Source: https://hayderecho.com/2014/11/06/los-problemas-de-los-nuevos-partidos-iii-la-mediacion-como-instrumento-en-favor-del-debate-y-de-la-resolucion-de-sus-conflictos-internos/
Timestamp: 2019-12-08 03:08:42+00:00

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Los problemas de los nuevos partidos (III). La mediación como instrumento en favor del debate y de la resolución de sus conflictos internos. – Hay Derecho
Hace pocos días en este Blog dos posts de esta serie, uno escrito por Elisa de la Nuez y Rodrigo Tena y otro sólo por este último, analizaban los problemas surgidos en algunos de los nuevos partidos que se habían abierto a una verdadera democracia interna y, con ella, al debate. Y, de forma especial, el problema surgido en UPyD entre su dirección y su cabeza de lista en el Parlamento Europeo, Francisco Sosa Wagner, elegido unas elecciones primarias libres. Destacaban la dificultad de alcanzar un equilibrio adecuado entre la necesaria autonomía e iniciativa de quien, como elegido en primarias, gozaba de una legitimidad democrática propia, y la imprescindible labor de coordinación que corresponde a la dirección del partido.
Ambos posts consideraban deseable establecer mecanismos internos flexibles para la resolución de los inevitables conflictos que se derivan de esta situación, casi inédita en nuestro país. Y se refirieron incluso, específicamente, a sistemas de mediación. Nos parece una idea valiosa para nuestra vida política en la que como mediador quiero extenderme.
En España los partidos que dan una imagen de división y luchas intestinas han sufrido tradicionalmente fuertes castigos electorales. Ese miedo, junto a los mecanismos partitocráticos de reparto del poder, ha favorecido en ellos la preponderancia de organizaciones jerárquicas, oligárquicas y opacas. El recuerdo de UCD ha pesado como una losa sobre la posibilidad de debates libres. Pero este modelo vertical, aunque más seguro en el corto plazo, es también mucho más empobrecedor para la vida política. En él se prima la obediencia por encima de los méritos intelectuales en la selección de los líderes, y se expulsa del sistema a mucha gente valiosa. Y el resultado final es una mediocridad generalizada.
La corrupción supone, además, otro resultado colateral. No podría extenderse tanto en un partido abierto, con transparencia, alternativas y debate interno, incluso sobre estas cuestiones. Otro tipo de dirigentes serían los que se promocionaran.
El establecimiento de mecanismos de democracia interna y de debate, por tanto, es muy positivo si se consigue que las divergencias pierdan ese carácter destructivo que tuvieron en UCD y recientemente en el “caso Sosa Wagner”. Y eso puede conseguirse. La salida de los discrepantes en momentos puntuales no es un resultado necesariamente inevitable.
Uno de estos instrumentos, de valía demostrada en muy diferentes campos, es el de la mediación. El “caso Sosa Wagner” es una oportunidad para plantear la oportunidad de su uso en estos conflictos intrapartidarios.
Que los conflictos no adecuadamente encauzados tiendan a escalar es lo natural. Así ocurre en los que se dan en todo tipo de relaciones, desde las escolares, que terminan en peleas, hasta las internacionales, que terminan en guerras, muerte y destrucción. Casi ninguno de nosotros, ni los más inteligentes, ni a veces siquiera los mejor entrenados en técnicas de negociación, estamos a salvo de sufrir una de estas escaladas cuando se trata de problemas que nos afectan de forma personal.
En el caso Sosa Wagner creemos que se ha producido una de estas escaladas. El enfrentamiento se ha producido entre personas de valía contrastada pero, precisamente por ello, también de fuerte personalidad, reforzada con su propio sentido de legitimidad. Comienza, según leemos en el post de Rodrigo , con la divergencia, mal resuelta, respecto a la votación de Junker como Presidente de la Comisión Europea. Continúa con el conocido artículo en El Mundo en el que Sosa, sin duda dolido, declara que el partido “debería liberarse de las prácticas autoritarias que anidan en su seno”. Lo que desata la reacción más o menos visceral de miembros de la dirección ante la lesión que había sufrido la imagen del partido. Siguen los ataques personales, la sustitución de Sosa como portavoz y, finalmente, su abandono del partido.
Es un resultado final en el que todos pierden. La imagen del partido queda seriamente dañada, con una extendida acusación de autoritarismo hacia su dirigencia. Y éste se pierde una persona prestigiosa que estaba realizando una buena labor en el Parlamento Europeo. Sosa Wagner, por su parte, sale con evidente frustración de una actividad política en la que, me da toda la impresión, encontraba satisfacción.
La escalada del conflicto ha sido posible por la ausencia de una comunicación positiva entre los protagonistas y de mecanismos para poder restablecerla. Probablemente sólo se han visto en reuniones de órganos del partido, formal y rígidamente organizadas, donde no han podido restablecer sus relaciones. Si han intervenido terceros para intentar superar el problema, éstos no se encontraran en la posición adecuada para ello y no lo han conseguido. Pero ¿Habría sido posible otro resultado final? ¿Hay algún modo para cambiar esa dinámica por otra de desescalada?
El Partido podría haber contado con un mecanismo de mediación que podría activarse en situaciones como ésta. Podría ser usado a petición de cualquiera de las partes, o incluso necesariamente a instancias de la dirección. No es una idea novedosa, pues existe, por ejemplo, en otras organizaciones como numerosas grandes empresas del mundo anglosajón (Ombudsman). Ese sistema para la resolución de conflictos internos en esas organizaciones está dando grandes resultados. Consigue no sólo la resolución de disputas puntuales, sino también favorece las relaciones colaborativas y un mejor ambiente de trabajo, y favorece la permanencia en la empresa de personas que le aportan un gran valor. Por ello es cada vez más utilizado. Y nada impide trasladar un mecanismo semejante, con las necesarias adaptaciones, a un partido político.
Si las partes en conflicto suelen llegar a la mediación con notable escepticismo, con una versión muy deformada del contrario y, por tanto, de las posibilidades de resolución, un buen mediador es capaz de llevar el diálogo a un nuevo campo mucho más fértil. y acaba surgiendo la posibilidad del acuerdo cuando antes no se veía posible. No quiero extenderme en explicar las técnicas y microtécnicas que un mediador habría podido usar en un caso como éste y cuáles habrían sido sus efectos. Pero en este escenario imaginado habría sido muy probable un acuerdo final por el que Sosa Wagner permanecería en el Partido y se seguiría contando con su valiosa colaboración. Si se hubiera utilizado en una fase temprana, antes de trascender a los medios, la exposición publica de las diferencias y ataques no habrían tenido lugar. Y si hubieran ya ocurrido, se podría restaurar el daño en imagen con algún tipo de declaración pública al respecto.
En definitiva, contrariamente a lo que ha ocurrido en la realidad, habría tenido lugar un resultado final con el que todos habrían ganado
Es importante advertir que este verdadero tesoro no lo habría podido conseguir cualquier mediador. En contra de lo que muchos creen, incluso algunas personas inadecuadamente formadas como mediadoras, mediar bien es muy difícil. Exige muy buena formación, cualidades personales, rodaje y experiencia. Y el mediador ha de inspirar, además, confianza a las partes. Especialmente en un caso como éste, su integridad profesional le exigiría guardar un secreto absoluto sobre lo tratado, o incluso sobre la propia existencia del proceso. A pesar de las tentaciones que derivarían de su fuerte interés mediático. Y de ninguna manera podría dar esa confianza, ni dirigir bien el proceso, quien tuviera o aspirase a tener cargos en el partido, ni quien tuviera o aspirase a tener amistad personal con alguna de las partes.
El resultado final sería poder contar con mejores partidos políticos y mejores líderes. Más abiertos al diálogo y a la colaboración, y más conscientes de las ventajas de la auctoritas sobre la autoridad jerárquica pura. Todo ello significaría mucho en la necesaria regeneración de nuestro sistema político.
6 noviembre, 2014 en 01:51
Un gran artículo. Si los partidos políticos quieren basarse en la participación, y no en la mera adhesión, de manera casi inevitable surgirán conflictos porque de lo que se trata es de que personas con visiones, experiencias, capacidades y personalidades diferentes aporten su esfuerzo en conseguir un proyecto común mejor. La mediación puede ayudar a resolver los conflictos de manera que se reduzca de forma sensible uno de los principales costes de la participación activa en la política, como es el de los conflictos entre compañeros. A la misma vez, puede hacer la participación política más fructífera, dado que la mediación puede terminar en un acuerdo que supere el conflicto y evite el abandono de personas valiosas, e incluso mejore el proyecto político. Creo que para que todo esto sea posible es necesario que los partidos sean abiertos para aceptar nuevas propuestas, pero con un pequeño conjunto de principios firmes que sean su razón de ser. También es necesario que los partidos tengan un cierto nivel de discreción tanto en el conflicto como en la mediación, pero a la misma vez que el resultado de la mediación, cuando sea fructífero y mejore en algo el proyecto, sea convenientemente divulgado. Suele suceder que el ciudadano se acuerda más del conflicto que de la solución.
Un apunte que me parece importante es que un mecanismo semejante parece que se hace cada vez más necesario en los sindicatos de trabajadores, de modo que favorezca una participación provechosa de los trabajadores en la vida sindical, donde normalmente existen menos opciones de discrepar porque hay menos opciones sindicales que políticas y tienden a diferenciarse menos que los partidos políticos. Los sindicatos necesitan un debate muy intenso en muchos ámbitos y probablemente surgirán conflictos que la mediación puede ayudar a encauzar.
6 noviembre, 2014 en 06:52
Muchas gracias, Gonzalo. Completamente de acuerdo contigo.
6 noviembre, 2014 en 13:57
No creo que lo que resulta operativo en la empresa lo sea también en política (resulta engañoso el nombre de Ombudsman, pues su acepción original, y corríjame si me equivoco, lo es como Defensor del Pueblo, no como Mediador empresaria).
En Política, la mediación consiste en diálogo y posterior votación. Las opciones son el “consenso” (es decir, el meter la cabeza en un agujero y esperar a que los problemas se resuelvan solos, muy extendido en el actual Gobierno hispánico) y el respeto a la decisión de la mayoría.
para ello, es imprescindible la más absoluta TRANSPARENCIA, el desprecio por cualquier secretismo en el seno de esas Instituciones definidas en el art. 6 de la maltrecha Constitución Española como “instrumento fundamental para la participación política”, concurriendo a “la formación y manifestación de la voluntad popular”. Los Partidos Políticos.
Pese a la crítica expuesta, quisiera también mostrar mi agradecimiento por su Post, en cuanto expresa de manera brillante, como suele hacerlo en todos sus artículos, el sentido de la Mediación. Eso sí, en cuanto al Derecho Privado.
6 noviembre, 2014 en 15:52
Muchas gracias por su comentario, De Lege Ferenda.
La palabra “ombudsman” es de origen sueco y puede traducirse como “comisionado”, generalmente en tareas de intermediación y defensa de derechos. Su utilización más extendida entre nosotros es, efectivamente, para cargos como los de “defensor del pueblo” o semejantes. Sin embargo en el mundo anglosajón se utiliza también para denominar a quienes desde una posición de imparcialidad realizan labores de mediación institucionalizada en los conflictos internos de las empresas y otras corporaciones.
Yo creo que, efectivamente, en los partidos debe haber procesos transparentes de toma de decisiones. Pero también que eso no es incompatible con sistemas de resolución de conflictos que pueden envenenar las relaciones, y con que esos procesos cuando sea preciso sean reservados. Lo que evitará a menudo, además, la tentación de “sobreactuar” de cara a la galería.
Por eso, por supuesto respetando su opinión, creo que si ese intrumento funciona y es eficaz para mantener las buenas relaciones y el ambiente de colaboración en muchas empresas también, adaptándose en la necesaria medida, pueden cumplir esa función en los partidos políticos.
En cualquier caso, bienvenida sea esta discrepancia para ampliar los puntos de vista. Gracias!
6 noviembre, 2014 en 14:10
Estimado Fernando: Creo que el problema no es de lo que digan los estatutos o el reglamento de un partido, sino de que los partidos como figura de participación política han fracasado. Así de sencillo. Me remonto a la Transición. En UCD (c/Arlabán) entraba cualquier ciudadano y hablaba directamente con el partido. No había servicios de seguridad sino un simple conserje que decía ¡buenos días! y ¡hasta luego! Antes de eso PDP donde la gente se extrañaba de poder asistir y participar en debates internos de la formación sin tener en cuenta si estaban afiliados o no. Las llamadas oficinas parlamentarias deberían ser las verdaderas puertas giratorias con la sociedad. Nada de eso ocurre y, al final, son los partidos los que se han separado de los intereses públicos. Su descrédito es total y lo peor es que ha permeabilizado las instituciones y las corporaciones de todo tipo. Lo verdaderamente necesario es un nuevo modelo participativo y de representación directa, lo demás ganas de marear la perdiz.
6 noviembre, 2014 en 16:00
Gracias, O’Farril. Creo que, efectivamente, hay que estar abiertos a nuevas ideas, especialmente cuando hay buenos motivos para sentir que lo antiguo ya no funciona. Pero mientras no se consoliden sistemas diferentes de canalización de la actividad política parece que habrá que seguir contando con los partidos. Por lo menos por ahora. De hecho hasta quienes quieren acabar con el sistema, como Podemos, lo hacen organizándose como un partido.
Así las cosas, y dado que aspirar a lo máximo no excluye intentar mejorar lo que hay, me parece que ésta puede ser una buena idea.
Es verdad que no será fácil que la reciban quienes están acostumbrados a funcionar con jerarquías absolutas o con conspiraciones. Pero también las actuales cúpulas de los partidos, aunque sea por puro instinto de supervivencia, deberían estar con los ojos y los oídos bien abiertos para encontrar cosas nuevas que les ayuden a mejorar lo que hay.
6 noviembre, 2014 en 20:33
Estimado Fernando: “Acabar con el sistema” sería sinónimo de “cambiar el sistema” que es un poco la bandera de este blog o ¿me equivoco? Unos, los más jóvenes quizá, a lo largo de los muchos años de vida que tienen por delante. Los más viejos, como yo, somos más apremiantes paradójicamente. Quizá porque nos sentimos estafados, porque no confiamos en los maquillajes ni los parches “democráticos” (¡cómo se abusa de la palabra para justificar lo injustificable!). Como jurista sabes lo que se puede prolongar el simple cambio de un término en una norma. Luego vendría el siguiente. Luego, ya veríamos…. Por eso la necesaria reforma constitucional en profundidad, para eliminar lo que sobra (que es mucho) e incorporar lo que falta (que también es bastante). Si eso es “acabar con el sistema” pues bueno; si se prefiere maquillar como “cambiar el sistema” ¿qué más da?. Lo que me parece ingenuo es seguir cayendo en la trampa semántica del lenguaje “publicado”, que no es precisamente la opinión pública, como sabes. Un saludo.
6 noviembre, 2014 en 21:50
La Constitución -y aquí sigo a Enterría, por encima de la desgraciada cuestión de los maletines- se basa en su flexibilidad. En su capacidad de albergar en si misma muy diversas opciones políticas.
A mi me gusta nuestra Constitución. Lo que me disgusta es su “puesta en práctica”.
¿Proceso constituyente? Vale. Pero, antes, recuperemos la Libertad Recuperemos el goce efectivo de los derechos que declara. Recuperemos la Libertad.
Una vez liberados .. todo será posible. Si iniciamos ante ese camino, creo que todo irá a peor. Y, quizás, en ese camino hacia la Libertad Política, acompañados por la flexibilidad del constituyente, alcanzaremos a ver soluciones en un texto fundamental del que, ahora solo vemos esclavitud.
6 noviembre, 2014 en 22:57
Por encima del Título Octavo de la CE, me importan el Título Primero y el Décimo; el listado de los Derechos Fundamentales y sus garantías, maniatadas por la política corrupta de “los mercados ” y sus vasallos que ocupan nuestras Instituciones; y la regulación del procedimiento para su reforma, cuya mera existencia es ejemplar. Me la traen al pairo su título octavo, y su Título Segundo- Organización territorial del Estado (lamento herir susceptibilidades nacionaleras) y “La Corona” que ni gobierna ni reina sin el amparo del Parlamento corrupto.
Porque sin Libertad, no existe consentimiento válido. Aquí, de Castro penetra en el Derecho Público; cosa de los grandes jurisconsultos. De aquéllos que ahora buscamos infructuosamente.
7 noviembre, 2014 en 01:51
Me parece un artículo ingenuo para un caso como el de Sosa Wagner.
Cuando un partido tiene mecanismos establecidos (incluyendo un “bulldozer” que se encarga de descalificar al que hay que descabalgar) no hay mucho que hacer. Porque la propia razón de ser del partido es satisfacer a sus líderes. Recordemos la Ley de Hierro de la Oligarquía: nadie que se moleste tanto en sacar adelante un partido, va a renunciar al máximo beneficio. El propio Carlos Gorriarán dijo una vez en Twitter que los que no estábamos de acuerdo no habíamos hecho todo el esfuerzo de sacarlo adelante. Si añadimos que los líderes de UPYD son personas de escasa formación académica, su conducta va a ser defensiva contra todo lo que pueda saltarle por encima.
Este domingo Rosa Díez dijo en El Objetivo “nuestros adversarios no son los partidos nuevos que acaban de llegar” dejando abierta la puerta a pactar con Podemos. (Comparen eso con lo escrito por Luis Garicano diciendo que es un partido bolivariano que quiere llevar a España a un régimen totalitario). Queda claro que este partido no representa a la tercera España.
7 noviembre, 2014 en 09:27
Yo sí creo que representa a la tercera España. El problema es que viendo que no ha crecido lo que esperábamos algunos y sobre todo viendo el auge de podemos, lo que se se concluye de esto es que ¡no existe esa tercera España! Y dejaos de monsergas con el caso Wagner, toda organización tiene esta clase de problemas, pero no se resuelven yendo a la prensa mintiendo sobre tus compañeros de partido (Wagner mintió descaradamente sobre aspectos de la organización de UPyD).
Seamos responsables y autocríticos, en mi humilde opinión, UPyD ha trabajado mucho y muy bien con los escasos medios de los que disponía, hemos sidos los ciudadanos los que no hemos respaldado una vía que nos podía sacar del agujero, y ahora lo que triunfa es el maximalismo de Podemos, más acorde con nuestra formación política. Por eso yo con quien estoy defraudado es con la sociedad española, no con los que han trabajado por cambiar las cosas.
Ah y ¿de dónde te sacas que no tienen formación académica? Lo que yo conozco, más del 90% son profesionales con formación superior.
7 noviembre, 2014 en 10:54
Cuando digo “falta de formación académica” me refiero (creo que obviamente) a ciertas personas concretas.
Me parece una propuesta interesante. Al menos en aquellos conflictos que no involucran a un número significativo de afiliados/simpatizantes y tienen riesgo de convertirse en luchas personales. Creo que el mecanismo debería ser de aplicación obligatoria y cuasi automática para evitar que elegir, aplicarla o no, sea al final un arma más. Se me ocurre incluso, que podría ser solicitada por afiliados a los que esos conflictos les supusieran una preocupación. Cuando uno está cabreado no suele ser proclive a dialogar motu proprio, de hecho de ahí surge la propia razón de existir de la medición. Al final los partidos no son sino grupos de personas y adolecen de los mismos defectos que éstas, magnificados por el altavoz que el aplauso/rechazo del grupo, otorga.
Pensaba en la de veces que caracteres muy marcados y encontrados en distintas instancias (gob central/ comunidad autónoma/ayuntamiento), han causado perjuicio a los ciudadanos y lo estupendo que sería contar con una herramienta que les obligara a sentarse y recordar dónde están las prioridades y dónde los malentendidos.
7 noviembre, 2014 en 09:04
Parece una buena idea, pero reflexionemos si un partido cuyos estatutos consideran que el disenso y su encauzamiento como corriente crítica es motivo de expulsión, o que no impide e incluso fomenta el que empleados a sueldo que pagamos todos los afiliados formen parte de órganos arbitrales como la comisión electoral para comicios internos, o en el que incluso su consejo de dirección designa directamente a dos de los tres miembros que forman la “oficina de buenas prácticas”, está capacitado o no para hacer funcionar otro cargo orgánico con cierta independencia. Es como esperar que Rajoy o por extensión el PPSOE sean reformistas con la corrupción que ellos mismos han generado.
Un partido no es más que una organización. Si se pueden abordar mediaciones en ámbitos organizacionales (empresas, universidades, organizaciones sanitarias,…incluso implementando Centros de Mediación permanentes dentro de esas organizaciones) los partidos políticos no tienen por qué ser una excepción.
“Conviene revisar con urgencia las prácticas organizacionales, con las que perpetuamos, por acción u omisión, el autoritarismo, la arbitrariedad, la violencia psicológica, la discriminación dentro de los partidos, y así tomar conciencia del impacto que tiene sobre las victimas, sobre los resultados, sobre la gestión y sobre todo el sistema democrático en su totalidad.(…)
Incluir procesos de mediación, lo que es absolutamente positivo para el fortalecimiento de cualquier organización, abordando la compatibilidad de la fidelidad al propio ser con la del grupo sin tener que elegir el aislamiento o la soledad en el primer caso o la sumisión o indefensión en el segundo, como también y entre otros muchos la envidia competitiva, esa que nace entre contrincantes donde la victoria de uno supone la derrota de otro.”
Marisol Amoreiro, “Mediación intragrupos políticos”, pág. 340, en “La Mediación. Un instrumento de conciliación”, Edit. Dykinson, Madrid, 2010
“Ubi societas ibi ius”. Pero el Partido Político es una asociación humana especial. Especial porque aspira a imponer su visión de la sociedad a todos; también -y especialmente- a quienes no están dentro del partido.
Es una diferencia relevante.
Los “notables” del Partido, no pueden quedar al margen de esta diferencia. Si se trata de que los “notables” partidarios lleguen a consensos internos en base a acuerdos secretos, ese partido pertenece a la “vieja política”.
La “nueva política” es todo lo contrario; partido abierto a la sociedad; los notables del partido que aspiran a ser los “notables” de la sociedad, deben ser transparentes.
9 noviembre, 2014 en 14:20
Si las organizaciones son grupos de personas, en la que confluyen intereses individuales y colectivos, que se configuran de un modo organizado por medio de procesos y estructuras relacionadas, para alcanzar un propósito.
Si las personas integran la organización, mediante relaciones interpersonales, que se manifiestan en grupos o equipos de trabajo.
Si convenimos en que en el contexto de una organización, un conflicto es una expresión de descontento o rechazo de una interacción, o proceso, o producto o resultado.( Es decir, que en una organización pueden surgir conflictos interpersonales que potencialmente pueden afectar además a los propósitos de la organización de forma espuria, distorsionándolos)
Si entendemos que los partidos políticos son esencialmente organizaciones.
Si aceptamos que es posible e incluso conveniente abordar los conflictos que puedan surgir dentro de las organizaciones a través de procedimientos de mediación, porque “la mediación es un método adecuado para gestionar y resolver estos conflictos organizacionales desde una perspectiva global o sistémica.” (Amparo Quintana, “Mediación en las Organizaciones”, http://cienxcienpersonas.wordpress.com/2013/12/20/mediacion-en-las-organizaciones/)
¿Por qué la mediación no es adecuada para resolver conflictos intragrupos políticos?
9 noviembre, 2014 en 17:25
Porque la Mediación en Política, no ha de ser entre Egos, sino entre todos. Porque la Mediación, en cuanto lleva en si misma el silencio del mediador para no inflamar egos, no vale en Política, donde tenemos el derecho a saber de las componendas entre notables. Porque el Mediador puede convertirse en titiritero, y los mediados en títeres. Porque cada uno ha de poder, en su partido, exponer sus ideas, y entre todos, habrán de ser votadas. Salvo que los lideres sean el proyecto. Entonces si, habrá que hacer sacrificios en sus altares.
Porque una vez alguien el pregunto a un hombre mayor como había llegado a tan avanzada edad, y éste le respondió que gracias a no discutir.¡Venga ya, será por otra cosa!, respondió el primero. Y el hombre mayor le dijo a su vez, pues si, será por otra cosa.
9 noviembre, 2014 en 22:09
Es que nadie habla de “mediación entre Egos” en política, sino en partidos políticos, intragrupos políticos: conflictos en una organización.
Cuestión aparte es que se niegue la oportunidad de recurrir a la mediación como herramienta de resolución de conflictos dentro de las organizaciones, o bien se desconozca en qué consiste la mediación como procedimiento voluntario, alternativo y autocompositivo de resolución de conflictos, al que libremente se puede acudir y permanecer en él o abandonar a voluntad, que no impone ningún resultado ni solución diferente del que las partes tengan a bien, o no, convenir.
Y esto en nada afecta a la democracia interna de esas organizaciones. Al contrario, puede reforzarla en la medida en que facilite que se aborde desprovista de elementos ajenos al debate y los intereses políticos generales de la propia organización, descontaminado de cuestiones e intereses privados, particulares o personales, que distorsionen y/o condicionen los objetivos generales del grupo.
9 noviembre, 2014 en 23:59
Pero, ¿quienes serían “las partes”?¿ Los Notables o los afiliados?
10 noviembre, 2014 en 13:06
Enhorabuena por el artículo Fernando RP.
No voy a entrar en el debate, sino a aportar una información objetiva y real. En Podemos, el recién partido político fundado por el televisivo Pablo Iglesias, han creado un círculo de Mediación, ya que ellos es como se organizan, en círculos.
Cuando me interesé por lo que hacen y lo que saben sobre la mediación me quedé sorprendido, porque saben el valor que tiene como alternativa para la solución pacífica de conflictos, y de hecho ellos la utilizan para sus conflictos internos, además la ofrecen a sus afiliados y seguidores.
Yo creo que si tiene cabida la Mediación en las organizaciones políticas.
11 noviembre, 2014 en 04:38
Los árboles no conviene que impidan la visión del bosque. Nos vamos a la deriva si focalizamos en casuística concreta en un análisis que debería ser general. Igualmente sucede si el escenario sobre el que proyectamos el debate se circunscribe a tal o cual organización política concretas, contaminándonos con nuestras filias o fobias particulares.
El eje de coordenadas del tema a debate es: ¿Se pueden abordar mediaciones para la resolución de conflictos intragrupos políticos, como organizaciones que son?
A partir de aquí cada cual puede tener la opinión que mejor le parezca. En cualquier caso convendría no olvidar, al menos, dos cuestiones previas:
1.- Con independencia del ámbito de mediación, la ley, la doctrina, los autores y los mediadores coincidimos en señalar que no todo es mediable. Esto quiere decir que, aún cuando podamos defender la posibilidad u oportunidad de mediar en escenarios y ámbitos concretos (por ejemplo, en organizaciones), no todos los conflictos surgidos en su seno tienen por qué poder abordarse con las técnicas ni herramientas de un procedimiento de mediación. Pero esto no niega la mayor, porque la excepción nunca excluye la regla: la confirma.
2.- Si se opina que no es factible (en ningún supuesto) aplicar la mediación a la resolución de conflictos intragrupos políticos, en tanto que organizaciones, consecuentemente habrá que mantener el mismo criterio para negar esa opción a la resolución de conflictos en cualquier otra organización en la que se manifiesten las mismas o idénticas circunstancias en las que nos basamos para argumentar a contrario. Y es que las situaciones asimétricas de poder se dan en cualquier tipo de organización, se trate de grupos políticos o de sociedades mercantiles.
Y es que, al margen de la mejor o peor fortuna del ejemplo utilizado por Fernándo para basar su argumentación, lo importante es el planteamiento de fondo que se aporta: “Un partido político, lo mismo que otro tipo de organizaciones, puede integrar felizmente en su seno a una pluralidad de personas valiosas, con iniciativas y opiniones puntuales diversas y encontradas. Pero para ello ha de disponer de cauces que faciliten el diálogo interno y la comunicación positiva, la comprensión de la perspectiva del “otro”. Que logren que los debates desemboquen en la consecución de acuerdos que salven las controversias a satisfacción de los interesados. Con el resultado final de que las relaciones internas entre sus miembros, aunque tengan opiniones confrontadas, subsistan e incluso mejoren. (…) En definitiva, lo mismo que se ha experimentado ya con éxito en otras grandes corporaciones, también en los partidos un instrumento así podría tener un gran valor para que las discrepancias, en vez de terminar con un derrotado abandonando y empobreciendo el proyecto político, dieran lugar a un debate positivo e integrador.”
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De Lege Ferenda
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