Source: http://www.nomeolvidesorg.com.ar/nota0275.html
Timestamp: 2019-02-18 00:42:56+00:00

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La reunión terminó al filo de la medianoche. Los tres protagonistas barajaron durante horas sus respectivos argumentos: el Presidente intentaba convencer a Mercante y a Sampay, y los convencionales intentaban convencer a Perón. Las presiones externas e internas sobre el gobierno justicialista para impedir la incorporación del artículo 40º en la reforma eran constantes y muy fuertes; y la legitimidad de la Constituyente estaba menguada desde que los diputados radicales abandonaron la asamblea.
Finalmente, ante la posición irreductible de Sampay de plantear un dictamen en disidencia, Perón accedió. “Prefiero pelearme con los de afuera y no con los de adentro,” les dijo antes de despedirlos, “hagan nomás”.
Sampay y Mercante, a pesar de las palabras del Presidente, salieron intranquilos, sabedores de los poderosos intereses que trabajaban silenciosa pero efectivamente en evitar la sanción del artículo 40º en la nueva Constitución.
Mercante telefoneó al Dr. Goizueta, secretario de la Convención, que citó a los convencionales para sesionar a primera hora de la mañana. Con rostros somnolientos, los convencionales iniciaron las deliberaciones barruntando que “algo” importante iba a pasar ese día, sin saber muy bien qué.
A poco de iniciada la sesión, Juan Duarte, secretario del Presidente, arribó al recinto. Mercante y Sampay intercambiaron miradas, sabedores que esa presencia sólo podía tener como objeto la orden de Perón de no votar el artículo 40º: todo parecía perdido... Duarte se acercó al estrado de la presidencia, y habló a Mercante al oído. Mercante levantó la vista y le hizo una seña a Sampay para que se acercara. Sampay, iluminado, se dio vuelta en su banca y le dijo a Teisaire a quien tenía justo detrás: “Almirante, lo busca Juancito…” El tiempo que tardó Alberto Teisaire en ir al estrado presidencial y volver a su banca, fue vital en la maniobra parlamentaria.
Mercante cortó el debate y sometió el asunto tratado a votación; el convencional Cámpora mocionó que la votación fuera nominal, y así se hizo: Albarracín, Albisu, Aloé, Alonso… Teisaire, mientras tanto, vuelto a su asiento le comunicó a Sampay que al que buscaba el secretario era a él. Sampay hizo una seña a Duarte para que lo esperara hasta votar, y una vez cumplido, se dirigió presuroso al estrado de la presidencia. “Doctor, le expresó ceremonioso el mensajero, el General Perón pide que no se vote el artículo 40º”. Con fingida consternación Sampay le respondió: “Juan, que contrariedad, si hubiera llegado antes… Es lo que acabamos de aprobar”…
ART. 40º.- La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. Salvo la importación y exportación, que estarán a cargo del Estado, de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad económica se organizará conforme a la libre iniciativa privada, siempre que no tenga por fin ostensible o encubierto dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia o aumentar usurariamente los beneficios.
Finalizada la sesión de ese día 11 de marzo, y ultimados los detalles para la jura de la Constitución el día 16, Mercante y Sampay se dirigieron a Olivos, a la casa de Scalabrini Ortiz, donde Jorge Del Río, José Luis Torres, Juan Sabato y el dueño de casa los esperaban con empanadas y vino para celebrar la victoria.
Al llegar los convencionales, Scalabrini accionó la púa del fonógrafo, y las notas de la “Marcha Triunfal” de “Aída”, saludaron triunfalmente su aparición. Entre abrazos emocionados y constantes brindis, los detalles de la maniobra del artículo 40º fueron comentados con risas y picardía.
Y Sampay les hizo otro regalo: como al pasar, había “colado” en el Proyecto que se aprobó, el requisito de ser “argentino nativo” para los Ministros del Poder Ejecutivo. De ese modo, José Figuerola, el catalán a quien Perón pensaba nombrar como Ministro de Asuntos Técnicos, quedaba fuera de juego… (Figuerola era visto como ariete de la CADE, la corrupta empresa de electricidad que había sido investigada por una comisión oficial integrada por el coronel Rodríguez Conde, Juan Pablo Oliver y Juan Sábato)
Después viene otra historia…
El Informe Rodríguez Conde. Informe de la Comisión Investigadora de los Servicios Públicos de Electricidad. Superiores decretos 4.910 y 6.916 del 6 y 28 de agosto de 1943, respectivamente, E. U. de B. A., Bs. As., 1974
Alberto González Arzac, “Vida, pasión y muerte del artículo 40º”, en Todo es Historia, nº 31, noviembre de 1969 Alberto González Arzac, “El artículo 40º de la Constitución de 1949”, en Cuadernos para la emancipación, nº 12, Bs. As., 1997
Oscar Salvador Martini et alt., 1949 Rumbos de Justicia, Fondo editorial Carlos Martínez, Bs. As., 2009

References: artículo 40
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