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Timestamp: 2017-07-22 14:40:06+00:00

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I. Dogmatismo y "libertad de crítica" | La Caja de Herramientas de la UJCE
Tabla de contenidos a) ¿Qué significa la "libertad de crítica"?
b) Los nuevos defensores de la "libertad de crítica"
c) La crítica en Rusia d) Engels sobre la importancia de la lucha teórica
En efecto, para nadie es un secreto que en el seno de la socialdemocracia internacional contemporánea se han formado dos tendencias cuya lucha ora se reaviva y levanta llamas ora se calma y consume bajo las cenizas de impresionantes "resoluciones de armisticio". En qué consiste la "nueva tendencia, que asume una actitud "crítica" frente al marxismo "viejo, dogmático", lo ha dicho Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente claridad.
Así pues, la exigencia de que la socialdemocracia revolucionaria dé un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués ha ido acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta última crítica del marxismo se venía haciendo ya mucho tiempo, utilizando para ello la tribuna política, las cátedras universitarias, numerosos folletos y gran cantidad de tratados científicos; como toda la nueva generación de las clases instruidas ha sido educada sistemáticamente durante decenios en esta crítica, no es de extrañar que la "nueva" tendencia "crítica" haya salido de golpe con acabada perfección en el seno de la socialdemocracia, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Por su fondo, esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni formarse: ha sido transplantada directamente de las publicaciones burguesas a las publicaciones socialistas.
Prosigamos. Por si la crítica teórica de Bernstein y sus anhelos políticos estaban aún poco claros para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el "nuevo método". Francia se ha hecho una vez más acreedora de su vieja reputación de "país en el que las luchas históricas de clase se han llevado siempre a su término decisivo más que en ningún otro sitio" (Engels, fragmento del prólogo a la obra de Marx Der 18 Brumaire) . En lugar de teorizar, los socialistas franceses han puesto manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más desarrolladas en el aspecto democrático, les han permitido pasar sin demora al "bernsteinianismo práctico" con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un brillante ejemplo de este bernsteinianismo práctico: por algo Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y ensalzar con tanto celo a Millerand. En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, ni más ni menos que un partido de reformas y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la supresión de la dominación de las clases, ¿por qué un ministro socialista no ha de cautivar a todo el mundo burgués con discursos acerca de la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de que los asesinatos de obreros por gendarmes hayan puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses no dan ahora otro nombre que el de héroe de la horca, del látigo y de la deportación ("knouteur, pendeur et déportateur")? ¡Y a cambio de esta infinita humillación y este autoenvilecimiento del socialismo ante el mundo entero, a cambio de pervertir la conciencia socialista de las masas obreras -única base que pueda asegurarnos el triunfo -, a cambio de todo eso ofrecer unos rimbombantes proyectos de reformas tan miserables que eran mayores las que se lograba obtener de los gobiernos burgueses!
Precisamente esta consigna ("libertad de crítica") ha sido lanzada de manera solemne en los últimos tiempos por Rabócheie Dielo (número 19), órganos de la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero . Y no como un postulado teórico, sino como una reivindicación política, como respuesta ala pregunta de si "es posible la unión de las organizaciones socialdemócratas rusas que actúan en el extranjero": "Para una unión sólida es indispensable la libertad de crítica" (pág. 36).
De esta declaración se deducen dos conclusiones bien claras:
1) Rabócheie Dielo asume la defensa de la tendencia oportunista en la socialdemocracia internacional en general;
2) Rabócheie Dielo exige la libertad del oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos estas conclusiones.
A Rabócheie Dielo le disgusta, "sobre todo", la "tendencia de Iskra y Zariá a pronosticar la ruptura entre la Montaña y la Gironda en la socialdemocracia internacional.
Precisamente el ejemplo de B. Krichevski -responderemos a eso - demuestra que a veces se llaman marxistas gentes que ven la historia sólo "a lo Ilovaiski" . Para explicar la unidad del Partido Socialista Alemán y la desunión del francés no hace falta en absoluto escarbar en las peculiaridades de la historia de tal o cual país, comparar las condiciones del semiabsolutismo militar y el parlamentarismo republicano, analizar las consecuencias de la Comuna y las de la Ley de excepción contra los socialistas , confrontar la situación económica y el desarrollo económico, recordar que "el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana" fue acompañado de una lucha de energía sin igual en la historia del socialismo, no sólo contra los extravíos teóricos. (Mülberger, Dühring , los socialistas de cátedra , sino también contra las equivocaciones en el terreno de la táctica (Lassalle), etc. ¡Todo esto está de más! Los franceses riñen porque son intolerantes; los alemanes están unidos porque son buenos chicos.
Y observen que, mediante esta sin par profundidad de pensamiento, se "elimina" un hecho que rebate por completo la defensa de los bernsteinianos. Sólo la experiencia histórica puede dar una respuesta definitiva e irrevocable a la pregunta de si abrazan la posición de la lucha de clase del proletariado. Por tanto, en este sentido tiene la máxima importancia precisamente el ejemplo de Francia por tratarse del único país donde los bernsteinianos han intentado actuar de manera independiente, con la aprobación calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los oportunistas rusos: véase R. D., núm. 2-3, pág. 83-84). La alusión a la "intolerancia" de los franceses -además de su significación "histórica" (en sentido "nozdrioviano ") - no es más que una tentativa de disimular con palabras graves hechos muy desagradables.
Tampoco estamos dispuestos, en absoluto, a entregar a los alemanes como regalo a B. Krichevski y demás copiosos defensores de la "libertad de crítica". Si se tolera todavía en las filas del partido alemán "a los más declarados bernsteinianos", es sólo por cuanto acatan la resolución de Hannover , que rechazó de plano tanto las "enmiendas" de Bernstein como la de Lübeck , contenedora esta última (pese a toda su diplomacia) de una clara advertencia a Bernstein. Se puede discutir, desde el punto de vista de los intereses del partido alemán, si esta diplomacia era oportuna o no, o si, en tal caso, no valía más un mal ajuste que un buen pleito; se puede disentir, en suma, de si conviene tal o cual procedimiento de rechazar el bernsteinianismo; pero lo que no se puede hacer es no ver que el partido alemán ha rechazado dos veces el bernsteinianismo. Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes confirma la tesis de que "los más declarados bernsteinianos sustentan la posición de la lucha de clase del proletariado por su emancipación política y económica "significa no comprender en absoluto lo que está pasando delante de todos nosotros”.
Es más: como hemos dicho ya, Rab. Dielo presenta a la socialdemocracia rusa la reivindicación de "libertad de crítica" y defiende el bernsteinianismo. Por lo visto, ha tenido que convencerse de que se ha agraviado injustamente a nuestros "críticos" y bernsteinianos. ¿A cuáles en concreto? ¿A quién, dónde y cuándo? ¿En qué consistió, ni más ni menos, la injusticia? ¡Rab. Dielo guarda silencio sobre este punto, no menciona ni una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano ruso! Sólo nos resta hacer una de las dos hipótesis posibles. O bien la parte agraviada injustamente no es otra que el mismo Rab. Dielo (así lo confirma el que en ambos artículos de su número 10 se trate sólo de agravios inferidos por Zariá e Iskra a Rab. Dielo). En este caso, ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que Rab. Dielo, que siempre ha negado de manera tan obstinada toda solidaridad con ell Bernsteinianismo, no haya podido defenderse sin hablar en pro de los "más declarados bernsteinianos" y de la libertad de crítica? O bien han sido agraviadas injustamente unas terceras personas. Entonces ¿cuáles pueden ser los motivos que impidan mencionarlas?
Vemos, pues, que Rab. Dielo sigue jugando al escondite lo mismo que venía haciendo (y como demostraremos más adelante) desde que apareció. Además, observen esta primera aplicación práctica de la decantada "libertad de crítica". De hecho, esta libertad se ha reducido en el acto no sólo a la falta de toda crítica, sino a la falta de todo juicio independiente en general. Ese mismo Rab. Dielo, que guarda silencio sobre el bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad secreta (según la feliz expresión de Starovier) , ¡propone para curarla copiar lisa y llanamente la última receta alemana contra la variedad alemana de esta enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica, imitación servil... o, peor aún, simiesca! El idéntico contenido social y político del oportunismo internacional contemporáneo se manifiesta en una y otras variantes, según las peculiaridades nacionales. En este país, un grupo de oportunistas viene actuando desde hace tiempo bajo una bandera especial; en ése, los oportunistas han desdeñado, la teoría, siguiendo en la práctica la política de los radicales socialistas; en aquél, algunos miembros del partido revolucionario han desertado al campo del oportunismo y pretender alcanzar sus objetivos no con una lucha franca en defensa de los principios y de la nueva táctica, sino mediante una corrupción gradual, imperceptible y, valga la expresión, no punible de su partido; en el de más allá, esos mismos tránsfugas emplean iguales procedimientos a la sombra de la esclavitud política, manteniendo una proporción de lo más original entre la actividad "legal" y la "ilegal", etc. pero decir que la libertad de crítica y el bernsteinianismo son una condición para unir a los socialdemócratas rusos, sin haber analizado en qué se manifiesta precisamente el bernsteinianismo ruso, ni qué frutos singulares ha dado, es hablar por hablar.
Intentemos, pues, decir nosotros, aunque sea en pocas palabras, lo que no ha querido exteriorizar (o quizás ni siquiera ha sabido comprender) Rab. Dielo.
c) La crítica en Rusia La peculiaridad fundamental de Rusia en el aspecto que examinamos consiste en que el comienzo mismo del movimiento obrero espontáneo, por una parte, y del viraje de la opinión pública avanzada al marxismo, por otra, se distinguió por la unión de elementos a todas luces heterogéneos bajo una bandera común para combatir a un enemigo común (la concepción sociopolítica anticuada del mundo). Nos referimos a la luna de miel del "marxismo legal". En general fue un fenómeno de extraordinaria originalidad que nadie hubiera podido siquiera creer posible en la década del ochenta o primeros años de la siguiente del siglo pasado. En un país autocrático, donde la prensa estaba sojuzgada por completo, en una época de terrible reacción política, cuando eran perseguidos los mínimos brotes de descontento político y protesta, se abrió de pronto camino en las publicaciones visadas por la censura la teoría del marxismo revolucionario expuesta en un lenguaje esópico, pero comprensible para todos los "interesados". El gobierno se había acostumbrado a considerar peligrosa únicamente la teoría del grupo (revolucionarios) Libertad del Pueblo, sin ver, como suelo ocurrir, su evolución interna y regocijándose de toda crítica que fuera contra ella. Pasó mucho tiempo (mucho según contamos los rusos) hasta que el gobierno se despertó y hasta que el aparatoso ejército de censores y gendarmes pudo descubrir al nuevo enemigo y caer sobre él. Mientras tanto, iba apareciendo un libro marxista tras otro; empezaban a publicarse revistas y periódicos marxistas; todo el mundo se hacía marxista; se halagaba y lisonjeaba a los marxistas; los editores estaban entusiasmados de la extraordinaria venta que tenían los libros marxistas. Se comprende perfectamente que entre los marxistas principiantes envueltos por esa humareda de éxito hubiera algún que otro "escritor envanecido"... Hoy puede hablarse de ese periodo con calma, como de algo ya pasado. Para nadie es un secreto que la efímera prosperidad alanzada por el marxismo en la superficie de nuestras publicaciones fue debida a la alianza de elementos extremistas con otros muy moderados. En el fondo, estos últimos eran demócratas burgueses, y esa deducción (confirmada con evidencia por el desarrollo "crítico" posterior de dichos hombres) no podían menos de hacerla ya ciertas personas en los tiempos de mantenimiento de la "alianza".
Pero si eso es así, ¿no recae la mayor responsabilidad por la "confusión" ulterior precisamente en los socialdemócratas revolucionarios, que pactaron esa alianza con los futuros "críticos"? Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa, se oye a veces en boca de gente que enfoca el problema de una manera demasiado simple. Pero esa gente no tiene la menor razón. Puede temer alianzas temporales, aunque sea con personas poco seguras, sólo quien desconfía de sí mismo, y sin esas alianzas no podría existir ningún partido político. Ahora bien, la unión con los marxistas legales fue una especie de primera alianza verdaderamente política concertada por la socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza se ha logrado el triunfo, de asombrosa rapidez, sobre el populismo, así como la grandiosa difusión de las ideas del marxismo (si bien en forma vulgarizada). Además, la alianza no fue pactada sin "condición" alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la recopilación marxista Datos sobre el desarrollo económico de Rusia , quemada por la censura de 1895. Si el acuerdo literario con los marxistas legales puede ser comparado con una alianza política, este libro puede compararse con un pacto político.
En tales condiciones, como es natural, la ruptura se hizo imprescindible. Pero la particularidad "original" de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba que los socialdemócratas se apartaban de las publicaciones "legales", más accesibles para todos y muy difundidas. Los "ex marxistas" se hicieron fuertes, en ellas, colocándose "bajo el signo de la crítica" y obteniendo casi el monopolio de "demoler" el marxismo". Los gritos: "¡Contra la ortodoxia!" y "¡Viva la libertad de crítica!" (repetidos ahora por Rab. Dielo) se pusieron en el acto muy en boga. Ni siquiera los censores ni los gendarmes pudieron resistir a esa moda, como lo prueba la aparición de tres ediciones rusas del libro del famoso (famoso a Eróstrato) Bernstein o la recomendación por Zubátov de los libros de Bernstein, del señor Prokopóvich y otros (Iskra, número 10). Los socialdemócratas tienen planteada ahora una tarea difícil de por sí y, además, complicada en grado increíble por obstáculos puramente externos: la tarea de combatir la nueva corriente. Y esta corriente no se ha limitado al terreno de las publicaciones. El viraje hacia la "crítica" ha ido acompañado de un movimiento opuesto: la inclinación hacia el "economismo" por parte de los socialdemócratas dedicados a la labor práctica.
El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin el consentimiento y hasta en contra, quizás, d ella voluntad de sus autores. Al menos, el autor de estas líneas, que participó en sacar a la luz del día el nuevo "programa" , tuvo que escuchar lamentos y reproches porque el resumen de las opiniones de los oradores se difundió en copias, recibió el mote de Credo y ¡apareció incluso en la prensa junto con la protesta! Referimos este episodio porque revela un rasgo muy curioso de nuestro "economismo": el miedo a la publicidad. Un rasgo precisamente del "economismo" en general -y no sólo de los autores del Credo - que se ha manifestado en Rabóchaya Mysl , el adepto más franco y más honrado del "economismo", en Rab. Dielo (al indignarse contra la publicación de documentos "economistas" en el Vademécum ; en el comité de Kíev, que hace cosa de dos años no quiso autorizar la publicación de su Professión de Foi junto con la refutación escrita contra ella, y en muchos, muchísimos partidarios del "economismo".
Este miedo que tienen a la crítica los adeptos de la libertad de crítica no puede explicarse sólo por astucia (si bien algunas veces las cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia; ¡no es prudente dejar al descubierto ante el embate del enemigo los brotes, débiles aún, de la nueva tendencia!). no, la mayoría de los "economistas" desaprueba con absoluta sinceridad (y, por la propia esencia del "economismo", tiene que desaprobar) toda clase de controversias teóricas, disensiones fraccionales, grandes problemas políticos, proyectos de organizar a revolucionarios, etc. "¡Sería mejor dejar todo eso a la gente del extranjero!", me dijo en cierta ocasión un "economista", bastante consecuente, expresando con ello la siguiente idea, muy difundida (y también puramente tradeunionista): lo que a nosotros nos incumbe es el movimiento obrero, las organizaciones obreras que tenemos aquí, en nuestra localidad, y el resto no son más que invenciones de los doctrinarios, "sobrestimación de la ideología", como decían los autores de la carta publicada en el número 13 de Iskra, haciendo coro al número 10 de Rab. Dielo.
Es sabido que Rab. Dielo no hizo ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero; y más adelante tendremos que aclarar detalladamente esta conocida verdad en sus más diversos aspectos. Por ahora, sólo queremos mostrar la flagrante contradicción en que se halla la reivindicación de "libertad de crítica" con las peculiaridades de nuestra crítica patria y del "economismo" ruso. En efecto, echen un vistazo al texto de la resolución con que la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero ha confirmado el punto de vista de Rab. Dielo:
Y se exponen los motivos: la resolución "coincide en su primera parte con la resolución del Congreso de Lübeck del partido acerca de Bernstein"... ·En su simplicidad, los "aliados" ni siquiera notan qué testimonium paupertais (certificado de pobreza) se firman a sí mismos con esta manera de copiar! ... "Pero..., en su segunda parte, restringe más la libertad de crítica que el Congreso de Lübeck".
¿De modo que la resolución de la Unión está dirigida contra los bernsteinianos rusos? ·Porque, de otro modo sería un absurdo completo referirse a Lübeck! Pero no es cierto que "restrinja la libertad de crítica de un modo estricto". En su resolución de Hannover, los alemanes rechazaron punto por punto precisamente las enmiendas que presentó Bernstein, y en la de Lübeck hicieron una advertencia personal a Bernstein, mencionando su nombre en el texto. En cambio, nuestros imitados "libres" no hacen la menor alusión a una sola de las manifestaciones de la "crítica" y del "economismo" especialmente rusos; si se guarda silencio de esa forma, la mera alusión al carácter clasista y revolucionario de la teoría deja mucha más libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la Unión se niega a calificar de oportunismo "el llamado economismo" (Dos congresos, pág. 8, punto 1). Pero esto lo decimos de pasada. Lo principal consiste en que la posición de los oportunistas frente a los socialdemócratas revolucionarios es diametralmente opuesta en Alemania y en Rusia. En Alemania, los socialdemócratas revolucionarios, como es sabido, están a favor de mantener lo que existe: el viejo programa y la vieja táctica, que todo el mundo conoce y que han sido explicado en todos sus detalles a través de la experiencia de muchos decenios. Los "críticos", en cambio, quieren introducir modificaciones; y como estos "críticos" representan una ínfima minoría, y sus aspiraciones revisionistas son muy tímidas, es fácil comprender los motivos por los cuales la mayoría se limita a rechazar lisa y llanamente las "innovaciones". En Rusia, en cambio, son los críticos y los "economistas" quienes desean mantener lo que existe: los "críticos" quieren que se siga considerándolos marxistas y que se les asegure la "libertad de crítica" que disfrutaban en todos los sentidos (pues, en el fondo, jamás han reconocido ningún vinculo de partido; además, entre nosotros no había un órgano de partido reconocido por todos que pudiera "restringir" la libertad de crítica, aunque sólo fuera por medio de un consejo); los "economistas" quieren que los revolucionarios reconozcan "la plenitud de derechos del movimiento en el presente" (R. D., número 10, pág. 25), es decir la "legitimidad" de la existencia de lo que existe; que los "ideólogos", no traten de "desviar" el movimiento del camino "determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales y el medio material" (Carta en el número 12 de Iskra); que se considere deseable sostener la lucha "que es posible para los obreros en las circunstancias presentes", y se considere posible la lucha "que mantienen realmente en el momento actual" (Suplemento especial de R. Mysl , pág. 14). En cambio, a nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, nos disgusta ese culto a la espontaneidad es decir, a lo que existe "en el momento actual"; reclamamos que se modifique la táctica que ha prevalecido durante los últimos años, declaramos que "antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resulto y definido" (del anuncio sobre la publicación de Iskra). En pocas palabras, los alemanes se conforman con lo que existe, rechazando las modificaciones; nosotros reclamamos que se modifique lo existente, rechazando el culto a ello y la resignación con ello.
“Dogmatismo, doctrinarismo, anquilosamiento del partido, castigo ineludible por las trabas impuestas al pensamiento": tales son los enemigos contra los cuales arremeten caballerescamente en Rab. Dielo los paladines de la "libertad de crítica". Nos alegra mucho que se haya suscitado esta cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra: ¿Y quiénes serán los árbitros?
Tenemos a la vista los anuncios de dos publicaciones. Uno es el programa de "Rabócheie Dielo", órgano de prensa de la Unión de Socialdemócratas Rusos (separata del núm. 1, de R. D.). El otro, es el Anuncio sobre la reanudación de las publicaciones del grupo Emancipación del Trabajo. Ambos están fechados en 1899, cuando la "crisis del marxismo" estaba planteada a la orden del día desde hacía ya mucho tiempo. ¿Y bien? En vano buscaríamos en el primero de dichos documentos una alusión a este fenómeno y una exposición definida de la actitud que el nuevo órgano piensa adoptar ante él. Ni en este programa ni en los suplementos del mismo, aprobados por el III Congreso de la Unión en 1901 (Dos congresos, pág. 15-18), se dice una sola palabra de la labor teórica ni de sus tareas inmediatas en el momento actual. Durante todo este tiempo, la redacción de Rab. Dielo ha dado de lado los problemas teóricos, a pesar de que preocupaban a todos los socialdemócratas del mundo entero.
Vemos, pues, que las frases altisonantes contra el anquilosamiento de la idea, etc., encubren la despreocupación y la impotencia en el desarrollo del pensamiento teórico. El ejemplo de los socialdemócratas rusos ilustra con particular evidencia un fenómeno europeo general (señalado también hace ya mucho por los marxistas alemanes): la famosa libertad de crítica no significa sustituir una teoría con otra, sino liberarse de toda teoría íntegra y meditada, significa eclecticismo y falta de principios. Quien conozca por poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento, verá forzosamente que la vasta difusión del marxismo, ha ido acompañada de cierto menosprecio del nivel teórico. Son muchas las personas muy poco preparadas, e incluso sin preparación teórica alguna, que se han adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos prácticos. Este hecho permite juzgar cuán grande es la falta de tacto de Rab. Dielo al lanzar con aire triunfal la sentencia de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas". Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: "¡Ojalá tengáis siempre uno que llevar!" Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el Programa de Gotha , en la cual censura duramente el eclecticismo en que se incurrió al formular los principios: si hace falta unirse -escribía Marx a los dirigentes del partido -, pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas. Tal era el pensamiento de Marx, ¡pero resulta que entre nosotros hay gente que en nombre de Marx trata de aminorar la importancia de la teoría!
Aduciremos las observaciones hechas por Engels en 1874 a la significación de la teoría en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce tres formas de la gran lucha de la socialdemocracia, y no dos (la política y la económica) -como es usual entre nosotros -, colocando también a su lado la lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento obrero, alemán, ya robustecido en los aspectos práctico y político, son tan instructivas desde el punto de vista de los problemas y las discusiones actuales que el lector no nos recriminará, así lo esperamos, por reproducir un extenso fragmento del prefacio al folleto Der deutsche Bauernkrieg, que desde hace ya mucho es una rareza bibliográfica:
“Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La primera es que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido de las clases llamadas "cultas" de Alemania. Sin la filosofía alemana que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único socialismo científico que ha existido alguna vez. De haber carecido los obreros de sentido teórico, este socialismo científico nunca hubiera sido, en la medida que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y demuestra cuán inmensa es dicha ventaja, de un lado, la indiferencia por toda teoría, que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance con tanta lentitud, a pesar de la excelente organización de algunos oficios, y de otro, el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos. La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que se sostiene sobre los hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen -tres pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más grandes de todos los tiempos, habiéndose anticipado genialmente a una infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico -, así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad e sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar en el presento los errores que entonces no había sido posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora sin el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París? Hay que hacer justicia a los obreros alemanes pro haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas y relacionadas entre sí: teórica, política y económico-práctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán. Esta situación ventajosa, por su parte, y, por otra, las peculiaridades insulares del movimiento inglés y la represión violenta del francés, hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupara este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando es de esperar que cumplan como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda, y cada vez más lúcida, debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, y se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos... ... Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del movimiento -y no le conviene al movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del mismo -, sino que ocuparán un puesto de honor en la línea de combate; y están bien pertrechados para ello si, de pronto duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión y energía". Estas palabras de Engels resultaron proféticas. Algunos años más tarde, al dictarse la ley de excepción contra los socialistas, los obreros alemanes se vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y, en efecto, los obreros alemanes les hicieron frente bien pertrechados y supieron salir victoriosos de esas pruebas.
A propósito. En la historia del socialismo moderno es quizá un hecho único, y extraordinariamente consolador en su género, que una disputa entre distintas tendencias en el seno del socialismo se haya convertido, por vez primera, de nacional e internacional. En otros tiempos, las discusiones entre lassalleanos y eisenacheanos , entre guesdistas y posibilistas , entre fabianos y socialdemócratas, entre partidarios de Libertad del Pueblo y socialdemócratas eran discusiones puramente nacionales, reflejaban peculiaridades netamente nacionales, se desarrollaban, por decirlo así, en planos distintos. En la actualidad (ahora se ve esto bien claro), los fabianos ingleses, los ministerialistas franceses , los bernsteinianos alemanes y los críticos rusos son una sola familia; se elogian mutuamente, aprenden los unos de los otros y cierran filas contra el marxismo "dogmático". ¿Será en esta primera contienda, realmente internacional, con el oportunismo socialista donde la socialdemocracia revolucionaria internacional se fortalezca los suficiente para acabar con la reacción política que impera en Europa desde hace ya largo tiempo?
La comparación de las dos tendencias existentes en el proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina -la Montaña - y la Gironda) fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901) escrito por Plejánov. A los demócratas-constitucionalistas , los "sin título" y los mencheviques les gusta mucho, hasta ahora, hablar del "jacobinismo" en la socialdemocracia rusa. Pero hoy prefieren callar u... olvidar que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia. (Nota de Lenin para la edición de 1907)
Cuando Engels arremetió contra Dühring, muchos representantes de la socialdemocracia alemana se inclinación por las concepciones de este último y acusaron a Engels, incluso públicamente, en un congreso del partido, de brusquedad, intolerancia, polémica impropia de camaradas, etc. Most y sus compañeros propusieron (en el Congreso de 1877) retirar de Vorwärts los artículos de Engels por "no tener interés para la inmensa mayoría de los lectores2, y Vahlteich declaró que la publicación de estos artículos había perjudicado mucho al partido, que también Dühring había prestado servicios a la socialdemocracia: "debemos aprovecharnos a todos en beneficio del partido, y si los catedráticos discuten, Vorwärts en modo alguno es el lugar adecuado para sostener tales discusiones" (Vorwärts, 1877, número 65, 6 de junio). ¡Como ven, éste es también un ejemplo de defensa de la "libertad de crítica", y no estaría mal que meditaran en él nuestros críticos legales y oportunistas ilegales, a quienes tanto place invocar el ejemplo de los alemanes!
Debe advertirse que, al hablar del bernsteinianismo en el partido alemán, R. Dielo se ha limitado siempre a un mero relato de los hechos, "absteniéndose" por completo de calificarlos. Véase, pro ejemplo, el número 2-3, pág. 66, acerca del Congreso de Stuttgart ; todas las discrepancias se reducen a la "táctica", sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior táctica revolucionaria. O el número 4-5, pág. 25 y siguientes, que es una simple repetición de los discursos pronunciados en el Congreso de Hannover, acompañado de la resolución de Bebel; la exposición de las concepciones de Bernstein y la crítica de las mismas quedan aplazadas de nuevo (así como en el número 2-3) hasta la publicación de un "artículo especial". Lo curiosos del caso es que en la pág. 33 del número 4-5 leemos: "... las concepciones expuestas por Bebel cuentan con una inmensa mayoría en el congreso", y un poco más adelante: "... David ha defendido las opiniones de Bernstein y sus amigos, a pesar de todo , sustentan la posición de la lucha de clases"".. ¡Esto se escribió en diciembre de 1899; pero en septiembre de 1901 R. Dielo no cree ya, por lo visto, que Bebel tenga razón y repite la opinión de David como suya propia!
Aludimos al artículo de K. Tulin contra Struve (véase V.I. Lenin. Obras Completas, 5ª ed. en ruso, t. I, pág. 347-534), basado en un informe que tenía por título El reflejo del marxismo en las publicaciones burguesas. Véase el Prólogo. (Nota de Lenin para la edición de 1907 )
Se trata de la Protesta de los 17 contra el Credo. El autor de estas líneas participó en la redacción de la protesta (fines de 1899) (36). La protesta fue publicada en el extranjero, junto con el Credo, en la primavera de 1900. Hoy se sabe ya, por el artículo de la señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Byloe ), que fue ella la autora del Credo y que entre los "economistas" de entonces que se encontraban en el extranjero desempeñó un papel prominente el señor Prokopóvich. (Nota de Lenin para la edición de 1907)
Por lo que sabemos, la composición del comité de Kíev ha cambiado desde entonces.
La falta de vínculos claros con el partido y de tradiciones de partido constituye por sí sola una diferencia tan cardinal entre Rusia y Alemania que debería haber puesto en guardia a todo socialista sensato contra cualquier imitación ciega. Pero he aquí una muestra de hasta dónde llega la "libertad de crítica" en Rusia. Un crítico ruso, el señor Bulgákov, hace la siguiente reprimenda al crítico austriaco Hertz: "Pese a toda la independencia de sus conclusiones, Hertz sigue en este punto (acerca de las cooperativas), según parece, demasiado atado por las opiniones de su partido y, al disentir en los detalles, no se decide a desprenderse del principio general" (El capitalismo y la agricultura, t. II, pág. 287). ¡Un súbdito de un Estado esclavizado en el terreno político con una población que el servilismo político y la absoluta incomprensión del honor de partido y de los vínculos de partido tienen corrompida en el 999 por 1000 hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un Estado constitucional porque "lo atan demasiado las opiniones del partido"! Lo único que les queda a nuestras organizaciones clandestinas es ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad de crítica ... (Véase V.I. Lenin. Obras completas, 5ª ed. en ruso, t. 4, pág. 358.)
Dritter Abdruck. Leipzig, 1875. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerei. (La guerra campesina en Alemania, tercer edición, Leipzig, 1875. Editorial Cooperativa.) Volver arriba
II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia ›

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