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Timestamp: 2019-11-19 21:25:02+00:00

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Publicado en 12 julio, 2017 10 noviembre, 2019 por Carla A. Carvalho Gómez
El pensamiento no podría desarrollarse coherentemente si no hubiera un sistema que lo controlara y dirigiera. Por este motivo, en el cerebro existe el sistema ejecutivo que es el encargado de que los distintos subsistemas que sirven al pensamiento se coordinen para facilitar el proceso. El el concepto, y aún más el constructo de funciones ejecutivas, se ha utilizado y estudiando desde hace tiempo. Sin embargo, en la actualidad, no existe consenso acerca de su definición, puesto que se trata de un dominio complejo de la cognición. En los últimos años, ha tomado forma el concepto de funciones ejecutivas, que es la última instancia en el control, la regulación y dirección de la conducta humana. Concretamente, las funciones ejecutivas se han definido, de forma genérica, como procesos que asocian ideas simples y las combinan hacia la resolución de problemas de alta complejidad. Lezak (1976) popularizó este concepto entre la Psicología de influencia americana. En concreto, para esta autora “las funciones ejecutivas consisten en aquellas capacidades que permiten a una persona funcionar con independencia, con propósito determinado, con conductas autosuficientes y de una manera satisfactoria”. No obstante, desde este primera concencepcion, son muchos los autores los que han tratado de dar una definición sobre este concepto. Por ejemplo, Welsh, Pennington y Groisser (1991), la conciben como una conducta dirigida a una meta, que incluye: planificación, búsqueda organizada y control de impulsos. Por otro lado, otros autores como Shallice (1990) o Stuss (1992) concuerdan con este planteamiento. Si bien todavía no hay consenso respecto qué habilidades cognitivas se agrupan en ella, muchos autores coinciden en que incluye: planificación, flexibilidad cognitiva, inhibición y memoria de trabajo.
Formulación de metas: hace referencia al proceso complejo de determinar las necesidades y de ser capaz de hacerse una representación mental conceptual de la realización de eso que se necesita o quiere. Por este motivo, las personas que tienen alterada esta capacidad de formular metas, simplemente no pueden pensar en lo que tienen que hacer. No obstante, no hace falta padecer un daño cerebral para tener problemas en esta función; ya que puede ser fruto de un desarrollo madurativo inadecuado.
Planificación: la organización de los pasos y elementos necesarios para llevar a cabo una intención o lograr una meta constituyen la planificación. En consecuencia, una persona debe ser capaz de conceptualizar cambios en las circunstancias presentes, concebir alternativas, llevar a cabo elecciones y desarrollar una estructura que le dará la dirección para llevar a cabo el plan.
Implementación de planes: el paso de una intención o plan a una producción o auto-actividad, requiere de iniciar, mantener, cambiar y parar secuencias de conductas complejas de una manera integrada y ordenada. Es decir, se trata de ejecutar los planes elaborados previamente.
Ejecución efectiva: una ejecución es tan efectiva como la habilidad del que ejecuta la tarea para dirigir, auto-corregir y regular la intensidad, el tiempo y otros aspectos cualitativos de su acción. La efectividad de la ejecución se valorará en función de los objetivos y las metas perseguidas, y del costo energético que ha sido preciso para conseguirlo. Por tanto, el nivel de efectividad no lo da solo el resultado sino el proceso.
En la actualidad, el desarrollo de técnicas de exploración funcional y baterías neuropsicológicas computarizadas han permitido refinar el concepto; siendo las funciones ejecutivas definidas como un conjunto de habilidades cognoscitivas que permiten el diseño de planes y programas, la monitorización de tareas, la anticipación y establecimiento de metas la selección precisa de los comportamientos y las conductas y la flexibilidad en el trabajo cognoscitivo y su organización en el tiempo y en el espacio para obtener resultados eficaces en la resolución de problema. Sin embargo, dicha definición, no es más que un definición de pormenorizada de un conjunto de procesos cognitivos vinculados al funcionamiento de los lóbulos frontales [5]. En cosecuencia, dicha redefinición ha llevado, en los últimos años, a intentar acortar las habilidades o capacidades que componen dicho concepto. En esta línea, Golberg (1946- ), seguidor de Luria; equipara dicha función cognitiva al director de orquesta en su libro “El cerebro ejecutivo”. De lo anterior, se puede concluir que, Goldberg utiliza dicha metáfora para describir el papel que desempeñan los lóbulos frontales en el control ejecutivo. En este sentido, el lóbulo frontal, estructura principal que sustenta esta función, sería el encargado de recibir información procedente de otras áreas cerebrales con el objetivo de combinarla para realizar la conducta objetivo [2]. En concreto, entre las numerosas definiciones aportadas desde la Neuropsicología en los últimos años destacamos el planteamiento integrador de Tirapu y colaboradores. Dicho autores definen el concepto como la capacidad de hallar soluciones para un problema novedoso, llevando a cabo predicciones de las consecuencias a las que nos puede llevar cada una de las soluciones imaginadas [7.8,9].
La teoría más compleja sobre el funcionamiento del lóbulo frontal no aparece hasta la publicación de los trabajos de A.R Luria (1973,1974,1977,1980). Es precisamente a este autor al que se le debe la concepción de la zona prefrontal de ese lóbulo como la llave de la programación de la actividad mental, con actividades específicas directamente relacionadas con esa parte del córtex como son la planificación de actividad, la regulación de las mismas o el cambio en ellas. Los lóbulos frontales se hallan implicados en una amplia miríada de funciones, tales como el lenguaje, el control motor o ciertas funciones perceptuales de alto nivel [7.8,9]. En las dos últimas décadas, se ha profundizado en el papel que estas regiones cerebrales desempeñan en la conducta humana y en el control de los procesos cognitivos. Así, un sólido cuerpo de conocimiento científico demuestra que los lóbulos frontales se hallan implicados en la ejecución de operaciones cognitivas específicas, tales como memorización, metacognición, aprendizaje, razonamiento y resolución de problemas [7.8,9]. Los lóbulos frontales, y más concretamente las regiones prefrontales, permiten el control, la organización y la coordinación de diversas funciones cognitivas, respuestas emocionales y comportamientos, mediante un amplio conjunto de funciones de autorregulación denominadas funciones ejecutivas [7.8,9]. El córtex prefrontal es la base anatómica de estas funciones de control, siendo necesario cuando se está aprendiendo una actividad nueva y se requiere de un control activo [7.8,9].
Los estudios sobre el funcionamiento ejecutivo toman como punto de partida las alteraciones cognitivas y conductuales observadas en pacientes con lesiones frontales, así como los trabajos que tratan de identificar las regiones cerebrales implicadas en la realización de tareas ‘ejecutivas’ en pacientes sanos [7.8,9]. La lesión del córtex prefrontal (CPF) puede ocasionar los siguientes déficit cognitivos:
Autor: Berg (1948).
Objetivo: este test puede ser considerado como una medida de las funciones ejecutivas, ya que para su resolución requiere de las habilidades para desarrollar y mantener las estrategias de resolución de problemas que resultan adecuadas para conseguir un objetivo.Asimismo, puede ser una medida objetiva de la flexibilidad cognitiva, ya que requiere de dicha capacidad del sujeto para generar diferentes estrategias que le permitan resolver el problema.
Edad de aplicación: a partir de los 16 años.
Instrucciones: este test es poco usual porque no le voy a dar mucha información sobre lo que hay que hacer. La tarjeta consiste en emparejar tarjetas, con estas cuatro que he colocado aquí y sirven de clave.Hay que tomar siempre una tarjeta de este bloque, la de arriba, y colocarla debajo de la tarjeta clave con la que se crea que hace pareja. Yo no puedo decirle cómo se deben emparejar, pero cada vez que coloque una le diré si lo ha hecho correctamente o no.
Tiempo: no es una prueba con tiempo limitado. Aunque el tiempo empleado en las aplicaciones realizadas es bastante variable, la mayoría de las veces es completado en 20-30 minutos.
Autor: Shallice (1982)
Autor: Wilson, Alderman, Burgess, Emslie y Evans (1996)
Objetivo: Este test puede ser considerado como una medida de las funciones ejecutivas, ya que para su resolución requiere de las habilidades para desarrollar y mantener las estrategias de resolución de problemas que resultan adecuadas para conseguir un objetivo.
Edad de aplicación: puede ser aplicado desde los 16 a los 87 años.
Autor: G. A. Gioia, P. K. Isquith, S. C. Guy y L. Kenworthy (2015)
Objetivo: Permite evaluar los aspectos más cotidianos y conductuales de las funciones ejecutivas con una satisfactoria validez ecológica.
Formas de aplicación: Dispone de dos formas del cuadernillo (familia, escuela)
Edad de aplicación: 5 – 18 años.
Indices: Indice global de función ejecutiva, indice de regulación conductual, indice de regulación emocional, indice de regulación cognitiva, inhibición, flexibilidad, control emocional, iniciativa, memoria de trabajo, planificación, supervisión de sí mismo y supervisión de su tarea.
Para la evaluación de estas funciones ejecutivas se han propuesto varias pruebas, como el test de clasificación de cartas de Wisconsin, la torre de Hanoi, etc. Sin embargo, la ejecución de los mismos se lleva a cabo de forma sistematiza, fruto de la falta de un modelo previo. En resumen, cuando observamos errores en la resolución de los mismos de forma cuasi-automática concluimos que el paciente presenta un déficit disejecutivo, sin especificar que procesos de dicho dominio se encuentran afectados [9]. En consecuencia, surge la necesidad de elaborar un modelo conceptual previo de las funciones ejecutivas para lograr una correcta evaluacion neuropsicologica de los pacientes [9]. De esta forma, los resultados e interpretación derivados de la misma nos permitirán crear un tratamiento individualizado y adaptado a cada paciente que nos permitará disminuir los déficits subyacentes, logrando una mejor calidad de vida de los mismos.
2 comentarios de “Evaluación de las Funciones Ejecutivas”
Mi TFG este febrero ’17 tenía que ver con las Funciones Ejecutivas (FE) pues analizaba la situación actual de los programas de estimulación/rehabilitación cognitiva y cuan real o ficticio eran los supuestos avances anunciados por la industria digital relacionada. En mi bibliografía salió como no Javier Tirapu :-), y gran parte de las demás referencias actualizadas que marcan el State of the Art de la cuestión, Bien cierto es que la prueba de Wisconsin es un clásico, pero ya hoy con las suites informáticas supliendo en muchos casos las pruebas del lápiz y papel, tienen otra variedad de pruebas, sin embargo todavía la base matriz siguen siendo las clásicas. Hablar de la memoria de trabajo en estos casos es fundamental por lo decisivo de sus resultados en relación a las FE, al igual que las pruebas de memoria, especialmente las visuales donde se suelen ver mejores resultados hasta la fecha.
12 julio, 2017 en 4:53 pm

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