Source: https://elsalariado.info/2018/01/05/lenin-y-el-movimiento-sindical-a-losovsky/
Timestamp: 2018-07-18 10:23:47+00:00

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Lenin y el movimiento sindical (A. Losovsky) | El Salariado
Posted on 5 enero, 2018 by El Salariado	in Historia and tagged Lenin, Losovsky, sindicalismo.
Texto extraído de Labor Herald Librery nº 14 (1925). Losovsky, miembro del P.O.S.D.R. desde 1901 y bolchevique desde 1904, vive exiliado en París entre 1908 y 1917. Hacia 1914 se distancia políticamente del partido bolchevique, al que se reintegra tras su retorno a Rusia en 1917, en plena revolución. Tras ser expulsado del partido en enero de 1918, por sus tempranas críticas a la política seguida, pidió el reingreso a finales de 1919. Su posterior fidelidad a Stalin, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, no impidió que fuera arrestado en 1949, acusado de conspiración judía, y ejecutado en la conocida como la “noche de los poetas asesinados”. Su experiencia en el movimiento sindicalista francés le llevó a ocupar el cargo de secretario general de la Internacional Sindical Roja en 1921.
Al leer las obras de Lenin, al examinar los frutos de sus treinta años de actividad, se consigue ver que lo que Vladimir Ilich ha hecho representa un todo integral, y que solo condicionalmente se puede extraer de allí una cuestión particular y verla en sus secciones horizontales. Para entender claramente la actitud de Lenin hacia el movimiento sindical, su enfoque hacia sus diversos asuntos y tareas, debemos considerar principalmente las condiciones del momento en que Lenin apareció como figura política. Entró en la escena en los años noventa, cuando en Rusia el movimiento sindical apenas comenzaba a surgir y los líderes del movimiento obrero ruso se enfrentaban sobre todo con la cuestión de cómo poner en movimiento a las masas trabajadoras, las únicas que tenían el poder de destruir el mal principal, la autocracia.
La postura inicial de Lenin sobre las cuestiones relacionadas con el movimiento sindical debe verse principalmente desde el ángulo de la condición histórica del movimiento obrero de Rusia a principios de los noventa. Nos equivocaríamos al pensar que las opiniones de Lenin sobre las cuestiones sindicales no sufrieron cambios durante los 25-30 años de su actividad. Esto querría decir que Lenin aprendió muy poco de una lucha de clases en constante crecimiento. Lenin no solo enseñó, sino que también estudió. Vio aquellos procesos del movimiento obrero que permanecían oscuros para las bases y hasta para muchos de sus líderes. Al mismo tiempo que hacía un pronóstico determinado y con frecuencia anticipaba acontecimientos, aprendía de estos acontecimientos. Un análisis correcto de los acontecimientos, la capacidad de extraer lecciones de ellos y de encontrar una base para la acción de clase, fueron las peculiaridades más características del genio político de Lenin.
Con el crecimiento de la lucha económica espontánea, los círculos ampliamente dispersos de marxistas revolucionarios se enfrentaron cada vez más agudamente, a finales de los noventa, con la cuestión de cuál debe ser su actitud hacia esta lucha espontánea y cómo había que infundir a esta lucha un plan y un propósito consciente. Los primeros intentos de crear un partido, un conjunto organizado, a partir de los dispersos grupos marxistas socialdemócratas, los primeros intentos de unir a los diversos marxistas diseminados por toda Rusia que luchaban contra los antiguos grupos populistas, culminaron en el Primer Congreso del Partido Socialdemócrata ruso, que tuvo lugar en Minsk, en 1898. Este congreso sentó las bases para el partido del que más tarde surgió el Partido Comunista Ruso. Estos intentos iniciales de reunir a los grupos dispersos de socialdemócratas a escala nacional, de toda Rusia, para unirlos sobre la base de un programa definido, para sacar conclusiones concretas del trabajo que habían llevado a cabo los círculos separados; estos intentos encontraron una serie de dificultades que constituyeron la base de los desarrollos futuros dentro del Partido Obrero Socialdemócrata ruso, la formación de varias tendencias dentro de él y la cristalización de esa tendencia que se dio a conocer bajo el nombre de bolchevismo.
¿Cuáles fueron los problemas de la lucha de finales de los noventa y de los primeros años del siglo XX, después del primer congreso? ¿Qué cuestiones inquietaban a los revolucionarios que pusieron la piedra angular del partido ilegal revolucionario? Se trataba de las cuestiones de la actitud de los círculos socialdemócratas hacia el movimiento huelguístico, cómo utilizar este movimiento, cómo utilizar los fondos ilegales de prestaciones por enfermedad, qué formas debía tomar el trabajo ilegal. Solo después de que se creara formalmente el Partido Social Demócrata Ruso, comenzaron a desarrollarse y tomar forma dentro de su matriz diversas tendencias, que finalmente se constituyeron en un ala oportunista del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso, por un lado, y una ala revolucionaria por el otro.
Para obtener una concepción clara de los puntos de vista de Lenin sobre el movimiento obrero de aquel período, cuando el movimiento político y económico estaba evolucionando gradualmente a partir de él, debemos volvernos a su obra principal de esa época, escrita entre finales de 1901 y principios de 1902, el libro titulado “¿Qué hacer?”. En la primera parte del siglo XX, teníamos dentro del Partido Social Demócrata dos tendencias básicas: una, los economicistas, y otra que en pocas palabras podría llamarse política. Los economicistas de esa época plantearon la siguiente concepción: en el proceso de la lucha económica, el movimiento obrero produce una vanguardia consciente de la clase cuya tarea consiste en mantenerse siempre al mismo ritmo que el movimiento económico de masas que se desarrolla espontáneamente, y en marchar gradual y lentamente con este movimiento, esto es, limitar el movimiento obrero a las tareas que el nuevo movimiento espontáneo de las masas tiene ante sí. Por otro lado, la tendencia política que tenía como núcleo principal el “Grupo para la Emancipación del Trabajo”, junto con la nueva y segunda generación de socialdemócratas rusos, y más tarde el periódico “Iskra” (La chispa), dirigido por Plejánov, Lenin, Mártov, Deutch, Vera Zasulich y Potrésov (la asociación de estos nombres suena bastante extraña hoy), libró una lucha decidida e implacable contra los economicistas, contra la degradación de la lucha revolucionaria a su aspecto espontáneo, para usar la expresión de Lenin. En la polémica con los economicistas, en el combate contra la degradación de la lucha, en los intentos de definir el papel y las tareas de los pocos grupos socialdemócratas que representaban núcleos conscientes de clase, se formó y soldó esa tendencia que dio lugar al partido bolchevique. En su libro, “¿Qué hacer?”, Lenin plantea la cuestión de la relación entre el elemento consciente y la espontaneidad en el movimiento obrero.
¿Qué supusieron en general las tremendas huelgas, las huelgas de la última parte de los años noventa y principios del siglo XX que sacudieron la autocracia hasta sus cimientos? Comenzaron con disturbios, con acciones espontáneas que se ajustaron gradualmente a las demandas diarias de los trabajadores, involucrando a un número cada vez mayor de trabajadores. Por lo tanto, el movimiento espontáneo de las masas trabajadoras se convirtió en una lucha contra los patronos y más tarde contra la autocracia. Todas estas acciones espontáneas encajaban con la línea política que se estaba desarrollando tanto dentro de las masas trabajadoras como en aquellas organizaciones de la intelligentsia revolucionaria que trabajaban una al lado de la otra, y gradualmente se alineaban y soldaban con este movimiento espontáneo. Lenin, al luchar contra los economicistas, se manifestó en contra de la noción de sindicalismo predicado por ellos. Para Lenin, el sindicalismo era un movimiento limitado por el marco presente, un movimiento que no va más allá de las necesidades cotidianas de los trabajadores, un movimiento artesanal, un movimiento estrecho de sectores profesionales que no persigue ningún objetivo político de clase general. Ésta decidida oposición al sindicalismo puro y simple, a la sobreestimación de la espontaneidad, a la subestimación de la acción revolucionaria consciente, se extiende por todo el panfleto “¿Qué hacer?”, que fue escrito durante el período de intensa lucha entre los economicistas y la sección revolucionaria de la socialdemocracia de aquella época.
Con el fin de enfatizar fuertemente, como siempre lo hizo, la necesidad de crear un aparato revolucionario partidista, de consolidar los grupos socialdemócratas organizados, Lenin planteó de manera aguda en ese momento, cuando era extremadamente difícil crear una organización de masas, la cuestión del entrenamiento de sindicalistas revolucionarios. Lenin fue acusado de querer entrenar a un grupo de sindicalistas sin que estos estuviesen en contacto con la clase trabajadora; sin embargo, con su característica determinación, continuó en aquella época, cuando era necesario construir las filas básicas del partido, siguiendo su curso y, gracias a la determinación con la que planteó la cuestión, que no era tanto una cuestión organizativa como un asunto político, gracias al persistente énfasis que puso en creación de un núcleo básico del partido, logramos aquellas células a partir de las cuales el partido se desarrolló finalmente.
En este libro, Lenin también enfatizó la necesidad de que los sindicatos adopten una actitud neutral hacia el partido. Solo más tarde explicó por qué creía en la neutralidad de los sindicatos. En ese período en que el partido aún no había asumido una forma organizada, cuando solo tenía círculos espontáneos, grupos desconectados, comités de huelga, etc., todas esas débiles organizaciones surgidas de la lucha económica podrían haber llegado a ser, en opinión de Lenin, un inconveniente para el partido mismo, podrían haberlo influido demasiado, cuando el papel del partido era dirigir este movimiento espontáneo. En ese momento el partido era demasiado pequeño, sus círculos todavía eran muy débiles, y para salvaguardarlo hasta cierto punto contra la presión espontánea de los grupos económicos cuyo estándar de organización y conciencia de clase aún era bajo, Lenin abogó en ese período por la idea de neutralidad. Ustedes saben, por supuesto, que en años posteriores Lenin se opuso a la neutralidad de los sindicatos. Sin embargo, en los albores del movimiento obrero ruso, cuando por primera vez se pronunció sobre esta cuestión, asumió, como se puede ver, una posición diferente. Más tarde, cuando el movimiento obrero creció, con la tremenda ola de huelgas de 1904, junto a la guerra ruso-japonesa y el movimiento de masas de 1905, cuando toda Rusia estaba en medio de una conflagración revolucionaria, que culminó en la primera revolución, y cuando este rápido desarrollo del proceso revolucionario trajo cambios al movimiento obrero mismo, provocando una rápida intensificación de los conflictos revolucionarios, el partido se vio obligado a asumir una nueva posición sobre la cuestión sindical.
Cabe señalar que, en 1905, la actitud que debía asumir el partido respecto a las diversas cuestiones del movimiento sindical no estaba clara. Recuerdo personalmente que en 1905, mientras participaba en la conferencia bolchevique de las provincias del Volga en Samara, defendí la afiliación de los sindicatos al partido. En ese momento, el problema del movimiento sindical no era más que una teoría para nosotros, pero a medida que el movimiento obrero crecía, a medida que los sindicatos se multiplicaban y los primeros fondos y sociedades de ayuda mutua comenzaron a convertirse en todo tipo de sindicatos informes, con diferentes constituciones, diferentes formas de organización, etc., se hizo necesario dar una respuesta más concreta a la pregunta: ¿Cuál debe ser la actitud del Partido Social Demócrata (como nuestro partido se llamaba entonces) hacia el movimiento sindical? Aquí vemos que en 1907, en su prefacio al libro “Doce años”, Lenin escribió que sus oponentes, incluido Plejánov, habían intentado durante mucho tiempo fundamentar sus diferencias con él sobre la cuestión de lo espontáneo y lo consciente, pero “la crítica de Plejánov “, dice Lenin, “tiene claramente un carácter capcioso y se basa en frases desconectadas y oraciones separadas que no están formuladas con mucha precisión”. Así, aunque no había una formulación precisa sobre la cuestión de las relaciones entre lo espontáneo y lo consciente, Lenin admitió que en la cuestión de la neutralidad realmente había mantenido una opinión errónea. En el mismo prefacio, Lenin escribe: “Abogaba en ese momento, cuando escribí ‘¿Qué hacer?’, por la neutralidad de los sindicatos. Desde entonces no he rechazado esta idea, en contra de lo que afirman mis oponentes, ni en panfletos ni en artículos periodísticos. Solo el Congreso de Londres del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart me obligaron a concluir que la neutralidad de los sindicatos no puede ser defendida en principio (enfatizado por Lenin)”. Así vemos que con el crecimiento del movimiento obrero, con la formación y consolidación de la socialdemocracia, Lenin comenzó a ver la cuestión de la neutralidad sindical con mayor claridad, lo cual admitió él mismo.
Para considerar la evolución de las opiniones de P.O.S.D.R. en general, y de su sección bolchevique en particular, sobre las cuestiones sindicales, las resoluciones de los congresos de Estocolmo y Londres son extremadamente características y significativas. En el Congreso del Partido de Estocolmo, los mencheviques obtuvieron la mayoría y, por consiguiente, la formulación que dio el congreso a la actitud del partido hacia los sindicatos lleva la marca de la ideología menchevique. El punto cuatro de la resolución del congreso de Estocolmo establece que “la lucha económica traerá consigo un mejoramiento permanente de la condición de las masas trabajadoras y la cristalización de una genuina organización de clase solo si está debidamente coordinada con la lucha política del proletariado”. Por lo tanto, se trata simplemente de coordinar la lucha. El congreso también instó, por otro lado, a que “el partido debería apoyar a los trabajadores en su tendencia a organizarse en sindicatos y hacer todo lo posible para la formación de sindicatos neutrales”. La propia formulación de este punto nos hizo pensar, a nosotros los bolcheviques, porque nosotros no nos referimos a sindicatos neutrales. Hablamos de sindicatos sin filiación, y entre no tener filiación y ser neutral hay una diferencia.
En oposición a esta resolución que fue aprobada por la mayoría del congreso, es decir, por los mencheviques, la fracción bolchevique propuso su propia resolución sobre la cuestión sindical que se formuló, por supuesto, con la participación activa de Lenin. La resolución de la fracción bolchevique pone la cuestión del partidismo sobre una base bastante diferente. “El congreso cree”, dice la resolución, “que el partido debe hacer todos los esfuerzos posibles por educar a los trabajadores sindicados en un espíritu de comprensión clara de la lucha de clases y de las tareas socialistas de los sindicatos, para a través de su actividad ganar el control real sobre los sindicatos, y que finalmente estos sindicatos puedan, bajo ciertas condiciones, asociarse directamente al partido, por supuesto sin expulsar de ellos a los miembros que no son del partido”. Ustedes verán que esta formulación contiene un fuerte giro claramente bolchevique, aunque todavía no luce el corte claro, la firme línea bolchevique futura, que se desarrolló como resultado de una mayor experiencia en el movimiento sindical revolucionario.
¿Cómo se entiende la expresión “los sindicatos pueden asociarse al partido”? Significa que existan conexiones organizativas entre los sindicatos y el partido, que, en todo caso, asegurarán al movimiento obrero contra el oportunismo solo si el partido es lo suficientemente potente para dirigir a los sindicatos. Tenemos países donde los sindicatos no solo están afiliados al partido, sino que también han creado el partido. En Noruega, como saben, el comité del partido y el Consejo Sindical son elegidos en una misma reunión. Vemos así que la resolución bolchevique en el congreso de Estocolmo contiene un enfoque definido, claramente revolucionario, obviamente anti-menchevique; sin embargo, esta formulación no es suficientemente clara para la perspectiva bolchevique. Ésta no se desarrolló en un día. No surgió de golpe, sino que creció gradualmente y cristalizó con el crecimiento del propio movimiento obrero.
Entre el congreso de Estocolmo, que se celebró en 1906, y el congreso de Londres, transcurrió un año de organización y actividades prácticas. En Rusia, la lucha entre los mencheviques y los bolcheviques se libró en todo el frente, incluido también el sindical, de modo que el congreso de Londres, como refleja la resolución sobre la cuestión sindical, marcó un nuevo paso adelante con respecto a una formulación más clara de las relaciones entre el partido y los sindicatos, y de la cristalización de la actitud del partido hacia la intrincada cuestión del lugar y el papel que corresponde a los sindicatos en la lucha de clases general del proletariado. En el congreso de Londres, la cuestión de las relaciones entre el partido y los sindicatos se trató en una resolución muy breve que termina así: “El congreso recuerda a las organizaciones del partido y a los socialdemócratas que trabajan en los sindicatos que una de las tareas fundamentales de las actividades socialdemócratas dentro del sindicato es: Promover el reconocimiento sindical del liderazgo espiritual del Partido Social Demócrata y el establecimiento de conexiones organizativas con ellos, y allí donde las condiciones locales lo permitan, poner en práctica esta decisión”.
Así tenemos una formulación que reconoce el liderazgo espiritual del partido y reclama conexiones organizativas entre éste y los sindicatos, aunque no hasta la unidad organizativa; estos dos términos están lejos de ser idénticos en su significado. En esta época se entendía que las conexiones organizativas significaban representación mutua. El partido tenía su delegado en el Consejo Sindical, o, como se llamaba entonces, la Oficina Central de los Sindicatos, pero la cuestión de si esta oficina como organización debería tener un representante en el comité del partido se discutió repetidamente, pero permaneció sin resolver. La postura bolchevique sobre esta cuestión era bastante clara: los representantes de los sindicatos deberían ser persuadidos para que participen en el trabajo del partido, el propio partido debería participar en el trabajo de la Oficina Sindical, pero ningún representante de esta Oficina Central debería ser invitado al comité del partido. Ya ven cómo con el crecimiento del movimiento obrero ruso la lucha dentro del Partido Social Demócrata se agudizaba, y dos tendencias estaban tomando forma, desarrollando dos líneas distintas sobre cada cuestión, incluyendo también la cuestión sindical. La primera línea, que pedía una acción paralela del partido y los sindicatos, finalmente culminó en la ideología de la independencia y la neutralidad de los sindicatos; la segunda línea, que pedía una estrecha cooperación, una alineación cercana y la dirección espiritual del partido sobre los sindicatos, culminó en esa forma del movimiento sindical que ahora tenemos aquí en la Rusia soviética.
Lenin volvió a expresar su opinión sobre la cuestión de los sindicatos en un artículo titulado “Neutralidad sindical”, publicado ilegalmente en 1908 (“El Proletario”, 19 de febrero de 1908). Aquí la cuestión de la neutralidad sindical se plantea con particular agudeza y encontramos algunas de esas fórmulas presentes en los trabajos posrevolucionarios de Lenin. En este artículo, Lenin escribió: “Los intereses de clase de la burguesía inevitablemente producen una tendencia a limitar a los sindicatos a pequeñas y estrechas actividades sobre la base del sistema existente, para suprimir cualquier asociación con el socialismo, y la teoría de la neutralidad es el atuendo ideológico de estas tendencias burguesas… Durante el temprano desarrollo del movimiento político y sindical en Europa, existía un espacio para defender la neutralidad de los sindicatos como un medio para expandir la base original de la lucha proletaria durante la era de su relativo subdesarrollo y la ausencia de cualquier presión sistemática contra los sindicatos por parte de la burguesía. En la actualidad no hay lugar para la neutralidad sindical desde el punto de vista de la socialdemocracia internacional”.
Esto fue escrito en 1908, después del Congreso de Stuttgart.
Tomando el movimiento laboral ruso entre 1908 y 1914 encontramos aquí primero un período de reacción que duró aproximadamente hasta el comienzo de 1912 y luego un breve período que abarca los años 1912-13-14, que fueron años de una expansión industrial y de un renacimiento del movimiento obrero. Durante este renacimiento del movimiento obrero ruso en 1912-13-14, la actitud bolchevique hacia los sindicatos asumió formas perfectamente definidas y claras. La lucha contra los mencheviques se centró en ese momento en la cuestión de hasta qué punto debían utilizarse las condiciones legales, el fortalecimiento del partido ilegal y la supremacía o liderazgo espiritual sobre los sindicatos legales por parte del partido ilegal. En todos los campos de actividad obrera y particularmente en el campo sindical, Lenin luchó enérgicamente por el control espiritual por parte de la organización ilegal del partido. No voy a explayarme extensamente sobre ese período, sino que pasaré al período más reciente del movimiento obrero ruso y a las cuestiones teóricas y prácticas relacionadas con su desarrollo, y el papel que desempeñó Lenin en la formulación del punto de vista comunista sobre el movimiento sindical.
Ustedes saben que a partir de febrero de 1917 Rusia experimentó un tormentoso desarrollo del sindicalismo. Rusia, que entró en la revolución con unos pocos sindicatos, tenía tres meses y medio más tarde, en el momento de la Tercera Conferencia Sindical, un millón y medio de trabajadores organizados. En esta conferencia (20-28 de junio de 1917) hubo un choque entre los bolcheviques y los mencheviques. Esta vez, en una nueva situación, bajo las condiciones de la revolución en desarrollo, el viejo conflicto estalló de nuevo con renovado vigor. La conferencia estuvo dominada por los mencheviques y los socialistas revolucionarios. En consecuencia, las tareas sindicales formuladas en él tienen el sello definitivo del menchevismo.
Durante el período de la revolución, período de rápido desarrollo de los acontecimientos, de desarrollo de los conflictos, en el momento en que se celebró la Tercera Conferencia Sindical, Lenin escribió dos artículos sobre la cuestión sindical centrando su atención en la organización de los trabajadores agrícolas. Aparentemente no parece haber conexión entre la conferencia sindical y los artículos de Lenin sobre la creación de un Sindicato de Trabajadores Agrícolas, pero si leemos este artículo cuidadosamente, si lo vemos desde el ángulo de la lucha en desarrollo en ese período y del papel que jugarían las masas campesinas en nuestra revolución, queda claro por qué, a finales de junio, cuando los acontecimientos se sucedían rápidamente, Lenin planteaba la cuestión de la organización de un Sindicato de Trabajadores Agrícolas. Lenin escribió: “El papel básico del partido, el primer mandamiento de todo movimiento sindical debe ser: ‘No confíes en el Estado’, confía solo en el poder de tu clase. El Estado es una organización de la clase en el poder. No confíes en las promesas, confía en el poder de la unión y en la conciencia de tu clase”. Y continúa más adelante: “El Sindicato de Trabajadores Agrícolas debe, por lo tanto, elevar su tarea no solo al mejoramiento de las condiciones de los trabajadores, sino particularmente a la protección de sus intereses como clase durante la gran transformación agraria que se avecina”.
Lenin hablando a los trabajadores de la fábrica Putilov (Isaac Brodsky).
Vemos que en el mismo momento en que la conferencia celebraba su sesión y resumía apresuradamente los primeros resultados de la organización industrial entre los trabajadores de la ciudad, Lenin señalaba la necesidad de unir a los trabajadores agrícolas a la lucha, ya que preveía que iban a tener un serio papel en la próxima revolución campesina. Así, cada vez que Lenin abordaba cuestiones sindicales, consideraba el movimiento no como algo separado y aislado de la situación política general; se acercaba a los sindicatos como una sección organizada del movimiento obrero, y más tarde, especialmente durante la gran discusión sobre el movimiento sindical y en una serie de artículos y discursos previos a esta discusión, atribuyó claramente a los sindicatos un papel y una posición como parte integrante del complejo mecanismo de la lucha social. Nunca separó al movimiento sindical del movimiento político, sino que siempre seleccionó en el movimiento sindical mismo aquellos factores, aquellos aspectos que eran de gran importancia en la lucha de clase general del proletariado durante un período particular.
A finales de junio de 1917, y particularmente en el período posterior al fracaso de la acción de julio, se produjo un crecimiento abrumador y una revolución en los sindicatos, que rápidamente fueron capturados por los bolcheviques, aunque en la federación central sindical todavía estábamos en minoría. Para octubre, teníamos una gran mayoría en todos los sindicatos, aunque en algunos de ellos, principalmente de trabajadores no manuales, los mencheviques todavía eran bastante fuertes.
Aquí, el punto central de gran interés en la definición de la visión de Lenin sobre el papel de los sindicatos es la revolución de Octubre y el papel que desempeñan en ella los sindicatos. En sus artículos y en sus discursos, Lenin siempre consideró a los sindicatos como organizaciones de la clase obrera destinadas a jugar un inmenso papel en el derrocamiento del viejo sistema y en la creación de uno nuevo. En primera línea del interés de Lenin estaba la formación y consolidación del partido, y al acercarse a los sindicatos, los veía desde el ángulo del liderazgo del partido y de los logros de las tareas planteadas por el partido. Durante la revolución de Octubre no hubo ruptura entre el partido y los sindicatos, que tomaron parte activa en la lucha directa conjuntamente con los comités de fábrica. La revolución de Octubre puso en primer plano la cuestión del futuro destino de los sindicatos y aquí, como en el período anterior a octubre, los puntos de vista formulados en nuestro partido sobre la cuestión sindical son de un interés excepcional. Estos puntos de vista estaban completamente vinculados con la cuestión de la velocidad a la que se desarrollaba nuestra revolución y el movimiento revolucionario en Europa occidental. Inmediatamente después de la revolución de Octubre, en el partido surgió una tendencia que creía que los sindicatos habían agotado su tiempo, ya que su existencia se debía a las relaciones capitalistas y, por lo tanto, con el establecimiento de la dictadura del proletariado, su utilidad desaparece. Esta tendencia urgía a que los sindicatos fueran ahora sustituidos por los comités de taller. Esto refleja la confusión y la incertidumbre que existía en los propios sindicatos.
La actitud de nuestro partido, incluido por supuesto Lenin, hacia estos sentimientos se manifestó especialmente durante el Primer Congreso Sindical con la formulación de las tareas de los sindicatos. En este congreso surgió con mucha fuerza la cuestión de la gubernamentalización de los sindicatos, una cuestión que centró toda la atención de algunos de los siguientes congresos y que culminó en el gran debate de 1920. La cuestión de la gubernamentalización de los sindicatos está ligada a la de la consolidación de la dictadura del proletariado. Depende completamente del rápido desarrollo de la revolución socialista. El grado en el que hay que governamentalizar a los sindicatos es directamente proporcional al grado de desarrollo de la revolución socialista internacional, y viceversa. Con la ralentización del desarrollo de los acontecimientos, lo que llamamos gubernamentalización de los sindicatos se torna también más gradual. Hay que señalar que un enfoque abstracto de la gubernamentalización de los sindicatos no nos dará la respuesta a la cuestión de si la gubernamentalización marcha al ritmo adecuado en un periodo concreto, o de si acompaña la línea general que seguimos nosotros, o de si hace más difícil la solución a los problemas políticos y organizativos a los que se enfrenta el movimiento sindical en un determinado momento, etc.
EL borrador de la resolución sobre las tareas sobre los sindicatos que fue discutido de antemano por la sección comunista del Primer Congreso Sindical contenía la siguiente formulación, que luego fue modificada: “En su forma desarrollada, los sindicatos, durante el periodo de la dictadura de obreros y campesinos, deben convertirse en órganos de poder socialista, funcionando como tales en cooperación con otros órganos hacia el desarrollo de nuevos principios de organización de la economía y de la vida”. Otra clausula contenía estas palabras: “Los medios por los cuales los sindicatos deben transformarse en dichos órganos, esto es, en órganos estatales, son: la proclamación de los sindicatos como organizaciones estatales donde debe ser obligatoria la participación de todos los hombres y mujeres que trabajan”. En este Primer Congreso Sindical, alrededor de dos tercios de los delegados eran comunistas, miembros del partido. Esta fórmula levantó muchas dudas en la propia reunión comunista. Se manifestaron estas tres objeciones: Primera, ¿pueden transformarse los sindicatos en órganos del poder estatal bajo la dictadura de obreros y campesinos? Segunda, ¿se debe proclamar que los sindicatos son organizaciones estatales mediante un decreto del gobierno? Y tercera, ¿hay que obligar a participar en los sindicatos mediante presión y coacción externa? El Comité Central del Partido y el Congreso Sindical adoptaron una fórmula de la gubernamentalización de los sindicatos que no consideraba la propia cuestión como un problema en aquel momento, sino como parte del desarrollo del movimiento sindical, no como una cuestión que requiera solución inmediata, sino una que el movimiento sindical solucionará con el desarrollo de la reconstrucción socialista.
La revolución, el establecimiento de la dictadura proletaria, la destrucción de la burguesía, sitúa a la clase obrera y a los sindicatos ante nuevos y muy serios problemas. El papel de los sindicatos en la revolución social y la reconstrucción socialista quedó clara y correctamente definido por el Partido Comunista Ruso. La cláusula particular del programa trata la cuestión con mayor detalle y precisión. Esto no es extraño, en la medida en que los programas se elaboran normalmente con más esmero que las resoluciones. Nuestro programa contiene una frase que ha causado mucha controversia en el partido. Es ésta: “La maquinaria organizativa de la industria socializada debe basarse principalmente en los sindicatos. Estos deben desprenderse gradualmente de la estrechez artesanal y transformarse en poderosos sindicatos industriales abrazando a la mayoría y gradualmente a todos los trabajadores de cada industria particular. Participando ya, por las leyes de la República Soviética y por la tradición establecida, en todos los órganos de gestión industrial, locales y centrales, los sindicatos deberían llegar a concentrar realmente en sus manos la completa gestión de toda la economía pública como un único conjunto económico”.
Esta fórmula, redactada por Lenin, representa teóricamente un enfoque perfectamente correcto de la cuestión del papel de los sindicatos en la revolución proletaria. Fue sometida al fuego de las críticas, principalmente por parte del camarada Rasanov, quien sostenía que la declaración de que “los sindicatos debían llegar a concentrar en sus manos toda la industria” era claramente un reflejo del Sindicalismo. “Esto contiene un pensamiento inconsistente y no marxista”, protestó el camarada Rasanov. Por otro lado, esta fórmula daba una definición de las tareas sindicales que iba en contra de la línea de la mayoría del partido. Y la fórmula se convirtió en la base de la plataforma de la “oposición obrera”, que sostenía que los sindicatos rusos estaban listos para llevar a cabo inmediatamente esta parte específica del programa. La posición del camarada Razanov sobre esta cuestión siempre me pareció errónea, pues él estimaba que esta parte de nuestro programa representa un enfoque estático más que dinámico, mientras el programa considera la concentración de la gestión de la industria en manos de los sindicatos solo como resultado de un proceso histórico por el que los sindicatos pasarán gradualmente.
Si nos preguntamos qué organizaciones gestionarán finalmente la industria, cómo se desarrollarán objetivamente las relaciones entre las distintas organizaciones con el desarrollo de la revolución, a partir de qué organizaciones evolucionarán finalmente las direcciones industriales, debemos responder que las respuestas a estas preguntas dependen de un gran número de factores: de la fuerza relativa del proletariado en el país, de la relación entre la agricultura y las industrias urbanas, del grado de desarrollo revolucionario en Europa occidental, del nivel de organización del proletariado, etc. Los sindicatos finalmente demostrarán que son la base de la organización que concentrará en sus manos la producción en su conjunto.
El error de la “oposición obrera” no consistió en su argumento general, sino en su creencia de que en ese momento, es decir, en 1920, los sindicatos eran capaces de asumir la responsabilidad de poner en práctica esa frase particular del programa. La “oposición obrera” no tuvo en cuenta el estado de nuestra industria, el dominio abrumador de la agricultura y la pequeña industria, el lento desarrollo de la revolución, la llegada de la NEP, que ya se dejaba sentir en la discusión sobre los sindicatos en 1920.
El problema de la gubernamentalización de los sindicatos fue planteado por la revolución de Octubre y somos el único país en el mundo donde esta cuestión se ha convertido en un tema de discusión. Dado que los trabajadores de otros países también han considerado las cuestiones teóricas de la reconstrucción económica al día siguiente de la revolución, las respuestas a estas preguntas pueden encontrarse tanto en la literatura sindicalista como en la reformista, pero estas preguntas nunca antes han sido tratadas en el plano en que lo han sido aquí.
Para tener una idea clara de cómo Lenin y el partido en conjunto vieron las cuestiones del movimiento y la estructura sindical, debemos tocar varios acontecimientos del período posterior a nuestra revolución de Octubre. Ya he afirmado que la cuestión de la gubernamentalización de los sindicatos suscitó una gran controversia dentro del propio partido. La aspereza de la discusión se debió a una sobreestimación del nivel de desarrollo de nuestra revolución y la de Europa occidental. Muy característico a este respecto fue el discurso del camarada Lenin en el segundo congreso sindical, en 1919: “Los sindicatos”, dijo Lenin, “después del golpe político que transfirió el poder a sus manos (formulado brevemente, Lenin no desperdiciaba palabras), tienen que desempeñar un papel particularmente importante, tienen que convertirse, en cierto sentido, en los órganos políticos clave, porque todas las viejas concepciones de la política han sido derrocadas y trastornadas”.
Esta era la premisa fundamental de Lenin. Además, dijo: “La gubernamentalización de los sindicatos es inevitable, su fusión con el poder del Estado es inevitable, la transferencia a sus manos de todo el desarrollo de la producción a gran escala es inevitable”. Si tomamos en consideración la cláusula del programa que he citado y la formulación anterior, queda claro que coinciden en cada detalle.
Lenin destacó aguda y repetidamente la inevitabilidad de la gubernamentalización de los sindicatos. Pero Lenin era principalmente un político dialéctico. Abordaba cada pregunta no desde un punto de vista abstracto, sino desde un ángulo concreto y, por consiguiente, al tratar esta cuestión de la gobernanza, la enfocó principalmente desde el punto de vista de la lucha práctica concreta que los sindicatos deben llevar a cabo en el trabajo de reconstrucción industrial. Él dice en uno de sus discursos: “Todavía hay muchos pasos por dar antes de que podamos decir que los sindicatos de los trabajadores se han fusionado por completo con la maquinaria estatal. Esto ocurrirá cuando los órganos mediante los cuales una clase ejerce la violencia sobre otra estén completamente en manos de los trabajadores”. Vean ustedes que la cuestión de la gubernamentalización de los sindicatos está relacionada con toda una serie de cuestiones adicionales, con la cuestión de la velocidad de la revolución, con la cuestión de la creación de una auténtica maquinaria estatal proletaria, etc.
Para Lenin, la gubernamentalización de los sindicatos era un largo proceso de actividad práctica, de trabajo directo en la organización de la economía nacional. Concibió la transformación de los sindicatos en órganos del poder del Estado como un proceso que comienza con la participación en el gobierno del país y termina en la construcción de nuevos órganos exclusivamente bajo el control de los sindicatos. Pero, ¿por qué los sindicatos, en opinión de Lenin, deben controlar la economía nacional? “Porque”, responde Lenin, “los sindicatos son organizaciones de masas y la revolución es principalmente una creación de las propias masas”. Lenin formula esta idea con las siguientes palabras: “Los sindicatos se convierten en los principales constructores de la nueva sociedad porque los constructores de esta sociedad solo pueden ser las grandes masas, así como los constructores de la sociedad durante la servidumbre fueron unos cientos, así como el Estado bajo el capitalismo lo constituyen miles y decenas de miles, así también solo puede lograrse la actual revolución socialista con la participación directa y activa de decenas de millones en el gobierno del Estado”.
Así, para Lenin, el problema de la gubernamentalización de los sindicatos era cuestión de la actividad de las propias masas. A medida que decenas de millones de personas se vean atraídas a la lucha, la maquinaria de producción caerá bajo el control de los sindicatos. Cuanto antes se pongan en movimiento las masas, cuanto antes los miles y millones de trabajadores se sientan atraídos al trabajo político activo, a la reconstrucción activa, más pronto llegaremos a la materialización de esta cláusula de nuestro programa sobre la gubernamentalización de los sindicatos. Así es como Lenin descifró nuestra actitud sobre esta cuestión. Lenin nunca olvidó la regla fundamental de la dialéctica de Hegel. “La verdad es concreta”. Él tomaba en consideración la Rusia de hoy, nuestra Rusia campesina, y confronta a los millones de masas trabajadoras con el problema de capturar toda la maquinaria mediante la cual se desarrolla la vida industrial del país. En el mismo discurso pronunciado en el segundo congreso sindical, plantea la pregunta fundamental: ¿qué problemas prácticos concretos se presentan ante los sindicatos y qué curso deben seguir? Y él responde: “Su tarea (la de los sindicatos) es llevar a estos millones y decenas de millones de duros trabajadores de unas actividades simples a formas de actividad más elevadas, sin cansarse nunca de empujarlos a las tareas más difíciles, y así entrenar mejor y a masas cada vez más vastas para el gobierno del país, para fusionarse con la lucha del proletariado que levantó la dictadura y la mantiene frente al mundo entero, reuniéndose en cada país con cada destacamento de trabajadores industriales y socialistas que ayer todavía seguían las órdenes de los social-traidores y los social-defensistas, pero que ahora se alinean cada vez más cerca de la bandera del comunismo y de la Internacional Comunista”.
Ya ven cómo Lenin enfocó la cuestión sindical. Aquí él se dirige, no a los delegados del congresos, no a los cientos de comunistas reunidos allí, ve ante sí a diez millones de personas que están destinadas a realizar un tremendo trabajo y suelta ante el congreso la siguiente línea política: “Conseguid que más y más duros trabajadores se dediquen a esta tarea”.
Para Lenin, la cuestión sindical no era una cuestión distinta y separada. No podía separarse de la situación política dada, y esta idea fue, como recordarán, la idea básica de Lenin durante la discusión. ¿Cuál fue la idea básica de Trotsky sobre la cuestión sindical? Trotsky dijo: “Los sindicatos están atravesando una grave crisis”. A lo que Lenin respondió: “Ya que queremos y debemos hablar de crisis, digamos que la crisis es un reflejo del doloroso proceso que tiene lugar entre las masas trabajadoras. Por lo tanto, centrar nuestra atención o, como la cuestión se planteó en aquel momento, nuestra acusación solo en los sindicatos, en un sector particular, es tratar la cuestión de manera equivocada, un error de principio”.
Durante la discusión de 1920 había dos cuestiones centrales en juego. La primera era la cuestión de los sindicatos como órganos del poder estatal, y la segunda era si los sindicatos deberían comprometerse con la protección de los intereses de los trabajadores. Fue a lo largo de estas dos líneas que tuvo lugar la división en plataformas; la plataforma de “los diez”, la plataforma de Trotsky, la plataforma de compromiso, etc. Al leer ahora lo que Lenin dijo y escribió durante la discusión, uno puede ver que Lenin ya era consciente del nuevo giro que la propia discusión implicaba, el giro tan agudo de la política que el partido se vio obligado a tomar a principios de 1921. Para Lenin, la discusión en sí misma era una señal de que algunos elementos nuevos habían madurado y empezado a hacerse sentir en el tejido económico y político del país, elementos que pronto tomarían forma y saldrían a la luz.
Sobre la cuestión de los sindicatos y los órganos estatales, Lenin dijo: “En cuanto a esto, lo mejor es no decir nada y ver cómo aflora en la práctica”. ¿Por qué Lenin enfocó con tanto cuidado, incluso diría con desconfianza, esta cuestión en 1920? ¿Por qué Lenin, que inmediatamente después de la revolución de Octubre, durante el Primer Congreso Sindical, abogó por la rápida gubernamentalización de los sindicatos, abordó esta misma cuestión con tanta cautela a principios de 1920? Porque ya anticipaba el nuevo giro que se acercaba, que no dependía de la buena o mala voluntad del partido, sino de la correlación de fuerzas dentro de nuestro país campesino. Porque el grado de identificación o de integración de la unión conjunta de los sindicatos y el Estado dependía de la construcción de nuestra economía nacional, de nuestra captura de la industria agrícola, y dado el desarrollo de la revolución en Europa occidental Lenin vio que nos estábamos moviendo hacia la Nueva Política Económica.
Ahora, la segunda pregunta: ¿pueden los sindicatos, bajo la dictadura del proletariado, participar en la protección de los intereses de los trabajadores? Los mencheviques intentaron durante los primeros días de la revolución construir una plataforma especial sobre esta cuestión. El movimiento sindical menchevique “independiente” se basó en la idea de que después de la revolución de Octubre la clase trabajadora debe ser independiente del Estado, debe presentar demandas al Estado proletario, organizar huelgas, etc. Los sindicatos deben proteger los intereses de sus miembros, dejando los asuntos de Estado a otros, este era en general, en resumidas cuentas, el punto de vista menchevique.
Así, la propia fórmula de la protección por parte de los sindicatos de los intereses de sus miembros, bajo la dictadura del proletariado, les pareció a algunos camaradas una fórmula puramente menchevique. Muchos de ellos dijeron: “Dividir a los sindicatos y al Estado equivale a desarrollar una fuerza que puede volverse contra la dictadura proletaria, es decir, deformar en cierto sentido toda la línea comunista en el campo sindical”. A esto Lenin respondió: “Nuestro país tiene una mayoría campesina. Tenemos, por supuesto, una dictadura proletaria, pero con distorsiones burocráticas. Y la lucha contra estas distorsiones burocráticas se puede llevar a cabo en dos líneas: a través del aparato estatal y a través de la presión directa por parte de los mismos trabajadores, cuyos sindicatos protegen los intereses de sus miembros y por lo tanto combaten la burocracia”.
Algún tiempo después de que se adoptara la Nueva Política Económica, el Comité Central del partido publicó una tesis sobre los sindicatos que preveía la posibilidad de huelgas. ¿Cómo ocurrió esto? Si abordamos la discusión sobre los sindicatos de la misma manera que lo hizo Lenin, veremos que el nuevo curso del movimiento sindical era un reflejo del proceso general y del cambio general. Veremos que tanto la discusión como los cambios futuros de nuestras tácticas reflejaron la nueva correlación de fuerzas, el debilitamiento del desarrollo de la revolución en Europa Occidental, el crecimiento del sentimiento campesino pequeño burgués y su presión sobre la ciudad, y los numerosos fenómenos económicos y políticos que acompañaron la introducción de la NEP.
Si pasamos a las decisiones de nuestro partido y de los congresos sindicales, veremos cómo esta necesidad de retroceder quedó reflejada en sus resoluciones, y encontró su expresión en la política general de los sindicatos. La cuestión de la gubernamentalización de los sindicatos gradualmente retrocedió a un segundo plano, se difirió a un futuro, las cuestiones de la protección directa de los intereses de los trabajadores vinieron a primer plano (surgió la NEP), los sindicatos se enfrentaron con una nueva serie de problemas, problemas que Lenin había expuesto clara y vívidamente en numerosos discursos y artículos.
Pasaré ahora al papel de Lenin en la formación de un movimiento sindical revolucionario a escala mundial. ¿Cuál fue el problema más importante en el campo sindical después de la guerra? Ustedes saben que, junto con la revolución de la socialdemocracia, se desarrolló una tendencia en los centros obreros de muchos países que defendía deshacerse por completo de los sindicatos. Además, el Partido Comunista Alemán en su congreso de Heidelberg se pronunció a favor de los trabajadores revolucionarios, dividiendo los sindicatos reformistas y estableciendo nuevos sindicatos. Teníamos una corriente bastante clara en nuestro propio movimiento comunista agudamente hostil hacia los viejos sindicatos. “No podemos estar en una sola organización con traidores, nos traicionarán, debemos crear nuevos sindicatos”, insistían los representantes de esta tendencia.
Camaradas, debe quedar claro que la cuestión del movimiento sindical en Europa Occidental es una cuestión central, ya que tenemos en muchos países sindicatos con una cantidad de miembros enorme, sindicatos de larga data y viejas tradiciones. Tuvimos que dejar en claro qué tácticas usar con respecto a las organizaciones de masas, qué hacer con los sindicatos reformistas como los de Alemania, que tienen más de 8.000.000 de miembros. En este momento crucial y decisivo, Lenin sacó su panfleto, “La enfermedad infantil del izquierdismo”, en el que ofrece una solución perfectamente clara y definida de las tácticas comunistas en el movimiento sindical. Hay un capítulo completo en este libro titulado “¿Deberían los revolucionarios trabajar en sindicatos reaccionarios?”. En este capítulo Lenin analiza todos los argumentos de la izquierda para abandonar los sindicatos reformistas. “No deberíamos tener nada que ver con ellos porque no defienden los intereses de los trabajadores, no podemos apoyarlos porque son oportunistas, no hay compromisos”, proclamaron los izquierdistas británicos. Sin embargo, su izquierdismo iba en proporción inversa a su influencia en el movimiento obrero. Y en el capítulo dedicado a las izquierdas británicas, Lenin dice: “Ustedes no desean afiliarse al partido laborista, no quieren apoyarlo en las elecciones, pero el hecho es que la mayoría de los trabajadores en Inglaterra sigue a los Kerensky y Scheidemann británicos, porque aún no han pasado por la experiencia de tener un gobierno de estos hombres, una experiencia que fue necesaria en Rusia y Alemania para llevar a las masas de trabajadores hacia el comunismo. Este hecho demuestra que es perfectamente obvio que los comunistas británicos deben participar en el parlamentarismo, que deben ayudar a las masas trabajadoras a ver los resultados de un gobierno de los Henderson-Snowden dentro del parlamento, que deben ayudar a los Henderson y Snowden a derrotar a la alianza Lloyd George-Churchill. Actuar de otra manera es poner obstáculos en el camino de la revolución, porque sin un cambio en las perspectivas de la mayoría de la clase obrera, la revolución es imposible, y este cambio surgirá por la experiencia política de las masas, pero nunca solo mediante la propaganda.”
Pero Lenin no se detiene aquí. Él dice: “El lema de: ‘sin compromisos, hacia adelante, nada de desviarse del camino recto’, cuando este lema lo plantea una minoría indefensa de trabajadores que sabe (o en cualquier caso debería saber) que la mayoría, en breve, en caso de una victoria de Henderson y Snowden sobre Lloyd George y Churchill, se verá desilusiona y apoyará el comunismo (o, en todo caso, se volverá neutral, en la mayoría de los casos una neutralidad favorable hacia los comunistas), es claramente un lema equivocado. Es como si 10.000 soldados se lanzaran a la batalla contra 50.000 soldados enemigos; este es un momento en el que es necesario ‘vacilar’, ‘desviarse del camino’ e incluso ‘llegar a compromisos’, siempre que haya 100.000 refuerzos fuertes detrás de ti que no puedan unirse inmediatamente a la batalla. Esto es puerilidad intelectual y no una táctica seria de una clase revolucionaria”.
Lenin también dedica varias páginas de su folleto a la izquierda alemana. “En occidente, los mencheviques locales se han atrincherado mucho más firmemente en los sindicatos. Hay en Occidente un conjunto mucho más fuerte de sindicalistas estrechos, egoístas, duros, mercenarios, pequeño burgueses, imperialistas y corrompidos comprados por el imperialismo que en este país. Esto es innegable. En Europa occidental la lucha contra los Gompers, Jouhaux, Hendersons, Merheims, Legiens y compañía es mucho más difícil que nuestra lucha contra los mencheviques, que representan un tipo social y político absolutamente homogéneo”. Esto lleva a Lenin a la conclusión de que no hay motivo para el nerviosismo, aunque es necesario trabajar en los sindicatos, estar donde están los trabajadores. Este fue el lema planteado por Lenin sobre la cuestión sindical.
Aquí me siento obligado a citar otro pasaje más característico: “Millones de trabajadores en Inglaterra, Francia y Alemania están pasando por primera vez desde una falta total de organización a una forma de organización sencilla elemental, más accesible (para aquellos que todavía están imbuidos ​​por los prejuicios democrático-burgueses), a saber, los sindicatos, mientras los revolucionarios pero imprudentes comunistas de izquierda se ponen de lado y gritan ‘Las masas, las masas’ y se niegan a trabajar dentro de los sindicatos… rechazo que basan en que estos son ‘reaccionarios’… inventan una nueva, impecable, ‘Unión de Trabajadores’ libre de prejuicios democráticos burgueses, libre de los pecados del oficio y la estrechez profesional, que esperan que se convierta (¿lo hará?) en un gran sindicato, y donde la única (¡única!) condición para ser miembro es el reconocimiento del sistema soviético y de la dictadura”. Lenin dice claramente: “La tarea de un comunista es convencer a las masas atrasadas, poder trabajar entre ellas en lugar de aislarse de ellas inventado infantiles lemas izquierdistas”.
Estas pocas citas bastarán para mostrar cómo Lenin resolvió la pregunta más difícil, la cuestión de nuestras tácticas en el movimiento sindical. Él aconsejó: “No te pongas nervioso, un comunista debe tener fuertes cables en lugar de nervios”. Por supuesto, toda la burocracia reformista debe ser expulsada de los sindicatos, pero no debemos darles el gusto de retirarnos voluntariamente. Debemos permanecer en los sindicatos reaccionarios, trabajar allí, conquistar a las masas, expulsar a los líderes y convertir a los sindicatos en órganos de la revolución”. Este pequeño libro de Lenin ha jugado un papel tremendo en la lucha contra la fraseología de la izquierda, que, como saben, Lenin odiaba.
También es necesario hablar de la valoración de Lenin acerca de la fundación de la Internacional Sindical Roja. Recuerdo que cuando en 1920 me correspondió, junto con los representantes de Italia, Francia y otros países, comenzar a sentar las bases de la I.S.R. aquí en Moscú, tuve algunas diferencias serias con D’Aragona, que se consideraba de izquierda. Debatimos con él durante varios días. Propuse unas bases para la creación de un centro sindical internacional, pero él planteó otras diferentes.
Entonces Serrati sugirió un compromiso que, no obstante, no estaba lo suficientemente claro. Con esta fórmula de Serrati acudí a Lenin. Lenin la leyó y dijo: “Sí, de hecho, hay poca claridad aquí, pero eso no es lo importante. Ustedes creen ese centro y la claridad llegará por sí misma”. Lenin daba especial importancia a la claridad de pensamiento, por supuesto, pero cuando veía que se podía dar aunque fuera un pequeño paso solo mediante una concesión relativa a una cuestión de formulación, él siempre estaba de acuerdo y siempre demostraba estar en lo cierto.
Cuando se convocó el primer congreso sindical, Lenin le dirigió una carta en la que escribió: “Es difícil encontrar palabras para expresar todo el significado del Congreso Internacional de Sindicatos. La conversión de los miembros de los sindicatos a las ideas del comunismo avanza irresistiblemente en todas partes, en todos los países, en todo el mundo. Se mueve de forma irregular, incorrecta, inestable, superando miles de obstáculos, pero aun así se mueve irresistiblemente hacia adelante. El Congreso Internacional de Sindicatos acelerará este movimiento, el comunismo triunfará en los sindicatos”. Tales fueron los saludos de Lenin al primer congreso constituyente de la Internacional Sindical Roja.
Para concluir, me referiré a las perspectivas del movimiento sindical tal y como Lenin las entendió. Si seguimos, paso a paso, todas las resoluciones sobre la cuestión sindical adoptadas en nuestros congresos del partido, todos los artículos y discursos de Lenin sobre la cuestión sindical, obtendremos una línea bastante definida. No sería cierto decir que Lenin y el partido tenían la misma opinión sobre cuestiones sindicales hace veinticinco años que hoy. A este respecto, el camarada Gierinis se equivocó al escribir en el prefacio de su libro, “Lenin y el movimiento sindical”, que el punto de vista de Lenin expresado en “¿Qué hacer?” permaneció igual hasta el final. Esto no es cierto. El cerebro del partido pensó mucho durante este período tormentoso. Este camino se puede remontar también a la cuestión del papel del partido. Tomen “¿Qué hacer?” y comparen la formulación de Lenin sobre el papel del Partido Comunista en la revolución proletaria dada en ese libro con la formulación de la misma pregunta realizada, con su participación, por el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, y entonces se darán cuenta del camino atravesado por el partido. ¿Qué es el partido? “El Partido Comunista es una parte de la clase trabajadora. Para ser precisos, es la parte más avanzada, más consciente de la clase y la más revolucionaria. El Partido Comunista surge mediante una selección de los mejores, más inteligentes, más abnegados y más visionarios trabajadores. El Partido Comunista no tiene más interés que los de la clase trabajadora. El Partido Comunista difiere de toda la masa de los trabajadores en que ve el camino histórico de la clase trabajadora en su conjunto y se esfuerza, en las diversas etapas de este camino, por defender los intereses no de grupos individuales, ni de oficios particulares, sino de la clase trabajadora como un todo. El Partido Comunista es esa palanca organizada políticamente con la ayuda de la cual la sección más avanzada de la clase obrera guía a lo largo del camino correcto a toda la masa del proletariado y el semiproletariado”.
Este era el papel del Partido Comunista definido claramente veinte años después del “¿Qué hacer?”, sobre la base de una experiencia histórica infinitamente rica.
¿Cuáles son entonces las perspectivas de desarrollo del partido y los sindicatos? En la medida en que estamos entrando en una época en la que las clases desaparecerán, nos estamos moviendo hacia un tiempo en el que los órganos del Estado en todas sus variaciones, y el partido como el órgano de la lucha de clases, desaparecerán. ¿Seguirá existiendo el partido después de que el comunismo se haya desarrollado completamente? No, en el futuro el partido desaparecerá. Por supuesto, esto todavía queda muy lejos, y nuestro Partido Comunista Ruso todavía existirá varios años en su forma actual, pero con la consolidación definitiva del comunismo desaparecerá como partido.
¿Qué pasará con las otras formas de organización de la clase obrera? Tenemos sindicatos, cooperativas, soviets, etc. Los soviets son órganos del Estado, órganos de la dictadura proletaria. Ellos también desaparecerán con la desaparición de las clases, que son la base del poder del Estado. ¿Qué pasará con los sindicatos? Los sindicatos se desarrollarán a lo largo de las líneas trazadas en nuestro programa. Llegarán a un punto en que todas las industrias se concentrarán en sus manos y cuando desaparezcan los órganos de Estado, el partido, etc., los sindicatos se transformarán en nuevas organizaciones, cuyos nombres desconocemos, pero que dirigirán y administrarán la industria, etc. Por lo tanto, tenemos la siguiente situación: en un cierto momento histórico, el partido desaparecerá; cada sección de la maquinaria del partido se fusionará con los órganos del poder estatal y con los órganos de gestión industrial, que se fusionarán a su vez gradualmente con los sindicatos. Todo esto generará en un determinado momento histórico una nueva formación, un nuevo órgano de gestión industrial que será diferente del partido, los soviets o los sindicatos por separado. Lenin dijo en uno de sus discursos: “Ese tiempo queda lejos, muy probablemente solo nuestros nietos vivirán para verlo; hoy nos enfrentamos a problemas concretos de tremenda importancia y debemos resolverlos”.
Mis conclusiones serán extremadamente breves. Lenin introdujo algo nuevo no solo en movimiento obrero ruso, sino también en el internacional. Para Lenin, los sindicatos eran parte de un mecanismo. En uno de sus discursos comenzó de la siguiente y gráfica manera: “El motor es el partido, sus dientes se enganchan a los del engranaje sindical y los ponen en movimiento; los sindicatos, a su vez, ponen en movimiento a las grandes masas”. Lenin veía y valoraba a los sindicatos como una escuela para la educación de las masas, que lanzaba a las masas a la acción. Para él, los sindicatos eran valiosos solo si estaban imbuidos del espíritu comunista. Escribió en uno de sus artículos: “Que los sindicatos estén formados por trabajadores no es suficiente. Representan una organización de clase solo si persiguen una línea de clase, una política de clase”. Saturar los sindicatos con una ideología comunista, convertirlos en una máquina para la prosecución de la línea comunista, subordinarlos a la influencia del Partido Comunista, para controlarlos, para atraer al movimiento revolucionario, a través de ellos, a decenas de millones de duros trabajadores, para educar a las masas; este fue el objetivo de Lenin a través de su política. Lenin fue un destacado pensador político. Sabía cómo maniobrar con millones, cómo conducir a millones a la lucha, calculó correctamente el papel y las tareas de los sindicatos y fue fundamental para que el movimiento sindical ruso desempeñara un papel excepcional en la configuración del movimiento sindical de todos los países, un papel similar al jugado por el Partido Comunista Ruso en la Internacional Comunista, el papel de una fuerza directora, inspiradora y conductora. En este campo, como en cualquier otro campo, la influencia de Lenin fue bastante excepcional, exigiendo un agudo y prolongado estudio durante muchos años.
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