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Timestamp: 2018-01-23 00:07:01+00:00

Document:
Clausura de las Juntas Preparatorias, en, Instalacion de la XXVI legislatura, Selección y notas de Diego Arenas Guzman. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
CAPÍTULO DUODÉCIMO - El Partido Liberal se aleja definitivamente del Constitucional Progresista
CAPÍTULO DECIMOCUARTO - Una derrota rotunda del Partido Católico
CLAUSURA DE LAS JUNTAS PREPARATORIAS
Estamos asistiendo otra vez a la junta preparatoria del sábado 14 de septiembre, que fue suspendida por la mañana en condición anormal, a consecuencia de la arenga subversiva del diputado Hernández Jáuregui.
Son las cinco y veinte minutos de la tarde cuando el presidente Sánchez Azcona declara la reanudación de dicha junta.
El diputado Morales pide que se cumpla con el artículo 193 del Reglamento de la Cámara, y el secretario da lectura a ese artículo, que dice:
Habrá en cada Cámara un lugar con este nombre destinado al público que concurra a presenciar las sesiones; se abrirá antes de comenzar cada una de ellas, y no se cerrará sino cuando las sesiones se levanten, a no ser que haya necesidad, por Algún desorden o por cualquier otro motivo, de deliberar sin presencia del público, en cuyo caso permanecerán cerradas.
Sánchez Azcona explica:
El artículo 198 dice:
Artículo 198. Siempre que los medios indicados no basten para contener el desorden de las galerías, el presidente levantará la sesión pública, y podrá continuarla en secreto.
Lo mismo verificará cuando los medios de prudencia no sean suficientes para restablecer el orden alterado por los miembros de la Cámara.
Ahora bien; esta mañana se suspendió la sesión por motivos de orden que creo que serán apreciados por todos. Acordé, de acuerdo con ese artículo, que la sesión se celebrara siquiera esta tarde en secreto; pero como el deseo de que fuera en secreto no obedecía sino a medidas de orden, accedí a que estuvieran presentes los representantes de la prensa, no tratándose de ocultar nada, sino que la ausencia del público es únicamente para realizar mayor serenidad en los debates en momentos tan delicados para esta Cámara. De la prensa yo respondo; la prensa viene a cumplir con su alto deber, y no tomará parte ninguna en las deliberaciones. Esto es lo acordado, conforme a Reglamento.
Pero -contradice el señor Morales- para que fuera sesión secreta, necesitaría llenar las condiciones que prescriben los artículos 33 y 34 del Reglamento; no llena esas condiciones, y, por consiguiente, no puede ser sesión secreta.
El secretario Moheno interviene:
Creo que la cuestión se aclara diciendo que ésta no es una sesión secreta, sino que es una sesión a puerta cerrada, y tan no es una sesión secreta, que los representantes de la prensa están ahí. En las sesiones secretas se tratan asuntos que requieren sigilo; esta no es una cuestión de sigilo; por lo tanto, el representante de Aguascalientes comprenderá que no se trata sino de una sesión pública a puerta cerrada.
Más claro: se trata de una arbitrariedad, enfatiza Morales.
El diputado Villa señor opina:
Dice el artículo 29 del Reglamento:
Artículo 29. Las sesiones de las Cámaras serán ordinarias, extraordinarias, públicas, secretas o permanentes.
No dice sesiones a puerta cerrada.
Bordes Mangel replica:
Dice el señor diputado Villaseñor que no está en el Reglamento esa designación de sesiones a puerta cerrada; pero dice también que es facultad del presidente mandar que se desalojen las galerías, cuando las galerías impidan que con el debido orden se lleven a cabo las sesiones; y es extraño que siendo antiguo diputado el señor Villaseñor, nos venga a decir que en el Reglamento no están designadas las sesiones a puerta cerrada, cuando, con otras palabras, el Reglamento nos concede que ésta sea una sesión secreta.
El secretario anuncia que continuará pasando lista de presente a los diputados y presuntos diputados, y al final de ese acto, declara una asistencia de ciento veintiséis representantes; declaración en que se basa el presidente para reanudar la sesión interrumpida en la mañana.
El diputado Ugarte interpela:
Pregunto respetuosamente a la Mesa, si decididamente se cierran las puertas al pueblo.
Sánchez Azcona contesta:
Ya he dado las explicaciones necesarias sobre la decisión que ha tomado la Mesa; y por el interés que todos tenemos en guardar la tranquilidad en estos momentos, espero que todos los hombres de orden me ayudarán a mantener ese trámite, porque de esta manera nuestros debates tendrán la serenidad necesaria.
Ugarte insiste:
A pesar de todo, yo pregunto reiteradamente al señor presidente se sirva decirme terminantemente si se cierran las puertas al pueblo, y en todo caso, señor, yo suplico, con la misma atención, se sirva hacer constar en el acta que las puertas que se cierran para el pueblo, se cierran también para los verdaderos representantes del pueblo.
Vamos a deliberar sin galerías, ratifica el presidente, y el diputado Morales avisa:
Me retiro, porque no quiero ser cómplice de un crimen político, que tal vez cueste bastante caro a la nación.
Une la acción a su decir y sale del recinto, acompañado por el diputado Ugarte.
Que se llame a los suplentes de los diputados que se retiran, propone Aguirre Benavides. Pide la palabra sin obtener permiso para usarla, el señor Bordes Mangel; Díaz Mirón sí lo obtiene y dice:
No tengo el derecho de oponerme a un trámite que, sin duda, es reglamentario, y tiende al orden; pero suplico que se deje entrar al público en las galerias; y precisamente hago el ruego porque pertenezco a la mayoría desagradable a los asistentes, y hablo por nobleza.
Villaseñor intenta fundar una moción de orden, no lo consigue, y el incidente finaliza cuando el secretario expresa:
El señor presidente ha dado el trámite que hemos escuchado respecto a desalojar las galerías; quiere saber si está apoyado en este trámite por la Asamblea.
Los que estén por la afirmativa, que se sirvan ponerse en pie.
Y como una mayoría notoria apoya al señor Sánchez Azcona, el mismo secretario declara que, por consiguiente, ya no puede conceder la palabra más sobre este punto.
El dictamen de la Comisión respecto a las elecciones efectuadas en el primer distrito del Estado de San Luis Potosí, reconoce carácter de diputados a los señores Juan Sarabia y Agustín Mayo Barrenechea, propietario el primero y suplente el segundo.
El licenciado Rendón, hablando como de costumbre en nombre de la Comisión Revisora, hace estas observaciones:
Por primera vez, desde que se están discutiendo las credenciales, la Comisión Revisora, apenas concluida la lectura de un dictamen, se apresura a dar una explicación a los señores diputados, respecto de los móviles que la indujeron a dictaminar en el sentido que consta.
El señor Sarabia, como es bien sabido, forma parte de un partido liberal que no es amigo del Partido a que la Comisión pertenece en su mayor parte, y precisamente el señor Sarabia es el candidato oponente al que reclama la nulidad de la elección, por cuya causa la Comisión estaba doblemente obligada a ser imparcial, dada la controversia entre los dos candidatos que se acaban de mencionar.
Dos fundamentos se adujeron principalmente para pedir la nulidad de la elección: su irregularidad, especialmente en el cómputo de las boletas para la designación del candidato del Partido Constitucional Progresista, de quien sus boletas fueron substraídas y mandadas a otra parte, debido a lo cual sus partidarios ya no pudieron sufragar por él; el segundo motivo es que el señor Sarabia está procesado y se acreditó su prisión; pero a este respecto y como se dice en el dictamen, no hay ninguna disposición prohibitiva que indique que los procesados estén impedidos para ser electos diputados.
La Comisión, después de meditarlo, creyó que debía resolverse por lo menos odioso. Además, si examinamos el caso especial del señor Sarabia, nos encontramos con que la acusación que pesa sobre él, es por el hecho de haber publicado unos artículos que determinada persona conceptuó injuriosos y difamatorios, porque se dijo en ellos que había usurpado los terrenos del pueblo. Esta acusación por consiguiente, comprueba que el señor Sarabia tuvo un móvil generoso, aunque en su ejecución pudiera estar equivocado, y entonces tiene que relacionársele con las prohibiciones del Código Penal; pero de todas maneras, la intención que prevalece es la noble de servir al pueblo. En estas condiciones, la Comisión creyó que la conciencia de los futuros diputados debería inclinarse, como la de la Comisión, a declarar que la credencial del señor Sarabia debe ser buena y legal.
El señor Palavicini dice:
Tengo entendido que el móvil de la Comisión, al explicar cuál era la causa del proceso y que éste era de prensa; es muy bueno tomarlo en consideración, porque yo creo que no se debe analizar la tesis en tal sentido, supuesto que los procesados no debían ser electos diputados, pues no es moral que sean electos.
El caso del señor Sarabia debemos considerarlo como delito de prensa, y ya sabemos cómo es esta clase de procesos.
El señor Urueta interpela al señor Palavicini para que exprese el porqué de su afirmación, y el señor Palavicini contesta:
La Constitución de la República, en su artículo 56, dice:
Artículo 56. Para ser diputado se requiere: ser ciudadano mexicano en ejercicio de sus derechos; tener veinticinco años cumplidos el día de la apertura de las sesiones; ser vecino del Estado o Territorio que hace la elección, y no pertenecer al estado eclesiástico. La vecindad no se pierde por ausencia en desempeño de cargo público de elección popular.
Ahora bien; los derechos del ciudadano no están reglamentados todavia y quedan dentro de las prescripciones del Código Penal. Hay un artículo, el artículo 37 de la Constitución, que dice que la calidad de mexicano se pierde:
I. Por naturalización en país extranjero;
II. Por servir oficialmente al Gobierno de otro pais, o admitir de él condecoraciones, títulos o funciones, sin previa licencia del Congreso federal. Exceptúanse los títulos literarios, científicos y humanitarios, que pueden aceptarse libremente.
En los comentarios a la Ley Electoral escritos por el señor Prida, se trata a fondo esta cuestión, y como allí se dice que es cosa natural y lógica -y yo respeto la opinión de este jurisconsulto en este asunto, porque parece que ha estudiado con profundidad la cuestión electoral-, dice que se entiende que el que está procesado y que ya tiene un auto de formal prisión en contra suya, no puede ser electo diputado y, por lo mismo, no puede sentarse entre los representantes legltimos del pueblo.
Por consiguiente, yo creo que en el caso especial del señor Sarabla, la Comisión ha obrado con verdadera alteza de miras, pero desde el punto de vista legal, no debió generalizar esa tesis. Yo daré mi voto con gusto en pro del dictamen, tanto por simpatía al señor Sarabia, como porque creo que, en efecto, los procesos de prensa bajo esa base, son muchas veces contrarios a los verdaderos intereses de la verdad y de la justicia; pero no debe generalizarse la tesis, porque sería perjudicial para la moralidad en las cuestiones electorales.
El señor Urueta hace nueva interpelación a Palavicini para que cite la ley que reglamenta el artículo constitucional, fijando los casos en ue se pierden los derechos de ciudadanía, y el interpelado agrega:
He dicho ya, señores, que el artículo 38 no está reglamentado; pero precisamente, al tratarse de cuestiones electorales, se ha tenido en cuenta ese caso, ese detalle de no estar reglamentado el artículo 38 de la ley, y que parece una cosa natural, lógica, de moral, de una elemental moral, que el que tiene un auto de formal prisión encima, no debe ser electo representante del pueblo; no sería un representante verdaderamente legitimo, y sin las fuerzas exteriores que producen el desprecio público o la desconfianza pública.
Ya he dicho que es un caso muy distinto el del señor Sarabia; pero no puede ser lo mismo el que haya cometido un delito de sangre o lesiones; por ejemplo, si hay alguno que haya cometido un delito de sangre o lesiones y tiene un auto de formal prisión encima, yo creo que no es moral admitir diputados en estas condiciones porque desde el punto de vista legal, el articulo 38 no está reglamentado, como ya dije al señor Urueta; pero entiendo que esa reglamentación, si no existe en forma legal, existe en la conciencia de todos los señores diputados.
El diputado Vidal y Flor quiere conocer, de labios del señor Sarabia, la fecha en que a éste le fue dictado el auto de formal prisión, y el señor Sarabla dice no recordarla con precisión; pero la fija aproximadamente en mes y medio antes de ahora. El señor Vidal y Flor habla entonces a favor del dictamen, y sin poder frenar su aversión personal hacia Palavlcini, dice:
Pues, señores, lo que aquí se ha cometido con el señor diputado Sarabia -que votó en contra de mi credencial, pero con respecto al cual en estos momentos debo estar de su parte, porque se trata de un principio legal que ha sido interpretado absurdamente por el señor Palavicini-, es esto: que han dictado un auto de formal prisión contra un diputado electo, el cual goza de fuero constitucional desde el día de la elección. Esto lo ignora el señor diputado Palavicini, porque acaba de empezar a aprender la Constitución.
La ley sobre altos funcionarios de la Federación y cuya lectura recomiendo a este presunto rábula ... (siseos). Tengo derecho de usar esta palabra rábula, porque ya ha sido usada en esta Cámara y nadie reclamó. Esa ley de altos funcionarios de la Federación y cuya lectura recomiendo al señor Palavicini, dice terminantemente que toda persona electa goza de fuero constitucional desde el día de la elección.
El señor Sarabia tenía fuero constitucional, desde el día 30 de junio de 1912; en consecuencia, el juez que lo procesó, el juez que dictó el auto de formal prisión, es un juez inculto y analfabeto y debería estar procesado por violación de fuero constitucional (aplausos), y el señor Sarabia ya debió haberle exigido la responsabilidad.
En consecuencia, con todo ese auto de formal prisión encima, o con todo ese auto de formal prisión abajo, de que nos habla el señor Palavicini, ¿dónde están esos actos ilegales y atentatorios? No pueden tomarse en consideración absolutamente para nada.
En consecuencia, señores diputados, el dictamen de la Comisión no debe ocuparse de si fue o no procesado el señor Sarabia, o si contra él milita algún auto de formal prisión, porque no hay una ley que diga que una persona con un auto de formal prisión tenga suspensos sus derechos políticos; y yo creo que esto no podrá ser nunca, por una razón sencilla: porque eso es ilógico, porque bastaría con que un juez arbitrario mandara detener ilegalmente a un ciudadano, y que dentro de las setenta y dos horas dictara un auto de formal prisión, para que ese ciudadano ya no pudiera ser electo diputado en la Representación Popular.
De manera que mi opinión es que contra el señor Sarabia se cometió un atentado, y que un auto de formal prisión, no suspende los derechos políticos de un ciudadano.
El señor .Palavicini desea contestar una alusión personal; el presidente hace notar que lo que debe discutirse es la credencial y no puntos abstractos de jurisprudencia; el señor Palavicini insiste en que se le permita contestar la alusión personal, y lo hace con estas palabras:
Voy a hacer uso de la palabra en esta vez, porque es indiscutible que el señor diputado Vidal y Flor, distinguido jurisconsulto, y no rábula, ha explicado perfectamente el caso del señor Sarabia.
Yo me alegro y le agradezco al señor diputado Vidal y Flor la lección; yo no sé la Constitución con la perfección que la sabe el señor Vidal y Flor, que ha estado muchos años como diputado al Congreso de la Unión, electo por el pueblo. Es la primera vez que a mí me elige el pueblo; pero yo ignoraba que el auto de formal prisión en contra del señor diputado Sarabia se había dado después de que fuese electo; yo no sabía esto, y no me refería al caso del señor Sarabia. Yo deseaba, sí, que se me ilustrara sobre el punto de si un hombre que está con un auto de formal prisión encima puede ser diputado al Congreso de la Unión, no para el caso del señor Sarabia sino como importante tesis de la Comisión, porque vienen en seguida otras credenciales de otros ciudadanos electos que tienen en su contra autos de formal prisión por delitos de sangre, y yo quería que se sentara esta tesis que pudiera aceptarse para discusiones futuras. Yo he querido evitar este incidente, y he querido ser breve, porque si se sentara este precedente, sería un precedente malo.
Por otra parte, repito que yo quiero ser en este momento breve; y en cuanto a mi ignorancia personal, dije que vengo a hacer aquí lo que puedo dentro de mis pequeñísimas facultades, y por eso interrogué para saberlo.
Tras un momento de confusión por el orden en que han de hablar los oradores que solicitan el uso de la palabra, la Asamblea declara que el punto está suficientemente discutido y en votación económica aprueba el dictamen de la Comisión. Al margen de tal refrendo, el diputado Sarabia dice:
Yo hubiera deseado que mi credencial hubiera sido atacada de una manera más formal, para presentar aqui argumentos suficientes en favor de ella y para hacer constar, como lo deseo hacer constar de la manera más absoluta y más clara, que yo no vengo aquí a ser diputado por el favor de nadie, por la influencia de nadie, sino única y exclusivamente de la manera más legítima, sin influencias, sin dinero, y sólo por el cariño de mis conciudadanos, he conquistado su voto para venir a ser en esta Cámara el representante genuino de sus intereses y de los intereses generales del país.
En consecuencia, mucho me temía que mi credencial hubiera sido marcada por el dedo de la Comisión con un sello de protesta y de rechazo; mucho me temía yo tener que venir a entonar a este recinto el canto del cisne que entonaba anoche José María Lozano, con quien no me ligan absolutamente ningunos compromisos, pero respecto de quien, así como respecto también de sus compañeros, quiero decir unas cuantas palabras en estos momentos solemnes.
Yo protesté esta mañana y continúo protestando en contra de la injusticia que se cometió con uno de los más acérrimos enemigos en política que yo pueda tener, con un miembro del Partido Católico, y presintiendo que se cometan iguales injusticias con los miembros del Partido Científico, anticipé mi protesta, declarando, como lo he dicho, que no soy porfirista, como tampoco soy maderista; no soy maderista, porque, en mi concepto, hasta este momento los maderistas no han cumplido con sus deberes, no han estado a la altura de la situación, no se han puesto a la altura que reclaman nuestros deberes nacionales. Desgraciadamente, el maderismo todavía no parece en mucha parte sino un desenfreno de ambiciones que tratan de aprovecharse de la situación actual; mientras que el porfirismo -y siento verdaderamente que esto se haya olvidado tan pronto y siento que no estén presentes las galerías que han aplaudido a los porfiristas en varias ocasiones, únicamente por espíritu antirrevolucionario--, el porfirismo representa un régimen espantoso de corrupción y despotismo, que no tuvo otra atenuante que haber sabido cubrir sus llagas con el áureo manto del progreso material.
No pertenezco a ninguna de esas dos facciones; vengo con el espíritu independiente en absoluto, como revolucionario de buena fe, revolucionario lleno de honradez y de lealtad, revolucionario, no de última hora, no de los que de la revolución no han conocido más que el botín, sino revolucionario de mucho tiempo atrás, de los primeros, de los anteriores al maderismo de 1910, de los que de la revolución no han conocido más que los infortunios. En ese concepto, mi palabra es sincera, mi palabra es honrada; cuando hablo de antimaderismo y de antiporfirismo, espero que se me crea.
No vengo yo aquí tampoco -y esto lo digo no para que los miembros del Partido dominante me otorguen una compasión o una benevolencia que no pido, que jamás he pedido a nadie, sino únicamente por espíritu de justicia-, no vengo con el espíritu de obstrucción, no vengo como enemigo sistemático; estoy dispuesto a reconocer todo lo bueno que haya en este Gobierno, estoy dispuesto a acompañar al señor licenciado Cabrera en ese programa revolucionario que nos delineaba en días pasados; pero también estoy dispuesto a seguir sosteniendo mi carácter de rudo luchador contra toda injusticia que se presente, si el Gobierno no sabe, como desgraciadamente hasta este momento no ha sabido, cumplir estrictamente con su deber.
El dictamen correspondiente al 15avo. distrito del Estado de México que califica buenas y legales las elecciones allí verificadas y declara diputado propietario al señor Pedro Galicia Rodríguez y suplente al señor Jesús Ramos, no provoca debate alguno, y es el propio Galicia Rodríguez quien expresa su impresión sobre su ingreso a la Cámara de Diputados, en esta forma:
En cuatro palabras voy a hacer presente a esta honorable Representación Nacional, la pena que me causa no haber tenido objeción verbal alguna a mi elección de diputado, más que aquellas que se dice están en el expediente y que la Comisión manifiesta haber examinado. Me hubiera sido más satisfactorio demostrar a mis adversarios que mi elección ha sido completamente legal, y que la he obtenido, no por el favor y el dinero, sino debido al cariño de mis conterráneos. Pero ya que no tengo la fortuna de escuchar alguna protesta verbal de aquellas que fulminan o convencen, réstame sólo manifestar que yo vengo aquí como representante del Partido Antirreeleccionista, que echó los cimientos con el señor Madero, con el licenciado Emilio Vázquez Gómez y con algunos otros, para la revolución evolutiva del país, allá en 1909, y más tarde, para la revolución armada de 1910. Yo vengo aquí, señores, como representante del puritanismo de los ideales de ese partido, y vengo dispuesto a llevarlos a cabo en el seno de esta Representación Nacional, aun cuando me encuentre aislado y tenga que perecer en la demanda. Este es mi programa, señores diputados.
Si muchos de vosotros os sentís alentados de los mismos ideales, si muchos de vosotros pensáis que es necesario sacrificar todo egoísmo personal para realizar los principios de la revolución redentora de 1910, estaré con vosotros; pero si os apartáis de esos ideales, estaré siempre contra vosotros.
Sin discusión son aprobadas, igualmente, las credenciales del señor Miguel Alardín, como diputado propietario por el 5° distrito de Nuevo León, y señor Miguel Rincón Ríos, como suplente del anterior; del señor Isaac Barrera, para propietario por el primer distrito del Estado de Tlaxcala, y del señor Narciso Paredes, para suplente; del señor Enedino Colín, para propietario por el 6° distrito de Michoacán, y del señor S. Carlos Echenique, para suplente por el mismo distrito, y de los señores Leopoldo Hurtado Espinosa y Jesús Silva, para propietario y suplente, respectivamente, por el 10° distrito de Michoacán.
El señor Sarabia insiste de súbito en que se permita la entrada del público a galerías, y el presidente hace notar que consultó el caso con la Asamblea y ésta apoyó la resolución negativa. En consecuencia, dice: No puedo revocar el acuerdo de la Asamblea.
La Comisión propone para diputados por el 16avo. distrito de Michoacán a los señores licenciado Juan Galindo Pimentel y Próspero Herrera; el señor Cabrera propone:
Pido la palabra para una modificación o moción respecto del orden en que deberá discutirse esa credencial, supuesto que hay otra del señor Galíndo y Pimentel por el Estado de México. Quería que la Comisión se sirviera dar cuenta primero con la credencial del Estado de México y después con la del Estado de Michoacán, si en ello no hay inconveniente.
El secretario manifiesta que el presidente de la Junta no tiene inconveniente en acceder a lo que el señor Cabrera pide, y, por tanto, anuncia que va a dar cuenta con la credencial por el Estado de México.
El dictamen de la Comisión por el 6° distrito de dicho Estado refrenda la elección de los señores licenciado Juan Galindo y Pimentel y Francisco Pérez Carvajal, para diputados propietario y suplente.
Este dictamen es aprobado sin discusión, y en seguida se abre el debate sobre la credencial del mismo señor Galindo y Pimentel por el 16avo. distrito del Estado de Michoacán. Piden la palabra en contra los señores licenciados Cabrera y Ortiz Rodríguez; el licenciado Elguero en pro. Toca el turno al licenciado Cabrera, quien da forma oratoria a estas objeciones:
La credencial presentada en favor del señor licenciado Juan Galindo y Pimentel por el 16 distrito del Estado de Michoacán, tiene dos precedentes en los trabajos de computación de estas juntas preparatorias, que son el punto de apoyo para suplicar que se dé un voto de reprobación al dictamen.
Estos dos precedentes me proporcionan, a la vez, la oportunidad de hacer algunas explicaciones que creo indispensables, no con el fin de justificar hechos anteriores de la mayoría liberal de la Asamblea, sino con el fin precisamente de mostrar, una vez más, que somos y seguimos siendo lógicos en nuestros procedimientos, tanto políticos cuanto jurídicos.
El señor licenciado Galindo y Pímentel es diputado suplente por el Distrito Federal en la curul del señor licenciado De la Hoz. El señor licenciado Galindo y Pimentel es también diputado propietario, porque lo habéis declarado así hace apenas un instante, por uno de los distritos del Estado de México. El señor licenciado Galindo y Pimentel, más bien dicho, el Partido Católico, al cual pertenece el señor Galindo y Pimentel, hizo también la postulación de este ciudadano por el 16 distrito del Estado de Michoacán, y contra la aprobación de esta última credencial pido un voto reprobatorio.
Ignoro si el señor licenciado De la Hoz, que tiene también dos curoles, optará por la curol del Distrito Federal o por la de su Estado natal, que es el Estado de Jalisco; pero en el caso de que optara por la curul de Jalisco, el señor licenciado Pimentel -suponiendo que admitiéramos el principio de que debe entrar en funciones el suplente- se encontraría con tres curules en la mano, o sea como otro alcalde de Lagos.
En la sesión de ayer me permití suplicar a esta Asamblea se sirviera reprobar la credencial del ciudadano Eduardo J. Correa, porque también él tenía en mano tres curules -habiéndosele dejado, por virtud de la votación, solamente dos-. Retiramos la credencial, es decir, la credencial del Estado de Jalisco para el señor Correa, y creo que nuestra mayoría obró cuerda y lógicamente, supuesto que antes se encontraba este diputado ya en funciones y, por consiguiente, políticamente nos ponía en la condición de emprender un nuevo trabajo electoral, mientras que la reprobación de su credencial hacía entrar inmediatamente a otro ciudadano.
Tratándose ahora del señor licenciado Juan Galindo y Pimentel, abundo en las mismas razones que tratándose del señor Correa, porque tres curules tenía el señor Correa y tres curules tendría el señor Galindo y Pimentel, sólo que la tercera curul del señor Correa, es decir, la dirección de La Nación, es más efectiva, como puede verse por el editorial de hoy, que la suplencia del señor Galindo y Pimentel en la curul del señor De la Hoz.
Hay, pues, una razón de lógica, de política y de economía de actividades electorales en estos tiempos de sacudimientos, para que no aprobemos esta doble curul, para no ponemos en el caso de nueva elección en el Estado de Michoacán.
Pero hay, además, otra razón que voy a exponer respecto de la credencial del señor Galindo y Pimentel por el Estado de Michoacán, y es la falta de domicilio del señor Galindo y Pimentel en ese Estado.
El señor Galindo y Pimentel tiene bienes raíces en el Estado de México. Comprobó, frente a las reclamaciones del ciudadano Deffis en la credencial que acabáis de aprobar, que tiene una hacienda en el Estado de México, desde el año de 1894. Nadie podrá por consiguiente, desaprobarla. Entre las condiciones que exige la Ley Electoral para la vecindad que acreditara como candidato en el Estado de Michoacán al señor, licenciado Juan Galindo y Pimentel, no tiene ese mismo domicilio que tiene en el Estado de México. Yo me permito interpelar al señor Galindo y Pimentel para que nos diga si tiene, y desde cuándo, bienes raices en el Estado de Michoacán; si allí es nacido, si allí está avecindado, o en general, si conforme a su ciencia, cree encontrarse con los requisitos de la Ley Electoral para representar también al Estado de Michoacán, como representa y a al Estado de México.
El señor Galindo y Pimentel corresponde así a la interpelación:
Señor: Desde que el distrito de La Piedad tuvo la bondad de darme sus votos para que lo representara en la Cámara de Diputados, me consideré obligado a aceptar su mandato y defender todos sus intereses y desde que el distrito de Temascaltepec me honró también con sus sufragios, me creí comprometido absolutamente a lo mismo; pero como no puedo ni deseo tener dos representaciones, y el hecho de elegir una de ellas no impedirá el que procure por los comitentes de la otra, no insisto en tener dos credenciales aprobadas.
Tengo bienes raíces en el Estado de Michoacán; pero opto desde luego por el distrito de Temascaltepec, por haberme declarado ya la Cámara diputado propietario por ese distrito. Así pues, renuncio como diputado propietario a mi elección por La Piedad, asegurando a la Asamblea y a mis comitentes que defenderé a ambos distritos con el mayor empeño y viendo por todos sus intereses.
El licenciado Cabrera continúa:
Las palabras del señor Galindo y Pimentel me ahorrarían el trabajo de exponer la falta de vecindad de mi compañero, en el Estado de Michoacán; pero como es a esta Asamblea a la que toca resolver lo relativo a la curul del 16 distrito del Estado de Michoacán, la sola renuncia del señor Galindo y Pimentel a este respecto, no sería suficiente, y espero que la Asamblea se servirá dar un voto negativo a la proposición de la Comisión.
El dictamen de la Comisión entraña, como los que antes se han votado, dos proposiciones. En la primera se consulta la validez de las elecciones, y en la segunda, la declaración de candidatos.
Cuando se trató aquí de la votación de la credencial del señor licenciado Moguel, yo, que estaba conforme y que debería haber votado por la nulificación de la eleeción en el distrito representado por el señor Moguel, tuve que votar, contra la opinión de mis partidarios, por la negativa a la segunda proposición relativa al señor Farrera, por tener que votar por la negativa también la primera.
Desde esa votación ha habido algunas dificultades, por no sujetar previamente a votación la primera de las proposiciones, y alguna de ellas fue la que dio motivo al incidente desagradable, que no quiero mencionar, pero que ocurrió, y todos ustedes conocen, en la mañana de hoy.
El caso del señor licenciado Pascual García y el caso del señor Galindo y Pimentel en el Estado de Michoacán, son exactamente iguales, y, por consiguiente, creo deber insistir sobre el punto de la falta de vecindad del señor Galindo y Pimentel, no para convencer a la Asamblea, que, por la actitud noble del señor Galindo y Pimentel, seguramente dará un voto negativo al dictamen, sino para comprobar que hicísteis justicia al desaprobar la credencial del señor Pascual García, como haréis justicia al desaprobar la credencial del señor Juan Galindo y Pimentel; y yo, que soy considerado como el enemigo o adversario más agresivo de los miembros del Partido Católico, voy a procurar demostrar con todo tacto que así es la verdad.
El señor licenciado Francisco Elguero, francamente con el propósito de dar la vecindad a algunos de sus amigos y partidarios en varios distritos, proporcionó algunos de los bienes de que es poseedor en el Estado de Michoacán a sus copartidarios; es decir, primero vino el propósito de lanzamiento de candidatura del Partido Católico, y después vino a llenarse el formulismo de la vecindad.
Nadie puede negar lo que es absolutamente cierto: que cuando se pensó lanzar la candidatura del señor Pimentel en Michoacán, como cuando se pensó lanzar la candidatura del señor García por el mismo Estado de Michoacán, no tenían -en ese momento- el requisito de vecindad, y a posteriori y ad hoc crearon un título de propiedad, que yo no quiero calificar propiamente de simulado; pero que si la palabra simulación puede admitir dolo bueno, diré que hubo simulación de dolo bueno, supuesto que se transmitieron derechos con el propósito de crear vecindad. Esto claramente está haciéndose con el fin de llenar el requisito de la ley por medio de la forma, para cubrir la falta de un requisitb que hubiera en el fondo, y que yo he sostenido, como sostuvo el señor licenciado Urueta, que debe estar siempre el fondo por encima de la forma.
Por lo que se refiere especialmente a las credenciales de Michoacán, debo hacer mención de que en todas ellas se contiene la cláusula a que esta mañana dio lectura la Secretaría, pero que la Asamblea no oyó con la debida atención, cláusula que está indicando claramente que ni siquiera entraron en posesión de esos bienes los señores Galindo y Pimentel, Francisco G. Arce y Pascual García, que son los tres ejemplos que yo conozco de títulos de traslación de dominio de esa naturaleza. Esa cláusula, existente en el documento que obra en el expediente del señor García, dice aproximadamente -y si me equivoco en los conceptos, me rectificará el señor Elguero, que es el vendedor de los tres casos-, dice aproximadamente que el comprador, es decir el señor Galindo y Pimentel, autoriza al señor Elguero para que continúe ejecutando en la propiedad comprada todos los actos de pleno y riguroso dominio y administración, y lo constituye su administrador general con facultades para vender, permutar, hipotecar, gravar y enajenar en cualquier sentido. Es decir, hay una cláusula que denuncia el propósito, honrado, si se quiere, de no tocar un fundo que solamente se ha confiado al comprador con propósitos políticos y de dejarlo enteramente en manos del señor licenciado Elguero, que por razones de su vecindad en el Estado de Michoacán, o por necesidad de seguir poseyéndolo, o por considerarse dueño de aquellos bienes, deberá continuar teniéndolos, poseyéndolos y administrándolos; es decir, que el señor Elguero continuaría siendo dueño absoluto de aquellos bienes ...
Pero como apoderado, aclara el señor Elguero. Cabrera dispara al vuelo sobre la argucia del líder católico:
Yo aquí no apelo a la letra del contrato, sino al buen juicio de ustedes. Hemos atacado una veeindad de esta naturaleza, porque hemos visto que francamente, con el propósito de crear vecindad, se ha otorgado un contrato en el cual existe la cláusula denunciadora del propósito de eludir el requisito de la ley por medio de una escritura de venta.
Creo que es injusto el juicio que se ha querido formar de nuestra mayoría por haber desechado la credencial del señor licenciado don Pascual García, y tan lo creo injusto, que honradamente y sin pasión de ningún género vengo desde esta tribuna a insistir en que se deseche la credencial del señor licenciado Juan Galindo y Pimentel, no porque él la renuncia, que no tiene derecho de renunciar a defender al pueblo que lo ha elegido, sino porque en justicia y en fondo no tiene el requisito de vecindad, pues esos documentos por medio de los cuales se crearon las vecindades del señor Arce, del señor Pascual García y del señor Galindo y Pimentel, realmente no tienen en el fondo la verdad que exige la ley para poder servir como prueba de vecindad; más bien -rectifico-, no quiero decir que no tengan la verdad, porque ese no es el punto a debate, sino que denuncian claramente el propósito de crear a posteriori la vecindad para una candidatura.
Estamos viendo claramente que una persona que carece de determinado requisito legal para representar a un distrito, primero tiene el propósito de representarlo y después el de adquirir la vecindad. En caso así, no hay ninguna de las razones que existen en el espíritu de la ley para dar la vecindad a una persona, porque cuando el legislador se propuso que una persona pudiese representar a un distrito, cuando hubiere nacido ahí, o cuando tuviere intereses, o cuando hubiere residido por determinado tiempo, quiso, ante todo, poner como base la confianza de los ciudadanos y de la idoneidad de la representación, el afecto, el conocimiento del lugar o de los intereses; en suma, las ligas del hombre con la tierra, del hombre con el pueblo que le dio su representación. Otra cosa sería absurda.
La Representación Nacional en el seno de la Cámara tiene condiciones de generalidad absoluta y presupone sobre todos los problemas de la República; pero también es cierto que el concepto general de cuáles son los problemas de la República, debe formarse de la suma de conceptos concretos que aquí tengamos de cada uno de los lugares con los cuales estamos ligados, sea por afecto de nacimiento, sea por residencia, sea por intereses que tengamos ahí radicados. Faltando, pues, esta liga de afectos y de conocimientos personales del lugar que vamos a representar, no puede decirse que haya una verdadera y genuina representación; y yo puedo asegurar -y creo que nadie podrá negar esta verdad- que la representación en este caso no iría de acuerdo con el espíritu de la Ley Electoral.
Estas son, señores, las consideraciones que expongo a ustedes y por las cuales les suplico den su voto reprobatorio al dictamen de la Comisión (aplausos).
El señor Galindo y Pimentel, en uso. de la palabra aduce:
Como la Asamblea considerará, por lo que ya he expresado, no voy a defender mi credencial por La Piedad, ni a pretender un voto aprobatorio que estimo sin efectos prácticos, toda vez que ya estoy declarado diputado por el 6° distrito electoral del Estado de México; pero es cierto, completamente cierto y perfectamente legal, que he comprado bienes raíces para adquirir la vecindad, lo cual es muy lícito.
Si mañana me quieren elegir magistrado por el Estado de Puebla, y sé que uno de los requisitos es vivir en el Estado de Puebla, puedo perfectamente irme a vivir a Puebla, uno, dos años, seis meses, y después no se me podrá decir que la elección es ilegal porque me fui a vivir a Puebla con el ánimo de llenar los requisitos. Podrían objetarla perfectamente por otro camino; pero que se me diga: Es cierto que tú has vivido en Puebla, que has vivido en Querétaro seis meses, para ser magistrado, o por ser electo diputado, y tu elección, por ello, no es legal. Esto es perfectamente ilógico y perfectamente irracional.
Adquirí una propiedad legalmente, porque mi contrato sería ilegal cuando no se expresara en él la verdad, y la verdad es que compré la propiedad raíz y que soy perfecto dueño de ella. Para decir que es nulo el contrato de compraventa, se necesita probar que falta alguno de los requisitos esenciales de ese pacto, esto es, que no hubiese convenido claramente en la cosa, o en el precio, o que no se hubiesen llenado los requisitos de forma que prescribe la ley. He convenido en la cosa y en el precio, y el contrato se otorgó en escritura pública que fue debidamente registrada en tiempo; luego soy dueño legitimo de esa propiedad, no obstante las infundadas opiniones en contrario. La adquirí, señores, para poder ser diputado, y creo que estoy en mi perfecto derecho. Y si mañana mi candidatura se propone, no por Michoacán, sino por cualquier otro Estado de la República, y yo sé que para adquirir la credencial, necesito comprar un rancho, una hacienda o un tendajón, voy, lo compro y lo pago, y no tiene derecho nadie para decir que no soy el propietario; soy el propietario, y no se tiene derecho para decirme que ese contrato es simulado. ¿Que lo compré para ser diputado? Es cierto, señores; con toda lealtad y con toda conciencia lo declaro a la Cámara; está perfectamente comprobado; y lo he comprado a un amigo mío, sí, señores; yo no trato con mis enemigos; cuando yo hago un contrato de compraventa, lo hago con personas con quienes tengo relaciones; cuando yo tengo que hacer un contrato de sociedad, no me asocio con mis enemigos o con mis contrarios; me asocio con mis amigos.
Es cierto que yo he comprado esa propiedad de uno de los miembros del Partido Católico, del señor Elguero, para adquirir la vecindad; pero ese contrato es perfectamente bueno, y rechazo enérgicamente el que se diga que hago contratos simulados.
Respecto a no tener interés por el lugar donde no se ha nacido o no se ha vivido, prueba lo contrario el empeño con que he visto las desgracias de La Piedad, poniéndome a colectar fondos entre mis relaciones y mis amigos y contribuyendo, en lo posible, personalmente, para ayudar a las victimas de las inundaciones últimamente, remitiendo los auxilios con oportunidad y en cantidades no despreciables.
Interrumpe el licenciado Cabrera para precisar:
No he dicho que sea simulado el contrato; he dicho que el espíritu de la Ley Electoral quiere que haya la relación de afecto que no existe entre el señor García y el pueblo de La Piedad.
Más relación de afectos -prosigue el señor Galindo y Pimentel- tiene el pueblo de La Piedad por mí, que por muchos de sus hijos. Cuando ocurrió la inundación de La Piedad, en la que perecieron muchas familias, yo me he puesto a pedir limosna para allegar recursos a las familias, y he podido reunir cerca de $3,000.00 que por mi conducto se han mandado a La Piedad, cosa que no ha hecho ningún híjo de La Piedad. Para que se convenza, lea su señoría los periódicos.
En La Piedad, como en Temascaltepec, aunque no tengo aquí su representación, me estiman como si fuera hijo de ahí; en consecuencia, soy hijo de La Piedad y he optado por la última de estas candidaturas. No importa; yo, como diputado por La Piedad, por Temascaltepec o por otra parte, puesto que tiene que venir en mi lugar algún otro diputado, me considero perfectamente ligado a ella por vínculos de amistad, con vínculos de cariño por La Piedad, y aquí la defenderé aun cuando no sea diputado por ella.
Continúo mi peroración -dice Cabrera y agrega:
Pero todos esos actos del señor Galindo y Pimentel fueron posteriores a la fecha del lanzamiento de su candidatura, porque las inundaciones fueron posteriores a la fecha de las convocatorias, y el hecho de que el señor Galindo y Pimentel estuviera trabajando su candidatura en el momento de las inundaciones, y el hecho de que el señor Galindo y Pimentel tuviera que ayudar a esos pueblos en el momento en que trabajaba su elección, indica que ayudó a La Piedad, tanto por sus sentimientos de piedad cristiana cuanto por conveniencia política.
Enmarcado el suave sarcasmo en el rictus de una sonrisa irónica, suscita el aplauso de diputados revolucionarios y de espectadores extraños al coro contrarrevolucionario. La credencial del señor licenciado Galindo y Pimentel por el 16avo. distrito de Michoacán merece reprobación de la mayoría, y queda con carácter de diputado por ese distrito el señor Próspero Herrera.
No dan motivo a debate los dictámenes correspondiehtes a los distritos 1°, 2°, 5° y 7° del Estado de Zacatecas y son declarados representantes de ellos los señores Luis Mora Castillo, Francisco Zezati, Enrique García de la Cadena y doctor J. Trinidad Luna, en calidad de propietarios; así como B. González, Luis Villaseñor y licenciado Enrique Luna Román, con caracter de suplentes.
El dictamen referente a las elecciones en el 8° distrito del mismo Estado de Zacatecas, es reservado mientras se manda a buscar antecedentes reclamados por el diputado Rojas, y también sin discusión son aprobadas las credenciales de los señores J. Felipe Valle, como diputado propietario, y Felipe Aragón, como suplente, por el 2° distrito de Sinaloa.
Pertinente proposición es la que expresa el señor Rendón con estas palabras:
Me permito proponer lo que sigue: Como es indispensable que se constituya la Cámara como tal, para que en su oportunidad se abra el período que, conforme al Reglamento, debe iniciarse el día 16 de septiembre; como todavía nos faltan bastantes credenciales que discutir, y he notado, además, que algunos señores diputados van abandonando el salón, y podría suceder que en su oportunidad no hubiera el quorum bastante; por eso propongo que desde luego se erija la Cámara como tal, y que después, y como manda la ley, se erija en Colegio Electoral, para seguir tratando de las credenciales que faltan por discutir, con el derecho, para todas aquellas personas cuyas credenciales están pendientes, de asistir a las sesiones para defender sus respectivos derechos, porque sería injusto que se les privara de él.
Al señor Castellot le parece patriótica y oportuna la propuesta del señor Rendón, y el señor Lozano da así su parecer:
No voy a objetar de ninguna suerte el trámite que, más que trámite, es una imperiosa necesidad constitucional, que consulta a la Cámara el señor diputado Rendón. Sólo voy a hacerle una pregunta, y es ésta: saber si es posible a la Comisión decir qué día se erigirá la Cámara en Colegio Electoral para juzgar de mi credencial, porque estoy enfermo y deseo saber de antemano y con certeza cuál es el día.
El señor Rendón contesta:
La Comisión suplica al señor Lozano que fije el día, porque todos nosotros, estoy seguro -hablo en nombre de mis compañeros-, tendremos la satisfacción de que él lo señale; de manera que él señalará determinado día, y si para entonces él no puede venir y nos lo avisa, no nos erigiremos en Colegio Electoral.
Cualquiera lucha que tengamos, puede creer el señor Lozano que no es personal, que queremos guardarle todas las consideraciones, porque lo consideramos un liberal, un caballero y un intelectual.
El señor Lozano fija el día 19 para que la Cámara se ocupe de su credencial; la Presidencia, la Comisión y la Asamblea lo aceptan, y el señor Elguero opina:
El señor licenciado Francisco Pascual García estará en su pleno derecho -y creo que sobre este particular no habrá duda- de atacar el nuevo dictamen que presentará la Comisión, que probablemente será en el sentido de que otro sea el diputado que lo substituya, y creo que no se le podrá negar la palabra para defenderse en un asunto que tanto le interesa.
El secretario avisa:
Dice el señor presidente que el señor García tiene igual derecho que las demás personas, puesto que está en las mismas condiciones.
Entonces -inquiere el señor García-, cuando la Cámara se erija en Colegio Electoral, ¿tengo yo derecho de presentarme en este lugar, de hablar y de votar en su caso?
Sí, señor -afirma el licenciado Rendón; pero el diputado Malo y Juvera hace esta moción de orden:
El señor licenciado Francisco Pascual García no tiene derecho a estar en el salón en estos momentos; hoy en la mañana se ha declarado la nulidad de su elección, y debe abandonar el salón.
El licenciado Cabrera refuerza la moción:
Reclamo el trámite de la Presidencia -dice-, respecto a la permanencia y voto del señor licenciado García, no porque no lo crea justo, sino porque considero que es absolutamente fuera de todo 'principio y de toda razón.
El señor licenciado don Francisco Pascual García, desde esta mañana, no tiene credencial, y, por lo tanto, no tiene derecho a votar.
El señor presidente de la Asamblea no tiene derecho a dictar un tramite de esta importancia y me permito reclamar el trámite y suplico a la Presidencia que lo retire.
El señor Elguero replica:
Reclama el trámite el señor licenciado Cabrera sin razón para ello.
La primera proposición votada esta mañana, fue que las elecciones en el distrito de Zinapécuaro eran válidas; la segunda, que la del señor licenciado Garcia no lo era.
El señor licenciado García entiende, y va a sostenerlo y a demostrarlo con evidentes razones jurídicas, que ambas proposiciones son contradictorias; será o no será; ese será el objeto de la discusión; así lo demostrará, y creo que está en su derecho para sostener eso.
Interviene el señor Bordes Mangel para pedir que el nuevo dictamen sobre Zinapécuaro sea presentado por la Comisión antes de que la Cámara quede instalada, y el presidente da fin a la controversia al decir:
Todos estamos convencidos de que se trata de un caso excepcional por la necesidad de constituir el Congreso General el día 16. En tal virtud, convinimos por nuestra libre voluntad que los mismos derechos que tuvieron en esta Asamblea, tendrán en la Cámara cuando esté erigida en Colegio Electoral.
Anuncia el secretario que va a pasar lista de diputados cuyas credenciales ya están aprobadas, para que otorguen la protesta de ley. La lista da constancia de que se hallan presentes los diputados: Albino Acereto, Victoríano Aceves, Antonio Aguilar, Adrián Aguirre Benavides, Alfonso G. Alarcón, Miguel Alardín, Pascual Alva, Alfredo Alvarez, Enrique Alvarez del Castillo, Pedro B. Alvarez, Silvestre Anaya, Antonio Ancona Albertos, Francisco S. Arias, José R. Arias, Alfonso Aznar Mendoza, Isaac Barrera, Rodolfo Bello, Rutilio Berlanga, Enrique Bordes Mangel, Ignacio Borrego, Tomás Braniff, Alfonso Cabrera, Luis Cabrera, Jesús Camarena, Antonio G. Canalizo, Emilio Cárdenas, Hilarío Carrillo, José Trinidad Carrión, Manuel Canajal, Manuel Castelazo Fuentes, Abraham Castellanos, José Castellot, Jr., Gonzalo del Castillo Negrete, Enedino Colin, Jacinto Cortina, Octavio Couttolenc, Alfonso Cravioto, Luis G. Chaparro, Jorge Delhorme y Campos, Salvador Díaz Mirón, Francisco Elguero, Francisco Escudero, Faustino Estrada, Carlos M. Ezquerro, Rómulo Farrera, Gabriel G. Figueroa, Juan N. Frías, Pedro Galicia Rodríguez, Juan Galindo Pimentel, Ignacio Galván, Enrique García de la Cadena, Moisés García, José María García Ramos, José María de la Garza, Manuel Gea González, Arturo Gómez, Mauricio Gómez, Flavio González, Roque González Garza, Adolfo E. Grajales, Adolfo C. Gurrión, Luis G. Guzmán, Eduardo Hay, Miguel Hernández Jáuregui, Manuel F. de la Hoz, Leopoldo Hurtado Espinosa, Emilio Ibáñez, Enrique M. Ibáñez, Tirso Inurreta, Adolfo M. Isassi, Heriberto Jara, Eusebio P. León, Patricio Leyva, Juan L. Lomelí, Demetrio López, Marcos López Jiménez, Pascual Luna y Parra, Trinidad Luna, Constan tino Llaca, Miguel de la Llave, José N. Macías, Alfonso Madero, Gustavo A. Madero, Prisciliano Maldonado, Manuel Malo y Juvera, Salvador Martínez Alomía, Jesús Martínez Rojas, Francisco T. Mascareñas, José Mayoral, Manuel F. Méndez, Querido Moheno, José M. Montaño, Luis Mora Castillo, Salvador Moreno Arriaga, Víctor Moya ZorrilIa, Ramón Múgica Leyva, Jesús Munguía Santoyo, Ignacio Muñoz, Nicolás Muñoz Ruiz, Francisco Murguía, Luis T. Navarro, Tranquilino Navarro, José de J. Núñez y Domínguez, José Novelo, Guillermo Ordorica, Adolfo Orive, Gabriel Oropeza, Alfredo M. Ortega, José Ortiz Rodríguez, Miguel Ortiz Sánchez, José Oseguera, Armando Z. Ostos, Pascual Ortiz Rubio, Manuel PadilIa, Féliz F. Palavicini, Ricardo Páscoe, Ignacio Peláez, Francisco de la Peña, Vicente Pérez, José Mariano Pontón, José Manuel Puig, Manuel Ramírez Castillo, Francisco M. Ramírez, Julián Martínez, Joaquín Ramos Roa, Serapio Rendón, José J. Reynoso, Adalberto Ríos, Crisóforo Rivera Cabrera, Bonifacio Rodríguez, José Rodríguez Cabo, Luis Manuel Rojas, Francisco Romero, Jacobo Romo, Jesús del Rosal, Manuel Rovelo ArgÜello, Gonzalo Ruiz, Juan Sánchez Azcona, Pedro Antonio Santos, Samuel M. Santos, Juan Sarabia, José Silva Herrera, Agapito Solórzano Solchaga, Joaquín Torres, Javier Torres Rivas, Carlos Trejo y Lerdo de Tejada, Luis G. Unda, Jesús Urueta, Eleazar del Valle, Felipe J. Valle, Carlos Vargas Galeana, Francisco R. Velásquez, Francisco Verdugo Falques, Alfredo Vergara, Luis A. Vidal y Flor, Telésforo Villasana, Manuel F. Villaseñor, Manuel Gregorio Zapata, Pedro R. Zavala, Carlos B. Zetina y Juan Zubaran.
Después de un debate en que intervienen los señores Galicia Rodríguez, Cabrera, Moheno y Muñoz, acerca del procedimiento a seguir cuando un diputado cuya credencial ha sido aprobada no puede presentarse por el momento a otorgar la protesta de ley, el presidente Sánchez Azcona anuncia:
El señor diputado Cabrera ha manifestado sus deseos de dirigir unas palabras de concordia antes de que las juntas preparatorias terminen sus labores; tiene la palabra el ciudadano Cabrera.
Va Cabrera a la tribuna y exhorta:
Señores diputados, especialmente señores miembros del Partido Católico y señores diputados independientes:
La única diferencia de criterio que nos ha dividido durante la votación de las credenciales, es que yo he tenido la franqueza de confesar que estaba haciendo labor política, en el sentido de aumentar hasta donde mis fuerzas me lo permitan, el número de diputados liberales, y vosotros no queriais confesar que estabais haciendo la misma labor que yo.
El concepto que yo he tenido, desgraciadamente muy tergiversado por mis apreciables amigos los señores reporteros que me han escuchado aquí, es que la verdadera lucha a muerte de candidato contra candidato sólo se presenta una vez durante la revisión de credenciales. Después de la revisión de credenciales, es cuando se necesita estrecharse la mano y cuando viene bien tener palabras de concordia y de amistad, porque es entonces cuando van a procurar coexistir todas nuestras acciones y todos nuestros propósitos.
Antes de constituirnos en Congreso, antes de constituirnos en Cámara, estábamos tratando de eliminarnos; yo he tenido la franqueza de decirlo; vosotros acudisteis a la justicia, para cubrir con su velo la verdadera naturaleza del trabajo que estabais ejecutando.
De hoy en adelante, nuestros propósitos todos están informados por un solo y único fin: el amor a la patria. Dentro de ese criterio estoy con todos vosotros, y todos estaréis conmigo. Esta es mi mano (aplausos).
Hernández Jáuregui corea:
Nadie más obligado que yo a pronunciar estas palabras de concordia. El señor licenciado Cabrera tiene razón. Hemos podido luchar y combatir con los de la mayoria; hemos luchado francamente. Ahora, nos queda servir a la patria leal y honradamente con resueltos 'propósitos de paz.
A nombre del Partido Liberal Independiente, también podemos decir nosotros: Esta es nuestra mano (aplausos).
El señor Elguero dice en nombre de los católicos:
Ningún partido más que el Partido Católico ha venido animado aquí de ideas y de sentimientos de confraternidad.
Pude yo objetar credenciales que, en mi concepto son absolutamente nulas; venía yo provisto, para ello, de documentos completamente fehacientes, expedidos por jueces. No lo hice, señores, después de haber consultado con mis compañeros, solamente por no venir a sembrar aquí la cizaña, el desorden, el tumulto; si algo ha pasado que no sea enteramente en el carril del orden, no ha dependido de nosotros, y protestamos que sólo el sentimiento de amor a la patria; el deseo de restañar sus heridas; el afán de restablecer su crédito, de recobrar su nombre y de serenar la razón, a fin de que esté libre de nubes y entonces comencemos a realizar lo que podemos llamar nuestros ideales, que no salen un solo ápice de las instituciones, sólo eso, señores, es lo que aquí nos ha traído. En nombre de mis compañeros hago esa leal y sincera manifestación (aplausos).
Y el diputado Villaseñor pone este colofón a los anteriores mensajes de comprensión y cordialidad:
Permitidme, señores, que mi humilde voz, la del último y más desautorizado representante de la XXV Legislatura, que expira pasado mañana, dé un saludo de concordia y de bienvenida a los dignos representantes de la XXVI Legislatura Constitucional, y permitidme tenderos la mano fraternalmente, para que, unidos, laboremos sin distinción de partidos, ni de creencias religiosas, por el bienestar y felicidad de la patria.
Con voz en cuyas inflexiones asoma noble emoción, Sánchez Azcona manifiesta:
Os doy las gracias, ciudadanos diputados, por la benevolencia que habéis mostrado para conmigo durante el curso de los debates, y os aseguro que el más legítimo timbre de orgullo que tiene hasta hoy mi modesta vida política, es el de haber presidido estas juntas preparatorias, y os pido excusas por las torpezas que haya cometido.
Procedamos, señores, al solemne acto de la protesta.
El Diario de los Debates de la Cámara de Diputados ha de perpetuar recuerdo de tal acto y de los subsecuentes, en estos renglones:
Puestos en pie todos los ciudadanos diputados, el ciudadano presidente, en la misma actitud, dijo:
Protesto sin reserva alguna guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con sus adiciones y reformas, las Leyes de Reforma, las demás que de aquélla emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de diputado que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión. Y si así lo hiciere, la nación me lo premie, y si no, me lo demande.
El ciudadano presidente tomó asiento y se dirigió a la Asamblea en estos términos:
¿Protestáis sin reserva alguna guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con sus adiciones y reformas, las Leyes de Reforma, las demás que de aquélla emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de diputados que el pueblo os ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión?
Los CC. diputados:
Si así lo hiciereis, la nación os lo premie, y si no, os lo demande.
(Una voz en las galerías: ¡Pueblo, viva la República!).
La elección de la Mesa Directiva de la Cámara da este resultado:
Presidente, diputado Eduardo Hay; primer vicepresidente, Juan N. Frías; segundo vicepresidente, Luis Manuel Rojas; secretarios, Serapio Rendón, Querido Moheno, Mauricio Gómez y Adolfo Orive; prosecretarios, Joaquín Ramos Roa, Pedro A. Santos, Albino Acereto y José Ortiz Rodríguez.
Sánchez Azcona invita a los electos a que tomen posesión de la Mesa, y el señor Hay inaugura sus funciones con este breve discurso:
No tengo palabras con qué expresar a ustedes la inmensa satisfacción que me cabe en estos momentos, al haber sido electo, sobre todo en una forma tan grande, por una mayoría tan respetable, para este tan alto y honroso puesto.
Acaba de dejar la Mesa un presidente que ha sido tan querido y apreciado por todos nosotros, el señor Juan Sánchez Azcona, que en todos sus actos ha sido guiado por la justicia y la honradez. El ha hecho a un lado todo interés de partido, y lo único que puedo decir a ustedes, en el momento en que me siento en este lugar que ustedes se han servido darme, es que no pertenezco a ningún partido absolutamente y que procuraré honradamente cumplir con los compromisos que tengo al haber sido electo presidente de este XXVI Congreso.
De nuevo, señores, mis sinceras gracias por este tan alto honor de haberme elegido en el nuevo Congreso como su presidente, que es el primer Congreso emanado directamente de la revolución y directamente de la voluntad del pueblo (aplausos).
En seguida esta declaratoria:
La Cámara de Diputados de los Estados Unidos Mexicanos se declara legítimamente constituida.
Un aplauso, que es a un tiempo mismo salutación a la Cámara que nace y despedida a las Juntas Preparatorias que terminan, esculpe en la cantera de la historia política de la nación mexicana esta fecha singular: 14 de septiembre de 1912.

References: artículo 193
 artículo 198

Artículo 198
 artículo 29

Artículo 29
 artículo 56

Artículo 56
 artículo 37
 artículo 38
 artículo 38
 resolución