Source: https://issuu.com/minseg/docs/libroministerior_para_web_
Timestamp: 2017-01-24 07:29:46+00:00

Document:
Género y Seguridad Ciudadana: en busca de la igualdad by Ministerio de Seguridad de la República Argentina - issuu
G茅nero y Seguridad Ciudadana:
Ministerio de Seguridad de la Naci贸n
Ministerio de Seguridad. Presidencia de la Nación
Secretario de Coordinación, Planeamiento y Formación
Dr. Gustavo Palmieri
Secretaria de Cooperación con los Poderes Judiciales,
Subsecretario de Investigación del Delito Organizado y Complejo
Subsecretario de Políticas de Seguridad e Intervención Territorial
Lic. Mauro Sestúa
Mag. Cecilia Ales
Dr. Esteban Rosa Alves
Subsecretaria de Gestión Administrativa
Subsecretaria de Articulación con los Poderes Judiciales y
Dra. Ileana Arduino
Subsecretario de Articulación Legislativa
Dra. Natalia Federman
Género y Seguridad Ciudadana : en busca de la igualdad / coordinado por Natalia
Federman y Victoria Meza.
1a ed. - Buenos Aires : Ministerio de Seguridad de la Nación, 2012.
196 p. ; 24x16 cm.
ISBN 978-987-27467-2-8
1. Seguridad Publica. I. Federman, Natalia, coord. II. Meza, Victoria, coord.
Fecha de catalogación: 29/05/2012
Género y Seguridad Ciudadana: en busca de la igualdad
Agradecemos a Melina Silbergleit y Virginia Isnardi
Publicación del Ministerio de Seguridad de la Nación
Av. Gral Gelly y Obes 2289 – CP 1425
Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Argentina. Junio de 2012
Tel: 54 (011) 4809-1600/ 0800-555-5065
Prólogo de la Sra. Ministra de Seguridad de la Nación, Dra. Nilda Garré
Diagnóstico sobre las Condiciones de Mujeres y Varones en las
• Encuesta al Personal de las Fuerzas Policiales y de Seguridad
Grupo de Trabajo para el Estudio de las Condiciones de Acceso,
Permanencia y Progreso de Mujeres y Varones en el ámbito de las
• Informe Final del Grupo de Trabajo
• Pautas Mínimas para los Regímenes de licencia por maternidad y
lactancia en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad, y para
el Régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de
instrucción y otros para mujeres embarazadas y en período de lactancia (Resolución N° 469/11. Implementación)
• Prohibición de acciones que impidan el ingreso y permanencia a los
Institutos de Formación/Reclutamiento de personas con hijos/as a cargo o personas legalmente a cargo y mujeres embarazadas y lactantes
(Resolución N° 472/11. Implementación)
• Eliminación de la solicitud de autorización para contraer matrimonio
como requisito previo para su realización, para la Policía Federal Argentina y a la Prefectura Naval Argentina. (Resolución N° 548/11. Implementación)
• Prohibición de acciones que limiten las condiciones de ascender o de
realizar cursos condicionantes de ascenso al personal que se encuentre embarazada o en período de lactancia. (Resolución N° 1079/11)
• Creación del Grupo de Trabajo (Resolución N° 58/11)
• Prohibición de la limitación de vacantes por género para el ingreso a
los Institutos de Formación/Reclutamiento de las Fuerzas Policiales y
de Seguridad que no respondan a las exigencias legales y al orden de
mérito alcanzado en los procesos de selección. (Resolución N° 16/12)
Centros Integrales de Género
• Creación de los Centros Integrales de género. (Resolución N° 1021/11)
• Denuncias ante el Ministerio de Seguridad y otros organismos competentes. (Resolución N° 1019/11)
• Respeto a la identidad de género adoptada por personas travestis,
transexuales, transgénero e intersexuales. (Resolución N° 1181/11)
• Actuación policial ante casos de Violencia Sexual (Resolución N°
1167/11).
• Violencia Familiar (Convenio Marco de Cooperación entre la Corte
Suprema de Justicia de la Nación y el Ministerio de Seguridad)
"Género y seguridad ciudadana: en busca de la igualdad"
Durante mi gestión como Ministra de Defensa, aproveché cada 8 de marzo
para dar cuenta de todas las acciones realizadas en materia de género y renovar el
compromiso hacia el futuro. Desde el cargo que ocupo ahora, Ministra de Seguridad,
quiero continuar esa tradición y presentarles hoy "Género y seguridad ciudadana: en
busca de la igualdad".
La implementación de políticas de género constituye un nuevo paradigma que,
basado en la equidad y la igualdad, pretende impactar de modo diferencial en las
formas de organización de la vida familiar, el trabajo y el desarrollo profesional de las
personas, sean estas varones o mujeres.
La seguridad no es un tema que interpele a todos y todas por igual. En sus
múltiples formas de ser concebida, tanto como derecho, como garantía y también
como espacio laboral posible, la seguridad se fue definiendo como un tema netamente
masculino, en tanto fueron los ciudadanos varones quienes tenían el poder político
de diseñar los lineamientos de gobierno vinculados a la seguridad de la ciudadanía
-masculina también-. Fueron los varones quienes trabajaban en todos los sistemas
asociados a ella (jueces, policías, abogados, prefectos, gendarmes) y quienes,
además, se presentaban como potenciales amenazas de la misma. Esta impronta
masculina que caracterizó en sus comienzos a la cuestión de la seguridad y la justicia
hizo que mujeres y varones se vincularan de modo diferente a ella.
La seguridad de la mujer estaba garantizada por los hombres de la familia,
quienes le proveían (al menos en principio) un espacio seguro que resguardara su
reputación y le permitiera realizar las tareas vinculadas al cuidado del hogar y la
familia. Uno de los efectos más evidentes de esta situación era el desentendimiento
del Estado respecto de la violencia que las mujeres pudieran atravesar dentro de los
límites del hogar. Al ser considerado una cuestión del ámbito privado, los derechos de
las mujeres quedaban negados o sin ser cuestionados.
Así, las instituciones encargadas de resguardar la seguridad ciudadana se fueron
organizando sobre la base de lógicas institucionales que interpretaban el universal
masculino como políticamente neutro. Todas las Fuerzas comparten entre sí hitos
fundacionales sustentados en simbologías que remarcan ciertas capacidades de sus
miembros: el ejercicio de mando, el liderazgo, la fuerza física, entre otras. Todas ellas
resultan aptitudes consideradas básicas para los cuerpos policiales y generalmente
asociadas, en nuestra sociedad, a atributos o cualidades masculinas.
Hoy, que nos encontramos en el desafío de construir un modelo democrático
de seguridad ciudadana, debemos emprender seriamente la tarea de pensar a los
derechos humanos –y a la igualdad de género- tanto como un principio que debe ser
garantizado y resguardado por el sistema de seguridad del Estado, pero que también
debe ser garantizado al interior de ese mismo sistema.
No basta con incluir las cuestiones de género de modo declarativo. El
desafío es modificar las prácticas cotidianas que continúan reproduciendo los
estereotipos sociales, al ubicar a las mujeres en situaciones de mayor vulnerabilidad y
discriminación que a sus pares varones. Es precisamente esta situación la que, lejos
de anular la acción política, promueve constantes desafíos en pos de la concreción
de los principios democráticos. Incorporar estos lineamientos implica revisar modos
históricos de funcionamiento y actuación de varones y mujeres en relación a las fuerzas,
pero también en relación a otros ámbitos de la vida. El desafío es grande, porque la
desigualdad de género no es patrimonio exclusivo de las instituciones vinculadas a la
seguridad, sino que encuentra su razón en los valores de una época y una sociedad
determinada, así como en las historias personales y los procesos de socialización por
los que hemos atravesado.
La incorporación de mujeres a los contingentes policiales y de seguridad es una
cuestión que ha sido resuelta en diferentes momentos en cada fuerza. Muchas veces,
dentro de una misma institución, el proceso de ingreso fue desigual entre escalafones
de oficiales y suboficiales. A pesar de estos modos diferenciales de incorporación,
todas las fuerzas comparten el número significativamente menor de representación
femenina. Es de notar que la mayoría de mujeres se ubica en los escalafones
subalternos y que son pocas aún las que llegan a los altos puestos jerárquicos.
Todas estas circunstancias nos impulsan a diseñar una política de género que
comience a revertir, en el ámbito de la seguridad pública, las situaciones estructurales
de desventaja reseñadas. El material que aquí presentamos da cuenta de las tareas
realizadas en este primer año de gestión.
En primer lugar, encontrarán una síntesis del diagnóstico sobre las condiciones
de mujeres y hombres en las Fuerzas Policiales y de Seguridad, que presenta los
resultados de la encuesta desarrollada durante el año 2011, de modalidad anónima,
que tuvo por objeto contar con una fotografía inicial de la situación. Quisimos comenzar
escuchando las vivencias de quienes integran las fuerzas.
Esta primera etapa de diagnóstico y observación fue acompañada por el análisis
de las pautas institucionales que regulan las condiciones de ingreso, permanencia y
ascenso de las mujeres en las Fuerzas Policiales y de Seguridad, por parte de un Grupo
de Trabajo creado a tal efecto. La labor de dicha comisión y las recomendaciones
efectuadas también se encuentran reseñadas.
A continuación, encontrarán la serie de resoluciones adoptadas a fin de asegurar
un trato igualitario y no discriminatorio, eliminando las pautas que concebían a la
maternidad como un obstáculo o límite en el ingreso, permanencia o ascenso dentro
de las Fuerzas. De este modo, en relación al ingreso, se prohibieron acciones que lo
impidieran o limitaran la permanencia en los Institutos de Formación/Reclutamiento
de las personas con hijos/as a cargo, o con personas legalmente a cargo y mujeres
embarazadas y lactantes. En relación a la permanencia, se adoptaron pautas mínimas
para los Regímenes de licencia por maternidad y lactancia en el ámbito de las
Fuerzas Policiales y de Seguridad y para el Régimen de guardias, actividades de tiro,
ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas y en período
de lactancia. En el mismo sentido, se establecieron pautas para asegurar que las
mujeres embarazadas o en período de lactancia no vieran obstaculizadas o retrasadas
sus oportunidades de ascenso por dicha circunstancia. Por otra parte, se dictó una
resolución tendiente a eliminar la necesidad de solicitar una venia o autorización de
los y las integrantes de las Fuerzas para contraer matrimonio como requisito previo
para su realización. En el mismo orden de ideas, y a fin de asegurar condiciones de
ingreso equitativas a las Fuerzas, se prohibió la limitación de vacantes por género en
En el entendimiento de que una mirada institucional sensible al género debe
asegurar espacios destinados a la recepción de las consultas y denuncias de los
integrantes, se crearon en el ámbito de cada una de las Fuerzas, Centros Integrales
de Género, entendidos como espacios de orientación, denuncia y asesoramiento en
vistas a fortalecer la integración de las mujeres en las Fuerzas. Asimismo, con el fin
de estimular la difusión y el acceso a los mismos en todo el territorio, se conformó un
sistema de referentes de dichos Centros. Los integrantes del Centro y sus referentes
han realizado el Curso Virtual de Género y Derechos Humanos realizado junto con
la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia y
Derechos Humanos, a cargo de María Cristina Pérceval, a quien agradecemos su
generosa colaboración.
La adopción de medidas positivas, para asegurar el acceso de los y las
denunciantes a las instancias competentes, fue una especial preocupación del
Ministerio de Seguridad. En este sentido, además de difundir canales de denuncias,
como el 0800 555 5065, y la creación de centros especializados de atención, adoptamos
una resolución para proteger a los y las integrantes de las Fuerzas Policiales y de
Seguridad que se presenten a denunciar casos de acoso sexual, violencia laboral, o
cualquier otra irregularidad cometida por miembros de esas instituciones.
En otro orden de cosas, y entendiendo que nuestra sociedad históricamente ha
legitimado una única concepción del género y la sexualidad, produciendo diversas
formas de discriminación y exclusión hacia las personas que, en el desarrollo de su
personalidad, conforman una identidad que no coincide con el sexo morfológico con
el que fueron inscriptas al nacer; se han implementado medidas a fin de asegurar
el respeto a la identidad de género adoptada por personas travestis, transexuales,
Bajo la premisa de que una política de seguridad, para ser considerada
democrática, debe poner especial atención a los delitos que afectan a las
mujeres, reseñamos las políticas en curso relacionadas a la violencia de género y
el rol fundamental que tienen los integrantes de las Fuerzas destinados al área
metropolitana, en tanto tienen el primer contacto los ciudadanos y las ciudadanas. En
este aspecto, hemos trabajado coordinadamente con el Programa las Víctimas contra
las Violencias, dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a fin de
establecer pautas de actuación frente a víctimas de violencia sexual. Por otra parte,
gracias a la invalorable colaboración de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, a cargo de la Dra. Elena Highton de Nolasco, con
quien celebramos un Convenio de Cooperación, hemos capacitado a las Fuerzas en
la problemática de la violencia intrafamiliar, asegurando un abordaje específico para
garantizar la protección de las víctimas de estos delitos.
El desafío de una agenda de género desde y hacia las fuerzas implica un trabajo
que debe ser sostenido en el tiempo. También implica analizar las lógicas que subyacen
en las estructuras profundas de la organización, enfocándose en sus prácticas. La
atención de casos y denuncias de discriminación en razón de género, de acoso sexual
o de incorrecta intervención policial frente a hechos de violencia de género, nos han
dado la oportunidad para detectar y remover los factores que favorecen estas prácticas
y desde allí comenzar a pensar nuevas formas de trabajo. Este primer año de gestión
ha contado con la valiente cooperación de mujeres que se han animado a poner en
conocimiento del Ministerio las situaciones padecidas. Gracias a ellas, hemos podido
detectar normas y prácticas existentes en las Fuerzas Policiales y de Seguridad que
requerían reformas indispensables para su adecuación a la Constitución Nacional y a
los Instrumentos Internacionales de Protección en materia de Derechos Humanos, sin
por ello descuidar sus demandas individuales.
Por último, quiero destacar que las políticas reseñadas tienen como fundamento
la convicción de que, si las Fuerzas Policiales y de Seguridad carecen de los principios
de respeto a las normas básicas de diversidad y pluralismo, pilares de una sociedad
democrática, difícilmente puedan ser un instrumento útil para la garantía de los
derechos de los ciudadanos y las ciudadanas. Es esta la creencia que nos anima a
enfrentar los desafíos por delante.
Diagn贸stico sobre las Condiciones de Mujeres y
Varones en las Fuerzas Policiales y de Seguridad
ENCUESTA AL PERSONAL DE LAS FUERZAS POLICIALES Y DE SEGURIDAD1
1El procesamiento y análisis de la información fue realizado por el Lic. Raúl Di Tomaso de la Universidad Nacional de Quilmes. El cuestionario
surgió luego de un fructífero trabajo conjunto entre la UNQ y el personal de la Dirección Nacional de Derechos Humanos del Ministerio de
Seguridad y las tareas de relevamiento de datos estuvieron a cargo del personal de la Dirección mencionada.
Desde la Dirección Nacional de Derechos Humanos se desarrolló, entre los meses de
agosto y noviembre de 2011, un estudio basado en metodologías cuantitativas tendientes a diagnosticar, relevar, explorar y describir un conjunto de temáticas de central
interés para el diseño de políticas de seguridad a partir de información pertinente, precisa y actualizada sobre el estado de situación de las distintas fuerzas policiales y de
seguridad que se encuentran bajo la órbita del Ministerio de Seguridad de la Nación.
En una primera instancia, y a partir de los objetivos delineados por la autoridad política, se diseñó un proyecto de investigación basado en un cuestionario auto administrado que se aplicó a una muestra representativa de personal de las cuatro fuerzas
policiales y de seguridad:
• Gendarmería Nacional (GNA)
• Policía Federal (PFA)
• Prefectura Naval (PNA)
El cuestionario abarcó ocho dimensiones analíticas, que operacionalizadas en 72 preguntas fueron contestadas en su totalidad (a excepción del último punto) tanto por
los hombres como por mujeres de las fuerzas policiales y de seguridad. Los núcleos
temáticos que se han consultado son los siguientes:
Datos del grupo familiar (estado civil, presencia de familiares en FFSS o en FFAA, nivel
de educación, régimen de tenencia de la vivienda, principal sostén económico del
Integrar las fuerzas (motivos de ingreso a la fuerza, ventajas y desventajas de pertenecer a la fuerza, percepción de la sociedad sobre la fuerza, clima laboral, nivel de
satisfacción laboral)
Ingreso y permanencia de las mujeres en las fuerzas policiales y de seguridad (percepciones sobre la inclusión y desempeño de las mujeres en las fuerzas policiales y
de seguridad, valoración laboral de las mujeres, factores que limitan la carrera de las
mujeres, escalafones y tareas limitadas a las mujeres, evaluación de las instalaciones
para ambos sexos, etc.)
Ascensos (criterios utilizados, criterios óptimos, justicia en los ascensos, retiro o baja
Violencia Laboral (tipos de violencia laboral ejercida, jerarquía del agresor/a, realización de denuncia, institución donde realizar denuncias)
Acoso sexual (tipologías de acoso sexual, jerarquía del/la acosador/a, realización
de denuncia, institución donde realiza denuncias, efectos de la denuncia en el/la
acosador/a y en el/la acosado/a, evaluación de una situación hipotética)
Maternidad y paternidad: conciliación de la vida laboral y familiar (conocimiento de la
licencia de maternidad y lactancia, nivel de cumplimiento de dichas licencias, autorización matrimonial, ingreso de mujeres embarazadas, lactantes y con hijos/as)
Embarazo y Lactancia (amamantamiento, tareas realizadas en servicio y embarazo/
Espacio libre (consultas, quejas, opiniones, denuncias, etc.)
Datos personales y del grupo familiar
En la primera sección del cuestionario se indaga sobre algunas características personales del encuestado, su relación con el grupo familiar, algunas características del
entorno familiar y de su vivienda.
El estado civil es una dimensión que puede leerse en clave de género y fuerza. Si bien
es posible afirmar que casi 6 de cada 10 (57,3%) personas encuestadas se encuentran
casadas de derecho, el 14,1% concubinato/a y el 22,4% soltero/a; estas proporciones
varían ostensiblemente de acuerdo al sexo del/la entrevistado/a.
La mayoría de los hombres se encuentran casados (60,0%) y el estado civil preponderante de las mujeres es soltera (37,0%). Si se agrupan los porcentajes de los que están
casados/as y unidos/as se concluye que 7 de cada 10 hombres vive en pareja (71,3%)
y el 54,7% de las mujeres se encuentra en igual situación.
En todas las fuerzas se repite el siguiente patrón: el estado civil mayoritario es casado/a,
el porcentaje de hombres casados siempre es muy superior al de mujeres (sobre todo
en la GNA y la PNA que lo duplica). Hay más mujeres en situación de concubinato que
hombres (en la GNA es más marcado) y hay mayor proporción de mujeres separadas
que de varones. Las separadas constituyen la mitad de las mujeres de la PNA y PSA
(49,1% y 51,6% respectivamente)
Otro rasgo distintivo de las fuerzas es una particular endogamia institucional/familiar,
donde una tercera parte de los encuestados (34,7%) cuenta con familiares directos
en la misma fuerza, un 7,8% en otras fuerzas de seguridad y un porcentaje menor
(4,8%) en las Fuerzas Armadas. Si bien no se pueden sumar los valores por ser una
pregunta de respuesta múltiple (varias opciones de respuesta a una misma pregunta)
se puede afirmar que aproximadamente la mitad de los miembros de las fuerzas tienen
familiares vinculados a esa u otras fuerzas policiales y de seguridad o armadas, y la
otra mitad no.
La matriz institucional de la GNA y la PFA deja entrever la fuerte relación de parentesco
de las mujeres con la fuerza, ya que aproximadamente 6 de cada 10 mujeres tienen
familiares en esas mismas fuerzas.
Una breve conclusión respecto de los rasgos que definen y caracterizan al personal de
las fuerzas policiales y de seguridad tiene necesariamente una diferenciación de género. Hasta ahora podemos ver un perfil de género marcado con una fuerte presencia de
mujeres solteras, y con relaciones de parentesco establecidas al interior de las fuerzas.
Contrariamente, los hombres, que constituyen la mayor parte del personal, son mayormente
casados, con estudios medios, y con relaciones familiares más abiertas a la institución.
Las dos últimas dimensiones a considerar se refieren ya no a características personales sino a atributos del hogar, como son la identificación del principal sostén económico del hogar (PSE) y el régimen de tenencia de la vivienda.
En la amplia mayoría, los propios encuestados (92,7%) son los principales sostenes
del hogar, es decir, su ingreso se constituye en el más importante del núcleo familiar.
Esta característica si bien es común a ambos géneros, presenta mayor incidencia en
los hombres (94,9%) que en las mujeres (83,6%). No obstante, el 41,0% de las mujeres menciona a su conviviente como el PSE.
Si bien esta situación se da en todas las fuerzas policiales y de seguridad, la PSA es
en la que la proporción de encuestados que son PSE es la relativamente más baja
(87,5%), y es la que muestra mayor nivel de respuestas hacia la opción “su padre”
(13,3%). Quizás ello se deba a que cerca de una tercera parte de su personal es soltero y viva en el hogar paterno (situación más frecuente en los varones de esa fuerza
que en las mujeres).
En lo que corresponde al régimen de tenencia de la vivienda se observa que cerca de
la mitad del personal de las fuerzas policiales y de seguridad alquila (45,2%), seguidos
de aquellos que tienen vivienda propia (39,3%). El resto se distribuye entre aquellos
que comparten la vivienda, los que moran en un lugar cedido y los que alquilan un
hotel o pensión. Es de destacar, que de todas las preguntas vistas hasta ahora, ésta
es la única que no presenta diferencias de consideración de acuerdo al sexo del respondente.
La GNA y la PNA son las fuerzas que muestran mayor proporción de personal que
vive en una vivienda alquilada (57,5% y 51,5% respectivamente), mientras que los
miembros de la PSA y la PFA muestran mayor porcentaje de vivienda propia (51,3% y
46,6% respectivamente). Si bien esta situación puede tener sus raíces en la movilidad
del personal fruto de los traslados en las dos primeras fuerzas, y una lógica territorial
más delimitada en las dos segundas, no es posible descartar otras cuestiones que
puedan estar influenciando como ser los ingresos totales y per cápita del hogar, la
situación socio económica familiar, la cantidad de miembros del hogar, la existencia
de un cónyuge con trabajo en un destino fijo, etc.
Si analizamos los resultados de acuerdo al cuadro al que pertenece el personal, la
proporción de encuestados/as con vivienda propia se ubica en torno del 38%-39%
tanto para el personal superior como para el subalterno. Las diferencias entre ambos
cuadros son más notables en la vivienda alquilada, donde se registra mayor proporción en el personal superior (53,2%) que en el subalterno (41,5%). Inversamente, en el
caso de la vivienda compartida hay mayor incidencia en el personal de menor rango
(10,8%) que en el superior (4,0%).
Usted, ¿a qué Fuerza pertenece?
Promedio personas/hogar
Finalmente, se consultó respecto de la cantidad de personas que viven en el hogar
del/la encuestado/a. Si bien en todas las fuerzas la cantidad media de habitantes del
hogar se sitúa en torno de 3,5 personas, este parámetro es mayor en la PSA (3,78
personas) y menor en la GNA (3,31 personas). De acuerdo a estos resultados, no parece haber relación en la dimensión familiar de acuerdo a la movilidad territorial de la
No obstante, los hogares de las encuestadas mujeres (3,12) son más pequeños que
la de sus pares masculino (3,53), posiblemente por el mayor peso de relaciones conyugales en los varones de la fuerza, lo que de lugar a mayor proporción de familias
Integrar las fuerzas
La segunda dimensión que analizaremos se refiere al nivel de integración institucional
que tiene el personal de cada una de las cuatro fuerzas policiales y de seguridad dependiente del Ministerio de Seguridad. Nuestro análisis se basará en las motivaciones
que han llevado al personal a ingresar a las fuerzas; las percepción sobre las principales ventajas y desventajas de pertenecer a la institución; las ideas subyacentes
sobre cuál es la imagen que tiene la sociedad sobre la fuerza; la evaluación en el eje
vocación – trabajo respecto de las tareas que realizan, el diagnóstico del clima laboral
de su lugar de trabajo y, finalmente la caracterización en términos de una escala de satisfacción de diversos aspectos referidos a determinadas características estructurales
como así también a algunas cuestiones vinculadas al quehacer cotidiano.
El principal motivo de ingreso a la fuerza mencionado por el personal encuestado es
“la vocación” (58,5%), concepto muy amplio que puede referirse a múltiples cuestiones – muchas de ellas contradictorias -por lo que hace necesario precisar el término.
La vocación, como concepto abstracto carente de valoración por sí mismo, da lugar
a innumerables interpretaciones discursivas: ¿vocación por qué?, ¿de qué?, ¿para
qué?, ¿en función de qué? A pesar de esta falta de precisión, o por ello mismo, la vocación por pertenecer a la fuerza, esa idea que cohesiona y da sentido de pertenencia
institucional, es ampliamente y frecuentemente utilizada en el discurso de los miembros de las fuerzas policiales y de seguridad.
La segunda motivación, mencionada por cerca de un tercio de los encuestados
(31,5%), pero mucho más precisa que la anterior se refiere a la posibilidad de “servir a
la comunidad”, seguida de “trabajo estable” (29,3%), “búsqueda de una salida laboral” (18,2%), “tradición familiar2 (9,5%) y “combatir la delincuencia” (8,7%).
Al analizar los resultados del relevamiento por el género de los/las respondentes se
observa que tanto hombres (59,9%) como mujeres (46,0%) mencionan a la vocación
en primer término. Sin embargo, a partir de esta primera definición las diferencias comienzan por aparecer. Las mujeres priorizan el trabajo estable (40,1%) y la posibilidad
de servir a la comunidad (30,4%), mientras que en los hombres esos parámetros se
ubican en torno del 28,1% y 31,6% respectivamente. También se destaca el peso de
la tradición familiar en las mujeres (14,1%) lo que evidentemente se relaciona con lo
visto anteriormente respecto de la mayor endogamia institucional-familiar.
Motivo de ingreso a las fuerzas
Búsqueda de una salida laboral
El análisis por fuerza pone a la luz culturas institucionales muy diferenciadas que tienen su impacto a la hora de diseñar y definir las políticas de seguridad específicas.
Se observa una dicotomía en las opiniones sobre las motivaciones que impulsaron el
ingreso a la fuerza. Esta polarización agrupa al personal de la PSA y PNA por un lado,
y a los de GNA y PFA por el otro. Los miembros de la PSA priorizan absolutamente la
posibilidad de contar con trabajo estable (52,0%) y la búsqueda de una salida laboral
(31,9%); opinión similar aunque en menor cuantía sostenida por el personal de la PNA.
Por el otro lado, tanto el personal de la GNA y la PFA ponen énfasis en la vocación
(62,4% y 60,7% respectivamente) traducida en primer lugar como espacio para servir
a la comunidad ( 33,6% GNA y 37,8% PFA), seguido de un trabajo estable (28,0%
GNA y 22,1% PFA) y mucho más allá, la posibilidad de combatir la delincuencia, opción mencionada por el 11,0% (aproximadamente 1 de cada 10) de los miembros de
Gendarmería y el 8,8% (casi 9 de cada 100) de los encuestados de la Policía Federal.
La segunda y tercera pregunta de esta sección del cuestionario se refiere a la evaluación de las principales ventajas y desventajas de pertenecer a sus fuerzas policiales y
de seguridad. Cuatro son las principales ventajas percibidas por los encuestados, las
dos primeras mencionadas por poco más de una tercera parte del personal resaltan
“la relación con la comunidad” (38,3%) y “los valores que se imparten” (35,6%). En un
segundo escalón se ubican “los valores que se imparten” (28,3%) y “la formación que
brindan las fuerzas” (25,1%).
Si bien hombres y mujeres coinciden en estas cuatro valoraciones positivas de pertenecer a la institución, posteriormente comienzan a aflorar algunas diferencias. Las
mujeres resaltan la posibilidad de “combinar las tareas laborales con la vida familiar”
(19,5%) y “las condiciones de trabajo” (14,2%).
Al filtrar los resultados de acuerdo a la opinión de los miembros de cada fuerza, salen a la luz algunas diferencias sustantivas. En primer lugar, el personal de la PSA
realiza una valoración de las ventajas de su trabajo en la institución marcadamente
diferente al resto de las otras fuerzas. Resaltan la “relación con los/as compañeros/
as” (31,8%), “la relación con la comunidad” (34,0%) y los “salarios” (25,1%). Por su
parte, los miembros de la PFA priorizan “la relación con la comunidad” (52,6%), los
de GNA “los valores que se imparten” (46,1%) y los de PNA “la formación que brindan
las fuerzas” (37,4%).
Las diferencias en las escalas valorativas del personal deben ser tenidas muy presentes a la hora de implementar políticas específicas que impacten sobre aquellas
cuestiones que más valore el personal de cada fuerza.
Ventajas de pertenecer a la Fuerza
Los valores que se imparten
La formación que brindan las fuerzas
La disciplina de la institución
La posibilidad de combinar las tareas laborales
La valoración de la profesión
Por el lado de las desventajas de pertenecer a la fuerza, los/as encuestados/as señalan en primer lugar a los salarios (50,9%) y en segunda posición a los traslados
(43,0%). El nivel de homogeneidad y consistencia que tienen las respuestas a la hora
de señalar las desventajas de la profesión que se observa en los resultados no varía
sustancialmente de acuerdo al género del respondente, pero sí lo hace marcadamente en el análisis por fuerza.
El personal de la PFA señala en forma contundente al nivel salarial como principal
desventaja (70,5%), guarismos que se ubican muy por debajo en los miembros de
las otras fuerzas (49,1% en la PNA y alrededor del 35% en GNA y 31% en PSA). Por
su parte, el personal de Gendarmería y Prefectura no duda a la hora de señalar a los
traslados como la principal desventaja con un porcentaje de menciones que alcanza
al 64,7% y 53,7% respectivamente. En tanto los miembros de la PSA, mencionan a las
condiciones de trabajo como desventaja prioritaria (40,3%).
Desventajas de pertenecer a la Fuerza
La formación que brinda las fuerzas
La posibilidad de combinar las tareas
laborales con la vida familiar
La taxonomía del malestar presenta importantes diferencias que hace necesario un
análisis específico, micro, de cada situación. Las consideraciones generales que abarquen a todos los encuestados esconden en sus pliegues diferencias y contradicciones
entre las fuerzas y entre los sexos. No es recomendable realizar conclusiones generales sin antes haber desagregado la información, justamente porque las generalizaciones son “promedios” de situaciones altamente diferenciadas. Recién mencionábamos
que el salario es mencionado como la principal desventaja para el conjunto de los
encuestados (todas las fuerzas, ambos géneros) y que en ese malestar no se aprecian importantes diferencias entre ambos géneros (mujeres 49,2%, hombres 51,1%).
No obstante, el salario es una desventaja para el 80,4% de las mujeres de la PFA, un
40,0% de las mujeres de la PNA, el 24,2% de las mujeres de la PSA y el 20,3% de las
mujeres de la GNA.
Otro elemento que se evalu贸 a trav茅s del cuestionario fue la imagen que tiene la sociedad sobre las fuerzas. La percepci贸n sobre la mirada que un otro- la sociedad- realiza
sobre las fuerzas policiales y de seguridad moldea tambi茅n la cultura institucional y es
un elemento que interviene a la hora de relacionarse con la comunidad.
Ante la pregunta de “¿Cómo cree que la sociedad ve al personal de la fuerza?”, la
mayoría del personal de la GNA y la PNA sostienen que “con respeto” (73,6% y 55,9%
respectivamente). Los miembros de la PFA sostienen que la sociedad visualiza al personal de la fuerza principalmente con indiferencia (44,9%) y con desprecio (42,5%).
Por su parte los y las encuestados/as de la PSA piensan que la imagen que proyectan
en la sociedad civil es mayoritariamente de indiferencia (42,5%) y en menor medida
de respeto (24,9%).
Nos preguntamos cómo se conjuga, cómo se articula, en los miembros de la PFA esta
aparente contradicción entre la valoración positiva de relacionarse con la comunidad
(como ventaja de pertenecer a la fuerza), y al mismo tiempo la percepción de que la
sociedad con la que quieren relacionarse los visualice con desprecio e indiferencia.
Evidentemente, los encuentros y desencuentros que a lo largo de la historia marcaron
la relación entre sociedad civil y personal de las fuerzas policiales y de seguridad, signan y dejan una marca trazada por esta ambivalencia.
Posteriormente se consultó sobre cómo evalúan la tarea que realizan a lo largo de un
eje que discurre entre el trabajo y la vocación. Para el personal de las fuerzas policiales
y de seguridad la tarea que cotidianamente realizan no es un trabajo como cualquier
otro, sino que es “un trabajo que requiere de mucha vocación” (67,6%). Nuevamente
la vocación entra en escena de la mano de la idea de la abnegación, de la posibilidad de poner en riesgo la propia vida en pos del bienestar de la comunidad. No es la
vocación de un docente, ni la de un minero, ni la de un artista, sino que alude a una
instancia superior en la que se pone la vida en juego (la de uno y la del otro). Pero al
mismo tiempo su tarea es un trabajo con horarios, responsabilidades, jerarquías, con
una rutina específica; pero este “trabajo es distinto al de los civiles” (22,3%).
Si bien tanto los hombres como las mujeres caracterizan su accionar como un trabajo
que requiere de mucha vocación, en las mujeres hay menor énfasis en esa afirmación
(51,9% frente al 69,4% de los hombres) y se prioriza más la opción de que es un trabajo pero distinto al de los civiles.
En el caso de las fuerzas, la que presenta un comportamiento diferenciado nuevamente es la PSA, donde las opiniones se reparten entre la vertiente vocacional del trabajo
(43,6%) y la del trabajo diferente (38,1%).
La evaluación del clima laboral, dimensión clave de toda gran organización, es positivamente valorada (muy bueno + bueno) para el conjunto de los encuestados (71,2%),
en tanto que en el otro polo (malo + muy malo) se sitúan apenas el 7,6% del personal.
El bajo peso de las valoraciones negativas es otro dato que valida el buen clima laboral
existente en las instituciones de las fuerzas policiales y de seguridad.
No obstante hay algunas diferencias de tono, de intensidad, para mencionar. La GNA,
la PFA y la PNA muestra valoraciones positivas en el 70%/79% del personal, aunque
los miembros de Gendarmería se destacan por el alto porcentaje de respuestas que
caracterizan al clima laboral como muy bueno (40,1%). Por su parte los/las encuestados/as de la PSA, si bien no muestran una marcada disconformidad, observan la
puntuación positiva más baja (45,9%) y la negativa más alta (36,3%). No se aprecian
diferencias significativas en la valoración del clima laboral según género, aunque en
todas las fuerzas, las mujeres siempre dan una estimación más moderada.
Por último, se solicitó al personal encuestado que evalúe su nivel de satisfacción respecto de un conjunto de nueve dimensiones laborales en una escala que va del muy
satisfecho al muy insatisfecho.
Las temáticas evaluadas fueron:
• Satisfacción con la relación de la fuerza con la sociedad
• Satisfacción con la posibilidad de armonizar el trabajo y la familia
• Satisfacción con el prestigio de la fuerza en la sociedad
• Satisfacción con las posibilidades de desarrollo
• Satisfacción con las funciones y tareas desempeñadas
• Satisfacción con los horarios
• Satisfacción con la estabilidad laboral
• Satisfacción con los salarios
• Satisfacción con pertenecer a la institución en este momento
Las dimensiones que muestran mayor nivel de satisfacción (se agruparon los resultados: muy satisfecho + satisfecho), con puntuaciones entre 81% y 83%, son la estabilidad laboral, la posibilidad de pertenecer a la institución en este momento y con
las funciones y tareas desempeñadas. En el otro extremo, las dimensiones con menor
valoración positiva en términos de satisfacción, es con los salarios (35,4%) y la posibilidad de armonizar el trabajo y la familia (46,3%). En estas dos características, el
nivel de insatisfacción es ostensiblemente elevado, trepando a casi el 40% y el 30%
Cuando se analizan estas problemáticas para cada una de las fuerzas se observan
resultados muy diferentes. No obstante se puede considerar un comportamiento relativamente homogéneo entre el personal de GNA y PNA, aunque mostrando siempre el
personal de Gendarmería índices más elevados de satisfacción. El personal de estas
fuerzas se destaca en el nivel de satisfacción respecto de la estabilidad laboral, las
funciones y tareas desempeñadas, un sentido de pertenencia institucional, el prestigio
de la fuerza en la sociedad y la relación de las fuerzas con la sociedad. En todos los
casos y para ambas fuerzas el nivel de satisfacción con esas dimensiones trepa a valores cercanos al 80%, aunque en GNA son aún más altos.
Los encuestados/as de la PSA son los que expresan mayor desánimo en todas las
instancias evaluadas, registrándose en 7 de 9 ítems valoraciones positivas inferiores
al 40%.El personal de la PFA se encuentra en una situación intermedia entre los dos
polos marcados por la GNA + PNA, por un lado y la PSA por el otro. No obstante el
nivel de insatisfacción respecto de los salarios, el prestigio de la fuerza en la sociedad
y la relación de la fuerza con la sociedad es muy alto.
Integración de las mujeres en las fuerzas de seguridad
Un conjunto de preguntas dan cuenta del proceso de incorporación, integración y
desarrollo de las mujeres dentro de las fuerzas, dando cuenta de sus múltiples facetas
y problemáticas. Analizaremos la valoración laboral de las mujeres, la presencia real y
deseada de mujeres en su lugar de trabajo, la evaluación de su desempeño, los aspectos diferenciales de su incorporación, los factores que limitan la carrera de las mujeres,
la evaluación de en qué medida determinados escalafones y tareas se encuentren limitadas a las mujeres, el grado de adecuación de las instalaciones para ambos géneros,
la utilización del lenguaje no sexista para identificar los grados de las mujeres, etc.
Para la gran mayoría de los/las encuestados/as la incorporación de las mujeres fue un
hecho positivo que “contribuyó a mejorar el desarrollo institucional” (77,7%) y “generó
más confianza en la relación con la comunidad” (70,1%). El ingreso y la incorporación
de las mujeres son evaluados positivamente tanto por hombres como por mujeres,
aunque en el caso del personal masculino, la consideración del aporte del personal
femenino registra niveles más bajos.
El personal de todas las fuerzas, aunque con pequeñas variaciones en la intensidad,
aprecia el ingreso y permanencia de las mujeres a la institución. No obstante, en este
marco positivo, los miembros de GNA evalúan con mayor moderación el aporte de las
mujeres al desarrollo institucional (74,1%), mientras que las otras fuerzas se sitúan las
valoraciones muy próximas al 80%.
Hay un profundo sentido de misoginia enclavado en las instituciones de seguridad (y
seguramente en otras instituciones de la sociedad civil que escapan a este informe),
que afecta tanto al personal masculino como femenino, donde una tercera parte del
total de los miembros de las fuerzas policiales y de seguridad prefiere trabajar mayormente con hombres. Llama la atención que una cuarta parte de las mujeres (26,5%) y
una tercera parte de los hombres (34,1%) prefieran trabajar con mayoría de hombres.
La relación inversa, los que quieren trabajar mayormente con mujeres, apenas alcanza
al 2,2% del personal y el 3,6% de las mujeres. No obstante, y a pesar de estos resultados, el dato más contundente es que más de la mitad de los/las encuestados/as
(55,9%) prefiere trabajar con igual proporción de hombres y de mujeres.
La predilección masculina atraviesa las fronteras de todas las fuerzas, haciéndose
más notable en la GNA (38%) y en menor cuantía en la PSA (22,8%). En el resto de las
fuerzas se ubica en valores cercanos al 30%.
Si la anterior pregunta se basaba en la predilección, el deseo de una proporción de
hombres y mujeres; la siguiente se refiere a qué relación o balance real hay en su lugar
de trabajo entre hombres y mujeres.
En 7 de cada 10 encuestados (69%) la presencia de mujeres en su lugar de trabajo es
minoritaria. Si se suma a los que no trabajan con mujeres con aquellos en los que la
presencia femenina es minoritaria, el porcentaje de respuestas se eleva al 80%.
Nos preguntamos entonces, si no hay presencia de mujeres o las mujeres son minoría
en la mayor parte de los encuestados, ¿sobre qué base objetiva, basada en la experiencia de compartir un espacio laboral, se construye esta cultura institucional que
relega a las mujeres?
A aquellos/as encuestados/as que cuentan con mujeres en su espacio laboral (aunque
sea en minoría) se les solicitó que evalúen el desempeño profesional de las mujeres.
Las tres cuartas partes (76%) manifestó que las mujeres tienden a desempeñarse del
mismo modo que los hombres, un 11% sostuvo que su desempeño es superior y apenas el 8% de los/las encuestados/as evaluó la tarea como peor.
Cuando la evaluación del desempeño de las mujeres se cruza con el género, el 19,3%
de las mujeres respondieron que se desempeñan mejor que los hombres, cuando ese
parámetro alcanza al 3,1% de los encuestados masculinos.
Inversamente, el 12,3% de los hombres considera que las mujeres se desempeñan de
peor forma y, en la autoevaluación femenina, el indicador trepa al 2,3%
Al analizar los resultados por fuerza se sigue manteniendo el dato básico de que, para
la amplia mayoría, el desempeño laboral de ambos sexos es similar (en torno del 72%
– 77%). No obstante la valoración deficiente del trabajo femenino es más intensa en
las respuestas del personal de GNA (12,8%) y de la PFA (11,3%).
¿Qué pasa cuando hay un cruce entre las jerarquías sexuales socialmente establecidas en una sociedad que discrimina a las mujeres y las jerarquías laborales? ¿Qué
tensiones deben tramitar las instituciones para superar estas barreras de género? Para
empezar a delinear algunas respuestas a estas preguntas se consultó si los encuestados tuvieron o tienen actualmente alguna superior mujer.
A excepción de la GNA, el resto de los miembros de las otras fuerzas policiales y de
seguridad han transitado mayoritariamente bajo la situación de estar a las órdenes
de una mujer de mayor rango. Esta situación fue mencionada por el 79,4% de los/las
encuestados/as de la PFA, el 76,3% en el caso de la PSA y el 57,1% de los miembros
de la PNA. En el caso de Gendarmería, apenas el 28,1% manifestó tener o haber tenido una superior mujer. No obstante, hay que considerar, habida cuenta de la reciente
incorporación de mujeres a las fuerzas policiales y de seguridad, que mayormente es
el personal subalterno el que ha tenido superiores mujeres (70,0%) en detrimento del
personal superior (26,1%).
A ello hay que agregarle que las superiores mujeres tienen mayormente subordinadas
del mismo género, y viceversa. Mientras el 75,3% de las mujeres tuvo una superior
mujer, esa situación fue mencionada por el 51,9% de los hombres.
Otra temática que fue abarcada por este sondeo se refiere al uso del lenguaje de
género para nombrar a los cargos jerárquicos. La pregunta concreta fue “¿usted cree
que los cargos ocupados por mujeres deberían nombrarse en femenino incorporando
nuevas nominaciones, como por ejemplo: Comisaria, Inspectora, Sargenta, Prefecta,
Caba, Comandanta, etc.?”.
La mayor parte de las respuestas, tanto de uno como de otro género, como de cualquiera de las cuatro fuerzas se inclinan por la no adopción de un lenguaje de género
para mencionar a los cargos ocupados por el personal femenino (72,7%). La nominación de las jerarquías institucionales de acuerdo al sexo del/la funcionario/a tiene un
moderado mayor apego en las mujeres (31,3%) que en los hombres (26,9%), y en la
PFA, PNA y PSA (entre 30% y 38%) que en la GNA (17,1%)
Desde hace algunas décadas, la floreciente disciplina del análisis del discurso nos advierte sobre los usos “naturales” del lenguaje y como a través del lenguaje se cosifican
las relaciones sociales de dominación. El lenguaje sexista y las prácticas discursivas
que excluyen a las mujeres tienden a perpetuar la primacía masculina en algunas profesiones, ya que lo que no se puede mencionar, aquello para lo que no hay palabras
definidas, presenta un mayor grado de abstracción cuando no de inexistencia. Lo que
no tiene nombre no existe, es la palabra la que la da sentido y existencia a los objetos
que nos rodean. Por ello, más allá de la opinión de los propios actores a los que se
aplican las denominaciones de rango, es necesario reflexionar sobre estas prácticas
Cuando se consultó respecto de por qué era conveniente denominar a los cargos
de acuerdo al género, las respuestas textuales que se mencionaron con mayor frecuencia fueron las siguientes: “para darle importancia a los cargos”, “para que no
haya diferencias por género”, “porque corresponde”, “porque es una forma de incluir
a las mujeres”, “para distinguir el género de la persona con la que se está hablando”,
“para marcar una diferencia”, “porque sino suena como un hombre”, “por igualdad”,
“porque nos deben llamar como corresponde”, “porque las mujeres tienen las mismas
capacidades que los hombres”.
En un balance general sobre el efecto de la incorporación de las mujeres, el 78,7% de
los y las en encuestados/as lo consideró como muy positivo o positivo, siendo muy
escaso, por no decir marginal, la proporción de respuestas que le dieron una connotación negativa o muy negativa a este proceso de integración de géneros (3,1%).
Las mujeres realizan una autoevaluación de su ingreso a la fuerza satisfactorio (positivo + muy positivo) opinión que sostiene 9 de cada 10 mujeres (93,4%), en tanto que
en los hombres dicha calificación alcanza al 77,1%. En el análisis por fuerza, si bien el
panorama es alentador en lo referente a la dinámica del ingreso de las mujeres, es posible detectar diferencias significativas en la evaluación que cada fuerza realiza de este
proceso. En el personal de la GNA es donde se registra la proporción relativamente
más baja de anotaciones positivas (74,4%), mientras que en las otras fuerzas el nivel
de aprobación se eleva a más del 80%.
Se diseñó una batería de preguntas tendientes a evaluar, a partir de un conjunto de
reactivos, las percepciones de los/las entrevistados/as respecto de la posible existencia de diferencias en el trato hacia las mujeres por parte de jefes y superiores, un distinto grado de reconocimiento a las tareas que realizan, la asignación de menos tareas
por el sólo hecho de ser mujer y la posible existencia de situaciones de discriminación
hacia el personal femenino.
Ante la afirmación “las mujeres tienen mejor relación con sus jefes y jefas”, el 48,0% se
manifestó de acuerdo a muy de acuerdo. La percepción de un trato preferencial hacia
las mujeres es sostenido por el 49,9% de los hombres y el 30,7% de las mujeres. En
tanto, si se analizan las respuestas por la fuerza a la que pertenecen los/as respondentes, los niveles de acuerdo con la frase son más altos en PNA (60,6%) y GNA (49,6%),
y menores en la PFA (38,8%) y la PSA (39,7%).
La segunda frase a la que se solicitó respuesta en términos de nivel de acuerdo (Muy
de Acuerdo a muy en desacuerdo) se refiere a si “las mujeres tiene menor reconocimiento por parte de sus superiores”. Mientras el (46,5%) dijo estar de acuerdo o muy
de acuerdo con la frase, en los hombres el porcentaje llega a apenas el 14,1%.
El tercer reactivo que debía ser valorado en términos de acuerdo/desacuerdo se refiere
a si a “las mujeres se les asignan menos tareas que a los varones”. Poco más de una
cuarta parte de las mujeres (26,2%) manifestó estar de acuerdo o muy de acuerdo
con la afirmación, mientras que en los hombres el nivel de acuerdo fue exactamente el
doble (52,4%). Es en la PNA y en la GNA donde se observa mayor coincidencia con la
frase, donde poco más de la mitad de los encuestados da su acuerdo.
Finalmente, se le solicitó al personal que evalúe su acuerdo con la siguiente frase: “Las
mujeres viven más situaciones de discriminación que los varones”. Mientras la cuarta
parte de los varones (25,5%) dijo estar de acuerdo o muy de acuerdo con el reactivo,
en las mujeres esa proporción trepó al 62,0%.
La percepción respecto del trato dispensado a las mujeres muestra matices diferenciales de acuerdo al género de la persona que evalúe ese accionar. Evidentemente, la
subjetividad puesta en la observación de un mismo suceso (el trato hacia las mujeres)
se construye en forma diferenciada de acuerdo al sexo que porte ese observador,
subjetividad sostenida por valores, estereotipos y estigmatizaciones que van construyendo y delineando una cultura de género específica.
Se indagó acerca de la percepción del personal sobre los factores que limitan la carrera de las mujeres dentro de las fuerzas policiales y de seguridad. Para ello se dio a
evaluar siete reactivos, a fin de que los/las encuestados/as identifiquen aquellos que
tienden a limitar, cercenar u obstruir la carrera profesional de las mujeres. Los factores
considerados fueron los siguientes:
• Las condiciones físicas
• La discriminación dentro de las fuerzas
• La discriminación de la sociedad
• La desigualdad en el ascenso respecto de los varones
• Los espacios de trabajo no preparados para las mujeres
Los resultados muestran que, tanto hombres como mujeres consideran que estas últimas tienen importantes limitaciones en la carrera, fundamentalmente por la maternidad, la familia, espacios de trabajo que no se encuentran preparados para ellas y, en
menor medida, por las condiciones físicas de las mujeres. Las diferencias entre ambos
sexos aparecen al considerar la discriminación al interior de la fuerza y la desigualdad
Si bien más adelante analizaremos la problemática de los ascensos en un apartado
específico, nos pareció oportuno dar cuenta de esta situación en este momento, en
la medida que la opinión de si en los ascensos hay preferencias de género, hace a la
integración de las mujeres en las fuerzas policiales y de seguridad.
La amplia mayoría de los varones (78,7%) sostiene que tanto hombres como mujeres
tienen igual posibilidad en los ascensos, mientras que en las mujeres esa percepción
desciende al 54,3%. Las situaciones de discriminación a la hora de la promoción de un
grado es visualizada en forma diferenciada según el sexo del/la respondente. Para el
43,1% de las mujeres, ellas tienen menos posibilidades que los hombres para ascender; por el contrario, el 14,7% de los varones sostiene que las mujeres se encuentran
más beneficiadas en estas situaciones.
Las siguientes tres preguntas del cuestionario se refieren a si los/as encuestados/as
consideran que algunos escalafones deben estar cerrados para las mujeres, se evalúa
la opinión de quienes (mujeres, hombres, ambos) están más preparados para la realización de diferentes tareas atinentes a las fuerzas policiales y de seguridad y se consulta sobre la percepción de diversos roles de género dentro y fuera del ámbito laboral.
El 76,7% de los encuestados considera que ninguna especialidad o escalafón debe
estar cerrado para las mujeres, el 9,8% se inclina por la limitación en el acceso, mientras que el 13,6% no tiene opinión formada.
El personal que cree que en determinadas áreas deben excluirse a las mujeres son
mayoritariamente hombres (10,5%) y en menor medida mujeres (3,3%). Como fuerza,
la Gendarmería es la más proclive a limitar el ingreso de las mujeres en determinadas
secciones (13,4%), en tanto, en la PFA y la PSA ese porcentaje alcanza valores cercanos al 7%/8%, y en la PSA se registran los valores más bajos (3,6%).
Al personal que participó de la encuesta se le solicitó que especifique, de un listado
de tareas, quiénes están más capacitados para realizarlas: las mujeres, los hombres o
ambos sexos. Los ítems que fueron relevados son los siguientes:
• Tareas de prevención, contención y seguridad en manifestaciones
• La recepción de denuncias
• La represión del delito
• La prevención del delito
• Atención y contención a la víctimas
• Tareas de inteligencia
• Tareas de vigilancia/consigna/custodia
• Ocupar puestos de mando/comando
• Tareas educativas
• Tareas de salud
• Tareas de patrullaje
• Tareas de apoyo
Como nuestro interés en este apartado se centra en la posibilidad de integrar plenamente a las mujeres a las fuerzas policiales y de seguridad, nos interesó saber el
porcentaje de respuestas que excluye a las mujeres de esas acciones o tareas, por
esa razón se consideró exclusivamente las respuestas que pusieron exclusivamente
a los hombres y se desechó las que señalaron a las mujeres o a ambos sexos. Por
ejemplo, el 37,7% de las mujeres y el 55,1% de los hombres, opina que “los hombres
están más capacitados” para las tareas de prevención, contención y seguridad en
Como se puede observar en los gráficos, las tareas y acciones en la que los hombres
están menos capacitados son las que se adjudican estereotipadamente como atributos de las mujeres: cuidado, atención, contención afectiva, formación, etc. Atributos
supuestamente femeninos que se trasladan del espacio familiar al laboral. En cambio
los hombres son, según la opinión de los y las encuestados/as, los más capacitados
para tareas de comando, patrullaje, represión, enfrentamiento armado, vigilancia y
custodia, ocupar puestos de mando y tareas de patrullaje.
Lo novedoso de esta conformación particular del rol profesional de los hombres y mujeres de las fuerzas policiales y de seguridad es que estas opiniones son sostenidas no
sólo por los hombres de las fuerzas, sino también, aunque en menor medida, por las
mujeres. La cultura androcéntrica, como toda otra relación de poder, no es patrimonio
exclusivo de los varones, sino que como todas las relaciones sociales, atraviesan los
cuerpos, las instituciones y a los diferentes actores sociales.
La siguiente pregunta da cuenta de la opinión, en una escala de actitud que va de
muy de acuerdo a muy en desacuerdo, respecto de algunos roles y situaciones de
género. La primera cuestión que se puso a consideración fue: “los hombres son los
que deben tomar las principales decisiones en el ámbito laboral”. Cerca de una tercera
parte (31,1%) de los/las encuestados/as respondió muy de acuerdo o de acuerdo, no
obstante, la gran mayoría son hombres (33,9%) y en menor medida, mujeres (7,1%).
Analizando los resultados por fuerza se deduce que el personal de Gendarmería es el
que muestra mayor grado de conformidad con esta frase, abarcando al 41,4% de los
hombres y al 10,5% de las mujeres.
La segunda frase a evaluar afirma “el hombre debe responsabilizarse de todos los gastos de la familia” a la que el 26,4% de los hombres y el 9,6% de las mujeres manifiesta
estar de acuerdo o muy de acuerdo. El nivel de avenencia con la frase se observa en
niveles similares en todas las fuerzas, pero liderada por la PNA (26,3%), seguida de la
GNA (26,0%), la PFA (22,9%) y más lejos por la PSA (15,4%).
En las dos frases siguientes el nivel de aceptación se incrementa notablemente. El
90,6% de los/las encuestados/as presenta diferentes niveles de acuerdo con la afirmación “por igual tarea y responsabilidad, hombres y mujeres deben ganar lo mismo”,
no observándose diferencias significativas según sexo ni fuerza, aunque la intensidad
de aceptación de las mujeres – muy de acuerdo – es notablemente superior a la de
los varones. Por su parte, al enunciado “que en el ámbito laboral cumplan funciones
personas de distinto sexo genera mejor clima de trabajo” el nivel de acuerdo alcanza
al 81,8%.
El próximo bloque de dos preguntas se refiere al grado de adecuación que tienen las
instalaciones edilicias actuales, tanto para las mujeres como para los hombres. A la
pregunta, “¿Ud. considera que son adecuadas las instalaciones en la que prestan servicio las mujeres?, el 37,5% del personal encuestado contestó que no, que era necesario hacer modificaciones y construcciones nuevas, básicamente baños y vestuarios,
y en menor medida, guarderías y modificaciones menores.
La demanda de instalaciones para mujeres se hizo notar en mayor medida en el personal de la PSA (53,2% de respuestas negativas) y en la GNA (44,7%), en tanto los
respondentes de la PFA y la PSA se ubicaron en torno del 33%.
Al desagregar la información por el sexo del/la respondente, más de la mitad de las
mujeres consideran las instalaciones femeninas como inadecuadas; en cambio el
35,7% de los varones consideran a sus instalaciones como inapropiadas.
Se observa un fenómeno de distinta vara cuando el personal de un género responde
respecto de las instalaciones del otro. La valoración que hacen las mujeres del estado
de las instalaciones para ellas es más crítica de la que realizan los varones para esas
mismas instalaciones. No obstante, cuando las mujeres y hombres tienen que evaluar
las instalaciones para el personal masculino, la respuesta de ambos sexos es muy
similar: tanto hombres como mujeres consideran mayormente (74% – 77%) que las
instalaciones para los hombres son adecuadas.
Los resultados por fuerza muestran el mayor grado de disconformidad con las instalaciones en los miembros de la PSA, donde el 53,2% del personal evalúa negativamente
las instalaciones para las mujeres y en 49,9% la de los hombres.
No obstante, y más allá de la fuerza y el sexo del personal que contestó el cuestionario, las instalaciones para las mujeres son las que se encuentran con mayor demanda
A continuación analizaremos un conjunto de temáticas vinculadas a la problemática
de los ascensos. Se indagará respecto del conocimiento de los criterios que se utilizan para decidir un ascenso, el grado de justicia que tiene actualmente el sistema
de ascensos y el hecho de que no le haya correspondido un ascenso cuando en
realidad le correspondía. Además se ofreció un listado de criterios posibles (positivos
y negativos, justos e injustos) para decidir un ascenso y se le solicitó al personal que
identifique los que actualmente se utilizan y cuáles son los que realmente se deberían
utilizar. Finalmente, se consultó sobre si en los últimos dos años tuvo ganas o pensó
en abandonar las fuerzas y cuáles son los motivos que cree que han utilizado las personas que se han retirado o renunciado.
Aproximadamente, la mitad de los encuestados conoce los criterios que se implementan para otorgar un ascenso (45,7%), una tercera parte se inclinó por la opción más
o menos (34,0%), es menor el personal que se identificó con la respuesta negativa
No se observan diferencias significativas de acuerdo al género de /la respondente,
aunque los hombres encuestados tienden a tener más información sobre los criterios
utilizados. No obstante, si se indaga por fuerza, las discrepancias en las respuestas
son muy altas. Mientras el personal de GNA es el que se encuentra más informado
respecto de los criterios utilizados (58,9%), los miembros de la PSA se encuentran en
la situación opuesta: cerca de la mitad no conoce los fundamentos y razones que se
tomaron para decidir los ascensos (45,8%), y apenas el 28,5% (menos de 3 de cada
10 personas de la fuerza) aseveraron conocerlos. Los/las encuestados/as de la PFA y
la PNA se encuentran en una posición intermedia entre ambas situaciones con niveles
de conocimiento que orillan el 37%/39% y de desconocimiento entre el 21% y el 29%.
Se solicitó al personal que evalúe el sistema de ascensos a través de una escala de
nivel de justicia (justo, más o menos justo, injusto), entendida como ecuanimidad,
imparcialidad e igualdad en sus mecanismos e implementación. Las opiniones del
personal se encuentran repartidas casi simétricamente entre las tres alternativas: a un
26,9% le parece justo, al 36,4% más o menos justo, y al 28,6% injusto. Aproximadamente 1 de cada 10 encuestados optó por la opción No sabe (8,1%).
La evaluación del sistema de ascensos es más crítica en las mujeres que en los hombres. El nivel de respuesta justo es del 15,5% en el personal femenino y del 28,2%
en el masculino. No obstante la proporción del personal que lo declaró injusto es muy
similar para ambos géneros.
La fuerza de seguridad a la que pertenece el individuo nuevamente es la variable crítica para discernir el comportamiento del personal. Como se observa en el gráfico, el
personal de la PFA y de la PSA es el que más resalta el carácter injusto de los ascensos, alcanzando al 52,7% de la PFA y al 58,6% de la PSA. Los miembros de la PNA se
encuentran en una posición intermedia (injusto 16,2%; justo 27,9%) resaltando la proporción de personal que lo considera más o menos justo. Finalmente los miembros de
la Gendarmería (mucho más los hombres que las mujeres de esa fuerza) son los que
caracterizan más positivamente el sistema de ascensos: un 38,9% lo considera justo,
y apenas el 7,6% injusto. Otra forma de evaluar la justicia del sistema de ascensos es
a partir de la experiencia personal de los propios encuestados. En este sentido, se les
consultó si en los últimos cinco años no obtuvo un ascenso, que el/ella cree que le
correspondía. Las respuestas positivas son las que denotan la incongruencia entre las
expectativas personales de ascenso y la negativa a esa posibilidad.
Si se toma en cuenta la opinión del personal de las cuatro fuerzas policiales y de seguridad de ambos géneros, poco más de una tercera parte (37%) cree que no obtuvo un
ascenso que le correspondía. En tanto que el 63% restante que optó por la respuesta
negativa da cuenta de justicia en el sistema de ascensos.
Si bien la opinión de hombres y mujeres no varía ostensiblemente, se observa una
mayor disconformidad en éstas últimas.
El análisis por fuerza muestra variaciones interesantes. Al igual que lo observado en
la pregunta anterior, el personal de GNA es el que muestra mayor conformidad con el
sistema de ascensos (el 24,1% considera que no obtuvo un ascenso que le correspondía), y el de la PFA y el de la PSA son los que señalan mayor rechazo (la mitad del
personal de ambas fuerzas opina que le correspondía un ascenso y no se lo concedieron).
Las próximas dos preguntas apuntan a definir cuáles son los criterios, razones, fundamentos operativos que el personal cree que se utilizan a la hora de definir un ascenso;
y por otro lado cuáles cree que deberían ser esos principios.
Realizaremos un análisis en dos tiempos de esta problemática. En una primera instancia evaluaremos las respuestas a cada una de esas preguntas, y en segunda instancia
veremos cuáles son las diferencias, las discrepancias entre el ser (cómo se hacen los
ascensos) y el deber ser (cuáles deberían ser esos criterios).
Los criterios que deberían utilizarse para definir los ascensos se encuentran liderados
por seis preceptos, todos ellos con más del 90% de respuestas de los/las encuestados/as: desempeño profesional (98,8%), esfuerzo (96,9%), dedicación (96,0%), formación profesional (93,2%), aptitud (92,8%), iniciativa (92,4%). En un segundo escalón, con menciones superiores al 80%, se encuentran otros dos principios: capacidad
de mando (88,7%) y capacidad de obediencia (80,6%).
Por el otro lado, es decir, por los criterios realmente empleados, se observan en los
primeros lugares los mismos 8 factores señalados anteriormente, pero con dos diferencias significativas: un ordenamiento levemente diferenciado, una diferencia en
la intensidad de las respuestas (menor porcentaje de respuestas afirmativas para
cada ítem). El ordenamiento es el siguiente: Desempeño profesional (75,6%), formación profesional (68,6%), capacidad de mando (67,8%), aptitud (66,3%), dedicación
(64,2%), esfuerzo (61,6%), iniciativa (60,8%), y capacidad de obediencia (60,8%).
Los dos gráficos justamente señalan las diferencias en las respuestas positivas en
cada uno de los criterios a evaluar, tanto por el lado de lo que realmente se aplica
como por el lado de lo que se debería aplicar. Las diferencias en la longitud de las barras muestra esa discrepancia. Se puede ver que en todos los criterios de valoración
positiva (desempeño, aptitud, formación, esfuerzo, etc.) se demanda mayor utilización
de la que realmente se aplica. En cambio, en los ítems de connotación negativa o que
no se refieren a características profesionales (tener familiares en la fuerza, llevarse bien
con un superior, ser hombre o ser mujer) se demanda menor aplicación de la que ya
No obstante, y a pesar de lo dicho, el dato fundamental es que los ocho primeros criterios que se utilizan y que se deberían utilizar son los mismos, lo que da cuenta de un
importante grado de congruencia en la evaluación de los ascensos. Las críticas y las
diferencias son de tono, de intensidad, no de prelatura en los criterios.
No se observan variaciones en la intensidad de las respuestas ni en el ordenamiento
de los criterios de ascenso de acuerdo al género de los/las respondentes, pero sí por
fuerza. El personal de GNA es el que muestra mayor coherencia entre los criterios utilizados y los que deberían emplearse; en el polo opuesto se encuentra en personal de
PSA y PFA con discrepancias del orden de los 50 a 60 puntos porcentuales, como ser
en la valoración (real y deseable) del desempeño profesional, la dedicación, el esfuerzo
y la aptitud. Los miembros de la PNA se encuentran en una situación intermedia entre
La última dimensión de este apartado se encuentra vinculada a una situación de profundo malestar al interior del personal, como es la posibilidad de renunciar a la fuerza.
Específicamente se consultó si en los últimos dos años tuvo ganas o pensó en abandonar la fuerza de seguridad a la que pertenece.
El 30% del personal, distribuido de la siguiente forma: cuatro de cada 10 mujeres de
las fuerzas policiales y de seguridad (39,9%) y tres de cada 10 varones (28,4%) pensaron, en los últimos dos años, en renunciar a la fuerza.
La voluntad de dejar la fuerza es muy importante en el personal de la PSA, donde la
mayoría de sus miembros (57,7%) lo ha pensado: le sigue en importancia los miembros de la PFA con un 39,7%, los de PNA con un 30,6% y, en menor medida, el personal de GNA con el 17,7%. En todos los casos, y en cada una de las fuerzas, el personal
femenino muestra mayores signos de fastidio, alcanzando al 61,6% de las mujeres de
la PSA, el 43,6% de la PNA, el 42,7% de la PFA y el 33,3% de la GNA. En esta última
fuerza, el mismo parámetro en los hombres se ubica en torno de la mitad (15,8%).
Los motivos que esgrimió el personal para darse de baja o retirarse de la fuerza se
encuentran liderados por la búsqueda de mejores salarios (64,5%), de mejor calidad
de vida familiar (54,6%), mejores condiciones de trabajo (48,8%) y mejor calidad de
vida personal (46,2%).
En todas las fuerzas estas cuatro motivaciones son las más mencionadas, aunque
en los miembros de la PFA hay que agregar dos más: mejores condiciones en otras
fuerzas policiales y de seguridad (38,7%), por mayor seguridad personal (preservar la
vida) (29,1%) y por la percepción negativa que tiene la fuerza en la sociedad (26,0%).
La violencia laboral es entendida como un conjunto de acciones que tienden, en el ámbito
del trabajo, a menoscabar capacidades, estereotipar, degradar y discriminar al personal.
La violencia laboral puede expresarse de múltiples maneras, pero puede caracterizarse
como violencia verbal, física, psicológica, económica, de género y también sexual. Esta
última situación la veremos en el próximo apartado donde se detallarán las posibles situaciones de acoso sexual sufridas por los y las trabajadores/as.
La definición operativa que se utilizó para la construcción del cuestionario fue la siguiente:
“violencia laboral es toda conducta ejercida en el ámbito laboral que, valiéndose de su
posición jerárquica o de circunstancias vinculadas con su función, constituya un manifiesto abuso de poder, materializado mediante amenaza, intimidación, inequidad salarial
infundada, acoso, maltrato físico, psicológico y/o social del trabajador o trabajadora”
Analizaremos la incidencia de cada una de las diferentes formas de violencia laboral, la
jerarquía del/la agresor/a, si se ha realizado la denuncia correspondiente, cual ha sido
la reacción del personal donde se realizó la denuncia e, hipotéticamente, cuál sería el
perfil de la persona con la que se sentiría más cómodo/a para realizar una denuncia.
Se utilizó un conjunto de siete reactivos a fin de caracterizar y operacionalizar distintas
formas en la que se expresa la violencia laboral, a fin de que el personal encuestado
pudiera manifestar si él/la o algún/a compañero/a de trabajo vivió, en el ámbito laboral
a. Aislamiento, prohibiciones absurdas de conversación o tratos como si un/a
trabajador/a no existiera.
b. Amenazas constantes de retiro, baja, cambios de turno, traslados o rotaciones de
horario injustificadas.
c. Asignación de tareas sin sentido, muy por debajo de las capacidades o juzgamiento
de manera explícitamente ofensiva sobre las tareas.
d. Utilización manifiestamente arbitraria del sistema disciplinario: consistente en sanciones injustificadas, acumulación repentina de sanciones u obligación de acatar cualquier tipo de orden.
e. Formulación de comentarios, bromas o gestos dirigidos a la exclusiva finalidad de
ofender o ridiculizar (por edad, aspecto físico, capacidades especiales, orientación
sexual o creencias religiosas o políticas).
f. Retención injustificada de medios, equipamiento o elementos de protección de seguridad personal en situaciones que lo requerían para resguardar su integridad.
g. Modificaciones injustificadas en la distribución del tiempo de trabajo o descanso.
La modalidad de violencia más mencionada por los/encuestados/as es la que se refiere a las arbitrariedades en el uso del tiempo de trabajo o de descanso (tipo g) mencionada por el 41,6% de los/las respondentes. Le sigue en orden de importancia la
utilización arbitraria del sistema disciplinario (tipo d) con un 32,2%, la amenaza constante de retiro, baja, cambios de turno, traslados (tipo b) con un 30,7% de respuestas
y la asignación de tareas sin sentido (tipo c) con un 29,9%.
La violencia laboral afecta, y es reconocida como tal, en forma diferenciada a ambos
géneros. En el caso de las mujeres se observa mayor incidencia de la violencia laboral
que en los varones: en las siete modalidades de violencia que se dio para elegir, en
todas ellas la proporción de personal femenino que la ha sufrido es mayor o considerablemente mayor que en los varones. Sin embargo, hay una sola excepción, la que se
refiere a la retención injustificada de medios, equipamiento o elementos de protección
(tipo f) que es más mencionada por los hombres que por las mujeres.
Los tipos de violencia laboral que registran mayor diferencia entre ambos géneros
es en la de tipo e – formulación de comentarios, bromas, gestos con la finalidad de
ofender o ridiculizar- con una incidencia del 45,3% en las mujeres y del 27,9% en los
hombres. La segunda modalidad que se destaca es la del tipo a - Aislamiento, prohibiciones absurdas de conversación, etc. – con una presencia en las mujeres del 28,4%
y en los hombres del 19,5%.
A fin de construir un indicador sintético de la violencia laboral se calculó qué porcentaje del personal que sufrió, él/ella o un compañero, al menos un acto de violencia laboral. La mitad de los/las encuestados/as (el 50,9%) padeció o presenció alguna de las
siete situaciones mencionadas. En el caso de las mujeres el valor medio de violencia
es del 65,7% y en los hombres del 50,9%.
En el análisis por fuerza, se observa una incidencia media absolutamente diferenciada.
El personal de la PSA lidera las menciones de violencia laboral con una presencia de
la violencia laboral del 73,2%, seguida de la PFA (55,7%), PNA (53,0%) y GNA con el
43,6%. En todas las fuerzas la modalidad de violencia más mencionada es la del tipo g –
modificaciones injustificadas del tiempo de trabajo o de descanso – que afecta al 60,1%
del personal de la PSA, al 46,4% de la PFA, al 40,2% de la PNA y al 36,6% de la GNA.
Hay que tener presente una observación metodológica al hablar de la incidencia de la
violencia. La violencia que señala el personal, si bien se consultó sobre la sufrida – la
real, puede haber existido pero no haber sido reconocida. La tensión entre violencia
real y percepción de la violencia puede atenuar los indicadores en un caso e incrementar otros. En la violencia percibida, hay un fenómeno de naturalización que está
afectando su visualización e identificación.
Si vemos cómo se distribuye sexualmente la violencia al interior de cada una de las
fuerzas, se observa nuevamente una situación mucho más vulnerable en las mujeres
de la GNA que en los hombres de esa fuerza. En la PSA pasa la situación opuesta, la
media de incidencia de la violencia en los hombres alcanza al 43,8% y en las mujeres
es comparativamente más baja (38,3%).
Una última cuestión sobre la concurrencia de hechos de violencia laboral en una
misma persona. Anteriormente decíamos que la mitad del personal había sufrido algún tipo de violencia laboral o, al menos presenciado actos de violencia hacia un/a
compañero/a, pero ¿cuántas situaciones o modalidades? El gráfico muestra que de
aquellas personas que sufrieron hechos de violencia, más de la mitad (53,5%) padecieron 4 o más modalidades (tipologías a - g). Ello demuestra que cuando una persona
es víctima de la violencia laboral, ésta es extendida a muchas de sus formas o modalidades, lo que dimos a llamar concurrencia de la violencia.
Nos preguntamos cuáles son los valores que sostienen y moldean una institución, las
que le dan trascendencia, que permiten – por acción u omisión - que cerca de la mitad
de sus miembros haya padecido algún tipo de violencia laboral. Instituciones como las
fuerzas policiales y de seguridad encargadas de ponerle un coto a la violencia social
a partir de la prevención y, en casos extremos, la represión del delito, no pueden, no
son capaces de limitar la violencia al interior de su propia fuerza. Sin embargo, hay que
reconocer que los hechos de violencia y arbitrariedad laboral no son propios de las
fuerzas policiales y de seguridad sino que se extienden a todo el mercado de trabajo.
Se consultó respecto de la jerarquía de la persona que ejerce la violencia, lo que resulta particularmente interesante en instituciones jerárquicas donde el rango y el mando
se encuentran en la médula cultural en la que se forjan y construyen las fuerzas.
En el 86,0% de las situaciones de violencia, la misma fue ejercida por personal de
rango superior al que detentaba la víctima de la agresión. En un 16,1% se trataba de
personal de igual rango, y en el 10,4% de las situaciones el/la agresor/a detentaba
menor rango que el/la agredido/a.
La prevalencia de un/a agresor/a de mayor grado es común en todas las fuerzas, registrándose valores cercanos al 90% en todas las fuerzas. La excepción es la GNA,
donde la proporción de agresiones realizadas por personal de mayor rango alcanza al
75,2%, las de igual rango al 23,7% y las de menor rango al 15,8%. Llama la atención
en esta fuerza que el 18,1% de los hombres encuestados haya manifestado haber
sufrido situaciones de violencia laboral por parte de personal de menor grado (en las
mujeres es la mitad), cuando en el resto de las fuerzas ese parámetro se ubica en torno
Más allá de lo deleznable que nos pueda parecer una agresión o un acto de violencia,
el achatamiento de la jerarquía del/la agresor/a nos habla de una descomposición del
sistema jerárquico, donde el ejercicio de la violencia puede más que las distancias
institucionales sólidamente establecidas.
Otra dimensión de la violencia laboral se refiere a la posibilidad que tiene el personal
de denunciar la situación vivida. Apenas 1 de cada 10 personas que padeció o presenció violencia laboral denunció ese hecho (9,7%), un 62,2% no la ha denunciado y
28,2% restante no sabe si la persona víctima de violencia hizo la denuncia.
El nivel de denuncia es más elevado en la GNA (17,2%) y en la PSA (15,9%) y las
mismas son mayormente protagonizadas por los hombres de la fuerza. En las otras
fuerzas la denuncia es notablemente baja: PFA (6,1%) y PNA (3,1%), y, en ambos casos, con primacía de mujeres.
Con respecto a la reacción del personal de la institución donde se realizó la denuncia,
en el 40,5% de los casos el personal encuestado manifestó que le tomaron la denuncia, el 24,0% dijo haberse sentido ignorado/a, el 10,4% fue derivado a otro lugar, y el
17,6% fue contenido y asesorado al respecto.
Es muy interesante analizar la reacción del personal de la institución receptora de la
denuncia de acuerdo al sexo de la víctima de violencia laboral. Mientras al 45,4% de
los varones le tomaron la denuncia y apenas al 6,7% lo derivaron a otro lugar. En las
mujeres esos valores se ubican en 16,7% y 28,5%, es decir por cada denuncia que le
tomaron a una mujer le recepcionaron tres a los hombres; y por cada hombre que fue
derivado a otro lugar paso lo propio con 4 mujeres; lo que implica un doble ejercicio
de la violencia: primero laboral y posteriormente institucional, basado en una diferencia de género. También los hombres son discriminados a la hora de contenerlos o
asesorarlos por una denuncia: en un 15,7% no hubo contención o existió prejuicio en
reconocerla, cuando en las mujeres alcanza al 26,6%.
Las diferencias por fuerza son muy importantes. El personal de la PFA al que se le
tomó la denuncia es nulo y el de la PNA apenas alcanza al 22,5%, por el contrario,
la recepción de denuncias en la GNA se ubica en el 56,1% y en la PSA en el 57,5%.
Cerca de la mitad del personal de la PFA que fue a hacer una denuncia se sintió ignorado (47,7%) valor que en la PNA fue del 61,7%. Si a la no recepción de la denuncia
se le suma la sensación de sentirse ignorado, en estas dos fuerzas las respuestas
alcanzan al 70%/80% del personal víctima de violencia.
Respecto de con quién le resultaría más confortable realizar la denuncia, el 67,3%
contestó que le es indistinto. A la luz de los resultados parece que lo que más se busca
es la efectividad en la recepción de la denuncia y el interés por el denunciante, más allá
de quién sea el que efectivamente recepcione este tipo de situaciones. No obstante, el
15,1% se inclina por una funcionaria mujer, el 10,1% por un superior varón y el 6,4%
por una superior mujer.
El lugar / funcionario /superior donde realiza la denuncia presenta pequeñas variaciones por fuerza, pero ninguna que sea estadísticamente significativa.
En esta sección analizaremos diversas problemáticas vinculadas al acoso sexual en el
ámbito de las fuerzas policiales y de seguridad. El acoso sexual, una dimensión de la
violencia laboral fue definida en el cuestionario de la siguiente forma:
“Se entiende por acoso sexual a insinuaciones sexuales –verbales o físicasrepetidas y no deseadas, observaciones sexualmente discriminatorias o
alusiones sexuales despectivas hechas en el ámbito laboral, que resultan
ofensivas para la persona involucrada o le producen la sensación de sentirse
amenazada/o, humillada/o o avergonzada/o”
Se realizaron un conjunto de preguntas a fin de dar cuenta de la multiplicidad de aristas y situaciones que conlleva una situación de acoso sexual. La estructura explicativa
seguirá el ordenamiento de las preguntas realizadas en el cuestionario, que han sido
• Si ha sido acosado/a.
• De qué modo fue acosado/a.
• Cuál es la relación jerárquica con el/la acosador/a.
• Si ha realizado la denuncia.
• Cuál fue la reacción del personal donde hizo la denuncia.
• Por qué razón realizó la denuncia.
• Qué paso con el/la acosador/a con posterioridad de su denuncia.
• Qué efectos tuvo la denuncia en el ámbito laboral
• Para los que no denunciaron, cuáles fueron los motivos que lo/la llevaron a esta situación.
Posteriormente, y para el personal que respondió que no ha sido acosado, se le hizo
unas preguntas referidas a una posible situación hipotética de acoso sexual. Se les
consultó si realizarían la denuncia, qué expectativas tienen de la posible reacción del
personal que recepcione la denuncia, qué pasaría con el/la eventual acosador/a y cuál
sería la hipotética reacción de los compañeros de trabajo.
Una aclaración metodológica importante es que esta sección, como todas las que
le han precedido, se le ha realizado tanto a las mujeres como a los hombres de las
fuerzas policiales y de seguridad y, en el caso específico del acoso sexual, se prevé
que tanto el/la agresor/a como el/la víctima de acoso puedan ser indistintamente tanto
El primer dato general que arrojan los resultados sobre esta temática, es que el 2,4%
del personal de las fuerzas policiales y de seguridad ha pasado o atraviesa por situaciones de acoso sexual. El acoso es una situación absolutamente mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres, afectando al 13,8% del personal femenino (más
de 1 de cada 10 mujeres de la fuerza) y al 1,1% del masculino.
Del total de personas acosadas (hombres y mujeres), cerca de la mitad pertenecen
a la PFA (49%), siguiéndole en importancia las que pertenecen a la GNA (38,0%), la
PNA con el 9% y la PSA con el 4%. Pero hay que tener ciertos recaudos con el dato
anterior, porque la cantidad de acosos por fuerza se encuentra relacionada con la
magnitud del personal de cada fuerza, por lo que en fuerzas más numerosas se espera
mayor cantidad de situaciones de acosos y viceversa.
Para salvar esta situación y poder hacer una comparación entre las fuerzas, es necesario evaluar la incidencia relativa de situaciones de acoso en cada fuerza controlando el
tamaño de la misma. El acoso sexual, como forma más virulenta en la que se expresa la
violencia laboral, se encuentra presente en todas las fuerzas policiales y de seguridad,
aunque con distinto grado de incidencia: en la PFA hay 3,8 situaciones de acoso por
cada 100 miembros, le sigue la PSA con 2,9, la GNA con 2,5 y por último la PNA con 1
situación de acoso sexual por cada 100 miembros de dicha fuerza.
No obstante, en todas las fuerzas y sin distinción, las mujeres son las que se encuentran más afectadas. En el caso de la PFA las mujeres acosadas representan al 16,4%
del personal femenino, al 13,4% de GNA, al 10,8% de la PSA y al 7,5% de la PNA. En
los hombres la prevalencia del acoso se encuentra en una proporción que va desde el
0,7% al 1,8%.
Se definieron tres modalidades básicas de acoso sexual, en un todo de acuerdo con
la definición operativa que se ha señalado. Estas tres instancias presentan una estructura ordinal, es decir son diferentes entre sí, pero crecientes en el grado de intensidad
y gravedad de la situación de acoso. Ellas son:
1.	Insinuaciones sexuales verbales o físicas
2.	Exhibición de pornografía, exigencias sexuales, verbales o de hecho
3.	Agresiones físicas de contenido sexual / manoseos / relaciones sexuales no consentidas
La primera de estas situaciones aparece en el 88,5% de las situaciones de acoso,
la segunda un 8,6% y la tercera y más grave en el 7,8% de las instancias de acosos
sexual. Las insinuaciones sexuales verbales o físicas es la más frecuente, más en mujeres (98,3%) que en varones (75,5%), en cambio la segunda situación y sobre todo
la tercera y más violenta (agresiones sexuales) se da en mayor medida en los varones
(14,4%) que en las mujeres (2,8%). Por lo tanto, hay que tener en cuenta que si bien
son menos numerosas las situaciones de acoso hacia los varones, éstas adquieren
mayor grado de virulencia.
Si se analizan los patrones de violencia sexual por fuerza, se observa en la GNA, la
PFA y la PSA las insinuaciones sexuales verbales o físicas como la modalidad más
frecuente, con presencia del 98,4%, 91,2% y 89,9% respectivamente, en cambio las
situaciones de acoso sexual más frecuentes en la PNA son las de mayor grado de
agresión (agresiones sexuales) que alcanzan al 70,3% de los casos.
Si bien esta información es la que surge del relevamiento, con este cruce en particular
hay que tener cierta precaución, porque la desagregación de la información (acosados/
as, fuerza) reduce el tamaño de la muestra con el consiguiente mayor error muestral
e imprecisión de las inferencias. Lo mismo va a suceder con las siguientes preguntas,
porque solamente vamos a trabajar con los/las acosados/as, que si bien centrales en
nuestro análisis, su representación muestral es baja (2,4% de la muestra - 42 casos).
El grado jerárquico que tenía el/la acosador/a es, en la mayoría de los casos, superior al de la víctima (71,9%). En menor proporción se ubican los agresores de menor
grado (26,9%) y los de igual grado (1,2%). En el caso de las mujeres acosadas, un/a
agresor/a de mayor grado se observa en el 97,7% de las veces, mientras que en el
caso de los hombres la situación de mayor frecuencia es que el/la agresor/a sea de
menor grado (61,8%).
Apenas el 7,9% del personal de seguridad que fue o es acosado ha realizado la denuncia, pero el dato más llamativo es que en el caso que los acosados sean los hombres, en nuestra muestra no se ha registrado ningún caso de denuncia, mientras que
en las mujeres ese valor alcanzó al 13,7%. Por su parte, si se analizan los resultados
por fuerza, se observa mayor cantidad de denuncias en la GNA (50,7%) y en la PFA
(40,6%), que en el resto de las fuerzas.
En el caso de aquellas personas que han sufrido acoso sexual y no hayan realizado la denuncia respectiva, se les consultó sobre los motivos de dicho comportamiento. La mayor
parte no denunció por vergüenza o para evitar problemas (44,8%) –primera mención en
los hombres-, siguiéndole en importancia el temor a represalias debido a que comprometía su carrera profesional (31,3%) – primera mención en las mujeres-, debido a que la
denuncia no sirve para nada (29,3) y porque intercedió un superior (6,3%).
Los/las que decidieron realizar la denuncia lo hicieron en primer lugar porque no
debe permitirse ningún tipo de abuso (41,4%), para evitar que sucediera nuevamente
(26,6%) y porque es su deber informar lo sucedido a la superioridad (10,9%).
Al igual de lo que se hizo en el apartado de violencia laboral, se indagó la repercusión
que tuvo la realización de la denuncia. Una primera pregunta se va a referir a la reacción que tuvo el personal de la Institución donde realizó la denuncia, la segunda indaga sobre los efectos que tuvo la denuncia en el/la acosador/a imputado/a y la tercera
da cuenta del impacto de la denuncia en el ámbito laboral y de la reacción del grupo
de trabajo con la víctima de abuso denunciante de tal situación.
Respecto de la primera cuestión, cerca de la mitad de los acosados/as denunciantes
manifestó que al momento de la denuncia se sintió ignorado/a (48,1%), en tanto que
un 40,2% optó por la opción lo/a contuvieron y asesoraron. El resto se inclinó por la
opción otra (22,1%) que mencionan cuestiones como amenaza de sus superiores por
no haberle avisado en primera instancia antes de denunciar, cambios en el lugar de
trabajo y derivación de la denuncia a otra dependencia.
Respecto de los efectos de la denuncia en el/la acusado/a, la mayor parte contesto
que “no se iniciaron las actuaciones disciplinarias ni el proceso de castigo” (59,3%),
mientras que el resto se inclinó por “recibió un castigo menor al justo” (11 %), “fue
castigado apropiadamente” (5,1%) y “se iniciaron las actuaciones disciplinarias contra
el/la avisador/a y está en proceso” (2,6%).
En la opción otra, se consignaron nada más que dos respuestas, pero por su elocuencia la transcribimos textualmente: “le dieron el pase a otra comisaría y ahora está con
el grado de comisario (gran valor)” y “no se hizo nada, saliendo perjudicada yo por
cambio de destino”.
Finalmente, cuando se les preguntó a los/las acosados/as denunciantes que sucedió
en el ámbito laboral luego de denunciar el acoso, la mayor parte (39,4%) manifestó
que terminaron los acosos, el 32,2% dijo haber recibido un trato de mayor aislamiento por parte de sus compañeros/as, el 20,4% recibió apoyo de sus compañeros/as,
para el 14,8% comenzó un trato despectivo hacia su persona, para el 10,1% mejorar
sus condiciones laborales y para el 8,0% empeoraron. Si se suman las reacciones
positivas y las negativas (dan más de 100% por una respuesta múltiple) las primera
alcanzan al 69,9% de las respuestas y las segundas al 55,0%.
Situación de acoso sexual hipotético
Aquellos/as encuestados/as que en la primera pregunta del apartado anterior “¿Usted
ha sido acosado/a sexualmente desde que ingresó a la Fuerza?” han respondido que
no, se los derivó a otra sección del cuestionario donde se indagaba respecto del accionar hipotético ante una situación de acoso sexual.
Ante esta posible situación no vivida, el 79,4% manifestó que llegado el caso lo denunciaría, el 9,0% que no y el resto opinó que no sabe qué actitud tomaría (11,6%).
Denunciarían levemente más las mujeres (86,1%) que los hombres (78,7%), y los
miembros de la PSA (88,8%), que el resto de las fuerzas (entre 76% y 80%).
Al personal que contestó que no denunciaría la hipotética situación de acoso sexual
se le preguntó los motivos de ese comportamiento, a lo que más de la mitad (51,4%)
dijo que preferiría solucionar el/ella mismo (mayormente hombres), el 28,5% no denunciaría por temor a represalias (muy elegida por las mujeres), el 27,2% para evitar
problemas y el 25,1% porque comprometería su carrera.
En la PSA las opciones con mayor nivel de respuesta fueron por temor a represalias
(41,6%) y porque cree que la denuncia no serviría para nada (34,5%). En la PNA y la
PFA se opta principalmente por la solución individual (47,9% y 56,8% respectivamente) y el temor a represalias (33,1% y 27,2% respectivamente). Por último, la justificación de no denuncia del personal de la GNA apunta mayormente a la solución por uno
mismo (50,3%) y porque comprometería a su carrera (36,5%).
En el caso que se efectúe una hipotética denuncia se consultó sobre el efecto de la
misma en el/la acosador/a y en el/la denunciante. El 55,6% de los encuestados considera que el/la supuesto/a acosador/a sería apropiadamente castigados/as, el 25,3%
que recibiría un castigo menor al justo, y el 19,0% que no recibiría ningún castigo. La
confianza en un castigo apropiado es mayor en los hombres que en las mujeres; y en
el personal de la GNA y la PNA que en el resto de las fuerzas.
El efecto de la hipotética denuncia en el/la denunciante es visualizada en un doble
efecto: por un lado terminarían los acosos y recibiría apoyo de sus compañeros (30,7%
y 28,1% respectivamente), y por otro lado comenzaría un trato distinto ante el/la denunciante y empeorarían sus condiciones laborales (30,8% y 21,3% respectivamente).
Cuadro 1: Denuncia y castigo del acoso sexual. Situación real vs.hipotética
Realizaría/ó denuncia
El/la acosador/a sería
apropiadamente castigado
Al comparar el comportamiento real de las víctimas de acoso sexual y el de aquellos/
as que han sido puestos en una situación hipotética, se observan enormes diferencias
que multiplican en 10 veces los efectos. Mientras las víctimas de acoso denunciaron
en un 7,9%, las hipotéticas lo harían en un 79,4%. Por otro lado los/las acosadores/as
que han sido apropiadamente castigados en la vida real alcanzaron nada más que al
5,1% mientras que las expectativas se ubican en torno del 55,6%.
Esta dualidad tiende a reforzar el castigo hacia el/la acosado/a, ya que a la falta de accionar ante una situación de acoso sexual real se le suma un entorno de expectativas
eficientes para resolver la situación. También es posible entrever una doble moral, ya
que los que se ponen en una situación hipotética esperan un castigo apropiado, mientras que los/as que han denunciado han recibido señales negativas y desaprobatorias
por parte de sus compañeros/as (55%).
Este apartado da cuenta de cómo la problemática familiar y laboral se entrecruzan,
cuál es el nivel de conocimiento respecto de la diferente legislación que protege y
ampara el derecho a la maternidad, a la lactancia, a la libre elección de pareja en el
ámbito de las fuerzas policiales y de seguridad, al ingreso sin restricciones por motivos
de embarazo, lactancia y maternidad. También se consultó sobre cuál es el nivel de
aplicación específico de cada una de estas resoluciones y en qué medida los superiores permiten al personal encargarse de las demandas que la maternidad y paternidad
El 68,2% del personal encuestado tiene hijos, pero la prevalencia de hijos en los hombres de las fuerzas es superior a la de las mujeres. Mientras el 70,0% del personal
masculino tiene hijos, ese valor alcanza al 52,2% en las mujeres. Pero no solamente la
proporción de personal con descendientes varía de acuerdo al sexo del entrevistado,
sino que también la cantidad de hijos promedio es diferente: en los hombres 2,1 hijos,
y en las mujeres 1,63.
Cuadro 2: Promedio de hijos según fuerza y sexo del entrevistado
Diferencia (Masc/Fem)
Creemos que estas discrepancias (tanto en la proporción como en la intensidad) obedecen tanto a factores culturales como institucionales que se encuentran en proceso de
reversión. Las limitaciones en los ingresos, la incompatibilidad de algunas de las tareas
de seguridad con el embarazo y la lactancia, el sistema de traslado; como también el
esfuerzo que supone la doble carga laboral de la mujer (familiar y extra familiar), los prejuicios respecto de que las mujeres trabajen, en fin, un cúmulo de factores que en muchos casos se entrecruzan y yuxtaponen para condicionar a limitar la dinámica familiar.
Entre 11 años y 20 años.
Hay otros dos elementos a tener en cuenta a la hora de analizar la composición de
los hogares, y sobre todo el grado de fecundidad, que se encuentra relacionado con
un aspecto demográfico y con otro institucional. Con el primero nos referimos a que
nuestro país ha mostrado una evolución de los parámetros de fecundidad, esperanza
de vida, nupcialidad y estructura poblacional propia de la transición demográfica completa, lo que impacta en menor cantidad de hijos, más alta edad de casamiento y, por
ende, mayor edad de inicio de la maternidad, y menor cantidad de hijos potenciales.
Este primer elemento llevaría a esperar que en los últimos años la cantidad de hijos
del personal haya decrecido. El segundo factor, de tipo institucional, se refiere a las
normas de las fuerzas de seguridad que facilitan u obstaculizan el embarazo y el ejercicio de la maternidad/paternidad. En el último año, desde el Ministerio de Seguridad
se han venido implementando un conjunto de acciones que favorecen y amparan el
ingreso a la fuerza en situación de embarazo, maternidad y paternidad. A partir de este
último factor es de esperar que la cantidad de hijos se haya incrementado.
A través de estos dos aspectos de efectos contrapuestos analizamos la cantidad de
hijos de acuerdo a la antigüedad del personal, donde se puede observar cómo la
fecundidad desciende a menor antigüedad del personal, pero al mismo tiempo, en el
personal que ha ingresado más recientemente se observa una evolución ascendente.
La estructura organizativa de cada fuerza, su disposición territorial, las características demográficas del personal que la componen y el conjunto de normas y valores
(explícitos e implícitos) han impactado en que la cantidad de hijos sea diferenciada:
mientras el personal de la GNA tiene en promedio 1,93 hijos (fuerza de gran dispersión
territorial, de emplazamiento tanto urbano como rural, con escasa presencia de mujeres, con modalidad de traslados permanentes durante la carrera, etc.), los miembros
de la PFA tienen 2,17 hijos en promedio (fuerza preeminentemente urbana, localizada
en forma cuasi fija, etc.).
Al interior de cada una de las fuerzas se repite un fenómeno peculiar, el promedio de
hijos de las mujeres es sensiblemente inferior al de los hombres: en la PNA (44,5%)
y la GNA (41,5%), situación que refuerzas nuestras hipótesis precedentes de que las
decisiones personales en materia de reproducción familiar se encuentra atravesadas
por factores institucionales y culturales.
El conocimiento de legislación que protege a la mujer en situación de embarazo y su
aplicación en el campo real, tiene un potencial impacto en la dinámica reproductiva de
las mujeres de la fuerza. El 63,3% de los/las encuestados/as conoce los alcances de la
licencia por maternidad en lo referente al periodo pre y pos parto, como la posibilidad
de optar para que el período anterior al parto se compute al posterior, un 18,8% optó
por la opción “más o menos” (conoce la licencia) y un 17,9% no estaba al tanto.
El nivel de conocimiento de la licencia por maternidad es mayor en las mujeres (74,7%)
que en los hombres (62,0%); y en la GNA (68,2%) y PNA (62,9%), que en ambas policĂ­as (valores cercanos al 58%).
Hay que tener en cuenta que en los sondeos, las preguntas que se refieren al conocimiento de determinada cuestión, suelen dar mayor valoración positiva que la real, por
un fenómeno de falsa respuesta conocido como “deseabilidad social de las respuestas” ya que la gente tiende a ocultar la ignorancia sobre lo que no conoce. Por esta
razón, se puede presumir que el nivel de desconocimiento es mayor al que arrojan los
datos, aunque estos son un indicio sólido sobre el cual hacer la corrección.
En lo que respecta al cumplimiento de dicha legislación, las opiniones son notablemente diferenciadas por género y por fuerza. Si bien es escasa la proporción de
respuestas que admitan el no cumplimiento de la normativa (a lo sumo 6,4%), las principales variaciones se registran en la opción “siempre se respeta”, valor que alcanza
al 59,3% en las mujeres y al 69,6% de los varones.
El conocimiento sobre la licencia por periodo de lactancia se eleva al 65,3% de las
respuestas, no registrando variaciones de acuerdo al género del/la respondente y registrando, al igual que en la variable anterior, el mayor conocimiento por parte de la
GNA (73,4%) y el menor en la PFA (58,8%).
De igual manera que en el respeto de la normativa que protege la maternidad, en el
caso del cumplimiento de la lactancia, la opción “siempre es respetada” es mas mencionada por los hombres (66,7%) que por las mujeres (44,9%).
Es muy importante el desconocimiento de la posibilidad de que las mujeres con hijos,
embarazadas o lactantes puedan ingresar a los institutos de formación y reclutamiento (42,5%), siendo la PNA (49,7%) y la PFA (45,9%) las fuerzas que registran mayor
ignorancia sobre la normativa.
El conocimiento de que ya no es necesaria la autorización o venia de un superior para
contraer matrimonio se encuentra moderadamente difundido en el personal encuestado (71,1%), no observándose diferencias significativas según el género del/la respondente. En las fuerzas, el personal se encuentra al tanto de esta normativa en forma
homogénea (alrededor del 65%) a excepción de la GNA donde el nivel de conocimiento se eleva al 80,8%. En este punto, debe aclararse que la autorización o venia sólo
estaba prevista en la PFA y en la PNA, situación que fue modificada en el año 2011.
Finalmente, la evaluación de si los/as superiores le permiten al personal encargarse
de las demandas de maternidad y paternidad, el 42,0% de los encuestados contestó
que “totalmente”, el 51,5% optó por “parcialmente” y el 6,5% restante manifestó que
“no le han permitido”.
La posibilidad de que el personal de las fuerzas ejerza una maternidad y paternidad
responsable con la anuencia de los/as superiores es mencionada como “totalmente”
por el 43,8% de los varones y, en mucha menor medida, por las mujeres (26,9%). A
pesar de ello son escasas, en ambos géneros, las menciones de que los superiores
no le han permitido encargarse de sus demandas familiares, por lo que las limitaciones son en su mayoría parciales. El ejercicio de la maternidad y paternidad muestra
diferente grado de aceptación por el personal superior de cada una de las fuerzas. La
mitad del personal de GNA (50,3%) reconoce que el personal al mando permite a sus
subordinados hacerse cargo de las demandas familiares en forma total, parámetros
que alcanza valores inferiores en la PFA y la PNA (36,2% y 38,7% respectivamente) y
en la PSA son aún más bajos (24,1%).
Esta sección es la única a lo largo del informe y de todo el cuestionario que ha sido
contestada exclusivamente por las mujeres. Se analizarán dos temáticas: en principio,
la posibilidad que han tenido las mujeres de amamantar a sus hijos/as mientras se
desempeñaban en las fuerzas policiales y de seguridad, y posteriormente, las tareas
que realizaron las mujeres (instrucción, tiro, guardias, ejercicios de combate) mientras
estuvieron embarazadas o amamantando.
Se consultó sobre el amamantamiento durante el último hijo y para ello se consideraron tres opciones de respuesta:
Si amamantó durante el periodo de licencia pero lo interrumpió al retornar al trabajo
Si amamantó durante el periodo de licencia, pero el retornar del trabajo siguió amamantando.
El 8% de las entrevistadas no amamantó, y al repreguntarle los motivos, éstos mayormente se refieren a cuestiones físicas (no tenía más leche, se retiró la leche, mi bebé
no quiso más el pecho, etc.). Son escasas las menciones sobre motivos institucionales
y personales (no se respeta el horario de lactancia porque debe viajar, tuve que realizar
horas extras por cuestiones económicas y no pude amantar, me enfermé, etc.).
Las dos terceras partes de las mujeres con hijos (64%) amamantaron a sus hijos y lo
siguieron haciendo al retornar al trabajo y el 28% lo dejó de hacer al terminárseles la
licencia por maternidad. La fuerza donde la mayor parte de las mujeres no continuó
con la lactancia durante el trabajo fue la PFA, con el 57,6%, y en la que más se continuó fue en la PSA (81,9%). El resto de las fuerzas se ubicaron en torno del 71%/73%.
En lo que respecta a las tareas que realizaron las mujeres mientras estuvieron embarazadas o amamantando, el 34, % de las primeras y el 44,8% de las segundas cumplieron guardias, el 4,7% y 11,3%, respectivamente, realizaron ejercicios de instrucción y
el 14,3% de las lactantes ejecutaron prácticas de tiro.
En el análisis por fuerza, las lactantes de la GNA han realizado guardias (20,6%), actividades de tiro (30,2%), ejercicios de combate (12,6%) y ejercicios de instrucción
(28,3%). Las actividades siguen siendo muy elevadas en la PSA (guardias, 68,3%, tiro,
36,4%, instrucción, 18,2%), descienden levemente en la PNA y en la PFA las lactantes
mayormente realizan guardias (55,4%).
Las tareas durante el embarazo son las más comunes en todas las fuerzas, registrando
el mayor valor en la PFA (45,6%), en tanto que las actividades que comprometen mayor al cuerpo y ponen en riesgo el embarazo, como son los ejercicios de instrucción,
se registran en mayor medida en la PSA (9,1%) y la GNA (8,9%).
Universo: personal de ambos géneros de la GNA, PNA, PFA y PSA con asiento en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Misiones, y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Muestra: Muestra representativa estratificada no proporcional, corregida por ponderación, con cuotas.
Tamaño muestral: 1776 casos.
Confiabilidad: 95,5% (probabilidad de inclusión de la estimación población)
Error muestral: error máximo, a un 95,5% de confianza, para el conjunto de los datos
+/-1,8%. Para estimaciones dentro de cada fuerza +/-4,0%.
Instrumento de recolección de datos: cuestionario administrado de 8 secciones, conformado mayormente por preguntas estructuradas (simples y múltiples).
Fecha de relevamiento: octubre y noviembre de 2011.
Tareas posteriores al campo: edición del 100% de los cuestionarios, matriz de datos
diseñada y grabada en Snap con criterios de validez y consistencia, cleaning posterior
de la base de datos. Procesamiento de datos en Spss.
Grupo de Trabajo para el Estudio de las Condiciones
de Acceso, Permanencia y Progreso de Mujeres y
Varones en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de
Seguridad (Resolución N° 58/11)
Creación del Grupo de Trabajo mediante Resolución N° 58 del 28 de febrero de 2011.
Dicha Resolución crea el Grupo de Trabajo y dispone que el mismo estará integrado
representantes de la Subsecretaría de Gestión y Bienestar del Personal de las
Fuerzas Policiales y de Seguridad, la Dirección Nacional de Derechos Humanos –a
cargo de la Coordinación del Grupo-, la Superintendencia de Personal, Instrucción y
Derechos Humanos de la Policía Federal Argentina, la Dirección General de Personal
de la Gendarmería Nacional, la Dirección de Educación e Institutos de la Gendarmería
Nacional, la Dirección de Personal de la Prefectura Naval, la Dirección de Educación
de la Prefectura Naval, la Dirección General de Gestión Administrativa de la Policía
de Seguridad Aeroportuaria y el Instituto Superior de Seguridad Aeroportuaria de la
Durante el período comprendido entre los meses de marzo y mayo de 2011, se
realizaron reuniones del Grupo de Trabajo a fin de dar cumplimiento con las tareas
asignadas por la Resolución Ministerial: a) recopilar la normativa vigente en el ámbito de
las FUERZAS POLICIALES Y DE SEGURIDAD vinculada con el acceso, permanencia
y progreso de mujeres embarazadas, mujeres lactantes y personal con niños/as a
cargo; b) elaborar un informe con recomendaciones para la regulación, modificación
y/o derogación de la normativa antes referida.
El Informe Final elaborado por el Grupo de Trabajo efectuó recomendaciones que, una
vez aprobadas por la Sra. Ministra, se han plasmado en diversas normas.
“2011- Año del Trabajo Decente, la Salud y Seguridad de los Trabajadores”.
Informe Final del Grupo de Trabajo para el Estudio de las Condiciones de Acceso,
Permanencia y Progreso de Mujeres y Varones en el ámbito de las Fuerzas de Policiales y de Seguridad creado por Resolución Ministerial N° 58/11
I. Ingreso y Permanencia a los Institutos de Formación/Reclutamiento de personas con
hijos/as a cargo o personas legalmente a cargo y mujeres embarazadas y lactantes.
A) Regulación Normativa
B) Recomendaciones relativas a la etapa de ingreso y permanencia en los institutos de formación/reclutamiento de las fuerzas policiales y de seguridad de
personas con hijo/as o personas legalmente a cargo, mujeres embarazadas
i) Postulantes a ingresar en los institutos de formación/reclutamiento de las fuerzas policiales y de seguridad y candidatas durante el
período de exámenes que resultaren embarazadas o en período de
ii) Cadetas, aspirantes, cursantes, alumnas o estudiantes candidatas
II. Regímenes de licencia por maternidad y lactancia en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad
B) Recomendaciones relativas a los regímenes de licencia por maternidad y
lactancia en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad
III. Régimen para contraer matrimonio entre personal de las Fuerzas Policiales y de
Seguridad y/o con personal de otra Fuerza de Seguridad o Fuerzas Armadas y las
autorizaciones/venias necesarias.
B) Recomendaciones relativas al régimen para contraer matrimonio entre personal de las Fuerzas Policiales y de Seguridad y/o con personal de otra Fuerza de Seguridad o Fuerzas Armadas y las autorizaciones/venias necesarias
IV. Otras recomendaciones
A) Institutos de Formación/Reclutamiento
i) Prohibición en el establecimiento de límites en el ingreso de las
mujeres a los Institutos de Formación/Reclutamiento
ii) Relevamiento sobre la adecuación edilicia de los Institutos de Formación/Reclutamiento de las Fuerzas Policiales y de Seguridad
B) Creación de dispositivos dentro de las Fuerzas Policiales y de Seguridad
que funcionen como espacios de orientación y asesoramiento en vistas a
fortalecer la integración de la mujer
C) Inclusión de la compensación por gastos de guardería y jardín maternal
para personal en actividad de las Fuerzas Policiales y de Seguridad.
D) Restricción de portación, tenencia y transporte del arma de dotación para
los casos de violencia intrafamiliar durante la tramitación del proceso judicial
E) Revisión de la regulación de licencia por Paternidad en el ámbito de las
Fuerzas Policiales y de Seguridad en los períodos de formación y permanencia
F) Continuación del trabajo de diagnóstico para la identificación de medidas
discriminatorias sobre la condiciones de ingreso, permanencia y promoción
de varones y mujeres dentro de las Fuerzas
I. Ingreso y Permanencia a los Institutos de Formación/Reclutamiento de personas con hijos/as a cargo o personas legalmente a cargo y mujeres embarazadas
La ley 25.584 (modificada por la Ley 25.808) establece en su artículo 1° la prohibición “a los directivos o responsables de los establecimientos oficiales o privados de
educación pública de todo el país, en todos los niveles del sistema y de cualquier
modalidad, la adopción de acciones institucionales que impidan o perturben el inicio
o prosecución normal de sus estudios a las estudiantes en estado de gravidez o durante el período de lactancia y a los estudiantes en su carácter de progenitores. Las
autoridades educativas del respectivo establecimiento estarán obligadas, en cuanto a
la estudiante embarazada, a autorizar los permisos que, en razón de su estado sean
necesarios para asegurar tanto su salud física y psíquica como la del ser durante su
gestación y el correspondiente período de lactancia.”
Teniendo en cuenta las disposiciones de la mencionada ley, corresponde revisar la
regulación vigente en el ámbito de los Institutos/Reclutamiento de las Fuerzas Policiales y de Seguridad del ingreso y permanencia de personas con hijos/as a cargo o
legalmente a cargo y de mujeres embarazadas y lactantes a fin de evaluar su compatibilidad con la citada norma.
El Decreto 1886/1983 reglamentario de la Ley para el Personal de la Policía Federal Argentina establece en su artículo 142 que “los postulantes a Cadete de los Escalafones
Seguridad, Bomberos y Comunicaciones, deberán reunir y satisfacer las siguientes
condiciones particulares: …b) ser soltero/a sin hijos o viudo/a sin hijos”.
Para el caso de los postulantes a Agente o Bombero, Escalafones Seguridad, Bomberos y Comunicaciones y de los postulantes a personal de los Escalafones Sanidad,
Jurídico, Músico, Técnico y Veterinario, el Decreto 1886/83 no establece requisitos
excluyentes en el sentido aludido.
La permanencia de mujeres embarazadas y lactantes en la Escuela de Cadetes no se
encuentra regulada ya que reglamentariamente no se admite su ingreso1.
1 La PFA informa que en el caso de presentarse tal circunstancia, el Consejo de Dirección de la Escuela de Cadetes
otorgará licenciamiento extraordinario hasta que finalice el servicio especial que otorga la Junta de Reconocimientos
Para el caso de los postulantes a la Escuela de Suboficiales o cadetes, la ley para el
Personal de la PFA establece en su artículo 980 del Decreto 1886/83 establece que “la
licencia por maternidad se otorgará conforme a las disposiciones legales que rigen en
la materia”, es decir, los artículos 177 y subsiguientes (Protección de la Maternidad)
de la Ley 20.774 de Contrato de Trabajo.
De acuerdo a lo informado por la Prefectura Naval Argentina mediante MS N° 9148/11,
el ingreso a la Escuelas de Oficiales y Suboficiales se restringe a personas solteras sin
familiares a cargo.
A su vez, el Reglamento de Aptitud Física de la Prefectura Naval Argentina establece
el embarazo como causal de separación de las Escuelas de Oficiales y Suboficiales
(artículo 802 punto 6 apartado a), Capítulo 8, Anexo II, Reglamento de Aptitud Física
de la Prefectura Naval Argentina.)
El Decreto 980/2008 de Ingreso en los distintos agrupamientos Escalafonarios y Especialidades de la Gendarmería Nacional dispone en su artículo 6 que la incorporación de personal femenino “se ajustará a lo establecido en el artículo 1º de la Ley Nº
25.584” (modif. por ley Nº 25.808), “que prohíbe la discriminación de las mujeres embarazadas o con hijos en establecimientos oficiales y privados de educación pública
[…] En este aspecto se evitarán acciones Institucionales que impidan la prosecución
normal de sus estudios a las cursantes en estado de gravidez”.
Respecto de varones con hijo/as o personas legalmente a cargo, el Decreto 980/2008
no impone ninguna restricción expresa para su ingreso y permanencia.
Por otra parte, en la actualidad se encuentra vigente la Disposición del Director Nacional de Gendarmería 171/02, complementaria del decreto 1669/01, que establece en
el Anexo I Apéndice I (Normas particulares para el personal que integra el escalafón
reclutamiento local*), en su art. 1° inc. e), “Condiciones básicas de ingreso: 1) Ser
argentino nativo o por opción, del sexo masculino o femenino según lo determine el
oportuno llamado a concurso. 2) Ser de estado civil soltero sin hijos, casado, viudo
o divorciado, sin situaciones especiales de familia pendientes de resolución judicial
De acuerdo a lo informado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria mediante MS N°
9148/11, no existen restricciones a nivel normativo que impidan el ingreso al Instituto
de Seguridad Aeroportuaria de personas con hijos/as o personas legalmente a cargo,
mujeres embarazadas ni lactantes.
Respecto de la permanencia en el Instituto, la institución suspende el pago de la beca
de estudios hasta tanto se haya superado el plazo pos parto.
personas con hijo/as o personas legalmente a cargo, mujeres embarazadas o
El Grupo de Trabajo recomienda la adopción de las siguientes medidas:
1. Instruir a través de una Resolución Ministerial a los jefes de la Policía Federal Argentina, la Prefectura Naval Argentina, la Gendarmería Nacional y la Policía de Seguridad
Aeroportuaria para que adecuen los reglamentos y todo acto administrativo conforme
lo dispuesto en el artículo 1° de la ley 25.584 (modif. por ley 25808).
2. Proponer la derogación del artículo 142 inc. b del Decreto 1866/83
3. Derogar el artículo 802 punto 6 apartado a), Capítulo 8, Anexo II, Reglamento de
Aptitud Física de la Prefectura Naval Argentina
4. Derogar la Disposición del Director Nacional de Gendarmería 171/02. Anexo I Apéndice I (Normas particulares para el personal que integra el escalafón reclutamiento
5. Derogar la Disposición del Director Nacional de Gendarmería 569/06.
Asimismo, el Grupo de Trabajo nota que la prohibición de expulsión de mujeres embarazadas y/o en período de lactancia y la obligación de no discriminar en el ingreso,
hace necesario atender una serie de situaciones en las siguientes instancias:
a)	mujeres que al momento de ingresar a los Institutos de formación/reclutamiento o en el período de exámenes resultaren embarazadas o se encuentren
en período de lactancia;
b)	mujeres que habiendo ingresado y aún no concluido la etapa de formación
en los Institutos, resultaren embarazadas o se encuentren en período de lactancia.
Para ello, se propondrán regulaciones separadas atendiendo a cada caso:
i) Postulantes a ingresar en los institutos de formación/reclutamiento de
las fuerzas policiales y de seguridad y candidatas durante el período de exámenes que resultaren embarazadas o en período de lactancia
I.	Podrán inscribirse para rendir exámenes de ingreso las mujeres que se encuentren embarazadas o en período de lactancia, conforme las condiciones que se
establecen en el presente Anexo y de las que se hará tomar conocimiento escrito en
oportunidad de recibir su solicitud de inscripción.
II.	Será obligatorio para la postulante acreditar con certificado médico o denunciar bajo declaración jurada su embarazo cuando estuviere en conocimiento de ello,
como asimismo si se encuentra en período de lactancia.2
III.	La Institución efectuará seguidamente la realización de los exámenes médicos correspondientes para la detección o constatación del embarazo, previo consentimiento informado de la postulante. En caso que la causante no preste su consentimiento, se dejará constancia en un acta labrada a tal fin.3
IV.	La postulante que se encuentre embarazada podrá rendir solamente los exámenes intelectuales –en los casos que corresponda- establecidos para el ingreso, por
los cuales, en caso de ser aprobados, se le extenderá una “Constancia de Aprobación
de exámenes intelectuales” con el puntaje obtenido. En ningún caso se autorizará a
postulantes embarazadas la ejecución de exámenes de educación física e instrucción
física que estuvieran establecidos como requisitos para el ingreso.
V.	La “Constancia de Aprobación de exámenes intelectuales” tendrá vigencia
hasta que finalice el período de gestación y/o lactancia, según el plazo, que no podrá
exceder los 2 (DOS) años calendario4 desde la fecha de certificación del embarazo.
Cumplidos estos plazos, la postulante podrá presentarse en la siguiente incorporación
para cumplimentar con la totalidad de los exámenes de educación física e instrucción
física para el ingreso.
2 En este punto la Gendarmería Nacional observa la conveniencia de que se presente un certificado médico, aclarando que una declaración jurada personal no reviste el carácter de instrumento a los fines jurídicos, solamente tiene
validez para las partes.
3 En continuidad con la observación anterior, la Gendarmería Nacional sostiene que si la causante no presenta el
certificado médico anterior y no preste consentimiento se debería dejar constancia en un acta a fin de deslindar todo
tipo de responsabilidad administrativa, civil y/o penal.
4 La GNA señala que 2 (dos) años es excesivo y en cuanto al certificado médico competente debe acompañarse los
antecedentes sanitarios para volver a iniciar los trámites de reincorporación.
La efectiva incorporación al Instituto de Formación/Reclutamiento de la interesada
que se encontrare embarazada, se hallará sujeta –en los casos que corresponda- al
orden de mérito obtenido con el resultado de sus exámenes físicos e intelectuales y a
la disponibilidad de vacantes existentes en el período de ingreso del año en ejercicio.
Como única excepción se permitirá la reincorporación de quienes superen el límite de
La postulante que finalice su período de lactancia antes de los DOCE (12) meses
posteriores al nacimiento, previa certificación médica competente y presentación de
declaración jurada, podrá reintegrarse en el siguiente período de incorporación.
En todos los casos, los exámenes que deberán rendirse serán los vigentes al momento
de la presentación efectiva para llevarlo a cabo.
VI.	Superado el plazo otorgado en razón del embarazo y/o lactancia, establecido
en el punto V, la postulante que no hubiera regularizado su situación de acuerdo con lo
señalado en el punto anterior, deberá reiniciar su procedimiento de postulación.
VII.	Si la postulante se presentara nuevamente embarazada, deberá reinscribirse.
Sólo podrá hacerlo una vez más a los efectos de realizar los exámenes físicos e intelectuales quedando su incorporación sujeta al cumplimiento de los demás requisitos
exigidos para el ingreso al Instituto, inclusive el límite de edad.
VIII.	Las postulantes que se encuentren en período de lactancia podrán rendir solamente los exámenes intelectuales establecidos –en los casos que corresponda- para
el ingreso, por los cuales, en caso de ser aprobados, se les extenderá “Constancia de
Aprobación de exámenes intelectuales” con el puntaje obtenido, el que tendrá validez
hasta el siguiente período de incorporación, oportunidad en que deberá presentarse
para completar la totalidad de los exámenes pendientes necesarios para su ingreso.
En ningún caso se autorizará a postulantes en período de lactancia la ejecución de
exámenes de educación física e instrucción física que estuvieran establecidos como
Será de aplicación, en lo pertinente, el procedimiento previsto en los puntos previos.
En caso de que la postulante no se presente en el siguiente período de incorporación
inmediato al vencimiento del plazo, deberá reiniciar todo el procedimiento.
Debe tenerse en cuenta que la efectiva incorporación de la interesada que se encontrase en la situación antes descripta, se hallará sujeta –en los casos que correspondaal orden de mérito obtenido con el resultado de sus exámenes físicos e intelectuales y
a la disponibilidad de vacantes existentes en el período de ingreso del año en ejercicio.
IX.	Si la postulante fuera menor de edad se pondrá en conocimiento al padre,
madre o tutor de dicha situación previo aviso a la candidata. El aviso al padre, madre o
tutor deberá efectuarse respetando el derecho a la intimidad de las personas.
X.	La candidata que quedara embarazada durante el período de exámenes deberá informar de inmediato por medio fehaciente su embarazo cuando estuviere en
conocimiento de ello, como asimismo si se encuentra en período de lactancia.
XI.	La candidata que quedara embarazada durante el período de exámenes deberá suspender toda actividad física y sólo podrá ser sometida a las exigencias de
carácter intelectual, en los casos que corresponda. En ningún caso se autorizará a las
candidatas a realizar exámenes de educación física e instrucción física que estuvieran
establecidos como requisitos para el ingreso.
XII.	Si la candidata fuera menor de edad se pondrá en conocimiento al padre,
XIII.	La candidata que finalice su período de lactancia antes de los 12 (DOCE)
meses posteriores al nacimiento, previa certificación médica competente y presentación de declaración jurada, podrá reincorporarse en el siguiente período calendario de
ii) Cadetas, aspirantes, cursantes, alumnas o estudiantes candidatas embarazadas y en período de lactancia.
I.	La cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata será responsables de informar de inmediato por medio fehaciente el embarazo cuando tuviere
conocimiento de ello. También deberá comunicar la sospecha de la probabilidad de
II.	La Institución efectuará la realización los estudios médicos que certificarán su
embarazo y demás medidas que se correspondan con su estado5.
III.	En caso de que se tratare de una menor de edad se pondrá en conocimiento
del padre, madre o tutor dicha situación, previo aviso a la cadeta/aspirante/cursante/
alumna/estudiante candidata. El aviso al padre, madre o tutor deberá efectuarse respetando el derecho a la intimidad de las personas.
5 En este punto, la Gendarmería Nacional efectuó una observación, proponiendo que cuando exista sospecha de
embarazo por los síntomas expuestos, la Institución pueda realizar los estudios necesarios a fin de resguardar la
IV.	Cuando los estudios que le fueran realizados arrojen el resultado positivo de
embarazo, se le otorgará a la cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata
una licencia extraordinaria6 que le será concedida previo informe de la autoridad médica de la Fuerza, procediendo el Instituto a reservar la vacante por el tiempo que dure
V.	La licencia extraordinaria mencionada en el punto IV constará de dos períodos:
i.	Licencia especial por maternidad iniciada al momento de la notificación del
embarazo hasta el nacimiento del niño/a.
ii.	Licencia parcial por maternidad y lactancia, que abarca desde el nacimiento
hasta que el niño/a cumpla 1 (UNO) año de edad.7
VI.	La cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata que finalice su
período de lactancia antes de los 12 (DOCE) meses posteriores al nacimiento, previa
certificación médica y presentación de declaración jurada, podrá reincorporarse en el
siguiente período calendario de incorporación8.
En todos los casos será necesario el apto médico de la autoridad médica de la Fuerza.
En los casos en que la cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata sea
menor de edad, se requerirá a su padre, madre o tutor el consentimiento para el reingreso.
VII.	Finalizadas las licencias la cadeta/aspirante/cursante/alumna, en el plazo de
CINCO (5) días hábiles deberá comunicar por medio fehaciente su opción por la reincorporación o la solicitud de baja voluntaria.
Las reincorporaciones se realizarán al comienzo del siguiente período lectivo, una vez
finalizadas las licencias.
VIII.	A su reingreso, la cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata retomará los estudios en la misma instancia en que fueron suspendidos a causa de la
6 La Prefectura Naval Argentina y la Gendarmería Nacional presentaron sus observaciones sobre este punto. En este
sentido, propusieron que la licencia extraordinaria sea otorgada sin el goce del haber/beca correspondiente.
7 Desde la Gendarmería Nacional señalan que ante los períodos de Licencia se considera conveniente hacer una diferenciación de las siguientes situaciones: 1. Período de Embarazo, 2. Nacimiento con vida, 3. Perdida de embarazo
y 4. perdida del Menor, debiendo otorgarse un goce diferenciado para cada situación.
8 En este punto, la Gendarmería Nacional observó que el período de 12 (DOCE) resulta extenso teniéndose en cuenta
el ciclo lectivo en cuanto a los planes de estudio.
El reingreso de las cadetas/aspirantes/cursantes/alumna/estudiantes candidatas deberán ser adecuados a los planes de estudios vigentes conforme a los períodos de
Los Institutos de Formación/Reclutamiento podrán prever cursos de actualización
para los casos de reincorporación siempre y cuando los mismos no impliquen un retraso excesivo en la carrera.
XIV.	La cadeta/aspirante/cursante/alumna/estudiante candidata podrá acceder a
esta licencia por única vez.
II. Regímenes de licencia por maternidad y lactancia en el ámbito de las Fuerzas
Policiales y de Seguridad
A continuación se detalla la regulación vigente en materia de regímenes de licencia por
maternidad y período de lactancia, de acuerdo a lo informado y la normativa acercada
por los miembros del Grupo de Trabajo creado por Resolución MD N° 58/11. Asimismo, se detallan los regímenes de licencia por paternidad de las distintas Fuerzas.
Régimen de licencia por maternidad: Este régimen se encuentra regulado por la Ley de
Personal N° 21965 y su Reglamentación (Decreto 1866/83). Así, el Art. 380 establece
que la licencia “por maternidad se otorgará conforme las disposiciones que rigen en la
materia”. En este sentido, es de aplicación el Art. 177 de la ley de Contrato de Trabajo
N° 20.744 que garantiza, a toda mujer durante la gestación, el derecho a estabilidad
en el empleo a partir de la notificación del embarazo, y establece que la prohibición
del trabajo de mujeres “durante los CUARENTA Y CINCO (45) días anteriores al parto
y hasta CUARENTA Y CINCO (45) días después del mismo. Sin embargo, la interesada
ser inferior a TREINTA (30) días; el resto del período total de licencia se acumulará al
período de descanso posterior al parto. En caso de nacimiento pre-término se acumulará al descanso posterior todo el lapso de licencia que no se hubiere gozado antes del
parto, de modo de completar los NOVENTA (90) días…”
Régimen de Licencia por Paternidad: se encuentra regulado en la Ley de Personal N°
21965 y su Reglamentación (Decreto 1866/83). El art. 365 del Decreto 1866/83 establece que la licencia “por nacimiento de hijo será concedida por el Jefe de la dependencia por el término de 5 (CINCO) días corridos”
Régimen en el período de lactancia: Conforme lo informado por la Policía Federal
Argentina, la Junta Permanente de Reconocimientos Médicos otorga a partir del nacimiento TRESCIENTOS SESENTA Y CINCO (365) días de disminución de UNA (1) hora
en la jornada laboral debiendo ser exceptuada de las prácticas de tiro. Asimismo, al
personal que se encuentre en período de lactancia se le otorga durante la jornada DOS
(2) intervalos de media hora cada uno, para el amamantamiento del lactante.
Respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas y lactantes, la Policía Federal no posee
una regulación específica. No obstante, la Institución informó que, además de exceptuar de las prácticas de tiro, la Junta Permanente de Reconocimientos Médicos
“otorga servicio especial, el cual consiste en realizar tareas internas, sin uso de uniforme, horario simple y diurno, exentas de esfuerzos físicos acentuados, marcha o
bipedestación prolongada.”
Régimen de licencia por maternidad. Este régimen se encuentra regulado en la Reglamentación del Personal de Prefectura Naval (Anexo III). El artículo 060114 dispone que
la licencia especial “por gravidez se acordará por el término de NOVENTA (90) días, en
lo posible en DOS (2) períodos iguales, uno anterior y otro posterior al parto; el último
de los cuales no será menor de CUARENTA y CINCO (45) días…”
Régimen de Licencia por Paternidad: No existe una regulación específica que atienda
a licencia por paternidad.
Régimen en el período de lactancia: de acuerdo a lo establecido en la Reglamentación
del Personal de Prefectura Naval -el artículo 060114 inc. f-, “toda madre lactante tendrá derecho a optar por: 1) disponer de DOS (2) descansos de media hora cada uno
para amamantar a su hijo en el transcurso de su servicio; o 2) disminuir UNA (1) diaria
su horario de servicio ya sea al iniciarlo o finalizarlo; o 3) disponer de UNA (1) en el
transcurso de su servicio.” Respecto de plazo para gozar de tal derechos, establece
que “el término máximo por el que deberá concederse beneficio del horario, según lo
establecido en este inciso, será de SEIS (6) meses a contar desde la fecha de ocurrido
el nacimiento.”
Respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas y lactantes, en el caso de las mujeres embarazadas, el artículo 060114 inc. e) de la Reglamentación del Personal de Prefectura
Naval establece que “a solicitud de la interesada y previa certificación de la autoridad
sanitaria competente que así lo aconsejare, podrá acordarse cambio de tarea a partir
de la concepción y hasta el comienzo de la licencia por gravidez”.
A su vez, el art. 1804 del Reglamento de Aptitud Física de la Prefectura Naval establece que las mujeres embarazadas, previo examen médico competente, serán separadas de las “tareas operativo – policiales que se encuentre desarrollando y se lo autorizara a realizar las tareas adecuadas, por un lapso no superior a NUEVE (9) meses…”.
Asimismo, en el caso las mujeres se encuentren realizando “cursos que demanden
esfuerzos físicos o riesgos eventuales, será separados de los mismos, asignándoseles
tareas adecuadas” también por el mismo lapso.
De acuerdo a la normativa informada por la Prefectura Naval, no existe regulación
respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicio de combate, de instrucción y otros para mujeres en período de lactancia.
Régimen de licencia por maternidad: Este régimen se encuentra regulado en la Disposición del Director Nacional de Gendarmería Nro. 566/07 en el apartado V.4. a) que
se otorgará a las mujeres embarazadas una licencia que abarcará el período anterior y
posterior al parto y cuya duración será de “CIEN (100) días…”
Régimen de Licencia por Paternidad: Se encuentra regulada por en el apartado V.4. b)
de la Disposición DGN N° 566/07 que otorga 5 (CINCO) días corridos por nacimiento
Régimen en el período de lactancia: Se encuentra regulada por en el apartado V.4.
d) de la Disposición DGN N° 566/07 en carácter de permiso. Así, establece que “se
podrá disponer de 2 descansos diarios de 1 (UNA) hora cada uno, por un período de
hasta 1 (UN) año posterior al parto para amamantar, salvo que razones médicas documentadas aconsejen que los lapsos sean más prolongados. Sujeto a disposición de la
autoridad superior inmediata, podrá el personal femenino ingresar al lugar de trabajo
una hora después o retirarse del mismo una hora antes.”
Respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas, es de aplicación la Disposición N° 566/07,
apartado VII que dispone que el titular del Elemento debe observar ciertos aspectos
en relación con las mujeres embarazadas, entre otros, su exclusión “de todo tipo de
esfuerzos físicos que puedan causar traumatismos de cualquier índole” y que deberá
ser exceptuada “del servicio de armas que signifique paradas por tiempos prolongados, exposición a la intemperie y todo servicio en período de duración que supere las
6 (SEIS) horas y que comprometa el horario nocturno”, “será exceptuado del uso del
correaje convencional y de la portación del arma reglamentaria en la cintura”. Además,
establece que el “tercer mes de gestación, el personal estará exceptuado del uso de
uniforme y sólo realizará actividades administrativas.”
Respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres en período de lactancia, la Gendarmería no aportó normativa aplicable.
Régimen de licencia por maternidad: Se encuentra contemplada en el art. 160 del
Decreto 836/08, y establece que la misma se concederá por CIEN (100) días corridos,
quedando prohibido el trabajo del personal femenino durante los TREINTA (30) días
anteriores al parto y hasta SETENTA (70) días corridos después del mismo. Esta licencia puede reducirse presentando certificado médico autorizante que permita, a opción
de la mujer, reducir la licencia anterior al parto.
Régimen de Licencia por Nacimiento de Hijo/a en torno a la Paternidad: El artículo 165
del Decreto 836/08 establece que esta licencia será de “QUINCE (15) días corridos a
partir de la fecha del nacimiento, con goce de haberes”.
Régimen en el período de lactancia: se encuentra también regulado en el artículo 168
del Decreto 836/08 que dispone que por lapso de 1 (UN) año a partir de la fecha de
nacimiento, se le concederá un horario especial de servicio, DOS (2) descansos de 1
(UNA) hora en el transcurso de la jornada de trabajo de OCHO (8) horas diarias, por
un período no superior a 1 (UN) año a partir de la fecha del nacimiento, salvo que por
razones médicas sea necesario extender el lapso. A opción de la agente podrá acumularse la licencia diaria, ingresando DOS (2) horas después o retirándose DOS (2)
horas antes”.
Respecto del régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas, el art. 160 del Decreto 836/08 dispone
que las mismas serán exceptuadas del servicio de armas. Asimismo, de acuerdo a lo
informado por la Policía de Seguridad Aeroportuaria, las mujeres embarazadas quedan exceptuadas del contacto con los equipos de inspección de rayos X e interpretación de imágenes. En cuanto a las mujeres que se encuentren en período de lactancia,
la excepción del servicio también se les aplica.
B) Recomendaciones relativas a los regímenes de licencia por maternidad y lactancia en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad. Los aspectos desarrollados anteriormente son regulados de modo diferente según la Institución de que
se trate y, a su vez, algunos de los aspectos no han sido tratados por la normativa
vigente en las Fuerzas.
Por lo expuesto, el Grupo de Trabajo recomienda la adopción de las siguientes medidas:
I. Instruir a través de una Resolución Ministerial a los jefes de la Policía Federal Argentina, la Prefectura Naval Argentina, la Gendarmería Nacional y la Policía de Seguridad
las pautas mínimas que se desarrollan a continuación. Ello, sin perjuicio de que en el
caso de que existan previsiones más favorables para el personal, serán de aplicación
Licencia por Maternidad. La licencia por maternidad comprenderá los CUARENTA Y
CINCO (45) días anteriores al parto y hasta CUARENTA Y CINCO (45) días después
del mismo. Sin embargo, la interesada podrá optar por que se le reduzca la licencia
anterior al parto, que en tal caso no podrá ser inferior a TREINTA (30) días; el resto del
período total de licencia se acumulará al período de descanso posterior al parto. En
caso de nacimiento pre-término se acumulará al descanso posterior todo el lapso de
licencia que no se hubiere gozado antes del parto, de modo de completar los NOVENTA (90) días.
Régimen en el período de lactancia. Por el plazo de 1 (UN) año a partir de la fecha de
nacimiento, se le concederá a la mujer en período de lactancia, un horario especial
de servicio que comprenderá DOS (2) descansos de 1 (UNA) hora en el transcurso de
la jornada de trabajo de OCHO (8) horas diarias, salvo que por razones médicas sea
necesario extender el lapso. A opción de la interesada podrá acumularse la licencia
diaria, ingresando DOS (2) horas después o retirándose DOS (2) horas antes de la
Régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios de combate, de instrucción y otros
para mujeres embarazadas y en período de lactancia.
A partir de la notificación del embarazo, y previo dictamen de la autoridad médica
competente, la mujer será exceptuada del servicio de armas, y todo servicio en período de duración que supere las 6 (SEIS) horas, que comprometa el horario nocturno e
implique la realización de esfuerzos físicos acentuados.
La misma excepción se aplicará, previo dictamen de la autoridad médica competente,
respecto de las mujeres que se encuentren en período de lactancia, cuyo lapso es de
1 (UN) año y comienza a partir del nacimiento.
III. Régimen para contraer matrimonio entre personal de las Fuerzas Policiales y
de Seguridad y/o con personal de otra Fuerza de Seguridad o Fuerzas Armadas
y las autorizaciones/venias necesarias.
A continuación se detalla la regulación vigente en materia de matrimonio entre personal de las Fuerzas Policiales y de Seguridad y/o con personal de otra Fuerza de
Seguridad o Fuerzas Armadas y las autorizaciones/venias necesarias, de acuerdo a lo
informado y la normativa acercada por los miembros del Grupo de Trabajo creado por
Resolución MD N° 58/11.
Los artículos 260 a 266 de la Reglamentación de la Ley de Personal (Decreto N°
1866/83) regulan las cuestiones relativas al matrimonio. Se establece que “para contraer matrimonio el personal superior formulará la solicitud en nota por vía jerárquica a
la Superintendencia de Personal, Instrucción y Derechos Humanos…” y que “el Jefe
de la dependencia que revistara el peticionante acompañará en todos los casos los
datos de identidad de la persona con la que éste desea contraer enlace, sus padres y
hermanos y otros miembros de su grupo familiar con los que pueda convivir” (conf. art
260 Decreto N° 1866/83). En el caso del personal subalterno, se prevé que la solicitud
se efectúe ante el Jefe de Dependencia, el que deberá cumplir con el procedimiento
antes descrito (conf. art. 261 Decreto N° 1866/83).
El art. 17 inc. a) de la ley 18.398 establece entre los deberes del personal el de “no
contraer matrimonio sin previa venia del Prefecto Nacional Naval…”. A su vez, el artículo 010205 de la Reglamentación de Personal dispone que “el oficial que desee
contraer matrimonio solicitará por escrito autorización al Prefecto Nacional Naval por
la vía jerárquica correspondiente, en la forma y tiempo que determine la Dirección del
El Reglamento para la Administración del Personal (RI PNA 6-044) complementa en
forma integral las disposiciones referentes al matrimonio. El artículo 10801 establece
los requisitos que debe cumplir el personal superior para contraer matrimonio, entre
otros, “por cuerda separada se elevarán los Certificados Médicos y/o informes exponiendo situaciones particulares de la futura contrayente que impongan una solución de
emergencia” (artículo 10801 inc. a RI PNA 6-044). Por su parte, el artículo 10802 dispone los requisitos que deberá cumplir el personal subalterno para solicitar la autorización para contraer matrimonio entre los que se encuentra el mencionado más arriba.
Asimismo, la Prefectura Naval no cuenta con impedimentos para contraer matrimonio
entre personal de distintas categorías (cuadros, grados, cargo, etc) y/o con personal
de otras Fuerzas de Seguridad, Policiales o Fuerzas Armadas.
En las Directivas del Enlace Matrimonial de Gendarmería Nacional, en el Anexo I a
la DDNG NRO 199/08 (NORMAS Y PROCEDIMIENTOS A SEGUIR PARA CONTRAER
MATRIMONIO PARA EL PERSONAL DE GENDARMERÍA NACIONAL) se explicita en el
punto NRO 1 NORMA GENERAL que: “En ningún caso se prohibirá el matrimonio de un
integrante de la Fuerza” refiriéndose al personal en actividad, sin distinción de grados.
En el caso de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, no existe ninguna normativa que
reglamente la solicitud de matrimonio por parte del personal.
A su vez, no consta en la Institución ningún régimen específico para contraer enlace
entre personal de distintas categorías, ni tampoco impedimento alguno para contraer
enlace con otras fuerzas de Seguridad o Armadas.
B) Recomendaciones relativas al régimen para contraer matrimonio entre personal de las Fuerzas Policiales y de Seguridad y/o con personal de otra Fuerza de
Seguridad o Fuerzas Armadas y las autorizaciones/venias necesarias.
De acuerdo a la información y la normativa acercada por los miembros del Grupo de
Trabajo, algunas instituciones establecen, como requisito para contraer matrimonio, la
autorización o venia del superior estableciendo la facultad de conceder la misma en
diversas autoridades según el caso.
El derecho a contraer matrimonio está garantizado por los instrumentos internacionales de derechos humanos que gozan de jerarquía constitucional conforme el artículo
75 inc 22 de la Constitución Nacional (art. 23 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y art. 17 inc. 2 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos).
Por su parte, los principios de igualdad y no discriminación establecen que todos los
habitantes son iguales ante la ley y obligan al Estado a respetar y garantizar sin ningún
tipo de distinción los derechos reconocidos en los instrumentos internacionales de
A su vez, el art. 28 de la Constitución Nacional dispone que los derechos y garantías
reconocidos en ella no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio.
En tal sentido, la obligación que pesa sobre el personal de solicitar la venia matrimonial implica una restricción que altera el ejercicio del derecho reconocido en los diversos instrumentos internacionales de derechos.
1.	Instruir a través de una Resolución Ministerial a los jefes de la Policía Federal
Argentina y la Prefectura Naval Argentina que adecuen los reglamentos y todo
acto administrativo de modo tal que se elimine la autorización para contraer
matrimonio como requisito previo para realizar el mismo.
2.	Proponer la derogación de los artículos 260, 261 y 262 del Decreto N° 1866/83.
3.	Proponer la derogación del art. 17 inc. a) de la ley 18.398.
4.	Derogar el artículo 010205 de la Reglamentación de Personal de la Prefectura
5.	Derogar los artículos 10801 y 10802 de Reglamento para la Administración
del Personal de Prefectura Naval.
El Grupo considera hacer una serie de recomendaciones a fin de profundizar la política
integral con perspectiva de género impulsada en el marco de la Resolución Ministerial
i) Prohibición en el establecimiento de límites en el ingreso de las mujeres a los Institutos de Formación/Reclutamiento. A fin de complementar las recomendaciones efectuadas en relación al régimen de ingreso y permanencia a los
Institutos, el Grupo de Trabajo sugiere avanzar con una recomendación que prohíba
el establecimiento de límites para el ingreso de mujeres, que no respondan a las exigencias legales y al orden de mérito alcanzado en los procesos de selección, en los
ii) Relevamiento sobre la adecuación edilicia de los Institutos de Formación/Reclutamiento de las Fuerzas Policiales y de Seguridad. En el marco de
la elaboración de las recomendaciones, surgieron algunas cuestiones acerca de la
adecuación edilicia de las distintas escuelas en relación a las exigencias que plantea
la integración de mujeres. Atento a ello, el Grupo recomienda llevar a cabo un relevamiento sobre la adecuación edilicia de dichos institutos.
B) Creación de dispositivos dentro de las Fuerzas Policiales y de Seguridad que
funcionen como espacios de orientación y asesoramiento en vistas a fortalecer
la integración de la mujer. Se recomienda la creación en cada Fuerza de Centros de
Atención a las Problemáticas de Género, con el objetivo de crear un espacio de orientación en cuestiones de género que se susciten en el ámbito del trabajo, designando
además referentes en las distintas unidades organizativas para asegurar un completo
despliegue territorial. Resulta un ejemplo a seguir la iniciativa de la Gendarmería Nacional, que cuenta con un dispositivo específico, el Centro Integral de la Mujer.
C) Inclusión de la compensación por gastos de guardería y jardín maternal para
personal en actividad de las Fuerzas Policiales y de Seguridad. En el transcurso
de la labor del Grupo de Trabajo, los representantes de las Fuerzas plantearon la ausencia de espacios adecuados y la escasez de vacantes en establecimientos públicos
para el cuidado de los/as hijo/as del personal en actividad. La necesidad de compatibilizar la actividad profesional y las obligaciones del orden familiar de las mujeres y
varones integrantes de las Fuerzas requieren de la adopción de medidas que permitan
contar con una red destinada al cuidado de niños y niñas de 45 días a 4 años de edad.
En tal sentido, el Grupo de Trabajo recomienda implementar una compensación por
gastos de guardería y jardín maternal para personal en actividad perteneciente a las
Fuerzas Policiales y de Seguridad, medida adecuada por cumplir con las obligaciones
estatales y que coloca a los miembros de las Fuerzas en condiciones de igualdad con
los/as trabajadores/as que en la actualidad perciben la compensación.
y/o administrativo. Es una obligación estatal adoptar las medidas necesarias para
prevenir, investigar y sancionar la violencia de género, asegurando que la violencia
intrafamiliar no sea tolerada y reduciendo los riesgos que conlleva la portación, tenencia y transporte de armas. Por ello, el Grupo de Trabajo recomienda adoptar esta
medida como modo para resguardar la integridad física, psicológica y moral de la/el
denunciante de violencia intrafamiliar, tomando como ejemplo la regulación sobre la
que ya han avanzado algunas Fuerzas.
E) Revisión de la regulación de licencia por Paternidad en el ámbito de las Fuerzas Policiales y de Seguridad en los períodos de formación y permanencia. En
particular, se observa como positivo el Régimen de Licencia por Nacimiento de Hijo/a
en torno a la Paternidad de la Policía de Seguridad Aeroportuaria que el artículo 165
partir de la fecha del nacimiento, con goce de haberes”.9
F) Continuación del trabajo de diagnóstico para la identificación de medidas discriminatorias sobre la condiciones de ingreso, permanencia y promoción de varones y mujeres dentro de las Fuerzas. El Grupo de Trabajo recomienda profundizar
el diagnóstico de identificación de medidas discriminatorias sobre las condiciones de
ingreso, permanencia y promoción de varones y mujeres en las Fuerzas Policiales y
de Seguridad; continuar con la creación y transformación de políticas que incluyan las
problemáticas de género, haciendo especial hincapié en las regulaciones y medidas
para atender a las violencias contra las mujeres; como también continuar fortaleciendo
el trabajo en pos de la conciliación de la vida familiar y laboral de todo el personal de
Implementación de la Resolución N° 469/11
Pautas Mínimas de Licencias de Maternidad y Lactancia en el ámbito de las Fuerzas
Policiales y de Seguridad y para el Régimen de guardias, actividades de tiro, ejercicios
de combate, de instrucción y otros para mujeres embarazadas y lactantes.
- Policía Federal Argentina: ODI N° 92 del 13 de julio de 2011.
- Prefectura Naval Argentina: Mensaje Oficial Interno GFH 241250 a toda la red de la PNA
- Gendarmería Nacional: Disposición N° 1167/11
- Policía de Seguridad Aeroportuaria: MEMORANDO DRRH N°1175/2011– MEMORANDO
DAMP N° 805/2011
Implementación de la Resolución N° 472/11
Prohibición de acciones que impidan el ingreso y permanencia a los Institutos de
Formación/Reclutamiento de personas con hijos/as a cargo o personas legalmente a
cargo y mujeres embarazadas y lactantes.
- Policía Federal Argentina: ODI N° 85 con fecha 18 de julio de 2011.
- Prefectura Naval Argentina: Notificación de difusión interna, por medio de la Nota N°
244/11 (0) Letra: DEDU, N7.4 con fecha 01 de agosto 2011, realizada por el Prefecto
General FARREL, Director de Ecuación.
- Gendarmería Nacional: Disposición N° 609 del 23 de junio del 2011: deroga la
realización obligatoria del test de embarazo como requisito de admisión para el
ingreso a la Fuerza.
Disposición N° 610 del 23 de junio del 2011: se derogó el artículo 1, inciso e), Apartados
1 y 2 de la Disposición Nº 171 del 29 de junio del 2002, que establecía los requisitos
básicos de ingreso a la Gendarmería “debiendo ser de estado civil soltero sin hijos,
casado o divorciado…”
- Policía de Seguridad Aeroportuaria: Nota del Director del Instituto Superior de
Seguridad Aeroportuaria, donde informa que se ha instruido a todo el personal del
departamento de Selección e Ingresos y del Departamento Académico a que se tomen
las medidas necesarias para dar cumplimiento a la normativa citada.
Implementación de la Resolución Nº 548/11.
Eliminación de la solicitud de autorización para contraer matrimonio como requisito previo
para su realización, para la Policía Federal Argentina y a la Prefectura Naval Argentina.
- Policía Federal Argentina: ODI N° 162 con fecha 20 de julio de 2011.
-Prefectura Naval Argentina: Mensaje Oficial Interno N° 281306/JUL/2011 a toda la red de
A través de la Resolución N° 1021/11, se dispuso la creación de Centros Integrales
de Género en el ámbito de las direcciones de personal y de recursos humanos de
las Fuerzas. Los Centros Integrales de Género están destinados a ser espacios de
orientación y asesoramiento en vistas a fortalecer la integración de las mujeres en las
En esta primera etapa, los Centros se localizarán en el Área Metropolitana de Buenos
Aires. Por ello, y con el fin de estimular la difusión y el acceso a los mismos en todo
el territorio, se conformó un sistema de referentes. Aquellos/as designados/as por
las Fuerzas para conformar los Centros Integrales de Género o ser referentes en su
destino, realizaron una capacitación virtual de "Introducción a los Derechos Humanos
y la perspectiva de género en las Fuerzas Policiales y de Seguridad", que se organizó
conjuntamente con la Subsecretaría de Promoción de Derechos Humanos, del
A su vez, a fin de asegurar la protección de las personas que concurren al Ministerio de
Seguridad, a los Centros Integrales de Género y/o cualquier otra instancia competente
a denunciar situaciones de acoso sexual, violencia laboral, de violencia intrafamiliar,
entre otras, se dictó la Resolución N° 1019/11. A través de esta disposición, se instruye
a los jefes de la Policía Federal Argentina, la Prefectura Naval, la Gendarmería Nacional
y la Policía de Seguridad Aeroportuaria para que aseguren que la presentación de
denuncias sobre irregularidades y/o delitos presumiblemente cometidos por miembros
de las Fuerzas Policiales y de Seguridad no sea motivo de falta disciplinaria, ni pueda
dar lugar a la aplicación de medidas correctivas o en perjuicio del denunciante.
La Resolución N° 1019/11 también dispone que los jefes de cada Fuerza deberán
evitar la aplicación de sanciones, traslados, hostigamientos y/o cualquier tipo de
represalia con motivo de la presentación de estas denuncias.
Moreno 1550 2do piso, Oficina 228/ 229 / 230
Recepción de consultas y denuncias las 24 hs.
TEL: 5268-7303 / 5268 7305 INT: 2362 / 2346 / 2281
cigenero@pfa.gov.ar
Avenida Antártida Argentina 1480 C.A.B.A “Edificio Centinela”. Entrepiso Cenasis
Teléfono: (011) 4114 - 3673
cigenero@gna.gov.ar
Avenida Eduardo Madero 235 5° piso Oficina N° 5.23
Tel: 4314-2876
cigenero@prefecturanaval.gov.ar
Aeropuerto Internacional de Ezeiza “Ministro Pistarini”, Centro de Instrucción,
Perfeccionamiento y Experimentación, Subsuelo, Oficina N° 401. Ezeiza, Provincia de
Recepción de consultas y denuncias las 24 hs:
TEL: 5480-5251
cigenero@psa.gov.ar
http://www.psa.gov.ar
El listado de la totalidad de los referentes territoriales puede ser consultado en
www.minseg.gob.ar y en los sitios de Internet de la Fuerza respectiva.
A través de la Resolución N° 1181/11 se instruyó a las Fuerzas Policiales y de Seguridad
Federales a respetar la identidad de género adoptada por personas travestis,
transexuales y transgénero. Según lo dispuesto en esta resolución, las personas “trans”
deberán ser reconocidas por la identidad de género adecuada a su percepción, tanto
en el trato personal como para cualquier tipo de trámite, comunicación o publicación
al interior de las Fuerzas.
Cuando un/a integrante de las Fuerzas desee realizar la adecuación registral del
género, deberá solicitarlo al Centro Integral de Género de la institución que forma
parte y, desde allí, se estipularán las condiciones de trabajo adecuadas.
Asimismo, en relación a las personas trans ajenas a las Fuerzas dependientes del
Ministerio, se establece directivas para que el personal de las Fuerzas respete
el género y nombre de pila adoptado por ellos o ellas. El alojamiento de personas
trans en dependencias policiales se realizará en la celda correspondiente según el
género autopercibido que la persona detenida informe, al igual que el uso del resto
de las instalaciones diferenciadas por sexo en las dependencias. En el caso que el/
la detenida/o entienda que existe un riesgo potencial para su integridad personal,
o si en el momento de informar su género no se identifica con ninguno del binomio
masculino/femenino, podrá solicitar ser albergada/o en una celda separada.
Actuación ante casos de Violencia Sexual. Brigada de Atención de Víctimas de
Violencia Sexual. Inclusión de la Prefectura Naval Argentina y la Gendarmería
Nacional Argentina (Unidad Cinturón Sur). La Resolución N° 1167/11 compila una
serie de directivas de actuación policial:
- Cuando se presente en la Policía Federal Argentina, Prefectura Naval Argentina o
la Gendarmería Nacional Argentina una persona víctima de violencia sexual se debe
dar inmediata actuación a la Brigada (integrada por profesionales del Programa y por
efectivos policiales)
- La concurrencia es independiente de que se haya dado intervención al juzgado
- La Policía Federal Argentina, Prefectura Naval Argentina o la Gendarmería Nacional
Argentina deben ofrecer espacios de atención a la víctima y a las profesionales para
la primera entrevista y luego se decidirá si se considera que la persona está apta para
- En los casos en que no interviene el SAME, la Policía Federal Argentina, Prefectura
Naval Argentina o la Gendarmería Nacional Argentina deben consultar a las
profesionales del Programa a qué Hospital se acompañará a la víctima
- En el caso de que un fiscal/juez ordene la intervención de un médico legista, la Policía
Federal Argentina, Prefectura Naval Argentina o la Gendarmería Nacional Argentina
deben poner inmediatamente en conocimiento de la División Medicina Legal. En los
casos en que no se ordene la intervención de un médico legista, y las profesionales
consideren que es necesaria su intervención, la Policía Federal Argentina, Prefectura
Naval Argentina o la Gendarmería Nacional Argentina les facilitará los medios para
comunicarse con la autoridad judicial correspondiente
- Los médicos legistas deberán presentarse a la brevedad en el hospital para que las
revisaciones se lleven a cabo de modo conjunto con el médico de guardia
En los casos en que interviene el SAME, el personal de la Policía Federal Argentina,
Prefectura Naval Argentina o la Gendarmería Nacional Argentina se abstendrá de
intervenir en la designación de quien acompañará a la víctima, salvo que éste pida
expresamente ser acompañada por la policía.
Convenio Marco de Cooperación entre la Corte Suprema de Justicia de la Nación
y la Ministerio de Seguridad. El convenio tiene como objetivos, entre otros, diseñar
y desarrollar cursos, seminarios, talleres y/o cualquier otra actividad de formación,
capacitación, difusión y/o promoción vinculadas con el acceso a justicia de aquellas
personas que se encuentren en circunstancias de especial vulnerabilidad por hallarse
afectadas por cuestiones de violencia doméstica; y planificar y desarrollar otras
iniciativas conjuntas que promuevan el acceso a justicia de aquellas personas que
se encuentren en circunstancias de especial vulnerabilidad por hallarse afectadas por
cuestiones de violencia doméstica.
El Convenio se inscribe con el objetivo de garantizar el curso de las denuncias de
violencia hacia las mujeres, la rapidez de la elevación de las mismas al ámbito judicial
y una intervención policial eficaz y adecuada.
Este convenio formaliza el trabajo conjunto que viene llevando adelante el Ministerio
de Seguridad con el equipo la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) en materia de
capacitación y formación del personal policial en los casos de violencia de género, y
prevé la posibilidad de ampliar las tareas conjuntas a otras acciones de promoción del
acceso a la justicia de personas afectadas por la violencia doméstica.
En el mes de octubre del año 2011, se lanzó una capacitación de la Oficina de
Violencia de la Corte Suprema de Justicia sobre el tratamiento de los casos
de violencia doméstica por parte de la administración de justicia. El objetivo
del curso, que finalizó en el mes de noviembre, fue reforzar el cumplimiento de las
medidas protectoras dictadas por los/las jueces/juezas en los casos de violencia de
género, a través de la transmisión de experiencias cotidianas.
Fueron capacitados Jefes de Servicio, Oficiales de Guardia y Oficiales de Judiciales de
la Policía Federal Argentina, llegando a un total de 600 personas.
Esta capacitación brindó un conjunto de herramientas y premisas destinadas a mejorar
el modo en que cumplen cotidianamente sus funciones los hombres y las mujeres que
se desempeñan como Jefes de Servicio, Oficiales de Guardia y Oficiales de Judiciales
en las 53 comisarías de la ciudad de Buenos Aires.
Luego, se lanzó una capacitación similar para el personal de Prefectura Naval Argentina
que cumple funciones de modo permanente en el Operativo Cinturón Sur y en Puerto
Madero. Se capacitaron alrededor de 1300 efectivos, divididos/as en dos cohortes, la
primera en diciembre del 2011 y la segunda en enero del 2012.
Asimismo, se prevé para el año 2012 la capacitación de efectivos de la Gendarmería
Nacional Argentina que cumplen funciones en el Operativo Cinturón Sur y el Operativo

References: resolución 
 resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 1
 artículo 142
 artículo 980
 artículo 6
 artículo 1
 resolución 
 Resolución 
 artículo 1
 artículo 142
 artículo 802
 Resolución 
 artículo 060114
 artículo 060114
 artículo 060114
 artículo 165
 artículo 168
 Resolución 

Resolución 
 artículo 010205
 artículo 10801
 artículo 10802
 artículo
75
 Resolución 
 artículo 010205
 Resolución 
 artículo 165
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 1
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución