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Timestamp: 2018-12-11 09:38:59+00:00

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Que dudar no te paralice: Arturo Lewinger y los orígenes de las FAR De las armas de la crítica a la crítica de las armas
Arturo Lewinger y los orígenes de las FAR De las armas de la crítica a la crítica de las armas
Para citar este artículo: "Revista Lucha Armada en la Argentina" Nº 6
Arturo Lewinger y los orígenes de las FAR
De las armas de la crítica a la crítica de las armas
En este trabajo presentamos un avance de nuestra investigación en curso sobre los orígenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Para ello rastrearemos una de las tres vertientes que la conformaron: el grupo encabezado por Arturo Lewinger, que dio vida a varias de las células originales de la organización guerrillera fundada en 1970. Avanzaremos en el conocimiento del grupo desde sus inicios en el Movimiento de Izquierda Revolucionario Praxis (MIR-P) junto a Silvio Frondizi; seguiremos con su primer experiencia política independiente en la construcción del Tercer Movimiento Histórico (3MH) y las contradicciones de una sorprendente experiencia de transición; y culminaremos con la conformación final del grupo protofar entre 1966 y 1968. Con este recorrido buscaremos echar luz sobre las causas que llevaron a un espacio de militantes de clase media intelectual a transformarse en guerrilleros peronistas en cinco años.
Los sesentas fueron tiempos de incubación y maduración de las tendencias político ideológicas que se expresaron poco después mediante el accionar político militar. En esta década confluyeron una serie de eventos nacionales e internacionales que generaron las condiciones óptimas para la efervescencia y maduración de ideas. En el plano nacional era la segunda década de proscripción del peronismo, la universidad y la política tradicional fueron clausuradas en 1966 y se produjeron las primeras experiencias guerrilleras nacionales[1]; la clase obrera fue fogueada con una práctica de lucha sindical muy importante y la resistencia peronista mostró un despliegue de violencia de baja intensidad pero intensivo durante varios años, exteriorizando por un lado la capacidad de resistencia de las masas y por el otro la incapacidad del sistema para lograr el consenso necesario para su reproducción, pero señalando también la incapacidad de esas mismas masas populares para romper a su favor la inestabilidad vigente.
En el plano internacional, la Revolución China, la Revolución Cubana, el crecimiento y triunfo de muchos Movimientos de Liberación Nacional, el desarrollo de guerrillas en América Latina, un intenso debate intelectual en el seno del campo de la izquierda[2] y el comienzo de la invasión yanqui a Vietnam sumaron elementos de tensión a las tensiones nacionales ya suficientemente importantes. Es justamente la combinación de estos procesos la que origina una ruptura que permitirá una confluencia. Es la ruptura de la juventud de clase media, intelectual o pequeño burguesa con las concepciones gorilas de la generación anterior y con la izquierda tradicional; y su acercamiento intelectual, simbólico y material a la lucha concreta de las masas trabajadoras. Esas masas que hasta ese momento eran concebidas como objetos retasados víctimas de políticas demagógicas, pasaron a ser vistas como sujetos en los cuales buscar una identidad y una base donde legitimar la teoría.
En este sentido, las FAR son una organización prototípica para estudiar el período: su aparición pública fue la conclusión de un largo proceso de discusión y búsqueda a través de diferentes caminos que también recorrieron muchos militantes de esa generación. En las FAR confluyeron grupos de militantes que provenían de tres (ojo Rot insiste con 4 o 5) diferentes experiencias de la izquierda que avanzaba en la búsqueda de nuevos horizontes: la encabezada por Carlos Olmedo, proveniente de la Federación Juvenil Comunista; la dirigida por Arturo Lewinger (tema de este trabajo) y la originada en los Comandos Pampillón liderados por el cordobés Julio Roqué. La especificidad de lo nacional, la caracterización de la lucha mundial contra el imperialismo, la caracterización del peronismo y la problemática de la lucha armada fueron los elementos básicos del debate; de acuerdo con las respuestas a estos puntos cada uno de los futuros grupos revolucionarios de la década del setenta tuvo su propia identidad y posicionamiento político. Aquí trabajaremos la resolución de uno de los grupos protofar, el de Lewinger, a esta discusión.
Como dijimos, la evolución del grupo de Arturo Lewinger puede ser dividida en tres etapas bien diferenciadas: MIR-Praxis, 3MH y protofar. Pero debemos aclarar que si bien existía un núcleo de militantes que hizo junto todo este recorrido hasta lanzarse públicamente como FAR en 1970, no fue sino hasta 1968 cuando se constituyó como grupo orgánico. De modo que durante el trayecto anterior convivió con otros militantes de muy diferentes perspectivas en el seno del MIR-P y después del 3MH; la discusión teórica en ambas estructuras tenía mucha preeminencia sobre la práctica política.
El período de militancia junto a Silvio Frondizi en el MIR-P fue para todos los jóvenes que participaron de esta experiencia un tiempo de aprehensión de las primeras herramientas teóricas. A pesar de sus dificultades con la práctica, Praxis dejó como saldo de su existencia más de cincuenta cuadros que, desde posiciones heterogéneas, serán protagonistas de la política argentina las décadas siguientes y, en algunos casos, hasta la actualidad.[3] Jorge Lewinger, hermano de Arturo, sostiene que se vinculó al MIR-P
muy joven, [...] motivado por mi hermano que era cuatro años mayor que yo pero que entonces tendría 19 o 20 años. Él había empezado a militar en el Partido Socialista de Alfredo Palacios, cuando se divide el PS él se va con otros compañeros y se incorpora a Praxis con Silvio Frondizi. A partir ahí me invita a charlas y otras actividades con Frondizi, pero yo no lo llamaba todavía militancia. Y me acuerdo que la primer cosa que hago que ya tiene que ver con la militancia es cuando Frondizi llama al voto en blanco contra su hermano Arturo Frondizi en 1958 y vamos a volantear ese pronunciamiento en la fábrica TAMET (que ya no existe), de Puente Alsina. Entonces fui a volantear al comienzo de un turno a la noche y después me volví a casa y me fui a volantear a la salida de ese turno y el comienzo del otro. Ése fue el comienzo de la militancia un poquito en serio. Así empezamos a militar mi hermano, yo, otro compañero que era Humberto D’Ippolito y algunos compañeros más que después siguieron en las protofar y que estuvieron vinculados al grupo de Praxis.[4]
Hasta 1960 los praxistas continuaron con una militancia ligada principalmente a la formación en torno a Frondizi y a la propaganda y difusión de sus ideas. Pero entre 1960 y 1961 el movimiento comenzó un viraje. Si hasta el momento el grupo venía siendo una estructura organizada en torno al prestigio del intelectual y se dedicaba principalmente a la formación teórica de cuadros y a la producción de materiales de análisis sobre la realidad argentina y americana, a partir de ese año se presentó con un nuevo discurso y una nueva práctica: como veremos más adelante, del discurso marxista crítico el MIR-P se orientó hacia un discurso nacional y popular, y de una práctica centralmente teórica pasó a promover una ampliación de esta poniendo énfasis en los trabajos de inserción territorial. Este viraje tenía su razón de ser de dos acontecimientos fundamentales: el Plan Conintes[5] a nivel nacional y la Revolución Cubana a escala internacional.
La aplicación del Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) comenzó parcialmente en 1959, se extendió a todo el país en 1960 e implicó una espiral represiva que siguió minando la poca legitimidad del gobierno de Arturo Frondizi. En dicho período se fue achicando el marco de legalidad, con el objeto de frenar el creciente nivel de combatividad de diferentes sectores del movimiento obrero y el recrudecimiento de la resistencia peronista clandestina, que había llegando a desarrollar la primera experiencia guerrillera, Uturuncos. La represión llevó a la cárcel a miles de activistas y dejó fuera de la ley cualquier organización o discurso que se pudiese tachar de “comunista” o “peronista” a los ojos de los militares, y finalmente produjo la derrota de lo que se llamó Primera Resistencia Peronista (sindical y clandestina). Pero era claro que el desprestigio del sistema político estaba llegando a su punto más alto a consecuencia de su pírrico triunfo sobre la resistencia y de su incapacidad de ser vehículo de una nueva hegemonía. Además, esta derrota dejaba abiertos nuevos interrogantes acerca de cómo transformar la resistencia obrera y popular en un camino hacia la victoria. Muchos buscaron la respuesta a la luz de la experiencia cubana[6].
Por otra parte, el Conintes venía a confirmar las tesis de Praxis sobre la inviabilidad de un progresismo burgués que combinara desarrollo con libertad y, a su vez, mostraba a través de la combatividad de la clase obrera que sólo ésta podía ser la alternativa para la construcción de un nuevo sistema. Pero también mostraba las limitaciones de la lucha y la inmadurez de la clase, así como la imposibilidad política del desarrollismo para neutralizar a la clase trabajadora y subordinarla consensuadamente al nuevo proyecto burgués.[7] Con la derrota de la resistencia y la consolidación del vandorismo en los sindicatos se llegó a una nueva situación de equilibrio inestable, período que se prolongó hasta el golpe de Onganía en 1966 y durante el cual maduraron las ideas y proyectos que se plasmaron posteriormente en la guerrilla.
La política represiva de su hermano Arturo produjo sobre el grupo de Silvio Frondizi un doble efecto. Por un lado el enrarecimiento represivo impulsó a los praxistas a repensar su inserción y su discurso buscando vincularse con los sectores populares a través de la creación de la Fuerza Autónoma Popular (FAP), un organismo de inserción territorial que presentó listas propias a cargos municipales en las elecciones de 1962. Por el otro, tendió puentes a los trabajadores peronistas como consecuencia de la radicalización de la lucha del movimiento obrero, de los grupos de la resistencia y del surgimiento de programas de lucha como el de La Falda en 1957 y el de Huerta Grande en 1962, que elevaban sus reivindicaciones desde el sostenimiento de las conquistas obtenidas con Perón hacia transformaciones del orden estructural con tendencias socialistas.
En este sentido, más allá del rechazo de los praxistas a realizar concesiones en su discurso a la burguesía nacional, Jorge Lewinger precisa que Silvio Frondizi no era antiperonista y que ya entonces podían encontrarse puentes hacia lo que serían los planteos de las FAR y su asunción final de la identidad peronista:
Para ubicar mejor a Silvio con respecto al peronismo podemos ver su actitud respecto de las elecciones del año 62. Las famosas elecciones del 18 de marzo que gana Andrés Framini [e inmediatamente] el golpe contra Frondizi. Silvio había armado una estructura en varios lugares del Gran Buenos Aires que se llamaba FAP. Yo estuve en Moreno, donde se dio el mayor desarrollo, pero había FAP también en La Matanza. Al final, frente a las amenazas militares de que las elecciones iban a ser anuladas si ganaba Framini y queda clara la importancia del triunfo peronista, Silvio levanta todos los laburos [levanta las listas de candidatos] y le da el apoyo a Framini, salvo en Moreno que por mayor desarrollo intenta saber cómo es que sale su candidato. Es decir, plantea el apoyo a Framini, esto es un dato interesante.[8]
El otro acontecimiento que impulsó el viraje del MIR-P fue la victoria del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio el 1 de enero de 1959 en Cuba. La revolución en la isla causó un profundo impacto en todos los militantes contemporáneos, principalmente en América Latina, un impacto que vino a dar una forma argumental explícita al malestar que desde muy diferentes corrientes expresaban las nuevas generaciones. Era un proceso de acceso al poder “novedoso” con respecto a los cánones con que la izquierda partidaria latinoamericana venía encauzando las energías revolucionarias de los que se encuadraban en sus filas, y rompía con la interpretación canónica del marxismo hecha por la Tercera Internacional y la burocracia soviética.
Si bien hasta la segunda declaración de La Habana Cuba no se pronunció formalmente como país socialista (y Frondizi macaba esto como una limitación), lo cierto es que desde el principio de la revolución la hegemonía se fue asentando cada vez más en las filas castristas y era visible que el proceso avanzaba hacia una radicalización ininterrumpida al calor de los enfrentamientos de clase internos y de la presión cada vez mayor en el plano internacional.
Comunistas, socialistas, peronistas o marxistas independientes como los miembros de Praxis encontraron en la heterodoxia cubana una camino para superar las limitaciones que sus perspectivas militantes mostraban hasta ese momento. La Revolución Cubana era “comunicable” para la militancia de un amplio espectro y cada corriente se acercaba a ella sin romper con su pasado. Aparecía como un camino exitoso hacia la transformación de la sociedad y como una superación de las prácticas previas que permitía integrarlas sin negarlas. En definitiva la isla era vista como un inmenso foco desde donde la lucha armada como método, el marxismo releído en una clave integradora como ideología y el poder como objetivo eran ofrecidos generosamente para todos los militantes que quisieran iniciar la transformación revolucionaria en sus respectivos países.
Praxis acusó el impacto. A fines del 59 Frondizi viajó a Cuba y sus discusiones con el Che, sus debates con éste en torno al socialismo y la experiencia de ver de cerca un proceso de construcción de poder popular causaron profunda impresión en el intelectual. En última instancia Fidel y su grupo eran intelectuales como él, además estaban haciendo la revolución con un contenido y evolución que respondía a los análisis que él mismo había previsto en sus estudios pero con un formato y lenguaje diferente. Era como si las hirientes acusaciones de Jauretche[9] sobre su intelectualismo aislado de los caminos del pueblo se le aparecieran ante sí con la fuerza inigualable de una revolución triunfante, pero a su vez con una posibilidad de ser respondidas sin negar sus planteos teóricos fundamentales.
El MIR-P inició bajo esta influencia el viraje en su discurso y en su práctica. Por un lado pasó de un lenguaje claramente marxista con tintes libertarios hacia un nacionalismo popular revolucionario con orientación hacia la autogestión[10] (lo cual era una continuidad en el pensamiento praxista y lo seguirá siendo en el grupo de Lewinger hasta su fusión en las FAR). Las consignas “solución popular” y “salida argentina a la crisis” fueron las claves del nuevo lenguaje que buscaba una aproximación al discurso peronista y la preservación de la tesis frondizista básica de agotamiento de la burguesía como fuerza transformadora.
Por el otro, el MIR-P apostó a la profundización de la práctica política con el lanzamiento de trabajos territoriales concretos. Para esto creó, como apuntamos más arriba, la Fuerza Autónoma Popular; esta agrupación territorial buscaba dar la pelea política sin perder la idea de ir generando los organismos de autogobierno desde la misma célula barrial, sosteniendo así otra de las tesis básicas frondizistas: que la sociedad revolucionaria se debía prefigurar en el mismo proceso de construcción social que las organizaciones políticas populares realizaban durante su formación y crecimiento en lucha contra el sistema burgués decadente. Estas dos fuertes definiciones fueron una constante de Praxis y siguieron acompañando a los ex praxistas después de abandonar a su mentor.[11]
Además, de acuerdo con Jorge Lewinger, el impacto de la Revolución Cubana no acabó en su efecto ejemplar:
A Silvio los cubanos le habían ofrecido –ya en una estrategia mas guerrillera- tener un papel protagónico en el liderazgo de los distintos MIR-Praxis que había en América Latina.[12] [...] Pero Silvio, que era sobre todo un intelectual, no acepta la responsabilidad política y no quiere hacerlo. A partir de allí se produce toda una discusión interna.[13]
El tema de la Revolución Cubana y la lucha armada como vía comenzaba a impregnar las concepciones de los praxistas, pero
en realidad había bastante heterogeneidad en el grupo de gente que se va de Praxis, porque algunos que se iban por una idea más vinculada a la necesidad de un proceso guerrillero y otros que, al revés, todavía visualizábamos una participación de sectores nacionalistas militares en un proceso revolucionario, pero no insurreccional sino cívico militar.[14]
En este sentido puede verse que la influencia de las ideas de la Revolución Cubana les había planteado el problema del poder; la resolución de este problema por la vía de la lucha armada y la instauración del socialismo todavía requerirá en el grupo de una evolución de sus ideas y de una depuración. Así, la presión interna dentro del MIR-P se elevó: para algunos el viraje discursivo “populista” inconsulto era una claudicación;[15] para otros, que en poco tiempo se organizarían en 3MH, era insuficiente. Lo cierto es que la política amplia de Frondizi impuesta al conjunto sin discusión alguna quedaba a mitad de camino. La profundización del trabajo territorial autónomo con FAP, los intentos de participación electoral a nivel municipal y un discurso “nacional popular” a nivel masas que tendiera puentes al peronismo con un estilo M26 cubano[16] pero sin la perspectiva de un frente guerrillero o alguna política de poder aparecía ante los militantes praxistas como un retroceso, abriendo una situación de crisis que terminó con el fin de la organización.
En otras palabras, el MIR-Praxis no respondió a la nueva coyuntura y estalló, desapareciendo prácticamente entre 1963 y 1964[17]. La fracción que integraron varios de los futuros miembros fundacionales de FAR inició una nueva, breve y contradictoria experiencia con la construcción del agrupamiento Tercer Movimiento Histórico. Pero lo que aquí interesa puntualizar es que cuando Praxis tuvo que salir del ámbito de las ideas puras para entrar en la arena de la lucha de clases (y precisamente en 1962, en una coyuntura electoral complicada), la profunda (y opaca) divisoria de aguas de la sociedad argentina entre peronismo y antiperonismo obligó a la agrupación a ubicarse en una posición política ambigua: como en el caso de la lucha armada, nuevamente una posición que quedaba a mitad de camino. El viraje político alejó discursivamente al grupo de las precisas definiciones respecto de los problemas del capitalismo argentino, reemplazando las definiciones marxistas por consignas cercanas al populismo con el objetivo de llegar a las masas peronistas. Pero las masas peronistas (hacia las cuales se dirigía el nuevo discurso) ya eran peronistas y no tenían por qué organizarse bajo una nueva identidad. La crisis definitiva del peronismo podría haber ayudado a ese tránsito, pero ésta no se dio tal como los praxistas esperaban.
Silvio Frondizi inició un camino de transformación de su fuerza que no supo completar. La crisis generó la dispersión del MIR-P en distintos grupos, que buscaron terminar el camino iniciado por el intelectual pero en direcciones diversas. Uno de ellos avanzó en la línea nacional y popular acercándose aún más al peronismo pero todavía sin asumir su identidad. Ese grupo se llamó Tercer Movimiento Histórico (3MH), una agrupación de transición donde unos veinte ex praxistas[18] debatieron sobre las vías concretas para la transformación revolucionaria de la sociedad y donde convivieron partidarios de la lucha armada con partidarios de una denominada “solución militar”.
En 1964, esta fracción que integraban los futuros fundadores de FAR dio a luz el documento Del peronismo al tercer movimiento histórico.[19] El trabajo pretendía ser fundacional y sus autores intentaban cumplir un rol similar al que había cumplido Forja treinta años antes. Esta identificación con la Forja de la década infame era explícita, al plantearse para sí mismos (su generación) la tarea de ser la bisagra entre dos épocas caracterizadas por dos movimientos populares distintos, a su vez con hegemonías de clase diferentes. El material, organizado de acuerdo con la tesis frondizista de la unidad del proceso histórico mundial, arranca con la caracterización de la situación del campo internacional para luego avanzar hacia el análisis de la situación nacional, en contraposición con el método que luego se utilizará en las FAR: en sus análisis y en línea con las tesis del nacionalismo revolucionario, Carlos Olmedo –quien será su principal referente- partía siempre de lo nacional para desde allí evaluar lo mundial.[20]
Además, el grupo profundizó el viraje discursivo frondizista eliminando las categorías y citas explícitamente marxistas (pero no por ello abandonando el análisis materialista dialéctico, que es el soporte de todo el texto) y, en este sentido, tres actores (no clases) aparecen como los sujetos políticos que debían analizarse en primera instancia: el movimiento popular, los militares y la nueva generación. También definían en clave nacional y popular la necesidad de la articulación de una nueva hegemonía a través de la creación de un nuevo movimiento histórico popular que continuara (y superara) al peronismo.
Con este documento saldaban cuentas con su experiencia anterior en Praxis y daban los lineamientos de su nueva propuesta política. “Conocemos ya el fracaso. Y este fracaso, que ha sido tanto teórico como práctico, es la prenda común que nos unifica, el índice que nos señala que el error está más allá de nosotros mismos”.[21] El fracaso al que se referían era el que sentían haber vivido en el MIR-P, pero en realidad es el fracaso de una época a la que el grupo como generación decía querer sustraerse. Es el fracaso en Praxis pero es también el fracaso que sentían muchos militantes del Partido Comunista y de la izquierda en general, como así también es el fracaso de los militantes peronistas de la resistencia. Como mencionamos más arriba, para todos ellos la experiencia cubana aparecía como una luz frente a las tinieblas del momento. Pero para esta fracción que se estaba organizando en 3MH el paso desde el marxismo heterodoxo más bien teórico hacia la lucha armada seguirá un camino sinuoso y lleno de contradicciones.
Debemos acotar que entre los dos grandes ciclos de luchas de masas caracterizados por la Resistencia Peronista y el Cordobazo (y otros levantamientos populares), se dio un período de cierta pasividad relativa. Aunque estiremos la resistencia hasta 1960-61 y retrotraigamos la maduración de las condiciones que dieron lugar al Cordobazo desde en golpe de Onganía, es claro que en el lapso 1962-66 (período de formación y maduración del futuro grupo protofar) el escenario político aparece dominado por los enfrentamientos entre diferentes fracciones de la clase dominante, las insalvables contradicciones y reagrupamientos dentro del bloque de poder y su incapacidad para lograr un hegemonía estable; mientras el movimiento obrero estaba dominado por la burocracia vandorista, capaz de impugnar políticas pero no de impulsar un proyecto social alternativo continuador de las luchas de la resistencia. De esta forma los integrantes de 3MH señalaban que el peronismo era un movimiento impotente y daban como testimonio de esto la desorientación de la resistencia y sobre todo la incapacidad de dar respuesta a la anulación por parte de los militares del triunfo de Framini en 1962.
De todos modos y aunque caractericemos este período como de cierta paralización de la lucha independiente de las masas, no debemos ignorar que también se desarrollaron experiencias que tendrían un gran valor en el futuro. En este sentido podemos ubicar el Plan de lucha de la CGT vandorista (entre mayo de 1963 y octubre de 1965), que implicó una oleada de tomas de fábricas (en mayo y junio de 1964) sin precedentes y que contó con una movilización combativa de las bases muy importante; y el surgimiento de experiencias guerrilleras como la de Masetti en Salta (1963) y la del Vasco Bengoechea en la Capital Federal (1964). Es decir, no se trató de un período de reflujo sino más bien de acumulación y balance de toda la experiencia del período anterior.
Por otro lado, los militantes que se agrupaban en torno a 3MH pertenecían a una nueva generación (cosa que marcaban reiteradamente en el texto) y a la pequeño burguesía intelectual; eran los hijos de una clase social no vinculada peronismo (y mayoritariamente antiperonista) y por lo tanto ajena a las luchas de la resistencia que, como señalamos antes, tuvo como protagonista a la clase obrera y principalmente de identidad peronista. O sea “la idea es que la superación de los dos movimientos históricos iba a ser obra de una generación, un planteo generacional. Eramos todos jóvenes pero además teníamos la idea de que debíamos ser muy amplios”[22].
Asimismo, en el documento puede observarse con una mirada somera la presentación de una serie de rupturas. En primera instancia el título de la obra define su proyecto: el tercer movimiento histórico. La reivindicación del peronismo está implícita en el nombre como lo está también la del irigoyenismo; en este sentido la historia del siglo XX es vista como un proceso durante el cual las masas populares se organizaron a través de experiencias sui generis: “Los momentos de avance de la Argentina moderna están determinados por la aparición de movimientos populares profundamente representativos, orientados y organizados en función de grandes objetivos de realización nacional, heterogéneos y tumultuarios”,[23] sostiene el escrito; la clave del reconocimiento de estos movimientos se da a través de la negación de otras fórmulas tradicionales (los partidos de izquierda y sus programas) para construir una dirección política de las masas.
Esta postura ofrece una vuelta de tuerca más sobre la reivindicación frondizista de los movimientos federales del siglo anterior y del peronismo como último intento burgués progresista, ya que implica claramente la asunción de una mirada nacional popular no clasista respecto de cómo posicionarse ante la crisis y buscar una salida. Así, el grupo profundizaba sobre la “tipicidad argentina” (a la cual dedican un capítulo, manteniendo la línea de interpretación de Silvio Frondizi), que es la base material de su posterior planteo acerca de la necesidad del tercer movimiento histórico como fórmula propia de nuestra realidad y de las tareas particulares que cabía realizar en la Argentina.
La sucesión de estos movimientos “se plantea en forma de oleaje, es decir, como destrucción y transformación dialécticas –superación en suma- de sus antecesores. El hecho primordial de la Argentina 64 es estar asistiendo al momento de parición de uno de esos movimientos populares”. Esta idea de superación dialéctica del peronismo, sin embargo, había sido planteada desde John William Cooke en adelante por la mayoría de los sectores del peronismo revolucionario, que nunca negaron que su movimiento “debía” pegar un salto hacia posiciones más definidamente socialistas.
Si bien la superación dialéctica de la que hablaba Cooke estaba muy emparentada con los planteos de 3MH, la diferencia radica en que unos la planteaban desde adentro y con el idea de que el peronismo era un movimiento plenamente vigente (lo que era todavía históricamente correcto) y los otros lo consideraban históricamente superado. Pero es interesante ver cómo este planteo de superación dialéctica junto con el de la sucesión de movimientos populares es, para estos militantes, un paso de acercamiento muy grande a los planteos de la izquierda peronista y, sin duda, un puente hacia la asunción de la identidad que muchos de los miembros de 3MH harán luego en las FAR.
Es más: el período que arranca en 1962 parecía demostrar la impotencia del movimiento de Perón para superar sus limitaciones: la resistencia había sido derrotada, los sindicalistas combativos habían sido barridos o se habían transformado en burócratas y el “neoperonismo” florecía en la arena política. Pero las masas peronistas, con o sin burócratas, permanecían bajo la identidad peronista y la nueva oleada de luchas que se avecinaba no se desarrollaría bajo una nueva identidad. De esta forma, con el viraje ya iniciado con Praxis y profundizado en 3MH, la mayoría de sus miembros fueron absorbidos por esta identidad.
Este punto merece un poco más de precisión. No se trataba de un fatalismo que predijera que el peronismo estaba teleológicamente determinado a ser la expresión de las masas populares argentinas, pero la identidad política de esas masas no cambiaba de la noche a la mañana ni en uno o dos años. Por el contrario, debía sufrir un proceso de deterioro de sentido inverso al de su construcción. Así, cuando en 3MH sostenían que el radicalismo se había agotado como movimiento histórico y que las masas habían dado lugar a un nuevo movimiento (el peronismo), se olvidaban de una cuestión central: que el irigoyenismo si bien era un movimiento popular representaba principalmente a los sectores de clase media, mientras que la clase obrera sólo adhería parcialmente a él (incluso, los enfrentamientos entre el radicalismo y los trabajadores fueron épicos). El diálogo entre el gobierno y los sindicatos, fueran éstos socialistas o sindicalistas, siempre había sido entre dos actores diferentes con mayor o menor nivel de acuerdo: el agotamiento del radicalismo no implicó entonces su pérdida de prestigio entre la clase media.
En cambio, el surgimiento del peronismo se dio sobre la base de la adhesión de la clase obrera, “formada” como clase nacional –como reconocían los autores del documento- en la década del cuarenta y unificada políticamente con el peronismo (es decir que, en términos thompsonianos, completó su proceso de formación). No existió entre el radicalismo y el peronismo una transición de identidad de una misma clase, aunque 3MH consideraba que la misma clase obrera fervientemente peronista un par de años antes (y con una práctica combativa muy profunda en nombre de ese movimiento) estaba en proceso de cambiar de identidad y construir un nuevo movimiento.
Como apuntamos párrafos más arriba, 3MH mantenía el planteo de la “tipicidad argentina”, una hipótesis tributaria de Silvio Frondizi cuya clave estaba en la idea de “semidesarrollo” que separaba a nuestro país tanto de países industrializados como de los subdesarrollados.[24] Los integrantes del grupo justificaban así su planteo político atípico; si la Argentina era diferente a los demás países del Tercer Mundo, la resolución de su crisis debía ser también diferente: de este modo explicaban la extraña combinación política de un movimiento popular con hegemonía obrera que tuviera como cabeza una corriente golpista de las FFAA en la Argentina de 1964.
El grupo de Lewinger mantuvo el planteo de que la burguesía nacional no es tal, en términos generales, hasta su incorporación en las FAR (en Montoneros el tema de la burguesía no será definido en este sentido hasta fines de 1973). Otra vez, el documento deja traslucir la continuidad de pensamiento teórico de 3MH con el de su maestro Frondizi, no hay rupturas ni aportes importantes en ese plano. Lo que el grupo hacía era reelaborar las ideas previas en función de la búsqueda de una práctica política efectiva. En ese camino se acercaron, por un lado, al peronismo. Pero, por el otro, debemos destacar un elemento de central importancia política que sí significaba un cambio respecto de Praxis: la preocupación práctica por encontrar actores políticos que fueran el sujeto de la transformación buscada. Si bien la clase obrera era mantenida como la clase fundamental del nuevo movimiento histórico, las expectativas a nivel dirección política estaban puestas ahora en las FFAA.
Según 3MH, los procesos revolucionarios en el Tercer Mundo se daban de dos formas: la que llamaban clásica, realizada bajo la conducción de organizaciones políticas revolucionarias de diverso tipo pero surgidas desde las mismas masas; y las realizadas “bajo conducción de las Fuerzas Armadas Nacionales que, a medida de que van profundizando sus objetivos, incorporan paulatinamente al pueblo a su revolución”.[25] Los ejemplos de esta segunda forma eran el Egipto de Nasser y la Argentina de Perón.
Esta identificación de dos vías para la resolución de los procesos de liberación nacional daba forma a dos estrategias posibles. Una era la estrategia de revolución popular al estilo de Cuba o Argelia, que requería dotarse de herramientas para llevarla delante preparando una organización revolucionaria de vanguardia dispuesta a intentar conducir el proceso. La otra era la revolución militar, que dejaba en manos de las Fuerzas Armadas el rol de vanguardia política del proceso a través de la construcción de una nueva hegemonía nacional y popular dentro de la institución, y que obviamente resolvía el problema de la coerción revolucionaria.
En el documento, justamente, el capítulo más largo estaba dedicado al análisis de las FFAA;[26] sobre el final de ese apartado predecían un golpe de estado cuyo signo, sugestivamente, no podían determinar. Pero la historia de las FFAA indicaba ya para esa época con bastante claridad que el signo del golpe, fuera realizado por “gorilas” o por “profesionalistas” (que finalmente demostraron ser tan gorilas como sus camaradas), difícilmente significaría un avance en un proceso de liberación nacional. Esta lectura no podía ser ignorada por los evidentemente lúcidos cuadros que formaron 3MH, pero ¿cómo podía ser que militantes que venían de una experiencia de formación teórica y de práctica democrática de base con Silvio Frondizi abrigaran esperanzas en un golpe militar nacionalista? Más aún si tenemos en cuenta que muchos de ellos fundaron después una organización guerrillera marxista, las FAR, inspirada en la estrategia guevarista[27].
En este sentido debemos hacer dos observaciones. Una es la significativa relectura del peronismo que se hizo en el MIR-Praxis a partir de 1959 (que si bien no significaba un cambio de posición respecto de su función económica y de clase, sí implicaba una clara revalorización política y simbólica del mismo); de ahí que el lema tradicional de Perón de la “unidad del pueblo con sus fuerzas armadas” como elemento necesario para la implementación de políticas nacionales fuera incorporado al bagaje político ideológico de 3MH. La otra observación a atender es la disputa interna entre las FFAA, que para 1962 se expresaba a través del enfrentamiento entre Azules y Colorados (profesionalistas y gorilas, el documento expresaba una línea claramente pro-azul).[28] La contradicción entre los planteos de una conducción a cargo de las FFAA y una hegemonía obrera en el nuevo movimiento fue insalvable y terminó provocando la desintegración de 3MH, evidenciando también una falta definición colectiva en torno al problema central del poder y específicamente de (lo que en la época era un tema de debate central) las vías para la toma del poder.
Esta tensión puede leerse además en la evolución posterior de sus integrantes: “Alberto Ferrari Etcheverri estuvo en al cancillería con Alfonsín y fue uno de los que elaboró el pacto Alfonsín-Sarney del Mercosur”, Luis Piriz desapareció siendo miembro del PRT-ERP, Jorge Castro se vinculó efectivamente a los militares y después fue ministro de planificación de Menem y otros siguieron el camino hacia la fundación de las FAR.[29] Es decir, se trataba de un grupo de militantes que estaba en transición hacia las que serían sus posiciones ideológicas definitivas, en algunos casos antagónicas.
Otro elemento heredado del pensamiento de Frondizi, profundizado en 3MH y que explica esta contradicción, es el fuerte rechazo a la democracia burguesa, rechazo sustentado en la concepción frondizista del agotamiento del rol progresista de la burguesía y en toda le experiencia histórica reciente de agresión a la clase obrera y a las mismas normas democráticas que, retóricamente, el liberalismo decía defender. Este punto de acuerdo básico, justamente, podía encerrar posiciones tanto de izquierda como de derecha. Es más, el rechazo a la democracia burguesa era por entonces –claro que desde perspectivas diferentes- parte del ideario de la izquierda revolucionaria, del fascismo y del clericalismo; de ahí que no definiera un horizonte común sino que sólo mostrara cómo la crisis del sistema teñía las concepciones políticas de diferentes sectores.[30]
Según el documento de 3MH,
un eventual golpe militar tratará, pues, de dar una respuesta global y de conjunto a la crisis. Tendrá una política. Cualquiera sea su signo el movimiento popular debe preverlo, introducir esta eventualidad en su estrategia. Concretamente es necesario acelerar las cosas, estar sólidamente asentados ente esta posibilidad. Para lo que sea: para el enfrentamiento total, para la presión, para la toma del poder, para la defensa. Un golpe como el que describimos, supone la liquidación de raíz de la estructura partidaria vigente.[31]
Es decir que el rechazo a la partidocracia liberal es estructurante para el análisis de las posibles líneas de acción. Y el párrafo citado (que además es el de cierre) deja ver las expectativas del grupo en que el golpe de estado que veían venir confluyera en el camino de una revolución heterodoxa. Aunque también deja abierta la posibilidad de que no fuera así y se hiciera necesario buscar otra vía para “acelerar las cosas”. La clave de estas expectativas en una salida militar nacionalista para la crisis argentina puede leerse en las siguientes líneas:
El ejército debe ser comprendido como institución [...] dijimos antes que se ha buscado comprender el papel político de las FFAA, oscilando e permanentemente entre dos formas de idealización: la exaltación (nosotros agregamos, por parte del nacionalismo de derecha) y la condena totales (por parte de la izquierda) [...] Para algunos su deformación es más, permite atribuir a nuestro ejército un espíritu de cuerpo, una organización de casta, que en realidad no tiene [...] Cuando decimos institución, afirmamos [entonces] que el Ejército es una estructura que condiciona y determina a sus componentes que, a la vez, está dialécticamente condicionada por estos. Así negamos [...] que todo se encuentre apriorísticamente determinado por la existencia de un cuerpo sólido, homogéneo, cuyo peso determina la actitud de sus miembros de un modo excluyente.[32]
En otras palabras, el ejército es entendido como una institución del Estado, un “aparato del Estado” tal como también lo es la universidad. Si bien es cierto que el ejército no es un cuerpo monolítico y en su interior puede albergar distintas corrientes, lo que necesariamente obligaría a una fuerza política de cualquier signo a analizar sus contradicciones, desde individuos potencialmente progresistas hasta corrientes y fracturas transversales u horizontales; en el análisis de 3MH la búsqueda de estas corrientes estaba en el centro de su propuesta política para la resolución de la crisis.
Pero el intento de desarrollar un análisis que no filtrara categorías marxistas condujo a 3MH planteara las divisiones fundantes de los conflictos políticos en actores institucionales (el ejército) o generacionales (“nuestra generación”). De esta forma la institución ejército era vista como un actor potencial, independiente de las clases, que llevaría adelante las tareas nacionales modernizadoras apoyándose en la clase obrera. Una especie de bonapartismo sui generis.
Por otra parte, los intentos de búsqueda de un nacionalismo militar progresista que resolviera mediante un atajo el problema del poder no se quedaron en un folleto sino que, como señala Lewinger,
de ese grupo que formó 3MH tuvimos incluso algunas reuniones con el comodoro Guiraldes, cuando tenía un planteo muy nacionalista respecto a Aerolíneas Argentinas y a la política aerocomercial. Pero incluso más (en forma más personal), con Luis Piriz y con otro compañero que se llamaba Jorge Diamand escribimos un folletito que se llamaba De la reforma universitaria a la revolución nacional, y en ese folletito se abre una expectativa positiva sobre el comienzo de Onganía antes de que se produzca la noche de los bastones largos y se vaya toda nuestra idea a la mierda, digamos.[33]
El mismo Lewinger reconoce que una concepción antiburguesa de este tipo (poco definida en la caracterización del sujeto revolucionario, agregamos nosotros) podía terminar en posiciones de derecha como las de Jorge Castro (que como anotamos siguió cerca de los militares, luego se vinculó al isabelismo, más tarde colaboró con el proyecto político del genocida Emilio Massera y finalmente fue secretario de planificación de Menem), “o [en] una corriente de crítica más de izquierda, movimientista, que precisamente asumiera mejor la historia del peronismo” y que buscara la resolución del problema militar de la revolución a través de la lucha armada.
Finalmente con 3MH agotado, en 1966 esa corriente crítica construyó uno de los núcleos protofar que encabezó Arturo Lewinger. Pero el camino por recorrer desde 1966 hasta 1969 colocó a los miembros de este grupo ante nuevos desafíos prácticos y teóricos. El golpe de Onganía confirmó las predicciones negativas del folleto: si dentro del grupo que formaba 3MH se había impuesto la línea de apoyo a un golpe militar nacionalista, la materialización de éste con Onganía desbarató en pocos meses las expectativas de los que ingenuamente depositaban en los militares la posibilidad dar pasos en el camino de la liberación nacional. Eso sí, terminó con la política burguesa... pero para impulsar un modelo neocorporativo clerical al servicio del gran capital.
Claro que el folleto aquí estudiado expresaba también la posibilidad de que las cosas sucedieran tal como efectivamente sucedieron. El golpe encabezado por el general Onganía, cabeza del sector supuestamente nacionalista del las fuerzas armadas, demostró rápidamente sus intenciones de servir al capital monopólico en lo económico y al oscurantismo clerical en lo político y cultural. Aunque para la posibilidad de una dictadura reaccionaria 3MH no se planteaba ninguna política a seguir (y esto muestra que la idea dominante en el grupo era la del nacionalismo militar), la mitad de sus integrantes estaba dispuesta a buscar un nuevo horizonte siguiendo el camino marcado por la Revolución Cubana (en el texto, la vía de la revolución popular). Es claro que para una gran parte de la juventud progresista de clase media el onganiato significó un empujón muy fuerte hacia la semicandestinidad y un nuevo paso de aproximación a los sectores combativos del movimiento peronista.
Descartada la experiencia de que un sector nacional de las FFAA participase de un movimiento cívico militar, y [teniendo en cuenta] la crítica que hacíamos a la partidocracia liberal de izquierda a derecha, el camino que más cerca nos quedaba era la opción de una revolución vía lucha armada, que era justamente lo que mostraba como posibilidad la Revolución Cubana, recuerda Lewinger.[34]
En 1966 optaron por este camino unos ocho miembros de 3MH, que ahora tenían ante sí los desafíos de esta decisión:
Luis Piriz es uno de los que más rápido se abrió de la idea del nacionalismo militar; él hizo una de las primeras operaciones militares para recuperar dinero, de una mesa de dinero o algo así que había en la calle Libertad. La hizo totalmente solo y después vino y nos dijo: “¿Ustedes qué están buscando?, ¿campañas de finanzas? Acá tienen” y nos tiró la plata sobre la mesa. Le fue bien milagrosamente, lo hizo con un revolver de juguete, de plástico.[35]
La asunción de la expropiación como vía para hacer finanzas por el resto del grupo ya escindido de 3MH fue el primer paso en la conformación práctica del grupo clandestino. El segundo paso fue el viaje a Cuba en el año 1967: Piriz, el más decidido, fue el jefe del primer grupo que viajó a la isla tras la circulación de las cartas del Che Guevara a la Tricontinental. Con él viajaron Arturo Lewinger como segundo jefe, Jorge Lewinger, Pablo D’Ippolito, Eva Grushka, Roberto Pompilio y Elida D’Ippolito, quién más tarde llegaría a ser la mujer de mayor rango en la conducción de Montoneros.
Sin embargo y si bien este grupo había optado por la lucha armada, no tenía aún mayores definiciones que ésa. Por su experiencia sabía claramente lo que no quería hacer, pero todavía no lo que sí hacer. La atracción de Cuba había sido fuerte desde un principio, ya en Praxis las líneas de avance propuestas por los cubanos habían sido motivo de crisis. Ahora el nuevo grupo protofar buscaba sus respuestas en la estrategia y el liderazgo del Che. Dándole al liderazgo de Guevara una importancia tal como para definir la posibilidad de una estrategia, en este caso la del foco continental en Bolivia, al cual habían decidido acompañar. La lucha continental era encarada por el grupo a partir de la presencia del Che; su muerte produjo casi la “nacionalización” inmediata del espacio. En este sentido es interesante destacar que, de acuerdo con Jorge Lewinger, de las agrupaciones que formaron las FAR unos años más tarde no fue la de Olmedo la que esperaba viajar a Bolivia para sumarse a las columnas del Comandante para luego bajar a la Argentina, sino la de Arturo Lewinger.[36]
Por otra parte, el grupo que viajó a Cuba fue uno más entre decenas que llegaban de toda Latinoamérica. Todos los núcleos fundacionales de las futuras organizaciones guerrilleras argentinas pasaron por la isla, cientos de militantes recibieron instrucción militar y muchos nutrieron de legitimidad sus ideas heterodoxas respecto de la izquierda tradicional y el peronismo institucional aunque no optaran por la lucha armada.
Para los futuros miembros de las FAR, la asunción plena de la estrategia continental guevarista no implicaba una dificultad ideológica ni una ruptura con su propia experiencia. La visión unitaria del proceso histórico mundial mamada de Silvio Frondizi facilitaba la identificación con la posición internacionalista del Che. “Pensábamos más bien en la Argentina –explica Lewinger-, pero como su proyecto se iniciaba desde Bolivia y como ya había existido la experiencia del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) sabíamos que era casi natural la posibilidad de acceder desde ahí a un proceso guerrillero en nuestro país”.[37]
La muerte del Che encontró a los próximos guerrilleros en la isla. La mayoría de los grupos que recibían entrenamiento continuaron con su plan previo, pero para el grupo protofar esta nueva situación cambiaba las cosas y los obligaba a replantearse el camino en la búsqueda de una estrategia guerrillera propia. En este sentido, Lewinger insiste
en esto del liderazgo, porque no era lo tradicional en el pensamiento guerrillero de aquella época. De hecho en Cuba los argentinos constituíamos varios grupos, uno era el nuestro y otro creo que estaba vinculado al Vasco Bengoechea[38]. Ellos, muerto el Che, decidieron mantener y seguir la estrategia guerrillera para implantar un foco en la Argentina, e incluso los cubanos que eran bastante hecha pa delante, como decían, estaban dispuestos a apoyar y participar con su experiencia sin que esto significase nada políticamente. Nosotros, a partir de la muerte del Che, decidimos que esa experiencia se frustraba y no tenía sentido. Entonces nos abrimos de esa posibilidad y decidimos volver a la Argentina después de terminada la instrucción para empezar muy de a poquito y como podíamos a pertrecharnos y hacer pequeños grupos de trabajo.[39]
Para 1968 el grupo que en 1970 fundará las FAR junto con Olmedo, Quieto y Osatinsky, y poco después con Roqué y los Comandos Pampillón de Córdoba (ojo ver Rot y sus grupos), estaba plenamente conformado. Ya realizaba operaciones de pertrechamiento y propaganda armada, como la colocación de unas “bombitas incendiarias en la Sociedad Rural […] para quemar algún toro campeón”.[40] A excepción de Luis Piriz, que se alejó del grupo disconforme con la discusión en torno al peronismo y que más tarde integrará las filas del PRT-ERP, el resto transitó los dos años finales de manera consolidada e independiente, sin nuevos alejamientos. Pero el debate sobre el peronismo seguirá siendo complicado para todos los miembros originales de las FAR: sólo la capacidad teórica y la paciencia de Olmedo, sumada a la relación con las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), harán posible ese proceso.
Esa relación con las FAP comenzó orgánicamente en 1968:
Ellos eran los decanos de la experiencia de la guerrilla urbana con mayor asentamiento en el movimiento obrero y además con una actitud muy interesante de intentar coordinar a todos los grupos, no de querer hegemonizar sino de querer colaborar y ayudar. Tomamos contacto antes de Taco Ralo y ellos lo que hacen es dar un debate muy profundo.[41]
El rol de las FAP en el proceso de unidad de diferentes grupos que confluirán finalmente en Montoneros en 1973 es sorprendente, sobre todo teniendo en cuenta que esta fuerza en sí misma no fue la principal beneficiaria de los esfuerzos unitarios y de síntesis teórica por ella motorizados. A través de las FAP los diferentes grupos se acercaron y conocieron mejor, y luego se fusionaron: ésta es la situación que se da entre los grupos de Lewinger y Olmedo.
La discusión alrededor de puntos clave como la identidad peronista, la estrategia considerada correcta y el tipo de acción militar será dialéctica, pero la práctica (los éxitos de la misma) tendrá la última palabra. En ese año 1968 ambos grupos acordaron un funcionamiento común (no una fusión), mientras las discusiones continuaban:
El debate en torno al peronismo se daba en el ámbito compartido que tenían mi hermano Arturo, Quieto, Olmedo y Osatinsky. Porque ese ámbito era el ámbito de conducción de las protofar, que se iban a convertir en FAR pero todavía no tenían nombre. En el segundo nivel los tipos más reacios al tema del peronismo éramos Roberto Pompilio, yo y algunos otros, entonces ellos empiezan a participar en las reuniones para dar ese debate. Pero esto no fue un mecanismo permanente, ni que ellos bajaran a las reuniones de ámbito ni que hubiese otros ámbitos más amplios de discusión. Las discusiones eran por célula la célula discutía político ideológicamente, organizaba las operaciones político militares y mantenía los contactos políticos de base que empezábamos a generar.[42]
No sin reticencias, los militantes que provenían de Praxis continuaron un acercamiento crítico al peronismo. La discusión sólo se saldó más tarde, ya en las FAR, y aún allí siguió de diferentes formas: alrededor de la interpretación del peronismo, del rol de la burguesía nacional en el proceso de liberación, del rol de Perón y la función de las organizaciones político-militares. En realidad la discusión no acabará nunca, reapareciendo en Montoneros sin una síntesis más allá de las definiciones cambiantes de la Conducción.
Por último, otro tema a resolver por el grupo fue el problema del tipo de estrategia guerrillera. La caída del Che, como ya señalamos, le había hecho rever el tema de la guerrilla rural a pesar de que “los cubanos tenían la idea del foco guerrillero rural”. El grupo de Lewinger, en cambio, se aproximaba a pensar una experiencia de guerrilla urbana: “Teníamos una idea bastante simple, pensábamos [en] la composición social Argentina [...,] que el movimiento obrero [...] estaba en las ciudades [y] entonces había que desarrollar un experiencia de carácter urbano”.[43]
Para esa época que se desarrollaba en el Uruguay la experiencia de los Tupamaros, que a contrapelo de las tesis guevaristas degradadas por Regis Debray parecía demostrar la viabilidad del foco urbano:
Incluso después tuvimos contactos con los Tupas, algún encuentro con Sendic, y ellos, si mal no recuerdo, tampoco tenían una precisión ideológica muy clara en sus postulados políticos, se diferenciaba de la izquierda tradicional uruguaya con un planteo que se enganchaba muy bien con la definición nacionalista popular y revolucionaria que empezábamos nosotros a pergeñar.[44]
Durante 1968 y 1969, el grupo desarrolló un intenso trabajo de preparación centrado en estructurarse para lanzar la lucha armada: pertrechamiento de armas y dinero y actividades de propaganda armada sin firmar, pero –lo que es más importante- definió su perfil político ideológico y confluyó con el grupo de Olmedo en la creación de una coordinación común que dio lugar al lanzamiento, en 1970, de un identidad pública (con la toma de Garín en el Gran Buenos Aires). Ya en 1969, con la primera gran operación conjunta (el incendio de los supermercados Minimax), para los antiguos praxistas comenzó otra experiencia: una experiencia colectiva con militantes de otras corrientes que en poco tiempo se materializará en las FAR.
Hacia fines del 69 las futuras organizaciones guerrilleras se encuentran a meses de ver la luz pública[45] (salvo las FAP cuyo origen se vincula mucho más a la experiencia de maduración de grupos vinculados al peronismo combativo). El tránsito hacia la asunción de la vía armada por parte de la mayoría de los grupos político militares, fue el resultado de un complejo proceso en el que influyeron causas nacionales e internacionales. Era la época de los Movimientos de Liberación Nacional y del guevarismo como una vertiente de ellos en nuestro continente; también era la época de la proscripción del peronismo y de la radicalización de muchos de sus militantes. Con un movimiento obrero poderoso que impugnaba permanentemente los planes de reconversión económica produciendo una situación de empate con un bloque dominante poco homogéneo, nuestra sociedad mostraba condiciones favorables para el accionar armado como factor que rompiera el equilibrio.
Como plantea Gramsci para situaciones de crisis orgánica, desde la cual podemos explicar la situación argentina posterior al golpe de 1955, el personal político de las diferentes clases se dispersa y tiende a reagruparse en torno a nuevas opciones políticas que permitan una salida a la crisis. Estos son períodos de ruptura con las estructuras políticas anteriores y de surgimiento de nuevas representaciones tanto desde el lado de la clase dominante como desde las clases populares. La trayectoria de los militantes de los diferentes grupos que finalmente fundaron las FAR asumiendo la lucha armada como método principal de expresión política en el marco de la identidad peronista puede ser comprendida desde este marco de análisis.
En la mañana del 27 de junio de 1969 los diarios anunciaron que trece supermercados de la cadena Minimax, propiedad del empresario e influyente político norteamericano Nelson Rockefeller, habían ardido al mismo tiempo el día anterior. La acción causó gran destrucción y fue muy efectiva; en poco tiempo Rockefeller retiró su empresa del país y, hasta que el consenso democrático pos 83 garantizó que la oposición al sistema no pasaría de lo electoral, no se instalaron nuevos supermercados extranjeros.
La operación se realizó el mismo día de la llegada del enviado yanqui y marcó su visita. Ninguna organización la reivindicó en ese momento, los investigadores policiales jamás encontraron pistas sobre los autores hasta que en la revista Cristianismo y revolución del mes de abril de 1971 las FAR (ya aparecidas a la luz pública después de la exitosa toma de la ciudad de Garín), la reivindicaron como propia. Carlos Olmedo, comandante de la nueva organización, explicó en ese reportaje (realizado por Paco Urondo, también miembro de las FAR desde sus inicios) las razones del accionar anónimo de los primeros tiempos:
Nosotros sentíamos que de algún modo habíamos expresado una necesidad popular procediendo a la destrucción de esos supermercados, pero al mismo tiempo comprendíamos que no estábamos en condiciones de responder a la expectativa de continuidad que esa operación había hecho crecer en vastos sectores populares.[46]
La operación fue realizada por los grupos de Olmedo y Lewinger en el marco del proceso de unidad que estaban desarrollando. Fue un éxito como acción de propaganda armada y fue bien vista por la población. Quien escribe este artículo recuerda que, ya en 1973, al pasar frente al Parque Rivadavia sus padres le mostraron el gigante galpón del otrora supermercado Minimax: “Eso era de Rockefeller, un yanqui, y lo incendió la guerrilla”. Pero eso es parte de otra historia.
[1] La guerrilla peronista del Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional conocida como Uturuncos en el año 1959 y la guerrilla guevarista del Ejército Guerrillero del Pueblo en 1963.
[2] Varios debates cruzaron el campo de la izquierda en ese entonces, los más generales giraban en torno al etapismo en la revolución, el socialismo en un solo país, el debate chino-soviético y la política rusa de coexistencia pacífica.
[3] Podemos mencionar entre ellos al líder del Partido Obrero Jorge Altamira, al historiador Hugo del Campo, al funcionario menemista Jorge Castro, al dirigente peruano Ricardo Napuri, al ideólogo de los acuerdos Alfonsín-Sarney (que dieron origen al Mercosur) Alberto Ferrari Etcheverri, a Horacio Torres Molina dirigente de la izquierda peronista, además de los que siguieron el camino de las FAR.
[4] Lewinger, Jorge, entrevista realizada por el autor el 20/9/2005. Jorge Omar Lewinger, Hermano menor de Arturo Lewinger militó en Montoneros hasta los 80, actualmente es periodista. Arturo Lewinger: fue dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y desempeñó funciones de conducción en Montoneros. Fue asesinado por la Policía de la provincia de Buenos Aires en la operación para liberar a Eduardo Soares el 25 de mayo de 1975.
[5] El Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes) consistía básicamente en otorgar jurisdicción a las Fuerzas Armadas sobre los conflictos sociales y políticos, llegando incluso a permitir el juzgamiento por tribunales militares de los trabajadores o militantes participantes en conflictos o actividades de la resistencia.
[6] Es interesante señalar que en los discursos de las guerrillas de la década del 70, estas se presentaban como la continuidad y superación de las limitaciones de la experiencia de lucha obrera de éste periodo.
[7] El modelo desarrollista tenía como núcleo económico la atracción de inversiones extranjeras para el desarrollo de sectores clave de la economía que motorizaran el resto de la producción. Desarrollo en base a inversión extranjera de la producción petrolera e instalación de grandes fábricas de producción de bienes de uso durable (las fábricas de automóviles se instalaron mayoritariamente en esta época) protegidas en el mercado interno con barreras arancelarias. Para ello las inversiones debían estar en el largo plazo garantizadas contra un movimiento obrero combativo y contra la inestabilidad del sistema político.
[8] Lewinger, Jorge, op. cit.
[9] La dura polémica entre Jauretche y Frondizi se basaba en las acusaciones del ex forjista sobre el elitismo intelectual de Frondizi y su búsqueda de formas “puras” para resolver la crisis del país. Si bien las acusaciones estaba elaboradas como defensa de la tesis Jauretchena del frente nacional, de una conducción policlasista del mismo y en un momento que don Arturo depositaba ciertas esperanzas en el desarrollismo, causaron un fuerte impacto en Frondizi que intentó refutarlas. Justamente en ese periodo Praxis comenzó sus replanteos, acercándose a posiciones más cercanas al peronismo. Ver Tarcus, Horacio. Op. cit. Pag. 152-155 y 349.
[10] Planteaba Praxis en ese momento: “cualquier proyecto transformador (...) no puede quedarse en el cuestionamiento del orden económico, social y político. Sino que, simultáneamente, debe poner en cuestión toda forma de dominación y alienación (...) la lucha no debe solo limitarse a cuestionar los macropoderes sino que debe extenderse ese cuestionamiento a los micropoderes que se juegan en todas y cada una de las instancias del tejido social (...) La solución de la crisis contemporánea no será alcanzada en un aspecto parcial, sino en la totalidad de la lucha humana (...) un grupo revolucionario actual debe preformar en pequeño la sociedad socialista cuyo alumbramiento milita.” Tarcus, Horacio. El marxismo olvidado en la Argentina Silvio Frondizi y Milcíades Peña. Buenos Aires. El cielo por asalto. 1996. Pag. 144-146.
[11] Cuatro son las tesis de Silvio Frondizi: agotamiento de la burguesía como fuerza transformadora inclusive en su variante nacional; necesidad de prefigurar la sociedad futura en las prácticas militantes y en la construcción de organismos autónomos de las masas, unidad del proceso histórico mundial desde la llegada del imperialismo y la caracterización de la Argentina como país semidesarrollado.
[12] Los diferentes MIR-Praxis de América Latina surgieron al calor de las tesis de Frondizi y de la influencia intelectual de éste entre emigrados que buscaban refugio en nuestro país y posibilidades de estudio en la universidad (Praxis tenía una sección latinoamericana y sus miembros realizaban investigaciones en torno a realidades de sus países de origen). Estas experiencias, a diferencia de la argentina, completaron el viraje que la propuesta cubana implicaba iniciado el camino de la lucha armada. Se fundaron MIR en Perú, Venezuela y Chile.
[13] Lewinger, Jorge, op. cit.
[15] Los grupos militantes más importantes que surgieron de la diáspora de Praxis eran los encabezados por: Jorge Altamira (Política Obrera), Ramón Horacio Torres Molina (el grupo de La Plata del MIR cuyo líder confluirá en el peronismo revolucionario) y el que formó 3MH.
[16] Frondizi interpretaba al M26 cubano como un “Frente Nacional” que se radicaliza al calor de la lucha de clases, en una posición cercana al planteo de Trotski de la revolución permanente.
[17] En general, en este periodo, se produjo un cambio radical en el campo de la intelectualidad de izquierda. En el campo de la cultura es claramente verificable la alteración de los espacios de referencia anteriores y la pérdida (definitiva) de la hegemonía que el Partido Comunista detentaba en la izquierda de dicho campo.
[18] Formaron parte de este grupo: Jorge Bolívar, Jorge Castro, Alberto Ferrari Echeverri, Arturo Lewinger, Jorge Lewinger, Luis Piriz, Aldo Camotto, Osvaldo Acosta, Juan Carlos Gallegos, Enrique Ninn, Humberto D’Ippolito, Jorge Diamand. Faltan nombre citados por Tarcus y Lewinger, no hay mujeres????
[19] AAVV, Del peronismo al tercer movimiento histórico, Buenos Aires, Instituto de Estudios Argentinos Manuel Dorrego, 1964.
[20] Ver “Reportaje a las FAR”, en revista Militancia, Nº 3, pág. 36 y siguientes; y “Fuerzas Armadas Revolucionarias”, revista Militancia, Nº 4, pág. 35 y siguientes, en la que se incluyó la respuesta del ERP a las opiniones del “Reportaje...” y la contraargumentación de Carlos Olmedo.
[21] Del peronismo al... Pag 2.
[22] Lewinger. Op. cit.
[23] Del peronismo al... Op. cit. Pag. 24
[24] “No puede negarse a la industria nacional, porque están para afirmar su existencia un fuerte proletariado urbano, el propio mercado interno y la sustitución de importaciones de los últimos períodos. Pero tampoco puede hablarse de un proceso de industrialización, porque las condiciones inherentes al mismo no se verifican”, sostiene 3MH. El planteo frondizista implicaba que la Argentina tenía una base material muy superior a los demás países del Tercer Mundo, por lo tanto el quiebre de su dependencia debía ser realizado con herramientas y programas distintos a los del resto. La idea de seudoindustrialización plantea el desarrollo de una industria productora de artículos de consumo inmediato y el abandono de las ramas estratégicas de la industria pesada productora de medios de producción o industrialización de materias primas estratégicas como el acero y el desarrollo de una industrialización completa. Como estos bienes deben ser importados, la industria nacional sólo funciona asociada a la importación de maquinaria y por lo tanto es estructuralmente dependiente del mercado mundial, teniendo la burguesía sus intereses en el exterior.
[25] Del peronismo al... Op. cit. Pag. 39.
[26] Ese capítulo fue elaborado principalmente por Alberto Ferrari Etcheverri. Cf. Lewinger, Jorge, op. cit.
[27] Es interesante comparar los análisis de 3MH con los de la revista Estrategia vinculada a sectores desarrollistas del las Fuerzas Armadas. Existía una sorprendente sintonía entre los planteos de algunos militares y los de 3MH sobre la necesidad de que las FFAA se hicieran cargo de llevar adelante las transformaciones nacionales necesarias. Ver AAVV. Estrategia, Instituto Argentino de Estudios Estratégicos y Relaciones Internacionales, N°1 y N°2, 1969.
[28] En este sentido, para entender la posición real de las fracciones militares respecto del peronismo, es útil recordar la definición de Cooke: “Los colorados eran antiperonistas todo el tiempo mientras que los azules lo eran solo cuando era necesario”.
[29] Lewinger, Jorge, op. cit.
[30] El rechazo al sistema de partidos no define en sí mismo un horizonte común, sólo muestra cómo la crisis orgánica del sistema se expresaba en militantes que terminaron impulsando proyectos políticos opuestos. Pero, en términos gramscianos, esos momentos de crisis se caracterizan por la disolución de las representaciones partidarias tradicionales y por búsqueda de nuevas representaciones: en este sentido los sesenta fueron también un período de redefinición de muchas representaciones partidarias, que darán lugar al nacimiento de nuevas organizaciones políticas de izquierda y a proyectos militares de derecha.
[31] Del peronismo al... Op. cit. Pag.52.
[32] Idem. Pag. 36.
[33] Lewinger, Jorge, op. cit.
[36] Ídem. Según Lewinger en realidad, el grupo de Olmedo, Quieto y Osatinsky tenían la definición de acompañar al Che desde la Argentina, mientras que ellos pensaban ir a Bolivia y desde allí bajar a la Argentina con una columna consolidada.
[38] En realidad debía ser lo que quedó del grupo después de la muerte del Vasco y varios de sus compañeros en el 64.
[39] Lewinger. Op. cit..
[40] Ídem. Aunque fracasada, la acción fue levantada por la prensa de la época.
[42] Es interesante observar que los embrionarios grupos político militares tenían un nivel (desigual) de vinculación con ámbitos más amplios o frentes de masas. En el caso del grupo de Lewinger, cuyos principales militantes provenían de la experiencia de Praxis, conservaban relaciones a nivel territorial que les sirvieron de retaguardia en algún momento y también como pilares para la posterior explosión numérica de las organizaciones de masas que adherirían a las guerrillas. “Teníamos grupos sindicales, estudiantiles y algunos contactos barriales. Pero el grupo mío por ejemplo era un grupo débil en el desarrollo, en organizaciones de base, no podemos hablar de núcleos de base, podemos hablar de compañeros de base. Había dirigentes sindicales de La Plata, dirigentes estudiantiles de Buenos Aires, algunos viejos contactos vinculados a Praxis de laburos en villas. Mi hermano, lo cargábamos, era el que más experiencia tenía, le decíamos que tenía una organización paralela porque él tenía una organización de colaboradores absolutamente propia con compañeros que venían de Praxis, de Villa Jardín por ejemplo, donde él incluso se refugió alguna vez cuando se tuvo que levantar de la casa”. Lewinger, Jorge, op. cit.
[45] El Cordobazo en mayo de 1969 fue el último signo de los tiempos que, para las futuras guerrillas, implico la confirmación de sus ideas. Todas las organizaciones armadas plantearán a las jornadas cordobesas como un parteaguas en el devenir de las luchas populares que determinó su inmediato lanzamiento público. La excepción fueron las FAP que, con una vinculación más fuerte con las experiencias de la resistencia peronista, se conformó con muchos militantes que fueron parte de prácticas de lucha clandestina enraizadas en la lucha del peronismo de la década anterior.
[46] “Reportaje a las FAR”, en revista Cristianismo y Revolución número 28, abril de 1971. Existen fuentes que destacan la existencia de algunos participantes en la operación que no avanzaron posteriormente en la fundación de FAR. Pero esto solo viene a confirmar que para ese periodo las protofar estaban aún en proceso de formación y captación de militantes para la práctica guerrillera.
Etiquetas: Arturo Lewinger, CONINTES, FAR, Fuerzas Armadas, Jorge Lewinger, lucha armada, marxismo, montoneros, nacionalismo, peronismo, Silvio Frondizi, Tercer movimiento histórico
Anónimo 11 de febrero de 2013, 11:22
LAREVISTA NUEVO HOMBRE, ANTES DE SER ABSORBIDA POR EL PRT, REFLEJABA LAS POSICONES DE LAS FAR O DE UN SECTOR DE ELLAS?

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sui generis
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