Source: http://www.malvinasmdp.org.ar/HGRERA/TomoXII%20Cap57.htm
Timestamp: 2018-12-14 22:27:20+00:00

Document:
Tomo XII Cap.57
Tomo XII:
Diplomacia de Malvinas, 1945-1989
Como se ha visto, en 1927, la Argentina inició sus reclamos sobre las Islas Georgias del Sur (1). Pero según Kinney, éste país reconoció tácitamente la soberanía británica (2). En 1945, Gran Bretaña desalojó la estación meteorológica argentina en Grytviken y devolvió todo el equipo científico a la Compañía Argentina de Pesca (ver arriba).
En 1947-48, la Argentina reclamó por primera vez las islas Sandwich del Sur. De este modo, no fue sino hasta después de la Segunda Guerra Mundial que los reclamos de la Argentina en el Atlántico Sur adquirieron la dimensión actual: las Islas Malvinas, las Georgias de Sur, las Sandwich del Sur y la zona de la Antártida por debajo del paralelo 60° (las tres últimas son conocidas por los británicos como Dependencias (Dependencies).
En septiembre de 1945, el embajador británico en Buenos Aires presentó una nota al Gobierno argentino, en la cual declaraba que su Gobierno estaba dispuesto a tomar todas las medidas necesarias para conservar los derechos soberanos británicos sobre las colonias y sus dependencias. La nota también detalló actividades secretas realizadas por la Argentina en las Dependencias durante 1943. El Gobierno argentino respondió que esperaba solucionar el diferendo "en una futura ocasión, directamente con Gran Bretaña" (3).
El 17 de septiembre de 1946, W. Beckett del Foreign Office presentó un memorándum sobre las Islas Malvinas. La parte final del documento resume la validez y la fortaleza de la posición británica respecto de una serie de argumentos sobre los cuales Gran Bretaña basaba sus derechos de posesión del archipiélago. Respecto de sus derechos por descubrimiento: la prioridad británica es "insatisfactoria" e "irrelevante". Sobre el Acuerdo Secreto de 1770: "Hay evidencia para apoyar la convicción que una garantía verbal de retirarse de las Falkland fue dada por Lord North en noviembre de 1770. Sin embargo, no puede ser totalmente demostrado". Más aún, el documento agrega que "aceptar el hecho de una garantía secreta es destruir definitivamente el caso británico anterior a 1833". Respecto del retiro español de 1811 sostiene que:
En 1811 los últimos colonos españoles fueron retirados de las Islas Falkland lo que entonces, desde el punto de vista británico, se transformó en terra nullius. Los respectivos reclamos de Gran Bretaña y Argentina son considerados mejor desde 1811. La aserción argentina de continuidad de posesión de España puede ser discutida sobre las bases que el Gobierno de Buenos Aires estaba lejos de representar la totalidad del Virreinato de La Plata [sic], dentro de cuyos dominios estaban las Islas Falkland.
Además, con respecto a la sucesión de Estados, el Gobierno de Su Majestad ha negado consistentemente el derecho por el que las repúblicas sudamericanas insurgentes aceptaban entre ellas mismas las delimitaciones territoriales de los Virreinatos españoles. En los casos de Colombia y Nicaragua, el Gobierno de Su Majestad reconoció la sucesión de las nuevas repúblicas sólo en los territorios que habían estado efectivamente ocupados.
Por último, respecto de los derechos de prescripción (1833-1946) el Memorándum afirma que:
Gran Bretaña ha estado en formal posesión y ocupación efectiva de las Islas Falkland desde 1833; en esa fecha las Islas no estaban efectivamente (ineffectively) ocupadas por el Gobierno de Buenos Aires; y se puede argumentar entonces que estaban abiertas a la adquisición por la primera potencia efectivamente ocupante. En este sentido, la ocupación británica de 1833 fue en ese tiempo, un acto de injustificable agresión que ahora ha adquirido el apoyo del derecho de prescripción. La presente población es británica en su totalidad (4).
En el verano de 1947/48, buques de la Armada Argentina llevaron a cabo maniobras en las aguas adyacentes a las Islas Malvinas realizaron desembarcos en distintas islas de las "Dependencias". Como respuesta y para respaldar a la fragata Snipe que se hallaba estacionada en el área, la Royal Navy envió al crucero HMS Nigeria, hubo incidentes menores entre los presentes en el Puerto Melchior, en la Península Antártica, pero fue resuelto y la Armada Argentina se retiró. Los buque británicos permanecieron destacados en las Malvinas hasta 1949 (5). Los incidentes en la Antártida se repitieron en 1952 en la Bahía Esperanza y la Argentina anunció una progresiva ocupación de esa región. A principios de 1953, los británicos destacaron como refuerzo para la estación naval de las Malvinas al crucero HMS Superb. Hasta marzo de ese año, la situación permaneció inestable, y el comandante británico del área tenía autorización de Londres para utilizar la fuerza si fuera necesario. Hacia fines de 1953, una vez solucionados los problemas en la Bahía Esperanza, comenzó otro pico de tensión con los argentinos en la isla Dundee. En esa ocasión, los británicos se preocuparon por su escasa capacidad de respuesta a alguna agresión argentina. El Comité de Jefes de Estado Mayor, evaluó en ese momento (como sucedería treinta años después) que "bajo la actual política, el Reino Unido se compromete a mantener sus intereses en las Dependencias de las Islas Falkland sin la una fuerza adecuada para ello" (6). Para su tranquilidad, los incidentes no pasaron a mayores.
Si bien a partir de la inmediata posguerra y hasta 1965 la diplomacia argentina estuvo centrada principalmente en las Naciones Unidas (ver arriba), en el ámbito de las relaciones bilaterales ocurrieron hechos que merecen ser detallados.
En 1948, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Argentina creó un departamento separado para seguir su reclamos sobre las Islas del Atlántico Sur (7).
En el ámbito diplomático y dentro del marco del proceso de descolonización emprendido por las Naciones Unidas, Gran Bretaña registró, por esas fechas, a las Islas Malvinas como uno de sus "territorios no autogobernados" (non-self-governing territories) (8).
Hacia fines de 1950, el Congreso Argentino declaró formalmente que las Islas Malvinas eran una posesión argentina (9).
El 21 de diciembre de ese año, una Ordenanza Real extendió los límites de la soberanía británica sobre las Malvinas que incluirían la plataforma submarina, el fondo marino y el subsuelo contiguo a las islas. Así, el área pasó a comprender 85.000 kilómetros cuadrados.
A comienzos de 1953, se produjo un desembarco argentino en la Isla Decepción perteneciente al grupo de las Shetland del Sur. Como respuesta a la acción argentina y con la misión de expulsar a los ocupantes, la Royal Navy envió inmediatamente al buque HMS Snipe (10).
En ese mismo año, la Argentina, como en tiempos de Rosas, intentó resolver la disputa por las Islas por medio de una transacción comercial (ver arriba). En efecto, el entonces presidente de la Argentina, Juan Domingo Perón, envió al contraalmirante Alberto Tesaire, presidente provisional del Senado, como representante oficial del país a la coronación de la Reina Isabel II en 1952. Durante su estancia en Londres, el representante argentino visitó la sede del Foreign Office y ofreció a Gran Bretaña la compra de las Islas. De este modo, sostuvo Tesaire, las relaciones anglo-argentinas se asentarían sobre bases firmes. El Gobierno británicos, rechazó la oferta aduciendo que temían que ello produjera la caída del Gobierno del Primer Ministro Winston Churchill (11).
El 4 de mayo de 1955, el gobierno Británico inició ante la Corte Internacional de Justicia un reclamo contra Argentina relativo a los derechos de soberanía sobre las dependencias de las Islas Malvinas, en especial las Georgias del Sur, Sandwich del Sur y lo que ellos denominan Territorio Antártico Británico. La presentación, titulada "Solicitud del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte relativa a las incursiones del Gobierno argentino en territorio antártico británico", solicitó que la Corte declarase que:
el Reino Unido, a diferencia de la República Argentina, posee, y en todas las fechas pertinentes ha poseído, derechos legales válidos y perdurables a la soberanía sobre todos los territorios comprendidos en las dependencias de las Islas Falkland y, en especial, en las Islas Sandwich del Sur, Georgias del Sur, Orcadas del Sur, Shetland del Sur, Tierra de Graham y Tierra de Coats (12).
La presentación incluyó, además, un pedido para que la Corte obligara a la Argentina a respetar la soberanía del Reino Unido y que cesara en sus pretensiones de ejercer soberanía sobre los territorios de las Dependencias (13).
La Argentina no aceptó la jurisdicción de la Corte, ni de ninguna otra corte internacional, panel de mediación o arbitraje. Así, la Argentina pasó a contar sólo con las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos, o los No-alineados como foros para presentar sus reclamos (14). Gran Bretaña nunca sometió el caso de las Islas Malvinas a la Corte (15).
Con la firma del Tratado Antártico en diciembre de 1959, y su entrada en vigencia a partir de 1961, Gran Bretaña modificó, los límites de los territorios en disputa. El 26 de febrero de 1962, mediante una "Orden en Consejo" efectiva a partir del 3 de marzo siguiente, el Gobierno de Su Majestad dispuso que las tierras situadas entre los meridianos 20° y 80° oeste, al sur del paralelo 60° sur, constituirían una Colonia separada que se llamaría Territorio Antártico Británico. Respecto de Malvinas, la Orden estableció que "Dependencias de las Falkland [Falkland Islands Dependencies] significa todas las islas y territorios entre la longitud 20° oeste y la longitud 50° oeste, situadas entre la latitud 50° sur y la latitud 60° sur y todas las islas y territorios entre la longitud 50° oeste y la longitud 80° oeste, situadas entre la latitud 58° sur y la latitud 60° sur" (16).
En septiembre de 1964, un piloto civil, Miguel Fitzgerald, aterrizó con una avioneta en Puerto Stanley, plantó una bandera argentina, dejó una nota de protesta y levantó vuelo antes de poder ser aprendido por las autoridades locales. Gran Bretaña protestó por esa acción en las Naciones Unidas (17). El Gobierno argentino negó estar relacionado con el hecho. Como consecuencia de éste incidente, Gran Bretaña estableció permanentemente un contingente de Royal Marines.
El 20 de septiembre de 1965, la Cancillería argentina envió una nota al Gobierno británico invitándolo a iniciar negociaciones bilaterales con el fin de resolver las diferencias entre ambos (18).
Recién el 4 de noviembre el Reino Unido respondió afirmativamente a la nota argentina del 20 de septiembre. En su respuesta restringió el alcance de las negociaciones al considerar al tema de soberanía fuera de discusión (19).
Notificación de la Argentina a la Unión Postal de Berna (ver arriba).
Kinney, 43.
Informe Beckett sobre las Islas Falkland, 17 de septiembre de 1946 en Ferrer Vieyra 1993, p. 537.
Foreign Office, Research Department F.O. 371/17111, A.S. 5728/311/2; citado por Ferrer Vieyra 1993 pp. 540-41.
Grover, 170; Kinney, 44.
Grover, 171.
Kinney, 47. En la actualidad se llama Departamento de las Islas Malvinas.
Ibid. 47, buscar ley y fecha.
Ibid. 47. HMS Snipe: buque de escolta (1.400 toneladas).
Gustafson, 101.
Citado en Ferrer Vieyra 1984, 266-67.
Sobre la evaluación de los posibles efectos de la decisión argentina existen opiniones divergentes. Mientras que los analistas argentinos presentan el caso como una decisión acertada de la Argentina, para Kinney, la respuesta argentina habría debilitado sus reclamos al eliminar la posibilidad de acudir a cualquier instancia judicial o mediativa final (Kinnney, 48).
Ferrer Vieyra 1993, 196.
Pereyra, 28-9. Pereyra agrega que de este modo Gran Bretaña mantuvo sus apetencias con sólo un ligero cambio de denominación (29).
Destefani, 108.
Información de del Carril a la Cuarta Comisión de la ONU sobre contactos bilaterales, 11 de noviembre de 1965 en CARI I 251-52.
Quellet, 61; Lanús, 463-4.
Concluida en diciembre de 1965 la primera etapa del proceso tendiente a la resolución de la disputa con la aprobación de la Resolución 2.065 (XX) en Naciones Unidas, se inició la segunda etapa que consistiría en la apertura de las negociaciones bilaterales. Hacia mediados de los años 60, la situación de colonia de las Malvinas parecía un anacronismo y una carga para la metrópoli. Esta apertura respondía a factores tales como el retiro del imperio, la creciente presión de las Naciones Unidas, y una revisión en la política de defensa (1).
El 11 y 14 de enero de 1966 se reunieron en Buenos Aires el canciller Miguel Zavala Ortiz y el Secretario de Estado de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Michael Stewart. Ambos firmaron un comunicado conjunto conocido como "Zavala Ortiz-Stewart":
Los ministros, Miguel Zavala Ortiz y Michael Stewart consideraron la diferencia existente entre el Gobierno argentino y el del Reino Unido sobre las islas Malvinas (Falkland). De acuerdo con el espíritu de conciliación que ha inspirado la Resolución de la XX Asamblea General de las Naciones Unidas aprobada el 16 de diciembre de 1965, ambos Ministros efectuaron un valioso y franco intercambio de puntos de vista, en el curso del cual los Ministros reiteraron las posiciones de sus respectivos gobiernos. Finalmente, como resultado de esas conversaciones los dos Ministros han coincidido en proseguir sin demora las negociaciones recomendadas en la citada resolución por la vía diplomática o por aquellos medios que puedan acordarse a fin de encontrar una solución pacífica al problema e impedir que la cuestión llegue a afectar las excelentes relaciones que vinculan a la Argentina y al Reino Unido. Ambos Ministros acordaron transmitir esta decisión al Secretario General de las Naciones Unidas (2).
Lanús resalta que este encuentro señaló el comienzo de una etapa que culminaría en 1968 con un fracaso diplomático argentino (ver abajo) (3).
Por casi dos años, los diplomáticos argentinos y los funcionarios del Departamento de América del Sur del Foreign Office, mantuvieron numerosas reuniones formales e informales pero siempre de carácter confidencial. Según Lanús, el objetivo de dichas reuniones para la Argentina fue lograr algún tipo de compromiso británico sobre el tema de la transferencia de la soberanía.
A pesar de diálogo existente, la diplomacia británica propuso en noviembre de 1966 un congelamiento de la cuestión de la soberanía por un plazo de 30 años. Durante ese período no se llevarían a cabo ninguna acción de normalización de las relaciones, comercio o cualquier otro contacto que afectara la posición de cada parte. Al finalizar el congelamiento, los habitantes de las Malvinas optarían libremente entre la soberanía británica o argentina. La respuesta argentina a esta propuesta fue negativa (10).
Para marzo de 1967, los británicos habían suavizado su posición e informaron oficialmente a los argentinos que bajo ciertas condiciones -que se respetaran los deseos de los Isleños-, estarían dispuestos a cederles la soberanía de las Malvinas (11). Sin embargo, para fines del año siguiente, la situación volvió a endurecerse, y a partir de ese momento, la condición básica para efectuar la cesión pasó a ser la de los deseos de los isleños. Este vuelco en la postura británica fue producto de la acción de representantes de los isleños que, desde febrero de 1968, activaron la oposición a dichas negociaciones en el Parlamento y en la opinión pública. En efecto, miembros de ese cuerpo en contacto con el Consejo Ejecutivo de las Islas, conformaron lo que pasó a llamarse el "Comité del Reino Unido y las Islas Falkland" (United Kingdom-Falkland Islands Committee o UKFIC) o más comúnmente conocido como el "Falklands Lobby" (12). Ante el temor que las conversaciones terminaran con la presentación de un fait accompli. Este comité envió una carta abierta a todos los parlamentarios en febrero de 1968, levantando una ola de temor ante un inminente traspaso de soberanía a la Argentina (13). A fines de marzo de 1968 se llevaron a cabo los debates parlamentarios para aclarar el tema. En el interrogatorio, representando al Gobierno, tuvo que responder Lord Chalfont, ministro de estado del Foreign and Commonwealth Office (14). Durante el debate parlamentario, el ministro admitió que si se deseaban mantener buenas relaciones con la Argentina, los británicos deberían estar dispuestos a admitir que al igual que ellos estaban convencidos de la legalidad de su soberanía, los argentinos estaban convencidos de su reivindicación (15).
También admitió que las negociaciones eran delicadas y por lo tanto confidenciales y que se negaban a concluirlas, por el contrario, el gobierno sostuvo que continuarían. El Gobierno británico descartó, en esa oportunidad, la posibilidad de otorgar la independencia a las Islas debido lo reducido de su población, su situación geográfica y sus escasos recursos. En vista de ello, el objetivo de las negociaciones para el Gobierno de Su Majestad era lograr un arreglo satisfactorio entre pobladores de las Islas y la Argentina en un política a largo plazo y en el interés de los pobladores. Por lo tanto, para la transferencia de las Islas a la Argentina era claro que deberían darse dos condiciones: primero, un acuerdo con amplias salvaguardias para los isleños; y segundo, que los isleños aceptaran ese acuerdo. No obstante ello, en virtud de las potestades constitucionales, el Gobierno se reservaba la decisión (16). El informe Franks claramente especifica que durante el debate en el Parlamento, el Secretario Stewart y otros ministros del Foreign Office "aclararon en varias ocasiones que no habría cesión de soberanía en contra de los deseos de los Isleños" (17). A pesar de lo discutido, durante los debates no se alcanzó un consenso sobre el acuerdo (18). Finalmente, en agosto de 1968, luego de una reunión entre el embajador Mc Laughlin y el ministro Lord Chalfont, a cargo de las negociaciones, se llegó a un acuerdo sobre el texto ad referéndum de un "Memorándum de Entendimiento". Según el mismo, los ingleses estarían de acuerdo con la transferencia de la soberanía si previamente, se aseguraran las comunicaciones entre las Islas y el continente y se lograra un acuerdo sobre ciertas garantías que aseguraran los intereses de los habitantes de las Malvinas (19). El memorándum fue transmitido inmediatamente a Buenos Aires por su embajada en Londres.
¿Cómo fue posible que luego de los acalorados debates parlamentarios y de las afirmaciones del Gobierno británico de marzo y abril, pocos meses después, se haya llegado a la formulación de un texto que había sustituido la fórmula de "deseos" por la de "intereses"? Para Kinney, el Reino Unido adoptó en este texto la formulación de "intereses" de la Argentina y de las Naciones Unidas y la había transformado en el equivalente potencial de "deseos" que significaba un cúmulo de beneficios tan convincentes que los isleños los aceptarían (20). Para Beck, fue Stewart quien favoreció la fórmula que contemplaba los "intereses" y no los "deseos" a pesar de la gran presión en contra de un acuerdo con la Argentina. De este modo, esperaba que los isleños pudieran convivir en mejores términos con sus vecinos y que se desarrollaría una relación más estable que facilitaría a los isleños las comunicaciones con la Argentina y que, en definitiva, beneficiaría la posición del Reino Unido en América Latina y en las Naciones Unidas (21).
A fines de noviembre de 1968, el Gobierno envió en visita oficial a las islas a Lord Chalfont, Ministro de Estado para asuntos Latinoamericanos del Foreign Office, con el objeto de mantener conversaciones con los isleños y también con los argentinos (22). En su intento para convencerlos de aceptar la política perseguida por el Gobierno, Lord Chalfont sostuvo frente a unos quinientos isleños que,
En otra reunión, esta vez secreta, con los seis miembros del Consejo Ejecutivo de las Islas, el funcionario les advirtió que "Gran Bretaña ya no podría mantener en las islas fuerzas navales suficientes para brindar protección, que ya no podría contribuir financieramente por la declinación del precio de la lana en el mundo, que había que tener en cuenta los intereses de la gran comunidad británica en la Argentina y que los isleños lo pasarían mejor dependiendo de la Argentina" (24). Al día siguiente de este encuentro, se reunió en la asociación de de criadores de ovejas. Según Hoffmann y Hoffmann, Lord Chalfont manifestó allí que "las negociaciones eran sólo una fase de un proceso, y que la `postura de acuerdo' tantas veces mencionada no constituía un tratado. Aunque se la hiciera pública, de ninguna manera alteraría la soberanía de las islas en contra de los intereses de sus habitantes. Pero las negociaciones debían continuar, porque si se interrumpían la Argentina podría reclamar las Islas de algún otro modo". De acuerdo con la opinión de Lord Chalfornt, Hoffmann y Hoffmann agregan, "se crearía incertidumbre y se complicaría la vida a los isleños" (25).
Pero su palabras no tuvieron eco, y el Lobby logró que unos cien parlamentarios conservadores firmaran una moción para que el Gobierno británico "de una vez por todas asegure que los isleños son británicos y que no serán traspasados a un país extranjero en contra de su voluntad" (26). En Buenos Aires tampoco encontró Lord Chalfont predisposición para moverse hacia una posición más flexible (27). A su regreso a Londres informó a Stewart y profetizó que en "...este conflicto de `irreconciliables'; a menos que la soberanía sea seriamente negociada y transferida en el largo plazo, es probable que terminemos en un conflicto armado con la Argentina". (28)
Lord Chalfont se presentó también ante el Parlamento e informó sobre sus actividades en las Islas. Allí fue duramente atacado por la Oposición conservadora (29). La decisión del Gabinete de abandonar la iniciativa del memorándum el 11 de diciembre de 1968 fue una importante victoria del Lobby. Este logró contrabalancear la presión argentina sobre el Gobierno. Para ello contaron con el apoyo de la prensa y del hecho que la crítica al Gobierno dentro del Parlamento tuvo su baluarte en el Gabinete de la sombra de la oposición conservadora (30).
Para varios analistas, el Memorándum de Entendimiento es "el documento que contiene el compromiso más explícito por parte del Reino Unido sobre la eventual transferencia al Estado Argentino de la soberanía que ejercía sobre las Islas" (31).. Sin embargo, el Informe Franks agrega que
la publicación del Memorándum debía ser acompañada por una declaración unilateral, en la que se dejaba en claro que el gobierno estaba dispuesto a proceder a un arreglo definitivo con Argentina que comprendiera la transferencia de soberanía, sólo cuando estuvieran satisfechos de que dicha transferencia y las bases sobre la que ella tendría lugar, eran aceptable para la población de las islas (32).
El 11 de diciembre de 1968, el Gobierno británico decidió en una reunión de Gabinete suspender todo intento de lograr un acuerdo con la Argentina en base al Memorándum de Entendimiento considerando la reacción del Parlamento y de la prensa (41).
Ese mismo día, el Secretario de Relaciones Exteriores británico Michael Stewart declaró ante la Cámara de los Comunes que:
Con esta declaración, el Gobierno de Su Majestad se retrotajo a la posición de la autodeterminación de los isleños (43).
En esa ocasión, la respuesta argentina no se hizo esperar y al día siguiente (12 de diciembre) el Canciller Costa Méndez declaró que el gobierno del Reino Unido debía "reconocer como solución definitiva la soberanía argentina" y agregó que:
3. La concertación del acuerdo integral tendrá, por lógica consecuencia, el desarrollo de libres comunicaciones entre las Islas y el resto del territorio nacional argentino y la creación de vínculos definitivos con ellos... (44)
Durante la década de los 60 el Gobierno británico también tomó algunas decisiones que no estaban directamente relacionadas con las Islas Malvinas pero que, a juicio de algunos analistas, se convirtieron en señales contradictorias o fáciles de ser malinterpretadas por parte de los argentinos. Pues estos estaban siempre a la expectativa de algún cambio en la situación del archipiélago y la recuperación de las Islas era una de sus principales temas de política exterior. La primera señal fue el drástico recorte en el presupuesto militar británico de 1966. Este ahorro presupuestario llevó al Ministerio de Defensa a renunciar a los portaaviones y al "desembarco...de tropas contra una oposición sofisticada fuera del alcance de la cobertura de la aviación terrestre". Para algunos, esto podría haber afectado el planeamiento argentino con respecto a llevar adelante acciones militares contra las Islas (45). La segunda señal fue la decisión del gobierno de modificar, a principios de 1968, la "Ley de Inmigrantes del Commonwealth" de 1962. Ante la presión inmigratoria producida por el proceso de descolonización Gran Bretaña dispuso una nueva ley que disponía que no podía emigrar a Gran Bretaña quien no fuera oriundo de ella, o que no tuviera padre, madre o por lo menos un abuelo nacido en ella. El efecto de esta ley fue que en 1970, sólo la mitad de los isleños cumplían con los requisitos de la misma (46).
Estos grupos contaban con el apoyo financiero de la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Por último, otro grupo era el llamado Amigos de las Islas Falkland (Friends of the Falkland Islands) compartía también un gran número de miembros comunes con las anteriores. Ver también Ellerby.
Ibid, 6. Al respecto, Quellet confirma que de las declaraciones de los miembros del Gobierno británico y de "la convicción existente en el ánimo de los parlamentarios" reproducidas en los Diarios de Sesiones, el objeto de las negociaciones era la soberanía (76). La carta enviada a los parlamentarios y a la prensa decía:
Tenga en cuenta que: los habitantes de las islas nunca fueron consultados sobre su futuro. Que ellos NO quieren ser argentinos. Los isleños son tan británicos como ustedes, la mayoría son de descendencia inglesa o escocesa de hasta sexta generación. Cinco de cada seis nacieron en las Islas. Muchos ancianos no han estado en ningún otro lugar. No hay problemas raciales, on hay desempleo y no hay pobreza, y NO ESTAMOS EN DEUDA (27 de febrero de 1968, Ellerby, 87).
Kinney, 50. De ahora en mas, Foreign Office. Pero tener en cuenta que para 1968, el Foreign and Commonwealth Office era el resultado de la fusión de tres departamentos, el Commonwealth Office, el Foreign Office, y el Colonial Office. Este último ya se había fusionado con el primero en 1966 (Hastings & Jenkins, 12-13).
Peter J. Beck: The Falkland Islands Dispute as an International Problem. Routhledge, 1988 citado por Olivieri López 1995, 51.
Ibid. 119. Parecería que algunos argentinos hubieran escuchado las palabras de Lord Chalfont. Pues mientras éste se hallaba en las Islas, el 27 de noviembre, un avión argentino aterrizó en las calles de Puerto Stanley. A bordo viajaron Héctor R. García, propietario del periódico Crónica, un reportero y como piloto a Miguel L. Fitzgerald (el mismo del aterrizaje de 1964). Inmediatamente fueron apresados y repatriados a Río Gallegos a bordo del buque HMS Endurance que trasladó a Lord Chalfont de visita a la Argentina (Ibid. 119-120 y Destefani 108).
Olivieri López 1992, 84 y Ellerby, 89.
Ellerby, 89-90.Por ejemplo, el 12 de diciembre el vocero sobre relaciones exteriores de la oposición, Sir Alec Douglas-Home, se comprometió a que si su partido heredara las negociaciones con la Argentina, ellos "eliminarían la cuestión de la soberanía de la agenda". De acuerdo con Ellerby, "el tema de las Falkland presentó a Heath [líder de los conservadores] como una oportunidad para unir a su partido, dividir a los laboristas y reconquistar la fe del público de que el Partido Conservador era capaz de defender valores británicos" (90).
Lanús, 475; también Kinney, 50 y Olivieri López 1992, 83.
Ibid. 476. Los ataques fueron tan severos que Stewart tuvo que acortar una visita oficial que realizaba a la India y regresar a defender la posición del Gobierno (Hoffmann y Hoffmann, 123.
Olivieri López 1992, 231 n. 11. Los argumentos de Stewart eran que un arreglo con la Argentina sería beneficioso para los isleños, que mejoraría la posición del Reino Unido en las Naciones Unidas y su relación con América Latina, en general (Hoffmann y Hoffmann, 123-25.
Durante los días de la Guerra del Atlántico Sur, el diario La Nación publicó una carta del brigadier Eduardo McLoughlin que respondía a una nota anterior publicada en ese matutino. Dicha nota firmada por José Campobassi sostenía que la Argentina no aceptó la propuesta británica porque aquella insistió en el reconocimiento incondicional de su soberanía. La respuesta de McLoughlin precisa que la negociación se había extendido por la falta de acuerdo entre las partes sobre el texto de una nota explicativa conjunta que acompañaría la elevación del Memorándum al Secretario General de las Naciones Unidas. Mientras se desarrollaban estas discusiones, la oposición en el Reino Unido había agitado el tema públicamente, lo que asustó al Gobierno y en consecuencia, abandonó las negociaciones (La Nación, 14-4-1982, 7).
Franks, 6. Beck cuenta que en esa reunión, Stewart defendió la negociación señalando sus ventajas, pero un miembro del Gabinete comentó que "...uno por uno, todos nos volvimos en su contra", dejando claro que no conseguiría su objetivo (1988, 103 citado por Olivieri López 1992, 231 n.11).
A partir del 24 de marzo de 1976 se instauró en la Argentina un nuevo gobierno de facto que optó por continuar con las negociaciones (1). En marzo, los británicos, también con un nuevo gobierno (laborista), revisaron su política y decidieron abrir el diálogo con una agenda más amplia que podría incluir "futuras negociaciones constitucionales" (2). Kinney resume esta apertura como "nuevo gobierno, nuevas negociaciones, nuevos posibles términos" (3).
Una vez más la visión de los analistas sobre estos acercamientos difieren. Mientras que para Beck, este nuevo período es uno en donde ambas partes, y especialmente, el Gobierno británico, trataron de alcanzar un arreglo (4). Por el contrario, para autores argentinos como, por ejemplo, Virginia Gamba,
A partir de 1976 Gran Bretaña intentó dilatar la negociación seria con la Argentina, no vacilando para ello en quebrar las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas ni en repudiar la buena fe argentina concretada en el Acuerdo de Comunicaciones de 1971 (5).
A pesar de las percepciones encontradas, en la práctica si existieron factores que dificultaron la posibilidad de alcanzar una solución. Entre ellas estaban, principalmente, la tensión en la que se hallaba sometido el Gobierno británico frente a la demanda Argentina de soberanía y su compromiso de respetar los deseos de los isleños de mantenerse súbditos de la Corona (6). Por el lado argentino, estaba su intransigencia respecto de apartarse de cualquier solución intermedia o más flexible que la de plena soberanía.
El Canciller del nuevo Gobierno militar, contraalmirante César A. Guzzetti, reinició el diálogo sobre la cuestión de las Malvinas. En París, los días 10 y 11 de julio se realizaron reuniones secretas entre los delegados argentinos y los representantes británicos (7). Los encuentros prosiguieron en Buenos Aires, en agosto de 1976, los días 7 y 8 a bordo de la Fragata ARA Sarmiento y ya en 1977, los días 22 y 23 de febrero, en la Cancillería y la Embajada Británica de aquella ciudad. Las conclusiones de estas conversaciones se mantuvieron confidenciales (8).
Lanús informa que en el año de 1976 el gobierno argentino presentó una propuesta escrita al gobierno Británico para un progresivo traspaso de soberanía de las islas (9). La propuesta contemplaba una etapa previa de Administración Conjunta, luego llegaría "el momento en que el Gobierno de la República Argentina asumirá la totalidad de las funciones constitucionales, administrativas, judiciales, legislativas, la responsabilidad de la defensa y la conducción de las relaciones exteriores en las Islas Malvinas, reconociendo en esa oportunidad el Gobierno Británico la plena soberanía argentina". Se proponía que la administración conjunta durara ocho años y se agregaron luego, detalles referentes a las garantías a otorgarse a los isleños (10). Al mismo tiempo, los británicos también presentaron "una serie de ideas". Una de ellas apuntaba a la cooperación en aquella región del Atlántico sobre derecho del mar, régimen de pesquerías y explotación de hidrocarburos (11).
A mediados de julio de 1976, el ministro de economía del gobierno militar de la Argentina, José Alfredo Martínez de Hoz, realizó su primera visita a Londres, con el fin de asegurar muy necesarios prestamos para el país. El Gobierno británico y los medios financieros, tuvieron entonces esperanzas de haber hallado en él a un interlocutor para poder hablar de cooperación en el desarrollo de las Islas. El ministro Martínez de Hoz realizó entre 1976 y 1980 cinco visitas a Londres. En todas ellas, enfatizó la cooperación por sobre la confrontación (12). Esta actitud "soft" del ministro de economía encontró la constante oposición del Ministerio de Relaciones Exteriores (13). Este último logró finalmente prevalecer.
El 20 de julio de 1976 se dio a conocer en Londres el Informe Shackleton. Según el periódico Times éste hacía hincapié en la debilidad de la economía monoproductora de las Islas y la necesidad de la cooperación con la Argentina para diversificarla a través de la pesca y la extracción de petróleo (14). Aparentemente, los redactores del Informe esperaban que se pudiera lograr la cooperación económica sin alterar el status político de las Islas (15). Para algunos, el Informe había reforzado la visión en el Gobierno británico que la cooperación era el mejor camino para el desarrollo de las Islas y, aunque "excluía cualquier asunto relacionado con el futuro político", en el mismo los asuntos políticos y los económicos se presentaron sin distinción (16). En consecuencia, el Gobierno británico envió copias del Informe al Gobierno argentino. La respuesta de éste no se hizo esperar, no hizo comentarios al respecto, dado que, en su opinión, el problema fundamental de la soberanía no había sido tratado. La Cancillería sostuvo que,
Respecto de una hipotética cooperación entre la Argentina y el Reino Unido para el desarrollo de industria y petróleo en las Malvinas, el Ministerio de Relaciones Exteriores repite la posición del Gobierno argentino que es que el tema esencial por resolver es la disputa por la soberanía y, por lo tanto, no tiene comentarios para hacer en asuntos que no estén directamente relacionados con ellos (17).
Al mismo tiempo que se desarrollaban los encuentros diplomáticos bilaterales, la Argentina se movilizó en las Naciones Unidas y el 1 de diciembre de 1976 se aprobó la Resolución 31/49 (XXXI) de la Asamblea General (ver arriba).
En el campo de los hechos, durante la campaña del verano austral de 1976/77, el rompehielos argentino ARA General San Martín y el transporte ARA Bahía Aguirre transportaron el material y el personal para instalar una base en las Islas Sandwich del Sur. A partir del 7 de noviembre de 1976, ingenieros de la Armada comenzaron a construir la Estación Científica Corbeta Uruguay en la Isla Morrell (18), perteneciente al Grupo de las Islas Tule del Sur en el extremo más austral de las Sandwich. La construcción llevó cuatro meses y la estación fue inaugurada oficialmente el 18 de marzo de 1977 (19). El día 20 de diciembre, el helicóptero del HMS Endurance observó la presencia de los militares argentinos en el último confín de las "Falkland's Dependencies". El 5 de enero de 1977, el Foreign Office pidió explicaciones por la acción unilateral de la Argentina a su Encargado de negocios en Londres . El 14 de enero, la Cancillería argentina respondió que su objetivo en el Grupo de las Tule era la instalación de una estación científica y que dicha operación se hallaba dentro "del área de soberanía argentina", al mismo tiempo la respuesta insinuaba la esperanza por parte del gobierno argentino de que el hecho no se utilizara como una excusa por parte del Reino Unido para romper las negociaciones. La nota sugería que la estación no sería un establecimiento permanente (20). A la nota siguieron los intercambios entre encargados de negocios y finalmente, el 19 de enero, el Reino Unido presentó una protesta formal en la que denunciaba que el establecimiento de la base científica por parte de los argentino era una violación a la soberanía británica en las Islas Sandwich del Sur. Pero la protesta no fue acompañada de un ultimátum y expresaba que el Gobierno de Su Majestad esperaba ser informado de la conclusión del programa científico. La decisión pasó entonces a los argentinos quienes reforzaron su presencia en la Isla hasta ser desalojados definitivamente el 20 de junio de 1982. Los británicos no hicieron ningún anuncio público y la existencia de la estación fue hecha pública recién en mayo de 1978, pero el tema no fue expuesto públicamente en los próximos 5 años (21). El Informe Franks afirma que los argentinos habían preparado un plan de contingencia en caso de que los británicos hubieran decidido desalojar la estación. El plan consistía en tomar represalias contra el grupo británico de investigación antártica en las Georgias del Sur y así escalar hasta ocupar las Malvinas en una operación argentina conjunta de la Armada y la Fuerza Aérea acompañada de acciones diplomáticas en las Naciones Unidas (22). Olivieri López rechaza esta versión:
Si esta hipótesis fuera cierta, más lógico hubiese sido instalar una base en las Georgias. En realidad el objetivo que el autor conoce fue producir un hecho posesorio en un archipiélago que por derecho pertenece a la Argentina (23).
Para un analista como Kinney, el incidente de la Isla Morrell es significativo y paradójico. Por un lado, la reacción británica demuestra su moderación en las negociaciones por las Malvinas. Pero por otro lado, como demostración de su voluntad política de hacer valer sus derechos fue pobre (24). Durante todo esta proceso, Gran Bretaña intentó mantener controlada la situación para evitar adoptar la política de la "Fortaleza de las Falkland" que le resultaría mucho más onerosa (25).
Mientras esto sucedía en el Atlántico Sur, Lord Shackleton había convencido al Gobierno británico de adoptar las recomendaciones de su informe respecto de buscar la cooperación o participación argentina para el desarrollo de los recursos en las aguas circundantes a las Malvinas. Como consecuencia de ello el Secretario de Estado del Foreign Office, Anthony Crosland, publicó el 2 de febrero de 1977 una declaración en la que expresaba su apoyo a las recomendaciones de Lord Shackleton. Afirmó, además, que el temario sobre el futuro de las Islas era amplio pero que su principal preocupación eran "las posibilidades de cooperación" entre ambos países. El texto finalizaba con las conocidas reservas sobre el tema de la soberanía en la cual el Gobierno de Su Majestad no veía su posición perjudicada, que cualquier cambio debía ser aceptado por los isleños y que se los consultaría continuamente (26).
A mediados de febrero, Crosland envió a Edward Rowlands a las Islas y también a Buenos Aires para conocer la opinión y tratar de convencer a los isleños acerca de las ventajas de esta política del Gobierno. De este modo, el gobierno británico esperaba que los isleños y los argentinos acordaran ciertas bases para negociar sobre cooperación económica (27). En las Islas, Rowlands no encontró apoyo por parte de los isleños para quienes el concepto de "desarrollo conjunto" utilizado por el funcionario les generaba desconfianza. El funcionario del Foreign Office también se reunió con el Canciller Guzzetti el 15 de febrero. Luego de dos días de conversaciones, ambos informaron que las conversaciones sobre las Islas pasarían a tener el rango de negociaciones y que los respectivos embajadores serían repuestos en las respectivas capitales (28).
Recién el 19 de abril de 1977, se emitió un comunicado de prensa conjunto en el que se anunciaron negociaciones "que se refieren a las futuras relaciones políticas incluyendo la soberanía, con relación a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general". La Argentina y Gran Bretaña elaborarían conjuntamente "una solución pacífica a la disputa existente entre los Estados sobre la soberanía y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica" (29). Al retornar de su visita a las Malvinas el 22 de febrero, el Secretario Rowlands expresó en Comodoro Rivadavia su predisposición para discutir el tema de la soberanía y que esto sería tratado en las próximas negociaciones (30). Este cambio de actitud pública por parte de un funcionario del Gobierno británico respondía a que según Rowlands, el Gobierno de las Islas había "aprobado la intención del Gobierno británico de intentar establecer las bases para negociaciones con el gobierno de la Argentina" (31). En este caso no significaba que la posición el gobierno isleño fuera congruente con la de los habitantes de las Islas. En general los Gobernadores nombrados tendieron a apoyar la cooperación económica, si esas eran las directivas del Foreign Office (32).
A su regreso a las Islas Británicas, Rowlands fue recibido fríamente por una prensa cuyos titulares anunciaban "Miedo en las Falkland a ser rematadas" y los miembros del Parlamento criticaron su fácil predisposición para discutir sobre la soberanía (33).
Al mismo tiempo, desde la Argentina se intentó comprar la Compañía de las Islas Falkland (Falkland Islands Company). Pero la venta se frustró cuando el Gobierno británico prohibió semejante operación (34).
A pesar de todo, el 26 de abril fue dado a conocer un comunicado conjunto anglo-argentino donde ambos gobiernos informaron que habían alcanzado un acuerdo sobre los términos del mandato para las negociaciones sobre las islas,
Los Gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte han acordado mantener negociaciones a partir de junio o julio de 1977, las que se referirán a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sandwich del Sur, y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sudoccidental en general. En estas negociaciones serán tratadas las cuestiones que afectan el futuro de las Islas, y las negociaciones se dirigirán a la elaboración de la solución pacífica a la disputa existente entre los dos Estados sobre soberanía, y al establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica, la que contribuirá substancialmente al desarrollo de las Islas y de la región en general.
Un objetivo importante de las negociaciones será lograr un futuro estable, próspero y políticamente duradero para las Islas, cuya población será consultada por el Gobierno del Reino Unido durante el transcurso de las negociaciones.
El acuerdo de celebrar estas negociaciones, y ellas mismas, no perjudican las posiciones de uno u otro Gobierno relativas a la soberanía sobre las Islas.
El nivel de representación de las negociaciones, y las fechas y los lugares donde se llevarán a cabo, serán determinados por el acuerdo entre los Gobiernos. Si resultare necesario, se podrán establecer grupos de trabajo especiales (35).
El mismo día, el nuevo Secretario de Estado, David Owen, sostuvo ante el Parlamento que el objetivo de las negociaciones estaría
dirigido a alcanzar una solución pacífica a la disputa existente entre los dos estados por la soberanía, y el establecimiento de una estructura para la cooperación anglo-argentina que contribuirá sustancialmente al desarrollo de las Islas, y de la región en su totalidad (36).
Se ve claramente que mientras que para el Reino Unido las negociaciones deberían enfatizar la cooperación económica; para la Argentina, por el contrario, deberían enfatizar la soberanía (37).
Poco antes del comienzo de la primera ronda de negociaciones a llevarse a cabo en Roma, julio de 1977, el Secretario Owen, presentó un documento al Comité de Defensa. El mismo es importante porque sintetiza la posición del Gobierno británico frente a una situación en la cual debía considerarse tanto la negociación internacional como el frente político interno. Sobre el mismo dice el Informe Franks:
[El documento] sostenía que eran necesario mantener negociaciones serias y sustantivas para mantener a la Argentina entretenida, dado que las Islas eran militarmente indefendibles, salvo que se hiciera una enorme, costosa e inaceptable desvío de recursos. El Comité opinó que era probable que el Gobierno sería forzado finalmente a adoptar alguna solución del tipo arrendamiento junto con un programa conjunto de cooperación económica. El objetivo sería mantener en marcha las negociaciones con el Gobierno argentino lo que permitiría disponer de mayor tiempo para llevar adelante la educación de la opinión pública nacional y de las Islas. En líneas generales, la estrategia del Gobierno sería retener la soberanía tanto como fuera posible, si fuera necesario haría concesiones con respecto a las Dependencias y recursos marítimos en el área, al tiempo que reconocía que, en última instancia, sólo a través de algún arreglo de arrendamiento probablemente se satisfaría a la Argentina...[durante las negociaciones] los británicos propusieron que la soberanía de las Dependencias deshabitadas pudiera considerarse separadamente de la soberanía de las Islas Falkland propiamente (38).
Pese a todo, las negociaciones prosiguieron. De acuerdo con lo acordado en abril, la siguiente ronda de conversaciones se llevó a cabo en Roma los días 13 y 14 de julio de 1977. Allí, el subsecretario de la Cancillería argentina, Gualter Allara, fue notificado que el Foreign Office había reemplazado a Rowlands por Hugh Cortazzi, un funcionario de menor jerarquía (39). El 15 de julio se informó en un Comunicado Conjunto de Prensa que se había realizado "un amplio intercambio de puntos de vista con el objeto de convenir un procedimiento para identificar las materias comprendidas en las negociaciones" (40). Durante las reuniones en Roma, los británicos presentaron un papel donde expresaban respecto del tema de la soberanía que no aceptarían la posición argentina por la cual el principio de autodeterminación no era aplicable a los isleños, "nada que sea inaceptable para los isleños puede ser aceptable para el gobierno británico" (41).
En los meses finales de 1977, la atmósfera diplomática con Gran Bretaña se hallaba bastante deteriorada. Durante ese año los argentinos habían disparado contra un buque británico, habían retirado su embajador en Londres y habían solicitado a ese país el retiro del suyo, y se habían reinstalado en la Isla Morrell. Esta última acción, fue calificada por los británicos como una "violación de su soberanía". Además, el Gobierno argentino, a través de su agregado naval en Londres Capitán Anaya, había informado al británico que estaba dispuesto a interceptar y eventualmente hundir a cualquier intruso en aguas territoriales argentinas en los alrededores de las Malvinas (42). Ante esta lista de incidentes, el Gobierno británico decidió el 21 de noviembre enviar secretamente a las Malvinas unidades de la Royal Navy. La fuerza naval estaría integrada por el submarino nuclear HMS Dreadnought y buques de superficie (43). Estas naves se mantuvieron estacionadas en las aguas próximas a las Islas durante diciembre, conforme proseguían las negociaciones en Nueva York (44). El Gabinete británico decidió no informar del envió del submarino para evitar que los argentinos se sintieran empujados a invadir las Islas. Además, el propósito del envío de la fuerza naval al área fue el de poseer una opción en caso de que las cosas empeoraran y, no emplearla como una ficha de negociación diplomática. Con posterioridad a los hechos, tampoco hicieron público la presencia del submarino en la zona para no herir el orgullo argentino y evitar acusaciones de mala fe. Sin embargo, para muchos analistas, esta decisión tuvo consecuencias no queridas. Aunque por una parte, el mantener el secreto pudo ser considerado acertado en ese momento, el costo de esa decisión fue que la Argentina no fue disuadida militarmente al no enterarse de la presencia de tan potente fuerza naval. Así ni siquiera tomo conciencia de los posibles costos de una invasión o del compromiso británico de defender las Islas, por lo tanto su opinión pública y la opinión de su elite no fueron afectados (45).
Entre 1977 y diciembre de 1981 continuaron los encuentros entre los representantes del Reino Unido y de la Argentina. Estos tuvieron lugar en Nueva York, 13 y 14 de diciembre de 1977; Lima, 15 y 16 de febrero de 1978; Nueva York, 14, 15, y 29 de septiembre de 1978; Ginebra, 18 y 19 de diciembre de 1978; Nueva York, 21 al 23 de marzo de 1979 y 28 de septiembre de ese año; y también en Nueva York el 28 y 29 de abril de 1980; otra vez en Nueva York, 23 y 24 de febrero de 1981; y París, 15 de junio. En todos ellos se intentó buscar una conciliación cada vez más difícil entre las posturas de cada parte, cooperación y soberanía.
El comunicado conjunto luego de las reuniones en Nueva York de diciembre de 1977 expresó que durante las mismas se abordaron "las futuras relaciones políticas incluyendo soberanía", y también "temas de cooperación económica" (46). Al mismo tiempo, se anunció que se establecerían dos grupos de trabajo conjuntos que tendrían por objeto ampliar los temas de soberanía y de cooperación económica. Un resultado de este encuentro fue la disminución de la tensión bilateral. A causa de ello, los británicos consideraron innecesaria la permanencia en las Malvinas de la fuerza naval enviada el mes anterior.
Al término de las reuniones en Lima del año siguiente (1978) no hubo un comunicado conjunto en razón de las diferencias que surgieron durante las mismas. La novedad de esta ronda de encuentros fue que, según se había acordado en la ronda anterior, ambos países enviaron dos comisiones, una para tratar los temas de soberanía y otra para cooperación económica. Durante las últimas sesiones de trabajo, terminaron por reunirse sólo los delegados de las comisiones de cooperación económica (47).
La siguiente ronda negociadora en Ginebra, estuvo precedida de un diálogo en las Naciones Unidas entre el canciller argentino en ese momento, Oscar Montes y su par británico, David Owen. Este encuentro así como la reunión de Ginebra aportaron poco. Sin embargo, el 20 de diciembre de 1978, Rowlands y Allara anunciaron que se había llegado a un principio de acuerdo para la cooperación científica en las Georgias y Sandwich del Sur. Con posterioridad, este acuerdo fue rechazado por la parte británica, dado que el Consejo Legislativo de las Islas se opuso y, por lo tanto, el Gobierno británico también lo rechazó. Los isleños no aceptaban al mismo, a menos que sólo se refiriera a la isla Morrell, alegando que de otro modo lentamente podrían perder la soberanía sobre el territorio principal (48).
Las elecciones en Gran Bretaña de mayo de 1979 dieron la victoria a un gobierno conservador. Margaret Thatcher fue nombrada Primer Ministro, Lord Carrington asumió el cargo de Secretario del Foreign and Commonwealth Office. Como Subsecretario se hizo cargo Mr. Ridley. Este cambio de gobierno (de laboristas a conservadores) significó el inició de un nuevo ciclo de negociaciones.
Como un paso previo el nuevo Gobierno británico decidió enviar a Ridley a la Argentina y a las Islas Malvinas para tener un conocimiento directo de las posiciones sostenidas en ambos lugares. El 12 de junio, Ridley se encontró con el comodoro Carlos Cavándoli, Subsecretario de Relaciones Exteriores. Durante el mismo quedaron claras, una vez más, las visiones divergentes entre ambos gobiernos. Mientras que el británico enfatizó la cooperación económica con la Argentina, Cavándoli señaló que requeriría que el tema de la soberanía fuera parte de cualquier negociación (49). Al mes siguiente, Ridley visitó las Malvinas. Allí discutió con los isleños sobre las ventajas de la cooperación con la Argentina, aunque dejó en claro que el Gobierno no aceptaría ningún arreglo que no contara con la aceptación de los isleños. Las preferencias de los isleños estaban claramente por un largo "congelamiento" de la disputa y la idea de arrendamiento generó muy poco entusiasmo (50). Al regresar de las Islas, Ridley se entrevistó con Cavándoli en Buenos Aires y acordaron reponer a los respectivos embajadores ausentes desde enero 1976 en ambas capitales. Los argentinos presentaron a Ridley un aide memoire en la cual expresaban su deseo de retornar a los acuerdos de cooperación alcanzados de Ginebra, reiterando que estaban dispuestos a tener en cuenta los intereses de los isleños y que no los aceptarían como tercera parte en las negociaciones (51). La respuesta de Ridley reiteró que el Gobierno británico no aceptaría ningún arreglo que no respetara los deseos de los isleños (52).
En octubre de 1979, Lord Carrington presentó al Primer Ministro y al Comité de Defensa un memorándum donde recomendaba proseguir las conversaciones a nivel ministerial con la Argentina con el fin de explorar, "sin compromisos y sin apurar el asunto", soluciones políticas y económicas. En caso contrario, afirmaba, la Argentina podría recurrir a medidas más severas hasta llegar incluso al uso de la fuerza. Y en ese momento, según el documento, |a Argentina tenía la capacidad para capturar las Islas (53). Sin embargo, el Gobierno británico decidió posponer cualquier discusión sobre las Malvinas dado que se hallaba avocado a otros temas internacionales.
A pesar de ello, en enero de 1980 Lord Carrington insistió en la necesidad de reiniciar las negociaciones con la Argentina. Para fines de ese mes, el Comité de Defensa aceptó la propuesta de Carrington, pero acordó que los términos de referencia alcanzados por el Gobierno anterior del 26 de abril de 1977 deberían ser modificados.
Durante el verano de 1979/80 había tomado fuerza dentro del Foreign Office la idea de proponer una solución de arrendamiento como la opción más viable y mutuamente conveniente (55). A través de este mecanismo, la Argentina obtendría la soberanía formal mientras que la administración de las Islas quedaría a cargo de Gran Bretaña por un tiempo limitado a ser negociado (56).
En junio de 1980, el ministro argentino Martínez de Hoz expresó en Londres que sería conveniente para ambos países que elaboraran planes conjuntos para la extracción de petróleo y que compartieran los derechos pesqueros en el área de Malvinas al mismo tiempo que discutían sobre la soberanía. Al respecto afirmó
Se ha hecho algún progreso y hay una pequeña luz en el horizonte...y creo que el lado económico puede ayudar. Tenemos dos intereses comunes, que son petróleo y pesca. Al mismo tiempo que puedan continuar algunas discusiones sobre soberanía, podríamos alcanzar algún acuerdo para la exploración petrolera o pesca conjunta que sería el inicio de una aproximación (get-together) en ese tema. Queremos que los británicos se apuren y sean socios en nuestro desarrollo económico (57).
Gustafson sostiene que si esta diplomacia paralela más pragmática hubiera tenido éxito, Martínez de Hoz hubiera apartado a los argentinos de posiciones absolutistas respecto de la soberanía y de la restauración de la integridad territorial. Pero eso no sucedió, y la Argentina adoptó un política de cooperación con empresas petroleras no británicas (58).
A pesar de ello, para julio de 1980, el Gobierno británico decidió finalmente intentar la resolución de la disputa a través del mecanismo arriendo. El funcionario encargado de llevar adelante la propuesta fue Ridley, quien visitó Puerto Stanley entre el 22 y el 29 de noviembre de 1980. En esa oportunidad, Ridley trató de convencer a los isleños sobre este posible cambio en la política del Gobierno. En el Town Hall del pueblo, se congregaron unas 300 personas para participar de la reunión con Ridley. Allí presentó una lista con cuatro alternativas a su auditorio. La primera, la fórmula de arrendamiento; la segunda, satisfacer la totalidad de las demandas argentinas y transferir la soberanía; en tercer lugar, congelar totalmente el tema de la soberanía por un período de alrededor de 25 años; finalmente, rechazar de plano cualquier discusión sobre soberanía. El funcionario subrayó que la primera opción era la preferida por Whitehall. Las ventajas de ésta estaban en que mientras nominalmente se satisfacían los requerimientos argentinos de soberanía, en tanto que los isleños podían conservar su modo de vida. Al mismo tiempo, se proveía de una base para acuerdos de cooperación y desarrollo económicos para la región, especialmente en los temas de hidrocarburos y pesca. Según la visión de Ridley, al hablar ante los miembros de la Asociación de Criadores de Ovejas de las Falkland (Falkland Islands Sheepowners' Association), "su modo de vida [el de los isleños] no será cambiado y habrá nuevos beneficios a partir de la explotación de la pesca, turismo, y petróleo, que comenzarían tan pronto como sea posible después del cambio".
Un vocero del Comité de las Islas Falkland informó que los Criadores prefirieron el status quo (59). Más aún, los isleños al escuchar de boca de un funcionario del Gobierno la sola mención de una alternativa que contemplaba la transferencia de soberanía a la Argentina produjo una fuerte reacción por parte de ellos. Su sensibilidad les impidió entender el verdadero mensaje del funcionario. Los miembros del Falkland Island Committee (Lobby) inmediatamente sonaron la alarma en Londres. El 26 de noviembre, el Times de Londres publicó un artículo en la primera página reproduciendo un informe de B. G. Frow, perteneciente al Comité de las Islas, quien había presenciado la reunión. El artículo se iniciaba con la siguiente frase: "Gran Bretaña sugiere que la soberanía de las Islas Falkland sea transferida a la Argentina". A continuación, denunciaba que "el Sr. Ridley sugirió que sería en el mejor interés de los isleños si acordarán la transferencia de la soberanía", implicando que Ridley presionó a los isleños en esa dirección (60). Sin embargo, el artículo proseguía diciendo que "la solución del arriendo...era la preferida por Whitehall". Pero la sensibilidad de los isleños y el del Lobby era tal que la sola mención de una opción que contemplase transferencia, se confirmaba que esas eran las intenciones reales del Gobierno. La respuesta del Foreign Office a las afirmaciones de Frow fue inmediata:
El Gobierno ha estado considerando desde las conversaciones exploratorias con la República Argentina de abril [1980] como alcanzar la mejor solución aceptable para todas las partes a este difícil problema. Mr. Ridley esta ahora consultando a los isleños para establecer sus puntos de vista en las bases de futuras conversaciones con los argentinos...Lo importante son los deseos de los isleños. Si ellos están de acuerdo, podremos explorar las bases para una solución. Sin embargo, ninguna solución es alcanzable sin el respaldo de los isleños y del Parlamento (61).
La rápida reacción del Lobby puso al Gobierno británico a la defensiva. Al día siguiente, Lord Carrington afirmó, en una entrevista de la BBC, que "la Argentina tiene un reclamo de soberanía sobre las Islas Falkland que nosotros refutamos, y ese reclamo no va a prosperar..." y agregó que nada se haría que fuera contrario a los deseos de los isleños. La prensa británica apoyó la postura de Carrington. El editorial del Times afirmó que,
De vuelta a Gran Bretaña y bajo este agitado clima, el Ministro Ridley se presentó el 2 de diciembre ante los Comunes para informar acerca de sus actuaciones en las Malvinas. En la Cámara Ridley fue vituperado al igual que a su partida de las Islas (63). El ministro fue recibido por una inusual rechifla (drubbing) que partía desde todos lados de la Cámara. Ante las explicaciones de Ridley, los parlamentarios sostuvieron que encontraban una aparente contradicción entre las afirmaciones del ministro acerca de que el Gobierno no tenía dudas de la soberanía británica sobre las Islas por un lado, y por otro, su propuesta para hallar una solución a la disputa si los isleños aceptaban intercambiar la soberanía por un largo arrendamiento a Gran Bretaña.
Más aún, el vocero en asuntos extranjeros de la Oposición, Peter Shore sostuvo, en apoyo de los isleños, que "la propuesta para un arreglo de leasing debilitaría nuestra posición sobre la soberanía de las Islas. El hecho de hacer semejante propuesta de una manera tan específica y pública solo serviría, probablemente, para endurecer la política argentina al respecto y debilitar la confianza de los isleños" (64). De las filas de su propio partido, el conservador Julien Amery dijo que la propuesta de Ridley era "profundamente perturbadora". A lo que otro conservador, el Vizconde Cranborne agregó que hallaba la postura de Ridley inquietante, y que induciría a lo isleños a pensar que "que no contaban con el apoyo que se merecían de la madre patria (home country)". Se podrían agregar numerosas observaciones con connotaciones similares (65). La experiencia de Ridley mostró que el en el Parlamento era posible alcanzar la unanimidad cuando se trataba de sostener una línea dura respecto de las Malvinas (66). Lo sucedido durante el debate lleva Beck a sostener que:
Los Comunes simpatizaban claramente con un pequeño pueblo amenazado por un vecino más grande, especialmente si la forma de gobierno de la Argentina y su sociedad no sólo no estaban libres de críticas sino también, amenazaba la forma de vida británica que hasta el momento se disfrutaba en las Islas Falkland (67).
Durante su visita a las Malvinas, Ridley respondió a un periodista que "las Islas son británicas...". También agregó que "el tema de la soberanía sigue siendo sensible a discusión" y de inmediato aclaró que por ahora no existían negociaciones, sino simplemente reuniones (68). El contacto en el lugar con los isleños mostró también que la mayoría "se mantenía en su deseo de permanecer dentro del Imperio Británico", es decir, que no aceptaba el cambio en el status quo (69). Sin embargo, respecto de la postura de los isleños frente a la posibilidad de llegar a un arreglo que contemplase el arriendo, existe entre los analistas opiniones divergentes. El Informe Franks afirma sobre esa visita que "acerca del arriendo, la opinión de los isleños estaba dividida, con una sustancial minoría opuesta a ella y con la mayoría indecisa" (70). Para Beck, la propuesta británica de noviembre de 1980 "representa una transformación significativa en la disputa", dado que el gobierno de ese país "indicó públicamente su deseo de considerar una solución que incluya la adquisición de soberanía sobre las Islas". Este hecho indicaba una "alteración radical" en la actitud que adoptara hasta ese momento Gran Bretaña frente a los reclamos argentinos (71)). La propuesta llevada adelante por Ridley parecía la única política racional y viable para alcanzar un acuerdo, en oposición a una postergación del tema que sólo sirvió para incrementar la polarización internacional (72).
Poco después, el 25 de enero de 1981, durante una gira de visita a Jamaica, Ridley afirmó que "las Islas Falkland serán las únicas perjudicadas por el tiempo que tarde en solucionarse el conflicto que mantienen el Reino Unido y la Argentina sobre ese territorio". Además sostuvo que creía firmemente en la autodeterminación, y que no veía "la razón para negarle la independencia al Archipiélago", y que los 1.700 habitantes se resistían al control argentino; y predijo que si aquellos se hicieran cargo de las Islas todos sus habitantes las abandonarían (73). En el mismo mes, pero el día 6, el Consejo Legislativo de las Islas votó en favor de congelar el tema de la soberanía y por el rechazo a cualquier intento de solución o acercamiento con la Argentina y el Parlamento secundó esta decisión (74).
Al poco tiempo, el 9 de febrero, se anunció en forma sorpresiva simultáneamente en Buenos Aires y en Londres que el próximo 23 de febrero se reanudarían en Nueva York, las negociaciones sobre el futuro de las Islas (75).
En aquella oportunidad, y hasta el 24 de ese mes, Ridley se reunió con el representante argentino, comodoro Cavándoli. Para esa ocasión, la delegación británica incluyó dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas. Durante el encuentro, la política inglesa le impuso a Ridley tantas restricciones con respecto a las Malvinas que no le permitió desarrollar una estrategia de negociación más viable, ni siquiera le permitió proponer mecanismos de dilación. Por lo tanto, el representante británico no tuvo más remedio que proponer un congelamiento del tema de soberanía mientras se continuaría el diálogo sobre los temas de cooperación (76).
En la reunión informó sobre las actividades que desarrolló en su visita a las Islas y la reacción de los isleños sobre sus opciones, que fue la de mantener el status quo (77). Por lo tanto, la propuesta concreta británica que formuló consistió: congelar las negociaciones sobre soberanía por un cierto número de años, y que, en el transcurso de este tiempo, las Partes mantendrían sobre la soberanía sus respectivas posiciones. Para los negociadores británicos, esto facilitaría la creación de un clima de confianza entre el territorio continental argentino y las Islas, en tanto se desarrollarían proyectos conjuntos de desarrollo económico alrededor de las Islas (78). Por otra parte, la delegación argentina ofreció maximizar las condiciones económicas y sociales en las Islas. Las concesiones a los isleños incluirían la existencia de administración, leyes, sistema de educación y vida social, diferenciadas y continuas para ellos, haciendo de las Islas, la región "más mimada de la Argentina" (79). Esta ronda tan poco productiva fue cerrada con un comunicado conjunto de prensa fechado el 26 de febrero en donde se informó que "ambas Delegaciones decidieron informar de lo tratado a sus respectivos Gobiernos, y acordaron la realización de próximas negociaciones a la brevedad". Como era de esperar, el 6 de marzo se dio a conocer el rechazo argentino a la propuesta británica. La Cancillería argentina reafirmó su constante énfasis en el tema de soberanía emitiendo otro comunicado donde manifestaba que "la posición argentina con respecto a la demanda de restitución de soberanía, no sólo no se ha modificado, sino que rechaza en forma absoluta y sistemática cualquier propuesta que no acuerde este derecho en forma prioritaria" (80). Al respecto, una vez más, la opinión de los analistas diverge. Mientras que Beck opina que el gobierno británico se veía cada vez más atraído por la opción del arriendo porque parecía ser la más viable por sus ventajas inherentes y porque las consecuencias de las otras eran peores por la intransigencia argentina por la soberanía (81); por el contrario, Kinney sostiene que a esta altura ni Gran Bretaña tenía algo para ofrecer en materia de soberanía, ni siquiera poder continuar [ongoing] la discusión sobre el tema (82).
Tal es así que antes de iniciarse las reuniones de febrero, Ridley había declarado a la prensa que "estaremos para ganar tiempo, sólo para ganar tiempo" (83). En lo que si fue exitoso Ridley fue que logró que los delegados argentinos aceptaran tratar directamente con los isleños que componían su delegación. Kinney sostiene que la Argentina aceptó ese riesgo como parte de su política de cortejo a los isleños (84).
A partir de marzo de 1981, los isleños se incorporaron formalmente a las negociaciones con la presencia de dos miembros del Consejo Legislativo de las Islas en la mesa de negociaciones, (a pesar de las protestas Argentinas) (85).
A pesar de que la ronda de negociaciones no había resultado como los británicos lo esperaban, Lord Carrington informó a su Gobierno que éstas habían sido beneficiosas en un aspecto. Tanto argentinos como isleños habían tomado contacto y aproximado sus divergencias. Sin embargo, previno que si los isleños persistían en su posición pro status quo, Gran Bretaña debería prepararse para enfrentar un deterioro en las relaciones con la Argentina (86). De la lectura de fuentes británicas, se observa que durante estos meses el Gobierno estaba claramente presionado y encerrado entre la posición intransigente de los isleños, su cometido a respetar sus deseos y la percepción de que en la Argentina, sectores claves se estaban impacientando (87). Una señal de que la ansiedad argentina estaba creciendo fue el discurso del Comandante en jefe del ejército, General Leopoldo Galtieri, el 29 de mayo de 1981,
Nadie podrá decir que no hemos sido extremadamente calmos y pacientes en el manejo de nuestros problemas internacionales, que de ningún modo surgen de las apetencias territoriales de nuestra parte. Sin embargo, luego de un siglo y medio, ellos se han vuelto más y más insoportables (88).
El 15 de junio, Ridley mantuvo un encuentro en París con el diplomático argentino Enrique Ros. En esa ocasión los argentinos parecieron dispuestos a esperar el resultado de las elecciones legislativas que tendrían lugar en octubre de ese año en las Malvinas (89).
En junio de 1981, visitó la Argentina y las Islas otro funcionario de la Foreign and Commonwealth Office, J. B. Ure (Subsecretario de Estado para América del Sur) con el objeto de informar a los primeros de la voluntad de su Gobierno de hallar una solución al mismo tiempo de convencerlos de que era mejor no forzar el ritmo del proceso. A los segundos intentaría convencerlos de acelerar su decisión acerca de como querían que continuara el proceso de resolución del conflicto (90).
El día 30 de junio, se llevó a cabo una reunión el Foreign and Commonwealth Office encabezada por Ridley y con la presencia de otros funcionarios relacionados con el tema, además del embajador en Buenos Aires y del gobernador de las Islas con el objeto de revisar la política gubernamental hacia las Malvinas. Respecto de la Argentina, Ure presentó en esa reunión un memorándum preparado a su regreso de la misión. En el mismo informó que había encontrado a los funcionarios de la Cancillería más predispuestos a continuar con las negociaciones y para aceptar la idea del arriendo. Mientras que halló a los líderes militares "menos pacientes y que podrían exigir una política más `enérgica' en cualquier momento". En las Islas, el funcionario británico, no encontró una fuerte oposición en contra del arriendo, pero recomendó que para llevar adelante esa política el Gobierno debería realizar una campaña de información pública (public education). Al término de la reunión se acordó continuar las negociaciones con la Argentina para ganar tiempo y persuadir al nuevo Consejo de las Islas que no las obstruya, que se preparara una campaña de educación pública y, al mismo tiempo, que se preparasen planes de contingencia civiles y militares (91).
Es importante destacar que llegado este punto, muchos observadores opinan que al mismo tiempo que parecía que el Lobby de las Malvinas y sus apoyos en el Parlamento habían puesto a la defensiva a quienes dentro del Foreign Office trataban de hallar una salida que les permitiera la convivencia con la Argentina, otros departamentos gubernamentales también tomaron decisiones que resentirían aún más la capacidad negociadora de aquel organismo frente a la Argentina (92). En efecto, debido a una aguda necesidad de recortar gastos, el Ministerio de Defensa británico presentó en junio de 1981 el Libro Blanco. En él se decidió que la Royal Navy, encargada de la defensa de las Malvinas, prescindiría de los portaaviones y que en sus funciones serían reemplazados por los más económicos destructores y fragatas (93). También se propuso eliminar los buques de asalto, especializados en el desembarco de tropas, con que contaba la Royal Navy: el Fearless y el Intrepid. Más importante aún, se decidió retirar del servicio al patrullero antártico Endurance una vez que concluyera su campaña por el Atlántico Sur en marzo de 1982 (94).
En este caso se trataba del único buque con capacidad para operar en aguas antárticas y no se tenía previsto ningún reemplazo. Esta decisión generó inmediatamente una ola de protesta entre aquellos interesados en un futuro de las Islas ligado a Gran Bretaña. Su voces convocaron a conservar al "guardián de las Islas Falkland" y "única presencia de la Royal Navy en el Atlántico Sur". A pesar de ello, la decisión fue confirmada por el Parlamento el 30 de junio (95). Más tarde, desde la oposición, el ex-Primer Ministro Callagham criticó la decisión de retirar al patrullero y dijo a Luce que "algún tipo de invasión será probable en cuanto se sepa en la Argentina el retiro del Endurance" (96). En efecto, tan pronto como se informó en el Parlamento que el buque sería desguazado, un funcionario de la embajada argentina en Londres telefoneó a Lord Shackleton preguntándole si esta decisión significaba que Gran Bretaña había perdido el interés en las Islas. A lo que el británico respondió que no sabía (97).
Al mismo tiempo que se discutía el tema de defensa, llegó al Parlamento un proyecto para una nueva Ley de Nacionalidad Británica pratrocinada por el Home Office. Su objeto era clarificar el status de los ciudadanos coloniales británicos y, por razones raciales, evitar que aquellos emigraran a Gran Bretaña. Como claro destinatarios estaban los habitantes chinos de Hong Kong. Sólo se admitiría con ciudadanía plena a aquellos que tuvieran al menos a un abuelo nacido en las Islas Británicas. El problema fue que no protegió a los pobladores blancos de tercera o cuarta generación nacidos en colonias como Gibraltar y las Malvinas. Se levantaron muchas protestas en favor de estos. La ley fue finalmente reformada pero sólo se incluyó con ciudadanía plena a los habitantes de Gibraltar. El resultado en las Malvinas fue que aproximadamente 800 isleños no calificaban como Británicos según esa ley (98).
Algunos coinciden en afirmar que estas decisiones del Gobierno británico que respondían a requerimientos de política general y de otros Departamentos no fueron tomadas pensando específicamente en las Malvinas, pero que tuvieron como consecuencia el afectar el contexto de negociación entre las partes. Por un lado, la decisión de británica de apegarse estrictamente a los deseos de los isleños y mantener la situación colonial y, por otro, daba la impresión de abandonar esos compromisos al debilitar a las fuerzas navales capaces de intervenir en el área y retirar la ciudadanía a quienes decía proteger.
Para los argentinos, que observaban muy atentamente cualquier cambio en la política británica, estas decisiones mostraban señales ambiguas que podían dar lugar a malinterpretaciones (como de hecho sucedió) (99). Mientras que en Gran Bretaña, por las mismas razones, el Foreign Office perdió recursos de negociación y credibilidad.
Cuando estos eventos sucedían en Gran Bretaña, la Argentina comenzó a presionar para acelerar el ritmo de las negociaciones. El 27 de julio, el Ministerio de Relaciones Exteriores hizo llegar al embajador británico en Buenos Aires una nota firmada por el Canciller Oscar Camilión que expresaba la preocupación de su gobierno por la falta de progresos en las negociaciones desde el último encuentro en febrero de ese año. Luego de diez años desde los Acuerdos de Comunicaciones, la Argentina creía que no era posible,
posponer aún más una discusión seria y profunda sobre los componentes esenciales de las negociaciones, soberanía y cooperación económica de un modo global y simultáneo con la expresa intención de alcanzar en el corto plazo resultados concretos. Por lo tanto, deben darse a las negociaciones un impulso más resuelto. La próxima ronda de negociaciones no puede ser otro ejercicio exploratorio sino, debe señalar el comienzo de una etapa decisiva hacia la culminación definitiva de la disputa (100).
El informe Franks también extracta del comunicado que el apurar las negociaciones sobre las Malvinas se había convertido en prioritario para el Gobierno argentino y que mantenía su determinación de proseguir negociando "con un espíritu eminentemente realista y con la certeza plena de que existen soluciones racionales alcanzables". Agregaba también que no era posible diferir esta cuestión por más tiempo porque afectaba a "la integridad territorial y al dignidad nacional" (101).
Ante esta presión argentina, se discutió en el Foreign Office qué actitud tomar. A pesar de percibirse la necesidad de hallar una solución y de recomendarse llevar adelante un activa campaña de información pública para aproximar la actitud de los isleños y del público británico a la del Gobierno, Lord Carrington decidió no llevar a cabo esta política por considerarla contraproducente para el Gobierno (102). Para algunos observadores, con esta decisión Gran Bretaña cedió la iniciativa en las negociaciones que hasta el momento había tratado de mantener, "ya no existía política alguna, salvo esperar ver qué pasaba y entonces asumir medidas de contingencia" (103).
El próximo encuentro se llevaría a cabo en la próxima reunión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York entre Lord Carrington y el Canciller Camilión. Como preparación para el mismo, el primero elaboró una minuta para circular dentro del Gobierno. En la misma expresaba su convicción de que la opción del arriendo continuaba siendo no sólo la mejor sino, la única solución viable a la disputa. No obstante, las posibilidades de alcanzar tal acuerdo con la aprobación de los isleños habían disminuido, por lo tanto, no quedaría más remedio que mantener las negociaciones con la Argentina y proponerle invitar al gobierno argentino hacer propuestas constructivas. Lord Carrington reconoció que era consciente del rechazo argentino a esta propuesta y que, por lo tanto, se hacía necesario elaborar planes de contingencia, pero que era claro que suplir y defender a las Islas sería difícil y costoso (104).
El 22 de septiembre el Canciller argentino habló ante la Asamblea General refiriéndose en términos muy duros a la marcha de las negociaciones (ver arriba). Al día siguiente, Carrington y Camilión se reunieron. El británico expresó a su par argentino los deseos de su Gobierno de continuar con las negociaciones y que trataría de convencer a los isleños para que aceptaran llegar a buenos términos con las negociaciones. Pero que no intentaría coaccionarlos para que aceptaran la decisión de su Gobierno. Por último, conforme lo había informado a su Gobierno, Carrington invitó a la Argentina a hacer propuestas cuando las negociaciones se reabrieran. La respuesta de Camilión fue terminante, la cuestión central continuaba siendo la de la soberanía que la Argentina y Gran Bretaña debían tratar, y que no se debería permitir a los isleños que vetaran estas negociaciones (105).
Mientras tanto, el 22 de octubre, el embajador británico en Buenos Aires, Williams, criticó la decisión de su gobierno de no llevar adelante la campaña de información pública e informó que la paciencia de la Argentina se estaba agotando (106).
En septiembre de 1981, Ridley había abandonado el Foreign Office y había sido reemplazado por Richard Luce, a quien los argentinos veían como un representante del Lobby.
En Buenos Aires, se reunieron el 14 de octubre, el canciller argentino y el embajador británico, Anthony Williams, con el propósito de preparar la siguiente ronda de negociaciones. Según los informes de Williams, Camilión sostuvo que entendía que las negociaciones serían largas y difíciles. Esto indicó al Gobierno británico que el gobierno argentino, a pesar de mantener como primera prioridad de la política exterior el recuperar la soberanía de las Islas, estaría más dispuesto a un largo diálogo que una confrontación (107).
Sin embargo, un nuevo nubarrón se presentó en el horizonte de la negociación. En efecto, el 14 de octubre de 1981 se realizaron las elecciones para renovar el Consejo Legislativo de las Islas y, como se esperaba, reflejaron un endurecimiento en la posición de los isleños. Los candidatos más "pro statuquista" fueron electos. A pesar de ello, el nuevo Consejo decidió mantener el diálogo y enviar representantes a la nueva ronda de negociaciones en tanto la soberanía no estuviera en la agenda (108).
Las negociaciones acordadas para realizarse originariamente en diciembre fueron pospuestas por el cambio de gobierno en la Argentina, primero y luego, por la imposibilidad del Ministro Luce de asistir que debía atender otros problemas (109). Por lo tanto, las nuevas negociaciones se aplazaron para fines de febrero de 1982.
El año de 1982 significó el inició de nuevas rondas de negociaciones que como todo nuevo intento conllevaba cierta grado de optimismo. Sin embargo, la intransigencia de las partes llevó a la percepción de que las soluciones diplomáticas se agotaban rápidamente y comenzaron acumularse los negros nubarrones de una crisis en ciernes. El Gobierno británico iniciaba las negociaciones con nada nuevo para ofrecer a los argentinos. Por otra parte, éstos que iniciaron las negociaciones en 1965 con expectativas de una rápida solución a su favor, se hallaban cada vez más impacientes por llegar a esa solución y no otra (110).
El nuevo gobierno militar que derrocó a la presidente María Estela Martínez de Perón se autodenominó como "Proceso de Reorganización Nacional".
Franks, 13.
Kinney, 54. A partir de abril de 1976, el gobierno británico pasó a manos de los Laboristas con el ex-Secretario de Foreign Office, James Callagham, como Primer Ministro.
1982, 40.
1984, 59. Ver también Quellet y, en menor medida, Lanús.
Beck 1982, 40.
La delegación argentina estuvo compuesta por el subsecretario de Relaciones Exteriores, capitán de navio Gualter Allara, el embajador Julio Barberis y el encargado de negocios de la Embajada Argentina en Londres, Rafael Gowland y asesores. La británica estuvo formada por Robin Edmonds (Subsecretario Asistente del Foreign Office para Asuntos Latinoamericanos), Hugh Carless (Director del Departamento de América Latina) y Hugh Adrian Sindall (Subdirector de ese Departamento) (Lanús, 484).
Ibid., no precisa fecha ni fuente.
Ibid. 484/85.
Gustafson, 95.
Al respecto Gustafson informa que el 22 de julio de 1976, el Canciller argentino, César Guzzetti, sostuvo que "la soberanía es la prioridad en las Malvinas". Las opiniones de Guzzetti claramente divergían de las del Ministro de Economía. Ello muestra que el gobierno de Videla "estaba tan dividido como los gobiernos anteriores lo habían estado con respecto al tema de la soberanía" (96).
The Times, 21-7-76 en Gustafson, 95.
Ibid. 95-96.
Beck 1982, 47.
En Adolfo Silenzi de Stagni (1982): Las Malvinas y el petróleo. Buenos Aires, El Cid Editor. Volúmenes 1 y 2 citado por Gustafson, 96.
Las fuentes anglosajonas designan a ésta como Southern Thule.
Destefani, 129-30.
Kinney, 55. Una vez inaugurada la estación fue evacuada, pero a partir de la campaña de 1977/78 fue ocupada en forma permanente hasta su expulsión en 1982 (Destefani, 130).
Franks, 14-15 y Kinney, 55-56.
1992, 233 n. 23.
Kinney, 56. No obstante para ese autor, a pesar de su débil reacción, Gran Bretaña dejó bien en claro que la presencia argentina en Tule, aunque distante y casi insignificante, era una violación de sus derechos soberanos.
Grove, 358.
Gustafson, 98; Franks, 15 y Olivieri López 1992, 97.
Gustafson, 99.
Según fuentes británicas, en este momento temían un incremento de la presión militar argentina. Por lo tanto, el Gobierno informó a Rowlands que un se había constituido un Grupo de Despliegue (Group Deployment) compuesto por el crucero HMS Tiger, el submarino nuclear HMS Churchill, y cinco buques de escolta que podían ser enviados al área inmediatamente en caso de ser necesario. Debido a la marcha de las negociaciones no lo fue (Grove, 358). Estas disposiciones son una muestra más que Gran Bretaña estaba dispuesta a defender su posición en las Malvinas.
Lanús, 485.
Gustafson, 99. Quellet sostiene que este comunicado alcanzó un valor inédito en la disputa con Gran Bretaña porque, según afirma, "por primera vez en la historia diplomática de ambos países, la Gran Bretaña reconocía oficialmente y por escrito la existencia de negociaciones, y también admitía, de manera concreta, la posibilidad de una discusión sobre soberanía" (87, énfasis agregado) Pero decir que se acepta discutir soberanía no es igual a renunciar a ella.
Gustafson, 99-100.
El empresario argentino Héctor F. Capozzolo tentó a un importante inversor de la Compañía a través de un banco de París para que venda su parte. De este modo, se debilitaría el Lobby de las Falkland al perder su principal fuente de apoyo, la Falkland Islands Company (Gustafson, 100). Esta compañia era el principal interés económico y el principal empleador de las Islas.
Citado en Quellet, 162; Franks, 16.
Hansard citado por Gustafson, 103.
El 8 de junio la declaración fue comunicada a las Naciones Unidas por los representantes de ambos países. Dado el contenido del documento. A pesar de la salvaguardia del paraguas invocado por las partes, Olivieri López afirma que este documento es muy significativo respecto de la voluntad negociadora y del reconocimiento británico a los derechos argentinos. Prueba de ello es que el futuro Gobierno conservador resolvió desconocerlos (Olivieri López 1992, 98-99 y 234 n.27).
Franks, 17.
Quellet, 88.
Ya se habían interceptado y disparado sobre buques pesqueros rusos y búlgaros. Sobre este respecto ver Informe Franks, 17.
El Dreadnought fue el prototipo de los posteriores submarinos de ataque nucleares británicos. Su principal fortaleza residía en su casi ilimitada capacidad para navegar sumergidos por largos períodos de tiempo a grandes profundidades y a una velocidad de 30 nudos. Ello hace que estos buques sean casi indetectables, más aún por los rudimentarios dispositivos con que disponía la Armada Argentina. Con posterioridad, un buque similar a éste (HMS Conqueror) adquirió fama al hundir al crucero argentino ARA General Belgrano durante el conflicto de 1982. Acompañaron al Dreadnought las fragatas HMS Phoebe (2.450 toneladas), HMS Alacrity (2.750 toneladas) y dos escoltas menores.
El submarino permaneció sumergido próximo a las islas. Las fragatas, en cambio, permanecieron "más allá del horizonte" a mil millas al norte. Los buque tenían claras órdenes de combate previa autorización superior (rules of engagement): el establecimiento de una zona de identificación marítima de cincuenta millas alrededor de las Islas. Dentro de ella, cualquier nave de guerra argentina debería dar explicaciones de su presencia. Bajo ciertas circunstancias el submarino estaría autorizado a lanzar sus torpedos (Grove, 359).
Kinney, 57. Según la teoría, la capacidad de disuasión depende de la presencia de tres elementos: capacidad, credibilidad, y comunicación. La ausencia de alguno de alguno de ellos anula la posibilidad de aplicar una exitosa política de disuasión. En este caso, al no informar Gran Bretaña de su decisión de enviar a una unidad naval tan poderosa falló la comunicación (Hastedt & Knickrehm, 268-273). Si la intención británica hubiera sido disuadir a la Argentina de una posible agresión la decisión de enviar un submarino de ataque nuclear tampoco fue la correcta. Debido a que éste permanece siempre sumergido no es el mejor instrumento de disuasión.
Ibid. 89; Franks, 19 y Lanús 486. Para Gustafson, el deseo de los británicos de correr el riesgo de mencionar el tema de soberanía en las negociaciones les había resultado bien dado que éstas habían avanzado en términos de cooperación económica y que la Argentina había acordado la exploración petrolera conjunta (106).
Franks, 20.
No era la primera vez que en el Reino Unido había surgido la idea del arrendamiento. Ya había sido sugerida en 1930 y nuevamente en 1940. En general, esta idea era favorecida por todos aquellos preocupados por las relaciones con la Argentina y América Latina (Kinney, 58).
Respecto de la cantidad de años que duraría el acuerdo existen divergencias en las fuentes y varían entre los 25 y los 999.
The Times, 13-6-1980 citado por Gustafson, 108.
Gustafson, 109.
The Times, 27-11-1980 citado por Gustafson, 111.
Citado en Gustafson, 110.
The Times, 26-11-1980 citado por Gustafson, 110.
28-11-1980 citado en Gustafson, 110.
Relato basado en Beck 1982, 43; Gustafson, 111 y Kinney, 59.
Gustafson, 111.
Para ver el texto completo del debate consultar el Informe Franks Anexo F pp. 101-105.
Beck 1982, 43. Otros argumentos señalados por Beck fueron, por supuesto, el énfasis en el principio de autodeterminación, la situación estratégica y económica de las Islas y las responsabilidades imperiales de Gran Bretaña (ibid.)
Quellet, 92. Quellet agrega que este diálogo "erizó la piel del Gobierno argentino (cuando señaló que nuestro país podía aprender del sistema isleño, donde no hay nadie que esté detenido por cuestiones política, y los derechos humanos son respetados)" (ibid.).
Beck 1982, 42. Para confirmar la postura negativa hacia una política de acercamiento, la crónica de la visita de Ridley a las Islas informa que su partida estuvo acompañada de abucheo y de las estrofas de "Rule Britannia" (ibid.; Kinney, 58.
p. 23. Ver también Quellet, 90 y Olivieri López 1992, 109-110.
Beck 1982, 41, énfasis original.
Kinney, 58.
Quellet, 93.
Franks, 23; Gustafson, 113.
Gustafson, 113.
Kinney, 59; Franks, 24.
Quellet, 94; Gustafson, 113.
Kinney, 59; Gustafson, 113.
Quellet, 94; Beck 1982, 45.
Beck 1982, 44-45.
Kinney, 59.
The Times 23-2-1981 citado en Gustafson, 113.
Franks, 24.
A principios de mayo, el embajador británico en Buenos Aires solicitó enérgicamente al Foreign Office que para evitar el deterioro de las relaciones con la Argentina era necesario realizar, por lo menos, una nueva ronda de conversaciones que incluyeran la discusión sobre soberanía (Franks 24, par. 87).
Traducción del informe Franks, 24-25. [buscar los diarios locales de la fecha]
Franks, 25.
Franks, 25-26.
Gustafson, 114-15; Hastings & Jenkins, 42-43; Freedman & Gamba-Stonehouse, 10-11.
A este documento se lo considera más drástico que el elaborado en febrero de 1966, luego que Gran Bretaña decidió retirarse de sus responsabilidades imperiales al Este de Suez (para una mayor información sobre este documento ver Grover, 277). Los portaaviones que se retirarían de servicio eran el HMS Hermes, que sería desguazado y el de última generación HMS Invincible, que sería vendido a Australia. Como se verá luego, ambos cumplieron un papel central en la recuperación por parte de Gran Bretaña de las Islas en 1982.
Esta decisión había sido resistida desde 1978 por el Gobierno Laborista y su mantenimiento en el Atlántico Sur fue establecido en base a una renovación de año por año (Grove, 359).
El Consejo Legislativo de las Islas envió un mensaje a Lord Carrington que expresaba,
El habitantes de las Islas Falkland deplora en los términos más enérgico la decisión de sacar de servicio al HMS Endurance. Expresan su extrema preocupación de que Gran Bretaña parece estar abandonando la defensa de sus intereses en el Atlántico Sur y la Antártida al mismo tiempo que otras potencias están reforzando su posición en ellas. Sienten que el retiro debilitará aún más la soberanía británica en esta área ante los ojos no sólo de los isleños sino también del mundo. Urgen que se tomen todos los recaudos posibles para revertir esta decisión (Franks, 33).
Gustafson, 115.
Un informe de la Embajada Británica en Buenos Aires al Foreign Office indicó que los periódicos de aquella ciudad habían aludido al tema resaltando que "Gran Bretaña abandona la protección de las Islas Malvinas" (Franks, 34).
Hastings & Jenkins, 43-44.
La teoría de la percepción demuestra que los individuos tienden a aceptar más fácilmente (acríticamente) aquello que desean.
Franks, 28. [ver comunicado a la prensa el 27 o 28 de julio]
Citado en Ibid. 28.
Franks, 28. Parecería que los motivos de esta decisión estuvieron fundados en consideraciones a restricciones de la política doméstica (ibid.).
Hoffmann y Hoffmann, 157.
Franks, 28-29.
Franks 29.
Ibid. 29-30.
El 23 de diciembre de 1981, el comandante en jefe del ejército, general Leopoldo F. Galtieri, se hizo cargo del gobierno, desplazando como Presidente al general (RE) Roberto E. Viola.

References: resolución 
 Resolución 
 Resolución 
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