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Portal Guaraní - EL MARZO PARAGUAYO (1.999), 2013 - Por ANDRÉS COLMÁN GUTIERREZ
EL MARZO PARAGUAYO (1.999), 2013 - Por ANDRÉS COLMÁN GUTIERREZ
I.S.B.N. 978-99953-1-356-2
Abril 2013 (92 páginas)
ANTECEDENTES: LA LUCHA POR EL PODER, TRAS LA CAÍDA DE LA DICTADURA
EL ÚLTIMO GRAN CAUDILLO COLORADO
EL GENERAL QUE QUERÍA SER PRESIDENTE
EL OVIEDISMO: UN FASCISMO TARDÍO
NACEN LOS JÓVENES POR LA DEMOCRACIA
DÍA PRIMERO: MARTES 23 DE MARZO DE 1999
ASESINATO DE UN VICEPRESIDENTE
REPRESIÓN AL CAER LA NOCHE
ACUERDO ENTRE MANIFESTANTES Y CAMPESINOS
DÍA SEGUNDO: MIÉRCOLES 24 DE MARZO DE 1999
EL PEDIDO DE JUICIO POLÍTICO
DUELO EN EL CONGRESO Y ARRESTO DE OVIEDO
LOS OVIEDISTAS TAMBIÉN ACUDEN A LA PLAZA
DOS VISIONES POLÍTICAS, DOS PAÍSES
DÍA TERCERO: JUEVES 25 DE MARZO DE 1999
LAS ADVERTENCIAS DE LA PRIMERA DAMA
DÍA CUARTO: VIERNES 26 DE MARZO DE 1999
LA TARDE DE LA GRAN REPRESIÓN
CONSTRUYENDO BARRICADAS
UNA MISA EN MEDIO DE LA ESCENA DE GUERRA
LA NOCHE DE LOS FRANCOTIRADORES
LA POLICÍA IGNORA AL JUEZ, AL FISCAL Y AL MINISTRO DEL INTERIOR
DÍA QUINTO: SÁBADO 27 DE MARZO DE 1999
NEGOCIACIÓN EN LA MADRUGADA
LOS MARINOS GARANTIZAN EL ORDEN
DÍA SEXTO: DOMINGO 28 DE MARZO DE 1999
ÚLTIMOS INTENTOS POR EVITAR LA CAÍDA
EL PRESIDENTE DECIDE RENUNCIAR
LINO OVIEDO HUYE DEL PAÍS
LOS MÁRTIRES DE LA PLAZA
EL OVIEDISMO DESPUÉS DEL MARZO PARAGUAYO
LAS INVESTIGACIONES SOBRE LOS CRÍMENES, CAMINO A LA IMPUNIDAD
EL OVIEDISMO PIERDE A SU FUNDADOR
El Marzo Paraguayo, es el último volumen de la Colección Las Guerras y la Violencia Política en el Paraguay obra que para los más puristas no sería todavía estrictamente materia a ser incluida como objeto de estudio de la Historia. En las últimas décadas se ha comenzado a discutir sobre lo que algunos teóricos denominan Historia Reciente.
Es en esa línea que se ha decidido incluir el tema del Marzo Paraguayo pues dichos acontecimientos se constituyeron en los hechos más significativos de la violencia política en el Paraguay durante la Transición a la Democracia.
El autor, es el reconocido periodista y escritor Andrés Colman Gutiérrez ha logrado con gran precisión explicar en breves páginas y de forma sencilla todo el contexto en el cual se originaron los acontecimientos que comenzaron en una tranquila mañana del martes 23 de marzo de 1999.
La obra comienza con los antecedentes que explican a cabalidad el enfrentamiento que marcó a la política paraguaya durante la década de 1990, la lucha entre Luis María Argaña y Lino César Oviedo Silva, en dicha disputa se encuentra el origen de lo que acaeció en 1999.
El autor no sólo ha recurrido a fuentes ya editadas, o a las fuentes periodísticas, sino que él mismo ha entrevistado a los más importantes protagonistas del proceso estudiado con lo que pudo reunir una valiosísima información que hoy comparte con los lectores en un lenguaje claro, ameno y atrapante, resultado de una profunda y dedicada investigación sobre el tema.
Las espontáneas manifestaciones, el juicio político, los enfrentamientos en la plaza, las dudas del presidente Raúl Cubas y las negociaciones emprendidas para salir de la crisis son reflejadas en las páginas de esta obra que es sumamente esclarecedora para quienes se encuentran interesados en comprender lo que sucedió en aquella trágica semana paraguaya, en la cual se perdieron jóvenes vidas por un ideal que aún sigue siendo postergada su mayor concreción, la Democracia.
Sin temor a equívocos la lectura de este libro provocará diversas interpretaciones, pero lo que queda claro es que el mismo es un invaluable aporte para comprender nuestro pasado reciente que hoy en día tiene relevantes consecuencias por sobre todo en la vida política del Paraguay.
Asunción, abril de 2013
En mi época de estudiante de periodismo en la Universidad Nacional de Asunción, un veterano maestro de Historia repetía siempre que para intentar reconstruir, analizar y narrar hechos importantes ocurridos, necesariamente hay que tomar distancia en el tiempo.
Se deben elegir momentos sobre los que se hayan depositado el polvo y la telaraña de los siglos, aseguraba, porque solo así el historiador puede tener una mirada suficientemente crítica para evaluar con imparcialidad el tema abordado.
Contradictoriamente, el docente que predicaba esta premisa era el mismo que había escrito los manuales de Historia del Paraguay que tuve que estudiar en la secundaria, en cuyas páginas el autor aseguraba que el entonces gobernante, el dictador general Alfredo Stroessner, era un Presidente democrático, que había traído orden, paz y progreso al país. Por tanto, nunca tomé muy en serio sus lecciones.
Este libro sobre el Marzo Paraguayo -que cierra la COLECCIÓN SOBRE GUERRAS Y VIOLENCIA POLÍTICA EN EL PARAGUAY- está muy lejos de poder cumplir la premisa de aquel pretendido maestro historiador.
De todos los libros que han aparecido en esta importante serie, este es el que aborda los sucesos más cercanos en el tiempo, los ocurridos del 23 al 28 de marzo de 1999. Hechos históricos que siguen despertando pasiones encendidas y visiones encontradas, y que a raíz del reciente fallecimiento de uno de sus principales protagonistas en un trágico accidente de helicóptero, el general retirado Lino Cesar Oviedo, en febrero de este 2013, han cobrado nuevamente palpitante actualidad.
Frente al abrumador desafío que implica hacer historia sobre un ardiente episodio del que aún no se han apagado los fuegos, planteo en mi descargo que no soy historiador, sino periodista. Aunque haya quienes afirman que los periodistas somos "los historiadores de lo cotidiano", este libro debe leerse como lo que es: Una larga crónica reconstructiva o un gran reportaje, que busca narrar desde una perspectiva principalmente testimonial -con el apoyo de fuentes y documentaciones variadas y contrastadas- lo que fueron esos seis días que conmovieron al país y al mundo.
En plan de ser sincero con los lectores, debo admitir que no solamente me tocó ser un testigo calificado de los sucesos del Marzo Paraguayo -en carácter de reportero asignado en tiempo integral a la cobertura de los distintos acontecimientos durante esos días y noches, y como posterior investigador para varias publicaciones-, sino que de alguna manera también fui protagonista, al asumir en diversos momentos -desde mis columnas de opinión en el diario Última Hora- posturas críticas ante algunas acciones políticas de los dirigentes del oviedismo.
Espero que esta inevitable cuota de subjetividad no empañe la rigurosidad narrativa y periodística con la que he buscado abordar este trabajo.
Agradezco al director de la colección, Herib Caballero Campos, y a los directivos de la editorial El Lector y del diario ABC Color, por sumarme a tan selecto equipo de historiadores e historiadoras, cuando puedo considerarme en realidad un outsider en el oficio.
Me complace mucho poder escribir y publicar sobre el Marzo Paraguayo en tan importante colección histórica, patrocinada por un medio periodístico que durante años mantuvo editorialmente sus propias miradas y posturas sobre estos sucesos, y que en buena medida han sido diferentes a las que se narra en este libro.
Que se me haya permitido trabajar con absoluta libertad para dar a conocer una versión contrastada de la historia de violencia política más contemporánea, ratifica los importantes avances logrados en la libertad de expresión en el Paraguay, aunque en otros terrenos, como la esperada acción de la justicia para investigar a fondo los crímenes del Marzo Paraguayo y sancionar debidamente a todos los autores morales y materiales, la deuda continúa lamentable y dolorosamente pendiente.
ANTECEDENTES: LA LUCHA POR EL PODER,
Tras el derrocamiento de la larga dictadura del general Alfredo Stroessner, en la noche del 2 y 3 de febrero de 1.989, quedó en claro que la Asociación Nacional Republicana (ANR) -Partido Colorado- la organización política que sustentó al régimen represivo durante 34 años (1954-1989) no iba a abandonar el poder.
El coloradismo que fue parte de la dictadura, simplemente procedió a cambiar algunas figuras por otras, reconvertirse y adaptarse a las nuevas reglas del juego, para seguir gobernando y tutelar el pretendido proceso de transición a la democracia.
Varios de los personajes políticos que fueron símbolos del stronismo y que solo en los últimos años se distanciaron del dictador por rencillas internas, formaron parte del gabinete que formó el jefe militar del golpe, general Andrés Rodríguez, al asumir como Presidente provisional en la tarde del 3 de febrero, identificándose ya claramente como candidato de la ANR para competir en las primeras elecciones que se iban a convocar.
Al respecto, hay un popular chiste que se cuenta sobre los rostros exhibidos en la terraza del Palacio de López, tras la ceremonia de asunción del nuevo Gobierno, y es la del depuesto dictador Alfredo Stroessner observando una imagen del acto en los diarios desde su exilio, cuando supuestamente dijo: "¡Pero en esta foto solo falto yo!".
Entre los rostros en primer plano de aquellos personajes de la dictadura, que allí encabezaban la transición a la democracia, estaba el de uno de los principales protagonistas de esta historia: el del jurista y caudillo colorado Luis María Argaña. El otro protagonista, del que ya nos ocuparemos con detalles un poco más adelante, permanecía aún entre bambalinas: el entonces coronel de Caballería Lino Cesar Oviedo Silva.
Nacido en Asunción, el 9 de octubre de 1932, Luis María del Corazón de Jesús Argaña Ferraro pertenecía a una familia de tradicional linaje político colorado, que lo motivó a participar desde muy joven en actividades partidarias, llevándolo a afiliarse a la ANR a los 13 años de edad. Su abuelo, Jaime Argaña, fue uno de los fundadores del partido. Su padre, Luis Andrés Argaña, fue dos veces ministro, durante los gobiernos de Félix Paiva e Higinio Morínigo.
Luis María, conocido también por el apodo de "Lilo", tuvo una participación activa como mensajero en la Guerra Civil de 1947, en las filas de quienes defendían al régimen colorado, según destaca Osvaldo Bergonzi en su libro Magnicidio en la Diagonal.
Argaña cursó sus estudios universitarios en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción y egresó como abogado en 1954, recibiendo el doctorado "Summa Cum Laude" cuatro años después. Pasó a ser conocido como uno de los más eminentes juristas del país y en un calificado docente del Derecho, a quien sus alumnos y seguidores llamaban con admiración "el Doctor" o "el Profesor".
Lilo hizo una meteórica carrera durante la dictadura de Stroessner. Fue diputado; convencional en la redacción de la Constitución Nacional de 1967, en la que además se desempeñó como secretario; luego miembro del Consejo de la Itaipú Binacional; vicepresidente de la Cámara de Diputados; Presidente de la Asociación Nacional Republicana; y Presidente de la Corte Suprema de Justicia.
En esa época, las víctimas de la dictadura stronista lo acusan de haber negado numerosos pedidos de habeas corpus a presos políticos, torturados y desaparecidos. También se le reprochan numerosas violaciones de derechos civiles, como haber avalado la arbitraria clausura del diario ABC COLOR, ocurrida el 22 de marzo de 1984.
El distanciamiento de Argaña con parte de la cúpula de la dictadura stronista se inició en la convención del Partido Colorado de 1984, cuando un grupo interno conformado por miembros del entorno más inmediato del dictador, que se hacían llamar a sí mismos "colorados combatientes stronistas", también conocidos como los "militantes", buscaron desplazar a la vieja guardia del partido, los que serían conocidos como los "tradicionalistas", liderados por el veterano caudillo Juan Ramón Chávez.
La presunta división generacional -que en realidad era una disputa por el control del poder- se consumó en la convención colorada del 1 de agosto de 1987, cuando los militantes tomaron por la fuerza el local del partido e impidieron el ingreso de los tradicionalistas. Argaña inició entonces una solapada campaña, embanderándose en la necesidad de recomposición institucional del partido, destilando críticas a los militantes, aunque se cuidaba de no expresarlas abiertamente contra Stroessner.
Se ocupó de ir filtrando la idea de un necesario cambio de gobierno con frases simbólicas, muy a su estilo, como la que pronunció durante un acto partidario en Coronel Oviedo, en diciembre de 1988, cuando exclamó: "Siempre habrá un 13 de enero". Evocaba el evento histórico del 13 de enero de 1947, cuando un golpe militar dirigido por la Caballería devolvió el poder al coloradismo, tras una desgarrada coalición política formada con la Concertación Revolucionaria Franquista y los militares institucionalistas. El mensaje de Argaña estaba implícito: solo un nuevo golpe podía traer de vuelta al poder al "verdadero partido colorado", desplazado por los militantes stronistas.
El "13 de enero" llegó en realidad con un poco de atraso, en la noche del 2 y 3 de febrero de 1989, cuando el propio consuegro de Stroessner, el general Andrés Rodríguez, entonces comandante del Primer Cuerpo de Ejército, encabezó el alzamiento militar que derrocó al dictador. En su proclama, en la que explicaba las razones por las que produjo el golpe, Rodríguez incluyó de forma explícita: "Por la unificación plena y total del coloradismo en el gobierno...".
Tal como lo relatan Roberto Paredes y Liz Varela en su libro Los Carlos, Historia del derrocamiento de Alfredo Stroessner, Luis María Argaña se había sumado a la conspiración preparatoria del golpe de Estado ya en el segundo semestre de 1986, como uno de los principales líderes civiles del alzamiento. Según ambos autores, en diciembre de 1988, Argaña le dijo al general sedicioso: "Mirá Rodríguez, hacete cargo vos del Gobierno, que yo me hago cargo del Partido Colorado. Manejar el país no va a ser tan difícil como manejar el partido".
Tras el derrocamiento de la dictadura, varios analistas especularon con que Argaña sería el candidato del partido Colorado a la Presidencia de la República, en las elecciones convocadas para el 1 de mayo de 1989, pero el propio Lilo se apuró en aclarar: "No, el candidato será el general Andrés Rodríguez, quien es el héroe que nos trajo la democracia. Yo voy a ser solamente un colaborador...".
Argaña fue designado Canciller del primer gobierno de la transición. Osvaldo Bergonzi asegura en su libro que Argaña había recibido la promesa de Rodríguez de que él sería el candidato a Presidente, con el respaldo del jefe militar, pero que luego hubo un sorpresivo cambio de planes: "...se desentiende (Rodríguez) de su palabra empeñada y se autoproclama él para el cargo, pero para no quedar mal frente a su canciller y puntal de su gobierno, prorroga su ofrecimiento de respaldo para el siguiente periodo constitucional, 1993-1998".
El general Rodríguez ganó las elecciones de mayo de 1989 con el 74,9% de los votos, contra el 20,3% de Domingo Laíno, del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Además, el Partido colorado conquistó las dos terceras partes de las bancadas en ambas cámaras del Congreso.
Durante el gobierno de Rodríguez, Argaña se ocupó de desarrollar su propio proyecto político, buscando convertirse en el sucesor natural en las elecciones siguientes. Pero había exponentes de otro sector, principalmente ligados a la cúpula militar que protagonizó el golpe, que empezaron a acaparar rápidamente gran parte de los negocios legales e ilegales que arrebataron a los ex jerarcas stronistas, y que no tenían la menor intención de dejar que el caudillo colorado se apodere de tan suculenta tajada. Entre los exponentes de este sector, empezaba a sonar fuerte un nombre que muy pronto estaría en el centro de todos los acontecimientos.
Lino César Oviedo Silva había nacido en la localidad de Juan de Mena, Departamento de Cordillera, el 23 de setiembre de 1943, hijo de un militar excombatiente de la Guerra del Chaco, el mayor Ernesto Oviedo. Pasó toda su infancia en el campo y a los 14 años ingresó al Colegio Militar "Mariscal Francisco Solano López".
Egresado como Subteniente de Caballería el 31 de diciembre de 1962, ascendió a Teniente Coronel en 1981 y se convirtió en ayudante principal del general Andrés Rodríguez, quien comandaba el Primer Cuerpo de Ejército. Varias fuentes aseguran que inclusive eran socios en negocios privados. Oviedo permaneció con perfil bajo durante la dictadura de Stroessner, aunque trascendieron denuncias periodísticas por su presunta participación en tráfico ilegal, durante su permanencia al frente de un destacamento en Amambay, cuando ya era Coronel. En la época también se lo acusó de intervenir en actos arbitrarios y represivos, robando madera de los bosques de una comunidad indígena en la región.
El sociólogo e indigenista Oleg Visokolán rescató una denuncia formulada en 1986 por ilustres intelectuales como Adriano Irala Burgos, Line Bareiro, el sacerdote Wayne Robins, entre otros, que acusaban al entonces coronel Oviedo de atropellar con militares una comunidad indígena Pai Tavyterá en Amambay, de torturar a sus líderes, deforestar sus bosques y robar toda su madera.
"Aquel fue uno de los más terribles abusos que se cometieron contra los pueblos indígenas en el Paraguay, durante la dictadura de Stroessner, y en su momento fue silenciado en la prensa local por la censura que había, pero tuvo mucha repercusión internacional y fue publicado en el suplemento antropológico de la Universidad Católica", señala Visokolán, quien refirió que militares de la Caballería, dirigidos por el entonces coronel Lino Oviedo, atropellaron la comunidad indígena de Takuaguyogué, en Amambay, en agosto de 1986. Torturaron a sus líderes y robaron madera por valor de 325 millones de guaraníes.
Pero fue el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989 el que lo sacó definitivamente de las sombras.
El coronel Oviedo Silva, entonces comandante del Regimiento de Caballería N° 3 "Coronel Mongelós", dirigió el grupo comando que capturó a Stroessner, tras un fuerte enfrentamiento a tiros en el Batallón Escolta Presidencial. La historia oficial es que Oviedo le exigió la rendición al dictador, amenazándolo con hacer explotar una granada de mano y lo llevó preso a la sede de la Caballería, en Campo Grande, pero familiares de Stroessner niegan que sea real esta versión.
Su participación en el golpe le valió a Lino Oviedo el rápido ascenso a General de Brigada, en mayo de 1989. Enseguida asumió la comandancia de la Primera División de Caballería. En 1991, fue nombrado Comandante del Primer Cuerpo de Ejército. En mayo de 1992 fue ascendido a General de División.
Convertido en uno de los jefes más poderosos de las Fuerzas Armadas, Oviedo empezó a intervenir directamente en cuestiones políticas, construyendo su propio liderazgo y potenciando además su poder económico. El proyecto inicial apuntaba a lograr la reelección del general Andrés Rodríguez para las elecciones de 1993, pero ello fue imposibilitado por la nueva Constitución Nacional redactada en 1992. Ante esta situación, Oviedo respaldó la candidatura del empresario Juan Carlos Wasmosy, del entorno de Rodríguez, para las internas coloradas de diciembre de 1992, tratando de evitar que resulte electo el influyente caudillo Luis María Argaña, quien se perfilaba como el favorito.
Wasmosy era el candidato y el general era su principal operador político. A tal punto ejercía el poder, que cuando los primeros conteos de votos de las elecciones empezaron a dar como ganador a Argaña, Oviedo mandó suspender el conteo, secuestró las urnas, modificó los resultados y finalmente dio como ganador al empresario. Este escandaloso robo electoral, que era vox populi, fue confirmado públicamente varios años después por el senador colorado Juan Carlos Galaverna.
A apenas tres días de asumir la Presidencia, Wasmosy nombró Comandante del Ejército a Lino Oviedo. El General pasó a ocupar abiertamente el rol de ser "el poder detrás del trono". En ese proceso, la ciudadanía fue espectadora de episodios pintorescos, como la construcción de un "Linódromo" en las inmediaciones de la sede de la Caballería -en Campo Grande- un gran anfiteatro al aire libre donde, en febrero de 1996, organizó una mediática fiesta de carnaval, en la que altos jefes militares desfilaron disfrazados de pistoleros al estilo del legendario jefe mafioso Al Capone, y sus esposas como bailarinas de cabaret de la Chicago de los años 20. El cuadro fue objeto de burla en la prensa nacional e internacional.
Pero las fricciones entre Oviedo y Wasmosy, aparentemente por diferencias más económicas que políticas, se volvían cada vez más evidentes. El 22 de abril de 1996, luego de una violenta discusión en Palacio -presuntamente acerca de las empresas que se beneficiarían con la construcción de un segundo puente sobre el río Paraná-, Oviedo se acuarteló en la Caballería y exigió la renuncia de Wasmosy, amenazando con sacar los tanques a la calle.
El Paraguay vivió tres días de zozobra. Miles de ciudadanos -especialmente jóvenes- se congregaron en las Plazas del Congreso y se pintaron las caras con colores de la bandera, exigiendo cárcel para Oviedo.
Wasmosy se refugió una noche en la embajada norteamericana y llegó a redactar su renuncia, pero al sentirse respaldado por la movilización ciudadana y la presión internacional, tras un primer intento de nombrar a Oviedo como Ministro de Defensa, finalmente se animó a pasarlo a retiro y a sacarlo del Gobierno, pero no se atrevió a procesarlo. En la misma tarde del 25 de abril de 1996, en que fue pasado a retiro, Oviedo reunió a sus seguidores en el Linódromo, pronunció discursos con breves expresiones en alemán y en lengua indígena maká, y anunció que iniciaba como civil su carrera a la Presidencia de la República.
Fundó un movimiento interno dentro del Partido Colorado, al que llamó Unión Nacional de Colorados Éticos (UNACE), al que dos años después transformaría en partido propio, cambiando la palaba Colorados por Ciudadanos.
Nacía el "oviedismo " como fenómeno político.
"El oviedismo atacó desde su nacimiento como grupo político todos los principios republicanos: los partidos políticos, las leyes, la independencia de la justicia, el poder parlamentario, el mismo orden constitucional", relata la historiadora Milda Rivarola, en su libro Escritos sobre el oviedismo, quien califica al fenómeno político como "un fascismo tardío".
Oviedo prometía seguridad contra la delincuencia y repartía algunos víveres y medicamentos entre la población más pobre, asegurando que el arreglaría todos los problemas del país cuando tuviera el poder absoluto.
Entre sus promesas más pintorescas, se recuerda que prometió que los campesinos entrarían descalzos al Palacio, y que cada paraguayo tendría como siete mujeres. Entre las más siniestras, aseguró que los periodistas y empresarios de prensa serian "alineados como velas" y que haría correr "ríos de sangre".
"El oviedismo fue formando grupos armados ‘paramilitares’ con oficiales retirados de las Fuerzas Armadas y la Policía, encargados de organizar y encuadrar el movimiento político, de acciones de amedrentamiento contra los opositores a Oviedo, y finalmente de recaudación de fondos por medios delictivos", sostiene Milda Rivarola.
Con este panorama, Lino Oviedo y su compañero de fórmula, el ingeniero Raúl Cubas Grau, se enfrentaron al caudillo Luis María Argaña y su segundo, Nicanor Duarte Frutos, en las elecciones internas del Partido Colorado, en setiembre de 1997. Oviedo y Cubas resultaron los grandes ganadores. El polémico ex general se convirtió en el gran favorito a ganar la Presidencia de la República, en las elecciones generales de mayo de 1998. Estaba a un paso de cumplir el sueño de toda su vida. Buscando sacar a Oviedo del juego político, Wasmosy hizo finalmente lo que no se había animado dos años antes: procesarlo ante la justicia Militar, por el intento de golpe de abril de 1996.
El Comandante en Jefe firmó una orden de arresto contra Oviedo, quien al principio la desobedeció pero finalmente acató y fue confinado en una guarnición militar, en plena campaña electoral, mientras duraba el proceso.
El 9 de mayo de 1998, un Tribunal Militar Extraordinario condenó a Oviedo a diez años de cárcel por el intento golpista de abril de 1996. Sus abogados apelaron ante la Justicia, pero la Corte Suprema de Justicia confirmó la sentencia, inhabilitándolo como candidato presidencial.
Ante esta situación, su candidato a vicepresidente, Raúl Cubas, debió asumir su lugar como presidenciable, secundado por su adversario en las internas, Luis María Argaña.
Se usó un llamativo lema en campaña: "Tu voto vale doble: Vota por Cubas, para que Oviedo salga en libertad". El 10 de mayo de 1988, Cubas y Argaña ganaron con el 54% de los votos, frente a la dupla de la alianza opositora conformada por Domingo Laíno y Carlos Filizzola.
En agosto de 1998, una de las primeras acciones de Raúl Cubas fue liberar a Lino Oviedo de la prisión, a través de un Decreto, que llevó el número 117. La medida fue muy cuestionada y resistida, incluso por colaboradores del Presidente. Su propio hermano, el capitán retirado Carlos Cubas, que había sido nombrado Ministro de Industria y Comercio, renunció a su cargo, ante lo que consideró "un grave error político" del mandatario.
El Congreso, manejado por una mayoría de opositores al oviedismo, entre los que se encontraban los colorados argañistas, reaccionaron promoviendo ante la Corte Suprema de Justicia una acción de inconstitucionalidad.
Paralelamente, en la Cámara de Diputados se presentó un pedido de juicio político al presidente Raúl Cubas, pero en ese momento se sabía que no iba a correr, porque no se disponía de los dos tercios de votos necesarios. La Corte Suprema de Justicia primeramente llamó la atención al Presidente sobre las fallas de forma del Decreto 117 y en diciembre la calificó de "inconstitucional", pero Cubas ignoró la calificación y Oviedo siguió libre, convirtiéndose nuevamente en "el poder real detrás del trono". Para muchos analistas, desde ese momento se produjo una ruptura del orden constitucional.
Un nuevo Tribunal Militar Extraordinario, fabricado a medida del oviedismo, fue integrado por Cubas, en su carácter de Comandante en Jefe, que revisó el caso de Lino Oviedo, consideró que el anterior Tribunal había obrado incorrectamente y acabó exculpándolo de los cargos por el presunto intento de golpe de abril de 1996.
La Corte Suprema respondió declarando inconstitucional las acciones del segundo Tribunal y afirmando que las sentencias del primer Tribunal seguían siendo válidas, por tanto Oviedo seguía condenado como golpista y debía estar preso.
"Lino'o" -como era conocido- continuaba en abierta campaña política, esta vez con miras a conquistar la Presidencia del Partido Colorado, en las elecciones que debían realizarse en abril de 1999.
Unas calcomanías con la leyenda "Oviedo 1999" aparecieron por todo el país, principalmente pegados a los parabrisas de vehículos, y muchos interpretaron que era parte de una campaña para desalojar a Cubas del Gobierno y que el ex general asuma como Presidente.
Oviedo organizó una fuerte campaña de movilizaciones de sus partidarios, buscando desacreditar a los ministros de la Corte que habían firmado la sentencia que declaró inconstitucional su liberación, y en un segundo término contra los parlamentarios que pedían el juicio político de Cubas Grau, llegando a que sus seguidores reclamen abiertamente la disolución del Congreso.
Diciembre de 1998 fue un mes particularmente violento en discursos y acciones políticas. El 3 de diciembre, senadores y diputados oviedistas entregaron al presidente Cubas un comunicado en el que exigían la renuncia de los ministro de la Corte Suprema de Justicia que declararon inconstitucional el decreto de liberación de Oviedo, amenazando hacerles un juicio político.
El 22 de diciembre, los oviedistas realizaron una manifestación frente al Palacio de Justicia, que estuvo signada por la violencia. Los seguidores de Oviedo no eran muchos, pero eran sumamente agresivos, arrojaban todo tipo de objetos y explotaban petardos contra la sede del Poder judicial, circunstancias en que hirieron con una pedrada en el rostro del arzobispo emérito de Asunción, monseñor Ismael Rolón, en momentos en que el mismo salía del edificio, luego de recibir una condecoración por su lucha en defensa de los Derechos Humanos durante la dictadura.
El incidente causó mucha conmoción, por afectar a una de las personalidades más admiradas y respetadas de la sociedad paraguaya. El clima político empezó a volverse más violento. Recuerda Milda Rivarola:
"Las amenazas de muerte a senadores, diputados y ministros de la Corte, expresadas por Oviedo y sus seguidores, dieron paso a las acciones terroristas de comandos paramilitares. Hubo múltiples atentados con armas de fuego o granadas contra las residencias de ex presidentes de la República, parlamentarios y dirigentes políticos."
Aunque para algunos analistas se había quebrado el Estado de Derecho en el Paraguay, el proyecto político de Lino Oviedo, dirigiendo el verdadero poder detrás del sillón presidencial de Cubas Grau, parecía crecer y avanzar en forma incontenible y violenta.
Ante el cuadro de desmovilización política, algunos dirigentes juveniles de partidos y movimientos políticos de la oposición decidieron reunirse en la noche del viernes 5 de febrero de 1999, en un céntrico bar de Asunción a hablar del asunto.
Allí estaban Adrián Castillo, del Partido Colorado; Humberto Blasco, del Partido Liberal Radical Auténtico; Fernando Camacho, del Partido Encuentro Nacional; y Enrique Sánchez, del grupo independiente Contra-reloj. La preocupación que tenían era una sola: ¿Cómo romper la apatía, el miedo, el escepticismo de la ciudadanía? Después de mucho discutir, decidieron crear un movimiento juvenil que convocara a la gente a salir a la calle para reclamar el respeto a la Constitución. En la misma ocasión decidieron el nombre: Jóvenes por la Democracia.
El primer acto público que realizaron, frente al Parlamento, convocó a unas mil personas. Días después, una caravana desde el Parque Ñu Guazú hasta el Panteón de los Héroes logró que más de 400 vehículos, avanzaran por las calles, haciendo sonar sus bocinas con sus ocupantes portando banderas paraguayas. Una barrera policial impidió que la caravana pasase frente a Mburuvicha Róga -la residencia presidencial- y varios manifestantes fueron reprimidos.
Al poco tiempo, una Misa por la Democracia llenó la Catedral Metropolitana. Grupos de mujeres y grupos sociales, como el Movimiento Ciudadano "Construyendo Sueños", del barrio Trinidad, se sumaron a la campaña, realizando manifestaciones frente al Palacio de Gobierno, lodos los martes al atardecer, con antorchas encendidas. Semanas tras semanas surgían manifestaciones espontáneas.
Los Jóvenes por la Democracia se encontraban programando un gran festival artístico, cuando los sorprendió una noticia inesperada: En una calle de Asunción, en la mañana de un trágico martes, acababan de asesinar al vicepresidente de la República, Luis María Argaña.
Luis María Argaña Ferraro, Vicepresidente de la República del Paraguay, se despertó de buen ánimo en la mañana del martes 23 de marzo de 1999, según recordaría su hijo mayor, el arquitecto Félix Argaña.
Poco después de desayunar con su esposa Marilyn, subió al asiento trasero de la camioneta Nissan Patrol color rojo que debía conducirlo desde su residencia en el barrio de Las Carmelitas hasta su despacho en el centro de la ciudad de Asunción, en la sede de la Vicepresidencia.
Adelante iban el chofer, Víctor Barrios Rey, y su custodio asignado, el suboficial de policía Francisco Barrios González. Aunque posteriormente varias versiones buscaron sostener que Argaña ya había muerto la noche anterior y que en la camioneta solo viajaba el cadáver, Félix Argaña asegura que su padre llegó a realizar varias llamadas desde su teléfono celular esa mañana, una de ellas a su hijo Jesús, a quien le dejó un mensaje grabado, ya que el mismo no pudo atender.
Según declaraciones recogidas después por la policía, la Justicia y la Comisión Bicameral de Investigación, el conductor siguió el trayecto habitual que tomaba todos los días. Al tomar la calle Diagonal Molas, a unos 40 metros antes de alcanzar Venezuela, un auto Fiat Tempra, de color verde oscuro, se ubicó al costado izquierdo y empezó a adelantarlo. Eran cerca de las 8:35 de la mañana. Al llegar a una lomada, el auto se interpuso bruscamente frente a la camioneta y le cerró el paso. El chofer Barrios Rey se vio obligado a frenar de golpe, para no chocar. Entonces, según la versión de la mayoría de los testigos, dos hombres descendieron del interior del Fiat, mientras un tercero permanecía al volante, con el vehículo en marcha. Hay testigos que mencionan a un cuarto hombre, pero la mayoría coinciden en que los que descendieron eran dos.
El que bajó del asiento del acompañante es descrito como un hombre fornido, quien portaba una escopeta calibre 12. Del mismo lado, pero por la puerta trasera, descendió otro hombre, con armas cortas y granada de mano colgadas del cinto. Ambos tenían el pelo corto, iban vestidos con ropas militares de estilo camuflaje o para'i.
"Eran uniformes para para'i, tenían camisas de mangas largas, desprendidas, tenían la remera larga debajo, botas, cinturón verde, las granadas de mano colgaban de su cintura. Eso me llamó la atención, la forma en que se bajaron, porque se bajaron rápido y ya corrieron hacia la camioneta y comenzaron a disparar los dos", declaró Aurelio Arguello Enríquez, copropietario de una carpintería en el lugar del crimen, ante la Comisión Bicameral de Investigación.
Mientras, el segundo hombre avanzó por la vereda hacia la parte trasera de la camioneta, el que llevaba la escopeta se colocó en frente, levantó el arma y apuntó directamente al parabrisas, realizando los primeros disparos. Los perdigones atravesaron el vidrio y parte del fuselaje del capó, dejando varios agujeros, pero el parabrisas permaneció entero.
El otro atacante disparó con la pistola automática. Los proyectiles impactaron de lleno en el cuerpo del guardaespaldas Francisco Barrios González, quien había tenido tiempo de extraer su arma, pero ya no alcanzó a contraatacar. El chofer Barrios Rey resultó herido en el rostro, pero no perdió el sentido.
"¡Agáchense, hay que salir de acá!", gritó Argaña desde el asiento trasero, según relató el chofer Barrios.
El chofer reaccionó por instinto, poniendo la palanca de cambios en reversa y oprimiendo el acelerador. La camioneta retrocedió algunos metros a gran velocidad, giró en forma lateral y se incrustó contra la muralla de una casa vecina, quedando varada, con una de las ruedas reventadas y el motor todavía en marcha.
Los atacantes se aproximaron disparando contra el vehículo. El chofer abrió la portezuela y agachándose pudo correr hacia atrás, metiéndose al patio de una vivienda vecina.
El segundo atacante se aproximó hasta la ventanilla trasera, que ya estaba rota, donde encontró a Argaña agachado sobre el asiento. Hasta entonces, el Vicepresidente aún no había recibido un solo balazo.
Según se detalla en la reconstrucción del ataque, el sicario metió la mano con el revólver 38 por el agujero de la ventanilla y apuntó al cuerpo. Argaña levantó el brazo como para intentar proteger su rostro.
La primera bala lo golpeó en el antebrazo. Otros dos proyectiles le alcanzaron en el pecho. El vicepresidente cayó tendido sobre el asiento. Allí recibió el cuarto y último disparo, la bala mortal que le ingresó en la espalda, le destrozó un riñón y llegó hasta el corazón.
Eran las 8:45 cuando el asesinato del Vicepresidente fue consumado.
Mientras varios vecinos salían de sus casas a mirar lo que sucedía y otros vehículos que circulaban por la calle se habían detenido a la distancia, ocasionando un gran congestionamiento.
Los atacantes arrojaron una granada junto a la camioneta y subieron al automóvil, para alejarse rápidamente del lugar. La granada no llegó a explotar y luego fue desactivada por la Policía.
Posteriormente, el auto Fiat Tempra en que se movilizaban los atacantes fue encontrado a pocas cuadras del lugar, totalmente incendiado para borrar pistas.
Tras la huida de los asesinos, el chofer Víctor Barrios Rey salió de la vivienda vecina donde había buscado refugio y llamó por teléfono a la sede de la vicepresidencia, informando acerca del ataque que habían sufrido.
El dirigente político colorado José Alberto Planás, integrante del Movimiento de Reconciliación Colorada -organización interna del Partido Colorado que había fundado Argaña-, fue uno de los primeros en llegar al lugar. En una comunicación telefónica al aire con la periodista Mina Feliciángeli, directora de Radio Mil, confirmó que el Vicepresidente acababa de ser asesinado. La comunicadora estalló en gritos y acusó directamente al General retirado Lino Oviedo y al Presidente Raúl Cubas de ser los responsables del crimen. Rápidamente, la noticia fue retransmitida por las demás radioemisoras y los canales de televisión. Las agencias noticiosas internacionales empezaron a emitir cables urgentes.
Varios agentes de policías llegaron al lugar del crimen, pero parecían no saber demasiado cómo proceder. Rogelio Giménez, camarógrafo de Canal 9 Cerro Corá, vecino del lugar, llegó a los pocos minutos al sitio con su cámara, y pudo grabar las primeras escenas. Uno de los detalles absurdos mostrados en la televisión fue que un policía insistía en reclamar su cédula de identidad al chofer Barrios Rey, quien tenía el rostro sangrante y estaba en estado de shock, en lugar de prestarle auxilio.
Tras descubrir que había una granada de mano sin explotar debajo de la camioneta de Argaña, pasaron varios tensos minutos, hasta que expertos policiales realizaron una detonación controlada.
El cuerpo del Vicepresidente fue sacado del vehículo y trasladado en una ambulancia hasta el Sanatorio Americano, sobre la avenida España casi Washington, donde los médicos confirmaron su deceso.
Varios familiares, dirigentes y militantes del Movimiento de Reconciliación Colorada comenzaron a juntarse frente al local del Sanatorio Americano, con la presencia cada vez mayor de periodistas que emitían reportes en vivo por radios y canales de televisión.
En el lugar se produjeron llamativos incidentes, cuando dos prominentes políticos opositores, Guillermo Caballero Vargas, del Partido Encuentro Nacional, y Domingo Laíno, del Partido Liberal Radical Auténtico, se acercaron para dar sus pésames por la muerte del líder colorado, pero fueron echados con gritos, insultos y empujones por los seguidores de Argaña, acusados de haber mantenido "una postura cómplice" ante las actos de violencia atribuidos al oviedismo. También un edecán, enviado del presidente Raúl Cubas, fue expulsado del lugar.
Eran las 11:30 de la mañana cuando Adrián Castillo, dirigente de la juventud argañista y uno de los líderes de la organización Jóvenes por la Democracia -que reunía a las juventudes de los principales partidos opositores al oviedismo-, acompañado de Fernando Camacho, de la juventud del Encuentro Nacional, propusieron realizar una marcha desde el local del Sanatorio Americano hasta el Palacio de Gobierno, aproximadamente unas 40 cuadras, para protestar contra el crimen.
Empezó a marchar un reducido grupo, que al inicio se componía solamente de una docena de personas, pero se iban sumando más personas por el camino. Cuando llegaron hasta las calles El Paraguayo Independiente y 15 de Agosto, casi en la misma esquina de la Casa de Gobierno, una barrera de policías les cerró el paso.
El número de manifestantes era cada vez mayor. Cantaban la canción "Patria querida" y coreaban consignas, exigiendo la renuncia del presidente Raúl Cubas y cárcel para Lino Oviedo.
Cerca del mediodía, el presidente de la República, Raúl Cubas Grau, leyó un comunicado condenando el crimen, prometiendo investigar y descubrir a los culpables. Ordenó el cierre de las fronteras y declaró duelo oficial por tres días. Dijo que tenía la conciencia tranquila y convocó a la paz y la tranquilidad.
El político colorado José Alberto "Icho" Planás revelaría posteriormente que Cubas Grau le llamó por teléfono esa mañana, cuando estaba aún en el Sanatorio Americano, consultándole si podía ir a llevar personalmente sus condolencias a la familia Argaña. Planás asegura que le respondió: "Ni se te ocurra venir, porque te van a linchar acá. Lo que podés hacer es apresarlo ahora mismo a Oviedo, dale tu golpe vos, porque si no él te va a terminar golpeando". Cubas se puso nervioso y cortó el teléfono.
Esa misma mañana se conoció un hecho muy llamativo, ocurrido en la sede del Tribunal Superior de justicia Electoral (TSJE), sobre la avenida Eusebio Ayala, cuando varios periodistas informaron que a pocos minutos de confirmarse el asesinato de Argaña, dos de los tres miembros del Tribunal, Expedito Rojas y Carlos Mojoli, ya tenían lista una resolución convocando a elecciones para elegir a un nuevo Vicepresidente para el 10 de septiembre.
La periodista Dolly Olmedo, de Radio Cardinal, declaró ante la Comisión Bicameral de Investigación que a las 9 de la mañana, apenas a 15 minutos de que se consumara el atentado contra Argaña, Raúl Mojoli, hijo de Carlos Mojoli, le reveló que su padre estaba preparando la resolución para elegir al nuevo Vicepresidente. El periodista Miguel Almada Tatter, de Radio Uno, quien realizaba coberturas en temas electorales, declaró ante el juez Jorge Bogarín:
"A través de funcionarios de la Justicia Electoral, empezó a circular lo que sería un proyecto de resolución judicial, que aparentemente tenía la firma de los doctores Expedito Rojas y Carlos Mojoli. Recuerdo que ese proyecto fue acercado a las oficinas del doctor Ramírez Zambonini y quedó allí ese documento. Todo eso fue alrededor de las 10:00 horas del 23 de marzo del año en curso. Esa resolución hablaba de que por haberse producido la vacancia de la Vicepresidencia de la República, en su efecto se procedía al llamado para elecciones a fin de cubrir ese cargo. Este hecho llamó mi atención y el de los numerosos periodistas que en ese momento cubrían la Justicia Electoral."
En horas de la tarde se conoció la noticia de que el Ministro del Interior, comisario Rubén Arias, había renunciado a su cargo. En su lugar, el Presidente nombra a su propio hermano, el Capitán retirado Carlos Cubas, quien se comprometió públicamente a aclarar el asesinato de Argaña.
Carlos Cubas ya había sido Ministro de Industria en el gabinete de su hermano al inicio de su periodo presidencial, pero renunció el mismo día en que Raúl Cubas firmó el cuestionado decreto liberando al ex general que permanecía detenido, condenado por un intento de Golpe de Estado en abril de 1996.
El capitán Cubas relató después que su hermano lo convoco y lo enfrentó con mirada adusta en el solitario despacho del viejo Palacio de López.
"- Carlos, la situación que vive el país es muy grave -le dijo-. Te pido que olvidemos nuestras diferencias y que me ayudes. Quiero que dirijas personalmente la investigación del asesinato de Argaña."
Carlos Cubas observó a su hermano con cautela. Lo vio envejecido y desolado. Tuvo la impresión de que el sillón presidencial le quedaba más grande que nunca. El Capitán era un viejo y experimentado político, pero Raúl no. Había sido corredor de rally, ingeniero civil de profesión, dueño de varias empresas. Ocupaba la Presidencia por un azar de la política, ya que se había embarcado como segundo de Lino Oviedo en el proyecto electoral del general retirado, y cuando Oviedo fue inhabilitado como candidato, debido a la condena judicial, Raúl ocupó su lugar y conquistó la Presidencia con el juramento de que, apenas asumiera el mando lo liberaría inmediatamente. En ese momento parecía arrepentido de su temeridad.
"- ¿Querés que investigue el asesinato de Argaña... sea quien sea el responsable? -le preguntó Carlos, con cautela.
- Sea quien sea -respondió Raúl.
- ¿Aunque el responsable pueda ser tu querido amigo... el general Oviedo? -insistió Carlos.
- Sea quien sea -repitió el Presidente."
Alrededor de las 19:00, la Policía recibió la orden de atacar con violencia a los manifestantes, en la esquina del Palacio de Gobierno. Se produjo un caos generalizado cuando los efectivos antimotines, con carros hidrantes, gases lacrimógenos y armas que disparan balas de goma, arremetieron contra la multitud. Varias personas resultaron heridas. Grupos de jóvenes se dispersaron por todo el microcentro y construyeron barricadas, incendiando trozos de madera y cubiertas de automóviles, enfrentando con piedras a la Policía.
"El microcentro de Asunción parece Sarajevo o Beirut", describía un despacho de la agencia televisiva internacional CBS. Los manifestantes se replegaron hacia las plazas ubicadas frente al Congreso Nacional, en donde se encontraban más de 10.000 campesinos que habían llegado esa mañana a la capital, como parte de la tradicional marcha convocada anualmente por la Federación Nacional Campesina (FCN) y la Mesa Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC).
En esta ocasión exigían, como principal reclamo, que se les perdonen sus deudas por créditos agrícolas obtenidos de los bancos del Estado, ya que debido a la crisis les resultaba imposible pagarlos. Los campesinos se habían concentrado desde temprano en el local del Seminario Metropolitano. Cuando se disponían a marchar, se enteraron de que el Vicepresidente fue asesinado. La reacción fue de sorpresa y de confusión. En un primer momento, los dirigentes tuvieron dudas acerca de qué hacer. Algunos llegaron a insinuar que el crimen podía tratarse de una maniobra para impedir la marcha.
Luego de mucha discusión, decidieron marchar tal como estaba previsto, después del mediodía. Avanzaron caminando lentamente, gritando sus consignas por las calles, pero esta vez tuvieron poca atención periodística, ya que el foco informativo estaba en otra parte. Llegaron a las plazas del Congreso cerca de las 18:00, casi al mismo tiempo en que la multitud congregada cerca del Palacio de Gobierno empezaba a ser reprimida. Cuando se produjo el primer gran ataque de las fuerzas policiales contra los manifestantes, en la esquina del Palacio, la mayoría echó a correr hacia las plazas del Congreso -situadas a dos cuadras del lugar-, pero se encontraron con una barrera formada por los campesinos, que les impidió entrar, dejándolos a merced de la Policía. Por esta razón, varios de los jóvenes manifestantes acusaron a los campesinos de ser "poco solidarios". Los dirigentes explicarían después que, sin entender bien lo que estaba sucediendo, reaccionaron en defensa, para no dejar entrar entre ellos a personas extrañas, por temor a ser manipulados por intereses políticos ajenos a la marcha.
Mientras, en la residencia presidencial de Mburuvicha Róga, el presidente Raúl Cubas esperaba en vano que los principales líderes de los partidos políticos acudan a una reunión que había convocado para dialogar sobre la crisis. Ninguno de ellos había aceptado la invitación.
Esa misma noche del martes 23, mientras la gran mayoría de los campesinos se retiraban a descansar a otras plazas céntricas, principalmente en la Plaza Uruguaya, sus líderes aceptaron una reunión para analizar la situación, junto con dirigentes políticos y sociales, y de la organización Jóvenes por la Democracia.
Los manifestantes solicitaron a los campesinos que apoyen la resistencia ciudadana para exigir el juicio político al presidente Raúl Cubas. Los líderes agrarios respondieron que ellos estaban a favor de la democracia, pero que el principal objetivo de la marcha era lograr la condonación de las deudas.
Finalmente, los parlamentarios del sector opositor prometieron que en la sesión del día siguiente, además de plantear el tema del juicio, podían aprobar rápidamente la ley de condonación de deudas. Los dirigentes campesinos acudieron a someter la propuesta a sus bases y la respuesta fue positiva.
Desde ese momento, los campesinos unieron su destino al resto de los manifestantes contra el gobierno oviedista.
VIERNES 26 DE MARZO DE 1999
El viernes 26, desde muy temprano empezó a llegar más gente a la plaza. Algunos padres de familia acudían a buscar a sus hijos, quienes se habían ausentado de sus hogares desde el martes, pero al sentir el ambiente de efervescencia cívica que reinaba en el lugar, acababan contagiándose y se sumaban a la manifestación.
Hubo varios casos de jóvenes y ciudadanos que habían llegado solamente por un rato, a traer víveres o medicina como un gesto solidario con los campesinos y manifestantes, pero terminaron quedándose sumándose activamente a la movilización ciudadana. Fue el caso del universitario José Miguel Zarza Caballero, quien ese viernes a la mañana avisó a su abuela que se iba solo por un rato a la plaza para llevar hielo a los campesinos, pero ya no regresó y esa misma noche acabaría herido mortalmente por las balas de los francotiradores.
A las 7:15 de la mañana, los principales partidos políticos del país, unidos en un "Frente Democrático", hicieron un llamado público a la ciudadanía por los medios de comunicación, exhortando a acudir a la plaza, a apoyar a quienes resistían "en defensa de la institucionalidad".
A las 8:00 se inició la sesión de la Cámara de Diputados para tratar el proyecto de ley de condonación de deudas de los campesinos, remitido por el Senado. La ley fue aprobada sin mucha dilación, estableciendo que se iban a perdonar las deudas de hasta 6 millones de guaraníes a cada productor. En la plaza, los campesinos festejaron con abrazos y gritos de júbilo, y aseguraron que iban a seguir quedándose en el lugar hasta que se resuelva la crisis con el juicio político. En el otro sector de la plaza, donde estaban los manifestantes oviedistas, también había mucho movimiento. Cronistas radiales relataban que varias camionetas se acercaban hasta el local del Correo, trayendo más partidas de bombas, petardos, garrotes y balines.
Cerca del mediodía, el político colorado Ángel Roberto Seifart, quien fue Vicepresidente de la República durante el anterior gobierno de Juan Carlos Wasmosy, acompañado de los dirigentes Juan Bautista Ibáñez, Joaquín Rodríguez y el ex senador Miguel Ángel González Casabianca, concurrieron al Palacio de Gobierno a entrevistarse con el presidente Raúl Cubas. Tras la reunión ofrecieron una rueda de prensa, en donde Seifart encaró a los periodistas con cara de enojado:
"- El pueblo colorado no permitirá ser desalojado del poder por otro camino que no sea el de las urnas -advirtió-. No aceptará la remoción a través de un juicio político totalmente irregular, que no respetó el orden jurídico vigente. No aceptará que como resultado de un complot se quiera torcer la expresión de la soberanía popular, para endilgarnos un gobierno postizo, producto de una conspiración en la que lamentablemente están gravemente complicados componentes del Poder Legislativo y representantes del Poder judicial.
- ¿Y qué harán ustedes, para evitarlo? -preguntó uno de los periodistas.
- En la práctica, resistencia popular activa, señores -respondió Seifart-. ¡Aquí estamos en el umbral de una guerra civil!"
Aproximadamente a las 17:00, en la plaza, se desencadenó la más violenta represión policial. Según revelarían luego varios oficiales, el propio Jefe de Policía, Niño Trinidad Ruiz Díaz, recibió la orden de emplear todas las fuerzas combinadas para desalojar de una vez a los manifestantes opositores al Gobierno y permitir que los oviedistas se instalen en el lugar.
Tratando de sorprender a los manifestantes, la Policía avanzó empleando a un mismo tiempo los grandes camiones blindados dotados con cañones de agua, los efectivos montados a caballo y los antimotines Cascos Azules, que cargaban con escudos y garrotes, disparando gases lacrimógenos. Desde la retaguardia, los manifestantes oviedistas, en complicidad con otros policías, disparaban potentes petardos y balines de vidrio.
Los opositores, sobrepasados por la fuerza y la violencia, abandonaron la plaza y se replegaron hacia el sector de la Catedral Metropolitana. Hubo numerosos heridos tendidos en el suelo, que eran auxiliados por sus compañeros, en medio de las lluvias de agua, gases, golpes y petardos. Durante varios minutos, la Policía y los oviedistas se adueñaron del lugar. Uno de los carros hidrantes atropelló la tarima montada frente al local del Congreso, derribando y destruyendo los costosos equipos de sonido que habían sido alquilados de una empresa privada. Todo el operativo era transmitido en directo por los canales de televisión.
En ese momento, el sacerdote jesuita Francisco de Paula Oliva, que a poyaba a los manifestantes opositores, pidió dirigir un mensaje a través de uno de los canales.
Desde el balcón del local del Parlamento, mirando a cámara, exclamó:
"- Ustedes están viendo las cosas terribles que están sucediendo aquí, en la plaza del Parlamento. Casi no podemos respirar por el humo y por los gases. Por eso, quiero decirles a todos los ciudadanos que están viendo esto mismo por televisión, no crean que esto se trata de un serial o de una película. ¡Esto es algo real! ¡Esto está pasando en este mismo momento! ¡Por favor, no se queden quietos en sus casas, mirando la televisión! ¡Vengan aquí, a la plaza, a sumarse a estos jóvenes que están defendiendo la libertad y la democracia! ¡Repito: No se queden quietos en sus casas!"
Esa misma imagen del sacerdote convocando a la ciudadanía que fue vista por miles de espectadores en todo el país, también fue observaba por Armando Daniel Espinoza, sentado en un sillón de su sala frente al aparato de televisor, en su casa del barrio Obrero de Asunción, según contaría luego su esposa Marta.
Armando se levantó y fue hasta el dormitorio, en donde se cambió la camisa.
"- ¿Vas a salir? ¿A dónde vas? -le preguntó su esposa, desde la puerta de la cocina, sintiendo un nudo en el estómago, porque ya de antemano conocía la respuesta.
- Discúlpame... pero yo me puedo quedar aquí, después de escuchar ese llamado -le respondió él, con serenidad-. Me voy a la plaza, a acompañar a esos jóvenes tan valientes."
Marta no dijo nada. Lo conocía muy bien. Armando Daniel Espinoza Cardozo, de 36 años de edad, analista de sistemas y Máster en Informática, funcionario del Ministerio de Hacienda, tercero de cinco hermanos en el seno de una familia vinculada históricamente al Partido Liberal, era soñador y llevaba la política en la sangre. Besó a sus hijos Gabriela Aline, de cuatro años de edad, y José Armando, de apenas un añito. Luego se despidió de Marta con un beso tierno.
Ella lo vio salir a la calle y sintió en su pecho un doloroso presagio. Quiso gritarle, correr hasta él, atajarle, rogarle de rodillas que se quedara... pero no lo hizo. Sabía que todo intento por disuadirlo sería inútil. Se quedó con la angustia toda la noche, hasta que horas más tarde se enteraría por la misma señal de televisión de que su marido había sido mortalmente herido.
Mientras tanto, en el extremo lateral de las plazas, en el sector cercano la Catedral, varios jóvenes, campesinos y sindicalistas se reponían de los golpes recibidos y decidían contraatacar para recuperar el espacio perdido.
Algunos dirigentes intentaban disuadirlos, advirtiendo que podía producirse una masacre, pero numerosos manifestantes se negaban a escuchar razones. Los más decididos recogieron palos y piedras, se unieron en un compacto grupo y empezaron a caminar de nuevo hacia el centro de la plaza, de donde habían sido expulsados.
De pronto, lanzando un fuerte grito colectivo, echaron a correr hacia adelante, blandiendo sus palos, como guerreros enfurecidos. Al verlos llegar, varios policías y oviedistas se asustaron y empezaron a retroceder. Los demás intentaron enfrentarlos y contenerlos, pero fueron sobrepasados en número. El resto de los manifestantes opositores, que se habían quedado rezagados, se contagiaron del coraje de los primeros atacantes y se unieron a la carga.
Se produjo una batalla campal de golpes y forcejeos. Algunos jóvenes se trepaban a los camiones hidrantes de la Policía, arrancaban las puertas con violencia y desalojaban a sus ocupantes. Otros arrojaban bolitas de vidrio al suelo, bajo los cascos de los caballos de la Policía, haciéndoles perder el equilibrio.
En pocos minutos, los efectivos policiales y los oviedistas que quedaban, también se replegaron de la plaza calles arriba, hacia el microcentro de la ciudad, abandonando sus posiciones. Los manifestantes arrasaron con el abandonado campamento de los oviedistas, se apoderándose del camión "Linomóvil" y del "Linobar", a los cuales procedieron a prenderles fuego, al igual que a otros automóviles identificados con calcomanías oviedistas. Decomisaron todas partidas de petardos y garrotes que hallaron en el sitio.
Cuando el humo de los gases empezó a disiparse, las tres plazas del Congreso habían sido totalmente reconquistadas por los manifestantes.
Mientras caía la tarde, las cámaras de televisión mostraban un escenario poco frecuente de la zona histórica de Asunción, con varios vehículos ardiendo en llamas y una densa humareda que se elevaba a los cielos.
En pocos minutos, los dirigentes de la manifestación se reunieron a analizar lo sucedido y decidieron fortificar la plaza ante un posible contraataque oviedista.
Se organizaron varios grupos de jóvenes que empezaron a recorrer las calles, buscando objetos que puedan servir como muros de contención. Arrastraban contenedores de basura, cajones de madera, armazones de metal de puestos de venta callejeros. Pero los principales elementos utilizados fueron los vehículos abandonados por los oviedistas, que eran volcados a pulso por la multitud y colocados como barricada.
El intendente de Asunción, Martín Burt, mandó llamar a la flota de camiones recolectores de basura de la ciudad y a varios tractores con palas cavadoras de la Municipalidad, para taponar las calles y vías de acceso a la plaza, cual si fueran improvisados tanques de guerra.
Mientras, en el Palacio de Gobierno, se daba a conocer la Orden General N° 21 del Comando en Jefe, en donde se mencionaba que las fuerzas policiales habían quedado rebasadas por los manifestantes, y que por tanto el presidente Raúl Cubas ordenaba que intervengan las Fuerzas Armadas para restaurar el orden.
Al conocerse la noticia, en la plaza se intensificaron los preparativos para la resistencia. Con la asesoría del general retirado Eugenio Morel Garay, consultor de seguridad del Congreso, se organizó la estrategia de defensa: los jóvenes, campesinos y sindicalistas más aguerridos conformaron los equipos de piqueteros que iban a estar en primera línea, detrás de las barricadas, armados con palos, piedras y petardos. Algunos jóvenes comenzaron a elaborar también bombas caseras del tipo "molotov", con botellas vacías de cerveza llenas de combustible y mechas incendiarias.
En segunda línea se dispuso a jóvenes que no estaban preparados para pelear, pero que iban a servir de apoyo, llevando agua y más piedras a los combatientes. Una gran mayoría de mujeres se dispuso a cumplir esta tarea, rompiendo las baldosas de la plaza para fabricar proyectiles, que eran cargados en carritos que fueron sacados de un supermercado vecino a la plaza, para llevarlos hasta las barricadas. Más atrás, en las cercanías de la Catedral, considerado un lugar más seguro, se instaló a las personas de edad, las madres y los niños.
Desde la radioemisora ÑANDUTÍ, la periodista Pepa Kostianovsky mantuvo un dialogo telefónico al aire con el obispo castrense, monseñor Pastor Cuquejo, a quien reclamó que la Iglesia Católica asuma un papel más decisivo para evitar una masacre, pidiéndole que acuda a realizar una misa en la plaza, frente al Cabildo. Cuquejo respondió de que él estaba ocupando buscando soluciones a nivel diplomático, pero que tal vez otros sacerdotes podrían realizar la ceremonia religiosa.
La periodista se puso entonces en contacto con el jesuita Pa'i Oliva y le transmitió la misma idea. Oliva aceptó y se puso inmediatamente en campaña. Con varios jóvenes sacaron una mesa del interior del edificio del Cabildo y la pusieron sobre la tarima que había sido reconstruida rápidamente después del último ataque. Trajeron los elementos litúrgicos necesarios desde la Catedral y poco después de las 19:00 se inició el oficio litúrgico, acompañado por una gran mayoría de los manifestantes, mientras otros seguían organizando las barricadas para defenderse de un posible nuevo ataque.
Poco antes de las 20:00, los policías que permanecían custodiando la plaza comenzaron a retirarse masivamente. Consultados por los periodistas sobre las razones de dejar sin seguridad la zona, los oficiales respondieron que habían recibido órdenes de marcharse. Casi a esa misma hora, los móviles de radio comenzaron a informar que varios tanques militares habían salido del Cuartel de la Caballería, en Cerrito, Chaco, y avanzaban hacia el centro de Asunción, para desalojar de la plaza a los manifestantes. Se trataba de vehículos blindados CASCAVEL y URUTÚ, ya que después se supo que los pesados tanques con oruga que la Caballería tenía dispuestos en su sede principal de Campo Grande no se pudieron mover, por resistencia de los oficiales.
También se supo que los oficiales de la Marina y los de la Fuerza Aérea se negaron a apoyar la movilización de tropas para acudir a reprimir a los manifestantes de la plaza.
Mientras los tanques avanzaban por la ruta Trans-Chaco y por la avenida Artigas, seguidos en directo por los móviles de televisión, varios ciudadanos salían al paso para gritarles: "¡Asesinos, vuelvan a sus cuarteles! ¡No se manchen las manos con sangre inocente!".
En la esquina de las avenidas Artigas y Perú, un grupo de pobladores del barrio Trinidad clausuraron las calles con cubiertas incendiadas, buscando detener el avance de los vehículos blindados. Los militares se vieron obligados a desviar el camino y a efectuar disparos al aire, para dispersar a los manifestantes.
Cuando los tanques militares llegaron al sector del microcentro asunceno, se encontraron con muchas más personas que les cerraban el paso en las calles de acceso a la plaza.
Pintorescas escena fueron transmitidas por los canales de televisión, como las que mostraban a un padre de familia golpeando airadamente a uno de los tanques con una frágil vara de madera que tenía atada una bandera paraguaya.
Al desembocar desde la calle Palma en Independencia Nacional, a dos cuadras de la plaza, la fila de tanques se vio obligada a detenerse ante las barricadas construidas por los manifestantes, con los camiones basureros de la municipalidad atravesando la vía.
Pasaron varios minutos de tensión, mientras la multitud se preguntaba si los militares abrirían fuego para intentar pasar, pero entonces los tanques se volvieron a movilizar, retrocedieron la marcha y continuaron por la calle Palma, yendo a estacionarse algunos frente al Panteón de los Héroes, otros frente al Palacio del Gobierno y la mayoría en la zona del Puerto, frente a la sede de la Armada Nacional.
Se supo después que habían recibido una orden directa del propio Presidente de la República y Comandante en Jefe, Raúl Cubas Grau, de replegarse para no emplear la fuerza contra los manifestantes.
Alrededor de las 21:00 del viernes empezó un fuerte ataque con petardos desde grupos oviedistas apostados en las inmediaciones del local del Correo Central y en los bajos del edificio ZODIAC, sobre la calle 14 de Mayo. Los jóvenes respondieron lanzando piedras y petardos desde atrás de las barricadas. El ruido se volvió ensordecedor y la humareda llenaba el ambiente. Varios jóvenes empezaron a caer en medio de la plaza y eran socorridos rápidamente por sus compañeros. De pronto, un grito comenzó a extenderse: "¡Está muerto! ¡Cuidado! ¡Son balas! ¡Estos criminales están disparando con armas de fuego!".
Al percatarse de que había francotiradores disparando desde mitad de la calle 14 de mayo y desde lo alto de edificios, especialmente desde los techos del Correo y desde el edificio ZODIAC, muchos manifestantes se aterrorizaron y trataron de buscar refugio. Otros no se dieron cuenta o simplemente no hicieron caso a la mortal amenaza, y enardecidos por el fragor de la pelea, seguían combatiendo. Los heridos iban aumentando. Eran socorridos y arrastrados a la carrera hasta la Catedral, donde se había montado un improvisado lugar de asistencia médica. Desde allí eran evacuados en ambulancias a varios centros asistenciales. Como las ambulancias no daban abasto, numerosos taxistas empezaron a llegar voluntariamente con sus vehículos para ofrecerse a trasladar a las víctimas. Mientras, en las radios empezaban a correr las noticias: ya había dos, tres, cinco muertos. Según lo demostraría después una detallada investigación realizada por el Centro de Documentación y Estudios, en los sucesos del "Marzo Paraguayo" se registró un total de 769 personas heridas, de las cuales 7 fallecieron. De esta cifra, 92 fueron alcanzadas por las armas de fuego de los francotiradores; los demás por petardos, balines y golpes durante las represiones policiales o las escaramuzas con los oviedistas.
Los hospitales y centros asistenciales se vieron repletos en esa noche del viernes. Las ambulancias iban y venían con un incesante ulular de sirenas por las calles. Escenas dantescas eran transmitidas en vivo y en directo a todo el país y al mundo por la televisión. Los camarógrafos y reporteros que estaban apostados en el balcón del Congreso, se vieron obligados a tumbarse en el suelo cuando sintieron que las balas pasaban zumbando sobre sus cabezas, pero las cámaras quedaron fijas y la transmisión no se interrumpió.
Cerca de las 22:00, dos enviados de la RED CARACOL, de Colombia, luego de haber despachado un material audiovisual a su medio por vía satélite desde los estudios de Canal 13, en Lambaré, regresaron en taxi al centro de la ciudad para continuar la cobertura. El taxista que los transportó no quiso entrar en la zona de combate y los dejó en las inmediaciones del shopping ASUNCIÓN SUPER CENTRO, sobre la calle Oliva. Portando la cámara filmadora, ambos periodistas bajaron con cautela por la calle 14 de Mayo, en dirección a la plaza, observando a la distancia toda la caótica escena por los enfrentamientos que estaban ocurriendo.
Tras cruzar la calle Palma, algo les llamó la atención. A media cuadra del lugar, en las inmediaciones de la CASA DE LA INDEPENDENCIA, entre un nutrido grupo de personas, en plena vereda, un hombre apuntaba y disparaba a intervalos perfectamente regulares en dirección a la plaza. Iba vestido con bermudas y una remera a rayas, y sostenía una pistola 9 milímetros con la mano izquierda, con la cual hacía fuego, una y otra vez. A su lado, otro hombre sostenía un rifle con mirada telescópica.
"- ¡Mierda! ¡Esto hay que, grabarlo! -dijo el camarógrafo, mientras encendía su equipo con gran rapidez y salía a la calle, ya con el visor ajustado.
- ¡Tené cuidado! ¡Que no te vean! -le gritó su compañero."
El camarógrafo pudo registrar la escena durante varios minutos, hasta que uno de los que estaban en el grupo lo advirtió y dio el grito de alarma, señalando en dirección a los periodistas.
"- ¡Cháke! ¡Televisiongua! ¡Ñane filma hikuai!
- ¡Pejagarra ñandéve! -ordenó uno de los líderes.
- ¿Qué dicen? -quiso saber el reportero.
- ¡No sé, pero es mejor irnos de aquí, rápido! -respondió el camarógrafo, recogiendo su equipo y echando a correr calles arribas, mientras algunos de los manifestantes oviedistas los perseguían, lanzando gritos."
Los dos hombres de prensa pudieron encontrar un taxi y subir al vehículo, antes de que sus perseguidores los alcancen. Al día siguiente, Canal 13 emitió las imágenes del hombre disparando, que pocos minutos después fue identificado por una persona que llamó al canal. Se trataba de Walter Gamarra, funcionario del Ministerio de Hacienda y uno de los operadores políticos del oviedismo.
Testimonios de algunos protagonistas confirman que también se realizaron disparos de armas de fuego desde el balcón del Congreso en dirección al edificio ZODIAC, respondiendo al fuego de los francotiradores. La mayoría de estos disparos fueron hechos por personas que formaban parte de la seguridad de los parlamentarios, entre los que algunas publicaciones periodísticas identificaron al ex mayor de aviación Enrique "Kike" Sarubbi y a Lincoln Alfieri, en ese momento colaborador del senador Luis González Macchi. El diario ABC COLOR publicó una fotografía de Alfieri abandonando el local del congreso con un fusil automático M-16 colgado del hombro.
No se reportaron víctimas en el sector de los manifestantes oviedistas. Los siete asesinados eran manifestantes del sector opositor al Gobierno de Raúl Cubas. Las pericias indicaron que la trayectoria de las balas procedía, en su gran mayoría, desde los edificios adyacentes al Congreso.
LA POLICÍA IGNORA AL JUEZ, AL FISCAL Y
Poco antes de la medianoche, en el Cuartel Central de Policía, junto a la plaza, se hizo presente el fiscal general del Estado, Aníbal Cabrera Verón, en compañía del juez Gustavo Ocampos, para ordenar al Comandante de la Policía Nacional, Niño Trinidad Ruiz Díaz, que detenga la masacre y arreste a los francotiradores. Casi en seguida también llegó el Ministro del Interior, Carlos Cubas, quien impartió las mismas órdenes.
Según declaró posteriormente Cubas, el Comandante policial se hizo el desentendido y dilató deliberadamente la intervención, con la excusa de que no quería exponer a sus policías al fuego de los francotiradores.
El Ministro recordó que Trinidad desapareció en algún momento y él fue a buscarlo, encontrándolo en el patio, hablando por teléfono. "Por la conversación que mantenía, me di cuenta de que estaba hablando con el general Lino Oviedo, recibiendo órdenes directamente de él", aseguró Cubas.
SÁBADO 27 DE MARZO DE 1999
Finalmente, pasada la medianoche, el juez Gustavo Ocampos, acompañado de varios fiscales y un equipo comando de policías, munidos de chalecos antibalas, salieron del Cuartel Central de Policía para allanar los locales del Correo y el Edificio ZODIAC.
Ya era tarde. Los francotiradores se habían marchado, alertados por sus propios cómplices.
Hasta el Cuartel de Policía también llegó el Arzobispo auxiliar de Asunción, monseñor Adalberto Martínez, quien se reunió con el Ministro del Interior y decidieron proponer una tregua para evitar más muertes. La idea era despejar la plaza y dejar que efectivos de la Marina custodien el edificio del Congreso, para garantizar que se realicen las sesiones para el juicio Político.
Se formuló la propuesta a los dirigentes de jóvenes por la Democracia, quienes se comprometieron a estudiarlo con los demás sectores. La respuesta sería analizada algunas horas más tarde, en otra reunión.
En la plaza, los jóvenes expresaban su dolor por los compañeros muertos y heridos. En medio del campo donde habían caído varias de las víctimas se colocaron cruces simbólicas, vestidas con banderas paraguayas.
Había velas encendidas, rumor de oraciones y emocionados discursos. Los manifestantes se abrazaban unos a otros, mientras algunos lloraban desconsoladamente. A las dos de la madrugada, dentro del local del Parlamento se reunieron los dirigentes de la plaza, representantes de la Iglesia y algunos parlamentarios. Se decidió negociar con el Gobierno un esquema de seguridad. El obispo Adalberto Martínez comunicó la decisión por teléfono al ministro Cubas, y éste le pidió que lo vayan a buscar al Palacio para asistir a la reunión.
Monseñor Martínez, junto a dos sacerdotes jesuitas, partió en una patrullera policial, que debió rodear las calles llenas de barricadas para poder llegar. En el Palacio se encontraron con numerosos manifestantes oviedistas, que les lanzaron insultos, llamándolos "curas comunistas".
Finalmente el ministro Cubas salió al encuentro y regresaron en la patrullera hasta el local del Arzobispado. Para abrirse paso entre la turba que rodeaba el Palacio, los policías debieron hacer disparos al aire.
A las 4:00 de la madrugada, en el Arzobispado se reunieron el ministro Carlos Cubas, el Jefe de Policía, Niño Trinidad Ruiz Díaz; el Obispo auxiliar Adalberto Martínez, los jóvenes dirigentes y algunos parlamentarios.
Luego de analizar diversas alternativas, decidieron que los manifestantes abandonen la plaza antes de las 8:00 de la mañana, cuando los efectivos de la Marina iban a entrar a formar un cordón de seguridad alrededor del Congreso. Los manifestantes de la oposición iban a poder permanecer frente a la explanada de la Catedral y los oviedistas en el otro extremo, frente a la Casa de la Cultura, separados por una distancia como de tres cuadras unos de otros, de manera que no surjan más posibilidades de enfrentamientos. Solo iban a poder entrar al Congreso los parlamentarios y los periodistas acreditados.
Quedaba la tarea más difícil: convencer a los manifestantes sobre la necesidad de replegarse.
A las 5:30, los dirigentes de Jóvenes por la Democracia convocaron a una asamblea en el centro de la plaza. Allí expusieron la propuesta de abandonar el espacio para que ingrese el Ejército y se garantice la realización del juicio Político. Varios manifestantes respondieron airadamente, negándose a abandonar el lugar, porque "la plaza ha sido ganada con la sangre de los mártires y abandonarla sería admitir una derrota".
Entonces le tocó hablar al Pa'i Oliva. Con su estilo pausado pero firme, el sacerdote recurrió al gran respeto y la fuerza moral que se había ganado entre los manifestantes, para explicar la situación. Expuso que ya se había demostrado al país y al mundo quiénes eran realmente los defensores de la democracia. Que lo más importante, en ese momento, era crear las condiciones para que se realice el juicio Político, y para eso iba a ser necesario un gesto de grandeza, un gesto de renuncia, que no significaba una derrota. Los manifestantes podían permanecer en vigilia en la explanada de la Catedral, dispuestos a seguir movilizados.
Finalmente, los manifestantes aceptaron la explicación del sacerdote. Se decidieron abandonar la plaza, pero no desmovilizarse. Hubo un momento muy emotivo, cuando todos se dirigieron cantando Patria querida hasta el simbólico cementerio de los mártires, mientras las luces del nuevo día empezaron a clarear en el horizonte. Los jóvenes se resistían a marcharse del lugar donde habían caído sus compañeros hasta el último minuto del plazo acordado.
A las 8:00 de la mañana, puntualmente, encabezados por una banda militar, llegaron los efectivos de la Armada Nacional. Fueron recibidos con aplausos por los manifestantes, que formaban una gruesa fila frente a la Catedral. Los militares habían bautizado al esquema de seguridad como "Operativo Concordia". El general Carlos Caballero Camacho fue designado jefe de la operación. En forma paralela, la mayoría de los campesinos recogieron sus campamentos para regresar a sus respectivas comunidades, en su mayoría asentamientos rurales de Caaguazú, San Pedro, Canindeyú y Alto Paraná. Se los veía cansados y muchos exhibían visibles rastros de los golpes recibidos en los enfrentamientos, pero fueron despedidos como héroes por la multitud, con aplausos y gritos. "¡Gracias!", fue la palabra más escuchada, cuando subían a la carrocería de varios camiones y a algunos ómnibus que los llevarían de vuelta.
Varios camiones de bomberos se habían ubicado en las esquinas para proveer agua. A medida en que avanzaba la mañana y crecía el calor, arrojaban chorros con las mangueras para refrescar a la gente. A cada rato llegaban más personas a sumarse, trayendo aportes para la olla común, hielo, aguas, bebidas gaseosas, medicamentos, incluso dinero, que eran recibidos y administrados prolijamente por las voluntarias de la Pastoral Social.
Los jóvenes habían vuelto a establecer su propio cordón de seguridad, en donde cada persona que entraba y salía era sometida a una minuciosa revisión. El equipo de sonido de la Catedral Metropolitana era utilizado para la actuación de artistas y músicos que traían su solidaridad, en medio de mensajes y encendidos discursos. La alta explanada servía de escenario, y una gran tela con el nombre de los siete jóvenes mártires fue colocada en lo alto del campanario.
Al otro lado de las plazas, los manifestantes pro gubernistas casi habían desaparecido. Un reducido grupo de personas de aspecto humilde se mantenía errante, entre el local de la Cámara de Diputados y el Palacio de Gobierno. En sus rostros había una mezcla de cansancio, rabia y confusión.
A las diez de la mañana, el presidente Raúl Cubas ofreció una conferencia de prensa, en donde expresó su pena por la pérdida de vidas humanas y exhortó a mantener la calma. Dijo que "en los dos bandos hay muertes que lamentar", aunque hasta entonces no se había reportado ni una sola víctima en el sector gubernista. Cubas aseguró que no iba a rehuir a su responsabilidad y que acataría lo que se decida en el juicio político.
Cerca del mediodía, las emisoras de radio dieron la noticia de que el Jefe de Policía, Niño Trinidad Ruiz Díaz, había sido relevado del cargo y arrestado por su presunta responsabilidad en la masacre. En su lugar asumía el comisario Ricardo Caballero Parquet.
Pocos antes de las 13:00 comenzaron a llegar los parlamentarios para la sesión extra del Senado. Al pasar cerca de la Catedral, los legisladores identificados con el sector anti gubernista eran recibidos con vítores y aplausos, mientras los oviedistas eran abucheados e insultados.
La sesión empezó a las 13:10. Los abogados Fernando Canillas y Mario Aníbal Elizeche, representantes del presidente Raúl Cubas, dieron lectura a los alegatos de la defensa durante más de dos horas. Luego, el Senado, constituido en Tribunal, decidió rechazar cuatro de las cinco pruebas presentadas por los defensores. Se llevó a votación y allí se desmoronaron las esperanzas de los oviedistas: había más de los 30 votos necesarios a favor del juicio político.
La sesión se levantó a las 17:00, con la decisión de reanudarla el día lunes 29, a las 7:30, ocasión en que se debía definir irremediablemente si el presidente Raúl Cubas era o no destituido, pero las posturas ya indicaban que los votos mayoritarios serían a favor de sacarlo del poder. Los legisladores considerados "dudosos" se habían volcado claramente a favor del grupo anti gubernista.
Frente a este nuevo cuadro, se aceleraron las reuniones en uno y otro sector. Los senadores oviedistas José Francisco Appleyard y Octavio Gómez abandonaron el Congreso antes de que termine la sesión, y fueron a reunirse con el Presidente y con Lino Oviedo, para discutir estrategias. Las radioemisoras que eran manejadas por los oviedistas lanzaron nuevas convocatorias a los adherentes de todo el país, pidiéndoles marchar hasta la Capital para defender al Gobierno. Señalaban como punto de concentración la zona del Puerto de Asunción y el Hipódromo, pero recibieron muy poca respuesta.
Esa misma tarde del sábado, luego de la sesión extra del Senado en que se definió enjuiciar políticamente y sacar del poder al Presidente, se realizaron varias reuniones a nivel diplomático, encabezadas por la embajadora de Estados Unidos, Maura Harty y el Nuncio Apostólico del Vaticano, monseñor Luis Baldisseri.
En diversos mensajes hicieron entender al presidente Raúl Cubas que la única salida al conflicto sería la presentación de su renuncia. "La comunidad internacional no va a tolerar un solo muerto más en este conflicto", le habría dicho la embajadora Harty a Cubas.
Los manifestantes pasaron el resto de la tarde y de la noche en vigilia frente a la Catedral, en un clima que a ratos era de duelo y a ratos de fiesta ciudadana. A la noche disminuyó el número de gente, porque la mayoría de los adultos, mujeres y niños, se marcharon a sus casas, pero los jóvenes no se movían del lugar.
Cerca de la medianoche se divisaron destellos de luces a la distancia, en uno de los edificios de altura cercanos y se produjo escenas de pánico entre los manifestantes, pensando que eran nuevamente francotiradores. La Policía tardó en acudir a inspeccionar el sitio, pero no encontró nada fuera de lugar.
DOMINGO 28 DE MARZO DE 1999
A las seis de la mañana del domingo, los efectivos de la Armada recibieron órdenes de levantar el cordón de seguridad alrededor del Congreso. Los jóvenes se alarmaron, pensando que se avecinaba un nuevo ataque oviedista, y llamaron a varios parlamentarios para que intervengan. Luego de un diálogo con el Ministro del Interior, se logró que los marinos regresen a restablecer el cordón de seguridad.
A las 8:00 se inició la tradicional misa del Domingo de Ramos en la Catedral Metropolitana, que en esta oportunidad había adquirido un significado especial para muchos de los fieles. La multitud desbordaba el local del templo. Más que una celebración religiosa, parecía un acto político. Cada dirigente del sector antigubernamental que llegaba para participar de la celebración religiosa era recibido con vivas y largos aplausos a la entrada.
Uno de los más aclamados fue el Presidente del Congreso Nacional, senador Luis González Macchi, quien al no existir un Vicepresidente, por mandato constitucional, debía asumir la Presidencia de la República, en el caso de que Cubas renunciase o sea destituido.
En su homilía, el arzobispo de Asunción, monseñor Felipe Santiago Benítez, reclamó por la inútil masacre de los jóvenes y formuló un llamado a evitar más violencia y a respetar los principios de la democracia. A las 11:00 se celebró otra misa, ésta especialmente en memoria de los jóvenes asesinados, concelebrada por varios obispos y sacerdotes. Hubo momentos muy emotivos, cuando se depositaron ofrendas con los nombres de los mártires y se presentaron signos del nuevo Paraguay que se deseaba construir. Al término del oficio, prosiguieron los actos frente a la explanada, con la actuación de grupos de música y teatro, lecturas de mensajes y discursos. Desde una cocina instalada al costado de la Catedral se sirvió un almuerzo, preparado por numerosas madres voluntarias. Centenares de jóvenes repartían vasos de agua y refrescos a la multitud. Los bomberos derramaban continuamente chorros de agua sobre la gente para aplacar el intenso calor.
En horas de la siesta, los miembros del cordón de seguridad de los manifestantes detectaron a una persona armada con una pistola que intentaba infiltrarse en medio de la multitud. Al requisarle los documentos, comprobaron que era un suboficial segundo de la Armada, de nombre Marino Riveros. Entre sus documentos portaba el carnet de UNACE, el movimiento colorado liderado por el general Lino Oviedo.
Cerca de las 16:00, la emisora Radio Cardinal difundió unas grabaciones captadas de trasmisiones por sistemas de radio aficionado, en las que se escuchaba un diálogo entre el senador oviedista Enrique González Quintana y un operador político del interior del país.
Entre ruido de estáticas, el diálogo se pudo oír perfectamente:
"OPERADOR: El doctor Insfrán está movilizando para llevar la mayor cantidad de gente. ¡Adelante cambio!
GONZÁLEZ QUINTANA: Te copio perfectamente. Pero hay que moverse. Hay que calentar el espíritu, porque esto ya no es como para esperar. ¡Adelante!
OPERADOR: Positivo, positivo. Ellos recibieron la directiva de esta mañana y ya salieron, señor Senador. En este momento están en ese trabajo... Yo estoy acá para cualquier cosa y espero algunas directivas. Ellos ya salieron. Ya están en ese trabajo. Adelante, cambio.
GONZÁLEZ QUINTANA: Correcto, correcto, Sierra base. Entonces, metele fuego a todos los Sierra, Sierra Dos, Sierra Uno, Sierra... Todos los Sierra, que vos sabes bien quienes son, pero metele duro y adelante. No importan que no lleguen a las 18 horas, pero que sigan llegando la mayor cantidad de gente.
OPERADOR: Positivo, señor Senador. Positivo. Opytánte pea che cárgope. Ja'oikua'apa léntoma lo mita. ¿Ud. me dijo en el Puerto, señor senador?
GONZÁLEZ QUINTANA: Positivo, positivo. En el Puerto. Positivo. Cambio."
Las especulaciones apuntaron a que la conversación aludía a un plan de ataque contra algunos senadores, a quienes se referían con el código "sierra". González Quintana negó posteriormente esta versión y explicó que el código "sierra" correspondía a bases de apoyo del UNACE en el interior, y lo que pretendía con sus expresiones era que los operadores apuren a los partidarios para llegar hasta Asunción y manifestarse en respaldo al Gobierno.
A esa hora de la tarde corría fuertemente el rumor de que el presidente Raúl Cubas ya había comunicado a sus seguidores y al propio Lino Oviedo que estaba decidido a renunciar y que grupos paramilitares oviedistas se organizaban para atacar con armas de fuego a los manifestantes del sector democrático. Se temía que pudiera avecinarse una guerra civil.
A las 18:00, el obispo auxiliar de Asunción, monseñor Adalberto Martínez, convocó al Ministro del Interior, Carlos Cubas, a una nueva reunión para reforzar el sistema de seguridad, ante las versiones de posibles ataques de grupos parapoliciales. El Ministro prometió acudir en media hora, pero ya no se presentó, ante el giro de los acontecimientos.
Cerca de las 18:30, el arzobispo de Asunción, monseñor Felipe Santiago Benítez, llegó hasta la explanada de la Catedral y tomó el micrófono para dirigirse a la multitud. Felicitó a los jóvenes por su valentía, pero les pidió que abandonen la Catedral.
"Tengo la obligación de decirles que en este momento todos corremos un grave peligro. Tengo información segura, muy reservada, de que se acercan aquí fuerzas bien armadas con propósito de producir estragos y matanzas. Sería una carnicería.
Los niños, ancianos y enfermos pueden quedarse en la Catedral, bajo mi responsabilidad personal. Los demás, es mejor que se vayan a sus casas", exclamó el prelado.
Los jóvenes respondieron con rechiflas y abucheos. "¡No hemos luchado tanto, para huir como cobardes! ¡Que vengan, vamos a enfrentarlos!", gritó uno de los manifestantes, y los demás respondieron en coro: "¡Ciertooo!".
El arzobispo intentó seguir hablando, pero sus palabras se perdían entre el bullicio enfervorizado de la multitud. Algunos manifestantes empezaron a abandonar el lugar, pero la mayoría continuó en el sitio.
Las radio emisoras empezaron a difundir la noticia de que se prepara una reunión en Mburuvicha Róga, la residencia presidencial. "Parece que Cubas va a oficializar su renuncia", especulaban los reporteros.
"Algo grave pasa aquí" se dijo el Presidente del Partido Colorado, senador Bader Rachid Lichi, al bajar del vehículo e ingresar a la residencia presidencial Mburuvicha Róga. La esposa del presidente, Mirtha Gusinky, lo recibió llorando, muy alterada, al igual que Luis, hermano del mandatario y su sobrino Emilio. Todos tenían el rostro compungido y cubierto de lágrimas. En la sala estaba Raúl Cubas, serio, preocupado, según relataría posteriormente la escena el propio Rachid Lichi.
"- Hola, Bader -dijo, dándole un abrazo."
El Senador comprobó que ni siquiera la férrea disputa política que los había enfrentado encarnizadamente durante los últimos meses había logrado alterar el afecto y la amistad que unía a sus familias desde hacía mucho tiempo.
"- ¿Ya lo decidiste, Raúl? -le preguntó Bader, una vez sentados frente a frente, alrededor de una mesa con un tereré.
- Lo estoy pensando, Bader, lo estoy pensando. Ya arreglé con Oviedo, quien estuvo por acá hace minutos. Ya hablé con el Nuncio Baldisseri. También me llamó el presidente brasileño, Cardoso.
- ¿Y qué pensás de todo esto, Raúl? -el Presidente miró sus manos, como si las sintiera extrañas.
- Yo soy responsable de esas muertes por culpa de ese tarado. Mis manos están manchadas de sangre por culpa de este personaje. Es un loco, no sé qué va a hacer, acaba de salir. Estoy preocupado, no solamente por el país. También por mi familia. No sé qué puede pasarnos -le dijo el presidente, según la versión dada posteriormente por Bader Rachid Lichi.
- Yo te garantizo la más completa seguridad para vos y para toda tu familia. Podés quedarte en el país, tranquilamente. Nadie te va a molestar.
- Tengo miedo, Bader. No por mí, sino por mi esposa, por mis hijos. Estoy dispuesto a renunciar al cargo de Presidente de la República para evitar un baño de sangre. Tiene que ser antes de la noche, antes de que ocurra otra tragedia. Yo no sé lo que ellos son capaces de hacer.
- Está bien, Raúl. Es lo mejor. Voy a organizar todo. Hagamos el acto de renuncia en el Palacio de Gobierno, en una o dos horas.
- ¡No, no... en el Palacio no! -exclamó Raúl-. Irnos al Palacio sería un peligro. Mejor hagámoslo aquí, en Mburuvicha Róga.
- Como quieras, Raúl. Entonces será aquí. Déjame hacer algunas llamadas."
El Senador se levantó y salió a buscar un teléfono. El Presidente se quedó sentado, con la cabeza entre las manos, como si el mundo se le hubiera venido abajo.
La última reunión entre el presidente Raúl Cubas Grau y el general retirado Lino Oviedo se había producido minutos antes de la llegada de Bader Rachid Lichi a Mburuvicha Roga, según lo supo después el propio Presidente del Partido Colorado.
Oviedo había salido de su presunto lugar de reclusión -el Batallón Escolta Presidencial- cerca de las 16:00, en una camioneta Toyota Runner con vidrios polarizados, por uno de los portones laterales, sin que los periodistas que estaban apostados en la entrada pudieran percatarse. En pocos minutos recorrió media docena de cuadras para ingresar por otro portón posterior a la residencia presidencial. El oficial que comandaba la guardia se acercó a la ventanilla y esperó que el vidrio bajara un poco, hasta dejar ver el rostro casi lívido del general Lino Oviedo.
"- ¡Adelante, mi general! ¡El señor Presidente lo está esperando!
- Gracias."
Adentro, en la amplia sala de la residencia, el presidente Cubas se paseaba, nervioso. Acababa de mantener una conversación telefónica con el mandatario brasileño Fernando Henrique Cardoso y otra con el presidente Carlos Saúl Menem, de Argentina.
"- No se preocupe. Si usted renuncia a su cargo, el gobierno de Brasil está dispuesto a concederle asilo político, señor presidente -le había dicho Cardoso.
- ¿Y al general Oviedo? -preguntó Cubas.
- El asilo es para usted solamente, señor Presidente -aclaró Cardoso. En cambio, Menem le había dicho lo que quería escuchar: "Oviedo es mi amigo. No lo voy a abandonar."
Acababa de cortar el teléfono, cuando el secretario entró a la sala y le dijo que la persona que estaba esperando acababa de llegar.
"- Está bien. ¿Tiene la carpeta con la orden de libertad firmada?
- Aquí está, señor Presidente.
- Démela. Haga pasar a esa persona y cierre la puerta. Que nadie nos moleste.
- Si, señor."
El secretario salió e indicó con un gesto amable al visitante que ingresara a la sala. Luego cerró la puerta. Se sirvió un vaso de agua y lo bebió como si tuviera mucha sed acumulada. Escuchó que desde adentro llegaban gritos sordos, palabras confusas, explosiones de ira. Sintió pena por los dos. Era una lástima que la historia de dos hombres que habían llegado al más alto poder del país pudiera acabar así, de manera tan violenta y poco feliz.
Casi media hora después, la puerta volvió a abrirse y el General salió con el rostro enrojecido de furia, portando la carpeta en la mano.
"- ¿Puedo ayudarlo en algo, mi general?"
Oviedo no respondió. Cruzó apresuradamente el recibidor y salió al patio. El secretario golpeó suavemente la puerta y entró a la sala. El Presidente estaba parado frente al ventanal, contemplando quizás por última vez al amigo y socio político que se marchaba. Poco antes de las 17:00, el piloto Valentín Camacho llegó al hangar del Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi donde se guardaba la avioneta turbohélice con matrícula ZPTZF, propiedad de la firma EXPACAR SRL.
Con mucha prisa revisó los detalles mecánicos, puso a punto la máquina y confeccionó un plan de vuelo que tenía como destino el Aeropuerto Guaraní de Ciudad del Este. En la lista de pasajeros que entregó al salir solamente estaba anotado su nombre.
"- ¿Qué? ¿No vas a llevar ninguna compañía? -le preguntó el funcionario de la Dirección Nacional de Aeronáutica Civil que recibió el registro.
- No -respondió el piloto, mientras arrancaba el avión y salía a la pista-. Solo voy a buscar algo y regreso."
La torre del Aeropuerto autorizó el despegue a las 17:35, pero el avión no permaneció en el aire ni siquiera diez minutos. Dio algunas vueltas sobre el río Paraguay y volvió a descender en seguida, en una aeropista en la zona de Villa Hayes, a apenas 20 kilómetros de Asunción, ya en territorio del Chaco paraguayo.
Una ambulancia aguardaba en tierra. Apenas la avioneta se detuvo, el vehículo se aproximó. Dos guardias abrieron la puerta trasera y emergió la pequeña figura del Lino Oviedo, acompañado de su esposa Raquel Marín y sus hijos. El piloto les ayudó a abordar la nave y a cargar las escasas pertenencias que traían consigo.
"- ¿Todo bien, Camacho? -saludó Oviedo, mientras ocupaba el sitio del copiloto.
- Todo tranquilo, mi general."
El avión correteó en dirección norte y subió con facilidad. Desde el aire, Asunción se veía como un sueño nebuloso que iba quedando atrás.
- En una hora, aproximadamente, llegaremos a Ciudad del Este -informó el piloto.
- Olvídese. No vamos a ir a Ciudad del Este. -dijo Oviedo mientras miraba por la ventanilla todo lo que estaba dejando-. Ponga rumbo hacia el sur.
- Pero... mi general... el plan de vuelo es solo para Ciudad del Este -reclamó el piloto.
- Usted no se preocupe, Camacho -insistió Oviedo-. Haga lo que le digo. Ponga rumbo a la Argentina."
A las 20:40 de ese domingo 28, los canales de televisión y las radioemisoras transmitieron en directo el discurso de renuncia del presidente Raúl Cubas Grau desde Mburuvicha Róga.
"- ¡Me voy, porque si mi salida sirve para la pacificación nacional, este será mi aporte en este momento tan delicado! -dijo el ex mandatario, en su discurso final."
En la explanada de la Catedral, el grito estalló en miles de gargantas. Los manifestantes se abrazaban unos a otros, llorando de emoción. Caravanas de vehículos recorrían las calles de la ciudad haciendo sonar las bocinas, desplegando miles de banderas paraguayas.
A las 21:30, el senador González Macchi juró ante el Congreso Nacional como nuevo mandatario y salió al balcón del viejo Cabildo a saludar a la multitud que copaba totalmente la misma plaza donde pocas horas antes habían caído los manifestantes bajo las balas de los francotiradores.
Inmediatamente, el nuevo jefe de Estado se dirigió al Palacio de Gobierno, seguido por la impresionante muchedumbre, para designar a los primeros miembros de su nuevo gabinete. La gente invadió los jardines de la antigua Casa de López, siguiendo paso a paso la ceremonia oficial.
Mientras tanto, el presidente Raúl Cubas y sus familiares llegaban a la Embajada brasileña para pedir asilo político. Pocos minutos después, una fuerte dotación policial los escoltaría hasta el Aeropuerto Internacional "Silvio Pettirossi", donde un avión de la Fuerza Aérea Brasileña lo esperaba para llevarlo fuera del país.
Pasada la medianoche, la multitud seguía recorriendo las calles de Asunción, expresando su alegría, mientras una mansa lluvia empezaba a caer sobre la ciudad.
En la plaza frente al Congreso, un numeroso grupo de jóvenes y de madres de familia se congregan alrededor del simbólico cementerio de los mártires, encendiendo velas, rezando oraciones, coreando canciones.
Cuando llegó el amanecer del nuevo día, todavía estaban allí, acompañando a los jóvenes caídos en la vigilia final.
Abente Brun, Diego. 2010. Después de la Dictadura, en: Telesca, Ignacio (coord.) Historia del Paraguay. Asunción: Taurus-Santillana.
Ayala Bogarín, Oscar y Colmán Gutiérrez, Andrés (editores). 1999. Días de Gloria, en: Revista gráfica sobre el Marzo Paraguayo. Asunción: Diario Última Hora.
Ayala Bogarín, Oscar y Colmán Gutiérrez, Andrés (editores). 2000. Días de Gloria, un año después. El pueblo no se entrega, en: Revista gráfica sobre el Marzo Paraguayo. Asunción: Diario última Hora.
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Colmán Gutiérrez, Andrés. 2004. El país en una plaza. La novela del Marzo Paraguayo. Asunción: Editorial El Lector.
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Rivarola, Milda. 2013. Escritos sobre el oviedismo (199612001). La herencia de largas dictaduras. Asunción: Servilibro.
Cardozo, Juan Andrés et. al. 2001. Marzo Paraguayo: Una lección de democracia. Asunción: Biblioteca última llora.
El proceso de investigación para la escritura de este libro involucró entrevistas directas realizadas por el autor a más de 80 personas, protagonistas de los sucesos del Marzo Paraguayo, entre dirigentes de la plaza, manifestantes, heridos, familiares de víctimas, dirigentes políticos de la oposición y del oviedismo, policías, militares, bomberos, médicos, taxistas, sacerdotes y monjas, estudiantes, madres, choferes de ambulancia y corresponsales.
Andrés Colmán Gutiérrez busca echar luz sobre un proceso histórico
que mucha gente trató de tergiversar con relación
al Marzo Paraguayo de 1999. / ABC Color
Andrés Colman Gutiérrez es periodista, escritor y guionista. Nació en Yhú, en 1961. Se inició en el periodismo a los 14 años en RADIO MBARACAYÚ de Salto del Guairá. Realiza reportajes para el diario última Hora en Asunción y es corresponsal en Paraguay de la organización INTERNACIONAL REPORTEROS SIN FRONTERAS (RSF, por sus siglas en inglés).
Realizó cursos de periodismo en la Universidad Nacional de Asunción y en la Universidad de San Marcos de Lima, Perú. Ejerce la docencia en la Facultad de Ciencias Humanísticas y de la Comunicación, de la Universidad Autónoma de Asunción (UAA), donde desarrolla la asignatura Taller de Redacción Periodística II.
Publicó las novelas El último vuelo del pájaro campana (El Lector, 1995, Premio de Narrativa El Lector 1995, reeditada en 2007 por Servilibro), El país en una plaza: la novela del marzo paraguayo (El Lector, 2004), el álbum de cómic Mediodía en la tierra de nadie (El asesinato del periodista Santiago Leguizamón), con dibujos de Enzo Pertile (Servilibro, 2006), el libro de cuentos El Principito en la Plaza Uruguaya (Servilibro, 2007; segunda edíción 2010), el libro periodístico EPP: la verdadera historia (Ultima Hora 2011) y el libro documental Tañarandy, la revolución del arte, con fotos de René González (Oniria/TBWA, Itaú 2012).
Como guionista de comics escribió las series Cacho Medina (con dibujos de Mario Gatti), El Viajero y El Testigo (con dibujos de Enzo Pertile). En audiovisuales realizó guiones para programas televisivos como Tiempo de Comunicación (Canal 9), El Ojo (Canal 13), Parlamento juvenil (Canal 9) La Barra (Tevedós), Colegio de Señoritas (Canal 13). Es coautor del guió del film Miss Ameriguá, de Luis Vera.
Recibió el Premio Vladimir Herzog (Brasil, 1985), el Premio Nacional de Periodismo Santiago Leguizamón (Paraguay, 2000) y el Premio Periodista Amigo de la Niñez y la Adolescencia de la agencia Global Infancia (Paraguay 2010).
ARTÍCULOS EN EL DIARIO ABC COLOR SOBRE EL LIBRO
EL MARZO PARAGUAYO, CON TODA SU VERDAD
“El Marzo Paraguayo”, del periodista y escritor Andrés Colmán Gutiérrez, será el próximo y último título de la Colección Guerras y violencia política en el Paraguay, de ABC Color y la editorial El Lector. Esta es una obra que refrescará en la memoria del público varios aspectos de aquellos sucesos sobre los cuales se buscó tergiversar.
Camioneta en la que fue asesinado Luis María Argaña.
El crimen fue el detonante de la tragedia del Marzo Paraguayo. / ABC Color
Colmán Gutiérrez, periodista de intachable trayectoria profesional, es uno de los hombres de prensa que más tiempo le dedicó al estudio y análisis de aquellos sucesos que la memoria popular recuerda como el Marzo Paraguayo, y cuyo resultado final fue la muerte de varios jóvenes paraguayos asesinados por francotiradores apostados en los techos del Correo y del edificio Zodiac y a los que la policía, comandada entonces por el comisario Niño Trinidad, no trató de detener en ningún momento.
El Marzo Paraguayo tuvo su antecedente en el enfrentamiento abierto entre el general Lino Oviedo y el doctor Luis María Argaña, en la interna del Partido Colorado. A Argaña le habían arrebatado la victoria electoral en diciembre de 1992, con lo cual le privaron de la condición de candidato a presidente de la República por dicha agrupación política.
Varias fuentes indican que Oviedo había sido uno de los culpables de la acción que privó a Argaña de su triunfo electoral. Desde ahí se desató una serie de acontecimientos y de enfrentamientos en el propio seno del coloradismo que culminó en aquella aciaga noche del viernes 26 de marzo de 1999, con la matanza propiciada por asesinos que jamás fueron identificados.
Solo uno de los que dispararon contra los jóvenes de la plaza, el oviedista Walter Gamarra, funcionario público, filmado por la televisión colombiana en pleno acto de descargar balazos contra la multitud, fue detenido, procesado y condenado a la cárcel.
En uno de los pasajes del libro, Colmán Gutiérrez rememora otro de los hechos curiosos que se trataron de borrar de la memoria colectiva. Dice Colmán: “Esa misma mañana (del asesinato de Argaña) se conoció un hecho muy llamativo, ocurrido en la sede del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), sobre la avenida Eusebio Ayala, cuando varios periodistas informaron que a pocos minutos de confirmarse el asesinato de Argaña, dos de los tres miembros del Tribunal, Expedito Rojas y Carlos Mojoli, ya tenían lista una resolución convocando a elecciones para elegir a un nuevo vicepresidente para el 10 de setiembre”.
Continúa Colmán: “La periodista Dolly Olmedo, de Radio Cardinal, declaró ante la Comisión Bicameral de Investigación que a las 9 de la mañana, apenas a 15 minutos de que se consumara el atentado contra Argaña, Raúl Mojoli, hijo de Carlos Mojoli, le reveló que su padre estaba preparando la resolución para elegir al nuevo vicepresidente de la República”.
De acuerdo con el libro que aparecerá el domingo, el periodista Miguel Almada Tatter, de Radio Uno, quien realizaba coberturas en temas electorales, declaró ante el juez Jorge Bogarín: “A través de funcionarios de la Justicia Electoral, empezó a circular lo que sería un proyecto de resolución judicial, que aparentemente tenía la firma de los doctores Expedito Rojas y Carlos Mojoli. Recuerdo que ese proyecto fue acercado a las oficinas del doctor Ramírez Zambonini y quedó allí ese documento. Todo eso fue alrededor de las 10:00 del 23 de marzo del año en curso (día en que mataron a Argaña). Esa resolución hablaba de que por haberse producido la vacancia de la vicepresidencia de la República, en su efecto se procedía al llamado para elecciones a fin de cubrir ese cargo. Este hecho llamó mi atención y el de los numerosos periodistas que en ese momento cubrían la Justicia Electoral”.
Publicado en fecha : 16 Abril 2013
LIBRO REVELADOR SOBRE UN PROCESO HISTÓRICO
La gran colección Guerras y violencia política en el Paraguay culminará el próximo domingo 21 de abril con el último título de esta exitosa serie de ABC Color y la editorial El Lector: “El Marzo Paraguayo”, del periodista y escritor Andrés Colmán Gutiérrez.
En la tarde-noche del viernes 26 de marzo,
siete jóvenes cayeron abatidos por disparos de francotiradores
apostados en los altos del Correo y en el edificio Zodiac. / ABC Color
Esta es una obra reveladora de un proceso histórico sumamente doloroso en nuestra memoria, que está escrita con la más absoluta profesionalidad por un autor que ha presenciado los hechos fundamentales del tema y ha investigado los pormenores a través de la documentación (gráfica y audiovisual) existente y el testimonio de varios protagonistas.
Se conocen como Marzo Paraguayo los sucesos ocurridos entre el martes 23 de ese mes de 1999, cuando asesinaron al vicepresidente de la República, doctor Luis María Argaña, y el domingo 28, día en que presentó renuncia el presidente, ingeniero Raúl Cubas Grau.
El viernes 26, en las plazas frente al Congreso, tuvo lugar la masacre de los jóvenes asesinados por francotiradores apostados en los altos del Correo y en el edificio Zodiac, en 14 de Mayo y El Paraguayo Independiente.
La tragedia se incubó en el fragor de la interna del Partido Colorado y en la puja por sus ambiciones de poder entre dos de los más connotados caudillos de la ANR: Luis María Argaña y Lino César Oviedo, militar que había tomado protagonismo político tras el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989 que había acabado con la dictadura de Alfredo Stroessner.
El libro de Colmán Gutiérrez narra de manera sencilla pero muy efectiva todos los antecedentes lejanos y cercanos de aquel acontecimiento luctuoso. El autor no escatima detalles y hace una relación minuciosa del perfil de los principales protagonistas de aquella historia.
Aquel acontecimiento dejó nueve muertos y varias decenas de heridos. Luis María Argaña fue asesinado el martes 23; siete jóvenes cayeron por los balazos el viernes 26 y otro moriría más tarde por complicaciones de los golpes que había recibido en la dura represión policial contra los que se oponían al oviedismo.
En su relato, Andrés Colmán Gutiérrez recuerda los pasajes previos al desenlace. Así, rememora que diciembre de 1998 fue un mes particularmente violento en discursos y acciones políticas.
El 3 de diciembre, senadores y diputados oviedistas entregaron al presidente Cubas un comunicado en el que exigían la renuncia de los ministro de la Corte Suprema de Justicia que declararon inconstitucional el decreto de liberación de Oviedo, amenazando hacerles un juicio político.
El 22 de diciembre, los oviedistas realizaron una manifestación frente al Palacio de Justicia, que estuvo signado por la violencia. “Los seguidores de Oviedo no eran muchos, pero eran sumamente agresivos, arrojaban todo tipo de objetos y explotaban petardos contra la sede del Poder Judicial, circunstancias en que hirieron con una pedrada en el rostro al arzobispo emérito de Asunción, monseñor Ismael Rolón, en momentos en que el mismo salía del edificio, luego de recibir una condecoración por su lucha en defensa de los derechos humanos durante la dictadura. El incidente causó mucha conmoción, por afectar a una de las personalidades más admiradas y respetadas de la sociedad paraguaya”, expresa Colmán Gutiérrez.
El clima político empezó a volverse más violento. “Las amenazas de muerte a senadores, diputados y ministros de la Corte, expresadas por Oviedo y sus seguidores, dieron paso a las acciones terroristas de comandos paramilitares. Hubo múltiples atentados con armas de fuego o granadas contra las residencias de expresidentes de la República, parlamentarios y dirigentes políticos“, recuerda Milda Rivarola.
Publicado en fecha: 17 DE ABRIL DE 2013
EXPECTATIVA PARA MARZO PARAGUAYO
En medio del ruido político por las elecciones del domingo próximo, el público espera con gran expectativa la aparición, con el ejemplar de nuestro diario, de “El Marzo Paraguayo”, el libro de Andrés Colmán Gutiérrez con el que se cerrará la colección.
Los gases lacrimógenos y las explosiones de los petardos
precedieron a los disparos asesinos que mataron a 7 jóvenes
en la plaza en la noche del 26 de marzo de 1999. / ABC Color
EL AUTOR SE REFIERE AL CONTENIDO DE SU TEXTO.
–¿Cuál es el origen de la disputa entre oviedistas y argañistas?
–Fueron dos proyectos políticos personalistas. Luis María Argaña era la figura presidencial más fuerte dentro del coloradismo, tras la caída de Stroessner. Hay testimonios de que Argaña debía ser el candidato a presidente en 1989, pero Rodríguez le roba esa primera oportunidad, con la promesa de que sería su sucesor.
–Y Rodríguez no cumplió.
–No, y es cuando emerge otro militar con pretensión de llegar a la presidencia, el general Lino Oviedo, que primero opera desde las sombras, robándole las elecciones internas a Argaña en diciembre de 1992, para hacer aparecer como ganador a Juan Carlos Wasmosy. Allí se desata la disputa política que desembocará en el Marzo Paraguayo.
–Lo del 27 de diciembre de 1992, ¿hizo irreconciliable a ambos líderes políticos?
–Totalmente. Para que Oviedo llegara a la presidencia tenía que sacar del camino a Argaña. Además de robarle la interna, buscaba desacreditarlo y restarle popularidad. Pero también se produjo una ruptura entre el presidente Wasmosy y Oviedo, que entonces era su sombra detrás del trono, por motivos más económicos que políticos, que desembocó en la crisis de abril de 1996, cuando Oviedo intenta dar un golpe de Estado.
–Oviedo se proyecta solo, desde entonces.
–Allí empezó a perfilarse el proyecto político oviedista, que Milda Rivarola definió como “neofascismo” o “fascismo tardío”, y que entró en abierta confrontación con el proyecto más populista y conservador de Luis María Argaña, dentro del coloradismo.
– Los jóvenes ya hicieron su aparición frente a las pretensiones de Oviedo en el intento de golpe de abril de 1996, ¿qué representaba Lino Oviedo para ellos?
–La aparición de los jóvenes llamados “carapintadas”, que usaban pinturas con colores de la bandera paraguaya en sus rostros, en abril del 96, fue una agradable sorpresa. Era una generación que no había vivido la dictadura, pero se manifestaba por la democracia, y veían a Oviedo como un militar golpista, que intentaba arrebatarles la libertad.
–Aquella reacción fue espontánea totalmente.
–Cuando supieron que Oviedo amenazaba con un golpe, se juntaron en las plazas del Congreso y permanecieron allí durante tres días, hasta el final de la crisis. Fueron el principal soporte político, con respaldo de la comunidad política internacional, para que Wasmosy se atreviera a pasar a retiro a Oviedo. Esa manifestación de jóvenes en abril de 1996 fue un adelanto de lo que iba a ocurrir en marzo de 1999.
–¿Cuál era la situación del Paraguay a comienzos de marzo de 1999?
–Había un ambiente de confrontación violenta y de mucha desesperanza en gran parte de la ciudadanía, ante signos de retrocesos democráticos. Raúl Cubas, candidato de Oviedo, había ganado las elecciones en mayo de 1998, pero Argaña, su principal adversario, era el vicepresidente.
–¿Y Oviedo?
Había sido condenado por la Justicia Militar a 10 años de cárcel por el intento de golpe de 1996, pero cuando Cubas asumió la presidencia, lo liberó con un decreto que la Corte Suprema desautorizó.
–Eso crispó más el ambiente.
–Para muchos analistas, hubo una ruptura del Estado de Derecho y se planteó el juicio político a Cubas en el Parlamento. Mientras, se sucedían movilizaciones violentas de grupos oviedistas, con ataques a ministros de la Corte y a parlamentarios. Llegaron a colocar bombas en las casas de algunos de ellos. En ese ambiente se produce el asesinato de Argaña, el 23 de marzo de 1999.
Publicado en fecha: 18 ABRIL 2013
MARZO PARAGUAYO, GESTA CIUDADANA
“El Marzo Paraguayo”, de Andrés Colmán Gutiérrez, que aparecerá mañana con el ejemplar de nuestro diario, es un libro de excepcional valor porque sobre todo reivindica la gran gesta ciudadana que se opuso al caudillismo autocrático y a la violencia. Con esta obra culmina una exitosa serie bibliográfica de contenido histórico.
Tumbas simbólicas de los jóvenes caídos en la plaza la noche del 26 de marzo,
víctimas de los francotiradores que dispararon desde el Zodiac y el Correo. / ABC Color
El autor de la obra analiza en esta parte de la entrevista la gran lección que dejó aquella proeza.
–¿Qué lección dejó el Marzo Paraguayo?
–Fue la gesta ciudadana probablemente más significativa en la historia del país. Hasta entonces, los cambios de gobierno por vías no electorales se habían realizado a través de golpes de Estado. En el Marzo Paraguayo, aunque hubo dirigentes políticos negociando en las sombras, la concentración en las plazas fue una gran “pueblada” que se mantuvo a pesar de la violencia policial, de tanques y francotiradores.
–Fue una gesta de la ciudadanía.
–Fue admirable ver a jóvenes y campesinos resistiendo con palos y piedras a las armas de fuego. En las motivaciones de esa movilización hubo mucho idealismo patriótico, que lamentablemente no fue continuado por los políticos que asumieron el poder y convirtieron una oportunidad histórica en un gobierno patético, inútil y corrupto. La ciudadanía mostró un heroísmo increíble, pero la clase política resultó una decepción.
–La reacción ciudadana comenzó con el asesinato de Argaña.
–Primero hubo un shock colectivo. Después, indignación. Apenas se confirma la muerte de Argaña, en la mañana del 23, un grupo de dirigentes de la organización Jóvenes por la Democracia, que reunía a las juventudes de los principales partidos, marcha hacia el Palacio de Gobierno, exigiendo juicio al presidente Raúl Cubas y cárcel para Lino Oviedo. Muchos ciudadanos y ciudadanas se les iban uniendo en el camino.
–¿Cuándo se producen los primeros choques entre los manifestantes y la Policía?
–Esa misma mañana del 23, cuando los manifestantes llegaron a la esquina del Palacio, fueron contenidos por un cordón policial. Al atardecer, la Policía atacó con violencia a los manifestantes, buscando que abandonaran las cercanías del Palacio. Hubo varios heridos graves. Finalmente, los manifestantes se replegaron a las plazas del Congreso, donde estaban miles de campesinos que habían llegado para su marcha anual. De allí, muchos ya no se moverían hasta el 28, cuando cae el gobierno de Cubas.
–¿Qué hicieron los oviedistas para tratar de mantenerse en el poder?
–Primero utilizaron a la Policía para intentar desalojar a los manifestantes de la plaza, sin resultado. Desde el 24 movilizaron a sus seguidores para copar la plaza, pero solo pudieron ocupar uno de los sectores, junto a la Casa de la Cultura.
–Y la Policía reprimía.
–Hubo varios momentos de fuerte represión policial y de enfrentamiento de los jóvenes con los oviedistas. Los manifestantes antigubernamentales resistieron siempre. En la noche del 26, el Gobierno envió tanques militares, pero no pudieron ingresar a la plaza.
–¿Cuántos muertos y heridos se producen en la plaza en la noche del 26?
–El Centro de Documentación y Estudios detectó con nombres y apellidos a 7 personas muertas y 769 heridas, en su mayoría la noche del 26, por acción de francotiradores. Los fallecidos llegaron a ocho porque uno murió meses después, por las heridas recibidas.
–¿Hubo presión internacional al gobierno de Cubas?
–Mucha, principalmente por la embajadora de Estados Unidos, Maura Harty, y del nuncio apostólico monseñor Luis Baldisseri. Pero quien finalmente obtuvo la renuncia de Raúl Cubas fue el entonces presidente del Partido Colorado, Bader Rachid Lichi, en la tarde del domingo 28 de marzo, durante una reunión en Mburuvicha Róga.
–¿Y Lino Oviedo?
–Esa misma tarde, Cubas habló con Oviedo, a quien le entregó un decreto que ordenaba su libertad. Oviedo partió con su familia a la Argentina y Cubas logró que el Gobierno del Brasil le concediera asilo político. Renunció, viajó y esa misma noche asumió la presidencia el titular del Congreso, Luis González Macchi.
Publicado en fecha: 19 DE ABRIL 2013

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