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Rafael Sánchez Aristi - PDF
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Vicente Blanco Quintana
1 La gestación por sustitución: dilemas éticos y jurídicos Rafael Sánchez Aristi Doctor en Derecho. Profesor Titular de Derecho Civil. Universidad Rey Juan Carlos. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales. Madrid. INTRODUCCIÓN La inclinación a experimentar la maternidad o paternidad se encuentra arraigada con fuerza en un gran porcentaje de los seres humanos. Cuando la generación de una nueva vida no resulta factible por medios naturales, la pareja o la persona que desean tener un hijo exploran otras posibilidades. La adopción ha sido la alternativa tradicional a la paternidad biológica, y ha permitido colmar las aspiraciones de aquéllos que no pueden tener descendencia por sus propios medios. Desde hace algunas décadas, el desarrollo de las técnicas de reproducción asistida ha abierto nuevas vías para satisfacer los deseos de procreación, de forma que muchos individuos ya no tienen por qué renunciar a tener hijos con su propia herencia genética a pesar de padecer problemas de infertilidad. Gracias a la aportación de gametos (masculinos y/o femeninos) por parte de donantes anónimos, incluso las parejas con trastornos más severos pueden ver colmadas sus expectativas de ser padres naturales. Las dos técnicas de reproducción asistida más comunes, y las únicas admitidas actualmente en España conforme al Anexo de la Ley 14/2006, de 26 de mayo, de Técnicas de Reproducción Humana Asistida (en adelante LTRHA), modificado por la Ley 14/2007, de 3 de julio, son la inseminación artificial (IA) y la fecundación in vitro con transferencia de preembriones (FIV). A lo largo de este trabajo nos referiremos a ellas como técnicas de reproducción asistida tradicionales o convencionales. Tanto la IA como la FIV pueden basarse en la aportación de material reproductor proveniente de donantes ajenos a la persona o pareja interesada en reproducirse, con el resultado de que el hijo habido no será, o no por entero, descendiente en términos genéticos de quien o quienes serán jurídicamente sus progenitores. En el caso de la FIV el material donado puede consistir en los gametos femeninos que, previamente fecundados con material de la pareja masculina de la receptora de la técnica o de un donante, darán lugar al preembrión objeto de transferencia. Esto quiere decir que esta técnica de reproducción asistida tradicional puede ya propiciar una falta de correspondencia entre la maternidad por gestación (que se atribuirá a la receptora del preembrión) y la maternidad genética (que, aunque sin efectos jurídicos, pertenece a la donante del óvulo). No obstante, debe notarse que incluso en estos supuestos, la maternidad psicológica o volitiva la voluntad de ser madre permanece siempre en cabeza de la mujer gestante, que es la que desea procrear, con independencia de la procedencia del material reproductor utilizado para dar lugar al preembrión transferido. HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
2 Por contraste, la llamada maternidad subrogada o maternidad por subrogación puede definirse como la práctica por la cual una mujer acepta portar en su vientre un niño por encargo de otra persona o de una pareja, con el compromiso de, una vez llevado a término el embarazo, entregar el recién nacido al comitente o comitentes, renunciando aquélla a la filiación que pudiera corresponderle sobre el hijo así gestado. Es claro que la voluntad de ser madre queda aquí disociada de la llevanza de la gestación, a diferencia de lo que sucede en una IA o en una FIV tradicionales. Los términos subrogada o por subrogación parecen indicar que la maternidad principal o genuina es precisamente la que viene dada por la gestación y el alumbramiento, funciones en las que se trataría de sustituir o reemplazar a la madre. Resulta preferible emplear la expresión gestación por sustitución, la cual carece de connotaciones que sugieran una suerte de jerarquía entre distintas categorías de madres. Por razones que tienen que ver sobre todo con su palpable fealdad lingüística y conceptual, cabe propugnar el rechazo de la ampliamente difundida expresión de madre de alquiler, así como las de vientre de alquiler y útero de alquiler, por más que, aunque sea de forma aproximada, todas ellas sirvan a captar algunas características del tipo de acuerdo al que llegan la mujer portadora y la persona o personas para quienes se compromete a gestar un hijo. Ciertamente, la mujer portadora efectúa una cesión o, mejor dicho, una puesta a disposición temporal de una parte no separable de su cuerpo para su utilización por otros o en beneficio de otros, los cuales podrán hacer suyo, al término del proceso de gestación, el fruto que resulte de dicho proceso. Hasta ahí, haciendo abstracción de que el objeto cedido no es propiedad de la mujer gestante sino que forma parte de su integridad física, podría acaso establecerse un rudimentario paralelismo con el arrendamiento de cosas, más en concreto con el de cosas frugíferas, en el que el arrendatario hace suyos los frutos producidos por la cosa cuyo uso le ha sido cedido temporalmente por el arrendador. Sin embargo, a diferencia de un arrendamiento de ese tipo, la persona o pareja comitente necesita de la cooperación de la mujer gestante, en cuyo cuerpo en última instancia está alojado el nasciturus. Por tanto, más allá del emplazamiento del preembrión en su vientre, la gestante adquiere explícita o implícitamente el compromiso de hacer todo cuanto esté a su alcance para que el preembrión, luego embrión y feto, llegue a alcanzar la vida fuera del claustro materno como criatura independiente, lo que le obligará a observar un deber de cuidado durante el tiempo que dure el embarazo, incluida la adopción de ciertos hábitos de vida sanos y la evitación de aquellas actividades que puedan entrañar algún riesgo para el ser en formación. La presencia de estas obligaciones de hacer y no hacer, puestas a cargo de la gestante nos aleja del mero arrendamiento de cosas y nos aproxima a la órbita del contrato de servicios; aunque para algunos la asimilación debería trazarse con el contrato de obra, ya que la gestante en última instancia se compromete a la entrega de la criatura una vez nacida, siendo así que dicha criatura puede verse como resultado de su labor de gestación. En fin, a pesar de la aparente proximidad, no hay tantas analogías con la donación de gametos (o con la de tejidos), dado que en estos casos el objeto a entregar es siempre una parte separable del cuerpo, sin comprometer de forma duradera la integridad física del donante. Mayor analogía podría existir en cambio con la donación de órganos o partes de órganos a partir de donante vivo, en la que la afectación de la integridad corporal del donante es permanente y puede entrañar riesgos para su salud futura. En otro orden de cosas, la gestación por sustitución HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
3 debe ponerse en relación con la adopción y las normas que la regulan, ya que el resultado que de facto provoca viene a ser el desamparo automático incluso premeditado de un menor por parte de quien lo ha engendrado y alumbrado, unido a la igualmente inmediata y calculada asunción de su guarda por otra persona o pareja, respecto de los cuales se pretende determinar recta via la filiación. Retomaremos todas estas cuestiones más adelante. La cuestión es si el derecho a procrear y a formar una familia debe llegar hasta el punto de permitir o incluso propiciar ciertas variantes de reproducción humana asistida en las que la tradicional correspondencia entre hecho obstétrico y filiación materna resulta quebrada por completo. El derecho a procrear, que se suele conectar constitucionalmente con la dignidad de la persona, con los derechos a la autonomía o libertad personal y a la privacidad o intimidad, y con la protección a la familia, ha pasado de ser entendido como un derecho negativo, esto es, como la ausencia de limitaciones o injerencias por parte del Estado a la libertad reproductiva de las personas (básicamente, la libertad para decidir si se desea o no tener hijos, en qué número y a qué ritmo), a ser poco a poco configurado como un derecho de contenido positivo, lo que significa que los poderes públicos deben procurar remover cuantos obstáculos pudiere haber para su realización efectiva, prestando incluso asistencia médico-sanitaria para favorecer que las personas infértiles puedan experimentar también la paternidad/maternidad. En línea de principio, al menos en nuestro sistema, parece que, igual que sucede con las técnicas de reproducción asistida admitidas hasta la fecha, la hipotética admisión de la gestación por sustitución pasaría por configurarla no como una manifestación en bruto de la libertad de procrear llamada a permanecer exenta de interferencias por parte de los poderes públicos, sino en todo caso como una técnica más a practicar en centros autorizados y conforme a protocolos pautados por la ley, en el contexto de facilitación por el Estado de los medios para que todas las personas o parejas puedan reproducirse de manera natural. CLASES Y MOTIVOS DE LA GESTACIÓN POR SUSTITUCIÓN La gestación por sustitución puede considerarse lato sensu una técnica de reproducción asistida, o un procedimiento basado en técnicas de reproducción asistida, es decir, sería algo más que dichas técnicas, pero debe apoyarse en ellas necesariamente. De hecho, aunque sea para prohibirla, legislaciones como la española hacen una contemplación de la maternidad subrogada en la Ley sobre Técnicas de Reproducción Humana Asistida. Partiendo pues del necesario basamento en alguna de las técnicas tradicionales de reproducción asistida, se abre un abanico de diversas combinaciones posibles, aunque todas ellas serían reducibles básicamente a dos esquemas: a) Que la gestante quede embarazada como consecuencia de una IA. El material reproductor de la gestante podrá ser fecundado, a su vez, con los gametos del varón comitente, o con los de un donante anónimo. Se habla en estos casos de subrogación tradicional o de maternidad subrogada parcial, por cuanto la gestante es al mismo tiempo la madre genética de la criatura. Nótese que no se contempla como un caso de gestación por sustitución aquél en el que la gestante es inseminada de forma directa por su propia HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
4 pareja masculina, de un lado porque en tal caso no cabría establecer que la generación ha obedecido realmente al mandato realizado, y de otro porque, no mediando una reproducción asistida, faltaría la singularidad que justifica trazar la filiación al margen tanto de la verdad biológica (que en el caso en cuestión resultaría inapelable), como de las reglas sobre adopción. Eso no quiere decir que la mujer gestante no pueda estar casada o tener una pareja estable, hipótesis en las que puede complicarse la determinación de la filiación de la criatura nacida de un proceso de gestación por sustitución. Los más puristas consideran que, en rigor, tampoco debería hablarse de gestación por sustitución cuando el encargo se realiza por un único varón, cuyo material reproductor se emplee para inseminar a la gestante (es obvio que los varones solos que deseen ser padres mediante técnicas de reproducción asistida no sólo requieren la aportación de células reproductoras del otro sexo, sino también el concurso de una mujer portadora). Si se prefiere explicar así, en esos casos habría un encargo de gestación, y no tanto una sustitución en la gestación stricto sensu, pero a los efectos de si la maternidad debe quedar o no determinada a favor de la mujer gestante el caso debería tratarse como un supuesto ordinario de gestación por sustitución. b) Que a la gestante se le transfiera un embrión concebido mediante FIV. Por su parte, dicha técnica se ha podido llevar a cabo con gametos de la pareja comitente, o con gametos aportados, total o parcialmente, por terceros donantes. Se habla entonces de subrogación gestacional stricto sensu, o de maternidad subrogada plena o total, porque la gestante se limita a su función obstétrica sin aportación de material reproductor propio. Nótese que en la hipótesis más extrema (mujer comitente que no aporta su propio material reproductor) la condición de madre puede quedar desdoblada hasta en tres planos distintos: comitente, gestante y genética. Aunque la gestación por sustitución se apoya en la previa aplicación de una técnica de reproducción asistida convencional, presenta la peculiaridad de que la madre gestante no es la madre psicológica, es decir, no es quien posee la voluntad de tener el hijo. La situación es radicalmente opuesta a la de quien se somete a una IA o una FIV tradicional, técnicas en las que la mujer receptora recibe la inseminación o la implantación del embrión al objeto de portar en su seno y alumbrar para sí el hijo que desea. Para aquellos que no conceden valor a la maternidad volitiva o psicológica, sólo en la subrogación gestacional estricta cabría hablar de maternidad subrogada, ya que cuando la gestante es al mismo tiempo la madre biológica de la criatura la maternidad sólo puede residenciarse en ella, sin que quepa configurarla como sustituta de ninguna otra mujer/madre. El dato de ser la madre psicológica de la criatura, al menos cuando ese rasgo va en unión del de la maternidad genética, determinó que la Corte Suprema de California se inclinara a establecer la filiación a favor de la mujer comitente, en un caso en el que la mujer gestante había rehusado entregar al niño a los cónyuges comitentes, incumpliendo el pacto alcanzado con ellos [Johnson v. Calvert, 851 P.2d 776 (Cal. 1993)]. El Tribunal observó que un niño no podía tener dos madres y un padre, y que si bien ambas mujeres podían ser definidas como madres del niño de acuerdo con la Uniform Parentage Act, debía prevalecer el derecho de la madre genética y no el de la portadora, al ser aquélla quien originariamente había tenido la intención de tener al niño como hijo suyo. Este fallo, por cierto, constituyó un fuerte espaldarazo para la gestación por sustitución no sólo HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
5 en California sino en general en Estados Unidos, y de hecho incidió en que otros Estados de la Unión se plantearan un tratamiento legal más permisivo hacia la figura de la maternidad subrogada. Las razones para acudir a la maternidad subrogada, desde el punto de vista de la persona o pareja comitentes, pueden ser variadas, aunque básicamente cabría establecer tres grupos de casos. Grupo 1 Un primer grupo de casos sería el de aquellas mujeres que por razones anatómicas o fisiológicas están impedidas de llevar adelante un embarazo (enfermedad pélvica, ausencia de útero), o para las que su edad, su salud o su historial clínico previo (abortos de repetición, riesgo cierto de enfermedad para la madre o para el feto, relación psicológica conflictiva con la situación de gravidez) hace altamente desaconsejable que se queden embarazadas o que den a luz. En algunos de estos supuestos la mujer comitente podría aportar su propio material reproductor, combinado o no con el de su pareja, teniendo necesidad únicamente de que otra mujer desarrolle la gestación por ella. Grupo 2 En segundo lugar, podría existir una imposibilidad biológica estructural o esencial para la gestación por parte de la persona o pareja interesada en procrear. Me refiero a los casos de varones solteros, o de parejas compuestas de dos varones, estén o no casados. Desde la admisión en nuestro ordenamiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, es obvio que dos varones pueden acudir al cauce de la paternidad por adopción (con anterioridad sólo algunas leyes autonómicas permitían la adopción por parejas no casadas compuestas de dos varones), reduciéndose su problema a la obtención del certificado de idoneidad por parte de la entidad pública competente, la prestación de los consentimientos y asentimientos necesarios, así como la decisión judicial, todo ello con la consiguiente lista de espera, como cualesquiera otros sujetos interesados en adoptar, con el agravante de que este tipo de parejas suelen tener vedada la adopción internacional, al no prever los convenios firmados entre España y otros países que los padres adoptivos sean dos personas del mismo sexo. Nótese que también en parejas heterosexuales infértiles por razones distintas de las señaladas en el Grupo 1 podría haber la tentación de acudir a la maternidad por subrogación, a fin de sortear los inconvenientes burocráticos y acortar los plazos de espera que resultan inherentes a los procesos de adopción, pero en la medida en que se trate de mujeres que podrían llevar adelante una gestación recurriendo al auxilio de técnicas de reproducción asistida convencionales, procede incluir estos casos dentro del Grupo 3. Pues bien, la cuestión es si también deberían hacerse extensivas a los varones solos que quieren procrear, o a las parejas y matrimonios compuestos de dos varones, las técnicas de reproducción asistida, lo que permitiría que la criatura por nacer fuese descendiente genética de dicho varón o de uno de los dos miembros de la pareja. Claro está que cualquier técnica de reproducción asistida en estos casos comportaría la necesidad insoslayable de acudir a una mujer portadora que desarrollase la gestación. En España se ha HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
6 suscitado recientemente el caso de dos varones que, habiendo encargado dos niños nacidos por medio de gestación por sustitución en California, lograron finalmente que la Dirección General de los Registros y del Notariado (DGRN), por Resolución de , revocase la resolución del Encargado del Registro Civil Consular de España en Los Ángeles, que había denegado la inscripción de la filiación de los niños respecto de ambos varones sobre la base de que el ordenamiento español prohíbe la gestación por sustitución. Para la DGRN, dado que la inscripción solicitada no se apoyaba en la declaración del interesado sino en una certificación registral extranjera, no debía examinarse el caso desde el punto de vista de nuestro ordenamiento, ya que la ley sustantiva aplicable al caso no era la española sino la californiana. La Resolución aplica el artículo 81 del Reglamento del Registro Civil, conforme al cual es posible practicar la inscripción en el Registro Civil español a partir de una certificación registral extranjera sometiendo ésta a un control de legalidad, el cual versará sobre la forma del documento, que deberá ser un documento público autorizado por una autoridad extranjera con funciones equivalentes a los encargados del Registro Civil españoles, y sobre su contenido, que no podrá producir efectos contrarios al orden público internacional español. Para el alto Órgano Directivo la certificación aportada por los interesados superaba ambas exigencias, y en consecuencia ordena proceder a la inscripción en el Registro Civil consular del nacimiento de los dos niños, con las menciones de filiación obrantes en la certificación registral extranjera que había sido aportada por los interesados. En concreto, considera que no se produce contravención del orden público internacional español desde el momento en que ya se admite en nuestro ordenamiento que la filiación quede determinada a favor de dos esposos varones en los casos de adopción, admitiéndose incluso en el artículo 7.3 LTRHA que la filiación por naturaleza conste a favor de dos progenitores del mismo sexo, en este caso mujeres. Para algunos comentaristas, es claro que la pareja comitente habría cometido un fraude de ley, pues se había trasladado a California para beneficiarse de la aplicación de una ley extranjera más permisiva en materia de maternidad subrogada, logrando así que se determinase la filiación natural de los recién nacidos respecto de ambos cónyuges, lo que en España, dado el estado actual de nuestra legislación, no habría sido posible. Grupo 3 El tercer grupo de casos estaría compuesto por aquellas mujeres que no desean gestar a su propio hijo por razones que podríamos llamar de conveniencia, a fin de evitar los avatares e incomodidades que aparecen ligados a todo proceso de gestación, así como las repercusiones de diverso tipo profesionales, estéticas derivadas de un proceso de embarazo, parto y posparto. Sin pretender aplicar a todas las motivaciones hipotéticamente inscribibles en este tercer grupo el calificativo de frívolas, lo cierto es que estos casos hay que situarlos en un plano distinto al de los dos anteriores. En este grupo se incluirían además aquellas mujeres, solas o en pareja, que podrían acaso procrear con ayuda de técnicas de reproducción asistida convencionales, pero que prefieren no someterse a esos procesos ni iniciar tampoco los trámites para realizar una adopción y acuden a una mujer portadora para que lo haga en su lugar. Por su parte, desde el punto de vista de la mujer gestante, las razones para ofrecerse a desarrollar una gestación por encargo de otra u otras personas pueden ser asimismo diversas, aunque en lo esencial cabe trazar la siguiente clasificación: HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
7 1) Mujeres que actuarían por solidaridad y guiadas por un espíritu altruista, con el ánimo de favorecer a otras personas en el trance de procrear. Lo más probable es que estas situaciones se den en casos en los que entre la mujer gestante y aquélla otra de cuya subrogación se trata, existe una relación de parentesco o de muy cercana amistad. Estos supuestos se conectarían con el primero de los grupos que antes hemos descrito. 2) Mujeres que se ofrecerían a llevar a cabo una gestación por sustitución a cambio de una contraprestación económica, como quien ofrece otra clase de servicios personales en el mercado con finalidad puramente lucrativa. Esta alternativa sería la más probable para atender a la demanda generada en los grupos de casos 2 y 3 anteriormente descritos, y es la que presenta más obstáculos éticos, como veremos en el epígrafe correspondiente. REGULACIÓN COMPARADA A nivel comparado existe poca homogeneidad en el tratamiento legal de la gestación por sustitución. Junto a países permisivos, en los que sin embargo la técnica aparece rodeada de escasos elementos de control o intervención por parte del Estado, hallamos países donde la maternidad subrogada se considera una técnica prohibida, atentatoria contra el orden público, estableciéndose la nulidad y carencia de efectos de los contratos de subrogación. En una zona intermedia se sitúan una serie de países en los que la técnica se admite sólo en determinados casos y bajo ciertas condiciones, entre las que puede contarse una autorización u homologación del acuerdo de subrogación por parte de autoridades judiciales o administrativas. El caso más claro de contemplación permisiva sería el de India, país en el que a falta de un tratamiento normativo explícito, la gestación por sustitución ha sido declarada legal por una Sentencia de la Corte Suprema de (Baby Manji Yamada vs. Union of India & Anr.), la cual no duda en referir que, debido a la excelente infraestructura médica de que dispone India, la alta demanda internacional, y la disponibilidad de madres portadoras a bajo coste, el fenómeno está alcanzando en ese país proporciones industriales. Ciertamente, India se ha convertido en los últimos años en el destino preferido de las personas que quieren encargar un hijo a una mujer portadora, a bajo coste y con agilidad de trámites. La Sentencia tiene su interés por cuanto desestima la acción ejercitada por una organización no gubernamental en torno a la guarda de un niño nacido por gestación de sustitución. La acción se canalizaba a modo de una petición de habeas corpus contra la abuela paterna del niño (i. e., la madre del varón comitente), quien reclamaba la custodia a raíz de la disputa surgida entre los miembros de la pareja comitente de origen japonés, quienes se habían separado después de formulado el encargo. La organización demandante entendía que en realidad ninguna norma regula en India la gestación por sustitución y que, precisamente por eso, se vienen cometiendo un gran número de irregularidades. La Corte considera que no se había probado que el niño se encontrara en una situación de custodia ilegal y no detecta que hubiera ningún factor de interés público en la causa que legitimara a la ONG a intervenir a través de ese tipo de procedimiento. Asimismo valoraba que ni la Comisión Nacional ni ninguna Comisión Estatal, creadas por la Ley de Protección de los Derechos del Niño de 2005 y que serían, en su caso, las competentes para intervenir en el supuesto de que se hubiera producido una violación HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
8 de los derechos del niño, habían recibido queja alguna o habían iniciado de oficio un expediente en torno a este asunto. No obstante, la tendencia en el ámbito comparado, en los países que hacen una contemplación permisiva de la gestación por sustitución, es la de someter ese tipo de acuerdos a un control más o menos estricto desde instancias públicas, de tal forma que sólo mediante la autorización de un juez o de un órgano administrativo el contrato podrá gozar de validez y eficacia. Así, en el Reino Unido, la Human Fertilization and Embryology Act de 1990 prevé que mediante un tipo singular de resolución judicial (llamada parental order ) los comitentes de un niño nacido como consecuencia de un acuerdo de gestación por sustitución, que deberá tratarse en todo caso de una pareja heterosexual casada, puedan obtener la determinación a su favor de la filiación natural de dicho niño. Ello exige el cumplimiento de una serie de requisitos. Para empezar, que la criatura haya sido gestada por una mujer distinta de la comitente, a la que se le haya transferido un preembrión o se la haya inseminado artificialmente. En segundo lugar, que la concepción se haya hecho a partir de gametos aportados por los dos o al menos por uno de los miembros de la pareja comitente. En tercer lugar, es necesario que los comitentes cursen una solicitud antes de transcurridos seis meses desde la fecha del parto. La madre portadora y su marido, en caso de haberlo, deberán dar su asentimiento para que el juez pueda dictar la orden solicitada. En el caso de la mujer portadora, dicho asentimiento no podrá prestarse antes de pasadas seis semanas desde el alumbramiento. En el momento de formular la solicitud el niño deberá vivir en el hogar de los comitentes, que habrá de estar radicado en el Reino Unido. Finalmente, el tribunal deberá verificar que la portadora no ha percibido a cambio ninguna suma de dinero u otra clase de beneficio patrimonial, más allá del reembolso de los gastos en los que pueda considerarse razonablemente que ha incurrido. Debe recordarse que desde 1985 está vigente en el Reino Unido la Surrogacy Agreements Act, la cual prohíbe que ninguna persona, a excepción de la propia mujer portadora o de los comitentes, realice por sí misma o induzca a otro a realizar con finalidad lucrativa alguno de los siguientes comportamientos: iniciar o tomar parte en negociaciones dirigidas a realizar un acuerdo de subrogación; ofrecer o aceptar negociar uno de estos acuerdos; o recopilar información con vistas a utilizarla en la negociación de uno de estos acuerdos. Asimismo, esta Ley prohíbe realizar cualquier tipo de publicidad relativa a la existencia de personas que pudieran estar interesadas en una gestación por sustitución, ya sea desde el punto de vista de la mujer portadora o de los comitentes. En Israel, la Embryo Carrying Agreements Law, aprobada en 1996, legalizó la maternidad subrogada, si bien sometiéndola a severos controles por parte del Estado. Así, los contratos de subrogación, que sólo pueden ser suscritos entre ciudadanos israelíes de la misma religión, deben ser autorizados por un Comité nombrado por el Gobierno. Las mujeres portadoras deben ser solteras, viudas o divorciadas, y sólo pueden realizar un encargo de este tipo parejas infértiles que sean heterosexuales. Por su parte en Ucrania, el Código de Familia contempla la posibilidad de que un preembrión concebido a partir de material reproductor aportado por dos esposos sea implantado en otra mujer, caso en el que la filiación del niño así nacido será determinada a favor de los esposos, dando preeminencia por tanto al hecho genético y no al hecho obstétrico. No obstante, la maternidad subrogada se somete a una serie de requisitos, pre- HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
9 vistos en la Orden nº 771 del Ministerio de Sanidad. Así, las indicaciones que permiten acudir a esa técnica están relacionadas con la imposibilidad fisiológica o médica de la mujer comitente para desarrollar el embarazo por sí misma (por carencia de útero, deformación del cuello del útero, múltiples abortos previos, o graves enfermedades somáticas que hacen inviable llevar la gestación a término). Por otro lado, la mujer portadora deberá tener entre 20 y 35 años, gozar de buena salud física y mental y haber tenido al menos un hijo propio sano con anterioridad. También Brasil se cuenta entre los países que permiten la gestación por sustitución, aunque sometiéndola a ciertas exigencias. La regulación de la materia se localiza, no obstante, en la Resolución nº 1358/92 del Consejo Federal de Medicina, la cual no posee naturaleza jurídica sino que contiene un catálogo de normas éticas para la utilización de las técnicas de reproducción asistida, como dispositivo deontológico a ser seguido por los médicos. El apartado VII de esa Resolución se refiere a la gestación de sustitución o donación temporal de úteros. En primer lugar dispone que las clínicas, centros o servicios de reproducción humana, podrán utilizar técnicas de reproducción asistida para dar lugar a una gestación de sustitución únicamente cuando exista un problema médico que impida a la madre genética llevar adelante la gestación. Por otro lado, se exige que las mujeres portadoras pertenezcan a la familia de la mujer comitente con un grado de parentesco de hasta el segundo grado, quedando los demás casos sujetos a autorización del Consejo Regional de Medicina. Por último, se establece que la cesión temporal de úteros no podrá tener carácter lucrativo o comercial. En Canadá, la Assisted Human Reproduction Act de 2004 permite la maternidad subrogada, si bien prohíbe el pago de una compensación económica a favor de la gestante, así como siquiera el hecho de ofrecer o de publicitar dicho pago. Igualmente prohíbe pagar, ofrecer, publicitar o aceptar el pago de una retribución económica por actuar como intermediario de los servicios de una mujer gestante. Se establece la edad mínima de veintiún años para poder ser mujer portadora, debiendo abstenerse cualquier persona de inducir, aconsejar o auxiliar médicamente a una mujer para que se convierta en madre subrogada sabiendo o teniendo motivos para saber que la mujer en cuestión no alcanza dicha edad mínima. Se deja a salvo la validez que, conforme al Derecho provincial, puedan tener los acuerdos en virtud de los cuales una mujer acepte llevar adelante una gestación por sustitución (no es el caso de Québec, cuya legislación dispone la nulidad de pleno derecho de todo acuerdo por el que una mujer acepte procrear o gestar un niño para otra persona). La Ley canadiense contempla por otro lado la posibilidad de que reglamentariamente se prevea que, mediando una autorización, la mujer portadora pueda verse reembolsada de los gastos en que haya incurrido como consecuencia de la gestación efectuada por encargo. Entre esos gastos se podrían incluir las rentas de trabajo que la gestante haya dejado de percibir como consecuencia de su estado de gravidez, si un facultativo certifica que la continuidad en su puesto de trabajo podía constituir un riesgo para su salud o para la del embrión o feto. En Estados Unidos la situación varía notablemente de unos Estados a otros. No es frecuente que haya normas explícitas sobre la materia, ni para permitir ni para prohibir los efectos de una gestación por sustitución, sino que la situación legal de la figura, sea para considerarla permitida o prohibida, deriva de la interpretación hecha por los tribunales a HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
10 partir de la normativa existente en materia de filiación y de técnicas de reproducción asistida. En caso de permisión, las variables tienen que ver, a su vez, con la aceptación o no de ambos tipos de maternidad subrogada (tradicional y gestacional stricto sensu); con la posibilidad de que la gestante perciba una compensación económica, más allá de ser reembolsada de los gastos médicos y otros relacionados con la gestación; y con el dato de si la técnica está únicamente reservada a comitentes que constituyan una pareja casada heterosexual, o si por el contrario también se extiende a parejas heterosexuales no casadas y a parejas del mismo sexo. El caso más claro, entre los Estados que contemplan la figura permisivamente, es probablemente el de Florida, cuya legislación admite tanto la maternidad subrogada gestacional como la tradicional, si bien sólo se contempla a favor de parejas comitentes heterosexuales, casadas y mayores de dieciocho años. La situación es análoga a la de Texas, donde además se exige que, para ser eficaz, el contrato de subrogación haya sido homologado judicialmente. En California, a pesar de no haber una regulación explícita sobre la materia, los tribunales han interpretado la Uniform Parentage Act en el sentido de dar validez a los contratos de gestación por sustitución, en particular cuando la pareja comitente haya contribuido con su propio material genético a la concepción de la criatura. El punto clave, como se vio en el ya citado caso Johnson v. Calvert es el de la intención de ser padres, y no tanto el hecho puramente obstétrico de haber portado a la criatura en el vientre. También en Massachusetts se contemplan de modo diferente los acuerdos de subrogación tradicional y los acuerdos de subrogación gestacional. En los segundos la Corte Suprema de ese Estado ha llegado a admitir que los padres comitentes, a condición de que ambos estén ligados genéticamente con la criatura, consten formalmente como padres en el certificado de nacimiento del niño [Culliton v. Beth Israel Deaconess Medical Center, 756 N.E.2d 1133 (Mass. 2001)]. En alguna sentencia ese mismo Tribunal ha establecido que, para ser válidos, los contratos de subrogación no deben contemplar el pago de ninguna retribución económica a favor de la mujer gestante, al tiempo que el consentimiento prestado por ésta debe mantenerse hasta cuatro días después de haber dado a luz, no siendo suficiente con el que hubiera prestado antes de quedarse embarazada. Según la sentencia, otros factores a tener en cuenta a la hora de enjuiciar la posible validez de estos contratos tienen que ver con la madurez de la gestante, la idoneidad de los comitentes para ser padres, así como la información y consejo legal recibidos por todos los implicados con anterioridad a la firma del acuerdo [R.R. v. M.H., 689 N.E.2d 790 (Mass. 1998)]. En Illinois se admite que en los casos de subrogación gestacional el acuerdo alcanzado entre las partes incida sobre la determinación de la filiación del niño así nacido, aunque bajo algunas condiciones: que tanto la mujer portadora como su marido, de haberlo, certifiquen no ser los padres genéticos de la criatura, que el padre y la madre biológicos certifiquen haber donado el esperma y el óvulo respectivamente, y que un facultativo certifique que todas esas afirmaciones son verdaderas. New Jersey permite sólo contratos de subrogación gestacional, a condición de que la mujer portadora no perciba una compensación económica ni esté sujeta por un consentimiento vinculante prestado con anterioridad al nacimiento, debiendo garantizársele un plazo de tres días posterior al parto para arrepentirse de lo acordado. Así se deriva de lo resuelto por la Corte Suprema de ese Estado en un caso en el que la gestante era hermana de la comitente, quien junto a su marido había aportado el material reproductor con el que se efectuó la fecundación. Los comitentes solicitaban que se hiciera constar su condición de padres en el certificado de nacimiento del niño. Según la HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
11 ley de este Estado existe un margen de cinco días para inscribir el nacimiento. Ello concede a los comitentes un plazo de dos días, toda vez que la portadora no se haya arrepentido, para hacer constar registralmente al niño como su hijo [A.H.W. v. G.H.B., 772 A.2d 948 (N.J. Super. 2000)]. Con anterioridad había recaído en ese mismo Estado la célebre sentencia del caso In re Baby M., considerado el primero y hasta la fecha más notorio caso judicial sobre maternidad subrogada, resuelto por su Corte Suprema el (109 N. J. 396; 537 A.2d 1227). El Tribunal consideró nulo el contrato de subrogación, ya que preveía una compensación económica a favor de la gestante, y no respetaba un periodo de tiempo posterior al parto para que ésta pudiese revocar su decisión, extremos ambos que contravenían los mandatos legales en materia de adopción. Por lo mismo, tampoco podía considerarse válida la renuncia de la mujer gestante a la filiación materna de la criatura. En consecuencia, la filiación debía quedar determinada a favor tanto del varón comitente, con cuyo esperma se había inseminado a la gestante, como a favor de esta última, quien al mismo tiempo era la madre genética de la niña. No obstante, la Corte decidió conceder la custodia al padre comitente, al entender que la mayor estabilidad de la familia paterna convertía esta opción en la más beneficiosa para la menor. La sentencia deja a salvo la posibilidad de alcanzar acuerdos de subrogación siempre que no medie pago de dinero, la mujer gestante actúe voluntariamente y no se la pueda compeler a entregar al niño, una vez éste nazca, con base en el consentimiento prestado antes del embarazo. Frente a los anteriores, otro gran conjunto de Estados contemplan los contratos de subrogación como nulos e ineficaces, por entender que son contrarios al orden público. Es el caso de Indiana, Lousiana o New York. En algunos supuestos, como sucede en Michigan o en el Distrito de Columbia, se prevé incluso la imposición de multas por la violación de las normas que prohíben celebrar contratos de gestación por sustitución. El panorama es bastante similar en Australia, en el sentido de que no existe homogeneidad al respecto entre los distintos Estados que la integran. Por ejemplo, la Surrogacy Act de Western Australia, aprobada en 2008, otorga cierta eficacia a los contratos de maternidad subrogada permitiendo que, en determinadas circunstancias, un juez pueda ordenar transferir la filiación de la mujer portadora a la pareja comitente, sobre la base de la presunción de que, a menos que se pruebe lo contrario, el mejor interés para el niño es que se le considere legalmente hijo de la pareja comitente. La Ley prohíbe los contratos de gestación por sustitución remunerados, así como toda actividad de intermediación o publicidad que se realice comercialmente, aunque no impide que a la mujer gestante le sean reembolsados los gastos razonablemente efectuados con motivo de la gestación. Los contratos de gestación por sustitución no podrán tener validez, ni servirán de base para que el juez dicte una orden de transmisión de la filiación, a menos que hayan sido homologados por un organismo administrativo, el cual realizará una serie de verificaciones sobre la edad y circunstancias de la gestante, los asentimientos prestados por todos los implicados, y la información y asesoramiento médico y legal que previamente se les ha debido suministrar. En el Estado de Victoria, la Assisted Reproductive Treatment Act de 2008 contiene un tratamiento muy similar de los acuerdos de maternidad subrogada: sólo se admiten si son homologados por un órgano administrativo y para casos de imposibilidad de gestar o dar a luz por la madre comitente, o cuando estos actos entrañasen grave riesgo para la salud o la vida de ella o del feto. No se acepta HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
12 que la mujer portadora aporte además el óvulo necesario para la concepción, es decir, sólo caben los contratos de subrogación gestacional stricto sensu. La portadora deberá tener más de veinticinco años y haber engendrado al menos un hijo propio que esté vivo. No se permiten los contratos de maternidad subrogada en los que se prevea el pago de una compensación económica a favor de la gestante, aunque sí cabe pactar el reembolso de los gastos en que haya incurrido con motivo de la gestación. Por el contrario, en Nueva Gales del Sur, la Assisted Reproductive Technology Act de 2007 prohíbe tanto los contratos de subrogación comerciales como los no comerciales. Los primeros son castigados con penas de multa, e incluso de prisión, tanto para los que los suscriban como para los que publiciten o den información sobre personas interesadas en realizar uno de esos contratos de subrogación comercial. Los contratos de maternidad subrogada sin ingrediente comercial son declarados nulos de pleno derecho, con independencia de que se hubieran celebrado con anterioridad a la entrada en vigor de esa Ley. En Francia, debe partirse de la radical prohibición del artículo 16-7 de su Código Civil, conforme al cual es nula toda convención cuyo objeto sea la procreación o la gestación por cuenta ajena. En esa misma línea, la Sentencia de la Corte de Casación de dejó claro que el acuerdo por el que una mujer se compromete, aunque sea a título gratuito, a concebir y portar un niño para abandonarlo a su nacimiento en manos de otras personas, contraviene principios de orden público relativos a la indisponibilidad del cuerpo humano y a la indisponibilidad del estado civil de las personas. El caso francés no está aislado en Europa, donde por razones similares a las apuntadas la mayoría de los países no permiten la válida celebración de contratos de maternidad subrogada. Así, en Alemania, Austria, Dinamarca, Italia, Noruega, Suecia o Suiza. REGULACIÓN EN ESPAÑA España se sitúa asimismo entre los países que manejan un enfoque prohibicionista hacia la maternidad subrogada. Conforme al artículo 10 LTRHA, los contratos por los que se convenga la gestación a cargo de una mujer que renuncia a la filiación materna a favor del contratante o de un tercero se consideran nulos de pleno derecho, lo que significa que las obligaciones que deriven de ellos son incoercibles y que en general no desatan efecto alguno. Así, el propio precepto subraya cómo la filiación de los hijos nacidos por gestación de sustitución será la determinada por el parto. El artículo no diferencia en función de distintas clases de subrogación, es decir, según la gestante sea o no al mismo tiempo la madre genética de la criatura; como tampoco lo hace en atención al carácter oneroso o gratuito de la causa del contrato. La nulidad alcanza por tanto a toda clase de pactos o contratos de gestación por sustitución y cabe inferir que deriva de la ilicitud de su objeto, al ser éste una cosa fuera del comercio de los hombres (res extra commercium), o de la ilicitud de su causa, ya que se trataría de prestar un servicio contrario a la moral o a las buenas costumbres (artículo 1271 Código Civil [en adelante CC]). Una explicación alternativa sería que la nulidad viene dada por la contravención de normas imperativas en materia de estado civil, que es materia de orden público, sustraída por tanto al juego de la autonomía de la voluntad (artículo 6.3 CC). HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
13 Adicionalmente, aunque no existiera el artículo 10 LTRHA, la gestación por sustitución se toparía con las normas en materia de adopción, que también tienen carácter imperativo. Hay al menos tres aspectos en los que cabe apreciar una clara contradicción entre los acuerdos de maternidad subrogada y las reglas que disciplinan la adopción. En primer lugar, nuestro ordenamiento impide artículo 1830.III de la Ley de Enjuiciamiento Civil de 1881, aún vigente en este punto que los padres naturales, en las adopciones que exijan propuesta previa de la entidad pública competente en la materia lo que constituye el caso ordinario, otorguen su asentimiento (requisito imprescindible para constituir la adopción ex artículo º CC) refiriéndolo a adoptantes determinados. En segundo lugar, tampoco se permite que la madre gestante preste su asentimiento a la adopción antes de transcurridos treinta días desde que hubiere tenido lugar el parto (artículo º in fine CC), lo que desde luego hace inviable que dicho asentimiento se otorgue con antelación al alumbramiento. Por último, se prohíbe que la adopción lleve aparejada una retribución económica, la cual constituye quizás la exigencia más estricta de las tres, en tanto el artículo 221 del Código Penal, titulado adopciones ilegales, castiga con pena de prisión de entre uno y cinco años a quien mediando compensación económica entregue a otra persona un hijo propio eludiendo los procedimientos legales de guarda, acogimiento y adopción, con la finalidad de establecer una relación análoga a la de filiación. Los pactos de gestación por sustitución, en la medida en que implican asentir por anticipado a la entrega del hijo que se alumbrará y hacerlo además a favor de una persona o pareja determinada, contravendrían como mínimo las dos primeras reglas. Adicionalmente, cuando el pacto posea ingrediente oneroso, se conculcaría la tercera regla, que impide entregar un hijo a fin de establecer una relación análoga a la de filiación a cambio de una compensación económica. Ciertamente, quienes acuden a la gestación por sustitución no pretenden convertirse en padres adoptivos sino en progenitores naturales de la criatura engendrada por la mujer gestante, pero precisamente por eso mismo cabe dudar de si su comportamiento no encierra en el fondo más que una maniobra dirigida a defraudar las normas que regulan la adopción. El estado de nuestra jurisprudencia no permite vislumbrar ninguna quiebra en este planteamiento, pues aunque no se han producido en España conflictos judiciales derivados de contratos de maternidad subrogada, sí cabe consignar algún caso que presentaba perfiles similares, al menos en lo tocante a la emisión previa por la madre natural del asentimiento para la adopción. Se trata concretamente del caso resuelto por la Sentencia del Tribunal Supremo, Sala 1ª, de , en la cual se accede a las pretensiones de una mujer que, en el octavo mes de embarazo, basándose en sus circunstancias personales y consignando su deseo de mantener oculta su identidad a efectos registrales, había suscrito un documento ante los responsables de los respectivos servicios sociales solicitando que éstos se hicieran cargo de la guarda de su hija nada más nacer, renunciando a sus derechos como madre y prestando por anticipado su asentimiento para que la niña fuera dada en adopción. Arrepentida, solicitaba que se determinase la filiación de la niña respecto de ella y que le fuera concedida su custodia. La ocultación registral de la identidad de la madre la posibilitaba entonces el artículo 47 de la Ley del Registro Civil (LRC), junto con los artículos reglamentarios concordantes, preceptos que inspirados por la finalidad de evitar abortos o infanticidios por parte de mujeres interesadas en impedir la divulgación de su maternidad extramatrimonial, permitían que no se HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
14 hiciera constar la identidad de la madre en el parte facultativo del nacimiento en contra de su voluntad, lo que propiciaba una clara posibilidad legal de ocultar la filiación materna. La Sentencia reseñada declara derogados por inconstitucionalidad sobrevenida todos esos preceptos. Asimismo, declara nulo de pleno derecho el asentimiento prestado por la madre con anterioridad al alumbramiento y ordena que, a falta de otros medios de prueba, se practique una prueba biológica para poder establecer la maternidad de la reclamante respecto de la pequeña. DILEMAS ÉTICOS Los posibles dilemas éticos de la gestación por sustitución se relacionan, por un lado, con el comportamiento o posición tanto de la mujer gestante como de la persona o personas que formulan el encargo, y por otro con la posición o interés de la criatura concebida y alumbrada bajo estas condiciones. La mujer gestante La principal objeción que desde el punto de vista ético suele esgrimirse es la de que esta técnica supone la utilización de la mujer como un simple receptáculo o repositorio en el que albergar temporalmente un ser en formación que forma parte de un plan familiar ajeno a la propia gestante, lo que atentaría contra la dignidad de ésta como persona, ya que su propia integridad física deja de ser contemplada como un fin en sí mismo para pasar a ser un medio a través del cual otras personas consiguen satisfacer sus intereses o aspiraciones. Esta servidumbre tan especial impuesta sobre la propia integridad corporal de la mujer portadora, para colmar en definitiva los deseos de paternidad ajenos, está en la base del rechazo hacia la figura de la gestación por sustitución, por contraste con la aceptación de que gozan a nivel social y jurídico las técnicas de reproducción asistida ordinarias, y ello a pesar de que éstas pueden determinar una vinculación de índole genética entre el sujeto o sujetos donantes y la criatura resultado de la procreación que, sin embargo, no tiene por qué darse y de hecho no se da en muchos de los casos de gestación por sustitución, en los que la madre gestante se limita a aportar el vaso o seno en el que se albergará la vida en formación, sin aportar ningún material reproductor propio. Conocemos otras conductas que, comprometiendo también la esfera corporal de las personas, no suscitan un escrúpulo ético equivalente al de la gestación por sustitución, antes bien se observan desde el prisma de la solidaridad y del espíritu altruista que anima a quienes las protagonizan. Me refiero a la donación de gametos o de tejidos (sangre, médula ósea), así como a la de órganos o partes de órganos a partir de donante vivo (en los casos en que ésta se permite). Por qué la gestación por sustitución desata otra clase de reacciones? Seguramente es porque en ella la mujer gestante no hace entrega de una parte separable de su cuerpo, sino que pone a disposición de otras personas algo tan intransferible y ligado a su propia integridad física como es su útero. Su compromiso, además, no se agota en un acto único sino que es de tracto sucesivo: comienza con la fase de recepción de la técnica y se extiende durante todo el embarazo (pudiendo prolongarse incluso durante el periodo de lactancia). Y es que, más que entregar algo, la gestante por HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
15 sustitución lo que hace es recibir y alojar en su cuerpo ese algo, debiendo soportar tanto los efectos y transformaciones propios del estado de gravidez como las vicisitudes propias del parto y el posparto, que pueden incluir consecuencias y secuelas permanentes o prolongadas en el tiempo (v. gr., las derivadas de la práctica de una cesárea). Es claro que en el caso de la donación de gametos y tejidos no se causan efectos perdurables en la integridad física del donante, pues se trata de células que el propio organismo es capaz de regenerar transcurrido un tiempo. Sí existe en cambio una afectación permanente de la integridad corporal y una merma, siquiera sea potencial, de algunas funciones fisiológicas, en el caso de la donación de órganos por donante vivo. Pero, precisamente por ello, la legislación sobre trasplante de órganos condiciona esas extracciones a que sean compatibles con la vida y a que la función del órgano total o parcialmente donado pueda ser compensada por el organismo del donante de forma adecuada y suficientemente segura. Asimismo, esa legislación ordena que entre la información que debe proporcionarse al donante con anterioridad a la extracción, esté la de las consecuencias previsibles de orden somático, psíquico y psicológico, así como las eventuales repercusiones que la donación pueda tener sobre su vida personal, familiar y profesional. No es casual que, dadas las implicaciones que la donación de órganos de donante vivo tiene para éste, dicha donación se condicione además a que el receptor sea una persona determinada, y se haga con el propósito de mejorar sustancialmente su pronóstico vital o sus condiciones de vida (artículo 4 de la Ley 30/1979, de 27 de octubre, sobre Extracción y Transplante de Órganos [LETO]). Quizás si la gestación por sustitución se rodease de cautelas de esta índole (v. gr., que sólo se permita a favor de personas ligadas por un vínculo de parentesco, o cuando la causa sea que la mujer comitente se halla impedida de llevar adelante un embarazo por razones médicas; que se establezca la obligación de suministrar a la portadora cumplida información sobre los riesgos y repercusiones de toda índole que el embarazo y el parto pueden tener para su salud y su vida personal y profesional) generaría menores objeciones de tipo ético. En particular, sería importante que la información a facilitar a la mujer portadora no se limitara a las posibles consecuencias físicas o somáticas, sino que alcanzase también a las posibles secuelas psicológicas derivadas del acto de desprenderse, nada más producirse el alumbramiento, de una criatura que ha albergado en su seno durante nueve meses, secuelas que a menudo tienden a minusvalorarse por todas las partes implicadas en un proceso de este tipo. No es casual que muchos de los conflictos que han llegado a los tribunales en casos de gestación por sustitución tengan que ver con mujeres gestantes que, arrepintiéndose de lo acordado, manifiestan un deseo sobrevenido de quedarse para sí el hijo que han gestado y alumbrado. A este respecto, el Informe elaborado por la Comisión Especial de Estudio de la Fecundación in vitro y la Inseminación artificial humanas, creada en el seno del Congreso de los Diputados por acuerdo de su Mesa de 2 de noviembre de 1984 (más conocido como Informe Palacios, por el apellido del diputado que presidía la Comisión), daba gran relieve a los eventuales sentimientos maternales desatados en la mujer gestante al contacto con el hijo que ha engendrado, en virtud de los cuales ésta podría negarse legítimamente a cederlo. Es decir, a juicio de ese Informe, a pesar de que ello suponga defraudar las expectativas de la pareja comitente, especialmente cuando ésta haya aportado sus propios gametos, debe ponerse en primer plano el estigma vital que podría llegar a gravitar sobre la gestante si ésta fuera compelida a todo trance a ha- HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
16 cer entrega a los comitentes del hijo que sobrevenidamente desea quedarse para sí. El Informe pasa por alto la existencia de otras alternativas que acaso pudiesen servir para componer todos los intereses en juego. Así, la portadora no tendría por qué desprenderse súbita y definitivamente de la criatura, perdiendo toda clase de vinculación con ella. A tal fin, la legislación podría contemplar un derecho de visita a favor de la mujer gestante, aunque se configurase con carácter temporal y fuese disminuyendo en intensidad a medida que el niño creciera; lo que cabe suponer amortiguaría el impacto psicológico derivado de la entrega del bebé. Dicho lo cual, ciertos estudios pondrían de manifiesto que una gran mayoría de mujeres que han protagonizado una gestación por sustitución no experimentan ningún trauma psicológico como consecuencia de la entrega del niño, antes al contrario sus sentimientos al respecto son enormemente positivos al prevalecer en ellas la satisfacción de haber podido ayudar a otras personas a ser padres. En esta misma línea, hay quien opina que la idea de que la gestante está llamada a sufrir graves trastornos psicológicos a causa de desprenderse del niño que ha portado en su seno, responde a un prejuicio derivado de convenciones culturales y asunciones de género. Avanzando hacia otras consideraciones, si hay un factor esencial a sopesar a la hora de realizar un juicio ético respecto de la posición o conducta de la mujer gestante, es el de si ésta actúa movida por un impulso altruista o por un ánimo lucrativo. Ciertamente, no admite el mismo juicio ético el comportamiento de una mujer que decide llevar adelante de forma gratuita la gestación de un niño a partir de células reproductoras de su hermana, víctima de una enfermedad o deficiencia que le impide gestar el niño por sí misma, que el de aquella otra mujer que se ofrece a llevar a cabo una gestación por sustitución por encargo de una desconocida y a cambio de una suma de dinero. Cabe presumir que, salvo los casos de parentesco o amistad entre la gestante y la comitente, la gestación por sustitución articulada entre desconocidos tenderá a incorporar el elemento de la contraprestación económica, teniendo en cuenta que la prestación a la que se compromete la gestante, como ya hemos visto, es de índole duradera y comporta para ella una servidumbre de mayor alcance que la de quien valga por caso se limita a donar unos gametos. Una muestra de hasta qué punto suele mediar un interés pecuniario en la gestación por sustitución es el surgimiento de agencias de intermediación (denominadas en el ámbito anglosajón baby-brokers) que ponen en contacto a los comitentes con las mujeres gestantes, procurando localizar la más adecuada a sus intereses. En la actualidad, existen centenares de páginas web donde se puede encontrar información acerca de este tipo de agencias, que perciben una pingüe comisión por las gestiones (en Estados Unidos se calcula que sus honorarios oscilan, como mínimo, entre $ y $, a los que habría que añadir los honorarios de la gestante, que pueden ascender a otro tanto). En algunos países ya hemos aludido al caso de India se ha generado en torno al alquiler de vientres todo un sector de negocio que da servicio a ciudadanos de otros países, en cuyas legislaciones esta técnica está prohibida. Se habla ya de turismo procreativo para referirse al fenómeno de las personas que viajan a países más permisivos y, normalmente, menos avanzados para encargar la gestación de un bebé y regresar a su país de origen con el niño una vez nacido. La legislación española lo hemos visto ya no hace depender la nulidad del contrato de subrogación del carácter oneroso o altruista de la convención. Sin embargo, todo HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
17 apunta a que se trata de un factor fundamental desde el punto de vista ético y por añadidura jurídico. Basta fijarse en la regulación de la donación de gametos o de órganos para comprobarlo. Así, el artículo 5 LTRHA señala que la donación de gametos no puede tener finalidad lucrativa o comercial (compensándose a lo sumo las molestias físicas y los gastos de desplazamiento o laborales que se puedan derivar de la donación), mientras que el artículo 2 LETO indica que no se podrá percibir compensación alguna por la donación de órganos, ni tampoco se le podrá exigir al receptor precio alguno por el órgano trasplantado. Esto hace que los gametos y órganos sólo pueden transmitirse a través de la peculiar donación que se contempla en las leyes especiales aprobadas sobre la materia, en los centros sanitarios especialmente autorizados y conforme a los protocolos legales y reglamentarios establecidos al efecto. Me inclino a pensar que si la hipotética regulación legal de la gestación por sustitución se ajustase a ese mismo patrón de falta de onerosidad, admitiendo a lo sumo el reembolso a la gestante de los gastos médicos y otros análogos que puedan imputarse a la gestación, desaparecerían muchas de las objeciones que se ponen a esa figura. Claro que una regulación legal de ese tipo reduciría su radio de aplicación a supuestos muy concretos y excepcionales, conectados con los casos del grupo 1 antes descrito, o a lo sumo con los del grupo 2. Por el contrario, una contemplación permisiva hacia los contratos onerosos de gestación por sustitución, en los que la gestante obtuviese una retribución pecuniaria a cambio de su prestación, podría fomentar la aparición de supuestos del grupo 3 y desembocar a la larga en una mercantilización de la figura, extendiéndose un nuevo comportamiento social conforme al cual mujeres de clase acomodada omitiesen quedarse embarazadas, pasando a gestar sus hijos, por encargo remunerado, mujeres de baja condición económica (algo análogo a lo que históricamente sucedió con las amas de cría, cuando las mujeres de familias pudientes dejaban la función de amamantar a sus hijos en manos de jóvenes nodrizas que podían, ora convivir en la casa familiar, ora trasladar a la criatura a su propia casa para cuidarla allí hasta el destete). De hecho, los detractores de la maternidad subrogada suelen poner el acento en este riesgo, subrayando que este procedimiento puede tener efectos deshumanizadores, en tanto comporta una cosificación de las mujeres y de los propios niños, tratando la capacidad reproductora de las mujeres y las criaturas nacidas de procesos de gestación por sustitución como productos que se pueden comprar y vender; cosificación que se acentuaría cuando la gestante se ofrece para trabajar en serie o al por mayor: me refiero a los casos que también se dan en los que una mujer recibe la implantación simultánea de dos preembriones provenientes a su vez de dos parejas distintas, con vistas a que en un solo alumbramiento se produzca el nacimiento de sendas criaturas, cada una de las cuales será entregada a unos comitentes distintos. Para algunos grupos feministas la admisión legal de la maternidad subrogada podría reforzar los estereotipos de género y dar lugar al surgimiento de nuevos colectivos de mujeres explotadas. A estas objeciones se responde que el riesgo de que la maternidad subrogada se convierta en explotación de las mujeres más desfavorecidas socialmente no es mayor que el que estas mujeres tienen, en general, de ser explotadas al verse abocadas, debido a sus necesidades económicas, a aceptar cualquier clase de empleo no deseado y mal pagado. Hay quien observa que lo que este procedimiento confiere a la mujer es precisamente mayor grado de autonomía, y no faltan voces emitidas asimismo HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
18 desde sectores feministas, según las cuales la subrogación es una forma de liberarse del yugo de la gestación y la maternidad impuesto por el sistema patriarcal: la mujer debe poder disponer de su fuerza reproductiva, al modo de un factor de producción, y contratar libremente con ella. La persona o pareja comitente El principal interrogante que se plantea en torno a la conducta de la persona o personas que encargan un niño por el procedimiento de gestación por sustitución tiene que ver con la exigibilidad o no a las mismas de una conducta alternativa, cual sería la de acudir a la adopción de niños ya nacidos, en lugar de propiciar el nacimiento de un nuevo ser sobre el que proyectar su paternidad/maternidad. Se podría responder, no obstante, que esta exigencia ética (no traer nuevos niños al mundo mientras haya criaturas ya nacidas susceptibles de ser dadas en adopción) resulta igualmente trasladable a todos aquellos que, por problemas de infertilidad, deciden someterse a técnicas de reproducción asistida (e incluso, con carácter general, a todos los que se plantean procrear por medios naturales). La regulación legal y el favorecimiento público de las técnicas de reproducción asistida, parecerían indicar la vigencia del principio según el cual toda persona tiene derecho a intentar reproducirse biológicamente, transmitiendo a sus descendientes su propia información genética, aunque para ello necesite ser asistida médicamente y hayan de emplearse medios artificiales para aumentar sus posibilidades de éxito. Siguiendo este hilo, la gestación por sustitución sería una más de entre esas técnicas. Ahora bien, ese argumento no sirve para sustentar la posición de quienes para poder concebir deben recurrir a la FIV realizada a partir de gametos obtenidos de sendos donantes, masculino y femenino; y, como sabemos, en algunos de los casos de gestación por sustitución la persona o pareja comitente no aporta el material reproductor (v. gr., IA con esperma de donante, FIV con gametos provenientes de donantes de ambos sexos), con el añadido de que en esta figura la madre comitente nunca aparece como gestante de la criatura. En esos casos, en los que a la falta de conexión genética con ninguno de los miembros de la pareja comitente se suma la ausencia de un vínculo obstétrico, existen pocas diferencias de fondo entre la gestación por sustitución y un supuesto puro de adopción. Pero hay otros puntos de divergencia entre las técnicas de reproducción asistida convencionales y la gestación por sustitución que aproximan más bien ésta a la adopción, haciendo dudar de que esté éticamente justificado acudir a un pacto de maternidad subrogada cuando la necesidad de los comitentes podría ser satisfecha por medio de la adopción. El principal es que en las técnicas de reproducción asistida tradicionales la criatura finalmente alumbrada permanecerá bajo la guarda y custodia de la mujer que la gestó, mientras que en la maternidad subrogada, por definición, el ser concebido está llamado a ser separado de quien lo ha albergado en su seno. Es más, dicho ser ha sido concebido por y para entregarlo a otra(s) persona(s), lo que parece contravenir la lógica del sistema, que se asienta ora en concebir niños propios, ora en adoptar niños que sobrevenidamente han quedado desamparados. Vemos así el peculiar inconveniente ético que plantea la gestación por sustitución frente a las técnicas de reproducción asistida tradicionales, y es que viene a implicar una suerte de desamparo premeditado de un me- HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
19 nor, desde el momento en que la mujer portadora adquiere el compromiso de entregar al niño con antelación no ya al momento de nacer éste, sino al momento de concebirlo. De ahí la habitual previsión legal de que la madre natural no pueda dar su asentimiento a la adopción hasta transcurrido un determinado plazo de tiempo posterior al parto. Si la gestación por sustitución se admitiese legalmente, asimilándola sin más al resto de técnicas de reproducción asistida, se estaría abriendo una poderosa alternativa a la adopción, con riesgo de postergar ésta a un segundo puesto en la escala de preferencias de las personas que, deseando experimentar la paternidad, se topan con dificultades de infertilidad, pues es evidente que frente a la adopción, la maternidad subrogada presentaría (las que suelen considerarse) dos grandes ventajas: una, la consecución de un niño en una fase de crecimiento absolutamente inicial; dos, el aseguramiento de que, en la mayoría de los casos, el niño tendrá un vínculo genético con la pareja comitente o al menos con uno de sus miembros. De ahí que quepa propugnar un tratamiento legal de la gestación por sustitución que la aproxime más a la adopción que a las técnicas de reproducción asistida tradicionales, por ejemplo en el sentido de requerir un certificado de idoneidad de los comitentes, una autorización judicial para la formalización definitiva de sus efectos en el plano de la filiación del niño, o la intervención por una entidad pública del contrato de maternidad subrogada a fin de otorgar eficacia al consentimiento previo de la portadora relativo a la entrega del hijo. De esta forma se evitaría crear un polo de atracción hacia esta figura en detrimento de la adopción, figura ésta comparativamente mucho menos vulnerable a reproches éticos. El hijo fruto de una gestación por sustitución Las principales objeciones éticas desde el punto de vista del hijo nacido como consecuencia de esta técnica tendrían que ver, sobre todo, con la disgregación de su progenitura, y con el posible riesgo que para su integridad moral tendría el saberse engendrado por una mujer que, desde el momento mismo de planear su concepción, nunca deseó tenerlo para sí. En cuanto a lo primero, se ha sostenido que la gestación por sustitución tiene la capacidad de descomponer, como ninguna otra técnica de reproducción asistida, los diferentes planos de la paternidad/maternidad, puesto que a la figura de la mujer gestante y la de su marido o pareja, en su caso se une la de los miembros de la pareja comitente, y puede aún añadirse la de los donantes de los gametos masculino y femenino cuando los comitentes sean incapaces de aportarlos por sí mismos, lo que introduce otro par más de personas, de identidad anónima, a quienes correspondería la ascendencia genética. No puede negarse que semejante escenario podría generar en el hijo así nacido un efecto puzzle en relación con un factor que debe considerarse esencial para toda persona, como es la fijación de quiénes son sus (dos) progenitores y en virtud de qué título de atribución. El segundo riesgo en cambio parece de menor intensidad, o al menos no presenta rasgos acentuados respecto de otras situaciones similares en las que un hijo puede experimentar sentimientos de contrariedad al saberse nacido de una mujer que lo desamparó. HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
20 Ciertamente, aparece aquí el elemento peculiar de que ese abandono es perfectamente calculado y pactado con quienes a la postre resultan ser los padres de la criatura a todos los efectos legales, lo cual no está claro si motivará en el niño sentimientos de mayor rechazo o de mayor aceptación de su situación, ya que pese a no poder considerarse un hijo no deseado a diferencia de lo que les ocurre a muchos niños adoptados, lo cierto es que no fue deseado por la mujer que lo engendró y dio a luz. A la mezcla de añoranza y de rechazo que se le puede producir al niño con respecto a la mujer portadora, habría que añadir un ingrediente adicional cuando la gestación por sustitución se hubiera realizado a cambio del pago de una compensación pecuniaria, porque sería entonces difícil de evitar que el hijo se viera como el objeto de una transacción económica y que considerase su venida al mundo como el resultado de un servicio remunerado prestado por cuenta ajena. Naturalmente, esta clase de sentimientos negativos no se dará cuando la gestación por sustitución se hubiese desempeñado altruistamente por parte de la gestante, máxime si se tratase de una pariente o de una persona cercana al círculo familiar del niño. Sea como fuere, debe considerarse positivo que el niño nacido de un proceso de gestación por sustitución, en la medida en que las circunstancias lo permitan, llegue a trabar conocimiento personal con la mujer que lo gestó, e inclusive se establezca un régimen de visitas periódicas a favor de ella, al menos durante la fase de desarrollo temprano del bebé. Junto a los anteriores aspectos, deben todavía valorarse algunos otros factores, a los que se suele dar menos relieve, pero que pueden también afectar al estatus o a los intereses del hijo nacido como consecuencia de una gestación por sustitución. Así, no debería minusvalorarse el interés del hijo en que exista un control previo sobre la idoneidad de los comitentes para ser padres, al igual que se prevé un trámite similar para la adopción. De nuevo se observa la conveniencia de tratar la maternidad subrogada de la forma más parecida posible a la adopción, a la vista de las similitudes existentes entre ambas figuras. En este sentido deben considerarse atinadas las regulaciones sobre la gestación por sustitución en las que se establece la necesidad de que los miembros de la pareja comitente obtengan una declaración de idoneidad con carácter previo a la celebración del acuerdo de subrogación. Asimismo, deben tenerse en cuenta las consecuencias a las que puede conducir una prohibición sin paliativos de la gestación por sustitución, con la consiguiente carencia de efectos del contrato por el que se hubiera establecido. La imposición a la mujer gestante de un rol materno que no deseaba asumir, con los consiguientes deberes inherentes a la relación de patria potestad, y la paralela imposibilidad de determinar la filiación a favor de la mujer comitente, que sí tenía la voluntad (y probablemente las condiciones económicas apropiadas) de ser madre, no parece la mejor solución desde el punto de vista de los intereses del menor. El nasciturus en un supuesto de gestación por sustitución Debemos interrogarnos también por la posición en la que queda el nasciturus, y no sólo el ser resultado de la procreación una vez nacido y alcanzada la personalidad jurídica. Como en el caso anterior, se trata de valorar no tanto su propio comportamiento, como el modo en el que influyen sobre su estatus el comportamiento del resto de actores, y an- HUMANITAS Humanidades Médicas, Tema del mes on-line N o 49, abril
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 artículo 10
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 artículo 2

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