Source: https://www.bedrina.com/el_articulo_21/
Timestamp: 2020-01-21 12:27:47+00:00

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El Artículo 21 o las faltas inconcientes de respeto. Esto es lo que pasó. – Javier A. Bedrina – Professional Photography Studio and Media Production
Posted by javier-a-bedrina on 09 Oct 2019 / 0 Comment
El artículo 21 es un concepto que usaba mi abuelo para describir situaciones en las que alguien hacía lo que le salía de las narices, sin pensar ni en los demás, ni en las consecuencias.
Básicamente es suavizar algo como «porque me sale de los cojones» o «porque le ha salido de los cojones«.
No tenía muy claro dónde meter esto del artículo 21, pero como las dos situaciones que voy a comentar tienen que ver con lo mío, he decidido escribirlo aquí. Podía haberlo incluido en mi blog de opinión, pero he pensado que aquí quedaba igual de bien o mejor.
De hecho ya conté aquí, relacionado con el mundo del TFCD, cómo alguien te puede fastidiar algo que ya estaba perfectamente planificado.
En ambos escenarios voy a cambiar la realidad por ficción, pero las conclusiones son las mismas.
Vamos al tajo…
Por el artículo 21 – Escenario 1:
Unos amigos te piden, porque tienen confianza contigo y piensan que eres muy bueno en lo que haces, que les hagas un determinado trabajo. En realidad no es un petición directa, sino que en la conversación van saliendo cosas y tanto la situación, mi propia ilusión y el cariño que sientes por ellos, desembocan en esa posibilidad.
Por amor, acuerdas hacer algo que tiene un valor económico en euros. Da igual la cifra, el caso es que esto es importante y parece que nadie lo valora o le resulta más cómodo ignorar esta parte.
Para poder hacer el trabajo necesitas una planificación, un desarrollo y, en este caso, involucrar a otro amigo que te va a llevar fuera de la cuidad y te va a ayudar en la ejecución del trabajo.
Lo organizas todo, molestas a esa tercera persona, que me está haciendo el favor a mí, no a ellos y fijas la fecha para hacer el trabajo y en otras conversaciones atas detalles y te preocupas de aportar creatividad e ilusión para que salga mejor incluso, de lo que ellos habían pensado.
Entonces, unos días antes, por el artículo 21, todo se va a la mierda. Se cancela el asunto porque ha surgido cualquier otra cosa, nada de un asunto de vida o muerte, claro está, que es más importante que el regalo.
Hasta aquí no pasa nada grave. ¿Qué le vamos a hacer? Lo tenía todo organizado, pero parece que es más importante para mí, que he dedicado horas a la planificación. Puedo manejarlo aunque imagina que hubiese tenido que comprar algo, lo que fuera.
Lo interesante llega varias semanas después cuando me «recuerdan» que tenemos eso pendiente. Así, «porque yo lo valgo».
No quiero parecer un quejica, que no lo soy, pero me parece, como poco, irrespetuoso.
Como dijo Luc de Clapiers, “El arte de satisfacer es el arte de la decepción” y parece que ser generoso te coloca en un lugar secundario donde no es importante valorar lo que das y duele.
Por el artículo 21 – Escenario 2:
El segundo escenario es un poco diferente porque se trata de una petición directa de alguien que consideraba «amigo» y con quien tengo (o tenía) una confianza muy grande.
Imagina que llevas varios meses hablando con una persona con la que quieres hacer una tarta. En realidad es una prolongación de una idea que ya hiciste con esa persona algunos meses atrás.
Con esta persona tienes confianza y en alguna ocasión hasta le pagaste por sus servicios. En principio no debería haber ningún problema. Las cosas se hablan y se ve lo que se puede hacer.
En medio de esas conversaciones esa persona te pide presupuesto para que le hagas una tarta «muy especial». Evidentemente sí, no hay problema y le contestas que no le vas a cobrar nada, que se pueden hacer las dos tartas y así aportamos ideas e innovación los dos.
Dicho y hecho. Quedamos, nos vemos y nos contamos la clase de tarta que queremos hacer cada uno. Ya habíamos hecho tartas parecidas en el pasado así que todo fluye con normalidad.
De repente, un par de días después de la reunión y por el artículo 21, recibes un mensaje que, literalmente, dice que pasa de tu tarta y de la suya. Que busques otra manera de hacerlas.
WTF? ¡Si me lo has pedido tú!
Como ves, el comportamiento humano es tan inescrutable como los caminos del Señor. He de aceptar que me importan estas cosas, sino no te lo habría contado. Como Buda concluyo: «El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional» y a mí estas cosas me duelen. Otra cosa es que tenga herramientas para no sufrir por ellas y, con toda la resiliencia que puedo acaparar, buscar soluciones y seguir investigando y creando.
Gracias por haber llegado hasta aquí. Un abrazo.

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