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Timestamp: 2020-04-05 20:49:34+00:00

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Era lo justo. Producción de periferia en Santiago de Chile en los años cincuenta*
It was the Fair Thing to do. Production of Peripheral Areas in Santiago, Chile, 1950’s
Era o justo. Produção de periferia em Santiago do Chile, nos anos cinquenta
Paula Rodríguez Matta ** paularm@sitiosur.cl
DOI: https://dx.doi.org/10.12804/territ32.2015.05
Resumen: Para dar cuenta de los resultados de una investigación de las formas de producción de espacio urbano en la periferia de Santiago de Chile, se analizan dos poblaciones, construidas a fines de la década de los cincuenta, en el marco de la teoría de producción del espacio de Lefebvre (2013). Se trata de La Victoria y San Gregorio, dos muy buenos ejemplos de la aparición de nuevos sujetos en el espacio urbano de mediados del siglo pasado, y de sus modalidades de producción social de espacio urbano en la periferia de Santiago. El objetivo que buscaban estas poblaciones era que sus habitantes fueran reconocidos por el Estado como residentes urbanos formales de la ciudad, para lo cual aspiraban a un trato justo.
Palabras clave Producción de espacio urbano, periferia, pobladores, derecho a la ciudad, Santiago de Chile.
Abstract: This paper presents the results of an investigation intended to disclose the various forms through which urban space has been produced in Santiago’s outer limits. With that purpose in mind, two settlements built by the end of the 1950s were analyzed following Lefebvre’s theory of production of space (2013): La Victoria, and San Gregorio. They both constitute appropriate examples of emerging new agents in urban space in Chile during the 1950s, and of their ways of producing urban space in Santiago’s periphery, methods whose objective was to gain State recognition as formal urban settlers, a status they aspired to achieve through a fair deal during the process.
Keywords: Production of urban space, urban peripheral areas, urban settlers, right to the city, Santiago, Chile.
Resumo: Para dar conta dos resultados de uma pesquisa em torno às formas de produção de espaço urbano na periferia de Santiago do Chile, se analisam suas populações construídas a fins da década dos anos cinquenta, no marco da teoria de produção do espaço, de Lefebvre. Trata-se de La Victoria e San Gregorio, dois bons exemplos da aparição de novos sujeitos no espaço urbano de mediados do século passado, e de suas modalidades de produção social de espaço urbano na periferia de Santiago, nas que o objetivo que buscava-se era ser reconhecidos pelo Estado como residentes urbanos formais da cidade, para conseguir um trato justo.
Palavras-chave: Produção de espaço urbano, periferia, povoadores, direito à cidade, Santiago do Chile.
1.1 La aparición de nuevos sujetos en el espacio urbano
A mediados del siglo XX, la población de Santiago aumentó de manera inédita, producto de las migraciones rurales. Los motivos pudieron ser la necesidad de encontrar trabajo, que inducía a que hombres y mujeres llegaran a las ciudades donde se concentraban las actividades industriales, en el marco de los procesos de industrialización sustitutiva de importaciones; o las crisis en la producción agraria (Schteingart & Torres, 1973). Pero también podían decidir dejar sus casas en el campo por el deseo de cambiar el rumbo, salir a recorrer; por la nostalgia de los que partieron primero o para dejar atrás situaciones injustas en sus trabajos. Este era el caso de los peones torrantes, los que salían de sus casas a recorrer la huella en busca de diferentes labores (Falabella, 1970). 1
1.2 La resolución de la necesidad de vivienda de los nuevos sujetos
Los migrantes que llegaron a Santiago se encontraron con una ciudad fuertemente diferenciada en un patrón urbano segregado (Espinoza, 1988): la ciudad de altos ingresos y la ciudad de bajos ingresos (Ramón de, 2000). En ella, los recién llegados resolvían su necesidad de vivienda de manera formal o informalmente (Ramón de, 1990; Schteingart & Torres, 1973).
Grosso modo, hasta la década de los años cincuenta predominó la vía formal para la resolución de la necesidad de vivienda, esto es, con modalidades habitacionales reguladas tanto por el Estado como por profesionales y técnicos. En esta modalidad, se incluye el arriendo de sitios (con un contrato denominado “arriendo a piso”), arriendo de piezas en conventillos o cités o en edificios deteriorados; inquilinatos o el pago de título de propiedad en viviendas construidas por políticas de vivienda obrera. Desde la década del cincuenta y hasta la del setenta prevaleció el modo informal, por medio de tomas y ocupaciones de terrenos (de Ramón, 1990). Es decir, la ocupación de terrenos en los bordes de los ríos, en los límites urbanos o en espacios intersticiales con construcción de viviendas precarias sin servicios urbanos.
Si bien, estas modalidades —la formal y la informal— se diferencian en los actores que comparecen y las acciones que se llevan a cabo para producir socialmente espacio urbano, lo que se debe tener en cuenta es que, en el caso chileno, el modo informal no era una acción que se cerraba en sí misma para constituir un habitar al margen de la normativa, sino que se iniciaba como un proceso en el que se buscaba ser reconocido por el Estado como habitante formal de la ciudad.
Durante la mayor parte del siglo XX, se movilizaron y convergieron diversos actores para la resolución de la necesidad de vivienda de las personas de menores ingresos, los cuales configuraron distintas capas del espacio urbano, lo que dio lugar a una ciudad en conflicto, agitada y viva. Entre ellos, los siguientes:
El Estado y sus agencias, que trataban de ubicar a los grupos marginalizados en los límites o en la periferia de la ciudad. Sus acciones se orientaban hacia los sectores con capacidad de ahorro (modo formal de resolución de la necesidad) (Hidalgo, 2002, 2004). Para los sectores sin esta capacidad, las políticas urbanas se restringían a fijar límites urbanos, prohibir las ocupaciones de terreno y otras acciones de control.
Los partidos de adscripción marxista y sus cuadros políticos, que intentaban producir centralidad, en los términos que establece Lefebvre (1978, 1983, 2013).
Las organizaciones de pobladores, en torno a la reivindicación del derecho a la vivienda, que no aparecieron como un bloque único sino en dos grandes modalidades diferenciadas en el tiempo (Castells, 1973; de Ramón, 1990). Primero, la organización de arrendatarios en comités y la ocupación de terrenos, que predominó hasta mediados del siglo XX; y luego, desde los años cincuenta y hasta los setenta, lo que se vio fue la emergencia del denominado Movimiento de pobladores, el cual formó parte de la sobrepolitización del país durante esas dos décadas (Castells, 1973; Urrutia, 1972).
1.3. La relación con el Estado: era lo justo
Las poblaciones que se analizan en este artículo, La Victoria y San Gregorio, dan cuenta de una característica significativa en el modo de producción de espacio en la periferia de Santiago: la necesidad de los pobladores de ser reconocidos por parte del Estado. Una de las luchas de los pobladores era que los ministerios sectoriales (primero el Ministerio de Obras Públicas, MOP, y luego el Ministerio de Vivienda, Minvu) les permitiesen pagar el valor total del sitio en cuotas y así establecer una relación formal con el Estado. Pero, lo que se debe tener en cuenta en los dos casos de poblaciones que aquí se revisan, es que el dinero que los pobladores destinaban para pagar las cuotas era comprendido como un contrato entre las personas y el Estado. Las cuotas no expresaban, de acuerdo con los pobladores, el valor de sus viviendas ni eran expresión material del tiempo o el trabajo que habían dedicado en sus viviendas, o de las emociones objetivadas en la construcción de sus casas.
2. Modos de producción de periferia
Como se indicó, los casos que se presentan son dos (ver figura 1). El primero es el de la población La Victoria, actualmente en el municipio de Pedro Aguirre Cerda, la cual fue la primera ocupación de terrenos organizada y masiva en América Latina, y en Chile, en el año 1957; se trata de autoproducción con asistencia técnica de cuadros políticos (marxistas) universitarios. El segundo, la población San Gregorio, en el municipio de La Granja, que fue la primera población construida por la Corporaciónde la Vivienda (Corvi), del Ministerio de Obras Públicas (MOP), con el principio del mínimo habitable, a fines de los años cincuenta; se trata de un caso de autoproducción con asistencia de agencias del Estado.
Plano del Gran Santiago con ubicación de las poblaciones
Nota: Población La Victoria, en el municipio de Pedro Aguirre Cerda. Población San Gregorio, en el municipio de La Granja.
Fuente: elaborado por Ximena Salas (2012).
Para analizar la producción de periferia en ambos casos, se optó por la teoría de producción del espacio de Lefebvre (2013). En el siguiente apartado se presenta una breve síntesis de los conceptos que se relevan de dicha teoría.
2.1 Teoría de producción del espacio, dimensiones y niveles
Lefebvre (2013) es el responsable de la teoría de producción del espacio. Su gran aporte es, justamente, señalar que el espacio se produce socialmente, que envuelve relaciones sociales, que es producido por personas.
Las personas, de acuerdo con Lefebvre (1978, 1983, 2013), sueñan, desean y tienen necesidades de centralidad. De esta manera, el autor introduce lo subjetivo en su teoría de producción del espacio. 2
Con este encuadre teórico, a fin de conocer los modos de producción del espacio en la periferia de Santiago, se aplica el eje diacrónico que aparece en La revolución urbana (1983), el cual permite distinguir entre los grados 0 y 100 de urbanización. Sobre este eje, Lefebvre (1983, 2013) superpone un cuadrado sincrónico, en el cual señala tres niveles (Global, Mixto y P, para ‘habitar’). Esta es una consideración metodológica para trazar ejes y cuadros, al ordenar “los discursos confusos concernientes a la ciudad” (Lefebvre, 1983, p. 84).
2.1.1. Eje diacrónico
Este eje permite situar las relaciones y transformaciones entre el campo y la ciudad, y hace que se fije la atención en cómo se desplaza la formalización, realización y participación de la plusvalía desde el campo a la ciudad. Como indica Lefebvre (1983), si no se alcanza el ciento por ciento de urbanización, no se cumple la utopía. Este incumplimiento implica la aparición de la ciudad capitalista —actualmente la ciudad de la reestructuración neoliberal del capitalismo—.
2.1.2 Niveles del espacio
Sobre el eje espacio temporal, Lefebvre (1983, 2013) establece los niveles del espacio (G, M y P).
El primer nivel es el G, el espacio de lo global. Se trata de los espacios públicos (como templos, edificios políticos y administrativos, entre otros). En este nivel se incorporan las relaciones más abstractas (mercados de capital y políticas de espacio), y se concreta en construcciones, estructura vial y tejido urbano. Es el nivel del Estado, del poder y de la ideología.
El segundo nivel es el M, el de los espacios mixtos, los espacios intermedios (como arterias, áreas de transición y plazas). Es el nivel de la ciudad, de las formas-funcionesestructuras. Estas últimas pueden ser de dos tipos: morfológicas (calles, plazas, barrios, edificios) y sociológicas (edades, sexos, dirigentes, dirigidos).
El tercer nivel es el P, el del habitar. Este nivel no puede ser definido como microsocial en oposición a macrosocial. No es el lugar de la economía a menor escala o de los agentes, como la familia, los vecinos o el de las relaciones primarias. No se refiere al hábitat, sino a, como está dicho, el acto de habitar. “Habitar es apropiarse de un espacio”, como lo indica Lefebvre (1975, p. 210). Con la definición de este nivel, Lefebvre incluye claramente lo subjetivo en el análisis de la producción del espacio, al hablar de sentimientos, sueños y deseos.
Lo urbano es la unidad de los tres niveles, pero con el nivel P (el habitar, los sueños, el deseo), en relación de predominio por sobre los otros dos (Lefebvre, 1983). Estos tres espacios (G, M y P) no son excluyentes.
2.2. Población La Victoria
Como señala Lefebvre (1979, pp. 234-236), el lenguaje cumple una función importante en la vida cotidiana, que es el lugar de la praxis, de la producción en un sentido amplio; y por ‘praxis’ se entiende tanto la acción como las actividades, que son motivadas por la ideología, donde las personas pueden modificar sus vidas. Marx (1845) señala en la Tesis sobre Feuerbach que “La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica”. 3
La historia de La Victoria es un ejemplo de lo señalado: es un espacio producido y estructurado cotidianamente por la memoria de la toma de terrenos (ver figura 2). Los vecinos dicen estar muy conscientes de que la población se llama La Victoria por la lucha, “porque luchamos mucho y porque vencimos, por eso se llama La Victoria” (Adriana, comunicación personal, septiembre de 2012). 4
La toma de La Victoria se llevó a cabo a fines de octubre de 1957. Fue apoyada por cuadros políticos universitarios de adscripción marxista, antes de que emergiera un movimiento masivo de pobladores, guiado por partidos políticos también de adscripción marxista (CIDU, 1972; Duque & Pastrana, 2009; Castells, Chadwick, Cheetham, Hirane, Quevedo, Rodríguez, Rojas, Rojas & Vanderschueren, 1973).
La mayoría de las familias que invadieron la chacra La Feria, 5 lugar donde se instaló la toma de lo que hoy es la población La Victoria, provenían de las orillas del Zanjón de la Aguada, un canal de 5 km de largo, que cruza la ciudad de oriente a poniente, ubicado en el límite sur del municipio de Santiago. Ahí, desde los años cuarenta, numerosas familias y personas habían construido viviendas precarias (las “poblaciones callampa”).
En el Zanjón existía una gran cantidad de comités de sin casa, cada uno de los cuales podía agrupar a cien o doscientas familias. Por otra parte, en 1948 se había formado el Frente Comunal de la Vivienda de San Miguel, el cual le había propuesto (sin resultado) al gobierno la compra del terreno de la chacra La Feria (Grupo de Trabajo La Victoria, 2007). El gobierno desestimó esta y otras peticiones de los comités y organizaciones de pobladores, no porque no quisiera urbanizar el terreno agrícola de la chacra, sino porque iba a destinar ese terreno a la construcción de viviendas sociales para personas de menores ingresos con capacidad de ahorro, aprovechando que estaba ubicado en las cercanías del Aeródromo de Cerrillos, el antiguo aeropuerto de la ciudad.
Fuente: elaborado por Ximena Salas.
Durante casi una década, los comités y organizaciones siguieron buscando terrenos. Así fue, hasta octubre de 1957, cuando se produjo un gran incendio en el Zanjón que destruyó doscientas viviendas. En esas circunstancias, se decidió que la ocupación de la chacra se iba a llevar a cabo.
Algunos días antes del 30 de octubre, los pobladores del Zanjón empezaron a juntar pedazos de tela entre los vecinos, trapos sin uso, para ponerlos en las ruedas de los carretones y en las patas de los caballos, porque iban a pasar por una calle de adoquines y estos resuenan. Comenzaron a pasarse la voz entre los vecinos, para sumar personas y familias a la toma. Ingresaron a la chacra por la avenida San Joaquín, “como en una romería” (María, comunicación personal, marzo 2012). El primer grupo que llegó estaba compuesto por quinientas familias, aproximadamente. Esta fue la noticia que se escuchó en la 12a Comisaría de Carabineros y fue el motivo por el cual enviaron policías a caballo, con el mandato de impedir la invasión y arrestar a los invasores.
La policía entró al galope. “Calcule que los carabineros llegaban a caballo en la noche, pegándole a la gente, y la gente luchando a palos, con piedras. Los carabineros, meta palos con la gente” (Augusto, comunicación personal, septiembre 2012). Aunque la policía reprimió violentamente, la invasión no se detuvo. Los pobladores siguieron ingresando en el terreno por distintos lados, hasta llenar todo el sitio. Cada uno montaba su carpa, su ‘ruca’. “Nadie llegó a una casa en la toma” (María, comunicación personal, marzo 2012). En la tarde del 31 de octubre, ya se contaban cerca de 2500 familias y casi 10000 personas ocupando el lugar. Cuando la policía vio que había niños y ancianos, no siguió reprimiendo, pero empezó a prohibir la entrada y la salida del terreno tomado (Farías, 1989). Por su parte, los pobladores comenzaron a organizarse para impedir que la gente siguiera llegando, porque el espacio no era suficiente para todos:
Cuando recién nos tomamos esto, había que hacer guardia. La gente quería seguir llegando y el espacio ya no alcanzaba. Había que hacer guardia en toda la población, por comités, para que la gente no entrara a quitarnos los sitios. Luchamos, oiga, a brazo partido, hasta que nos quedamos con los terrenos. Ahí nos ayudaron los hermanos Palestro. Luchábamos contra Carabineros y [nos ayudaba] la Iris Figueroa (Augusto, comunicación personal, septiembre 2012). 6
En la chacra no había agua potable, no había luz. “Había puro barro, pura inmundicia, puro yuyal” (María, comunicación personal, marzo 2012). Al mismo tiempo que las familias se instalaban, los dirigentes de los comités comenzaron a reunirse, a organizar la primera directiva de la población.
2.2.1 Los pobladores de La Victoria y las funciones del Estado
En ausencia del Estado, los pobladores de La Victoria suplieron las funciones y agencias estatales, el Nivel G, el nivel del Estado, que plantea Lefebvre (1983). Formaron comisiones (vigilancia, salud, etcétera.) con delegados; se constituyeron por bloques con presidente, secretario y tesorero. Tuvieron reuniones todas las noches, las que duraban hasta la madrugada, ocasiones en que recibían la ayuda y dirección de cuadros políticos y estudiantes universitarios (Farías, 1989).
Junto con estudiantes universitarios, los pobladores comenzaron a urbanizar, a producir el nivel M (el equipamiento, lo que es propiamente urbano). El proyecto original de la trama de la población incluía escuelas, espacios públicos, policlínicos, sedes sociales, centros comerciales, pero debió ser modificado porque se incrementó el número de sitios necesarios para viviendas. Finalmente, se trazaron sitios de 16 m por 8 m y se desecharon los espacios públicos, los centros comerciales, entre otros equipamientos urbanos.
Se construyeron calles y veredas, se escogieron los primeros nombres de calles. Entre todos los vecinos construyeron la primera escuela, que era de forma redonda y de adobe. Los pobladores también levantaron las primeras viviendas, del mismo material que la escuela.
Entonces, cuando ya estábamos listos, había que construir. Yo llegaba, trabajaba por turnos y en el turno que estuviera, yo me acomodaba. Si trabajaba de tres a once, me levantaba a las siete, picaba mucha tierra, le plantaba paja y la pisaba. La dejaba ahí hasta el otro día. Al otro día, cuando llegaba, cortaba todo lo que le salía y al otro día igual. Cuando yo tenía los adobes listos para levantar las piececitas que hay ahí. De a poco Dios nos comenzó a dar e hice la [casa] de ladrillos (Augusto, comunicación personal, septiembre 2012).
En 1958 consiguieron que la Corvi los encuestara, para distribuir los sitios de acuerdo con la ley. El año siguiente lograron que el Estado reconociera el campamento, mediante la entrega de títulos de dominio por parte de la Corvi (Garcés, 2002).
La escuela redonda, que habían construido en la población, fue reconocida por el Ministerio de Educación (Mineduc) en 1959. Los pobladores comenzaron a pagar la cuota Corvi, entendiendo el dinero como una objetivación de las relaciones sociales; en este caso, entre ellos y el Estado, como “prenda de garantía social” (Marx, 1971). Pero, como lo indica el autor en la obra citada, el dinero solo puede tener carácter de garantía social porque las personas “han enajenado, bajo la forma del objeto, su propia relación social” (Marx, 1971, p. 88). 7
Los pobladores también construyeron el primer policlínico de la población. Por el año 1961 o 1962, llegó el agua potable. “Todo eso fue a un sacrificio de nosotros de poner las cañerías” (Alicia, comunicación personal, marzo 2012). La población La Legua les regaló los primeros postes de luz, que eran de madera, los que no han sacado para que sigan de recuerdo. La primera luz que tuvieron, la robaban a Ferrocarriles del Estado. Tuvieron red de alcantarillado entre los años 1968 y 1970.
El terreno tomado está ubicado al sur del Zanjón, en ese entonces en el municipio de San Miguel. En 1957 la chacra de La Feria —localizada en el límite urbano de la ciudad, al sur del municipio de Santiago— fue la periferia dislocada a la que hace referencia Lefebvre (1983, 2013). Después de la división municipal, implementada durante la dictadura militar a partir de mediados de los años setenta, La Victoria se encuentra en el municipio de Pedro Aguirre Cerda, a media hora del centro tradicional de la ciudad.
2.2.2 La cuota Corvi: el sustrato del contrato con el Estado
“Teníamos que pagar después, porque era lo justo […] la pagábamos [la cuota Corvi] mensual, al lado de Carabineros […]. Nos costó como $ 600 este sitio, $ 600 de la época”. Augusto, comunicación personal, 2012
En el año 1959 se crearon los Depósitos de Ahorro para la vivienda Corvi, ahorros que se expresaban en cuotas (la cuota Corvi). El valor de la cuota Corvi se ajustaba anualmente, de acuerdo con el Índice de Sueldos y Salarios (ISS) del año anterior, y no podía ser más alto que el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El ahorro necesario para postular a una vivienda social se medía en cuotas Corvi. Una vez que se adquiría el préstamo (de acuerdo con una tabla en la que se incluía el ahorro previo del postulante, el tipo de casa que buscaba y los años en que se saldaría el préstamo), las deudas se reajustaban anualmente, de acuerdo con el ISS (Corporación de la Vivienda, 1959). Las cuotas Corvi fueron una medida para hacer frente al incremento desmedido y continuado de los precios de las viviendas, los dividendos y los arriendos, pero también para prevenir el lucro en la compraventa y el arriendo de viviendas sociales, porque la Corvi arrendaba o vendía viviendas sociales. 8
Por lo general, los entrevistados, de la primera generación llegada a las poblaciones La Victoria y San Gregorio, señalaron que la cuota Corvi era razonable y que no expresaba lo que les había costado su casa. Ninguno de ellos, por ejemplo, perdió su vivienda por no haber podido pagar la cuota, como sí ocurrió con los beneficiados por la Ley de Habitaciones Baratas (1925). Si tenían un trabajo formal, con contrato, podían optar a que les descontaran la cuota Corvi de la planilla de pago mensualmente. Algunos de los entrevistados, si bien tenían trabajo estable y con contrato, preferían pagar ellos la cuota y no que se la descontaran de la planilla de pago.
En el año de la toma La Victoria, aún no existía el Minvu. El Estado chileno resolvía los asuntos urbanos mediante la Corvi, que dependía del MOP. Solo en el año 1965 se creó el Minvu, entre cuyas funciones estaba coordinar cuatro instituciones privadas: la Corvi, la Corporación de Mejoramiento Urbano (Cormu), 9 la Corhabit y la Corporación de Obras Urbanas (COU). En los primeros años del Minvu, la acción de estas cuatro instituciones estuvo orientada, entre otras funciones, a entregar asistencia para la autoconstrucción.
El modo formal de producción se tradujo en una relación contractual entre los pobladores de La Victoria y diferentes agencias del Estado, con asignación de deberes y derechos. Estos no siempre se cumplieron, por lo que los pobladores suplieron las funciones y acciones de las agencias estatales con la ayuda y mediación de cuadros políticos y técnicos. En las situaciones en que el Estado no cumplía con sus deberes, cuadros políticos y técnicos, y las iglesias, crearon o produjeron redes secundarias que eliminaron tensión en las familias y en las personas en la resolución de sus necesidades de vivienda, de ciudad. Lo anterior fue muy evidente en el caso de La Victoria: todos los pobladores dicen que lucharon mucho, pero que también recibieron mucha ayuda. Dicen —y se esfuerzan por no olvidar algún nombre— que los defendieron funcionarios municipales, cuadros políticos del Partido Comunista y congresistas de izquierda (Garcés, 2002). Señalan que todos ellos hacían la guerra para que no los sacaran, que el cardenal José María Caro intervino por ellos frente a Carlos Ibáñez del Campo, Presidente de la República en ese momento. Estos dos actores (los partidos políticos y la Iglesia) mediaron constantemente las relaciones entre la toma, la posterior población, y el Estado (Espinoza, 1988).
2.2.3 Análisis de La Victoria a partir de los niveles y dimensiones del espacio
Como se observa en la figura 3, se han distinguido dos fases críticas en la historia de La Victoria, dos momentos en los cuales ya no sirven los antiguos conceptos y se crean nuevos: (a) el momento en que las personas migran del campo a los márgenes de la ciudad o construyen poblaciones callampa en los márgenes de la ciudad por el encarecimiento de los arriendos, entre otros motivos; (b) la toma de terreno y las luchas por conseguir una vivienda, pero en los márgenes de la ciudad.
En la primera fase crítica se distingue: (a)El Nivel P (habitar, sueños, deseos), se encuentra en fase activa (P+). Se trata de las migraciones del campo a la ciudad con el objeto de mejorar las condiciones laborales y remuneración “yo salí a andar, a disfrutar de la vida y a sufrir”, (Augusto, comunicación personal, septiembre 2012); aunque ese sueño no se cumple en todas las ocasiones, es el que guía las acciones y decisiones de las personas. (b) El Nivel M (equipamiento urbano) está en fase recesiva (-m), se trata de familias o de personas que viven allegados, construyen viviendas precarias y sin equipamiento urbano, en los márgenes de la ciudad (el Zanjón de la Aguada), en cités en el centro o en poblaciones en otros municipios. Si bien, las condiciones materiales no son las óptimas, reconocen aspectos positivos en sus vidas, todos ligados al Nivel P (deseos, sueños). (c) El Nivel G está en fase recesiva: el Estado dispone de los medios para responder a las necesidades de vivienda y de ciudad de quienes habitan en el Zanjón, no le interesa darle solución a estos o su interés es ubicarlos en el límite de la ciudad.
En la segunda fase crítica se distingue: (a) La ausencia de Nivel M (-m), que se manifiesta en la ausencia de equipamiento urbano, puesto que se trataba de terrenos agrícolas que rápidamente van urbanizando con el apoyo de cuadros técnicos y políticos, los que también median las relaciones entre los pobladores y el Estado; (b) La preponderancia del Nivel P (+P), que se manifiesta en los sueños y el deseo de “una casita, un terrenito, algo para levantar una pieza al menos” (Juan, comunicación personal, septiembre 2012); y (c) El Nivel Global (-g), el Estado y la ideología se hacen presentes mediante la represión policial, los golpes y la violencia hacia las personas que ingresan a la chacra.
Fuente: elaboración propia sobre la base de Lefebvre (1978, p. 91-92), Lefebvre (1983, p. 29-51) y Lefebvre (2013, p. 204).
2.3 San Gregorio
Lefebvre (1991) dice que la planificación urbana espacial es una de las formas en que el capitalismo se produce y reproduce, lo que también se manifiesta en la vida cotidiana.
El Estado chileno comenzó a construir la población San Gregorio el año 1959, en el municipio de La Granja, ubicado al sur de la ciudad (ver figura 4). El origen de la población está relacionado con la masividad y organización de la toma de terreno de La Victoria.
Plano San Gregorio
San Gregorio fue (a) un plan de vivienda del Estado para responder a las presiones por vivienda de las personas y familias de menores ingresos y (b) una de las estrategias que adoptó el Estado chileno para impedir nuevas ocupaciones de terreno (Aravena, Forray & Márquez, 2008), y erradicar las poblaciones callampa del Zanjón de la Aguada —“estaba lleno el canal ese, lleno, lleno de gente por ambos lados, a la orilla del canal, viviendo ahí; todos éramos pobres, pobres”, (Inés, comunicación personal, julio 2012)— y de las riberas del río Mapocho (Garcés, 2002), entre otros lugares de la ciudad.
2.3.1. El mínimo habitable
Hasta principios de los años cincuenta, en Chile, la construcción de viviendas obreras se había llevado a cabo mediante cuatro instrumentos del Estado para incentivar a las empresas constructoras de viviendas obreras: la Ley de Habitaciones Obreras; la Ley de Habitaciones Baratas; la Ley 5950, mediante la cual se creó la Corhabit; y el Decreto N° 537, que imponía la obligación a las cajas de previsión de invertir en vivienda social. 10 Pero la presión por vivienda por parte de sectores que no contaban con capacidad de ahorro superaba ampliamente las propuestas del Estado (Pastrana & Threlfall, 1974). La respuesta estatal fue, en 1953, la creación de la Corvi, dependiente del MOP, y se comenzó a hablar de planes de vivienda. 11
2.3.2. Autoconstrucción con asistencia de agencias del Estado
San Gregorio fue planeada por la Corvi a fines de 1957, durante el gobierno de Ibáñez (1952-1958), pero se llevó a cabo como parte de la nueva política habitacional del siguiente gobierno (Jorge Alessandri, 1958-1964). Esta era El Decreto con Fuerza de Ley 2 (DFL 2), del 31 de julio de 1959, sobre Plan habitacional, contenía definiciones de lo que se entendería por vivienda social (metros cuadrados construidos, estructura de las casas, características de los emplazamientos), modos de financiamiento, agencias estatales encargadas de los loteos y traslados de pobladores, entre otros (Bravo, 1961).
En el caso de la población San Gregorio, también se aplicaron artículos del Título IV del DFL 2, los referidos a la erradicación y medidas de emergencia. Este fue el caso no solo de la población San Gregorio, sino también de otro asentamiento, Lo Valledor. En ambos, las radicaciones formaron parte del plan de emergencia del Plan Santiago.
El primer proyecto en San Gregorio incluía la construcción de 4100 casetas sanitarias y su urbanización (Garcés, 2002). El Estado levantó las casetas sanitarias de dos tercios de las viviendas, el tercio restante fue por autoconstrucción —“Aquí los vecinos se organizaron y empezaron con la autoconstrucción. Uno hacía su casa, después la de al lado, y así la manzana completa”, (Josué, comunicación personal, julio 2012)—. Es una de las primeras soluciones habitacionales de esa dimensión en Chile.
El DFL 2 fue aprobado tres meses antes de que se iniciaran los traslados de pobladores a San Gregorio. Las familias comenzaron a llegar a la población en 1959, en dos etapas. En la primera, la mayoría estaba compuesta por pobladores del Zanjón de la Aguada: eran cerca de 1175 familias y 7392 personas (Garcés, 2002). En la segunda, se trasladaron cerca de 1600 familias del sector poniente del Zanjón y 1130 familias de las riberas del río Mapocho (Garcés, 2002), entre otros lugares periféricos de la ciudad. San Gregorio fue una población de composición social mixta, lo que puso a prueba su capacidad para establecer relaciones con sus vecinos: 12
Hartos problemas, para qué le digo. Yo, por ejemplo, colgaba pañales y los vecinos —que ahora me quieren mucho— me los sacaban mojados. La ropita de guagua me la sacaban. Lo que pillaban de ropa tendida lo sacaban. Era porque había un hambre impresionante. Si yo no hubiera visto esas cosas yo no lo hubiera creído. Sacaban la comida de la basura y se la comían. Yo le ponía comida a un perro que tenía, a un perrito, y me la sacaban y se la comían. Era terrible (Clara, comunicación personal, agosto 2012).
Los encargados de los traslados de los distintos grupos de pobladores fueron funcionarios del ejército —“Me acuerdo que en ese tiempo nos cambiaban los milicos. Nos traían todos los enseres y nos cambiaban”, (Josué, comunicación personal, julio 2012)—, de la Corvi y del Hogar de Cristo, una institución chilena de beneficiencia que fue creada el año 1944 por un sacerdote jesuita (San Alberto Hurtado). Esta fue la primera vez que se utilizó al ejército para la erradicación de pobladores en la historia del país. Posiblemente, fue una medida que se tomó en el marco de las posibilidades que le entregaba el DFL 2 al Presidente de la Nación: destinar fondos para traslados en condiciones de higiene y salubridad.
Los sitios de terreno de la San Gregorio estaban proyectados en cerca de 4000 unidades. Cuando llegaron los pobladores, todo el lugar era como potrero. Llegaron a terrenos con una caseta, delimitados por alambre:
Estos eran, eran potreros. Estaba dividido con alambres no más. Los sitios. Cuando nos entregaron a nosotros aquí era un alambre y otro alambre, así los alambres. Ese era un sitio de uno, otro sitio con alambre. El pasto así de grande. No había nada, nada (Inés, comunicación personal, julio 2012).
Mientras construían las casas, les pusieron mediaguas:
Y los milicos, cuando nos trajeron para acá, hicieron una pieza de madera, atrás. Y allá, al fondo del sitio, ahí vivíamos nosotros. Y todos los días pasaban, como a la una y media, dos de la tarde, nos daban una olla con comida a cada familia, una ollita con comida (Inés, comunicación personal, julio 2012).
El levantamiento de mediaguas fue necesario porque en los terrenos asignados para cada familia solo estaban construidas las casetas de baño y el piso: un radier alrededor de la caseta. El baño era sólido, “era un baño chiquito, con una ducha, un lavamanos” (Josué, comunicación personal, julio 2012).
Las primeras casas fueron construidas con madera, otras con moso-panel —“son unos paneles como de madera aglomerada, con unos vacíos de aire; y con eso y pizarreño”, (Julio, comunicación personal, julio 2012)— y otras con ladrillo, esto se decidió por sorteo. La casa final tenía un tamaño de 38 m2 (Aravena, Forray & Márquez, 2008). El diseño de las unidades habitacionales consideraba la ampliación del núcleo en el terreno para conformar dos dormitorios, sala, baño, cocina, comedor y lavadero (Raposo, 2009). En los primeros años, pavimentaron solo las calles principales, como Los Vilos o San Gregorio, “lo demás era pura tierra” (Josué, comunicación personal, julio 2012). La primera escuela se creó en 1959; y el primer consultorio médico, en 1960.
Los programas de construcción de viviendas en la población recibieron financia-miento de la Alianza por el Progreso, de Estados Unidos, como parte de un conjunto de medidas cuyo objetivo era promover la cooperación norteamericana. En el marco de una gira por algunos países de América Latina, el presidente Eisenhower fue a San Gregorio para la inauguración del primer consultorio de la población (Aravena, Forray & Márquez, 2008).
San Gregorio está considerado como uno de los primeros aportes de arquitectos del Estado chileno, tanto a la construcción de viviendas sociales como al diseño de barrios con el principio del mínimo habitable (Aguirre & Rabi, 1998).
El fin que buscaba la Corvi, como agencia estatal encargada del diseño y asistencia para la construcción de viviendas, era intensificar el uso del espacio público, para lo cual en sus planes abría la manzana tradicional en su centro, ubicando allí el espacio común o los servicios públicos. Se trata de la ilusión del espacio neutro, transparente, mediante una apertura hacia el conjunto de la población. 13
En el diseño de la trama de la población San Gregorio se pone de manifiesto un espacio isotópico (Lefebvre, 1983), muy similar al de otras poblaciones Corvi (Raposo, 2009). Como lo critica Lefebvre (1983, 2013), los planificadores y urbanistas buscan que el espacio sea homogéneo. Se pretende uniformar el espacio de los cuerpos y las relaciones afectivas, el espacio de la vivienda y la reproducción de las fuerzas de trabajo, el espacio urbano y la reproducción de las relaciones sociales: “En la noche, cuando llegaban los maridos del trabajo, nos tenían que llamar por el nombre, ya que todo estaba oscuro, lleno de yuyos, y como los sitios eran todos iguales, con rejas de alambre, ellos se perdían”. (Integrantes Taller Literario, 2009, p. 92).
En los territorios uniformes de las poblaciones Corvi, lo que rompe la monotonía de las manzanas abiertas es el espacio dedicado al mercado, los espacios para las actividades deportivas, las escuelas y las iglesias (ver figura 5). La cohesión formal del espacio es la cohesión del barrio marginal, construido en los entonces límites de la ciudad. En el interior del barrio se reproducen, en menor escala, las instituciones que median las relaciones entre las personas, y las relaciones de ellas (desde su ubicación periférica) con el resto de la ciudad, mediante cadenas capitalistas de producción.
2.3.3 Análisis de San Gregorio, a partir de los niveles y dimensiones del espacio
En el caso de la población San Gregorio, se distinguen dos fases críticas. Al igual que en La Victoria, la primera se refiere al paso del campo a la ciudad y la vida en los márgenes de la ciudad, y la urbanización. En esta etapa, el Nivel P (habitar, sueños y deseos) se encuentra en fase activa (+P) por la promesa de la vida en la ciudad, con los beneficios y cambios que se asocian con dejar atrás la pobreza del campo, la falta de empleo y remuneración. Pero el Nivel M (equipamiento) se encuentra en fase recesiva (-m), porque deben vivir como allegados en casa de familiares o amigos, trabajar con empleos mal remunerados en casas particulares, en las que no son tratados dignamente o vivir en poblaciones callampa, en los márgenes de la ciudad. El Nivel G (global) está en fase recesiva o inexistente (-G).
Trama de la población San Gregorio, como población Corvi
Fuente: Raposo (2009, p. 10).
La segunda fase crítica, se refiere a la llegada a la población San Gregorio, a partir de 1959, cuando las familias reciben su vivienda o su sitio en la población. El Nivel Global se encuentra en fase activa (+G), porque estamos frente a una intervención estatal para responder a la necesidad de vivienda de quienes habitan en los márgenes de la ciudad. Esta intervención se manifiesta no solo en la trama que organiza el terreno en manzanas que se abren en espacios públicos y la inclusión de terrenos para equipamientos públicos (como un mercado, escuelas, centros de atención de salud y espacios para la recreación y el deporte), sino porque el Estado fue el encargado de realizar los traslados de pobladores desde el Zanjón y el río Mapocho y de entregar los terrenos. Con estas acciones, el Estado no solo configuró el territorio, sino que dio origen a una subdivisión en la población que aún persiste, manifestada en la diferencia entre las familias situadas al poniente, familias trabajadoras y que no infringen la ley, al contrario de aquellas que viven en el sector oriente. El Estado produjo espacio de acuerdo con la consideración que establece Gottdiener (1985), tanto como un territorio geográfico (un contenedor) como relaciones sociales (el lugar de la acción).
Como se observa en la figura 6, en una primera etapa el nivel M se encuentra en fase recesiva (-m): el Estado, mediante la Corvi, está llevando a la práctica la primera población diseñada con el principio de mínimo habitable, pero estos planes aún no se han concretado en el momento de la llegada de los nuevos pobladores, quienes se encuentran frente a terrenos delimitados, con casetas mínimas que están siendo (o van a ser) construidas, sin equipamiento urbano: “Pero aquí, cuando llegó mi mami, era puro barro. No había locomoción. No había nada” (María, comunicación personal, junio 2012).
Fuente: elaboración propia sobre la base de Lefebvre (1978, p. 91-92; 1983, p. 29-51; 2013, p. 204).
Sin embargo, las acciones del Estado por medio de la Corvi potencian el Nivel P (sueños y habitar), se trata de una promesa del Estado para dejar atrás la situación de allegamiento, las viviendas precarias en la periferia, los problemas para arrendar, el hacinamiento en otras poblaciones (+P):
Gracias a Dios, una visitadora me recomendó a la señora Eliana Weber, que tenía un puesto en la Corvi. Yo fui a hablar, le expliqué mi situación, de que yo no podía vivir ahí porque nos tenían acorralados [no podía arrendar por el número de hijos] […] a mi pobre vieja [la esposa]. Ella me dijo “mire, no hay nada, solamente que en la población San Gregorio renunciara uno y entregara el sitio”. Yo iba casi todos los días allá, a Huérfanos 1055, décimo piso, a ver si habían renunciado, después me venía a mi trabajo. Yo me iba temprano a ese edificio. Cuando hacía frío, yo me quedaba dormido en los asientos allá arriba. Un día llega la señora y me despierta “Jiménez, despierte, venga para mi oficina, le tengo una nueva”. Me llevó a la oficina, me hizo un papelito, me dio una tarjeta que decía que habían renunciado al sitio 676, del 1 poniente, que es ahora 8475. Habían renunciado […] porque el matrimonio se deshizo. Así que cuando me dio eso la señora, yo me vine para acá. En la Corvi, todo perfecto. Y vinimos a ver el sitio. Era un sitio grande, tiene 240 metros. Estaba hecho esto, hasta aquí llegaba la casa. Era el concreto para allá y el baño. Esto tiene 36 metros cuadrados (Oscar, comunicación personal, agosto 2012).
Las dos poblaciones analizadas dan cuenta de cómo se produjo periferia, desde mediados del siglo XX, en Santiago de Chile a partir de la búsqueda de producción formal de ciudad. Se trata de procesos que, en los casos indicados, resultan en la producción de viviendas con gran valor de uso, no valor de cambio, ubicadas en terrenos privados de centralidad.
Como se indicó, en el Gran Santiago la necesidad de vivienda de las personas y familias de menores ingresos se había resuelto de dos modos principalmente: entre 1900 y 1940, la mayoría de las soluciones habían sido formales; entre 1950 y 1970, informales. Sin embargo, estas modalidades se diferencian por las acciones que se llevan a cabo para producir espacio urbano, lo que se debe tener en cuenta es que, en el caso chileno, si bien se podía tratar de un modo informal de producción de espacio urbano, lo que buscaban los pobladores era ser reconocidos por el Estado. Los casos seleccionados son ejemplos paradigmáticos del deseo de producción formal de ciudad, en contextos de informalidad, en Santiago de Chile.
Interesa destacar algunos puntos en estos modos de producción de espacio urbano, a modo de cierre del artículo.
Primero, cuando los procesos de producción de espacio urbano se ordenan por medio del eje propuesto por Lefebvre (el que va del 0 al 100 de urbanización), se puede señalar que La Victoria (1957) marcó un hito en la urbanización de la sociedad, en el Gran Santiago. La historia de los primeros años de La Victoria da cuenta de cómo se transformaron el campo y la ciudad. Al contrario de los conjuntos de viviendas sociales que construyó el Estado en los bordes de Santiago, como es el caso de San Gregorio, La Victoria da cuenta de un tipo de urbanización en la cual la trinidad capitalista (tierra-capital-trabajo) no implicó la producción de plusvalor, aunque sí se expresó en desigualdad.
Segundo, tanto los terrenos de La Victoria como los de San Gregorio han aumentado su valor de cambio, debido a su cercanía con el centro tradicional de la ciudad y la expansión del límite urbano de esta. El valor del suelo urbano se relaciona con el predominio del precio monopólico, la localización y el mejor uso posible (Terrazas, 1996). De los tres puntos señalados, la localización es el factor que predomina en la explicación del incremento del valor de cambio de los terrenos de las poblaciones. Si en los años cincuenta los terrenos de las poblaciones se encontraban en los bordes de la ciudad, hoy, debido a la expansión de la trama urbana, pueden estar ubicados a treinta minutos del centro fundacional de la ciudad. Esto se relaciona con lo que señala Lefebvre (2013):
La escasez de espacio tiene un carácter socioeconómico bien definido; no se observa ni manifiesta sino en áreas concretas: en la proximidad de los centros. Los centros se mantienen en las centralidades históricamente constituidas, las ciudades antiguas, o se establecen fuera de ellas, en las ciudades nuevas (p. 365).
Tercero, en lo que se relaciona con los niveles que propone Lefebvre (1983, 2013), cuando se habla de autoproducción de espacio se remite a las horas de trabajo que las personas destinan a la construcción de las viviendas, a su ampliación, a la urbanización de los terrenos agrícolas (instalar alcantarillado, luz eléctrica), entre otros. En el caso de la autoconstrucción en La Victoria, las horas se pueden medir en términos de incremento del valor de los terrenos, que pasaron de agrícolas a suelo urbano. Como lo señaló el dirigente comunista Juan Acosta (citado en Garcés, 2002, p. 145), cuando puso precio a la urbanización que estaban comenzando a construir los pobladores: “A los 120 días tenemos una organización ejemplar: hemos levantado una población cuyo costo es de 300 millones; dado forma a las calles, veredas; trabajando en la instalación de agua potable, luz eléctrica”.
Lo significativo del planteamiento de Acosta (2002), que se ha citado, es que asigna valor de acuerdo con una cantidad de trabajo, en el marco de una producción formal de vivienda y de ciudad. Sin embargo, como se señaló, en comparación con la localización, el trabajo de los pobladores no ha incrementado el valor de las viviendas de igual manera.
Para finalizar, Lefebvre (1978, 1983) indica que el cumplimiento de la utopía se relaciona con alcanzar la sociedad urbana, no la urbanización de la sociedad. La aparición de la ciudad capitalista apunta en dirección opuesta, porque se trata de producción de espacio urbano, basado en el cambio, en las redes de circulación del capital. Si no se cumple la utopía, el espacio es generado para la producción de plusvalor, así, se deteriora el espacio social y se hace estallar a las ciudades (el sustrato material del espacio urbano).
Hoy en día, en La Victoria y San Gregorio ciertamente no se ha cumplido la utopía, pero sí se ha producido espacio urbano sobre la base de una pasión, un deseo: tener un terreno en el que se pueda construir una casa donde vivir. Pero los pobladores, si bien urbanizaron sus terrenos, no lograron la sociedad urbana. Tanto en La Victoria como en San Gregorio se reproducen las diferencias sociales: se trata de espacios fragmentados, segregados con respecto al total de la trama urbana. Son el lugar de los despreciados y los marginales, como lo indicaron los pobladores en las entrevistas.
Al respecto, vale recordar que Lefebvre (2013) habla del deseo en relación con el nivel privado (P) en su eje de dimensiones del espacio. No se debe olvidar que el nivel P corresponde al nivel de los sueños y el deseo, asimismo, que todo deseo implica una necesidad. Los deseos pueden ser individuales o colectivos; no así las necesidades, las cuales siempre son sociales. En esta indicación acerca del carácter social de la necesidad, se recoge la crítica de Marx (Heller, 1986) respecto de la reducción de la necesidad a una necesidad económica, lo que constituye una alienación de las necesidades. 14
La revisión de las dos poblaciones permite señalar que una de las emociones que han articulado las actividades de los entrevistados ha estado vinculada al deseo de producción de espacio urbano. Este deseo por momentos ha sido de muy difícil resolución para los pobladores. Ejemplos de esta dificultad fueron la toma de terreno que dio paso a La Victoria, y los trabajos de los pobladores por urbanizar los terrenos de la población San Gregorio.
Ciertamente, en los dos casos analizados ha predominado el nivel P. Se trata de producción de lo urbano en los términos que lo indica Lefebvre (1983, 2013). Pero, lo que distingue a esta producción, y que se manifiesta en la historia de las dos poblaciones, es un conjunto de necesidades alienadas. Estas son las necesidades infinitas que no pueden ser resueltas fácilmente, y a las cuales les corresponden los deseos infinitos (las pasiones infinitas) de los pobladores de La Victoria y de la San Gregorio: que un Estado capitalista los reconozca como sujetos de derecho (el derecho a la vivienda, el derecho a la ciudad).
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1 Véase Falabella (1970) para un análisis de la formación del ‘torrante’ como clase, en el contexto de la expansión del capitalismo en un país subdesarrollado.
2 Interesa recuperar lo subjetivo en los análisis urbanos porque, como Heller (2004) señala en la introducción de Teoría de los sentimientos, si bien, los sentimientos son una parte inherente de la acción y del pensamiento (no son solo algo que los acompaña), se ha producido una separación entre emoción, cognición y voluntad (Benhabib, 2000). Esta escisión, que es el signo de nuestra época, se ha visto reforzada por distintas teorías positivistas, de acuerdo con Heller.
3 La Tesis sobre Feuerbach fue escrita por Marx en 1845 y publicada por Engels en 1888, como apéndice de Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. La cita en este artículo corresponde a una buena versión digital del documento, sin número de página, que se encuentra disponible en https://www.marxists.org/espanol/me/1840s/45-feuer.htm
4 Las entrevistas que se citan en este artículo fueron realizadas en el 2012. En total, fueron treinta entrevistas a fundadores de las poblaciones, hijos de fundadores y nietos de fundadores, de La Victoria y San Gregorio. Cada uno de los entrevistados escogió su seudónimo, por lo general solo un nombre y no apellido.
5 En 1957, en el Zanjón, vivían cerca de 35000 personas en viviendas precarias, en malas condiciones sanitarias, sin agua ni alcantarillado (Garcés, 2002).
6 Se refiere a Mario Palestro, diputado; Julio Palestro, alcalde; e Iris Figueroa, regidora, todos por la zona en que se ubica La Victoria.
7 Solo en el Programa de Gobierno Socialista de la Unidad Popular (1970-1973) se incluía la medida de eliminar la cuota Corvi.
8 Se agradece por las precisiones acerca de la cuota Corvi a Miguel Lawner, arquitecto de la Universidad de Chile, expresidente de la Corporación de Mejoramiento Urbano, Cormu (1970-1973).
9 La Cormu fue creada en el año 1965, durante el gobierno de Eduardo Frei (1964-1970). Sus funciones eran trabajar y colaborar con las municipalidades y las empresas privadas para llevar adelante programas de mejoramiento y desarrollo urbano, al interior de los límites urbanos.
10 Véase Hidalgo (2002), para una revisión de las políticas de vivienda citadas, como intentos por normar y responder a las necesidades y presiones de los sectores con más carencias y Raposo Moyano (2009), para una historia de la Corvi.
11 El Ministerio de la Vivienda fue creado en los inicios de la siguiente década, en 1963.
12 Castells (1973), para el análisis de los diferentes grupos en las poblaciones: lumpen proletariado (bajos ingresos), proletariado en crisis (bajos ingresos), proletariado en crisis (altos ingresos), empleados y pequeña burguesía (ingresos relativamente altos).
13 Sin embargo, estos espacios públicos, en ausencia de Estado, se convierten en un problema urbano, porque —como señala Lefebvre en The Production of Space (1991)— las contradicciones sociales emergen en el espacio topográfico, el cual revela las contradicciones del espacio social. En el caso de la San Gregorio, los espacios comunes a todos se convirtieron en basurales, o fueron apropiados por algunos vecinos para su uso exclusivo, entre otros.
14 Heller (2004), para una revisión de la pasión en correspondencia a la definición de ‘deseos fijados’ de Marx; es decir, aquellos deseos que son experimentados por las personas y que ellas no pueden satisfacer. Las pasiones, de acuerdo con Heller (2004), implican entrega, cierto grado de ceguera y una capacidad para relegar y abandonar todas las otras emociones que no son relevantes a la pasión. Así, a las necesidades alienadas (las infinitas y que no son fácilmente resueltas) les corresponden pasiones alienadas.
* Las reflexiones que se presentan en este artículo forman parte de la investigación realizada para la obtención del grado de Doctora en Ciencias Sociales, para la Universidad de Buenos Aires. El método de investigación seleccionado fue el estudio de caso descriptivo. En este marco, se buscaron unidades con gran cualidad descriptiva y valor heurístico, que dieran cuenta de las formas de producción del espacio urbano (lo urbano) en la periferia de Santiago. En este artículo se presentan los resultados comparados de dos de las unidades de análisis seleccionadas: dos poblaciones emblemáticas del Gran Santiago: La Victoria y San Gregorio.
** Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, investigadora en SUR, Corporación de Estudios Sociales. Correo electrónico: paularm@sitiosur.cl
Para citar este artículo: Rodríguez, M., P. (2015). Era lo justo. Producción de periferia en Santiago de Chile en los años cincuenta. Territorios, 32, 97-120. Doi: http://dx.doi.org/10.12804/territ32.2015.05
TerritoriosEra lo justo. Producción de periferia en Santiago de Chile en los años cincuenta* 322015Universidad del Rosario-Elija mes97120

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