Source: http://www.eumed.net/libros-gratis/2006b/vmfa/2c.htm
Timestamp: 2018-06-24 18:53:08+00:00

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TRANSICIÓN EXTRAORDINARIA DEL CAPITALISMO AL SOCIALISMO EN CUBA
“La transición de un sistema social al otro se viene haciendo desde hace más de 40 años”. Fidel[1]
La construcción del socialismo en Cuba como pequeño país periférico subdesarrollado concuerda, por su contenido y alcance, con una transición extraordinaria o periférica del capitalismo al socialismo. Este carácter genético-histórico resulta mucho más comprensible en los tiempos actuales luego del desmantelamiento del socialismo en Europa del Este y la antigua URSS, con la expansión de la globalización neoliberal y el reforzamiento del bloqueo económico por parte de Norteamérica.
El problema central de este tema es el surgimiento y evolución de la transición extraordinaria en Cuba desde la perspectiva de los cambios estructurales en el sistema general de relaciones de producción, incluyendo el examen de sus contradicciones estructurales.
UNA PROPUESTA DE PERIODIZACIÓN DE LA TRANSICIÓN SOCIALISTA
El período de tránsito del capitalismo al socialismo en Cuba comenzó, estrictamente hablando, el 13 de octubre de 1960 con la nacionalización del gran capital nacional. Todo este tramo histórico hasta el presente pudiera segmentarse en períodos o fases para su estudio, tomando en cuenta fundamentalmente la evolución-transformación de la estructura económica con sus tendencias dominantes. Por supuesto, cualquier otro punto de partida o enfoque daría lugar a una clasificación diferente.
En el texto “Estructura Económica de Cuba” se establecen diferentes ciclos periódicos en estos más de 40 años desde el punto de vista de la macroeconomía, donde la base económica aparece simplemente como un referente. Su propuesta contiene 8 períodos, 1) “1959-1963: los grandes cambios; 2) 1964-1967: reanimación económica; 3) 1968-1970: la zafra de los 10 millones; 4) 1971-1975: crecimiento acelerado; 5) 1976-1985: estabilidad macroeconómica; 6) 1985-1989: desaceleración; 7) 1989-1993: crisis y asimilación del impacto externo y, finalmente, de 1994 hasta el presente: adaptación, transformación y recuperación. [2]
Carlos García en su opúsculo “El período especial: una visión desde la economía política” identifica “tres niveles o estadios en la transición: el simple o elemental, el intermedio y el período especial. En el elemental comienza la construcción del socialismo (1960-63), en el intermedio (1964-1989) avanza pero no culmina la edificación y el tránsito. Se supone que se pasa a un nivel evolutivo superior, pero lo que sobreviene es el período especial, y sobre la construcción del socialismo van a gravitar grandes presiones que la modifican y distorsionan”.[3] El enfoque de García se basa en la gradualidad del movimiento general con un punto de inflexión: la “modificación y distorsión” de los años noventa.
La transición extraordinaria al socialismo en Cuba, desde el punto de vista de la economía política debe tomar en cuenta especialmente los cambios acaecidos en la estructura económico-social en estos años, con sus mediaciones y tendencias Inter.-temporales porque es el modo de captar esa “serie de otros tránsitos”, al decir de Lenin,[4] o “fases sociales y económicas” que se suceden “antes de llegar a la organización socialista”[5] a que aludiera Engels en el caso de los países atrasados. También hay otra poderosa razón: la base económica es la partera de sistemas de contradicciones específicas y de leyes económicas diferenciadas en que la nueva ley económica fundamental emergente aparece en calidad de tendencia dominante entre múltiples desviaciones y conflictos endógenos y exógenos. Entonces, la razón estructural es la base metodológica fundamental para subdividir este proceso histórico de más de cuarenta años desde la economía política en tres grandes etapas o períodos.
Primer período: Salto a la transición al socialismo desde el capitalismo de Estado de liberación nacional. Heterogeneidad estructural (13/10/1960 hasta finales de 1963). Este coincide con la génesis del tipo socialista con su marcada tendencia al dominio de la forma estatal socialista a partir de las particularidades de las fuerzas productivas nacionales, conservando la heterogeneidad socioeconómica con diversos tipos y formas de propiedad y de relaciones de producción que son asimiladas y absorbidas sucesivamente por la socialización estatal de la cooperativa agrícola proletaria socialista, de una parte del comercio privado y finalmente del tipo capitalista.
Segundo período: Modelo estatal globalizado de la economía de transición (1964-1989). La heterogeneidad socioeconómica se trueca definitivamente en una estructura predominantemente estatal, en términos prácticamente absolutos, mediante procesos de absorción-asimilación de la propiedad privada urbana y rural individual. Entretanto desde finales de los setenta se rectifica el camino estatal de transformación de lo pequeños productores agrícolas impulsándose el cooperativismo como forma fundamental de socialización en el campo. Un cambio estructural importante y decisivo en esta etapa es la expansión-reproducción extensiva e intensiva del sector estatal por intermedio del proceso de acumulación-industrialización.
Tercer período: Hacia un Modelo heterogéneo (mixto) de transición (1990 hasta el presente). La crisis económica y estructural interna y de su soporte externo, conducen a la reforma de la base económica del sector socializado, a una apertura a la heterogeneidad socioeconómica de la base económica y al dualismo funcional de la economía. Se trata de un proceso de adaptación y transformación creciente de la estructura interna más acorde al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas y a la necesaria reinserción del país a la economía mundial globalizada.
El enfoque estructural no deja de tomar en cuenta aquellas cuestiones referidas a los factores incidentes en los cambios: político-superestructurales, mecanismo económico y visión del desempeño global de la economía; pero siempre aparecerán en calidad de complemento causal o efecto asociado a uno u otro cambio estructural.
El salto histórico a la transición socialista en Cuba, apenas 20 meses después del triunfo revolucionario, tuvo su causa inmediata y directa en la agresión virulenta del imperialismo norteamericano –que ya preparaba la invasión armada a la Isla– en su intento de aplastar el proyecto de liberación nacional con justicia social a la que se alió de pies y cabeza la gran burguesía. Las circunstancias extremas en que fue colocada la Revolución no daban lugar a otra alternativa revolucionaria que no fuese el paso al socialismo a fin de continuar por una vía más radical, expedita y completa el proceso de liberación nacional y social independiente de la nación.
La Revolución no podía detenerse so pena de autodestruirse y traicionar a las masas populares con sus anhelos y reafirmación de la democracia, libertad y justicia social recién conquistadas. Avanzar era el único camino posible, dando contragolpes decisivos: la liquidación del gran capital y la explotación del hombre por el hombre. Significaba asumir el curso socialista del desarrollo en las especialísimas condiciones de un pequeño país periférico, situado apenas a 90 millas de su enemigo principal y más poderoso país del capitalismo mundial en el mundo bipolar de la época.
El entorno externo era favorable y facilitaba la realización de este salto. Cuba recibió apoyo y ayuda de la URSS a la que se le suponía haber alcanzado la paridad militar estratégica con los EE UU; el resto del campo socialista también fue solidario. Cuba se colocó rápidamente en el vórtice del mundo bipolar, encabezado por ambas superpotencias, convertida nuevamente en equilibrio del mundo como lo afirmara Martí en su época. En ese mismo período había cobrado mucha fuerza la lucha anticolonialista en los tres continentes del llamado Tercer Mundo; una parte importante del movimiento de liberación nacional estaba fuertemente influenciado por la teoría marxista y los ideales socialistas que por aquel entonces tenían un gran prestigio e influencia política a escala universal.[6]
La falta de desarrollo de la teoría revolucionaria, especialmente de su economía política, no favorecía a los forjadores y constructores del proyecto social revolucionario en Cuba. Esta idea no significa que la teoría bastase por si misma para construir la nueva sociedad, pues el “socialismo experimental” es consustancial a la teoría general marxista del desarrollo, máxime en las condiciones de la periferia. Los revolucionarios cubanos partían de la teoría de Marx, Engels y Lenin a lo que sumaban el examen crítico de las experiencias acumuladas en el campo socialista a pesar de las serias limitaciones de información, siguiendo el buen ejemplo de Mella, Baliño y otros: el socialismo cubano: solo era y es viable como síntesis del pensamiento martiano y del marxismo, fundidos en un solo haz.
La misión histórica de la transición al socialismo en Cuba no le cabía postular la tesis leninista para la URSS, esto es, promover y alcanzar el nivel de desarrollo del capitalismo monopolista de Estado como premisa para dar cima a la transición. Tal enfoque era y sigue siendo impensable por razones obvias. En nuestro caso, la transición cumple, de modo nuevo, la tarea de salir del subdesarrollo mediante una acumulación originaria que promueva el desarrollo económico y social, que consolide la liberación nacional, escapando al predominio y lógica del gran capital, nacional y transnacional. La meta de desarrollo se sintetiza en crear aquellas condiciones de progreso y civilización, y de un sujeto histórico preparado, culto y conciente que le facilite su inserción armónica en un mundo solidario universal, liberado definitivamente del capitalismo.
I. ETAPA DEL SALTO A LA CONTRUCCIÓN SOCIALISTA 1960-1963.[7]
Luego del triunfo de la Revolución en enero de 1959 y tras una breve etapa en que predominó el modelo de capitalismo de Estado de liberación nacional, el país inicia la construcción socialista el 13 de octubre del año 1960[8] con la nacionalización del gran capital nacional, a lo que sigue inmediatamente la nacionalización del capital norteamericano restante. La ley de la plusvalía y la de acumulación capitalista son sustituidas en lo fundamental por la propiedad socialista y la acumulación socialista de base estatal predominante.
NACIMIENTO DE LA PROPIEDAD SOCIAL SOCIALISTA
El 13 de octubre del año 1960[9], posterior a la etapa de capitalismo de Estado de liberación nacional, se inicia la construcción socialista con la nacionalización del gran capital nacional, a lo que siguió inmediatamente la nacionalización del capital norteamericano todavía restante. La ley de la plusvalía y la de acumulación capitalista son sustituidas en lo fundamental por la propiedad socialista y la acumulación socialista de base estatal predominante.
En el preámbulo a la Ley 980 (13/10/1960) de nacionalización todavía no se enuncia abiertamente el concepto de socialismo, aunque está implícito en la afirmación de que el Programa del Moncada había concluido por lo que “se declara incompatible la realidad revolucionaria establecida en Cuba con la existencia del capitalismo en sus formas más desarrolladas, dejando solo ese margen para las empresas pequeñas y medias”.[10]
La tesis socialista se trató con sumo cuidado táctico en correspondencia con el nivel de conciencia y formación política de las masas trabajadoras. La declaración política del paso al socialismo ocurriría poco después en vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón; precisamente el 16 abril de 1961, Fidel, en su discurso en el sepelio de los caídos en el ataque mercenario a los aeropuertos de La Habana (también ocurrió en Santiago de Cuba) expresó que ahora todos los que en adelante cayeran en combate por la Revolución lo harían en nombre del socialismo. Así se inicia el largo y complejo proceso de desarrollo económico y social por la vía socialista sobre la base de la propiedad social de todo el pueblo y la concentración del excedente económico en manos del Estado Socialista en representación del pueblo. El Estado revolucionario transformó con ese acto su esencia, ahora se trataba de un Estado de obreros, campesinos y otras capas sociales aliadas, portadores del marxismo y de los ideales y metas socialistas.
El gran drama histórico que condiciona este gran salto histórico en Cuba a fines de 1960 tiene su origen inmediato en la posición que adoptó la gran burguesía nacional, entreguista y obediente a los dictados del imperio, fomentando la contrarrevolución y abandonando el país confiada en su rápido retorno al poder tras las bayonetas yanquis. “Fue esa resistencia traidora, cómplice del imperialismo, −confiesa Carlos Rafael Rodríguez−, la que obligó al Gobierno Revolucionario a apresurar una nacionalización completa”. (…) “precipitó inevitablemente las nuevas medidas de nacionalización”.[11] El gran salto fue producto de las circunstancias y no de una acción política programada, al menos para una fecha tan temprana.
Desde 1959 no habían cesado las agresiones norteamericanas y esta cadena de acontecimientos obligó al Gobierno Revolucionario, por una cuestión de principios y de soberanía nacional, a la “política de contragolpes” mediante la nacionalización creciente del gran capital norteamericano. Estas nacionalizaciones, como ya se dijo, no constituían una medida socialista sino simplemente de liberación nacional, tampoco condicionaban necesariamente el paso al socialismo.[12] La posición intransigente de la burguesía cubana, unido al plan de liquidación de la Revolución por el Imperio del Norte, dieron pie a la supresión del gran capital y de la gran burguesía como clase dominante. En consecuencia cambió sustancialmente el régimen socioeconómico, comenzó el fin de la ley de la acumulación capitalista y de la explotación del hombre por el hombre; comenzaba, ¡al fin!, el proceso de desarrollo económico y de emancipación de los proletarios y de todo el pueblo cubano.
El tipo socialista de economía en Cuba se integrará a partir de tres fuentes: Primera y determinante el gran capital nacional expropiado el 13 de octubre de 1960; segunda, la mutación dialéctica positiva al socialismo del sector estatal y cooperativo proletario de la etapa precedente de liberación nacional. Y por último, el resto de las propiedades norteamericanas existentes que fueron nacionalizadas el 14 de octubre.[13]
La mutación socialista de la propiedad estatal y cooperativa cañera, —soportes del capitalismo de estado de liberación nacional que existía antes del 13 de octubre de 1960—, se explica por el cambio de naturaleza del Estado, ahora de jure y de facto, un Estado socialista que sintetiza los intereses esenciales de liberación nacional y social del país. Esta tesis hay que subrayarla porque es poco manejada. La propiedad socialista con sus nuevas relaciones de producción correspondientes que dan a luz al nuevo tipo de economía “naciente” socialista, surge con la nacionalización del gran capital nacional, su disparador esencial, pero con este acto ocurre al unísono, al mismo tiempo, la mutación socialista de la base productiva y social del capitalismo de Estado de la etapa anterior a lo que se agrega la mutación también del capital norteamericano nacionalizado un día después, el 14 de octubre de 1960 por el cual se imbrican dos procesos: el de liberación nacional y el socialista.
Estas nacionalizaciones no implicaban la liquidación inmediata ni total del sector capitalista pequeño y medio; al contrario, su presencia resultaba necesaria y viable. Entre tanto, el sector privado individual del campo y ciudades siguió ampliándose a tenor de la acción de la ley del valor.
Visión solo aproximada de la estructura.
En virtud de todos los cambios analizados se configuró, en el plano estructural, una economía de transición al socialismo de carácter heterogéneo a finales de 1960, encabezada por el tipo socialista bajo una forma estatal dominante (Ver Gráfico 1). Aquella estructura se asemejaba a la de la NEP, pero difería por el alto nivel relativo del sector estatal socialista y en particular por la existencia y papel predominante de cooperativas proletarias socialistas en la agricultura. También se distancia de modelo nepista por la ausencia de la fórmula de capitalismo de Estado con capital extranjero y la inexistencia de formas patriarcales en la economía nacional.
El rasgo que peculiariza a esta economía de transición al socialismo a finales de 1960 —a diferencia de las experiencias de otros países de la ex comunidad socialista— consiste en el peso predominante de la propiedad estatal socialista en todas las esferas de la economía. Lo que es explicable porque la gran propiedad capitalista extranjera y de nacionales sobre los medios fundamentales de producción tenía tal grado de concentración —tómese en cuenta simplemente el peso y significación en la reproducción nacional de la agroindustria azucarera, la agricultura en gran escala, la banca, la minería, la energética, las grandes fábricas de las ramas industriales no azucareras y de la esfera de los servicios— que el resto de los sectores dominados por el capital privado (pequeño y medio) y la pequeña producción mercantil resultaban poco significativos en la reproducción ampliada nacional. Además, el gran capital disponía de un nivel organizativo, contable y financiero moderno a la altura de los monopolios norteamericanos de la época. Entonces, la conversión de aquellos medios de producción en propiedad de todo el pueblo, transformaron al Estado económico, inmediatamente, en el eje central de la economía nacional. Podría preguntarse sin una opción cooperativa de socialización hubiera sido viable. La respuesta es negativa. Por demás, el cooperativismo no había figurado como doctrina en las concepciones de los revolucionarios, con independencia del experimento original de cooperativismo agrícola promovido por la I Ley de Reforma Agraria.
El rasgo que peculiariza la economía de transición al socialismo a finales de 1960 –a diferencia de las experiencias de otros países de la ex comunidad socialista– consiste en el altísimo peso de la propiedad estatal socialista. Este fenómeno es explicable. Durante la etapa propia al capitalismo de Estado de liberación nacional el Estado había concentrado en sus manos los ejes fundamentales del patrimonio nacional. La gran propiedad capitalista extranjera y de nacionales sobre los medios fundamentales de producción tenía tal grado de concentración –tómese en cuenta simplemente el peso y significación en la reproducción nacional de la agroindustria azucarera, la agricultura en gran escala, la banca, la minería, la energética, las grandes fábricas de las ramas industriales no azucareras y de la esfera de los servicios– que el resto de los sectores dominados por el capital privado y la pequeña producción resultaban insignificantes y raquíticos. Además, el gran capital disponía de un nivel organizativo, contable y financiero moderno a la altura de los monopolios norteamericanos de la época. Entonces, la conversión de aquellos medios de producción a propiedad de todo el pueblo, convirtieron al Estado, inmediatamente, en el eje central de la economía nacional. Podría preguntarse sin una opción cooperativa de socialización hubiera sido viable; la respuesta es negativa. Por demás, el cooperativismo no había figurada como doctrina en las concepciones de los revolucionarios, con independencia del experimento original de cooperativismo agrícola promovido por la I Ley de Reforma Agraria.
La estructuración del Estado socialista cobra a partir de estos momentos una significación nueva: surgen nuevas instituciones y organizaciones políticas y de masas que sentaron los fundamentos organizativos y democráticos de participación del pueblo y la legitimación del nuevo poder político. La unidad del movimiento revolucionario (Movimiento 26 de Julio, Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular) dio a luz al embrión del partido de la revolución: las Organizaciones Revolucionarias Integradas, que en 1962 darían paso al Partido Unido de la Revolución Socialista, del que emergería el Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1965 como fuerza rectora principal de la sociedad. En este mismo espacio temporal surgen las organizaciones de masas principales como los CDR, FMC, ANAP, la Unión de Jóvenes Rebeldes que se transforma posteriormente en Unión de Jóvenes Comunista y otras. Un significado especial tuvo la creación de las milicias obreras y estudiantiles para la defensa armada del país. En este amplio sistema descansaría la legitimación del poder revolucionario de los trabajadores, campesinos e intelectuales y la democracia participativa y directa de todo el pueblo.
Los diversos tipos socioeconómicos subrayan la unidad de la economía cubana así como sus principales contradicciones.
De 1960 hasta 1962 existieron tres tipos socioeconómicos: el socialista bajo dos formas de propiedad y producción: la estatal y cooperativa (de origen proletario en el campo), el capitalista privado y la pequeña producción mercantil urbana y rural. El antagonismo entre lo tipos socialista y capitalista constituía la contradicción antagónica fundamental de este período la que penetra e intermedia a las contradicciones latentes con el tipo privado individual e influirá a su modo en la relaciones entre la forma estatal y cooperativa socialistas y marcaría el rumbo siguiente de las transformaciones.
La contradicción nación-imperialismo figuraba, por derecho propio, como el conflicto principal externo de la transición socialista, de la liberación nacional y de la independencia y soberanía del país hasta el presente. Su vigencia continuará mientras exista el imperialismo. La guerra económica de los EE.UU. contra Cuba ha sido total y completa. En este contexto de enfrentamiento al imperialismo se reveló dramáticamente el nivel real de atraso y dependencia heredados por la nación. A causa del bloqueo, aprobado formalmente en febrero de 1962 por el Gobierno Norteamericano, se paralizó gran parte del aparato productivo por falta de piezas de repuesto y materias primas, lo que se agravaría producto del estado de guerra permanente impuesta a la nación cubana: la contrarrevolución interna (bandas de alzados), la invasión de Playa Girón (abril, 1961) y la Crisis de Octubre (1962), cuando la nación cubana y el mundo se vieron amenazados por el exterminio nuclear. Realmente, la Revolución Cubana no tuvo un espacio de paz para dedicarse por entero a los problemas del desarrollo económico durante los primeros diez años de la década de los sesenta.
Cuba debía reinsertarse al mercado mundial luego de perder su mercado natural, el más cercano, forjado desde el siglo XIX. El antagonismo Socialismo-Capitalismo (Este-Oeste o EE.UU.-URSS), la guerra fría y la presión norteamericana por universalizar el bloqueo, aceleraron la inserción de Cuba en el campo socialista, sus aliados ideológicos naturales. El apoyo de la URSS es difícil sobreestimarlo; resultó decisivo para el desenvolvimiento y defensa de la Revolución.[14] La rearticulación de la economía cubana a la soviética no fue un proceso fácil sobre todo en estos primeros años, pero luego de un largo y complejo proceso, terminó ensamblándose a los patrones tecnológicos, financieros y de mercado del campo socialista.
Este complejo entramado de contradicciones tendrá sus impactos y resonancias en el curso posterior del desarrollo estructural de la construcción socialista en Cuba.
Salto de la cooperativa proletaria a la fórmula estatal
La existencia de un sector cooperativo socialista integrado por los ex proletarios cañeros encerraba múltiples contradicciones de tipo social, económico y organizativo. Estaba también detrás de este fenómeno un problema conceptual en relación con la construcción socialista.
Un primer costado de esta problemática radica en la escisión estructural de la clase obrera nacional bajo tres regímenes de producción: trabajador-propietario social dentro del sector estatal, trabajador-propietario colectivo en las cooperativas agrícolas y simples asalariados por el capital y los campesinos medios fundamentalmente. Otro problema: los cooperativistas se aislaron de las ventajas de pleno empleo, salarios y de otras conquistas que disfrutaban el resto de los trabajadores agrícolas estatales. Esta multiestructuralidad clasista no impidió que la dirección de la Revolución y el movimiento sindical lograran su unidad organizativa y de acción a favor del socialismo; también es cierto que la propiedad de grupo y su tendencia objetiva al desclasamiento de una parte importante del proletariado rural (los cañeros) no convenían a los intereses estratégicos de la revolución socialista. A todo lo dicho se sumaron otros factores: los impactos negativos de la crisis azucarera, los defectos e insuficiencias en la administración de estas entidades las que terminaron por ser irrentables en su gran mayoría. Por último, el INRA las fue transformando en entidades paraestatales, alejadas del ideal y carácter socioeconómico particular del cooperativismo.
En el plano conceptual tuvo una marcada influencia las tesis de la economía política del socialismo eurosoviética para la cual la propiedad cooperativa era válida exclusivamente como método de socialización de los pequeños productores y como sistema de transición particular hacia el modelo estatal socialista único. A fines del verano de 1962, el sector cooperativo se transformó finalmente, a petición de sus propios miembros, en granjas de todo el pueblo. Con este paso se unificó mayoritariamente la clase obrera como portadora de la propiedad social.
Cabe destacar que aquellas cooperativas proletarias no lograron realizarse económica ni socialmente como tales. El experimento quedó trunco.[15] En la agricultura coexistían tres formas sociales principales de propiedad y explotación: la estatal socialista (forma dominante de organización social), la capitalista privada y la campesina (productores pequeños y medios).
En resumen, la estructura heterogénea de la economía de transición vista de conjunto a nivel nacional se redujo al tipo socialista estatal único, el capitalista pequeño y medio y a la pequeña producción mercantil privada rural y urbana.
Tipo privado individual: nacionalización-regulación estatal
La pequeña producción mercantil privada individual formaba una capa diferenciada, numerosa y creciente numéricamente desde la etapa del capitalismo de Estado; algunos de sus estamentos se fortalecieron bajo la acción de la ley del valor y del mercado con sus efectos diferenciadores. A este grupo pertenecían los campesinos pequeños y medios, los comerciantes, intermediarios, artesanos, pequeñas industrias y servicios varios (formal, informal y autoempleo). Una parte no despreciable de ellos pertenecía a la clase media. La lucha de los brotes de socialismo contra el capitalismo enfrentaba y se medía por la capacidad de la sociedad de regular al sector capitalista y su poder de atracción político-económico sobre los pequeños productores a los fines de la construcción socialista. El imperialismo y sus lacayos intentaron ganarse a estos productores para la contrarrevolución a través de la propaganda anticomunista, las organizaciones contrarrevolucionarias y las amenazas de agresión, entre otras, pero las medidas políticas y económicas de la Revolución lograron atraerlos en masa al campo del socialismo.
Regulación estatal de la economía campesina
A partir de 1961 se aplicaron medidas de regulación y control de la pequeña producción. Los campesinos pequeños y medios se organizaron en asociaciones campesinas que condujeron a la formación de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) como organización clasista de los pequeños productores a favor del socialismo. Entretanto se organizaron las Cooperativas de Crédito y Servicios que abarcaron progresivamente a la gran masa campesina. Al mismo tiempo se promovió con mucha cautela y despacio la cooperación productiva de los campesinos en las cooperativas, llamadas Sociedades Agropecuarias.[16] La regulación económica de la espontaneidad de la producción campesina y la lucha contra los remanentes de especuladores y garroteros se llevó a cabo con el auxilio del crédito a través de la banca estatal a bajas tasas de interés, con redes comerciales de acopio estatal (empresas comerciales especializadas), la agroindustria estatal con precios justos y estables a las materias primas y con la canalización de recursos materiales al campesinado. A todo lo anterior se añade la creación de redes de Tiendas Campesinas que frenaron a los intermediarios y contribuyeron a la elevación del consumo de la población rural. Algunos de estos instrumentos económicos y sociales de regulación del sector privado campesino se asemejaban, a nuestro juicio, a una fórmula particular de capitalismo de Estado viable en la construcción socialista aunque nunca se le teorizó de este modo.
Esfera de la circulación (comercio) y su nacionalización parcial
En 1962, el país se vio obligado a implantar el racionamiento de la canasta básica y a medidas de nacionalización que se hicieron indispensables, así como otras relativas a la regulación estatal del comercio minorista.
El racionamiento tuvo su origen en la implantación del bloqueo económico. Este impidió el acceso de Cuba a mercaderías tradicionales en el consumo popular procedentes de los EE.UU. —no hay que olvidar que Cuba era dependiente en grado superlativo de las importaciones de ese país. Los países socialistas de entonces no estaban en capacidad ni posibilidad de sustituir al mercado de EE.UU. en cantidad ni calidad, tampoco el bloqueo permitía el acceso a otros mercados del mundo capitalista. Por último, la producción nacional estaba incapacitada estructural y funcionalmente para hacer frente internamente a la demanda solvente incrementada en los años previos. La libreta o cartilla de racionamiento fue una fórmula recurrente, —diferente al racionamiento que hubiera tenido lugar mediante la liberación de precios—, para enfrentar con criterio social los posibles brotes de especulación y por otro repartir con el máximo posible de equidad y justicia social los bienes básicos indispensables de la canasta familiar en momentos en que el proceso de reestructuración y organización no podía dar respuestas productivas equivalentes al crecimiento ocurrido en los ingresos de la población.
La aplicación del racionamiento del consumo se llevó a cabo con el concurso del sector comercial minorista privado desde principios del año 1962.[17] Las grandes empresas mayoristas estatales suministraban a los comerciantes los bienes-mercancías a precios regulados; además centralmente se fijaba la norma de ganancia, la cuota racionada oficial por persona que era de obligatorio cumplimiento y la tasa tributaria. Los consumidores se empadronaron en cada tienda especializada de su lugar de residencia; mientras tanto, los comerciantes privados ejecutaban su “función comercial privada”. En esta esfera se aplicó también, según nuestro criterio, una fórmula recurrente y eficiente de Capitalismo de Estado para la regulación y el control de este segmento del sector privado en la construcción socialista.
A finales de 1962 se nacionaliza una parte del sector comercial que operaba antes del bloqueo con bienes importados de los EE.UU. —almacenes de ropa, calzado, ferreterías y otros establecimientos. El país se vio obligado a concentrar los inventarios declinantes de muchos de estos bienes indispensables a la reproducción y al consumo popular para su empleo social organizado.[18]
Esta nueva expansión del sector estatal recayó como es de suponer sobre fuerzas productivas difícilmente asimilables —vista desde la teoría— por la socialización estatal, pero la premura de los acontecimientos no daba pie a pensar en fórmulas transicionales. Inevitablemente se abrió una brecha objetiva entre la nacionalización y la capacidad real, organizacional y eficiente del Estado para apropiarse de aquellas fuerzas productivas colectivas. Esta brecha condujo necesariamente a una inflación de las plantillas administrativas y a otros fenómenos negativos.
Fin del régimen del capital en Cuba
El capitalismo privado en el agro y en las ciudades mantenía un peso y ascendiente importantes en la economía nacional. Por ejemplo, el capital agrario, además de su fortaleza intrínseca ejercía una notable influencia sobre el sector industrial, comercial y los servicios estatales y privados. Más de 11 mil burgueses rurales poseían fincas hasta 402 hectáreas (algunos hasta las 1342) con algo más del 20% de las mejores tierras del país. Mientras, en el sector urbano proliferaba la pequeña y mediana industria y servicios con un peso no despreciable en la circulación y distribución de una parte importante del producto nacional. Al poder económico que conservaban estos remanentes de la burguesía en el agro y las ciudades, habría que añadir su cultura y experiencia, precisamente de las que carecían los revolucionarios que asumieron la conducción de la economía y de la sociedad.
En teoría pura, económicamente hablando, era posible la permanencia y colaboración de estos segmentos del capital privado en la construcción socialista en Cuba durante un tiempo más o menos prolongado. Cierto es que una parte de estas industrias utilizaban tecnologías y/o materias primas de importación preferentemente del mercado norteamericano. Esta dependencia era un obstáculo objetivo para su funcionamiento incluso bajo cualquier fórmula social de explotación. Pero otra parte de la pequeña y mediana industria utilizaba in extenso los mercados locales de materias primas y tenía mayores posibilidades de supervivencia.
La ruptura de este sector con la construcción socialista se producirá justamente a partir de las posiciones políticas que asumió esta clase social frente a la Revolución. Su acercamiento creciente y alianza abierta con el imperialismo y la contrarrevolución interna, y en otros casos su emigración, anularon la posibilidad histórica de una convivencia aceptable a favor del proyecto de desarrollo de la nación.
Cuadro 1. Sistema agrario después de la II Reforma Agraria
Dic./ 63ª
Sector Público (Granjas del Pueblo)
3563,0 b
a-. La agricultura socialista en Cuba. M. Gutelman. ERA, México, 1970; d- Las granjas cañeras explotaban 1089 miles de ha. b- En 1963 existían 345 “Sociedades Agropecuarias” con unas 53,6 miles de hectáreas.
Hacia finales de 1963, la contrarrevolución se había expandido peligrosamente en el mundo rural, involucrando a una buena parte de la burguesía agraria, incluido un segmento importante de la producción cañera nacional. Esta actitud ponía en peligro la producción azucarera nacional. Precisamente, la zafra de 1963 fue la más pequeña de los últimos dieciocho años; pero aun más, en este preciso momento toma cuerpo la estrategia de desarrollo agroindustrial exportador azucarero. Entonces, sobraban razones políticas y económicas para descabezar a la burguesía agraria mediante la II Ley de Reforma Agraria del 3 de octubre de 1963.[19] Su título eufemístico encerraba realmente una nacionalización socialista. Con este paso se puso fin al tipo capitalista privado en el país y a la contradicción capital/ trabajo. La explotación del hombre por el hombre cesó por primera vez en la historia de América Latina y del Hemisferio Occidental a poco más de cuatro años y nueve meses del triunfo de la Revolución y a tres años de haberse iniciado la construcción socialista.
La contradicción capitalismo-socialismo en Cuba, a pesar de la liquidación del primero, no significaba que hubiese desaparecido, sino que se revelaba en otras esferas de la vida material y espiritual, y en la conciencia de la gente. En este contexto cobraba fuerza y significación el conflicto sempiterno frente al Goliat del Norte, su nivel de desarrollo, su influencia a partir de la transferencia de ideas y de modo de vida. Por demás, estaba latente en virtud de la presencia de la pequeña producción urbana y rural que pueden derivar con mayor o menor fuerza en lógicas capitalistas.
Del autor. Visión aproximada no cuantitativa
El sector estatal socialista en el agro quedó con dos tipos básicos de organización social: la estatal socialista y la pequeña producción campesina que en una buena parte se organizó en CCS. A estas dos formas cabe adicionar un pequeñísimo sector cooperativo con productores de origen campesino en las llamadas Sociedades Agropecuarias.
El sector estatal agropecuario acumuló unas 5,5 millones de hectáreas bajo explotación, organizadas en Granjas de todo el Pueblo, a lo que ahora se agregaban miles de fincas expropiadas con menos de 402 hectáreas, desperdigadas por toda la geografía. Así se inició un complejo, largo y costoso proceso de reorganización de la agricultura nacional que debería enfrentar otros obstáculos como son: la baja disponibilidad de medios mecánicos y químicos, el bajo nivel de calificación de los cuadros y de la disciplina laboral y los altos costos de la ocupación permanente en la agricultura especializada. Las debilidades del sistema de gestión, asociado al autofinanciamiento, que apenas daba sus primeros pasos en esa fecha, añadieron nuevas y mayores dificultades a la socialización real. La tendencia a la socialización formal resultaba objetivamente inevitable en las primeras etapas.[20] La expansión extensiva y cuantitativa del sector estatal agrícola había tocado fondo; obviamente había que detectar y explotar las reservas de producción y productividad en el agro a fin de que éste contribuyera al despegue industrial del país, al aumento de las exportaciones y a la satisfacción creciente de la demanda nacional de alimentos.
HETEROGENEIDAD ECONÓMICA: BALANCE HASTA FINALES DEL 1963
A finales de 1963 la estructura socioeconómica heterogénea del modelo de transición había quedado reducida al tipo socialista casi absolutamente estatal, —aunque existiesen algunos elementos de cooperativismo en el campo—, y al tipo privado individual formado por los campesinos, la pequeña industria y servicios urbanos. En una palabra, al final de esta etapa la base económica se basaba prácticamente en una economía de tipo estatal absolutamente predominante.
El tipo socialista de economía naciente encerraba no pocas contradicciones. La contradicción fundamental de la transición en su conjunto se centraba lógicamente en la correspondiente al tipo socialista, cuya solución constituye un largo, difícil y complejo proceso orientado a alcanzar progresivamente la identificación del productor (trabajador) como propietario social de las fuerzas productivas socializadas con plena conciencia y eficiencia con la finalidad de acrecentar las fuerzas productivas, incluido por supuesto el hombre mismo, y elevar así su rendimiento y el excedente económico neto capaz de asegurar a cada uno, —a la totalidad de individuos diferenciados por su lugar y papel en la estructura económica y en la reproducción—, en proporciones crecientes la satisfacción de sus necesidades razonables en una perspectiva histórico, ética, de igualdad social y de libre desarrollo de la personalidad.
Cuadro 2. Estructura de la propiedad por sectores económicos en 1963.
No socialista
Colectivo de autores. Lecciones de Economía Política de la Construcción del socialismo. Dirección de Marxismo-Leninismo del MES. La Habana, 1991, p. 102.
Es fácil comprender que este proceso abarca ajustes y mediaciones convenientes en la estructura económica, en sus mecanismos de funcionamiento, en las políticas económicas y estrategias de desarrollo y en las formas que adopte la superestructura política, social, educativa y cultural de la sociedad, capaces de apoyar el largo, difícil y complejo proceso de liberación del hombre de las taras objetivas y de conciencia que hereda a partir del subdesarrollo capitalista, mientras nace uno nuevo en medio de un entorno capitalista hostil, desarrollado y universal.
Entonces, la solución a la contradicción fundamental pasa primero que todo por la solución a la antinomia entre el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas socializadas y las formas organizativas de las relaciones socialistas de producción que aseguran la participación libre y democrática de los productores en la gestión económica y social. Esta contradicción interna al tipo socialista corresponde al sistema en su conjunto.
La contradicción principal se centra en el atraso de las fuerzas productivas socializadas aún cuando se nacionalicen solamente a los medios de producción fundamentales. Recordemos que nos referimos a las fuerzas productivas de un país neocolonial pequeño y periférico, y por lo mismo atrasadas, deformadas estructuralmente e incapaces orgánicamente de garantizar la reproducción independiente. El crecimiento autosostenido le resulta imposible.
Ahora bien, si en 1960, la propiedad socialista estatal se concentró en la gran economía, en lo sucesivo se adicionaron empresas medias y pequeñas de todas las ramas, aún más desarticuladas internamente, en respuesta a la dinámica que impuso la lucha de clases interna y externa. Esta expansión, no deseada ni prevista, representaba, estructuralmente hablando, un obstáculo objetivo al funcionamiento y dirección social de la reproducción ampliada con todos sus efectos multiplicativos negativos.
Las nuevas formas de organización del sistema económico y sus mecanismos comenzaron a instaurarse aceleradamente a partir de la experiencia socialista europea. A las imperfecciones de aquel sistema y a la imposibilidad de introducirle cambios de fondo se agrega la carencia de personal calificado, muy relevante en el caso de los economistas y agrónomos.
El problema clave de la economía de entonces consistía en simultanear la transformación radical de las fuerzas productivas materiales, liberándolas del atraso y la deformación en plazos más o menos prolongados, con la formación del capital humano (revolución cultural), el impulso a la más rápida socialización real del aparato productivo nacionalizado, la elevación de la productividad del trabajo y la producción para cubrir la brecha abierta entre la oferta y la demanda. En tal caso esta acumulación originaria exigía proporciones razonables a la tasa de acumulación y consumo que asegurasen junto a la expansión económica, la demanda creciente de consumo final bajo el consenso permanente de las masas populares. En estos campos obraban factores limitativos internos y externos.
La nueva economía impulsó aún más la necesidad de la regulación planificada del desarrollo por vía directa e indirecta. Con más razón todavía cuando el mercado no había dejado de funcionar. Ambos instrumentos debían combinarse en el mecanismo de reproducción nacional en una medida comprensible de asimilación-articulación plan-mercado en el funcionamiento global de la economía.[21]
El enorme déficit de profesionales y técnicos seguía siendo un obstáculo colosal agravado por la sangría de profesionales y técnicos que se marcharon del país por razones políticas y económicas. Era muy fuerte la carencia de economistas y de agrónomos. La revolución cultural apenas se había puesto en marcha con la campaña de alfabetización en 1961 a la que se unió la nacionalización de la enseñanza. Antes, en 1960, se abrió, por primera vez, un plan de becas de estudios universitarios en las universidades y tecnológicos cubanos y del Campo Socialista. Del lado de las relaciones de producción aparecían lagunas y baches subjetivos que debían ser apurados en su solución para poder regular, dominar y controlar las fuerzas económicas puestas en manos del Estado Revolucionario. El atraso de las fuerzas productivas y las formas incompletas de dirección y gestión en los marcos del nuevo sistema de relaciones de propiedad y de producción reflejaban la contradicción de fondo y de más largo alcance de aquella economía que pretendía escapar del subdesarrollo por la vía socialista.
II. MODELO SOCIALISTA ESTATAL DE LA TRANSICIÓN (1964-1989)
El estrechamiento de la heterogeneidad estructural socioeconómica de la transición extraordinaria al socialismo tuvo su punto culminante en 1963-1964 con la supresión del capital privado. La tendencia a la ampliación cuantitativa del sector estatal de economía continuará de 1964 a 1989 a cuenta de la pequeña producción privada urbana y rural, y como fruto del proceso de industrialización a partir de 1976. Desde finales de los años setenta la fórmula cooperativa de socialización de la pequeña propiedad privada rural jugó un gran papel. A final se arribó a un modelo de transición socialista estatal totalmente predominante.[22]
Rasgos generales de la etapa 1967-1970
En esta etapa tuvo lugar el intento cubano de construir una nueva sociedad tomando el cielo por asalto con las armas del idealismo y el voluntarismo. A pesar de los errores en esta etapa se forjó en el pueblo una conciencia socialista, solidaria y de cooperación sin precedentes. En este contexto tiene lugar la invasión soviética a Checoslovaquia, el reforzamiento del revisionismo en Europa del Este, la agudización de la guerra en Viet Nam y de la lucha de liberación nacional en América Latina, África y Asia.
Las visiones de aquellos años de incertidumbre y profundas desviaciones en el sistema socialista mundial terminaron hiperbolizando entre nosotros las ideas originales del Che. La tesis de construir paralelamente el socialismo y el comunismo supuso violentar la lógica y la evolución de la estructura socioeconómica de la transición, acelerando los cambios estructurales y de conciencia, lo que condujo a acciones que se apartaban de las leyes económicas objetivas lo que provocaría serios trastornos al desempeño económico.
El programa para el salto resultaba sencillo a primera vista: suprimir la propiedad privada rápidamente en tanto que fuente primaria de la enajenación. El cooperativismo habría que obviarlo, porque a fin de cuentas la cooperativa constituía, según los criterios soviéticos, un sistema en transición al régimen estatal socialista. Otro paso consistía en “decretar” la inexistencia de las leyes económicas, en particular la ley del valor y las relaciones monetario-mercantiles junto a todas sus categorías; el dinero, “el amarillo Rey de los hombres” se transformaría en un simple instrumento de la aritmética económica; los salarios sustituidos por una cuota individual de trabajo y este último en un hecho de conciencia, a cambio, el trabajador recibiría una canasta de consumo a precios virtuales. En fin, la meta inmediata consistía en la naturalización de las relaciones económicas por lo que las funciones de la contabilidad, los costos, las finanzas y otros instrumentos valorativos sobraban en tanto que el control de los gastos se basaría en unidades naturales. Esta es la fuente y origen del llamado sistema de Registro Económico que se apartaba tanto del Sistema Presupuestario como del Cálculo Económico.
La estrategia agroindustrial exportadora, cuyo punto culminante fue la producción de 10 millones de toneladas de azúcar, unido al descontrol que generó el sistema de Registro Económico y otras políticas erróneas, dieron al traste con aquel ensayo original de construcción económica a golpes de voluntad y de idealismo. La economía sufrió una contracción en su crecimiento para una tasa del 1,2% del PIB y de -0,4% per cápita.
1971-1974: años de rectificación
Estos años se caracterizan por la rectificación de los errores cometidos: restañar las brechas abiertas, ajustar las metas de la estrategia de desarrollo del período precedente, preparar las condiciones para asimilar un nuevo sistema de dirección y planificación, diseñar una nueva estrategia de desarrollo, rectificar la política agro campesina al tiempo que se logra la integración de Cuba al CAME. En este tramo se produce una aceleración del crecimiento a un ritmo alto del 8,5% del PIB y un 6,7% del per cápita.
Rasgos generales de la etapa 1975-1989
Los acuerdos y resoluciones del I Congreso del PCC en 1975 que sintetizaron la trayectoria histórica de la Revolución desde el triunfo revolucionario y trazaron la estrategia y la política económica para este momento histórico de la transición al socialismo.
Los cambios más destacados fueron: la introducción de un sistema de dirección y planificación de la economía (relaciones monetario-mercantiles y autofinanciamiento restringido), la estrategia de “industrialización desplegada” orientada al cambio de la matriz tecnológica y el crecimiento autosostenido, la cooperativización como forma determinante de socialización del campesinado y la aplicación consecuente de la distribución según el trabajo. Además, se institucionaliza el país: Constitución de la República de 1976, división político-administrativa, creación de los órganos del Poder Popular y reorganización del aparato central del Estado. El desempeño económico alcanzó un crecimiento sostenido.
En el plano externo: triunfo de los vietnamitas sobre el imperialismo norteamericano así como en Laos y Cambodia; un doloroso episodio: la guerra fronteriza chino-vietnamita. La República Popular China introduce una reforma económica radical en 1978. La crisis y deterioro económico en el CAME; la perestroika triunfa en la URSS y se profundiza el deterioro económico, político, ideológico y moral en Europa del Este. De nuevo la incertidumbre acerca de la construcción socialista y la urgencia de un pensamiento propio para enfrentar nuevos y enormes desafíos. El final se sabe; en 1989 cae el socialismo en Europa del Este.
Expansión Estatal desde la Pequeña Producción Rural y Urbana
La estatización de la economía privada individual rural y urbana y la negación del cooperativismo entroncan esencialmente con la tesis de la construcción del socialismo y el comunismo simultáneamente a finales de la década de los 60.
Estatización de los pequeños productores urbanos
En la estatización del comercio, la gastronomía y otros servicios de la pequeña producción individual urbana actuaron, además de la visión estratégica de la construcción de la nueva sociedad, otros factores coyunturales.
La estrategia de desarrollo económico-social agroindustrial exportador azucarero de 1964-1970 dio motivos a acciones que involucraban a la pequeña producción urbana. La gran meta se sintetizaba en la producción de 10 millones de toneladas de azúcar. Este proceso se estuvo preparando desde 1965. El pueblo la hizo suya. Los obstáculos que enfrentaba esta meta eran múltiples y complejos. Destaquemos uno muy significativo: la carencia de mano de obra para las labores asociadas a la caña.
La recurrencia al trabajo voluntario masivo en esta esfera absorbió masas crecientes de trabajadores del resto de la economía. Por su parte, el sector privado urbano se había expandido con la inflación bajo la presión de la escasez incrementada desde 1967, el descontrol económico y la indisciplina dentro del sistema estatal. Eran notables los síntomas de capitalización.
A principios de 1968, este conflicto se desató en la esfera de la política y la nacionalización fue su corolario. Con la llamada “Ofensiva Revolucionaria” de ese año fue nacionalizado de un plumazo a los pequeños productores urbanos (PyME): 58 mil 12 negocios privados. La actividad por cuenta propia quedó seriamente quebrantada.
En principio la nacionalización de las PyMe no se justificaba en el plano económico. La práctica lo demostró rápidamente. Aquella masa amorfa se organizó en entidades bajo un régimen de dirección y control burocráticos con miles de administradores con uno o muy pocos subordinados. El costo económico y social de esta “socialización” es incalculable. [23]
Estatización de la finca campesina
La idea de la cooperativización de los pequeños productores agrícolas había prosperado no sin tropiezos y dificultades hasta 1966. Las S. A. (cooperativas de producción) organizadas durante al principio de los sesenta languidecieron y sobreviviendo 43 en 1977. Las CCS perduraron no sin tropiezos.
La extinción de las S.A. obedeció a múltiples factores. La estrategia de desarrollo demandaba cada vez más tierras para la producción de caña y alimentos y el fondo de tierras campesinas constituía la reserva para resolverlo. En 1966 se abandona la vía cooperativa: se transita a la fórmula de la estatización campesina como método fundamental de socialización mediante compra o arriendo. Así se forman los Planes Integrales, Especializados y Dirigidos. Las nuevas condiciones de vida, de trabajo y salarios más otros beneficios debían obrar de incentivos para esta transformación masiva del campesinado. Estamos en presencia de una acumulación originaria de carácter voluntario, aunque en algunos lugares se hizo sentir una fuerte presión política.[24]
Las consecuencias más importantes de este proceso son las siguientes: 1. achicamiento absoluto y relativo del sector campesino y la aparición de un subsector campesino-usufructuario con miles de minifundios. La expansión del sector estatal socialista en la agricultura en grandes planes de desarrollo rural integral con comunidades modernas. 3- La emigración del campo a la ciudad y una creciente desruralización. La finca campesina quedó sin brazos; los jóvenes bien estudiaban o se empleaban en otros sectores. La falta de brazos afectó también a la economía estatal agropecuaria.
Resurgimiento del cooperativismo socialista en el agro a finales de los 70
El cooperativismo forma parte de la superación crítica positiva de los errores cometidos en la etapa precedente. Con el cooperativismo se agrega una nueva forma de economía socialista, aunque limitada al ámbito agrocampesino.
El movimiento cooperativista comenzó en términos políticos en 1974 (discurso de Fidel en La Plata del 17/mayo) y en 1975 con la Resolución Agraria del I Congreso del PCC y posterior V Congreso de la ANAP. En términos prácticos comienza en 1976-1977 con la transformación de las antiguas S. A. en Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y, segundo, con la masiva incorporación del campesinado al cooperativismo. La reanimación durante 1971-74 y el equilibrio macroeconómico crearon un ambiente favorable para el apoyo material y financiero al cooperativismo.
Cuadro 1. Evolución del sector cooperativo (CPA) de 1978 a 1996
Área (m ha)
Ha / CPA
Socios / CPA
Ha /socio
Fuentes. Informe de los sectores cooperativo y campesino. CEF, Mayo, 1993. A- En el Censo Nacional del sector campesino de 1987 aparecen 296 CPA. B. De ellas: Tierras estatales en usufructo: 89012 Ha en 1987 y 57152 en 1992. (MINAZ -8 657,2 y MINAGRI, 48 494,5).
En 1987 alrededor del 50% de las tierras campesinas estaban colectivizadas, abarcando al 33% del total de tenedores. El sector cooperativo CPA llegaría a alcanzar en 1992 unas 690,3 mil hectáreas agrícolas, equivalente al 10,2% del total nacional; el sector privado se redujo a un 14.6%, de un 30% en 1975. A partir de 1984 se fue desacelerando el movimiento. Son varias las causas actuantes. Una de ellas fue la recesión económica de los años 1986-1987. De 1987 en adelante cesa prácticamente la incorporación de campesinos a las CPA.
Los resultados productivos y económicos de las CPA se pueden catalogar de positivos. Ello les permitió sortear con éxito la crisis económica de los 90 [25] con niveles de eficiencia superiores a los del sector agropecuario estatal y campesino. El modelo CPA fue el referente de la reforma agraria de 1993.
Industrialización y expansión del sector estatal 1964-89
La industrialización en nuestro tiempo era, y sigue siendo, la fórmula para romper las deformaciones estructurales del subdesarrollo. La acumulación originaria socialista tiene esa misión. Lo problemático radica en la escogencia del tipo de industrialización, las fuentes de financiación, las tecnologías y los mercados de realización. Las limitaciones y obstáculos de los PPP para este salto son muchos y conocidos. La experiencia cubana de 1962-63 lo confirma. En este período habrá dos modelos de industrialización enlazados en la lógica del desarrollo: el agroindustrial exportador hasta principios de los 70ta y la industrialización desplegada a partir de 1975. Ambos reprodujeron en escala ampliada al sector estatal socialista.
Modelo agroindustrial exportador
Este modelo emerge a partir del acuerdo azucarero firmado con la URSS en 1963[26] que otorgaba ventajas a la especialización azucarera nacional con precios preferenciales. La nueva estrategia se basaba en el sector agroindustrial azucarero exportador como fuente de la acumulación nacional a fin de fomentar la infraestructura productiva y social, en particular el desarrollo de una base industrial capaz de integrar más orgánicamente al propio complejo agroindustrial. La meta de producir l0 millones de toneladas de azúcar en 1970 se erigió en el eje central del programa.
El camino agrícola cubano de la construcción del socialismo, como lo denominaron algunos investigadores, constituía:[27] un modelo agroindustrial cañero-azucarero exportador para impulsar el despegue económico. El modelo suponía un desarrollo industrial selectivo y la edificación de una infraestructura productiva en campos decisivos como la energética, las comunicaciones y otras, más el desarrollo acelerado de la infraestructura social.
El programa azucarero era ambicioso, colosal y presagiaba que, llegado a su punto máximo de realización, el país podía tranquilamente dedicarse a otras tareas del desarrollo. Los datos atestiguan que los excedentes por encima de los compromisos con los soviéticos y otros países socialistas, asegurarían a Cuba la recuperación de la supremacía azucarera en el mercado mundial.
Hubo resultados tangibles importantes en la expansión de la propiedad estatal.[28] El desarrollo humano: la educación, la salud, la ciencia y la cultura fueron privilegiadas con logros superiores al del resto de los países del Tercer Mundo y de América Latina.
A pesar de los esfuerzos colosales del pueblo y de los avances, esta etapa terminó con una desaceleración del crecimiento económico, con una crisis de desproporcionalidad y de subconsumo. La economía sufrió una contracción en su crecimiento (tasa media anual del 1,2% del PIB y de -0,4% del PIB per cápita). Entre la productividad y la relación consumo-bienestar-conciencia se abrió una brecha. Pero, la matriz técnico-productiva y la infraestructura ya no eran las de 1962, así como en el desarrollo humano: educación, salud, formación de cuadros profesionales y otros.
Hasta 1967 operaron dos sistemas de gestión contradictorios: financiamiento presupuestario en la industria y cálculo económico en la agricultura. A fines de 1967 se introdujo el Registro Económico basado en la naturalización de los vínculos económicos. Este último entroniza el descontrol en toda la línea, generando desproporciones intersectoriales, intrarramales y territoriales y la falta de eficiencia de las empresas. El sector servicios totalmente estatizado agregó nuevas desarticulaciones e ineficiencias en la articulación producción-consumo. El modelo económico de base idealista y voluntarista terminó por quebrarse y debía ser sustituido, como afirmara el Che, volviendo a los “caminos trillados” por el campo socialista.
MODELO DE INDUSTRIALIZACIÓN DESPLEGADA 1975-89
El tipo socialista estatal continuó expandiéndose, ahora, a cuenta de la industrialización acelerada en el período 1975-1985.[29] La industria pesada fue su eje central con lo que se harían realidad los sueños de Fidel desde el Moncada y del proyecto guevariano de 1962-65. La producción del sector industrial estaba llamada a sustituir, en un proceso paulatino de largo plazo, a la agroindustria azucarera como pivote central de la acumulación. En diez años, de industrialización se creó un sólido aparato productivo industrial de propiedad estatal socialista.
Los objetivos principales de la industrialización acelerada fueron establecidos en la Resolución Económica del I Congreso del Partido en 1975, sus ideas rectoras podrían resumirse en: Crecimiento autosostenido de la economía interna; desarrollo preferente del sector productor de bienes de capital (Grupo A); ruptura de las deformaciones estructurales técnico-productivas; formación del complejo agroindustrial nacional integrado; debilitamiento progresivo de la dependencia importadora; dinamización y diversificación de las exportaciones; saneamiento de los desequilibrios en la balanza en cuenta corriente; financiamiento de la acumulación a cuenta de la agroindustria azucarera; solución del empleo y de la seguridad alimentaria nacional.
Cuadro 5. Asignación de las inversiones de 1960 a 1985 (en %)
Fuentes: Anuarios estadísticos de Cuba. 1971, 1985,1988.
Los contextos político-económicos internos y externos avalaban su factibilidad y viabilidad (a pesar del bloqueo norteamericano). La infraestructura productiva y social podía sustentar en principio el despliegue industrial; la aplicación del Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE) creaba nuevas bases organizativas e incentivos para alcanzar una mayor eficiencia económica, el equilibrio financiero interno y la recuperación del poder adquisitivo del peso. La integración de Cuba al CAME aseguraba y ampliaba el intercambio, más equitativo, a precios resbalantes, y los mercados de bienes, financieros y tecnológicos. La distensión Este-Oeste abrió las puertas al mercado capitalista, salvo el de los EEUU, y los buenos precios del azúcar, aunque se redujeran después, palanquearon la expansión acelerada de 1971 a 1975.
Expansión del sector estatal socialista
Algunos datos sirven para ilustrar el crecimiento de la base económica estatal: el monto de inversiones de 1976-1985 fue igual al 66,6% de lo invertido en los 25 años precedentes para un volumen medio anual de 3139 millones.[30] La tasa de acumulación neta sobre el “ingreso nacional utilizado” alcanzó el 23,4-24%. La esfera productiva absorbió el 81,6% de las inversiones y la dotación de capital pasó de 12 mil 279 millones de pesos en 1975 a 25 mil 631 en 1985, o sea 2,1 veces; entre tanto la esfera no productiva lo hizo en un 1,7 veces.[31] La industria absorbió el 40% de la inversión total. El capital fijo estatal total se elevó de 12 mil millones en 1975 a 32 mil en l985 y 38 mil 500 en 1988. Este continuaría incrementándose hasta 1990.
La concentración y centralización de la producción industrial estatal creció: en 1985, el 87,5% de las empresas industriales ocupaba a 251 trabajadores y más; de ellas, el 39,3% más de 1000. El 75,3% de las empresas facturaba de 1 a 15 millones de pesos anuales y el 24,7% rebasaba los 15 millones. [32]
Cuadro 6. Capital fijo estatal acumulado (MM pesos) 1
% esfera productiva
Al cierre de 1985
Variación 85/75(veces)
Fuente: Anuario Estadístico de Cuba. 1988. 1- A precio corriente y según el valor inicial
El índice de ocupados por la industria pasó del 19,7% en 1975 al 22,4% en 1985. Se crearon más de 181 mil nuevos puestos de trabajo con una dotación media de capital fijo por trabajador de 5,3 mil pesos en l975 y 11,6 mil en l985; en la industria saltó en los mismos años de 7,5 mil pesos a 14,4 y en la agricultura creció en 4 veces.
La industrialización propició un nivel mayor y más armónico de integración del complejo agroindustrial nacional. El 60% de los componentes de los ingenios azucareros se frabricaba nacionalmente. La capacidad industrial azucarera creció en 140 mil toneladas de caña por día (130% de 1958), así como la producción de derivados. Las ramas de construcción de maquinaria no eléctrica, electrónica, electrotécnica, producciones metálicas, siderurgia y en menor medida la química, generaban casi la sexta parte de la producción bruta y empleaban al 20% de los trabajadores industriales no azucarero, cubriendo 1/3–1/4 de las inversiones en equipamiento.[33] Paralelamente se desarrolló la base nacional de proyectos industriales. Entre los logros tenemos la formación del complejo farmacéutico, biotecnológico y de equipos médicos. La composición de la producción bruta industrial reflejó los cambios estructurales: al Sector I correspondió el 61,7% de la producción industrial en 1985, frente al 21,6% en 1959.[34] Los cambios estructurales en el sector industrial se destacaron por una diversificación de la oferta y su crecimiento sucesivo durante el período. (Ver Tabla 1 en Anexo).
Cuadro 7. El crecimiento económico de Cuba 1975-1989
Produce. Trabajo 1
Fondos Básicos2
/ F. B.2
Precio de 1981
Calculado por el autor del A. Estadístico de Cuba. C.E.E. 1988. Contabilidad Nacional CAME. (1) Base: INC y precio l981; (2) base: INC y precios corrientes. Ver en el libro “Ensayos sobre la Construcción Socialista en la Experiencia de Cuba”, p. 90. (a) Tomado de Estructura Económica de Cuba. Op. Cit. P. 123.
Un alto y sostenido crecimiento macroeconómico caracteriza al decenio para una tasa media anual del INC del 5,7% y del PIB a un 6%. La expansión contrastaba con la llamada década perdida de América Latina. En el quinquenio 81-85 el crecimiento se aceleró para un 8,4 y 8% del INC y del PIB respectivamente a costa de un incremento de la productividad del trabajo y sobre todo por la expansión del capital fijo a una tasa media del 10%.
En los primeros cinco años de industrialización, el crecimiento económico tuvo un marcado carácter extensivo. El coeficiente capital-producto (fondos básicos o capital fijo / INC) redujo su rendimiento a una tasa media del 6,6%. Esta situación mejoró en el siguiente quinquenio, pero no se revirtió la situación negativa acumulada. Si entre 1976-80 se producían 63,5 centavos de INC por peso de capital fijo, en el siguiente se redujo a 58,3 centavos, algo semejante pasó con la productividad del trabajo. Ambos factores fueron frenando el crecimiento a medida que avanzaba el decenio.
Desde 1984-1985 aparecieron señales de agotamiento del modelo de crecimiento extensivo. Freno del ritmo medio anual del INC, de la inversión y el capital fijo. El año 1986 evidenció la caída, por primera vez, luego de 16 años de crecimiento ininterrumpido: el INC cayó en un 2,2%, la productividad del trabajo en un 4,9% y el rendimiento del capital fijo en un 16,8%. La ineficiencia del capital fijo terminó por imponerse, arrastrando consigo a la productividad y al ingreso nacional. Este año marca el inicio de la recesión económica hasta 1989: INC cae a una tasa media de decrecimiento del 2,1% y el PIB a una media anual del 0,2%.
La industrialización 1975-89 tuvo efectos importantes: reducción de las desproporciones interramales y territoriales, completamiento y modernización de la base energética, industrialización de la agricultura, introducción de nuevas ramas más progresivas, crecimiento del fondo de inversiones en I + D (0,72 del PIB en 1980 a 0,93 en 1989 y de 19,8 dólares per cápita de gastos a 23 en iguales años),[35] multiplicación de redes de centros científicos, incremento de la productividad del trabajo, ampliación y fortalecimiento de la clase obrera, eliminación del desempleo y desarrollo del capital humano. En esto último, los logros revisten dimensión mundial en la educación, salud, alargamiento de la esperanza de vida, reducción de la tasa de mortalidad infantil y grandes éxitos en los deportes y en el despliegue de la cultura.
Gráfico 1. Variación del PIB y mortalidad infantil 1960-1989
El desarrollo industrial modificó la estructura productiva del país, sin que se pudiese alcanzar todavía la erradicación de las deformaciones técnico-productivas propias a un país pequeño y subdesarrollado, menos todavía para garantizar el crecimiento autosostenido. Esas eran tareas de más largo plazo, realizables bajo otras condiciones internas y externas que solventaran la rigidez y pequeñez del mercado interno.
Definitivamente, la economía hacia 1989 y los últimos y hasta principios de los años 90 tenía una estructura económico-social, caracterizada por el predominio casi absoluto del sector de economía estatal, más un remanente menor de economía privada y a otro costado un pequeñísimo sector cooperativo de origen campesino. Por la forma la economía socialista abarcaba a todo el conjunto económico-social del país.
III. MODELO ECONÓMICO HETEROGÉNEO DE LA TRANSICIÓN EXTRAORDINARIA AL SOCIALISMO
“Tenemos y tendremos socialismo. Pero el único socialismo posible requiere asimilar de forma creciente factores tan difíciles de conducir como las relaciones monetario-mercantiles e incluso elementos capitalistas”. Raúl Castro[36]
Desde los años noventa, Cuba inicia el proceso de reforma del modelo estructural y funcional de la economía de transición al socialismo, después de la etapa de recesión 1986-89 en que se habían dado pasos en la rectificación del mecanismo económico, fase esta que no llega a concluir pues se desata la crisis al desaparecer la retaguardia socialista y combinarse con el reforzamiento de la guerra económica norteamericana. Dos bloqueos en 30 años, no ha conocido nación alguna, como ha reiterado Fidel, singulariza el desafío cubano al final del siglo XX y principios del XXI.
La supervivencia del proyecto social y la defensa de las conquistas del socialismo dieron pie a políticas de ajuste y a la aceleración de la reforma estructural de la base económica de la transición socialista. Ambos procesos vienen configurando un nuevo modelo de economía semejante en varios aspectos al de la NEP y al aplicado en China (1978) y Vietnam (1987). La conformación del modelo de la transición extraordinaria es un proceso creativo y dinámico de raíz nacional, sin dejar de tomar en cuenta la experiencia[37] de otros países[38] y las particularidades del macroescenario mundial: reforzamiento de la globalización capitalista con su modelo neoliberal, el unipolarismo político-militar norteamericano y el multipolarismo económico. La praxis histórica dirá la última palabra, mientras, solo podemos adelantar un pronóstico: el modelo es mucho más apropiado a la socialización real en la transición extraordinaria al socialismo en la periferia, y subrayar un aserto: la experiencia cubana aparece como una suerte de paradigma del desarrollo social con equidad y justicia social para el mundo de los excluidos de este Planeta.
REFORMA ESTRUCTURAL DE LA BASE ECONÓMICA[39]
La crisis y ulterior derrumbe de Europa del Este en 1989 fue uno de los factores condicionantes de la recesión económica 1986-90, de la crisis de los años 90 y, por consiguiente de la reforma estructural de esa misma etapa. En 1992 se recrudece el bloqueo económico con la ley Torricelli; en 1996, la Helms-Burton expresa abiertamente la finalidad de destruir el proyecto social cubano y recolonizar al país. Estos fenómenos externos estarán acompañados precisamente por una crisis estructural y funcional interna. El mecanismo económico se hallaba en su fase final de agotamiento con una fuerte carga de ineficiencia, descontrol, burocratismo y otras tendencias negativas en las relaciones sociales.[40] La estructura socioeconómica de la transición socialista daba signos inequívocos de embotellamiento: la socialización real se hacía cada vez más precaria. Esta conjunción de fenómenos desataría desde 1985 un proceso recesivo con su punto crítico en 1986 y 1987 que marcaría a los años 1985-1989 como una etapa de estancamiento después del auge económico vertiginoso ocurrido entre 1971 y 1985. En 1990, la nación debió pasar al Periodo Especial, esto es, a una política económica de guerra en tiempo de paz para enfrentar la crisis y promover los ajustes pertinentes sin abandonar las conquistas y el curso socialista.
El examen de la causalidad de la crisis económica de los noventa es objeto de debates y visiones a veces reduccionistas; el problema es mucho más complicado en tanto que se carece de una teoría sobre el ciclo económico de la transición socialista.[41] Una interpretación rigurosa de este problema requiere que nos alejemos de la apologética y también de las posiciones engañosas y malintencionadas de los enemigos de la Revolución. Un análisis detallado con datos de la crisis y las medidas de ajuste económico no se ajusta al objeto de este trabajo. (Ver del autor: Ensayos sobre la Construcción Socialista en la experiencia de Cuba).
La crisis de desproporcionalidad, subconsumo y de la base económica se proyectaron directa y necesariamente sobre el modelo estatal socialista de socialización: Estado propietario-productor-administrador directo, el mecanismo económico en rectificación y las superestructuras correspondientes. En una palabra, todo el sistema de relaciones de la base y la superestructura como también las estrategias de desarrollo y los vínculos Internacionales, fueron impactados y objeto de una revisión necesaria y conveniente.
La reforma estructural de la base económica se inicia en el peor momento de la crisis y de las relaciones externas.[42] En principio, representa una respuesta pragmática a la crisis, a la vez que un modo de subvertir las contradicciones acumuladas en el modelo estructural precedente. La reforma cambia el modelo estatal socialista de la transición por uno heterogéneo o mixto en que prevalecen las formas socializadas.
El antecedente político-jurídico más inmediato para el cambio fue la aplicación del Decreto 50 (8/1982) que instituyera por primera vez la apertura a la inversión de capital extranjero[43] después del triunfo revolucionario; le siguió la Resolución sobre Desarrollo Económico del IV Congreso del Partido en 1991 con su política aperturista y, finalmente, la reforma constitucional de 1992 a la Constitución de 1976. [44] Según la reforma constitucional “En la República de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción y en la supresión de la explotación del hombre por el hombre”. Dos cuestiones cabe subrayar, primero, la vigencia de la construcción socialista es ratificada constitucionalmente; segundo, la propiedad de todo el pueblo, léase estatal socialista, se limita a los medios fundamentales de producción y no a todos, como aparecía en la Constitución de 1976, lo que supone la necesidad y posibilidad de ajustar la propiedad estatal existente a este precepto. [45]
Más adelante, se declara que los bienes de propiedad estatal pueden trasmitirse en propiedad o posesión a personas naturales o jurídicas en “los casos excepcionales en que la transmisión parcial o total de algún objetivo económico se destine a los fines del desarrollo del país y no afecten los fundamentos políticos, sociales y económicos del Estado (...)”.[46] Queda explicitada la posibilidad de la enajenación del patrimonio y activos estatales a terceros que antes se excluía.
“El Estado administra directamente los bienes que integran la propiedad socialista de todo el pueblo; o podrá crear y organizar empresas y entidades encargadas de su administración (...). Estas empresas y entidades responden de sus obligaciones sólo con sus recursos financieros (...). El Estado no responde de las obligaciones contraídas por las empresas, entidades u otras personas jurídicas y éstas tampoco responden de las de aquél”.[47] La legitimación del aislamiento de la función propietaria del Estado de la de administración por parte de colectivos organizados, supera la visión precedente de un Estado propietario-productor-administrador al mismo tiempo. Por último, se reconoce constitucionalmente la inversión de capital extranjero: “El Estado reconoce la propiedad de las empresas mixtas, asociaciones económicas que se constituyan conforme a la ley” [48] con lo que abre un espacio a una nueva ley de inversión de capital extranjero y a una modalidad de capitalismo de Estado.
La heterogeneidad de la base económica y la dualidad propietario-funcional del régimen de la propiedad estatal es lo nuevo y más sobresaliente del derrotero estructural de la transición extraordinaria al socialismo en Cuba. Finalmente se asimila la necesidad objetiva de alcanzar un nivel adecuado de correspondencia entre las fuerzas productivas materiales y las formas sociales de su apropiación en nuestra transición, lo que indica que la reforma constitucional y la reforma económica que le siguió, constituyen algo más que una necesaria respuesta coyuntural a la crisis, sino también una visión nueva de la construcción socialista ajustada además a las condiciones internacionales modificadas por el derrumbe a fin de promover niveles y dinámicas de productividad, eficiencia y eficacia económicas compatibles con la satisfacción de las demandas del desarrollo económico y social del país y su reinserción competitiva en el mercado transnacionalizado.
Un primer paso en este proceso de reforma estuvo asociado a la desmonopolización del comercio exterior ahora a cargo de una serie de empresas mercantiles de propiedad estatal. Esta acción por si sola generaba encadenamientos que obligaban a una flexibilización de la organización económica interna. La reestructuración de la base económica implicaba directamente a la propiedad estatal y, por su intermedio, al sistema empresarial y a la superestructura. Las medidas más importantes de orden estructural son la apertura al capital extranjero y con ello a un nuevo tipo de economía social, la formación de un nuevo sector cooperativo desde las empresas agropecuarias estatales, la apertura al sector privado individual-familiar urbano, la ampliación numérica del sector campesino y, por último, la reorganización del sistema empresarial estatal en entidades mercantiles autónomas y autofinanciadas de propiedad estatal.
La nueva estructura económica quedaría configurada por diversos tipos y formas sociales de producción: 1) el capitalismo de Estado de capital extranjero y estatal en empresas mixtas, contratos de administración y de riesgo; 2) la pequeña producción mercantil, privada individual, ampliada con nuevos campesinos y parceleros de la reforma agrícola y cuentapropistas; 3) la cooperativa agrícola socialista incrementada con las cooperativas de la reforma; 4) la estatal socialista en proceso de reestructuración, por el momento segmentada funcionalmente en empresas mercantiles o emergentes, las tradicionales y las empresas del Perfeccionamiento Empresarial desde 1997. Sintéticamente hablando, se ha creado un modelo de economía heterogéneo o mixto de transición extraordinaria al socialismo en Cuba.[49]
El nuevo modelo si bien reduce espacios al Estado como propietario y también en su antigua función de sujeto directo de administración, conserva su hegemonía como propietario y receptor de la mayor parte del excedente económico en nombre y beneficio de la sociedad y, por tanto, como regulador del movimiento económico... Esto es lo medular y más sustantivo para calificar el carácter y tendencia del modo dominante de la transición socialista.
La nueva base económica promueve encadenamientos multidireccionales sobre el mecanismo de funcionamiento ahora bajo la égida de la planificación y del mercado, el primero en proceso de ajuste en correspondencia con las nuevas relaciones económicas; los ajustes a los ejes o pivotes de la acumulación y de las estrategias de desarrollo, las relaciones económicas internacionales y, por último, la superestructura y la esfera de la conciencia individual y social.
El carácter y tendencia de las reformas económicas vienen dados por los objetivos que persiga en función de los intereses económico-sociales a que responda. En Cuba, la reforma se hace por y para construir el socialismo, bajo la iniciativa y el control del Partido Comunista (PCC) en consenso permanente con las organizaciones políticas y de masas, con el pueblo: que es su legitimador real. Ella reforma parte de la premisa de darle continuidad al proyecto social cubano y asume la necesidad objetiva de alcanzar un modelo más apropiado a la transición que garantice la independencia y autodeterminación de la nación, su independencia económica en un marco mundial de interdependencia compatible con el crecimiento económico sustentable, el máximo de equidad, justicia social, humanismo y cultura.
Apertura al capital extranjero: capitalismo de estado
La apertura al capital extranjero es la medida más radical de la reforma económica pues equivale a la introducción del capital monopolista en el esquema económico de la construcción socialista. Este enfoque no es nuevo, tiene sus antecedentes en la NEP y en otras experiencias del ex campo socialista y ahora en China y Vietnam.
Antes Cuba había logrado sortear la necesidad del capital extranjero por dos razones básicas: una, impuesta por la “guerra fría” y el bloqueo norteamericano y, la otra, el campo socialista pudo solventar una parte sustantiva del mercado, las tecnologías y el financiamiento de la reproducción ampliada. Sin embargo, “desde el año 1982, llegamos a la conclusión –reconoció Fidel– de que era necesaria la presencia de capital extranjero para un desarrollo más integral y más completo de nuestro país, para resolver problemas tecnológicos, adquirir experiencias, abrir mercados. Vimos con claridad que solamente con tecnologías de procedencia socialista no podíamos desarrollarnos”.[50]
El derrumbe socialista creó una nueva situación: la desaparición de las tres premisas del desarrollo: mercados, tecnología y financiamiento. En nuestro caso se agravaba la situación por el bloqueo de los negocios con las filiales norteamericanas en terceros países, el peso muerto de la deuda externa y la falta de acceso a los centros financieros internacionales. A todo ello se suma la alta dependencia cubana del mercado externo y la rigidez de sus exportaciones, ahora vinculadas, a mercados marginales como el azucarero de Londres. ¿Qué obraba a nuestro favor? Las contradicciones entre los bloques regionales con el fin de la “guerra fría”, la sed insaciable de ganancia por el capital que le hace romper todos los obstáculos y la voluntad política de la Revolución de negociar, incluyendo la transformación de títulos de la deuda en activos nacionales para negocios seleccionados siempre que se adicionaran flujos frescos en divisas.
La inversión extranjera directa (IED) se convierte así en un complemento de carácter estratégico nada despreciable de la acumulación nacional para garantizar: 1- la transferencia de capital líquido a los fines de reactivar la producción paralizada y otras nuevas sin financiamiento nacional apropiado, 2- la transferencia de tecnología dura en función de la modernización y reconversión industrial, 3- la transferencia del know how en la gestión empresarial y, por último, el acceso a mercados internacionales bloqueados o la apertura de otros. Tampoco se descarta su importancia en la creación y/o reactivación de empleos. [51]
La primera empresa mixta en Cuba se crea con el Hotel Sol Palmeras de Varadero en 1988.[52] En los 90ta se aprueban la Ley de Minas (1994), la Ley No. 77 de Inversiones Extranjeras (1995) y el Decreto Ley 185 sobre Zonas Francas y Parques Industriales (1996). Finalmente, se promueven acuerdos de Protección y Promoción Recíproca de Inversiones. La regulación y control estatal sobre el proceso inversionista, la conservación de la soberanía nacional sobre los recursos naturales, el control del paquete de acciones (aunque se le den preferencias a los capitales de América Latina y el Caribe), la admisión solamente de inversiones directas, las ramas en que serán invertidas y otras cuestiones asociadas a la protección de los trabajadores, son algunos de los atributos diferenciadores de nuestro enfoque legislativo y práctico en esta materia tan controversial de las relaciones de explotación del Sur subdesarrollado por el Norte en materia de exportación de capitales.
En 1992 funcionaban 50 asociaciones económicas (AE), 394 en el 2000 [53] y 403 al cierre del 2002, de ellas, 82 radicadas en el exterior con capital cubano. Hasta el 2002 fueron autorizados 578 negocios y disueltos 175 por vencimiento de los plazos acordados y otras causas. (Para la información estadística de la EID por ramas y países lo remitimos al trabajo de Antonio Marino Ruiz Cruz en este propio libro)
La economía mixta con capital extranjero y estatal constituye una fórmula de Capitalismo de Estado (CE) si nos atenemos a la terminología leninista.[54] Cierto es que el Capitalismo de Estado absorbe a una parte de la propiedad estatal sobre los activos nacionales, pero crea nuevos activos con tecnologías modernas y productos competitivos. Lo particular del capitalismo de estado en nuestro caso es que solo tiene lugar con el capital extranjero. Cabe preguntarse si la inversión extranjera es un fenómeno coyuntural o estratégico. A nuestro juicio es una necesidad estratégica ineludible y de largo plazo. (Sobre el Capitalismo de Estado, Ver otro trabajo del autor en teoría general de la transición en este propio libro)
La ley de inversión extrajera cubana protege a los trabajadores con un impuesto sobre el salario, la regulación estatal del empleo y el cumplimiento de otros derechos de los trabajadores, incluyendo la proporción de trabajadores extranjeros y cubanos en las plantillas. La dirección de las empresas corre a cargo de un directivo cubano. Si bien es cierto que consiente la repatriación de utilidades y de otros ingresos, esto es, de excedente nacional hacia el extranjero, se establecen cláusulas para la reinversión en condiciones aceptables. Los contratos de las asociaciones garantizan el control del capital por la parte cubana y son a plazo fijo renovables o denunciados según el interés de las partes. Cuba no enajena sus riquezas naturales.
Si Lenin, en su momento, planteó que la plusvalía apropiada por el capital extranjero era el costo inevitable que debía pagar la clase obrera rusa para aprender a administrar. En Cuba habría que añadir a lo dicho que es una necesidad objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas, un costo de oportunidad que debemos pagar por ser subdesarrollados y también para enfrentar el bloqueo e impulsar el desarrollo con ayuda de la propia clase capitalista internacional.
REFORMA AGRARIA Y NUEVO MODELO COOPERATIVO
La reforma de la tenencia de la tierra en 1993 [55] representa un cambio estructural de la propiedad y explotación estatal de la tierra y otros factores en la agricultura, su conversión en múltiples formas sociales de producción: cooperativo (dominante), autogestión-participativa[56] estatal en granjas de nuevo tipo, pequeña producción mercantil privada de personas y familias y capitalismo de Estado con el capital extranjero. [57] Enfrentar la crisis agroalimentaria fue el objetivo más inmediato del cambio agrario y en lo mediato crear incentivos para propulsar la reanimación agropecuaria y agroindustrial. Su origen no se explica solamente por la coyuntura: el modelo de propiedad y explotación directa estatal agropecuaria en gran escala a base de la mecanización y la quimización se había agotado por el cúmulo de contradicciones internas que contenía, su marcada tendencia a la ineficiencia y la falta de suministros externos.
Cuadro 3. Cambio estructural agrario. (Superficie agrícola según la tenencia)
Fuentes: Periódico Granma. 5 de Octubre 1995 Balance de la tierra del País 1996. Anuario Estadístico de Cuba de 1998 y 1999. ONE. 1. Incluye a campesinos no asociados a CCS y a parceleros. 2. Beneficiarios individuales de la reforma a partir de 1993.
El cambio fue promovido por la dirección política central del país y no una demanda interpuesta por los trabajadores y otros productores del agro. La reestructuración agraria es radical en el orden socioeconómico y de tendencia largoplacista lo que la califica como una tercera reforma agraria en la Revolución.[58]
La reforma agraria sostiene el principio de la intangibilidad de la propiedad social sobre la mayor parte de las tierras del país. Ello explica que el reparto de tierras se realice en usufructo gratuito y por tiempo indefinido; en segundo término, se conserve el predominio de las formas socializadas de la producción sobre una base cooperativa y de granja estatal de nuevo tipo al tiempo que refuerza el control social sobre las nuevas relaciones agrarias; por último, se ha ampliado el sector privado-campesino en el campo. Esto último podría parecer una medida cortoplacista, pero sin dejar de serlo, representa más bien un movimiento estratégico. La forma campesina de explotación del suelo es apropiada para ciertas culturas agrícolas, además el campesinado es un aliado natural del proletariado.
La parcelación beneficia a colectivos, a personas y familias del medio rural y urbano: ex granjeros estatales transformados en cooperativistas, propietarios colectivos, en las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC); otros colectivos laborales recibieron en administración los activos fijos estatales y en usufructo la tierra bajo la organización de las Granjas de Nuevo Tipo; muchos campesinos, productores y familias han venido recibiendo parcelas de tierras en usufructo gratuito para la producción de subsistencias y bienes comerciales, como café, tabaco y otros. En esta última medida subyace la idea de la recampesinización en amplias zonas del país.[59] También se han formado algunas empresas mixtas con capital extranjero. Con carácter extraordinario, las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior y colectivos de trabajadores excedentes han recibido tierras para la producción de alimentos para sus entidades respectivas.
Cuadro 4. Tenencia de la tierra por ramas fundamentales pos-reforma
Rama cañera (área agrícola en %)
Agr. no cañera
Área, 12 / 1993
Área, 12 / 2000
Calculado de “Las UBPC y las Granjas Cañeras entre 1993 y el 2000”. Dr. A. Nova González CEEC. C. de La Habana s/f
El sistema agrario posreforma es heterogéneo (mixto) por las formas económico-organizativas. El monopolio estatal de la propiedad sobre la tierra lo ejercen el Estado en propiedad social, las CPA en propiedad colectiva y en propiedad privada la mayoría de los campesinos y parceleros. La renta del suelo y el mercado de tierras son conceptos excluidos de la práctica económica desde la primera Ley de Reforma Agraria en 1959. La reforma agraria también redujo el tamaño de las grandes fincas estatales y en general crea condiciones e incentivos potencialmente superiores para dar respuestas a las demandas de la agroindustria, el consumo interno y al comercio exterior.
El sector estatal se redujo de un 78% de la superficie cultivada en 1989 a un 27% en 1995; por su parte, el sector cooperativo pasó de 10,2% a 58% y el privado campesino de 11,8% al 15.[60] El resto de la tierra es explotada por las granjas militares, los colectivos de trabajadores voluntarios, llamados contingentistas, entidades del Poder Popular, instituciones científicas y otras. En 1998, el sector privado campesino y parcelero disponía de algo más del 16% del área agrícola nacional con un 72.1% de sus tierras integradas a las Cooperativas de Créditos y Servicios. En esta etapa cobra notable impulso la construcción de organopónicos en las ciudades y las granjas suburbanas para la producción de hortalizas y otros bienes, las que se organizan en cooperativas o colectivos autogestionados.
Cuadro 5. Sector UBPC de la Agricultura no Cañera de Cuba.
1998 (30/6)
1999 (31/3)
2000 (15/1)
Fuente: Datos del Ministerio de la Agricultura. C. de La Habana. S/f. A mediados del 2000 había UBPC dedicadas a flores (1), porcina (9) y otras, 84, en posturas, materia orgánica, plantas ornamentales e industria conservera.
El sector cooperativo se compone de CPA y UBPC: núcleo fundamental del nuevo modelo agrario cubano. Estas últimas son por su origen cooperativas proletarias de ex granjeros estatales que se incorporaron masivamente (95-96% del total) y con una gran presencia femenina (16-21%), constituyendo un modelo socialista que nace del sector estatal y que se encuentra en un proceso de complicado de transición a propietarios colectivos reales.
En el año 2000, el número total de agentes económicos en el agro sobrepasaba los 4300 entidades estatales, cooperativas y asociaciones económicas, incluidas 2709 CCS con alrededor de 90 mil asociados; el resto del sector privado podría estimarse entre 118 y 125 mil productores campesinos, parceleros y patieros [61] independientes. La estructura agraria descrita es semejante en las distintas provincias del país. Su composición por ramas principales refleja que el cooperativismo es absolutamente dominante en la rama cañera y todavía es relevante el sector estatal y campesino-parcelero en la agricultura no cañera. Por último, las granjas integrales de nuevo tipo son significativas en las ramas forestal, arrocera, citrícola y ganadería de ceba.
Heterogeneidad agraria: contradicciones y desafíos estructurales
Conviene examinar separadamente las contradicciones del sector agrario en razón de sus particularidades y relevancia para la economía nacional como un todo. Aquí se reducirá a sus implicaciones estructurales
El sistema agrario posreforma representa estructuralmente una unidad contradictoria, sin excluir ciertos antagonismos, de distintos modos de producción e intercambio con sus clases y grupos sociales que tienen intereses específicos y diferenciados: agentes socializatorios, privados individuales, del capitalismo de Estado y algunos segmentos minoritarios de campesinos ricos. El nuevo sistema de proporciones técnico-productivas, económicas y sociales se refleja a distintos niveles estructurales y funcionales de la agricultura heterogénea con su entramado de relaciones nacionales e internacionales.
La reestructuración del sistema agrario no ha concluido todavía. En el plano extensivo, el cooperativismo y la economía campesina están en capacidad de ampliarse mucho más. El minifundio campesino es contraproducente y cabe ampliar el tamaño de la finca campesina. Los negocios con capital extranjero admiten una ampliación. Las nuevas entidades cooperativas y estatales se encuentran en un proceso de consolidación no exento de errores, deficiencias, tropiezos y limitaciones. El éxito de las nuevas formas de producción influirá indudablemente en los pasos ulteriores.
La hegemonía económico-social en el agro antes descansaba en el predominio absoluto del Estado como propietario-productor-administrador, ahora esas funciones se atomizan sin que aquel pierda la hegemonía con ayuda de nuevos instrumentos y medios de regulación.
La transición del granjero estatal a cooperativista encierra una revolución económica y cultural bien lejos de haber concluido; apenas ha comenzado. En esta dirección el problema clave consiste en afincar el sentimiento de dueño colectivo y el comprometimiento social de estos productores.
En las CCS cabe ampliar la cooperación campesina, hoy limitada al crédito y los suministros materiales. En esa dirección viene actuando el movimiento político-económico conocido por “CCS fortalecidas”. El cooperativismo agrícola no ha estado acompañado de un movimiento semejante en otras esferas de la pequeña producción local estatal, lo que contribuiría a la ampliación de las fuerzas socializatorias reales.
Desde el año 2002 se inició el proceso de reestructuración azucarera, conocido por “Tarea Alvaro Reynoso” en homenaje al insigne científico cubano. La “tarea” se viene desarrollando en dos etapas cada vez más restrictivas en cuanto a la economía agroindustrial. Nuevas circunstancias pueden obrar en sentido contrario a las razones que impulsaron el ajuste estructural azucarero.
La trascendencia del cambio agroindustrial azucarero rebasa los límites de la economía, abarca la cultura de vida, la reconversión comunitaria y espiritual de mucha gente sobre los que pesa una tradición azucarera de cuatro siglos.[62] El país no podía seguir subsidiando con divisas al sector azucarero con su atraso tecnológico y bajo nivel de diversificación. La reestructuración continúa el adelgazamiento del aparato centralizado; se crean Grupos Empresariales Provinciales; pero en este proceso urge de unos cambios radicales de los métodos y estilos de dirección y de la planificación congruentes con las nuevas realidades.
El mecanismo económico es la clave para la reanimación de la agricultura heterogénea. La ley del valor expresa la necesidad objetiva de la articulación y homogenización de los intercambios entre los productores aislados e independientes. La apertura del mercado agropecuario de libre oferta y demanda en 1994 y de otros sistemas mercantiles coinciden con la lógica de la nueva agricultura. La regulación social planificada es una necesidad objetiva para un equilibrio dinámico y proporcional del desarrollo rural en los marcos contradictorios en que se desenvuelve la nueva agricultura. La planificación central del sector agrícola y agroindustrial todavía peca de excesos de verticalismo y administrativismo en contradicción con la función empresarial, la iniciativa local y microlocal que demanda agricultura. Los métodos de planificación-mercado aun no logran destrabar las fuerzas productivas de todo el conjunto de productores agropecuarios, limita sus incentivos. Los métodos administrativos de dirección no son eficientes, pero la planificación financiera, que abre espacios a la regulación, al control y a los incentivos e iniciativas de los productores agrícolas, marcha despacio lo que limita su contribución a la recuperación agrícola y agroindustrial.
La autogestión y el autofinanciamiento guían la lógica de todos los productores agrarios con el incentivo de maximizar la rentabilidad. Estas realidades obligan, como nunca antes, a la armonización de los intereses de los productores con los de la sociedad. Precisamente esta es una de las causas que ha estado torpedeando la reanimación agrícola, especialmente a las UBPC. La eficiencia económica y social es la clave determinante de las relaciones competitivas entre los distintos tipos y formas económicas y el conflicto latente entre la tendencia a reducir la espontaneidad y priorizar los valores de uso social frente a los que propenden a la anarquía y a la privatización.
La acumulación se fragmenta, dejando de ser una función exclusiva del Estado, lo que no supone que este último abandone su papel protagónico en el desarrollo rural. Se necesitan nuevos instrumentos y mecanismos financieros y comerciales que orienten y controlen la acción de los actores económicos. Los sectores cooperativo y campesino están llamados a ser los sujetos más dinámicos sin que se pierda la hegemonía de los intereses sociales. El Estado posee la propiedad sobre el 80% del suelo nacional y la base económica fundamental de la agricultura está en manos de cooperativas y granjas autogestionada. Además, el Estado comanda el desarrollo rural a través de proyectos de infraestructura, agroindustriales, medioambientales, científico-técnicos, el extensionismo y el desarrollo comunitario entre otras. El sistema de control y fiscalización del uso y explotación del suelo en su conjunto es otra de las tantas vías de intervención útil y efectiva del Estado en el desarrollo rural. Las empresas socializadas de la agroindustria y agroexportables, en proceso de perfeccionamiento empresarial, más las redes principales de distribución constituyen el mercado mayor de la agricultura nacional y externo.
El robustecimiento del control político y jurídico de la sociedad sobre el desarrollo en el campo. El reforzamiento de la alianza política del proletariado urbano y rural, y entre éstos y el campesinado con un enfoque clasista es fundamental en la nueva etapa histórica. Las relaciones agrarias y el sector cooperativo urgen de una política flexible y unitaria con base en una legislación cooperativa única, general y también el derecho agrario debe incluir una ley de tierras. Recientemente se aprobó una nueva ley de cooperativas agropecuarias y de créditos y servicios, que si bien representa un paso adelante, es estrecha e incompleta vistas las necesidades legislativas en un espectro más amplio. [63]
En resumen, lo esencial de esta III reforma agraria consiste en que renueva la formación de una economía agraria heterogénea. Ella crea las premisas objetivas potenciales para elevar la eficiencia de las fuerzas productivas existentes, los rendimientos y la producción en pro de una mayor sustentabilidad alimentaria interna y del bienestar popular, al mismo tiempo que desarrolla las fuerzas sociales indispensables para conservar los pivotes que sirvan de soporte al curso socialista en el medio rural.
Sector privado individual: cuentapropismo
El autoempleo, informal o trabajo por cuenta propia es una actividad económica que el capitalismo desarrollado no ha podido eliminar a pesar de su baja productividad relativa; en los países subdesarrollados forman un enorme segmento marginal o de supervivencia. (Brasil, 59% del empleo en 1995, Colombia, 46% en 1996 y Argentina, 45% en 1996 para no mencionar Centroamérica donde forman legiones mayoritarias).
En los años anteriores a la crisis económica, el sector privado urbano en la esfera de los servicios y la pequeña industria artesanal había quedado constreñido a su mínima expresión (apenas un 0.7% del total de ocupados en el país); lo mismo sucedió con los intermediarios en los mercados de bienes agropecuarios. La estatización completa de esta esfera a finales de los años sesenta provocó no pocas dificultades, ineficiencias, deficiencias y desarticulación entre la producción y el consumo. La apertura al trabajo por cuenta propia desde 1994 dio un nuevo impulso al empleo personal en algunas actividades de servicios, en la artesanía y en otras. [64]
Cuadro 6. Estructura del cuentapropismo en Cuba 1998
Total 129 mil 695 licencias
Por sexo (%)
Procedencia (%)
Loc. Territorial
Hombres 69.3
Trabajadores 15.7
1. C. Habana 31587
1. C. Habana 126
Mujeres 30.7
Universitarios 0.5
2. Holguín 10368
2. P. Río 98
A. Familiar1 15.8
Jubilados 24.3
3. Matanzas 10308
3. Holguín 65
Otros 2 60.0
4. V. Clara 10119
4. S. Spíritus 62
Fuente: “La economía cubana. Reforma...”. Op. Cit. Cuadro A-53 .1. Ayuda familiar, incluye servicios domésticos y 2. Amas de casa y otros. 3. Villa Clara, 34 y La Habana, 55.
La apertura al cuentrapropismo obedeció ante todo a la coyuntura económica, primero, la necesidad de incrementar la oferta de bienes y servicios, evitando lo más posible que se provocaran encadenamientos que afectaran el balance externo en cuenta corriente; segundo, la creación de nuevas fuentes de empleo[65] ante la grave situación que presentaba la desocupación, y, tercero, la elevación de los ingresos en una parte de la población menos favorecida a causa de la crisis: jubilados, pensionados y otras capas de menores ingresos, incluidos los empleados públicos. En su concepción se deja ver su carácter complementario a la gran y pequeña producción socializada estatalmente y la limitación de su actividad al espacio de la vivienda familiar (semejante a Centroamérica) subraya una visión demasiado optimista sobre su presencia coyuntural y cortoplacista.
El sector privado individual se amplió bruscamente en los años 94 y 95, pasando de unos 40 mil a más de 200 mil cuentapropistas en diversas ocupaciones con un notable incremento de la oferta. A finales de1996 se había reducido hasta unos 167 mil y a 130 mil en 1998. Esta reducción influyen varios factores causales: la incorporación de parte de sus miembros a otras actividades más dinámicas y atrayentes –rama del turismo por ejemplo–, la caída creciente de los ingresos antes inflacionados, la reducción del giro de negocios por la explosión de cuentapropistas, las dificultades con los suministros de materias primas y de otros bienes para la venta, el incremento de la tributación y de la regulación y control estatal. En el fondo, influyó la ley de la competencia.
Las limitaciones espaciales para los negocios explica que la pequeña industria transformativa es poco frecuente entre los cuentapropistas pues la gran mayoría (77,9 %) en 1998 se dedicaba a: [66] la elaboración y venta de alimentos y bebidas al menudeo (24,6); ayuda familiar (servicio doméstico) (21.7); ventas al detalle punto fijo -pequeños comerciantes- (5.6); cocheros, taxista y carretoneros (17.8) y mensajeros (8.2).
Estas y otras medidas estructurales han reducido el papel del Estado como empleador fundamental de un 94,7% de la fuerza de trabajo empleada en 1989 a un 75% en 1998. Los cuentapropistas representaban el 3.1% de los ocupados en el 2000, los cooperativistas, 8.4%, las empresas mixtas y sociedades mercantiles, 4.5% y el privado nacional, 9.0%). [67]
Varias son las contradicciones que se desprenden del cuentapropismo. La inflación de precios en este mercado afecta los ingresos reales de amplios sectores de la población ante la fuerte inmovilización de los salarios, sueldos, jubilaciones y pensiones sin que pudiera incrementarse por otra vía la canasta básica a precios más asequibles. A pesar del incremento del salario medio, todavía es distante la brecha entre los ingresos y la capacidad de consumo. La ausencia de canales de suministros organizados ha dejado espacios para acciones negativas con los inventarios estatales. Objetivamente, ha tenido lugar una alta concentración del ingreso en grupos reducidos (dedicados a la intermediación, paladares y alquiler de vivienda en dólares). La pirámide ingreso-trabajo está invertida en contra de los trabajadores más calificados que reciben salarios fijos. El interés privado ha desatado la conciencia individualista entre muchos. Estas y otras tendencias hay que sortearlas mediante una estricta política tributaria, el control social y la educación de las masas.
El espíritu y afiliación proletaria de este segmento de la población es preciso conservarlo para que no entren en conflicto con los intereses del socialismo. Las contradicciones latentes no tienen que llegar a convertirse en conflicto. Todo lo que separe al cuentapropista del resto de los trabajadores resulta perjudicial al proyecto social. En esta dirección el país ha trabajado duramente y con resultados positivos. El enriquecimiento de algunos deberá ser resuelto con medidas apropiadas y en su momento: Si la economía logra estabilizar el crecimiento, entonces, las “pirámides invertidas”, que hoy todo el mundo reconoce como desigualdades onerosas, serán corregidas apropiadamente y la relación trabajo-ingreso e ingreso-bienestar colocará las cosas en su justo lugar.
Más allá de la coyuntura, existe un fenómeno estructural y de política económica bastante espinosa en relación con la asimilación o no de la actividad privada urbana como un componente objetivo de la economía de la transición, frente a la pequeña producción urbana industrial y de servicios organizadas estatalmente poco eficientes, de baja calidad, carentes de incentivos y costosas económica y socialmente. La fórmula cooperativa podría ser otro camino así como fórmulas del capitalismo de Estado con pequeños productores individuales y cooperativos. Los encadenamientos productivos de este sector enlazan con la economía local −lo que necesita de agentes más dinámicos y expeditivos− y también con la demanda de importación que choca en esto tiempos con las restricciones financieras del país, pero en cualquier solución será una restricción. Es cierto que se corren peligros en caso de una proliferación de agentes privados e incluso cooperativos en el ambiente de guerra económica que vive el país. El balance final no es fácil ni simplista, pero la pequeña y media economía local en más de 30 años no ha dado muestras de una actividad y reactivación suficiente y necesaria para impulsar el consumo y el bienestar de los trabajadores.
Sector estatal socialista en proceso de reestructuración
La propiedad estatal y la empresa estatal siguen figurando como la forma de propiedad socialista principal sobre los medios de producción del país, con independencia de la enajenación de una parte de sus activos fijos. El desenvolvimiento económico del país, la victoria del socialismo, está ligado a la capacidad y dinamismo de este sector: al logro de una economía eficiente y competitiva. El V Congreso del PCC en 1996 aprobó la introducción del “perfeccionamiento empresarial”, valorándola como el eslabón fundamental de la reforma económica. Lo más importante de su filosofía consiste en el aislamiento de la propiedad estatal de la administración y gestión en las empresas reformadas. En sentido estricto, podría estratificarse el sector empresarial estatal, atendiendo al mecanismo de su funcionamiento, según nuestro criterio, en tres grandes subsectores en: emergente, reformado y tradicional. (Este tema más concreto no será tratado aquí en detalle).
Subsector emergente[68]: Llamamos sector emergente al conjunto empresarial estatal transformado en sociedades mercantiles autorizadas al libre comercio y uso de divisas en sus transacciones internas y externas, obedeciendo a las reglas del mercado, el autofinanciamiento, la rentabilización, incluyendo la contratación de fuerza de trabajo y fijación de salarios, selección de proveedores, etc. Estas entidades están ligadas al Estado entre otras vías como contribuyentes de montos determinados de divisas a la Caja Central del Estado, prefigurando el nuevo orden empresarial en gestación y el sistema de planificación financiera del futuro.
La supresión del monopolio del comercio exterior, la dolarización, el auge del turismo y la creación de un mercado especial en divisas, entre otras para enfrentar el bloqueo, dieron origen a la organización de estas entidades mercantiles de propiedad estatal en forma de uniones, grupos empresariales y corporaciones con sus Unidades Empresariales de Base. Los nuevos actores estatales operan con una amplia autonomía en la gestión. La dolarización obliga a una doble contabilidad que complejiza la medición de los gastos, la rentabilidad y otras variables micro y macroeconómicas. Este es el segmento más dinámico en los últimos años.
Subsector en perfeccionamiento: involucra a algo más de tres mil empresas estatales y debía concluir según el plan original en el 2003. Este proceso será el eje fundamental del modelo de transición en tanto que dispone de las fuerzas productivas fundamentales del país y promueve e incentiva una gestión empresarial más eficiente, eficaz y competitiva. Lo que no es eficiente, no es socialista. El desarrollo de la Revolución Cubana dependerá del éxito de esta reforma empresarial y de las tendencias que en ella tengan lugar.
La empresa perfeccionada asume las funciones de sujeto (colectivo) independiente de la administración y el Estado de sujeto jurídico-económico de la propiedad social, lo que encierra un dualismo estructural y funcional de la propiedad de todo el pueblo. El Estado conserva sus atribuciones de propietario mayor y se hace representar ante las Juntas o Consejos de Dirección de las entidades respectivas. El excedente económico es apropiado por ambos sujetos en una medida correspondiente y mediante diversos mecanismos que garantizan la apropiación de una parte del mismo por los colectivos para la incentivación y la reproducción ampliada.
El perfeccionamiento se entiende como un proceso de mejora continua de la gestión interna de la empresa, orientado a alcanzar un alto desempeño competitivo en la producción de bienes y servicios en divisas y en pesos. Por el momento no se ha definido una ley de quiebra o dicho de otro modo el tratamiento de este problema desde el ángulo del derecho y la economía. La reforma se fundamenta y guía por 16 principios generales establecidos en la Base General del Perfeccionamiento[69], de ellos el más esencial subraya que “La empresa estatal es el eslabón fundamental de la economía; de lo que se trata es de potenciar su nivel de eficiencia, autoridad y ejecutividad”. Resumamos brevemente los rasgos más relevantes que tipifican (rán) a la nueva empresa perfeccionada.
La empresa perfeccionada es una entidad mercantil regulada socialmente, o sea, se subordina a la planificación y al mercado. La conciliación futura entre ambos extremos contradictorios en presencia de una economía dual y excesivamente abierta abre un gran abanico de interrogantes económicas y sociales de cuya solución depende el éxito de este proceso al cual un afamado economista cubano denomina “revolución silenciosa”.
El régimen económico empresarial perfeccionado se basa en el autofinanciamiento, lo que exige que la empresa cubra sus gastos con sus ingresos y genere un margen de utilidades. La dirección empresarial administra los recursos financieros y materiales, así como la fuerza de trabajo. La instancia del gobierno que corresponda podrá aprobar a las empresas, dentro del marco del presupuesto aprobado, un nivel de gastos a ejecutar directamente por la misma en moneda libremente convertible. La empresa elabora los planes anuales y perspectivos que son aprobados por la instancia correspondiente del gobierno. En este contexto, la innovación tecnológica y la actividad de gestión tecnológica se convierten en elementos esenciales para la dirección. La innovación tecnológica debe estar presente, como un elemento básico, en el diseño de la estrategia y en las acciones que de ella se deriven. La estructura organizacional de cada empresa responde al principio de “un traje a la medida”.
La dirección de la empresa y el órgano superior de dirección empresarial no son elegidos sino designados. La intervención estatal en la dirección, regulación y control de la política económica y social de la empresa se realiza a través de las Juntas de Gobierno con la participación de representantes designados por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y los Consejos de Administración Provinciales del Poder Popular. Las Juntas no administran, sino que intervienen en el análisis del plan y el presupuesto, velando por el cumplimiento del plan económico y la distribución de las utilidades finales.
La autonomía de la empresa perfeccionada incluye el manejo de la plantilla de trabajadores, los cargos, la organización, normación y monto de los salarios. La racionalidad económica las impele por supuesto al ahorro de recursos y gastos de trabajo pretérito y vivo. Si bien la empresa está autorizada a desemplear no puede desprenderse del trabajador sin antes cumplir la legislación y los procesos previstos para la reubicación de los trabajadores excedentarios. Como es lógico aquí afloran contradicciones que deben ser resueltas bajo los principios del humanismo y la igualdad social.
Los dirigentes y demás trabajadores del sistema empresarial se remuneran según el principio socialista: “de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según su trabajo” y la estimulación colectiva se realiza, en correspondencia con la eficiencia obtenida en la empresa y su aporte a la economía nacional, combinándose con el reconocimiento moral. Se premian los resultados y no los esfuerzos. La atención al hombre y su motivación son esenciales en la construcción socialista. La nueva empresa incluye en este concepto las condiciones de vida y de trabajo de los trabajadores y familias así como su participación en la dirección y gestión empresarial en un clima de trabajo, ayuda y cooperación laboral.
Las utilidades después de pagar los impuestos se distribuyen por la instancia correspondiente del gobierno. Una parte de las mismas, si es aprobada, se emplea en la creación de reservas descentralizadas. En la distribución del excedente económico entre el Estado y las empresas se toman en cuenta, primero, el “aporte por el rendimiento de la inversión estatal” y el “impuesto sobre utilidades” según el sistema tributario vigente. Así una parte del excedente pasa a la Caja Central del Estado a los fines correspondientes del desarrollo económico y social del país. Con el resto, la empresa crea un fondo de reserva para contingencias de las utilidades del período antes del pago de impuestos, y fondos de reserva de la utilidad retenida luego de pagar los impuestos. Estas últimas se destinan al desarrollo e investigación, a inversiones autónomas y a la estimulación colectiva e individual. En fin que el excedente económico es apropiado simultáneamente por el Estado propietario, la empresa, el colectivo y los trabajadores individualmente. La armonía de todos estos intereses es la vía magistral para alcanzar la realización práctica del trabajador como propietario-productor: esencia de la propiedad socialista.
La democracia participativa en Cuba es inconcebible sin que se fortalezcan las relaciones entre la dirección empresarial, el Sindicato, el Partido y la UJC de cada empresa, basadas en el respeto mutuo, la cooperación y el análisis de los problemas con filosofía colectiva, en la lucha por el objetivo común, de cumplir las metas productivas y de servicios con la mayor eficiencia. El Sindicato se convierte en un factor de la eficiencia económica y su acción tiene particular importancia en la toma de decisiones y en su realización. Para propiciar y desarrollar la más amplia participación de todos los trabajadores en el proceso de toma de decisiones se emplea el análisis y la discusión colectiva de los asuntos que se seleccionen, sobre la base de la más amplia información y la comunicación adecuada.
El inicio del proceso de perfeccionamiento exige el cumplimiento de tres requisitos: tener una contabilidad que refleje los resultados económicos y garantías de mercados de realización y de suministros con su financiamiento, incluido el de las inversiones. Luego debe cumplir una serie de pasos que incluyen: 1- la preparación de los trabajadores, del sindicato, el Partido y la UJC sobre el perfeccionamiento empresarial en tanto que ejercicio real de la democracia participativa. 2- el diagnóstico empresarial inicial; 3- el análisis del diagnóstico por el Grupo Gubernamental y la autorización para comenzar los estudios; 4- el desarrollo del estudio del perfeccionamiento de la empresa y la autorización para su implantación; 5- la implantación del modelo y, por último, la supervisión y ajuste del sistema diseñado.
La marcha del perfeccionamiento se ha tornado lenta a causa de las insuficiencias de la contabilidad empresarial. Son pocas todavía las empresas que han implantado el perfeccionamiento, apenas unas 152 a finales del 2000 y unas 400 al cierre del 2002. Esta lentitud se justifica porque es preciso marchar seguro y firmemente, pero entraña el peligro de que el resto ahogue a las empresas perfeccionadas por los encadenamientos técnico-productivos, económicos y financieros.
Subsector tradicional: incluye todas las entidades productivas y de servicios que operan con los mismos instrumentos y mecanismos precedentes; abarca a casi todas organizaciones económicas pequeñas y medias en la economía local y grandes empresas. También cabe incluir por el momento en este grupo a las cooperativas, las que aún no se consideran empresas por la legislación económica.
El nivel y la heterogeneidad de las fuerzas productivas bajo este subsector, sobre todo en el ámbito de la economía local, obliga objetivamente a valorar si la empresa perfeccionada de propiedad estatal es una forma congruente y efectiva de socialización; lo que no parece evidente para la pequeñísima entidad de servicios y otras que se encuentran a un nivel artesanal. El cooperativismo u otras formas de organización social de estas fuerzas productivas, que incluyen modalidades de capitalismo de estado como el alquiler, el arriendo, o la cesión en propiedad privada bajo determinadas condiciones son alternativas viables. Habría que retomar la crítica hecha en el I Congreso del PCC sobre la estatización de este segmento y la formulación contenida en la reforma constitucional de 1992 a fin de encontrar soluciones adecuadas.
En resumen, hasta tanto no culmine el perfeccionamiento empresarial subsistirán relaciones económicas dentro del propio sector estatal altamente complejas y contradictorias. Las distintas dimensiones técnico-productivas, económico-sociales y formas concretas de operar se entrecruzan, solapan y contraponen y afectan finalmente a la eficiencia y la entrada en vigor de la planificación financiera. Estas trabazones exigen la aceleración prudente del perfeccionamiento empresarial y otras medidas de reforma.
CONTRADICCIONES EN LA NUEVA ECONOMÍA DE TRANSICIÓN
A estas alturas no pretendemos hacer un decálogo de las contradicciones existentes desde la economía política; tampoco podría hacerse sin correr el riesgo de dejar cuestiones importantes por el medio. En realidad muchas contradicciones han sido examinadas a lo largo de este capítulo por lo que entonces solo se subrayarán algunas que consideramos importante retener para el perfeccionamiento sucesivo del modelo de transición socialista en Cuba.
La base económica de la transición extraordinaria al socialismo en Cuba posreforma es heterogénea o mixta estructuralmente[70] en virtud de la diversidad de tipos y formas de propiedad y explotación de los medios de producción. La particularidad de la base económica consiste en el predominio del tipo socialista estatal y cooperativo (en la agricultura). A un costado del mismo están otros modos de producción e intercambio: el capitalismo de estado (asociaciones económicas con capital extranjero) y la pequeña producción mercantil. En el ámbito rural, la pequeña producción campesina en una buena parte está organizada en CCS y el cuentapropismo en las zonas urbanas. El modelo económico resultante se asemeja a la NEP leninista, salvando las enormes diferencias entre ambos países y épocas históricas, y también a la de la etapa de liberación nacional, exceptuando el tipo capitalista privado.
Las contradicciones intratipos e intertipos socioeconómicos son ahora más complejos que en la etapa precedente del modelo estatal socialista predominante. Hay que tomar en cuenta que la composición del tipo socialista es heterogénea en un triple sentido: por la forma de propiedad, las fuerzas productivas, organización y el mecanismo de funcionamiento. El sector estatal se compone de tres subsectores: emergente, tradicional y reformado sobre los medios de producción fundamentales en economías de gran escala y a su lado subsiste la pequeña o pequeñísima empresa o unidad estatal tradicional con fuerzas productivas individuales o a lo sumo colectivas. Mientras, el cooperativo incluye a las UBPC y CPA, al que puede bien agregarse hasta ciertos límites los bienes y productos colectivos de que disponen las “CCS fortalecidas” y parcialmente, las actividades socializadas como el crédito y los suministros en las CCS.
El tipo socialista y el capitalismo de Estado son los contrarios antagónicos principales aún siendo limitada todavía la extensión del segundo. Ambos representan esencias y leyes económicas diferentes, solo que en el capitalismo de Estado aparecen mezclados los elementos del capital privado y el estatal. La competencia entre ambos abarca todo el sistema integral de relaciones de producción, −producción (condiciones de producción), distribución (incentivos), intercambio (accesos a mercados diferenciados), consumo (nivel de bienestar), dirección (métodos, estilos y técnicas) −, incluyendo las relaciones económicas externas. Otras esferas de la competencia se desenvuelven al nivel de las percepciones y la conciencia de la gente en una lucha permanente en la que no dejan de intervenir las realidades y los trasplantes interesados de ideas y conceptos. La mayor eficiencia es la clave en la confrontación económica pacífica y en la lucha ideológica por la conciencia de la gente.
En los marcos del tipo socialista no son pocas las contradicciones que se derivan de la segmentación actual del sistema estatal y cooperativo, por un lado, y en el propio estatal en el plano organizacional, funcional y en otras esferas, como la planificación, las finanzas, la retribución y los estímulos al trabajo. La dualidad monetaria hace su labor de zapa en cuanto a la diferenciación de los resultados de los distintos colectivos y entre los mismos trabajadores (muy parecidas son aquí las diferencias con el sector emergente a las examinadas en torno al tipo socialista-capitalismo de Estado). Las condiciones diferenciadas de trabajo y de producción subrayan otras diferencias importantes entre los trabajadores.
El atraso con que transcurre el perfeccionamiento está creando cuellos de botellas productivos, financieros y otros que ponen en peligro el éxito mismo de las empresas que entran al perfeccionamiento. No hay excusas válidas para la ausencia de contabilidad confiable. La lógica que supone que las empresas perfeccionadas deban ser siempre rentables so pena de retornar a su estado anterior, no es totalmente comprensible. La teoría económica nos ayuda a comprender la sinrazón de esa visión. Por ello, además de una ley de quiebra socialista hace falta crear un sistema financiero flexible para amparar a las empresas en momentos de coyuntura desfavorable.
La economía local, pequeña y media, cuasiartesanal fabril y de servicios, bajo administración de empresas estatales −verdaderos conglomerados subdesarrollados− encierra una contradicción de fondo estructural que debe alcanzar una solución en diversas variantes de posesión convenientes y socialmente aceptables al equilibrio social y a la unidad nacional.
El sector cooperativo se encuentra segmentado en dos fracciones de origen económico-social diferentes, pero únicos por su forma de producción y apropiación del excedente económico. La integración vertical y horizontal del sistema cooperativo no se ha configurado en la práctica económica ni legislativa. La regulación vertical reduce sus espacios de autonomía y deslegitima en buena medida la propiedad cooperativa, afectando la formación del sentimiento de propietarios de sus miembros. Falta todavía su reconocimiento como entidades empresariales colectivas. Entre el cooperativismo agrario y las granjas estatales de nuevo tipo, muy semejantes por su lógica económica, está entablada una competencia por la eficiencia, los recursos escasos, las oportunidades de mercado y los ingresos. El cooperativismo hasta el presente se ha constreñido a la agricultura, cuando es viable su extensión a otras zonas.
La ampliación del sector privado individual en el medio rural y urbano abre un abanico objetivo de contradicciones económicas, sociales y políticas. Las tendencias a la proletarización y a la capitalización están latentes en función de la lógica del valor y la plusvalía. Hay focos de capitalismo privado emergente, no solo en el campo. El cooperativismo se insinúa como una vía de transición socialista que en determinadas circunstancias y condiciones, podría ser viable para la regulación y socialización de la pequeña economía urbana y rural. En estos momentos no hay condiciones para impulsar el cooperativismo productivo. El éxito del cooperativismo existente dará la medida de la reanimación agrícola y también será el espejo donde se mire el resto de los tenedores privados. En todos los casos el control y la regulación social permanentes son las armas más inmediatas y resolutivas para mantener a los pequeños productores en los límites y distancias apropiadas sin que entren en conflicto con el proyecto social, sino al contrario, para fortalecer la alianza histórica entre estos y el resto de los trabajadores.
El mecanismo económico está en proceso de modificación en correspondencia con las lógicas estructurales y funcionales internas y las relaciones externas. Nuevos instrumentos analíticos, administrativos, financieros y de dirección se vienen introduciendo desde la empresa hasta los niveles centrales. En este campo se ha avanzado pero queda mucho por hacer, renovar, crear y aprender. Las experiencias pasadas tienen poco que aportar y se carece todavía del dominio suficiente en el manejo de las técnicas de mercado y financieras. Las carreras económicas y los planes emergentes de preparación de cuadros se han reajustados para dar respuestas a estas necesidades. La ciencia económica tiene mucho que aportar. Ahora se trata de asimilar creadoramente las herramientas del capitalismo, adaptarlas y someterlas a las necesidades objetivas nacionales del enfoque social de la economía, sin que seamos subsumidas por la lógica ni la ideología que fundamentan a dichos instrumentos.
Muchas de las trabazones en el mecanismo económico dependen de las realidades y de las condiciones en que opera la economía nacional. La segmentación de mercados, la dolarización, las estructuras organizacionales incompletas o insuficientemente desarrolladas, los enormes espacios socializados formalmente; y más allá el peso de la dependencia estructural externa con los impactos inevitables del ciclo capitalista mundial. El comportamiento de la economía mundial y de los mercados tiene una enorme influencia además de la acción distorsionante y costosa del bloqueo norteamericano.
La economía de transición supone una relación dinámica y altamente contradictoria entre la planificación y el mercado. La regulación centralizada de las avenidas principales del desenvolvimiento económico es objetivamente indispensable a fin de no perder el rumbo del desarrollo, pero las fórmulas para alcanzar tales fines pasan por la consideración del papel del mercado y de las relaciones financieras. La planificación está pasando del sistema de balances materiales a otro que pone el énfasis en los instrumentos y criterios financieros y en los incentivos materiales sin olvidar los principios y normas de la estimulación moral.
La regulación del desarrollo socialista bajo una economía planificada con mercado o planificada de mercado es una tarea compleja y de largo plazo, por lo pronto se han introducido cambios importantes que vienen delineando el nuevo contexto para su funcionamiento.[71] La presencia de un sistema empresarial mercantil nacional y mixto, la liberación de las relaciones económicas externas, la apertura de mercados de libre oferta y demanda de bienes, servicios, inmobiliario y divisa en casas de cambio, cuentas bancarias en divisas, la reformas del sistema fiscal y bancario, la reformulación de los sistemas de planificación, estadístico, contable y financiero con nuevos instrumentos de pago, la introducción de sistemas de estimulación en divisas y ajustes del sistema salarial y de ingresos, los esquemas integrales de financiamiento y de estimulación en pesos convertibles o dólares para los cultivos y otros bienes de exportación. A un costado del mercado libre sigue funcionando el mercado racionado con los instrumentos de control tradicionales.
En el movimiento económico actúan factores de regulación social directa y espontáneos. Ambos enfoques, el planificado y el mercado, intervienen en la formación de las proporciones económicas y en los incentivos a la expansión de las fuerzas productivas, a la elevación de la productividad del trabajo y de la eficiencia. La lógica del mercado entroniza objetivamente la tendencia a la diferenciación económica y social de los productores, de los individuos y de los territorios, y a la enajenación del hombre. Ello da la medida exacta de la importancia que revisten las políticas económicas, sociales y territoriales que impidan la aparición de desviaciones y deformaciones incompatibles con el proyecto social. Dos instrumentos y un mecanismo social asumen una enorme importancia, a saber, la profundización del enfoque social en los estudios de factibilidad económica y de evaluación de inversiones,[72] por un lado, y de otro, la planificación territorial o zonal. Y, por último, la ampliación y consolidación del desarrollo comunitario desde la comunidad con agentes y actores activos y comprometidos que socialicen la descentralización a nivel comunitario.
La comprensión del nuevo modelo de transición al socialismo en Cuba sería incompleta si no se asume como una entidad global competitiva y contradictoria por la diversidad de intereses que se ponen en juego, incluso algunos antagónicos, por eso se le seguirá planteando la gran interrogante leninista del “quién vence a quién” en el terreno económico, político y social. Esta interrogante nos advierte a cada paso sobre la necesidad de políticas de regulación que orienten y obliguen al movimiento económico-social a no torcer el rumbo de la construcción socialista.
Las transformaciones asociadas a la reforma y ajustes económicos han alterado la composición social y la igualdad económico-social que existía en la etapa precedente. La sola heterogeneidad de la estructura económica genera objetivamente desigualdades e intereses de clases y grupos que amplían la estratificación con sus impactos y reflejos en las representaciones ideológicas y políticas. El nivel que alcancen las desigualdades es primero que todo un problema de dimensionamiento económico, pero en lo esencial es una cuestión política, de la política económica, esto es, el manejo de los equilibrios tácticos y estratégicos. El equilibrio dinámico entre la equidad y justicia social, entendidas como conquistas del socialismo, y las desigualdades que inevitablemente emergen de los cambios estará gravitando sobre el consenso popular y el desarrollo del proyecto histórico de la Revolución.
La contradicción de la transición extraordinaria con el resto del mundo sigue siendo un vector importante, diríamos decisivo. La política externa enfrenta el bloqueo y el espíritu liquidacionista del capitalismo mundial, pero a la vez encuentra espacios e intersticios que emergen de las contradicciones entre los centros hegemónicos del poder económico mundial. La multipolarización económica no es un mundo sin conflictos, todo lo contrario, se caracteriza por la lucha competitiva en torno a los mercados, los logros científicos y técnicos, los espacios financieros, el poder regional y otras esferas incluida la militar. La unipolarización político militar y la dictadura militar mundial que están imponiendo al mundo los Estados Unidos de América no cierran el capítulo de los conflictos interregionales e interpotencias. Más allá del multipolarismo económico y la unipolaridad, está el SUR: en proceso de recolonización. Las fuerzas sociales y las tendencias de los movimientos sociales organizados se mueven hacia una unificación supranacional en su lucha por la liberación nacional frente al Norte. El ALCA es uno de esos últimos engendros por el cual los EE UU planean la recolonización de América Latina. ¡Gracias América, por tus deseos de conquista! Estás con tu ayuda levantando, y sin tú quererlo, a nuestra América, la de Bolívar, Martí y el Che, de la balcanización engendrada por siglos de servidumbre, al encuentro de su identidad de pueblos fundidos con una historia común, unidos por las raíces de los Andes desde el Bravo hasta la Patagonia.
La economía heterogénea en Cuba contiene esencia y rasgos que le permiten subordinar el movimiento económico, contradictorio y conflictivo, a la socialización del desarrollo con equidad y justicia social. El Estado está en manos de los trabajadores, es de los trabajadores y para los trabajadores,[73] que no han enajenado sus funciones ni atribuciones de propietario dominante ni su papel en la reproducción económica y social, aunque deban admitir la presencia de otras clases y capas sociales en el entramado social que son indispensables para reforzar su propio poder. La seguridad del poder proletario del Estado es el límite máximo permisible a la heterogeneidad económico-social y a los mecanismos económicos correspondientes. Entre dichos rasgos están presentes los siguientes (sin pretender agotarlos): el sector estatal mantiene la hegemonía como propietario o fusionado en parte con el capital extranjero y otras combinaciones participativas con productores nacionales; las formas colectivas y cooperativistas son determinantes en la agricultura. La pequeña producción individual en el campo y la ciudad se articula a la sociedad a través del mercado y la planificación en los marcos de una alianza política de clase con el proletariado en torno al proyecto social de la Revolución. La cooperación constituye el eslabón de engarce entre el presente y el futuro socialista de estos productores al que accederán voluntariamente. La concentración y manejo del excedente económico por el Estado facilita su orientación al desarrollo económico y social en beneficio de las masas populares a fin de reducir o anular las desigualdades objetivas que emergen del propio desarrollo. Lo fundamental radica en la unidad política del pueblo y la solidez del liderazgo de su vanguardia política: premisa fundamental para conservar y ampliar el curso nacional liberador y el perfeccionamiento socialista incesante de la sociedad cubana frente a las contradicciones y retos derivados de la economía mixta y de los enemigos internos y externos del proyecto social cubano.
En esto tiempos que corren se potencia el llamado del Che para elaborar una economía política de la transición socialista que asuma la experiencia cubana. En 1965 afirmó: “Hasta ahora, no había iniciado la aventura socialista ningún pequeño país aislado, sin posibilidad de grandes mercados ni de un rápido aprovechamiento de la división internacional del trabajo, pero, al mismo tiempo, con un estándar de vida relativamente elevado. Los errores, las embestidas ciegas, también tendrán lugar, como historia útil, en estas páginas; pero lo más importante son nuestras razones, razones que identificamos con las de los países de escaso desarrollo, en su conjunto, motivo por el cual pretendemos darle valor de cierta universalidad a nuestros planteamientos”.
El parto en la esfera de la teoría económica e histórica siempre ha sido difícil y complejo, porque es el resultado de muchas aproximaciones críticas, sucesivas y múltiples en un diálogo permanente y desprejuiciado. El pensamiento económico cubano está obligado a desarrollar el marxismo. Hoy resulta vital para contrarrestar el pragmatismo derivado de la introducción y uso de las nuevas tecnologías de la organización, la dirección y los instrumentos económicos tomados del capitalismo desarrollado. Las tecnologías productivas y organizacionales por sí mismas carecen de ideología y los socialistas lo proclamaron siempre desde Lenin, Che, Fidel y otros. La nueva economía y sus vínculos externos ponen necesariamente en un primer plano la necesidad de elevar la eficiencia, la calidad y la competitividad bajo la consigna de que “lo que no sea eficiente no es socialista”. La lógica racional que encierra contiene no pocas contradicciones y conflictos, pues las técnicas económicas no son inocentes ideológicamente: hay que combatir sus fuentes gnoseológicas e ideológicas. Su copia acrítica, a diferencia de lo que sucedió con el SDPE, es muy peligrosa para el proyecto social; mejor diríamos mortal. La crítica global al capitalismo es indispensable en la educación ideológica, pero sería incompleta sí falta una teoría de la construcción socialista desde acá, renovadora, crítica y vital.
En suma, la reforma es un proceso de aproximación crítica a un nuevo modelo económico y social de la transición socialista en Cuba que tiende a la búsqueda de un punto de equilibrio y de armonía suficiente entre las fuerzas productivas existentes y las formas sociales de producción e intercambio más congruentes con la eficiencia económica y social. La formación de una economía heterogénea de transición al socialismo es la resultante mayor de la reforma económica y su principal desafío histórico.
[1] Entrevista a Federico Mayor. Periódico Granma, 22 de junio del 2000.
[2] Casanova Montero, A. y colectivo. Estructura Económica de Cuba. Capítulo 3. Aspectos Globales. Antecedentes Macroeconómicos. Ed. “Félix Varela”. La Habana, 2002. pp.109-152
[3] Carlos M. García Valdés, en “El período especial (una visión desde la economía política)”. Escuela Superior del Partido “Ñico López”. La Habana, junio, 2001.pp. 11-12
[4] Lenin, V. I. Informe sobre la labor del CEC de toda Rusia. Febrero 2/1920. O.C. T. 40, p. 109. Ed. Progreso. Moscú, 1986.
[5] Engels, F. Carta a Kautsky 12-8-82. O. E. T. III, p. 507. Ed. Progreso. Moscú, 1980.
[6] En el Informe Central del Comité Central al I Congreso del PCC, Fidel, hace un examen minucioso de las características de las relaciones internacionales en esos años que se da inicio al tránsito a la construcción socialista en Cuba.
[7] Ver de V. Figueroa: “El surgimiento de las relaciones socialistas de producción y la heterogeneidad económica y social en la construcción del socialismo”, en el Texto Lecciones de Economía Política de la Construcción del Socialismo”. Dirección de Marxismo Leninismo. MESuperior. La Habana, 1991.
[8] Ver Ley 980 del 13 de octubre de 1960: nacionalización de los ingenios azucareros, fábricas y otras empresas industriales y comerciales cubanas con más de 25 trabajadores; y la ley 891, de igual fecha, por la que se nacionalizan los bancos cubanos y extranjeros, excluidos los canadienses, y se liquidaban algunas otras entidades financieras. Gaceta Oficial de la República. La Habana, 13/Oct/1960.
[9] Ver Ley 980 del 13/oct/1960: nacionalización de los ingenios azucareros, fábricas y otras empresas industriales y comerciales cubanas con más de 25 trabajadores; y la ley 891, de igual fecha, por la que se nacionalizan los bancos cubanos y extranjeros, excluidos los canadienses, y se liquidaban algunas otras entidades financieras. Gaceta Oficial de la República. La Habana, 13/Oct/1960.
[10] Ver Ley 980 del 13 de octubre de 1960 en Gaceta Oficial de la República. La Habana, 13/Oct/1960.
[11] Carlos R. Rodríguez en “Cuba: en el tránsito al socialismo (1959-1963)”. Op. Cit. Pp. 133-130.
[12] Ver de Carlos Rafael Rodríguez “Cuba: en el tránsito del capitalismo al socialismo (1959-1963)”, en el libro Letra con Filo, T. 3, ó en ediciones varias independientes.
[13] Nacionalización de empresas mercantiles norteamericanas. Resolución no. 3 del 14/oct/1960. Presidencia del Consejo de Ministros. Gaceta Oficial de la República. La Habana, 14/oct/1960.
[14] Con independencia y por encima de los problemas y discrepancias que existieron sobre todo en cuanto al modo de enfrentar la solución de la Crisis de Octubre.
[15] Ver de Víctor Figueroa: “Ensayos sobre la cuestión agraria en Cuba” en el libro Ensayos sobre la transición al socialismo en la experiencia de la economía cubana”. Op. Cit.
[16] Este concepto sustituyó al de cooperativa en virtud del bajo nivel conciencia socialista del campesinado en aquellos años, exacerbado por la contrarrevolución que los amedrentaba, pretendiendo aislarlos de la Revolución, conque el cooperativismo equivalía a la comunización de las mujeres y de los campesinos.
[17] Ley No. 1015 del 12 de marzo de 1962. Producción y Comercio. Abastecimiento. Junta Nacional para la Distribución de Abastecimientos. Gaceta Oficial de la República. La Habana, 12 de marzo de 1962.
[18] Ley No. 1076 del 4 de diciembre de 1962. Nacionalización de establecimientos y almacenes de ropa, tejidos, calzado y ferretería. Gaceta Oficial de la República. La Habana, 5 de diciembre de 1962.
[19] Ver de Víctor Figueroa “La segunda ley de Reforma Agraria: nacionalización socialista” en “Ensayos sobre la transición socialista (…). Op. Cit., Ep. II.
[20] Ver a C. R. Rodríguez en "El nuevo camino de la agricultura cubana”, en Letra con Filo. Tomo II. Op. Cit.
[21] Todavía no habían surgido las discrepancias chino-soviéticas, ni tampoco el modelo autogestionado yugoslavo. La gran polémica en esta materia ocurriría unos años después.
[22] Una exposición más amplia atendería no solo a los cambios estructurales de las relaciones de propiedad y a los procesos que conducen a la expansión intensiva de la base material del tipo socialista estatal. Aquí no hay espacio para tal propósito. Tampoco es posible en cada tramo poner de relieve en detalles las contradicciones estructurales y otros fenómenos asociados a la estructura socioeconómica, ni a los macroescenarios cambiantes internos y externos que tuvieron una influencia relevante en el accionar de este período en los frentes económico, político, ideológico y culturales y al mecanismo económico, las estrategias de desarrollo y otras. [22]Sí sabemos que la polémica chino-soviético, la fundación del Partido Comunista de Cuba, el I Congreso del PCC, el ingreso de Cuba al CAME, la institucionalización, los ensayos diversos de sistemas de gestión, la revolución científico-técnica, la caída del Muro de Berlín y otros acontecimientos marcaron la cultura económica y político-ideológica de la construcción socialista en Cuba.
[23] “En marzo de 1968 se llevó a cabo una ofensiva revolucionaria en virtud de la cual un gran número de pequeñas empresas pasó a manos de la nación. Tal medida no era una cuestión de principios en la construcción del socialismo en esta etapa, sino el resultado de la situación específica de nuestro país en las condiciones de duro bloqueo económico impuesto por el imperialismo y la necesidad de utilizar de modo óptimo los recursos humanos y financieros, a lo que se sumaba la acción política negativa de una capa de capitalistas urbanos, que obstruía el proceso. Esto, desde luego, no exonera a la Revolución de la responsabilidad y las consecuencias de una administración ineficiente de los recursos, que contribuyeron a agravar el problema financiero y la escasez de fuerza de trabajo”. Informe Central al I Congreso del PCC. Op. Cit. 49.
[24] Ver de Figueroa V. MONOGRAFÍA II ep. Política agrocampesina 1967-1974: socialización estatal del campesinado“. Edición CIDIT. Laboratorio de Computación. F C E. UCLV. 200f
[25] Evolución de la rentabilización del sector CPA 1983-1999.
Elaborado de los Balances nacionales del Sector CPA. ANAP nacional. S/f.
[26] Compromisos del Convenio azucarero Cubano-Soviético (MMT)
Tomado del libro Estrategia del desarrollo económico en Cuba, de J. L. Rodríguez. Ob. BIT. Pág. 122. 1. Este debía cubrir la demanda interna y las exportaciones a otros países socialistas y al mercado libre mundial.
[27] Para otros resultaba una especie de herejía puesto que se apartaba del modelo de industrialización leninista aplicado en la URSS y después copiado en Europa del Este.
[28] La infraestructura vial se expandió: más de 8 mil Km. de carreteras y caminos, de ellos, pavimentados más 2200; edificación de tres terminales de embarque mecanizado de azúcar a granel; multiplicación de la capacidad de generación eléctrica; aumento de la capacidad de refinación de petróleo: 4,3 millones de toneladas en 1970 contra 3,6 en 1958; fertilizantes de 195,1 mil toneladas a 591,0 mil, acero común de 24 mil toneladas a 140 mil y cemento gris de 650 mil toneladas a 742 mil. La flota de barcos se multiplicó y modernizó: Cuba dispuso al fin de una flota mercante propia. Mención particular tiene el desarrollo de la voluntad hidráulica. El país contaba en 1959 con 13 presas y una capacidad de embalse de 47.8 millones de m3 de agua y en 1969 disponía de 26 grandes presas con 923,8 millones de m3. El desarrollo ganadero y arrocero permitía, en principio, solucionar una buena parte de las necesidades de alimentos.
[29] Ver de Figueroa Víctor: Monografía sobre “Estrategias de Desarrollo en Cuba”, en el libro “Ensayos sobre la construcción...”. Op. Cit.
[30] La gran mayoría de los datos a partir de aquí fueron calculados por el autor de los Anuario Estadístico de Cuba. C.E.E. de 1985, 1987, 1988 y 1989.
[31] Distribución de las inversiones por esferas. (en %)
[32] Ver Anuario Estadístico de Cuba, 1988, pp. 238-239
[33] Ver: Figueras, M. Cuadernos de Nuestra América. No. 15 de 1990. p. 87.
[34] Ver: Anuario Estadístico de Cuba, 1988, p.236
[35] Ver a H. Marquetti Nodarse “Cuba: 40 años de desarrollo industrial” en la revista AUNA. Cuba. Análisis de Coyuntura. Año 2. No. 11. La Habana, dic., 1998, p. 9.
[36] Informe del Buró Político al V Pleno del CC del PCC. 23 de marzo de 1996. Tabloide. Ed. Política, s/f
[37] “Nunca será una experiencia el espejo de la otra”. Eusebio Leal en entrevista a la revista Bohemia, Año 95, No. 1. La Habana, 10/enero, 2003. p. 32.
[38] Alfonso Casanova Montero en su artículo “La Economía Cubana y los Desafíos Actuales” afirma, de modo rotundo y sin apelaciones, “evidentemente no existe ni en la teoría ni en la práctica ningún libro, modelo o experiencia que sirva específicamente a nuestras particularidades, condiciones y circunstancias históricas”. Revista Cuba Socialista. No. 24 del 2002.
[39] Ver de Víctor Figueroa: “Carácter y alcance de la reforma económica”, en el libro “El milagro cubano. Reportaje después de la hecatombe”. Ed. INDEPAZ, Bogotá, Colombia. 1995 y ”La reforma económica en Cuba y sus direcciones principales” en el libro “El sector mixto en la reforma económica cubana”. Ed. F. Varela. La Habana, 1995
[40] Concretamente, nos referimos a la desvinculación del Partido con las masas y a la desatención ocurrida en esferas del desarrollo social. El III Congreso del PCC, en su sesión diferida en 1986, trazó la línea de rectificación de esos errores y tendencias negativas y se avanzó algo en esa dirección, pero sin llegar a concluirla.
[41] Cuesta trabajo, después de la tradición apologética eurosoviética sobre el desenvolvimiento de su “economía socialista”, reencontrarse con la teoría de Marx y Lenin sobre las crisis y su aplicación creadora al socialismo, más exactamente sea dicho, a la transición socialista. La crisis económica siempre se presenta en la superficie fenoménica bajo el signo de la desproporcionalidad y el subconsumo, pero su causa última radica en la contradicción entre la forma social de producción y la forma privada de apropiación de las fuerzas productivas por el capital. El comunismo, en su fase superior (una abstracción por supuesto) queda liberado de esa pandemia, pero no necesariamente la economía de la transición al socialismo. La apologética soviética hizo pasar “gato por liebre” sobre este fenómeno como sobre otros tantos, al punto que se olvidó que Marx dedujo, de la simple circulación mercantil, la posibilidad potencial de la crisis. La economía de transición socialista contiene elementos de naturaleza esencial anticrisis aunque en estado primario. No está excluido que la socialización por la sociedad entre en conflicto con las formas concretas de apropiación de las fuerzas productivas en los marcos de la propia propiedad social en este período. El tipo socialista no actúa solo al interior de la economía nacional única: baste consignar la naturaleza mercantil del sistema en su conjunto y la presencia de otras formas de producción que contienen el conflicto sempiterno del capitalismo producción-apropiación del excedente económico. Por último, las transiciones operan en un marco externo bipolar o unipolar donde domina la lógica y el ciclo del capital mundializado al cual están más o menos subordinadas y sujetas a sus impactos. Lo peor de todo radica en que la apologética occidental y la mala intención de los enemigos de la Revolución quieren achacarle al socialismo cubano la culpa absoluta de la crisis.
[42] Monreal Pedro y Carranza Julio: “Problemas del desarrollo en Cuba: Realidades y Perspectivas”, en Revista Temas, número11, junio-septiembre, La Habana. 1997
[43] El Decreto 50/1982 fue una de las respuestas de Cuba a las demandas de los acreedores ante el Club de París. Por esos años se hacía evidente la necesidad de incorporar tecnologías occidentales al proceso de industrialización ante el atraso de las procedentes del campo socialista.
[44] La Resolución sobre Desarrollo Económico del IV Congreso del Partido en 1991 definió la posición aperturista antes de que lo hiciera la Reforma Constitucional de 1992 que modificó a la Constitución de 1976, sin embargo la apertura al mercado libre campesino no fue aceptada..
[45] Artículo 14 de la Constitución de la República de Cuba (Actualizada según la Ley de Reforma Constitucional aprobada el 12 de julio de 1992). JURÍDICA. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2001.P. 11. La Constitución de la República de 1976 atribuía la propiedad estatal sobre los medios de producción, así quedaban involucrados los no fundamentales.
[46] Artículo 15 de la Constitución de la República de Cuba. Op. Cit. , p. 12.
[47] Artículo 17 de la Constitución de la República de Cuba. Idem, p. 13.
[48] Artículo 23 de la Constitución de la República de Cuba. Ibidem, p. 16.
[49] Las experiencias de China, Vietnam y Cuba concuerdan en este aspecto fundamental del modelo económico.
[50] Castro F. “Informe Central al V Congreso del PCC”. Periódico Granma 29-10-1997. Suplemento Especial. P. 5
[51] Ver del Msc Antonio Ruiz Cruz: “Apertura a la inversión extranjera directa en el modelo económico cubano”, en el Libro Ensayos sobre la construcción del socialismo (...)”. Op. Cit.
[52] Asociación con la cadena hotelera española “Sol Meliá” de España.
[53] El crecimiento neto de las ACE entre 1989 y 1992 llegó a 47 AEC; en 1993 se produce un salto neto de 60 y en 1994 de 74. Entre 1994 y 1996 continúa el crecimiento pero con ciertas inestabilidades. En estos años interactuaron distintos factores externos como fue el “Efecto Tequila”, el recrudecimiento de las medidas de bloqueo en 1996; a pesar de todo 1998 cerró con 345 ACE.
[54] En las relaciones con el campesinado de las CCS tiene lugar una variante particular del capitalismo de Estado como fórmula de regulación, cooperación, intervención y control estatal sobre la producción, el financiamiento, los suministros y ventas de estas economías privadas.
[55] Ver Acuerdo del Buró Político del PCC del 10 de set/1993, Decreto 2708 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros del 10 de set/1993, Decreto-Ley no 142 y las Resoluciones 354/93 y 160/93 del MINAG y del MINAZ, respectivamente y Resoluciones posteriores del MINAG no. 356/93, 357/93, 419/94 y 223/95.
[56] Las granjas estatales integrales de nuevo tipo operan en forma descentralizada, cubren sus costos con sus ingresos y el beneficio, una vez pagados los impuestos, lo destinan a la inversión y reservas; el resto puede ser repartido entre los trabajadores según su aporte laboral.
[57] Ver Víctor Figueroa: “El modelo cooperativo en la reforma del modelo económico de la transición al socialismo en Cuba”. Biblioteca Central de la UCLV. Santa Clara, 1997.
[58] En definitiva, los cambios en marcha son la premisa para que “nuestra agricultura quede más adaptada a las realidades en su organización”, como afirmara Fidel, y se “hace con un carácter definitivo” (...) “no es una organización temporal; es una organización definitiva” (refiriéndose a las nuevas cooperativas agropecuarias).
[59] Téngase en cuenta que la población rural de Cuba representa apenas un 20% del total de habitantes.
[60] CEPAL:”La Economía Cubana. Reformas... ”. Anexo estadístico. México, 1997, p. 390.
[61] Patios de menos de 2000 m 2 como regla aledaños a las casas en la parte urbana y rural.
[62] El Programa “Álvaro Reynoso” no tiene igual significación territorial. Hay provincias más afectadas que otras. Una parte de la industria mecánica articulada con la agroindustria requiere una reestructuración a fondo para sobrevivir. Ver Ponencia: “Reestructuración cañero-azucarera: reflexiones y estrategias con relación a las empresas agropecuarias” de Figueroa, V., Donéstevez S. G. y Lugo, O. Bienal de Cultura Agraria 2003. Cabaiguán, S. Spíritus, Enero, 2003
[63] Figueroa, V., Donéstevez, G. y otros: “Consideraciones sobre el “Anteproyecto de Ley de Cooperativas Agropecuarias”: una visión desde la Economía Política”. UCLV, 2002. Documento entregado a la ANAP nacional y al Parlamento Cubano.
[64] Decreto Ley No. 141. Ejercicio del Trabajo por Cuenta Propia. Decreto No. 186 sobre las Contravenciones Personales de las Regulaciones del Trabajo por Cuenta Propia. Decreto Ley No. 171 sobre el Arrendamiento de Viviendas, Habitaciones o Espacios y Resolución No. 10/95 Autorización a Profesionales Universitarios para Ejercer Trabajos por Cuenta Propia.
[65] La tasa de desempleo abierto amenazó a la estabilidad y justicia social acumulada llegando al 7.9% en 1995 cuando ya se había iniciado el proceso de recuperación económica. Pero el desempleo oculto por subutilización de la mano de obra superaba ampliamente al 20% de desocupación equivalente a los estándares de productividad media de 1989. Ver CEPAL. “La Economía Cubana. Reformas estructurales (...)”. Op. Cit.
[66] Fuente: Cuadro A- 52 de CEPAL, Op. Cit. (datos de 1997.
[67] Ver en “Cuba: Evolución económica durante 2000”. CEPAL. Op. Cit. Cuadro A-48, p. 37. Incluye a campesinos, parceleros, asalariados y cuentapropistas.
[68] Algunos economistas cubanos llaman economía emergente, por oposición a la tradicional estatal, a las nuevas organizaciones y sujetos económicos mercantiles salidos de los cambios económicos en los 90, sin distinción del carácter socioeconómico de sus portadores.
[69] Bases Generales del Perfeccionamiento Empresarial. Folleto. La Habana, 1998. Las Bases Generales del Perfeccionamiento Empresarial constituyen la guía y el instrumento de dirección para que las organizaciones empresariales puedan, de forma ordenada, realizar las transformaciones necesarias con el objetivo de lograr la máxima eficiencia y eficacia en su gestión.
[70] Esta denominación fue formulada por primera vez por el investigador Víctor Figueroa en el artículo “Reforma Económica: hacia una economía mixta de transición al Socialismo en Cuba”, publicado en la revista Contrapunto. Miami, 1995; posteriormente el Dr. Alfredo González consideró que “La economía política de una economía mixta es un capítulo inédito de la teoría marxista”. Revista Temas, 1998. Op. Cit., p. 26.
[71] Las medidas de cambio no están ordenadas rigurosamente por esfera micro y macro, tampoco coinciden necesariamente con la secuencia de su aplicación.
[72] Uno de los aportes más sustantivos sobre la teoría y la práctica en materia de enfoque social de las inversiones está contenido en la Tesis doctoral de I. Raúl Sánchez Machado: “Enfoque económico social bajo condiciones de riego en la evaluación de inversiones”. Facultad de Economía. U. H. Enero/2003.
[73] En esto precisamente se diferencia radicalmente del concepto de economía mixta que postulan los ideólogos de Occidente, especialmente los socialdemócratas para los que la economía capitalista moderna es mixta con lo que pretenden esfumar las contradicciones insalvables de dicho sistema.

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