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Timestamp: 2018-07-22 21:58:27+00:00

Document:
Escrito en julio-agosto de 1915.
Publicado en forma de libro en otoño
de 1915 por la Redacción del pe-
riódico Sotsial-Demokrat. Ginebra.
De la colección de folletos:
Tres artículos de Lenin sobre la guerra y la paz
(2a impresión 1976)
págs. 1-61.
La presente es una versión realizada sobre la base de diversas ediciones en lengua
castellana, y confrontada con el original ruso, tal como aparece en las Obras Completas
de V. I. Lenin (4a edición).
Las notas incluidas al final han sido tomadas y traducidas de la version en chino
publicada por la Editorial del Pueblo, Pekín.
CAPITULO I LOS PRINCIPIOS DEL SOCIALISMO Y LA GUERRA
DE 1914-1915
Tipos históricos te guerras modernas
La guerra entre los más grandes esclavistas por el mantenimiento y
fortalecimiento de la esclavitud
"La guerra es la prolongación de la política por otros medios" (a saber:
por la violencia)
La unidad con los oportunistas es la alianza de los obreros con "su"
burguesía nacional y la escisión de la clase obrera revolucionaria
La consigna de los marxistas es la consigna de la socialdemocracia
Sobre el pacifismo y la consigna de la paz
CAPITULO II LAS CLASES Y LOS PARTIDOS EN RUSIA
La fracción obrera socialdemócrata de Rusia en la Duma del Estado y la
CAPITULO III LA RECONSTRUCCION DE LA INTERNACIONAL
CAPITULO IV HISTORIA DE LA ESCISION Y SITUACION
ACTUAL DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN RUSIA
Las tareas de nuestro Partido
(LA ACTITUD DEL P.O.S.D.R. ANTE LA GUERRA)[1]
pág. 2 [blanca]
En el momento actual, el estado de ánimo revolucionario de las masas crece evidentemente en Rusia. Sintomas del mismo fenómeno se observan por doquier en otros países, pese a que las aspiraciones revolucionarias del proletariado se ven ahogadas por la mayoráa de los partidos socialdemócratas
** Véase "La Conferencia de las secciones del P.O.S.D.R. en el extranjero", Obras Completas de V. I. Lenin, t. XXI. (N. de la Red.)
oficiales, que se han puesto del lado de sus gobiernos y de su burguesía. En virtud de tal estado de cosas, es muy necesaria la publicación de un folleto que haga un balance de la táctica socialdemócrata respecto de la guerra. Reeditamos integramente los documentos del Partido antes citados, acompañándolos de breves explicaciones en las que tratamos de tomar en cuenta los principales argumentos que, en favor de la táctica burguesa y la táctica proletaria, han sido expuestos en las publicaciones y en las reuniones del Partido.
Editado en forma de libro
pág. 6 [blanca]
LOS PRINCIPIOS DEL SQCIALISMO Y LA
GUERRA DE 1914-1915
Los socialistas han condenado siempre las guerras entre los pueblos como algo bárbaro y feroz. Pero nuestra actitud ante la guerra es distinta, por principio, de la que asumen los pacifistas burgueses (partidarios y propagandistas de la paz) y los anarquistas. Nos distinguimos de los primeros en que comprendemos el lazo inevitable que une las guerras con la lucha de clases en el interior del país, y en que comprendemos que no se puede suprimir las guerras sin suprimir antes las clases y sin instaurar el socialismo; también en que reconocemos plenamente la legitimidad, el carácter progresista y la ne cesidad de las guerras civiles, es decir, de las guerras de la clase oprimida contra la clase opresora, de los esclavos contra los esclavistas, de los campesinos siervos contra los terratenientes y de los obreros asalariados contra la burguesía. Nosotros, los marxistas, diferimos tanto de los pacifistas como de los anarquistas en que reconocemos la necesidad de estudiar
históricamente (desde el punto de vista del materialismo dialéctico de Marx) cada guerra en particular. La historia ha conocido muchas guerras que, pese a los horrores, las ferocidades, las calamidades y los sufrimientos que toda guerra acarrea inevitablemente, fueron progresistas, es decir, útiles para el progreso de la humanidad, contribuyendo a destruir instituciones particularmente nocivas y reaccionarias (como, por ejemplo, la autocracia o la servidumbre), y las formas más bárbaras del despotismo en Europa (la turca y la rusa). Por esta razón, hay que examinar las peculiaridades históricas de la guerra actual.
La Gran Revolucion Francesa inauguro una nueva época en la historia de la humanidad. Desde entonces hasta la Comuna de Paris, es decir, desde 1789 a 1871, las guerras de liberación nacional, de carácter progresista burgués, constituían uno de los tipos de guerra. Dicho en otros términos: el contenido principal y la significación histórica de estas guerras eran el derrocamiento del absolutismo y del régimen feudal, su quebrantamiento y la supresión del yugo nacional extranjero. Eran, por ello, guerras progresistas, y todos los demócratas honrados y revolucionarios, asé como todos los socialistas, simpatizaban siempre, en esas guerras con el triunfo del país (es decir, de la burguesía) que contribuía a derrumbar o a minar los pilares más peligrosos del régimen feudal, del absolutismo y de la opresión ejercida sobre otros pueblos. Así, por ejemplo, en las guerras revolucionarias de Francia hubo un elemento de saqueo y de conquista de tierras ajenas por los franceses, sin embargo, ello no cambia en nada la significación
histórica fundamental de esas guerras, que demolían y que brantaban el régimen feudal y el absolutismo de toda la vieja Europa, de la Europa feudal. Durante la guerra franco-prusiana, Alemania expolió a Francia, pero ello no altera la significación histórica fundamental de esta guerra, que liberó a decenas de millones de alemanes del desmembramiento feudal y de la opresión de dos despotas: el zar ruso y Napoleón III.
Casi todo el mundo reconoce que la guerra actual es una guerra imperialista, pero en la mayor parte de los casos se tergiversa esta idea, ya sea aplicándola a una de las partes o bien dando a entender que, pese a todo, esta guerra podría tener un carácter burgués progresista, de liberación nacional. El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. El capitalismo comenzó a sentirse limitado dentro del marco de los viejos Estados nacionales, sin la formación de los cuales no habría podido derrocar al feudalismo. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistas multimillonarios, y casi todo el globo terrestre esta repartido entre estos "potentados del capital", bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación fi-
nanciera. La libertad de comercio y la libre competencia han sido sustituidas por la tendencia al monopolio, a la conquista de tierras para realizar en ellas inversiones de capital y lle varse sus materias primas, etc. De liberador de naciones, como lo fue en su lucha contra el feudalismo, el capitalismo se ha convertido, en su fase imperialista, en el más grande opresor de naciones. El capitalismo, progresista en otros tiempos, se ha vuelto reaccionario; ha desarrollado las fuerzas productivas a tal extremo, que a la humanidad no le queda otro camino que pasar al socialismo, o bien sufrir durante años, e incluso durante decenios, la lucha armada de las "grandes" potencias por el mantenimiento artificial del capitalismo mediante las colonias, los monopolios, los privilegios y todo género de la opresión nacional.
La guerra entre los más grandes esclavistas
por el mantenimiento y fortalecimiento
A fin de mostrar con claridad la significación del imperialismo, citamos a continuación datos precisos sobre el reparto del mundo entre las llamadas "grandes" potencias (es decir, las que han tenido éxito en el gran saqueo): [ver pág. sig.]
Este cuadro nos permite ver cómo los pueblos que de 1789 a 1871 lucharon, en la mayoría de los casos al frente de los otros, por la libertad, se han convertido en nuestra época, después de 1876 y gracias a un capitalismo altamente desarrollado y "pasado de maduro", en los opresores y explotadores de la mayoría de la población y de las naciones del globo. Entre 1876 y 1914, seis "grandes" potencias se apoderaron de 25 millones de kilometros cuadrados, ¡es decir, una superficie dos
Inglaterra . . .
Rusia . . . .
Francia . . .
Almania . . .
Japón . . . .
"grandes" po-
Demás Estados y pa&oicuteses . . . . . . . . . . . . .
Todo el globo (excepto las regiones polares) . . . . . . . . .
veces y media más grande que la de toda Europa! Seis potencias subyugan a una población de más de quinientos millones (523) de habitantes en las colonias. Por cada cuatro habitantes de las "grandes" potencias hay cinco habitantes de "sus" colonias. Y todo el mundo sabe que las colonias han sido con quistadas a sangre y fuego, que sus pobladores son tratados barbaramente y explotados de mil maneras (mediante la exportación de capitales, concesiones, etc., el engaño en la venta de mercancías, el sometimiento a las "autoridades" de la nación "dominante", etc., y con otras cosas por el estilo). La burguesía anglo-francesa engaña a los pueblos al decir que hace la guerra en aras de la libertad de los pueblos y de Bélgica, cuando en realidad la hace para conservar los inmensos territorios coloniales de los que se ha apoderado. Los imperialistas alemanes evacuarian de inmediato Bélgica y otros países si los ingleses y franceses se repartiesen "amistosamente" con ellos sus colonias. Lo peculiar de la situación actual consiste en que la suerte de las colonias se decide con la guerra que se libra en el continente. Desde el punto de vista de la justicia burguesa y de la libertad nacional (o del derecho de las naciones a la existencia), Alemania tendría sin duda alguna razón contra Inglaterra y Francia, ya que ha sido "defraudada" en el reparto de las colonias, y sus enemigos oprimen a muchísimas más naciones que ella; en cuanto a su aliada, Austria, los eslavos por ella oprimidos gozan sin duda de más libertad que en la Rusia zarista, verdadera "carcel de pueblos". Pero la propia Alemania no lucha por liberar a los pueblos, sino por sojuzgarlos. Y no corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y más vigoroso (Alemania) a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que
se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud. En primer lugar, es una guerra que tiende a consolidar la esclavitud de las colonias mediante un reparto mas "equitativo" y una explotación ulterior mas "coordinada" de las mismas; en segundo lugar, es una guerra que persigue el reforzamiento del yugo que pesa sobre las naciones extrañas en el seno mismo de las "grandes" potencias, pues tanto Austria como Rusia (y esta mucho mas y mucho peor que aquélla) sólo se mantienen gracias a ese yugo que refuerzan con la guerra; en tercer lugar, es una guerra con vistas a intensificar y prolongar la esclavitud asalariada, pues el proletariado está dividido y aplastado, mientras que los capitalistas salen ganando, enriqueciéndose con la guerra, avivando los prejuicios nacionales e intensificando la reacción, que ha levantado la cabeza en todos los países, aun en los más libres y republicanos.
"La guerra es la prolongación de la política
por otros medios"
(a saber: por la violencia)[2]
Apliquese esta tesis a la guerra actual. Se verá que durante decenios, casi desde hace medio siglo, los gobiernos y las clases
dominantes de Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Austria y Rusia practicaron una política de saqueo de las colonias, de opresión de otras naciones y de aplastamiento del movimiento obrero. Y esta política precisamente, y sólo ésta, es la que se prolonga en la guerra actual. En especial, tanto en Austria como en Rusia, la politica de tiempos de paz, al igual que la de tiempos de guerra, ha consistido en esclavizar a las naciones y no en liberarlas. Por el contrario, en China, en Persia, en la India y otros países dependientes vemos en los últimos decenios la política del despertar de decenas y centenas de millones de hombres a la vida nacional, una política que tiende a liberarlos del yugo de las "grandes" potencias reaccionarias. Sobre este terreno histórico concreto, una guerra puede tener también hoy un carácter progresista burgués, puede ser una guerra de liberación nacional.
Basta considerar la guerra actual como una prolongación de la política de las "grandes" potencias y de las clases fundamentales de las mismas para ver de inmediato el carácter antihistórico, la falsedad y la hipocresía de la opinión según la cual puede justificarse, en la guerra actual, la idea de la "defensa de la patria".
Los socialchovinistas de la Triple (hoy Cuádruple) Entente (en Rusia, Plejánov y Cía.) gustan sobre todo de invocar el ejemplo de Bélgica. Pero este ejemplo se vuelve contra ellos. Los imperialistas alemanes han violado desvergonzadamente la neutralidad de Bélgica, como han hecho siempre y por doquier los Estados beligerantes que, cuando les conviene, pisotean todos los tratados y todas las obligaciones. Admitamos que
todos los Estados que tienen interés en respetar los tratados internacionales hubieran declarado la guerra a Alemania para exigir que este país evacuase a Bélgica y le pagara una indemnización. En este caso, la simpatía de los socialistas estaría, como es natural, del lado de los enemigos de Alemania. Ahora bien, la cuestión estriba precisamente en que la "Triple (y Cuádruple) Entente" no hace la guerra por Bélgica. Esto lo sabe muy bien todo el mundo, y solo los hipócritas lo disimulan. Inglaterra saquea las colonias de Alemania y Turquía; Rusia hace lo propio con Galitzia y Turquía; Francia procura conseguir la Alsacia-Lorena e incluso la orilla izquierda del Rin; con Italia se ha firmado un tratado para repartir el botín (Albania y el Asia menor), y con Bulgaria y Rumania se regatea también por el reparto del botín. En la guerra que hoy libran los gobiernos actuales ¡no se puede ayudar a Bélgica más que ayudando a estrangular a Austria o a Turquía, etc.! ¿¿A qué viene aquí la "defensa de la patria"?? Justamente en esto reside el carácter peculiar de la guerra imperialista, guerra entre gobiernos burgueses reaccionarios, que se han sobrevivido históricamente, destinada a sojuzgar a otras naciones. Quien justifica la participación en esta guerra, contribuye a perpetuar la opresión imperialista de las naciones. Quien preconiza la explotación de las dificultades actuales de los gobiernos para luchar en favor de la revolución social, defiende la libertad real de todas las naciones sin excepción, que sólo puede ser alcanzada con el socialismo.
En Rusia, el imperialismo capitalista de novísimo tipo se ha revelado plenamente en la política del zarismo con respecto
a Persia, Manchuria y Mongolia; pero lo que predomina, en general, en Rusia, es el imperialismo militar y feudal. En ninguna parte del mundo está tan oprimida la mayoría de la po blación como en Rusia: los gran rusos sólo constituyen el 43% de la población, es decir, menos de la mitad, y el resto de los habitantes, por no ser rusos, carecen de derechos. De los 170 millones de habitantes que tiene Rusia, cerca de 100 millones están oprimidos y carecen de derechos. El zarismo hace la guerra para apoderarse de Galitzia y estrangular definitivamente la libertad de los ucranianos, para apoderarse de Armenia, de Constantinopla, etc. El zarismo ve en la guerra un medio para distraer la atención del descontento que aumenta en el interior del país y aplastar el movimiento revolucionario que va en ascenso. Hoy por cada dos gran rusos hay en Rusia de dos a tres "alógenos" privados de derechos. El zarismo pretende, por medio de la guerra, aumentar el número de naciones oprimidas, intensificar su opresión y, de este modo, minar la lucha por la libertad que libran los gran rusos mismos. La posibilidad de oprimir y desvalijar a otros pueblos agrava el estancamiento económico, pues en vez de desarrollarse las fuerzas productivas, se busca la fuente de los ingresos en la explotación semifeudal de los pueblos "alógenos". Por tanto, por parte de Rusia, esta guerra tiene un carácter sumamente reaccionario y opuesto a toda libertad.
El socialchovinismo es la sustentación de la idea de "defensa de la patria" en la guerra actual. De esta posición derivan, como consecuencia, la renuncia a la lucha de clases, la votación de los créditos de guerra, etc. Los socialchovinistas aplican,
de hecho, una política antiproletaria, burguesa, pues lo que propugnan en realidad no es la "defensa de la patria" en el sentido de la lucha contra el yugo extranjero, sino el "derecho" de tales o cuales "grandes" potencias a saquear las colonias y oprimir a otros pueblos. Los socialchovinistas repiten el engaño burgués de que la guerra se hace en defensa de la libertad y de la existencia de las naciones, con lo cual se ponen del lado de la burguesía contra el proletariado. Entre los socialchovinistas figuran tanto los que justifican y exaltan a los gobiernos y a la burguesía de uno de los grupos de potencias beligerantes como los que, a semejanza de Kautsky, reconocen a los socialistas de todas las potencias beligerantes el mismo derecho a "defender la patria". El socialchovinismo, que defiende de hecho los privilegios, las ventajas, el saqueo y la violencia de "su" burguesía imperialista (o de toda burguesía en general), constituye una traición absoluta a todas las ideas socialistas y a la resolución del Congreso Socialista Internacional de Basilea.
El manifiesto sobre la guerra, aprobado por unanimidad en Basilea en 1912, tenía en cuenta precisamente la guerra entre Inglaterra y Alemania, con sus aliados actuales, que estallo en 1914. El manifiesto declara abiertamente que ningún interés popular puede justificar una guerra semejante, que se libra en áras de los "beneficios de los capitalistas y por conveniencias dinásticas", sobre la base de la política imperialista, expoliadora, de las grandes potencias. El manifiesto declara en forma expresa que la guerra es peligrosa "para los gobiernos" (para todos sin excepción), hace notar que sienten el temor a la "revolución proletaria" y señala con toda precisión el ejemplo
de la Comuna de 1871 y el de octubre-diciembre de 1905, es decir, el ejemplo de la revolución y de la guerra civil. Así, pues, el manifiesto de Basilea establecía, justamente para la guerra actual, la táctica de la lucha revolucionaria de los trabajadores contra sus gobiernos en escala internacional, la táctica de la revolución proletaria. El manifiesto de Basilea repite las palabras de la resolución de Stuttgart de que en caso de estallar la guerra, los socialistas deben aprovechar la "crisis económica y política" creada por ella para "precipitar el hundimiento del capitalismo", es decir, aprovechar en beneficio de la revolución socialista las dificultades que la guerra causa a los gobiernos, así como la indignación de las masas.
Los socialchovinistas rusos (con Plejánov a la cabeza) se remiten a la táctica de Marx con respecto a la guerra de 1870; los alemanes (por el estilo de Lensch, David y Cía.) invocan la declaración de Engels en 1891, sobre el deber de los socialistas alemanes de defender la patria en caso de guerra contra Rusia y Francia coaligadas; finalmente, los socialchovinistas del tipo de Kautsky, deseosos de transigir con el chovinismo internacional y de legitimarlo, se remiten al hecho de que Marx y
Engels, aun condenando como condenaban la guerra, se pusieron constantemente, desde 1854-1855 hasta 1870-1871 y en 1876-1877, de parte de tal o cual Estado beligerante, una vez que la guerra, pese a todo, había estallado.
El socialchovinismo es el oportunismo
más acabado
Durante toda la época de la II Internacional se libró en todas partes una lucha en el seno de los partidos socialdemócratas entre el ala revolucionaria y el ala oportunista. En
varios países (Inglaterra, Italia, Holanda y Bulgaria) se llegó, con este motivo, a la escisión. Ningún marxista dudaba de que el oportunismo expresa la política burguesa en el movimiento obrero, los intereses de la pequeña burguesía y de la alianza de una ínfima porción de obreros aburguesados con "su" burguesía, contra los intereses de las masas proletarias, oprimidas.
El contenido ideológico y político del oportunismo y del socialchovinismo es el mismo: la colaboración de las clases en vez de la lucha entre ellas, la renuncia a los medios revolucionarios de lucha y la ayuda a "su" gobierno en su difícil situación, en lugar de aprovechar sus dificultades en favor de la
revolución. Si consideramos todos los países europeos en su conjunto, sin detenernos en personalidades aisladas (aunque se trate de las más prestigiosas), veremos que precisamente la corriente oportunista ha sido el principal sostén del socialchovinismo, y que del campo revolucionario se alza, casi en todas partes, una protesta más o menos consecuente contra esa corriente. Y si examinamos, por ejemplo, la manera cómo se agruparon las diversas corrientes en el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart, en 1907, veremos que el marxismo internacional se pronunció contra el imperialismo, mientras que el oportunismo internacional se manifestó ya entonces en su favor.
La unidad con los oportunistas es la alianza de
los obreros con "su" burguesía nacional y la
escisión de la clase obrera revolucionaria
En el pasado, antes de la guerra, el oportunismo fue considerado a menudo como un componente legítimo, aunque "divisionista" y "extremista", del Partido Socialdemócrata. La guerra ha demostrado que esto ya no será posible en el futuro. El oportunismo "ha llegado a su plena madurez" y desempeñado hasta el fin su papel de emisario de la burguesía en el movimiento obrero. La unidad con los oportunistas se ha vuelto pura hipocresía, de la que vemos un ejemplo en el Partido Socialdemócrata Alemán. En todas las grandes ocasiones (como por ejemplo en la votación del 4 de agosto), los oportunistas presentan su ultimátum y logran imponerlo gracias a sus múltiples vínculos con la burguesía, al hecho de tener
la mayoría en las direcciones de los sindicatos, etc. Hoy, la unidad con los oportunistas significa de hecho la subordinación de la clase obrera a "su" burguesía nacional y la alianza con ella para oprimir a otras naciones y luchar por los privile gios de toda gran potencia, lo cual representa la escisión del proletariado revolucionario de todos los países.
Por dura que sea, en algunos casos, la lucha contra los oportunistas, que dominan en muchas organizaciones, y sean cuales fueren en los distintos países las peculiaridades que adopte el proceso de depuración de los partidos obreros para desembarazarse de los oportunistas, este proceso es inevitable y fecundo. El socialismo reformista agoniza; el socialismo que renace "será revolucionario, intransigente e insurreccional", según la acertada expresión del socialista francés Paul Golay
Kautsky, la más alta autoridad de la II Internacional, es el ejemplo más típico y claro de cómo el reconocimiento verbal del marxismo ha llevado en la práctica a trasformarlo en "struvismo" o en "brentanismo"[3]. Plejánov nos of rece otro ejemplo de ello. Mediante sofismas evidentes, se extirpa del marxismo su espíritu vivo y revolucionario, y se admite en él todo, excepto los medios revolucionarios de lucha y la propaganda y preparación de los mismos, así como la educación de las masas en ese sentido. Despreciando todo principio, Kautsky "concilia" la idea fundamental del socialchovinismo, la aceptación de la defensa de la pa¿ria en la guerra actual, con concesiones diplomáticas y ostensibles a la izquierda, tales como la abstención en la votación de los créditos de guerra, la actitud verbal
en favor de la oposición, etc. Kautsky, que en 1909 escribió todo un libro sobre la inminencia de una época de revoluciones y sobre las relaciones entre la guerra y la revolución � Kautsky, que en 1912 firmó el manifiesto de Basilea sobre la utilización revolucionaria de la guerra que se avecinaba, ahora justifica y exalta el socialchovinismo por todos los medios y, como Plejánov, se une a la burguesía para ridiculizar toda idea de revolución, toda iniciativa en el sentido de una lucha revolucionaria directa.
La consigna de los marxistas es la consigna
de la socialdemocracia revolucionaria
El manifiesto de Basilea se refiere directamente al ejemplo de la Comuna de París, es decir, a la trasformación de una guerra entre gobiernos en guerra civil. Hace medio siglo el proletariado era demasiado débil; las condiciones objetivas del socialismo no estaban aún maduras; entre los movimientos revolucionarios de todos los países beligerantes no podía haber coordinación ni cooperación; el entusiasmo de una parte de los obreros de París por la "ideología nacional" (la tradición de 1792) fue manifestación de su debilidad pequeñoburguesa, como señaló Marx en su oportunidad, y fue una de las causas del fracaso de la Comuna. Medio siglo después de ésta han
desaparecido las condiciones que debilitaban entonces a la revolución, y hoy sería imperdonable en un socialista admitir la renuncia a actuar precisamente en el espíritu de los comuneros de París.
Los anarquistas más notables de todo el mundo se han deshonrado en esta guerra no menos que los oportunistas por su socialchovinismo (en el espíritu de Plejánov o de Kautsky).
Uno de los resultados útiles de esta contienda será, indudablemente, acabar, a la vez, con el oportunismo y el anarquismo.
Sobre la derrota del "propio" gobierno
en la guerra imperialista
Tanto los partidarios de la victoria de su propio gobierno en la guerra actual, como los defensores de la consigna de "ni victoria ni derrota", adoptan igualmente el punto de vista del socialchovinismo. En una guerra reaccionaria, la clase revo-
lucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno; no puede dejar de ver que existe una relación entre los reveses militares de este gobierno y las facilidades que éstos crean para su derrocamiento. Sólo el burgués que piense que la guerra iniciada por los gobiernos terminará indefectiblemente como una guerra entre gobiernos, y que además así lo desea, encuentra "ridícula" o "absurda" la idea de que los socialistas de todas las naciones beligerantes expresen el deseo de que todos "sus" gobiernos sean derrotados. Por el contrario, justamente esa posición respondería al pensamiento más íntimo de todo obrero conciente y se situaría en el marco de nuestra actividad encaminada a la trasformación de la guerra imperialista en guerra civil.
Es indudable que la importante labor de agitación contra la guerra, efectuada por una parte de los socialistas ingleses, alemanes y rusos, "debilitó la potencia militar" de sus respectivos gobiernos, pero tal agitación fue un mérito de los socialistas. Estos deben explicar a las masas que para ellas no hay salvación fuera del derrocamiento revolucionario de "sus" gobiernos y que las dificultades con que tropiezan estos gobiernos en la guerra actual deben ser aprovechadas con ese fin.
El estado de ánimo de las masas en favor de la paz expresa con frecuencia un comienzo de protesta, de indignación y de toma de conciencia del carácter reaccionario de la guerra. Aprovechar ese estado de ánimo es un deber de todos los socialdemócratas. Ellos participarán con el mayor entusiasmo en todo movimiento y en toda manifestación en ese sentido, pero no enganarán al pueblo dejándole creer que sin un movi-
miento revolucionario se puede alcanzar una paz sin anexiones, sin opresión de las naciones y sin saqueos, una paz sin gérmenes de nuevas guerras entre los gobiernos de hoy y las clases dominantes en la actualidad. Semejante engaño sólo haría el juego a la diplomacia secreta de los gobiernos beligerantes y a sus planes contrarrevolucionarios. Quien desee una paz firme y democrática, debe pronunciarse en favor de la guerra civil contra los gobiernos y la burguesía.
Sobre el derecho de las naciones
La defensa de este derecho no solamente no estimula la formación de pequeños Estados, sino que, por el contrario,
conduce a que se constituyan, del modo más libre, más deciclido y por lo tanto más amplio y universal, grandes Estados o federaciones de Estados que son más ventajosos para las masas y más adecuados para el desarrollo económico.
La clase de los terratenientes y las capas superiores de la burguesía comercial e industrial apoyan enérgicamente la política belicista del gobierno del zar. Esperan, con toda razón, inmensos beneficios materiales y privilegios del reparto de la herencia turca y austríaca. En toda una serie de sus congresos han saboreado ya por anticipado los beneficios que afluirían a sus bolsillos si triunfase el ejército zarista. Además, los reaccionarios comprenden muy bien que si hay algo que todavía puede aplazar la caída de la monarquía de los Románov y de-
tener una nueva revolución en Rusia es una guerra exterior victoriosa para el zar.
La camarilla gobernante ha logrado también, con ayuda de la prensa burguesa, del clero, etc., provocar un estado de ánimo chovinista entre los campesinos. Pero a medida que los soldados vayan volviendo del campo de batalla, el estado de ánimo en el campo cambiará, indudablemente, y no a favor de la monarquía zarista. Los partidos democrático-burgueses que tienen puntos de contacto con los campesinos tampoco han
resistido la ola de chovinismo. El partido de los trudoviques se negó en la Duma del Estado a votar por los créditos de guerra. Pero por boca de su jefe Kerenski dio a conocer una declaración "patriótica" que hace perfectamente el juego a la monarquía. Toda la prensa legal de los "populistas" ha seguido, en general, los pasos de los liberales. Incluso el ala izquierda de la democracia burguesa, el llamado partido socialista-revolucionario, afiliado al Buró Socialista Internacional, ha seguido esta corriente. El señor Rubánovich, representante de este partido en el B.S.I., se manifiesta abiertamente como un socialchovinista. La mitad de los delegados de este partido en la conferencia de los socialistas de la "Entente", celebrada en Londres, votó una resolución chovinista (la otra mitad se abstuvo). En la prensa ilegal de los socialistas-revolucionarios (en el periódico Nóvosti [5] y otros) predominan los chovinistas. Los revolucionarios "salidos de un medio burgués", es decir, los revolucionarios burgueses que no están ligados a la clase obrera, han sufrido un terrible descalabro en esta guerra. La triste suerte de Kropotkin, Búrtziev y Rubanóvich es suma mentesignificativa.
La situación general de nuestro país es hostil al florecimiento del oportunismo "socialista" entre las masas obreras. En Rusia vemos toda una serie de matices del oportunismo y del reformismo entre los intelectuales, en la pequeña burguesía, etc. Pero ello sólo cuenta con una ínfima minoría de partidarios en las capas obreras políticamente activas. El sector de obreros y empleados privilegiados es muy débil en nuestro país. El fetichismo de la legalidad no ha podido surgir entre nosotros. Los liquidadores (el partido de los oportunistas, dirigido por Axelrod, Potrésov, Cherevanin, Máslov y otros) no contaban
con ningún apoyo serio, antes de la guerra, entre las masas obreras. A la IV Duma del Estado fueron elegidos seis diputados obteros, todos adversarios del liquidacionismo. La tirada de la prensa obrera legal de Petrogrado y Moscú, así como las colectas de fondos para ella, demostraron irrefutablemente que las cuatro quintas partes de los obreros concientes están contra el oportunismo y la corriente liquidacionista.
En 1913 se produjo una escisión entre los diputados social-demócratas de la Duma del Estado. De un lado quedaron siete partidarios del oportunismo, dirigidos por Chjeídze, que habían sido elegidos por siete provincias no proletarias, donde
el número de obreros era de 214.000. De otro lado quedaron seis diputados, todos ellos de la curia obrera, elegidos en los centros más industriales de Rusia, que contaban en total con 1.008.000 obreros.
Y los obreros acogieron con gran simpatía a esta fracción, lo que asustó al gobierno y le obligó, violando flagrantemente
sus propias leyes, a detener a nuestros camaradas diputados y condenarlos a deportación perpetua a Siberia. Ya en su primer comunicado oficial sobre la detención de nuestros camara das, el gobierno zarista escribía:
Durante el ptoceso, el procutador zarista, señor Nenarókomov, puso de ejemplo a nuestros camatadas los socialistas alemanes y franceses. "Los socialdemócratas alemanes -- dijo -- han votado los créditos de guerra y se han mostrado amigos del gobierno. Así procedieron los socialdemócratas alemanes, mientras que los tristes caballeros de la socialdemocracia rusa no han actuado así [. . .]. Los socialistas de Bélgica y Francia, como un solo hombre, olvidaron sus discordias con otras clases, sus querellas de partidos, y se colocaron sin vacilación bajo la bandera." Sin embargo, los miembros de
la fracción obtera socialdemócrata de Rusia, que se subordinaron a las directivas del Comité Central del Partido, no obraron de ese modo. . .
¡Oh, los socialchovinistas de todos los países son grandes "internacionalistas"! Desde que estalló la guerra están abrumados de preocupación por la Internacional. Por un lado, afirman que los rumores acerca de la bancarrota de la Internacional son "exagerados". Pues en realidad no ha pasado nada extraordinario. Escuchen a Kautsky: la Internacional es, simplemente, "un instrumento de tiempos de paz", y es natural que, en tiempos de guerra, no haya estado a la altura de las circunstancias. Por otro lado, los socialchovinistas de todos los países han encontrado un medio muy sencillo -- y lo que es más importante, un medio internacional -- para salir de la situación creada. Ese medio no es complicado: basta esperar el final de la guerra. Y mientras llega su fin, los so cialistas de todos los países deben defender su "patria" y apoyar a "sus" gobiernos. Una vez acabada la guerra, se "am-
nistiarán" unos a otros, reconocerán que todos tenían razón, que en tiempos de paz vivimos como hermanos, pero que en tiempos de guerra -- y sobre la base concreta de tal o cual resolución -- exhortamos a los obreros alemanes a exterminar a sus hermanos franceses y viceversa.
En una palabra, cuando la guerra haya terminado, habrá que nombrar una comisión formada por Kautsky y Plejánov, Vandervelde y Adler, y en un abrir y cerrar de ojos redactarán una resolución "unánime" en un espíritu de amnistía mutua. La controversia se esfumará felizmente. En vez de ayudar a los obreros a comprender lo que ha pasado, se los engañará con una aparente "unidad" en el papel. La unión de los socialchovinistas y de los hipócritas de todos los países será bautizada con el nombre de reconstrucción de la Internacional.
No hay por qué ocultarlo: el peligro de semejante "reconstrucción" es muy grande. Los socialchovinistas de todos los
países están igualmente interesados en ella. Ninguno quiere que las propias masas obreras de sus países se orienten en esta cuestión: socialismo o nacionalismo. Todos se hallan interesados por igual en disimular mutuamente sus pecados. Ninguno de ellos puede proponer otra cosa que no sea la que propone Kautsky, el virtuoso de la hipocresía "internacionalista".
No cabe la menor duda de que la situación en la oposición socialdemócrata alemana reviste el mayor interés para todos
los internacionalistas. La socialdemocracia alemana oficial, que era el partido más fuerte, el partido dirigente, en el seno de la II Internacional, asestó el golpe más sensible a la organización internacional de los obreros. Pero también en la socialdemocracia alemana resultó más poderosa la oposición. Es el primero de los grandes partidos europeos en el que alzaron su vigorosa voz de protesta los camaradas que permanecen fieles a la bandera del socialismo. Hemos leído con alegría las revistas Lichtstrahlen y Die Internationale. Y con mayor alegría aún nos hemos enterado de la difusión en Alemania de llamamientos revolucionarios ilegales, como por ejemplo el titulado "El enemigo principal está dentro del propio país". Esto demuestra que el espíritu del socialismo vive entre los obreros alemanes, que en Alemania hay todavía hombres capaces de defender el marxismo revolucionario.
Nuestra actitud hacia los elementos vacilantes de la Internacional tiene, en general, una inmensa importancia. Estos elementos -- en su mayoría socialistas de matiz pacifista -- existen tanto en los países neutrales como en algunos países beligerantes (por ejemplo, en Inglaterra, el Partido Laborista Independiente). Estos elementos pueden ser nuestros compañeros de ruta. Es indispensable un acercamiento a ellos, contra los socialchovinistas. Pero no hay que olvidar que son únicamente compañeros de ruta y que en lo principal, en lo esencial, cuando se trate de reconstruir la Internacional, no estarán con nosotros, sino contra nosotros, y seguirán a Kautsky, Scheidemann, Vandervelde y Sembat. En las conferencias internacionales no podemos limitar nuestro programa a lo que es aceptable para estos elementos, pues de otro modo nosotros mismos seríamos prisioneros de esos pacifistas vacilantes. Así sucedió, por ejemplo, en la Conferencia Internacional de Mujeres, celebrada en Berna. En ella, la delegación alemana, que sostenia el punto de vista de la camarada Clara Zetkin, desempeñó de hecho el papel de "centro". La conferencia de mujeres sólo dijo lo que era aceptable para las delegadas del partido oportunista holandés de Troelstra y para las del I.L.P. (Partido Laborista Independiente)[8]. Este
último -- no lo olvidemos -- votó a favor de la resolución de Vandervelde en la conferencia de chovinistas de la "Entente", que tuvo lugar en Londres. Respetamos altamente al I.L.P. por su valiente lucha contra el gobierno inglés durante la guerra. Pero sabemos que este partido no se ha situado ni se sitúa hoy en el terreno del marxismo. Y consideramos que la tarea principal de la oposición socialdemócrata es, en el momento actual, alzar la bandera del marxismo revolucionario, decir a los obreros con firmeza y precisión qué pensamos acerca de las guerras imperialistas y lanzar la consigna de acciones revolucionarias de masas, o sea, la consigna de la trasformación de la época de las guerras imperialistas en el comienzo de una época de guerras civiles.
Las conferencias en torno a los llamados programas de "acción" se limitaban hasta ahora a proclamar más o menos integramente un programa de pacifismo a secas. El marxismo no es pacifismo. Es indispensable luchar por el cese más rápido de la guerra. Pero la reivindicación de la "paz" sólo adquiere
un sentido proletario cuando se llama a la lucha revolucionaria. Sin una serie de revoluciones, la pretendida paz democrática no es más que una utopía pequeñoburguesa. El único programa verdadero de acción sería un programa marxista que dé a las masas una respuesta completa y clara sobre lo que ha pasado, que explique qué es el imperialismo y cómo se debe luchar contra él, que declare abiertamente que el oportunismo ha llevado la II Internacional a la bancarrota y que llame abiertamente a fundar una Internacional marxista sin los oportunistas y contra ellos. Sólo un programa así, que demuestre que tenemos fe en nosotros mismos y en el marxismo, y que declaramos al oportunismo una guerra a vida o muerte, podrá asegurarnos, tarde o temprano, la simpatía de las masas proletarias de verdad.
El Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia
y la III Internacional
El P.O.S.D.R. se separó, hace ya tiempo, de sus oportunistas. Ahora los oportunistas rusos se han vuelto, además, chovinistas. Esto no hace más que reafirmarnos en la opinión de que la escisión con ellos era necesaria por el bien del socialismo. Estamos convencidos de que las divergencias actuales entre los socialdemócratas y los socialchovinistas no son menores, en modo alguno, que las que existían entre socialistas y anarquistas al separarse los socialdemócratas de los segundos. El oportunista Monitor tiene razón cuando dice, en preussische Jahrbücher *, que la unidad actual es ventajosa para los oportunistas y para la burguesía, ya que obliga a los elementos
* Anuario Prusiano -- N. del T.
de izquierda a someterse a los chovinistas e impide que los obreros vean claro en las disputas y creen su propio partido realmente obrero y verdaderamente socialista. Tenemos la profunda convicción de que, en el estado actual de cosas, la escisión con los oportunistas y los chovinistas es el primer deber de un revolucionario, de la misma manera que la escisión con los amarillos, los antisemitas, los sindicatos obreros liberales, etc., era necesaria para educar con mayor rapidez a los obreros atrasados y atraerlos a las filas del partido socialdemócrata.
HISTORIA DE LA ESCISION Y SITUACION
ACTUAL DE LA SOCIALDEMOCRACIA
La táctica del P.O.S.D.R con respecto a la guerra, que hemos expuesto anteriormente, es el fruto inevitable del desarrollo de la socialdemocracia en Rusia en el curso de treinta años. No se puede comprender bien esta táctica, como tampoco la situación actual de la socialdemocracia en nuestro país, sin reflexionar sobre la historia de nuestro Partido. Por ello, debemos recordar ahora al lector los hechos fundamentales de esa historia.
La socialdemocracia surgió, como corriente ideológica, en 1883, cuando el grupo "Emancipación del Trabajo" expuso por primera vez en forma sistemática, en el extranjero, las ideas socialdemócratas aplicadas a Rusia. Hasta el comienzo de la década del 90, la socialdemocracia siguió siendo en Rusia una corriente ideológica, sin nexos con el movimiento obrero de masas. A principios de la década mencionada, el ascenso social, la efervescencia y el movimiento huelguístico de los obreros hicieron de la socialdemocracia una fuerza política
activa, ligada indisolublemente a la lucha (tanto económica como política) de la clase obrera. Y de esa misma época arranca la escisión de la socialdemocracia en "economistas" e "iskristas".
Los "economistas" y la vieja Iskra
La vieja Iskra (1900-1903) luchó victoriosamente contra el "economismo" en nombre de los principios de la socialdemocracia revolucionaria. Toda la flor del proletariado conciente cstaba al lado de Iskra. Años antes de la revolución, la social democracia presentó el programa más consecuente e intransigente. Y la lucha de clases y la acción de las masas en el curso de la revolución de 1905 confirmaron ese programa. Los "economistas" se adaptaban al atraso de las masas. Iskra educaba a la vanguardia obrera capaz de llevar a las masas hacia adelante. Los argumentos actuales de los socialchovinistas (sobre la necesidad de contar con las masas, sobre el
carácter progresista del imperialismo, sobre las "ilusiones" de los revolucionarios, etc.) fueron ya utilizados todos por los economistas. La Rusia socialdemócrata conoció hace veinte años una revisión oportunista del marxismo en el espíritu del "struvismo".
El menchevismo y el bolchevismo
(1903-1908)
La revolución de 1905 comprobó, robusteció, profundizó y templó la táctica socialdemócrata intransigentemente revolucionaria en Rusia. La intervención abierta de las clases y de los partidos puso de manifiesto, reiteradas veces, los nexos
que unían el oportunismo socialdemócrata (el "menchevismo") con el liberalismo.
El marxismo y el liquidacionismo
Este grupo de oportunistas fue expulsado del Partido por la Conferencia del P.O.S.D.R. de Enero de 1912, que reconstruyó el partído pese a la feroz resistencia de toda una serie de grupos y grupitos del extranjero. Durante más de dos años (desde comienzos de 1912 hasta mediados de 1914) se desarrolló una lucha tenaz entre los dos partidos socialdemócratas: el Comité Central, elegido en enero de 1912, y el "Comité de Organización", que no reconocía la Conferencia de Enero y qucría reconstruir el Partido de otro modo, manteniendo la unidad con el grupo de Nasha Zariá. Una porfiada lucha se
entabló entre los dos diarios obreros (Pravda y Luch [10], y sus sucesores) y las dos fracciones socialdemócratas en la IV Duma del Estado (la "fracción obrera socialdemócrata de Rusia" de los pravdistas o marxistas, y la "fracción socialdemócrata" de los liquidadores, con Chjeídze a la cabeza).
Marxismo y socialchovinismo
La gran guerra europea de 1914-1915 ha permitido a todos los socialdemócratas europeos, entre ellos los rusos, comprobar su táctica en función de una crisis de proporciones mundiales. El carácter reaccionario, expoliador y esclavista de la guerra es infinitamente más evidente del lado del zarismo que del lado de los demás gobiernos. ¡Y sin embargo, el grupo fundamental de los liquidadores (el único que, fuera de nosotros y gracias a sus relaciones con los liberales, ejerce una influencia importante en Rusia) ha virado hacia el socialchovinismo! Como poseía desde hace bastante tiempo el monopolio de la legalidad, este grupo de Nasha Zariá predicó a las masas la "no resistencia a la guerra", hizo votos por la victoria de la
Triple (hoy Cuádruple) Entente y acusó al imperialismo germano de cometer "pecados supernumerarios", etc. Plejánov, que desde 1903 había dado múltiples pruebas de su extrema incoherencia política y de su paso a las posiciones oportunistas, adoptó en forma aún más tajante esa misma actitud, lo que le valió ser ensalzado por toda la prensa burguesa de Rusia. Plejánov descendió hasta el punto de declarar que la guerra que libraba el zarismo era una guerra justa, ¡¡y en los periódicos gubernamentales de Italia llegó a publicar una entrevista en la que invitaba a este país a entrar en la guerra!!
Como ya hemos dicho, ni los liquidadores, ni toda una serie de grupos del extranjero (Plejánov, Alexinski, Trotski, etc.), ni los llamados socialdemócratas "nacionales" (es decir, no gran rusos) reconocieron nuestra Conferencia de Enero de 1912. Entre las innumerables injurias que nos prodigaron, la que repetían con más frecuencia era la que nos acusaba de
"usurpación" y de "escisionismo". Nuestra respuesta a ella era citar cifras exactas y susceptibles de ser comprobadas objetivamente, que demostraban que nuestro Partido agrupaba a las cuatro quintas partes de los obreros concientes de Rusia. Y esto no era poco, tomando en cuenta las dificultades del trabajo ilegal en una época de contrarrevolución.
Toda la historia de los grupos socialdemócratas que luchan contra nuestro Partido es una historia de desmoronamiento y disgregación. En marzo de 1912, todos sin excepción se "unificaron" para colmarnos de injurias. Pero ya en agosto de ese mismo año, en que se constituyó contra nosotros el llamado "bloque de agosto", comenzó la disgregación entre ellos. Una parte de los grupos se separó, pero no pudieron crear un partido ni un Comité Central. Formaron únicamente un Comité de Organización "para restablecer la unidad". Pero en realidad este C.O. resultó un frágil biombo del grupo liquidacionista en Rusia. Durante todo el período de inmenso auge del movimiento obrero en Rusia y de las huelgas de masas de 1912-1914, el único grupo de todo el bloque de agosto que trabajó entre las masas fue el grupo de Nasha Zariá, cuya fuerza estribaba en sus relaciones con los liberales. Y a principios de 1914, del "bloque de agosto" se retiraron formalmente los socialdemócratas letones (los socialdemócratas polacos no formaban parte de él), mientras que Trotski, uno de los jefes
del bloque, lo abandonó, aunque no formalmente, y creó una vez más su grupo aparte. En julio de 1914, en la Conferencia de Bruselas, en la que participaron el Comité Ejecutivo del Buró Socialista Internacional, Kautsky y Vandervelde, se creó contra nosotros el llamado "bloque de Bruselas", en el que no entraron los letones y del que se separaron de inmediato los socialdemócratas polacos, la oposición. Después de estallar la guerra, este bloque se desintegró. Nasha Zariá, Plejánov, Alexinski y el jefe de los socialdemócratas del Cáucaso, An[13], se han convertido en socialchovinistas declarados, que hacen votos por que Alemania sea derrotada. El Comité de Organización y el Bund han asumido la defensa de los socialchovinistas y de los principios del socialchovinismo. La fracción de Chjeídze, aunque votó contra los créditos de guerra (en Rusia, incluso los demócratas burgueses, los trudoviques, han votado contra ellos), sigue siendo una fiel aliada de Nasha Zariá. Nuestros furiosos socialchovinistas, Plejánov, Alexinski y Cía., están totalmente satisfechos con la fracción de Chjeídze. En París se ha fundado el periódico Nashe Slovo (antes Golos ), con el concurso, sobre todo, de Mártov y Trotski, que desean conjugar la defensa platónica del internacionalismo con la reivindicación absoluta de la unidad con Nasha Zariá, el Comité de Organización o la fracción de Chjeídze. Después de 250 números, este periódico se ha visto obligado a reconocer su propia desintegración: una parte de su Redacción se inclina hacia nuestro Partido; Mártov permanece fiel al Comité de Organización, que censura públicamente a Nashe Slovo por su "anarquismo" (de la misma manera que los oportunistas en Alemania, David y Cía., Internationale Korrespondenz [14], Legien y Cía., acusan de anarquismo al camarada Liebknecht) Trotski anuncia su ruptura con el Comité de Organización, pero desea marchar junto con la fracción de Chjeídze. Veamos
ahora el programa y la táctica de la fracción de Chjeídze, expuestos por uno de sus jefes. En el número 5 de 1915 de Sovremienni Mir [15], revista que sigue la orientación de Plejánov y de Alexinski, escribe Chjenkeli: "Decir que la socialdemocracia alemana se hallaba en condiciones de impedir que su país en trara en la guerra y que no lo ha hecho, significaría desear ocultamente que no sólo ella, sino también su patria, lancen su último suspiro en las barricadas, o mirar los objetos que nos rodean a través del telescopio anarquista ."[*]
En estas brevas líneas se expresa toda la esencia del socialchovinismo: la justificación por principio de la idea de la "defensa de la patria" en la guerra actual y las burlas -- con permiso de los censores militares -- a costa de la propaganda en favor de la revolución y de su preparación. El problema no consiste en absoluto en saber si la socialdemocracia alemana se hallaba en condiciones de impedir que su país entrara en la guerra, ni tampoco en saber si los revolucionarios pueden garantizar, en general, el triunfo de la revolución. El problema es saber si debemos proceder como socialistas o "agonizar" efectivamente en los brazos de la burguesía imperialista.
La socialdemocracia de Rusia surgió antes de la revolución democrático-burguesa (1905) en nuestro país y se fortaleció en la época de la revolución y de la contrarrevolución. El atraso
* S. M., núm. 5, 1915, pág. 148. Trotski ha declarado recientemente que considera su deber realzar la autoridad de la fracción de Chjeídze en la Internacional. Es indudable que Chjenkeli, por su parte, se dedicará con la misma energia a realzar, en la Internacional la autoridad de Trotski. . .
de Rusia explica la extraordinaria abundancia de corrientes y matices del oportunismo pequeñoburgués entre nosotros, en tanto que la influencia del marxismo en Europa, así como la solidez de los partidos socialdemócratas legales antes de la guerra, hicieron de nuestros ejemplares liberales casi admiradores de la teoría y de la socialdemocracia "razonables" "europeas" (no revolucionarias), "marxistas" "legales". La clase obrera en Rusia no podía constituir su partido más que en una lucha resuelta, durante treinta años, contra todas las variedades del oportunismo. La experiencia de la guerra mundial, que ha traído la vergonzosa bancarrota del oportunismo europeo y reforzado la alianza de nuestros nacional-liberales con el liquidacionismo socialchovinista, nos reafirma aún más en el convencimiento de que nuestro Partido debe continuar en el futuro la misma vía consecuentemente revolucionaria.
[1] El folleto El socialismo y la guerra fue publicado, en alemán, en septiembre de 1915, y distribuido a los delegsdos a la Conferencia de Zimmerwald de los socialistas; se editó en francés en 1916. [pág. 1]
[2] Véase Clausewitz, Sobre la guerra, t. I, art. I, cap. I, sec. XXIV. [pág. 14]
[3] El "brentanismo" es una "doctrina liberal burguesa que admito una lucha de 'clase' no revolucionaria del proletariado" (véase V. I. Lenin, La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1972, pág. 2), que debe su nombre a L. Brentano, economista burgués alemán, partidario del llamado "socialismo de Estado", quien pretendía demostrar que se podía realizar la igualdad social dentro del capitalismo mediante reformas y conciliaciones de intereses de los capitalistas y obreros. Con un vocabulario marxista como rótulo, L. Brentano y sus seguidores trataron de subordinar el movimiento obrero a los intereses de la burguesía. [pág. 24]
[4] Véase F. Engels, El socialismo en Alemania (C. Marx y F. Engels, Obras Completas, t. XXII). [pág. 28]
[5] Nóvosti, diario del partido socialrevolucionario, publicado en París de agosto de 1914 a mayo de 1915. [pág. 34]
[6] Proletarski Golos (Voz Proletaria ), órgano ilegal del Comieé de Petersburgo del P.O.S.D.R.; se publicó de febrero de 1915 a diciembre de 1916, en total cuatro números. En su primer núnmero se insertó el Manifiesto del Comité Central del P.O.S.D.R. "La guerra y la social democracia de Rusia". [pág. 36]
[7] La Conferencia Socialista Internacional de la Juventud sobre la actitud ante la guerra se celebró del 4 al 6 de abril de 1915 en Berna (Suiza). Asistieron representantes de las organizaciones juveniles de o países: Rusia, Noruega, Holanda, Suiza, Bulgaria, Alemania, Polonia, Italia, Dinamarca y Suecia. La Conferencia decidió celebrar cada año el Día Internacional de la Juventud, eligió un Buró Internacional de la Juventud Socialista, y organizó, de acuerdo con la resolución de la Conferencia, la revista Jugend-Intetnationale (La Internacional de la Juventud ), en cuyo trabajo tomaron parte Lenin y K. Liebknecht. [pág. 43]
[8] El Partido Laborista Independiente (I.L.P. -- Independent Labour Party) fue fundado en 1893. Lo encabezaban James Keir Hardie, R. MacDonald y otros. El Partido Laborista Independiente era de hecho "independiente del socialismo, pero dependiente del liberalismo" (véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. XVIII). Durante la Primera Guerra Mundial, el Partido Laborista Independiente publicó al comienzo un manifiesto contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Después, en febrero de 1915, en la Conferencia de los Socialistas de los países de la Entente, celebrada en Londres, los independentistas se adhirieron a la resolución socialchovinista aprobada en la Conferencia. A partir de entonces, los lideres del Partido Laborista Independiente, encubriéndose con frases pacifistas, mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, después de la fundación de la Internacional Comunista, los lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión de los miembros de la izquierda del Partido, aprobaron una resolución para retirarse de la II Internacional. En 1921, los independentistas se adhirieron a la llamada segunda y media internacional, y en 1923 se reintegraron a la II Internacional. [pág. 46]
[9] Los tribunistas eran miembros de la fracción izquierdista del Partido Obrero Socialdemócrata Holandés, unidos en torno del periódico Tribuna. En 1909 fueron expulsados del P.O.S.D.H. y formaron un partido independiente (el Partido Socialdemócrata Holandés). Los tribunistas fueron el ala izquierda del movimiento obrero holandes, pero no un partido revolucionario consecuente. En 1918 tomaron parte en el trabajo de fundación del Partido Comunista de Holanda.
Tribuna, periodico del ala izquierda del P.O.S.D.H., fundado en 1907 en Amsterdam. Desde 1909 fue órgano del P.O.S.D.H. y desde 1918, órgano del Partido Comunista de Holanda. [pág. 47]
[10] Luch (El Rayo ), diario legal de los liquidadores mencheviques; se publico en Petersburgo de septiembre de 1912 a julio de 1913 y su
Sostenimiento "dependia del dinero de amigos ricos burgueses" (Lenin). [pág. 55]
[11] "Marxismo y liquidacionismo. Recopilación de articulos sobre los problemas fundamentales del movimiento obrero contemporaneo. Parte II" publicada en julio de 1914 por la Editorial del Partido Pribói. Esta recopilación comprendia artículos de Lenin contra el liquidacionismo de los cuales "La clase obrera y la prensa obrera" y "Respuesta de los obreros a la formación de la fracción obrera socialdemocrata rusa en la Duma del Estado" contaban con datos detallados acerca de las aportaciones. (Véase V. I. Lenin, Obras Completas, t. XX) [pág. 55]
[12] Leipziger Volkszeitung. (La Gaceta Popular de Leipzig ), organo de la izquierda socialdemócrata alemana, publicado diariamente desde 1894 hasta 1933, en cuya redacción participaron durante muchos años F. Mehring y R. Luxemburg. De 1917 a 1922, el periódico fue órgano de los "independientes" alemanes, y a partir de 1922, órgano de la de recha socialdemócrata. [pág. 55]
[13] An: N. N. Zhordania, jefe de los mencheviques del Caucaso. [pág. 59]
[14] Internationale Korrespondenz, semanario socialchovinista alemán dedicado a los problemas de la política internacional y del movimiento obrero, publicado en Berlín desde 1914 hasta 1917. [pág. 59]
[15] Sovremienni Mir (Mundo Contemporaneo ), revista mensual literaria, científica y política; se publicó en Petersburgo desde 1906 hasta 1918. Tomaban parte directa en la revista los mencheviques, incluido Plejanov. En el periodo del bloque con el grupo de mencheviques defensores del Partido, encabezado por Plejánov, y a principios de 1914, colaboraron en la revista los bolcheviques. En marzo de 1914 se publicó en Sovremienni Mir el artículo de Lenin "Una nueva destrucción del socialismo". Durante la Primera Guerra Mundial la revista pasó a ser una publicación de los socialchovinistas. [pág. 60]

References: resolución 
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