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Timestamp: 2017-06-24 15:51:04+00:00

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EL CASO COREANO LA BOMBA DE HIDRÓGENO CON FINES DISUASIVOS René Maugé Mosquera
Ex candidato a la Presidencia de la República del Ecuador El 6 de enero del 2016 la República Democrática Popular de Corea realizo la primera prueba de la bomba de hidrogeno de carácter bélico, pero según sus declaraciones con fines disuasivos de conformidad con la declaración de Pyongyang.
El 7 de febrero del 2016, la Administración Nacional de Desarrollo Cósmico de la República Democrática Popular de Corea, informó sobre un exitoso lanzamiento de un cohete de observación de la tierra y el cosmos con fines pacíficos.
Estos dos lanzamientos de los que no se hace diferenciación por su naturaleza, han provocado una campaña mediática de las últimas semanas por algunas agencias noticiosas internacionales en el peor estilo de la guerra fría, porque en Corea lo que se libra es la continuidad de la guerra fría, con verdades a medias, distorsiones de la verdad y mentiras.
La decisión de los lanzamientos balísticos por parte de la República Democrática Popular de Corea ha sido clasificada de irresponsable, belicista, provocadora y demencial. ¿Esto es así?
La guerra de Corea fue un conflicto bélico entre la parte del sur de Corea, apoyada por los Estados Unidos y la ONU, y la parte de Corea del Norte, apoyada por la República Popular China y la entonces Unión Soviética; a partir del 1950.
El comandante de las fuerzas militares de Estados Unidos, Gral. Douglas MacArthur, ante las dificultades de una victoria rápida de guerra regular, propuso a su gobierno una ofensiva atómica sobre el norte de China, para disuadir a los aliados de Corea del Norte. Ante tamaño despropósito, después de la experiencia de los bombardeos atómicos en Nagasaki, Hiroshima, en el Japón, el congreso de los Estados Unidos y el presidente Harry Truman ante la posibilidad de un conflicto nuclear con la Unión Soviética, rechazó esta propuesta y destituyo del mando al Gral. MacArthur por el Gral. Mathew Ridgway. En la actualidad todos los años las fuerzas armadas estadounidenses, realizan “juegos de guerra” frente a las costas de Corea con portaviones, misileras, aviones de combate y otros tipos de barcos nucleares, lo que constituye no solo una provocación sino una amenaza de intervención.
Cuando las dos Coreas avanzan en el propósito de la reunificación independiente y pacífica “los halcones del pentágono” crean incidentes que enturbian las conversaciones y se las endosan como responsabilidad a la República Democrática Popular de Corea.
Es frente a esta política intervencionista que reacciona el gobierno de la República Popular de Corea en ánimo de salvaguardar su sistema. La guerra de Corea de la década de 1950 costó a Corea del Sur y sus aliados 778 mil muertos heridos y mutilados. Corea del Norte tuvo entre un 1178000 y un millón quinientos cuarenta y cinco mil muertos, cinco millones quedaron sin hogar y 3 millones terminaron como refugiados. Unos cincuenta y cuatro mil estadounidenses y quinientos mil chinos murieron en esta guerra, una de las más sangrientas, dolorosas y absurdas desde la Segunda Guerra Mundial. La nación Coreana fue dividida en el paralelo 38 con la firma del Armisticio en Panmunjom.
Es la hora de superar una de las secuelas de la guerra fría y dejar que las dos Coreas sin intervención foránea alguna resuelvan en forma pacífica su unificación. Ninguna de las dos Coreas realiza maniobras militares frente a las costas de los Estados Unidos. ¿Por qué lo hace el gobierno de los Estados Unidos? Adicionalmente hay otros intereses de terceros países que miran con recelo la posibilidad de la unidad de Corea por el potencial tecnológico que ambas poseen y que al unificarse se incrementarían.
El Ecuador en 1993 en la asamblea de las Naciones Unidas que presidio ese gran diplomático Leopoldo Benítez Vinuesa, puso en la agenda el ingreso de las dos Coreas y no solo la del Sur que era la aspiración de algunos países.
En el momento de la guerra en la década del cincuenta, el Congreso Nacional ecuatoriano negó la posibilidad de enviar tropas ecuatorianas al conflicto Coreano. Ahora está pendiente establecer las relaciones diplomáticas con la República Democrática Popular de Corea así como las tenemos con Corea del Sur, porque de 193 países que integran la ONU, 170 tienen relaciones diplomáticas normales con la República Popular de Corea.
CONOCIENDO COREA DEL NORTE: GEOPOLÍTICA Y RELACIONES INTERNACIONALES
Adrian Vidales Numerosos aspectos inciden en la cuestión de la seguridad de la península coreana: el conflicto entre ambas Coreas, los constantes ensayos y acciones militares de Corea del Norte, que provocan una situación de tensión prebélica permanente en la región y; sobre todo, el desarrollo, por parte de Corea del Norte de su propio programa de armamento nuclear. La resolución de estas cuestiones se ha enfocado de forma diversa según épocas, con etapas de tensión y enfrentamiento y otras de cooperación internacional y conversaciones multilaterales, que se han venido desarrollando en el ámbito de las llamadas “conversaciones a seis bandas”, protagonizadas por los seis principales actores de la región (China, Rusia, Japón, EEUU y las dos Coreas), que, sin embargo, han tenido escaso éxito para solventar dichas cuestiones.
Papel de China, Rusia, Japón y EEUU
Estos cuatro países han sido, tradicionalmente, los principales actores de la región junto con las protagonistas del conflicto coreano; si bien cada uno de ellos ha llevado a cabo sus actuaciones exteriores en función de sus propios intereses nacionales (unas veces concordante, otras veces no). No obstante, desde que Corea del Norte realizó su ensayo nuclear de octubre de 2006, la diplomacia internacional respecto a la península coreana ha experimentado un cambio importante.
Desde el fin de la Guerra de Corea, China ha mantenido una política exterior hacia la península coreana caracterizada por el mantenimiento del status quo y la estabilidad, fiel con su concepción de la “coexistencia pacífica”. Además, la estrategia china considera que el colapso del régimen norcoreano sería el peor escenario posible, pues llevaría a una marea de refugiados y una reunificación precipitada, a favor de Seúl, de la península, lo que situaría a los más de 28.000 soldados estadounidenses estacionados en bases sitas en Corea del Sur en la frontera oriental de China. Esto hace que, a día de hoy, China sea el único aliado real con el que cuenta Corea del Norte a nivel internacional, así como su principal socio comercial y del cual proceden una parte importante del montante total de ayuda económica y alimentaria que viene recibiendo el país desde hace años.
No obstante, esta relación bilateral se está viendo afectada por el desarrollo nuclear norcoreano, que choca con la estrategia china de no-nuclearización de la sociedad internacional. Concretamente, los constantes incumplimientos por parte de Corea del Norte de los compromisos alcanzados en las conversaciones a seis bandas (especialmente el referido a no realizar más pruebas nucleares), están colocando a China en una situación cada vez más complicada de cara al resto de la comunidad internacional; lo cual está haciendo que China se haya abstenido en las reuniones del Consejo de Seguridad que han fijado sanciones a Corea del Norte; actuación que, a su vez, ha reducido la influencia real china sobre el país, al considerar los norcoreanos como una traición, no sólo que China no haya vetado estas sanciones aplicando su derecho de veto, sino que además muestre su conformidad por un incremento de las mismas. A pesar de todo, China sigue defendiendo la solución dialogada y considera que las sanciones no son el camino a seguir, lo que muestra la ambivalencia y el frágil equilibrio de las posiciones chinas en la cuestión.
Por lo que se refiere a sus relaciones con Corea del Sur, China mantiene unas relaciones políticas cordiales con este país, e incluso le ha apoyado en ocasiones con motivo de los contenciosos territoriales surcoreano-japoneses. Las relaciones comerciales son, desde que se restablecieron las relaciones diplomáticas en agosto de 1992, cada vez más intensas, tal y como demuestra el hecho de que Corea del Sur es, después de Japón, el segundo país exportador a China; y esta, el primer país de origen de las importaciones coreanas. No obstante, las relaciones bilaterales chino-surcoreanas han atravesado diversas etapas en función de los gobiernos en el poder, por lo que habrá que ver cómo se desarrolla el nuevo escenario entre Park Geun-hye (presidenta de Corea del Sur) y Xi Jinping (presidente de China).
Las relaciones de Estados Unidos con Corea del Norte han sido, desde la época de la Guerra Fría, de profundo y arraigado enconamiento. No olvidemos que Estados Unidos fue un actor fundamental en la Guerra de Corea, y cuya intervención dio al traste con el deseo de Kim Jong Sung de unificar el país bajo su dirección. Asimismo, Estados Unidos ha usado su influencia en la comunidad internacional para promover la imposición de sanciones al régimen norcoreano, en especial, desde la puesta en marcha de su programa nuclear (que choca con la estrategia norteamericana de evitar la proliferación de armas nucleares); motivos por los cuáles Corea del Norte ve a Estados Unidos como el gran enemigo a batir, y no ha dudado en amenazar repetidamente a este país con acciones militares. No obstante, ya en los últimos años de la presidencia de Bush, y, sobre todo, con la llegada de Obama al poder, se dio un giro a la estrategia norteamericana de tal forma que Washington ha pasado de la “paciencia estratégica” (esperar a que las dificultades económicas de Corea del Norte le obliguen a negociar) a una política de acercamiento e implicación, que ha llevado a la firma de acuerdos bilaterales en 2007 y 2012, (lo que algunos expertos han interpretado como un intento de reducir la influencia de China en Pyonyang) que, sin embargo, han terminado en papel mojado por los sendos incumplimientos de Corea del Norte de los mismos.
Por el contrario, las relaciones de Estados Unidos con Corea del Sur constituyen un ejemplo de profunda cooperación. Estados Unidos fue, durante la Guerra de Corea, el principal defensor de Corea del Sur, lo que sentó las bases para el establecimiento de unas relaciones bilaterales intensas en todos los ámbitos: en el político, con la defensa de los intereses surcoreanos en la esfera internacional (un claro ejemplo de ello sería el apoyo norteamericano al nombramiento del exministro de Asuntos Exteriores surcoreano, Ban Ki Moon, como Secretario General de la ONU); en el económico, con unas relaciones comerciales intensas (desde 2007 existe un acuerdo de libre comercio entre ambos países); y en el militar, con la instalación de bases militares norteamericanas en el país (y al desarrollo de maniobras conjuntas), y el compromiso de apoyo en caso de guerra con el vecino del norte.
Moscú cambió radicalmente su política exterior respecto a la península de Corea después de la desintegración de la Unión Soviética. Con el fin de la Unión Soviética, Corea del Norte pasó a ser un país poco prioritario para Moscú. Rusia dejó de conceder a Corea del Norte un trato económico prioritario y, además, comenzó a desarrollar relaciones con Seúl; acto que fue considerado por Corea del Norte como una agresión y que provocó un distanciamiento entre ambos países, que se mantiene a día de hoy.
Por su parte, las relaciones entre la Unión Soviética y Corea del Sur se mantuvieron congeladas durante la Guerra Fría, hasta la llegada de Gorbachov al poder, cuando se establecieron relaciones diplomáticas entre ambos países, que se consolidaron en 1992 con la firma un acuerdo de colaboración mutuo. Sin embargo, la llegada al poder de Lee Myung-bak, que apostó por reforzar sus relaciones políticas con EEUU, desplazando a Rusia a un cuarto lugar dentro de sus prioridades de política exterior (después de EEUU, Japón y China) ha enfriado las relaciones bilaterales; enfriamiento al que también ha contribuido la actual crisis económica, que ha paralizado parte de las relaciones económicas mutuas.
Uno de los problemas más graves de la diplomacia rusa es cómo conjugar el desarrollo de las relaciones simultáneamente con ambos países, sin que aparezcan hostilidades por la otra parte y, más aún, dentro de un contexto en que Rusia es para ambos países un agente secundario. El resultado de este proceso es que, en los últimos años, Rusia ha ido perdiendo protagonismo en la zona por falta de influencia y por falta de iniciativas, limitando sus actuaciones sobre la cuestión coreana a hacer jugar su influencia en el seno de Naciones Unidas.
Las relaciones de Japón con Corea del Norte se mantienen en una situación de enfrentamiento similar a la que mantiene el régimen de Pyonyang con Corea del Sur, lo que ha hecho a veces a Japón objeto de las amenazas norcoreanas. A pesar de ello, Japón se ha venido oponiendo tradicionalmente a la fijación de sanciones por considerar que exacerbarían el comportamiento impredecible y peligroso de Pyongyang y, en el mejor de los casos, fomentarían sus exportaciones de misiles y de tecnología nuclear y sus actividades de contrabando de drogas en el Mar del Este. No obstante, y sobre todo desde el inicio del desarrollo del programa nuclear norcoreano, Japón ha reducido considerablemente sus relaciones económicas y comerciales con Pyonyang.
Esta posición intermedia es seguramente el resultado de la presión de la opinión pública japonesa en dos temas muy sensibles: los secuestros de ciudadanos japoneses en los 70 y 80, todavía no definitivamente resueltos, y la amenaza potencial de los misiles norcoreanos. En cualquier caso, Tokio se opone no sólo a cualquier solución militar, sino también a cualquier escenario que contemple, entre sus objetivos principales, el cambio de régimen en Corea del Norte, apostando por todo ello por el diálogo multilateral en el marco de las conversaciones a seis bandas.
Por su parte, las relaciones bilaterales entre Corea del Sur y Japón tuvieron su punto de inicio formal en 1965, cuando ambos países firmaron el “Tratado sobre la base de las relaciones entre Japón y la República de Corea” y en el cual establecieron relaciones diplomáticas. Unas relaciones diplomáticas que se han visto tradicionalmente complicadas por el contencioso sobre las islas Dokdo (para Corea del Sur) o Takeshima (para Japón), que ambos países reclaman como parte histórica de su territorio; y que se ha unido al tradicional sentimiento antinipón en Corea del Sur por los desmanes japoneses durante la ocupación de la península.
A pesar de todo, Japón y Corea del Sur son socios comerciales importantes para sus respectivas economías, además de que existe un fenómeno de intercambio cultural entre ellos. Por otro lado, ambos países son aliados estratégicos de Estados Unidos, quien no ha dudado en mediar entre ellos para evitar fisuras en su cinturón de seguridad en la región Asia-Pacífico.
Uno de los puntos más controvertidos sobre Corea del Norte reside en su capacidad nuclear. Aunque no existen datos oficiales que lo confirmen, los expertos estiman que Corea del Norte cuenta con un arsenal de entre 9 y 12 armas atómicas, así como material para fabricar nuevas unidades. En los últimos años, Corea del Norte ha llevado a cabo tres pruebas nucleares (en 2006, 2009 y 2013) que han dejado entrever la capacidad nuclear del país; y que han provocado la reacción contraria de la comunidad internacional, que ha aprobado a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sanciones contra el país asiático.
Esta situación en el Este de Asia pone nerviosos a Washington y Pekín ante la perspectiva de proliferación de armas nucleares en la región, al entender que el proyecto nuclear norcoreano podría impulsar un “efecto dominó” que llevase a que, para contrarrestar las ambiciones nucleares de Corea del Norte, Japón y Corea del Sur desarrollaran sus propias armas nucleares.
Actualmente, la comunidad internacional se debate entre impulsar la desnuclearizar de la península mediante acciones punitivas o la negociación pacífica, o admitir –como en los casos anteriores de China, India o Pakistán– el ingreso de Corea del Norte al selecto club de potencias nucleares. Sin embargo, la consecución de capacidad nuclear por parte de Corea del Norte, puesta de manifiesto tras sus ensayos nucleares, cambia la cuestión notablemente, pues ahora las partes deberán fijar como objetivo la desnuclearización de la península, y ya no el evitar su nuclearización.
Tratado de No Proliferación y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
El Tratado de No Proliferación Nuclear fue abierto a la firma en 1968, y desde entonces, ha sido ratificado por la inmensa mayoría de Estados soberanos del mundo, a excepción de India, Israel, Pakistán y Sudán del Sur, a pesar de que en el propio texto del Tratado se reconoce a cinco países el derecho a tener armamento nuclear, a saber: Estados Unidos, la URSS (ahora Rusia), Reino Unido, Francia y China; países que a la sazón son los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el encargado de hacer cumplir las disposiciones del Tratado.
Este hecho, entre otras cuestiones, provocaría la denuncia del Tratado por parte de Corea del Norte en enero de 2003, bajo el argumento de ser una medida de autodefensa legítima frente a la política hostil de Estados Unidos, seguida por la Agencia Internacional de Energía Atómica; lo cual afectó muy negativa a las negociaciones que se venían celebrando en el contexto de las conversaciones a seis bandas desde años atrás. En 2006, Corea del Norte realizaría su primer ensayo nuclear, lo que provocaría el rechazo inmediato de la comunidad internacional y la aprobación, por unanimidad, de la resolución 1718 del Consejo de Seguridad el 14 de octubre de ese mismo año. Esta resolución, fundamental para la comprensión del conflicto coreano, aprobaba las siguientes cuestiones:
Condenaba el ensayo nuclear de Corea del Norte y reconocía que representaba una amenaza a la paz y seguridad internacionales
Exigía que Corea del Norte no realizara nuevas detonaciones
Demandaba que Corea del Norte se retractase de su decisión de retirarse del Tratado sobre la No Proliferación de armas nucleares y que se reincorporase al mismo
Exigía a Pyonyang que suspendiera su programa de misiles balísticos
Reclamaba al régimen norcoreano que abandonase todas las armas y programas nucleares así como todas las demás armas de destrucción masiva.
La resolución representaba un cambio fundamental, puesto que por primera vez, se condenaba las actuaciones norcoreanas en el ámbito del sistema de seguridad colectiva, y no en el de la diplomacia bilateral, lo que daba una mayor entidad a la cuestión. Por tal motivo, la resolución 1718 creaba un Comité dentro del Consejo de Seguridad, integrado por todos sus miembros, con el objetivo de aplicar sanciones económicas, entre las que se contaban la prohibición del suministro, venta o transferencia directa o indirecta a Corea del Norte de armamento pesado y artículos de lujos; la congelación de fondos y otros activos financieros y recursos económicos; e impedir la transferencia de capacitación técnica, asesoramiento, servicios y asistencia relacionados con la fabricación, conservación o usos de armamento pesado.
El repunte de la tensión en 2012-2013-2015-1016
El 12 febrero de 2013, Corea del Norte llevó a cabo con éxito su tercera prueba de una cabeza nuclear en respuesta a la resolución 2087 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de 22 de enero, que condenó el lanzamiento en diciembre de 2012 del satélite Kwangmyongsong-3 2, violando así (según criterio de Estados Unidos) la prohibición de desarrollar misiles balísticos impuesta por la ya mencionada resolución 1718. Al parecer, ajeno a la posibilidad de nuevas sanciones, y en respuesta a la realización (desde primeros de marzo) de maniobras conjuntas por parte de Corea del Sur y EEUU, y al lanzamiento de proyectiles frente al mar de Corea desde dos bombarderos norteamericanos con capacidad nuclear, Corea del Norte cortó las líneas de comunicación directas con su vecino del sur y se declaró en “estado de guerra”.
En las últimas semanas, ambas Coreas han aumentado sus ejercicios militares de cara a un posible conflicto armado. Asimismo, Kim Jong-Un ha dispuesto nuevas piezas de artillería en el frente occidental, con Seúl y sus alrededores en el punto de mira. Finalmente, Pyongyang ha anunciado el boicot del proyecto de cooperación económica de Kaesong; y ha anulado los acuerdos de no agresión de Panmunjom suscritos con Seúl al término de la Guerra de Corea (1950-53), lo que sitúa a Corea del Norte y Corea del Sur técnicamente en estado de guerra. Todo esto ha provocado la seria advertencia de Seúl, según la cual no se quedarían de brazos cruzados si su territorio fuese atacado, y que la comunidad internacional asista a lo que parece un escenario prebélico. En el momento de escribir estas palabras, la crisis sigue sin resolverse y no hay indicios de hacia dónde va a derivar esta situación.
Nacido en 1990 en Zamora. Licenciado en Ciencias Políticas, especialidad de Estudios Internacionales, por la UCM. Estudiante de Derecho en la UNED. Miembro de 'Con Copia a Europa' (CC/Europa). Trabajando como becario en la consultora Atrevia.
ImprimirComentar | (Publicado: 2016-03-31 ) Visitas: 226

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