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Timestamp: 2017-12-15 14:18:00+00:00

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Elecciones norteamericanas del 2000: La política exterior
Ciencias políticas. EEUU (Estados Unidos). Campaña electoral. Intereses. George Bush
He escogido este tema porque me gustaba la idea de profundizar en el ámbito de la política de una superpotencia como es Estados Unidos, y conocer así los entresijos que se mueven en la Casa Blanca.
El hecho de haber seguido las elecciones de cerca para la realización del trabajo llegó a frustrar mis esquemas sobre la idea de los que es un enfoque de política exterior en una campaña electoral, así como los problemas a los que se enfrenta Estados Unidos con su ley electoral.
Habiendo conocido el enfoque de la campaña de ambos partidos, tanto republicanos como demócratas, me llevó a analizar pues para la consecución del trabajo la perspectiva republicana, viéndose esta como la línea a seguir en los próximos cuatro años debido al poder que ostenta ahora el partido republicano a la cabeza del Gobierno, y George Bush como Presidente del mismo.
La importancia que se le da a la política exterior durante una campaña electoral que al finalizar escogerá al Presidente de los Estados Unidos, una de las personas más poderosas del mundo, al tratarse de la máxima figura de la mayor potencia mundial, es un hecho que debería importar a todas las naciones del resto del planeta, y trato de reflejar en el trabajo pues la relación que presenta Estados Unidos con potencias históricamente enemigas, como China y Rusia, y su relación con la ONU y otros países.
La política exterior de Estados Unidos con respecto a Rusia y las relaciones con China son los puntos fundamentales de la campaña electoral que se produjo en estas pasadas elecciones, por parte del bando republicano. El temor y la desconfianza de este país con respecto al bloque oriental sigue presente, más aún con la continúa mejora de la antigua URSS y la rehabilitación de China. Por eso, quieren enfocar la campaña como un modelo para afianzar los intereses comunes que tienen los diferentes países.
Así, del mismo modo, enfoca la campaña electoral hacia América Latina, puesto que Bus sabe que se juega, o jugaba un número importante de votos con aquellas comunidades, y así ocurrió con el estado de Florida.
Destaca la misma política de mantener la deuda a Cuba, al no ser que ésta cambie de régimen y de una mayor libertad a sus ciudadanos. George Bush no es partidario de que siga existiendo ese residuo de régimen comunista.
Me gustaría dar las gracias por su colaboración en la realización del trabajo a :
Embajada de los Estados Unidos, por remitirme a su página web
José María Peredo, profesor de la Universidad Europea de Madrid, por la documentación entregada en clase acerca de las elecciones, y por la conferencia acerca de la historia de los presidentes de los Estados Unidos.
Mar Carranza, profesora de la Universidad Europea de Madrid, por la conferencia acerca del sistema electoral de los Estados Unidos y el comienzo del bipartidismo.
Xavier Coller, profesor de la Universidad Europea de Madrid del departamento de sociología, por el material documental entregado en clase.
Abc y El Mundo por facilitarme los periódicos correspondientes al momento álgido de la campaña electoral.
“El nuevo partidismo en los asuntos internacionales refleja corrientes profundas en la sociedad estadounidense que darán forma a la orientación de la política exterior de Estados Unidos en los años por venir", dice James Lindsay, miembro de número de la Institución Brookings y ex director de Cuestiones Mundiales y Asuntos Multilaterales del Consejo de Seguridad Nacional. Agrega que el surgimiento de este nuevo partidismo desde el punto de vista del autor "ha creado una paradoja: Estados Unidos goza de un poderío sin par en el escenario mundial, pero los presidentes encuentran cada vez más difícil movilizar apoyo para su política exterior".
Aunque la importancia de la política exterior en las campañas para elecciones presidenciales ha decaído, en relación con otros temas, y las diferencias en la posición de los partidos sobre la política exterior han disminuido, los votantes todavía juzgan a los candidatos por sus principios, competencia y capacidad de liderazgo en la política exterior; especialmente su habilidad para manejar crisis.
CREENCIA TRADICIONAL: LA POLÍTICA EXTERIOR NO TIENE IMPORTANCIA EN LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES
Entre los observadores políticos existe la creencia tradicional de que en ausencia de una crisis mayor o una guerra, la política exterior nunca ha importado mucho en las elecciones presidenciales estadounidenses y que el final de la Guerra Fría redujo su importancia aún más. Según este punto de vista, la complejidad de los dilemas de política del período posterior a la Guerra Fría y la falta de un poderoso adversario extranjero disminuyeron las diferencias de política entre los partidos Demócrata y Republicano. Algunos analistas dan a entender también que el público estadounidense ha regresado a su historia de aislacionismo y unilateralismo y que generalmente presta escasa atención y está poco informado sobre la política exterior y además no está dispuesto a aceptar ninguna baja en un conflicto, todo lo cual restringe todavía más la política exterior de presidentes y candidatos.
Esta creencia tradicional es cierta en algunos aspectos, en otros es exagerada o demasiado simplista y cuando se refiere a algunos asuntos es sencillamente errada. Durante la Guerra Fría, en momentos de crisis y guerras, la política exterior llegó al máximo nivel de su importancia en las elecciones presidenciales, no obstante, la competencia con la Unión Soviética la hacía importante aún sin la presencia de una crisis específica. El final de la Guerra Fría redujo su prominencia en las elecciones presidenciales, en forma más definida en 1992, y las diferencias de política entre los partidos Demócrata y Republicano disminuyeron en 1992 y 1996, pero estos sucesos han sido exagerados. Aunque la importancia de la política exterior ha disminuido en relación con otros temas, los votantes todavía juzgan a los candidatos por los méritos de su política exterior, su competencia y capacidad de liderazgo; especialmente su habilidad para manejar una crisis.
En cuanto a la opinión pública, la mayoría de los estadounidenses ha prestado generalmente poca atención a la política exterior, especialmente desde que terminó la Guerra Fría. Sin embargo, no ha habido prácticamente cambio alguno en el instinto internacionalista o multilateralista del público desde el final de la Guerra Fría, y, cuando ocurre una crisis específica, el público se informa y juzga con buen criterio. Además, el público presta atención a las cuestiones internacionales que tienen un componente interno considerable y afectan el diario vivir en Estados Unidos, como la inmigración, el contrabando de drogas y el comercio internacional. Además, muchos grupos étnicos o de intereses comerciales concentran su atención en la política exterior y ejercen influencia durante las campañas presidenciales por medio de aportes financieros y promoción de sus intereses a nivel popular. Por último, las encuestas indican que aunque el público estadounidense sufre actualmente de "fatiga de compasión" en lo que se refiere al mantenimiento de paz en conflictos étnicos y a los países que son un fracaso, está dispuesto a arriesgar bajas si los objetivos estratégicos y humanitarios de Estados Unidos están en juego.
Por consiguiente, la política exterior ya ha tenido influencia en la campaña presidencial de 2000 y continuará teniéndola. Tanto Al Gore como George W. Bush han adoptado políticas exteriores internacionalistas y se han distanciado de las ramas aislacionistas de sus partidos. Ambos han demostrado sensibilidad a los intereses especiales de algunos grupos con respecto a la política exterior. Aunque estos dos candidatos no tienen posiciones espectacularmente diferentes en cuanto a política exterior y el público todavía no ha demostrado preferencia por la plataforma de uno u otro a ese respecto, ambos han sufrido las consecuencias de metidas de pata o errores percibidos en este campo durante sus campañas. En general ello ha sido más costoso para Bush en términos de apoyo que para Gore.
Este artículo fundamenta tales conclusiones primero que todo con un breve examen del efecto de la política exterior en campañas anteriores. Luego analiza la forma en que Gore y Bush han manejado el tema durante sus campañas, haciendo hincapié en las consecuencias de la indecisión de Bush con respecto al conflicto en Kosovo y sus repetidas metidas de pata con los nombres de líderes y naciones, así como las consecuencias de la forma poco diestra en que Gore manejó el caso de Elián González. Aunque estos errores percibidos no alteraron la contienda presidencial en forma directa y espectacular, si han tenido efectos importantes de largo alcance en las elecciones y cualquier crisis o metidas de pata en la política exterior antes de las elecciones podrían tener consecuencias todavía mayores y más inmediatas.
¿EN QUE FORMA HA AFECTADO LA POLÍTICA EXTERIOR LA CAMPAÑA PRESIDENCIAL DE 2000?
En 2000 los candidatos presidenciales se enfrentan a un electorado que asigna poca prioridad a la política exterior, pero que sigue siendo internacionalista en su perspectiva política y prefiere un presidente competente para manejar las crisis de política exterior. Los candidatos han respondido con políticas exteriores similares en sus parámetros generales pero diferentes en detalle, simbolismo y presentación. Hasta ahora, las encuestas no indican que los votantes hayan dado ventaja significativa a uno u otro de los candidatos en cuanto a asuntos de política exterior, pero a medida que se acercan las elecciones los aspectos de competencia y manejo de crisis probablemente cobren importancia. En última instancia, no obstante la poca prominencia de la política exterior y las limitadas diferencias entre las posiciones de los candidatos, la percepción del público de metidas de pata en política exterior durante la campaña, más su reacción a cualquier error nuevo, podrían resultar importantes para decidir el desenlace.
Ni Gore ni Bush han dado gran énfasis a la política exterior en declaraciones públicas, haciéndose eco así de la poca prominencia de dicha política. Ambos candidatos expusieron su política exterior en unos pocos discursos claves a principios de sus campañas, adoptando en general políticas internacionalistas. Los asesores de Bush en política exterior y sus partidarios, entre ellos Condoleezza Rice, Colin Powell, Henry Kissinger y Norman Schwarzkopf, así como el candidato a la vicepresidencia, Richard Cheney, han tenido un papel destacado en la campaña de Bush; con frecuencia lo acompañan cuando pronuncia discursos importantes sobre política exterior, con el propósito de disipar inquietudes sobre su falta de experiencia en la materia. Debido a la larga experiencia de Gore en política exterior, sus asesores en este campo han tenido un papel menos importante y menos público.
Los dos candidatos se refirieron muy brevemente a la política exterior en sus discursos en sus respectivas convenciones. En su discurso en la convención de su partido y durante varias semanas después, Bush llamó la atención sobre la preparación para la defensa, pero aunque este punto le ha dado una pequeña ventaja en materia de defensa, según las encuestas, tuvo un efecto limitado debido a que la prensa observó que Bush había exagerado cuando declaró en la convención que dos divisiones del ejército estadounidense no estaban preparadas para el combate. De la misma manera, Bush trató de obtener ventaja con su hincapié en la creación de una defensa con misiles balísticos, pero sólo logró un apoyo limitado debido a que Gore ha respaldado, en forma sostenida, la investigación de misiles de defensa y el repetido fracaso de las pruebas de los sistemas de misiles de defensa. En cuanto a la convención demócrata, Gore trató la política exterior en términos muy generales en unos pocos párrafos, haciendo caso omiso del consejo de algunos de sus asesores de no mencionarla.. Las diferencias en las políticas de los dos candidatos en otros aspectos de gran visibilidad fueron pequeñas, ambos apoyaron el establecimiento de relaciones normales de comercio con China y expresaron su oposición a un proyecto de ley propuesto en el Congreso para fijar como plazo el verano de 2001 para la retirada de las tropas estadounidenses de Kosovo.
Las encuestas realizadas en la primavera de 2000, las últimas de que se dispone al momento de escribir este artículo, indicaban, quizá debido a las limitadas diferencias en las posiciones de los candidatos respecto a la política exterior y la poca prominencia de la misma, que el público estaba igualmente dividido entre Gore (42%)y Bush (43 %) n cuanto a cuál de ellos podría manejar mejor asuntos exteriores. A pesar de este equilibrio aparente, hay señales de que el tema de la política exterior ha favorecido a Gore en su campaña hasta la fecha. Primero, en junio de 1999 Bush comenzó con una ventaja considerable de 53% comparada con el 36 % de Gore en cuanto a cuál de ellos podría desempeñarse mejor en la política exterior. Parte de esta erosión en el apoyo a la política exterior de Bush durante el año transcurrido se debió, sin duda alguna, a la posición más elevada que tradicionalmente confiere a un vicepresidente la confirmación de su candidatura. Con todo, detalles adicionales de los resultados de las encuestas sugieren que los errores y metidas de pata de Bush en esta materia (ausencia de liderazgo en el caso de Kosovo y dificultad con los nombres de líderes y naciones) le han costado más apoyo que el abrupto cambio de política de Gore en el caso de Elián González.
A los estadounidenses les gusta pensar que la política partidista debería parar en la orilla del mar. Pero en la práctica, el bipartidismo se ha vuelto escaso en la política exterior de Estados Unidos. Los demócratas y los republicanos riñen regularmente acerca de lo que Estados Unidos debería hacer en el extranjero, y las ramas legislativas de ambos partidos parecen cada vez menos inclinadas a deferir a quienquiera que ocupe la Casa Blanca. En efecto, más que dar paso a una nueva era de armonía, el fin de la Guerra Fría parece haber alentado sólo desacuerdo.
Este rencor partidista ha hecho que muchos sientan nostalgia por lo que el presidente Bill Clinton ha llamado "la gran tradición de Harry Truman y Arthur Vandenberg -- una tradición... que deja de lado el partidismo y une a los republicanos y a los demócratas en pos del bien del pueblo estadounidense y del mundo". Pero todo el que espere que el próximo presidente podrá restaurar una política exterior bipartidista quedará desilusionado. El nuevo partidismo en los asuntos internacionales refleja corrientes profundas en la sociedad estadounidense que darán forma a la orientación de la política exterior de Estados Unidos en los años por venir.
LA FUNCION DE ESTADOS UNIDOS EN EL MUNDO
Estados Unidos debe participar en el mundo. Pero eso no significa que nuestras fuerzas armadas sean la respuesta a cada situación difícil de política exterior -- un sustituto para la estrategia. El internacionalismo estadounidense no debe significar acción sin visión, actividad sin prioridad, y misiones sin fin -- una estrategia que dilapida la voluntad estadounidense y drena la energía de Estados Unidos.
La política exterior estadounidense debe ser más que el manejo de crisis. Debe tener una meta grande y orientadora: tornar esta época de influencia estadounidense en generaciones de paz democrática.
Esto se logra concentrándonos en nuestros intereses nacionales perdurables. Y estas son mis prioridades. Un presidente de Estados Unidos debería trabajar con nuestros fuertes aliados democráticos en Europa y Asia para extender la paz. Debería promover un Hemisferio Occidental plenamente democrático, unido por el comercio libre. Debería defender los intereses de Estados Unidos en el Golfo Pérsico y adelantar la paz en el Medio Oriente, basada en la seguridad de Israel. Debe detener la proliferación contagiosa de las armas de destrucción masiva, y los medios para lanzarlas. Debe guiarnos hacia un mundo que comercia en libertad. Y debe buscar todas estas metas con atención, paciencia y fuerza.
“Incluso en esta época de orgullo y optimismo, Estados Unidos tiene enemigos resueltos que odian nuestros valores y resienten nuestro éxito --terroristas, sindicatos del crimen, carteles de las drogas y dictadores desequilibrados. El imperio se terminó, pero el mal queda.
Debemos proteger a nuestra patria y nuestros aliados contra los misiles, el terror y el chantaje. Debemos restaurar la moral de nuestras fuerzas armadas --dilapidada por recursos cada vez más escasos y misiones que se multiplican-- proveyéndolas con mejor entrenamiento, mejor trato y mejor paga. Y debemos dominar la nueva tecnología de la guerra --para extender nuestra influencia pacífica, no solamente en todo el mundo sino también a través de los años.
Para la defensa de nuestra nación, un presidente debe tener visión clara y ser realista. Hay límites a las sonrisas y ceños fruncidos de la diplomacia. No se detiene a los ejércitos y los misiles con notas severas de condena. Se los para con poderío, resolución y la promesa de un castigo rápido.”
El desafío se presenta porque dos de las grandes potencias de Eurasia (China y Rusia) son potencias en transición. Y es difícil conocer sus intenciones cuando ellas no conocen su propio futuro. Si se hacen amigos de Estados Unidos, esa amistad estabilizará al mundo. Pero si no lo hacen, podríamos no encontrar la paz que buscamos.
China, en particular, ha asumido formas diferentes ante ojos diferentes en momentos diferentes. Un imperio por dividir. Una puerta por abrir. Un modelo de conformidad colectiva. Una carta diplomática por jugar. Un año se dice que es gobernada por "los carniceros de Beijing". Unos pocos años después, el mismo gobierno la declara un "asociado estratégico".
Debemos ver a China claramente, no a través de los filtros de las poses y el partidismo. China se está levantando, y eso es inevitable. En esto, nuestros intereses, los de Estados Unidos y los del resto del mundo en general, son claros: recibimos con agrado a una China libre y próspera. Y hay áreas en las que debemos tratar de cooperar: prevenir la proliferación de las armas de destrucción masiva... lograr la paz en la península coreana...
No obstante, la conducta del gobierno de China puede ser alarmante en el extranjero y atroz en su país. Beijing ha estado invirtiendo su creciente riqueza en armas nucleares estratégicas... nuevos misiles balísticos... una armada de alta mar y una fuerza aérea de larga distancia. Es una amenaza de espionaje para . Mientras tanto, el Departamento de Estado ha informado que "todo el disenso público contra el partido y el gobierno ha sido silenciado", un hecho trágico en una nación de 1.200 millones de personas. El gobierno chino es enemigo de la libertad religiosa y promotor del aborto forzado, políticas sin razón y sin piedad.
Todos estos hechos se deben enfrentar directamente. China es un competidor, no un asociado estratégico. Se debe negociar con China sin malas intenciones, pero sin ilusiones. De la misma manera, ese régimen no debe tener ilusiones respecto al poderío y la resolución de Estados Unidos.
China encontrará en Estados Unidos un asociado comercial confiado y dispuesto. Y con el comercio viene la invitación permanente al mundo de la libertad económica. El ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio es bienvenido, y esto debería abrirle también la puerta a Taiwán. Pero dado el pobre historial de China en cumplir con sus compromisos, hará falta un gobierno estadounidense fuerte que la haga cumplir su palabra.
Con Bush como presidente, China sabe que los valores de Estados Unidos son siempre parte del temario de Estados Unidos. Su defensa de la libertad humana no es una formalidad de la democracia; es un compromiso fundamental de ese país. Es la fuente de nuestra su en que al comunismo, en todas sus formas, se le ha pasado su hora.
Y Bus ve al comercio libre como un aliado importante en una estrategia avanzada por la libertad. El argumento en favor del comercio no es solamente monetario sino también moral. La libertad económica crea hábitos de libertad. Y los hábitos de libertad crean expectativas de democracia. No hay garantías, pero hay buenos ejemplos, desde Chile hasta Taiwán.
Rusia es otro recordatorio de que un mundo que disfruta cada vez más de paz es también un mundo en transición. También en esto se necesita paciencia, consistencia y una dependencia de principios en las fuerzas democráticas.
Por la amplitud de esta tierra, el talento y valentía de su pueblo, la riqueza de sus recursos y el alcance de sus armas, Rusia es una gran potencia, y siempre debe ser tratada como tal. Pocos pueblos han sufrido más en este siglo. Y aunque se confía en que lo peor ha quedado atrás, sus problemas no se han terminado. Esta década pasada ha sido para Rusia un período épico de liberación y desilusión.
La primera prioridad es la seguridad nacional de la nación, y en esto tanto Rusia como Estados Unidos enfrentan un mundo cambiado. En vez de enfrentarse el uno al otro, se enfrentan el legado de una rivalidad ideológica muerta: miles de armas nucleares que, en el caso de Rusia, no estarían muy seguras. Y juntos enfrentan también una amenaza en surgimiento, desde naciones al margen de la ley, al robo nuclear y al lanzamiento accidental. Todo esto requiere nada menos que una nueva relación estratégica para proteger la paz del mundo.... En un acto de previsión y habilidad política, (los senadores Richard Lugar y Sam Nunn) se dieron cuenta de que las instalaciones nucleares rusas existentes estaban en peligro de ser comprometidas. Bajo el programa Nunn-Lugar, se ha mejorado la seguridad de muchas instalaciones nucleares rusas y se han destruido muchas ojivas.
Aún así, el Departamento de Recursos Energéticos advierte que los estimados de los arsenales nucleares rusos podrían estar errados en tanto como el 30 por ciento. En otras palabras, hay una gran cantidad de material nuclear ruso cuyo paradero no se puede explicar. Bus pide al Congreso que aumente sustancialmente la ayuda para desmantelar tantas armas rusas como sea posible, y tan rápidamente como sea posible.
Sin embargo, todavía necesitan sistemas de defensa contra misiles, tanto táctica como nacional. Bajo la amenaza mutua de las naciones al margen de la ley, hay una verdadera posibilidad de que los rusos se unan a Estados Unidos y a sus aliados para cooperar en los sistemas de defensa contra misiles. Pero hay una condición. Rusia debe romper su peligroso hábito de proliferación.
Tratar con Rusia sobre las cuestiones esenciales sería mucho más fácil si estuvieran tratando con una Rusia libre y democrática. Su meta es promover no sólo la apariencia de la democracia en Rusia sino las estructuras, el espíritu y la realidad de la democracia. Claramente esto no se hace concentrando su ayuda y atención en una élite corrupta y privilegiada. El verdadero cambio en Rusia, como en China, no vendrá desde arriba sino desde abajo. Desde una incipiente clase de empresarios y gente de negocios. Desde los nuevos líderes en las regiones de Rusia que construirán un nuevo estado ruso, donde el poder sea compartido, no controlado. La ayuda americana, inversiones y préstamos deberían ir directamente al pueblo ruso, no a enriquecer las cuentas bancarias de los funcionarios corruptos.
Estados Unidos debería buscar a la nueva generación de rusos por medio de intercambios educativos y programas para apoyar el imperio del derecho y una sociedad civil. No pueden comprar la reforma para Rusia, pero puede ser el aliado de Rusia en su propia reforma.
El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares no es la respuesta en la difícil tarea de detener la proliferación. He dicho que nuestra nación debería continuar su moratoria de ensayos. Pero mucho más importante es limitar el abastecimiento de materiales nucleares y los medios de lanzarlos, haciendo de esto una prioridad en lo que respecta a Rusia y China. Nuestra nación debe detener la demanda de armas nucleares, atendiendo las preocupaciones de seguridad de quienes renuncien a estas armas. Y nuestra nación debe reducir la atracción maligna de estas armas para los estados al margen de la ley, tornándolas inútiles con la defensa contra misiles. El Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares no hace nada para conseguir esas metas. No detiene la proliferación, especialmente en los regímenes al margen de la ley. No es verificable. No se puede hacer cumplir. Y nos impediría a nosotros asegurar la seguridad y dependencia en el poder disuasivo de nuestra nación si llegara a surgir la necesidad. En estas cuestiones cruciales, sólo ofrece palabras, falsas esperanzas y buenas intenciones, sin garantía alguna. Podemos combatir la proliferación de las armas nucleares. pero no pueden desear que desaparezcan con tratados imprudentes.
En nuestros cálculos estratégicos con frecuencia se pasa por alto esa gran tierra que se encuentra al sur de Eurasia. En este nuevo siglo veremos la llegada de la India democrática como una fuerza en el mundo. Una nación con una vasta población, que antes de mucho tiempo será la más populosa del mundo. Una economía en cambio, donde 3 de sus 5 ciudadanos más ricos son empresarios de programas de computadoras.
La India está debatiendo en esos momentos su futuro y su camino estratégico, y Estados Unidos debería prestarle más atención. Deberíamos establecer más comercio e inversiones con la India a medida que se abre hacia el mundo. Y deberíamos trabajar con el gobierno indio, asegurando que sea una fuerza de estabilidad y de seguridad en Asia. Esto no debería debilitar nuestra relación de larga data con Pakistán, que sigue siendo crucial para la paz en la región.
Bush fortalecerá las relaciones con los países de Latino América, esforzándose por ayudarles a continuar en el camino hacia la democracia y promoviendo la estabilidad y el desarrollo económico de la región, y removiendo las barerras que son obstáculo al comercio exterior.
Como Presidente, el Gobernador Bush obtendrá la autoridad Presidencial para negociar tratados comerciales; buscará activamente firmar acuerdos de comercio con todos los países de Latino América; renovará el trato preferencial a los países de los Andes; hará que el Servicio de Inmigración (INS) contrate Agentes de la Patrulla Fronteriza en la cantidad requerida por la ley; hará una restructuración del Servicio de Inmigración; apoyará totalmente el Paquete Ayuda por 1.300 millones de dólares; promoverá una relación especial entre Estados Unidos y México, fortaleciendo las instituciones que promueven la democracia y fomentando así el contacto de profesionales y funcionarios gubernamentales entre los Estados Unidos y otras naciones del hemisferio a través del programa “American Fellows”, con lo que conseguirá la promoción para la creación de pequeñas empresas a través de préstamos.
Invitará a las iglesias, sinagogas. Mezquitas y templos de los Estados Unidos a que adopten a sus contrapartes en Latino América; solicitando además que las empresas americanas hagan más apoyo en las actividades caritativas.
Del mismo modo, designará a un consejero en cada embajada de los Estados Unidos en Latino América para que dé apoyo a las actividades caritativas de grupos americanos , y se seguirá imponiendo a cualquier relajación de las sanciones en contra de Cuba, a menos que el régimen actual devuelva la libertad del pueblo cubano.
Todas sus metas en Eurasia dependerán de que Estados Unidos fortalezca las alianzas que sostienen su influencia en Europa, el este de Asia y en Medio Oriente. Las alianzas no son solamente para momentos de crisis, que se ponen en acción cuando suena la alarma de incendio. Se las sostiene mediante el contacto y la confianza. Por ejemplo, la coalición de la guerra del Golfo Pérsico se armó sobre los cimientos de la visión, esfuerzo e integridad de un presidente. Nunca más un presidente de Estados Unidos debería pasar nueve días en China y ni siquiera molestarse en hacer escalas en Tokio, Seúl o Manila. Nunca más un presidente de Estados Unidos debería permanecer silencioso cuando China critica sus lazos de seguridad con Japón.
Para que la OTAN sea fuerte, cohesiva y activa, el presidente debe darle dirección consistente: en cuanto al propósito de la alianza, en cuanto a la necesidad de que Europa invierta más en la capacidad de defensa, y cuando sea necesario, en conflictos militares. Para contar con ellos cuando se los necesite, hay que respetar a los aliados cuando no los necesite.
Su meta es una asociación de naciones fuertes, no débiles. Y esto requiere más consulta estadounidense y más liderazgo estadounidense. Estados Unidos necesita a sus aliados europeos, así como a sus amigos en otras regiones, para ayudarles a enfrentar los desafíos de seguridad cuando se presenten. Para sus aliados, compartir las enormes oportunidades de Eurasia también significa compartir las cargas y riesgos de sostener la paz. El apoyo de los amigos le permite a Estados Unidos reservar su poderío y resolución para los intereses vitales que comparten.
De la misma manera, las organizaciones internacionales pueden servir la causa de la paz. “Nunca colocaré tropas estadounidenses bajo el comando de la ONU -- pero la ONU puede ayudar en las inspecciones de armas y tareas de mantenimiento de la paz y humanitarias. Si llego a ser presidente, Estados Unidos pagará sus cuotas, pero sólo si se reforma la burocracia de la ONU y se reduce nuestra porción desproporcionada de sus costos.”
Debe haber también una reforma de las instituciones financieras internacionales: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Ellas pueden ser una fuente de estabilidad en crisis económicas. Pero no deberían imponer austeridad. No deberían sostener sistemas financieros fracasados y corruptos. Estas organizaciones deberían estimular las bases del crecimiento económico y de los mercados libres. Expandiendo el imperio del derecho y prácticas presupuestarias prudentes. Promoviendo sólidas leyes bancarias y reglas de responsabilidad. Más que nada, estas instituciones mismas deben ser más transparentes y responsables.
Los republicanos empiezan su sección sobre política exterior con una cita optimista de su candidato a presidente George W. Bush: "Rechacemos las anteojeras del aislacionismo, igual como rechazamos la corona del imperio. Abstengámonos de dominar a otros con nuestro poder o de traicionarlos con nuestra indiferencia. Y tengamos una política exterior norteamericana que refleje el carácter estadounidense. La modestia de la fuerza verdadera. La humildad de la grandeza verdadera. Este es el corazón fuerte de los Estados Unidos. Y éste será el espíritu de mi administración".
Antes de entrar en un número de temas específicos, los redactores del programa siguen la cita de Bush con una declaración optimista basada en las ideas de que "el siglo XXI ofrece una promesa singular para Estados Unidos" y que "a pocas naciones en la historia se les ha otorgado una oportunidad tan especial para moldear el futuro.... Estados Unidos puede ayudar a moldear los ideales y las instituciones internacionales durante muchas décadas por venir".
Conforme a la mejor tradición en cuanto a la postura de "vemos con alarma" adoptada por el partido aspirante al poder, la sección de más de 11.000 palabras de los republicanos, dedicada a los asuntos exteriores y titulada "Liderazgo norteamericano con principios" -- sigue a los primeros párrafos optimistas con una condenación en general de las políticas de la actual administración demócrata.
"En los últimos ocho años, la Administración Clinton ha derrochado la oportunidad que el valor y el sacrificio de las generaciones anteriores dieron a Estados Unidos", empieza la acusación.
De conformidad con un tema expresado durante toda la campaña, se acusa a la administración de haber "debilitado durante la década la defensa de Estados Unidos mediante una insuficiencia de recursos, compromisos promiscuos y falta de una estrategia militar con miras al futuro". Mientras tanto, dicen los republicanos, "la arrogancia, inconsistencia e inestabilidad de la diplomacia de la administración han socavado las alianzas estadounidenses, apartado a los amigos y envalentonado a nuestros adversarios".
"Un presidente republicano identificará y perseguirá los intereses nacionales vitales norteamericanos.... Bajo su liderazgo, Estados Unidos aumentará y asegurará la paz. Los republicanos saben lo que se requiere para lograr esto: fuerzas militares robustas, alianzas fuertes, expansión del comercio y una diplomacia resoluta". Con respecto a la defensa en particular, los republicanos proponen restaurar el "desgastado" estado de preparación militar, mientras al mismo tiempo se transforman las capacidades de defensa norteamericanas para la era de la información, asegurando que las fuerzas armadas estadounidenses sigan siendo superiores ante los peligros que surjan".
En cuanto a la amenaza que representan los misiles balísticos, "Estados Unidos debe desplegar lo antes posible defensas efectivas contra misiles, basadas en una evaluación de las mejores opciones disponibles, incluso las lanzadas desde el mar". Y el documento señala que una administración Bush "procuraría un cambio negociado del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM) que permita a Estados Unidos utilizar todas las tecnologías y experimentos para desplegar defensas fuertes contra misiles".
El programa reitera la oposición republicana al Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, "otro anacronismo del obsoleto razonamiento estratégico" en el sentido de que "no es verificable, no es ejecutable y no capacitaría a Estados Unidos a asegurar la confiabilidad de la fuerza disuasiva nuclear estadounidense".
Pasando a cuestiones económicas, los redactores del programa prometen una política comercial basada en mercados mundiales abiertos, en la que los gobiernos "estimulan la iniciativa privada, en lugar de ahogarla". Recomiendan que sé "reacondicionen" pero "no se eliminen" las actuales instituciones financieras internacionales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, para redefinir sus misiones.
El programa prosigue abordando cuestiones de política exterior región por región, empezando con lo que llama "la vecindad de las América", prometiendo relaciones estrechas con democracias claves como Argentina, Brasil y Chile "y -- más que nada -- México". Por el otro lado, no se expandirá las relaciones con Cuba mientras el gobierno de ese país no restaure las libertades civiles; hasta que eso suceda, promete un "respaldo norteamericano activo a los disidentes cubanos".
En el Pacífico, los republicanos postulan una alianza fortalecida con Japón, esfuerzos para disuadir la agresión en la península coreana, promoción de la paz en el Estrecho de Taiwán, y un esfuerzo para "obtener la máxima rendición de cuentas posible" sobre los prisioneros de guerra y los desaparecidos en combate "durante las guerras del Pacífico". Una administración republicana, afirman, "comprendería la importancia de China pero no colocaría a China en el centro de su política asiática".
Los redactores del programa declaran que la seguridad de Estados Unidos es "inseparable de la seguridad de Europa", y desean "una OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que sea fuerte, cohesiva y activa", con los aliados europeos asumiendo una mayor parte de la carga. La expansión de la OTAN debe continuar, y a "Rusia nunca se le debe conceder el veto sobre la expansión".
En cuanto al Medio Oriente, los republicanos fijaron cuatro prioridades: "Primero queremos fomentar y mantener la paz en la región. Segundo, debemos asegurar que Israel permanezca a salvo y seguro. Tercero, debemos proteger nuestros intereses económicos y asegurar un flujo confiable del petróleo del Golfo Pérsico. Y cuarto, debemos reducir el peligro de las armas de destrucción masiva en la región".
El documento -- al afirmar que "en ninguna otra parte los herederos del gobierno republicano han malgastado... tan fatídicamente como con respecto a Irak"-- promete que "una nueva administración republicana reconstruirá pacientemente una coalición internacional opuesta a Saddam Hussein y comprometida a una acción común".
El documento del programa declara que "los republicanos no ignorarán los retos de Afrecha" y promete esfuerzos "para promover la democracia y un gobierno sensato... y la prevención y resolución de conflictos". Los republicanos se esforzarían para ayudar al continente a alcanzar su potencial económico mediante "la aplicación de medidas para reducir las barreras comerciales".
Con respecto a las Naciones Unidas, los republicanos indican su intención de seguir participando en la organización, pero plantean un número de advertencias. "Los efectivos militares norteamericanos nunca deben operar bajo el mando de las Naciones Unidas", dicen, "tampoco estarán sujetos a la jurisdicción de un tribunal penal internacional". Además, Estados Unidos "pagará una parte justa, no desproporcionada, de las contribuciones a las Naciones Unidas una vez que ésta haya reformado su administración y adoptado medidas para eliminar el desperdicio, el fraude y el abuso", y "no financiará organizaciones involucradas en abortos".
En una sección sobre el terrorismo, el crimen internacional y las amenazas cibernéticas, los redactores del programa arguyen que "en ninguna parte ha sido la administración más tímida en proteger los intereses nacionales de Estados Unidos que en el espacio cibernético". Afirman que una administración republicana "colaboraría estrechamente con nuestros socios internacionales y el sector privado" para reducir "la vulnerabilidad de los Estados Unidos al espectro de las amenazas cibernéticas, desde el adolescente que lanza un virus de computadora contagioso hasta la amenaza más avanzada en una guerra informática estratégica".
CUESTIONES QUE PREOCUPAN A LOS VOTANTES ESTADOUNIDENSES
Como suele suceder en tiempos de paz, y ante la ausencia de la Guerra Fría, el público estadounidense tiene hoy como mayor prioridad la solución de los problemas internos, sobre todo, los sociales. Al mismo tiempo, la mayoría de los estadounidenses sigue apoyando la participación activa de su país en el extranjero, particularmente en cuanto a la reducción de la amenaza de las armas nucleares, el terrorismo internacional y el narcotráfico. Refuerza el apoyo a esta participación internacional la creencia compartida por la mayoría de los estadounidenses de que Estados Unidos se ve afectado por lo menos en cierta medida por los conflictos y las crisis económicas y ambientales que acontecen en otras partes del mundo.
CUESTIONES CONSIDERADAS COMO MÁS IMPORTANTES AL VOTAR POR PRESIDENTE
La administración de la economía nacional y la forma de abordar las cuestiones sociales, entre ellas la educación, la atención de salud y la seguridad social, son los criterios de mayor importancia en la selección del mandatario del país. Entre 70 y 75 por ciento del público califica estas cuestiones como muy importantes en las encuestas más recientes (ABC/Washington Post, 4-6 de septiembre Y Gallup, 25-26 de julio). Le siguen en orden de importancia los objetivos de administración del presupuesto federal, la política impositiva, la criminalidad, la defensa nacional, la protección del medio ambiente y el manejo de los asuntos exteriores (entre 55 y 65 por ciento las consideran muy importantes). El comercio exterior, el aborto, el nombramiento de magistrados al Tribunal Supremo y la reforma de finanzas de las campañas políticas son cuestiones de menos importancia al decidir a qué candidato presidencial darán su voto (entre 30 y 45 por ciento las consideran de mucha importancia).
PROBLEMAS MÁS IMPORTANTES DE POLÍTICA EXTERIOR
Han sido pocas las encuestas realizadas sobre cuestiones específicas de la política exterior durante esta campaña electoral. El año pasado (en marzo de 1999), el Centro de Investigación Pew solicitó a los encuestados que categorizaran la prioridad - de "ninguna prioridad" a "máxima prioridad" -- que Estados Unidos debía conceder a diversas cuestiones de política exterior. Encabezaron la lista dos ejemplos de proliferación de armas nucleares (Corea del Norte e India/Pakistán) y la reducción del terrorismo internacional y el narcotráfico (un 75 por ciento las calificó como cuestiones de "máxima prioridad"). Alrededor de 60 por ciento coincidió en que son cuestiones de máxima prioridad la protección del medio ambiente en todo el mundo, el mantenimiento de un sistema financiero internacional estable, "sacar a Saddam Hussein de Irak" y vigilancia cuidadosa del "surgimiento de China como potencia internacional". Asignaron un poco menos prioridad al manejo de las cuestiones comerciales, la promoción de los derechos humanos en general, el fin al conflicto étnico en los Balcanes y la mediación de un acuerdo de paz entre israelíes y árabes (un 40 por ciento las consideró cuestiones de "máxima prioridad").
EL APOYO A LA FUNCION ACTIVA DE ESTADOS UNIDOS
EN EL EXTRANJERO SOBREVIVE LA GUERRA FRIA
Dos terceras partes del público estadounidense continúa apoyando que Estados Unidos "desempeñe una función activa" en los asuntos mundiales (65%, como promedio, en dos de las encuestas Gallup efectuadas en 1999), en lugar de que se "mantenga apartado" de los asuntos mundiales (un 31%). El apoyo para una función generalmente activa de Estados Unidos en el extranjero se ha mantenido bastante estable desde que estas mediciones comenzaron hace 50 años y ha registrado variaciones desde una proporción más bien baja de casi 60 % a favor de la "participación activa" de Estados Unidos en los asuntos mundiales hasta ascender a casi 80 % (como fue el caso inmediatamente después de la guerra del Golfo Pérsico). El nivel actual de apoyo se acerca al promedio obtenido de las respuestas a esta pregunta en más de 40 encuestas realizadas entre 1945 y 1998 (66%).
De igual manera, el Centro Pew de Investigaciones reveló en marzo de 1999 que un 68%, como promedio, favorece la postura internacionalista que se obtiene de las respuestas a tres preguntas, en comparación con la cifra promedio de 24 % que apoya una postura aislacionista (abstención de participación). Esta cifra incluye una mayoría de 65 contra 26% que está de acuerdo con lo que expresa la frase, "Estados Unidos debería cooperar plenamente con las Naciones Unidas". El análisis de esta y otras encuestas indican que la mayoría, dos terceras partes de los estadounidenses, que está a favor de una función activa y cooperadora de Estados Unidos en el extranjero está dividida en dos grupos: Aproximadamente una tercera parte del público apoya una función de liderazgo relativamente más fuerte, con Estados Unidos como la más activa de las naciones principales. Casi otra tercera parte prefiere una función más limitada en el extranjero en la que Estados Unidos comparte el liderazgo en condiciones más o menos equitativas con los demás países principales.
APOYO CONSIDERABLE DE LAS ÉLITES ESTADOUNIDENSES A LA FUNCIÓN ACTIVA DE LIDERAZGO DE ESTADOS UNIDOS
Casi todos los líderes estadounidenses de las diversas organizaciones gubernamentales y privadas que han sido encuestados en los últimos años han expresado su apoyo continuo a la participación activa de Estados Unidos en los asuntos mundiales (entre 96 y 98 % en seis encuestas realizadas entre 1978 y 1998 por Gallup para el Consejo de Relaciones Exteriores de Chicago). Otras encuestas han revelado que casi dos terceras partes de las élites estadounidenses están a favor de una función de liderazgo fuerte de Estados Unidos en el extranjero, con Estados Unidos como la más activa de las naciones principales, en comparación con una tercera parte del público que favorece esta función. Las élites suelen estar más a favor que el publico en que Estados Unidos tome medidas unilaterales en casos de crisis, cuando los líderes consideran importante intervenir pero carecen del apoyo de nuestros aliados: Un 44% de las élites estadounidenses apoyan (con un 48% en contra) las medidas unilaterales de Estados Unidos, de ser necesarias, en casos de crisis, en comparación con sólo un 21% del público a favor (con 72% en contra) de medidas unilaterales en tales casos, (según la encuesta Gallup/Consejo de Chicago, 1998).
El apoyo del público a una intervención de Estados Unidos en el extranjero ha sido generalmente mayor al tratarse de misiones de carácter multinacional, y no unilateral. La mayoría de los estadounidenses se ha mostrado dispuestos a utilizar unilateralmente las fuerzas militares del país para defender los intereses vitales de seguridad de Estados Unidos o bien para emprender acciones no muy costosas con fines humanitarios o antiterroristas. Sin embargo, el apoyo de la mayoría para la participación de Estados Unidos en las misiones de mantenimiento de paz se ha condicionado usualmente a que éstas sean parte de un esfuerzo multilateral.
Por ejemplo, 57% del público opina que Estados Unidos por lo general debería estar dispuesto a "formar parte de una fuerza internacional de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz en lugares del mundo donde hay disturbios" contra un 20 % que es partidario de que "dejemos esa tarea a otros países". Una minoría significativa (16%) expresó la opinión de que la participación de Estados Unidos debería "depender de las circunstancias (Gallup/Consejo de Chicago, 1998). El apoyo a una intervención en particular de Estados Unidos dependería de factores determinantes de una situación (por ejemplo, la amenaza percibida, la importancia del área o país en peligro, las probabilidades de lograr los objetivos de la misión con los medios disponibles), así la actitud general del público hacia la participación internacional de Estados Unidos.
LA PERCEPCIÓN DE INTERDEPENDENCIA REFUERZA EL APOYO A LA FUNCIÓN ACTIVA EN EL EXTRANJERO
Más de cuatro quintas partes del público considera que Estados Unidos se ve afectado grandemente (51%) o por lo menos en parte (36%) por las "guerras y trastornos en otras partes del mundo" en comparación con la opinión de una de cada diez personas que piensa que Estados Unidos se ve poco o nada afectado por tales acontecimientos. Casi igual número de estadounidenses cree que las "prácticas ambientales" (46%) y las "condiciones económicas" (44%) en otros países tienen mucho impacto en Estados Unidos (Aspen Institute/Belden Associates, enero y febrero de 2000).
NUEVO RESPONSABLE DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE ESTADOS
De 63 años, es el responsable de la política exterior como secretario de Estado. Miembro también de la administración del padre del actual presidente, fue jefe del Estado Mayor durante la guerra del Golfo. Poco partidario de intervenciones militares en el exterior, recomendó en el mes de diciembre una retirada de los soldados estadounidenses de los Balcanes. De gran popularidad, es el primer representante de raza negra en ocupar este cargo. Actualmente era miembro de la junta de directores de la empresa de Internet American Online.
Powell, que participó como oficial en la guerra de Vietnam, es un decidido partidario de recurrir a la fuerza sólo como último recurso y cuando hay certeza absoluta de una capacidad de fuego abrumadora sobre el enemigo y una clara estrategia de salida, tiene que convencer a sus aliados de que es lealmente partidario del reforzamiento del Tratado de la Organización del Atlántico Norte y, por tanto, de compartir las cargas que eso supone.
“El general Colin Powell es un héroe americano, un ejemplo americano y una gran historia americana. No sé de ninguna persona mejor que Colin L. Powell para ser el rostro y la voz de la diplomacia estadounidense. El mundo verá lo mejor de los Estados Unidos de América, adondequiera que él vaya, y se encuetre con quien se encuentre. En este cargo, sigue los pasos no sólo de Jefferson, sino también de uno de sus héroes personales, el general George C. Marshall. Y yo diría del general Powell lo que Harry Truman dijo del general Marshall. Es una torre de fortaleza y sentido común. Cuando uno encuentra a alguien así tiene que aferrarse a ellos. Yo he encontrado ese hombre".
Incluso en esta época de orgullo y optimismo, Estados Unidos tiene enemigos resueltos que odian nuestros valores y resienten nuestro éxito --terroristas, sindicatos del crimen, carteles de las drogas y dictadores desequilibrados. El imperio se terminó, pero el mal queda.
Para la defensa de nuestra nación, un presidente debe tener visión clara y ser realista. Hay límites a las sonrisas y ceños fruncidos de la diplomacia. No se detiene a los ejércitos y los misiles con notas severas de condena. Se los para con poderío, resolución y la promesa de un castigo rápido.
La indecisión de Bush respecto a Kosovo
Se puede argüir que la indecisión de Bush en declarar claramente su política respecto a la crisis en Kosovo fue su error en política exterior más costoso de su campaña. Cuando estalló la crisis en marzo de 1999 el senador John McCain, en ese entonces rival de Bush en las elecciones primarias presidenciales del partido Republicano, declaró inmediatamente que si Estados Unidos empleaba fuerza debía hacerlo para ganar y no debía descartarse el uso de fuerzas terrestres. Esta posición, aunada a la reputación de McCain como héroe de la guerra de Vietnam, dieron a éste una enorme presencia nacional en los noticiarios y programas de charlas en televisión. En contraste, Bush evitó durante varias semanas hacer una declaración clara sobre la crisis, antes de hacer eco finalmente de la posición de McCain. Esta demora pudo ser en parte consecuencia de la cautela del candidato que tiene la ventaja en la campaña, pero, según se informa, reflejó también la división entre los asesores de Bush en cuanto a política exterior. Cualquiera que fuera la razón para la indecisión de Bush, este episodio marcó claramente el comienzo del ascenso de McCain respecto a los otros precandidatos republicanos, lo que a la postre le ayudó para forzar a Bush a embarcarse en una lucha más prolongada, costosa y políticamente perjudicial por la candidatura. Las encuestas en abril y mayo en Nueva Hampshire revelaron el ascenso de McCain al tercer lugar como precandidato presidencial por el partido Republicano, después de Bush y Elizabeth Dole, y en las encuestas nacionales McCain pasó de 3% en marzo a 6% en mayo.
Fracaso de Bush en "preguntas imprevistas"
Entre las metidas de pata de Bush más conocidas están el que sólo pudo mencionar uno de los cuatro líderes extranjeros incluidos en unas "preguntas imprevistas" que le hizo un reportero en noviembre de 1999, y que con frecuencia aplica gentilicios equivocados (como por ejemplo al referirse a las personas de Grecia). Estos errores no causaron una caída inmediata o pronunciada en la posición de Bush en las encuestas. En ese momento, la atención del público a las campañas era limitada, además, el público distingue entre conocimiento fundamental de detalles de política y discernimiento en una crisis. La forma defensiva en que Bush respondió a la prueba imprevista, sin embargo, así como el recuerdo de errores anteriores al referirse a personas de naciones extranjeras, otorgó al incidente larga vida y redujo la confianza del público en el conocimiento que tiene Bush de los asuntos exteriores. La base de datos Lexis-Nexis de artículos de prensa contiene 96 artículos que se refieren a Bush y el incidente de la preguntas imprevistas publicados durante la semana que siguió a la prueba y 236 artículos hasta finales de diciembre de 1999. De septiembre de 1999 a mediados de septiembre de 2000, la misma base de datos contiene 91 artículos noticiosos que incluyen la palabra Bush y la palabra que usó al referirse a las personas de Grecia, y aun para el final de este período continuaban con una frecuencia de 1 a 2 artículos por semana. Según encuestas de opinión pública, la confianza en que Bush podría hacer "un buen trabajo" en política exterior descendió de 61 por ciento, a mediados de septiembre de 1999, a 55 por ciento, a mediados de enero de 2000. En diciembre de 1999 las encuestas indicaban que 58 por ciento del público pensaba que Gore sabía lo suficiente de asuntos extranjeros como para ser un buen presidente, a diferencia del 44% que pensaba lo mismo de Bush. En contraste, la evaluación del público del conocimiento de los dos candidatos en materia de políticas de economía y educación tenía una diferencia de 1 o 2 por ciento. La gran brecha en la percepción del público respecto al conocimiento relativo de asuntos extranjeros de los candidatos continuaba hasta finales de la primavera y el público daba a Gore una ventaja de cinco o seis por ciento en cuanto a la "comprensión de cuestiones complejas" y "tener el conocimiento necesario para ser presidente".
A pesar de la poca importancia que el público otorga a la política exterior y la menor diferencia en este campo entre los partidos Demócrata y Republicano desde el final de la Guerra Fría, el público todavía toma en consideración los principios, competencia y aptitud para manejar una crisis de política exterior de los candidatos presidenciales. Dentro de este contexto, las metidas de pata pueden tomar una importancia poco común. No necesariamente pesan más que las posiciones o errores en cuestiones de política interna, pero en una contienda reñida como la campaña de 2000, pueden significar un cambio en los resultados. Cualquier error en política exterior que cometa uno de los candidatos en los debates, en declaraciones o durante una crisis antes de las elecciones tomará una importancia aún mayor que los errores cometidos anteriormente en la campaña, cuando el público prestaba menos atención. Hasta ahora la ecuación de la política exterior ha sido ventajosa para Gore, pero queda por ver si ése es el caso el día de las elecciones.
Madrid, 7 de enero de 2001.
Abc, desde octubre de 2000 hasta enero de 2001.
El Mundo, desde octubre de 200 hasta enero de 2001.
Diario 16 y El País, números puntuales del mes de noviembre.
PERSPECTIVA REPUBLICANA: LA MANERA EN QUE ATENDEMOS LAS RELACIONES CON RUSIA, CHINA E INDIA
Entrevista con el embajador Richard Armitage Asesor principal de política exterior y defensa nacional del gobernador George W. Bush .
Entre los elementos principales de la política exterior de los republicanos figura "la manera en que atendemos la ascendencia de dos grandes potencias -- China e India -- y además, por lo menos temporalmente, cómo atendemos la declinación de otra gran potencia, la Federación Rusa", afirma el embajador Richard Armitage, asesor principal del gobernador George W. Bush sobre política exterior y defensa nacional. Armitage ocupó cargos principales como mediador y negociador en los Departamentos de Estado y Defensa, así como en el Congreso. En lo que respecta a la Defensa Nacional contra Misiles, afirma que George Bush desea desplegar "tan pronto como sea posible" un sistema de defensa contra misiles y agrega, "Creo que la diferencia mayor entre nosotros y los demócratas radica en la medida en que deseamos el sistema". El embajador Armitage fue entrevistado por la redactora colaboradora Susan Ellis.
Pregunta: En su opinión, ¿En qué medida desempeña la política exterior una función en la actual campaña presidencial?
Armitage: A menos que surjan problemas mayores, yo no creo que la política exterior desempeñará un papel importante en esta campaña, y por supuesto esperamos que no ocurran problemas mayores.
Pregunta: ¿Hay algunas cuestiones de política exterior que podrían influir en el resultado de la elección?
Armitage: Siempre hay cosas que podrían ocurrir entre ahora y las elecciones y que pueden influir en el resultado, y por cierto hay cosas que suscitan interrogantes: una de ellas la manera en que el vicepresidente manejó la Comisión Gore-Chernomyrdin, en un momento en que los cofres rusos se vaciaban; la estrategia en Asia hacia China, es otra. Existen interrogantes valederos sobre la conexión que existe entre la política hacia China, en el terreno de la política exterior, y la recaudación de fondos, en el terreno interno.
Pero francamente, no creo que éstas sean ahora preocupaciones mayores en las mentes del pueblo norteamericano.
Pregunta: ¿Ve usted diferencias filosóficas básicas entre los republicanos y los demócratas en lo que respecta a cuestiones de política exterior?
Armitage: Oh, por supuesto. Comencemos con el comercio. Los republicanos, y por supuesto George W. Bush, están mucho más orientados hacia el libre comercio. El gobernador Bush ha respaldado firmemente la inclusión de China en la OMC, y considera la liberalización del comercio como una marea ascendente que levanta a todas las embarcaciones. Su discurso reciente sobre el Hemisferio Occidental estuvo repleto de referencias sobre un programa comercial expandido con nuestros vecinos del sur.
Ya he aludido a que existe una diferencia mayor en Asia, donde los republicanos, generalmente, creen que nuestra relación estratégica más importante es con Japón, y aparentemente los demócratas consideran que la relación estratégica más importante es con un país comunista, China.
Otro factor importante en la manera en que los republicanos encararían la política exterior es el uso enérgico de alianzas. Nosotros creemos en ellas. George Bush cree firmemente en la necesidad de fomentar y mantener las alianzas, y cree que si se va a depender de los aliados en tiempos de dolor y dificultades, se los debe respetar en tiempos de paz y estabilidad. Es decir, es importante mantener relaciones buenas y constantes con nuestros amigos y aliados.
Por último, creo que la mayor diferencia, y lo digo en una frase, es que George Bush tiene muy presente la necesidad de ser excelente en el terreno internacional sin ser arrogante. Y no creo que esto sea algo que la actual administración pueda decir.
Pregunta: ¿Cuál cree usted que es el área de desacuerdo más importante en cuanto a política exterior entre los dos candidatos presidenciales?
Armitage: Creo que existen varias diferencias de hincapié. Por ejemplo, incluso esta mañana, el señor Bush pronunció un discurso importante de política exterior sobre el Hemisferio Occidental, en el que declaró su intención de prestar atención completa a los temas importantes que afectan a los países en nuestra propia vecindad.
Segundo, el señor Bush ha expresado mucho interés, como ya he aludido, en la necesidad de fomentar y fortalecer nuestras alianzas.
Tercero, tenemos una diferencia de opinión con los demócratas en cuanto a Asia y dónde radican nuestros intereses. Los republicanos, generalmente, creemos que nuestros intereses radican en tener una relación estrecha y congenial con nuestro principal socio democrático en Asia, y éste es Japón. Después de todo, es la relación con Japón la que permite a Estados Unidos efectuar toda su cooperación en materia de seguridad en Asia. Nuestra capacidad de usar las bases japonesas nos permite mantener una presencia militar en todo Asia, así como preservar la paz y estabilidad en el noreste asiático. Esta relación debe fomentarse y restaurarse. De manera que éstas son algunas de las diferencias.
Pregunta: ¿Qué temas de política exterior son de importancia primordial para el Partido Republicano en este momento?
Armitage: Principalmente, consideramos que los elementos primordiales de la política exterior republicana son la manera en que abordamos la ascendencia de dos grandes potencias -- China e India -- y, por lo menos temporalmente, la declinación de otra gran potencia, la Federación Rusa. Y debemos abordar estos tres acontecimientos simultáneamente en forma tal que produzca estabilidad y paz en general y, con esperanza, prosperidad para todos. Y ésta es una tarea muy difícil.
Reconocemos el deseo y el derecho de India y China de ocupar un lugar en el escenario mundial. Una adición benigna, estable y económicamente saludable al escenario del mundo será muy bien acogida. Pero deseamos que esto se logre con un mínimo de desorganización de la estabilidad regional. Con respecto a Rusia, comprendemos el golfo profundo que existe entre sus aspiraciones nacionales por un lado y su capacidad nacional por el otro. Debemos ser respetuosos en nuestros tratos con Rusia, y firmes a la vez en cuanto a la necesidad de franqueza política, incluso la libertad de prensa.
Pregunta: ¿Cuál es la opinión de George W. Bush con respecto al sistema de Defensa Nacional contra Misiles (NMD) y en qué forma difiere de la postura demócrata?
Armitage: Primero que nada, el señor Bush ha indicado que desea desplegar lo antes posible una defensa nacional contra misiles efectiva. Creo que la mayor diferencia entre nosotros y los demócratas radica en la medida en que deseamos el sistema. El señor Bush desea un sistema de defensa contra misiles para proteger a nuestros ciudadanos. Creemos que los demócratas están haciendo un mínimo absoluto en calmar al Congreso y al público norteamericano sin hacer nada que sea realmente significativo en cuanto a la creación de ese sistema.
Pregunta: Usted se refirió a la necesidad de fomentar nuestras alianzas con otros países. ¿Cómo abordaría una administración republicana las preocupaciones expresadas por los aliados de Estados Unidos en cuanto a un sistema NMD y la no ratificación por Estados Unidos de un Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCE)?
Armitage: Bueno, éstas son dos cosas diferentes. Primero que nada, con respecto al NMD y a nuestros aliados, mi primera sugerencia sería cambiar la terminología de "defensa nacional contra misiles" a "defensa aliada contra misiles". Creo que si indicáramos claramente que lo que nos protege a nosotros puede proteger en gran medida a nuestros aliados, podría haber una opinión diferente acerca de esto.
Acerca del TPCE, el punto de vista republicano ha sido discutido muchas, muchas, veces. No tenemos por costumbre ratificar tratados que no son verificables. Creo que una administración republicana estaría mucho más inclinada a negociar un tratado bien fundado y que contenga medidas de verificación que pasen exitosamente un escrutinio.
Pregunta: ¿Cómo responde a la crítica de algunos demócratas de que George W. Bush carece de experiencia en materia de política exterior?
Armitage: George W. Bush ha sido el gobernador de un estado. Podría responder, si quisiera ser chistoso, diciendo que el vicepresidente Gore carece de experiencia ejecutiva. Después de todo, ha estado en el Congreso de Estados Unidos, que no es un organismo ejecutivo, y ha sido vicepresidente, en cuyo cargo no tuvo deberes ejecutivos.
Pero creo que prefiero concentrarme en las áreas en que George Bush tiene experiencia -- es decir, en la toma de decisiones y no en pasar la responsabilidad a otro, y en asumir la responsabilidad por sus acciones.
Más precisamente, como gobernador de Texas ha mantenido una relación sólida y bien desarrollada con México y otros países del hemisferio sur, por lo tanto, es injusto calificarlo de neófito en el mundo de las relaciones exteriores.
Pregunta: ¿Cree usted que los dos partidos políticos más importantes podrían hacer un mejor trabajo en manejar cuestiones de política exterior durante las campañas presidenciales? Y de ser así, ¿qué consejo les ofrecería usted para mejorar el trato de la política exterior en las elecciones norteamericanas?
Armitage: Bueno, están aquellos que creen que la política exterior no debería ser una cuestión partidista. Yo mismo creo que la política exterior debería disfrutar de un debate muy a fondo, igual como cualquier otro asunto, ya sea los impuestos o las cuestiones sociales o cualquier otra cosa.
El último voto verdaderamente bipartidista en el Congreso de Estados Unidos, que yo pueda recordar, acerca de una cuestión de política exterior, fue la resolución sobre el Golfo de Tonkin, en 1964, que autorizó la acción presidencial en Vietnam, cosa que no resultó muy bien. Por lo tanto, no creo que debiéramos seguir insistiendo en un bipartidismo; éstas son cuestiones con sabor partidista, número uno.
Número dos, creo que para involucrar más al público norteamericano en el debate, debemos volver a lo básico y tratar de desarrollar en nuestras escuelas y en nuestras instituciones de enseñanza superior una apreciación mayor, no solamente de la historia mundial y de las culturas extranjeras, sino por el hecho de que -- aun siendo una gran potencia y tal vez por algún tiempo el país más poderoso del mundo -- somos ciudadanos del mundo y debemos interesarnos más en las actividades del mundo. Algunas escuelas lo hacen.
Creo que en este sentido hay noticias buenas y malas. La buena noticia es que en una época de relativa paz nuestros ciudadanos se concentran en otras cosas, y eso es bueno. No deseamos que haga falta una crisis mundial trágica para atraer la atención de la gente. Pero la mala noticia es que, por un tiempo, la gente está ocupada con otras cosas en lugar de pensar en nuestras responsabilidades y obligaciones en el mundo.
Pregunta: ¿Cómo evaluaría usted el conocimiento del público norteamericano y su interés en materia de relaciones exteriores?
Armitage: Esta es una pregunta interesante. Por un lado, más norteamericanos que nunca viajan al exterior. Nuevamente se está desarrollando en Estados Unidos una cultura inmigratoria muy vibrante, otra ola. Las tasas de nacimientos son bajas en este país, sin embargo, nos sostenemos con inmigrantes valiosos que aportan pericias, energía y resonancia a nuestra sociedad. Y esto es algo que nos beneficia como nación y creo que nos hace más eclécticos como sociedad. Por lo tanto, desde este punto de vista, los norteamericanos están muy involucrados en asuntos internacionales.
Ahora bien, si se trata de conocimientos específicos sobre diferentes países extranjeros, y por cierto en lo que respecta a las habilidades lingüísticas, creo que los norteamericanos se quedan muy atrás. Tal vez deberían emplear algún tiempo más en profundizarse realmente en otras culturas, incluyendo los idiomas.
Pregunta: ¿Qué piensa acerca de la función y el carácter de la política de seguridad nacional en las elecciones, ahora que la Guerra Fría ha pasado a la historia?
Armitage: En este mismo momento hay un debate en las esferas de seguridad nacional acerca del estado de nuestras fuerzas militares. Se trata del estado de preparación. No hay ninguna duda, y creo que los demócratas estarán de acuerdo, que las fuerzas armadas norteamericanas son las mejor entrenadas y mejor equipas del mundo.
El debate gira alrededor de la dirección en que están encaminadas las fuerzas militares. Nosotros en el lado republicano creemos que ha habido una declinación en el estado de preparación. Observamos que en este último año de la administración Clinton hubo un aumento en el presupuesto de defensa. Esto no es diferente que en 1980, el último año de la administración de Jimmy Carter. Pero no creo que esto engañe a nadie.
El secretario de Defensa Cohen probablemente ha hecho grandes esfuerzos para tratar de promover el debate sobre la defensa. Pero no fue hasta el año pasado que logró convencer al presidente a que pusiera en lugar un presupuesto militar más robusto. Usted notará que en años anteriores, la orientación del presupuesto no fue muy congenial en cuanto a arreglar nuestro estado de preparación. No fue congenial en absoluto en cuanto a recapitalizar en nuestras cuentas de adquisiciones. Y la extensión excesiva de las fuerzas armadas -- es decir, su uso en tantos lugares diferentes al mismo tiempo -- ha impedido seriamente el proceso de entrenamiento y ha perjudicado la moral.
Más allá de la cuestión inmediata del estado de preparación, está la cuestión de cómo transformamos a nuestras fuerzas militares y, por extensión, nuestra política de seguridad nacional, para que puedan enfrentar las nuevas misiones y retos del siglo XXI -- por ejemplo, cómo proyectar nuestro poderío sin tener acceso a bases avanzadas; cómo llevar a cabo operaciones en un entorno urbano; cómo manejar conflictos en el espacio; cómo entendérnoslas con la seguridad y el dominio de la informática. Estas son áreas de gran debate estos días entre los republicanos y los demócratas. Por lo tanto el debate se ha limitado a argumentos sobre el estado de preparación y a indicadores numéricos estériles. El gobernador Bush desea ampliar el debate de modo que incluya cómo podremos aprovechar mejor todas las palancas de nuestro poderío nacional, no solamente el Departamento de Defensa, para producir un entorno de seguridad nacional más estable. Entonces podremos arribar a la cuestión de cuál de los partidos está mejor preparado para llevarnos hacia un futuro nuevo y estable.
Pregunta: ¿Cuál sería la prioridad máxima en materia de política exterior de una administración Bush?
Armitage: Bueno, pienso que sería, como lo he indicado anteriormente, ser excelentes en el entorno internacional sin ser arrogantes. Una cosa es ser, por un tiempo, el primero entre iguales, o como diría el periodista Charlie Krauthammer, la "única superpotencia", con intereses en todas partes del mundo, sin cuya participación nada muy significativo puede ocurrir en ninguna parte del mundo. Una cosa es saber que éste es el caso; otra cosa totalmente es proclamarlo, diciendo que somos la potencia indispensable.
El señor Bush cree que deberíamos ser mucho más callados y excelentes y ser "la ciudad resplandeciente en la cima de la colina" debido a nuestra excelencia, no a nuestra retórica.
Dice George W. Bush mientras era gobernador de Texas en el discurso sobre política exterior más conocido de su campaña, en Simi Valley, California, el pasado mes de septiembre.
Declaraciones de George W. Bush
Ralph Dannheisser, redactor colaborador en la elaboración de las campañas políticas en Estados Unidos.
Todas las citas de este apartado han sido extraídas del discurso sobre política exterior de George W. Bush.
Encuesta realizada bajo la supervisión de Alvin Richman, principal especialista de Investigación de la Oficina de Investigación del Departamento de Estado de Estados Unidos.
Abc, 17 de diciembre de 2000.
Declaraciones hechas por George W. Bus, antes de que Powell fuese elegido como secretario de estado.

References: resolución 
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