Source: http://pascuallopez.blogcanalprofesional.es/el-deterioro-de-activos-desde-el-punto-de-vista-del-auditor-de-cuentas/
Timestamp: 2020-05-30 13:52:01+00:00

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El Deterioro de Activos desde el Punto de Vista del Auditor de Cuentas. | Pascual López
Nada más y nada menos que seis años se van a cumplir próximamente, desde que el ICAC emitió la resolución de deterioro de activos con la firme intención de clarificar y de cumplir con el objetivo de imagen fiel del patrimonio, la situación financiera y los resultados de la empresa en un momento del ciclo económico, adquiriendo por entonces especial relevancia pues nos encontrábamos en un contexto de crisis económica profundo del que aún no terminamos de salir definitivamente.
Por tanto, a la vista del tiempo transcurrido, no deberíamos de hablar de revolución cuando abordamos este asunto, pero curiosamente sigue tratándose como uno de los epicentros de controversia dentro del ámbito de actuación del auditor de cuentas, donde me he encontrado verdaderas aberraciones técnicas, que directamente me han llevado a focalizar en este asunto y a analizar con detalle.
El tratamiento contable del deterioro de activos como tal, se regula en la resolución de deterioro de activos emitida por el ICAC en fecha 18 de septiembre de 2013, siendo de aplicación para ejercicios con comienzo a partir del 01 de enero de 2014.
Con anterioridad a esta resolución, el PGC mencionaba el deterioro de los activos, como una de las causas de registro contable como pérdida, y venía a hacer mención a los indicios de deterioro, cuando registrarlo, etc, mencionando la obligatoriedad del análisis por deterioro y cuando había deterioro, pero en ningún caso se indicaba su mecánica de cálculo, exceptuando algunas soluciones prácticas que se venían a incluir dentro de los activos financieros, y que a día de hoy, continúan siendo incluidas en la resolución de deterioro de activos publicada por el ICAC.
Con la publicación de la resolución de deterioro de activos, esta carencia de indicaciones prácticas para el cálculo que venía arrastrando el PGC, se soluciona, haciéndose una mención específica a que indicadores, índices y fórmulas, son las correctas para el cálculo del deterioro de los activos.
Estas indicaciones, no difieren de las indicaciones establecidas en la NIC 36, si bien, se añade alguna diferencia tras la publicación de la resolución, respecto a la regulación NIIF. A lo largo del presente post, iré exponiendo alguna de las diferencias obradas, consideradas más significativas, no olvidando que en esencia el PGC, tiende en su enfoque general, a parecerse a la regulación NIIF, de hecho, hasta la aparición de esta resolución, las empresas venían utilizando lo propugnado en las NIIF en la mecánica del cálculo del deterioro de activos.
A pesar de las modificaciones al PGC obradas por el RD 602/2016, esta norma, no se ha modificado explícitamente, aunque es evidente que dichas modificaciones tienen un impacto sobre ella, que se aclararán a medida que los usuarios de la norma encuentren problemas de aplicación entre dichas modificaciones obradas y la resolución de deterioro de activos, principalmente en lo referente a inversiones en empresas del grupo, multigrupo y asociadas, que lleven implícito un fondo de comercio en el coste de la inversión.
Deterioro de Inmovilizado Material e Intangible
Los activos fijos, conforme a las resoluciones emitidas por el ICAC, se deprecian por el uso y por el paso del tiempo. Dicha depreciación es la amortización que se calcula de una forma sistemática en función de la vida útil estimada de los activos.
Pero debemos de ser conscientes, de que los activos no solo se deprecian por el uso, pues existen circunstancias que posibilitan que un activo tenga un valor inferior al contable, incluso habiéndose amortizado correctamente a lo largo del tiempo.
¿Cuándo se producen dichas circunstancias?
Cuando el valor recuperable del activo, es inferior a su valor contable.
¿Cuál es el valor recuperable de un activo?
El mayor entre su valor en uso (para aclararnos: “un activo vale lo que es capaz de generar”) y el valor razonable menos costes de venta (para aclararnos: “un activo vale lo que el mercado es capaz de pagar por él”).
Ejemplo: un vehículo recién comprado y sin haberlo aún amortizado, si lo intentamos vender a un tercero, ya vemos como ha perdido valor por encima de su precio de adquisición, no queriendo esto decir, que el vehículo esté deteriorado, sino que su valor razonable es menor que su valor contable, quedando pendiente por determinar el valor en uso.
El valor en uso, no depende de lo que el mercado esté dispuesto a pagar, ni a tasaciones ni comparables, sino que se trata de un concepto referido a los beneficios que reporta el usar el vehículo.
Por tanto, no siempre será necesario calcular el valor en uso, ni el valor razonable menos los costes de venta, pues en el momento que alguno de estos valores exceda del valor contable, no habrá deterioro.
En la práctica, los activos productivos en general, siempre van a tener un valor en uso superior a su valor de mercado, por lo que con calcular uno de ellos dos, el valor en uso o el de mercado, será suficiente.
El valor en uso, se fundamenta básicamente en el funcionamiento del activo y los flujos de efectivo que durante su funcionamiento va a ser capaz de generar.
Ejemplo: Una construcción de una planta de envasado de fruta en una zona rural, de escaso valor como zona residencial. El coste de construcción es elevado y a simple vista, no parece que la construcción tenga una salida de venta al exterior sencilla, no siendo muy elevado su valor razonable. No obstante, según el plan de negocio de la empresa que ha construido la planta de envasado de fruta, venderán fruta envasada a clientes, con unas expectativas de ingresos y costes en las que basan la recuperación del valor de la construcción. Estos flujos que generará la planta de envasado durante el tiempo en el que se vaya a utilizar, netos de los gastos necesarios, serían el valor en uso de la planta de envasado de fruta. Si este valor en uso es superior al valor contable, no estaríamos ante supuesto de deterioro alguno.
En conclusión, un activo estará deteriorado, si su valor recuperable es inferior a su valor contable, siendo el valor recuperable el mayor del valor de venta menos costes de venta y su valor en uso. Como indicaba anteriormente un activo productivo por lo general, siempre tendrá un mayor valor en uso mayor que su valor de venta o de mercado.
El valor en uso, no hay que olvidar, que requiere de unas estimaciones y de un cálculo, en cambio para determinar el valor de mercado, simplemente deberemos de estar en conocimiento de lo que un tercero estaría dispuesto a pagar por el activo en cuestión.
Conocer estos conceptos teóricos de forma clara, concisa y concreta, será importante de cara a evitar los errores de libro que en ocasiones nos venimos encontrando. Pero, ¿Qué ocurriría con el valor en uso de un bien que no puede utilizarse de forma aislada, sino en conjunto con otros bienes? ¿Qué ocurriría si a pesar de que el bien pueda ser utilizado, el propietario decide que no quiere utilizarlo porque tiene otros, porque quiere vender el negocio y no quiere asumir costes, etc?
Bueno, a lo largo del presente post iré aclarando alguno de estos supuestos, pero como definición básica, no debemos de olvidar, que el valor en uso es el cálculo de los flujos que se obtienen de usar un bien, y el valor razonable o de mercado, el valor que se obtiene por la venta de ese bien.
Antiguamente en el PGC se establecía que había que analizar por deterioro aquellos activos para los que existían indicios de deterioro, y que había que analizar obligatoriamente por deterioro al menos anualmente, los fondos de comercio, los intangibles de vida útil indefinida, y los intangibles que aún no hubieran entrado en uso.
Con la modificación del PGC obrada por el RD 602/2016 en la que, entre otros, se viene a eliminar la existencia de intangibles con vida útil indefinida, estos activos que antiguamente no eran objeto de amortización, existiendo más riesgo de que pudieran sufrir algún tipo de deterioro, ahora no tienen tal riesgo, pues vuelven a amortizarse, y desaparece del PGC la obligación de su análisis por deterioro, al menos anualmente.
La entidad deberá evaluar, al cierre de balance, si existe algún indicio de deterioro de valor de los activos, y únicamente en caso de que existan indicios, se llevará a cabo una completa revisión para estimar el importe recuperable del activo en cuestión. Ahora adquiere mucha más relevancia el análisis de existencia de indicios sobre activos intangibles no disponibles para su uso (aún no amortizados) y en fondos de comercio.
En definitiva, lo que establece la resolución de deterioro completada por las modificaciones al PGC obradas por el RD 602/2016, es que los activos fijos, serán objeto de análisis por deterioro, cuando existan indicios de que realmente existe deterioro. Adicionalmente, para los fondos de comercio y para los intangibles que aún no hayan entrado en funcionamiento, se exige que se compruebe de forma explícita, que no existen indicios de deterioro, al menos de forma anual.
Puede sorprender que se haga mención a intangibles que aún no hayan entrado en funcionamiento, pues se podría pensar que es algo que cae fuera de la lógica económica, pero en la realidad, existen varios intangibles que por sus características, pueden estar tiempo sin entrar en funcionamiento, por ejemplo: cuando una empresa dedicada a la investigación tecnológica compra otra empresa, en ocasiones, parte del precio de compra se asigna a intangibles que son los proyectos de investigación, siendo este el único supuesto, donde un proyecto de investigación puede ser registrado en el activo. En estos casos, mientras no finalice el proyecto de investigación, no será posible comenzar a amortizarlo, por lo que anualmente, será necesario comprobar, si existen indicios de deterioro sobre el mismo, verificando competidores, costes de desarrollar el producto, rentabilidad prevista, etc.
También pueden existir otro tipo de intangibles activados y aún no en uso, como software en desarrollo por parte de un tercero, producciones de obras audiovisuales en curso, etc, y considerando el riesgo de sobrevaloración de los mismos que existe, es por ello, por lo que el legislador obliga al menos anualmente, al análisis de indicios de deterioro sobre los mismos.
¿Cuándo existen indicios de deterioro?: Los indicios de deterioro no son algo objetivo, sino que dependen del análisis de las circunstancias que rodean a cada circunstancia específica, en función de las condiciones económicas, financieras, políticas, etc. Por tanto, el establecer cuando existen indicios de deterioro, no tiene una respuesta concreta.
Nuestra normativa contable, intenta dar reflejo, cada vez con mayor abundamiento, de la situación económica de los negocios, obligando a dar cumplido desglose de estimaciones, riesgos, contingencias, etc, que carecen de medición exacta, pero que nos pueden dar una idea, de cómo la dirección de la sociedad ha llegado a estimar una cifra, un porcentaje, una tasa, o una vida útil en sus estados financieros.
El regulador, en la resolución de deterioro de activos, enumera una serie de circunstancias, que pueden ser indicadores de que existe deterioro, dividiendo dichas circunstancias entre indicadores externos e indicadores internos que detallaré a continuación:
1.- Cambio adverso significativo en el entorno tecnológico, económico o en el entorno legal en el que opera la compañía, acaecidos en el ejercicio, o bien en el mercado al que va destinado el activo en cuestión, que se espera se produzcan a corto plazo, y que tengan una incidencia negativa a largo plazo sobre la empresa. Ejemplo: La entrada muy relevante de un competidor, un problema de imagen de marca por alguna circunstancia puntual relevante, un problema de fiabilidad del producto, etc.
2.- Disminución significativa del valor de mercado de los activos, superior a la esperada por el paso del tiempo o uso normal. Ejemplo: descenso en valor de algunos productos por mera tendencia del mercado, como por ejemplo un video club, si se pudiera considerar un activo o un negocio en sí mismo.
3.- Incrementos durante el ejercicio, de los tipos de interés de mercado u otros tipos de mercado de rendimiento de inversiones, que pudieran afectar al tipo de descuento utilizado para calcular el valor en uso del activo, de forma que su importe recuperable, haya disminuido de forma significativa. Recordar, que para el cálculo de los flujos de efectivo que es capaz de generar un activo o una unidad generadora de efectivo, se hace en una serie en el tiempo y se trae a valor presente, mediante un descuento financiero, en aplicación de un WACC (coste medio ponderado de capital), que veremos más adelante y que incluye incrementos por riesgos de mercado, del sector, del tamaño de la entidad, de la estructura financiera de la entidad, etc. No obstante, este descuento, tiene un componente de tipo de interés de mercado, por lo que un incremento en este tipo de interés a largo plazo, tiene como consecuencia un menor importe al tiempo presente de dicha renta, hecho este lógico, ya que estamos hablando de efectivo, y el efectivo del futuro siempre tendremos que ver cuánto vale hoy.
4.- Una caída del valor de cotización de las acciones por debajo del valor teórico-contable. Por ejemplo: si vendemos todas nuestras acciones y obtenemos menos dinero de lo que indican los estados financieros de la compañía, estaríamos ante este supuesto. Hasta la crisis económica de 2008, las empresas no eran demasiado conscientes de la trascendencia de la cotización sobre el valor de sus activos. Con la crisis económica, lo expuesto anteriormente, pasó a ser frecuente, y no todo el mundo pensaba en ello como un indicador de deterioro. Esto no quiere decir, que estemos ante una evidencia de deterioro, ya que únicamente la cotización es un indicador potente, que puede estar puntualmente afectada por diversos acontecimientos.
Como ya he comentado, la propia norma indica que estos indicadores, no pretender ser exhaustivos, simplemente lo que señalan son causas a título ilustrativo, pudiendo existir otros indicadores no mencionados de forma explícita en la resolución de deterioro.
1.- Evidencia de obsolescencia o deterior físico del activo, no prevista a través del sistema de amortización del activo. Ejemplo: un equipo tecnológicamente anticuado, etc.
2.- Cambios significativos en la forma o en la extensión en que se utiliza o se espera utilizar el activo, acaecidos durante el ejercicio, o que se espera se produzcan a corto plazo y que tengan una incidencia negativa sobre la empresa. Ejemplo: recalificación urbanística de un terreno o de un inmueble afecto, etc.
3.- Existen dudas razonables de que el rendimiento técnico y económico del activo, se pueda mantener en el futuro, de acuerdo con las previsiones que se tuvieron en cuenta en la fecha de incorporación al patrimonio de la empresa. Ejemplo: autopistas de peaje con concurrencia inferior a la prevista, etc.
4.- Interrupción de la construcción del activo, antes de su puesta en condiciones de funcionamiento.
5.- Cese o reducción significativa de la demanda o necesidad de los servicios prestados con el activo. Una mera fluctuación de la demanda a la baja, no debe de constituir necesariamente, un indicio de que se haya constituido un deterioro de valor de dicho activo, ya que la demanda o necesidad de estos servicios, puede fluctuar a lo largo del tiempo.
6.- Para el caso de activos o actividades subvencionadas, el reintegro de la subvención.
Al igual que he comentado para los indicadores externos, pueden existir otros indicadores no mencionados de forma explícita en la resolución de deterioro.
El auditor debe de estar atento ante estas circunstancias, pues en su labor de verificación de los hechos, se deben de tener muy en cuenta, los indicadores externos y los internos, por su conocimiento del negocio, y por su conocimiento del entorno económico.
Los indicadores, son tendencias que suelen observarse a lo largo del tiempo, por ello hay que tener muy en cuenta, el trabajo realizado de un año a otro.
Todo lo indicado hasta ahora, nos ha servido, para centrar la cuestión de qué es lo que pretendemos con un análisis por deterioro, pero el proceso de análisis por deterioro, incluye una serie de estimaciones, y juicios de valor complejos, careciendo en ocasiones de aplicación normativa, dependiendo de los hechos y circunstancias que rodean a un negocio en particular, o a la forma que tiene la dirección de dicho negocio de gestionarlo, por tanto, dificultades añadidas para el auditor, en el análisis de la razonabilidad de dichas estimaciones y juicios de valor.
Para el análisis de los activos fijos (tangibles e intangibles), incluidos en unidades generadoras de efectivo (UGES), desde la perspectiva del auditor, se deberían de dar los siguientes pasos:
Verificar la razonabilidad de las UGES que la empresa ha establecido, y comprobar que las estimaciones que la dirección ha realizado, son razonables.
Una vez hecho esto, lo que tendremos que hacer, pues el componente de UGE tiene un concepto abstracto y estamos hablando de contabilidad, será ver que partidas contables son las que deben de incluirse en dichas UGES identificadas.
Como ya disponemos del valor de contraste, los bienes que componen la UGE, lo siguiente que deberíamos de hacer, es comprobar que valor razonable tienen, bien por su valor en uso con toda la problemática de estimaciones que incluye, o bien por su valor de mercado.
Obtenido el valor contable y el valor razonable, tendremos que comparar dichos valores, y por último, registrar el deterioro que pudiera corresponder.
Según establece el PGC, en la NRV 2 de inmovilizado material, a la hora de hablar del deterioro del mismo, la unidad generadora de efectivo es el grupo identificable más pequeño de activos que genera entradas de efectivo, que son en buena medida, independientes de las entradas producidas por otros activos o grupos de activos.
Como ya hemos visto, no necesariamente el deterioro de un activo, se ha de medir dentro de una unidad generadora de efectivo, pues en ocasiones podrá medirse directamente en ese activo, y otras veces, esto será imposible. Por ejemplo, una fábrica que incluye multitud de maquinaria, no puede entenderse que cada máquina genere flujos de forma independiente.
Es muy importante evaluar que es una UGE, y este siempre será el primer paso a la hora de determinar cómo enfocar el análisis, porque a pesar de que en apariencia al definir la UGE, parece un elemento objetivo que sencillamente hay que concretar, la realidad es muy diferente, y una UGE es un elemento que está sujeto a cómo la dirección gestiona sus recursos, o a como se interpreta la relación de los distintos bienes de inmovilizado, para alcanzar las metas de optimización de recursos, o plan de negocios.
Una UGE, debe establecerse al nivel más bajo posible, por ejemplo:
Si tengo una fábrica en Barcelona, para dar cobertura a la zona norte de España, y otra en Sevilla para dar cobertura a la zona sur de España, no debería determinarse que ambas constituyen una UGE, pues el negocio es el mismo y se produce lo mismo. Si pensamos en las consecuencias de extender más allá de los límites razonables de una UGE, los elementos de activo que la componen, estaríamos mezclando UGES, o asignando activos que no son de la UGE a la misma, escondiendo potenciales deterioros, pues si el valor de una UGE son 200 (flujos que genera) por ejemplo, y el valor de sus activos 100 y los de otra UGE 100 (flujos que genera) y el valor de sus activos 120, en esta última UGE tendríamos un deterioro, no obstante, al mezclar las UGES (que sería incorrecto y solo lo muestro a título ilustrativo), tendríamos que la UGE genera flujos por 300 y el valor de los activos de la UGE ascendería a 220, luego no habría deterioro, siendo este el principal riesgo al que se enfrenta un auditor al analizar una UGE en caso de estar mal definida.
Otra circunstancia a tener en cuenta, es que si existe una única empresa que tenga varias unidades de producción, que podrían funcionar de forma independiente, no quiere decir que por el hecho de que una alimente a la otra, sean una única UGE, pues incluso si los flujos se generan internamente dentro de una empresa, debería de considerarse el número de las UGES de la empresa, esto es, que unidades son capaces de generar flujos de forma independiente, con independencia de que no lo hagan, y todos los flujos se generen internamente en la empresa, pues si una unidad productiva no es capaz de generar los flujos necesarios para recuperar el valor de los activos que la componen, esto quiere decir, que cada vez que produce, pierde, por lo que probablemente si se cierra o vende dicha unidad, y se compra fuera el servicio o bien que fabrica, el grupo empresarial dejará de obtener pérdidas en la UGE que desaparece, y obtendrá mayores beneficios.
Dependiendo de la gestión que se haga de un negocio, negocios similares con actividades similares, pueden estar divididos en diferentes UGES.
Como hemos ido viendo, he diferenciado UGES en función de su capacidad para generar flujos de forma independiente del resto de los activos. La norma y el sentido común, nos dicen que una vez definidas las UGES, estas se han de mantener a lo largo del tiempo, no se permite irlas cambiando de un ejercicio a otro de forma arbitraria. No obstante, esto no quiere decir que no se puedan cambiar, de hecho, si cambia la estructura del negocio, o cambia la gestión de la empresa, las UGES pueden ser modificadas.
Por ejemplo, las líneas de tren: si hay un cambio en la compañía que las opera, y pretenden optimizar rendimientos económicos modificando algunas líneas, o dejando de prestar el servicio en aquellas líneas deficitarias, las circunstancias habrían cambiado, no existiendo una única UGE.
Cualquier cambio en la estructura de las UGES, si esa UGE tiene un fondo de comercio o un activo corporativo asignado, en definitiva, un activo que no genera flujos, posibilita que el reparto de ese activo corporativo, tenga que hacerse a las UGES resultantes.
Puede haber empresas que en sí mismas, sean una única UGE, y en este caso el deterioro hay que medirlo a nivel de la propia empresa, pero no esperando que tenga pérdidas futuras, sino deteriorando sus inmovilizados, para ajustarlos al valor que no se espera recuperar de ellos.
Una vez que tenemos claro que es una UGE, y los criterios que debemos de seguir para definirla, tendremos que asignar los activos contables que tenemos en los estados financieros a esas UGES.
Aunque a simple vista esto puede parecer simple, tiene sus particularidades, pues en definitiva lo que venimos a establecer es un análisis contable, regulado por una resolución del ICAC, debiendo de observar, que activos con sus valores contables, son los que se encuentran afectados por este análisis.
En definitiva, ¿Qué es lo que tenemos que hacer?: se deberían de atribuir todos los activos y pasivos identificados a sus unidades generadoras de efectivo. La suma de valores en libros de todos estos activos y pasivos, representaría el valor contable de la UGE, contrastándose posteriormente, con su importe recuperable.
El valor contable de la UGE, debe determinarse de forma coherente con la metodología según la cual su importe recuperable es establecido, siendo esta la regla básica como veremos a continuación.
Se incluyen siempre aquellos activos operativos a largo plazo, que por su naturaleza, son el objeto del estudio de deterioro: inmovilizado, intangibles y fondo de comercio.
Las cuentas a cobrar y pagar y las existencias, no forman conceptualmente parte de la UGE, pues su deterioro se estima de otra forma. A efectos prácticos, no obstante, las empresas consideran estos componentes, cuando determinan el valor contable de la UGE, lo que nos lleva a la aplicación de la regla básica.
Se deben de excluir activos y pasivos fiscales, deuda financiera y provisiones. Con carácter general, cabe su inclusión, siempre y cuando se aplique bien la regla básica.
¿Por qué incluimos existencias o clientes y proveedores dentro de la UGE? ¿no estamos intentando conocer si los activos fijos se encuentran deteriorados?: Este análisis no se hace para clientes o existencias, pues para estos lo que hacemos es ver si son cobrables o si se pueden vender como veremos a lo largo del presente post. La respuesta es sencilla, tenemos en cuenta el circulante en general, pues estamos hablando de un negocio en marcha, y un negocio en marcha, siempre tiene un circulante, por lo tanto, los flujos que genera el negocio tienen que ser suficientes para recuperar un activo fijo y mantener un circulante de funcionamiento.
Si tuviésemos una UGE con unos activos fijos de 300 y un circulante de 300 y realizamos un análisis de los flujos futuros que va a generar y obtenemos que va a generar 300, esos 300 que genera, es lo mismo que decir, que si realizamos el circulante, obtenemos 300 y no recuperamos el valor de los activos fijos, es decir, vendemos las existencias, cobramos nuestros clientes, pagamos a nuestros proveedores, y obtengo 300, luego el inmovilizado estaría íntegramente deteriorado.
Tal y como se ha venido a evidenciar en el ejemplo anterior, lo que intentamos es ver si los activos fijos están deteriorados, esto es, si los flujos futuros, serán suficientes para recuperar el valor de los activos fijos.
Los activos fijos a incluir en la UGE, en general son fáciles, pues si se trata de una fábrica, por ejemplo, será el edificio de la fábrica y la maquinaria; en el caso de un hotel, por ejemplo, serían el edificio y las instalaciones, etc.
Hay otros activos que no corresponden a una UGE exacta, porque no generan flujos, y sin embargo hay que asignarlos. ¿Qué hacemos con la oficina de una compañía que se dedica a fabricar envases?, ¿Qué hacemos con un fondo de comercio, como concepto abstracto que no genera flujos?, ¿Y una marca de un producto que se vende en varias UGES?: Pues bien, un fondo de comercio, surge exclusivamente, en una combinación de negocios, bien por adquisición de un negocio, o bien por toma de control mediante una fusión. El fondo de comercio, no tiene una definición muy exacta en cuanto a que se supone que es, porque sencillamente, es la parte del coste de adquisición de un negocio, que no puede atribuirse a activos ni pasivos adquiridos a valor razonable. ¿Por qué se paga más por un negocio de lo que valen sus activos y pasivos?: Básicamente por los beneficios recurrentes que ese negocio genera y que el vendedor no quiere perder en la venta, o porque el comprador espera, que con la compra de ese negocio combinado con el suyo, los beneficios van a ser muy superiores a los actuales (sinergias).
Por tanto, aquí la problemática radica en asignar el fondo de comercio a UGES, al no tener una entidad definida. Por ello, la forma de asignarlo, se debe de ajustar a la definición anterior, o se asigna a las UGES que se adquieren, o se asigna a las UGES que ya se tienen y con las que se van a generar sinergias, dependiendo de las razones económicas que hayan llevado al adquirente, a comprar el negocio y pagar el fondo de comercio.
El fondo de comercio, se deberá de asignar al mínimo nivel al cual la dirección controla o mide la evolución de sus negocios. Incluso así, ese nivel puede encuadrar varias UGES, y el fondo de comercio, no es una excepción, se debe de asignar a UGES.
También, al igual que otros activos, una vez asignado, no puede cambiarse la asignación a otras UGES diferentes.
A diferencia de otros activos, no obstante, si la UGE se divide o se vende parcialmente, como el fondo de comercio tiene una sustancia subjetiva, deberemos dividirlo o darlo parcialmente de baja, utilizando algún mecanismo de proporcionalidad que veremos a lo largo del presente post.
Otro aspecto relevante referente al fondo de comercio, es que no es tan sencillo asignarlo como una máquina o un edificio, por ello, cuando surge un fondo de comercio, existe un periodo de un año permitido, hasta que se realiza la asignación.
Por tanto, debemos de tener claro, que un fondo de comercio, debe de ser asignado desde su origen a UGES para medir su potencial deterioro.
Sobre la asignación del fondo de comercio en la fecha de adquisición, tenemos que hacer varias apreciaciones:
La primera apreciación que tenemos que hacer, es que con independencia de que el fondo de comercio derivado de la adquisición de un negocio, que tenga una moneda funcional distinta de la sociedad adquirente, pueda ser asignado a la propia sociedad adquirente por las sinergias comentadas, el fondo de comercio siempre será medido en la moneda de la sociedad adquirida. Aunque se pueda evaluar la recuperación del fondo de comercio, en base a los flujos de la sociedad adquirente en su moneda, en cada cierre se considerará un activo de la sociedad adquirida, y se registrará al tipo de cambio de cierre de la sociedad adquirida.
La segunda apreciación que tenemos que hacer, es que el fondo de comercio, se debe de asignar a UGES individuales, de forma racional. No obstante, si esta asignación, no es posible, lo que la resolución del ICAC determina, es que se haga la distribución a las UGES individuales en proporción al valor en libros de las UGES. La proporción, se puede entender directa, o se podría hacer alguna otra interpretación. La Resolución del ICAC no es demasiado explícita al respecto.
El fondo de comercio, en el caso de una venta parcial o en casos de escisión de UGES, debe de ser reasignado de acuerdo con los valores relativos de las unidades afectadas, ya sean UGES redefinidas, u operaciones vendidas o interrumpidas.
La resolución del ICAC solo menciona esos valores relativos, no define si es una proporción o que es exactamente, en general se admite que esos valores relativos, son una proporción a los valores razonables, pero no necesariamente esto siempre tiene sentido.
Si una UGE se reasigna a otra UGE, por efecto de una reorganización empresarial, el fondo de comercio debe reasignarse a las receptoras, sobre la base de los valores relativos de las partes que son integradas, de nuevo hablamos de valores relativos.
En el caso de enajenaciones parciales, el fondo de comercio se distribuye entre la actividad o elemento enajenado, formando parte del beneficio o pérdida de la operación y la porción de la UGE retenida de acuerdo con sus valores relativos. Literalmente la resolución del ICAC dice: “se valorará a partir de los valores relativos de la parte enajenada o dispuesta por otra vía y de la parte de la unidad generadora de efectivo que se siga manteniendo, a menos que la empresa pueda demostrar, que algún otro método refleja mejor dicha asociación”, por ejemplo:
Una compañía vende por 300 una rama de actividad que formaba parte de una UGE, a la cual se le había asignado un fondo de comercio de 100. Su fondo de comercio no puede ser identificado ni asociado a un grupo de activos dentro de la UGE.
El importe recuperable de la porción de la UGE retenida es 600. Como ya hemos comentado que no podemos descender a niveles inferiores de la UGE de forma no arbitraria, el fondo de comercio asociado a la actividad enajenada se cuantificaría a prorrata de valores.
En este caso, si aplicamos un valor relativo a lo que vendemos sobre lo que nos quedamos sobre parámetros homogéneos, (valores de uso mucho más próximos a mercado que los contables 100 / 400) tenemos que se ha vendido un 25% de la UGE.
En base a ello, daríamos de baja en la venta un 25% del fondo de comercio inicial (es decir, 25) incluyéndose como componente de actividad vendida (desapareciendo de balance).
Como ya he comentado a lo largo de este post, no es más explícito el PGC cuando habla de valores relativos, pues se limita a decir que se valorará a partir de los valores relativos de la parte enajenada o dispuesta por otra vía y de la parte de la UGE que se siga manteniendo, a menos que la empresa pueda demostrar, que algún otro método refleja mejor dicha asociación, pero deja la puerta abierta a aplicar otro método.
Pero ¿Qué otro método?: Esto dependerá de las circunstancias de cada caso. Tendremos que ver que indicadores son los que mejor reflejan el espíritu de la transacción, ver si el valor razonable de todo lo que tenemos y lo que vendemos tiene una proporción directa sobre el fondo de comercio, etc.
Veamos un ejemplo con los mismos datos que en el ejemplo anterior:
Una entidad vende por 300 una línea de actividad que era parte de una UGE, a la cual se le había asignado un fondo de comercio de 100. Su fondo de comercio no puede ser identificado ni asociado a un grupo de activos dentro de la UGE.
El importe recuperable de la porción de la UGE retenida es 600, pero el valor de los activos netos de esta UGE a valor razonable es 400 (los activos reales que se quedan, que no son fondo de comercio).
El valor razonable de los activos vendidos de la línea de actividad es de 250 (los activos reales que se venden).
Esto quiere decir, que alguien ha pagado por unos activos reales que valen 250 ó 300.
Sería coherente decir que, si hay activos a valor razonable dentro de la UGE por 650 y toda la UGE vale 900, implicaría que tendríamos un fondo de comercio teórico dentro de la UGE de 250.
Pero ¿Cuánto de este fondo de comercio teórico se vende?:
Se vende 50, 300 que se cobran, menos los 250 de los activos reales que se venden, (un 20% de 100).
Como el fondo de comercio registrado es de 100, un 20% de 100 equivaldría a 20.
En el ejemplo expuesto anteriormente, en proporción a valores razonables obteníamos un resultado de 25. En este caso, nuestro beneficio sería de 25, mientras que, con un resultado de 20, nuestro beneficio sería de 30.
¿Qué tendría más sentido?: A simple vista, pudiera parecer, que el reparto expuesto en este segundo supuesto, tendría más sentido, pero en ningún sitio se nos indica que tenga que calcularse de esta o de la otra forma. La resolución del ICAC habla de valores relativos, y en ambos cálculos hemos utilizado valores relativos, obteniendo resultados distintos, como podemos comprobar.
Al igual que el fondo de comercio no genera flujos por su propia definición, puede haber otros activos fijos, que no generen flujos en un negocio. Estos activos que no generan flujos, pueden ser activos que están destinados a ser vendidos, o se encuentran no utilizados (por ejemplo: un terreno no afecto a la explotación). Por tanto, estos activos, nunca podrán incluirse en una UGE, ya que no contribuyen a generar flujos de efectivo.
No obstante, hay otros activos, además del fondo de comercio, que aparentemente no generan flujos, pero que sin ellos es imposible que el negocio los genere. Estos activos podrían ser, las oficinas centrales donde se administra la sociedad, un almacén para guardar las existencias de la sociedad antes de enviarse a los puntos de venta, etc. Estos activos, sí que estarían afectos, pues sin ellos, el negocio no podría generar flujos. En estos casos, habría que operar de forma similar que con el fondo de comercio, debiendo de hacer una asignación a las UGES que se benefician de la existencia y uso de los mismos.
La resolución de deterioro, de nuevo, nos incita a que hagamos un reparto en base al grado de aprovechamiento de cada UGE, y si no fuese posible, en proporción a los valores en libros.
Una compañía tiene 4 UGES y un edificio de oficinas, siendo su valor contable 100 distribuido entre las UGES, ponderando la vida remanente en cada una de ellas, que es de 5 años para A y de 10 años para B, C y D. El reparto del activo corporativo, se realizaría entre las 4 UGES, por sus valores en libros relativos, pero además, por sus años de vida útil remanente, hecho este que tiene sentido, pues podría darse el supuesto de una UGE con una vida remanente de 1 año y un valor en libros muy elevado, y si se repartiese el activo corporativo solamente por el valor en libros, probablemente en un año, no habría posibilidad de recuperar su valor:
200 250 300 350 1100
Vida Útil Remanente (años)
Base Ponderación Basada en Vida Util
Prorrata de Asignación del edificio de oficinas
200/2000 = 10% 500/2000 = 25% 600/2000 = 30% 700/2000 = 35% 100%
Asignación del valor del edificio
10 25 30 35 100
Valor contable e la UGE a efectos de test de deterioro 210 275 330 385 1200
Debemos recordar, que si un activo, ya no se está usando en la UGE, ese activo, debe ser deteriorado aislado de la UGE, no perteneciendo a la UGE al no generar flujos de efectivo.
En definitiva, cuando un activo ya no genera flujos dentro de la UGE, únicamente los generará de forma independiente por venta o por disposición por otra vía, se debería de excluir de la UGE.
Determinar Valor Razonable – Costes de Venta
En ocasiones, el cálculo del valor razonable, no tiene demasiado sentido, ya que, por las características del activo, su valor de mercado será despreciable (por ejemplo, una máquina especializada de una industria concreta, una máquina cuyo montaje y desmontaje sea sumamente costoso, etc).
La obtención de un valor de mercado no es algo sencillo, pues nos referimos al precio que un tercero, estaría dispuesto a ofrecer, por un bien en cuestión. En concreto, la resolución de deterioro, dice que el valor razonable de un activo, es el importe por el que puede ser intercambiado el activo, entre partes interesadas y debidamente informadas, que realicen una transacción en condiciones de independencia mutua.
El problema en muchas ocasiones, es que el bien objeto de análisis, no se encuentra dentro de las expectativas de un interviniente en el mercado actual para comprarlo, y puede no existir un precio de mercado de referencia. ¿Qué debemos de entender por un precio de mercado?: En primer lugar, un valor de mercado, sería aquel valor que nos han ofrecido para comprar un bien, pero un valor, en condiciones de igualdad, es decir, una oferta recibida por deseo del comprador. Si el negocio se encuentra en dificultades y se ofrece a la venta, las condiciones ya no serían de libre mercado, pasarían a ser condiciones forzadas y las ofertas de compra también. No obstante, si no existe más posibilidad que vender el negocio, probablemente deberíamos de tomar esas ofertas, como precio de mercado, ya que la venta es casi obligada y no van a existir otros precios. Si la venta no es obligada, estos precios probablemente no serían una referencia para concluir que son valores de mercado. Este valor de mercado es complicado que exista muchas veces, ya que una oferta no siempre se tiene disponible.
En segundo lugar, un valor de mercado, sería el de un mercado activo que sirva de referencia. Existen mercados organizados de venta de bienes, pero existen mercados a otro nivel de organización, pero que tienen precios de referencia bastante fiables (vehículos de segunda mano, mercado inmobiliario, etc). Estos precios de mercado equivalentes son una buena referencia para concluir con un valor de mercado, ya que son comparables, que se basan en transacciones reales. No son tan válidos como los primeros, ya que no se trata exactamente del bien o UGE analizada, pero nos sirven perfectamente de comparable. No obstante, se pueden dar circunstancias en las que no dispongamos de oferta ni de bien comparable. En este caso, tenemos que acudir a técnicas de valoración admitidas en el mercado (ebitda por un múltiplo, cartera de clientes por un importe, etc). Estas valoraciones tienen menor fiabilidad que las dos indicadas anteriormente, pues tienen un componente de subjetividad y juicio mucho más alto.
Las técnicas que se pueden utilizar por una sociedad para obtener el valor de mercado de un bien o de una UGE, se deben basar en un modelo que no sea una invención, debe ser un modelo contrastado por expertos, y que pueda entenderse en que se fundamenta. Estas variables pueden referirse al uso previsto, a los crecimientos o comportamientos de la demanda, o de la penetración del producto, etc. La dirección de la sociedad, no os olvidéis, que seguro que tiende a ser mucho más optimista que cualquier comprador, por ello no deberían considerarse hechos como (mejoras en la producción, aumentos en la demanda, mejoras en la situación económica global, etc). Debe de considerarse siempre un comportamiento razonable, esperado por cualquier interviniente del mercado. Hay que recordar, que como hay que hacer una estimación del precio a día de hoy, si las estimaciones son un rendimiento futuro, hay que traer el valor de los flujos esperados, a día de hoy, pero con la rentabilidad que esperaría un inversor, no con la rentabilidad normal de mercado, es decir, si el negocio es de mucho riesgo, un inversor esperará una rentabilidad muy alta, ya que no espera recibirla por mucho tiempo, y al contrario.
Un auditor de cuentas, tendrá que soportar todas estas hipótesis de forma razonable, comprobando que se corresponden con circunstancias y hechos basados en las mejores estimaciones disponibles, si bien, como cualquier otra estimación, estará sujeta a una mayor incertidumbre, que la existencia de una oferta de compra firmada por un tercero.
Determinar Valor en Uso (deterioro de inmovilizado e inversiones inmobiliarias)
El valor en uso, es en general, el método más común para obtener el valor de una UGE, ya que generalmente el valor de mercado de un negocio no es sencillo de obtener, y la técnica de valoración más utilizada es la del valor en uso. De hecho, el valor de mercado lo utilizaremos en general para activos, pues para negocios, será coincidente con su valor en uso, a no ser que las acciones de la empresa, coticen en un mercado organizado.
Un valor en uso de una UGE, debemos recordar que es el valor presente de los flujos esperados de dicha UGE. Parece sencillo, pero intervienen muchas variables y estimaciones que veremos a lo largo del presente post.
Una empresa posee un activo cuyo valor neto contable es de 5 millones, con una vida útil remanente de 10 años, y sin valor residual al final de ésta. Se nos informa de que el valor de venta de esta máquina parece irrelevante.
Por cambios esperados en la demanda, se espera que los flujos de efectivo que genere el activo, caigan en los últimos cuatro años.
Los flujos proyectados en el plan de negocio para los próximos años, así como la variación interanual para los años siguientes, es tal como sigue:
FLUJO 600 660 710 755 790 + 2% – 1% -7% -16% -30%
El valor de venta del activo, tras los costes de venta, difícilmente superaría los 2 millones.
La empresa ha determinado que la tasa de descuento razonable, de acuerdo a las circunstancias sería del 10%.
La resolución de deterioro de los activos, no permite que los planes de negocio se hagan por un periodo superior a los 5 años, porque no considera que puedan ser fiables más allá de este umbral.
El flujo del año 5 debería ser un flujo normalizado y luego proyectarse a futuro en función de expectativas de inflación, ya no se crece.
La norma no permite crecimientos, pero sí decrecimientos, en este caso se prevé que la demanda decrezca en los últimos 4 años. Además, en este caso, también se prevé que la vida de la máquina acabe, con lo que los flujos únicamente llegan al año 10.
TASA CRECIMIENTO FLUJOS FUTUROS NOMINALES FACTOR DE ACTUALIZACION AL 10% DE DESCUENTO
FLUJOS FUTUROS DESCONTADOS
600 0,909 545
660 0,826 545
710 0,751
755 0,683
790 0,621
2% 806 0,564
-1% 798 0,513
-7% 742 0,467
-16% 623 0,424
10 -30% 436 0,386
Como podemos observar, obtenemos un valor en uso superior al valor de mercado e inferior al valor contable, por ello la provisión por deterioro a registrar, será la correspondiente a la diferencia existente entre el valor contable y el valor en uso (5000 – 4272 = 728).
Este cálculo es una estimación, por ello señalar que la provisión, debe de rondar un valor aproximado a 728, pero no tiene porqué ser este número exacto.
Vuelvo a hacer hincapié en que lo primero para obtener un valor en uso, sería conocer los flujos de efectivo que se espera, vaya a generar la máquina, la UGE, o el negocio.
Esto no es sencillo, pues se trata de una estimación efectuada por la dirección, pero debe de cumplir ciertos requisitos, que nosotros como auditores, debemos verificar.
La previsión de flujos de efectivo futuros, debe basarse en planes aprobados por la dirección, pues de no estar aprobados, no pueden ser utilizados en la estimación, ya que no existe una evidencia de que esa sea la previsión de negocio de la dirección de la sociedad.
La resolución por deterioro, en concreto, viene a indicar, que las proyecciones de flujos de efectivo, se calcularán de acuerdo con la información contenida en los previsiones o presupuestos de tipo financiero más recientes, que hayan sido aprobados por la dirección, excluyendo cualquier estimación de entradas o salidas de efectivo, que se esperan surjan de reestructuraciones futuras, o de mejoras del rendimiento de los activos.
Las proyecciones basadas en estas previsiones o presupuestos, cubrirán como máximo un periodo de 5 años, salvo que pueda justificarse la utilización de un plazo mayor (por ejemplo, negocios que no pueden dar flujos normalizados hasta el año 7 u 8, como los viñedos, campos de frutales, etc).
Como podemos observar, el ICAC en estos supuestos es muy claro, previsiones aprobadas no más allá de 5 años y en las condiciones actuales, es decir, sin realizar estimaciones extrañas de incrementos de actividad o reestructuraciones de plantilla, a no ser, que estén aprobadas y se recojan en los estados financieros (deben de estar comprometidas y haber creado entre los afectados, la expectativa de que efectivamente el despido se va a producir).
A continuación, se detallan los presupuestos aprobados de una fábrica, que es una UGE, estimándose los flujos de los próximos 8 años, al ser la vida estimada de la fábrica, no existiendo la intención de renovar la instalación (negocio con una vida remanente de 8 años, el plazo de 5 años sería para UGES con vida indefinida en el tiempo, que se espera que continúen en el tiempo).
El ICAC en estos supuestos, viene a indicar que más de 5 años, es un periodo excesivamente subjetivo, pero en este caso, estamos ante un negocio de 8 años, argumento que puede parecer perfectamente válido, para concluir que el periodo estimado se extiende más allá de 5 años.
En este ejemplo, en el año 4 se prevé una reestructuración, y unos despidos de personal, que incluso, están cuantificados, no obstante, estos despidos no han sido comunicados, no creándose los empleados afectados expectativas válidas de que van a ser despedidos, por ello, a tenor de lo propugnado en la norma, no se puede considerar este flujo, ni el despido, ni el ahorro futuro, en la estimación de deterioro.
Por tanto, exponemos en este ejemplo los flujos sin reestructuración y los flujos teniendo en cuenta la reestructuración, debiendo obtener el valor en uso con los flujos sin reestructuración al no estar comprometida la sociedad:
FLUJOS DE EFECTIVO SIN REESTRUCTURACIÓN 200 300 410 510 525 420 480 525
FLUJOS DE EFECTIVO CON REESTRUCTURACIÓN 200 300 410 880 800 780 712 610
FLUJOS DE EFECTIVO FUTUROS FACTOR DE ACTUALIZACION AL 12% DE DESCUENTO
200 0,893 179
300 0,797 239
3 410 0,712
510 0,636 324
5 525 0,567
420 0,507 213
7 480 0,452
8 525 0,404
A una tasa de descuento de un 12%, obtenemos que el valor en uso de esta fábrica es de 1974.
Considerando que es mayor que el valor de mercado y menor que el valor contable (2100), este sería el valor recuperable, y deterioraríamos por 126.
Imaginemos ahora, que han transcurrido 3 ejercicios y a finales del año 3, la sociedad, ya sí se compromete a despedir a los empleados, teniendo estos últimos conocimiento y expectativa de que van a ser despedidos, y la sociedad, ha registrado el importe de la provisión por deterioro. Ahora ya sí tomaríamos los flujos con reestructuración:
880 0,636 559
5 800 0,567
780 0,507 395
610 0,404
En la primera tabla, la reestructuración se preveía para el año 4, pero se ha llevado a cabo en el año 3, luego el año 3, es el año en el que están los flujos del pago de la reestructuración, no en el 4.
Por otro lado, con este importe recuperable, suponiendo que la fábrica se amortizaba linealmente, y que los 2.100 que tenía de valor contable hace 3 años, se habrían amortizado linealmente en estos 3 años a razón de 1/8, alcanzando un valor contable de 1.312,50, la fábrica ya no estaría deteriorada y tendríamos que revertir la parte del deterioro que correspondiese.
En este caso, como en el año 0, la fábrica quedó en 1974, se ha amortizado durante 3 años a 1/8, esto es, 740,25, por lo que el valor contable al final del año 3, es de 1.233,75.
Como el deterioro registrado, fue de 126, y considerando que el valor en uso ahora es de 1977, alguien podría pensar que podríamos revertir los 126 íntegramente, pero esto no sería correcto, porque la fábrica si no se hubiese deteriorado, hoy tendría un valor contable de 1.312,50, por lo que el deterioro solamente lo podremos revertir, hasta el límite de sumar a 1.233,75 un importe, nos quedemos en 1.312,50, revertiendo únicamente 78,75.
Una flota de autobuses (que constituye una UGE) tiene un valor contable de 120.000, y una vida útil remanente de 10 años. Su valor de venta en el mercado es notablemente inferior al saldo contable, por tratarse de modelos anticuados.
La Dirección de la empresa aprueba unos presupuestos que muestran una inversión en el año 4 de 35.000 para renovar los motores, redundando en una sensible mejora de los rendimientos, vía ahorro de combustible.
En este supuesto, esto último debemos de entenderlo como la previsión de una mejora en el rendimiento, no debiéndose de tener en cuenta en el cálculo, al no permitirlo la norma, pues no se puede considerar, ni la inversión, ni los mejores flujos previstos, aunque estén previstos en el presupuesto.
Supongamos que, una vez descontados los flujos citados, resulten en un valor de uso de 110.000, lo que supondría practicar un ajuste al final del año 0 por importe de 10.000, que tendríamos que reflejar en los estados financieros.
Iremos amortizando los autobuses, sobre el importe de 110.000 (importe con el deterioro calculado).
No ha habido más acontecimientos que supongan un nuevo deterioro, por tanto, el importe deteriorado inicialmente es correcto en los siguientes ejercicios.
En el año 4, se reemplazan los motores, pudiéndose considerar ahora sí, el rendimiento previsto, y los nuevos flujos, porque ya está acometida la inversión.
¿Cuál sería el valor contable a contrastar por deterioro a final del año 4?
110.000 – lo amortizado 4 años al 10% = 44.000 + la inversión efectuada de 35.000 en los nuevos motores = 101.000.
Esto tendremos que compararlo con los flujos previstos y en función del resultado que nos den los flujos previstos, podremos revertir el deterioro, pero cuidado, con el siguiente límite:
120.000 que había – lo amortizado al 10% en 4 años = 72.000 + los 35.000 de los nuevos motores = 107.000.
Luego, solamente podremos revertir la diferencia entre 107.000 y 101.000, concretamente 6.000 (nunca 10.000).
Esto es algo muy importante a tener en cuenta, siempre debemos de recordar, que al revertir un deterioro, nunca podremos contabilizar un valor del inmovilizado, que sea superior al valor de ese inmovilizado si se hubiese seguido amortizando normalmente, sin haberse deteriorado.
La sociedad adquirente, ha pagado un precio que considera que responde a unos flujos derivados de una situación que aún no se ha completado.
Esta situación pasa por realizar una reestructuración de plantilla, y hacer frente al pago de unos despidos.
Todo esto estaba contemplado cuando la sociedad pagó 10.000 por adquirir el negocio, es decir, la sociedad adquirente hizo sus números y concluyó que pagando los 10.000 más las indemnizaciones que tendrá que pagar, obtendrá un retorno suficiente para recuperar tanto los 10.000, como las indemnizaciones desde la perspectiva de un negocio en marcha, sin una fecha prevista de terminación.
El problema aquí, es que ha llegado el cierre del ejercicio, y no se ha llevado a cabo la reestructuración, y la dirección de la sociedad, que es una estricta cumplidora de la normativa contable, nos plantea que dispone de un plan de negocio del antiguo propietario, sin indemnizaciones ni ahorros por estos despidos, que refleja un valor en uso de 8.000, y que en aplicación de la normativa tal y como la interpreta, entiende que tendría un deterioro, porque aún no ha acometido el plan de reestructuración, pero que no alcanza a entender que tenga que reflejar un deterioro.
En la sociedad que ha adquirido el negocio, hay que comprobar si continúa teniendo los mismos planes que tenía cuando adquirió el negocio, que esos planes son viables, y que el hecho de que no se hayan acometido, responde sencillamente una circunstancia temporal.
Si no se hubiesen acometido los planes porque se hubieran dado cuenta de que su planificación inicial era errónea, y que el negocio no es viable entonces, sí que han cambiado las circunstancias que existían en la fecha de adquisición y es probable que exista un deterioro.
Pero si la estimación inicial era correcta, y lo sigue siendo, el hecho de que se retrase la implementación del plan de reestructuración, no implica que el precio pagado hace unos meses, no sea el precio de mercado, de hecho, es un precio de mercado, por una transacción reciente entre dos partes independientes, y por el mismo activo que se está valorando, difícilmente puede argumentarse que no se trate de un valor de mercado.
Lo único que nos tenemos que plantear, es si el cálculo de valor de mercado original era correcto, y los motivos por los que se retrasa la aplicación del plan de reestructuración.
Es lo único a plantearse, no podemos decir que una empresa paga por un negocio un importe, y que por el hecho de que se retrase en la toma de medidas, tenga que registrar un deterioro.
Con estos ejemplos, pretendo centrar la atención en aquellos aspectos, que no deben tenerse en cuenta en los planes de negocio (mejoras y despidos básicamente).
Para identificar el plazo que deben de abarcar los flujos de efectivo previstos, tendremos que estar a la resolución de deterioro del ICAC, debiendo dar mayor peso en el plan de negocio, a evidencias externas (pedidos de clientes, negocios cerrados, proyecciones de analistas y expertos, etc.). Esto siempre es un dato a tener en cuenta, que el auditor toma como evidencia válida. Pero la resolución de deterioro, también dice algo muy relevante, pues viene a reseñar que en el caso de que el negocio a valorar, sea un negocio con una vida no definida, el plan de negocio no podrá abarcar más de 5 años, a no ser que existan circunstancias muy específicas que hagan pensar que puede extenderse (infrecuente), y que a partir del último año de proyección explícita, se extrapole a futuro, con el flujo del último año, que debe ser un flujo normalizado, o ya estable, marcando un crecimiento constante (por ejemplo la inflación que es un índice bajo y constante).
También la resolución de deterioro, viene a decirnos que los presupuestos deben ser siempre los más recientes, y siempre aprobados por la dirección, no valiendo proyecciones internas, o que se encuentren pendientes de discusión, de hecho, lo que se toman son las previsiones que tiene la dirección, de inversión, crecimiento, gasto, etc.
Además, dado que no dejan de tener un componente subjetivo, estos planes deben compararse con los que se aprobaron en el pasado, tomando la realidad, las explicaciones mostradas con el paso del tiempo. No se trata de cuestionarse las previsiones del pasado, sino aprender de ellas, para hacer mucho mejores las proyecciones presentes.
Los flujos a proyectar, hemos de obtenerlos de la contabilidad, pues algún punto de apoyo debemos de tener. El problema es que la contabilidad no refleja flujos de efectivo, sino transacciones y devengos, debiendo armonizar lo que nos ofrece la contabilidad, con lo que pretendemos proyectar.
Deberíamos de tomar el beneficio puro antes de impuestos (EBIT), sumándole posteriormente las amortizaciones. Debemos de considerar que las amortizaciones no suponen caja, no suponen efectivo.
A continuación, se debería eliminar la caja que corresponde a las inversiones, principalmente las productivas, es decir, el inmovilizado.
Es importante matizar, que en una proyección de flujos sin previsión de terminación, las inversiones previstas en el último periodo proyectado, se deben igualar a las amortizaciones, de esta forma, se obtiene un flujo normalizado a perpetuidad.
Si suponemos que los flujos del último año proyectado, es la cuenta de resultados corregida en las amortizaciones, por ejemplo, 100, y le restamos el flujo de las inversiones, por ejemplo, por 50, lo que estaremos proyectando a perpetuidad es que cada año, a pesar de que el inmovilizado se deprecie en 100, solo se reinvierte 50, y esto en un flujo a perpetuidad, es absolutamente impensable, es un error.
Un negocio, según va creciendo, va teniendo un circulante cada vez mayor, no es lo mismo que tenga unas ventas de 100, a que tenga unas ventas de 10.000. Es igual a una inversión, si se prevé crecer en ventas, no todo ese crecimiento es caja, una parte es crecimiento de capital circulante, por lo que deberemos de considerarlo en la caja que se genera durante un periodo concreto.
Cuando se normalice el flujo, en ese momento la inversión en circulante, también se habrá normalizado, ya no crecerá el circulante, sino que se mantendrá.
Por ello, cuando comprobemos si los flujos son suficientes para recuperar el valor del inmovilizado, también tendremos que contrastar el flujo obtenido con el circulante, porque una parte del flujo que se obtiene en el curso del negocio, es el cobro del circulante.
Por poner un ejemplo básico, si decimos que hay un negocio que va a durar un año, y tiene un inmovilizado de 100, un circulante de 20, y hacemos un análisis de los flujos previstos y nos arroja un resultado de 100, no podemos decir que hemos recuperado el valor del inmovilizado, porque los flujos también son los que ha generado el cobro del circulante, por lo que para que no hubiese habido deterioro, se tendrían que haber generado 120.
En ejemplos anteriores, veíamos la proyección de los flujos basados en planes de negocio. Ahora vamos a proyectar, después del plazo explícito, el máximo de 5 años que nos había marcado la resolución de deterioro del ICAC.
Esta proyección se hará por el periodo remanente de negocio, si ese periodo se conoce, y se hará a perpetuidad, si el periodo proyectado, no tiene una fecha de finalización prevista.
En general, si un negocio no depende de una concesión, de la explotación de un recurso limitado, o algún hecho similar, en ese caso tendremos que hacer una proyección a perpetuidad.
Hay que considerar, que en una renta a perpetuidad, con un descuento de un 10% (por ejemplo), a partir del periodo 25, lo que obtenemos es absolutamente irrelevante, por lo que lo de la renta a perpetuidad, hay que entenderlo en su justa medida.
Lo que también tendremos que considerar, si el negocio es finito, es el importe que se obtendrá de la liquidación de los activos del negocio, del valor residual de los activos del negocio.
En un negocio de vida no determinada, en el que la proyección se haga a perpetuidad, estos valores residuales, no han de considerarse porque no tienen valor alguno, como ya hemos indicado anteriormente, pues un valor residual de cualquier activo más allá del año 25 es irrelevante. Además, el hecho de esperar un valor residual, se contradice con el propio hecho de que el negocio se estima, generará ventas a perpetuidad.
Por tanto, a la vista de lo anterior, cabe hacer mención al TV (valor terminal “terminal value”). Este concepto, es la parte de la proyección de flujos, que no corresponde a flujos explícitos, sino a la proyección del flujo normalizado del último año.
Los indicadores a considerar en el valor terminal serían los siguientes:
1.- EL flujo explícito del último año, ha de ser un flujo normalizado, es decir, un flujo que se pueda considerar el flujo repetitivo que habría con las circunstancias que se prevé alcanzar en el año 5.
2.- A partir de ese flujo normalizado, hay que hacer una proyección, suponiendo que ese flujo, crecerá a una tasa constante (por ejemplo, la inflación), pero una tasa razonablemente prudente y baja, que no corresponda tanto a captación de mercado, sino más bien a mantenimiento de poder adquisitivo, o decreciente, lo cual sería aún más prudente.
El tomar una tasa u otra, tiene suma importancia en el valor final, pero dependerá de las características de cada negocio. Por ejemplo, en un negocio de alimentación, cabe esperar el mantenimiento de los flujos, mientras que en un negocio de innovación o muy tecnológico, probablemente sea más lógico tomar una tasa decreciente.
En cualquier caso, como tenemos que explicar qué tasa se toma y los motivos para hacerlo, la dirección debe realizar un razonamiento complejo y suficientemente profesional para aplicar la tasa.
Lo que nunca debe la tasa es reflejar un incremento superior al de la economía de la zona en la que el negocio se desarrolla.
3.- Con todos los datos, se obtiene una fórmula matemática de unos flujos a perpetuidad.
Una fábrica es una UGE, y se estima que su vida productiva terminará dentro de 9 años, que es el periodo que resta por amortizar su inmovilizado. ¿Qué sucede con los terrenos propiedad de la empresa?, ¿Por qué periodo se han de realizar las proyecciones?
El supuesto indica que la fábrica dura 9 años y después de esos 9 años se acaba el negocio, por lo que habría que proyectar 9 años los flujos de la fábrica y considerar el flujo del valor residual por la venta del terreno en el año 9.
No obstante, también podría considerarse un negocio a perpetuidad normalizando un flujo de la fábrica en el año 5, suponiendo que el coste de las amortizaciones y las inversiones en reparaciones y mejoras de inmovilizado en ese año se igualan, y permiten mantener una fábrica como esa a perpetuidad, en ese caso el terreno no se consideraría que genera flujo alguno.
Una empresa tiene inversiones inmobiliarias en su balance, que corresponden a un terreno obtenido por dación en pago de un cliente, y a una planta ociosa del edificio en propiedad donde se ubican sus oficinas.
¿Qué tratamiento debe darse a estos activos en las proyecciones y en el test de deterioro de esa entidad que es una UGE?:
Es muy claro, pues estamos hablando de deterioro de activos productivos mediante un cálculo de sus flujos obtenidos por uso. Los activos sobre los que se pregunta, ni generan flujos, ni puede decirse que formen parte de la UGE (la UGE genera sus flujos independientes) por lo que debe analizarse su deterioro en función de su valor de mercado, y fuera de la UGE.
Debemos prestar mucha atención, al flujo normalizado y a la tasa de descuento, porque en el valor final, este flujo es la mayor parte del mismo, tal y como iremos viendo.
Un exceso de flujo normalizado, proyectado a perpetuidad, puede darnos un valor exorbitado, e inducirnos a decir que no existe deterioro, cuando en realidad podría existir.
Hay que tener en cuenta que un error en alguna de estas magnitudes, lo estaremos magnificando con una proyección a perpetuidad, siendo esto también aplicable para la tasa de crecimiento.
Estas variables, son las más sensibles al valor en uso de una UGE, que no se prevé tenga una fecha de terminación (renta perpetua).
A continuación, voy a incidir, en cómo obtener el valor presente de los flujos, esto es, como hallar el valor en uso. Esta parte generalmente la calculan expertos en valoraciones, y nosotros somos auditores de cuentas, y no expertos en valoraciones, por lo que el propósito de este post, será explicar de forma conceptual, como se obtiene esta tasa para que podamos concluir si es razonable.
Nuestra tarea como auditores de cuentas, nunca consistirá en obtener la tasa, pero si conocemos como se obtiene, podremos revisar si las variables que el experto ha utilizado para calcularla son razonables.
La tasa de descuento, como ya hemos señalado anteriormente, no es una tasa que represente únicamente la pérdida del valor del dinero en el tiempo. La tasa en este caso, es algo mucho más relacionado con los riesgos del negocio, y lo que los inversores pretenden obtener de rentabilidad por invertir en dicho negocio.
Por ello, en los negocios de mayor riesgo, los inversores querrán obtener mayor rentabilidad, ya que se exponen a que no se cumplan las expectativas. Alguien invierte en un negocio con mucho riesgo, solamente si existe la posibilidad de obtener cuantiosos retornos.
Por ello, la tasa de retorno en estos cálculos (WACC) tiene dos componentes: un componente de la deuda financiera del negocio (la parte del negocio que se financia con préstamos), y un componente de la remuneración del capital del negocio (la parte que debe remunerar a los accionistas del negocio):
WACC = (1-t) * [D/D+E] * rD + [E/D+E] * rE
rE = rf + (rm – rf) * β + 𝛼
E: patrimonio
D: deuda financiera, neta de tesorería (importe normal de deuda. No podemos tomar la deuda en un punto del tiempo específico, puede estar maquillada por hechos puntuales: renegociaciones, factoring, etc).
E/D: relación entre financiación propia y ajena.
t: tasa impositiva efectiva (si se prevé que variará en el tiempo, no se puede obtener un único valor de la WACC).
rD: Remuneración a largo plazo de la deuda financiera (hablamos de largo plazo si suponemos una renta perpetua. Si supusiéramos una renta por ejemplo de 3 años, tendríamos que incluir el coste de la deuda a 3 años).
rE: Tasa de retribución a su inversión que un inversor razonable requiere de unos activos del tipo que estamos evaluando, en condiciones de mercado existentes.
rf: Remuneración del bono del país a largo plazo. Cualquier inversor, espera este rendimiento como mínimo (bono del estado a 10 años).
rm: Tasa de rendimiento histórico del valor en bolsa, o del activo similar de una empresa cotizada. O si la empresa no cotiza, de una empresa similar y del mismo sector en bolsa.
𝛼: Prima específica de riesgo que puede tener una empresa o un activo por razones de tamaño, actividad, iliquidez o cualquier otro factor diferenciado y exclusivo. Un valorador incluirá este 𝛼 como factor diferenciador particular, y lo motivará.
β: Medida de riesgo de una acción concreta, que muestra la volatilidad de sus retornos respecto al retorno del mercado en su conjunto. No todas las empresas del sector se van a comportar igual, pues dependerá del tamaño, de la marca explotada, de su comportamiento histórico respecto a las demás, etc. En definitiva, la β es el factor que corrige la media de rentabilidad de riesgo general de negocio por la empresa de que se trate.
A diferencia de a que tiene en cuenta una estimación subjetiva en base a datos no contrastados de comportamiento futuro, β se alimenta de datos comparables por tamaño de la empresa con sus competidores, comportamiento o rentabilidad en comparación con la competencia, etc.
Si β es menor que 1, quiere decir que el riesgo general debería afectar menos que la media al negocio valorado. Si es mayor que 1, quiere decir que el negocio es o ha sido mucho más volátil en el pasado que el sector en general.
Es evidente, que la remuneración del capital, debe ser sustancialmente mayor que la de la deuda.
En general, esta tasa va a ser única para el periodo a analizar, pero podría haber casos, muy poco frecuentes, en los que se pudiera utilizar una tasa diferente a lo largo del tiempo, si se esperan cambios importantes en los componentes de la tasa a lo largo de ese tiempo.
Lo que si es frecuente, es que se utilicen tasas diferentes para UGES diferentes, bien porque las UGES vendan productos diferentes, u operen en mercados diferentes, lo cual implica riesgos diferentes (no es lo mismo operar en Venezuela que en España, por poner un ejemplo).
La resolución de deterioro del ICAC, viene a decirnos que la tasa o tasas de descuento a utilizar para un análisis del valor presente de un activo o UGE, serán las que reflejen las evaluaciones actuales del mercado correspondientes al valor temporal del dinero y los riesgos específicos del activo para los cuales las estimaciones de flujos de efectivo futuros no han sido ajustadas. De otro modo, el efecto de algunas hipótesis sería tenido en cuenta dos veces.
Esta tasa de descuento, se estimará a partir del tipo implícito en las transacciones actuales de mercado para activos similares, o bien como el coste medio ponderado de capital de una empresa cotizada que tuviera un solo activo (o una cartera de activos) similares al que se está considerando, en términos potenciales de servicio y riesgo soportado.
¿Qué quiere decir esto?: pues que el primer componente de la tasa, es evidente que debe ser la tasa de descuento del dinero propiamente dicha. El dinero de mañana, no vale hoy lo mismo, sencillamente por el componente financiero que existe en el dinero. No todo el mundo puede obtener el dinero al mismo coste.
El otro componente que menciona la resolución de deterioro del ICAC es el rendimiento que el inversor espera del activo. El activo debe de rentar lo suficiente, para pagar el coste financiero que supone adquirirlo, y la parte no financiada, el rendimiento que esperan obtener los inversores de este activo.
¿Y qué rendimiento es este último?: pues el que se pueda obtener por comparables en el mercado (cotizaciones en bolsa, tendencias en mercados cotizados, etc).
El activo tiene que rentar lo que los financiadores externos esperan, el coste de financiación, que depende menos de un retorno exigido y más de los tipos de mercado y la fiabilidad de la gestión de la empresa.
Si un activo no tiene financiación, lo que se espera de él, probablemente, sea un rendimiento mucho más elevado, pues los inversores invierten a riesgo y quieren una compensación por ese riesgo.
A continuación, mostraremos una tabla con todos los datos del componente deuda y componente patrimonio (capital).
La estructura deuda / capital es del 55% – 45%, con beta del 1,2 y que adeuda préstamos al 5,5 % de interés, asumiendo que las inversiones sin riesgo a largo plazo devengan un interés del 3,2%, mientras que el rendimiento de mercado para inversiones con riesgo es el 8%.
COMPONENTE DEUDA COMPONENTE CAPITAL
t 30% Rf 3,2%
1-t 70% Rm 8,0%
Rd 5,5% Rm-Rf 4,8%
(1-t) * Rd 3,9% β 1,2
β * (Rm-Rf) 5,8%
𝛼 0%
Rf + (β * (Rm-Rf)) + 𝛼 9,0%
D/(D+E) 0,55 E/(D+E) 0,45
Ponderación 2,1% Ponderación 4,0%
WACC 6,1%
Para la parte de la deuda, el tipo de endeudamiento a largo plazo que se ha calculado, es de un 5,5%, que es lo que se espera que cueste la deuda a largo plazo, a lo largo de la duración de la proyección del negocio. En relación a este punto, señalar que este coste es fiscalmente deducible en un 30%, por lo que realmente tiene un coste de un 3,9%.
Por último, el negocio se financia con deuda externa en un 55% y con capital propio en un 45%, por lo que el 3,9% lo multiplicamos por el 55% que es lo que supone la deuda externa en el cálculo del WACC.
En el otro lado de la tabla, tenemos el coste del capital, donde partimos de la remuneración del bono a 10 años, 3,2%, la rentabilidad de empresas cotizadas en el sector, una media de los últimos años 8%, corregida por el comportamiento del negocio valorado (β), mucho más volátil que el mercado. Será una empresa más pequeña, o más sensible a cambios generales de demanda o de precios, por lo que un inversor le va a pedir más rentabilidad si invierte en ella.
Sin embargo, 𝛼 es 0 y esto quiere decir que no se trata de una empresa que tenga ningún factor diferencial en potencia, ni bueno ni malo.
Con todo esto, la parte de capital se esperaría remunerar con un 9%, que ponderado en un 45% que es lo que supone la financiación propia respecto de la ajena, arrojaría un porcentaje de 4%, y sumado al 2,1 %, nos daría una WACC del 6,1%.
Ahora que ya conocemos como se ha de calcular el WACC adecuadamente, vamos a obtener el valor en uso del negocio analizado, o del activo que estamos probando.
Con este valor, ya tendremos la parte más importante del contraste de un valor en uso:
(Flujos explícitos a 5 años)
V = CF1/(1+r) + CF2/(1+r)2 + CF3/(1+r)3 + CF4/(1+r)4 + CF5/(1+r)5 + TV
CF1, CF2, CF3, CF4, CF5= Flujos anuales.
g= Tasa de crecimiento constante o decreciente.
(Flujos del valor terminal con una renta perpetua que nos traemos al valor presente, ya que es una renta perpetua del año 5)
TV = [CFn (1 + g) / (r-g)] / (1 + r)5
DETERIORO DEL INMOVILIZADO E INVERSIONES INMOBILIARIAS
A continuación, pasaré a comparar el resultado del valor recuperable con el valor neto contable, volviendo a la contabilidad en esencia.
Lo comentado anteriormente, WACC, flujos y valor terminal, tiene más de técnica de valoración, que de criterio contable, pero todo ello, nos va a permitir adoptar una solución contable.
Lo primero que debemos de conocer, son los valores contables que tenemos que mirar, para cotejar la cifra de valor presente.
Año 1 Año 2 Año 3 Año 4 Año 5 Norm.
Ingresos netos 77.592 82.248 87.182 92.413 97.958 98.938
EBITDA 9.508 10.996 12.613 14.369 16.273 16.488
Amortizaciones -845 -850 -855 -860 -866 -927
EBIT 8.663 10.146 11.758 13.509 15.407 15.561
Impuestos, al tipo aplicable (25%) -2.166 -2.537 -2.940 -3.377 -3.852 -3.890
Beneficio operativo despues de impuestos 6.497 7.610 8.819 10.132 11.555 11.671
Amortizaciones 845 850 855 860 866 927
Variación circulante operativo neto -798 -846 -897 -950 -1.007 -178
CapEx de mantenimiento -896 -901 -907 -912 -917 -927
Flujo de efectivo operativo despues de impuestos 5.649 6.713 7.871 9.129 10.496 11.493
WACC 12,6%
Valor de g 1,0%
índice de tiempo (criterio semestral) 0,5 1,5 2,5 3,5 4,5 4,5
Factor Descuento 0,94 0,84 0,74 0,66 0,59 5,05
Valor Presente 87.055 5.323 5.618 5.850 6.026 6.153 58.084
En relación al ejemplo expuesto, vemos algunas particularidades que nos llaman la atención: En primer lugar el factor tiempo, pues si introducimos los flujos del año 1 y los descontamos con la WACC tal cual, no estamos siendo fieles a la realidad, ya que hacer esto es suponer que todos los flujos del año 1, se han producido el último día del año.
Para evitarlo, lo que hacemos es dividir por dos, de forma que o solo actualizamos la mitad de los flujos como si se hubieran producido a final de año, o lo que es lo mismo, es como si todos los flujos se hubieran producido a mitad de año. De esta forma evitamos el efecto erróneo, de considerar todos los flujos como de final de año.
Otra cifra que tenemos que nos llama la atención, es la variación del circulante operativo neto. En los años de 1 a 5, vemos crecimientos de forma considerable, observamos crecimientos en ingresos netos del entorno del 7% anual, siendo estos muy relevantes. Lo que hace este aumento de circulante operativo, es lo que ya indicamos con anterioridad, pues no se puede decir que mi incremento de ingresos netos es de un 10%, y que todos esos flujos son para ver si recupero el valor del activo, porque en realidad el incremento se traduce también, en un incremento del circulante de funcionamiento. Si vendo 1.000 y tengo un circulante neto de 100, cuando venda 2.000 tendré un circulante neto mayor.
En este ejemplo, tenemos un crecimiento g perpetuo, por esto tenemos un incremento de circulante de funcionamiento en la renta normalizada. Hasta que hemos llegado a ella, hemos ido subiendo el nivel de circulante de funcionamiento, según subían los ingresos netos recurrentes.
Otro aspecto que conviene aclarar respecto a la tabla que se muestra, es el factor de descuento, que sería el resultado del cálculo 1/(1+r)t siendo t el índice tiempo ya comentado.
En la tabla anterior, teníamos los flujos que se generaban por la UGE, a continuación, mostraré los valores contables que tenemos que considerar para ver si existe deterioro:
BALANCE IMPORTE UGE
Tesorería 6500
Clientes y deudores 13515 13515
Existencias 11300 11300
Periodificaciones y otros activos operativos 2350 2350
Inmovilizado material 18200 18200
Fondo de comercio y otros intangibles 25300 25300
Inversiones inmobiliarias 4350
Activos Financieros a largo plazo 6800
Activos por impuesto diferido 3500
Proveedores -7900 -7900
Entidades Públicas y otros acreedores -2150 -2150
Bonos corporativos -33250
Provisiones -3400
Arrendamientos financieros -4350
Patrimonio contable Activos netos de la UGE 40765 60615
¿Qué es lo que estamos analizando por deterioro?: los inmovilizados básicamente, pero aquí hay más partidas además del inmovilizado.
¿Qué partidas son y porqué las estamos incluyendo?: básicamente, estamos incluyendo el circulante operativo, existencias, clientes, proveedores, etc. Se están incluyendo las periodificaciones, ya que no deja de ser un circulante, y se están incluyendo otros acreedores operativos, todo lo que tiene que ver con el día a día de los flujos de ingresos que estamos utilizando de contraste, no incluyéndose algo anormal para el contraste (factoring sin recurso absolutamente disparatado al cierre, etc), pero el resto es parte de lo que normalmente ha de haber siempre en balance.
En relación a las partidas a incluir, debemos tener claro que si se trata de activos no operativos (ej. terreno anexo a una fábrica) a la que corresponde la partida que aparece en balance como inversión inmobiliaria, no los tendríamos que incluir, ni siquiera si en los flujos se incluye la venta del terreno, no tendría sentido, salvo que el terreno anexo a la fábrica, se alquile periódicamente para que los clientes retiren la mercancía que se está produciendo en la fábrica, y el flujo de efectivo generado aparezca dentro de los ingresos netos.
En relación a las provisiones, también depende, pues si se trata de provisiones que luego se tienen en cuenta en los flujos, también deberíamos de incluirlas. Lo mismo podemos decir de fianzas y créditos fiscales.
Normalmente incluir una provisión en el importe de la UGE y considerar el pago de la misma en las proyecciones daría resultados aceptables, siempre que el efecto de las diferentes tasas de descuento no sea importante. Esto sucede también con los leasings, pensiones, etc. Habitualmente, todos estos pasivos son excluidos del proceso, con carácter general.
Analizando la tabla, podemos observar, que no hay deterioro, pues los flujos del valor en uso de esta UGE, arrojaban un valor de 87.055, según hemos mostrado, y el valor de los activos a analizar 60.615, luego no hay deterioro.
Registro de Deterioro (Proceso)
El registro del deterioro en sí, parece muy sencillo, pero no es así, pues también tiene su problemática y su casuística.
Deberíamos de estar a lo que dice la norma, deteriorando en primer lugar el fondo de comercio, sin mirar otras partidas. Si el fondo de comercio no se deteriora en su totalidad, el deterioro se tendrá que asignar. Si el fondo de comercio se deteriora en su totalidad, y sigue quedando un importe pendiente de asignar, este se reparte de forma proporcional a los valores contables de los activos inmovilizados de la UGE que estamos analizando por deterioro, pero siempre teniendo como límite su valor de mercado.
Si algún activo gozara de un valor de mercado superior, al que saldría habiendo hecho el reparto anterior, esa parte que no se deteriora, la parte que supera el valor de mercado, se volvería a repartir entre los otros activos inmovilizados en proporción de nuevo a sus valores contables. De no haber otros activos entre los que repartir este exceso, no se haría nada más.
Los activos, nunca podrían tener un valor inferior a 0, pues si el valor de la UGE es negativo, no se podría registrar un pasivo, a no ser que otra norma lo pudiera exigir, por ejemplo, en un contrato de arrendamiento de local, que exija una penalización por cancelación. Si la UGE tiene un valor negativo, los activos valdrán 0, o su valor de mercado de no ser 0. En el ejemplo del arrendamiento de local, se supone que el importe que menos pérdida arroja, sería cerrar el negocio, por lo que la penalización por abandono del local, sería un pasivo a registrar.
Una vez deteriorados los activos, las amortizaciones de los mismos, se calcularán por el valora ajustado por deterioro.
Nos encontramos ante una UGE cuyo valor contable asciende a 15.100, y su valor en uso a 7.600, debiéndose de repartir un deterioro por importe de 7.500:
VALOR CONTABLE % REPARTO INICIAL DEL AJUSTE POR DETERIORO VALOR VENTA 1ª ASIGNACION DE AJUSTE SALDO A REASIGNAR 2ª ASIGNACION DE AJUSTE PERDIDA TOTAL ASIGNADA Y AJUSTADA
FONDO DE COMERCIO 5.400 5.400 5.400 5.400
ACTIVO A 7.100 72% 1521 7.300 0 1.521 0
ACTIVO B 1.200 12% 257 257 943 1.200
ACTIVO C 800 8% 171 815 171 0
ACTIVO D 700 7% 150 150 550 700
VALOR CONTABLE DE LA UGE EXCLUIDO FONDO DE COMERCIO 9.800,00 100%
VALOR TOTAL DE LA UGE 15.100 7.500 5.807 1.693 7.300
Al no poderse asignar de forma íntegra la provisión, se limitará al registro de una pérdida de 7.300 en lugar de 7.500.
A continuación, pasaré a detallar un caso muy particular y complejo de entender, pues: ¿Qué haríamos cuando en una UGE un negocio en un consolidado, por ejemplo, tiene fondo de comercio y existen intereses minoritarios?
X, S.A. ostenta el 80% de Z, S.L, entidad que constituye por sí sola una UGE del grupo.
La UGE tiene un fondo de comercio de 80, tiene un valor contable de 460, siendo su valor en uso de 400. En esta UGE hay minoritarios que ostentan el 20%.
En una primera impresión, diríamos que si existe un deterioro teórico de 60 y el fondo de comercio son 80, deterioraríamos 60 de fondo de comercio y concluiríamos el análisis. Lo que ocurre, es que cuando hay intereses minoritarios, no existe una equivalencia entre los valores de todos los activos en la sociedad que tiene el control, y los intereses minoritarios. De cada uno de los activos y pasivos, el 20% teóricamente corresponde al minoritario, pero el fondo de comercio es exclusivamente de la sociedad dominante.
Otra cuestión a tener en cuenta, es que en un negocio, su valor en uso incluye un fondo de comercio.
Por ello, estamos comparando un valor en uso (100% del negocio) con un valor contable del 100% de los activos y del 80% del fondo de comercio. Esto no es homogéneo, ¿Qué haríamos para dar solución?: Tendríamos que reponer ese fondo de comercio que le correspondería a los intereses minoritarios, para ver cuánto vale menos el negocio, con magnitudes homogéneas. Si al 80% le corresponden 80, al 20% le corresponderían 20, por ello le asignamos de forma teórica para el cálculo 20 a los minoritarios y tenemos que el valor contable del negocio con magnitudes homogéneas, ascendería a 480 y no a 460. Con 480, el deterioro es de 80, no de 60 como teníamos inicialmente.
La pérdida por deterioro de 80 se aplicaría, en primer lugar, al fondo de comercio, hasta reducirlo a cero si procede, antes de asignar el remanente del ajuste a los otros activos.
Ahora bien, ya que el fondo de comercio se encuentra reconocido contablemente solo en relación al 80% de participación de X, S.A. en Z, S.L, entonces únicamente procede ajustar el 80% de la pérdida por deterioro o, lo que es lo mismo, 64 (el 80% de 80):
FONDO COMERCIO OTROS ACTIVOS TOTAL UGE
VALOR CONTABLE 80 380 460
PORCIÓN NO RECONOCIDA A MINORITARIOS 20 20
VALOR CONTABLE NOCIONAL (AJUSTADO) 100 380 480
IMPORTE RECUPERABLE 400
PÉRDIDA POR DETERIORO 80
PÉRDIDA NOCIONAL POR DETERIORO -64 -64
VALOR CONTABLE TRAS AJUSTE POR DETERIORO 16 380 396
A continuación, para aclarar definitivamente conceptos, pondré un último ejemplo más frecuente de lo que parece:
Tenemos una UGE, donde hay un activo, concretamente una línea de producción, que se ha estropeado. El activo funciona, pero si se reemplazase, funcionaría mejor. No obstante, de no reemplazarse, la UGE daría unos flujos previstos de efectivo, para recuperar el valor de todos los activos, los que funcionan bien y los estropeados.
El activo (la línea de producción), por sí solo no vale para nada, tiene que incluirse en la UGE. La línea de producción, no tiene valor apreciable de mercado.
Los escenarios posibles, serían:
Escenario 1: El presupuesto aprobado por la dirección, no contempla la sustitución de la línea de producción.
Escenario 2: El citado presupuesto, contempla la enajenación y sustitución de la línea de producción en un futuro próximo.
En relación al escenario 1, no existirían fundamentos para registrar un deterioro, pues el activo es de una UGE y la UGE no está deteriorada, además el activo funciona y produce flujos, menos que antes, pero los produce.
En relación al escenario 2, aquí lo que tiene que contemplar el flujo de efectivo, es que el activo no se va a recuperar por su uso, sino por su venta. Ya no es parte de la UGE, se va a vender, luego se debe de registrar por su valor de venta.
Ahora, voy a describir una situación adicional, con otro ejemplo, que ilustra lo que se ha descrito en los escenarios anteriores:
Pensemos en una cadena de televisión, que tiene una parrilla con unos programas, no tiene más programas que esos, y tiene la programación establecida para los próximos 3 años.
La cadena es una única UGE, lo cual parece obvio, los flujos son de la cadena en su conjunto.
Si uno de los programas costó 1000 y ahora se vende por 200, porque las audiencias son menores, o porque ha salido un programa parecido en otra cadena que es mejor, eso no quiere decir que esté deteriorado, si la televisión no piensa quitar el programa de su parrilla, y la cadena es un negocio rentable.
Lo que suele acabar ocurriendo es que el programa se retira y en ese caso existiría una pérdida, pero no un deterioro.
¿y qué hacemos en años posteriores?: La respuesta es simple, lo mismo que en este año, identificamos si existen indicios de deterioro, identificamos si existen indicios de reversión de los deterioros, y si existen indicios de deterioro, primero identificamos conceptualmente nuevas unidades generadoras de efectivo, o de no haber variaciones dejamos las mismas que había, asignamos activos a esas unidades como el año anterior, hallamos el valor razonable menos costes de venta, hallamos el valor en uso, y comparamos el resultado del valor recuperable con el valor neto contable. Finalmente ajustamos las diferencias obtenidas, para reflejar en su caso, las pérdidas por deterioro.
Como hemos apuntado anteriormente, tendríamos que ver si existen indicios de deterioro previos, pues igual que se dotan deterioros, puede ocurrir que reviertan deterioros, eso sí, nunca de un fondo de comercio.
Por tanto, lo primero que habría que ver es si existen indicios de reversión de deterioro previos, siendo estos prácticamente la inversa de los indicios de deterioro que he indicado a lo largo de este post, es decir:
Aumento en el valor de mercado de un activo.
Cambios favorables en el entorno de la empresa.
Reducciones en los tipos de interés o tasas de descuento.
Cambios favorables en el uso actual o esperado del activo.
Mejoras en el rendimiento del activo.
No parecen complejos, son mucho más intuitivos que los indicios de deterioro, y además lo normal es que la empresa esté mucho más pendiente de estos, ya que son indicadores de una buena gestión.
En estos casos, el valor recuperable debe de estimarse de nuevo, y la pérdida debe de ser revertida, aunque existen limitaciones.
Si esto ocurre, es decir, si se da una reversión del deterioro previamente registrado, deberíamos de seguir dos reglas básicas:
Regla 1: El fondo de comercio deteriorado, nunca puede revertirse, su deterioro es definitivo, si bien esto es independiente de que sobre el valor neto contable que pueda quedar como fondo de comercio tras un deterioro, se deba amortizar conforme a la normativa contable vigente (RD 602/2016).
Regla 2: Si un activo se deterioró, su reversión nunca podrá superar el importe de su valor contable previo, neto de las amortizaciones que habría que haber practicado.
Regla 3: Si el deterioro se registró en una UGE, que como hemos visto se registra proporcionalmente al valor de los activos de dicha UGE, la reversión sería igual, esto es, proporcional a los valores contables de los activos que se deterioraron originalmente, y siempre siguiendo las dos reglas anteriores.
Curiosamente en la memoria no hay que hacer un desglose de las UGES, y esto muchas veces, es un problema para entender el enfoque de deterioro de una sociedad, pero en definitiva, las cuentas anuales sirven para entender la marcha de un negocio.
Las cuentas anuales, arrojan la información mínima para conocer las hipótesis básicas del análisis por deterioro.
Cuando si debemos ser muy prolijos en desgloses, es cuando hay un deterioro. Cuando estamos ante un deterioro, hay que informar de todo lo que ha pasado, y además, hacer un análisis de sensibilidad, por si hubiera desviaciones en el cálculo, pues si esto es así, sin duda van a trasladarse a impactos en resultados.
A continuación, pasamos a detallar un resumen de lo que habría que reflejar en la memoria sobre los aspectos relacionados con el deterioro:
Para las pérdidas por deterioro de importe significativo:
1º.- Pérdidas y reversiones reconocidas en el año, desglosadas para cada clase de activo y línea de la cuenta de resultados.
2º.- Los motivos que han llevado a esa pérdida.
3º.- Identificación del activo o de la UGE deteriorada, y si el deterioro se ha calculado por su valor en uso o valor razonable menos costes de venta.
4º.- Si se ha hecho por valor razonable, hay que indicar qué técnicas e hipótesis se han utilizado.
5º.- Si se ha calculado por valor en uso, la tasa de descuento del ejercicio y del anterior, así como los aspectos fundamentales de las estimaciones, periodo proyectado y tasa de crecimiento a perpetuidad.
También es preciso tener en cuenta, que considerando conceptualmente un fondo de comercio, que es un activo no productivo, absolutamente intangible, lo que tendríamos además que indicar es si se ha acabado de asignar o no, existe un plazo de un año para terminar de asignarlo, y luego delimitar a que UGE se ha asignado, y cuáles son las hipótesis más relevantes de estas UGES, no por el interés de la UGE en sí, sino por el riesgo de deterioro de ese activo, que nunca podrá tener un importe de venta, ya que no es un activo con mercado.
Si hablamos de cuentas consolidadas, además de los desgloses anteriores, en estas habrá que dar información de cómo estas hipótesis pueden afectar no solo a las UGES, sino a los segmentos.
El principio del análisis de estos activos, es en esencia el mismo que para los otros activos ya analizados, esto es, se deberán analizar los deterioros de los activos financieros, siempre y cuando existan indicios de deterioro de los mismos, y se deberá deteriorar un activo financiero, cuando los flujos previstos de dicho activo, no sean suficientes para recuperar su valor contable.
La norma vuelve a numerar una serie de indicios, que no son excluyentes de otros, pero que son suficientemente explícitos y que vengo a detallar a continuación:
Dificultades financieras del emisor: Considerando que un activo financiero lo que se supone es que va a producir flujos de efectivo por el principal y por los intereses, si el responsable de pagar dichos flujos tiene dificultades financieras, la previsión de flujos de efectivo de dicho activo, puede que no sean suficientes para recuperar su valor, (por ejemplo, un cliente insolvente…)
El impago de intereses o incluso de principal: Si no se reciben los flujos esperados, esto es un indicador de problemas financieros del responsable de administrar los flujos.
Situaciones concursales: Un emisor en situación de concurso de acreedores, es un indicio evidente de deterioro del activo.
Previsión de disminución de los flujos de efectivo esperados: Es una conclusión directa, pues si la previsión es que los flujos disminuyan, es indicativo de que el activo financiero probablemente no genere flujos que permitan su recuperación.
Condiciones económicas generales: Parece razonable suponer que en una coyuntura de crisis, antes o después un emisor de títulos financieros puede caer en problemas de liquidez, y no generar los flujos para la remuneración prevista del activo financiero.
Un caso interesante de deterioro es el que se refiere a los activos financieros disponibles para la venta que coticen en un mercado organizado. La resolución del ICAC indica que una caída del valor razonable (la cotización, por ejemplo) por debajo de su coste, es un indicio de deterioro, lo cual parece obvio.
Lo que ocurre con este tipo de activos, es que, al medirse a valor razonable con cambios en patrimonio, el hecho de que su valor razonable suba o baje respecto al coste, parece que solo implica un movimiento al alza o a la baja del patrimonio, y no un resultado por deterioro.
¿Cuándo consideraríamos que realmente hay un deterioro y no solamente un indicio?:
Pues bien, dado que ha existido mucha controversia al respecto, la resolución de deterioro del ICAC, viene a marcar los límites para concluir cuando hay deterioro en este tipo de activos, y especifica que estos activos están deteriorados debiendo registrar una pérdida en PYG, cuando: Han sufrido una caída en valor durante 18 meses de forma continuada, o cuando existe una caída acumulada en valor de un 40 %.
Estos indicadores el ICAC los considera concluyentes, es decir, si esto ha ocurrido, el activo se considera deteriorado. No obstante, siempre queda la duda de si la caída durante 18 meses es continua o no, pues ¿Valdría con que algún día subiera su valor?: La resolución de deterioro del ICAC intenta aclarar este extremo, pues aunque no es demasiado explícita, si indica que la caída ha de ser continuada, despreciando subidas de valor que no supongan un cambio de tendencia (subidas de un día o de importes poco relevantes, no se deben de tomar en consideración). Siempre se pueden dar casos sujetos a interpretación, y claro está, aquí tendría que intervenir el juicio profesional del auditor, para determinar si la caída es o no constante.
En relación al deterioro de activos financieros en clientes, la norma establece, que ante la ausencia de un análisis individualizado de los saldos de clientes de una empresa, la sociedad deberá dotar una provisión por deterioro de estos activos financieros, equivalente al 3% de dichos saldos. En estos saldos, no se deben de incluir los saldos con administraciones públicas, y además, deben minorarse las garantías que se tengan por impagos (seguros de crédito por ejemplo). La resolución de deterioro del ICAC, indica que esta provisión es para aquellos saldos que no se han analizado de forma individual y la lectura ha tenido controversia, acudiendo a un sistema de análisis bastante frecuente como es el listado de antigüedad de deuda de clientes, llegándose a cuestionar si este instrumento es un análisis individualizado. En mi opinión, en la medida en que dicho instrumento, esté controlado por la dirección, y se disponga de una experiencia histórica relevante sobre el comportamiento de la antigüedad de la deuda, entiendo que debería de considerarse similar a un análisis individualizado y no añadir al saldo provisionado con el método del 3% anteriormente citado.
Otra de las cuestiones controvertidas, ha sido la referida al deterioro de inversiones de empresas del grupo, multigrupo y asociadas, pues la resolución de deterioro del ICAC, señala que salvo mejor evidencia, el importe del patrimonio neto de la participada, corregido por las plusvalías tácitas existentes en el momento de la adquisición y que subsistan en la fecha de valoración, puede ser un buen indicador del valor recuperable del activo. Con esta redacción, muchas empresas utilizan el patrimonio de sus participadas, como indicador para calcular el valor recuperable, y en su caso, el registro de deterioro, lo cual en mi opinión no sería correcto, salvo en el caso de que el patrimonio muestre un sobrante respecto al valor contable de la inversión, entendiéndose que en este caso no existe deterioro.
La prueba inversa, que un patrimonio inferior suponga deterioro, no entiendo que pueda ser aceptada, estaríamos evidentemente ante un indicio, pero no se puede concluir que exista deterioro, si estamos hablando de una inversión en una empresa del grupo o multigrupo, que es controlada por la sociedad que realizó la inversión, que elabora sus planes de negocio y que tiene la gestión y la expectativa de los flujos futuros que va a generar su inversión.
Caso distinto, puede ser la inversión en una entidad asociada, de la que no se controle el negocio, ni se disponga de información relevante, más allá que el patrimonio de la asociada, pero entiendo que sería el único caso aceptable de deterioro de activo financiero en este tipo de inversiones.
Lo que más polémica levantó en su día, como comenté antes, fue la tesitura de si una caída prolongada durante 18 meses, o de valor de un 40%, era constitutivo de evidencia de deterioro, pero: ¿Que pasaría si después de caer 18 meses, o de un valor de un 40%, sigue cayendo la inversión?
Ante esta cuestión, caben 2 respuestas:
Bien que se siga registrando un deterioro,
Bien que el deterioro ya calculado, constituya un nuevo punto de partida.
El ICAC optó por esta segunda respuesta, y vino a señalar que el deterioro registrado por los 18 meses o por la caída de valor de un 40%, constituiría un nuevo punto de partida para medir un nuevo deterioro, en otros 18 meses o un 40% sobre ese nuevo valor. Esto a veces, puede ser problemático, ya que una sociedad, puede realizar un cierre trimestralmente, y al realizar el cierre, la caída del activo puede que sea de por ejemplo un 46%, y otra empresa que realice cierres mensuales, puede que al llegar al 40% haya deteriorado y por consiguiente comenzado a medir de nuevo. En mi opinión, no estaría mal deteriorar el 46%, pues el ICAC solo pretende decir que constituye un nuevo valor de base para medir el deterioro. Si en el cierre en el que se mide el deterioro, la caída ha sido de un 46%, se deterioraría el 46%, tomándose como nuevo valor de partida. No obstante, esto podría ser un asunto discutible, considerando la redacción dada a la norma.
Cuando el valor neto realizable de las existencias, sea inferior a su precio de adquisición o a su coste de producción, se efectuarán las oportunas correcciones valorativas, reconociéndolas como un gasto en la cuenta de resultados.
El valor neto realizable, es el importe que la empresa espera obtener por su enajenación en el mercado, en el curso normal del negocio, deduciendo los costes estimados necesarios de la operación, así como en el caso de materias primas y productos en curso, los costes estimados para terminar su producción.
A efectos de determinar el deterioro de las materias primas, se tendrá en cuenta en lugar del valor neto realizable, el coste de reposición. En todo caso, no se deteriorarán, si las materias primas se incorporan a productos terminados, cuyo beneficio compense dicha pérdida.
El análisis de deterioro se realizará por cada una de las categorías de existencias. En el caso de existencias de servicios, se analizará el deterioro por cada uno de los servicios, con precio de prestación independiente.
Las hipótesis empleadas para calcular la posible pérdida por deterioro, deben ser razonables, realistas, y basadas en criterios que tengan una base empírica contrastada. En particular, deberá prestarse especial atención, a verificar que el plan de negocios empleado por la empresa para realizar sus estimaciones, es acorde con la realidad del mercado, y las especificaciones de la empresa.
Cuando el valor neto realizable, sea inferior al valor razonable, la empresa contabilizará una pérdida por deterioro, si el valor neto realizable es inferior al valor en libros de las existencias.
Si las circunstancias que causaron la corrección del valor de las existencias, hubiesen dejado de existir, el importe de la corrección valorativa, será objeto de reversión, reconociendo un ingreso en la cuenta de pérdidas y ganancias.
Recordar que valor neto realizable, es el importe que se puede obtener por la enajenación de un activo en el mercado, en el curso normal del negocio, deducidos los costes estimados necesarios para llevarla a cabo, así como en el caso de materias primas y de los productos en curso, los costes estimados necesarios, para terminar su producción o fabricación.
Igualmente recordar, que valor de reposición, es el importe a satisfacer si se quiere adquirir el activo en el momento actual. Para determinar este valor, debe de examinarse cada elemento del activo, con el fin de cuantificar lo que le costaría a la empresa adquirir cada uno de esos elementos, teniendo en cuenta las características y condiciones de uso.
Como ya he indicado con anterioridad, de acuerdo con la normativa contable, las existencias deben valorarse por su valor neto realizable, cuando sea inferior al precio de adquisición, o coste de producción. En estas circunstancias, debe de realizarse la oportuna corrección valorativa, reflejándose un gasto en la cuenta de pérdidas y ganancias.
Cuando las citadas circunstancias, hayan dejado de existir posteriormente, la corrección debe revertirse, reconociendo el ingreso correspondiente.
Para las materias primas, no se registrarán correcciones valorativas, siempre que se espere que los productos terminados a los que se incorporen, sean vendidos por encima de su coste. Sin embargo, cuando no se vaya a continuar con la fabricación del producto del que forman parte las materias primas, o estas no se vayan a utilizar en el proceso productivo, el valor neto realizable de las materias primas, será el importe que se puede obtener por su enajenación en el mercado, deduciendo los costes estimados de venta necesarios para llevarla a cabo, si este último importe fuese menor que el precio de reposición.
Si fuera necesaria alguna corrección valorativa, el precio de reposición de las materias primas, puede ser la mejor medida del valor neto de realización.
Respecto a los bienes objeto de un contrato de venta en firme, no serán objeto de corrección valorativa, siempre que el precio pactado, cubra el precio de adquisición, o coste de producción más los costes pendientes de realizar necesarios para la ejecución del contrato.
Respecto de la información que ha de aparecer en la memoria de las cuentas anuales individuales y consolidadas, se precisarán los criterios de valoración, seguidos sobre correcciones valorativas por deterioro de existencias, así como el importe de dichas correcciones, y en su caso, de la reversión que se hubiese contabilizado.
Asimismo, se desglosarán las circunstancias o eventos, que hayan producido cada pérdida por deterioro o su reversión.
En aquellos casos en que el valor razonable de las existencias, sea inferior al valor neto realizable, en la memoria se deberá incluir toda la información significativa que justifique la diferencia entre ambos importes.
Cuando el valor neto realizable, sea inferior al valor razonable, la empresa contabilizará una pérdida por deterioro si el valor neto realizable es inferior al valor en libros de las existencias. En estos casos, en la memoria también deberá incluirse toda la información significativa sobre el criterio aplicado, y las circunstancias que han motivado la corrección valorativa.
Como podéis observar, nos encontramos ante una materia densa y compleja en todos sus aspectos y de la que merece la pena comentar amplia y tendidamente de cara a prevenir interpretaciones erróneas.
Han sido numerosos los informes periciales de compañeros auditores que me he encontrado recientemente, en los que se han concluido acordes los deterioros contabilizados por la empresa, sin entrar a un detalle suficiente y adecuado, con consecuencias nefastas derivadas de su contabilización y posterior validación por parte del auditor, que han llevado a numerosas compañías a su disolución por importantes desequilibrios patrimoniales que en mi opinión, en numerosos casos, se podrían haber evitado.
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