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ISAZA VALENCIA, LAURA; HENAO LÓPEZ, GLORIA CECILIA
RELACIONES ENTRE EL CLIMA SOCIAL FAMILIAR Y EL DESEMPEÑO EN HABILIDADES
SOCIALES EN NIÑOS Y NIÑAS ENTRE DOS Y TRES AÑOS DE EDAD
Acta Colombiana de Psicología, vol. 14, núm. 1, 2011, pp. 19-30
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=79822602003
Acta Colombiana de Psicología 14 (1): 19-30, 2011
RELACIONES ENTRE EL CLIMA SOCIAL FAMILIAR Y EL DESEMPEÑO EN
HABILIDADES SOCIALES EN NIÑOS Y NIÑAS ENTRE DOS Y TRES AÑOS DE EDAD1
LAURA ISAZA VALENCIA, Mg. y GLORIA CECILIA HENAO LÓPEZ, Ph.D*
Recibido, abril 29/2010
Concepto evaluación, octubre 17/2010
Aceptado, febrero 23/2011
Esta investigación tuvo como objetivo estudiar el clima social de un grupo de familias y su relación con el desempeño en
habilidades sociales de 108 niños y niñas entre dos y tres años de edad. Se evaluó el clima social desde tres dimensiones:
relaciones, desarrollo y estabilidad, y el desarrollo social mediante seis repertorios conductuales. La investigación fue de
tipo descriptivo correlacional. Para evaluar el clima social familiar se utilizó la Escala de clima social, y para evaluar las
habilidades sociales, el Cuestionario de habilidades sociales. Se encontró que las familias cohesionadas, es decir, aquéllas
que presentan una tendencia democrática caracterizada por espacios de comunicación, expresiones de afecto y un manejo de
normas claras, son generadoras de un repertorio amplio de habilidades sociales; mientras que las familias con una estructura
disciplinada, caracterizada por acciones autoritarias de los padres, se asocian con un nivel más bajo de desempeño social en los
niños y niñas. Una situación similar se pudo evidenciar en las familias con una estructura sin orientación, caracterizada por el
poco manejo de normas claras y una gran manifestación de afecto y satisfacción de los deseos de sus hijos e hijas.
Palabras clave: Contexto familiar, clima social familiar, habilidades sociales.
THE RELATIONSHIP BETWEEN SOCIAL FAMILY CLIMATE AND SOCIAL SKILLS
PERFORMANCE IN BOYS AND GIRLS BETWEEN TWO AND THREE YEARS OF AGE
This research aimed to study the social climate of a group of families and its relationship with social skills performance of 108
children between the ages of two and three. Social climate was assessed from three dimensions: relationships, development
and stability; and social development through six social codes. The research was descriptive correlational. In order to assess
the family social climate, the Social Climate Scale was used; and to assess social skills, the Social Skills Questionnaire was
administered. Results showed that cohesive families, those with a democratic trend characterized by allowing communication
spaces, using expressions of affection and managing clear standards generate a wide repertoire of social skills; whereas families
with a disciplined structure, characterized by authoritarian actions of the parents, are associated with lower levels of social
performance in boys and girls. A similar situation was evidenced in families with a structure without orientation, characterized
by the limited amount of clear standards and a high expression of affection and satisfaction of their sons and daughters’ desires.
Key words: family context, family social climate, social skills
RELAÇÃO ENTRE CLIMA SOCIAL FAMILIAR E DESEMPENHO NAS
HABILIDADES SOCIAIS EM CRIANÇAS ENTRE DOIS E TRÊS ANOS DE IDADE
O objetivo desta pesquisa descritiva correlacional é estudar o clima social de um grupo de famílias e sua relação com o
desempenho em habilidades sociais de 108 crianças entre dois e três anos de idade. Estabeleceram-se três dimensões para avaliar
Grupo Desarrollo y diversidad. Carrera 56C Nro. 51-90, Centro. Medellín. [email protected] y [email protected]
Este artículo se deriva del proyecto de investigación desarrollado para el programa Joven investigadora e innovadora 2010, en la
Facultad de Psicología de la Universidad de San Buenaventura, Medellín.
LAURA ISAZA VALENCIA, GLORIA CECILIA HENAO LÓPEz
o clima social: relacionamentos, desenvolvimento e estabilidade. No desenvolvimento social se observaram seis repertórios
comportamentais. Para avaliar o clima social familiar se aplicou a Escala de clima social; para avaliar as habilidades sociais,
o Questionário de habilidades sociais. Verificou-se que as famílias coesas, ou seja, mostrando uma tendência caracterizada
por espaços democráticos de comunicação, expressões de afeto e aplicação de regras claras geram um amplo repertório
de habilidades sociais. Enquanto as famílias com uma estrutura disciplinada caracterizada por ações autoritárias dos pais
estão associadas a crianças com menor nível de desempenho social. Uma situação semelhante foi evidente em famílias sem
orientação, caracterizada pela aplicação limitada de regras claras e uma grande demonstração de afeto e satisfação dos desejos
Palavras-chave: Antecedentes familiares, clima social familiar, habilidades sociais.
Estudiar el desarrollo infantil implica conocer y considerar la influencia de múltiples factores, el niño y la niña
se encuentran influidos no sólo por componentes genético-hereditarios, sino a su vez, por componentes socio-culturales, donde se le da un papel primordial a los padres,
y más específicamente, a la manera de vincularse con sus
En la familia las acciones cotidianas se convierten en
prácticas de enseñanza-aprendizaje; de cómo se estructuren éstas se propicia un avance en el desarrollo de conductas sociales en los niños y las niñas, o por el contrario se
presenta el desarrollo y el mantenimiento de conductas disruptivas. Los factores familiares como, por ejemplo, fallas
en la disciplina temprana e inadecuada supervisión de las
actividades, aumentan en los niños y las niñas los riesgos
de comportamiento agresivo que en algunos casos podrían
llevar a la delincuencia en la adolescencia y la adultez. Así,
las privaciones y los excesos que muestran los padres en
sus repertorios básicos de conducta, cuando desempeñan
su papel, compone uno de los principales elementos garantes del origen del desarrollo y mantenimiento de los problemas de comportamiento de los niños y las niñas.
La familia y todos aquellos adultos que rodean al niño
y la niña ejercen una influencia notable sobre los procesos
de aprendizaje en la infancia; como agentes socializadores
y educadores estimulan en los niños y las niñas mediante
sus acciones y verbalizaciones cotidianas, el aprendizaje
de hábitos y repertorios fundamentales que les permiten
desenvolverse en la vida cotidiana e interactuar con los
diversos agentes presentes en los contextos sociales y
escolares en los que se ven inmersos (Stoolmiller, 2001,
Eisenberg, Losoya, Fabes,Guthrie, Reiser, Murphy, Shepard, Poulin y Padgett, 2001, Chang y Dodge, 2003).
Para este trabajo investigativo, se abordó la familia
desde una mirada ecológica y socio-cultural. La primera la considera como uno de los entornos primarios de
mayor influencia en el individuo; como un microsistema
caracterizado por el ínter- juego de actividades, roles y
relaciones presentes entre dos miembros de una familia.
Este tipo de relaciones de primer nivel, se convierten según Bronfenbrenner (1987) en el foco para comprender
los cambios evolutivos, tanto de los hijos y las hijas como
de los padres o adultos que conforman la familia. Según
la teoría de Bronfenbrenner (1987), la familia es el nivel más interno del esquema ecológico, que conlleva vías
de encuentro bidireccionales, que se caracterizan por la
presencia de un acercamiento físico directo y un clima
Desde la postura socio-cultural, los adultos que rodean
al niño y la niña, más específicamente los padres, llevan a
sus hijos e hijas a progresar en el aprendizaje. A partir de
sus acciones (verbales y no verbales) y sus relaciones, les
posibilitan un desarrollo al brindarles conocimientos y estrategias acerca del mundo circundante. Las interacciones
del niño y la niña con sus padres permiten el surgimiento
del desarrollo de las diversas dimensiones (cognitiva, comunicativa, socio-afectiva, corporal, estética, espiritual y
ética). Vigotsky (1979) plantea que las interacciones permiten en el proceso de desarrollo de los niños y las niñas
pasar de una zona de desarrollo real a una zona de desarrollo próximo, al desarrollar la capacidad de solucionar
independientemente una dificultad. Un ejemplo que permite comprender los progresos en las zonas de desarrollo
de los niños y las niña, sería el lenguaje, el cual se da en
un proceso de aprendizaje gradual, modelado por la cultura, donde a través de la resolución de diversos problemas
bajo la guía de un adulto o un compañero, el niño y la niña
logran cada vez más el aprendizaje de contenidos lingüísticos. En este proceso los niños y las niñas se ven retados
a diversas tareas y acciones en su cotidianidad en las que
no poseen conocimientos para realizarlas, por lo cual obtienen el apoyo externo para avanzar en éstos, logrando el
objetivo de la actividad. Las interacciones que construyen
los padres con sus hijos e hijas permiten por medio de una
participación guiada un proceso transferencial, en este los
padres poseedores de conocimientos y capacidades traspasan repertorios a sus hijos e hijas en la medida que impulsan el desarrollo (Rogoff, 1993).
RELACIONES ENTRE EL CLIMA SOCIAL FAMILIAR Y EL DESEMPEÑO EN HABILIDADES SOCIALES
Las funciones educadoras de la familia asumen los
procesos de socialización, donde los padres como principales protagonistas y generadores de escenarios de socialización impulsan a los niños y las niñas a construir bases
de competencia social (Cortés y Cantón, 2000, y García
y Román, 2003). Son muchos los estudios sobre la socialización en la infancia; entre los que se encuentran los
trabajos de Rothbaum y Weisz (1994), que exaltan la presencia de una fuerte asociación entre el tipo de relaciones
padres-hijos-hijas existente en la familia y el desarrollo
de los hijos e hijas. Como señalan Dumas y La-Freniere
(1993), en la familia los factores contextuales de apoyo
estimulan la adaptación y el ajuste del niño y la niña al
medio y su desarrollo de habilidades sociales, y a la inversa, los factores adversos crean la probabilidad de que
se desarrollen disfunciones conductuales.
Otro aporte de investigación sobre la familia en la que
se aprecia el reconocimiento de su importancia en la socialización de los hijos y las hijas, la hacen Lila (1994)
y Musitu y Cava (2001), donde resaltan que una de las
substanciales funciones de la familia es la socialización
de los hijos y las hijas, ya que el sistema familiar brinda
un espacio psicosocial en el que permiten a sus miembros
obtener y someter a prueba los componentes de la cultura
y los estándares sociales que facilitan su integración en la
sociedad. En la familia los niños y las niñas adquieren y
consiguen los valores, modelos, pautas y formas de conductas propias y ajustadas a la sociedad a la cual pertenecen; la familia presenta los diversos elementos propios de
la cultura, determinando en cierta medida el desempeño
social futuro. La socialización como proceso interactivo
mediante el cual se transfieren los contenidos culturales
que se incorporan en forma de conductas y creencias a
la personalidad de los seres humanos, requieren que el
niño y la niña actúen como sujetos activos, para poder
afirmar el aprendizaje de la estructura social en la que se
encuentran (León, Cantero y Medina 1998, y Musitu y
Cava, 2001).
La socialización en la familia se da a través de un complejo proceso de interacciones donde el niño y la niña asimilan conocimientos, emociones, actitudes y pautas que
definirán en cierta medida su estilo de adaptación y ajuste
al ambiente social. Desde esta mirada, la socialización es
un proceso de aprendizaje, más específicamente de aprendizaje no formalizado que se presenta de forma explícita a
través de las interacciones y de manera implícita mediante el modelado, la inferencia, la observación, y el ensayo y
error. La influencia que ejercen los padres sobre sus hijos
depende del grado de intimidad, de su implicación, del
apoyo social que proveen y del poder y autoridad dados
(McCall y Simmons, 1982, Lackovic-Grgin y Dekovik,
1990, y Blain, Thomson y Whiffern, 1993, Molpeceres,
Musitu y Lila, 1994, y Musitu y Allatt, 1994).
La familia posibilita el proceso de desarrollo de las habilidades sociales en sus hijos e hijas mediante diversos
mecanismos y estrategias, donde juega un papel esencial el
ambiente presente en el núcleo familiar. Éste es un determinante definitivo del bienestar, actúa como estructurador
del comportamiento humano y está inmerso en una compleja combinación de variables organizacionales, sociales
y físicas. El ambiente ha sido estudiado como clima social familiar, considera las particularidades psicosociales e
institucionales de un grupo familiar y retoma todo aquello
que se suscita en la dinámica familiar, desde su estructura,
constitución y funcionalidad (Moos y Trickett 1974, Guerra, 1993, Cortés y Cantón, 2000, y Kemper, 2000).
Diversos estudios que han abordado y analizado el
clima social familiar, resaltan las posibilidades que las familias de alta cohesión y expresividad y un bajo conflicto,
proporcionan a los niños y niñas, especialmente cuando
éstos presentan alguna dificultad o trastorno (Bonvehí,
Foros y Freixa, 1996; Espina, Pumar y Fernández, 2001;
Montiel-Nava, Montiel-Barbero y Peña, 2005). La dinámica que asume un grupo familiar genera cambios que se
ven reflejados en los componentes cognitivos, afectivos
y comportamentales de sus hijos e hijas. Son los factores
de cohesión, expresividad y organización familiar los que
guardan relación positiva con todas las áreas, especialmente con el auto concepto, mientras que la conflictividad
familiar es el factor que mantiene la relación negativa.
Una elevada cohesión, expresividad, organización, participación en actividades intelectuales e importancia atribuida a las prácticas y valores de tipo ético o religioso, así
como niveles bajos en conflicto, demuestran una elevada
adaptación social y emocional general en los niños, niñas
y adolescentes (Mestre, Samper y Pérez, 2001; Amezcua, Pichardo y Fernández, 2002; Vera, Morales y Vera,
2005). Aunque el clima social familiar según estos estudios desempeña un papel esencial en el desarrollo de los
hijos e hijas, no es un factor que determina, debido a que
confluyen múltiples factores de índole económico, social
y cultural que rodean al contexto familiar (Pana, 2001).
Tres dimensiones están insertas en el clima social familiar: la primera es la dimensión de desarrollo, la cual
apunta a los procesos de despliegue personal que se dan
y propician dentro de la familia Ésta comprende la autonomía que trata del grado en el que los miembros de la
familia están seguros de sí mismos, la actuación, que se
refiere al grado en el que las actividades se enmarcan en
una estructura orientada a la acción competitiva; lo intelectual-cultural, que significa el grado de interés en las
actividades intelectuales y culturales; la social-recreativa,
que mide el grado participación en actividades lúdicas y
deportivas, y la moralidad-religiosidad, definida por la
importancia que se da a las prácticas y valores de tipo
ético y religioso.
La segunda dimensión es la estabilidad, que se refiere
a la estructura y formación de la familia y a la manera en
que el control se ejerce entre sus miembros. Está formada
por la organización que evalúa la importancia que se da a
la planificación de las actividades y responsabilidades de la
familia, y el control o grado en que la dirección de la vida
La tercera dimensión se denomina relaciones, conformada por “el grado de comunicación y libre expresión dentro de la familia y el grado de interacción conflictiva que
la caracteriza” (Moos y Moos, 1981). Está formada por la
cohesión, que es el grado en que los miembros de la familia
se apoyan y ayudan entre sí; la expresividad, grado en que
se permite a los miembros de la familia expresar libremente sus sentimientos; el conflicto que es el grado en que se
expresan abiertamente la cólera, la agresividad y el conflicto entre los miembros de la familia Moos y Trickett (1974).
Estas dimensiones, su organización y dinámica caracterizan estructuras familiares cohesivas, disciplinadas
y sin orientación. Vera, Morales y Vera (2005) permiten
considerar que aquellas familias que presentan una estructura cohesionada, que hacen uso de un control normativo constante y claro, y una manifestación de afecto
y comprensión hacia sus hijos e hijas, logran un desempeño social estable y consistente en los niños, niñas y
­adolescentes.
Las habilidades sociales son las destrezas sociales necesarias para hacer eficazmente una acción interpersonal
(Caballo, 1993; Elliot y Gresham, 1991; Hundert, 1995,
Monjas, 2000). Al hablar del desarrollo de estas habilidades, se hace referencia al grado en que el niño y la niña
han adquirido un conjunto de habilidades comportamentales que posibilitan su adaptación a las exigencias del
medio social. Estas habilidades van desde la interacción
con pares y adultos hasta los procesos de autonomía, expresión y resolución de problemas (Amescua, Pichardo y
Fernández, 2002).
Las habilidades sociales se relacionan con diversas
dimensiones o componentes del contexto familiar. La estructura y organización de los padres o cuidadores posibilita el desarrollo de repertorios sociales que propician
la interacción y la adaptación en diversos contextos sociales (Camacho-Gómez y Camacho- Calvo, 2005; García, 2005). De cómo se desarrollen estos repertorios en el
contexto primario dependerá el éxito en las relaciones sociales posteriores, de las lecturas sociales y las respuesta
apropiadas de acuerdo a las situaciones y a las características personales (Adrian, Clemente y Villanueva, 2006),
El contexto familiar como una condición necesaria
para el desarrollo infantil, presenta un protagonismo esencial en la esfera educativa de sus hijos e hijas, ya que sus
acciones cotidianas se convierten en prácticas formativas,
que permiten un avance de los hijos en su desarrollo. Los
padres mediante la estructura y dinámica que crean en el
ambiente familiar a partir de sus acciones, verbalizaciones y relaciones, propician experiencias y repertorios a
sus hijos que se convierten en recursos y herramientas
para el desempeño social en los distintos contextos inmediatos y posteriores. De este planteamiento parte el interés
de preguntarse ¿cuál es el clima social familiar presente
en el grupo de familias de nivel socio-económico bajo,
medio y alto de la ciudad de Medellín con hijos e hijas entre dos y tres años de edad, y las habilidades desarrolladas
por sus hijos e hijas?, y ¿cuáles relaciones existen entre
los componentes del clima social familiar y el desempeño
en habilidades sociales de los niños y niñas entre dos y
tres años de edad? De esta forma se podrá contribuir a la
construcción de conocimientos estructurados y claros del
rol paterno en el desarrollo social, y generar, desde allí,
procesos y programas de prevención, promoción e intervención con los padres de familia.
Se realizó una investigación trasversal, descriptiva y
correlacional, ya que se caracterizó el clima social familiar
identificado en un grupo de 108 familias y el desempeño
en habilidades sociales de 54 niños y 54 niñas entre dos y
tres años de edad. Se compararon las variables de estudios
por género, edad y nivel socioeconómico, y se estudiaron
las relaciones presentes entre la variable clima social y habilidades sociales. Las familias pertenecían a los tres niveles socio-económicos de la ciudad de Medellín.
La muestra estuvo compuesta por 108 niños y niñas y
sus respectivas familias de nivel socio-económico bajo,
medio y alto de la ciudad de Medellín. La edad de los niños y niñas se encuentra comprendida entre los dos y tres
años (véase tabla 1).
Características socio-demográficas de 108 niños y niñas
Para la evaluación del clima social familiar se utilizó
la Escala de clima social familiar (FES) de Moos y Ticket
(1974), formada por 10 subescalas que describen tres dimensiones: relaciones, desarrollo y estabilidad.
Las habilidades sociales fueron evaluadas mediante el
instrumento creado por Monjas (2000) en el “Programa
de enseñanza de HHSS”. Este instrumento lo diligenciaron los padres y madres de los niños y niñas evaluados, a
partir 53 ítems en los que se evaluó la ausencia y presencia de cada conducta y su frecuencia. Este instrumento
evalúa seis habilidades sociales a partir de las conductas
que las constituyen: Habilidades básicas de interacción
social (sonreír, reír, saludar, presentaciones, favores, cortesía y amabilidad); habilidades para hacer amigos y amigas (reforzar a otros, iniciaciones sociales, unirse a juegos de otros, ayuda, cooperar y compartir); habilidades
conversacionales (iniciar conversaciones, mantener conversaciones, terminar conversaciones, unirse a conversaciones de otros, conversaciones en grupo); habilidades
relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones
(auto-afirmaciones positivas, expresar emociones, recibir
emociones, defender los propios derechos, defender las
opiniones propias); habilidades de solución de problemas
interpersonales (identificar problemas interpersonales,
buscar soluciones, anticipar consecuencias, elegir una solución, probar solución), y habilidades para relacionarse
con los adultos (cortesía con los adultos, refuerzo al adulto, conversar con el adulto, peticiones al adulto y solucionar problemas con adultos).
El instrumento permite evaluar el desempeño social
de los niños y niñas en este rango de edad, se hace desde
el análisis de los datos una lectura del desarrollo y el contexto. Ambos instrumentos fueron sometidos a un juicios
de expertos y una prueba piloto.
- Selección de la muestra: El marco muestral de 108
niños y niñas entre dos y tres años de edad y sus respectivas familias, se estableció por medio de un sorteo realizado en hogares de Bienestar Familiar, guardería, iglesias,
juntas de acción comunal y bibliotecas lúdicas de los tres
niveles socio-económicos de la ciudad de Medellín.
- Normalización de los instrumentos: Se realizó pilotaje y juicio de expertos del instrumento Escala de clima social de Moos y Ticket (1974) y del Cuestionario de
Habilidades sociales de Monjas (2000), con la finalidad
de revisar que el vocabulario original de estas escalas se
adecuen al contexto de la cultura colombiana.
- Motivación y vinculación de las familias: Se le infor­
mó a la comunidad de padres y madres de familia seleccionados en el proceso investigativo lo concerniente al procedimiento, el tipo de pruebas que se utilizarían, el tiempo
invertido por ellos y los resultados esperados de la investigación. Se presentó a cada familia el consentimiento informado aprobado por el comité de ética de la Universidad,
en la cual se especificaba que la participación en este estudio no representaba un riesgo para los padres y sus hijos e
hijas, a la vez que se resaltaba el anonimato en el estudio.
- Aplicación de instrumentos: la aplicación y la reco­
lección de datos se realizó durante un periodo de tres meses. Cada investigadora y auxiliar de investigación evaluó
veinte familias (padres e hijos), teniendo dos encuentros
por familia. La evaluación se realizó en el contexto f­ amiliar.
Se observa que en las variables que evalúan clima
social familiar (relaciones, desarrollo y estabilidad), los
puntajes obtenidos son mayores y cercanos al centil 50,
los cuales no fueron considerados como problemáticos si
se tiene en cuenta la medida de dispersión de cada una de
estas variables. Con relación a lo anterior, se considera
que las familias en los tres niveles socio-económicos se
encuentran en términos de relaciones, desarrollo y estabilidad en un nivel promedio, respecto a la presencia y
uso de cada uno de los componentes constitutivos de esta
variable (cohesión, expresividad, conflicto, autonomía,
actuación, intelectual-cultural, socio-recreativo, moralidad-religiosidad, organización y control) (véase tabla 2).
Socio-Recreativo
MoralidadReligiosidad
Descripción del clima social familiar de 108 familias según el nivel socio económico
D.E. = Desviación Estándar P = Percentil
Tras realizar la prueba paramétrica ANOVA, se encontraron diferencias significativas entre las familias de
acuerdo al nivel socio-económico respecto a las variables
desarrollo, autonomía, y moralidad-religiosidad. Para corroborar estas diferencias significativas se realizó la prueba Turkey, con la cual se encontraron diferencias entre el
nivel bajo y alto respeto a la variable autonomía (p<0,001)
y desarrollo (p<0,05). Con relación a las familias de nivel
medio y alto, se encontraron diferencias significativas en
la variable autonomía (p< 0,001), la variable moralidad
–religiosidad (p<0,05), y la variable desarrollo (p<0,05).
(véase tabla 3).
Se observa que en las variables que evalúan las seis
habilidades sociales, los puntajes obtenidos teniendo en
cuenta las variables género y edad son mayores y menores
al centil 50, los cuales se tuvieron en cuenta al considerar
la medida de dispersión de cada una de estas variables. En
relación con lo anterior podemos considerar que los niños
y las niñas de esta investigación, en términos de desempeño en habilidades sociales, se encuentran en un nivel
promedio, requiriendo desarrollar destrezas sociales que
serán alcanzadas mediante las experiencias que los padres
propicien en el contexto familiar (véase tabla 4).
Comparación del clima social familiar de 108 familias según el nivel socio económico
Moralidad religiosidad
Turkey bajo- medio
Turkey bajo-alto
Turkey medio-alto
p<0,001 * p<0,05 Gl Grados de libertad
Descripción de habilidades sociales de 108 niños y niñas según las variables socio demográficas: edad y género
Al comparar las seis habilidades sociales de los niños
y las niñas respecto al género (véase tabla 5), no se observan diferencias significativas (**p< 0.001,*p< 0.05), indicando que el desarrollo de las habilidades de inte­racción,
las conversacionales para hacer amigos y amigas, para
solucionar problemas interpersonales, relacionadas con
los sentimientos y para interactuar con los adultos, no se
explican por ser niño o niña.
Relaciones existentes entre el clima social familiar y las
La Tabla 6 muestra los resultados del análisis de correlación entre las variables de estudio. Se observa que las
correlaciones obtenidas entre el clima social familiar y las
habilidades sociales fueron las siguientes:
El conflicto establece una relación directa con tres
habilidades: básicas de interacción, para hacer amigos y
Comparación de las habilidades sociales de 108 niños y niñas según el género
Básicas de interacción social
Para hacer amigos y amigas
De resolución de problemas interpersonales
Para relacionarse con los adultos
** p<0.001 *p<0.05
Correlación de Spearman entre el clima social familiar de 108 familias y las habilidades sociales de sus hijos e hijas
- 0,302****
-0,206**
-0,315***
0,248******
-0,310****
Moralidad -Religiosidad
-.0,128
-.0,195**
amigas y las relacionadas con los sentimientos, emocio­nes
y opiniones. Esto indica que el conflicto presente ­entre los
miembros de la familia incrementa en los niños el desempeño social en diversas situaciones y contextos, posibilita
el inicio, desarrollo y mantenimiento de inte­racciones positivas y mutuamente satisfactorias con los pares y esti­
mula el desarrollo de manifestaciones ­asertivas. Por su
parte, la autonomía se relaciona de manera directa con dos
habilidades: para hacer amigos y amigas, y las relacio­
nadas con los sentimientos, emociones y opiniones, mostrando que a mayor presencia de procesos autónomos,
mayor desarrollo de habilidades de interacción con los
pares y construcción de expresiones de oposición y asertividad. Por último, el componente intelectual-cul­tural se
relaciona de forma directa y positi­va con la habilidad relacionada con los sentimientos, emociones y opiniones,
mostrando que a mayor presencia de espacios culturales y
académicos, más posibilidades tienen los niños y las niñas
de expresarse, tomar posturas críticas y asertivas.
La cohesión establece una relación negativa con las
habilidades básicas de interacción, lo cual indica que entre menor sea el grado en que los miembros de la familia
se apoyan entre sí, menor será la posibilidad de propiciar
en los niños y niñas el desarrollo de habilidades para relacionarse con los demás. Estas habilidades de interacción
social se asocian de igual manera con la expresividad y
el componente socio-recreativo y muestran que aquellas
familias que expresan en menor grado libremente sus
sentimientos, menos presencia de acciones de búsqueda
de interacción social alcanzan los niños y niñas. La cohesión se correlaciona negativamente con la habilidades
para hacer amigos y amigas, con las habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones y con
las habilidades de solución de problemas interpersonales,
permitiendo entender que entre menos la familia colabore
y se apoye entre sí, menor será la presencia de acciones
posibilitadoras que permitan establecer interacciones de
los niños y las niñas con sus pares, pocas serán las conductas interpersonales presentes en los niños y las niñas
que conllevan la expresión y defensa de los propios sentimientos y derechos, y pocas habilidades cognitivo- sociales que permiten la resolución de conflictos relacionados
con problemas interpersonales.
La relación negativa entre la expresividad y las habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y
opiniones, revela que entre menos los padres de familia
permiten a sus hijos e hijas expresar libremente sus sentimientos, menores serán las auto-afirmaciones positivas,
las expresiones emocionales, la defensa de los propios
derechos y opiniones en los niños y las niñas. La relación presente entre la cohesión con las habilidades de re-
solución de problemas y la interacción con los adultos,
indica que cuando los padres no presentan conductas y
verbalizaciones de apoyo y ayuda hacia sus hijos e hijas,
éstos manifestarán pocas habilidades cognitivo- sociales,
que se relacionan con la resolución de conflictos y pocos
repertorios para interactuar con adultos. La actuación se
correlaciona con la habilidad de solución de problemas
interpersonales, lo cual indica que entre menos estimulen
los padres las acciones de sus hijos e hijas, menos podrán ellos identificar problemas interpersonales, buscar
soluciones, anticipar consecuencias, elegir una solución
y probarla. Por último, el control y la habilidad para relacionarse con los adultos, muestra que entre menor sea el
grado en que la dirección de la vida familiar se atiene a
reglas y procedimientos establecidos, menor es la cortesía
del niño y la niña con el adulto siendo escasos los espacios de conversación.
Las posibilidades del desempeño social de los niños
y las niñas dependen en gran medida de las condiciones
que los padres o aquellos adultos que los rodean le proporcionen. El clima social familiar estructurado a partir
de las acciones e interacciones de los padres, viene a interferir en el despliegue social del niño y la niña, ya que
dependiendo de cómo sea este clima el niño y la niña reciben herramientas y recursos que les permiten adquirir
habilidades y repertorios necesarios para desempeñarse
socialmente y generar competencias de interacción, resolución de conflictos, lecturas y adaptación de situaciones
Esta investigación se centró en el estudio del entorno
familiar como contexto educativo y como fuente de estimulación para el desarrollo de las habilidades sociales;
hipótesis que coincide con la planteada por Moos (1974),
quien dentro de sus hallazgos logró instaurar asociaciones
entre la influencia de la relación y dinámica familiar con
el desarrollo social de los niños, niñas y adolescentes. Sus
hallazgos al igual que los encontrados por Vera, Morales
y Vera (2005) permiten considerar que aquellas familias
que presentan una estructura cohesionada, que hacen uso
de un control normativo constante y claro, y una manifestación de afecto y comprensión hacia sus hijos e hijas, logran un desempeño social estable y consistente en
los niños, niñas y adolescentes (Bonvehí, Foros y Freixa,
1996; Espina, Pumar y Fernández, 2001; Montiel-Nava,
Montiel-Barbero y Peña, 2005)
Las familias evaluadas presentan características propias de los tres climas familiares: familias disciplinadas,
familias cohesionadas y familia sin orientación; estruc-
tura y dinámica familiar que depende del contacto social
y cultural de los padres, del nivel educativo de éstos, de
las características de los miembros, de los estilos de inte­
racción presentes en los padres, de las situaciones familiares, pero sobre todo, de la lectura que los padres hacen de
las necesidades y desarrollo de sus hijos e hijas.
Las familias que se enmarcan en una estructura disciplinada presentan un conflicto permanente, manifestándose en poca unión entre los integrantes de estas familias.
Estas familias caracterizadas por un estilo de interacción
autoritario en los padres, evidencian conductas de control
y seguimiento de reglas, donde la organización y planeación de las diversas actividades familiares y sociales son
eje fundamental para los padres. Todo este control limita
la actuación autónoma de los hijos y las hijas, pero a su
vez exige un logro constante de metas en sus hijos e hijas
(Vera, Morales y Vera, 2005).
Las familias que presentaron dinámicas y organizaciones cohesionadas o también conocidas como equilibradas,
sobresalen por un clima de comunicación e interacción
constante y sobre todo por un crecimiento personal de sus
hijos e hijas. Estos padres buscan crear un ambiente que
estimule el actuar independiente, donde los niños y niñas
se motiven a proceder y expresar sus opiniones y sentimientos.
Las familias sin orientación se caracterizan por no
tener una orientación clara en las dimensiones de desarrollo, relaciones y estabilidad. Las familias con estas características son moralistas y expresivas, presentan bajo
grado de control, poca presencia de actividades intelectuales y un conflicto frecuente. Los integrantes de estas
familias son medianamente independientes, lo que significa que presentan esta conducta sólo en algunos casos y
cuando es conveniente para ellos. De ahí que el desarrollo de procesos autónomos y el manejo del conflicto de
manera adaptativa mediante el diálogo, el acuerdo y la
comprensión del otro no son estimuladas por las prácticas
En el proceso de desarrollo de la competencia social,
la familia presenta un papel muy relevante, ya que la motivación social que fundan los padres se asocia directamente con el desempeño social de los niños y las niñas.
De esta manera, la exposición a ambientes sociales novedosos y variados, de estructura más cohesionada, permite
el aprendizaje de habilidades sociales y disipa los temores
sociales iniciales. Por el contrario, padres estrictos, inhibidos y retraídos con tendencias más disciplinadas y sin
orientación, evaden acercarse a sí mismos y a sus hijos e
hijas a situaciones sociales. Así, los niños y niñas aprenden repertorios de habilidades sociales insuficientes, y
respuestas de inhibición y/o de evitación (Monjas, 2000,
Mestre, Samper y Pérez, 2001; Amezcua, Pichardo y Fernández, 2002; Vera, Morales y Vera, 2005).
Respecto a las habilidades sociales presentes en los
niños y las niñas evaluados, las cuales se refieren a las
conductas requeridas para relacionarse con los pares y
con los adultos de manera efectiva (Monjas, 2000), se encuentra que los seis grupos de habilidades están presentes
en todos los niños y las niñas, cambiando en la frecuencia
e intensidad, pero no existiendo una diferencia marcada
entre genero y edad. Los padres con estrategias más cohesionadas permiten mayor desarrollo de estas habilidades,
que padres con estructuras disciplinadas y sin orientación.
Habilidades sociales y clima social familiar
Habilidades básicas de interacción: El desarrollo de
las habilidades para relacionarse con las demás personas,
sean familiares, adultos o pares, se asocia con la dimensión
de relaciones del clima social familiar; de esta manera, el
grado de comunicación y flexible expresión dentro de la
familia y el grado de relación conflictiva que la caracteriza, presenta una relación con el desarrollo en el niño y la
niña de repertorios básicos esenciales para la interacción
con los pares y adultos en diversos contextos y situaciones
(Moos y Moos, 1981). Entre más un padre y una madre
genere espacios de comunicación y refuerce en sus hijos e
hijas cada intento de interacción o expresión, más propiciaran actos encaminados a conectarse con el otro por medio de verbalizaciones y acciones socialmente establecidas (sonreír, reír, saludar, presentaciones, favores, cortesía
y amabilidad). De acuerdo con Moos (1987), el conflicto
entendido como el grado en que los padres expresan y permiten enunciar abiertamente la cólera, la agresividad y el
conflicto entre los miembros de la familia, posibilita un
encuentro en los niños y las niñas con los otros más estable
y sano. Por otro lado, en la medida que los miembros de la
familia se presenta poco apoyo y ayuda entre sí, y cuando
la expresividad de sentimientos u opiniones es escasa, la
estimulación del desarrollo de habilidades de interacción
social es menor; es decir, no se genera o se frena la presencia de acciones de interacción social en los niños y las
niñas (Vera, Morales y Vera, 2005).
Habilidades para hacer amigos y amigas: Las habilidades para entablar y mantener amistades con los demás
niños y niñas se asocian con componentes de las dimensiones relaciones y desarrollo. Esto explica que entre más
los padres posibiliten una expresión y contención de situaciones conflictivas, más permiten que el niño o la niña
con sus pares enfrenten y manejen diversas situaciones
permeadas por una atmósfera de tensión (Vera, Morales y
Vera, 2005). Cuando los padres estimulan la presencia de
procesos autónomos e impulsan la independencia y toma
de decisiones en sus hijos e hijas, propician verbalizaciones y acciones fundamentales para el inicio, desarrollo y
mantenimiento de interacciones positivas y mutuamente
satisfactorias con sus amigos y amigas (Monjas, 2000).
Además, aquellas familias que no estructuran actos y situaciones de colaboración y apoyo entre sí, limitan los encuentros y avances de los niños y las niñas con sus pares.
Habilidades relacionadas con los sentimientos, emociones y opiniones: El desarrollo de las habilidades que
permiten manifestar y comprender los sentimientos, emociones y opiniones propias y de los demás, tiene una asociación con los componentes presentes en las dimensiones
de desarrollo y relaciones. Esto permite hacer la siguiente
lectura: aquellos padres que posibilitan en sus hijos e hijas
una expresión abierta del conflicto, niveles de independencia y libertad de decisión y actuación, y la vivencia de
espacios culturales, incrementan el desarrollo y presencia
de manifestaciones de auto-expresión, autoafirmación o
asertividad en los niños y las niñas. Igualmente, cuando
los padres limitan la expresión libre de los sentimientos
de sus hijos e hijas y manifiestan poco apoyo, restringen
derechos y opiniones en los niños y las niñas (Hundert,
Habilidades para relacionarse con los adultos: Las
habilidades necesarias por un niño y una niña para interactuar con los adultos significativos y no significativos
en diversas situaciones sociales, son impulsadas por los
padres cuando estos les brindan la posibilidad de participar en espacios de ocio y recreación. Por otro lado, cuando los padres apoyan poco a sus hijos e hijas, generan
en ellos una disminución en el desarrollo habilidades que
consienten la relación adecuada del niño y la niña con los
adultos, y entre menor sea el grado en que la dirección de
la vida familiar se atiene a reglas y procedimientos establecidos, menor es la cortesía del niño y la niña con el
adulto (Amescua, Pichardo y Fernández, 2002).
Habilidades de resolución de problemas interpersonales: La presencia de un contexto familiar que no posibilita
la relaciones entre sus miembros, al no presentar conductas y verbalizaciones de apoyo y ayuda, no estimulan las
actuaciones de éstos y éstas; dificultan la identificación de
los problemas interpersonales, el desarrollo de habilidades cognitivo- sociales, la búsqueda de soluciones, la anticipación de consecuencias y la elección de una solución
(Monjas, 2000, y Vera, Morales y Vera, 2005).
En conclusión, el clima social familiar con relación
a los factores de cohesión, expresividad y organización
familiar guardan una relación positiva con todas las áreas
sociales, estos son componentes presentes en las familias
cohesionadas de nuestro estudio caracterizadas por una
estructura y dinámica democrática. El conflicto familiar
es el factor que mantiene la relación negativa, siendo un
componente que permea la cotidianidad y las relaciones
entre las familias disciplinadas y sin orientación. Estos
resultados coinciden con el estudio de Amezcua, Pichardo
y Fernández (2002), en el que las familias evaluadas que
presentaron un elevado nivel de cohesión, expresividad,
organización, participación en actividades intelectuales
e importancia atribuida a las prácticas y valores de tipo
ético o religioso, así como niveles bajos en conflicto, demostraron una elevada adaptación general.
Las diferencias entre unas familias y otras se hallan
en el marco de una propuesta ecológica, en esta los determinantes culturales, sociales y familiares influyen y
permean los contextos en que los niños y las niñas se desarrollan. Entre los factores relacionados con las familias
y la acción de los padres, el que más se asocia con el clima
social familiar ha sido la clase social, variable entendida
como combinación de otros elementos (nivel educativo,
profesión, nivel de ingresos, calidad de vivienda). Estas
diferencias, permiten identificar que no sólo las actitudes
de los padres hacia la crianza, los rasgos de personalidad
de los padres, el tipo de vinculo y el estilo de interacción
presente entre padres, hijos e hijas, se relacionan con el
desarrollo y el aprendizaje de conductas adaptativas o
desadaptativas en los niños, sino también, las estructuras
organizativas y dinamizadoras del clima familiar, que se
encuentran determinadas por las costumbres que se transfieren de generación en generación desde lo cultural.
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