Source: https://html.rincondelvago.com/aborto_7.html?url=aborto_7
Timestamp: 2019-11-11 21:04:33+00:00

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Cuando una mujer se enfrenta a un aborto, se pregunta los porqué, ¿ por qué traer un hijo al mundo? se plantea el dilema de dar la vida o de negarla. Cuando niega la vida, autorizando o permitiendo la muerte de un inocente, lo hace a costa de sufrir o de morir. Porque no siempre las substancias o maniobras abortivas son seguras, libres de riesgo aún cuando sea practicada por un profesional médico.
Esta investigación tiene como finalidad obtener una mejor visión del aborto, desde el punto de vista jurídico, médico y desde la perspectiva de la Iglesia Católica, ya que no se puede desconocer la existencia de esta realidad en el mundo entero. Ya que en ésta época de comodidad, el aborto se está presentando como una manera “ fácil y rápida “ para deshacerse de un problema molesto. Cuando las mujeres van en busca de consejo, muchos de los consejeros no les dicen la verdad concerniente a lo que están por hacerle a su criatura y a ellas mismas. El aborto es un proceso quirúrgico mayor, del cual pueden resultar serias complicaciones, no es tan “ seguro ” como se hace creer. Y no es tan simple, como para decir “ahora estás embarazada”... ahora ya no lo estas. Solamente descansa un día y te sentirás bien.
En un sentido vulgar aborto es “parir antes de tiempo, en que el feto pueda vivir.” Este es su significado natural y obvio, según el uso general de las mismas palabras de que habla el artículo 20 del Código Civil, y que le confiere el de la lengua.
FIGURAS DERIVADAS DEL ABORTO
Nuestra ley no considera el aborto dentro de los delitos contra las personas, contenidos en el del Título VIII, pese a que su modelo, el Código Penal Español de 1848, lo reglamentaba; nuestro ordenamiento jurídico, contempla el aborto en el primer párrafo del Título VII del Código Penal, dentro de los “ Delitos contra el orden de la familia y la moralidad pública.” Pero el aborto no ofende necesariamente el orden de la familia, ya que es igualmente punible el aborto de una mujer casada que el de una mujer soltera; el de una menor de edad que el de una adulta.
ABORTO CAUSADO POR EXTRAÑOS
Con esta denominación se alude al aborto causado por personas distintas a la propia mujer embarazada. Del concepto de “ tercero extraño “ se excluye, sin embargo, al facultativo que obra abusando de su oficio, pues su presencia como sujeto activo da origen a otra figura. Las reglas en materia de participación se aplican en esta figura delictiva con excepción de la participación del facultativo, ya señalado, y de la propia mujer embarazada.
El aborto causado por extraño, que no sea el facultativo, se contempla en los artículos 342 y 343 del Código Penal. El artículo 342, comienza refiriéndose al que “ Maliciosamente ” causare un aborto. Sobre el significado de esta expresión, cabe añadir un importante antecedente histórico, que consiste en que la Comisión Redactora sustituyó la expresión “ De Propósito “ del Código Penal español, dado que muchas personas que proceden de buena fe lo hacen también de propósito, como el médico que practica un aborto para salvar la vida de la madre en peligro. Sin embargo, de estas personas no podría decirse que obran maliciosamente, según la opinión de los redactores, y no quedarían incluídos en el art. 342 del Código Penal. Este cambio de redacción tiene importancia, ya que la expresión de propósito, en su alcance natural y en que lo entendió la Comisión Redactora, es una alusión al elemento subjetivo; constituye un elemento del dolo directo. En cambio la expresión maliciosamente, según la Comisión Redactora, alude a la antijuridicidad o ilicitud de la conducta; no cabe duda de que el médico obra con intención, pero su acto es justificado. Cuando falta la justificación, la ley considera que ha obrado maliciosamente.
El aborto causado por terceros puede revestir tres modalidades distintas, de diferente gravedad. Las tres hipótesis tienen en común la acción de causar un aborto maliciosamente. Esta expresión, ha suscitado algunas dudas y las interpretaciones van desde negar toda particular exigencia subjetiva hasta reclamar un dolo específico, sostenido por Labatut, que se ha impugnado sobre la base de que todo dolo es específico y no existe dolo genérico. Etcheberry, sostiene que es irrelevante la voz maliciosamente en el plano de la subjetividad, ya que el propósito de los comisionados, fue el de excluir las conductas justificadas (abortos lícitos) y no de requerir algo especial en el plano de la intencionalidad. Además Etcheberry sigue entre nosotros la tesis, que sólo el aborto violento contenido en el artículo 342 Nº1, requiere dolo directo, es decir, propósito de dar muerte al feto, las otras dos hipótesis se sancionarían por el artículo 343 del C.P; pudiendo cometerse con violencia pero sin dolo directo o cometer el delito con dolo eventual.
Amunátegui, parece discrepar de esta interpretación cuando observa que el art. 10 Nº 10 del C.P., establece, una justificación para todo el que obre en cumplimiento de un deber o en el ejercicio legítimo de un derecho, autoridad, oficio o cargo.
La posición predominante, siguiendo a la Comisión Redactora, considera que las tres figuras de aborto malicioso del art. 342 ( y no sólo la primera ) requieren para su perfeccionamiento de dolo directo, concepto en el que debe entenderse comprendido el dolo de consecuencias necesarias.
Hipótesis del artículo 342 del Código Penal.
A este tipo de aborto se refieren dos disposiciones; el artículo 342 Nº 1 y el artículo 343 del Código Penal. Ambas difieren sólo en el elemento subjetivo que anima al hechor. La acción consiste siempre en causar u ocasionar un aborto.
Por violencia debe entenderse no solamente la energía física que se despliegue sobre la mujer, sino conjuntamente con aquella, la intimidación o como señala Etcheberry, la fuerza moral. De acuerdo con esto, la amenaza o intimidación para vencer la resistencia de la mujer o para inducirla a causar su autoaborto quedan abarcadas en el concepto del aborto violento. Si bien en numerosos preceptos del Código la idea de violencia es separada de la de intimidación o amenazas ( arts. 138, 261 ), existen otros en que ello no sucede ( arts. 261 Nº 2, 494 ), de tal manera que no puede decirse que el sistema chileno haya adoptado un concepto unívoco de violencia. Sin embargo, es posible suponer que en la ley no está la equiparación de la conducta de aquel que para producir el aborto amenaza de muerte con un revólver a la mujer con el de que ésta sea engañada o simplemente ignore el tipo de maniobras que el agente está realizando, casos claros de aborto sin consentimiento.
La esencia de esta modalidad delictiva esta en forzar a la mujer física y moralmente, en obrar contra su voluntad. La forma de violencia física, sin embargo puede ser muy variada ( golpes, heridas, introducción forzada de instrumentos o substancias ), en cambio, si la mujer ha dado su anuencia, aunque para realizar el aborto se ejerza fuerza física, no se tratará de este aborto, sino del aborto consentido por la mujer.
En la figura del aborto violento se puede producir la muerte de la mujer o que ella como consecuencia del aborto, quede lesionada. En el primer caso, el sujeto activo, acepta la posibilidad que la mujer muera; como consecuencia del fin o propósito buscado.
LESIONES O MUERTE DE LA MADRE POR OBRA DE LA VIOLENCIA
Tanto en este caso como en el aborto violento no consentido se suscita el problema de la huella en el cuerpo, la salud o la vida de la madre, por obra de las violencias.
El punto no es complicado, si se trata de lesiones leves, en el sentido del diagnóstico médico, las lesiones leves en el sentido del art. 494 Nº 5 del Código Penal, no interesan aquí, ya que ellas resultarán absorbidas por el aborto violento que, ordinariamente lleva consigo alguna clase de lesión. Distinto es el caso si la mujer muere, queda mutilada o gravemente lesionada, por la violencia que el agente ha empleado para producirle el aborto. Las lesiones o la muerte de la mujer puede ser atribuible a dolo o culpa del agente.
Las lesiones o la muerte son atribuibles a dolo del agente
La tutela penal de la vida de la mujer incluye la del germen de vida incorporado a su cuerpo. No habría homicidio doloso en concurso con aborto doloso, sino un solo delito; homicidio, sin perjuicio que dentro de los márgenes del homicidio, el juez pueda tomar en cuenta el daño más intenso.
En lo concerniente, ahora, a las lesiones corporales que resultan de la acción abortiva, la solución no es tan clara. La tendencia dominante en la doctrina y jurisprudencia alemana es reconocer también un concurso aparente de leyes, pero en que la consunción operaría a la inversa que en el caso del homicidio, ya que serían las lesiones absorbidas por el aborto. Maurach sostiene que las dificultades que suscita.
EL caso en que la ley desplazada tenga prevista una pena más grave ha conducido a que la jurisprudencia en forma poco consecuente tome en cuenta el límite superior del tipo absorbido, lo que significaría estar reconociendo el consurso ideal. Maurach formalmente afirma para estos casos un concurso ideal.
En nuestro ordenamiento, podrían plantearse problemas similares a los que han enfrentado a la doctrina y jurisprudencia extranjera. Y la verdad es que las soluciones no son tan opuestas como parecen. Si bien se mira el art 75, que rige el concurso ideal de delitos, se funda también en un criterio de absorción, solamente que debe aplicarse la pena mayor asignada al delito más grave. Como, por otra parte, el consurso aparente resuelto a través del criterio de la absorción no es obstáculo para que se compute el disvalor desplazado, a través del art. 69, la única diferencia práctica que resulta de optar por el concurso aparente de leyes o por el consurso ideal de delitos es que el aumento de rigor será en un caso obligatorio y en el otro facultativo.
La solución más aceptada en nuestro ordenamiento, es la del concurso aparente de leyes. En otros términos, en el aborto violento quedarán absorbidas todas aquellas lesiones conceptualmente inherentes a la clase de violencia requerida para matar al feto. Los excesos dolosos, en cambio, no deben considerarse como acompañantes ordinarios de las violencias para causar el aborto, y si de esos excesos se sigue una lesión grave, este segundo disvalor no queda absorbido por el aborto doloso. Mientras que todo homicidio doloso incluye conceptual u ordinariamente la muerte del feto, y de ahí que el homicidio absorba al aborto, del mismo modo todo aborto violento supone determinadas lesiones, u ordinariamente acompañarán aquél, por lo que el aborto doloso violento absorbe esas lesiones. No acontece lo mismo si hay exceso, esto es, un mal trato que vaya más allá del dirigido a producir el aborto. Para tales casos que coinciden con las hipótesis de las lesiones gravísimas, mutilaciones y castración, la solución más concecuente parece ser la del concurso ideal. Todos estos problemas se suscitan si las lesiones o la muerte de la mujer embarazada, cubiertas por el dolo del agente pertenecen al contexto de una acción única. Distinto es el caso si completada la acción del agente, surge en éste la determinación de realizar una nueva acción, por ejemplo para borrar las huellas de su delito. Aquí habría un concurso material de delitos.
Las lesiones o la muerte son atribuibles a culpa del agente
Esta situación, provoca nuevas complicaciones. La Comisión Redactora, pensando más bien en el aborto consentido seguido de muerte, optó por solucionar el asunto con el consurso ideal. Desde antiguo esta interpretación fue objeto de críticas.
Pedro Fernández, señala que estos casos no quedan comprendidos en el concurso ideal, pues la muerte de la madre y el aborto, no son un hecho que constituya dos delitos, ni un medio necesario para cometer el otro. La muerte es un accidente desgraciado pero no es necesario.
Labatut, por su parte piensa que la expresión “ un solo delito “ que contempla el art. 75, que consagra el concurso ideal, se refiere a un solo hecho físico y no aquel que derive más de uno, como ocurre en esta figura. El actor debe querer, al menos como contingencia posible, el resultado muerte. La solución es atribuir el resultado muerte al de imprudencia temararia, es decir, aborto doloso en concurso con cuasidelito de homicidio.
Etcheberry, en cambio acepta el criterio propuesto por la Comisión Redactora sobre la concurrencia de un concurso ideal, para aborto malicioso y homicidio culposo, pero nada sugiere para la disyuntiva aborto doloso-lesiones culposas.
Politoff, Grisolía y Bustos, señalan que ni conceptual ni ordinariamente la muerte acompaña al aborto ni la culpa que lleve a este resultado, por lo tanto, la opinión es favorable a la tesis predominante del concurso ideal entre aborto doloso y homicidio culposo. Y en lo que respecta a las lesiones culposas, sostienen que ellas serán absorbidas por el aborto doloso violento en la medida en que las lesiones culposas sean de aquellas que ordinariamente siguen a las maniobras abortivas o la violencia en su caso.
Es la segunda modalidad de aborto causado por extraños. Aquí no se hace uso de la violencia, pero falta el consentimiento de la mujer; y la conducta del extraño o hechor debe ir dirigida a causar el aborto. El consentimiento de la mujer puede faltar por estar privada de la capacidad de prestarlo, como también por la existencia de un vicio que resta valor a su aquiescencia. Falta igualmente el consentimiento de la mujer cuando ésta consiente, no en la muerte del feto, sino en ingerir substancias, sufrir las maniobras o violencias, pero ignorante de la posible consecuencia de muerte del feto. El consentimiento, para que pueda decirse que lo hay, debe referirse específicamente a éstas últimas circunstancias.
También falta el consentimiento cuando se encuentra privada de sentido, si carece de comprensión sobre la índole de las maniobras o si se le engaña, en el caso de amenaza con males morales y en general en todo caso en que la voluntad por cualquier razón esté ausente o viciada. Esto no significa reproducir la teoría civil de los vicios del consentimiento, debiendo determinarse la tipicidad de la conducta en cada caso concreto. En general el consentimiento prestado por una enajenada mental será irrelevante, aun cuando en algunos casos límites pueda admitirse su validez. En cuanto a los menores, ha habido discusión, pero en todo caso la mujer que consiente en que otra persona cause su aborto, debe ser naturalmente, imputable y no tendrá tal calidad, si es menor de dieciséis años o si siendo mayor de dieciséis y menor de dieciocho ha actuado sin disernimiento. En estos casos la mujer estará exenta de pena, mientras que el extrano que causó el aborto será sancionado como autor de aborto sin consentimiento.
En el plano objetivo, a la conducta de dar muerte al feto se añade el requisito negativo de ausencia de consentimiento, referido a la muerte del feto y no a las solas maniobras. Cuando la mujer consienta en maniobras para acelerar el parto, ello no vuelve al extraño que actúa con dolo directo de aborto, en autor de aborto consentido.
Como se ve el tratamiento penal del aborto causado por un extraño es más severo si se obra sin el consentimiento de la mujer, que si se cuenta con él. Y no es sancionable el cuasidelito de aborto, sólo lo será cuando se produzcan lesiones o la muerte de la mujer.
Es la tercera forma, la menos grave, del aborto causado por extraños. Se ha visto que, para ser relevante, el consentimiento no debe haber sido arrancado con violencia y que en todo caso debe ser prestado sin circunstancias que lo vicien. No es necesario que el agente sepa que cuenta con el consentimiento, si éste efectivamente ha existido. La creencia por el agente de que está quebrantando la voluntad de la mujer no transforma el hecho en un atentado contra la libertad de ésta, desde el punto de vista de los requisitos del tipo, sino exclusivamente en la mente del autor.
El consentimiento debe ser prestado por la mujer libre y válidamente; en su sano juicio, teniendo edad suficiente y sin coacciones, con conocimiento de la naturaleza y consecuencias del acto en el cual consiente. Existiendo este consentimiento, aunque haya fuerza física, se aplica esta disposición y no la del número 1 del mismo artículo.
Al igual que en el número anterior puede haber dolo directo o eventual, pero no se castiga el cuasidelito. Si el hechor cree erróneamente que la mujer ha consentido, se trata de un error accidental, que según las reglas generales deja subsistente la culpabilidad, pero cambia el título del delito, se sanciona en conformidad a esta figura, aunque en la realidad de las cosas el consentimiento no haya existido.
Aquí nos encontramos ya con la intervención de otra persona, la mujer. Pero su participación no se rige por las reglas generales, sino que se sanciona separadamente, según otra figura delictiva.
Este precepto castiga, con una pena menor a la del aborto malicioso, sin violencias y con consentimiento de la mujer; al que con violencia ocasionare un aborto, aun cuando no haya tenido propósito de causarlo, con tal que el estado de embarazo de la mujer sea notorio o le constare al hechor. Existe acuerdo en considerar la expresión “aun cuando” como “siempre que”, ya que otro significado hace inteligible la figura.
En este caso no existe dolo directo con respecto al aborto, por lo que corresponde determinar cuál es el elemento subjetivo de esta figura. Que el embarazo sea notorio no significa que sea de público conocimiento, sino que sea aparente por el aspecto físico de la mujer; especialmente, el abultamiento del vientre y otros signos que ordinariamente acompañan a la preñez. Si el embarazo no es notorio, se requiere al menos que le conste al hechor, esto es, que éste tenga conocimiento efectivo de que la mujer se encuentra embarazada, aunque externamente la preñez no se manifieste todavía, se reconoce una presupuesta situación psicológica, ello quiere decir que no basta la posibilidad de prever el embarazo, para que el el tipo legal sea aplicable, sino que el agente debe saber que el embarazo existe. La previsibilidad sólo debe ser referida a la muerte del feto. En esta expresión, también se especifica que aun cuando el embarazo no aparezca, por signos fáciles de percibir, el marido debe conocer el embarazo de su mujer antes que sea notado por los demás.
En relación a la naturaleza de la figura, los autores españoles, consideran que esta figura se refiere a un aborto culposo ( cuasidelito de aborto ), que entre nosotros sería un caso de excepción a la regla general de impunidad del cuasidelito.
Labatut, señala que el aborto causado con violencia, pero ignorando el estado de embarazo, constituye un aborto preterintencional, y no un cuasidelito ya que se penan los delitos contra las personas y el feto no es persona.
Etcheberry, por su parte señala que los dos elementos únicos que la ley proporciona (ausencia de dolo directo y previsibilidad del resultado) no excluyen más que el caso fortuito, y permiten sancionar de conformidad con esta figura los abortos violentos que se causen con dolo eventual, con culpa consciente o con culpa inconsciente. En estos tres casos se cumplen los únicos requisitos que la ley exige, falta de propósito y notoriedad o constancia del embarazo.
El tipo legal del art.343 en nada difiere, en sus extremos objetivos, del que se describe en el art. 342 Nº 1, ya que será preciso que se dé muerte al feto para que el delito esté perfeccionado y que este aborto sea producido con violencia por un extraño. La diferencia reside, pues, en el plano de la subjetividad del agente. Para algunos se trata de un aborto preterintencional, habría dolo en cuanto a la violencia que se ejerce sobre la mujer embarazada y un aborto que se pudo prever como consecuencia de la acción desplegada. Curry concluye que se trata de una especial hipótesis de cuasidelito de aborto. En nuestra ley no puede hablarse de un tipo básico, ya que no existe el tipo de causar violencia. Es más, si se identificara a las violencias con las lesiones, se llegaría al absurdo de que las lesiones gravísimas, las simplemente graves y las mutilaciones llevarían consigo una pena menor que la prevista para tales resultados en el capítulo de las lesiones corporales, solamente porque se siguió un aborto como segundo resultado. Extrema su tesis sosteniendo que no se requiere la intencionalidad respecto de la violencia, basta que el agente haya realizado actos cuya consecuencia causal es dicha violencia, pudiendo o debiendo preverla.
Concurso con lesiones o muerte de la madre
El empleo de violencia intencional, cualquiera que sea el nexo subjetivo respecto de la muerte del feto (dolo eventual o culpa), supone la posibilidad de que de esas violencias se sigan, además del aborto, efectos en la salud y aun en la vida de la mujer embarazada.
Cuando se ejerce violencia, dolosamente sobre la mujer embarazada y el contenido de su dolo abarca la eventual muerte de ésta, cualquiera que sea el nexo subjetivo respecto del resultado aborto, responderá por homicidio doloso, el cual absorbe el aborto del art. 343.
En cambio, si la muerte de la mujer es sólo atribuible a culpa del que ha ejercido violencia, estaremos en presencia de un concurso ideal entre cuasidelito de homicidio del art. 490 Nº 1 y el aborto del art. 343.
Ahora, si como resultado de la violencia la mujer sufre lesiones, algunas de éstas quedarán absorbidas sin dificultad en el tipo de aborto del art. 343; estas son las lesiones clinícamente leves, es decir, las leves y menos graves, en cuanto ordinariamente acompañan a la idea de violencia.
Las lesiones graves, en forma de los dos números del art. 397 y la mutilaciones y las lesiones culposas del art. 490 Nº 1 , estarían en relación de concurso ideal con el art. 343, según el art.75.
ABORTO CAUSADO POR LA MUJER EMBARAZADA.
El aborto provocado por la propia mujer embarazada es una figura calificada en razón del sujeto activo, si no existiera esta figura, la mujer debería ser sancionada como coautora del aborto causado por tercero, y como en tal caso hay consentimiento de la mujer, la pena sería la que establece el Código Penal en el artículo 242 Nº 3.
En el aborto consentido por la mujer, la ley considera más reprobable la conducta de ella que la del tercero, seguramente por atribuir a la mujer, además de la lesión al bien jurídico vida del feto, una infracción al deber personal frente a la protección del hijo futuro.
Este tipo de aborto contempla dos hipótesis:
La mujer causa su propio aborto.
No ofrece mayor dificultad en su aspecto objetivo, pues consiste en que la mujer cause su propio aborto, satisfaciéndose aun con el mero dolo eventual.
Por ser una figura agravada,. con relación al art. 342 Nº3, pueden presentarse los mismos problemas de comunicabilidad del parricidio, que sucede con los partícipes en el autoaborto.
Algunas legislaciones no lo castigan, como es el caso del Código Penal de la R.D.A.; otros le imponen una pena menor que al aborto realizado por un extraño, que constituye una figura privilegiada, como sucede con el Código de Alemania Federal y otros que lo castigan con una pena igual, como en España y aun mayor como sucede en nuestro Código Penal, que al aborto que causa el extraño con el consentimiento de la mujer.
En el autoaborto, la mujer tiene una causa personal que la impulsa a renunciar a algo que normalmente es mirado como un bien ( hijo no deseado ) y a esta motivación se añade una circunstancia excepcionalísima y es que el proceso del embarazo y los riesgos del parto, así como las obligaciones de la maternidad, son cargas que la mujer debe soportar en sí misma; por ello algunos sostienen que la pena del autoaborto debiera ser inferior al aborto que causa el extraño, aun con el presupuesto del consentimiento.
La mujer consiente en que otro se lo cause:
Aquí necesariamente interviene un tercero, que causa el aborto. El tercero será sancionado según el artículo 342 Nº 3 y la mujer, con una pena mayor, según el artículo 344 del C.P.
No se trata de castigar el nudo consentimiento ya que el tipo legal, también respecto de la mujer, encuentra su principio de ejecución en las maniobras abortivas, porque se ha elevado a la categoría de hecho principal un comportamiento que es sólo de complicidad, aun cuando en rigor de no existir el art. 344, sería de coautoría o de complicidad de la figura del art. 342 Nº 3, y que, en todo caso requiere del comportamiento material del extraño, sin cuyo inicio el solo consentimiento de la mujer es penalmente irrelevante.
En relación a las características del consentimiento, no basta la no impedición, la tolerancia o la aquiescencia tácita; se precisa una voluntad activa y exteriorizada.
El mismo artículo 344 inciso 2, contempla una atenuante especial. La ley ha considerado como minorante de la punibilidad el móvil de honor, la honra de la mujer.
Este factor de atenuación es estrictamente personal e incomunicable, no beneficia a los terceros que participan del delito, aunque ellos concurran con el fin de ocultar la deshonra de la mujer. El ocultar la deshonra debe haber sido el motivo fundamental, sin el cual no se hubiera efectuado el aborto.
En la expresión “ Si lo hiciere por ocultar su deshonra,” la palabra “por“ no es reveladora de un elemento subjetivo de tipo, es en este caso solamente signo de la motivación anormal como minorante de la punibilidad. Esta motivación puede coexistir con otras, pero aquélla ha de ser la predominante.
La idea de la honra debe entenderse en referencia al concepto tradicional de las buenas costumbres en materia sexual y debe abordarse en relación con la propia dignidad del ser humano y la posibilidad de atribuirle inmerecidamente un quebrantamiento a sus deberes éticos. No puede considerarse deshonrada una mujer por lo que los prejuicios y fanatismos de su medio juzguen deshonroso.
Algunos piensan que el cambio de las costumbres, hace necesario el reemplazo de esta atenuante por una capaz de abarcar la casuística de la compleja vida moderna, en vez de un fundamento exclusivo que para estos tiempos ha perdido prácticamente su significación.
Se trata de una figura doblemente calificada, pues el profesional, siendo un tercero debería en principio recibir las mismas penas del art.342 y en cambio se le aplican aumentadas en un grado y por otro lado se eleva a conducta de autor el hecho de colaborar a la realización del aborto.
El fundamento de la agravación, se basa en que la profesión de una facultad científica impone obligaciones de moralidad que no tienen en tal punto los simples particulares. La medicina es para curar a los enfermos, y no para hacer abortar a las mujeres embarazadas. Por tratarse de una cuestión de pura culpabilidad, la agravación no se comunica a los partícipes no facultativos.
El sujeto activo de esta figura es el facultativo. Por tal debe entenderse, desde luego a los médicos pero significando el término la idea de un profesional que ha hecho estudios superiores y que ejercen el arte de curar o, más exactamente, relacionados con la conservación y restablecimiento de la salud, de tal modo que su oficio los ponga en situación de causar un aborto o cooperar con él.
El facultativo puede actuar de dos formas, causar un aborto o cooperar con él. En este último caso quedan comprendidas las hipótesis de participación accesoria en el aborto causado por un tercero extraño o por la propia mujer. Estas conductas de cooperación constituirán a veces autoria y a veces complicidad.
La exigencia es que estas personas obren abusando de su oficio, es decir, requieren que su conducta no este justificada. Si hay justificación la conducta es lícita y el legislador no requeriría servirse de una mención especial en el tipo como la falta de abuso, ya que para ello basta el artículo 10 Nº 10 del C.P.
Esta expresión, sólo puede aplicarse al facultativo que realiza la acción típica no justificada, motivado por fines ajenos a los principios terapéuticos que deben guiar la función profesional.
Los casos en que el médico no actúa en cuanto tal, quedan excluidos de la figura agravada, en cuanto el agente no ha obrado abusando de su oficio. No comprende al médico que golpea a su mujer y la hace abortar, o que la conduce con un tercero para que este le cause un aborto, hipótesis en que la calidad de médico no tiene influencia alguna.
Maurach, señala que la justificación consagrada en la ley y en el derecho consuetudinario para la interrupción de un embarazo, en los casos en que éste sea necesario para evitar un serio peligro para la vida o la salud de la mujer embarazada y en lo que ella concierne, corresponde a un principio que ha suscitado dificultades en su delimitación. En Chile el problema quedó planteado desde la redacción del Código Penal, época en la cual se intentó excluir de la incriminación por aborto al médico que necesita causar el aborto para salvar la vida de una enferma en peligro.
La finalidad del aborto debe ser la de defender, en principio, la vida, la integridad corporal o la salud de la madre, y no otro bien jurídico, ni otra persona. El aborto legalmente permitido sería el que obedece exclusivamente a fines curativos. Se rechaza el aborto por capricho, por preocupaciones estéticas o por motivos eugenésicos, demográficos, económicos, psicológicos o profesionales.
La expresión fines terapéuticos, es bastante vaga. En general se entiende que debe tratarse de un aborto destinado a salvar la vida de la madre o evitar una gran enfermedad.
La doctrina extranjera sostiene que está permitido el aborto si éste constituye el único medio para evitar un serio y directo peligro para la vida o salud de la mujer embarazada, con inclusión de las perturbaciones psiquícas graves con peligro de suicidio, como también la probabilidad de una permanente disminución de la capacidad de trabajo. Entre nosotros Etcheberry restringe los fines terapéuticos que justifican el aborto a la intervención para salvar la vida de la madre a costa de la vida del feto, con los requisitos de realidad o peligro inminente de la muerte de la mujer y que no exista otro medio practicable o menos perjudicial para evitarla.
Una parte de la legislación extranjera, como la española e italiana, abordan el problema del aborto terapéutico con arreglo al régimen general del estado de necesidad, en particular cuando a causa de enfermedades o de otras condiciones particulares, la mujer no puede llevar a término su embarazo o soportar el trabajo de parto de grave peligro para su vida o para su salud. Solución que no es aplicable en nuestro sistema, en que la justificante del art. 10 Nº 7, tiene un alcance muy restringido, que sólo se extiende al daño en la propiedad ajena.
La penalidad general del aborto demuestra que en principio para la ley la vida del feto es un bien jurídico digno de protección, incluso contra los atentados de que pueda ser víctima por parte de la misma madre, de tal modo que el sólo consentimiento de la mujer no basta para legitimar el aborto, ni aún con fines curativos.
Nuestro Código Sanitario de 1967, en su art. 119, actualmente derogado, disponía que “ Sólo con fines terapéuticos se podrá interrumpir un embarazo.“ Para proceder a esta intervención se requería la opinión documentada de dos médicos cirujanos. El médico sólo podía causar un aborto justificadamente cuando trataba de salvar la vida de la madre a través de la muerte del feto.
Aborto terapéutico en el Código Sanitario
En el art.119 del derogado C. Sanitario, aparecía de manifiesto que sólo el médico podía lícitamente realizar esta forma de especial justificación. Ello porque nuestro sistema jurídico sólo permite a estos profesionales la actividad terapéutica y cuando la autoriza a otros profesionales, como las matronas, lo hace en términos calculadamente restringidos, además la finalidad terapéutica debe ir acompañada del conocimiento sobre el carácter indispensable de la intervención abortiva.
La expresión fines terapéuticos, no constituía, hacer un balanceamiento de bienes y decidir si es más valiosa la vida del feto o la salud de la mujer. Ya que la vida del feto constituye también un objeto del deber de la profesión médica; un conflicto de deberes sólo puede inclinarse por el fin terapéutico respecto de la madre si el riesgo para ésta es de mucha entidad.
El precepto del Código Sanitario consagraba una causal de justificación que sólo en forma mediata tenía su fundamento en el estado de necesidad, pero en rigor constituía un caso especialmente legislado de ejercicio legítimo de la profesión de médico y, por lo mismo, sólo podía ser invocada por éste.
La ley nada decía sobre el consentimiento de la mujer embarazada. Para algunos autores, si la madre rechaza el aborto, anteponiendo la salvación de su hijo a la suya propia, y el aborto se le practicaba contra su voluntad, el hecho integrará el delito de aborto sin consentimiento de la mujer. Del Rosal, Cobo y Mourullo, sostienen que por ser el aborto terapéutico un caso de estado de necesidad, opera el principio del interés preponderante y por ello resultaba indiferente el consentimiento de la mujer. Se ha sacrificado en definitiva un bien (vida del feto), en aras de otro bien (vida de la gestante).
Otros sostienen que es indiferente ver en esta situación una limitación al balanceamiento de bienes, sino que está subordinado a la lex artis médica y a los criterios consuetudinarios y culturales que la delimitan. No se puede desconocer la libertad del paciente para decidir si puede o no intervenirse en su cuerpo, habrá que tomar en cuenta la disposición de la mujer embarazada de afrontar el riesgo.
La decisión en un momento desesperado de pasar sobre la voluntad de la mujer podrá llevar a la impunidad con arreglo a un estado de necesidad supralegal o por la no exigibilidad de otra conducta, pero no por ejercicio legítimo de la profesión médica, quedando fuera de lo preceptuado por el art.119 del C. Sanitario.
Si la mujer no se encuentra en condiciones de prestar el consentimiento por cualquier razón, la decisión sobre la intervención, según algunos autores, debe quedar condicionada al consentimiento del representante legal, de los encargados del cuidado de ella o de su marido. Procediéndose en ciertos casos con los principios del consentimiento presunto.
El Código Sanitario, requería para proceder a la intervención, la opinión documentada de dos médicos cirujanos. Esta exigencia tenía por fundamento la certidumbre sobre la razón terapéutica y tendía a proscribir el aborto clandestino, sometiendo a una ritualidad normal su ejecución. La ausencia de este requisito, conducía necesariamente la aplicación del art. 342 del Código Penal. Este requisito se hacía necesario, si se piensa que el médico al hacer su pronóstico sobre el riesgo para la salud de la mujer difícilmente podía medir en toda su intensidad la huella que el embarazo o parto podían causar a la mujer.
La Ley Nº 18.826 de 1989, reemplazó el texto de este art. por uno que señalaba “ No podrá ejecutarse ninguna acción cuyo fin sea provocar un aborto.“ La motivación que tuvo la Ley 18.826, para reemplazar el texto del art.119, se encontró en la actualidad, debido a los progresos de la medicina, los casos en que la vida y la salud de la madre se ven en grave peligro por el embarazo son muy raros, y porque en las situaciones excepcionales que todavía puedan presentarse, se aplicarán las reglas generales del Código Penal.
La justificación del art.119, como modalidad especial de ejercicio legítimo de la profesión médica, estaba sujeta a numerosas limitaciones. El médico que realizaba el aborto, aun con fin terapéutico, pero sin cumplir las formalidades establecidas en la ley, no podía invocar la eximente del art.10 Nº 10 ( ejercicio legítimo de la profesión ), ya que en esta materia el C. Sanitario restringió las posibilidades del ejercicio legítimo, y tampoco podía invocar la justificación del art. 10 Nº 7, sobre el estado de necesidad, desde que este precepto sólo ampara el daño en la propiedad ajena.
Por otra parte, el no médico, matronas, estudiantes de medicina, jamás podían invocar alguna de las dos referidas eximentes, en subsidio de la justificante del Código Sanitario, que no le era aplicable.
Pero podía acontecer que el médico o el no médico se enfrente a una situación de emergencia, en que la no realización del aborto ponga en grave peligro actual la vida o la salud de la mujer. Esta actuación no podía ser sino afrontada como un caso de estado de necesidad no legislado. Si se daban los requisitos generales del estado de necesidad, incluido por cierto el que no haya otro medio practicable y menos perjudicial para impedir el daño que amenaza a la mujer, habría que examinar, en el caso del médico, los deberes profesionales en conflicto, y en el caso de no médico la entidad de los bienes jurídicos en pugna.
Si se trata de un conflicto entre la salud de la madre, amenazada por un grave daño, en forma actual o inminente, y la vida del feto, en el caso del no médico, se da el hecho de tratarse de un balanceamiento de bienes y no de deberes, lo que sólo puede encontrar solución por la vía de la exculpación ( no exigibilidad de otra conducta ). En el caso del médico, un auténtico fin terapéutico impediría aplicarle la figura agravada del art.345.
El aborto terapéutico, realizado por un facultativo, quedó derogado, por existir la eximente del artículo 10 Nº 10 del C.P., ejercicio legítimo de la profesión. Esta causal de justificación tendrá aplicación:
Cuando la vida de la madre esté en peligro cierto, y para salvarla sea necesario practicar una intervención que inevitablemente acarreará la muerte del feto o interrupción del embarazo.( Extracción del útero, lugar donde se anida el feto, debido a la existencia de un tumor canceroso.
En los casos de embarazo ectópico o extrauterino, en que el embrión se anida en lugar del útero en las trompas u otras vísceras, donde no tiene posibilidad de llegar a término normal y su crecimiento pone en grave peligro la vida de la mujer.
En general, en casos en que la prosecución del embarazo pondría en peligro cierto y grave la vida de la madre, situaciones que habría que apreciar conforme a la práctica y conocimientos médicos.
ABORTO SEGUIDO DE MUERTE DE LA MUJER
Nuestro Código no previó expresamente la posibilidad de que a consecuencia de las maniobras abortivas resultara la muerte de la mujer. El Código Belga contemplaba este caso y la Comisión Redactora lo suprimió, estimando que caía dentro de la regla general ya consignada para el caso de que un mismo hecho constituyera dos o más delitos. La doctrina nacional ha criticado vivamente este punto de vista de los redactores, estimando que no se trata de un solo hecho, sino de dos. Los autores acostumbran considerar este caso como una hipótesis característica de preterintencionalidad. Labatut, estima que la naturaleza de las maniobras abortivas siempre permiten prever la posibilidad del resultado muerte de la mujer, y que el que a pesar de ello practica el aborto, toma de su cargo el riesgo de esta muerte. Habría dos delitos distintos, en concurso material, y ambos dolosos; el aborto cometido con dolo directo y el homicidio con dolo eventual. Para evitar este tratamiento penal drástico, Labatut acepta como solución práctica considerarlo como concurso entre delito de aborto con un cuasidelito de homicidio.
Sin embargo, el criterio de la Comisión Redactora es aquí el acertado. Se trata de un solo hecho, aunque el resultado sea múltiple. A veces, porque físicamente no habrá más que un movimiento; otras porque existiendo multiplicidad de actos, todos van unificados en una sola acción por la finalidad única que los anima: el aborto. Si esta acción, sin ninguna intervención adicional, provoca también la muerte de la mujer, se tendrá como un solo hecho con un doble resultado delictivo, como la Comisión pensó.
Aún admitiendo que la naturaleza de las maniobras permitan prever la posibilidad de la muerte de la madre, se requiere además una actitud de aceptación del resultado, de indiferencia hacia lo que ocurra, el sujeto se representa la posibilidad de que la mujer muera, pero actúa en la esperanza de que ello no ocurra; confía en que su pericia podrá evitarla. Por lo tanto, en ese evento hay un concurso ideal entre un delito de aborto y un cuasidelito de homicidio. El resultado podrá imputarse a título de dolo o culpa según sea la situación concreta. En efecto, es un caso de consurso ideal regido por el art. 75, así también lo señalan, Politoff, Grisolía y Bustos.
Cabe, una última posibilidad. Si se provoca un aborto por expulsión, pero el feto, estando ya muy desarrollado, nace y vive, pero la madre muere; habrá un concurso ideal entre un aborto frustrado y un cuasidelito de homicidio o delito de homicidio, si hubiere existido dolo eventual con respecto a la muerte de la mujer.
De la comprobación del hecho punible
En relación a la comprobación del hecho punible el Código de Procedimiento Civil, en su artículo 134 , dispone que en caso de aborto se hará constar la existencia de la preñez, la época del embarazo, los signos demostrativos de la expulsión del feto, las causas que lo hubieren determinado, y la circunstancia de haber sido provocado por la madre o por un extraño que hubiere procedido, ya que con su consentimiento, ya sean ejecutados en ella actos de violencia, ya por fin, abusando de su oficio el facultativo.
Cuando el feto muerto, en el vientre materno no hubiere sido expulsado, se averiguará también si por acción provocada se puso fin al desarrollo intrauterino.
Como médico de cabecera, es a menudo consultado sobre un embarazo indeseado. Para no hacerse culpable de haber “ indicado o favorecido” el aborto, debe evitar toda palabra imprudente y abstenerse de recetar una prescripción, incluso anodina, con carácter abortivo.
Como médico solicitado frecuentemente para practicar un aborto. Este médico vulnera el Juramento de Ginebra , que fue acordado por los médicos de 52 naciones; que reza “ Respetaré la vida humana desde la concepción .”
Al principio de la preñez, puede insertar un tubo por la boca del útero y lo conecta a un aparato de succión. Como el vacio es tan fuerte, la criatura se convierte instantáneamente en una masa fluída de sangre, tejidos y cartílagos.
En la técnica del raspado, el cirujano amplía o dilata la boca del útero para pasar el fórceps. Entonces alcanza dentro y raspa hacia fuera al feto y a la placenta.
Para abortar criaturas de mayor tamaño, puede que se requiera una operación abdominal similar a una cesárea. Se abre el vientre cortándolo y se saca al niño.
Hasta el término de la preñez, se puede introducir una aguja larga por la pared abdominal de la madre hasta dentro del vientre. Después de retirar fluído, inyecta una fuerte solución de agua salada, estéril, salando vivo a la criatura.
El papel del médico legista; consiste en aportar las pruebas médicas del aborto criminal; papel difícil en la mayoría de los casos así como penoso y delicado.
El aborto criminal provoca hemorragias duraderas, persistentes o repetidas y otras veces son bruscamente profusas ( sangría en blanco ), mientras que el aborto natural se acompaña de una sola hemorragia.
El huevo de menos de dos meses, que ha sido puncionado es expulsado en dos tiempos; hay retención que es fuente de infección; en el aborto espontáneo el huevo es eliminado completamente de una sola vez, abierto o cerrado.
El aborto no provocado se complica con menos frecuencia de fenómenos infecciosos, por ello, estos tienen mala reputación. Lo mismo ocurre con la diarrea disenteriforme seguida de ictericia, de azotemia elevada, de hemorragia, de contracturas, que orientan al diagnóstico hacia un aborto tóxico.
La retención prolongada del huevo es un signo de presunción de aborto criminal.
En numerosos fallos judiciales se reconoce de manera explícita “ La vida del que está por nacer ” y como objeto de tutela es frecuente.
Corte Suprema, 1963
Corte de Apelaciones de Santiago, 1953
En relación con el concepto de aborto.
Como en Chile no existe texto legal alguno que altere la definición gramatical y clásica del aborto, es necesario concluir que , para que exista aborto consumado, es indispensable la expulsión prematura del producto de la concepción.
RDJ, LX, 1963, pp.82 ss.
Por aborto debe entenderse el hecho de la interrupción del proceso natural del embarazo que produce la muerte del feto o producto de la concepción.
Corte Suprema, 1948 y 1955.
G.T.,2, 66-378.
RDJ,LII-198.
....según el Diccionario de Escriche, hay aborto siempre que el producto de la concepción se expela del útero antes de la época determinada por la naturaleza; pero agrega, la ley no entiende por aborto sino la expulsión provocada o premeditada del producto de la concepción antes del término natural de la preñez. Hay aborto natural o espontáneo y aborto voluntario o provocado, que es efecto de algún medicamento que se tomó o de alguna operación que se hizo con el objeto de provocarlo.
Corte Suprema, 30 de Agosto de 1943, considerando 12.
G. 1943, 2 sem., pág.140.
....el delito de aborto no esta definido en el Código Penal, el que se limita a castigarlo en los distintos casos de que se tratan sus art.342 a art. 345, y que aunque por la etimología de la palabra con que se designa, lleva envuelta la idea de separación del feto en relación con el cuerpo de la madre, idea que corrobora su definición según el diccionario de la Lengua y algunos autores, el sentir de muchos tratadistas de Derecho Penal y medicina legal, corresponde a un concepto más amplio, que comprende toda maniobra destinada a interrumpir el embarazo. impidiendo que él llegue a su término natural, cual es el nacimiento del producto de la concepción.
En relación con el Bien Jurídico protegido.
Corte Suprema, 9 de Abril de 1963.
R.T.60, parte, secc., 4ta, pág. 82.
....el aborto interesa al juez en cuanto es delito, vale decir, en cuanto es el resultado de una conducta humana prevista por la ley. En otras palabras el aborto no interesa mientras es un simple proceso biológico ajeno a la conducta humana. El aborto, delito ( normal ), debe ser resultado de una conducta externa del hombre, típica, antijurídica y culpable.
Corte de Apelaciones de Santiago, 18 de Junio de 1985, considerandos 5 y 6.
Gaceta Jurídica Nº 60, pág. 99.
En relación a la comprobación del cuerpo del delito.
El delito de aborto es un hecho complejo y cuya comprobación exige el establecimiento de las diversas circunstancias que señala el artículo 134 del C.P.P., existencia de la preñez, época del embarazo, signos demostrativos de la expulsión del feto y las causas que lo hubieren determinado.
Corte Suprema, 11 de Julio de 1969.
R.,T.66, 2da parte, secc. 4ta, pág.151
No habiéndose acreditado en el proceso que efectivamente, en el caso de autos, se produjo un aborto, ya que no arroja el expediente elemento de convicción valedero para darlo por establecido y que éste pudiere ser el resultado de una conducta extrerna del hombre, típica, antijurídica y culpable, los sentenciadores de segundo grado llegan a la conclusión que ambas procesadas deben ser absueltas del delito por el cual se les acusa.
Corte de Apelaciones de Santiago, 18 de Junio de 1985, considerando 15.
Gaceta Jurídica Nº 60, pág.101.
Que, si bien se ha establecido que la reo encontrándose embarazada de 11 semanas, presentó síntomas de aborto, los que determinaron su hospitalización y posterior intervención médica a la expulsión del feto, no lo es menos que no se acreditado que tales síntomas se deberían a la práctica de maniobras abortivas, ya fueran éstas de la misma probada en autos, la existencia del cuerpo del delito de aborto que se ha investigado.
Corte de Apelaciones de Santiago, 13 de Diciembre de 1985, considerando 9.
Gaceta Jurídica Nº 66, pág.85.
Aunque esa fue la intención de la reo, y los medios empleados eran idóneos para obtener lo que se proponía , la falta de objeto material del delito de aborto hace que el hecho no sea típico.
Corte de Apelaciones de Santiago, 1963.
RDJ, LX secc.Cta., año 1963, pág.77.
No procede admitir la existencia de una figura de cuasidelito de aborto, puesto que los tipos penales rectores de conductas culposas son aplicables al restringido ámbito de los delitos contra las persona.... La conducta del reo que produce desprendimiento de la placenta y obliga a una intevención cesárea de urgencia, que finalmente produce al cabo de tres horas la muerte del feto así extraído, por bronconeumonía o inmadurez pulmonar, no obstante el sufrimiento que le ha producido, no constituye ni un cuasidelito de homicidio ni un cuasidelito de aborto, atendida la ubicación de esta figura dentro de nuestro Código Penal...
Corte de Apelaciones de Santiago, 1987.
RDJ, LXXXIV Nº1, sec, cta.,año 1987, pág.33.
En relación con el aborto seguido de muerte.
Si la mujer tuvo un aborto por los golpes que le propinó su marido, a quién no podía menos que constarle el embarazo de ésta, que además era notorio, el marido es reo del delito de aborto forzado, pesar que la mujer falleció como consecuencia de las complicaciones derivadas del aborto.
Corte de Apelaciones de Concepción , 18 de Junio de 1931.
Gaceta Jurídica de 1931, pág.469.
El aborto seguido de muerte constituye un delito preterintencional, mezcla de dolo y culpa que, de acuerdo con el art.75 del C.P. debe castigarse con la pena asignada al delito más grave.
Corte Suprema, 1955, 1959 y 1960.
RDJ., LII 1955, p. 198.
RDJ., LVI, p.279.
RDJ., LVII, P. 60.
En relación con el aborto y el estado de necesidad.
Quien comete un delito de aborto en estado de necesidad, es punible, pero se beneficia de la atenuante contemplada en el artículo 11 Nº 5 del C.P., pues obra por un estímulo tan poderoso que naturalmente ha debido provocar arrebato u obcecación.
Corte de Apelaciones de Santiago, 14 de Abril de 1970.
R., de C.P.T. 29 Nº 1, de 1970, pág.69.
En relación con el facultativo que obra abusando de su oficio.
Obra imprudentemente en el ejercicio de la profesión de matrona aquella que interrumpe sin fines terapéuticos un embarazo, toda vez que el art. 226 del Código Sanitario prohibe, en general, la interrupción de un embarazo sin fines de esa naturaleza y en especial prohibe, a las matronas intervenir en curaciones ginecólogas u obstétricas, si no es bajo la dirección inmediata de un médico.
Corte de Apelaciones de Santiago, 1960.
RCP,XIX, Nº 1, 1960, pp. 81ss.
Encierro en presidio de 3 años y día a 5 años.
ABORTO LICITO Y DERECHO COMPARADO
Señala Maurach que la justificación consagrada en la ley y en el derecho consuetudinario para la interrupción de un embarazo, en los casos en que éste sea necesario para evitar un serio peligro para la vida o la salud de la mujer embarazada y en lo que ella consiente, corresponde a un principio que ha suscitado dificultades en su delimitación.
En Chile, el problema quedó planteado ya desde el momento mismo de la redacción del Código, cuando en la sección 160 se intento excluir de la incriminación por aborto al “ médico que necesita causar el aborto para salvar la vida de una enferma en peligro”.
Se sostiene en la doctrina extranjera que está permitido el aborto si éste constituye el único medio para evitar un serio y directo peligro para la vida o salud de la mujer embarazada. Una parte de la legislación extranjera aborda el problema del aborto terapéutico con arreglo al régimen general del estado de necesidad, por ejemplo en Italia el aborto terapéutico es abordado con ese criterio en el art. 54 de su C.P. , cuando se pone en peligro la vida de la mujer o cuando exista el peligro de una grave enfermedad. Encuentra su apoyo dogmático en el régimen legal del estado de necesidad porque se alude al “ daño grave a la persona “. Solución que no es aplicable en nuestro sistema, en que esa justificante la del ( art. 10 Nº 7 del Cód. Penal ) tiene un alcance muy restringido, que sólo se extiende al daño en la propiedad ajena.
En la República Federal Alemana se suscitaron algunos problemas por la subsistencia en algunos Estados, de la llamada Ley de esterilización de la época del nazismo ( 1933-1935 ), en que se contenía una previsión explícita de la justificación del aborto si éste es realizado por el médico, con arreglo a las normas de su arte, para la impedición de un serio peligro para la vida o la salud de la mujer, supuesto el consentimiento de ésta. En los Estados en que fue derogada la jurisprudencia le reconoció una justificación supralegal.
En España, reconoce la doctrina predominante que el aborto terapéutico es obviamente impune, basta que se destruya el feto para salvar la vida o evitar graves riesgos en la salud de la madre. Los límites de la exención de responsabilidad se determinan con arreglo al fuero de la conciencia y del deber deontológico.
Suecia admite desde 1938 la interrupción del embarazo si hay peligro para la salud de la madre o para prevenir su agotamiento cuando, dadas sus condiciones de vida, el parto y los cuidados que ha de dar al hijo pueden dañar su salud física o mental.
En Suiza, se considera que no existe aborto en sentido legal cuando se práctica por un médico diplomado con el consentimiento por escrito de la mujer embarazada y al parecer conforme de un médico diplomado para evitar un peligro imposible de soslayar de otro modo para la vida de la madre o que amenace seriamente su salud.
En Estados Unidos, ha ganado el llamado “ Movimiento Liberalizador”, con una decisión en 1973 del Tribunal Supremo Federal, según el cual el aborto es la total responsabilidad del médico y la madre durante los tres primeros meses del embarazo; entre el tercer y sexto mes, el Estado puede intervenir para asegurar que la operación se realice en condiciones que no pongan en peligro la vida de la madre, y a partir del sexto mes de gestación el Estado puede prohibir la interrupción del embarazo, salvo que ponga en peligro la vida de la embarazada.
Códigos Penales de diversos países Latinoamericanos como, Argentina, México, Costa Rica, se refieren en forma expresa a este tipo de aborto.
Algunos, como Jiménez de Azúa, admiten solamente el aborto por causa de honor, en casos muy calificados, como la violación , en que la ultrajada que queda encinta, mire en su hijo, concebido por la fuerza, un recuerdo amarguisímo de los instantes más penosos de su vida.
Jiménez de Azúa, opina que debería formularse un artículo en todos los Códigos Penales de América hispana, en el que se conceda al magistrado la facultad de otorgar a la mujer violada que lo solicite, un permiso para que un médico de solvencia moral y científica le practique el aborto liberador de sus justas repugnancias.
b)Estupro, que se comete cuando se yace con mujer doncella, mayor de doce años y menor de veinte, interviniendo engaño del artículo 363 del Código Penal.
ABORTO: UN PROBLEMA MUNDIAL
Lo que difiere de un pueblo a otro es el motivo del aborto. Entre los Griegos y los Romanos, la causa del aborto era la conservación de la belleza de la mujer, el mantenimiento de sus formas esculturales y también a veces, la venganza de la mujer contra su marido. En los pueblos primitivos una de las principales causas por las cuales se practicaban abortos era el hambre y la falta de recursos materiales.
Las primeras comunidades cristianas, castigaron el aborto, por razones que atañen, pura y exclusivamente, al sentido o espíritu del dogma, es decir, por un motivo esencialmente religioso. Se consideraba que el feto, después de los cuarenta o de los ochenta días, según fuera hombre o mujer, constituía un ser animado.
En la época del Renacimiento, era una práctica común, sin embargo, la mujer que abortaba corría el riesgo de ser condenada a muerte infamante.
En el mundo de hoy, se observa una gran confusión sobre el aborto. Hay gran cantidad de países que no permiten el aborto, por ejemplo los países Sudamericanos. Sin embargo en otros como Japón, Italia, le esta permitido al médico ejecutar dicha operación, bajo condiciones y requisitos diferentes en cada uno de sus ordenamientos.
En ésta época de comodidad, el aborto se está presentando como una manera fácil y rápida para deshacerse de un problema molesto.
Las estadísticas mundiales son difíciles de conseguir ya que en varias naciones el aborto es ilegal. Pero en países donde es una práctica legal, como Japón en 1965 las cifras eran de 843 mil abortos, o sea 46 abortos por cada 100 embarazos. En Hungría, el año 1978 hubo 180 mil abortos, en relación a tan sólo 133 mil nacimientos.
En la conferencia sobre Población Mundial de las Naciones Unidas, celebrada en 1965, se concluyó que el número total de abortos, en el mundo por año, tanto legales como ilegales era cerca de 30 millones. Cifra impresionante, unos 85 mil abortos por día, 50 abortos por minuto.
En 1970, corresponsales de TIMES realizaron una encuesta en el ámbito mundial, en la cual se puntualizaron hechos increíbles. En España como en Portugal, el aborto era el principal método de control demográfico. En Bélgica ocurrían según los médicos 11 mil abortos anuales.
En España, después que se aprobo la ley sobre el aborto en casos de violación, subnormalidad o por estado de salud de la madre, unas 50.000 mujeres al año se acogen a la posibilidad de interrumpir su embarazo legalmente, lo cual no ha evitado que se sigan produciendo abortos clandestinos, cuyo número puede alcanzar entre 100 mil y 300 mil abortos.
Según estudios realizados en el último tiempo, hay millones de mujeres que encontrándose en cinta, están dispuestas a llegar a cualquier extremo para poner fin a un embarazo. Mujeres de todas las clases recurren a esta práctica. En Europa las de clase social alta viajan a Inglaterra para someterse a un aborto legal. Las de situación más baja que no pueden pagar por servicios que provocan abortos en la localidad que residen, suelen recurrir a medidas desesperadas, tratando de provocarse ellas mismas el aborto, con medios crueles y peligrosos de los que han oído hablar. Como consecuencia de esta situación hay países donde la mayor causa de deceso entre las mujeres es el aborto , por ejemplo Colombia.
El 22 de Enero de 1973, la Corte Suprema de los Estados Unidos determinó que el derecho a la privacidad de una mujer es más apremiante que el derecho a la vida de su hijo que esta por nacer. Esa decisión introdujo una época de testimonio a la exterminación por aborto de más de un millón de niños por nacer, cada año.
En Chile es difícil tener estadísticas exactas debido a que se producen en forma clandestina, pero desgraciadamente las cifras son alarmantes, sobre todo en jóvenes entre 12 y 18 años.
Durante siglos se ha debatido el aspecto moral del aborto. Es un privilegio o Asesinato.
El aborto existió siempre y seguirá existiendo, como tantas cosas que atañen a nuestra sociedad que va progresando, pero más preocupante que el hecho que muchas mujeres aborten es el cambio de mentalidad que ha operado en algunos sectores sociales en relación con el valor de la vida humana en el seno materno.
Entre la vida o muerte del hijo que lleva en sus entrañas, la madre exige o consiente, que sea condenado a muerte.
La maternidad, una vez encendida la luz de la fecundación, es de por sí una obra de vida; el aborto en cambio es una obra de muerte.
Entre el aborto y la vida no hay término medio, la ley que reconoce el aborto rechaza radicalmente la vida y favorece la muerte de quienes menos la merecen.
Todo aborto, por su propia definición, destruye un óvulo que se ha fecundado y ha comenzado a crecer y que sin las intervenciones extrañas hubiera llegado a ser una criatura humana, de ahí que la controversia moral y religiosa sobre el aborto se haya convertido en la más férvida de cuantas se relaciona con el control demográfico de la natalidad.
Se dice que un médico nunca debería aconsejar un aborto, pues el deber de la profesión médica es preservar y salvar las obras de la naturaleza y no destruirlas.
El debate se desarrolla en torno a determinar cuando comienza la vida humana.
La moderna doctrina y la Iglesia Católica consideran que la vida y el alma comienzan en el momento en que el óvulo es fecundado, desde el momento de la concepción, ya sea que consideremos que la concepción se produce cuando el óvulo es fecundado por el espermatozoide o desde que el huevo se anida en el útero.
La tradición cristiana es clara y unánime, desde los orígenes hasta nuestros días, se considera al aborto como un desorden moral particularmente grave. Desde que entró en contacto con el mundo grecorromano, en el que estaba difundida la práctica del aborto y del infanticidio, la primera comunidad cristiana se opuso radicalmente, con su doctrina y praxis, que le enseñaban “ no matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido.”
Entre los escritores eclesiásticos del área griega, Atenágoras recuerda que los cristianos consideran como homicidas a las mujeres que recurren a medicinas abortiva, porque los niños, aun estando en el seno de la madre, son ya “ objeto de la providencia de Dios “.
Entre los latinos, Tertuliano afirma que es un homicidio anticipado impedir el nacimiento; poco importa que se suprima el alma ya nacida o que se la haga desaparecer en el nacimiento. Es ya un hombre aquél que lo será.
El Magisterio Pontificio más reciente ha reafirmado con gran vigor está doctrina común.
El Papa Pío XI en la Encíclica Casti Connubii del año 1930 rechazó las pretendidas justificaciones del aborto.
Pío XII excluyó todo aborto directo, sea, todo acto que tienda directamente a destruir la vida humana aún no nacida.
El Código de Derecho Canónico de 1917 , establecía para el aborto la pena de excomunión.( can.2350 /1). También la nueva legislación canónica se sitúa en esta dirección cuando sanciona que “quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en excomunión, (can.1398). La excomunión afecta a todos los que cometen este delito conociendo la pena, incluidos también aquellos cómplices sin cuya cooperación no se hubiera producido. Con esta reiterada sanción, la Iglesia señala este delito como uno de los más graves y peligrosos, alentando así a quien lo comete a buscar solícitamente el camino de la conversión.
Ante semejante unanimidad en la tradición doctrinal y disciplinar de la Iglesia, Pablo VI, en su Carta Enc. Humanae Vitae del 25 de Julio de 1968 y en su discurso al Congreso de la Asociación de Juristas Católicos Italianos del 9 de Diciembre de 1972 declaró que esta enseñanza no había cambiado y que era inmutable. El aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.
Por su parte el Catesismo de la Iglesia Católica, establece que el derecho al ejecicio de la libertad, especialmente en materia religiosa y moral es una exigencia inseparable de la dignidad del hombre. Pero el ejercicio de la libertad no implica el pretendido derecho de decir o hacer cualquier cosa.
El respeto de la persona humana implica, el de los derechos que derivan de su dignidad de criatura; y estos derechos son anteriores a la sociedad y se imponen a ella. A la Iglesia le compete siempre proclamar los principios morales incluso los referentes al orden social, asi como dar su juicio sobre cualquier asunto humano, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana. Esto explica el esfuerzo por defender la vida humana contra toda influencia o acción que la amenace o la debilite.
Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable.
CATESISMO Y ABORTO
La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable a la vida. El aborto directo, es decir, querido como medio o como fin, es gravemente contrario a la ley moral.
La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave, que la Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión. Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido, el daño irreparable causado al inocente a quien se da muerte, a sus padres y a toda la sociedad.
El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. La Iglesia esta a favor de la vida, la fecundidad es un don.
EL ABORTO EN LA ENCÍCLICA EVANGELIUM VITAE
La Carta encíclica, EVANGELIUM VITAE, del Papa JUAN PABLO II, que habla sobre el valor y el carácter inviolable de la vida humana, nos señala en su Introducción que el Evangelio de la Vida está en el centro del mensaje de Jesús y tiene un eco profundo y persuasivo en el corazón de cada persona, creyente e incluso no creyente, porque superando infinitamente sus expectativas, se ajusta a ella de modo sorprendente. Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aun entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo secreto de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término, y afirmar el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo. En el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política.
En esta misma Introducción nos dice que ya el Concilio Vaticano II, en una página de dramática actualidad, denunció con fuerza los numerosos delitos y atentados contra la vida humana. A treinta años de distancia, haciendo suyas las palabras de la asamblea conciliar el Papa Juan Pablo II nos dice, “ Todo lo que se opone a la vida, como los homicidios de cualquier género, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas corporales y mentales, incluso los intentos de coacción psicológica; todo lo que ofende a la dignidad humana, como las condiciones infrahumanas de vida; estas cosas y otras semejantes son ciertamente oprobios que, al corromper la civilización humana deshonran más a quienes los practican que a quienes padecen la injusticia y son totalmente contrarios al honor debido al Creador”. Por desgracia, este alarmante panorama, en vez de disminuir, se va más bien agrandando. Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico surgen nuevas formas de agresión contra la vida e integridad de ser humano, a la vez que se va delineando y consolidando una nueva situación cultural, que confiere a los atentados contra la vida un aspecto inédito y podría decirse aún más inicuo ocasionando ulteriores y graves preocupaciones.
Amplios sectores de la opinión pública justifican algunos atentados contra la vida en nombre de la libertad individual, y sobre este presupuesto pretenden no sólo la impunidad, sino incluso la autorización por parte del Estado, con el fin de practicarlos con absoluta libertad y además con la intervención gratuita de las estructuras sanitarias.
En la actualidad, todo esto provoca un cambio profundo en el modo de entender la vida y las relaciones entre los hombres. El hecho de que las legislaciones de muchos países, alejándose tal vez de los mismos principios fundamentales de sus Constituciones, hayan consentido no penar o incluso reconocer la plena legitimidad de estas prácticas contra la vida es, al mismo tiempo, un síntoma preocupante y causa no marginal de un grave deterioro moral. Opciones, antes consideradas unánimemente como delictivas y rechazadas por el común sentido moral, llegan a ser poco a poco socialmente respetables. La misma medicina, que por su vocación está ordenada a la defensa y cuidado de la vida humana, se presta cada vez más en algunos de sus sectores a realizar estos actos contra la persona y vida humana.
El Consistorio extraordinario de Cardenales, celebrado en Roma del 4 al 7 de Abril de 1991, se dedicó al problema de las amenazas a la vida humana en nuestro tiempo. Después de un amplio y profundo debate sobre el tema y sobre los desafíos presentados a toda la familia humana y, en particular, a la comunidad cristiana, los Cardenales con voto unánime, pidieron al Papa ratificar, el valor de la vida humana y su carácter inviolable, con relación a las circunstancias actuales y los atentados que hoy la amenazan.
Acogiendo esta petición, el Sumo Pontífice escribió en Pentecostés de 1991 una carta personal a cada hermano en el Episcopado para que, en el espíritu de la colegialidad episcopal, lo ayudarán a redactar un documento sobre el Evangelio de la Vida. Así como hace un siglo la clase obrera estaba oprimida en sus derechos fundamentales, la Iglesia tomó su defensa, con gran valentía, así ahora cuando otra clase de personas está oprimida en su derecho fundamental a la vida, la Iglesia siente el deber de dar voz, con la misma valentía a quien no tiene voz. Hoy una gran multitud de seres humanos débiles e indefensos, como son, concretamente, los niños aún no nacidos, está siendo aplastada en su derecho fundamental a la vida.
El Sucesor de Pedro, nos dice al finalizar la introducción que esta Encíclica quiere ser pues una confirmación precisa y firme ” del valor de la vida humana y de su carácter inviolable”, y al mismo tiempo, una acuciante llamada a todos y cada uno, en nombre de Dios: ¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda la vida humana!. Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad.
La Encíclica Evangelium Vitae, contiene un capítulo específicamente dedicado al tema del “Aborto,” el Papa nos empieza diciendo que entre los delitos que el hombre puede cometer contra la vida, el aborto procurado presenta características que lo hacen particularmente grave e ignominioso. El Concilio Vaticano II lo define, junto con el infanticidio, como “ crímenes nefandos”.
Hoy, sin embargo la percepción de su gravedad se ha ido debilitando progresivamente en la conciencia de muchos. La aceptación del aborto en la mentalidad, en las costumbres y en la misma ley es señal evidente de una peligrosísima crisis del sentido moral, que es cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal, incluso cuando está en juego el derecho fundamental a la vida. En el caso del aborto se percibe la difusión de una terminología ambigua, como la de “interrupción del embarazo”, que tiende a ocultar su verdadera naturaleza y a atenuar su gravedad en la opinión pública. Quizás este mismo fenómeno lingüístico sea síntoma de un malestar de las conciencias. Pero ninguna palabra puede cambiar la realidad de las cosas: aborto procurado es la eliminación deliberada y directa, como quiera que se realice, de un ser humano en la fase inicial de su existencia, que va de la concepción al nacimiento.
La gravedad moral del aborto se manifiesta en toda su verdad si se reconoce que se trata de un homicidio y, en particular, si se consideran las circunstancias específicas que lo cualifican. Quien se elimina es un ser humano que comienza a vivir, es decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar: jamás podría ser considerado un agresor, y menos un agresor injusto. Es débil. inerme, hasta el punto de estar privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del recién nacido. Se halla totalmente confiado a la protección y al cuidado de la mujer que lo lleva en su seno. Sin embargo, a veces es precisamente ella, la madre quien decide y pide su eliminación, e incluso la procura.
Es cierto que en muchas ocasiones la opción del aborto tiene para la madre un carácter dramático y doloroso, en cuanto que la decisión de deshacerse del fruto de la concepción no se toma por razones puramente egoístas o de conveniencia, sino porque se quisieran preservar algunos bienes importantes, como la propia salud o un nivel de vida digno para los demás miembros de la familia. Pero esta y otras razones semejantes, jamás pueden justificar la eliminación deliberada de un ser humano inocente.
El Santo Padre señala que en la decisión sobre la muerte de un niño aún no nacido, además de la madre, intervienen con frecuencia otras personas. Ante todo, puede ser culpable el padre del niño, no sólo cuando induce expresamente a la mujer al aborto, sino también cuando favorece de modo indirecto esta decisión suya al dejarla sola ante los problemas del embarazo, de esta forma se hiere mortalmente a la familia y se profana su naturaleza de comunicada de amor y su vocación de ser “ santuario de la vida.” No cabe duda que la responsabilidad moral afecta particularmente a quienes directa o indirectamente han forzado a una mujer a abortar. También son responsables los médicos y el personal sanitario cuando ponen al servicio de la muerte la competencia adquirida para promover la vida.
Pero esta responsabilidad implica también a los legisladores que han promovido y aprobado leyes que amparan el aborto y, en la medida en que haya dependido de ellos, los administradores de las estructuras sanitarias utilizadas para practicar abortos. Una responsabilidad general no menos grave afecta tanto a los que han favorecido la difusión de una mentalidad de permisivismo sexual y de menosprecio de la maternidad, como a quienes debieron haber asegurado y no lo hicieron; políticas familiares y sociales válidas en apoyo de las familias, especialmente las numerosas o con particulares dificultades económicas y educativas. Estamos dice el Papa ante lo que puede definirse como una estructura de pecado contra la vida humana aún no nacida.
Algunos dice Juan Pablo II, intentan justificar el aborto sosteniendo que el fruto de la concepción, al menos hasta cierto número de días, no puede ser todavía considerado una vida humana personal. En realidad, “desde el momento que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es del padre ni de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano sino lo ha sido desde entonces. La fecundación inicia la aventura de una vida humana, cuyas principales capacidades requieren un tiempo para desarrollarse y poder actuar.
La Iglesia siempre ha enseñado, y sigue enseñando, que al fruto de la generación humana, desde el primer momento de su existencia, se ha de garantizar el respeto incondicional que moralmente se le debe al ser humano en su totalidad y unidad corporal y espiritual: ”El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción “ y, por eso a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.
Los textos de la Sagrada Escritura nos dicen que la vida humana es sagrada e inviolable en cada momento de su existencia, también en el inicial que precede al nacimiento. El hombre desde el seno materno, pertenece a Dios que lo escruta y conoce todo, que lo forma y lo plasma con sus manos, que lo ve mientras es todavía un pequeño embrión informe y que en él entrevé el adulto del mañana, cuyos días están contados y cuya vocación está ya escrita en el “ libro de la vida”.
Valoración moral del aborto en el Evangelio de la Vida
La valoración moral del aborto se debe aplicar también a las recientes formas de intervención sobre los embriones humanos que, aun buscando fines en sí mismos legítimos, comportan inevitablemente su destrucción. Es el caso de los experimentos con embriones, en creciente expansión en el campo de la investigación biomédica y legalmente admitida por algunos Estados. En la Congregación para la Doctrina de la Fe del 22 de Febrero de 1987, se sostuvo que son lícitas las intervenciones sobre el embrión humano siempre que respeten la vida y la integridad del embrión, que no lo expongan a riesgos desproporcionados, que tengan como fin su curación, la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia.
En la Carta de los derechos de la familia se sostuvo que el uso de embriones o fetos humanos como objeto de experimentación constituye un delito en consideración a su dignidad de seres humanos, que tienen derecho al mismo respeto debido al niño ya nacido y a toda persona. La eliminación de criaturas humanas inocentes, aun cuando beneficie a otras, constituye un acto absolutamente inaceptable.
Una atención especial merece para la Iglesia la valoración moral de las técnicas de diagnóstico prenatal, que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosa y articuladamente. Estas técnicas son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos desproporcionados para el niño o para la madre, y cuando están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer. Pero cuando estas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad eugenésica, que acepta el aborto selectivo para impedir el, nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías. Semejante mentalidad es ignominiosa y totalmente reprobable, porque pretende medir el valor de una vida humana siguiendo sólo parámetros de “ normalidad ”y de bienestar físico, abriendo así el camino a la legitimación incluso del infanticidio y de la eutanasia.
La Iglesia esta cercana a todos aquellos afectados por graves formas de minusvalidez, ellos deben sentir que son aceptados y amados por nosotros, constituyendo un testimonio particularmente eficaz de los auténticos valores que caracterizan la vida y que la hacen, incluso en condiciones difíciles preciosa para sí y para los demás.
Una de las características propias de los atentados actuales contra la vida humana, consiste en la legitimación jurídica, como si fuesen derechos que el Estado, al menos en ciertas condiciones, debe reconocer a los ciudadanos.
No pocas veces se considera que la vida de quien que aún no ha nacido o esta gravemente debilitado es un bien sólo relativo. Algunos piensan que solamente quien se encuentra en esa situación concreta y está personalmente afectado puede hacer una ponderación justa de los bienes en juego; en consecuencia sólo ellos podrían juzgar la moralidad de su decisión. Por ello el Estado, en interés de la convivencia civil y de la armonía social , debería respetar su decisión, llegando incluso a admitir el aborto y la eutanasia.
El Papa sostiene que para el futuro de la sociedad y del desarrollo de una sana democracia, urge pues descubrir de nuevo la existencia de valores humanos y morales esenciales y originarios, que derivan de la verdad misma del ser humano y que expresen y tutelen la dignidad de la persona. Son valores que ningún individuo, ninguna mayoría y ningún Estado nunca pueden crear, modificar o destruir, sino que deben sólo reconocer, respetar y promover. En este sentido es necesario tener en cuenta los elementos fundamentales del conjunto de las relaciones entre la ley civil y ley moral, tal como son propuestos por la Iglesia, pero que forman parte también del patrimonio de las grandes tradiciones jurídicas de la humanidad.
Como el contenido de la ley civil es diverso y de ámbito más limitado que el de la ley moral, ningún ámbito de la ley civil puede sustituir a la conciencia o exceder su competencia que es la de asegurar el bien común de las personas. Precisamente por esto, la ley civil debe asegurar a todos los miembros de la sociedad el respeto por algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente a la persona y que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental es “ el derecho inviolable de cada ser humano inocente a la vida.”
Al respecto, El Catesismo de la Iglesia Católica, nos dice que los derechos inalienables de la persona deben ser reconocidos y respetados por parte de la sociedad civil y de la autoridad política. Cuando una ley positiva priva a una categoría de seres humanos de la protección que el ordenamiento civil les debe, el Estado niega la igualdad de todos ante la ley. Cuando el Estado no pone su poder al servicio de los derechos de todo ciudadano, y particularmente de quien es más débil, se quebrantan los fundamentos mismos del Estado de derecho. El respeto y la protección que se han de garantizar, desde su misma concepción, a quien debe nacer, exige que la ley prevea sanciones penales apropiadas para toda deliberada violación de sus derechos.
Conformidad de la Ley Civil con La ley Moral
El Papa Juan XXIII, señalaba que la autoridad es postulada por el orden moral y deriva de Dios. Por tanto, si las leyes o preceptos de los gobernantes estuvieran en contradicción con aquel orden y por consiguiente en contradicción con la voluntad de Dios, no tendría fuerza para obligar la conciencia. Esta es una clara enseñanza de Santo Tomás de Aquino, que entre otras cosas escribió ” La ley humana es tal en cuanto este conforme con la recta razón y por tanto deriva de la ley eterna.
La primera y más inmediata aplicación de esta doctrina hace referencia a la ley humana que niega el derecho fundamental y originario de la vida, derecho de todo hombre. Así, las leyes que, como el aborto legitiman la eliminación directa de seres humanos inocentes están en total e insuperable contradicción con el derecho inviolable a la vida inherente a todos los hombres, y niegan, por tanto la igualdad de todos ante la ley.
Las leyes que autorizan y favorecen el aborto se oponen radicalmente no sólo al bien del individuo, sino también al bien común y por consiguiente, están privadas totalmente de auténtica validez jurídica.
Así pues, el aborto y la eutanasia son crímenes que ninguna ley humana puede pretender legitimar. Leyes de este tipo no sólo no crean ninguna obligación de conciencia, sino que por el contrario establecen una grave y precisa obligación de oponerse a ellas. Desde los orígenes de la Iglesia , la predicación apostólica inculcó a los cristianos el deber de obedecer a las autoridades legítimamente constituidas, pero al mismo tiempo enseñó firmemente que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.( Hechos 5, 29). En el caso pues de una ley intrínsecamente injusta, como es la que admite el aborto o la eutanasia, nunca es lícito someterse a ella, ni participar en una campaña de opinión a favor de una ley semejante, ni darle el sufragio del propio voto.
ABORTO Y EL MANDAMIENTO DE DIOS
Uno de los mandamientos más importantes de Dios es “ Amarás a tu prójimo como a ti mismo ”( Lucas 10,27). “ Promueve la vida “. Los mandamientos del Señor nos enseñan el camino a la vida. La elección de determinados comportamientos es radicalmente incompatible con el amor de Dios y la dignidad de la persona, creada a su imagen.
El mandamiento “ No matarás” establece, por tanto, el punto de partida de un camino de verdadera libertad, que nos lleva a promover activamente la vida y a desarrollar determinadas actitudes y comportamientos a su servicio.
El Papa nos dice que El Creador ha confiado la vida del hombre a su cuidado responsable, no para que disponga de ella de modo arbitrario, sino que la custodie con sabiduría y la administre con amorosa fidelidad, ha confiado la vida de cada hombre a otro hombre hermano suyo, según la ley de la reciprocidad del dar y del recibir, del don de sí mismo y la acogida del otro.
Para el cristiano estos mandamientos implican en definitiva el imperativo de respetar, amar, y promover la vida de cada hermano, según las exigencias y las dimensiones del amor de Dios en Jesucristo. Lo que todos debemos asegurar a nuestro prójimo es un servicio de amor, para que siempre se defienda y se promueva su vida, especialmente cuando es más débil o ésta amenazada. Es una exigencia no sólo personal sino también social, que todos debemos cultivar, poniendo el respeto incondicional de la vida humana como fundamento de una sociedad renovada.
El Catesismo, en relación a este quinto mandamiento “ No Matarás “ señala que la vida humana es sagrada, porque desde su incio es fruto de una acción creadora de Dios, sólo Dios es señor de la vida desde su comienzo hasta su término y nadie en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de atentar contra un ser humano inocente. Que Dios ha confiado a los hombres la excelsa misión de conservar la vida, misión que deben cumplir de modo digno; se debe proteger la vida con máximo cuidado desde la concepción.
El aborto es uno de los medios eugenésicos denominados negativo que se realizan para evitar el nacimiento de seres que por circunstancias que se hayan presentado en el desarrollo del feto dentro del vientre materno, o por antecedentes hereditarios hagan presumir la existencia de taras en su desarrollo.
Luis Jiménez de Azúa, en un artículo publicado en la Revista Jurídica Argentina, tomo XXVI, señaló que el aborto eugenésico consiste en impedir el nacimiento de infelices seres tarados con una enorme carga negativa.
Manuel López-Rey y Arrojo, en su libro Aborto, lo definen como aquel aborto realizado para evitar el nacimiento de un vástago con serias incapacidades físicas o mentales, o las dos.
De estas definiciones, podemos conceptualizar el aborto eugenésico como “ Dar muerte al producto de la concepción para evitar que el individuo que se esta desarrollando en el vientre materno, nazca con taras de carácter físico y / o mentales.
Algunos sostienen que el fin propio de la eugenesia es la ciencia del buen nacimiento aunque existen autores como Cousiño Mc Iver que sostiene que el aborto no constituye un medio propio de la eugenesia, puesto que lo que se propone esta ciencia es impedir la fecundación, la génesis de seres ineptos y condenados de antemano a la fatalidad de sus antecedentes hereditarios.
Las causas que determinan la presencia de taras físicas y síquicas van a depender muchas veces de las condiciones físicas particulares de la madre, con diversos estudios se ha podido señalar como causal el alcoholismo y enfermedades tales como la sífilis y la rubéola que pueden debilitar las células sexuales masculinas y femeninas afectando al huevo que sé esta formando. En el caso de las drogas que la madre consuma durante el embarazo pueden producir ciertas malformaciones como las que produce la Talidomina, droga conocida como Disteval o Softenón, que entró al mercado de Alemania e Inglaterra en la década de los 60. Pero estas causales no son tan exactas y de aceptar este tipo de aborto se podría evitar el nacimiento de niños completamente normales.
Actualmente determinar la presencia de taras físicas, es posible gracias a tres procedimientos:
1.-Ecografía: Es la técnica que permite visualizar al feto, a partir de la tercera semana de gestación, ver la placenta y el líquido amniótico. La limitación es que no pueden visualizarse taras síquicas como el Síndrome de Dawn.
2-Fetoscopía: Técnica que consiste en observar al feto y a la placenta a través de un pequeño tubo que entra por el abdomen y extrae sangre fetal.
3.-Amniocentesis: Consiste en extraer líquido secretado por el feto a través de una punción abdominal de la madre, sólo dentro de las 12 semanas de gestación.
El problema consiste en determinar cual es el grado de incapacidad para poder desarrollarse como persona normal a pesar de las taras físicas o psíquicas que presente.
ABORTO EUGENÉSICO Y MORAL
La cuestión moral consiste en determinar si es lícito privar del nacimiento a un niño; que por presentar malformaciones se pueda encontrar incapacitado física o mentalmente para formar parte de una sociedad que exige cada día mayor desenvolvimiento de sus miembros.
Los partidarios de este tipo de aborto sostienen que la presencia de seres humanos con taras físicas o psíquicas obstaculizan el desarrollo de la sociedad y que es una carga para la comunidad, ya que tendrán que invertir recursos que no generan frutos. Uno de los partidarios del aborto eugenésico como es Georg Friederch Nicolai dice que “ La eugenesia no es un problema a discutir, sino una necesidad que cumplir.”
Al tiempo en que el niño se haya desarrollado a suficiente tamaño para poder extraer del fluído amniótico en el cual yace, al objeto de probar definitivamente el hecho de que el niño será deforme, la preñez ya habrá alcanzado una etapa en que provocar un aborto está lleno de tremendos peligros. Más aún si la deformidad es vista como razón válida para matar a un ser humano antes de su nacimiento, entonces no podría haber objeción para matar también a aquellos que después del nacimiento se convierten en deformes.
Los que se oponen al aborto eugenésico también sostienen; que aceptarlo produciría un quiebre en los valores humanos, e iría contra uno de los mandamientos de Dios que impone la orden de no matar, premisa básica que forma la actividad de toda sociedad Cristiana y por ende argumento de toda lógica. Los seres humanos no pueden ser objetos de transaccciones económicas-sociales, la sociedad es quién debe aportar y ayudar a todas las personas que tengan alguna dificultad, para que puedan desenvolverse e integrarse dignamente a la sociedad. Cuando estas personas son aceptadas y amadas por nosotros, constituyen un testimonio particularmente eficaz de los verdaderos valores que caracterizan la vida y la hacen aún con esas dificultades valiosa.
Una atención especial merece para la Iglesia Católica, la valoración moral de las técnicas de diagnóstico prenatal, que permiten identificar precozmente eventuales anomalías del niño que esta por nacer. Por la complejidad de estas técnicas, esta valoración debe hacerse cuidadosamente. Estas técnicas son moralmente lícitas cuando están exentas de riesgos para el niño o para la madre, y cuando están orientadas a posibilitar una terapia precoz o también a favorecer una serena y consciente aceptación del niño por nacer. Pero son totalmente reprobables cuando estas técnicas se ponen al servicio de una mentalidad eugenésica, que acepta el aborto para impedir, el nacimiento de niños afectados por varios tipos de anomalías.
La Iglesia ha estado siempre muy cerca de todos aquellos esposos, que con gran ansia y sufrimiento, acogen a sus hijos afectados por incapacidades, así como agradece a todas las familias que, por medio de la adopción, ampara a niños que han sido abandonados por sus padres debido a malformaciones o invalidez.
ABORTO Y FECUNDACIÓN ARTIFICIAL
Se sabe por diversos estudios realizados en el tema, que hoy en día la fecundación artificial es una de las formas esenciales que permite resolver con éxito, las consecuencias de la impotencia e infertilidad.
Producto de este medio de fecundación cabe preguntarse ¿ La destrucción del embrión que se ha formado por la inseminación artificial, resultado de la fusión del óvulo con el espermio podía penarse como aborto?. Asi como también, ¿ La muerte del embrión in vitro constituye aborto?; ¿Puede este embrión que no se encuentra en el vientre materno ser objeto de maniobras abortivas.?
En las tendencias modernas el bien tutelado por la ley en el delito de aborto es la vida del feto, ser que esta en vías de desarrollo, no considerando que sea necesario que sea expulsado del vientre materno.
El médico legista argentino Bonnet, señala “ La interrupción de la vida del ser viviente mientras se encuentra en el caldo de cultivo no es aborto, porque no puede hablarse de embarazo ( preñez de la mujer ), inexistente en esos momentos. Sólo podría haber aborto cuando el embrión, huevo o feto se halle situado en el útero y ocurra su muerte como consecuencia de un acto accidental o delictual. Para este autor habría aborto sólo cuando la interrupción de la vida del feto es en el vientre materno, ya que es justo ahí donde se verifica el embarazo.
Zannoni señala al respecto que hoy existe una nueva posibilidad de aborto que no supone la muerte del embrión en el seno materno y por ende, la interrupción del embarazo, sino que se trata de la destrucción del embrión viable mediante implantación en el útero, en la etapa en que se encuentra fuera del seno materno y sujeto a la manipulación del laboratorio.
Si biológicamente la fecundación extrauterina implica la fusión genética del espermatozoide y del óvulo y si esa fusión de células germinales masculinas y femeninas constituye la primera célula del nuevo ser, es indudable que la protección jurídica debe alcanzarle del mismo modo que si esa fusión hubiese ocurrido en el seno materno.
El penalista José María Rodríguez Devesa , establece que el aborto consiste en la muerte del feto mediante su destrucción en el seno materno o por su expulsión prematura provocada. La consecuencia más importante de esta noción, es que da al aborto el carácter de delito de lesión y no de mero peligro.
El autor Francisco Muñoz, en su obra Los delitos contra la vida humana dependiente y el delito de aborto señala que el bien jurídico protegido es la vida no independizada en todos sus estados de desarrollo; desde el momento de la concepción hasta el de su separación del claustro materno. Por concepción debe entenderse no la mera fecundación del óvulo por el espermatozoide, sino la nidación del óvulo ya fecundado en el útero materno. Quedando excluidas del ámbito del derecho penal las fecundaciones in vitro, es decir, aquellas que no tienen lugar en el seno materno, sino en tubos de ensayo.
Carlos Crees, en su obra Derecho Penal, al analizar los delitos contra la vida sostiene que el producto de una concepción lograda fuera del seno materno, que no ha sido implantado todavía a él, que se sostiene artificialmente fuera del mismo( vida in vitro), aunque biológicamente pueda catalogarse como vida humana, no es la que la ley protege bajo este título, aún cuando su destrucción puede afectar otros intereses y constituir otros delitos; pero si ese producto ha sido implantado ya en el seno materno, la protección legal por medio del delito de aborto se da hasta el momento en que se produce el alumbramiento, cualesquiera que sean las posibilidades de viabilidad de él, basta que funcione como complejo vital.
Grisolia, Bustos y Politoff señalan que recientes experiencias científicas, sobre cuyas perspectivas los especialistas se muestran cautelosos, para una eventual; fecundación artificial ( fuera del cuerpo de una mujer ), seguida de la implantación del huevo ya fecundado mediante una intervención quirúrgica, podrían tal vez obligar a que el entero asunto sea replanteado.
Hans Luttger, nos dice que la anidación constituye el comienzo de la punibilidad de la interrupción del embarazo; los embriones extrauterinos y los óvulos fecundados in vitro hasta su posterior implantación quedan fuera de esta prohibición.
Resumiendo la opinión de estos autores, podemos concluir que no se esta frente a un delito de aborto, ya que la condición necesaria para que se verifique este delito; es que el embrión se encuentre dentro del seno materno.
Hernán Silva Silva , señala “ La destrucción del embrión, u óvulo fecundado; pone término a una vida humana aún cuando no este implantado en la mujer. No debe manipularse el producto de la fecundación con fines científicos. La vida humana no puede ser materia de experimentación, ni menos se puede aceptar fecundación selectiva con fines eugenésicos, ni alterar los cromosomas.”
Córdova Ruiz, nos dice que ante la nueva modalidad de formación de la vida humana, el concepto de destrucción de la misma debe ser ampliado. No se puede pensar que sólo se destruye la vida humana después de los catorce o quince días de fecundación, sino que se puede destruir antes, puesto que aunque se considere que el embrión no es todavía un ser humano, desde el punto de vista moral y científico tiene la posibilidad de serlo y generalmente lo es, salvo que se presenten circunstancias que lo impidan.
De la opinión de estos autores podemos concluir que estamos ante una nueva forma de destrucción de la vida humana, cuya causa es precisamente su nueva forma de producción.
La posición de la Iglesia en esta materia, es clara, las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña ( donación del esperma o del óvulo), son gravemente deshonestos. Lesionan el derecho del niño a nacer de un padre y una madre conocidas de él. Quebrantan su derecho a llegar a ser padre y madre exclusivamente el uno a través del otro.
Practicadas dentro de la pareja, son quizas menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables. Confían la vida y la identidad del embrión al poder de los médicos y de los biológos, e instauran un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana.
El evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto.Cuando se agotan los recursos legítimos de la medicina, se sufre por la esterilidad, pero pueden manifestar su generosidad adoptando niños abandonados. Los niños no son un derecho sino un Don. El don más excelente es: Una persona humana.
Se habla mucho sobre el aborto, pero pocas veces de sus complicaciones, daños y consecuencias. Por ello este trabajo, tuvo por finalidad dar una visión de él más allá de sus aspectos jurídicos, abordando materias importantes que han sido objeto de controversia, como los relativos a la posición de la Iglesia Católica.
Nuestro Código Penal, se limita a considerar el aborto como un delito contra el orden de la familia y la moralidad pública, pero sin definirlo. Como consecuencia de ello, se han dado diversos conceptos; en su mayoría, coinciden en que se trata de dar muerte al feto.
La Tradición Cristiana, desde sus orígenes a considerado al aborto, un desorden moral particularmente grave y sostienen que el aborto al igual que el infanticidio, son un crimen nefando.
Lo que la sociedad debe buscar es un equilibrio entre la ley moral y la ley civil. La función de la ley civil consiste en garantizar una ordenada convivencia social, por esto la ley civil debe asegurar a todos los miembros de la sociedad el respeto de algunos derechos fundamentales, que pertenecen originariamente a la persona y que toda ley positiva debe reconocer y garantizar. Entre ellos el primero y fundamental: El Derecho inviolable de cada ser humano inocente a La Vida.
Una de las excusas escuchadas con mayor frecuencia entre los grupos que están a favor del aborto es que sería injusto traer otro niño “ no deseado” al mundo. En realidad, no hay tal cosa. Al nacer una criatura, jamás será no deseado por la escasez de recién nacidos y disponibles para la adopción. Se puede ser un dador de vida o se puede cometer un crimen que permanecerá en la conciencia por el resto de la vida. El aborto es un asesinato.
Como todas las estadísticas, estas no son más que cifras frías e impersonales. Pero representan valores en conflicto. Y gente: jovencitas, mujeres casadas y solteras, angustiadas por un embarazo inesperado o inoportuno; médicos y enfermeras, capacitados para salvar vidas, están en cambio ayudando a destruirlas; criaturas desvalidas y ocultos, acercándose al momento de nacer, hasta que...
-Concepto de Aborto.
-Definiciones desde el punto de vista penal y medicolegal.
-Elementos integrantes y típicos del aborto.
-Clasificación del aborto.
-Las figuras derivadas del aborto
-El causado por extraño
-Por la mujer embarazada
-Por profesional médico
-El aborto seguido por la muerte de la mujer.
-Los medios abortivos.
-Sustancias y maniobras abortivas.
-Síntomas y complicaciones
-Papel del médico.
-Diagnóstico del aborto provocado.
-Estudio médico legal en el sumario.
-Jurisprudencia sobre el aborto.
-Penalidad del aborto.
-El aborto en el derecho comparado.
-Opiniones sobre el aborto.
-Aborto como un derecho.
-Aborto contrario a la moral y a la justicia.
-Aborto: un problema mundial
-La cuestión moral
-Posición de la Iglesia Católica
-Aborto y Eugenesia.
-Aborto eugenésico y moral.
-Aborto y fecundación artificial.
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Principios éticosAbortoIglesiaLeyTiposConsecuencias: físicas y psíquicasMedios abortivosPenalidadCuestión moralFecundación artificial

References: artículo 20
 artículo 342
 artículo 342
 artículo 343
 artículo 342
 artículo 342
 artículo 343
 artículo 242
 artículo 342
 artículo 344
 artículo 344
 artículo 10
 artículo 10
 artículo 134
 artículo 134
 artículo 11
in fine
in fine
 artículo 363
e contrario
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