Source: https://www.sdb.org/es/Qui%C3%A9nes_somos/Reglamentos_Generales
Timestamp: 2020-02-21 09:35:42+00:00

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Parte Primera ENVIADOS A LOS JÓVENES - EN COMUNIDAD - Y SIGUIENDO A CRISTO (1-77)
I Destinatarios de nuestra misión 1 2 3
II Nuestro servicio educativo-pastoral 4 5 6 7 8 9 10
III Actividades y obras
Oratorio y centro juvenil 11 12
Escuela y centros profesionales 13 14
Internado y residencia 15
Iniciativas en favor de las vocaciones 16 17
Misiones 18 19 20 21 22 23 24
Parroquias 25 26 27 28 29 30
Comunicaci´n social 31 32 33 34
Servicio en estructuras no salesianas 35
IV Servicio a la familia salesiana 36 37 38 39 40 41
V Comunidades fraternas y apostólicas 42 43 44 45 46 47 48
VI Siguiendo a Cristo obediente, pobre y casto
Nuestra obediencia 49 50
Nuestra pobreza 51 52 53 54 55 56 57 58 59 60 61 62 63 64 65
Nuestra castidad 66 67 68
VII En diálogo con el Señor 69 70 71 72 73 74 75 76 77
Segunda Parte: FORMADOS PARA LA MISION DE EDUCADORES PASTORES (78-102)
VIII Aspectos generales de la formación
Comunidades formadoras 78 79 80 81
Formación intelectual 82 83 84 85
Prácticas pastorales 86
Guía práctica para la formación 87
IX Proceso formativo
Preparación inmediata al noviciado 88
Il Noviciado 89 90 91 92 93 94
Formación después del noviciado 95 96 97 98
Formación permanente 99 100 101 102
Tercera Parte: SERVICIO DE LA AUTORIDAD EN NUESTRA SOCIEDAD (103-202)
X Servicio de la autoridad en la comunidad mondial
El Rector Mayor y su Consejo 103 104 105 106 107 108 109 110
Capítulo General 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134
Estructuras regionales 135 136 137 138 139 140 141 142
XI Servicio de la autoridad en la comunidad inspectorial
El inspector y su Consejo 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155 156 157 158 159 160
Capítulo inspectorial 161 162 163 164 165 166 167 168 169
XII Servicio de la autoridad en la comunidad local
El director y su Consejo 170 171 172 173 174 175 176 177 178 179 180 181 182 183
Asamblea de hermanos 184
XIII Administración de los bienes temporales
Normas generales 185 186 187 188 189 190 191
En la dirección general 192
En las inspectorías 193 194 195 196 197
En las casas 198 199 200 201 202
REGLAMENTOS GENERALES - PRIMERA PARTE
ENVIADOS A LOS JOVENES - EN COMUNIDAD - Y SIGUIENDO A CRISTO (1-77)
Comunicación social 31 32 33 34
I. Destinatarios de nuestra mision
1. Estudie cada inspectoría la condición juvenil y popular, teniendo en cuenta el propio contexto social. Compruebe periódicamente si sus obras y actividades están al servicio de los jóvenes pobres: ante todo, de los jóvenes que, a causa de la pobreza económica, social y cultural-a veces extrema-, no encuentran posibilidad para abrirse camino; de los jóvenes pobres en el plano afectivo, moral y espiritual y que, por lo mismo, se ven expuestos a la indiferencia, al ateísmo y a la delincuencia; de los jóvenes que viven al margen de la sociedad. [1]
2. Fomenten las inspectorías el compromiso educativo hacia los jóvenes obreros. Incorpórense, con iniciativas y servicios específicos, a la pastoral de las Iglesias particulares. Procuren conocer el mundo del trabajo y la situación de los jóvenes obreros. Cuiden los centros de formación profesional desde el punto de vista pastoral, pedagógico y técnico, y preparen programas adecuados para formar a los jóvenes en una auténtica espiritualidad del trabajo.[2].
3. Nuestro servicio pastoral se dirige a la juventud masculina.
Sin embargo, el centro juvenil puede admitir la presencia de las jóvenes en las actividades en que parezca conveniente, según los criterios y normas dados por la inspectoría y la diócesis.
Cuando sea necesario y teniendo en cuenta las disposiciones de la Iglesia particular, el inspector, con el consentimiento de su Consejo y en diálogo con el Rector Mayor, puede autorizar la apertura de las escuelas a las jóvenes.
II. Nuestro servicio educativo-pastoral
4. Cada comunidad inspectorial, inspirándose en el sistema preventivo, elabore su proyecto educativo-pastoral, para responder a la situación de la juventud y de los ambientes populares.
En conformidad con él, haga también cada casa, comprometiendo a todos los miembros de la comunidad educativo-pastoral, un proyecto que oriente todas las iniciativas hacia la evangelización.[3].
5. La actuación de nuestro proyecto requiere que se forme la comunidad educativo-pastoral en todos los ambientes y obras. Su núcleo animador es la comunidad religiosa. Estén presentes los salesianos en la elaboración, realización y revisión del proyecto, y hagan que en clima de familia participen en él los jóvenes, los padres y los colaboradores, cada uno según su propia función.
6. Indíquense en el proyecto, y cuídense en la práctica mediante itinerarios convenientes, los aspectos que son característicos de nuestra pedagogía: la participación responsable y activa de los jóvenes; una delicada educación del amor; la seriedad en la formación cultural, social y profesional, y la comunicación en sus expresiones artísticas y recreativas.[5].
7. El proyecto tenga como núcleo central un plan explícito de educación en la fe, que acompañe a los jóvenes en su desarrollo, y coordine las diversas formas de catequesis, las celebraciones y los compromisos apostólicos.[6].
8. Favorézcase la creación de grupos y asociaciones según la edad y los intereses de los jóvenes, y procúrese que haya continuidad. Promuévanse, en especial, los grupos de compromiso cristiano y los que participan en la misión salesiana y viven su espíritu.[7].
Exista sensibilidad por el movimiento ecuménico local y acójanse sus indicaciones, sobre todo en las zonas donde haya confesiones diversas.
9. Trabájese en la orientación vocacional de los jóvenes, con la ayuda de educadores preparados y programando actividades adecuadas.[8].
Téngase sensibilidad especial para descubrir y seguir, con iniciativas oportunas, a los jóvenes que presenten indicios de vocación de seglar, de religioso o de sacerdote.
10. Para mantener y desarrollar de modo orgánico sus diferentes presencias pastorales y educativas, programe cada inspectoría la preparación y puesta al día de su personal, teniendo en cuenta las aptitudes de los hermanos y las necesidades de las obras.
III. Actividades y obras
11. El oratorio es un ambiente educativo que, con inquietud misionera, se abre a los niños y a los jóvenes.[9]
sté organizado como servicio comunitario que, teniendo por objetivo la evangelización, ofrece a las personas y a los grupos a posibilidad de desarrollar sus propios intereses, con modalidades y métodos diferenciados.
Las actividades tengan siempre finalidad educativa, y lleven a un empleo sano del tiempo.
12. El centro juvenil es un ambiente destinado a los jóvenes. Atento a sus demandas, conserva las características del oratorio; pero da preferencia a la relación en grupo y facilita los contactos personales.
Las actividades propiamente formativas y apostólicas prevalezcan sobre las recreativas.
Escuela y centros profesionales
13. La escuela salesiana promueve el desarrollo integral del joven mediante la asimilación y elaboración crítica de la cultura y mediante la educación en la fe, con miras a la transformación cristiana de la sociedad.
El proceso educativo, llevado adelante con estilo salesiano y con reconocida profesionalidad técnica y pedagógica, ciméntese en valores culturales sólidos, y responda a las necesidades de los jóvenes. Armonice el programa las actividades de formación intelectual y profesional con las del tiempo libre.
Verifíquese periódicamente la validez de los contenidos y de los métodos pedagógicos y didácticos, incluso en relación con el contexto social, el mundo del trabajo y la pastoral de la Iglesia.
14. La escuela salesiana sea popular por su ubicación, por la cultura y orientación a las que da la primacía y por los jóvenes que acoge. Organice servicios útiles a la población de la zona: como cursos de cualificación profesional y cultural, de alfabetizaci6n y de recuperación, fondos para becas y otras iniciativas semejantes.[10].
15. Los internados y las residencias son un servicio que ofrecemos a los jóvenes que no tienen familia o que temporalmente se encuentran lejos de ella.
Favorézcanse en ellos las relaciones personales; hágase que los jóvenes sean responsables de la organización de la vida diaria; déseles la posibilidad de desarrollar actividades de grupo.
Haya relación con las familias o los responsables de los jóvenes y con la escuela o el ambiente de trabajo que frecuentan.[11]
Iniciativas en favor de las vocaciones
16. Los centros de orientación vocacional reciben y acompañan a los jóvenes que se sienten llamados a un compromiso en la Iglesia y en la Congregación.
Tal servicio puede realizarse, también, organizando reuniones locales o regionales, creando grupos específicos o incorporando a los jóvenes en alguna de nuestras comunidades.[12]
17. El aspirantado es un centro de orientación para vocaciones salesianas. Manteniéndose abierto al ambiente y en contacto con las familias, ayuda a los adolescentes y jóvenes que manifiesten aptitudes para la vida religiosa o sacerdotal a conocer su vocación apostólica y corresponder a ella.
18. Incumbe al inspector con su Consejo establecer las normas para animar y coordinar la acción misionera.
Las inspectorías con territorios de misión atiendan al servicio misionero, y preparen su personal para el diálogo con las culturas no evangelizadas, aunque sean de minorías étnicas.[13]
19. Todo misionero tenga la posibilidad de frecuentar centros de estudio organizados por las Iglesias particulares o las inspectorías para su preparación específica y puesta al día. Aprenda las lenguas y estudie la etnología y la antropología.[14]
20. Ninguna residencia misionera tenga ordinariamente menos de tres hermanos. Promuévanse reuniones con objeto de favorecer la vida comunitaria, la ayuda recíproca, el crecimiento espiritual y el intercambio de experiencias pastorales. [15]
21. Todo misionero podrá volver a su patria periódicamente, según las normas de su inspectoría o de la conferencia inspectorial. Su inspector lo presentará al inspector de la zona, donde vaya a residir y proveerá a cuanto sea necesario para su permanencia.
Los hermanos de la inspectoría que lo recibe dispénsenle una acogida generosa y fraterna.
22. En los pueblos no cristianos, los salesianos, con la práctica de su método educativo-pastoral, creen las condiciones para un camino libre de conversión a la fe, respetando los valores culturales y religiosos propios del ambiente.
Donde el contexto religioso, social o político no permita formas explícitas de evangelización, la Congregación mantenga y desarrolle presencias misioneras de testimonio y de servicio.[16]
23. Conforme a las disposiciones de la Sagrada Congregación para la evangelización de los pueblos, estipúlese el convenio oportuno con la autoridad eclesiástica en los territorios donde se nos confíe un servicio apostólico.
24. Para apoyar la acción misionera, el Rector Mayor, con el consentimiento de su Consejo y de acuerdo con el inspector local, puede establecer procuras de ámbito general para toda la Congregación.
Su organización y funcionamiento dependerán del inspector o inspectores en cuya circunscripción actúa la procura, previo convenio con el Rector Mayor y de acuerdo con el consejero general para las misiones.
Para fundar procuras locales o establecer hermanamientos, es competente el inspector, con el consentimiento de su Consejo y de acuerdo con el consejero general para las misiones.[17]
25. Realizamos nuestra misión también en parroquias, como respuesta a las necesidades pastorales de las Iglesias particulares, en zonas que ofrezcan adecuado campo de servicio a la juventud y a los ambientes populares.
Su aceptación debe hacerse mediante convenio entre el inspector y el ordinario del lugar, previa aprobación del Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.[18]
26. La parroquia, confiada a la Congregación, distíngase por su carácter popular y la atención a los jóvenes, sobre todo a los más pobres.
Su centro animador sea la comunidad religiosa. Considere el oratorio y el centro juvenil como parte integrante de su proyecto pastoral. Dé importancia a la catequesis sistemática para todos y esfuércese por acercarse a los alejados. Procure integrar evangelización y promoción humana. Favorezca el desarrollo de la vocación de cada persona.[19]
27. El párroco o el coordinador de la cura pastoral (cf. CIC, can. 517, l) lo elige el inspector, oído el parecer de su Consejo, y lo presenta al ordinario del lugar. El párroco es el responsable del compromiso adquirido por la Congregación ante la Iglesia, y lo cumple con la colaboración de los hermanos adscritos a la parroquia.[20]
28. Los hermanos adscritos a la parroquia tengan la estabilidad que requieren el ministerio y el bien de los feligreses. Haya, no obstante, a juicio del superior, el relevo necesario de personas y cargos, según las orientaciones de las Iglesias particulares. Ordinariamente el párroco no dure en el cargo más de nueve años. Antes de cambiarlo, avísese al obispo.[21]
29. Donde lo permita la situación, procédase a erigir canónicamente la casa salesiana que atiende a la parroquia, con su director-párroco.
Cuando los cargos de director y de párroco estén separados, vele el director por la unidad y la identidad salesiana de la comunidad, y estimule la corresponsabilidad de los hermanos en la realización del proyecto pastoral parroquial.[22]
30. En las relaciones administrativas, sígase cuanto prescribe el artículo 190 de los Reglamentos generales; ténganse también en cuenta las obligaciones para con la comunidad parroquial, a tenor del derecho.
Distíngase claramente, con documentación e inventario a propósito, la propiedad de los bienes que pertenecen a la parroquia en cuanto tal o a la Congregación.[23]
31. Según las posibilidades locales, promueva el inspector con su Consejo nuestra presencia pastoral en el sector de la comunicación social. Prepare a los hermanos para que se incorporen en los circuitos de la prensa, del cine, de la radio y de la televisión. Cree y potencie nuestros centros editoriales de producción y difusión de libros, materiales y periódicos, así como los centros de emisión y producción de programas audiovisuales, radiofónicos y televisivos.
Dense a tales servicios bases jurídicas y económicas seguras, y búsquense formas de conexión y cooperación con centros de otras inspectorías y con el consejero general para la familia salesiana y la comunicación social.[24]
32. Esfuércense los salesianos por formar a los jóvenes en la comprensión de los lenguajes de la comunicación social y en el sentido crítico, estético y moral. Favorezcan las actividades musicales y teatrales y los círculos de lectura y de cine.[25]
33. Poténciense los canales de información y diálogo dentro y fuera de la Congregación y la familia salesiana (boletines, ANS, cortometrajes, vídeo-cintas...), utilizando oportunamente también los medios que ofrecen las nuevas técnicas.[26]
Los centros editoriales que actúan en la misma nación o región, busquen formas convenientes de colaboración encaminadas a desarrollar un proyecto unitario.
34. Cuando la exija el derecho, la revisión eclesiástica de las publicaciones irá precedida de la revisión de los censores que nombre el inspector.[27]
Servicio en estructuras no salesianas
35. El servicio a los jóvenes puede requerir, a veces, nuestra presencia en instituciones no salesianas, al objeto de colaborar más inmediatamente con las Iglesias particulares en la pastoral juvenil o en el mundo del trabajo y en el cuidado de las vocaciones.
Corresponde al inspector, con el consentimiento de su Consejo, aceptar tales compromisos y verificar su validez.
Los hermanos enviados a dichas actividades mantengan una vinculación real con la comunidad salesiana, que a su vez se interesará fraterna y corresponsablemente por su trabajo.[28]
IV. Servicio a la familia salesiana
36. Es deber del inspector y del director, con la colaboración de los respectivos delegados, sensibilizar a las comunidades, para que cumplan su papel en la familia salesiana.
La comunidad, de acuerdo con los responsables de los diferentes grupos, en espíritu de servicio y respetando u autonomía, les ofrece asistencia espiritual, promueve reuniones, favorece la colaboración educativa y pastoral y cultiva el interés común por las vocaciones.[29]
37. A las Hijas de María Auxiliadora, como respuesta a sus demandas y según nuestras posibilidades, les prestamos la ayuda fraterna y el servicio del ministerio sacerdotal.
Colaboramos con ellas en profundizar la espiritualidad y la pedagogía de Don Bosco y en mantener viva la peculiar dimensión mariana del carisma salesiano.[30]
38. Sienta toda comunidad el deber de sostener e incrementar la Asociación de los Cooperadores salesianos, para bien de la Iglesia. Contribuya a la formación de sus miembros, dé a conocer y promueva esta vocación, sobre todo entre los jóvenes más comprometidos y los colaboradores seglares.[31]
39. Mantenga la comunidad relaciones de amistad con los antiguos alumnos, y preste atención especial a los más jóvenes. Interésese por ellos, y favorezca ocasiones de reunión, de formación y de colaboración.
Aliente y sostenga la asociación de antiguos alumnos salesianos (o exalumnos de Don Bosco) y, junto con ella, procure acercarse los alejados.
Ayude a los más sensibles a los valores salesianos, para que maduren en sí mismos la vocación de cooperador.[32]
40. Prestamos nuestra asistencia espiritual a las Voluntarias de Don Bosco y a los institutos religiosos y seculares que, en sus estatutos, afirman seguir un proyecto de vida apostólica conforme al espíritu salesiano, han solicitado su incorporación a la familia salesiana por mandato de su asamblea o capítulo general, y han sido debidamente reconocidos por el Rector Mayor.[33]
41. El Boletín Salesiano, fundado por Don Bosco, difunde el conocimiento del espíritu y de la acción salesiana, especialmente de la misionera y educativa.
Se interesa por los problemas de los jóvenes, alienta a la colaboración y procura suscitar vocaciones.
Es, además, instrumento de formación y vínculo de unidad para los diferentes grupos de la familia salesiana.
Se redacta según las directrices del Rector Mayor y su Consejo, y se publica en diversas ediciones y lenguas.[34]
V. Comunidades fraternas y apostolica
42. La comunidad, tanto local como inspectorial, reunida en torno a su director o inspector, celebre todos los años el día de la comunidad, como signo de comunión fraterna y expresión de gratitud.[35]
43. Para favorecer la salud, la acción apostólica, la convivencia y el clima de recogimiento y oración, evite cada hermano el trabajo desordenado; la comunidad garantice una equilibrada distribución de los quehaceres, momentos de reposo y silencio y una oportuna distensión comunitaria.[36]
44. A ejemplo de nuestro Fundador y conscientes de la austeridad que implican la vida religiosa y los compromisos de trabajo, el superior y cada miembro de la comunidad mantengan vigilante la conciencia de los propios deberes morales en la elección de lecturas y espectáculos, y en el uso de los medios de comunicación social.[37]
45. La comunidad acoja cordialmente a cuantos entran en contacto con ella o son sus huéspedes, sobre todo a los salesianos.
Las invitaciones a comer háganse de acuerdo con el director.
Pero no se acepte a nadie de fuera a vivir en comunidad sin permiso del inspector.[38]
46. La comunidad mantiene relaciones de cordialidad con la familia de cada hermano y le da pruebas de amor y gratitud.
El salesiano, que ha dejado su casa para seguir a Cristo, conserva íntegro el amor a sus familiares, sobre todo a los padres. Lo demuestra con la oración, con las relaciones epistolares y con las visitas.
47. Toda comunidad, como signo de comunión con los hermanos difuntos, tenga por ellos un recuerdo especial, y determine el momento más oportuno para leer diariamente el necrologio en una práctica comunitaria.[39]
48. Según la tradición salesiana, el director u otro en su nombre diga a la comunidad unas palabras fraternas de buenas noches, preferiblemente después de la oración vespertina.[40]
Vl. Siguiendo a cristo obediente, pobre y casto.
49. Todo hermano, en clima de confianza, acuda frecuentemente a su director para manifestarle su estado de salud, la marcha del trabajo apostólico, las dificultades que encuentra en la vida religiosa y en la caridad fraterna, así como todo lo que pueda contribuir al bien de los individuos y de la comunidad.
Considere el director una de sus obligaciones principales el estar siempre a disposición para recibir y escuchar a los hermanos.[41]
50. Al objeto de favorecer el espíritu de familia y no perjudicar las exigencias de la programación comunitaria, el hermano que tenga que ausentarse de casa, especialmente por visitas, viajes o vacaciones, póngase de acuerdo con su director.
Si se trata de ausencia prolongada, se regirá por cuanto prescriben las normas de la Iglesia (cfr. CIC, can. 665,1)[42]
51. La cesión del uso y usufructo de los bienes y de su administración implica también la condición expresa de que el socio no se vea envuelto en la responsabilidad de su gestión.
Con permiso del inspector podrá cambiar, por causa justa, tal cesión y disposición de sus bienes, así como hacer los actos de propiedad que prescriban las leyes civiles.
También deberá observar todo esto con los bienes que entre a poseer después de la profesión.
Además informará periódicamente, al inspector, de los bienes cuya propiedad conserva y de su estado.[43]
52. El testamento, en que el socio dispone de sus bienes presentes y futuros según las normas del derecho civil, se hará en dos ejemplares, uno de los cuales se conservará en el archivo inspectorial. Para eventuales cambios del mismo, el socio observará las normas del derecho canónico y civil.[44]
53. Siguiendo el espíritu del desprendimiento evangélico, un socio, pasados por lo menos diez años desde la profesión perpetua y con el consentimiento del Rector Mayor, puede renunciar de modo definitivo a sus bienes personales. Este acto de renuncia será escriturado según las normas que prescriban las leyes civiles de la propia nación.[45]
54. Si un hermano sale de la Sociedad, recupera el derecho pleno sobre los bienes inmuebles y muebles cuya propiedad se hubiere reservado; pero no podrá reclamar ningún interés ni pedir cuentas de su administración.
Se le ayudará fraternalmente a superar las primeras dificultades de su nueva situación. Con todo, no podrá exigir nada por el período de su permanencia en la Sociedad.[46]
55. Todo salesiano practica su pobreza con la sobriedad en las comidas y bebidas, con la sencillez en el vestir y con el uso moderado de las vacaciones y los esparcimientos.
Acondiciona con sencillez su habitación, y evita convertirla en refugio que lo tenga alejado de la comunidad y de los jóvenes.
Está atento para no contraer ningún hábito contrario al espíritu de pobreza.
Fiel a una tradición constante, se abstiene de fumar, como forma de templanza salesiana y de testimonio en su labor educativa.[47]
56. Cuanto adquieran los socios, con su trabajo o en atención a la Sociedad, no podrán reservárselo para sí, sino que todo deberá ser puesto en común.
Cuando reciban dinero de su comunidad por exigencias del propio trabajo o para las pequeñas necesidades individuales, lo emplearán con sentido de responsabilidad y darán cuenta al superior.[48]
57. Los derechos de autor, que los salesianos adquieren por sus publicaciones o producciones, son fruto de su trabajo, y han de ponerse en común para provecho de la Sociedad.
En consecuencia, todo hermano autor o productor hará cesión de tales derechos de autor, según las normas inspectoriales y en la forma legal prevista en cada nación.[49]
58. Corresponde a los capítulos inspectoriales dar normas que establezcan, para las comunidades de la inspectoría, un nivel de vida modesto y de igualdad verdadera, teniendo en cuenta su situación.
En particular determinarán:
el uso de los instrumentos de trabajo que se consideren personales, y que los hermanos pueden llevar consigo al cambiar de casa;
las vacaciones que se dan a los hermanos para una conveniente recuperación de las energías físicas e intelectuales;
las normas para una solidaridad concreta entre las casas de la inspectoría, y las aportaciones que deben dar las comunidades para las necesidades generales de la inspectoría.[50]
59. No conserve la Sociedad ninguna posesión de bienes inmuebles, excepto las casas en que vive y sus dependencias de trabajo, a tenor del artículo 187 de las Constituciones.
Evítese, en todo caso, cualquier antitestimonio de pobreza, teniendo presente que a menudo se puede prestar un servicio eficaz con instalaciones materiales muy sencillas o en obras de las que no somos propietarios.[51]
60. Nuestras obras tienen finalidad de servicio. Estén, por tanto, abiertas y a disposición de las necesidades del lugar. Procúrese que no queden sin utilizar locales e instalaciones cuyo uso reclamen las necesidades pastorales de la zona.[52]
61. La alimentación sea conforme a lo que pide la pobreza religiosa, según las costumbres de cada país.
El acondicionamiento de la casa, el mobiliario y las instalaciones, sean funcionales y sencillos; no den nunca impresión de riqueza o lujo. Esto vale también para las iglesias, aun conservando en ellas el decoro conveniente.[53]
62. Cuídese el mantenimiento de los bienes inmuebles y muebles. Importancia especial tiene la conservación de las bibliotecas, los archivos y demás material de documentación, por SU gran valor cultural y comunitario.[54]
63. Los medios de locomoción estén matriculados a nombre de la casa o inspectoría. No estén al servicio exclusivo de una persona, sino a disposición de la comunidad, que únicamente los empleará como instrumentos de servicio y con criterios de pobreza.[55]
64. Por sentido de ahorro y con espíritu de familia, hagan los hermanos, en cuanto sea posible, los trabajos y labores de la casa. Procuren adquirir práctica de ello, sobre todo durante el período de formación inicial.[56]
65. La comunidad local e inspectorial revise, con la frecuencia que juzgue más oportuna, su estado de pobreza en lo concerniente al testimonio comunitario y a los servicios que presta. Estudie los medios para una renovación constante.[57]
Nuestra castidad
66. El testimonio y el servicio pastoral piden que el salesiano se inserte en el mundo.
Fiel a las opciones de su vocación, evitará las comodidades y seducciones del mundo. Será prudente en hacer visitas o asistir a espectáculos, evitando lo que no esté de acuerdo con la castidad religiosa.[58]
67. El empleo de personal femenino en nuestras casas y obras responda a criterios de necesidad, y tenga en cuenta las exigencias de la vida religiosa.[59]
68. En sus relaciones con las personas y en sus amistades, el salesiano sea coherente con los compromisos adquiridos en la profesión. Evite, por tanto, actitudes y comportamientos peligrosos o ambiguos que puedan empanar el testimonio de su castidad.[60]
VII. En dialogo con el senor
69. Al comenzar el año, prográmense en cada comunidad los ritmos de oración, teniendo en cuenta los compromisos apostólicos y las exigencias de la vida fraterna.[61]
70. Los socios celebrarán cada día, a ser posible en común, laudes y vísperas. En su lugar se podrán rezar, según convenga, otras oraciones. Todos los hermanos serán fieles a la celebración diaria de la Eucaristía.[62]
71. Los socios harán todos los días en común media hora por lo menos de meditación y algún tiempo de lectura espiritual. Corresponde a la comunidad local favorecer la variedad de formas y animar a los hermanos en su deber.[63]
72. La comunidad destinará tres horas por lo menos al retiro mensual, y un día entero, convenientemente preparado, al retiro trimestral. Los socios harán anualmente seis días de ejercicios espirituales, según las modalidades establecidas por el capítulo inspectorial; los concluirán renovando los compromisos de la profesión religiosa.[64]
73. Según la tradición salesiana y las enseñanzas de la Iglesia, el viernes será, para los socios, día de penitencia comunitaria.
Durante la cuaresma, establezca la comunidad alguna práctica comunitaria de mortificación que le ayude a prepararse a la Pascua y le disponga a compartir más intensamente con los pobres.[65]
74. Además del rosario, con el que María enseña a sus hijos el modo de unirse a los misterios de Cristo, algunos otros signos de unidad en nuestra devoción mariana son: la conmemoración mensual, la oración diaria que- concluye la meditación y el empleo frecuente de la bendición de María Auxiliadora. Las modalidades de tales prácticas las establecerá el directorio inspectorial.[66]
Los hermanos, individual y comunitariamente, sientan el deber de difundir con celo la devoción a María Auxiliadora y de fomentar, donde sea posible, la asociación de los devotos de María Auxiliadora.
75. El último día de cada mes hágase conmemoración de nuestro Padre Don Bosco. Celébrense como aniversarios de familia las fiestas de nuestros santos y beatos. Cultívese la devoción a nuestros siervos de Dios.[67]
76. Los salesianos demostrarán su amor y gratitud a los hermanos, parientes y bienhechores llamados por Dios a la eternidad, con sufragios personales y comunitarios.
cuando muere un hermano o novicio, en la comunidad a la que pertenecía se celebrarán treinta misas, y una en cada casa de la inspectoría;
cuando muere un Rector Mayor en el cargo o emérito, además de las treinta misas, se celebrará una en cada casa de la Congregación;
cuando mueren los padres de un hermano, se celebrarán diez misas en la casa a la que pertenece el hermano.
por los hermanos difuntos, todos los sacerdotes celebrarán la misa el día siguiente a la solemnidad litúrgica de san Juan Bosco; además, el inspector hará celebrar una misa en cada tanda de ejercicios espirituales;
por los padres difuntos de los hermanos, se celebrará una misa en cada casa el 25 de noviembre, aniversario de la muerte de mamá Margarita;
por los difuntos bienhechores o miembros de la familia salesiana, se celebrará una misa en cada comunidad el 5 de noviembre.[68
77. Nuestra vida comunitaria de oración tendrá una guía práctica en un manual preparado por las inspectorías o conferencias inspectoriales o regionales. Dicho manual contenga un núcleo común, indicado por el Rector Mayor con su Consejo.[69]
REGLAMENTOS GENERALES - SEGUNDA PARTE
FORMADOS PARA LA MISION DE EDUCADORES PASTORES (78-102)
Noviciado 89 90 91 92 93 94
VIII. Aspectos generales de la formación
78. Tengan las comunidades formadoras un director y un equipo de formadores especialmente preparados, sobre todo en lo referente a la dirección espiritual, que de ordinario ejerce personalmente el director.
Formadores y hermanos en formación hagan, en corresponsabilidad, una programación y revisión periódicas. hágase partícipes de la marcha de la comunidad a los hermanos en formación, mediante modalidades concretas.[1]
79. Los hermanos que están en la formación inicial tendrán una vez al mes, con el superior, el coloquio previsto por el artículo 70 de las Constituciones.[2]
80. Con el fin de educar en el empleo personal y en la valoración del tiempo y para fomentar el espíritu de iniciativa, haya una razonable flexibilidad en el horario y en la distribución de las actividades diarias, respetando las exigencias fundamentales de la comunidad.[3]
81. La comunidad local, en cuanto corresponsable de la maduración de cada hermano, está invitada a dar su parecer cuando uno de sus miembros solicite ser admitido a la profesión oa las órdenes sagradas. Lo hará según los modos más conformes con la caridad.[4]
82. La misión salesiana orienta y caracteriza, de modo propio y original, la formación intelectual de los socios en todos los niveles. Por consiguiente, el ordenamiento de los estudios armonice las exigencias de la seriedad científica con las necesidades de la dimensión religioso-apostólica de nuestro proyecto de vida.[5]
.Cultívense con especial interés los estudios y materias que versan sobre educación, pastoral de la juventud, catequesis y comunicación social
83. Durante los años de la formación inicial, planifíquense los estudios de modo que, donde la situación lo permita, sea posible obtener títulos académicos con valor legal.
84. Las inspectorías que estén en condiciones de hacerlo, tengan su propio centro de estudios para la formación de los hermanos y para servicios cualificados de animación espiritual, pastoral y cultural.
Cuando el centro de estudios es interinspectorial, colaboren todas las inspectorías corresponsablemente, para que alcance sus objetivos.
En la medida de lo posible, esté abierto también a personas externas - religiosos o seglares - como servicio a la Iglesia particular.[6]
85. La asimilación del espíritu salesiano es, fundamentalmente, un hecho de comunicación de vida. Sin embargo, para que tal experiencia sea eficaz, debe ir acompañada también del estudio gradual y sistemático de la espiritualidad salesiana y la historia de nuestra Sociedad durante toda la formación inicial.
86. Háganse las prácticas pastorales en actividades propias de nuestra misión; sea su objetivo desarrollar el espíritu apostólico y la capacidad educativo-pastoral del salesiano en formación.
Estén diferenciadas y graduadas, teniendo en cuenta la maduración personal y religiosa del hermano y la etapa formativa en que se encuentra.
La comunidad tiene la responsabilidad de programar tales prácticas, acompañarlas con la presencia y orientación de los formadores, y evaluarlas periódicamente.[7]
Guía práctica para la formación
87. La formación tendrá, como guía práctica en toda la Congregación, una Ratio fundamentalis institutionis et Studiorum, y en cada inspectoría un directorio, aprobado por el Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.
La Ratio expone y desarrolla, de modo orgánico y didáctico, el conjunto de principios y normas de formación que figuran en las Constituciones, en los Reglamentos generales y en otros documentos de la Iglesia y de la Congregación.
El directorio inspectorial aplica a la realidad local los principios y normas de la formación salesiana.[8]
IX. El proceso formativo
Preparación inmediata al noviciado
88. La preparación inmediata al noviciado no sea inferior, ordinariamente, a seis meses, y tenga lugar en una comunidad salesiana.
El directorio inspectorial establezca sus modalidades.[9]
89. La casa destinada a noviciado esté inserta en la realidad social y apostólica. Si las circunstancias lo aconsejan, puede ponerse el noviciado junto a otra comunidad idónea.[10]
90. Cuando el candidato se siente suficientemente preparado y dispuesto, presenta la petición de comenzar el noviciado.
Para ser admitido, debe estar libre de los impedimentos previstos en los cánones 643-645 §1, demostrar las cualidades y la madurez necesaria para emprender la vida salesiana, y tener salud suficiente para poder observar las Constituciones de la Sociedad.
La eventual despedida de un novicio corresponde al inspector de la inspectoría en que se encuentre la casa de noviciado.[11]
91. Durante el noviciado háganse con seriedad los estudios, según un programa indicado en el ordenamiento general de los estudios. Tengan como principal objetivo la iniciación en el misterio de Cristo, a fin de que el novicio, mediante el contacto con la Palabra de Dios, desarrolle una vida más profunda de fe y un conocimiento amoroso de Dios.
Profundícese, asimismo, la teología de la vida religiosa, y estúdiense las Constituciones, la vida de Don Bosco y nuestra tradición.[12]
92. Los novicios hagan ejercicios espirituales al comenzar el noviciado - en el momento que se crea más oportuno - y antes de emitir los votos.[13]
93. Durante el noviciado, cl novicio puede dejar libremente el Instituto. Si sigue adelante, es admitido a la profesión temporal después de solicitarlo él y si es considerado idóneo; de lo contrario, se le despide.
En casos especiales el inspector puede prorrogar el noviciado, pero no por más de seis meses, a tenor del canon 653.[14]
94. uando un religioso de votos perpetuos solicita pasar de su Instituto a nuestra Sociedad, haga un período de prueba no inferior a tres años en una de nuestras comunidades, para asimilar nuestro espíritu.
Concluida la prueba, puede presentar la solicitud. Si es admitido, hace la profesión perpetua, según norma del derecho.[15]
Formación después del noviciado
95. Inmediatamente después del noviciado, todos los hermanos deben proseguir su formación durante dos años por lo menos, en comunidades formadoras, preferentemente estudiantados.
En esta etapa se cursa la formación general filosófica, pedagógica y una iniciación teológica. También se puede comenzar o continuar la formación técnico-científica o profesiol1al, con miras a una especialización.[16]
96. El tirocinio dura, ordinariamente, dos años, y se hace antes de la profesión perpetua en una comunidad que reúna las condiciones necesarias para la validez de tal experiencia.[17]
97. Los socios que se preparan al sacerdocio deben dedicarse, por lo menos durante cuatro años, a una más intensa formación sacerdotal en comunidades formadoras, de preferencia estudiantados.
Hagan con seriedad los estudios de teología, preferiblemente en centros salesianos.
Durante este período no se permitan otros estudios y actividades que los distraigan del cometido de esta etapa formativa.[18]
98. Los salesianos laicos, en la etapa que completa su formación inicial después del tirocinio, tengan la posibilidad de adquirir una seria formación teológica, pedagógica y salesiana proporcionada al nivel cultural conseguido.
Dedíquense también, según sus aptitudes, a estudios que los preparen profesionalmente con miras a la labor apostólica.[19]
99. La formación permanente exige que cada hermano mejore su capacidad de comunicación y diálogo, se forme una mentalidad abierta y crítica, y desarrolle el espíritu de iniciativa para renovar oportunamente su proyecto de vida.
Cultive cada uno el hábito de la lectura y el estudio de las ciencias necesarias para la misión; mantenga viva su disponibilidad para la oración, la meditación y la dirección espiritual personal y comunitaria.[20]
100. Estudie cada hermano con sus superiores el campo de cualificación que va más de acuerdo con sus dotes personales y las necesidades de la inspectoría, dando la preferencia a cuanto concierne a nuestra misión.
Conserve la disponibilidad característica de nuestro espíritu, y esté dispuesto a renovarse periódicamente.[21]
101. Corresponde al inspector con su Consejo promover iniciativas ordinarias y extraordinarias de formación espiritual y cultural.
Las reuniones de directores, de animadores pastorales, de ecónomos y de otros hermanos, sean ocasión para profundizar la identidad salesiana en sus dimensiones educativas y pastorales.
Acójanse de buen grado las oportunidades formativas procedentes de los diversos organismos de la Iglesia y de la sociedad.
Las iniciativas interinspectoriales realícenlas los inspectores interesados de acuerdo con el consejero regional.[22]
102. Ofrézcase periódicamente a todos los salesianos, en los años de su madurez, un espacio de tiempo conveniente para su renovación.
Las inspectorías tengan presente esta necesidad en su programación. Responda cada hermano a este llamamiento, incluso por el bien de su comunidad.[23]
[22]cf. Cost 101.118.119.161
REGLAMENTOS GENERALES - TERCERA PARTE
SERVICIO DE LA AUTORIDAD EN NUESTRA SOCIEDAD(103-202)
Il El Rector Mayor y su Consejo 103 104 105 106 107 108 109 110
Il Capitulo General 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132 133 134
Capitulo inspectorial 161 162 163 164 165 166 167 168 169
X. Servicio de la autoridad en la comunidad mundial
El Rector Mayor y su Consejo
103. El Rector Mayor esté atento a las necesidades de la Iglesia universal, y manténgase en contacto con las inspectorías, las casas y los socios. Estimule la colaboración de todos, promueva reuniones y contactos, y favorezca el conocimiento de las actividades apostólicas de la Congregación en el ámbito de la familia salesiana.
Los socios, por su parte, muestren su amor a Don Bosco y a la Congregación manteniéndose unidos al Rector Mayor y acogiendo sus directrices. Ayúdenle con la oración, con el diálogo y, sobre todo, con la fidelidad a las Constituciones.[1]
104. El Rector Mayor puede visitar, personalmente o por otros, las inspectorías y las comunidades locales cuando lo juzgue necesario.
En particular, durante los seis años de su mandato dispondrá para cada inspectoría una visita extraordinaria, que efectuará, según convenga, el consejero regional u otro visitador, a quienes conferirá los poderes de jurisdicción que requiere la naturaleza de tal visita.[2]
105. El Rector Mayor, como superior de la Sociedad, es el gran canciller de la Universidad Pontificia Salesiana (UPS). Representa a la Sede Apostólica ante la UPS, y a la UPS ante la Sede Apostólica.
En virtud del mandato de la Congregación para la Educación Católica, tiene plena potestad sobre la Universidad, vela por sus estatutos y los interpreta.
Ejerce las funciones de gran canciller personalmente o por un delegado, elegido preferentemente entre los miembros del Consejo General.[3]
106. Además de los casos que indica el artículo 132 §1 de las Constituciones, el Rector Mayor debe tener el consentimiento de su Consejo:
para incoar causas judiciales extraordinarias que puedan comprometer a la Sociedad;
para fundar procuras misioneras de ámbito general en la Congregación (24 R);
para aceptar parroquias (25 R);
para aprobar el directorio inspectorial de la formación (87 R);
para nombrar a un delegado suyo en un secretariado central (108 R);
para instituir y fijar la plantilla y las modalidades de funcionamiento de las of icinas técnicas y comisiones de que habla el artículo 107 de los Reglamentos generales;
para nombrar a su delegado personal en una delegación (138R);
para aprobar decisiones vinculantes tomadas por las conferencias inspectoriales (139 R);
para establecer las modalidades de la consulta previa al nombramiento de los consejeros inspectoriales (154R);
para aprobar el presupuesto y el balance preparado por el economato general (190 C; 192 R).[4]
107. Los miembros del Consejo General encargados de sectores específicos pueden servirse de oficinas técnicas y de comisiones, para realizar las tareas que les están encomendadas.
Su creación, plantilla y modalidades de funcionamiento corresponden al Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.[5]
108. Para sectores de especial importancia no incluidos entre las incumbencias asignadas por las Constituciones a un consejero en particular, pueden crearse a propósito secretariados centrales, que dependerán directamente del Rector Mayor.
Su creación compete al Capítulo General. La responsabilidad directa del secretariado se confía a un delegado central, nombrado libremente por el Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.
109. A fin de que las gestiones ante la Sede Apostólica se realicen con mayor regularidad, conviene cursarlas por medio del Rector Mayor.
110. Las Actas del Consejo General son el órgano of icial para promulgar las directrices del Rector Mayor y su Consejo y transmitir las informaciones oficiales. Su publicación corre a cargo de la secretaría general.[6]
111. La convocación del Capítulo General se hará por lo menos un año antes de su inauguración, salvo el caso previsto en el artículo 143 de las Constituciones. Se comunicará a todos los hermanos en carta circular, que indicará el objeto principal del Capítulo y el lugar y fecha de su comienzo.[7]
112. Con objeto de preparar el Capítulo General, el Rector Mayor o, en su ausencia, el vicario, designará un regulador, a quien harán llegar sus propuestas y posibles aportaciones de estudio los capítulos inspectoriales y las comunidades locales, así como los hermanos en particular. Nombrará una comisión técnica, que con el regulador fijará el calendario de preparación del Capítulo General y promoverá la sensibilización y la participación activa de los socios.[8]
113. El Rector Mayor o, en su ausencia, el vicario, nombrará además una comisión precapitular que, bajo la responsabilidad del regulador y de acuerdo con el Rector Mayor, redactará las ponencias o los esquemas, que se mandarán con suficiente antelación a los miembros del Capítulo General.[9]
114. Las inspectorías con menos de doscientos cincuenta profesos y las visitadurías mandarán al Capítulo General un delegado elegido por los respectivos capítulos. Las inspectorías con doscientos cincuenta hermanos o más enviarán dos.
Las otras posibles circunscripciones jurídicas de que habla el artículo 156 de las Constituciones tendrán la representación que indique el decreto de su erección.[10]
115. Por lo menos tres meses antes de comenzar el Capítulo General, los inspectores enviarán al regulador las actas de las elecciones, que serán examinadas por una comisión nombrada para ello por el Rector Mayor o, en su ausencia, por el vicario.
El regulador, si descubre en ellas algún defecto, tomará las medidas oportunas para que se proceda a la corrección debida dentro del tiempo hábil y, si el caso lo requiere, para que se repitan las elecciones.[11]
116. En la primera sesión del Capítulo General, el presidente nombrará dos secretarios o más y, si fuere menester, otros oficiales capitulares. En caso de necesidad, el presidente podrá nombrar también otros secretarios u oficiales ajenos al Capítulo General. Los secretarios deben consignar en oportunas actas, diligentemente redactadas, los actos del Capítulo General, las determinaciones tomadas y, también, un resumen de los debates.[12]
117. Una vez nombrados los secretarios, el regulador, en nombre del presidente y pedido el consentimiento de la asamblea, declarará legítimamente inaugurado el Capítulo.[13]
118. Si, al inaugurar el Capítulo General, resulta todavía nula o dudosa la validez de la elección de algún delegado, el regulador lo hará presente al Capítulo General ya en a primera sesión.[14]
El primer acto del Capítulo será, entonces, decidir sobre cada caso, de modo que, con la autoridad que tiene, declare nula la elección o subsane su invalidez.
119. En una de las primeras sesiones el Rector Mayor, o quien haga sus veces, presentará un informe general sobre el estado de la Congregación; dicho informe será objeto de estudio y análisis por parte de la asamblea.
120. Las sesiones del Capítulo General las preside el Rector Mayor o, en su ausencia, el vicario, asistido en la dirección y desarrollo de los trabajos por el regulador y tres moderadores, que elegirá el Capítulo General por mayoría absoluta entre los nombres de una lista preparada por el presidente.
El presidente, el regulador y los tres moderadores constituyen la presidencia del Capítulo General.[15]
121. El Capítulo General elegirá, por mayoría absoluta, a cinco miembros por lo menos, que con el regulador y los moderadores formarán la comisión central. Corresponde a esta comisión, bajo la presidencia del Rector Mayor, coordinar los trabajos del Capítulo y garantizar todo lo necesario para su buen funcionamiento.[16]
122. El Capítulo General se articula en comisiones, que se encargan de estudiar el esquema o la ponencia que se les asigne. Apenas sea posible, el regulador comunicará al Capítulo General los temas y las respectivas comisiones, y pedirá su aprobación. Las comisiones las forma el presidente, quien tendrá en cuenta las preferencias de cada uno.[17]
123. Los capitulares tienen la obligación de asistir a las sesiones del Capítulo. En consecuencia, no pueden ausentarse sin permiso del presidente.[18]
124. Mándense oportunamente a los socios comunicados completos sobre la marcha de los trabajos capitulares. Responsable de tales comunicados y, en general, de todos los contactos con los órganos de información, será una comisión. de capitulares elegidos por los grupos de inspectorías. Dicha comisión actuará de acuerdo con la presidencia del Capítulo.
Todos los que, por cualquier título, participan en el Capítulo General, deberán ser discretos y respetuosos con las personas interesadas al referir noticias, hechos y debates del Capítulo.
125. El Rector Mayor y la Asamblea Capitular pueden llamar al Capítulo General a otras personas-salesianos o no salesianos-como peritos u observadores, sin derecho a voto.
Los peritos participan en los debates de las comisiones a que sean invitados; en la asamblea sólo toman la palabra si se lo piden. Los observadores pueden tomar la palabra en las comisiones y en la asamblea.[19]
126. Corresponde al Capítulo General determinar la fecha de las elecciones, dejando un tiempo conveniente de reflexión antes de la elección de cada consejero.[20]
127. La elección del Rector Mayor y de los miembros de su Consejo es un acto que compromete toda la responsabilidad de cada capitular ante la Congregación. Por consiguiente, debe prepararse con la oración y hacerse con espíritu de fe.
Cada elector puede pedir y dar información sobre las cualidades de los elegibles; pero se evitará todo lo que pueda turbar la caridad fraterna.[21]
128. Para cumplir lo prescrito por el artículo 141 §1 (le las Constituciones sobre la elección de los consejeros regionales, cada grupo de inspectorías elegirá a los hermanos que propone a la asamblea, con voto secreto y votación única, escribiendo dos nombres en la papeleta. Presentará, después, a la asamblea la lista de todos los votados y el número de votos obtenidos por cada uno.[22]
129. Abierta la sesión, el presidente indicará el motivo de la reunión. Se elegirán después, en votación secreta, dos secretarios y tres escrutadores. Los escrutadores y el presidente están obligados a guardar secreto aun después de terminar el Capítulo.[23]
130. Si algún elector esta enfermo en la casa donde se celebra el Capítulo General y no puede ir a la sala de reuniones, pero sí escribir, se llegarán a él dos escrutadores para depositar en una urna su papeleta, que después unirán con las demás.[24]
131. Después de recoger en una urna todas las papeletas, los escrutadores las contarán, para ver si el número de votos corresponde al de electores. Si el número de votos supera al de electores, la votación es nula; pero si es igual o inferior, se hará el escrutinio. Los secretarios escribirán los nombres que irá leyendo un escrutador.[25]
132. El que obtenga los votos de la mayoría absoluta de los presentes y resulte elegido, será proclamado por el presidente. Apenas acepte, entra en posesión del cargo. Si el elegido es el mismo presidente, lo proclamará el miembro más anciano de la asamblea.[26]
133. Concluidas las elecciones, el Rector Mayor dará a conocer a todos los socios los nombres de los elegidos y el cargo que se les ha confiado.[27]
134. En la última sesión del Capítulo, una vez cumplido cuanto prescribe el reglamento, el regulador declarará clausurado el Capítulo General, en nombre del presidente y con la aprobación de la Asamblea.[28]
135. Los consejeros regionales estarán en contacto con cada una de las inspectorías: pueden visitarlas, reunir a los inspectores, a los consejos inspectoriales y, de acuerdo con ellos, a otros grupos de hermanos, con objeto de sugerir lo que consideren más oportuno para el bien de la Congregación y el mejor servicio de la inspectoría y de la Iglesia particular.[29]
136. Los consejeros regionales deben, además:
fomentar un sentido vivo y concreto de familia en las relaciones de los hermanos y de las inspectorías entre sí y con el Rector Mayor y su Consejo;
atender con solicitud a las gestiones de las inspectorías de su grupo y de las conferencias inspectoriales;
promover el buen funcionamiento de las estructuras interinspectoriales, donde las haya y, donde sea posible y aconsejable, la organización de centros de documentación sobre los sectores religioso, cultural y social de la zona de su competencia
137. En el desempeño de su cargo, los consejeros regionales procederán con la debida discreción, para no sustituir indebidamente a los inspectores o a otros superiores, ni interferir en sus competencias específicas.[31]
138. Si razones especiales aconsejan separar algunas inspectorías d uno o más grupos sin formar otro grupo nuevo confiado a un consejero regional, el Capítulo General puede unirlas en delegación, para la que el Rector Mayor, con el consentimiento de su Consejo y previa consulta a las inspectorías interesadas, nombra un delegado personal y le confiere las incumbencias que crea oportunas.[32]
139. Las inspectorías de cada conferencia se reúnen por lo menos una vez al año, para estudiar los problemas relativos a la animación y coordinación de la acción salesiana común.
Preside la conferencia el consejero regional o un delegado suyo.
Las conclusiones de la conferencia inspectorial son, en general, orientativas.
En casos especiales la conferencia puede tomar decisiones de carácter obligatorio; pero sólo entran en vigor tras la aprobación del Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.[33]
140. Participan en las reuniones de la conferencia:
el consejero regional o un delegado suyo;
los inspectores de la conferencia;
un delegado o más por inspectoría, designados según las normas establecidas en el reglamento de la conferencia inspectorial.[34]
141. A las tareas de la conferencia podrá invitarse a peritos y observadores religiosos y seglares, según las modalidades que determine cada conferencia en su reglamento.[35]
142. A la conferencia inspectorial se le asignan, entre otras, las siguientes incumbencias:
estudiar y promover la aplicación de las directrices generales de gobierno y acción de la Congregación, sobre todo las del Capítulo General;
seguir la coordinación de la acción pastoral común, del sector de la formación, cualificación y puesta al día de los socios, y del sector de la comunicación social, fomentando la colaboración generosa mediante el intercambio de personas y medios;
cuidar las relaciones y la colaboración con los organismos e instituciones que se interesan por los problemas de los jóvenes y del desarrollo;
estudiar y promover oportunas experiencias, sobre todo en el campo de la pobreza comunitaria y en el servicio a los jóvenes más pobres y a las clases populares;
hacer su propio reglamento y decidir sobre eventuales organismos, secretariados y centros interinspectoriales de animación y coordinación.[36]
XI. Servicio de la autoridad en la comunidad inspectorial
El inspector y su Consejo
143. Para nombrar a un inspector, el Rector Mayor consultará a los profesos de la inspectoría, según el artículo 162 de las Constituciones. Para ello, pedirá que cada uno indique, por orden de preferencia, una terna de hermanos de su propia inspectoría o de otra.[37]
144. El inspector es lazo de unión entre la inspectoría y el Rector Mayor con su Consejo; se encarga de las relaciones con las autoridades y los organismos eclesiales y religiosos en ámbito de su circunscripción.[38]
145. Manténgase el inspector en contacto con los directores y présteles atención especial. Reúnalos una vez al año por lo menos, para tratar los asuntos generales de la inspectoría.[39]
146. El inspector procurará estar a menudo personalmente con los hermanos, en espíritu de servicio y comunión fraterna
Una vez al año hará con especial esmero la visita inspectorial a las comunidades.
Durante esa visita, hable con cada uno de los socios, reúna al Consejo local, revise con la comunidad la observancia religiosa, el testimonio de vida consagrada, el celo apostólico en las actividades pastorales, la solicitud en la promoción vocacional y la situación económica. Para este cometido podrá hacerse ayudar de los consejeros inspectoriales.
Al concluir la visita inspectorial, escriba en un registro a propósito, que se conservará en el archivo de la casa, sus observaciones y las decisiones de carácter general; las confidencias comuníquelas aparte. En la visita siguiente vea si se han cumplido.[40]
147. El inspector, mediante oportunos contactos con los diversos grupos de la familia salesiana y por medio de su delegado, procurará fomentar cl sentido de pertenencia y la profundización en la vocación común.[41]
148. Consciente del importante papel de los colaboradores seglares, el inspector ponga mucho interés en su cualificación salesiana, y vea cómo están integrados en nuestras obras.[42]
149. Según el derecho universal, el inspector puede suspender la ejecución de una disposición superior, cuando haya en contra motivos tan graves y evidentes, que le autoricen a pensar que, si los superiores competentes los hubieran conocido, habrían dispuesto de otra forma. En tal caso, sin embargo, infórmeles de todo inmediatamente. Si la disposición suspendida se refiere a un socio, éste, mientras llega respuesta de los superiores, aténgase a las órdenes del inspector (cfr. CIC, can. 41).[43]
150. El socio queda adscrito a una determinada casa salesiana por precepto de obediencia, dado por el propio inspector u otra autoridad competente. El número de socios en las casas no sea, de ordinario, inferior a seis.
151. El inspector, por causa razonable, con el parecer de su Consejo y después de oír al hermano interesado, puede, si se le pide, enviarlo temporalmente a otra inspectoría mediante convenio escrito con el inspector que lo recibe. Los cambios definitivos de inspectoría competen al Rector Mayor.[44]
152. Los socios ejercerán el ministerio de las confesiones con licencia del inspector, según norma del derecho.[45]
153. Para cambiar de sede inspectorial, el inspector, obtenido el consentimiento de su Consejo, pedirá autorización al Rector Mayor.
Procederá de acuerdo con él para ausentarse de la inspectoría por tiempo considerable.[46]
154. Las modalidades de la consulta para nombrar consejeros inspectoriales, las establece el Rector Mayor con el consentimiento de su Consejo.[47]
155. Es incumbencia del Consejo inspectorial colaborar con el inspector en el desarrollo de la vida y la misión salesiana, ayudarle a conocer las situaciones y a verificar la actuación del proyecto inspectorial, en contacto con los encargados y las comisiones respectivas.
El inspector convoque el Consejo una vez al mes por lo menos, indicando previamente los asuntos que se van a tratar.[48]
156. Además de los casos previstos en las Constituciones, el inspector debe tener el consentimiento de su Consejo, a tenor de los Reglamentos generales:
para autorizar la escuela mixta (3 R);
para hacer convenios con los ordinarios del lugar y con entidades eclesiásticas y civiles (23 R; 25 R);
para crear posibles procuras misioneras y hermanamientos (24R);
para autorizar a un hermano el trabajo pastoral en instituciones no salesianas (35 R);
para cambiar de sede inspectorial (153 R);
para nombrar regulador del capítulo inspectorial e invitar a peritos y observadores (168 R);
para establecer las modalidades de las consultas en orden al nombramiento de directores (170R);
para destinar a un director a otro trabajo antes de que concluya su mandato (171 R);
para pedir autorización acerca de las operaciones señaladas en el artículo 188 de las Constituciones (193 R);
para aprobar el presupuesto y el balance de la inspectoría (19° C; 196R);
para determinar las aportaciones de las casas, según lo requieran las necesidades de la inspectoría (197 R);
para autorizar cambios, soluciones de problemas económicos u otras iniciativas de importancia considerable en las casas (200 R).[49]
157. El inspector debe escuchar el parecer de su Consejo, según el derecho y los Reglamentos generales:
para elegir y preparar a los formadores de las comunidades formadoras'
para elegir a los párrocos (27 R);
para mandar temporalmente a algún hermano a otra inspectoría (151 R);
para nombrar secretario inspectorial (159 R);
para crear oficinas, secretariados y comisiones asesoras o de actividades pastorales de ámbito inspectorial (160R);
para incoar el proceso de dimisión de un socio (CIC, can. 697).[50]
158. Cuando en el Consejo inspectorial se trate de problemas de importancia especial sobre una casa, procúrese conocer la opinión de la comunidad interesada.[51]
159. Al servicio del inspector y su Consejo actúa un secretario con función notarial.
Interviene en las sesiones del Consejo sin derecho a voto, a menos que sea uno de los consejeros, y levanta acta. Está al frente del archivo inspectorial; se encarga de recoger y registrar los datos estadísticos. Lo nombra el inspector, oído el parecer de su Consejo, y permanece en el cargo a voluntad del superior.[52]
160. Corresponde al inspector, oído el parecer de su Consejo, crear oficinas, secretariados y comisiones asesoras o de actividad pastoral de ámbito inspectorial.[53]
161. Las elecciones de los delegados de las comunidades locales para el capítulo inspectorial, y de los delegados de las inspectorías para el Capítulo General, se harán individualmente con votación secreta, a tenor del artículo de las Constituciones.[54]
162. Una vez elegidos los delegados, se elegirá a otros tantos suplentes que los sustituyan, si se ven definitivamente impedidos de asistir al capítulo inspectorial o General. Las modalidades de suplencia para el Capítulo General serán determinadas por el capítulo inspectorial.[55]
163. En cuanto a las comunidades locales con menos de seis socios profesos, si las circunstancias lo permiten, disponga el inspector que se reúnan bajo la presidencia del director más antiguo en primera profesión, de modo que lleguen al número mínimo de seis. Así reunidos, elegirán al delegado para el capítulo inspectorial y al suplente, según norma de los Reglamentos generales.
Pero si, por circunstancias especiales, los socios de una casa que no tiene seis profesos, por lo menos, no pueden reunirse con los de otra casa que esté en las mismas condiciones, lo harán, de acuerdo con el inspector, con los hermanos de otra casa de seis o más profesos y, junto con ellos, con derecho activo y pasivo, procederán a elegir al delegado y al suplente.[56]
164. Además de cuanto prescribe el artículo 165 de los Reglamentos generales, la vocación
por carta se admite, a juicio del inspector:
cuando, por la distancia u otras razones graves, los socios de comunidades que no llegan al mínimo de seis profesos no pueden juntarse entre sí, ni acudir a una casa con seis o más profesos con objeto de elegir al delegado para el capítulo inspectorial;
uando un miembro del capítulo inspectorial no puede asistir a la elección del delegado de su inspectoría para el Capítulo General.[57]
165. Para elegir a los delegados de la comunidad inspectorial, téngase en cuenta:
Concluida la elección del delegado de cada casa, el inspector comunicará a los hermanos los nombres de los elegidos, y presentará la lista de los hermanos profesos perpetuos de la inspectoría elegibles para el capítulo inspectorial. Dicha lista incluirá también a los hermanos que, por motivos legítimos, están ausentes temporalmente, y excluirá a los de otras inspectorías que se encuentren presentes por idénticos motivos;
los hermanos que, por motivos legítimos, están temporalmente fuera de la inspectoría, participarán en la elección del delegado de la comunidad en que residen. En cambio, para elegir a los delegados de la comunidad inspectorial, recibirán de su propio inspector la papeleta correspondiente, y se la devolverán debidamente cumplimentada;
el número de los que hay que elegir es de uno por cada veinticinco hermanos de la inspectoría o fracción de veinticinco. Para calcular este número se cuenta a los profesos perpetuos y temporales, así como a los hermanos que temporalmente estén ausentes por motivos legítimos;
todo hermano con derecho a voto recibirá de su inspector una papeleta, en la que podrá escribir tantos nombres cuantos son los que hay que elegir;
la recogida de papeletas corresponde al inspector, que procurará garantizar el secreto del voto;
el escrutinio de las papeletas lo harán escrutadores nombrados por el inspector. Resultarán elegidos los que, en orden sucesivo, alcancen el mayor número de votos. Si hay empate de votos, se considerará elegido el más antiguo en profesión o, en último término, el de más edad;
si el suplente de una comunidad sale elegido en la lista inspectorial, la comunidad se reunirá de nuevo para elegir al sustituto. Si uno de los elegidos en la lista inspectorial no puede asistir al capítulo, lo sustituye el primer socio no elegido que haya recibido mayor número de votos.[58]
166. Se han de considerar legítimamente ausentes de la propia inspectoría:
los hermanos que, mandados expresamente por su inspector, por razón de salud, estudios u otras incumbencias, residen provisionalmente en casas de otras inspectorías;
los hermanos que han recibido permiso de absentia a domo, sin renunciar a sus derechos de voz activa y pasiva;
los hermanos que, con permiso de absentia a domo, han tenido que renunciar a sus derechos de voz activa y pasiva; sin embargo, estos últimos, aunque deben ser contados para aplicar el número 3 del artículo 165 de los Reglamentos generales, no forman parte de las listas de elección mencionadas en los números 1 y 2 del mismo artículo.[59]
167. Además de cuanto prevé el artículo 171 de las Constituciones, corresponde al capítulo inspectorial:
estudiar y profundizar el informe del inspector sobre el estado de la inspectoría;
verificar el cumplimiento de las orientaciones dadas en el capítulo inspectorial anterior;
sugerir pautas y criterios para proyectar y reorganizar las obras de la inspectoría;
dar normas para el funcionamiento del capítulo inspectorial, según derecho (cfr. CIC, can. 632);
mandar propuestas al regulador del Capítulo General.[60]
168. El inspector, con el consentimiento de su Consejo, tiene facultad para nombrar regulador e invitar al capítulo inspectorial a salesianos y no salesianos como peritos u observadores, sin derecho a voto.[61]
169. En las elecciones, consultas y nombramientos, téngase en cuenta la conveniencia de que la composición de los capítulos y Consejos refleje, con presencias significativas, la complementariedad de laicos y clérigos propia de nuestra Sociedad.[62]
XII. Servicio de la autoridad en la comunidad local
El director y su Consejo
170. Las modalidades de la consulta para nombrar directores las determinará el inspector con el consentimiento de su Consejo, teniendo en cuenta las posibles indicaciones del capítulo inspectorial.
Cuando se confirma a un director para el segundo trienio en la misma comunidad, no se requiere la aprobación del Rector Mayor indicada en el artículo 177 de las Constituciones.[63]
171. El servicio del director no supere, ordinariamente, el período de seis anos; después del cual cesa en este cargo al menos por un año.
Aun durante el mandato puede ser destinado a otro trabajo, si lo juzga necesario el inspector con el consentimiento de su Consejo.[64]
172. El director manténgase libre de ocupaciones que puedan comprometer las incumbencias fundamentales de su servicio a los hermanos. No se ausente de casa por tiempo considerable sin necesidad y sin ponerse de acuerdo con el inspector.[65]
173. Haga efectiva la corresponsabilidad y colaboración de los hermanos, según el espíritu de familia que quería Don Bosco. Respete sus competencias y, en clima de sana libertad, favorezca el ejercicio de las aptitudes y dotes personales, para lograr el fin común.
Haga funcionar, del modo más oportuno, la Asamblea de hermanos y el Consejo de la comunidad.
Promueva las reuniones que favorezcan la fraternidad, la puesta al día y la distensión.[66]
174. Programe con la comunidad la realización y revisión periódica de la vida de oración, dando cabida a iniciativas oportunas.
Garantice a los hermanos la posibilidad de confesarse frecuentemente y la libertad de dirección de conciencia.[67]
175. Inspirándose en las fuentes salesianas procurará que la comunidad profundice y viva de forma intensa nuestro espíritu. Para ello se servirá de la dirección espiritual comunitaria, las conferencias, las buenas noches y las reuniones.
Preocúpese también de que todos los hermanos conozcan los documentos oficiales de la Iglesia y de la Congregación.[68]
176. En las relaciones personales con los hermanos, sobre todo, muéstrese solícito por su salud y necesidades. Atienda de modo especial a los hermanos que están en período de formación inicial, a los ancianos, a los enfermos y a cuantos se encuentran en alguna dificultad.
Muestre interés también por los padres de los salesianos: considérelos especialmente unidos a la comunidad.[69]
177. Cuando muera un hermano, el director redacte cuanto antes la carta mortuoria. Mande algunos ejemplares a la secretaría general, a las inspectorías y comunidades interesadas y a las comunidades formadoras.[70]
178. Tenga en orden y al día el archivo, y escriba o haga escribir la crónica de la casa.[71]
179. Consciente de que es miembro de la comunidad inspectorial, informe al inspector, con sencillez y claridad, sobre la marcha de su comunidad.[72]
180. La frecuencia de las reuniones del Consejo local la determinará el mismo Consejo; pero ha de ser mensual, por lo menos. Además, deberá convocarse el Consejo siempre que el director lo crea necesario o lo pida al menos un tercio de sus miembros.
Notifíquese con anterioridad el orden del día. Levántese acta, que firmarán el director y los miembros del Consejo y se conservará en el archivo.
Informe debidamente el director a los hermanos sobre las decisiones de interés común.
Recuerden los miembros del Consejo que son solidarios en las decisiones tomadas y que, en cualquier caso, están obligados en conciencia al respeto de las personas y a la discreción sobre los asuntos tratados.[73].
181. Donde no haya Consejo local, el director deberá consultar al inspector cuando, según las Constituciones, se requiera el parecer o el consentimiento de dicho Consejo.[74]
182. El vicario es, habitualmente, responsable de uno de los principales sectores de las actividades educativas y pastorales de la comunidad.
Pero, ordinariamente, no vayan acoplados los cargos de vicario y de ecónomo.
Infórmese a la comunidad sobre las incumbencias habituales del vicario, que figuran en el artículo 183 de las Constituciones.[75]
183. El nombramiento del vicario, del ecónomo y de los responsables de los principales sectores de actividad en la comunidad, lo hace el inspector. Para nombrar vicario y ecónomo, oirá el parecer del director.[76]
184. Las principales incumbencias y deberes de la Asamblea de hermanos, en lo que se refiere a la comunidad, son:
buscar los medios adecuados para animar la vida religiosa y apostólica;
individuar y examinar los problemas más importantes;
programar anualmente la vida, las actividades y la puesta al día, y hacer su revisión;
tomar parte en la elaboración del proyecto educativo-pastoral;
informarse y reflexionar sobre la situación económica, teniendo tambien en cuenta la pobreza comunitaria;
Se convocará con la frecuencia que determine la misma Asamblea; pero hágase, por lo menos, tres veces al año.[77]
XIII.Administración de los bienes temporales
185. Donde se vea su necesidad, constitúyanse, en los diversos niveles, comisiones de hermanos que orienten y aconsejen en la solución de los problemas administrativos, en la compilación y examen de los presupuestos y balances, en la formulación de programas económicos y en la realización de proyectos de construcción. Utilicen también, para esto, el asesoramiento de profesionales no salesianos.
186. Para poder tener personal competente en el sector administrativo, organícense periódicamente, en el ámbito de una inspectoría o de grupos de inspectorías, cursos de especialización para ecónomos.
187. El dinero que, en la gestión de los diversos niveles, supera el empleo inmediato, deposítese convenientemente en cuentas bancarias, abiertas a nombre de entidades o instituciones de la Sociedad, y no a nombre de persona física. Tales cuentas tengan tres o, al menos, dos firmas reconocidas, con la posibilidad de operar separadamente. Cuando el superior responsable lo estime oportuno, se operará sólo conjuntamente.[78]
188. Están prohibidas las siguientes operaciones a favor de terceros: conceder préstamos, salir fiador, contraer obligaciones, avalar o librar letras de favor, gravar con hipotecas bienes de la Sociedad, y otras semejantes.
189. Con relación al personal externo, es obligatorio tener en regla los documentos de contratación, cumpliendo todos los requisitos de previsión, asistencia y seguridad conforme a las leyes vigentes en la nación, y asignando a cada uno la retribución que le corresponda.
Es, asimismo, necesario estimular y tener al día las pólizas de seguro contra posibles riesgos de inmuebles, cosas y personas, según las modalidades que estimen oportunas los superiores competentes.
190. Se encomienda a los capítulos inspectoriales la formulación de normas detalladas referentes a la administración inspectorial y local. En particular, se darán directrices:
sobre el protocolo, el archivo administrativo de actos públicos, contratos, testamentos, registros, libros de cargas, inventarios, etc.;
sobre la documentación patrimonial, la custodia de valores y documentos importantes;
sobre los legados de culto y las becas de beneficencia;
sobre la contabilidad y la unificación administrativa de los distintos sectores de una obra;
sobre las relaciones económicas entre la parroquia y la casa, en conformidad con el derecho universal y las Constituciones;
y cualquier otra norma que aconseje la experiencia local.
El capítulo inspectorial puede delegar esta incumbencia en el inspector con su Consejo.[79]
191. El socio que sin autorización de la, autoridad competente contraiga deudas o cualquier otra obligación, será el único responsable, sea cual fuere el cargo que desempeñe. La Sociedad, la inspectoría o la casa no adquieren ningún compromiso al respecto.
La entidad-inspectoría o casa-que contrae un préstamo, aunque lo haga con autorización, es la única que responde de su amortización. Inclúyase esta cláusula en el contrato de préstamo.[80]
192. El ecónomo general supervisa, para toda la Sociedad, las operaciones indicadas en el artículo 188 de las Constituciones.
Controla las administraciones de las inspectorías y casas; examina, en particular, el balance anual, enviado según indica el artículo 196 de los Reglamentos generales.
Da cuenta de su administración al Rector Mayor y su Consejo por lo menos una vez al año, y siempre que se lo pidan.[81]
193. El ecónomo inspectorial administra los bienes que no pertenecen a una casa determinada de la inspectoría y los confiados por los socios a la Congregación; supervisa y controla la administración de cada una de las casas.
Ejerce estas funciones bajo la dependencia del inspector, el cual decidirá, con el consentimiento de su Consejo, sobre las operaciones que contempla el artículo 188 de las Constituciones y sobre otras de considerable importancia.[82]
194. El ecónomo inspectorial se pondrá de acuerdo con el inspector:
para ayudar a los ecónomos locales en el exacto cumplimiento de su función y para coordinar las iniciativas de ámbito inspectorial;
para examinar, en visitas a propósito, el estado patrimonial de las casas y el modo de llevar la administración y cuidar el mantenimiento y las condiciones higiénicas de los locales;
para convocar una reunión anual de los ecónomos locales;
para exigir que se mande a tiempo el balance administrativo anual y los informes periódicos, en módulos enviados para el caso;
retirar de las casas las aportaciones de que habla el artículo 197 de los Reglamentos generales.[83]
195. Forma también parte de los derechos y deberes del ecónomo inspectorial controlar todas las construcciones que se realizan en la inspectoría, aun cuando se refieran a casas ya existentes y deban ser hechas bajo la vigilancia del ecónomo local y la responsabilidad del director.[84]
196. Sea solícito el ecónomo inspectorial en informar, periódicamente, de su gestión al inspector y su Consejo, así como en hacer anualmente el presupuesto y el balance, para su debida aprobación.
El balance incluirá el movimiento financiero y la situación patrimonial de la inspectoría, más un resumen de los balances de cada casa; de dicho balance se enviará copia al ecónomo general, firmada por el inspector y su Consejo. [85]
197. El inspector, con cl consentimiento de su Consejo, determinará las cuotas que exijan las necesidades de la inspectoría, las notificará a las casas, y hará retirar el dinero que resulte sobrante.
Preparará un plan periódico de solidaridad económica entre todas las casas de la inspectoría, con objeto de ayudar a las más necesitadas y hacer frente a las obras y adquisiciones extraordinarias programadas en el capítulo inspectorial.
Proveerá también a la solidaridad con la comunidad mundial, especialmente en las ocasiones y modos pedidos por el Rector Mayor y su Consejo.[86]
198. La gestión de los bienes materiales de la casa está confiada al ecónomo local, que actuará bajo la dependencia del director y su Consejo.
Cualquier movimiento económico-financiero de los distintos sectores de la casa, incluido el del director, debe reflejarse en el departamento administrativo, que se organizará según su importancia y complejidad.
También los hermanos encargados de obras que por estatuto o convenio tienen su propio consejo de administración, deben dar cuenta de su gestión a los superiores religiosos. La misma norma hay que seguir cuando la comunidad y la obra tienen separadas sus administraciones.[87]
199. Es deber del ecónomo llevar la administración con diligencia y exactitud.
De acuerdo con el director proveerá a las compras, cuidará del personal externo y los contratos de seguros, vigilará para que no haya abusos ni despilfarro de ningún género, cuidará del aspecto material de la casa, y hará que los locales se conserven con sencillez, funcionalidad, orden y limpieza.
El director se informará a menudo, de toda la situación económica de la casa.[88]
200. Quedando en pie cuanto dispone el artículo 188 de las Constituciones, el director y el ecónomo no harán modificaciones ni afrontarán soluciones de problemas económicos ni tomarán ninguna otra iniciativa de considerable importancia, sin el consentimiento del Consejo local y sin la autorización del inspector y su Consejo.[89]
201. El director y el ecónomo cumplirán con solicitud sus obligaciones financieras con el inspector en la cuantía establecida, y le transferirán el superávit del ejercicio anual, como indica el artículo 197 de los Reglamentos generales.[90]
Pondrán también especial atención en cumplir los compromisos asumidos y en pagar las deudas contraídas, tanto con las obras salesianas como con los de fuera.
202. El ecónomo estará siempre dispuesto a presentar su gestión al director y al Consejo. Al inspector y al ecónomo inspectorial les dará cuenta de su administración una vez al año, y siempre que se lo pidan.
En la forma y tiempo más oportunos, especialmente cuando se trate de programación y de presupuestos y balances, hará partícipe a toda la comunidad de la situación económico-financiera, ordinaria y extraordinaria, de la casa.[91]
Reglamentos Generales 2014 es (res. SDB)
Fecha | 18-03-2016

References: artículo 190
 artículo 187
 artículo 70
 artículo 132
 artículo 107
 artículo 143
 artículo 156
 artículo 141
 artículo 162
 artículo 188
 artículo 165
 artículo 165
 artículo 171
 artículo 177
 artículo 183
 artículo 188
 artículo 196
 artículo 188
 artículo 197
 artículo 188
 artículo 197