Source: https://correspondenciadeprensa.com/2019/09/20/india-cachemira-encerrada-embestida-del-gobierno-a-los-pies-del-himalaya/?shared=email&msg=fail
Timestamp: 2020-05-25 02:40:39+00:00

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India – Cachemira encerrada. Embestida del gobierno a los pies del Himalaya. [Kumail Sayeed] – Correspondencia de Prensa
Asia, Cachemira, India
Jacobin, 9-9-2019
Brecha, 20-9-2019
Ubicada en la confluencia de fronteras entre India, Pakistán y China, la estratégica región de Cachemira permanece en disputa. La zona controlada por India, hogar de unos 12 millones de personas, soporta ahora una intervención militar directa del gobierno central, que disolvió su autonomía y mantiene a sus habitantes en un brutal estado de sitio.
Llegué a Cachemira el martes 1 de agosto, entusiasmado con estar en casa después de 11 meses afuera. Planeaba celebrar Eid (1) con familia y amigos, hacer hiking, pesca y canotaje. Por encima de todo, quería pasar tiempo en el lago Dal. El calor agobiante de Delhi había consumido mi energía. Sólo las maravillas de Cachemira, su clima, sus montañas y sus lagos podían recomponerme. Pero, apenas dos días después, todo cambió. Cachemira se volvió una cárcel al aire libre y sus habitantes, prisioneros.
Hoy hubo mucho alboroto en la estación de servicio. Los autos y las motos formaron una cola, al parecer interminable, más larga que cualquiera de las vistas antes. La gente empezó a llevarse la nafta en bidones.
“El rumor es que India va tener una guerra con Pakistán”, me dijo un hombre. “Es Dafah 370, artículo 370”, respondió otro. “Van a revocar el artículo, y si resulta ser cierto, esto va a ser otra Siria.” Durante los últimos días circularon rumores de que el estado de Jammu y Cachemira será dividido. El gobierno indio ha enviado miles de soldados más a esta región, que ya estaba fuertemente ocupada. Una orden oficial llamó a todos los turistas y los peregrinos hindúes a irse antes del 6 de agosto. Los trabajadores zafrales, la mayoría venidos de las regiones indias de Bengala Occidental, Uttar Pradesh y Punjab, se esfumaron de la noche a la mañana. En el aire hay una sensación de temor y ansiedad. Los cachemires están acostumbrados a las tácticas del gobierno indio y huelen que algo malo se cocina en el caldero de Nueva Delhi. Pero no saben exactamente qué es.
Mientras volvía en moto de la estación de servicio, vi escenas de pánico: largas y retorcidas colas frente a los cajeros automáticos. Gente haciendo stock de medicamentos como para seis meses, comprando cajas enteras, como si fueran caramelos o chocolates. Personas corriendo de acá para allá, sin razón aparente. Llegado a casa, empecé a leer La limpieza étnica de Palestina, de Ilan Pappé. En las noticias de la noche, el gobernador, que representa al gobierno indio en Cachemira desde la disolución de la Asamblea Legislativa cachemir en noviembre pasado, insistió en que el estatus autónomo de la región no está bajo amenaza. Cachemira está a salvo y segura, dijo, no hay de qué preocuparse. Eso sólo hizo que la paranoia aumentara. Si no es el artículo 370 lo que está en juego, ¿qué es entonces? ¿Nos van a bombardear?
Poco antes de la medianoche, me llegó un mensaje de mi primo, que vive en Chennai, en el sur de India: “¿Es cierto que a partir de mañana van a cortar los teléfonos e Internet?”. “Nadie sabe nada. Todo es tan impredecible acá…”, le respondí. A partir de mañana, sólo 350 celulares van a funcionar, me dijo. Las armas y las municiones de la policía de Jammu y Kashmir ya fueron confiscadas. Sólo la Fuerza Policial de la Reserva Central de la India estará armada. Me reí. “Tengo que dormir ahora. No les prestes atención a los rumores. No va pasar nada de eso.” Antes de dormirme, le pedí a Dios que nos proteja a todos.
Por la mañana, me levanté en un mundo totalmente nuevo. No entendía por qué el tráfico no me había despertado, por qué el barullo familiar de los niños no me había interrumpido el sueño. Me restregué los ojos y miré el celular: sin señal. Me saqué de encima el acolchado y miré por la ventana. El camino estaba vacío, como un desierto. Las calles despobladas, las tiendas cerradas. Todo estaba envuelto por un silencio de muerte. Prendí la televisión. Error de red. Contacte a su operador de cable. La banda ancha, muerta. Lo mismo con Internet, la 118a vez en los últimos dos años.
Pocos minutos después, mi tío trajo las novedades. En el área habían impuesto un toque de queda estricto y el parlamento indio se preparaba para revocar el estatus semiautónomo de Cachemira. Mi tío había escuchado la noticia en la vieja radio a transistores que sonaba de fondo en la panadería. Sentí como si hubiera perdido un brazo.
Hoy apareció un canal local de televisión con más noticias. No puedo mirar. Los políticos indios dan discursos sobre cómo va a llegar a Cachemira el desarrollo económico tras la derogación del artículo 370. Pero es todo una farsa.
Hay miedo por todos lados. No logro dormir. ¿Y si todos los matones nacionalistas hindúes vienen a matarnos? Como en el pogromo de Guyarat de 2002, cuando Narendra Modi era el ministro en jefe de ese estado.(2) Ahora que es el primer ministro de India, podría convertir nuestros huesos en cenizas fácilmente y nadie se atrevería a denunciarlo. India se ha vuelto un estado fascista, pienso enfurecido, y Narendra Modi es nuestro Mussolini.
Toda la población de Cachemira está encerrada en sus casas. Lo esencial, como la leche, la comida y los medicamentos, tiene que ser traído antes de las seis de la mañana o tarde en la noche. En casa, todos se miran los unos a los otros, desconsolados. Para los niños en edad de ir a la escuela es difícil concentrarse en los estudios. Mamá dice que es inútil cocinar dulces para Eid.
Hoy fue Eid y todo parecía arder. La celebración es para recordar la fe que Abraham tuvo en Dios, que lo hizo sacrificar a su hijo por Él. Normalmente, muchas familias matan un cordero en Eid, pero pocas lo hicieron este año.
Esta mañana temprano hubo enfrentamientos entre manifestantes jóvenes y las fuerzas de seguridad. Los policías dispararon 13 proyectiles de gas lacrimógeno, que invadió el aire de la zona. Drones y helicópteros vigilaron los barrios durante todo el día. Fue imposible celebrar con tantas restricciones, ya Allah!
Mi padre dice que Modi derogó el artículo 370 porque falló en crear empleo e intenta distraer a la gente de la recesión económica que enfrenta India. Durante el rezo de la tarde en la mezquita, uno de los muchachos me comentó en voz baja: “Van a cortar la electricidad mañana. Tuvieron la compasión de dejarla hasta hoy porque no querían que la gente celebrara Eid en la oscuridad. Ahora quedarse en casa no tiene sentido, tenemos que pelear contra los opresores. Traeme un arma y te voy a mostrar cómo hacerlo”.
Es el día de la independencia de India. Estamos todos encerrados adentro. Pusieron más policías fuera de nuestra casa. Alguien dijo que los teléfonos de línea podrían funcionar, pero ni una sola casa en nuestra zona tiene un teléfono de línea que funcione. No se puede hacer una llamada telefónica o acceder a Internet en toda Cachemira.
Pasaron dos semanas desde la derogación del artículo 370 y la gente está destrozada. Nuestro vecino Fayaz toca el tambor todo el día y canta canciones de libertad. Me siento acompañado de prisioneros a punto de quebrarse.
Anoche al hijo de nuestra vecina Rosy se lo llevó la policía. Podía escuchar los gritos de Rosy desde mi cuarto. Más tarde, el oficial de policía le dijo: “Olvidate de que tenés un hijo, por un año como mínimo”. Un anciano del barrio murió por asfixia. Las fuerzas de seguridad habían disparado gas pimienta para adentro de su habitación.
Por las noches, cuando el toque de queda afloja, todos los hombres se juntan en el camino a protestar. Hay discusiones sobre todo lo habido y por haber: la guerra contra el terror, la guerra de Afganistán, la crisis en Yemen, las ambiciones de los nacionalistas hindúes de Modi. Y la historia de traiciones que Cachemira ha sufrido de India.
Tendré que volver a Nueva Delhi. Todo está perdido. Ahora sólo quedan restos.
Ha pasado más de un mes y Cachemira sigue aislada del resto del mundo.
Eid Al Adha, en árabe, “fiesta del sacrificio”, también conocida como “fiesta del cordero”. Es la celebración más importante del año musulmán (N de E).
Entre 1.000 y 2 mil personas fueron asesinadas en el estado occidental indio de Guyarat entre fines de febrero e inicios de marzo de 2002, en una serie de disturbios locales. Académicos, gobiernos extranjeros y opositores denunciaron al gobierno estadual por estar detrás de la violencia y la masacre de musulmanes a manos de nacionalistas hindúes (N de E).
Pistas sobre el conflicto cachemir
No sólo un asunto interno
Instituto Tricontinental de Investigación Social *
Cachemira es un territorio en disputa; cada palmo de su tierra es reclamada por alguno de los países vecinos (India, Pakistán y China). Cubre 222.200 quilómetros cuadrados, el tamaño de Reino Unido. Cerca de 17 millones de personas viven allí, la mayoría en las regiones controladas por India y Pakistán. Aksai Chin, la zona controlada por China, es estéril, importante sólo como ruta entre Tíbet y Xinjiang.
La cuestión de Cachemira es parte de los asuntos no resueltos en la división del sur de Asia. Hasta 1947, la región estaba bajo el control de una monarquía hindú, que no estaba dispuesta a unirse a India. Fue recién tras la entrada al valle de Cachemira de invasores armados desde Pakistán que el rey aceptó. El movimiento político más popular en la región, la Conferencia Nacional de Jammu y Cachemira (bajo el liderazgo de Sheikh Abdullah), aceptó integrarse a la Unión India siempre y cuando la autonomía de Cachemira fuera respetada. La Unión India ha reducido sistemáticamente esta autonomía.
El día que el ejército indio entró a Cachemira (el 27 de octubre de 1947), el primer ministro de India, Jawaharlal Nehru, envió un telegrama a su par de Pakistán, Liaqat Ali Khan. Allí, Nehru escribió que el futuro de Cachemira “debe ser decidido en acuerdo con los deseos del pueblo”. En punto muerto, la disputa llegó al Consejo de Seguridad de la Onu, que llamó a celebrar un plebiscito.
Cachemira fue dividida por la guerra de 1947 entre India y Pakistán. Ambos países han librado entre sí al menos cuatro grandes guerras como resultado de este conflicto inicial, lo que ha generado una insurgencia y una militarización permanentes. Se estima que hay 600 mil militares indios en Cachemira. Ambos países tienen armas nucleares.
Por décadas, las condiciones en la parte india de Cachemira han sido atroces. Observadores imparciales han registrado abusos de los derechos humanos, incluidos los arrestos, los castigos colectivos y la tortura de civiles. Los informes de 2018 y 2019 del Alto Comisionado de la Onu para los Derechos Humanos muestran la impactante indiferencia a los derechos humanos por el gobierno indio en Cachemira. Se busca justificar estas violaciones de los derechos y la dignidad humana con la acusación de que los cachemires son terroristas.
Dos artículos en la Constitución de India (1950) ofrecían un frágil compromiso con la autonomía cachemir. El artículo 370 confería un estatus especial al estado de Jammu y Cachemira, que permitía la autonomía sobre ciertos aspectos clave de su gobierno. El artículo 35A prevenía, entre otras cosas, que residentes permanentes no cachemires poseyeran tierras en la región.
El 5 de agosto pasado, el gobierno indio de derecha de Narendra Modi y su Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio) invalidaron los artículos 370 y 35A, algo demandado por la derecha india desde 1948. El 3 de abril de 2018, la Corte Suprema India dijo que el artículo 370 había adquirido estatus permanente. El artículo 35A no podía ser eliminado, porque la Asamblea Constituyente había sido disuelta en 1957. La base legal para eliminar estos dos artículos no está disponible. Será impugnada en las cortes indias.
Antes de anunciar en el parlamento la invalidación de estos artículos, el gobierno de Modi envió a 35 mil militares indios adicionales a Cachemira. Al mismo tiempo, arrestó a los principales líderes políticos en la región. La Asamblea Legislativa local había sido disuelta en noviembre de 2018. Ahora la prensa fue restringida e Internet y los servicios de telefonía, clausurados.
Estas medidas del gobierno indio no son sólo un asunto interno. Están vinculadas inextricablemente con la atmósfera geopolítica en la región.
Las fronteras de China, India y Pakistán se chocan en Cachemira. Los tres países han librado guerras por partes de ese territorio. Además de las cuatro guerras entre India y Pakistán, China e India protagonizaron una en 1962. Sin embargo, el principal conflicto aquí –desde los años cuarenta– ha sido entre India y Pakistán. Los desacuerdos están arraigados profundamente en la cultura política de cada país. El ascenso de la extrema derecha en India sólo ha empeorado el conflicto.
Envuelta en el conflicto India‑Pakistán está la lucha más grande entre Estados Unidos y China. China abrió su Nueva Ruta de la Seda (Nrs) a cualquier país que quiera participar. India se ha negado, en parte por su vieja historia de hostilidad con China y en parte por su subordinación a Estados Unidos, que se opone a la Nrs y está decidido a cercar a China.
La Nrs ya se ha desarrollado en Pakistán y Nepal. El corredor económico China‑Pakistán, de 46 mil millones de dólares, atraviesa la zona de Cachemira controlada por los paquistaníes hasta el puerto de Gwadar, en Baluchistán. En 2017, China y Nepal acordaron construir el Corredor Económico del Himalaya. La Organización de Caminos Fronterizos de India ha estado ocupada en construir caminos a lo largo de su frontera con China, desde Cachemira hasta Bután y Nagaland.
* Tomado de The Tricontinental. Brecha traduce fragmentos del original inglés. Titulación de Brecha.
Chinaderechos humanosEidIndialimpieza étnicaNarendra MoPakistánPartido Popular Indio
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