Source: http://www.marxistsfr.org/espanol/lenin/obras/1900s/quehacer/qh1.htm
Timestamp: 2019-08-18 20:00:26+00:00

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La "libertad de crítica" es hoy, sin duda, la consigna más en boga, la que más se emplea en las discusiones entre socialistas y demócratas de todos los países. A primera vista es difícil imaginarse nada más extraño que esas alusiones solemnes a la libertad de crítica, hechas por una de las partes contendientes. ¿Es que en el seno de los partidos avanzados se han levantado voces en contra de la ley constitucional que garantiza la libertad de ciencia y de investigación científica en la mayoría de los países europeos? "¡Aquí pasa algo!", se dirá toda persona ajena a la cuestión que haya oído la consigna de moda, repetida en todas partes, pero que no haya profundizado aún en la esencia de las discrepancias. "Esta consigna es, por lo visto, una de esas palabrejas convencionales que, como los apodos, son legalizadas por el uso y se convierten casi en nombres comunes".
En efecto, para nadie es un secreto que en el seno de la socialdemocracia internacional* contemporánea sehan formado dos tendencias cuya lucha ora se reaviva y levanta llamas ora se calma y consume bajo las cenizas de impresionantes "resoluciones de armisticio". En qué consiste la "nueva tendencia, que asume una actitud "crítica" frente al marxismo "viejo, dogmático", lo ha dicho Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente claridad.
La socialdemocracia debe dejar de ser el partido de la revolución social para transformarse en un partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reclamación política con toda una batería de "nuevos" argumentos y razonamientos concertados con bastante armonía. Se ha negado la posibilidad de basar el socialismo en argumentos científicos y demostrar que es necesario e inevitable desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia; se ha refutado la miseria creciente, la proletarización y la exacerbación de las contradicciones capitalistas; se ha declarado carente de fundamento el concepto mismo de "objetivo final" y rechazado de plano la idea de la dictadura del proletariado; se ha denegado que haya oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo, se ha rebatido la teoría de la lucha de clases, afirmando que es inaplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc.
Así pues, la exigencia de que la socialdemocracia revolucionaria dé un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués ha ido acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta última crítica del marxismo se venía haciendo ya mucho tiempo, utilizando para ello la tribuna política, las cátedras universitarias, numerosos folletos y gran cantidad de tratados científicos; como toda la nueva generación de las clases instruidas ha sido educada sistemáticamente durante decenios en esta crítica, no es de extrañar que la "nueva" tendencia "crítica" haya salido de golpe con acabada perfección en el seno de la socialdemocracia, como Minerva de la cabeza de Júpiter (15). Por su fondo, esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni formarse: ha sido transplantada directamente de las publicaciones burguesas a las publicaciones socialistas.
Prosigamos. Por si la crítica teórica de Bernstein y sus anhelos políticos estaban aún poco claros para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el "nuevo método". Francia se ha hecho una vez más acreedora de su vieja reputación de "país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio" (Engels, fragmento del prólogo a la obra de Marx Der 18 Brumaire) (16). En lugar de teorizar, los socialistas franceses han puesto manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más desarrolladas en el aspecto democrático, les han permitido pasar sin demora al "bernsteinianismo práctico" con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un brillante ejemplo de este bernsteinianismo práctico: ¡por algo Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y ensalzar con tanto celo a Millerand! En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, ni más ni menos que un partido de reformas y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la supresión de la dominación de las clases, ¿por qué un ministro socialista no ha de cautivar a todo el mundo burgués con discursos acerca de la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de que los asesinatos de obreros por gendarmes hayan puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses no dan ahora otro nombre que el de héroe de la horca, del látigo y de la deportación ("knouteur, pendeur et déportateur")? ¡Y a cambio de esta infinita humillación y este autoenvilecimiento del socialismo ante el mundo entero, a cambio de
pervertir la conciencia socialista de las masas obreras -única base que pueda asegurarnos el triunfo -, a cambio de todo eso ofrecer unos rimbombantes proyectos de reformas tan miserables que eran mayores las que se lograba obtener de los gobiernos burgueses!
Quien no cierre deliberadamente los ojos debe ver por fuerza que la nueva tendencia "crítica" surgida en el socialismo no es sino una nueva variedad de oportunismo. Y sin o juzgamos a los hombre por el brillo del uniforme que se han puesto ellos mismos, ni por el pomposo sobrenombre que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por las ideas que propagan en realidad, veremos claramente que la "libertad de crítica" es la libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia, la libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata de reformas, la libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas y elementos burgueses.
La libertad es una gran palabra; pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más rapaces, y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha expoliado a los trabajadores. La misma falsedad intrínseca lleva implícito el empleo actual de la expresión "libertad de crítica". Personas verdaderamente convencidas de haber impulsado la ciencia no reclamarían libertada para las nuevas concepciones al lado de las viejas, sino la sustitución de estas últimas por las primeras. En cambio, los gritos actuales de ¡Viva la libertad de crítica! Recuerdan demasiado la fábula del tonel vacío.
Marchamos en grupo compacto, asidos con fuerza de las manos, por un camino abrupto e intrincado. Estamos rodeados de enemigos por todas partes, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión adoptada con toda libertad, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, en la contigua charca, cuyos moradores nos reprochan desde el primer momento el habernos separado en un grupo independiente y elegido el camino de la lucha y nos el de la conciliación. Y de pronto, algunos de los nuestros empiezan a gritar: "¡vamos a esa charca!" Y cuando se les pone en vergüenza, replican: ¡ah, sí, señores, ustedes son libres no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor les plazca, incluso a la charca; hasta creemos que su sitio de verdad se encuentra precisamente en ella, y estamos dispuestos ayudarles en lo que podamos para que se trasladen ustedes allí! ¿Pero, en ese caso, suelten nuestras manos, no se agarren a nosotros, ni envilezcan la gran palabra libertad, porque también nosotros somos "libres" para ir adonde queramos, libres para luchar no sólo contra la charca, sino incluso contra los que se desvían hacia ella!
Precisamente esta consigna("libertad de crítica") ha sido lanzada de manera solemne en los últimos tiempos por Rabócheie Dielo (número 19), órganos de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero (17). Y no como un postulado teórico, sino como una reivindicación política, como respuesta ala pregunta de si "es posible la unión de las organizaciones socialdemócratas rusas que actúan en el extranjero": "Para una unión sólida es indispensable la libertad de crítica" (pág. 36).
De esta declaración se deducen dos conclusiones bien claras: 1) Rabócheie Dielo asume la defensa de la tendencia oportunista en la socialdemocracia internacional en general; 2) Rabócheie Dielo exige la libertad del oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos estas conclusiones.
A Rabócheie Dielo le disgusta, "sobre todo", la "tendencia de Iskra y Zariá (18) a pronosticar la ruptura entre la Montaña y la Gironda (19) en la socialdemocracia internacional**.
"En general -escribe B. Krichevski, director de Rabócheie Dielo -, las habladurías sobre la Montaña y la Gironda en las filas de la socialdemocracia nos parecen una analogía histórica superficial y extraña en la pluma de un marxista: la Montaña y la Gironda no representaban dos temperamentos o corrientes intelectuales diferentes, como puede parecerles a los historiadores de la ideología, sino distintas clases o sectores: por una parte, la burguesía media; y por otra, la pequeña burguesía y el proletariado. Pero en el movimiento socialista contemporáneo no hay choques de interés de clase; sustenta en su totalidad, en todas (subrayado por B. Kr.) sus variedades, incluidos los más declarados bernsteinianos, la posición de los intereses de clase del proletariado, de su lucha de clase por la liberación política y económica" (pág. 32-33).
¡Atrevida afirmación! ¿No ha oído B. Krichevski hablar del hecho, observado hace ya tiempo, de que precisamente la amplia participación del sector de los "académicos" en el movimiento socialista de los últimos años ha asegurado una difusión tan rápida del bernsteinianismo? Y lo principal: ¿en qué funda nuestro autor su juicio de que incluso "los más declarados bernsteinianos" sustentan la posición de la lucha de clases por la emancipación política y económica del proletariado? Nadie lo sabe. Esta enérgica defensa de los más declarados bernsteinianos no se apoya en ningún argumento, en ninguna razón. El autor cree, por lo visto, que con repetir cuanto dicen de sí mismos los más declarados bernsteinianos huelgan las pruebas de su afirmación. Pero ¿es posible imaginarse algo más "superficial" que este juicio acerca de toda una tendencia fundado en lo que dicen de sí mismos los representantes de la tal tendencia? ¿Es posible imaginarse algo más superficial que la "moraleja" subsiguiente sobre los dos tipos o cauces distintos e incluso diametralmente opuestos de desarrollo del partido (Rabócheie Dielo, pag. 34-35)? Los socialdemócratas alemanes, se dice, reconocen la completa libertad de crítica; pero los franceses no, y precisamente su ejemplo demuestra todo lo "nociva que es la intolerancia".
Precisamente el ejemplo de B. Krichevski -responderemos a eso - demuestra que a veces se llaman marxistas gentes que ven la historia sólo "a lo Ilovaiski" (22). Para explicar la unidad del Partido Socialista Alemán y la desunión del francés no hace falta en absoluto escarbar en las peculiaridades de la historia de tal o cual país, comparar las condiciones del semiabsolutismo militar y el parlamentarismo republicano, analizar las consecuencias de la Comuna y las de la Ley de excepción contra los socialistas (23), confrontar la situación económica y el desarrollo económico, recordar que "el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana" fue acompañado de una lucha de energía sin igual en la historia del socialismo, no sólo contra los extravíos teóricos. (Mülberger, Dühring***, los socialistas de cátedra (26), sino también contra las equivocaciones en el terreno de la táctica (Lassalle), etc. ¡Todo esto está de más! Los franceses riñen porque son intolerantes; los alemanes están unidos porque son buenos chicos.
Y observen que, mediante esta sin par profundidad de pensamiento, se "elimina" un hecho que rebate por completo la defensa de los bernsteinianos. Sólo la experiencia histórica puede dar una respuesta definitiva e irrevocable a la pregunta de si sustentan la posición de la lucha de clase del proletariado. Por tanto, en este sentido tiene la máxima importancia precisamente el ejemplo de Francia por tratarse del único país donde los bernsteinianos han intentado actuar de manera independiente, con la aprobación calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los oportunistas rusos: véase R. D., núm. 2-3, pág. 83-84). La alusión a la "intolerancia" de los franceses -además de su significación "histórica" (en sentido "nozdrioviano ")(27) - no es más que una tentativa de disimular con palabras graves hechos muy desagradables.
Tampoco estamos dispuestos, en absoluto, a entregar a los alemanes como regalo a B. Krichevski y demás copiosos defensores de la "libertad de crítica". Si se tolera todavía en las filas del partido alemán "a los más declarados bernsteinianos", es sólo por cuanto acatan la resolución de Hannover (28), que rechazó de plano tanto las "enmiendas" de Bernstein como la de Lübeck (29), contenedora esta última (pese a toda su diplomacia) de una clara advertencia a Bernstein. Se puede discutir, desde el punto de vista de los intereses del partido alemán, si esta diplomacia era oportuna o no, o si, en tal caso, no valía más un mal ajuste que un buen pleito; se puede disentir, en suma, de si conviene tal o cual procedimiento de rechazar el bernsteinianismo; pero lo que no se puede hacer es no ver que el partido alemán ha rechazo dos veces el bernsteinianismo. Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes confirma la tesis de que "los más declarados bernsteinianos sustentan la posición de la lucha de clase del proletariado por su emancipación política y económica "significa no comprender en absoluto lo que está pasando delante de todos nosotros****.
Es más: como hemos dicho ya, Rab. Dielo presenta a la socialdemocracia rusa la reivindicación de "libertad de crítica" y defiende el bernsteinianismo. Por lo visto, ha tenido que convencerse de que se ha agravida injustamente a nuestros "críticos" y bernsteinianos. ¿A cuáles en concreto? ¿A quién, dónde y cuándo? ¿En qué consistió, ni más ni menos, la injusticia? ¡R. Dielo guarda silencio sobre este punto, no menciona ni una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano ruso! Sólo nos resta hacer una de las dos hipótesis posibles. O bien la parte agraviada injustamente no es otra que el mismo R. Dielo (así lo confirma el que en ambos artículos de su número 10 se trate sólo de agravios inferidos por Zariá e Iskra a R. Dielo). En este caso, ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que R. Dielo, que siempre ha negado de manera tan obstinada toda solidaridad con ell Bernsteinianismo, no haya podido defenderse sin hablar en pro de los "más declarados bernsteinianos" y de la libertad de crítica? O bien han sido agraviadas injustamente unas terceras personas. Entonces ¿cuáles pueden ser los motivos que impidan mencionarlas?
Vemos, pues, que R. Dielo sigue jugando al escondite lo mismo que venía haciendo (y como demostraremos más adelante) desde que apareció. Además, observen esta primera aplicación práctica de la decantada "libertad de crítica". De hecho, esta libertad se ha reducido en el acto no sólo a la falta de toda crítica, sino a la falta de todo juicio independiente en general. Ese mismo R. Dielo, que guarda silencio sobre el bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad secreta (según la feliz expresión de Starovier) (31), ¡propone para curarla copiar lisa y llanamente la última receta alemana contra la variedad alemana de esta enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica, imitación servil... o, peor aún, simiesca! El idéntico contenido social y político del oportunismo internacional contemporáneo se manifiesta en una y otras variantes, según las peculiaridades nacionales. En este país, un grupo de oportunistas viene actuando desde hace tiempo bajo una bandera especial; en ése, los oportunistas han desdeñado, la teoría, siguiendo en la práctica la política de los radicales socialistas; en aquél, algunos miembros del partido revolucionario han desertado al campo del oportunismo y pretender alcanzar sus objetivos no con una lucha franca en defensa de los principios y de la nueva táctica, sino mediante una corrupción gradual, imperceptible y, valga la expresión, no punible de su partido; en el de más allá, esos mismos tránsfugas emplean iguales procedimientos a la sombra de la esclavitud política, manteniendo una proporción de lo más original entre la actividad "legal" y la "ilegal", etc. pero decir que la libertad de crítica y el bernsteinianismo son una condición para unir a los socialdemócratas rusos, sin haber analizado en qué se manifiesta precisamente el bernsteinianismo ruso, ni qué frutos singulares ha dado, es hablar por hablar.
Intentemos, pues, decir nosotros, aunque sea en pocas palabras, lo que no ha querido exteriorizar (o quizás ni siquiera ha sabido comprender) R. Dielo.
La peculiaridad fundamental de Rusia en el aspecto que examinamos consiste en que el comienzo mismo del movimiento obrero espontáneo, por una parte, y del viraje de la opinión pública avanzada al marxismo, por otra, se distinguió por la unión de elementos a todas luces heterogéneos bajo una bandera común para combatir a un enemigo común (la concepción sociopolítica anticuada del mundo). Nos referimos a la luna de miel del "marxismo legal". En general fue un fenómeno de extraordinaria originalidad que nadie hubiera podido siquiera creer posible en la década del ochenta o primeros años de la siguiente del siglo pasado. En un país autocrático, donde la prensa estaba sojuzgada por completo, en una época de terrible reacción política, cuando eran perseguidos los mínimos brotes de descontento político y protesta, se abrió de pronto camino en las publicaciones visadas por la censura la teoría del marxismo revolucionario expuesta en un lenguaje esópico, pero comprensible para todos los "interesados". El gobierno se había acostumbrado a considerar peligrosa únicamente la teoría del grupo (revolucionarios) Libertad del Pueblo, sin ver, como suelo ocurrir, su evolución interna y regocijándose de toda crítica que fuera contra ella. Pasó mucho tiempo (mucho según contamos los rusos) hasta que el gobierno se despertó y hasta que el aparatoso ejército de censores y gendarmes pudo descubrir al nuevo enemigo y caer sobre él. Mientras tanto, iba apareciendo un libro marxista tras otro; empezaban a publicarse revistas y periódicos marxistas; todo el mundo se hacía marxista; se halagaba y lisonjeaba a los marxistas; los editores estaban entusiasmados de la extraordinaria venta que tenían los libros marxistas. Se comprende perfectamente que entre los marxistas principiantes envueltos por esa humareda de éxito hubiera algún que otro "escritor envanecido"... (32)
Hoy puede hablarse de ese periodo con calma, como de algo ya pasado. Para nadie es un secreto que la efímera prosperidad alanzada por el marxismo en la superficie de nuestras publicaciones fue debida a la alianza de elementos extremistas con otros muy moderados. En el fondo, estos últimos eran demócratas burgueses, y esa deducción (confirmada con evidencia por el desarrollo "crítico" posterior de dichos hombres) no podían menos de hacerla ya ciertas personas en los tiempos de mantenimiento de la "alianza"*****.
Pero si eso es así, ¿no recae la mayor responsabilidad por la "confusión" ulterior precisamente en los socialdemócratas revolucionarios, que pactaron esa alianza con los futuros "críticos"? Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa, se oye a veces en boca de gente que enfoca el problema de una manera demasiado simple. Pero esa gente no tiene la menor razón. Puede temer alianzas temporales, aunque sea con personas poco seguras, sólo quien desconfía de sí mismo, y sin esas alianzas no podría existir ningún partido político. Ahora bine, la unión con los marxistas legales fue una especie de primera alianza verdaderamente política concertada por la socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza se ha logrado el triunfo, de asombrosa rapidez, sobre el populismo, así como la grandiosa difusión de las ideas del marxismo (si bien en forma vulgarizada). Además, la alianza no fue pactada sin "condición" alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la recopilación marxista Datos sobre el desarrollo económico de Rusia (33), quemada por la censura de 1895. Si el acuerdo literario con los marxistas legales puede ser comparado con una alianza política, este libro puede compararse con un pacto político.
La ruptura no se debió, desde luego, al hecho de que los "aliados" resultaran ser demócratas burgueses. Por el contrario, los adeptos de semejantes tendencias son aliados naturales y deseables de la socialdemocracia, siempre que se trate de las tareas democráticas de esta última, planteadas en primer plano por la situación actual de Rusia. Mas, para esta alianza, es condición indispensable que los socialistas tengan plena posibilidad de revelar a la clase obrera la oposición antagónica existente entre sus intereses y los de la burguesía. Ahora bien, el bernsteinianismo y la tendencia "crítica", hacia la cual evolucionó totalmente la mayoría de los marxistas legales, descartaban esa posibilidad y corrompían la conciencia socialista, envileciendo el marxismo, predicando la teoría de la atenuación de las contradicciones sociales, declarando absurda la idea de la revolución social y de la dictadura del proletariado, reduciendo el movimiento obrero y la lucha de clases a un tradeunionismo estrecho y a la lucha "realista" por reformas pequeñas y graduales. Era exactamente lo mismo que si la democracia burguesa negara al socialismo el derecho a la independencia, y, por tanto, su derecho ala existencia; en la práctica, eso significaba tratar de convertir el incipiente movimiento obrero en un apéndice de los liberales.
En tales condiciones, como es natural, la ruptura se hizo imprescindible. Pero la particularidad "original" de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba que los socialdemócratas se apartaban de las publicaciones "legales", más accesibles para todos y muy difundidas. Los "ex marxistas" se hicieron fuetes, en ellas, colocándose "bajo el signo de la crítica" y obteniendo casi el monopolio de "demoler" el marxismo". Los gritos: "¡Contra la ortodoxia!" y "¡Viva la libertad de crítica!" (repetidos ahora por R. Dielo) se pusieron en el acto muy en boga. Ni siquiera los censores ni los gendarmes pudieron resistir a esa moda, como lo prueba la aparición de tres ediciones rusas del libro del famoso (famoso a Eróstrato) Bernstein (34) o la recomendación por Zubátov (35) de los libros de Bernstein, del señor Prokopóvich y otros (Iskra, número 10). Los socialdemócrtas tienen planteada ahora una tarea difícil de por sí y, además, complicada en grado increíble por obstáculos puramente externos: la tarea de combatir la nueva corriente. Y esta corriente no se ha limitado al terreno de las publicaciones. El viraje hacia la "crítica" ha ido acompañado de un movimiento opuesto: la inclinación hacia el "economismo" por parte de los socialdemócrtas dedicados a la labor práctica.
Podría servir de tema para un artículo especial esta interesante cuestión: cómo han surgido y han aumentado el nexo y la interdependencia entre la crítica legal y el "economismo" ilegal. A nosotros nos basta con señalar aquí la existencia incuestionable de este nexo. El famoso Credo ha adquirido tan merecida celebridad precisamente por haber formulado con toda franqueza ese nexo y haber revelado, sin proponérselo, la tendencia política fundamental del "economismo": que los obreros se encarguen de la lucha económica (más exacto sería decir: de la lucha tradeunionista, pues esta última comprende también la política específicamente obrera), y que la intelectualidad marxista se fusione con los liberales para la "lucha" política. La labor tradeunionista "entre el pueblo" resultó ser la realización de la primera mitad de dicha tara, y la crítica legal, la realización de la segunda mitad. Esta declaración fue un arma tan excelente en contra del "economismo" que, si no hubiese aparecido el Credo, valdría la pena hacerlo inventado.
El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin el consentimiento y hasta en contra, quizás, d ella voluntad de sus autores. Al menos, el autor de estas líneas, que participó en sacar a la luz del día el nuevo "programa"******, tuvo que escuchar lamentos y reproches porque el resumen de las opiniones de los oradores se difundió en copias, recibió el mote de Credo y ¡apareció incluso en la prensa junto con la protesta! Referimos este episodio porque revela un rasgo muy curioso de nuestro "economismo": el miedo a la publicidad. Un rasgo precisamente del "economismo" en general -y no sólo de los autores del Credo - que se ha manifestado en Rabóchaya Mysl (38), el adepto más franco y más honrado del "economismo", en R. Dielo (al indignarse contra la publicación de documentos "economistas" en el Vademécum (39); en el comité de Kíev, que hace cosa de dos años no quiso autorizar la publicación de su Professión de foi (40) junto con la refutación* escrita contra ella, y en muchos, muchísimos partidarios del "economismo".
Este miedo que tienen a la crítica los adeptos de la libertad de crítica no puede explicarse sólo por astucia (si bien algunas veces las cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia; ¡no es prudente dejar al descubierto ante el embate del enemigo los brotes, débiles aún, de la nueva tendencia!). no, la mayoría de los "economistas" desaprueba con absoluta sinceridad (y, por la propia esencia del "economismo", tiene que desaprobar) toda clase de controversias teóricas, disensiones fraccionales, grandes problemas políticos, proyectos de organizar a revolucionarios, etc. "¡Sería mejor dejar todo eso a la gente del extranjero!", me dijo en cierta ocasión un "economista", bastante consecuente, expresando con ello la siguiente idea, muy difundida (y también puramente tradeunionista): lo que a nosotros nos incumbe es el movimiento obrero, las organizaciones obreras que tenemos aquí, en nuestra localidad, y el resto no son más----
que invenciones de los doctrinarios, "sobrestimación de la ideología", como decían los autores de la carta publicada en el número 13 de Iskra, haciendo coro al número 10 de R. Dielo.
Ahora cabe preguntar: en vista de estas peculiaridades de la "crítica" rusa y del bernsteinianismo ruso ¿en qué debía consistir la tarea de los que de hecho, y no sólo de palabra, querían ser adversarios del oportunismo? Primero, era necesario preocuparse de reanudar la labor teórica, apenas iniciada en la época del marxismo legal y que había vuelto a recaer sobre los militantes clandestinos; sin esta labor era imposible un incremento eficaz del movimiento. Segundo, era preciso emprender una lucha activa contra la "crítica" legal, que correspondía a fondo los espíritus. Tercero, había que combatir con energía la dispersión y las vacilaciones en el movimiento práctico, denunciando y refutando toda tentativa de subestimar, consciente o inconscientemente, nuestro programa y nuestra táctica.
Es sabido que R. Dielo no hizo ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero; y más adelante tendremos que aclarar detalladamente esta conocida verdad en sus más diversos aspectos. Por ahora, sólo queremos mostrar la flagrante contradicción en que se halla la reivindicación de "libertad de crítica" con las peculiaridades de nuestra crítica patria y del "economismo" ruso. En efecto, echen un vistazo al texto de la resolución con que la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero ha confirmado el punto de vista de R. Dielo:
"En beneficio del ulterior desarrollo ideológico de la socialdemocracia consideramos absolutamente necesaria la libertad de criticar la teoría socialdemócrata, en las publicaciones del partido, es el grado en que dicha crítica no esté en pugna con el carácter clasista y revolucionario de esta teoría" (Dos congresos, pág. 10).
Y se exponen los motivos: la resolución "coincide en su primera parte con la resolución del Congreso de Lübeck del partido acerca de Bernstein"... ¡En su simplicidad, los "aliados" ni siquiera notan qué testimonium paupertais (certificado de pobreza) se firman a sí mismos con esta manera de copiar! ... "Pero..., en su segunda parte, restringe más la libertad de crítica que el Congreso de Lübeck".
¿De modo que la resolución de la Unión está dirigida contra los bernsteinianos rusos? ¡Porque, de otro modo sería un absurdo completo referirse a Lübeck! Pero no es cierto que "restrinja la libertad de crítica de un modo estricto". En su resolución de Hannover, los alemanes rechazaron punto por punto precisamente las enmiendas que presentó Bernstein, y en la de Lübeck hicieron una advertencia personal a Bernstein, mencionando su nombre en el texto. En cambio, nuestros imitados "libres" no hacen la menor alusión a una sola de las manifestaciones de la "crítica" y del "economismo" especialmente rusos; si se guarda silencio de esa forma, la mera alusión al carácter clasista y revolucionario de la teoría deja mucha más libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la Unión se niega a calificar de oportunismo "el llamado economismo" (Dos congresos, pág. 8,punto 1). Pero esto lo decimos de pasada. Lo principal consiste en que la posición de los oportunistas frente a los socialdemócratas revolucionarios es diametralmente opuesta en Alemania y en Rusia. En Alemania, los socialdemócratas revolucionarios, como es sabido, están a favor de mantener lo que existe: el viejo programa y la vieja táctica, que todo el mundo conoce y que han sido explicado en todos sus detalles a través de la experiencia de muchos decenios. Los "críticos", en cambio, quieren introducir modificaciones; y como estos "críticos" representan una ínfima minoría, y sus aspiraciones revisionistas son muy tímidas, es fácil comprender los motivos por los cuales la mayoría se limita a rechazar lisa y llanamente las "innovaciones". En Rusia, en cambio, son los críticos y los "economistas" quienes desean mantener lo que existe: los "críticos" quieren que se siga considerándolos marxistas y que se les asegure la "libertad de crítica" que disfrutaban en todos los sentidos (pues, en el fondo, jamás han reconocido ningún vículo de partido*; además, entre nosotros no había un órgano de partido reconocido por todos que pudiera "restringir" la libertad de crítica, aunque sólo fuera por medio de un consejo); los "economistas" quieren que los revolucionarios reconozcan "la plenitud de derechos del movimiento en el presente" (R. D., número 10, pág. 25), es decir la "legitimidad" de la existencia de lo que existe; que los "ideólogos", no traten de "desviar" el movimiento del camino "determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales y el medio material" (Carta en el número 12 de Iskra); que se considere deseable sostener la lucha "que es posible para los obreros en las circunstancias presentes", y se considere posible la lucha "que mantienen realmente en el momento actual" (Suplemento especial de "R. Mysl" (41), pág. 14). En cambio, a nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, nos disgusta ese culto a la espontaneidad es decir, a lo que existe "en el momento actual"; reclamamos que se modifique la táctica que ha prevalecido durante los últimos años, declaramos que "antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resulto y definido" (del anuncio sobre la publicación de Iskra)*********. En pocas palabras, los alemanes se conforman con lo que existe, rechazando las modificaciones; nosotros reclamamos que se modifique lo existente, rechazando el culto a ello y la resignación con ello.
¡Precisamente esta "pequeña" diferencia es la que no han advertido nuestros "libres" copiadores de resoluciones alemanas!
"Dogmatismo, doctrinarismo", "anquilosamiento del partido, castigo ineludible por las trabas impuestas al pensamiento": tales son los enemigos contra los cuales arremeten caballerescamente en Rab. Dielo los paladines de la "libertad de crítica". Nos alegra mucho que se haya suscitado esta cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra:
Tenemos a la vista los anuncios de dos publicaciones. Uno es el programa de "Rabócheie Dielo", órgano de prensa de la Unión de Socialdemócratas Rusos (separata del núm. 1, de R. D.). El otro, es el Anuncio sobre la reanudación de las publicaciones del grupo Emancipación del Trabajo (42). Ambos están fechados en 1899, cuando la "crisis del marxismo" estaba planteada a la orden del día desde hacía ya mucho tiempo. ¿Y bien? En vano buscaríamos en el primero de dichos documentos una alusión a este fenómeno y una exposición definida de la actitud que el nuevo órgano piensa adoptar ante él. Ni en este programa ni en los suplementos del mismo, aprobados por el III Congreso de la Unión en 1901 (43) (Dos congresos, pág. 15-18), se dice una sola palabra de la labor teórica ni de sus tareas inmediatas en el momento actual.
Por el contrario, el otro anuncio señala, ante todo, que en los últimos años ha decaído el interés por la teoría, reclama con insistencia que se preste una "atención vigilante al aspecto teórico del movimiento revolucionario del proletariado" y llama a "criticar implacablemente las tendencias bernsteinianas y otras tendencias antirrevolucionarias" en nuestro movimiento. Los números aparecidos de Zariá muestran cómo se ha cumplido este programa.
Aduciremos las observaciones hechas por Engels en 1874 a la significación de la teoría en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce tres formas de la gran lucha de la socialdemocracia, y no dos (la política y la económica) -como es usual entre nosotros -, colocando también a su lado la lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento obrero, alemán, ya robustecido en los aspectos práctico y político, son tan instructivas desde el punto de vista de los problemas y las discusiones actuales que el lector no nos recriminará, así lo esperamos, por reproducir un extenso fragmento del prefacio al folleto Der deutsche Bauernkrieg**********, que desde hace ya mucho es una rareza bibliográfica:
"... Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del movimiento -y no le conviene al movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del mismo -, sino que ocuparán un puesto de honor en la línea de combate; y están bien pertrechados para ello si, de pronto duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión y energía" (45).
**La comparación de las dos tendencias existentes en el proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina -la Montaña - y la gironda) fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901) escrito por Plejánov. A los demócratas-constitucionalistas (20), los "sin título" (21) y los mencheviques les gusta mucho, hasta ahora, hablar del "jacobinismo" en la socialdemocracia rusa. Pero hoy prefieren callar u... olvidar que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.)
***Cuando Engels arremetió contra Dühring, muchos representantes de la socialdemocracia alemana se inclinación por las concepciones de este último y acusaron a Engels, incluso públicamente, en un congreso del partido, de brusquedad, intolerancia, polémica impropia de camaradas, etc. Most y sus compañeros propusieron (en el Congreso de 1877)(24) retirar de Vorvärts (25) los artículos de Engels por "no tener interés para la inmensa mayoría de los lectores2, y Vahlteich declaró que la publicación de estos artículos había perjudicado mucho al partido, que también Dühring había prestado servicios a la socialdemocracia: "debemos aprovecharnos a todos en beneficio del partido, y si los catedráticos discuten, Vorwärts en modo alguno es el lugar adecuado para sostener tales discusiones" (Vorwärts, 1877, número 65, 6 de junio). ¡Como ven, éste es también un ejemplo de defensa de la "libertad de crítica", y no estaría mal que meditaran en él nuestros críticos legales y oportunistas ilegales, a quienes tanto place invocar el ejemplo de los alemanes!
****Debe advertirse que, al hablar del bernsteinianismo en el partido alemán, R. Dielo se ha limitado siempre a un mero relato de los hechos, "absteniéndose" por completo de calificarlos. Véase, pro ejemplo, el número 2-3, pág. 66, acerca del Congreso de Stuttgart (30); todas las discrepancias se reducen a la "táctica", sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior táctica revolucionaria. O el número 4-5, pág. 25 y siguientes, que es una simple reptición de los discursos pronunciados en el Congreso de Hannover, acompañado de la resolución de Bebel; la exposición de las concepciones de Bernstein y la crítica de las mismas quedan aplazadas de nuevo (así como en el número 2-3) hasta la publicación de un "artículo especial". Lo curiosos del caso es que en la pág. 33 del número 4-5 leemos: "... las concepciones expuestas por Bebel cuentan con una inmensa mayoría en el congreso", y un poco más adelante: "... David ha defendido las opiniones de Bernstein y sus amigos, a pesar de todo (¡sic!), sustentan la posición de la lucha de clases"".. ¡Esto se escribió en diciembre de 1899; pero en septiembre de 1901 R. Dielo no cree ya, por lo visto, que Bebel tenga razón y repite la opinión de David como suya propia!
*****Aludimos al artículo de K. Tulin contra Struve (véase V.I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. I, pág. 347-534), basado en un informe que tenía por título El reflejo del marxismo en las publicaciones burguesas. Véase el Prólogo. (Nota de Lenin para la edición de 1907 - N. de la Edit.)
******Se trata de la Protesta de los 17 contra el Credo. El autor de estas líneas participó en la redacción de la protesta (fines de 1899) (36). La protesta fue publicada en el extranjero, junto con el Credo, en la primavera de 1900. Hoy se sabe ya, por el artículo de la señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Byloe ) (37), que fue ella la autora del Credo y que entre los "economistas" de entonces que se encontraban en el extranjero desempeñó un papel prominente el señor Prokopóvich. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.)
********La falta de vínculos claros con el partido y de tradiciones de partido constituye por sí sola una diferencia tan cardinal entre Rusia y Alemania que debería haber puesto en guardia a todo socialista sensato contra cualquier imitación ciega. Pero he aquí una muestra de hasta dónde llega la "libertad de crítica" en Rusia. Un crítico ruso, el señor Bulgákov, hace la siguiente reprimenda al crítico austríaco Hertz: "Pese a toda la independencia de sus conclusiones, Hertz sigue en este punto (acerca de las cooperativas), según parece, demasiado atado por las opiniones de su partido y, al disentir en los detalles, no se decide a desprenderse del principio general" (El capitalismo y la agricultura, t. II, pág. 287). ¡Un súbdito de un Estado esclavizado en el terreno político con una población que el servilismo político y la absoluta incomprensión del honor de partido y de los vínculos de partido tienen corrompida en el 999 por 1000 hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un Estado constitucional porque "lo atan demasiado las opiniones del partido"! Lo único que les queda a nuestras organizaciones clandestinas es ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad de crítica ...
**********Dritter Abdruck. Leipzig, 1875. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerei. (La guerra campesina en Alemania, tercer edición, Leipzig, 1875. Editorial Cooperativa. - N. de la Edit.)
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