Source: http://fernandagillozano.com.ar/tag/femicidio/
Timestamp: 2015-03-04 18:43:53+00:00

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Fernanda Gil Lozano » femicidio
Gil Lozano “El Estado argentino es cómplice de la violencia de género”
La Diputada massista aseguró que muchas muertes de mujeres en diferentes rincones del país no se investigan como corresponde
BUENOS AIRES.- “El Estado argentino es cómplice de la violencia de género”, aseguró la Diputada Nacional (MC) Fernanda Gil lozano, sobre las estadísticas que muestran un incremento muy importante de los hechos de violencia sobre las mujeres en todo el país. Crecen las críticas a la falta de gestión en ese sentido.
La dirigente massista aseguró que “los índices crecen muchísimo cada año” y destacó que “los datos son aún más alarmantes si se tiene en cuenta que hay un porcentaje muy elevado de muertes que ni siquiera se conocen”.
Según la Diputada, ésto ocurre porque hay muchos fallecimientos de mujeres en diferentes rincones del país que no se investigan como corresponde.
En este sentido, Gil Lozano afirmó que “en la Argentina no hay un estado ausente, sino que existe un estado cómplice”, porque afirmó que “la mayoría de las personas que integran los estratos de poder o autoridad en el país son varones, lo que permite que haya un nivel de identificación o solidaridad de género que sorprende”.
Asimismo, aseguró que “los comisarios, jueces, policías, etc, son mayoritariamente varones, y entre ellos, muchas veces, se cubren este tipo de agresiones porque es un mal que muchos hombres comparten”.
La historiadora y socióloga consideró también que “la sociedad ha naturalizado la violencia contra las mujeres y no la registra con la gravedad que amerita”. También reclamó que “la violencia de género no aparece enmarcada dentro de las políticas de seguridad ciudadana” y reconoció que “eso ocurre porque el estado no le atribuye al tema la verdadera importancia que le corresponde”.
La actual dirigente de la Corriente Progresista Renovadora trabaja en el tema hace más de 20 años y presentó en diciembre último la iniciativa para la creación del Programa Psicosocioeducativo Nacional, destinado a modificar conductas agresivas en pos de favorecer la reinserción social y la prevención de la violencia masculina. El proyecto promueve la modificación de la Ley 26.845 de Violencia de género y la inserción del artículo 27 BIS, para la formación del plan de trabajo destinado a proveer las medidas conducentes para brindar a los violentos asistencia médica o psicológica, a través de los organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil con formación especializada en la prevención y atención de la violencia contra las mujeres.
Finalmente, Gil Lozano reclamó “un cambio cultural y político sobre la violencia de género” y concluyó diciendo que “es fundamental que todos los eslabones de la sociedad se comprometan y que el estado brinde el marco regulatorio que sirva como base para controlar a los violentos y frenar de una vez por todas los ataques contra las mujeres”.(Redacción El Intransigente)
http://www.elintransigente.com/argentina/2015/1/15/lozano-estado-argentino-complice-violencia-genero-288670.html
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Paola Acosta apareció muerta en Córdoba: su hija de un año estaba viva junto al cadáver
21 DE SEPTIEMBRE DE 2014 A LAS 11:19
Había desaparecido el miércoles y hoy fue encontrada sin vida en un desagüe La pequeña Martina, de 1 año y nueve meses, fue internada con un estado de hipotermia. El padre esta detenido
Paola Acosta era buscada desde el miércoles en Córdoba junto a su hija de un año, pero la búsqueda tuvo un trágico final: fue hallada muerta dentro de una alcantarilla en un barrio de la capital de la provincia serrana. En tanto, la niña apareció viva cerca del cadáver, pero fue hospitalizada.
Fuentes policiales confirmaron que el cuerpo de la mujer de 36 años fue encontrado cerca de las 8 de hoy en una alcantarilla de calles Zípoli e Igualdad, en el barrio Villa Urquiza. Y apuntaron que la pequeña de un año y nueve meses se encuentra “bien y fue trasladada al hospital Neonatal”, porque había pasado varias horas a la intemperie, cerca del cuerpo de su madre, y sufría un principio de hipotermia.
http://www.eldiariodelapampa.com.ar/index.php?option=com_content&id=161927:-paola-acosta-aparecio-muerta-en-una-alcantarilla-su-hija-de-un-ano-estaba-viva-junto-al-cadaver&Itemid=4#.VB9VDZR5Oqg
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Efecto Wanda: una mujer muere quemada en Argentina cada 19 días
El número fue difundido por una ONG que investiga los casos de violencia de género en el país. Desde el femicidio de Wanda Taddei, la ex del baterista de Callejeros, los ataques con fuego a ex parejas aumentaron.
Una mujer muere quemada cada 19 días por ataques con alcohol u otros combustibles perpetrados por sus parejas o exparejas, en medio de lo que se conoce como “Efecto Wanda” por el crimen de Wanda Taddei, perpetrado por su esposo, el exbaterista del grupo de rock Callejeros, a principios de 2010.
Las cifras fueron difundidas por el observatorio “Marisel Zambrano”, que pertenece a la ONG Casa del Encuentro, que realiza un seguimiento de esos singulares casos de violencia de género. Ese detallado estudio, que fue difundido en la edición de este jueves de Diario Popular, se basa en el estudio pormenorizado de los crímenes de mujeres y niñas en el país, a un promedio de una víctima cada 35 horas bajo las distintas modalidades.
Las coordinadoras de La Casa del Encuentro, Fabiana Túnez y Ada Rico, consideran que “la seguidilla de casualidades no son tales” y refieren a una “efecto espejo”. “En estos femicidios, con estas mujeres incineradas, desde el asesinato de Wanda Taddei como un efecto espejo, como una seguidilla de casualidades que no son tales, el agresor habla de accidente y todas las familias hablan de antecedentes previos de violencia sexista”, explicaron las coordinadoras a Diario Popular.
Sostienen Túnez y Rico que la motivación del agresor pasa por “dominar, controlar, poseer el cuerpo, la vida, la historia y marcar a fuego el objeto de posesión que es la mujer para el agresor’.
Las expertas indicaron, por otro lado, que para abordar la problemática es importante “saber escuchar los relatos y los antecedentes, entender el circulo de la violencia y sus implicancias individuales y colectivas”.
http://www.diariouno.com.ar/policiales/Efecto-Wanda-una-mujer-muere-quemada-en-Argentina-cada-19-dias-20140911-0091.html Escrito por Patricia Comentarios desactivados Secciones GENERO Y TRATA DE PERSONAS Etiquetas: femicidio + fuego + gil lozano + mujer quemada + taddei + violencia de genero Seguimiento de los comentarios de esta entrada con feed RSS 2.0 enlace para enviar trackback Comentarios
Por Ellas y Por Todas decimos Basta de Femicidios, Basta de Violencia!
16 de julio a las 17:00hs
Esquina del Congreso de la Nación- Acción Publica y Performativa:
Por botón antipanico, como medida de protección hacia el agresor con medida de exclusión.
Compartí, Difundí y Te esperamos acción pública para decir que una vida sin violencia es posible!!!
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Cada 30 horas fue asesinada una mujer por violencia sexista en Argentina en 2013. Foto: Archivo
http://www.lanacion.com.ar/1669754-en-2013-hubo-un-femicidio-cada-30-horas-en-la-argentina
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Frente a la creciente cantidad de feminicidios y de los casos de violencia de género, es tan necesario que los poderes del Estado reaccionen de manera inmediata y se modifiquen las leyes y códigos sancionatorios, como imprescindible también trabajar en el lento pero necesario camino de la reforma de los afectos constitutivos de las relaciones de género.
Los diferentes abordajes de estudios culturales afirman que hasta las prácticas más irracionales tienen sentido para sus actores, porque obedecen a secuencias lógicas utilizadas tan naturalmente que resultan invisibles para esa sociedad. Es así que las mismas deben ser entendidas a partir del punto de vista de los actores sociales que las ejecutan, y es mi convicción que solamente mediante la identificación de ese núcleo de sentido – siempre, en algún punto, colectivo, aunque muchas veces inconcientes – podemos operar sobre estos actores y sus prácticas y aplicar con éxito nuestras acciones transformadoras: ya sean jurídico-policiales, pedagógicas, publicitarias o de cualquier otro tipo.
Muchas veces pensar el tema de la violencia de Género en nuestro país fue y es mirado como un trabajo perdido, demorado, bizantino, impráctico. Sin embargo, como mujer política y feminista sé que el resultado de los observatorios y algunas demoradas estadísticas, nos alertan sobre la urgencia de una reflexión profunda sobre la violencia y muy detenidamente sobre la Violencia de Género. Según el informe del observatorio de “La casa del encuentro” en nuestro país muere una mujer cada 31 horas por el sólo hecho de serlo.
Estos datos los conocemos todos y todas pero, simultáneamente, también sabemos que son imprecisos y dudosos por el tipo de realidad que indagan: contamos con algunas estadísticas sobre violencia, conocemos los tipos – violencia física, psicológica, sexual y desde nuestro espacio político incluimos la económica, además de la violencia estructural reproducida por las vías de la discriminación en los campos económico y social -, y sabemos de sus variantes idiosincráticas locales, de la imposibilidad de confiar en los números cuando el escenario es el ambiente de la familia, de los problemas para denunciar, procesar y punir en esos casos y, sobre todo, de las dificultades que tienen las mujeres y los niños para reconocer y hacerse oír en este tipo de violencia, articulada de una forma casi imposible de desentrañar en los hábitos más íntimos y más arraigados de la vida social.
Me gusta recuperar una frase: “Ninguna sociedad trata a sus mujeres tan bien como a sus hombres” dice el Informe sobre Desarrollo Humano de 1997 del PNUD y, al decir eso, no está hablando de la anormalidad o de la excepcionalidad de las familias con hombres violentos. Muy por el contrario, está hablando de las rutinas y de las costumbres de la moral imperante, que se asume como normalidad dentro de prácticas cotidianas de violencia: el maltrato cotidiano evidente que se niega con la misma fuerza. Por ejemplo, llegan a pedir algún tipo de ayuda dos mujeres, una muy golpeada, que es evidente su situación de víctima, y otra que puede hablar por su compañera aclarando:”…porque a mí, mi marido me pega lo normal, en cambio a ella…etc,etc,etc”. Esto se refleja en muchas encuestas, una pregunta colocada en términos genéricos como: “usted sufre o ha sufrido violencia en su casa?”, la mayor parte de las entrevistadas responden negativamente. Pero cuando se cambian los términos de la misma pregunta, nombrando tipos específicos de maltrato, el universo de las víctimas se duplica o triplica. Eso muestra claramente el carácter naturalizado e invisibilizado del fenómeno, percibido y asimilado como parte de la “normalidad” o, lo que es más perjudicial, como conductas habituales, cotidianas y tradicionales que se incluyen en el conjunto de las reglas que crean normalidad.
Tenemos, entonces, datos cuantitativos en expansión y un universo de leyes también en expansión bajo la presión de los organismos internacionales, pero necesitamos acompañar esos datos y esas leyes de un “marco de sentido” que oriente la conciencia y la práctica de todos aquellos que trabajan por este objetivo. Es necesario que se perciba claramente, que erradicar la violencia de género es inseparable de la reforma misma de los afectos constitutivos de las relaciones de género tal como las conocemos y sobretodo la percepción de “normal”. Y esto, no puede modificarse por decreto, con un golpe de tinta, suscribiendo el contrato de la ley.
Aquí, el trabajo de la conciencia es lento pero indispensable. Es necesario instigarlo, trabajar por una reforma de los afectos y de las sensibilidades, por una ética del cuidado para toda la sociedad. En pocas palabras debemos trabajar sobre el amor, es imperioso que nuestra sociedad recupere las buenas prácticas, el cuidado y respeto hacia el otro. Los medios masivos de comunicación, la propaganda – incluyendo aquí la propaganda de la propia ley – deben ser en esto aliados indispensables. Y el trabajo de investigación y de formulación de modelos teóricos para la comprensión de las dimensiones violentas de las relaciones de género aún en las familias más normales y legales, debe ser constante. Como se ha dicho: “hacer teoría sin acción es soñar despiertos, pero la acción sin teoría amenaza con producir una pesadilla”.
Haciendo estas salvedades y a sabiendas que lo punitivo en el mejor de los casos puede prevenir pero no erradicar las formas violentas de la relación entre los géneros, pienso de mínima una serie de modificaciones que el Estado tiene que garantizar a la mujer víctima de acción criminal:
a) Acceso a la información;
b) Asistencia integral; y lograr cambios culturales positivos que modifiquen las percepciones y experiencias de las relaciones entre los géneros. Y hago foco en cuatro cuestiones:
1- la modificación de la ley 26.485 (Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia de Género) y la ley 24.417 (Ley de Violencia Familiar, sancionada en diciembre de 1994 y reglamentada en marzo de 1996).
2- la modificación del Código Procesal Penal.
3- la modificación de Código Penal. (Femicidio).
4- la modificación de la ley de Trata (una de las formas más aberrantes de la violencia).
Aquí, quiero referirme al femicidio especialmente.
Sin dudas, el femicidio -o feminicidio- es una de las formas más extremas de violencia hacia las mujeres: es el asesinato cometido por un hombre, de una mujer a quien considera de su propiedad. Tal como sostiene una investigación coordinada por Ivonne Macassi León:
“..es el crimen contra las mujeres por razones de género. Es un acto que no responde a una coyuntura ni actores específicos, pues se desarrolla tanto en tiempos de paz como en tiempos de conflicto armado y las mujeres víctimas no poseen un perfil único de rango de edad ni de condición socioeconómica. Sin embargo, existe mayor incidencia de la violencia en mujeres en edad reproductiva. Los autores de los crímenes tampoco responden a una especificidad ya que estos actos pueden ser realizados por personas con quienes la víctima mantiene un vínculo afectivo, amical o social, como por ejemplo familiares, parejas, enamorados, novios, convivientes, cónyuges, ex convivientes, ex cónyuges o amigos. También es realizado por personas conocidas, como vecinos, compañeros de trabajo y de estudio; de igual forma que por desconocidos para la víctima. Asimismo, puede ser perpetrado de manera individual o colectiva, e incluso por mafias organizadas.” (Ivonne Macassi León (coord.) La violencia Contra la mujer: Feminicidio en Perú, CMP Flora Tristán:Lima, 2005, p.14).
Según datos obtenidos de la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) que depende de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, las denuncias vinculadas con la violencia de género crecieron un 75% en dos años -pasando de 375 casos en el mes de enero de 2009 a 657 en el mes de enero de 2010-, y en un 78% de los casos, las víctimas son mujeres.
En cuanto a femicidios, según el Observatorio de Femicidios en Argentina de la Sociedad Civil Adriana Marisel Zambrano, el período comprendido entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2010, registró un aumento del 12,5% con respecto al informe del año 2009, arrojando:
15 Femicidios “Vinculados” o “Vinculantes” de hombres y niños por la desarticulación familiar que impone.
Estas cifras son suficientemente elocuentes para fundar nuestra pretensión de incorporar la figura del femicidio al Código Penal. Nos inspiramos para ello, tanto en los compromisos que nuestro país ha asumido internacionalmente como en otras experiencias internacionales.
Chile sancionó en diciembre de 2010 la Ley Nº 20.480 que modifica la ley sobre violencia intrafamiliar y el código penal, estableciendo el femicidio, ampliando la figura del parricidio a otros sujetos activos del delito, a saber: ex cónyuges o convivientes sin límite de tiempo ni de sexo.
España sancionó su Ley Orgánica 1/2004, denominada Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, señalando que es una violencia “…. que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión”. Dicha ley, que ha intentado abordar el problema del maltrato familiar desde un enfoque integral atravesado por una óptica de género, ha propuesto modificar algunos tipos penales, agravándolos, y fijando el marco de políticas públicas con un abordaje socio-cultural.
A fin de combatir y sancionar penalmente la violencia contra las mujeres, ejercida sobre ellas por el mero hecho de serlo, nuestra propuesta postula un abordaje desde dos aspectos o dimensiones del problema: la física y la económica.
En cuanto a la primera dimensión, la física, contemplamos como delitos dos conductas: el femicidio y el maltrato físico. Proponemos una modificación integral del Código Penal de la Nación, incorporando la figura del femicidio como un tipo penal autónomo, no como un agravante, cometido -por lo general- por un hombre que pertenece al ámbito familiar, afectivo o laboral de la mujer. Así, incorporamos el artículo 79 bis, sancionando con reclusión o prisión de doce a treinta y cinco años al que mate a una mujer y proponemos circunstancias agravantes contempladas en la incorporación del artículo 80 bis.
También abordamos la figura del maltrato físico, definiéndola como aquella “lesión que se realiza contra el cuerpo de la mujer causándole dolor o daño, y/o cualquier otra forma de agresión que afecte su integridad física.”. Ello queda estipulado en la incorporación del artículo 89 bis y los subsiguientes, en los que se definen los agravantes.
En cuanto a la segunda dimensión, proponemos elevar, como capítulo aparte, al grado de delito la violencia económica, una de las modalidades de violencia más socialmente aceptadas por ser quizá la menos visible y por ello, la más soportada por las mujeres. Recordemos que violencia económica es aquella que tiene lugar dentro del ámbito público o privado, que se produce en perjuicio de una mujer con quien se mantuviera una relación de matrimonio, unión de hecho declarada o no, intimidad o noviazgo, siempre que se menoscabe, se limite o se restrinja la libre disposición de los bienes de aquélla, destrucción de documentos de su propiedad, falta de suministro de alimentos suficientes para la manutención de su hogar, hijas e hijos; o bien controle sus ingresos pecuniarios mediante la violencia física, sexual o psicológica.
Entendemos que no basta con la modificación del Código Penal para combatir y erradicar la violencia contra las mujeres. Pero consideramos que el aumento incesante de esta aberrante conducta exige una reacción inmediata y contundente por parte de los poderes del Estado destinada a sancionar a quienes la lleven a cabo. Son decisiones políticas que no pueden demorarse más, porque son muchas las víctimas que sin estar concientes, en muchos casos, las reclaman.
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Muere una mujer cada 31 horas por violencia de género
Opinión » 01/09/2012
Artículo publicado en el diario Perfil por la ex diputada nacional Fernanda Gil Lozano.
Pensar el tema de la violencia de género en nuestro país fue y es mirado como un trabajo perdido, demorado, bizantino, impráctico; sin embargo, según el informe del observatorio de La Casa del Encuentro, en nuestro país muere una mujer cada 31 horas.
Esta situación nos pone en alerta máxima sobre la seguridad y las garantías que el Estado debe dar para que la ciudadanía se sienta resguardada. No sólo el tema hace a lo político y lo punitivo. Los diferentes abordajes de estudios culturales afirman que hasta las prácticas más irracionales tienen sentido para sus actores porque obedecen a secuencias lógicas utilizadas tan naturalmente que resultan invisibles para esa sociedad. Estos datos los conocemos, pero simultáneamente también sabemos que son imprecisos y dudosos por el tipo de realidad que indagan: contamos con estadísticas mundiales y nacionales de la violencia de género, conocemos los tipos –violencia física, psicológica, sexual, y desde nuestro espacio político incluimos la económica– y sabemos de sus variantes idiosincráticas locales, de la imposibilidad de confiar en los números cuando el escenario es el ambiente de la familia, de los problemas para denunciar, procesar y punir en esos casos y, sobre todo, de las dificultades que tienen las mujeres y los niños para hacerse oír.
“Ninguna sociedad trata a sus mujeres tan bien como a sus hombres”, dice el Informe sobre Desarrollo Humano de 1997 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y, al decir eso, no está hablando de la anormalidad o de la excepcionalidad de las familias con hombres violentos sino, muy por el contrario, de las rutinas, de la costumbre, de la moral y de la normalidad.
El grado de naturalización de este tipo de violencia ha irrumpido en casi todos mis lugares de trabajo; por ejemplo, llegan a pedirte algún tipo de ayuda dos mujeres, una muy golpeada, cuya situación de víctima es evidente, y otra que puede hablar por su compañera y te aclara: “… porque a mí, mi marido me pega lo normal, en cambio a ella…”. Ese maltrato cotidiano evidente y negado con la misma fuerza aparece en todas las encuestas de la siguiente manera: ante un comportamiento reportado una y otra vez, cuando la pregunta es colocada en términos genéricos: “¿Usted sufre o ha sufrido violencia en su casa?”, la mayor parte de las entrevistadas responde negativamente. Pero cuando se cambian los términos de la misma pregunta nombrando tipos específicos de maltrato, el universo de las víctimas se duplica o triplica.
Eso muestra claramente el carácter naturalizado e invisibilizado del fenómeno, percibido y asimilado como parte de la “normalidad” o, lo que sería peor, como una experiencia “normativa”, es decir que participaría del conjunto de las reglas que crean normalidad.
Tenemos datos cuantitativos y un universo de leyes en expansión bajo la presión de los organismos internacionales, pero necesitamos acompañar esos datos y esas leyes de un marco de sentido que oriente la conciencia y la práctica de todos aquellos que trabajan por este objetivo. Es necesario que éstos perciban claramente que erradicar la violencia de género es inseparable de la reforma misma de los afectos constitutivos de las relaciones de género tal como las conocemos y en su aspecto percibido como “normal”. Y esto no puede modificarse por decreto ni suscribiendo el contrato de la ley.
Aquí, el trabajo de la conciencia es lento pero indispensable. Es necesario instigarlo, trabajar por una reforma de los afectos y de las sensibilidades, por una ética del cuidado para toda la sociedad. Debemos trabajar sobre el amor, es imperioso que nuestra sociedad recupere las buenas prácticas, el cuidado y respeto hacia el otro.
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Declaraciones de la CC ARI ante la muerte de la joven Paula González
La diputada nacional (MC) de la Coalición Cívica ARI, Fernanda Gil Lozano, expresó hoy su preocupación ante el fallecimiento de Paula González, la joven que sufrió quemaduras gravísimas al ser atacada por su pareja y perdió un embarazo de siete meses.
“Nuevamente murió otra mujer víctima de la violencia de género. Me pregunto cuál es la masculinidad y la permisividad ante estos casos de violencia que estamos viviendo en nuestro país”, dijo Gil Lozano.
“Otra vez es lamentable ver cómo la violencia de género cobra un perfil notorio en nuestra sociedad, los modelos masculinos y femeninos a los que estamos asistiendo tienen que ver con el ejercicio de ciudadanía para toda la población, hay que hacer una fuerte reflexión y un trabajo profundo para cambiar los modelos violentos”, agregó Gil Lozano.
Paula González murió esta mañana en el hospital San Martín, de La Plata , donde estaba internada desde el 4 de junio con quemaduras en más del 70 por ciento de su cuerpo. Mientras su pareja, Daniel López, aun no está procesado en la causa penal en la que se investiga el hecho.
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Por Rubén Sarlo (*), especial para NOVA.
Con transcripción de la redacción proyectada por la diputada Fernanda Gil Lozano, que describe la figura de femicidio.
La violencia familiar se engloba en lo que denominamos delitos “intrafamiliares”, que en realidad deberían denominarse delitos “intramuros” porque, casi en la totalidad de los casos, los hechos violentos de un cónyuge sobre el otro se producen dentro de sus hogares.
En nuestro país la situación empezó a ser observada con detenimiento luego de dos hechos muy recordados del género. Uno fue el asesinato de la modelo Alicia Muñiz por parte del ex boxeador Carlos Monzón, en Mar del Plata. El otro fue el cuádruple asesinato provocado por el odontólogo Ricardo Barreda, cuando eliminó a escopetazos a su suegra, esposa y sus dos hijas, en La Plata.
En el territorio de la República Argentina, durante el año 2011, hubieron 250 casos de homicidios provocados por hombres a sus parejas, a través de diferentes modalidades. Esto significa que se produjo un asesinato cada 40 horas aproximadamente, y dicho promedio fue un 10 por ciento más alto que en el año 2010.
Casi el 80 por ciento de las denuncias de violencia de género correspondió a mujeres con edades que oscilaron entre 15 y 24 años. Y casi un 50 por ciento de esas denunciantes -luego de inculpar a sus parejas masculinas- aún continúan conviviendo con el agresor bajo el mismo techo, junto a sus hijos.
Por su parte, la provincia de Buenos Aires lidera esta alarmante estadística con más de 80 casos mortales durante el período mencionado. En cuanto a los municipios más violentos en estos temas delictivos, el primer lugar le corresponde a La Matanza, y el segundo, lo digo con mucho dolor, a mi querida ciudad de La Plata.
En la producción de los delitos de este orden, el sujeto activo puede ser tanto el hombre como la mujer, aunque en los últimos tiempos los maridos o ex maridos de las víctimas han liderado cómodamente una estadística que nos consterna. La crónica policial diaria da cuenta de ello y el resabio “machista” ha salido a la superficie de esas enfermizas relaciones de pareja donde el hombre considera que la mujer es un objeto de su propiedad, por ende dispone de ella, inclusive de su vida.
Porque más allá de cualquiera que sea la motivación que dijeran o pudieran tener, degradan, amenazan, acosan, golpean, lastiman y, en casos extremos, eliminan a la mujer que no se somete a sus designios. Ello sucede porque estos hombres suprimen la posibilidad de que aquellas ejerciten su libre albedrío, y mediante violencia les quitan toda identidad, subsumiéndolas a un simple objeto, sólo eso.
Dentro de la desviada estructura mental de estas personalidades violentas, el maltratador suele pensar que está en un estrato superior que la mujer, sentimiento generalmente arraigado en sus vidas desde pequeños y seguramente generados por ejemplos directos de sus familiares u otro tipo de cuestiones de neto corte cultural.
Para estos sujetos el maltrato hacia la mujer es un modo de vida, que no pocas veces se agrava con la ingesta de alcohol y drogas. Pero lo cierto es que estas conductas que se producen en todos los ámbitos sociales, no son justificables desde ningún argumento cultural, de práctica religiosa o tradición ancestral.
En las audiencias donde les hemos recibido declaración indagatoria a imputados por estos hechos muy particulares, hemos recibido respuestas muy demostrativas de lo que vengo diciendo, por ejemplo:
1 – Esto se acabó.
2 – Me tienen harto, colmaron mi paciencia, no aguanto más.
3 – Soy un macho, no un maricón.
4 – Te voy a enseñar lo que es ser un hombre.
5 – En esta casa yo soy el que manda.
6 – Me insultó, me denunció, me traicionó.
7 – No me hacen caso, no hacen lo que yo quiero.
8 – Así van a aprender.
9 – Si me hubieran obedecido…
10 – Conmigo no van a poder, conmigo no se puede.
11 – Van a entrar en razones aunque no quieran.
12 – Tuve que hacerlo… El odontólogo Ricardo Barreda, cuádruple homicida de La Plata de sus dos hijas, esposa y suegra, le dijo al fiscal del juicio oral: “No tuve alternativa, eran ellas o yo”.
Resultan inadmisibles y debe ponérseles un freno contundente desde la Ley Penal cuanto antes, sin perjuicio de destacar que el sistema penal ataca sólo el efecto de las acciones, pero nunca sus causas, las que deben ser abordadas multidisciplinariamente a través de normas y equipos especializados, con profesionales idóneos en las distintas disciplinas que componen el tratamiento de estas patologías sociales, y al mismo tiempo la implementación de abordaje en la currícula en los distintos niveles educacionales y los estratos intermedios de nuestra sociedad.
La gran escalada de violencia con tantas mujeres víctimas de homicidio por parte de sus parejas trajo de la mano la inquietud de diversos sectores políticos y sociales respecto de proyectos con los cuales legislar una figura penal típica que considere el “femicidio”. Genéricamente se lo define como la muerte que un hombre inflige sobre la mujer, por la condición de ésta.
Es dable destacar que, en Latinoamérica, la figura específica tal como yo la concibo, tiene receptación en varios sistemas penales. Por ejemplo, el “Femicidio” se encuentra ya legislado en Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México y, más recientemente, Perú, que lo instauró en diciembre del 2011. No tengo dudas que la Argentina tiene que ser el próximo en ponerlo vigente.
En los últimos tiempos el problema ha generado esa inquietud, aunque no se ha materializado aún. Si bien en la Cámara Baja se han presentado siete trabajos, podemos agruparlos en dos posibilidades o modalidades legislativas utilizadas para viabilizar esta nueva norma punitiva. Por un lado, la tesis que considera agregarlo como un inciso más de los homicidios agravados en el artículo 80 del Código Penal, en el Capítulo de los Delitos contra la vida. Para ésta posición su redacción podría ser así:
“Incorpórase al art. 80, como inciso 11, el siguiente texto:
“11°: ( al que matere …) a una persona de sexo femenino por su sola condición de tal, cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y motivado y/o cometido en alguna/s de las siguientes circunstancias:
a) por odio o desprecio en razón del género de la víctima o sentido de posesión,
b) tras haber pretendido infructuosamente establecer una relación sentimental con la víctima,
c) si la víctima fuera una persona especialmente vulnerable,
d) en un contexto de violencia de género”.
Por otro lado, quienes sostenemos la necesidad y conveniencia de acuñar una figura típica autónoma con mayor pena que la prisión perpetua que se establece en el art. 80 citado (que conforme la norma del art. 65 inc.1ro del Código Penal, es de 20 años de prisión). A continuación transcribo la redacción proyectada por la diputada Fernanda Gil Lozano, que describe la figura de la siguiente manera:
“Se aplicará pena de prisión entre 12 y 35 años, a quien diera muerte a una mujer por su condición de tal, valiéndose de cualquiera de las siguientes circunstancias:
- Haber pretendido infructuosamente establecer o restablecer una relación de convivencia, de intimidad o noviazgo con la víctima,
- Mantener en la época que se perpetre el hecho o haber mantenido con la víctima, relaciones familiares, conyugales, de convivencia, de intimidad o noviazgo, amistad, compañerismo y relación laboral,
- Como resultado de la reiterada manifestación de violencia contra la víctima,
- Como resultado de ritos grupales usando o no armas de cualquier tipo,
- En menosprecio del cuerpo de la víctima para satisfacción de insintos sexuales, o cometiendo actos de mutilación genital o cualquier otro tipo de mutilación,
- Por misoginia (aversión u odio a las mujeres). El art. 55 del Código Penal permite un tope máximo para aplicación de la pena de prisión de 50 años.
Sobre esta base argumental, entiendo que la figura debe ser completada porque no hay tratamiento para casos donde el sujeto activo sea mujer y el pasivo un hombre. Efectivamente, debe agregarse otro ítem, que además de la misoginia (aversión a las mujeres por parte de los hombres), quede plasmada la “misandria”, que consiste en el odio a los hombres por parte de las mujeres.
Su origen etimológico es griego: “miso” (odio) y “andria” (hombre). Destaco que ésta posición extrema se define como un problema cultural vinculado a las luchas de la mujer para alcanzar la igualdad de géneros, negada por milenios por parte del machismo reinante en la sociedad. Esto hace que la mujer misándrica lleve el feminismo a extremos tales como negar y excluir al hombre.
Debe aclararse que una mujer feminista no odia a los varones, sino que busca obtener sus derechos como ciudadana, pero la misándrica es una persona femenina que odia y discrimina a otra por ser del sexo masculino, y esta situación redescubre de hecho un racismo de género.
Finalmente, considero que la escala de pena aplicable debe ser de 15 a 40 años de prisión, a efectos de superar los guarismos de la pena de prisión perpetua -como ya explicara anteriormente-, y que cuando la condena recaiga sobre hombre o mujer primario (primer delito en el que le aplican condena criminal), se cumplan los dos tercios recién cuando lleva encarcelado/a 27 años, lo cual supera los dos tercios de 20 años, como hemos visto.
Entiendo que es imprescindible sancionar estos gravísimos hechos delictivos con una figura legal autónoma y una escala de pena mayor a la que corresponde a los homicidios calificados, pues aquí prima la cuestión del género como detonante principal.
En el siglo XXI no se puede permitir semejante barbaridad, esto es lisa y llanamente inconcebible. Los operadores del Fuero Penal necesitamos esta herramienta para poner manos a la obra, y utilizar la pena de prisión –acompañada con los tratamientos sicológicos y siquiátricas correspondientes- como uno de los elementos idóneos para revertir la tendencia.
El tema ha recibido media sanción de la Cámara de Diputados de la Nación, como un inciso más del artículo 80 citado, pero en sintonía con lo que llevo expuesto precedentemente, he propuesto recientemente ante el Senado de la Nación que la figura típica a debatir para su incorporación al Código Penal Argentino como delito autónomo denominado “Femicidio” o “Feminicidio”, sea la siguiente:
“Se aplicará pena de prisión entre 15 y 40 años, a quien diera muerte a una persona del sexo opuesto por su condición de tal, valiéndose de cualquiera de las siguientes circunstancias:
- Por misoginia (aversión u odio a las mujeres). - Por misandria (aversión u odio a los hombres).
Un reciente fallo judicial de la provincia de Córdoba pone el tema de la violencia de género nuevamente sobre la mesa de trabajo, porque los jueces admitieron emoción violenta en beneficio de un esposo que asesinó a su mujer, pues ésta le dijo que ya “no gozaba con él en la cama”.
De igual modo, meses atrás jueces del Tribunal de Casación Penal bonaerense atenuaron pena en una causa por delito sexual, pues dijeron que las víctimas -chicas de pocos recursos tanto económicos como culturales- presentaban con ese contexto de vida un marco adecuado para que se las vejara.
Existen fallos en el país que demuestran claramente que el paternalismo -resabio cultural machista arraigado en nuestra sociedad- no es sólo patrimonio de un gran sector de la comunidad, sino también de un gran sector de la administración de Justicia, y muy especialmente en el Fuero Criminal.
Ello queda demostrado con fallos del Tribunal de Casación Penal bonaerense que debieron ser recurridos en muy severos términos por el fiscal de Casación Carlos Altuve (h), pues los jueces sentenciantes discriminaron a las víctimas con calificativos denigrantes y con ello atenuaron la pena al imputado.
Algo parecido sucedió la semana pasada en un Tribunal Oral de la provincia de Córdoba, donde una mujer le confesó al marido que “con él ya no gozaba en la cama” y el hombre entró en un cuadro de “emoción violenta” y la asesinó de varias puñaladas. Y aquí se comete el error de pretender calificar estos hechos aberrantes como delitos pasionales, cuando son enormes ejemplos de violencia de género no contemplada aún en nuestro ordenamiento penal vigente.
En el mundo existen infinidad de países donde la mujer es un ser inferior, y la sociedad es patriarcal. El marido tiene derecho sobre la esposa como si ésta fuera un objeto de su propiedad, sin ninguna posibilidad de manifestar su libre albedrío u oponerse a los designios de aquél.
Tal el caso de la jovencita de la foto, llamada Aisha. Una mujer afgana que quiso irse de su casa y fue agredida salvajemente por su marido, quien la mutiló sin piedad cortándole el apéndice nasal (como se aprecia en la foto) y parte de los dos pabellones auriculares.
Hoy la joven está asilada en Nueva York y los médicos que la asisten planean realizarle algunas operaciones faciales para tratar de devolverle la fisonomía normal, o al menos compensar mejor su simetría facial. Esto es sencillamente bestialismo criminal, por parte de un hombre que considera a su mujer objeto de pertenencia. Le ha suprimido su humanidad llevándola al concepto de mera cosa material y, por ende, descartable cuando a él le plazca.
El desafío cultural, que debe comenzar a combatirse con planes de estudio aplicados en el ciclo escolar primario, no sólo debe dar batalla fuera de los Tribunales, sino también dentro de su ámbito. No son pocos los jueces que ven -en las actitudes de libertad sexual de una mujer- causas de “justificación” para los hombres que se sienten agraviados por aquél ejercicio de libre albedrío femenino.
En otros casos, ven plasmarse “circunstancias extraordinarias de atenuación” que disminuyen la escala de pena sensiblemente. Y esto tiene ribetes gravísimos pues, en la mayoría de los casos, tanto el hombre como la mujer mantienen infidelidades extraconyugales, pero sin embargo al macho no se le cuestiona negativamente esa realidad, no tratándose igual a la mujer quien no puede auodeterminarse libremente como aquel. No le está permitido.
Recomiendo la lectura del libro titulado “Nosotros los infieles” de Luis María Aller Atucha, presidente de la Asociación Argentina de Sexología y Educación Sexual, donde aborda la evolución social de las mujeres durante los últimos 100 años, en la conquista de derechos sexuales que “antes” y, aún hoy, parecen estar sólo reservados a los hombres.
Estamos comprometidos para trabajar a fondo en ésta problemática que viene desde muchos años atrás, y que tiñe de sangre diariamente la crónica policial argentina. Podremos tener éxito paulatinamente si somos capaces de implementar campañas masivas de concientización popular, por un lado, y activar los mecanismos legales necesarios para que los miembros de las Fuerzas de Seguridad y el Poder Judicial reciban la capacitación adecuada a estos tiempos que vivimos.
La herramienta legal que se debate en el Congreso Nacional es muy importante para abordar desde la esfera judicial la tarea de castigar semejante barbarie. Pero el éxito vendrá de la mano -únicamente- si somos capaces de prevenir, de adelantarnos a estos hechos violentos que terminan muchas veces con la muerte de uno de los cónyuges, y que en la estadística argentina tienen como víctimas mayoritarias a las mujeres. Y la educación es la vía adecuada.
(*) Fiscal de Juicio de La Plata, autor del anteproyecto “Femicidio” que será tratado próximamente en el Senado de la Nación.
http://www.novacolombia.info/nota.asp?n=2012_6_12&id=31960&id_tiponota=3
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