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Timestamp: 2017-01-23 22:59:33+00:00

Document:
EXPERIENCIA PERSONAL SOBRE LAS IMPLICACIONES MORALES, LEGALES Y DE BIOÉTICA DEL CASO BAHAMONDEZ MARCELO
por Marcelo Omar Bahamondez
los deberes de la excelencia moral, es vivir continuamente en un paraíso
delicioso que es una consecuencia natural de la tranquilidad de conciencia.
Abstenernos de lo malo, de lo reprobable, es respetar nuestras íntimas
convicciones. Respetarnos a nosotros mismos y a los demás, es conocer nuestra
responsabilidad individual de hacer todo el bien posible, de obrar con libertad
Cuando enfermé
debido a una hemorragia digestiva masiva provocada por una úlcera
gastroduodenal me internaron en el hospital regional de Ushuaia con un recuento
de glóbulos rojos de aproximadamente 34 %.
medidas médicas fueron la inserción de una sonda por la nariz al estomago a
fin de sacar la sangre acumulada provocada por la hemorragia digestiva
masiva y por vía endovenosa recibí
expansores de volumen como el dextrán,
la solución salina o de Ringer y el Haemaccel.
Luis Pinto, actualmente anciano de la congregación en la cual me reúno, me acompañó en la internación. Era tanta la debilidad que tenía
debido a la perdida de sangre que me ayudó a higienizarme de la evacuación de la melena, ya que la sangre perdida debido
a la hemorragia se va acumulando en
el estomago, se descompone, se
altera y se va tornando negra. Ayudarme en ese estado, es algo que nunca voy a
olvidar, porque fue un acto de humildad, hermandad y solidaridad muy importante.
que me atendía era el Doctor Cano quién estuvo dispuesto a respetar mi decisión
de abstenerme de la transfusión de sangre. Recuerdo que esa noche de un día sábado
el médico de guardia, el Doctor Labal intentó sin consultar al médico que me
atendía y de manera afrentosa convencerme de que aceptara la única
terapia que podía salvar mi vida, según él, la transfusión de sangre.
le contesté que de ninguna manera iba a violar mi conciencia y mi dignidad. Le
aclare que mi postura no era irrazonable ya que estaba dispuesto a aceptar otras
alternativas medicas. Que no buscaba el suicidio, sino que me atendieran con
otras alternativas terapéuticas respetando mis creencias religiosas.
Este doctor en total disentimiento me dijo que yo
estaba muy equivocado y engañado y que él buscaría alguna manera para que me
transfundieran. Cuando se retiró pensé en el antagonismo inconciliable de este
profesional que no quiso respetar mi consentimiento informado oponiéndose a mi decisión personal y madura. ¿Dónde se hallaba el respeto por la
autonomía que invoca que se
reconozca el derecho del paciente, a
tener sus propios pareceres y decidir por sí mismo sobre las distintas opciones
de tratamiento según sus valores y creencias?. Este médico no me había traído
tranquilidad ni me había concedido consideración.
Es interesante que ocho años antes en la Declaración de Lisboa sobre
los derechos del paciente, adoptada por la Asociación Médica Mundial se
postula un principio ético muy importante es que todo enfermo tiene el derecho
de rehusar un tratamiento. Al paciente se le tiene que informar completamente y
correctamente sobre los riesgos que corre a raíz de su posición de rechazo. Esta manera de obrar
es perfectamente aceptable si el paciente rechaza cualquier otro tratamiento: la
decisión le pertenece. No existe por lo tanto ninguna obligación del médico
de realizar un tratamiento si el paciente se niega a alguna terapia específica. Entonces, ¿no era correcto que el médico
respetara mi autonomía, aun cuando creyera que el valor de la vida y su
preservación constituyen un bien
supremo? Sin embargo este médico quería obligarme a que me sometiera a un tratamiento en contra de mis deseos. Es interesante recordar
el fallo del Tribunal Supremo de la República Federal Alemana que, fundado en
el art. 2°, inc. 2°, de la Ley Fundamental de ese país que reconoce el
derecho a la vida y a la integridad corporal, resolvió que era antijurídica
una operación quirúrgica sin consentimiento del paciente por los siguientes
argumentos: "...Nadie puede asumir el papel de juez para decidir bajo cuáles
circunstancias otra persona estaría razonablemente dispuesta a renunciar a su
inviolabilidad corporal con el objeto de curarse. Este principio también es
vinculante para el médico. Por cierto que el derecho más trascendente de éste,
y su obligación más esencial, es la de curar a los individuos enfermos dentro
de sus posibilidades. Sin embargo, este derecho y esta obligación encuentran
sus límites en el derecho del individuo a determinar, en principio por sí
mismo, acerca de su cuerpo. Constituiría una intromisión antijurídica en la
libertad y la dignidad de la persona humana si un médico - aun cuando estuviese
fundado en razones justificadas desde el punto de vista médico- realizase, por
sí, una operación de consecuencias serias en un enfermo sin su autorización,
en el caso que previamente hubiese sido posible conocer en forma oportuna la
opinión de aquél. Pues, aun un enfermo en peligro de muerte, puede tener
razones adecuadas y valederas, tanto desde un punto de vista humano como ético,
para rechazar una operación, aun cuando sólo por medio de ella sea posible
liberarse de su dolencia". 1
De hecho la libertad religiosa comprende un derecho natural e inviolable
de la persona humana y en la naturaleza de la dimensión ética del hombre y los principios
sobre los que gravitan las soluciones a los diversos problemas concretos el médico
tendría que esforzarse por entender no sólo la parte física del enfermo sino
debería tener una visión completa de la dignidad del paciente que bajo ningún punto debe ser violada.
siguiente, llegó el juez federal (subrogante) Dr. Carlos Bassaneti y su
secretario Juan A. Soria para hablar conmigo y convencerme con el único fin de
que depusiera mi decisión y reflexionara sobre la importancia de la vida como
bien supremo. ¿Acaso usted no está consciente del peligro potencial de su
abstención a las transfusión de sangre?. Puede perder su vida - afirmó con
convicción. Entonces le pregunté ¿y mi vida espiritual? ¿Y mi fe, y la
obligación al mandato divino? Eso es peligroso porque no es una vida de setenta
u ochenta años sino está en juego mi dignidad e integridad y mi porvenir
me dijo que en Argentina, muchos juristas habían resuelto que si peligraba la vida del paciente por su negativa a la transfusión sanguínea
el tribunal como garante de los derechos humanos estaba facultado a intervenir y
decidir por el enfermo aún en contra de la voluntad del paciente para proteger
su vida física, exonerando de responsabilidades a los médicos.
de mi vida se reviste de una gravedad ulterior, a poco que se advierte la
violación a la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todo individuo
tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”2
“Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada (...) ni de
ataques a su honra o a su reputación”3 Toda persona tiene derecho
a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (...)4
“Toda persona tiene derecho a la satisfacción del derecho a su dignidad y al
libre desarrollo de su personalidad”5
se encontraba presente mi madre, ella había manifestado al juez que no se oponía
a mi decisión. Su firme postura me dio más valor para seguir manteniendo mi
negativa respecto a la transfusión de sangre. Entonces le contesté al juez de
primera instancia que era importante la vida física pero más fundamental y
trascendente era la vida espiritual que había escogido. Que con mis 23 años
estaba plenamente lúcido, maduro y consciente
de mi decisión. También le expliqué que el derecho a la dignidad estaba por
encima del derecho a la vida. Le pregunté, ¿acaso los soldados cuando van a la
guerra no ponen su vida en peligro para defender a la patria de invasores? ¿No
están ellos hasta dispuestos a arriesgar su vida por su país si fuese necesario?.
Otra vez el juez insistió
que si no aceptaba la transfusión de sangre podía morir. Con mucha
tranquilidad le contesté que yo no
buscaba con mi decisión atentar contra mi cuerpo –le dije - al contrario, por eso vine al hospital para recibir ayuda médica y aceptar otras terapias de alternativa, si no fuese así y si buscara morir me hubiese quedado en mi casa sin ninguna atención
profesional. Pero tenga la seguridad que de ninguna manera y bajo ninguna
circunstancia, voy a transgredir el mandato bíblico de abstenerme de sangre
creyendo equivocadamente que si violase la ley de Dios pudiese traicioneramente salvar mi vida al contrario la
perdería. Dentro de los principios de la bioética se encuentra el derecho básico
que tiene el paciente a rechazar tratamiento médico y el médico actúa éticamente,
incluso si al respetar ese deseo el paciente muere. Luego agregué que la falacia es que ustedes creen que la transfusión es
la única terapia y no es así. Hay muchas terapias alternativas, ¿No estarían
extralimitándose si no respetaran mis principios como testigo de Jehová aplicándome
la transfusión de sangre? No van hacer bien, El resultado sería patético y
espantoso porque habrían violado
mi conciencia, atentando contra mis derechos fundamentales. El axioma es que
todos somos diferentes y los principios de autonomía y beneficencia obligan a
respetar esa diferencia. Esta práctica forzosa sería inhumana. Significaría
una flagrante violación a mi conciencia, un avasallamiento a mi fuero más íntimo.
los médicos ofrecer a sus pacientes todos los recursos de su ciencia y toda su
lealtad, teniendo en cuenta el progreso en los conocimientos médicos y de la
tecnología médica para lograr proezas que eran imposibles en el pasado?
Disconforme con mi negativa el juez me dijo que iba a
labrar un acta en la presencia de dos testigos en la que se dejaría constancia
de mi negativa a la transfusión de
sangre. Esta hostigación de parte del juez se realizó de manera sistemática y
del mes de junio de 1989, muy tarde a la noche volvió el magistrado y el
secretario con la autorización escrita de la práctica de transfusiones de
sangre. Recibí una copia de esta orden judicial y pedí al señor Juez que me permitiese leerla en voz alta,
delante de ellos. Quería con mi solicitud que ellos apercibieran como habían
atentado contra mi dignidad y derechos dotados éstos de razón y conciencia.
Quería conservar mi firmeza,necesitaría entonces un grado más pleno de
prudencia y sabiduría. No era una medida fraternal esta resolución, sino que
conformaba la esencia del principio
nefasto de invasión a mi libertad, a la seguridad de mi persona, y al principio
de reserva fundada en el artículo 19 de la Constitución Nacional.
leer esta decisión judicial obrante en el Expte. Nro. 16.512 Caratulados
Bahamondez, Marcelo s/ medida cautelar de fecha 11 de junio de 1989. Que había
autorizado la practica de transfusiones de sangre necesarias para el adecuado
tratamiento médico, conforme las conclusiones de los profesionales que las
indiquen. Disconforme con esta resolución le pregunté si me permitiría apelar
a una Cámara más alta. Le dije al juez que mi decisión no afectaba a terceros
que mi resistencia era por la obligación impuesta compulsivamente a que obrara en un acto prohibido por mi conciencia. El juez me respondió
que podía en la misma Resolución al final del texto apelar poniendo por
escrito mis razones, no dude ni un instante y así lo hice.
advertí al Juez que esa resolución que violentaba mis convicciones íntimas no
implicaba que inmediatamente me transfundieran. El juez me dio esta vez la razón, que sólo sería cuando los médicos vieran la necesidad de ello, aún así
esto estaba en contra de mi decisión sincera y seria de mis profundas
convicciones religiosas. Entonces le dije que si ya se me había detenido la
hemorragia, no era lógico que se me violentara y forzosamente me transfundieran.
Pero este correlato de intranquilidad, se alzaba
sobre mi como un espectro monstruoso y siniestro, ya que los médicos del Hospital Regional Ushuaia abandonaron
las otras terapias y por tres días consecutivos, provocaron la urgencia para que me transfundan legalmente en contra de mi voluntad y
de mis más elevados principios grabados en mi mecanismo moral de seguridad, mi
tribunal interior, mi conciencia. Yo sabía que tenía que seguir navegando a lo
largo de un océano trémulo de peligros respecto a mi vida.
Es principio de ética esencial el beneficio que
se debe al paciente y que debe ser preservado, que es la autonomía profesional
en la atención de los pacientes a fin de asegurarles la calidad continua de la
atención prestada por médicos competentes. Es lamentable pero la atención a
mi persona se discontinuó.
el médico que me atendía había sido presionado para que no me asistiera, lo
comprobamos porque reiteradas veces en el decurso de esos tres días mis
familiares iban a verlo para que me atendiera pero el Dr. Cano se excusaba
diciendo que estaba ocupado y que ya iba a apersonarse pero nunca apareció sino
que deliberadamente sacó las terapias de alternativa de reposición de líquidos
y por tres días me dejó sin ningún tratamiento. Comprendí que querían que
entraran en shock hipovolemico para que pudiesen tratarme con las transfusiones
de sangre autorizadas por dicho pronunciamiento judicial.
convencido de que estos médicos del Hospital Regional Ushuaia al no hacer uso
de otras terapias, y al no
proporcionarme la atención debida incurrieron en la desidia, en la negligencia
ya que habían fallado en la
conformidad de las normas elementales de la atención al paciente. Estos médicos no habían hecho nada para informarse de los planteamientos de mi conciencia antes de someterme
a algún tratamiento específico solo buscaron imponer su conciencia por encima
Yo podría haber denunciado ante la justicia este abandono según las
figuras conocidas como "abandono de personas" y la "omisión de
auxilio". Artículo 106 del Código Penal (conf. ref. ley 24.410): "El
que pusiere en peligro la vida o la salud de otro, sea colocándolo en situación
de desamparo, sea abandonando a su suerte a una persona incapaz de valerse y a
la que deba mantener o cuidar o a la que el mismo autor haya incapacitado, será
reprimido con prisión de dos a seis años. La pena será de reclusión o prisión
de tres a diez años, si a consecuencia del abandono resultare grave daño en el
cuerpo o en la salud de la víctima. Si ocurriere la muerte, la pena será de
cinco a quince años de reclusión o prisión".
Pero no lo hice porque entendía que en el fondo estos médicos pensaban
que lo único que me salvaría era las transfusiones de sangre y esperaban la
oportunidad “justificada” de su estrecho punto de vista para transfundirme.
En medio de los vendavales de la discriminación mi vida física estaba en riesgo, mi estado de salud pasó a un
último plano. Tal vez uno de los equívocos más funestos sea el que el médico
no haya tomado en cuenta las normas éticas y legales sobre el consentimiento
informado y el derecho que yo poseía a rechazar tratamientos médicos. Si
el médico hubiese profundizado estas cuestiones y se hubiese esforzado por
cumplir las condiciones de respeto que se debe al derecho de los pacientes de
tomar decisiones respecto a su salud se hubiese constituido en un verdadero
protector de mis intereses. Reconociendo que toda persona tiene derecho, sin
discriminación, a una atención médica apropiada y continua. Una atención médica
de buena calidad. Pero fue
inmoral e impropio de la dignidad humana que estos médicos, influidos por esta era de cosificación
y deshumanización, me tratasen,
como si fuese un número más que
no ha de ser querido por sí mismo.
Contrario a esto “los médicos tienen el deber ético y la responsabilidad
profesional de velar por los intereses de sus pacientes en todo momento”6
Es necesario mencionar la 35ª Asamblea Médica Mundial de Venecia,
Italia, seis años antes de mi caso en octubre
1983 mostró que entre algunos de los deberes que debe observar el médico
consistirá en mantener siempre el más alto nivel de conducta profesional y que en todos
los tipos de práctica médica, debe dedicarse a proporcionar un servicio médico
competente, con plena independencia técnica y moral, con compasión y respeto
por la dignidad humana. Que deberá respetar los derechos del paciente, de los
colegas y de otros profesionales de la salud y deberá actuar sólo en el interés
del paciente cuando preste atención
médica que pueda tener el efecto de debilitar la condición mental y física
la conversación con el juez, me preguntaba ¿cómo podía ser que en este día,
un día no laborable, el juez y su secretario estaban cumpliendo una función pública?.
Pase por mucha tensión ese día, que
de seguro provocó que la hemorragia se agravara. Recuerdo que en esa larga
noche estuve acompañado de José Arnauti, hermano anciano de mi congregación,
fueron momentos de mucha tensión ya que cada dos horas venían a sacarme sangre
para comprobar si el hematocrito
bajaba de 30 %, porque entonces utilizarían la orden para transfundirme de
manera forzosa.
Yo sabía que tenía que salir del Hospital
Regional Ushuaia porque allí peligraba mi vida espiritual que constituía mi relación con mi amoroso Dios. Estaba
consciente del derecho a la libertad de elección que me permitía elegir o
cambiar libremente a mi médico y al hospital o la institución de servicio de
salud. Asimismo, en este derecho podría solicitar la opinión de otro médico
cuando lo creyera conveniente y segundo el derecho a la autodeterminación,
tomando decisiones libremente con relación a mi persona con conocimiento de las
consecuencias de mi decisión. Es
digno de mencionar a mi hermano Ciro Bahamondez que habló para que me pudiesen
atender en una Clínica privada, allí el Doctor Roque Sánchez Galdeano me dio
las garantías de atención en el
respeto a ultranza a mi decisión.
este sanatorio con un 17% de hematocrito que iba en descenso. Entonces me
sometieron a tratamientos alternativos sin sangre. Primero reponiendo el volumen
que había perdido, recuerdo que estaba inmovilizado ya que en cada brazo tenía
varías soluciones de dextran y lactato de ringer, junto con aminoácidos,
complejos vitamínicos, hierro, yecta fer, vitamina K, albumina, y otros.
meses y el 28 de julio de 1989 y cuando mi nivel de hematocrito aumentó el Dr.
Roberto Livingstone y el Dr.
cirujano Jorge Sánchez Poslemann junto a su equipo quirúrgico me intervinieron
quirúrgicamente de la úlcera pre pilórica, denominada hemigostrectomia con
vagotomia truncada y anestomosis bilrott 1, la operación había insumido tres
horas. La operación efectuada sin sangre resultó exitosa.
me vieron como un individuo autónomo que puede obrar libremente en conformidad
con las creencias que el mismo ha elegido. El ejercer este nivel de apertura
mental fue indicador de tolerancia, respeto y madurez de parte de estos
profesionales de la medicina. La tolerancia a nuevas ideas y a verdades
inesperadas que pueden llegar a ser contrarias a lo que siempre hemos creído
suelen recargarse desde la experiencia al tratar con personas de distintas
creencias. El respeto a la identidad cultural de los seres humanos y de los
grupos sociales es fundamental para la libertad de conciencia frente a distintas
pautas culturales. En este sentido
estos médicos maduros no olvidaron que en el momento de ser admitidos como
miembros de la profesión médica declararon: “No permitiré que
consideraciones de afiliación política, clase social, credo, edad, enfermedad
o incapacidad, nacionalidad, origen étnico, raza, sexo o tendencia sexual se
interpongan entre mis deberes y mi paciente”7
proceso judicial continuo, el defensor oficial Doctor Felix Rodolfo Dutto se
ocupo de la revocatoria. Lamentablemente el más alto Tribunal Federal de la
Patagonia, la Cámara Federal de Apelaciones de Comodoro Rivadavia confirmó la
resolución de la instancia anterior y entre otras cosas tildaron mi conducta de
nihilista y compararon mi caso con el repugnante sacrificio al dios falso Molek,
algo muy abominable para un testigo de Jehová que reconoce que nunca subió en
el corazón de Dios el sacrificio
de niños entregados al fuego de un rito repugnante. También sostuvieron que mi
decisión constituía un “suicidio lentificado, realizado por un medio no
violento y no por propia mano, mediante un acto, sino por la omisión propia del
suicida” que no admitía tratamiento y de ese modo me dejaba morir.
Nada mas erróneo,
yo no quería suicidarme sino que deseaba vivir, pero no vivir a costa de
aceptar un tratamiento médico que profanase mis íntimas convicciones
religiosas. Vivir por un acto compulsivo que desconoce y avasalla mi vida
espiritual en mi integridad a Dios no sería vivir. Fue entonces que mi defensor
se comunicó otra vez conmigo para consultarme si quería que siguiéramos
apelando a la máxima autoridad en la Justicia Argentina, la Suprema Corte.
Convencido de mi postura le expresé mi conformidad y mi sincero agradecimiento
por su noble y dedicado trabajo.
un tiempo el Dr. Dutto me llamó para darme la lamentable noticia que el
expediente se había extraviado en la Suprema Corte y me preguntó si quería seguir con el caso. Determinado, le dije que sí,
mis razones eran que sabía que este caso iba a ser muy importante para sentar
nueva jurisprudencia en Argentina, porque mi situación no difería
sustancialmente de la de otros testigos de Jehová que podrían llegar a
requerir, también en el futuro y con idéntico grado de eventualidad, una
atención de esas características, por
eso le dije al Sr. Dutto que intentara reconstruir el expediente.
regocijo leer el fallo de la Corte suprema de Justicia de la Nación cuando
declaro: “El art.19 de la Ley 17.132 de “Ejercicio de la medicina, odontología
y actividades de colaboración” dispone de forma clara y categórica que los
profesionales que ejerzan medicina deberán –entre otras obligaciones –
‘respetar la voluntad del paciente en cuanto sea negativa a tratarse o
internarse...’, con excepción de los supuestos que allí expresamente se
contemplan. La recta interpretación de la citada disposición legal aventa toda
posibilidad de someter a una persona mayor y capaz a cualquier intervención en
su propio cuerpo sin su consentimiento. Ello, con total independencia de la
naturaleza de las motivaciones de la decisión del paciente, en la que
obviamente le es vedado ingresar al Tribunal en virtud de los dispuesto por el
artículo 19 de la Constitución Nacional, en la más elemental de sus
interpretaciones ya que éste otorga al individuo un ámbito de libertad en el
cual éste puede adoptar libremente las decisiones fundamentales acerca de su
persona, sin interferencia alguna por parte del estado o de los particulares, en
tanto dichas decisiones no violen derechos a terceros. (...) En rigor, cuando el
art. 19 de la Constitución Nacional dice que ‘las acciones privadas de los
hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública ni
perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la
autoridad de los magistrados’, concede a todos los hombres una prerrogativa
según la cual pueden disponer de sus actos, de su obrar, de su propio cuerpo,
de su propia vida de cuanto les es propio. Ha ordenado la convivencia humana
sobre la base de atribuir al individuo una esfera de señorío sujeta a su
voluntad; y esta facultad de obrar válidamente libre de impedimentos conlleva
la de reaccionar u oponerse a todo propósito, posibilidad o tentativa por
enervar los límites de esa prerrogativa. En el caso, se trata del señorío a
su propio cuerpo y en consecuencia, de un bien reconocido como de su
pertenencia, garantizado por la declaración que contiene el art. 19 de la
Constitución Nacional. La estructura sustancial de la norma constitucional está
dada por el hombre, que despliega su vida en acciones a través de las cuales se
expresa su obrar con libertad. De este modo, vida y libertad forman la
infraestructura sobre la que se fundamenta la prerrogativa constitucional que
consagra el art. 19 de la Constitución Nacional.”8
mencionar que la Corte Suprema mostró que la persona es inviolable, que el respeto por la persona humana es un valor fundamental, jurídicamente
protegido. Que el hombre es el eje y centro de todo el sistema jurídico y en
tanto fin en si mismo, su esencia humana, y
su naturaleza individual y social aunada a sus derechos fundamentales y
esenciales de su persona humana, constituyen junto a sus creencias
trascendentes, la substancia misma de la libertad y la dignidad humana
encuentro con mi dulce esposa, mis dos hijos y una nenita que viene en camino,
esperamos que nazca para el 23 de Octubre de 2001, sigo siendo testigo de Jehová,
siento que se me ha hecho justicia y que ahora la negativa de un paciente
Testigo a la sangre está protegida por los derechos constitucionales que
garantizan los derechos a la intimidad, a la dignidad humana, a la
autodeterminación corporal, a la objeción de conciencia, al consentimiento
informado y a la libertad de cultos.
atrás la agresión, el intento de someterme contra mi voluntad y por la fuerza a una transfusión de sangre, afectando mi derecho a mi
integridad psicófisica y a mi dignidad inherente de mi persona humana.
Doctor Felix Dutto porque a pesar de dos fallos desfavorables continuó la
defensa de mi caso hasta la mismisima Suprema Corte de Justicia de la Nación. Y
agradezco a mi familiares que respetaron mi
decisión, a mi madre que con
paciencia y fe estuvo a mi lado, a mi hermanos espirituales que mostraron
verdadero amor en todo momento. Por último agradezco a Dios, por su bondad
inmerecida, porque me ha permitido
transitar por el camino del respeto y el de la
responsabilidad individual de hacer todo el bien posible obrando con libertad de conciencia y
e – mail: marbaha84@hotmail.com
particular: Barrio 96 viviendas; Tira 3; Primer Piso; Dpto B
postal 9410 -Ushuaia – Tierra del Fuego – República Argentina
02901 - 435082
1 (BGHst 11, 111, sent. del 28 de noviembre de 1957,
transcripta en la obra de Albin Eser, Strafrecht, t. III, ps. 87/96, 2ª ed.,
parte especial, Munich, 1981).
Universal de los Derechos Humanos. Artículo 3 3
Universal de los Derechos Humanos. Artículo 12 4
Universal de los Derechos Humanos. Artículo 18 5
Universal de los Derechos Humanos. Artículo 22 6Declaración
de la Asociación Médica Mundial Sobre la defensa y secreto del Paciente.
Adoptada por la 45 Asamblea Médica Mundial – Budapest, Hungría, Octubre 1993
Declaración de Ginebra Adoptada por la 2 Asamblea de AMM Ginebra Suiza
septiembre 1948 y enmendada por la 22 Asamblea Médica Mundial Sydney,
Australia, agosto 1986 y la 35 Asamblea Médica Mundial, Venecia, Italia,
octubre 1983 y la 46 Asamblea de la AMM, Estocolmo, Suecia, septiembre 1994
8 Bahamondez,
Marcelo s/ Medida Cautelar CS, Buenos
Aires, 06/04/993.
ENSAYO DE LA BIOÉTICA
Me parece que hoy, en medio de una crisis de sentido es necesario hablar mucho de la responsabilidad y el respeto.
Así como se ha despreciado el concepto de la biodiversidad y se ha atentado
sistemáticamente contra el orden natural, también se ha despreciado la
unicidad o la singularidad de lo permanente y lo duradero de la conciencia
humana que debe responder a una cierta ética. ¿Y si la finalidad de la bioética es la preservación de la dignidad
del hombre? Es en la conciencia de esa dignidad donde tenemos que edificar el
respeto hacia nuestro tribunal interior que obra en nosotros como un mecanismo moral de seguridad. Este fuero íntimo
gradualmente modela el cambio interior de cada uno, enriqueciendo la facultad de
pensar, creando la capacidad de aceptar. Comprendiendo y respetando las
diferentes creencias y la diversidad de conciencias.
El ejercicio de esta libertad tendría como finalidad la decisión acerca de acciones concretas, fundamentadas
en un sistema moral que como seres humanos adoptamos como consecuencia natural de nuestro libre albedrío. Es en esta facultad de elegir y deliberar la que se substancia el valor de la autonomía. Decidiendo sobre sí mismo, consciente de la libertad
y su transcendencia. La conciencia
misma de la libertad, con toda su riqueza y oportunidad, nos enfrenta a la cuestión de la
responsabilidad individual y de comunidad. Esta conciencia moral deviene del
conocimiento de nuestras acciones coexistentes con la dignidad de nuestra propia condición de persona humana. De este
modo, cuando no somos consecuentes con nuestros valores morales, nuestra conciencia moral nos condena como persona.
En medio de estas implicaciones
morales es menester mencionar que muchas veces prevalece la lucha por
invadir o usurpar la autonomía de otros y no hay respeto por la conciencia en
toda su amplitud. Y en el caso de la relación médico - paciente, ambas conciencias deberían respetarse y considerarse, porque en el momento de una decisión o elección se ejercitan principios
éticos que no se deberían violar. En el caso del médico, viene bien afirmar
que "poseer poderes y permisos especiales significa que los profesionales
están sujetos a tentaciones inusuales contra las cuales deben ser advertidos”1.
El ser humano, consciente ante nuevos conocimientos no se limita a sólo
lo conocido. Va más allá de lo establecido. Cuestionando y debatiendo tanto su entorno como sus valores internos. Es en esta investigación dónde
manifiesta su inteligencia,
racional, intuitiva y emocional a fin de asirse del conocimiento específico
para cada cuestión moral tornándolo práctico y orientador a fin de hacer uso de su libertad con conciencia moral. El hombre hace uso de su libertad para adoptar nuevas creencias en la conformidad que da su mente, en lo dicho,
en lo pensado y en lo sentido. Cuando consigue un criterio o norma que puede ser
acertado o errado, ese criterio constituye la verdad del hombre, que es aquello
sobre lo que en el fondo él mismo decide sobre sí mismo. Si se niega o se
viola esta verdad inherente a su conciencia moral, la libertad se hace
irrelevante, porque no decide sobre nada verdaderamente importante.
Entonces, puede dar lo mismo ser generoso o egoísta, porque decidirse
por un modo de ser u otro, no es nada sobre lo que valga la pena pararse a
pensar. Pero esto está en contra de nuestras experiencias humanas más
fundamentales, como el hecho de que exista una verdad sobre el hombre, que sea a
la vez basamento y consuelo para su
vida. La verdad dotando a nuestra vida de
sentido. Entonces, todas nuestras acciones y nuestras expectativas pueden
revestirse de un significado auténtico, trascendente y vivificante. Sólo si
escogemos el cumplimiento de esa
verdad en nuestra vida estaremos gustando la conciencia de nuestra libertad.
Y no es cierto que cuando afirmamos que el robo, el asesinato, o la
mentira, son malos, estamos expresando una realidad objetiva, es decir, real.
Porque la naturaleza de nuestra conciencia habla, no ciertamente con una gramática
humana, sino que se expresa con un sentido interno que puede ser alcanzado o
percibido por una mente abierta y atenta.
Por eso, el apego al criterio, a la norma, a la verdad será vital para
nuestra libertad de conciencia porque sólo cuando trasuntamos por estos caminos
nos damos cuenta de una posesión muy
importante, percibimos nuestra dignidad humana y para proteger esa dignidad
hacemos uso de la libertad de conciencia.
contexto el paciente debe comprender la información dada por el médico, de
manera de tener una impresión realista sobre su propio estado de salud y las
alternativas que el médico le ofrece. Si
ejerce una correcta aptitud comprenderá su propia situación de salud y los
riesgos de cada tratamiento que el médico le informe. Entonces, podrá con
plena libertad de conciencia, decidir
competentemente de acuerdo a sus propios valores y metas personales para tomar
la decisión de aceptar o no el tratamiento especificado. El paciente
estará ejercitando dos derechos fundamentales. Primero, el derecho a la
libertad de elección, eligiendo o cambiando libremente a su médico y al
hospital o la institución de servicio de salud. Asimismo, en este derecho podrá
solicitar la opinión de otro médico cuando lo crea conveniente. Segundo, el
derecho a la autodeterminación, tomando decisiones libremente con relación a
su persona con conocimiento de las consecuencias de su decisión.
conflicto de la negativa del paciente de recibir transfusiones de sangre, el médico
tendría que sopesar o ponderar los principios elementales en el ámbito biomédico.
Tomando en cuenta las normas éticas y legales sobre el consentimiento informado
y el derecho a rechazar tratamientos médicos. Si el médico profundiza
estas cuestiones y se esfuerza por cumplir las condiciones de respeto que se
debe al derecho de los pacientes de tomar decisiones respecto a su salud estaría
constituyéndose, el médico, como
un verdadero protector de los intereses del paciente. Reconociendo que toda
persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada y
continua. Una atención médica de buena calidad. Sería
inmoral e impropio de la dignidad humana si el médico, influido por esta era de cosificación
y deshumanización, tratase a su
paciente de un modo puramente instrumental, es decir, como si fuese un número que no ha de ser querido por
sí mismo. Contrario a esto “los médicos tienen el deber ético y la
responsabilidad profesional de velar por los intereses de sus pacientes en todo
momento”2
Es necesario mencionar que el Código Internacional de Ética Médica,
adoptado por la 3ª Asamblea General de la AMM Londres, Inglaterra, en octubre
de 1949 y enmendado por la 22ª Asamblea Médica Mundial Sydney, Australia, en
agosto 1968 y la 35ª Asamblea Médica Mundial Venecia, Italia, octubre 1983
muestra que entre algunos de los deberes que debe observar el médico consistirá
en mantener siempre el más alto nivel de conducta profesional y que en todos los tipos de
práctica médica, debe dedicarse a proporcionar un servicio médico competente,
con plena independencia técnica y moral, con compasión y respeto por la
dignidad humana. Que deberá respetar los derechos del paciente, de los colegas
y de otros profesionales de la salud y deberá actuar sólo en el interés del
paciente cuando preste atención médica que pueda tener el efecto de debilitar
la condición mental y física del paciente.
sentido el profesional de la medicina en su deliberación racional determinará
su deber y obligación moral, considerando
si en su fuero más íntimo
persiste una actitud paternalista
derechos y el bienestar del paciente. El concepto paternalista es cultural y muy
común desde la Grecia Clásica en la relación medico-paciente. El paternalismo
ejercido inflexiblemente puede lesionar la autonomía ajena y los derechos de
como: ¿Qué límite tengo como médico en el respeto a las creencias de los testigos de Jehová, quienes,
principalmente por razones religiosas, rechazan las transfusiones sanguíneas? O
¿Debo transfundir a un paciente en contra de su voluntad si tal medida me
parece médicamente aconsejable? ¿Y si transfundo sangre sin que el paciente lo
sepa, sería ético este accionar?
Para dilucidar estas cuestiones, el médico necesitará conocimiento
objetivo del criterio del paciente testigo de Jehová. Y en esta
comprensión imparcial el médico se
informará que en el caso de los testigos de Jehová, se extiende más allá de
un sentido ético, su postura tocante a la santidad de la sangre no es un punto de vista ético sujeto a
revisiones periódicas, sino una doctrina. El claro mandato bíblico no deja
margen a la transigencia. (Hechos 15:28, 29.) Para el Testigo, la violación de
esta ley divina es tan inadmisible como la aceptación de la idolatría o la
El médico debería ver al paciente como un individuo autónomo
que puede obrar libremente en conformidad con sus creencias que el mismo ha
elegido. El ejercer este nivel de apertura mental será indicador de madurez y
lucidez para considerar imparcialmente lo que está ajeno a nuestros
a nuevas ideas y a verdades inesperadas que pueden llegar a ser contrarias a lo
que siempre hemos creído suelen recargarse desde la experiencia al tratar con
personas de distintas creencias. El respeto a la identidad cultural de los seres
humanos y de los grupos sociales es fundamental para la libertad de conciencia
frente a distintas pautas culturales.
En este sentido el médico no olvidaría que en el momento de ser admitido como
miembro de la profesión médica declaró: “No permitiré que consideraciones
de afiliación política, clase social, credo, edad, enfermedad o incapacidad,
nacionalidad, origen étnico, raza, sexo o tendencia sexual se interpongan entre
mis deberes y mi paciente”3
otra parte, las acciones de una persona cuya autonomía está disminuida están
controladas, al menos en parte, por otras personas y es incapaz, por las razones
que sean, de deliberar o de actuar en conformidad con sus deseos y planes. En
este aspecto, si el paciente está inconsciente, es necesario considerar el
aspecto legal, si cuenta con un
apoderado legal que decida sobre el enfermo. En estos casos el médico tendría
que actuar respetando todos los aspectos éticos y legales a favor del bien integral del paciente en los derechos inalienables que a éste le
El respeto por la autonomía invoca que se reconozca el derecho del
paciente, a tener sus propios
pareceres y decidir por sí mismo sobre las distintas opciones de tratamiento
según sus valores y creencias. Exige de los médicos que concedan a todos sus
pacientes gran consideración.
En la Declaración de Lisboa sobre los derechos del paciente, adoptada
por la Asociación Médica Mundial en 1981, se postula un principio ético muy
importante es que todo enfermo tiene el derecho de rehusar un tratamiento. Al
paciente se le tiene que informar completamente y correctamente sobre los
riesgos que corre a raíz de su posición de rechazo. Esta manera de obrar es perfectamente aceptable si el paciente
rechaza cualquier otro tratamiento: la decisión le pertenece. No existe por lo
tanto ninguna obligación del médico de realizar un tratamiento si el paciente
se niega a alguna terapia específica. Entonces, lo correcto es que el médico respete la autonomía de sus pacientes, aun cuando
considere que el valor de la vida y su preservación constituyen un bien supremo. El médico no debería obligar a un paciente para
que éste se someta a un
tratamiento en contra de sus deseos. En la naturaleza de la dimensión ética del hombre y los principios
debería tener una visión completa de la dignidad del paciente que bajo ningún
punto debe ser violada.
El médico en su responsabilidad de ser guardián de la calidad de los
servicios médicos tendría que esforzarse por alcanzar el criterio suficiente
apoyándose en la bioética a fin de abordar los problemas estrictamente nuevos, que se
plantean respecto a los derechos humanos y hasta en lo que tiene que ver con su
propia libertad individual como profesional de la medicina haciendo todo lo
posible por acabar con cualquier situación que niegue los derechos y
responsabilidades en la relación médico-paciente.
Es indesmentible que la Convención Americana sobre Derechos Humanos
conviene en postular que “toda persona tiene el derecho a que se respete su
integridad física, psíquica y moral y que nadie debe ser sometido a torturas
ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. También que
toda persona (...) será tratada con el respeto debido a la dignidad inherente
al ser humano 4 El artículo 11 muestra la protección de la honra y
de la dignidad “Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas
en su vida privada”5 y el artículo 12 sostiene el derecho a la
libertad de conciencia y de religión. “Nadie puede ser objeto de medidas
restrictivas que puedan menoscabar la libertad de conservar su religión”6
El principio de no-maleficencia si
se aplica en la ética médica manifiesta la obligación moral negativa de no
hacer mal o daño al paciente. El principio de beneficencia si se aplica en la
ética médica manifiesta la obligación moral positiva de prevenir, remover y
promover el bien al paciente. Apoyando sus intereses legítimos e importantes.
Sopesando los costos y los riesgos encontrando un balance entre los dos
El fundamento moral de la ética médica debería trascender el principio
de no-maleficencia, ir más allá del respeto a la autonomía ajena y de la abstención de hacer daño, alcanzando con actitudes y acciones positivas la protección de los derechos del
paciente, previniendo los daños que podrían afectar a terceras personas,
procurando el bienestar integral del paciente.
administración equitativa e imparcial de lo que es correcto, aunada a la virtud
de dar a cada uno lo que le corresponde se funda otro principio, el de la
justicia. El médico se esforzará a fin de garantizar la autonomía y justicia
con el paciente. La injusticia en cambio conlleva una omisión o comisión que
deniega o quita aquello que le era debido, que le correspondía como suyo, bien
sea porque se le ha negado a alguien su derecho o porque la distribución de
cargas no ha sido equitativa. El médico debería considerar las características o circunstancias
relevantes en la situación con sus pacientes y debería dar un trato justo sin discriminar al paciente por sus creencias
éticas y religiosas. Los
principios enunciados se deberían tomar en cuenta para cada situación de
conflicto concreta, tendrían que discernirse, ponderarse, sopesarse y especificarse con el fin de tomar decisiones orientadas en la bioética.
se extralimitara en el ejercicio del derecho fundamental de la libertad de
conciencia que le asiste en su actividad como profesional, y acatara sólo los dictados de su propia conciencia, sesgado por intereses ajenos al paciente, al punto crítico de no
respetar los principios del paciente testigo de Jehová y aplicara una transfusión
de sangre sería un acto de maleficencia de parte del médico.
El resultado sería patético y espantoso porque habría violado la conciencia de su paciente, atentando contra sus
derechos fundamentales. El axioma es que todos somos diferentes y los principios
de autonomía y beneficencia obligan a respetar esa diferencia. Otro deber ético es que el médico
debe a sus pacientes todos los recursos de su ciencia y toda su lealtad.
Teniendo en cuenta el progreso en los conocimientos médicos y de la tecnología
médica para lograr proezas que eran imposibles en el pasado.
En este objetivo cuando un examen o tratamiento sobrepase su capacidad,
el médico debe llamar a otro médico calificado en la materia. Y en el caso de
los testigos de Jehová se han organizados comités de enlace en los cuales se brinda información reciente sobre
adelantos en la medicina científica y la utilización de métodos terapéuticos
seguros y efectivos que constituyen técnicas
exitosas sobre terapias de
Pero si no hace uso de estas ayudas y no proporciona la atención debida
al paciente incurrirá en la desidia, en la negligencia ya que ha fallado en la
conformidad de las normas de la atención al paciente.
Por ello el médico debería informarse de los planteamientos de
conciencia que tiene el paciente antes de someterlo a algún tratamiento específico,
y para esto es necesario la especificidad de situaciones en conflicto para ponderar los principios y las cuestiones
legales inherentes a las libertades, derechos, deberes y garantías de los
pacientes. Además, en el caso de los testigos de Jehová, de ninguna manera la
negativa a las transfusiones de sangre constituye un suicidio o de lo contrario
no aceptarían otras terapias de alternativa ni irían al hospital a requerir atención médica. Los médicos saben
que “el suicidio con ayuda médica, como la eutanasia, es contrario a la ética
y debe ser condenado por la profesión médica. Cuando el médico ayuda
intencional y deliberadamente a la persona a poner fin a su vida, entonces el médico
actúa contra la ética. Sin embargo, el derecho a rechazar tratamiento médico
es un derecho básico del paciente y el médico actúa éticamente, incluso si
al respetar ese deseo el paciente muere.”4 En el
caso Bahamondez Marcelo, el fallo de la Corte Suprema, entre algunos de sus
considerandos mostraba que “Existe, entonces, una importante diferencia
entre el contenido de la acción desplegada por el promotor o el cómplice de la
eutanasia y el de la conducta del objetor de conciencia. Este no busca el
suicidio, tal como insistentemente se expresa en el recurso extraordinario, sin
que se observen razones para dudar de la sinceridad de esta alegación. Tan solo
pretende mantener incólumes las ideas religiosas que profesa. Por ello, la
dignidad humana prevalece aquí frente al perjuicio que posiblemente cause la
referida ausencia de transfusión sanguínea. (...)Que no hallándose en este
caso afectados los derechos de otra persona de Bahamondez, mal puede obligarse a
éste a actuar contra los mandatos de su conciencia religiosa. Que la
convivencia pacífica y tolerante también impone el respeto de los valores
religiosos del objetor de conciencia, en las condiciones enunciadas, aunque la
sociedad no los asuma mayoritariamente. De lo contrario, bajo el pretexto de la
tutela de un orden público erróneamente concebido, podría violentarse la
conciencia de ciertas personas que sufrirían una arbitraria discriminación por
parte de la mayoría, con perjuicio para el saludable pluralismo de un estado
El concepto paternalista en cambio muestra al médico como la
personificación de lo bueno, lo verdadero y lo bello cuya tarea era moralizar,
curar, e inculcar buenos hábitos. El médico paternalista era lo contrario a un in – firmus o un falto de firmeza, un minusválido físico,
psíquico y moral, incapaz por tanto de saber qué le conviene para restablecer
su salud, perdida en buena medida por culpa de él. Es interesante mencionar que
este médico no informaba al paciente sino sólo comentaba aquello que podía
ayudar al tratamiento. Los resabios de la actitud paternalista de la Grecia clásica aún imperan en algunos médicos que no quieren escuchar las razones de
conciencia de sus pacientes. Es principio de ética esencial el beneficio que se debe al paciente y
que debe ser preservado, que es la autonomía profesional en la atención de los
pacientes a fin de asegurarles “la calidad continua de la atención prestada
por médicos competentes”5 Por eso es ético que el médico revele
la información necesaria al paciente,
tanto acerca del diagnóstico como de las alternativas terapéuticas con el fin noble de obtener su consentimiento informado antes
de someter a éstos a intervenciones terapéuticas. Pero esto es
aceptable si el médico no tergiversa ni oculta ciertos hechos. La exposición del médico debe ser clara no oscura
confundiendo los procesos del
pensamiento del paciente. Tampoco debería coaccionar utilizando amenazas o daños
importantes para influir en alguien o para manipularlo.
Es ético que el profesional de la medicina se asegure que el paciente
comprende la información, invitándole a que le formule preguntas inherentes a
su estado de salud. También es honrado que
el médico comunique sus preceptos en un
lenguaje comprensible para el enfermo, respetando la dignidad del paciente y el
derecho a su vida privada durante la atención médica.
Si el médico se
esfuerza por ser neutral en su juicio, aún cuando los valores del paciente estén
en oposición a sus ideas, se estará respetando las convicciones religiosas, la
ética del paciente y la libertad de conciencia.
A partir del reconocimiento de los derechos de los demás, del respeto a
la dignidad de todo ser humano y del estudio reflexivo de las causas que pueden
determinar cada acción individual alcanzaremos la plenitud de nuestra propia
existencia, veremos la vida como el espacio para encontrarnos en el cumplimiento
de la totalidad de nuestro ser.
Jenny Teichman de su obra Ética Social
la Asociación Médica Mundial Sobre la defensa y secreto del Paciente. Adoptada
por la 45 Asamblea Médica Mundial – Budapest, Hungría, Octubre 1993
Ginebra Adoptada por la 2 Asamblea de AMM Ginebra Suiza septiembre 1948 y
enmendada por la 22 Asamblea Médica Mundial Sydney, Australia, agosto 1986 y la
35 Asamblea Médica Mundial, Venecia, Italia, octubre 1983 y la 46 Asamblea de
la AMM, Estocolmo, Suecia, septiembre 1994
Convención Americana sobre Derechos Humanos. Artículo 5 incs. 1 y 2
Americana sobre Derechos Humanos. Artículo 11 incs. 2
Americana sobre Derechos Humanos. Artículo 12 incs. 2
la Asociación Médica Mundial sobre el suicidio con ayuda médica, adoptada por
la 44 Asamblea Médica Mundial, Marsella, España, Septiembre 1992
la Asociación Médica Mundial sobre la Autonomía y Autorregulación
Profesional, Adoptada por la 39 Asamblea Médica Mundial, Madrid, España,

References: artículo 19
 resolución 
 Resolución 
 resolución 
 Artículo 106

resolución 

artículo 19
 Artículo 3
 Artículo 12
 Artículo 18
 Artículo 22
 artículo 11
 artículo 12
 Artículo 5
 Artículo 11
 Artículo 12