Source: http://www.argentina-rree.com/4/4-034.htm
Timestamp: 2020-02-25 06:07:55+00:00

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Los conflictos con Buenos Aires durante el gobierno de Urquiza en Entre Ríos
No obstante, la prohibición de la salida de buques con destino a Corrientes y Paraguay, y del tráfico directo entre los puertos del Litoral y el de Montevideo, decretada por Rosas en represalia al bloqueo anglofrancés, colocaron a Entre Ríos en una situación crítica. El gobernador delegado Antonio Crespo, sin duda con la anuencia de Urquiza y contrariando las disposiciones de Buenos Aires, autorizó el comercio por los puertos habilitados de la provincia con los de la Banda Oriental sobre el litoral del río Uruguay, medida que posibilitó no sólo el comercio entrerriano con su vecino oriental sino también con la región brasileña de Río Grande.
A fines de 1845 Crespo alentó el comercio de la provincia de Entre Ríos con el puerto de Montevideo. Primero permitió el arribo de buques sin averiguar su procedencia. Más tarde el gobernador delegado aprovechó en forma inteligente la revocación del bloqueo de la escuadra porteña sobre Montevideo, efectuada por el propio Rosas en noviembre de 1845. Esta decisión de Rosas procuraba aliviar los deprimidos intereses mercantiles porteños. Pero al mismo tiempo, este levantamiento del bloqueo impuesto a Montevideo atentaba contra los intereses porteños de controlar el comercio rioplatense, pues daba pie al gobierno de Entre Ríos para comerciar con la capital oriental. Comentaba al respecto el gobernador delegado Crespo a Urquiza:
La provincia sostiene una guerra a sus expensas. Si tuviéramos Banco no habría necesidad de esta clase de medidas pues sellaríamos papeles de trasnochada y saldríamos de apuros. Si Buenos Aires que lo tiene y ya le pega duro al cuño, consiente que entren y salgan buques cargados, ¿por dónde nos metemos nosotros a cumplidos? Se reirían de nosotros y con razón (1).
El gobernador Joaquín Madariaga, en dos cartas del 4 de mayo de 1846, intentó seducir a su colega y vencedor entrerriano Urquiza con la idea de una alianza tripartita entre las provincias de Corrientes, Entre Ríos y Paraguay. Dicha alianza estaría dirigida en contra de Rosas. En la primera carta, Madariaga confiaba a Urquiza sus propósitos:
ocupandome de preparar y entenderme con el gobierno de Paraguay á este respecto, por que V. no debe desconocer, la importancia y el valor de su alianza. (...) ahora no trepido en asegurarle que mis deseos tienden á que el Entre Rios y Corrientes formemos una maza indisoluble, de la que V. debe persuadirse que sera el primer hombre (...).
En la segunda carta Madariaga insiste a Urquiza con la idea de la alianza en contra de Rosas: "No vacile mi querido Gral, llego el mon.to de que (V E) de un golpe dé el ser á ntra querida Patria, Entre Rios y Corr.s y se inmortalice su nombre" (2).
Sin embargo, las cláusulas del tratado secreto adicional contrariaban las del público y por ende, el ánimo de Rosas. En efecto, por el artículo 1º si bien Corrientes aceptaba el espíritu del Pacto Federal del 4 de enero de 1831, proponía una serie de modificaciones que constituían un abierto desafío al jefe de la Confederación Argentina.
La primera (artículo 1º, apartado 1º) eximía a Corrientes del compromiso de apoyar al gobierno de Rosas, establecido en el artículo 2º del Pacto Federal: "las obligaciones que impone el artículo 2º no se le exigirán en la presente guerra con el Estado Oriental del Uruguay, ni en las diferencias actuales con los Gobiernos de Inglaterra y de Francia". Por su parte, el artículo 1º, apartado 3º constituía otra seria modificación al Pacto de 1831, pues violando éste permitía acuerdos parciales entre una provincia de la Confederación Argentina -Corrientes- y un país vecino -Paraguay- sin la previa consulta a las otras provincias miembros del Pacto. Decía: "el Tratado de amistad y comercio, acordado entre los Gobiernos del Paraguay y Corrientes, así como las relaciones de esta clase que tiene establecidas con los Estados vecinos, continuarán en el estado que hoy se hallan (...)" (3).
Como te instruirás por las copias que te envio, el General Urquiza dió cuenta verbal, y solo por medio del Mayor Castro, de las circunstancias políticas de la Prov.a de Corrientes, de un arreglo que ya seguia, y que se proponía efectuar con D.n Joaquin Madariaga, por conducto de su hermano D.n Juan, y de las proposiciones que habia indicado para ese fin. Notarás que el Gral. Urquiza, antes de adelantar esos pasos, no consultó ni pidió autorizacion ni basa ninguna al Gob.no Encarg.do de las Relaciones Exteriores. El General Urquiza entabló la negociacion; indicó proposiciones, y, despues de empeñado así, en este gravísimo asunto, dió entonces (explicaciones) por medio del Mayor Castro.
Sin embargo, disimulando hasta donde me era posible, y sinceramente animado del deseo de que la Prov.a de Corrientes se reuna á la Confederacion Arg.na, bajo un arreglo honroso y conveniente, autoricé al General Urquiza para que continuase la negociacion sobre las basas que le transmití y verás insertas en la nota de 11 de Abril último. (...) Así era, pues, indispensable que el Gobierno legal, y el Congreso de la Prov.a de Corrientes, despojados de la autoridad legal p.r, la rebelion de los salvages unitarios en que figuró D.n Joaquin Madariaga, no fuesen injusta y deshonrosamente sacrificados, y con ellos el principio mismo que defiende la República por su seguridad y honor. No podía sancionarse el triunfo de los salvages unitarios, sin establecerse una conciliación equitativa y honrosa, con el amistoso y franco arreglo entre los fieles federales de la Prov.a de Corrientes y D.n Joaquin Madariaga. He ahi la necesidad de la basa principal que prefique al Gral. Urquiza como absolutamente indispensable no solo para la seguridad y honor nacional, sino, como bien lo penetrarás, para la solidez misma de la paz á que se arribase.
Unos párrafos más adelante, Rosas daba rienda suelta a su disgusto por los Tratados de Alcaraz con las siguientes palabras dirigidas a Pacheco:
Bien advertirás la posicion en que quedarian la Confederacion y sus Gobiernos y el Encargado de las Relaciones Exteriores si, ratificando las estipulaciones de Alcaráz, promulgasen el Tratado público, y ocultaran el secreto por el que se destruye el primero, totalmente indecoroso, é inconveniente también en sí mismo, se sanciona la separacion de la Prov.a de Corrientes de la actual guerra de seguridad, honor e independencia nacional, se la constituye en receptáculo y asilo de los salvages unitarios, se le dá el caracter de Estado independiente reconociendo sus nulos Tratados anteriores y sancionándolos para la ulteridad, y se crea un Estado para los salvages unitarios dentro de la Confederacion Argentina, dejándose así el precedente para que en lo sucesivo Entre Rios, ú otra Prov.a Argentina asuma la misma posicion y vengan a disolverse y concluirse enteramente el pacto federal, la nacionalidad, todos los grandes intereses y la existencia misma de la República. Y para colmo de todo, esto deberá permanecer secreto, ocultarse á la República (y al mundo), y aceptarse sobre el desdoro la impostura.
Precisamente el fundamento de toda la union nacional, y de todo pacto federativo es la cooperacion comun para la defensa contra los enemigos de la nacion interiores y exteriores. Esta basa es indispensable, y el mismo General Urquiza la consideró necesaria con respecto á la intervencion Anglo-Francesa. Mas por el artículo 1º del Tratado secreto queda la Prov.a de Corrientes separada de la causa-nacional, en buenas y amistosas relaciones con los enemigos de la Confederación Argentina, y como potencia independiente neutral en la presente guerra no solo con relacion á los salvages unitarios sino tambien con respecto á la Francia y la Inglaterra. Queda recibiendo y amparando en su territorio á todos los salvages unitarios, sin excepcion alguna: quedan vigentes las relaciones de toda clase que indebida é ilegalmente ha establecido con los Estados vecinos, y, lo que es aun mas, quedan sancionados como legales; mientras que tambien se reconoce en ese mismo caracter el pretendido Tratado de amistad y comercio con el Gobierno Paraguayo que ha declarado la guerra á la Confederacion Argentina (...). De esta manera no solo queda la Prov.a de Corrientes desligada de la Confederacion, y en una esfera de independencia, sino que se reconoce tambien el derecho que siempre se ha negado muy justamente á la Prov.a del Paraguay de celebrar tratados.
Advertirás que en el tal Tratado secreto se reconoce tambien por el General Urquiza que la presente guerra se dirige contra el Estado Oriental, que es nuestro aliado en ella contra el enemigo comun, los salvages unitarios. Así ganan estos la cuestion misma de principios del modo mas inesperado, no solo con relacion á la Confederacion, sino tambien con respecto á la nacion Oriental y su Gobierno dirigido por el Gral. Oribe. Nos faltariamos á nosotros mismos, y faltariamos á nuestro aliado, concediendo á D.n Joaquin Madariaga lo que tan justa y necesariamente hemos negado á la Gran Bretaña y á la Francia (4).
Asimismo, Rosas expresaba su disgusto directamente a Urquiza en una carta del 12 de octubre de 1846, destacando: "la dura posición en que me ha colocado y los grandes sinsabores y disgustos que este asunto ha causado a este Gobierno", por el "equivocado camino dado al arreglo de Corrientes y las serias complicaciones que él debe producir, si no se reforma". Subrayaba Rosas además que la prensa unitaria de Montevideo anunciaba como un triunfo que Urquiza no hubiese seguido al pie de la letra los lineamientos de Rosas respecto de no reconocer la independencia de Paraguay, haciéndolo aparecer al gobernador entrerriano "defeccionando de una causa a que ha prestado importantes servicios y desconociendo la amistad que nos hemos profesado" (5). Con estos argumentos, Rosas devolvió los Tratados de Alcaraz al general Urquiza, expresándole que se había equivocado al firmarlos, y al mismo tiempo le hizo llegar el texto de otro acuerdo para que lo firmara con Madariaga.
El nuevo acuerdo ratificaba el contenido del tratado público de Alcaraz, ya que se limitaba estrictamente a establecer un acuerdo de paz mediante el cual la provincia de Corrientes se reincorporaba a la Confederación Argentina. Libre de cláusulas secretas que amenazaran la autoridad de Rosas, el tratado establecía entre otros puntos: la paz entre Corrientes y la Confederación Argentina y la reincorporación de dicha provincia a la Confederación (artículo 1º); el reconocimiento de Rosas como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación (artículo 2º), y la devolución de bienes confiscados a correntinos emigrados (artículo 3º) (6).
El encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación ha tenido con vuestro gobernador (Madariaga) consideraciones que le obligarían a entrar en una honrosa convención que se le propuso pero que él ha desoído. Marcho a reparar ese escándalo. Abandonad las filas de los salvajes unitarios traidores a la patria. La Federación sea vuestra divisa y odio a los que trajeron la intervención extranjera para humillar a su patria. La Confederación debe felicitarse de que Corrientes entre a integrarla con la resolución de sostener la nacionalidad e independencia, confiada a la dirección del eminente argentino brigadier don Juan Manuel de Rosas (7).
A pesar de las enfáticas declaraciones de adhesión a la causa rosista por parte de Urquiza, el comentario público seguía sospechando de la fidelidad del gobernador entrerriano (8). Y así como la fidelidad de Urquiza a Rosas resultaba poco creíble, ocurría lo propio con Virasoro. Finalmente, a fines de septiembre de 1850 los gobernadores de Corrientes y Entre Ríos se entrevistaron en Concordia y dispusieron una acción conjunta contra Rosas.
Rosas desconfiaba pues de Urquiza desde los Tratados de Alcaraz firmados en 1846, y a partir de entonces sería menos sensible a sus intereses. En 1848 el Restaurador decidió prohibir la salida de oro de Buenos Aires a las provincias, las que deberían conformarse con el papel moneda de Buenos Aires. Esta medida perjudicaba los intereses económicos personales de Urquiza, quien necesitaba ese oro para efectuar sus compras comerciales en el exterior. De acuerdo con Martín Ruiz Moreno, la prohibición del gobierno de Rosas de exportar metálico a las provincias se ensañó contra Entre Ríos y Corrientes, lo que el 5 de noviembre de 1848 motivó un reclamo de Urquiza al canciller Arana, en estos términos:
Siendo la plaza de esa Capital de Buenos Aires, nuestro principal y casi exclusivo mercado para todo lo que se exporta é importa para esta provincia de Entre Ríos, y no permitiéndose en dicha plaza que pueda extraerse, para esta, moneda metálica, resulta de ello graves inconvenientes para nuestro comercio, por cuanto, por falta de numerario se ven embarazosos nuestros hombres de comercio é industrias, para activar su especulación y trabajos, con perjuicio, sin duda, no solo de esta provincia sinó también de esa (9).
El historiador Enrique Barba aporta más detalles de las medidas adoptadas por Rosas que sin duda contribuyeron a agravar las relaciones entre el gobernador de Entre Ríos y el jefe de la Confederación Argentina:
La situación de privilegio creada a favor de Buenos Aires se acentuó con las medidas que tomó Rosas referentes a la moneda. Prohibió la extracción de metálico para las provincias, con lo que las obligaba a aceptar el papel inconvertible de Buenos Aires. Las provincias, en cambio, debían pagar en Buenos Aires con metal. Por otra parte, siendo Buenos Aires el único puerto de exportación para Europa, los precios se fijaban de acuerdo con la demanda del mercado consumidor. Quiere decir esto que en todos los casos los productos de las provincias similares a los porteños (léase Entre Ríos) se veían perjudicados -por razón del precio del transporte- con respecto a éstos en el comercio de exportación. (...) Otra medida tomada por Rosas afectaba los intereses de Entre Ríos. Se refería a la prohibición de extraer pólvora de Buenos Aires para esa provincia. La pólvora era indispensable para los yacimientos de cal entrerrianos, que después de la ganadería constituía lo más importante de su industria (10).
Por otra parte, los intereses económicos encontrados de Entre Ríos y el régimen rosista no se limitaban a las arbitrarias medidas respecto del metálico y la pólvora. A ella debe sumarse, por supuesto, el muchas veces mencionado monopolio porteño de la Aduana y el tema conexo de la libre navegación de los ríos. Con el fin del bloqueo anglofrancés este conflicto se vio agravado, porque el bloqueo había permitido a las provincias del Litoral saborear algunos frutos del libre comercio, aunque fueran modestos. Según cuenta Horacio Giberti, aquel conflicto les había permitido a los estancieros entrerrianos comerciar sus productos ganaderos directamente con las grandes potencias europeas, sin la intervención de Buenos Aires. Este factor convirtió a Entre Ríos en rival de la capital de la Confederación Argentina durante los años del bloqueo.
Esta libertad comercial sufrió un duro revés con la firma de los tratados de paz entre la Confederación Argentina y los gobiernos inglés y francés en 1849 y 1850, pues las cláusulas de los mismos establecían el cierre del tránsito por los ríos Paraná y Uruguay a todo barco que no recalase previamente en Buenos Aires. Esta realidad afectó a las provincias mesopotámicas, a los saladeros ubicados sobre la margen oriental del río Uruguay, a las exportaciones de tabaco y yerba paraguayas, a los envíos de maderas y frutos brasileños, y a las importaciones efectuadas por todas esas regiones. Después de los tratados Arana-Mackau y Arana-Southern, Buenos Aires pasó a ser el único mercado de intercambio exterior para las provincias de Corrientes y Entre Ríos (11). Dado el nuevo equilibrio de fuerzas económicas, políticas y militares, era improbable que don Juan Manuel de Rosas pudiera mantener esta situación por mucho tiempo más.
Carta de Antonio Crespo a Justo José de Urquiza, del 26 de marzo de 1846, citada en apéndice del libro de B. Bosch, op. cit., p. I y en O.F. Urquiza Almandoz, op. cit., pp. 252-253.

References: artículo 1
 artículo 2
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 resolución