Source: http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/gjk.htm
Timestamp: 2019-05-27 05:09:16+00:00

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Suma Teológica III Qu.19 a.4
ARTíCULO 4 ¿Pudo Cristo merecer para los demás?
Objeciones: 1. En Ez 18,20 se dice: El alma que pecare, ésa morirá. Luego, por la misma razón, el alma que merezca, ésa será recompensada. Por consiguiente, no es posible que Cristo haya merecido para los demás.
2. De la plenitud de la gracia de Cristo reciben todos, como se dice en Jn 1,16).
Ahora bien, los demás hombres, que poseen la gracia de Cristo, no pueden merecer para los demás, pues en Ez 14,20 se lee: Aunque estuvieran en una ciudad Noé, Daniel y Job, no salvarían un hijo ni una hija, sino que, por su propia justicia, salvarían ellos sus vidas. Luego tampoco Cristo pudo merecer algo para nosotros.
3. El salario que uno merece, le es debido en justicia, y no por gracia, como es manifiesto por Rm 4,4. Por consiguiente, si Cristo mereció nuestra salvación, se sigue que ésta no proviene de la gracia de Dios, sino de la justicia, y que procede injustamente con los que no salva, porque el mérito de Cristo llega a todos.
Contra esto: está lo que se dice en Rm 5,18: Como por el delito de uno solo llega a todos la condenación, así también por la justicia de uno solo llega a todos la justificación de la vida. Ahora bien, el demérito de Adán redunda en condenación de los demás. Luego mucho más redundará en todos el mérito de Cristo.
Respondo: Como antes hemos dicho (II-II 8,1-5), Cristo tuvo la gracia no sólo como hombre particular, sino como cabeza de toda la Iglesia, a la que todos están unidos como los miembros a la cabeza, formando con ellos una sola persona mística. Y de ahí proviene el que el mérito de Cristo se extienda a los demás, por ser miembros suyos, como en un único hombre la acción de la cabeza pertenece, en cierta manera, a todos sus miembros, pues no siente sólo para sí misma, sino para todos los miembros.
Soluciones: 1. El pecado de un individuo particular sólo le perjudica a él mismo. En cambio, el pecado de Adán, por haberlo hecho Dios principio de toda la naturaleza, se extiende a todos los otros mediante la propagación carnal. Y, de la misma manera, el mérito de Cristo, constituido por Dios cabeza de todos los hombres en cuanto a la gracia, se extiende a todos sus miembros.
3. Así como el pecado de Adán no se deriva a los demás sino por medio de la generación carnal, así el mérito de Cristo no llega a los demás sino por medio de la regeneración espiritual, que se realiza en el bautismo, por la cual somos incorporados a Cristo, según Ga 3,27: Cuantos habéis sido bautizados en Cristo, os habéis vestido de Cristo. Y esta misma regeneración en Cristo es una gracia otorgada al hombre. Y, de esta manera, la salvación del hombre proviene de la gracia.
CUESTIÓN 20 Sobre la sumisión de Cristo al Padre
Pasamos ahora a tratar de las cosas que convienen a Cristo en relación con su Padre. Unas se predican de él por la relación que guarda con el Padre; por ejemplo, el que le estuviese sometido, le dirigiese oraciones, le sirviese en el sacerdocio. Otras se dicen del mismo, o pueden decirse, por la relación que el Padre tiene con él: v. gr., si el Padre le adoptó, y el que le haya predestinado. En consecuencia, trataremos: primero, de la sumisión de Cristo al Padre; segundo, de su oración (q. 21); tercero, de su sacerdocio (q. 22); cuarto, de su adopción, si le conviene (q. 23); quinto, de su predestinación (q. 24).
Sobre lo primero se plantean dos problemas: 1. ¿Está Cristo sometido al Padre? 2. ¿Está sometido a sí mismo?
ARTíCULO 1 ¿Debe decirse que Cristo está sometido al Padre?
Objeciones por las que parece que no debe decirse que Cristo está sometido al Padre.
Objeciones: 1. Todo lo que está sometido a Dios Padre es una criatura, porque, como se dice en el libro De Eccksiast. Dogm., en la Trinidad nada hay que sirva o que esté sometido. Pero, como antes hemos escrito (III 16,8), no se puede decir en absoluto que Cristo sea una criatura. Luego tampoco debe decirse en absoluto que Cristo esté sometido a Dios Padre.
2. Se dice que una cosa está sometida a Dios cuando está sujeta a su dominio.
Pero a la naturaleza humana de Cristo no se le puede atribuir la servidumbre, pues escribe el Damasceno en el libro III: Ha de tenerse en cuenta que no podemos llamar sierva a la naturaleza humana de Cristo, porque los nombres de servidumbre y dominación no son propiedades de la naturaleza, sino relaciones, al modo en que lo son la paternidad y la filiación. Luego Cristo, bajo la perspectiva de su naturaleza humana, no está sujeto al Padre.
3. En 1Co 15,28) se dice: Cuando le estén sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se sujetará a quien a El todo se lo sometió. Pero, como se escribe en He 2,8), ahora no vemos todavía que le estén sometidas todas las cosas.
Luego El no está aún sujeto al Padre, que le sometió todas las cosas.
Contra esto: está lo que se lee en Jn 14,28: El Padre es mayor que yo. Y Agustín comenta en el I De Trin.: No sin razón enseña la Escritura ambas cosas: Que el Hijo es igual al Padre, y que el Padre es mayor que el Hijo. Lo primero, por su forma de Dios; lo segundo, por su forma de siervo, entendiéndose lo uno y lo otro sin confusión de ninguna clase. Ahora bien, el menor está sujeto al mayor. Luego Cristo, en su forma de siervo, está sometido al Padre.
Respondo: A quien posee una determinada naturaleza le conviene todo lo que es propio de la misma. La naturaleza humana, por su misma condición, tiene respecto de Dios una triple sumisión: primero, en cuanto al grado de bondad, dado que la naturaleza divina es la misma bondad por esencia, como queda patente por lo que dice Dionisio en el c. 1 del De Div. Nom.; mientras que la naturaleza creada posee una cierta participación de la bondad divina, estando como sujeta a los rayos de aquella bondad. Segundo, en cuanto al poder de Dios, puesto que la naturaleza humana, como cualquier otra criatura, está sometida a las disposiciones de la providencia divina. Tercero, y de modo especial, la naturaleza humana está sujeta a Dios por un acto propio, a saber: en cuanto que, por propia voluntad, obedece los mandatos divinos. Y el propio Cristo declara tener esa triple sumisión respecto del Padre. La primera, en Mt 19,17), cuando dice: ¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es bueno, Dios. Por lo que comenta Jerónimo: Por haberle llamado maestro bueno, y no haberle proclamado Dios o Hijo de Dios, le dijo que, a pesar de ser un hombre santo, en comparación con Dios no era bueno. Con ello dio a entender que él mismo, considerado en su naturaleza humana, no alcanzaba el grado de la bondad divina. Y porque, en las cosas que no son materialmente grandes, lo mismo es ser mayor que ser mejor, como dice Agustín en el libro VI De Trin., de ahí que se diga que el Padre es mayor que Cristo, considerado éste en cuanto a su naturaleza humana.
La segunda sumisión se atribuye a Cristo en cuanto que todo lo acaecido en torno a su humanidad se produjo por disposición divina. Por eso escribe Dionisio, en el c. 4 del De Div. Nom., que Cristo está sometido a las disposiciones de Dios Padre. Y ésta es la sumisión de servidumbre, porque toda criatura sirve a Dios (Jdt 16,17), sujeta a sus disposiciones, según las palabras de Sg 16,24: LM creación te sirve a ti, su Creador. Y en este sentido se dice en Ph 2,7 que el Hijo de Dios tomó la forma de siervo.
La tercera sumisión se la atribuye Cristo a sí mismo cuando, en Jn 8,29), dice: Yo hago siempre lo que es de su agrado. Y ésta es la sumisión de obediencia.
Por ello se dice en Ph 2,8 que se hizo obediente al Padre hasta la muerte.
Soluciones: 1. Así como no debe entenderse que Cristo es una criatura absolutamente, sino sólo según su naturaleza humana, póngase o no se ponga esta determinación, como antes hemos dicho (II-II 16,8), así tampoco debe entenderse de forma absoluta que Cristo esté sujeto al Padre, sino sólo en cuanto a su naturaleza humana, aun en el caso de que no se consigne esta determinación. Sin embargo, es preferible hacerla constar, a fin de evitar el error de Arrio, el cual defendió que el Hijo era menor que el Padre (cf. III 10,2 ad 1).
2. La relación de servidumbre y la de dominio se fundamentan en una acción y en una pasión, esto es, en cuanto que lo propio del siervo es ser movido por el imperio del señor. Ahora bien, el sujeto de la acción no es la naturaleza, sino la persona, pues, según el Filósofo, los actos pertenecen a los supuestos y a los individuos. Sin embargo, la acción se atribuye a la naturaleza como al principio en virtud del cual obra la persona o la hipóstasis. Y, por consiguiente, aunque, hablando con propiedad, no pueda decirse que la naturaleza es señora o sierva, sí puede decirse propiamente que una hipóstasis o persona es señora o sierva por razón de esta o de aquella naturaleza. Y, en este sentido, nada impide decir que Cristo está sujeto al Padre, o que es su siervo, por razón de su naturaleza humana.
3. Como escribe Agustín en el libro I De Trin., Cristo entregará el reino al Dios y Padre cuando haya conducido a los justos, en los que ahora reina por medio de la fe, a la visión beatífica, para que contemplen la misma esencia común al Padre y al Hijo. Y entonces estará totalmente sometido al Padre no sólo en sí mismo, sino también en sus miembros, por la participación plena de la bondad divina. Entonces igualmente le estarán plenamente sujetas todas las cosas por el cumplimiento definitivo de su voluntad en ellas; aunque, incluso al presente, estén todas sometidas a su potestad, según las palabras de Mt 28,18: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, etcétera.
ARTíCULO 2 ¿Estuvo Cristo sometido a sí mismo?
Objeciones por las que parece que Cristo no estuvo sujeto a sí mismo.
Objeciones: 1. Dice Cirilo en la Carta Sinódica, esto es, aceptada por el Concilio de Éfeso: Cristo no es ni siervo ni señor de sí mismo. Es necio, e incluso impío, hablar y pensar de ese modo. Y esto mismo sostuvo el Damasceno, cuando escribe en el libro III: Cristo, siendo un solo ser, no puede ser siervo y señor de sí mismo.
Pero Cristo es llamado siervo del Padre en tanto en cuanto le está sujeto. Luego Cristo no estaba sometido a sí mismo.
2. Siervo dice relación al señor. Pero no existe relación de algo consigo mismo, por lo que dice Hilario en el libro De Trin.: Nada es semejante o igual a sí mismo. Luego Cristo no puede llamarse siervo de sí mismo y, por consiguiente, no está sujeto a sí mismo.
3. Como el alma racional y la carne forman un solo hombre, así Dios y el hombre constituyen un único Cristo, en palabras de Atanasio. Pero por el hecho de que el cuerpo esté sometido al alma no decimos que el hombre esté sujeto a sí mismo, o que sea siervo de sí mismo, o que sea mayor que sí mismo. Luego tampoco puede decirse que Cristo esté sujeto a sí mismo por el hecho de que su humanidad esté sometida a su divinidad.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro I De Trin.: la Verdad demuestra, bajo este aspecto, esto es, en cuanto que el Padre es mayor que Cristo, según la naturaleza humana de éste, que también el Hijo es inferior a sí mismo.
2. Aún más: como argumenta el propio Agustín en el mismo lugar, el Hijo de Dios asumió de tal modo la forma de siervo, que no perdió la forma de Dios.
Pero según la forma divina, que es común al Padre y al Hijo, el Padre es mayor que el Hijo, visto éste en su naturaleza humana. Luego también el Hijo es mayor que sí mismo considerado en su naturaleza humana.
3. Y también: Cristo, en su naturaleza humana, es siervo de Dios Padre, de acuerdo con lo que se lee en Jn 20,17: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Pero todo el que es siervo del Padre, es siervo del Hijo; de lo contrario, no todo lo que es del Padre lo sería del Hijo. Luego Cristo es siervo de sí mismo, y está sometido a sí mismo.
Respondo: Como queda explicado (a. 1 ad 2), el ser señor o siervo se atribuye a la persona o a la hipóstasis en relación con una naturaleza determinada.
Cuando, pues, decimos que Cristo es señor o siervo de sí mismo, o que el Verbo de Dios es Señor de Cristo hombre, eso puede entenderse de dos maneras: una, interpretando que tal afirmación se hace por razón de una hipóstasis o persona distinta, como si una fuera la persona del Verbo de Dios, que domina, y otra la persona del hombre, que sirve. Eso es propio de la herejía de Nestorio (cf. III 2,6). Por esto, al condenarle, dice el Concilio de Efe so: Si alguien dice que el Verbo de Dios Padre es Dios o Señor de Cristo y, antes bien, no confiesa, según las Escrituras, que él mismo es a la vez Dios y hombre, visto que el Verbo se hizo carne, sea anatema. Y en este sentido lo niegan Cirilo y el Damasceno. Y, bajo ese mismo aspecto, es necesario negar que Cristo es inferior a sí mismo, o que esté sometido a sí mismo.
Otra manera de entenderlo es en relación con la diversidad de naturaleza en una sola persona o hipóstasis. Y en este sentido podemos decir que, en cuanto a una de las naturalezas, la que tiene común con el Padre, Cristo preside y domina junto con el Padre; en cambio, en cuanto a la otra naturaleza, la común con nosotros, Cristo está sometido y vive en condición de esclavo. Y bajo este aspecto dice Agustín que el Hijo es inferior a sí mismo.
Pero debe tenerse en cuenta que, por ser el nombre Cristo un nombre de persona, como lo es también el nombre Hijo, pueden predicarse de Cristo, de suyo y absolutamente, las cosas que le convienen por razón de su persona, que es eterna; y, sobre todo, pueden predicarse de él las relaciones de este género, que parece que pertenecen más propiamente a la persona o hipóstasis. Mas las cosas que le convienen por razón de su naturaleza humana, deben predicarse de él con la oportuna limitación. De modo que digamos en verdad que Cristo es absolutamente Máximo, Señor y Soberano; en cambio, el que esté sometido, el que sea siervo, o sea inferior, debe predicarse de él con unos límites, a saber, por razón de su naturaleza humana.
Soluciones: 1. Cirilo y el Damasceno niegan que Cristo es Señor de sí mismo, en cuanto esto implica pluralidad de supuestos, que es un requisito para que alguien pueda llamarse señor de otro.
2. En absoluto, es necesario que el señor sea distinto del siervo. Sin embargo, puede salvarse una cierta noción de dominio y de servidumbre cuando un mismo sujeto es señor de sí mismo bajo diversas razones.
3. Debido a las diversas partes del hombre, de las que una es superior y otra inferior, dice el Filósofo, en el libro V Ethic., que hay una justicia del hombre para consigo mismo, en cuanto que el irascible y el concupiscible obedecen a la razón. Bajo este aspecto, también puede decirse que un mismo hombre está sometido y es servidor de sí mismo, teniendo en cuenta las diversas partes de su persona.
La respuesta a los otros argumentos resulta clara por lo dicho. Agustín afirma que el Hijo es inferior a sí mismo, o que está sometido a sí mismo, por razón de la naturaleza humana, no por la diversidad de supuestos.
CUESTIÓN 21 Sobre la oración de Cristo Viene a continuación el tema de la oración de Cristo.
Y acerca de esto se plantean cuatro preguntas: 1. ¿Lc conviene a Cristo orar? 2. ¿Lc corresponde según su sensibilidad? 3. ¿Lc compete orar por sí mismo, o solamente por los demás? 4. ¿Fue escuchada toda oración suya?
ARTíCULO 1 ¿Lc conviene a Cristo orar?
Objeciones por las que parece que el orar no le conviene a Cristo.
Objeciones: 1. Como dice el Damasceno I la oración es la petidón a Dios de las cosas convenientes. Ahora bien, al poder hacer Cristo todas las cosas, parece que no le conviene pedir nada a nadie. Luego da la impresión de que el orar no le conviene a Cristo.
2. No es oportuno pedir en la oración lo que sabe uno con certeza que va a suceder; no pedimos, por ejemplo, que mañana salga el sol. Ni tampoco conviene pedir en la oración lo que se sabe ciertamente que no sucederá en modo alguno. Ahora bien, Cristo conocía el futuro de todas las cosas. Luego no le convenía pedir cosa alguna en la oración.
3. Escribe el Damasceno en el libro III que la oración es la ascensión de la mente hacia Dios. Ahora bien, la mente de Cristo no necesitaba de ascensión hacia Dios, porque su inteligencia estaba siempre unida a Dios, no sólo por la unión hipostática, sino también por el gozo de la bienaventuranza. Luego el orar no le convenía a Cristo.
Contra esto: está lo que leemos en Lc 6,12: Aconteció por aquellos días que salió hacia la montaña para orar, y pasaba la noche orando a Dios.
Respondo: Como se explicó en la Segunda Parte (II-II 83,1-2), la oración es una exposición ante Dios de nuestra propia voluntad, a fin de que la satisfaga. Por consiguiente, si en Cristo sólo existiese la voluntad divina, no le competería en modo alguno el orar, porque la voluntad divina cumple por sí misma lo que desea, según Ps 134,6: El Señor hizo cuanto quiso. Pero, por haber en Cristo una voluntad humana, además de la divina, y por no ser aquélla capaz de realizar lo que quiere sino mediante la voluntad divina, sigúese que a Cristo en cuanto hombre, y por tener voluntad humana, le compete el orar.
Soluciones: 1. Cristo podía hacer todo lo que quería en cuanto Dios, pero no en cuanto hombre, pues, como hemos dicho (II-II 13,1), en cuanto hombre no gozaba de la omnipotencia. Y, no obstante, siendo Dios y hombre, quiso presentar sus oraciones al Padre, no como si fuese impotente, sino para instruirnos a nosotros. Y, en primer lugar, para demostrar que venía del Padre. Por eso dice en Jn 11,42: Lo he dicho por el pueblo que me rodea (se refiere a su oración precedente), para que crean que tú me has enviado. Por lo cual escribe Hilario en el libro X De Trin.: No tuvo necesidad de la oración; oró en favor nuestro, para que no lo ignorásemos como Hijo. Después, para darnos ejemplo. De ahí que diga Ambrosio In Lúe.: No tengas unos oídos insidiosos, pensando que el Hijo de Dios oraba como quien carece de fuerzas, a fm de pedir lo que él mismo no podía realizar. Creador del poder, maestro de la obediencia, nos informa con su ejemplo en relación a lo que prescribe la virtud. Por eso escribe también Agustín en su In Ioann.: Podía el Señor, en su forma de siervo, orar en silencio, si fuera necesario. Pero quiso presentarse al Padre como orante, afín de recordar que era nuestro Maestro.
2. Entre las cosas futuras que Cristo conoció, estaban aquellas que habían de acontecer gracias a su oración. Y, de este modo, no hay ningún inconveniente en que lo pidiese a Dios.
3. La ascensión no es otra cosa que un movimiento hacia lo que está arriba.
Pero el movimiento, como se escribe en el libro III De An., se denomina tal de dos modos: uno, en sentido propio, cuando implica paso de la potencia al acto, en cuanto es el acto de un ser imperfecto. Y, en este sentido, el ascender le compete a aquel ser que está en potencia, y no en acto, respecto de lo alto. En este aspecto, como dice el Damasceno, el entendimiento humano de Cristo no necesita de ninguna ascensión hacia Dios, pues siempre está unido a El en su ser personal y por su contemplación bienaventurada. Otro, en cuanto que el movimiento es el acto de un ser perfecto, es decir, que existe en acto, al modo en que llamamos un cierto movimiento al entender y al sentir. Y, de este modo, el entendimiento de Cristo siempre está en ascensión hacia Dios, porque siempre le contempla como algo que está por encima de él.
ARTíCULO 2 ¿Lc compete a Cristo orar según su apetito sensible?
Objeciones por las que parece que a Cristo le compete orar según su apetito sensible.
Objeciones: 1. Refiriéndose a Cristo, se dice en Ps 83,3: Mi corazón y mi carne han saltado de gozp por el Dios vivo. Pero se llama sensibilidad al apetito de la carne. Luego la sensibilidad de Cristo pudo elevarse hasta el Padre mediante el gozo y, por una razón semejante, pudo hacerlo por medio de la oración.
2. El orar parece ser propio de aquel que desea lo que se pide. Ahora bien, Cristo pidió algo deseado por su sensibilidad cuando exclamó: Pase de mí este cáliz. Luego el apetito sensible de Cristo oró.
3. es más noble estar unido a Dios personalmente que elevarse hasta El por la oración. Pero el apetito sensitivo fue asumido por Dios en la unidad de la persona, como lo fue cualquier otra parte de la naturaleza humana. Luego, con mucha mayor razón, pudo elevarse hasta Dios por medio de la oración.
Contra esto: está que en Ph 2,7 se dice que el Hijo de Dios, conforme a la naturaleza que asumió, se hizo semejante a los hombres. Pero los demás hombres no oran con el apetito sensitivo. Luego tampoco Cristo oró con su sensibilidad.
Respondo: Orar con la sensibilidad puede entenderse de dos modos: uno, tomando la oración como un acto de la sensibilidad. Y, tomada en este sentido, Cristo no oró con su apetito sensible, porque su sensibilidad fue de la misma naturaleza que la nuestra. Ahora bien, nuestra sensibilidad no puede orar por dos razones: primera, porque el movimiento de la sensibilidad no puede rebasar el ámbito de lo sensible, y por lo mismo no puede ascender hasta Dios, lo cual es un requisito para la oración; segunda, porque la oración lleva consigo un cierto orden en el sentido de que alguien desea una cosa en cuanto que debe ser realizada por Dios; y esto sólo es propio de la razón. De ahí que la oración sea un acto de la razón, como ya expusimos en la Segunda Parte (II-II 83,1).
Otro modo de entender el orar con la sensibilidad consiste en que la razón, al orar a Dios, le exponga los deseos del propio apetito sensitivo. Y, en este aspecto, Cristo oró con su sensibilidad en cuanto que su oración, a modo de abogada de su sensibilidad, expresaba los deseos de ésta. Y Cristo lo hizo así para instruirnos sobre tres cosas: primera, para demostrar que había asumido una naturaleza humana verdadera con todas sus inclinaciones naturales; segunda, para hacernos ver que al hombre le es lícito, conforme a sus sentimientos naturales, querer algo que Dios no quiere; tercera, para probar que el hombre debe subordinar sus propios deseos a la voluntad divina. Por eso dice Agustín en el Enchir.: A.SÍ Cristo, comportándose como hombre, manifestó su voluntad humana particular, al decir: Pase de mí este cáliz (Mt 26,39). Era su voluntad humana la que quería algo propio y como privado. Mas, porque quiere ser un hombre recto y dirigirse hacia Dios, añade: Sin embargo, no se haga como yo quiero, sino como quieres tú (Mt 26,39), como si dijera: Mírate en mí, porque puedes querer una cosa propia, aun cuando Dios quiera otra.
Soluciones: 1. La carne salta de gozo por el Dios vivo, no por un acto de la carne que suba hacia Dios, sino por una redundancia del corazón en la carne, en cuanto que el apetito sensitivo sigue al movimiento del apetito racional.
2. Aunque el apetito sensitivo quisiera lo que pedía la razón, no competía, sin embargo, a la sensibilidad pedirlo por la oración, sino que competía a la razón, como se ha dicho (en la sol.).
3. La unión personal se realiza en el ser personal, que pertenece a todas las partes de la naturaleza humana. Pero la ascensión de la oración se produce mediante un acto que sólo pertenece a la razón, como queda dicho (en la sol.).
Por tanto, no hay paridad de razones.
ARTíCULO 3 ¿fue conveniente que Cristo orase por si mismo?
Objeciones por las que parece no haber sido conveniente que Cristo orase por sí mismo.
Objeciones: 1. Dice Hilario en el libro X De Trin.: No siendo de provecho para él las palabras de la oración, oraba, sin embargo, para utilidad de nuestra fe. Así pues, parece que Cristo no oró por sí mismo, sino por nosotros.
2. Nadie ora más que por lo que desea, porque, como queda ya dicho (a. 1), la oración es una exposición de la propia voluntad con la intención de que Dios la sacie. Ahora bien, Cristo quería padecer lo que, de hecho, padecía, pues dice Agustín en el libro XXVI Contra Faust.: El hombre ordinariamente, aunque no quiera, se aflige; aunque no lo quiera, duerme; aunque no lo quiera, tiene hambre y pasa sed. El, en cambio, esto es, Cristo, pasó por todas esas experiencias porque quiso. Luego no le competía orar por sí mismo.
3. Escribe Cipriano en el libro De oratione dominica: El Maestro de la pazy de la unidad no quiso que se hiciese oración particular y privadamente, afín de que, al orar, no lo haga uno sólo por sí mismo. Pero Cristo cumplió lo que enseñó, según Ac 1,1: Jesús comentó a hacer y enseñar. Luego Cristo no oró nunca por sí solo.
Contra esto: está lo que el propio Señor dice, orando, en Jn 17,1: Glorifica a tu Hijo.
Respondo: Cristo oró por sí mismo de dos modos: primero, expresando los deseos de su sensibilidad, como antes hemos dicho (a. 2), o también de su voluntad natural, como cuando pidió que se alejase de él el cáliz de la pasión (Mt 26,39). Segundo, exponiendo los deseos de su voluntad deliberada o racional, por ejemplo cuando pidió la gloria de la resurrección. Y lo hizo con razón. Como hemos dicho (a. 1 ad 1), Cristo quiso servirse de la oración a su Padre para darnos ejemplo de oración y para demostrar que su Padre es el autor del cual procede El desde la eternidad, según su naturaleza divina, y del que también recibe todo bien según su naturaleza humana. Pero así como su naturaleza humana poseía ya algunos bienes recibidos del Padre, así también esperaba recibir de El otros que aún no tenía. Y por eso, así como daba gracias al Padre por los beneficios recibidos ya en su humanidad, reconociéndole como autor de los mismos, como se deduce de Mt 26,27) y (Jn 11,41), de modo semejante pedía al Padre, por medio de la oración, los bienes que faltaban a su humanidad, v. gr. La gloria del cuerpo y otros por el estilo, para reconocerle asimismo como autor de los mismos. Y también en esto nos dio ejemplo para que agradezcamos los bienes recibidos y pidamos en la oración los que aún no poseemos.
Soluciones: 1. Hilario habla de la oración vocal, que Cristo no necesitaba, y que sólo era necesaria por nuestra causa. Por eso dice claramente que las palabras de la oración no eran de provecho para él. Pero si Dios escucha el deseo de los pobres, como se lee en Ps 9,17), la sola voluntad de Cristo tiene un poder intercesor mucho mayor ante el Padre. Por eso decía El en Jn 11,42: Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la multitud que me rodea, a fm de que crean que tú me has enviado.
2. Cristo quería padecer lo que en aquellos momentos padecía; pero, sin embargo, deseaba que, después de la pasión, su cuerpo consiguiese la gloria que aún no tenía. Y tal gloria la esperaba del Padre como autor de la misma. Y, por tanto, era conveniente que se la pidiese a El.
3. La misma gloria que Cristo pedía para sí por medio de la oración, pertenece a la salvación de los demás, según la expresión de Rm 4,25: Resucitó para nuestra justificación. Y, por eso, la oración que hacía por sí mismo era, en cierto modo, una oración en favor de todos los demás. Lo mismo que también cualquier hombre que pida a Dios un bien con el fin de utilizarlo en favor de los demás, no ora sólo por sí mismo, sino también por los otros.
ARTíCULO 4 ¿Fue siempre escuchada la oración de Cristo?
Objeciones por las que parece que la oración de Cristo no fue siempre escuchada.
Objeciones: 1. Pidió que el cáliz de la pasión se apartase de él, como es claro por (Mt 26,39); pero tal cáliz no se apartó. Luego parece que no toda oración suya fue escuchada.
2. oró para que fuese perdonado el pecado de los que le crucificaban, como es notorio en Lc 23,34). Sin embargo, tal pecado no fue perdonado a todos, puesto que los judíos fueron castigados a causa del mismo. Luego parece que no toda oración suya fue escuchada.
3. El Señor oró por aquellos que habían de creer en El mediante la palabra de los Apóstoles, para que en él todos fuesen uno, y para que llegasen a morar con él (Jn 17,229 Jn 17,24). Pero no todos logran esto. Luego no todas sus oraciones fueron escuchadas.
4. En Ps 21,3) se dice, pensando en Cristo: Clamaré de día, y no me escucharás.
Luego no toda oración suya fue escuchada.
Contra esto: está lo que dice el Apóstol en He 5,7: Habiendo ofrecido oraciones y súplicas con poderoso clamor y con lágrimas, fue escuchado por su reverencial temor.
Respondo: Como hemos afirmado (a. 1), la oración es, en cierto modo, la intérprete de la voluntad humana. Se tiene por escuchada la oración de alguien cuando se cumple su voluntad. Ahora bien, la voluntad absoluta del hombre es la voluntad racional, pues queremos de verdad lo que queremos de acuerdo con la deliberación de la razón. En cambio, lo que queremos por un impulso de la sensibilidad, o también por un movimiento de la voluntad espontánea, la considerada como naturaleza, no lo queremos de forma absoluta, sino relativa, esto es, si no hay algún inconveniente por parte de la deliberación de la razón.
Por lo que tal voluntad debe llamarse mejor veleidad que voluntad absoluta: es a saber, porque el hombre querría tal cosa si no se opusiese tal otra.
Con la voluntad racional, Cristo no quiso nada fuera de lo que sabía que también era querido por el Padre. Y por eso toda voluntad absoluta de Cristo, incluso la humana, se cumplió, porque fue conforme con Dios; y, en consecuencia, toda oración suya fue escuchada. En este sentido también son satisfechas las oraciones de los otros, por expresar unos deseos que están conformes con Dios, de acuerdo con lo que se escribe en Rm 8,27: El que escudriña los corazones conoce, es decir, aprueba lo que desea el Espíritu, esto es, lo que hace desear a los santos, porque según Dios, es decir, conforme a la voluntad divina, intercede por los santos.
Soluciones: 1. Los Santos Padres explican de diversos modos la súplica acerca de la traslación del cáliz. Hilario, en Super Mt., comenta: Cuando pide que el cáliz pase de él, no suplica ser eximido del mismo, sino que lo que pasa por él redunde en otros. Y, por tanto, ruega por aquellos que habían de sufrir después de él, de modo que el sentido sea éste: así como bebo yo el cáliz de la pasión, así también bébanlo los otros, sin fallar en la esperanza, sin sentimiento por el dolor, sin miedo a la muerte.
Jerónimo, en cambio, escribe: Dice expresamente "este cáliz", esto es, el proveniente del pueblo judio, pues, si me mata, no podrá tener la excusa de la ignorancia, ya que posee la Ley y los Profetas, que me anuncian.
Por su parte, Dionisio de Alejandría expone: El decir "pase de mí este cáliz" no equivale a decir. No me sobrevenga, pues, de no llegarle, no sería posible que pasase. Mas así como lo que pasa de largo no es ni nocivo ni permanente, así el Salvador suplica que sea apartada la prueba que cae ligeramente sobre él.
Ambrosio, Orígenes y el Crisóstomo dicen que pidió como hombre que rehuye la muerte con su voluntad natural.
Así pues, si entendemos con Hilario que pidió que los otros mártires imitasen su pasión, o que el temor de beber el cáliz no le alterase, o que la muerte no le detuviese, entonces se cumplió totalmente lo que pidió. En cambio, si entendemos haber pedido no beber el cáliz de la pasión y la muerte, o no beberlo de manos de los judíos, entonces no se cumplió lo que él pidió, porque su razón, que formuló la petición, no quería que esto se cumpliese; sino que, con miras a nuestra instrucción, quería manifestarnos su voluntad natural y el impulso de su sensibilidad, cosas que poseía como hombre.
2. El Señor no oró por todos los que le crucificaban, ni tampoco por todos los que habían de creer en él, sino sólo por aquellos que estaban predestinados a conseguir la vida eterna por medio de él.
3. Con esto queda también resuelta la tercera dificultad.
4. Cuando dice: Clamaré y no me escucharás, hay que entenderlo como referido al deseo de su sensibilidad, que rehuía la muerte. Pero es escuchado en cuanto al deseo racional, como queda dicho (en la sol.).

References: ARTíCULO 4

ARTíCULO 1

ARTíCULO 2

ARTíCULO 1

ARTíCULO 2

ARTíCULO 3

ARTíCULO 4