Source: http://raycoy.blogspot.com/2007/
Timestamp: 2018-07-23 09:57:42+00:00

Document:
Fotoartis: 2007
Los hermanos Séeberger
Descubrí a este trío de fotógrafos (Jules, Louis y Henri) hace cuestión de un año y medio, cuando visité París por segunda vez. Fui a la Sainte Chapelle, y allí encontré a la venta un libro de fotografías antiguas de los jardines parisinos realizadas por unos tipos apellidados Séeberger titulado Jardins parisiens à la Belle Époque. Me planteé si comprarlo o no porque estaba precintado y aunque la fotografía de portada me resultaba atractiva, desconocía si su interior merecería pagar los 30 euros que costaba. El caso es que me decidí a adquirir aquel libro. Y no me arrepiento, porque dentro encontré imágenes mucho más hermosas de lo que esperaba.
El objetivo de los hermanos Séeberger, nacidos en la década de 1870, era «fotografiar París desde todos sus ángulos, todos sus aspectos, las calles, las plazas y los parques» (pág. 5) por encargo de un editor de postales.
Algunos de los lugares fotografiados los reconozco, aunque no recuerdo que el estanque del Jardín de Luxemburgo en el que está la Fuente de Médicis sea tan alargado, yo creo que ahora es más pequeño. Si os fijáis, la fotografía a la que me refiero es similar a la de Eugène Atget.
Hermanos Séeberger: «Jardin du Luxembourg. La fontaine Médicis et le nouveau bassin»
Hay fotografías que he seleccionado por su belleza, como «Montmartre. La rue de l’Abreuvoir, d’un jardin en terrase de la rue Girardin» o «Parc Monceau. La Naumachie». Ambas fotografías me han evocado otras cosas.
La primera me ha recordado el comienzo de la película Moulin Rouge, la protagonizada por Nicole Kidman, cuando se ve París y la cámara recorre las calles hasta entrar en el Moulin Rouge. El edificio que se ve al fondo es la impresionante Basílica del Sacré Coeur.
Hermanos Séeberger: «Montmartre. La rue de l’Abreuvoir, d’un jardin en terrase de la rue Girardin» (1904)
La otra imagen, la del Parque Monceau me ha hecho pensar en los cuadros de Hubert Robert, con sus edificios decadentes integrados en la naturaleza. Me gusta esta fotografía de los hermanos Séeberger por lo solitario del paisaje, los restos de las columnas, el estanque. Es, en definitiva, el retrato del paso del tiempo. Todo muy bucólico y decadente, muy romántico.
Hermanos Séeberger: «Parc Monceau. La Naumachie»
Hay otras fotografías que he elegido para mostraros porque me parecen muy curiosas aunque no sean de las más bonitas que contiene el libro.
Una de ellas es «La voiture tirée par une autruche au Jardin d’Aclimatation» porque sale un avestruz tirando de un carro para pasear niños por el parque. Hay otra fotografía en la que en vez de un avestruz sale una cabra. Quienes hayáis ido a la Plaza de España de Sevilla, habréis visto que hay algo parecido, aunque en este caso el animal en cuestión es un burro.
Hermanos Séeberger: «La voiture tirée par une autruche au Jardin d’Aclimatation»
En «Le jeu de tennis sur la terrase Ouest» vemos a cuatro personas jugando al tenis en el Jardín de Luxemburgo. Cuando yo estuve, vi a gente jugando al pimpón porque en el parque hay mesas para ello. Pero lo más curioso fue el extraño artilugio que tenía una de las jugadoras: era una especie de bastón con una garra en la punta para recoger las pelotas que cayeran al suelo y no tener que agacharse.
Hermanos Séeberger: «Le jeu de tennis sur la terrase Ouest»
La fotografía siguiente muestra un puesto del parque en el que se vende comida, bebida y juguetes. Este tipo de puestos seguimos encontrándolos en lugares como el Parque de María Luisa.
Hermanos Séeberger: «Une marchande de pain d’epices»
Pero las fotografías que más me gustan son la de Montmartre y el Parque Monceau, por su belleza y por su soledad.
Título: Jardins parisiens à la Belle Époque.
Autor: Hermanos Séeberger.
Editorial: Monum, Éditions du patrimoine.
¿Qué es?: Libro de fotografías de los jardines de París.
Ventajas: Buenos retratos de los habitantes de la época, sus ropas y costumbres. Magníficas estampas de los parques más hermosos de la ciudad.
Inconvenientes: Todos los textos están en francés. No aparece la fecha de realización de las fotografías. El libro puede parecer caro (30 euros).
Valoración: 8,7.
Hace poco que se han publicado los resultados de un concurso fotográfico en el que he participado. Y no he ganado. El concurso lo organizaba una marca de impresoras a la que no le voy a hacer publicidad (no sólo por no haber ganado su concurso sino también porque los controladores de sus impresoras son una mierda y se desinstalan cuando les da la gana, de manera que la puñetera máquina deja de funcionar correctamente).
Pues bien, como decía, el resultado del concurso se ha hecho público. Y el ganador ha sido un fotógrafo profesional que comenzó a trabajar hace 30 años, cuando yo ni existía. Resultados como éste hacen que quienes somos aficionados nos desilusionemos y no volvamos a participar en historias de este tipo.
Y lo peor es que no es el primer chasco que me llevo: hace un par de veranos participé en otro concurso, aquella vez lo organizaba una revista dominical que regalan con un diario local (parece que estoy jugando a las adivinanzas, pero como acostumbraba a decir un hombre al que admiré y aprecié profundamente «no diré nombres por si alguien lo conoce»).
El caso es que en ninguno de los concursos gané nada, sólo el disgusto que se lleva uno cuando descubre que el gusto de los miembros de los jurados resulta más que dudoso viendo las fotografías ganadoras. Y mi opinión no es producto del resentimiento: yo admito cuándo una imagen es buena, incluso si es mejor que las mías (este blog es una clara muestra de ello).
No os adjunto las fotografías con las que concursé porque, como sabéis, no me fío. Porque, a pesar de los desengaños con los concursos, sigo teniendo la esperanza de que algún día un mecenas descubra el poco o mucho talento que tenga y me permita montar una exposición. Ése sería mi mayor sueño, ver colgadas mis fotografías en las paredes de una sala de exposiciones y que otros puedan disfrutar de ellas. De momento tengo que conformarme con que quienes tienen interés por mis fotografías, las vean en mi agenda. Algo es algo.
Pierre Verger. Andalucía, 1935
Pierre Verger (París, 1902-Salvador de Bahía, 1996) se paseó con su cámara por medio mundo, recorriendo países de los cinco continentes registrando sus paisajes y a sus gentes.
Allá por el año 1935 anduvo en bicicleta por Andalucía, y a primeros de 2006 el Centro de Estudios Andaluces organizó una exposición con aquel trabajo en el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Allí se mostraron algunas de sus mejores imágenes y la muestra fue recopilada y ampliada en el catálogo Pierre Verger. Andalucía 1935. Resurrección de la memoria. Este libro no es una recopilación exhaustiva de todo el trabajo del fotógrafo en Andalucía pero da buena cuenta de lo que hizo en nuestra tierra hace 70 años.
Las fotografías de Andalucía me recuerdan a las de Loty. De hecho son de la misma época, así que el ambiente, el urbanismo y la gente son similares. He seleccionado algunas que me han gustado especialmente. Los pies de foto respetan el título que Verger dio a cada fotografía.
La imagen de la vendedora del mercado de Córdoba posee una gran belleza por el contraste de luz: ella en penumbra, los cántaros blancos por la luz del sol que se adivina a la vuelta de la esquina.
Pierre Verger: «Mercado, Córdoba» (1935)
La siguiente fotografía también está tomada en el mercado de Córdoba. De esta imagen me llamó mucho la atención el niño de una de las ventanas: con 70 años de diferencia ese crío y nosotros estamos contemplando la misma escena.
Verger recoge en una de sus fotografías una escena cotidiana de la época: la gente llenando los cántaros de barro en una fuente pública. En el pie de foto no se especifica el lugar de Córdoba en el que se encuentra la fuente, pero he buscado en Internet y se trata de la Plaza del Potro.
Pierre Verger: «Calle de Córdoba» (1935)
Hay varias fotografías de las que no sabemos nada acerca del lugar donde fueron tomadas porque se titulan «Rutas». La de la costa al menos dice que fue hecha en la provincia de Granada.
Pierre Verger: «Rutas» (1935)
Pierre Verger: «Rutas, Granada» (1935)
De Sevilla hay bastantes imágenes, como las de la fábrica de tabacos (ahora edificio de la Universidad de Sevilla), el tranvía por la calle San Fernando (picoleto, incluido) o la Semana Santa (uno de los grandes atractivos fotográficos de la ciudad).
Pierre Verger: «Fábrica de tabacos, Sevilla» (1935)
El local que aparece en la siguiente fotografía, el Café de París, actualmente no existe pero seguro que todos hemos pasado por allí e incluso puede que más de uno haya estado comiendo: es el Burguer King de La Campana, concretamente el lado que da para la calle Velázquez.
Pierre Verger: «Semana Santa, Sevilla» (1935)
El paso que aparece en la siguiente fotografía es el Misterio de Las Cigarreras aunque el Cristo que aparece no es el que actualmente procesiona sino el que hizo Gonzalo Bilbao.
Pierre Verger: [Mercado de la Encarnación, Sevilla] (1935)
Pierre Verger: «Calles de Sevilla» (1935)
Pierre Verger: [Sevilla desde la Giralda] (1935)
Es curiosa la pintada que aparece en la fotografía de Triana, para que luego digan algunos que los graffitis son cosa de niños modernos con pantalones caídos.
Pierre Verger: «Triana, Sevilla» (1935)
Pero la fotografía que más me gusta de Pierre Verger es la siguiente, la de la anciana de Sorbas (Almería). Al ver la fotografía me parece que puedo percibir el tacto de toquilla de lana, y la piel ajada por el sol («arrugas que son surcos», que diría Kutxi Romero). Ahí radica la magia de la fotografía, que nos acerca algo lejano en el tiempo y en el espacio.
Un año antes de visitar Andalucía, Pierre Verger conoció Asia gracias a un contrato como fotógrafo para cubrir la guerra entre Japón y China. Como ya dije al principio, fue un tipo que se pateo medio mundo haciendo fotos. Su vinculación con Brasil, y especialmente con Salvador de Bahía, se produjo casi por casualidad: estaba fotografiando en África, contactó con el director del Instituto Francés del África Negra y éste le concedió una beca para que estudiase los cultos africanos en Bahía. También permaneció varios años en otros lugares de América, como Perú.
Verger decía que en Brasil había renunciado a su lado europeo, se sentía parte de su nueva tierra. Y amó tanto Bahía que se quedó allí a vivir, allí murió y su fundación tiene como sede la que fue su casa. Pierre Verger es un buen ejemplo de que uno no es de donde nace sino de donde se siente como en casa. Y su casa fue Bahía. Al fin y al cabo, Verger era francés por circunstancias, hijo de un belga que se afincó en París, y que lo mismo podría haber ido a otro lugar a vivir.
Si queréis ver más fotografías de Pierre Verger, ya sea de Andalucía o de cualquier otra parte del mundo, podéis visitar la web de su fundación: www.pierreverger.org. Sólo está disponible en portugués (brasileño), inglés y francés aunque el portugués se deja entender.
Lo que os voy a contar ocurrió hace ya 30 años. El 4 de diciembre de 1977 más de un millón y medio de andaluces salió masivamente a la calle en toda la región pidiendo Autonomía.
Andalucía amaneció nublada la mañana de aquel domingo y quienes habían puesto toda su ilusión en aquellas manifestaciones proautonómicas temían que el mal tiempo hiciera que muchos se quedaran en casa.
Como en toda manifestación las cifras bailan pero en la época se habló de entre un millón y medio y dos millones de manifestantes. Actualmente, se acepta la cantidad de 1.600.000 participantes.
La manifestación más multitudinaria fue, sin duda, la de Sevilla, que contó con entre 350.000 y 400.000 personas. En ella participaron los representantes de todos los partidos políticos andaluces, entre los que se encontraba Alfonso Guerra, quien leyó un manifiesto desde el balcón principal del Ayuntamiento en nombre de la Asamblea de parlamentarios de Andalucía.
Las siguientes, por orden de mayor a menor cantidad de manifestantes, fueron: Málaga, Granada, Huelva, Córdoba, Cádiz, Jaén y Almería. Barcelona -conocida como la novena provincia por el número de emigrantes andaluces-, contó con unos 250.000 manifestantes que fueron convocados por asociaciones andaluzas bajo el lema de Día Nacional del País Andaluz.
Cánticos, gritos del tipo ¡Autonomía y Libertad! y ¡Andalucía por su Autonomía!, pancartas y banderas andaluzas agitadas por gente entusiasmada de cualquier edad fueron lo común en todas las manifestaciones.
Blas Infante también estuvo presente en las manifestaciones del 4 de diciembre, pero especialmente en la de Sevilla. Allí, familiares suyos entregaron una bandera andaluza a un grupo de niños -vinculados a los políticos que promovieron la Autonomía- que encabezó la marcha. Los regionalistas y nacionalistas andaluces hablan de Blas Infante como el padre de la Patria e incluso le consideran el primer mártir andaluz ya que fue fusilado el 11 de agosto de 1936 «por rojo y separatista», según su hija María Infante.
Un grupo de niños encabeza la manifestación de Sevilla portando la bandera andaluza
El día anterior había llovido en Sevilla, y el domingo llegó con las calles mojadas pero engalanadas para la ocasión. Carteles y banderas anunciaban la manifestación del 4 de diciembre invitando a los sevillanos a participar. Para facilitar los desplazamientos, aquella mañana los autobuses eran gratuitos y también habían sido adornados. En los días previos la tela de bandera andaluza se había agotado en toda la ciudad. Todo estaba preparado para que Sevilla se echara a las calles y marchara en favor de la Autonomía. El recorrido previsto para la manifestación iba del Prado de San Sebastián hasta la Plaza Nueva pero la cabecera tuvo que adelantarse hasta la puerta del Rectorado porque la gente no cabía, incluso hubo grupos que se fueron uniendo a mitad de camino.
La manifestación había sido convocada por todos los partidos democráticos, los cuales se repartieron el recorrido para que militantes suyos formasen el servicio de orden que velaría por el buen discurrir del acto.
Pero no todos los andaluces estaban de acuerdo con las marchas del 4 de diciembre, como así lo demostraron en los diversos incidentes que produjeron. En general, hubo enfrentamientos con la Policía y contramanifestantes en casi todas las ciudades.
Fuerza Nueva, partido de extrema derecha, estaba en desacuerdo con la marcha e intentó boicotearla. En el caso de Sevilla, su sede estaba en los altos de la confitería de la esquina de la avenida de la Constitución, por aquel entonces llamada avenida José Antonio. Desde los balcones arrojaron botellas a los manifestantes y unos doscientos militantes, en su mayoría muy jóvenes, se plantaron delante de la manifestación portando banderas españolas. El servicio de orden consiguió que el grupo de provocadores se retirase no sin antes invitarlos a unirse al cortejo, proposición que evidentemente rechazaron.
Manifestación de Sevilla a su paso por la avenida José Antonio, actual avenida de la Constitución
Los militantes de la ORT que integraban el servicio de orden estaban dispuestos desde la Puerta de Jerez hasta la confluencia de la calle San Fernando con la avenida José Antonio. Fue en la Puerta de Jerez donde otro grupo de Fuerza Nueva pretendió boicotear la manifestación. «Cuando llegaron, una vieja se quiso liar a paraguazos con ellos y tuvimos que pararla», cuenta José Jiménez, integrante del servicio de orden por la ORT.
En la manifestación de Sevilla no estaban prohibidas las banderas españolas: «Prohibidas no estaban pero la gente pegaba la bronca al grito ¡Que quiten la estanquera!», como recuerda José Jiménez.
En Córdoba tampoco se pidió la no comparecencia de la bandera española pero sí se solicitó que no hubiese banderas partidistas. Un grupo perteneciente al FRAP abrió una bandera republicana una vez finalizado el acto ya que antes los manifestantes no lo permitieron. Días antes de la manifestación de Córdoba, varios miembros del PSA fueron agredidos por integrantes de Fuerza Nueva mientras pegaban carteles.
En Santaella (Córdoba) la manifestación proautonómica fue prohibida.
En Jaén hubo pequeños incidentes sin importancia. En algunos edificios sólo hubo banderas españolas, lo cual fue abucheado por los manifestantes, quienes pidieron que se cambiaran por banderas andaluzas.
Cerca del Ayuntamiento de Cádiz un grupo desplegó banderas españolas mientras hacía el saludo fascista y cantaba el Cara al sol. Esta actitud fue reprimida por los propios manifestantes quitando las banderas. La policía intervino y detuvo a diez personas que fueron puestas en libertad poco tiempo después.
La Diputación, el Ayuntamiento y el Arzobispado granadinos no manifestaron su apoyo a la convocatoria del 4 de diciembre a diferencia de las instituciones de otras provincias andaluzas. Así, por ejemplo, el Obispado de Huelva hizo pública su solidaridad con el movimiento proautonómico.
Poco antes de empezar la manifestación en Huelva, se produjeron varios incidentes protagonizados principalmente por miembros del FRAP que portaban banderas republicanas y pretendían unirse al cortejo. Esto fue reprimido por los organizadores de la manifestación. En el Gobierno Civil también hubo problemas ya que, según una nota difundida por la institución, «varios individuos intentaron forzar las puertas de entrada (...) mientras que otros apedreaban la fachada (...) y golpeaban a algunos miembros de la Policía Armada, por lo que ésta se vio obligada a reprimir la manifestación».
Almería fue, con diferencia, la ciudad donde menor acogida tuvo el acto proautonómico. La lluvia y, sobre todo, el poco ambiente existente durante los días precedentes hizo que apenas 5.000 personas se movilizaran a favor de la autonomía andaluza.
En Málaga el presidente de la Diputación prohibió la colocación de la bandera andaluza y sólo permitió la española. Algunos días antes, se produjeron conatos de agresión e insultos por parte de militantes de extrema derecha.
«Nos mataron a todos»
José Manuel García Caparrós tenía 19 años. Era malagueño, trabajaba en una fábrica de cerveza y militaba en CCOO. Aquel 4 de diciembre de 1977, cuando la manifestación llegó a la Diputación de Málaga, el muchacho trepó por la fachada del edificio y colocó una bandera andaluza junto a la española. El presidente de la Diputación, Francisco Cabeza López, se había negado a que la bandera andaluza ondease junto a la nacional a pesar de que el pleno lo había aprobado. José Manuel cayó al suelo abatido por una bala proveniente de un arma reglamentaria. Actualmente sigue sin saberse nada del autor del disparo y la familia de García Caparrós nunca ha recibido una explicación o una indemnización ni el asesinado ha tenido un reconocimiento público.
«No hubo investigación alguna sobre su muerte, todo se tapó y las puertas han estado cerradas sin ningún apoyo institucional (...). Nos mataron a todos porque mi madre enfermó, yo tuve que dejar el colegio para cuidarla y mi otra hermana era la única que trabajaba», declara una hermana de José Manuel, Dolores García.
El lugar donde yació el cuerpo de Caparrós se convirtió en un improvisado altar por el que pasaron miles de malagueños hasta que fue destrozado. Después de los sucesos, el pueblo salió a la calle para protestar por la dura represión policial y Málaga tardó varios días en volver a la normalidad.
Otros 4 de diciembre
En 1978 se prohibieron las manifestaciones del Día de Andalucía ya que dos días después -6 de diciembre- se celebraba el referéndum de la Constitución española. Pero en Barcelona alrededor de 10.000 personas sí se manifestaron, aunque con retraso -17 de diciembre-, convocados por una coordinadora de partidos políticos.
En 1979 se volvieron a celebrar manifestaciones pero no fueron tan multitudinarias como las de 1977. El número de participantes se calcula en torno a 600.000. En este año hubo también manifestaciones en Barcelona.
El 28 de febrero de 1980 se produjo el referéndum en el que los andaluces votaron masivamente sí a la Autonomía a través del artículo 151 de la Constitución.
El Gobierno andaluz cambió el Día de Andalucía por la fecha de dicho referéndum, por lo que en 1980 no se celebró oficialmente esta festividad.
Actualmente sólo los nacionalistas andaluces siguen celebrando el 4 de diciembre como Día de Andalucía.
La lucha de los andaluces por la Autonomía no acabó en las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977, sino que más bien empezó entonces.
La mayoría de los partidos políticos andaluces estuvo de acuerdo en encaminar la Autonomía por el artículo 151 de la Constitución española, artículo al que se podían acoger sólo las comunidades históricas (aquéllas que en el pasado habían gozado de un Estatuto). Cataluña vio aprobado su Estatuto durante la II República, concretamente en 1931. El Frente Popular, una vez comenzada la guerra, aprobó en 1936 los estatutos vasco y gallego. Pero Andalucía se quedó con su Estatuto escrito: la Asamblea de Córdoba lo redactó en 1933 y éste habría sido aprobado en septiembre de 1936 si no se hubiese producido el golpe de Estado y la consiguiente guerra civil.
El artículo 151 determinaba la manera de elaborar el Estatuto: para que éste fuese aprobado debía ser votado en referéndum en las provincias afectadas y ser aprobado por la mayoría absoluta del censo electoral.
En otoño de 1979 UCD rechaza la vía del artículo 151 y propugna para Andalucía la vía lenta del 143 que le niega ciertas competencias al no reconocerla como comunidad histórica.
El 28 de febrero de 1980 se celebró el referéndum en el que los andaluces votan si quieren el modelo autonómico que determina el artículo 151 de la Constitución. El gobierno de la UCD no estaba dispuesto a que Andalucía fuese reconocida como comunidad histórica. Así, promovió la abstención a través de campañas publicitarias entre las que destaca la protagonizada por el presentador Lauren Postigo quien decía: «Andaluz, éste no es tu referéndum». Además, manipuló los censos electorales para que apareciesen personas fallecidas y así no se llegase a la mayoría necesaria para aprobar el referéndum. Y, finalmente, elaboró una pregunta rebuscada para desconcertar a los votantes: «¿Da usted su acuerdo a la ratificación de la iniciativa prevista en el artículo 151 de la Constitución, a efectos de su tramitación por el procedimiento establecido en dicho artículo?».
Pero los partidos andaluces se movilizaron y orquestaron una campaña para que Andalucía acudiera a las urnas y gritara sí al 151. La excepción fue el PSA, partido al que, según José Jiménez, «la UCD le untó la mano» para que pidiera el 143. El referéndum fue aprobado de forma masiva (acudió a las urnas más del 80% del censo y votó afirmativamente más del 95%) excepto en la provincia de Almería donde no se llegó al número de votos afirmativos mínimo por lo que legalmente quedaba fuera de la autonomía andaluza. Para solucionar esto se realizaron varias propuestas y, finalmente, gracias a un pacto de Martín Villa y Rojas Marcos, se decidió que Almería debía pertenecer a la Comunidad «por motivos de interés nacional» acogiéndose al artículo 144 de la Constitución.
Cuando todo esto se solucionó, el 4 de diciembre de 1980 se constituyó una comisión, presidida por Rafael Escuredo, que debía redactar el texto definitivo del Estatuto andaluz. Éste se finalizó el 12 de febrero de 1981. Entre el 28 de febrero y el 1 de marzo se debatió el proyecto, que fue aprobado por el Congreso de los Diputados el 31 de junio.
Pero el camino hacia la Autonomía aún no había concluido. El 20 de octubre de 1981 más de dos millones de andaluces votaron afirmativamente el Estatuto. El 17 de diciembre el Congreso de los Diputados lo aprobó como Ley Orgánica y el 23 de diciembre hizo lo mismo el Senado. Los dos últimos pasos eran la sanción del jefe del Estado, Juan Carlos de Borbón, y la publicación del Estatuto en el BOE quedando así derogado el Decreto Ley que estableció la Autonomía. Estos dos acontecimientos se produjeron el 30 de diciembre de 1981 y el 11 de enero de 1982, respectivamente.
Las primeras elecciones al Parlamento andaluz se celebran el 23 de mayo de 1982, quedando constituida la Junta de Andalucía el 21 de junio, cuyo primer presidente fue el socialista Rafael Escuredo.
Cuatro años después de que comenzara la lucha un 4 de diciembre de 1977, los andaluces vieron cumplido por fin el sueño autonómico que tanto deseaban.

References: artículo 151
 artículo 151
 artículo 151
 artículo 151
 artículo 151
 artículo 151
 artículo 144