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RELATORIA GENERAL Humberto Medrano Cornejo (*) - PDF
RELATORIA GENERAL Humberto Medrano Cornejo (*)
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Margarita Tebar Ramírez
1 RELATORIA GENERAL Humberto Medrano Cornejo (*) Como quiera que, de acuerdo con la Ley del Impuesto a la Renta (LIR), los sujetos no domiciliados sólo deben tributar por sus rentas de fuente peruana, resulta esencial establecer en qué casos la renta puede considerarse de ese origen, especialmente a partir de las ampliaciones efectuadas en años recientes, donde el eje se ha ido desplazando del carácter territorial estricto al concepto domicilio del pagador, entre otros, pasando por las dificultades que ofrece el comercio electrónico. La fuente y el domicilio son criterios de vinculación estrechamente relacionados por lo que resulta fundamental conocer los alcances de la norma según la cual se consideran domiciliadas en el Perú a las personas jurídicas constituidas en el país, para establecer si las constituidas en el exterior tienen o no la condición de domiciliadas cuando trasladan su domicilio al Perú, al amparo de lo previsto en el artículo 394 de la Ley General de Sociedades (LGS). Sobre este extremo versa el trabajo presentado por la doctora Cristina Chang. (*) Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesor Principal en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Socio Fundador de Rodrigo, Elías & Medrano Abogados. Miembro de Número de la Academia Peruana de Derecho. Ex Presidente del Instituto Peruano de Derecho Tributario. 1
2 Humberto Medrano Cornejo La ponente señala que conforme a la referida Ley, cualquier sociedad del extranjero puede radicarse en el Perú conservando su personalidad jurídica, transformándose y adecuando su pacto social y estatuto a la forma societaria que decida asumir en el Perú. Debe cancelar su inscripción en el extranjero, extender la escritura pública ante el Cónsul Peruano y formalizar su inscripción en el Registro. Por ello, sostiene: no cabe duda que el cambio de domicilio de una compañía conlleva a constituir una nueva sociedad en el Perú (...), por lo que tiene que considerarse domiciliada en el Perú, desde el momento mismo de la inscripción en el Registro de Sociedades. Asimismo, la autora puntualiza que el costo computable de los bienes de dicha sociedad es el mismo que ellos tenían en su contabilidad cuando estaba domiciliada en el exterior. En algunos países extranjeros el cambio de domicilio da lugar al pago de un impuesto de salida exit tax que, según la ponente, podría constituir un crédito contra el tributo que debe pagarse en el Perú. Para completar su trabajo la autora analiza la hipótesis inversa: cuando una sociedad constituida en el Perú traslada su domicilio al extranjero. En ese supuesto, indica que al inscribirse la extinción de la sociedad en el Perú, ésta deja de ser domiciliada. Agrega que las consecuencias de esta operación serían las mismas que se producirían a raíz de su liquidación. Al respecto, la ponente indica que existen dos situaciones a estudiar. La primera es que se enajenen dichos bienes y que el resultado se distribuya entre los accionistas. En este caso, serían transferidos a favor de la empresa constituida en el extranjero, entendiendo que ello debe efectuarse a valor de mercado. La otra, es que se entreguen a los propios accionistas como parte del haber social. En el primer caso la enajenación daría lugar a una ganancia de capital por la diferencia entre el valor de mercado y el costo computable de los bienes, gravada con 30%. Además, habría lugar al 4.1% de impuesto a los dividendos por la diferencia entre el valor nominal de las acciones más las primas suplementarias si las hubiere y los importes que perciban los accionistas. En el segundo caso, la diferencia entre el valor nominal de las acciones más las primas suplementarias si las hubiere, y los importes que perciban los accionistas en especie a través de los bienes sociales, se encontraría gravada con el 4.1% de impuesto a los dividendos. No obstante, la ponente recomienda que la LIR regule de manera expresa las consecuencias del cambio de domicilio. Parece claro que se requiere de algún tipo de regulación, porque si la Ley permite que una sociedad cambie su domicilio de un país a otro, manteniendo su personalidad jurídica, no se produciría ninguna transferencia de los bienes, por lo que no habría razón para darle el tratamiento de liquidación. Desde otro ángulo, debe recordarse que en algunos países (sobre todo paraísos fiscales ) no es obligatorio llevar libros de contabilidad. En esa hipótesis el costo de los bienes sería el de valor de mercado en el Perú? Por otra parte, si se estimara que la empresa que se constituyó en el exterior y se traslada al Perú, es no domiciliada, se produciría una paradoja. En efecto, tal em- 2
3 Relatoría General presa estaría inscrita en los Registros Públicos del país, obtendría RUC y se comportaría exactamente como cualquier otra empresa constituida aquí, pero no estaría obligada a tributar en el Perú por sus rentas de fuente extranjera, lo que resultaría absurdo. Por ello, es forzoso concluir que al mudar de domicilio y cumplir con todas las inscripciones que se exige a los demás contribuyentes, la sociedad debe considerarse domiciliada para fines del impuesto a la renta. Debe recordarse que, según el artículo 15 de la LIR las personas jurídicas seguirán siendo sujetos del impuesto hasta el momento en que se extingan esta norma resulta aplicable para el casi inexistente caso de traslado al exterior del domicilio de una empresa constituida en el Perú? dicho traslado hace que la sociedad deje de estar domiciliada, a pesar de haber sido constituida en el Perú? Por su parte, el artículo 20 de la LGS, señala: la sociedad constituida en el Perú tiene su domicilio en territorio peruano, salvo cuando su objeto social se desarrolle en el extranjero y fije su domicilio fuera del país. El artículo 200 de la LGS, permite al accionista disconforme separarse de la sociedad si ésta decide trasladar su domicilio fuera del país. Un traslado de domicilio, desde o hacia el Perú, no modifica la personalidad jurídica de una sociedad ni supone la transferencia de sus activos, por lo que podría sostenerse que ninguna de tales operaciones da lugar a la aplicación del impuesto a la renta, aún cuando su cancelación en un registro y su inscripción en otro implica que deja de tener existencia legal en un país, para iniciarla en el otro. En vista de que tales operaciones no cuentan con regulación expresa en nuestro ordenamiento sobre el impuesto a la renta, sería deseable un pronunciamiento de las Jornadas sobre el particular. Como ocurre en muchas legislaciones, en el Perú la LIR considera como rentas de fuente nacional, entre otros supuestos: Las originadas en actividades civiles, comerciales, empresariales o de cualquier índole que se lleven a cabo en territorio nacional. (LIR artículo 9 inciso e). Si bien, el domicilio puede variarse por voluntad de los contribuyentes, cuando la Ley lo permite, es claro que el territorio nacional es inmodificable, de manera que en principio no deberían existir mayores dificultades para determinar cuando cierta actividad se realiza en ese territorio. Sin embargo, en el trabajo del doctor Jaime Loret de Mola de Lavalle, se efectúa un análisis que puede considerarse inédito sobre la aplicación de la LIR dentro del Dominio Marítimo que forma parte del territorio nacional. Algunos deben recordar que en el período surgió un gran debate en el Perú porque la flota pesquera soviética que operaba dentro de las 200 millas no cumplía con pagar el impuesto a la renta en el Perú. En aquella oportunidad se sostuvo que dicha flota constituía un establecimiento permanente en los términos de la LIR, porque se trataba de (...) lugares de extracción de recursos naturales y cual- 3
4 Humberto Medrano Cornejo quier instalación o estructura, fija o móvil, utilizada para la exploración o explotación de recursos naturales. A tenor de la ponencia las consecuencias serían distintas el día de hoy, pues según la CONVEMAR, a la que el Estado Peruano está sometido conforme al artículo 38 de la Convención de Viena sobre Derecho de los Tratados de 1969 por tratarse de una norma consuetudinaria de derecho internacional reconocida como tal, así como por reiterada jurisprudencia de la Corte Internacional de La Haya, el mar territorial sólo se extiende por doce millas, de modo que no podría gravarse las utilidades obtenidas por una flota pesquera extranjera que opere más allá de ese límite. Entre la milla doce y la doscientos el Estado peruano sólo puede ejercer soberanía y jurisdicción limitadas a la administración, control, conservación y explotación de los recursos naturales, así como tomar las medidas de fiscalización necesarias para prevenir las infracciones de sus leyes y reglamentos aduaneros, fiscales, de inmigración o sanitarios que se cometan en su territorio o en su mar territorial y sancionar las infracciones de esas leyes y reglamentos cometidas en su territorio o en su mar territorial, pues el mencionado espacio oceánico, aún cuando esté comprendido dentro del territorio nacional conforme a nuestro ordenamiento interno, no constituye Mar Territorial. El trabajo, como es obvio, hace referencia al artículo 54 de la Constitución: (...) El dominio marítimo del Estado comprende el mar adyacente a sus costas, así como su lecho y subsuelo, hasta la distancia de 200 millas (...) ; analizando los antecedentes históricos y jurídicos por los que los legisladores constitucionales de 1979 y 1993, atendiendo a que el Estado Peruano estaría sometido a la CONVEMAR, emplearon explícita e intencionalmente el concepto de dominio marítimo y no los términos de mar territorial o territorio marítimo. El ponente sostiene que SUNAT, el Tribunal Fiscal y la Corte Suprema, sobre la base de una interpretación literal de dicho artículo, sin mayor análisis, han emitido resoluciones y sentencias que sancionan que la soberanía del Estado peruano sobre las doscientas millas es absoluta y que, por ende, la integridad de nuestra legislación nacional es aplicable en el dominio marítimo peruano. Sobre este extremo, debe recordarse que la Ley promulgada en diciembre del año 2001, modificó el artículo 48 de la LIR estableciendo una presunción (...) sin admitir prueba en contrario, que las empresas no domiciliadas (...) que vendan recursos hidrobiológicos altamente migratorios (...) extraídos dentro del dominio marítimo del Perú (...) obtienen renta neta de fuente peruana igual al 5% de los ingresos brutos que perciban (...). Salvo prueba en contrario se presumirá que los recursos hidrobiológicos (...) vendidos a empresas domiciliadas, han sido extraídos del dominio marítimo del Perú (...). Si bien dicha norma fue derogada constituye un importante antecedente del pensamiento del legislador. Por lo demás, la materia tiene gran significación económica porque sus alcances no se limitan a la pesquería sino que se extienden al petróleo y otros recursos que pudieran existir hasta las doscientas millas. 4
5 Relatoría General Las rentas producidas por capitales son de fuente peruana si están colocados en el país o el pagador es un sujeto domiciliado. Los doctores Rolando Ramírez-Gastón Horny y Andrés Ramírez-Gastón Seminario analizan si constituye renta de fuente peruana la ganancia obtenida por un sujeto no domiciliado que cobra por su valor nominal un crédito adquirido por un monto inferior. Los ponentes expresan que, si bien desde el punto de vista financiero podría argumentarse que la operación lleva incorporado un interés equivalente a la diferencia entre el valor nominal del crédito y su costo de adquisición, es claro que desde el ángulo jurídico eso no es exacto, pues el acreedor no ha expresado voluntad de cobrar intereses. En consecuencia, el sujeto domiciliado en el exterior no obtiene un rendimiento proveniente de un capital colocado o utilizado en el país sino que se limita a recuperar dicho capital por lo que no se encuentra gravado. La diferencia entre el valor nominal y el de adquisición del crédito no supone renta producida como exige la norma. Los autores agregan que conforme al artículo 1206 del Código Civil, la cesión de derechos produce la enajenación de éstos, existe una transferencia de propiedad de un bien mueble, por lo que no se le puede confundir con una operación de financiamiento, es decir con un contrato de préstamo donde se pagan intereses. No existe fundamento jurídico válido para sostener que una cesión de derechos onerosa califica como contrato de préstamo. Se trata de la transferencia del dominio de un bien mueble, es un contrato de compra-venta no una operación de financiamiento. Por ello, el supuesto analizado no da lugar a la generación de renta de fuente peruana. Pero los ponentes no olvidan señalar que son rentas de fuente peruana, las originadas por actividades que se llevan a cabo en territorio nacional. Por ello, se preguntan si adquirir créditos debajo de su valor nominal puede calificarse como una actividad. Indican que ésta es un conjunto de operaciones o tareas propias de una persona o entidad. Un acto aislado no es actividad, pues ella requiere la repetición de operaciones. Ergo, sí calificaría como renta de fuente peruana la ganancia que obtuviera una empresa no domiciliada que realiza la actividad empresarial de comprar derechos de crédito por debajo de su valor nominal a sujetos domiciliados para posteriormente cobrarlos a ese valor. Sin embargo, los autores reconocen que en ese supuesto se presentará un problema práctico, pues el sujeto domiciliado que efectúa el pago no podría determinar si la empresa del exterior realiza o no actividad empresarial en el país, por lo que no podría practicar la retención. En estos casos, corresponderá a la entidad no domiciliada pagar el impuesto directamente, aunque la Administración no tendría mecanismos para exigir el cumplimiento de la obligación. En el caso de personas naturales no domiciliadas que no realizan actividad empresarial, el beneficio obtenido al cobrar por su valor nominal un crédito adquirido debajo de ese valor, no califica como renta ni como ganancia de capital, por lo que no es necesario analizar si se origina o no de fuente peruana. 5
6 Humberto Medrano Cornejo Ciñéndose a las directivas del relator, los autores analizan las consecuencias de la incorporación del tercer párrafo del literal c) del artículo 9 de la LIR, según el cual: Las rentas pueden originarse, entre otros, por la participación en fondos de cualquier tipo de entidad, por la cesión a terceros de un capital (...). Los autores consideran que no se trata de una innovación sino de una norma aclaratoria o interpretativa, pues la operación mencionada debe considerarse comprendida en el texto original. Ella apunta a las rentas que podría producir una operación de préstamo, donde se cede un capital con la finalidad de que se convierta en la fuente productora. Finalmente, en la ponencia se hace referencia a la Segunda Disposición Complementaria y Final del Decreto Supremo EF, numeral 2, según la cual en las transferencias de crédito donde el adquirente asume el riesgo crediticio del deudor, para éste la diferencia entre el valor nominal y el valor de transferencia del crédito constituye un ingreso por servicios, gravable con el impuesto a la renta. Esta norma reglamentaria, indican, pretende modificar la naturaleza jurídica de la cesión de derechos de crédito. En ésta se produce una enajenación que, por lo tanto, no puede calificarse como un contrato de locación de servicios. Lo que se persigue es afectar a los sujetos no domiciliados que adquieren tales créditos, lo que resulta jurídicamente insostenible pues ello vulnera el principio de legalidad previsto en el artículo 74 de la Constitución, de modo que tal modificación tendría que efectuarse a través de una Ley y no mediante un Decreto Supremo. El carácter de renta de fuente peruana y la exigibilidad del impuesto a los no domiciliados en el caso de rentas presuntas, ha sido abordado en dos trabajos. En el primero el doctor Tulio Tartarini hace referencia a los diversos casos en los cuales la LIR considera que existe renta ficta, mencionando el artículo 26 de la LIR, conforme al cual todo préstamo genera intereses presuntos, salvo prueba en contrario de los libros de contabilidad del deudor. La presunción no opera cuando existe vinculación entre las partes intervinientes, supuesto en el cual son de aplicación las reglas sobre precios de transferencia. También existe renta ficta equivalente al 6% del valor del predio cuando su ocupación ha sido cedida por sus propietarios gratuitamente o a precio no determinado. Asimismo, se genera renta presunta no menor al 6% del valor de muebles o inmuebles distintos a predios cedidos a título gratuito, a precio no determinado o a un precio inferior al de las costumbres de la plaza, entre generadores de renta de tercera categoría. Sin embargo, al autor lo que le interesa destacar es que según el artículo 76 de la LIR, quienes paguen o acrediten a beneficiarios no domiciliados rentas de fuente peruana (...) deberán retener y abonar al fisco (...) el impuesto. El mismo artículo precisa que los contribuyentes que contabilicen como gasto o costo las regalías y retribuciones por servicios u otros de naturaleza similar a favor de 6
7 Relatoría General no domiciliados deberán abonar al fisco el monto equivalente a la retención en el mes en que se produzca su registro contable, independientemente de si se paga o no las respectivas contraprestaciones a los no domiciliados. En consecuencia, indica el autor, la obligación de los sujetos no domiciliados nace en el momento en que se les paga o acredita la renta. Contabilizar como gasto o costo la retribución no da nacimiento a la obligación de tributar, pues se trata de un mecanismo para que el agente de retención abone un adelanto de aquélla. Por lo tanto, puede afirmarse que en el caso de rentas o ingresos considerados por la LIR como presuntos o imputados, en los que por tratarse de operaciones gratuitas no existe pago o acreditación, no se produce el nacimiento de la obligación tributaria. Sostiene el ponente que en su opinión no es sólo que existe ausencia de los mecanismos adecuados para cumplir con la obligación de retener, sino que dada la ausencia de una disposición sustancial que especifique el nacimiento de la obligación tributaria en el caso de rentas fictas o presuntas de no domiciliados, éstas resultan inaplicables para dichos sujetos. El pago o acreditación de la renta, sólo puede producirse respecto de rentas reales pero no de rentas presuntas o psíquicas y como no se ha previsto cuándo surge la obligación de tributar por éstas rentas, creemos que el tributo es inexigible. El segundo trabajo relativo a intereses presuntos en el caso de préstamos concedidos por no domiciliados es materia de la ponencia del doctor Martín Villanueva González. Si bien la referida presunción no opera en transacciones entre partes vinculadas, caso en que son aplicables las reglas sobre precios de transferencia, éstas son normas de valuación y no resultan suficientes para sostener que existen intereses cuando puede demostrarse que no ha existido nunca un pacto sobre el particular. Indica que pretender convertir las disposiciones sobre precios de transferencia en normas de derecho material, implicaría una violación del principio de capacidad contributiva por cuanto generaría la aplicación del impuesto sobre una renta inexistente. En el caso de intereses pagados sobre préstamos y otras operaciones financieras similares, la fuente de la renta se encuentra en el Perú cuando el capital está colocado o utilizado económicamente en el país o cuando el pagador sea un sujeto domiciliado en el país. Sin embargo, la LIR no ha establecido de manera expresa que se considerarán de fuente peruana las rentas presuntas o fictas imputables a las personas no domiciliadas. Por ello, no es jurídicamente posible atribuirles rentas presuntas o fictas, sea en razón de las disposiciones del artículo 26 de la LIR o de las normas sobre precios de transferencia. Aún si se pudiera efectuar dicha atribución, la LIR señala que, en el caso de las rentas generadas por contribuyentes no domiciliados, la obligación tributaria se origina en el momento de su pago o acreditación y, como ello no ocurre en estos casos, la obligación tributaria nunca nacería. Lo mismo ocurre cuando la LIR señala que la obligación de pagar el impuesto surge cuando los contribuyentes domiciliados contabilicen como gasto o costo el monto que constituye la renta. Se trata de una situación que no habrá de presentarse pues, 7
8 Humberto Medrano Cornejo tratándose de rentas imputadas, no existirá la necesidad de efectuar la contabilización de gastos o costos relacionados con tales rentas. De modo que tampoco en este caso habrá nacimiento de la obligación tributaria. Si bien la situación descrita en el párrafo anterior pareciera ser un vacío de la Ley, en realidad ello no es así pues la supuesta omisión queda perfectamente explicada porque en estos casos no existe renta de fuente peruana y, por lo tanto, no surge la obligación de pagar el impuesto. También sobre créditos e intereses, pero no presuntos sino reales, versa la ponencia de la doctora Johana Timana Cruz. Antes, la LIR sólo consideraba que los intereses eran de fuente peruana cuando provenían de capitales colocados y/o utilizados económicamente en el país. Por ello, si la entidad financiera del exterior otorgaba un crédito a una persona jurídica constituida en el país, pero para desarrollar operaciones por una sucursal u otro establecimiento permanente situado en el extranjero, los intereses derivados de dicho crédito no generaban renta de fuente peruana porque el capital había sido colocado y utilizado íntegramente fuera del país. Con la modificación introducida, tales intereses constituyen renta de fuente peruana porque el pagador es un sujeto domiciliado en el país, pues según el Reglamento de la LIR (artículo 4 numeral 3): la condición de sujeto domiciliado aplicable a las personas jurídicas constituidas en el Perú es extensiva a las sucursales en el exterior de personas jurídicas domiciliadas en el país. Si las sucursales en el exterior arrojan un resultado positivo, éste formará parte de las rentas de fuente extranjera obtenidas por la persona jurídica constituida en el país. Se trata de un único contribuyente y, por ello, los intereses soportados por el establecimiento permanente en el exterior, califican como rentas de fuente peruana, pues el pagador de dichos intereses es jurídicamente un sujeto domiciliado en el país. Sin embargo, tales intereses constituirán gastos no deducibles para la determinación de la renta imponible de cargo de la deudora, por no cumplirse el principio de causalidad, pues los préstamos están destinados a desarrollar actividades en el exterior. La autora opina que la previsión legislativa respecto a que las normas de precios de transferencia regulan las operaciones entre la matriz peruana y sus establecimientos permanentes en el exterior, no es suficiente para sostener que se trata de dos personas diferentes y separadas para efectos del impuesto a la renta local, pues con ello únicamente se recoge el principio de entidad separada de los establecimientos permanentes en el marco de los convenios para evitar la doble imposición. Luego, analiza el caso opuesto; es decir el criterio de residencia del pagador cuando los intereses son soportados económicamente por sucursales ubicadas en el país de personas jurídicas constituidas en el exterior. Tales sucursales son tratadas por la LIR como domiciliadas, pero sólo respecto de sus rentas de fuente peruana. Por lo tanto, no podría sostenerse que dichos intereses generan automáticamente renta de fuente peruana, pues para ello deberá cumplirse el requisito de utilización económica del capital en el país. 8
9 Relatoría General Por supuesto, esos intereses no constituirán gasto deducible para la determinación de la renta neta de fuente peruana de cargo del establecimiento permanente por no cumplir con el principio de causalidad. Si bien la sucursal en el Perú de una empresa constituida en el exterior que obtiene rentas de fuente extranjera, no debe tributar sobre éstas en el país, cabe preguntarse el tratamiento que corresponde dar cuando esa renta no gravada en cabeza de la sucursal se convierte en saldo disponible para el titular del exterior. En esa hipótesis resulta aplicable el impuesto de 4.1% sobre los dividendos? Al respecto, debe recordarse que según el artículo 56 inciso e) de la LIR esa tasa se aplica sobre (...) la renta neta de la sucursal (...) incrementada por los ingresos por intereses exonerados y dividendos u otras formas de distribución de utilidades u otros conceptos disponibles que hubiese generado en el ejercicio, menos el monto del impuesto (...) de 30% pagado por la sucursal. No obstante, para aplicar el impuesto a la casa matriz la renta debe ser de fuente peruana y la LIR incluye como tal los dividendos y cualquier otra forma de distribución de utilidades, cuando la empresa o sociedad que los distribuya, pague o acredite se encuentre domiciliada en el país (...). Como quiera que la sucursal que distribuye las utilidades sólo está domiciliada en cuanto a su renta de fuente peruana, parecería que no debe haber lugar al impuesto del 4.1%, por la parte del saldo disponible integrado por la renta de fuente extranjera. El régimen de las sucursales en el Perú de empresas constituidas en el extranjero también es tratado en la ponencia del doctor Fernando Tori Vargas. Como ya se indicó, dichas sucursales sólo tributan por sus rentas de fuente peruana y se les considera domiciliadas únicamente respecto de esas rentas. En el trabajo se pregunta: son de fuente peruana las ganancias de una sucursal por operaciones de compraventa de bienes ubicados en el exterior? cuándo debe considerarse que la actividad se lleva a cabo en territorio nacional? El autor señala que la renta será de fuente nacional si en el país se realizan las actividades específicas de intermediación del negocio: los actos de administración, de control, de decisión (solicitar ofertas, decidir el proveedor, decidir a qué precio comprar, a quién vender, a qué precio vender, etc.), aún cuando los bienes materia de intercambio se encuentren ubicados en el exterior. En el conflicto entre cosas negociadas y la actividad, se inclina en favor de esta última. En cambio, la fuente no está ubicada en el Perú si lo único que se vincula con el país es el domicilio o la toma de decisión administrativa de realizar la operación respecto de bienes que se encuentran en el exterior, o si se trata sólo de una simple contabilización del ingreso. El autor analiza también el caso inverso; es decir las transacciones que empresas no domiciliadas realizan en el extranjero respecto de bienes situados en territorio peruano. Allí, la ganancia no puede considerarse renta de fuente peruana, salvo que la empresa vendedora tuviera un establecimiento permanente en el Perú, pues en ese 9
10 Humberto Medrano Cornejo supuesto sería muy arduo sostener que no existe actividad en el país. Obviamente, la renta sería de fuente peruana si se adquieren bienes en el país para luego exportarlos, en vista de lo señalado expresamente por el artículo 11 de la LIR. No obstante, el ponente subraya que debido a los vacíos en el ordenamiento tributario, deberían efectuarse precisiones sobre lo que debe entenderse por actividad que se lleve a cabo en territorio nacional. Una de las ampliaciones más significativas sobre el concepto de renta de fuente peruana está referida a los servicios digitales. El tema es tratado en dos ponencias independientes por la doctora Beatriz De la Vega Rengifo y la doctora Silvia Muñoz Salgado. Ambas indican que originalmente se consideró como rentas de fuente peruana las obtenidas por servicios digitales prestados a través del Internet, cuando el servicio se utilice económicamente, use o consuma en el país y que posteriormente, el Poder Ejecutivo al amparo de las facultades delegadas por la Ley 28932, expidió el Decreto Legislativo 970, donde se considera como rentas de fuente peruana: i) Las obtenidas por servicios digitales prestados a través del Internet o de cualquier adaptación o aplicación de los protocolos, plataformas o de la tecnología utilizada por Internet o cualquier otra red a través de la que se presten servicios equivalentes, cuando el servicio se utilice económicamente use o consuma en el país. La doctora De la Vega estima que el Decreto Legislativo 970 es inconstitucional, pues rebasa los alcances de la Ley autoritativa pues ésta no otorgó la facultad de efectuar tal ampliación. En el trabajo de la doctora Muñoz no se formula cuestionamiento similar. Ambas ponencias analizan los elementos que se requieren para la existencia de un servicio digital: una prestación de hacer, a través del Internet o de cualquier otra red, que el servicio se ponga a disposición del usuario mediante accesos en línea, y que sea esencialmente automático, esto es requerir una mínima intervención humana. Las dos autoras coinciden en criticar el informe de SUNAT donde la Administración señala que: (...) el Reglamento al indicar que el servicio se pone a disposición mediante accesos en línea se refiere a que el servicio se presta al usuario mediante conexión a la red (...) pero no implica necesariamente que el servicio sea prestado mediante una respuesta inmediata a un requerimiento (...). (...) es determinante para calificar un servicio como digital el medio a través del cual se accede a la prestación del servicio (...) pero no la forma como se procesa la información, esto es mediante un procesamiento inmediato o en batch. 10
11 Relatoría General Sostiene la doctora De la Vega que en opinión de SUNAT cualquier servicio prestado desde el exterior a través de instrumentos electrónicos podría calificar como servicio digital, independientemente que se realice on line u off line, lo que obviamente no se ajusta a la definición establecida por el Reglamento de la LIR. En el mismo sentido, la doctora Silvia Muñoz sostiene que, siguiendo la conclusión de SUNAT, bastaría que exista una conexión electrónica para que el servicio califique como digital, lo cual no es correcto. Cuando se exige que el servicio se ponga a disposición del usuario mediante accesos en línea se requiere más que la simple conexión electrónica. Se necesita que el consumo o beneficio del servicio se realice por ese medio, que el aprovechamiento se efectúe en forma inmediata al momento en que el usuario interactúa con el sistema, que el consumo se lleve a cabo de manera remota y como si existiera presencia física del prestador. Por ello, si un servicio se proporciona en modo batch, no existirá servicio digital porque el consumo está diferido a un momento posterior. En cuanto al acceso electrónico a servicios de consultoría: (...) (abogados, médicos, etc.) a través del correo electrónico, video conferencia u otro medio remoto de comunicación, es evidente que pueden prestarse sin utilizar Internet y sus variantes, por lo que no deberían calificar como servicios digitales. Tampoco podrían incluirse servicios tales como mantenimiento de software, soporte técnico y servicios de consultoría que pueden ser viables a través de herramientas no informáticas. En consecuencia, las Jornadas deberán destacar la necesidad de que los servicios digitales sólo se consideren como tales cuando sea indispensable el uso de la tecnología de la información. Por lo demás, según el artículo 48 de la LIR la provisión de material informativo por las agencias internacionales de noticias da lugar a renta neta de fuente peruana equivalente al 10% de la retribución total. Si el mismo servicio se efectúa a través de Internet, el no domiciliado tributará sobre el total de la retribución, vulnerándose el principio de neutralidad. De otro lado, la doctora De la Vega se refiere a la Decisión 578 de la Comunidad Andina, criticándola por imprecisa, pues según su artículo 6 las rentas por beneficios empresariales se gravan en el país donde éstas se hubieren generado. Sin embargo, el artículo 14 señala que en los beneficios empresariales por prestación de servicios técnicos, asistencia técnica, servicios profesionales y de consultoría, el impuesto corresponde al país donde se produce el beneficio, presumiéndose salvo prueba en contrario que ello ocurre en el lugar donde se imputa y registra el gasto. Como la Decisión no contiene definiciones especiales para los servicios digitales, ambas interpretaciones pueden ser válidas, por lo que sería deseable un pronunciamiento de la Secretaría General de la CAN. En el trabajo de la doctora Silvia Muñoz, se destaca el caso especial de los servicios de consultoría por correo electrónico, debido a que SUNAT ha adoptado su posición institucional sobre este tema, a partir del análisis de ese tipo de servicios. Para la ponente, las consultorías por correo electrónico no cumplen los requisitos del concepto general de servicio digital: No son en línea ni tampoco automáticos. La autora recuerda que el comité europeo para el IVA ha concluido que cualquier prestación que se vale del no origina, per sé, un servicio distribuido por vía elec- 11
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References: artículo 394
 artículo 15
 artículo 20
 artículo 200
 artículo 9
 artículo 38
 artículo 54
 artículo 48
 artículo 1206
 artículo 9
 artículo 74
 artículo 26
 artículo 76
 artículo 26
 artículo 56
 artículo 11
 artículo 48
 artículo 6
 artículo 14