Source: http://caixal.com/la-crisis-del-suez-la-guerra-de-los-seis-dias-primera-parte/
Timestamp: 2020-08-04 16:31:27+00:00

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Fue una victoria militar para los tres aliados; pero también una derrota política, ya que la gran presión diplomática por parte de los Estados Unidos y de la Unión Soviética forzó a Francia, Inglaterra e Israel a retirar sus ejércitos. A cambio de retirar sus ejércitos del Sinaí, Israel obtuvo indirectamente de Egipto el compromiso de detener sus envíos de armamento a las guerrillas que luchaban contra Israel. Como resultado, las relaciones entre Egipto e Israel se tranquilizaron (en la medida en que esto era posible) por un tiempo. Además, un cuerpo especial de la ONU, conocido como UNEF por sus siglas en inglés, fue desplegado en la península del Sinaí, para interponerse entre israelíes y egipcios. Las tensiones continuarían en la zona y acabarían desembocando en la guerra de los Seis Días de 1967. Al signar en 1928 el Pacto Kellogg[1] de renuncia a la guerra como instrumento de política nacional el Gobierno de Londres reservó expresamente su actitud con respecto a «ciertas regiones del mundo cuya integridad presentaba un gran interés para la paz y la seguridad de la Gran Bretaña«, refiriéndose así fundamentalmente al Canal de Suez, arteria aorta económica del Imperio británico. Desde hace treinta años, aunque muchas cosas han cambiado e incluso los lazos que unían al Imperio británico se han relajado de tal forma que ya ni la Commonwealth puede calificarse de británica, sino de mera asociación de naciones libres e iguales, sin embargo, no ha dejado de constituir la Zona del Canal de Suez, el muelle real de todo el sistema económico, inglés. Cuando el 13 de junio de 1956 el último destacamento de fuerzas británicas salió de Port Said abandonando la guarda del Canal de Suez, cinco días antes de lo dispuesto en el Acuerdo anglo-egipcio de 19 de octubre de 1954, sólo se preveía un eventual retorno, de las fuerzas armadas británicas a la zona del Canal en caso de un ataque armado por una tercera Potencia contra cualquiera de las Partes del Tratado de Defensa colectiva de la Liga de Estados Árabes o Turquía, debiendo en tal caso dar Egipto las facilidades que fueren necesarias para el uso de las bases del Canal, para hacer la guerra. Pero esta disposición del artículo 4 del acuerdo firmado por Nasser[2] y Nutting no podía, naturalmente, encarar que dos meses después de la retirada del último soldado británico de la zona del Canal de Suez, se habría de producir una situación que llevara al Gobierno de Londres a considerar la vuelta de sus tropas como ejército de ocupación del Canal de Suez y que, en las semanas siguientes, de los puertos británicos zarparan buques de guerra conduciendo fuerzas de desembarco para una eventual ocupación de dicha zona en operación conjunta con fuerzas francesas. ¿Qué había sucedido en el mes de julio que tan fundamentalmente cambió las relaciones anglo-egipcias?
Porque, hasta entonces, no sólo habían sido normales sino incluso amistosas y así, la Gran Bretaña suministraba armas a Egipto, especialmente los «caza Gloster-Meteor[3]«, si bien desde comienzos del verano de 1956, la actitud egipcia frente al Pacto de Bagdad se endureció lo bastante como para que Nasser pudiera declarar que los «enemigos tradicionales» de Egipto eran Inglaterra y Francia, y no la Unión Soviética. La respuesta al interrogante lleva el nombre de un gran proyecto: la construcción de la presa nueva de Assuan. Desde 1954 venía acariciando el Gobierno cairota la realización de un gran plan de regularización de las aguas del Nilo para aumentar considerablemente la superficie cultivable y la producción de energía. Pero las obras se calculó costarían sobre los quinientos millones de dólares en su primera fase, y el Gobierno egipcio no podía por sí solo financiar tan grandioso proyecto. El Banco Internacional para la Reconstrucción y Fomento[4], se mostró dispuesto a ayudar, pero en condiciones inaceptables para el Gobierno cairota, en cuanto que venía a significar un control financiero del país. La Unión Soviética propuso (aunque sin comprometerse firmemente) a Egipto, un préstamo de doscientos millones de dólares a bajo interés y reembolsable en gran parte en algodón. Entonces, los Estados Unidos ofrecieron un crédito de cincuenta y seis millones de dólares (prácticamente como donación), que la Gran Bretaña completaría con catorce millones más. Incluso el Director del Banco mundial firmó en febrero de 1956 un acuerdo de principio con el Gobierno egipcio, para concederle un crédito de doscientos millones de dólares. Pero Nasser extremó su postura neutralista, anunciando su reunión con Tito y Nehru en Briomi, y especulando con la sedicente oferta soviética para tratar de obtener mayores cantidades, y en mejores condiciones, de los anglosajones. Ante este juego, los Estados Unidos reaccionaron. La Comisión financiera del Senado recomendó la inclusión de una enmienda al proyecto de Ley de ayuda al exterior, prohibiendo el empleo de estos fondos para ayudar a Egipto a construir la presa de Assuan, sin autorización especial de la Comisión, mientras que el 17 de julio de 1956 se hacía público en Washington que el Secretario de Estado consideraba improbable que los fondos norteamericanos pudieran ser utilizados próximamente para la construcción de la presa egipcia. Al propio tiempo, los más entusiastas partidarios norteamericanos de Nasser, el Subsecretario de Estado adjunto para el próximo Oriente, George Alien y el Embajador en El Cairo, Byroade, eran trasladados de puesto, uno a Atenas y otro a Pretoria. El Presidente egipcio comprendió que debía detener su peligroso juego o dicho de otra manera, aceptar la ayuda anglosajona para construir la presa de Assuan, sabiendo que no podía contar con una efectiva ayuda soviética. Pero ya era tarde. Cuando el 19 de julio el Embajador egipcio en Washington acudió al Departamento de Estado para anunciar a Foster Dulles[5] que Egipto aceptaba el crédito norteamericano, el Secretario de Estado ya había decidido correr un «riesgo calculado» (hoy, tal vez pueda decirse «mal calculado«), y justo a la media hora de terminar la entrevista Hussein-Dulles, funcionarios del Departamento hacían pública una declaración oficial (naturalmente redactada antes de dicha entrevista), en la cual el Gobierno norteamericano anunciaba que le era imposible participar en la construcción de la presa de Assuan. Al día siguiente, el Foreing Office anunciaba una decisión análoga. La reacción egipcia fue fulminante, una semana después: el 26 de julio de 1956, el Presidente Nasser, al mismo tiempo que anunciaba la nacionalización de la denominada Compañía Universal del Canal Marítimo de Suez, llevaba a cabo la ocupación de sus bienes e instalaciones. Comenzó así la crisis del Canal de Suez. Pero bien entendido que en esta cuestión se hacía preciso separar cosas que no deben confundirse por mucha que sea su interpenetración: el problema de la Compañía y el del Canal, así como los aspectos jurídicos y políticos de una situación, que trasciende políticamente más allá de los sucesos concretos. La crisis del Canal de Suez que protagonizaron los ejércitos de Egipto, Israel, Francia y Gran Bretaña se puede reducir a la descripción y análisis de las acciones bélicas que comenzaron con la invasión, por parte de tropas israelíes, de la Península del Sinaí y de la Franja de Gaza en los últimos días del mes de octubre de 1956. En los breves días de beligerancia y sus consecuentes acciones políticas y diplomáticas podemos encontrar todos los elementos para poder afirmar que el año 1956 significó para todo el Medio Oriente (y no solamente para los países involucrados en los combates) un cambio, que denominamos “histórico”. Hay quienes afirman que este cambio, como en todos los procesos históricos, no comenzó en el día y la hora en que el primer soldado israelí cruzo la línea del cese de fuego que separa a Israel de Egipto, en ese vasto desierto, que de un lado se denomina Neguev y del otro: Sinaí. Este proceso se inició, al decir de estos historiadores, el 26 de julio de 1956, cuando en la ciudad de Alejandría, el líder egipcio, el coronel Gamal Adbel Nasser proclama la nacionalización del Canal de Suez. El historiador y economista libanés Georges Corm[6] incluso afirma que para los árabes, el siglo XX no comenzó con el derrumbe del Imperio Otomano en los años 1918-1919, ni siquiera con los procesos de descolonización a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, y que hasta la creación de la Liga Árabe es hecho histórico de menor importancia. “El siglo XX árabe comienza ese 26 de julio de 1956, en Alejandría, una ciudad de extrema importancia en la historia mediterránea, cuando Nasser anuncia a los egipcios que el Canal de Suez ha sido nacionalizado y que los técnicos egipcios, que reemplazan a los extranjeros, aseguran con éxito el paso de los navíos… La nacionalización del Canal de Suez es un hecho histórico incomparable y es como un manantial de la cual surgieron muchos acontecimientos cuya influencia persiste hasta hoy día”, escribió Corm. Por lo tanto la crisis del Medio Oriente en el año 1956 tiene como epicentro la nacionalización del Canal Suez. Pero fue esta fue la culminación de una etapa histórica que tiene su comienzo… en 1916. En mayo de 1916, Sir Mark Sykes[7], diputado británico y representante oficial de su país, concluyó con el diplomático francés CharlesGeorges Picot[8], un acuerdo para repartirse los territorios árabes del ya moribundo Imperio Otomano. Este pacto, de carácter secreto y que contó con el apoyo de la Rusia zarista, se publicó luego de la Revolución de Octubre por la nueva República Soviética, para la gran sorpresa de la opinión pública de la época y especialmente para los actores políticos mesorientales.
Las causas de la intervención franco-británica en Suez
El canal de Suez, financiado por Francia y Egipto, comenzó a operar en 1869, y rápidamente se convirtió en un enlace vital entre el Reino Unido y su colonia más importante, la India Británica. Dada esta relevancia, el Reino Unido compró su participación al Gobierno egipcio. El canal conservó su importancia incluso tras la independencia de la India, puesto que se transformó en la principal ruta para transportar petróleo desde el golfo Pérsico a Europa, por lo que resultaba vital para todas las economías de Europa Occidental. El militar egipcio Gamal Abdel Nasser encabezó en 1952 un golpe de Estado contra el gobierno del rey Faruq I, tras el cual proclamó la república y reemplazó las políticas prooccidentales de la monarquía por una nueva política panarabista cercana al socialismo. En junio de 1956, Nasser fue elegido presidente y, como parte de su nueva política, implantó en el país lo que denominó el nacionalismo socialista árabe. Posteriormente, el gobierno de Nasser compró tanques a Checoslovaquia y reconoció diplomáticamente a la República Popular China. Con Nasser a la cabeza de Egipto, desató una campaña antiimperialista, por lo que buscó nacionalizar el Canal de Suez (hasta ese momento en posesión anglo-francesa), cosa que afectaba a los intereses económicos británicos y franceses en la zona, y firmó a su vez acuerdos de ayuda mutua con Siria y Jordania. La influencia del presidente Nasser en el mundo árabe le granjeó las antipatías del Reino Unido y de Francia. En consecuencia, británicos y estadounidenses se negaron a financiar la construcción de la Presa de Asuán, como se habían comprometido con anterioridad. En respuesta a aquello, el presidente Nasser nacionalizó el Canal el 26 de julio de 1956 con el objetivo de financiar tal construcción, lo que irritó considerablemente a franceses y británicos, principales accionistas del Canal de Suez y máximos beneficiarios del petróleo que por él circulaba.
El Acuero Sykes-Picot[9], firmado hace noventa años, significa el comienzo de la hegemonía colonial de Gran Bretaña y Francia por espacio de más de treinta años y la repartición del Medio Oriente árabe en dos zonas de influencia. Es de señalar que el secreto Acuerdo Sykes-Picot fue firmado casi dos años antes de que finalizara la Primera Guerra Mundial y que desapareciera el vencido Imperio Otomano. De acuerdo con este pacto, a Francia le correspondía la costa siria (Líbano y gran parte de Siria de hoy día incluyendo una parte del territorio turco), Gran Bretaña se adjudicaba la mayor parte de Irak y Palestina seria dirigida por un condominio de los dos potencias. La Rusia zarista debía también recibir su tajada: Armenia, parte del Kurdistán y una salida al Mediterráneo vía el Mar Negro. Italia, la última que se enroló en la Gran Guerra en “el bando correcto”, recibía, de acuerdo a lo firmado, varias islas frente a Turquía y una parte de Anatolia, también en territorio turco. Cuando los británicos emergieron como los grandes vencedores de la guerra, especialmente en el frente mesoriental, se modificaron los términos del reparto. La Revolución de Octubre tuvo como efecto de sacar a Rusia del pacto. Gran Bretaña se adjudicó la mayor parte de Palestina y la región iraquí de Mosul, donde el petróleo era la causa de los crecientes apetitos coloniales ingleses. La Conferencia de San Remo que se realizó seis años después de firmado el acuerdo Sykes-Picot rediseñó finalmente, y con la ayuda del tiralíneas colonial, el mapa del Medio Oriente. La región fue divida en cinco mandatos bajo la égida de la Liga de la Naciones (la malograda antecesora de las Naciones Unidas): a Gran Bretaña se le adjudicó Palestina, Transjordania (el Reino de Jordania de hoy día) y las provincias otomanas de Mosul, Bagdad y Basora (Irak). A Francia le correspondió Líbano y Siria. Egipto se convirtió en un estado independiente (aunque en los hechos Gran Bretaña continuó dirigiendo sus asuntos). El estratégico Canal de Suez continuaría bajo control inglés. Este es el orden geopolítico que se mantuvo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, hasta fines de la década del cuarenta del siglo pasado. La guerra que se desató, después de nacionalizado el Canal de Suez en 1956, significó su punto final.
En julio de 1952, un golpe de estado en El Cairo, promovido por el Movimiento de Oficiales Libres, lide­rado entre otros por el coronel Gamal Abdel Nasser, derrocaba al corrupto gobierno del rey Farouk, estableciendo en Egipto una república que pronto se­ría presidida por el propio Nasser con un amplio respaldo popular. En ese panorama, los Estados Unidos inten­taron, con muy escasa fortuna, aglu­tinar a árabes e israelíes para formar una alianza regional que supusiese un freno a la expansión del comunismo. Aunque el golpe de estado egipcio fue en principio bien visto en Washing­ton, y soterradamente apoyado por la CIA, los intentos de la inteligencia estadounidense por atraer a Nasser hacia su sistema de alianzas fracasa­ron totalmente porque el rais egipcio buscaba alternativamente el apoyo de soviéticos y estadounidenses. Obra emblemática del gobierno de Nasser era la presa de Asuán, con la que pretendía generar energía para todo el país y, sobre todo, regular el Nilo, con la creación de nuevas áreas de cultivo.
Pero, en julio de 1956, el gobierno de Eisenhower se retira del proyecto quedando en entredicho la financiación de la presa. La respues­ta de Nasser sería la nacionalización del Canal de Suez para conseguir los fondos necesarios para seguir con las obras. La nacionalización provoca las airadas protestas de Francia y Gran Bretaña, con intereses económicos y estratégicos en esa vital vía de na­vegación. Israel, por su parte, ve en la crisis desatada en torno al Canal una oportunidad para solventar sus propios problemas: acabar con la ame­naza del rearme egipcio, asegurar sus fronteras de las continuas incursiones de los fedayines palestinos y conseguir la reapertura de los Estrechos de Tirán (única salida israelí al Mar Rojo), ce­rrados por el gobierno egipcio. La Conferencia de Londres de agosto de 1956[10], promovida por EEUU para dar una salida diplomática a la situación, resulta un fracaso y, ante ello, Francia, Reino Unido e Israel de­ciden, tras un acuerdo secreto firmado en Sèvres, resolver por vía militar el contencioso. El ejército israelí debía atacar y ocupar el Sinaí, avanzando hasta 15 km del Canal, que, junto con Port Said, debería ser ocupado por británicos y franceses, mediante un asalto aerotransportado y anfibio. Este problema de la garantía internacional de la navegación por el Canal de Suez fue tal vez, el fundamental que se trató en la Primera Conferencia de Londres, celebrada del 16 al 23 de agosto de 1956, expresándose los siguientes planes principalmente a este respecto:
A) El primitivo de la Declaración anglo-franco-norteamericana del 3 de agosto, que afirmando que la nacionalización de la Compañía era «un embargo arbitrario y unilateral por un Estado de una institución internacional encargada de mantener el Canal de Suez y asegurar su funcionamiento de tal manera que todos los signatarios y beneficiarios del Tratado de 1888 pudieran efectivamente, aprovecharse de la utilización de una vía de agua internacional, de la cual dependen la vida económica, el comercio y la seguridad de una gran parte del mundo«, proponía que se tomaran medidas «para establecer, bajo un régimen internacional, un modo de gestión destinado a asegurar de manera permanente el funcionamiento del Canal tal como lo garantiza la Convención del 29 de octubre de 1888, teniendo en cuenta los intereses legítimos de Egipto».
B) La propuesta Pineau del 17 de agosto, de crear una autoridad internacional a la que, por Tratado, Egipto confíe la gestión del Canal, con poderes para la fijación de tarifas, funcionamiento del Canal, determinación de las inversiones necesarias, indemnización de la Compañía Universal y rentas a pagar a Egipto, y que estaría compuesta por los principales países interesados y usuarios del Canal, comprendido Egipto, pudiendo existir una asociación de esta autoridad internacional con las Naciones Unidas.
C) El Plan Dulles[11], del 20 de agosto, proponiendo la creación de un Consejo del Canal de Suez, integrado por Egipto y otros Estados elegidos de acuerdo con los Estados Partes en el Tratado, teniendo en cuenta el uso del Canal, comercio y situación geográfica, de modo que su composición garantizase el cumplimiento de sus funciones de gestión para mantener y asegurar el Canal, armonizando y garantizando los intereses de todos mediante este sistema institucional, debiendo tal Consejo enviar un informe periódico a las Naciones Unidas, y creándose una Comisión arbitral para arreglar las diferencias que surgieran en la gestión del Canal.
D) La posición soviética expresada por Chepilov el 17 de agosto, contraria a la creación de cualquier organismo internacional para la administración del Canal de Suez, aunque en una nueva Conferencia general podía tratarse con el Gobierno de Egipto sobre «el establecimiento de una cooperación internacional en el dominio de la aplicación del Convenio sobre la libertad de navegación«.
E) El Plan Menon de 21 de agesto, a base de una Corporation egipcia, única habilitada para llevar la gestión del Canal, si bien con la obligación de enviar un informe anual a las Naciones Unidas, y con la asistencia de un organismo integrado por técnicos de los Estados usuarios con funciones asesoras, consultivas y de enlace, asociando así los intereses de los usuarios internacionales de la vía marítima con la nueva Compañía nacionalizada, sin perjuicio de la propiedad y conservación del Canal por parte de Egipto, y debiéndose convocar una Conferencia para la revisión del Tratado de Constantinopla.
F) El plan español de 17 de agosto, configurando una nueva modalidad de colaboración internacional en la administración del Canal de Suez, y para la salvaguardia del derecho de todos los países a la libre y segura navegación por el Canal, mediante la representación de las naciones usuarias del Canal en el Consejo -de Administración del organismo egipcio que suceda a la Compañía Universal y en la jefatura de sus servicios técnicos, con las facultades precisas para velar por la libre y segura navegación del Canal y su igual disfrute mediante el pago de una retribución equitativa, pudiendo funcionar una Comisión de representantes de los países usuarios como órgano de control para entender en las reclamaciones que puedan presentarse por la inobservancia de las reglas que garantizan el libre paso del Canal y el aprovechamiento de sus servicios, debiendo entender, en última instancia, las Naciones Unidas.
Las causas de la intervención israelí en el Conflicto de Suez
En 1947 se aprobó el Plan de la ONU para la partición de Palestina, resolución que contemplaba la formación de dos Estados sobre el mandato británico. Los estados árabes circundantes, así como la dirigencia árabe-palestina, rechazaron este acuerdo y le declararon la guerra al Estado judío al momento de declarar su independencia, lo que provocó la guerra árabe-israelí de 1948, en la que participó, entre otros, el entonces Reino de Egipto. Esta guerra acabó con la victoria de Israel, que no sólo obtuvo su independencia, sino que vio su territorio ampliado con respecto al trazado del plan original de la ONU. La victoria israelí causó que la opinión pública de los países árabes demandara una nueva guerra para acabar con Israel. Nasser, como político nacionalista, no podía permanecer insensible a estas demandas, por lo que convirtió a su país en uno de los principales instigadores de la guerra de guerrillas contra los israelíes, de manera que guerrilleros fedayin operaban desde la franja de Gaza sobre territorio israelí desencadenando acciones violentas, que se intensificaron de manera importante en el año 1956. Al nacionalizar el canal el 26 de julio de 1956, Nasser ordenó el bloqueo de los estrechos de Tirán, vía de acceso a Eilat, principal puerto mercantil israelí en el golfo de Aqaba, y que le permitía comunicarse con los mercados del Sudeste Asiático a través del mar Rojo y el Índico. En octubre de 1956, Egipto, Siria y Jordania firmaron una alianza militar, e incrementaron aún más la presión sobre Israel.
Enclavado en la intersección entre tres continentes, el canal de Suez es una pieza clave en el complejo puzle geopolítico de Oriente Próximo. Su enorme valor económico y estratégico, además de su importancia militar, han hecho del canal una fuente de conflictos tanto a nivel internacional como interno en Egipto. En la actualidad, con la aparición de rutas marítimas alternativas que sustituirían al canal, el “regalo de Egipto al mundo” se enfrenta a nuevos desafíos que amenazan su importancia en la economía internacional. Egipto fue durante muchos años el gran azote árabe de Israel. Varias guerras, décadas de tensión y su fuerte defensa del pueblo palestino situaban a Egipto como el enemigo número uno del país hebreo. Todo cambió hace 40 años, cuando ambos Estados firmaron la paz tras un vuelco diplomático. Desde entonces Egipto ha pasado de ser el “gran traidor árabe” al país que mejor relación tiene con su vecino, haciendo de su vínculo con Israel una de las alianzas más indiscutibles de Oriente Próximo. A esta primera guerra árabe-israelí le siguieron innumerables conflictos. Egipto, que tras la llegada al poder del presidente Náser en 1954 se había convertido en el núcleo ideológico del panarabismo, fue el primero en enfrentarse de manera directa con Israel tras la gran derrota árabe de 1948. En 1956, la gran promesa del naserismo de nacionalizar el canal de Suez se hacía realidad, controlando así todo el paso marítimo del mar Mediterráneo al mar Rojo. Esta situación llevó a un conflicto no solo con Francia y Gran Bretaña —las potencias que en aquel momento controlaban el canal—, sino también con Israel, a la cual le había cerrado el acceso de forma explícita. La intervención de la ONU hizo de la derrota militar que volvió a vivir Egipto el primer gran triunfo frente a Israel, ya que se les permitió nacionalizar el canal. Conectando el mar Mediterráneo con el mar Rojo, el canal de Suez, una de las grandes obras de ingeniería de su época, ha sido desde su construcción zona de paso obligada en las rutas comerciales entre Europa y Asia. La construcción de este canal, ubicado en la zona más estrecha de la península del Sinaí, permitió reducir enormemente el tiempo de viaje por mar entre el Viejo Continente y sus colonias en Asia al sustituir la ruta que anteriormente pasaba por el cabo de Buena Esperanza y que rodeaba la totalidad del continente africano. Con el auge del petróleo como principal fuente de energía a nivel global y el descubrimiento de grandes yacimientos de este recurso en la región del golfo Pérsico, la importancia del canal de Suez, vía obligatoria por la que transportar ese petróleo, aumentó en gran medida. Hoy en día, el canal de Suez, punto de conexión entre los mercados asiáticos y europeos, se ha visto inmerso en las nuevas dinámicas geopolíticas y económicas de distintas potencias que buscan controlar las puertas del Mediterráneo. El canal de Suez permaneció en un principio bajo control franco-egipcio. Sin embargo, en 1875 Reino Unido se hizo con las participaciones de Egipto y del Imperio otomano como pago por las deudas contraídas con los británicos, convirtiéndose en el mayor accionista del canal. Siete años más tarde, en 1882, los británicos invadieron Egipto[14], iniciando una ocupación que se alargó hasta mediados del siglo XX. Durante la colonización británica, en 1888, se firmó la Convención de Constantinopla[15], que permitía a todos los navíos independientemente de su bandera atravesar las aguas del canal en cualquier momento y sin discriminación. En 1936, Reino Unido y Egipto firmaron el acuerdo anglo-egipcio, que otorgaba la independencia de facto al país árabe. Sin embargo, y pese a las críticas surgidas desde el nacionalismo egipcio, Reino Unido mantuvo parte de su flota militar en las aguas del canal de Suez para garantizar que las conexiones entre la metrópolis y las colonias asiáticas —principalmente la India— permanecían intactas. No es hasta la década de los 50, tras la Segunda Guerra Mundial y los intentos fallidos por parte de Alemania e Italia de hacerse con el control del canal, que Egipto intentó recuperar el control del importante paso marítimo. En 1952, el Movimiento de los Oficiales Libres dio un golpe de Estado contra el rey Faruq instaurando un Gobierno con un fuerte carácter nacionalista y antiimperialista.El plan de intervención en Egipto
Dos años más tarde, el nuevo Gobierno, bajo el control del carismático líder Gamal Abdel Náser, siguiendo su agenda anticolonialista, firmó un acuerdo con Francia y Reino Unido por el que ambos países se comprometían a retirar sus tropas del canal de Suez antes de junio de 1956. De manera paralela, el Gobierno egipcio buscaba financiación para construir el proyecto de la presa de Asuán, una colosal obra de ingeniería concebida para impulsar económicamente al país árabe. El 26 de julio de 1956, tras la negativa británica y estadounidense de financiar la obra, el Gobierno egipcio nacionalizó el canal de Suez bajo el pretexto de costear la construcción de la presa. Reino Unido y Francia, que se habían retirado pocas semanas antes del paso marítimo, decidieron aliarse con Israel —gran rival del Egipto naserista— para castigar al país árabe. La intervención comenzó el 29 de octubre de 1956 con la invasión de la franja de Gaza y la península del Sinaí por parte de Israel, que en cuatro días había ocupado el territorio. Simultáneamente, Francia y Reino Unido bombardearon el territorio egipcio para posteriormente recuperar el canal. La respuesta de Egipto, en una evidente situación de debilidad, fue hundir más de cuarenta buques mercantes en el canal de Suez, bloqueándolo por completo. No obstante, la victoria de los tres aliados sobre Egipto no fue bien vista por Estados Unidos y la Unión Soviética, entonces ya las nuevas superpotencias globales tras la Segunda Guerra Mundial. Ambas presionaron a Reino Unido, Francia e Israel para que se retiraran del territorio egipcio bajo la amenaza de un posible enfrentamiento militar con la URSS y la aplicación de sanciones económicas por parte de EE. UU. El canal de Suez, tras casi un siglo bajo dominación extranjera, pasaba por fin a manos egipcias. La intervención estadounidense y soviética para detener el conflicto representó no solo la victoria de Egipto frente a la descolonización, sino que asestó el golpe final a los imperios coloniales de Francia e Inglaterra para dar pasó a un nuevo sistema bipolar en el que la Unión Soviética y Estados Unidos serían los protagonistas.
La victoria de Gamal Abdel Náser sobre las potencias coloniales y, más aún, sobre Israel, fue el gran impulso que necesitaba el recién nombrado presidente para encumbrarse como el gran líder del mundo árabe y de la nación egipcia. No obstante, las tensiones con el Estado hebreo continuaron y llevaron inevitablemente a otro enfrentamiento armado en 1967: la guerra de los Seis Días. Esta vez el combate se saldó con la victoria de Israel, que ocupó la península del Sinaí y la franja de Gaza, antes bajo control egipcio. También los Altos del Golán sirios y Cisjordania, dominada por Jordania. La ocupación israelí de la península del Sinaí, y con ella la orilla este del canal de Suez, llevó a Egipto a bloquear el paso marítimo para evitar que Israel se hiciese con su control. El bloqueo del canal solo se solucionó tras otro enfrentamiento armado: la guerra de Yom Kippur de 1973, en la que los países árabes buscaban recuperar los territorios perdidos en la guerra de 1967. Al fin de la guerra y pese a sufrir una nueva derrota militar, Egipto negoció con Israel la recuperación del Sinaí, lo que permitió la reapertura del canal en 1975. Durante este tiempo, Egipto y los países del golfo habían acordado la construcción de un oleoducto llamado Sumed[16] que conectase la costa del mar Rojo con el mar Mediterráneo para garantizar el suministro de petróleo a Europa. Durante el tiempo que el canal permaneció bloqueado se tuvo que recurrir a la anterior ruta que pasaba por el cabo de Buena Esperanza, lo que provocó una fuerte disminución del flujo de comercio internacional entre 1963 y 1975. En una reunión en las afueras de París, en Sèvres, entre Francia y el Reino Unido, éstos, contrariados por la nacionalización del canal de Suez, acordaron aliarse con Israel, que buscaba castigar a Egipto por su apoyo a las guerrillas árabes y su bloqueo de los estrechos de Tirán. El pacto alcanzado incluía una primera invasión israelí del Sinaí, seguida de una oferta de mediación anglo-francesa, que en caso de ser rechazada, se convertiría en casus belli contra Egipto.
El 29 de octubre de 1956, Israel decretó la movilización de sus fuerzas armadas a través de una planificación eficiente en sólo cuatro días y lanzó la invasión del Sinaí y de la Franja de Gaza, que estaba ocupada y administrada por Egipto desde la firma del armisticio al final de la Guerra de 1948, alcanzando rápidamente la zona del canal de Suez. El desarrollo del conflicto fue para los israelíes de una planificación exitosa, en el sentido de introducir la sorpresa, por lo cual afectó en todos sus aspectos al ejército egipcio. La subsiguiente oferta de mediación de Francia y el Reino Unido fue rechazada por Egipto, tal como esperaban, por lo que los dos países europeos comenzaron a bombardear suelo egipcio desde sus bases en Chipre y Malta el 31 de octubre. Reino Unido y Francia reunieron 80.000 hombres y una flota de más de 100 barcos, entre los que había 7 portaaviones. Nasser respondió hundiendo barcos comerciales en el canal, hasta un total de 40, lo que convirtió a la región en intransitable hasta principios de 1957. Los bombardeos fueron seguidos por un despliegue de paracaidistas en Puerto Saíd a partir del día 5 de noviembre, donde aviones y buques ingleses y franceses intervinieron en el conflicto para proteger el canal de Suez, atacando Puerto Saíd y Port Fuad, por lo cual las tropas israelíes detuvieron su avance a 16 kilómetros al este del canal, situación que fue rechazada por los Estados Unidos, lo que permitió a Nasser la nacionalización del Canal el mismo día que Israel completaba la conquista del Sinaí. El día decisivo fue el 4 de noviembre, cuando definitivamente quedó la península del Sinaí en poder del ejército israelí, que completó la ocupación de dicha zona (con excepción de la franja ribereña del canal) y simultáneamente encontró al ejército egipcio derrotado. El 5 de noviembre de 1956 se dispuso el alto el fuego por parte de la ONU. Posteriormente, la ONU acordó la retirada de las fuerzas israelíes de la península del Sinaí y de la Franja de Gaza, del mismo modo que accedió a reconocer la frontera egipcio-israelí como una línea de tregua, la misma existente antes del conflicto acordada en el armisticio de 1949, siendo garantizada por las Fuerzas de Emergencia de las ONU que se instalaron en territorio egipcio, ya que Israel no aceptó la instalación en su territorio de fuerzas de paz, acordándose la libre navegación de buques israelíes en el estrecho de Tirán.
Los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas estaban en contra de la intervención de la triple alianza por distintas razones. Los soviéticos se habían convertido en uno de los principales aliados de Siria, y buscaban incrementar su popularidad en el mundo árabe. Los estadounidenses, por su parte, alegaron no haber sido informados de la invasión por sus aliados, y la administración de Dwight Eisenhower tenía que demostrar al mundo que no permitiría esa clase de comportamientos por parte de sus aliados si pretendía que sus denuncias de la intervención soviética en Hungría tuvieran alguna clase de credibilidad. El 30 de octubre de 1956, EEUU llevó al Consejo de Seguridad una resolución que pedía la retirada israelí del Sinaí, aunque fue vetada por Francia y el Reino Unido. La amenaza económica estadounidense, unida a la amenaza de agresión de la URSS —que dijo que planeaba usar «modernas armas de destrucción» contra Londres y París—, fue determinante para la retirada de las fuerzas anglo-francesas e israelíes del Sinaí. Esta retirada fue auspiciada por Lester Pearson, quien sugirió la creación de un cuerpo especial de interposición, la UNEF y los Cascos Azules, entre Egipto e Israel, sugerencia que fue aprobada en la ONU y que más tarde le valió a Pearson el Premio Nobel de la Paz de 1957. La retirada de los tres aliados se completó a principios de 1957. Israel había conseguido sus objetivos principales de asegurar el paso libre de barcos en los estrechos de Tirán y el final de las incursiones guerrilleras dentro de su territorio. Por su parte, ni el Reino Unido ni Francia consiguieron evitar la nacionalización del canal de Suez. Perdieron influencia mientras que los Estados Unidos se convirtieron en pieza clave de la política en Oriente Medio.
Para franceses y británicos, la retirada forzada de la guerra fue una comprobación desalentadora de que ya no eran más que potencias subordinadas a los dos grandes poderes que proliferarían desde entonces: los Estados Unidos y la URSS. El primer ministro británico, Anthony Eden, presentó la dimisión por la participación de su país en la guerra, mientras que en Francia, Charles de Gaulle aumentó su desconfianza hacia los Estados Unidos. En Israel, la retirada forzosa dejó un sentimiento mixto, ya que aunque el ejército israelí no había encontrado ningún obstáculo serio en su avance por el Sinaí y su consiguiente victoria militar, demostró cuanto valía como fuerza militar y potencia en la región, a pesar de que ninguno de los objetivos políticos de la guerra había sido alcanzado, pues Egipto no se comprometió a modificar su actitud hacia Israel, aunque, al menos, reabrió el paso de los estrechos de Tirán a la circulación de barcos israelíes y permitió el asentamiento de la UNEF en la frontera entre los dos países. Nasser se alzó como el claro beneficiado de la guerra. Aunque militarmente sólo obtuvo fracasos, políticamente salió reforzado ya que el canal continuó nacionalizado como propiedad del estado egipcio y, ante los ojos de la opinión pública árabe, se había opuesto al Reino Unido, a Francia, y, sobre todo a Israel, sin haber sido derrocado del poder. Nasser fue aclamado como un héroe en el mundo árabe. Sin un cambio de actitud por ninguna de las partes, era evidente que la crisis entre Israel y Egipto no tardaría en repetirse. En junio de 1967, tras un nuevo bloqueo egipcio de los estrechos de Tirán, estalló la guerra de los Seis Días, continuación natural de esta guerra. No se obtuvo la paz, sino que se volvió a la misma situación antes del inicio del conflicto y las Fuerzas de Emergencia de la ONU tomaron posesión a lo largo de la frontera de ambos países, cuyo objetivo era el de asegurar el cumplimiento del cese de las hostilidades.
Como consecuencia de la guerra, se produjo un racionamiento del combustible que afectó directamente a la vida, a la industria y al comercio en general de los países europeos. Las ventas de automóviles cayeron y algunas competiciones automovilísticas se paralizaron, como el Circuit of Ireland Rally
La guerra de los Seis Días —también conocida como la guerra de junio de 1967 en la historiografía árabe— fue un conflicto bélico que enfrentó a Israel con una coalición árabe formada por la República Árabe Unida​ —denominación oficial de Egipto por entonces—, Jordania, Irak y Siria entre el 5 y el 10 de junio de 1967. Tras la exigencia egipcia a la ONU de que retirase de forma casi inmediata sus fuerzas de interposición en el Sinaí (UNEF), el despliegue de fuerzas egipcias en la frontera israelí y el bloqueo de los estrechos de Tirán, Israel, temiendo un ataque inminente, lanzó un ataque preventivo contra la fuerza aérea egipcia. Jordania respondió atacando las ciudades israelíes de Jerusalén y Netanya. Al finalizar la guerra, Israel había conquistado la península del Sinaí, la Franja de Gaza, Cisjordania, Jerusalén Este (incluyendo la Ciudad Vieja) y los Altos del Golán. Tras numerosos enfrentamientos fronterizos entre Israel y sus vecinos árabes, en particular Siria, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser expulsó a la Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF)[17] de la península del Sinaí en mayo de 1967. La fuerza de mantenimiento de la paz estaba situada en la región desde el final de la Crisis de Suez en 1957. Egipto acumuló 1000 tanques y unos 100 000 soldados en la frontera con Israel y cerró los Estrechos de Tirán a todos los buques de bandera israelí o que llevaban materiales estratégicos a Israel, operación por la que recibió un fuerte apoyo de otras naciones árabes. Israel respondió con una movilización similar que incluyó el reclutamiento de 70 000 reservistas para aumentar el número ordinario de las Fuerzas de Defensa
En la Guerra de los Seis Días (5 al 10 de junio de 1967), los soldados de las FDI lucharon en algunas de las batallas más cruciales de la historia de Israel y del siglo 20. Pero ¿qué sucedió detrás del telón durante los días previos y durante esos seis días entre las batallas? Seis días le bastaron a Israel para poner en evidencia los planes de quienes pensaban que era posible derrotarlo en el campo de batalla y aniquilarlo en el terreno político, y para, casi de manera instantánea, generar un conflicto geopolítico y geoestratégico cuyas consecuencias se mantienen hasta nuestros días y que, lejos de haberse suavizado o de vislumbrarse una solución o un esbozo de solución, se encuentra más enconado que nunca y más lejos de arreglarse de lo que haya podido estar jamás. Después de la finalización de la crisis de Suez en 1956, la comunidad internacional obligó a Israel a retirar sus tropas de la península del Sinaí. Egipto ha dado su consentimiento para la entrada en su territorio de una fuerza internacional de paz UNEF, que tomaron posiciones en la frontera entre Israel y Egipto en el Sinaí. El grupo de trabajo UNEF (Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas) era supervisar el alto el fuego y evitar la penetración de los fedayines de la frontera desmilitarizada en el territorio israelí. Egipto también había acordado abrir Estrecho de Tirań para barcos israelíes. Como resultado, la frontera entre Israel y Egipto se había mantenido en silencio durante algún tiempo. La guerra de los Seis Días se inscribe dentro del conjunto de guerras libradas entre Israel y sus vecinos árabes, tras la creación del Estado de Israel (1948) en parte del Mandato británico de Palestina. Estos seis días de 1967 concitaron la atención mundial y resultaron claves en la geopolítica de la región: sus consecuencias han sido profundas, extensas y se han mantenido hasta el presente; han tenido también una influencia decisiva en numerosos acontecimientos posteriores, como la guerra de Desgaste, la guerra de Yom Kipur, la masacre de Múnich, la polémica sobre los asentamientos judíos y el estatus de Jerusalén, los acuerdos de Camp David y de Oslo o la Intifada.​ En 1947, la ONU estableció un plan para la división del Mandato Británico de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe, de forma que Jerusalén y Belén quedaban bajo control internacional. Los países árabes y los líderes de la comunidad árabe palestina rechazaron el plan y atacaron al recién creado Estado de Israel el mismo día de su proclamación, lo que dio lugar a la guerra árabe-israelí de 1948, que acabó con la victoria de los israelíes, su independencia definitiva y la ampliación del territorio de Israel. Por su parte, Egipto se apropió la Franja de Gaza y Transjordania, ocupó Cisjordania y parte de Jerusalén (rebautizando el país con el nombre de Jordania). Los países árabes no aceptaron el resultado de esta guerra y continuaron con acciones de guerrilla contra Israel, lo que llevó a este país a intervenir junto a Francia y el Reino Unido en la guerra de Suez (1956). Esta guerra fue una victoria militar, pero una derrota política para los tres aliados, ya que la gran presión diplomática por parte de los Estados Unidos y de la Unión Soviética forzó a Francia, Inglaterra e Israel a retirar sus ejércitos. A cambio de retirar sus ejércitos del Sinaí, Israel obtuvo indirectamente de Egipto el compromiso de detener sus envíos de armamento a las guerrillas que luchaban contra Israel. Como resultado, las relaciones entre Egipto e Israel se tranquilizaron (en la medida en que esto era posible) por un tiempo. Además, un cuerpo especial de la ONU, conocido como UNEF por sus siglas en inglés, fue desplegado en la península del Sinaí, para interponerse entre israelíes y egipcios.
La Guerra de los Seis Días fue un enfrentamiento completamente distinto a los dos anteriores, es decir a la denominada Guerra de Independencia de 1948 y a la Crisis del Canal de 1956. El motivo de tal diferencia es que por primera vez «la responsabilidad» de la crisis recayó en los palestinos o, mejor dicho, en la lectura que de su causa hacían los estados árabes. La posición ante los palestinos ya había sido motivo de enfrentamiento entre diversos países de la zona. Tras el fracaso de la República Árabe Unida (1958-1961)[18], Damasco acusaba reiteradamente a El Cairo de no hacer lo suficiente por la Causa Palestina, así como de evitar el enfrentamiento con Israel. Siria, que ya había sufrido un ataque de Israel en 1963 por el control de los acuíferos, buscaba la extensión del conflicto hacia Egipto y Jordania con el único fin de involucrar a Israel en varios frentes y de este modo debilitarlo. Similares acusaciones fueron vertidas por el Rey Hussein de Jordania quien hasta la fecha había tenido una postura más moderada, pero que ahora parecía alinearse con Hafez Al Assad. Sin embargo, lo que realmente se deducía de este enfrentamiento dialéctico entre Egipto y Siria —y en menor medida Jordania—, eran distintas formas de entender cómo abordar el conflicto con Israel y por tanto cómo utilizar a la resistencia palestina. Tras la Cumbre de la Liga Árabe de enero de 1964, la rivalidad dialéctica se convirtió en enfrentamiento político real ya que Egipto decidió apoyar la creación de un grupo de resistencia palestino —la OLP— que se amoldaba a los postulados moderados de El Cairo. Por su parte, Siria y en menor medida Jordania, se mostraban más cercanas a las posiciones radicales de Al-Fatah, una facción palestina revolucionaria y violenta que, liderada por un joven palestino llamado Yasser Arafat, abogaba por el enfrentamiento directo con Israel. Desde 1965, este grupo estuvo lanzando ataques desde Siria y, en menor medida, desde Jordania, lo que contribuyó a que el clima de tensión, poco a poco, fuera acercándose hacia una inevitable guerra. El 10 de junio 1964 Israel lanzó un Sistema Nacional de Agua (Hamovil Ha’Artzi). Un 1 millón de m 3 era bombeada desde el Mar de Galilea hacia Israel, a través de un sistema de canales abiertos, túneles y tuberías gigantes alcanzar el Negev. La mayor parte de los ríos que alimentan el Mar de Galilea provienen de los Altos del Golán bajo el control de Siria, el cual decidió reclamar parte de su explotación y comenzó la construcción de un canal para desviar los ríos del Golán. Durante los primeros enfrentamientos tuvieron lugar 13 de noviembre 1964, cuando las tropas sirias dispararon contra la patrulla fronteriza israelí en la zona del río Dan, en la Alta Galilea. En represalia, la aviación israelí llevó a cabo una redada en los Altos del Golán y la artillería siria comenzó a bombardear los asentamientos judíos regulares ubicadas en la región del lago de Tiberíades. Simultáneamente, Siria, Jordania y Líbano han comenzado las obras de construcción destinadas a revertir el curso de algunos de los afluentes del río Jordán (Hasbani y Banias), que eran en su territorio con el fin de evitar el flujo de agua para Israel. Número de enfrentamientos fronterizos creció muy rápidamente y ya en 1965, comenzó a hablar de la “Batalla de Agua” en curso. El 4 de noviembre 1966 Egipto y Siria firmaron un acuerdo de cooperación militar. Se prevé el inicio de la guerra en caso de cualquier ataque. El incidente en Samu Jordania y la Operación de ataque Shredder, podríamos decir que fue la mayor operación militar israelí desde la Crisis de Suez 1956 y se considera que ha sido un factor que contribuyó al estallido de la Guerra de los Seis Días en 1967. Como represalia a los guerrilleros árabes de Al-Fatah y otras agrupaciones que se infiltraban en la frontera, desde donde atacaban al poblado Israelí, operando desde el territorio de Siria y Jordania. El 13 de noviembre 1966 el ejército israelí llevó a cabo una brillante operación militar, entrando en Jordania con una fuerza de 3000 soldados. Durante esta operación fueron ocupadas aldeas árabes de Es Samu, Kirbet El-Markas y Kirbet jimba cerca de Hebrón, en Judea. Durante la operación se produjo un enfrentamiento con las fuerzas jordanas que intervinieron en la región del pueblo de Es Samu. En la batalla mueren 15 soldados jordanos y 3 civiles, 54 soldados fueron heridos y 29 civiles. También fue asesinado un paracaidista israelí, y 10 resultaron heridos. En el pueblo de Es Samu se destruyeron 125 casas.
La Operación israelí de represalia recibió una gran crítica de Jordania y otros vecinos árabes. Una consecuencia de esta operación el Rey Hussein de Jordania anuncia el 20 de noviembre la movilización del ejército. Este aumento de la tensión en la región amenaza el estallido de una nueva guerra. Como resultado, el 25 de noviembre el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la Resolución N ° 228 que condena la operación militar de Israel en Jordania. A principios de 1967, se agudizan las tensiones en la frontera, una serie de incidentes entre Israel y Siria. Artillería siria inicia el bombardeo de kibbut judíos y milicianos árabes se infiltran a través de las fronteras minando caminos y otra acciones de sabotaje. En represalia, 7 de abril de 1967, la aviación israelí bombardea los Altos del Golán. Hubo entonces una lucha de cazas, durante el cual fueron derribados 6 aviones sirios MiG-21. La mediación sala de ensayo llevado a cabo por las fuerzas internacionales ONUVT, pero el lado sirio negó toda cooperación hasta que Israel suspenda el trabajo agrícola en el lago de Tiberíades. En mayo de 1967, Gamal Abdel Nasser recibió informes falsos de la Unión Soviética decían que Israel estaba concentrando en la frontera con Siria. Nasser comenzó concentrando sus tropas en la península del Sinaí en la frontera de Israel (16 de mayo), expulsó a la fuerza UNEF de Gaza y del Sinaí (19 de mayo) y tomó posiciones de UNEF en Sharm el-Sheikh, con miras al estrecho de Tirán. Israel reiteró declaraciones hechas en 1957 que cualquier cierre del estrecho sería considerado un acto de guerra, o la justificación para la guerra. Antes de la guerra, los pilotos israelíes y personal de tierra se habían entrenado extensivamente en rápido reacondicionamiento de aeronaves de regresar de salidas, lo que permite una sola aeronave a sortie hasta cuatro veces al día (a diferencia de la norma en las fuerzas aéreas árabes de uno o dos salidas por día ). Esto permitió a la Fuerza Aérea Israelí (IAF) para enviar varias oleadas de ataques contra aeropuertos egipcios en el primer día de la guerra, abrumando a la Fuerza Aérea de Egipto, y le permitió noquear a otras fuerzas aéreas árabes en el mismo día. Los egipcios habían construido defensas fortificadas en el Sinaí. Estos diseños se basaron en el supuesto de que un ataque vendría a lo largo de los pocos caminos que conducen a través del desierto, en lugar de a través del desierto del terreno difícil. Los israelíes decidieron no arriesgarse a atacar las defensas egipcias, estaban preparados para sorprenderlos desde otra dirección. En los días posteriores el líder egipcio Nasser intensificó su propaganda anti-israelí, lo que influyó en la opinión pública occidental. La actividad de propaganda egipcia tuvo como objetivo establecer un bloque más amplio para países árabes una acción anti-israelí “progresista” además el aislamiento de Irán “conservador” y pro-occidental. De este modo, el contraste se extendía fuera de la dimensión regional. El 1 de junio, el presidente israelí Eshkol cedió a la presión de los mandos militares (el entonces general Ariel Sharon había sugerido incluso verbalmente un golpe militar en caso de indecisión del gobierno) y formó un gobierno de unidad nacional. El Estados Unidos en este punto autorizado tácitamente la iniciativa militar de Israel. La movilización de los ejércitos árabes y la prohibición de la navegación en el Estrecho de Tirán a la parte israelí, fueron las verdaderas causas del miedo del estabilishment israelí por un posible ataque inminente por parte de Egipto. El 25 de mayo 1967 las Fuerzas de Defensa de Israel llevan a cabo una apresurada movilización parcial. En la preparación para la guerra alrededor de 14 mil. El 26 de mayo, el presidente egipcio Nasser, dijo: “Tenemos la intención de lanzar un ataque frontal contra Israel. Será una guerra total. Nuestro objetivo principal será la destrucción de Israel “. 28 de mayo Nasser añadió: “La existencia misma de Israel es una agresión”. El 30 de mayo 1967 el rey Hussein de Jordania firmado con el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser alianza militar dirigida contra Israel. Ejército jordano se subordinó a Egipto, que junto con Siria. Al mismo tiempo, Irak, Kuwait, Túnez, Sudán , Marruecos y Argelia acordaron dirigir a sus tropas contra Israel. En el lado de la República Árabe Unida también era apoyada por: Pakistán Indonesia, URSS y China.
[1] El pacto Kellogg-Briand, también conocido como pacto de París, es un tratado internacional que fue firmado el 27 de agosto de 1928 en París por iniciativa del ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Aristide Briand, y del Secretario de Estado de los Estados Unidos Frank B. Kellogg, mediante el cual los quince estados signatarios se comprometían a no usar la guerra como mecanismo para la solución de las controversias internacionales. Este pacto es considerado el precedente inmediato del artículo 2.4 de la Carta de las Naciones Unidas, en el que se consagra con carácter general la prohibición del uso de la fuerza.
[2] Gamal Abdel Nasser Hussein, fue un militar y estadista egipcio y el principal líder político árabe de su época, conocido impulsor del panarabismo y del socialismo árabe. Ocupó el cargo de presidente de Egipto desde 1954 hasta su muerte en 1970.
[3] El Gloster Meteor fue el primer caza de reacción británico y el primero en entrar en servicio con los Aliados de la Segunda Guerra Mundial. El desarrollo del Meteor dependía en gran medida de sus innovadores motores turborreactor, desarrollados por Sir Frank Whittle y su compañía, Power Jets Ltd. El desarrollo del avión comenzó en 1940, pero ya se había comenzado a trabajar en los motores en 1936. El Meteor realizó su primer vuelo en 1943 y comenzó a operar el 27 de julio de 1944 con el 616º Escuadrón de la Royal Air Force (RAF). Se desarrollaron diversas variantes del Meteor para incorporar avances tecnológicos durante los años 1940 y 1950. Se fabricaron miles de ejemplares para servir en la RAF y otras fuerzas aéreas, y el modelo permaneció en servicio durante varias décadas. En la Segunda Guerra Mundial el Meteor entró en acción de forma limitada, mientras que los Meteor de la Real Fuerza Aérea Australiana (RAAF) contribuyeron de forma importante en la Guerra de Corea y otros usuarios como Argentina, Egipto e Israel también usaron sus Meteor en conflictos regionales. En el año 2011 permanecían en servicio activo dos Meteor, matrículas WL419 y WA638, en la compañía Martin-Baker como bancos de pruebas para asientos eyectables.
[4] El Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) es una cooperativa internacional dedicada al desarrollo, propiedad de los 189 países que lo integran. Como el mayor banco de desarrollo del mundo, el BIRF apoya la misión del Grupo Banco Mundial, proporcionando préstamos, garantías, productos de gestión de riesgos, y servicios de asesoría a los países de ingreso mediano y a los países de ingreso bajo con capacidad crediticia, y coordinando, además, las respuestas ante los desafíos mundiales y regionales. Fue fundado en 1944 para ayudar a la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. El BIRF, junto con la Asociación Internacional de Fomento (AIF) —el fondo para los países más pobres—conforma el Banco Mundial. Ambos colaboran estrechamente con las otras instituciones integrantes del Grupo Banco Mundial y con los sectores público y privado para reducir la pobreza y promover la prosperidad compartida en los países en desarrollo.
[5] John Foster Dulles (25 de febrero de 1888 – 24 de mayo de 1959) fue un político estadounidense que fue secretario de Estado bajo el mandato del presidente Dwight D. Eisenhower entre 1953 y 1959. Fue una figura significativa en los primeros años de la llamada Guerra Fría, en especial en una lucha específica contra el comunismo internacional.
[6] Georges Corm, (15 de junio de 1940) es un historiador y economista libanés. Es consultor económico de instituciones internacionales y profesor de la universidad de San José de Beirut. Estudió en el Institut d’Etudes Politiques de París (1958-1961) donde terminó la carrera en Finanzas públicas, tiene también un doctorado de la Universidad parisiense en Derecho Constitucional (1969). Fue Ministro de finanzas desde el 4 de diciembre de 1998 al 28 de octubre de 2000 en el gobierno de Hoss Salim El Hoss.
[7] Tatton Benvenuto Mark Sykes, 6° Baronet (16 de marzo de 1879 – 16 de febrero de 1919) fue un noble inglés, partícipó en el Acuerdo secreto Sykes-Picot, de mayo de 1916, entre Gran Bretaña y Francia sobre una futura partición del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial.
[8] François Marie Denis Georges-Picot (París, 21 de diciembre de 1870 – París, 20 de junio de 1951) fue un diplomático y abogado francés quien negoció el acuerdo Sykes–Picot con el abogado británico, Sir Mark Sykes entre noviembre de 1915 y marzo de 1916, y que fue firmado el 16 de mayo de 1916. El mismo consistió en un tratado secreto proponiendo que, cuando se iniciara la partición del Imperio otomano después de una victoria teórica por parte del Triple Entente, el Reino Unido, Francia y, más tarde, Rusia e Italia, se dividirían entre sí los territorios árabes bajo influencia otomana.
[9] El Acuerdo Sykes-Picot, conocido oficialmente como el Acuerdo de Asia Menor, fue un acuerdo secreto entre Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y la Tercera República Francesa​ para definir las propuestas esferas de influencia y control de los dos países en el Próximo Oriente en el caso de que la triple entente obtuviera la victoria en contra del Imperio otomano en la Primera Guerra Mundial. Las negociaciones se desarrollaron entre noviembre de 1915 y marzo de 1916, se firmó el acuerdo el 16 de mayo de 1916, y fue expuesto al público por Izvestia y Pravda el 23 de noviembre de 1917 y por el británico The Manchester Guardian el 26 de noviembre de 1917. Se considera que el acuerdo dio forma a la región. Se definieron las fronteras de Irak y Siria, y ha llevado hasta el conflicto actual entre Israel y los palestinos.​ Muchas personas ven el acuerdo como un punto de inflexión en las relaciones entre el mundo del Occidente y el mundo árabe. Se negaron las promesas hechas a los árabe​ por el coronel T. E. Lawrence de una patria nacional y árabe en el área de Gran Siria, a cambio de haberse aliado con los británicos en contra del Imperio otomano. La arquitectura geopolítica fundada por Sykes-Picot favorecería circunstancias que dan a lugar cosas como la protección que disfrutaron las minorías religiosas y étnicas en el Medio Oriente, las cuales son motivos de conflictos. Se repartió a los británicos el control de las áreas desde la línea de la costa del mar Mediterráneo hasta el Río Jordan, Jordania, el sur de Irak y una pequeña área que incluyó los puertos de Haifa y Acre para dejar acceso al Mediterráneo.​ Se repartió a los franceses el control del sureste de Turquía, el norte de Irak, Siria y Líbano.​ El Imperio ruso iba a recibir Estambul, los Estrechos Turcos y Armenia. Se dejaron libres a los poderes para decidir las fronteras dentro de sus propias áreas.​ Se esperaron más negociaciones con otros poderes incluyendo a Rusia y Husayn ibn Ali, jerife de La Meca para determinar la administración internacional. Dada la derrota eventual del 1918 y la subsiguiente partición del Imperio otomano, el acuerdo efectivamente dividió las provincias árabes de los otomanos fuera de la Península arábiga en áreas de influencia y control de los británicos y franceses​ y se propuso una «administración internacional» para Palestina. Los británicos formaron el Mandato británico de Palestina entre 1920 y 1948 y el Mandato británico de Irak desde 1920 hasta 1932, mientras el Mandato francés de Siria y Líbano duró desde 1923 hasta 1946. Los diplomáticos británicos y franceses Mark Sykes y François Georges-Picot negociaron los términos del acuerdo. El gobierno de los zares en Rusia fue una parte menor en el acuerdo y cuando ocurrió la Revolución rusa, fueron los bolcheviques quienes publicaron el acuerdo el 23 de noviembre de 1917, con el resultado de que «los británicos se avergonzaron, los árabes se consternaron y los turcos se alegraron»
[10] En octubre de 1956, Israel, con Francia y Gran Bretaña co­mo aliados, atacaba Egipto. La «cuestión del Canal de Suez» como ca­sus belli desencadenaba una ofensiva militar de los tres países contra el ré­gimen de Nasser: comenzaba la Gue­rra del Canal, segunda contienda en­tre árabes e israelíes. Las fricciones de la Guerra Fría, ausentes de la zona en los inmediatos compases de la posguerra y durante la primera guerra árabe-israelí, no tar­daron en hacer acto de presencia en Oriente Medio al comienzo de la déca­da de los cincuenta. Aunque la URSS había sido un decidido partidario del establecimiento del Estado de Israel, no tardó en bascular hacia el bando de los países árabes, a los cuales suminis­tró armas y apoyo político en sus rei­vindicaciones, al tiempo que en Siria y Egipto se establecían regímenes afines ideológicamente a la URSS, mezcla de panarabismo y socialismo.
[11] The Dulles’ plan or the Dulles Doctrine, is the central document of a conspiracy theory, according to which the CIA chief Allen Dulles had developed a plan for the United States to destroy the Soviet Union during the Cold War by secretly corrupting the cultural heritage and moral values of the Soviet nation. The plan was first published in Russia shortly after the dissolution of the USSR and was often quoted by prominent Russian politicians, journalists, and writers. The text originates from a work of fiction, a 1971 novel The Eternal Call, by Anatoly Ivanov, where it is provided in the form of an exposition by one of the novel’s villains, a Nazi collaborator. It was first published as a distinct «plan» and ascribed to Allen Dulles in a 1993 book by Metropolitan John (Snychov) of St. Petersburg and Ladoga. The literary origins of the plan were traced in the early 2000s. The term «Dulles’ Plan» may also refer to a series of out-of-context excerpts from the program NSC 20/1 («US objectives with respect to Russia») as presented by Nikolay Yakovlev in his 1983 book CIA against USSR. The original program outlined by the US National Security Council in 1948 established the basic policy towards the Soviet Union. However, this text neither has anything to do with the CIA or Allen Dulles, nor does its contents bear any textual similarity with the document presented by the supporters of the conspiracy theory.
[12] Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (FENU), en inglés, United Nations Emergency Forces (UNEF) fue un contingente creado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1956 durante los enfrentamientos entre Israel y Egipto en medio de lo que se conoce como la Crisis del Canal de Suez o la Guerra del Sinaí.
[13] Monte Scopus, es una montaña, situada en el nordeste de Jerusalén. A diferencia de Jerusalén Este, el Monte Scopus fue capturado por Israel durante la Guerra de Independencia de Israel de 1948, siendo un enclave israelí dentro del territorio jordano durante el período en que dicho Estado se anexionó Judea y Samaria, entre 1948 hasta 1967, cuando fue ocupada militarmente por Israel. Este país se anexionó administrativamente Jerusalén Este a un municipio, cambiando el perímetro por decisión israelí; mas esta decisión no fue aceptada internacionalmente. Por el contrario, la soberanía israelí sobre el Monte Scopus es internacionalmente reconocida.
[14] El Sudán Anglo-Egipcio, fue un condominio del Reino Unido y Egipto en la región oriental de Sudán del norte de África entre 1899 y 1956, pero en la práctica la estructura del condominio aseguró el pleno control británico sobre el Sudán. Alcanzó la independencia como República del Sudán, que desde 2011 se ha dividido en Sudán y Sudán del Sur. Hasta 1914, Egipto era nominalmente parte del Imperio Otomano. Durante el siglo XIX, gradualmente expandió su control del Sudán hasta el sur región de los Grandes Lagos. En 1881 estalló la revuelta mahdista en Sudán y en 1882, los británicos invadieron Egipto. Egipto se convirtió de facto en protectorado de Gran Bretaña y juntos fuerzas británicas y egipcias gradualmente reconquistaron el Sudán. En 1899, formalmente acordaron establecer un protectorado conjunto: Egipto sobre la base de sus reivindicaciones anteriores y Gran Bretaña por derecho de conquista. Entre 1914 y 1922, Egipto y así el Sudán eran formalmente una parte del Imperio británico. Tras independencia de Egipto en 1922, Gran Bretaña poco a poco asumió un mayor control del condominio, bordeando Egipto casi completamente en 1924. El aumento de la insatisfacción egipcia con este arreglo llegó a un punto tras el derrocamiento de la monarquía egipcia en 1952. El 1 de enero de 1956, Egipto y Gran Bretaña cedieron a Sudán su independencia.
[15] La Convención de Constantinopla es un tratado internacional firmado el 29 de octubre de 1888 por Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, Francia, Imperio Alemán, Imperio Ruso, Imperio Otomano, Imperio Austrohúngaro, España, Países Bajos y el Reino de Italia en dicha ciudad por el que se estableció el uso libre del paso del Canal de Suez, tanto en tiempo de paz como de guerra y para todo tipo de buques, se prohibió el bloqueo del canal y la zona o área alrededor del mismo que quedaba sujeta al mismo. Para alcanzar su objetivo se fijó que el Canal de Suez no podría ser zona de hostilidades, ni tampoco la zona de seguridad establecida tres millas alrededor de él. El Canal pasaba a estar desmilitarizado y sus fortificaciones debían ser eliminadas y, en todo caso, no se permitirían nuevas construcciones militares. Las razones para el establecimiento del tratado nacen cuando en 1854 se le otorga a Fernando de Lesseps la concesión para la construcción del Canal por parte de Francia. Los acuerdos entre la Compañía Universal del Canal de Suez y el Khedive de Egipto (sometido al Imperio Otomano) preveían el uso comercial, pero no el bélico, acuerdo que se plasmó en 1866. Durante la guerra ruso-turca en 1877, el Imperio británico (el mayor accionista de la Compañía Universal del Canal de Suez) temió un bloqueo del canal, lo que interrumpiría sus comunicaciones con la India Británica. Aunque las partes beligerantes manifestaron al Reino Unido su disposición al no uso del bloqueo del canal como arma de guerra, tanto este país como Francia iniciaron en 1885 conversaciones para llegar a un acuerdo internacional que fijase el estatuto jurídico definitivo. Así en 1887, ambos países firmaron un acuerdo que, en resumen, se convertirá con pocas variaciones en la Convención de Constantinopla.
[16] El Oleoducto Sumed (contracción de Oleoducto Suez-Mediterráneo) es un oleoducto petrolero en Egipto que une la terminal de Ain Sukhna en el Golfo de Suez con Sidi Kerir en el Mar Mediterráneo. Da una alternativa al Canal de Suez para el transporte de petróleo desde el Golfo Pérsico hacia Europa y el Mediterráneo.
[17] La primera Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF) fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para asegurar el fin de la crisis de Suez con la resolución 1001 (ES-I) el 7 de noviembre de 1956. La fuerza se desarrolló en gran medida como resultado de los esfuerzos por el secretario general de la ONU Dag Hammarskjöld y un Premio Nobel de la Paz -winning (1957) propuesta y esfuerzo por parte de Canadá Ministro de Asuntos exteriores de Lester B. Pearson . La Asamblea General aprobó un plan presentado por el Secretario General, que prevé el despliegue de la Fuerza en ambos lados de la línea de armisticio. La Segunda Fuerza de Emergencia de las Naciones Unidas (UNEF II) desplegado desde octubre 1973 a julio 1979.
[18] La República Árabe Unida, es un término que define a dos conceptos diferentes. Por un lado, define al Estado que nace de la unión entre Egipto y Siria durante el periodo de 1958 a 1961. Y por otro lado, será el nombre oficial de Egipto entre los años 1958 y 1971. La unión se propicia a petición del gobierno sirio en 1958, pero pasados tres años, en 1961, se deshace tras un golpe de estado por parte del estamento militar sirio. La unión se alcanza, principalmente, como consecuencia del claro liderazgo del presidente egipcio, Gamal Abdel Nasser, y su voluntad de crear una gran unión entre todos los países árabes, en el contexto del panarabismo emergente. De hecho, en el mismo periodo que comprende la República Árabe Unida (1958-1961), existirán los Estados Árabes Unidos, formados por la unión de la RAU y el Reino de Yemen y que desaparecerá a la par que la República formada entre Egipto y Siria.
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