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Timestamp: 2017-05-24 07:54:57+00:00

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El final del emporio agrícola en la Comarca Lagunera
by Abraham García Gárate	Print this article
TESTIMONIOS SOBRE UN CRIMEN DE SALINAS DE GORTARI
Ejido La Partida: Historia de vida y muerte Cita: “Muchos de ellos, por complacer a tiranos,
por un puñado de monedas, o por cohecho o soborno,
están traicionando y derramando la sangre de hermanos”.
TORREÓN.- EL SOL DE MEDIODÍA está alto y sus rayos inclementes caen en picada sobre la tierra de la Comarca Lagunera, calcinando los campos del norte del país donde la supervivencia diaria se convierte en lucha cotidiana.
En estas tierras que un día se llenaron de prosperidad, gracias al reparto agrícola impulsado por el general Lázaro Cárdenas del Río en 1936 en la Comarca Lagunera, la región se convirtió en la mayor productora y exportadora del “oro blanco” de México.
El algodón fue el cultivo comercial predominante en La Laguna. Hasta principios de los años noventa, producía la mitad del algodón de México El algodón es la planta textil más importante del mundo por su fibra suave. La primera mención del algodón como objeto de uso comercial se descubre en el documento llamado Periplo del Mar Eritreo”, de Amano, comerciante y navegante fenicio.
La Comarca Lagunera (Coahuila y Durango) es la zona en la que se cultiva la mayor cantidad de algodón en México. Los estados en los que el algodón se cultivó con éxito durante estos últimos años fueron: Sinaloa, Sonora,, Baja California, Chihuahua, Tamaulipas, Coahuila y Durango.
El algodón ha sido considerado como “cultivo social”, ya que genera trabajo y sustento a miles de familias en las regiones donde se siembra.
A mediados de la década de los 1990, la producción de algodón en México desapareció prácticamente debido al ataque de plagas, dicen las voces oficiales. Otros, los ejidatarios, hablan de una factura política que Carlos Salinas de Gortari cobró a los campesinos laguneños por el nulo apoyo de esa región a su campaña, al enfrentamiento con líderes agrarios que no estaban de acuerdo en lo que se vivía en esos momentos en el campo, y haber apoyado abiertamente al candidato del Frente Democrático Nacional (FDN), Cuauhtémoc Cárdenas.
A partir de 1996, el gobierno mexicano aprobó la introducción de biotecnología en el cultivo del algodón, por lo que inició la siembra con semillas genéticamente modificadas.
Hoy, está comarca está abandonada: Sus tierras se están muriendo por la apatía e indolencia del gobierno federal, la inactividad de los gobiernos estatales, la desidia de los gobiernos municipales; por la falta de recursos, inversión y de voluntad política.
Estas tierras abandonadas de la Comarca Lagunera se mueren todos los días. El sol las ha dejado exhaustas, secas, se han convertido en un rocoso territorio. Da la impresión de ser una muerta y calcinada región.
El sol sigue castigando la tierra comarqueña; esa misma que era origen de hombres comprometidos con el campo de aquel territorio agreste. Ellos así se sabían, se arraigaron profundamente en esta región que algún día fue un vergel y hoy vuelve a ser la continuación del desierto. Esa tierra que cruje de resequedad, que se duele de sed; esa misma que el sol calienta hasta que la marchita.
La Comarca Lagunera o La Laguna, región localizada en el centro-norte de México, debe su nombre a los cuerpos de agua que se formaban alimentados por dos ríos: el Nazas y el Aguanaval, hasta antes de la construcción de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco, que en la actualidad regulan su afluente.
Es un oasis en medio del desierto en lo que respecta a los aprovechamientos de aguas subterráneas. Toda su agricultura privilegiada es de riego. Las lluvias alcanzan tan sólo de 300 a 500 milímetros anuales. La conforman 16 municipios de los estados de Coahuila y de Durango. Torreón, Matamoros, San Pedro de las Colonias, Francisco I Madero, Viesca, del estado de Coahuila de Zaragoza; Gómez Palacio, Lerdo, Tlahualillo de Zaragoza, Mapimí, San Pedro del Gallo, San Luis del Cordero, Rodeo, Nazas, General Simón Bolívar, San Juan de Guadalupe, Cuancamé de Ceniceros, en el estado de Durango.
Hasta los años treinta, el riego dependía en gran medida de los ríos Nazas (se forma a partir de la confluencia del Río Sextin y del río de Ramos; se inicia en el estado de Durango hasta su desembocadura en la Laguna de Mayrán en el estado de Coahuila, recorriendo una distancia total de 350 Km), y Aguanaval, (Nace en la unión de los ríos Saín Alto y Trujillo en el estado de Zacatecas, iniciando su recorrido a partir de la presa “El Cazadero”, de donde se continúa a lo largo de 305 Km. Pasando por el estado de Durango hasta desembocar en la Laguna de Viesca en el estado de Coahuila), así como de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco.
Después de la reforma agraria de 1936, sin embargo, aumentó enormemente el número de pozos profundos, con lo que se irrigó aproximadamente un tercio de las tierras en años normales
Con las reformas de 1992 al artículo 27 la Constitución, se condenó a muerte al Ejido, y han convertido a los ejidatarios comarqueños en peones asalariados en las propias tierras que por derecho les correspondían.
La Comarca Lagunera de los aguerridos trabajadores agrícolas, es uno de los ejemplo más claros de este fracaso neoliberal… ¿O venganza salinista? Cualquiera que sea la respuesta, estos son algunos de los hechos que transformaron la vida del campo lagunero.
El sol se cernía sobre el Ejido La Partida, municipio de Torreón, en el estado Coahuila de Zaragoza, que se eleva unos 110 metros sobre el nivel del mar, teniendo un clima seco-cálido. Por el camino que viene de los campos agrícolas se escuchan unos pasos, lentos, de alguien que sus pies arrastraba un poco por el camino. Pisada huecas, llenas de cansancio y ansiedad. Caminaba un anciano, Moisés García Vázquez, uno de los cuatro mil 10 habitantes del ejido; cojo por las reumas y por la exigencia al cuerpo del trabajo en el campo, sus piernas encorvadas son testigos exiguos de las muchas horas agotadoras agachado, inclinado, de cuclillas en los surcos agrícolas.
El peregrinar de Don Moi era tan penoso como calamitosos. Para él, eran los caminos que tenía que recorrer a diario. Había dejado su juventud trabajando en los campos, y en experiencias llenas de sacrificios. Fue ejidatario hasta finales del siglo XX, cuando tuvo que vender sus tierras.
Se había convertido ya en un “labriego sin tierra”, como le decía su papá a los jornaleros del campo antes del reparto agrario, que como deuda sin pagar el general Cárdenas correspondió en octubre de 1936 a tan sentida demanda revolucionaria y dotó de tierras a campesinos.
Don Moi, ha sido trabajador y apegado a la tierra, hombre recio, de origen humilde, de niñez de pies descalzos. Hizo un alto, respiró profundo el aire caliente que corría y abrumaba, se quito el viejo sombrero para secarse el sudor, miró a su alrededor. Sus ojos que reflejaban la claridad del cielo se llenaron de un paisaje llano y árido. El sol cada vez calaba más, entró al pueblo por una calle estrecha sin pavimentar, sobreviviendo en las calles polvosas de siempre.
Las polvorientas calles de La Partida no son producto de descuido. Los aires que vienen del campo y del desierto llegan cargados de polvo y de tierra. En este municipio la escolaridad es del 7.19 años (7.34 en hombres y 7.05 en mujeres).
Viven en constante terror.
El aire que sopla por estos rumbos es fuerte, y ocasionales tornados de tierra acostumbran a hacer acto de presencia de vez en cuando. Don Moi siguió su andar por la calle que lo llevaba a una casa en especial. Cruzó medio pueblo y pasó por los mismos lugares que a diario, desde hacía mucho tiempo como para acordarse, siempre cruzaba.
En la esquina siguiente, afuera de una casa pintada de lila y con un pequeño jardín exterior donde a base de cariño, sus flores se empeñaban en vivir y verse bellas a los ojos de la dueña. Sentado como siempre y a la misma hora, un grupo de tres hombres de la “camada” de Moisés García, se juntaba a platicar. Otro grupo grande de viejos ejidatarios se juntaba a dos cuadras de ahí, afuera de la tienda de uno de ellos. En ese sitio se encontraban para platicar de lo mismo que habían platicado a diario en las últimas décadas.
En la entrada al Ejido La Partida, en la parada del camión que viene de Matamoros rumbo a Torreón, se reúnen en grupo otros viejos ejidatarios. En La Partida se ve a ancianos deambulando por las calles calientes y polvosas, seres humanos a los que la vida y las enfermedades les han pasado gran factura.
Viejos ejidatarios de manos duras, resquebrajadas, lastimadas y espaldas cansadas. Hombres de rudos y de curtidos rostros. Estos hombres -la mayoría son hijos de los ejidatarios primordiales del 36-, que guardan la esperanza como su mejor posesión. Todos estos ejidatarios forman parte de los dos mil 257adultos que viven en La Partida, de los cuales 302 tienen más de 60 años (INEGI) y donde algunos de ellos forman parte del 4.61 del analfabetismo entre los adultos.
Los muros de las calles tristes de pueblo siguen el caminar cansado de Don Moi hasta que llega al lugar, ahí, como desde hace muchos años todos los días se encuentra con Jesús Castañeda en su casa, para fumarse un cigarro y platicar.
“Buenas Chuy”, le dijo al otro anciano que estaba sentado en el tronco seco recostado entre el suelo y la fachada como si fuera un asiento largo. “Mismas Moi”, contesta sin mirarlo y se lleva la mano a la bolsa de la camisa para sacar la cajetilla de cigarros como lo ha hecho puntualmente en los últimos años. Don Moisés se las da de llegar callado, es parco en su palabra y el gesto. Pero cuando empieza el humo del tabaco, salen también pequeñas y grandes historias. Chuy Castañeda le enciende con manos temblorosas y duras el cigarro, una lenta voluta de humo sale de la boca del viejo Moisés García Vázquez que la mira y, con su mirada empieza a dar forma a la palabra.
Al humo y la mirada siguen las palabras de Don Moi antes de que se conviertan en canciones, ya que tiene un repertorio de quinientas canciones que sólo él conoce -expone riéndose bajito. Lo dice con una sonrisa escondida en su boca ya que si sonríe mucho la placa dental se le cae.
Dice que le ha compuesto a todos, a “Mi General Villa”, a “Mi General Zapata”, a “Mi General Ángeles”,a “Mi General Cárdenas”, a “Mi comandante Ché Guevara”, al “Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas”,pero eso fue hace mucho tiempo. Hoy le compone canciones a “Andrés Manuel López Obrador”.
Compone para alumbrar algunas de las historias que le andan en el corazón. Absorbe el humo del cigarro con ganas, lo siente en su pecho y tose un poco. Don Chuy, con su cara impasible lo mira como todos los días. Moisés García se sienta a un lado de él, sobándose las rodillas lastimadas de unas piernas que se agotaron hace muchos años. Fuman en silencio un par de bocanadas, por unos segundos cada uno se queda absorto en sus recuerdos.
“¿Qué traes pues, Moi? Tu silencio me preocupa, nunca dejas de hablar y hoy vienes muy misterioso” dice con apenas una sonrisa dibujada en los labios. “Preocupado Chuy, por el Carlos José” (su hijo). Cuando su vástago tenía 17 años ya se la sabía en el campo, sabía de su magia y de sus necesidades, sabía tratar la tierra como se trata a una madre. Cuando empezó la venta de los terrenos ejidales, a muchos ejidatarios les llegaron las ganas de tener dinero y decidieron vender sus tierras.
Moisés García Vázquezsiempre se había negado: Era la herencia que su padre lleno de orgullo le había dejado. Pero a principios del 95, en unas tierras recuperadas por una de las familias españolas de abolengo en la región que en el 36 habían sido de los afectadas por la Reforma Agraria (La distribución de más del 75 por ciento de las tierras de riego a 311 ejidos colectivos en 1936, representó un grave revés para la burguesía agraria) y ahora regresaban a comprar esos terrenos que, según ellos, “siempre habían sido de la familia”
En un confuso accidente con el tractor de la empresa, acabó la vida productiva del joven que trabajaba en ese rancho. Del pecho hacia abajo su cuerpo había muerto y como había quedado desmayado sin respirar unos minutos, los daños a su cerebro fueron irreparables quedando inválido.
La empresa y los dueños de la misma se negaron a aceptar alguna responsabilidad y con la complicidad criminal de autoridades municipales, estatales y federales el asunto se había perdido y no había nada más qué hacer. Enloquecido por la necesidad, vendió desesperado sus hectáreas a empresas particulares, (A uno de los tantos grupos constructores de vivienda que están arrasando las tierras laguneras).
Vendió sus tierras, las que le había dejado su padre, y no precisamente bajo las condiciones de la Comisión de Avalúos de Bienes Nacionales, que determinó el monto de la indemnización, mediante un avalúo el 7 de octubre de 1994, con vigencia de un año a partir de su registro en la Dirección General del Patrimonio Inmobiliario Federal, mismo que fue inscrito el día 10 de octubre de 1994, habiendo considerado el valor comercial que prescribe el artículo 94 de la Ley Agraria, asignando como valor unitario el 250,000.00 pesos por hectárea. Pero a él no le pagaron eso.
Y así se quedó sin tierras; esas tierras de las que tanto su padre se sentía orgulloso. La vergüenza de no saber cuidar lo suyo lo mataba lentamente desde el día en que recibió el pago indigno de su herencia, de su vida.
Entre los médicos, hospitales, medicinas y traslados, el dinero no le alanzó. Con esfuerzos pudo comprar un terrenito en las afueras del pueblo y apenas logró construir un cuarto grande (en la localidad se encuentran 990 viviendas, de las cuales el 2.66 por ciento disponen de una computadora, cosa que la familia García Vázquez no tenía), dividida la habitación en dos, donde su hijo vivía condenado a una cama que se había colocado en “la salita” de la casa, en una esquina, justo al lado donde el techo no amenazaba con venirse abajo. Una “casa” de adobe, de viejos tablones y lámina de cartón, se mantiene en pie de milagro.
Carlos José yace acostado en una cama de madera, -con tiras de cuero y mecate como tambor, una colchoneta que hace mucho dejo de ser útil y un par de cobijas que hace cuantioso tiempo que no se han lavado-, respirando trabajosamente y lanzando sonidos ásperos. Estos fueron los hechos memorables que presenció Carlos José en su juventud primera.
“Mira Chuy, tú sabes que al final todos llegamos al mismo destino, mientras tanto intento no morirme. Entre el campo y Carlos José los largos años de mi vida se han consumido” dice pensativo, viendo a Don Jesús, que le daba una fumada a su tabaco escuchándolo con seriedad.
La vieja y arrugada cara del anciano se veía triste y eso hacía que se le cubrieran de arrugas la frente. Hablaba con rabia, con rencor, con tristeza contra los diferentes niveles de gobierno, de la situación que estaban viviendo, del siempre postergado desarrollo rural digno. De cómo el campo en la Comarca Lagunera ha sido organizado para votar por el PRI y no para producir vida.
A los gobiernos que recalcan hasta el cansancio los mismos engaños y mentiras desde hace décadas y que se les ha olvidado siempre que los campesinos también tienen dignidad. A los funcionarios públicos que promueven la venta de tierras a las empresas constructoras o transnacionales agrícolas. “Tierras que han sido abonadas con la sangre generosa de los ejidatarios, tierras que mientras no terminen de venderse siguen siendo territorio mexicano. El corazón de la Patria no es negociable”.
Dice enojado, “lo que uno tiene es hambre, pero de justicia, paz, alegría y tierras”. Una tierra improductiva es un crimen, porque no hay trabajo para los jóvenes aquí, concluyó
Don Chano y Guti, otros viejos ejidatarios de su generación pasan caminando sin prisa, con pasos arrastrados de sus piernas agotadas, los saludan al paso. Todos ellos son víctimas del tiempo. Los viejos ejidatarios deambulan sin rumbo claro por La Partida, parecen gentes perdidas a las que nadie en este país extrañaría. Son los testigos del paso de un largo siglo, son los sobrevivientes de una época que acabó antes de que el siglo XX se terminara y el Neoliberalismo exterminara.
Jesús Castañeda escucha atento. En su rostro callado y sencillo se le ven unos ojos tranquilos. Enciende otro cigarro y le ofrece uno más a Moisés García. “Mira Moi…”, empezó a decirle, como se lo había dicho muchas veces antes. Para Chuy Castañeda, el grave problema era lo que le debía al banco y sus créditos altos que no puede pagar. Ha sido amenazado varias veces con embargar sus tierras.
Sostiene con fuerza y con razón, pero sin perder el control que lo caracteriza cuando enfrenta situaciones incómodas. “Aquí nacimos todos, nacimos en esta tierra, la trabajamos y terminaremos nuestra vida en ella. A algunos de nosotros los mataron en esta tierra y otros hasta murieron por ella. Eso hace que la tierra sea nuestra.
“Tú sabes, Moi, que mi familia viene de fuera, vino de Gómez Palacio pero las tierras mi familia se las ganó; mi abuelo tuvo las suyas allá en Durango, mi padre hace 80 años las obtuvo cuando el ‘Hombre de Jiquilpan’ -aunque a Moisés García le gusta más como se escucha ‘El Divisionario de Jiquilpan’- las entregó en el 36; y en esta tierras murió, y en ellas nací yo. En este ejido nacimos todos casi cuando iba naciendo.
“Somos de los ejidatarios más antiguos de estos suelos; yo trabajo en mi tierra todos los días de la semana durante todo el año. No es suficiente tierra para nosotros como para dar los beneficios que ellos creen” Es la respuesta que siempre da Chuy Castañeda y todo el mundo sabe que habla en serio.
La tarde caliente seguía con su lento paso, otro cigarro acompañaba el calor de ese momento. Moisés García y Jesus Castañeda eran conocidos de toda la vida y amigos desde siempre. Habían nacido con dos semanas de diferencia allá por el 34, el año en que llegó a la Presidencia el general Cárdenas. Juntos habían crecido pasando por todas las etapas, la escuela primaria, el trabajo en el campo, el amor por las mujeres, sus borracheras que habían hecho leyenda, sus bodas, sus hijos, los velorios, el dolor, la perdida, la impotencia, el coraje, la tristeza, librándolas bien que mal juntos.
El cigarro de la tarde era solo eso, fortalecer la amistad añeja. La historia de sus padres era distinta, la “bola” los hizo buenos amigos. Se conocieron y participaron juntos desde el 29 de septiembre de 1913 en que se reunieron en el casco de la Hacienda de la Loma los jefes de las brigadas rebeldes de Chihuahua, Durango y de La Laguna; antes cada quien habían andado por su lado.
Ahí, los jefes revolucionarios, decidieron unir sus fuerzas en una milicia organizada bajo un solo mando a la que llamaron División del Norte y nombraron como comandante en jefe de la misma al general Francisco Villa: La Laguna estaba lista para luchar.
La familia de Jesús Castañeda había venido de otra región de la Comarca Lagunera; venía de Durango, de cerca de Gómez Palacio. Su padre había tomado las armas desde muy pequeño y se fue a la Revolución. Fue de los asistentes que el 15 noviembre 1911, con los delegados de los pueblos de Ocuila, Pasaje, Santa Clara y Peñón Blanco, Durango, que realizan a través de sus representantes, los revolucionarios Calixto Contreras Espinosa y Severino Ceniceros, entre otros, a los cuales él acompaña, a una reunión con el presidente Francisco I. Madero en la Ciudad de México, para pedirle el reparto de tierras de esa región. El Presidente se negó a la petición, argumentando con enojo que nunca ofreció afectar a los hacendados, sino sólo restituir las tierras que se les habían despojado a los campesinos, terminando violentamente la reunión.
El 3 de octubre de 1913, festeja como revolucionario cuando el gobernador de Durango, Pastor Rouaix Méndez, expide la Primera Ley Agraria que tuvo el país y decreta la expropiación de los bienes del clero.
Los familiares de Moisés García Vázquezeran de la región de Coahuila. Ya andaban por acá desde que Don Benito Juárez, como presidente de México, entregó las primeras tierras en Viesca, Coahuila en 1864. Ahí elaboró y emitió el decreto de dotación de tierras para formar el cuadro de Matamoros, beneficiando a 352 familias de las tierras del terrateniente Leonardo Zuloaga, que había servido al Imperio, así como de las Aguas del río Aguanaval, para riego de sus siembras.
Este es el antecedente más remoto del reparto de tierras en La Laguna. Desventuradamente a la larga los mismos colonos perdieron sus tierras a manos de los hacendados bajo la dictadura de Porfirio Díaz. Los colonos habrían de volverse muy combativos en la lucha revolucionaria y fueron de los primeros que se beneficiaron de la reforma agraria de 1913.
Después de conocerse los padres de Don Moi y Don Chuy, se hicieron excelentes amigos para toda la vida, como los hijos lo iba a hacer después. Un día se fueron juntos a luchar y participaron en los combates de Gómez Palacio, Lerdo y la Toma de Torreón de 1914. Ese mismo año, están comisionados con el general José Isabel Robles Viramontes, jefe de las fuerzas revolucionarias acantonadas en San Juan de Guadalupe, Durango, cuando a su paso por el poblado Santa Cruz de Ranchería, en la municipalidad de San Bartolo (actualmente Simón Bolívar), autoriza a los habitantes, basado en la Ley Agraria expedida por Pastor Rouaix Méndez el 3 de octubre de 1913, a que ocupen las tierras que venían solicitando durante muchos años. En agradecimiento, los vecinos cambian el nombre del poblado por el de José Isabel Robles.
Estaban los dos como tenientes con la División del Norte el 24 de mayo de 1915, cuando el General Francisco Villa, emite desde León, Guanajuato, el decreto de las “Bases Convencionales”, consideradas como Ley Agraria villista, en la que autoriza la expropiación de latifundios y la formación de pequeñas propiedades.
Estuvieron presente durante el primer reparto de tierras efectuado en la Comarca Lagunera que tuvo lugar en la antigua Hacienda de Avilés, hoy Ciudad Juárez, Durango, de conformidad con el acuerdo gubernamental del 20 de abril de 1917, dado en el Puerto de Veracruz, por Venustiano Carranza.
El 27 de diciembre de 1917, nuevamente participan cuando es realizado el segundo reparto de tierras en La Laguna, entregando al pueblo de Bermejillo mil 755 hectáreas, tomadas del Perímetro Lavín, antigua propiedad de Santiago Lavín Cuadra, del municipio de Gómez Palacio.
Mutilaciones por contaminación.
Celebraron juntos el 12 de noviembre de 1921, cuando el estado de Coahuila expide la Ley Agraria que prohíbe la posesión de latifundios, considerando a éstos mayores de dos mil hectáreas fértiles ó 35 mil hectáreas sin calidad. Y El 5 de noviembre de 1922, cuando el presidente Álvaro Obregón Salido entrega a la población de Ciudad Lerdo, Durango., una dotación de tres mil 731 hectáreas, de las cuales dos mil 55 eran de cultivo, favoreciendo a 432 personas. Estando prohibida la dotación de tierras a las ciudades por el artículo 27 Constitucional y su Reglamento, la medida fue duramente criticada por el ex gobernador Pastor Rouaix Méndez, por considerar que esas dotaciones limitarían el futuro desarrollo de las ciudades, al carecer de fundo legal, para su propio crecimiento.
Esa situación se comprueba en la actualidad, con la citada población de Lerdo, que quedó estrangulada en su desarrollo por estar rodeada de ejidos.
A las 5 de la mañana del 11 de junio de 1935 están presentes para apoyar el inicio de la huelga en la “Hacienda de Manila”, propiedad de Francisco Lozano, dentro del Perímetro Lavín de Gómez Palacio, Durango. La huelga duró 32 días, la cual se generalizó a otras 107 haciendas, lo que significó el preludio del reparto agrario de 1936.
El presidente Lázaro Cárdenas del Río, firma el 14 septiembre de 1936, la iniciativa de Ley de Expropiación por Causa de Utilidad Pública, que sería turnada al Congreso de la Unión y que sería el antecedente legal para el reparto de tierras en La Laguna. Les provoca emoción saber que pronto sus sueños van a hacerse realidad y que la Revolución cumple con los campesinos pobres.
El 6 de octubre de 1936 la alegría lleno sus corazones, el mismo día en que el presidente Lázaro Cárdenas emitiera el histórico decreto de expropiación de las haciendas en la región Lagunera. Esta fecha ha sido motivo de celebración en el campo donde se recuerda con gran fervor al presidente Lázaro Cárdenas del Río, benefactor de las clases populares
El 6 de Noviembre de 1936, estaban en primera fila muy pegaditos a “La Piedra”, un túmulo de piedra en el que el general Lázaro Cárdenas del Río subió y encima de ella hablo frente a miles de campesinos para informarles que en ese momento empezaba en esa región de la Comarca Lagunera el reparto agrario.
Los dos hombres nunca habían estado tan contentos, al grado que se aprendieron de memoria el primer párrafo del decreto de expropiación que dice así:
“ Por Resolución Presidencial de fecha 24 de octubre de 1936, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 25 de noviembre de 1936, se concedió por concepto de dotación de tierras al poblado denominado “LA PARTIDA”, Municipio de Torreón, Estado de Coahuila, una superficie de 724-00-00 Has., para beneficiar a 177 capacitados en materia agraria, más la parcela escolar, ejecutándose dicha resolución en sus términos; y por Resolución Presidencial de fecha 11 de noviembre de 1936, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 28 de agosto de 1940, se concedió por concepto de ampliación de ejido al poblado denominado “LA PARTIDA”, Municipio de Torreón, Estado de Coahuila, una superficie de 113-00-00 Has., para beneficiar a 28 capacitados en materia agraria, ejecutándose dicha resolución en sus términos”.
Antes de que el general Lázaro Cárdenas del Río llegara el 9 de noviembre de 1936 a San Pedro de las Colonias, Coahuila, a bordo del tren presidencial “Olivo”, ellos ya estaban ahí para estar de soporte con el fin de resolver la problemática del reparto de tierras en La Laguna. No pudieron viajar ya con el general Cárdenas, que se trasladó luego a Tlahualilo, Durango., donde radicó por varios días, hasta la resolución de incidentes derivados del reparto, principalmente con los de la empresa extranjera Compañía Agrícola Industrial Colonizadora de Tlahualilo, de capital inglés y americano.
Poco menos de una década antes del reparto agrario, los dos juntos se sumaron con otros visionarios luchadores sociales de la Comarca Lagunera. Entre 1927-1928 iniciaron una campaña tenaz por mejorar las condiciones de vida de los asalariados del campo, conformándose el primer Comité Agrario del cual eran miembros, pese a la resistencia y defensa de la clase patronal de las haciendas laguneras; sin embargo esta jornada de lucha campesina a pesar de los sangrientos embates de la reacción donde ellos participaron en defensa de los militantes y solicitantes de la tierra, posibilitó las condiciones para que interviniera la presidencia de la república y el general Lázaro Cárdenas del Río anunciara el Reparto Agrariolagunero el 6 de Octubre de 1936.
Al triunfo de la Revolución se buscó un marco legal que permitiera un régimen de propiedad justo. La Ley Agraria del 6 de enero de 1915 fue un paso importante, aunque se enfocó más a la restitución que a la dotación, además de no fortalecer el carácter comunal de las tierras restituidas a ejidos y comunidades. En febrero de 1917, la Constitución consagró en su Artículo 27 los principios que rigen la existencia y funcionamiento de los núcleos agrarios, con un espíritu que privilegiaba el interés social por encima del individual, a diferencia de su antecesor de 1857.
La Política Agraria del general Cárdenas puso el acento en el desarrollo del campo, tanto en lo productivo como en la mejor calidad de vida de los trabajadores campesinos.
El 6 de Octubre de 1936, el presidente Lázaro Cárdenas del Río decreta el reparto de tierra, expropiando las haciendas laguneras para entregarlas a los campesinos. El 17 de Octubre, se inicia el reparto de tierra en La Laguna, entregando las primeras dotaciones de los ranchos “Los Ángeles”, propiedad de Enrique Marroquín y “Venecia” de la señora Francisca Lujan de Suinaga, ubicados en el municipio de Gómez Palacio, donde se dio la primera expropiación de haciendas y entrega de tierras a los campesinos
Durante su sexenio, se reanudaron los trabajos para la intensiva dotación de tierras en todo el país. No solo de terrenos marginales abandonados o sin laborar, sino tierra muy ricas. Se repartieron latifundios en la Comarca Lagunera, en Yucatán, en el Valle del Yaqui, en el Valle de Mexicali, en Los Mochis, en el Soconusco, en El Mante, en Lombardía y Nueva Italia.
En marzo de 1938 se formó la Confederación Nacional Campesina, lo que no sólo da la pauta de la política agraria de Lázaro Cárdenas sino también de sus políticas social, obrera y campesina
Además de llevar a cabo el reparto de tierras, Cárdenas otorgó facultades al Departamento Agrario para organizar los ejidos y las sociedades de crédito, ejerciendo funciones de dirección y apoyo a la economía ejidal. Una de sus ideas presentes fue que no basta repartir tierras, sino que estas deberían de ir acompañadas de lo requerido para la producción, como son los créditos suficientes y accesibles. Por ello, estimuló la creación y desarrollo de los Bancos Nacional de Crédito Ejidal, Nacional de Crédito Agrícola y de Obras Públicas así como la accesibilidad a la Nacional Financiera.
Toda su existencia habían dedicado ellos, como muchos ejidatarios de la región, a darle una vida productiva al campo lagunero. Las reformas al artículo 27 fueron de terribles consecuencias para el campo mexicano. Ejidatarios, campesinos, comuneros, indígenas vieron como su fuente de vida se acababa para que el beneficio de capital de una casta económica se fortaleciera y la inversión extranjera transformara a los jornaleros agrícolas en nuevos esclavos o siervos de una vieja Edad Media que hoy se viste de neoliberalismo.
El cigarro se había consumido y la plática había concluido. Moisés García Vázquez tenía que ver a su hijo. Don Chuy Castañeda siempre disfrutaba de su compañía y las pláticas los acercaban más e invariablemente lo dejaban contento con la sonrisa marcada en ese rostro tranquilo. Pero hoy, lejos de reconfortarle el momento, le produjo nostalgia. Permaneció sentado y en silencio, fumando un cigarro más, mirando allá, a la lejana distancia. Hoy le había quedado más marcado que otros días el recuerdo y la nostalgia
Don Moisés se encaminó con pasos lentos que sonaban sordamente sobre el polvoriento concreto de una de las pocas calles pavimentadas del pueblo, siguiendo su camino. Arrastraba los pies lentamente rumbo a su hogar. A una casa sin número de una calle sin nombre y sin pavimento. Calle cálida y polvosa. Caminaba lento, pausado, arrastrando los pies… como si no hubiera mucho más que perder… Como implorando una respuesta que ya no llegará.
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