Source: http://castrillo.com.ar/category/publicaciones-2/
Timestamp: 2020-02-25 15:55:53+00:00

Document:
Publicaciones – Castrillo Castrillo abogados
RESPONSABILIDAD DE LOS BUSCADORES DE INTERNET EN EL CODIGO CIVIL Y COMERCIALcarlos2019-03-23T17:27:49+00:00
As mentioned earlier, the Office has been given the competency to change any procedure if deemed necessary to accelerate the granting of trademarks and to reduce costs. We will keep you posted, if and when changes are proposed.
See publication in: https://www.marques.org/class46/?XID=BHA4658
Regulation sets out opposition procedure in Argentinacarlos2018-11-05T14:01:39+00:00
Kat friend Carlos Castrillo explains for Kat readers the operative measures that are being put into place for various IP matters in Argentina following the Emergency Decree that was made public on 11 January 2018 and which promise a new era in IP practice.
The Emergency Decree was aimed at simplifying numerous administrative procedures before the National Administration, including IP, and on 26, 2018, the changes were enacted. The new law contains various amendments that will be popular amongst IP owners, the most notable of which are as follows:
Oppositions must be filed electronically. Until now, an application could be filed either manually or electronically via the IP Office webpage.
There is a reduction, from twelve to three months, in the cooling-off period in which to negotiate the withdrawal of an opposition. If no withdrawal occurs, the IP Office will take a decision and there will be no mandatory mediation or court procedure (together with the costs and time that these steps entail). The trademark office has already begun issuing notifications with the three-month deadline.
A newly constituted administrative hearing is meant to emulate aspects of a court proceeding, but to be completed in less time and at a lower cost. If no amicable settlement is reached, the IP Office will first require the opponent to pay a fee of approximately USD $300. At the same time, the opponent will have the opportunity to file new arguments or expand on the ones already mentioned in the opposition as well as to submit additional evidence. The IPO Office will take a decision on the opposition.
While the IP Office will now be able to handle oppositions, it has not been given the authority to rule on cancellation matters. These should still be brought before the courts. Cancellation actions are typically initiated as a counter-claim to an opposition. The IP Office will suspend its proceedings until the Court decides on the cancellation request.
Partial cancellations will now be possible.
The proprietor of a registered mark must file a sworn declaration of use between the fifth and sixth year after registration, describing the use of the trademark.
The IP Office is given the competency to change any procedure if deemed necessary to accelerate the granting of trademarks and to reduce costs. The following have been mentioned as steps that might be taken:
Abolishment of refusals based on relative grounds;
Introduction of multiclass filings;
Grant of a trademark on a preliminary basis before publication, i.e. pre-grant before opposition.
It will be possible to file multiple designs in the same application if the designs are related to the same class. If not, divisional applications may be filed, which will enjoy the original filing date.
Photographs and electronic reproductions of the design will be accepted without the need for a written description, which was previously required.
Renewals may be filed in the 6 months before renewal and, as well, in the 6 months after the renewal date, upon the payment of an additional fee of approximately USD $78. The change will be valuable to owners, since in the old regime, renewals could be made only six months before the deadline, which meant that no renewal was accepted if less than sixth months remained or if the deadline had already passed.
These changes portend a sea-change in the way that IP will be practiced in Argentina, with the hope that they will make the country a more attractive venue for foreign owners of IP rights.
See article published in: http://ipkitten.blogspot.com/2018/07/the-dawn-of-new-era-for-ip-in-argentina.html
The dawn of a new era for IP in Argentina?carlos2018-08-02T14:37:47+00:00
Este «derecho de petición» no se agota con el hecho que el administrado pueda pedir, sino que exige una respuesta: frente al derecho de petición se encuentra la obligación de responder, lo que no significa, por cierto, que deba pronunciarse en un determinado sentido, sino tan solo que debe expedirse. Encuentra también fundamento en el art. 14 de la Constitución Nacional, cuando acuerda a los particulares el «…derecho a peticionar a las autoridades…». De esa disposición deriva, a contrario sensu, que este derecho resultaría inoperante si como contrapartida no se entiende la obligación de la autoridad de responder a esa petición. Es decir, que este derecho implica también el de obtener una respuesta, y en la actualidad se encuentra prevista en forma expresa tanto en el art. 75, inc. 22, de la Constitución Nacional, como también en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, cuando en el art. 24 reconoce a las personas el derecho a presentar peticiones respetuosas a cualquier autoridad competente, ya sea por motivo de interés general, ya de interés particular, y el de obtener una pronta resolución. Corresponde agregar también, que la finalidad del Estado del Derecho, consiste en encontrar una relación armoniosa entre el derecho a peticionar a las autoridades, y la obligación concomitante de la Administración de responder a las peticiones. La Administración tiene el derecho, pero también el deber, de que los procedimientos iniciados en su ámbito sean culminados en dicha sede con el debido ejercicio de su competencia, obligatoria e improrrogable” (3ª CCA, 14/11/2008, expte. nro. 83849/31773, caratulados: “Hidronihuil SA c. Gobierno de la Provincia de Mendoza p/ acción de amparo”) (6) .
La reforma al Sistema de Oposición de Marcas: Decreto de Necesidad y Urgencia 27/2018carlos2018-03-29T08:54:36+00:00
But then came the election of Mauricio Macri as President in 2015 and more recently, the appointment of a new President of the Trademark and Patent Office, Mr. Damaso Pardo. In a word, as Mr. Pardo has stated, from the vantage of IP, “Argentina now opens again to the world». This means reforming an admittedly cumbersome, slow and protectionist system. Exhibit «A» is the movement afoot to significantly improve the patent examination and registration process.
Movement afoot in the patent scene in Argentinaus0212018-02-16T17:54:40+00:00
Cita Online: AP/DOC/705/2015
Sumario: I. Introducción.— II. El daño en los delitos marcarios.— III. La atribución subjetiva de la responsabilidad a la luz del Código Civil y de la reforma.— IV. Antecedentes jurisprudenciales relacionados con prestaciones de servicios de internet.— V. La reforma del Código Civil.— VI. Conclusiones
Dos aspectos nos mueven a la reflexión en los fallos que comentamos, uno relacionado con la existencia de daño y su cuantificación ante infracciones marcarias y el segundo el relativo a la atribución subjetiva de la responsabilidad cuando diversas personas participan en la cadena de causalidad de un daño, como consecuencia del uso de internet.
II. El daño en los delitos marcarios
Sobre el primer aspecto ya nos hemos referido extensamente en otro trabajo (ver diario La Ley del miércoles 25 de marzo de 2015, p. 8, nota a fallo, «Condenas a pagar sumas de dinero por infracciones marcarias»).
De todas formas, no podemos desconocer la reforma del Código Civil, que allí no fuera tratada, y las próximas líneas nos referiremos brevemente a ella.
Allí decíamos que la existencia de daño en los delitos marcarios se había transformado en una cuestión dogmática, no necesariamente asociada a la prueba producida, siendo consecuentemente contraria a los principios que rigen la materia en nuestra legislación.
En efecto, en esta línea la Sala I en autos «Nike International Ltd. v. DeRemate.com de Argentina S.A. s/cese de uso de marcas. Daños y perjuicios» dice «No obstante, toda infracción marcaria provoca un daño y los jueces debemos evitar que las dificultades de prueba conduzcan a resultados injustos que favorezcan la impunidad de los infractores».
En forma análoga, la Sala III en autos «Nike International Ltd. v. Compañía de Medios Digitales CMD SA s/ Cese de uso de marcas» sostiene que cada vez que se vende un producto con marca en infracción se produce el primer daño cierto al titular de la marca».
Nosotros disentimos con esas afirmaciones dogmáticas, alejadas de toda prueba, que son análogas a sostener que todo delito (art. 1066 del CC) produce un perjuicio resarcible por el mero hecho de su comisión, afirmación que con el código vigente sería contra legem y cuyo sentido sería el de evitar la impunidad.
Esto claramente se opone al art. 1067 del Código Civil, que expresamente establece que «No habrá acto ilícito punible para los efectos de este código, si no hubiese daño causado, u otro acto exterior que lo pueda causar…».
Pero es cierto que la reforma ha modificado el contenido de algunos conceptos, como el del daño, aunque, como veremos, no las consecuencias en su aplicación, por lo que lo argumentado en dicho artículo sigue vigente luego de la reforma.
Para ello distinguiremos conforme lo hace alguna doctrina, el daño evento del daño jurídico (1). Llamaremos daño evento a la lesión del bien jurídico y daño jurídico a las consecuencias resarcibles de dicho daño evento.
Es decir que puede haber daño «evento» sin que exista la posibilidad de resarcimiento, y sólo serán viables medidas tendientes a que la lesión del bien jurídico deje de existir (nada habría cambiado en esencia respecto del actual Código Civil en este sentido).
En efecto, el art. 1737 que se refiere al concepto de daño dice «Art. 1737.— Concepto de daño. Hay daño cuando se lesiona un derecho o un interés no reprobado por el ordenamiento jurídico, que tenga por objeto la persona, el patrimonio, o un derecho de incidencia colectiva».
Sin embargo, para que proceda la indemnización no alcanza con el daño definido en el art. 1737. Conforme lo establecen los arts. 1738 y 1739 para que proceda la indemnización, que reemplazaría la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente (2), pero no hipotético, conjetural o presumido tal como se afirma en estos fallos.
A su vez, la prueba de dicho daño debe ser acreditada por quien la invoca, salvo que la ley lo impute o presuma (3).
Es decir que pese a la vigencia del nuevo Código Civil y Comercial, la construcción jurídica que viene haciendo la jurisprudencia en materia resarcimiento por infracción de marcas seguirá siendo desde nuestra perspectiva contra legem a menos que quien invoque un daño (lesión a su derecho marcario) pueda probar además el perjuicio directo e indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente.
La realidad es que el daño resarcible en marcas normalmente no existe, y lo que en cambio sí se busca con la ficticia condena a resarcir daños es evitar que el delito quede impune o sea que quien delinca de alguna forma pague. No se trata de presumir un daño existente sino que en realidad el daño resarcible como tal no existe.
Sostenemos que el fundamento de estas condenas no puede buscarse en las normas que se refieren al resarcimiento de los daños o a la prueba de los mismos, sino en otros institutos del derecho (multa civil o daño punitivo) que pueden ser aplicables por analogía conforme lo establece el nuevo art. 2º del Código Civil y Comercial (4). De todas formas, no queremos profundizar más en este tema, que hemos tratado en detalle en el artículo mencionado al que, con las aclaraciones aquí efectuadas, remitimos al lector.
III. La atribución subjetiva de la responsabilidad a la luz del Código Civil y de la reforma
Respecto de esta segunda cuestión comenzaremos nuestro análisis expresando nuestro acuerdo con la solución dada en ambos fallos sin perjuicio de que en las líneas que siguen ampliemos la fundamentación con que los jueces llegan a estas soluciones desde la perspectiva del Código Civil, vigente y futuro.
Recordemos los hechos… En el primer caso fallado por la Sala 1ª, al demandado Deremate.com.ar de Argentina SA, titular de una plataforma en internet para comercializar productos en línea, se lo acusa de no evitar la repetición de violaciones a los derechos de la marca notoria Nike, de titularidad de la actora por terceros. En el segundo, Compañía de Medios Digitales CMD S.A. (continuadora de Clarín Global S.A.) por medio de la página de Internet www.masoportunidades.com.ar ofrecía y comercializaba productos Nike, algunos originales y otros apócrifos.
Tanto la Sala I como la Sala III coinciden en señalar una ausencia de legislación específica para resolver la cuestión. En el primer fallo la Sala I asume la necesidad de la interpretación y aplicación del bloque normativo sin referirse en detalle a las normas consideradas. En el segundo fallo la Sala III toma el art. 14, apartado 1º de la directiva 2000/31 de la CE como norma orientadora para resolver el conflicto traído a su decisión sin otorgar sustento alguno en el Código Civil, más allá de que se lo pueda considerar existente en forma implícita.
Iniciando pues el razonamiento que propondremos, está claro que en ambos casos estamos ante un ilícito penal conforme lo establece el art. 31 de la ley 22.362 (5). En efecto, en ambos casos se trató de la oferta y comercialización de productos falsificados a través de la plataforma de internet de las demandadas.
Tratándose pues de la existencia de un delito penal y por imperio del art. 1107 del Código Civil (6) entran a jugar las normas sobre responsabilidad extracontractual, más allá de que entre las partes haya existido un contrato (como es el supuesto del primer fallo).
En efecto, el art. 1107 del CC es una barrera que impide la aplicación de los artículos del título IX a la situación jurídica analizada, salvo que el supuesto jurídico en análisis sea un delito del derecho criminal, en cuyo caso la barrera del art. 1107 deja de existir.
Como consecuencia del citado art. 31 de la ley 22.362 que define al uso de marca ajena como delito, la barrera del 1107 no actúa y resultan aplicables al caso el art. 1109 (7) del Código Civil.
Por oto lado, y tratándose por lo ya visto de un supuesto de responsabilidad extracontractual, tampoco rige la limitación respecto de las consecuencias de los hechos, los que en el marco de una relación contractual se limitan a las consecuencias inmediatas, conforme lo establece el art. 520 del CC para el incumplimiento de las obligaciones (8).
Es decir que por estar en análisis la posible comisión de un ilícito del derecho criminal, de existir un factor de atribución subjetiva respecto de los ilícitos en cuestión con referencia a de DeRemate.com de Argentina SA en el primer fallo y de Compañía de Medios Digitales CMD S.A. en el segundo fallo, no rige el sistema de responsabilidad contractual sino el extracontractual, siendo la consecuencia de ello la aplicación de los arts. 1109 respecto del factor de atribución, de los arts. 901 y 903 (9) respecto del alcance de las consecuencias de los hechos y del art. 902 (10) respecto de cómo debe juzgarse la previsibilidad de las consecuencia de los hechos.
En otras palabras, los jueces en sus sentencias sólo tendrían que llenar de contenido al concepto «negligencia», tal como veremos a continuación. Con dicho contenido podrán concluir si existe o no factor de atribución que haga responsable a las demandadas —titulares de plataformas para comercializar productos en internet como consecuencia de las infracciones marcarias verificadas— según un factor de atribución subjetivo (art. 1109 del CC). Luego vendrá, si se prueba su existencia, la cuantificación del daño, que como dijimos, ya lo hemos tratado en otro trabajo.
El marco para ello lo fija el art. 902 del CC. Este marco, conforme sea la apreciación judicial, hará o no responsables a las titulares de plataformas para la comercialización de productos en internet por la infracción marcaria de terceros. El contenido que se otorgue a este marco debería permitir responder a la pregunta de si existió o no negligencia que haga responsables por las consecuencias de su actuar previsible en forma mediata a las demandadas.
Obviamente que la respuesta no es simple ya que ésta depende, en el supuesto de internet, de la evolución y posibilidad de acceso a la técnica que permita un mayor control sobre la información que se maneje y/o de la mayor o menor actividad que el prestador de internet involucre en el acto cuyas consecuencias producen daño.
No será lo mismo la negligencia que pueda considerarse existente hoy que la que pueda juzgarse de acá a una década en la que habrá nuevas herramientas y habrá también experiencias que permitan aprender de los errores no advertidos en el pasado.
Por otro lado es cierto que no existe en nuestra legislación una normativa especial referida a la responsabilidad por daños ocurridos por el uso de internet, pero visto el régimen de responsabilidad general existente, esta carencia sólo existiría respecto del contenido o marco del art. 902 del CC para el supuesto de conductas relacionadas con el uso de internet.
Lo no legislado solamente se refiere a qué debe ser considerado un actuar negligente en el uso de esta herramienta teniendo en cuenta la naturaleza de internet.
Es decir, la única pregunta que queda pendiente en el análisis sería ¿qué es lo que un prestador de internet está obligado a prever y cuya falta de previsión determine su responsabilidad?
Es evidente que DeRemate.com de Argentina SA no pudieron desconocer que sus plataformas podrían ser utilizadas para la realización de transacciones ilícitas, de la misma forma que un prestador de telefonía sabe que su servicio será utilizado como medio necesario para la comisión de delitos como ser compra venta ilícita, extorsión, injurias, calumnias, amenazas, todos hechos por teléfono. Pero ¿es esta la previsión a la que se refiere el art. 902 del CC y que hace responsable por negligencia a sus autores?
Nadie llegaría al extremo de exigirle a un prestador del servicio telefónico alguna acción enderezada a evitar en forma genérica actos ilícitos como los señalados bajo la amenaza de constituirlo en responsable de los mismos. Tampoco podría ello fundarse en el hecho de que el servicio telefónico es imprescindible en la cadena de causalidad, para la comisión de los ilícitos arriba enumerados pueda consumarse. Así como sin teléfono estos delitos se dificultan, sin internet nada de lo que se está discutiendo en estos fallos hubiera sucedido. Yendo más lejos, sin automóviles no habría cerca de 10.000 muertes por año en accidentes de tránsito en la Argentina, y nadie seriamente podría pensar en responsabilizar a las automotrices, en forma genérica, por estas muertes.
Entonces, ¿tienen las titulares de plataformas en internet, para la compra y venta de productos, obligación de evitar estos delitos genéricamente? El no hacerlo ¿puede llegar a ser considerado un acto de negligencia que lo haga responsable de los daños?
Éstas son las respuestas que en ambos casos deben dar las Salas y que como vemos no son huérfanas de un sistema jurídico que las sustente. Lo que sí puede considerarse como faltante es una norma que de contenido certero al art. 902 del CC para este caso, o sea en lo que a la actividad de prestadores de internet se refiere. Esta norma eliminaría el riesgo de sentencias contradictorias hasta tanto una jurisprudencia se forme y sea concordante pero también, es cierto, ataría al juez a un razonamiento sin posibilidad de permitirle considerar las circunstancias de cada caso.
En el primero de los fallos comentados la Sala 1ª llena de contenido el art. 902 del CC diferenciando entre el concepto de rol activo frente a otro meramente «pasivo» que no habría existido en este supuesto, dejando traslucir la aplicación de la normativa de la CE ya denunciada como último fundamento para dar contenido al art. 902 del CC y consecuentemente afirmando que el reglamento como las medidas adoptadas por Deremate.com no han sido suficientes para evitar los ilícitos, ergo ha sido negligente.
Al considerar que el titular de la plataforma ha tenido un rol activo la Sala en un todo de acuerdo con el art. 902 del CC eleva las exigencias en cuanto a la previsibilidad y responsabilidad por su obrar haciendo responsable al titular de la plataforma por las consecuencias de su obrar.
En el segundo de los fallos la Sala directamente cita el art. 14 de la directiva 2000/31 de la CE como fundamento de la condena de la prestataria de internet. El art. 902 del CC vuelve a llenarse de contenido con la aplicación de la normativa de la CE.
El art. 902 establece que cuando mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos.
Ahora bien, qué es lo que dice el art. 14 de la regla mencionada de la CE.
Dicho artículo establece que (11)
Los Estados miembros garantizarán que, cuando se preste un servicio de la sociedad de la información consistente en almacenar datos facilitados por el destinatario del servicio, el prestador de servicios no pueda ser considerado responsable de los datos almacenados a petición del destinatario, a condición de que:
a. el prestador de servicios no tenga conocimiento efectivo de que la actividad a la información es ilícita y, en lo que se refiere a una acción por daños y perjuicios, no tenga conocimiento de hechos o circunstancias por los que la actividad o la información revele su carácter ilícito, o de que,
b. en cuanto tenga conocimiento de estos puntos, el prestador de servicios actúe con prontitud para retirar los datos o hacer que el acceso a ellos sea imposible.
El apartado 1º no se aplicará cuando el destinatario del servicio actúe bajo la autoridad o control del prestador de servicios.
El presente artículo no afectará la posibilidad de que un tribunal o una autoridad administrativa, de conformidad con los sistemas jurídicos de los Estados miembros, exijan al prestador de servicios de poner fin a una infracción o impedirla, ni a la posibilidad de que los Estados miembros establezcan procedimientos por los que se rija la retirada de datos o impida el acceso a ellos.
Como vemos, la previsibilidad no está tomada en forma amplia e indiscriminada sino que para ciertas conductas claramente tipificadas por la norma no se puede presumir la existencia de conocimiento que haga responsable al operador por su participación en la cadena de causalidad.
Sin embargo, en los casos aquí comentados, al igual que en el caso «L’Oréal v. Ebay» del Tribunal de Justicia de la Unión Europea citado por una de las Salas y cuyos argumentos fueran utilizados por la otra Sala se ha sostenido que:
«cuando el operador presta una asistencia consistente, entre otras cosas, en optimizar la presentación de las ofertas de venta en cuestión o en promover tales ofertas, cabe considerar que no ha ocupado una posición neutra entre el cliente vendedor correspondiente y los potenciales compradores, sino que ha desempeñado un papel activo que le permite adquirir conocimiento o control de los datos relativos a esas ofertas (el destacado es nuestro). De este modo y por lo que se refiere a esos datos, tal operador no puede acogerse a la excepción en materia de responsabilidad prevista por el art. 14 de la directiva 2000/31»(12).
En otras palabras, el rol activo no ha hecho más que elevar el estándar para juzgar la existencia de negligencia en un todo de acuerdo con el art. 902 del CC.
De lo dicho se desprende que ambas salas han considerado a la conducta de las demandadas como de rol activo y que como consecuencia de ello no han podido desconocer las consecuencias de sus propios actos, siendo responsables por ellas en un todo de acuerdo con lo establecido en el art. 902 del CC (más allá de citar la normativa europea).
En definitiva, no podemos menos que coincidir con el fallo comentado aunque hubiera sido más esclarecedor el haber integrado el art. 902 del CC, que es una norma abierta, con los fundamentos que las Salas consideren adecuado, que es finalmente lo que exige toda norma cuando hace referencia a un concepto jurídico que debe ser llenado por el juzgador conforme las circunstancias del caso.
IV. Antecedentes jurisprudenciales relacionados con prestaciones de servicios de internet
La línea jurisprudencial que comentamos no es aislada ni novedosa en su enfoque aunque es la primera que tiene que referirse a las tiendas virtuales en internet y la responsabilidad por su conducta.
Ya en marzo de 2010, en autos «Rodríguez, María Belén v. Google Inc. s/ daños y perjuicios», la Corte Suprema de Justicia de la Nación tuvo que juzgar respecto del alcance de la responsabilidad de un prestador de internet (13).
Teniendo en cuenta que el hecho ilícito fue producido por un tercero, la cuestión versó sobre el concepto de negligencia y su alcance por parte de los prestadores de internet en facilitar o ser vías de difusión del ilícito de ese tercero.
En primera instancia se consideró negligente a Google al no proceder a bloquear o impedir de modo absoluto la existencia de contenidos nocivos o ilegales perjudiciales a los derechos personalísimos de la actora, a partir de serles comunicada la aludida circunstancia».
La Corte diferenció la naturaleza de la notificación enviada según se informe groseros delitos (pornografía infantil, datos que faciliten la comisión de delitos, que pongan en peligro la vida de personas) en que bastaba cualquier notificación fehaciente para que el prestador quede obligado a actuar, de lo contrario sería negligente, de aquellas otras en que la eventual lesión no quede clara y deba esclarecerse la misma en sede administrativa o judicial.
En este supuesto, y por preeminencia del principio de libertad de expresión, la conducta del prestador de internet no puede ser juzgada de la misma forma. La Corte, al igual que la Cámara en los fallos aquí comentados, tuvo en cuenta el art. 14 de la directiva 2000/31 para dar contenido al art. 902 del CC.
Es interesante rescatar en esta línea interpretativa el voto en disidencia del Dr. Lorenzetti que en el siguiente párrafo dice «17) Que, en las condiciones actuales del desarrollo tecnológico expuestas en este’ caso, esa actividad no permite prevenir, de manera genérica y sin una notificación o reclamo previo del interesado, eventuales daños a terceros».
Es lo que se intenta sostener en este artículo, la existencia o no de negligencia es una cuestión fáctica en función de las circunstancias de persona, modo y lugar, para lo que el juez, y no la ley, están llamados a llenar de contenido, sin perjuicio, de que normas como la directiva 2000/31 de la CE, puedan servir de guía en cuestiones de avanzada como es el supuesto de los prestadores de servicios de internet.
En la causa 41.181 «www.taringa.net y otros s/ procesamiento» Interlocutoria de Sala esta dice:
VI. Adviértase que si bien los autores del hecho finalmente serían aquéllos que subieron la obra al website y los que «la bajan», lo cierto es que el encuentro de ambos obedece a la utilización de la página taringa.net, siendo sus responsables al menos partícipes necesarios de la maniobra y además claros conocedores de su ilicitud, por lo que el convenio que exhiben para pretender exonerarse de responsabilidad no podrá ser tenido en cuenta (14).
El claro conocimiento de la ilicitud, la que además era de público y notorio, es lo que los hace al menos negligentes en su conducta al administrar la página y ello conforme el art. 902 del CC (si lo analizáramos desde una óptica civil).
V. La reforma del Código Civil
Resta ahora analizar si la jurisprudencia analizada podrá sufrir modificaciones con la vigencia del nuevo Código Civil.
Así como para el análisis de estos casos todo dependía del contenido que los jueces pudieran darle al concepto de negligencia dentro de un sistema que reposaba sobre este factor de atribución, en el nuevo código este esquema se mantiene.
El art. 1726 establece que son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad con el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias inmediatas y las mediatas previsibles.
Es decir que no se pretende que alguien deba hacerse cargo de las consecuencias mediatas no previsibles, en forma análoga a lo establecido en el código actual.
Este artículo se complementa con el art. 1724, análogo al 1109 del CC que establece que son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la omisión de la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas, el tiempo y el lugar. Comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se configura por la producción de un daño de manera intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos
Pero ¿qué es lo que determina el concepto de negligencia o ahora de impericia en el arte o profesión? En el código vigente dicho marco, ya vimos, lo determina el art. 902 del CC.
En el nuevo código, este art. 902 del CC es reemplazado por el art. 1725 que establece en forma análoga que cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias.
En definitiva, del análisis de los arts. 1724 y 1725, y su contraste con los arts. 1109 y 902 del CC se desprende que nada habría cambiado que permita presumir un cambio en la línea jurisprudencial analizada que como ya dijimos, es a nuestro criterio muy acertada.
La indemnización, conforme la normativa legal vigente y próxima a regir, corresponde solamente ante un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente que debe ser probado.
La jurisprudencia del fuero ha ampliado el marco legal presumiendo la existencia de daño resarcible respecto de infracciones marcarias con el objetivo de que el delito no quede impune.
Tal objetivo podría conseguirse haciendo aplicación analógica del instituto de la multa civil o daño punitivo.
La negligencia que pueda ser fundamento de responsabilidad en la prestación de un servicio de internet es un concepto no definido por nuestras normas y que debe ser llenado por el juez conforme lo dispuesto en el art. 902 del CC o 1725 del CCyC.
Cuanto más activo sea el rol de un prestador de internet, más flagrante sea el delito que se comete en su sitio o más tecnología esté a su disposición, mayor será la diligencia con que deba obrar para evitar ser responsable por las consecuencias de sus hechos.
(1) Sáenz, Luis R., «El daño resarcible en el proyecto de reforma del Código Civil», año I, n. 3, Infojus, p. 143, en http://www.infojus.gob.ar/luis-senz-dao-resarcible-proyecto-reforma-cdigo-civil-dacf130015/123456789-0abc-defg5100-31fcanirtcod, visto por última vez el 7/7/2015.
(2) Art. 1738.— Indemnización. La indemnización comprende la pérdida o disminución del patrimonio de la víctima, el lucro cesante en el beneficio económico esperado de acuerdo a la probabilidad objetiva de su obtención y la pérdida de chances. Incluye especialmente las consecuencias de la violación de los derechos personalísimos de la víctima, de su integridad personal, su salud psicofísica, sus afecciones espirituales legítimas y las que resultan de la interferencia en su proyecto de vida.Art. 1739.— Requisitos. Para la procedencia de la indemnización debe existir un perjuicio directo o indirecto, actual o futuro, cierto y subsistente. La pérdida de chance es indemnizable en la medida en que su contingencia sea razonable y guarde una adecuada relación de causalidad con el hecho generador.
(3) Art. 1744.— Prueba del daño. El daño debe ser acreditado por quien lo invoca, excepto que la ley lo impute o presuma, o que surja notorio de los propios hechos.
(4) Art. 2º.— Interpretación. La ley debe ser interpretada teniendo en cuenta sus palabras, sus finalidades, las leyes análogas, las disposiciones que surgen de los tratados sobre derechos humanos, los principios y los valores jurídicos, de modo coherente con todo el ordenamiento.
(5) Art. 31.— Será reprimido con prisión de tres [3] meses a dos [2] años pudiendo aplicarse además una multa de pesos cuatro mil ($ 4000) a pesos cien mil ($ 100.000) a:a) El que falsifique o imite fraudulentamente una marca registrada o una designación;b) El que use una marca registrada o una designación falsificada, fraudulentamente imitada o perteneciente a un tercero sin su autorización;c) El que ponga en venta o venda una marca registrada o una designación falsificada, fraudulentamente imitada o perteneciente a un tercero sin su autorización;d) El que ponga en venta, venda o de otra manera comercialice productos o servicios con marca registrada falsificada o fraudulentamente imitada.El Poder Ejecutivo nacional podrá actualizar el monto de la multa prevista, cuando las circunstancias así lo aconsejen (artículo sustituido por art. 67 de la ley 26.784, B.O. 5/11/2012).En HYPERLINK «http://www.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/15000-19999/18803/texact.htm» http://www.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/15000-19999/18803/texact.htm, visitado por última vez el 20/6/2015.
(6) Art. 1107.— Los hechos o las omisiones en el cumplimiento de las obligaciones convencionales, no están comprendidos en los artículos de este título, si no degeneran en delitos del derecho criminal.En HYPERLINK «http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/105000-109999/109481/texactley340_libroII_S2_tituloIX.htm» http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/105000-109999/109481/texactley340_libroII_S2_tituloIX.htm, visitado por última vez el 20/06/2015.
(7) Art. 1109.— Todo el que ejecuta un hecho, que por su culpa o negligencia ocasiona un daño a otro, está obligado a la reparación del perjuicio. Esta obligación es regida por las mismas disposiciones relativas a los delitos del derecho civil.En HYPERLINK «http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/105000-109999/109481/texactley340_libroII_S2_tituloIX.htm» http://www.infoleg.gov.ar/infolegInternet/anexos/105000-109999/109481/texactley340_libroII_S2_tituloIX.htm, visitado por última vez el 20/6/2015.
(8) Art. 520.— En el resarcimiento de los daños e intereses sólo se comprenderán los que fueren consecuencia inmediata y necesaria de la falta de cumplimiento de la obligación.
(9) Art. 901.— Las consecuencias de un hecho que acostumbra suceder, según el curso natural y ordinario de las cosas, se llaman en este código «consecuencias inmediatas». Las consecuencias que resultan solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman «consecuencias mediatas». Las consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman «consecuencias casuales».Art. 903.— Las consecuencias inmediatas de los hechos libres, son imputables al autor de ellos.Art. 904.— Las consecuencias mediatas son también imputables al autor del hecho, cuando las hubiere previsto, y cuando empleando la debida atención y conocimiento de la cosa, haya podido preverlas.Art. 905.— Las consecuencias puramente casuales no son imputables al autor del hecho, sino cuando debieron resultar, según las miras que tuvo al ejecutar el hecho.Art. 906.— En ningún caso son imputables las consecuencias remotas, que no tienen con el hecho ilícito nexo adecuado de causalidad.
(10) Art. 902.— Cuando mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos.
(11) http://eur-lex.europa.eu/LexUriServ/LexUriServ.do?uri=CELEX:32000L0031:Es:HTML, accedido por última vez el 28/6/2015.
(12) Palazzi, Pablo A., «La responsabilidad civil del mercado virtual por oferta de productos en infracción al derecho de marcas: el caso `L´’Oréal v. Ebay´ en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea», http://www.palazzi.com.ar/pdf/casoloreal.pdf, visto por última vez el 28/6/2015.
(13) http://www.telam.com.ar/advf/documentos/2014/10/544fd356a1da8.pdf, visto por última vez el 7/7/2015.
(14) En http://www.cij.gov.ar/nota-6742-Confirman-el-procesamiento-de-propietarios-de-sitio-web-donde-usuarios-descargaban-musica.html, visto por última vez el 7/7/2015.
Voces: DERECHO INDUSTRIAL ~ Marcas y designaciones ~ Ilícitos ~ Parte general
Voces: DERECHO INDUSTRIAL ~ MARCAS ~ PROVEEDOR DE SERVICIOS DE INTERNET ~ RESPONSABILIDAD CIVIL ~ DAÑOS Y PERJUICIOS ~ DELITO MARCARIO ~ FACTOR DE ATRIBUCIÓN DE RESPONSABILIDAD ~ RESPONSABILIDAD SUBJETIVA ~ UNIFICACIÓN CIVIL Y COMERCIAL ~ CÓDIGO CIVIL Y COMERCIAL DE LA NACIÓN
Fallo comentado: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal, sala III ~ 2015-05-21 ~ Nike International Ltd c. Compañía de Medios Digitales CMD SA s/ Cese de uso de marcas
La infracción al derecho de marcas desde la conducta de prestadores del servicio de Internet. Fundamentos de la responsabilidad y resarcibilidad del dañous0212018-02-15T17:46:40+00:00
«El ejercicio regular de un derecho propio o el cumplimiento de una obligación legal no puede constituir como ilícito ningún acto».
«Art. 1067. No habrá acto ilícito punible para los efectos de este Código, si no hubiese daño causado, u otro acto exterior que lo pueda causar, y sin que a sus agentes se les pueda imputar dolo, culpa o negligencia.
«Art. 1113. La obligación del que ha causado un daño se extiende a los daños que causaren los que están bajo su dependencia, o por las cosas de que se sirve, o que tiene a su cuidado.
«En los supuestos de daños causados con las cosas, el dueño o guardián, para eximirse de responsabilidad, deberá demostrar que de su parte no hubo culpa; pero si el daño hubiere sido causado por el riesgo o vicio de la cosa, sólo se eximirá total o parcialmente de responsabilidad acreditando la culpa de la víctima o de un tercero por quien no debe responder. (Párrafo incorporado por art. 1° de la ley nro. 17.711, BO del 26/4/1968. Vigencia: a partir del 1° de julio de 1968.)
«Si la cosa hubiese sido usada contra la voluntad expresa o presunta del dueño o guardián, no será responsable. (Párrafo incorporado por art. 1° de la ley nro. 17.711, BO del 26/4/1968. Vigencia: a partir del 1° de julio de 1968.)».
«Habrá daño siempre que se causare a otro algún perjuicio susceptible de apreciación pecuniaria, o directamente en las cosas de su dominio o posesión, o indirectamente por el mal hecho a su persona o a sus derechos o facultades».
La sala entonces única de la Cámara Federal se había pronunciado en este sentido al considerar que para reconocer daños y perjuicios debía probarse «una disminución en las ventas o, al menos, en la progresión de ellas. (3)
«La sentencia fijará el importe del crédito o de los perjuicios reclamados, siempre que su existencia esté legalmente comprobada, aunque no resultare justificado su monto».
Pero para que ello fuera jurídicamente conducente debieron considerar que el daño estaba probado en su existencia lo que sólo se podía conseguir si se presumía «iuris et de iure» que la mera infracción marcaria generaba daño.
En este sentido Silvia Faerman sostiene que el solo hecho de que alguien use indebidamente una marca idéntica o confundible con la de propiedad de un tercero, ya está produciendo un perjuicio y fundamenta su posición en que el perjuicio es el ejercicio indebido de un derecho que pertenece en forma exclusiva a su titular y a quien le interesa determinar la oportunidad, el modo y los productos y los servicios en que utilizará su marca o en que autorizará su uso por otros. (7) Claramente la autora iguala acto ilícito con daño en contra de la diferenciación establecida en el Código Civil. Es a partir de esta interpretación que justifica la aplicación del artículo 165 del CPCC en tanto el daño estaría acreditado. (8) «Cuando fuera comprobado el uso», dice, «la existencia de los daños debe ser admitida como lógica consecuencia de él». (9)
La aplicación del daño punitivo como remedio contra la piratería sería perfectamente viable por aplicación de la analogía, autorizada por nuestro Código Civil en su artículo 16 cuando dice: «Si una cuestión civil no puede resolverse, ni por las palabras, ni por el espíritu de la ley, se atenderá a los principios de leyes análogas».
En nuestro país el daño punitivo se consideró receptado por primera vez en el proyecto de reforma del Código Civil que en su artículo 1587 reconoció la atribución del tribunal para aplicarlos. Fue definido como una «multa civil a quien actúa con grave indiferencia respecto de los derechos ajenos o de los intereses de incidencia colectiva. Su monto se fijaba tomando en consideración las circunstancias del caso, en especial los beneficios que aquél obtuvo o pudo haber obtenido con su conducta y tenía el destino que le asignaba el tribunal por resolución fundada». Es evidente el carácter subjetivo que tenía el instituto en este proyecto, y su consecuente doble carácter (sancionador y disuasivo) a partir de ello, con el consiguiente obstáculo de la demostración de culpa o dolo, que no debía presumirse.
Entre los autores que consideran inconstitucional el daño punitivo está Bustamante Alsina, quien parte del art. 18, Constitución Nacional, que establece que «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso…». Comparte la doctrina de Núñez en cuanto a que existe una zona de reserva o exenta de castigo para aquellos ilícitos o actos inmorales o reprochables que no estén configurados y castigados por una ley previa a su acaecer. (18) Además, sostiene, que el sujeto corre el riesgo de estar sometido a una doble condenación, violándose el principio constitucional del non bis in idem, y finalmente, al no quedar vinculados los daños punitivos a ningún elemento objetivo verificable se violaría el debido proceso legal. (19)
Por su parte Picasso sostiene que los llamados «daños punitivos», en tanto no tienden a resarcir un daño sino a causar un mal al responsable del ilícito con fines de castigo y de prevención general, tienen la naturaleza de una pena. (21)
En cambio, si al daño punitivo se lo analiza desde una perspectiva indemnizatoria éstos serían un claro ataque a la garantía constitucional del derecho de propiedad. (22) En EE.UU., en la causa «Honda Motors Corp. v. Karl Oberg», el tribunal manifestó que la Constitución de EE.UU. prohíbe actos de gobierno irrazonables que infrinjan los derechos de propiedad, aun cuando se trate de procesos judiciales en los cuales los jurados reciben autoridad ilimitada de redistribuir sumas importantes de dinero de los condenados a los demandantes. (23)
«Art. 52 bis. Daño punitivo. Al proveedor que no cumpla sus obligaciones legales o contractuales con el consumidor, a instancia del damnificado, el juez podrá aplicar una multa civil a favor del consumidor, la que se graduará en función de la gravedad del hecho y demás circunstancias del caso, independientemente de otras indemnizaciones que correspondan. Cuando más de un proveedor sea responsable del incumplimiento responderán todos solidariamente ante el consumidor, sin perjuicio de las acciones de regreso que les correspondan. La multa civil que se imponga no podrá superar el máximo de la sanción de multa prevista en el art. 47, inc. b), de esta ley».
(1) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 24/11/1998, causa 6080, «Lionel’s S.R.L. s/medidas cautelares».
(2) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 1ª, 12/10/2000, «Cheja, Alberto S. c/ Sprayette S.A. s/ cese de uso de marca». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 29/4/1996, «Barmayon, Ricardo c/ American Denim S.A. s/ cese de marcas, daños y perjuicios». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 1ª, 30/6/1994, «Valmont Inc. c/ Diazul S.A. s/ cese de uso de marca». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 26/11/1998, «Schillaci, Salvador H. c/ Bibliográfica Internacional S.A. s/ cese de uso de marcas». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 12/10/2000, «Jacubovich, Abel R. v. Alsina 940 S.R.L. s/ cese de uso de marca». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 16/5/2002, «NBA Properties Inc. c/ Cho Ki Wan s/ cese de uso de marcas y daños y perjuicios». C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 18/3/2003, «Axoft Argentina S.A. c/ Siri, Juan C. s/ cese de uso de marcas daños y perjuicios»; entre muchísimos otros.
(3) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala Civ. Com., 22/9/1961, «Yanovski, Miguel c/ Grunewald Arturo y Cía.», JA 1962-IV-491.
(4) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 4/12/1970, «Cicles Motors c/ Ika s/ Nulidad de marcas», nro. 158.
(5) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 7/11/1986, «Schena, Alberto c/ José M. Túñez y otro s/usurpación», nro. 4598.
(6) C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 29/10/1985, «Vallejo Jiménez, Félix c/ Traverso Rossi, Ulises Héctor», nro. 3544.
(7) FAERMAN, Silvia, «La condena al pago de indemnización por infracción a los derechos marcarios», en Derechos Intelectuales, volumen 4, 1989, pág. 218.
(10) ETCHVERRY, Oscar, «La reparación de daños en las infracciones de marcas y nombres», en Derechos Intelectuales, volumen 3, 1988, pág. 18.
(11) OTAMENDI, Jorge, «La reparación de los daños en materia marcaria», en Derecho de Daños, tomo 5, director: Alberto TRIGO REPRESAS, Ediciones La Rocca, Buenos Aires, 2002. págs. 160/162.
(12) O’FARRELL, Ernesto, «La indemnización debida por los usurpadores de derechos marcarios», LL 1991-E-327.
(13) MARTÍNEZ MEDRANO, Gabriel A. – SOUCASSE, Gabriela M., «La protección judicial de la marca: acciones de cese de uso y daños y perjuicios por uso indebido de marca», JA 2001-I-1047.
(14) PAPAÑO, Ricardo J., «Uso indebido de marca o designación y responsabilidad civil», LL 1994 A 505.
(15) «Wilkes c/ Wood» (1763), Lofft. 1, 98 E.R. 489; «Huckle c/ Money» (1763), 2 Wils. K.B. 206, 95 E.R. 768.
(16) «Gertz c/ Robert Welch, Inc.», 418 U.S. 323 (1974), en http://caselaw.lp.findlaw.com/cgi-bin/getcase.pl.
(17) En este sentido ver artículo crítico correspondiente a los desvíos del derecho penal de UTARROZ, Juan Carlos, «El que mata debe morir. Una reflexión sobre el uso (y abuso) del poder simbólico de la víctima en nuestro sistema penal», en http://www.diariojudicial.com/nota.asp?IDNoticia=38962. Este autor no analiza al daño punitivo, pero sus reflexiones, confinadas solamente al ámbito penal, son más que elocuentes si se las considera extensivamente.
(18) NÚÑEZ, Ricardo, «Derecho penal argentino», t. I, Buenos Aires, 1959, p. 105.
(19) BUSTAMENTE ALSINA, «Los llamados ‘daños punitivos’ son extraños a nuestro sistema de responsabilidad civil», LL 1994-B-860.
(20) MARTINOTI, Diego F., «Los daños punitivos en el Proyecto de Código Civil de 1998», LL 2001-F-1317.
(21) PICASSO, Sebastián, «Sobre los denominados ‘daños punitivos», LL 2007-F-1154.
(22) En REBAUDI BASAVILBASO, Ignacio M. – PETTIS, Christian R., «Algunos aspectos del daño punitivo (o multa civil) en el Derecho argentino», `publicado en La Ley Online.
(23) «Honda Motor Co., Ltd., et al., Petitioners c/ Karl L. Oberg», en http://www.law.cornell.edu/supct/html/93-644.ZO.html.
(24) «Art. 1081. La obligación de reparar el daño causado por un delito pesa solidariamente sobre todos los que han participado en él como autores, consejeros o cómplices, aunque se trate de un hecho que no sea penado por el derecho criminal. Art. 1082. Indemnizando uno de ellos todo el daño, no tendrá derecho para demandar a los otros, las partes que les correspondieren».
Condenas a pagar sumas de dinero por infracciones marcariasus0212018-02-15T15:06:01+00:00
Comentario a la resolución 117/2014 del Instituto Nacional de la Propiedad Industrialus0212018-02-15T15:04:29+00:00
Publicado en: Sup. Act. 17/06/2014, 17/06/2014, 1
Cita Online: AR/DOC/1472/2014
En la editorial del diario LA NACION del día 25 de marzo de 2014 se trata nuevamente el tema de la despenalización de hecho del delito de falsificación marcaria. Ahora además -informa- se agregaría un proyecto de despenalización de derecho, con la reforma del Código Penal.
La cara visible de esta modalidad delictiva son los distribuidores, normalmente gente de pocos recursos, que son contratados por organizaciones que lucran con este tipo de actividad delictiva. Sin embargo también podrían ser los falsificadores quienes podrán ser provistos de las herramientas por grandes organizaciones, en tanto es raro que los autores intelectuales de los delitos y principales beneficiarios sean los que asuman los mayores riesgos. ¿Debería pues también despenalizarse esta figura?
Por el contrario creemos que es necesario que la justicia investigue más para llegar a los verdaderos autores del delito y no que se contente con despenalizar (de hecho o de derecho) las figuras penales para evitar el compromiso de investigar más.
En este sentido hoy existe una minoría de jueces que habría despenalizado de hecho el delito, al sobreseer la conducta de estos distribuidores alegando que quien compra sabe que la mercadería es falsificada y por ello sería engañado, como si ello quitara la antijuridicidad al hecho ilícito. Distinto sería el supuesto si la falsificación o imitación no fuere idónea…
Ya nos hemos ocupado en otros artículos publicados por La Ley sobre este tema, y hemos explicado el error en que, desde nuestra perspectiva, se incurre si, más allá de cuestiones de hecho y prueba, no se interpreta la comisión de este ilícito desde la perspectiva del bien jurídico protegido por la ley penal.
Lamentablemente la ley de marcas no está integrada físicamente al Código Penal y los delitos marcarios no están clasificados conforme el bien jurídico que se protege, lo que ayuda a generar alguna posible discusión respecto de la correcta interpretación del tipo.
Sostenemos que lo que la ley intenta proteger no es el patrimonio del damnificado (sea éste el industrial o sea éste el consumidor) sino la fe pública de las marcas.
Por ello no importaría si lo vendido es insignificante con relación al comercio del industrial agraviado o si el comprador fue o no engañado en particular al comprar el producto. Esto sólo sería importante si estuviéramos ante un delito que protege al patrimonio, lo que veremos no es así. En cambio sí sería importante la idoneidad de la falsificación o imitación en tanto esto afecta (como el dinero falsificado) la fe pública.
Al leer el artículo 31 de la ley 22.362 descubrimos conductas en las que el daño no es un requisito tipificante como es la mera falsificación o uso, y sin embargo todas las conductas tienen la misma pena.
Analicemos el artículo 31 de la ley 22.362
ARTICULO 31. — Será reprimido con prisión de tres meses a dos años pudiendo aplicarse además una multa de un millón ($ 1.000.000) a ciento cincuenta millones de pesos ($ 150.000.000):
La ley enumera tres grupos de acciones y a todas castiga con la misma pena, a saber:
1- La falsificación o imitación fraudulenta
2- El uso de tal marca
3- La venta o comercialización.
En los dos primeros supuestos la ley claramente no exige otro requisito más que la conducta ilícita y la idoneidad del medio (fraudulentamente) No hay daño patrimonial requerido como sí lo hay en el delito de estafa que es un delito patrimonial.
Tampoco estamos ante un supuesto de punición de tentativa pues ambas conductas tipificadas en los incisos a y b tienen la misma pena que las descriptas en los incisos c y d.
En definitiva los dos primeros grupos de acciones se refieren claramente a conductas peligrosas que el legislador ha querido punir y de esa forma también evitar. Son dos supuestos de delitos de peligro y que como sostuviéramos en otras oportunidades quedan englobados dentro del grupo de delitos que protegen la fe pública. La ocurrencia de la conducta delictiva amenaza la fe pública, allí está su lesividad. No requiere de un perjuicio económico comprobable. El legislador ha valorado a las marcas como herramienta para facilitar el intercambio de bienes y servicios y ha tipificado un delito cuando dichas marcas se falsifiquen, pues considera que ello podría hacer peligrar el comercio o al menos, lo dificultaría.
Tampoco la norma distingue al autor. No importa si el falsificador es una gran organización o un pequeño comerciante respondiendo al pedido de una organización mayor. La mera falsificación es delito.
Los delitos de peligro son en sí mismos supuestos de tipos penales en los que la mera comprobación de la conducta condiciona la afectación del bien jurídico. Lo que se castiga no es lo que pudiera haber ocurrido, no se trata de castigar una mera probabilidad de ocurrencia de un evento dañoso, sino que lo que se castiga es que la conducta es intrínsecamente peligrosa. Lo que desvalora el legislador es la conducta peligrosa, no lo que pudo haber ocurrido, a partir de ella. (1)
La fe pública no está constituida por cualquier forma de confianza de un particular en otro particular sino que es la fe sancionada por el Estado, la fuerza probatoria atribuida por él a algunos objetos o signos o formas exteriores (2). y que se trata claramente de un delito de peligro que no requiere para su consumación daño económico alguno.
El Estado considera que el comercio es fundamental en nuestra sociedad y para ello dicta leyes que lo protejan de conductas que lo dificultarían. Además de la ley de marcas y su protección penal tenemos leyes como la de lealtad comercial, de defensa de la competencia, de protección al consumidor, todas las que de una forma u otra buscan proteger al comercio y su transparencia.
Y en el caso particular de las marcas, el interés del Estado además se vislumbra por la instrumentación de un procedimiento administrativo para su concesión. Este procedimiento administrativo culmina con un acto administrativo de carácter particular (la concesión de la marca), por el cual se dictamina que la marca se ajusta a la ley de marcas y que su titularidad corresponde a quien la solicita para lo que además se inscribe en un registro público.
La marca es protegida y defendida por el Estado como vehículo de información (sea que promueva el producto o lo descalifique por el mensaje que finalmente le llegue al consumidor), al igual que el dinero lo es como vehículo de valor. El Estado no quiere que el signo como vehículo pueda ser falsificado o usado sin autorización con las consecuencias que ello pueda tener para el mensaje o para la facilidad de su transmisión.
La fe pública protege la confianza general en la autenticidad y veracidad de las marcas como medios indispensables para que aquéllas cumplan debidamente sus finalidades jurídicas (3)
Por ello sólo es necesario que la falsificación sea apta para desvirtuar en cualquiera la confianza que el signo merece.
Sin embargo para que la falsedad se consume no es necesario que llegue a lesionarse ese interés ulterior protegido por el delito de peligro, sino que basta con su mera puesta en peligro. La lesividad no se relaciona con otro bien sino con el único protegido por el propio tipo: la fe pública y el peligro de que sea dañada.
Ahora bien, los incisos c y d referidos a la venta o puesta en venta forman parte del mismo grupo de delitos tipificados por la ley 22.362 y como ya dijimos tienen la misma pena que éstos. Por otro lado no se requiere el acto de venta en el primer supuesto sino la mera «puesta en venta». La venta o comercialización es otra conducta descripta por el tipo pero tampoco podría argüirse que requiere del perjuicio, en tanto está dentro del mimo inciso y tiene la misma pena que la mera «puesta en venta». Es decir que nuevamente estamos ante un delito de peligro y no importa el daño patrimonial del titular de la marca o el engaño del consumidor.
Todas estas conductas deben originar una falsedad «idónea para engañar la fe pública», es decir, para suscitar un juicio erróneo en un número indeterminado de personas, y no sólo en casos particulares, como podrían ser ejemplos de negligencia o defectos de condiciones del sujeto pasivo.
Por ello, pueden ser entendibles aquellos fallos que sobresean a los autores de conductas en que la falsificación sea burda, por los motivos que fueren (sea por la forma del signo o por el entorno en el que se lo exhibe o trabaja), en tanto la idoneidad de la imitación o falsificación es una exigencia del tipo.
Esperemos que estas líneas puedan servir para unificar los criterios de interpretación existentes y para desterrar el peligro de derogación del delito de venta de marca falsificada que es una herramienta más para proteger la transparencia del comercio.
(1) Delitos de peligro y principio de lesividad, María Angeles Ramos y Sebastián Zanazzi, en http://www.catedradeluca.com.ar/MATERIAL/Delitos%20de%20peligro%20abstracto/Ramos,%20Mar%C3%ADa%20%C3%81ngeles%20y%20Zanazzi,%20Sebasti%C3%A1n.%20Delitos%20de%20peligro%20y%20el%20principio%20de%20lesividad.pdf
(3) Creus, Carlos, Falsificación de documentos en general, Ed. Astrea de Alfredo y Ricardo Depalma S.R.L., 2ª edición actualizada, Capital Federal, p. 2.
Voces: DERECHO INDUSTRIAL ~ PROPIEDAD INDUSTRIAL ~ MARCAS ~ DELITO MARCARIO ~ FALSIFICACIÓN DE MARCAS ~ DEFENSA DEL CONSUMIDOR
Despenalización de la fabricación marcaria. Adiós a las marcasus0212018-02-15T15:03:47+00:00
Creemos que la sentencia comentada es, en el fondo, una clara y reiterada, aunque tímida, condena al pago de «daños punitivos», o multas disuasivas, cuya aplicación analógica podemos observar en el fuero desde hace algunos años pese a que paradójicamente se haya afirmado que tal instituto era ajeno a nuestro derecho (1).
En todos estos ejemplos, así como en la sentencia comentada, se ha violado una norma jurídica o particularmente el «ius prohibendi», sin embargo no se podría afirmar que haya habido perjuicio, aún cuando el infractor haya podido lucrar.
En este sentido el artículo 1067 establece que «No habrá acto ilícito punible para los efectos de este código, si no hubiese daño causado, u otro acto exterior que lo pueda causar, y sin que a sus agentes se les pueda imputar dolo, culpa o negligencia».
«De suyo, que si el daño es uno de los elementos estructurales de la responsabilidad civil, tanto contractual como extracontractual, su plena demostración recae en quien demanda, (la bastardilla), salvo las excepciones legal o convencionalmente establecidas, lo que traduce que, por regla general, el actor en asuntos de tal linaje, está obligado a acreditarlo, cualquiera sea su modalidad, de donde, en el supuesto señalado, era —y es— imperioso probar que el establecimiento producía utilidades, o estaba diseñado para producirlas en un determinado lapso de tiempo, sin que este último caso, pueda confundirse con el daño meramente eventual o hipotético, que desde ningún punto de vista es admisible».
(2) Decimos «expresamente» pues desde la perspectiva analizada en el artículo titulado «Un dictum justo y un obiter disparador del análisis», RCyS, febrero 2010, Año XII, N° 2, p. 138, citado infra en 10, consideramos que la disuasión como herramienta jurídica está presente en nuestro derecho en diversos institutos aunque sin denominarse daño punitivo, nos referimos a los derechos de importación, las multas automáticas en derecho tributario, la indemnización por despido arbitrario, la correspondiente a la mujer embarazada, las cláusulas penales, las astreintes, etc.
(3) Fernández Novoa, C. «Tratado sobre derecho de marcas» Marcial Pons, Madrid-Bacelona, 2004, pág. 503.
(4) Bertone, Luis – Cabanellas de las Cuevas, Guillermo «Derecho de marcas» Heliasta, 2003, tomo 2, pág. 227, nota 652 y pág. 228.
(6) Art. 901. Las consecuencias de un hecho que acostumbra suceder, según el curso natural y ordinario de las cosas, se llaman en este código «consecuencias inmediatas». Las consecuencias que resultan solamente de la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman «consecuencias mediatas». Las consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman «consecuencias casuales».Art. 902. Cuando mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor será la obligación que resulte de las consecuencias posibles de los hechos.Art. 903. Las consecuencias inmediatas de los hechos libres, son imputables al autor de ellos.Art. 904. Las consecuencias mediatas son también imputables al autor del hecho, cuando las hubiere previsto, y cuando empleando la debida atención y conocimiento de la cosa, haya podido preverlas.Art. 905. Las consecuencias puramente casuales no son imputables al autor del hecho, sino cuando debieron resultar, según las miras que tuvo al ejecutar el hecho.Art. 906. En ningún caso son imputables las consecuencias remotas, que no tienen con el hecho ilícito nexo adecuado de causalidad.
(10) Para una profundización sobre la naturaleza del daño punitivo de acuerdo a nuestra postura ver Castrillo, Carlos V. «Daño punitivo: un dictum justo y un obiter disparador del análisis», RCyS, febrero 2010, Año XII, N° 2, p. 138.
¿Una tímida condena a daños punitivos en el ropaje de daños y perjuicios?us0212018-02-15T15:03:18+00:00

References: artículo 165
 artículo 16
 artículo 1587
 resolución 
 resolución 
 artículo 31
 artículo 31
 artículo 1067