Source: http://universidaddesonora.blogspot.com/2014/03/
Timestamp: 2019-11-18 06:43:52+00:00

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EL BUEN BUHO: marzo 2014
La huelga en la Universidad de Sonora llega hoy a sus 26 días de duración, sin que las autoridades universitarias encabezadas por heriberto grijalva monteverde hayan realizado en todos estos días un intento de acercamiento o de aceptación de la reiterada invitación al dialogo para destrabar el conflicto.
Tampoco se ha visto autoridad alguna que se decida a intervenir como mediador para destrabar el conflicto. Las autoridades del trabajo del Gobierno del Estado dicen que “están trabajando” para lograr una mesa de diálogo, pero no se ven resultados concretos. Los diputados de los diferentes partidos políticos representados en el Congreso de la unión, parece que ven el conflicto de huelga como “la papa caliente” que nadie desea en sus manos y argumentan que “no desean tomar partido” en el conflicto.
Mientras tanto, la postura del todavía rector (indebidamente) es "que se reanuden las clases y después negociamos", actitud que sólo puede interpretarse como una abierta provocación acompañada de absoluta impunidad y decisión de prolongar el conflicto, ya que ignorancia del derecho laboral no lo es, pues las huelgas no se resuelven pidiendo a los huelguistas que levanten la huelga para negociar el levantamiento de la huelga.
Su actitud insulta la inteligencia de propios y extraños, dentro y fuera de la Universidad de Sonora, sin embargo llama la atención que no hay autoridad alguna dentro y fuera de la Universidad de Sonora que obligue a este aspirante a dictador “universitario” a sentarse en la mesa de negociaciones, vaya, ni siquiera a dialogar. ¿Acaso no vivimos en un estado de Derecho?
En todos estos largos días la instancia contemplada en la antidemocrática Ley 4 que podría ofrecer una alternativa de solución. Esto es la "Junta Universitaria" que eligió y reeligió a heriberto como rector por otros cuatro años, ha guardado un sospechoso silencio.
Ellos los pusieron en ese cargo, ellos podrían removerlo, pues está dentro de sus facultades pero continúan actuando como el avestruz, con la cabeza en el hoyo para no ver o fingir no ver lo que está pasando. Continúan actuando con el perfil más bajo que pueden, sin saber que ellos mismos están cavando su propia tumba, porque a estas alturas miles de universitarios de preguntan ¿para qué sirve la Junta Universitaria?
Mientras tanto, la huelga continúa sumando día tras día y afectando los intereses laborales y académicos de más de 40,000 trabajadores, maestros y estudiantes que conforman la comunidad universitaria y que forman una parte importante de la comunidad sonorense.
Contra lo que esperaban heriberto y compañía, cada día que pasa el movimiento de huelga se fortalece en lugar de desgastarse, la moral de lucha de los huelguistas se fortalece con el apoyo recibido dentro y fuera de la Universidad.
Cada día se suman más pronunciamientos de distintos sectores de la sociedad sonorense llamando al diálogo universitario, y poco a poco junto a este llamado empiezan a escucharse las voces que exigen con mayor firmeza cada día, la renuncia de heriberto grijalva monteverde como rector de la Universidad de Sonora por su evidente incapacidad para negociar en este conflicto.
Fundamentan esta petición en la cada vez más evidente torpeza política, ausencia de liderazgo y "trastornos de personalidad" mostrado por heriberto, quien parece que vive en una realidad aparte, sin ver lo que todos los demás vemos y viendo una realidad que no existe al culpar al STEUS de ¿abandonar el diálogo? y menospreciar al Derecho Laboral .
A estas alturas heriberto grijalba es ya un cadáver ambulante pues ya perdió autoridad moral frente a quienes dice representar, la comunidad universitaria. Es claro que no representa a los trabajadores afiliados al STEUS, al contrario los combate como si fueran sus enemigos. Es evidente también que no representa a los académicos agrupados en el STAUS, a quienes ignora, menosprecia y rehúye, ¿esperando que también se vayan a la huelga?
Lejos está de su mente que él llegó a donde está, gracias en gran medida a que el STAUS le ayudó a conseguir una plaza de académico con lo cual logró estabilidad laboral (algo que cientos de profesores de horas sueltas afiliados al STAUS quisieran en estos momentos), olvidó también que gracias al STAUS consiguió una casa donde vivir. Su pertenencia al STAUS le allanó el camino en sus pretensiones de ser Rector d la Universidad de Sonora.
Todo eso le importó poco, traicionó al STAUS mordiendo la mano que le dio comida, así como traiciona a los trabajadores, a los estudiantes y a la Universidad misma ya que no le importa el tiempo que dure la huelga, el quiere “ganar” en este conflicto.
Aquí y ahora, ya es plenamente claro para los más de 40,000 universitarios que el obstáculo principal para que la huelga se levante es la actitud cerrada de este infausto personaje que pasará a la historia de la universidad como el rector que enloqueció con el poder que le dio la Ley 4 y perdió piso en una borrachera de megalomanía.
El patético papel que juega en este momento heriberto se asemeja en mucho al papel de Bruce Willis en la película Sexto sentido, desde hace tiempo murió como rector, pero él todavía no lo sabe, cree que sigue siendo el rey, que puede hacer lo que quiera.
Cree que puede mutilar los contratos colectivos del STEUS y del STAUS sin consecuencia alguna, cree que puede golpear al sindicalismo universitario impunemente, cree que puede prolongar el conflicto de huelga indefinidamente sin importarle que decenas de miles de estudiantes pierdan el semestre.
Mientras el pueda seguir comiendo en restaurantes de lujo, pagando comodidades con su sueldo de $140,000 pesos al mes, lo demás parece no importarle. Su sueldo es otro insulto para la comunidad universitaria y sonorense en general.
Ha llegado el momento de decir “ya basta” de impunidad, de atropellos, de injusticias en la Universidad de Sonora. Gracias a heriberto trabajadores del STEUS y académicos del STAUS nos vemos cada vez mas como hermanos que corremos la misma suerte, como trabajadores universitarios que padecemos la misma violencia institucional.
En este camino que vamos recorriendo juntos enfrentando el autoritarismo y megalomanía de las autoridades universitarias, poco a poco se van sumando estudiantes universitarios que ya no ven a los huelguistas como los provocadores, sino que han identificado las posturas de las partes en conflicto y reconocido quienes realmente están por negociar el levantamiento de la huelga que afecta sus intereses como estudiantes y quien no.
Por eso es muy importante que todos los integrantes del STAUS y los estudiantes en general, participemos en las actividades de brigadeo y volanteo el dia de hoy, la cita es a las cinco pm en la entrada principal.
Y de mayor importancia aún es asistir a la megamarcha por el dialogo universitario que tendrá lugar el dia de mañana partiendo de la entrada principal de la Universidad de Sonora para llegar al Congreso del Estado.
De nosotros depende cuanto dure esta huelga.
Gracias a la huelga universitaria nos enteramos de cuánto ha cambiado la idea de los estudiantes acerca de la realidad. En otros tiempos, no tan lejanos, los jóvenes procuraban enterarse de las incidencias de la huelga, los motivos, el derecho que asistía a los trabajadores, lo que se podía hacer para apoyar el movimiento sin interferir en él; ahora algunos se manifiestan con argumentos más propios de la parte patronal, recurren a recursos de carácter legal para frustrar la lucha laboral y promueven amparos, con lo que objetivamente están contra el ejercicio de un derecho consagrado por la legislación y, por ende, en apoyo a la administración universitaria que endurece su postura y ataca en distintos frentes periodísticos a los huelguistas tratando de desacreditar su lucha.
Las declaraciones del rector de la Universidad de Sonora revelan una insidiosa voluntad destructiva al trivializar los frustrados intentos de negociación de los trabajadores ya que la institución “no cederá a presiones”. En el discurso de la administración muchas veces repetido por los medios de comunicación reluce el desprecio, la irritación y una terquedad inusual en quienes han ocupado el cargo de rector universitario. Se construye una imagen caprichosa e irresponsable del sindicalismo, de individuos que no tienen llene ni conciencia institucional, de prácticamente salteadores que tienen “secuestrada” a la institución y que sólo la mano firme del que dice categóricamente que “no va a negociar” en esas condiciones la puede salvar.
El rector transmite hartazgo, indignación y una determinación que pudiera resultar convincente si no fuera porque en la universidad las cosas funcionan de manera distinta de como las plantea. Dice que los sindicatos tiene como primera opción de negociación la huelga, para rematar con la afirmación de que no existen elementos que justifiquen su estallamiento y su sostenimiento. Ignora de cabo a rabo las veces que la administración ha dejado plantado a los trabajadores en la mesa de negociaciones, los pretextos para cancelar reuniones y la injustificada ausencia de interlocución para con el sindicato. No menciona que la administración se ha negado a siquiera recibir documentos que venga del sindicato y que la política ha sido de puertas cerradas y oídos sordos a los llamados a sentarse a la mesa a discutir las posibles salidas al conflicto.
En cambio, la administración se esfuerza por trivializar la huelga, sus motivos y su dinámica. Niega la razón que asiste a los huelguistas y trata de aparentar que es producto del capricho y la falta de compromiso con la institución. Pone por enfrente de la opinión pública a los miles de estudiantes que se encuentran sin asistir a clases, en calidad de víctimas a quienes se les afecta casi intencionalmente, por el simple hecho de que los trabajadores ejercen su derecho a suspender temporalmente las actividades de la institución en la que prestan sus servicios. Alientan las autoridades la falsa y peligrosa idea de que los jóvenes deben oponerse a los trabajadores porque con ello están defendiendo su universidad, su derecho a estudiar, su deber de futuros profesionistas, sin aclararles que nadie les coarta ese derecho, que la suspensión es temporal y que nada tiene que ver con el derecho al estudio, ya que lo conservan y permanece mientras que el alumno cumpla con las disposiciones establecidas en el reglamento escolar.
La apariencia firme del rector suena a broma pesada si pensamos en la extrema debilidad que la administración ha manifestado al no ser capaz de reclamar categóricamente el monto del subsidio que legalmente le corresponde y que el gobierno del Estado no ha sido capaz de otorgarle. La administración universitaria no ha abierto la boca para reclamar la parte que le corresponde a los servidores universitarios de los más de mil millones de pesos que faltan en el fondo de pensiones del Isssteson; nada ha dicho ni hecho para intervenir en favor de los trabajadores universitarios que se han quejado por el pésimo servicio de salud que reciben, por la ausencia de medicamentos y materiales necesarios para su atención hospitalaria. No se ha movido un solo dedo para señalar las carencias y fallas en el servicio de Isssteson ni mucho menos para exigir que se investigue el desfondo y se deslinden responsabilidades.
El silencio de rectoría ha sido un silencio cómplice, omiso de responsabilidades institucionales, débil y medroso a la hora de exigir el estricto cumplimiento de las obligaciones del Gobierno de Sonora para con la Universidad. En cambio, se lanza contra los trabajadores, despotrica contra el derecho a huelga, se niega al diálogo, se refugia en la imagen institucional para blandirla contra sus trabajadores. En estas circunstancias vale preguntar quién secuestra a quién.
Llama la atención que siendo un universitario, el rector olvide cómo es la vida cotidiana fuera de las refrigeradas y cómodas oficinas del edificio principal, qué se siente recibir el sueldo de un simple maestro, sin firma en restaurantes ni secretarias, guarura o chofer y trasladarse en un vehículo compacto en vez de navegar en una burbuja refrigerada con espacio y comodidades como para trasportar a una familia de seis miembros, subrayando la diferencia entre un Nissan o un bocho y una Suburban.
Para el rector la huelga no tiene justificación, la Secretaria Administrativa está bien y los trabajadores están mal. Desde la comodidad de una posición que le fue concedida por la Junta Universitaria bien puede ignorar a los simples mortales que trabajan en la institución que representa legalmente, por eso puede decir en una expresión radical de autismo administrativo: “no cederemos a presiones”. La comunidad es lo de menos, los estudiantes pueden caer víctimas de la tensión nerviosa, acelerarse y servir de carne de cañón contra los trabajadores y a favor de la administración que parece imposibilitada a “ceder” y sentarse a la mesa de las negociaciones. Los que sufren las consecuencias son otros, la administración vive en su propio planeta y bajo sus propias determinaciones.
El drama universitario se define por la desarticulación de sus partes, por la distancia que se incrementa entre administración y comunidad académica, trabajadores manuales y administrativos y estudiantes. Pero, como el rector afirma con energía fotogénica, “no cederemos a presiones”. Mientras esto ocurre, 30 mil estudiantes empiezan a entender que el diálogo y la negociación sólo se dan cuando una de las partes es puesta de rodillas y alguien demuestra quien es el jefe. El garrote de la ley aplicado al gusto del patrón siempre ha sido un recurso apreciado por las dictaduras. ¿Un neoporfiriato universitario, o simplemente un paso más hacia la instauración del modelo neoliberal en la universidad? La coincidencia es mucha como para no llamar la atención.
Publicado por Dr. José Darío Arredondo López
Miguel Catellanos Moreno
De un rato acá se ha instrumentado un Programa de Renovación de la Planta Académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus críticos han argumentado sobre sus deficiencias, en tanto que el rector, José Narro Robles, ha dicho que no es “excluyente ni inconstitucional". Como es lógico: quienes esperan beneficiarse de sus resultados se pronuncian a favor, mientras que los que pueden resultar perjudicados manifiestan sus dudas respecto a las bondades de dicho programa. La respuesta del rector de la UNAM es más o menos la misma que dan los entrenadores de los equipos de futbol profesional en México: “lo que importa es el equipo, no los individuos”. Él lo dice de esta manera: los que rechazan el programa especial "no tienen los argumentos ni los datos" y luego los descalifica: su posición "no es de defensa de nuestra universidad".
Las autoridades de la pontificia universidad de México han impuesto la medida de que las plazas académicas de tiempo completo sean ocupadas interinamente durante tres años, sin adquirir derecho alguno, para luego ser concursadas, pudiendo participar “cualquier interesado, sin importar su edad.” Contradicción de por medio, pues resulta que el programa es para renovar la planta académica, ya que afirman contar con “datos ‘preocupantes’ que muestran un envejecimiento de la planta docente y de investigación.” Lo cual les parece “un problema muy serio dentro de la universidad". Seguramente piensan que los académicos se vuelven imbéciles después de los 61 años, cualidad que seguramente también comparte el rector Narro Robles, pues ya rebasa los 65 años de edad, aunque parece tener muchos más. La pregunta obligada es: ¿por qué no se fue él de la Universidad hace 4 años?
Los argumentos para retirar a los académicos de mayor edad es burocrático y discriminatorio: a) el promedio de edad entre los profesores de tiempo completo es elevado, b) se ha reducido el número de investigadores que son candidatos a ingresar al Sistema Nacional de Investigadores, y c) no hay académicos menores de 40 años para aspirar al Premio Distinción Universitaria para Jóvenes Académicos.
A favor del programa de retiro voluntario se manifestaron once consejeros universitarios –que es de suponer son jóvenes, deseosos de sacrificarse en la cancha– quienes por pura casualidad coincidieron en la necesidad de “académicos jóvenes para lograr un equilibrio entre el personal docente y de investigación, y con ello fortalecer a la universidad para los próximos años.” Bla- bla– bla. El canibalismo disfrazado de preocupación universitaria. (La Jornada. “Niega el rector que el programa para renovar planta académica sea excluyente”, por: Emir Olivares Alonso. 22 de marzo de 2014, p. 33).
Bien haría el rector de la UNAM en tomar medidas serias para eliminar los mecanismos burocráticos que impiden dar a conocer el trabajo de los académicos de esa institución, exigir se elimine la corrupción imperante en el Sistema Nacional de Investigadores, y no preocuparse tanto por la cantidad de profesores que pueden participar en el torneo de los sub-40.
Por otro lado, el programa es discriminatorio, porque divide a los académicos en dos grupos y se inclina sin mayores pruebas por uno de ellos. LaDeclaración Universal de Derechos Humanos sostiene en su Artículo 23 que toda persona tiene derecho al trabajo, a tener condiciones equitativas y satisfactorias en el mismo, a elegirlo libremente y a ser protegida contra el desempleo. Tiene derecho a no sufrir “discriminación alguna,” y a gozar de “una existencia conforme a la dignidad humana”, completada con otros medios de protección social. Por cierto, también tiene “derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.”
El Artículo 2 afirma que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en la mencionada Declaración, sin distinción “de cualquier índole”. El Artículo 28 le reconoce a las personas el derecho a que se establezca un orden social e internacional en donde los derechos y libertades sean efectivos. El Artículo 30 deja claro que la Declaración no contiene nada que pueda hacer pensar a los gobiernos, grupos o personas, que pueden realizar acciones que supriman los derechos y libertades establecidos en ella.
El rector de la UNAM dice que el Programa no es excluyente ni inconstitucional. Ya vimos que es excluyente, ahora veamos que tan constitucional puede ser. El Artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece la vigencia de los derechos humanos reconocidos en los tratados internacionales de que el Estado mexicano forma parte y expresamente prohíbe la discriminación por edad. En tanto que la Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce en el Artículo 8° el derecho de las personas a contar con recursos efectivos, para ampararse ante los tribunales nacionales, contra los actos violatorios de los derechos fundamentales establecidos en la constitución y las leyes de los países; en el Artículo anterior, el 7°, la Declaración reconoce la igualdad ante la ley y la protección de la misma contra toda forma de discriminación, y contra cualquier forma de provocación dirigida a discriminar a la persona humana.
Fuente:http://historiadelauniversidaddesonora.blogspot.mx
En las universidades públicas se dieron cambios, desde hace más de una década, orientados a mejorar los procesos administrativos para impulsar el desempeño académico. La burocratización significó, de acuerdo con varias corrientes sociológicas, la expansión de las esferas de actividad y poder de la burocracia, en su propio interés o en el de alguna de sus élites.
Con este proceso, en las universidades se hicieron modificaciones a los mandos, que estuvieron asociadas a la redistribución del poder. La burocracia se consolidó con una nueva oleada de estratificación en su estructura. La organización burocrática que emergió con la planeación estratégica y la evaluación se supone que estaría en condiciones de hacer arreglos, formales e informales, para que las decisiones pudieran procesarse con mayor agilidad y las acciones tuvieran mayor efectividad.
Las políticas de educación federales han puesto el acento en la eficacia, la eficiencia, la productividad y la pertinencia. Vinieron acompañadas con instrumentos administrativos adaptados a las exigencias de los contenidos de tales políticas. Han tratado de influir sobre los gobiernos universitarios para que trabajen con mayor calidad. Pero no han conseguido que se vuelvan competentes para entender qué es la academia y prestarle servicios que le permitan desarrollarse.
Los rectorados de las universidades públicas han tratado de estar a la altura de las demandas que les han formulado las políticas federales. Sin embargo, a los ojos de los académicos siguen sien-do de una calidad dudosa. Los gobiernos universitarios han tenido que transitar por la gestación de un aparato administrativo con demasiado peso político en las instituciones. Este peso se deja sentir sobre los académicos. Y se deja sentir a través de los administradores inferiores, que son con quienes tratamos los académicos.
En la organización jerárquica están al mando de los superiores. Con estos últimos no hay canales de comunicación. Los funcionarios dictan políticas, dan instrucciones, y los administrativos las ejecutan. Se aplican las órdenes independientemente de lo que signifiquen para los académicos. Hay un problema de comprensión al que se suma la inoperancia de los cuerpos colegiados, que en la organización burocrática tienden a ser desplazados.
En las universidades públicas han surgido tensiones porque varios sectores de la burocracia han desarrollado intereses propios. Al hacerlo han colocado a los académicos en una posición subordinada, cuya actividad está sujeta a la administrativa. Así, la burocracia ha venido convirtiéndose en un factor que obstaculiza los esfuerzos de las comunidades académicas por salir adelante y cumplir sus funciones.
La burocracia se ha aprovechado y le ha ido pasando al académico tareas que no le corresponden hacer. En las palabras de un administrador, "a nosotros nos toca repartir dinero y recursos; a ustedes (los académicos) les toca hacer los trámites y gestionar sus cosas. Así lo indican los cursos de calidad que nos han dado". Tal declaración lleva a una pregunta: ¿para qué nos sirve la burocracia si cada académico tiene que forjar su propio destino en la institución?
Ha habido un desplazamiento de la autoridad académica en la toma de decisiones para el desarrollo institucional. El cuadro administrativo se ha formado por arreglos entre grupos de interés, de tal suerte que hay funcionarios que son designados no con base en su autoridad académica, sino por criterios políticos. Estos funcionarios generan actitudes contrarias a la academia para mantener sus puestos. El cuadro administrativo-burocrático busca su propia independencia y su autonomía en relación con los académicos. Se distingue social y políticamente de la comunidad. Tiene símbolos de estatus y privilegios económicos que no tienen los académicos.
La representación estadística del cuadro burocrático en la comunidad universitaria es tal que bien vale la pena saber cuánto cuesta la administración central y las locales y analizar si se puede racionalizar el gasto administrativo. En épocas de escasez sería aconsejable recortar los gastos de la burocracia antes que recortar el financiamiento a los proyectos docentes o de investigación, por ejemplo.
Los académicos, a quienes nos gusta pensar la universidad, nos preguntamos continuamente por la factibilidad de subvertir las actividades de la burocracia; desburocratizar en el sentido de minimizar la autonomía de la administración y sujetarla para que sirva a los programas académicos. Necesitamos hacer los cambios que sean necesarios para que la academia sea el centro de la vida universitaria. A nosotros los profesores e investigadores nos toca hablar y organizarnos para tal fin. Transformar el orden institucional para tener rectorados que merezcan nuestra plena confianza.
Infundada declaración de inexistencia de huelga: Steus
Es infundado el recurso que presentó la administración de la Universidad de Sonora para declarar inexistente la huelga, aseveró Modesto Torres.
El secretario general de Sindicato de Trabajadores y Empleados (Steus) afirmó que el estallamiento de la huelga fue legal en todos los sentidos y las autoridades no tienen pruebas para demostrar lo contrario.
Señaló que la única razón por la que se pudiera declarar inexistente, sería si no asistió la mayoría de los agremiados a la votación y si no tiene relación con el contrato colectivo de trabajo.
"Es totalmente infundado, desapegado a derecho; se mantiene el movimiento de huelga porque el derecho nos asiste", enfatizó.
Modesto Torres anunció que tendrán una segunda audiencia en la que ambas partes presentarán las pruebas y será la Junta de Conciliación y Arbitraje quien dará el veredicto.
El líder sindical denunció también que las autoridades universitarias retrasan los tiempos, pues no se han acercado a dialogar y negociar sobre las posibles soluciones a este conflicto.
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Por Dr. José Darío Arredondo López
Publicación tomada del blog Notas Sueltas
Por increíble que parezca, la administración universitaria en voz de su representante legal dice reconocer el derecho de huelga de los trabajadores afiliados al STEUS, aunque deploran, lamentan, se enfurruñan y denostan que los mismos tomen las instalaciones donde trabajan y que son de la institución a la que pertenecen, con lo que al parecer postulan una especie de mini-huelga, huelguita o medio-huelga como solución a los males institucionales en temporada de reclamaciones contractuales, so pretexto de “no afectar a los estudiantes”.
La postura simplona de la administración se lee de manera clara: se oponen, rechazan, lamentan, deploran y se emberrinchan porque los trabajadores están ejerciendo simple y llanamente su derecho a la huelga, consagrado en la Carta Magna de la Nación y en la legislación secundaria relativa a los asuntos laborales y emprenden el camino del chantaje utilizando la figura de los estudiantes. ¿Qué es lo que proponen entonces, si por una parte reconocen este derecho y por la otra pretenden limitarlo o condicionarlo? ¿Se les habrán botado las tuercas, tornillos o la conciencia de que vivimos en un país de leyes? ¿Qué tan seria y congruente puede ser una administración que pone de parapeto a los estudiantes para coartar el derecho inalienable e imprescriptible de los trabajadores de luchar por mejores condiciones de trabajo? ¿Acaso fueron asesorados por la ultraderecha encaramada en los centros de decisión patronales y que están representados políticamente por el PAN, seguido por el PRI y demás partidos neoliberales? ¿Creerán que les hacen un favor a los estudiantes al participar políticamente contra los trabajadores y sus organizaciones dando una lección de despotismo económico y social, además de incongruente ilegalidad? ¿Tendrán idea de las repercusiones políticas que actitudes como la arriba señalada tiene para la paz social e institucional?
Mientras que la administración nos regala esta perla de reducción al absurdo del ejercicio del derecho que asiste a los sindicalistas, más de 40 organizaciones sociales y laborales se apuntan para apoyar a los huelguistas, con lo que el horno de Sonora no está para bollos neoliberales. El ridículo no viene solo si se incluye la declaración del gobernador Padrés en el mismo sentido que la administración: se rasga las vestiduras por la huelga y echa por delante el argumento lacrimógeno de “los estudiantes”. Como expuse en otra entrega, el derecho a la educación subsiste, nadie lo niega, y una vez que termine el conflicto, se podrá continuar con la actividad académica. No entender esta situación tan elemental supone simplemente la negativa a reconocer en la práctica que los trabajadores tienen derechos y que pueden legalmente paralizar las actividades de la institución en la que trabajan.
La postura de las autoridades estatales coincide, se sintoniza, con la del gobierno federal expresada hipócritamente por el vacuo señor secretario Chuayffet, lo cual no extraña por ser el PAN y el PRI caras de la misma moneda neoliberal. Lo que extraña es la postura del rector universitario que repite el cuento de reconocer pero negar ese derecho. No es posible dejar de preguntarse, ¿en qué momento la Universidad dejó de ser autónoma y pasó a ser un organismo descentralizado cada vez más dependiente de las políticas emanadas de la cloaca neoliberal? ¿Cuándo dejaron las autoridades universitarias de velar por su institución en vez de ser simples engranajes de la maquinaria de la derecha prianista en el poder? ¿A partir de cuándo los trabajadores y su organización dejaron de ser importantes para el logro de los objetivos institucionales? ¿De cuándo a acá los estudiantes son rehenes de políticas que en los hechos les niegan el derecho de una educación de calidad, con sentido social y comprometida con la calidad de vida de los sonorenses y pretexto para golpear a los trabajadores?
Por último, ¿por qué se insiste en que la Universidad de Sonora asuma los usos y costumbres y el trato hacia los trabajadores de las universidades privadas? ¿Cuándo dejó de tener el sentido y raigambre social que antes nos enorgullecía y que vertebraba la mente y el espíritu de sus egresados?
¿Por qué el rector y resto de la administración no se proponen luchar junto con los trabajadores por un mejor presupuesto que permita mejores condiciones de trabajo para los servidores universitarios manuales, administrativos y docentes, con el obvio beneficio para los estudiantes?
¿Quién decide en realidad la política y las relaciones laborales de la Universidad de Sonora? ¿Los propios universitarios o agentes externos cuya función es esencialmente ideológica y de ninguna manera académica?
Las actuales circunstancias sugieren la necesidad no sólo de luchar en el terreno laboral sino también en el debate ideológico y político, empezando por la estructura normativa y el modelo curricular de la institución.
Por lo anterior, cabe preguntarse: ¿Qué queremos? ¿Una universidad que incumpla socialmente al no asumir coherentemente los objetivos de desarrollo integral que la entidad necesita y que se conforme con egresar licenciados o ingenieros sin sustancia, o hacer posible la que pensaron los fundadores de la UNISON en respuesta al anhelo de las familias sonorenses de progreso con justicia social?

References: Artículo 23
 Artículo 2
 Artículo 28
 Artículo 30
 Artículo 1
 Artículo 8