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¿Resulta ético montar a caballo? | El guardián de los cristales
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Adrián López Galera	24 Mayo, 2014	34 comentarios en ¿Resulta ético montar a caballo?	¡Bienvenido a mi sitio! Si quiere, puede suscribirse y enterarse de las novedades a través de RSS.
Montar implica sometimiento y privación de libertad
Para que un animal ajeno a nuestra especie acepte las posaderas de un ser humano se precisa obligatoriamente un proceso de doma; aunque sólo queramos dar un paseo por el campo y no busquemos participar en espectáculos o en carreras. Desde un punto de vista biológico, no resulta normal o esperable que una especie obedezca a otra.
Desde la antigüedad hasta nuestros días han ido cambiando sustancialmente los métodos de «desbrave». Hoy se fomenta una tipología de doma menos dañina y que considere la etología equina. Sin embargo, con independencia de los métodos empleados para la consecución de este objetivo, el fundamento sigue manteniéndose igual: convertir un animal indiferente a nuestra especie en uno sumiso ante nosotros.
Aparejos y consecuencias de la equitación
Para gobernar al animal de turno, el ser humano echa mano a una serie de utensilios, comúnmente unas bridas con filete o bocado y, a veces, ciertos componentes secundarios como riendas auxiliares y anteojeras cuando se destina para arrastrar carruajes. En tal sentido, se han realizado investigaciones sobre la visión lateral en caballos que demuestran los daños causados por los atalajes de restricción. Existen multitud de aparejos según las necesidades y gustos del consumidor.
Una brida, incluso bien utilizada y puesta, puede incomodar al animal y causarle daños. Ya actúe el filete, bocado o hackamore contra las comisuras, la lengua, el paladar o la nariz con mayor o menor fuerza, este artilugio se localiza en una región altamente sensible del caballo. La presión ejercida por la embocadura y las riendas llega a alterar la epidermis bucal por el rozamiento («mal o afección de la boca dura») y afectar gravemente a la musculatura. En casos extremos, se documenta inhibición respiratoria por sobrecurvatura del cuello.
Para que una persona humana determinada pueda mantener un mayor equilibrio encima del animal se necesita una montura: la silla de montar y los restantes aparejos. Sea cual fuere la clase empleada, toda silla ejerce un peso extra sobre el cuerpo de equino; si bien esta fatiga se ve resarcida ante una protección incrementada frente al ludimiento y las rozaduras.
Cuando un adulto se aúpa sobre un caballo, éste, si está perfectamente sano, no debería padecer ningún perjuicio. Los traumatismos vienen, al igual que con casi todo, con el tiempo y la duración. De acuerdo con ciertos estudios realizados recientemente, el peso del humano medio basta para provocarles hipoxia a los tejidos subcutáneos propios de la región dorsal donde se asienta el jinete apenas unos 20 minutos después de llevar cabalgando. A partir de 25 minutos pueden producirse isquemias y pequeñas roturas de fibras musculares. En consecuencia, el animal comienza a sentir cosquilleos y punzadas crecientes a lo largo de las horas y sí acontece un verdadero sufrimiento en montadas prolongadas.
Hay clases de daños bastante investigados debido a su repercusión económica. Así, por ejemplo, un análisis ultrasonográfico del tendón flexor digital superficial de la región del metacarpo de caballos empleados en polo concluyó que aproximadamente el 50% de estos equinos, sobre todo en los ejemplares de alto nivel, presentaba alteraciones tendíneas y cartilaginosas a causa de un tratamiento y detección deficiente durante las temporadas.
A tales efectos se le añaden los producidos por elementos de «ayuda» y castigo. Dentro de estas amonestaciones se halla la utilización de fustas y espuelas. Según algunas encuestas, la mitad de los jinetes, si lo hacen, las usan solamente a modo de «ayuda» o bien como «ayuda» y castigo. Huelga recordar que esta «llamada de atención» responde a un propósito egocéntrico derivado de la cosificación del individuo.
Aun prescindiendo de bridas, sillas y otras guarniciones, el ser humano puede ocasionar diversos malestares y dolencias. Hasta la fecha existen múltiples documentos que exponen estos datos y muestran gráficamente cuáles métodos perniciosos se emplean en hípica para dominar a los caballos.
Malas prácticas durante la explotación
Por desgracia, en el mundo real imperan los malos modos. La triste realidad refleja que los équidos sufren muchísimo durante las fases de la doma, no sólo psicológicamente por los cambios radicales sobre su entorno y costumbres; sino además físicamente debido en gran medida al uso y sobreuso de todo tipo de arreos cada cual más atroz que la anterior.
En la España profunda, por ejemplo, reinan los bridones y las serretas para dominar hasta el más cerril de los ejemplares: uno que, al fin y al cabo, únicamente pretende seguir a sus aires y actuar con libre albedrío. Si concretamos, también podrían mencionarse distintas técnicas desalmadas como esa de darle cuerda al animal en sitios pedregosos y carreteras mojadas para que así éste tenga reparos en desobedecer o querer huir.
Hay quienes se suben sobre un animal con demasiada brusquedad y culpan luego a éste por corcovear, quienes se la pasan sacudiendo las riendas y quienes les endosan adornitos, aderezos y floretes para concursos, ferias y romerías que suponen un estorbo y molestia para el animal.
¿Beneficios por la esclavitud?
Quizás, el único beneficio que obtienen estos animales gracias a la compañía humana se resume en la atención veterinaria y la administración de medicamentos cuando enferman. A pesar de ello, un animal cualquiera sólo consigue desarrollar plenamente sus funciones vitales y satisfacer sus propios intereses cuando vive en un medio que no lo restringe.
Habría de matizar asimismo por qué se administra alguna medicación. Ya no hablamos exclusivamente de cuando el animal contrae alguna enfermedad o se accidenta; sino de aquéllas veces en que estos fármacos (cremas, pomadas, vendas…) se aplican con el propósito de aliviar ligeramente el agotamiento muscular tras una actividad física intensa o con la intención de doparlo.
Una consideración moral intermedia entre el «ganado» y las «mascotas»
Los caballos y las especies análogas reciben una consideración moral muy variable dentro de la sociedad humana. Para unos son amigos incondicionales y para otros, meras herramientas de trabajo. A diferencia de lo que ocurre con otros animales domesticados, como perros y gatos, el hombre no suele mantener équidos con un propósito «bondadoso» que respete su valor intrínseco. La mayoría los utilizan para explotarlos en una actividad que les genere recreación o lucro y, en definitiva, mantiene una relación de utilidad. Hasta ahora me he limitado a mostrar lo que gente acostumbra o no a ver y a sopesar. Para extraer conclusiones morales de este asunto debo aportar una visión global sobre el principio de igualdad.
La visible incomodidad de un caballo al llevar las bridas o sus lesiones provocadas por el sobreesfuerzo merecen consideración; sin embargo, ése no es el quid de la cuestión. Aun en el caso hipotético de que no existiera «maltrato» y de que no se provocase daños al animal, incluso así no sería ético montar a caballo o utilizarlos a éstos u otros animales con cualquier fin.
Si afirmamos que otro individuo no debiera someternos a sus intereses, sería injusto que justificáramos el someter a caballos y otros animales a los nuestros. Ellos tienen intereses inalienables que son para dichos individuos tan valiosos como para nosotros los nuestros. Todos estamos capacitados para sentir y experimentar. ¿Por qué osamos a burlar los suyos en favor de nuestro egocentrismo?
A ninguno le gustaría que otro animal, por muy poco que pesase en comparación, se le aupara sobre las espaldas y le indicase adónde ir. Todos los animales tendemos a ser dueños de nuestras decisiones. Nos perjudica que otros coarten nuestra libertad.
Nuestro error fundamental no radica en tratarlos mejor o peor; sino en que nos creamos con legitimidad para regir sus vidas al mismo tiempo que propugnamos vigorosamente que nadie debiera gobernar la nuestra.
Por ende, invito a que hagamos acto de conciencia sobre las acciones propias y los hábitos inculcados. Desechemos el especismo y abandonemos la hipocresía bienestarista.
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34 comentarios en “¿Resulta ético montar a caballo?”	Noemí 9 Noviembre, 2014 21:11	Yo creía lo contrario, q no existía daño alguno en el animal al montarlo, pero deben de sufrir según cuentas. En un post de un zoólogo decía q el peso de un humano no era casi nada para ellos y que disfrutaban de ser montados. Hay un debate en facebook muy acalorado sobre esto, y la gente no se pone de acuerdo. Todos los q hablan y comentan son veganos
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo9 Noviembre, 2014 22:53	Estimada, Noemí:
De antemano, muchísimas gracias por comentar. No sabe cuánto me alegra observar que mis entradas sirvan para algo. Para tratar asuntos morales, hay que estar abierto al diálogo y al debate.
Bien, quiero dejar claro que yo no soy veterinario. Mis conocimientos y reflexiones en relación a estos animales parten de mi estudio y pasión por la zoología y etología de animales superiores, amén de una mera razón empírica al haber tratado con ellos y con gente cercana a distintos hábitos ecuestres.
Tal y como procuro explicar sin entrar en excesivos detalles, el peso medio de una persona no supone demasiado agobio para un caballo a raíz de su fisionomía. No obstante, algo que vienen denunciado algunos dentro del propio sector veterinario (me refiero a nivel de lecturas internacionales) es que el problema radica en cuánto tiempo se pase un individuo sentado a lomos del animal: un peso bajo tiene unas consecuencias físicas equiparables a un gran peso si se ejerce sobre el ejemplar durante un tiempo desmesurado. Una analogía, por ejemplo, sería considerar que uno puede aguantar con la mano alzada un buen rato; pero si intenta mantenerse en esa posición a lo largo de las horas, sufrirá terribles calambres y lesiones musculares. He aquí nuevamente la clave: el factor tiempo. Estos periodos medios o prolongados causan una hipoxia en los tejidos subcutáneos de la región dorsal (como vestirse con plástico) y éstos a su vez “maltratan” al animal.
No entraré en si los animales domesticados (a distinción de “domésticos”: propios del hogar) disfrutan más o menos en sus distintas relaciones con el hombre; me limitaré a comentar, desde la distancia y fuera de contexto, que me parece una verdadera apología del antropocentrismo. Ya no entramos solamente en una cuestión de moral, creencias o gustos (pongamos por caso a la persona que goza intensamente al montar y excusa por ende su acción); sino en un motivo puramente económico. Los caballos son animales sobre los cuales se cierne una tristísima realidad de intereses monetarios y, por desgracia, allá donde prima este interés humano, no se acometen las mejores decisiones para el bienestar de nuestros amigos cuadrúpedos.
Yo evito las redes sociales porque, aparte de mi carácter de filósofo solitario, creo que la clave está en informarse por cuenta propia, cavilar, meditar, sopesar y argumentar acerca de cuanto nos rodea sin caer en falacias dialécticas. Por otra parte, las discusiones precipitadas y acaloradas nunca llevan a nada grato.
En fin, le agradezco nuevamente su aportación y aguardo, si así lo desea, otras opiniones por su parte; ya sea en ésta o en las restantes entradas. Como autocrítica, aviso desde ya que voy a recopilar diferentes fuentes en las que me apoyo con el propósito de ofrecer credibilidad y profesionalidad.
Contestar ↓	Noemí 14 Noviembre, 2014 17:50	Gracias por la información. He leído muchas cosas diferentes, y los veterinarios, zoológos y otras personas con experiencia en caballlos como ustedes están de acuerdo que no es ético montar. Sufren problemas articulares entre otros por la monta. Y ya no digo de los aparejos q llevan en la boca, en las patas, etc, es tremendo. Las personas que tienen empresas de hípica siempre lo van a negar, Necesito crear conciencia al mundo de que los animales NO objetos son para uso personal, como ropa, no son comida, no son para diversión o caprichos,como la macabra tauromaquia, los circos etc. Son seres vivientes que sienten y sufren.
Somos muchos veganos y animalistas en el mundo militando a favor de sus derechos.
Gracias por su página web, la compartiré.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo14 Noviembre, 2014 18:08	Gracias nuevamente a usted. Sí, cuesta muchísimo abrirse al mundo con estos temas debido a las controversias que despiertan. Los humanos solemos anteponer nuestra especie o nuestras preferencias a las de cualquier otro ser, hasta tal punto, que casi nadie se plantea si siquiera cómo y por qué hemos llegado a la situación donde ahora nos encontramos. Podrá imaginarse, por ejemplo, lo agobiante que resulta discutir con un fisiólogo animal las razones de la experimentación en animales.
Yo sostengo que el único problema mundial se reduce a la sobrepoblación humana: esto causa todas las demás consecuencias (desde el cambio climático al menester de mejorar el sistema agrario). Cuando tenga tiempo, quisiera terminar de preparar otros artículos. Entre ellos, uno sobre la necesidad de apostar por una estabilidad poblacional si, nosotros mismos, queremos poder seguir viviendo en este planeta.
En fin… todos aquéllos que miramos por la naturaleza debemos, en la medida de lo posible, contribuir y luchar desde nuestra trinchera.
Finalmente, gracias por compartir mi página. A raíz de mi tendencia polifacética, puede hallar aquí entradas de muy distinta índole.
Contestar ↓	valentina 24 Abril, 2015 0:32	Me gustó mucho tu artículo. Estoy totalmente en contra de tener a los animales para nuestro ocio.
Todos los animales deben ser libres. La única cosa que apoyo por ahora es la equinoterapia hasta que se encuentre un mejor método para apoyar la salud. Los animales no estamos hechos para ser enjaulados ni para ser producidos en masa. Basta con esta esclavitud y tortura. Además los seres humanos somos tan “caras de rajas” que nos encantan ver perritos bebes y nos da pena que los maltraten, pero a la hora de los “que hubo” estamos en medio de una parrillada muertos de la risa. Tan “frescos” que ni si quiera se atreven a matar (cazar) su propia comida, si al final de cuentas es más fácil y menos culposo que alguien lo haga por tí y que luego llegue todo envasado como si no pasara nada.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo24 Abril, 2015 4:10	Hola, Valentina:
Muchísimas gracias por este comentario tan elaborado. Aunque estoy de acuerdo contigo, el caso de la equinoterapia cae, por desgracia, en el mismo saco que las demás explotaciones. Verás, como sabes, los humanos llevamos siglos cosificando a los animales y tratándolos como objetos al servicio de nuestros intereses. Mientras exista cualquier actividad cuyo fin no esté en el propio animal sino un tercero (beneficio del hombre), nunca realmente tendrán derechos ni serán respetados por sí mismos. No quiero dar a entender que los caballos destinados a ello sean necesariamente maltratados o que no gocen de sus roces con niños y personas con diversas dolencias; pero si de verdad pretendemos cumplir el principio de igualdad, no podemos utilizar a unos para curar a otros. Los humanos maduros y sanos mentalmente somos agentes morales y podemos, por tanto, decidir libremente qué queremos hacer o si deseamos sacrificarnos por alguien; no obstante, los restantes animales no cuentan con la conciencia suficiente para dar su consentimiento y no tenemos potestad moral alguna para obligarlos a hacer algo que muy posiblemente no quieran.
Contestar ↓	dr. zauis 30 Enero, 2016 18:29	He aquí un caso de analfabetismo científico unido a creencias magufas animalistas, un caballo esta biofisicamente constituido para portar entre sus lomos peso, como si alguien lo hubiera diseñado ex profeso para que alguien pudiera cabalgar en el, asi como tambien sus niveles de felicidad aumentan al realizar estas acciones como cuando a un perro lo sacas a pasear con una correa su alegría es evidente y comprobable, cosa que no pasaría en una persona evidentemente, intentar humanizar a los animales atribuyendoles lo quea nosotros nos crea felicidad, tristeza, plazer o dolor, no es mas que una postura infantil y anticientifica.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo30 Enero, 2016 18:56	Hola, Zauis:
Tu comentario sí denota precisamente aquello cuanto criticas hacia mi persona. Afirmar que un caballo está «biofísicamente constituido» [sic] para cargar peso es completamente relativo y carece de base. Ya que te atreves a formular acusaciones te explicaré la diferencia entre una adaptación y una exaptación. Los caballos no requieren llevar a sus crías ni portar a lomos ninguna cosa a lo largo de su vida; el hecho de que puedan hacerlo se debe a circunstancias azarosas relacionadas con su evolución durante estos últimos milenios.
En biología hablamos de exaptación como aquella estructura que emplea un organismo para una función para la cual no ha habido una previa presión selectiva. El hecho de que podamos ponernos gafas es una exaptación. Las orejas no adoptaron tal forma con dicho propósito. De manera análoga, los caballos no evolucionaron con el fin de satisfacer necesidades humanas como la monta o el tiro. Tu postura sí parte de una creencia magufa y anticientífica.
Defender que «poder» hacer algo equivale a «deber» hacerlo no es más que un rasgo antropocéntrico. Siguiendo tu planteamiento podríamos afirmar que, como los humanos contamos con dos manos muy ágiles y con dedos oponibles, estamos diseñados ex profeso para estar ahora mismo escribiendo delante de una pantalla. Los hombres tenemos pene, así pues, según tú, estamos hechos para violar mujeres. Todo ello son meras falacias naturalistas.
En la segunda parte de tu mensaje incurres en una marcada contradicción. Afirmas que resulta evidente que un perro siente alegría al pasear y que plantear este tipo de inferencias cae en una «humanización». Aclárate. Obviamente se observa que todos los animales experimentamos placer (o no sufrimos física y psicológicamente) cuando se cumplen nuestras necesidades vitales. Comparar las reacciones de distintas especies para inferir niveles de felicidad no obedece a más que una interpretación personal.
Es fácilmente contrastable que un caballo está más feliz cuando no se lo explota ni soporta las condiciones de un centro ecuestre. Sin embargo, el punto de este artículo no reside en evaluar el grado de satisfacción; pues ello nos conduce a interpretaciones puramente subjetivas. El objetivo de esta entrada subyace en incidir en la moralidad de nuestras acciones.
Explotar a otros animales es siempre injusto e inmoral. Injusto porque quebranta el principio de igualdad e inmoral porque quienes propgunan tales accciones para terceros no quisieran verse en la misma situación. Tú no desearías ser criado, hacinado en una cuadra de 3×3 metros ni que te montasen cada vez que un miembro de otra especie le diese la gana. El error fundamental se basa en creernos con legitimidad para regir la vida de otros individuos. Te invito a que reflexiones sobre ello.
Contestar ↓	Sara 16 Febrero, 2016 13:36	En primer lugar, muchas gracias por haber creado este blog y también por publicar este tipo de artículos en defensa de los animales.
Sobre este artículo, al principio confieso que no consideraba la equitación como una forma de maltrato ni mucho menos anti-ético. Pero a medida que iba creciendo (y madurando, por suerte) me empecé a plantear si estas nobles criaturas eran felices con la forma de vida que se les obligaba a tener; primero renegué de los hipódromos, después de la equitación “de élite” y más tarde, cualquier actividad caballista que se considerase “de ocio”; y por supuesto, al cualquier medio o actividad que usan a los animales como fin lucrativo, incluyendo su venta (que como defiende este blog, es un modo de esclavitud comerciar con una vida).
Sin embargo, no abrí del todo los ojos hasta que Promesa, mi yegua, llegó a mi vida: la habían maltratado y utilizado tanto que no parecía tener vida más que respirar y caminar; estaba en los huesos y con un miedo atroz a todo lo que se pareciese a un palo o a una fusta. Comencé entonces a estudiar por mi cuenta métodos etológicos sobre doma, pero nunca llegué a montarla; por una parte era muy miedosa, y por otra, mis padres nunca me dejaban montarla sino era con un profesional al lado (el único que conocían era un amigo de mi padre que domaba a base de golpes y gritos, al cual, lógicamente, nunca pedí ayuda). Así informándome sobre el mundo (natural) de los equinos, pasando tiempo a solas con Promesa y ganándonos la confianza la una a la otra, me fui dando cuenta de que ella nunca tuvo una “función” para vivir en casa; no necesitaba montarla para que continuase siendo una más de la familia; ya lo era desde el momento en que vino. Pero últimamente, y eso es en parte por lo que escribo en este artículo, mi padre insistió como nunca en que Promesa “come dinero”, ya que no la monté más que unas contadas ocasiones, además de que ella es algo fogosa. “Hazla trabajar o la vendo”, me tiene dicho,”Necesita ejercicio y no se lo das; no es un perro, no la trates como tal”. Y yo entonces me pregunto: ¿Qué diferencia habría de haber entre querer a un perro o a un caballo? Yo quiero por igual a mis perros que a mi yegua, no veo diferencia alguna entre ellos salvo en algunas de sus maneras de comunicarse. En todo lugar en el que busco algún consejo o información para saber en qué manera podría perjudicar a Promesa que la monte o que la haga hacer ejercicios (darle cuerda), me encuentro siempre con lo mismo: que no les hace ningún daño a los caballos el montarlos, siempre y cuando no se les haga trabajar en exceso y “no se les maltrate física ni psicológicamente”. Sé que ella necesita moverse ya que es fogosa, pero si la monto, quiero hacerlo para que ella y yo disfrutemos juntas de un buen paseo, sin forzarla a correr, saltar o trotar “porque sí”.
Trato de cuidarla lo más correctamente posible de acuerdo a su naturaleza: pasa todo el día en el prado (en un cercado o atada con una cuerda muy larga, según donde haya más hierba), salvo de noche o cuando llueve demasiado, momentos en los que está en la cuadra); he dejado de ponerle herraduras desde hace casi un año (y la verdad se nota que le ha sentado genial); no uso bocado cuando trabajo con ella y cuando tengo que atarla fuera del cercado; le doy opción de escoger la zona del prado en la que sienta más a gusto; y la dejo explorar a sus anchas cuando la llevo al patio de la casa, junto a los perros (algo a lo que se ha aficionado, supongo que porque ella y uno de los perros son casi como uña y carne).
Sin embargo, hay ciertas cosas con las que no sé si hago lo correcto para con Promesa: le doy pienso de ganado por la noche aunque ella no hace mucho ejercicio; quiero llevarla de la mano por la carretera para que se familiarice más con los coches, pero aún no lo he hecho porque me han aconsejado que no haga, porque podría exponerla a que se ponga nerviosa; y trato de acostumbrarla a la silla de montar (cosa que aún no he conseguido).
¿Alguna de estas cosas es algo dañino o anti-natural para Promesa? ¿Sabes cómo podría mejorar aún más su estancia en casa? ¿Cómo podría hacerle ver a mi padre que ella no está con nosotros por “servir para algo”?
Muchas gracias por el artículo, que me ha abierto aún más la mente hacia un trato ético para con los animales no humanos; y por este blog, en el que has plasmado unas ideas y debates que en verdad impulsan a pensar y rebuscar soluciones para un mundo mejor. Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo17 Febrero, 2016 6:52	Hola, Sara:
Un placer conocerte. Eres posiblemente una de las personas que más emoción me ha transmitido hasta la fecha al contarme sus vivencias. Hace varios meses, otra chica contactó conmigo porque se planteaba dejar la doma clásica a raíz de las prácticas que le enseñaban en su centro ecuestre. En la medida de lo posible, trataré de ayudarte a abordar este asunto desde una perspectiva ética.
A menudo, quienes empatizamos de una forma especial con otros animales nos sentimos muy poco comprendidos por nuestros allegados. Aquí acontece algo llamado «sesgo capacitacional». Los individuos que practican equitación, en alguna medida, lo hacen tras aceptar tales actos como «buenos» o «necesarios», o porque nunca se han planteado lo contrario. Aquéllos de nosotros que sí consideran a otros animales como nuestros semejantes (o, al menos, defienden la integridad de los caballos) no suelen participar en foros de hípica. Ello transmite la falsa realidad de que nadie piense igual a ti.
Se estima que, aproximadamente, al 15% de la humanidad se le activan los centros neuronales del dolor cuando presencia o valora, fáctica o ficticiamente, una acción injusta hacia un humano u otro animal. Está demostrado mediante estudios neurofisiológicos y sirve para explicar el origen biológico que incentiva el desarrollo de la moral. Se denomina grupo PAS (persona altamente sensible) y se supone que el grueso de los veganos se incluyen en esta categoría.
Enlace a la investigación: http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0010847
Por mi parte, en un pasado no demasiado lejano deseaba especializarme en veterinaria equina y no descartaba explotar a estos animales para algunos fines. Sin embargo, por circunstancias de la vida, hace un año me hice vegano y desde entonces hago activismo educacional. Cuando comencé este blog y escribí estos artículos era un animalista que se limitaba a cuestionar ciertas prácticas perjudiciales o poco convenientes (bienestarismo). A lo largo de este tiempo he ido retocando y reescribiendo con el propósito de no contradecirme. Resulta asombroso cómo uno puede llegar a percibir sus textos pasados como algo lejano y muy errado.
Bueno… perdona si me explayo en exceso. Entrando en materia, vamos a hablar sobre Promesa. Creo que he entendido todo, salvo algunos detalles:
Según leo e interpreto, la recogiste tras algún tipo de conflicto. Era una potrilla de quien habían abusado vilmente y fuiste cogiéndole cariño. Al principio intentaste domarla (doblegar su voluntad, para obviar el eufemismo) y, debido a su carácter, lo dejaste pasar una temporada. Luego, con el transcurso del tiempo, te diste cuenta de que no necesitabas explotarla para sentir afecto hacia ella. Entre medio, imagino que realizaste algún tipo de doma “natural” y lograste montarla medianamente. Ahora tu padre te achaca el gasto económico y sientes malestar por este dilema entre la explotación o una consecuencia aún peor. Me parece triste que te mencione la posibilidad de venderla, si bien, estoy convencido de que únicamente lo dice para presionarte.
No pretendo, ni mucho menos, inmiscuirme en asuntos familiares. Sin embargo, intuyo que serás una mujer dependiente de los ingresos de tus padres (como un servidor) y no te queda más remedio que convivir. Él piensa que un perro y un caballo son dos «cosas» diferentes no porque pretenda actuar con malicia, sino simplemente porque desde pequeño le inculcaron el prejuicio moral del especismo. Los humanos nos creemos con legitimidad para regir las vidas ajenas al mismo tiempo que propugnamos vigorosamente que nadie debiera gobernar la nuestra. Desde nuestra autoproclamada poltrona en la cúspide de la creación nos atrevemos a clasificar los demás animales según su utilidad. Los perros se aceptaron como animales usados para compañía y se les permite ocupar nuestro mismo espacio; mientras que otras especies quedaron como animales para uso externo o consumo. Con los équidos se produce una llamativa dualidad etnosociológica entre su consideración de animal para consumo (“ganado”) y usos externos. Posiblemente se deba a que son ungulados (mismo orden que las vacas, cerdos, ¡los cetáceos!, etc.) y, a la par, cuentan con suma agilidad y velocidad (provechoso para la mentalidad utilitarista humana).
Tantos los perros como los caballos son víctimas de la domesticación (proceso de endogamia forzada) y responden con destacable docilidad a causa de tal efecto. “Fogoso” es un adjetivo común desde el castellano antiguo que se aplicaba para designar a aquellos ejemplares más difíciles de manejar. Un caballo no desobedece porque quiera «tomarte el pelo» (expresión típica en el mundillo), sino porque desea estar libre de imposiciones (como nosotros) y no comprende por qué debe efectuar determinados ejercicios. Asimismo, uno y otros suponen una responsabilidad contraída. ¿Por qué el perro no depende de su utilidad pero sí tu yegua Promesa? ¿Todo se reduce al dinero? ¿Acaso tus perros no conllevan ningún gasto? No dudes en intentar dialogar con tu padre y preguntarle si él querría de veras que un tercero lo obligase a servir a cambio de su alimento. El sexismo, racismo y el especismo parten del mismo fenómeno psicológico. Se trata de un factor cultural a partir del cual los animales no humanos están considerados «bienes muebles semovientes» (objetos con movimiento autónomo).
Como sabrás, dar cuerda es uno de los métodos introductorios para que el jinete imponga su autoridad. Se efectúa a gusto del consumidor: ya sea con una simple cabezada con un ramal o con un espantoso bridón con serreta viva (sin recubrir). Primero se empieza sin silla o con una cinta ceñida y, posteriormente, se añade la montura. Supongo que quienes te lo recomiendan están acostumbrados a lidiar con varios ejemplares, disponen de poco tiempo (prisas) y requieren que sus esclavos no olviden quién manda. Tu yegua te tiene un fuerte apego y no estimo oportuno ponerla a circular a tu alrededor. Eso no es ejercitarla; sino marearla. Cuando lo haces, ellos se quedan mirándote como pendientes de qué será lo próximo. En general, incrementa el estrés y no los relaja.
Como expongo en este artículo, ya se conocen diferentes daños producidos por la monta. Realmente no era ningún misterio, desde siempre han sido usuales todo tipo de remedios para atenuar el dolor y las lesiones causadas por dicha práctica. En el día de hoy, la farmacología destinada al “ganado” es apabullantemente diversa. Lo único que ha cambiado, por fortuna, es el enfoque hacia el asunto: desde una completa indiferencia al replanteamiento de hasta dónde hemos llegado. No niego que un caballo pueda disfrutar con su amazona a lomos; pero ello nunca beneficiará al animal más que ir a rienda suelta y a sus aires.
Si bien asumo que nadie desea lastimar adrede a un caballo (la mayoría rechaza sistemáticamente el empleo de espuelas eléctricas y otros instrumentos barbáricos), incurren en un verdadero cinismo al hablar de que está bien mientras no ocasione un «maltrato» físico o psicológico a la vez que parecen olvidar que la propia doma altera la mente del animal y su explotación los afecta psicológicamente. De hecho, en otros artículos que aparecen en este blog (pienso escribir más) explico la relación entre determinados aparejos y la reacción que causan. A mi juicio, ha habido una extraña retroalimentación entre, por ejemplo, el uso de anteojeras con el aparente objetivo de que no se asusten (aun persisten demasiados mitos respecto a la visión lateral) y el hecho mismo de que tales objetos les impiden simultáneamente aclimatarse a las condiciones humanas. No es nada fácil extraer conclusiones etológicas; pero, a raíz de un suceso similar en avestruces, cada vez me convenzo más de que dicha ceguera impuesta los obliga a someterse ante la guía humana por miedo e inseguridad so pena de sufrir un percance. En mi muro de Facebook (puedes agregarme si quieres) relaté una anécdota repugnante en relación a un veterinario que postulaba enceguecer a caballos explotados en enganches para conseguir un dressage completo. Vamos, una atrocidad.
Aunque resulte complicado, una actitud basada en el respecto al valor intrínseco del nohumano implica buscar formas que se adapten a sus necesidades. Si tuvieras una finca enorme, yo optaría por dejarla a sus anchas y probar a correr con ella. Yo lo hice durante el breve periodo que estuve como voluntario en un albergue a costa de jugarme mi integridad (no sabes de antemano cómo reaccionarán frente a extraños). Dado que ella confiará en ti, no hay nada que temer sobre esta cuestión. Con independencia del espacio, propongo que pasees junto a su costado con una cabezada y una cuerda lo suficientemente larga para que no se sienta presionada a avanzar. Desconozco si haya alguna necesidad real de que deba estar habituada a los vehículos de motor. Ellos, obviamente, te lo mencionan bajo el supuesto de que vayas a montarla entre localidades. Si notas que se alarma con el paso de los coches o un claxon, trataría de habituarla lentamente. Estos procesos jamás han de ejercerse bajo presión o con una fecha programada (ése es uno de los crasos errores de la doma).
Asimismo, te motivo a que pruebes formas ingeniosas de jugar con ella. ¡Los caballos no son animales aburridos y están deseosos de estímulos novedosos! Puedes comprar una pelota de plástico gigante de tipo playa y echársela con la intención de que te la devuelva con el morro. Con la debida precaución, una pelota saltarina (ésas infantiles con cuernecillos para que boten los niños) puede servirle para que ella misma trate de empujarla con las patas o incluso decida moverla o echarse encima.
En relación a las herraduras, no sé por qué se las han colocado. Quizás pensaban que cabalgarías asiduamente. Existe una especie de manía consistente en herrar a la primera de cambio. Si el animal no va a transitar por asfalto o pavimento artificial, las herraduras producen muchísimos más perjuicios que beneficios; pues trastocan la circulación en la pezuña. Los caballos estabulados y otros que pasan bastantes horas en un mismo sitio desarrollan infosuras, una enfermedad muy grave de crecimiento anormal en los cascos que suele derivar en cojera permanente (asesinato posterior en la mayor parte de los casos) o, con desdicha, en la muerte directa por necrosis.
El bocado es una palanca de tipo II que, dentro del contexto de la explotación, sólo se emplea para dirigir al animal cuando se va montado o detrás; no en pie a tierra. Por otro lado, la doma «natural» (manera bonita de llamar a “esclavitud feliz”) prescinde de tal elemento y se usan unas bridas hackamore cuya presión la ejercen sobre el cartílago de la nariz.
Supongo que le darás un libro de heno, ¿no? No soy veterinario; pero diría que lo importante radica más en la cantidad que en la hora. El pasto seco no los sacia tanto como la hierba fresca y eso los induce a darse el atracón. Después, estos granos se inflan en el intestino y originan un cólico. El heno no engorda si se raciona al peso y a la actividad.
Para terminar, quisiera dejar en el aire una serie de ideas. En primer lugar, me complace que hayas contactado conmigo y te invito a que lo hagas cuanto desees. Veo que al final del mensaje especificas mediante “animales no humanos”; lo cual me es indicativo de que has comprendido el trasfondo que pretendía transmitir. Y, en segundo lugar, te pediría de verdad que no te estancaras ahí. Resulta extremadamente difícil cambiar nuestros hábitos; mas, valga la redundancia, podemos hacerlo si tenemos una voluntad para hacerlo. No basta con un “trato ético” hacia los animales no humanos porque la ética juzga las acciones en sí mismas, no cómo alguien las lleve a cabo. Muchos supuestos activistas y organizaciones (Igualdad Animal, Anima Naturalis) son bienestaristas: no defienden los principios de los Derechos Animales. Apelan al «maltrato» y a la «compasión» para eludir la ética en lugar de exigir justicia. No debemos reclamar «compasión» para los demás animales por el mismo motivo que no reivindicamos «caridad» para otros humanos. El error no está en las formas, sino en las bases.
Estos enlaces aclararán muchas cuestiones acerca de los Derechos Animales:
Documental “Terrícolas”. Es muy impactante e introduce conceptos básicos. No obstante, se centra fundamentalmente en el «sufrimiento» según la doctrina bienestarista de Peter Singer y ello conlleva una subjetivización de sus intereses: https://www.youtube.com/watch?v=GhiduLErrak
Blog de Filosofía Vegana: http://filosofiavegana.blogspot.com.es/
Blog de Lluvia con Truenos: http://lluvia-con-truenos.blogspot.com.es/
Contestar ↓	Emiliano Zapata 25 Febrero, 2016 6:26	Hola, interesante artículo, hace poco debo confesar que monté a caballo (aunque no suelo hacerlo) y fue por un breve momento, fue una invitación de familiares y accedí, la cuestión es que pasaron los días y me cuestioné a mi mismo acerca de esta “tradición”, que viene de tantos siglos atrás y en cierta forma me sentí culpable, ya que estos animales me agradan y no me gusta el echo de que sufran, (ningún animal debería sufrir) de cualquier manera me alegra al menos haber reflexionado sobre el asunto y seguramente no lo vuelva a hacer en el futuro.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo25 Febrero, 2016 17:30	Hola, Emiliano:
Gracias por dejarme su comentario y ser tan sincero. A veces resulta inevitable sentirnos culpables por acciones pasadas; pero lo importante siempre está en el presente, en que reflexionemos sobre nuestros actos y tratemos de ser lo más justos posibles. Los demás animales no solamente no desean sufrir, sino estar libres de todo sometimiento. La sociedad en general asume el bienestarismo (utilitarismo moral hacia nohumanos) como manera de considerar a las restantes especies. Ello implica que únicamente juzgamos el exceso de sufrimiento que produzcan (aquél que no nos granjee un beneficio directo) mientras que aceptamos cualquier vulneración de sus intereses si tal nos reporta un bien o servicio. Es decir, por ejemplo, se cuestiona la tauromaquia y la peletería porque a la mayoría no le granjea ningún bien; en cambio, se defiende la ganadería porque sirve de alimento para todos. Ambas formas de explotación son estrictamente innecesarias; pues no necesitamos explotar a otros animales para vivir. El fin de una acción es éticamente irrelevante. Por ello, el problema de fondo se resume una disonancia cognitiva entre qué a le han enseñado a uno de pequeño que está bien hacer y qué no.
Me gustaría aprovechar para dejarle una introducción que escribí acerca de los Derechos Animales: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/el-principio-de-igualdad-para-otros-animales/
Contestar ↓	Juanjo 18 Abril, 2016 10:48	Buenos días, Los malos tratos y los maltratadores no hacen a todos los humanos maltratadores. Poner el foco en ellos y generalizar sus malas artes es una mala arte que nada aporta y si consigue un gran rechazo entre quienes no somos maltratadores. Hacer afirmaciones sin conocimiento, hablar de oidas, demuestra una fijación para exponer datos, inconsistentes y generalistas, con el fin de justificar una creencia cuando el resultado o conclusión debiera darse tras el análisis científico y neutro de los datos; a esto se le llama poner el carro delante de los bueyes.
Hablas de antropocentrismo y haces constantes alusiones y comparaciones a lo que pensaríamos los humanos si nos hicieran a nosotros lo que hacemos a los caballos, es decir asignas cualidades humanas a los caballos, puro antropocentrismo.
Hablas de etología, etología en general, como si la etología de todos los animales fuera la misma. En este caso concreto debieras de saber, conocer y hablar de etología equina. Confundir un perro, un caballo o una hormiga y meterlos en el mismo saco es un grave error. ¿Conoces a Lucy Rees ? una zoologa-etóloga equina que ejerce en España y es reconocidísima a nivel científico mundial. Me encantaría que debatieras con ella, te formaría sobre los minimos conocimientos de etología equina, conseguirías acercarte un poco a la mente del caballo. Ella si que a contribuido en estos conocimientos y a que podamos tratar, cuidar y entenderlos. Tus categóricas afirmaciones sobre temas que demuestras ni conocer el nombre “linfosaduras”, tema que los que somos profesionales, apasionados y amantes de los caballos, llevamos años estudiando con los mejores investigadores a nivel mundial. Hablas de la alimentación con heno afirmando que produce cólicos, que no los sacia tanto como el pasto fresco,… dios mio cuanta des-información. Te atreves a aconsejar el uso de una pelota, das clases sobre lo perjudicial de dar cuerda sin importarte de que manera se dá, ni cuanto ni como ni con que fin. Seguro que desconoces en profundidad el lenguaje del caballo, no seas capaz de interpretar sus emociones ni en el 1% de lo que si saben hacer ellos. Demuestras que oyes campanas y no sabes donde, como ni cuando ni por qué. Cuando profundices, y esto nos ha llevado toda una vida y nos ha dado la capacidad de reconocer lo poco que sabemos, podrás levantar la voz y contribuir al bienestar equino. Atacar con argumentos aprendidos de oidas y generalizar y meternos en el mismo saco a todos no produce más que rechazo. Y para colmo esa etiqueta de PAS. personas altamente sensibles, atribuirla al “grueso delos veganos”, no hace mas que auto atribuirse una calidad moral muy por encima de los demás, un mirarnos por encima de los hombros. Mayoritariamente se consumen verduras tratadas con fitosanitarios muy agresivos, productos producidos a miles o cientos de Km., contaminado tierras, rios, atmosfera,… A Dios rogando y con el mazo dando. La mayor cantidad de maltrato que yo veo es la que se da a perros y gatos, tratados cuales muñecos de peluche, asiganándoles cualidades humanas constantemente… pero como en esto nos tenemos que meter a criticar los supuestos defensores de los animales, callamos como muertos. Mejor meterse con los otros aunque sean comparativamente una minoría. Hoy que tener valor para pontificar sobre lo que tenemos que hacer los demás y hacerse el loco cuando me tocas lo mío. Empezad a barrer por casa y en cuanto tengáis las manos limpias podreis dar lecciones basadas en el ejemplo. Fma. Uno que lleva toda la vida estudiando, trabajando y aplicando las bases para un trato sin violencia, especializado en equinos.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo18 Abril, 2016 16:31	Hola, Juanjo:
La mayor parte de tu comentario evidencia no haber entendido qué se expone en este artículo ni por qué. Trataré de responder por partes para centrar mis respuestas:
1) En ningún momento he condenado el maltrato. En el artículo, no en vano, aparece el término entre comillas angulares. Ello se debe a que el concepto de maltrato es irrelevante en ética; pues no juzga las acciones, sino el modo en que alguien las lleva a cabo.
El este artículo ahondo sobre las razones: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/el-concepto-de-maltrato-animal-es-erroneo/
En mejor robar sin violencia que robar con violencia; mas ello no legitimida el robo. De la misma manera es mejor explotar animales no humanos sin violencia que con violencia; pero ello no legitima la explotación.
En esta entrada no se condena el modo en que se explota a los caballos, sólo se exponen algunos modos para acentuar la propia gravedad de la explotación junto con algunos estudios referenciados. Toda forma de explotación animal es injusta e inmoral en sí misma. Injusta porque quebranta el principio de igualdad e inmoral porque quien la propugna para terceros no quisiera estar en el lugar del otro.
Este artículo explica los fundamentos del principio de igualdad: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/el-principio-de-igualdad-para-otros-animales/
2) Llamas “antropocentrismo” al hecho de reconocer que otros animales presentan rasgos similares o prácticamente iguales a ciertos rasgos humanos. Antropocentrismo, al contrario de cuanto expresas, no significa considerar que los demás sean como humanos; sino lo contrario, estimar prejuiciosamente que las características humanas nos brindan algún tipo de superioridad moral. Eso es justo lo que tú evidencias cuando defiendes la explotación de caballos por no ser humanos.
En este artículo puedes obtener referencias al respecto: http://lluvia-con-truenos.blogspot.com/2015/01/anacromorfismo.html
3) Te sacas un continuo hombre de paja (criticar y rebatir aquello que no afirmo). En ningún momento considero que la etología de todos los animales sea la misma, ni tampoco he hablado de prácticas “buenas” o “malas” en sentido absoluto. Partiendo de esta falacia, pasas a aludir a la etóloga equina Lucy Rees y me cuentas bondades sobre ella. No dudo absolutamente nada sobre el mérito de esta señora; pero apelar a su conocimiento sin más para tribuirte la razón incurre en lo que se denomina falacia ad verecundiam. Seguidamente, continúas con tu retahíla de que yo me acercara a la mente del caballo entendería no sé qué cosa que casualmente debieran ser conclusiones cercanas a las tuyas.
Me acusas de no saber de lo que hablo porque eres un amante y apasionado de los caballos sin aportar argumentos que sustenten dicha afirmación. No brindas ni una sola referencia científica que contradiga algo que haya puesto. Exclamas un “Dios mío” en el caso del heno. ¿Acaso el heno tiene más agua que el pasto fresco? El agua llena el estómago, hasta aquí, física básica. Te sorprende que mencione una pelota y otros aspectos usuales de la mal llamada “doma natural” como si fuese algo dañino o novedoso. Como referencia rápida, revisa en Youtube el documental “El camino del caballo”: https://www.youtube.com/watch?v=AiIrW-hKOyA
4) Continúas con tu manta de alusiones personales y no sólo vuelves a tergiversar lo que expongo; sino que esta vez incluso infieres sobre tus propias suposiciones. La mención a los sujetos PAS es un hecho científico cuya referencia expongo en el propio comentario anterior. A eso no nada que añadir. Sin embargo, lo usas como arma arrojadiza para decir que los veganos nos sentimos superiores. Justo al contrario: tú explotas caballos y no explotarías humanos porque estableces una superioridad moral en los seres humanos. Por tanto, no sólo la acusación es infundada; sino terriblemente hipócrita.
Estás extrayendo conclusiones morales a partir de hechos científicos. Es decir, tu comentario es una mera reacción ante cuanto piensas que estoy explicando debido a razones sentimentales y profesionales.
5) El argumento de la contaminación cae bajo su propio peso por dos motivos. En primer lugar, la mayor parte de la producción agrícola en muchos países se destina a alimentar al ganado esclavizado. Y, en segundo lugar, la ganadería es la responsable de hasta el 20% de las emisiones de metano y de la eutrofización global de las aguas continentales.
Ahondo sobre esta temática en el siguiente artículo: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/acercamiento-de-los-derechos-animales-a-la-agricultura
6) Elegir dañar lo menos posible a otros animales siempre será éticamente más coherente que cruzarse de brazos y señalar al contrario por no ser perfecto. Si puedes evitar un daño, tienes el deber moral de evitarlo. Seguir cometiendo un daño evitable “porque sí” cae de lleno en la egolatría. Tu apelación resulta muy común en la defensa del status quo.
En tal sentido te recomiendo este artículo: http://filosofiavegana.blogspot.com.es/2015/08/la-confusion-de-claudio-bertonatti.html
Contestar ↓	Juanjo 18 Abril, 2016 18:14	” Toda forma de explotación animal es injusta e inmoral en sí misma”
¿ Toda forma de explotación vegetal es injusta e inmoral en sí misma?, ¿dejamos de tomar café porque se transporta en mulas?, ¿dejamos de disfrutar del actual “estado de bienestar porque ha sido conseguido gracias al duro trabajo de bueyes, caballos, burros,…? ¿rompemos con el actual sistema de trabajo que explota a la clase trabajadora? ¿dejarán los veganos de comer quinoa ya que su moda occidental acarrera un enorme aumento de precios y consecuentemente sea un artículo prohibido para los pobres que la producen? ¿ acabaremos con todos los perros y gatos explotados para ser nuestros peluches y sustitutos de nuestros hijos? Perros y gatos encerrados en pisos y paseados cuando mucho unos pocos metros un par de veces al día. ¿quien determina que es injusto e inmoral?
“Llamas “antropocentrismo” al hecho de reconocer que otros animales presentan rasgos similares o prácticamente iguales a ciertos rasgos humanos” Vamos hombre, se muy bien lo que es antropocentrismo, asignar cualidades humanas a los animales, y así lo he escrito. Si “explotar” caballos con el mayor grado de respeto a su esencia animal es antropomorfismo, explotar la naturaleza en general es también antropomorfismo, asi que deja de comer, abrigarte, … deja de existir, moralmente te sientes superior.
“pasas a aludir a la etóloga equina Lucy Rees y me cuentas bondades sobre ella” Pues lo teneis muy facil, googlea su nombre y empieza a enterarte, creo que ya te he aportado el pié con el que iniciar el camino para saber lo que es la etología equina. Quien ha estudiado minimamente etología equina conoce perfectamente a Lucy Rees. Eres tu el que se arroga la potestad de juzgar la ética de montar a caballo, no yo, eres tu el que debiera de conocer en profundidad la equitación, el caballo, su etología, nuestro antropocentrismo para con ellos, sus necesidades básicas,… entonces y solo entonces podrías hablar con razón y conocimiento. Y no voy a empezar a darte clases sobre infosura, alimentación con heno, ayudas, sistemas de sujeción de sillas, estabulación, usos de la dichosa pelota, cliquers, necsidades de herraje o barefoot, etc etc. pues a mi me esta llevando toda mi vida en aprenderlos y no tengo espacio ni tiempo en este medio, ya lo hago entre los que practican la monta a caballo. Quien confunde Infosura o laminitis con algo inexistente como las “linfosaduras”, quien habla de los colicos que produce el heno y lo argumenta porque el pasto lleva más agua desde luego no tiene ni la más minima idea idea de los que es el sistema digestivo de un caballo, de la composición de un casco, que no pezuña,… demuestra que no tiene ni puñetera idea, por lo que por favor, no me pidas que te de clases de nivel universitario antes de que pases por educación primaria, no tiene ningún sentido. Y son estas arrogantes afirmaciones las que me demuestran tu profundo desconocimiento.
“Seguidamente, continúas con tu retahíla de que yo me acercara a la mente del caballo entendería no sé qué cosa que casualmente debieran ser conclusiones cercanas a las tuyas.”Yo afirmaba que las conclusiones se acercarían a lo que piensa el caballo y no lo que yo pienso.
“Elegir dañar lo menos posible a otros animales siempre será éticamente más coherente que cruzarse de brazos y señalar al contrario por no ser perfecto. Si puedes evitar un daño, tienes el deber moral de evitarlo. Seguir cometiendo un daño evitable “porque sí” cae de lleno en la egolatría. Tu apelación resulta muy común en la defensa del status quo.” Una vez más, para evitar dañar lo menos posible, tienes que tener conocimiento sobre lo que tratas de arreglar.
Si nos ponemos integristas con la ética de montar a caballo, de tener perros y gatos, etc. estoy muy de acuerdo que no es lo que dicta la naturaleza; la naturaleza dicta que un caballo viva una media de 6 a 8 años, que sea pasto de depredadores, que tenga que abandonar a su cría coja o herida, … la naturaleza es mi religión, la naturaleza es cruel, la naturaleza esta muy por encima del conocimiento humano, los vegetales son naturaleza, los vegetales se comunican entre si,… somo parte de la naturaleza, somos depredadores no somos herbívoros, si cambiamos de depredadores a herbívoros estamos cambiando la cadena que es la naturaleza, el orden natural… y si, yo he cambiado la naturaleza de los caballos pero tengo la formación y la capacidad de discernir el miedo, el dolor, la alegría, etc de un caballo y en eso sigo formándome, trabajando y creciendo. Yo no soy quien critica al vecino, yo critico a quien me critica sin conocimiento. Si no escribieras artículos sin conocimiento seguro que no tendría que defenderme de tus injustificados ataques.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo18 Abril, 2016 19:46	Hola, Juanjo:
Agradezco que ahora, a diferencia de antes, empieces a presentar argumentos serios. De esta forma, podremos dialogar constructivamente. Por mi parte, explicaré aspectos que crees erróneamente conocer sobre nosotros:
Indico claramente *explotación animal*, no he hablado de la explotación vegetal o minera. ¿Dejamos de tomar medicamentos experimentados sobre judíos durante el holocausto nazi? ¿Derribamos las pirámides de Egipto o nos negamos a utilizar las vías de ferrocarril construidas por mano negra esclava? Estas preguntas equivalen éticamente a las que tú planteas.
La ética juzga nuestra acciones en tiempo presente. Beneficiarnos de algo logrado mediante el sufrimiento y muerte de terceros no es contrario a la ética mientras no fomentemos que tales actos sigan cometiéndose. Apelar que algo queda justificado por sus consecuencias positivas (la consecución del estado del bienestar) recibe el nombre de falacia ad consequetiam.
¿Dejarás de comprar teléfonos móviles y ordenadores porque tal acción incrementa el precio del coltán y favorece que grupos militares armados tengan niños en estado de esclavitud en el Congo? Tu planteamiento incurre en dos errores. En primer lugar, atribuyes a que sólo los defensores de los Derechos Animales seamos culpables de ello. Y, en segundo lugar, estableces que no existe ninguna otra solución al respecto mediante otras vías. La realidad es que entre el 50-70% (según el país) de la producción agrícola se destina a alimentar al ganado esclavizado y que la ganadería es la máxima responsable de la deforestación y la eutrofización de las aguas continentales. Puede que nosotros seamos incapaces de vivir a gusto sin tecnología; pero sí podemos vivir sin explotar a terceros si hallamos la forma de conseguirlo.
El veganismo no es una “moda occidental”; sino un imperativo ético. De hecho, apareció antes de la mitad del siglo XX. Ocurre simplemente que actualmente extendiéndose gracias a las tecnologías de la información. Se define como la aplicación del principio de igualdad hacia todos los animales no humanos por el hecho de que compartimos la posesión de intereses inalienables. Como mínimo, todos los animales contamos con dos intereses fundamentales: mantenimiento de la vida (supervivencia) y búsqueda de la libertad.
Los Derechos Humanos no se basan en nuestra cognición o grados de conciencia; sino que la posesión de intereses inalienables. Si consideramos que éstos son suficientes para que los seres humanos merezcan un reconocimiento moral, la pregunta es: ¿por qué se lo negamos a los demás animales? Si alguien quiere vivir, ¿qué importa que ese alguien tenga piel o escamas? No podemos impedir todo lo malo que sucede en este mundo; pero sí queda en nuestra mano elegir si fomentamos (según qué tipo de explotación) la crianza, hacinamiento, malvivir y asesinato de otros animales.
Esto se infiere a partir de la lógica: ninguno de nosotros quiera ser privado de sus intereses, por tanto, carecemos de legitimidad moral para privar a terceros. Entender estos aspectos de carácter ético no resulta nada fácil y, aun menos, simplificarlos en un comentario. Aparte de los enlaces señalados en el mensaje anterior, dejo este artículo sobre preguntas frecuentes en relación al veganismo y los Derechos Animales: http://filosofiavegana.blogspot.com.es/p/preguntas-frecuentes_407.html
Aunque yo también me equivoque, no usas correctamente aquí los términos en el caso de antropocentrismo y antropomorfismo. Para referencia ya están los enlaces que puse. No uses explotar entre comillas; pues el sentido no es figurado, sino factual. Si pretendieras respetar su naturaleza no les impondrías ninguna carga. Ningún caballo lleva a otro animal a lomos ni tira de carruajes en la naturaleza.
Soy biólogo y no conozco los nombres de todos los investigadores célebres de mi campo. Es más, tengo presente mayormente las investigaciones y no quiénes las realizaron. Por tanto, el argumento de que alguien no sabe de un tema si no conoce a un experto determinado, considerando cuántos hay según el interés concreto del individuo, carece de fundamento por sí mismo. Por otra parte no menos importante, la ciencia nos dice cómo funciona la naturaleza; no qué está bien o qué está mal hacer a los demás. Eso forma parte de la ética. Lucy Rees, como etóloga, puede explicarte cómo lograr que un caballo se sienta más gusto contigo; no decirte que es justo o injusto hacer con ellos.
Para determinar si acción es justa o no, habrá que recurrir a los principios éticos amparados en la razón. Uno de los fundamentales es el principio de igualdad (no debemos explotar porque no queremos ser explotados).
Escribí “linfosaduras” por equivocación. Es una simple errata que no había visto cuando quería decir *infosuras*. Uno mismo no lee sus textos de la misma manera en que revisa los de un tercero. Todavía menos en el caso de un comentario. Yo no tengo ningún reparo en aceptar mis errores y no me considero arrogante. El mundo del caballo me ha fascinado desde pequeño; pero no dispuse de todos los medios para acercarme más. Así pues, toda corrección que desees hacerme (aquí o por privado) la recibiré gustoso. Como bien has comentado, debemos tener conocimiento sobre aquello que intentamos arreglar. Quisiera dejarte dos artículos sobre los aparejos de restricción usados en el tiro por si quisieras comentar algo al respecto:
Sobre los efectos de las anoteojeras: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/explotacion-hacia-los-caballos-anteojeras-i/
Sobre los efectos de engalladores y sobrerriendas: http://elguardiandeloscristales.com/wordpress/explotacion-hacia-los-caballos-engalladores-y-sobrerriendas-I/
Mi objetivo no es mentir ni difamar sobre los caballistas; sino limitarme a señalar que su afición se ha erigido históricamente sobre la vulneración de los intereses de sus monturas. La cosa sería diferente si éstas fueran tan inteligentes como los humanos y brindasen su consentimiento libre e informado.
Eso sí, yo no he afirmado ni que el heno produzca cólicos y ni que se deba a la diferencia en la concentración del agua. En los cólicos, como sabrás, interviene tanto el estrés (condiciones fisiológicas) como las horas de estabulación, ejercicio, etc. Nos resulta imposible saber qué piensan otros humanos, cuando menos, otros animales. Si bien intentamos ser objetivos, la etología se basa en nuestras interpretaciones sobre el comportamiento de los animales no humanos. El artículo antes enlazado sobre el anacromorfismo viene a referirse a que, hasta la fecha, los científicos no son objetivos a la hora de analizar el comportamiento de tales animales debido al prejuicio especista, es decir, a que niegan subconscientemente que un animal no humano pueda poseer rasgos análogos a los nuestros. Darwin dijo: “A los animales que hemos vuelto nuestros esclavos, no nos gusta considerarlos nuestros iguales”.
En cualquier caso, el error es categorial: no se trata de que les otorguemos derechos según si se parezcan más o menos a nosotros (antropocentrismo); sino de reconocer que los mismos principios que aplicamos para nosotros valen también para ellos.
Para terminar, he de señalarte que en tu párrafo final cometes una falacia naturalista junto con un error crucial en el terreno biológico.
La falacia naturalista consiste en establecer conclusiones morales a partir de hechos empíricos. Es decir, consiste en considerar como “bueno”, “justo” o “necesario” aquello que ocurra en la naturaleza y considerar “malo”, “injusto” o “innecesario” lo que ésta no acontezca.
Al igual que en mi frase anterior, nos encontramos ante un error categorial basado en la confusión entre el “ser” y “deber ser”.
En primer lugar, la los miembros que integran la naturaleza y sus relaciones son cambiantes; no inmutables. Lo que existe responde a imposiciones del medio (selección natural) más una serie de factores azarosos (pj: efecto fundador). Por ende, seguir el dictado de la naturaleza significa, literalmente, adaptarse los cambios que vengan; no a decir que eso debe ser así.
En segundo lugar, los animales no humanos (como los niños humanos) son amorales. Ello significa que no son plenamente responsables de sus actos y ni de prever las consecuencias de los mismos. Los niños tienen derechos, carecen de obligaciones y no son juzgados por sus acciones. De igual forma, los animales no humanos debieran tener derechos, carecer de obligaciones y no ser juzgamos por sus actos.
Que un caballo viva de media 6 u 8 años en la naturaleza y un león
En tercer lugar, no sólo es natural que unos animales coman a otros; sino que en la naturaleza también existe el infanticidio, la violación intraespecífica y otros muchas formas de violencia penada entre humanos. Así, por ejemplo, afirmar que no hay nada de malo en comer carne porque los leones lo hacen sería equivalente a decir que no hay nada de malo en violar o cometer infanticidio porque los leones lo hacen.
Asimismo, nosotros no somos carnívoros ni depredadores. No hay un mero instinto depredador en nuestra etología. Para prueba de ello, deja a un bebé de dos años con un pollito y una manzana, observa qué se come.
Las plantas se comunican entre sí tanto como lo hacen las bacterias. La comunicación no implica intereses, conciencia ni capacidad de sentir. Son éstos y no otros los criterios relevantes para establecer el derecho moral. Sin éstos, no existe un sujeto propiamente dicho.
Finalmente, me gustaría de veras que revisases los enlaces aportados y que reflexionases sobre estos argumentos.
Contestar ↓	cristina 4 Junio, 2016 19:27	Hola,soy una persona amante de los animales,a los cuales respeto y admiro profundamente.Jamás se me ocurriría hacerles daño ni someterles a mis caprichos.
Tengo dos perros,dos gatos y dos caballos,a los cuales cuido y atiendo en todo momento y a cada uno le doy lo que necesita en cada momento.
Todos y cada uno de ellos viven absolutamente felices,y lo se porque se ve como desprenden su alegría,su belleza y su salud.Sus ganas de correr y de jugar,.Cuando un animal no es feliz,se le ve apático,incluso llegando a poder mostrar agresividad.desde mi humilde opinión,no me parece bien hablar tan categóricamente sobre el tema de los caballos que aquí se esta tratando.
Llamamos maltratadores a todos los hombres,porque hay depravados que maltratan a las mujeres???????pues no,aunque habrá quienes si.
Yo monto a mis yeguas, les encanta salir a pasear aunque hay veces que no tanto,al igual que a mi misma,pero todos sabemos lo que necesitamos,y el deporte es bueno,aunque a veces no nos apetezca hacerlo.No siento para nada que someta a mis yeguas,jajaja,a veces pienso que es al revés,yo soy la sometida,pues todo lo que hago es para ellas y por ellas , Tengo la gran suerte que lo que hago me produce una maravillosa satisfacción,es malo???? claro que noooo.
Mis yeguas viven en libertad,entran y salen a la cuadra cuando ellas quieren,disponen de hierva fresca y seca en todo momento,están perfectamente bien alimentadas, se puede apreciar en su belleza y robustez.
Ya tienen casi 20 años,y en poquísimas ocasiones he tenido que llamar al veterinario, tan solo para ser vacunadas ,cosa que se hace una vez al año,pues lo contrario,en mi opinión, sería una insensatez,.Tienen la suerte de no haber sufrido nunca un cólico aunque a diario les de avena
Procuro salir a pasear con ellas casi todos los días,nunca jamás les pongo bocado ni uso nada que indique sometimiento ni infrinja dolor,y esto intento inculcar a la gente del mundo del caballo que conozco.
Les respeto profundamente,y aun sabiendo que el salir a pasear les viene maravillosamente bien,les agradezco cada día que me dejen montar sobre sus lomos y que me respeten ellas a mi también.
Todo esto que aquí se habla sobre el caballo,slo aplicais sobre los perros,???me imagino que si,no???
.tambien esta mal que los perros vivan en hogares pequeños,que cada vez que salgan a la calle lo tengan que hacer atados con la correa e incluso con bozal????que vivan en las grandes ciudades????? que su alimentación sea a base de piensos???……..pues hombre,lo ideal sería que el perro viviese en libertad,que no fuese nunca atado con una correa ,que comiese lo que cazase y que jamás se viese sometido al capricho de su amo o compañero.Pero todo eso es irreal.
Es maravilloso compartir nuestra vida con los animales,amarles y respetarles.Se aprende de ellos y nos hace crecer como personas.
Otra cosa muy distinta es el abuso que se hace de los caballos en algunos centros ecuestres o en los festejos de algunos pueblos,como se hacen con otros animales…….eso es un horror.
Al igual del abuso que se hace a algunas personas,en todos los ámbitos,LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS,otra cosa espeluznante,que hipocritamente,los que tenemos la suerte de no padecerla,generalmente miramos hacia otro lado.En fin,este es un debate que siempre estará abierto.Lo que tenemos que intentar y conseguir es vivir y dejar vivir,y no juzgar cuando algo no entendemos.Lo digo con toda mi humildad.buena suerte a todos.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo5 Junio, 2016 13:12	Hola, Cristina:
Gracias por su comentario y sinceridad. Aunque habitualmente se emplee la expresión «amante de los animales», lo que todos los animales necesitan es, ante todo, respeto. El respeto se define como la consideración de los intereses ajenos y es el antónimo de la explotación. «Explotación» significa usar algo o alguien como recurso para un fin.
En este artículo no afirmo en ningún momento que quienes tengan caballos los traten mal (maltraten); tal juicio responde a una valoración subjetiva e irrelevante en ética. Como explico en «El concepto de maltrato animal es erróneo», rechazar el «maltrato» sólo significa condenar aquel daño que no nos beneficia personalmente. A los Derechos Animales sólo concierne si un sujeto está o no bajo explotación.
Efectivamente, los caballos y otros animales pueden ser felices junto con los humanos. Sobre todo, cuando no han conocido otro modo de vida a lo largo de su existencia y mantienen vínculos duraderos con nuestra especie. El objetivo de este artículo consiste en señalar que la práctica de la equitación supone una forma de explotación.
Los animales domesticados (proceso de endogamia forzada) están condenados actualmente a vivir con nosotros debido a circunstancias contextuales (legislación, aprovechamiento comercial, etc). Ellos podrían vivir libremente si nosotros lo deseáramos. Por desgracia, ni sus yeguas ni sus perros ni gatos viven en libertad. Se estima «en libertad» cuando un animal elige dónde vivir, qué comer y con quién aparearse. Tales animales no disponen de dicha posibilidad. Por tanto, en sentido estricto, son sus esclavos. Obviamente, usted los quiere; pero tanto moral como legalmente actúan como sus propiedades. En la entrada «La esclavitud de los animales domesticados» ahondo sobre esta cuestión.
Intentamos que sean lo más felices posibles; sin embargo, no debemos autoengañarnos. Si bien resulta imposible que un perro o un caballo no sean nuestros esclavos (dependan de nosotros); sí es posible que no se vean sometidos a ningún tipo de explotación por suave o somera que fuere.
Al igual que un perro no necesita que un bebé lo monte para hacer ejercicio y completar sus necesidades, un caballo tampoco requiere que un ser humano adulto lo monte para hacer ejercicio, disfrutar de su compañía y satisfacer sus necesidades. Si recogiera a un elefante (animal que soportaría incluso mejor su peso) posiblemente no pensaría en montarlo por la sencilla razón de que nunca nadie le ha enseñado ni se trata de una práctica común en Europa. La gente monta a caballo porque desde pequeños le han enseñado que están bien explotar équidos para tal fin y lo hace simplemente porque les parece una actividad inofensiva y sin consecuencias negativas. Realmente se trata de un capricho (acción egocéntrica sobre otro sujeto) inculcado.
Por ello, este artículo no dirige una crítica a quienes tengan caballos; sino que intenta llevar una reflexión hacia el hecho de que, aunque sintamos cariño, no es justo que los usemos (pj: los montemos, los pongamos a tirar, etc.); pues ello no beneficia al animal en sí mismo.
Para terminar, quisiera incidir en que esto no es un debate; sino una declaración de hechos y principios. Si de verdad asume la importancia de vivir y dejar vivir, comprenderá que el fin último de los Derechos Animales radica en lograr que todos ellos dejen de ser víctimas de la opresión humana en todas sus formas y vuelvan a vivir en plena libertad. Ésta debiera ser la verdadera aplicación de la expresión.
Los animales no humanos están considerados «bienes muebles semovientes» (objetos con movimientos autónomo). Podemos comprarlos, venderlos, explotarlos y tirarlos dentro de los límites fijados por la subjetiva percepción ciudadana. Dicha consideración no cambiará mientras la sociedad continúe viéndolos como recursos que podemos usar cuando mejor nos venga. Para ser justos debemos rechazar toda forma de explotación animal (no comerlos, no vestirnos con sus pieles, etc.) de la misma manera en que todos nos oponemos a la explotación humana. Le recomiendo finalmente un artículo sobre «El principio de igualdad hacia otros animales».
Contestar ↓	Lara 21 Junio, 2016 10:17	Hola, me ha gustado mucho el post, muy interesante, aunque sinceramente había bastantea cosas que desconocía.
Yo he montado a caballo durante 3 años en un centro ecuestre, nunca he utilizado espuelas, fusta tampoco, aunque siempre me hacían llevarla (la fusta).
Durante eso 3 años he visto muchas cosas, había caballos con un miedo horrible a la fusta, les aterraba cuando te caías por si les pegabas (algo que hacían algunos jinetes), he visto caballos con heridas abiertas en la boca y en la barriga a los que seguían montando, caballos que daban una clase tras otra, hasta 4 horas algunos.
Yo nunca les he puesto la mano encima, ni les he pegado con fusta o espuelas.
Pero he visto como a personas a las que yo consideraba amantes de los animales lo hacían.
El mundo de la hípica es un engaño, van de amantes de los caballos, cuando solo los quieren para competir, y les dan autenticas palizas, por no hablar de serretas (en mi centro no se utilizaban, pero conozco a gente que si) son auténticos aparatos de tortura.
Todo esto lo digo desde la experiencia, es algo que conozco bien.
A día de hoy soy vegana y no monto a caballo, ojala nunca lo hubiese hecho.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo21 Junio, 2016 17:09	Hola, Lara:
Muchísimas gracias por compartir tu experiencia. Tu comentario me ha llenado de tristeza y alegría a la par. Resulta necesario relatar y denunciar las actividades habituales en el sector. Comparto tu sentimiento sobre los horrores que se cometen en la explotación ecuestre y, Como he mencionado otras veces, no dudo que entre quienes monten a caballo haya gente con buenas intenciones o que simplemente ignora las consecuencias de tales actos. Ese tipo de gente sí puede cambiar al asumir más tarde que nuestra relación con los demás animales es el fruto de un adoctrinamiento social basado en la supremacía humana.
Si realmente pretendemos ser justos con todos ellos, debemos respetarlos y rechazar su explotación. Me satisface haber encontrado en ti otra voz del cambio hacia un futuro mejor.
Contestar ↓	Elena 25 Agosto, 2016 23:03	Hola Adrián,
Tu post ya tiene algún tiempo y no sé ni por donde empezar… decirte que me ha resultado muy enriquecefor, también por la aportación de los.comentarios. He llegado aquí porque acabo de apuntar a mi hija a equitación. Descarté un par de hípicas porque el trato hacia los caballos no me parecía correcto. La hípica que he elegido en aparoenciia es más respetuosa. Pero es que en el.fondo, mi intuición me grita que no es respeto subirse a un caballo. Que todo caballo supongo que preferirá salir montado a no salir, que el esclavo puede adorar a su amo, pero no deja de ser una relación en total verticalidad. Yo soy tengo mi guerra en otro campo, en el de defender la horizontalidad entre padres-hijos. Por lo que estoy familiarizada con el conceptp de igualdad y razono el comportamiento humano hasta la saciedad.
Ahora mismo estoy confundida sobre la equitación, sobre lo que mi hija pueda normalizar de la misma. Sí, es capricho. Todos vivimos con mayor o menor grado de incoherencia, tengo que ver si ésta incoherencia es admisible en mi vida. Creo que observaré durante las clases y probablemente, conversando con mi gran maestra de cinco años (PAS) elaboraremos nuestras conclusiones. Gracias.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo26 Agosto, 2016 14:45	Hola, Elena:
Muchísimas gracias por su comentario. Mi entrada, como tal, lleva ya un tiempo publicada; sin embargo he ido modificándola paulatinamente con la intención de facilitar el entendimiento de los distintos puntos y argumentos. A pesar de ello, se trata de una temática imperecedera debido a nuestros prejuicios morales. A rasgos simplistas, cualquier planteamiento de índole filosófico resulta aplicable a las distintas épocas de la historia. Como aprecio que usted mantiene un fuerte interés por las ciencias sociales, intentaré enfocarlo de esa forma.
Empezaré comentando que nuestra sociedad ha ido heredando de padres a hijos el prejuicio de supremacía humana: la creencia de que nuestra especie es superior a las restantes a causa de una serie de creencias religiosas y sesgos observacionales. Este prejuicio comparte bases biológicas y psicológicas con otros patrones y efectos observados, tales como la adhesión al grupo y preferencia por los individuos más cercanos genéticamente. Al igual que durante estos últimas décadas nos hemos percatado de que estaba mal el sexismo (discriminación moral según el sexo) y el racismo (discriminación moral según la raza), cada vez más gente cae en consideración de que debemos oponernos al especismo (la discriminación moral según la especie). La discriminación moral implica que el grupo dominante cosifica a los individuos ajenos al grupo y supedita los intereses de éstos a los suyos propios. En todos los casos se produce el mismo fenómeno: un grupo toma variables subjetivas para justificar su opresión sobre otros individuos más débiles. La discriminación es un proceso que se retroalimenta por el beneficio personal (utilitarismo) y la inercia grupal (se apela a falacias ad consequentiam, ad antiquitatem, etc.). Asumimos que está mal explotar (usar a un sujeto como medio para un fin) porque todos compartimos intereses inalienables. El interés más básico de todos es la libertad: el interés de que nuestras acciones no se vean regidas o coartadas por las acciones de terceros. Del mismo modo en que esto resulta aplicable para seres humanos, también lo es para otros animales.
Nuestra relación con los animales no humanos (nosotros somos animales) se basa en la dominación a tenor de que nosotros contamos con mayores capacidades intelectuales y mecánicas (por ejemplo, dedos oponibles). Así pues, si nos referimos a la equitación, ésta es forma de explotación animal tan injusta como cualquier otra.
Cuando intentamos hablar de justicia, rápidamente nos plantean temas como la conciencia, los deberes, el sentido de agencia y el bienestarismo. Todos los animales contamos con diferentes niveles de conciencia como consecuencia de la posesión de un sistema nervioso y su fisiología propia. La conciencia es una variable continua. Ello puede observarse a partir del propio desarrollo humano desde que nacemos hasta que alcanzamos la etapa adulta. Este mismo desarrollo se observa en otros animales. El hecho de que otros animales no lleguen a nuestro nivel de conciencia no justifica una discriminación moral; pues hay individuos humanos con déficit cognitivo. Todos los humanos poseen derechos porque todos tenemos intereses inalienables y esto sigue siendo verdad para los demás animales.
Un derecho es la protección de un interés, por ende, resulta absurdo exigir que los animales no humanos cumplan obligaciones en una sociedad que los esclaviza como requisito para reconocerles derechos. Un sujeto, por definición, no tiene un fin determinado; así como nuestros hijos no sirven para ningún propósito.
Nosotros, a diferencia del resto de los animales, alcanzamos un grado de conciencia que nos permite responsabilizarnos de nuestra acciones. Esto se denomina sentido de agencia. Poder deducir las consecuencias de nuestros actos nos obliga moralmente (por lógica) a aceptar una serie de razones deducibles. Si nosotros aceptamos que nadie debiera vulnerar nuestros intereses, debemos aceptar que carecemos de legitimidad para vulnerar los intereses ajenos con independencia de otros rasgos del sujeto (sexo, edad, religión, especie, etc.).
Cuando nuestra conciencia determina que posiblemente estemos obrando injustamente, suelen aparecer justificaciones por disonancia cognitiva. El bienestarismo es una doctrina utilitarista que consiste en considerar una acción como justa o injusta según la evaluación personal o social del beneficio obtenido por los explotadores frente al perjuicio sufrido por los explotados. Usted presenta una visión bienestarista al distinguir entre centros hípicos según su propia evaluación del beneficio sobre el posible sufrimiento de la víctima. Esta doctrina utilitarista está instaurada entre organizaciones animalistas cuyo fin consiste en enriquecerse calmando la conciencia del pueblo. Rechazar el maltrato tan sólo significa evitar aquel daño que no suponga beneficio. A su hija no le beneficia que un caballo esté herido por golpes; sin embargo, sí encuentra placer (beneficio) al montarlo. En consecuencia, rechaza lo primero pero justifica lo segundo. Asimismo, usted, a tenor de que se encuentra en un conflicto de intereses, opta por favorecerla a ella a costa de los intereses ajenos. Sí, toda forma de explotación podría considerarse un capricho. Darnos cuenta es el primer paso.
Nuestro error fundamental no reside en que tratemos mal a los animales no humanos; sino en que nos creamos dogmáticamente con legitimidad para regir sus vidas al mismo tiempo que propugnamos vigorosamente que nadie debiera gobernar las nuestras. Un caballo, ante todo, preferiría ser libre a tener que servir a seres humanos. Se dice que un animal es libre cuando podemos elegir dónde vivir, qué comer y con quién aparearnos. En síntesis: cuando seguimos nuestras propias decisiones.
Obviamente, favorecer o inculcar la explotación animal en nuestros hijos fomenta que ellos se crean superiores a los animales que explotan; pues, al fin y al cabo, están ahí para ellos, ¿o no?. El respeto significa velar por los intereses ajenos en sí mismos; no se enseña el respeto a nuestros hijos cuando les inculcamos la idea de que los intereses de otros animales no cuentan frente a los nuestros. En definitiva, la educación especista perpetúa el statuo quo del sistema que los oprime.
En la realidad que vivimos, para ser justos con los demás animales no basta con tener buenas intenciones ni aceptar un pequeño grado de incoherencia con el cual podamos ser igualmente felices. Cualquier contribución a la explotación animal implica perpetuar un ciclo de opresión basado en los mitos, la utilidad y el desprecio de los diferentes. La justicia nunca es un camino cómodo, conveniente ni aceptado por el resto.
Su lucha y la nuestra no son incompatibles; todo movimiento por la justicia debiera centrarse en defender a todos los sujetos sin distinción. El mundo seguirá siendo injusto mientras consideremos que unas injusticias son más o menos importantes que otras al pensar que unas vidas valgan más o menos que otras. No dudo de que usted tiene mucho que reflexionar y de que sus conversaciones con su maestra le serán útiles. 🙂
No obstante, los prejuicios inculcados en nuestra niñez son muy fuertes. La lucha por Derechos Animales es aún muy desconocida y está llena de desinformación. Por ello, quisiera recomendarle que leyera otras entradas presentes en este blog (los enlazo en otros comentarios) y, sobre todo, la invito a que le dedique tiempo a los numerosos artículos presentes en los blogs de Filosofía Vegana y Lluvia con Truenos:
Al principio es duro porque nos hace plantearnos detalles que posiblemente nunca hemos sopesado. Con todo ello, ninguno nos arrepentimos de hacernos veganos y defensores de los los Derechos Animales. Un saludo cordial.
Contestar ↓	dionne 27 Agosto, 2016 5:57	Me parece exagerado decir que no se deberia montar un caballo, he cierto que los caballos se lesionan nadie lo niega en la hípica, y como te gusta humanizar al parecer te doy ejmplo, como sucede con los deportistas de cualquier disciplina humana se lesionan…por ello hasta se opera, es es normal, los caballos de salto, doma clásica y carrera son (deportista), por ello se les cuida y tiene atención veterinaria, igual que pasa en los humanos, pero además ellos son animales lo cual no significa que se les deba tratar mal pero de por si soportan más peso que un humano, porque no son humanos….., además los jinetes deben tener un peso adecuado…para no lastimar al caballo..en cuanto a los caballo que jalan carros son ..caballos pesados..es decir resisten más peso y suelen hacerlo de dos..y no se les debe sobreexigir a los caballos tampoco es decir no vas a estar montandolos por horas…tiene su rutina…y en cuanto a la etologia eso que llamas la “terrible y cruel sumisión” es algo normal en caballos..porque se ha observado en los cablallos mustang libres..que van en grupos un macho domina al grupo y el resto son hembras y potros menores de 2 años…entonces el ser humano intenta imitar ese natural sometimiento de los caballos en libertad.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo27 Agosto, 2016 13:06	Hola, Dionne:
Tu comentario evade por completo los argumentos que trato de exponer y recurre a falacias ad honimem típicas. En mi artículo no me centro en exponer que los caballos se lesionan (un hecho); sino en explicar a partir de hechos (argumentar) que nosotros hemos ideado todas esas maneras de explotarlos debido a un prejuicio de supremacía y que toda forma de explotación animal (humanos y no humanos) es injusta debido a que todos poseemos intereses inalienables:
Afirmas, sin más, que no debo “humanizar” a los caballos. En primer lugar debieras explicar qué entiendes por “humanizar” antes de dedicarme acusaciones subjetivas. Reconocer en ellos ciertos rasgos que compartimos no es humanizar; justo lo contrario: no hacerlo implica sesgar la realidad al no ser capaces de ver más allá de nuestros prejuicios. Esto lo explicó el propio Konrad Lorenz, padre de la etología.
Te recomiendo que leas este artículo excelentísimo sobre el anacromorfismo (acusación infundamentada en etología) para entender este punto: http://lluvia-con-truenos.blogspot.com.es/2015/01/anacromorfismo.html
Afirmas que son “deportistas”, lo cual es cierto por analogía a los humanos; pero realmente son esclavos explotados en el deporte. Un deportista humano elige; un caballo no. Cuando dices que “son animales” pareces desconocer que los propios humanos somos animales y que hay animales con millones de formas y tamaños. Por ende, has expresado de muy mala manera y con un hombre de paja (tergiversar las palabras del otro) por qué ellos pueden cargar con más peso. Es una evidencia que tienen más fuerza y pueden cargar más; ello no evita que la presión continua sobre una zona determinada los lleve a sufrir hipoxia muscular. Tú puedes cargar con cinco kilos, ¿estás afirmando que llevar cinco kilos durante más o menos tiempo no afecta a tu musculatura? Pues eso.
Cuando hablas de “caballos pesados” es un eufemismo para referirte a caballos seleccionados genéticamente para tal labor. Afirmas que suelen ir de dos en dos (tronco). Yo no cuento con ningún recuento oficial sobre cómo se distribuyen mayoritariamente en carros y carruajes; pero aseguraría que, por sencillez y economía de la explotación, la limonera (un solo caballo) es lo más frecuente.
Finalmente, todo el comentario restante es una falacia naturalista: confusión entre el “ser” (hechos) y el “deber ser” (implicaciones morales). Decir que “tienen su rutina” (un hecho) no implica que dicha rutina sea justa ni tú tengas ningún derecho para impononérsela. Igualmente, decir que explotarlos y someterlos es algo “natural” porque ocurre dentro de sus propias manadas no legitima que tú hagas lo mismo. ¿No has pensado acaso en qué cosas naturales hacían (o hacen) los humanos en tribus? Sacrificios humanos, violación, asesinato, canibalismo. ¿Sabes qué hacen los caballos cuando no se los priva de libertad? Regirse por sí mismos, ninguno se sube a los lomos de otro y tampoco se produce una fecundación artificial. Resulta irónico que apeles a la naturaleza mientras no te importa privar la propia naturaleza libre de los caballos para emplearlos en tus propósitos y hacer que vivan como tú desees.
No sé si te percatas de que también está en nuestra naturaleza el someter a otros seres humanos (fascismo, nazismo, etc.), tu argumento es precisamente uno de los que empleaban los negreros en el siglo XVII para justificar la opresión que ejercían sobre aquellos a quienes consideraban moralmente diferentes.
Como expongo en el artículo y obvias olímpicamente, nuestro error fundamental no reside en que los tratemos mal; sino en que nos creemos con legitimidad para regir sus vidas al mismo tiempo que propugnamos vigorosamente que nadie debiera regir la nuestra.
Todos los animales tenemos intereses inalienables. Tú sabes que jamás quisieras ser domada ni explotada. Por ende, tu postura contradice la propia naturaleza de los caballos y es profundamente hipócrita.
En consecuencia, quisiera de veras que te molestases en leer detenidamente los diferentes artículos y blogs enlazados:
http://filosofiavegana.blogspot.com.es http://lluvia-con-truenos.blogspot.com.es Un saludo.
Contestar ↓	Luis Calderón 24 Septiembre, 2016 19:35	Y entonces, si se prescinde de todo esto, ¿cuántos caballos quedarían en España? ¿Cincuenta o sesenta por algún monte de Galicia? ¿Qué os han hecho los caballos para que queráis exterminarlos? ¿Y os decís animalistas? Venga ya.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo24 Septiembre, 2016 20:04	Hola, Luis:
¿Te has parado a razonar antes de publicar tu comentario? A mí me parece que ni siquiera lo has pensado un sólo segundo; pues, de lo contrario, no habrías extraído estas conclusiones carentes de lógica.
En primer lugar, podemos explotar a los caballos porque carecen de derechos; si poseyeran derechos al mismo nivel que los humanos serían intocables. Por ende, resulta absurdo hablar de “cuántos quedarían”. Habría menos porque hasta la fecha los reproducimos artificialmente; pero podrían vivir en libertad si nosotros los dejáramos y estuvieran protegidos por unas leyes de las cuales carecen en estos momentos. Asimismo, apelar a los números y otros detalles posteriores incurren en la falacia ad consequentiam (apelación a las consecuencias). Lo justo o injusto no depende de las consecuencias. Si te importa la cuantía poblacional, un hecho ajeno a la ética, es quizás porque te beneficiarías de que existiera un número mayor de ejemplares.
En segundo lugar, has caído de lleno en la falacia de la pregunta compleja. Nosotros no queremos exterminarlos, precisamente somos quienes velamos por sus intereses inalienables frente a quienes los explotan. ¿Acaso consideras que tus acciones están encaminados hacia su bien? ¿Que ellos preferirían participar en un concurso de doma antes que estar pastando en el monte? Sólo apelas a ello para proteger subrepticiamente tus propios privilegios.
Dentro del llamado animalismo hay individuos con posturas radicalmente diferentes: proteccionismo, bienestarismo y veganismo. Los defensores de los Derechos Animales somos veganos. Los defendemos a todos ellos por igual debido a que, como los seres humanos, cuentan con intereses inalienables que son tan importantes para ellos como para nosotros los nuestros.
Por mi parte quisiera pedirte educadamente que leyeses esta introducción que escribí respecto a los Derechos Animales y sus enlaces al pie de página antes de que continúes sacando conclusiones no amparadas por los hechos ni mis argumentos:
Contestar ↓	Luis Calderón 25 Septiembre, 2016 15:42	Yo soy el que opina que decís las cosas sin pensar en las consecuencias. Repito: si se suprime la utilización de caballos como animales -digamos- domésticos, ¿cuántos quedarían en España?. ¿En serio imagináis grandes praderas en multitud de parques nacionales para albergar a los miles de caballos que habrá actualmente es España?. Ya, seguro que sí lo imagináis. Supongo que allí vivirían con los perros ex-domésticos. Y con las actuales vacas y toros de la ganadería de carne -¿también de leche?-. Y con los burros, también. Vuestra utopía conduce al exterminio, siento decirlo. No sé cómo de rápido, por que las ideas -si se imponen, que en este caso más bien creo que no- tardan en asentarse, de forma que el extermino sería lento. No total, claro, siempre podrían conservarse algunos caballos en los Pirineos o en Asturias. Como los osos, vamos. Algún centenar quizá. Me tenéis enfrente.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo25 Septiembre, 2016 16:13	Hola, Luis:
Opinas que no pensamos en las consecuencias porque crees que nos referimos a un futuro cercano. Tú crees haber entendido que nosotros proponemos una liberación a diestro y siniestro. No es así. Para esto quedarán varios cientos de años. Como biólogo, sé que no pueden liberarse miles de ejemplares en un lugar porque rápidamente superan el umbral K (carga de ecosistema por hectárea) y generarían un colapso. En consecuencia, antes o después, se requiere un proceso por el cual vaya descendiendo paulatinamente la población criada artificialmente. Para que dicho proceso comience, se necesita primero que los humanos dejen de criarlos debido a que los consideran meros objetos de consumo.
Sopesar las consecuencias está magnífico; pero carece de sentido hacerlo tomando como base premisas de un presente inmovilista. Estás viendo el futuro según el tipo de sociedad que conoces hoy: una sociedad especista que no duda en arrasar bosques y someter a los animales no humanos por una mísera gota de petróleo. Si a un ciudadano del siglo XVIII le hubieran preguntado sobre liberar esclavos negros, posiblemente hubiese respondido que esto los llevaría a la miseria y que jamás se los respetaría. Por fortuna, la sociedad evoluciona días tras día.
Son las acciones humanas moduladas por un prejuicio de supremacía (no maldad intrínseca) lo que extermina a los demás animales. La naturaleza no requiere de nuestra intervención para funcionar; son nuestras actuaciones en ésta las que han originado y originan desajustes en la red trófica y en el equilibrio físico-químico (composición mineral, humedad, temperatura, radiación, etc.).
En este artículo me limito a reflexionar mediante argumentos éticos y a expresar que lo justo radica en que todos los demás animales vuelvan a estar libres de la dominación humana tal y como así ocurría antes de que nos dedicáramos a someter toda la naturaleza. Para ello urge un cambio radical en la mentalidad. El cómo y el cuándo dependerá del contexto social y no nos corresponde predecirlo.
Aunque ahora mismo ni tú ni yo podamos hacer gran cosa para remediar la abocación a la extinción que padecen la mitad de los vertebrados del mundo, sí podemos actuar a nivel individual para cambiar la realidad de los caballos y otros animales que vivan con nosotros. La tenencia es ética mientras respetemos los intereses del adoptado; en cambio, no lo es si los usamos como recursos para nuestros fines. Ésta es la misma diferencia ética entre, por ejemplo, adoptar un niño y cometer pedofilia; recoger a un perro, gato, caballo, etc., no nos legitima a explotarlos.
Por ello, independientemente del futuro que nos depare, te pido que si tienes caballos hagas lo mejor posible pensando siempre en ellos y no en ti. Al igual que la mayor parte de la gente no espera que el perro le devuelva ningún beneficio, no uses a tus caballos como recreación o lucro. El fundamento reside en el principio de igualdad. Tanto los perros como los caballos presentan una acusada sobrepoblación no por el valor de uso (es decir, los caballos no son millones porque necesariamente sirvan para algo); sino simplemente porque la sociedad considera que tiene el derecho de criarlos y poseerlos como propiedad. Si, poco a poco, la gente que tiene caballos, yeguadas, centros ecuestres etc. comenzase a verlos como sujetos, lentamente, irían desapareciendo tales formas de explotación y gran parte de la crianza artificial. De tal forma, poco a poco podrían acercarse a la posesión de derechos y a la libertad final.
Si para entonces dejamos de arremeter contra la naturaleza (menor población humana, tecnología limpia, etc.), ninguna especie debiera estar al límite de la extinción y se mantendría en sus parámetros normales respecto a su fisiología.
Espero que esta respuesta haya solventado este punto tan polémico. Me gustaría que, como te señalé, indagaras en los aspectos éticos. Cualquier persona humana puede luchar por los Derechos Animales y lograr mucho por ellos si comprende las razones de por qué hacerlo.
Contestar ↓	Alba 7 Noviembre, 2016 11:29	Hola Adrián.
He estado leyendo tu artículo y es muy interesante. Me resulta un poco incómodo ya que me considero vegana: no como carne ni pescado, lácteos, huevos ni compro ropa de cuero, lana, etc. Sin embargo monto a caballo una hora a la semana en un picadero que, a mi parecer, trata bien a los caballos. Todos los caballos que he visto son sanos y no tienen heridas. También ponemos precauciones para que no hacerles dano en la espalda y a mí, como soy más alta me ponen en caballos más altos. Estos caballos no tienen muchas horas de trabajo o ejercicio y los sacan muchas veces para que puedan corretear en la pista más grande (la pista de mi picadero es muy grande) o los llevan al prado durante un mes y cuando son más viejos van a vivir a un prado, no al matadero. Para mí es un tema bastante incómodo ya que la razón de mi estilo de vida es para evitar el sufrimiento animal, sin embargo no siento que el caballo sufra cuando lo monto. Intento ser suave y delicada para no hacer dano. Si los caballos se sienten felices, podríamos decir que no estoy contribuyendo a su sufrimiento por lo tanto no sería lo mismo que contribuir a lo que les pasa a los animales en los mataderos.
Me acuerdo de una yegua que montaba cuando era más pequena. Dices que el único beneficio del caballo cuando es montado es que tienen su comida, veterinario, etc. La yegua de la que te he hablado era una yegua muy muy miedosa, le tenía miedo a los coches y a casi cualquier ruido y fue cuando empecé a montarla que dejó de tener miedo, por el hecho de que yo no tenía miedo y confiaba en ella, así que pienso que pueden haber diferentes beneficios para un caballo al ser montado si el jinete es respetuoso. Aunque como he dicho antes, es un tema bastante delicado y complicado.
Ah, se me olvidó decir que estoy en contra de las competiciones por las demasiadas horas que el caballo debe entrenar. Recuerdo ver a un caballo que no quería galopar y hablando con la abuela de la jinete me dijo que había sido montado cada día varias horas para una competición. Yo, si tuviera un caballo, tan sólo lo montaría una hora al día y lo tendría viviendo en un prado.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo7 Noviembre, 2016 17:55	Hola, Alba:
Es un placer conocerte. Te agradezco lo bien que has detallado tu caso y la preocupación que muestras por tales caballos. Por tu manera de describir tus acciones e ideas, concluyo que posiblemente te hayan informado mal sobre el veganismo o que las fuentes consultadas sean sensocentristas o bienestaristas. Abundan mucho por internet, de hecho, la página Respuestas Veganas no es vegana. De antemano lamento enrollarme; pero lo estimo muy importante para que entiendas los fundamentos que explicaré después.
Estas dos corrientes difunden a menudo una versión tergiversada del veganismo y lo definen como un estilo de vida (un simple medio) para reducir el sufrimiento de los animales. Tanto el sensocentrismo como el bienestarismo son dos ramas del utilitarismo moral propugnado por el filósofo Peter Singer y sus predecesores. De forma resumida, éstos consideran que lo justo o injusto no dependen de las acciones; sino de sus consecuencias (falacia ad consequentiam). Juzgan que el placer siempre es bueno y que el sufrimiento siempre es malo (dogma).
Los bienestaristas justifican la explotación animal cuando se realiza con “miramientos”, “cariño”, “cuidado” o se les da una “muerte humanitaria”. Para ellos, una acción es justa o injusta según la relación subjetiva entre el beneficio propio o de la comunidad frente al perjuicio ajeno. Existen diferentes grados, unos rechazan ciertas formas de explotación y otras no. Constituyen un amplio espectro. Por ejemplo, los antitaurinos o los defensores de los primates o delfines son un tipo de bienestaristas.
Los sensocentristas, por su parte, rechazan la explotación animal general (comida, vestimenta, espectáculos, etc.) y la justifican cuando supuestamente se practica para reducir el sufrimiento. Por ejemplo, si piensan que un caballo será más feliz estando castrado que entero, lo castrarán. Si piensan que un caballo puede disfrutar un contacto sexual con un ser humano, lo harán (muchos justifican la zoofilia). Si piensan que un caballo será más feliz sin depredadores que lo acechen, pues o bien los dejarían en cercados toda su vida o se ocuparían de extinguir a los predadores. Esta infamia moral se camufla a menudo bajo el nombre de “veganismo”. Obtendrás más infromación en esta otra entrada: La perversión del veganismo: el sensocentrismo.
El veganismo no es un estilo de vida; sino un principio ético cuyo fin es el cese de toda forma de explotación animal en reconocimiento de los intereses inalienables de otros animales. “Explotar” no significa “tratar mal”, sino “usar algo o alguien como medio para un fin” y un “interés” es una necesidad consciente de un sujeto. Todos compartimos, al menos, dos intereses básicos: la libertad y el deseo de vivir.
Tras esta introducción necesaria, observo que tus acciones son bienestaristas. Casi todos lo fuimos antes de ser veganos. Te preocupas por ellos; pero tratas de justificar tus actos según el poco o nulo perjuicio que crees causarles. La única diferencia entre tus ideas y las de quien come carne está en que tú pones el listón de sufrimiento mucho más alto. Sin embargo, el sufrimiento en sí mismo carece de relevancia moral. Los animales no humanos, además de evitar el sufrimiento, tienen otros intereses que les son negados cuando viven con humanos. Tales intereses estarán negados mientras continuemos situando los nuestros por encima y sigamos fomentando su estatus legal de “bienes muebles semovientes” (objetos con movimiento autónomo).
La clave reside en considerar que, aunque no hubiera sufrimiento alguno, te tomas la legitimidad para usarlos como medios en tu beneficio (pj: diversión) y haces que un tercero (otro humano) se beneficie económicamente por su explotación. Ocurre lo mismo que si comprases “huevos ecológicos” a un vecino.
Traté de explicar, y tú has mencionado, que ciertas acciones nuestras pueden beneficiarlos. Tales acciones son éticas cuando van exclusivamente en su beneficio. Así, por ejemplo, operar de urgencia a un caballo abandonado es una acción altruista; en cambio, aplicarles pomadas a caballos con el lomo reventado, aunque sea bueno para ellos, se trata de algo que éticamente se practica con el fin de que puedan seguir usándose. En consecuencia, hay dos tipos de acciones: las que los tratan como fines en sí mismos y las que los tratan como medios para un fin. Lo primero es altruismo y lo segundo es explotación.
No hay, en sí mismo, nada malo en tener caballos o mantenerlos dadas las circunstancias actuales. No obstante, ello no implica ninguna justificación para que obtengamos un beneficio. ¿Si tuviésemos una cebra, un hipopótamo o elefante también los montaríamos? Ha de aplicarse la misma ética que con los hijos. La incomodidad que expresas a lo largo del texto pudiera ser un fiel reflejo de que tú misma te percatas de esta contradicción. Por tanto, si bien suena duro, choca con nuestros placeres y vivencias pasadas, y resulta una respuesta francamente impopular frente a cuanto nos inculca la sociedad, lo justo sería que tales caballos pudieran vivir con la mayor libertad posible y ningún humano se tomase la potestad de usarlos o de ganar dinero a su costa.
A rasgos generales, podrás obtener muchísima más información en los blogs de Filosofía Vegana, Lluvia con Truenos y Enfoque Abolicionista. Te recomiendo asimismo que leas obras y ensayos de los pensadores Tom Regan y Gary L. Francione, entre otros. El último blog citado es una traducción de sus continuos trabajos:
Contestar ↓	Alba 9 Noviembre, 2016 9:07	Entiendo lo que piensas, pensamos de una forma parecida. Sin embargo, no creo que sea justo compararme con los vegetarianos que compran huevos biológicos. Yo no defiendo reducir el dolor, defiendo eliminar por completo el dolor y que no se mate y que el animal viva feliz. Al comprar huevos biológicos se sigue participando en la muerte ya sea de gallinas cuando a partir de un momento no puedan poner más huevos o ya sea de pollitos macho, que los matan cuando nacen. Si realmente habría que etiquetarme, en qué me etiquetarías? No entro en la definición de ”vegetaliana” por el hecho que he cambiado mi alimentación para no ser cómplice de la muerte y el sufrimiento de mis amigos los animales, y también tengo cuidado con lo que compro. Según tú, tampoco entro en la definición de vegana por el hecho de que monto a caballo y que participo de cierta forma en la explotación de los animales. Quizás tú y yo tengamos conceptos diferentes de explotación. Qué es la explotación? Según la RAE: Utilizar abusivamente en provecho propio el trabajo o las cualidades de otra persona.
En mi picadero como he dicho antes, los caballos son felices y no se montan mucho. Van a prados con otros caballos y cuando son más viejos acaban en un prado, no en un matadero. Se podría decir que los explotamos? Si tomamos el ”abusivamente” de la RAE no. Lo bueno de estos caballos es que tienen su comida, su agua, su atención médica y pueden también disfrutar. Si en el futuro yo quisiera adoptar un caballo (ya que soy partidaria de adoptar, no comprar) y lo tuviera en un gran prado y sólo lo montara una hora al día, lo estaría explotando? Si fuera egoísta y lo tomara como un esclavo probablemente lo estaría montando a todas horas pero para mí contaría como alguien más de la familia. Es por eso entre otras cosas, que estoy en contra de las competiciones. He de decir, y no digo que sea tu caso, que muchos veganos con tu ideología se contradicen bastante. Aquellos que dicen que tener un caballo y montarlo no se considera vegano para ellos. Qué es vegano para vosotros? Para mí montar a caballo y pasear a un perro con una correa es exactamente igual.
Preguntan: te gustaría que se subieran encima de ti y que te dijeran dónde ir?
Yo podría preguntarles a ellos: Te gustaría que te ataran y te dijeran dónde ir? Según tu ideología (que no se contradice ella misma, se contradicen las personas) el hecho de tener a un perro o a un gato no sería apto en tal pensamiento. Incluso tener un hijo no sería apto ya que tu hijo nace, y nace porque quieres tú y por lo tanto es algo que te beneficia a ti en un principio. Después, no dejas a tu hijo hacer lo que quiera y lo educas a tu manera. Es cierto. El ser humano es egoísta por naturaleza, o al menos eso lo que pienso pero deberíamos evitar en toda medida de lo posible que los demás, ya sean animales humanos o animales no humanos, sufran por nuestro egoísmo. Un saludo.
Adrián López Galera Autor del artículo9 Noviembre, 2016 15:57	Hola de nuevo, Jenifer:
Exactamente, deseas eliminar por completo el dolor y sólo el dolor. Crees que el veganismo se centra en el dolor y no es así. Como expliqué, el sufrimiento no es un criterio relevante porque éste es mera una respuesta ante un daño o la carencia de un interés. Lo relevante radica en que todos los animales contamos con intereses inalienables (una necesidad consciente). Uno de dichos intereses es la libertad. Tú no querrías vivir bien alimentada en una cuadra de 3×3 (sin aparente sufrimiento), querrías que un tercero no limitase tus acciones por su propia conveniencia. A los animales de un zoológico no se les pega y puedan estar bien alimentados, ¿niegas que deseen ser libres y que a veces no intenten escaparse? Tener un prado grande no equivale a ser libre, que tú estuvieras obligada a vivir en tu ciudad no te convertiría en una chica libre; pues alguien (pj: el gobierno) estaría limitando sus acciones por simple egocentrismo.
Yo no te he etiquetado como persona, me he limitado a señalar que tus ideas son bienestaristas (= sólo importa el bienestar, no los derechos). Los ves como contenedores de placer/sufrimiento mientras que tal visión jamás la aplicarías a ti misma (contradicción moral). Estás confundida respecto a las implicaciones morales de cada caso y puedo explicártelo. En primer lugar, el concepto de “explotación” es de índole filosófica y se aplica al Derecho. El DRAE es un diccionario que reúne, acoge y acopia los usos que le da la gente a las palabras, no los campos especializados. El DRAE no es una fuente nada ideal para campos de especializaciones en Filosofía, Derecho, Ciencias empíricas (pj: genética), Economía, Ingeniería, etc.
Como te mencioné, en Derecho y Ética sólo hay dos tipos de acciones: aquéllas que toman al individuo como un fin en sí mismo o que lo usan como un fin para terceros. No hay más posibilidades. Las segundas siempre se califican de explotación cuando el sujeto implicado carece de libertad. Practicas explotación por tres motivos:
1) El animal no puede darte su consentimiento (no es un trabajador con un contrato firmado y con conocimiento de qué hace) debido a que no es un humano con plenas facultades (nivel de conciencia necesario).
2) Lo utilizas como medio para un fin (pj: diversión). El animal no elige (carece de libertad) ni tiene por qué encontrarlo divertido.
3) El dueño del picadero emplea a tales caballos como medio para un fin gracias a tu consumo. Exactamente igual que en las restantes industrias. Que no muera al final del proceso (pj: si las gallinas si fuesen a prados) no cambia que sea igualmente un esclavo. Sólo es un listón que tú misma has establecido.
Que lo montes más o menos es irrelevante. Decides montarlo menos para evitarle sufrimiento (cosa tuya), no porque estés reconociendo ningún interés del propio animal (cosa que sí poseen). Tanto si lo montas una vez al año como 20 veces al día estás asumiendo que tienes legitimidad para hacerlo porque, según tú, no sufre. Esto es lo que se denomina una petición de principio (justificar una acción basándote en un criterio propio cuya validez no demuestras) y una falacia ad consequentiam), justificar una acción según una evaluación propia de las consecuencias; relación entre beneficio propio y perjuicio ajeno, como señalé antes). El hecho de un caballo requiera una proceso de doma (autonegación de sus acciones) revela que es algo contrario a sus intereses.
Tenencia y explotación son categorías diferentes. Uno puede tener o no tener y explotar o no explotar a un animal (humano o no). La tenencia de un animal no humano es ética si cumple dos principios: inviabilidad de su libertad y respecto hacia su integridad.
No es ético tener una lagartija porque tal animal tiene, por ahora, un hábitat propio en el cual puede vivir de una manera viable. Un perro o un gato, sin embargo, legislativamente (cosa que no deseamos nosotros) carece de hábitat propio (lo hemos destruido) y no podemos soltarlos en mitad de la ciudad por razones obvias. Ponerles una correa para pasear no es algo que alguien para beneficiarse del animal. Llevar una correa respeta al individuo como fin en sí mismo; pues su cometido es evitar que en un entorno humanizado sufra un accidente. No es una acción justa; pero no incurre en explotación. Tú no montas a caballo para evitarles accidentes (por ellos), montas para divertirte en un espacio cerrado (por ti). Un perro en mi mitad del monte no necesitaría correa; pero claro, tú sí necesitas riendas en mitad del campo para poder dirigirlo en tu beneficio. En un futuro podrían revertirse estas circunstancias si la sociedad los viese como sujetos de derecho.
Tener hijos responde a una necesidad vital del individuo y es ético mientras se respete la integridad e intereses de los descendientes hasta que puedan valerse por sí mismos. Todos los animales no humanos podrían valerse por sí mismos si los dejáramos en paz en un ambiente propicio.
No existen veganos “con” mi ideología o veganos “sin” mi ideología, existe gente que se hace llamar vegana sin haber abierto un libro de Donald Watson, Leslie Cross, Tom Regan o Gary Francione. Los dos primeros colaboraron en la definición del término, y el tercero y cuarto lo aunaron a los Derechos Animales. O peor, existe gente vegana que termina sin saberlo en ciertas páginas y blogs donde se dedican a tergiversar los términos para ganar dinero o satisfacer una obsesión hedonista. Desde sus inicios, el veganismo se definió como el principio ético por el cual el ser humano debía de rechazar la explotación animal para lograr la liberación de tales animales frente a la opresión que les causamos. Obviamente, recibir clases de equitación (explotación) no es un acción encaminada hacia su liberación…
El ser humano no es egoísta por naturaleza. Si así fuésemos no habría gente que, como yo, tiene esta conversación con el propósito de señalar qué acciones son injustas hacia los animales no humanos. Aunque no quieras verlo, tratas de justificar tus creencias y acciones para no sentirte culpable por cuanto haces. Yo no estoy juzgándote como persona, sólo estoy juzgando tus acciones y actos de la sociedad en sentido general.
Únicamente pretendo devolverles la justicia a las víctimas, yo no encuentro ningún tipo de beneficio al decirte qué está bien y qué está mal hacer según los argumentos expuestos. Espero que lo comprendas.
Alba 14 Noviembre, 2016 11:43	Hola Adrián.
Me parece que no has leído bien lo que he escrito. Dije que estaba en contra del sufrimiento y de la muerte, por lo tanto no me centro sólo en el dolor. Mis ideas no son bienentaristas puras. Lo único que pienso es que no deberíamos eliminar nuestra relación con los animales. Quizás para ti no te resulta una buena comparación ya que es algo bastante común, más común que tener un caballo y eso es tener un perro, o tener a un gato en un apartamento.
Por qué eliges tener un perro? Estoy segura de que los fines de tener un perro son sobre todo fines propios. Cuando tienes a un perro también le estás privando de su libertad. De hecho hay veganos que están en contra de tener un animal ”doméstico”, son esos los veganos que a mi juicio, no se contradicen. Como bien sabrás los perros vienen de los lobos. Hace mucho tiempo estos lobos vivían en completa libertad y se fueron acercando al humano porque les dábamos comida (algo así como tener a un gato al que dejas salir a la calle) y poco a poco el humano se fue apropiando de estos lobos para no sentirse sol@s, tener protección, etc. ”El veganismo es básicamente un principio moral específico que se resume en la idea de no utilizar a los demás animales —los animales no humanos. No usarlos para ningún propósito ni en ninguna forma. ” Si nos quedamos con esta definición del veganismo una persona que tiene un perro o un gato en un piso no se podría llamar vegana. Si nos ponemos verdaderamente a etiquetar, quiero decir.
Según lo que pienso hay varios tipos de veganos, yo considero estar entre el veganismo moderado y el extremo, ya que yo estoy en contra del sufrimiento y de la MUERTE, pero no estoy en contra de vivir con un animal siempre y cuando los tratemos correctamente y les demos mucho amor.
Contestar ↓	Adrián López Galera Autor del artículo14 Noviembre, 2016 18:08	Hola, Alba:
Dije que evalúas tus acciones como justas o injustas según las consecuencias (dolor, sufrimiento, muerte, etc.); no porque reconozcas los intereses de los caballos y otros animales. Esto es bienestarismo (utilitarismo moral). Te indiqué que tus acciones implican tanto la explotación del caballo por tu parte durante las clases (uso como medio para un fin propio: diversión) como por el lucro que obtiene su explotador.
Consideras que no deberíamos eliminar nuestra relación con los demás animales; pero no especificas a qué tipo de relación te refieres. Actualmente, los humanos mantenemos mayoritariamente una relación de explotación hacia los no-humanos. El veganismo propone (o acepta) una relación basada en el respeto. Ello implica no subordinar los intereses de tales animales a los nuestros ni hacer algo que suponga la privación de su integridad o libertad. Te expliqué que usarlos como medios siempre implica privarlos de libertad de decisión (no eligen ser domados ni ninguna forma y que tú los montes) y de libertad física (no eligen vivir ni en una cuadra ni en un prado del propietario). Sigues participando en un sistema que los considera una propiedad humana y esto no cambiará mientras la sociedad demande tales objetos de consumo. Es obvio.
Ocurre que, incluso aunque alguien no tuviese intención de explotarlos, un ser humano que pretende una relación con un animal no humano puede causar dependencia de éste. Una vez exista dependencia, se corre el riesgo de que éste o sus descendientes sí acaben explotados debido al propio ciclo de nuestra sociedad. Debido a ello, el veganismo acepta la tenencia de animales domesticados por razones contextuales; no absolutas (no ideales). Un vegano puede decidir cuidar a un animal (sin explotarlo, claro) por la estricta razón de su propio bien siempre y cuando, de manera objetiva, ése sea el único modo de que el animal pueda satisfacer la mayor parte de sus intereses inalienables. Es decir, es ético cuidarlos cuando estamos totalmente seguros de que será más libre con nosotros que sin nosotros; lo cual, nuevamente, implica no coartar más su libertad la explotación. Pareciera una contradicción; pero no lo es una sociedad humana que rápidamente los atrapa y los mete en el centro donde los hacinan (privación absoluta de libertad) y, finalmente, pueden acabar asesinados (destrucción de su interés en vivir). En el momento en que exista un lugar donde perros, gatos, caballos y demás puedan vivir independientes, ya no será ético contextualmente el tenerlos. Debemos esforzarnos por devolverles los medios de que puedan volver a ser libres e independientes. Siempre que dependan de nosotros estarán expuestos a riesgos potenciales. Su existencia, como especie, no ha de depender de la nuestra como lo hacía antes de que pusiésemos un pie sobre la Tierra.
Si alguien decide tener un perro, gato, caballo, etc. por fines propios antepone sus pasiones personales a las circunstancias contextuales del animal y comete una cosificación del sujeto que puede conducir a explotación. Se trata de una forma de egocentrismo que cada uno llevamos dentro. De hecho, hace unos días, una mujer que ha estado practicando equitación durante 37 años me comentó lo siguiente (capturas). En el primera cuenta un poco sus experiencias y en el segundo se refiere al activismo dirigido al mundillo ecuestre.
Los perros, al parecer, no solamente proceden de los lobos; sino que son híbridos entre lobos, coyotes, zorros y chacales. Antes se negaba esta hipótesis porque los zorros no ladran. Hubo un experimento en domesticación forzada en zorros y, tras cuatro generaciones de selección artificial, los zorros empezaron a ladrar. ¿Por qué? Pues porque se descubrió que el mismo grupo de genes que controla la docilidad hacia el ser humano también altera el desarrollo del aparato fonador en cánidos. En équidos y rumiantes, los grupos de genes que controlan la docilidad hacia el ser humano controlan la pigmentación de la piel y los patrones. A tenor de ello, todas las coloraciones de los caballos actuales son artificiales, sobre todo, las más claras. Existe el fenómeno llamado “la marca blanca”, la cual puede observarse en la frente de muchos caballos de raza inglesa o en el torso de la vacas, tal rasgo deriva de la selección artificial e indica que dicho animal es el resultado de una fuerte endogamia.
Finalmente, en regreso del tema, no existen diferentes grados de veganismo como tampoco existen diferentes grados de feminismo. El veganismo es un principio ético absoluto referido hacia la explotación animal y su estatus como propiedad. Únicamente existen humanos que optan por no explotar a ningún animal de ninguna forma con ningún propósito (veganos) y humanos que optan por explotar a algunos animales de alguna forma en algunas condiciones según sus propias preferencias (bienestaristas). No hay terceras opciones; pues o hay explotación o no la hay. No puede haber explotación y no-explotación al mismo tiempo. Por tanto, es imposible que existan grados. ¿Entiendes?
Repito, no te lo tomes como una etiqueta. Yo no juzgo, sólo analizo. Esto es mera teoría y no cambia aunque nuestra a nuestra conciencia le cueste aceptarlo. Todos tuvimos nuestro proceso y cada quien tiene un pasado. He conocido veganos que antes fueron cazadores, pescadores o incluso taurinos. Un saludo cordial.
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