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Timestamp: 2017-12-17 08:00:47+00:00

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HISTORIA EN LIBERTAD: EDUARDO PALOMAR BARÓ: Los “maquis”: el fracaso de la última esperanza de los rojos españoles
A partir del otoño del año 1944 se reforzó el movimiento guerrillero en España, que tenía el objetivo de derrocar el régimen del general Franco establecido en el año 1939, tras la contienda nacional. El Partido Comunista de España organizó este movimiento. La Unión Soviética jugó un papel determinante en esos acontecimientos.
Durante la Guerra Civil española en los años 1936-1939, la URSS ayudó considerablemente al gobierno republicano, tanto en material bélico, como con consejeros soviéticos, los cuales implantaban la táctica de la guerra de guerrillas mediante los comunistas españoles que controlaban las unidades más fogueadas. Destacamentos especiales destruían puentes, carreteras, comunicaciones y estados mayores del ejército para desorganizar la vanguardia enemiga. Destacados especialistas soviéticos de guerra dirigían este proceso, y posteriormente el movimiento guerrillero en su país durante la “Gran Guerra Patria”.
En el año 1939 la Guerra Civil finalizó con la victoria del general Franco. El Caudillo comenzó a imponer el orden y a castigar a los vencidos con mano férrea. Varios miles de comunistas españoles se trasladaron a la Unión Soviética, entre ellos los líderes del PCE, Dolores Ibárruri “la Pasionaria”, Francisco Antón, José Díaz. Pero una parte del ejército republicano derrotado se vio apartado hacia las montañas y otros lugares poco accesibles. Los republicanos intentaban seguir oponiendo resistencia, creando grupos de combate y destacamentos guerrilleros. Eran condenados en esa dirección, pero no tenían otra elección.
Tras el ataque de Alemania contra la URSS, Dolores Ibárruri y José Díaz recibieron la orden de La Internacional Comunista de intensificar su actividad clandestina, y con todos los medios posibles desestabilizar la situación en España para que los españoles no participaran en la guerra apoyando a Hitler. Los ataques de los guerrilleros, sabotajes y atentados se hicieron más frecuentes. Ni un solo partido y organización opositora a Franco apoyaba al Partido Comunista pensando que este actuaba en interés de un pueblo no español. Dentro del movimiento de la oposición se estableció una convicción de que los ganadores aliados tomarían en sus manos el destino de España, y que el fin del hitlerismo automáticamente pondría el fin a la dictadura franquista.
En Moscú se conocía bien que en España no paraban de intentar empezar la guerrilla, y además los gobernantes soviéticos algún tiempo orientaron a los líderes del Partido Comunista de España, para actuar precisamente en esta dirección.
Stalin tenía su punto de vista respecto al 'futuro deseable' para España. En el otoño de 1944, según el afiliado del Comité Central del PCE Enrique Líster, Stalin pretendía “desbaratar los planes de los imperialistas del oeste que querían que Franco siguiera gobernando después de la derrota militar del fascismo”. Para eso había que “formar el gobierno… que podría hablar en nombre del pueblo español”, y este gobierno tenía que ser apoyado por “el movimiento popular representado generalmente por la lucha de guerrillas, tomando en cuenta la situación en España”.
Después de la liberación de Francia en la parte sureña, cerca de la frontera española, empezaron a concentrarse numerosas fuerzas de la oposición española, grupos armados inclusive.
Su base era el cuerpo de guerrillas N14 del ejército rojo, que evitó haber caído preso. El cuerpo se trasladó a Francia donde fue internado. Después de la ocupación de Francia los combatientes del regimiento escaparon de los campamentos y volvieron a hacer lo mismo. Para el año 1943 esta fuerza tenía ya 27 brigadas de sabotaje que actuaban prácticamente en todo el territorio de Francia. Participaron en la liberación de muchas ciudades, entre ellas Marsella y París.
Para finales del verano de 1944 los grupos de guerrilleros españoles comenzaron a concentrarse en la frontera de Francia y España, en bases organizadas especialmente que se ubicaban en las montañas. Pretendían en corto plazo utilizar sus armas contra Franco.
Dolores Ibárruri, que partir de febrero del año 1945 vivió en Francia, posteriormente afirmó que los gobernantes soviéticos habían prometido, encargarse del suministro de las armas a los destacamentos guerrilleros españoles. Pero los guerrilleros, que estaban en Francia no esperaron la ayuda por parte de Moscú. Nada más de la liberación de Francia, en agosto del 1944, decidieron realizar una importante operación ofensiva por su propia cuenta.
La operación tuvo lugar en octubre de 1944. Se suponía que unos miles de guerrilleros, al atravesar la frontera, lograrían usurpar alguna ciudad grande en el norte de Cataluña, en el Valle de Arán y establecer allí su gobierno, después de lo cual podría conseguirse la admisión de este gobierno por parte de los países de 'Los Aliados' de la Segunda Guerra Mundial. Los rebeldes esperaban que sus acciones provocaran protestas masivas en todo el país. Sin embargo, la operación en el Valle de Arán no fue preparada bien, ni en el sentido militar ni en el político, así que resultó un fracaso. El cuerpo de guerrilleros fue destruido y los restos del regimiento se retiraron a Francia.
Se rumoraba mucho de que el mismo Stalin ordenó comenzar el levantamiento. Esos rumores inspiraban a los combatientes. Al parecer, si el comando hubiera apoyado el comienzo de la guerra de guerrillas en España, eso habría sido sólo después de la finalización de la guerra con Alemania, y posteriormente de haberse preparado política y económicamente bien, y en la mejor ocasión posible con el apoyo de por lo menos, la aceptación de los aliados indirectamente confirmada.
En Moscú preparaban el terreno para realizar esos planes. A finales del año 1944 se tomó la decisión de la partida de todos los gobernantes españoles comunistas a Francia. El comando del PCE empezó a trasladar grupos pequeños de guerrilleros y de sabotaje a España. Esos grupos se hallaban en todo el territorio del país y fueron llamados a consolidar todos “los elementos eficaces anti franquistas”. El traslado de esos grupos duró todo el año 1945.
Por eso las represiones con el respecto a la clandestinidad comunista en España llegaron a ser más frecuentes. En el país no existían las condiciones para empezar la lucha masiva de los rebeldes.
Sin embargo, para el comienzo del año, parecía que, estaban preparadas las condiciones para “la solución” del asunto español. Con la finalización de la Segunda Guerra Mundial en muchos países del mundo, sobre todo en Francia, que se volvió más de izquierdas, comenzó a prepararse la campaña internacional contra el régimen de Franco, “el último reducto del fascismo”. Los ministros y parlamentarios (representantes de los partidos de izquierda), sindicatos, diferentes comités y los medios de comunicación exigían la ruptura de las relaciones diplomáticas entre sus países y España, anunciándole el bloqueo económico; las organizaciones internacionales aprobaban las resoluciones críticas etc... La URSS participó ampliamente en esa campaña.
En una gran manifestación en París, el secretario del Partido Comunista Francés André Marty, declaró que los comunistas franceses estaban listos para armar a cien mil voluntarios para invadir España. Aproximadamente en el mismo tiempo, los servicios especiales españoles comunicaron que los comunistas, bajo el mando de Enrique Líster, concentraron sus reservas de armas cerca de la frontera. Como si ellos hubieran recibido las ordenes de Moscú y tuvieran el apoyo de Tito.
Al parecer, en Moscú decidieron sacar todo el provecho posible de aquellas condiciones. Incluso si no fracasaran en influir sobre la situación en España, este país presentaba un “as bajo la manga” en la confrontación política con Occidente.
Durante unos meses el representante de la URSS en la ONU Andréi Gromyko intentó conseguir la admisión de las sanciones contra la España de Franco, pero fue en vano.
El 17 de abril del 1946 el representante polaco Lange, propuso en el Consejo de Seguridad a todos los países, romper las relaciones con el régimen del general Franco, porque este presentaba una amenaza para la paz internacional. Lange y Gromyko dijeron que España tenían un ejército grande y que aumentaba sus fuerzas en la frontera francesa, pero lo más importante era que los nazis que se refugiaron en España, estaban elaborando “nuevos tipos de armas” (se trataba de la bomba nuclear). Pero los partidarios en la ONU no fueron numerosos.
Posteriormente el informe del comité especial del Consejo de Seguridad de la ONU acusaba bruscamente al régimen de Franco llamándole fascista, pero no hablaba sobre emprender algunas medidas definitivas contra él. La resolución de la Asamblea General de la ONU del 12 de diciembre del 1946 llamaba a retirar sus consejeros de Madrid –sin romper las relaciones diplomáticas con ellos– y ponía la condición de que “si en un período razonable de tiempo no se convocaba al gobierno para que legalizara la libertad, la religión, los encuentros, tendrían que celebrarse las elecciones...” No se trataba en dicho texto ni de las sanciones económicas o militares contra España.
El Congreso y el Departamento de Defensa continuaron presionando al Departamento de Estado para que cambiase su política con respecto a España pero, sin lugar a dudas, fue la “amenaza roja” la causa principal del cambio de actitud norteamericano.
Dado el carácter del régimen del general Franco, el Departamento de Estado y el Presidente no querían hacer extensible, en aquel momento, ningún tipo de ayuda económica gubernamental a España. Ahora, otro tema distinto era el caso español en la ONU. En enero de 1950, el Secretario de Estado, Dean Acheson, informó al Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado que, en vista del fracaso de la resolución de 1946, EE.UU. estaba dispuesto a votar a favor de una resolución que permitiese a los estados miembros de la ONU mandar embajadores o ministros a España si así lo deseaban.
Apoyando la decisión de Acheson, el congresista John Kee, Presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, daba varias razones para mandar un embajador a España. El Sr. Kee se remitía a dos editoriales de los periódicos Washington Evening Star y Washington Post del 12 y 13 de enero de 1950, respectivamente, en los cuales se argumentaba que la resolución de 1946 había sido inspirada por los países comunistas, y añadía que, aunque el carácter fundamental del gobierno español no había cambiado desde que la resolución fue aprobada, la situación política internacional sí se había alterado notablemente y, en vista de estas circunstancias, EE.UU. debía mandar a su hombre más capaz como embajador en Madrid.
El temor del gobierno norteamericano a una expansión comunista inspirada por Moscú se vio corroborado, en su opinión, por el estallido de la guerra de Corea en junio de 1950. En EE.UU. no se descartaba, ni mucho menos, un ataque soviético a la Europa occidental. Ante esta posibilidad, el deseo de contar con bases militares en España, debido a su estratégica situación geográfica, ganó muchos enteros. En consecuencia, a finales de 1950, incluso los sectores más reticentes se convencieron de la necesidad de mandar un embajador a Madrid, para así, suavizar y normalizar las relaciones entre los dos países. Ante estas circunstancias EE.UU. estaba dispuesto a cambiar su actitud con respecto al caso español en el marco de la ONU.
El 27 de octubre de 1950, el Comité Político de la ONU comenzó a discutir la resolución de 1946 contra España. El 31 de octubre John J. Sparkman, representante de EE.UU. en la Asamblea General, expuso la postura de su gobierno respecto al caso español. El Sr. Sparkman comenzó diciendo que su país, desde el principio, había tenido serias dudas sobre la eficacia y conveniencia de la resolución de 1946 y que, por tanto, la postura americana en esos momentos no representaba ningún cambio respecto a la que había mantenido con anterioridad –en realidad sí había cambiado y de una manera sustancial–. El representante norteamericano continuaba argumentando que la resolución había fracasado en la consecución de sus objetivos y que era evidente que debía ser anulada, aunque esto no constituía una aprobación de la política o de las prácticas del gobierno español.
Esta propuesta pasó a considerarse por la Asamblea General el 4 de noviembre, y fue adoptada por 38 votos a favor, 10 en contra y 12 abstenciones. La delegación de EE.UU. apoyó la derogación de las recomendaciones de 1946 en el Comité Político y en la Asamblea General, y votó a favor de la adopción de una nueva propuesta que permitiese a España pertenecer a las agencias especializadas de la ONU, y a los estados miembros mandar de nuevo a sus embajadores a Madrid –aunque de hecho varios países ya lo habían hecho con anterioridad a la anulación de la resolución de 1946–.
En diciembre, el Presidente Truman, quien siempre se manifestó contrario a la idea de normalizar las relaciones con España mientras Franco permaneciese en el poder, preguntó a Stanton Griffis si quería aceptar el puesto de embajador en España. Griffis aceptó el ofrecimiento. En febrero de 1951, el Senado norteamericano confirmaba a Stanton Griffis como nuevo embajador en Madrid.
EE.UU. reconsideró y cambió su postura con respecto al caso español en la ONU por un motivo principal: la “amenaza roja”. El gobierno americano tenía la certeza de que la expansión del comunismo era un hecho que ponía en peligro sus intereses estratégicos, políticos y económicos y, tras los acontecimientos internacionales de 1949 y 1950, llegó a pensar que la Unión Soviética estaba dispuesta a invadir Europa occidental. España era el lugar ideal para establecer bases militares y así poder enfrentarse a una ofensiva del gigante soviético. Pero había una resolución contra España en el seno de la ONU que le impedía establecer unos vínculos de cooperación con el gobierno de Franco. De esta forma, conforme la amenaza comunista iba creciendo, el gobierno norteamericano empezó a actuar en el marco de la ONU para anular la resolución contra España de 1946. Una vez conseguido este objetivo, EE.UU. y España comenzaron a negociar el tan ansiado, por ambas partes, pacto bilateral que culminaría con su firma en septiembre de 1953.

References: resolución 
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