias del' Senador Cabot Lodge, el Partido Republicano incluyó la independencia de Cuba en su plataforma política
de 1896. Solamente teniendo estos factores jingoístas en mente es
como podemos explicar el entusiasmo del pueblo americano hacia la
guerra con España, así como porqué, la flota americana navegaba
con rumbo a Manila antes de iniciarse las hostilidades y porqué Estados Unidos invadió a Puerto Rico donde no existía la más leve indicación de inconformidad con el régimen autonómico concedido por
EL DÓLAR Y LA GUERRA
"We will have this war for the freedorn of Cuba in
spite of the timidity of the commercial interests."14
NA de las teorías más infundadas acerca de la guerra hispanoamericana es la que sostiene que los intereses financieros y comer.
ciales norteamericanos fueron una de las principales causantes de la
guerra. Sobre este punto, el profesor Bailey dice lo siguiente:
During these hectic months perhaps the most important restraint on the
jingoistic spirít was big business. Except for a relatively small group who
.had investments in Cuba or a stake in the Cuban trade (it amounted to
about $10.000,000 annually), the financial and commercial interests of
the United States were almost solidly opposedto war)5
14 H. F. Pringle, Theodore Rooseuelt, (Nueva York, 1931), p. 179.
is Bailey, obra citada, p. 504.
El sector financiero y comercial estadounidense se opuso todo el
tiempo a la filosofía expansionista. Wall Street no deseaba la guerra
y los precios en la bolsa bajaban cada vez que había indicaciones de
guerra." Mark Harma, el mentor de McKinley y el "poder detrás
del trono", era el principal exponente del "Big Business" y él se
oponía tenazmente a la intervención norteamericana en Cuba.
Las razones por las cuales la finanza y la industria se oponían
a un conflicto con España eran patentes: 1) el pánico de 1893, había
causado mucho daño al sistema económico; 2) la amenaza de guerra
causada por la crisis venezolana de 1895, retardó el reestablecimiento
económico del país; 3) la creencia de que los expansionistas estaban
unidos a un plan nacional para la destruccióndel patrón oro e imponer
uno basado en la plata libre (free silver), 17 4) -la sincera creencia de
que una guerra destruiría el desarrollo económico logrado desde 1893.
Los inversionistas norteamericanos en Cuba al principio no querían
la intervención de Estados Unidos en la Isla ya que preferían el régimen español pues bajo éste podían explotar al obrero pagándole
jornales bajísimos. Sin embargo, cuando al estallar la' revolución los
insurrectos comenzaron a destruir sus plantaciones y haciendas y cuando vieron que el Gobierno Español no podía garantizarles protección
adecuada, pidieron la intervención estadounidense." A pesar de esto,
grandes hacendados americanos seguían oponiéndose a la intervención americana en la Isla" y los intereses mineros americanos establecidos en Cuba hicieron presión en Washington para evitar la guerra."
Los que sostienen la teoría de que fueron los intereses azucareros americanos en Cuba los que presionaron al Congreso para que
interviniera en Cuba no pueden explicar el recién creado poder de
estos intereses en la legislatura, ya que en 1894, los mismos intereses
no pudieron impedir que se legislara la tarifa arancelaria que tanto
daño le hizo a la azúcar cubana. Ciertamente que los intereses azucareros americanos en la Isla fueron uno de los muchos factores que
en su totalidad motivaron la guerra, pero no se puede decir que la
Pratt, obra citada, p. 234.
El Senador Pettigrew de Dakota del Sur dijo: "1 want a war with Spain, because
I believe it will put us on a silver basis." Pratt, obra citada, p. 242.
18 En mayo de 1897, una petición con 300 firmas pidiendo' la intervención en la
Isla fue presentada al Seco de Estado. En febrero de 1898, otra petición fue entregada
al Presidente por un comité de hombres de negocios neoyorquinos. Pratt, obra citada,
19 Un ejemplo era MI. E. F. Adkins, quien tenía una hacienda valorada en
$1.400,000 y continuaba sus operaciones gracias ala limitada protección del gobierno
español y a un contingente de soldados organizados y pagados por él mismo. El tenía
influencia en Washington la cual ejercía para impedir la intervención. [bid.
20 Los dueños de las minas de hierro y manganeso americanas continuaron sus operaciones y se oponían a: la guerra, ya que sus propiedades sedan confiscadas por el gobierno español. lbid, p. 250.
presión ejercida por estos intereses fue una de las causas principales
"Irresponsible and self-interested journalism must
bear its large burden of responsibility for the SpanishAmerican War. . . It made the people want it, and
making the people want it, they made Congress
want it."21
IENTRAS la revolución cubana seguía su curso, otra revolución
se llevaba a cabo en el periodismo estadounidense. En septiembre de
1895, William Randolph Hearst compró el empobrecido periódico,
New York [ournal, e inmediatamente entró en una carrera de circulación con el New York World, perteneciente a ]oseph Pulitzer. Siendo
la revolución cubana la noticia del momento, ambos periódicos se
disputaban los lectores ofreciéndoles noticias sensacionales y exageradas acerca de la situación en Cuba. La batalla entre los dos periódicos llegó al extremo cuando muchas de las noticias impresas no
tenían autenticidad alguna."
Se dice que Hearst mandó a uno de sus mejores ilustradores,
Frederic Rand, a Cuba para pintar retratos de atrocidades españolas.
Después de un tiempo en la isla, Rand cablegrafió a Hearst: "Aquí
todo está tranquilo. No hay disturbio alguno. No habrá guerra."
Hearst le contestó inmediatamente diciéndole: "Tú dedícate a suministrarme los retratos, que yo me ocuparé de suministrar la guerra."23
El N ew York W O1U, el 17 de mayo de 1896, informó lo si.
Blood on the roadsides, blood in the fields, blood on the doorsteps,
blood, blood, blood. The old, the young, the weak, the crippled, all have
been butchered without merey . .. Is there no nation wise enough and
strong enough to restore peace in this bloodsmitten land. 24
21 Bernis, obra citada, p. 442
22 Cuando oficiales españoles abordaron un barco americano y registraron a' tres
cubanas, el Journal informó que las habían desnudado. Esto era falso como lo demostró la relación hecha por el cónsul-general, Mr. Lee.
23 J. K. Winkler, Wi!liam R. Hearst, (Nueva York, 1928), p. 144.
24 J. E. Wisan, The Cuban Crisis in the New York Press, (Nueva York, 1934),
Acentuando el lado inhumano de la guerra, la prensa amarilla
imprimía unos reportajes morbosos sobre las supuestas atrocidades
cometidas por los españoles en Cuba. Al General Weyler lo llamaban el "carnicero", el "lobo", y el "perro rabioso" .25 Según la prensa
amarilla, los españoles mataban atrozmente a sus prisioneros y se
los tiraban a los tiburones; sacaban a los enfermos de sus camas y los
fusilaban, dándole sus cadáveres a los perros salvajes."
Cuando el acorazado Maine voló en el puerto de La Habana
el 15 de febrero de 1898, el New York World proclamó sus titulares:
The warship Maine was split in two by an enemy's secret infernal macho
ine; "the whole country thrilIs with war fever"; The Maine was destroyed
by treachery.26a
No hay duda de que la prensa amarilla fue en gran parte res.
ponsable del clamor popular en Estados Unidos favoreciendo y pidiendo la guerra. Cuando después de un estudio histórico, nos damos
cuenta de que las' atrocidades cometidas por los rebeldes cubanos
demuestran que éstos procedieron más inhumanamente que las fuerzas españolas; y que las noticias publicadas por la prensa amarilla
eran sumamente exageradas y muchas de ellas falsas por completo,
no podemos llegar a otra conclusión de que la prensa amarilla fue
una de las causas más importantes de la guerra hispanoamericana,
siendo su campaña propagandista una de la cual el mismo Goebbels
se enorgullecería.
"The popular frenzy whipped up by the yelIow
press, and the eagerness of politicians to find personal prominence supporting the new and safe issues
of foreign affairs, overrode the reIuctance of businessmen and played into the hands of a little group
of young Republicans who took advantage of the
situation to further their 'Iarge policy' ."27
L hacer un recuento de los antecedentes y de las negociaciones di.
plomáticas que culminaron la guerra hispanoamericana, debemos te-
Véase la anotación NQ 7 a la p. 4.
Bailey, obra citada, p. 502.
26a Ibid, p. 501.
27 Bemis, obra citada, p. 442.
ner en mente 10 anteriormente expuesto para poder comprender la
narración siguiente, dentro del contexto histórico de la época. Así
pues, es bueno recordar la interrelación de las diferentes causas cuyos efectos conjuntamente motivaron la guerra: el plan y el crecientepoder del grupo expansionista; las actividades de las Juntas
Revolucionarias en Estados Unidos; los titulares exagerados y provocadores de la prensa amarilla; y la recrudecente situación en Cuba.
A este conjunto de factores debemos añadirle la carta indiscreta del
Ministro Español, Sr. De Lome, y el hundimiento del Maine, los
cuales relataremos en detalle más adelante.
En 1895, el Presidente Grover Cleveland regía los destinos de
la nación americana. Hombre fuerte y honrado, se disitnguió por
su actitud firme y tenaz ante el creciente clamor de la masa que, alentada por la prensa amarilla, pedía vigorosamente la intervención americana en Cuba. El Partido Demócrata para este tiempo no favorecía
la política jingoísta advocada por la prensa y un sector republicano
en el Congreso. A Cleveland y a su Secretario de Estado, Olney, les
tocó mantener relaciones cordiales con España y evitar la intervención
americana en Cuba, en oposición a la creciente demanda popular y
congresional favoreciendo la intervención.
El ·6 de abril de 1896, el Senado y la Cámara, respondiendo al
clamor popular, adoptaron una resolución concurrente favoreciendo
el reconocimiento de los rebeldes cubanos como beligerantes. La resolución fue redactada con el propósito de poner a la administración
Demócrata de Cleveland en una situación embarazosa durante la
campaña electoral de ese año. Cleveland, firme y sereno, no cedió
ante la presión congresional y no le prestó atención a la resolución
considerándola como una intromisión de la rama legislativa con el
poder ejecutivo que es el encargado constitucionalmente de las relaciones exteriores de la nación."
El 7 de abril de 1896, respondiendo a la agresiva actitud del Con.
greso, el Presidente envió una nota diplomática al gobierno español
en la que manifestaba la cordialidad del gobierno americano hacia
España y le ofrecía sus buenos oficios para solucionar el problema
creado por la revolución cubana, prometiendo hacerlo de una manera
compatible con la dignidad de España y su soberanía sobre la Isla.
m 22 de mayo, el Ministro de Estado español contestó rechazando
la oferta del Gobierno de Washington. y alegando como razón para
28 Cleveland le dijo a un grupo de congresistas que no habría guerra con España
aunque el Congreso la declarara, pues, aún así, él no movilizaría ni mandaría el ejército
no aceptar la mediación estadounidense, que los insurrectos probablemente la rechazarían.
El Partido Republicano ganó las elecciones de 1896, y en marzo
de 1897, el nuevo presidente, Mr. William McKinley, tomó posesión
de su cargo. El 8 de agosto, el Presidente del .gobierno español, Sr.
Cánovas del Castillo, fue asesinado por un anarquista y el Sr. D.
Práxedes Mateo Sagasta, liberal, monarquista, formó un nuevo gobierno.
El Presidente McKinley era un hombre pacífico pero débil. Le
debía su candidatura y su elección al poderoso político, Mr. Mark
Hanna. No resulta extraño que McKinley no desease la guerra ya
que le debía su elección al respaldo ofrecido por los intereses conservadores y financieros." El Presidente envió como su representante
ante la corona española a Mr. W. L. Woodford, un diplomático de
confianza y un hombre que luchó hasta el último instante para evitar
El 23 de septiembre de 1897, Mr. ~oodford entregó un mensaje al Ministro de Estado español en el cual se insistía en la necesidad de legislar prontamente, concediendo a los cubanos una amplia
autonomía, sin esperar a que terminase la guerra por el triunfo de
las armas españolas, pues esto parecía cada vez más difícil. El nuevo
gobierno de Su Majestad contestó el 23 de octubre, manifestando que
continuaría la pacificación de la Isla pero en una forma más huma.
nitaria" y que se tomarían las medidas necesarias para concederle más
autonomía a Cuba pero siempre dentro del marco de la inmutable
soberanía española. A su vez, el gobierno de Sagasta le pidió a los
Estados Unidos que cooperara con España en su esfuerzo por lograr
la pacificación de la Isla evitando que se organizasen expediciones
rebeldes en su territorio y limitando la actividad de las Juntas Revolucionarias establecidas en Estados Unidos.
El Presidente McKinley estaba muy complacido con la formación de un gobierno liberal en España y empezó a abrigar esperanzas
de una solución pacífica y satisfactoria para ambos países y para la
desdichada Isla. Así, cuando el 25 de noviembre, el gobierno de Sao
gasta anuncia la concesión de la autonomía para la Isla, McKinley
cree que por fin vendrá la amelioración de la situación cubana.
En su mensaje al Congreso el 6 de diciembre, indica que él ha
29 El señor Hanna controlaba una gran parte de la maquinaria política republicana.
El Presidente nombró al Senador Sherman como Secretario de Estado para poder nombrar a Hanna al Senado. Sherman fue sustituido como Secretario por el Subsecretario
Day, el 28 de abril de 1898.
30 De las primeras medidas tomadas por el señor Sagasta, fue la sustitución del
general Weyler por el general Blanco.
prestado la más seria consideración a las indicaciones relativas a la
intervención norteamericana en Cuba por razones de humanidad, pero
que tal medida no debe adoptarse mientras España está llevando a
cabo cambios que parecen conducir a la paz con Cuba. Este mensaje
de McKinley prueba que el gobierno americano no tenía propósito
alguno de lastimar los intereses de España porque. creía que la concesión de la autonomía traería la paz a la Isla. Los expansionistas y
la prensa amarilla seguían demandando la liberación de Cuba pero
McKinley y los intereses conservadores se mantuvieron firmes, ponien.
do su fe en el nuevo gobierno liberal y en las nuevas concesiones he.
chas por éste.
"We are all jingoes now; and the head [ingo is the
Hon, William McKinley, the trusted and honoured
Chief Executive of the nation's will."
Tbe New York S1In, 20 de abril, 1898.31
L primero de enero de 1898, se implantó la nueva carta auto'
nómica concedida por la Corona a los cubanos. El General Blanco,
obedeciendo instrucciones de la Reina Regente, publicó el bando siguiente:
SI Gobierno de Su Majestad, accediendo a los deseos expresados por el
Santo Padre León XIII y encarecidos por los embajadores de las seis
grandes potencias de Europa, ha resuelto, para facilitar y preparar la paz
en toda la Isla, decretar la suspensión de hostilidades."
El resultado de este decreto fue negativo. Los revolucionarios
rehusaron deponer su actitud y aceptar el armisticio, y el Consejo de
Gobierno de la Colonia consideró una falta de consideración que sin
su conocimiento se publicara tal bando.
En su contestación, el Consejo de Gobierno de la República Cu.
bana hizo constar que los propósitos de la revolución no eran otros
que construir una república sobre las ruinas de la colonia. El Generalísimo Máximo Gómez, ratificando su propósito de continuar la
lucha hasta obtener la independencia absoluta, escribió al Gobierno
31 Bailey, obra citada, p. 494.
Soto, obra dtada; p. 109.
Autonómico lo siguiente: "Pronto, y como coronación de nuestra
campaña, sobrevendrá una gran sorpresa. Una intervención extraña
determinará el fin de nuestros esfuerzos" .S3
Las esperanzas del gobierno americano se desvanecieron ante el
fracaso del régimen autonómico y la- continuación de la sangrienta
guerra. El 24 de enero de r898, el Gobierno de Washington anunció
que las visitas de cortesía a puertos españoles por barcos de guerra
americanos se reanudarían y envió al crucero protegido Maine, comandado por el Capitán Sigsbee, al puerto de La Habana. Aunque
la razón oficial comunicada al gobierno español fue la de una visita
de cortesía, la verdadera razón por la cual el Maine fue enviado a La
Habana fue la de proteger las vidas y propiedades norteamericanas
en Cuba y para demostrarle al gobierno español que Estados Unidos
estaba dispuesto a actuar enérgicamente si se seguía deteriorando la
situación." Ni al gobierno español ni al gobierno autonómico de Cu.
ba les gustó el gesto norteamericano, especialmente cuando en los
últimos tres años ningún barco de guerra americano había visitado
los puertos cubanos. De todas maneras, el gobierno español reciprocó
la acción americana ordenando al acorazado Vizcaya, en ruta de la
Península a Cuba, que visitara el puerto de Nueva York.
Mientras el Maine estaba amarrado a la boya número cuatro en
el puerto de La Habana, el ministro español en Washington, señor
Dupuy de Lome, indiscretamente le escribió una carta al señor Canalejas que se hallaba en Cuba." La carta contenía frases injuriosas para
el Presidente McKinley y parece que antes de que la misma llegase
a su destino, alguien la interceptó apoderándose de ella; o que después
de haberla recibido el señor Canalejas se le extravió, encontrándola
algún amigo de la revolución y enemigo de España. El que la encontró
se la envió a la Junta Revolucionaria en Nueva York, la cual se la
traspasó al New [ournal, El 9 de febrero, el Journal publicó la carta
en primera plana. Las oraciones más relevantes decían:
Primero, el mensaje (de McKinley), ha desengañado a los insurrectos
que esperaban otra cosa y ha paralizado la acción del Congreso; pero yo
lo considero malo. Además de la nat~ral e inevitable grosería con que se
repite cuanto ha dicho la prensa y la opinión pública en España demuestra
33 Soto, obra citada, p. 111. Es interesante notar con la seguridad que Gómez se
expresa y que aproximadamente un mes más tarde ocurri6 la misteriosa explosi6n que
hundi6 el Maine.
34 El c6nsul-general, Mr. Lee, aconsej6 a Washington que no enviara barcos de
guerra a La Habana, porque la situaci6n allí era precaria y hostil. El recomendaba estacionarIos en Key West.
35 Político y periodista español que unas semanas antes había entrevistado al Presidente McKinley en Washington.
una vez más lo que es McKinley: un débil y populache."o y además un
politicastro que quiere dejarse una puerta abierta y quedar bien con los
jingos de su partido.36
Un examen de la situación cubana y de las relaciones entre España
y Estados Unidos, lleva a la conclusión de que la publicación de la
carta de De Lome contribuyó poderosamente a la ruptura de relaciones
que dos meses después tuvo lugar entre las dos potencias. Es indudable que la conducta del ministro español, al escribir dicha carta,
acusa una indiscreción inexcusable, pues él sabía la actitud y el poder
de la opinión pública americana. El resultado fue desastroso. El señor
De Lome tuvo la sensatez de renunciar antes de ser declarado persona
non grata por el gobierno americano y su renuncia fue aceptada por
el gobierno español, quien seguidamente envió al señor Polo de Ber.
nabé como su nuevo ministro.
Mientras la carta de De Lome todavía era recordada con indignación por el pueblo americano 'y los titulares de la prensa amarilla
continuaban su campaña antiespañola, el 15 de febrero, una terrible
explosión sacudió al acorazado Maine fondeado en el puerto de La
Habana. El barco se hundió rápidamente llevándose consigo a 260
oficiales y marinos americanos.
El gobierno español inmediatamente envió sus condolencias al
gobierno de Washington y propuso una investigación conjunta para
determinar la causa del desastre." Estados Unidos rehusó participar
en una investigación conjunta y nombró a su vez una comisión naval
americana, la cual se trasladó a La Habana con el fin de hacer una
investigación exclusivamente" americana. El gobierno español, deseoso
de evitar cualquier conflicto, nombró su propia comisión investigadora.
En los Estados Unidos la noticia causó una sensación y la prensa
amarilla no esperó el informe de la comisión americana sobre la' causa
de la explosión. La prensa llegó a la conclusión de que habían sido
los españoles los que volaron el Maine con una mina submarina."
El 16 de febrero, el subsecretario de Marina, Teodoro Roosevelt,
le escribió a un amigo lo siguiente: "1 would give anything if PresiSOTO, Op, cis., p. 97.
El capitán Sigsbee y el c6nsul general Lee, en su informe oficial se refieren a
la explosi6n como un accidente.
El vicealmirante americano Mr. George W. Melville, ingeniero .jefe de la Armada,
publicó en la revista North American Reuiew, enero 29 de 1902, una larga carta, analizando científicamente el desastre del Maine, y, al terminar, sienta la conclusión, lógicamente deducida, que laexplosi6n fue interior; anota la clase de minas y torpedos que
usaron los españoles durante la guerra y dice que no había en toda la isla de Cuba,
torpedo ni mina bastante eficaz para volar, totalmente, un buque. amarrado como el
Maine, y que además, se hiciese la operaci6n tan oculta, que 'nadie pudiese verla, sobre
todo, los cubanos, enemigos de España. Rivero, Op, cit., p. 13.
3S Véase cita anterior a la p. 13.
dent McKinley would order the fleetto Havana tomorrow ... The
Maine was sunk by an act of dirty treachery on the part of the Sra.
nlards.'?"
No hay duda que la destrucción del Maine fue el catalizador que
precipitó la guerra hispanoamericana." La guerra cubana fue traída
a los hogares americanos por la muerte de 260 de sus' marineros. Lo
más triste es que hasta el día. de hoy, no se ha descubierto evidencia
alguna que incrimine a España por la voladura del Maine."
En aquellos días aciagos, el pueblo americano no pensaba, sólo
sentía, y sentía un deseo incontrolable de intervenir y libertar a Cuba.
A nadie se le ocurrió pensar que los españoles no tenían motivo alguno
para volar el Maine; al contrario, ellos deseaban hallar una solución
pacífica a la tirantez reinante sin precipitar la intervención estadounidense que culminaría en una guerra.
El 9 de marzo, el Congreso de los Estados Unidos votó por unanimidad una apropiación de $50.000,000 para fines militares. A esto
siguieron medidas militares destinadas a poner al país en pie de guerra.
España quedó estupefacta y le notificó a las principales potencias europeas las preparaciones bélicas estadounidenses.
El 17 de marzo, el senador Proctor de Vermont, recién llegado
de un viaje de observación a Cuba, pronunció el siguiente discurso en
el Senado y que conmovió a la nación; refiriéndose a los reconcentrados dijo:
Torn frorn their hornes, with foul earth, foul air, foul water, and foul
food or .none, what wonder that one half have died and that one quarter
of the living are so diseased that they cannot be saved? ... Little children
are still waIking about with arms and chests terribly emacíated, eyes
swollen, and abdomen bloated to three times their natural zise.42
El 28 de marzo, el gobierno americano hizo público el informe
que sobre el hundimiento del Maine había sometido la comisión investigadora. La comisión americana llegó a la conclusión que el Maine se
hundió como resultado de una explosión externa causada por una
mina submarina, pero no decía nada en absoluto sobre quién había
perpetrado la fechoría. Para las masas americanas, una explosión exBAILEY, Op, cit., p. 502.
La guerra entre España y Estados Unidos obedeció principalmente, a no haber
logrado España pacificar a Cuba antes del momento crítico en que comenzaron las
hostilidades. La catástrofe del Maine no hizo más que acelerar la fecha del conflicto.
41 Los comisionados españoles llegaron a la conclusión que la explosión fue interior, y producida, ya por la caldereta del dínamo, ya por combustión espontánea del
algodón pólvora, con que se cargan los torpedos. Rivero, Op, cit., p. 12.
42 BAILEY, Op, di., p. 502.
LA GUERRA HISPANOAMERICANA: 1895·98
terna equivalía a la culpabilidad de España. La reacción fue espontánea: "Remensber the Maine! To hell with Spsin!"
El Presidente McKinley no deseaba la guerra, pero ahora la veía
venir. El pueblo pedía la liberación de Cuba y venganza del Maine;
.el Congreso ahora controlado por el grupo jingoísta, se mostraba
deseoso de llevar a cabo la guerra y expresar el clamor del pueblo.
El 29 de marzo, el ministro Woodford le entregó el siguiente
mensaje al señor Sagasta:
El Presidente me ordena que tenga con usted una conversación directa y
franca acerca de la actual condición de los asuntos de Cuba y de las pre·
sentes relaciones entre España y los Estados Unidos.
El Presidente cree que lo mejor es no discutir los puntos de vista sustentados por cada una de dichas naciones. Ello sólo sirve para provocar
argumentos, dilatar, y posiblemente impedir una decisión inmediata.
Me ordena el Presidente, además, que diga a usted que nosotros no
queremos apoderarnos de Cuba, que lo que deseamos es que haya paz
inmediatamente en dicha Isla, y sugiere que se conceda un armisticio
hasta octubre primero, y que, en el entretanto se entablen negociaciones
con miras al restablecimiento de la paz entre España y los insurrectos,
utilizando para ello los amigables oficios del Presidente de los Estados
Desea el Presidente que la orden de reconcentracián sea inmediatamen.
te revocada, y que se permita a las gentes el regreso a sus hogares.43
Aunque la nota no estaba redactada en forma de un ultimátum,
el gobierno español, consciente de la tirantez entre los dos países y la
montante presión en Estados Unidos, tenía que tomar la nota como tal
El 2 de abril, el Cardenal Rampolla visitó al señor Merry, embajador español ante la Santa Sede, para manifestarle que los informes
enviados por el Nuncio Papal en Washington eran graves. El Presidente McKinley deseaba llegar a una solución amistosa; pero, según
las manifestaciones del Cardenal, nada podía hacer contra el Congreso.
El 3' de abril, el ministro :woodford, enterándose que el gobierno
de Su Majestad, a instancia del Santo Padre, se preparaba a conceder
un armisticio en Cuba, cablegrafió a McKinley:
1 know that the Queen and her present ministry Jincerely desire peoace
and that the Spanish people desire peace, and if you can still give me
43 SoTO, Op, cit., p. 127.
time and reasonable libcrty of action 1 will get for you the peace you
desire so much and for which you have laboured so hard.w
El 5 de abril, cumpliendo con la segunda condición americana del
semi.ultimátum de 29 de marzo, el gobierno español ordenó al general
Blanco que inmediatamente revocara las órdenes de reconcentración
El 7 de abril, las principales potencias europeas conjuntamente
enviaron una nota al Presidente, pidiéndole cortésmente, que tratara
de evitar la guerra. 45
El 9 de abril, el gobierno español notificó a Mr. Woodford, que
ese mismo día se le ordenaba al general Blanco que cesara las hostilidades inmediatamente y concediera un armisticio. Con esta orden
y la de 5 de abril, revocando el sistema de reconcentración, el gobierno español cumplió las principales condiciones exigidas por el Presidente McKinley en su mensaje de 29 de marzo. España capituló
ante las exigencias americanas.
. El 10 de abril, la gravedad de la situación en Washington, indujo
al ministro español, Luis Polo de Bernabé, a entregar al subsecretario
de Estado, Mr. Day, un memorándum cuyo objeto era defender la
actuación de España y calmar la agitación del Congreso. Se informaba
al Presidente que ese mismo día el general Blanco había publicado el
bando correspondiente, a fin de suspender las hostilidades; y que de
esta manera el gobierno de Su Majestad realizaba un esfuerzo extraordinario en pro de la pacificación de Cuba. También se llamaba la
atención al gobierno de 'Washington hacia la Carta Autonómica que
España acababa de conceder a la Isla.
En Estados Unidos, el Presidente estaba entre dos fuegos: el
pueblo pidiendo ruidosamente la liberación de Cuba, y el Congreso
dispuesto a declarar la guerra sin el consentimiento del Presidente."
McKinley temía que su partido perdiera las elecciones congresionales
BAI'LEY, Op, cit., p. 505.
La actitud de las potencias europeas era generalmente una de simpatía con España
con la excepción del Reino Unido. Gran Bretaña, aislada del continente por tantos años
y confrontada con una renaciente Alemania, unida y poderosa, trataba de cultivar la
amistad de Estados Unidos. Inglaterra acogió la idea de una guerra entre España y
Estados Unidos y evitó cualquier tentativa de intervención directa a favor de España por
las potencias europeas. ·Alemania us6 toda su influencia para evitar la guerra, pues ella
tenía planes de comprarle a España las Filipinas y demás islas españolas en el Pacífico
v la guerra destruiría sus ambiciosos proyectos. La oferta de mediaci6n del Papa, y su
exhortaci6n a España de evitar la guerra concediéndole la independencia a Cuba, fueron
instadas por el embajador alemán ante la Santa Sede.
46 Un senador, dirigiéndose al Subsecretario de Estado, le dijo: "Day, don't your
President know where the war-declaring power is lodged? Tell him that if he doesn't do
something, Congress will exercise the power, "El Congresista Bouteille de Maine, manifest6 que había un grupo de 40 6 50 republicanos en el Congreso, dispuestos a irse en
contra de la Administraci6n si ésta no declaraba la guerra. Bailey, Op, cit., p. 508.
de ese año si la Administración no intervenía en la crisis cubana, pues
ya el Partido Demócrata en su plataforma política para ese año se
había declarado en favor de la independencia de Cuba. La presión
ejercida por tantos sectores del país, la prensa, el Congreso, el Partido
Republicano, y el pueblo, era demasiado fuerte y el débil McKinley,
político primero y estadista después, sucumbió ante el clamor genera1.47
Mr McKinley preparó su mensaje de guerra al Congreso el 5
de abril de 1898, pero no lo envió a petición del cónsul general ameri.
cano en Cuba, Mr. Lee, para darle oportunidad a los ciudadanos americanos en la Isla a que evacuaran el país. Cuando llegó la capitulación española a las demandas americanas el 9 de abril, ya el mensaje
de McKinley estaba escrito,
El I r de abril, dos días después de haber recibido la capitulación
española a las condiciones dictadas por él mismo, el Presidente envió
su mensaje al Congreso en el cual, después de exponer la situación en
Cuba, el desastre del Maine, la oferta de arbitramento hecha por
España y la necesidad de proteger la propiedad americana en Cuba,
le pidió a la legislatura la autorización para usar las fuerzas de mar
y tierra del país para pacificar a Cuba." Como su mensaje estaba ya
preparado el 5 de abril, al final, del mensaje crucial, le comunicaba
al Congreso la capitulación española y las concesiones hechas recientemente por España. Naturalmente, el Congreso no le dio importancia
a este último párrafo y con mucho entusiasmo comenzó a redactar las
resoluciones que llevarían a la guerra.
El 13 de abril, el ministro Polo de Bernabé, le escribió al ministro de Estado español, informándole que el Comité de Relaciones
Exteriores del Senado había presentado un informe calumnioso, basado principalmente en la destrucción del Maine, y en que. proponía, .,
además, una resolución conjunta declarando libre al pueblo de Cuba,
demandando del gobierno de España que retirase inmediatamente su
autoridad y su ejército y armada de la Isla, y ordenando al Presidente
que usara las fuerzas federales y la milicia, a fin de dar efectividad
La alarma causada por esta nota en España no fue poca. El 14 de
abril, el ministro de Estado solicitaba del Papa, por medio: de su eme
bajador español ante el Vaticano, que sugiriera cualquier medida que
estimara oportuna a fin de impedir la guerra.
47 El senador Spooner le escribió a un amigo el 2 de mayo de 1898: "1 think pos- .
sibly the President could have worked out the business without war, but the current was
too strong, the demagogues too numerous, the fall elections too. near", [bid.
48 Ninguna de las razones expresadas por McKinley y luego por el Congreso, son,
justa causa bajo Derecho Internacional para la intervención en Cuba ,y para la -negación
de la soberanía española sobre la Isla.
El 19 de abril de 1898, el Congreso adoptó la siguiente resolución:
Resuélvase por el Senado y la Cámara de Representantes de los Estados
Unidos de América reunidos en Congreso:
1) Que el pueblo de la isla de Cuba es y de derecho debe ser libre, e independiente.
2) Que es el deber de los Esta:dos Unidos demandar, yel Gobierno
de Estados Unidos por la presente 'demanda, que el Gobierno de España
inmediatamente renuncie a su autoridad y gobierno en la isla de Cuba, y
retire de ésta sus fuerzas de tierra y mar.
3) Que al Presidente de los Estados Unidos se le ordene, y por la
presente se le ordena y faculta, para usar todas las fuerzas de tierra y mar
de los Estados Unidos, así como para llamar al servicio actual de los
Estados Unidos la milicia de los varios Estados, en la medida que pueda
ser necesaria, a los fines de dar efectividad a esta resolución.
4) Que los Estados Unidos por la presente niega toda disposición
o intención de ejercitar soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha Isla,
excepto en cuanto sea necesario para la pacificación de la misma; y afirma los Estados Unidos su determinación de dejar el gobierno y dominio
de la Isla a su pueblo, tan pronto como esa pacificación tenga efecto.s?
Esta resolución pasó en el Senado por 42 votos contra 35, y en
la Cámara por 310 contra 6.50
El 20 de abril, McKinley firmó la resolución y un ultimátum fue
preparado por el Presidente y enviado a W oodford en Madrid, para
que lo trasmitiera al gobierno de la Corona. En él, el Presidente hada
constar que sial mediodía del sábado 23 de abril, el gobierno ameri.cano no había recibido de' España contestación completa y satisfactoria
a las demandas de la transcrita resolución, se procedería a usar los
poderes y autoridades que se le conferían en la resolución, para dar
efectividad a la misma.
España, determinada a no ceder en sus empeños a continuar ejerciendo su soberanía en Cuba, quiso evitar que W oodford tuviera oportunidad de entregar el memorándum. y el día 21 de abril, envió una
nota al ministro W oodford, manifestándole que en vista de que el
Presidente había aprobado la resolución de ambas Cámaras,. y toda
vez que esta resolución, al negar la soberanía de España y amenazar
SOTO, Op, dt., p. 135.
Nótese que en el Senado hubo oposición a la resolución. Esto se debe a que para
este tiempo el Senado estaba compuesto de los intereses conservadores y ricos del país, ya
que la enmienda XVII a la Constitución fue adoptada posteriormente en 1913. Esto concuerda con 10 anteriormente expuesto acerca de los deseos de la clase financiera, comercial
e industrial del país.
con la intervención armada en Cuba, equivalía a una evidente declaración de guerra, el gobierno de Su Majestad había ordenado a su
. ministro que se retirara del territorio americano y que por este acto
terminaban las relaciones diplomáticas que previamente existieron entre los dos países.
Con la ruptura de las relaciones diplomáticas entre España y
Estados Unidos se inició el estado de guerra que culminó con el tratado
de paz firmado en París el la de diciembre de 1898.
1895 - 1898: guerra de independencia de cuba
El Marketing Internacional como herramienta

References: resolución 
 resolución 
 resolución

 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución