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Timestamp: 2020-08-10 02:00:01+00:00

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Rosas y la Revolución de Mayo
Rosas no fue enemigo de la Revolución de Mayo, sino uno de los colaboradores eficaces, allí donde le tocó actuar. No salió a campaña en los ejércitos libertadores, como no salieron tampoco Azcuénaga, Rivadavia, Paso, Juan Cruz Varela, del Carril, Agüero, etc., etc.. En mayo del año 10 tenía 17 años y no era militar. Pero, en cambio, había luchado, a los 14, contra los ingleses, y durante las campañas libertadoras se inició en la vida de las milicias, improvisándose guerrero en la lucha contra los indios, de los que defendió la ciudad y las campañas, a las órdenes del gobierno de Buenos Aires: lucha tan dura y tan necesaria como cualquier otra y, si no tan lucida, no menos eficaz. Las tribus salvajes fueron contenidas por el círculo de hierro con que Rosas, Comandante Militar de Campaña al mando de tropas reclutadas e instruidas por él mismo, estableció las primeras fronteras firmes de defensa. En esta misma empresa, cuya importancia se ha pretendido disminuir otras veces para restarle méritos a sus esfuerzos, colaboró más tarde con un jefe de tanto prestigio militar como el entonces coronel Lavalle.
De su culto por la Revolución, considerada como movimiento emancipador del país, no como expresión del partido jacobino, que la dirigió y la desvirtuó más de una vez, son manifestaciones claras y perdurables los decretos de su primer gobierno con que rehabilitó figuras revolucionarias que habían sido olvidadas, cuando no combatidas con injusticia, por sus enemigos enconados y vengativos.
Reconocimiento a Cornelio Saavedra
El caso de Cornelio Saavedra es el más elocuente y bueno es recordarlo ahora. Había sufrido las persecuciones de aquel partido jacobino, cuyos herederos ideológicos lo desconocen, aún hoy, como primera figura de la Revolución; y murió una noche del año 29, durante el tiempo que Lavalle sublevado usurpó el poder en el recinto de la ciudad. El diario que sostenía la dictadura de esas horas sombrías y sangrientas, publicaba esta “impresionante” noticia de su muerte: “Ayer, a las ocho de la noche, murió repentinamente en casa de su hermana, el Sr. Don Cornelio Saavedra. Este Sr. Fue presidente de la primera junta gubernativa de Buenos Aires en 1811” (sic). Ni una palabra más.
Llegado meses después al gobierno Rosas dio el siguiente decreto de honores póstumos al “prócer desconocido”: “Buenos Aires, diciembre 16 de 1829.- El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba. Después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar a ciudadano tan eminente el tributo de honor rendido a su mérito, y a una vida ilustrada con tantas virtudes, que supo consagrar entera al servicio de su patria. El gobierno, para cumplir un deber tan sagrado, acuerda y decreta: Artículo 1º: En el cementerio del Norte se levantará, por cuenta del gobierno, un monumento en que se depositarán los restos del brigadier general D. Cornelio Saavedra. Artículo 2º: Se archivará en la Biblioteca Pública un manuscrito autógrafo del mismo brigadier general, con arreglo a lo que previene el decreto de 6 de octubre de 1821. Artículo 3º: Comuníquese y publíquese. Rosas – Tomás Guido”.
Homenaje a Feliciano Chiclana
Ese fue el homenaje de Rosas al jefe de la Revolución de Mayo en uno de los decretos iniciales de su primer gobierno. Poco después moría en Buenos Aires don Feliciano Chiclana, y el gobierno del “enemigo de la Revolución de Mayo” lanzó en su homenaje este otro decreto, que también nos habla claro de su adhesión al movimiento emancipador: “Buenos Aires, enero 16 de 1830 – Aunque los nombres de los primeros ciudadanos que tuvieron la gloria de ser los autores de la independencia de la Patria, pertenecen a la historia, encargada de transmitirlos a la posteridad; el gobierno reconoce como un deber sagrado perpetuar su memoria, tributando un justo homenaje de gratitud a aquellos varones esforzados que supieron encontrar recursos en sólo su genio para arrancar la patria de manos de sus opresores. Entre estos beneméritos patriotas, ocupa, sin duda, un distinguido lugar el Dr. D Feliciano A. Chiclana, cuyas virtudes cívicas lo hicieron sobreponerse a las circunstancias azarosas de los memorables días de Mayo de 1810, contribuyendo muy particularmente al grande acontecimiento que trastornó la faz política de un mundo entero. Estos justos motivos han impulsado al gobierno a decretar lo siguiente: Artículo 1º: En el cementerio del Norte se levantará, por cuenta del gobierno, un monumento en que se depositarán los restos del Dr. D. Feliciano A. Chiclana. Artículo 2º: Se depositará en la Biblioteca Pública un manuscrito autógrafo del mismo Dr. Chiclana, con arreglo a lo que previene el decreto del 6 de octubre de 1821. Artículo 3º: Comuníquese y publíquese. Rosas – Tomás Guido.
Laferrere, Roberto de – El nacionalismo de Rosas – Buenos Aires (1953).

References: Artículo 1
 Artículo 2
 Artículo 3
 Artículo 1
 Artículo 2
 Artículo 3