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Timestamp: 2019-03-24 03:56:43+00:00

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Macri y su alianza con la izquierda, la trama política de la ideología de género y el aborto | El Blog de Mariano Obarrio
Macri y su alianza con la izquierda, la trama política de la ideología de género y el aborto
22 diciembre, 2018 Mariano Obarrio	Deja un comentario
Dos mujeres de clase media, Karina Robba y Analía Orrac, mandaban a sus hijos a un jardín de infantes de Tigre, donde este año comenzaron a sufrir abusos. Presas de la angustia, llantos y ataques de ira, cada uno de sus niños, de cuatro años, revelaron que sus maestras los desnudaban en clase frente a sus compañeros y compañeras y los hacían cantar “la canción de la ropa” mientras tiraban sus delantales al tacho de la basura.
Las dos madres horrorizadas contaron que a los niños les enseñaban a no diferenciar entre mujeres y varones, que las partes anatómicas del cuerpo no definían el sexo y que “ellos podían ser lo que quieran”. Y todo lo que aprendían en la clase no debía ser contado a sus papas ni a sus mamás.
Con asesoramiento legal de la agrupación Abogados por la Vida, Karina y Analía hicieron la denuncia por abusos en la fiscalía de violencia de género en la municipalidad de Tigre. Historias como estas se están repitiendo durante todo este año en otros municipios como Tandil, Azul, San Martín, La Matanza, Salto, La Plata, Pinamar y en otras provincias como Jujuy, Chaco, Salta y en todo el país.
En San Miguel de Tucumán, se conoció hace un mes una denuncia penal contra los ministros de Educación y de Salud de la provincia por abuso de autoridad, instigación a cometer delitos, violación de deberes de funcionario público, corrupción de menores y apología del delito. Se les imputaron nueve casos de abusos a niños y capacitaciones a docentes dirigidos a sexualizar a los alumnos.
Con el debate de la legalización del aborto y el rechazo en el Senado, el gobierno de Mauricio Macri y los progresismos kirchneristas, radicales y peronistas, además de la izquierda tradicional se aliaron para impulsar la educación sexual integral (ESI), pero con el agregado de la ideología de género. Es una corriente mundial que, como siempre, en la Argentina profundiza su nivel de mala praxis y baja calidad. Se trata de una alianza de hecho y no tiene dimensión institucional. El marxismo global abraza la ideología de género por convicción ideológica. La derecha económica abortista, influido de manera gramsciana por el marxismo cultural, persigue fines menos intelectuales y más económicos regidos por las Naciones Unidas, el Banco Mundial y sus organismos satélites: el control de la población mundial, los grandes intereses de los laboratorios, las clínicas abortistas y los centros de hormonización, entre otras cosas. En este punto, muchos votantes de Macri, de orientación cristiana y de centroderecha, no salen de su asombro por el grado de sorpresa de haber sido traicionados en lo más profundo de sus valores morales. Siempre el Presidente hizo gala de pertenecer a un núcleo social vinculado al Colegio Cardenal Newman, donde los principios humanistas y cristianos ocupan un lugar preponderante en las prioridades de vida. Por otra parte, el jefe del Gabinete, Marcos Peña, que se transformó en uno de los promotores principales del aborto y de la ideología de género, proviene de una familia de tradición católica y es egresado del colegio Champagnat, de los hermanos maristas. Incluso, uno de los hermanos de Peña, Ignacio, hizo un pronunciamiento público pidiendo a su hermano modificar el rumbo de estas políticas en pleno debate sobre el aborto en el Senado. El único integrante del Gobierno que avisó sobre su orientación ideológica fue Jaime Duran Barba, aunque no ocupa un cargo institucional. Sin duda, el asesor de campaña ecuatoriano, es el ideólogo del gobierno de Macri, algo así como Ernesto Laclau lo era del kirchnerismo. Y Duran Barba se pronunció en 2015 en favor del aborto, aun desafiando al papa Francisco. En aquel momento, desde el macrismo fue silenciado en plena campaña electoral. El fraude ideológico, de esta manera, quedó de manifiesto en los últimos meses. Durante estos meses de debates caldeados en el Congreso, muchos allegados a funcionarios macristas, incluso familiares e intimos amigos, se acercaban a Macri y a Peña para pedirles encarecidamente que frenaran esta pesadilla abortista. Pero sueltos de cuerpo, el jefe del Estado y su colaborador inmediato juraban y perjuraban que ellos no impulsaban estas iniciativas y que dejarían libertad de conciencia al Congreso. Eso no ocurrió: muchos operadores abortistas de Cambiemos tuvieron la libertad de lobby que los funcionarios provida no tuvieron. Así las cosas, ante las quejas de viejos amigos del Newman, allegados a Macri les decían a sus ex compañeros: “Mirá, podes votar a muchos candidatos: Massa, Urtubey, Pichetto, Cristina…”. En esta lucha entre dos culturas, se pone en juego el conflicto político de fondo entre un materialismo cultural marxista-capitalista en boga en los grandes poderes mundiales, con fundaciones, grandes empresas y magnates como George Soros y Bill Gates, y una visión cristiana humanista anclada en los valores de la preservación de la familia tradicional, cuyo eje de poder es la fuerza moral de la verdad y el inconsciente colectivo en las clases populares en países como la Argentina.
¿Qué es exactamente la Ideología de Género? Sus promotores prefieren denominarla “igualdad, equidad o identidad de género”. Su espíritu se resume en el artículo 2 de la ley 26.743, de Identidad de Género. “Se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.
Esta ley fue incluida en la última Resolución 340 del 22 de mayo de 2018 como parte de la enseñanza de la educación sexual y ello explica entonces por qué desde los niveles iniciales comenzaron a darse en las escuelas actividades de confusión de sexualidad, sexualización temprana, masturbación y, para el caso de la falla de los anticonceptivos en el embarazo no deseado se promueve en las aulas el aborto como salida de salud reproductiva.
Según esta definición, se les enseñaría a los niños que la sexualidad es la vivencia del género tal como cada persona la siente y la autopercibe sin importar el sexo de nacimiento y ello puede conllevar modificaciones corporales con tratamientos médicos, farmacológicos o quirúrgicos que son en muchos casos irreversibles. También cambios en la vestimenta, modo de hablar y modales.
En este punto exacto, se produce el “adoctrinamiento”. Una cosa es enseñarles a respetar, tolerar y no discriminar a las personas por su orientación sexual, algo loable en todos los ámbitos. Pero otra muy distinta, e inadmisible, es inducirlos o estimularlos a experimentar cambios de roles y de géneros para que los chicos luego elijan “libremente” por distintas orientaciones sexuales. Esto es vulnerar la inocencia y la integridad física y psíquica, los intereses superiores del niño contemplados en la Convención de los Derechos del Niño y en el Pacto San José de Costa Rica. Confunde y destruye sus identidades personales con falsas opciones. Y puede ocasionar disforia de género en niños.
La ideología de género es un bombardeo cultural sostenido por una alianza entre grandes corrientes de la izquierda internacional, nucleadas en organizaciones socialdemócratas, con sus partidos políticos, ONGs y usinas culturales, y los grandes poderes de la derecha económica, que tiene otros fines, menos ideológicos y más económicos. Está en juego el objetivo estratégico del control de la natalidad y la reducción de la población, por un lado, y los grandes intereses de la medicina, las clínicas, laboratorios y centros abortistas, que conforman una alianza perfecta con la izquierda en el mundo moderno.
Casi todos los países de Europa, Canadá y el Reino Unido son hoy los abanderados de la ideología de género. El gobierno de Donald Trump, en Estados Unidos, rompió esa hegemonía con aliados importantes como China, Rusia y Hungría, entre otros países “provida” y hostiles a ese adoctrinamiento.
Macri abrazó la agenda de género y la lideran hoy su jefe de gabinete, Marcos Peña, y el asesor en campaña e ideólogo del macrismo Jaime Duran Barba. Los secundan un conjunto de operadores intelectuales del primero y segundo piso de la Casa Rosada, como Hernán Iglesias Illa, Ivan Petrella o Alejandro Rozitchner. Cultivan el liberalismo económico y el marxismo cultural. Es una bandera que baja de los organismos internacionales: las Naciones Unidas, el G-20, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Para ellos y sus entes satélites, el Fondo de Población de la UN, la Organización Mundial de la Salud (OMS), Unesco, Unisef, Amnistía Internacional o la fundación Soros, la ideología de género y las políticas de salud reproductiva (aborto) para “empoderamiento” de la mujer, son una prioridad estratégica. Son el factor de control poblacional y sustentabilidad económica a nivel global originado en el histórico informe Kissinguer-MacNamara de 1968.
En el gobierno de Macri, existen tres operadores clave para la profundización de esta ideología: los ministros de Salud, Adolfo Rubinstein, de Educación, Alejandro Finocchiaro, y el secretario de Ambiente, Sergio Bergman. Pero todo el gabinete está alineado con esas políticas, empezando por el canciller Jorge Faurie y su par en las sombras Fulvio Pompeo.
El progresismo y el gobierno de Macri tienen la estrategia de simplificar el debate para imponer la ideología: la Iglesia y los sectores próvida, dicen, no quieren cumplir la ley de educación sexual porque son retrógrados y pacatos. Allí está la primera gran falsedad: todos los colegios católicos o privados cumplen la ley de ESI pero de acuerdo a un ideario sin ideología de género. Y consideran que la educación sexual es una necesidad indudable; lo que se cuestiona es la ideología de género y entonces ellos sostienen que ambas son parte de la misma moneda. Pero allí está la segunda falsedad: la educación sexual no debe contender ideología de género por ningún motivo, como nunca la contuvo. No son la misma cosa, una debe preservarse sin la otra.
La introducción de esa ideología, polémica e inconfesable, es lo que explica que en los ordenamientos jurídicos se pretenda excluir a los padres, las escuelas y a las provincias de la definición de los contenidos de la educación sexual. Sólo el Estado debe “garantizar” el “derecho” de los niños, según postulan sus promotores, para acceder a la educación sexual sin participación de los padres, en una clara violación de la patria potestad o responsabilidad parental.
La ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) sancionada en 2006, no contiene en sí misma en ningún artículo ideología de Género. Y abre la puerta a una educación sexual integral con todos los idearios religiosos o culturales. Ni siquiera tiene la palabra “genero”. La ideología de género se introdujo, en cambio, en 2008, como un Caballo de Troya, bajo una apariencia de corriente cultural de “la tolerancia” entre los géneros. Pero con una evidente intención subalterna y perversa de cambiar y confundir los roles de género y la orientación sexual de nuestros niños.
Se redactaron desde entonces manuales de lineamientos, guías didácticas orientativas y programas de enseñanza, que desembocaron en la Resolución 340 del 22 de mayo de 2018, firmada por Finocchiaro y todos los ministros provinciales nucleados en el Consejo Federal de Educación. Allí se introduce en la enseñanza inicial, primaria y secundaria la ley 26.743 de Identidad de Género.
La ley de ESI de 2006 es completamente apta para enseñarles a los niños a cuidar su salud sexual, a tener relaciones sexuales con responsabilidad, evitar el embarazo no deseado sin aborto, las enfermedades de transmisión sexual, los abusos y la violencia contra la mujer. Y para formarlos en el crecimiento armónico, el respeto al cuerpo de los dos y en la afectividad familiar. De hecho, el colegio Calasanz, de Caballito, les hizo firmar a los padres de los alumnos un consentimiento para enseñar la ESI, pero con una perspectiva cristiana, lo cual fue interpretado por el mundo periodístico como un avasallamiento a las “libertades” de los alumnos, algo por demás disparatado. La institución no hacía más que ejercer su libertad de ideario respetando la ley.
Desde 2008 hasta 2015 pasaron los gobiernos de Cristina Kirchner y de Macri. Cambian los gobiernos pero algunas “políticas de Estado” perduran, algo que el macrismo deberá explicar a sus votantes en las elecciones de 2019, en su mayoría sectores conservadores y cristianos. Gran parte de su electorado considera su giro ideológico como una “traición a los valores humanos” de la familia, los hijos y la vida desde el vientre.
¿Por qué se destapó este conflicto? En febrero, Macri impulsó la ley de legalización del aborto y en agosto fue rechazada por el Senado, luego de haber tenido media sanción en Diputados. Tras ese rechazo, la Casa Rosada impulsó un proyecto de reforma de aquella ley de ESI de 2006 que introducía en el artículo 1 la enseñanza de ESI con ideología de género y que en el artículo 2 incluía como parte del nuevo programa la Ley 26.743, de Identidad de Género, que es la que define la ideología.
Querían así, entonces, institucionalizar por ley la ideología de género que ya se aplicaba mediante la resolución 340. En el proyecto se dispuso que la ley sea “de orden público”, o sea obligatoria para todas las provincias y todas las escuelas del país, avasallando con ello las autonomías provinciales y violando en los artículos siguientes los derechos de los padres a elegir libremente la educación sexual de sus hijos y de los establecimientos educativos a determinar sus programas de acuerdo a su ideario y sus creencias, como lo hizo el Calasanz, vulnerando la libertad de conciencia y de cultos.
Hasta ese momento, los términos “igualdad o equidad de género” eran interpretados como una corriente mundial que genuinamente promueve la igualdad de oportunidades y la tolerancia entre las diversas orientaciones sexuales. Es por ello que estas políticas nunca desprataron resistencias: parecían fines loables con los que nadie puede disentir. Pero a partir de propuesta de reforma de la ESI todos los sectores próvida, sensibilizados por el debate del aborto, comenzaron a estudiar con preocupación por qué se buscaba avasallar a las provincias, los padres y las escuelas. Y allí se encontraron con el artículo 2 donde figuraba la ley de Identidad de Género como materia de enseñanza y todas sus implicancias. Las agrupaciones provida convocaron a marchas de protestas para el 28 de octubre último, que finalmente fueron masivas en todo el país al igual que las moviliazaciones antiabortistas de la Ola Celeste durante todo 2018 en todas las provincias. Ante esa perspectiva de conflicto, el proyecto de reforma de ESI fue frenado por Macri y por Finocchiaro que advirtieron el costo político en su propio electorado y las divisiones que el tema generaba en sus bloques parlamentarios. Hubo gestiones de Marcos Peña para contener a diputados y senadores que amenazaban con abandonar sus bancadas si el Gobierno continuaba con su “agenda pseudoprogresista”. Los más levantiscos eran las senadoras Silvia Elías de Perez y Marta Varela y los diputados Nicolás Massot, Cornelia Schmidt, Carmen Polledo y Jorge Enriquez.
Este año se registraron infinidad de denuncias sobre casos de maestros que encomendaban trabajos o mostraban materiales que perturbaban seriamente a los niños, que llegaban angustiados a sus casas. En muchos casos, como el de Azul, las autoridades de los colegios se justificaban diciendo que eran actividades para “trabajar la tolerancia” de los niños, como si entre ellos existiera un debate encarnizado acerca de las orientaciones sexuales. En esos juegos se los inducía a neutralizar los sexos para no distinguir varones y mujeres, se les cambiaban los roles, se les estimulan la promiscuidad, la iniciación sexual temprana, la masturbación y el aborto como alternativa al embarazo no deseado. En Tandil, por caso, 330 padres firmaron un petitorio porque en un colegio se les enseñaba a los niños sexo oral y anal.
La provincia de Buenos Aires creó 20 centros de hormonización y uno para menores de edad. La Ciudad de Buenos Aires colocó publicidad en la vía pública induciendo a los jóvenes de más de 13 años a realizar consultas médicas sexuales sin intervención de los mayores. El “caballo de Troya” está institucionalizado en la Resolución 340 y ahora los sectores provida lanzaron los movimientos “Con mis hijos no te metas” y “Cuidemos la familia, los hijos y la vida”. El debate continuará por largo tiempo y es la gran pulseada política mundial entre los sectores humanistas y el nuevo materialismo moderno.
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