Source: http://buenosaires.mfa.ir/index.aspx?fkeyid=&siteid=421&pageid=28372
Timestamp: 2018-12-18 13:48:08+00:00

Document:
سفارت جمهوری اسلامی ایران - - Historia de Iran
Los turcomanos selyúcidas crearon uno de los más extensos y poderosos estados que ha habido en Persia. Desde que el selyúcida Togrol derrotó al sultán Mas'ud, rey gaznaví, los Selyúcidas reinaron completamente los destinos de Persia hasta la caída de su último rey en el 1193.
La buena fortuna de los Selyúcidas se debía principalmente a dos razones. La primera sería que la Administración de un reino tan extenso que iba desde el Oxus hasta el Mediterráneo y desde Omán a Tiflis, fue puesta en manos de persas que ocuparon los puestos administrativos incluyendo el visirato. Los visires persas selyúcidas más conocidos fueron 'Amid al-Malek Kondorí, Jaŷeh Nezam al-Molk de Tus, Maŷd al-Molk de Qom, Sharaf al-Molk de Joresmia, Sa'd al-Molk Abí etc. La segunda razón eran las circunstancias que imperaban en Oriente Medio cuando los Selyúcidas aparecieron en escena ya que el califato abbasí, a causa de su debilidad y a que el mismo califa al-Qa'im había reclutado a turcomanos selyúcidas en su ejército, no pudo oponerse a los Selyúcidas y pronto reconocieron oficialmente su hegemonía. Los Selyúcidas obtenían así el visto bueno y el beneplácito del califa abbasí al-Qa'im que de hecho había recuperado el califato gracias a los Selyúcidas. En efecto, un emir ismailí de Deylam llamado Arsalan Basasirí ocupó Bagdad, expulsó al califa al-Qa'im, tomó las riendas del gobierno de Bagdad y ordenó que se nombrase en la plegaria del viernes el nombre del califa fatimí de Egipto.
Torre mandada construir por el rey Togrol para guía de los viajeros. Se encuentra al sur de Teherán
Tumba de Sanŷar, en Turkmenistán.
La formación del extenso territorio de Persia tras su emancipación de los árabes se desarrolló de tal manera que los estados que surgían regían sus asuntos de forma semi independiente. Este sistema de cosas siguió siendo igual, especialmente a finales del periodo gaznaví y durante toda la época selyúcida.
La mayoría de los Atabaks conservaron su cargo hasta la invasión de los mongoles, y otros, como los Atabaks de Fars y de Azerbaiyán, gobernaban en sus respectivas provincias años después de dicha invasión. Los más conocidos e importantes de estos atabaks fueron los de Joresmia, que luego se convirtieron en la dinastía de los Jarezmshahíes. Joresmia es una región situada en el Bajo Oxus y que de este a oeste se extiende desde el mar de Aral hasta la orilla oriental del mar Caspio. Joresmia se dividía en dos regiones, la oriental (Kes), habitada normalmente por tribus turcomanas, y la occidental (Urganj), en la orilla del río, cuya población era de habla persa. En estas zonas, el Oxus a veces llegaba a tener una anchura de dos parasangas. Ambas ciudades fueron completamente arrasadas durante la invasión de los mongoles.
Después de la llegada del Islam a Joresmia, y, especialmente, durante el periodo gaznaví, sus gobernadores seguían manteniendo sus antiguos títulos reales de jarezmshah (en persa, “rey de Joresmia”) que colocaba detrás de sus nombres. Así, por ejemplo, el chambelán del sultán Mahmud de Gazna, Altun Tash, cuando fue nombrado gobernador de Joresmia, tomó para sí este título y antes de él otros también lo ostentaron. Ya en el periodo selyúcida, Anushtagin Gorŷeh fue nombrado por Malekshah emir de Joresmia (1077). En el año 1096 Qotb al-Din, uno de los hijos de Anushtagin, fue nombrado jarezmshah con el beneplácito del emir Habashi, (el hijo de Altun Tash) y estuvo gobernando como jarezmshah hasta el 1128.
Su hijo Etsez heredó el cargo de su padre y gobernó con el título de Ala al-Douleh. Etsez se enfrentó muchas veces con el poderoso rey selúcida Sanŷar, y, en tres ocasiones, (en los años 1138, 1141 y 1147) obligó a Sanŷar a hacer una expedición militar a Joresmia. Aunque Etsez perdió esas tres batallas, supo pedir perdón y debido a la debilidad de carácter del sultán pudo seguir reinando.
Después de esta fecha Sanŷar se vio envuelto en revueltas internas y en las ofensivas de los Qarajtai y los Oguz, por lo que ya no tuvo oportunidad de atacar nuevamente Joresmia. Fue desde entonces cuando esta región del mar de Aral sigue el curso de su historia como estado independiente.
Tras la muerte de Etsez, su hijo Il Arsalán llega al poder (1156). Luego se sienta en el trono Sultanshah, hijo de Il Arsalán, que reina poco tiempo (1172) ya que su hermano ‘Ala al-Din Takesh lo expulsa de Joresmia para autonombrarse jarezmshah.
Ala al-Din le declaró la guerra al año siguiente a Mo’ayyed al-Din Aí Abeh, atabak de Neyshabur, al que acabó dando muerte. Aunque Toganshah, hijo de Mo’ayyed al-Din le sucedió en el gobierno, siempre estaba sin embargo siendo atacado por los Jarezmshahíes. Finalmente fue derrotado por el oguz Malek Dinar, y su gobierno derrocado.
Las guerras que mantuvo ‘Ala al-Din Takesh contra sus vecinos fueron numerosas. Luchó contra los atabaks de Neyshabur, con su hermano en Marv y marchó a Bujara para aplastar la revuelta de los turcos qipchaq. Aunque en esta última refriega fue derrotado y muchos de sus soldados perecieron de calor y sed.
Otra de las guerras que mantuvo fue contra los Selyúcidas de Irak en el 1193 en los alrededores de Rei, contra Togrol III, el último rey de dicha dinastía, al que derrotó. Tras su victoria avanzó hasta Hamadán e Isfahán y designó a un gobernador. Por otra parte, también al año siguiente luchó en Rei y Saveh contra las tropas del califa abbasí, pero su ejército tuvo que retroceder. En el 1199 ‘Ala al-Din puso a su hijo Taŷ al-Din Shah al mando del gobierno de Isfahán y a su otro hijo Sultán Mohammad como gobernador de Jorasán. ‘Ala al-Din muere ese mismo año y le sucedió en el trono Sultán Mohammad.
Durante el reinado de Sultán Mohammad no cesaban las revueltas en las provincias de Persia. Kermán estaba en manos de el oguz Malek Dinar, si bien hay que decir que esta provincia pendulaba entre los Oguz y los Jarezmshahíes, y que, finalmente, les fue arrebatada a éstos últimos por las tribus de los Shabankareh y los atabaks de Fars (1202). El gobernador gurí Ghias al-Din atacó Joresmia instigado por el califa al-Nasir y pudo así conquistar una parte de Jorasán. Por otra parte, el califa incitó a los líderes ismailíes de Alamut a rebelarse contra los Jarezmshahíes, lo que provocó que el Sultán Mohammad hiciese que se emitiese una fatua en la que se eliminaba el nombre del califa en las plegarias de las mezquitas. Más tarde, en el 1217, tomó la ruta de Hamadán acompañado de un ejército con el ánimo de derrocar al califa abbasí, pero mucha de su tropa pereció en las cercanías de Asadabad debido al intenso frío. No obstante, al surgir nuevas insurrecciones en el este de Persia, Sultán Mohammad regresó a Marv al año siguiente.
Por otra parte, el rey de Joresmia se estaba viendo constantemente atacado en las fronteras del este desde el año 1216 por las tribus mongolas. Dos años más tarde, la importante ciudad de Kashgar es conquistada por los mongoles y aunque Sultán Mohammad se dirigió a Transoxiana para hacerle frente a las hordas mongolas, todos sus enfrentamientos con éstas no solo fueron en vano sino que además finalmente tuvo que huir. Murió fugitivo en el 1220 en una isla del mar Caspio
En el año 1335 murió el joven y poderoso iljan mongol Abu Sa’id, y el reino iljaní se vio sumido en disturbios. Por esta época, en el seno de una familia de la tribu de los Barlas, en la ciudad de Kesh, al sur de Samarcanda, nació un niño al que llamaron Teymur (nuestro Tamerlán), nombre cuyo significado en turco es “hierro”.
En la época en que nació Tamerlán, tanto Transoxiana como los territorios heredados por los descendientes de Gengis Jan se hallaban gravemente afectados por tumultos y desórdenes, que terminaron cuando él era un joven. Fue entonces cuando Tamerlán comenzó a adiestrarse en el arte de la guerra, aprendió a montar a caballo, a cazar y a tirar al arco. Sea como fuere, su vida nos es casi desconocida hasta la edad de 24 años, donde nos lo encontramos por primera vez en la historia, en el año 1360, acompañando al emir Haŷi Berlas que marchó a Jorasán huyendo del ejército de Taqalloq Teymur, gobernador Chagatai de Kashgar.
Después de aquello, Tamerlán se puso al servicio de Taqalloq Teymur y fue nombrado por éste último gobernador de Kesh. Tras el regreso a Kashgar de su benefactor, Tamerlán, además de hacerse independiente, se fue apoderando de los territorios adyacentes. Fue entonces cuando el emir Qazqaní (hijo del emir Mosalla, hijo del emir de Qazqan) que estaba resentido y deseaba vengarse por el asesinato de su tío a manos del emir Bayan Selduz, fue a Transoxiana y atacó y derrotó al emir Bayan Selduz, tras lo cual, varios emires de la región, entre los que estaban Tamerlán, se unieron a él, y en su nombre gobernaron las ciudades de Transoxiana. Fue entonces cuando Tamerlán fue nombrado candidato a ocupar el puesto de gobernador de Kesh. Además de esto, Tamerlán tomó por esposa a la hermana del emir Huseyn, algo que le hizo escalar posiciones y aumentar su reputación. El apelativo “gurkán” que se le dio a Tamerlán a su dinastía y que en turco significa “yerno” le fue dado debido a este matrimonio. Poco después, Taqalloq Teymur atacó por segunda vez la región de Transoxiana y derrotó al emir Huseyn. Tamerlán se puso de nuevo al servicio de Taqalloq Teymur y residió en Kesh como gobernador. Pero Tamerlán, que ya había probado un tiempo el gobernar fuera de sus dominios y ya tenía cierto renombre y reputación en Transoxiana, no se encontraba pues satisfecho tan solo con el gobierno de esta ciudad. Así pues, se alió con su cuñado, el emir Huseyn, y juntos partieron hacia Joresmia y Jorasán, y, como las tropas de Taqalloq Teymur iban persiguiéndoles, vagaron errabundos.
Gur-e-Mir (Tumba del emir). Mausoleo de Tamerlán en Samarcanda,
Esta etapa de su vida en el que se halló perdido sin ir adonde ir fue difícil y llena de eventos, de tal manera que en Sistán fue gravemente herido en el pie derecho, probablemente en una refriega relacionada con sus actividades como bandido, y cuyas secuelas le duraron toda la vida ya que se quedó cojo, lo que le valió el apelativo dado por los persas de “lang” (cojo) y fue llamado Teymur-e-Lang, (Teymur el Cojo), que se convirtió en nuestro Tamerlán.
Después de cicatrizar su herida, Tamerlán atacó nuevamente Transoxiana en compañía del emir Huseyn. Conquistó Samarcanda (1361), y aunque poco después Ilias Jaŷeh pudo derrotar a ambos, sin embargo, no se hizo con la ciudad. No tuvo que pasar mucho tiempo para que los dos emires, amigos hasta entonces, se hicieran enemigos debidos a la rivalidad, situación que se vio agravada por el hecho de que la esposa de Tamerlán había recientemente fallecido y con ello se rompía el último lazo que les unían. La enemistad acabó con el asesinato del emir Huseyn y de sus dos hijos en el 1369. Tamerlán, tras su victoria sobre su rival, convocó una asamblea donde hacía llamar a los ulemas, emires y notables de toda Transoxiana; fue en ella cuando Tamerlán fue nombrado sultán, en el 1369, año que se considera el inicio de la dinastía timúrida.
No obstante, a Tamerlán le sabía a poco ser el sultán de Transoxiana y comenzó a hacer incursiones en los territorios vecinos. Entre el año 1371 y 1379 hizo cuatro expediciones militares a Joresmia que acabó con la anexión de dicha región a sus dominios. Mientras tanto, también atacó Kashgar, Mongolia y los territorios de los Uigures e hizo huir a Qamar al-Din Doqalat al desierto de Qipchaq, y, Tamerlán mientras lo perseguía, conquistó los territorios que había entre el Oxus, el mar de Aral y el Caspio y le dio el gobierno de lo conquistado a su lugarteniente Tuqtamash (un príncipe de la familia Ŷuŷí, hijo de Gengis Jan). A continuación atacó Jorasán, derrotó a las tropas de Malek Ghias al-Din Kart y se apoderó de Herat (1381). Aunque el pueblo de Herat se levantó en contra de la invasión, Tamerlán la anexionó irrevocablemente a sus dominios dos años después, y, tras asesinar a Malek al-Din Kart y a sus deudos, acabó con la dinastía de los Kart. Al regreso de Tamerlán a Transoxiana fue sometido Jaŷeh ‘Ali Mo’ayyed, el último de los Sarbedarán de Sabzevar quien desde entonces acompañó a Tamerlán.
En el año 1386 cruzó el Oxus para detener el avance del sultán Ahmad de la dinastía de los Jalayer. Este viaje le duró a Tamerlán tres años y es conocido como el “ataque de tres años” y se saldó con la conquista de Hamadán y Tabriz, y, en Garmrud (Azerbaiyán) apresó y dio muerte a Emir Valí. Por otra parte, se fue a aplastar a ‘Ezz al-Din Lor, al que atrapó. En este mismo viaje fue cuando pereció su acompañante Jaŷeh ‘Ali Mo’ayyed por herida de flecha, y, con su muerte, se acabó la dinastía de los Sarbedarán. En el año 1387 Tamerlán ya había conquistado Georgia, Armenia, las ciudades de Bayazid, Arzanjan y Erzerum. En su persecución de Qarah Mohammad Torkamán, de los Qarah Qoyunlu, se apoderó de la ciudad de Van (al este de la actual Turquía). Después de aquello se puso en marcha hacia los territorios gobernados por los sultanes mozaffaríes, es decir, Isfahán y Shiraz. Llegó a Isfahán vía Hamadán y Golpayegan dejando a su paso una estela de cadáveres. Tamerlán masacró en Isfahán a 70.000 personas, cuyos cráneos fueron amontonados por orden suya formando lo que en persa llamaban “kalleh menar” (alminares de cráneos). Tras esta terrible matanza, Tamerlán se dirigió a Shiraz y la conquistó el mismo año, pero al enterarse de la sublevación de Tuqtamesh, dividió los territorios mozaffaríes entre los príncipes mozaffaríes y se volvió con premura a Samarcanda.
Tamerlán envió a su hijo ‘Omar Sheij a enfrentarse a Qamar al-Din Doqalat. Su hijo venció y aquel tuvo que salir huyendo a Tuqtamesh. Tras aquella batalla, la ciudad de Joresmia pasó a manos timúridas y fue poco después desolada.
En el 1393 Tamerlán conquistó Armenia y Georgia. Después, Tuqtamesh se levantó nuevamente en rebelión, Tamerlán se dirigió al desierto de Qipchaq vía Darband y Aran y derrotó a Tuqtamesh (1394). Tamerlán, en su persecución se introdujo en lo más profundo de las estepas rusas y de camino conquistó y saqueó Moscú. Luego regresó a Azerbaiyán y le dio el gobierno de aquella región a su hijo Miranshah, y, tras su regreso a Samarcanda, nombró gobernador de Jorasán a Shahroj, otro de sus hijos.
Tras un breve descanso, de nuevo se volvió a sentar Tamerlán en la montura de su caballo, aunque esta vez se dirigió a la India para luchar contra los infieles. Primero conquistó Kabul (1397). Al año siguiente pasó el Jeybar, cruzó el río Sind y derrotó al ejército del sultán Mahmud II (rey de los Taqalloqíes de la India) tras lo cual pudo conquistar y saquear Delhi. Después regresó a Samarcanda para dirigirse inmediatamente a Persia e Irak donde sus expediciones militares duraron siete años. Tamerlán fue primero a Azerbaiyán donde mató a los cortesanos de Miranshah. Luego atacó las ciudades de Georgia y Asia Menor. En el 1400 conquistó las ciudades de Sivas, Malatia y toda la ribera sur del mar Negro y entregó aquella zona a Qarah Othman Bayandarí (antepasado de los sultanes Aq Qoyunlu). Tamerlán se dirigió entonces a Siria para castigar a al-Nasir Faraŷ Borŷí, gobernador de Siria y Egipto. Conquistó y saqueó también Alepo y Damasco el mismo año. Después de saquear y masacrar a la población de esta última ciudad, con la excusa de que no se habían comportado bien ni habían respetado a la familia del Profeta en el pasado, dirigió sus pasos hacia Bagdad con el objetivo de acabar con la influencia del sultán Ahmad Jalayerí. En ese mismo año de 1400 conquistó también Bagdad, tras lo cual perpetró una horrenda masacre. Después marchó a luchar contra el sultán otomano Ilderem Bayazid; la batalla final se produjo en Ankara en julio de 1402, donde el sultán otomano fue derrotado, apresado y encerrado en una jaula donde murió al año siguiente.
Aquella victoria sobre el sultán otomano le permitió a Tamerlán saquear las ciudades de Anatolia. Avanzó hasta Esmirna, que también conquistó y saqueó. Malek al-Naser se horrorizó ante todas estas conquistas y matanzas y envió un emisario a Tamerlán para que le comunicase sus buenas intenciones, Malek al-Naser capituló y se mostró dispuesto a que la plegaria de los viernes se hiciese en nombre de Tamerlán, así como acuñar moneda en su nombre.
Hasta entonces, Tamerlán ni había acuñado moneda ni la plegaria se había hecho en su nombre, y, tras la muerte del chagatai Sultán Mahmud en el 1403, Tamerlán, que ya se había convertido en un conquistador como lo fuera Gengis Jan, acuñó moneda y ordenó que las plegarias y las homilías de las mezquitas se hiciesen en su nombre.
Tamerlán regresó a Samarcanda después de siete años. Preparó un ejército de 200.000 hombres y se dirigió a China para conquistarla. Pero en Atrar le detuvo la nieve y el intenso frío, y para combatirlo se puso a beber vino, mas aquel anciano de 71 años veía que éste no le hacía mucho efecto y no entraba en calor, y comenzó a beber licor, y tanto abusó que cayó enfermo. Murió poco después. Llevaron su cuerpo a Samarcanda donde hoy se puede admirar su tumba a la que llaman “Gur-e-Mir” (la Tumba del Emir).
Tamerlán era un hombre cruel, tramposo, bandido, vengativo, y a la vez, de altas miras, inteligente y ansioso de sangre, saqueo y devastación, y al mismo tiempo, gustaba de codearse con los ulemas, de tal guisa que hizo llamar a Samarcanda, desde varias partes del mundo islámico, a ulemas prestigiosos de su época donde los acogió calurosamente. Albergó el deseo de traerse al prestigioso historiador Ibn Jaldun, pero éste, inteligentemente, le dijo que se tenía que llevar todos sus libros de Egipto y así eludió a Tamerlán.
Tamerlán fue uno de los mayores conquistadores del mundo. Sus dominios abarcaban el Turkestán, Jotán, la costa siria del mediterráneo, las estepas rusas, Moscú, Delhi... No obstante, es menester decir que la mayoría de estos territorios no los mantuvo de forma permanente ya que muchos de ellos los abandonaba tras saquearlos. A pesar de ello, sí se puede afirmar que tenía en su poder territorios y regiones como Mongolia, es decir, toda la región que está en la orilla oriental del Oxus, Transoxiana (que se puede considerar como centro de su imperio), Joresmia, Jorasán, Sistán, Afganistán, Gorgán, Irak, Azerbaiyán, Fars, Georgia, Nakhjavan, Aran, Moghan, Shirvan, Armenia, parte de Anatolia, Yazd, Kermán, Isfahán, Mazandarán, Lorestán y Juzestán.
En verde claro, la extensión del Imperio Timúrida a la muerte de Tamerlán.
En el año 1502 Ismail I fue proclamado jefe de la dinastía safávida, tomando como capital Ardabil. Una de sus primeras disposiciones fue declarar al Islam shií como religión estatal. Con los safávidas o safavíes empezó el renacimiento del Irán. El control del país se basó en un gobierno central poderoso. Tahmasp I (1524-1576), sucesor del primer sha safávida, tuvo que enfrentarse a los otomanos y en 1524 y cayó derrotado por el sultán Selim I, perdiendo la capital Tabriz. El Shah Abbas I (1587-1629) consiguió elevar a Persia al nivel de las naciones más avanzadas del momento. Firmó el Tratado de Constantinopla (1590) renunciando a la lucha contra los otomanos, derrotó a los uzbecos en Herat (1597), restableció el dominio sobre Irak y las ciudades santas del shiísmo. Georgia y algunas partes del Cáucaso pasaron a manos persas. Shah Abbas I trasladó la capital a Isfahán y la convirtió en la más bella ciudad del mundo musulmán. Estimuló el comercio exterior con nuevas leyes, algunas, proteccionistas, como la de convertir el negocio de la seda en un monopolio estatal. Hubo otras disposiciones que animaban a los comerciantes europeos a establecer relaciones económicas con el país. En toda Persia se construyeron fabulosas mezquitas y muchas madrasas. La muerte de Shah Abbas I supuso un rápido deterioro del reino. Shah Abbas II (1642-1666) fue un gobernante débil que cayó bajo la influencia de las intrigas palaciegas. El sucesor de Shah Abbas II, Soleymán, (1666-1694) poco pudo hacer para enderezar el rumbo del país.
El último sultán safaví, antes de la caída definitiva de la dinastía a manos de Nader Shah, fue Sultán Huseyn, que sucedió a Shah Soleymán y reinó entre los años 1694 y 1722. Los factores ocultos y evidentes que desde hacía tiempo habían allanado el camino para la decadencia y desaparición de la dinastía, aparecían ahora durante el reinado de este rey de personalidad débil pero bienintencionado. La subida de impuestos, los abusos de gobernadores bisoños y autoritarios, la fuerte presión hacia las minorías religiosas, la presencia e influencia en la corte de elementos irresponsables como los eunucos del harén, la expulsión de personas competentes de la Administración y del ejército, todo ello unido a la poca voluntad del rey era la antesala de la desintegración del estado safaví. En 1701, la insurrección de la tribu afgana de los Galzai en Qandahar que había sido avivada por el estado indio, y la rebelión de los Abdalíes de Herat en 1706, fueron el prólogo de la caída del último rey safaví y que él no supo remediar a tiempo. En 1722 los afganos invaden Isfahán. Cae la dinastía safaví y el país se sume en un caos del que no saldrá hasta terminar el siglo XVIII con la llegada de la dinastía Qayar.
AFSHARÍES 1735-1748
Nader Qoli Jan era el hijo de Emam Qoli, de la tribu de los Qerajlu, que era una ramificación de la tribu de los Afshar. Dicha tribu había sido trasladada a principios de la época safaví a la zona norte de Jorasán para impedir las incursiones de los uzbecos y de los turcomanos, asentándose en Abivard y Darreh Gaz. El historiador oficial de la corte de Nader Shah, Mirza Mehdi Jan, nos dice que Nader Shah nació el sábado 28 de moharram de 1100 de la hégira (1688) y se contenta luego con darnos una parca descripción de la vida de las tribus sin decirnos nada acerca de las alcurnias del último conquistador aparecido en Asia. Lo que sí se puede sacar en claro de todo ello, es que Nader Qoli Jan, antes de la insurrección de los Galzai afganos en Qandahar y de la caída de la dinastía safaví, era un personaje anónimo que guarnecía su vida de pastor con algunas sencillas demostraciones de valor y coraje. La caída de Isfahán en 1722 fue un buen pretexto para que, por un lado, los agitadores del interior y por otro, los pretendientes del exterior, salieran todos de sus rincones y sumieran también al país en un largo y duradero caos. Nader Qoli Jan, que encabezaba un grupo que había sido formado para la defensa de la integridad de la población de Abivard, se puso en primera instancia a las órdenes del jan de la zona, y tras contraer matrimonio dos veces sucesivas con dos de sus hijas, heredó la pequeña región que aquel regentaba. Fue entonces, en 1726, cuando Nader Qoli se unió al príncipe errante safaví Tahmasp Mirza, que estaba buscando amigos y colaboradores abnegados y se dispuso a salvar al país de la quema de los afganos.
Nader Qoli, salió vencedor en las cuatro batallas consecutivas que mantuvo contra los afganos en las regiones de Mehmandust (Damghan), Sar Darreh Jar (cerca de Teherán), Murcheh Jar (Isfahán) y Zargán (Fars). Estaba allanando el terreno para el reestablecimiento de los Safavíes. Después de aquellas batallas, durante los 20 años siguientes, mantuvo continuas guerras contra los otomanos en las que siempre Nader Qoli salía vencedor, y solamente en una ocasión las huestes turcas pudieron derrotarle. Así pues, Nader Qoli expulsó de nuevo a los turcos de las regiones de la ribera sur del mar Negro, Armenia y Georgia.
Nader Shah, a veces llamado el “Napoleón de Persia” debido a sus grandes conquistas
Por otra parte, Pedro el Grande, aprovechando los disturbios internos y siguiendo una política hábil y eficaz, había hecho evacuar los contingentes rusos de la franja del Caspio, de la línea que va de Bakú y Darband a Mazandarán. Nader Qoli aprovechó de forma oportuna la debilidad mostrada por Shah Tahmasp II (1713-1732) para destronarlo. Luego, en 1735, destronó al hijo de éste, aún pequeño, ‘Abbas III, para autoproclamarse rey, designación apoyada en una asamblea celebrada en Dasht Moghan en la que se hallaban presentes nobles, generales, “barbas blancas” y clero de alto rango. Las siguientes empresas con las que continuó fueron dirigirse a Qandahar donde aplastó las rebeliones internas y el reestablecimiento de la calma en todo el país. Por otra parte, debido a que la corte gurkaní de la India había dado refugio a varios fugitivos afganos y aquellos no atendían a las exigencias de Nader Shah, éste no tuvo otra opción que dirigir sus milicias hacia la India. El 24 de febrero de 1739 se produjo la batalla decisiva entre ambos bandos en la región de Karnal, en la India, que se saldó con la derrota del rey Mohammad Shah Gurkaní. Nader Shah entró en Delhi, y, después de acuñar moneda y anunciar su victoria sobre el rival, volvió a sentar a Mohammad Shah Gurkaní sobre su trono. A cambio de ello, el rey de la India devolvió a Persia las zonas de occidentales de Ab Atak y el río Sind.
Al regreso de Nader Shah a Persia, Jodayar Jan ‘Abbasí, gobernador de Sind, comenzó a insubordinarse, lo cual obligó a Nader Shah a ocuparse un año entero en reprimirlo a él y a los afganos para apaciguar la región. El suceso importante de 1741 fue la expedición militar de Nader Shah a Transoxiana y la conquista de la región de la ribera sur del Oxus. Abul Feyz Jan, descendiente de Gengis Jan, sufrió una gran derrota pero fue nombrado, por el mismo Nader Shah, gobernador de Samarcanda, Bujara, y toda la ribera norte del Oxus hasta Sogdiana y Ferghana. Ilias Jan (valí de Joresmia), perdió la vida en su enfrentamiento con ellos.
Así pues, Joresmia recuperó su posición en la historia y fueron de nuevo sometidas las regiones que se hallaban entre los dos grandes lagos que abarca de este a oeste, el mar de Aral y al mar Caspio y de norte a sur desde Mazandarán hasta el desierto de Qipchaq (actual Kazajistán).
Debido a los errores que cometió Nader Shah a la hora de reconocer a sus conspiradores, se llenó de ira contra su propio hijo, Reza Qolí Mirza, y lo cegó (1741). Esta calamidad le causó un desequilibrio mental que se fue agravando cada vez más. Las revueltas internas de los Lazgíes de Daguestán, y las insurrecciones locales de Fars, Gorgán y otros lugares, unido a la negativa de los otomanos en aceptar el shiísmo como una quinta escuela del Islam, provocaron que Nader Shah renunciase a atacar Rusia, Estambul y Transoxiana, y se encerrase en sus luchas internas que lo hostigaban.
Finalmente, el rey murió en Quchan, en 1747, a manos de un grupo de generales muy afines a él, que temían por su vida.Nader Shah fue un dirigente que llevó por última vez las fronteras de Persia a sus confines naturales. Se hizo de grandes buques con el objetivo de hacer devolver a Persia el derecho histórico que ostentaba en el golfo Pérsico y en el mar Caspio.
Los sucesores de Nader Shah
Con la caída del estado afsharí, se desintegró el extenso reino de Persia que por mucho tiempo había estado unido bajo una sola bandera. Por otra parte, los numerosos generales que habían estado a las órdenes de Nader y que mediante él habían llegado a ser importantes, pusieron manos a la obra en la conquista del gobierno, cada uno por su lado. Entre los más poderosos que llegaron a ostentar el poder en Persia un tiempo en alguna de sus regiones, podemos nombrar los siguientes:
Karim Jan Zand (1749-1779). Hasta el año 1749, en que las guerras internas de los remanentes de Nader Shah mostraron su ineptitud en política y asuntos de estado y que prepararon el terreno para la llegada de nuevos pretendientes al poder, nada sabemos de Karim Jan Zand. A tenor de las revueltas que había a la sazón en todo el país, Karim Jan formó un triángulo formado por él, Ali Mardan Jan y Abul Fath Jan Bajtiarí, pero como ninguno de los tres se consideraba inferior respecto al resto del grupo en rango y autoridad, la alianza acabó en disputas. Karim Jan, después de 16 años de guerras continuas, pudo vencer a todos sus rivales, entre los que se contaban Mohammad Hasan Jan Qajar y Azad Jan Afghan, y apoderarse de las regiones centrales, norteñas, sureñas y occidentales del país. Su hermano, Sadeq Jan, pudo arrebatar Basora a los otomanos en 1775, y de esta manera los persas ya dominaban además de la meseta de Irán, la cuenca del Shatt al-Arab, Bahrein y las islas del sur del golfo Pérsico. Tras la muerte de Karim Jan, de nuevo comenzaron las disputas entre sus sucesores, que desembocaron en guerras continuas que también le allanaron el terreno para la llegada de Aqa Mohammad Qajar, fundador de la dinastía qajar.
Shahroj Mirza Afshar.
Era hijo de Reza Qoli Mirza (nieto de Nader Shah) y su madre era hija del sultán safaví Huseyn. Tras el asesinato de Ibrahim Jan, sobrino de Nader Shah, tomó las riendas del gobierno pero fue cegado por Seyyed Mohammad, que se creía miembro de familia safaví y quería proclamarse rey con el nombre de Soleymán Shah, pero Shahroj, de nuevo se sentó en el trono ayudado por Yusef ‘Ali, uno de sus generales, y este Soleymán Shah fue asesinado. Poco más tarde, dos generales llamados Ŷa’far y Mir ‘Alam se unieron, mataron a Yusef ‘Ali y encarcelaron a Shahroj. Fue entonces cuando Ahmad Jan Abdalí invadió Jorasán y de nuevo devolvió la región a las manos de los descendientes de Nader Shah pasando nuevamente así a Shahroj la corona. Fue por esta época cuando Aqa Mohammad Jan Qajar era ya un personaje poderoso, y cuando éste era ya rey en 1795, no tenía más rivales que Shahroj y su hijo, por lo que, tras colocarse la tiara real, la tarea más importante que le quedaba por acometer era la aniquilación de los Afsharíes, y, para ello, se puso en camino hacia Mashad desde Teherán a principios de la primavera del mismo año. En aquel entonces, solamente Mashad y la zona norte de Jorasán estaba bajo el poder de Shahroj y su hijo. Los gobernadores locales, que sólo obedecían nominalmente a Shahroj, salieron en estampida por el miedo y se unieron al campamento de Aqa Mohammad Jan Qajar. En cuanto al hijo de Shahroj, al no poder soportar la presión, abandonó Mashad y huyó hacia Afganistán dejando a su suerte a su ciego padre en Mashad. Aqa Mohammad Jan entró en Mashad sin resistencia. Una vez allí, torturó a todo aquel del que sospechara que sabía donde se encontraba el tesoro real, hasta que llegó el turno al viejo y ciego Shahroj, que finalmente acabó confesando el paradero de los tesoros de la Corona. Tras aquello, Aqa Mohammad Jan deportó a Teherán a Shahroj y a su familia, pero el anciano rey pereció en el camino.
Ahmad Jan Abdalí. Era este hombre uno de los generales de Nader Shah y uno de sus incondicionales en su última época. En poco tiempo pudo conquistar Qandahar y Kabul y aumentar sus dominios con las conquistas del Sind, Punjab y Cachemira. Sus ataques a Mashad no tuvieron ningún resultado.
En lo que se refieren a las zonas del noroeste de Persia, como eran las regiones de Shirván, Aran, Armenia y Georgia, la situación era confusa, aunque, en líneas generales, estaban gobernadas por los Zandíes y sus sucesores. Mientras tanto, Heraclio (valí de Georgia y general de confianza de Nader Shah), se hallaba ocupado en establecer su propio gobierno, pero se sabe que permaneció bajo la hegemonía persa hasta finales del período zandí y principios del qajar, y que, tras las guerras que mantuvo contra éstos últimos (1803-1813) cayó finalmente en manos de los rusos.
En lo que respecta a la parte nordeste de Jorasán y Transoxiana (Bujara, Samarcanda y Joresmia) se encontraban éstas gobernadas por janes uzbecos y turcomanos, que se consideraban a sí mismos descendientes de Gengis Jan.
QAJAR 1795-1925
Tras la muerte de Karim Jan, la tribu de los Qoyunlu se hizo de un ejército que puso al mando de Aqa Mohammad Jan Qajar, que éste utilizó para aniquilar a sus rivales y poner las bases del que sería el estado Qajar con capital en Teherán.
Fue con el inicio de la dinastía Qajar cuando se da fin a los pequeños reinos surgidos a raíz de la desintegración de los Safavíes. Fue también en este período cuando Persia entra en la escena internacional y choca con el imperialismo ruso y británico que en un siglo cambiaron todas las estructuras sociales y que también supusieron una merma en los estamentos del poder. El asesinato de Aqa Mohammad Jan Qajar y la llegada al poder de Fath ‘Ali Shah tuvo como consecuencia al final la dominación extranjera en Persia, como por ejemplo el tratado firmado con Gran Bretaña el 25 de noviembre de 1814 y, por otro lado, los avances de la Rusia zarista en el Cáucaso con el objetivo de hacerse de todo el país y poder llegar a las aguas del golfo Pérsico.
El peor de los todos los tratados fue el de Torkamanchai firmado con Rusia en 1828, en realidad una claudicación en virtud de la cual Persia perdía una gran parte de los territorios del Cáucaso. Con la llegada al trono de Mohammad Shah, nieto de Fath ‘Ali Shah, ayudado por los rusos, según lo acordado en el Tratado de Torkamanchai y con el beneplácito de los ingleses. Tras el asedio de Herat por Mohammad Shah, se intensificó la intromisión de Gran Bretaña en los asuntos de Persia (1838). El embajador inglés y sus altos dignatarios reunieron tropas armadas de afganos para hacerles frente a los persas impidiéndoles que tomaran la ciudad de Herat y obligando a Mohammad Shah a abandonar el asedio, después de enviarle Gran Bretaña varios buques de guerra al golfo Pérsico. Tras la muerte de Mohammad Shah y la llegada al poder de Naser al-Din Shah en 1848, Persia siguió enfrentada a serios problemas como eran la guerra de Aqdarband en Sarajs (1854), la ocupación de la isla de Ashuradeh (1840), la conquista de Herat (1857), las hostigamientos de los otomanos en sus fronteras y la ocupación de Jorramshahr, la conquista de Jark o la guerra de Bushehr (1856), los tratados de París y otros problemas que le hicieron perder a Persia gran parte de sus regiones orientales. Durante el reinado de Mozaffar al-Din Shah, el hijo de Naser al-Din Shah, se produjo la llamada Revolución Constitucional con la cual se buscaba una serie de derechos basados en la independencia, la libertad, la justicia. Pero la dominación de los estados europeos, las desavenencias internas y la corrupción de un gobierno controlado por las potencias implicadas, la desviaron de su camino. En esa misma época se halló petróleo en Persia, lo cual no hizo sino acrecentar las miras de las superpotencias en Irán, especialmente Gran Bretaña.
Tras la muerte de Mozaffar al-Din Shah le sucede su hijo Mohammad ‘Ali Shah que es depuesto al poco tiempo debido a su despotismo y oposición a los liberales y puesto en su lugar su hijo Ahmad Shah, durante cuyo mandato entra en escena Alemania en Asia occidental como una potencia activa. No obstante todos estos acontecimientos, no supusieron un cambio sustancial en la marcha política de Persia. Por otra parte, a finales del reinado de los Qajar hicieron firmar a Persia los tratados capitulantes de 1907 y 1919, es decir, el primero antes de la revolución rusa y el otro después, tratados que quedaron incumplidos debido al despertar del pueblo persa y a varias personalidades de la política y de la religión. Sin embargo, debido a la cercanía del imperio británico, los bolcheviques rusos y la consolidación de una nueva política imperialista en el Asia Central y Occidental, ocurrió el primer fenómeno político en la historia de Irán en el que las superpotencias actuaron como agentes, nos referimos al derrocamiento de la dinastía Qajar y la llegada al trono de Reza Jan Mir Panj Savad Kuhi, más conocido simplemente como Reza Shah (1925) cuya entronización supuso además la puesta en escena de Persia en un nuevo escenario y de la diplomacia, y que, por ende, se cambió, aunque solo aparentemente, muchos de los estamentos sociales.
Después del período safaví, las fronteras de Persia en sus cuatro puntos cardinales sufrieron grandes cambios debido a la llegada al poder de estados tribales y regionales y el colonialismo de las potencias extranjeras. La tribu de los Qajar, que como hemos visto se impuso finalmente sobre las demás, logró crear un estado cuyas fronteras eran verosímiles con la realidad cultural y geográfica persas. Sin embargo, la hegemonía extranjera, enfrentada a las estructuras tradicionales, hizo tambalear a la Persia Qajar y dibujar unas fronteras que son imposibles de definir sin tener en cuenta factores como el principio de equilibrios, políticos y sociales, tanto internos como externos.
En el noroeste, con la imposición de los tratados de Golestán y de Torkamanchai (el Cáucaso), y, en el nordeste, con la imposición del tratado de 1881 (Jorasán y Transoxiana), Rusia se apropió de dos regiones grandes e importantes de Persia, y aunque posteriormente los bolcheviques reconocieron la política abusiva y despótica del zar, las fronteras quedaron igual y apenas se produjeron algunos tímidos cambios. La Unión Soviética nunca devolvió ni siquiera los territorios que se había comprometido a devolver, como por ejemplo Firuzeh. Más al este, con el tratado de París (Herat y Afganistán), y más al sur, siguiendo la misma línea fronteriza (Baluchistán) se consolidaron los intereses de Gran Bretaña en Asia Central y la India. Al oeste, en la frontera que se separaba a los dos estados decadentes, el otomano y el Qajar, rusos e ingleses trazaron unas líneas fronterizas protegiendo sus intereses coloniales en el Cáucaso y el golfo Pérsico con la que no estaban de acuerdo ni los estados de entonces ni la posterior Turquía e Irak.
En el sur, aunque se encontraba el golfo Pérsico que podía marcarse como frontera natural y que a veces era considerado como un mar interior de Persia, nunca éstas aguas descansaron del azote colonial, y como ejemplo de ello podemos mencionar los acontecimientos de Bahrein.
En consecuencia, se puede analizar y obtener un conocimiento completo de las exigencias y ambiciones de las potencias colonialistas echando un vistazo a las fronteras de la Persia Qajar. No solo no fueron tomados en cuenta los factores geográficos, étnicos y culturales para la delineación de las fronteras, sino que incluso fueron puestos al servicio de unas tendencias de los gobiernos regionales en poner en marcha el mecanismo de aceptación de la presencia de la hegemonía extranjera y la sumisión a su poderío.
PAHLAVÍES 1925-1979
Tras la Revolución Constitucional de 1905, cuyos ideales eran la independencia, la libertad y el establecimiento de un gobierno islámico-nacional, y los tres primeros meses después de ser proclamada la Constitución y la apertura del Parlamento, sobre todo a la hora de afrontar el texto final de la misma, las esperanzas del pueblo persa se vinieron abajo y todo terminó en fracaso. Las dos funestas políticas rusa y británica, tras un siglo de rivalidades, desembocaron en la firma de los tratados de 1907 y 1915 sobre la forma de repartición de Persia en zonas de influencia con el objetivo de impedirle la entrada a terceros estados. Durante la I Guerra Mundial (1914-18) violaron la neutralidad de Persia y los contendientes ocuparon varias zonas del país, y Persia se convirtió, pues, en campo de batalla de los turcos, rusos e ingleses. La falta de eficacia de los gobiernos, y las caídas de éstos uno detrás de otro, la inseguridad, el coste y las pérdidas de la guerra, trajo como consecuencia unos levantamientos y movimientos a lo largo del país que incluso ponía en peligro su unidad, estando, pues, a punto de fragmentarse.
La caída de la Rusia zarista, protectora de la dinastía qajar, y la llegada de los bolcheviques, que no dejaban de gritar por la libertad, obligó a Gran Bretaña a partir en dos el país para, por un lado, protegerlo del peligro que suponía la Revolución Rusa y, por otro, ocupar el sitio del rival y asegurarse los beneficios del petróleo.
El tratado Vosuq al-Douleh-Kaks, que convirtió a Persia en un cuasi protectorado en 1919, impidió que ésta interviniera en la Conferencia de Paz de Versalles. El general cosaco Estarvlosky fue apartado por sugerencia del general inglés Ironside, y el general Homayun fue nombrado en su lugar como general de los cosacos. Una ola de protestas se levantó, tanto fuera como dentro del país en contra del tratado de 1919 y la ausencia de una aceptación sin ambages del mismo por parte de Ahmad Shah obligó a Gran Bretaña a cambiar su política respecto a Persia. Se hacía necesario el establecimiento de un gobierno fuerte que impidiese el avance del Ejército Rojo, que ya había llegado hasta Gilán y aplacase las revueltas populares que tanto perjudicaban a los beneficiarios del petróleo, pero que a la vez satisficiese los ideales y las peticiones del pueblo. Las conversaciones que mantuvieron Ironside, Reza Jan y Seyyed Zia al-Din en Qazvin fueron determinantes. Reza Jan ya había sido presentado a los ingleses por el hábil Ardeshir Ŷei, por quien además fue evaluado e instruido. Reza Jan fue el candidato preferido sobre el resto y fue él quien finalmente dio el golpe de estado de 1921.
En primer plano Ahmad Shah, último rey Qajar, justo detrás de él se enuentra Reza Jan, el que pocos años más tarde le arrebatará el trono.
Reza Jan Mir Panj era hijo de ‘Abbas Qoli Jan Savad Kuhi. Nació en 1877, en el pueblo de Alasht. A la edad de 22 años se unió a los cosacos y durante veinte años estuvo ascendiendo de rango hasta que llegó a regentar la comandancia del regimiento cosaco de Atriad, en Hamadán, antes de llegar a sentarse en el trono real. Al joven Ahmad Shah se le garantizó que estaría fuera de peligro durante el golpe de estado. Al rey qajar le obligaron a firmar el edicto que autorizaba el nombramiento de Zia al-Din como ministro y de Reza Jan como general del ejército.
Después del golpe de estado, realizado el lunes 21 de febrero de 1921 a medianoche, tomaron la capital y mediante disparos sin ton ni son, levantamiento de alborotos y peleas no muy serias, pudieron los golpistas difundir el pánico y el terror entre la gente. Al día siguiente fueron detenidos muchos políticos y hombres del gobierno anterior y se tomaron medidas para atraer la atención del pueblo.
Seyyed Zia al-Din Tabatabai, con el objetivo de engañar al país y movido por el deseo de medrar en la política, abolió el tratado de 1919, que ya de hecho había perdido su efecto gracias a la labor de personas osadas como el ayatolá Modarres. El gobierno inglés, por su parte, aceptó con regocijo la abolición de dicho tratado para que de esta manera fuese presentado ante el pueblo el nuevo gabinete nacional como contrario a los ingleses.
El 25 de febrero de 1922 se firmó un tratado amistoso entre Persia y la URSS en el que ésta renunciaba a todas los privilegios de la Rusia zarista. Poco después, el general del ejército fue nombrado ministro de Guerra sustituyendo a Mas’ud Keyhan, y en su lucha por el poder, envió a su colega Seyyed Zia al-Din al exilio. Reza Jan, como ministro de Guerra, junto a Moshir al-Douleh y Mostoufi al-Douleh, fue hasta el 15 de junio de 1923 el principal responsable en las decisiones del Gabinete de Guerra.
Reza Jan unificó las divisiones cosacas, la gendarmería estatal, la brigada central y el resto de las fuerzas pequeñas y dispersas de la policía del sur (SPR) y creó un ejército unificado que sólo ejecutaba las órdenes del ministro de Guerra. Fue entonces cuando dio fin a algunos desórdenes, como el “Levantamiento del bosque” y la revuelta del coronel Pasian.
El “Levantamiento del bosque” estaba basado en luchar contra la tiranía, en altos ideales y en el pensamiento religioso. Surgió de la mano de Mirza Kuchek Ŷangali, en el norte del país, y el poco tiempo que duró pudo resistirse a fuerzas extranjeras como Rusia y Gran Bretaña. Tras la victoria de los bolcheviques y la caída del zar, este levantamiento fue protegido por los nuevos revolucionarios, pero, con el cambio de la política de la URSS basada en el entendimiento con los gobiernos y la renuncia de la política de protección de todas las revoluciones del mundo en el VIII Congreso del Partido Comunista, Mirza Kuchek Ŷangali fue víctima de los acuerdos internacionales, y las fuerzas de Reza Jan pudieron acabar con el remanente que de ellos quedaba. En junio de 1923, el general Reza Jan se hizo nombrar primer ministro por Ahmad Shah, tras lo cual, éste se dispuso para viajar a Europa por tercera vez (31 de octubre de 1923).
El asesinato del mayor Imbery, cónsul de los Estados Unidos en Teherán, hizo posponer el interés de este país en estar presente en la región y le proporcionó un pretexto al general del ejército para imponer el toque de queda en junio de 1924.
La exhortación de la minoría del Parlamento denunciando que la marcha de las actividades del primer ministro eran contrarias a la Constitución, en lugar de acabar con la destitución de Reza Jan, tuvo como resultado la debilitación del Parlamento, además del nombramiento de Reza Jan general de todos los ejércitos (2 de febrero de 1925), nombramiento que fue sucedido por el aplastamiento de rebeldes como Samitaqu y la destitución de Sheij Jaz’al del gobierno de la petrolífera Juzestán, tras lo cual Reza Jan se presentó como héroe nacional porque había desarmado a los disidentes internos y engatusado a los soviéticos. Con el objetivo de adquirir más poder, Reza Jan no pensaba en cambiar el régimen y subir más en escalafón de los ministerios, ni tampoco los ingleses perseguían semejante objetivo; tanto Reza Jan como los ingleses, lo que tenían pensado era cambiar la dinastía en Persia. Sin embargo, como no era posible cambiar de los Qajar a los Pahlaví partiendo de su rango como primer ministro, algo que podría tener como consecuencia un levantamiento popular, por tanto, para preparar al pueblo para este drástico cambio se propuso proclamar la “república”, ya que en aquellos días también el sultanato del imperio otomano se había derrumbado y se había proclamado la “República de Turquía”. Todo esto les daba a los partidarios de Reza Jan una buena excusa para extender su propaganda y exigir la instauración de un gobierno similar en Persia. Para semejante cambio, la mejor vía era la del Parlamento, que tenía la virtud de darle a esta permuta del poder un aire de legalidad. Así, el cambio se produjo a principios de las elecciones al V Parlamento, durante las cuales, el general, apoyado por su ejército y el Ministerio del Interior convocó una asamblea parlamentaria.
En las elecciones de este período, aunque había una minoría opositora como el ayatolá Seyyed Hasan Modarres y el Dr. Mohammad Mosaddeq además de otros, se impusieron los demás de las provincias, los subordinados de Reza Jan y los generales, y, frente a los dos partidos, el de los reformistas y el de los socialistas, formaron otro al que denominaron “Partido Demócrata Independiente” al que poco después cambiaron de nombre por el de “Partido de la Renovación” con el cual dieron inicio a sus actividades. El nuevo partido proponía que antes de darse el visto bueno a las credenciales de las minorías, en cuanto fuese formado el Parlamento (mitad más uno), se llevase el proyecto de la república al Parlamento y fuese aprobado, y que, si las minorías se oponían, fuesen, pues, rechazadas sus credenciales.
Hubo refriegas parlamentarias entre los partidarios de Reza Jan (llamados Fracción Renovadora) y los opositores al liderazgo de Modarres (llamados la minoría), y fue entonces cuando se vio clara la relación que había entre el golpe de estado con el tratado de 1919 y los vínculos de esta ola republicana con el golpe y el papel de los implicados en él, y fue cuando el Parlamento y la sociedad comenzó a manifestar sus primeras reacciones. Modarres era sabedor de que Reza Jan había salido vencedor en las elecciones haciendo uso de sus artimañas e influencias, y también de que había enviado al Parlamento a un grupo de partidarios llamándolos “delegados”. Así pues, decidió Modarres oponerse a su presencia en el Parlamento, denunciando sus credenciales.
Las denuncias de Modarres y sus discursos inculpadores dejaron su impronta y el Parlamentó rechazó las credenciales de varios delegados, como por ejemplo Nurizadeh y ‘Ali Dashti. Las inculpaciones de Modarres irritó de tal manera a los delegados, que cierto día, uno de ellos, el Dr. Huseyn Bahrami (Ehiya al-Saltaneh) le dio una bofetada a Modarres en su camerino de descanso. Este evento no hizo más que incrementar la oposición de la gente a la república de Reza Jan, y por ello, muchos de los esfuerzos de los partidarios de Reza Jan se fueron al traste.
Después de los sucesos del 23 de marzo de 1925 y de las manifestaciones populares en Baharestán, apoyadas por Modarres y en la que intervino el ejército de Reza Jan, que se saldó con muertos y heridos entre los manifestantes, Reza Jan entró en la sala del Parlamento y se enfrentó a los delegados más destacados, sobre todo a Mo’tamen al-Molk, a la sazón presidente del Parlamento, y con ello, se aplacaba el jaleo formado por los “republicanos”.
Reza Jan, tras pedir disculpas y ordenar la liberación de los encarcelados los últimos días, recomendó al pueblo que evitasen el nombre de “república”. Como Reza Jan no podía avanzar debido a la oposición del clero, decidió saltar a escena de una vez con el nombre de reinado. Tras un período de luchas y pacificaciones, y al llegar al rango de General de Todos los Ejércitos, y programar una serie de envíos de telegramas, cartas y misivas a las diferentes provincias del país para consolidar su ejército con los gobernadores partidarios, allanó el terreno para enfrentarse a Ahmad Shah, que ya había perdido el apoyo popular, histórico y político, que condicionaron el V período parlamentario en cuya sesión del 30 de octubre de 1925 se aprobaba un artículo único con el voto a favor de 80 de los 85 delegados, que rezaba así: “El Parlamento Nacional, en el nombre de la felicidad del pueblo, proclama la derroca de la dinastía qajar y cede el gobierno temporalmente, regido según la Constitución y su normativa relacionada, a Reza Jan Pahlaví, en lo que respecta a los deberes del gobierno definitivo, éste queda pospuesto a la opinión del Órgano Constitucional que serán organizadas según la reforma de los artículos 36, 37, 38 y 40 del Anexo de la Constitución.” Diez días después del destronamiento de Ahmad Shah, el embajador de Gran Bretaña visitó a Reza Jan, y, mediante un escrito de parte del gobierno inglés reconoció oficialmente su gobierno, y, al día siguiente, la URSS hizo lo propio mediante su embajador. El Órgano Constitucional se formó el 25 de noviembre de 1925 con una cantidad de delegados tres veces mayor que la del Parlamento y encabezado por Mirza Sadeq Jan Mostashar al-Douleh, y, después de cinco sesiones y cambiando los artículos arriba indicados, proclamó rey a Reza Jan y el derecho a sucesión dinástica de su familia. El nuevo rey fue coronado el 23 de abril de 1926.
La sustitución del Registro Religioso por un Registro Civil dejó a un lado al clero. La separación de la Religión del Estado se convirtió en uno de sus fundamentos y las aportaciones pías (waqf) pasaron a ser propiedad del estado. En lo que respecta al cambio de indumentaria, a la prohibición del velo y a la desislamización, hay que decir que siguieron adelante hasta desembocar en la tragedia de la mezquita de Gouhar Shad, que acabó en masacre (1935) y a este respecto ni siquiera se privaron de encargar a agentes especiales el rondar por las calles de las ciudades con la misión de arrancarles a las mujeres el velo a la fuerza. Para debilitar al clero, Reza Jan ordenó que éstos también tenían que desprenderse de su indumentaria y abstenerse en serio de inmiscuirse en los asuntos sociales. Fue prohibido el luto por el Señor de los Mártires (el imán Huseyn) junto a otros muchos ritos religiosos.
Las mezquitas, cofradías de sufíes y otras instituciones religiosas, estaban como cerradas y esta situación se prolongó hasta el final de su reinado. Desde el VI hasta el XII, el Parlamento siguió funcionando de una forma peculiar convirtiéndose en un centro de los “elegidos de Reza Jan”, y, obviamente, todo lo que allí se aprobaba no eran más que las decisiones del sha. La última de las minorías parlamentarias nos la encontramos en el VII Parlamento, y de ahí en adelante las elecciones que se realizaban en todos los puntos del país se llevaban a cabo con la intervención del estado. La formación de todos los gobiernos se hacía bajo la voluntad regia, e igualmente su caída. Mohammad ‘Ali Forugi, Mirza Hasan Jan Mostoufi al-Mamalek, Mehdi Qoli Jan Hedayat, Mahmud Jam, Ahmad Matin Daftari y Rajab ‘Ali Mansur, fueron los encargados de la elección de la formación del gabinete en su reinado.
La policía de Reza Shah fue al principio puesta al mando del coronel Mohammad Dargahi, y luego fue nombrado Mohammad Sadeq Jan Kupal. Luego fue designado Mohammad Huseyn Ayram, que durante años ejerció dicho cargo haciendo uso de una bestialidad y violencia y un completo control sobre el pueblo para que de este modo la dictadura no tambalease, de tal manera, que para viajar de una ciudad a otra era necesario un salvoconducto policial. En la realización de la política despótica del sha fueron muchas las víctimas sacrificadas, tanto entre disidentes como entre aquellos que en un principio apoyaron y defendieron su causa, como por ejemplo Nosrat al-Douleh, Teymurtash, el general As’ad, Asadi y Dargahi. La prensa estaba sometida a una estricta censura, y una detrás de otra se fueron clausurando todas los periódicos y sus directores condenados. Solamente sobrevivieron los periódicos que elogiaban a los Pahlavíes. En 1931, el ministro de Justicia, en virtud de una interpretación de la Constitución, trasladó también el poder judicial a las manos del dictador.
Gran Bretaña, que desde 1901 tenía exclusividad del petróleo de Persia gracias al tratado de d’Arcy, estaba muy interesada en ampliar dicho tratado mediante la aprobación del Parlamento, así pues, en 1931, las insignificantes ganancias de Persia a través del petróleo se convirtieron aún en más insignificantes de una vez. Se iniciaron conversaciones respecto a este asunto, pero el 6 de diciembre de 1932 el sha se exasperó al ver que las negociaciones no llevaban a ninguna parte, quemó el tratado de d’Arcy y ordenó que el Parlamento anunciase la abrogación del mismo. Pero la compañía petrolera intensificó su enfrentamiento e inició una cruzada propagandística contra Persia. Por primera vez, en este período, la gente se regocijaba al verse enfrentada a los ingleses. Gran Bretaña llevó el asunto a la Sociedad de Naciones y ésta recomendó que ambas partes se aviniesen, y, por tanto, se volvieron a iniciar las negociaciones en 1933, dando como resultado una prórroga de 60 años de las concesiones, tal como querían los ingleses, que fue firmada por Reza Shah, aprobada por el Parlamento y prohibida cualquier controversia ulterior respecto a este asunto.
A pesar de la vigilancia policial, los soviéticos seguían fortaleciendo a los elementos comunistas hasta que en 1929 George Aqapgov, un funcionario de Comercio soviético en Teherán, se refugió en la embajada británica. Él había revelado los secretos de la red de espías soviéticos que actuaban en Persia. Por tal revelación, fueron detenidas varias personas, se ensombrecieron las relaciones con la URSS y la Ley dispuso graves penas para las actividades comunistas. En 1937 surgió otra red izquierdista compuesta de 53 iraníes y encabezada por el Dr. Arani, algunos de sus miembros fueron condenados. En 1935 Reza Shah viajó durante un mes por Turquía en donde mantuvo encuentros con el presidente turco Mustafa Kamal Ataturk. Reza Shah se quedó muy impresionado por los cambios producidos en Turquía, y a su regreso a Persia intensificó su política de occidentalización del país. A principios del reinado de Reza Shah, se abolió la capitulación, se ampliaron las relaciones con los demás países y se limaron las diferencias en cuestiones fronterizas con los países vecinos. En muchas ocasiones, se reconoció el derecho que ostentaba Persia sobre Bahrein sin que se tomara ninguna medida ni teórica ni práctica al respecto, lo que supondría un enfrentamiento con los ingleses. En 1932 se firmó un tratado que delimitaba la línea fronteriza entre Turquía y Persia en la que se incluía el este de Ararat en los dominios turcos. Fue aprobada una ley en 1934 que fijaba las fronteras marítimas y las aguas jurisdiccionales. En 1935 se firmó un tratado, con el voto del estado turco, para la nueva delineación de fronteras con Afganistán, delineadas 45 años antes por el general Maklin y el coronel Mac Mahon que le hacían renunciar a Persia a una gran parte de Jorasán, Sistán y Baluchistán. Finalmente, en 1937, se firmó en el palacio de Sa’adabad un pacto de amistad por la estabilidad política en la región y de no agresión entre Persia, Turquía, Afganistán e Irak. En cuanto al río Hirmand, se firmó también un acuerdo con Afganistán.
A finales de junio de 1941, Alemania ataca la URSS. Churchill se alía con los soviéticos a pesar de su enemistad con estos. Ahora bien, el problema de avituallamiento y aprovisionamiento de las tropas del frente ruso era solamente solucionable a través del ferrocarril de Persia, pero la problemática se había agravado tras declarar Persia su neutralidad en el conflicto bélico. El 17 de julio de 1941 Gran Bretaña y la URSS envían a Persia escritos similares en donde se manifiestan preocupados por las actividades de los alemanes y piden que sea reducido el número de residentes alemanes en Persia a una quinta parte. La misiva privada de Gran Bretaña también incluía una petición de cesión de carreteras, pero Persia no echó cuenta al asunto. El ultimátum de los dos países y el mensaje de Hitler pusieron a Reza Shah en una situación escabrosa, por lo cual tomó una política de dejar pasar el tiempo. En la mañana del 24 de agosto de 1941, Persia fue atacada por las fronteras norte y sur. El ejército en el que Reza Shah había puesto tanto empeño, nada pudo hacer frente a la entrada de las fuerzas ocupantes, que por otra parte tampoco estaba apoyado por el pueblo, disolviéndose poco después.
Para mantenerse Reza Shah en el poder, éste necesitaba de la ayuda de los ingleses, pero no era fácil atraerse sus simpatías bajo aquellas circunstancias. No tuvo más opción que aferrarse a Forougi, a quien había dejado de lado hacía muchos años. Los rusos se opusieron tenazmente a la presencia de Reza Shah e incluso llegaron a mencionar la posibilidad de una restitución de la dinastía qajar o bien de instaurar una república. Pero al parecer la idea fue rechazada teniendo en cuenta los antecedentes masónicos de Forougi, y así pues, se dispuso que Reza Shah fuera destronado y que abdicase en su hijo Mohammad Reza, y que de esta manera se mantuviese la influencia y la presencia británica en el gobierno persa. Reza Shah marchó al exilio tras su destitución. Cuando Reza Shah dio su golpe de estado, no tenía ni tierras ni factorías, pero cuando derrocado poseía varios miles de escrituras de tierras a su nombre y era considerado uno de los hombres más ricos del planeta.
A mediados de septiembre de 1941, tras la abdicación de su padre y en cumplimiento de la palabra dada por los Aliados a Forougi, fue entronizado el joven veinteañero Mohammad Reza, y, en un país ocupado por milicias extranjeras, se hicieron los juramentos pertinentes en el Parlamento. La libertad habida tras la caída del dictador fue pareja con las fatalidades de la guerra y la presencia en el país de fuerzas extranjeras. El clamor popular gritó venganza por las calamidades de las que habían sido objeto en el pasado, que fueron respondidas con promesas de restitución del agravio, juicio de los criminales, devolución de las tierras confiscadas y respeto a la Constitución. Irán, con la firma trilateral del tratado firmado por Smirnoff (embajador de la URSS), Boulard (embajador británico) y el ministro de Asuntos Exteriores iraní ‘Ali Soheyli, se unió a los Aliados, y, por su parte, la URSS y Gran Bretaña se comprometieron a respetar la independencia y la integridad física del territorio iraní. Con la dimisión de Forougi como primer ministro, Soheyli le sustituyó (8 de marzo de 1942). La hambruna, la indigencia y epidemias como el tifus se extendieron y dejaron al pueblo exhausto. Al estado le fue permitido imprimir billetes y éste dejó la tarea en manos de los Aliados. La URSS fundó el partido comunista del Tudeh e hizo de él un partido próspero. Los gobernantes estaban en manos de los ingleses y por ello se fundaron partidos opositores al Tudeh. Los juicios contra Mojtari y Pezeshk Ahmadi no hacían sino revelar todos los secretos de la dictadura anterior. Qovam, después de 20 años de cese regresa a la escena política y toma el poder para afianzar la influencia de Estados Unidos como Gran Bretaña. De nuevo Sir Arthur Chester Milespo entra en comisiones con consejeros militares y financieros en Irán. Pero Gran Bretaña no estaba de acuerdo con esta política. Soheyli es de nuevo puesto en escena y él le declara la guerra a Alemania el 7 de septiembre de 1943 y se adhiere al pacto de las Naciones Unidas. En diciembre de 1944 se celebra en Teherán una conferencia a la que asisten Stalin, Roosevelt y Churchill, donde se toman importantes decisiones respecto a la guerra y donde Irán fue denominada como “puente de la victoria”. Las elecciones al XIV Parlamento se celebraron en un clima de luchas partidistas, bélico y de ocupación e influencia extranjera, y, aún así, gracias al esfuerzo del pueblo, desde Teherán fueron elegidos el ayatolá Kashani y el Dr. Mohammad Mosaddeq, sin embargo el primero permaneció detenido por los ingleses hasta el final de la legislatura con el pretexto de haber tenido relaciones con los alemanes.
El XIV Parlamento fue el lugar de fricciones entre las diversas facciones políticas, de los escándalos y de los rechazos de las credenciales. Fueron rechazadas las credenciales de Pishevari. El Dr. Mosaddeq, rechazando también las de Zia al-Din, buscaba dejar manifiesto los vínculos que habían entre el reinado de Reza Shah y las fuerza extranjeras. Mosaddeq, apoyado por varios delegados logra anular las concesiones de Milespo a quien posteriormente expulsa de Irán y se opone a la concesión de cualquier tipo de privilegios a los extranjeros mientras estos estuviesen ocupando el país. El 27 de marzo de 1944, Sa’ed sustituye en el cargo a Soheyli. En agosto del mismo año muere Reza Shah en Johannesburgo y el nuevo sha no tenía potestad para rendirle honores. Saham al-Saltaneh Bayat y Hakim al-Molk Sadr al-Ashraf fueron otros políticos que formaron breves gobiernos durante el XIV Parlamento.
Tras la derrota y la rendición de Alemania quedó lista la Carta de las Naciones Unidas. Irán fue uno de los primeros países en firmarla. En la conferencia del 17 de julio de 1945 en Potsdam, Irán planteó la cuestión de la retirada de las tropas extranjeras del territorio iraní. Stalin y Churchill se pusieron de acuerdo para evacuar Irán inmediatamente. Tras el bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki y la rendición incondicional de Japón, Irán pidió mediante un escrito la retirada de las tropas extranjeras. Los ministros de exteriores de los tres países ocupantes se pusieron de acuerdo para abandonar Irán hasta el 2 de marzo de 1946. Mientras tanto, Pishevari no cesaba de atacar a los gobernantes en el periódico Azhir, y, al abrigo de las fuerzas soviéticas y del ejército que se había preparado, ocupó Azerbaiyán. El gobierno central, encabezado por el recientemente nombrado Sadr al-Ashraf, no sin controversias, no tomó ninguna medida frente a los disturbios de Azerbaiyán. El siguiente gobierno, encabezado por Hakimi protestó diciendo que los soviéticos estaban siendo apoyados por el Partido Demócrata, por lo que solicitó la ayuda de Gran Bretaña y de Estados Unidos.
El ejército rojo impidió la llegada de las fuerzas centrales a Azerbaiyán (20 de noviembre de 1945). Las ciudades de Azerbaiyán fueron ocupadas por el Partido Demócrata. Gran Bretaña y los Estados Unidos, preocupados por las acciones de la Unión Soviética, mostraron las primeras reacciones. Mientras tanto, el partido kurdo de Kumaleh declara oficialmente la fundación de la República del Kurdistán presidida por Qazi Mohammad (febrero de 1946). Tres meses después, protegidos por el ejército rojo, los gobiernos independientes de Azerbaiyán y Kurdistán firmaron pactos de amistad y alianza (22 de abril de 1946). Poco después, en Juzestán y Fars, grupos apoyados por los ingleses levantaron disturbios y esto era una forma de enfrentamiento práctico frente a la política soviética en Azerbaiyán y Kurdistán.
En la primera sesión pública de la ONU se anunció que Irán había presentado en el Consejo de Seguridad una denuncia contra la URSS según el artículo 35 de la Carta. Vishinsky, el delegado soviético, rechazó las acusaciones de Irán. El asunto de Azerbaiyán fue el primer problema a solucionar que se le presentó a la recién estrenada ONU y es por ello que fue objeto de atención por parte de la opinión pública, la prensa y los delegados del resto de los países. El 25 de enero Qovam al-Saltaneh aparece de nuevo en la escena política, esta vez como primer ministro y aparentando avenirse con los partidos de izquierda y la URSS, aunque en su fuero interno se basaba en la política occidental. Pidió tener conversaciones directas con Stalin y Molotov y para ello se trasladó a Moscú en un avión ruso. Las primeras peticiones de Stalin eran difíciles. Qovam sólo le prometió la explotación común del petróleo del norte, promesa que acabó plasmándose en la firma de un tratado. El Consejo de Seguridad invitó a ambas partes a mantener conversaciones. Estados Unidos amenazó a la URSS por mantener todavía ocupado el territorio iraní y los soviéticos reaccionaron retirando sus tropas el 8 de mayo de 1946, con el objetivo de obtener el codiciado petróleo del norte, detener las denuncias de Irán contra él en la ONU y evitar un enfrentamiento con Estados Unidos. Así pues, con la intervención del ejército, Azerbaiyán se salvó de la secesión (11 de diciembre de 1946) y el poder central se estabilizó con el apoyo de Occidente y el Kurdistán se conservó tras derrocar a la república kurda en enero de 1947 y ejecutar a la cúpula de sus jefes.
En el XV Parlamento, el 20 de octubre de 1947, se anunció por las buenas el Acuerdo de Qovam-Sadchikov que obligó al estado a que las petroleras inglesas e iraníes cooperasen para que así la nación obtuviese todos sus derechos. Esta decisión irritó a la URSS, alegró a USA y preocupó a Gran Bretaña, lo cual trajo sus consecuencias. Qovam, al contrario de lo que se esperaba, fue destituido en el auge de su poder. Entre 1947 y 1951 los sucesivos gabinetes de Hakimi, Hazhir, Sa’ed, Mansur, Razmara y ‘Ala se formaron solamente con el objetivo de consolidar la corte y enfrentarse a los movimientos que exigían el gobierno y la garantía sobre los intereses de la nación.
El atentado contra el sha el 3 de febrero de 1949 en la Universidad de Teherán les brindó una oportunidad a los subordinados del colonialismo inglés en Irán para ponerse manos a la obra en el logro de sus objetivos. La primera medida fue declarar en Teherán el toque de queda, luego fue declarado ilegal el Tudeh, siendo sus miembros y agentes activos quitados de en medio. Por otra parte, el ayatolá Kashani fue detenido y exiliado al Líbano. Hicieron una serie de cambios en la Constitución haciendo reunir a los miembros del Órgano Constitucional y con la aprobación del Senado, cuya mitad de sus miembros eran personas designadas a dedo, con todo ello, el sha estuvo en condiciones y con el poder suficiente para poder disolver los dos parlamentos.
Durante la legislatura del primer ministro Sa’ed y tras largas negociaciones entre los delegados ingleses e iraníes (Gas y Golshayan), se firmó un Anexo al tratado del petróleo de 1933. Sa’ed llevó dicho Anexo al final del XV Parlamento pero no pudo ser aprobado debido a la oposición de la relevante minoría de aquel entonces. Las conversaciones mantenidas sobre el Anexo del tratado del petróleo se difundieron y la gente se enteró de la naturaleza del tratado anterior. El gobierno de Sa’ed no pudo resistir la embestida y éste dimitió. Después de él fue nombrado primer ministro ‘Ali Mansur. Él también, después de que el XIV Parlamento le rechazase el Anexo, le dio su puesto a Razmara, a la sazón jefe del ejército. El Anexo fue llevado ante una comisión especial presidida por el Dr. Mosaddeq quien durante una rueda de prensa declaró nulos los tratados de d’Arcy, el de 1933 y el Anexo a éste último. El ayatolá Kashani, que a la sazón se encontraba en el campo de batalla junto a otros ulemas, apoyó la nacionalización del petróleo. Los ingleses, para enfrentarse a semejante levantamiento, trajeron a colación la problemática de la independencia de los nuevos estados árabes del golfo Pérsico entre los cuales se incluía el Juzestán iraní. Luego, para cercar a Irán económicamente, cerraron en Irán dos bancos británicos y exigieron la devolución de la fianza al banco, que ascendía a un millón de libras, y la devolución de los créditos dados a los comerciantes iraníes, y la compañía petrolera sacó de la circulación sus 150 millones de tomanes. A las severas medidas tomadas por los ingleses se sumó también el enfrentamiento de Razmara contra estos levantamientos. Con la muerte de Razmara en atentado terrorista por un miembro de los fidaíes del Islam (Jalil Tahmasbi), el levantamiento nacional creció y comenzaban a tambalearse las columnas de la influencia extranjera. Fue abrogado el tratado de Gas-Golshayan que defendía los intereses británicos sobre el petróleo, y, a principios de 1951, fueron aprobadas las bases de la nacionalización de la industria del petróleo en todo el país, y, tras un breve período de ocaso de ‘Ala, el Dr. Mosaddeq se encargó de hacerla efectiva. Durante el primer año y medio de mandato de Mosaddeq le pusieron multitud de obstáculos para impedirle que nacionalizase el petróleo, como por ejemplo, amenazas militares, cerco económico, denuncias ante el Consejo de Seguridad y al Tribunal de la Haya, envío de comisiones como la de Jacks y Stocks y mediaciones de los Estados Unidos, hasta que Mosaddeq no pudo ponerse de acuerdo con el sha para presentar su gobierno y dimitió, siendo sustituido por Qovam al-Saltaneh que sólo pudo mantenerse en el cargo cuatro días debido a la movilización popular liderada por el ayatolá Kashani (20 de julio de 1952) después de lo cual se cortaron las relaciones con Gran Bretaña.
A pesar de la honorable victoria del pueblo de aquel 20 de julio los acontecimientos de los días y los meses siguientes fueron lamentables a la vez que admonitorios. Las circunstancias internas y las conspiraciones externas causaron desavenencias entre el dr. Mosaddeq y el ayatolá Kashani, de tal manera que en el segundo período de legislatura fueron dejados de lado paulatinamente los primeros líderes del movimiento y fueron puestos entre bastidores a personas sospechosas.
Mosaddeq se hizo con el poder de la legislatura y disolvió el Parlamento. El sha pudo aprovecharse de esta situación y destituir a Mosaddeq. Estados Unidos, Gran Bretaña y sus agentes conspiraron contra el movimiento y fue cuando sucedieron los acontecimientos del 15 al 18 de agosto de 1953. A pesar de la atmósfera reinante entre ambos, el ayatolá Kashani le envió el 17 de agosto una carta al Dr. Mosaddeq en la que le avisaba del inminente golpe de estado de Zahedi, pero desgraciadamente los últimos esfuerzos realizados para crear una coalición quedaron en papel mojado, y, al día siguiente, el 28 de agosto, el general Zahedi, apoyado directamente por Estados Unidos y Gran Bretaña y acompañado por un grupo que fue preparado en el interior del país, pudo hacerse fácilmente con el gobierno y ser el primer ministro del golpe de estado y el sha pudo regresar del extranjero al que había huido. Estados Unidos, que había tenido una participación relevante en el golpe, y aunque Gran Bretaña no había perdido su efectividad, entra por primera vez de forma activa en la escena política de Oriente Medio sustituyendo a la potencia colonialista anterior, y, astutamente y haciendo uso de la experiencia colonialista de Gran Bretaña, utilizó nuevos métodos de imperialismo con los cuales pudieron reprimir todas las manifestaciones populares. Zahedi, apoyado por los Estados Unidos y el toque de queda de Teymur Bajtiar, pudo vengarse de todos los que lucharon en las manifestaciones y levantamientos. En este ambiente represivo y después de un año de haber sido nacionalizado el petróleo, éste fue puesto en las manos de los cárteles petroleros en virtud del Consorcio Amini-Pich, y Estados Unidos jugó en ello el mismo papel que Gran Bretaña.
El XVIII Parlamento aprobó un tratado que era contrario a la nacionalización del petróleo y echó a perder varios años de esfuerzos del pueblo iraní. Comenzó el saqueo del crudo y cada vez fue a más. En 1955, Huseyn ‘Ala ocupó el lugar de Zahedi como primer ministro. Se firmó el Pacto de Bagdad con el objeto de enfrentarse al movimiento de Ŷamal ‘Abdul Naser, presidente de la República de Egipto, y completar el cerco contra la URSS dirigido por los ingleses. Los fidaíes del Islam quisieron eliminar a ‘Ala pero no tuvieron éxito y fueron además detenidos, juzgados en consejo de guerra y fusilados. La URSS, descontenta por lo ocurrido y porque se estaba reprimiendo al partido comunista del Tudeh, devolvió 11 toneladas del oro iraní —que no había dado al precario gobierno de Mosaddeq— al gobierno de Zahedi. Desde 1957 a 1960, el Dr. Eqbal estuvo en la jefatura del gobierno. Se fundó la SAVAK, siglas de “Sazeman-e-Amniyat Va Ettela’t-e-Keshvar” (Órgano de Seguridad e Información del País). Los partidos y la prensa, que hasta entonces habían permanecido en un estado de cierre, fueron sometidos a un control y una censura más férrea, y el sha cumplió su deseo de tener un heredero, después de sus terceras nupcias.
Fue por esta época cuando cayó el régimen monárquico de Irak (13 de julio de 1958) y su sustitución por el gobierno de ‘Abdul Karim Qasem, de tendencias izquierdistas, hizo temblar al sha. Con la salida de Irak del Pacto de Bagdad, éste se convirtió en el Pacto de Cento. La corrupción de la cúpula del gobierno y de la Administración, la inflación y la mala situación económica hizo crecer el descontento del pueblo, lo que sumado a la elección de Kennedy como presidente de Estados Unidos (7 de noviembre de 1960) y la declaración de éste de no apoyar a las monarquías corruptas, supuso un duro golpe para el sha pues le brindó a sus opositores la oportunidad de darse a conocer. Las elecciones al XX Parlamento y la lucha fingida entre el partido de los nacionalistas y el del pueblo provocó una situación desastrosa que obligó a Eqbal a dimitir y a salir del país (26 de agosto de 1960). Se anunció la nulidad de las elecciones. El conocido masón Sharif Emami, aparentando nacionalismo, tomó el compromiso de solucionar la crisis, pero las elecciones por él preparadas tampoco tenían ninguna credibilidad. Los ayatolás Borujerdi y Kashani, luchadores infatigables desde el principio hasta el final, murieron en 1961, y con el rendimiento de honores de los que fueron objeto, el clero mostraba así el gran apoyo popular con el que contaban. En aquella libertad relativa que la cúpula gobernante y la SAVAK se habían visto forzadas a dar para solucionar la crisis, Estados Unidos propuso a Amini como primer ministro, lo que el sha aceptó a regañadientes. Para engañar al pueblo, Amini disolvió el Parlamento ilegítimo, y, en el nombre de la lucha contra la corrupción, llevó a cabo varios procesos judiciales, propuso reformas agrarias y puso algunos peligros ante el rey. Durante un viaje del sha a Estados Unidos en marzo de 1962, pudo atraerse el beneplácito de Washington para poder continuar con sus actividades. Como resultado, Amini, preocupado por Estados Unidos, dimitió el 17 de julio de 1962. Se formó el gobierno de Asadullah A’lam, que no era más que el gobierno del sha. El gobierno se opuso al Islam en lo tocante a las asociaciones provinciales y regionales y se pensó que de esta manera ya no quedaban obstáculos frente a sí. La lucha que inició el clero desde Qom, cuyo eje central era el ayatolá Ruhollah Jomeini, creció y se saldó con su victoria y el repliegue del gobierno. Pero después se instituyó el referéndum para la aprobación de los seis artículos de la Revolución Blanca (que fue posteriormente ampliada) a la que se opusieron los ulemas y clérigos de alto rango, especialmente el ayatolá Jomeini que era quien llevaba el liderazgo de la lucha. La declaración de los ulemas y de Jomeini vetando el referéndum en todo el país, colocó al gobierno en una posición hostil. Fueron encarcelados o exiliados muchos ulemas, universitarios, seminaristas, académicos y gente normal, por haberse opuesto a aquella su causa, y, con la marcha del sha a Qom con el objeto de enfrentarse al clero en una conferencia dada a un grupo de personas que habían sido llevadas desde Teherán, y haciendo uso de su poder y su violencia, llevó a cabo sus planes tras un referéndum simulado.
En marzo de 1963 fueron asesinados o heridos 7 grupos de seminaristas, jóvenes religiosos y luchadores, tras ser atacados en el seminario de Qom (Feyziyeh) y de Tabriz (Talebiyeh). Durante las celebraciones religiosas de la Ashura del mismo año, y después de que el ayatolá Jomeini hubiese atacado y pronunciado una áspera conferencia contra el sha, las fuerzas del orden provocó desórdenes que acabaron con su detención, que a su vez tuvo como consecuencia el histórico levantamiento del 15 de Jordad de 1342 (4 de junio de 1963) que apoyaba a aquel líder religioso que había sido arrestado. Después de las elecciones del XXI Parlamento Asadullah A’lam le cedió su puesto a Huseyn ‘Ali Mansur, del Centro del Progreso (Kanun-e-Moteraqqi), que más tarde se convertiría en el Partido del Nuevo Irán. En noviembre de 1964 la luchas contra las capitulaciones a favor de Estados Unidos acabaron con el exilio a Turquía del ayatolá Jomeini, tras lo cual Mansur cayó asesinado por los luchadores del Islam de los Comités Aliados (febrero de 1965). Hoveyda ocupó el lugar de su amigo asesinado. En marzo de 1965 salió ileso de un atentado perpetrado contra él en el Palacio de Mármol.
El primer ministro Abbas Hoveyda, mano derecha del sha Mohammad Reza, Hoveyda ejerció como primer ministro durante trece años, por lo que su mandato es el más largo del período constitucional, y ello sucedía mientras grupos armados se preparaban para la lucha, y la SAVAK había creado un ambiente de terror y de represión sin precedentes. El último cambio en la Constitución fue realizado en 1963 y reconocía a la madre del heredero a la corona con el título de Nayeb al-Saltaneh, para que así ella estuviese presente en los actos de la coronación y fuese también oficialmente coronada. En 1970 la isla iraní de Bahrein que era la XIV provincia del país y desde hacía años era administrada por el gobierno inglés mediante gobernadores locales, fue separada de Irán aparentemente por iniciativa conjunta del sha y de Gran Bretaña y la intromisión del Consejo de Seguridad. La separación fue aprobada en los dos parlamentos de Irán, y, a cambio, las islas iraníes de la Pequeña Tumb, la Gran Tumb y Abu Musa (que siempre habían pertenecido a Irán) siguieron en poder de Irán tras un alardeo militar. Aquellos que conocían el asunto y protestaron por la medida, fueron perseguidos y encarcelados.
Entre 1971 y 1975 (XXIII Parlamento), se incrementaron los consejos de guerra así como la lucha armada, la formación de grupos disidentes, las fricciones y las ejecuciones. La SAVAK fue pronto fortalecida gracias a la ayuda de la CIA americana y del MOSAD de Israel, y se pertrechó de instrumentos de tortura y nuevos métodos de inteligencia y espionaje. Los presos políticos fueron sometidos aún a más torturas y calamidades. En el terreno cultural, los lemas principales eran la desislamización y la sustitución del Islam por una cultura basada en la realeza, con elementos occidentalizados, una imitación de los señores de América y Europa, mezclado con una cultura preislámica, expansión del libertinaje, difusión de la corrupción en todo el país mediante centros como los llamados Palacios de los Jóvenes, cabarets, clubes de diversión, películas triviales, casinos y otros centros de corrupción, todo ello era un programa bien calculado con el que el régimen pretendía hacer desaparecer en el fango de la lujuria y de la corrupción todo el potencial del pensamiento y la pureza de espíritu juveniles para que de esta forma no pudiesen éstos reflexionar sobre el destino que le aguardaba a su país, y mientras, por otro lado, a los pocos jóvenes que estaban interesados por el estudio y las controversias los mantenían entretenidos mediante programas de estudios espurios en los que se incluían las polémicas entre la nueva poesía y la tradicional, y otras controversias como la del modernismo y la igualdad entre el hombre y la mujer.
En 1973 crecieron los ingresos derivados de la venta del crudo y se anunció que Irán había ya logrado obtener total potestad sobre su petróleo. Mientras tanto, en Afganistán se producía un golpe de estado que convertía al país en una república, lo cual era un aviso para el sha. Después de la cuarta guerra entre árabes e israelíes y la negativa de aquellos a venderle petróleo a Occidente, el barril de crudo subió en Irán un 400% y los ingresos se dispararon de tal manera que el sha se veía incapaz de gastarlo todo, por lo que se puso generosamente a repartirlo entre muchos países o a dar préstamos a cambio de nada y a adquirir numeroso armamento moderno, hasta ganarse los adjetivos de “potencia” y “gendarme” de la región. Siguiendo la política de Estados Unidos, el ejército iraní se presentó en el frente de la ciudad de Zaffar para aplastar a los que luchaban contra el sultán de Omán. Las disputas fronterizas entre Irán e Irak aumentaron hasta llegar al conflicto armado, y, finalmente, en marzo de 1974, fue firmado el tratado de Argelia en el que hacían las paces y se fijaban las fronteras entre ambos países. Cuando el sha se vio a sí mismo en tan consolidada posición y se cansó de jugar a la democracia con los dos partidos, buscando el poder absoluto y haciendo uso de un gesto político, disolvió todos los partidos y fundó y declaró el partido único del Rastajiz del que todos los ciudadanos debían ser miembros. También cambió el punto de partida del calendario por el de la hégira del profeta Mahoma a la entronización del primer rey del Irán Antiguo. Todas estas medidas crearon una situación irreconciliable del régimen con el pueblo. Durante esta época y en años anteriores, el sha había viajado a muchos países, o bien él había sido el anfitrión de muchos jefes de estado, algo que los reyes anteriores no habían hecho. Al contrario de lo que esperaba el sha, en las elecciones de Estados Unidos salió vencedor Jimmy Carter (2 de noviembre de 1976).
La problemática del respeto de los derechos humanos obligó al sha a proclamar un espacio abierto políticamente. Los ataques de las diferentes organizaciones internacionales a su régimen y sus violentos antecedentes eran algo que desagradaban al sha. En el interior del país se intensificaron las actividades de los adversarios y se hizo evidentes a ojos de todos los países, grandes y pequeños, la faceta violenta de su régimen, del gobierno de Hoveyda y de la SAVAK. Para salvar al sha fue necesaria la dimisión de Hoveyda (5 de agosto de 1977) y Ŷamshid Amuzegar lo sustituyó en su cargo de primer ministro en las peores condiciones y después de muchos años de espera. Hoveyda fue nombrado ministro de la corte, pero para apaciguar al pueblo era menester que estuviese un tiempo encarcelado en la prisión de Dezhban. Las manifestaciones y las huelgas no hacían más que aumentar en el interior del país. El sha, creyendo que podría obtener alguna ventaja ante la Casa Blanca, como le pasó la vez anterior, viajó a América para atraerse a Carter (13 de noviembre de 1977), pero debido a los gases lacrimógenos que se tuvieron que usar en la ceremonia de recepción para dispersar las manifestaciones de los iraníes conglomerados frente a la Casa Blanca, el sha fue presentado en escena con lágrimas en los ojos. Las actividades tenaces del imán Jomeini continuaban en 1977 durante su exilio en Najaf, y, en el interior del país, de nada servían ya las estrategias de la SAVAK. Cada preso que era liberado era acompañado de concentraciones y manifestaciones. La muerte sospechosa del hijo de Jomeini, Haŷ Seyyed Mostafa Jomeini, en Najaf, tuvo una repercusión en Irán hasta tal punto que la publicación de un artículo en el periódico Ettela’at el 6 de enero de 1978 en contra del imán fue seguida de manifestaciones sangrientas en la ciudad de Qom y cuarenta días después en Tabriz, mientras en el resto de las ciudades habían movilizaciones rumorosas que no cesaron hasta la caída del régimen. Bagdad fue sometida a presión. El entonces ministro de Asuntos Exteriores, Jel’atbori marchó a tener un encuentro con Hasan al-Bakr y Saddam Huseyn. La familia real y los cortesanos sacaron todas sus pertenencias del país. El Now Ruz del año 1357 (año nuevo iraní, marzo de 1978) Jomeini declaró luto nacional.
Los presos políticos comenzaron a hacer huelga de hambre. Los mensajes del imán Jomeini se propagaban rápidamente por todo el país. La huelga en la industria del petróleo paralizó el país. Paulatinamente, el lema “muerte al sha” estaba en boca de todos y se decretó el toque de queda en Isfahán y otras diez ciudades. A primeros del mes de ramadán el grito de “Allah-o-Akbar” (Dios es el más grande) se escuchaba desde todos los tejados. Sullivan y Parsoner, embajadores de Estados Unidos y Gran Bretaña, estaban en contacto permanente con sus centros y con la corte del sha. Este esperaba tener un apoyo serio. La tragedia ocurrida en el cine Rex, en Abadán, en la que perecieron quemadas 400 personas fue como un disparo al gabinete de Amuzegar.
Sharif Emami tuvo un voto de confianza en el Parlamento como gestor de la Reconciliación Nacional, mientras que él había sido jefe del Senado durante 13 años. Todas sus estratagemas para engañar al Líder y al pueblo no tuvieron resultado. Las manifestaciones multitudinarias, el repentino toque de queda impuesto y la matanza del 17 de shahrivar (7 de septiembre) en la plaza de Zhaleh, le obligaron a presentar su dimisión. Estos sucesos tuvieron en la escena internacional una repercusión muy negativa para el régimen del sha. Éste estaba aterrorizado porque USA lo había abandonado a su suerte y este pensamiento le quitaba los ánimos al dictador. Pero creyendo que los toques de queda podrían solucionar la crisis, y el anuncio de que “había escuchado la voz de la revolución e iba a compensar los muertos” instituyó el 4 de noviembre de 1978 el gobierno militar de Azhari hasta el reestablecimiento de la seguridad nacional. Con el traslado de residencia del Líder de la Revolución a Neauphle-le-Chateau, en París, el movimiento alcanzó ya una dimensión mundial.
Las huelgas, manifestaciones y desplantes contra el gobierno militar de Azhari se intensificaron y pasaron a ser parte de la programación radiotelevisiva. Los militares comenzaron a desertar de los cuarteles. Los guardianes del sha que quedaron le recomendaron que formase un gobierno popular, tras lo cual los militares plantearon la posibilidad de dar un golpe de estado y cometer una masacre. La enfermedad que el sha había mantenido en secreto hasta entonces le mantuvo en la duda de qué hacer. Entre los líderes del antiguo Frente Nacional, el candidato más adecuado era Shahpur Bajtiar quien se presentó voluntario y fue investido el 6 de enero de 1979 en medio de una tormenta de fuego y sangre que estaba ahogando al pueblo.
Se convocó al Consejo del Reino. El 15 de enero el sha se marcha para siempre de Irán con los ojos llorosos mientras la nación salta de alegría. Jomeini formó el Consejo de la Revolución, y el líder se preparó para su regreso a Irán. Los patrocinadores de Bajtiar extranjeros intentaban retrasar este regreso. Se cerró el aeropuerto de Teherán, pero el imán pudo regresar gracias a la voluntad del pueblo y a las multitudinarias concentraciones (31 de enero de 1979) y se produjo el gran encuentro histórico, por lo cual ya no quedaba otra opción que la caída de la dinastía y la institución de un gobierno islámico.
Todos los ojos del mundo estaban puestos en el lugar de residencia del Líder. Bazargan fue nombrado primer ministro de forma temporal por el Imán. Bajtiar seguía luchando por conservar Irán como reino y su única esperanza era el ejército cuya cúpula estaba inclinada hacia la Revolución. El 9 de febrero los oficiales de las Fuerza Aéreas se formaron junto a la Guardia de Corps del sha y el régimen anunció toque de queda desde las cuatro de la tarde con el fin de acabar con el levantamiento popular, pero el mensaje del imán diciendo al pueblo de que no hiciesen caso dejó sin efecto la medida e imposibilitó un golpe de estado.
La gente abrió los centros de armamentos. Se habían levantado barricadas en las calles y en las azoteas. Fueron asaltados los carros de combate. Los edificios estatales y de las fuerzas del orden fueron tomados uno detrás de otro. La revolución islámica triunfó con un saldo de miles de mártires y se anunció el fin de un reinado de 2500 años (10 de febrero de 1979).
El gran ayatolá Haŷŷ Seyyed Ruhollah Jomeini, ya estaba en el escenario de la lucha desde 1963, y tras años de haber ostentado el rango de autoridad y modelo a imitar y medio siglo de estudio de las ciencias islámicas, y pasar 15 años viviendo en el exilio, tomó las riendas del liderazgo de una de las más impresionantes revoluciones del mundo, y el pueblo iraní pudo, de una forma sin precedentes, derribar todas las barreras que ante él se impusieron. Desde que el 31 de enero de 1979 el imán Jomeini regresara de París aclamado por el pueblo musulmán, hasta el 10 de febrero, fueron denominados aquellos diez días como “Dahe-ye-fajr” (Los diez días del amanecer) y fue entonces cuando se declaró la victoria. Vio a millones de iraníes en la Escuela Refah los cuales le manifestaron su obediencia. Antes de entrar, se formó el Consejo de la Revolución, y después de su entrada, el Gobierno Provisional. El toque de queda, que era el último vestigio del reino del sha y los generales influidos por Norteamérica que intentaban dar un golpe de estado, fue neutralizado mediante la voluntad y el sacrificio del pueblo, y, finalmente, el reino del sha cayó a una velocidad estrepitosa. Los sucesos de la Revolución eran narrados minuto a minuto al mundo entero por medio de periodistas, algunos de los cuales habían llegado a Irán en el mismo avión del imán. En cada mezquita surgía un comité popular que se responsabilizaba del orden y de la seguridad y que acabaron siendo conocidos como “Comités del Imán”.
Fueron excarcelados los presos políticos y comunes. De alguna manera, se proclamó una amnistía general para los delitos cometidos en el pasado. Los agentes del Consejo de Seguridad y la guardia de corps del rey, por temor a perder la vida o a una venganza por parte del pueblo, estaban al acecho para convertirse en un peligro para los jóvenes guardianes de la Revolución o para poder salir del país de alguna manera. Se formó el Partido de la Revolución Islámica. Fue clausurada la legación israelí y en su lugar fue puesta la Embajada de Palestina. Irán se salió del pacto militar de Cento.
El Líder de la Revolución, que se había afincado en Qom desde el 10 de febrero de 1979, hacía un llamamiento al pueblo para que éste apoyase al Gobierno Provisional. El Now Ruz (año nuevo) de 1358 (21 de marzo de 1979) llevaba consigo para el pueblo el significado particular de “victoria y libertad”. En todo el país se veía una amistad e intimación especial entre todas las capas sociales. El primer referéndum, celebrado el 31 de marzo de 1979, se saldó con la Vitoria de la República Islámica por una mayoría del 98,2 %. La Revolución se plasmaba y evolucionaba con rapidez en el poder del pueblo y en el liderazgo del imán Jomeini, mientras que los demás grupos y partidos no tenían ningún papel determinante. Tras la victoria, muchas personas pertenecientes al mundo de la política, grupos y partidos que durante el régimen del sha vivían en el extranjero o estaban encarcelados, vinieron a la luz de la nueva libertad y comenzaron sus actividades editando periódicos y formando organizaciones, y todos y cada uno de ellos se presentaba de tal manera que parecía que la victoria era a ellos debida. Finalmente, ocurrieron los acontecimientos de Kurdistán, Torkaman Sahra, Azerbaiyán e incluso en Teherán. El mensaje del Líder y la presencia del pueblo daban punto y final a todo lo acontecido. Fue inaugurada la Asamblea de Expertos con unos 80 miembros, elegidos según las Disposiciones del Consejo de la Revolución del 18 de agosto de 1979, y, a lo largo de tres meses, fue redactada y aprobada la Constitución que, tras haber sido ratificada por el Líder, fue elegida por el pueblo en un referéndum celebrado el 2 de diciembre de 1979. En la Constitución aprobada, el “valí faqih” (que podría traducirse como “sumo alfaquí”) tiene el rango de autoridad y modelo a imitar con la aceptación de parte del pueblo o de la Asamblea de Expertos, y se sitúa en la cúspide de la pirámide del poder y es considerado general de los Ejércitos. Los tres poderes, el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial, ejercen todos su cargo bajo su control. El presidente de la república y los 270 diputados son elegidos directamente mediante plebiscito cada cuatro años. El periodo de la Asamblea de Expertos es de ocho años y es ésta la que designa al Líder de la Revolución. Los alfaquíes que componen el Consejo de Guardianes, el presidente del Tribunal Supremo y de la Fiscalía del Estado son elegidos por el Líder. Según lo dispuesto en el artículo IV, todas las leyes, sin excepción, deben de estar encuadradas en un marco islámico, y es el Consejo de Guardianes el que establece el carácter islámico de éstas. Los expertos en derecho del Consejo de Guardianes son elegidos por el Parlamento y por sugerencia del Consejo Supremo del Poder Judicial. Los derechos y libertades del pueblo están garantizados dentro del marco de los valores islámicos.
En la primavera de 1979, los elementos destacados de la revolución comienzan a ser víctimas de atentados terroristas. El 1 de mayo, el gran pensador y filósofo islámico, el ayatolá Mottahari cae mártir, y poco después también son martirizados el Dr. Moffateh Ruhani, de la Universidad de Teherán, M. Araqi y el juez Tabatabai, imán del Viernes de Tabriz. Rafsanyani sale ileso de aquellos atentados. Qarani, general del Estado Mayor, es asesinado en otro atentado. El ayatolá Taleqani fue nombrado el 26 de julio por el imán Jomeini encargado de dirigir la plegaria de los viernes en la Universidad de Teherán, pero muere el 9 de septiembre. En este año se fundan el Comité de Ayuda, la Jihad para la Reconstrucción, los Guardianes de la Revolución (Pasdaranes), la Fundación de la Vivienda de la Revolución, la Campaña de Alfabetización, la Movilización de los Desheredados (Basijíes) y la Fundación de los Mártires de la Revolución. Por otro lado, empezaron a funcionar los Juzgados y Tribunales Revolucionarios, y los más destacados elementos del régimen anterior, que no tuvieron oportunidad de escapar, fueron juzgados y ejecutados. Los bienes de la familia real y de las personas que la rodeaban fueron confiscados y fueron puestos a disposición de la Fundación de los Desheredados. Fue nacionalizada la Banca y las compañías de seguros. Estados Unidos, que había apoyado al sha en el devenir de los acontecimientos, era objeto de fuerte desconfianza por parte del imán debido a los antecedentes que ya tenía en golpes de estado dados en otros países. La entrada del depuesto sha en Norteamérica alegando dirigirse allí para un tratamiento médico, fue respondida con la ocupación de la Embajada de Estados Unidos en Teherán y la toma de sus funcionarios como rehenes por parte de los estudiantes universitarios de la Línea del Imán (3 de noviembre de 1979).
El Líder apoyó oficialmente aquella iniciativa. El Gobierno Provisional no esperaba tal apoyo y dimitió tras su encuentro oficial con Berzinsky, y ver que era incapaz de controlar los acontecimientos. El nuevo gobierno fue compuesto por el Consejo de la Revolución y se nombró primer ministro a Mahdavikani. Las primeras elecciones a primer ministro se celebraron el 24 de enero de 1980. Las elecciones al Parlamento Islámico (maŷles) se realizaron el 14 de marzo de 1980. Los alfaquíes del Consejo de Guardianes fueron elegidos por el Líder y expertos en derecho, a través del Parlamento.
Estados Unidos aumentó su actitud hostil contra Irán, y en marzo de 1980 se anunció el fin de relaciones entre ambos países y todos los bienes y propiedades de Irán fueron confiscados por orden del presidente de Estados Unidos. Bani Sadr, que era el presidente que había salido de las elecciones, tenía divergencias con el Parlamento a la hora de elegir primer ministro, y se puso de acuerdo con algunos grupos opositores al Imán.
La reforma de la Constitución estaba siendo realizada por mandato del Imán por un comité compuesto de 25 miembros y fue puesta en referéndum junto a las elecciones generales a la presidencia el 27 de julio de 1989 y posteriormente aprobada. Las reformas contemplaban cambios como la supresión de la condición de ser modelo de imitación religiosa (marja’-e-taqlid) para poder ser nombrado líder de la Revolución y la supresión del cargo de primer ministro cuyas funciones pasaban ahora al presidente de la república. En lo que respecta al Poder Judicial, se puso una persona a la cabeza y se suprimió el Consejo Superior Judicial.
Saddam Hossein- Responsable de guerra contra Iran
Estados Unidos se confabuló con Irak para atacar a Irán (4 de febrero de 1981) con el pretexto de abrogar el Tratado de Argelia de 1975, aunque en realidad era con el objetivo de derrocar la República Islámica y apoderarse de la provincia de Juzestán y tal cosa ocurrió precisamente justo cuando Irán no estaba preparado para una guerra. La guerra arrojó una sombra sobre el resto de las cuestiones. El Imán comenzó a alentar y a animar a la nación y a hacer un llamamiento para que acudieran al frente. Carter perdió las elecciones generales ante su opositor Reagan y fue entonces cuando se le encargó al Parlamento Islámico que se hiciera cargo de la liberación de los rehenes norteamericanos, por los que tantas condenas había recibido Irán por parte de los organismos internacionales. Finalmente, fueron éstos liberados con la mediación de Argelia, basándose en una declaración de Reagan y tras la formación de un tribunal de arbitraje en la Haya para dirimir las cuestiones económicas entre ambos países. Sin embargo, Estados Unidos no cumplió con sus compromisos.
Bani Sadr se encontraba enfrentado de facto contra las instituciones de la Revolución desde el 4 de marzo de 1981, y en lo que respecta a la guerra, evitaba el reunir fuerzas populares para el frente. El 19 de junio de 1981 fue destituido de su cargo como presidente por parte del Parlamento y del Imán, debido a su incompetencia política, y, tras permanecer un tiempo escondido, acabó huyendo a París. El 25 de junio 1981, el moŷtahed Seyyed ‘Ali Jamenei, a la sazón diputado del Parlamento, fue objeto de un atentado terrorista. El 7 de julio, la sede del Partido de la República Islámica fue objeto de un atentado con bomba puesta por los agentes del grupúsculo de los Moŷahedin-e-Jalq (los Moŷahedin del Pueblo) apoyados por Bani Sadr. El ayatolá Beheshti, presidente del Tribunal Supremo, y varias personalidades de la Revolución fueron martirizaron en la masacre, además de setenta y tantas personas entre las que habían diputados, ministros etc.
Ex presidente Rajaie y Primer Ministro Bahonar que han sido martirizados en un acto de terrorismo
En las segundas elecciones generales a la presidencia, celebradas el 22 de julio de 1981, fue elegido presidente el exprimer ministro Mohammad ‘Ali Rajai, quien presentó como candidato a primer ministro al Dr. Bahonar, un joven revolucionario, que fue aceptado por el Parlamento con un voto de confianza. Sin embargo, ambos fueron martirizados un mes después al explotar una bomba en su despacho. El terrorismo contra el pueblo y las personalidades de la Revolución continuaron hasta el año 1982. Las terceras elecciones a la presidencia se celebraron el 1 de octubre de 1981, siendo elegido Seyyed ‘Ali Jamenei.
Con la destitución de Bani Sadr se cambió el sistema defensivo, que ahora se apoyaba en las fuerzas revolucionarias de los Sepah Pasdaran o Pasdaranes (Ejército de los Guardianes) y los Basiyíes. Tras romper el cerco de Abadán el 26 de septiembre de 1981, todos los esfuerzos realizados por el enemigo para apoderarse de dicha ciudad petrolera cayeron en saco roto. Tras varias acciones militares fueron liberadas la ciudad de Bostán y una amplia zona de la región sur del país entre las que se incluían la ciudad de Jorramshahr, que fue devuelta a Irán. Con la pérdida de Jorramshahr, Irak perdió un importante punto de apoyo y bastión, y Estados Unidos se encontraba en los mismos peligros que cuando cayó el régimen del sha y se proclamó una república islámica. Los altos mandatarios norteamericanos declararon oficialmente: “Las victorias de Irán no serán beneficiosas para Estados Unidos.” Así pues, USA comenzó a ayudar a Irak así como otros aliados de Estados Unidos en caso de guerra, y también la Unión Soviética, que se consideraba a sí misma la encargada de armar a Irak. Con el envío de un considerable número de carros de combate avanzados (T-72) y cazas MIG 25 y 27, amén de diferentes tipos de misiles.
El ataque a las zonas civiles y a las ciudades, que en los noticiarios se denominaban “guerra de ciudades”, y las condiciones del frente, obligaron a Irán a emprender acciones el 8 de febrero de 1986 en el puerto del golfo Pérsico de Fao. Los ataques del enemigo tuvieron una duración de 75 días ininterrumpidos, y los aviones Hawks americanos proporcionaban información a los iraquíes. Finalmente, los iraquíes perdieron la esperanza de recuperar la zona en la que estaban combatiendo y detuvieron su ofensiva. La conquista de Fao, además de las consecuencias políticas y militares que conllevaba, corroboraba el tratado de Argelia firmado en 1975, pero también trajo consigo el enfrentamiento directo de Irán con Estados Unidos, y tanto en la región como en Occidente, existía el temor de que finalmente saliera victoriosa Irán.
El séptimo año de la guerra, los acontecimientos se sucedieron rápidamente y se consideraba como una cuenta atrás para dar término a las hostilidades. El lema “determinación del porvenir de la guerra” se convirtió en el eje del llamamiento de voluntarios y el uso al máximo de todas las posibilidades del país para terminar la guerra. En semejante situación, la revelación de caso Mc Farlin el 3 de noviembre de 1986, influyó en todos los cambios políticos y militares y le empeoró las cosas a Irán. Los protectores de la región hicieron tambalear a Estados Unidos, donde se produjo una crisis política. Con el objeto de salir de semejante situación y volverse a atraer la confianza de sus aliados en la región de Irak, Estados Unidos aumentó la presión a Irán. La ofensiva aérea iraquí a los centros industriales y económicos de Irán, a los yacimientos y terminales de petróleo y a los cargueros comerciales, hizo tambalear la economía iraní. Además estaba el hecho de que el barril de crudo había bajado hasta 10 dólares, y esta precaria situación traía consigo cortes de electricidad, racionamiento de la gasolina, mercado negro de productos básicos, escalada de precios e inflación.
La adopción de una defensiva movilizada por parte de Irak podía hacer inclinar la balanza a favor de ésta. El 8 de enero de 1987, Irán realizó operaciones militares en el este de Basora, y después de que los batalladores del Islam cruzasen el canal, pusieron al enemigo frente a una difícil situación, y, finalmente, tras una dura batalla, las fuerzas iraníes se establecieron al este de Nahr Jasem. Los esfuerzos del enemigo en recuperar la zona fueron en vano. Para contrarrestar la derrota, Irak reanudó sus ataques aéreos a las ciudades tomándola con los ciudadanos indefensos. Irán respondió recíprocamente y atacó Bagdad con misiles y puso a Irak en una difícil situación tras hacer arder el cuartel de artillería de Basora. En realidad, los cambios de la guerra se iniciaron en febrero de 1986 con la conquista de Fao y se prolongaron hasta febrero de 1987 con la victoria de la ofensiva de Karbala, con las que Irán buscaba salvaguardar su supremacía e Irak, por su parte, quería neutralizarla. El resultado fue que el “equilibrio de fuerzas se inclinó hacia Irán de forma determinante.”
Basándonos en estas observaciones, se hizo una revisión de los programas militares elaborados por los países árabes y la URSS, lo que le brindó a Irak la posibilidad de internacionalizar el conflicto, atacar los petroleros, las terminales de petróleo y los centros industriales, dando un varapalo así a la economía iraní. La meta de este programa era hacer desaparecer en Irán la “base de esperanza”. El entonces ministro de Exteriores norteamericano, George Schultz, advirtió a Irán que, o debía finalizar la guerra, o que de lo contrario se atuviese a las consecuencias. La guerra fue llevada al golfo Pérsico. Irán siguió en el golfo la política de, o seguridad para todos o para nadie. Con el apoyo de Estados Unidos a Irak, éste se había hecho en realidad con el control del golfo Pérsico y había dejado en la sombra la superioridad que Irán tenía política, geográfica y militarmente.
El Imán Jomeini, había designado día de qods (Jerusalén) a todos los últimos viernes del ramadán de cada año, para que de esta manera los musulmanes del mundo no olvidasen la cuestión de Israel y continuasen la lucha. Mientras tanto, se firmaban los acuerdos de Camp David en los que Egipto se avino con Israel, acuerdos a los que se opuso el imán y encauzó una política de apoyos a los movimientos islámicos del país. La República Islámica seguía la guerra con el objetivo de rechazar la agresión, fuese proclamado el castigo del agresor y pagadas las subsiguientes indemnizaciones de guerra, y no se ponía de acuerdo con los países mediadores que lo único que querían era el fin de las hostilidades. Cuando Irak vio imposible lograr los primeros objetivos que se había propuesto, empezó entonces a hablar de paz. El entonces secretario general de la ONU, Pérez de Cuellar, se puso manos a la obra en redactar una Resolución bajo la cual se pudiese hacer efectivo un alto el fuego, y así fue cuando se aprobó la Resolución 598 del Consejo de Seguridad (1987). Mientras tanto, ese mismo año, cientos de iraníes y no iraníes perecieron asesinados durante su peregrinación a la Meca, por lo que las relaciones entre Irán y Arabia Saudita se ensombrecieron aún más.
A lo largo de la guerra, los gobernantes de Irak hicieron caso omiso de las leyes internacionales sobre la guerra utilizando armamento químico y gases de mostaza. A principios de 1988, miles de lugareños de Halabcheh (Irak), fueron trágicamente masacrados con gases mostaza mientras recibían a las tropas del Islam. La conciencia mundial se estremeció y fue bajo estas condiciones cuando comenzaron la devolución de Fao, mientras continuaban la guerra de las ciudades y los misiles caían sobre la gente causando víctimas mortales y grandes daños y perjuicios. El Consejo de Seguridad, mientras Irak estaba avanzando por el interior del territorio iraní, solamente quería el fin de las hostilidades sin volver a las fronteras naturales, mientras que cuando Irán avanzó hasta Fao, Hur y cerca de Basora, adoptó una posición contraria.
A principios de la primavera de 1988, los norteamericanos atacaron dos plataformas petrolíferas iraníes en el golfo Pérsico, al mismo tiempo que los iraquíes atacaban con armamento químico la línea defensiva de Irán, y, tras ser informados por los Hawks americanos, atacaron Fao con un ejército bien equipado, y este puerto, después de permanecer en manos de Irán durante dos años y tres meses, cayó de nuevo en manos iraquíes. Este acontecimiento tuvo una gran repercusión. Irak se apoderó de Shalanbeh en otra de sus ofensivas. Sus avanzados equipos y el uso de armas no convencionales como por ejemplo el armamento químico, amén de la ampliación de su ejército, posibilitó a Irak esta propicia situación. En suma, todo aquello provocó una situación preocupante. Mientras tanto, los norteamericanos derribaban dos aviones iraníes con 400 pasajeros disparando dos misiles y haciendo caso omiso de toda ley y derecho internacionales. Este suceso era un mensaje claro y rotundo de las pretensiones de Norteamérica en incrementar las hostilidades contra Irán. Reagan manifestó: “Esta tragedia ha duplicado la necesidad de lograr el establecimiento de la paz en el mínimo tiempo posible.” Así, según los nuevos acontecimientos, la posibilidad de la continuidad de los ataques de Irak, y la presión internacional, el Imán Jomeini tomó una decisión valiente que necesitaba unas condiciones particulares económicas y militares: Aceptó la Resolución 598. El líder se vio impelido a aceptarla y comparó aquella aceptación a “beberse un vaso de veneno” en una alocución televisiva.
Durante el intervalo que va desde la aceptación de la Resolución por parte de Irán hasta su entrada en vigor (19 de agosto de 1988), Irak, no haciendo caso de su propia propaganda anterior por la paz, realizó una serie de ofensivas militares con el objetivo de dar un fuerte varapalo al ejército iraní, ocupar el territorio y tomar la máxima cantidad de prisioneros iraníes para así tener más ventajas a la hora de las negociaciones. En un mensaje, el Imán Jomeini hizo un llamamiento al ejército y a los basiyíes a defenderse desde su posición privilegiada. En un tiempo mínimo, una ola de basiyíes obligó a Irak a retroceder tras una semana de combate que causó muchas bajas y daños a las fuerzas iraquíes. Todavía el ejército iraquí no había retrocedido del todo en el sur cuando un grupo que se hacían llamar los “moŷahed” (24 de julio de 1988) se unió al ejército iraquí y juntos comenzaron a atacar la ciudad de Karand a través del puente de Zahab. Ellos ayudaban a Irak ejerciendo como espías, y empezaron su ataque en una ofensiva a la que denominaron “Foruq-e-Ŷavdaní” (Eterna Luminaria) diseñada con la meta de acabar con el gobierno iraní, creyendo que el ejército iraní estaba acabado tras la aceptación de la Resolución 598 y los continuos ataques de Irak. Su ataque, para el que utilizaron milicias populares y armadas con el nombre de “Mirsad” fue derrotado, sus fuerzas dispersadas y los que quedaron huyeron finalmente a Irak. El 19 de agosto de 1988 se anunció el alto el fuego entre Irán e Irak en virtud de la Resolución 598.
El 2 de enero de 1989, el imán envió un mensaje particular al entonces presidente de la URSS, Mijail Gorbachov, donde anunciaba la derrota del comunismo y le invitaba a él y a su pueblo a poner sus miras en el Islam, en lugar de al pensamiento occidental. Aproximadamente un mes después, el ministro soviético de Exteriores Shevernadze le entregó al imán la respuesta donde hacía hincapié en las buenas relaciones entre ambos países. Al parecer no se fijaron en el punto más importante del mensaje del imán.
A finales de mayo de 1989, se difundió de repente la noticia de la operación quirúrgica del Imán Jomeini, y, mientras en todo el país se habían hecho llamamientos para rezar por él y estaban ocupados en las celebraciones del 15 de Jordad (4 de junio), el locutor, con un tono de voz triste, anunció el fallecimiento del anciano líder que tenía en sus manos todo el poder de Irán. Millones de personas participaron en los tres días que duraron los funerales. El testamento político-divino de ochenta y tantas páginas dejado por el Imán fue inmediatamente leído por el presidente ante miembros del Consejo de Guardianes, de la Asamblea de Expertos y ministros, en sesión urgente celebrada en el Parlamento.
Ayatollah Seyed Ali Khamenei nuevo lider de revolucion
El Imán había delineado un futuro para preservar la república islámica e invitaba a todas las capas de la sociedad a seguir la lucha y a continuar en la senda del Islam. Aquel mismo día, mientras todas las cadenas de radio extranjeras anuncian el fin de la república islámica, la Asamblea de Expertos elige como líder al ayatolá Seyyed ‘Ali Jamenei, un mutilado en atentado que había ejercido durante ocho años el cargo de presidente del gobierno, moŷtahed perspicaz y digno de la confianza del Imán, y, con esta elección, se dio punto y final a los rumores del fin de la república.
La violación de USA y la derrota milagrosa de ésta en el suceso de Tabas dejó al mundo perplejo y le confirió a la República Islámica una dimensión divina (24 de abril de 1980). Se inició el embargo económico a Irán por parte de Estados Unidos (21 de mayo). El golpe de estado de Nozheh fue abortado (11 de julio). La muerte del sha en Egipto (agosto) acabó con las esperanzas de los pocos monárquicos que quedaban. Las universidades y los centros de enseñanza superior, que eran centros de asociación de los grupos y opositores de la Revolución, fueron cerradas en mayo de 1980 tras proclamar la “Revolución Cultural” y fue la comisión de dicha Revolución la que se encargó de programar la enseñanza superior. La ola de la Revolución Islámica llegó a algunos países musulmanes, y era en Irak donde aquella se manifestaba más peligrosamente debido a la existencia de un alto porcentaje de población shií.
Fueron intercambiados decenas de miles de prisioneros de ambos bandos y las fuerzas iraníes se asentaron en las fronteras internacionales. El fracaso de Irak en la guerra contra Irán, la permanencia de problemas geopolíticos y su sentimiento de poder, fueron factores que colocaron en una situación especial al Irak de la posguerra. El gran apoyo armamentístico recibido por Irak, tanto de Oriente como de Occidente, además de equipo avanzado para la destrucción masiva y la colaboración prestada a Saddam para la obtención de armas no convencionales, e incluso la preparación del terreno para la fabricación de bombas atómicas, fue pareja con los delirios de los gobernantes de la cúpula iraquí, que en definitiva, habían convertido a Irak en una seria amenaza para los países de la región. Tal cosa fue corroborada con el ataque de Kuwait por el ejército iraquí. Estas acciones fueron el terreno para que los protectores de Irak, que habían armado a Saddam con el único propósito de oponerse a la República Islámica de Irán, una vez finalizada la guerra, se encontraran con el terreno apropiado para destruir todos los países de la zona del golfo haciendo uso de la riqueza de esos mismos países y que sus protectores habían puesto en manos de Saddam, una destrucción que se inició hace ya varios años y que aún perdura. Tras la liberación de Kuwait conservaron a Saddam como presidente para que no llegase al poder en Irak un gobierno proiraní. Irán se mantuvo imparcial en el conflicto con Kuwait y no intentó vengarse, y fueron miles los iraquíes que huyeron a Irán pidiendo asilo para salvar sus vidas. La ONU finalmente reconoció a Irak culpable y agresor en la guerra, sin embargo, en lo que al pago de indemnizaciones, que ascendía a mil millones de dólares aproximadamente, nada se habló. Las relaciones entre Irán y Arabia Saudita mejoraron, y los iraníes pudieron nuevamente cumplir con su deber religioso de realizar la peregrinación.
El nuevo presidente Hashemi Rafsanyani, quedó a cargo de la reconstrucción del país, para lo cual diseñó un plan de cinco años y trabajó para que fuesen cumplidos todos los párrafos de la Resolución 598. Saddam Huseyn, que lo único que había conseguido con la guerra era causar muchas bajas y graves perjuicios a ambos bandos y ya tenía planeada nuevas aventuras contra su vecino del sur, empezó a intercambiar correspondencia con Rafsanyani, y, en la última misiva, aceptó de nuevo el tratado de 1975, las fronteras de Shatt al-Arab, y rápidamente abandonó los territorios ocupados, liberó a los prisioneros e insistió en que acataría todas las peticiones de Irán.
Con la implantación de una república islámica en Irán a manos del Imán Jomeini hubo transformaciones en el país en sus diferentes facetas entre cuyos frutos cabe destacar la independencia, un cambio en la dimensión cultural y un rechazo de la blasfemia y de la tiranía. En realidad, la guerra impuesta durante 8 años fue el precio que Irán tuvo que pagar por su revolución, y, por preservar sus valores, sufrió Irán grandes pérdidas económicas y se derramó la sangre pura de innumerables jóvenes. Aunque Irán tuvo un declive económico debido a dicha guerra impuesta que se llevó consigo muchos recursos humanos y económicos del país y causó mucha ruina, no obstante, pronto sufrió un cambio importante gracias al esfuerzo y a la voluntad de un pueblo unido, del estado y de la aprobación del primer plan para el desarrollo económico, social y cultural en febrero de 1990. El producto interior bruto llegó a tener una subida media del 6,5 %. El esfuerzo se centró en eliminar las privaciones y en una reconstrucción del país que compensara la ruina de los ocho años de guerra, así que se incrementó la producción de productos agrícolas, como el trigo y el arroz, ganaderos y pesqueros, así como productos industriales y mineros, como el acero, el aluminio y el cobre, la petroquímica, y se reforzaron las actividades de explotación, la extracción y el refinado de petróleo y de gas, se amplió la red de carreteras y de ferrocarril, se construyeron nuevos puertos y se amplió el tráfico marítimo así como los aeropuertos y el tráfico aéreo, se desarrolló el correo y la red telefónica y se construyeron con éxito grandes presas y centrales de energía eléctrica, se luchó contra el tráfico y el consumo de drogas y se extendieron los centros de tratamiento y rehabilitación de toxicómanos. Se hicieron campañas contra el analfabetismo, fueron ampliados los estudios superiores, se fundaron universidades y subió el número de universitarios.
En definitiva, hubo progresos, especialmente a lo tocante a las enseñanzas islámicas y la memorización y lectura del Corán, en todas las capas de la población. En las elecciones a la presidencia de junio de 1997, salió ganador Seyyed Mohammad Jatami. Gracias a sus antecedentes en la cartera del Ministerio de Cultura y Orientación Islámica, sus lemas de la legalidad, la formación de una sociedad cívica y el respeto a los derechos y libertades del hombre, fue el preferido de entre los cuatro candidatos a la presidencia, con 20 millones de votos. Después de la Conferencia de Jefes de Estados Islámicos en Teherán y el nombramiento de Irán como presidente de esta conferencia en su primer trienio, la política mundial puso sus ojos en Irán. Jatami, durante su discurso en el Consejo General de las Naciones Unidas, habló sobre el “Diálogo de Civilizaciones” como una base desde la cual mirar y hallar las libertades y los derechos, aparte desde la que mira Occidente. Con el anuncio de una política de evitación de enfrentamientos, se han ampliado las relaciones de Irán con sus países vecinos.
En junio de 2005 Jatami agota los dos períodos presidenciales y se celebran elecciones para elegir nuevo mandatario en el país, a las que él se no puede presentar, en virtud de un artículo de la Constitución que establece que no se puede ser presidente del Gobierno durante más de dos períodos consecutivos. El sillón presidencial, disputado por siete candidatos, es ganado, después de una segunda vuelta, por el entonces alcalde de Teherán, Mahmud Ahmadineyad, que se presenta de forma independiente. Dr Ahmadineyad elegio para segunda vez en elecciones generales de 2009 como presidente de la Republica Islamica de Iran.
En el Viernes 14 junio 2013, Dr. Hassan Rohaní , apoyado por los sectores moderado y reformador, obtuvo 18,6 millones de votos (50,68%) en la primera vuelta de los comicios disputados el viernes frente a cinco candidatos de otros partidos. El alcalde de Teherán Dr. Mohamad Bagher Ghalibaf (6,07 millones) y ex jefe de los negociadores para el dossier nuclear, Said Jalili (3,17 millones) y Dr. Mohsen Rezai (11,16%). La participación fue del 72,17%.
Dr. Hasan Rohani nació el 12 de Noviembre de 1948 en la ciudad de Sorje, provincia de Semnan en Irán. Ha obtenido el título de doctorado en Derecho en la Universidad Caledonian en Glasgow, así como el Iytihad (el nivel más alto de la educación religiosa) en el Seminario Islámico. Es el representante del líder supremo en el Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán y el Director del Centro de Estudios Estratégicos del Consejo del Discernimiento del Sistema de Irán. Rohani también representa a los ciudadanos de la provincia de Teherán en la Asamblea de Expertos del Liderazgo.
Doctorado (PhD) en Derecho Constitucional, Universidad Caledonian en Glasgow
(Título de la tesis doctoral: Flexibilidad de la Sharía; la ley islámica)
Master (M.Phil.) en Derecho Público, Universidad Caledonian en Glasgow
(Título de la tesis de maestría: El poder legislativo islámico)
Licenciatura en Derecho Jurídico, Universidad de Teherán
Abogado profesional del Departamento de Justicia
Profesor del Centro de Estudios Estratégicos
Seguridad nacional y la diplomacia nuclear, 2012
Seguridad nacional y sistema económico de Irán, 2010
Pensamiento político del Islam, 1er Vol., Bases teóricas, 2009
Pensamiento político del Islam, 2º Vol., Política Exterior, 2009
Pensamiento político del Islam, 3er Vol., Asuntos Culturales y Sociales, 2009
Memorias del Dr. Hasán Rohani, 1er Vol. La Revolución Islámica, 2009
Introducción a la historia de los imames chiíes, 2012
Edad de capacidad jurídica y responsabilidad legal, 2012
Conocer a los países islámicos, 2008
La Revolución Islámica: raíces y retos, 1997
Principios de pensamiento político del Imam Jomeini, 1999
Papel de los Seminarios Islámicos en los cambios morales y políticos de la sociedad, 2011
Seguridad nacional y la política exterior, Listo para imprimir
Seguridad nacional y el medio ambiente, Lista para imprimir
Memorias del Dr. Hasán Rohani, 2º Vol., La Defensa Sagrada, Listo para imprimir
Poder Legislativo Islámico, 1994
Flexibilidad de la Sharía; la ley islámica, 1996

References: artículo 35
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución