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LA CONFIGURACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO. DERECHO SUBJETIVO DE LOS CIUDADANOS A LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO - PDF
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Elvira Aguirre Blázquez
1 MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES SECRETARÍA DE ESTADO DE LA SEGURIDAD SOCIAL DIRECCIÓN GENERAL DE ORDENACIÓN DE LA SEGURIDAD SOCIAL LA CONFIGURACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO. DERECHO SUBJETIVO DE LOS CIUDADANOS A LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO RESPONSABLE: DR. JOAQUÍN TORNOS MAS DR. ALFREDO GALÁN GALÁN Investigación financiada mediante subvención recibida de acuerdo con lo previsto en la Orden TAS/1051/2005, de 12 de abril (subvenciones para el Fomento de la Investigación de la Protección Social FIPROS-) La Seguridad Social no se identifica con el contenido y/o conclusiones de esta investigación, cuya total responsabilidad corresponde a sus autores.
2 LA CONFIGURACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO DERECHO SUBJETIVO DE LOS CIUDADANOS A LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO Dr. Joaquín Tornos Mas Catedrático de Derecho Administrativo Universidad de Barcelona Dr. Alfredo Galán Galán Profesor Titular de Derecho Administrativo Universidad de Barcelona Enero de 2007
3 PRESENTACIÓN El trabajo que aquí se presenta ha sido realizado en el marco del Proyecto La configuración de los servicios sociales como servicio público. Derecho subjetivo de los ciudadanos a la prestación del servicio, financiado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (AEIS Actividades de Estudio e Investigación en el ámbito de la Protección Social; FIPROS ). Como resultado de las diversas actividades realizadas durante la vida del Proyecto se han elaborado dos documentos en los que se recogen los resultados de la investigación: Significación y consecuencias jurídicas de la consideración de los servicios sociales como servicio público y Efectividad de los derechos y exigibilidad de los servicios sociales. Ambos se reproducen seguidamente como parte primera y parte segunda del trabajo. 2
4 LA CONFIGURACIÓN DE LOS SERVICOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO. DERECHO SUBJETIVO DE LOS CIUDADANOS A LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO SUMARIO: PRIMERA PARTE: SIGNIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS JURÍDICAS DE LA CONSIDERACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO I. Introducción II. Delimitación conceptual: servicios sociales y servicio público 1. Los servicios sociales o la acción social. Contenido material 2. El concepto de servicio público 3. Los servicios sociales como servicio público III. Los servicios sociales como servicios públicos. Consecuencias 1. Servicios sociales y derecho de la competencia 2. Los modos de gestión 3. La exigibilidade las prestaciones 3.1. Existen vías jurídicas para exigir una concreta prestación? 3.2. Es posible acudir a la acción por inactividad introducida en la ley jurisdiccional de 1998? 3.3. Qué otras vías pueden ser útiles para reforzar la posición de los ciudadanos? SEGUNDA PARTE: EFECTIVIDAD DE LOS DERECHOS Y EXIGIBILIDAD DE LOS SERVICIOS SOCIALES I. Introducción II. Marco normativo actual. Inexistencia de exigibilidad de las prestaciones de los servicios sociales III. El inicio de una nueva tendencia. La configuración como verdaderos derechos subjetivos de determinadas prestaciones en materia de servicios sociales IV. Consecuencias derivadas de la configuración de las prestaciones como derechos subjetivos 1. El derecho del ciudadano de acceder a una prestación y los derechos del usuario dentro del sistema 1.1. El derecho de acceso al servicio a. Los sujetos titulares del derecho subjetivo b. Requisitos objetivos de acceso c. La cartera de servicios d. Carácter o no gratuito 1.2. Los otros derechos 2. Las garantías 2.1. El derecho a la creación del servicio obligatorio 2.2. El derecho a exigir el acceso al servicio 2.3. El derecho a una determinada calidad 3
5 PRIMERA PARTE: SIGNIFICACIÓN Y CONSECUENCIAS JURÍDICAS DE LA CONSIDERACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO I. INTRODUCCIÓN El presente trabajo tiene como objeto reflexionar sobre las consecuencias que se derivan de la afirmación según la cual los servicios sociales son servicios públicos. Para poder llevar a cabo esta reflexión es imprescindible precisar en primer lugar qué entendemos por servicios sociales, qué entendemos por servicio público, y por qué creemos que los servicios sociales son un servicio público. II. DELIMITACIÓN CONCEPTUAL: SERVICIOS SOCIALES Y SERVICIO PÚBLICO 1. LOS SERVICIOS SOCIALES O LA ACCIÓN SOCIAL. CONTENIDO MATERIAL La actividad administrativa que hoy denominamos servicios sociales o acción social tiene sus antecedentes en la llamada actividad de beneficencia. Frente a esta inicial actividad de ayuda social de carácter graciable, los servicios sociales supusieron la creación de un aparato administrativo con fines prestacionales que se regía en su actuación por normas previas y, por tanto, sujeto en su actividad al control de los tribunales. 4
6 La creciente importancia en la vida pública de la cuestión social llevó al surgimiento y desarrollo del modelo de previsión social, lo que comportó que la asistencia social pasara a tener un carácter en cierto modo subsidiario, como actividad dirigida a cubrir las necesidades de los no asegurados. Esta evolución ha tenido su reflejo en la Constitución de 1978 y en los Estatutos de Autonomía, ya que en el momento de proceder al reparto de competencias se identifican dos ámbitos materiales diversos. La Seguridad Social es competencia del Estado ( legislación básica y régimen económico, artículo 149,1.17 CE), y la asistencia social o servicios sociales, son competencia autonómica ( artículo 148,1-20 CE y en el caso de Cataluña artículo 9,25 EAC). Esta distinción de contenidos materiales no tiene, sin embargo, una clara diferenciación en la realidad jurídica previa, lo que ha generado importantes debates y conflictos. Lo cierto es que desde que la Seguridad Social deja de estar limitada a las prestaciones contributivas, los ámbitos de la Seguridad Social y de la asistencia social tienden a confundirse 1. 1 Sobre esta cuestión, vid. BELTRÁN AGUIRRE, JL, Los servicios sociales, Revista Vasca de Administración Pública, 57, 2000, MORENO REBATO, M. Régimen jurídico de la asistencia social, Ministerio de trabajo y asuntos sociales, Madrid 2002, pág. 37 y ss, y VAQUER CABALLERIA, M, La acción social, Tirant lo blanch, Valencia 2002, pág. 23 a 60. La discusión sobre los conceptos de seguridad social y asistencia social ha tenido recientemente una especial relevancia dado el conflicto surgido entre el Estado y algunas Comunidades Autónomas sobre la cuestión de las prestaciones económicas complementarias a las de la Seguridad Social. Sobre este punto deben recordarse la sentencias del Tribunal Constitucional 76/1986, 171/1998 y 239/2002, la reciente ley 52/2003 de 10 de diciembre que introduce un nuevo apartado cuarto en el artículo 38 de la LGSS y el Dictamen del Consell Consultiu 248/
7 Un criterio de distinción podría ser el que se atuviera al tipo de prestaciones, de modo que formaran parte de la Seguridad Social las prestaciones económicas, contributivas y no contributivas, mientras que las prestaciones técnicas serían las propias de la asistencia social o servicios sociales. Este criterio no responde, sin embargo, a la realidad, ya que el Estado lleva a cabo también prestaciones técnicas y las Comunidades Autónomas incluyen dentro de la asistencia social prestaciones económicas. Por ello se ha tenido que recurrir a otros criterios, como el subjetivo (la asistencia social se dirigiría a los colectivos excluidos y marginados) o a la idea de complementariedad ( la asistencia social ocupa el espacio que no cubre la Seguridad Social) 2. Tratando también de buscar un criterio de distinción VAQUER CABALLERÍA 3 ha recurrido a la funcionalidad de las prestaciones, señalando que mientras las prestaciones de la Seguridad Social se han construido históricamente sobre la noción de riesgo y siguen en buena medida pivotando sobre ella, para la prevención y aseguramiento de dicho riesgo a partir de las contribuciones de los propios beneficiarios del seguro, que son los trabajadores y sus familias, las segundas ( las prestaciones de asistencia social) se erigen sobre la noción de necesidad, tiene por destinatario a los individuos en general, no son contributivas y, por tanto, constituyen una forma de solidaridad plena. No obstante la importancia de encontrar un criterio claro de delimitación de contenidos, ya que estamos ante dos materias competenciales atribuidas a entes 2 Vid. al respecto BELTRÁN AGUIRRE,JL, Los servicios sociales, en Revista Vasca de Administración púbica, 57, Op.cit. pág
8 distintos, lo cierto es que en el plano jurídico-positivo la distinción no es clara. Teniendo en cuenta esta realidad, nos parece necesario en todo caso ofrecer un concepto delimitador de lo que entendemos por asistencia social. Con este fin tomamos prestada la definición de VAQUER CABALLERÍA 4 : conjunto de prestaciones públicas gratuitas, o no contributivas, ofrecidas a la persona bien sea para atender su especial intensidad de necesidades comunes, no cubierta por los servicios públicos tradicionales ( como la educación, la sanidad, la seguridad social o la cultura), bien sea en razón de una situación de necesidad particular o diferencial. Dentro de esta concepto pueden incluirse la pluralidad de prestaciones propias de la asistencia social, la económicas o dinerarias y las prestaciones técnicas o de servicios 5. En el presente trabajo centramos nuestra atención en las prestaciones llamadas técnicas o de servicio, ya que son estas la que requieren un aparato organizativo prestacional y pueden identificarse con la noción tradicional de servicio público. Si bien la actividad consistente en otorgar prestaciones dinerarias también puede formar parte de la asistencia social, no nos referimos a esta temática ya que entendemos que esta actividad prestacional no formará parte del concepto de servicio público. Tratando de avanzar algo más en la exposición de nuestro concepto de la asistencia social como servicio público señalaremos que nos identificamos plenamente 4 Op.cit. pág Una relación de esta diversidad de prestaciones puede encontrarse en los trabajos de VAQUER CABALLERÍA, op.cit. pág. 171 y ss, BELTRÁN AGUIRRE, JL. Op. Cit. Pág. 130 y ss, MORENO REBATO, Regímen jurídico de la asistencia social, Ministerio de trabajo y asuntos sociales, Madrid 2002, pág.144 y ss. 7
9 con el reciente trabajo del profesor VAQUER CABALLERÍA 6 en el que sitúa a la acción social dentro del concepto de servicios atinentes a la persona, servicios que diferencia de los servicios vinculados al territorio. Para el citado autor evidentemente todos los servicios públicos son servicios a la persona, pues sólo la persona es sujeto de derecho y destinatario último de la actividad del Estado. Pero no es menos cierto que algunos de dichos servicios tienen un carácter logístico, por lo que sirven a la persona de forma mediata, y lo hacen territorialmente porque el territorio es el medio de la persona ( transportes y gestión de sus infraestructuras, tales como carreteras, puertos y aeropuertos, telecomunicaciones, gestión urbanística, transporte, distribución y suministro energéticos; o abastecimiento, evacuación y depuración de aguas, por ejemplo); mientras que otros la sirven inmediatamente ( ecuación, sanidad, cultura deportes, acción social y seguridad social, empleo y defensa de los consumidores y usuarios, por ejemplo). Pues bien, los servicios sociales en su más amplio sentido son precisamente los servicios que la sociedad (personificada en el Estado) presta a la persona en tanto que miembro de la misma; los servicios, en definitiva, que aquí llamamos atinentes a la persona 7. Los servicios a la persona poseen unas notas propias. Tradicionalmente se han prestado en concurrencia con la iniciativa privada, poseen ciertamente un contenido económico, pero los fallos del mercado los aleja de la competencia perfecta, el factor del trato personal con el usuario es de vital importancia lo que incide en los modos de gestión-y el principio de solidaridad impone garantizar la prestación de dichos servicios en condiciones tendencialmente universales y gratuitas. 6 Op.cit. in totum. 7 VAQUER CABALLERÍA, op.cit. pág, 113 y
10 En definitiva, si bien dentro de la materia asistencia social podemos incluir un amplio contenido prestacional, tanto económico como técnico o de servicios, la asistencia social como servicio público debe quedar limitada a las actividades prestacionales materiales que, por razones de solidaridad, tratan de conseguir la superación de situaciones de necesidad y la procura del bienestar de la persona, más allá de los servicios públicos tradicionales como la educación, la sanidad o la seguridad social. 2. EL CONCEPTO DE SERVICIO PÚBLICO La fijación del concepto de servicio público es una tarea que desborda el objetivo de este trabajo. Nos limitaremos a apuntar una serie de consideraciones generales sobre esta cuestión que nos parecen de interés en relación al tema que nos ocupa. 1. En nuestro sistema jurídico el concepto de servicio público se ha identificado tradicionalmente con la idea de monopolio o reserva de actividad prestacional de contenido económico al sector público. Esta reserva garantizaba una esfera de actuación al empresario privado con el fin de atraer su capital para la realización de grandes obras públicas o prestación de servicios públicos necesarios para el desarrollo de un Estado moderno ( ferrocarriles, electricidad, teléfono, gas, etc). Los particulares interesados podían acceder a estas actividades mediante un título concesional. Algunos autores ( Garrido Falla) apuntaron ya desde hace tiempo la existencia de otros servicios públicos sin monopolio, prestados desde sus orígenes en concurrencia con el sector privado (educación y sanidad). 9
11 Con la aprobación de la Constitución de 1978 el debate siguió centrado en un primer momento en la idea de monopolio y en la interpretación de los artículos 38 y 128,2 de la Constitución. 2. En el ámbito local el concepto de servicio público nació vinculado a la asunción de responsabilidades de los entes locales frente a su población 8, y tendió a confundirse con la idea de competencia local ( artículo 85 de la LBRL, en su redacción inicial, son servicios públicos cuantos tienden a la consecución de los fines señalados como de la competencia de las entidades locales, y en su redacción actual tras la ley 57/2003 de 16 de diciembre, son servicios públicos locales los que prestan las entidades locales en el ámbito de sus competencias ) 9. No obstante, también se recurre a la idea de reserva para identificar los servicios esenciales, que en su caso podrán prestarse además en régimen de monopolio. 3. El derecho comunitario, y su decidida apuesta por la construcción de un mercado unitario en el que fuera realidad el principio de libre prestación de servicios, impuso un proceso de liberalización en el ámbito de los servicios de contenido económico que acabó con el régimen tradicional de muchos de estos servicios. Se impuso la concurrencia, se acabó con los monopolios o ámbitos reservados en exclusiva, se sustituyó la concesión por la autorización, y se impuso a los Estados miembros una nueva función reguladora y garante de las reglas del mercado. El servicio 8 Vid. MUÑOZ MACHADO, Tratado de derecho administrativo y derecho público general, Tomo I, Civitas, Madrid 2004, pág Mayor trascendencia tiene la reforma de los servicios locales en lo relativo a sus modos de gestión, ya que la ley 57/2003 impone los modos de gestión existentes en el ámbito estatal, tanto en la LOFAGE para la gestión directa, como en la ley de contratos de las administraciones públicas para la gestión indirecta. Así se hace en la nueva redacción del artículo 85,2, y en los nuevos artículos 85 bis y ter. 10
12 público o los servicios públicos económicos de interés general, quedan reducidos en un primer momento a una categoría residual y transitoria, ya que se confiaba en que el mercado estaba llamado a ir ocupando la ordenación de todo el ámbito de las actividades prestacionales El concepto de servicio público adquiere en los últimos años un nuevo protagonismo y una pluralidad de contenidos. Se advierte la necesidad de diferenciar entre servicios públicos de contenido económico y no económico 11, y, por otra parte se recupera de alguna forma el contenido político que siempre ha estado presente en este concepto desde la clásica definición de DUGUIT: es servicio público toda actividad cuyo cumplimiento debe ser regulado, asegurado y controlado por los gobernantes, porque es indispensable para la realización y desarrollo de la interdependencia social y porque es de tal naturaleza que no puede ser asegurada completamente más que por la intervención de la fuerza gobernante. Es decir, son servicio público aquellas actividades prestacionales necesarias para la cohesión social, y lo que sea necesario para tal cohesión no lo puede determinar el mercado, sino la propia sociedad a través de sus normas de máxima relevancia, la Constitución y las leyes. Como ha señalado MUÑOZ MACHADO de este gran movimiento de liberalización se han librado sin embargo los servicios sociales tradicionales que, aunque afectados por una gran crisis financiera evidente en el último tercio del siglo XX, se han enrocado y resistido como prestaciones a las que los Estados 10 En nuestro país se llegó a afirmar la muerte del servicio público y la necesidad de organizarle un buen entierro. 11 Vid. al respecto recientemente MUÑOZ MACHADO, op.cit, capítulo IV y MALARET, Servicio público, actividad económica y competencia presenta especificades la esfera local?, en REAL291, 2003, pág
13 europeos están obligados. El mantenimiento de dichos servicios se ha enraizado en la cultura europea de un modo tan profundo que parece inconcebible la existencia misma del Estado si dichos servicios desaparecieran 12. Desde este planteamiento 13 se reivindica el valor político del concepto servicio público, ya que será la ley la que determine qué prestaciones son responsabilidad del poder público con el fin de garantizar la cohesión social, lo que en último término significa determinar el alcance de la dimensión del Estado en su función prestacional dentro de las sociedades modernas. Desde esta perspectiva es irrelevante que estas prestaciones puedan también llevarse a cabo por el sector privado, ya que no se trata de garantizar ámbitos de exclusividad para atraer capital privado, sino asumir frente a la sociedad la responsabilidad de que determinadas prestaciones materiales se llevaran a cabo en condiciones de igualdad y gratuidad. Este nuevo concepto de hecho hace también su aparición en la propia normativa y documentos comunitarios, más allá de la inicial referencia limitada a obligaciones de servicio público dentro de la prestación de los servicios económicos de interés general. Así, el artículo 16 del actual Tratado de la Unión establece que sin perjuicio de los artículos 73, 86 y 87, y a la vista del lugar que los servicios de interés económico general ocupan entre los valores comunes de la Unión, así como de su papel en la promoción de la cohesión social y territorial, la Comunidad y los Estados miembros, 12 MUÑOZ MACHADO, op.cit. pág En este sentido son de interés las intervenciones de VAQUER CABALLERIA y BELTRAN AGUIRRE en el libro colectivo La pluralitat i diversitat en la gestió dels serveis públic locals, Fundació PI i SUNYER, Barcelona 2003, pág. 31 a
14 con arreglo a sus competencias respectivas y en el ámbito de aplicación del presente Tratado, velarán por que dichos servicios actúen con arreglo a principios y condiciones que les permitan cumplir su cometido. De especial importancia son igualmente las Comunicaciones de la Comisión, la primera denominada Los servicios de interés económico general en Europa, 96/C 281/03, y la posterior, Los servicios de interés general en Europa, de 29 de septiembre de 2000, en donde se establece ya la distinción entre servicios de contenido económico y servicios de autoridad y solidaridad 14. Más recientemente en el Libro Verde sobre los servicios de interés general, presentado por la Comisión el 21 de mayo de 2003, se afirma que los servicios de interés general ocupan un lugar destacado en el debate político. En efecto, atañen a una cuestión crucial, la de determinar el papel que corresponde a los poderes públicos en una economía de mercado para garantizar, por una parte, el buen funcionamiento del mercado y el respeto de las reglas del juego por parte de todos los agentes implicados y, por otra, para salvaguardar el interés general, especialmente la satisfacción de las necesidades esenciales de los ciudadanos y la preservación de los bienes públicos, cuando el mercado, por si sólo, no puede asegurar estos aspectos. El mismo texto reconoce más adelante que dentro del concepto de servicios de interés general se incluyen los de naturaleza económica y no económica, incluyendo dentro de los no económicos los servicios sociales, y se aconseja no recurrir al concepto de servicio público. Sobre la determinación y prestación de estos servicios de interés general se apela al principio de subsidiariedad, y se afirma que estos servicios, 14 Vid. al respecto SENDÍN GARCÍA, Hacia un servicio público europeo, Comares, Granada 2003, pág
15 relacionados con el bienestar y la protección social son indiscutiblemente competencia de las autoridades nacionales, regionales y locales. 5. Lo expuesto nos permite concluir lo siguiente: el concepto tradicional de servicio público como actividad prestacional de contenido económico reservada en su titularidad a la Administración debe ser reemplazado por un nuevo concepto en el que la idea central sea la de asunción por las Administraciones de la responsabilidad de la garantía de determinadas prestaciones técnicas. La actividad prestacional podrá ser llevada a cabo en concurrencia con el sector privado, y este sector podrá integrarse en el sistema público para prestar la actividad que se califica de servicio público a través de alguna de las formas de gestión indirecta del servicio. Dentro de un concepto amplio de servicio público deberán diferenciarse los servicios llamados económicos ( o territoriales, según preferimos nosotros siguiendo a VAQUER CABALLERIA) de los personales, ya que la determinación de unos y otros parte de postulados diversos ( en el caso de los económicos en principio debe estarse a lo que pueda garantizar el mercado, y el servicio público sólo se justifica para cubrir los fallos del mercado, mientras que en los personales debe partirse de una decisión política que fija lo que el Estado asume como responsabilidad ante la sociedad), y las formas de prestación también serán diversas, pues en los personales la relación con el usuario es determinante del cómo prestar el servicio. El concepto de servicio público comporta un deber de prestación y una responsabilidad pública. Pero dentro de este deber general de prestación se incluyen dos niveles diferenciados de responsabilidad. La Administración puede asumir un contenido prestacional de forma generalizada, pero sin llegar a crear verdaderos derechos subjetivos. Así, como veremos, la Administración puede identificar los servicios 14
16 sociales a prestar y puede organizar su aparato administrativo para hacer frente a estas prestaciones. Pero la creación concreta de los servicios y el acceso a los mismos puede quedar condicionada a decisiones discrecionales o a las posibilidades económicas. Esta actividad puede clasificarse de servicio público, pero debe diferenciarse de aquellas prestacionales materiales configuradas como verdaderos derechos subjetivos. Por otra parte el servicio público debe prestarse en principio en condiciones de gratuidad, universalidad y mutabilidad, si bien estos principios pueden ser modulados para dirigir las prestaciones hacia los colectivos más necesitados LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIO PÚBLICO La actividad de asistencia social consistente en prestaciones técnicas a colectivos necesitados podemos definirla como actividad de servicios sociales. Esta actividad ha tendido en los últimos años a irse configurando paulatinamente como verdadera actividad de servicio público 16. Las leyes autonómicas marcan claramente esta 15 Esto lleva a que se cuestione la obligatoriedad de respetar el principio de gratuidad, reclamando la introducción de fórmulas de copago o de contribución de las familias ( el contrato asistencial), así como la posibilidad de entender que el principio de universalidad se refiere a determinados colectivos. Sobre esto último se plantea a su vez el debate de hasta que punto debe negarse el acceso a los servicios a personas con niveles de renta relativamente altos, pero que son las que en su día satisfacieron los impuestos que permiten prestar los servicios. Al respecto son de interés las recientes consideraciones del Sindic de Greuges en su Informe extraordinari sobre l atenció a la gente gran depenent a Catalunya, presentado en el Parlamento de Cataluña el 4 de marzo de 2004, en el que se plantea qué criterios deben determinar qué personas son las que tienen derecho a recibir las prestaciones de atención a la tercera edad. 16 Sobre la creación y evolución de los servicios públicos sociales puede consultarse MUÑOZ MACHADO, op.cit. pág. 724 y ss. 15
17 tendencia, si bien por lo general se recurre al concepto de servicio de responsabilidad pública. Así, por ejemplo, la ley catalana 4/1994 de 20 de abril establece en su exposición de motivos que la garantía de la universalización de la atención social a la población de Cataluña pasa por la articulación y la consolidación de la Red Básica de Servicios Sociales de Responsabilidad Pública, y su artículo primero, apartado b) determina que la ley tiene por objeto definir la Red Básica de Servicios Sociales de Responsabilidad Pública 17. Estas mismas leyes autonómicas han tratado de forma principal de organizar un conjunto de actividades prestacionales diversas, de distribuir las competencias entre los niveles territoriales en razón de su capacidad técnica, y de establecer las relaciones con 17 Esta misma referencia a la idea de responsabilidad pública la encontramos en las siguientes recientes leyes de servicios sociales: Asturias, ley 1/2003 de 24 de febrero, art.5,a: el sistema público de servicios sociales se regirá por los siguientes principios...a) responsabilidad pública, que constituye la garantía del derecho de las ciudadanas y ciudadanos al acceso a dichos servicios. Los poderes públicos deberán proveer los recursos financieros, técnicos y humanos que permitan la promoción y eficaz funcionamiento de los servicios sociales, dando prioridad en cualquier caso a la cobertura de las necesidades más urgentes. Para la prestación de los servicios sociales los poderes públicos contarán con la iniciativa privada a efectos subsidiarios de la iniciativa pública en los términos previstos en esta Ley, correspondiéndoles promover y fomentar la participación de las entidades sin ánimo de lucro en el ámbito de la acción social ; Murcia, ley 3/2003 de 10 de abril, artículo 5,1 el sistema público de servicios sociales se inspira en los contenidos fundamentales de la Constitución Española y se regirá por los siguientes principios generales...a)responsabilidad pública. Es responsabilidad de los poderes públicos garantizar el derecho de los ciudadanos a los servicios sociales, disponiendo para ello de los medios financieros, técnicos y humanos necesarios ; Madrid, ley 11/2003 de 27 de marzo, artículo 3 los servicios sociales se regirán por los siguientes principios...a) Responsabilidad pública en la promoción, planificación, coordinación, control, ejecución y evaluación de los servicios sociales para dar respuesta a las necesidades detectadas, a través de análisis objetivos, conforme a criterios de equidad y justicia social. 16
18 el sector privado tanto para la prestación de servicios dentro del sistema público como fuera de dicho sistema. Por lo que se refiere al contenido de la actividad prestacional se acostumbra a diferenciar entre diversos niveles prestacionales, ( así, por ejemplo, la ley catalana diferencia entre los servicios básicos, de atención especializada y de atención especializada de alcance superior ), y se atribuye a la Administración una amplia discrecionalidad en la determinación de los servicios a crear y en el reconocimiento de los servicios a prestar. Así, recurriendo de nuevo a la ley catalana, el artículo 6,1 establece que cualquier persona tiene derecho de acceso a los servicios de atención primaria y a los servicios especializados, de acuerdo con las condiciones que se determinen por reglamento, añadiendo el párrafo tercero que el acceso a la red básica de servicios sociales se produce, en cualquier caso, en condiciones de igualdad y atendiendo a las necesidades de los beneficiarios. Es decir, el acceso a las prestaciones no se configura por lo general como un verdadero derecho subjetivo, sino como un interés legítimo que da derecho a solicitar la prestación y a obtener una respuesta razonada sobre el cómo y cuando de la misma, siendo el criterio de la no disponibilidad de medios económicos suficientes argumento bastante para denegar lo que se pide. Diversa es la situación una vez obtenido el derecho al ingreso en un centro de atención, en cuyo caso si que existen unos derechos previamente establecidos sobre el trato que debe recibirse en el mismo 18. Recientemente la Comunidad Autónoma de Asturias ha reconocido ya el derecho subjetivo a determinadas prestaciones. La ley 1/2003 de 24 de febrero de 18 Con carácter general, vid. el RD 1259/1999 de 16 de julio que regula las cartas de servicios y los premios. También puede consultarse al respecto a modo de ejemplo la reciente ley de Murcia de servicios sociales 3/2003, artículo
19 servicios sociales en su preámbulo establece que el núcleo esencial del sistema público de servicios sociales lo constituyen sin duda sus prestaciones, que se establecen en el título IV, constituidas por el conjunto de servicios, intervenciones técnicas, programas y ayudas destinadas al cumplimiento de los fines del mismo, que no son otros que la mejora de la calidad de vida y del bienestar social. En este sentido, la ley obliga a la aprobación, en un plazo de dos años, de un catálogo de prestaciones que contendrá el conjunto de prestaciones del sistema público de servicios sociales. Constituye uno de los aspectos esenciales de la ley el reconocimiento a través del referido catálogo de aquellas prestaciones que tendrán el carácter de fundamentales y que serán exigibles como derecho subjetivo 19. En general, pues, las leyes autonómicas determinan su oferta, ordenan la demanda ( por petición espontánea o por convocatoria), establecen criterios generales de adjudicación, pero no reconocen derechos subjetivos. En todo caso, debe reconocerse que los servicios de responsabilidad pública en materia de asistencia social o servicios sociales que crean las Comunidades Autónomas son servicios públicos, en la medida en que constituyen la organización de actividades prestacionales de carácter técnico y de responsabilidad pública ( sistema), que con el fin de favorecer la cohesión social trata de dar respuesta a necesidades sociales no cubiertas por el mercado. 19 El principio se concreta en el artículo 20 de la ley: el catálogo de prestaciones distinguirá como fundamentales aquellas que serán exigibles como derecho subjetivo en los términos establecidos en el mismo directamente o previa indicación técnica y prueba objetiva de su necesidad, con independencia, en todo caso, de la situación económica de los beneficiarios. 18
20 Estos servicios públicos se prestan en concurrencia con la actividad privada y no crean, por lo general, derechos subjetivos a prestaciones concretas 20. III. LOS SERVICIOS SOCIALES COMO SERVICIOS PÚBLICOS. CONSECUENCIAS La calificación de una actividad prestacional como servicio público ha comportado tradicionalmente la reserva de dicha actividad al sector público. Esta actividad reservada podía abrirse en su prestación al particular a través de las formas de gestión indirecta, dentro de las cuales la concesión era la técnica principal. Lo esencial era garantizar que la prestación se llevara a cabo en condiciones de continuidad y mutabilidad, siendo la administración la responsable última de las condiciones en que se debía prestar el servicio. En el caso de los servicios personales, y en concreto de los servicios sociales, la calificación de la actividad como servicio público posee otras consecuencias. Como ya hemos dicho, esta actividad se ha prestado desde sus orígenes en concurrencia con el sector privado. Público y privado concurren, pero no compiten. La calificación de los servicios sociales como servicio público no pretende, por tanto, imponer reserva alguna. La funcionalidad del recurso a la categoría jurídica trata en este caso de delimitar el ámbito prestacional que la Administración asume como 20 Con carácter general, son de especial interés las reflexiones de MALARET, E, Administración pública y servicios públicos: la creación de una red de servicios sociales a los ancianos en la transformación del Estado del bienestar, en el libro colectivo coordinado por J, Tornos, Los servicios sociales de atención a la tercera edad. El caso de Cataluña, Tirant lo blanch, Valencia, 2002, pág
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References: artículo 149
 artículo 148
 artículo 9
 artículo 38
 artículo 85
 artículo 85
 artículo 16
 artículo 5
 artículo 3
 artículo 6
 artículo
19
 artículo 20