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REALIDAD JURÍDICA DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS EN LA CUENCA DEL ALTO GUADIANA
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María Jesús Mora Blázquez
1 REALIDAD JURÍDICA DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS EN LA CUENCA DEL ALTO GUADIANA 1. INTRODUCCIÓN 2. MARCO LEGAL Y COMPETENCIAS 2.1 LA DIRECTIVA 2000/60/CE 2.2 TEXTO REFUNDIDO DE LA LEY DE AGUAS Y OTRAS DISPOSICIONES 2.3 MARCO COMPETENCIAL ESPAÑOL REPERCUSIÓN DE LA DIRECTIVA 2000/60/CE EN EL RÉGIMEN COMPETENCIAL ESPAÑOL 3. AGUAS SUBTERRÁNEAS. CONFLICTOS ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO 3.1 PROBLEMAS JURÍDICOS DERIVADOS DE LA DEMANIALZACIÓN DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL 227/1988, DE 29 DE NOVIEMBRE 3.2 ACTUACIÓN DE LOS PODERES PÚBLICOS ANTE LOS CONFLICTOS JURÍDICOS EN MATERIA DE AGUAS SUBTERRÁNEAS LA DISPOSICIÓN TRANSITORIA SEGUNDA DE LA LEY DEL PLAN HIDROLÓGICO NACIONAL LOS INTENTOS DE ACTUALIZACIÓN DE REGISTROS Y CATÁLOGOS 4. LA CUENCA DEL ALTO GUADIANA, FOCO FUNDAMENTAL DEL CONFLICTO 4.1 APUNTES SOCIOECONÓMICOS DE ÁMBITO TERRITORIAL 4.2 SITUACIÓN AGRONÓMICA ACTUAL 4.3 PRESIONES E IMPACTOS EN AGUAS SUBTERRÁNEAS 4.4 EL PLAN ESPECIAL ALTO GUADIANA 4.5 REALIDAD JURÍDICA ACTUAL 5. CONCLUSIONES 1
2 1. INTRODUCCIÓN A cualquiera que esté familiarizado con el Derecho de Aguas, el enunciado del epígrafe 2 de este trabajo puede parecerle demasiado ambicioso. Para evitar que el autor pueda ser calificado de pretencioso, creo conveniente aclarar de inicio algunas cuestiones sobre el alcance pretendido con estas páginas. A lo largo de la lectura de este trabajo podrá constatarse como se desciende de lo general a lo particular. Sólo las cuestiones relacionadas con las aguas subterráneas y, en particular, las ubicadas en la Cuenca del Alto Guadiana se abordarán con cierto grado de exhaustividad, mas se me antoja oportuno exponer un marco general en materia de Derecho de Aguas que a su vez me permita introducir algunas cuestiones a tener en cuenta, fundamentalmente, a la hora de entender y proponer actuaciones destinadas a solventar los abundantes conflictos relacionados con las aguas subterráneas en muchas zonas de España y, concretamente, en la Cuenca del Alto Guadiana. En cuanto al título del trabajo, éste obedece a la opinión que el autor tiene de que las diferentes medidas que el legislador ha tomado desde la aprobación de la Ley de Aguas de 2 de agosto de 1985, en su mayoría tendentes a dotar de alcance a la calificación jurídica de bien de dominio público estatal que en el citado texto legal se da a las aguas, han tenido un tímido reflejo en la situación jurídica práctica de las aguas subterráneas estatales. El particularizar además la cuestión en la cuenca del alto Guadiana se debe a la creciente judicialización de las relaciones entre particulares y Administración en materia de aguas, y a la delicada situación que atraviesan los acuíferos situados bajo la Cuenca del Alto Guadiana. Por último, aclarar que algunos de los problemas que aquí expondré, referentes a la aplicación real y al grado de cumplimiento de la legislación vigente en materia de aguas subterráneas, son fruto de la experiencia del trato mantenido con quienes se han visto directamente afectados por decisiones de la Administración tomadas en aplicación de la legislación de aguas, llegando en muchos casos a un contencioso que en no pocas ocasiones se ha resuelto favorablemente a los intereses del afectado. 2
3 2. MARCO LEGAL Y COMPETENCIAS No es objetivo de este trabajo realizar un estudio detallado de la evolución y situación del Derecho de Aguas español. Únicamente expondré algunas cuestiones sobre el marco normativo actual que pueden ser útiles a la hora de entender la realidad jurídica de las aguas subterráneas peninsulares y, más concretamente, las ubicadas en la Cuenca del Alto Guadiana. Para la exposición de dichas cuestiones comenzaré por la normativa europea, para después pasar a la estatal y, finalmente, detenerme en las relaciones entre Comunidades Autónomas y Estado en lo que al agua se refiere. 2.1 LA DIRECTIVA 2000/60/CE La Directiva 2000/60 del Parlamento y el Consejo europeo, también conocida como Directiva Marco de Aguas (en adelante, DMA), es el resultado de un proceso de negociaciones entre Comisión, Consejo, Parlamento y Estados miembros. Persigue dar cumplimiento, en lo que a materia de aguas se refiere, al artículo 174 del Tratado Constitutivo de la Comunidad Europea, donde se establecen los objetivos que ha de perseguir la política de la Comunidad en lo referente al medio ambiente, y su aprobación se fundamenta en lo establecido en el artículo 175 de este mismo tratado. En este último artículo se establecen dos procedimientos para decidir las acciones que deba emprender la Comunidad para la realización de los objetivos fijados en el artículo 174, uno de mayoría cualificada y otro por unanimidad. Se tomarán por unanimidad, entre otras decisiones, las encaminadas a adoptar medidas que afecten a la gestión de los recursos hídricos. Una rápida interpretación puede inducir a pensar que la DMA debiera haber sido aprobada por unanimidad del Consejo, es decir, de los Estados miembros, sin embargo, lo fue por mayoría cualificada. Esto encuentra justificación en un documento del Servicio Jurídico del Consejo que dio base a la decisión de anular una demanda interpuesta por España contra la 3
4 decisión 97/825/CE, encaminada a garantizar la protección y el uso sostenible del Río Danubio 1. Las divergencias fueron fruto de las diferentes interpretaciones que se dieron a la expresión gestión de los recursos hídricos. Mientras que para España no existiría diferencia entre gestión de recursos hídricos y gestión de aguas, para el Consejo de la Unión Europea, apoyado por numerosos Estados miembros y por la Comisión, la gestión de los recursos hídricos tiene un carácter más restrictivo que la gestión de las aguas, y se centraría únicamente en los aspectos cuantitativos pero no así en los cualitativos. No me detendré a exponer lo que unos y otros argumentaron para justificar sus respectivas interpretaciones. La cuestión es que la polémica se resolvió favorablemente a la distinción entre recursos hídricos y agua, lo que tendrá como consecuencia el que, con posterioridad, la DMA, cuyo planteamiento es fundamentalmente medioambiental, pueda ser aprobada por el procedimiento común del párrafo 1º del artículo 175. Asimismo, esta distinción en el trato del agua, según se trate de aspectos cuantitativos o cualitativos, fue introducida expresamente por el Tratado de Niza, que modificó el párrafo 2º del artículo 175, que quedó redactado como sigue: b) la gestión cuantitativa de los recursos hídricos o que afecten directa o indirectamente a la disponibilidad de dichos recursos. Lo más arriba expuesto es, en mi opinión, de capital importancia, pues si fue argumento para la aprobación por el procedimiento común el carácter medioambiental y, por tanto, el trato cualitativo del agua de la DMA, no cabe sino admitir como inevitable su marcada falta de atención a los aspectos de cantidad para centrarse únicamente en la calidad del agua, a mi juicio derivada de la preponderancia a la hora de elaborar la Directiva de países con nulos problemas de escasez de agua en los que, ni mucho menos, tienen 1 Véase, a este respecto, Carolina Villar, P. La Evolución de la Tutela Jurídica de las Aguas en el Derecho comunitario, en Medio Ambiente y Derecho, revista electrónica de Derecho ambiental, nº 20, enero de
5 la tradición de ingeniería hidráulica existente en España. Así se evidencia al constatar que las pocas y breves alusiones que a los aspectos cuantitativos del agua se hacen, son en función de la calidad de la misma. En este sentido, en el considerando 19 se afirma que el control cuantitativo es un factor de garantía de una buena calidad de las aguas y, por consiguiente, deben establecerse medidas cuantitativas subordinadas al objetivo de garantizar una buena calidad. No seré yo quien niegue veracidad a esta afirmación, lo que ocurre es que en determinadas regiones el control cuantitativo es algo más que un factor de garantía de una buena calidad de las aguas. En cualquier caso, es evidente que la mente del legislador europeo no alberga idea alguna sobre la posibilidad de que el agua, de verdad, escasee, y, puestos a soslayar los aspectos cuantitativos, mejor sería haberlo hecho de todas, todas, pues la forma en que se abordan dichos aspectos en el citado considerando19, no supone sino una coartada (intencionada o no) para justificar ciertas posiciones partidarias de la inamovilidad de las aguas en base a preservar la calidad de las mismas. Se trata, pues, de una limitación de posibles medidas de carácter cuantitativo al amparo de la búsqueda de fines cualitativos. Para el fin de este trabajo, creo conveniente exponer las definiciones que en la DMA se dan de cuenca hidrográfica y demarcación hidrográfica: se define cuenca hidrográfica como la superficie de terreno cuya escorrentía superficial fluye en su totalidad a través de una serie de corrientes, ríos y, eventualmente, lagos hacia el mar por una única desembocadura, estuario o delta ; y se define demarcación hidrográfica como la zona marina y terrestre compuesta por una o varias cuencas hidrográficas vecinas y las aguas subterráneas y costeras asociadas, designada con arreglo al apartado 1 del artículo 3 como principal unidad a efectos de la gestión de las cuencas hidrográficas. Así pues, el concepto de demarcación, además de poder englobar más de una cuenca, añade al de cuenca hidrográfica las aguas subterráneas y las costeras. En principio, las demarcaciones hidrográficas podrían dar solución a las dificultades de gestión derivadas de la no convergencia de las cuencas con las aguas subterráneas. 5
6 A la hora de adaptar esta terminología, el Real Decreto 125/2007, de 2 de febrero, por el que se fija el ámbito territorial de las demarcaciones hidrográficas, afirma que el concepto de demarcación hidrográfica en España se ajusta, en líneas generales, a la estructura de las antiguas cuencas, con lo que, en principio, las autoridades competentes de las nuevas demarcaciones serán las de las antiguas cuencas. En este sentido, cabe recordar que el artículo 3.1 de la DMA afirma que en caso de que las aguas subterráneas no correspondan plenamente a ninguna cuenca hidrográfica en particular, se especificarán e incluirán en la demarcación hidrográfica más próxima o más apropiada Que las competencias en materia de agua han sido y son utilizadas en España como parte de la contienda política es irrefutable, y la posibilidad de incluir las masas de agua costeras y las subterráneas que no correspondan plenamente a ninguna cuenca en una u otra demarcación arbitrariamente, creo que puede ser foco de discordias si no se clarifican las cosas al respecto. Seguramente por este motivo, el Real Decreto 125/2007 incluye las aguas subterráneas situadas bajo la superficie definida por los límites de la cuenca de en esa misma cuenca y, por ende, en esa misma demarcación. Sin embargo, coincido con Caro-Patón Carmona en que la decisión adoptada por el legislador español resulta excesivamente formal: no se ha aprovechado la ocasión para abordar la necesaria reforma de la Administración del agua 2. En cualquier caso, dada la posibilidad de que una misma masa de agua subterránea pueda situarse bajo más de una cuenca, se hace completamente necesaria la coordinación entre los distintos Organismos de cuenca, denominados en España Confederaciones. 2.2 TEXTO REFUNDIDO DE LA LEY DE AGUAS Y OTRAS DISPOSICIONES El Texto Refundido de la Ley de Aguas (TRLA), aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, tiene su justificación en la necesidad de incorporar las modificaciones que en el texto de la Ley de Aguas de 2 de 2 Caro Patón Carmona, I. Aplicaciones de la Directiva Marco en España: Marco Jurídico General, en el seno del VII Congreso Nacional del Medio Ambiente, p. 8. Barcelona, 30 de octubre de
7 agosto de 1985, se introducen por la Ley 46/1999 (de modificación de la Ley de Aguas de 1985) y por la sentencia del TC 227/1988, de 29 de noviembre, así como por otras disposiciones en distintos ámbitos con efectos sobre la Ley de Aguas de A los efectos de este trabajo, conviene recordar que el artículo 1.2 de la Ley de Aguas de 1985 ya afirmaba que las aguas continentales superficiales, así como las subterráneas renovables, integradas todas ellas en el ciclo hidrológico, constituyen un recurso unitario, subordinado al interés general, que forma parte del dominio público estatal como dominio público hidráulico. En este sentido, el TRLA tiene como objeto la regulación del dominio público hidráulico, del uso del agua y de las competencias atribuidas al Estado en las materias relacionadas con dicho dominio en el marco de las competencias delimitadas en el artículo 149 de la Constitución (Art. 1.1). La obligada prioridad que la corriente europea da a los aspectos cualitativos respecto a los cuantitativos, no ha pasado desapercibida para el legislador español. Reflejo de ello es la modificación que el Real Decreto Legislativo 1/2001, de 20 de julio, por el que se aprueba el TRLA, establece en su artículo 40 en lo que a planificación hidrológica se refiere. Si el artículo 38 de la Ley de Aguas de 1985 establecía como objetivos generales de dicha planificación la mejor satisfacción de las demandas de agua y equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial, el artículo 40 del Texto Refundido antepone a éstos conseguir el buen estado ecológico del dominio público hidráulico. En todo caso, la transposición de la DMA al Ordenamiento español no se hizo hasta la aprobación de la Ley 62/2003, de 30 de diciembre, de medidas fiscales, administrativas y de orden social (coloquialmente llamada Ley de Acompañamiento). No parece ésta la mejor manera de incorporar a la legislación española una norma de la importancia de la DMA, todo más y cuando con un único artículo (Art. 129 de la Ley 62/2003) se modificaron más de cuarenta del Texto Refundido de la Ley de Aguas, que afectan a cuestiones organizativas, de planificación hidrológica, de protección del dominio público 7
8 hidráulico, de calidad de las aguas y del régimen económico-financiero del uso del agua. El marco jurídico español se completa con otras disposiciones legales, como la Ley 10/2001, de 5 de julio, por la que se aprueba el Plan Hidrológico Nacional (en adelante, PHN), modificada por la Ley 11/2005, de 22 de junio que supuso, fundamentalmente, la derogación del Trasvase del Ebro, que era, en mi opinión, la principal justificación para que, en la Exposición de Motivos del Plan, se fijase como objetivo el resolver los graves desequilibrios hídricos existentes en España, ocasionados por la irregular distribución del agua. Por último, cabe mencionar que las Comunidades Autónomas, en el ámbito de sus competencias, han ido dictando normas, como son el Decreto Legislativo 3/2003, de 4 de noviembre, por el que se aprueba el Texto refundido de la legislación en materia de aguas de Cataluña, o la Ley 12/1990, de 26 de julio, de Aguas Canarias. 2.3 MARCO COMPETENCIAL ESPAÑOL Como primera aproximación, he de decir que las competencias en materia de aguas en España quedan establecidas en el artículo 149.1, disposición vigésimo segunda, donde se da competencia exclusiva al Estado sobre los recursos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una Comunidad Autónoma. Puesto que el citado artículo se encuentra encuadrado en el Título VIII, Capítulo Tercero, que lleva por nombre De las Comunidades Autónomas, resulta evidente que las aguas que discurran por una única Comunidad se consideran competencia exclusiva de ésta. Con el fin de clarificar cuándo las aguas discurren por más de una Comunidad, conviene aquí aclarar que nuestra legislación estatal, fiel a una larga tradición de casi un siglo, mantiene la cuenca hidrográfica (demarcación hidrográfica desde la adaptación de la legislación española a la Directiva 2000/60) como unidad de gestión, por lo que a los efectos de la cuestión que nos ocupa, habrá que considerar si la cuenca queda confinada por los límites de una única Comunidad Autónoma o no. 8
9 Una interpretación finalista de la disposición vigésimo segunda del artículo sugiere que la intención del constituyente era el resolver posibles conflictos entre Comunidades Autónomas con territorios en una misma Cuenca, pero, paradójicamente, dichos conflictos han surgido, y persisten actualmente, debido al aprovechamiento de los recursos hidráulicos de una determinada cuenca hidrográfica por Comunidades sin territorio en ella. Ejemplo representativo de lo que más arriba afirmamos es el Trasvase Tajo-Segura, que actualmente es motivo de enfrentamiento entre las Comunidades de Castilla-La Mancha y Murcia. Único intento serio de corregir el desequilibrio hidrográfico español, este trasvase supuso un primer paso hacia una planificación hidrológica nacional. Sin embargo, y dada la soledad del intento, ha derivado en un agravio comparativo a la Cuenca del Tajo. Coincido con el ingeniero, y otrora senador, Ricardo Sánchez Candelas en que, atendiendo al actual texto constitucional y haciendo una interpretación honesta del mismo, si el Trasvase ha de mantenerse, la única manera de solventar la indefinición legal en la que se encuentra es hacer que deje de ser una pieza aislada para pasar a ser una más del conjunto 3. Es interesante mencionar que, en los llamados Estatutos de segunda generación, algunas Comunidades Autónomas han incluido disposiciones en materia de aguas que han dado lugar a diferentes recursos de inconstitucionalidad, por arrogarse competencias exclusivas sobre las aguas de determinados ríos cuyas cuencas ocupan territorios de más de una Comunidad Repercusión de la Directiva 2000/60/CE sobre el Régimen competencial español La Directiva 2000/60, tiene como objetivo establecer un marco comunitario de actuación encaminado a desarrollar una política comunitaria integrada de aguas. Parece coherente afirmar que para ello, y como escalón previo, sería deseable una política estatal integrada de aguas en cada Estado miembro. 3 Sánchez Candelas, R. La Dudosa Constitucionalidad del Trasvase. Diario ABC, edición para Castilla La Mancha. Domingo, 1 de mayo de
10 En el caso de España, el Estado autonómico y los diferentes Estatutos de Autonomía de él derivados, que a la vez conviven con la, a mi juicio, insuficiente disposición vigésimo segunda del artículo de nuestra Constitución, han dado lugar a algunas dificultades a la hora de implantar la Directiva. Cabe mencionar que, de forma justificada o no, los recursos de inconstitucionalidad interpuestos por el Gobierno de Extremadura ante las reformas de los Estatutos de Autonomía de Castilla y León y Andalucía, hacen referencia al criterio de demarcación hidrográfica como unidad de gestión que define la DMA. En este sentido, Embid Irujo afirma 4 que no puede achacarse a sendos Estatutos incumplimiento de la Directiva europea, y con ello del artículo 96 de nuestra Constitución, sin otro argumento que esta unidad de gestión que impone la Directiva Marco. Fundamenta su posición en la utilización del plural que en diversos preceptos de esta Directiva se hace a la hora de hablar de la autoridad competente en cada demarcación hidrográfica. He de reconocer al respecto que, efectivamente, se hace uso de la expresión autoridades competentes en el artículo 3.8 de la Directiva, pero quedan dudas de si dichas autoridades son competentes sobre una misma demarcación o, incluso, de si tienen un mismo ámbito de competencia. Más clara, sin embargo, es la alusión que en el Anexo I se hace a las autoridades competentes en cada demarcación, pero persiste la duda en cuanto a lo que al ámbito de competencias se refiere. Contrariamente, La Calle Marcos es tajante al afirmar que la norma exige una única autoridad competente para cada demarcación 5, basándose en el artículo 3.1 de la DMA: Los Estados miembros adoptarán las disposiciones administrativas adecuadas, incluida la designación de la autoridad competente apropiada Hace también referencia a los artículos 3.6 y 3.7, donde se alude igualmente a la autoridad. En lo que respecta al Anexo I, alega que de la 4 Embid Irujo, A. La Directiva Marco del Agua y algunos de los problemas de su proceso de implantación en España y otros países europeos. Revista Ingeniería y territorio, Nº 80, 2007 (Ejemplar dedicado a: La directiva Marco del Agua), págs La Calle Marcos, A. La adaptación española de la Directiva marco del agua, en Fundación Nueva Cultura del Agua, Panel científico técnico de seguimiento de la política de aguas, pp. 16 y 17. Sevilla, 2008, Universidad de Sevilla. 10
11 lectura completa del mismo puede deducirse la posibilidad de la existencia de una única autoridad competente a efectos de la Directiva que, a su vez, se haga cargo de la coordinación de otras autoridades competentes 6, lo que justificaría que en el citado anexo se solicitara a los Estados información sobre todas las autoridades competentes en cada demarcación. Por su parte, Caro-Patón Carmona afirma que, dada la marcada línea ambientalista de la DMA, y a tenor del texto final de la Ley de Aguas tras la transposición al Derecho español de dicha Directiva, podría interpretarse como posible la coexistencia de una única autoridad competente en materia de calidad de las aguas de un determinado territorio, en cumplimiento del artículo 16bis, y una autoridad que responda al criterio de cuenca como unidad de gestión del recurso recogido en el artículo En lo que a mí respecta, coincido con Embid Irujo en que, dada la poca claridad de la DMA, de su contenido textual es perfectamente deducible la existencia de distintas autoridades competentes en una misma demarcación hidrográfica y con un mismo ámbito de competencias 8, si bien, con La Calle Marcos 9, veo difícilmente compatible esta posibilidad con el espíritu y la finalidad de la DMA 10. Por otro lado, albergo serias dudas sobre la posibilidad de cerrar todo resquicio a interpretaciones interesadas del texto de la misma por más riguroso y meticuloso que se quiera ser al redactarlo. 6 Anexo IV de la Directiva 2000/60/CE. 7 Caro Patón Carmona, I. Aplicaciones de la Directiva Marco en España: Marco Jurídico General, en el seno del VII Congreso Nacional del Medio Ambiente, pp. 7 y 8. Barcelona, 30 de octubre de Embid Irujo, A. La Directiva Marco del Agua y algunos de los problemas de su proceso de implantación en España y otros países europeos. Revista Ingeniería y territorio, Nº 80, 2007 (Ejemplar dedicado a: La directiva Marco del Agua), pp La Calle Marcos, A. La adaptación española de la Directiva marco del agua, p. 18. En Fundación Nueva Cultura del Agua, Panel científico técnico de seguimiento de la política de aguas, Sevilla, 2008, Universidad de Sevilla. 10 Ver al respecto los Considerando 9 y 18 de la Directiva 2000/60/CE. 11
12 3. AGUAS SUBTERRÁNEAS. CONFLICTOS ENTRE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO La Ley de Aguas de 1985 es generalmente reconocida como una ley demanializadora. Garrido Falla define el demanio como el derecho de propiedad que el Estado tiene sobre determinados bienes, en cuanto a sometidos a un régimen jurídico exorbitante del civil, con lo que el régimen jurídico de los bienes demaniados implicaría la propiedad de una administración pública y un sistema propio de uso y protección. El artículo 1.2 de la Ley de Aguas dice: Las aguas continentales superficiales, así como las subterráneas renovables, integradas todas ellas en el ciclo hidrológico, constituyen un recurso unitario, subordinado al interés general, que forma parte del dominio público estatal como dominio público hidráulico. A la vista de los dos párrafos anteriores, y teniendo en cuenta que hasta la entrada en vigor de la Ley de Aguas de 1985 las aguas subterráneas eran consideradas de dominio privado 11, parece oportuno afirmar que dicha ley, en lo que a las aguas subterráneas se refiere, fue esencialmente demanializadora. Por otro lado, ya en el propio Preámbulo de la Ley se decía, quizá augurando posibles conflictos, que la inclusión de las aguas subterráneas en el dominio público no afecta necesariamente a los derechos adquiridos sobre las aguas subterráneas, alumbradas al amparo de la legislación que se deroga 12, dado el planteamiento opcional de integración en el nuevo sistema que la Ley establece. Efectivamente, en lo que a las aguas subterráneas se refiere, la Disposición Transitoria Tercera afirma: 1. Quienes, conforme a la legislación que se deroga, fueran titulares de algún derecho sobre aguas privadas procedentes de pozos o galerías en explotación, podrán acreditar en el plazo de tres años, a partir de la entrada en vigor de la Ley y ante el Organismo de cuenca correspondiente, para su inscripción en el Registro de aguas como aprovechamiento temporal de aguas privadas, tanto su derecho a la utilización 11 Artículo 408 del C.C. 12 Ley de Aguas de 1879 y artículos del C.C. que se opusieran a la nueva Ley. 12
13 del recurso como la no afección, en su caso, a otros aprovechamientos legales preexistentes. La Administración respetará el régimen de explotación de los caudales realmente utilizados, por un plazo de cincuenta años. Quienes, al termino de dicho plazo, se encuentren utilizando los caudales en virtud de título legítimo, tendrán derecho preferente para la obtención de la correspondiente concesión administrativa, de conformidad con lo previsto en la presente Ley. Por su parte la Disposición Transitoria Cuarta, dice: 1. Los aprovechamientos de aguas calificadas como privadas por la legislación anterior a esta Ley se podrán inscribir en el Registro de aguas a petición de sus titulares legítimos y a los efectos previstos en las disposiciones transitorias segunda y tercera. 2. Todos los aprovechamientos de aguas calificadas como privadas por la legislación anterior a esta Ley, se declararán por sus titulares legítimos ante el Organismo de cuenca, en los plazos que se determinen reglamentariamente. Por tanto, la Ley de Aguas de 1985 permitía a quienes fueran titulares de derechos de aguas subterráneas privadas tres alternativas: el paso a concesión, la inscripción en el Registro de aguas como aprovechamiento temporal de aguas privadas o la comunicación de sus derechos al Organismo de cuenca para su inclusión en el Catálogo de aprovechamientos privados, manteniendo la titularidad de la misma forma que hasta entonces. Esto ha sido calificado por parte de la doctrina como un nuevo régimen en materia de titularidad de las aguas PROBLEMAS JURÍDICOS DERIVADOS DE LA DEMANIALIZACIÓN DE LAS AGUAS SUBTERRÁNEAS Este cambio en el régimen de titularidad de las aguas dio lugar a numerosos problemas, muchos de ellos de índole jurídico. En primer lugar, en el momento de la aprobación de la Ley la inmensa mayoría de las aguas subterráneas se encontraban en manos privadas. Esto provocó que las miles de solicitudes presentadas, la mayoría agotando el plazo establecido para ello por la Ley, no 13 Sánchez Jordán, E. El Registro de aguas como instrumento de control: una herramienta bien aprovechada? Un balance tras 20 años, en el seno del V Congreso Ibérico Gestión y Planificación del Agua, 6 y 8 de diciembre de
14 pudieran ser tramitadas convenientemente por la Administración 14. Díaz Mora 15, citado por Fornés Azcoiti et al. 16, Comisario de Aguas primero, y Presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana después, reconoce que en la Comisaría de Aguas del Guadiana, entraron el día 31 de diciembre de 1988, último día previsto para la regularización, más de expedientes, y las primeras inscripciones no se realizaron hasta seis años después, en Por otro lado, la alarma que la Ley provocó en los sectores afectados incentivó la apertura de pozos ilegales, en muchos casos con la intención de poder justificar su existencia y aprovechamiento con anterioridad al 1 de enero de 1986, fecha de entrada en vigor de la Ley. Entre los titulares que efectuaron la inscripción de los derechos, la mayoría optó por el Catálogo de aguas privadas, prolongando indefinidamente en el tiempo una situación de propiedad privada de las aguas que se compadece mal con la intención demanializadora de la Ley, pese a la posibilidad que ésta establece de limitar las condiciones de los aprovechamientos en situaciones de sequía o acuíferos sobreexplotados 17. Esto, en mi opinión, obedece a la falta de incentivos que el paso a la situación de aprovechamiento temporal de aguas privadas ofrece a los titulares de los derechos, pues no son otros que la protección de dichos derechos por parte de la Administración. Es más, los procesos de actualización de los Registros de aguas en algunos casos han supuesto, al menos hasta agotar la vía administrativa, una merma de los derechos, pero sobre esto volveremos más adelante. En cualquier caso, aunque la inscripción de los derechos, bien en el Registro, bien en el Catálogo, es contemplada en la Ley como obligatoria en un 14 Ver al respecto Embid Irujo, A., Los conflictos sobre las aguas subterráneas, en Conflictos jurídicos en la gestión y uso del agua, Dir. A. Embid Irujo, colección Estudios de Derecho Judicial, nº 97, Ediciones Consejo General del Poder Judicial, Madrid, 2007, p Díaz Mora, J., La clarificación jurídica de los acuíferos sobreexplotados. El caso de La Mancha, en Del Saz Cordero, S., Fornés Azcoiti, J. y Llamas Madurga, R. (edits): Régimen jurídico de las aguas subterráneas. Fundación Marcelino Botín y Ediciones Mundi Prensa. Madrid, 2002, Fornés Azcoiti, J., De la Hera Portillo, A., Llamas Madurga, R., La propiedad de las aguas subterráneas en España: la situación del Registro/Catálogo. Revista Ingeniería del Agua, Vol. 12, Nº 2, p. 132, junio de Disposiciones Transitorias Tercera y Cuarta de la Ley. 14
15 plazo de tres años desde su aprobación, la mayoría de los titulares optó por no hacerla 18. En este sentido, hay que tener en cuenta que la no inscripción sólo acarreaba multas coercitivas, no afectando en ningún caso a la titularidad de los derechos, que podían, incluso, ser inscritos en el Catálogo con posterioridad 19. Además, hasta fechas recientes la Administración hidráulica ha sido bastante reticente a la hora de imponer sanciones encaminadas al cumplimiento de la Ley, si bien esto parece estar cambiando en los últimos años La Sentencia del Tribunal Constitucional 227/1988, de 29 de noviembre La Ley de Aguas de 1985 fue objeto de varios recursos de inconstitucionalidad, fundamentalmente por vulnerar el artículo 33.3 de la Constitución. Sin embargo, el Tribunal Constitucional, en su sentencia 227/1988, de 29 de noviembre, afirmó el pleno ajuste de la norma a la Ley de leyes, fundamentando su Sentencia en los siguientes términos: La Constitución sanciona una garantía de la propiedad de los bienes y derechos patrimoniales de los particulares (art. 33). Pero esta garantía no es absoluta, ya que el art establece que toda la riqueza del país en sus distintas formas está subordinada al interés general, y, por lo que aquí interesa, el art impone a los poderes públicos el deber de velar por la utilización racional de todos los recursos naturales, con el fin de proteger y mejorar la calidad de vida y defender y restaurar el medio ambiente, apoyándose en la indispensable solidaridad colectiva. De una interpretación sistemática de estos preceptos no cabe derivar la tesis de que toda medida de ordenación legal de los recursos naturales y, en especial, de un recurso tan vital y escaso como el agua, deba atender prioritariamente al criterio de evitar cualquier sacrificio no imprescindible de los derechos e intereses patrimoniales de carácter individual. Más en concreto, la Constitución no garantiza que la propiedad privada haya de 18 Ver al respecto Sánchez Jordán, E., El Registro de aguas como instrumento de control: una herramienta bien aprovechada? Un balance tras 20 años, en el seno del V Congreso Ibérico Gestión y Planificación del Agua, 6 y 8 de diciembre de En este sentido se expresa la STSJ MU 1712/
16 extenderse a todo tipo de bienes. Antes bien, el art , al tiempo que excluye directamente la titularidad privada de algunos géneros de bienes, permite al legislador declarar la demanialidad de otros. Conforme a esta previsión constitucional, la opción de incluir las aguas continentales en el dominio público es legítima en todo caso. Es cierto que aquella potestad del legislador no puede, sin infringir la Constitución, ejercerse desproporcionadamente, con sacrificio excesivo e innecesario de los derechos patrimoniales de los particulares, pero también lo es que, por lo que se refiere a los recursos hidráulicos, la Ley de Aguas no impone tal sacrificio excesivo, si se tiene en cuenta, por un lado, que la mayor parte de dichos recursos son ya del dominio público, conforme una tradición ininterrumpida de nuestro Derecho histórico, y por otro, que la propia Ley 29/1985 permite, aunque con ciertas limitaciones dirigidas en su conjunto a la realización de los objetivos que los recurrentes parecen compartir o al menos no combaten, que los titulares de derechos sobre aguas privadas mantengan su titularidad en la misma forma que hasta ahora. Si a ello se añade que a todos los aprovechamientos de aguas, sean públicas o privadas, han de aplicarse en el futuro las normas relativas a las limitaciones del uso del dominio público hidráulico (apartado 4 de las Disposiciones Transitorias segunda y tercera), no es posible aceptar que la opción del legislador favorable a la demanialización de las aguas continentales, pero respetuoso al tiempo de la voluntaria conservación de los derechos privados preexistentes, haya de entenderse inconstitucional por desproporcionada. En resumidas cuentas, sin entrar en la valoración política que ello pueda merecer a los recurrentes (acerca de la cual ningún pronunciamiento puede hacer este Tribunal), el legislador ha elegido una de las distintas alternativas posibles, explícitamente amparada por el art de la Constitución, sin infringir por ello el principio de interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos consagrado en el art. 9.3 del mismo Texto constitucional Fundamento Jurídico 7º de la Sentencia del Tribunal Constitucional 227/1988, de 29 de noviembre. 16
17 Así pues, el Alto Tribunal considera la decisión del legislador proporcionada, tendente a buscar el interés general, pero respetuosa al tiempo de la conservación de los derechos privados existentes. 3.2 ACTUACIÓN DE LOS PODERES PÚBLICOS ANTE LOS CONFLICTOS JURÍDICOS EN MATERIA DE AGUAS SUBTERRÁNEAS La Disposición Transitoria Segunda de la Ley del Plan Hidrológico Nacional Ante esta situación, el legislador hizo un nuevo intento de regularizar la situación registral de las aguas con la Disposición Transitoria Segunda de la Ley del Plan Hidrológico Nacional, de 5 de julio de 2001, que dice: 1. Se otorga a los titulares de aprovechamientos de aguas privadas afectados por lo regulado en la disposición transitoria cuarta de la Ley 29/1985, de 2 de agosto, de Aguas, un plazo improrrogable de tres meses contado a partir de la entrada en vigor de esta Ley para solicitar su inclusión en el catálogo de aguas de la cuenca. 2. Transcurrido este plazo sin haberse cumplimentado esta obligación no se reconocerá ningún aprovechamiento de aguas calificadas como privadas si no es en virtud de resolución judicial firme. El intento careció del éxito deseado, según Fornés Azcoiti et al. 21, el resultado final es que, aparte de que el 80 o 90% de los aprovechamientos siguen sin estar declarados, los propietarios de los aprovechamientos han interpuesto miles de recursos administrativos contra las decisiones de los Organismos de cuenca en lo referente a los derechos de propiedad, tanto si solicitaban su inscripción en el Catálogo como en el Registro (Sección C). Efectivamente, el párrafo segundo de la citada Disposición dejó abierta la posibilidad de reconocer derechos más allá del plazo concedido de tres meses, siempre y cuando sea por resolución judicial firme. 21 Fornés Azcoiti, J., De la Hera Portillo, A., Llamas Madurga, R., La propiedad de las aguas subterráneas en España: la situación del Registro/Catálogo. Revista Ingeniería del Agua, Vol. 12, Nº 2, p. 132, junio de
18 Sobre la posibilidad de reconocer derechos una vez finalizado el plazo habilitado para ello en la LPHN, existen opiniones diversas por parte de la doctrina. Alcaín Martínez manifiesta al respecto que no hay que olvidar que esos derechos preexistentes son derechos adquiridos y, por lo tanto, requieren de la protección de nuestro ordenamiento jurídico, desde cualquiera de sus ámbitos, y sostiene que habrá de ser la jurisdicción Civil la que proteja los derechos de aprovechamiento de los particulares en el futuro 22. Moreu Ballonga 23 distingue entre la posibilidad de que dicha resolución judicial sea anterior o posterior a la entrada en vigor de la Ley del PHN. En el primer caso la norma conduciría a una confiscación del derecho de propiedad, vulnerando el artículo 33.3 de la Constitución. Sólo se salvarían de esta confiscación quienes, al entrar en vigor la Ley del Plan Hidrológico Nacional de 2001, hubieran tenido ya una sentencia firme declarando su derecho de propiedad. En el segundo caso, los propietarios de aguas que no inscribieran su derecho en tres meses en el Catálogo tendrían que obtener una sentencia judicial firme con posterioridad a la entrada en vigor de la Ley, lo que, en principio, obligaría a pleitear con la Administración varios años, y esto para ejercitar un derecho que la ley en teoría no niega, lo cual supondría una cuasiconfiscación de la propiedad, susceptible de cuestión de inconstitucionalidad por cualquier juez. Para Del Saz Cordero 24, la negativa a inscribir el aprovechamiento por parte de la Administración sería un acto contra el que cabría recurso contencioso administrativo pero, puesto que lo que se está dirimiendo es una cuestión de propiedad, la controversia quedaría también bajo la jurisdicción civil. 22 Alcaín Martínez, E., La protección jurídico privada del derecho de aprovechamiento de aguas, en Diario La Ley, Nº 7366, Sección Tribuna, 22 de marzo de 2010, año XXXI, Editorial La Ley. 23 Moreu Ballonga, J.L. Los problemas de la legislación sobre aguas subterráneas en España: posibles soluciones, en Del Saz Cordero, S., Fornés Azcoiti, J. y Llamas Madurga, R. (edits): Régimen jurídico de las aguas subterráneas. Fundación Marcelino Botín y Ediciones Mundi Prensa, Madrid, 2002, pp Del Saz Cordero, S., Cuál es el contenido de los derechos privados sobre las aguas subterráneas?, en Del Saz Cordero, S., Fornés Azcoiti, J. y Llamas Madurga, R. (edits): Régimen jurídico de las aguas subterráneas. Fundación Marcelino Botín y Ediciones Mundi Prensa. Madrid, 2002, pp
19 En cuanto a la jurisprudencia, parece haberse afianzado una posición favorable a la posibilidad de inscribir los aprovechamientos, si bien conviene aclarar que, en el proceso de inscripción, tiene relevancia el hecho de que se trate del Registro de Aguas o del Catálogo de Aguas Privadas. La Sentencia del T.S. de 6/Noviembre/2007 afirma al respecto que, en el caso del Registro, el interesado debe probar el caudal realmente utilizado. Esta exigencia no existe en el caso del Catálogo, para el cual la doctrina de este Tribunal Supremo tiene declarado (v.g. sentencia de 20/septiembre/2001 ) que para la anotación en el mismo "no es preciso que se acredite una situación de material aprovechamiento; es suficiente demostrar el derecho al mismo", así como que "ni la Ley de Aguas ni el Reglamento, ni la STC 227/88, de 29 de noviembre exigen como requisito previo a la anotación en el Catálogo que los aprovechamientos hayan sido explotados con anterioridad a la vigencia de la primera; basta con que hayan sido aforados con las autorizaciones administrativas pertinentes y que el titular haya podido utilizarlos antes de dicha fecha Al respecto se expresan también las sentencias del Supremo de 9 de junio de 2004 (casación 342/2004 ) y 27 de abril de 2009 (casación 11340/2004), donde se señalaba lo siguiente: (...) No cabe duda que el régimen jurídico del Registro de Aguas y el del Catálogo es diferente y ello se deduce claramente de lo establecido en las Disposiciones Transitorias tercera y cuarta de la Ley de Aguas 29/1985, de 2 de agosto, y artículos 189 a 197 del Reglamento del Dominio Público Hidráulico, siendo la más trascendental diferencia la de que, como establecen concordadamente los apartados 2 de las Disposiciones Transitorias segunda y tercera de dicha Ley de Aguas, no podrán los aprovechamientos incluidos en el Catálogo gozar de la protección administrativa que se deriva de la inscripción en el Registro de Aguas.... Y a continuación la misma sentencia remarca las diferencias señalando que (...) mientras en las Disposiciones Transitorias segunda y tercera se exige abierta y claramente el derecho a la utilización del agua, en la cuarta, apartado 2, se alude a la declaración del titular legítimo del aprovechamiento y al conocimiento por el Organismo de cuenca de sus características y aforo, lo que el Reglamento del Dominio Público Hidráulico traduce en su artículo en una 19
20 declaración acompañada del título que acredite su derecho al aprovechamiento haciendo constar sus características y destino de las aguas. Abundando en esa línea de razonamiento, y centrándonos ya en el significado y alcance de la disposición transitoria cuarta de la Ley 29/1985, la citada sentencia de este Tribunal Supremo de 9 de junio de reiterada luego por la de 13 de octubre de 2008 (casación 6165/2004)- hace las siguientes consideraciones: (...) SEXTO.- La interpretación que se debe hacer de lo establecido en la Disposición Transitoria cuarta de la Ley de Aguas 29/1985, aplicable en este caso, y en el artículo del Reglamento del Dominio Público Hidráulico, aprobado por Real Decreto 849/1986, de 11 de abril, a pesar de la mención que en éste se hace al título que acredite su derecho al aprovechamiento, no es otra que la necesidad de justificar la posesión del aprovechamiento de que se trata, sus características y aforo, lo que requiere acreditar el destino de las aguas y la superficie regable, puesto que se trata de que la Administración conozca la existencia del aprovechamiento en cuestión, sus características y aforo. Así, pues, lo que la Administración hace constar en el Catálogo no son derechos sino situaciones de hecho, y ello justifica, según lo declarado por el Tribunal Constitucional en la mentada sentencia, que no se otorgue a los aprovechamientos incluidos obligatoriamente en el Catálogo la protección administrativa que se deriva de la inscripción en el Registro. Es cierto que en el apartado 2 de la Disposición Transitoria cuarta de la Ley de Aguas se alude a los titulares legítimos de aprovechamiento de aguas calificadas como privadas en la legislación anterior a la Ley, pero tal expresión es necesario interpretarla en armonía con lo establecido en las Disposiciones Transitorias segunda y tercera, apartado 2, de la propia Ley de Aguas, de cuya interpretación se deduce que, mientras para inscribir los aprovechamientos en el Registro es necesario acreditar el derecho al aprovechamiento y la no afección a otros aprovechamientos, para incluir el aprovechamiento en el Catálogo basta justificar su existencia y titularidad de hecho así como sus características y aforo
DICTAMEN Nº 13. b).- El órgano que ostenta la competencia de otorgar, en su caso, tal aprobación".
# Nº. 13/1998, de 24 de febrero. DICTAMEN Nº 13 Página 1 de 8 Expediente relativo a Modificación Puntual número 6 de las Normas Subsidiarias de Alovera (Guadalajara): separata correspondiente al apartado

References: artículo 174
 artículo 175
 artículo 174
 artículo 175
 artículo 175
 artículo 3
 Real Decreto 
 artículo 3
 Real Decreto 
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 artículo 1
 artículo 149
 Real Decreto 
 artículo 40
 artículo 38
 artículo 40
 artículo 149
 artículo 96
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 16
 artículo 1
 Artículo 408
 artículo 33
 resolución 
 resolución 
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 artículo 33
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