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Timestamp: 2020-02-25 15:49:48+00:00

Document:
DS. Senado, Comisiones, núm. 366, de 23/10/2014
Sesión celebrada el jueves, 23 de octubre de 2014
Elección del Vicepresidente Segundo de la Mesa.
(Núm. exp. 541/000009)
Comparecencia del Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, D. José Manuel García-Margallo Marfil, ante la Comisión de Asuntos Exteriores, para informar sobre la situación en Oriente Próximo y en Libia.
(Núm. exp. 711/000345)
– Pregunta sobre las causas por las que el Embajador de España en el Reino Unido ha organizado el Foro Financiero Español de Londres, con indicación del respaldo del Gobierno, de los gastos que supone y de la valoración del Ejecutivo sobre el carácter secreto de dicho Foro.
(Núm. exp. 681/002165)
– Convenio entre el Reino de España y la República de Moldova en materia de cooperación en asuntos de seguridad y lucha contra la delincuencia, hecho en Madrid el 22 de octubre de 2013.
(Núm. exp. 610/000127)
– Acuerdo de Sede entre el Reino de España y la Unión Europea (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo), hecho en Bilbao el 31 de marzo de 2014.
(Núm. exp. 610/000128)
– PREGUNTA SOBRE LAS CAUSAS POR LAS QUE EL EMBAJADOR DE ESPAÑA EN EL REINO UNIDO HA ORGANIZADO EL FORO FINANCIERO ESPAÑOL DE LONDRES, CON INDICACIÓN DEL RESPALDO DEL GOBIERNO, DE LOS GASTOS QUE SUPONE Y DE LA VALORACIÓN DEL EJECUTIVO SOBRE EL CARÁCTER SECRETO DE DICHO FORO
El señor PRESIDENTE: Señorías, buenos días, se abre la sesión.
Antes de nada, quiero anunciar a los miembros de la comisión que el señor Mariscal Cifuentes, del Grupo Parlamentario Mixto, ha retirado su pregunta sobre las causas por las que el embajador de España en el Reino Unido ha organizado el Foro Financiero Español de Londres, con indicación del respaldo del Gobierno, de los gastos que supone y de la valoración del Ejecutivo sobre el carácter secreto de dicho Foro.
Por lo tanto, queda retirada esa pregunta.
Se ha repartido entre sus señorías el acta de la sesión anterior.
¿Desean hacer alguna objeción? (Pausa).
ELECCIÓN DEL VICEPRESIDENTE SEGUNDO DE LA MESA
El señor PRESIDENTE: A continuación, procede efectuar la elección para cubrir la vacante existente en la Vicepresidencia Segunda de la comisión.
Conforme a la práctica de la Cámara, si existiera una única candidatura para el puesto a cubrir, la elección se llevaría a cabo directamente por asentimiento.
El señor SAÑUDO AJA: Mi grupo parlamentario propone a don José Miguel Camacho como vicepresidente segundo de la comisión.
El señor PRESIDENTE: Se ha formulado la propuesta de don José Miguel Camacho Sánchez como vicepresidente segundo de la comisión.
Por lo tanto, queda elegido vicepresidente segundo de la Comisión de Asuntos Exteriores don José Miguel Camacho Sánchez, a quien le ruego ocupe el lugar que le corresponde en la Mesa.
El señor PRESIDENTE: Quiero dar la bienvenida al señor ministro de Asuntos Exteriores, don José Manuel García-Margallo.
He de empezar recogiendo el sentir de toda la comisión y darle la enhorabuena por el éxito de nuestro país al conseguir un puesto como miembro no permanente en el Consejo de Seguridad. Sabemos muy bien que el ministerio ha trabajado intensamente por conseguir ese puesto y, por lo tanto, consideramos que ha sido una campaña eficaz y expresamos nuestra enhorabuena y nuestra satisfacción. En la medida de lo posible, en nuestros contactos formales o informales con nuestros colegas extranjeros también hemos hecho lo que hemos podido porque entendíamos que era algo que nos interesaba a todos como españoles.
Por lo tanto, le reitero nuestra bienvenida y le cedo la palabra para que nos informe sobre la situación en Oriente Próximo y en Libia.
En primer lugar, quiero agradecer las palabras del señor presidente y a todos los miembros de esta comisión, como tuve ocasión de hacer en el Congreso, el apoyo activo a la candidatura española para el Consejo de Seguridad, período 2015-2016.
Aunque ahora pueda parecer sencillo, ciertamente no lo era. Competíamos con 2 candidatos muy fuertes: Nueva Zelanda y Turquía; resultó no elegida Turquía, que tampoco es algo de extrañar porque en las últimas elecciones siempre se ha quedado al margen del camino algún candidato, algún país importante. En la inmediatamente anterior, en 2013-2014, quedó fuera Finlandia; en la 2011-2012 quedó fuera Canadá; en 2008-2009, la República Checa; y en el 2001-2002, para ceñirme solo a las últimas elecciones, quedó fuera Italia. No era una tarea sencilla, y vuelvo a reiterar mi agradecimiento por la colaboración de esta comisión.
Probablemente, tendremos que reunirnos más a menudo porque nuestra actividad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, como miembro no permanente, como uno de los 15 miembros que se sientan en el Consejo, debe ser consensuada y conocida por las cámaras legislativas.
Cumplimentado ese capítulo de agradecimientos, que resulta obligado, quiero señalar que voy a dividir mi intervención en los siguientes apartados. En primer lugar, haré unas consideraciones generales sobre Oriente Medio y Libia. En segundo lugar, haré unas reflexiones sobre Siria e Iraq. En tercer lugar, hablaré del proceso palestino-israelí y la situación de Gaza. Y, finalmente, terminaré haciendo unas reflexiones sobre Libia.
El primer apartado de mi exposición se refiere a las consideraciones generales acerca de la problemática de la región, y aquí quiero abordar los siguientes temas: las causas profundas que explican la crisis, las contradicciones que la crisis ha puesto de manifiesto, las respuestas por los diferentes países a la crisis y, finalmente, lo que significa el Estado Islámico de Iraq y Levante como corolario y cristalización de los fenómenos anteriores.
En cuanto a las causas profundas que explican la crisis, yo señalaría 5. En primer lugar, la debilidad de los Estados de la región; el clima de desorden ha provocado que algunos sectores sociales añoren un Estado de seguridad, entre comillas. En segundo lugar, el surgimiento de actores no estatales extraordinariamente violentos. En tercer lugar, la exacerbación de lealtades identitarias, tribu, etnia, religión o secta. En cuarto lugar, los conflictos de intereses entre actores regionales y extrarregionales. En quinto lugar, la utilización de intermediarios violentos —proxys, en inglés—, de terceros que buscan el dominio y la hegemonía en la región.
Siendo esas las causas, las raíces profundas de la crisis, quiero señalar ahora 3 contradicciones importantes que la crisis ha puesto de manifiesto. En primer lugar, una contradicción política: pervivencia de regímenes autoritarios frente a sociedades cada vez más plurales y frustración por las expectativas generadas hace unos años por la Primavera Árabe. En segundo lugar, una contradicción económica; se trata en muchos casos de economías dependientes de recursos naturales y mano de obra barata, lo que acentúa la necesidad de diversificación y reformas estructurales. En tercer lugar, una contradicción de carácter social que viene determinada por la irrupción de la sociedad civil como sujeto de acción política: la juventud, las redes de comunicación social frente a un cierto inmovilismo político tradicional.
Las respuestas a las crisis, a las raíces profundas y a las contradicciones que acabo de señalar han sido diferentes. Ha habido países que han elegido anticiparse e introducir reformas moderadas —Jordania, Argelia y Marruecos— y ha habido otros que han preferido ejercer la represión contra las movilizaciones que propugnaban estos cambios, fundamentalmente en Siria y en Yemen. La expresión extrema, última, final de estas causas profundas y de estas contradicciones es la emergencia de lo que se conoce como Estado Islámico de Irak o Levante, que en mi opinión se caracteriza por estos 5 rasgos: en primer lugar, aspira a poner en cuestión la existencia de las fronteras actuales heredadas de la Primera Guerra Mundial y fundamentalmente de los acuerdos Sykes-Picot. En segundo lugar, aspira a proclamar un califato y exigir lealtad y sumisión a todos los musulmanes. En tercer lugar, aspira a eliminar con violencia y crueldad cualquier disidencia religiosa. En cuarto lugar, se beneficia de unas fuentes de financiación sin precedentes derivadas de ayudas externas, recursos monetarios capturados y contrabando de petróleo. En último lugar, el reclutamiento de los combatientes extranjeros.
Terminado el capítulo de las consideraciones generales, quisiera entrar en unas reflexiones sobre Siria e Irak.
En primer lugar, Siria: situación militar, balance humanitario, situación política, arsenal químico y efectos sobre los países vecinos, los países de la región. La situación militar, de acuerdo con nuestras últimas informaciones, es que las fuerzas del Estado Islámico de Irak y Levante controlan la provincia de Raqqa y continúan su expansión asediando Kobane, en la frontera turca. Las milicias kurdas, los peshmergas, con apoyo de las acciones aéreas de la coalición internacional, tienen dificultades para frenar este avance. En la zona norte —me refiero siempre a Siria—, las fuerzas del régimen están realizando progresos para cercar el casco urbano de Alepo en manos de la oposición y están intensificando sus operaciones terrestres en la periferia de la capital.
El balance humanitario, también según las últimas cifras disponibles, es estremecedor. Estamos probablemente en la peor crisis humanitaria que haya vivido el mundo en los últimos tiempos. Hay ya 200 000 víctimas mortales, 6,5 millones de personas desplazadas en el interior del país y 3,2 millones de refugiados. Los combates en Kobane han incrementado estas cifras porque más de 170 000 sirios kurdos han tenido que huir a Turquía.
La situación política es la siguiente. El régimen de Bashar al-Assad trata de sacar partido en estos momentos de la lucha internacional contra ISIS presentándose como un actor más de la coalición internacional contra el terrorismo. Por su parte, la oposición siria entiende que las acciones de la coalición internacional constituyen una oportunidad para consolidarse como alternativa al régimen de Bashar al-Assad. En tercer lugar, las últimas reuniones de la coalición nacional de oposición en Estambul han puesto de manifiesto una profunda división interna con apoyos contrapuestos de algunos de los países de la región, si bien se acaba de elegir un nuevo primer ministro para el Gobierno interino en la figura de Ahmad Touma.
La situación del arsenal químico es la siguiente. La misión en Siria de la OPAQ se ha prolongado hasta el día 30 de junio de 2015. Subsisten dudas sobre su eliminación completa y sobre el posible uso de gas cloro en combates recientes. La última consideración sobre Siria específicamente es la que hace referencia a los efectos en los países vecinos. Como sus señorías saben, se han producido tensiones e incidentes recientes entre Turquía y Siria. En segundo lugar, hay una creciente debilidad e inestabilidad en el Líbano: ataques entre yihadíes y Hezbolá en el valle de la Bekaa y en Arsal en septiembre y octubre de 2014. En tercer lugar, se han producido enfrentamientos en las zonas próximas a los Altos del Golán, enfrentamientos con fuerzas de Naciones Unidas en el puesto de Quneitra, y el secuestro, afortunadamente ya resuelto, de 44 cascos azules de Fidji el día 29 de agosto de 2014.
Siendo esta la situación en Siria, la de Irak es la que a continuación expondré siguiendo el mismo esquema que para Siria. En cuanto a la situación militar, ISIS, el Estado Islámico ha recuperado su ofensiva en otras zonas más al sur del territorio iraquí, como la provincia de Anbar, cercana a Bagdad, mientras que la localidad de Ramadi se encuentra sometida a enfrentamientos armados periódicos. En segundo lugar, la provincia de Nínive Sinyar sigue siendo uno de los principales focos y teatros de enfrentamientos. En tercer lugar, especial preocupación produce la posible caída de la zona de entrada al oeste de Bagdad y que las fuerzas del Estado Islámico llegasen a controlar el aeropuerto.
El balance humanitario arroja también cifras dramáticas. Las últimas de que disponemos apuntan a 1 800 000 desplazados iraquíes. Respecto a la situación política, los hechos fundamentales que quiero destacar son los siguientes. El primer ministro, Al-Abadi, ha empezado a promover importantes cambios en las estructuras estatales: política de defensa y voluntad de rediseño de las fuerzas de seguridad dando más fuerza a la guardia nacional y terminando con un ejército iraquí monocolor integrando a la comunidad suní y a los peshmergas kurdos. En segundo lugar, están todavía pendientes de designar los ministros de Defensa e Interior, 2 carteras claves en este proceso de refundación del país. En tercer lugar, prosiguen las negociaciones entre el Gobierno central y el Gobierno regional kurdo para el reparto de los recursos.
Siendo esta la situación en los 2 países, me van a permitir que me detenga en lo que está siendo la respuesta internacional a este fenómeno. Los principales hitos por orden cronológico son los siguientes: en primer lugar, la petición expresa del Gobierno iraquí para hacer frente a la lucha contra el Estado Islámico en Irak y Siria por carta al secretario general de Naciones Unidas el pasado 28 de junio solicitando el apoyo urgente de la comunidad internacional. El segundo hito es la coalición internacional para hacer frente al Estado Islámico en Irak y Siria anunciado por el presiente Obama el 10 de septiembre. El tercero es la Conferencia para la Paz y la Seguridad en París del 15 de septiembre de 2014, en la que participé. Tres ejes de actuación: en primer lugar, apoyo militar; en segundo lugar, eliminación de las fuentes de
financiación y puesta en marcha de mecanismos de lucha contra el terrorismo bajo el paraguas de la Resolución 2170 de Naciones Unidas; en tercer lugar, mayor y mejor coordinación del esfuerzo humanitario. El cuarto hito está constituido por el debate abierto sobre Irak en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas del pasado 19 de septiembre convocado por el secretario de Estado, señor Kerry, en su capacidad de presidente pro témpore del Consejo. Las resoluciones de este Consejo, la 2170, de 15 de agosto, sobre financiación del terrorismo y combatientes extranjeros, y la 2178, de 24 de septiembre de 2014 sobre combatientes extranjeros, son el paraguas internacional y amparan las actuaciones de los países que están comprometidos en la coalición.
El último hito temporal, desde el punto de vista de la comunidad internacional —luego hablaré específicamente de la Unión Europea—, es la reunión informal del Consejo Atlántico del pasado 6 de octubre, donde el general John Allen, enviado presidencial de Estados Unidos para la coalición global contra ISIS, presentó las 5 líneas fundamentales de actuación. En primer lugar, apoyo militar a los socios de la región. En segundo lugar, medidas para parar el flujo de los combatientes extranjeros. En tercer lugar, medidas para dificultar la financiación del Estado Islámico. En cuarto lugar, atender a las distintas crisis humanitarias que la situación está provocando, y a las que me he referido anteriormente. En quinto y último lugar, deslegitimar la ideología que sustenta al Estado Islámico.
La posición de la Unión Europea se concretó finalmente en el Consejo de Asuntos Exteriores, de 20 de octubre, en Luxemburgo, y se estructura en 7 grandes líneas: en primer lugar, el compromiso con la coalición internacional por parte de la Unión Europea; en segundo lugar, el no reconocimiento del régimen de Al-Assad como aliado en la lucha contra el Estado Islámico, en tercer lugar, el aumento de las sanciones contra este mismo régimen; en cuarto lugar, la adopción de una estrategia para la lucha contra el terrorismo y contra los combatientes extranjeros que tenga carácter integral y que represente un sólido primer paso para desarrollar mecanismos eficaces en la lucha contra ISIS; en quinto lugar, confirmar el apoyo a la oposición moderada y a los esfuerzos para lograr la transición en Siria; en sexto lugar, apoyo al nuevo Gobierno iraquí, formado el 8 de septiembre, apostando por la unidad, la soberanía y la integridad territorial de Irak; y en séptimo lugar, se destaca el papel fundamental que está llamada a desempeñar Turquía en particular en la crisis humanitaria de Kobane.
La posición de España en este conflicto —en los dos conflictos, en el de Siria y en el de Irak— se resume en las siguientes líneas. Como premisa previa, como enfoque general, hemos sostenido y sostenemos que la amenaza del Estado islámico es un fenómeno complejo, multifacético y mutante, que requiere actuar en muy distintos niveles: a corto plazo, la dimensión militar para contener los avances y controlar el territorio por parte del Estado islámico; a largo plazo resulta esencial profundizar en una estrategia compleja de diplomacia preventiva, fomento del diálogo intercultural, actuaciones para evitar la radicalización, etcétera. En este esfuerzo integral es clave el papel de los líderes tribales y religiosos.
Siendo ese el enfoque general, me van a permitir ahora que me refiera a las distintas vertientes, puesto que he empezado por decir que es un fenómeno multifacético. En su vertiente militar el Consejo de Ministros decidió el pasado 10 de octubre enviar un contingente militar, formado por 300 efectivos, para la formación y el entrenamiento del personal del ejército iraquí. Estamos estudiando otras posibilidades, de las que daré cuenta a sus señorías, para apoyar las acciones de la coalición, entre ellas facilitar el uso de las bases españolas.
Desde el punto de vista de la vertiente política, y en relación con Irak, el Gobierno expresa su apoyo, como han hecho los miembros de la comunidad internacional, a un Gobierno inclusivo en Irak y su apoyo a la consolidación del proceso de reformas, que consideramos absolutamente prioritario. En segundo lugar, hemos valorado como pasos positivos las primeras medidas adoptadas por el Gobierno en lo que se refiere a la reforma de las fuerzas de seguridad iraquíes para concluir en un ejército iraquí que integre a los miembros de las tres comunidades del país: suníes, chiíes y kurdos. En tercer lugar, consideramos absolutamente prioritario que el Gobierno iraquí avance en la reforma del ejército. De ahí nuestra participación con los 300 formadores a los que me he referido anteriormente.
Respecto a Siria, los puntos esenciales, desde el punto exclusivamente de la vertiente política, son los siguientes: el Gobierno considera que la crisis solo se resolverá por un acuerdo político entre el Gobierno y las fuerzas de la oposición y ha centrado gran parte de sus esfuerzos, como luego tendré ocasión de señalar, en establecer puentes de diálogo entre las distintas minorías que pueblan Siria.
Un pilar fundamental para promover la transición en Siria es la oposición moderada. El gran desafío al que nos enfrentamos es, como he señalado anteriormente, su fragmentación. En línea con la declaración de Ginebra de 2011, y al objeto de lograr una solución negociada, España seguirá promoviendo la
interlocución entre el consejo de fuerzas opositoras y otras facciones de la oposición moderada. En este campo quiero recordar a sus señorías la reunión que tuvo lugar en Madrid, en mayo de 2013, promovida por el expresidente de la coalición de la oposición siria Moaz alJatib. En segundo lugar, el encuentro de consulta nacional siria, celebrado en Córdoba, los días 9 y 10 de enero de 2014; más de 130 opositores moderados decidieron seguir ampliando este movimiento. Tercer hito: el encuentro en Madrid de opositores sirios con la inclusión de personalidades kurdas no adscritas al PYD, los días 20 a 22 de junio de 2014. Encuentro de la consulta yazidí en la Casa Árabe, en Madrid, los días 25 y 26 de julio; encuentro de consulta de asirios y siríacos, también en la Casa Árabe de Madrid el 3 de octubre. Encuentro de consulta drusa, también en la Casa Árabe, en Madrid; y en el primer trimestre de 2015 España convocará una convención amplia, una consulta nacional siria, en la que convergerán y culminarán las reuniones con las distintas minorías que acabo de exponer.
Desde el punto de vista de la vertiente regional, y siempre en lo que se refiere a Siria, hay que subrayar la dramática situación de la ciudad iraquí de Kobane, que ha puesto de manifiesto la necesidad de interlocución con Turquía para poder avanzar en la lucha contra el Estado islámico. Irán, en segundo lugar, está también llamado a desempeñar un papel fundamental en la formulación de una solución duradera. En este contexto esperamos que se logre un acuerdo sobre la cuestión nuclear iraní el próximo 24 de noviembre, ya que la resolución de este contencioso favorecería la cooperación con Irán en los conflictos sirio e iraquí. En tercer lugar, Egipto y Arabia Saudí tiene también que jugar un papel esencial en la definición de entendimientos, de seguridad regional.
El siguiente punto al que me quisiera referir es la cooperación para luchar contra el terrorismo, en particular en el seno de la Unión Europea. La Unión Europea puede hacer una aportación significativa en los siguientes ámbitos: en primer lugar, la lucha contra el fenómeno de los combatientes extranjeros —intercambio de información e inteligencia—; en segundo lugar, cooperación internacional para combatir, para cegar, la financiación del Estado islámico mediante el control de las ventas de petróleo y el control de los flujos de capital, y en tercer lugar, deslegitimación del Estado islámico mediante campañas de comunicación en las comunidades musulmanas en Europa más afectadas por el fenómeno de la radicalización y el reclutamiento.
He aludido, al exponer la situación de la zona, a la dramática situación humanitaria que en esa zona se está sufriendo. Por tanto, me corresponde ahora detallar los esfuerzos en materia de ayuda humanitaria que se han hecho. Respecto a Siria, entre 2011 y 2014, incluyendo el compromiso en la Conferencia de Donantes del Pueblo Sirio, que se celebró en Kuwait el 15 de enero, el total es de 12,72 millones de euros; dentro del programa de reasentamiento de refugiados, la Oficina de Asilo y Refugio va a desarrollar una misión en Jordania para reasentar a 130 refugiados sirios en territorio español próximamente.
Respecto a Irak, España anunció en junio de 2014 una contribución de 500 000 euros, que se han canalizado ya a través del Comité Internacional de la Cruz Roja, que se vienen a sumar a las contribuciones anteriores a la ayuda oficial al desarrollo: 230 000 euros en 2011; 100 000 euros en 2102, y 210 000 euros en 2013.
Terminadas las reflexiones sobre Siria e Irak, me van a permitir ahora que me refiera a la crisis de Gaza. La crisis de Gaza viene caracterizada o resumida en cuatro grandes bloques: en primer lugar, como ya hemos tenido ocasión de examinar aquí, un dramático balance humanitario. Ha habido más de 2100 muertos en la parte palestina, 71 entre los israelíes, y se han destruido prácticamente en su totalidad las infraestructuras básicas que permiten vivir a la población de Gaza, entre ellas, 80 000 viviendas que han sido afectadas por los combates. Para reconstruir la franja, según los cálculos más recientes, serán necesarios más de 4000 millones de dólares y más de una década de trabajo.
En segundo lugar, precario alto el fuego. Como saben ustedes, este alto el fuego se alcanzó el 26 de agosto de 2014. En ese acuerdo de alto el fuego se contemplaban básicamente los siguientes aspectos: cese de hostilidades, ampliación a 6 millas de la zona de pesca, fin de los asesinatos selectivos de la diligencia de Hamás, reducción de la extensión de la zona considerada de seguridad cercana a la frontera. Lo primero que deberíamos constatar es que el alto el fuego no reúne ni las condiciones mínimas ni las garantías para una solución duradera para Gaza.
El tercer hito que refleja esta situación es el debilitamiento de las posiciones moderadas en uno y otro de los bandos en conflicto.
Y en cuarto y último lugar, quisiera recordar a sus señorías que hemos asistido muy recientemente a enfrentamientos en la explanada de las mezquitas determinados por la presencia cada vez en mayor número de personalidades y grupos de judíos que la visitan. La importancia y significación del recinto
lleva a pensar en la posibilidad de un cambio cualitativo en el nivel de tensión. España ha aplaudido las reacciones tanto del secretario general de Naciones Unidas como la del rey de Jordania. En su reciente visita a Gaza, 14 de octubre, Ban Ki-moon llamó al fin de las —comillas— «provocaciones en los santos lugares» —cierro comillas—. Por su parte, el Rey Abdalá II ha reaccionado vivamente en su calidad de protector de los lugares santos de Jerusalén.
¿Cuáles han sido las repercusiones del reciente conflicto de Gaza y de la tensión en Gaza sobre el proceso de paz en su conjunto?
En primer lugar, quisiera subrayar los escasos resultados obtenidos en las negociaciones de El Cairo como consecuencia de planteamientos distantes y distanciados y de la desconfianza mutua. Israel vuelve a primar por encima de todo su seguridad. La agenda palestina, fuertemente condicionada por las demandas de Hamás, exige por su parte el levantamiento del bloqueo económico a Gaza y la construcción de un aeropuerto. En principio, las negociaciones indirectas entre las partes se reanudarán bajo mediación egipcia en El Cairo el próximo 27 de octubre.
En segundo lugar, como he señalado y apuntado anteriormente, quiero subrayar que la diligencia palestina de la OLP, así como el presidente de la autoridad palestina, Mahmud Abás, han decidido poner en marcha una estrategia con el firme propósito de defender sus aspiraciones a través de los cauces multilaterales y presentar, si se reúnen los apoyos necesarios, un proyecto de resolución ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que establezca un plazo para acabar con la ocupación.
En tercer lugar, el actual proyecto de resolución establece como fecha límite noviembre de 2016 para llegar a la solución de los dos Estados coexistiendo en paz, al tiempo que exige el fin de toda actividad de colonización con asentamientos y, en tercer lugar, la retirada de Israel a las fronteras pre 1967. Para entrar en la agenda del Consejo de Seguridad, como ustedes saben, la propuesta de resolución precisaría 9 votos.
La Conferencia de El Cairo para la reconstrucción de Gaza constituye otra reunión internacional muy importante. La Conferencia Internacional de Donantes se reunió en El Cairo el 12 de octubre de 2014, organizada por Egipto, Noruega y la Autoridad Nacional Palestina. Su principal objetivo ha sido y es movilizar el apoyo financiero al Plan de reconstrucción de Gaza 2014-2017, diseñado por la Autoridad Nacional Palestina. Permítanme subrayar que esta conferencia fue precedida de 2 avances previos significativos, en primer lugar, un acuerdo tripartito entre Israel, la Autoridad Palestina y Naciones Unidas en torno al establecimiento de un mecanismo de acceso de bienes y mercancías para la reconstrucción de Gaza. El segundo, el acuerdo inicial entre Fatah y Hamás, el pasado 25 de septiembre, para avanzar en el establecimiento de un gobierno de consenso extendido también a Gaza.
La Conferencia de Donantes de El Cairo —vuelvo a referirme a ella— ha sido un éxito de participación, han asistido más de 70 países, y han logrado compromisos financieros importantes, 5400 millones de dólares o, si lo prefieren, 4275 millones de euros. Las principales conclusiones de esta Conferencia de Donantes son las siguientes: Gaza es parte integral de los territorios palestinos ocupados y será, asimismo, parte del Estado palestino del futuro. En segundo lugar, hay que avanzar hacia soluciones sostenibles para Gaza, incluyendo una transformación hacia una economía abierta y productiva. En tercer lugar, y de extraordinaria significación, no cabe ya una vuelta al statu quo a la situación anterior al estallido del conflicto. En este sentido, una gran mayoría de las delegaciones se han pronunciado a favor de levantar el bloqueo económico a la franja con las debidas consideraciones hacia la seguridad de Israel. La cuarta y última conclusión, es que el objetivo último es avanzar hacia la solución de los 2 Estados. En todo este proceso ha alcanzado un nuevo protagonismo, un nuevo y mayor protagonismo la iniciativa árabe de paz de 2002, centrada en la propuesta de paz por los territorios ocupados en 1967 y centrada también en una solución justa para los refugiados palestinos. La Unión Europea, por mediación de su alta representante, aludió en esa conferencia a la disponibilidad de todos los países de la Unión a prestar ayuda en el control de los pasos terrestres y a la posibilidad de explorar vías para establecer una conexión terrestre entre Gaza y Cisjordania, así como conexiones marítimas entre Gaza y el exterior.
Cuestión de máxima actualidad en estos momentos, que será discutida en el Congreso muy recientemente a iniciativa del Grupo Socialista, es el reconocimiento del Estado palestino. El nuevo Gobierno de Suecia, recién constituido, ha anunciado ya su intención de proceder al reconocimiento del Estado palestino; este movimiento ha movilizado a otros países nórdicos, como Dinamarca y Finlandia, sin que por ahora haya posiciones claras. Es previsible que pueda crearse un frente nórdico en el seno de la Unión Europea que lidere esta decisión, todavía en fase de declaración de intenciones.
En cuanto a nuestros países socios y aliados en la Unión Europea 2 apuntes: Francia y El Reino Unido.
El ministro de Asuntos Exteriores, Laurent Fabius, en una comparecencia parlamentaria el 14 de octubre, hace unos días, se refirió a la cuestión del reconocimiento del Estado palestino y dijo —abro comillas—: «Francia ha defendido siempre la solución de los 2 Estados y, por lo tanto, desde el momento en que apoyamos 2 Estados, es lógico que en algún momento se plantee la cuestión del reconocimiento del Estado palestino». Y añade: «El tema es en qué momento, cuándo y cómo es más eficaz. En este sentido —continúa el ministro—, no queremos que sea una cuestión meramente simbólica, sino una decisión que sea útil y sirva a la paz. Por ahora concluye el ministro entendemos que esta decisión debe emanar de un proceso de negociaciones entre las partes pero, de no ser así, de no concluirse estas negociaciones, Francia asumirá sus responsabilidades».
En cuanto al Reino Unido, como ustedes saben, el martes 14 de octubre, el Parlamento británico aprobó una moción —274 votos a favor y 12 en contra— instando al Gobierno del Reino Unido a reconocer al Estado palestino. Una mayoría de los 600 miembros de la Cámara de los Comunes prefirió no votar a tomar partido. El primer ministro, Cameron, en una respuesta parlamentaria dijo —abro comillas—: «solo reconocerá a un Estado palestino como fruto de las negociaciones de paz con Israel»—cierro comillas.—
La posición española, que, insisto, será discutida, se basa en los siguientes puntos. La reanudación de las negociaciones y la existencia de un horizonte político es clave, es fundamental, para la ruptura del ciclo destrucción, reconstrucción y movilización; para la movilización real de los fondos comprometidos en la reconstrucción de la franja, España ha anunciado ya en la conferencia de donantes a la que me he referido anteriormente, un monto total de 36 millones de euros para los próximos 3 años.
En segundo lugar, es capital apoyar el retorno a Gaza de la autoridad palestina y la consolidación de un gobierno palestino de consenso y reconciliación nacional. En tercer lugar, hemos manifestado nuestra preocupación, nuestra inquietud, por los actos unilaterales, por ejemplo, las confiscaciones de tierras y el anuncio de nuevos asentamientos en el área C y la conocida como E1 en Jerusalén Este. En este aspecto, hemos sido firmes en los mensajes trasladados a las autoridades israelíes a nivel europeo y vamos a seguir trabajando desde un espíritu constructivo, mostrando firmeza en este tema.
En cuarto lugar, y respecto a la cuestión concreta del reconocimiento del Estado palestino, por ahora la posición es que el reconocimiento del Estado palestino deberá producirse como resultado de las negociaciones entre las partes para garantizar, entre otras cosas, su efectividad, y de acuerdo con las posiciones de los Gobiernos aliados y amigos a las que me he referido anteriormente.
España, como la comunidad internacional, reconoce el derecho de los palestinos a constituir un Estado propio, y en ese clima, en ese contexto, ha dado pasos concretos, como fue el reconocimiento de Palestina como Estado observador no miembro de Naciones Unidas. España comparte —y termino con esto— la decisión de reconocer al Estado palestino, más allá de los gestos simbólicos, sopesando los efectos de este reconocimiento y, en concreto, adoptando esta resolución cuando resulte oportuno y ayude a traer la paz.
Libia es el último de los asuntos que quiero tratar con ustedes. Mi última comparecencia en sede parlamentaria fue el 16 de septiembre de 2014 en las vísperas de la conferencia de Madrid sobre Libia. Desde entonces, ha habido novedades en la mediación internacional y en la actividad de la comunidad internacional. Sobre el terreno, sin embargo, no hay cambios significativos, a pesar de los combates en Bengasi y en el oeste del país.
Mi exposición tendrá la siguiente estructura. Comenzaré refiriéndome a la situación sobre el terreno para pasar seguidamente a las iniciativas internacionales europeas, así como a las labores de mediación, y concluiré con una referencia al papel concreto de España.
La situación sobre el terreno, primer capítulo de este epígrafe, se puede resumir en 9 puntos. En primer lugar, existe una línea de frente estable. El bando islamista controla gran parte del territorio, incluyendo Trípoli. El ex general Haftar sigue atacando posiciones islamistas en Bengasi y mantiene con dificultades el control del aeropuerto de Baida. Las amenazas del bando liberal de lanzar una ofensiva para recuperar Trípoli no se han concretado todavía.
En segundo lugar, desde el punto de vista político, nos encontramos con una situación en la que hay 2 gobiernos y 2 parlamentos. El Gobierno legítimo huyó en julio al este, y el 4 de agosto se reunió en Tobruk la nueva Cámara de representantes salida de las urnas en las elecciones del 25 de junio. El primer ministro alThani y su Gobierno se reúnen en la ciudad de Baida. Sin embargo, el anterior Parlamento, el
congreso general nacional, se ha resistido a disolverse e incluso ha nombrado un Gobierno de salvación nacional alternativo al presidido por alThani, liderado por Omar alHassi.
En tercer lugar, prevalece, se está imponiendo, la lógica de la guerra frente a la lógica de la paz. La convicción de todos mis colegas en el Consejo de Asuntos Exteriores es que ninguno de los bandos va a obtener una victoria militar; en síntesis, el enfrentamiento entre ellos se va a traducir en un debilitamiento recíproco que puede permitir el avance y la consolidación de las fuerzas islamistas extremas que ya operan en Libia.
En cuarto lugar, el tema de la legitimidad. La comunidad internacional y el representante especial, el secretario general, nuestro compatriota Bernardino León, reconocen la legitimidad del Parlamento elegido el 25 de junio. Sin embargo, aconsejan que este Parlamento proceda a la formación de un Gobierno de unidad nacional de carácter inclusivo del que formen parte todas las fuerzas políticas, salvo aquellas que no renuncien al terror como instrumento de actividad política.
Otro de los grandes puntos en disputa es la pugna por el Banco Central y el petróleo. Los ingresos de Libia —lo hemos discutido otras veces— son fundamentalmente los derivados del petróleo. Su producción ha recuperado parte de su actividad y en estos momentos ronda alrededor de los 900 000 barriles diarios de un potencial de 1,5 millones de barriles. Más allá de la guerra por el territorio, la pugna por estos ingresos que, gracias a las numerosas subvenciones, financian, entre otras cosas, la paz social, es ahora la clave para la victoria de cualquiera de los dos bandos.
La quinta característica, y seré muy breve porque lo hemos discutido aquí otras veces, es la debilidad de las instituciones libias, que se ha traducido en una desaparición del ejército nacional y una proliferación de milicias. La influencia de actores externos viene a complicar la situación y a propiciar la emergencia del yihadismo, como he enunciado anteriormente. El problema, el escenario al que nos podemos enfrentar en estos momentos, dada esta situación, es una guerra civil abierta entre 2 bandos. Por un lado, un bando llamado liberal que incluye desde la alianza nacional de Yibril, partido que ganó las elecciones de julio, hasta las milicias de Zintan, más los seguidores del general Haftar y el propio Gobierno y la cámara de representantes. En el otro bando estaría el bando islamista, que incluye desde moderados a terroristas y que acusa al otro bando, al liberal, de ser progadafista y desleal a los principios de la revolución de febrero.
La actividad de la comunidad internacional, que ustedes habrán seguido, ha sido extraordinariamente intensa. Quisiera subrayar, por recientes, las siguientes conferencias. La primera, la conferencia de Madrid, de 17 de septiembre, que reunió a 16 países y 5 organizaciones internacionales, justo antes de la semana ministerial de la asamblea general. En esa conferencia, hubo un consenso urgente de que había que acordar un alto el fuego, establecer un proceso de diálogo —coincidencias entre todos los participantes—, pero se detectaron desacuerdos entre los países vecinos, particularmente, entre Argelia y Egipto. Argelia cree en la necesidad de una negociación amplia, de la que solo queden excluidos los terroristas y va a lanzar una conferencia de mediación en Argel a la que luego me referiré. Egipto, por su parte, insiste en la legalidad y en la legitimidad del Gobierno emanado de las elecciones del 21 de julio, y se resiste a aceptar un papel destacado de los islamistas en la nueva Libia. Las conclusiones de la conferencia de Madrid fueron saludadas por su precisión en la definición de la posición de los vecinos de Libia respecto a la crisis y por su exactitud al definir las condiciones para salir de ella y evitar, bien la guerra civil, bien la fragmentación del país.
Siguiente hito fue la conferencia presidida por Estados Unidos en Nueva York, el 21 de septiembre, en un formato reducido: 13 países y 2 organizaciones internacionales. En el comunicado final se saludan los resultados de la conferencia de Madrid y se recoge el compromiso de España de organizar una nueva conferencia en Madrid en el plazo de sesenta días. Así se consolida el protagonismo de nuestro país en el conflicto libio. Solo tres días después, el 25 de septiembre, hubo una conferencia presidida por el secretario general, Ban Kimoon, también en Nueva York, de formato muy amplio. La Unión Europea trató de este tema en el Consejo de Asuntos Exteriores del 20 de octubre, llegando a las conclusiones siguientes. Primero, apoyo al proceso de mediación iniciado en Ghadames y proseguir en Trípoli. Segundo, apoyo a la Cámara de representantes como único Parlamento legítimo del pueblo libio. Tercero, reconocimiento del valor de las iniciativas de la comunidad internacional, con especial mención a las reuniones de Nueva York y Madrid. Cuarto, la Unión actuará —proclama— de acuerdo con las pautas de la Resolución 2174 del Consejo de Seguridad, para combatir las amenazas a la paz y la seguridad del país. Quinto, la Unión Europea retira su compromiso con la unidad, independencia, soberanía e integridad territorial del país.
La iniciativa de mediación de Libia, a la que me he referido anteriormente, todavía no tiene fecha, está a la espera de la conclusión de las conversaciones apadrinadas por el señor Bernardino León, que se ha ido desarrollando con las siguientes fases: El 29 de septiembre hubo una reunión en Ghadames; fue la primera reunión de mediación impulsada por Bernardino León, siguiendo la hoja de ruta explicitada en la Conferencia de Madrid. Asistieron 24 parlamentarios rivales; 12 del llamado bando liberal, que se reunión en Tobruk, y 12 del bando islamista, que boicotean las reuniones por su inexistencia. No hubo representantes del anterior Parlamento, el Congreso Nacional, que, como he dicho anteriormente, se resiste a disolverse. Hubo sectores islamistas que criticaron la reunión, pero su propia celebración y el compromiso de seguir reuniéndose constituyen avances importantes para vencer la desconfianza entre las 2 partes.
Unos días después, el 11 de octubre, hubo otra reunión en Trípoli; a esta también asistieron 12 parlamentarios del bando islamista, y 2 representantes de Tobruk. Contó con la presencia del secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y la ministra de Asuntos Exteriores, Mogherini, en su calidad de presidente pro témpore de la Unión Europea. El Parlamento de Misrata insistió en que ellos no eran radicales y que estaban dispuestos a aceptar los resultados de las elecciones del 25 de junio, lo que constituye un paso más que significativo.
Posición de España en este conflicto. Hemos sido socios desde el primer momento, y probablemente uno de los primeros países en abrir una oficina en Bengasi inmediatamente después de la revolución. Hemos realizado también un importante esfuerzo de ayuda humanitaria, que ha ascendido a 7 millones de pesetas. En segundo lugar, hemos impulsado el diálogo político con las autoridades libias y contamos con un enviado especial que participa en todas y cada una de las reuniones internacionales. En tercer lugar, cooperación para el buen Gobierno. El deterioro de la situación ha suspendido, de momento, los programas Masar, de buen gobierno en áreas como la cooperación penitenciaria, que esperamos retomar en cuanto sea posible. En cuarto lugar, España ha ofrecido cursos de formación en materia de seguridad y ha apoyado la Eubam, la misión de la Unión Europea para el control de fronteras, pues la seguridad de las fronteras constituye uno de los aspectos clave. En último lugar, y desde el punto de vista de las relaciones económicas con Libia, quiero subrayar que España llegó a importar un 15% del petróleo de este país. Ahora, Repsol, al frente de un consorcio internacional, intenta alcanzar su potencial de 340 000 barriles diarios, de 1,5 millones, producido, como he dicho antes, por Libia. Aunque sus pozos no están en la zona de mayores enfrentamientos, uno de los aspectos lamentables de la actual situación es la distorsión que provoca en la extracción y venta del petróleo, prácticamente la única fuente de ingresos del país.
En el futuro, España, en el seno de la Unión Europea, impulsará que esta sea garante del alto el fuego. Unsmil, la misión de Naciones Unidas, está ya barajando la posibilidad de que la Unión Europea se implique en la seguridad de los aeropuertos una vez que se retiren las milicias; quizá, aunque no es solución excluyente, a través de la misión de control de borders Eubam, a la que me he referido antes. El asunto está en discusión.
También cabe hablar de la participación en fronteras, que lanzará la operación Tritón el 1 de noviembre para vigilar las costas de Italia hasta 30 millas. La Unión Europea aportará 2,9 millones al presupuesto mensual, y varios países, sobre bases voluntarias, aportarán sus propios medios. Se han mostrado interesados en participar en esta operación Tritón, Italia, Alemania y España; España aportará, por el momento, personal y una embarcación.
En cuanto a las sanciones y el listado de grupos terroristas, la posición del Gobierno es que cualquier recurso a estos instrumentos tenga en cuenta la oportunidad política para no interferir en la mediación que lidera Naciones Unidas.
Concluyo, señorías, con algunas reflexiones finales. En mi discurso ante la conferencia sobre Irak, celebrado en París el 15 de septiembre de 2014, señalé que el terrorismo yihadista que asola la región a la que me acabo de referir es una de las amenazas más graves, más complejas y más inéditas de nuestro tiempo. Dije también que España, por su condición de frontera sur de Europa, su experiencia durante la Transición y su relación milenaria con el mundo árabe y musulmán es un interlocutor privilegiado en toda la región. Desde esta posición de privilegio, puedo afirmar que en la lucha contra el yihadismo, la solución militar no es, ni será, la única vía. Las situaciones complejas requieren soluciones complejas. Las soluciones deben combinar instrumentos de diplomacia preventiva y diálogo político.
España, y termino, en su condición de miembro del Consejo de Seguridad para el bienio 2015-2016, está dispuesta a contribuir a estas soluciones complejas asumiendo las responsabilidades que le
correspondan en su espíritu de compromiso con la región, acompañando con pasos decididos su camino hacia la estabilidad, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado de derecho y la paz.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señor ministro, por su amplia, interesante, detallada y actualizada intervención.
Comenzamos el turno de portavoces en el orden habitual, de menor a mayor.
Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la palabra la senadora Amalur Mendizabal Azurmendi.
La señora MENDIZABAL AZURMENDI: Muchas gracias, señor presidente.
No voy a hacer uso de la palabra.
El señor PRESIDENTE: Por el Grupo Parlamentario Vasco, tiene la palabra el senador Anasagasti.
Muchas felicidades, senador Camacho, por esa vicepresidencia segunda. Esperamos que le dé un poco más de vida a esta comisión, que queda un poco lejana de los amores y desvelos del Ministerio de Asuntos Exteriores español, que tiene todo su cariño puesto en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, a veces no dándose cuenta de que la capacidad de control que tiene la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado es la misma que la del Congreso. Por lo tanto, le animamos a que haga ese trabajo. No dudo de que también el presidente de la comisión, don Alejandro MuñozAlonso, lo hace, lo que pasa es que es del mismo partido que el ministro, y la verdad es que los resultados han sido relativamente pequeños.
Antes de comenzar mi intervención, señor ministro, quiero hacer una salvedad. Ayer intervino aquí, en la Comisión de Asuntos Iberoamericanos del Senado, el exministro Carlos Solchaga y dijo cosas muy interesantes sobre la situación de América. Le invito a que lea el Diario de Sesiones para que vea lo que dice sobre la marca España; se lo recomiendo, simplemente por curiosidad intelectual, por nada más.
En su exposición nos ha dado una serie de datos que nosotros no podemos poner en cuestión porque están ahí y son claros, pero sí podemos hacer alguna reflexión desde el punto de vista político.
Se habla de los hechos que están ocurriendo en Siria, Irak, Irán, Libia, Medio Oriente y Gaza, y habría que hacer mucho hincapié en por qué se han producido todos estos acontecimientos: por responsabilidad de la Unión Europea, con su dejación política en una política exterior, y, sobre todo, por el hecho de que en la legislatura que ha finalizado hemos tenido a la señora Catherine Ashton como alta comisionada de la Política Exterior, que, a pesar de que en la Comisión Mixta Congreso-Senado para la Unión Europea celebrada ayer, el secretario de Estado la elogió, nosotros creemos que su trabajo ha sido de una total ineptitud, y confiamos que esta situación mejore con la nueva comisaria. Indudablemente, hay una cara europea. En los informativos solo vemos lo que hacen los Estados Unidos en el conflicto del Medio Oriente, en Gaza e Israel, pero también Europa está muy presente, tiene un protagonismo importante y recibe muchas ayudas; sin embargo, ni Tony Blair ni nadie puede capitalizar todo lo que está ocurriendo. Usted mejor que nadie sabe que estas cosas tienen mucha importancia por el trabajo que después se puede recoger.
Como usted ha dicho, se van a enviar tropas a Irak para adiestramiento, y nos parece correcto, pero quiero recordarle —quizá no sea su cometido— que el ministro de Defensa, señor Morenés, ha comparecido en la Comisión de Defensa del Congreso pero no lo ha hecho en el Senado. El presidente de esta comisión sabe cómo fue aquello: fue un planteamiento del exministro Bono, pero para paliarlo, el ministro de la Presidencia, don Ramón Jáuregui, compareció en la Junta de Portavoces para dar cuenta de lo que se estaba haciendo y para que el Senado no fuera excluido de algo que tiene tanta importancia, y de lo que usted ha informado, y si usted informa sobre el envío de tropas será por algo.
El otro día estuvimos en el Palacio de Viana, donde se nos entregó el Plan de acción exterior del Ministerio de Defensa, y sus colaboradores nos entregaron también un folleto suyo que se titula: Medidas sobre el futuro de Europa; no es el libro de Mao ni de Martin Luther King, pero me llamó la atención una reflexión suya: incluir en el ámbito de la política exterior más decisiones por mayoría de la Unión Europea, o, al menos, evitar que un solo Estado miembro pueda obstruir iniciativas, y desarrollar más ampliamente en este marco el concepto de abstención constitucional. Me gustaría saber si el Gobierno español y usted están dispuestos a asumir esas iniciativas, porque ha hablado del reconocimiento del Estado de Israel y de lo que ha ocurrido en el Parlamento de Westminster, y, de alguna manera, lo ha condicionado a lo que
diga el señor Cameron. Sin embargo, recuerdo que incluso el propio rey Juan Carlos habló del reconocimiento del Estado de Israel hace muchísimo tiempo y que el señor Aznar, en unas navidades con el señor Arafat, también lo solicitó, y nos gustaría que usted fuera mucho más categórico a este respecto.
Cuando los dos éramos jóvenes indocumentados, usted repetía mucho una frase de García Márquez: El que tiene el poder y no lo ejerce, que no se queje. Nosotros propiciamos el reconocimiento del Estado palestino cuanto antes, y nos gustaría que para el Gobierno español fuera una asignatura, no pendiente sino ejerciente, para que ese reconocimiento pudiera evitar todo lo que usted ha relatado. Indudablemente, ha sido catastrófico todo lo que ha ocurrido, y seguirá existiendo mientras no se produzca la coexistencia de esos dos Estados. Y no me quiero alargar más porque, como he dicho anteriormente, estamos de acuerdo con usted.
En relación con Libia, tengo entendido que estuvo usted ayer en una conferencia en el Casino de Madrid con el señor Enrique Barón en la que se habló del federalismo. Y me ha extrañado, porque usted sabe mejor que nadie que en Libia existió un rey que se llamaba Idris y que hubo un golpe de Estado en 1969 por el coronel Muamar el Gadafi y la monarquía libia se fue al exilio, y este rey Idris hablaba de la monarquía federal. A usted, que es tan monárquico, no sé si le parecerá bien la instauración de una monarquía en Libia. A nosotros no, a nosotros nos parecería mejor que ese país, cortado a tiralíneas, hecho por las potencias coloniales dominantes de la época, respondiera a los intereses de sus ciudadanos. Estamos ante 2 Estados en uno, creados artificialmente en un momento determinado, y usted ha hecho mucho hincapié en la integridad territorial, que es una de sus grandes obsesiones, y lo repite contantemente.
Nosotros pensamos que se debería hacer real lo que es real no al nivel de la calle sino de un país que en este momento está sufriendo una situación de enfrentamiento no solo por la existencia de tribus y de 2 países en uno, sino fundamentalmente porque esa realidad no se resolvería con los criterios de la Unión Europea, que dice que debe haber un solo país. Si Bengasi y Trípoli no quieren convivir, pues que no lo hagan, simplemente, pero veo que ustedes no han planteado ese asunto y están muy obsesionados por la integridad territorial.
Gracias, señor ministro, por su comparecencia y por su exhaustivo análisis de la situación del Próximo Oriente y de la zona de Libia, en el norte de África.
Quiero empezar mi intervención, pese a que ya lo ha hecho el presidente de la comisión en nombre de todos los grupos, respaldando la felicitación al Gobierno, en nombre de mi grupo parlamentario, por haber conseguido un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Era un objetivo compartido, y, por tanto, felicitamos al Gobierno, y con ello nos felicitamos todos como país.
En cuanto a Irak y Siria, y creo que sería generalizable hasta cierto punto a los 3 conflictos que ha analizado, quiero insistir en sus últimas palabras sobre que el islamismo radical es una de las mayores amenazas que pesan sobre el mundo actual y, en concreto, sobre nuestra sociedad, y yo diría que en este momento es la mayor amenaza para la seguridad, la estabilidad, el progreso, el mantenimiento del Estado de derecho y, si me apura, para el mantenimiento de la vigencia de los derechos humanos y de todo lo que representa la Carta de las Naciones Unidas para nuestra sociedad.
Nos encontramos ante la paradoja de que se ha abordado la intervención occidental en el Próximo Oriente, tanto en Irak como en Siria, más con mentalidad de guerra fría, de esta guerra fría que creíamos extinguida y que parece que se ha revitalizado —de momento no entraré en el conflicto de Ucrania, aunque sí quiero hacer alguna alusión a ello—. En el caso de Siria da la impresión de que se ha actuado más contra un aliado potencial de Rusia en un momento dado que con la perspectiva de contención del peligro islamista; parece que el peligro es Rusia y este es otro asunto a analizar—. No diré que la política del señor Putin no plantee riesgos y amenazas, pero me da la impresión de que se ha actuado más con ese criterio que con el de contención del peligro islamista.
Ya le dije en una de sus comparecencias que el régimen sirio de Bashar al-Assad está lejos de ser un modelo de democracia. Evidentemente, es un régimen autoritario, autocrático, como la práctica totalidad de los gobiernos de la región, sean repúblicas o monarquías, porque tendríamos que buscar mucho, tanto en los regímenes de la península arábiga como en los del Próximo Oriente, para encontrar algún modelo
de funcionamiento democrático. Pero una cosa sí tenía el régimen sirio de Bashar alAssad, el régimen del partido Baaz, y es que hasta cierto punto me atrevo a decir que era un buen modelo de convivencia entre los grupos religiosos, étnicos y culturales. Y no lo digo yo, lo ha dicho públicamente, y en un momento dado se lo oí decir ante una delegación española de la que yo formaba parte, el obispo siriaco de Alepo, por ejemplo, y por tanto, lo cito como fuente de autoridad.
La intervención occidental de apoyo a la insurrección, con un modelo de lo que se supone ha sido la Primavera Árabe —ya no sé si el término es válido—, de reivindicación de mayor democracia en los países del norte de África y del Próximo Oriente, ha ignorado unas cuestiones básicas. El avance de la democracia y, por supuesto, de los derechos humanos, es una lucha en la que España está comprometida, y lo estará siempre, de eso no hay ninguna duda, pero hay que tener en cuenta que los regímenes democráticos, los regímenes de libertades y de Estado de derecho también se han dado históricamente, en su origen, a partir de una serie de condiciones y de transformaciones sociales y económicas que posibilitan, precisamente, la aparición o surgimiento, la implantación y el mantenimiento de esos regímenes democráticos. No basta con que un sector de una sociedad, posiblemente muy minoritario, hoy gracias a las redes sociales reivindique esa democratización; eso no quiere decir que todo el país esté en esa reivindicación. Apoyar esas reivindicaciones, legítimas sin ninguna duda, puede ser —si me permite un expresión que no querría que fuese incorrecta— como dar una patada a un avispero y luego quejarnos de que las avispas andan revueltas. De alguna forma, yo creo que hasta cierto punto es lo que pasó en Irak, aunque el análisis de las 2 intervenciones en Irak sería más prolijo.
En el caso más reciente de Siria, la intervención occidental, basándose en esas demandas de democratización, lo que ha hecho ha sido desestabilizar completamente el país y añadir mayor inestabilidad a la región, precisamente ignorando que buena parte del conflicto no era tanto esa demanda de democratización —insisto: legítima y merecedora siempre de nuestro apoyo—, sino precisamente el eterno conflicto entre grupos culturales y religiosos; el conflicto entre las facciones suníes y chiíes es un aspecto sin duda importante, pero no el único.
Por tanto, creo que hemos hecho todo lo contrario de lo que aconsejaba la prudencia, y, si se me permite, del interés occidental, que era precisamente apoyar la estabilidad, no a consecuencia de violar los derechos humanos y apoyar dictaduras; sobre todo apoyar la estabilidad precisamente para evitar el surgimiento de un peligro mayor como es el yihadismo.
La aparición del califato y del Estado islámico es un fenómeno que realmente impacta y merece análisis, pero si analizamos los precedentes podemos empezar a entender. Son errores que ya cometió en su momento Estados Unidos en Afganistán, de esos barros estos lodos que todavía hoy arrastramos. En Oriente Próximo parece ser que nos estamos empecinando precisamente en una solución que no responde al problema real. Insisto, es más un problema de favorecer la convivencia entre distintos grupos culturales, religiosos, étnicos, que muchas veces, como usted decía, tienen connotaciones preestatales, tribales y de organización. Los Estados a veces no dejan de ser estructuras superpuestas a una realidad social y económica que todavía genera lealtades más propias de grupos tribales que del ciudadano que se identifica con su Estado de derecho a partir de una vinculación constitucional y democrática. Por tanto, aplicamos soluciones que no son las adecuadas al problema, y luego siempre acaba siendo necesaria la intervención militar, la intervención armada, intentando poner remedio.
Vaya por delante el apoyo de nuestro grupo a la intervención internacional y a la intervención, aprobada ayer por el Congreso de los Diputados, de los instructores y de las Fuerzas Armadas españolas en el conflicto de Irak y de Siria. De lo que me lamento es de que esto empezara mal, porque, o no se analizaron los problemas tal cual eran y, por tanto, la actuación ya en su origen fue incorrecta, o porque en realidad ha habido intenciones oscuras detrás de todo esto, intenciones que no forman parte de nuestro debate formal, pero que se tendrían que tener en cuenta al analizar el problema, como son los intereses de nuestros países aliados. No sería el caso de Turquía, miembro de la OTAN, pero que está teniendo una actitud dubitativa, por decirlo de alguna forma, en el conflicto de Siria; tiene el conflicto militar a sus puertas, lo está mirando desde el otro lado de la frontera. Parece que el Gobierno turco tiene más miedo al PKK y, en definitiva, a los kurdos, —lo que, por otra parte se puede entender, y no digo que lo comparta—, que a la expansión del Estado islámico, teniendo en cuenta que Turquía, sin bien es un Gobierno moderado, no deja de ser un Gobierno islamista. Por tanto, yo no sé si siempre los intereses de nuestros aliados coinciden precisamente con los nuestros. Por no hablar también de otros aliados a un nivel distinto, como son las monarquías del golfo que, por supuesto, han tenido mucho que ver con el estallido del conflicto en toda la zona, y que en la mayoría de los casos están detrás de las facciones
sunnís en este conflicto; por no hablar, por supuesto, de Irán, con el que estamos reconduciendo la relación y que están detrás de los chiíes.
Eso es un avispero y lo único que quiero decir es que me da la impresión de que desde el principio hemos planteado una intervención, insisto, en teoría apoyando unas demandas democratizadoras —lo que en sí mismo siempre es loable y, por tanto, merecedor de nuestro apoyo— pero ignorando la realidad y la complejidad de la región en la que estamos interviniendo. Y ahora el problema es que estamos combatiendo a Bashar al-Assad, que es un presidente autoritario, si quiere usted un dictador, no voy a matizar eso —voy acabando, señor presidente—. En cualquier caso, yo demandaría o exigiría que, aparte de la actuación militar, se reconduzca la visión del conflicto y que se tenga en cuenta no sólo esta apariencia de exigencia democratizadora, sino la realidad y la complejidad de toda la situación en Irak y en Siria.
Simplemente un apunte en cuanto al conflicto de Gaza. Es un asunto eterno, y, por supuesto, apoyo todas las iniciativas de reconstrucción. Pero mientras no podamos incidir sobre los asentamientos y los colonos, que es el verdadero problema en la región, porque Israel se niega al reconocimiento del Estado palestino mientras va extendiendo sus colonias, prácticamente destrozando lo que podrían ser los límites de esa integridad territorial del futuro Estado palestino, no encontraremos la solución. Por supuesto, nuestra petición es que, cuanto antes, se avance en el reconocimiento del Estado palestino como una forma precisamente de avanzar en la pacificación del conflicto.
Y en cuanto a Libia, es otro problema distinto que no tengo tiempo de analizar, pero en cualquier caso, todos los esfuerzos que se hagan, por favor que sea hacia el entendimiento y la paz, y si es posible el apoyo y la participación de todas las facciones en las próximas elecciones, sería importante, porque, como siempre, no es solo un problema de democracia, sino también de acuerdo entre las distintas partes, que a lo mejor podría ir en esa línea federal en sentido norteafricano a la que aludía el senador Anasagasti; esa podría ser una solución al conflicto.
Muchas gracias, señor ministro. Muchas gracias, señor presidente.
Por el Grupo Parlamentario Catalán en el Senado Convergència i Unió, tiene la palabra el senador Sedó.
El señor SEDÓ ALABART: Muchas gracias, señor presidente. Señor ministro, muchas gracias. Voy a intentar ser breve y esquemático.
Agradezco su detallada información sobre la situación, país por país, zona por zona, con un análisis de los problemas de la comunidad internacional y la posición española.
De forma esquemática voy, en primer lugar, a reconocer, como usted ha dicho, que tenemos que luchar y apoyar financiera y económicamente la ayuda humanitaria, porque estamos frente a una crisis, que en algunos países, como en Siria, es de las más importantes de los últimos años. Cuenta con el apoyo financiero de la comunidad internacional a través de las diferentes conferencias de donantes. Pero me sabe mal que cada 2 por 3 tengamos que celebrar conferencias de donantes por Palestina, porque cuando ya está todo reconstruido, Israel vuelve a bombardear y tenemos que volver a empezar. A veces me sabe mal, pero no por eso tenemos que dejar de ayudar para la reconstrucción.
Me apunto a la línea que han dicho otros senadores de que en estos momentos el gran problema que tiene la diplomacia internacional no es tan solo el terrorismo islámico y el posicionamiento ideológico islamista en la región, en el norte del Mediterráneo, sino también por las implicaciones que tiene en los Estados miembros de la Unión Europea. Y le hago un ruego: me gustaría conocer su opinión, mejor dicho, las disposiciones que está adoptando el Gobierno español para el control de posibles islamistas occidentales españoles —que puede haberlos, y los hay, especialmente en Barcelona, donde existen núcleos importantes de captación de jóvenes occidentales para participar en estas misiones—. ¿Cuáles son las medidas que el Gobierno y la Unión Europea están tomando para intentar frenar esta captación de —podríamos llamar— mercenarios occidentales?
Parte del problema islamista deriva de la historia, que es la que es. A veces, por solucionar un tema, creamos un problema que se mantiene a lo largo de los años, y parte del problema islamista lo creamos los Estados occidentales hace ya años. Al inicio de la primera guerra de Irak, el hecho de usar el ejército norteamericano el territorio de Arabia Saudita constituyó parte de la salida de tono de Bin Laden, como lo que pasó en Afganistán. Pero tenemos un hecho más reciente, y me alegro de que haya habido un cambio de Gobierno en Irak, porque, como nos decían en esta Cámara, en una comparecencia que
tuvieron con miembros de la Comisión de Exteriores, la mayor parte de los integrantes del ejército islámico actual que está combatiendo en Siria venía de prisiones de Irak, fueron personas que pudieron salir casi por las puertas abiertas por la dejación del anterior Gobierno iraquí.
Nosotros apostamos por un fortalecimiento de las instituciones en todos estos Estados. Esto es básico, y usted lo ha dicho: los Estados que avanzaron en las reformas, como Marruecos o Túnez han podido garantizar una modificación —en mayor o menor grado pero han avanzado—, han progresado en la mejora de la situación política e institucional en sus Estados. Los que optaron por reprimir las llamadas primaveras árabes están todavía en un caos permanente, y el Estado Islámico lo está aprovechando —estamos viendo cómo hay guerras civiles con tres contendientes—. En Siria estamos apoyando a la oposición contra Al-Asad, pero, al mismo tiempo, tendríamos que apoyar a Al-Asad contra el Estado Islámico. Esto podría ser una película cómica si no fuera una guerra civil con un montón de contendientes.
Por tanto, creo que es importante que apoyemos —y apoyamos— la apuesta del Gobierno español por ayudar al fortalecimiento del ejército en Irak. Todo lo que sea fortalecer las instituciones y apoyar la democratización es importante no tan solo en el corto plazo, sino también en el medio y en el largo plazo, y por eso les apoyamos.
Usted ha hecho muchas referencias a la integridad territorial de todos estos Estados, y comparto la opinión del senador Anasagasti de que en algunos casos igual tendremos que mirar caso por caso. Ahora hemos conseguido que en Irak haya un Gobierno de unidad, que incluso el ejército, como usted ha dicho, intente integrar a gente de todas las comunidades, pero puede ser que, en un momento determinado, esas fronteras ficticias que se hicieron a principios del siglo pasado no sean las mejores para afrontar hoy día los problemas y las situaciones geoestratégicas que viven esos países.
Quiero referirme a un detalle por el que usted ha pasado por encima. A nuestro grupo nos preocupa mucho —y habrá iniciativas al respecto— el tema del genocidio religioso —lo ha dicho el santo padre—. Hoy en día, el genocidio de los cristianos en Oriente Medio es el primer genocidio del siglo XXI. Estamos muy preocupados por la cuestión. Creo que es un tema muy importante que se tiene que abordar con mucha profundidad. Cuando aquí a veces se nos pide la integración de otras comunidades religiosas en España, cuando se nos solicita respeto a la pluralidad religiosa —cosa que comparto y que tiene que ser así—, vemos que, en cambio, esto mismo no se respeta por esta misma gente en sus países o en otros de la zona, que no lo comparten y no lo solicitan, y por algunos representantes de gobiernos que casi exigen este respeto multirreligioso —que, como digo, comparto—. En consecuencia, pienso que el Gobierno español tiene que ser muy duro y contundente en esto.
Posición sobre Gaza. También creo que tenemos que avanzar para el reconocimiento de un Estado palestino. Como usted ha dicho, tiene que ser explicando posiciones de otros Estados de la manera más eficaz, pero considero que, de una vez por todas, más que explicar lo que van a hacer los diferentes Estados, como el sueco, sería el momento, aunque no sea plenamente de su competencia, de que fuera una posición común —entre comillas— de la Unión Europea en su política exterior. Tampoco tienen que ser los Estados miembros los que tengan que hacer ese reconocimiento uno a uno, sino que debemos tener una posición común como Europa. Creo que tenemos que avanzar sobre este reconocimiento porque va a ser la única manera de que el Estado israelí se avenga a negociar un proceso de paz duradero y estable, algo que pasa por el reconocimiento de los dos Estados, así como por el reconocimiento de la autoridad palestina del Estado de Israel, porque a veces nos olvidamos de esto cuando discutimos, es decir, el reconocimiento de uno pero también la necesidad o el derecho a existir del Estado de Israel. Avancemos en esto, vayamos en una posición única de la Unión Europea. Pero le pedimos que el Gobierno español avance rápidamente en el reconocimiento de este Estado palestino.
La situación en Libia es muy preocupante, creo que va a una división del Estado. Usted lo ha dicho claramente: no habrá una victoria militar de ninguno de los dos contendientes y, finalmente, el que puede ganar militarmente es el islamismo radical, viendo la incapacidad de los dos gobiernos que actúan, el legítimo y el nuevo, para poder dar solución a los problemas reales. El islamismo va a volver a hacer mella en estos países, y tenemos que ser conscientes de ello. Por tanto, corresponde fortalecer la institucionalidad, ayudar a los gobiernos a poder fortalecer y desarrollar las reformas institucionales, democráticas y económicas necesarias y así poder también impedir la penetración de los movimientos islamistas radicales en estos Estados.
Muchas gracias, señor ministro, y disculpe por haberme alargado.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Sedó.
Por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra el senador Sañudo.
El señor SAÑUDO AJA: Gracias, señor presidente.
Señor ministro, en primer lugar, quiero felicitarle en nombre del Partido Socialista por la consecución por España de nuestra posición en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es evidente que era un objetivo compartido, me consta el trabajo que ha realizado usted en primera persona, con su secretario de Estado a la cabeza de todo esto, y en la medida de nuestras posibilidades quiero destacar también el trabajo de los miembros de mi partido para que esto fuera una realidad, como al final ha sido. Seguro que, además, esto le va a permitir a España tener una posición que le haga ser más proactiva en todos los asuntos que allí se planteen y tener un altavoz más potente en cuantos asuntos —como los que hoy estamos comentando— se puedan dilucidar en ese Consejo de las Naciones Unidas.
Quiero empezar con una reflexión de carácter general —creo que se ha hecho algún comentario aquí— que tiene que ver con lo que en el futuro será parte de la solución a los problemas que nos acechan, en particular ahora con los temas que estamos hablando hoy, de Oriente Próximo y de Libia. Me refiero a la escasa repercusión que tiene la política de acción exterior y de defensa en la Unión Europea. Ahí es donde creo que, mientras los problemas no se ataquen de una forma global, no se van a conseguir grandes resultados, y es donde creo que España tiene que tener un papel protagonista. Le reclamo desde nuestra posición que se debe trabajar para conseguir que se establezcan posiciones comunes y que la estrategia de la Unión Europea en política de exterior y defensa sea común, que facilite la solución de estos problemas, porque, como vayamos por libre, conseguiremos bien poco, independientemente de las relaciones bilaterales que tenemos que tener cada uno de los países.
He tenido la oportunidad de leer, como comentaba el senador Anasagasti, sus reflexiones sobre su idea acerca del futuro de Europa, y le aseguro que básicamente estamos de acuerdo. Lo que le preguntaría es cuándo lo pondríamos en marcha. ¿Cuál es nuestro protagonismo? ¿Qué medidas vamos a tomar conjuntamente para que eso sea una realidad? Seguramente que, con nuestras apreciaciones y con las del resto de los grupos, podremos complementar esa idea que se tiene sobre el futuro de Europa y que me parece fundamental. Por ahí, repito, vendrán muchas de las soluciones que se plantean en el ámbito internacional.
En cuanto a Oriente Próximo y a Libia, que es el motivo de la comparecencia, señor ministro, es evidente que estamos viviendo un momento de extrema gravedad y de amenaza por lo que se ha dado en denominar el Estado Islámico, y España todavía está en una posición, si cabe, más comprometida por su situación.
Si nos referimos a dónde se comenta hoy que están los problemas —en Siria, Irak y Libia, sin olvidarnos de la franja de Gaza, a la que luego me referiré brevemente—, es evidente que existe un conflicto que se produce en tres dimensiones —en la política, en la militar y en la humanitaria, como dice la Estrategia de acción exterior—, que ha de afrontarse desde varias posiciones porque todos tienen consecuencias para el conjunto de Europa y especialmente para nuestro país —implicaciones como la seguridad, la inmigración irregular, la defensa de los derechos humanos en la lucha contra el tráfico de personas, aspecto este que me parece muy importante y al que ahora haré referencia—, además de otras variables que pueden afectar y muy gravemente como, por ejemplo, a nuestra seguridad energética, máxime teniendo en cuenta los problemas que está habiendo en el este de Europa y que es necesario afianzar para no tener comprometido nuestro modelo de seguridad energética.
En muchas de sus intervenciones —y hoy mismo, yo creo— ha hecho referencia a conceptos básicos en los que se está trabajando y con los que estamos de acuerdo —en la diplomacia preventiva, en el diálogo político, en la consolidación de las instituciones democráticas, a la que algunos compañeros han hecho referencia—, incluso a la Alianza de las Civilizaciones, que, por cierto, hoy no ha hablado de ella. No quiero recordar aquí la chanza y el desprecio con el que se trató este asunto, cuando se propuso por el anterior Gobierno y por su anterior presidente, pero, bueno, me alegro de que sea una realidad y un motivo más para llevar a cabo una diplomacia preventiva, al ser este uno de elementos que ayudan sustancialmente. Esa es una de las maneras de afianzar la diplomacia preventiva, y otra es la cooperación internacional, según mi criterio, y espero que no nos tengamos que arrepentir de haber recortado hasta los límites actuales sus partidas, que, como sabe, sirven para ayudar en origen la solución de todos estos problemas, en el más amplio sentido de la palabra de lo que es la cooperación internacional.
La otra gran cuestión que es importante abordar es la crisis humanitaria. En el último informe de Amnistía Internacional se habla del gran aumento de personas refugiadas. Usted ha dado hoy unas cifras escalofriantes: Siria puede llegar a los 4 millones de desplazados. Esto me parece importantísimo. Y esto no solo se debe a la inestabilidad en Oriento Próximo, en Libia, sino también al progresivo cierre de las fronteras terrestres de Europa y a la inexistencia de vías seguras para la entrada de estas personas. Esto es lo que dice el informe de Amnistía Internacional. Hace unas recomendaciones que son muy interesantes. Resaltaré solo una que me parece importante y en la que España debe trabajar y debe conseguir: es la revisión de la aplicación del Reglamento de Dublín con el fin de que se garantice de un modo coherente en toda la Unión Europea que se facilite la reunificación familiar y que sea coherente la estrategia de la recogida de los asilados. No sé si España en esto está suficientemente comprometida. El último informe de la CEAR establece que la cifra de reconocimiento de protección en España fue del 22% de la solicitudes, de las cuales, solo el 8% recibió el estatuto de refugiado. Estamos muy por debajo de la media de la Unión Europea, que se sitúa en un 34,5%, sin hablar de otros países que lo tienen más cerca y están muy por encima de todo eso. Considero que el papel de España en ese aspecto no es el más ejemplarizante, por las cifras que estoy comentando.
Diré respecto a Libia otro tanto de lo mismo. Además de la presencia de Bernardino León, nombrado enviado especial de la ONU para Libia, y de la importante reunión que se mantuvo a través de la iniciativa española el pasado día 17 de septiembre —esperemos que se consolide con esa próxima reunión que se va a celebrar dentro de unos días, que ya nos harán saber—, es absolutamente necesario que se siga trabajando primero por consolidar la dimensión institucional del país. Mientras no se arregle el problema, no puede haber dos gobiernos, dos parlamentos, no puede haber un país dividido. Por tanto, la primera medida que se debe tomar, evidentemente, es la aplicación institucional, en el mejor sentido de la palabra. Espero que seamos capaces de aportar en esa reunión una solución definitiva en conjunto con el resto de los miembros de la Unión Europea y que España pueda tener el protagonismo que le corresponde.
Hay una cuestión, señor ministro, que me tiene que explicar, y es que hace poco, en concreto, el día 20, el pasado lunes, ha habido una declaración común de los gobiernos de Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Estados Unidos, haciendo un llamamiento a la estabilidad, a la condena de la violencia, sobre el apoyo a Bernardino León, incluso se hizo referencia a la reunión de Madrid, y nosotros no hemos firmado ese documento. No sé si hemos hecho algo mal o no nos han invitado. Sinceramente, no me parece muy entendible que, dado el protagonismo que ha adquirido España en todo este asunto, no haya sido llamada o invitada a la firma de ese documento.
Le diré respecto a Gaza —brevemente—, señor ministro, que es necesario e indispensable retomar las negociaciones de paz —evidentemente, después del reconocimiento del Estado palestino—, pero empecemos por retomar las negociaciones de paz que posibiliten que esto sea una realidad, atendiendo a nuestra posición en el reconocimiento del Estado palestino.
Acabo, señor ministro, diciéndole lo que yo creo que se necesita: reclamamos un papel activo de España en la Unión Europea con el fin de aplicar políticas en materia de exterior y defensa que sean viables para la solución de los problemas a los que nos enfrentamos. Necesitamos una mayor implicación en la cooperación internacional como parte de la solución a los conflictos que hemos planteado y una mayor implicación en la ayuda humanitaria, porque es un deber proteger la vida de las personas y garantizar el asilo que solicitan.
Y un último aspecto que nada tiene que ver con lo que hemos estado hablando pero necesito preguntárselo y reclamarle su implicación. Existe la reclamación de una persona, Najat Dyani, que vive en España, cuya hija ha sido secuestrada en Marruecos, que está reclamando colaboración institucional. Necesitamos que se impliquen diplomáticamente para solucionar este problema. La hija es española, también tiene nacionalidad marroquí, pero reclamamos al Gobierno para que se implique en la solución de este problema.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, senador Sañudo.
El senador CHIQUILLO BARBER: Gracias, señor presidente.
Quiero iniciar mi intervención dando la bienvenida al señor ministro, mi querido José Manuel. Aunque el presidente haya hecho una mención clara, quiero felicitarle efusivamente, en nombre del Grupo Parlamentario Popular y en el mío propio, por la buena noticia para España que nos dio el pasado día 16:
ese gran éxito que ha sido entrar en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el periodo 2015-2016, gracias al buen hacer del Ejecutivo español, en contra ºarnado en su ministro de Asuntos Exteriores y su equipo, capitaneado por Gonzalo de Benito; una gran campaña. Esto pone de manifiesto que se van consiguiendo, sin prisa pero sin pausa, con esfuerzo y con dedicación, los objetivos de su primera comparecencia de la legislatura en esta casa, que he releído esta mañana; es un motivo de orgullo y de satisfacción el éxito que todos hemos conseguido. Enhorabuena, señor ministro —trasládesela a todo su equipo—, por ese brillante trabajo y su resultado.
He hecho referencia a su primera comparecencia en la Comisión de Asuntos Exteriores, porque ha comparecido en sucesivas ocasiones en esta casa. Y, si no lo ha hecho más veces, no ha sido por falta de compromiso, sino todo lo contrario: les recuerdo que ha habido dos comisiones que no se han celebrado por causas ajenas a su voluntad y a su compromiso. Como se ha deslizado en alguna intervención, cito la sesión que no se llegó a celebrar en diciembre de 2013, cuando el ministro estaba en la puerta del Senado; y otra que tampoco se celebró, en julio de 2014, aunque el ministro llegó a entrar en el Senado. Quiero dejar bien claro que el ministro siempre ha tenido total predisposición; es más: nos ha animado en cada encuentro a que le hagamos venir más. Es decir que, si no se han celebrado más reuniones de esta comisión con su presencia no ha sido por su culpa, todo lo contrario: estoy convencido de que él vendría cuantas veces se le requiriera, porque le gusta comparecer, le gusta dar cuentas, le gusta dar explicaciones y comprometerse y escuchar a los grupos parlamentarios.
Dicho esto, quiero agradecer, como he hecho en cada una de sus comparecencias, su presencia hoy aquí. Releo su primera comparecencia. En el primer semestre de 2012 nos dijo cosas que han ido cumpliéndose. Nos dijo aquella frase de «España ha vuelto, y ha vuelto, en política exterior, para quedarse y para jugar un papel en el concierto internacional». Lo dijo en 2012 y en estos dos años y medio se ha puesto de manifiesto que el Gobierno de España ha vuelto, está y tiene voz. Y, afortunadamente, a partir del 1 de enero de 2015, tendremos voz y voto en el concierto internacional, en el Consejo de Seguridad—.
Quiero agradecer sus palabras, su descripción real, cruda, del escenario de Oriente Próximo y de Libia. Ha hecho un repaso de los territorios que van de Egipto hasta Irán —pongo a Egipto en primer lugar, porque ha jugado un papel importante en alguna de las cuestiones positivas de los últimos dos años— y ha puesto de manifiesto la gravedad de la situación, la escalada en parte de la región, la fragilidad de los equilibrios que se han ido consiguiendo, y el hecho de que España en todo momento —en todo momento— ha tenido voz, ha tenido protagonismo y ha jugado un papel importante, sin ninguna duda, en el seno de la Unión Europea. Estoy seguro de que, a partir del día 1 de enero de 2015, va a seguir liderando esas reuniones con mayor motivo, con voz y con voto. Porque, si algo ha tenido este ministerio, este ministro que dirige la diplomacia española, ha sido voz clara, independiente, nítida, sin romper los acuerdos y las posturas de la política común europea. Ha tenido claridad y seriedad e independencia en todos y cada uno de los asuntos que he repasado: Siria, Irak, el tema kurdo, Israel y Palestina, y el tema de Gaza o la cuestión de Libia.
Por ejemplo, en el caso de Siria, España ha apoyado desde el primer momento todas y cada una de las iniciativas de búsqueda de una solución negociada que pusiera fin al conflicto: desde las iniciativas de la Liga Árabe, de enero de 2012, hasta el plan de seis puntos de Kofi Annan. En mayo de 2013, en el caso sirio, inició ese gran trabajo, esa primera reunión de grupos de la oposición para intentar la conciliación y conseguir los objetivos de paz, democracia y reconciliación. Además, no ha obstaculizado ni contradicho otras conversaciones que se han ido desarrollando, como las de Ginebra, entre el régimen sirio y la oposición. Liderar los encuentros de Córdoba y de Madrid, que se han celebrado y los que se van a celebrar, no ha sido sino sumar esfuerzos para conseguir que los acuerdos lleguen a Siria y puedan acabar la guerra civil cruel y sin cuartel, los crímenes contra la humanidad. España, dentro de sus posibilidades, se ha comprometido en proyectos de acción humanitaria y ha contribuido, como otros países de la Unión Europea, a hacer realidad una ayuda por valor de más de 2000 millones de euros.
En el tema de Irak, España ha dado también muestras de independencia, de sentido común y de no tener doble lenguaje. Se ha puesto al lado del Gobierno en la lucha contra el terrorismo —al lado del Gobierno y del pueblo de Irak— en todos y cada uno de los escenarios internacionales en los que, cuando menos, ha tenido voz; insisto en que, a partir de enero, tendremos voz y voto. Ha condenado firmemente la persecución religiosa que está llevando a cabo en Irak el grupo terrorista Estado Islámico; ha expresado su apoyo a la decisión de Estados Unidos de realizar ataques aéreos contra las posiciones ofensivas de las milicias del Estado Islámico en el norte de Irak; ha pedido en el seno de la Unión Europea un acuerdo político con suníes, chiíes y kurdos para combatir al Estado Islámico; ha pedido que las resoluciones de
Naciones Unidas para combatir el terrorismo y el terror del Estado Islámico, y los embargos a los grupos terroristas y yihadistas —la 2161/1999, la 1267/1999, la 1989/2011, la 2161/2014 y las más recientes 2170/2014 y 2178/2014— se lleven a cabo sin ningún tipo de reparo. España ha sido clara y firme en sus planteamientos en todos los foros internacionales.
España —como decía el ministro— está en el concierto internacional, España ha vuelto, y ha vuelto para quedarse en cuestiones en las que no es cómodo intervenir, en las que no es cómodo fijar posición. Pero España lo ha hecho con seriedad, con rigor y con compromiso.
España ha tenido un papel importante, a pesar de no estar en ese grupo en los temas de Siria e Irak, e incluso en cuestiones como las relativas a las negociaciones Unión Europea tres más tres relacionadas con Irán. España ha tenido un papel importante, a pesar de no estar en ese grupo. España siempre ha estado presente en ese diálogo porque entendemos que es positivo agotar todas las vías de diálogo diplomático, y prueba de ello es que en la cuestión iraní la próxima semana, el propio ministro de Asuntos Exteriores iraní visitará España, tendrá reuniones con el Gobierno español, con el ministro de Asuntos Exteriores en la línea de que lo último que hay que agotar es el diálogo, la diplomacia parlamentaria, esa diplomacia, hasta sus últimas consecuencias, porque no solo con el uso de las armas se van a poder combatir y solucionar los graves problemas, los conflictos que asolan a Oriente Próximo.
El Gobierno español ha tenido una postura clara desde el minuto uno en cuanto a Israel y Palestina. Ha lamentado con rotundidad y con firmeza las decisiones de nuevos asentimientos. Se ha preocupado por los problemas de la población civil palestina. Ha condenado con la misma rotundidad tanto el asesinato de los tres jóvenes israelíes como el asesinato del joven palestino en junio y julio de 2014, fecha de la última escalada. Asimismo manifestó su preocupación por la situación que vivía el sur de Israel y Gazna y llamó a la paralización de los ataques. Retiró su extremada preocupación por la situación de Gaza, por el conflicto que determinó esa escalada que ha conllevado un drama humanitario a miles y miles de ciudadanos en la franja de Gaza. Condenó el ataque a la escuela de Naciones Unidas en Gaza, la ruptura de la tregua en Gaza, el bombardeo a esa escuela —lo reitero— del 4 de agosto. Apoyó y manifestó su firme convicción en el diálogo, y respaldó y manifestó su satisfacción por el acuerdo de alto el fuego —frágil pero indefinido— en agosto de 2014 con la mediación y el gran papel que jugó Egipto. Condenó la confiscación de tierras en Cisjordania por las autoridades israelíes.
Ha tenido un papel claro y rotundo. Siempre ha apostado por los dos países que pueden cohabitar, coexistir, con respeto, con paz, seguridad y diálogo entre los dos países. Eso es lo que va a hacer esa política exterior en el nuevo período 2015-2016. Recientemente ha condenado la autorización de nuevos asentamientos en Givat Hamatos.
En cuanto a Libia, ha participado liderando ese diálogo entre las facciones, dialogando e impulsando esas conversaciones, poniendo de manifiesto y apoyando la renovación del mandato Finul en el Líbano, o las cuestiones que afectan a la paz en Yemen.
El Gobierno de España ha tenido —con valentía, con rigor, con firmeza, con seriedad, con independencia y con voz propia— un papel importante en estos dos últimos años y medio, que yo quiero poner en valor y reconocer al Gobierno de España y al jefe de la diplomacia española que hoy comparece con nosotros. Por eso quería plantear algunas preguntas y poner de manifiesto algunas dudas y preocupaciones.
He escuchado al ministro hace unos días en los medios de comunicación hablar de los riesgos del fundamentalismo y del yihadismo, del terrorismo, del Estado Islámico, de la posibilidad de un corredor que vaya desde el Índico hasta el Atlántico. Ese temor me imagino que está fundado en unos argumentos, en unas actuaciones, en unas informaciones y en las conversaciones internacionales que usted haya podido tener en el ámbito internacional. Me gustaría que, si puede, diera algunos argumentos más. Quisiéramos saber si es cierto, como se ha llegado a especular, que se están usando en este triángulo terrible de las últimas semanas de Siria, Irak y la región del Kurdistán armas químicas por el Estado Islámico y sus tropas.
Quiero poner de manifiesto el apoyo rotundo de mi grupo parlamentario a sus acciones y, de cara a estos dos años decisivos en el panorama internacional, sobre todo 2015, que nos dé cuenta de cuáles son las acciones, propuestas, prioridades, objetivos y compromisos de la diplomacia española que usted va a liderar en el Consejo de Seguridad con esa presencia, con voz y con voto; cuáles son las acciones, propuestas y prioridades que el Gobierno de España en esa política común europea va a liderar en Naciones Unidas para intentar en esta zona, que hoy es un avispero, una zona de gas, petróleo, donde todos los días un nuevo actor enciende una cerilla, como digo, intentar que la fragilidad, el conflicto y la
inestabilidad den paso a momentos de diálogo, paz y convivencia entre todas las religiones, entre todos los ciudadanos y entre todas las regiones que componen, repito, ese avispero que es Oriente Próximo.
Muchas gracias, señor presidente. Muchas gracias, señor ministro.
Espero, senador Chiquillo, que sus palabras iniciales acerca de las comparecencias o no del señor ministro en la comisión no fueran una crítica indirecta a esta Presidencia.
El senador CHIQUILLO BARBER: En absoluto.
El señor PRESIDENTE: Tiene la palabra el señor ministro para contestar a los portavoces.
Se lo digo siempre que comparezco, señor Anasagasti, yo también le echo de menos. Por eso he intentado comparecer, como ha recordado el portavoz del Grupo Popular, en dos ocasiones, en diciembre y en julio, en que me quedé compuesto y sin novia. Siento no haberles visto a ustedes, y sobre todo no haberle visto a usted. Mi amor está absolutamente compartido entre el Senado y el Congreso. «Tengo el corazón partío», como dice la canción. (Risas).
He tomado nota de los amables comentarios que ha dedicado usted a la señora Ashton, amables comentarios que yo no comparto. Entre otras cosas, ha puesto en marcha el Servicio Europeo de Acción Exterior y créame que no es una tarea fácil liderar e intentar llegar a consensos con 28 ministros de Asuntos Exteriores de países distintos, de partidos diferentes y que no deben su nombramiento y su cese a la alta representante, que así se llama.
En cuanto a Palestina, vuelvo a reiterar que España apuesta por la solución de los 2 Estados, entre otras cosas porque la solución alternativa, un Estado binacional, es una solución mala para los israelíes y los palestinos. La fórmula se resuelve en un Israel seguro, en una Palestina viable. El tercer punto es que la consecución de este objetivo, llegar a los 2 Estados, debe ser fruto de la negociación entre las 2 partes, sin perjuicio del reconocimiento del Estado de Israel por los países que todavía no lo han hecho. El desistimiento, como fue la retirada unilateral de Gaza, no es solución, como acabamos de ver. Hay muchas cosas que negociar: las fronteras sobre las líneas de 1967, el Estatuto de Jerusalén, el derecho de los refugiados, el agua y, sobre todo, la creación de una zona de libre comercio y de desarrollo mutuo de las 2 partes, de Israel y Palestina, esfuerzo que debería ser acompañado por una especie de Plan Marshall de la comunidad internacional en que la Unión Europea tenga un protagonismo especial.
Como monárquico, me ha emocionado su recuerdo emocionado al rey Idris. No sé si usted se propone formar parte de las juventudes monárquicas libias en estos años ya de madurez que hemos compartido tanto tiempo. En todo caso, yo no formo parte de esas juventudes monárquicas.
En relación con la integridad territorial, estamos muy cómodos, y lo estamos porque la comparten, sin excepción, 193 países de Naciones Unidas, es decir, todos. La integridad territorial la hemos mantenido cuando se ha hablado de Siria, de Libia, de Irak, de Georgia, de Crimea, de Lugansk, de Donetsk. En definitiva, la integridad territorial que está consagrada en Helsinki es uno de los pilares en los que se sustenta la estabilidad mundial, la convivencia y la paz, y por eso cualquier intento de romper esa integridad territorial goza de pocas simpatías en la Asamblea de Naciones Unidas. Que se defienda la integridad territorial no quiere decir que no se considere la posibilidad de un Estado federal en Libia. No es incompatible, lo importante es la integridad y la indivisibilidad del territorio allí y en todas partes.
Señor Sabaté, muchísimas gracias por su felicitación en el Consejo de Seguridad. Me consta el apoyo explícito de todas las señorías que nos han acompañado en este proceso. Recibí felicitaciones de muchos de ellos, que agradezco.
Coincido con usted en que el islamismo radical no solo es el mayor desafío al que se enfrenta en estos momentos la comunidad internacional. Es un desafío nuevo, inédito. Me decía el presidente de la República de Túnez que si hace unos años se hubiese hablado de un califato islámico, en todos los zocos y en todas las medinas se hubiese producido una carcajada general. Ahora es un fenómeno que se toma absolutamente en serio. Estamos, por tanto, ante un fenómeno —lo he intentado decir antes— que nada tiene que ver con los terrorismos locales que hemos conocido. Es un terrorismo de nuevo cuño, que pone en cuestión el Estado westfaliano, el Estado soberano, la integridad territorial, los valores de la laicidad en el mejor sentido del término y que considera enemigos no solo a todos los infieles, sino a aquellos
musulmanes que no comparten una visión del Islam como la que ellos tienen. Intentar hablar de democracia en movimientos que creen que la ley civil es la sharia y, por tanto, una ley inspirada desde fuera, es una contradicción en los términos. Son fenómenos no mezclables.
Coincido con usted en que probablemente hubo un tiempo en que existió la ingenuidad de creer que la democracia se podía exportar como el Nescafé soluble. Es obvio que esto no ha sido así, que hay una situación mucho más compleja en países de esta zona, que hay divisiones religiosas y étnicas que son difíciles de comprender por una mentalidad occidental. Probablemente, habría que retrotraerse a los albores de la Edad Media para encontrar un fenómeno parecido en Occidente. Cuando se producen esas fracturas sociales sobre emociones tan fuertes como las emociones religiosas, el asunto no es nada sencillo.
Ha hecho usted unas reflexiones sobre Assad. No es el primero que las hace. Algunos países de la región han llegado a decirme que visto lo que ha pasado, a lo mejor hubiese sido bueno haber mantenido el régimen de Assad. Lo que pasa es que el régimen de Assad cruzó todas las líneas que se pueden cruzar. Por consiguiente, el régimen de Assad desde el mismo momento en que masacró a su propio pueblo, utilizando incluso armas químicas, está deslegitimado y la comunidad internacional no se va a apear de ese principio. Otra cosa es que haya que encontrar un representante de la minoría alauí, que representa el 13% de la población siria, para buscar un entendimiento y dar un lugar al sol a todas las minorías. Coincido —lo ha dicho el senador Sedó— en que probablemente las más amenazadas son las minorías religiosas. Lo que ha ocurrido en Mosul, lo que ha ocurrido con los yazidíes, etcétera, demuestra hasta qué punto el movimiento extremista islámico es intransigente con aquellos que no participan de su peculiar visión del Islam. Y quiero insistir en la peculiar visión del Islam porque siempre he creído y creo que el Islam es una religión de paz, y que lo que se está produciendo en estos momentos es una adulteración de esa religión que a quien más perjudica es a los propios países de creencia musulmana. Sabe usted que en Occidente hubo un punto de no retorno en la crisis siria cuando se anunció que la utilización de armas químicas constituye una línea roja que sería debidamente contestada. Ni se materializó en qué iba a consistir la respuesta, ni en el fondo hubo una respuesta contundente, aunque sí se abrió una negociación sobre la destrucción de armas químicas a las que me he referido en mi intervención, y eso sí que es una buena noticia.
Señor Sedó, como ha recordado el senador Chiquillo, insisto en que el Gobierno, como todos los de la Unión Europea, está insistiendo mucho en que hay 2 test para aceptar como legítimo un gobierno: el respeto a la libertad religiosa y el respeto a los derechos de las mujeres. Religión y género son 2 test que, con las imperfecciones democráticas representativas que haya, son absolutamente infranqueables, y en ese tema vamos a insistir. Usted sabe que los tratados, cosa que no hace la Constitución española, hablan de la libertad religiosa como un derecho individual y también como un derecho de grupo, algo en lo que participamos el Gobierno italiano y nosotros al tiempo que pedimos su desarrollo y lo seguiremos pidiendo.
En cuanto a Palestina, le he dicho lo que pienso, y ha aludido usted también al norte de África. En el norte de África hay una amenaza hacia la seguridad de Occidente, a Europa y a su frontera sur en los términos estrictos que por seguridad se entiende. Y hay otro fenómeno, el de la inmigración. La inmigración desde Libia a nosotros no nos afecta, pero sí afecta fundamentalmente a Italia, país que de los 130 000 inmigrantes que tuvo en el último año, 100 000 procedían de Libia. Pero, como usted sabe, en ese tema hemos estado muy activos.
Usted y yo, que somos mediterráneos, celebramos que hayamos resucitado un grupo, que se llamaba el Grupo del Mediterráneo, formado por los 7 países ribereños, cuya primera reunión tuvo lugar en Alicante para hacer una declaración sobre inmigración que ha sido seguida y apoyada por la Unión Europea. La siguiente reunión fue la conferencia que se celebró en Madrid sobre Libia. El problema de estas reuniones se centra en a quién se invita y a quién se deja fuera. Por tanto, hay que intentar buscar criterios objetivos. El criterio objetivo al que nosotros llegamos, con acierto o con error, fue coger a los 7 del Grupo del Mediterráneo, y de los países del sur a los que forman parte del 5+5, es decir, Mauritania, Marruecos, Túnez, Libia y Argelia, más los llamados países vecinos que eran Egipto, Sudán, Níger y Chad.
En la Conferencia de Nueva York estuvieron 13 países, entre los cuales no estaban todos los que formaron parte del grupo 16, un grupo hecho a iniciativa de los Estados Unidos de América y en cuyo formato no podremos intervenir. Eso nos crea un problema puesto que vamos a ser huéspedes del grupo de los 13 y hemos tenido alguna reclamación por parte de los miembros que componen el grupo de los 16
desde el grupo 13. Nosotros no podemos modificar el grupo 13, pero sí podemos convocar una reunión posterior del grupo de los 16 para dar cuenta de cómo se ayudó a eso.
Senador Sañudo, muchísimas gracias. Recibí llamadas personales de su grupo; llamé y pedí ayuda a algunos representantes del Grupo Socialista cuando la pelea estaba en su momento más álgido en un país que tenía muy buenas cartas para habernos disputado la candidatura.
Como he dicho y desarrollo ahora —y está en las líneas de Estrategia de acción exterior—, yo coincido en que la acción diplomática, la acción exterior debe ser multifacética. Es verdad que hay unas operaciones de mantenimiento de la paz. España ha participado hasta ahora con 130 000 hombres desde la primera operación que tuvimos en Angola. En estos momentos tenemos soldados en Afganistán, Libia, Somalia, Mali y República Centroafricana. Estamos formando gente en Níger y vamos a formar también en Irak; es decir, en ningún caso hemos eludido nuestra responsabilidad y nuestra cuota parte en estas operaciones de mantenimiento de la paz. Y además hemos auspiciado una democracia preventiva. Usted se ha referido a la Alianza de Civilizaciones y yo quiero referirme a ella y también al Centro de Diálogo Intercultural Interreligioso, que patrocinamos con Arabia Saudita y que está en Viena.
He asistido a todas las reuniones de Alianza de Civilizaciones sin excepción, y en las 2 últimas, una celebrada en Bali y otra en Nueva York, propuse, y fue bien aceptado, que había que darle más contenido, había que darle más chicha a la Alianza de Civilizaciones. Las propuestas concretas —que ustedes trasladarán al senador Anasagasti porque creo que le gustará ya que veo que no está en este momento en la sala— consisten en que completemos la Alianza de Civilizaciones con una red de parlamentarios de los países amigos de la Alianza. Si estamos propugnando los derechos humanos, la democracia representativa y, en definitiva, el Estado de derecho, los parlamentarios pueden jugar un papel importante en ese tema. He propuesto también la creación de una red de expertos religiosos que acompañen a los enviados especiales y a las misiones de Naciones Unidas en el terreno en todos aquellos conflictos, que son muchos, en que el conflicto religioso sea una de las raíces que expliquen la desestabilización de la zona. Y he pedido, porque yo soy gramsciano, el análisis concreto de la realidad concreta, que nos centremos en unas cuantas iniciativas bien seleccionadas. Una es el tema de los medios, las redes de comunicación, que son el vehículo a través del cual se desvirtúa el mensaje del Islam que acaba en el extremismo; otra es la de la educación, que me parece capital; y otra es la igualdad de géneros, especialmente en la educación. Creo que el secretario general está más que de acuerdo sobre ese tema y vamos a hacerlo. También formamos parte, como he dicho, del Centro Cultural e Interreligioso. Creo que España debe hacer honor a su tradición histórica. Fuimos Hispania para unos, Sefarad para otros y Al Andalus para otros, y hemos demostrado en nuestro nuevo camino democrático que somos capaces de entendernos y de convivir entre nosotros cualesquiera sean las diferencias subyacentes en nuestras formas de entender la vida.
Además de creer en esa democracia preventiva, creemos también en la mediación. Formamos parte del Grupo de Amigos de la Mediación en Naciones Unidas y hemos liderado con Marruecos un Grupo de Mediación en el Mediterráneo al que se están uniendo muchos países y cuya última reunión tuvo lugar en Eslovenia. Creemos que la mediación puede ser un instrumento clave para resolver los conflictos sin necesidad de llegar a la solución militar. Y también participamos en la solución posconflicto. Nosotros tenemos el programa Masar, que significa camino en árabe, para los países del norte de África; tenemos el programa APIA para los países subsaharianos, y estamos más que dispuestos a propiciar, exportar o exhibir nuestras experiencias en materia judicial, de fiscalía, de fuerzas de seguridad y de fuerzas armadas, en definitiva, de eso que se llama la buena gobernanza. Por tanto, en los 3 factores de prevención, mediación y resolución de conflictos vamos a jugar un papel muy importante en Colombia —aunque sé que esto no es objeto de esta discusión—, pues vamos a liderar el posconflicto cuando se llegue a un acuerdo entre las FARC y el Gobierno.
Me pregunta usted por qué no estábamos en el documento firmado por Francia, Alemania, Italia, Reino Unido y Estados Unidos. Pues no estábamos porque no podíamos estar, puesto que esto es un documento del G-7, del que nosotros no formamos parte. Sí estamos en la reunión de Nueva York y en el Grupo 16, pero este documento no tiene ninguna contraindicación, y lo podemos suscribir. Lo que pasa es que eso se produce en el formato de un grupo de países que constituyen un grupo en el que nosotros no estamos, pero no hay ni la menor reticencia ni la menor indelicadeza por parte de nuestros socios.
Coincido totalmente con usted en que debemos avanzar en una política exterior y de seguridad común más activa de la que tenemos en la Unión Europea, y créanme que vamos a hacer todos los esfuerzos que podamos. En este período del Consejo de Seguridad es nuestro propósito, aunque modesto, fomentar
la cooperación de los 4 países de la Unión Europea que vamos a coincidir en el Consejo de Seguridad. En esta campaña, que ha contado con 200 veces menos de recursos que Turquía en términos exactos, hemos sacado algunas lecciones. La primera es que deberíamos aplicar el principio de preferencia comunitaria; es decir, siempre que haya un país de la Unión Europea que sea candidato a una organización internacional, debe ser apoyado por el otro; nosotros hemos sido apoyados por todos menos por uno. En segundo lugar, también hemos propuesto que no se produzcan conflictos entre países de la Unión Europea en el próximo período —no es el caso ahora—; se presentan 3 candidatos para 2 puestos, los 3 de la Unión Europea: Países Bajos, Italia y Suecia, y necesariamente uno quedará fuera. Creo que eso lo deberíamos resolver entre nosotros. En tercer lugar, he propuesto tener reuniones periódicas previas antes de cada Consejo de Seguridad para ir ahormando posturas, de modo que la Unión Europea vaya presentándose de forma más armónica, más uniforme, cosa que no es el caso. Por cierto, cambia mucho la vida cuando uno se sienta en el Consejo; te encuentran mucho más simpático que cuando tienes voto.
En cuanto a Libia, el gran problema —y vuelvo a la integridad territorial— sería o la guerra civil abierta o la implosión del país en 3 zonas: el este, Bengasi, donde está el petróleo; el oeste, donde está la gente, que sería una amenaza muy seria para Túnez que tiene más de un millón de libios; y el sur para nadie, lo que se convertiría en un vivero desde el que la plataforma terrorista avanzaría el conflicto, es decir, la interconexión entre Mali, Argelia y Túnez es evidente, porque allí no hay fronteras y son muy difíciles de controlar. En todo caso, el tema Libia a nosotros nos importa mucho.
Señor Chiquillo, yo le agradezco muchísimo las palabras de ánimo, que en estos tiempos de turbulencia siempre son más que bienvenidas. ¿Cuáles son los objetivos y prioridades de la acción exterior española? Pues los que figuran en la Estrategia de acción exterior. Si hemos hecho el ejercicio de una reflexión que fije unos objetivos, unos valores y unas prioridades, más las acciones y los instrumentos, es para que todo el mundo, no solo en España, sino fuera de España, sepa cuál es la posición española; estrategia que, por cierto, se está traduciendo al inglés y que será discutida en un grupo de think tanks exteriores porque es una relativa novedad en el mundo internacional.
¿Dónde España puede prestar una colaboración más importante, más apreciada, es decir, dónde nosotros aportamos valor? Es obvio que aportamos valor en América Latina, y vuelvo a hablar del proceso de Colombia. Es obvio que lo aportamos en el norte de África, pues somos el primer socio comercial de Marruecos; somos el primer socio comercial de Argelia, importamos un 45% de gas de ese país, tenemos 2 gasoductos que unen la península ibérica con Argelia, el otro conecta Italia, y Argelia tiene su red conectada con Nigeria, y en estos momentos en que hay que disminuir la dependencia energética de Rusia, eso tiene un enorme valor. El segundo valor que se puede aportar es el Plan solar mediterráneo, energía solar en el norte de África, que también tendríamos que importar nosotros o, para ser más exactos, que se importaría a la Unión Europea a través de la península ibérica. Contamos con 7 estaciones de regasificación, más que toda la Unión Europea juntos, y ahora lo que toca es terminar las interconexiones con Francia, porque mientras esas interconexiones no se produzcan, no tiene sentido que importemos un gas o una energía eléctrica en que hay un exceso de capacidad. Ese es el planteamiento que lleva el presidente de Gobierno al Consejo Europeo que se inicia allí. No es sencillo, ustedes saben que nosotros antes de cada Consejo Europeo tenemos una videoconferencia con todos los embajadores que están en los países de la Unión Europea para ir conociendo su posición en cada uno de los temas concretos. No es sencillo, va a ser complicado, pero es un tema en el que vamos a insistir. Y el Grupo del Mediterráneo se va a reunir otra vez para hablar de energía y despertar a aquellos países que son más reticentes. Y no le diré mucho más sobre ello.
En cuanto al corredor yihadista, señoría, en estos momentos Al-Qaeda, que funciona como una franquicia que muta, tiene una serie de movimientos que están en Indonesia; Al-Qaeda hizo una amenaza reciente en India, tiene usted los tamiles en Sri Lanka, tiene usted toda la región del Golfo y de Oriente Medio de la que no tengo que hablar, y a la puerta de casa tenemos desde Al-Shabab en Somalia, a Muyao, Ansar Dine, Ansar al Sharia, Boko Haram en Nigeria, etcétera, que forman parte de una constelación difusa, pero una constelación que responde a los mismos objetivos que, en definitiva, es la destrucción de la libertad y la democracia allí donde se produzca, en los países musulmanes y, desde luego, la lucha capital contra Occidente, al que siguen calificando como los cruzados, como si Saladino no hubiese muerto. Por tanto, estamos en una situación muy complicada.
Yo agradezco la atención que ustedes me han dispensado. Saben que esto evoluciona a una gran velocidad y, por tanto, que hay cosas en que puedo hacer reflexiones más elaboradas y otras más embrionarias, pero prefiero hacer reflexiones embrionarias, a riesgo de equivocarme y compartirlas con
todas las fuerzas políticas, que reservarme la información que voy teniendo. Y esa es la disposición que he tenido siempre, que tengo ahora, y reitero mi voluntad de venir aquí, aunque solo sea para ver al senador Anasagasti.
Damos aquí por terminada la comparecencia del señor ministro, dada además la hora, ya que tenemos que dictaminar un proyecto de ley. Le agradezco, señor ministro, su presencia y su detallada contestación a todas las preguntas que han planteado los portavoces. Y le reitero que esperamos verle en un futuro relativamente próximo para seguir hablando de estos temas que están en tan rápida evolución y que, por lo tanto, cambian casi de un día para otro.
Muchísimas gracias de nuevo, señor ministro.
El señor PRESIDENTE: Pasamos al punto que figura con el número 4 en el orden del día, que es dictaminar el proyecto de ley de tratados y otros acuerdos internacionales.
A este proyecto se había presentado un veto que ha sido retirado verbalmente por el senador Anasagasti, del Grupo Parlamentario Vasco. Además, al no estar él presente, decaería. Y luego se han presentado 194 enmiendas que vamos a debatir.
En primer lugar, enmiendas números 1 a 35, presentadas por los senadores Jesús Enrique Iglesias Fernández y José María Manuel Mariscal Cifuentes, del Grupo Parlamentario Mixto.
Seré breve. Doy por defendidas las enmiendas presentadas por mis compañeros.
A continuación, corresponde debatir las enmiendas 184 a 194, del Grupo Parlamentario Vasco, que teóricamente al no estar el señor Anasagasti, decaen.
La señora MENDIZABAL AZURMENDI: Perdón, señor presidente. He hablado con el senador Anasagasti y me ha pedido que las dé yo por defendidas.
El señor PRESIDENTE: Las da por defendidas, en cuyo caso pueden pasar al Pleno.
A continuación, corresponde debatir las enmiendas 36 a 111, presentadas por el Grupo Parlamentario Entesa.
Tiene la palabra el senador Sabaté.
En este momento las doy también por defendidas y ya nos posicionaremos en el Pleno.
El Grupo Parlamentario Catalán en el Senado Convergència i Unió ha presentado las enmiendas números 112 a 127.
Tiene la palabra el senador Sedó.
El señor SEDÓ ALABART: Gracias.
También las damos por defendidas y expondremos nuestros argumentos en el Pleno.
El Grupo Parlamentario Socialista ha presentado las enmiendas 128 a 168.
Tiene la palabra la senadora Fernández.
La señora FERNÁNDEZ PENA: También las damos por defendidas, señor presidente, y mantendremos nuestra postura en el Pleno.
Por último, el Grupo Parlamentario Popular ha presentado las enmiendas 169 a 183.
Esas enmiendas fueron incorporadas en el dictamen de la ponencia. Todas las enmiendas del Grupo Parlamentario Popular quedaron incorporadas entonces.
Turno en contra. Tiene la palabra el senador Chiquillo.
El senador CHIQUILLO BARBER: Lógicamente, dado que todos los grupos parlamentarios las han dado por defendidas, intervengo en nombre del Grupo Parlamentario Popular para darlas todas por no aceptadas. En este sentido, en el Pleno daremos nuestras razones.
¿Desea intervenir algún senador? (Pausa).
Señorías, tenemos que votar el informe de la ponencia que todas sus señorías conocen.
El señor PRESIDENTE: Queda aprobado el informe de la ponencia en relación con el Proyecto de Ley de tratados y otros acuerdos Internacionales.
Procede designar al representante de la comisión que ha de presentar el dictamen en el Pleno. (Varios señores senadores: El presidente).
El señor PRESIDENTE: Siguiente punto del orden del día: dictamen de tratados y convenios internacionales.
¿Algún senador desea intervenir? (Pausa).
El señor PRESIDENTE: Punto siguiente del orden del día: Acuerdo de Sede entre el Reino de España y la Unión Europea (Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo), hecho en Bilbao el 31 de marzo de 2014.
También es necesario designar a la persona que ha de presentar el dictamen de estos convenios ante el Pleno. (Varios señores senadores: El presidente).
Asumo con mucho gusto la designación.

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