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Timestamp: 2018-03-20 17:40:31+00:00

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Anna de Cordorniú y Ana de Altún | Tavira y Botella
por botellaytavira | Oct 5, 2017 | Artículos | 0 Comentarios
El Tribunal General de la Unión Europea, acaba de resolver el procedimiento que desde 2013 enfrenta a dos bodegas por el signo que identifica a uno de sus productos estrella. A pesar de que el inicio de este litigio se remonte, como se ha dicho a 2013, no ha sido hasta el pasado 18 de Septiembre, cuando el Tribunal se ha pronunciado al respecto.
Las dos marcas enfrentadas son Ana de Altún y Anna de Codorniú, ambos signos para la clase 33:
En un primer momento, después de que CODORNIU presentase una oposición contra la solicitud de registro de ANA DE ALTUN, la división de Oposición le dió la razón y estimó en su totalidad la oposición presentada, pero tiempo más tarde, fue la Segunda Sala de Recurso de la OAMI quién estimó el recurso presentado por la bodega alavesa contra la resolución de la división.
Ahora, el Tribunal General de la Unión Europea ha anulado la resolución de la EUIPO que declaró que no existía riesgo de confusión entre la marca figurativa Anna de Codorniu, y la marca Ana de Altún.
Veamos, en que signos, se basó la oposición:
– la marca figurativa española presentada el 14 de septiembre de 2009 y registrada el 4 de marzo de 2010 con el número 2 891 666, para los productos comprendidos en la clase 33 que corresponden a la siguiente descripción: «Bebidas alcohólicas (excepto cervezas)», reproducida a continuación:
– la marca denominativa española ANNA DE CODORNIU, presentada el 6 de agosto de 1963 y registrada el 20 de febrero de 1964 con el número 1044621, para los productos comprendidos en la clase 33 que corresponden a la siguiente descripción: «Vinos de cava y, en general, vinos espirituosos y licores»;
– la marca denominativa de la Unión ANNA DE CODORNIU, presentada el 3 de marzo de 1999 y registrada el 7 de febrero de 2000 con el número 1093921, para los productos comprendidos en la clase 33 que corresponden a la siguiente descripción: «Bebidas alcohólicas (con excepción de las cervezas)».
Como puede apreciarse, Codorniu basó su oposición en dos marcas denominativas y una figurativa.A primera simple vista, para muchos ambos signos pueden ser completamente diferentes, pero para el Tribunal son practicamente idénticos:
La Sala de Recurso consideró que los productos de que se trata eran idénticos y que los signos en conflicto eran escasamente similares a nivel visual y fonético y claramente diferentes a nivel conceptual. Concluyó, pues, que no existía riesgo de confusión y desestimó la oposición fundada en el artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009.
La Sala de Recurso desestimó igualmente la oposición sobre la base del artículo 8, apartado 5, del Reglamento n.º 207/2009, considerando al respecto que la marca solicitada no era idéntica ni similar a alguna de las marcas anteriores y que, por tanto, no existía ningún vínculo pertinente entre los signos de que se trata.
Ante la resolución, Codorniú recurrió a la Justicia europea, quien vuelca la resolución recurrida. La sentencia del Tribunal General, aunque muchos no la comparten, es de destacar en los siguientes puntos:
Respecto de la similitud entre los signos.
A nivel visual: dice el tribunal que aunque la comparación de los signos en conflicto revela una coincidencia entre las tres letras A-N-A, la Sala de Recurso actuó acertadamente al constatar, que se trata de signos diferentes en lo que respecta a los demás elementos denominativos y gráficos.
En efecto, en primer lugar, el elemento «ana» de la marca solicitada no es totalmente idéntico al elemento «anna» de la marca anterior, que contiene una letra «n» adicional.
En segundo lugar, mientras que la impresión visual global de la marca anterior analizada viene determinada principalmente por el elemento denominativo único «anna», la impresión de conjunto producida por la marca solicitada a nivel visual es la de un signo claramente más largo, por ser el resultado de la combinación de tres palabras, a saber, «ana», «de» y «altún».
Además, los elementos figurativos de las marcas de que se trata, aunque puedan parecer secundarios, no son insignificantes y sí muy diferentes. Si bien cuando una marca está compuesta por elementos denominativos y figurativos los primeros son en principio más distintivos que los segundos, ya que el consumidor medio se referirá más fácilmente al producto de que se trata citando el nombre de la marca que describiendo el elemento figurativo de ésta [sentencia de 9 de abril de 2014, MHCS/OAMI— Ambra (DORATO), T‑249/13, no publicada, EU:T:2014:193, apartado 61], los elementos figurativos de las marcas de que se trata no son insignificantes en el presente asunto. Es preciso, por tanto, tomarlos en consideración al comparar los dos signos en conflicto y constituyen un elemento más de diferenciación visual.
Por lo tanto, las marcas en conflicto resultan escasamente similares a nivel visual.
Es preciso desestimar, pues, las alegaciones de la recurrente según las cuales el término «ana» es el elemento dominante de la marca solicitada. Por lo tanto, procede aprobar la conclusión de la Sala de Recurso según la cual es imposible destacar en el signo impugnado componentes dominantes o con un papel autónomo.Habida cuenta de las consideraciones expuestas, procede afirmar que la Sala de Recurso no cometió error alguno al concluir que los signos en conflicto presentaban un escaso grado de similitud visual.
A nivel fonetico: procede señalar que la marca anterior analizada consiste en una sola palabra, compuesta por las dos sílabas «a» y «nna», mientras que la marca solicitada consta de tres palabras, que suman en total cinco sílabas, a saber, «a», «na», «de», «al» y «tun». Las cinco sílabas que integran la marca solicitada se distinguen así claramente, por la longitud, por el ritmo y por la acentuación, de las dos sílabas que componen la marca anterior analizada. Además, dado que el término «ana» no resulta dominante en la marca solicitada, nada obliga a presumir que la expresión «de altún» no se pronunciará. Es cierto que, como indica la recurrente, al solicitar oralmente el producto los consumidores podrían pronunciar sólo la primera palabra, «ana» [véase, por analogía, la sentencia de 8 de diciembre de 2005, Castellblanch/OAMI — Champagne Roederer (CRISTAL CASTELLBLANCH), T‑29/04, EU:T:2005:438, apartado 60]. Sin embargo, los consumidores están acostumbrados, en particular en el sector de las bebidas alcohólicas, a que los productos se designen frecuentemente con marcas que constan de varios elementos denominativos [véase, en este sentido, la sentencia de 18 de diciembre de 2008, Torres/OAMI — Gala‑Salvador Dalí (TG Torre Galatea), T‑8/07, no publicada, EU:T:2008:603, apartados 52 y 53].
Por lo tanto, en el presente asunto no existe razón alguna para presumir que en la marca solicitada no se pronunciará la expresión «de altún». De ello se deduce que, a nivel fonético, los signos en conflicto presentan, a causa del elemento común «ana», un grado de similitud que debe calificarse de escaso, como indicó la Sala de Recurso.
A nivel conceptual: la expresión «de altún» es poco frecuente. Además, como el nombre Ana es de uso corriente en España, la Sala de Recurso actúo acertadamente al estimar que la expresión «de altún» permitía que el consumidor identificara concretamente a la persona que daba su nombre a la marca impugnada.
Valorando la imagen gráfica de ambos signos: se trata de un signo que sin ser sus elementos figurativos dominantes, no son sin embargo insignificantes― son también muy diferentes conceptualmente.
En efecto, el elemento figurativo de la marca anterior analizada recuerda el busto de una mujer vista de espaldas y con la cabeza de perfil, mientras que el de la marca solicitada hace pensar en el pico nevado de una montaña. Así pues, estos elementos contribuyen igualmente a diferenciar a nivel conceptual las dos marcas de que se trata.
Hasta aquí, parece que el Tribunal General, daría la razón a la bodega alavesa, pues según el examen que realiza entre ambos signos, como se acaba de hacer mención, no conduce sino a confirmar que los signos presentan características tan distintas a todos los niveles que no daría lugar a que existiese riesgo de confusión/asociación alguno entre los consumidores:
La Sala de Recurso estimó que esta diferencia conceptual contribuía a compensar la similitud fonética y, aunque su conclusión sobre la similitud global de los signos en conflicto no sea expresa, del punto 48 de la resolución recurrida se desprende inequívocamente que ella dedujo de lo anterior que las marcas de que se trata eran diferentes
Ahora bien, si se sigue leyendo la sentencia, el Tribunal da un giro a su fallo final, pues a pesar de reconocer la diferencias entre los signos, en el presente asunto, se para y recuerda que:
“según la jurisprudencia, las diferencias conceptuales pueden neutralizar, en determinadas circunstancias, las similitudes visuales y fonéticas entre los signos en conflicto. No obstante, esa neutralización requiere que al menos uno de los signos de que se trate tenga un significado claro y determinado desde el punto de vista del público pertinente, de forma que ese público pueda captarlo inmediatamente [sentencias de 22 de junio de 2004, Ruiz-Picasso y otros/OAMI — DaimlerChrysler (PICARO), T‑185/02, EU:T:2004:189, apartado 56, y de 3 de junio de 2015, GIOVANNI GALLI, T‑559/13, EU:T:2015:353, apartado 95]”.
Para el tribunal, la expresión «ana de altún» de la marca solicitada no tiene un significado claro y determinado. Ciertamente, esta expresión, al igual que toda combinación de un nombre propio y un apellido, puede designar a una persona. Sin embargo, la capacidad de designar a cualquier persona (desconocida o incluso ficticia) no puede calificarse de significado «claro y determinado» (sentencia de 3 de junio de 2015, GIOVANNI GALLI, T‑559/13, EU:T:2015:353, apartado 96).
Ante la marca solicitada, el público pertinente puede suponer que el nombre Ana de Altún es el nombre de una persona real, pero desconocida, o bien que es el nombre de una persona ficticia: el significado de esta expresión de la marca solicitada resulta vago, y no es posible calificarlo de claro y determinado ni pensar que el público pertinente puede captarlo inmediatamente. Además, para el público español pertinente, las marcas en conflicto no pueden considerarse inspiradas por personajes célebres, como podrían serlo, por ejemplo, el pintor Pablo Picasso (véase, en este sentido, la sentencia de 22 de junio de 2004, PICARO, T‑185/02, EU:T:2004:189, apartados 55 y 56) o el personaje de cómic Obélix [véase, en este sentido, la sentencia de 27 de octubre de 2005, Éditions Albert René/OAMI — Orange (MOBILIX), T‑336/03, EU:T:2005:379, apartado 79].
Por lo tanto, la Sala de Recurso cometió un error al considerar que las diferencias conceptuales constatadas en el presente asunto podían neutralizar la similitud fonética entre las marcas en conflicto.
En ese sentido, el tribunal procede a anular en su totalidad la resolución recurrida y condena a BODEGAS ALTUN, S.L. a soportar las costas y las de la mitad de la bodega Cordorniú.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 8
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