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Timestamp: 2017-03-30 20:26:46+00:00

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Bitácora Marxista-Leninista: Comprender las divergencias sino-albanesas: El revisionismo jruschovista: Jruschov y Brezhnev; Introducción, El acercamiento de Jruschov a Tito, El XXº Congreso del PCUS y La contrarrevolución húngara
«Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar». (Karl Marx y Friedrich Engels; «Manifiesto del Partido Comunista», 1848) jueves, 2 de enero de 2014
Comprender las divergencias sino-albanesas: El revisionismo jruschovista: Jruschov y Brezhnev; Introducción, El acercamiento de Jruschov a Tito, El XXº Congreso del PCUS y La contrarrevolución húngara
El siguiente capítulo que analiza la actitud del Partido del Trabajo de Albania y el Partido Comunista de China frente al surgimiento del revisionismo jruschovista, no deja lugar a dudas sobre la actitud de un partido y otro:
–Mientras el Partido del Trabajo de Albania criticó al Partido Comunista de la Unión Soviética y a Jruschov por el acercamiento a la Liga de Comunistas de Yugoslavia y a Tito, el Partido Comunista de China dió la bienvenida a tal reconciliación.
–Mientras el Partido del Trabajo de Albania jamás aceptó ninguno de los puntos del XXº Congreso del PCUS de febrero de 1956 en su IIIº Congreso de mayo de 1956, el Partido Comunista de China aceptó elaborar sus trabajos bajo la sombra del XXº Congreso del PCUS de febrero de 1956 en su VIIIº Congreso de septiembre de 1956; copiando la restructuración interna del partido, las medidas en el campo cultural, en el terreno de la lucha de clases a nivel interno, y por supuesto las reformas económicas. En este proceso, los revisionistas chinos empezaron a desarrollar a una escala mayor, nuevas formulaciones alejadas del revisionismo jruschovista que profundizaban el oportunismo ya existente.
–Mientras el Partido del Trabajo de Albania ve con preocupación la llegada a las altas esferas de los partidos, a viejos desviacionistas, el Partido Comunista de China expresa su satisfacción publicamente por el ascenso de «camaradas» como Gomulka, que eran recomendados por Jruschov.
–Mientras el Partido del Trabajo de Albania culpaba de los sucesos contrarrevolucionarios de Hungría a Inmre Nagy, a la influencia de Tito, y a la pasividad de Jruschov, el Partido Comunista de China echaba gran parte de los errores a que «Stalin y otros ex dirigentes de algunos otros países socialistas cometieron el grave error de violar la democracia socialista», lo que según ellos, habría hecho que «los errores cometidos por Stalin han suscitado un serio descontento en los pueblos de ciertos países de Europa del Este», se pensaba en particular también, pese a la participación e instigación del titoismo en estos sucesos, que los yugoslavos aún formaban parte del movimiento comunista internacional.
He ahí derribado pues, el mito de que el Partido Comunista de China se opuso al incipiente jruschovismo. En los siguientes capítulos veremos como esta actitud oportunista perdura incluso cuando parece que quieren desarrollar una lucha antirevisionista.
Brindis entre Jruschov y Mao Zedong durante 1959
C) El revisionismo jruschovista: Jruschov y Brezhnev 1. Introducción
Después la muerte de Iosif Stalin se produce en el seno del Partido Comunista de la Unión Soviética lo que es llamado «el golpe de Estado de Jruschov». Apoyándose en Anastás Mikoyan y en la cabeza del ejército con Gueorgui Zhukov, Nikita Jruschov el antes ensalzador de Stalin también apodado por esta razón «el bufón» por algunos bolcheviques, va a conseguir en algunos años desembarazarse de todos los compañeros próximos de Stalin. Desde 1953, Lavrenti Beria, jefe del NKVD, la policía secreta de la Unión Soviética, y también miembro del Buró Político, fue detenido por haber llevado «actividades antigubernamentales». Fue ejecutado en diciembre de ese mismo año así como varios de sus colaboradores próximos. Jruschov maniobró con el fin de oponer entre ellos a los miembros del Buró Político. Sacó provecho de las divisiones en el seno del Comité Central para lanzar un pérfido ataque contra Stalin en el XXº congreso del PCUS en febrero de 1956. La era del «desestalinización» comenzó entonces. En junio de 1957, el grupo «antipartido» Molotov-Malenkov-Kaganovitch, fue acusado de haber urdido un complot que pretende derribar a Jruschov y apartarlo de la dirección.
Nikita Jruschov comprometió rápidamente a la URSS en las «reformas» económicas y políticas: -A nivel económico, desde el XXº congreso del PCUS de 1956, se niega la acción de la ley del valor bajo el socialismo tal como fue expuesta por Stalin en su obra: «Los problemas económicos del socialismo» de 1952. Obra donde éste último advertía particularmente los marcos sobre la importancia para que se velara para impedir las contradicciones que surgen en el curso de la construcción del socialismo se volvieran antagónicas.
De este hecho, Jruschov introducirá desde 1957 en la sociedad soviética la venta de los medios de producciones a las estaciones de máquinas y de tractores de los koljóses, haciendo de los medios de producción, mercancías y acabando pues, en el ensanche de la esfera de acción de la ley del valor [6]; también restablecerá la noción del provecho como indicio de rentabilidad de la economía soviética, y pondrá el énfasis en la producción de bienes mercantes, abandonando así la orientación económica stalinista que daba la primacía a la producción de los bienes de producción y que inauguraba así la era tristemente célebre del «socialismo de mercado»:
«En mayo de 1953 la circulación monetaria fue extendida y, antes de esto, en abril del mismo año, el papel de planificación centralizada –Gosplan– resueltamente fue reducida dando más poder a los ministerios económicos. En la sesión plenaria del Comité Central de septiembre de 1953, las mercancías abastecidas por los koljoz al estado vieron sus precios aumentar, la cantidad de las mercancías que debían ser abastecidas fueron reducidas y se dieron en general un papel reducido a los koljoz en el plan central: «Las presiones de la ideología burguesa sobre la teoría económica, ya presentes durante la vida de Stalin, se aumentaron después de su muerte. En mayo de 1953 estuvo decidido extender «el comercio soviético», los poderes de los directores de empresa fueron aumentados y su papel y poder sobre la economía y la mano de obra se volvían preponderantes. Después de la eliminación de los últimos reductos de resistencia –Molotov, Kaganovich y Saburov– en julio de 1957, la maquinaria agrícola fue vendida a los koljóses y en septiembre de 1957 se introducido el principio según el cual las empresas públicas debían crear rentabilidad. La ofensiva burguesa alimentaba la teoría del valor –es allá dónde las leyes burguesas encuentran su base. La teoría del valor es el principio cardinal de la producción de las mercancías– colocándola en el centro de la económica política del Estado soviético, tomando medidas que iban en contra del progreso hacia el comunismo». (39) (Ubaldo Buttafava, El Termidor de Jruschov, Una contribución al análisis crítico que concierne a la vuelta del URSS al capitalismo, 1997)
Criticando las reformas económicas de Jruschov, el Che Guevara, dijo no sin razón:
«Como método indirecto está la ley del valor y para mi la ley del valor equivale a capitalismo. (...) Por mi si es evidente que donde se utiliza, al hablar de métodos indirectos, la ley del valor, exactamente allí estamos metiendo el capitalismo de contrabando». (40) (Ernesto Ché Guevara: Apuntes críticos a la economía política; 5 de diciembre de 1964)
Jruschov, el «especialista de la agricultura», obtendrá con esta política en este campo una derrota aguda que obligará a la Unión Soviética a importar trigo canadiense y estadounidense.
-A nivel político interno: Jruschov inaugura en el plano interior la proclamación del «Estado de todo el pueblo»; asegura que en lo sucesivo «nadie se atreverá más a aterrorizar el partido». En esta lógica, es retirado de la constitución el control popular sobre los marcos del aparato de Estado abriendo así la vía a la burocratización empujada por el aparato de Estado donde se formará la famosa nomenklatura, en este punto se da por liquidada la dictadura del proletariado. -A nivel político externo: sobre el plano exterior, inaugura la política de distensión este-oeste, es decir de sumisión al imperialismo, y aproximación con el renegado de Tito. Es en esta óptica que se disuelve la Kominform. Repitiendo las tesis kautskistas, también invitará a los partidos comunistas extranjeros a que exploren la vía de «la accesión al socialismo por la vía parlamentaria», lo que los empujará a cooperar con los partidos burgueses y precipitará su degeneración en vulgares partidos socialdemócratas dando nacimiento al corriente conocida como el «eurocomunismo», corriente que tuvo en su cabeza al italiano Palmiro Togliatti y después su desarrollo en su compatriota Enrico Berlinguer y en el español Santiago Carrillo. El eurocomunismo es idéntico al revisionismo soviético en sus tesis principales, pero pretende librarse de su tutela y predica un policentrismo que condena el movimiento comunista y el internacionalismo. En el caso de los revisionistas franceses, de ellos, con Waldeck Rochet a su cabeza y luego Georges Marchais, se puede decir que ocuparon una posición central de mediación en relación con la Unión Soviética. Los eurocomunistas se apropiaron las tesis jruschovistas sobre la revolución pacífica por la vía parlamentaria, sobre el Estado de todo el pueblo –ergo también el abandono de la dictadura del proletariado, el abandono del centralismo democrático, etc–. Habiendo zozobrado en el cretinismo parlamentario, empujaron más lejos aún las tesis jruschovistas participando en gobiernos burgueses, como si la introducción del socialismo pudiera hacerse en el capitalismo. El eurocomunismo subsiste en su «marxismo» como la caricatura burguesa de un comunismo a nivel legalista que, como el titoismo, pretende constituir una alternativa «específica» adaptada a la condición de los países capitalistas de Europa occidental, pero que en realidad y sobre todo, está perfectamente adaptado a salvaguardar la sociedad burguesa. El eurocomunismo encontraba un terreno muy favorable en Europa occidental a causa de sus «fuertes tradiciones parlamentarias». (3)
Continuando, vemos lo que Jruschov declaró en el XXº Congreso del PCUS que:
«El partido ha roto con las nociones caducas. Queremos ser amigos de los Estados Unidos. (...) Yugoslavia ha registrado importantes resultados en la edificación socialista. (...) La clase obrera puede conquistar una sólida mayoría en el Parlamento y transformarlo en instrumento de una verdadera voluntad popular». (41) (Jruschov, Informe al XXº Congreso del PCUS, 14 de febrero de 1956: Citado por Ludo Martens, Otra mirada a Stalin, 1994)
Es interesante observar una vez más, que la burguesía fue capaz de apreciar el verdadero valor de los servicios prestados por Jruschov en su lucha contra el marxismo-leninismo:
«Durante los tres años que siguen –de 1953 a 1956–, Jruschov progresivamente elimina a otros pretendientes a la sucesión de Stalin, particularmente a Malenkov y Beria, antiguos allegados del «pequeño padre de los pueblos». Habiendo comprendido bien que la población rusa aspira a cambios, promueve una política de reformas políticas –liberalización del régimen y amnistía a antiguos opositores– y económicas. La prioridad se consagra así a la producción de bienes de consumo con el fin de mejorar las condiciones de vida de los rusos. En el momento del XXº congreso del PCUS, en 1956, Jruschov denuncia «el culto de la personalidad» de Stalin y, en un informe secreto, revela los crímenes del antiguo dirigente. Este informe hace gran ruido y en el campo socialista, así como los partidos comunistas occidentales. Jruschov se convirtió en el campeón de la «desestalinización», en 1958 es nombrado primer ministro, en consecuencia de la dimisión de Bulganin. Sobre el plan exterior, procura impulsar un curso nuevo a las relaciones entre ambos bloques. Bajo su dirección, la guerra fría entra en una fase de distensión. Defensor de la coexistencia pacífica, rechaza la idea de un conflicto eventual con los Estados Unidos y afirma la necesidad de medirse con el bloque occidental sobre el plan económico más bien que militar. Después de haber llevado la reconciliación de su país con la Yugoslavia de Tito, participa en la conferencia de Ginebra en 1955, que reúne, por primera vez desde el 1945, a los antiguos vencedores de Alemania nazi. (...) Pero los resultados de su política exterior parecen hechos contradictorios. Así su crítica virulenta del stalinismo no lo impide ordenar la intervención en Hungría en 1956 –ver insurrección de Budapest–. (...) El mismo contraste sale a la luz sobre el plan interior. Jruschov inicia un movimiento vasto de reformas agrícolas, denunciando así la prioridad concedida por Stalin a la industria. Lanza así la gran campaña de fomentación de las tierras vírgenes en las regiones de Siberia. También se ata a delegar y a descentralizar la gestión de la economía soviética. Pero el desorden nacido de estas reformas y las dificultades de la agricultura soviética, contribuyen debilitando la posición de Jruschov, al mismo tiempo que las disensiones con China acaban en la rotura de las relaciones entre ambos países en 1961. Por ello es relevado de sus funciones por la sesión plenaria del Comité central en octubre de 1964, y reemplazado por Leonid Brezhnev». (42) (Enciclopedia Microsoft Encarta 2004 © 1993-2003 Microsoft Corporation. Todos los derechos reservados)
Las conclusiones para la burguesía son todavía positivas: después de haber encontrado en la figura de Tito su «jefe del socialismo de rostro humano» y su «campeón del no alineamiento», ahora la burguesía encuentra entonces en la figura de Jruschov su «campeón de la desestalinización», aunque lamenta el hecho que no se someta completamente al imperialismo: la burguesía está satisfecha de haberse quitado al enemigo socialista tan odiado –Stalin–, pero rechina un poco delante de la perspectiva de encontrarse frente a un nuevo competidor capitalista –Jruschov–. Y al igual que ocurría con el titoismo, la burguesía no puede negar la quiebra de las reformas económicas emprendidas.
En 1964, Nikita Jruschov es apartado del poder y reemplazado por Leonid Brezhnev, pero el jruschovismo no murió por eso, y sus sucesores lejos de retroceder en las orientaciones dadas por el XXº Congreso del PCUS, persisten en la vía jruschovista pero sin Jruschov, que parecía que había ido demasiado lejos en las «reformas» volviéndose peligroso. Brezhnev no será menos en cuanto a explorar la vía de las «reformas» y la descentralización de la economía inspirándose siempre en principios de la famosa «autogestión» yugoslava. Las empresas industriales y los koljóses adquirirán cada vez más autonomía frente al plan quinquenal. La anarquía en la producción, característica de toda sociedad capitalista, se hace rápidamente la característica general de la economía soviética a pesar de lo mantiene un pretendido «plan quinquenal» que se va convirtiendo cada vez más un plan preventivo y orientativo más que un plan el cual las empresas deberán cumplir.
Entonces, ¿cuál fue la actitud y trabajo del Partido Comunista de China y el Partido del Trabajo de Albania para oponerse al revisionismo inicial de Jruschov y sus manifestaciones? ¿Cuáles fueron los elementos (4) que tenían entonces los comunistas que les permitían ver la traición de Jruschov?
-El primer elemento fue el acercamiento a Tito iniciado por Jruschov en 1954 que se materializó en junio de 1955 con la visita de Jruschov a Yugoslavia. Para justificarse Jruschov sin atacar a Stalin, afirmó que Tito había sido injustamente condenado por el Kominform en 1948 y culpo a Beria, aunque Tito no aceptaría esta excusa. [7]
-El segundo elemento fue el XXº Congreso del PCUS celebrado en febrero de 1956, cuando Jruschov atacó a todas las pautas establecidas por Stalin para la construcción de la sociedad socialista y donde atacaba señaladamente a este último en el «informe secreto», el cual se distribuyó a los partidos hermanos que asistieron.
-El tercer elemento fue la actitud complaciente adoptada por Jruschov para hacer frente a la colusión evidente entre Tito y la reacción en los acontecimientos húngaros de Budapest en octubre-noviembre de 1956.
-El cuarto elemento fue la liquidación de la plataforma «antipartido» de Malenkov, Kaganovich, y Molotov, en junio de 1957, un grupo acusado de conspirar para derrocar a Jruschov.
Independientemente de la cuestión estrictamente chino-albanesa, estos cuatro elementos muestran unas pruebas evidentes y una ceguera visible de las direcciones de los partidos comunistas que abiertamente siguieron a los revisionistas jruschovistas en la vía de la traición del marxismo.
2. El acercamiento de Jruschov a Tito
Como ya vimos en el capítulo anterior, la dirección del Partido Comunista de China se mostró favorable para este acercamiento:
«El pueblo chino da la bienvenida a la reconciliación entre la Unión Soviética y otros países socialistas, por una parte, y Yugoslavia, por otra, así como el establecimiento y desarrollo de relaciones amistosas entre China y Yugoslavia». (43) (Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el diario Renmin Ribao)
Podemos explicar esta posición sólo por dos hipótesis: Primera hipótesis [8]: la dirección del PCCh desconocía la historia de la lucha llevada por el movimiento comunista internacional contra el revisionismo en la vida de Stalin y subestimaba este hecho de gran importancia de esta tesis leninista según la cual: «Lo más peligroso en este sentido son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo, si no se halla ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo, es una frase vacía y falsa». (44) (Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916)
Segunda hipótesis: la dirección del PCCh conscientemente adoptó una posición de seguidismo frente a la nueva dirección soviética con el fin de sacar ventaja de ello. ¿Cuál fue la posición adoptada por el Partido del Trabajo de Albania con relación a la aproximación entre Belgrado y Moscú?
El PTA todavía no se había dado cuenta entonces evidentemente de la traición abierta del jruschovismo y hay que anotar que este acontecimiento puso al partido en guardia, ya que para el PTA que había sufrido la injerencia titoista en los asuntos interiores de Albania, la rehabilitación de Tito significaba una amenaza gravísima: Tito no podía ser rehabilitado sin que esto tuviera graves repercusiones sobre la estabilidad política de Albania que había condenado a agentes titoistas como Koçi Xoxe en los momentos concernientes al XIº Pleno del Comité Central del PTA en septiembre de 1948. Fue una cuestión de vida o de muerte para el PTA que encontrándose en la vanguardia del combate contra el titoismo no deseaba ver a Albania convertirse en una colonia yugoslava. La posición perfectamente nítida del PTA en oposición a Jruschov en cuanto a lo que concierne a la rehabilitación de Tito, vuelve a salir muy claramente en este extracto de la «Historia del Partido del Trabajo de Albania»:
«En mayo de 1955, Jruschov, sin tomar la aprobación de los demás partidos decidió anular las decisiones de la Kominform y las evaluaciones hechas por todos los partidos comunistas y obreros sobre la traición de la camarilla de Tito y ello lo acompaño con un viaje a Belgrado encabezando una delegación del Partido y del gobierno soviético. Jruschov se esforzó en imponer a los demás partidos esta decisión unilateral, injusta y arbitraria. Sólo dos días antes de su partida, informó al Partido del Trabajo de Albania de este hecho consumado y le solicitó su aprobación para refutar la resolución del Buró de Información de noviembre de 1949 y para reexaminar la de junio de 1948 que ponía al desnudo la traición de la dirección yugoslava. Reclamaba, al mismo tiempo, la aprobación del texto de una «decisión» sobre este problema, redactado por él mismo y que debía publicarse en nombre de la Kominform sin que ¡ésta se hubiese reunido! No obstante a la gran confianza que el Partido del Trabajo de Albania tenía en el Partido Comunista de la Unión Soviética, el Comité Central del Partido del Trabajo de Albania vio con bastante desconfianza este gesto de Jruschov y mediante una carta fechada el 25 de mayo de 1955, dirigida al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, se pronunció contra el viaje de Jruschov a Yugoslavia y contra la rehabilitación de la camarilla de Tito». (45) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
Ahí se cita:
«Nosotros estimamos –se decía en la carta– que hay mucha diferencia entre el contenido de su carta del 23 de mayo de 1955 y las tesis principales de nuestra actitud comúnmente observada hasta el presente para con los yugoslavos. La experiencia diaria de nuestro partido en las relaciones con Yugoslavia, tanto antes de la ruptura de 1948 como en su continuación hasta hoy, demuestra en forma clara y completa con numerosos hechos concretos, que el contenido de principio de todas las resoluciones de la Kominform relativas a la cuestión yugoslava ha sido enteramente justo, con alguna excepción de importancia táctica. El procedimiento que se nos propone seguir para aprobar la abrogación de la resolución de la reunión de la Kominform de noviembre de 1949 no nos parece justo. En nuestra opinión, una decisión tan rápida –y precipitada– sobre una cuestión de tanta importancia de principios sin un profundo análisis previo, hecho de concierto con todos los partidos interesado, esta cuestión, y con mayor razón si ha de dar a la publicidad y ha de proclamarse en las convenciones de Belgrado, sería no sólo prematuro, sino que causaría graves perjuicios en la orientación general. Estamos convencidos de que salvo una que otra excepción de importancia secundaria, esta línea general de nuestro partido en las relaciones con Yugoslavia es justa». (46) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)Pese a las exigencias del PTA de un tratamiento de la situación adecuado, el texto resume así, la actitud tomada por Jruschov y el PCUS en torno a la cuestión de Yugoslavia y sobre todo de las resoluciones de la Kominform, y otros temas:
«El Comité Central del Partido del Trabajo de Albania solicitaba al Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética que estas cuestiones fuesen examinadas en el curso de una reunión de los partidos miembros de la Kominform, a la cual debería ser invitado también el Partido del Trabajo de Albania para dar su opinión. Según la decisión tomada, Nikita Jruschov fue a Yugoslavia, reconoció en forma rastrera ante Tito que «se habían cometido faltas graves en contra del Partido Comunista de Yugoslavia y de su dirección», y de hecho la rehabilitó. Era esto un acontecimiento sin precedentes en la historia del movimiento comunista internacional, una violación flagrante de las decisiones tomadas en común por los partidos hermanos, una actitud de desdén para con los demás partidos. Jruschov halló en la línea revisionista de la camarilla de Tito la materialización de sus deseos y esfuerzos de acercamiento con el imperialismo estadounidense. Este objetivo lo expresó claramente en el discurso que pronunciara en Belgrado. La política de colaboración de Yugoslavia con los países de Occidente, dijo entonces, «encuentra nuestra plena comprensión». En una entrevista que sostuvo con algunos periodistas estadounidenses, Jruschov expuso el punto de vista de que la lucha por la paz era una noción política situada al margen de la lucha de clases, y que los países imperialistas igual que los países socialistas estaban interesados en garantizar la paz. La interpretación que Jruschov dio sobre el problema de la paz, rechazaba de plano la conocida tesis leninista según la cual el imperialismo es fuente de guerras». (47) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
Mientras que el Partido Comunista de China se suscribió a la rehabilitación y reconciliación del renegado Tito, al Partido del Trabajo únicamente se lepuede adjudicar el mérito de tener en cuenta la primera manifestación abierta del revisionismo jruschovista rechazando el acercamiento de la Unión Soviética de Jruschov a la Yugoslavia de Tito.
3. El XXº Congreso del PCUS
El XXº Congreso del PCUS de febrero de 1956, quedará como una de las páginas más sombrías de la historia del movimiento comunista. No nos extenderemos aquí sobre la responsabilidad de los dirigentes comunistas soviéticos y de la mayoría de los dirigentes de los partidos comunistas extranjeros que dieron prueba como mínimo de seguidismo, y que a veces se hicieron sin más análisis, simples propagandistas de las tesis revisionistas que fueron enunciadas allí.
El Partido del Trabajo de Albania por su parte, si bien estando en desacuerdo con la línea de Jruschov, no podía todavía abiertamente atacar sin embargo la dirección jruschovista. Es pues a través de la denuncia del titoismo que el PTA lanzó sus primeras flechas contra el revisionismo jruschovista. Todo comunista podía comprender que a través de la denuncia del antistalinismo y del titoismo, era también allí una referencia a Jruschov, ya que fue Jruschov era el que justamente había abastecido material a este antistalinismo y además había empezado a ponerse en contacto con Tito:
«Toda la feroz campaña que los imperialistas y los revisionistas han desencadenado contra el marxismo-leninismo y contra el comunismo, es llevada a cabo tras la máscara de la lucha contra el «stalinismo». Inmediatamente después del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, los enemigos inflaron desmedidamente los «errores» de Stalin y los pregonaron a los cuatro vientos a fin de desacreditar a los Estados socialistas, a los partidos comunistas, y a sus dirigentes para sembrar el desorden ideológico y la discordia en el movimiento comunista internacional. Bajo la presión de esta campaña, los elementos oportunistas y vacilantes levantaron cabeza y comenzaron a atacar frenéticamente a los partidos revolucionarios valiéndose de consignas falsas y antimarxistas tales como «democratización», «desestalinización», «independencia», «bienestar del pueblo» y otras por el estilo, a fin de combatir a las direcciones marxista-leninistas de los partidos y su justa línea». (48) (Enver Hoxha, Sobre la situación internacional y las tareas del partido, Informe presentado ante el CC del PTA el 13 de febrero de 1957) En dicho informe se
evaluó la figura de Stalin en momentos de una gran ofensiva contra tal figura,
y se desmontó de paso la hipocresía argumentativa de la que era la punta de
lanza de los críticos; el culto a la personalidad, se dijo:
«No estamos de acuerdo con todos aquellos que niegan la
actividad revolucionaria de Stalin en conjunto y que ven en ella sólo el lado
negativo. Estimamos que Stalin debe ser correctamente apreciado Stalin, como se
sabe, fue un gran marxista, porque, después de Lenin, defendió el
marxismo-leninismo de todos los enemigos y revisionistas e hizo una valiosa
contribución al desarrollo de esta ciencia. Él tiene grandes méritos en la
preparación y el desarrollo de la Revolución de Octubre, en la edificación del primer
Estado socialista, en la victoria histórica sobre los invasores fascistas, en
el avance del movimiento comunista y obrero internacional. Por todas estas
razones, Stalin gozaba de una gran autoridad no solamente en la Unión
Soviética, sino también en el mundo entero. En las cuestiones esenciales, como
es la defensa de los intereses de la clase obrera y de la teoría
marxista-leninista, la lucha contra el imperialismo y otros enemigos del
socialismo, jamás cometió errores, ha sido y será, en cambio, siempre un
ejemplo. Quiero hacer hincapié en que los dirigentes yugoslavos, que tanto
discuten en torno al culto a la personalidad de Stalin, lo practican en su país
de la manera más escandalosa. Bakarich, miembro del Comité Ejecutivo de la Liga
de los Comunistas de Yugoslavia, en un artículo escrito con ocasión de un
aniversario de Tito, ha llegado hasta el punto de decir que las obras
«marxistas» de Tito pueden compararse únicamente con las mejores obras de Marx,
Engels y Lenin, dicho de otra manera, Tito está por encima de Marx, Engels y
Lenin. Por eso puntualizamos que si los dirigentes y la prensa yugoslavos
critican el «culto a la personalidad» de Stalin no es para luchar en defensa de
los principios marxista-leninistas, sino para desacreditar al sistema socialista,
desprestigiar a los dirigentes marxista-leninistas de los partidos comunistas,
revisar el marxismo-leninismo y abrir paso al «socialismo yugoslavo». Es
importante hacer una justa apreciación de la obra de Stalin, porque, después de
Lenin, ha estado durante 30 años a la cabeza del Comité Central del Partido
Comunista de la Unión Soviética y ha guiado a la Unión Soviética y al
movimiento obrero internacional». (49) (Enver Hoxha, Sobre la situación
internacional y las tareas del partido, Informe presentado ante el CC del PTA
el 13 de febrero de 1957) Ya advirtió por entonces Enver Hoxha, que la crítica al
culto a la personalidad, o a toda la figura de Stalin en sí, no era casual, ni
iba sin objetivos:
«Los enemigos, envileciéndole, no tienen como objetivo
únicamente su persona; lo que buscan, sobre todo, es desacreditar a la Unión
Soviética, al sistema socialista y al movimiento comunista internacional y, por
consiguiente, socavar la confianza de los trabajadores en el socialismo. En el
discurso pronunciado en Pula en noviembre del año pasado, Tito ha declarado:
«Hemos dicho desde un comienzo que no se trata únicamente del culto a la
personalidad, sino del sistema que ha permitido la aparición del culto a la
personalidad, porque es justamente aquí donde se encuentran las raíces, es aquí
donde debemos golpear constantemente y con insistencia». (Tito, Discurso en
Pula, 1956) Así, según los dirigentes yugoslavos, el culto a la personalidad ha
sido engendrado por el sistema soviético, por eso este sistema debe ser
revisado (si no destruido) y reemplazado por el sistema «democrático
yugoslavo». Pero se sabe muy bien a qué molino va esta agua. Los ideólogos de
la burguesía recurren a todos los medios para demostrar que los «errores» de
Stalin son el producto legítimo del sistema soviético, que este sistema es un
«error», una «experiencia frustrada», y que los trabajadores, por consiguiente,
deben renunciar al socialismo y trabajar por el «capitalismo popular». Estas
pretensiones falaces han sido refutadas por toda la historia del desarrollo del
sistema soviético, que ha asegurado a la Unión Soviética éxitos colosales, que
ha superado victoriosamente las más difíciles pruebas históricas y sirve de
brillante ejemplo para todos los trabajadores que luchan por liberarse y
edificar una vida mejor». (50) (Enver Hoxha, Sobre la situación internacional y
las tareas del partido, Informe presentado ante el CC del PTA el 13 de febrero
de 1957) Enver Hoxha y el PTA llegaron por tanto, a la siguiente
conclusión sobre los elementos que utilizaban la bandera del antistalinismo:
«La bandera de la lucha contra el «stalinismo» con la cual
se disfrazan los dirigentes yugoslavos y todos los revisionistas, les sirve
para arreglar las cuentas a todos sus adversarios. Veamos cómo proceden:
califican las justas tesis marxista-leninistas de «dogmatismo stalinista», a
los partidos comunistas y a sus dirigentes que son fieles al marxismo-leninismo
de «stalinistas», nuestros sistemas estatales y económicos de «burocratismo
stalinista», y para ellos todo lo que es «stalinista» debe ser liquidado y
substituido por aquello que es «antistalinista». La división de los partidos y
de los comunistas en «stalinistas» y «antistalinistas», y la guerra a los
«stalinistas» tal como la llevan a cabo los dirigentes yugoslavos sólo sirven
para escindir al movimiento obrero». (51) (Enver Hoxha, Sobre la situación
el 13 de febrero de 1957)
Es notorio que en ningún momento de este informe el PTA se
suscribió a las tesis del XXº Congreso del PCUS, lo que no dejó de inquietar a
la nueva dirección soviética:
«Esta inquietud la dirección soviética la manifestó
abiertamente en abril de 1957, cuando la delegación del Partido del Trabajo de
Albania y del Gobierno de la República Popular de Albania, encabezada por los
camaradas Enver Hoxha y Mehmet Shehu, se encontraba en Moscú por invitación del
Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética y del Gobierno de la
Unión Soviética. En el curso de las conversaciones, cuando el camarada Enver
Hoxha hacía una exposición de la situación y de la lucha del Partido del
Trabajo de Albania en las condiciones de aquel entonces, N. Jruschov,
descontento y muy irritado por la actitud revolucionaria del Partido del
Trabajo de Albania, intervino diciendo: «¡Se ve que ustedes los albaneses,
buscan llevarnos de nuevo al camino de Stalin!» Calificó la actitud del Partido
del Trabajo de Albania hacia los revisionistas yugoslavos como una «actitud no
objetiva» que se apoyaba en la «exageración de los desacuerdos con ellos» y
demandó «no atacarlos injustamente». No vaciló en asumir la defensa de algunos
enemigos del Partido y del pueblo albanés, pidiendo su rehabilitación. Irritado
por la firmeza con que el camarada Enver Hoxha y los demás miembros de la
delegación defendían los puntos de vista y la actividad marxista-leninistas del
Partido del Trabajo de Albania, Jruschov les dijo en tono amenazante: «¡Ustedes
los albaneses son muy arrebatados y sectarios!» «¡Con ustedes no podemos
entendernos. Interrumpimos las conversaciones!» Este incidente constituía el
primer choque directo entre la línea revolucionaria marxista-leninista del
Partido del Trabajo de Albania y la línea revisionista del grupo de Jruschov».
(52) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del
Trabajo de Albania: 1980)
Es un hecho innegable de que el PCCh, durante período
precedente a las conferencias de Bucarest y Moscú en 1960, adoptó una posición
por lo menos ambigua sobre la cuestión. En lo referente al XXº Congreso el
PCCh declaró:
«La cuestión de la lucha contra el culto a la personalidad
ocupaba un lugar importante en los debates del XXº Congreso del PCUS. El
congreso muy agudamente manifiesto la prevalencia del culto a la personalidad
que, durante mucho tiempo en la vida soviética, había dado lugar a muchos
errores en el trabajo y ha dado lugar a consecuencias perjudiciales. Esta
valiente autocrítica de sus errores en el pasado ejercida por el partido Comunista
de la Unión Soviética demuestra el alto nivel de principio en la vida interna
del partido y la gran vitalidad del marxismo-leninismo. (...) Stalin no extrajo
las lecciones de los errores aislados, locales y temporales sobre ciertas
cuestiones y así no pudo evitar que se volvieran graves errores que afectaron a
nivel nacional y de modo prolongado. Durante la última parte de su vida, Stalin
tomó más y más placer en este culto a la personalidad, y violó el sistema del
partido del centralismo democrático y el principio de combinar la dirección
colectiva con la responsabilidad individual. Como resultado, él cometió algunos
errores graves, tales como las siguientes: se amplió el alcance de la la
supresión de la contrarrevolución, carecía de la necesaria vigilancia en la
víspera de la guerra antifascista, no prestó la debida atención a un mayor
desarrollo de la agricultura y el bienestar material de los campesinos, dio
ciertos consejos equivocados en el movimiento comunista, y, en particular, tomó
una decisión equivocada en la cuestión de Yugoslavia. En estos temas, Stalin
fue víctima de un subjetivismo y la unilateralidad, y se divorció a sí mismo de
la realidad objetiva y de las masas. (...) La lucha contra el culto a la
personalidad que se ha desatado en el XXº Congreso del Partido Comunista de la
Unión Soviética es una gran lucha y un liderazgo valiente de los comunistas y
el pueblo de la Unión Soviética para eliminar las barreras ideológicas que
obstaculizan su avance». (53) (Sobre la experiencia histórica de la dictadura
del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el diario Renmin
Ribao)
Ludo Martens también relata los aspectos más destacados:
«En el XXº Congreso del PCUS, Jruschov lanzó su ataque
sorpresa contra la obra de Stalin, para imponer su línea revisionista. Al
principio la actitud de Mao Zedong y el Partido Comunista de China fue
vacilante, ellos no defendieron de manera consecuente la obra
marxista-leninista de Stalin, pues siguieron a Jruschov en algunas de sus
críticas oportunistas contra Stalin. El documento fundamental para este
propósito esta titulado: «La experiencia histórica de la dictadura del
proletariado», redactado entre el 5 de abril y el 29 diciembre del 1956. Este
texto acoge la defensa de Stalin de «la experiencia fundamental de la
revolución y la edificación del socialismo en la URSS». A pesar de todo, en las
críticas que formula a la dirección de Stalin podemos descubrir una tendencia
bastante marcada a la reconciliación con el revisionismo. Algunas críticas formuladas
por Mao Zedong y el PCCh vuelven a tomar simplemente las calumnias formuladas
por Jruschov. El PCCh lanza ciertas afirmaciones gratuitas, que no están
basadas en ninguna búsqueda seria. La conclusión viene a ser: ¡Jruschov ha
tomado medidas para rectificar estos errores de Stalin!». (54) (Ludo Martens,
Sobre algunos aspectos en la lucha contra el revisionismo, 1995)
Y aquí cita Ludo Martens:
«Durante el último periodo de su vida, las victorias en
serie y la ristra de alabanzas de las cuales fue objeto hicieron perder la
cabeza a Stalin. En su manera de pensar, él se apartó parcialmente, pero
gravemente, del materialismo dialéctico para caer en el subjetivismo. Él
comenzó a tener una fe ciega en su propia sabiduría y en su propia autoridad:
él se oponía a entregarse a la búsqueda y al estudio serio con respecto a
situaciones complejas, o a prestar atención a la opinión de sus camaradas como
a la voz de las masas. En consecuencia, ciertas tesis y medidas políticas
adoptadas por él iban a menudo en contra de la realidad objetiva: él estaba a
menudo obstinado en hacer aplicar durante un largo lapso de tiempo estas
medidas erróneas, y no puedo rectificar sus errores a tiempo. El PCUS ha tomado
ya medidas para rectificar los errores de Stalin». (55) (Sobre la experiencia
histórica de la dictadura del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de
1956 en el diario Renmin Ribao)
Ludo Martens continua diciendo: «Una de las acusaciones más
farfulleras que Jruschov lanzó contra Stalin, es retomada por el PCCh», y
vuelve a citar el documento del PCCh: «Stalin no dio pruebas de tomar la vigilancia necesaria en
vísperas de la guerra antifascista». (56) (Sobre la experiencia histórica de la
dictadura del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el
diario Renmin Ribao)
El belga continua escribiendo: «El PCCh copia en su texto las tesis de Jruschov sobre la
extinción de la lucha de clases, tesis desarrolladas a lo largo de los años 30
por Bujarin. El PCCh pasa sin el análisis concreto de este periodo crucial y
complejo que fue este la depuración. Él repite las trivialidades revisionistas
de Jruschov de que era preciso perfeccionar la democracia en lugar de insistir
en la agravación de la lucha de clases». (57) (Ludo Martens, Sobre algunos
aspectos en la lucha contra el revisionismo, 1995)
Cita ahora el otro documento chino, que concluye en esencia
las mismas tesis:
«Después del aniquilamiento de las clases explotadoras y la
liquidación, en lo esencial, de las fuerzas contrarrevolucionarias, la
dictadura del proletariado estaba aún en frente de los restos de la
contrarrevolución en el interior del país, pero su bayoneta debía estar
dirigida sobre todo contra las fuerzas agresivas imperialistas del exterior. En
estas condiciones, era preciso desarrollar y perfeccionar progresivamente, en
la vida política del país, los diversos, métodos democráticos, perfeccionar la
legalidad socialista, reforzar el control del pueblo sobre los organismos del
Estado, desarrollar los métodos democráticos en la administración del estado y
de sus empresas, de una parte, y las grandes masas por el otro, (...) combatir
aún más firmemente las tendencias burocrática, en lugar de insistir en la
agravación de la lucha de clases después de la liquidación de las clases, y
entorpecer así el desarrollo sano de la democracia socialista, como hizo
Stalin». (58) (Una vez más sobre la experiencia histórica de la dictadura del
proletariado, Artículo publicado el 29 de diciembre de 1956 en el diario Renmin
Estas actitudes de complacencia y reconciliación del PCCh
frente a Jruschov no quedaron ahí, pues dejó una gran influencia negativa sobre
el movimiento comunista. Veremos más tarde, en el IV capítulo, que Mao, en su
obra: «Sobre diez grandes relaciones», escrito en abril de 1956, siendo pues,
posterior al XXº Congreso del PCUS, profundizó mucho más en las tesis
jruschovistas. De igual manera las tesis jruschovistas florecieron en el VIIIº
Congreso del PCCh que se celebró en septiembre de 1956. Precisamente en este
congreso del Partido Comunista de China, Enver Hoxha se encontraba presente
como representante a la cabeza de la delegación del Partido del Trabajo de
Albania invitado a esa ocasión, de aquel suceso el albanés nos reproduce lo
«Toda la plataforma de este congreso estaba basad en las
tesis del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, e incluso
en algunas direcciones, Mao Zedong, Liu Shao-chi y otros altos dirigentes
chinos habían llevado más lejos las tesis de Jruschov. Sentimos que la epidemia
del revisionismo había afectado también a China. En aquella época no podíamos
determinar el grado de propagación de la enfermedad, pero a juzgar por lo que
había ocurrido y está ocurriendo en China, se ve que, en aquel entonces, los
dirigentes chinos se estaban apresurando para no quedarse atrás, incluso para
arrebatar y tomar en sus manos la abigarrada bandera de los jruschovistas.
Además en los sucesos informes, que Liu Shao-chi, Deng Xiao-ping, y Chou En-lai
presentaron al VIIIº Congreso del PCCh [9], defendieron y profundizaron aún más
en la línea permanente del Partido Comunista de China por una vasta
colaboración con la burguesía y los kulaks, «argumentaron» las grandes ventajas
que aporta al socialismo tratar bien y designar a elevados cargos de dirección
a capitalistas, comerciantes e intelectuales burgueses, preconizaron con gran
ruido la necesidad de una colaboración de la clase obrera con la burguesía
local y del Partido Comunista con los demás partidos democráticos, nacionales,
en las condiciones del socialismo etc. Las «100 flores» y las «100 escuelas» de
Mao Zedong que se abrieron y compitieron en el curso de las sesiones del
Congreso, se abrían y competían de hecho en todo el partido y el Estado chino.
Esta teoría de las 100 banderas, formulada por Mao Zedong y proclamada
ampliamente en mayo de 1956 por Lu Tinag-yi, miembro suplente del Buró político
del CC del PC de China, constituía la variante china de la teoría y la práctica
burgués-revisionista de la «libre circulación de la ideas y de los hombres», de
la coexistencia de toda suerte de ideologías, de corrientes de escuela y de
subescuelas en el seno del socialismo». Más tarde resultó que también el
decálogo enteramente revisionista de Mao Zedong: «Sobre diez grandes
relaciones» pertenecía precisamente a este período de «primavera» del revisionismo
moderno». (59) (Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980)
Relata también el autor, la relación entre de todo partido en la aceptación de las tesis jruschovistas con la reconciliación con el
revisionismo titoista, y comenta como pese a las pequeñas diferencias, el
revisionismo togliattista también se complementaba con el revisionismo maoísta
y el revisionismo titoista:
«Cosa curiosa: todos los que nos
encontrábamos –me refiero a los camaradas de otros
partidos comunistas en China–, no tenían en boca más que rehabilitaciones, y a
Tito. Incluso Chou En-lai quién, en una entrevista que tuvimos con él, nos
dijo: «Me ha invitado Tito a ir a Yugoslavia y he aceptado su invitación. Con
esta ocasión, si ustedes están de acuerdo, puedo pasar también por Albania. Que
venga usted a Albania estamos completamente de acuerdo, –le dijimos– y
le agradecemos su deseo de venir a nuestro país». A pesar de que nos sonó
bastante mal que el primer ministro de China relacionara su venida a Albania
con la «ocasión» de su ida a Yugoslavia. Pero, como ya he dicho
anteriormente, era el tiempo en que las fiebres del revisionismo habían
contagiado a todos, y cada uno traba de dirigirse cuanto antes a Belgrado para
recibir la bendición y la «experiencia» del veterano del revisionismo moderno.
Un día, Scocimaro vino a quejarse ante mí de que Togliatti había ido a Belgrado
y no se había entendido bien con Tito. «¿Cómo? –le
pregunté no sin ironía– ¿Han tenido disputas?» «No –me
dijo–,
pero no se han puesto de acuerdo en todo». A pesar de esto prosiguió:
«Vamos a enviar una delegación a Belgrado a conocer su experiencia». «¿En qué
terreno? –pregunté–».
«Los camaradas yugoslavos –me respondió– han combatido eficazmente la burocracia y
actualmente ya no existe burocracia en Yugoslavia». «¿Como saben que no existe
burocracia en Yugoslavia? –le pregunté–». «Por qué en Yugoslavia también los obreros obtienen
ganancias, –fue
su respuesta–».
Le hablé de la actitud de nuestro partido hacía ese problema, pero el
italiano siguió obsesionado con Tito. Le preguntamos: «¿Por qué solamente a
Yugoslavia quieren enviar gente a «adquirir experiencia? ¿Por qué no han
enviado delegaciones de este género a los países de democracia popular, como a
Albania por ejemplo?» Quedó turbado, pero al cabo de un momento halló
respuesta: «La enviaremos, mire, por ejemplo, la experiencia de China, en
lo que se refiere a la colaboración de la clase obrera con la burguesía y del
Partido Comunista con los demás partidos democráticos, es de mucho valor para
nosotros. La estudiaremos». Tenía verdaderamente dónde aferrarse. Los
revisionistas italianos podían desde entonces dirigirse no solamente a
Yugoslavia y a China, sino a todas partes, para adquirir o transmitir la
experiencia de la traición a la causa del proletariado, de la revolución, y del
socialismo. Nuestro país fue el único donde no vinieron, y a donde no podían
venir, pues en él no se aplicaba más que el marxismo-leninismo. Pero esta
experiencia, ellos no la necesitaban. El 3 de octubre del 1956 emprendimos el
camino de regreso a nuestra patria. Durante ese viaje pudimos convencernos
todavía más de las grandes y peligrosísimas proporciones que había tomado el
revisionismo moderno jruschovista. En Budapest íbamos a ver uno de los
productos más horribles de la «nueva línea» jruschovista-titoista, la
contrarrevolución. Hacía tiempo que se había incubado, ahora estallaba». (60) (Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980)
4. La contrarrevolución húngara
Es el primer resultado visible del trabajo de zapa iniciado por las tesis jruschovistas de su denuncia sobre Stalin. En Hungría, la reacción progresó cubriéndose el vestido antistalinista hinchando desmedidamente los «errores» de los antiguos dirigentes stalinistas [10], que fueron rápidamente apartados después de la proclamación vociferada del revisionismo. El imperialismo se regocijó ante los acontecimientos de Budapest que confirmaron la gran utilidad de Tito y probaron la virulencia del virus antistalinista liberado por Jruschov. Para los comunistas, este acontecimiento trágico puso en evidencia la realidad contrarrevolucionaria de la lucha contra el stalinismo:
«En los países socialistas, el revisionismo se propagó y se desarrolló en profundidad sobre todo en Polonia y en Hungría. Gracias al apoyo del grupo de Jruschov, los elementos antimarxistas condenados por sus puntos de vista y sus actividades revisionistas y antisocialistas, se pusieron al mando de los partidos obreros de estos países. La dictadura del proletariado fue paralizada. La propagación a gran escala de la ideología y de la cultura burguesas occidentales fue autorizada. Bajo la máscara de los «círculos culturales» se crearon nidos contrarrevolucionarios en diferentes ciudades. Los revisionistas tenían como objetivo destruir completamente la dictadura del proletariado y el sistema socialista. Los imperialistas miraron y aprovecharon esta brecha abierta a provecho esta situación. De este modo creció la contrarrevolución, la propagaron y la organizaron en los países socialistas dónde los revisionistas habían creado un terreno favorable, y, en cooperación directa o indirecta con ellos, se pusieron manos a la obra para aniquilar el sistema socialista y restaurar el capitalismo. El imperialismo internacional y los revisionistas provocaron en junio de 1956, la rebelión contrarrevolucionaria de Poznan en Polonia, y la insurrección contrarrevolucionaria de Hungría en octubre-noviembre de 1956». (61) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
El Partido del Trabajo de Albania, explicando más concretamente los sucesos contrarrevolucionarios de Hungría, y la compleja situación creada en el Partido de los Trabajadores Húngaros, regalo varios análisis dignos de estudiar:
«La democracia popular húngara fue amenazada con verse totalmente destruida. El Partido de los Trabajadores Húngaros fue desmantelado. Comunistas y trabajadores húngaros, traicionados por los revisionistas, oponían a esta acción una resistencia desconsolada. La contrarrevolución en Hungría atizó el histerismo anticomunista en el mundo entero. El sistema socialista debió enfrentarse con una prueba dura. Los países de las democracias populares y las fuerzas revolucionarias del mundo entero manifestaron una inquietud viva en cuanto a los destinos del socialismo en Hungría. Las tropas soviéticas estaban estacionadas en la República popular de Hungría, pero el grupo de Jruschov vacilaba en ponerlas en movimiento para reprimir la contrarrevolución. Fue sólo bajo el efecto de la gran presión ejercitada de abajo y sobre todo porque temía ver que Hungría podía librarse de su esfera de influencia que finalmente forzó al ejército soviético a ir en socorro de los defensores de la revolución húngara. La contrarrevolución fue aniquilada. La contrarrevolución húngara era el producto del revisionismo. Los revisionistas yugoslavos, que habían sido los más ardientes defensores de los revisionistas húngaros y que habían desempeñado un papel particular en la preparación de la contrarrevolución, alzaron su bandera a medias cuando esta fue derrotada. Tito la definió como: «una insurrección del pueblo entero», provocada por «las graves faltas del régimen de Rakosi y por las vacilaciones que le derribaron». En cuanto a la ayuda del ejército soviético, la cualificó de «una intervención feroz e inadmisible». Imre Nagy, jefe de los contrarrevolucionarios, encontró refugio en la embajada yugoslava de Budapest. Al mismo tiempo, la dirección soviética, que no era menos responsable que la camarilla de Tito de la preparación de la contrarrevolución, puso en ejecución todo, después de la derrota de ésta, para disimular los rastros de su culpabilidad. Sacrificaron a Imre Nagy, al que ellos mismos habían colocado en la cabeza del Estado húngaro y fue forzado, a diferencia de los titoistas, a calificar la insurrección de «contrarrevolucionaria», como efectivamente era. No obstante aludía la responsabilidad sobre los «dogmáticos» y no sobre los culpables verdaderos, los revisionistas. La contrarrevolución húngara había fallado, pero sus raíces no fueron destruidas. El revisionismo en Hungría no fue aniquilado, sólo se batía en retirada. Los colaboradores próximos de Imre Nagy conservaron puestos llaves al poder político y en el seno del partido dirigente que fue reorganizado». (62) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
El PTA, que había advertido algunos meses anteriores contra la reacción que se iba reforzando en Hungría, condenaba por su parte firmemente a los autores de la contrarrevolución húngara:
«El Partido del Trabajo de Albania se solidarizó sin reserva alguna con los trabajadores revolucionarios húngaros y puso en pie al pueblo entero para ir en su ayuda con todos los medios. A través de «Zéri i Popullit», el partido declaraba: «El pueblo albanés condena con odio los actos sangrientos de los imperialistas y de los contrarrevolucionarios fascistas que tienen por fin separar a Hungría del campo del socialismo, derrocar el Poder de los obreros y de los campesinos e instaurar la feroz dictadura del capital». (Editorial de «Zeri i Popullit», 30 de octubre de 1956) El gobierno de la República Popular de Albania, en una declaración especial, dirigía este llamamiento: «En las circunstancias actuales, las conquistas socialistas del pueblo húngaro, alcanzadas durante el curso de estos años, deben defenderse con firmeza». (Declaración del Gobierno de la República de Albania, 3 de noviembre de 1956. «Zeri i Popullit», 4 de noviembre de 1956) (63) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
El Partido del Trabajo de Albania y el pueblo albanés saludaron con gran alegría la victoria del pueblo húngaro como una victoria de todos los países socialistas, de todos los pueblos amantes de la libertad. Al analizar este triste acontecimiento, el Partido del Trabajo de Albania –a diferencia de la dirección soviética y de la nueva dirección húngara que culpaban de la contrarrevolución a los llamados «dogmáticos» y a la «antigua dirección húngara»– señalaba a los verdaderos y culpables: los revisionistas, y se les criticaba por:
«Los «cambios sucesivos y súbitos en la dirección de Hungría que dejaron de hecho al partido y al Estado sin su estado mayor dirigente, y sin una dirección fuerte y fiel» (Editorial de «Zeri i Popullit», 5 de noviembre de 1956) El Partido del Trabajo de Albania sacó de los acontecimientos de Hungría importantes lecciones para su propia actividad en el plano nacional e internacional: «La tragedia del pueblo húngaro –declaraba el camarada Enver Hoxha inmediatamente después del fracaso de la contrarrevolución– será sin duda alguna una gran lección para todas las gentes honradas del mundo, será una lección para todos aquellos que se duermen sobre sus laureles y que frente a las frases de los imperialistas y de la reacción, frente a las consignas demagógicas, relajan la vigilancia y la sustituyen con una actitud oportunista y con una peligrosa blandenguería. El partido y el pueblo albanés nunca han dado un paso en falso ni lo darán, y no se dejarán engañar por las consignas del «socialismo popular», del «socialismo revolucionario» o las consignas de una cierta «democracia» que se asemeja a todo menos a la democracia proletaria. Por tanto, hoy más que nunca, a nuestro partido se le plantea la tarea de fortalecer su lucha de principios para preservar la pureza de la teoría marxista-leninista, para fortalecer sus filas en el plano ideológico y organizativo, para robustecer la solidaridad internacional de los trabajadores, y considera necesaria la lucha en defensa de los principios marxista-leninistas, para consolidar sus filas en lo ideológico y organizativo, para fortalecer la solidaridad internacional trabajadores, porque considera que la lucha por la defensa de los principios del marxismo-leninismo, la lucha sobre la base de estos principios es la única lucha justa». (Enver Hoxha, discurso en la sesión solemne del 8 de noviembre de 1956. «Zeri i Popullit» 9 de noviembre de 1956) (64) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
El Partido Comunista de China y los otros partidos comunistas también condenaron la contrarrevolución en Hungría. Sin embargo, Mao Zedong no lo hizo sin la culpar de esto al camarada Stalin, muerto hace tres años. El propio Ludo Martens lo reconoce así:
«Mao retoma también las tesis de Kadar y los revisionistas «moderados» en Hungría quienes «explicaban» la contrarrevolución de 1956 por los «graves errores» cometidos por el stalinista Rakosi. Kadar no se distanció de Nagy más que en el momento en el que este hizo una alianza con los insurgentes de extrema derecha y fascistas». (65) (Ludo Martens, Sobre algunos aspectos de la lucha contra el revisionismo, 1995)
Y cita con pruebas palpables:
«Los errores cometidos por Stalin han suscitado un serio descontento en los pueblos de ciertos países de Europa del Este». (66) (Sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el diario Renmin Ribao)
Se desprende de estas posiciones que Mao, después de la reconciliación con Tito de Jruschov, después de la denuncia ruidosa de Stalin, y después del primer choque contrarrevolucionario operado bajo la bandera del antistalinismo, no parece tener en cuenta todavía el camino abierto por las teorías revisionistas del XXº Congreso del PCUS. Incluso embelleció la orientación revisionista del Partido Comunista de la Unión Soviética en la Conferencia de Moscú de noviembre de 1957. Así, como decimos en la conferencia de Moscú cuando los dos grandes revisionistas: Gomulka y Togliatti intentaron profundizar en la orientación revisionista desafiando el liderazgo soviético Mao pronunció las siguientes palabras que Enver Hoxha relata:
«Mao Zedong desde su asiento iba soltando argumentos sobre esta polémica: «Nuestro campo –dijo Mao– debe tener una cabeza porque también la serpiente tiene una cabeza, también el imperialismo tiene una cabeza. Yo no aprobaría –continuó Mao– que China fuese consideraba como cabeza del campo, porque nosotros no merecemos este honor, no podemos desempeñar este papel, somos todavía pobres. No poseemos ni un cuarto de satélite, mientras que la Unión Soviética tiene dos Luego, la Unión Soviética merece ser esta cabeza, ya que nos trata bien. Vean con que libertad estamos hablando. Si hubiera sido con Stalin hubiéramos tenido dificultades para hablar de este modo. Cuando me he encontrado con Stalin, me sentía ante él como el alumno ante el maestro, mientras que con el camarada Jruschov hablamos libremente, entre iguales». Y como si eso no fuera suficiente, añadió en su estilo peculiar: «Con la crítica del culto a la personalidad, tenemos la impresión de habernos librado de un pesado techo, que nos oprimía y nos impedía comprender correctamente muchas cuestiones. ¿Quién nos ha librado de este techo, quién nos ha ayudado a todos nosotros a comprender de manera correcta el culto a la personalidad?» Preguntó el filósofo haciendo una pequeña pausa, se dio enseguida la respuesta: «El camarada Jruschov, y nosotros se lo agradecemos». Así defendió el «marxista» Mao las tesis «con la Unión Soviética a la cabeza», así defendió también a Jruschov. Pero al mismo tiempo como buen equilibrista, para no indignar a Gomulka que era opuesto a las tesis de Mao añadió: ¡Gomulka es un buen camarada, debemos apoyarle y confiar en él! [11]». (67) (Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980)
Hay que subrayar que el «camarada Gomulka», como le llama Mao, había sido condenado como partidario de un socialismo «específico» de influencia titoista en 1948 y excluido del POUP en 1949. Es sólo después del XXº congreso del PCUS que reaparecerá sobre la escena política polaca. Mao Zedong, además de que también no puede abstenerse de subrayar los «progresos» que representa Jruschov con relación a Stalin, da prueba de un espíritu muy marcado de conciliación frente de los grandes revisionistas, hasta afirmar que:
«Hay personas –dijo– que son marxistas al cien por cien, las hay al ochenta por ciento, al setenta por cierto, al cincuenta por cierto, incluso hay de aquéllas que sólo pueden ser marxistas al diez por ciento. También los que sólo son un diez por ciento marxistas debemos conversar, pues siempre vamos a obtener algo positivo». (68) (Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980)
Al espíritu de conciliación, se añade aquí un subjetivismo muy fuerte a un diseño no dialéctico del marxismo: el «grado de marxismo» se presenta por esta fórmula como un cambio simple y cuantitativo. ¡El bono cualitativo –tal el reconocimiento de la dictadura del proletariado, la asimilación del materialismo histórico, etc–. está ausente de eso, como si el paso del revisionismo al marxismo-leninismo fuera un proceso gradual, lo que permite sobre justificar bien una alianza con «marxista» al diez por ciento que hasta sería un marxista!:
«Mao dijo que la obra de Stalin contenía un treinta por ciento de errores y un setenta por ciento de buenas cosas. ¡Gran análisis! ¡Evaluó la obra de Stalin con la misma precisión que se toma el peso de los tomates!». (69) (Enver Hoxha, Algunos juicios sobre el «decálogo» de Mao Zedong, 28 de diciembre de 1976, Reflexiones sobre China, Tomo II)
Siguiendo lógica de Mao que dijo sobre la obra de Stalin que contenía el 30% de errores y el 70% de méritos», tal apreciación que es repetida por otra parte por un tal Gonzalo para el que «sus méritos y sus errores son en un informe de siete a tres». [Nota de V.G.: Cf. la entrevista del presidente Gonzalo al periódico El Diario, 1988]Y teniendo en cuenta que las circunstancias en las cuales han sido pronunciadas estas palabras, estamos en derecho a preguntar a quién corresponden las cifras restantes: el 100%, el 80%, el 50% y el 10%. ¡Mao que ha calificado a Jruschov de «Lenin de nuestro tiempo», estamos pues en derecho atribuirle el 100%! ¿El 80% tienen que atribuir al «alumno» Mao, que fue el «alumno de Stalin»? ¿El 50% al gran revisionista de Gomulka, a Togliatti y demás? ¿Y quizás el 10 % al lacayo declarado del imperialismo estadounidense, Tito?
Este espíritu de conciliación con el revisionismo es también ilustrado por el hecho que Chou En-lai fue el encargado por los soviéticos de negociar con los titoistas para que aceptaran participar en la Conferencia de Moscú de noviembre de 1957, pero en vano: ya que los titoistas ponían condiciones inaceptables que habrían transformado esta conferencia un circo revisionista: los titoistas, en nombre de la política de distensión y de su buena relación con el oeste negaban que fuera hecha allí toda declaración contra el imperialismo y se oponían a toda denuncia del revisionismo y del oportunismo. Finalmente, en esta conferencia, la memoria reciente de los acontecimientos de Hungría hicieron que el Partido Comunista de China defendiera a pesar de todo los principios fundamentales del marxismo-leninismo, de común acuerdo con el Partido del Trabajo de Albania y otros partidos hermanos, tuvieron como acuerdo y resultado que el grupo de Jruschov no llegó a imponer los diseños del XXº Congreso del PCUS como línea general para el movimiento comunista internacional. El oportunismo y el revisionismo quedaron definidos como los principales peligros:
«Los revisionistas yugoslavos definieron abiertamente la declaración de la Conferencia: «como una negación del XXº Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética», como «un paso atrás», como «un retorno al stalinismo». Desataron un frenético ataque contra su contenido revolucionario y no tardaron en contraponerle su «programa» antimarxista que publicaron en 1958 presentándolo como «un manifiesto internacional». (70) (Instituto de estudios marxista-leninistas, Historia del Partido del Trabajo de Albania: 1980)
El Partido del Trabajo de Albania seguía con inquietud la propagación del revisionismo, consciente de que constituía un gran peligro para el campo socialista y el movimiento comunista internacional. Consideraba la lucha contra el revisionismo como una de sus más importantes tareas. La proclamación del programa de la Liga de los Comunistas de Yugoslavia le dio al partido una posibilidad para atacar al revisionismo internacional en todas las direcciones de su actividad y de su ideología antimarxista. Denunciando el programa yugoslavo como un cúmulo de podridas teorías de Proudhon, Bernstein, Kautsky, Trotsky, Bujarin y otros, camufladas con un nuevo ropaje, el partido lanzó la consigna: «Lucha sin compromiso para desenmascarar y destruir teórica y políticamente el revisionismo contemporáneo». (71) (Decisión del pleno del CC del PTA, 20 de junio de 1958. ACP «Zeri i Popullit», 22 de junio de 1958) Haciendo referencia indirectamente a la actitud oportunista de Jruschov y de otros revisionistas en diferentes partidos comunistas y obreros, el Partido del Trabajo de Albania subrayaba: «El papel que desempeña el revisionismo yugoslavo al servicio del imperialismo, deja de verlo sólo el que deliberadamente cierra los ojos». (72) (El revisionismo moderno debe combatirse sin darle las gracias a su aniquilación total teórico y político. «Zeri i Popullit», 22 de junio de 1958) Notas del autor:
(3) Cf. Vincent Gouysse - Sobre algunos aspectos del revisionismo del PCF, 2005
(4) Se trataban de unos fenómenos de los que los dirigentes del PTA tenían conocimiento. Además de estos fenómenos, el PTA ya había registrado algunos signos inquietantes por parte de la nueva dirección soviética después desde la muerte de Stalin. Cf. Enver Hoxha, Los jruschovistas, memorias, 1980.
Notas del editor: [6] Dar los medios de producción en el campo a las colectividades, no fue una reforma introducida sólo por Jruschov en la Unión Soviética, Mao Zedong y China también adoptarían tal medida:
«El hecho de que los medios de producción fueran propiedad de las granjas
colectivas en China no es casualidad, ya que no es invento de los economistas
chinos. Muy por el contrario, el sistema de estaciones de maquinaria y
tractores por el cual fueron vendidos los medios de producción del Estado a las
granjas colectivas, fue un sistema que Jruschov convirtió en un nuevo modelo
«estándar» para las políticas de colectivización de todos los países
revisionistas». (Rafael Martinez, Sobre el manual de economía política de
Shangai, 2006)
[7] Ver el
artículo: «Sobre el infame acercamiento de Jruschov a Tito de 1954 y sus consecuencias en el campo socialista». Como muestran el intercambio de cartas entre Tito y Jruschov, Tito no es complacido con la excusa de Jruschov de colgar todos «los errores en las relaciones entre los dos partidos» a Lavrenti Beria, buscando el yugoslavo que se reconociera oficialmente que fue algo nacido de la mano de Stalin, algo, a lo que tiempo después accedería Jruschov a presentar al mundo, invalidando en 1955 incluso, las resoluciones de la Kominform sin consulta previa con los otros países, satisfaciendo así, las demandas de Tito en la cuestión yugoslava.
[8] La primera hipótesis que presenta Vincent Gouysse para explicar el
oportunismo chino en la cuestión yugoslava: «la dirección del PCCh
desconocía la historia de la lucha llevada por el movimiento comunista
internacional contra el revisionismo» titoista, es imposible que sea
cierta, los comunistas chinos fueron informados de los errores de la dirección
yugoslava y así expresaron su posición frente a la polémica en 1948:
resolución adoptada por la Kominform de los Partidos Comunistas y Obreros de
Bulgaria, Rumania, Hungría, Polonia, URSS, Francia, Checoslovaquia e Italia, en
relación al Partido Comunista de Yugoslavia, condenó la posición antisoviética
de la camarilla de Tito, renegada del proletariado. La resolución señala
que esta postura antisoviética de la camarilla de Tito se deriva del programa
nacionalista de la burguesía y está conduciendo a la traición de la causa de la
unidad internacional del pueblo trabajador y a una posición nacionalista. La
resolución dice: «tal posición nacionalista solo puede conducir a
la degeneración de Yugoslavia en una república burguesa ordinaria, a la
pérdida de su independencia y a su conversión en una colonia de los países
imperialistas. La resolución del Comité Central del Partido Comunista de
China sobre el partido yugoslavo también señala que la camarilla de Tito,
debido a su traición de una serie de puntos de vista fundamentales del
marxismo-leninismo, ha caído en fango del nacionalismo burgués y los partidos
burgueses. Asimismo, nuestro Comité Central señala que, al aprobar esta
resolución, la Kominform ha «cumplido sus obligaciones con la causa de
la preservación de la paz mundial y la democracia, y con la defensa del
pueblo de Yugoslavia contra el engaño y la agresión del imperialismo
estadounidense». (Liu Shao-chi, Internacionalismo y nacionalismo, 1952)
Por tanto la reconciliación sino-yugoslava de 1956 era llevada a cabo en
condiciones donde los comunistas chinos sabían de la esencia de los yugoslavos.
[9] La línea ampliamente revisionista del VIIIº congreso del PCCh
deseptiembre del 1956 dejaba constancia sobre las tesis china de la «alianza
con la burguesía nacional y la «transformación e integración en el socialismo
de esta mediante vías pacíficas», esto fue recogido en los escritos de Enver
Hoxha además de los propios documentos chinos como hemos podido comprobar a
estas alturas del documento:
«Los camaradas chinos minimizan la lucha de clases, y se puede decir, que han compartido el poder económico con la burguesía capitalista a la que garantizan una tercera parte de los beneficios, garantizando además su participación restante a la cabeza de la administración, todo esto mientras se recomienda enérgicamente la convivencia con ella, etc. En el frente , se le dan a los partidos burgueses casi los mismos derechos políticos y puestos que al Partido Comunista de China, y de hecho dicen que estos partidos tienen el derecho de control sobre el Partido Comunista. En lo que se refiere a la vieja intelectualidad, no sólo no se mantiene una «correcta» posición sobre ella, sino que encima la exaltan. Encima de todo esto, en el informe que el VIIIº Congreso del PCCh de 1956, todo es presentado en el marco de «la educación y la reeducación», incluso se aplica esto para los grandes terratenientes, de quien se dice que «deben tomar parte en las cooperativas», mientras que para los capitalistas, que «han aceptado con entusiasmo la dirección de la clase obrera y el Partido Comunista China». (Enver Hoxha, Nada puede ser resuelto correctamente sin el partido, Reflexiones sobre China, 23 de octubre de 1966)
liberal de Mao Zedong expresado en el slogan de las «100 flores» y las «100
escuelas» fue criticado duramente sin piedad por Enver Hoxha como una teoría
concepciones revisionistas de Mao Zedong tienen su base en la política de
colaboración y de alianza con la burguesía, que ha aplicado constantemente el
Partido Comunista de China. También la línea antimarxista y antileninista de
que «se abran 100 flores y compitan 100 escuelas» tiene su origen en esta
política y es manifestación directa de la coexistencia de ideologías
opuestas. Según Mao Zedong, en la sociedad socialista, paralelamente a la
ideología proletaria, al materialismo y al ateísmo, hay que permitir la
existencia de la ideología burguesa, el idealismo y la religión, hay que
permitir que crezcan las «hierbas venenosas a la par de las flores fragantes»
etc. Esta línea, según él, es indispensable para el desarrollo del
marxismo, para abrir camino a los debates, a la libertad de opinión, pero en
realidad, por medio de ella, él trata de echar los cimientos teóricos de la
política de colaborar con la burguesía y de la coexistencia con su ideología.
Mao Zedong dice: «Impedir que la gente entre en contactos con lo falso,
con lo pernicioso o con lo que nos es hostil, con el idealismo y la metafísica,
impedir que conozca las ideas de Confucio, Lao Tsé y Chiang Kaishek, sería una
política peligrosa. Conduciría a la regresión del pensamiento, a la unilateralidad
y haría a la persona incapaz de enfrentar las pruebas de la vida». (Mao Zedong,
Discursos en una conferencia de comités de provinciales y municipales y de
región autónoma del partido, 1957) Es así como Mao Zedong concluye que el
idealismo, la metafísica y la ideología burguesa existirán eternamente, y por
tanto, no sólo no hay que impedidos, sino que se les debe dar la posibilidad de
brotar, salir a la superficie y competir. Esta actitud conciliadora con todo lo
reaccionario va tan lejos, que considera irremediables los desórdenes en la
sociedad socialista y errónea la prohibición de la actividad de los
enemigos: «En mi opinión –dice él–, cualquiera
que desee provocar disturbios puede hacerla durante el tiempo que le dé la
gana: si no le basta con un mes, nosotros le damos dos; en otras palabras, no
declararemos zanjado el asunto hasta que esté harto de disturbios. Si ustedes
se apresuran a poner fin a los desórdenes, tarde o temprano surgirán de nuevo».
(Mao Zedong, Discursos en una conferencia de comités de provinciales y
municipales y de región autónoma del partido, 1957) Aquí no estamos ante
discusiones académicas, «científicas», sino ante una línea política oportunista
contrarrevolucionaria que se ha opuesto al marxismo-leninismo, que ha desorientado
al Partido Comunista de China, en cuyo seno han circulado ciento y pico puntos
de vista e ideas y hoy existen en verdad 100 escuelas compitiendo. Esto ha
hecho que las avispas burguesas revoloteen libremente por el jardín de las 100
flores y viertan su veneno». (Enver Hoxha, El imperialismo y la revolución,
El albanés finaliza con que:
«Tal actitud oportunista en lo tocante a los problemas ideológicos tiene sus
raíces, aparte de otras cosas, en que el Partido Comunista de China, a lo largo
de todo el período que va desde su fundación hasta la liberación del país y de
ahí en adelante, no se ha esforzado por consolidarse ideológicamente, no ha
trabajado por inculcar la teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin en la mente y
en el corazón de sus miembros, no ha luchado por asimilar las cuestiones
fundamentales de la ideología marxista-leninista y aplicadas consecuentemente,
paso a paso, a las condiciones concretas de China». (Enver Hoxha, El
imperialismo y la revolución, 1978)
[10] Durante
la contrarrevolución húngara Mao Zedong siguió cubriendo de elogios el
«socialismo yugoslavo de la autogestión» pese a que él mismo reconoce que era
consciente de los epítetos antistalinistas de Tito –en las que colaboraba en
sus escritos– y de la influencia de estos textos antistalinistas de Tito en los
países de las democracias populares:
comprensible que los camaradas yugoslavos tengan un resentimiento particular
contra los errores de Stalin. En el pasado, hicieron esfuerzos meritorios para
pegarse al socialismo en condiciones difíciles. Sus experimentos en la gestión
democrática de las empresas económicas y otras organizaciones sociales también
nos han llamado la atención. El pueblo chino la bienvenida a la reconciliación
entre la Unión Soviética y otros países socialistas, por una parte, y
Yugoslavia, por otra, así como el establecimiento y desarrollo de relaciones
amistosas entre China y Yugoslavia. Al igual que el pueblo yugoslavo, el pueblo
chino espera que Yugoslavia se haga cada vez más próspera y poderosa en el
camino hacia el socialismo. También estamos de acuerdo con algunos de los
puntos en el discurso del camarada Tito, por ejemplo, su condena de los
húngaros contrarrevolucionarios, su apoyo al gobierno obrero-campesino
revolucionario de Hungría, su condena a Gran Bretaña, Francia, e Israel por su
agresión contra Egipto y su condena del Partido Socialista francés para la
adopción de una política de agresión. El camarada Tito hizo afirmaciones
sobre «los elementos stalinistas curtidos en varios partidos que han logrado
aún se mantienen en sus puestos y que de nuevo se quieren consolidar su
dominación e imponer las tendencias stalinistas en su pueblo, e incluso otros».
Por lo tanto, él declaró: «Junto con los camaradas polacos que tendremos que
luchar contra estas tendencias que surgir en diversos partidos, ya sea en
los países del Este o en el Oeste». No hemos encontrado ninguna declaración
formulada por camaradas dirigentes del Partido Obrero Unificado Polaco diciendo
que era necesario adoptar una actitud hostil hacia los partidos hermanos.
Creemos que hay que decir en relación con estos puntos de vista del camarada
Tito, que tomó una actitud equivocada cuando creó el llamado «stalinismo»,
«elementos stalinistas», etc, como objetos de ataque y sostuvo que la cuestión
ahora era si el curso «iniciado en Yugoslavia» o el llamado «curso stalinista»
ganaría. Esto sólo puede conducir a una división en el movimiento
comunista». (Sobre la experiencia histórica de la dictadura del
proletariado. Artículo publicado el 5 de abril de 1956 en el diario Renmin
Por lo tanto Mao Zedong sabía de las arengas a los pueblos del este de
Europa a levantarse contra el stalinismo pero para él simplemente el discurso
de Tito era un discurso no válido, no porque fueran las infames declaraciones
antistalinistas de un conocido anticomunista que había ayudado a los fascistas
húngaros lo que le preocupara, sino porque este discurso «debilitaba al
movimiento comunista», recordemos que para Mao era indispensable que en un
partido comunista existieran marxistas con un «10 por ciento» de marxismo, y
que allí debía haber unidad de todos modos, algo insólito pero que ayuda a ver
y entender sus posiciones. Mostremos otra cita para demostrar el análisis
oportunista del Partido Comunista de China sobre los sucesos de Hungría:
«Stalin y otros ex dirigentes de algunos otros países socialistas
cometieron el grave error de violar la democracia socialista». (Una vez
más sobre la experiencia histórica de la dictadura del proletariado, Artículo
publicado el 29 de diciembre de 1956 en el diario Renmin Ribao) [11] La
opinión favorable de Mao Zedong sobre el revisionista Gomulka, quién fue el
verdugo político de la obra del marxismo-leninista Bierut, no son imaginaciones
del albanés Enver Hoxha, ni invenciones maquinadas para sus memorias «Los
jruschovistas» de 1980, este aprecio de Mao Zedong por el revisionista polaco fue
confirmado por los propios documentos chinos:
«Ayer, el
discurso de Gomulka me gustó. Dijo que admitir que la Unión Soviética es
nuestra cabeza es admitir la verdad, no es algo inventado por el hombre sino
productor del desarrollo histórico. Pero en su país todavía hay algunas
personas que por el momento se resisten a esa descripción y otras que prefieren
usar expresiones como «el primer y más poderoso poder socialista». En su país
existe ese tipo de contradicción: los elementos progresistas todavía no son
capaces de reconciliarse con una cantidad importante de gente. Todavía tienen
que trabajar en eso. Creo que el camarada Gomulka es una buena persona. El
camarada Jruschov me ha dicho en dos oportunidades que se puede confiar en el
camarada Gomulka. Espero que nosotros –Polonia, la
Unión Soviética, China y el resto de países– podamos
unirnos completamente y mejoremos gradualmente nuestras relaciones». (Mao,
Discursos en la Reunión de los Partidos Comunista y Obreros en Moscú 1957)
la extensa crítica del marxista-leninista Bolesław Bierut de 1948 sobre las
tendencias derechistas y nacionalistas de Gomulka en su obra: «Para lograr la completa eliminación de las desviaciones derechistas y nacionalistas: discurso en el pleno del Comité Central del Partido Comunista de los Trabajadores de Polonia de Septiembre de 1948».
Lo mismo sucede con las memorias de Enver Hoxha en cuanto a las
frases de Mao Zedong sobre los marxistas y semimarxistas calificados en
porcentajes, donde abogaba por un partido unido donde se incluyeran los
marxistas y los semimarxistas: «A ellos les
parece que, una vez dentro del partido comunista, todos han de ser marxistas en
el 100 por ciento. En realidad, hay marxistas de diversos tipos: marxistas en
un 100 por ciento, marxistas en un 90 por ciento, marxistas en un 80 por
ciento, marxistas en un 70 por ciento, marxistas en un 60 por ciento, marxistas
en un 50 por ciento, e incluso marxistas con sólo un 10 por ciento. ¿No podemos
conversar entre dos o varias personas en un cuarto? ¿No podemos celebrar
negociaciones partiendo del deseo de unidad y con un espíritu de ayuda? Claro
que no se tratan de negociaciones con el imperialismo –con
éste también necesitamos celebrar negociaciones–, sino de
negociaciones internas entre comunistas». (Mao, Discursos en la Reunión de los
Partidos Comunista y Obreros en Moscú 1957)
Revisionismo Húngaro,

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