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Timestamp: 2017-11-22 05:39:21+00:00

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El Combatiente Nº 62
Septiembre - Octubre de 2014 - Edición Nº 62
A la economía del sistema capitalista hegemónico ya no se le puede llamar economía. ¿Por qué ya no se puede ni debe considerársela economía? Porque en casi su mayor parte ya no está compuesta por el trabajo que los humanos practican para subsistir junto con sus proles: las dos terceras partes de la humanidad están marginados de la producción y de los beneficios que tendrían, supuestamente, al ser partícipes. Por el contrario, acarrean una vida de miseria y sobrevivencia a la que los condenó el sistema capitalista de producción y distribución, algo que demuestra este sistema ha fracasado, ante los ojos de toda la humanidad, como el sistema “ideal” para solucionar los problemas que se le plantean a los seres humanos en el desarrollo de sus necesidades materiales y espirituales porque nadie que no tenga resuelta su vida material puede gozar, plenamente, su espiritualidad, ni siquiera la clase dominante puede gozar de su “tranquilidad espiritual” pues está constantemente amenazada por los desheredados, los hambrientos, los marginados que jamás se conformarán con sus actuales estados: sus presentes condiciones son pasibles de mutarlas y es por lo que van pelear… Todo es cuestión de tiempo... Tiempo para que agoten sus experiencias, sus expectativas -que todavía las tienen-, sus ilusiones. Cuando vean que no tienen futuro dentro de este sistema, cuando tomen conciencia del oscuro y trágico destino que les espera, buscarán el camino de organizarse para acabar con el sistema que los explota y oprime.
Muy por el contrario, los “países desarrollados” están estancados, en franca recesión. Tanto es así que han incorporado rubros pertenecientes a delitos como el narcotráfico, la prostitución y otras al Producto Interno Bruto, para maquillarlos y dar la apariencia de que no están en malas condiciones. Seguramente deben contabilizar los bienes robados en las guerras de rapiñas, como el petróleo libio, el iraquí, el sirio y tantas otras cosas que roban en sus correrías y agresiones Andanzas que son pagadas por todos los contribuyentes, por todo el pueblo estadounidense tal como pagaron, pagan y pagarán las aventuras de la FED, que regala dinero a tasa, casi 0%, para que los bancos lo presten al 4, al 5% e incluso más… Cuando cada norteamericano nace, ya cuenta con una deuda de por lo menos 60.000 dólares. Cuando la desocupación ronda el 22% de la población económicamente activa; más de 50 millones de su población, trabajadores y desocupados, viven de los vales de alimentos del Estado; 40 millones, por lo menos, de ciudadanos norteamericanos están endeudados con préstamos estudiantiles. Uno de cada tres graduados en las universidades termina sus estudios con una deuda promedio de 26.000 dólares y con muy pocas posibilidades de conseguir empleo. Según analistas de la cadena CNBC, éste es el peor mercado de trabajo en los últimos 75 años. El desempleo de personas entre 20 y 24 años es del 11,1%. Esta situación obliga a que uno de cada cinco norteamericanos de entre 20 y 30 años vivan con sus padres y que el 60% reciba ayuda de su familia. Con estos números, los jóvenes se ven obligados a conseguir dinero como sea para pagar sus deudas estudiantiles. Algunos estudiantes, los más desesperados, hasta venden partes de sus cuerpos. Según una investigación del Centro para el Progreso Estadounidense, en el ciclo 2011-2012, los centros de educación superior de este país recaudaron 154.000 millones de dólares por matrículas, mientras los estudiantes y sus familias financiaron esos gastos con préstamos por 106.000 millones de dólares de los programas públicos de ayuda estudiantil, de acuerdo con el reporte publicado por la revista Ciencia on line. El sueño norteamericano se ha transformado en una pesadilla.
La burguesía financiera imperialista, como ya hemos dicho, ha sometido a los viejos estados nacionales y los ha puesto a su disposición para instrumentar sus políticas. Ha puesto, prácticamente, a las Naciones Unidas bajo sus dictados, por lo que ya no cumple las funciones para la que fue creada y se ha convertido en un mero apéndice de los intereses de la burguesía financiera imperialista. Por eso permite que no se cumplan las resoluciones o se las retuerzan en favor de sus intereses, como ocurrió con el caso de Libia, como se intentó hacer con el uso de armas químicas en Siria, como el incumplimiento de las resoluciones contra Israel en el caso del respeto de las fronteras de antes de 1967 y con las permanentes agresiones al pueblo palestino o con no permitir las inspecciones de sus instalaciones atómicas. La inutilidad de la ONU llega al paroxismo con los temas de Ucrania y los crímenes de lesa humanidad cometidos por el régimen fascista de Kiev, con el derribo del avión Malasio para acusar a Rusia o a los independentistas del sureste de Ucrania; con la no condena explícita contra el golpe de estado contra el presidente Yanukovich, instrumentado por la burguesía financiera imperialista de Estados Unidos y por la burguesía financiera imperialista de la Unión Europea. La no condena clara y explícita contra las sanciones económicas a Rusia, deja al desnudo la “Santa Alianza de toda la Burguesía Financiera imperialista” contra Rusia, China, la organización de los BRICS y contra la Organización del Tratado de Shangai.
Esta política demuestra la arrogancia y las pérfidas políticas para detener y ponerle trabas al crecimiento económico de todos los países que no acuerdan con las políticas de la burguesía financiera imperialista mal llamada occidental. Mal llamada porque en esa Santa Alianza se cuentan, por lo menos, dos países asiáticos: Japón y Corea del Sur. Por esta razón preferimos llamarla burguesía financiera imperialista, aunque no desconocemos que la hegemonía la detenta la burguesía financiera imperialista norteamericana, una hegemonía que está siendo usada, por un lado, para mantener el status quo de la Unión Europea y de Estados Unidos que no pueden mantenerse frente al empuje del crecimiento de China y Rusia, principalmente. Por tanto, con el liderazgo de Estados Unidos arrastrando a la Unión Europea, todos los medios son usados para frenar el desarrollo de Eurasia, por otro lado.
Nada parece surtir efecto. Rusia ha aprendido, junto con China, de la errónea decisión en el Consejo de Seguridad de abstenerse en el caso libio. ¿Error de cálculo en la relación de fuerza, subestimación de su capacidad o sobreestimación de las fuerzas del enemigo o adversario? Posiblemente una combinación de todo o un paso calculado para dejar al descubierto todas las patrañas urdidas por los títeres yanquis y europeos, de la burguesía financiera imperialista. Si fue esto último, quedará en los anales de los movimientos geoestratégicos, porque desde ese momento Rusia y China comenzaron a ganar terreno en un tópico tan sensible como es la información a la población mundial.
Los medios de comunicación imperialistas dejan de ser creíbles y comienzan a desbarrancarse con mentiras tras mentiras. Las voceras y los voceros de la Casa Blanca, ya sean del Departamento de Estado o de otro ente, se convierten en blancos de burlas y dicen y hacen ridiculeces, mientras Barack Obama, el títere mayor, pierde prestigio y credibilidad frente a Vladimir Putin y Xi Jinping. Nadie le cree las razones expuestas para explicar la retirada de las tropas de la OTAN de Afganistán. Aparecen voces de ex miembros de servicios de inteligencia, incluso oficiales de sus fuerzas armadas, desmintiendo a los organismos oficiales y al propio presidente sobre los reales planes de la administración demócrata y las complicidades con los republicanos, que dejan palmariamente claro que gobierne quien gobierne la política será la misma, tanto para el pueblo norteamericanon como para todos los pueblos del mundo.
Hillary Clinton en sus memorias, reconoce que fueron los títeres yanquis los que organizaron, armaron y financiaron -y financian- al terrorismo internacional a través de sus aliados en Medio Oriente: Arabia Saudita e Israel, principalmente. Ya todo el mundo ha tomado nota de que Estados Unidos derrocó y asesinó a Saddam Hussein como parte de su política para esa región, que inventó las razones para agredir y arrasar al pueblo libio; que fueron los norteamericanos los demiurgos de las “primaveras árabes”, de las “revoluciones de colores” en el antiguo espacio soviético; que animaron y armaron al títere georgiano para provocar a Rusia; que agredieron a través de sus mercenarios, mal llamados islamitas, a la República de Chechenia, de la misma forma que agreden a Pakistán y piensan agredir a China y a todos los que no acuerden con sus planes o que pongan en peligro la preeminencia del dólar como moneda de intercambio y de reserva mundial. Más allá de los planes, de las malas y buenas intenciones, la realidad demuestra que el dólar y todas las manipulaciones para mantenerlo en la escena mundial se debilitan y van camino a la desaparición. Es el ocaso del imperio más grande que ha visto la humanidad. Ha perdido la guerra en Irak, ha sido derrotado en Afganistán, está perdiendo en Siria y su valioso alfil sionista está peligrosamente jaqueado y cuyo destino probable es la desaparición como Estado que llevará a su pueblo a una nueva y eterna diáspora. No creemos que haya un pueblo en el mundo que quiera defenderlo… NO, después de los crímenes de lesa humanidad cometido contra el pueblo palestino, contra el pueblo libanés y contra el pueblo sirio y por la intervención de su servicio de inteligencia en todos los procesos reaccionarios de Venezuela, Colombia, Irán, Ucrania y tantos otros en los que actúa en sociedad con la CIA. Es un estado creado artificialmente por el imperialismo anglosajón, por tanto, es necesario que no exista.
Frente a esta caótica situación internacional, que sólo beneficia a la burguesía financiera imperialista, se nos presenta una pregunta obligada: ¿Cuál es el rol de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) y a quién beneficia su accionar?
No es una pregunta ociosa y, mucho menos, fácil de responder si no se buscan las bases materiales de esta organización nacida a finales de la Primera Guerra Mundial, precisamente en 1920, al compás de una profunda visión idealista de la burguesía dominante. Son muy significativas la palabras del ex subsecretario de Estado John Bolton, dichas en 1994. “Las Naciones Unidas no existen como tal, pero sí hay una comunidad internacional que ocasionalmente puede ser dirigida por el único poder real que existe en el mundo: Estados Unidos, siempre y cuando esto le convenga. Cuando toma el liderazgo, lo único que le queda a la ONU es seguirlo”. La resolución de la Asamblea de las Naciones Unidas que calificó de “inválido” el referendum de Crimea -después de que fracasara la misma resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas porque Rusia la vetó-, trae a la memoria la política de doble rasero que siempre adoptó la ONU durante los noventa y cuatro años de su existencia. Las Naciones Unidas (ONU), desde su creación en 1920 y cuando todavía llevaba el nombre de Liga de de las Naciones, no pudo frenar el surgimiento del nazi-fascismo y mucho menos prevenir la Segunda Guerra Mundial. Después de esa guerra, la Liga de las Naciones desapareció para resurgir en 1946 con el nombre de Organización de las Naciones Unidas con sede en Nueva York, convertida en aliada y subordinada incondicionalmente a los intereses de la burguesía que surgía como hegemónica, la de los Estados Unidos de Norteamérica. Avaló con su inacción, su silencio o el abierto consentimiento las invasiones estadounidenses a Panamá (1918-1920-1925-1958-1989), a Cuba (1917-1933), a Filipinas (1948-1954), a Honduras (1919-1924-1925), a la República Dominicana (1965-1966), a Rusia (1918-1922), a Yugoslavia (1999), a Guatemala (1920-1924-1966-1967), a El Salvador (1932), a Irán (1946-1954), a Grecia (1946-1947), a Vietnam (1955-1975), a Egipto (1956), al Líbano (1958-1982-1984), a Laos (1962-1971-1973), a Camboya (1969-1975), a Grenada (1983-1984), a Somalía (1992-1994), a Afganistán (2001 y continúa), a Irak (1958-1990-2003 y aún sigue interviniendo). Esto es sólo una parte porque deberíamos hablar de las resoluciones de la ONU favorables para el uso de la fuerza militar de la OTAN contra la Libia de Gadaffi para robarle el fondo soberano y los miles de millones que ese país tenía invertidos en Europa y Estados Unidos, aventura que dejó una nación fracturada y con casi toda su infraestructura en ruinas humeantes.
Recordamos al ex senador norteamericano Henry Cabot Lodge caracterizando a la Liga de las Naciones como “una creación diabólica con un nombre angelical”. No hay dudas de que, si Cabot Lodge viviera en la actualidad, diría lo mismo de la ONU, tal como dijo de la Sociedad de las Naciones. Naciones Unidas -que no son tan unidas- lleva en sus entrañas la Santa Alianza de la Burguesía Financiera Imperialista para frenar todo intento de progreso de la humanidad. Tomando en cuenta su pasividad, es un apoyo implícito a los planes ilegales de la OTAN, bajo el absoluto control de los títeres de Washington de derrocar al Presidente sirio Bashar al Assad para producir cambios favorables a sus intereses. Tampoco dice ni hace nada con los sucesos de Ucrania: ningún pronunciamiento contra el golpe de estado contra el presidente legítimamente electo, Víctor Yanukovich, el derribo de una avión Malasio con casi trescientas personas por parte de los fascistas de Kiev, mientras mantiene silencio frente a la masacre de civiles a quienes les roban sus órganos. Hace silencio frente a las abiertas provocaciones para que Rusia intervenga en Ucrania, para así justificar una guerra de consecuencias imprevisibles. No pronuncia ni una palabra para condenar a Estados Unidos por los constantes ataques al gobierno venezolano. Por el contrario, alienta a los fascistas venezolanos y colombianos en sus intentos para desestabilizar toda la región.
Mi abuela siempre decía “por la plata baila el mono”: los apostadores de la timba de Wall Street lo dicen de una forma menos zoológica. Para explicar las conductas de las grandes corporaciones, de los líderes (léase títeres del capital financiero) de los países o de los simples mortales, como nosotros, dicen “seguir el movimiento del dinero”. Así, los latinoamericanos podemos entender en parte la sumisión de la Organización de Estados Americanos (OEA) a Washington, que es responsable del 67% del presupuesto de este organismo. Dijimos “entender en parte” porque el problema económico no es toda la explicación, sino una parte y no la esencial. La esencial es que se trata de visiones ideológicas devenidas de la misma clase. No tienen contradicciones antagónicas excluyentes, las contradicciones antagónicas y excluyentes son con sus proletariados. De otra forma no se explica la expulsión de Cuba, del bloqueo y otras cuestiones que la economía no explica, aunque, en última instancia tengan sus raíces económicas.
Pero, volviendo a la ONU, desde el punto de vista económico, sucede en ella lo mismo que en la OEA: Estados Unidos cubre el 22% del presupuesto para su funcionamiento, aparte de ser el dueño de la sede central en Nueva York. Esto significa que para el año fiscal 2014-2015, los norteamericanos aportan 1216 millones de dólares. Aparte, para las “operaciones de paz”, las Naciones Unidas tienen un presupuesto separado de 7.000 millones de dólares de los que participan unos 120.000 militares, policías y empleados civiles. Los Estados Unidos financian el 27% de estas operaciones aportando 1890 millones de dólares al año. Esto y el hecho de pertenecer a la misma clase dominante explican la política de doble rasero de la Naciones Unidas que, por ahora, no puede resistir a las presiones de la burguesía financiera imperialista, encabezada por la norteamericana. Estados Unidos utiliza a las Naciones Unidas para promover sus intereses que, en la actualidad, se expresan no tan homogéneos.
El comienzo del quiebre de la homogeneidad se vio claro en la votación de la resolución de la Asamblea de la Naciones Unidas por el referendum de Crimea: muchos países se quejaron de las presiones de los occidentales para que voten en favor de la resolución contra del referendum, resolución que fue presentada por Ucrania, Canadá, Alemania, Lituania, Polonia y Costa Rica. A su vez, la propuesta Argentina no fue escuchada. Según sostuvo el canciller Timerman, “si el tema era respeto a la integridad territorial, entonces que se mencionen todos los territorios cuya soberanía se encuentra disputada según las Naciones Unidas, fue simplemente ignorada por este organismo”. Como confirmó Timerman, “no fuimos escuchados, pero sí presionados para imponernos el texto finalmente adoptado”...”Por eso no debe extrañar que, al igual que los demás miembros fundadores del Mercusor y la mayoría integrantes de la CELAC, nos hayamos abstenido y opuesto a la resolución en cuestión”. En definitiva, esta resolución demostró que a pesar de que la votación fue adversa para Rusia, los verdaderos derrotados fueron los Estados Unidos y la Unión Europea, que también demostró serias fisuras: 93 países no apoyan el mundo unipolar que pretende la burguesía financiera imperialista.
A pesar de éste y otros reveses, la ONU parece no registrar que el mundo está mutando hacia la multilateralidad, que el unilateralismo está perdiendo terreno al compás de la crisis y la desesperación de la burguesía financiera imperialista. Los títeres norteamericanos intentan hacernos creer que el enemigo creado, armado y financiado por ellos, es nuestro enemigo, pero han perdido credibilidad y legitimidad. Las voces que se levantan en la 69ª Asamblea General de las Naciones Unidas acusando a Estados Unidos por sus problemas marcará otro hito en el creciente deterioro de la hegemonía estadounidense. Esperemos que ese deterioro se manifieste en cambios políticos de la ONU. Así lo esperan los pueblos, tanto el ucraniano, como el sirio, el venezolano, el cubano, el iraquí, el afgano, el africano, en fin, todos los pueblos agredidos por la política imperialista.
Por lo pronto en Ucrania las cosas siguen, aparentemente, con menos intensidad: los fascistas de Kiev sueñan con ganar con mentiras lo que no pueden ganar en los campos de batalla. Los mercenarios terroristas, encabezados por Estados Unidos, también sueñan con ganar terreno con bombardeos que no conducen a nada, violando la soberanía de Siria. Es evidente que tratan de derrocar a Bashar al Assad, pero no cuentan con la respuesta de los rusos. Si antes no pudieron engañar a los sirios y, mucho menos, a los afganos e iraquíes, es un delirio pensar que puedan hacer lo que no pudieron antes con años de guerra y masacres. Lo único claro es que están desesperados, que los objetivos son masacrar y desestabilizar toda la región, arrasar para que nadie pueda ser beneficiado… nihilismo burgués. El discurso del títere mayor en la Asamblea General es un síntoma del gran despegue de la realidad que sufre la clase dominante, parece una sangrienta burla para toda la humanidad, un monumento a la estupidez. No todo está perdido, el proletariado se está movilizando, las condiciones materiales para los grandes cambios están presentes. Las que brillan por su ausencia son las condiciones subjetivas, lo que evidencia que la derrota ha afectado profundamente la mente y el espíritu de todos los llamados a constituirse en vanguardia de los grandes cambios posibles y necesarios.
Sin embargo, tenemos la Revolución de Octubre como referencia de que no sólo ningún pueblo se suicida, sino de que esas condiciones subjetivas que parecen no existir se construyen en corto tiempo. Bastaron unos pocos meses para que el partido bolchevique llevara a cabo la mayor gesta revolucionaria que el mundo ha conocido. A 97 años de la Revolución Rusa es menester recordarla no sólo con respeto, sino con la esperanza puesta en la fuerza del proletariado mundial que saldrá de su aparente ostracismo y terminará de empujar hacia su entierro final al sistema capitalista con todos sus payasos. Esa gloriosa gesta se mezcla con la enorme tristeza de que un 8 de octubre de 1967 fuera asesinado uno de los grandes revolucionarios latinoamericanos: Ernesto Che Guevara. Pero esa tristeza, lejos de desalentarnos, nos da la templanza para seguir su camino.
Acerca de los orígenes de los conflictos en medio oriente
¿Con cuánta frecuencia explotó sobre ti el cielo con odio?
¿Con cuánta frecuencia fuiste tú exiliado?´
¿A cuánta masacre sobreviviste?
Ahora tú reúnes todas las heridas refugiándote en la muerte
En estos momentos, cuando la prensa burguesa descarga su guerra psicológica de terror sobre las masas, agitando los fantasmas del “terrorismo” y utilizando este término como un calificativo genérico para cualquier movimiento armado; en estos instantes cuando vemos las decapitaciones del Estado Islámico como si se tratase de un reality show viral que se expande por el ciberespacio, donde se repiten imágenes de mujeres raptadas en Nigeria por Boko Haram y se levantan las primaveras árabes gestadas por los medios imperialistas y ejecutadas por La hermandad Musulmana, en esta coyuntura es determinante analizar los orígenes de estos grupos y su accionar político. Es menester definir a qué intereses son funcionales sus actividades para tomar una posición y no arrastrarse como muchas organizaciones que se autodefinen de izquierda y sin embargo corren atrás de revoluciones ficticias azuzadas por la CIA.
Para hablar de la situación en Medio Oriente y describir los diferentes sectores y grupos que se enfrentan no se puede recurrir a fórmulas ni simplificar antojadizamente la historia, desconociendo las ricas y profundas civilizaciones milenarias que la protagonizaron. No alcanzar a vislumbrar esos reflejos del pasado en este presente es no comprender las bases de una cultura absolutamente inentendible para los cánones occidentales. El marxismo, como lo hemos aprendido de los grandes teóricos, no es una fe que por repetición se transforma en realidad: por el contrario, es una herramienta que nos permite comprender los hilos invisibles que se ocultan en la fuerzas sociales que impulsan la historia. No es una receta muerta, es una fuente viva que se aplica en la propia vida de los pueblos.
En principio, es necesario aclarar que lo que entendemos gracias a la propaganda burguesa como un “conflicto religioso” es un enmascaramiento de una lucha de clases silenciada. Esto no es específicamente una lucha entre burguesía y proletariado, más bien es una lucha entre opresores y oprimidos que fueron cambiando su denominación a lo largo de la historia a medida que se modificaron las relaciones de producción, hasta llegar a la composición actual en la que se conjugan varios factores: la lucha por la emancipación política y económica del proletariado, que los enfrenta directamente a las burguesías árabes; la lucha por la liberación nacional contra el imperialismo y sus aliados locales como enemigos centrales, y la lucha arrastrada desde la antigüedad entre las diferentes concepciones del poder político y religioso. Los conflictos en Medio Oriente son reflejos de luchas económicas y las relaciones de poder se traducen en todos los aspectos de la vida material y espiritual, inclusive en la cultura y la religión.
Desde tiempos antiguos, los pueblos del Medio Oriente fueron usados como carne de cañón en conflictos ajenos a sus intereses. A los resabios del Imperio Otomano les siguieron los protectorados coloniales del imperialismo europeo. Estas potencias capitalistas sostuvieron una política arrasadora de los recursos naturales y, para implementarla, agudizaron las contradicciones históricas de dichos pueblos. Así, usaron a los kurdos en el genocidio armenio y luego a los turcos contra los kurdos, a los Iraquíes de mayoría sunnita contra la revolución islámica de Irán dirigida por chiitas, a los maronitas y católicos en el Líbano contra los gobiernos de coalición, a los yihaidistas contra los movimientos panarabistas laicos (que tienen su expresión en el nacionalismo egipcio, el BAAZ en Siria e Irak y el levantamiento de los generales democráticos alineados con la ex URSS en Afganistan). Estos conflictos se profundizaron con el accionar de los estados satélites del imperialismo yanki que hegemonizó la región luego de la Segunda Guerra mundial. Arabia Saudita, Jordania, Kuwait, entre otros, liderados por Israel, son la cuna de la desestabilización y opresión de las masas en Medio Oriente.
Lo que definimos como Medio Oriente fue cuna de civilizaciones milenarias: desde los asirios, caldeos y babilónicos, hasta los hititas, fenicios, cananeos y hebreos, civilizaciones que alcanzaron un alto nivel de desarrollo de las ciencias y las artes; que construyeron ciudades y estados que fueron faros y precedentes imprescindibles en la legislación, como el código Amurabi, primer sistema de leyes del que se tiene registro histórico. Desde entonces, Medio Oriente fue territorio en disputa: por su posición geográfica fue ruta obligada de las grandes migraciones que dejaron su huella en la zona y llevaron la influencia de sus pueblos al resto del mundo que van desde las primitivas migraciones hacia la India de los indoeuropeos, hasta la expansión imperialista de Alejandro Magno; desde la ocupación política y militar del imperio romano, hasta las hordas de mongoles que arrasaban los poblados. En constante resistencia, cristalizaron una identidad común a la luz del afianzamiento del Islam en el poder, que unificó a los dispersos pueblos nómades con los reinados y les imprimió un sistema político y económico que llegó a fundar numerosos imperios.
El Islam es algo más complejo que una religión: fue una eficaz herramienta política que sirvió para unificar y centralizar el poder, que llevó a una convivencia pacífica entre los diferentes grupos étnicos y confesionales que vivían en todas las extensiones de sus dominios, asegurando la libre práctica de sus religiones a cambio del pago del impuesto obligado. Esta actitud de tolerancia dista mucho de la propaganda oficial que promueve el “choque de civilizaciones”, que pretende caracterizar a estos pueblos como bárbaros e iniciar una nueva cruzada… Los actuales “cruzados” montan una despiadada guerra tergiversando la rica historia de una de las cunas de la civilización.
Decíamos más arriba que en la actualidad vemos el surgimiento de grupos como Al-Qaeda, Estado Islámico o Boko Haram. Ahora bien, ¿Qué ideología expresan estos grupos? ¿Cuál es su origen? ¿Quién los alimenta…?
El denominador común de estos grupos es que se identifican como wahabistas. El whabismo es una ruptura dentro del Islam surgida cerca del año 1.750 aproximadamente. Hasta ese momento existían dos grandes grupos mayoritarios que se diferenciaban por la línea sucesoria del poder político y religioso de Mahoma: sunnitas y chiitas. La separación entre ellos obedecía a que los sunnitas consideraban que los continuadores de la obra de Mahoma lo serían por lazos políticos y económicos, y los chiitas, por creer que los sucesores del fundador del Islam deberían conservar estirpe del profeta. Ambos sectores controlaron los lugares sagrados del Islam: los sunnitas, la Meca; los Chiitas, Kerbala.
En el seno de la casa de Saud, que dominaba el territorio que hoy se conoce como Arabia Saudita, comienza a predicar un teólogo llamado Muhammad ibn Abd-al-Wahhab por eso se los llama wahabistas), quien empieza una lucha contra todas las corrientes que consideraba heréticas dentro del Islam: chiitas, sufís, jariyistas, drusos, etc., declarando la guerra santa contra esas concepciones dentro del Islam y contra los “infieles” que pertenecían a otras religiones como los maronitas, alauitas, católicos, católicos ortodoxos griegos, etc. El cisma dentro del Islam es comparable al que se funda a partir de la inquisición y su persecución a los herejes dentro y fuera del catolicismo europeo. También se conoce a los wahabistas como Salafismo, ya que planteaban volver a la línea de Salaf, lo cual significaba volver a los preceptos que planteaban los sucesores de Mahoma (Salaf, en árabe). Los wahabistas fueron la expresión política de las monarquías árabes que tomaron el poder luego de la descomposición del imperio Otomano; crecieron en poder dentro de la casa de Saud y, paradójicamente, las primeras víctimas de su guerra santa fueron los propios ortodoxos sunnitas que se negaban a aceptar la conversión a la nueva fe. Reprimieron, sin dudarlo, a los incipientes sindicatos obreros que profundizaron y avivaron las divisiones dentro de los pueblos árabes. Pero, más allá de sus triunfos militares y las masacres perpetradas como la sucedida en Karbala en el año 1801 -en un solo día el ejército de los Saud asesinó a 5.000 personas y saqueó lugares sagrados como la Mezquita del Imam Hussein, nieto de Mahoma reconocido por sunnitas y chiitas- lo cierto es que su expansión se acentuó con la explotación petrolera de las potencias imperialistas. Las monarquías árabes, a su vez, se asociaron con los imperialistas que le aseguraron la protección militar y el perfeccionamiento de sus ejércitos contra los inminentes levantamientos de las masas oprimidas.
En el próximo artículo comenzaremos a ver cómo estas relaciones políticas y económicas del wahabismo terminaron siendo la mano de obra de la contrarrevolución en el Medio Oriente e intentaremos llegar hasta el surgimiento de estos grupos como parte fundamental del mecanismo de guerra de la CIA y el Sionismo.

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