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Timestamp: 2013-06-18 23:41:09+00:00

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Debates - Miércoles 12 de diciembre de 2007 - Combatir el aumento del extremismo en Europa (debate)
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Procedimiento : 2007/2665(RSP)Ciclo de vida en sesiónCiclos relativos a los documentos :
Miércoles 12 de diciembre de 2007 - Estrasburgo
12. Combatir el aumento del extremismo en Europa (debate)PV
Presidenta. − El siguiente punto es la declaración de la Comisión sobre la lucha contra el aumento del extremismo en Europa. Franco Frattini, Miembro de la Comisión. − (IT) Señora Presidenta, señorías, ante todo permítanme expresar mi gran inquietud personal por el aumento en Europa de actividades que deben atribuirse a grupos y organizaciones extremistas.
En mi opinión, por consiguiente, el debate de hoy es extremadamente importante, porque es no sólo el extremismo lo que conduce a atentados terroristas —extremismo del que hemos hablado en muchas ocasiones en esta Cámara— sino también las actividades y episodios que deben considerarse más adecuadamente como racismo, antisemitismo, xenofobia, extremismo nacionalista, islamofobia, todas esas formas de intolerancia que, como ya he dicho, son preocupantemente comunes en Europa y que, en mi opinión, son totalmente incompatibles con los valores de la Carta Europea de los Derechos Fundamentales que hemos proclamado esta mañana y se oponen frontalmente a ella. No puede haber ninguna duda de que el extremismo, por su propia naturaleza, divide y conduce a la violencia.
Por eso el primer objetivo, en mi opinión, es un objetivo político. Eso me conducirá obviamente a mencionar las medidas más relacionadas con la seguridad y la vigilancia policial; sin embargo, enfrentado con el problema del extremismo y sus orígenes, necesitamos una vez más promover una Unión Europea cada vez más cercana a los ciudadanos y, por tanto, más capaz de transmitir mensajes de tolerancia, solidaridad y respeto por la Carta que, desde hoy, es una de las piedras angulares que unen a los Estados miembros y a los ciudadanos.
Creo que el extremismo no puede tener nunca ninguna justificación; aunque hemos dicho esto muchas veces en relación con el terrorismo, también hemos de decirlo al hablar, por ejemplo, de racismo o de xenofobia. Sin embargo, también tenemos que explorar los orígenes profundamente arraigados del extremismo y la violencia. Estamos obligados a hacerlo, porque tenemos el deber de introducir medidas europeas que puedan ayudar no sólo a contrarrestar, sino también a prevenir y erradicar los episodios y actividades extremistas.
Quisiera mencionar unos pocos ejemplos que, en mi opinión, indican que una política europea puede ser genuinamente útil, más aún, si puedo decirlo así, que una política exclusivamente nacional. Desde el punto de vista de la participación de los ciudadanos en la vida política europea, es muy importante que ese programa contenga políticas y medidas que animen a los ciudadanos a participar más en la vida política, en la vida de las instituciones y, por tanto, en actos como las elecciones europeas, por ejemplo, y no sólo porque la Comisión Europea financie un programa de este tipo sobre derechos fundamentales y ciudadanía. El año 2009 nos ofrece una oportunidad de oro para fomentar un debate que culmine en un amplio cambio de voto que refleje la participación positiva en la vida de las instituciones.
No obstante, está claro que la otra medida política que estamos esperando de Europa y que Europa está deseosa de promover incluye la educación, especialmente para las generaciones más jóvenes. En mi opinión, una política para mantenga vivo el recuerdo de tragedias pasadas, también en las generaciones más jóvenes, en los estudiantes y los jóvenes, e incluso en los muy jóvenes, es también extremadamente importante. Por ejemplo todos los programas que apoyamos y que creo que deben alentarse aún más, programas que mantienen vivo el recuerdo de las víctimas de todas las dictaduras, de todos los regímenes totalitarios que han devastado Europa en el pasado, son, en mi opinión, herramientas que pueden utilizarse con ventaja para erradicar el extremismo y el racismo; de la historia de los campos de concentración, por ejemplo, podemos sacar una lección para los jóvenes de hoy, para que esa clase de tragedias nunca vuelvan a repetirse, no sólo en Europa, sino en ninguna parte del mundo.
Y hay otra medida que creo que podemos y debemos tener presente: las medidas que promueven en general la tolerancia y el diálogo entre distintas culturas y, obviamente, entre diferentes religiones. Este año tenemos dos grandes oportunidades de diálogo entre diferentes culturas y entre civilizaciones: el Año Europeo de la Igualdad de Oportunidades para Todos —y pensamos examinar las iniciativas que hayan tenido lugar durante el año— y el Año Europeo del Diálogo Intercultural, que se celebrará el próximo 2008. En mi opinión, la revisión de 2007 y el programa de 2008 brindan una oportunidad sin igual para hacer que la gente y, insisto una vez más, los jóvenes, sea más consciente de un espíritu de diálogo que enriquece, de un diálogo mediante el cual todos puede crecer juntos.
Sin duda es importante mantener la conciencia pública de la importancia de fomentar los derechos y erradicar el extremismo, la violencia y la intolerancia. Aquí, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales tiene una función que cumplir, que es lo que queremos y lo que esta Cámara ha apoyado con tanto ahínco; igual que el Observatorio del racismo, la xenofobia y el antisemitismo de Viena fue en el pasado un instrumento para un sector muy importante, la lucha contra el antisemitismo, la Agencia de Derechos Fundamentales también será un instrumento. La Agencia, como protagonista en esto campo, tendrá un papel muy importante que representar. Como saben, estamos preparando el marco plurianual que estamos discutiendo en estrecha cooperación con el señor Cashman, y somos de la opinión de que el marco de planificación plurianual de la Agencia nos proporcionará instrumentos útiles para nuestra acción común para prevenir el extremismo.
Por encima de todo, tenemos que reaccionar: aunque todas estas políticas de prevención son importantes, también tenemos que reaccionar. He luchado personalmente, también en el Consejo de Ministros, a favor de una ley europea —y hemos alcanzado un acuerdo este último abril— que permita penalizar los actos motivados por el racismo y la xenofobia y a quienes los cometen de la misma manera en cualquier país de la Unión Europea.
No es sólo el acto físico, sino también la incitación concreta, la difusión del odio, de esos mensajes que francamente no puede confundirse con la libertad de expresión, que es un derecho sagrado para todos nosotros. Aquí, estamos hablando de incitación concreta a actuar, a cometer actos de violencia. Este marco de decisión fue acordado por los Estados Miembros el pasado mes de abril. Piensen en esas horribles manifestaciones de racismo, en actos deportivos, durante partidos de fútbol donde algunos aprovechan la oportunidad para gritar lemas neonazis: éstos son los actos que castigará el marco de decisión que hemos deseado genuinamente y que acordamos con la Presidencia alemana. Digo castigará, en futuro, porque lamentablemente, y esto es una exhortación a su sensibilidad, entre abril y este momento las reservas de los parlamentos nacionales de algunos Estados miembros no se han retirado, con el resultado de que el procedimiento que debía culminar en la entrada en vigor de esta ley europea para castigar el racismo y la xenofobia está bloqueado.
Digo esto con respeto absoluto de los parlamentos nacionales; sin embargo, como el gobierno que mantiene la presidencia del Consejo de los Ministros ha dado su aprobación, creo que debe adoptar medidas con su propio parlamento para que su reserva se retire cuanto antes, y por fin podamos asegurarnos de que el marco de decisión entre en vigor después de tres años y medio de largo debate.
En conclusión, señorías, ya disponemos de legislación en otros sectores que castiga la discriminación por motivos de raza y grupo étnico, y esa legislación indudablemente se respetará con la supervisión, digámoslo así, de la Comisión Europea, que es responsable de garantizar el cumplimiento de la legislación europea. Señalaría, por ejemplo, la reciente directiva sobre los servicios audiovisuales llamados sin fronteras, que establece muy claramente, desde su entrada en vigor, que los servicios audiovisuales no deben contener ninguna incitación al odio por razones de orientación sexual, raza, religión o nacionalidad.
Precisamente para lograr todo esto no bastan las medidas de vigilancia policial, ni la legislación penal, ni el enjuiciamiento: lo que hace falta es una cultura profundamente arraigada de los derechos individuales, del valor del ser humano. Lo que hemos dichos esta mañana durante la celebración de la Carta Europea de los Derechos Fundamentales. Creo que esta es uno de las políticas, en un momento en el que estamos preparando la ratificación del Tratado de Lisboa, mediante la cual Europa puede ofrecer al mundo una lección sobre el modo en que pueden erradicarse estos delitos odiosos contra el ser humano. PRESIDE: MIGUEL ANGEL MARTÍNEZ MARTÍNEZ Vicepresidente Manfred Weber, en nombre del Grupo PPE-DE. — (DE) Señor Presidente, Comisario, señorías, es casi increíble. Hace cuatro o hace cinco semanas fui invitado a asistir a una manifestación en contra de otra organizada por partidos de la extrema derecha en mi región. La convocatoria había reunido a sólo 30 extremistas, frente a más de mil manifestándose en su contra. En esas circunstancias, cuando se está frente a esos activistas de extrema derecha, uno se dice que la situación es casi increíble. Después de ese siglo en Europa, ¿cómo puede alguien recurrir al extremismo, volver a vanagloriarse henchido de odio y arrogancia y promover la agitación en contra de otros?
El debate que estamos celebrando hoy es bienvenido e importante. El extremismo es un cáncer en nuestra sociedad. Una y otra vez los políticos hemos apelado al coraje moral del pueblo esperando que se alce y proteste contra este extremismo. Creo que es también hora de dar gracias por la abundancia de ese coraje moral que tantas personas esgrimen en señal de protesta. ¿Qué es el extremismo? Déjeme recalcar que, cuando hablamos de prohibir ciertos partidos políticos, de prohibir la expresión pública de ciertas opiniones y posiciones, huelga decir que tales medidas no deben basarse en juicios políticos. Deben basarse en un criterio objetivo. Hemos definido ese criterio objetivo hoy en la Carta de los Derechos Fundamentales, que define la esencia de nuestros valores básicos. Si los partidos o los políticos atacan esos valores, los tribunales deben decidir si sus acciones son ilegales y, en caso afirmativo, imponer una prohibición.
¿Qué debe hacerse si son elegidos los candidatos de partidos extremistas, si tales partidos consiguen escaños? En primer lugar, no debe haber ninguna cooperación con ellos, y estoy agradecido a los diputados Socialistas, que han expulsado de sus filas a un miembro eslovaco de su partido por cooperar con extremistas. En segundo lugar, no debemos pasar por alto que tales éxitos electorales provienen de la insatisfacción de los ciudadanos, y no debemos responder a ellos culpando a los votantes, sino atendiendo los problemas subyacentes. En tercer lugar, deseo recalcar que el extremismo empieza a menudo poco a poco en los propios partidos, y debemos ser conscientes de esto. Mi mensaje es, por consiguiente, evitar que arraigue.
Hay extremismo político en la izquierda y en la derecha, y ambos son igualmente perniciosos. Hay que insistir en esto. Europa ha experimentado el extremismo, y Europa ha sufrido a consecuencia del extremismo. Se ha avanzado en la lucha contra el extremismo. Es una lucha que vale la pena librar. Y es una lucha que a la larga ganaremos. Kristian Vigenin (PSE) — (BG) Señor Presidente, Comisario Fratini, gracias por la comprensión y por la presentación de las intenciones de la Comisión. Me parece simbólico que precisamente hoy, cuando se ha firmado la Carta de los Derechos Fundamentales, estemos tratando un asunto directamente relacionado con ella. Pues el extremismo creciente, la influencia cada vez mayor de los partidos y organizaciones de extrema derecha es una amenaza directa para la existencia de la Unión Europea.
Quizá suene demasiado fuerte, pero nuestra Unión se basa en principios claros y su existencia es posible gracias a que la paz, la solidaridad, la tolerancia, el respeto mutuo entre comunidades étnicas y religiosas y la coexistencia pacífica de las naciones reinan en Europa desde hace 50 años. Hoy, la extrema derecha ataca precisamente estos principios sin los cuales no podría existir, ataca el verdadero corazón de la Unión Europea. Pero nuestra Unión no es una construcción abstracta; no es sólo otro nivel administrativo de gobernanza. Es una unión cuya misión es defender y proteger unos valores que son la base del mundo entero.
Queramos o no, estemos o no preparados, tenemos que entender que en todas las partes del mundo hay personas privadas de los derechos fundamentales, que sufren represalias políticas, oprimidas por regímenes no democráticos o discriminadas por su raza, su origen étnico y su religión. Y en todas las partes del mundo pervive la esperanza de que la Unión Europea les apoyará y de que el espíritu de la tolerancia, la garantía de los derechos civiles y la seguridad social puede llegar también a su país. ¿Podemos ser poderosos y convincentes en el mundo exterior si no logramos hacer frente a los problemas en nuestro propio territorio? ¿Cómo podemos explicar a quienes tienen en nosotros sus últimas esperanzas que los inmigrantes mueren sólo por su origen, que las minorías étnicas están sometidas a discriminación sistemática, que ciertas ideologías partidistas se oponen a la igualdad de las mujeres o definen la homosexualidad como una enfermedad? ¿Cómo podemos explicar que llevamos camino de olvidar las páginas más negras de nuestra historia, que los jóvenes elogian a Hitler y que el antisemitismo está convirtiéndose en la moda del día? Ni yo ni mis compañeros socialistas podemos aceptar esto.
Creo que no hay ningún grupo político en este Parlamento que permanezca indiferente ante el hecho de que el extremismo de derechas, el racismo y la xenofobia están ganando terreno. ¿No hemos sido hoy testigos del modo en que un hito histórico en el desarrollo de la Unión Europea ha sido deshonrado de una manera vulgar por una minoría ruidosa que podría volver más fuerte, más agresiva y mejor organizada en 2009? Amparada en la petición hipócrita de un referéndum, ha desafiado no sólo la Carta de los Derechos Fundamentales, sino los propios derechos. Es este comportamiento, que vemos también en muchos parlamentos nacionales, el que alienta a los extremistas que recurrirán a otra acción punitiva mañana, inspirada por este circo político. Debemos señalar los problemas muy claramente y buscar soluciones juntos. Por consiguiente, pondremos este punto en el orden del día del Parlamento una y otra vez. Pues el extremismo es un problema que afecta a toda Europa y que exige un esfuerzo concertado en los ámbitos europeo, nacional, regional y local.
Si la Comisión Europea es la custodia de los Tratados de la UE, el Parlamento Europeo es el custodio de los valores, y creo que juntos podremos resistir una onda ascendente del pasado con la que estamos familiarizados. Y que la detendremos, sin infringir los derechos fundamentales, como el derecho a la libertad de expresión, de asociación, y de prensa. Porque la democracia sólo se puede defender con las reglas de la democracia. Incumplir estas reglas equivale a dejar el campo libre el extremismo. Gracias. Ignasi Guardans Cambó, en nombre del Grupo ALDE. – Señor Presidente, hace pocas semanas fallecía apuñalado en el metro de Madrid un joven, Carlos Palomino —tenía nombre— en un choque con neofascistas. Poco antes, un energúmeno había golpeado ante las cámaras de vigilancia por televisión en el metro de Barcelona a una joven porque era inmigrante, por el color de su piel —según dijo— sin saber que estaba siendo filmado y sin saber que sus imágenes después darían la vuelta al mundo.
Casos iguales o similares se han ido reproduciendo en distintos rincones de Europa. Y, muchas veces, con un sentido de responsabilidad que en ocasiones es excesivo, cada uno de nosotros y cada uno de los responsables políticos, que estamos preocupados por todo ello, intentamos reducir la importancia de estos hechos: no alarmar; decir que, bueno, al fin y al cabo son hechos aislados, que los energúmenos son unos pocos, que no hay que exagerar, que no es un problema grave.
Y lo calificamos así como tema menor, porque nos da miedo reconocer que, efectivamente, a lo mejor no es un tema menor. Entre otras cosas, porque, como dice muy bien la resolución que mañana vamos a votar y que aquí se debate ahora, muchas de esas organizaciones neonazis, neofascistas están exacerbando sentimientos de miedo que están ahí, en nuestra sociedad, y que no podemos negar.
Por eso, no basta con condenar, hay que abrir los ojos y actuar con responsabilidad ante un hecho que no es aislado y que, sin alarmar a nadie, hay que reconocer en su propia dimensión y en su propia escala. El día en que se ha firmado la Carta de Derechos Fundamentales es un buen día para recordar que la Unión Europea tiene ahí su responsabilidad y su papel.
No hay subsidiariedad en la defensa de la dignidad de las personas ni en la denuncia contra el racismo, la xenofobia y la intolerancia. Hay que actuar a nivel europeo, tiene que actuar la Comisión, tiene que actuar la Agencia de Derechos Fundamentales, primero, para examinar qué tipo de ramificaciones y de red hay detrás de todo ello —si las hay—, qué tipo de conexiones tienen estos distintos movimientos fascistas, para aplicar la legislación, para contribuir con políticas de educación y de apoyo a aquellos que educan en el respeto a la diversidad, y para denunciar con contundencia, cuando haya que denunciar, a aquellos responsables políticos, sociales, deportivos, etc., que, de forma pasiva o incluso activa, estén detrás de estas actuaciones. Bogusław Rogalski, en nombre del Grupo UEN. — (PL) Señor Presidente, el extremismo creciente en Europa es un hecho y necesitamos hablar de ello. El Comisario ha dicho muchas cosas, pero ha hablado en términos generales y de asuntos de importancia secundaria, como el racismo en los partidos de fútbol. Necesitamos hablar de los hechos, del extremismo político que estamos viendo en este momento en la Unión Europea.
Ayer, señor Presidente, el dirigente del NPD, un partido neofascista, apareció en un canal público de la televisión alemana —ARD— y exigió que Polonia devolviera inmediatamente Pomerania y Silesia a Alemania. Declaró que Kaliningrado, Gdańsk y Wrocław son ciudades alemanas y exigió que volviesen a la jurisdicción alemana. También exigió que se devuelvan a Alemania de inmediato esas ciudades y territorios, que son parte de Polonia.
Estamos hablando de cosas ocurridas en Alemania, un destacado país de la Unión Europea. Hace algunos años, los fascistas alemanes del NPD pidieron la revisión de las fronteras y rechazaron los tratados internacionales que pusieron fin a la II Guerra Mundial y exigieron que las fronteras volviesen a su situación anterior. Comisario, no podemos permitir esto. Tiene que haber una reacción fuerte. No podemos permitir que el servicio público de televisión de un país, en este caso Alemania, se preste a difundir las opiniones revisionistas de neofascistas y nazis y convoque otra guerra.
No se trata de un problema marginal, señorías. Es muy real. El partido en cuestión tiene representantes en siete parlamentos regionales. Esto no puede tolerarse en la Europa de hoy, igual que no podemos tolerar que los principios democráticos, la libertad para disentir y la libertad de expresión sean socavados como lo han sido hoy por los señores Cohn-Bendit y Watson, que, en relación con diferencias de opinión sobre la Carta de los Derechos Fundamentales o, mejor dicho, no tanto sobre la Carta como sobre el Tratado de Reforma de la UE, han llamado idiotas a los diputados opuestos a sus puntos de vista. Esto no se puede permitir. Eso no es el método de la democracia ni la Unión Europea actual que debemos enseñar a nuestros jóvenes. Unámonos en la diversidad. Jean Lambert, en nombre del Grupo Verts/ALE. – Señor Presidente, creo que parte de la cuestión que estamos analizando es: ¿cómo podemos combatir lo que todos vemos como extremismo, este miedo al otro, este deseo de proteger la cultura propia como si fuera la única, como si nunca hubiera cambiado, como si nunca hubiera habido nada que se hubiera movido en sus vidas? Sin embargo, sólo tenemos que retroceder 50 ó 60 años para ver los enormes cambios que se han producido, incluso en nuestro propio continente.
Creo que este deseo de proteger procede a menudo de un sentimiento de miedo de que, de una u otra forma, uno y su idea de sí mismo van a desaparecer y, por tanto, quiere proyectar su fuerza contra los demás y negarles su existencia.
Creo que todos los que estamos aquí sentimos orgullo por lo que somos, por el país del que venimos o por nuestra región o por nuestro patrimonio. Pero la mayoría de nosotros no espera que esto se transmita de alguna forma sólo por vía del linaje y por vía de una profunda conexión con el territorio, sino por vía de la ciudadanía, por vía de la ley y por vía de nuestros derechos.
Y, como han dicho otros, la firma de la Carta de los Derechos Fundamentales formalizada hoy aquí ha sido un símbolo extremadamente importante, en especial en relación con este debate.
Pero, cuando miramos la elección de los partidos extremistas que no tienen más que una única visión de lo que está bien —de lo que es suyo—, creo que lo que vemos es una legitimación de la violencia, de los insultos y amenazas, de las acciones dirigidas contra otros a los que ven diferentes.
Recuerdo la ocasión, hace varios años, en que oímos hablar de la elección de un único miembro del Partido Nacional Británico a una corporación local en Londres. El nivel de violencia racista subió en esta área.
(Grito de «¡Bravo!»)
Esto no es motivo para gritar «¡Bravo!». ¡Esto es vergonzoso! ¿Cómo pueden decir esto y asistir a una Cámara en la que dicen ser demócratas?
La violencia racista debe ser condenada. Y, cuando analizamos el extremismo, creo que debiéramos ser conscientes de que aún no hemos enterrado el sexismo ni la misoginia.
Pero la elección de esos partidos eleva el nivel de miedo y, por tanto, necesitamos reflexionar sobre nuestra reacción a este hecho. Reaccionamos a él asegurándonos también de que nuestras acciones defienden los derechos humanos y los valores que apreciamos. Debemos tener cuidado de no promulgar leyes que, al intentar resolver un ejemplo de extremismo, en realidad ayuden a esa gente o lleven el miedo a los corazones de otras comunidades.
Quiero elogiar la resolución conjunta de hoy ante la Cámara y dar las gracias a todos los colegas que tanto han trabajado en ella. Giusto Catania, en nombre del Grupo GUE/NGL. — (IT) Señor Presidente, Señorías, quisiera dar las gracias al Vicepresidente Frattini y a todos los compañeros diputados que han colaborado conmigo, al igual que los promotores, en la elaboración de esta resolución.
Las manifestaciones de racismo y xenofobia han aumentado en los últimos años, como corroboran los informes del Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia. Este aumento está estrechamente vinculado con el crecimiento y proliferación de fuerzas políticas que, en Europa, han interpretado los problemas planteados por la inmigración de una manera aberrante, y con frecuencia han difundido eslóganes que defienden la raza y la identidad y han manipulado los sentimientos de autoprotección frente a los que entran en Europa describiéndolos como amenazas terroristas o delictivas, incluso etiquetándolos con denominaciones antropológicas inadmisibles y eslóganes xenófobos y racistas.
Están aumentando los partidos y movimientos que en los últimos años han manifestado fuertes inclinaciones nacionalistas antieuropeístas y que son muy racistas. Su propaganda política se aprovecha de la inseguridad social y procura añadir piezas al mosaico de la guerra de las civilizaciones. Esa propaganda es ahora una parte establecida del debate político e institucional, y en algunos casos parece que es un mensaje que surge de los gobiernos o de las actividades de éstos.
Mañana someteremos a votación una resolución sobre el extremismo, un título que es quizás un poco vago. Lenin dijo que el extremismo es la enfermedad infantil del comunismo; podríamos parafrasear a Lenin y afirmar que el extremismo es quizás una enfermedad infantil de todos los programas políticos, religiosos, económicos e ideológicos. El señor Weber tiene razón: hay extremismos de izquierdas y de derechas, pero no sólo, pues también hay extremismo neoliberal, extremismo católico, extremismo musulmán, extremismo ecológico y extremismo anárquico e insurreccional.
El problema de Europa, sin embargo, es el crecimiento del extremismo de derechas y los problemas que está provocando la proliferación del extremismo de derechas. En años recientes se han consolidado en Europa fuerzas y movimientos políticos neonazis y neofascistas y han convertido el trabajo contra la integración europea en su política, como hemos podido observar en Italia, Francia, Austria, Países Bajos, Bélgica, Reino Unido, Alemania, Dinamarca y Suiza; reflejan la crisis que ha llevado a un intelectual como Alfio Mastropaolo a describir la ofensiva de la nueva derecha como las vacas locas de la democracia.
La legitimación democrática de ciertas fuerzas políticas ha favorecido la difusión de ideas peligrosas en el cuerpo social europeo y ha alimentado las inclinaciones reaccionarias. Una enfermedad peligrosa, y en algunos casos subestimada, que se nutre de inclinaciones etnocéntricas, a menudo oculta y escondida, en algunos casos enmascarada por actos aparentemente democráticos y legítimos. Por consiguiente, tenemos que cuestionar nuestras elecciones y nuestras iniciativas políticas.
Cada vez se hace más hincapié en la necesidad de establecer y consolidar una cultura y una identidad europeas compartidas. Creo que una identidad y una cultura europeas deben establecerse sobre la base del diálogo y el contacto con culturas diferentes de aquellas que en los últimos años han abierto y allanado el camino a la difusión y el crecimiento de una idea europea, de una cultura europea.
Hay que librar una gran batalla cultural, y esa es mi conclusión. No basta con la intervención de la policía y las fuerzas de seguridad pública; hay que hacer un muy importante esfuerzo cultural, y sólo de esa manera lograremos asegurar que 2008 sea de verdad el Año Europeo del Diálogo Intercultural, porque Europa debe fundarse en principios interculturales. Ignasi Guardans Cambó (ALDE). - Señor Presidente, en uso de la autoridad que tiene usted presidiendo esta sesión, le agradecería que llamara al orden a un grupo de diputados que deben de creer que están en el circo en lugar de estar en un Parlamento y que, con sus bromitas y sus tonos y sus bravos, están despreciando la calidad de este debate. Presidente. − Estamos en unas fechas próximas a final de año y suele haber comidas donde uno bebe un poco más de la cuenta o más que de costumbre. Lo mejor en esta situación es ir a dormir la siesta y no ir a alterar un debate donde debe prevalecer el respeto al orador en todo momento.
Le agradezco la advocación que hace usted, pero, como digo, a quien le sobra alguna copa con la comida, mejor es que vaya a dormir la siesta que perturbar el orden de nuestros debates con mala educación y falta de cultura parlamentaria. Derek Roland Clark, en nombre del Grupo IND/DEM. – Señor Presidente, detesto el extremismo como el que más. Los británicos lo detestamos: lo hemos estado combatiendo durante siglos.
Si quieren combatir el extremismo creciente en Europa, consideren sus causas antes de precipitarse a promulgar más leyes que lo único que hacen es restringir; esto engendra extremismo. Consideremos el momento álgido del extremismo europeo, el de los fascistas de los años treinta. En el Reino Unido, las marchas de Sir Oswald Mosley estaban protegidas por la ley, y las áridas y odiosas políticas así expuestas a la luz del día fueron rechazadas por el pueblo. En toda Europa, los dirigentes fascistas fueron vilipendiados y obstaculizados. El propio Hitler fue encarcelado, y así, al igual que los otros, ganó poder.
Esta mañana hemos asistido al ascenso del extremismo en esta Cámara con la firma de la Carta de los Derechos Fundamentales, parte de la Constitución para Europa que se va a firmar mañana y sobre la cual se ha prometido a siete países un referéndum nacional. Dos han dicho que sí, dos han dicho que no —pero no se les ha hecho caso— y los demás están esperando. En el Reino Unido, nuestro Gobierno dio una promesa por escrito, que ahora niega. ¡Para que luego hablen, en esta Cámara, de que hay que escuchar a la gente!
Porque la UE constituye el extremismo de hoy, buscando imponer su voluntad por medio de este documento distorsionado. Deliberadamente ha sido escrito de forma que nadie pueda leerlo salvo que sea un abogado con experiencia, con apartados numerados tomados de los Tratados original y actual, pero que no se corresponden entre uno y otro documento. La numeración se cambiará para la firma y se volverá a cambiar posteriormente para eliminar toda posibilidad de que los europeos puedan entenderla.
¡Y ésta es la distorsión seudodemocrática que van a endosar a los británicos! No, gracias; nosotros ya tenemos nuestros derechos, plasmados en la gran y maravillosa Magna Carta de 1215, complementados por la Declaración de Derechos de 1689. ¿Quiénes se creen que son para subvertir estas medidas democráticas establecidas para nosotros pero abiertas para que las puedan seguir todos?
La historia ignorada se convierte en historia repetida. ¡Durante siglos han ignorado nuestras pautas y lo han pagado caro! Ignoren ahora nuestro ejemplo y se encontrarán camino de la perdición.
(Aplausos de su grupo) Bruno Gollnisch (NI). - Señor Presidente, he aquí, de nuevo, un enésimo informe sobre la supuesta escalada del extremismo en Europa. Consejo, Comisión y grupos políticos: todos han venido, todos están aquí. Como de costumbre, esta retórica es intelectualmente estéril, políticamente escandalosa y moralmente perversa.
Intelectualmente estéril, porque todas las ideas nuevas –en religión, el cristianismo, que algunos de ustedes se atreven a reivindicar; en política, el liberalismo o el socialismo; en ciencia, ideas hoy tan evidentes como que la Tierra es redonda o que gira alrededor del sol– fueron consideradas en su tiempo extremistas, heréticas, subversivas, inadmisibles. No basta con demonizar una opinión para desacreditarla, hay que decir por qué es falsa.
Ustedes son los que suscitan el escándalo político, porque están en el poder y, en vez de resolver los problemas, anuncian un programa de lucha contra la oposición. Así demuestran su incapacidad para resolver el problema de la inmigración-invasión, del que son, de forma deliberada o por dejadez, repugnantes colaboradores. Reconocen aquí su fracaso económico, su fracaso social, su fracaso cultural, su fracaso moral, su fracaso educativo y, en vez de cambiar su catastrófica política, sólo piensan en eliminar a los que protestan o les critican.
Pero su actitud es aún más repugnante moralmente. Asimilan de un modo fraudulento los actos violentos o terroristas con la legítima reacción de los pueblos de Europa contra la destrucción de su identidad. ¡Son ustedes unos Tartufos! ¡Quieren amordazar a esos pueblos y privarlos de representación política: son unos fariseos de la democracia! Como dicen las Escrituras: sepulcros blanqueados, ¡nada más que pintura blanca en el exterior! Hablan de los derechos humanos, de la libertad de expresión, de los valores de Europa, de la tolerancia, pero en el interior no hay más que muerte y podredumbre. Esos derechos que les llenan la boca, los niegan a quienes no piensan como ustedes. Todo esto sería odioso si no fuera grotesco. Las generaciones les juzgarán, como los bárbaros juzgaron a Roma: ¡que al menos los bárbaros les traten como merecen! Roberta Alma Anastase (PPE-DE). — (RO) Señorías, la cuestión que estamos debatiendo esta tarde reviste la máxima importancia para el futuro de la Unión Europea y para la seguridad de los ciudadanos y nuestros valores.
Durante los últimos años, el extremismo ha sido un fenómeno cada vez más frecuente en la vida pública de los países europeos, un fenómeno que ha disparado muchas alarmas y muchas preguntas sobre el modo de combatirlo. Aunque distintas causas con diferentes orígenes han contribuido a la propagación de este fenómeno, quisiera insistir en un aspecto esencial del debate sobre el extremismo: la inmigración.
Los grupos extremistas consideran la inmigración como el mal supremo en los países europeos, porque es algo que pueden usar para explicar cambios no deseados en sus sociedades. Pero, como todos sabemos, la inmigración es un elemento vital para las economías de los países europeos y favorable para el crecimiento económico.
Sus efectos no deseados, que surgen de la inadaptación de los inmigrantes a las sociedades que los reciben, deben resolverse por métodos específicos de la Unión Europea. De otro modo corremos el riesgo de cambiar los valores esenciales de la construcción europea.
Por consiguiente, no podemos aceptar que los partidos extremistas cambien el programa de los partidos tradicionales.
Si usamos tal estrategia para reducir los riesgos que plantean esos grupos y para impedir que capten los votos de nuestros ciudadanos, lo único que haremos será dar legitimidad a sus ideas y métodos. No podemos permitir que mensajes de naturaleza extremista se adopten y promuevan como ley en los Estados miembros. Esto sería destruir la visión de una Europa multicultural y multiétnica.
La crisis generada por el asunto de los romanís y las manifestaciones extremistas de Italia no debe crear un precedente peligroso para los principios fundamentales de la Unión Europea con respecto a la libertad de movimiento de mercancías, servicios, capitales y personas. Debemos explicar a nuestros ciudadanos que tal actitud sería perjudicial para sus sociedades y para la Unión Europea en su conjunto.
Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo en Rumanía podrían ser un ejemplo a este respecto. Ningún partido extremista ha alcanzado el umbral de votos necesario para enviar a sus representantes al Parlamento Europeo. Bárbara Dührkop Dührkop (PSE). - Señor Presidente, pido medio minuto fuera del tiempo que se me ha asignado simplemente para decir a la bancada de allá arriba, a la derecha, un dicho castizo castellano: «A palabras necias, oídos sordos». Continuaré mi intervención en inglés. Hoy, que hemos firmado con orgullo la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, hace más de medio siglo que Europa fue testigo del más atroz de los crímenes de xenofobia y racismo: el Holocausto.
Millones de personas fueron asesinadas a causa de su religión, su origen étnico y sus creencias políticas. Por tanto, es más necesario que nunca tener en cuenta la historia viviendo nuestro presente y preparando el futuro.
Debemos estar alerta y vigilantes; tener cuidado con los huevos de la serpiente, como nos enseñó Ingmar Bergman. Como ha confirmado hoy el Comisario Frattini, están resurgiendo los actos violentos de origen racista y xenófobo en nuestros Estados miembros.
Pero, para mí, lo más preocupante es que cada vez son más los jóvenes implicados. Por tanto, es absolutamente esencial que les enseñemos valores ciudadanos y en qué consiste el racismo.
Cada vez son más los partidos de extrema derecha —que basan su ideología y sus prácticas políticas en la intolerancia y en la exclusión— que obtienen votos suficientes para entrar a formar parte de los Parlamentos nacionales. Éstos les ofrecen una plataforma excelente para su mensaje político de odio. Debemos ser conscientes de ello e intentar hacer cosas que también luchen contra este mensaje.
El racismo y la xenofobia son las violaciones más directas de los principios de libertad y democracia y de nuestros derechos fundamentales. Por eso, las instituciones europeas y nosotros, los diputados al Parlamento, estamos obligados a reafirmar nuestra determinación de defender las libertades fundamentales y condenar y combatir cualquier manifestación de racismo y xenofobia con la ley en la mano.
Más que nunca, se necesita tolerancia cero para combatir el racismo y la xenofobia. Más que nunca tenemos que ser beligerantes en la defensa de nuestros valores, utilizando y reforzando los instrumentos que la Unión Europea y sus Estados miembros tienen a su disposición.
Ningún ciudadano debería sufrir jamás persecución a causa de su raza, religión, género, situación social, idioma, nacionalidad u orientación sexual. La erradicación del racismo y la xenofobia, el derecho a vivir en paz, es un desafío moral para todos los demócratas, y defender los derechos civiles es el deber de todo demócrata. Viktória Mohácsi (ALDE). — (HU) Muchas gracias señor Presidente, señor Comisario, Señorías. Ayer hablamos durante casi dos horas sobre la lucha contra el ascenso del extremismo y el texto final de la resolución que se basa en iniciativas liberales, pero, naturalmente, hemos tenido muy en cuenta las ideas y solicitudes de todos los grupos. Soy optimista, y confío en que habrá una posición común en este asunto tan doloroso como importante.
Personalmente, me entristece que en 2007, el año de la igualdad de oportunidades, estemos todavía obligados a combatir las sombras de dictaduras caídas que se proyectan desde el siglo XX y que de vez en cuando reaparecen arrastrándose con sigilo. Sabemos que no hay ningún Estado miembro en que esto no se cumpla. Por mencionar sólo unos pocos grupos: Pospolitos en Eslovaquia, Jóvenes Nacionalistas en la República Checa, Nueva Derecha en Rumanía, Partido Democrático Nacional Alemán en Alemania y Alianza Nacional en Italia, aunque en lo esencial nos enfrentamos al mismo extremismo.
Por hablar de mi propio país, me resulta inadmisible que todos los días, partidos y organizaciones extremistas como el Movimiento para una Hungría Mejor o la Guardia Húngara difundan declaraciones en las que explican la criminalidad conceptualmente absurda de los gitanos con razones genéticas, y que en vez de pedir la integración de los romanís en la sociedad exigen su segregación en ghettos, mientras desfilan con uniformes negros en Tatárszentgyörgy, y el viernes en Kerepes. En este sentido, quisiera llamar la atención de mis compañeros diputados hacia el hecho de que muchos de los asentamientos gitanos de Europa siguen siendo objetivos de las fuerzas extremistas, todavía hoy.
Y ahora algunas noticias para terminar mi exposición. El defensor del pueblo húngaro, el Presidente de la República y el Gobierno de Hungría han condenado oficialmente la Guardia Húngara y el Movimiento para una Hungría Mejor. Nos gustaría que todos los gobiernos europeos responsables hicieran lo mismo con sus propios extremistas. En cualquier caso, para hacer esto es necesario que el mayor número posible de mis compañeros diputados voten sí mañana en la posición del Parlamento en relación con la lucha contra el aumento del extremismo. Gracias. Eoin Ryan (UEN). - Señor Presidente, hoy hemos sido testigos de la proclamación de la Carta de los Derechos Fundamentales, y ahora estamos hablando del aumento del extremismo en Europa. En mi opinión, existe un vínculo muy claro entre las dos cosas. La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea ha sido conocida, hasta hace poco, como el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia. No podemos combatir el extremismo sin abordar las cuestiones del racismo y la xenofobia, tan presentes hoy en Europa. El extremismo genera extremismo, y en Europa corremos el peligro de encontrarnos pillados en un círculo muy vicioso si no nos movemos con rapidez para abordarlo y eliminar algunas de estas causas originarias.
Antes he escuchado al señor Gollnisch llamar bárbaros a las personas de esta Cámara y a otros. No ha ofrecido ni una sola idea creíble, ni una sola idea positiva, de cómo podemos abordar este problema en Europa; sólo la diatriba habitual en él. Él y su líder, el señor Le Pen, quieren venir a Irlanda en relación con el Tratado. Puedo decirles algo con seguridad: esta clase de ideas extremas no serían y no serán toleradas en mi país, ¡faltaría más! De modo que vengan, por favor, y podemos tener la seguridad de que el Tratado se aprobará cuando oigan la clase de Europa continental que ustedes quieren desarrollar y su clase de ideas. Se ha demostrado que las actitudes que hacían receptivos a los trabajadores...
(Interrupción por parte del señor Gollnisch.)
Sabemos lo que usted representa, señor Gollnisch, y se lo hemos oído decir muchas veces, a usted y a su líder.
Está demostrado que, entre las actitudes que hacían a los trabajadores receptivos al populismo de derechas, se encuentran los prejuicios contra los inmigrantes, el nacionalismo, el autoritarismo, el predominio social y la debilidad política; de todos estos factores, el que emerge como más importante es el de los prejuicios contra los inmigrantes. En aquellos países que disponen de los recursos de denuncia necesarios, el motivo de discriminación más denunciado es a menudo el origen regional. Si abordamos la eliminación de tales prejuicios y discriminación, habremos dado un paso importante en la lucha contra el extremismo.
Por tanto, insto a todos los diputados a propiciar el debate y el intercambio de opiniones sobre cuestiones de desigualdad social, origen, raza, religión y las consecuencias de los cambios sociales y económicos en los ámbitos local, nacional y europeo a todos los niveles, y a abstenerse de recurrir al lenguaje de las emociones llamando bárbaros a las personas. A tal fin, celebro que, como parte de la labor en pro del Año Europeo del Diálogo Intercultural, el Parlamento Europeo haya invitado al Papa Benedicto, al Presidente de la Unión Africana, al Dalai Lama, al Secretario General de las Naciones Unidas, al Gran rabino del Reino Unido y al Gran muftí de Damasco a dirigirse al Parlamento Europeo durante el año 2008. Aplaudo este tipo de iniciativas.
(El Presidente interrumpe al orador.) Koenraad Dillen (NI). — (NL) Con el debido respeto, señor Presidente, desearía que nos explicara por qué razón se concede más tiempo a los diputados de su propio grupo y a las personas con posturas manifiestamente más cercanas a la suya y se les interrumpe mucho menos durante su intervención, mientras que a quienes se muestran claramente en desacuerdo se les interrumpe después de sólo diez segundos. Está usted aplicando un doble rasero, y eso no es aceptable. Presidente. − Me parece, en primer lugar, señor colega, que el Presidente dirige los debates con su criterio y no con los criterios de quien ocupa el escaño 777.
No tengo ninguna explicación que darle. A casi todos los oradores, incluido a quien ha hablado entre sus amigos, se le ha concedido más tiempo del que tenía para intervenir.
De todos modos, querría pedir a todos los colegas que se dirigieran al Presidente y a la Cámara, y no se dirigieran en sus intervenciones a otros colegas para no dar lugar a desagradables intervenciones e interrupciones. Eva-Britt Svensson (GUE/NGL). — (SV) Señor Presidente, todos nos hemos dado cuenta de que el extremismo está creciendo en la UE. Y creo que debemos preguntarnos por la causa. ¿Por qué aumentan la xenofobia y otras actitudes extremistas? Estoy convencido de que la exclusión y la falta de participación en la sociedad son un criadero para el extremismo y la xenofobia. El valor igual de todos los seres humanos es un principio fundamental en una sociedad civilizada, por lo que todos debemos contribuir a combatir las fuerzas xenófobas que discriminan a las personas de origen étnico o preferencia sexual diferentes o por razones de sexo o de discapacidad funcional.
Estos grupos usan la violencia y las amenazas. En mi país hemos presenciado incluso el asesinato de personas que han defendido los derechos humanos. Vemos que se asesina a jóvenes de distinto origen étnico sólo por ese origen. Estas cosas jamás debe permitirse que vuelvan a ocurrir.
Los que defendemos el valor igual de todos los seres humanos nunca debemos callar. Pero sabemos que eso no basta. Los grupos xenófobos y extremistas utilizan a jóvenes expuestos a la exclusión económica y social para crear más temor, desasosiego y odio contra otros grupos. La lucha contra el extremismo debe, pues, combinarse con la construcción de una sociedad justa basado en la solidaridad. Bernard Wojciechowski (IND/DEM). - Señor Presidente, la propuesta que tenemos ante nosotros es otro ejemplo de ignorancia e hipocresía. En ella leemos que, entre otras cosas, algunos partidos y movimientos políticos, incluidos los que están en el poder en una serie de países o están representados a nivel local, nacional o europeo, han colocado deliberadamente en el corazón de su agenda la intolerancia y la violencia basadas en la raza, en el origen étnico o en la nacionalidad.
También leemos que este Parlamento condena firmemente todos los ataques racistas y xenófobos e insta a todas las autoridades a hacer todo lo que esté en su mano por castigar a los responsables.
En la Cámara en la que adoptamos tales resoluciones, uno de nuestros colegas ha utilizado un lenguaje abusivo y ofensivo de propaganda falaz, el mismo que a menudo usan los extremistas, el mismo que se basa en calumnias y que se considera un ataque xenófobo. Ha dado a entender que yo podría repetir Dachau. Permítanme ilustrarle: en primer lugar, Dachau fue un campo de exterminio alemán; en segundo lugar, Dachau está en Alemania y yo no soy alemán. Incluso ha afirmado que, tras una visita de cuatro días a Polonia, conocía mi país mejor que yo mismo, y que yo no formo parte de Polonia, mientras que, aparentemente, Dachau sí.
Este tipo de discurso de la intolerancia se cita con excesiva frecuencia, se repite con excesiva frecuencia y emana de demasiados políticos. Los mismos políticos quieren darnos a todos lecciones de democracia, cuando ellos mismos sienten poco respeto por ella y poco respeto por la igualdad de trato ante la ley. Parece ser que hoy en Europa —tal como escribiera George Orwell hace años— algunos cerdos son más iguales que otros. Algunos pueden ocultarse bajo el privilegio de la inmunidad, algunos pueden eludir la justicia e incluso las órdenes de detención europeas. De alguna forma, los criminales comunistas reciben mejor tratamiento que los ciudadanos corrientes, y mientras nosotros hablamos aquí contra los grupos extremistas, algunos políticos alemanes apoyan abiertamente los movimientos políticos revisionistas. Estimados colegas, la Europa de nuestras resoluciones es muy diferente de la Europa de nuestra realidad. Jana Bobošíková (NI). — (CS) Señorías, una vez más nos consolamos afirmando que el ascenso del extremismo refleja el deterioro de la situación económica y el desempleo. Me temo que semejante interpretación ya no es válida. Las economías de muchos Estados miembros de la UE han crecido y el desempleo ha disminuido, pero no ha disminuido el extremismo. Por el contrario, ha aumentado el número de delitos basados en la raza; se están formando guardias nacionales de inclinación nacionalista; los veteranos de las SS desfilan en algunos Estados miembros de la UE; y se glorifica a políticos que se refieren al pueblo judío y romaní como «úlceras» de la sociedad. Neonazis y racistas se están infiltrando entre políticos y militares. El Primer Ministro de la República Checa, mi país natal, ha incorporado la retórica neonazi a su vocabulario. En último término, pero no menos importante, la UE se ha convertido en destino migratorio para los más pobres, y nadie parece saber cómo afrontar este fenómeno, que también cuenta.
Señorías, ninguna resolución, ninguna palabra pueden borrar la esvástica recientemente grabada en la cadera de una chica de 17 años en Mittweida, Alemania. A plena luz del día, ante la indiferencia de los transeúntes, neonazis de Sajonia, Alemania, se la grabaron en el cuerpo porque defendió a una niña rusa. Creo firmemente que el extremismo sólo puede evitarse mediante la actuación diaria de los ciudadanos, la oposición declarada públicamente de la élite política, la interpretación abierta e integral en particular de la historia de siglo XX, y sobre todo la policía y los tribunales, que no deben cerrar los ojos ante racistas, xenófobos y neonazis, sino actuar sin dilación para castigar tales conductas. Péter Olajos (PPE-DE). — (HU) Gracias, señor Presidente. Hablo ahora como uno de los autores de la declaración escrita n.º 93. La declaración, que presenté conjuntamente con mis compañeros diputados señor Tabajdi, señor Szent-Iványi, señor Vigenin y señor Amezaga, condena las actuaciones de grupos extremistas paramilitares en la Unión, que son uno de las formas más obvias de extremismo.
Según mi experiencia, aunque muchas personas sienten la obligación moral y política de evitar que tales ideas extremistas arraiguen, muchas no se deciden a condenarlas expresamente en una declaración escrita o de otra manera. Hay muchas razones para esto. Una de ellas, por ejemplo, es que cuando tratamos de divulgar estas ideas, la lista nunca está completa y nunca es exacta. Esto disuade a muchas personas de apoyarlas. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que la lista nunca estará completa, y de que los conceptos y definiciones nunca serán exactos. Precisamente por esto debemos arrancar el extremismo y las ideas extremistas desde la raíz.
Hoy es un día de celebración en esta Cámara, pero la Carta de Derechos Fundamentales no se ha firmado sin complicaciones. Esta Carta resume en 50 párrafos todos los valores y derechos que respetamos y deseamos proteger en la Unión. Esta Carta es la carta de la lucha contra la discriminación, la carta de la libertad de expresión, de religión y de reunión, la carta de la igualdad y la carta de la protección del individuo, de los datos, de los jóvenes y de los ancianos. No podemos elegir estos derechos a voluntad, poner a algunas personas antes de otras o usarlos para nuestros objetivos políticos internos a corto plazo. Todos deben respetarse y protegerse por igual, porque esto garantiza la dignidad humana, y nosotros, como miembros del Parlamento, hemos jurado hacerlo así. Quienes se oponen a la suma total de las ideas y los derechos aquí formulados son los que llamamos extremistas, independientemente de la edad, el sexo, la religión, o la nacionalidad de los afectados. En este espíritu quisiera pedir a mis compañeros diputados que apoyen la declaración escrita número 93. Gracias. Martine Roure (PSE). - Señor Presidente, los actos y delitos racistas van en aumento en Europa. La comunidad romaní, los inmigrantes y todos aquellos que son diferentes siguen siendo objeto de múltiples discriminaciones en materia de empleo, educación y vivienda.
Queremos una Unión Europea basada en valores humanistas de tolerancia y protección de los derechos fundamentales: nunca es inútil recordarlo. En este contexto, la Decisión marco relativa a la lucha contra determinadas formas y manifestaciones de racismo y xenofobia mediante el Derecho penal, que este Parlamento votó ampliamente el pasado 29 de noviembre, es realmente necesaria. Así podremos combatir los discursos racistas del mismo modo en todas partes de la Unión Europea.
Los partidos extremistas explotan el miedo al otro, el temor al extranjero, para dar una respuesta fácil a los retos que plantea la globalización. Y los que pretenden imponer la preferencia nacional para dar respuesta a todo son unos irresponsables. La verdadera respuesta a los retos de la globalización es la consideración global de los retos de la humanidad hoy. Y el repliegue sobre uno mismo, no debe darnos miedo decirlo, es avanzar hacia el desastre. Adina-Ioana Vălean (ALDE). - Señor Presidente, asistimos en Europa a un aumento constante de los movimientos extremistas, nacionalistas y populistas que ponen en peligro nuestro sistema democrático.
En un mundo ideal, la democracia es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo. En realidad, la democracia sigue siendo el sistema político «menos malo» siempre que cuente con los pesos y contrapesos adecuados. Sin embargo, la paradoja de la democracia es que contiene la posibilidad de su propia muerte, al permitir la expresión de opiniones populistas y extremistas que erosionan el propio sistema democrático.
En muchos países europeos, hay partidos que han logrado posicionarse en el corazón de la vida política a base de discursos populistas y demagógicos. La historia europea ha demostrado cómo los partidos extremistas, vestidos con ropas democráticas y usando propaganda populista y nacionalista, a menudo han conducido la democracia a dictaduras.
La mejor forma de combatir la intolerancia es mantenerse firmes, defender nuestros valores e instituciones democráticos, defender los derechos individuales, la justicia, la igualdad de oportunidades y la diversidad, pero también sancionar cualquier discurso que instigue al odio, a la segregación o a la discriminación.
Como dijo Robert Kennedy, «lo peligroso de los extremistas no son sus posiciones extremas, sino su intolerancia. Lo malo no es lo que dicen de su causa, sino lo que dicen de sus oponentes».
Las democracias saludables necesitan ciudadanos activos. La democracia sólo puede funcionar si los ciudadanos son conscientes y ejercen sus derechos y deberes cívicos. Necesitamos reinventar la ciudadanía. Necesitamos nuevas formas de aprender democracia. Necesitamos asegurarnos de que nuestros sistemas educativos promueven el desarrollo de una ciudadanía activa, crítica y participativa. En un mundo global, tenemos la necesidad imperiosa de una ciudadanía que celebre la diversidad y promueva la comprensión y la tolerancia. Wojciech Roszkowski (UEN). — (PL) Señor Presidente, no sé si el extremismo político está o no aumentando. Pero sí sé que es preciso oponerse a él y condenarlo, tanto por su ideología como por sus métodos. Sin embargo, la Carta de Derechos Fundamentales, que hemos saludado hoy con tan gran ceremonia, no es la respuesta al problema, sino que puede por sí misma crear nuevos problemas.
El artículo 21 de la Carta prohíbe la discriminación por motivos políticos o de opinión, sea ésta cual sea, —repito, sea ésta cual sea— lo que, por tanto, incluye opiniones extremas como las expresadas recientemente en la televisión pública alemana por el líder del NPD, que exige que se cambie la frontera con Polonia.
Las perogrulladas tienden a rebotar dolorosamente en quienes las pronuncian. Por tanto, quiero preguntar a los promotores de la Carta de Derechos Fundamentales cómo tienen intención de luchar contra el extremismo político cuando al mismo tiempo lo están defendiendo. Kyriacos Triantaphyllides (GUE/NGL). — (EL) Señor Presidente, sería una omisión por mi parte no empezar por expresar mi inquietud por el uso general que se hace del término «extremismo» sin ninguna definición y sin la condena expresa de los actos extremistas; en otras palabras, de cualquier forma extrema de uso ilegal de la violencia. También sería un error no a mencionar los intentos de «abrir los ojos» a los ciudadanos a los peligros de la radicalización, y la creación simultánea de categorías flexibles para los posibles delincuentes.
Quisiera recordarles que en la historia moderna, durante los períodos en que las libertades y los derechos se limitaron en nombre de la seguridad, la vigilancia policial y el control estricto, y cuando se permitió que ganase terreno la persecución basada en estereotipos, la intolerancia ideológica, el racismo y la xenofobia se intensificaron y se cometieron crímenes inexpresables. Hoy, errores similares podrían conducir a la prohibición de partidos políticos y sindicatos, lo que sería un golpe real a la democracia, al imperio de la ley y a las libertades civiles. Por consiguiente, debemos asegurarnos de que la democracia no se convierta en mera pantalla de humo para la adopción de medidas punitivas; al mismo tiempo, debemos concentrar nuestros esfuerzos en mitigar las causas reales de los actos extremistas violentos, que degradan hasta el extremo la dignidad humana, ya que por definición transgreden los límites de la libertad de la expresión.
Es nuestra responsabilidad luchar contra la pobreza, el desempleo, la miseria, la explotación de los trabajadores y la marginación social y asegurar que las generaciones futuras, gracias a una enseñanza y una educación adecuadas, se mantienen al margen de organizaciones agresivamente nacionalistas y fascistas que fomentan los actos extremistas como medio de expresión. Irena Belohorská (NI). — (SK) Gracias, señor Presidente, Señorías. En mi opinión, es esencial adoptar una resolución conjunta sobre la lucha contra el extremismo, que se ha hecho cada vez más evidente en los últimos tiempos. Hay un cierto simbolismo en el hecho de que este debate se celebre el día en que los Presidentes del Parlamento Europeo, la Comisión y el Consejo Europeo han confirmado con sus firmas el compromiso legal de la UE con la Carta de Derechos Fundamentales.
No podemos permitir que individuos u organizaciones extremistas ataquen a los ciudadanos, cuyos derechos deben garantizarse en una sociedad civilizada. La historia de Europa nos ha enseñado las formas que puede adoptar el extremismo, el nacionalismo militante y el radicalismo ideológico. Es nuestra responsabilidad vigilar sistemáticamente el territorio europeo para detectar cualquier actividad de estos grupos o individuos y adoptar medidas enérgicas contra ellos.
Debo añadir con pesar que el extremismo parece estar en aumento principalmente entre los jóvenes de Europa. Esto refleja un cierto fracaso por parte de los políticos. Es importante recordar que muchos políticos, carentes de virtudes positivas y profesionales, promueven sus antecedentes y su capital político provocando a los sectores menos experimentados y peor informados del público. Por eso adoptar una legislación más estricta y unas medidas más enérgicas mientras todavía hay tiempo es un asunto y una responsabilidad que todos debemos asumir. PRESIDE: MARIO MAURO Vicepresidente Pilar del Castillo Vera (PPE-DE). - Señor Presidente, señor Comisario, a estas alturas del debate ya se ha dicho buena parte de lo que se puede decir sobre el tema, pero yo quería referirme al llamamiento del Comisario sobre la necesidad de pensar en las raíces profundas del extremismo.
A mí me parece que el problema del extremismo no es que exista una serie de grupos que desarrollan acciones violentas. Es un problema, pero ese problema hay que atacarlo con la ley y hay que perseguirlo, etc., etc. El problema es cuando esas acciones violentas y las propuestas que están detrás tienen posibilidad de extenderse y de implantarse en una base amplia de los ciudadanos o determinados sectores de los ciudadanos. Es cuando, desde el punto de vista político y social, es preocupante. De cara a ver cómo eso se evita, me parece que hay tres razones, tres acciones que son fundamentales.
En primer lugar, el propio Comisario mencionaba el conocimiento de la Historia —yo, efectivamente, creo que eso es muy importante para conocer las tragedias, para conocer los éxitos y, en último término, para conocernos como Humanidad—, pero creo que hay que tener cuidado solamente en que la Historia no se convierta en un arma arrojadiza contra el otro para tener determinados réditos de coyuntura política inmediata, lo que en algunos países está produciendo ahora —en concreto, tengo que decir que en el mío, en España.
Pero, en segundo lugar, creo que hay otros dos aspectos fundamentales y que en este momento son muy débiles.
Primero la educación. Se han perdido, se están perdiendo o se han debilitado, al menos, valores como el valor del esfuerzo, el valor de la disciplina, el valor de la autorresponsabilidad, es decir, todos aquellos valores que son los que, de verdad, crean a un buen ciudadano cuando esas personas son adultas.
Finalmente, en el ámbito de la Unión Europea, lo que es importante es que la Unión Europea no fracase como ese ámbito donde todos podemos afrontar juntos, los europeos, los retos de la globalización. Porque lo que ahora hay, como había en otros momentos de la historia del siglo XX en Europa, es mucha incertidumbre, una cierta desesperanza, una cierta falta de horizonte, y hay que dar esas esperanzas, ese espíritu positivo y un gran liderazgo para que todo el mundo se sienta integrado en la Unión Europea. Józef Pinior (PSE). — (PL) Señor Presidente, el continente europeo, los países de la Unión Europea, son ahora un territorio en el que nos encontramos casos de xenofobia, nacionalismo extremo, antisemitismo, racismo e islamofobia. Lo que falta en Europa hoy es el consenso liberal-democrático del período que siguió a la Segunda Guerra Mundial. Los políticos de Europa carecen de voluntad política real para abordar estos problemas.
Afrontar los brotes de racismo, islamofobia, antisemitismo y xenofobia es una responsabilidad común que recae sobre la educación, los medios de comunicación, las iglesias, las actividades deportivas y, sobre todo, los políticos de Europa. A menudo nos encontramos indefensos frente a tales formas extremas de actividad política. Lo que es peor, muchos políticos y partidos políticos aprovechan los movimientos extremistas o populistas para sus propios fines.
No quiero usar este debate para marcar puntos políticos en el Parlamento Europeo, pero podría mencionar muchos de tales ejemplos. Lo que importa ahora es lograr una política común para toda la Unión Europea —sobre todo en el ámbito de la educación, pero también del deporte, la cultura y la política— para combatir el extremismo. Sarah Ludford (ALDE). - Señor Presidente, hace ocho años el partido de Jörg Haider, que odia a los inmigrantes, entró en un gobierno de coalición en Austria. Los Gobiernos de la UE no tenían la más mínima idea de qué hacer. Como resultado de esta confusión, se introdujo el artículo 7 del Tratado de la Unión Europea. Nunca se ha utilizado y está claro que los Estados miembros tienen un problema cultural a la hora de criticarse entre sí. Pero necesitamos tener una política de revisión paritaria más proactiva cuando unos Estados miembros piden a otros que rindan cuentas, porque, si en el Gobierno de un país de la UE entran extremistas y partidos intolerantes, es algo que concierne a la UE.
El Derecho penal tiene un papel sólido en el castigo de la incitación al odio, además de disposiciones que ilegalizan la discriminación. La ley puede ayudar a cambiar las actitudes, así como el comportamiento. La sociedad marca los límites de lo aceptable en parte por lo que criminaliza o prohíbe. Por eso me ha decepcionado tanto que la Comisión, al parecer, haya decidido que las medidas de deportación del Gobierno italiano contra los rumanos —romaníes en gran medida— y la retórica que las acompaña, son conformes a las leyes de la UE en materia de libre circulación y contra el racismo. Personalmente, no estoy de acuerdo.
Pero la ley sólo puede y debe llegar hasta cierto punto. Por ejemplo, la cuestión de si se debe criminalizar la negación del Holocausto es controvertida en Europa. La nueva ley de la UE recientemente aprobada que prohíbe la incitación al odio racial y religioso hace bien, en mi opinión, en dejar esta opción a cada país individual. La tradición y preferencia de mi propio país es dejar que gente como David Irving se condenen a sí mismos por lo absurdo de sus opiniones contrarias a la historia y que sean refutados mediante un debate enérgico.
Los que pertenecemos a los principales partidos no debemos sentirnos intimidados por los matones y pendencieros de la extrema derecha, de la extrema izquierda o fundamentalistas de cualquier clase. Los demócratas liberales —y uso el término con «l» minúscula— de todos los partidos democráticos muestran tanta confianza y pasión respecto a nuestro compromiso con una visión europea generosa e integradora como la muestran con su mezquina intolerancia. No dejemos nunca de expresarlo. Leopold Józef Rutowicz (UEN). — (PL) Señor Presidente, el extremismo es un fenómeno apoyado por políticos que explotan el racismo, el nacionalismo y la xenofobia para sus propios finales. El extremismo a menudo usa el terrorismo para alcanzar sus objetivos.
El extremismo no une a las personas y los grupos sociales, sino que los divide. Es el enemigo de una sociedad democrática. Se opone a los valores básicos de la Unión Europea, una comunidad de personas que rechazan el odio y la guerra provocados por los fascistas y los nacionalistas y que costó decenas de millones de vidas en Europa en el siglo XX.
La mayor organización terrorista, al-Qaeda, basada en el extremismo y el uso del terrorismo con fines políticos, es ahora capaz de destruir las democracias débiles y de lograr el poder político.
Apoyo la resolución, que procura movilizar las instituciones europeas para seguir actuando contra el terrorismo y el extremismo. Diamanto Manolakou (GUE/NGL). — (EL) Señor Presidente, el ascenso de grupos y organizaciones racistas de extrema derecha en Europa no es ninguna casualidad. Es el resultado de la política reaccionaria, imperialista y antipopular de la Unión Europea. Esta política, cuyo único principio orientador es la maximización de la rentabilidad para los monopolios europeos y la acumulación de inmensas riquezas por medio de la explotación salvaje de la clase obrera, está distribuyendo pobreza, desigualdad y marginación y erosionando gravemente la posición de las familias de clase obrera y agravando los problemas de la clase obrera.
En estas condiciones, en los sectores marginados de la sociedad o en los estratos sociales con un bajo nivel de concienciación y experiencia política, pueden arraigar la extrema derecha y las ideas fascistas bajo un disfraz populista y demagógico. Hoy hay un terreno más fecundo para la creación y el crecimiento de tales grupos debido a la histeria anticomunista, al intento de escribir nuevamente la historia, al intento desvergonzado de borrar la enorme contribución de la URSS a la victoria sobre el fascismo y a la equiparación del comunismo con el nazismo y el fascismo. Vemos esto, por ejemplo, en el reconocimiento y la legitimidad concedida por los gobiernos de los países bálticos a los grupos fascistas locales, que colaboraron con la SS y los nazis, que se apoyaron en esos países durante la Segunda Guerra Mundial.
Fascismo, racismo y xenofobia son caras de la misma moneda. Nacidos del sistema capitalista, que crea, mantiene y alimenta estos grupos fascistas. Precisamente por esta razón consideramos hipócritas las supuestas inquietudes por el ascenso de la extrema derecha y las organizaciones paramilitares en Europa y rechazamos cualquier intento de equiparar la lucha de clases, las luchas de los trabajadores y el movimiento popular y la ideología comunista con ideologías extremistas como un intento inadmisible de instilar el miedo en el pueblo. Nickolay Mladenov (PPE-DE). — (BG) Señor Presidente, Colegas, este día es un testimonio de que el Parlamento Europeo garantiza los derechos, no sólo de la mayoría, sino también de los que tienen diferente opinión. Porque si los nacionalistas de esta Cámara alcanzaran sus objetivos, ninguno de nosotros tendríamos el derecho a manifestar una opinión distinta, a diferencia de ellos, que han tenido hoy la oportunidad de manifestar la suya. Prevaleceremos sobre la intolerancia y el extremismo con argumentos en lugar de con emociones, con hechos en lugar de con ruido. Lamentablemente, cuando hablamos de hechos, no hay nadie para escucharlos. Es un hecho lamentable.
De todos modos, espero que nuestros defensores, nuestros votantes en los Estados miembros prestarán mucha atención a lo que también señaló el Comisario Fratini. En primer lugar, la intolerancia y el extremismo vienen del olvido del pasado. Debemos recordar el pasado y las dos graves dictaduras que sufrió Europa. Por consiguiente, apelo a la Comisión y a todos nosotros: recordemos la historia de Europa y demos más oportunidades a los programas de la Comisión Europea para financiar proyectos que conserven nuestra memoria. En segundo lugar, debemos recordar la participación de los ciudadanos en el proceso político.
Colegas, somos en parte culpables del nacionalismo y la xenofobia en Europa. Muchos de nosotros han empezado hablando como burócratas, no como políticos. Han olvidado el lenguaje que entienden los votantes para hablar el de las instituciones. Hagámonos fuertes en este debate para superar el problema, que afecta especialmente a los nuevos Estados miembros. Llamemos a los problemas por su nombre y afrontémoslos directamente cuando existan. Porque en general los partidos políticos ganan en las elecciones prometiendo una cosa y haciendo otra, y luego se sorprenden de que haya extremismos y gente disconforme. Es responsabilidad común de todos los diputados al Parlamento Europeo oponernos al extremismo y a la intolerancia que aumentan en el este de la Unión Europea, pues es peligroso para todos nosotros. Gracias. Csaba Sándor Tabajdi (PSE). — (HU) Señor Presidente, no suele ser suficiente combatir el extremismo. Todos deben actuar contra las tendencias nacionalistas y extremistas que surgen en su propio país. En primer lugar, todos deben condenar a los nacionalistas extremistas y distanciarse de ellos de ellos en su propio país. Este es un requisito extremadamente importante, y este debate actual también demuestra que debe combatirse el extremismo con instrumentos directos e indirectos al mismo tiempo.
Los instrumentos directos deben usarse para castigar los discursos que incitan al odio. Hay algunos que se refieren a la libertad de expresión y afirman que no puede condenarse con los instrumentos del derecho penal, pero opino que todavía no hemos logrado el equilibrio adecuado. Las fuerzas democráticas deben dar ejemplo, especialmente el ala derecha, y el ala derecha democrática tiene la gran responsabilidad de distanciarse de los fenómenos de extrema derecha que están provocando insurrecciones en Europa.
Al mismo tiempo, algunos de mis compañeros diputados han hablado sobre el hecho de que también debemos reaccionar con instrumentos indirectos, pues el motivo de muchos incidentes extremistas es la incertidumbre social o la incertidumbre de la identidad nacional. Este debate actual es muy importante, y opino que el Comisario Frattini, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales y el Parlamento Europeo deben vigilar de cerca todos los incidentes extremistas. Gracias por su atención. Sophia in 't Veld (ALDE). — (NL) Señor Presidente, hay extremistas en todos los bandos, pero en los últimos años han estado dictando el tono y el contenido del programa político. Los partidos democráticos establecidos son demasiado lentos para distanciarse de los extremistas porque temen perder votos, y el resultado es una aceptación política soterrada del extremismo y la intolerancia.
Y hay algo más. Al racismo y el nacionalismo se suma también el extremismo contra las mujeres y los homosexuales, por ejemplo —algo de lo que no hemos hablado hoy— y esto a menudo se basa en creencias religiosas. Me horroriza ver partidos en el gobierno, con poder para gobernar, o partidos con representación parlamentaria —también en mi propio país— que promueven la discriminación contra las mujeres, los gays y las personas de otras religiones.
Por último, una palabra o dos que quizá sean controvertidas, señor Presidente. Con el debido respeto a lo que ha dicho señor Ryan, personalmente no soy muy partidaria de invitar aquí a los líderes de las principales religiones mundiales para que se dirijan a nuestra sesión plenaria, a menos que estén dispuestos a renunciar a sus criterios discriminatorios sobre mujeres y gays. Jan Tadeusz Masiel (UEN). — (PL) Señor Presidente, una forma de combatir el extremismo y reducir el número de votantes de partidos extremistas es escuchar más atentamente a los ciudadanos en asuntos de importancia para ellos y analizar las causas que subyacen al extremismo.
Si los ciudadanos de Europa votan a partidos extremistas, significa, entre otras cosas, que una sección grande de la sociedad no cree que quienes detentan el poder les estén escuchando. No estoy defendiendo el extremismo, pero no viene de la nada. En Francia, Nicholas Sarkozy lo ha entendido. Al abordar cuestiones como la inmigración y la incorporación de Turquía sincera y valerosamente, ha logrado debilitar a los partidos extremistas. Alentaría a la Comisión Europea a que siguiera el ejemplo francés. Adrian Severin (PSE). - Señor Presidente, un alcalde protesta contra los inmigrantes alegando que la inmigración es una fuente de inseguridad; otro alcalde declara su ciudad vetada a los extranjeros; un Jefe de Estado se refiere al Parlamento como una banda de forajidos, instiga a la gente a amotinarse contra los legisladores y glorifica una democracia sin oposición y sin partidos.
Hoy un grupo de diputados, con maneras de hooligans, ha hecho un llamamiento a la «democracia popular» directa que sustituiría las elecciones por referendos. Un prominente líder público expresa su apoyo a los grupos violentos que asaltaron el edificio del Parlamento de un Estado democrático pidiendo la revisión de los tratados de paz.
Muchos periodistas expresan a diario —aunque a veces con un vocabulario políticamente correcto— opiniones xenófobas, antiparlamentarias, antipluralistas, antigitanos, anti-islámicas, exclusivistas, intolerantes, discriminatorias y chauvinistas.
Un ministro pidió dinero a la Comisión Europea para concentrar una determinada comunidad étnica indeseable en los países más pobres de la Unión.
Todo eso son hechos que tienen lugar en la Unión Europea y que son cometidos por personas consideradas miembros democráticos de los partidos democráticos tradicionales. Hoy aquí condenamos a los partidos extremistas y a su organización. Esto sólo se debe a que son culpables de intolerancia y la intolerancia no se debe tolerar. Pero ¿qué hay de quienes la hacen posible? ¿Los populistas disfrazados de demócratas que, al debilitar las instituciones democráticas y relativizar el principio democrático, crean el entorno más favorable para los extremistas?
Si seguimos hablando solamente de los síntomas y de los culpables, permaneciendo pasivos o en silencio cuando se trata de las causas y de quienes las hacen posibles, pondremos en peligro nuestros valores. Esto no debe suceder. Inger Segelström (PSE). — (SV) Señor Presidente, empezaré dando las gracias a todos los partidos por la resolución. Hoy ningún país de la UE está libre del extremismo de derechas, no siquiera mi país, Suecia. En las últimas elecciones locales de 2006, Sverigedemokraterna (Demócratas de Suecia) obtuvo escaños en dos tercios de los municipios. Cabe sospechar que sus siguientes objetivos son las elecciones al Parlamento Europeo de 2009 y las elecciones al Parlamento Sueco de 2010. Los parlamentarios suecos necesitamos ayuda para ponérselo más difícil, al igual que otros necesitan ayuda en sus países para frenar la difusión del extremismo de derechas, que está en aumento en toda Europa.
Europa necesita partidos democráticos cuyos programas lleguen a todos, no sólo a unos pocos. En las elecciones de 2006, el lema de los socialdemócratas suecos fue «Todos están incluidos», y adquiere aún más relevancia en este debate, ya que los partidos y grupos de los que estamos hablando tienen programas que no respetan valores fundamentales de la UE ni el valor igual de todos los seres humanos. Para mí, como miembro de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, el enfoque del asilo y la política de refugiados es totalmente decisivo. Los partidos de extrema derecha se oponen tanto a una Europa más abierta como al desarrollo de la UE.
En cambio preconizan naciones con fronteras cerradas. Es una amenaza que observo en Suecia y, como todos ustedes, en toda la UE. Quisiera un comentario más sobre la resolución. La propaganda que los grupos extremistas difunden entre los niños y los jóvenes adopta la forma de música del poder blanco. Los medios y las comunicaciones son la herramienta usada, y elude la escuela, la familia, la educación complementaria y nuestros valores políticos. Es importante que nosotros, como representantes electos, nos hagamos ahora cargo del debate. Debemos hacerlo desde ahora y seguir hasta las elecciones al Parlamento Europeo de 2009. Aplaudamos la resolución.
(Aplausos) Kostas Botopoulos (PSE). — (EL) Señor Presidente, una amenaza pende sobre la democracia en Europa y dudo de que todos comprendan su importancia. Esta amenaza no es la propagación de ideas de extrema derecha, sino la transición de las ideas a los métodos de la extrema derecha. La aceptación, en otras palabras, de la fuerza bruta, como se ve en la actividad de las organizaciones paramilitares de extrema derecha.
Hay que hacer una importante distinción: por un lado, combatimos las ideas con las cuales no estamos de acuerdo. Las ideas que promueven el nacionalismo en Europa, y el racismo, la xenofobia, la opresión de las mujeres, la opresión de las minorías. Combatimos estas ideas con nuestras propias ideas y con nuestro esfuerzo para luchar contra las causas, las causas políticas, que pueden encontrarse sobre todo en el problema de la diversidad, en el hecho de que los ciudadanos europeos no aceptan la diversidad, no aceptan la política que la apoya y no aceptan la propia Europa.
Pero por otro lado estamos librando una batalla diferente, incluso con medios penales, contra la difusión de esas ideas mediante acciones que conducen a la violencia. Desde este punto de vista, creo que esta resolución conjunta muy bien equilibrada de todo los partidos democráticos del Parlamento es otro gran momento político para esta Cámara —especialmente después de lo que ha sucedido hoy— y estoy muy orgulloso de que esta resolución haya surgido de nuestro propio grupo, el Grupo Socialista. Ana Maria Gomes (PSE). — (PT) El 6 de septiembre, unas veinte tumbas del cementerio judío de Lisboa fueron profanadas y marcadas con esvásticas pintadas en las lápidas. Los dos autores fueron detenidos. Son miembros del Frente Nacional, una organización de extrema derecha de cabezas rapadas portugueses abiertamente partidarios de la guerra racial y la acción violenta para asegurar la supremacía blanca. Este caso y otros, en particular la oleada de histeria antimusulmana en diversos países europeos y la violencia racista recientemente desencadenado contra la comunidad romaní en Italia, demuestran que la xenofobia y el racismo violento están entre nosotros, y no podemos permitirnos el lujo de minimizarlos.
En el caso portugués, las autoridades estuvieron inicialmente tentadas de quitar importancia al caso y declararon que el antisemitismo era contrario a la naturaleza supuestamente tolerante de la sociedad portuguesa. Pero la presencia de los Ministros de Justicia e Interior en el cementerio judío durante la ceremonia de purificación de los sepulcros y la publicidad que esta demostración de solidaridad obtuvo en los medios de comunicación portugueses son una lección para otros casos, en Portugal y en otros sitios. El extremismo en Europa sólo puede combatirse eficazmente si los representantes políticos y los medios de comunicación asumen sus responsabilidades difundiendo esta clase de delitos e identificándolos como ataques directos y básicos contra la esencia misma de la democracia, de Europa y de la humanidad. Pierre Schapira (PSE). - Señor Presidente, Señorías, ante un tema tan preocupante como el aumento del extremismo en Europa, todas las instituciones europeas deben movilizarse, en efecto, para frenar el desarrollo de los movimientos de extrema derecha, tanto más peligrosos cuanto que los valores que transmiten van acompañados cada vez con más frecuencia de atentados a los derechos humanos respaldados por una ideología racista. ¡Una deriva como ésta en el seno mismo de la Unión es inaceptable!
En coherencia con el texto de la declaración escrita y la resolución del PSE presentados sobre este tema, la acción de la Comisión ha de ser, a mi entender, doble: una acción positiva, dirigida a buscar, en colaboración con los Estados miembros, las soluciones políticas y legales adecuadas, por un lado, para condenar las violaciones de los derechos humanos y, por otro, para llevar a cabo una acción preventiva, en especial dirigida a los jóvenes, a fin de sensibilizarlos en los valores fundamentales de la Unión. En segundo lugar, hay que comprometerse a garantizar que ningún fondo europeo pueda ser utilizado por ninguna institución u organismo que transmita valores o discursos que inciten a la violencia xenófoba y racista.
Quiero recordar, en concreto, el caso de Radio Maria en Polonia, que ha solicitado subvenciones europeas, a pesar de ser notoriamente conocido que sus posiciones no se ajustan a los principios de los derechos humanos. Aprovecho, pues, la presencia de la Comisión hoy para solicitar que no se conceda ningún crédito europeo a medios de comunicación que representen una plataforma para la difusión de ideas racistas, cuya repercusión sobre la población es grande y potencialmente muy peligrosa. Franco Frattini, Miembro de la Comisión. − — (IT) Señor Presidente, Señorías, considero que el debate de hoy ha tenido un interés extraordinario —un interés extraordinario y también de un elevado nivel político— y, por consiguiente, quiero dar las gracias a todos los que han intervenido, incluidos los que han dicho cosas con las que no puedo estar de acuerdo. Algunos oradores han preguntado si es necesario o importante plantear este asunto ante esta Cámara; creo que ha sido muy importante.
Se ha planteado una cuestión de elevado contenido político: lograr un equilibrio entre el derecho a expresar libremente nuestro pensamiento, que es uno de los derechos que la Carta de Derechos Fundamentales reconoce, y otros derechos fundamentales como la dignidad de la persona humana, la igualdad y la no discriminación. Opino que quienes han planteado esta cuestión, adoptando el criterio de que la libertad de pensamiento autoriza a delinquir y a propagar valores contrarios a los derechos fundamentales de la persona, han distorsionado el verdadero significado de la libertad de pensamiento.
Siempre digo lo que pienso, aunque mis opiniones vayan en contra de quienes han intervenido antes de mí. Alguien ha afirmado que «si, en un referéndum, los ciudadanos votan en contra de la Carta de Derechos Fundamentales, esa será una manifestación de libertad». No estoy de acuerdo, porque convocar un referéndum contra la Carta de Derechos Fundamentales sería convocar un referéndum contra los ciudadanos, ya que esos ciudadanos son claramente los titulares y protagonistas de los derechos fundamentales que ahora debemos proteger. No es porque ese principio deba refutarse, sino porque quienes defienden los derechos fundamentales no son extremistas, mientras que quienes los infringen y refutan, los que desean afirmar el derecho a incitar a una muchedumbre o a un grupo de personas violentas a destruir sepulcros de judíos, son extremistas. Esa no es libertad de expresión, es violencia que debe erradicarse mediante políticas y debe ser castigado con los instrumentos de la ley. Estas son, en mi opinión, las dos medidas que Europa debe defender con insistencia inquebrantable.
No debemos quitarle importancia. No debemos pensar que un único suceso puede subestimarse porque sea un único suceso; si ese único suceso es un síntoma de racismo e intolerancia, de un escarnio profundo de los valores humanos, también debemos preocuparnos por ese único suceso, por ese único acto de violencia.
Muchos de ustedes han planteado otra cuestión muy importante: ¿puede tolerarse la difusión de mensajes racistas por parte de las fuerzas políticas en nombre de la libre expresión del pensamiento político? Dado que son elegidos por los ciudadanos, creo que los políticos tienen una responsabilidad especial y no deben incitar a las masas contra otros ciudadanos u otras personas por un sentido de la responsabilidad personal.
En mi opinión, es difícil, y lo digo francamente, usar los instrumentos de la ley, la policía o los servicios secretos para emprender una investigación de gran alcance de este o aquel partido. Pero, cuando este o aquel partido afirma públicamente que su intención es restaurar la supremacía racial, esto no es la libre expresión de un pensamiento, sino un ataque contra los cimientos profundamente arraigados de Europa. Estas razones justifican la acción represiva, y no se puede hablar de censura ni de ataque contra la libertad de expresión.
Defenderé el derecho de los que no están de acuerdo conmigo a decir lo que quieran decir, pero no puedo defender el derecho de los que no están de acuerdo conmigo a incitar a las masas o a otras personas a que ataquen, hieran y maten. Esto no es en absoluto libre expresión del pensamiento.
Por eso la publicación de hoy es clave, y utilizaré argumentos similares en el debate de la forma atroz de extremismo que representa el terrorismo, porque sin duda no podemos hacer una distinción entre el mensaje de odio racial y el mensaje de los que consideran que asesinar personas en ataques terroristas es una respuesta posible a los problemas de la sociedad. Son asuntos que —en mi opinión, mediante la educación y la prevención, el fomento de la tolerancia y el uso de los instrumentos de ley y la represión— deben afrontarse a escala europea. Sólo podremos estar satisfechos cuando tengamos la seguridad de que en Europa no hay lugar para racistas, intolerantes y terroristas. Presidente. − He recibido cinco propuestas de resolución(1) de acuerdo con el apartado 2 del artículo 103 del Reglamento del PE.
La votación se celebrará el jueves 13 de diciembre de 2007.
Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento) Glyn Ford (PSE), por escrito. – Votaré en favor de esta resolución con un cierto grado de reticencia. Cubre un asunto importante en el que he estado trabajando en esta Cámara desde que fui elegido por primera vez en 1984, cuando tuve el honor de presidir la Comisión de investigación del Parlamento sobre el aumento del racismo y del fascismo en Europa.
Mi preocupación es que esta resolución es tan débil que hoy pueden votar en su favor, y firmarla, personas que en los ochenta eran miembros de partidos neofascistas como el Movimento Sociale Italiano. Sobre esta base, tiene que ser forzosamente deficiente. Lívia Járóka (PPE-DE), por escrito. — (HU) Los movimientos extremistas que están cobrando fuerza en toda Europa nos preocupan gravemente, ya que sus actividades políticas se basan en incitar al odio contra los grupos más vulnerables de la sociedad y predican la intolerancia y la exclusión social. Tales ideas son incompatibles con los valores europeos, la dignidad humana, la igualdad de derechos y las libertades fundamentales contenidos en los tratados fundacionales de la Unión, y con los principios básicos formulados en la Carta de Derechos Fundamentales, proclamada este mismo día. Tales movimientos y las opiniones que expresan son capaces de generar temor entre las minorías y entre la mayoría democrática de los ciudadanos que respetan la ley. Debido al mayor interés de los medio de comunicación por los grupos extremistas, las falsas generalizaciones y las verdades a medias deformadas que se expresan más ampliamente que antes no sólo son inadmisibles, sino extremadamente peligrosas, ya que fortalecen incidentes de prejuicios y discriminación negativa y además impiden la resolución de problemas sociales.
Quisiera recordarles en especial los incidentes antigitanos, que también son cada vez más frecuentes. Hay más de diez millones de gitanos en Europa, y forman la minoría étnica mayor y al mismo tiempo más vulnerable e indefensa de Europa, y su situación no ha mejorado en los últimos años, sino que en muchas áreas se ha deteriorado claramente. Es responsabilidad conjunta de la Unión Europea y las organizaciones civiles encontrar una solución a los problemas de desempleo y pobreza abyecta y poner fin a la segregación residencial y educativa de los gitanos. Resolver estos problemas es ahora el problema de minorías más urgente para la Unión Europea. Magda Kósáné Kovács (PSE), por escrito. — (HU) Los partidos extremistas que obtienen escaños en muchos Estados miembros de la Unión y temporalmente hasta en el PE no pueden llegar a ser aceptables en la política europea. Su supresión es asunto de toda la sociedad de la Comunidad Europea, aunque sepamos que ciudadanos que, por otra parte, exigen democracia y derechos humanos, ocultan día tras día el racismo y la xenofobia.
Jóvenes para quienes, no sólo el Holocausto, sino también la caída del Muro de Berlín son historia, están expuestos a un riesgo particularmente alto. La Europa sin fronteras sobreestima la conciencia de pertenecer a una nación, y es fácil instilar las peores ideas. Hasta el presente, la legislación europea ha seguido las medidas nacionales; no va más allá y no señala el camino. Pero el problema no sólo exige respuestas políticas o legales, y la acción no sólo debe aparecer en nuestros objetivos, sino también en las respuestas de las organizaciones civiles y las iglesias que profesan los valores europeos y que intervienen en la vida pública.
Así, el Papa Juan Pablo II habló claramente muchas veces contra el racismo y la xenofobia y consideró que la tarea de la religión era estar al servicio de la verdad, de la paz entre los hombres, del perdón, de la vida y del amor: en otras palabras, todos los valores que estos grupos radicales no representan, o que representan sólo en un sentido extremo.
Quisiera pedir al Presidente de PE y a los miembros de la Comisión, durante el diálogo que ha de mantenerse con las iglesias, que pida a éstas que actúen contra los extremistas y les retiren cualquier gesto de apoyo. Katalin Lévai (PSE), por escrito. — (HU) Señor Presidente, Señorías, las ideas y organizaciones extremistas se han convertido en fenómenos alarmantes en nuestras vidas cotidianas, y podemos verlas en todas partes, casi sin excepción. La idea básica de los padres de la integración europea era la libertad de pensamiento y opinión. Hoy, estos son nuestros valores fundamentales. La auténtica democracia también garantiza la libertad de expresión, que no puede, sin embargo, conducir a cualquier alteración o poner en duda la paz, la vida y la existencia; pero, en efecto, hoy hemos llegado a eso. Ni podemos tolerar las ideas que antes incitaron a que el Holocausto y el odio entre las naciones y los pueblos tuviesen un foro y unas organizaciones. En muchos lugares la extrema derecha busca y encuentra uno de las fuentes para resolver los problemas sociales que tenemos ante nosotros en la segregación y la incitación al odio, en lugar de en la conciliación y la integración social. La Unión Europea, como garante genuino de los derechos humanos y la protección humanitaria, debe hacer todo lo posible para que estas ideas y organizaciones retrocedan e incluso desaparezcan de nuestras vidas cotidianas si su agresividad, que perturba la vida social saludable, así lo exige.
También recomiendo que la Unión dedique más espacio a la información en sus actividades de comunicación. Lamentablemente, importantes capas de la población, debido sobre todo a la ignorancia, son sensibles a las manifestaciones extremistas y populistas. La generación joven es la que corre un riesgo mayor, ya que no ha tenido los medios para obtener la experiencia histórica pertinente para encontrar la dirección correcta. Nuestra tarea es ayudarles en esta labor. Si nos rendimos, debilitaremos los cimientos de nuestro futuro. Daciana Octavia Sârbu (PSE), por escrito. — (RO) La Unión Europea debe luchar contra cualquier tipo de extremismo, ya que esta actividad es contraria a los principios de libertad, democracia y respeto de los derechos humanos en los que se basa la Unión. Por este motivo, las acciones dirigidas contra el extremismo y el terrorismo no deben afectar a los derechos fundamentales de los ciudadanos en ningún lugar de Europa. Los movimientos extremistas de grupos paramilitares, el ultranacionalismo, la xenofobia, las llamadas a la violencia y los conflictos locales étnicos y religiosos amenazan la estabilidad de la Unión Europea, caracterizada por la rica diversidad cultural y tradicional de sus Estados miembros. Éstos deben aunar esfuerzos para luchar contra las acciones extremistas e identificar a los instigadores y organizadores de tales acciones. La Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea también desempeñará un papel importante en la prevención del racismo y la xenofobia para garantizar así un clima de seguridad en el territorio de la Unión.
El diálogo, la educación y la información pública sobre las cuestiones relacionadas con el fomento de la tolerancia y la lucha contra el racismo son elementos importantes que contribuyen a la difusión de los principios de la libertad y la democracia. Los Estados miembros también deben cooperar y desplegar esfuerzos para integrar a los marginados sociales y etnoculturales, para que la lucha contra la discriminación y la incitación a la violencia aseguren la armonía étnica y política dentro de la Unión Europea. (1)Cf. Acta.
Última actualización: 20 de octubre de 2008Aviso jurídico

References: resolución 
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 artículo 21
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 artículo 7
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 artículo 103
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