Source: https://psicolog.org/adolescencia-pediatras.html
Timestamp: 2019-08-21 02:48:32+00:00

Document:
Adolescencia pediatras
" LAS COMPLEJIDADES DEL ADOLESCENTE ADOPTADO”
Directora del Centro Médico Psicológico de la Fundació Vidal i Barraquer
Correo electrónico: vmirabent@fvb.cat
La adolescencia es un largo período de reorganización física y psíquica, de profundos cambios corporales y emocionales, que derivan en la adquisición de la identidad adulta, después de un proceso laborioso de definición de la propia identidad, caracterizado por las dudas y la incertidumbre respecto a la persona en la que uno acabará convirtiéndose y el mundo en el que tendrá que hacerse sitio.
Siempre implica un salto evolutivo que conduce a la adquisición de la autonomía después de un progresiva separación y diferenciación del núcleo familiar.
La adolescencia se inicia a partir de los cambios corporales de la pubertad, muy importantes y visibles, que conllevan siempre unas vivencias psíquicas del nuevo cuerpo que se está empezando a conocer y experimentar, y que despiertan en el adolescente sentimientos complejos y contradictorios. Desde el temor y desorientación de no saber en quién se está transformando, al deseo de ser mayor, de acceder a nuevas etapas y expectativas de futuro.
Los cambios físicos le llevan a resituarse como persona y a descubrir quién es, el nuevo cuerpo influye en su pensamiento y sus emociones, y se va a preguntar acerca de qué capacidades tiene, qué ideas, criterios y opiniones, en un proceso de formación de su identidad adulta. Toda la infancia es una preparación para este momento en el que se va conformando su identidad definitiva. Para ello cuenta con el bagaje de las experiencias emocionales que ha vivido, que han conformado su individuación, y que ahora en la adolescencia cristaliza. Así serán esenciales la percepción de la realidad que ha tenido hasta el momento, y la calidad y características de los vínculos afectivos que ha creado con los padres, familia, amigos y escuela.
En todo este proceso el adolescente debe realizar tres duelos:
El duelo del cuerpo de la infancia.
El duelo del mundo de infancia, conocido y seguro.
El duelo de los padres de la infancia (al empezar a cuestionarse, también les cuestiona a ellos, los mira y percibe de forma diferente, se diferencia). Unos padres que antes le daban seguridad.
Por esta razón la emocionabilidad es intensa en esta etapa y de ella se derivan los sentimientos contradictorios y desconcertantes del adolescente, que puede mostrarse entusiasta y desinteresado, reservado y comunicativo, perezoso o incansable, etc.
La forma más usual que tiene el adolescente de combatir sus emociones difíciles y dolorosas es compartiéndolas con el grupo de iguales, que es donde encuentra su seguridad, donde el mimetismo del grupo le ayuda a ocultar y sobrellevar sus inquietudes. Todo ello explica la importancia de los compañeros y amigos en esta etapa, la fidelidad a los suyos, y a la vez explica también su fuerte oposición a los que no son como "ellos", los que afirman su identidad con otras señales externas y otra apariencia (de ahí la rivalidad entre grupos y, llevado al extremo, entre bandas).
En esta etapa el adolescente también necesita de los padres, aunque de una forma menos explícita y evidente, aunque aparentemente parezca que no le importa. La relación con ellos está marcada con frecuencia por intensas contradicciones. Así a momentos puede sentir rabia hacia todo aquello que no le gusta de ellos, desde su "mal tipo" o defectos externos, a su forma de vestir, siente vergüenza por ellos, o su forma de pensar y de vivir.
Realiza pues una revisión crítica de los padres, les cuestiona, les interpela, les critica (también se identifica con ellos, aunque de forma menos explícita y evidente). En la adolescencia las relaciones con la familia se ponen a prueba, aún depende de ellos, pero debe diferenciarse, necesita sentir a sus padres cerca, que le entiendan, pero ve que no lo saben todo, no son los ideales que había imaginado, les critica y se opone a sus criterios y opiniones, a la vez teme quedarse pegado a ellos y no poder crecer. Huye del contacto físico que le hace sentir pequeño y se vuelve huraño, se siente lejos y cerca a la vez, desconcertado y a la vez necesitado. Se ha perdido el equilibrio de relación que tenían todos antes.
El adolescente adoptado pasa por la misma crisis de identidad y los mismos sentimientos de todo adolescente, pero se le suman las experiencias vividas en relación a su adopción y su origen distinto. La adolescencia, si se desarrolla bien, va a ser para él una oportunidad para resolver traumas y carencias anteriores a su adopción e integrarlas a sus vivencias en la familia de adopción (Rygaard N.P. 2008).
La resolución de la crisis condicionará su llegada a la adultez con una mayor o menor estructuración de su personalidad.
En esta etapa va a reafirmar o no su filiación adoptiva y a sentir o no a sus padres como verdaderos. Se pueden reafirmar los vínculos o por el contrario puede huir de ellos y de su situación en la familia con actuaciones que pueden poner en riesgo su salud física y mental.
La adolescencia va a poner en primer plano los interrogantes acerca de su identidad: a partir de las transformaciones de su cuerpo, y va a pasar por conflictos acerca de su pertenencia a la familia. Se ponen en primer plano los interrogantes: ¿Quién es?... ¿De donde viene?... ¿A quien pertenece?...
Va a necesitar entender y entenderse para poder aceptarse y así aceptar tanto sus orígenes biológicos como su familia adoptiva (Berastegui,A 2007). Se establece un juego entre la estructura familiar en la que ha crecido pero de donde no ha salido, es decir la historia de vínculos con sus padres adoptivos, y las experiencias vividas antes de la adopción (primeros vínculos con progenitores, los interrogantes sobre ellos y las carencias).
El abandono, negligencia o separaciones prematuras vividas a una edad en que no pudo poner palabras y no pudo entender qué le ocurría amplifican las consecuencias emocionales. El adolescente puede entonces construir una imagen y percepción de si mismo como la de alguien impotente ante lo que le pasa, con el sentimiento añadido de que no podrá hacer frente a la vida adulta, lo que a su vez genera más inseguridad, agresividad y a veces violencia (Newton Terrier, N. 2010).
Distintos estudios señalan que la necesidad central del adoptado es la elaboración de las pérdidas y el trato adecuado a sus consecuencias por parte de los padres (Hawkins, A., Beckett, C., Rutter, M., Castle, J., Groothues, C., Kreppner, J. Stevens, S. y Sonuga-Barke, E. 2008. Brodzinsky, 2006; Junffer, 2005). Las inquietudes acerca de sus orígenes y su familia biológica están asociadas a altos niveles de conductas externalizantes problemáticas en la adolescencia (Kohler, Grotevant &McRoy, 2002)
La elaboración de las distintas pérdidas y duelos que tiene pendientes va a ser compleja (Grinberg,R. Valcarce,M .2006.) Va a afrontar los mismos de todo adolescente, pero con añadidos:
Un doble duelo por el mundo de la infancia, el conocido y seguro de después de la adopción, pero también el de antes de ella, el de lo que tuvo y perdió, lo bueno que pudo experimentar en su vida previa.
El duelo de los padres, adoptivos, de la infancia (al empezar a cuestionarse, también les cuestiona a ellos, los mira y percibe de forma diferente, se diferencia). Unos padres que le dieron seguridad.
El duelo por unos progenitores, conocidos o no, de los que tiene o no recuerdos.
El duelo por hermanos biológicos, que quizás tuvo pero no conoció.
El duelo también por lo que no tuvo, por los vacíos de personas y de vínculos, por las carencias y las consecuencias en su mundo interno.
El duelo por la pérdida de la continuidad genealógica (Brodzinsky. D 2006).
El duelo por la pérdida de información genética (Brodzinsky. D 2006).
La intensidad, el grado y la cualidad de las experiencias primeras, junto con la calidad del vínculo afectivo con los padres adoptivos a lo largo de la crianza, constituyen las bases emocionales con las que el adolescente adoptado va a enfrentarse a esta etapa y van a ser determinantes en el desarrollo de la crisis (Mirabent,V; Ricart, E 2005)
La capacidad que tuvieron y tienen de los padres adoptivos para acompañar, entender y contener los sentimientos del hijo en el conocimiento de sus orígenes diferentes a lo largo de su crecimiento y ahora en la adolescencia, el grado de comunicación y sostenimiento del dolor junto con la tolerancia y comprensión de sus conflictos actuales, sin poner en duda la filiación, van a ser determinantes en la resolución de este juego, para que su hijo pueda va a decir "sí" a su adopción., ya que está en juego la construcción de su identidad y el sentimiento de pertenencia a su familia (Mújica,J. (2008), Mirabent, V; Ricart,E (2010) (Vilaginés, C (2007).
Sin embargo cuando las condiciones de un duelo son desfavorables y el niño no puede expresar sus más profundos sentimientos, puede optar por ocultarlos convirtiéndolos en sistemas segregados, excluidos pero activos en el fondo de la psique (Juri, Ll. 2011). Algo transcurre en forma subterránea. No se habla (no se debe hablar) de la pérdida, y si se hace suele ser en un tono carente de afectividad. Se arraiga un funcionamiento disociativo y proyectivo, por el que ciertas emociones quedan lejos de ser mentalizadas (A. Jiménez Pascual, 2003) y se crea un falso Yo. Estos duelos fácilmente se despiertan ante la reorganización adolescente que incluye nuevas pérdidas, transformación y crisis de identidad, y el sistema segregado pasa a tomar el control del adolescente. La disociación se rompe y lo segregado mantenido inconsciente, hace su aparición creando una gran ansiedad que no se puede contener y se expulsa, frecuentemente en forma de actuaciones y pasos al acto. En muchos casos también desvalorizando al otro, ocultando en ello profundos sentimientos de inseguridad e inferioridad. (Bowlby, 1980; Marrone, 2001).
FACTORES QUE INCIDEN EN LA RESOLUCIÓN DE LA CRISIS:
Aspectos de mayor complejidad emocional en el adolescente adoptado:
La zozobra e inseguridad ante los cambios, más acentuado en él debido a las huellas de los profundos cambios vividos en su infancia que han generado en él mayor ansiedad e incertidumbre.
La herencia genética que se hace evidente con los cambios corporales del inicio de la adolescencia. Se ve distinto a sus padres, lo que estimula fantasías acerca de los progenitores. Será esencial el papel de los padres a su lado.
La etnia distinta: Convierte en más importante aún el impacto emocional de la diferencia física. Afecta la construcción de la identidad, en la que interviene el bagaje cultural, de valores y tradiciones, asociados a una etnia. En el adoptado esto está disociado, él tiene una etnia diferente pero sólo en lo físico, ya que los valores y tradiciones serán los del país de adopción, donde se ha criado.
Las fantasías con los progenitores. El juego de identificaciones: El adoptado debe resolver el conflicto de dobles identificaciones: con unos padres adoptivos que no eran o no quisieron ser fértiles, y con unos progenitores que sí lo eran pero no pudieron cuidarle.
La inquietud por la búsqueda de los orígenes:
Los orígenes en su familia adoptiva: Porqué le adoptaron sus padres, sus motivaciones, su razón de estar en la familia.
Sus orígenes biológicos: Porqué le dejaron, quienes eran, qué le pasó...
A - Factores que inciden en la complejidad de la adolescencia del adoptado.
1. Inseguridad ante los cambios:
Todo adolescente afronta una situación nueva, unas readaptaciones que requieren un esfuerzo, unos cambios serios, significativos y definitivos en su vida. Pero al adolescente adoptado se le añade a sus vivencias de este momento, la especial sensibilidad a todo lo nuevo. Ha tenido que superar cambios radicales en su vida: la pérdida de sus progenitores, el paso de la vida de orfanato a la vida de familia, la pérdida del mundo de sensaciones y afectos de su vida anterior, que le provocó desorientación y fragilidad. Aunque fuese muy pequeño en aquel momento y no pueda tener memoria consciente de estos hechos, en general le ha quedado una sensibilidad especial ante las situaciones nuevas, y de forma casi automática se le activa un sentimiento de temor a lo desconocido, de pérdida y vacío, de inseguridad y desconcierto.
Ahora, con el empuje de la pubertad se vuelve a encontrar ante cambios radicales, esta vez en sí mismo, y que no puede controlar. Es fácil que los viva con mayor intensidad, que se abran antiguas heridas que habían quedado en el trasfondo de la mente y necesite de una mayor comprensión, tolerancia y flexibilidad de su entorno
2. La genética. Cambios corporales
Ana, adoptada en Cataluña a los 5 años, y que ahora tiene 14, dice: "Un día, como siempre, al levantarme me miré al espejo, pero de pronto era como si fuese la primera vez que me veía... ¿A quién me parezco?...¿De donde vengo?".
En el adolescente adoptado las vivencias de inseguridad se acentúan, los cambios corporales ponen en primer plano la herencia genética, su origen distinto, por lo tanto su procedencia y sus progenitores. Su cuerpo cambia sin parecerse a nadie de su familia, se transforma sin tener ningún modelo que le sirva de orientación y de contención a la inquietud que se le despierta.
Un joven adoptado en un país sudamericano por una familia con hijos biológicos comentaba: "La gente fácilmente le dice a mi hermano ¡cómo te pareces a tu padre!, a mí nunca me lo han dicho, nunca he tenido una frase así, he tenido que ir aceptando esta realidad, y no es fácil". Con ello mostraba su inquietud de pertenencia, la necesidad de tener signos externos que reafirmen su filiación ante las dudas e interrogantes que emergen en esta etapa. Paralelamente también expresa, a través de su físico, la presencia de los progenitores en su mente (Mirabent,V, Ricart, E.2010).
Así pues las fantasías de ¿cómo seré?, desde la apariencia evidente hasta los caracteres sexuales, se pueden hacer muy intensas, se hace presente la genética de los progenitores, que en la mayoría de las ocasiones son desconocidos: ¿Me parezco a ella o al otro?... ¿Cómo eran los que me han traído al mundo?... ¿Dónde deben estar?... Estos interrogantes pueden poner en duda su sentido de pertenencia a su familia adoptiva, su verdadera familia, pero ahora puesta en cuestión por la emergencia de lo biológico y puede suscitar reacciones agresivas.
En estos momentos se convierte en esencial aquello que padres adoptivos e hijo sí han ido forjando en común, aquello que han vivido, aquello que el hijo ha aprendido de ellos y con lo que se ha identificado, el trato, valores, afinidades, una forma de sonreír, una gesticulación determinada, un andar...Los hijos adoptados se acaban pareciendo a sus padres adoptivos por la fuerza del vínculo que les lleva a identificarse con aquellos que quiere, a interiorizar aquello que los padres le transmiten y querer ser como ellos. Si existen unas relaciones afectivas cálidas y comunicativas el hijo tendrá un bagaje en su interior que puede ayudarle y hacer de soporte emocional en estos momentos difíciles de la adolescencia, en los momentos de duda e interrogantes acerca de su verdadera pertenencia.
El trato familiar, la calidad de la apertura en la comunicación mutua y de la sensibilidad de los padres al entender a su hijo adoptado, se convierten en ejes esenciales que influyen enormemente en los sentimientos de soledad del adolescente y el grado de conflictividad en la relación familiar
3. La etnia diferente.
Si pertenece a otra etnia, el impacto emocional de su aspecto externo va a ser más importante aún, le puede ser más difícil encontrar sus similitudes con los suyos (Newton Terrier, N. 2010).
Por un lado su etnia puede marcar en los cambios corporales un ritmo más acelerado del que es corriente en la nuestra, e iniciar la pubertad a edades tempranas para nuestra cultura, sobre todo las niñas (que a veces pueden tener su primera menstruación a los 9 años) y sentirse diferente a los demás porque su cuerpo no responde a los cánones de belleza occidentales:
La integración del aspecto racial influye de forma incisiva en la construcción de la identidad. Los rasgos físicos propios de una etnia van asociados un sistema de valores, unas creencias, experiencias grupales y sociales, que el adoptado no tiene. Aunque sus padres hayan respetado su cultura de procedencia, le hayan hablado de sus valores y tradiciones, no va a poder integrar la identidad cultural asociada a su etnia, ya que para ello es preciso vivir en esa cultura. Ello es pues imposible para el adoptado, por lo que se va a constituir en una pérdida más de la que en esta etapa va a tomar conciencia: con la adopción se le ha privado de los lazos de vinculación con el grupo de humanos con los que comparte sus rasgos físicos. Tendrá el trabajo añadido de integrar ambas culturas: la de origen y la de adopción. Deberá identificarse en parte con las personas de su grupo étnico y a la vez mantener valores y afinidades propias de su cultura de adopción en la que se ha criado.; Un chico comentaba: “Soy un negro solo por fuera...por dentro me siento de aquí, pienso, me divierto, hablo como todos los de aquí...Mis amigos no me ven de allí...pero la sociedad... “Estoy con un pie en cada mundo y yo en ninguno”
Otra chica: "Si eres de una etnia distinta la gente se siente con el derecho de preguntarte sobre qué costumbres tienes, qué comes...y ello te enfada...yo soy tan de mi país como ellos, pero finalmente te hacen sentir extranjera. Yo no soy una inmigrante. Además también los inmigrantes te identifican de entrada como uno de ellos, y se ofenden si tu no respondes o funcionas según sus cánones y costumbres. Yo tengo unas reacciones propias de alguien de aquí, son los demás los que por mi apariencia me colocan como alguien de fuera. Me ha sido difícil integrar que soy de aquí pero mi apariencia dice que soy de allí, y estar conciliada con ello, eso es difícil de conseguir".
Algunos chicos-as procedentes de países del África subsahariana empiezan a tener experiencia complejas, como la de ser retenidos por la policía que les pide sus papeles, mientras que a sus amigos de grupo no les piden nada.
El niño adoptado mientras va cogido de la mano de sus padres despierta ternura, curiosidad...cuando va solo o con amigos, en nuestra sociedad, suscita recelo.
Este conflicto puede llevar a veces al adoptado a identificarse con los que pasan por situaciones difíciles o con inmigrantes que están lejos de su país.
Él-ella puede considerarse una persona con "suerte", porque procediendo de "fuera" está dentro del "sistema", en una posición privilegiada gracias a sus padres adoptivos. Se siente entonces en deuda con los que siendo inmigrantes tienen una posición social humilde, con los que no han tenido tanta suerte.
A veces puede verse como el adolescente proyecta en el inmigrante sus propios sentimientos de desarraigo, de crisis de pertenencia y de identidad, ¿de donde es él?, ¿de aquí o de allí donde nació?, y puede tender a idealizarles. El riesgo es que se sume a grupos con una identidad radical que rozan la marginación como algunos grupos de bandas sudamericanas u orientales.
4. Fantasías con los progenitores.
Ahora irrumpen con fuerza interrogantes relacionados con las fantasías acerca de la reproducción, función que el adolescente acaba de adquirir. Surgen preguntas como ¿seré yo fértil?... ¿tendré hijos?...¿los tuvo ella?...¿que clase de personas eran?...¿era ella prostituta...o un delincuente, lo seré yo?...¿tendré yo también malas experiencias como ellos? La fantasía muchas veces está marcada por los temores, así es más fácil que imaginen situaciones negativas, progenitores malas personas o carentes de valores, con todo el miedo a ser parecido a ellos. El chico-a tiene miedo a la genética, duda en qué es lo que se hereda, ¿se hereda también la forma de ser, las cualidades personales, los valores de vida, tiene él-ella un destino irremediable?
A la vez si sus progenitores le dejaron, le abandonaron, ¿entonces puede ser abandonado de nuevo, no sólo por sus padres, sino también por amigos, o su posible pareja?, ahora que la relación con el otro sexo adquiere una gran dimensión e importancia emocional, ¿podré gustar a alguien, soy alguien a quien se puede querer?
Pensando en la prevención y dando respuesta a estos interrogantes, será importante a lo largo de la infancia ayudar al hijo a elaborar su propia historia para que llegue a la adolescencia con más respuestas.. En función de como haya sido este proceso, ahora en la adolescencia será más llevadero y menos conflictivo. Se puede comprender pues la importancia de la comunicación familiar, de cómo se han ido poniendo palabras al pasado y los orígenes del hijo-a, de cómo se ha tratado a los progenitores. ¿Eran unas malas personas porque le abandonaron o no pudieron hacer más por él e intentaron cuidarle dentro de sus posibilidades? Con lo que su abandono se convierte en más asimilable. Estos contenidos van a forjar la base con la cual el niño se enfrenta a su adolescencia. Para él puede ser muy diferente contar con las palabras que sus padres le han transmitido y con la confianza con la que ha podido preguntar, ya que así se podrá sentir más seguro y podrá reencontrar en su interior la esperanza en la vida que surge ante él, en sus posibilidades, sin estar condenado al destino de sus progenitores.
5. Juego de identificaciones.
El adolescente adoptado se ve ahora impulsado, por la fuerza de su sexualidad, ahora que ya puede engendrar, a preguntarse abiertamente por las dos parejas de padres de su vida (Bauman,C.1999). Debe resolver e integrar la doble identificación que tiene: de una lado con los progenitores, desconocidos en la realidad, pero fantaseados en su mente, y por otro lado continúa la identificación iniciada en la infancia con sus padres adoptivos, ahora menos evidente, debido al cuestionamiento abierto a los adultos, pero esencial igualmente.
Es decir, se identifica con unos padres que fueron fértiles, le tuvieron, pero no pudieron cuidarle. Por otro lado se identifica con otros padres que no fueron fértiles -en la mayoría de ocasiones- o que renunciaron a su fertilidad -padres que sí podían tener hijos biológicos- pero que sí cuidaron.
Este proceso de resolución no es fácil:
Así ante las decepciones que puede sentir al percibir los defectos de sus padres, aquello que no le gusta, puede idealizar a los progenitores, "ellos sí le entenderían, con ellos no tendría estos problemas, con ellos sí sería feliz.". A menudo esta utilización de unos en contra de otros le lleva a enfrentarse con los padres con mayor ímpetu, con el ímpetu de la "desgracia" de su origen, pudiendo caer en un victimismo. ("A mí todo el mundo me ha dejado...ahora no me fío de nadie...todo me ocurre a mí...")
Como dice E.Giberti, el paso importante que el adolescente debe dar es pasar del ¿Qué mi hicieron? al ¿Como lo he vivido yo y que recursos tengo para salir adelante? (Giberti, 1994).
Cuando el adolescente, a pesar del conflicto, de las defensas más o menos adecuadas que usa para manejarse en él, puede rescatar las identificaciones internas con sus padres adoptivos, puede entonces apoyarse en ellas para salir adecuadamente del conflicto y no arriesgarse a situaciones difíciles. Ante las dudas puede apelar a sus aspectos más constructivos y después de pasar por momentos de crisis y alguna actuación, puede elaborar y diferenciarse. Pero siempre en función de la solidez de los vínculos y de la crianza con sus padres adoptivos.
En este proceso de individuación el adolescente se encuentra con una dificultad añadida. También puede identificarse con sus padres adoptivos en su infertilidad, tener dudas acerca de su capacidad para reproducirse. Así puede interrogarse acerca de si él-ella podrá tener hijos, incluso si lo que debe hacer es también adoptar, porque "esto es lo bueno y adecuado", tal y como han hecho los padres. Para la chica-o puede ser difícil aceptar el propio funcionamiento de una función orgánica, la de reproducción, cuando sabe que sus padres no la pudieron tener. Puede sentir que él-ella tiene algo de lo que sus padres carecieron y por tanto puede vivirlo, en función de la relación que tenga con ellos, como un triunfo, como una competición o como algo que debe esconder porque pone en evidencia el "fallo" de los padres.
Será pues muy importante la forma en que precisamente los padres han tratado su infertilidad en la relación continuada con el hijo, el como la han vivido y qué le han transmitido, el grado de aceptación de esta realidad y el grado de satisfacción con su vida a pesar de su infertilidad, por lo tanto el grado de ilusión por su adopción y su sentimiento de verdadera filiación. Así si están reconciliados con su vida podrán hablar claramente con el hijo de su infertilidad, sin que ésta sea un herida abierta que duele cada vez que se la menciona. Entonces podrán también dar la oportunidad al hijo de que sea él mismo, con su propio destino, con su fertilidad si la tiene, sin que ello represente una fisura para los padres, y podrán ilusionarse con él-ella de la vida que se le abre delante, sin entrar en competición con sus capacidades. El hijo-a tendrá a la vez el sentimiento de que sus padres le apoyan, le aceptan con toda su realidad.
BÚSQUEDA DE LOS ORÍGENES:
El eje básico de su necesidad tiene dos polos:
-El saber porqué sus padres adoptivos le adoptaron, sus motivaciones y el lugar que ocupó en la familia...Este hecho tiene una profunda significación emocional y permitirá al hijo reafirmar o no su filiación.
-Por otro lado el saber porqué sus padres biológicos le dejaron. Esta decisión dejó en el unas profundas huellas psíquicas y una historia de pérdidas y carencias, con el consiguiente sentimiento de vacío.
La huella de unos progenitores que abandonan al hijo solo se puede resolver elaborando este duelo. Hablar, tener respuestas a las preguntas, aunque no pueda ser a todas, le permitirá fantasear, elaborar y simbolizar, le permitirá el pensamiento. Este proceso es precisamente el que puede contener el paso a la actuación, las situaciones de riesgo y las adicciones (Tozzi Reppold, C y Simon Hutz, C 2009).
“Una idea me atormenta, con las noticias que corren hoy día...no sé si pagaron por tenerme... ¿He sido un niño comprado? Cuando pienso en esto entro en un abismo de mayor soledad y desprecio, hacía mi mismo y hacía mis padres.”
Un día provocativamente en la escuela:
-“He descubierto que hay un adoptado en la clase”.
- “Y ¿Qué quieres decir con eso?”
- “Pues que te han comprado”
En esta etapa crece la profundidad de las preguntas que se hace y puede plantear también cuestiones éticas como "¿Cómo, cuando, decidisteis adoptarme?... ¿Si hubieseis tenido hijos biológicos, me habríais adoptado?... "¿Por qué no dabais dinero a mis progenitores para que pudieran cuidarme?" ¿Pagasteis por mi? o ¿En quién pensabais al adoptar, en mis necesidades o en vuestra satisfacción de tener un niño? Busca la “Verdad”, pero no tanto los hechos reales sino los sentimientos auténticos de los padres respecto a su motivación para adoptar, a su deseo de tenerle (Mirabent,V; Ricart, E 2010).
Será importante que los padres hayan podido responderse estas preguntas previamente, preparándose para este momento, y encontrando respuestas adecuadas, que tomen en serio los interrogantes de su hijo, sin pretender justificarse, ni mostrarse despreciativos. Para ello es esencial que sientan que la adopción de su hijo se hizo con toda honestidad y transparencia, tanto en lo que concierne a su motivación como respecto a todos los trámites que tuvieron que hacer para llevarla a cabo. Sólo así podrán transmitirle precisamente esto, su sinceridad y deseo honesto de ser padres de un niño que necesitaba tenerlos.
El adolescente busca dar sentido a su presencia en la familia, para sentir que, como dice (Levy-Soussan, P. 2001) aunque no ha nacido de ellos podría haber sido así, ya que los padres le reconocen como hijo y él les puede reconocer como padres.
Siguiendo a B.Cyrulnik (2001) el adolescente necesita sentirse acompañado en el dolor que supone la soledad, un dolor que sintió en el pasado, antes de la adopción, y que ahora ante los cambos radicales de su nueva etapa, vuelve a ponerse en marcha con la reedición del sentimiento de soledad. Es la compañía lo que le quita el carácter "tóxico" a la soledad, la de ahora y la de antes. Esta actitud es la que precisamente le ayudará a superar la etapa, entrando en un momento más tranquilo de los inicios de juventud.
B. Historia previa.
Ya he mencionado antes que los interrogantes que surgen están relacionados con el porqué de su abandono, con la persona o personas que le dejaron y las circunstancias en las que vivieron o viven (quienes eran, a qué se dedicaban, qué apariencia tienen..., donde están ahora... si tiene hermanos...). Son cuestiones que siempre se viven acompañadas de dolor y que requieren de tiempo para realizar el proceso de integración (Mendenhall,T.J ; Wrobel, G.M ; Grotevant H.D & McRoy, R.G. 2004)..
La búsqueda será no solo encontrar datos sino una forma de pensar y compartir con los padres, hasta poder elaborar el interrogante de su nacimiento, el dónde, cuando y porqué...para así poder sentirse ubicado (Amorós,P; Fuertes,J y Paula,I.1996), (Freixa,M; Negre,C. 2005). Se trata de todo un proceso, que se inicia en la infancia, sigue en la adolescencia y juventud, y podríamos decir no termina nunca porque la condición de adoptado se lleva toda la vida, lo importante es que se haya podido conciliar con su realidad.
A menudo en la adolescencia pueden sentir la necesidad-curiosidad de viajar al país de origen, conocer su realidad, su forma de vida, gentes, costumbres. Así sabemos de algunas situaciones en las que el adolescente ha viajado con sus padres. Cuando este viaje se da dentro de un clima de cariño, contención y comprensión de los padres, puede entonces unir más la familia, la vinculación se ve reforzada, ya que el adolescente se siente acompañado en el dolor que siempre suscita el contacto con su país, con sus gentes y con el hecho de que podría ser uno de ellos, pero su vida cambió de rumbo por la adopción.
Pero para realizar la búsqueda concreta de una persona-s es conveniente que se haya superado la adolescencia y esté en un momento de aceptación personal y mayor integración emocional, que le permita comprender las razones de los progenitores, a la vez sin idealizarlos ni denigrarlos. Sólo así podrá realizar un proceso de integración adecuado de los datos que vaya encontrando y encajar el impacto que provoca conocer alguien de su familia biológica.
Esta experiencia a una edad temprana y turbulenta como la adolescencia, podría confundir más que ayudar a clarificar, podría conflictivizar más aún esta etapa
Todos estos factores provocan en el adolescente épocas de sentimientos difíciles, contradictorios y caóticos consigo mismo y con los demás que fácilmente derivan en conductas de aislamiento, agresividad o violencia en los casos más extremos. La convivencia familiar se hace muy conflictiva y los padres a menudo se sienten desorientados ante manifestaciones disruptivas de unos hijos que en la infancia no habían “dado demasiados problemas”. El riesgo es que se sientan víctimas, impotentes y/o cada vez más emocionalmente alejados del hijo, no pudiendo conectar con la intensidad del proceso que éste está viviendo.
Un adulto adoptado relataba recordando su adolescencia: “A mi también me asustaba mi violencia. Me asustaba cuando notaba que empezaba a brotar en mí, me asustaba cuando veía que no la podía parar, me asustaba cuando sentía que os hacía daño y me asustaba al no saber hasta dónde podía llegar. Era el descontrol absoluto. Era como si se apoderase de mí alguien que me obligaba a actuar en contra de mi voluntad y a quien yo no podía parar… Poco a poco con vuestra ayuda fui capaz de controlar mis impulsos y hoy es algo de lo que más orgulloso me siento … aunque todavía hay momentos en que se me calienta la cabeza … pero ahora consigo dominarlo y eso me hace feliz” (José Ángel Giménez. 2010)
Por todo ello es esencial destacar el papel que los padres van a tener al lado del hijo. En este período van a ejercer sus funciones paternas/maternas en una atmósfera de relación difícil en la que se pueden sentir confusos y desorientados, sin comprender que le ocurre al hijo/a adolescente y activándose en ellos mismos fantasías que habían permanecido ocultas y que pueden impedir que puedan acompañar y ayudar a su hijo/a en esta etapa.
EL PAPEL DE LOS PADRES: FANTASÍAS Y CAPACIDADES. EL ACOMPAÑAMIENTO AL HIJO
Nuria 16 años, adoptada a los 2 años en un país del Este, dice:“Vosotros lo quisisteis, yo no os pedí que me adoptarais”, “en realidad no sois mis padres, yo me apaño sola...”.
En la consulta fuimos entendiendo que se sentía en conflicto con su adopción, que estaba pasando una crisis de identidad y de pertenencia: ¿de quién es? ¿a qué familia pertenece?...y sobre todo que hacía a sus padres culpables de su adopción y de todo lo que le había ocurrido antes de que ellos apareciesen. En su mundo interior existían interrogantes como ¿quiénes eran sus padres biológicos?, a lo mejor la robaron de ellos o se perdió, ¿cómo sería su vida si hubiese permanecido con ellos?...con las fantasías de que estaría mucho mejor.
Poco a poco Nuria se aproximó a sus padres. En distintos momentos pudo llorar y expresarles su rabia de porqué le había ocurrido a ella que la dejasen, siempre después de un fuerte enfado en el que, sobre todo la madre, se había podido mantener cerca sin entrar en confrontación, Entonces Nuria se acercaba llorando y se le abrazaba. Otro día pudo preguntarse en voz alta: ¿Eran malas personas...yo he salido a ellos...con este carácter que tengo? Los padres poco a poco pudieron devolverle a su hija su propia identidad, rescatándola de sus temores y confirmándola en los aspectos sanos y constructivos de su personalidad. Entendieron su sufrimiento interno y pudieron ponerse a su lado, recuperando el sentimiento de padres y percibiendo la gran necesidad que su hija tenía de su comprensión y cariño.
Como ilustra este ejemplo clínico un aspecto central en la adopción es como los padres van a ayudar al hijo en la integración de sus orígenes. Este proceso va mucho más allá del transmitirle que es adoptado, significa estar al lado, compartir, vivir, sostener su dolor a medida que va tomando conciencia de que ser adoptado conlleva haber sido abandonado, conlleva el asumir que existieron unas personas que le engendraron y no le pudieron seguir cuidando (Cyrulnik 2002). Es imprescindible para el adolescente pasar por un proceso de auténtica elaboración de sus orígenes diferentes, en las distintas etapas de su crecimiento, lo que con probabilidad le va a provocar momentos de incertidumbre, dudas y dolor. Necesita recibir e interiorizar a través de los padres un concepto de si mismo positivo que le permita asumir su identidad de forma completa y aceptar su realidad de adoptado. Necesita poder comunicar y dialogar, no poner palabras a los sentimientos que vive amplifica las consecuencias emocionales de los duelos y los conflictos. (M. Marrone (2010). Poner palabras a la pena y los duelos integra el pensamiento con las emociones, construye la base sólida de la personalidad y evita que el dolor se segregue y se convierta en acción incontrolada (lo que es un serio riesgo en la adolescencia para la salud física y psíquica) (Bowlby, 1980)
Para ello los padres deben aceptar que antes de la adopción hubo “otros” que no pudieron estar con el niño y deben sostener el duelo del hijo, sin caer en la negación y minimización de los sentimientos del niño o en el enfrentamiento. Pero a menudo la forma en que los padres viven el origen –progenitores- de su hijo, dificulta que éste haga un proceso sano de elaboración.
Con frecuencia podemos observar que los padres tienen sentimientos complejos en relación a todo lo que significa para ellos la adopción y cuando su hijo/a les plantean preguntas, críticas, provocaciones, etc no pueden tener actitudes contenedoras ni dar respuestas adecuadas a las demandas de sus hijos.
Sentimientos difíciles de los padres que dificultan la resolución de la crisis adolescente:
Vivir como fracaso que el niño tenga curiosidad e interrogantes acerca de sus orígenes. Los padres sienten que si pregunta por el “antes” es que alguna cosa han hecho mal. Que si la adopción funcionase el hijo no debería pensar en lo anterior de lo que no tiene memoria consciente. La vivencia es profunda ya que se sienten cuestionados en su función de padres, pueden decirse “no hemos conseguido ser buenos padres ya que piensa en los otros”...Subyace la idea de que sólo con la biología se consigue la verdadera filiación, en el fondo vuelve a surgir su infertilidad, el hijo al preguntar pone en duda su paternidad, porque existe la creencia oculta de que sólo la biología puede generar la filiación verdadera. Se instaura entonces un clima “fóbico” en relación a las preguntas del hijo con el fin de no hablar de “los otros” (Giberti,E . 1992).
Duelos previos a la adopción no elaborados. La actitud de los padres puede facilitar o no que el hijo explore sus emociones, sus contenidos mentales (Juri, L. 2011). Si sus duelos no están suficientemente resueltos entonces está servida la colusión psicológica entre padres e hijo. Pueden intentar que éste se acomode a sus versiones y a su manera de pensar, la que les deja tranquilos y que está al servicio de apartar el conflicto, sobre todo el de ellos mismos, como en la infertilidad. Esta actitud parental propicia en las etapas más tranquilas de la infancia que el hijo no pueda expresar su dolor y por tanto que segregue su duelo disociándolo. Al entrar en la adolescencia, se tambalea el precario equilibrio emocional por la irrupción de los cambios de puberales, con la sexualidad en primer plano y la crisis de identidad. Los duelos pendientes irrumpen de nuevo, ahora con mayor intensidad ya que se alimentan de la fuerza y conflictos adolescentes.
Necesitar que el hijo les vaya reafirmando como padres en el día a día, y por lo tanto necesitar que no les ponga en duda. No van a poder soportar entonces frases como “tu no me quieres”, “pues no te voy a hacer caso porque no eres mi madre”...dichas en momentos de enfado y con las que el niño provoca porque necesita sentir a sus padres sólidos, ya que él sí tiene muchos hechos y sentimientos por ordenar en relación a su filiación.
Temor de que les abandone: las dudas e interrogantes del hijo, los conflictos que se generan, despiertan el miedo a que les deje...Temor a un doble abandono –en el caso de parejas infértiles-primero el hijo biológico no tenido y ahora el adoptivo reedita la pérdida al plantearles provocativamente dudas, conflictos y problemas de relación. Se sienten inseguros en su papel y cuestionan el vínculo que tienen con su hijo.
Tener dificultades para aceptar su origen, con lo que niegan los sentimientos del hijo. Frases como: “nosotros somos abiertos y valoramos la diversidad”...”No pasa nada, en el colegio los niños siempre se han metido unos con otros, por si llevas gafas o eres más gordito...es lo mismo”, minimizan o niegan sus vivencias. En el adoptado ser de otra raza implica haber nacido de otros que no son sus padres y haber sido abandonado por ellos. Por lo tanto es esencial que los padres estén atentos a como vive el niño su diferencia étnica, para reafirmarle en su pertenencia a la familia y ayudarle a elaborar su historia previa.
Vivir la progresiva y normal separación y autonomía del hijo como una herida que vuelve a abrirse. Sentir que si éste se aleja es que les rechaza porque no son sus verdaderos padres. Esto se acentúa ante las inquietudes del hijo por saber más de sus orígenes en esta etapa. Se interpretan mal sus verdaderas necesidades y se generan entonces o sentimientos depresivos o de resentimiento: “con todo lo que hemos hecho por él”....A menudo los padres pueden sentir rivalidad y competición con los progenitores, la fantasía de que esos desconocidos les disputan la verdadera paternidad. En realidad se sienten “padres de segunda”. Cuando el chico-a provoca y les dice “los otros me tratarían mejor,” o “no me reñirían...”, no pueden encontrar respuestas adecuadas y se cronifica el conflicto mutuo, la decepción y el resentimiento. Entonces, como reacción es fácil que sutilmente transmitan una visión negativa de los progenitores:”eran malos...no te querían...no hicieron nada por ti.
Paralelamente, ante el desarrollo físico y emocional del hijo en la adolescencia, pueden sentirle como un extraño (Galli,J y Viero,F. 2001), diferente genéticamente a ellos mismos, y por lo tanto parecido a “los otros”, los que le engendraron. Si no han resuelto bien el valor que dan a lo biológico y secretamente sienten que sólo así se produce la filiación, pueden ir sintiendo progresivamente que su hijo no es de ellos, no pertenece a la familia, y proyectarle todo lo que en esta etapa es conflictivo: “Es él el que no encaja”, “un hijo propio –biológico- no se comportaría así”...Con lo que se hace imposible entender qué le ocurre al hijo y poner recursos para resolver el conflicto. Se disocia la conflictividad, poniendo lo malo en el hijo y los bueno en ellos...el riesgo es la profundización de la grieta que podría llevar a la ruptura.
Capacidades de los padres que favorecen la resolución de la crisis
Capacitad para el duelo: haber conectado con el dolor de las perdidas propias, suficientemente elaboradas ahora, para así estar junto a las que vive el hijo en esta etapa.
Expectativas realistas, no hacerse falsas ilusiones: por muy bien que se haga habrán conflictos. Mentalizarse para asumirlos.
Capacidad para contener y para contenerse en los momentos de agresividad y violencia del hijo en los que ataca al vínculo. Sostener su dolor y el propio.
Tolerar los momentos de ambivalencia hacia al hijo, no pasarse factura, perdonarse. Es muy importante mantener la confianza en el vinculo.
Tolerar las equivocaciones, permitirse tantear, probar y rectificar.
Honradez y transparencia en la decisión de adoptar y en el procedimiento para así poder responder las cuestiones que ahora el adolescente les plantea acerca del porqué y cómo de su adopción.
Capacidad para vivir la adopción como un relevo: legitimar la historia previa del hijo. Obertura comunicativa (Palacios,J. Sánchez,Y,1996), normalizar los pensamientos y sentimientos del hijo (Brodzinsky. 2006) :
Poder legitimar y dialogar con las preguntas del hijo.
Poder percibir, intuir, lo que no pregunta.
Poder acercarse y acercarle a lo que no pregunta.
Poder soportar el dolor del hijo ante la toma de conciencia de su realidad de adoptivo.
Capacidad para ser consciente y revisar las fantasías sobre los progenitores del hijo: comprensión de la realidad que quizás tuvieron y les llevaron a tener que dejar al hijo. En la convivencia diaria van a transmitir a su hijo estas fantasías, que serán más o menos comprensivas y benévolas en función de cómo valoren y juzguen a los progenitores.
Tolerar los momentos de confusión y ambivalencia por los que el hijo puede pasar: confianza en el vínculo, flexibilidad en las actitudes.
Estimular les identificaciones mutuas y el sentido de pertenencia a la familia que harán de soporte a las posibles confusiones que les diferencias pueden despertar. (Mirabent, Ricart, 2005).
Establecimiento de rituales de pertenencia (Brodzinsky,D. 2006). Actos simbólicos que proporcionan apoyo y contención. Medio para conectar con pasado-presente y futuro. Libros de vida...
Establecer estrategias dentro de la familia y fuera para integrar la adopción, la cultura y etnia distintas: Valorar juntos aspectos del país de origen, dar apoyo a amistades con niños de su país...
Capacidad para aguantar las incomprensiones del entorno, de la misma familia, de la escuela o amigos ya que a menudo las conductas del adolescente no se entienden desde fuera de la familia y se aplican los patrones de normalidad de los adolescentes biológicos. A veces es difícil aguantar la mirada de extrañeza y reprobación hacia las actitudes del hijo, fácilmente incomprendidas.
Para finalizar destaco las palabras de José Ángel Giménez dirigidas a los padres de adolescentes:
“Sencillamente acompañar, estar allí… los padres de los adolescentes estamos asustados… tenemos miedo y nos sentimos inseguros… es necesario estar dispuestos a vivir en conflicto… con los canales de comunicación abiertos… con firmeza… entendiendo la crisis” (José Ángel Giménez, 2010)
Y las palabras de Xavi, como muestra de la integración personal después de la crisis:
“Por el hecho de ser adoptado me parece que acepto mejor a todo el mundo tal y como es, que puedo entenderles, tener una mayor comprensión...
Ser diferente de pequeño puede llegar a ser un drama...pero de mayor, ya adulto, esta diferencia puede jugar a favor. Me permito hacer ironías. Cuando un amigo me dice en un momento existencial: “no sé de donde vengo”, yo le digo “Pues mira que yo !!! y juegas, juegas, porque ya no te duele.”
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