Source: http://comunacero.blogspot.com/2012/07/viviendas-sostenibles-sin-fronteras-la.html
Timestamp: 2017-03-25 17:21:18+00:00

Document:
COMUNA CERO: Viviendas sostenibles sin fronteras, la historia de Michael Reynolds
Margaret Mead (1901-1978): "No dudes jamás de la capacidad de tan solo un grupo de ciudadanos conscientes y comprometidos para cambiar el mundo. De hecho, siempre ha sido así".CONTACTO:comunacero (arroba) hotmail.com.ar
Manfred Max-Neef y la necesidad de una economía descalzaMi verdadero terror es que se haga realidad la ficción, donde, en una sociedad de bárbaros polarizada, los ricos se parapetan detrás de alambre de púa, rejas de a lta tensión, muros con astillas de vidrio y vigilantes armados, mientras que alrededor, en medio de paisajes pesadillescos, los marginados vagabundean y roban. Manfred Max-Neef (1932) economista y ambientalista chileno, ganador del Premio Nobel Alternativo de Economía (Right Livelihood Award ) y autor de “Economía Descalza” (descárgalo en pdf) y “Desarrollo a Escala Humana” (descargalo en pdf), 2 obras trascendentales a la hora de resumir su pensamiento que sigue claramente las lineas del Small is Beautiful del economista inglés Schumacher.Su Hipótesis del Umbral, sostiene que a partir de determinado punto del desarrollo económico, la calidad de vida comienza a disminuir; transformando la felicidad relativa de las personas en soledad y alienación. Es por eso que la búsqueda de Max-Neef son propuestas para la puesta en práctica de un desarrollo a nuestra escala, de una economía que roce la tierra, basado en la idea de que “en la naturaleza, todo sistema vivo crece hasta un cierto punto en el que detiene su crecimiento, pero no detiene su desarrollo. El desarrollo puede seguir infinito, pero el crecimiento no”. Max-Neef es un pensador pragmático que busca con sensatez un desarrollo sostenible, sencillo y palpable, antes que la especulación desmedida que no reconoce límites en su ambición.PD: Interesantes son además sus indagaciones sobre el ECOSON, unidad que intenta expresar la cuota de consumo de energía de un ciudadano que satisface sensatamente sus necesidades básicas sin marginar a nadie.Links:Sitio Oficial (max-neef.cl)Manfred Max Neef (YouTube, documental ochentero)Entrevista Manfred Max-Neef (YouTube)
CONSTITUCION DE LA CIUDAD AUTÓNOMA DE BUENOS AIRES CAPÍTULO CUARTO – AMBIENTE ARTÍCULO 26.- El ambiente es patrimonio común. Toda persona tiene derecho a gozar de un ambiente sano, así como el deber de preservarlo y defenderlo en provecho de las generaciones presentes y futuras. Toda actividad que suponga en forma actual o inminente un daño al ambiente debe cesar. El daño ambiental conlleva prioritariamente la obligación de recomponer. La Ciudad es territorio no nuclear. Se prohíbe la producción de energía nucleoeléctrica y el ingreso, la elaboración, el transporte y la tenencia de sustancias y residuos radiactivos. Se regula por reglamentación especial y con control de autoridad competente, la gestión de las que sean requeridas para usos biomedicinales, industriales o de investigación civil. Toda persona tiene derecho, a su solo pedido, a recibir libremente información sobre el impacto que causan o pueden causar sobre el ambiente actividades públicas o privadas. ARTÍCULO 27.- La Ciudad desarrolla en forma indelegable una política de planeamiento y gestión del ambiente urbano integrada a las políticas de desarrollo económico, social y cultural, que contemple su inserción en el área metropolitana. Instrumenta un proceso de ordenamiento territorial y ambiental participativo y permanente que promueve: 1. La preservación y restauración de los procesos ecológicos esenciales y de los recursos naturales que son de su dominio. 2. La preservación y restauración del patrimonio natural, urbanístico, arquitectónico y de la calidad visual y sonora. 3. La protección e incremento de los espacios públicos de acceso libre y gratuito, en particular la recuperación de las áreas costeras, y garantiza su uso común. 4. La preservación e incremento de los espacios verdes, las áreas forestadas y parquizadas, parques naturales y zonas de reserva ecológica, y la preservación de su diversidad biológica. 5. La protección de la fauna urbana y el respeto por su vida: controla su salubridad, evita la crueldad y controla su reproducción con métodos éticos. 6. La protección, saneamiento, control de la contaminación y mantenimiento de las áreas costeras del Río de la Plata y de la cuenca Matanza-Riachuelo, de las subcuencas hídricas y de los acuíferos. 7. La regulación de los usos del suelo, la localización de las actividades y las condiciones de habitabilidad y seguridad de todo espacio urbano, público y privado. 8. La provisión de los equipamientos comunitarios y de las infraestructuras de servicios según criterios de equidad social. 9. La seguridad vial y peatonal, la calidad atmosférica y la eficiencia energética en el tránsito y el transporte. 10. La regulación de la producción y el manejo de tecnologías, métodos, sustancias, residuos y desechos, que comporten riesgos. 11. El uso racional de materiales y energía en el desarrollo del hábitat. 12. Minimizar volúmenes y peligrosidad en la generación, transporte, tratamiento, recuperación y disposición de residuos. 13. Un desarrollo productivo compatible con la calidad ambiental, el uso de tecnologías no contaminantes y la disminución en la generación de residuos industriales. 14. La educación ambiental en todas las modalidades y niveles. ARTÍCULO 28.- Para asegurar la calidad ambiental y proveer al proceso de ordenamiento territorial, se establece: 1. La prohibición de ingreso a la Ciudad de los residuos y desechos peligrosos. Propicia mecanismos de acuerdo con la provincia de Buenos Aires y otras jurisdicciones, con el objeto de utilizar o crear plantas de tratamiento y disposición final de los residuos industriales, peligrosos, patológicos y radiactivos que se generen en su territorio. 2. La prohibición del ingreso y la utilización de métodos, productos, servicios o tecnologías no autorizados o prohibidos en su país de producción, de patentamiento o de desarrollo original. La ley establecerá el plazo de reconversión de los que estén actualmente autorizados. ARTÍCULO 29.- La Ciudad define un Plan Urbano y Ambiental elaborado con participación transdisciplinaria de las entidades académicas, profesionales y comunitarias aprobado con la mayoría prevista en el artículo 81, que constituye la ley marco a la que se ajusta el resto de la normativa urbanística y las obras públicas. ARTÍCULO 30.- Establece la obligatoriedad de la evaluación previa del impacto ambiental de todo emprendimiento público o privado susceptible de relevante efecto y su discusión en audiencia pública. Basura: bomba de tiempo metropolitana Mucho bla-bla-bla político y escasa (o nula) acción preventiva. Por Miguel GrinbergAgosto 2008 En todas las grandes ciudades del mundo hay un problema común: la creciente basura metropolitana. Que no consiste apenas en los desechos domésticos, sino que incluye una vasta gama de residuos tóxicos y peligrosos que se acumulan por doquier sin un destino controlable. No es admisible enterrarlos ni incinerarlos, idea que despierta el enérgico repudio de las comunidades periféricas que serían afectadas por su proximidad. Como síntoma de esto último, el 31 de diciembre de 2007, la prensa porteña informó que al comenzar el último día del año vecinos auto-convocados del municipio bonaerense de González Catán bloquearon el acceso de camiones con basura al relleno sanitario local a fin de denunciar públicamente numerosos casos de enfermedades por contaminación. La agencia de noticias Télam consignó que los habitantes de la vecindad resaltaban que como consecuencia de la presencia de basura se han verificado varios casos de cáncer, distrofia muscular y lupus, entre otros males. Ya en mayo del año pasado, mediante una carta abierta, los manifestantes habían expresado que "si después de más de cuatro años de lucha pudimos demostrar judicialmente la contaminación que vivimos, es una falta de respeto que el Director de Bromatología, quien debe guardar por nuestras condiciones de salud, desdibuje la criminalidad imperante diciendo que la contaminación es provocada por la materia fecal de quienes vivimos aquí y que la basura está separada del suelo por un film que la aísla (este film está preparado para soportar entre 4 y 7 metros de basura y las montañas ya tienen más de 35 metros, ¿estará destrozado por el peso ya, o todavía no?" A fin de que se verificara el impacto social de la situación imperante en esa localidad, los vecinos reclamantes invitaban a quienes quisieran conocer la situación de manera directa que golpearan las manos ante cualquier casa frentista y pidieran que los chicos muestren sus brazos y piernas. Proclamaban, entretanto, que "ya no quedan en el barrio familias sin enfermos respiratorios, de piel o mucho más complicados". Además de denunciar padecimientos por tumores, en González Catán los panfletos de protesta hacían referencia a la presencia de serios trastornos entre los pobladores, como Lupus, Púrpura, Leucemia, Distrofia Muscular, Citomegalovirus, Síndrome de Wolff (un mal muy raro), deformaciones genéticas y retrasos madurativos. La literatura disponible sobre este tipo de problemas sanitarios en América Latina, expresa que la acumulación de basura en zonas urbanas y suburbanas tiene dos tipos de efectos, directos e indirectos. En cuanto a los primeros, se considera que los desechos o basura producen condiciones inadecuadas para la vida al degradar el ambiente, aumentando la cantidad de agentes patógenos, es decir, de microorganismos causantes de enfermedades, así como la presencia de materias tóxicas que pueden generar gases que ocasionan daños a la piel, las vías respiratorias, irritación en los ojos y alergias, aparte de los efectos repulsivos a la vista y al olfato. En cuanto a los segundos, se admite que los desechos o basura desordenados resultan un vasto hábitat para plagas, al brindarles fuentes estables de alimento y condiciones de vida a ratas, mosquitos, cucarachas, moscas y otras alimañas que transmiten al ser humano enfermedades tales como: peste bubónica, tifus, rabia, disentería, enfermedades del tracto digestivo, fiebre amarilla, dengue, encefalitis, tuberculosis, leptospirosis y otras. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, un Manual de Higiene y Salubridad editado por la Federación Argentina de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontales (FATERYH, el sindicato de los porteros). El texto advierte a los trabajadores que entre las enfermedades que los residuos pueden llegar a producir, pueden mencionarse a las gastroinstestinales como la parasitosis (amebiasis), cólera, diarreas y otras. Se afectan también las vías respiratorias dando afecciones a ese nivel como laringitis y faringitis. El Manual advierte que las personas que desarrollan tareas próximas a los sitios con basura pueden adquirir enfermedades en la piel por hongos, llamados también procesos micóticos que producen irritaciones e infecciones. La acumulación de los sitios de basura es propicio para la proliferación de ratas y demás roedores, además de pulgas, moscas, cucarachas y perros. Siendo además estos transmisores de gérmenes que a su vez son transmisores de enfermedades como peste bubónica, rabia y otra de menor tenor como la tiña. Puede existir la contaminación de las napas de aguas subterráneas, por una fase de filtración del área de la basura, lo que contamina la misma, impidiendo que sea destinada al consumo por contaminación. El documento no deja de resaltar que la lluvia arrastra los componentes hacia los mantos freáticos (las mencionadas napas). Asimismo, el aire transporta millones de microorganismos de la basura favoreciendo las enfermedades de tipo respiratorio a las que se agregan la presencia de partículas de plomo, dióxido de carbono y demás componentes de la descomposición orgánica antes mencionada, favoreciendo el desarrollo de rinitis, conjuntivitis, sinusitis y traqueobronquitis. Los roedores y otros animales en contacto con la basura, pueden ser portadores de la leptospirosis, enfermedad infecto-contagiosa, aguda y febril causada por una bacteria del género Leptospira que afecta sobre todo a los animales salvajes y domésticos, que sirven como fuente de infección para el hombre. Presenta una epidemiología compleja y de distribución cosmopolita, en la que varias especies, principalmente los roedores actúan como hospederos de mantenimiento de muchas serovariedades en todo el mundo, siendo el hombre y los animales de explotación económica y social hospederos accidentales. Ante casos verificados en el municipio bonaerense de Quilmes, la Dra. Cristina Etchegoyen, jefa del programa de Prevención de Zoonosis del Ministerio de Salud de la Nación, declaró que "no se trata de una epidemia porque ésta se define cuando hay transmisión de persona a persona, y la leptospirosis es una zoonosis, que se transmite de los animales al hombre". Esta zoonosis afecta fundamentalmente a mamíferos salvajes y domésticos (ratas, perros y gatos) y se transmite al hombre por contagio directo, es decir por contacto con la orina de los animales enfermos (el reservorio vivo de la bacteria es el riñón del animal, donde esa bacteria puede permanecer por períodos prolongados) o indirectamente por medio de aguas, basurales o suelos contaminados por la orina de animales infectados. Existe todo un terreno escasamente explorado en cuanto a los impactos sanitarios de la basura doméstica urbana, pues además de los agentes patógenos ya descritos, hay elementos tóxicos de presencia usual entre los desperdicios, que van desde los pañales infantiles y geriátricos o las toallas higiénicas femeninas, pasando por el mercurio de los tubos y lámparas fluorescentes quemadas, y llegando al toner o talco negro proveniente del uso de máquinas fotocopiadoras e impresoras, cuyos componentes de berilio y cromo pueden afectar seriamente el sistema hormonal de quienes lo inhalen, particularmente los cartoneros metropolitanos. Sin mencionar siquiera materiales de descarte provenientes de consultorios médicos, odontológicos y laboratorios, o las residencias geriátricas, que no se atienen a las reglas imperantes en el plano de los residuos patológicos. Para este tipo de "basura", infiltrada entre las 5.000 toneladas de desechos domésticos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no hay reciclaje ni recuperación posible, y por consiguiente la misma plantea la necesidad de procedimientos especiales para su eventual neutralización y eliminación definitiva. Es en esa dirección que numerosos municipios de las naciones tecnológicamente avanzadas comienzan a aplicar actualmente variadas alternativas, en base a sofisticados procedimientos que inclusive apuntan a retirar del medio ambiente muchos residuos tóxicos del pasado. Con el neto objetivo de desactivar la mentada bomba de tiempo. MATERIALES PARA EL ESTUDIO
LAS TRES ECOLOGÍAS* Félix Guattari «Así como existe una ecología de las malas hierbas existe una ecología de las malas ideas.» Gregory Bateson[1] EL PLANETA TIERRA vive un período de intensas transformaciones técnico-científicas como contrapartida de las cuales se han engendrado fenómenos de desequilibrio ecoló­gico que amenazan, a corto plazo, si no se le pone remedio, la implantación de la vida sobre su superficie. Paralelamente a estas conmociones, los modos de vida humanos, individuales y colectivos, evolucionan en el sentido de un progresivo deterioro. Las redes de parentesco tienden a reducirse al mínimo, la vida doméstica está gangrenada por el consumo «mass-mediático», la vida conyugal y familiar se encuentra a menudo «osificada» por una especie de estandarización de los comportamientos, las relaciones de vecindad quedan generalmente reducidas a su más pobre expresión... La relación de la subjetividad con su exterioridad —ya sea social, animal, vegetal, cósmica— se ve así comprometida en una especie de movimiento general de implosión y de infantilización regresiva. La alteridad tiende a perder toda aspereza. El turismo, por ejemplo, se resume con frecuencia a un viaje in situ en el seno de las mismas redundancias de imágenes y de comportamiento. Las formaciones políticas y las instancias ejecutivas se muestran totalmente incapaces de aprehender esta problemática en el conjunto de sus implicaciones. Aunque recientemente hayan iniciado una toma de conciencia parcial de los peligros más llamativos que amenazan el entorno natural de nuestras sociedades, en general se limitan a abordar el campo de la contaminación industrial, pero exclusivamente desde una perspectiva tecnocrática, cuando en realidad sólo una articulación ético-política —que yo llamo ecosofía— entre los tres re­gistros ecológicos, el del medio ambiente, el de las relaciones sociales y el de la subjetividad humana, sería susceptible de clarificar con­venientemente estas cuestiones. El problema es saber de qué forma se va a vivir de aquí en adelante sobre este pla­neta, en el contexto de la aceleración de las mutaciones técnico-científicas y del considerable crecimiento demográfico. Las fuerzas productivas, debido al desarrollo continuo del trabajo ma­quínico, desmultiplicado por la revolución informática, van a liberar una cantidad cada vez mayor del tiempo de actividad humana potencial.[2] Pero ¿con qué fin? ¿El del paro, la marginalidad opresiva, la soledad, la ociosidad, la angustia, la neurosis, o bien el de la cultura, la creación, la investigación, la reinvención del entorno, el enriquecimiento de los modos de vida y de sensibilidad? En el Tercer Mundo, como en el mundo desarrollado, capas enteras de la subjetividad colectiva se desmoronan o se repliegan sobre arcaísmos, como ocurre, por ejemplo, con la temible exacerbación de los fenómenos de integrismo religioso. La verdadera respuesta a la crisis ecológica sólo podrá hacerse a escala planetaria y a condición de que se realice una auténtica revolución política, social y cultural que reoriente los objetivos de la producción de los bienes materiales e inmateriales. Así pues, esta revolu­ción no sólo deberá concernir a las relaciones de fuerzas visibles a gran escala, sino también a los campos moleculares de sensibilidad, de inteligencia y de deseo. Una finalización del trabajo social regulado de forma unívoca por una economía del beneficio y por relaciones de poder sólo conduciría, en el presente, a dramáticos callejones sin salida. Es evidente en lo absurdo de las tutelas económicas que pesan sobre el Tercer Mundo y que conducen a algunas de sus regiones a una pauperización absoluta e irreversible. Es igualmente evidente en países como Francia, donde la proliferación de centrales nucleares hace que una gran parte de Europa tenga que soportar el riesgo que conllevan posibles accidentes del tipo Chernobil. Por no hablar del carácter casi delirante del almacenamiento de miles de cabezas nucleares que, al menor fallo técnico o humano, podrían conducir de forma mecánica a una exterminación colectiva. En cada uno de estos ejemplos aparece la misma denuncia de los modos dominantes de valoración de las colectividades humanas, a saber: 1) el del imperio de un mercado mundial que lamina los sistemas particulares de valor, que sitúa en un mismo plano de equivalencia: los bienes materiales, los bienes culturales, los espacios naturales, etc.; 2) el que sitúa el conjunto de las relaciones sociales y de las relaciones in­ternacionales bajo el dominio de las máquinas policiales y militares. En esta doble pinza, los Estados ven cómo su papel tradicional de mediación se reduce cada vez más, y a menudo se ponen al servicio conjugado de las instancias del mercado mundial y de los complejos mili-taro-industriales. Esta situación es tanto más paradójica cuanto que la época en la que el mundo estaba situado bajo la égida de un antagonismo Este-Oeste, proyección ampliamente imagi­naria de las oposiciones clase obrera-burgue­sía en el seno de los países capitalistas, está a punto de pertenecer al pasado. ¿Quiere esto decir que los nuevos desafíos multipolares de las tres ecologías sustituirán pura y simple­mente a las antiguas luchas de clase y a sus mitos de referencia? ¡Por supuesto, una sustitu­ción de ese tipo no será tan mecánica! Ahora bien, parece sin embargo probable que esos desafíos, que corresponden a una complejidad cada vez mayor de los contextos sociales, económicos e internacionales, tenderán a pasar cada vez más al primer plano. Los antagonismos de clase heredados del siglo xix han contribuido inicialmente a forjar campos homogéneos bipolarizados de sub­jetividad. Más tarde, durante la segunda mitad el siglo xx, a través de la sociedad de consu­mo, el welfare, los «media»..., la subjetividad obrera pura y dura se ha desmoronado. Y aunque las segregaciones y las jerarquías jamás hayan sido tan intensamente vividas, una misma coraza imaginaria recubre ahora el conjunto de las posiciones subjetivas. Un mismo sentimiento difuso de pertenencia social ha descrispado las antiguas conciencias de clase. (Dejo aquí de lado la constitución de polos subjetivos violentamente heterogéneos como los que surgen en el mundo musulmán). Por su parte, los llamados países socialistas también han introyectado los sistemas de valor «unidimensionalizantes» de Occidente. El antiguo igualitarismo de fachada de mundo comunista da paso así al serialismo «mass-mediático» (el mismo ideal de standing, las mismas modas, el mismo tipo de música rock, etc.). En lo que concierne al eje Norte-Sur difícilmente podemos imaginar que la situación pueda mejorar de forma notable. Por supuesto, en un determinado plazo de tiempo es con­cebible que la progresión de las técnicas agroalimentarias permita modificar los supuestos teóricos del drama del hambre en el mundo. Pero, entretanto, sobre el terreno, sería com­pletamente ilusorio pensar que la ayuda inter­nacional, tal como se concibe y se presta en la actualidad, consiga resolver de forma duradera algún problema. La instauración a largo plazo de inmensas zonas de miseria, de hambre y de muerte parece desde ahora formar parte integrante del monstruoso sistema de «estimula­ción» del Capitalismo Mundial Integrado. En cualquier caso, sobre ella reposa la implantación de las Nuevas Potencias Industriales, núcleos de hiperexplotación, como Hong Kong, Taiwan, Corea del Sur, etcétera. En el seno de los países desarrollados encontramos ese mismo principio de tensión social y de «estimulación» por la desesperación con la instauración de zonas crónicas de paro y de una marginalización de una parte cada vez mayor de los jóvenes, de los viejos, de los trabajadores «parcializados», devaluados, etcétera. Así, hacia donde quiera que uno mire encuentra esa misma paradoja lancinante: por un lado, el desarrollo continuo de nuevos medios técnico-científicos, susceptibles poten­cialmente de resolver las problemáticas ecoló­gicas dominantes y el reequilibrio de las ac­tividades socialmente útiles sobre la superficie del planeta y, por otro, la incapacidad de las fuerzas sociales organizadas y de las for­maciones subjetivas constituidas de amparar-se de esos medios para hacerlos operativos. Y, sin embargo, uno puede preguntarse si esta fase paroxística de laminación de las subjetividades, de los bienes y de los entornos, no está abocada a entrar en una fase de de­clive. Por todas partes surgen reivindicacio­nes de singularidad; los signos más visibles a este respecto, aparecen en la multiplicación de las reivindicaciones nacionalitarias, ayer todavía marginales, y que hoy en día ocupan cada vez más el primer plano de las escenas políticas. (Destaquemos, en Córcega como en los países Bálticos, la conjunción entre las reivindicaciones ecológicas y autonomistas). Más tarde o más temprano, este auge de las cuestiones nacionalitarias probablemente condu­cirá a modificar profundamente las relaciones Este-Oeste y, en particular, la configuración de Europa, cuyo centro de gravedad podría derivar decisivamente hacia un Este neutralista. Las oposiciones dualistas tradicionales que han guiado el pensamiento social y las cartografías geopolíticas están caducas. Las situaciones conflictivas continúan, pero introdu­cen sis-temas multipolares incompatibles con enrolamientos bajo banderas ideológicas mani­queístas. Por ejemplo, la oposición entre Ter­cer Mundo y mundo desarrollado ya no tiene ningún sentido. Lo hemos visto con esas Nuevas Potencias Industriales cuya productividad ya no se puede comparar con la de los tradicionales bastiones industriales del Oeste, pero este fenómeno va unido a una especie de tercermundización interna en los países desarrollados, que a su vez va unida a una exacerbación de las cuestiones relativas a la inmigración y al racismo. Que nadie se engañe, la gran confusión a propósito de la unificación económica de la Comunidad Europea no frenará en modo alguno esa tercermundización de zonas considerables de Europa. Otro antagonismo transversal al de las luchas de clase sigue siendo el de las relaciones hombre/mujer. A escala planetaria, la condición femenina no parece que haya mejorado. La explotación del trabajo femenino, correlativa a la del trabajo de los niños, no tiene nada que envidiar a los peores períodos del siglo xix. Y, sin embargo, una revolución subjetiva rampante no ha cesado de trabajar la condición femenina durante estos dos últimos decenios. Aunque la independencia sexual de las mujeres, en relación con la disponibilidad de medios anticonceptivos y de aborto, se haya desarrollado muy desigualmente, aunque el auge de los integrismos religiosos no cese de generar una minorización de su estado, un cierto número de índices conducen a pensar que las trans­formaciones de larga duración —en el sen­tido de Fernand Braudel— ya se están produ­ciendo (la designación de mujeres como jefes de Estado, la reivindicación de paridad hombre-mujer en las instancias representativas, etcétera). La juventud, aunque esté aplastada en las relaciones económicas dominantes que le confieren un lugar cada vez más precario y manipulada mentalmente por la producción de subjetividad colectiva de los medios de comunicación, no por ello deja de desarrollar sus propias distancias de singularización respecto a la subjetividad normalizada. A este respecto, el carácter transnacional de la cultura rock es totalmente significativo, al desempeñar el papel de una especie de culto iniciático que confiere una pseudoidentidad cultural a masas considerables de jóvenes y les permite crearse un mínimo de Territorios existenciales. En estos contextos de fragmentación, de descentramiento, de desmultiplicación de los antagonismos y de los procesos de singulariza­ción surgen las nuevas problemáticas ecologis­tas. Entendámonos bien, yo no pretendo de ningún modo que estén llamadas a «recubrir» las otras líneas de fracturas moleculares, pero me parece que reclaman una problematiza­ción transversal a ellas. Si ya no se trata, como en los períodos anteriores, de lucha de clase o de defensa de la «patria del socialismo», de hacer funcionar una ideología unívoca, es concebible, por el contrario, que la nueva referencia ecosófica indique líneas de recomposición de las praxis humanas en los dominios más variados. A todas las escalas individuales y colectivas, tanto en lo que respecta a la vida cotidiana como a la reinvención de la democracia, en el registro del urbanismo, de la creación ar­tística, del deporte, etc., siempre se trata de interesarse por lo que podrían ser dispositivos de producción de subjetividad que van en el sentido de una resingularización individual y/o colectiva más bien que en el de una fa­bricación «mass-mediática» sinónimo de an­gustia y de desesperación. Perspectiva que no excluye totalmente la definición de objetivos unificadores tales como la lucha contra el hambre en el mundo, el freno de la desforestación o la proliferación ciega de las industrias nucleares. Ahora bien, aquí ya no puede tratarse de consignas estereotipadas, reduccionistas, que eliminan otras problemáticas más singulares y que implican la promoción de líderes caris­máticos. Una misma intención ético-política atraviesa los problemas del racismo, del falocentrismo, de los desastres legados por un urbanismo pretendidamente moderno, de una creación artística liberada del sistema del mercado, de una pedagogía capaz de inventar sus me­diadores sociales, etc. Esta problemática es, a fin de cuentas, la de la producción de existencia humana en los nuevos contextos históricos. La ecosofía social consistirá, pues, en desarrollar prácticas especificas que tiendan a modificar y a reinventar formas de ser en el seno de la pareja, en el seno de la familia, del contexto urbano, del trabajo, etcétera. Por supuesto, sería inconcebible pretender volver a fórmulas anteriores, que corresponden a períodos en los que a la vez la densidad demográfica era más débil y la densidad de las relaciones sociales más fuerte que en la actualidad. Pero se tratará de reconstruir lite­ralmente el conjunto de las modalidades del ser-en-grupo. Y no sólo mediante intervenciones «comunicacionales», sino mediante mutaciones existenciales que tienen por objeto la esencia de la subjetividad. En este dominio, no nos limitaremos a recomendaciones generales, sino que emplearemos prácticas efectivas de expe­rimentación tanto a los niveles microsociales como a mayores escalas institucionales. Por su parte, la ecosofía mental se verá obligada a reinventar la relación del sujeto con el cuerpo, el fantasma, la finitud del tiempo, los «misterios» de la vida y de la muerte. Se verá obligada a buscar antídotos a la uniformización «mass-mediática» y telemá­tica, al conformismo de las modas, a las mani­pulaciones de la opinión por la publicidad, los sondeos, etc. Su forma de actuar se aproxi­mará más a la del artista que a la de los profesionales «psy», siempre obsesionados por un ideal caduco de cientificidad. En estos dominios nada se disputa en nombre de la historia, en nombre de determinis­mos infraestructurales. La implosión bárbara no queda excluida en absoluto. Y si no se produce esa reactivación ecosófica (cualquiera que sea el nombre que se le quiera dar), sí no se produce una rearticulación de los tres registros fundamentales de la ecología, des­graciadamente se puede presagiar el ascen­so de todos los peligros: los del racismo, del fanatismo religioso, de los cismas naciona­litarios que tienden hacia nuevas posturas reaccionarias, los de la explotación del tra­bajo de los niños, de la opresión de las mujeres... Intentemos, ahora, estudiar más detalla­damente las implicaciones de una perspectiva ecosófica de este tipo sobre la concepción de la subjetividad. El sujeto no es evidente; no basta pensar para ser, como lo proclamaba Descartes, puesto que muchas otras formas de existir se instauran fuera de la conciencia, mientras que cuando el pensamiento se empeña obstinadamente en aprehenderse a sí mismo, se pone a girar como una peonza loca, sin captar ninguno de los Territorios reales de la existencia, los cuales, por su parte, derivan los unos en relación con los otros, como placas tectónicas bajo la superficie de los continentes. Más bien que de sujeto, quizá convendría hablar de componentes de subjetivación, cada uno de los cuales trabaja por su propia cuenta. Lo que conduciría necesariamente a reexaminar la relación entre el individuo y la subjetividad, y, en primer lugar, a separar claramente los conceptos. Estos vectores de subjetivación no pasan necesariamente por el individuo; en realidad, éste está en posición de «terminal» respecto a procesos que implican grupos hu­manos, conjuntos socio-económicos, máquinas informáticas, etc. Así, la interioridad se instaura en el cruce de múltiples componentes rela­tivamente autónomos los unos en relación con los otros y, llegado el caso, francamente discordantes. Sé que una argumentación de este tipo todavía es difícil de aceptar; sobre todo en contextos en los que continúa reinando una sospecha, es decir, un rechazo de principio, respecto a cualquier referencia específica a la subjetividad. Ya sea en nombre de la primacía de las infraestructuras, de las estructu­ras o de los sistemas, la subjetividad no tiene buena prensa, y los que se interesan por ella, en la práctica o en la teoría, en general sólo la abordan con pinzas, con infinitas precauciones, cuidando mucho de no alejarla nunca demasia­do de paradigmas pseudocientíficos, tomados, preferentemente, de las ciencias duras: la ter­modinámica, la topología, la teoría de la infor­mación, la teoría de los sistemas, la lingüística, etc. Sucede como si un Súper-ego cientifista exigiera reificar las entidades psíquicas e impusie­ra aprehenderlas solamente a través de coor­denadas extrínsecas. En tales condiciones, no debe sorprendernos que las ciencias humanas y las ciencias sociales se hayan condenado ellas mismas a no alcanzar las dimensiones intrínsecamente evolutivas, creadoras y auto­posicionantes de los procesos de subjetivación. Sea como fuere, me parece urgente deshacerse de todas las referencias y metáforas cientifistas para forjar nuevos paradigmas que serán más bien de inspiración ético-estética. Por otra parte, las mejores cartografías de la psique o, si se quiere, los mejores psicoanálisis, ¿no han sido hechos por Goethe, Proust, Joyce, Artaud y Beckett, más bien que por Freud, Jung y Lacan? Después de todo, la parte literaria en la obra de estos últimos constituye lo mejor que subsiste de ellos (por ejemplo, la Traumdeutung de Freud puede ser considera­da como una extraordinaria novela moderna). Nuestra crítica del psicoanálisis, a partir de la creación estética y de implicaciones éticas, no presupone sin embargo una «reha­bilitación» del análisis fenomenológico que, en nuestra perspectiva, se encuentra mutilado por un «reduccionismo» sistemático que lo conduce a limitar sus objetos a una pura transparencia intencional. Por mi parte, he llegado a considerar que la aprehensión de un hecho psíquico es inseparable del Agenciamiento de enunciación que le hace tomar cuerpo, como hecho y como proceso expresivo. Una especie de relación de incer­tidumbre se establece entre la aprehensión del objeto y la aprehensión del sujeto, que impone, para articularlos, que no pueda evitarse un circunloquio pseudonarrativo, por medio de mitos de referencia, de rituales de todo tipo, de descripciones con pretensión científica, cuya finalidad será enmarcar una puesta en escena dis-posicional, una puesta en existencia, que autorice, en «segundo» lugar, una inteligibili­dad discursiva. No se trata aquí de una recupera­ción de la distin-ción pascaliana entre «espíritu de geometría» y «espíritu de agudeza». Estos dos modos de aprehensión —ya sea por el concepto, ya sea por el afecto y el percepto— son, en efecto, absolutamente complementarios. Por medio de ese circunloquio pseudonarra­tivo, sólo se pretende desplegar una repetición soporte de existencia, a través de ritmos y de ritornelos de una infinita variedad. El dis­curso, o cualquier tipo de eslabón discursivo, se convierte así en portador de una no-dis­cursividad que, como una estela estroboscópica, anula los juegos de oposición distintiva, tanto al nivel del contenido como al de la forma de expresión. Sólo bajo esta condición pueden ser generados y regenerados los universos de referencia incorporales que jalonan con acontecimientos singulares el desarrollo de la historicidad individual y colectiva. De la misma manera que en otras épocas el teatro griego, el amor cortés o las novelas de caballerías se impusieron como modelo, o más bien como módulo de subjetivación, hoy el freudismo sigue habitando nuestras formas de sostener la existencia de la sexualidad, de la infancia, de la neurosis... Así pues, aquí no pretendemos «superar» o liquidar defi­nitivamente el hecho freudiano, sino reorientar sus conceptos y sus prácticas para hacer otro uso de ellos, para desenraizarlos de sus ataduras preestructuralistas en una subjetividad totalmente anclada en el pasado individual y colectivo. En adelante, lo que estará a la orden del día es la liberación de campos de virtualidad «futuristas» y «constructivistas». El inconsciente sólo permanece aferrado a fijaciones arcaicas en la medida en que ningún comportamiento tire de él hacia el futuro. Esta tensión existencial se realizará por medio de temporalidades humanas y no humanas. Por estas últimas entiendo el desplegamiento o, si se quiere, el despliegue, de devenires animales, de devenires vegetales, cósmicos, pero también de devenires maquínicos, correlativos de la aceleración de las revoluciones tecnológicas e informáticas (así es como vemos desarrollarse ante nuestros ojos la expansión prodigiosa de una subjetividad asistida por ordenador). A esto hay que añadir que conviene no olvidar las dimensiones ins­titucionales y de clase social que regulan la formación y el «teledirigismo» de los individuos y de los grupos humanos. En resumen, ¡las ilusiones fantasmáticas y míticas del psicoanálisis deben ser representa­das y desbaratadas y no cultivadas y conservadas como jardines a la francesa! Desgraciadamente, los psicoánalistas de hoy en día, más aún que los de ayer, se escudan en lo que podría­mos llamar una «estructuralización» de los complejos inconscientes. En su teorización, eso conduce a una esterilidad y a un dogmatismo insoportable y, en su práctica, eso desemboca en un empobrecimiento de sus intervenciones, en estereotipos que los hacen impermeables a la alteridad singular de sus pacientes. Al invocar paradigmas éticos, fundamen­talmente quisiera señalar la responsabilidad y el necesario «compromiso» no sólo de los operadores «psy», sino también de todos aquellos que están en posición de intervenir sobre las instancias psíquicas individuales y colectivas (a través de la educación, la salud, la cultura, el deporte, el arte, los medios de comunicación, la moda, etc.). Eticamente es insostenible refugiarse, como esos operadores hacen a menudo, en una neutralidad transferencial supuestamente basada en un dominio del inconsciente y en un corpus científico. De hecho, el conjunto de los dominios «psy» se instala en la prolongación y en interfase con los dominios estéticos. Al insistir sobre los paradigmas estéticos, quisiera señalar que, especialmente en el registro de las prácticas «psy», todo debería ser continuamente reinventado, habría que partir de cero, de lo contrario los procesos se fijan en una repetición mortífera. La con­dición previa a cualquier relanzamiento del análisis —por ejemplo, el esquizoanálisis— consiste en admitir que por regla general, y por poco que uno se dedique a trabajarlos, los Agenciamientos subjetivos individuales y colectivos son potencialmente válidos para desarrollarse y proliferar lejos de sus equilibrios ordinarios. Sus cartografías analíticas desbordan, pues, por esencia los Territorios existenciales a los que están destinadas. Con esas cartografías debería suceder como en pintura o en literatura, dominios en cuyo seno cada performance concreta tiene vocación de evolucionar, de innovar, de inaugurar aperturas prospectivas, sin que sus autores puedan invocar fundamentos teóricos infalibles o la autoridad de un grupo, de una escuela, de un conservatorio o de una academia... Work in progress! Se acabaron los catecismos psicoanalíticos, conductistas o sistémicos. El pueblo «psy», para converger en esta perspectiva con el mundo del arte, se ve obligado a deshacerse de sus batas blancas, empezando por aquellas, invisibles, que lleva en su cabeza, en su lenguaje y en sus formas de ser (el ideal de un pintor no es repetir indefinidamente la misma obra —excepto el personaje de Titorelli, en el Proceso de Kafka, ¡que siempre pinta e idén­ticamente el mismo juez!). De la misma mane­ra, cada institución de tratamiento, de asistencia, de educación, cada cura individual debería tener como preocupación permanente hacer evolucionar tanto su práctica como sus andamiajes teóricos. Paradójicamente, quizá sea de las ciencias «duras» de las que quepa esperar el cambio más espectacular respecto a procesos de sub­jetivación. Por ejemplo, ¿acaso no es significa­tivo que, en su último libro, Prigogine y Stengers invoquen la necesidad de introducir en física un «elemento narrativo», indispen­sable, según ellos, para teorizar la evolución en términos de irreversibilidad?[3] Dicho esto, tengo la convicción de que la cuestión de la enunciación subjetiva se planteará cada vez más a medida que se desarrollen las máquinas productoras de signos, de imágenes, de sinta­xis, de inteligencia artificial... Eso significa una recomposición de las prácticas sociales e individuales que yo ordeno según tres rúbricas complementarias: la ecología social, la ecología mental y la ecología medioambiental, y bajo la égida ético-estética de una ecosofía. Las relaciones de la humanidad con el socius, con la psique y con la «naturaleza» tienden, en efecto, a deteriorarse cada vez más, no sólo en razón de contaminaciones y de poluciones objetivas, sino también por el hecho de un desconocimiento y de una pasividad fatalista de los individuos y de los poderes respecto a estas cuestiones consideradas en su conjunto. Catastróficas o no, las evoluciones negativas se aceptan como son. El estructuralismo, más tarde el postmodernismo, nos han acos­tumbrado a una visión del mundo que evacúa la pertinencia de las intervenciones humanas que se encarnan en políticas y micropolíticas concretas. Las explicaciones relativas a esa decadencia de las praxis sociales por la muerte de las ideologías y el retomo a los valores universales me parecen poco satisfactorias. En realidad, lo que sobre todo conviene incriminar es la inadaptación de las praxis sociales y psicológicas, y también una ceguera sobre el carácter engañoso de la comparti­mentación de un cierto número de dominios de lo real. No es justo separar la acción de la psique, el socius y el medio ambiente. La negativa a enfrentarse con las degradaciones de estos tres dominios, tal como es fomentada por los medios de comunicación, confina a una empresa de infantilización de la opinión y de neutralización destructiva de la democracia. Para desintoxicarse del discurso sedativo que en particular destilan las televisiones, de aquí en adelante convendría aprehender el mundo a través de las tres lentes intercambiables que cons­tituyen nuestros tres puntos de vista ecológicos. Chernobil y el Sida nos han revelado brutalmente los limites de los poderes técnico-científicos de la humanidad y las «sorpresas» que puede reservamos la «naturaleza». Sin duda alguna, se impone una responsabilidad y una gestión más colectiva para orientar las ciencias y las técnicas hacia finalidades más hu­manas. No podemos abandonarnos ciegamen­te a los tecnócratas de los aparatos de Estado para controlar las evoluciones y conjurar los peligros en esos dominios, regidos, en lo esencial, por los principios de la economía del beneficio. Por supuesto, sería absurdo querer dar marcha atrás para intentar reconstituir las antiguas formas de vida. Tras las revoluciones informáticas, robóticas, tras el progreso de la ingeniería genética y tras la mundialización del conjunto de los mercados, el trabajo humano o el hábitat ya nunca volverán a ser lo que eran hace tan sólo algunos decenios. La aceleración de las velocidades de transporte y de comunicación, la interdependencia de los centros urbanos, estudiadas por Paul Virilio, constituyen igualmente un estado de hecho irreversible que convendría sobre todo reorientar. En cierto sentido, hay que admitir que habrá que «aceptar» ese estado de hecho. Pero ese aceptar implica una recomposición de los objetivos y de los métodos del conjunto del movimiento social en las condiciones actuales. Para simbolizar esta problemática, me basta evocar la experiencia que hizo un día Alain Bombard en la televisión, cuando presentó dos peceras: una llena de agua polucionada, como la que puede recogerse en el puerto de Marsella, y en la que se movía un pulpo bien vivo, como animado de movimientos de danza, la otra llena de agua de mar pura de toda polución. Cuando él atrapó el pulpo para volver a meterlo en el agua «normal», al cabo de algunos segundos se vio que el animal se replegaba, se apagaba y moría. Hoy menos que nunca puede separarse la naturaleza de la cultura, y hay que aprender a pensar «transversalmente» las interacciones entre ecosistemas, mecanosfera y Universo de referencia sociales e individuales. De la misma manera que unas algas mutantes y monstruosas invaden la laguna de Venecia, las pantallas de televisión están saturadas de una población de imágenes y de enunciados «degenerados». Otra especie de alga, que en este caso tiene que ver con la ecología social, consiste en esa libertad de proliferación que ha permitido que hombres como Donald Trump se apoderen de barrios enteros de New York, de Atlantic City, etc., para «renovarlos», aumentar los alquileres y expulsar al mismo tiempo a decenas de millares de familias pobres, la mayor parte de las cuales están condenadas a devenir homeless, el equivalente aquí de los peces muertos de la ecología medioambiental. También habría que hablar de la desterritorialización salvaje del Tercer Mundo, que afecta conjuntamente a la textura cultural de las poblaciones, al hábitat, a las defensas inmunitarias, al clima, etcétera. Otro desastre de la ecología social: el trabajo de los niños, ¡que hoy día es más importante que en el siglo XIX! ¿Cómo recuperar el control de esta situación que hace que constantemente es­temos al borde de catástrofes de autodestrucción? Las organizaciones internacionales tienen poco control sobre estos fenómenos que reclaman un cambio fundamental de las mentalidades. La solidaridad internacional ya sólo es asumida por asociaciones humanitarias, cuando hubo un tiempo en el que concernía en primer lugar a los sindicatos y a los partidos de izquierda. Por su parte, el discurso marxista se ha devaluado (no el texto de Marx, que conserva un gran valor). Corresponde a los protagonistas de la liberación social volver a forjar referencias teóricas que iluminen una posible vía de salida a la historia, más llena de pesadillas que nunca, que atravesamos actualmente. Pues no sólo desaparecen las especies, sino también las palabras, las frases, los gestos de la solidaridad humana. Se utilizan todos los medios para aplastar bajo una capa de silencio las luchas de emancipación de las mujeres y de los nuevos proletarios que constituyen los parados, los emarginatti, los inmigrantes... Si es tan importante que las tres ecologías se liberen, en el establecimiento de sus puntos de referencia cartográficos, de los paradigmas pseudocientíficos, ello no sólo se debe al grado de complejidad de las entidades con­sideradas, sino, más fundamentalmente, al hecho de que ahí está implicada una lógica diferente de la que rige la comunicación ordinaria entre locutores y auditores y, como consecuencia, la inteligibilidad de los conjuntos discursivos y la imbricación indefinida de los campos de significación. Esta lógica de las intensidades, que se aplica a los Agencia­mientos existenciales autorreferidos y que in­troducen duraciones irreversibles, no sólo concierne a los sujetos humanos constituidos en cuerpos totalizados, sino también a todos los objetos parciales, en el sentido psicoanalítico, a los objetos transicionales, en el sentido de Winnicott, a los objetos institucionales (los «grupos-sujetos»), a los rostros, a los paisajes, etcétera. Mientras que la lógica de los conjuntos discursivos se propone cernir bien los objetos, la lógica de las intensidades, o ecológica, sólo tiene en cuenta el movimiento, la intensidad de los procesos evolutivos. El proceso, que yo opongo aquí al sistema o a la estructura, tiene por objeto la existencia, a la vez cons­tituyéndose, definiéndose y desterritorializán­dose. Estos procesos de mise à l'être sólo conciernen a ciertos subconjuntos expresivos que han roto con su imbricación totalizante y se han puesto a trabajar por su propia cuenta y a subyugar sus conjuntos referenciales para manifestarse a título de índices existenciales, de línea de fuga procesual... En cada núcleo existencial parcial, las praxis ecológicas se esforzarán en localizar los vectores potenciales de subjetivación y de singularización. Generalmente se trata de algo que se opone al orden «normal» de las cosas, una repetición contrariante, un elemento intensivo que reclama otras intensidades a fin de componer otras configuraciones exis­tenciales. Estos vectores disidentes están rela­tivamente despojados de sus funciones de denotación y de significación, para actuar en tanto que materiales existenciales descorpo­reizados. Pero cada una de esas pruebas de suspensión del sentido representa un riesgo, el de una desterritorialización demasiado brutal que destruya el Agenciamiento de subjetivación (ejemplo, la implosión del movimiento social en Italia a principios de los años 1980). Por el contrario, una desterritorialización suave puede hacer evolucionar los Agenciamientos según un modelo procesual constructivo. Ese es el núcleo de todas las praxis ecológicas: las rupturas asignificantes, los catalizadores existenciales están al alcance de la mano, pero en ausencia de un Agenciamiento de enunciación que les proporcione un soporte expresivo, permanecen pasivos y amenazan con perder su consistencia (por ahí convendrá buscar las raíces de la angustia, de la culpabili­dad y, de una manera general, de todas las reiteraciones psicopatológicas). En el caso de la figura de los Agenciamientos procesuales, la ruptura expresiva asignificante reclama una repetición creadora que forja objetos incorporales, máquinas abstractas y universos de valor que se imponen como si siempre hubieran estado déjà la aunque sean totalmente tributarios del acontecimiento existencial que los saca a la luz. Por otra parte, esos segmentos catalíticos existenciales pueden continuar siendo portadores de denotación y de significación. De ahí la ambigüedad, por ejemplo, de un texto poético que puede transmitir un mensaje y a la vez denotar un referente sin dejar de funcionar esencialmente sobre redundancias de expresión y de contenido. Proust ha analizado perfectamen­te el funcionamiento de esos ritornelos existen­ciales como núcleo catalítico de subjetivación (la «frasecilla» de Vinteuil, el movimiento de los campanarios de Martinville, el sabor de la magdalena, etc.). Conviene señalar aquí que ese trabajo de localización de los ritornelos existenciales no sólo concierne a la literatura y a las artes. Esa eco-lógica funciona igualmente en la vida cotidiana, en los diversos niveles de la vida social y, más generalmente, cada vez que se cuestiona la constitución de un Territorio existencial. Añadamos que esos Territorios pueden estar tan desterritorializados como uno pueda imaginar (pueden encarnarse en la Jerusalén celeste, en una problemática relativa al bien y al mal, en un compromiso ético-político, etcétera). El único punto común que existe entre esos diversos rasgos existenciales es sostener la producción de existentes singulares o resingularizar conjuntos serializados. En todas partes y en todas las épocas, el arte y la religión han sido el refugio de las cartografías existenciales basadas en una asunción de ciertas rupturas de sentido «exis­tencializantes». Pero la época contemporánea, al exacerbar la producción de bienes materiales e inmateriales, en detrimento de la consistencia de los Territorios existenciales individuales y de grupo, ha engendrado un inmenso vacío en la subjetividad, que tiende a devenir cada vez más absurda y sin recurso. No sólo no se constata relación de causa a efecto entre el crecimiento de los recursos técnico-científicos y el desarrollo de los progresos sociales y culturales, sino que parece evidente que asistimos a una degradación irreversible de los operadores tradicionales de regulación social. Aunque sea artificial especular, ante un fenómeno de este tipo, sobre una vuelta atrás, una recomposición de las maneras de ser de nuestros antepasados, sin embargo, eso es lo que intentan hacer a su manera las formaciones capitalistas más «modernistas». Vemos, por ejemplo, que ciertas estructuras jerárquicas que han perdido una parte notable de su eficacia funcional (en particular debido a los nuevos medios de información y concertación por ordenadores) son objeto, no sólo por parte de las capas dirigentes, sino igualmente por parte de las escalas inferiores, de un surinvestissement* imaginario, que confina, a veces, como en Japón, a una devoción religiosa. En el mismo orden de ideas, asistimos a un reforzamiento de las actitudes segregadoras respecto a los inmigrantes, las mujeres, los jóvenes e incluso los viejos. La reaparición de lo que podríamos llamar un conservadurismo subjetivo no sólo es imputable al reforzamiento de la represión social; se debe igualmente a una especie de crispación existencial que implica al conjunto de los actores sociales. El capitalismo post-industrial que, por mi parte, prefiero calificar de Capitalismo Mundial Integrado (CMI), tiende cada vez más a descentrar sus núcleos de poder de las estructuras de producción de bienes y de servicios hacia las estructuras productoras de signos, de sintaxis y de subjetividad, especialmente a través del control que ejerce sobre los medios de comunicación, la publicidad, los sondeos, etcétera. Estamos ante una evolución que debería llevamos a reflexionar sobre lo que fueron, a este respecto, las formas anteriores del capi­talismo, pues tampoco ellas estaban exentas de ese tipo de propensión a capitalizar poder subjetivo, tanto en las filas de sus élites como en las de sus proletarios. No obstante, esta propensión todavía no mostraba plenamente su verdadera importancia, de tal forma que entonces no fue convenientemente apreciada por los teóricos del movimiento obrero. Propongo reagrupar en cuatro principales regímenes semióticos los instrumentos sobre los que reposa el CMI: — las semióticas económicas (instrumen­tos monetarios, financieros, contables, de deci­sión...); las semióticas jurídicas (título de propiedad, legislación y reglamentaciones di­versas...); — las semióticas técnico-científicas (pla­nes, diagramas, programas, estudios, inves­tigaciones...); las semióticas de subjetivación, algunas de las cuales coinciden con las que acaban de ser enumeradas, pero a las que convendría añadir muchas otras, tales como las relativas a la arquitectura, el urbanismo, los equipamientos colectivos, etc. Debemos admitir que los modelos que pretendían fundar una jerarquía causal entre esos regímenes semióticos están a punto de perder todo contacto con la realidad. Cada vez se hace más difícil sostener, por ejemplo, que las semióticas económicas y las que participan en la producción de bienes materiales ocupan una posición infraestructural con re­lación a semióticas jurídicas e ideológicas co­mo lo postulaba el marxismo. En la actualidad, el objeto del CMI es un conjunto inseparable: productivo-económico-subjetivo. Y, volviendo a las antiguas categorizaciones escolásticas, se podría decir que es el resultado a la vez de causas materiales, formales, finales y efi­cientes. Uno de los problemas analíticos claves que la ecología social y la ecología mental deberían afrontar es la introyección del poder represivo por parte de los oprimidos. Aquí la mayor dificultad reside en el hecho de que los sindicatos y los partidos, que luchan en principio por defender los intereses de los trabajadores y de los oprimidos, reproducen en su seno los mismos modelos patógenos que impiden en sus filas toda libertad de expresión y de innovación. Quizá se necesitará un período de tiempo considerable para que el movimiento obrero reconozca que las acti­vidades de circulación, de distribución, de comunicación, de encuadramiento... constituyen vectores económico,-ecológicos que se sitúan rigurosamente en el mismo plano, desde el punto de vista de la creación de plusvalía, que el trabajo directamente incorporado a la producción de bienes materiales. A este respec­to, un desconocimiento dogmático ha sido alimentado por numerosos teóricos, confor­tando a un obrerismo y a un corporativismo que han desnaturaliza-do y mutilado profun­damente los movimientos de emancipación anticapitalistas estos últimos decenios. Esperamos que una recomposición y un reajuste de las finalidades de las luchas eman­cipadoras devengan, cuanto antes, correlativas del desarrollo de los tres tipos de praxis eco­lógicas evocadas aquí. Y deseamos que, en el contexto de los nuevos «elementos» de la relación entre el capital y la actividad humana, las tomas de conciencia ecológicas, feministas, antirracistas, etcétera, logren alcanzar más rápidamente, como objetivo principal, los modos de producción de la subjetividad, es decir, de conocimiento, de cultura, de sensibilidad y de sociabilidad que dependen de sistemas de valor incorporal que desde ahora se sitúan en la raíz de los nuevos agenciamientos pro­ductivos. La ecología social deberá trabajar en la reconstrucción de las relaciones humanas a todos los niveles del socius. Jamás deberá perder de vista que el poder capitalista se ha deslocalizado, desterritorializado, a la vez en extensión, al extender su empresa al conjunto de la vida social, económica y cultural del planeta, y en «intensión», al infiltrarse en el seno de los estratos subjetivos más inconscien­tes. Puesto que esto es así, ya no es posible pretender oponerse a él sólo desde el exterior mediante las prácticas sindicales y políticas tradicionales. Se ha hecho igualmente imperativo afrontar sus efectos en el dominio de la ecología mental en el seno de la vida cotidiana individual, doméstica, conyugal, de vecindad, de creación y de ética personal. Lejos de buscar un consenso embrutecedor e infantilizante, en el futuro se tratará de cultivar el dissensus y la producción singular de existencia. La subjetividad capitalística, tal como es engendrada por operadores de toda naturaleza y de toda talla, está manufacturada para proteger la existencia contra cualquier intrusión de acon­tecimientos susceptibles de trastocar y perturbar la opinión. Según ella, cualquier singularidad debería, o bien ser evitada, o bien pasar bajo la autoridad de equipamientos y de marcos de referencia especializados. De ese modo, se esfuerza en gestionar el mundo de la infancia, del amor, del arte, así como todo lo que es del orden de la angustia, de la locura, del dolor, de la muerte, del sentimiento de estar perdido en el cosmos... A partir de los elementos existenciales más personales —se debería incluso decir infrapersonales— el CMI constituye sus agregados subjetivos masivos, aferrados a la raza, a la nación, al cuerpo profesional, a la competición depor­tiva, a la virilidad dominante, a la Star «mass­mediática». Asegurándose el poder sobre el máximo de ritornelos existenciales para contro­larlos y neutralizarlos, la subjetividad capita­lística se embriaga, se anestesia a sí misma, en un sentimiento colectivo de pseudoeter­nidad. Sobre el conjunto de esos frentes imbricados y heterogéneos deberán, creo yo, articularse las nuevas prácticas ecológicas, puesto que su objetivo es hacer procesualmente activas singularidades aisladas, rechazadas, que giran sobre sí mismas. (Ejemplo: una clase escolar, en la que se aplican los principios de la Escuela Freinet, que consiste en singularizar el funcionamiento global —sistema cooperativo, reuniones de evaluación, diario, libertad para los alumnos de organizar su trabajo indivi­dualmente o en grupo, etc.). En esta misma perspectiva, habrá que considerar los síntomas y los incidentes fuera de la norma como índices de un trabajo potencial de subjetivación. Me parece esencial que se organicen así nuevas prácticas micropolíticas y microsociales, nuevas solidaridades, un nuevo bienestar conjuntamente con nuevas prácticas estéticas y nuevas prácticas analíticas de las formaciones del inconsciente. Me parece que es la única vía posible para que las prácticas sociales y políticas vuelvan a apoyarse en algo firme, quiero decir, trabajen por la humanidad y no por un simple reequilibrio permanente del Universo de las semióticas capitalistas. Se me podría objetar que las luchas a gran escala no están necesariamente en sincronía con las praxis ecológicas y las micropolíticas del deseo. Pero, ese es el problema: los diversos niveles de práctica no sólo no tienen que ser homogeneizados, conectados unos con otros bajo una tutela trascendente, sino que conviene hacer que entren en procesos de heterogénesis. Las feministas no estarán nunca lo suficientemente implicadas en un devenir-mujer, y no existe ninguna razón para pedir a los inmigrantes que renuncien a los rasgos culturales que corresponden a su ser, o bien a su pertenencia nacionalitaria. Conviene dejar que las culturas particulares se desarrollen, inventando otros contratos de ciudadanía. Conviene mantener unida la singularidad, la excepción, la rareza con un orden estatal lo menos pesado posible. La eco-lógica ya no impone «resolver» los contrarios, como lo deseaban las dialécticas hegelianas y marxistas. En particular, en el campo de la ecología social, llegará un tiempo de lucha en el que todos y todas se verán obligados a fijarse objetivos comunes y a com­portarse «corno pequeños soldados» —quiero decir, como buenos militantes pero, conjunta­mente, llegará un tiempo de resingularización en el que las subjetividades individuales y colectivas «plegarán velas», y en el que lo que primará será la expresión creadora como tal, sin más preocupación respecto a finalidades colectivas. Esta nueva lógica ecosófica, lo subrayo, se parece a la del artista que puede verse obligado a rehacer su obra a partir de la intrusión de un detalle accidental, de un acontecimiento-incidente que de pronto hace que se bifurque su proyecto inicial, para hacerlo derivar lejos de sus perspectivas ante­riores más firmes. Un proverbio dice que «la excepción confirma la regla», pero puede también modificarla o recrearla. La ecología medioambiental, tal como existe en la actualidad, no ha hecho, pienso yo, más que esbozar y prefigurar la ecología generalizada que yo preconizo aquí y que tendrá como finalidad descentrar radicalmente las luchas sociales y las maneras de asumir su propia psique. Los actuales movimientos ecologistas tienen ciertamente muchos méritos, pero, a decir verdad, pienso que la cuestión ecosófica global es demasiado importante para ser abandonada a algunas de sus co­rrientes arcaizantes y folklorizantes, que optan a veces deliberadamente por un rechazo de todo compromiso político a gran escala. La connotación de la ecología deberla dejar de estar ligada a la imagen de una pequeña minoría de amantes de la naturaleza o de especialistas titulados. La ecología cuestiona el conjunto de la subjetividad y de las for­maciones de poderes capitalísticos, los cuales no tienen ninguna garantía de continuar triunfan­do, como sucedió durante el último decenio. No sólo la crisis permanente actual, fi­nanciera y económica, puede desembocar en importantes transformaciones del statu quo social y del imaginario «mass-mediático» que lo sustenta, sino que ciertos temas empleados por el neoliberalismo, relativos por ejemplo a la flexibilidad de trabajo, los desequilibrios, etc., pueden perfectamente volverse contra él. Insisto, esta elección no sólo es entre una fijación ciega a las antiguas tutelas esta­to-burocráticas, un welfare generalizado o un abandono desesperado o cínico a la ideología de los «yuppies». Todo hace pensar que los beneficios de productividad engendrados por las actuales revoluciones tecnológicas se inscribi­rán en una curva de crecimiento logarítmico. En ese caso, la cuestión es saber si nuevos operadores ecológicos y nuevos Agenciamien­tos de enunciación ecosóficos lograrán o no orientarlos hacia vías menos absurdas, menos en callejón sin salida que las del CMI. El principio común a las tres ecologías consiste, pues, en que los Territorios existencia­les a los que nos confrontan no se presentan como en-sí, cerrados sobre sí mismos, sino como un para-sí precario, acabado, finitizado, singular, singularizado, capaz de bifurcarse, en reiteraciones estratificadas y mortíferas o en apertura procesual a partir de praxis que permiten hacerlo «habitable» por un proyecto humano. Esta apertura práxica constituye la esencia de ese arte de «la eco» que subsume todas las maneras de domesti-car[4] los Territo­rios existenciales, tanto si conciernen a íntimas maneras de ser, el cuerpo, el entorno o a grandes conjuntos contextuales relativos a la etnia, la nación o incluso los derechos generales de la humanidad. Dicho esto, precisemos que para nosotros no se trata de erigir reglas universales como guía de esas praxis, sino, a la inversa, de extraer las antinomias principales entre los niveles ecosóficos o, si se prefiere, entre las tres visiones ecológicas, los tres vasos discriminantes de los que hablamos aquí. El principio específico de la ecología mental reside en que su forma de abordar los Territorios existenciales depende de una lógica pre-objetal y pre-personal que evoca lo que Freud ha descrito como un «proceso primario». Lógica que podría denominarse del «tercero incluido», en la que el blanco y el negro son indistintos, en la que lo bello coexiste con lo feo, el adentro con el afuera, el «buen objeto» con el malo... En el caso particular de la ecología del fantasma, lo que se requiere en cada tentativa de anotación cartográfica es la elaboración de un soporte expresivo singular o, más exactamente, sin­gularizado. Gregory Bateson ha señalado cla­ramente que lo que él denomina «ecología de las ideas» no puede ser circunscrito al dominio de la psicología de los individuos, sino que se organiza en sistemas o «espíritu» (minds) cuyas fronteras ya no coinciden con los individuos que participan en él.[5] Pero dejamos de estar de acuerdo con él cuando convierte la acción y la enunciación en simples partes del subsistema ecológico llamado contex­to. Por mi parte, yo considero que la «toma de contexto» existencial siempre depende de una praxis, que se instaura en ruptura con el «pretexto» sistémico. No existe una jerar­quía de conjuntos que sitúe y localice a un determinado nivel las componentes de enun­ciación. Éstas se componen de elementos heterogéneos que adquieren consistencia y persistencia común cuando superan los umbrales constitutivos de un mundo en detrimento de otro. Los operadores de esta cristalización son fragmentos de cadenas discursivas asig­nificantes que Schlegel consideraba como obras de arte. («Semejante a una pequeña obra de arte, un fragmento debe estar total­mente separado del mundo que lo rodea y cerrado sobre sí mismo como un erizo»).[6] En cualquier momento, en cualquier lu­gar, el problema de la ecología mental puede surgir, más allá de los conjuntos bien constitui­dos, en el orden individual o colectivo. Para aprehender estos fragmentos catalizadores de bifur­caciones existenciales, Freud ha inventado los rituales de la sesión, de la asociación libre, de la interpretación, en función de mitos de referencia psicoanalíticos. Actualmente, algunas corrientes postsistémicas de la terapia familiar se esfuerzan en forjar otras escenas y otras referencias. ¡Todo esto es bello y bueno! Pero también aquí sólo se trata de andamiajes con­ceptuales incapaces de explicar producciones de subjetivi-dad «primaria», como las que se despliegan a escala verdaderamente industrial, especialmente a partir de los «medias» y de los equipamientos colectivos. El conjunto de los corpus teóricos de este tipo presenta el inconveniente de estar cerrado a una eventual proliferación creadora. Mito o teoría con pretensión científica, la pertinencia de los modelos relativos a la ecología mental debería ser juzgada en función: 1) de su capacidad para circunscribir los eslabones discursivos en ruptura de senti­do; 2) de su creación de conceptos que autoricen una autoconstructibilidad teórica y práctica: el freudismo responde a duras penas a la primera exigencia pero no a la segunda; inversamente, el postsistemismo tendría más bien tendencia a responder a la segunda subestimando la primera, mientras que, en el campo político-social, los medios «alternativos» desconocen generalmente el conjunto de las problemáticas relativas a la ecología mental. Por nuestra parte, nosotros preconizamos repensar en otra vía las diversas tentativas de modelización «psy», de la misma manera que las prácticas de las sectas religiosas o las «novelas familiares» neuróticas y los delirios psicóticos. No se tratará tanto de explicar esas prácticas en términos de verdad científica como en función de su eficacia estético-existencial. ¿Qué se utiliza aquí? ¿Qué escenas existenciales se ordenan a duras penas? El objetivo crucial es la captación de los puntos de ruptura asignificantes —en ruptura de denotación, de connotación y de significación— a partir de los cuales un cierto número de eslabones semióticos se pondrán a trabajar al servicio de un efecto de autorreferencia existencial. El síntoma repetitivo, la plegaria, el ritual de la «sesión», la consigna, el emblema, el ritornelo, la cristalización en relación con el rostro de la star... inician la producción de una subjetividad parcial. Podría decirse que son el centro de una proto-subjetividad. Ya los freudianos habían detectado la existencia de vectores de subjetiva-ción que escapaban al dominio del Yo; subjetividad parcial, comple­xual, que se organiza en torno a objetos en ruptura de sentido tales como el seno materno, las heces, el sexo... Pero estos objetos, generado— res de subjetividad «disidente», los concibieron como si permanecieran esencialmente adyacen­tes a las pulsiones instintivas y a un imaginario corporeizado. Otros objetos institucionales, arquitecturales, económicos, cósmicos, soportan igualmente de pleno derecho esa función de producción existencial. Lo repito una vez más, aquí lo esencial es el corte-bifurcación, que no se puede re­presentar como tal, pero que, sin embargo, va a segregar toda una fantasmática de los orígenes (escena primitiva freudiana, mirada «defensiva» del sistémico de la terapia familiar, ceremoniales de iniciación, de conjuración, etcétera). La pura autorreferencia creadora es insostenible para la aprehensión de la existencia ordinaria. Su representación sólo puede ocultarla, falsearla, desfigurarla, hacerla transitar por mitos y relatos de referencia —lo que yo llamo una metamodelización. Corolario: sólo podríamos acceder a tales núcleos de subjetivación creadora en estado naciente por el subterfugio de una economía fantasmática que se despliega de una forma indirecta. Así, ¡nadie queda eximido de jugar el juego de la ecología de lo imaginario! Ya sea en la vida individual o en la vida colectiva, el impacto de una ecología mental no presupone una importación de conceptos y de prácticas a partir de un campo «psy» especializado. Hacer frente a la lógica de la ambivalencia deseante, dondequiera que ella se perfile —en la cultura, la vida cotidiana, el trabajo, el deporte, etcétera—, volver a apreciar la finalidad del trabajo y de las actividades humanas en función de otros criterios que no sean los del rendimiento y el beneficio: estos imperativos de la ecología mental reclaman una movilización adecuada del conjunto de los individuos y de los segmen­tos sociales. ¿Dónde situar, por ejemplo, los fantasmas de agresión, de muerte, de violación, de racismo en el mundo de la infancia y de la madurez regresiva? Más que utilizar incan­sablemente procedimientos de censura y de contención, en nombre de grandes principios morales, ¿acaso no convendría promover una verdadera ecología del fantasma, referida a transferencias, traslaciones, reconversiones, de sus materias de expresión?[7] Evidentemente, es legítimo ejercitar una represión respecto a cualquier «paso a la acción». Pero, previamente, se deben disponer modos de expresión adecua­dos a las fantasmogorías negativistas y destructi­vas, de tal manera que puedan, como en el tratamiento de la psicosis, ab-reaccionar a fin de volver a conectar Territorios existenciales que parten a la deriva. Una tal «transversalización» de la violencia implica que no se presupone la existencia insoslayable de una pulsión de muerte intrapsíquica, constantemente al acecho, dispuesta a arrasarlo todo a su paso desde el momento en que los Territorios del Yo pierden su consistencia y su vigilancia. La violencia y la negatividad siempre son el re­sultado de Agenciamientos subjetivos complejos; no están intrínsecamente inscritas en la esencia de la especie humana. Se construyen y se mantienen mediante múltiples Agenciamientos de enunciación. Sade y Céline se han esforzado, con más o menos fortuna, en hacer casi barrocos sus fantasmas negativos. Por esa razón, deberían ser considerados como autores claves de una ecología mental. Sin una tolerancia y una inventiva permanente para «imaginarizar» los diversos avatares de la violencia, la sociedad corre el riesgo de hacerlos cristalizar en lo real. Lo vemos hoy en día, por ejemplo, con la explotación comercial intensiva de los cómics escatológicos destinados a los niños.[8] Pero, de forma mucho más inquietante bajo la especie de un tuerto a la vez repugnante y fascinante que, mejor que nadie, sabe imponer lo implícito racista y nazi de su discurso, tanto en la escena de los «medias» como en el seno de las relaciones de fuerzas políticas. Vale más no engañarse: la fuerza de este tipo de personaje tiene que ver con el hecho de que logra hacerse el intérprete de montajes pulsionales que pueblan, de hecho, el conjunto del socius. No soy tan ingenuo y utópico como para pretender que existe una metodología analítica capaz de erradicar profundamente todos los fantasmas que conducen a reificar la mujer, el inmigrante, el loco, etc., y acabar con las instituciones penitenciarias, psiquiátricas, etc. Pero me parece que una generalización de las experiencias de análisis institucional (en el hospital, en la escuela, en el entorno urbano...) podría modificar profundamente los elementos de ese problema. Se necesita una inmensa reconstrucción de los mecanismos sociales para hacer frente a los estragos del CMI. Ahora bien, esta reconstrucción no depende tanto de reformas desde arriba, leyes, decretos, programas burocráticos, como de la promoción de prácticas innovadoras, la proliferación de experiencias alternativas, centradas en el respeto de la singularidad y en un trabajo permanente de producción de subjetividad, que se autonomi­cen al articularse convenientemente con el resto de la sociedad. Dar cabida a las brutales desterritorializaciones de la psique y del socius, en eso consisten los fantasmas de violencia, puede conducir, no a una sublimación milagrosa, sino a reconversiones de Agenciamientos que desbordan por todas partes el cuerpo, el Yo, el individuo. El Súper-ego punitivo y la cul­pabilización mortífera no pueden alcanzarse por los medios ordinarios de la educación y del savoir vivre. Exceptuando el Islam, las grandes religiones tienen cada vez menos influencia sobre la psique, mientras que en todo el mundo vemos florecer una especie de retomo al totemismo y al animismo. Las comunidades humanas atrapadas en la tormenta tienen tendencia a replegarse sobre sí mismas, dejando a los políticos profesionales la res­ponsabilidad de regir la organización social, mientras que los sindicatos se ven superados por las mutaciones de una sociedad que por todas partes está en crisis latente o manifiesta.[9] El principio particular de la ecología social está relacionado con la promoción de un investissement afectivo y pragmático sobre grupos humanos de dimensiones diversas. Este «Eros de grupo» no se presenta como una cantidad abstracta, sino que corresponde a una reconversión cualitativamente específica de la subjetividad primaría que depende de la ecología mental. Aquí se presentan dos opciones: o bien la triangulación personológica de la subjetividad según un modo Yo-TÚ-ÉL, padre-madre-niño.., o bien la constitución de grupos-sujetos autorreferentes que se abren ampliamente sobre el socius y el cosmos. En el primer caso, el yo y el otro están construidos a partir de un juego de identificaciones y de imitaciones estándares que conducen a grupos primarios replegados sobre el padre, el jefe, la star«mass-mediática». En efecto, los grandes «medias» actúan en el sentido de esa psicología de masas maleables. En el segundo caso, en el espacio y lugar de sistemas identificatorios se utilizan rasgos de eficiencia diagramáticos. Aquí se escapa, al menos parcialmente, a las semiologías de la modelización icónica en beneficio de semióticas procesuales que yo evitaría llamar simbólicas para no volver a caer en los errores estructuralistas. Lo que caracteriza a un rasgo diagramático, con rela­ción a un icono, es su grado de desterrito­rialización, su capacidad de salir de sí mismo para constituir cadenas discursivas que actúan sobre el referente. Por ejemplo, se puede distinguir la imitación identificatoria de un alumno pianista con su maestro de una trans­ferencia de estilo susceptible de bifurcarse en una vía singular. De forma general, se distinguirán los agregados imaginarios de mul­titud de los Agenciamientos colectivos de enunciación que implican tanto rasgos pre­personales como sistemas sociales o compo­nentes maquínicos. (Aquí se opondrán los maquinismos vivientes «autopoiéticos»[10] a los mecanismos de repetición vacía). Dicho esto, las oposiciones entre esas dos modalidades nunca son tan claras: una multitud puede estar habitada por grupos que desempeñan la función de líder de opinión, y unos grupos-sujetos pueden volver a caer en el estado amorfo y alienante. Las sociedades capitalísticas —expresión bajo la que yo incluyo, junto a las potencias del Oeste y del Japón, los llamados países del socialismo real y las Nuevas Potencias Industriales del Tercer Mundo— fabrican desde ahora, para ponerlos a su ser­vicio, tres tipos de subjetividad: una subjetividad serial que corresponde a las clases asalariadas, otra a la inmensa masa de los «no-asegurados» y, por último, una subjetividad elitista que corresponde a las capas dirigentes. La «mass­mediatización» acelerada del conjunto de las sociedades tiende así a crear una separación cada vez más pronunciada entre esas diversas categorías de población. Entre las élites, en­contramos una disponibilidad suficiente de bienes materiales, de medios de cultura, una práctica mínima de la lectura y de la escritura y un sentimiento de competencia y de legitimidad en las decisiones. Entre las clases sometidas, encontramos, por regla general, un abandono al orden de las cosas, una pérdida de esperanza de dar un sentido a su vida. Un punto programático primordial de la ecología social será hacer transitar esas sociedades capitalísticas de la era «mass-mediática» hacia una era pos­mediática, entendiendo por ello una reapropiación de los «medias» por una multitud de grupos­sujetos, capaces de dirigirlos hacia una vía de resingularización. Una perspectiva de este tipo puede parecer hoy inalcanzable. Pero la situación actual de máxima alienación por los «medias» no depende de ninguna necesidad intrínseca. En ese dominio, me parece que la visión fatalista de las cosas corresponde al desconocimiento de varios factores: a) las bruscas tomas de conciencia de las masas que siempre resultan posibles; b) el desmoronamiento progresivo del estalinismo y de sus avatares, que da paso a otros Agenciamientos de transformación de las luchas sociales; c) la evolución tecnológica de los «me­dias», en particular su miniaturización, la dis­minución de su coste, su posible utilización para fines no capitalísticos; d) la recomposición de los procesos de trabajo sobre los escombros de los sistemas de producción industriales de principios de siglo que reclama una producción creciente de subjetividad «creacionista», tanto en un plano individual como en un plano colectivo. (A través de la formación permanente, el resurgimiento de la mano de obra, las transferencias de competencia, etc.). A las primeras formas de sociedad indus­trial les ha correspondido laminar y socializar la subjetividad de las clases trabajadoras. En la actualidad, la especialización internacional del trabajo ha exportado hacia el Tercer Mundo los métodos de trabajo en cadena. En la era de las revoluciones informáticas, del auge de las biotecnologías, de la creación acelerada, de nuevos materiales y de una «maquinizacion» cada vez más fina del tiempo,[11] nuevas modalidades de subjetivación están a punto de surgir. Cada vez se recurrirá más a la inteligencia y a la iniciativa, pero en contrapartida se pondrá mucho más cuidado en la codificación y en el control de la vida doméstica de la pareja conyugal y de la familia nuclear. En resumen, territorializando a la familia a gran escala (por los «medias», los servicios de asistencia, los salarios indirectos...), se intentará aburguesar al máximo la subjetividad obrera. Las operaciones de reindividuación y de «familiarización» no tienen el mismo efecto si tienen por objeto un terreno de subjetividad colectiva devastada por la era industrial del siglo xix y de la primera mitad del siglo xx, o si atacan a terrenos en los que se han conservado cienos rasgos arcaicos heredados de la era precapitalista. A este respecto, el ejemplo del Japón y el de Italia parecen sig­nificativos, puesto que se trata de países que han logrado insertar industrias de vanguardia en una subjetividad colectiva que ha conservado ataduras con un pasado a veces muy remoto (que se remonta al sinto-budismo en el caso del Japón y a las épocas patriarcales en el de Italia). En esos dos países, la reconversión postindustrial se ha efectuado por transiciones relativamente menos brutales que en Francia, por ejemplo, donde regiones enteras quedaron, durante un largo período, fuera de la vida económica activa. En cierto número de países del Tercer Mundo asistimos igualmente a la superposición de una subjetividad medieval (relación de sumisión al clan, alienación total de las mujeres y de los niños, etc.) y de una subjetividad pos­tindustrial. Por otra parte, uno se puede pre­guntar si ese tipo de Nuevas Potencias Industriales, por ahora localizadas principalmente en las costas del mar de China, no va igualmente a proliferar en las costas del Mediterráneo y en las costas del África atlántica. Si eso fuera así , veríamos toda una serie de regiones de Europa sometidas a fuertes tensiones, debido a un trastocamiento radical de sus fuentes de ingresos y de su estatuto de pertenencia a las grandes potencias blancas. En esos diversos dominios, las problemáticas ecológicas se entremezclan. Abandonada a sí misma, la eclosión de los neoarcaísmos sociales y mentales puede conducir ¡tanto a lo mejor como a lo peor! Estamos ante una cuestión peligrosa: el fascismo de los Ayatollahs, no lo olvidemos, sólo se ha instaurado sobre la base de una profunda revolución popular en Irán. Las recientes revueltas de jóvenes, en Argelia, han mantenido una doble simbiosis entre las formas de vivir occidentales y las diversas mezclas de integrismo. La ecología social espontánea trabaja en la constitución de Territorios existenciales que sustituyen a duras penas a los antiguos controles rituales y religiosos del socius. Parece evidente que, en ese dominio, mientras no se produzca el relevo de praxis colectivas políticamente cohe­rentes, siempre serán, a fin de cuentas, las empresas nacionalistas reaccionarias, opresivas para las mujeres, los niños, los marginales, y hostiles a cualquier innovación, las que triunfen. Aquí no se trata de proponer un modelo prefabricado de sociedad, sino única­mente de responsabilizarse del conjunto de las componentes ecosóficas cuyo objetivo será, en particular, el establecimiento de nue­vos sistemas de valorización. Ya he señalado que cada vez es menos legítimo que las retribuciones financieras y de prestigio de las actividades humanas socialmente reconocidas sólo estén reguladas por un mercado basado en el beneficio. Otros muchos sistemas de valor deberían ser tenidos en cuenta (la «rentabilidad» social, estética, los valores del deseo, etc.). Hasta el presente, sólo el Estado está en posición de arbitrar dominios de valor que no proceden del beneficio capitalista (por ejemplo: la apreciación del dominio del patri­monio). Parece necesario insistir en el hecho de que nuevos relevos sociales, tales como fun­daciones reconocidas de utilidad social, deberían poder flexibilizar y ampliar la financiación del Tercer Sector —ni privado, ni público— que se verá constantemente obligado a ampliarse a medida que el trabajo humano sea sustituido por el trabajo maquínico. Por encima de unos ingresos mínimos garantizados para todos—reconocidos como derecho y no en concepto de contrato llamado de reinserción—, el problema se perfila como una disponibilidad de los medios para dirigir acciones individuales y colectivas orientadas en el sentido de una ecología de la resingularización. La búsqueda de un Territorio o una patria existencial no pasa necesariamente por la de una tierra natal o una filiación de origen lejano. Con mucha frecuencia, los movimientos nacionalitarios (de tipo vasco, irlandés), debido a antagonismos exteriores, se repliegan sobre sí mismos, dejando de lado las otras revoluciones moleculares relativas a la liberación de la mujer, a la ecología medioambiental, etc. Se pueden concebir todo tipo de «nacionalidades» desterritorializa­das, como la música, la poesía... Lo que condena el sistema de valorización capitalista es su carácter de equivalente general, que aplasta todos los demás modos de valorización, los cuales se encuentran así alienados por su hegemonía. A todo esto convendría, si no oponer, al menos superponer instrumentos de valorización basados en las producciones existenciales que no pueden ser determi­nados ni en función únicamente de un tiempo de trabajo abstracto, ni de un beneficio capitalista descontado. Surgirán nuevas «bolsas» de valor, nuevas deliberaciones colectivas que darán su oportunidad a las acciones más individuales, más singulares, más disen-suales —apoyándose en particular en medios de concertación telemá­ticos e informáticos. La noción de interés colectivo debería ampliarse a acciones que, a corto plazo, no «beneficien» a nadie, pero que, a largo plazo, sean portadoras de un enriquecimiento proce-sual para el conjunto de la humanidad. Lo que aquí se cuestiona es el conjunto del futuro de la investigación funda­mental y del arte. Esta promoción de valores existenciales y de valores de deseo no se presentará, lo subrayo, como una alternativa global, constituida de pies a cabeza. Será el resultado de un desplazamiento generalizado de los actuales sistemas de valor y debido a la aparición de nuevos polos de valorización. A este respecto, es significativo que, durante el último período, los cambios sociales más espectaculares se han producido a consecuencia de ese tipo de desplazamiento a largo plazo. En un plano político, por ejemplo en las Filipinas o en Chile, o, en el plano nacionalitario, en la URSS, donde mil revoluciones de los sistemas de valor se infiltran progresivamente. Corresponde a las nuevas componentes ecológicas polarizarlas y afirmar su peso en las relaciones de fuerzas políticas y sociales. El principio específico de la ecología medioambiental es que en ella todo es posible, tanto las peores catástrofes como las evoluciones imperceptibles.[12] Los equilibrios naturales incum­birán cada vez más a las intervenciones humanas. Llegará un tiempo en el que será necesario introducir inmensos programas para regular las relaciones entre el oxígeno, el ozono y el gas carbónico en la atmósfera terrestre. Se podría perfectamente recalificar la ecología medioambiental de ecología maquínica, puesto que, tanto en el cosmos como en las praxis humanas, nunca se trata de otra cosa que de máquinas, y yo incluso osaría decir de má­quinas de guerra. ¡Desde siempre, la «naturaleza» ha estado en guerra contra la vida! Pero la aceleración de los «progresos» técnico-científicos conjugados con la enorme explosión demográfica implica qué una especie de fuga hacia adelante se inicie de inmediato para controlar la meca­nosfera. En el futuro, el problema ya no sólo será la defensa de la naturaleza, sino una ofensiva para reparar el pulmón amazónico, para reflorecer el Sahara. La creación de nuevas especies vivientes, vegetales y animales, pertenece ineluctablemente a nuestro horizonte y hace urgente no sólo la adopción de una ética ecosófica adaptada a esta situación a la vez terrorífica y fascinante, sino también una política focalizada en el destino de la humanidad. El relato de la génesis bíblica está a punto de ser sustituido por los nuevos relatos de la recreación permanente del mundo. Aquí, nosotros no sabríamos hacer nada mejor que citar a Walter Benjamin condenando el reduc­cionismo correlativo de la primacía de la información: «Cuando la información sustituye a la antigua relación, cuando cede su sitio a la sensación, ese doble proceso refleja una degradación creciente de la experiencia. Todas esas formas, cada una a su manera, se liberan del relato, que es una de las formas más antiguas de comunicación. A diferencia de la información, el relato no se preocupa de transmitir lo puro en sí del acontecimiento, lo incorpora a la vida misma del que lo cuen­ta para comunicarlo como su propia experiencia al que lo escucha. De ese modo, el narrador deja en él su huella, como la mano del alfarero sobre el vaso de arcilla.»[13] Sacar a la luz otros mundos que los de la pura información abstracta, engendrar universos de referencia y Territorios existenciales en los que la singularidad y la finitud sean tenidos en cuenta por la lógica multivalente de las ecologías mentales y por el principio de Eros de grupo de la ecología social y afrontar el cara a cara vertiginoso con el Cosmos para someterlo a una vida posible, tales son las vías imbricadas de la triple visión ecológica. Así pues, creo que una ecosofía de nuevo tipo, a la vez práctica y especulativa, ético-política y estética, debe sustituir a las antiguas formas de compromiso religioso, político, aso­ciativo... No será ni una disciplina de repliegue sobre la interioridad, ni una simple renovación de las antiguas formas de «militantismo». Se tratará más bien de un movimiento de múltiples facetas que instaura instancias y dispositivos a la vez analíticos y productores de subjetividad. Subjetividad tanto individual como colectiva, que desborda por todas palies las circunscripciones individuadas, «acunadas», cerradas sobre iden­tificaciones y que se abre en todas direcciones hacia el socius, pero también hacia Filum maquínicos, universos de referencia técnico-científicos, mundos estéticos, e igualmente hacia nuevas aprehensiones «pre-personales» del tiempo, del cuerpo, del sexo... Subjetividad de la resingularización capaz de encajar direc­tamente el choque con la finitud bajo la especie del deseo, del dolor, de la muerte... ¡Todo un rumor me dice que ya nada de eso es evidente! Por todas partes se imponen algo así como corazas neurolépticas para huir pre­cisamente de toda singularidad intrusiva. ¡Una vez más, habrá que invocar la Historia! Al menos para explicar que existe el riesgo de que ya no haya historia humana si no se produce una radical recuperación del control de la humanidad por sí misma. Por todos los medios posibles, se trata de conjurar el crecimien­to entrópico de la subjetividad dominante. En lugar de mantenerse eternamente en la eficacia embaucadora de los «trofeos» econó­micos, se trata de reapropiarse de los universos de valor en cuyo seno podrán volver a encontrar consistencia procesos de singularización. Nue­vas prácticas sociales, nuevas prácticas esté­ticas, nuevas prácticas del sí mismo en la relación con el otro, con el extranjero con el extraño: ¡todo un programa que parecerá bien alejado de las urgencias del momento! Y sin embargo es en la articulación: — de la subjetividad en estado naciente; — del socius en estado mutante; — del medio ambiente en el punto en el que puede ser reinventado; donde se dilucidará la salida de las crisis más importantes de nuestra época. En conclusión, las tres ecologías deberían concebirse, en bloque, como dependiendo de una disciplina común ético-estética y como distintas las unas de las otras desde el punto de vista de las prácticas que las caracterizan. Sus registros dependen de lo que yo he llamado una heterogénesis, es decir, de procesos continuos de resingularización. Los individuos han de devenir a la vez solidarios y cada vez más diferentes. (Lo mismo sucede con la resingularización de las escuelas, de los ayuntamientos, del urbanismo, etc.). La subjetividad, a través de las vías trans­versales, se instaura conjuntamente en el mundo del medio ambiente, de los grandes Agenciamientos sociales e institucionales y, simétricamente, en el seno de los paisajes y fantasmas que habitan las esferas más íntimas del individuo. La reconquista de un grado de autonomía creadora en un dominio particular reclama otras reconquistas en otros dominios. Hay que forjar toda una catálisis de la recuperación de confianza de la humanidad en sí misma, paso a paso, y a veces a partir de los medios más minúsculos. Como este ensayo, que desearía, aunque sea modestamente, poner freno a la grisalla y la pasividad dominantes.[14] * La edición original de este texto en español es de propiedad de la Editorial Pre-Textos de Valencia, España, octubre de 1990. Traducción de José Vázquez Pérez y Umbelina Larraceleta [1] Vers l’écologie de l’esprit, tomo II, París, Le Seuil, 1980. [2] En la fábrica Fiat, por ejemplo, la mano de obra asalariada pasó de 140.000 a 60.000 obreros en una decena de años, mientras que la productividad aumentaba el 75 %. [3] Entre le temps et l’eternité, París, Fayard, 1988, pá­ginas. 41, 61, 67. * Entiéndese por investissement el hecho de que una persona ponga su energía psíquica en un objeto o en una actividad. (N. del T.). [4] Aquí la raíz eco debe entenderse en su acepción griega originaria: oïkos, es decir, casa, bien doméstico, hábitat, medio natural. [5] Vers l’ecologie de l’esprit, obra citada, tomo II, páginas 93-94. [6] Citado por Philippe Lacoue-Labarthe y Jean-Luc Nancy, en L’Absolulittéraire, 1978, pág. 126. [7] Un ejemplo de la reconversión humorística de las pulsiones sádicas es la película de Roland Topor, titulada El Marqués. [8] Cf. la encuesta de Libération del 17 de marzo de 1989, titulada «SOS Crados». [9] Un síntoma de este estado de hecho consiste en la proliferación de «coordinaciones» espontáneas cuando se producen grandes movimientos sociales. Subrayemos el hecho de que a veces utilicen servicios telemáticos a fin de desarrollar la expresión de la «base» (por ejemplo, el Minitel 3.615 código ALTER). [10] En el sentido de Francisco Varella, Autonomie et connaissance, París, Le Seuil, 1989. [11] Sobre estos cuatro factores en plena mutación, véase el informe de Thierry Gaudin, «Rapport sur l’etat de la technique», CPE, Science et Techniques (número especial). [12] Gregory Bateson hablaba de un «presupuesto de la flexibilidad» al comparar el sistema ecológico a un acróbata sobre una cuerda (Vers une écologie de l’esprit, obra citada, pág. 256). [13] Walter Benjamin, Essais 2, traducción de Maurice de Gandillac, París, Denöel, Gonthier, 1983, pág. 148. [14] En la perspectiva de una «ecología global», Jacques Robin, en un informe titulado «Pensar a la vez la ecología, la sociedad y Europa», aborda con una rara competencia y en una vía paralela a la nuestra, las relaciones entre la ecología científica, la ecología económica y la emergencia de sus implicaciones éticas. («Groupe Ecologie» d’«Europe 93», 22, rue Dussoubs, 75002 París, año 1989). Revue critique d’écologie politique 2. La salida del capitalismo ya ha empezado dimanche 27 juillet 2008, par André Gorz La cuestión de la salida del capitalismo nunca ha sido tan de actualidad : se plantea hoy de una manera novedosa y con la necesidad urgente de una radicalidad nueva. Debido a su propio desarrollo, el capitalismo ha alcanzado un límite interno y externo que es incapaz de superar y que le convierte en un sistema que sobrevive gracias a subterfugios a la crisis de sus categorías fundamentales : el trabajo, el valor, el capital. La crisis del sistema se manifiesta tanto a nivel macro-económico como a nivel micro-económico. La principal causa es el cambio radical tecno-científico que introduce una ruptura en el desarrollo del capitalismo y arruina, con sus repercusiones, la base de su poder y su capacidad para reproducirse. Intentaré analizar esta crisis primero bajo la perspectiva macro-económica [1], y segundo a través de sus efectos en el funcionamiento y la gestión de las empresas [2]. [1] La informatización y la robotización han permitido producir cada vez más mercancías con cada vez menos trabajo. El coste del trabajo por unidad de producto no ha dejado de disminuir y el precio de los productos tiende a bajar. Sin embargo, cuanto más disminuye la cantidad de trabajo para una producción particular, más tiene que aumentar el valor producido por trabajador -su productividad- para que la masa de beneficio no disminuya. Obtenemos por tanto esta paradoja aparente : cuanto más aumenta la productividad, más tiene que aumentar ésta para evitar que el volumen de beneficio disminuya. La carrera hacia la productividad tiende a acelerarse, los recursos humanos a reducirse, la presión sobre el personal a endurecerse, el nivel y la masa salarial a disminuir. El sistema evoluciona hacia un límite interno donde la producción y la inversión en la producción dejan de ser lo suficiente rentables.Las cifras prueban que se ha alcanzado este límite. La acumulación productiva de capital productivo no ha dejado de experimentar una regresión. En los Estados-Unidos, las 500 empresas del índice Standard & Poor’fs disponen de 631 millones de millones de reservas líquidas ; la mitad de los beneficios de las empresas americanas proviene de operaciones en los mercados financieros. En Francia, la inversión productiva de las empresas del CAC 40 ni siquiera aumenta cuando sus beneficios se multiplican.Puesto que la producción ya no es capaz de valorizar todos los capitales acumulados, una parte creciente de ellos se queda bajo la forma de capital financiero. Se constituye una industria financiera que no deja de refinar el arte de hacer dinero comprando y vendiendo solamente diversas formas de dinero. El dinero mismo es la única mercancía que produce la industria financiera a través de operaciones cada vez más arriesgadas y cada vez menos controlables en los mercados financieros. La masa de capital que la industria financiera drena y gestiona supera desde luego la masa de capital que valoriza la economía real (el total de los activos financieros representa 160.000 millones de millones de dólares, es decir de tres a cuatro veces el PIB mundial). El “valor” de este capital es puramente ficticio ; descansa en gran parte sobre el endeudamiento y el “good will”, es decir sobre anticipaciones : la Bolsa capitaliza el crecimiento futuro, los beneficios futuros de las empresas, el futuro alza de los precios inmobiliarios, las ganancias que podrán aportar las reestructuraciones, fusiones, concentraciones, etc.. Las cotizaciones de la Bolsa se hinchan de capitales y de sus plus-valías futuras : los bancos incitan a las familias a comprar (entre otras cosas) acciones y certificados de inversión inmobiliaria, a acelerar así el alza de las cotizaciones, a pedir prestado a sus bancos importes crecientes en la medida que aumenta su capital ficticio bursátil.La capitalización de las anticipaciones de beneficios y crecimiento mantiene un endeudamiento creciente, alimenta la economía en liquidez, debidos al reciclaje bancario de plus-valías ficticias, y permite a los Estados-Unidos un “crecimiento económico” que, basado en el endeudamiento interno y externo, es claramente el motor principal del crecimiento mundial (incluso del crecimiento chino). La economía real se convierte en un apéndice de las burbujas especulativas sustentadas por la industria financiera. Hasta el inevitable momento en que las burbujas estallan, arrastran a los bancos hacia bancarrotas en cadena que amenazan de colapsar el sistema mundial de crédito, y que amenazan a la economía real de una depresión severa y prolongada (la depresión japonesa dura ya quince años).Siempre podremos culpar a la especulación, a los paraísos fiscales, a la opacidad y a la falta de control de la industria financiera (en particular los “hedge funds”), pero la amenaza de depresión, incluso de colapso que pesa sobre la economía mundial, no se debe a la falta de control : se debe a la incapacidad del capitalismo de reproducirse. Sólo se perpetua y funciona sobre bases ficticias cada vez más precarias. Pretender la redistribución, a través del impuesto, de las plus-valías ficticias de las burbujas precipitaría exactamente lo que intenta evitar la industria financiera : la desvalorización de masas gigantescas de activos financieros y la quiebra del sistema bancario. La “reestructuración ecológica” sólo puede agravar la crisis del sistema. Es imposible evitar una catástrofe climática sin romper de manera radical con los métodos y la lógica económica que impera desde hace 150 años. Si prolongamos la tendencia actual, se multiplicará el PIB mundial por un factor 3 o 4 hasta el 2050. Sin embargo, según el informe del Consejo sobre el Clima de la ONU, las emisiones de CO2 tendrán que disminuir de un 85% hasta esta fecha para limitar el calentamiento climático a 2ºC máximo. Más allá de 2ºC, las consecuencias serán irreversibles y no controlables.Por tanto el decrecimiento es un imperativo de superviviencia. Pero supone otra economía, otro estilo de vida, otra civilización, otras relaciones sociales. Sin estas premisas, sólo se podrá evitar el colapso a través de restricciones, racionamientos, repartos autoritarios de recursos característicos de una economía de guerra. Por tanto la salida del capitalismo tendrá lugar sí o sí, de forma civilizada o bárbara. Sólo se plantea la cuestión del tipo de salida y su ritmo con el cual va a tener lugar. Ya conocemos la forma bárbara. Prevalece en varias regiones de África, dominadas por jefes de guerra, por el saqueo de las ruinas de la modernidad, las masacres y tráfico de seres humanos, en un panorama de hambrunas. Los tres Mad Max eran novelas de anticipación. _En cambio, no se suele plantear una forma civilizada de salida del capitalismo. La evocación de la catástrofe climática que nos amenaza conduce generalmente a considerar un necesario “cambio de mentalidad”, pero la naturaleza de este cambio, las condiciones que lo hacen posible, los obstáculos que hay que saltar parecen desafiar la imaginación. Proyectar otra economía, otras relaciones sociales, otros métodos y medios de producción y otros modos de vida se tacha de “irrealista”, como si la sociedad de la mercancía, del asalariado y del dinero fuera infranqueable. En realidad una multidud de indicios convergentes sugieren que ya se ha iniciado esta superación y que las probabilidades de una salida civilizada del capitalismo dependen ante todo de nuestra capacidad de distinguir las tendencias y las prácticas que anuncian su factibilidad. [2] El capitalismo debe su expansión y su dominación al poder que ha adquirido en un siglo, tanto en la producción como en el consumo. Al privar primero a los obreros de sus medios de trabajo y de sus productos, se ha garantizado progresivamente el monopolio de los medios de producción y ha conseguido subsumir el trabajo. Con la especialización, la división y la mecanización del trabajo en grandes instalaciones, los trabajadores se convirtieron en los apéndices de las megamáquinas del capital. Se tornó así imposible para los productores apropiarse de los medios de producción. Gracias a la eliminación del poder de aquéllos sobre la naturaleza y el destino de los productos, se ha asegurado al capital el cuasi-monopolio de la oferta, es decir el poder de anteponer en todos los ámbitos las producciones y los consumos más rentables, así como el poder de crear los gustos y deseos de los consumidores y la manera con la que iban a satisfacer sus necesidades. Este poder es el que la revolución informacional empieza a agrietar. En un primer momento, el objetivo de la informatización fue la reducción de los costes de producción. Para evitar que esta reducción de costes conllevara la correspondiente baja de los precios de las mercancías, había que, en la medida de lo posible, sustraerlas a las leyes del mercado. Esta sustracción consistía en conferir a las mercancías cualidades incomparables gracias a las que parecen no tener equivalente y dejan de ser por tanto simples mercancías.El valor comercial (el precio) de los productos tenía, por lo tanto, que depender más de sus cualidades inmateriales no medibles que de su utilidad (valor de uso) sustancial. Estas cualidades inmateriales -el estilo, la novedad, el prestigio de la marca, la rareza o “exclusividad”- tenía que conferir a los productos un estatuto comparable al de las obras de arte. Éstas últimas tienen un valor intrínseco : no existe ningún patrón que permita establecer entre ellas una relación de equivalencia o “precio justo”. No son por tanto verdaderas mercancías. Su precio depende de la rareza, de la reputación del creador, del deseo del comprador eventual. Las cualidades inmateriales incomparables proporcionan a la empresa productiva el equivalente de un monopolio y la posibilidad de asegurarse una renta de novedad, rareza, exclusividad. Esta renta esconde, compensa y a menudo sobrecompensa la disminución del valor en su aceptación económica que la reducción de los costes de producción genera para los productos en tanto que mercancías por esencia intercambiables entre sí según la relación de equivalencia. De un punto de vista económico, la innovación no crea valor : es el medio para crear una rareza fuente de renta y conseguir un sobreprecio en detrimento de los productos competidores. La parte de la renta en el precio de una mercancía puede ser diez, veinte o cincuenta veces más grande que su coste de producción, y no sólo se aplica a los artículos de lujo ; también se aplica a los artículos del día a día como zapatillas de deporte, camisetas, móviles, discos, pantalones vaqueros, etc..Sin embargo, la renta no tiene la misma naturaleza que el beneficio : no corresponde a la creación de un aumento de valor, de una plus-valía. Redistribuye la masa total del valor a favor de las empresas rentistas y en detrimento de los otros ; no aumenta esta masa [1].Cuando el incremento de la renta se convierte en la meta determinante de la política de las empresas -más importante que el beneficio que, por su parte, choca con el límite interno que hemos indicado antes- la competencia entre empresas descansa ante todo sobre su capacidad y rapidez de innovación. De ella depende ante todo la amplitud de su renta. Por tanto intentan superarse con el lanzamiento de nuevos productos o modelos o estilos, con la originalidad del diseño, con la inventiva de sus campañas de marketing, con la “personalización” de sus productos. La aceleración de la obsolescencia, que va de la mano con la menor durabilidad de los productos y de la menor facilidad para repararlos, se convierte en el medio decisivo para aumentar el volumen de ventas. Obliga a las empresas a inventar continuamente necesidades y deseos nuevos, a atribuir a las mercancías un valor simbólico, social, erótico, a difundir una “cultura del consumo” que apuesta por la individualización, singularización, rivalidad, envidia, es decir, lo que he llamado en otro escrito la “socialización antisocial”.En este sistema todo se opone a la autonomía de los individuos ; a su capacidad de reflexionar juntos sobre sus objetivos y necesidades comunes ; de concertarse sobre la mejor manera de eliminar el despilfarro, de ahorrar recursos, de elaborar juntos, como productores y consumidores, una norma común de lo suficiente -lo que Jacques Delors llamaba una “abundancia frugal”. Sin duda alguna, la ruptura con la tendencia del “producir más, consumir más” y la redefinición autónoma de un modelo de vida que aspira a hacer más y mejor con menos, supone la ruptura con una civilización donde no se produce nada de lo que se consume y no se consume nada de lo que se produce ; donde los productores y consumidores están separados y donde cada uno se opone a sí mismo ya que es siempre lo uno y lo otro a la vez ; donde todas las necesidades y todos los deseos se centran en la necesidad de ganar dinero y el deseo de ganar más ; donde la posibilidad de autoproducción para el autoconsumo parece fuera de alcance y ridículamente arcaico - sin razón.Sin embargo, la “dictadura de las necesidades” pierde fuerza. La influencia que las empresas ejercen sobre los consumidores se vuelve más débil a pesar del aumento exponencial de los gastos para el marketing y la publicidad. La tendencia a la autoproducción gana de nuevo terreno gracias al peso creciente que tienen los contenidos inmateriales en la naturaleza de las mercancías. El monopolio de la oferta escapa poco a poco al capital.No era difícil privatizar y monopolizar contenidos inmateriales mientras los conocimientos, ideas, conceptos utilizados en la producción y concepción de las mercancías se definían en función de máquinas y de artículos en los que se incorporaban para un uso concreto. Máquinas y artículos se podían patentar y la posición de monopolio quedaba protegida. La propiedad privada de los conocimientos y de los conceptos se hacía posible, ya que eran inseparables de los objetos que les materializaban. Eran un componente del capital fijo.Pero todo cambia en el momento en que los contenidos inmateriales no son inseparables de los productos que los contienen, ni siquiera de las personas que los poseen ; cuando acceden a una existencia independiente de todo uso particular y se convierten en susceptibles de ser reproducidos en cantidades ilimitadas por un coste ínfimo, tras su traducción en programas. Entonces se pueden convertir en un bien abundante que, por su disponibilidad ilimitada, pierde cualquier valor de cambio y cae en el dominio público como bien común gratuito - salvo si se consigue impedirlo al prohibir el acceso y el uso ilimitados para los cuales está hecho.El problema que enfrenta “la economía del conocimiento” proviene del hecho de que la dimensión inmaterial de la que depende la rentabilidad de las mercancías no es, en la edad de la informática, de la misma naturaleza que éstas últimas : no es propiedad privada ni de las empresas ni de sus colaboradores ; no tiene un carácter privatizable y no puede por consiguiente convertirse en una verdadera mercancía. Sólo se puede disfrazar de propiedad privada y mercancía al reservar su uso exclusivo a través de artimañas jurídicas o técnicas (códigos de acceso secretos). No obstante este disfraz no cambia nada a la realidad de bien común del bien así disfrazado : sigue siendo una no-mercancía no vendible cuyo acceso y uso libres están prohibidos porque permanecen siempre posibles, porque le amenaza las “copias ilícitas”, las “imitaciones”, los usos prohibidos. Incluso el autodenomidado propietario no los puede vender, es decir transferir la propiedad privada a otro, como lo haría con una verdadera mercancía ; sólo puede vender un derecho de acceso o de uso “bajo licencia”.Así la economía del conocimiento se basa en una riqueza cuya vocación es la de ser un bien común, y los patentes y copyrights que debieran privatizarlo no cambian nada : la era de la gratuidad se expande de manera irrefrenable. La informática y el Internet atacan las bases del reino de la mercancía. Todo lo que se traduce en lenguaje numérico y reproducible, comunicable sin gastos tiende irresistiblemente a convertirse en un bien común, incluso en un bien común universal cuando es accesible a todos y utilizable por todos. Cualquiera puede reproducir con su ordenador contenidos inmateriales como el diseño, planes de construcción o de montaje, fórmulas y ecuaciones químicas ; inventar sus propios estilos y formas ; imprimir textos, grabar discos, reproducir tablas. Más de 200 millones de referencias están actualmente accesibles bajo licencia “creative commons”. En Brasil, donde la industria del disco comercializa 15 nuevos discos al año, los jóvenes de las favelas graban 80 discos por semana y los difunden en la calle. Las tres cuartas partes de los ordenadores fabricados en 2004 se construyeron en favelas con los componentes de materiales desechados. El gobierno apoya a las cooperativas y agrupaciones informales de autoproducción para el auto-abastecimiento. Claudio Prado, que dirige el departamento de cultura numérica en el ministerio de Cultura de Brasil, hace poco : “El empleo es una especie en vía de extinción Tenemos la intención de saltarnos esta fase sin interés del siglo XX para pasar directamente del siglo XIX al siglo XXI”. Por ejemplo se ha apoyado oficialmente la autoproducción de ordenadores : se trata de favorecer la “apropiación de las tecnologías por los usuarios con un objetivo de transformación social”. La próxima etapa será lógicamente la autoproducción de medios de producción. Volveré sobre este tema.Lo importante por el momento es que la principal fuerza productiva y la principal fuente de rentas caen progresivamente en el dominio público y tienden hacia la gratuidad ; que la propiedad privada de los medios de producción y por tanto el monopolio de la oferta son cada vez menos posibles ; que por consiguiente la influencia del capital sobre el consumo se relaja y éste puede tender a emanciparse de la oferta mercantil. Se trata aquí de una ruptura que ataca la base del capitalismo. La lucha emprendida entre los “programas propietarios” y los “programas libres” (libre, “free”, es también el equivalente en inglés de “gratuito”) ha sido el inicio del conflicto central de esta época. Se extiende y se prolonga en la lucha contra la mercantilización de las riquezas primas -la tierra, las semillas, el genoma, los bienes culturales, los saberes y las competencias comunes que constituyen la cultura cotidiana y que son las condiciones previas a la existencia de una sociedad. Del resultado de esta lucha dependerá que la salida del capitalismo tenga lugar de forma civilizada o bárbara.Salir del capitalismo implica necesariamente nuestra emancipación de la influencia que ejerce el capital sobre el consumo y de su monopolio sobre los medios de producción. Significa restablecer la unidad del sujeto de la producción y del sujeto del consumo y retomar la autonomía en la definición de nuestras necesidades y de su modo de satisfacción. El obstáculo insalvable que el capitalismo había colocado en este camino era el carácter mismo de los medios de producción que había creado : constituían una megamáquina donde todos eran sirvientes y que nos dictaba qué fines perseguir y qué vida llevar. Este periodo llega a su fin. Los medios de autoproducción high-tech convierten la megamáquina industrial en virtualmente obsoleta. Claudio Prado alega “la apropriación de las tecnologías” porque todos pueden apropiarse la clave común de todas : la informática. Porque, como lo pedía Iván Illich, “cada uno puede utilizarla sin dificultad tan a menudo o tan poco como lo desea” sin que el uso que hace de ella usurpe la libertad de otros de hacer lo mismo” ; y porque este uso (se trata de la definición de Illich de las herramientas conviviales) “estimula la realización personal” y amplía la autonomía de todos. La definición que Pekka Himanen da de la Etica Hacker es bastante parecida : un modo de vida que antepone “la felicidad de la amistad, del amor, de la libre cooperación y de la creatividad personal”.Las herramientas high-tech existentes o en curso de desarrollo, generalmente comparables a periféricos de ordenadores, apuntan hacia un futuro donde prácticamente todo lo necesario y deseable podrá ser producido en talleres cooperativos o comunales ; donde las actividades de producción se podrán combinar con el aprendizaje y la enseñanza, con la experimentación y la investigación, con la creación de nuevos gustos, perfumes y materiales, con la invención de nuevas formas y técnicas agrícolas, de construcción, de medicinas, etc.. Los talleres comunales de autoproducción estarán interconectados a escala global y podrán intercambiar o poner en común sus experiencias, invenciones, ideas, descubrimientos. El trabajo será productor de cultura, la autoproducción un modo de plenitud.Dos circunstancias abogan en favor de este tipo de desarrollo. La primera es que existe bastante más know-how, talento y creatividad de lo que la economía capitalista es capaz de utilizar. Este excedente de recursos humanos sólo puede ser productivo en una economía donde la creación de riqueza no se someta a criterios de rentabilidad. La segunda es que “el empleo es una especie en vía de extinción”.No digo que estas transformaciones radicales vayan a tener lugar. Sólo digo que por primera vez podemos querer que se realicen. Los medios existen, así como la gente que los ponen en práctica metódicamente. Es probable que sean los sur-americanos o sur-africanos los primeros que decidan recrear en los suburbios desheredados de las ciudades europeas los talleres de autoproducción de su favela o de su township de origen. André Gorz, el 17/09/2007. Traducción y revisión de Florent Marcellesi y Lara Pérez Dueñas. Notas [1] El valor trabajo es una idea de Adam Smith, que veía en el trabajo la sustancia común de todas las mercancías y pensaba que éstas se intercambiaban según la cantidad de trabajo que contenían.El valor trabajo no tiene nada que ver con lo que entenderíamos hoy en día y que (en el caso de Dominique Méda y otros) se tendría que designar como trabajo valor (valor moral, social, ideológico, etc.).Marx afinó y siguió trabajando en la teoría de A. Smith. Simplificando al máximo, se puede resumir la noción económica de la manera siguiente : una empresa crea valor al producir una mercancía vendible con trabajo para cuya remuneración pone en circulación (crea, distribuye) poder adquisitivo.Si su actividad no aumenta la cantidad de dinero en circulación, no crea valor. Si su actividad destruye empleo, destruye valor. La renta de monopolio consume el valor creado en otras partes y se lo apropia. ECONOMÍA DESCALZA MANFRED MAX-NEEF . “Nos han hecho creer que la única forma de entender y tomar decisiones en torno a temas económicos es la teoría neoliberal, sin embargo basta mirar alrededor para darse cuenta lo macabro del sistema, que lejos de servirnos a nosotros nos tiene atados” . . “Cuando se meten los pies en el barro y se mira frente a frente a un nombre y un apellido, a un José López, pobre, desempleado, con cinco hijos, nada del discurso económico aprendido sirve para decir algo coherente” . Manfred Max-Neef (1932) economista y ambientalista chileno. Este economista es un caso atípico. Abandona su prometedora carrera como directivo en la multinacional Shell para dedicarse a estudiar los problemas de los países pobres. Recorre medio mundo, convive con las poblaciones necesitadas y elabora los principios de su “Economía Descalza” y la “Teoría del Desarrollo a Escala Humana”. Por esta aportación es galardonado por el Parlamento de Suecia con el Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood Award ) en 1983. Hoy, el profesor Max-Neef sigue recordando al mundo que: . “La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía” . . De su viaje al centro de la pobreza, queda especialmente impresionado por la riqueza de ideas y la creatividad que manifiestan las gentes humildes. Con la mochila cargada de experiencias, diseña un modelo económico alternativo basado en la igualdad y en la idea de satisfacer las necesidades básicas de todos sin atentar contra el equilibrio del planeta.Su propuesta heterodoxa combina ecologismo y teoría del desarrollo a escala humana. En la actualidad este economista, es una de las voces más críticas al sistema neoliberalista, que según sus palabras, “ha conseguido en tres décadas lo que el Cristianismo y el Islam no han conseguido en dos mil años: conquistar el mundo entero”. . “Para mi el progreso es si este año usted se siente más feliz que el año pasado, no cuántos edificios se construyeron” . . “Mi verdadero terror es que se haga realidad la ficción, donde, en una sociedad de bárbaros polarizada, los ricos se parapetan detrás de alambre de púa, rejas de a lta tensión, muros con astillas de vidrio y vigilantes armados, mientras que alrededor, en medio de paisajes pesadillescos, los marginados vagabundean y roban” . -¿Qué le hizo dar la espalda a su carrera en la multinacional Shell para dedicarse a estudiar los problemas de los países pobres? -Para responder a la pregunta debo aclarar en primer lugar que, además de economista soy músico. Hago esta aclaración porque, como se verá, la responsabilidad de mi drástico cambio de vida recae en Brahms. Recién graduado de la Universidad de Chile, a los 21 años de edad, recibí una oferta de trabajo de la Shell. Me sentí legítimamente orgulloso de ser contratado por una de las mayores empresas del mundo. Hice muy buena carrera en unos pocos años, convirtiéndome en un muy joven y exitoso ejecutivo. Pasados cuatro años me encontré una noche solo en mi sala de estar, escuchando la Primera Sinfonía de Brahms. Al llegar el segundo movimiento tuve la súbita sensación de que Brahms me preguntaba: “¿Qué haces con tu vida?”. . . Fue una sensación tan intensa que comencé a imaginar visiones de mi futuro como ejecutivo a nivel mundial, realizando grandes negocios petroleros, en medio de connotados magnates. De pronto tuve la certeza de que ese personaje no encajaba conmigo. No logré reconocerme a gusto en esas imágenes. Una semana después renuncié sin revelar, por cierto, las verdaderas razones “brahmsianas”. Regresé a la Universidad a completar mis estudios de postgrado. Adquirí así con Brahms una deuda de gratitud de por vida. -Cada vez más, la economía parece prescindir del ser humano a la hora de trazar sus políticas, en cambio usted habla de que es posible una economía a escala humana. ¿Cómo se puede poner esto en práctica? -La economía surgió como hija de la Filosofía moral y, por tanto, como disciplina preocupada por el bienestar humano. Con el correr del tiempo, especialmente a partir del neo-clasicismo, comienza a deshumanizarse sistemáticamente. La economía neoliberal dominante hoy en día es una disciplina “desmadrada” (que se olvidó de su madre). Hemos llegado a un punto en que en lugar de que la economía esté al servicio de las personas, son las personas las que deben estar al servicio de la economía. Los ejemplos abundan. Baste sólo con recordar que las políticas de ajuste estructural impuestas a casi todos los países en desarrollo, por parte del Fondo Monetario Internacional, pueden definirse como políticas que arreglaron las economías a costa de destruir las sociedades. Es el mundo al revés, el mundo patas arriba en términos de prioridades. . . La “economía a escala humana” representa por así decirlo, un retorno a la sensatez y al sentido común. Es la economía que se fortalece a niveles locales y regionales, donde la gente realmente está, sin caer en el deslumbramiento con el gigantismo y con lo macro como fines supremos. Es la economía de la diversidad, de la interdependencia, y de la solidaridad. Es la economía que reconoce que el desarrollo tiene que ver con las personas y no con objetos. Es la economía que se reconoce como subsistema de un sistema mayor, que es la biosfera sin cuyos servicios ninguna economía sería posible. Es una economía que no confunde el crecimiento con el desarrollo. Es una economía que sin ser espectacular, apunta a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Es una economía orientada por valores, y en la que caben el afecto y la belleza. . . -Desde esa perspectiva humana usted se refiere en sus teorías a los “economistas descalzos”. ¿Quiénes son y qué importancia podrían tener en el futuro? -Durante muchos años de mi vida profesional trabajé en regiones de extrema pobreza en varios países de América Latina. En sierras y selvas y en entornos de miseria urbana. Fue en esas realidades donde descubrí que cuando se meten los pies en el barro y se mira frente a frente a un nombre y un apellido, a un José López, pobre, desempleado, con cinco hijos, nada del discurso económico aprendido sirve para decir algo coherente. ¿Tendría sentido, por ejemplo, que le dijera a López que debiera estar contento porque la economía está creciendo a un 6%? Decir algo así llegaría a ser obsceno. . . La “economía descalza” es, por tanto, la que debe descubrir y practicar el economista que se atreve a meter los pies en el barro. Una economía que debe responder a la realidad, y no una economía que fuerza la realidad para que se ajuste al modelo diseñado a priori. Si hubiese más economistas descalzos, no me cabe duda de que estaríamos en un mundo de mucha mayor equidad. -Recientemente comentaba que el libre mercado y sus exigencias funcionan hoy como una religión para el resto del mundo con Vaticano propio. ¿Por qué lo califica de religión y qué posibilidades hay de enfrentarse a ello? -En cuanto al discurso neoliberal he manifestado reiteradamente que la única manera de comprenderlo es si se lo analiza como discurso religioso. En primer lugar, y ese mérito hay que reconocerselo, ha logrado en tres décadas lo que el Cristianismo y el Islam no han conseguido en dos mil años: conquistar el mundo entero. . . La razón es que es simplista y dogmático y utiliza un lenguaje atemorizador. Se proclama verdad universal que no reconoce alternativas. Quienes no aceptan la revelación están condenados. Tiene sus templos en las Universidades donde la única economía que se enseña es la neoclásica, que es su madre. Tiene su santísima trinidad: crecimiento económico, libre comercio y globalización. Tiene su Vaticano: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio que, como vaticano que se precie es, por cierto, infalible; sabe mejor que todos nosotros lo que es bueno para nosotros, y en aras de nuestra salvación lo impone. ¿Cómo enfrentarse a ello? La historia enseña que la única manera de enfrentar un credo que nos parezca pernicioso, es la herejía. Hoy es urgente atreverse a ser hereje. . . -Esta “religión” de la que usted habla, defiende el ALCA (Acuerdo de Libre Comercio para las Américas) como el modelo ideal de economía para Latinoamérica. ¿Qué alternativas propone? -Los tratados como el ALCA son, por decirlo en una sola frase, tratados profundamente asimétricos. En un convenio entre un gigante y un pigmeo, no hay que ser un genio para saber quién gana, especialmente cuando el gigante se permite a sí mismo privilegios que se niegan al pequeño, como es el caso de los subsidios especialmente a los productos agrícolas. La alternativa está en tratados bilaterales o subregionales que realmente convengan y que garanticen una mayor simetría entre los contratantes. . . -Permítame una curiosidad. ¿Cómo llega usted a conclusiones tan “diferentes” a lo establecido y tan sencillas que -sin duda- podrían cambiar el mundo? ¿Hay países que se hayan lanzado ya a esta aventura que usted propone? -Si se tienen las ideas claras, se pueden explicar de manera simple. Los lenguajes complicados son un refugio para las mentes confusas e inseguras. Siempre he admirado lo simple, porque está más cerca de la belleza, y la belleza está más cerca de la verdad. En cuando a la difusión de mis propuestas, hay que tener presente que están dirigidas a acciones locales, comunitarias, regionales. Son útiles a movimientos sociales y a grupos de acción. En ese sentido hay muchos grupos y redes trabajando los principios de Desarrollo a Escala Humana a través de proyectos en países tan diversos como Colombia, Sudáfrica, Australia, Suecia y varios otros. -¿Qué labor desarrolla en estos momentos en la Universidad Austral de Chile? ¿Cuáles son sus líneas de investigación? -Después de haber sido durante ocho años Rector de la Universidad, ahora trabajo como Profesor Titular (Catedrático) de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas. Mis líneas de investigación en la actualidad están en los ámbitos de la Economía Ecológica, la Transdisciplinaridad y el Desarrollo a Escala Humana. . . Mi preocupación más inmediata es la reflexión y el análisis en torno a la pertinencia que, para las ciencias sociales, tienen las constataciones de la física cuántica. Se trata éste de un tema no sólo fascinante, sino de inimaginables potenciales, por corresponder a un territorio hasta ahora escasamente explorado del conocimiento humano. . POSTULADOS DE LA TEORÍA DE MAX-NEEF .. La economía que Max-Neef propone se sustenta en cinco postulados: La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. El desarrollo se refiere a las personas y no a los objetos. El crecimiento no es lo mismo que el desarrollo y el desarrollo no precisa necesariamente de crecimiento. Esto irrita mucho a mis colegas y les cuesta mucho tragarlo. Es como darles una bofetada. Ninguna economía es posible al margen de los servicios que prestan los ecosistemas. La economía es un subsistema de un sistema mayor y finito que es la biosfera y por lo tanto el crecimiento permanente es imposible. Y un principio valórico fundamental: Ningún proceso o interés económico, bajo ninguna circunstancia, puede estar por encima o sobre la reverencia por la vida. La actualidad es exactamente lo contrario a estos postulados y a este principio. . “¿Qué puedo hacer yo? Lo que puedes hacer tú es, primero, ser coherente contigo mismo. Actuar y comportarte de acuerdo a lo que realmente quieres y crees” . . “La fuerza radica en lo que cada uno de nosotros puede hacer a partir de su propia conciencia y de tratar de convencer a los demás” .
click aquí A Transição segundo o livro "Angels Answers" Transcrição de algumas páginas do livro "Angels Answers" da autora Diana Cooper Os Anjos Respondem... Qual a importância do ano 2012 ? O solstício de verão do hemisfério sul do ano de 2012 indica o fim de umaera e um novo começo. Marca o fim de um ciclo astrológico de 26 mil anos e o começo de um novo ciclo. É também o começo de um período de 20 anos de transição. Uma nova energia já começou a chegar na Terra, em uma preparação para aaguardada mudança - e uma enorme quantidade de luz será derramada sobre todos nós em 2012. A Senhora Gaia, o grande anjo que toma conta de nosso planeta, decretou quea Terra e todos os que nela habitam devem elevar sua consciência, então sevocê estiver preparado, terá uma extraordinária oportunidade de crescimentoespiritual, uma chance única em muito, muito tempo. Você tem sido preparado para este momento por centenas de anos.Porque esta mudança irá ocorrer em 2012 ? A cada 26 mil anos, ou 25920 para ser mais exato, acontece um raro eextraordinário alinhamento astrológico entre a Terra, o Sol e a ViaLáctea, quando o tempo pára por um momento. Isso é conhecido como um momento cósmico, um período de milagres e do desconhecido, quando acontecem coisas além da compreensão humana. Os planetas Netuno, Urano e Plutão estarãoconfigurados para interagirem. A esperada aceleração espiritual talvez aconteça de formalenta para a percepção humana, mas em termos cósmicos será muito rápida. Escrituras antigas em sânscrito descrevem este momento cósmico como a pausa entre a inspiração e a expiração de Brahman, ou Deus. Netuno representa a espiritualidade elevada, Urano significa mudança e Plutão é transformação quando estas energias estiverem trabalhando juntas, causarão um enorme impacto no nosso planeta. Isso oferece o potencial para uma enorme mudança deconsciência e estamos recebendo orientação para usar estas energiaselevadas com sabedoria.O que os anjos estarão fazendo no dia 21 de dezembro de 2012 ?Os anjos irão congregar para ajudar a humanidade a aceitar essas novas energias que estarão disponíveis. Eles nos pedem para nos preparar. Arrume tempo paraorações e para meditação, mas se isso for difícil para você,simplesmente acenda uma vela e peça para as forças divinas te guiarem. Você pode ainda preferir fazer caminhadas silenciosas na natureza, mas por favor reconheça a atual importância de um crescimento espiritual pessoal e planetário.O que exatamente vai acontecer no dia 21 de dezembro de 2012 ?A atual projeção é a de que algumas pessoas vão se mover para a quartadimensão, outras se moverão para a quinta, enquanto algumas poucas - as queestiverem preparadas, vão ascender. Outras ainda vão escolher ficar, para que possam atuarcomo guias de luz e orientar todos aqueles que só vão começar a despertarnesta data. Os anjos não antecipam uma grande mudança drástica ou dramática paraeste dia. O momento cósmico e as energias disponíveis fornecerão umaextraordinária chance para a iluminação. É esperado que milhões de almas se beneficiarãodesta oportunidade espiritual única.O que significa se mover para a quarta dimensão ?Quando você eleva sua consciência para a frequência da quarta dimensão, o seu chakra do coração se abre. Com o coração aberto, você não consegue mais prejudicar nenhuma outra forma de vida, pois você então percebe que se fizer isso, estará prejudicando a si mesmo. Porque você agora acessa umaconsciência global e cósmica, você procura pela paz. É antecipado que movimentos pela paz ganharão muita força depois desta data.O que significa se mover para a quinta dimensão ?Isso envolve uma percepção de que somos todos parte de uma Unicidade,somos todos Um, e por consequência tratamos os outros como gostaríamos de sertratados.O que significa ascender ?Quando você ascende para uma frequência mais elevada ainda, você traz uma maior parte da energia de sua alma para dentro de sua vida. Durante esta transição você será capaz de trazer tanta energia divina para si que talvez não consiga mais sustentar um corpo físico, e neste caso poderá fazer a escolha por deixar o corpo físico. Os Maias se referiam a 21 de dezembro de 2012 como o Dia da Criação. O que é o Dia da Criação, alguma coisa vai realmente acontecer?Os sábios da cultura maia profetizaram que a energia que é recebida no Diada Criação poderá reviver a força da kundalini em muitas pessoas. Isso irá ativar novamente os doze chakras, que funcionavam totalmente durante a Era de Ouro de Atlântida, mas que se fecharam quando a freqüência daquela grande civilização caiu. Assim que estes elevados chakras forem novamente ativados nestesindivíduos, a memória genética de suas identidades divinas será ativada eeles poderão experimentar mais uma vez infinitas possibilidades. A luz quepoderão acessar da Fonte irá então fluir através de seus chakras mais elevados e atingir o chakra Estrela da Terra, que encontra-se abaixo dos pés. Esses indivíduos serão capazes de se conectar diretamente com as pirâmides, através das linhas de energia do planeta. As pirâmides são na verdade computadorescósmicos que operam como sub-estações e geradores de energia, masatualmente perderam este poder. Quando esta luz se conectar novamente com elas através da humanidade, poderá recarregá-las com a energia proveniente da Fonte. Isso causará um verdadeiro renascimento de uma consciência mais elevada naTerra. Se um número suficiente de pessoas se abrir para o amor e a iluminação, isso certamente vai acontecer. Não será repentino, mas o processo será iniciado. O que é o Grande Calendário das Pleiades ?Este é um calendário cósmico baseado no movimento das Pleiades. Estecalendário também acaba no dia 21 de dezembro de 2012. Atualmente, energias elevadas estão vindo para a Terra de outras galáxias. Estas energias estão sendo diluídas pelas Pleiades, que trabalha como um transformador, para que os humanos e todasas formas de vida aqui possam absorver esta força direcionada a eles. Muitas crianças estelares, aqueles cujas almas vem para o seu planetaprovenientes de outras estrelas e galáxias, passam um tempo nas Pleiades ajustando sua vibração e aprendendo a respeito da Terra, antes de serem gerados por uma mãe humana. Depois de 2012, essas crianças de frequência elevada poderão encarnardiretamente aqui, pois suas mães terão uma ressonância compatível.Algumas almas vem para a Terra através de outros planetas além das Pleiades ?Sim. Existem centros de treinamento em outros planetas, estrelas e galáxias. Por exemplo, muitos guerreiros de luz estudaram sobre a iluminação nasuniversidades de Orion antes de virem agora para a Terra. Outros ainda estudaram tecnologia e diferentes métodos de cura em Sirius. Alguns aprenderam sobre a centralização do coração em Andrómeda ou Vênus, enquanto outros foram educados em Marte, na arte de usar seu poder de guerreiro para proteger os desprivilegiados, fracos e indefesos. Muitos indivíduos foram educados nestas diferentes escolascósmicas para atuarem em importantes papéis durante esta transição.Se o alinhamento astrológico de 2012 já causou desastres no passado, porque desta vez será diferente ?No passado, a consciência da humanidade era tão baixa que este alinhamentoapenas causou guerras e desastres naturais. Naquele tempo, isso não afetoumuito o Cosmos. Mas agora as coisas são diferentes. A mudança que estáatualmente ocorrendo no seu planeta é microcósmica e macrocósmica, pois o Universo inteiro deve elevar sua vibração. A Terra terá nesta transição um papel muito importante para definir o futuro do progresso cósmico. A Senhora Gaia já decretou que o seu planeta e todas as formas de vida nele devem elevar sua frequência da terceira para a quinta dimensão. Isso significa que esta mudança deve obrigatoriamente acontecer, e é a primeira vez que uma decisão destas é tomada em muito, muito tempo. A atual frequência baixa da Terra está freiando o progresso de todo o seu Universo, por isso muita ajuda está sendo enviada de fora, muitos outros seres estão focados na humanidade. O Cosmos depende de vocês!Que ajuda está sendo focada na Terra para fazer esta preparação para 2012?Por causa do decreto universal para a Terra iniciar sua elevação para aquinta dimensão em 2012, benéficos alinhamentos astrológicos foram organizados para ajudar a humanidade. A convergência harmônica de 1987 iniciou um processo paratrazer energias mais elevadas e aumentar a consciência das pessoas em geral. A concordância harmônica de 2004 trouxe mais energia feminina, para ajudar a despertar a compaixão e a abrir os corações humanos. Um raro e auspicioso duplo trânsito de Vênus está ocorrendo. Este planeta transitou pelo sol na concordância harmônica do dia 8 de junho de 2004. Irá transitar novamente no dia 6 de junho de 2012. Esta conjunção especial oferece enormes oportunidadesde crescimento espiritual. Começou a equilibrar as energias masculinas efemininas dentro dos indivíduos e na consciência coletiva. Isso ajuda no potencial para acelerar a ascensão individual e planetária. Para isso, você deve estar preparado para elevar sua vibração e realmente valorizar todas as formas de vida. Alinhamentos especiais ocorrerão em dezembro de 2012.Anjos estarão chegando a Terra em grandes grupos para ajudar ahumanidade de uma forma sem precedências. Unicórnios estarão retornado ao planeta para tambémajudar os humanos a redescobrirem sua real natureza divina. Está sendo redescoberta a sabedoria dos golfinhos e das baleias. Crianças de alta frequência estão nascendo e almas muito antigas estão reencarnando. Fazendo a sua parte, você não apenas ajuda a si mesmo, aos outros e ao planeta, mas sua jornada pessoal será também gloriosamente enriquecida. O que acontecerá a todos aqueles que não estiverem prontos para mudar sua vibração para uma consciência mais elevada? Se você não estiver preparado, você não notará o portal aberto e no fim desua atual encarnação você continuará a jornada de sua alma em algum outro planeta da terceira dimensão, que ainda acolhe a dor e o sofrimento da separação causada por uma baixa compreensão da consciência. Os xamãs africanos e americanos, e também o povo Maori, todos profetizavam um período de 25 anos de purificação antes de uma mudança de consciência. Isso está acontecendo? Esta purificação está acontecendo agora.O que significa este período de 25 anos de purificação ?Em agosto de 1987 ocorreu uma configuração astrológica conhecida comoconvergência harmônica. Naquela época muitos guerreiros de luz foram aostopos de montanhas e lugares sagrados para orar e meditar para que a Terrarecebesse ajuda. A luz de tais orações enviada aos céus foi tão intensa queSaint Germain, um dos Mestres Iluminados, levou estas orações à Fonte e suplicou para que a humanidade recebesse ajuda. Através da graça divina ele recebeu permissão paradevolver a todas as pessoas em todas as partes a Chama Violeta, paracomeçar a transmutar a negatividade no planeta. Apesar da Chama Violeta já estar disponível para alguns seletos grupos antes de 1987, essa disponibilidade em massa marcou o início deste período de 25 anos de purificação. Desde então, Gaia começou a se livrar das toxinas, o karma criado pela barbaridade humana. Isso ela faz através de terremotos, erupções de vulcões, furacões, tsunamis,incêndios e outros desastres, eventos nos quais muitas almas deixam oplaneta levando consigo muita energia negativa para que seja curada e transmutada no mundo espiritual. As orações feitas mundialmente depois desses desastres também ajudam a purificar todos os continentes. Mas há ainda muito por vir.A Chama Violeta fundiu com a Chama Prateada ? Por que ?Os anjos observam com muita alegria muitos guerreiros de luz se dedicandoa purificar suas energias e a curar os outros. O resultado foi que num outroato de benevolência divina, a Chama Prateada da Graça e da Harmonia fundiu-se com a Chama Violeta da Transmutação. A Chama Violeta transmuta energias negativas.A Chama Prateada permite que o novo e o belo entrem no lugar do antigo, daquilo que já não serve mais. O que é a Chama Dourada e Violeta-Prateada da quinta dimensão ? A Chama Dourada fundiu agora com a Chama Violeta e Prateada. Ela estáadicionando sabedoria, amor angelical e proteção nas qualidades daharmonia e transmutação - uma combinação muito poderosa que eleva sua consciência para a quinta dimensão.Como usar a Chama Dourada e Violeta-Prateada :1. Aonde você estiver, você pode invocar a Chama Dourada eVioleta-Prateada. Imagine uma chama que inclui todos os tons do lilás ao prateado, passando pelo violeta, que cria brilhos dourados. Visualize esta chama. 2. Visualize esta chama envolvendo todos aqueles que precisem se livrar da negatividade. 3. Envie esta chama para aqueles que estão necessitados, doentes ou em desequilíbrio. Se você tiver qualquer problema com seu corpo físico, deixe que esta chama banhe esta parte de seu corpo. 4. Se você sente raiva, medo ou qualquer outro tipo de negatividade,imagine esta chama a sua volta. Sinta- a dissolvendo os sentimentos velhos e substituindo- os com alegria. 5. Transmita esta chama para os lugares onde há guerra ou desastres. 6. Imagine-a fluindo através da rede elétrica, dos fios telefônicos e detoda a internet, para que purifique toda a rede virtual.Eu ainda vou estar aqui depois de dezembro de 2012?Isso depende das decisões mais elevadas tomadas por sua alma. Enquanto muitos vão escolher deixar a realidade da terceira dimensão antes ou logo após esta data, a maioria vai escolher ficar.O que acontecerá com o sistema financeiro, eu devo guardar dinheiro agora?Aprenda a expandir sua consciência e a manifestar abundância para vocêmesmo. O mundo vai continuar, mesmo depois que as mudanças acontecerem.

References: ARTÍCULO 26
 ARTÍCULO 27
 ARTÍCULO 28
 ARTÍCULO 29
 artículo 81
 ARTÍCULO 30