Source: https://acordesydesacuerdos.com/2020/01/20/no-el-pin-parental-no-defiende-ninguna-libertad/
Timestamp: 2020-02-22 04:20:12+00:00

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NO, EL PIN PARENTAL NO DEFIENDE NINGUNA LIBERTAD | ACORDES Y DESACUERDOS
enero 20, 2020 · de @jorgeneo	· en Uncategorized.	·
Sientése ahí, por favor
Antes de comenzar a repasar su experiencia laboral, me gustaría hacerle una pregunta: ¿qué ha hecho usted últimamente por su comunidad?
Eeeeehhh, pueessss, eeehhh….
Hablaba esta semana con un amigo que está en Australia y me comentaba que esta pregunta es bastante habitual que te la hagan en cualquier entrevista de trabajo.
Australia, uno de los países con mayor grado de multiculturalismo (1 de cada 4 australianos tienen raíces extranjeras) ha definido el concepto de libertad de una forma muy pragmática: la única manera de garantizar la diversidad e igualdad de todos los austrialianos, es que aprendamos a vivir en comunidad y no individualmente.
Y me ponía otro ejemplo para entenderlo. Allí él trabaja como camarero, y una de las licencias que tuvo que sacarse para poder ejercer fue la RSA (Responsible Service of Alcohol). Para sacar dicha licencia, debes realizar un pequeño curso en el que aprendes cuál es la legislación australiana en materia de consumo de alcohol y cómo reaccionar cuando identificas casos en los que ya no deberías seguir sirviendo alcohol a esa persona.
Lo que en España supondría un grave ataque a la libertad individual que tenemos para emborracharnos, en Australia supone una forma de recordarte que tu libertad individual termina cuando empieza a coartar la de los demás. Hasta el punto de que existen responsabilidades para el local que ha servido alcohol a una persona que después es culpable de un accidente.
Yo, que me considero una persona bastante liberal en todos los ámbitos, siempre he defendido que el Estado sí debe intervenir para garantizarla. Esto me ha llevado a discutir mucho con la rama más radical del liberalismo, claro. Aquella rama que defiende sus principios sobre una máxima que ya está demostrada que no es cierta: que todas las personas nacemos libres e iguales.
Porque a pesar de tener mil indicadores que demuestran lo contrario, pretenden esgrimir la bandera de la libertad como una especie de carta mágica invencible e imposible de contraargumentar.
En un mundo cada vez más cualificado, el nivel de conocimientos y capacidades adquiridas son determinantes para poder alcanzar mayores niveles de renta. Sin embargo, aún podemos observar que uno de los principales factores que explica la renta de una persona sigue siendo, en gran parte, la de sus padres. Que en muchos casos, a su vez, viene determinada por cuestiones geográficas o por motivos de raza.
Un dato para los amantes de la libertad individual “y de que cada uno llegue a donde le lleven sus méritos”: la OCDE, (La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, compuesta por más de 30 países a nivel mundial) publicó hace menos de dos años un informe que decía que el niño de una familia pobre necesitaría por lo menos cinco generaciones para alcanzar el nivel medio de ingresos del resto de la población. En el caso particular de España, necesitaría 4 generaciones.
Y en una economía globalizada en la que el talento puede darte acceso a un mayor número de posibles “compradores” del mismo, las limitaciones desde la base están impidiendo la igualdad de oportunidades para cultivar ese talento. Es por ello que, a mi modo de entender mi concepto de libertad, el Estado debe poner en marcha las medidas necesarias para garantizar la igualdad de oportunidades. Y que luego el talento individual decida, por supuesto.
Y es sobre este concepto de libertad me gustaría reflexionar sobre el tema que ocupa este artículo
Esta semana nos hemos encontrado de lleno con el debate sobre si el Pin Parental es lícito o no.
Los que están a favor, lo hacen bajo el principio de (su) libertad y esgrimiendo que el artículo 27.3 de la CE ya recoge, de alguna manera, esta posibilidad de veto:
Los que están en contra lo hacen alegando que si estos han llegado al 27.3 es porque antes habrán leído también el 27.2:
Y no solo la Constitución habla en esos términos. La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) dice lo siguiente en su artículo 26.3
¡Bien! Un voto a favor del Pin Parental, dirán los que lo defienden. Pues no del todo. Previamente también hay otro punto importante: el artículo 26.2
Es decir, sí al PIN pero una vez se haya garantizado que todos reciben una educación en esos valores. Vamos, que lo que dicen las leyes es que puede pedir un pin para que sus hijos no visiten la granja escuela si no quiere, pero no puede utilizarse para oponerse a derechos que nos afectan a todos.
En España se registran cada año más de 1000 caso de bullying escolar. Y esta es solo la cifra que acaba en la Inspección Educativa y en denuncia. Se estima que superan, año a año, los 5.000 casos. Muchos de ellos detectados por los padres. Uno de los principales problemas de esta lacra, como ocurre con la violencia de género, es que en la mayoría de los casos la víctima que sufre el acoso no se atreve a denunciar por miedo a una mayor represalia.
El dato de la imagen es el número de caso por rango de edad que acabaron en denuncia en la Comunidad de Madrid. Y como ocurre cuando hablamos de big numbers, es un patrón que se repite si se buscan los de otras comunidades. La mayoría de estos casos ocurren a partir de los 12 y hasta los 17 años de edad. Apenas se registran entre 6 a 11 años. Es decir, que el bullying no es inherente al niño/niña, sino que requiere de un proceso de aprendizaje por parte de ese niño/niña sobre cuáles son aquellos estereotipos aceptables y cuáles no por la sociedad o su entorno, y de cuáles son los grupos vulnerables y quién pertenece a ellos dentro de la clase.
Cuando se habla de empezar a educar en conceptos como diversidad sexual, orientación sexual o roles de género en edades tempranas, muchos padres se echan las manos a la cabeza “¿Pero cómo van a enseñar a mi hijo/hija de 6 años lo que es un transexual?“ demostrando que no tienen en cuenta ninguno de estos dos factores:
Si se espera a que se haga cuando sea más mayor, ya es tarde (ver la gráfica)
Si se presupone que van a ser todos los padres los que lo hagan, también.
Ayer, uno de los defensores de la libertad de los padres a elegir la formación moral que quiere para su hijo, contestaba esto a una persona con discapacidad que reconocía haber sufrido bullying en el colegio:
“Tú no decides qué es tolerancia, amistad ni nada. Eso lo deciden los padres. No el Estado, no los discpacitados, no los homosexuales ni nadie.”
Más allá de la poca creencia que tienen los defensores del pin parental de la existencia legítima de las identidades de género “¿eso qué es?, yo no creo en eso” me interpelaba otro, la realidad es que existen. Y como vivimos en sociedad, lo que más garantiza las libertades de, quién sabe, tu propio hijo “queer”, es enseñar en el respeto y reconocimiento de esas personas a niños de 6 a 11 años que aún no tienen cargada la barra de prejuicios hasta arriba (de nuevo ver gráfico de arriba)
Hay un programa en Movistar bastante interesante (que no trata directamente este tema de identidad de género, pero sí sobre algo similar: los roles y estereotipos sociales) “Ni superhéroes ni princesas” Bastante recomendable para entender que los niños, cuando tienen la pizarra en blanco, es el mejor momento para inculcarles los valores de los que habla el 27.2 de la CE y el 26.2 de la DUDH. Y con esa base, que los padres decidan si llevarles a un colegio religioso, segregado, privado o trilingüe (que es lo que defiende el artículo 27.3 de la CE)
Es más, visto el panorama, en paralelo, y provocado por no haberlo hecho a generaciones anteriores, deberían realizarse talleres también para los padres en los que se les explique que la orientación sexual ni puede elegirse ni puede cambiarse. Algo ya demostrado por la comunidad científica, por cierto, y que debe servir de base para considerar ilegales, como ya ocurre en otros países, las terapias de reconversión de homosexuales. Algo que VOX, en aras también de la libertad de los padres, sigue reconociendo su utilidad y validez.
Porque no nos engañemos, muchos de los miedos vienen precisamente de ahí. Lo disfrazan como medida para evitar el adoctrinamiento político en las aulas, pero de ser así, hace años que se hubiera pedido el pin parental también para materias como Historia, Ciencia o Filosofía.
Si el miedo es que conviertan a tu hijo al comunismo, ¿no hay ya una rendija bien grande en otras asignaturas de obligado cumplimiento para poder hacerlo?
El miedo que ha impulsado a VOX a defender esta propuesta, digámoslo claro, es que perviertan a tu hijo.
Como si al explicarle los distintos tipos de orientación sexual y descubrir que puede haber hombres que sienten placer al recibir el sexo anal, un niño fuera corriendo a la nevera de su casa a rebuscar en el cajón de la verdura.
Pero el objetivo no es ese. El objetivo es, precisamente, normalizar esa situación. Combatir el otro tipo de adoctrinamiento. Porque ¿no es ya un tipo de adoctrinamiento conductual vestir a los niños de azul y a las niñas de rosa? ¿No es ya un tipo de adoctrinamiento conductual regalar muñecas a unas y balones a otros?
¿No es precisamente este tipo de adoctrinamiento el que provoca, en caso de que a un niño le guste más el rosa, el bullying en las aulas? No, en los padres no puede recaer la responsabilidad sobre todo eso. No en exclusiva. El Estado debe garantizar que se dan las herramientas a niños y padres suficientes para construir un pensamiento crítico propio, libre de constructos sociales muchas veces influenciados por lo que dice ese artículo 27.3, ojo.
Celaá no estuvo acertada en sus declaraciones del otro día porque dio pie a hacer una utilización torticera de las mismas.
“No podemos pensar de ninguna de las manera que los hijos pertenecen a los padres”
La frase, al estar inconclusa, ha dado pie a ser utilizada como argumento de hombre paja de libro:
Si Celaá dice que no pertenecen a los padres es que pertenecen al Estado. ¡No lo permitamos!
Y sobre esta falacia de paja, han arrastrado también al Partido Popular. Pablo Casado, apretando fuerte un libro de la CE, se postraba sobre un atril defeniendo el artículo 27.3 que antes comentaba. Obviaba, lógicamente, el punto anterior.
También obviaba que fue su propio partido, y bajo el mandato de Cifuentes, los que impulsaron una ley contra la homofobia al colectivo LGTBI en Madrid que contenía, entre otros, este artículo:
¿Qué ha cambiado en el PP de Pablo Casado? ¿Esa ley se hizo vulnerando el artículo 27.3 que tanto defiende ahora? ¿Pertenecían ahí los hijos a los colectivos LGTBI de la Comunidad de Madrid?
La respuesta a la pregunta de a quién pertenecen entonces los hijos imagino que depende de a quién le preguntes. El Papa Francisco, por ejemplo, es más contundente que Celaá y mantiene que “Los padres son custodios pero no propietarios de sus hijos. Y estos van al templo para certificar que el niño pertenece a Dios y que ellos son los guardianes de su vida y no sus dueños” https://es.aleteia.org/2017/12/31/el-papa-los-padres-son-custodios-y-no-propietarios-de-sus-hijos/
El caso es que el niño es un bien mayor que todos los estamentos están obligados a proteger. El Estado también. ¿O no hay casos de retirada de patria potestad por buscar la protección individual del niño?
Desde mi punto de vista, quiero entender lo que quería decir Celaá. Las instituciones públicas deben garantizar que se crean las condiciones favorables para que puedan crecer en libertad garantizando su pensamiento crítico y no uno impuesto. Ni por padres, ni por Estados, ni por ninguna religión en concreto.
¿Significa eso que se debe dar entrada libre a cualquier formador externo de ideología extrema a decir cualquier cosa? No. Pero no olvidemos que estos contenidos están previamente aprobados por el Consejo Escolar, que ya cuenta con la representación de los padres. A su vez, las actividades complementarias también han pasado por la aprobación de la Consejería Territorial correspondiente. Es decir, que cuando VOX lo pide para Murcia, Madrid o Andalucía, de fondo, está reconociendo que no confía ni en el PP ni en C´s. Casado, por lo visto, tampoco.
Así que quizá la solución no esté en aplicar un pin parental en los colegios y sí un pin para los partidos políticos que siempre quieren sacar réditos jugando con pilares sociales tan fundamentales como la Educación. Nunca entenderé cómo no hay una demanda abrumadora de votantes pidiendo un Pacto de Estado Educativo. Quizá porque Rajoy no iba tan desencaminado en su momento con su famosa frase: “Es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”
¿Y si realmente quiso decir que “es el vecino el que elige el alcalde y es el alcalde el que decide cómo quiere que sean los vecinos para que luego le elijan”? Los políticos moldean y dirigen los debates para construir su propio perfil de votante y perpetuarse en el poder o alcanzarlo más rápidamente. Se llama populismo.
Con un Pacto de Estado como el que existe con las pensiones, la Educación dejaría de depender del partido político de turno. ¿Hay alguna duda de que si hubiera sido Vox el que ganara las elecciones, se estaría pidiendo un PIN Parental desde el otro lado? En Andalucía ya han pedido quitar las charlas LGTBI para meter de caza y toros, así que imaginen la que habría ahora formada.
Un Pacto de Estado convertiría este tipo de Educación en algo transversal y no complementaria. Ahora mismo, toda la legislación sobre este tipo de talleres se está regulando en base a la legislación existente en materia de las Actividades complementarias. Unas actividades que si bien no requiere aprobación expresa de los padres al estar dentro del centro y darse en horario escular, no tienen carácter obligatorio todavía. Esa rendija ha dado pie a colar el Pin parental
También resolvería que, a su vez, no se tuviera que depender de Asociaciones y personal externo al centro para impartirlas, algo que también deja hueco a lo que decía antes: depende de quién gobierne, elegirá a unos u a otros.
Para acabar, me gustaría hacer una pequeña reflexión sobre las identidades y roles de género. Ojalá no se necesitaran etiquetas para diferenciar si una PERSONA se siente de una manera u otra o si le gusta un sexo distinto o igual suyo. Las etiquetas, según su propia definición, se colocan en un objeto o en una mercancía (y cada vez más en personas) para su identificación, valoración, clasificación, etc.
La existencia de etiquetas es una rendija para la opresión. Está claro que el primer paso, es reconocer y explicar la existencia de esta diversidad. Pero no creo que ese sea el camino. En algún momento debemos volver al origen de todo y concluir que, biológicamente, solo existen 3 tipos de sexo: masculino, femenino e intersexual. Y que es la sociedad la que ha construido los esterotipos y los roles a desempañar de cada uno. Esto es lo que lleva a muchas personas a querer cambiar de sexo (sienten que sus estereotipos de comportamiento no encajan con el sexo que la sociedad espera de él), o a sentirse oprimidas. ¿Qué hay más liberal que actuar todos bajo la misma etiqueta: PERSONA?
Sobre este tema me ha llamado la atención el revuelo que se ha montado con Irene Montero por haber elegido a solo mujeres para dirigir su ministerio. “El Ministerio de Igualdad está discriminado a los hombres” Si ese era el objetivo de Irene, es decir, que la mayor parte de la sociedad reconozca que cuando en un consejo de dirección solo hay miembros de un mismo sexo se está discriminando al resto, creo que la principal función de su cartera ya la ha cumplido. Si yo fuera ella, saldría a contar el objetivo de esta decisión y ya, una vez descubierto el troleo, actuaría en consecuencia.
Caballero, le pasa algo, le preguntaba que ¿qué ha hecho usted últimamente por su comunidad?
Eeeeehhh pues defender la NO implantación del PIN Parental para garantizar la libertad individual de las personas.
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 artículo 26
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