Source: http://www.libertadidioma.com/2004/20040608.htm
Timestamp: 2020-04-06 06:11:09+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Martes 8 Junio 2004
FLORENTINO PORTERO ABC 8 Junio 2004
ZAPATERO, EN OFFSIDE
Jaime CAMPMANY ABC 8 Junio 2004
La Europa antiespañola
Alberto Recarte Libertad Digital 8 Junio 2004
Victoria Zapatero
José María CARRASCAL La Razón 8 Junio 2004
¿La III Guerra Mundial
Sigma al Askari La Razón 8 Junio 2004
Borrell, el sanguinario
Pío Moa Libertad Digital 8 Junio 2004
El antiamericanismo rampante
GEES Libertad Digital 8 Junio 2004
Ceremonias de verano
Carlos Semprún Maura Libertad Digital 8 Junio 2004
PATRIOTISMO PARA VOTANTES
EDURNE URIARTE ABC 8 Junio 2004
La punta de la llave
José Javaloyes Estrella Digital 8 Junio 2004
La barra libre de Zapatero
Ignacio del Río Estrella Digital 8 Junio 2004
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 8 Junio 2004
Detenido en Milán Mohamed «El Egipcio», uno de los cerebros de los atetandos del 11-M
Ep - Roma.- La Razón 8 Junio 2004
Bush dice que Al Qaida cambió las elecciones en España y teme que haga lo mismo en EE UU
Redacción La Razón 8 Junio 2004
POR FLORENTINO PORTERO ABC 8 Junio 2004
PARA que un Estado goce de autoridad en el concierto de las naciones su política exterior debe estar fundada en sus auténticos intereses, sus medios han de ser proporcionales a sus fines y su ejecución, tan paciente como constante.
El giro copernicano impuesto por el gobierno de Zapatero rompe una política que venía cosechando importantes éxitos; ignora los intereses reales del Estado; convierte nuestra acción exterior en una mercancía electoral tratada de forma populista y logra, como no podía ser menos, que, como ya reconoce sin ambages la prensa internacional, España haya dejado de contar en la política europea.
Zapatero ha logrado que España tenga peores relaciones con Estados Unidos que Francia o Alemania, con el agravante de que nosotros tenemos más intereses comunes con la potencia americana que estas otras naciones. Y es que, entre aliados, diferencias de posición pueden ser tratadas «diplomáticamente» si las partes actúan con nobleza. El compromiso electoral de retirar las tropas fue un acto de enorme gravedad, pero la forma en que se realizó fue aún peor. El Gobierno incumplió los compromisos contraídos voluntariamente en Washington, en concreto por Bono, sobre coordinación y ritmos en caso de retirada. Se adelantó injustificadamente la vuelta del contingente, sin haber llegado a presentar un borrador de Resolución en el Consejo de Seguridad. Se desgajó una división multinacional, creando serias dificultades a naciones aliadas o amigas. Todo ello supuso una crisis de gran importancia y cuyos efectos pagaremos todos los españoles.
Aquellos que se han mantenido firmes en la coalición internacional, como Dinamarca -cuyo Primer Ministro visitó ayer España-, se granjearán el respeto de la comunidad internacional. Los que se opusieron buscarán en el futuro formas de recomponer, en la medida de sus posibilidades, sus relaciones con Estados Unidos. España, cuyo Gobierno confunde intereses con gustos, quedará fuera de la agenda internacional. Lo percibiremos en las relaciones bilaterales con Estados Unidos y en su falta de apoyo a nuestras posiciones en Iberoamérica y el Magreb. Pero ya estamos siendo conscientes del precio a pagar en Europa, donde el «Eje» nos agradece nuestra sumisión con desdén y sin mayor consideración.
Por Jaime CAMPMANY ABC 8 Junio 2004
LOS huertanicos de mi tierra, al castellanizar la palabra «offside» pronuncian «orsai». Bueno, pues Zapatero está en orsai. Acisclo Karag, en su «Diccionario de los deportes», explica que «estar en offside es como estar en Babia». O sea, que es muy probable que Zapatero, mientras no salga del offside, esté en Babia. Lo malo es que cuando el presidente del Gobierno de una nación (o de muchas naciones, como diría Carod-Rovira) se encuentra en offside, quien sufre las consecuencias es todo el equipo, es decir, la Nación entera, y escribiré Nación así, con mayúscula para distinguirla de las comunidades, regiones, comarcas y parroquias.
El offside se produce en el juego de nuestra política exterior, de modo que algo entra en esa malaventura Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores y del Offside, aunque tengo para mí que el ministro, en este caso, sólo hace que obedecer, por más que obedezca con gusto, porque el offside estaba cantado, y muy claramente cantado, desde antes de que Zapatero fuera elevado a presidente en la jornada de inflexión, y por tanto antes de que Moratinos fuese elevado al cargo de ministro. «Anda, Moratinos, ponte en offside». Y Moratinos va y se pone.
Ya habrán visto ustedes que Norteamérica y Bush, el ranchero grande del imperio, han estrechado lazos con Marruecos, han fortalecido sus pactos con los moros de la Morería y ahora están con Mojamé VI a partir un piñón, Dios no permita que estén algún fin de semana a partir Perejil, las Chafarinas y África adelante, Ceuta y Melilla. Parece improbable que Colin Powell se quede embebecido con Moratinos como con Ana Palacio, y los moros, en cuanto vean que el ranchero no tiene intención de desenfundar, nos organizan otra marcha ecológica y amplían la invasión pacífica de las pateras, les dan ánimos a los imanes, les ponen altavoces en el alminar a los muecines y convocan al yihad. Que Santiago Matamoros no se tome muy a pecho el desvío de los canónigos de Compostela y nos libre de tener que cantar de nuevo aquello de «que me tengo de ir a la guerra del moro, que ha empezado a rebullir».
Pero es que por el otro côté el ranchero se ha dado el abrazo de Normandía con el gabacho Chirac y con el teutón Schröder, y han dejado a Zapatero de monaguillo de los tres. Zapatero quería abandonar a Bush, dejarle con tres palmos de narices, y echarse en brazos de Francia y Alemania («volver a Europa», le han hecho decir a Pep Borrell), y quien ha vuelto ha sido precisamente Bush, que el amigo americano siempre ha estado en Europa cuando Europa ha necesitado el pelotón de soldados de Spengler, esos que salvan la civilización.
En cuanto haya una resolución de la ONU que facilite esas operaciones, no será difícil que veamos en Iraq a tropas francesas y alemanas, a Blair muerto de risa, y a Zapatero tan feliz, en medio de nuestros soldaditos, recibiendo el aplauso de los rojelios. Todas las naciones del Occidente civilizado, cumpliendo aquella misión endemoniada en el Iraq. Todas menos España. Y por supuesto Zapatero, en offside. O sea, en Babia.
Si en las próximas elecciones europeas se votara en función de los proyectos para continuar la construcción europea del PP y del PSOE-IU-nacionalistas, y sus implicaciones para el bienestar de los españoles, los otros europeos y la posible contribución europea al desarrollo y la paz mundiales, el Partido Popular debería ganar por mayoría absoluta.
En lo que respecta a la futura Constitución europea, el PP quiere negociar apoyándose en lo logrado en Niza, lo que nos daría mayor peso político, fundamental para la toma de decisiones, que afectan no sólo a España sino al resto de Europa. El PSOE, por el contrario, cree que es prioritario llegar a un acuerdo sobre cualquier Constitución, aunque nos haga perder peso y representación. Confían en la benevolencia francesa y alemana, desconfían de España y, lo que es peor, creen que esos países son un modelo sobre el que construir Europa. Y, quizá, como bien decía Mayor Oreja, ocurre que la única política del PSOE para Europa es ser anti-PP, aunque ello implique defender la anti-España.
En una Europa de 25 miembros, necesariamente, el poder de los grandes países se diluye, lo que puede tener efectos positivos y negativos. Será más difícil tomar decisiones sobre lo ya avanzado en el pasado, lo que es positivo en la actualidad, pues se ha consolidado –con excepciones– un mercado único, con libertad de movimientos de bienes, servicios, personas y capitales. Al tiempo, las mayorías necesarias para avanzar más en la integración política y económica se hacen más difíciles de lograr, lo que es nuevamente positivo, dada la confusión política y la decadencia económica de Francia, Alemania e Italia. En efecto, las medidas que querrían impulsar estos países: la armonización fiscal y la igualdad de prestaciones sociales, entre otras, esconden un proteccionismo radical, que iría en contra de los intereses de todos los europeos pero, en primer lugar, de los más atrasados que se incorporan en estos momentos.
La dificultad de tomar decisiones podría ser negativa si los grandes países tuvieran políticas reformistas, que se podrían ver frustradas políticamente por la suma de los países más pequeños que, no se sabe por qué, se piensa que podrían negarse a avanzar por ese camino. ¿Hay alguna decisión reformista, impulsada por los grandes países europeos, que no se haya podido aprobar por los correspondientes órganos competentes europeos en los últimos años? No recuerdo ninguna. Reformar en un mundo globalizado, por otra parte, significa apertura, competencia, menos impuestos y menor gasto público. Que el PSOE se alinee con Francia y Alemania tiene lógica de partido, pero no tiene consistencia, si de lo que se trata es de defender los intereses de España.
El aumento del gasto social que preconiza el PSOE, hasta igualar porcentualmente el español con el de esos países de la vieja Europa, parte del supuesto de que la misión del estado es paliar situaciones de necesidad, como la derivada de la falta de empleo; nunca se les ha ocurrido –ni se les ocurrirá–, a pesar de que convivan con la experiencia de haber asistido a la creación de 5 millones de empleos, que pueda haber una Europa distinta, una Europa moderna, una Europa que pueda crecer. Desgraciadamente, esa es una Europa que se difumina, con la colaboración del PSOE y los nacionalistas que quieren hacer desaparecer, como contribución al proyecto europeo, la España de las reformas, porque la identifican con el Partido Popular.
Su frase favorita, diría casi su única frase es: «Nos hemos traído las tropas de Iraq». Lo dicen, hinchando el pecho, en los mítines electorales, en las intervenciones parlamentarias, en las declaraciones periodísticas, imagino que incluso en casa, durante la cena. Como si fuera una hazaña, una especie de nueva batalla de Lepanto a la inversa, otra «mayor ocasión que vieron los siglos», merecedora de aplauso, admiración y medallas, como esa que le han dado a Bono, alférez principal del portento. Entre las palmas del respetable, nada contento desde el principio de la aventura en que la había metido Aznar.
Todo eso está muy bien. Todo eso puede tener réditos electorales el próximo domingo, como los tuvo en 14 de marzo. Sólo tiene un pequeño-gran inconveniente: que la situación internacional ya no pide marcharse de Iraq. Que lo que priva hoy es quedarse hasta estabilizar aquello. Que lo que se lleva no es dar patadas en las espinillas de los norteamericanos, sino al revés, entenderse con ellos. Que la próxima resolución del Consejo de Seguridad sobre Iraq no supondrá un enfrentamiento Washington-París-Berlín, sino un punto de encuentro entre Europa y los Estados Unidos. Y nosotros, con estos pelos, quiero decir presumiendo de haber traído nuestras tropas de Iraq y de haber hecho la pascua a Bush. A esto se le llama tener olfato. Con un olfato así, Zapatero y Moratinos nos devuelven a cien por hora a los tiempos felices en que España no pintaba absolutamente nada en la escena internacional, por la sencilla razón de quedar al margen de ella.
Una vez más ha quedado en evidencia algo muy triste: que pese a los indudables avances que nuestro país ha hecho en el terreno económico y social, marchamos con el paso cambiado respecto a las naciones punteras. No es de ahora. Desde hace siglos, nuestros ciclos políticos no corresponden a los de nuestro entorno histórico-cultural. Teníamos contrarreforma cuando el resto de Europa tenía reforma, monarquía cuando ellos tenían revolución, revolución cuando ellos tenían monarquía, conservadurismo cuando ellos tenían liberalismo, liberalismo cuando ellos tenían conservadurismo, dictadura cuando ellos tenían democracia y esta forma especial de democracia española que consiste en el todo vale cuando los demás tratan de poner un poco de orden en el mundo y sus respectivos países, antes de que todo se vaya al cuerno. Hemos llegado tarde a todo, lo que nos convierte en entusiastas tardíos de la moda que ha dejado ya de serlo. En el pasado, nos trajo retraso y complejos de inferioridad, disimulados con hueco orgullo. Pero, en fin, la cosa no pasaba a mayores, dado el férreo sistema de naciones-Estado en que se movía el mundo. Hoy, sin embargo, con la globalización en marcha y la aparición de grandes bloques multinacionales, esta falta de adaptación de España a las grandes corrientes internacionales puede ser letal para nuestro país y sus intereses.
Quien trate de ir por su cuenta, quien se desenganche de la marcha de los acontecimientos, quien calcule mal y tome un camino que no es el general, no es que se encontrará aislado, es que se encontrará totalmente al margen de las grandes decisiones, que hoy se toman globalmente. Es verdad que la crisis de Iraq ha demostrado que los Estados Unidos no pueden, como creía la Administración Bush, dirigir solos el mundo. Pero no menos es cierto que sin los Estados Unidos el mundo no puede ser dirigido, como ha demostrado el giro dado por Chirac y Schröder en las últimas semanas. Reducir la política interior y exterior española a «hemos traído nuestras tropas de Iraq», como da a entender el ejecutivo socialista, es tan infantil como peligroso. Ya lo estamos viendo. Si alguien creía que iba a traernos dividendos en Europa es que no tiene idea de lo que es la política internacional, donde no existe la palabra agradecimiento. París y Berlín tomarán la retirada de esas tropas y la renuncia de Zapatero a dar la batalla por más poder en Bruselas, pero no le darán nada a cambio. El uno continuará tratando de mantener su papel hegemónico en Europa y el otro se volcará hacia los países del Este, su natural esfera de influencia. Congratulándose, eso sí, de que España no les dé más la lata con sus demandas. A ellos lo que les interesa, como a lo largo de los dos últimos siglos, es una España débil y subordinada, no una España fuerte y exigente. En cuanto a Estados Unidos, qué les voy a decir. Lo primero que ha hecho es reforzar sus lazos con Marruecos y perder toda su confianza en España. Puede que a algunos les alegre. Pero no hay que olvidar que siguen siendo la primera potencia mundial. Algo que no han olvidado Chirac ni Schröder.
Si José Luis Rodríguez Zapatero hubiera cumplido lo que había prometido, esto es, traerse las tropas el 30 de junio de no haber resolución de la ONU para el traspaso de poderes en Iraq, España y él se encontrarían hoy en muy distinta situación. Pero tuvo que actuar rápido, precipitar los acontecimientos. Tal vez quería demostrar que no era el Bambi que le llamaban sino alguien capaz de tomar decisiones difíciles y tajantes. O tal vez, simplemente, encontrándose con una victoria inesperada, no supo otra cosa que hacer. El caso es que hoy se encuentra, nos encontramos mejor dicho, alejados de la primera potencia mundial y desincronizados con las potencias europeas a las que queríamos unirnos. Todo por precipitación y falta de previsión. Arreglar esto no va a ser fácil. Es por lo que a las victorias pírricas podrá llamárselas en el futuro victorias Zapatero. O Bono, como quieran.
Los cinco principios fundamentales del arte militar o ciencia de la guerra son: voluntad de vencer; acción de conjunto; sorpresa; explotación del éxito; y economía de fuerzas. Estos cinco Principios se desarrollan a través de cuatro Procedimientos operativos a seguir: estrategia o planificación y dirección general de la guerra; táctica o ejecución de la misma; logística o apoyo y preparación indispensable de medios para toda acción bélica; comunicación o enlace entre los tres primeros Procedimientos expuestos. La aplicación exacta y continua de los anteriores Principios y Procedimientos tienen como única finalidad el éxito en toda operación militar, es decir, la imposición de la razón política por el empleo de la fuerza moral y material. En una palabra: la victoria.
Sentada y hecha la anterior exposición, podemos empezar a vislumbrar el análisis de los acontecimientos sucesivos del 11-M, sus procedentes 11-S y sus imprevisibles consecuencias. No deja lugar a duda alguna que los dos acontecimientos anteriores fueron actos terroristas realizados con la aplicación de los Principios y Procedimientos de la guerra. Deducimos de aquí que el terrorismo es una guerra sucia y feroz o como se quiera adjetivarla, pero, ante todo, es una guerra. Es curioso, como inciso, que se nos venga a la mente el célebre Don Camilo de G. Guareschi: Un cura de pueblo, sano y robusto, recibió una bofetada del Alcalde comunista de su pueblo y como contestación puso la otra mejilla en la que recibió la segunda bofetada. Sólo entonces, exclamo: ¿Hasta aquí el Evangelio! y a continuación, remangándose la sotana, propinó una soberana paliza al Alcalde de la que aún está curando sus heridas y rumiando sus rencores.
La guerra iniciada por el terrorismo contra Occidente sólo admite dos de estas contestaciones: rendición o victoria. Todo aquel capaz de decir ahora (después de las bofetadas del 11-S y el 11-M) no a la guerra. Sólo puede optar a la rendición y en consecuencia es un cobarde o un amoral. El que opte por la victoria sobre el terrorismo sólo puede decir sí a la paz recordando la célebre frase «si vis pacem para bellum». Para ello es indispensable unir inteligencia y fuerza en Occidente. Pero... ¿dónde está la inteligencia?: por Historia y Cultura en Europa. ¿Dónde la Fuerza?: en los EE UU de América. Es pues racional deducir que esta unión ha de hacerse forzosamente a través del Atlántico. ¿Cómo?: según mi modesto ver y entender, sólo existe un organismo internacional adecuado y capaz de lograrlo: la OTAN.
Consecuentemente, de entrada sí a la OTAN, como hipótesis más lógica para lograr la victoria sobre el terrorismo. En cuanto a la ONU, estimamos que es la hipótesis más peligrosa, según nos ha demostrado a lo largo de dos años, además por estar mediatizada por vetos antidemocráticos (EE UU-Reino Unido-Francia-China y Rusia), en la que Francia hace de «partido bisagra» con el solo fin de satisfacer sus ansias napoleónicas de dominación de Europa.
Borrell, que, contra lo que algunos esperaban, se está mostrando como un habilidoso trilero de la política, y cuya relación con las corruptelas del PSOE debiera ser más destacada, porque la corrupción –intelectual y económica, la segunda efecto de la primera– no es meramente un episodio en la historia reciente del PSOE, sino un rasgo que ha acompañado a este partido prácticamente siempre, está demostrando su carácter sanguinario, un poco en la tradición de Negrín. Con motivo del aniversario del desembarco en Normandía, acaba de acusar a Usa de no haber invadido España y haber dejado a Franco en el poder.
Esto lo dice el mismo individuo, el mismo partido, que está saboteando los esfuerzos useños por liberar Irak y aplaude el gran triunfo facilitado a los terroristas con la retirada de las tropas españolas (favor por favor, pues antes los terroristas habían dado el triunfo a los sociatas). Esta contradicción descarada viene a ser una de las muchas manifestaciones de la corrupción intelectual de este partido, donde la ignorancia de la historia se ha convertido en una virtud esencial.
Pero lo que constituye un auténtico crimen actual en relación con Irak –porque abandonar a la población iraquí en manos de los terroristas, los mismos terroristas en definitiva que causaron casi 200 muertos en España sólo se puede calificar de crimen­– no niega el mismo carácter a su propuesta para la España de 1944.
¿Qué habría supuesto la invasión de España por entonces? Para empezar, un nuevo río de sangre y la reavivación de la guerra civil. La invasión no habría sido tan fácil como resultó la de Irak, muchos miles de españoles, y también de useños, habrían caído, y a continuación se habrían desatado las venganzas y probablemente se habría reavivado la guerra civil. En la misma Francia liberada por Usa nadie pudo evitar, si es que lo quiso, una oleada de represalias, con un mínimo de 10.000 asesinatos en la sombra, muy posiblemente el doble, y a pesar de que la resistencia a los nazis había sido escasa. En España habría sido mucho peor, porque las izquierdas ansiaban la revancha. Y no sólo habrían asesinado a mansalva a las derechas, como lo habían hecho durante la guerra civil, sino que, también como durante la guerra civil, se habrían asesinado entre ellas. Anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos se odiaban con verdadera saña, como suelen olvidar muchos “historiadores”, no digamos ya los políticos que parlotean de aquellos tiempos.
Pero la nueva marea de sangre que, indudablemente, habría inundado España, no parece asustar a Borrell, quizá porque piensa que les habría tocado sufrirla a otros. También puede argüir que habría sido un sacrificio aceptable en pro de la democracia, como en Irak. Pero nuevamente falla. Por una de esas falsificaciones alucinantes, pero de circulación común, hija de la propaganda soviética, en España la democracia habría sido defendida por los comunistas, los socialistas, y los anarquistas, en unión con unos republicanos que habían intentado golpes de estado contra un gobierno de centro derecha salido de las urnas. Y todos ellos bajo la tutela de Stalin, el gran padre de las libertades. Sólo exponer con claridad esta evidencia ya demuestra el absurdo de la pretensión. Pues bien, a toda esa gente no la habría convertido en demócrata, desde luego, el cambio de la tutela soviética por la tutela useña, a la que aspiran tan a destiempo. En rigor, fueron esos partidos los que planearon la guerra civil en 1934 y los que volvieron a provocarla en 1936. Y en 1944, después de perderla, no habían rectificado sus posturas básicas en lo más mínimo. Ellos habían hecho imposible la democracia en España para muchos años, y ellos habían traído a Franco, el último en sublevarse contra una república arruinada desde muy pronto por la demagogia y la violencia de las propias izquierdas.
Pero hay otra razón por la que Franco resultaba una alternativa mucho más aceptable que ellos. En 1944 las mentes lúcidas ya preveían la lucha entre las democracias y el totalitarismo soviético, pese a la aparente luna de miel entre ambos. Franco se lo había advertido a Churchill, por entonces empeñado en no verlo. En esa contienda general, si había alguien en quien no podría confiar Usa era precisamente en el conglomerado de “demócratas” españoles perdedores de la guerra civil. Todos ellos habían demostrado su predisposición a amalgamarse entre sí al servicio de la política soviética. Algunos expertos en la manipulación histórica insisten en que antes de la guerra no existía en España el peligro comunista, porque el partido de ese nombre era pequeño. Cierto, pero dicho peligro venía del PSOE, que era prácticamente comunista y era muy grande: el partido principal de la izquierda.
Hay, pues, muchas diferencias entre el Irak de ahora y la España de entonces. Usa lo va a tener muy difícil, si es que lo logra, democratizar Irak, pero ésta no es la principal razón de su intervención allí, pues, de serlo, Bush tendría que andar embarcado en una guerra perenne y desesperada contra las tiranías de todo el mundo, que superan en número a las democracias y predominan en la ONU, tan querida del PSOE cuando le conviene. Desde ese punto de vista, Sadam era un tirano como tantos, aun si muy sanguinario (eso para Borrell carece de importancia, seguramente). Su peligro radicaba en su carácter especialmente agresivo en una zona de vital interés para Occidente –no sólo para Usa–, una zona que es preciso estabilizar, y democratizar en lo posible, si no queremos sufrir muy graves consecuencias. En cambio, la España de 1944 iba a constituir, no una amenaza para Occidente, sino precisamente un aliado fiable en la lucha contra el enemigo absolutamente principal, el comunismo. Y ese papel de aliado fiable no lo podrían desempeñar entonces unos partidos como el PSOE, el partido que más directa y completamente había entregado el Frente Popular en manos de Stalin y que aún hoy tiende a culpar a Usa, y no a la URSS, por la guerra fría.
Estas consideraciones nos llevan a otra: ¿ha cambiado el PSOE lo bastante desde aquella época? Ahí lo tenemos favoreciendo al terrorismo, abandonando a los iraquíes, reverenciando a Marruecos, de donde han venido los atentados del 11-M, y dando mil satisfacciones –partido generoso– a quienes negocian con la ETA. El PSOE ha vuelto a convertirse en un peligro para la democracia, dentro y fuera de España. Esta cruda pero insoslayable verdad no debiera ser perdida de vista en ningún momento.
Zapatero y su equipo quieren hacernos creer que lo suyo no es antiamericanismo, sino una actitud anti-Bush, pero es falso. Cada paso que dan demuestra justamente lo contrario. Tomemos, por ejemplo, las últimas declaraciones al respecto de la primera mujer vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, secundada desde su segundo plano por Miguel Angel Moratinos, ministro de Exteriores. Ambos han coincidido, como no podía ser de otra manera, en denunciar al secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsfeld, por sus supuestas declaraciones sobre posibles atentados terroristas en España en los próximos meses. Su odio instintivo a la actual administración americana les ha llevado a ambos a criticar tales declaraciones como “puñalada trapera” a los intereses (turísticos) españoles. Ambos han querido ver la mano negra de la venganza de Washington por nuestra salida de Irak. Lo que no han querido ni sabido ver es que Rumsfeld nunca pronunció esas palabras. Pero claro, eso no les vale a personas que sólo pueden imaginar lo más perverso en Norteamérica.
Esto, un párrafo al final de otras siete páginas de transcripción, es lo que realmente dijo Donald Rumsfeld comentando la elevación del nivel de alerta en Estados Unidos: “El nivel de alerta sugiere un interés de parte de los terroristas en atacar a los Estados Unidos, en atacar a la mayoría de los países occidentales. Lo hemos visto, como digo, en España y otros muchos lugares. Lo vimos en Indonesia, en Bali. Hemos visto intentos de atentados en cinco, diez o quince países más. Creo que debemos asumir que la intencionalidad está ahí. No hay duda de que ellos van a seguir intentado ponerlo difícil en Afganistán y en Irak, el campo de batalla de la lucha global contra el terror. No quisiera predecir un ataque contra los Estados Unidos, pero creo que cualquiera que diga que estamos inmunes a tal posibilidad no entiende el nivel de amenaza.”
¿Cómo es posible que toda una vicepresidente y un ministro de asuntos Exteriores condenen públicamente unas palabras que nunca se dijeron sólo porque eran fácilmente atribuibles a quien consideran el diablo en persona? Por dos posibles razones complementarias. La primera, porque las consideraban creíbles, ya que sólo esperan de los Estados Unidos una política vengativa (cuando lo que en realidad están encontrando, sencillamente, es su indiferencia); y porque también consideraban creíble la amenaza, pero no se atreven a admitirlo. Es como si dijeran “muerto (políticamente) Aznar es imposible que nos ataquen. Que Rumsfeld venga a decirles (que no lo dijo) que no es así es doblemente doloroso para ellos.
¿Pero qué agencia de noticias leen estos nuevos responsables políticos? ¿No cuentan con gabinetes que les disciernan lo falso de lo verdadero, el rumor de la verdad? Alguien debería pedirles cuentas de sus palabras y denuncias. No sólo no se atienen a la realidad sino que demuestran un profundo sentimiento antiamericano que cuadra mal con su retórica de que la relación España-Estados Unidos va bien. Por no referirse a las cuestiones de fondo, como que el actual gobierno socialista ha dejado a España en una situación en la que una simple frase de Donald Rumsfeld es potencialmente generadora de terribles males para nuestra economía. GEES: Grupo de Estudios Estratégicos
Cabe preguntarse por qué el 60 aniversario del desembarco aliado en Normandía, que comenzó el 6 de junio de 1944, ha cobrado este año más epopeya que las anteriores conmemoraciones. Pues es bien sencillo, aunque ocultado, se han utilizado estas fechas para teatralizar, y así lo presenta la prensa, la “reconciliación” entre los USA y Europa. Esta es al menos la visión francesa, la mentira francesa, porque la mayoría de los países europeos, Reino Unido, España, Portugal, Italia, Polonia, Hungría, etcétera, estuvieron, con sus dimes y diretes, con una participación activa, o meramente simbólica, mucho más a favor de los USA, y de su intervención militar en Irak, que a favor de Francia y Alemania, pero este “eje del mal”, en minoría, ha logrado, sin embargo, copar fraudulentamente, la voz oficial de Europa. Eso no quita que la insistencia de Chirac sobre la vieja amistad de Francia con los USA, que perdura hoy, puede perfectamente interpretarse como una confesión de derrota de su política antiyanqui y de sus deseos de restablecer buenas relaciones. Porque el Reino Unido, no necesita restablecer nada en este sentido.
Pero el problema iraquí no está zanjado y Francia no hace nada, al revés, para colaborar con los USA y el Reino Unido en busca de una solución. En sus discursos, el presidente Bush hizo un paralelo entre la intervención militar norteamericana para liberar Europa del nazismo y la intervención militar contra la tiranía iraquí, en ambos casos se trataba de la defensa de la libertad y de la democracia. Esto no gustó a muchos comentaristas y políticos galos: “No tiene nada que ver”, afirman. Lo siento, señores, pero algo tiene que ver, y ese algo es efectivamente la democracia, incluso si las fuerzas en presencia, en ambos casos, no puedan compararse. Dejemos a los veteranos supervivientes recoger sus banderas, a las colegialas invitadas volver a sus colegios (esperamos que con alguna cita clandestina), las tropas a sus cuarteles, las playas de Normandía a sus veraneantes, y los discursos al viento. Ni siquiera comentaré el noviazgo Chirac/Schröder, cuyos abrazos bien podrían resultar ser una nueva versión del beso de Judas. No importa, ¡todo para bien, y viva el desembarco! Lo digo en serio.
Volvamos pues, a las cosas de andar por casa, como las elecciones europeas, eclipsadas estos días por esas ceremonias conmemorativas. El otro día encontré en mi buzón dos octavillas de propaganda para estas elecciones: una del PS, otra de la UMP (no había más). La del PS anunciaba un mitin, con la lista de los oradores y una sola consigna: “Y ahora, la Europa social”. La de la UMP, era más explícita, con algunas propuestas, por ejemplo: sí a un referéndum sobre el proyecto de constitución europea, (Chirac aún no ha decidido si referéndum o voto en el Parlamento), y no a la adhesión de Turquía (Chirac dice si, pero no ahora). Sólo por aquello de Turquía valdría la pena votar UMP. De todas formas, según los sondeos, la prensa y mi vecina, la gran triunfadora de estas elecciones será la abstención. Pero puede ocurrir que los sondeos, la prensa, y no hablemos ya de mi vecina, se equivoquen, y que a una mayoría de franceses zapeen contra Europa. No les veo votar a favor.
José Luis Rodríguez Zapatero se siente tan estimulado por esa explosión de popularidad que ha seguido a su triunfo electoral que incluso se ha atrevido a redefinir los conceptos de heroísmo y de patriotismo. Animado por su éxito, sugiere los nuevos conceptos de heroísmo y patriotismo que cree desean sus votantes. Y confunde el pragmatismo, la confusión moral sobre la guerra y, sobre todo, el momento de inseguridad y conmoción que vivimos los españoles tras el 11-M, con la supuesta grandeza de su política.
El presidente ha dicho que «si fui capaz de traer las tropas de Irak, cómo no voy a traer el agua a Valencia». No sólo eso, él no teme las represalias del país más poderoso del mundo. Y por si alguien dudaba de que sacar las tropas de un conflicto fuera un acto heroico, he ahí la frustrada medalla al ministro de Defensa para premiar esa grandiosa misión.
Todos los que creyeran que el heroísmo consistía en poner en riesgo la vida por los demás, por los valores de la libertad y de la democracia o por la patria amenazada, deben de estar desconcertados. Ahora el héroe es el que se retira, el que se va del campo de batalla, el que evita un muerto más entre sus soldados, el que promete paz sin esfuerzos y sin sacrificios.
Zapatero cree realmente que eso es heroísmo porque su filosofía es la que le dictan las encuestas. Por ejemplo, ese Barómetro de junio del Instituto Elcano según el cual más de un 70 por ciento de los españoles apoya la retirada de las tropas y más del 60 por ciento cree que el atentado del 11 de marzo fue provocado por nuestro papel en la guerra de Irak.
Por eso confunde patriotismo con populismo. «Traer las tropas es una decisión patriótica porque es lo que quiere la gente», ha afirmado. Realmente, Zapatero ya tenía serios problemas con este concepto desde hacía mucho tiempo. Cuando el PP comenzó a hablar del patriotismo constitucional para referirse a la lealtad a la España de la Constitución, Zapatero sugirió todo tipo de definiciones que evitaran el concepto de nación española y que no molestaran a los nacionalistas. Y ahora despoja al patriotismo de todo contenido y lo diluye en la voluntad mayoritaria, el que hoy se ajusta a la retirada de tropas y mañana a las nuevas corrientes de opinión que se impongan.
Rodríguez Zapatero se autoproclama el nuevo héroe y patriota de lo que quieren los españoles en las encuestas y confunde su renuncia al liderazgo con un nuevo estilo de liderazgo. Quiere representar la cara opuesta de Aznar, la simpatía y la fusión con las masas, el heroísmo sin riesgo y el patriotismo sin patria. Y coincide momentáneamente con el deseo de aislamiento e inacción que tienen los españoles tras el 11-M. Me pregunto qué podrá ofrecer cuando sea necesario el liderazgo de verdad, el de los criterios firmes, el de los riesgos y la innovación.
Otra vez ante la cerradura de la ONU. El Consejo de Seguridad aborda a partir de este martes la propuesta de Resolución sobre Iraq. Este acuerdo significaría, antes que otra cosa y pese a las complejidades que habrá de afrontar, tanto como la punta de esa llave que abra a la desimplicación de Estados Unidos en el conflicto, al menos en términos y plazos que aligeren a Bush el peso del fardo a la vista de las elecciones presidenciales.
Cuatro meses casi justos habrán de mediar desde la transferencia de poderes, el 30 de este mes, hasta las urnas americanas del 2 de noviembre. Durante ese tiempo, como puente y como bóveda, la tutela internacional de la transición iraquí a manos de Naciones Unidas. El consenso internacional sobre el particular, como se hacía de prever desde antes de que Zapatero decidiera retirar las tropas, ha llegado al punto en que concurren las condiciones necesarias para que la Resolución del Consejo se apruebe. Habrá con ello un cambio cualitativo en la situación y, políticamente, será todo distinto: aunque no tanto como el cambio y la caída de calidad de España como socio e interlocutor internacional. Ese beau geste sin pactos previos de compensación con los aliados alternativos se resuelve ya en costes poco menos que insondables, al sur de Gibraltar y al norte de los Pirineos.
Tan claro como esto se presenta la certeza de que la resistencia armada intensificará hasta donde le lleguen los recursos sus actuaciones contra las fuerzas de ocupación y la emergente Administración iraquí, tanto en sus componentes civiles como en las fuerzas policiales. Progresivamente se consolidarán las precondiciones plenas para que en Iraq se acentúe una dinámica de tensión propia de guerra civil. Los partidarios de la dictadura nacionalista, asistidos por los efectivos del terrorismo islámico allí desplegados, prometen una intensificación de sus actividades directamente proporcional a los esfuerzos internacionales para reconducir la tragedia iraquí hacia un horizonte de estabilidad, independencia nacional y democracia política.
Esto último, la democracia política, conforma el peor de los escenarios posibles para las gentes de Al Qaeda, pues compendia todo lo que aborrece. Pero, con todo, los riesgos de guerra civil no sólo se sitúan en lo considerado, pues se deben estimar también cuanto se deriva de la contraposición entre el integrismo suní de las huestes de Ben Laden y el integrismo chií de la mayoría política de Iraq, a la que, en disidencia estratégica, pertenecen las milicias de Muqtada Al Sadr. Los grandes atentados contra el chiismo iraquí, no se olvide, han venido, en el tiempo de la posguerra, de la mano conjunta del sadamismo y el islamismo de Al Qaeda.
Todos los rezos y plegarias de chiíes y suníes de buena voluntad, y los de la minoría cristiana, harán falta en Iraq para que la fuerza multinacional, en su mandato de 12 meses —tal como propone Iyad Alaui, el primer ministro iraquí—, asegure la transición. Y también para que el mecanismo de coordinación entre esa fuerza multinacional y el mando militar norteamericano funcione con toda la precisión deseable. jose@javaloyes.net
La política del Gobierno de Zapatero en los asuntos con trascendencia constitucional se sitúa entre la indefinición y la abstracción, sin que se marquen calendarios ni objetivos. La teoría del autoservicio de las autonomías para reformar sus estatutos constituye la transmutación del “café para todos” de Clavero por “la barra libre” de Zapatero, matizada por la aclaración del ministro de Administraciones Públicas, que recuerda el límite constitucional para las reformas. La teoría presentada no satisface los deseos de los nacionalistas vascos y catalanes, que no han movido pieza todavía frente al Gobierno. El pacto a tres bandas, PSOE, PP y nacionalistas, incluido Maragall, se antoja imposible, sin que quepa adivinar cuál será la salida política del proceso, pues no parece que los deseos de catalanes y vascos se satisfagan con las declaraciones de Zapatero apoyando la presencia de sus lenguas en la Constitución europea. La última iniciativa, relativa al desmembramiento de la judicatura en cuerpos autonómicos, es una prueba más de los caminos divergentes por los que circulan las extravagantes propuestas.
En cualquier caso, los nacionalistas y el tripartito catalán no han explicado las mejoras para sus ciudadanos que resultarán de sus reivindicaciones, más allá de la satisfacción de sus aspiraciones históricas, definidas negativamente por su voluntad de no ser iguales ni sentirse partícipes de una nación común. Su rechazo al hecho español, resultado de la Historia de siglos, persigue identificar a sus autonomías con el Estado, descuartizando al propio Estado que desaparecería de sus territorios. La propuesta se sitúa en el terreno de la estructura política, y busca mayor concentración de poder, ya que las autonomías acumularían las competencias estatales y autonómicas, desapareciendo el actual reparto. En términos ciudadanos, la posición es profundamente retrógrada, porque la distribución de poderes y los contrapesos son la mejor garantía para las libertades individuales que tienen que sobrevivir bajo la fuerza del moderno Estado-Leviatán. Si se añade la defensa de la asimetría, que encubre la ausencia de la solidaridad entre los territorios, asentada en el burdo principio de Juan Palomo, el dibujo final no plantea la redefinición del Estado moderno, sino un evidente proceso de regresión histórica.
El mundo actual exige formas y estructuras sólidas, identificables y con una democracia intensa en su base que corrija los efectos perversos de la democracia partidista. La Europa de los estados tiene que profundizar en la Europa de los ciudadanos, buscando la armonización de las políticas de protección, sociales y jurídicas, para crear las mejores condiciones de desarrollo en la Unión. El mosaico de situaciones que se avecinan requerirá audacia y flexibilidad, sin perder las señas de identidad, que son las de la libertad y la democracia, como ha puesto de manifiesto la brillante conmemoración del desembarco de Normandía. La emoción de los veteranos bajo sus banderas, recibiendo la Legión de Honor, refleja el profundo ser de Europa, porque, más que la cercanía, lo que une a los pueblos son las ideas y la historia.
Se cumplieron el domingo 60 años del desembarco de Normandía y Anasagasti evocaba la efemérides describiendo un cuadro que Imaz tiene colgado en el despacho. La pintura representa, en palabras del senador nacionalista, «el tanque Gernika entrando con las tropas del general Leclerc en la capital de Francia». Lamentaba, en consecuencia, que el Gobierno vasco no haya estado representado en aquel acto.
Vayamos por partes. El tanque Guernica, que no Gernika, no entró en París 'con', sino que era parte 'de' la 9ª compañía de la 2ª División Acorazada que mandaba Philippe Leclerc, formada, no por nacionalistas vascos, sino por republicanos españoles. Sus tanques llevaban nombres de la toponimia republicana, memoria sentimental del bando perdedor en la guerra civil: Guernica, Teruel, Guadalajara, Belchite y así. Cualquier lector acrítico podría llegar a la conclusión de que el Guernica lo puso el Gobierno vasco al servicio de las fuerzas aliadas o que cada tripulante bautizó su tanque con el nombre de su pueblo y no es el caso.
El nivel de representación en el desfile de los supervivientes era de jefes de Estado y de Gobierno, no presidentes de comunidades autónomas, lo que hacía difícil dar satisfacción a Anasagasti. Sí echó uno en falta al Rey o al presidente Zapatero. Es verdad que la España de 1944, la España de Franco, podríamos decir con propiedad, no apoyaba precisamente a las fuerzas aliadas, pero menos si cabe, y ya lo creo que cabe, las apoyó Alemania, pese a lo cual sí acudió el canciller Schroeder como representante de una Alemania democrática.
O sea, que tal vez España debió hacer algún esfuerzo para enviar una representación institucional a celebrar el aniversario de un día clave en la historia europea. El lema de la campaña socialista para las elecciones del domingo, 'Volvemos a Europa', no es muy coherente con esta ausencia. El 6 de junio habría sido una inmejorable ocasión para que Bono luciese la Gran Cruz del Mérito Militar que ganó por su demostrada eficacia en la retirada de las tropas de Irak, antes de que el próximo Consejo de Ministros revoque la concesión. Claro que esto tiene un peligro: excitar el celo reivindicativo de Anasagasti para reclamar la misma condecoración en nombre del batallón de gudaris que protagonizó la gesta de Santoña.
Todo está un poco confuso. Nos hicimos aliados de los Estados Unidos para que Powell convenciese a Mohamed VI de que retirase la tropilla que había tomado Perejil con la complaciente pasividad francesa. Ahora volvemos a Europa y EE UU se hace aliado preferente de Marruecos. Esto le parece a Moratinos una «buena noticia» y mejor aún debe de parecerle el pelillos a la mar del domingo entre Bush y Chirac. Que sea para bien, en fin, aunque un servidor no lo acaba de ver claro.
La Policía italiana ha detenido en Milán a Rabei Osman Sayed Ahmed, alias Mohamed «El egipcio», en virtud de una orden internacional de búsqueda y captura dictada por el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo por su presunta relación con los atentados perpetrados en Madrid el pasado 11 de marzo, según informó hoy el diario italiano «Il corriere della sera». Fuentes de la lucha antiterrorista confirmaron que se ha realizado una detención en Italia y otra en Bélgica y que actualmente se están analizando los datos de los arrestados para determinar si tienen alguna relación con el 11-M.
El periódico italiano señala que la operación que culminó con la detención de «El egipcio» fue desarrollada por la Policía italiana gracias a la información facilitada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad españoles. Rabei Osman Sayed Ahmed está considerado como el líder de la célula salafista en la que también se incluye al marroquí Fouad El Morabit y a los sirios Moutaz y Mohamed Almallah y Basel Ghayoun, que fue reconocido por dos testigos como uno de los individuos que viajó en uno de los trenes que explotaron el 11 de marzo.
Siempre según este diario, la Policía, que considera a «El egipcio» como uno de los cerebros que idearon la masacre de Madrid, le arrestó tras tenderle una trampa con la colaboración de los investigadores españoles.
En todo momento, la cooperación entre los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad de ambos países ha sido fluida y ha permitido la detención de «El egipcio», que fue arrestado junto con el propietario del apartamento en que se hospedaba. Las investigaciones que han conducido a esta detención continúan abiertas y podrían acarrear nuevos arrestos en otros países. Las indagaciones se han desarrollado a lo largo de los últimos tres meses. En el curso de las mismas, se ha interceptado una centena de conversaciones telefónicas. «Il corriere» asegura que la detención se ha precipitado por el temor de los investigadores a que «El egipcio» pudiera escapar al sentirse vigilado. En ejecución de una orden judicial, la Policía le detuvo ayer en un apartamento en Milán, después de haberle realizado un seguimiento durante varias semanas.
Días después de la masacre de Madrid, el nombre de Rabei Osman Ahmed figuraba entre los que fueron comunicados a la europeos por su presunta relación con los atentados. Se le considera el líder de la mencionada célula salafista marroquí y es sospechoso de haber jugado un papel clave en la preparación de los atentados. El diario italiano afirma que 'El egipcio' tenía contactos en Italia, principalmente en Milán, aunque también había realizado diferentes viajes al extranjero.
Asimismo, explica que varios investigadores españoles se trasladaron a comienzos de abril a Milán para analizar los posibles enlaces terroristas existentes en la ciudad italiana. Esta investigaciones concluyeron con la detención del ciudadano argelino Abderrazak Mahdjoud, como presunto coordinador de alistamiento de muyahidines para la guerra de Iraq, y el marroquí Mohamed Daki, que permanecía encarcelado por falsificación de documentación. «Il corriere» subraya que los dos forman parte de una red que estaría dirigida desde Hamburgo y que habría mantenido contactos con Mohammed Atta, uno de los terroristas que perpetraron los atentados del 11-S. Durante su estancia en Milán, los investigadores españoles se centraron en investigar los posibles contactos de Daki con algunos de los detenidos por el 11-M.
Le preocupa que el 11-M pueda hacer pensar a los terroristas que son capaces de determinar su resultado
El presidente estadounidense, George W. Bush, expresó la noche del pasado domingo, en una entrevista concedida a la cadena NBC, su temor a que la red terrorista Al Qaida trate de atentar en Estados Unidos antes de las elecciones generales del próximo mes de noviembre repitiendo así lo que, en su opinión, sucedió en España con los atentados del 11 de marzo para intentar influir en el resultado de los comicios. Asimismo, insistió en la necesidad de combatir no sólo contra Al Qaida sino contra aquellos que les dan cobijo y les apoyan, como era el caso de Sadam Husein.
Madrid- «Una de las peores cosas que han pasado, a mi juicio, fue que Al Qaida matara a personas inocentes en España y de que los líderes de Al Qaida pensaran que afectaron el resultado de las elecciones», declaró Bush durante su estancia en Normandía con motivo del 60 aniversario del desembarco aliado.
«No hay duda de que afectaron las elecciones, pero si influyeron o no en el resultado es otra cuestión», añadió. «Lo que realmente me preocupa ¬dijo¬ es lo que piensan, que los líderes de Al Qaida puedan decir podemos ser capaces de afectar las elecciones en Estados Unidos, podemos ser capaces de cambiar el resultado de la democracia asesinando», subrayó. «Una parte de la ganar la guerra contra el terrorismo consiste en tratar con regímenes que cobijan a terroristas, que alimentan a terroristas, y no existe duda de que Sadam Husein hacía eso», destacó Bush.
«Para ganar la guerra contra el terrorismo hace falta algo más que luchar contra Al Qaida, algo que ya estamos haciendo (...) también significa instalar gobiernos que necesariamente no sean como América», pero que como Afganistán o Irak «abracen las costumbres de la libertad». El presidente estadounidense aseguró que no quiere «ser popular» por lo que hace, preguntado sobre el creciente antiamericanismo en Europa. «Lo que estoy intentando hacer es lo que pienso que está bien, y lo que está bien es combatir el terrorismo, y expandir la libertad, y defender los valores que mi país sostiene», explicó, expresando su determinación a seguir haciéndolo y a encontrar aliados para este fin.
En este sentido, lamentó que «quizá, algunos en Europa no ven que estamos en tiempos de guerra». «Yo veo con claridad una guerra y un peligro para América y siento que es mi obligación solemne llevar a cabo esa guerra», subrayó, asegurando que para ello empleará «todos los recursos de EE UU». «Se trata de una guerra que venceremos si somos fuertes, perseverantes e inquebrantables, y honramos a aquellos que se han sacrificado cumpliendo con su trabajo», advirtió.
En lo que se refiere a Irak, negó que el ataque contra este país fuera precipitado aunque sí reconoció que «en algunas cosas ha sido distinto a como se esperaba» ya que, añadió, por ejemplo, «la rápida victoria permitió a algunos de los leales a Sadam mezclarse con la población para luchar otro día, y eso es lo que están haciendo ahora». «El enemigo no depuso las armas como esperábamos», lamentó. Bush quiso dejar claro que «no es fácil llevar a un país de la tiranía a una sociedad libre» y EE UU sólo lleva en Irak algo más de un año para conseguirlo. Por ello, no quiso fijar fecha para la salida de las tropas estadounidenses subrayando que cuentan con la «invitación» del nuevo Gobierno interino iraquí y se está trabajando para llegar a un acuerdo sobre «cómo operar en diferentes situaciones» a nivel militar en el futuro.

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