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Timestamp: 2020-08-04 06:17:10+00:00

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Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1836/Sesión de la Cámara de Diputados, en 23 de diciembre de 1836 - Wikisource
Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1836/Sesión de la Cámara de Diputados, en 23 de diciembre de 1836
En seguida, se dió cuenta del informe de la ▼Comision de Hacienda, en las modificaciones hechas por el ▼Senado al proyecto de lei adicional del Catastro, i se señaló para discusión jeneral, la que se verificó inmediatamente i fué aprobado en jeneral; con lo que se levantó la sesión, anunciándose para la inmediata la discusión particular del mismo asunto. — ▼Jose Manuel de Astorga . —▼Montt, diputado-secretario.
Núm. 384Editar
El primero de estos puntos es una satisfacción por la violencia cometida en la persona de don Ventura Lavalle, nuestro Encargado de Negocios en Lima. Sería desperdiciar el tiempo detenerme a probar la justicia de esta demanda. La providencia de mandarle salir del territorio peruano hubiera sido bastante, aun dado el caso que este individuo se hubiese hecho culpable de alguna irregularidad en el desempeño de la misión pública que le estaba confiada; pero ni ántes ni despues de aquella tropelía se ha oido imputación alguna contra su conducta; a no ser que se mire como una ofensa la visita que hizo al Aquíles en la mañana que precedió a la aprehensión de los buques de guerra peruanos surtos en el Callao, o el conocimiento anticipado de un hecho que fué resuelto en Santiago sin su participación, i que no le era posible impedir. Su prisión fué puramente en odio de Chile, i apesar de la magnitud de este agravio, que hería tan profundamente el honor nacional, en obsequio de la paz estábamos determinados a contentarnos con una satisfacción moderada en que se consultase la dignidad de ámbas partes.
Chile no se entromete a defender intereses ajenos; defiende su propia salud; defiende la causa de la asociación política de que es miembro; i aunque no es el mas influente de todos, ha tenido motivos peculiares de ofensa para anticiparse a los otros en el sostenimiento de sus propios derechos i de los derechos comunes. Esto me conduce a la tercera de las bases propuestas al Ministro Plenipotenciario peruano. Aun no estaba consumado el plan de la usurpación del Perú, i de la sujeción de Bolivia al nuevo Gobierno, cuando estallaron las asechanzas contra Chile, encubiertas ántes bajo alevosas protestas de amistad. No es menester recordar el modo con que se fraguó en Lima la espedicion que vino a invadir nuestras costas; su publicidad, los elementos de que se componía, que eran buques de guerra del Estado peruano, con armas peruanas, bajo el pabellón del Perú; la parte que tuvieron en ella los empleados del Gobierno peruano; i el decreto de embargo espedido el dia despues de su salida para estorbar que un buque enviado por el ájente chileno trajiese la noticia a Chile. Se ha querido atribuir a descuido la connivencia de los empleados; i se ha dicho que el objeto del embargo fué impedir que se reuniesen a la espedicion otros buques, como si para lograr este fin hubiera sido bastante una detención de pocas horas, levantada inmediatamente que se supo que el buque portador de la noticia estaba fuera del puerto. Yo quiero suponer que el Gobierno peruano no viese lo que todo el mundo veía; no supiese lo que era sabido de todos. Admitamos que no tuvo conocimiento del destino de la espedicion hasta el 8 de Julio, fecha del decreto de embargo, o si se quiere hasta el 9, fecha de la primera comunicación que don Trinidad Morán, jefe superior del departamento, dirijió a don Ventura Lavalle, para hacerle creer que su Gobierno no había tenido parte en aquel atentado. Aun no habían trascurrido cuarenta i ocho horas. Aun era tiempo de detener la espedicion, especialmente cuando nadie ignoraba que la Monteagudo iba a reunirse con el Orbegoso en las cercanías de Huacho. ¿Por qué no se enviaron los otros buques de guerra nacionales en demanda de la Monteagudo i el Orbegoso para hacerlos volver a los puertos peruanos? ¿Por qué se solicitó la asistencia de los buques de guerra estranjeros, cuyos comandantes la habrían, sin duda, prestado con la mejor voluntad para impedir la ejecución de una empresa desautorizada que comprometía la paz de dos pueblos amigos, i los intereses del comercio, i que si no era peruana, tenía todos los caracteres de piratería? ¿Cómo es que el Gobierno peruano se limita a lavarse de la nota de complicidad con oficios privados en que se trasluce la falta de sinceridad i hasta el sarcasmo, i con una información sumaria, a que no concurren ni los empleados culpables, ni aquéllos de los principales motores de la espedicion que existían en Lima i eran conocidos de todos? ¿Cómo no intima a los autores i parti cipantes del crimen el castigo que les tienen señalado las leyes peruanas, como las de todos los pueblos? El Gobierno peruano se portó con aquellos empleados como si no hubiesen hecho otra cosa que cumplir con sus órdenes, i con los demás delincuentes, como si el hecho hubiese sido un acto indiferente i no una grave ofensa contra la Suprema Autoridad del Perú. Dos de los principales caudillos de la espedicion volvieron a Lima, cuando estaba allí en toda su fuerza el convenio de 28 de Agosto. ¿Fueron acaso vengadas en sus personas las leyes peruanas que tan enormemente habían violado? ¿Se cumplió siquiera con una de las cláusulas de aquel convenio, que obligaba a relegar al interior a los espedicionarios que regresasen al Perú? Notad de paso la infidelidad del Jeneral Santa Cruz en la observancia de aquel pacto i el acierto con que procedió este Gobierno cuando se negó a ratificarlo. Todo Gobierno es directamente responsable aun de la neglijencia de sus ajentes; i cuando la Autoridad Suprema, tranquila espectadora del delito, deja que se consume sin tomar providencia alguna para impedirlo i castigarlo, su conducta es una verdadera agresión.
No puede ser mas indubitable el ultraje; i sin embargo, este Gobierno estaba determinado a que la obligación de satisfacer por él se mirase como una deuda de mera reparación pecuniaria; i no con la mira de insistir en ella sino para condenarla del todo, supuesta la aquiescencia del Jeneral Santa Cruz a las demás proposiciones. Era imposible dar una prueba mas positiva de nuestros deseos pacíficos, i de los sacrificios con que estábamos dispuestos a comprar la paz. Hubiéramos convenido también, sin la menor dificultad, en que se cancelasen para siempre los reclamos hechos al Perú por el valor de los auxilios que se le dieron en la guerra de Independencia. I si respecto de la deuda del empréstito, no nos era dado ser igualmente jenerosos, en circunstancias de hallarse esta República empeñada en una transacción costosa con los acreedores del suyo propio, de cuyos fondos salieron los que se prestaron al Perú; a lo ménos era el ánimo del Gobierno, (i en este concepto se estendieron las instrucciones a nuestro Ministro Plenipotenciario) reducir el capital i los intereses vencidos a una suma equitativa, dándose competentes seguridades para el pago de los intereses de ella i para su estincion gradual.
La cuarta de las bases propuestas al Ministro Plenipotenciario peruano llevaba un objeto en que no solo se interesaba la seguridad nuestra i de las demás Repúblicas del Sur, sino que importaba en gran manera para evitar dispendios gravísimos a sus rentas, pues al aumento de las fuerzas navales del Perú, era consiguiente el aumento de las de cada una de las otras Repúblicas; ¿i en qué punto terminarían estos esfuerzos sucesivos, que tan ruinosos hubieran sido a las rentas i a la prosperidad interior de todas ellas? El objeto que nos propusimos era de una importancia jeneral; í con todo eso, como el empleo que cada Estado quiera hacer de sus recursos, es un asunto en que no deben mezclarse los otros, en tanto que no se amenace a su reposo, no hubiéramos vacilado en aceptar otra garantía cualquiera, aunque no fuese del todo equivalente; i en este sentido estaban concebidas literalmente las instrucciones dadas al Ministro Plenipotenciario chileno.
En virtud de la quinta proposicion, debían renunciar ámbas partes a toda medida de excepción contra su respectivo comercio. No podíamos desatender este objeto, a vista de la hostilidad declarada de tiempo atras contra el comercio de Valparaiso por la administración peruana, i particularmente desde que tuvo en ella un ascendiente decidido el Jeneral Santa Cruz; i que pudiera fácilmente renovarse bajo la influencia de un espíritu de rivalidad, que halla mas fácil dañar a la prosperidad del vecino con excepciones odiosas, que estimular la propia por las vías lejítimas que la naturaleza ha puesto al alcance de todos. Hace tiempo que el Gobierno peruano tiene motivo de saber que, contentos con su imparcialidad, no aspiramos a privilejios de ninguna clase.
La última de las bases propuestas, la exención de los chilenos en el Perú, como de los peruanos en Chile, de contribuciones i cargas especiales i de todo servicio militar compulsivo, es de la mas rigurosa justicia. Por largos años ha estado sujeto Chile, apesar de incesantes reclamaciones, a la injuria de ver arrastrados por centenares sus ciudadanos a las filas de la milicia i del ejército i a las tripulaciones de los buques de guerra del Perú, miéntras que los estranjeros de otras naciones gozaban de una inmunidad completa en el territorio peruano. Si hai derecho para compeler a este servicio a los estraños, ejérzase igualmente sobre todos; limitar esta carga a los ciudadanos de una nación solo porque se cree que ésta carece de fuerzas para repulsar el agravio, es un proceder indigno de todo Gobierno que profesa principios de imparcialidad i justicia, i a que no puede someterse ningún pueblo, sin hacerse cómplice de su propia degradación.
Las copias manuscritas que os acompaño desde el número i hasta el 6, os impondrán del corto término que duraron las negociaciones que solicitó iniciar aquí el Ministro Plenipotenciario peruano. Vereis en ello justificado el partido que tomó este Gobierno de entablarlas en Lima, temiendo el embarazo de la insuficiencia de instrucciones, que es el motivo que ha introducido la práctica usual de conducir este jénero de tratos cerca del Estado a quien se demanda. Vereis así mismo la denegación del ájente peruano a admitir la mas importante de las bases propuestas, desconociendo en nosotros aun el derecho de hacer mención de ella, como concerniente a un negocio en que Chile no era parte lejítima, Verdad es que en la última de las notas del señor Olañeta se modifica esta repulsa; pero si el Gobierno peruano fuese de diferente opinion que su Ministro, abierta le queda siembre la vía de las negociaciones para poner término a los desastres de la guerra, accediendo a nuestras justas demandas.
Núm. 385Editar
Pedí incesantemente a V. S., en mi primera conferencia, el que no fuera la Escuadra acompañando un Ministro de concordia. Entónces no oculté a V. S. cuáles serían los resultados, i temí con mucho fundamento que mi Gobierno no consentiría en esta nueva ofensa humillante, ni en esa clara infracción del Derecho de Jentes que provocaba decididamente a una ruptura. Sin embargo, por los datos que le había ya pasado, por las reflexiones que le ofrecía i, mas que todo, cierto de los deseos del Jefe del Perú por una transacción, no dudé un instante que admitiría la Legación chilena. Mas, despues, convencido mi Gobierno de que el de Chile no solo ha buscado la alianza del de Buenos Aires, por conducto de un ájente secreto mandado públicamente reconocer por un decreto del Gobierno arjentino i por la mas singular anomalía; cuando sabe a ciencia cierta i con datos indudables cuánto se ha trabajado en el Ecuador con el mismo fin, i no dudando de que en la Escuadra enviaban los emigrados peruanos, los elementos de la combustión para incendiar i revolver su pais, miéntras la negociación hacía dormir al Gobierno en el sueño funesto de la confianza; ha llenado su deber para con el pueblo que manda i ante las naciones que nos observan, negándose a recibir una Legación armada de cañones i rodeada de elementos combustibles. Pero, aun dado este paso necesario i que le prescribía su mas sagrada obligación, nos hallamos todavía con medios para evitar nuestras comunes desgracias; i para ello ruego a V. S. se digne escuchar mi proposicion de suspender las hostilidades por solo un corto término, aquel que sea preciso para oir las demandas del Gobierno de Chile i acceder a ellas, si tengo facultades; o para marcharme al Perú a facilitar i traer los medios que sean necesarios para un acomodamiento.
Núm. 386Editar
Núm. 387Editar
He tenido la honra de recibir las dos notas de V. S. de 7 i 8 del corriente. En la primera de ellas, manifestándome los deseos de paz de que está animado su Gobierno, i deplorando las calamidades que deberá acarrear a ámbos pueblos la guerra que acaba de intimarse por nuestra parte, me propone un armisticio, durante el cual pueda negociarse una honrosa avenencia que las aleje de nosotros, i establecerse sobre cimientos sólidos la amistad futura de Chile i del Perú; proposicion que V. S . reitera en la segunda de dichas notas, haciéndome saber que ha recibido órdenes e instrucciones recientes para abrir esta negociacion en Santiago, e indicándome los puntos esenciales que deberán discutirse, i en que el Gobierno peruano está determinado a hacernos, i a que por nuestra parte se le haga justicia.
Pero, cuando así fuera ¿qué tendría de ilícito o de ménos honroso que el {{MarcaCL|A|Gobierno|OK|Contestación del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile}Gobierno de Chile procurase granjearse la buena opinion i la cooperacion de los otros Estados, en un objeto en que va a cada uno de ellos nada ménos que la existencia? Chile ha querido suscitar defensores, no a sus intereses peculiares, sino a la causa jeneral de los Estados Sud-Americanos, cuyo equilibrio ha sido turbado por la incorporacion de Bolivia 1 del Perú, incorporacion tramada en el misterio i consumada bajo el imperio de la fuerza. Chile invitaba los Estados vecinos a concurrir a las negociaciones de Lima. ¿Qué testimonio mas positivo de su sinceridad i del sentimiento de justicia que dirijía sus pasos, que solicitar la presencia, la intervencion, los buenos oficios de aquellas Repúblicas, i someter de este modo su conducta a la opinion de todos los pueblos Sud-Americanos?
Núm. 388Editar
La independencia de Bolivia está sellada con la sangre de los primeros mártires de la revolucion americana, rejistrada en la historia de nuestra gloriosa lucha con la España, por los sacrificios heróicos que hizo constante en 16 años de la mas sangrienta guerra sancionada por el acto solemne en que juró no pertenecer mas que a sí misma, protestada por sus representantes en aquella invasion del Jeneral Gamarra en 1828; proclamada por el respetable ▼Congreso Constituyente reunido en sesiones ostraordinarias, i reiterados sus juramentos por la asamblea jeneral de 1831. Hállase, ademas, confirmada por aquel noble i virtuoso entusiasmo con que, amenazándola de nuevo el Jeneral Gamarra, Bolivia se armó en masa para resistir la injusta agresion, resuelta a ver la Patria reducida a escombros i a sus hijos sepultados en sus ruinas ántes que consentir en que plantas estranjeras mancharan su suelo. Por esta cara independencia, objeto constante de sus mas vehementes votos, ha agotado sus tesoros manteniéndose siempre con las armas en la mano para resistir a sus enemigos, i a aquéllos que nunca abandonaron el proyecto de turbar su reposo para encadenarla. I por ella tambien sus ejércitos han volado en socorro de sus hermanos aflijidos por una gran calamidad pública, i en una campaña ha vencido a su mas implacable enemigo; ha pasado i repasado las nieves de los Andes para triunfar de nuevo i rodeada del esplendor de la victoria, cubierta de laureles, ha abrazado a un pueblo amigo para sostener de mancomún sus recíprocos intereses i sus voluntades soberanas. ¿Quién, despues de todo esto, ha arrebatado a Bolivia su independencia? ¿Quién atreverse pudiera a robársela impunemente? ¿I quién no ve que tiene su parte fundamental, su gobierno propio, sus leyes, sus tribunales i todo lo conducente al ejercicio ámplio de su soberanía? Bolivia existe independiente en el corazon de sus hijos; i es tan firme esta resolucion, que aun el dudarlo sería una ofensa, i el tratar de esta cuestion una mancilla para todo boliviano. I por lo mismo, permita V. S. al deber i al patriotismo el asegurarle que Bolivia no necesita de la proteccion de nadie; que si, por desgracia, la mendigase, sería indigna de merecerla i que si no supiese defender esa independencia, en castigo a la falta de sus virtudes públicas, debiera sufrir la pena de besar humilde sus cadenas.
Pero, cuando Bolivia, libre i soberana, creyese conveniente a su existencia o sus intereses, el unirse con otra nacion para formar un todo, no conozco el derecho por el cual el Gobierno de Chile pudiese entablar una cuestion internacional hasta el punto de sostenerla con las armas en la mano. Independencia i soberanía importan en el lenguaje de la justicia en que se funda el derecho entre las jentes, libertad omnímoda de hacer todo aquello que cada Estado juzgue útil i necesario a su seguridad, su honor, su gloria i su felicidad. Existir independiente o reunirse a otro pueblo para aumentar su fuerza, sancionar sus pactos fundamentales bajo esta o aquella forma de gobierno, tratar o nó con las demas potencias, dictar sus leyes interiores i todos los demas actos de voluntad nacional, son inherentes a la soberanía. Todo procedimiento estraño que impida el ejercicio de aquéllos, es una ofensa manifiesta porque es una intervencion en asuntos que, siendo absolutamente esclusivos, no pertenecen a ningun poder estraño. Hai, sin embargo, una excepcion que alguna vez restrinje la facultad de unirse un pueblo a otro; i es cuando por obligaciones con un tercero ha establecido un derecho perfecto, al cual pudiera oponerse la nueva existencia social. Estos son los principios que regla la moralidad entre las naciones que yo creo que el Gobierno de Chile hállase dispuesto a reconocer i observar, porque son los de las mútuas convenciones, base i único oríjen de la política esterna: apliquémolos ahora en dos palabras a la cuestion presente.
Si Bolivia quiere perder su independencia, hará loque mejor le convenga como soberana; i siéndolo el mismo hecho convenido, privaría a a todos los Gobiernos de la tierra de intervenir en el asunto. Hacer una proposicion sobre la independencia de un Estado, i empeñarse en sostener una guerra para que por fuerza fuese independiente, aun en el caso de no deseárselo, paréceme una contradiccion mui clara. La República de Chile no tiene con la Boliviana ningun tratado de alianza, de comercio o navegacion; ningun pacto ni convencion alguna que produzca un derecho perfecto; i por consecuencia, carece de facultades para intervenir, haciendo proposiciones en negocios en que no es parte lejítima; porque "una nacion es dueña de su conducta miéntras no se oponga a los derechos propios i perfectos de otra nacion, i miéntras la primera no esté ligada sino con una obligacion interna sin ninguna obligacion esterna perfecta. Si ella abusa de su libertad, peca, pero las demas deben sufrirlo, pues no tienen derecho alguno para mandarle."
El Congreso de Bolivia ha decretado, por la lei de 22 de Julio de 1835, el confederarse con los Estados Norte i Sur peruanos, no para perder su independencia sino para defenderla con ménos sacrificios i mayor cantidad de recursos; no para debilitarse en sus medios de accion, sino para aumentar los de su seguridad; no para esponerse al choque violento de las pasiones políticas que producen la anarquía, sino para preservarse de los continuos amagos del desórden promovido por la inquietud de los Gobiernos de un pueblo hermano, a quien hicieron un vecino peligroso; no, en fin, para engrandecerse ni tomar de la tierra estraña un solo grano de arena, sino para consolidar sus instituciones i sostenerse en común de toda clase de agresiones. I cuando los pueblos, despues de inútiles esperiencias i estériles ensayos, buscan en la confraternidad su bienestar i su reposo, sacrificando bienes menores a la adquisicion de otros mayores, conservando su organizacion social interior, no hacen mas que confederarse sin dejar de ser independientes. Bolivia, en la plenitud de su soberanía i de su querer nacional, ha pactado esa confederacion porque la considera útil i porque ve en ella la única salvaguardia de esa misma independencia tan envidiada; una vez atacada de la manera mas tartárica que jamas tuvo, tantas veces amenazada i mil veces combatida por la intriga, la mala fé i la calumnia.
No me será necesario demostrar a V. S., con muchos razonamientos, que una nacion por el hecho de confederarse no pierde su independencia. La sabiduría del Gobierno chileno conoce mui bien los principios del derecho entre las jentes, i los deberes que le ligan a respetar i observar los compromisos que quiso contraer el pueblo chileno constituyéndose en nacion. Pero, tributando mi humilde homenaje a ese su saber, no puedo abstenerme de recordarle que muchos Estados soberanos e independientes pueden unirse por una confederacion perpétua, sin dejar de ser cada uno en particular un Estado perfecto. En este caso, formarán una república federativa: las deliberaciones comunes no menoscabarán la soberanía de cada miembro aunque puedan embarazar, bajo ciertos aspectos, el ejercicio de ella, en consecuencia de obligaciones voluntarias.
No deja de ser libre e independiente una persona porque tenga que cumplir ciertas obligaciones que ella se haya impuesto. Tales eran en otro tiempo las ciudades de la Grecia, i tales son hoi dia las Provincias Unidas de los Paises Bajos, i los miembros del Cuerpo Helvético.
En cuanto a la proposicion que V. S. me hace sobre la independencia del Ecuador, mi Gobierno no se considera autorizado para escucharla, ni cree que Chile tenga facultades para arrogarse un derecho ajeno, esclusivo e indelegable. Aquella nacion es independiente i sobera na: tiene en su pacto fundamental i en la naturaleza misma de su ser, establecidos los órganos que hagan entender su voluntad, absteniéndome, por lo mismo i para siempre, de responder a la demanda de V. S.
Núm. 389Editar
Que esta obligacion tiene límites, ningun Gobierno podría disputarlo, ménos sin esponerse a la nota de inconsecuente a sus propios principios, que el actual Gobierno peruano, que debe su existencia a una intervencion armada. Los mismos principios que invocó el Jeneral Santa Cruz para mezclarse en los negocios del Perú, puede invocar Chile ahora con igual objeto, pero con una notable diferencia a nuestro favor i es que el peligro que amenazaba a la seguridad de Bolivia por las convulsiones del Perú, no puede ponerse en paralelo con el que amaga a Chile por la incorporacion de los Estados de Bolivia i el Perú bajo un mismo Gobierno. Consideraré los hechos, haciendo abstraccion de circunstancias que pudieran dar mucho realce a las razones justificativas de la conducta que Chile se ha visto en la necesidad de observar, i me ceñiré a preguntar a V. S. ¿si en un suceso como el de la fusion de dos naciones en una, meditada sin participacion de los Estados vecinos i consumada notoria i evidentemente por la fuerza, hubiera sido contemplada en Europa con la fria indiferencia que V. S. recomienda al Gobierno de esta República, i no hubiera encendido la guerra de un estremo al otro en aquel continente? ¿Qué largas i sangrientas luchas no ha producido a veces la ocupacion de un pequeño distrito, que alteraba lijeramente las relaciones del poder entre los varios Estados? ¿I culpa V. S. al Gobierno de Chile de temeridad i de una imprudente injerencia en negocios ajenos, porque no ha podido ver con una apática tranquilidad la acumulacion repentina de tantas, tan vastas i tan interesantes provincias bajo un solo Gobierno, porque la catástrofe de una República hermana le ha inspirado recelos sobre su propia suerte i la de los otros Estados vecinos, porque no ha querido dejar los destinos futuros de la Patria a la merced de un hombre, sea cual fuere; porque, aleccionado por la esperiencia, ha creído que ese aislamiento de los pueblos, esa indolencia funesta a que se quiere dar el título de moderacion i prudencia, no hacen mas que allanar el camino a la ambicion i arrastrarlos uno tras otro a la servidumbre, de que hubieran podido salvarse previniendo el peligro en tiempo i combinando sus medios de resistencia contra el enemigo comun? No hai derecho que la historia de las naciones civilizadas confirme con tantos ejemplos, como el que tienen para oponerse, cuando esforzadamente les es posible, a las acumulaciones de poder, que turben el equilibrio establecido; ni hai derecho tampoco que se derive tan inmediatamente del de la propia conservacion, que es el primero de todos. Disputarlo es disputar un principio. Pero, Bolivia, dice V. S. "no ha perdido su independencia; Bolivia es un Estado soberano e independiente: porque su independencia está sellada con la sangre de los primeros mártires de la revolucion; rejistrada en la historia de nuestra gloriosa lucha con la España; jurada solemnemente por ella misma, protestada por sus representantes en la invasion del Jeneral Gamarra; proclamada por su Congreso Constituyente; jurada de nuevo por la Asamblea Jeneral de 1831; confirmada por grandes hechos de armas i por sacrificios heróicos." Todo esto prueba que Bolivia ha comprado noblemente su independencia; que era digna de ella; que tiene mil motivos para emplear todo su valor i su celo en la guarda de una adquisicion tan preciosa; en una palabra, que debe ser independiente. Pero, nada de eso prueba que actualmente lo sea. "Quién ha arrebatado a Bolivia su independencia," pregunta V. S. El Jeneral Santa Cruz, responderé sin vacilar. Que la Federacion Perú-Boliviana es la obra esclusiva del Jeneral Santa Cruz, que este proyecto ha sido meditado i madurado sin el voto de los pueblos, i que las asambleas que han parecido sancionarlo, no fueron mas que un simulacro vano de reprentacion nacional; son hechos que, aun los mas ciegos partidarios de aquel Jefe, no pudieran contradecir, sino desmintiendo a su propia conciencia. Bolivia i los nuevos Estados peruanos, bajo el título de federados, son provincias de una autocracia militar.
Núm. 390Editar
En el primer buque que de Valparaiso se haga a la vela para el Callao o para los intermedios, saldré sin falta, despues del 25 de este mes. Si mi residencia en Santiago hasta entónces ofrece bondad de anunciármelo, para marcharme sin dilacion al puerto i esperar allí la primera oportunidad favorable de salir.
Ya sea al lado del Jefe de la Confederacion peruana, ya sea en mi pais o en cualquiera otra parte, yo haré siempre valer mi débil influencia para economizar los horrores de la guerra con un pueblo americano i de mi singular estimacion.
Al escribir a V. S., por la última vez, ruégole quiera aceptar las espresiones sinceras de mi gratitud por la noble acojida que he merecido al pueblo chileno, por las consideraciones que me ha dispensado su Gobierno i por las muestras de benevolencia con que los individuos que lo componen han querido honrarme.
Dígnese V. S. tambien admitir mi particular aprecio i la consideracion con que soi de V. S. seguro servidor. —Santiago, Diciembre 16 de 1836. —Casimiro Olañeta. —Excmo. señor Ministro de Relaciones Esteriores, señor don ▼Diego Portales.
Núm. 391Editar
Acabo de desembarcar de la fragata Colo-Colo, en la que zarpé de la bahía del Callao el 11 de Noviembre, a las 7 de la noche, i aunque voi a ponerme en camino para Santiago, creo necesario anticiparme a informar a V. S. que el 30 de Setiembre último, a las ocho de la noche, fondeó la Escuadra chilena en la bahía del Callao, i que, habiendo el dia siguiente tratado de aproximarse al surjidero, le fué negada la entrada, lo que orijinó las contestaciones entre el Vice-Almirante i el Gobernador de la plaza, de que acompaño a V. S. copia.
El 4 de Noviembre salieron la fragata Monteagudo el bergantin Orbegoso con destino a Guayaquil, para impedir que los buques de guerra peruanos, que se decía existir alli, se reuniesen con los que pudiese haber en otros puntos del Perú. El lúnes 7 del mismo, me hizo saber el Vice-Almirante que era de absoluta e indispensable necesidad que la corbeta Valparaiso i bergantin Aquíles siguiesen el mismo destino en el acto, sin que hubiese la menor demora, i quedé yo en la Colo-Colo en la bahía del Callao, continuando las contestaciones que se habían suscitado con el Gobierno del Perú sobre mi desembarco.
El resultado de estas contestaciones (de que remito copia, incluyendo orijinales las del Ministro de Relaciones Esteriores de aquel Gobierno) ha sido regresarme yo para Chile despues de intimar al Gobierno del Perú que debía mirar como declarada la guerra.
No recuerdo acto alguno de mi vida a que haya procedido con mas violencia; pero así lo exijían, sin dejarme otro arbitrio, el interes de la Patria i la conservacion de su Escuadra; las instrucciones que V. S. se sirvió comunicarme i, sobre todo, el no haber tenido eleccion, porque absolutamente no había otro partido que tomar, principalmente en las críticas circunstancias en que me hallaba el dia 11, fecha de mi último oficio al Ministro de Relaciones Esteriores del Perú.
Acompaño a V. S. copia de los avisos que dí al Almirante i de los que posteriormente, en alta mar, he dado al intendente de Concepcion i al gobernador militar de Valparaiso. Tambien acompaño a V. S. todos los papeles públicos de Lima que pude haber a mis manos en el estado de incomunicacion en que me hallaba.
Solo verbalmente puedo instruir a V. S. de los hechos, circunstancias i pormenores que han dado mérito a cada uno de mis pasos i a los del Almirante, sin cuyo conocimiento acaso no podrá V. S. formar un juicio exato de las razones que nos han movido.
Por la goleta hamburguesa Elisa recibí, en la altura de 33 grados, la última contestacion del Ministro de Relaciones Esteriores del Perú que, como lo acredita la nota puesta al reverso de su sobre, se dirijió al Callao despues de haber salido yo de aquella bahía, de donde me era indispensable salir ya por el deseo de conservar al Estado la goleta Colo-Colo, que, tenía avisos, trataba de sorprender el Gobierno peruano. Dirijo tambien a manos de V. S. la contestacion del ▼Ministro de Relaciones Esteriores del Perú al oficio que V. S. le dirijió avisándole mi nombramiento. Creí indispensable abrirlo para instruirme de su contenido i que él me sirviese de direccion.
Dios guarde a V. S. —Valparaiso, Diciembre 7 de 1836. —▼Mariano de Egaña. —Al señor Ministro de Estado en el Departamento de Relaciones Esteriores de Chile.
Núm. 392Editar
COPIA DE LAS COMUNICACIONES DEL SEÑOR ALMIRANTE CON EL GOBERNADOR DEL CALLAO
El ayudante, con quien tuve el honor de remitir a V. S. un pliego del ▼Gobierno de Chile para el Ministerio de Relaciones Esteriores del Perú i hacerle la prevencion de cortesía, que esperaba la brisa para dirijirme al fondeadero i arreglar la etiqueta del saludo que iba a hacer a la plaza, me ha instruido de que V. S. tuvo a bien contestarle que no permitía la entrada de la Escuadra de mi mando en el puerto, ni desembarcar persona alguna que viniese en ella, a excepcion del señor Ministro Plenipotenciario de algun reparo o inconvenientes V. S. tendrá la la República de Chile cerca del Gobierno peruano i su comitiva, que se halla a su bordo.
La respuesta de V. S. me ha sorprendido demasiado. Negar la entrada a la Escuadra chilena a un puerto de un Estado amigo, i al tiempo mismo de conducir un Ministro Plenipotenciario, me parece un acto positivo de hostilidad que no alcanzo a comprender, atendido el estado de las relaciones de amistad que subsisten entre Chile i el Perú. V. S. se servirá decirme cuál es el motivo de esta novedad, ciertamente la mas estraña, cuando los puertos de Chile están francos a toda clase de embarcaciones i personas peruanas que quieran dirijirse a ellos i que subsisten allí gozando de una especial hospitalidad i benevolencia.
La contestacion que V. S. se sirviere darme, me servirá de gobierno para tomar las disposiciones convenientes, que, sin un antecedente de esta gravedad i con arreglo a mis instrucciones, solo podían ser. pacíficas i dirijidas a estrechar en lo posible las relaciones de amistad i cordialidad entre ámbos paises.
Tengo la honra de saludar a V. S. i protestarle los sentimientos de la mayor consideracion i aprecio con que soi de V. S. mui atento servidor. —Comandancia Jeneral de la Escuadra de Chile, a bordo de la corbeta Valparaíso, al ancla en frente del Callao, Octubre 31 de 1836. —▼Manuel Blanco Encalada. —Al señor Jeneral, Comandante Jeneral de Marina i Gobernador del Callao.
Núm. 393Editar
He tenido la honra de recibir la comunicacion que, con esta fecha, se ha servido V. S. dirijirme, manifestándome su sorpresa por mi negativa a la insinuacion, que me fué hecha por su ayudante, de que la Escuadra de su mando esperaba la brisa para entrar en el surjidero i saludar la plaza, si ésta le contestaba tiro por tiro.
Esta conducta que V. S. tacha de hostil de parte del Perú, no es, sin embargo, mas que la consecuencia inmediatamente precisa de los procedimientos del bergantin Aquíles en 21 de Agosto próximo pasado, i la falta de ratificacion por parte del ▼Gobierno de Chile al convenio preliminar celebrado en 28 del mismo, para poner término a las hostilidades abiertas de hecho contra el Perú i que debió suceder a los cincuenta dias ¡Cuán sorprendente no debía ser a éste ver que en lugar de dar Chile un paso hácia esa buena intelijencia de que V. S. habla, i el Perú ha probado desear, se dejó ver una Escuadra cuya presencia no puede ser un testimonio de paz i amistad, ni dejar de parecer alarmante, por mas que se quiera justificar su intencion!
Las relaciones de amistad que existen entre el Perú i Chile, han recibido en su confianza una terrible leccion de parte de éste, sin embargo de no haberse alterado jamas por aquél; no necesitan, pues, para continuarse, el apoyo de las fuerzas del mando de V. S., especialmente despues de las muestras del mas vivo deseo de perpetuarlas consignadas por el Perú en el convenio preliminar ya indicado, que, contra todas sus esperanzas, ve sin efecto.
El Perú, señor Vice-Almirante, desea la paz, porque de ella resulta el bien de los pueblos; no habra sacrificios, a excepcion solo del honor de que no se convalece jamas, que no haga por obtenerla. Mas, entre tanto, debo manifestar a V. S. que es su actitud i nó mi negativa la hostil, i que miéntras no reciba nuevas órdenes de mi Gobierno, a quien doi cuenta de esta ocurrencia, no puedo tomar otro partido.
El señor Ministro Plenipotenciario i su comitiva puede desembarcar cuando i como quiera, mui seguro de que será tratado cual corresponde a su carácter.
Aprovecho gustoso la ocasion de ofrecer, etc. —Callao, 31 de Octubre de 1836. —Ramon Herrera. —A. S. E. el Vice-Almirante, Comandante Jeneral de la Escuadra de Chile.
Núm. 394Editar
Al anochecer del dia de ayer he recibido la comunicacion, de la misma fecha, en que V. S. se sirve contestarme que, ínterin no tenga nuevas órdenes de su Gobierno no puede tomar otro partido que el de impedir entren al surjidero los buques de mi mando, sin que persona alguna de las que se hallan a su bordo pueda comunicar con tierra, a excepcion del señor Ministro Plenipotenciario i su comitiva.
Como no me es posible permanecer por mas tiempo en el estado de incertidumbre en queme pone esta conducta hostil e inesperada, ruego a V. S. se digne recabar de su ▼Gobierno, a la mayor brevedad, o que le dé las órdenes que le autoricen para admitir en el puerto a los buques de mi mando, como deben serlo los de una nacion amiga, o la declaracion espresa de que la Escuadra chilena es mirada como enemiga. V. S. de hecho la ha considerado hasta ahora como tal. Han sido detenidas las embarcaciones que he despachado a tierra. Los conductores de las comunicaciones que he dirijido a V. S., han sido recibidos como parlamentarios de una armada enemiga, i se me niega la hospitalidad i auxilios con que justamente debía contar en los puertos de una nacion amiga. Mi posicion, en suma, a excepcion del actual fuego a que no da lugar la distancia a que me hallo de las baterías, es la misma en que me hallaba cuando, en defensa de la libertad del Perú i al mando de la Escuadra combinada, bloqueaba el puerto i batía las fortalezas ocupadas por el Jeneral español Rodil. Franqueando el Gobierno del Perú sus puertos a todas las naciones de la tierra, parece que solo reserva este tratamiento para Chile i acaso para la España.
Núm. 395Editar
Con tal motivo, el que suscribe tiene el honor de ofrecer al señor Vice-Almirante, los senti mientos de consideracion i aprecio con que soi de V. S. su mui atento, obsecuente servidor. —Estado Nor-Peruano, Gobierno litoral, político, militar i naval del Callao, 1.º de Noviembre de 1836. —Ramon Herrera. —A. S. S .el Vice-Almirante de la Escuadra de Chile.
Núm. 396Editar
Núm. 397Editar
Núm. 398Editar
Como V. S. se halla competentemente instruido de mi nombramiento de Enviado Estraordinario i Ministro Plenipotenciario de la República de Chile cerca del Gobierno del Perú, me juzgo autorizado en esta circunstancia para dirijirme a V. S. con motivo de la presente ocurrencia, la cual me proporciona ocasion de anticiparme i ofrecer a V. S. las seguridades del respeto i consideracion, con que soi de V. S. mui atento i obediente servidor. —A bordo del bergantin chileno Aquíles, Noviembre 3 de 1836. —▼Mariano de Egaña. —Al señor Ministro de Relaciones Esteriores del Perú.
Núm. 399Editar
Sin embargo, en la respetable comunicacion de V. S., fecha de ayer, se exije una especial garantía mia de que la Escuadra chilena se retirara de las costas de los Estados Sud i Nor Peruanos, i de que no procederá a cometer acto alguno de hostilidad, captura, embargo, depósito o detencion respecto de las propiedades de los predichos Estados i sus súbditos, miéntras esté pendiente la negociacion que se trata de entablar; i me es sensible que no esté en mi mano acceder a esta nueva pretension, porque V. S. debe hacerse cargo de que, por satisfecho i aun cierto que me halle, i lo estoi mucho, de la sinceridad de las disposiciones pacíficas de mi Gobierno, para otorgar esta formal garantía llana 1 sin condiciones, sería necesaria una especial órden o instruccion suya. Por el contrario, así como puedo asegurar a V. S. que estoi firmemente persuadido de que la Escuadra chilena no cometerá acto alguno de hostilidad de los que V. S. enumera, ni de ninguna clase sobre los buques, súbditos, propiedades o territorio peruanos, ínterin estén pendientes las negociaciones, debo declarar, con la franqueza que me es característica, que aunque ahora se retire del puerto del Callao, es probable que vuelva a él pendiendo todavía la negociacion, o a cualquier otro punto de las costas del Perú, i atendidas las disposiciones que manifiesta el Gobierno de V. S. i el modo con que la misma Escuadra ha sido recibida en el Callao, impedirá la reunion de los buques de guerra peruanos, i todo nuevo armamento naval que esté en su mano impedir, aunque sin proceder a acto alguno de violencia ántes de anunciarlo debidamente para que se evite.
Por lo que hace a la presencia de la Escuadra en las costas del Perú, tan léjos está de haberse estimado por el Gobierno de V. S. como inconveniente para el desempeño de mi mision, que, por el contrario, se ha hecho saber oficialmente por el señor Gobernador político i militar del Callao, refiriéndose a órdenes de su Gobierno, que permaneciendo ella fuera de los fuegos de las baterías, podía el Ministro Plenipotenciario desembarcar con su comitiva como i cuando gustase, seguro de que sería tratado del modo correspondiente a su carácter, en que se comprende su libre comunicacion con su Gobierno i toda clase de ajentes i funcionarios de éste, i la inviolabilidad de sus correos i avisos. Tampoco en el oficio que tuve el honor de dirijir a V. S. el 3 del corriente, se proponía directa o indirectamente la absoluta separacion de la Escuadra de las costas del Perú, sino solo su retiro indefinido del puerto del Callao, a efecto de evitar el inconveniente, que, no por parte del Gobierno del Perú, sino por mí, se encontraba en que yo desembarcase sin que entrase al surjidero la Escuadra a cuyo bordo venía.
Por otra parte, estando yo admitido en mi carácter de Enviado Estraordinario i Ministro Plenipotenciario, las únicas cuestiones a que parece oportuno dar lugar en el estado presente, serían las concernientes a mi desembarco hasta hallarme en disposicion de empezar a ejercer las funciones de mi ministerio. Cualquiera pretension del Gobierno del Perú sobre la situacion de la Escuadra durante las negociaciones, podría ser objeto de una convencion preliminar, para cuya celebracion no hai embarazo, dándose por parte del Gobierno del Perú seguridades mediante las cuales no pierdan las fuerzas navales de Chile la posicion ventajosa que tienen hoi i deben conservar para el caso de un rompimiento.
Debemos tambien ponernos de acuerdo en la verdadera intelijencia de la espresion pacífica de que V. S. se vale, cuando habla de los usos a que puede destinarse el buque que queda a mis órdenes en el Callao. Seguramente que yo no le destinaré a cometer acto alguno de hostilidades, ni miéntras dure la negociacion se ejercerá alguno por mi órden, aprobacion o consejo, pero me sería sumamente desagradable que no se calificase de uso pacífico llevar las comunicaciones que tuviese yo que dirijir a la Escuadra, bien para que se remitiesen a Chile, bien para el mismo señor Vice-Almirante, o bien para saber si se habían recibido pliegos de mi Gobierno.
Habiendo procurado satisfacer los deseos del Gobierno del Perú, con la medida propuesta en mi oficio de 3 del corriente, espero que V. S. se sirva contribuir eficazmente a allanar todo embarazo ulterior que retarde el desempeño de mi mision.
Solo me resta dar a V. S. las mas espresivas gracias por el ofrecimiento que se sirve hacerme de los víveres i refrescos para la Escuadra, de que por ahora no necesito, i renovar a V. S. las seguridades del respeto i consideracion con que soi de V. S. mui atento obediente servidor.
A bordo del bergantin chileno Aquíles. —Noviembre 5 de 1836. —▼Mariano de Egaña. —Al señor Ministro de Estado en el Departamento de Relaciones Esteriores del Perú.
Núm. 401Editar
El Gobierno Protectoral se había denegado a recibir la Escuadra chilena en el puerto dentro del tiro de cañon, porque consideraba esta circunstancia como un poderoso impedimento para entablar la negociacion proyectada, tanto a causa de incidentes anteriores, cuanto en razon de ser desusada semejante conducta entre potencias de igual jerarquía en el órden político. Al ver, por la estimable nota de V. S. de 3 del corriente mes, que se retiraba la predicha Escuadra, juzgó que esto provenía del convencimiento de la justicia de su pretension. Siente haberse instruido posteriormente por el oficio de V. S. fecha de ayer, que se equivocó en su juicio a este respecto; pero, como quiera que sea, dejaré de tratar mas este punto, a fin de pasar a contestar el último oficio precitado.
Su contenido no puede ser mas sorprendente ni mas contradictorio.
Es sorprendente, porque de él aparece que las órdenes e instrucciones que ha dado a V. S. su Gobierno, son de guerra, de guerra simulada, si no abierta, mas bien que de paz. A no ser así, ¿cómo es que no puede V. S. acceder a la justa solicitud espresada en mi anterior oficio, sin especial órden e instruccion del Gobierno de Chile? Es posible que haya sido enviado V. S. como Ministro encargado de establecer entre estos Estados i aquél la buena armonía, interrumpida por el hecho inaudito del bergantin Aquíles; i, que, sin embargo, tenga V. S. necesidad de especial órden o instruccion para garantizar que los buques de guerra de su nacion no cometerán acto alguno de hostilidad, captura, embargo, depósito o detencion respecto de las propiedades de los predichos Estados i sus subditos, miéntras esté pendiente la negociacion que se trata de entablar; ¿o se pretendía negociar i hostilizar a la vez bajo una u otra denominacion?
No es ménos sorprendente la injénua confesion de V. S., a saber: "que la Escuadra chilena impedirá la reunion de los buques de guerra peruanos, i todo nuevo armamento naval que esté en sus manos impedir, aunque sin proceder a acto alguno de violencia ántes de anunciarlo debidamente para que se evite." Permita V. S. le observe que el Gobierno de Chile pretende arrogarse un derecho que el Gobierno de los Estados Nor i Sud Peruanos no reconocerá jamas; que aquél aspira a dictar una lei a la que no se someterá éste nunca; porque reconocer tal derecho i someterse a semejante lei sería lo mismo que renunciar a toda idea de decoro, a la propia seguridad, a la existencia, al honor i a la estimacion de todos los hombres que abriguen en su pecho sentimientos de independencia i dignidad. Se necesita hallarse mui poseido de un vehemente i sincero amor a la paz, i estar mui en las vías de la razon, para abstenerse de calificar aquí semejante pretension.
Es contradictorio el oficio de V. S. en cuanto se asienta en un lugar que no puede V. S. garantizar que los buques de guerra de su nacion no cometerán ninguno de los actos arriba enumerados, i en otro se dice que está firmemente persuadido de que no los perpetrará la Escuadra chilena; en cuanto se manifiesta que ella impedirá la reunion de nuestros barcos de guerra i todo nuevo armamento naval i se agrega que esto será sin proceder a acto alguno de violencia ántes de anunciarle debidamente para que se evite. ¿Cree V. S. que el Gobierno de estos Estados dejará de aumentar su fuerza naval, de dispersarla, de reunirla donde i como lo estime conveniente, porque V. S. le prevenga que no debe hacerlo. Teniendo el Gobierno de V. S. semejante pretension, ¿cómo evita el choque o colision? ¿Cómo será posible que la Escuadra chilena no use de violencias para lograr su objeto, cuando nuestros buques han de verse en la forzosa necesidad de resistirlo?
Lo que V. S. se sirve calificar de nueva pretension del Gobierno Protectoral, es sin duda la garantía pedida a cerca de los actos de que debe abstenerse la Escuadra chilena, miéntras esté pendiente la negociacion, puesto que no merece aquel nombre la solicitud de que se retirase de nuestras costas. Siento que me sea forzoso repetir que aquella peticion está justificada por los hechos anteriores. Por lo demas, V. S. sabe mui bien que, conforme a los principios jenerales admitidos, la jurisdiccion marítima de un pais se estiende hasta una legua marina, o hasta el tiro de canon de la costa; que esto es lo mismo que desde un principio se ha exijido de la Escuadra chilena; i si el dominio i el imperio son derechos propios de todo Gobierno, como inherentes a la soberanía, no debe parecer estraño que sea ahora mas nimio i especial el cuidado sobre la inviolabilidad del territorio, en atencion a la circunstancias que han precedido.
La garantía especial que solicité de V. S., en mi oficio anterior, como indispensable para entablar negociaciones, habría sido inoficiosa en cualesquiera otras. Pero el Gobierno Protectoral, aleccionado por una esperiencia dolorosa, hubiera sido culpable a los ojos de la Nacion i vituperable a los del mundo todo, si no la hubiese exijido préviamente. La conducta de este Gobierno en no admitir como perfecto amigo en nuestros puertos al que una vez nos hostilizó, i al que, léjos de haberreparado el agravio, se presentaba de nuevo en actitud amenazadora, si no hostil, como tambien en solicitar la declaratoria o garantía que se pidió a V. S., aparece completamente justificada por el oficio a que tengo la honra de contestar; cuyo tenor, por mas que se quiera deslumhrar con espresiones de paz, haría creer que las pretensiones que en él se manifiestan, no son consecuencia de las precauciones con que hemos recibido a la Escuadra chilena, sino efecto de un doble plan premeditado de antemano.
Indica V. S. que la situacion de la Escuadra chilena durante las negociaciones, pudiera ser objeto de una convencion preliminar. Mas ¿qué significa una convencion en este caso? Despues del hecho del bergantin Aquíles, se concluyó una, en la cual se estipuló que no se podría aumentar la fuerza naval de ninguna de las partes contratantes, ántes de cuatro meses. El Gobierno de V. S. no ha tenido a bien ratificarla; ha aumentado sus fuerzas marítimas; i ha declarado que no la ratificaba, por no considerar rota la paz entre ámbas Repúblicas. Pregunto ¿se ha roto desde entonces? Se resiste a creerlo mi Gobierno, aunque otros juzgarán que sí, al ver que se trata de impedir hasta la reunion de nuestros barcos de guerra, i que V. S. no se atreve a garantizar, sin instruccion especial del suyo, que no se cometerá acto alguno hostil por parte de la Escuadra chilena.
V. S. se sirve indicar en su oficio predicho que debemos ponernos de acuerdo sobre la intelijencia de la palabra pacíficos, que juzgue inseparable de las de los usos a que podría V. S. destinar la nave que debía quedar en el puerto a las órdenes de V. S. Como V. S. hubiese manifestado que tenía necesidad de un buque para los avisos i correos de la Legacion, creí que con mi contestacion estaríamos perfectamente acordes, puesto que, bajo la espresion pacíficos, deben comprenderse los objetos a que V. S. habia hecho alusion, i nó en manera alguna los actos de una naturaleza hostil, ni tampoco las órdenes para perpetrarlos de que pudiera hacerse conductor al buque precitado. Esta ha sido i es la mente i la intelijencia de mi Gobierno, el cual no ha podido ménos de sorprenderse de que al mismo tiempo que pedía V. S. la garantía de nuestro honor para uno de sus buques, i que nosotros se la concedíamos sin vacilar, se reservara V. S. la facultad de proceder hostilmente respecto de nuestros barcos, denegándose a prestar su garantía en reciprocidad.
En cuanto a la segunda: que la Escuadra chilena se abstendrá de cometer acto alguno de hostilidad, captura, embargo, depósito, detencion ni de ninguna otra clase respecto de las propiedades de los predichos Estados i sus subditos, miéntras estén pendientes las negociaciones entre el Gobierno de Chile i el de V. S.
Me es sensible no poder convenir con V. S. en que terminen, ántes de entrar en negociacion formal, ciertas cuestiones preliminares, que tienen referencia con la posicion en que se encuentra este Gobierno respecto del de Chile. Léjos de ello, me es forzoso, para contestar a la pregunta que V. S. se sirve hacerme en su nota de ayer, esclarecer todavía mas las verdaderas miras e intenciones de la Escuadra chilena en su retirada, i remontarme a los hechos que nos han colocado en aquella posicion, para desvanecer con el hilo de ellos i con la série de raciocinios a que dan lugar algunas equivocaciones en que incurre V. S. para rechazar la inculpacion que repetidamente hace en su oficio sobre nuestra actitud hostil; i para demostrar que, mui léjos de ser el ▼Gobierno de Chile quien arregla su con Sucta por la del Gobierno de los Estados Nor i dur Peruanos, es éste quien se ha visto, i se ve, en la precision de ajustar la suya a la de aquél.
Supuesto que el Gobierno de Chile creyó tener razones para atribuir complicidad a éste en la espedicion de don ▼Ramon Freire, parece que lo justo i lo natural, en tal caso, era pedir las esplicaciones convenientes, salvo su derecho de ocurrir al medio que juzgase mas adecuado a la satisfaccion de su honor i dignidad, si nos negábamos a dárselas.
En vez de seguir esta línea de conducta, prefirió perpetrar el hecho del bergantin Aquíles, hecho que, a lo violento i escandaloso de él, agrega lo inaudito por el modo en que se ejecutó; hecho que, bajo todos sus aspectos, ha sido espresamente aprobado por el ▼Presidente de Chile en su Mensaje al ▼Congreso, i si el objeto del Gobierno de V. S. no hubiera sido otro que impedir el alimento de nuestras fuerzas navales, miéntras se negociaba; aquel objeto se habría logrado con el convenio preliminar que se firmó en la fragata Talbot, i que pudo aprobarse, cualquiera que fuese su carácter o denominacion. No se contentó el Gobierno de V. S. con desecharlo, sino que, en vez de proceder a entablar negociaciones con el Ministro que por nuestra parte se nombró i que llegó a Valparaiso el 1.º de Setiembre próximo pasado, en vez de mandar un Ministro Plenipotenciario, sin que le acompañase aparato alguno hostil i amenazador, quiso mas bien enviarlo juntamente con una Escuadra, sin hacerse cargo que, despues del hecho a que he aludido arriba i de la autorizacion dada por el Congreso al Gobierno de Chile para declararnos la guerra, no podía ménos de mirarse con suma i justa desconfianza la venida de una fuerza naval de aquel Estado a situarse en la bahía del Callao; i sin atender a las observaciones que sobre el particular hizo amistosamente el Encargado de Negocios de Bolivia, encaminadas a manifestar que ni era decoroso a este Gobierno, ni propio, ni conducente a la buena intelijencia el envío de la tal Escuadra.
En tanto que el Gobierno de V. S. se conducía de esta manera, el mio observaba escrupulosamente el convenio preliminar i guardaba que la razon prevaleciese en los consejos del Gabinete de Chile, hasta el punto de que se enviase en la forma usitada al Ministro encargado de restablecer la armonía, rota por el hecho del Aquíles. Nuestra esperanza a este respecto ha sido vana, como lo es el cargo que nos hace V. S. de haber aumentado en el intervalo nuestra fuerza naval. Nosotros hemos observado con relijiosidad las estipulaciones del convenio sobre la materia, hasta que, instruidos de que había sido desaprobada por el Gobierno de Chile, de que se había irrogado una grave ofensa a la Nacion, presentando nuestros buques tomados por el Aquíles en actitud ignominiosa en Valparaiso; de que venía una Escuadra a nuestras costas, i de que el Gobierno de V. S. había solicitado, i el Congreso le había concedido especial autorizacion para declararnos la guerra, creimos de nuestro deber mejorar i aumentar nuestros medios de defensa, para el caso desgraciado de un rompimiento, que por todos los antecedentes debíamos recelar.
El envío de las fuerzas navales de Chile i sus pretensiones, atendidas las circunstancias precedentes, han sido la causa de que a esta hora no esté entablada una negociacion que mi Gobierno desea sincera i ardientemente, para dar al de V. S. las mas francas esplicaciones sobre el caso en cuestion, i sobre cualquier otro en que tenga a bien demandarlas, i para acreditar a la faz de todas las naciones, que está tan dispuesto a prestarse a todo lo que sea justo, racional i decoroso exijir de él, como a rechazar con noble altivez todo lo que se pretenda de infundado, indebido i humillante. El Gobierno se lisonjeó, al recibir la nota de V. S. de 3 del corriente mes, de que aquel obstáculo estaba removido, pero se disipó su ilusion al ver, por el oficio del 5, que aunque V. S. podía asegurar que estaba persuadido firmemente que la Escuadra chilena no cometería ninguna especie de acto hostil, respecto de nosotros, miéntras estuviese pendiente la negociacion, con todo no podía otorgar una garantía llana i sin condiciones sobre este punto, sin especial órden o instruccion de su Gobierno.
Verdad es que, en el oficio de V. S. de ayer, a que tengo la honra de contestar, se sirve V. S. prestar esa misma garantía llana i sin condiciones, en su respuesta a la segunda pregunta de mi nota anterior, i tambien lo es, que dice V. S. "que habiendo procurado desde un principio satisfacer los deseos de este Gobierno i habiéndose retirado la Escuadra," se cree V. S. con suficiente derecho para preguntarme si puede desembarcar. Pero, como, por otra parte, afirma V. S. nuevamente, que aquella Escuadra impedirá o procurará impedir la reunion i el aumento de nuestras fuerzas navales, recelo que su retirada haya sido con este objeto, i es necesario entendernos esplícita i categóricamente sobre el particular, porque no pudiendo mi Gobierno reconocer semejante derecho en ninguna potencia ni en caso alguno, aquel acto debe ser mirado por él como uno de positiva i abierta hostilidad, i resistido como tal, por todos los medios que estén a nuestro alcance.
Es evidente que el Gobierno de estos Estados ha sido pasivo en todos los actos que han interrumpido la armonía i la buena intelijencia que guardaba i que desea guardar con el de Chile, a costa de cualquier sacrificio, excepto el del honor. El no ha perpetrado un hecho como el del bergantin Aquíles, no ha enviado a las costas de Chile una fuerza amenazadora; no ha pretendido en manera alguna humillarle; no ha procurado impedir el aumento i la reunion de sus buques; no ha hecho uso hasta ahora sino de un lejítimo i natural derecho, al tomar las precauciones de seguridad que demandaba la conducta que se ha observado por él. Consecuente a sus sinceros deseos de paz, i a la política toda de moderacion que se ha propuesto, no ha hecho mas que seguir de léjos al ▼Gobierno de Chile, adoptando aquellas medidas análogas que reclamaba la necesidad de precaverse i defenderse.
Como mi Gobierno desea todavía resistirse a creer en la posibilidad de semejante calamidad, estimaría a V. S. se sirviese manifestarme: 1.º si ha sido delegada a V. S. por su Gobierno la facultad para declarar la guerra, que es inherente a la Autoridad Soberana; i 2.º si no solo puede mirarse ya como declarada la guerra sino que de hecho i efectivamente lo está, por parte del ▼Gobierno de Chile.
Dios guarde a V. S. —Secretaría jeneral de S. E. el Presidente de Bolivia i Supremo Protector de los Estados del Sur i Norte del Perú. —Palacio de Gobierno en Lima a 11 de Noviembre de 1836. —Pio de Tristan. —Al señor Ministro Plenipotenciario del Gobierno de Chile.
Nota puesta en el sobrescrito del anterior oficio:
Este oficio llegó anoche 11 del corriente a las 11 de la noche, en contestacion al último oficio del señor Ministro de Chile; pero no encontrando a la goleta Colo-Colo en el puerto, lo remite el Gobernador del Callao por la Elisa. —Callao, Noviembre 12 de 1836.
▼Siendo ya evidentes las aspiraciones del Jeneral Santa Cruz i tan peligrosas para los Estados vecinos del Perú i Bolivia desde que aquel Jefe sojuzgó a la primera de estas Repúblicas, adquiriendo con su conquista un poder que hace perder el equilibrio que existía ántes de ella entre todas las Repúblicas de Sud-América, formamos, para cruzar de algun modo sus ambiciosos designios, el proyecto, de sustraer de sus órdenes la corbeta de guerra Libertad, i ponerla a disposicion del Gobierno de Chile, proporcionándole así un nuevo recurso que emplear en favor de su independencia i de la seguridad de las Repúblicas limítrofes con las dominadas por Santa Cruz; nuestros patrióticos deseos fueron coronados de un éxito feliz.
El 12 de Noviembre salimos del puerto de Huanchaco con destino a Guayaquil, en donde pretendió Santa Cruz que se armase la Libertad para que, unida al Congreso i demas buques mandados con este fin al mismo puerto, formase una fuerza con que resistir a la Escuadrade Chile.
Al dia siguiente de nuestra salida de Huanchaco, prestándose la tripulacion a nuestras miras, efectuamos el movimiento con el mayor órden; la jente se mantuvo en la subordinacion mas estricta, i el comandante i demas oficiales aprehendidos fueron tratados con el decoro correspondiente a su clase (debemos confesar que abusaron algo de nuestra moderacion, pues llevaron entre sus equipajes la bandera del buque i otros cuantos artículos que sería demasiado largo enumerar); tomamos inmediatamente la vuelta de tierra i el 15 a las seis de la mañana desembarcamos en la mas grande de nuestras embarcaciones los apresados en la víspera, proveyéndoles de remos, velas, víveres, en fin, de cuanto les era necesario para llegar al puerto de Paita, del cual estábamos distantes unas 20 leguas.
En seguida, pusimos el rumbo a Valparaiso, en donde hemos fondeado sin ocurrencia que merezca la atencion de V. S.
Rogamos a V. S. se sirva comunicar lo espuesto al Supremo Gobierno de esta República, haciéndole al mismo tiempo una manifestacion del único i justo motivo que nos determinó a acometer esta empresa.
Nosotros nos felicitamos de haber podido ayudar con ella a la causa de la libertad i justicia que sostiene Chile, en cuyos triunfos se interesa la suerte de la América del Sud.
Recomendamos a V. S. el mérito contraido por el piloto del mismo buque don Santiago Tubino, el cirujano don Manuel Mugueisa i el teniente de infantería don José Moreno, presentando una eficaz cooperacion a nuestro proyecto; i a toda la tripulacion, la cual se adhirió a él gustosa i trabajó despues con el mayor anhelo.
Dios guarde a V. S. —Departamento de Marina. —Corbeta de guerra Libertad. —Valparaiso, Diciembre 8 de 1836. —Leoncio Señoret. —Juan Manuel Uraga. —Señor Comandante Jeneral de Marina.
▼A las dos de la tarde de hoi ha fondeado en este puerto la corbeta peruana de guerra Libertad, al mando de los señores don Juan Manuel Uraga i don Leoncio Señoret, que, movidos de un sentimiento americano, la han conducido desde el puerto de Huanchaco para entregarla al Gobierno de Chile.
El casco i arboladura de este buque son mui buenos; pero su velámen i aparejo vienen en mal estado.
Mañana daré a V. S. los pormenores de este acontecimiento, que se servirá V. S. poner en noticia de S. E. el Presidente.
Dios guarde a V. S. —Departamento de Marina. —Comandancia Jeneral de Marina. —Valparaiso, Diciembre 8 de 1836. —▼Ramon de la Cavareda. —Señor Ministro de Estado en el Departamento de Marina.
Núm. 408Editar
Se ha puesto en nuestras manos el decreto supremo por el cual se nos manda entregar la cantidad de ocho mil pesos, por vía de compensacion de los gastos que nos ha orijinado el traer a Valparaiso la corbeta de guerra Libertad, i de los perjuicios que nos ha irrogado la separacion de nuestros hogares.
Rendimos al Supremo Gobierno las mas espresivas gracias por este acto de su munificencia; aunque nuestros medios de subsistir en un pais estraño no son ciertamente mui abundantes, i no nos son indiferentes los gastos que hemos hecho i que tenemos que hacer hasta regresar a nuestra Patria, renunciamos gustosos dicha suma, como que el objeto que nos determinó a sustraer el referido buque de las órdenes del Jeneral Santa Cruz i ponerlo a disposicion del Gobierno de Chile, no fué otro que el de cooperar al buen éxito de la causa de la libertad i de la justicia que sostiene este pais, como lo espresamos en el parte que dimos al Comandante Jeneral de Marina de Valparaiso el dia 8 del corriente.
La nacion peruana, hácia la cual no abrigamos sino sentimientos de amistad i de concordia, no tendrá tampoco que echarnos en cara jamas el haber pretendido intervenir en sus negocios interiores. Sin intereses de ninguna especie, ni nacionales ni individuales, para tener sometido a nuestra voluntad al Gobierno del Perú, sin medios de conservar esta sumision, no podrá atribuirnos miras que tiendan a humillarla, no podrá abrigar con respecto a nosotros los fundados temores que ha abrigado con respecto a otros vecinos; no podrá ver en nuestras manos el azote que otras han levantado contra ella. En vano lucha El Eco con el poder de esta verdad para despertar contra nosotros en el Perú los sentimientos de nacionalismo. Esa es un arma que no puede poner sin peligro la administracion del Jeneral Santa Cruz en manos de los peruanos; esa administracion, que irónicamente llama El Eco "eminentemente nacional", sin recordar que ha sido trasplantada desde la capital de Bolivia; esa administracion cuyos defensores no parecen tener otro objeto al calumniar nuestras miras i al atribuirnos intenciones de sojuzgar una nacion amiga, que recordar a esa nacion los favores que debe al Gobierno que la dirije. El Perú verá nuestras armas en su suelo, recobrará talvez con ellas los derechos que ha perdido; pero podemos asegurar desde ahora que no le costará este beneficio las humillaciones que le han costado oficiosidades estranjeras que están mui léjos de merecer el nombre de beneficios.
Respecto de los sentimientos de envidia al nombre glorioso del Jeneral Santa Cruz, casi no somos capaces de conservar la seriedad que corresponde a un periódico oficial, por lo incitados que nos vemos a tomar parte en la burla que esta estravagante idea debe haber producido entre todos los lectores de El Eco. Repose el escritor en la firme confianza que no hai en Chile quien envidie esa gloria, ni quien se atreva a ofuscarla llamando sobre sí la admiracion del Universo por las distinguidas proezas en que ella está fundada. Nos sentimos desnudos de todo el esfuerzo i de todo el heroismo que se necesitan para conquistarla; i nos contentaremos con admirarla tambien respetuosamente desde nuestra pequeñez, como el escritor de El Eco, con admirar los hechos que la forman, con admirar los nueve monumentos que para eternizarla se levantaron el 18 de Febrero en la plaza de Arequipa.
Por mas que se esfuercen los defensores de la administracion del Perú, nunca podrán destruir la justicia ni la evidencia de las causas reales que existen para la declaracion de esta guerra, que, mas que declarada por nosotros, ha sido arrancada últimamente por las provocadoras exijencias de nuestros adversarios. En nuestro número anterior, manifestamos que el motivo que quizá las había aconsejado era el temor de que se hiciesen públicas en el Perú las proposiciones que nuestro Ministro iba encargado de hacer a aquel Gabinete; pero la estrechez de nuestras pájinas no nos permitió añadir que a este temor iba acompañada otra circunstancia mui poderosa que hacía viese el Jeneral Santa Cruz con mui poca pesadumbre el rompimiento de las hostilidades. Hé aquí lo que dice El Eco en 29 de Octubre i en 9 i 16 de Nobiembre:" No hemos dado "asenso a los rumores que se esparcieron ayer sobre una revolucion que se suponía haber estallado en Chile…… cuando llegue el caso de la recriminacion, si este hombre ha desaparecido (aludiendo a un individuo de la administracion); ¿quién responderá de las violaciones cometidas, de la sangre derramada, de las enemistades suscitadas por maniobras tan inmorales como inauditas?......O nos engañamos mucho o las primeras noticias que vengan de Chile nos anunciarán nuevos actos de rigor, deque aquel Gobierno habrá tenido que echar mano para comprimir la exasperacion pública." ¿No nos prestarán fundamentos estas cláusulas de El Eco para suponer que en Lima se tenía un conocimiento exacto de los planes secretos que maquinaban en Chile unos pocos revoltosos, i que no se ignoraban ni aun los asesinatos con que pensaban ilustrar sus criminales triunfos? ¿Si así no fuese, se hablaría allá de las conspiraciones al mismo tiempo que debían estallar aquí? ¿Se formarían hipótesis sobre la desaparicion de las mismas personas señaladas por el puñal de los asesinos? ¿Se tendría motivo para presajiar que la administracion había de cometer actos de rigor? No hai medio: o los ajentes del Jeneral Santa Cruz tienen el raro don de penetrar el porvenir, o los impotentes amagos que se han hecho en el mes anterior contra nuestra tranquilidad, han tenido consejeros e instigadores o a lo ménos confidentes que no pertenecen a la familia chilena. "Esa administracion incauta" decían sin duda los directores del Jeneral Santa Cruz, "que pretende amedrentarnos con sus fuerzas navales, se halla en el dia rodeada o talvez ha sido víctima de espantosas conjuraciones. Ni conviene que pise nuestro suelo un Ministro que en la primera comunicacion ha de imponernos una condicion que tanto interesa a los derechos de Bolivia i del Perú, i que, por consiguiente, ha de levantar contra nosotros el grito de ámbas naciones, ni hai el menor peligro en que se declare una guerra sin efecto, porque, o ha desaparecido el Gobierno que la declara, o se halla cercado de peligros, que le impiden dirijir su atencion al esterior." Inocentes! no contábais vosotros con que la Nacion chilena i el Gobierno no tienen mas que un solo sentimiento, una sola opinion, un solo deseo, ni con que cuatro conspiradores oscuros no bastan para derrocar a una administracion que se apoya en el voto unánime de los pueblos! ¡Inocentes! venid a ver en las cárceles de Chile agostadas vuestras esperanzas!
Núm. 410 [1]Editar
Si se ha de dar crédito al periódico peruano, copiado en nuestro último número, la avenencia entre las Repúblicas Boliviana i Peruana sigue siempre envuelta en incertidumbre i dificultades. Negociaciones han sucedido a negociaciones, i tratados a tratados, i apénas se adelanta un paso en el objeto a que, (segun sus repetidas protestas) han conspirado constantemente los deseos i los esfuerzos de ámbos Gobiernos.
¿Pero son sinceros los recelos de invasion que manifiesta el Gobierno peruano? Al ver las conjeturas vagas i las suposiciones imajinarias que se alegan, nos sentimos inclinados a dudarlo. ¿No es de creer que se aparentan esos temores i se toca esa alarma para dar un motivo ostensible a ciertas medidas cuyo verdadero objeto no es la seguridad esterior?
¿Qué es lo que dicen? preguntarán nuestros lectores. Justo es satisfacerlos. La Verdad, de donde se copió el artículo del número anterior, teme que auxiliemos a Bolivia para invadir a Lima. El Espectador asegura que no podemos hacerlo porque carecemos de medios i de aquí desciende a insultar al Gobierno, diciendo que hai dos, uno público i otro secreto, para lo cual no hace mas que repetir frases que ya había estampado El Verdadero Liberal en el año de 29. El Mercurio nos llama ingratos por haber olvidado los servicios de ▼O'Higgins; i con respecto a esto dice La Miscelánea que el Gobierno, a fuerza de intrigas, hizo que no se discutiese la mocion del doctor Marin en que pidió se le restituyese su empleo de Capitan Jeneral, porque se estremeció de solo imajinar que iba a tener por testigo i censor de sus operaciones a un hombre como el virtuoso O'Higgins. El Conciliador grazna con la lei sobre el impuesto a los azúcares i chancacas. Mas, todo esto está espuesto en un lenguaje en que se descubre el conato de ofender sin causa ni provecho. Se ha revivido la palabra májica Estanco de que ya nosotros estamos olvidados, i tras de ella sigue un índice de crímenes figurados aquí en otro tiempo i repetidos ahora allá, como cosa nueva. Así burlan a los sencillos peruanos los periodistas actuales.
Pero, hablando en realidad, queremos dar por ciertas todas las imputaciones que vomitan aquellos escritores. ¿Qué influencia tienen nuestros negocios o nuestros vicios en los del Perú? Sin duda se han propuesto desacreditarnos en el esterior; mas, para esto deben advertir que los observadores de ámbos paises son unos mismos, i que a sus ojos nada hai secreto. Ellos ven la conducta del Gobierno de Chile i la comparan con las relaciones falsas con que sus enemigos la describen; compadecen al Perú engañado i detestan a sus embusteros i descarados periodistas. Nada debemos temer de su juicio, i ojalá los que aspiran a ser nuestros rivales, llegaran a colocarse en el predicamento en que nosotros nos hallamos.
Núm. 411Editar
Remitido[2]
Disponiéndome para marchara Francia i en los momentos de hacerse a la vela el buque que me conduce, he leido el artículo "Perú" del número 125 de su ilustrado periódico. Creyendo que ustedes no me negarán la defensa que debo hacer de Bolivia, mi patria, i de su Gobierno, insertando esta tijera contestacion, les ruego se tomen la molestia de darla a luz para que aparezca en el mismo periódico en que se halla el artículo que contesto.
Los acontecimientos que forman la historia de las negociaciones entre el Perú i Bolivia, son suficientes a demostrar la mala fé e injusticia de la una parte, miéntras se encuentra a la otra haciendo sacrificios estraordinarios para conservar la paz i evitando el escándalo de una guerra. Me limitaré a referir los hechos cuando las circunstancias de mi próximo viaje no me dan lugar a largas reflexiones. Los hombres ménos imparciales decidirán cuya es la razon en una contienda que el Perú por su propio honor debería abandonar para no verse vencido a cada instante.
Desde que el Jeneral Gamarra, asaltando la autoridad lejítima del Perú, arrojó de la primera majistratura a un hombre virtuoso, la opinion pública le señaló como a un insigne usurpador; entonces el disgusto hizo aparecer algunos pocos patriotas que, invocando las leyes, trataron de restablecer su imperio. En Lima i en Cuzco hubo revoluciones que intimidaron al Jeneral Gamarra, quien, sin examinar la causa verdadera que las producía, encontró en el Presidente de Bolivia un pretesto que justificara sus maniobras, que tuviera en perpétua alarma al Perú, que le permitiera conservar una fuerza como el instrumento de sus planes, que perturbara la quietud de Bolivia, i que, constante en oprimir, pudiera sostener la táctica que le ha dado duracion en el mando.
Para tranquilizar al Gobierno del Perú i arreglar definitivamente las cuestiones suscitadas, fuí nombrado el año 30 de Ministro Plenipotenciario de Bolivia cerca de aquel Gobierno. Nadie ignora que entonces se quiso obligar de la manera mas inaudita a que Bolivia entrara a la fuerza en un tratado de alianza, i que se pusiera por base de toda negociacion un pacto de esta naturaleza. Me basta referirme a los documentos que se publicaron entonces pata justificar al Gobierno boliviano. A los hombres que conocen los derechos de los pueblos, es suficiente decirles: Bolivia se negó a una alianza indeterminada, oscura i que tenía el carácter de alevosa; i por esta causa se intentó invadirla, destruyendo sus leyes i su Gobierno. El Ministro de Bolivia fué notificado de un ultimátum humillante, desconocido en las formas diplomáticas, i que por sí solo caracteriza al Gobierno que tuvo la falta de intimarle. Como el ajente de Bolivia supo llenar sus deberes con enerjía, se le espulsó acusándolo de revolucionario i promotor de desórdenes. Las pruebas de esta inculpacion jamas aparecieron ni hubo datos que la apoyaran. Entre tanto, el Jeneral Gamarra reunía sus fuerzas en la frontera; pedía autorizacion para invadir a Bolivia, i por fin, mandó hacer aquel motin contra el Jeneral La Fuente que se oponía a la guerra. El Congreso del Perú decretó una nueva negociacion, a cuya consecuencia se estipularon los preliminares de Tiquina. Bolivia hizo cuanto le fué posible por llegar a este término; dirijióse al Gobierno del Perú 1 a su ▼Congreso; pidió la mediacion de Chile; devolvió dos buques que se le habían pasado; i concluyó de una manera honrosa para recibir, por gratitud de tanta generosidad como usó en Tiquina, los célebres tratados de Arequipa.
Antes de haber pactado este nuevo arreglo de comercio, el Gobierno pidió facultades para concluir i ejecutar el tratado que hiciera con el Perú. Lleno del honor i firmeza que caracterizan al Congreso de un pueblo libre, el de Bolivia se negó a otorgar semejante autorizacion. Pidió otra vez la de aprobar provisoriamente el tratado, i despues de haber tomado el Presidente una parte activa en la discusion para salvar su delicadeza, manifestando por este medio sus deseos sinceros de paz, apénas se consiguieron las facultades provisorias.
Estoi escribiendo en Chile; i para dar toda la legalidad posible a los hechos, apelo a la honradez, a la moral i al juicio recto del Gobierno chileno; si falto en algo a la verdad o sufro equivocaciones, a él toca desmentirme o aclararlas. El señor don Dámaso Uriburu había informado mui repetidas veces del órden, de la moral i de la rectitud con que dirijía su política el Gobierno de Chile, asegurando que no habría dificultad en que Bolivia se ligara con este Estado por pactos espresos. Por una órden que yo firmé, se le previno que propusiera un tratado de amistad i comercio fundado en la reciprocidad; no tuvo mas instruccion que una nota de diez o doce líneas. El Encargado de Negocios de Bolivia se acercó al señor Tocornal, Ministro de Relaciones Esteriores, i ámbos convinieron en un proyecto para el que pidió autorizacion especial el señor Uriburu. Se le mandó el pleno poder, ordenándole que procediera a firmar el tratado con solo una lijera alteracion. Bolivia quería establecer un principio favorable al comercio de productos americanos, i observó un artículo. No ha ocurrido nada mas; i ni hai tal solicitud de hostilidades, destrucciones, disturbios, invasiones ni otros fantasmas con que se trata de asustar al pueblo peruano. Unirse dos pueblos hermanos, procurar el alejamiento de los obstáculos de su prosperidad, i hacer tratados de amistad i comercio, no puede ofender sino al Jeneral Gamarra i a sus insensatos partidarios, que quisieran vivir en guerra perpétua, porque están condenados a no subsistir de otro modo. Por esto, han tomado locas e imprudentes medidas fiscales contra Chile, cuyo Gobierno bien aconsejado ha sabido sostenerse con dignidad; han ensuciado el papel atacando a un distinguido i mui respetable personaje de Chile; han supuesto miras que no existen; i han dividido los ánimos de naciones que deben amarse. No contentos con haberse procurado el odio de Bolivia por una invasion; el de Colombia por otra, ahora buscan como pelear con Chile, i todo esto como el único medio de conservar la fuerza armada para oprimir al Perú, continuar en el mando, i lo que es mas, para hacerse reelejir, como infaliblemente sucederá. No sabemos cuál sea mas culpable, si el Jeneral Gamarra o el pueblo peruano que le sufre i contribuye a sus maniobras. Lo cierto es que si él solo sintiera, ya no le tendríamos ni lástima; pero Bolivia es el pretesto: Chile lo es: i lo será Rusia i la China cuando faltáran motivos tan inmediatos que finjir, resultando males mui positivos a los Estados vecinos, por la alarma en que los tiene.
Núm. 412[3]Editar
Volvamos la vista a nuestras relaciones con el Gobierno del Jeneral Santa Cruz en estos últimos seis meses, i saltarán a nuestros ojos los motivos que hemos tenido para no confiar la persona de un Ministro chileno a la nobleza i legalidad del Gobierno cerca del cual iba enviado. Los enemigos de nuestro órden han encontrado en el territorio peruano no la acojida que todos los Gobiernos dan a los que buscan un refujio en pais estranjero, sino una proteccion escandalosa contra el Gobierno que intentaban derrocar; no un asilo donde vivir fuera del pueblo cuya tranquilidad exijía su separacion, sino un cuartel jeneral para preparar empresas hostiles; no una morada de paz sino almacenes de guerra abiertos a su furor de conspirar; no los auxilios de la humanidad sino los que pudiesen emplear para encender el fuego de la discordia civil en una nacion amiga. I cuando se toman por nosotros prendas para asegurar el resarcimiento de los daños ocasionados, i la prestacion de futuras garantías, se cometen sobre la persona de nuestro Encargado de Negocios vejaciones contrarias a los principios universalmente reconocidos del Derecho Internacional. ¿Podía el Gobierno chileno, sin que se le acusase de poco celoso por la dignidad nacional i por todos los sagrados intereses confiados a su custodia, abandonar al señor Egaña a la arbitrariedad de una administracion que desconoce los privilejios que gozan los representantes de las naciones? ¿Podía dejar de emplear todos los medios que estuviesen a su alcance para asegurar la libertad que debía tener su negociador en el ejercicio de su importante ministerio? Estos medios no podían ser otros que el de presentar una fuerza respetable, que impidiese cualquier acto de violencia de parte de un Gobierno que no se rije en sus procedimientos por la práctica de los pueblos civilizados. Hé aquí el motivo de incuestionable justicia, declarado ya otra vez oficialmente, que produjo el envío de la Escuadra.
Núm. 413Editar
Núm. 414[4]Editar
Declarado haber lugar a formacion de causa, el ▼Diputado Fuenzalida queda suspenso de sus funciones lejislativas i sujeto al juez competente, segun el artículo 16 de la Constitucion; pero, contra la terminante disposicion de este artículo constitucional, creyó justo oponer el que mas arriba citamos i ve en él privilejio de no poder ser acusado sino por la ▼Cámara de Diputados ni juzgado sino por el ▼Senado, i no por la Corte Suprema de Justicia, a quien corresponde el conocimiento de esta causa.
Cuando hallare por conveniente, quiere decir cuando la Cámara tenga a bien hacer uso de esta atribucion, cuando por omision de los fiscales del Gobierno que deben velar sobre la administracion de justicia i sobre la conducta de los jueces, no se procuren remediar las faltas cometidas en aquélla, ni se sometan éstos al juicio respectivo: cuando lo tengan por conveniente, para que nunca quede sin efecto la responsabilidad de los individuos del Poder Judicial. Tan léjos está la Constitucion de hacer este derecho esclusivo de los Diputados, que aunque se hallan los intendentes sujetos tambien a ser acusados por la Cámara "en los crímenes de traicion, sedicion, infraccion de Constitucion, malversacion de los fondos públicos i concusion," retiene en el artículo 104 la siguiente atribucion del Consejo de Estado declarar: "si ha lugar o nó a la formacion de causa en materia criminal contra los intendentes, gobernadores de plaza i departamento. Exceptuándose el caso que la acusacion contra los intendentes se intentare por la ▼Cámara de Diputados". Esta excepcion relativa a los intendentes, manifiesta terminantemente que la Cámara de Diputados no es la única que puede entablar las acusaciones de que se encarga el artículo 38. El no comprender el artículo mas que a los intendentes podrá hacer creer a algunos, a primera vista, que puesto que la lei exceptúa a ellos solos i no a los jueces; ellos solos i no los jueces pueden tener otro acusador que no sea la Cámara de Diputados. Pero esta dificultad desaparecerá luego que se observe que la excepcion que contiene este artículo constitucional comprende solo a los intendentes, no por que son los únicos que pueden ser acusados por otros, sino porque son los únicos respecto de los cuales tiene que declarar el Consejo si hai o nó lugar a formacion de causa, cuando no sea la Cámara quien los haya acusado.
Otro argumento semejante ofrece el artículo 101. El mismo artículo 38 contiene a los Ministros del Despacho entre aquellos a quienes puede acusar la Cámara de Diputados, cuando lo crea conveniente. El artículo 104 permite a un Ministro ausentarse a los seis meses de haberse separado del Ministerio, es decir, le concede la facultad de salvarse a los seis meses de los efectos de su responsabilidad, puesto que con un viaje al estranjero puede ponerse fuera de la jurisdiccion nacional. En los nueve meses que está en receso el ▼Congreso, tiene un funcionalio de esta especie tiempo suficiente para cometer cuantos abusos e infracciones quepan en el espacio de cerca de tres meses, dejar el Ministerio i salir de la República ántes que las Cámaras se instalen. ¿Si la ▼Cámara solo puede ser acusadora de los funcionarios que designa el artículo 38, no será ilusoria la responsabilidad de este Ministro?
En cuarto lugar, el artículo 3.º de las disposiciones transitorias está concebido en estos términos: "Interin no se dicte la Lei de Organizacion de Tribunales i Juzgados, subsistirá el actual órden de administracion de justicia." La lei de 11 de Enero de 1825 dice lo siguiente: "Declarada la subsistencia de la Constitucion del año de 1823, es necesario llenar este vacío para que los pueblos no se encuentren sin las leyes necesarias, principalmente en el órden judicial; pero, no puliendo ser esta ubrogacion la obra del momento, el Congreso ha acordado i decreta: —Entre tanto se dictan las leyes que sirvan de base i organicen la República i su administracion, obsérvese el órden actualmente existente."
El artículo 3 que hace responsables a los jueces, termina con estas palabras: "la lei determinará los casos i el modo de hacer efectiva esta responsabilidad."
Combinando todas estas disposiciones, resulta que, no estando sancionada la lei de que se encarga el artículo 3, la responsabilidad de los jueces, que es uno de los objetos sobre que jira la administracion de justicia, está sometida a las reglas prescritas de antemano para ella, es decir a las Constituciones de 823 i 828. Ambas hacen a la Corte Suprema juez en las causas criminales de los Ministros de las Cortes de Apelaciones[5], porque aunque la de 28 no contiene sobre ésta un artículo espreso, le declara el conocimiento de los recursos de que actualmente conoce, esto es, de los que señala la Constitucion de 23; i le dan la superintendencia directiva i correccional sobre los tribunales i juzgados de la nacion, [6], Ademas de eso, la Constitucion de 1823 contiene, entre las atribuciones del procurador nacional, las siguientes: "acusar a todos los funcionarios públicos de oficio o en virtud de denuncias legales públicas o secretas". La actual Constitucion ha juzgado, pues, que la atribucion que se da a la Cámara de Diputados no la constituye en el único acusador de los individuos de las Cortes Superiores, porque en semejante caso no habría dicho que una lei separada arreglaría el modo de proceder en las causas de responsabilidad, puesto que, como lo observa la Comision en su informe, quedaba ya fijado por la lei fundamental; i ha querido que, cuando la Cámara no tenga por conveniente hacer uso de este derecho, quede la responsabilidad sujeta a las reglas establecidas ántes para la administracion de justicia. Estas reglas señalan, como ya se ha visto, a la Corte Suprema por juez de los individuos de la Corte de Apelaciones i al procurador nacional, que hoi es el fiscal, dan el encargo de acusarlos, puesto que no los exceptúan de todos los funcionarios que contiene el artículo constitucional. Una acusacion, pues, de un individuo de la Corte de Apelaciones, hecha por el fiscal ante la Corte Suprema, es tan legal como la que podría entablar ante el Senado la Cámara de Diputados, cuando tuviere por conveniente hacer uso del derecho que le da la Constitucion.
Todas estas reflexiones revisten de una fuerza irresistible el informe de las ▼Comisiones, que han procedido de acuerdo con el espíritu de las instituciones fundamentales, i con las mas graves exijencias del órden social, que no puede permitir que bajo ningun pretesto se establezca la irresponsabilidad de los individuos del Poder Judicial, que tan graves daños pueden irrogar con el abuso de sus delicadas atribuciones.
Nos es sensible no poder decir otro tanto de la Comision de la ▼Cámara de Senadores que informó sobre el Mensaje del Presidente, en que se pedía que el Senado declarase si había o nó lugar a formacion de causa con respecto al ▼Senador ▼Echéverz, vocal tambien de la Corte Marcial i Juez en la causa de ▼Freire. Al principio se manifestó en el ▼Senado el deseo de pedir los autos para proceder a esta declaracion en vista de ellos. No podemos calcular qué motivos podrían jamas decidir a la ▼Cámara a dictar una providencia de esta especie. Para conocer si hai o nó lugar a formacion de causa, basta que exista una lijera sospecha de delito. Esta declaracion no irroga perjuicio de ninguna especie al individuo sobre quien recae, i por el contrario, le habilita para defender su inocencia, para salvar su honor, para probar la legalidad de sus procedimientos, en el asunto en que se le considera delincuente. El convencimiento de que no es el capricho, ni la animosidad, ni ningun otro oríjen innoble, el del Mensaje que pide al Senado el ejercicio de esta atribucion, es suficiente para que, por el honor del Cuerpo i por el del miembro que le pertenece, se absuelva este trámite indispensable que debe preceder al juicio. Cualquiera que conozca las opiniones del señor ▼Echéverz, respecto de la administracion i la notoriedad del desagradable suceso en que se encuentra implicado, podrá decir si alguna mira injusta o innoble produce el deseo de enjuiciarle. La peticion de los autos sería, por consiguiente, innecesaria; pero hai mas, sería peligroso, sería imprudente. Declarar si hai o nó lugar a formacion de causa por el mérito de los autos, es lo mismo que reconocer por ellos la culpabilidad o inculpabilidad del Senador, fallar sobre la causal o cuando ménos dar una norma al fallo del Tribunal competente, no solo por lo que toca al señor Echéverz, sino tambien con respecto a los otros individuos de la Corte Marcial que se hallan en igual caso.
Esta peticion de autos no llegó a sancionarse, porque la Comision en su informe, invocando el mismo artículo constitucional a que se acojió el ▼Diputado ▼Fuenzalida, opinó que siendo el señor Echéverz vocal de la Corte de Apelaciones, i debiéndole acusar la ▼Cámara de Diputados, no debía procederse a la declaracion pedida miéntras la Cámara no fuese la acusadora; error bien palpable por las reflexiones ántes espuestas, que lo manifiestan en oposicion con los mas importantes artículos del Código Fundamental..
↑ Este artículo ha sido tomado de El Araucano, número 126 del 8 de Febrero de 1833. ▼Lo reproducimos aquí, a fin de que se puedan estudiar los primeros oríjenes de la guerra que Chile declaró al Perú en 1836. (Nota de! Recopilador.)
↑ Este artículo ha sido tomado de El Araucano, número 127, del 15 de Febrero de 1833. —{Nota del Recopilador.)
↑ Artículo 146, atribucion 5.ª de la Constitucion de 1823, i artículo 96, atribucion 9.ª de la Constitucion de 1828
↑ Artículo 148 de la Constitucion de 1823, i artículo 97 de la de 1828,
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References: artículo 16
 artículo 104
 artículo 38
 artículo 101
 artículo 38
 artículo 104
 artículo 38
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 Artículo 146
 artículo 96
 Artículo 148
 artículo 97