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Timestamp: 2020-05-28 00:37:40+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Sábado 28 Novietubre 2015
La fragmentación de mercado que generan estas normas supone un coste de 45.000 millones. Canadá ha logrado atajar este problema.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 28 Noviembre 2015
El gobierno de Mariano Rajoy ha detectado la existencia de 2.700 normativas que podrían perjudicar la unidad de mercado. En total, hay más de 100.000 leyes y normas en vigor, lo que equivale a decenas de miles de páginas regulatorias que tienen un coste de 45.000 millones de euros.
Basta con echar un vistazo al BOE de las Comunidades Autónomas para comprobar esta deriva intervencionista:
Jesús Laínz Libertad Digital 28 Noviembre 2015
La izquierda radical no romperá la unidad de los demócratas
Editorial La Razon 28 Noviembre 2015
La firma por parte de la mayoría de las fuerzas democráticas españolas del pacto contra el terror yihadista tiene, entre otras muchas, la virtud de desautorizar ante la opinión pública a quienes pretenden deslegitimar la inevitable acción institucional frente al terrorismo. En efecto, el pacto de Estado, del que se han excluido los comunistas y los movimientos de extrema izquierdad populista, significa garantizar la unidad de los representantes de la soberanía nacional frente a la amenaza islamista, preservando del enfrentamiento partidario la política de seguridad y su vinculación con los compromisos internacionales contraídos por España, tanto más importante cuando nos hallamos en los inicios de una campaña electoral que se presenta muy disputada ante los pronósticos que apuntan a una significativa dispersión del voto.
l pacto permite, asimismo, abordar con mayor serenidad el periodo de consultas previo a cualquier petición de ayuda y colaboración que provenga de nuestros aliados, presumiblemente de Francia. Porque la realidad es que, pese a las invocaciones de algunos candidatos, como Albert Rivera, que instan al Gobierno a intervenir en Siria sin aguardar a la constitución del próximo Parlamento –lo que, por otra parte, sería perfectamente legítimo, pues entra dentro de las atribuciones de la Comisión Permanente del Congreso–, ni la guerra de Siria comenzó ayer ni el llamado Estado Islámico ha surgido por sorpresa. De hecho, tanto la coalición internacional que encabeza Estados Unidos, en la que se incluye Francia, como Rusia llevan a cabo misiones de bombardeo contras los islamistas del Dáesh en Siria e Irak desde hace más de un año.
Mientras la coalición no cambie de estrategia en la zona, con una posible dimensión terrestre de la intervención, la mayor urgencia para nuestro país sigue centrada en la protección del territorio nacional, labor encomendada a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que mantienen plena colaboración con nuestros aliados europeos y con Marruecos. Pero, en cualquier caso, no es posible poner en duda el compromiso de España en la lucha contra el terrorismo ni su disposición a apoyar a nuestros aliados, en especial a Francia, como demuestra el hecho de que mantenemos operaciones conjuntas con el Ejército francés en Mali, República Centroafricana y Senegal, además de las misiones multinacionales de Somalia, Líbano, Irak y Afganistán.
Son operaciones que, primordialmente, están dedicadas a la protección de la población civil frente a los ataques de grupos terroristas o que pretenden instruir en la defensa a las unidades militares y policiales de países que sufren el embate del islamismo más cruel. Conviene recordar los motivos por los que nuestros soldados, policías y guardias civiles arriesgan la vida fuera de nuestras fronteras ante la inicua manipulación política que, bajo el disfraz del pacifismo, pretende llevar a cabo Podemos con las manifestaciones del «no en nuestro nombre» convocadas para hoy y que sólo buscan cubrir las espaldas de quienes se niegan a figurar en la misma lista que los demócratas. Un intento de resucitar el enfrentamiento partidista del «no a la guerra» por parte de la extrema izquierda española, cuyo «pacifismo» bebe de las mismas fuentes ideológicas de los movimientos comunistas occidentales de la Guerra Fría, cuando el concepto de la paz dependía de con qué lado del muro de Berlín se tenían las simpatías.
Vicente Baquero www.gaceta.es 28 Noviembre 2015
Tras ir rastreando todos los posibles puntos de fricción en este conflicto generalizado de incontables facetas, que afecta directamente a Europa, Oriente Medio, EE.UU., Rusia y por osmosis, al equilibrio del mundo en estos momentos, de pronto me asaltó una idea que me inquietó profundamente. La idea de que en ocasiones los árboles, esos mismos conflictos parciales, que no nos dejan ver el bosque, nos ofuscan la visión y nos encontramos con consecuencias no previstas y mucho menos deseadas.
Cuando la complejidad de un problema es de una naturaleza tal, que no permite distinguir los condicionantes, ni las últimas razones, que casi siempre son egoísmos nacionalistas, intereses económicos o disputas religiosas, se puede generar en un momento determinado, una inercia que desencadene una reacción no buscada por las partes.
A partir de un hecho, que en sí mismo no tendría por qué tener una mayor trascendencia, se inicia una espiral ascendente de final imprevisible. El comienzo de la primera guerra mundial es el ejemplo perfecto. Era todo un entorno el que precipitó una guerra de terribles consecuencias.
Por ello visualicé un hecho que podría precipitar una guerra de consecuencias muy diferentes, una guerra que volvería obsoletas todas las consideraciones hechas hasta este momento al cambiar radicalmente todo el escenario.
La acción de guerra turca derribando un avión ruso junto a su frontera, es una temeridad, además de un acto incongruente en estos momentos en los que al menos, “teóricamente”, están luchando en el mismo bando, contra el radicalismo islámico. Si Rusia reacciona pone a la OTAN en un brete.
Lo que refleja es que detrás de estas guerras hay unos intereses muy dispares. Turquía se está islamizando y sigue paradójicamente en la OTAN, favorece a las milicias suníes contrarias a Assad, al EI, ISIS o al Daesh si se quiere incluido, y lo viene haciendo con apoyo económico, logístico y de santuario, a la vez que busca exterminar militarmente a los Kurdos aliados de Occidente.
Rusia pretende aniquilar a las milicias islámicas contrarias a Assad, que se refugian alrededor de la frontera turca. Un simple comandante turco más o menos simpatizante de la causa sunita al otro lado de la frontera, ordena derribar un avión militar ruso. ¡No sabe en la que se está metiendo si los rusos contra atacan! Esperemos que la OTAN no reaccione apoyando a Turquía pues eso desencadenaría una guerra de consecuencias imprevisibles con el asunto de Ucrania todavía pendiente.
No quiero ni pensar si se eleva la tensión y se produce un conflicto armado entre Rusia y Turquía, como ocurrió en Crimea, en que Gran Bretaña y Francia tuvieron que acudir en su ayuda con apoyo militar, para evitar que Rusia acabase con el “enfermo de Europa”. ¿Volvería a producirse tal contingencia, en este caso apoyándose en el tratado de mutua defensa de la OTAN?
Rusia siempre ha tenido interés en controlar los estrechos y zonas adyacentes, por razones obvias, apoyará a El Assad mientras este le permita mantener bases navales en el Mediterráneo sirio. Mejor no proporcionarle la escusa…
Los turcos deberían reducir sus decibelios nacionalistas, volver a los principios marcados por Ataturk, y dejar de apoyar a los rebeldes sirios y palestinos, o se arriesgan a verse colgados de la brocha, pues no creo que los países de la “Alianza Atlántica” vayan, ni deban, ir a la guerra con una Rusia crecida militarmente, para amparar sus simpatías religiosas por la causa sunita. Turquía tendrá que escoger ¿con quien está en este pulso? De ello dependerá su propia supervivencia, sola no aguantaría un embate de los rusos: ser una potencia regional que lo es, o sufrir un descalabro de dimensiones imprevisibles.
Si por otro lado Occidente cometiera la torpeza de apoyar a Turquía, iba a encontrarse en una situación insostenible, una guerra profundamente impopular, independientemente de los intereses americanos o europeos en la zona, las poblaciones de los países occidentales, en absoluto simpatizan con una causa como la islámica, malamente se tolera mirando en otra dirección, que se sigan manteniendo relaciones con Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo.
Julián Schvindlerman Libertad Digital 28 Noviembre 2015
La lucha contra el régimen criminal de Venezuela
EDITORIAL Libertad Digital 28 Noviembre 2015
Pese a la ausencia de su creador, el régimen bolivariano instaurado por Chávez en Venezuela está dispuesto a perpetuarse al coste que sea y, ante la cercanía de una derrota electoral muy probable el próximo día seis de diciembre, sus métodos se han radicalizado aún más.
La violencia es una constante en el país desde que el gorila rojo fue elegido presidente, no en vano Caracas es la capital más violenta del mundo con una tasa de homicidios propia de una ciudad inmersa en un conflicto armado. Sin embargo, el asesinato de un político opositor en pleno mitin y las demoledoras declaraciones de Lilian Tintori este jueves han dejado claro que el bolivarianismo ya no se conforma con la muerte civil de los opositores, ni siquiera con su encarcelamiento tras farsas judiciales: ahora quiere su eliminación física.
Es la evolución natural de un régimen que desde el primer minuto venía a ocupar el poder de una forma totalitaria, aunque mantuviese formalmente algunos mecanismos democráticos o de mercado. Es lo que cabe esperar de unos líderes aún más mediocres que Chávez, enfangados en todo tipo de corrupciones e incluso en crímenes mayores como el narcotráfico y que, como ya ha advertido el propio Maduro, están dispuestos a "ganar las elecciones como sea".
Es difícil ser optimista en esta situación, con un país que está económica y socialmente roto y que se encuentra en manos de delincuentes sin escrúpulos. Todo hace pensar, y nada nos gustaría más que equivocarnos, que Venezuela se enfrenta a una escalada violenta de difícil final, y sólo hay dos cosas que pueden ayudar a evitar este escenario: un rotundo voto mayoritario para la oposición el 6D que haga indefendibles las maniobras del régimen; y una contundente posición internacional que haga ver al chavismo que la huída violenta hacia delante no va a tener ningún recorrido.
España tiene que ser, política y diplomáticamente, uno de los países que lidere esta respuesta, no podemos mirar hacia otro lado en el caso de una nación a la que nos unen tantas cosas y en una de las pocas áreas en las que sí tenemos una importante capacidad influencia.
Pero además los españoles tienen que mirarse en el espejo venezolano: ver allí a dónde llevan los experimentos socialistas y, sobre todo, darse cuenta de que cierto tipo de políticos o de partidos aunque se vistan con ropajes democráticos sólo se sirven de la democracia para alcanzar el poder, ocuparlo y, una vez allí, corromperse hasta el tuétano y resistirse a abandonarlo sin descartar los más criminales métodos.
Unos políticos y un partido que, de hecho, casi sin haber tocado el poder ya nos han enseñado su verdadera cara corrupta, nepotista y que, tal y como ha demostrado esta semana Juan Carlos Monedero, son capaces de cualquier cosa dentro de la confrontación política, aunque por ahora se limiten, como se limitaba el chavismo hace tiempo, a intentar la muerte civil del oponente.
No, España no puede abandonar a Venezuela y menos aún abandonarse a sí misma para convertirse en otra Venezuela.
Hermann Tertsch. ABC 28 Noviembre 2015
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Noviembre 2015
Lo que muchos observadores se preguntaban –nos preguntábamos– era cómo reaccionarán los ciudadanos seducidos por el trampantojo secesionista cuando se den de bruces con la realidad y descubran que sus líderes, y los portavoces rentados de sus líderes, les han mentido y los han embaucado premeditadamente para ponerlos al servicio de sus ambiciones de poder.
Los restos del botín
Les han mentido cada vez que les decían que eran mayoría, masificándolos en manifestaciones multitudinarias donde era imposible determinar la cifra real de asistentes. Y les informaban que habían sido millones en un espacio donde sólo cabían setecientos mil muy apretujados. Los disfrazaban con camisetas para agruparlos en falanges regimentadas. Los proveían de estandartes donde una estrella revolucionaria corrompe las cuatro barras originales, imitando a los franquistas que habían corrompido la rojigualda con el aguilucho, el yugo y las flechas. Ni sus propias banderas respetaban ni respetan estos falsarios enfrentados por la retórica pero hermanados por su vocación totalitaria.
¿Cómo reaccionarán los manipulados cuando terminen de comprobar que los han tratado como borregos?, seguimos preguntándonos. Lo sabremos muy pronto, porque los que operaban como arrieros del rebaño se han desentendido de este para disputarse, sin recato, los restos del botín. Y las élites que alimentaban el argumentario de los salvapatrias desde los medios de comunicación subvencionados, los jaleaban o simplemente los acompañaban con su silencio cómplice han descubierto con horror que sus intereses están amenazados y se apresuran a reclamar el retorno a la legalidad y la cordura. El canguelo no tardará en extenderse al resto de la sociedad.
Basta recordar aquel servil editorial conjunto del 26 de noviembre de 2009 con que doce diarios de Cataluña se propusieron presionar al Tribunal Constitucional para que no tocase el Estatut del 2006. Un Estatut que canonizaban y siguen canonizando como si lo hubiera apoyado el pueblo de Cataluña, cuando sólo cosechó 1.899.897 votos sobre un censo electoral de 5.810.109 ciudadanos. ¡El 36 %! Exactamente el mismo porcentaje sobre el censo que consiguen los secesionistas en todas las elecciones y consultas. Aquel editorial lo promovió La Vanguardia y se atribuye su autoría intelectual al gurú Enric Juliana, entonces director adjunto. Detalle curioso: ahora, el mismo gurú juzga un error "la resolución garibaldina del Parlament de Catalunya" ("Pronto volverán las corbatas", LV, 22/11) y arremete contra el primer gran error de la política catalana (…) el referéndum sin músculo del Estatut, el 18 de junio del 2006. Siempre lo mismo: radicalismo pequeño burgués sin perspectiva europea.
El discurso torticero sigue atribuyendo el origen de todos los desencuentros a las enmiendas que el Tribunal Constitucional introdujo en el Estatut del 36%, pero el miedo al caos inminente ha hecho girar 180º el rumbo político del órgano del establishment catalán. Un establishnent compuesto por empresas de primera magnitud que han iniciado el éxodo hacia los cuatro puntos cardinales, desde Madrid hasta Dublin, con el añadido de los industriales, comerciantes, profesionales y otra buena gente trabajadora que ven amenazados el orden jurídico y el derecho de propiedad.
Testimonios del giro
El editorial que publicó La Vanguardia ("Por la rectificación", 10/11) inmediatamente después de que el Parlamento de Cataluña aprobara "una declaración unilateral de independencia encubierta" fue uno de los muchos testimonios de este giro:
Hay mayoría parlamentaria para proclamar esa virtual ruptura mediante una moción retórica, hiperbólica y mal redactada, y no parece haberla para formar gobierno. Hay mayoría para la huida hacia delante y no la hay para una gobernación coherente. (…) El grave error táctico (…) consiste en tramitar una resolución maximalista y rotundamente inconstitucional a cambio de nada, lo puede acabar pagando el conjunto de la sociedad catalana. No es inteligente. No es justo. No es necesario. (…) En ningún caso y bajo ninguna circunstancia la Unión Europea podría aceptar o mirar con simpatía que uno de sus territorios se proclame ajeno a las leyes vigentes y decida desconocer la jurisdicción del tribunal de garantías constitucionales. (…) La consigna catalana debe ser ahora mismo evitar cualquier tipo de aventura.
Después de la matanza de París, otro editorial ("Europa y Catalunya", LV, 22/11) pone el acento en la necesidad de anular la resolución que rompe el vínculo con Europa:
Esa resolución no puede ser el punto de partida de una nueva legislatura. Esa resolución es antieuropea. (…) En el nuevo mapa de riesgos está Barcelona. Bajo ningún concepto Catalunya puede desconectar del orden jurídico europeo. El europeísmo, que ha sido y es una de las señas de identidad de este país, debe reaccionar. No hay ninguna duda de que la temeridad será rechazada por una Europa vigilante, con el consiguiente perjuicio para todos. Es la hora de la rectificación.
Sobran motivos para que se agote la paciencia de los ciudadanos. Los empresarios emigran. El Cercle d'Economia exige legalidad y cordura. El Gobierno de España promete cortar los víveres a los paniaguados que urden estructuras de Estado golpistas y viajan por el mundo para repartir la propaganda sectaria de la Generalitat decorada con el falso membrete de documento diplomático. Crece la deuda con los farmacéuticos y los centros sanitarios concertados y sus proveedores. Los bonos basura no tienen salida. El clan Pujol-Ferrusola proyecta su sombra sobre sus viejos cofrades y el 3% se ha convertido en la marca registrada de la agónica Convergència, cuya ala liberal y sensata se subleva. ¿No es justo afirmar que los secesionistas que provocaron tamaño desbarajuste y lucran con él son los verdaderos enemigos de Cataluña?
El predicador Francesc-Marc Álvaro, experto en estos tejemanejes, intuyó que el úcase secesionista era un regalo envenenado ("Autogol del soberanismo", LV, 9/11):
Los convergentes han pensado erróneamente que la resolución que se votará esta mañana ablandará a los cuperos. Pero con eso han precipitado el pulso con el Estado, justamente en medio de la desunión, la confusión y la debilidad. (…) ¿Qué hará el votante soberanista tranquilo que se dio un gusto cuando vea el autogol?
Es interesante contemplar la reacción de los impulsores del proceso secesionista, como es el caso de Álvaro, cuando descubren, impotentes, que por culpa de la codicia de sus jerarcas se desbarata la trama que han armado a lo largo de muchos años de trabajo sigiloso. No todos asimilan el contratiempo con tanta parsimonia como Álvaro. A algunos el instinto atávico les hace caer en chocantes desvaríos. Es el caso de Pilar Rahola. Traumatizada por el posible fracaso del proyecto secesionista que abrazó con delirante entusiasmo, elaboró una teoría que, trasladada a los medios de comunicación, se puede interpretar como un conato de imperdonable catalanofobia. Extraño en ella pero explicable por la magnitud del descalabro al que le toca asistir.
Rayano en el racismo
Rahola diagnostica en su artículo "El germen" (LV, 13/11) que el "pueblo catalán" está "alejado del sentido de Estado que toda nación debe tener". La culpa, explica, la tiene España, faltaría más, pero el corolario es que el "el sentimiento catalán se transmutó en confrontación al orden establecido". Un panfleto catalanófobo no podría haber sido más taxativo: los catalanes, el pueblo catalán, la sociedad catalana –siempre con ese vicio maniqueo rayano en el racismo que practican los secesionistas cuando toman la parte por el todo– están incapacitados para autogobernarse. Los catalanes, todos los catalanes, habrían adquirido, por culpa de España, insiste la panfletista, "un fuerte sentimiento libertario, siempre desconfiado ante el concepto de autoridad".
¿Cómo es posible que un pueblo víctima de la jibarización o la lobotomía, generalizadas y eternizadas por algún inexplicable fenómeno genético según la teoría catalanófoba aquí expuesta, aspire a la independencia? Rahola aporta pruebas para demostrar que su tesis, nuevamente rayana en el racismo, es correcta:
Lo que ahora está ocurriendo es desconcertante para muchos, y sin embargo es muy viejo. Se repitió en los primeros intentos de articular opciones republicanas en la Renaixença, llegó el triunfo de Lerroux a principios del siglo XX, después de las peleas internas de la Solidaritat Catalana de Prat de la Riba, y no hace falta recordar los líos de ERC con la FAI y otros en 1934. Para rematar, empezó la guerra y en Catalunya se dedicaron algunos a hacer la revolución. Siempre divididos en castas puras, incapaces de tener sentido de Estado.
"Un país de tontos", apostrofa finalmente Rahola ("Tiempo muerto", LV, 25/11). La calumnia catalanófoba carece de fundamento como todas las que generalizan estereotipos. Es obvio que los componentes de la olla podrida secesionista carecen de sentido de Estado como se desprende del relato de Rahola. Pero es malintencionado y arbitrario –imperdonablemente catalanófobo– hacer compartir esa tara a todos los ciudadanos de Cataluña. El solo nombre de Josep Tarradellas basta para recordarnos que Cataluña fue capaz de forjar auténticos estadistas, cuya dimensión humana, política y moral los sitúa a una distancia sideral de los caciques rapaces y pendencieros que hoy nos avergüenzan por la soberbia con que se burlan de todos los ciudadanos. Incluidos aquellos catalanes, inveteradamente honestos, liberales y moderados, a quienes los sublevados contra las leyes les secuestraron transitoriamente el voto.
www.latribunadelpaisvasco.com 28 Noviembre 2015

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