Source: http://anulomivoto.blogspot.com/2009_06_01_archive.html
Timestamp: 2017-03-24 17:48:19+00:00

Document:
anulo mi voto: junio 2009
23 razones para anularDENISE DRESSER/ Proceso, MéxicoPorque:1. Los votos convencionales construirán gobiernos estatales, ayuntamientos, Congresos locales, Jefaturas Delegacionales, Asamblea Legislativa y una Cámara de Diputados que no tendrán el menor incentivo para rendir cuentas.2. Los votos nulos cuentan como mecanismo de protesta, sobre todo si se levanta una encuesta de salida –como ha sugerido Federico Reyes Heroles– en la cual se puedan enlistar los motivos de la insatisfacción.3. Los sufragios cuentan desde hace muy poco, en efecto, pero esa no es razón suficiente para argumentar que el sistema electoral no puede ser mejorado usando la anulación como forma de presión. Sin duda, es mejor que los votos cuenten, porque en el pasado no era así, pero sería mejor aún que lograran producir una representación real que actualmente no existe y que la anulación busca impulsar.4. Existen diferentes opciones, pero las diferencias ideológicas entre los partidos –a la hora de gobernar– suelen sucumbir ante la presión de los poderes fácticos, como ocurrió con la Ley Televisa, la ley de “acciones colectivas”, la iniciativa para aumentar las multas que puede cobrar la Comisión Federal de Competencia, la reforma energética que dejó sin tocar al sindicato de Pemex y tantas más.5. Es una falacia que los partidos se diferencien notablemente a la hora de llegar al poder, sobre todo cuando la priización –el clientelismo, el corporativismo y la impunidad– afecta a todos.6. Resulta una elaboración intelectual insostenible argumentar que la democracia electoral mexicana merece ser defendida sin las modificaciones sustanciales que aseguren la representación y la rendición de cuentas.7. La derivación política de esa construcción intelectual recuerda a los discursos priistas en defensa de la “democracia a la mexicana”, que se reducía a la simple rotación de élites dentro del PRI. Ahora otros partidos participan en la rotación y el mecanismo se ha vuelto más competitivo, pero la falta de representación real, fundacional, persiste debido a la inexistencia de la reelección.8. La anulación cuenta como un instrumento válido para sacudir, presionar, exigir, y empujar a la profundización democrática que los partidos tanto resisten.9. La anulación y el voto independiente son formas de participación que se diferencian de la abstención.10. La anulación se alimenta del humor público ante la persistencia de una democracia mal armada que funciona muy bien para sus partidos, pero que funciona muy mal para sus ciudadanos.11. El voto nulo tendrá tantas vertientes y pulsiones como el voto “normal”; habrá quienes anularán su voto para exigir las candidaturas ciudadanas y quienes votarán por el PRI en busca de “agua y paz”, la promesa difusa de Fausto Zapata en el Distrito Federal.12. El voto nulo expresará –en efecto– hartazgo, desencanto y malestar: el primer paso para diagnosticar lo que le falta a la democracia mexicana e impulsar los cambios indispensables.13. El movimiento nacional en favor del voto nulo sin duda necesita articular una plataforma mínima de demandas consensuadas, que traduzcan el agravio en propuesta. Pero el agravio existe y es legítimo; basta con ver la última encuesta del periódico Reforma, en la cual el 79% de los encuestados cree que los partidos actúan siguiendo sus propios intereses. Sólo el 12% piensa que vigilan los intereses de los ciudadanos que representan.14. Los padres y las madres del voto nulo sin duda tienen en común eso: malestar. Ese malestar que es componente fundamental de la democracia participativa, en la cual los ciudadanos se organizan para componer algo que no funciona o exigir derechos que han sido negados. Subestimar ese malestar es no entender la realidad del país.15. Votar construye la punta del iceberg civilizatorio, pero anular el voto también lo hace. Constituye un acto de deliberación tan válido como el voto tradicional, y representa una forma de participación política pacífica, ciudadana, que bien encauzada puede contribuir a ampliar las libertades conquistadas durante las últimas décadas.16. El mundo de la representación real aún no se logra en un país que no ata a los legisladores a las demandas y preocupaciones de los ciudadanos. Es cierto, hay más pluralidad política, pero eso no es suficiente. Y no queda claro que los ciudadanos puedan mejorar la democracia mexicana tan sólo votando, ya que las demandas pendientes son ignoradas por los partidos una vez que llegan al poder.17. El voto ha sido un instrumento inmejorable para ampliar el ejercicio de las libertades. Pero no es el único instrumento. La política no puede ni debe depender exclusivamente de la votación por o la participación en un partido, aunque Felipe Calderón y otros crean que es así. Las democracias funcionales se nutren de muchas fuentes de participación que buscan precisamente obligar a los partidos a hacer suyas demandas que de otra manera ignorarían.18. Y sí, los que llaman a anular el voto tendrán que organizarse más allá del 5 de julio, pero eso no significa que deberán hacerlo en un partido. Quienes sugieren eso demuestran una visión demasiado estrecha sobre el funcionamiento de la democracia.19. El voto nulo tiene el tufo del desprecio, no a la política como actividad en sí, ya que el movimiento está haciendo política al convocar y organizar como lo hace. Lo que el voto nulo critica es la forma prevaleciente de hacer política partidista en México hoy.20. El voto nulo no implica un acto de abandono de la plaza; de hecho, busca ocuparla en nombre de una ciudadanía a la cual se le han negado derechos que forman parte de las democracias exitosas del mundo; derechos como la capacidad de sancionar a un diputado y removerlo del poder; como las candidaturas ciudadanas, el plebiscito, el referéndum, y la revocación del mandato, entre otros.21. Los preocupados por la vida política del país están obligados a generar diagnósticos y propuestas de reformas, fórmulas de organización, agendas que graviten sobre la toma de decisiones, mecanismos de rendición de cuentas. El problema es que los primeros en asumir esa responsabilidad deberían ser los partidos, pero no lo hacen. No tienen el menor incentivo para modificar la situación política actual. Y, precisamente por ello, el voto nulo está intentando crear una trama civil que eleve la presencia de las organizaciones y las propuestas que emergen de la sociedad.22. Los propios partidos han incorporado a sus listas a ciudadanos no afiliados a ellos, pero eso no basta para modificar el andamiaje institucional, ni para permitir las candidaturas ciudadanas independientes que podrían airear al sistema.23. Porque, como escribe Milan Kundera, “todo lo que es puede no ser”. Y ojalá lleguemos al momento en que lo que es deje de ser. Espero que un día nos encontremos con partidos obligados a representar ciudadanos, elecciones que sirvan para algo más que rotar élites o familiares, un Congreso plural que no se doblegue ante los poderes fácticos en cada negociación legislativa, una división de poderes real, y súmele usted…Ahora bien, si usted quiere tachar la boleta en favor de un candidato en vez de anular su voto o de votar por “Esperanza Marchita”, hágalo. Está en su derecho. Piense, sin embargo, en que probablemente jamás volverá a ver al diputado por el cual votó porque –en este sistema democrático trunco y parcial– usted no le importa. Él o ella dirá que lo representa cuando en realidad no podrá hacerlo.
Voto nulo: Más allá del 5 de juliopor ÁLVARO DELGADO / Proceso MéxicoA fin de mostrar que su movimiento no es antipolítico ni se limita a la próxima jornada electoral, el martes 30 diversas organizaciones civiles, ciudadanos desencantados de los partidos, así como analistas políticos celebran la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo. A decir de Denise Dresser, tratarán de articularse para adquirir “capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio”.La noche del jueves 25, en una cena, Josefina Vázquez Mota, candidata a diputada federal y aspirante a la coordinación del grupo parlamentario del Partido Acción Nacional (PAN), se encontró con Denise Dresser, activista del movimiento para anular el voto, y le reclamó:–Ustedes están fortaleciendo el voto duro priista y Manlio Fabio Beltrones está muy contento...–¿Por qué no pensaron en eso cuando negociaron con él todas las reformas y ayudaron a limpiarle la cara al priismo? –respondió Dresser.Vázquez Mota ya no dijo nada, pero la analista interpreta que el gobierno de Felipe Calderón está “muy nervioso” porque prevé que el movimiento anulacionista beneficiará al priismo, cuando en realidad se trata de resolver un problema sistémico: la arquitectura institucional que carece de mecanismos de rendición de cuentas y sanción ciudadana.Tal preocupación gubernamental se materializa también con la convocatoria del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, a reuniones privadas para conocer la opinión de analistas, académicos y activistas sobre el voto nulo.Dresser participó en una de ellas hace un par de semanas, en la que estuvieron además Lorenzo Córdova, Carlos Elizondo, Juan Pardiñas y Leo Zuckerman. “Inclusive quienes critican el voto nulo comparten el diagnóstico sobre la disfuncionalidad del sistema”, dice Dresser.–¿En qué términos se expresó Gómez Mont?–No, él de hecho sólo escuchó. Fue un esfuerzo de auscultación y diálogo. Lo reconozco como tal.El movimiento anulacionista es acusado de neutralizar el voto de castigo, no sólo a diputados y partidos, sino a los gobiernos, como el de Calderón, pero Dresser lo niega: “El PAN no está feliz con el voto nulo, no está pensando que va a evadir el voto de castigo. Al contrario, piensan que están haciendo las cosas tan bien que lo que necesitan es el voto de recompensa y que, al no darse ése, se va acabar empoderando a los priistas. Esa es la preocupación del gobierno”.Aclara: “Esto va más allá de castigar a un gobierno en particular en este momento. El voto nulo es un castigo a un sistema político que carece de elementos esenciales de representatividad y de rendición de cuentas”.–Pero afirmar que todos los partidos son iguales implica que todos son responsables, por ejemplo, del desastre económico del país…–Esta idea de que todos son iguales no es responsabilizar a todos del desastre del país. La crítica de que todos son iguales tiene que ver con el hecho de que no tienen incentivos para rendir cuentas y tomar decisiones en nombre de la ciudadanía, ni para explicar lo que hicieron durante su paso por el poder.“Por eso, a pesar de las divergencias ideológicas que presentan en sus plataformas, cuando llegan al poder se comportan de manera demasiado similar en cuanto a la impunidad, evitar la rendición de cuentas, apelar al voto corporativo, enarbolar estrategias clientelares. Ese es el mimetismo que se critica, producto de un andamiaje institucional mal armado que lleva a esta democracia trunca y parcial.”Doctora en ciencias políticas y profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), alma mater de Calderón y de su primer círculo, Dresser sostiene que el descontento que expresa el voto nulo va al “corazón del problema” de México: la ausencia de representación ciudadana.Y alude a su principal antagonista, José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral (IFE): “Somos una democracia competitiva, con múltiples partidos y en la que se da la alternancia, todo eso es celebrable y lo comparto. Comparto esa palmada en la espalda que le da Woldenberg al sistema. Pero hay ausencia de instrumentos esenciales”.Dresser es la redactora del “documento conceptual” que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, que se celebrará este martes 30 en el cine-auditorio de la Villa Olímpica, y adelanta, en entrevista, que el objetivo es articular al movimiento, después de las elecciones del 5 de julio, con propuestas como la reelección legislativa.“Se busca combatir la percepción de que este es un movimiento con un lenguaje antipolítico, de que no hay propuestas condensadas y concretas, y que es solamente coyuntural, vinculado con la elección, cuando de lo que se trata es de articular algo que tenga capacidad de presión y de incidencia más allá del 5 de julio.”–¿Eso será parte de lo que se discutirá en la asamblea?–Exacto. Se va a discutir y se va a votar.A cinco días de las elecciones y en medio de críticas por su irrupción en el proceso electoral para exhibir el repudio al régimen de partidos y al sistema político en su conjunto, los convocantes a anular el voto, cuyo impacto en las urnas es todavía incierto aunque las estimaciones son optimistas, tratarán de trascender el 5 de julio.Callar bocasEl documento que se discutirá en la primera Asamblea Nacional por el Voto Nulo, afirma Sergio Aguayo, otro de los convocantes, “callará la boca a quienes dicen que sólo nos une el rechazo, porque el objetivo es el 6 de julio”, un día después de las elecciones, y se anticipa una segunda asamblea.Explica: “Se trata de unirnos en torno de unas cuantas demandas aceptables para todos, pensando que, pase lo que pase el 5 de julio, existe una base social real, organizativa, de ciudadanos que no estamos satisfechos con la arquitectura política existente”.Alentado sobre todo por jóvenes estudiantes y con internet como una de sus herramientas, que ha sido base de la articulación original, el movimiento comenzó a ser encauzado por quienes, como Aguayo, tienen experiencia en organizaciones civiles, como la que preside, Propuesta Cívica; Adolfo Llubere, perredista cercano a Rosario Robles, y jaliscienses participantes en organizaciones no gubernamentales.En la minuta de la reunión de organizaciones y activistas, celebrada el 17 de junio en las instalaciones del IFE –al concluir el foro sobre “voto razonado” organizado por éste–, se describen las tareas que deben observarse, como crear la página www.votosnulos.com, la elaboración de artículos de promoción y generar “mecanismos para incluir en este movimiento a la ciudadanía que no tiene acceso a internet y, en particular, a las mujeres”.Inclusive se recomiendan comportamientos: “a) Para que esto funcione, nadie tiene que sentirse agandallado. b) No estamos compitiendo. Tenemos que sumar. c) No vamos a excluir a nadie, a menos que no esté de acuerdo con la agenda mínima. d) No obstante, el participar en esta iniciativa no implica que las organizaciones renuncien a las iniciativas y agendas que han estado impulsando a la fecha. Los acuerdos para las diferentes agendas, en un sentido amplio, serán para después de las elecciones”.Al respecto, Aguayo aclara: “Ya está armada la logística y el documento, al menos para que la discusión tome cauces ordenados, pero de ninguna manera está garantizado que va a salir bien”. Y expone que ve como un reto articular un movimiento que ha sido cuestionado.“Estoy terminando un libro sobre la transición democrática y nunca, desde 1934 a la fecha, había visto un consenso tan grande entre las fuerzas vivas como el que estoy observando, de rechazo al voto nulo. Y segundo: soy el más sorprendido del vigor y de la energía, hasta hoy, de la propuesta.”Reitera: “De ninguna manera puedo anticipar, asegurar o pronosticar si esto va a dar el brinco a una expresión organizada. Ese es el reto. Pero, por lo pronto, al día de hoy sí puedo decir que ya estamos refutando la afirmación de que sólo nos une lo negativo y el rechazo”.En efecto, dice Dresser, el movimiento que celebrará su Primera Asamblea por el Voto Nulo se propone plantear la reelección legislativa como uno de los mecanismos que deben ser incorporados a la legislación, porque una vez electos ya no rinden cuentas a sus electores.“No tienen que hacerlo, porque su longevidad política, su futuro político no depende de los electores, sino del dirigente, de los poderes fácticos. Para mí ese es el problema esencial de la democracia mexicana en este momento.”Explica: “Como no hay un buen mecanismo de representación no hay rendición de cuentas, y este sistema, una y otra vez, se doblega ante Televisa o el señor Carlos Slim o Ricardo Salinas Pliego o Valdemar Gutiérrez o Elba Esther Gordillo, porque no hay el contrapeso ciudadano necesario que se da, precisamente, a través de que el diputado sabe que si aprueba una iniciativa que va en contra de sus representados lo sacarán del poder”.Dresser cree que, gracias al movimiento que llama a anular el voto, se generó un debate sobre lo que no funciona en el andamiaje institucional del país, una de cuyas expresiones fue el reproche de Calderón a los partidos por distanciarse de los ciudadanos, a quienes les recomendó… hacer un partido.“(El movimiento) cumple una labor muy importante de catalizador, de acicate para ir empujando a los partidos a tomar decisiones que no tomarían de otra manera. El sistema funciona muy bien para los partidos y muy mal para los ciudadanos”, dice la analista.Por ello aplaude el vigor del movimiento, fundamentalmente de jóvenes de clase media. “Yo lo comparo con otros movimientos sociales que han enarbolado reivindicaciones de derechos esenciales, que también en su momento fueron clasemedieros: las sufragistas, los ambientalistas, la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Son movimientos que empiezan siempre dentro de una clase media profesional que va detectando la insatisfacción, va construyendo coaliciones, va haciendo propuestas. ¡Esto es algo que lleva un par de meses! Tampoco nos pueden exigir que el movimiento, en sí solo, en tres meses tenga un manifiesto para que resuelva todos los problemas del país”.De hecho, el grupo de activistas de Guadalajara, Jalisco, los creadores de “Para políticos nulos, votos nulos”, envió a Proceso la respuesta que da al “señor Calderón” por haber propuesto que los ciudadanos formen otros partidos:“No nos interesa adscribirnos ni crear un partido político, señor Calderón, estamos convencidos de la fuerza de una ciudadanía activa no partidista. Creemos que estando en medio de un proceso electoral, usted ha incurrido en el grave error de condenar el ejercicio de un derecho y la activación de una protesta pacífica y democrática en contra de la clase política partidista.”Y añaden: “Democracia plena no es igual a sistema de partidos. El país está repleto de órganos de participación ciudadana simulada que no obligan a nada a los poderes y niveles de gobierno que los convocan y conforman. Desde congresos y Senado han hecho legal lo ilegal, de manera que hoy sus majestades, servidores de lo público, nos impiden ver cómo gestionan lo que es nuestro”.Y le recuerdan al “señor Calderón” el artículo 39 constitucional, que establece que la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo momento, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.Como ellos, Dresser también reprocha la conducta del IFE y de su presidente, Leonardo Valdés: “No ha sido la correcta. Han tratado de desacreditar y criticar que esto no es válido, de sugerir que quizá no es legal, cuando es perfectamente válido y legal. Su labor debería ser de representación ciudadana, no de defensa de los intereses de los partidos”.Añade: “Hay entre los consejeros un ímpetu desacalificador y es lamentable porque el IFE era nuestra institución. Este movimiento surge como una llamada de atención a una democracia disfuncional, perfectible, mejorable, y el IFE se ha empeñado en defender lo altamente imperfecto, tan imperfecto que vemos encuesta tras encuesta que despliega la insatisfacción ciudadana con los partidos”.Nada con TelevisaEn la minuta de la reunión de los organizadores de la Asamblea Nacional se advierte: “Cada organización será libre de adherirse o no al documento final. Si alguna organización quisiera empujar una agenda adicional, estará en su legítimo derecho, pero no a nombre de la asamblea.”Y es que otros promotores de anular el voto plantean que, además de hacer este llamado, se formulen otras demandas, por ejemplo, las candidaturas ciudadanas, la segunda vuelta electoral o, como lo plantea “¡Basta-10”, una página de internet promovida por Jaime Sánchez Susarrey, “la derogación del párrafo del artículo 41 constitucional que prohíbe la información plena”.Al respecto, Dresser y Aguayo dicen no compartir, en lo personal, esa demanda que implica destruir la reforma que prohíbe la compraventa de tiempo en radio y televisión para difundir propaganda política y electoral, que enfureció a las televisoras, pero tampoco es un tema en las discusiones entre los demás activistas.“Yo no he recogido esa demanda de las organizaciones”, aclara la analista, y Aguayo dice de plano que se trata de un planteamiento “inaceptable” para Propuesta Cívica, la organización que encabeza, como también el planteamiento semejante que hizo Alejandro Martí, el empresario que promueve “Mi voto por tu compromiso”.“En eso la organización que presido no está de acuerdo, porque eso es abrir las puertas a las televisoras otra vez al negocio de la política. Si ya están metidas hasta el gorro, es abrírselas de manera explícita.”
Adán Ángeles Jaramillo25.06.09 La insuficiencia del abstencionismo radicaba en que lo interpretaban las personas equivocadas. Pero a esa expresión de desencanto se ha sumado otra con contenidos específicos. Esta vez el voto nulo nos presenta la oportunidad de deliberar y, quizá, de madurar nuestra democracia, porque nos permite evaluarla y discutirla. No se trata de números, mayorías o minorías, sino de problematizar y desarrollar sociedades plurales que interactúan con problemáticas diferentes. Desde esta iniciativa, la democratización, como nos recuerda Lechner, es aprender a valorar la existencia de criterios dispares acerca de «lo mejor». Porque no existe la verdad absoluta, porque somos responsables de decidir el futuro. Lo trágico de los partidos políticos es hacernos olvidar que el orden es una tarea colectiva. Por tanto, la política a la que estamos llamados ciudadanos y partidos, es aquella en la que los objetivos de una sociedad se elaboran y deciden continuamente. Como el abstencionismo, el voto nulo también ha sido interpretado bajo la mezquina mirada de los partidos políticos que lo descalifican o, que en un caso peor, lo miran estadísticamente como un voto que compite en números con los votos que obtendrán sus candidatos partidistas, como si el voto nulo perteneciera a un partido más, aunque con la tranquilidad para éstos de que no ha sido registrado. No obstante, la dignidad y la utilidad del voto nulo está a salvo por significar una instancia ciudadana deliberativa y también democrática. Algunos ciudadanos descalifican el voto nulo pensando que hay que votar por un partido determinado, pero quizá lo que no se ha advertido es que ni el sistema de partidos ni el sistema de votación expresan con claridad una acción deliberada. Por tanto, no podemos hablar de una autonomía. Los ciudadanos entendemos que el espacio público ha sido monopolizado por los partidos políticos. El IFE tampoco ha dado muestras de claridad en el manejo imparcial de las votaciones partidistas. Quedan muchas dudas de su autonomía. El hecho de que sean los ciudadanos quienes operen las casillas electorales parece disculpar al IFE de numerosas irregularidades, pero la conformación del organismo electoral deja ver ingerencias partidistas. El voto por un partido político no expresa claramente una deliberación ciudadana por una plataforma de trabajo. Y aunque sigue siendo la vía legal para la expresión ciudadana, el voto es un mecanismo acotado que no permite declarar más que la continuidad o la alternancia de partidos políticos en los puestos que deciden la vida pública de una presunta sociedad, pero no más. Los partidos políticos interpretan que los ciudadanos entregan ciegamente su confianza con el voto partidista. Y en parte es cierto, muchos ciudadanos creen que su responsabilidad termina con asistir a las urnas. Pero, ¿qué pasa cuando las plataformas que se exhiben en tiempos electorales se desdibujan o simplemente son incumplidas por los políticos electos? Los ciudadanos extienden su queja, sin efecto, por otro trienio o sexenio, según aplique. No obstante, con todas las limitantes e imperfecciones el voto nulo es un llamado para que los ciudadanos que sufragan votos partidistas incorporen una deliberación en su expresión política. Votar por un partido no les exime de una deliberación y participación ciudadana en la política de su o sus sociedades. De otro modo, y contrario a lo que se piensa, el voto partidista es un voto irresponsable El voto nulo también impugna un sistema representacionista. Los políticos partidistas se alejan de los ciudadanos cuando buscan gravar cada vez más cosas, limitando de esa forma el poder adquisitivo de los salarios. Peor aún, algunos pretenden gravar las prestaciones de los contribuyentes cautivos. Mientras tanto, tenemos políticos partidistas que reclaman mejores salarios, mayores prestaciones y exenciones fiscales. Y qué decir de la candidatura del presidente de la república, que anunció y prometió empleos que no sólo no han sido generados, sino que ya él mismo, en el empleo de presidente, no ha sido capaz de frenar la depreciación de los empleos que se han sostenido. Entre otras cosas, el voto nulo simboliza la ausencia de representación. No es tan arrogante como decir: «no son mejores que nosotros», sino que su puesto exige un trabajo de índole público, no sólo de beneficio particular, que parece ser el acento primordial que dan a su empleo. Una medida efectiva para contratar socialmente a los políticos partidistas, sería restringirles el pago de sus salarios a través de nuestro pago de impuestos. Esto no quiere decir no pagar impuestos, sino etiquetar nuestro pago de impuestos con la consigna de que no hay pagos o aumentos si no hay un trabajo eficaz por parte de ellos. Mirar nuestra democracia, de recién estreno, desde unas elecciones, empobrece las posibilidades de continuarla. El voto nulo no tiene la última palabra. Tampoco la tienen los partidos políticos, ni las autoridades cualesquiera que sean, ni los políticos nulos, a quienes critican el voto nulo. No hay últimas palabras. Sin deliberación no hay autonomía: el trabajo recién comienza y eso nos atañe a todos, votantes y no votantes, a todos. Adán Ángeles Jaramillo (adanajus@yahoo.com)
Sergio Aguayo Quezada24 Jun. 09En el mundo existen múltiples combinaciones de ética y política. En México hay un divorcio tan brutal entre ambas que la política se hace cada vez más intolerable. ¿Existe solución? El tema es antiquísimo y tiene dos grandes posturas. Una sostiene que ni la moral ni la ética tienen aplicación en la política; lo fundamental es obtener el poder y preservarlo por el mayor tiempo posible. Para otra corriente, que suscribo plenamente, una sociedad funcional bien estructurada y organizada debe guiarse por valores asociados con la ética: igualdad, libertad, justicia, tolerancia, respeto a la naturaleza y a la diversidad, etcétera. El Partido Acción Nacional y lo que ahora es el Partido de la Revolución Democrática nacieron invocando valores con los cuales buscaban distinguirse de la manera tan feroz como ejercían y mantenían el poder los priistas. Manuel Gómez Morín se enorgullecía de que el PAN viviera en la "intransigencia diamantina de los principios" y Carlos Castillo Peraza aseguraría, años más tarde, que ellos anteponían "la ética a la política". Y en la izquierda, personajes como Valentín Campa, Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas confirmaron una y otra vez que es posible actuar con principios en la política. Todos esperábamos que cuando el PAN y el PRD llegaran al poder encabezarían una revolución ética. No fue así y ello se demuestra en indicadores como el Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional, según el cual este rasgo de la vida nacional no se ha modificado para nada en los años que llevamos de alternancia. Las mediciones numéricas se ven confirmadas con el acontecer diario. La tragedia de la guardería de Hermosillo demuestra cuán vivo sigue el tráfico de influencias en los gobiernos priistas; la entrega de Lotería Nacional para la Asistencia Pública a Elba Esther Gordillo y su grupo confirma que para Felipe Calderón la "intransigencia diamantina" consiste en el pago de facturas a quienes le ayudaron a ser Presidente; el fandango de Iztapalapa es una vergüenza para el PRD y para Andrés Manuel López Obrador, y una constatación de que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación sigue empeñado en contribuir a la incertidumbre jurídica. El movimiento en favor de anular el voto nació porque la principal preocupación de nuestra clase política es preservar el poder y porque nos sentimos indefensos ante sus tropelías. En teoría, los organismos públicos de derechos humanos (y entre ellos incluyo al Tribunal antes mencionado) tienen la función de defender los derechos de las mayorías. Salvo contadas excepciones, estos organismos han sido avasallados por los partidos que no toleran la independencia y la autonomía. El saldo neto es que la función de la ciudadanía se reduce a votar cada tres años y a padecer el resto del tiempo las consecuencias de una democracia enferma. La Italia de Berlusconi nos recuerda que no somos el único país que padece estos males. Lógicamente, han surgido propuestas como la de la filósofa española Adela Cortina, quien considera que el radicalismo del siglo 21 consiste en "emprender en todos los ámbitos e instituciones una revolución ética". Según esta pensadora, los ciudadanos "tienen en sus manos la posibilidad de ser los verdaderos p rotagonistas de una nueva ética basada en los conceptos de dignidad, felicidad, compromiso y diálogo". La revuelta anulacionista es un esfuerzo por sacudir las conciencias y lograr que qui enes gobiernan en nuestro nombre incorporen el bien común en sus consideraciones. Es inevitable que en este movimiento surjan expresiones maximalistas. José Woldenberg (Proceso, mayo 31, 2009) y otros han señalado que por momentos se cae en un peligroso maniqueísmo y que la "retórica antipolítica" pone en un lado a una clase política perversa, corrupta e ineficiente y en el otro, a un pueblo "noble, incorruptible, trabajador". Advierte, entonces, que de esa contradicción puede surgir un "salvador, que puede ser un movimiento, un líder carismático" que destruya lo logrado. Intransigencias similares aparecen en quienes nos condenan pese a que la anulación de los votos está incluida en las leyes electorales. Es muy probable que el movimiento anulacionista coincida en un pliego petitorio mínimo que de ser tomado en consideración por los partidos podría llevar a nuestra lenta y tortuosa transición a la etapa de la refundación democrática. La miscelánea Entretanto, sigue habiendo avances consistentes en el entendimiento de la transición. Ilán Bizberg y Lorenzo Meyer presentaron la semana pasada los cuatro volúmenes de Una historia contemporánea de México, en edición de Océano y el Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. En ellos, docenas de autores iluminan diferentes aspectos de nuestra historia reciente. Una fiesta del conocimiento y una obra de referencia que se hará indispensable. saguayo@colmex.mx Colaboró para esta columna Guadalupe Correa.
Augusto Chacón2009-06-20•Al Frente Sólo sabiendo se puede mirar así.Sólo mirando se puede saber así.Raúl Bañuelos Si nos abstenemos de votar o si votamos para que ningún partido sume a su favor nuestra voluntad, dicen que dejaremos que otros decidan por nosotros. Lo que no aclaran es quiénes son esos otros que dispondrán de la vida nacional sin considerarnos, tampoco enuncian qué es lo que decidirán. No obstante, cuando tal afirman, una fibra muy delicada y sensible que los mexicanos compartimos nos lleva a decir: ah, qué la canción, por mí no decide ningún otro, nomás eso faltaba. ¿Decidimos las propuestas, los candidatos y el plan de trabajo de los partidos? No, lo hacen otros; sólo nos toca optar entre nombres, logotipos y frases de ocasión predeterminados, aunque no nos gusten. ¿Decidimos el nivel intelectual de las campañas de quienes buscan que votemos por ellos, o decidimos que llamen a nuestras casas a contarnos chismes cada uno de cada cual en nombre de encuestas espurias? No, es también prerrogativa de otros. ¿Podemos opinar sobre lo que hará el candidato ganador luego de que se instale en el puesto que “decidimos” darle? Tampoco, si así fuera, el Congreso no habría cerrado dos meses para que 28 de los 40 diputados cumplieran su inevitable metamorfosis trianual: mudar de oruga a oruga; si nuestra decisión valiera algo, el río Santiago no sería cauce de enfermedades, de corrupción, nadie le regalaría dinero a Televisa o haría obras de pésima calidad y caras para después, como si nada, pretender ser diputado federal por el distrito 10. Siempre deciden otros, pero cuidado: no los que votan por un partido diferente al nuestro o los que se abstienen o los anulistas; sino otros que un día son diputados, después senadores, regidores, líderes sindicales, iluminados de barrio, gobernadores, etc. Los reconocemos porque se congregan en camarillas llamadas partidos, y se amparan beatíficamente en la Constitución. Estos otros no pueden estar a favor de la reelección directa de legisladores, va en contra del corporativismo porque las candidaturas son moneda corriente para comprar adeptos; por lo mismo es impensable que den acceso a la posibilidad de candidatos independientes. Estos otros tuercen lo que sea con tal de impedir la reglamentación del plebiscito, del referéndum y la revocación de mandato, son decisiones, dicen, que les corresponden por derecho de casta, y deciden no decidir. Estos otros se espantan ante la transparencia y la rendición de cuentas, ¿cómo queremos que hagan su trabajo si nomás estamos mirándolos y preguntando? Nuestro poder de decisión está para ejercerse cada tres años y está circunscrito a las opciones que estos otros deciden darnos. ¿Podemos decidir que se haga justicia a los bebés quemados en Hermosillo por la corrupción y estupidez de estos mismos otros? No. Si votamos por alguno de los partidos que nos proponen, seguiremos dejando que estos otros mantengan su república alterna a nuestras costillas; pero también si anulamos o nos abstenemos. Es decir: tengamos cuidado al identificar a los otros que los otros ya conocidos nos quieren vender como dañinos: los ciudadanos ejerciendo su derecho-obligación de votar no son el origen del rumbo que toman las cosas públicas, así voten por alguien, no vayan a las urnas o anulen su boleta. Son esos otros enquistados en el presupuesto quienes deben hacerse cargo de los distintos niveles que puede tener el mensaje que sin duda contiene toda votación. Tan respetable es quien opta por un partido como quien se abstiene o anula; no les hagamos el juego a quienes amarran navajas para simular un estado democrático, una venturosa transición política. Una muestra de lo que los otros ya conocidos pueden hacer con las decisiones que según ellos tomamos nosotros, la tenemos en Iztapalapa, ciudad de México: ahí Andrés Manuel López Obrador, que está en contra del voto nulo, quiere que el movimiento que él creó anule el de los ciudadanos de esa delegación: voten por el PT, si gana, el electo va a renunciar para que gobierne una por quien ustedes no votaron. Si nos ponemos estrictos, y ya es hora: no importa por quién sufragues, en este país los votos nacen nulos por taras de genética política. Quizá es momento de aumentar el valor del gesto de anular: que el voto anulado conscientemente sea símbolo del cambio que exigimos, uno al que inclusive los iraníes se atreven. abenavides@milenio.com Publicado por
Massimo Modonesi/Rebelión/20-06-09Sin ser una opción deseable y generalizable a todo tiempo y espacio, la abstención y el voto nulo pueden ser una manifestación política contundente, una señal de reapropiación de la política frente a unas elecciones de ordinaria administración y simple reciclaje institucional como las que se avecinan en México.Aun sin ofrecer alternativa, el gesto político de la abstención o del voto nulo expresa una oposición, un rechazo o una crítica, al negar o cuestionar la legitimidad de un sistema político en su contenido y/o su forma. En toda elección, la cifra de participación a los comicios es un dato que puede ser visto como un referéndum de aprobación o desaprobación del sistema de partidos. Es notable, en el México de hoy, el repudio hacia una clase política tripartita, al interior de la cual las diferencias aparecen mínimas frente a la abundancia de las similitudes. Pero una mirada minimalista que resalta las especificidades de cada partido y reconoce el “menos peor”, implica un cálculo y una lucidez que no corresponden al sentido común de gran parte de la población, cuyos cálculos se consumen en la búsqueda de estrategias de sobrevivencia en medio del despojo y del abuso, entre la espada de la explotación privada y la pared del patrimonialismo y el clientelismo público.La oferta partidaria para las elecciones de 2009 no parece cubrir el espectro de las opiniones políticas de los mexicanos. Seguramente no alcanza a representar el malestar de los excluidos, de los desposeídos, aunque pueda activar falsas ilusiones o apelar al intercambio mercantil clientelar pescando en las peores expresiones de la cultura política mexicana y contribuyendo a reproducirlas. Allá donde el malestar se transforma en enojo, las elecciones aparecen como farsa, después de haber sido tragedia, como ejercicio autoreferente de sectores de la clase política que, cíclicamente, requieren abrevar de la delegación y efectuar un rito de ungimiento. En efecto, en el repudio hacia una forma específica de la política –este sistema de partidos- es evidente en México el desgaste del electoralismo que apareció paulatina y crudamente detrás de la promesa democrática. En su camino a la normalidad de la democracia procedimental, México ingresó directamente a la prolongada crisis de las democracias occidentales. La institucionalización de la política en un país surcado por clivajes clasistas y racistas necesariamente opera una mutilación, simula una representación para ocultar la obscenidad.Es indiscutible que un rechazo al sistema de partidos bien podría y debería expresarse en la formación de un nuevo partido que expresara otra idea de la política y otro proyecto de país o en la simple organización y movilización como ejercicio práctico de antagonismo y autonomía. Todo esto no sólo es posible sino que está ocurriendo en el México de hoy. Otros partidos -electorales o no- están gestándose, múltiples formas de politicidad surgen de la organización y la movilización popular que, con mayor o menor éxito y trascendencia, afloran a lo largo y ancho del país.La política antagonista no se agota en el ejercicio electoral, a veces lo prescinde, a menudo lo padece, pero siempre puede aprovecharlo.¿Porqué no mandar oportunamente un mensaje claro de repudio a este sistema y sus protagonistas mediante el voto nulo y la abstención? La alternativa de un voto “tapándose la nariz” no garantiza una oposición parlamentaria eficaz y es un cheque en blanco para la perpetuación de aparatos políticos que, en el mejor de los casos, requieren una refundación. Una refundación que lamentablemente pasa por su superación y no por su conservación. El voto útil por los partidos de la extinta Coalición para el Bien de Todos es inútil para propósitos de transformación. Es un voto conservador, un voto defensivo anclado en una actitud subalterna que ubica en el marco de la reglas de dominación existente los márgenes de maniobras y los espacios de resistencia y renegociación.No sólo la abstención y el voto nulo son posturas políticas legítimas sino que también en la coyuntura actual pueden, en gran escala, marcar una ruptura, aunque fuera simbólica, respecto de una partidocracia al interior de la cual han degenerado hasta las formaciones políticas de origen y vocación popular.¿Pensamos seriamente que si no vota el 70 u 80% del padrón electoral, los electos con 10% del total de electores serán legítimos representantes populares? ¿No será una oportunidad para cuestionar el sistema y mostrar sin tapujos su ilegitimidad? ¿No será que la legitimidad es un arma indispensable cuando la legalidad es un instrumento de reproducción del poder de quienes la elaboran? Si de castigar electoralmente al PAN y al PRI se trata, ¿no será más eficaz y significativo un repudio mayoritario que un par de puntos porcentuales “regalados” a otros partidos?Las elecciones pueden ser una oportunidad para evidenciar la falta de representatividad de un sistema político cuya gangrena puede resultar larga y dolorosa. Dicen los cínicos que los pueblos tienen los dirigentes que se merecen. Agregaría, siempre y cuando los elijan…Desde el rechazo, que no en el silencio, es prioritario no cultivar ilusiones sobre la reforma de lo irreformable y construir nuevos instrumentos políticos a la altura de las urgencias y las necesidades de la mayoría de los mexicanos.
Horizonte políticoJosé A. CrespoEl miércoles, el ex consejero electoral del IFE, Mauricio Merino, escribió un artículo en el que comenta que el voto nulo cuenta para determinar si un partido alcanzó o no el umbral de 2% exigido por el Cofipe para poder preservar su registro (El Universal, 10/VI/09). A partir de lo cual, mientras más votos anulados, mayor la probabilidad de que los pequeños pierdan su registro (mientras más cercanos estén a 2%). Un día después, no sé si respondiendo a lo escrito por Merino, el consejero electoral Benito Nacif afirmaba que, por el contrario: “Los votos nulos simplemente se hacen a un lado (...) Los partidos pueden mantener su registro” (Excélsior, 11/VI/09). El viernes, Leo Zuckermann corrige a Nacif a partir de lo expresado por Merino (Excélsior, 12/VI/09). Jesús Cantú, también ex consejero del IFE, ratifica la posición expresada por Merino (Proceso, 15/VI/09).Extraña disyuntiva: ¿a quién creerle, a los ex consjeros Merino y Cantú o al consejero Nacif? Conozco a los tres desde hace años y guardo por ellos amistad y respeto profesional. Pero ese no debe ser el criterio para definir a quién daba creérsele. Mejor revisar lo que estipula la normatividad. El artículo 32 del Cofipe señala: “Al partido político que no obtenga por lo menos 2% de la votación en alguna de las elecciones federales… le será cancelado el registro”. ¿Cuál votación? ¿La emitida, la válida, la efectiva? El artículo 32 lo aclara en un párrafo posterior: se trata de “la votación emitida en alguna de las elecciones federales”. Es decir, si un partido no obtiene 2% de la votación emitida en esta elección, perdería el registro. Queda por precisar cómo se determina la votación emitida, ¿incluye los votos nulos y los emitidos por candidatos sin registro o se excluyen y quedan sólo los destinados a un partido político o coalición? El artículo 12-1 define la votación total emitida como “la suma de todos los votos depositados en las urnas”. Es decir, los votos emitidos por un partido, por un candidato no registrado y los nulos. Pero también incluye otra definición, denominada votación nacional emitida, definida como “la que resulte de deducir de la votación total emitida, los votos a favor de los partidos políticos que no hayan obtenido 2% y los votos nulos”. Viene entonces una gran duda. El artículo 32 habla de votación emitida, pero no define si es total (con votos nulos) o nacional (sin votos nulos). También así lo hace al artículo 101, relativo a la pérdida de registro de los partidos. Eso hace la mar de diferencia con respecto al efecto del voto nulo: una definición del voto emitido (nacional) no afectaría la composición de la Cámara baja, pero la otra definición del voto emitido (total) sí lo haría, con potencial de eliminar uno o más partidos que, dependiendo del número de votos nulos, no lograran preservar su registro. ¿A cuál de las dos definiciones se refieren los artículos 32 y 101, ya que sólo hablan de votación emitida, sin especificar si total o nacional?El TEPJF ha despejado esa duda en una de sus tesis relevantes, aprobada por unanimidad. La define como “el total de votos depositados en las urnas sin deducir los votos declarados nulos y, por tanto, se confirma la convicción de que dichos votos se constituyen parte integrante de la votación total emitida, toda vez que, de no ser así, el legislador hubiere plasmado como condición (para preservar el registro) el que se alcanzara por lo menos 2% de la votación válida y no de la emitida” (Votación emitida: concepto. Sup-Jrc-062/97). Es decir, para calcular el 2% que exige la ley para preservar o perder el registro de los partidos la votación emitida incluye los votos nulos, según el Tribunal. De lo que se infiere que, como asegura Merino, a mayor número de votos nulos, menor la probabilidad de los partidos emergentes de preservar su registro. Así pues, de acuerdo con esta tesis del Tribunal, el voto nulo —dependiendo de su magnitud— sí podría tener un efecto importante sobre la composición de la Cámara baja (el número de partidos que la conforman), aunque no en la distribución de curules de los que sí hayan preservado o alcanzado su registro. Es decir, todo lo que se ha dicho en este debate sobre la futilidad y carácter fantasmagórico del voto nulo habría perdido su fundamento y veracidad. Tendría, pues, repercusión sobre la composición de la Cámara baja, contrariamente a lo que se nos ha dicho hasta ahora.Por otro lado, según el artículo 295 del Cofipe, en los distritos donde éste supere la diferencia entre primero y segundo lugares, todos los paquetes serán abiertos y sus votos recontados para dar mayor transparencia y certeza al resultado. Justo lo que no se hizo en la elección de 2006. De haber existido esta disposición en la pista presidencial de aquel año, en 25 de los 300 distritos se hubieran recontado todos los votos (lo que de cualquier manera no hubiera despejado las dudas sobre la elección presidencial, pues su resultado no se define a partir del número de distritos legislativos ganados, sino de la mayoría de votos en una sola circunscripción nacional). En suma, durante el debate sobre cómo puede usar el elector su voto en estos comicios, prevalecen dudas y confusión sobre lo que implicaría la anulación del sufragio. Por lo cual, el IFE debiera pronto despejar esa incógnita con toda precisión y veracidad —en particular el efecto del voto nulo sobre el registro de los partidos—, de acuerdo a lo establecido por la normatividad aplicable. De esa forma, el elector podrá valorar los efectos de cualquiera de las opciones que contempla la ley —y, por ende, legítimas e institucionales— antes de decidir por alguna de ellas, incluidas el voto nulo y la candidatura no registrada (que no son abstención, como pretenden los partidos políticos, hoy unidos en torno a la defensa de sus enormes intereses comunes).El IFE debiera despejar la incógnita con toda precisión —el efecto del voto nulo sobre el registro de los partidos—, de acuerdo con la normatividad aplicable
Denise Dresser15 Jun. 09Es usar esta oportunidad para cambiar un sistema que privilegia la rotación partidista por encima de la representación ciudadana. Es usar esta oportunidad para rediseñar las reglas y no sólo votar para darle un par de curules más al PRD o al PAN. La anulación no entraña dejar en manos de otros la decisión, sino crear la condiciones para que los ciudadanos verdaderamente cuenten. Anular es votar. Es participar. Es ir a la urna y depositar una boleta para expresar el descontento con un sistema democrático mal armado, que funciona muy bien para los partidos pero muy mal para los ciudadanos. Hemos construido una democracia parcial en la cual existe la capacidad de votar pero no de sancionar. Es como si usted -lector o lectora- contratara a un empleado, le pagara el sueldo durante los próximos tres años, y no pudiera despedirlo o castigarlo si su desempeño es malo, o atenta contra el bienestar de la empresa. Eso es, en efecto, lo que hemos venido haciendo: votando por personas a las cuales nunca volvemos a ver, cuyo comportamiento en el Congreso desconocemos, cuyo incentivo para representarnos es nulo porque al final de su periodo saltarán a otro puesto. Porque no hay reelección pero sí hay trampolín; porque nos han otorgado la capacidad para llevar a alguien al poder, pero no contamos con instrumentos para asegurar que lo ejerza en nuestro nombre. La anulación no busca acabar con la democracia sino aumentar su calidad y su representatividad. La anulación no intenta dinamitar el sistema de partidos sino mejorar su funcionamiento. Anular es votar. Es contribuir. Es ir a la urna y votar por "Esperanza Marchita" o por cualquier candidato independiente, usando el único instrumento con el cual contamos. El único mecanismo -imperfecto, difuso, chato- que nuestra democracia trunca ofrece hoy en día. Porque llevamos años pidiendo que los partidos democraticen el sistema, sin que lo hayan hecho. Porque llevamos años exigiendo que combatan la corrupción, sin que hayan mostrado la menor disposición a ello. Porque llevamos periodo legislativo tras periodo legislativo de bancadas que congelan iniciativas prometidas durante la campaña y archivadas cuando llegan al poder. Porque queremos ayudar desde afuera a los que están intentando reformar desde adentro; a aquellos que enfrentan cotidianamente la resistencia de partidos autistas que defienden intereses enquistados.Y esa inercia no se puede combatir -ya lo hemos visto- con lo que algunos proponen como solución. No basta con formar otro partido, si acaba corrompiéndose para sobrevivir. No basta con cabildear a los legisladores, si su futuro no depende de escuchar a los ciudadanos sino de disciplinarse ante su líder parlamentario o algún poder fáctico. No basta con organizar otro foro -como los tantos que hubo en torno a la reforma del Estado- para fomentar la discusión si ese foro va a terminar siendo ignorado. El problema fundamental del sistema político es la ausencia de mecanismos que le den a la ciudadanía peso y voz. Los incentivos del sistema político están mal alineados: los legisladores no necesitan escuchar a la ciudadanía ni atender sus reclamos, porque la longevidad política no depende del buen desempeño en el puesto. Entonces, la anulación no busca destruir el andamiaje institucional sino centrar la atención en sus imperfecciones y en lo que falta por hacer y mejorar. Anular es votar. Es tratar de componer lo que está descompuesto. Es usar esta oportunidad para cambiar un sistema que privilegia la rotación partidista por encima de la representación ciudadana. Es usar esta oportunidad para rediseñar las reglas y no sólo votar para darle un par de curules más al PRD o al PAN. La anulación no entraña dejar en manos de otros la decisión, sino crear la condiciones para que los ciudadanos verdaderamente cuenten. La anulación no entraña fortalecer el "voto duro", sino crear condiciones para que se vea reemplazado por el voto ciudadano. Para que el acarreo corporativo vaya perdiendo peso conforme aumente la participación de personas que creen en las instituciones en vez de desconfiar de ellas. Para que en lugar de cortejar a Elba Esther Gordillo o a Valdemar Gutiérrez, los partidos se vean obligados a cortejar a personas como usted. Anular es votar. Es contribuir. Es diagnosticar problemas con la intención de proponer soluciones. Es apelar a los partidos para que comprendan la crisis de representación que han creado y busquen maneras de afrontarla. Y aunque el movimiento impulsado entre tantos mexicanos reúne diversos reclamos, parece haber consenso en torno a algunos ejes. La necesidad de darle a los ciudadanos una forma de castigar o premiar a sus representantes. El imperativo de las candidaturas ciudadanas independientes. La reducción del financiamiento público a los partidos. La posibilidad de incorporar figuras de participación directa como el plebiscito y el referéndum. La propuesta de atar el voto nulo a la cantidad de recursos que se destina a los partidos. Todo ello con la intención de fortalecer a la democracia y asegurar su representatividad. Todo ello con la intención de empujar a los partidos a enarbolar reformas que tanto resisten. Porque como decía Barack Obama a lo largo de su campaña presidencial: "el poder nunca concede por su propia cuenta". Y la anulación del voto es una forma de obligar a que lo haga en nuestro nombre.
fotógrafo: Gerardo Montes de Oca ValadezEstaba el cocinero disponiéndose a hacer un guiso. Como era muy democrático y siempre escuchaba a los demás, les dio a los pollos la oportunidad de que eligieran en qué salsa querían ser comidos.- Es que no queremos ser comidos - dijeron los pollos.- Esa no es la cuestión - respondió el cocinero. (Eduardo Galeano)
Voto nulo: “un peligro para México”Horizonte político José A. CrespoHace varios meses comía yo con distinguidos amigos, figuras públicas todos ellos y cercanos en cierto grado a algún partido, sin ser, hasta donde sé, militantes activos. Con ellos comenté mi postura de no dar mi voto a ningún partido político, idea que no compartieron, pero todos coincidieron en que era mejor presentarse a la urna y anular el voto, que quedarse en casa. Así lo creo yo también. Pero por lo visto los partidos no, pues han reaccionado con gran intolerancia contra el voto nulo (tachado) o independiente (por un candidato no registrado), opción contemplada por la ley y, en consecuencia, legítima y democrática. Da la impresión de que preferirían un alto abstencionismo que una elevada proporción de votos de protesta. ¿Cómo así? El Cofipe, en su artículo 4, considera una obligación de los ciudadanos votar. Su incumplimiento no conlleva pena, pero formalmente es una infracción legal. La ley electoral mexicana, y la de muchas democracias, acepta una vía para protestar en la boleta si ninguna de las opciones registradas satisface al elector. En nuestro caso, esa opción es a través del candidato no registrado (voto independiente), contemplado en el artículo 252 del Cofipe. No es correcto, por tanto, meter al voto de protesta en el mismo costal que la abstención, como hacen los partidos y el IFE. El primero es legal e institucional (contrariamente a lo dicho por los partidos y el presidente del IFE, Leonardo Valdés, que bien haría en leer el Cofipe).A los partidos, el abstencionismo no parece preocuparles demasiado, pero sí el voto de protesta (nulo o independiente). En 2003, cuando se registró 60% de abstencionismo, la reacción de los partidos no fue de descalificación ni condena a los abstencionistas, pese a que no habían cumplido con su obligación legal; simplemente dijeron que tomarían nota de esa señal de apatía. Incluso, en este proceso, cuando las encuestas empezaron a arrojar cálculos de una abstención de 60 a 70% (sin estimar aún los votos nulos), nada dijeron los partidos. Sólo hasta que se detectó que había un movimiento anulista que podría adquirir una dimensión importante, saltaron con todo tipo de descalificaciones, injurias y acusaciones (antidemócratas, retrógrados, subversivos, antipatriotas). No sabía, hasta ahora, que ejercer el ejercicio del voto, con una de las opciones estipuladas por la ley, implicara todo eso. Pensaba que era a la inversa. ¿Qué no las expresiones antiinstitucionales, antidemocráticas o de plano ilegales eran las que amenazaban la gobernabilidad y la institucionalidad? ¿Es ahora una expresión perfectamente regulada y permitida por la ley? Qué extraño.Por un lado, todos los partidos aseguran que el voto nulo favorece a sus rivales: el PAN, que al PRD y al PRI; el PRI, que a los otros dos; el PRD, lo mismo y, los emergentes, que a los tres grandes. En suma, que el voto nulo favorece a todos y a ninguno. En el absurdo, Andrés López Obrador asegura que este movimiento sirve a “la mafia que le robó la Presidencia”. ¡Por favor! Tales declaraciones son emblemáticas de cómo los partidos ven a sus representados: incapaces de concebir ideas y estrategias propias, de pensar por sí mismos, de empujar iniciativas, de organizarse. Ante la amenaza que el voto de protesta podría representar a sus intereses y privilegios, los partidos unen su voz en coro, cierran filas, emprenden una campaña negativa contra esta expresión cívica. ¿Cómo osamos protestar siquiera contra ellos? ¿Cómo poner en entredicho sus privilegios, salarios y financiamiento? ¿A razón de qué se nos ocurre pedirles cuentas? Somos tratados como sus empleados o, en el mejor de los casos, sus súbditos, no como sus representados, no como sus mandantes. Tenemos que callar y obedecer y, además, votar por ellos.Dicen, pues, que el voto de protesta es ilegal, subversivo. Pero resulta que la boleta electoral tiene en su base un espacio concreto que dice literalmente: “Si desea votar por algún candidato no registrado, escriba en el recuadro el nombre completo”. Si usted desea, se lee en la boleta. Es decir, siéntase en confianza, puede hacerlo, es legítimo, no es ilegal, no es antidemocrático, no es sedicioso; lo puede hacer si usted así lo decide. Si dicha opción fuera lo que los partidos, sus personeros informales y algunos consejeros del IFE dicen que es, esa leyenda tendría que agregar algo como: “Si usted vota así, incurrirá en una grave irresponsabilidad, un delito de lesa democracia, un acto subversivo; usted representaría un peligro para México”. Entonces, ya no cabría duda. Pero no dice eso.Todo lo cual habla del carácter no tan democrático de nuestro sistema de partidos. Ese que los anulistas no queremos destruir, sino reformar, abrir, refrescar, aunque no al ritmo y las necesidades de los partidos (nos podría llevar siete décadas). Las demandas planteadas por los grupos anulistas, que buscan hacer eficaz la representación política, no son nuevas. A nueve años de la alternancia, ya era para que hubieran aprobado algunas de las más importantes. Pero vuelvo a la pregunta original: ¿por qué los partidos prefieren la abstención al voto nulo?, ¿por qué no distinguen la abstención del voto de protesta, como lo hace la ley, adjudicando a ambas figuras los efectos de la abstención? Porque ésta, aunque no sea legal, es silenciosa: el voto de protesta, siendo perfectamente legal, es ruidoso. Y como palanca de presión, puede ser mucho más eficaz que la abstención. El voto de protesta (nulo o independiente), nos sugieren los partidos, es “un peligro para México”. En realidad, podría serlo (dependiendo de su magnitud), pero para su cerrado oligopolio, sus injustificados privilegios y su intocable impunidad.

References: artículo 39
 artículo 41
 artículo 32
 artículo 32
 artículo 12
 artículo 32
 artículo 101
 artículo 295
 artículo 4
 artículo 252