Source: http://www.libertadidioma.com/2004/20040609.htm
Timestamp: 2018-11-19 22:17:05+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Miércoles 9 Junio 2004
11-M: no fue por Iraq Golpe a Al Qaida en Europa
Editorial La Razón 9 Junio 2004
De bruces con la ONU
BENIGNO PENDÁS ABC 9 Junio 2004
Moratinos se apunta al triunfo de Bush
EDITORIAL Libertad Digital 9 Junio 2004
Necedad de Moratinos
Lucrecio Libertad Digital 9 Junio 2004
EL NUEVO IRAK
Editorial ABC 9 Junio 2004
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 9 Junio 2004
José María Marco Libertad Digital 9 Junio 2004
El Bokabulario que desenmascara
Cristina Losada Libertad Digital 9 Junio 2004
Objetivo: el Poder Judicial
José Luis Manzanares Estrella Digital 9 Junio 2004
JOSEBA ARREGI El Correo 9 Junio 2004
Zapatero y el multilateralismo
Cartas al Director ABC 9 Junio 2004
Lección de Brasil a Carod Rovira
Luis María ANSON La Razón 9 Junio 2004
La ONU aprueba por unanimidad el plan que devuelve la soberanía a Irak
ALFONSO ARMADA. CORRESPONSAL ABC 9 Junio 2004
«Estuve dos años y medio preparando el 11-M: quería que fuese algo inolvidable»
J. M. Zuloaga / A. Villarino La Razón 9 Junio 2004
«El Egipcio» posee todas las llaves del 11-M
Juan C. Serrano/J. Rodríguez La Razón 9 Junio 2004
El CGPJ hará un informe sobre la ley del catalán y el PSOE da marcha atrás sobre las selecciones
Redacción La Razón 9 Junio 2004
11-M: no fue por Iraq "Golpe a Al Qaida en Europa"
La detención en Milán del marroquí Rabei Osman El Sayed, alias «Mohamed el egipcio», es de una importancia capital para las investigaciones de la matanza de Madrid del 11 de marzo y, al mismo tiempo, representa un golpe en el centro neurálgico de la estructura de Al Qaida en Europa. Debemos, pues, felicitar de todo corazón a los policías, fiscales y jueces de Italia, Bélgica, Francia y España que, con toda seguridad, han conseguido evitar un atentado sanguinario en el corazón de Europa en vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo.
Aunque los posteriores interrogatorios deberán confirmarlo, todo indica que el objetivo se encontraba en Bruselas, donde han sido detenidos otros quince presuntos miembros de un grupo integrista, también de origen marroquí, preparado para actuar.
La detención de «El egipcio» pone por primera vez en manos de la Justicia a uno de los máximos responsables, vivos, de la tragedia de Atocha. A uno de los delincuentes que, por su posición en el entramado de Al Qaida, sabe cómo, dónde, cuándo y por quién se preparó el atentado. No en vano, Rabei Osman es el lugarteniente de Ben Laden en Europa y uno de los más activos reclutadores de terroristas islámicos. Él, según las investigaciones, se encargó personalmente de montar las mochilas-bombas que volaron los trenes de cercanías madrileños.
No se trata, sin embargo, de cantar victoria pese a la innegable importancia de la operación policial culminada ayer con éxito. Las redes de Al Qaida han demostrado de sobra su capacidad para reorganizarse y aún queda en libertad otro de los principales jefes en Europa: Amer el Azizi. Es preciso, por lo tanto, seguir en la misma línea de cooperación internacional, intensificando el intercambio de información entre los diferentes cuerpos de seguridad europeos. Si al Qaida no conoce fronteras; Europa, tampoco.
Es ya un hecho la nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre Iraq. Como era previsible, George Bush logró, a pesar de la escalada terrorista y de la revuelta de los chiíes de Al Sader, que se verificase antes del primero de junio el fin de la llamada Autoridad Provisional, que dirigía el estadounidense Paul Bremer, y el comienzo de la transferencia de poderes a un nuevo Gobierno iraquí. Alcanzado el hito, todo comienza a discurrir según lo previsto y la reducción de los ataques de la guerrilla junto al incremento de los atentados de Al Qaida parecen confirmarlo. Francia ha dulcificado sus posiciones y obtenido, tras el abrazo de Chirac y Bush en las playas de Normandía, algún retoque en el proyecto de declaración auspiciado por EE UU y el Reino Unido que, visto el resultado ¬las tropas de la coalición siguen sin estar obligadas a pedir permiso para actuar, y tan sólo, como novedad, deberán comunicar sus planes al nuevo Gobierno¬, tiene su verdadera importancia en las formas y en su empleo para consumo interno. Francia y Rusia pueden ahora, con las alteraciones alcanzadas, unirse al voto positivo del resto de los miembros del Consejo de Seguridad.
España ha decidido, según ha informado el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, votar en apoyo de la nueva declaración. Nuestra posición, al margen de las autocomplacientes declaraciones del señor Moratinos, y de otras voces del partido en el Gobierno, no parece ni sólida ni cómoda. Es más, llama poderosamente la atención esta postura en quienes ordenaron una retirada urgente de nuestras tropas desplegadas en Iraq, bajo la justificación de que «no habría una resolución de la ONU antes del 30 de junio». Es, en fin, difícil de entender que se retiren las tropas, con los perjuicios que ha supuesto para la imagen exterior de España, y que luego se apoye sin más la declaración en la ONU, sin hablar siquiera de la posibilidad de su vuelta. Y eso sin dar una sola explicación medianamente válida de por qué se dijo que no habría tal resolución, ni, al menos, contar quién pudo afirmar tal cosa a nuestros flamantes ministros. Por eso hoy estamos ya en condiciones de comprobar que no se nos ha dicho la verdad.
Por más vueltas que se le dé, nuestra política exterior no deja de dar tumbos desde el momento en el que Rodríguez Zapatero, en veinticuatro horas, se desdijo de lo dicho en su discurso de investidura y ordenó la vuelta de los soldados que retornaron entre el ondear de banderas del PSOE en los graderíos para que no hubiera dudas. Es fácil, a medida que pasan los días y visto el protagonismo absoluto que tiene en la campaña electoral para el Parlamento Europeo («Si me he traído las tropas de Iraq, que era más difícil, ¿cómo no voy a traer el agua a Valencia?»), que el abandono de la coalición militar formara el núcleo de la estrategia electoral del PSOE para ganar en las urnas el próximo domingo.
Por BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas ABC 9 Junio 2004
LA derrota fue inesperada, sin duda. También injusta, por muchas razones. El adversario no era gran cosa, como se empieza a comprobar antes de lo previsto. Era lógica la indignación de los primeros días, incluso el desconcierto. Es humano (demasiado humano, diría Nietzsche) el afán de reivindicación. Pero la derecha entiende mal la batalla de las ideas: aquí y ahora; siempre y en todas partes. El Partido Popular no perdió el 14 - M «por causa de» la guerra de Irak, sino por haber entregado sin lucha ese poder espiritual que determina el comportamiento de las clases medias un poco ilustradas. Nunca supo explicar las razones, aunque las había; más entonces que ahora. Era imposible afrontar aquellas horas dramáticas sin un previo discurso político. Paradoja cruel: después de actuar con honradez y no poca ingenuidad (convendría preguntar a Maquiavelo), resulta que está obligado a dar explicaciones. Y todo por dejarse guiar por falsos amigos y por confundir lealtades con arribismos. Era comprensible, insisto, la indignación de los primeros días, compartida entonces por nueve millones y mucho de ciudadanos. Algo falla sin embargo cuando llega la hora de repartir los restos del naufragio. Los votantes de buena fe rechazan el interés egoísta. Actúan por convicción y por sentimiento. La gente real, escribe con razón A. de Jasay, no está obligada a ser racional.
Tiempo de oposición. El futuro es depositario de esperanzas y temores. Dicen algunos que podría ser un paréntesis breve: nos gobierna un multipartido contradictorio que será víctima más pronto que tarde de sus diferencias insalvables. Esta versión interesada conlleva una estrategia torpe y de plazo corto: el que espera (bien colocado) debajo del árbol, recogerá el fruto sin esfuerzo. Imagen sesgada de una realidad compleja, apta para quienes disfrazan de doctrina la disputa interna por cuotas de poder. En cambio, los más sensatos se temen que aguarda una larga singladura. Gobierna, en efecto, un partido débil con un líder postmoderno. Pero el poder, por naturaleza, hace crecer a quien lo ejerce. De la sociedad civil, mejor no hablemos. En fin, faltaría más, el faro ideológico que ilumina las conciencias sigue en las manos de siempre: en el mismo sitio donde lo dejó, después de ocho años, el honorable centro reformista. Manipuladores, tal vez, pero gracias a que siembran en terreno abonado. Ahora la derecha jugará fuera de casa, tiene poco que ofrecer al oportunista de turno y apenas algún oasis de pensamiento libre rompe la procesión monótona del progresismo triunfante. La despensa sigue llena, por supuesto. Por tanto, no va a ser suficiente con reírse del talante... Dicta la experiencia que cualquier cambio de ciclo, natural en democracia, requiere en España una suerte de trauma colectivo. El cambio llega en 1996 después de una legislatura perdida y con el Estado en grave riesgo. Sucede en 2004 por consecuencia del atentado terrorista más sanguinario de la historia de Europa. No parece tan sencillo el expediente...
Hagamos, por tanto, cálculos a medio plazo. He aquí el haber del Partido Popular: un electorado fiel, una imagen de referencia, un líder valioso, un bagaje de gobierno muy positivo y, no se olvide, una base notable de poder territorial. Enfrente hay un adversario acaso endeble, pero hábil y escarmentado de las derrotas dulces. La política (una vez más, espejo de la vida) exige acertar con la dosis precisa. Cualquier defecto daña. Cualquier exceso mata. Conviene seguir el consejo prudente de J. Bentham, pionero del centrismo: «Busquemos solamente lo posible...»
Lo mejor, los electores. Personas de bien, que comparten un patriotismo natural y una honradez a toda prueba. Les disgustan las chapuzas y el tacticismo. En el extremo, podrían quedarse en casa por desengaño o decepción. Exigen firmeza en la defensa de una idea de España que deplora la deslealtad nacionalista y las contorsiones políticamente correctas. Prefieren un pacto con la parte más sana del PSOE antes que jugar al consenso ficticio con todos los grupos. Saben sumar: la cuenta sale muy bien en las europeas, donde el sistema electoral no concede ventajas artificiales y los partidos nacionales ganan por goleada. El PP debe garantizar, sin rigidez ni dramatismo, el modelo vigente y no legitimar con su presencia (y acaso con una abstención tardía) la legalidad de un salto en el vacío. Hay que procurar el pacto, por su orden lógico y con un contenido delimitado. Mejor para todos si el PSOE acepta. Si no, será preciso hablar muy alto y muy claro a los electores; a los propios y también a los ajenos. No sirven, en cambio, los requiebros de salón con objeto de ser admitidos, por la puerta pequeña, en el edificio sedicente de la modernidad y el progreso.
Liderazgo de ayer y de hoy. José María Aznar será una referencia imprescindible en un futuro próximo. En esta tierra de envidias e ingratitudes, le dará más juego el fracaso que el éxito prefabricado de aquella sucesión aséptica. Aquí gusta sin remedio la imagen doliente e irrita, por el contrario, la indiferencia eficaz. Con paciencia y buen control de los tiempos (su especialidad en los días de gloria), será reconocido como merece. ¿Cuándo? No hay que tener prisa: en España, la causa de la justicia siempre llega tarde. Mariano Rajoy es un líder respetable y respetado. Conjuga la flexibilidad con los principios. Inspira confianza y genera poco rechazo. Cuando se lo propone, es un buen orador, mucho mejor que su rival parlamentario. Tendrá que tomar decisiones durante y después del congreso del partido. Algunos, muchos tal vez, no regresarán a la tierra prometida. La política tiene su tiempo y, por fortuna, la partitocracia no es la única regla del juego. Asunto capital: la legitimidad del nuevo líder, rota la continuidad, empieza desde cero a partir del 14-M. En cuanto a viejos compromisos, más vale no dejarse llevar por fuegos artificiales que, a día de hoy, sólo sirven para iluminar la derrota. Por poner un ejemplo: la decisión sobre una comisión de investigación (si, cómo, cuándo) no debe depender de intereses ajenos y espurios.
Sigue el análisis. Cuando Irak sea sólo un mal recuerdo (al fin y al cabo, allá Occidente si se empeña...) guardará la memoria colectiva ecos positivos del gobierno popular. Algunos, desde Washington o desde Bruselas, otearán un panorama más despejado. Hará bien la oposición en guardar a buen recaudo cifras y argumentos. La diferencia se va a notar y el contraste dará frutos. Convendría, sin embargo, soltar algún lastre que empaña la herencia. No hace falta señalar: nos conocemos todos. Hay otro activo mayor. Gestiona el PP varias comunidades autonómicas y ayuntamientos principales. Deben ser modelo y aliciente. Prohibido jugar al control remoto en los feudos perdidos, con escaramuzas a cargo de persona interpuesta: el asunto no está para bromas.
Síntesis y reflexión final. El proyecto popular es garantía de la España constitucional, desde el Gobierno y desde la oposición. Tiempo, por tanto, para una oposición muy leal, capaz de pactar si se puede pero también de quedarse sola si se debe. Una etapa nueva se abre después del verano. Para bien o para mal, el 13 de junio, epílogo político de un año demencial, tiene un valor relativo. El candidato primero, Jaime Mayor, es -con diferencia- el mejor de los posibles. Sobre el resto de la lista y el orden de los factores, no es día ni hora de entrar en polémicas. La idea más atractiva que puede transmitir el Partido Popular: el futuro de España no va a depender nunca de un interés mezquino. Por fortuna, en democracia siempre hay una nueva oportunidad.
El presidente de EE UU, George Bush, ni ha podido ni ha querido disimular su satisfacción por la nueva resolución de la ONU que, con el apoyo de Francia y Alemania, da un nuevo espaldarazo a la intervención aliada en Irak y a su objetivo de establecer, contra viento y marea, un régimen democrático en aquel país. Lograr ese objetivo no sólo requirió en el pasado la presencia de unas tropas que acabaran con la dictadura genocida de Sadam Husein sino que también las exige ahora para que la transición a la democracia no quede abortada por una involución del terror.
Otra buena noticia para la causa de la libertad y la democracia en el mundo la ha constituido la liberación por parte de las tropas aliadas de cuatro europeos —tres italianos y un polaco— que habían sido secuestrados en Irak a manos de terroristas que exigían por su libertad la retirada de tropas que sus respectivos gobiernos tienen desplegadas en aquel país.
No menos satisfactorio ha sido, por último, la detención este martes en Italia de uno de los “cerebros” del 11-M quien estaba planeando una nueva masacre en Europa, así como la operación antiterrorista desarrollada en Bruselas que ha dado como resultado la detención de quince terroristas islámicos que también reivindicaban la retirada de tropas de Irak planeando nuevas matanzas en territorio europeo.
Lo que no ha resultado satisfactorio sino patético son los desvergonzados esfuerzos de nuestro Ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, por tratar ahora de convencernos de que nuestro Gobierno no ha quedado en mal lugar después de haber precipitado su decisión de dejar en la estacada a nuestros aliados en Irak tras señalar Zapatero que era imposible que la ONU sacara adelante una nueva resolución que legitimara la presencia de tropas aliadas en Irak.
No sabemos si a Zapatero le tomaron el pelo -también en esto- el eje franco alemán. Pero lo cierto es que tanto Francia como Alemania han apoyado ahora la propuesta de resolución angloamericana. El Gobierno socialista español, por no dejar en evidencia su soledad, ha corrido también a respaldar la resolución auspiciada por Bush, Blair y que, de seguir en el Gobierno, también gustoso hubiera impulsado Aznar...
Pero una cosa es evidente. La resolución de marras, afortunadamente, ni transfiere la gestión política a la ONU ni traspasa el mando militar a un soldado no estadounidense, tal y como reclamaba Zapatero tal vez pensando que lo iban a exigir Chirac y Schröder como condición sine qua non para estampar su firma.
Apelar que la resolución no cumple esas condiciones para justificar la precipitada retirada de tropas es una hipocresía cuando, al mismo tiempo, se vota a favor de la misma. Francia y Alemania acercándose a EEUU y sus aliados puede estar ahora en el mismo punto en que se encuentra España alejándose de ellos. Pero eso no obsta para reconocer que España, abandonando a los pioneros tres días después del 11-M, ha tomado la dirección opuesta hacia la que se dirigen ahora los últimos rezagados.
Maquiavelo era un sabio. Y una de las más pasmosas inteligencias políticas de un tiempo y una geografía sobresaturados de diplomáticos deslumbrantes. Él, que de política lo supo todo, cifra el arte de ese milagro florentino, en una conmovedora carta al, antaño poderoso, Piero Soderini, después de la caída de ambos: “aquel que fuese lo bastante sabio para conocer los tiempos y las circunstancias y ajustarse a ellos, tendría siempre a la fortuna de su lado, se hallaría siempre al abrigo de la desdicha, y haría verdadero el dicho de que el sabio impone su mando a las estrellas y a los hechos”.
En política, ignorar plazos y circunstancias es ser, sin más, un necio.
Moratinos no es ciertamente un sabio. De ahí a la estupidez total, hay, sin embargo, un trecho. Porque hasta la tontez más exuberante puede ser camuflada con un poquitín de discreción. El silencio es, las más de las veces, virtud mayor de los profesionales de la cosa diplomática.
Pero a Moratinos le pirra eso de hablar. Aunque sea para exhibir la propia incompetencia. Ejemplo, ayer. Francia acababa de sellar su acuerdo con británicos y estadounidenses para la aprobación de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU favorable a la participación internacional en la consolidación de la democracia en Irak. Justo lo que el tan insensato Zapatero proclamó metafísicamente imposible. Era el momento de guardar silencio y de ir preparando una discreta rectificación del disparate cometido. Después de las elecciones europeas, por supuesto, para evitar la fuga del precioso voto antiamericano que llevó a los de Rubalcaba hasta la Moncloa. Ni tiempos ni circunstancias fueron bien medidos, en la ridícula retirada española. La tarea diplomática debiera, pues, ajustarse a desdibujar la pifia.
Pero está claro que Moratinos no es Maquiavelo. Ni siquiera un pequeño funcionario florentino de quinta fila. “Nos adelantamos en el tiempo, al retirar las tropas”, reivindicaba ayer, como un mérito, sin darse cuenta de que no hay mayor desastre que el de una política internacional desajustada en sus plazos. A Moratinos alguien –tal vez, el tan amado colega Arafat – ha debido contarle eso tan inteligente de que, cuando la realidad no se ajusta a tus designios, no hay más que borrar la realidad. Y, con la mayor frescura, repetía ayer ese casi clínico delirio, conforme al cual “la evaluación socialista de los contactos informales de antes de tomar posesión demuestran que la ONU no se hace con la plena responsabilidad política y militar del proceso de transición”. ¡Pues menos mal que lo “demuestran”! Ahora, justo ahora, cuando todos se han puesto de acuerdo en pactar esas responsabilidades. Y cuando el carcajeante patrón de Moratinos se ha quedado tirado en medio de la pajolera calle.
En la Florencia de inicio del siglo XVI, lo hubieran tomado por un descerebrado. En la España de Bono y sus conmovedores retoños, a lo mejor hasta lo condecoran.
La aprobación por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de la resolución definitiva sobre el nuevo Irak abre la esperanza a una etapa de colaboración multilateral para afrontar crisis futuras. Ayer no estaba sólo en juego el reencuentro de dos potencias —Estados Unidos y Francia—, sino también la capacidad de la ONU para seguir asumiendo con eficacia las responsabilidades de su Carta fundacional. Y si algo ha reflejado el curso de las negociaciones para cerrar esta resolución es que el papel de pacificador y legislador mundial que se reclama para la ONU sigue dependiendo de la coincidencia de intereses de los cinco miembros permanentes, paradoja insuperable para quienes subliman el prestigio de esta organización, muy por encima de sus méritos reales. En todo caso, ha habido acuerdo sobre Irak con las condiciones que interesaban a EE.UU., a los países opuestos a la guerra y al Gobierno iraquí. Es posible interpretar la resolución en el sentido de que no da a la ONU el control político y militar de la situación, pero que así haya sido es coherente con la devolución de la soberanía a Irak y el reconocimiento de la legitimidad del Gobierno interino.
Lo incoherente era pedirle a la ONU una dirección que no quería tomar y, al mismo tiempo, exigir para Irak una soberanía que de las fuerzas ocupantes habría pasado a la ONU si se hubiera cumplido la primera condición. Por eso, esta nueva resolución ha optado por la vía directa de restaurar la soberanía de Irak, dando a Naciones Unidas el papel arbitral que le corresponde, y a las potencias ocupantes, la condición de fuerza multinacional bajo su amparo, que ya les fue reconocida en la resolución 1.511 (apartados 13 y 25).
Alcanzado este acuerdo, una valoración seria y con perspectiva de lo sucedido desde marzo de 2003 no puede ignorar la dimensión estratégica que tiene el surgimiento de una nueva democracia —incipiente e imperfecta, pero democracia al fin y al cabo— en una región aprisionada por repúblicas integristas, regímenes dictatoriales y monarquías feudales, que, antes o ahora, han actuado, todos, como patrocinadores u organizadores de grupos terroristas. Con estos vecinos, resulta un sarcasmo inadmisible afirmar que el nuevo Irak democrático se va a convertir en un vivero de terroristas o en una fuente de amenazas para las democracias occidentales. Para ganar la paz y derrotar al terrorismo, el mejor instrumento político es la democracia, y su extensión a todas las regiones del mundo debería ser el objetivo de este nuevo clima de entendimiento entre las potencias. El terrorismo integrista pudo no tener relaciones con la dictadura de Sadam Husein, pero lo importante es que, para el futuro, el nuevo Irak aparezca como un terreno hostil en el mapa terrorista de Al Qaida. Por las mismas razones por las que Bin Laden ha de sentirse defraudado, la resolución de la ONU también debe constituir una victoria para los millones de musulmanes que luchan por la democratización de sus Estados, cuyas aspiraciones de libertad y progreso son las primeras víctimas del integrismo violento. El mantenimiento de la discordia en el Consejo de Seguridad habría sido un motivo de desesperanza para quienes pretenden un cambio político del mundo musulmán.
La resolución ha sido fruto de un esfuerzo colectivo, acuciado por las necesidades de los ocupantes y de sus adversarios y también por las justas demandas del pueblo iraquí. En la trastienda de la negociación se han movido los intereses de los grandes Estados, y este acuerdo tendrá su repercusión en la posición internacional de todos ellos y, por supuesto, de España. Antes o después se notarán los efectos de que en las relaciones diplomáticas se prefiere antes al adversario coherente que al socio desleal. También se verá que, por razones de cálculo electoral y rentabilidad de imagen, el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha puesto a España fuera del carril por el que va a circular la cooperación de los Estados con capacidad de influencia. Si la repatriación de las tropas fue un error, la actitud con que el Gobierno socialista ha acogido la nueva resolución agrava las consecuencias de su torpeza. Zapatero ha dejado claro en varias ocasiones que no cree en la ONU. La primera vez, en el Congreso, cuando desde la oposición anunció que, con resolución de la ONU o sin ella, no apoyaría la intervención en Irak. La segunda, cuando en la declaración que anunciaba la repatriación de los soldados aseguró que tenía la certeza de que no habría resolución antes del 30 de junio. La tercera, cuando, con aire de suficiencia y en presencia del jefe de Gobierno danés, reprochó a la nueva resolución falta de ambición. Ningún dirigente democrático con criterio ha formulado objeciones similares.
La política exterior de España no puede quedar reducida a la diplomacia virtual que está desarrollando el nuevo Gobierno, satisfecho, según su ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, con creerse que la repatriación fue el detonante del acuerdo del Consejo o con exhibir aportaciones a la nueva resolución muy bien intencionadas, pero de segunda mano, porque ya estaban contenidas en resoluciones anteriores, como la aplicación del Derecho internacional humanitario a la fuerza multinacional (resolución 1.483, apartado 5) o el informe periódico que esa fuerza debe dar a la ONU (1.511, apartado 25). Entre la foto de las Azores y la irrelevancia absoluta en la que ha quedado España había un término medio que Zapatero ha desperdiciado.
El gobierno podrá disimular, negar, despistar, esconder y manipular, que es lo suyo. Pero ya todo el mundo da por hecho en Europa, en EEUU y en el mundo árabe, que los atentados del 11-M propiciaron el cambio de signo político en España. El modo en que se está planteando la hipótesis de un atentado islamista en América antes de las elecciones presidenciales demuestra que de aquella relación causa-efecto entre acto terrorista y vuelco electoral no dudan ni republicanos ni demócratas. Le guste o no a la izquierda española que violó la jornada de reflexión, moleste o no a los peones del “pásalo”, irrite o no a sus hegemónicos medios afines, que multiplicaron los efectos de la faenita por las ondas, la opinión pública mundial tiene una idea bastante clara de por qué Zapatero preside (¡legítimamente!) el gobierno español.
Bush lo ha expresado perfectamente al ser preguntado sobre el asunto en una entrevista en televisión. Ha dicho que lo que importa no es lo que piense él sino lo que piensen los terroristas. “Que los jefes de Al Qaeda digan: Bueno, quizá podamos influir en la elección de EEUU.” Exacto. Lo que importa, lo único que cuenta a efectos prácticos, lo relevante en cuanto al aumento del riesgo de atentados en Occidente, es lo que los terroristas creen. Y ellos creen que influyeron. Y por eso la seguridad occidental ha sido peligrosamente dañada.
La cuestión es por qué creen que influyeron. ¿No tendrá que ver con que nuestra izquierda presentara la matanza de Madrid como una respuesta a la política internacional de Aznar? ¿No será porque lo siguen haciendo todavía, a pesar de que la planificación del horror es anterior a la reunión de las Azores y de que Ben Laden ya había apuntado a España cuando reivindicó la masacre de Nueva York?
Los socialistas tendrán el poder (¡legítimamente!) y harán con él lo que saben hacer, pero el pecado original de la instrumentalización del 11 M los acompañará durante todo su mandato. De ahí su necesidad de bautizarse cuanto antes, el próximo día 13. El PSOE está luchando por mucho más que unos escaños en Europa; está tratando de redimirse.
Que la mancha está a la vista del mundo entero lo prueban los esfuerzos de Kelly por no contaminarse, por que nadie lo tome por un Zapatero. El candidato demócrata, con cuya comparación se complacía en marzo el líder español, ha enseñado los dientes y ha advertido en Seattle que su país está unido para destruir a Al Qaeda y que, si gana, localizará y aplastará sus redes.
Así que Kelly, en esto, es como Bush; no contempla el aislamiento ni las retiradas claudicantes, ni fomenta la autoinculpación nacional, ni considera meritorio huir, ni piensa dar un respiro a los terroristas. Los localizará y los aplastará, para lo cual se supone que tendrá que meterse donde estén; ellos y quienes los apoyan. Ahora mismo, la principal preocupación del adversario de Bush es convencer al pueblo norteamericano de que él no es Zapatero. Qué curioso.
El domingo 18 de abril, Zapatero recién elegido Presidente del Gobierno y sin consultar con su Consejo de ministros, declaró en La Moncloa que había ordenado la retirada de las tropas de Irak. En el debate de investidura, se había comprometido a retirar las tropas de Irak si antes del 30 de junio la ONU no se hacía cargo de la situación política y militar de Irak.
Ese mismo argumento lo retomó Zapatero el 18 de abril, recordando que ya “en marzo de 2003, hace más de un año” se había comprometido a la retirada de las tropas españolas. Pero en esa misma declaración del 18 de abril, Zapatero añadió otra cosa: “Con la información de que disponemos y que hemos recabado a lo largo de las últimas semanas, no es previsible que se vaya a adoptar una Resolución de la ONU que se ajuste al contenido al que quedó condicionada nuestra presencia en Irak. Tanto las manifestaciones públicas de los principales actores implicados en este conflicto, como los contactos mantenidos por el Ministro de Defensa a petición mía en el curso del último mes, no aportan indicios que permitan prever una variación sustancial en la situación política y militar existente en Irak en los plazos previstos y en el sentido reclamado por el pueblo español.”
Cuatro días antes de esta declaración, el 14 de abril de 2004, el enviado especial de la ONU en Irak, Lakhdar Brahimi, dio una conferencia de prensa en Bagdad. En una declaración pública, hecha ante los medios de comunicación, especificó el calendario que se estaba negociando en aquellos momentos. Era el siguiente. En las condiciones de Irak, era imposible celebrar elecciones, que deberían postergarse hasta enero de 2005. Hasta entonces, se preveía la puesta en marcha de un Gobierno. Ese Gobierno se haría cargo de la situación en Irak a partir del 1 de julio de 2004, y hasta las elecciones de enero de 2005. “Tenemos la confianza”, dijo Brahimi textualmente, “de que ese gobierno podrá ser puesto en marcha a tiempo, es decir durante el mes de mayo de 2004. Será un Gobierno liderado por un primer ministro y formado por hombres y mujeres iraquíes de reconocida honradez, integridad y competencia.” Además, tanto el actual Consejo de Gobierno como la Autoridad Provisional –el órgano de gobierno encabezado por Paul Bremer– “dejarán de existir el 30 de junio de 2004”.
Es posible que Zapatero no prestara el menor crédito a las palabras del representante de Naciones Unidas, que llevaba varios meses trabajando en Irak. Zapatero estaba en su derecho de no creerse nada de lo que dijera la ONU. Pero no es eso lo que Zapatero dijo a los españoles el 18 de abril. Lo que dijo, como ya se ha citado, es que no había indicios que permitieran prever una variación sustancial en la situación política y militar en Irak en los plazos previstos.
En contra de lo que dijo Zapatero a los españoles, esos indicios existían ya el 18 de abril. Eran indicios públicos y conocidos. ¿Acaso no los conocía Zapatero? ¿No le había informado nadie de los trabajos de Brahimi en Irak ni de las conversaciones mantenidas, ni de la declaración del 14 de abril?
¿O es que Zapatero mintió a los españoles?
Libro de Pedro Fernández Barbadillo
El "Bokabulario" que desenmascara
El PNV ha protestado por la presentación, en la Biblioteca Nacional, del libro Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos, obra de Pedro Fernández Barbadillo, quien, entre otras cosas, es colaborador de este periódico. El espesor de la máscara del lenguaje nacionalista es de tal magnitud, que los constitucionalistas vascos deben andar siempre con el bisturí para traspasarla y mostrar lo que hay debajo. La realidad así desvelada suele ser desagradable. No es extraño que los analizados se revuelvan con furia y anatematicen a quienes dejan al descubierto su entraña totalitaria.
En su petición de explicaciones al Ministerio de Cultura, el PNV dice que el libro es “xenófobo y sectario”. Hasta ahora, el término xenofobia servía para describir el odio o antipatía hacia los extranjeros. En el Bokabulario no hay más aversión a lo foráneo que la que rezuman los escritos del fundador del nacionalismo vasco y las declaraciones de sus seguidores. ¿Qué culpa tiene el autor de que un diputado del PNV dijera, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que "en la Edad Media vino a un pueblo de Euskadi llamado Ermua una oleada de ratas procedentes de España"? ¿O de que Sabino Arana nos describiera a los gallegos como “más brutos que arados”, y nos considerara el eslabón más bajo de de la simiesca y degenerada especie de los maketos? Todavía estamos esperando a que los nacionalistas vascos condenen las proclamas racistas de su primer profeta. Y las machistas. Esperemos sentados.
En un lugar donde el brazo político de la ETA pudo hacer campañas electorales en torno a palabras como “paz” y “libertad”, donde los asesinatos son “errores”, y oponerse activamente a los asesinos se llama “crispación”, toda imaginable perversión del lenguaje es posible. Incluida la humorada de que tachen a sus críticos de “sectarios” quienes sostienen que el que no comparte su ideología no es un “auténtico vasco”. Y que los que intentan acabar con la pluralidad de la sociedad vasca exijan que en la Biblioteca Nacional se refleje “respetuosamente la pluriculturalidad del Estado”. Como si las instituciones culturales que controla el gobierno vasco reflejaran algo diferente, no digamos opuesto, a la ideología nacionalista.
La propaganda nazi y la soviética se caracterizaron por suministrar, sin rubor alguno, la mentira al por mayor. No sólo en cantidad: sus muñidores sabían que se traga con menos facilidad una mentira “pequeña” que una “grande”. Hitler, cuando llegó al poder, aseguró que deseaba la paz y el desarme. La URSS se presentó igualmente como promotora de tan laudables objetivos, también con el fin de conseguir el desarme de sus enemigos. La familia nacionalista vasca se ha revelado pasable discípula de aquellos maestros. Como recuerda el Bokabulario, el PNV admiró en su día la sagacidad y el talento político del dictador alemán. Une mucho la creencia en la superioridad de una raza.
Los nacionalistas vascos, y otros, lograron uno de sus primeros y decisivos triunfos en el terreno del lenguaje. Consiguieron que se aceptara comúnmente que ellos, y sólo ellos, eran los auténticos representantes de los pueblos –míticos- en cuyo nombre decían hablar. Su monopolio es atacado por cuantos se aplican a desenmascarar la falsedad de su lenguaje. El PNV, con esta protesta, ha añadido una nueva costra de mentiras a las que en el libro salen a relucir. Si pudieran harían más: esa “hermosa hoguera digna de la Inquisición” que encendería la columnista de Deia, Carmen Torres, con todos los libros que se han publicado sobre el tema vasco. Adolf sigue dando ideas.
La unidad del Poder Judicial en España es constitucionalmente tan clara que sólo puede ser combatida por la vía indirecta de los recortes periféricos que vayan estrechando su contenido. De las razonables demandas autonómicas en algunas cuestiones se pasa así a las crecientes exigencias de ciertos nacionalismos que en casos extremos no ocultan sus aspiraciones separatistas. Se trata de ganar posiciones para conseguir en la práctica, dentro del respeto formal a las actuales reglas de juego, lo más aproximado a un Poder Judicial propio.
El Estado tiene competencia exclusiva sobre la Administración de Justicia según el art. 149.1.5º de nuestra Constitución, pero el Tribunal Constitucional distinguió entre aquella Administración, identificada como el Poder Judicial en sentido estricto, y la “administración” de la Administración de Justicia, apta para ser transferida a voluntad. Con otras palabras, los jueces estatales pueden depender de una Comunidad Autónoma en cuanto a los medios que precisen para el ejercicio de su función jurisdiccional. Abierta la caja de Pandora, y tras años de tanteos, amagos y avances consolidados, parece que ha llegado el momento de cuestionar la unidad del Poder Judicial desde todos los ángulos.
Puesto que los secretarios y el personal auxiliar de los tribunales no se integran en el Poder Judicial, poco sentido tendría mantener el carácter nacional de sus cuerpos funcionariales. Ya existe un órgano mixto en la Comunidad de Cataluña —creado unilateralmente por la Generalidad— en el que participan también los jueces. Ahora la Junta de Andalucía pretende ser quien fije el horario de los organismos judiciales. Lo accesorio decide sobre lo principal. El papel de oficio prescindirá de la palabra España para referirse a la Administración de Justicia de ______ (póngase aquí el nombre de la Comunidad que corresponda).
Si el castellano es la lengua oficial del Estado, si todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla, si el Poder Judicial es un poder del Estado, si su vértice es un Tribunal Supremo competente para toda España, si existe una mínima buena fe para facilitar el funcionamiento de las instituciones, si se desea evitar las demoras y los gastos de las traducciones, si además nadie se opone al uso de las lenguas oficiales en su respectiva Comunidad, no se comprende bien el deseo de primarlas frente al idioma común o de que, sencillamente, el castellano sea eliminado de la Administración de Justicia. Como decía Salvador de Madariaga, lo contrario de una bofetada en la mejilla derecha no es una bofetada en la mejilla izquierda.
Se han abierto nuevos frentes. El Tribunal Supremo, el Consejo General del Poder Judicial y la Fiscalía se encuentran ahora en el punto de mira de unas reivindicaciones que requerirían reformas o, al menos, sesgadas lecturas de la Constitución. Un Tribunal Supremo residual, un Consejo General del Poder Judicial con vocales a propuesta de las Comunidades (pero siempre dentro de la asimetría), una proliferación de hermanos menores del Consejo General del Poder Judicial. Un fiscal general en cada Autonomía. Por ahí van los tiros.
Es una de las palabras mágicas de la política vasca. Normalización. Y como todas las palabras mágicas está llena de polisemia. Para poder entender su significado es preciso atender a quién la utiliza, al contexto del discurso, a quién va dirigida, a quién se responde, contra quién es utilizada. Y a pesar de todo no siempre es posible conocer su significado exacto.
Normalización significa que la sociedad vasca no se encuentra en situación de normalidad, ni siquiera atendiendo a que la democracia puede ser definida, por ejemplo, como la organización y la institucionalización, la reglamentación si se quiere, de situaciones no normales. La sociedad vasca se encuentra en situación de anormalidad en otro sentido. Este otro sentido posee una primera significación difícilmente contestable: en su seno se ejerce la violencia terrorista. Y porque hay terrorismo hay víctimas. Y existen personas que viven bajo amenaza, con miedo por su propia vida. Y existen todas las consecuencias que la presencia de la violencia terrorista impone a una sociedad, aunque ésta se empeñe en no querer verlas.
Pero este primer y presuntamente evidente sentido de la falta de normalidad de la sociedad vasca deja de serlo en el mismo momento en que se formula. Porque inmediatamente surge la voz que dice que la existencia de la violencia terrorista es manifestación de una situación previa de no normalidad. Para esta voz es necesario normalizar primero la situación política de la sociedad vasca, porque de esa normalización se derivará la desaparición de la violencia terrorista.
Aparentemente la mayoría de la sociedad vasca ha llegado a una conclusión: no es legítima la conexión que traza esa voz entre normalización y pacificación. La normalización de la sociedad vasca debe ser planteada con independencia de la pacificación. Para ésta basta con que ETA cumpla lo que le exige la mayoría de los ciudadanos vascos, que deje para siempre las armas. Ya hablaremos de normalización en un contexto sin terrorismo. Esta conclusión de desligar normalización de pacificación es todavía demasiadas veces aparente, porque los proyectos políticos se siguen planteando, véase el plan Ibarretxe, como el único camino para acabar de una vez con la violencia. Y esa conclusión, además de ser aparente, oculta la verdadera y doble conexión que es preciso establecer entre violencia terrorista y normalización: no cualquier modo de normalización es legítimo dada la apropiación que la violencia terrorista ha hecho de algunos proyectos políticos, en primer lugar; y, en segundo lugar, la verdadera normalización, la única que de verdad merezca ese nombre, está en la desaparición de la violencia terrorista.
En cuanto a la primera conexión, es preciso recordar que no habrá normalización de la sociedad vasca obviando el significado político de la víctimas del terrorismo. Habrá que seguir recordando la verdad política de las víctimas, su verdad objetiva y pública, la que ETA ha inscrito en ellas a sangre y fuego -nunca mejor dicho- al instaurarlas como víctimas. Pero vayamos a la segunda conexión: la normalidad de la sociedad vasca radica básicamente en que desaparezca la violencia terrorista. A partir de esa desaparición la sociedad vasca sería una sociedad normal, con problemas y con mecanismos democráticos para resolverlos.
Es cierto que la voz citada anteriormente, en una de sus transformaciones milagrosas dice que los problemas de normalización siguen existiendo, de forma aún más manifiesta, una vez desaparecida la violencia. Quisiera plantear la hipótesis de que quizá las cosas pudieran ser totalmente distintas, para lo cual vendrá bien analizar en qué consiste la necesidad de normalización. Porque, con el paso del tiempo, uno va teniendo la sensación de que lo único que necesita ser normalizado en la sociedad vasca es la necesidad misma de normalización, que, dicho de otra manera, la normalización pasa por deconstruir la necesidad de normalización, por reconsiderar en sus mismos supuestos el discurso de la necesidad de normalización. Me explico.
El discurso de la normalización aún pendiente en la sociedad vasca parte de una serie de supuestos: España está hecha como nación, Euskadi todavía no; la organización del poder se lleva a cabo a partir de sujetos políticos claramente definidos, homogéneos en su voluntad de ser sujetos políticos; la articulación de la política sólo es posible según los principios que conducen al Estado nacional; la soberanía es el eje nucleador de la articulación política; las naciones -y el sentimiento de pertenencia a ellas- son el sujeto político básico de la articulación política; la articulación de la Europa unida camina hacia el reconocimiento de estas unidades políticas básicas que son las naciones; no se puede hablar de naciones sin plantear algún tipo de homogeneidad: lingüística, cultural, estatal o por lo menos de sentimiento de pertenencia exclusivo.
¿Qué pasaría si todo ello fuera verdad, pero menos? ¿Qué pasaría si la normalidad consistiera en que esas cuestiones no se plantean con la gravedad, con la obsesión, con la carga de exclusividad con la que se plantean en la sociedad vasca? ¿Qué pasaría si fuera importante la existencia de naciones, y que para ello fuera importante el sentimiento de pertenencia, pero con matices, junto a otros elementos, junto a otras prioridades? ¿Qué pasaría si lo importante no fuera la definición clara, a poder ser en clave de algún tipo de homogeneidad, de los sujetos políticos colectivos como eje articulador de la política, sino la existencia de reglas, instituciones, procesos y normas que permitan la libertad personal, el derecho de ciudadanía y las referencias culturales, identitarias y colectivas mínimas para ello, pero sin convertir a éstas en sustancias metafísicas con valor en sí mismas, sino como instrumentos coadyuvantes a la libertad individual y a los derechos de ciudadanía?
El problema de la necesidad de normalización en la sociedad vasca radica en que se haya convertido en tan importante, tan vital, tan decisivo saber en qué grados somos sólo vascos, sólo españoles, ambas cosas, en qué gradaciones, con qué mezclas. El problema radica en que se perciba como no normal una situación en la que existen -con refrendo en la naturaleza de las instituciones- distintas formas de vivir el sentimiento de pertenencia, sentimientos de pertenencia complejos, plurales, formas distintas de vivir el ser vasco, maneras diversas de considerar lo nacional, muy distintos grados de intensidad en la preocupación por esas cuestiones.
Lo no normal en la sociedad vasca es vivir en la preocupación permanente por esas cuestiones, en mantener viva, sobreexcitada y en alerta constante la cuestión de la adscripción identificatoria sobre lo vasco definido en puridad, olvidando que ningún grupo humano puede, a largo plazo, vivir en situación de alerta permanente sobre las cuestiones fundamentales, y que por esa razón termina por ritualizarlas en actos sueltos, desgajados de la práctica de la vida diaria: se es vasco en puridad al contestar a las diversas encuestas, a la hora de votar, en las fechas anuales de vivir con densidad la identificación con lo vasco en puridad -los ibiladia, kilometroak y demás festejos, además de los nombres-, aunque el discurrir de la vida diaria y su práctica habitualizada poco o nada tengan que ver con esa densidad de la identificación con lo vasco.
Si desapareciera la violencia terrorista, el elemento cristalizador de todas esas cuestiones en la densidad en la que parece obligada, quizá no fuera a ponerse de manifiesto en toda su fuerza la necesaria normalización aún pendiente de la sociedad vasca, sino que todas estas cuestiones volverían a ocupar el lugar que les corresponde en cualquier sociedad democrática: importantes sin exageración, instrumentales siempre en función de la libertad personal y de los derechos ciudadanos, opcionales en el marco de las posibilidades recogidas en la naturaleza de las instituciones. Y si desapareciera la violencia terrorista, la normalización de la sociedad vasca pasaría por percibir y valorar en toda su amplitud las posibilidades que los marcos institucionales actualmente existentes ofrecen para encauzar todas esas cuestiones siempre que no pretendan la exclusividad imposible en democracia. Pero entonces igual seríamos normales, aunque hubiéramos dejado de sentirnos importantes por tener pendiente un problema de normalización.
Cuando escribo estas líneas quizá ya se haya aprobado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas una nueva resolución sobre Irak, en la que se definirá un calendario de transición política y de presencia de fuerzas militares en aquel país. Esta resolución va a contar previsiblemente con el consenso de los miembros del Consejo, entre ellos España. Todo esto demuestra que la decisión de Zapatero de retirar las tropas de Irak fue precipitada; y no sólo eso, sino que, además, fue una decisión claramente oportunista, populista y tremendamente electoralista, convirtiendo a España en un auténtico convidado de piedra de la nueva situación internacional. Incluso Francia y Alemania, en cuyos brazos se ha arrojado Zapatero para «volver a Europa», adaptan su posición al nuevo escenario. La conclusión es clara: la comunidad internacional ha enviado un mensaje a Zapatero y su Gobierno, porque la aprobación de esta resolución conlleva una crítica implícita muy clara a la posición de España, por su decisión unilateral y desde luego nada multilateral. El multilateralismo se construye sobre tres ejes principales: debate, consenso y compromiso con los deberes internacionales. Está claro que Zapatero no ha cumplido con ninguno de los tres. Su pregonado multilateralismo no es más que un aislacionismo encubierto; porque, quien exige a la comunidad internacional a sabiendas de que lo que exige es inviable, no hace sino esconder sus verdaderas intenciones de abandonar. Y eso es lo que hemos hecho: abandonar a los iraquíes. Miguel Urrutia. Madrid.
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 9 Junio 2004
Mientras el Gobierno de la Generalidad, del que es árbitro y marionetero Carod-Rovira, ha erradicado la maligna plaga del castellano en la inmensa mayoría de las escuelas y colegios catalanes, de forma anticonstitucional; mientras la lengua de Cervantes sufre persecución en la judicatura, en la Administración, en la Universidad, en los hoteles, en los museos y en las más varias instituciones, Brasil, con cerca de doscientos millones de habitantes, ha establecido el español como segunda lengua de enseñanza y uso obligatorio.
Tarso Genro, ministro brasileño de Educación en un Gobierno de la izquierda pura y dura, el de Lula, ha declarado que «impulsará la ley que establece el español como segunda lengua». En Estados Unidos, primera nación del mundo, el idioma de Quevedo es también la segunda lengua, no sólo hablada sino elegida por los estudiantes anglohablantes como idioma preferido sobre el francés o el alemán. En la segunda potencia del mundo, Japón, el español es el idioma que eligen los estudiantes, tras el inglés, latín del siglo XX y primer idioma indiscutido.
El español, máximo tesoro cultural de España e Iberoamerica, se consolida como segundo idioma del mundo. La posición de Brasil es reveladora. En la América de la esperanza hay que saber inglés, español e informática. En vista de lo cual el aldeanismo de Carod-Rovira pretende erradicar el estudio y el uso del castellano en una parte de España. A la torpeza intelectual y cultural que esa posición supone, con grave daño para la juventud catalana, hay que añadir la catadura moral del personaje que se fue a visitar a Josu Ternera, ese hombre de Estado, para pactar con él: «Matad en España, si ésa es vuestra estrategia, pero no en Cataluña porque Cataluña no es España».
«Aceptable», fue la palabra que empleó el embajador francés ante la ONU, Jean Marc de la Sabliere, cuando se cruzó con su colega español a las puertas de la ONU
Los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU guardaron un minuto de silencio en memoria del ex presidente de EE.UU. Ronald Reagan, fallecido el pasado sábado. AFP
NACIONES UNIDAS. Las palabras «nueva era para Irak» y «nuevo comienzo» afloraban con facilidad ayer a los labios de diplomáticos y funcionarios de la ONU, aunque con cautelas como las del embajador español, Juan Antonio Yáñez Barnuevo, de que «dadas las circunstancias, era la mejor resolución posible». Una resolución adoptada por un Consejo de Seguridad unido que ayer puso legalmente fin a la ocupación que Estados Unidos y el Reino Unido iniciaron hace más de un año, devolvió la soberanía a Irak y autorizó la permanencia de una fuerza multinacional pedida expresamente por el nuevo Gobierno provisional iraquí y que estará al mando de un general estadounidense. Su mandato será revisado dentro de 12 meses, y en cualquier caso expirará cuando se complete el proceso político, con la elección, en diciembre de 2005, de un Gobierno plenamente democrático.
«Comparsa»
«Aceptable», fue la palabra que empleó el embajador francés ante la ONU, Jean Marc de la Sabliere, cuando se cruzó con su colega español a las puertas de la ONU, unas horas antes de que el Consejo de Seguridad adoptara por unanimidad la resolución 1546, patrocinada por Estados Unidos, el Reino Unido y Rumanía, que se sumó a última hora y que, como observó con sorna un diplomático, ocupa el lugar de «comparsa» que España desempeñó hace más de un año cuando Washington y Londres intentaron sin éxito que un Consejo dividido diera el visto bueno a la invasión de Irak.
EE.UU. y el Reino Unido dijeron entonces que no se podía seguir tolerando los desplantes del dictador, que las armas de destrucción masiva en manos de Sadam Husein eran una amenaza inminente para la paz mundial y que se había agotado el tiempo que los inspectores de armas de la ONU reclamaban para completar su tarea.
Tras el derrocamiento de Sadam Husein, una ocupación que no ha logrado pacificar Irak y que para muchos de sus críticos ha hecho el mundo más inseguro y ha atizado el resentimiento contra Washington y alimentado las huestes del terrorismo internacional, la resolución aprobada ayer crea las bases jurídicas que otorgan legitimidad a un Gobierno elegido entre el representante especial del secretario general de la ONU, Lajdar Brahimi, el procónsul estadounidense Paul Bremer III y el consejo provisional de gobierno seleccionado por las potencias ocupantes. Y, sobre todo, ofrece un formidable paraguas de legitimidad a la presencia de las tropas extranjeras.
Tras el atentado sufrido en agosto del año pasado en Bagdad, que hizo trizas la sede de la ONU y acabó con la vida de dos decenas de funcionarios de la organización, incluido Sergio Vieira de Mello, el representante especial del secretario general, las Naciones Unidas salieron del país y han mantenido una constante inquietud sobre el futuro del país sometido tras la invasión de Kuwait en 1991 a duras sanciones. Despreciada por la Casa Blanca, ha sido finalmente el Gobierno de George W. Bush el que volvió a depositar su confianza en la ONU para salir del atolladero de una posguerra que las imágenes de sus soldados torturando iraquíes no ha hecho sino emponzoñar todavía más. El embajador español dijo ayer que «en ningún momento se dieron las circunstancias pedidas por el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, para que las tropas españolas se mantuvieran en Irak. El secretario general de la ONU nunca llegó a ver ni a pedir una fuerza de las Naciones Unidas integrada por «cascos azules»».
Aunque China, Argelia, Rusia, España, Chile, Brasil y Alemania presentaron numerosas enmiendas al texto final, ha sido Francia el país que más objeciones planteó a los co-patrocinadores de la resolución, que después de invadir Irak frente a la opinión de buena parte del Consejo ahora parecían los más empeñados en poner cuanto antes fin a la ocupación, al menos formalmente, ya que la fuerza multinacional formada por 135.000 soldados estadounidenses y 30.000 de un puñado de países, encabezos por el Reino Unido, seguirá en Irak al menos durante un año. Su presencia se mantendrá, salvo petición en contra del «nuevo Gobierno soberano», hasta que se complete el proceso de democratización política, que si todo corre según el calendario político idealmente trazado finalizará en enero de 2006 con la elección de un Gobierno plenamente democrático.
La nueva resolución garantiza al nuevo Gobierno provisional toda la legitimidad que la organización y su Consejo de Seguridad puede proporcionar, reafirma la «soberanía, unidad e integridad territorial de Irak» y el «derecho del pueblo iraquí a determinar libremente su propio futuro político y ejercer control sobre sus propios recursos naturales».
Entre el «moderado optimismo» de algunos embajadores y funcionarios de la ONU, y la sensación de «frustración» por las heridas cosechadas por la ONU a lo largo del «terrible año de la guerra de Irak» que manifestaba de forma reservada algún antiguo miembro de la organización, que veía una mezcla de «enjuague y farsa» en toda la ceremonia, la votación trata de marcar una nueva realidad sobre el suelo de Irak que quite argumentos a la insurgencia.
«Hay que dar un escarmiento a Europa y vengar las muertes de nuestros hermanos de Leganés»
Detenido en Italia «El Egipcio», quien, según escuchas policiales, confiesa que el 11-M fue idea suya y que «me costó dos años y medio» planificarlo La Policía belga detiene a otros 15 integristas islámicos que preparaban un atentado
Rabei Osman Ahmed, conocido como «Mohamed el Egipcio», supuestamente implicado en la matanza del 11-M en Madrid y detenido ayer en Italia, confesó a un amigo en una conversación telefónica que los atentados fueron idea suya y que pretendía «que fuera una cosa inolvidable», según las escuchas policiales a que tuvo acceso la prensa italiana. Osman había dado instrucciones a varias células islamistas de Bélgica, Francia e Inglaterra con el fin de que cometieran atentados «para que la muerte de nuestros hermanos inmolados en Al Andalus no quede sin respuesta». Este individuo se refería a los terroristas que se suicidaron en Leganés y, según han informado a LA RAZÓN fuentes de la investigación, pedía un «escarmiento en Europa».
Madrid / Roma- «El atentado de Madrid fue un proyecto mío y los que han muerto mártires son mis queridísimos amigos», confesó «el Egipcio» a su amigo Yahía Mouad Mohamed Rajah, según las escuchas policiales a las que ha tenido acceso la prensa italiana. Rabei Osman, detenido en Milán y considerado uno de los cerebros de la masacre de Madrid, hizo esa confesión el pasado 26 de mayo a su amigo, al que estaba contando todos los pormenores del 11-M.
La conversación entre «el Egipcio» y su amigo Yahía fue la siguiente:
¬ «El Egipcio»: «El hilo de Madrid soy yo y aunque en el momento de los hechos no estaba allí, te digo la verdad. Antes de la operación, el día 4, tuve un contacto con ellos. No se te ocurra decir nada, yo me muevo en solitario, ellos trabajan en grupo».
¬ Yahía: «¿todos son mártires?»
¬ «El Egipcio»: «cinco han muerto mártires y a ocho les han detenido, son los mejores amigos, son amigos de corazón, fieles. Ya el día 4 comencé a proyectar a alto nivel, pretendí que fuera una cosa inolvidable, que me incluyera incluso a mí, ya que estaba dispuesto a saltar (por los aíres), pero me han parado y nosotros obedecemos a la voluntad de Dios. Pretendía una gran carga, pero no encontré el medio. Este proyecto me costó mucho estudio y mucha paciencia, he necesitado dos años y medio. No se te ocurra decir nada a nadie y no hables con Jail, de ninguna de las maneras, ni siquiera por teléfono».
¬Yahía: «¿ni siquiera con una tarjeta?».
¬ «El Egipcio»: «nada, de ninguna de las maneras. Que sepas que esto que te he dicho no lo sabe nadie en el mundo, todos mis amigos están muriendo uno tras otro, los hay que se han inmolado en Afganistán y conozco a muchas personas que están preparadas. Te digo que hay dos grupos preparados para el martirio. El primero parte el 20 y el 25 del mes próximo (junio) para Iraq, vía Siria. Son cuatro dispuestos al martirio. No digas nada a nadie, ni siquiera a Mohamed, aunque él sabe todo y conoce a todos los que parten el día 20. Pero tú no digas nada. ¿De acuerdo?».
En otro momento de la escucha policial, «el Egipcio» comenta a su amigo «lo que están haciendo a nuestros hermanos en Iraq», en referencia a las tropas de Estados Unidos. «Ves qué prisiones, qué humillaciones...; en esas condiciones, ¿no es mejor que uno muera antes que permanecer encarcelado?»
«El Egipcio» le cuenta también a su amigo el caso de una mujer, que dice llamarse Hotaf, posiblemente una kamikaze, pero que ha sido descubierta por la policía. «Es una mala noticia, pero el Islam vencerá», afirma, a la vez que señala que hay otras mujeres dispuestas a morir. «Basta avisarles y vienen», asegura.
Gracias a estas interceptaciones también se supo, siempre según lo filtrado a la prensa, que «el Egipcio» proyectaba nuevos atentados terroristas. Las acciones, que se podrían haber producido en pocos días, incluso antes de las elecciones europeas del próximo domingo, han quedado abortadas, al menos en lo que se refiere a la célula que ha sido desarticulada en Bélgica, con la detención de quince individuos; y en Italia, ya que, además de «el Egipcio», de nacionalidad marroquí, han sido arrestadas otras dos personas, entre ellas el palestino Yahia Panumi, propietario del piso en el que se escondía.
Las fuentes consultadas revelaron que la operación ha sido fruto de la colaboración de varias policías del Viejo Continente con un papel muy importante de la española.
Arresto. La detención de «Mohamed el Egipcio» se llevó a cabo en la madrugada del lunes al martes y en la operación participaron miembros de la Policía antiterrorista y de los servicios de inteligencia. El presunto terrorista fue arrestado cuando se disponía a entrar en su domicilio, donde le esperaban varios agentes.
Según fuentes del Ministerio de Interior italiano, «el Egipcio», de 33 años, fue identificado por la Policía española gracias al registro de llamadas de los teléfonos móviles pertenecientes a los arrestados en Madrid.
Puesta sobre aviso, la inteligencia italiana localizó al terrorista hace varias semanas, pero prefirió someterlo a una estrecha vigilancia en lugar de arrestarlo de inmediato, con el fin de reunir más pruebas y pistas sobre las células europeas de Al Qaida. Al parecer, los agentes encargados de seguir la pista de este individuo empezaron a sospechar que estaba preparando la huída del país, probablemente con destino a Francia. Por ello, decidieron agilizar la detención y solicitaron la orden de arresto, que fue emitida el lunes, a última hora de la tarde, desde el Tribunal de Milán.
Venganza. Las órdenes que había transmitido «el Egipcio» a las células islamistas eran las de cometer atentados en Europa para, de alguna manera, «vengar» la muerte de los terroristas que se suicidaron en Leganés, autores de la matanza del 11-M y del intento de descarrilamiento de un tren Ave en la provincia de Toledo. «La muerte de los hermanos inmolados en Al Andalus [en referencia a España] no puede quedar sin respuesta. Demos un escarmiento a Europa», venía a decir el mensaje enviado por Rabei Osman Ahmed. Las escuchas permitieron saber que algunos de sus interlocutores decían que «ya estamos dispuestos para el martirio».
El ministro del Interior italiano, Giuseppe Pisanu, confirmó que la información de que «el Egipcio» y los otros terroristas islamistas preparaban atentados se ha obtenido a través de la escucha de llamadas telefónicas en las que se podían oir frases como «estamos preparados para el martirio».
Este riesgo fue confirmado por uno de los investigadores, el fiscal Maurizio Romanelli, quien añadió que se ha tenido que realizar inmediatamente la detención «porque existían señales inquietantes».
La Policía tiene en sus manos al primer terrorista vivo que conoce quién, cómo y cuándo proyectó los atentados de Madrid Rabei Osman está considerado uno de los planificadores del ataque
Cerebro, ideólogo y enlace con Al Qaida. Entrenado en Afganistán, experto en explosivos, fanático entre los fanáticos, miembro de la Yihad islámica egipcia y reclutador de islamistas en las mezquitas para la causa terrorista. Situado arriba en el escalafón de los autores del 11-M, entre Sarhane «el Tunecino» y Amer El Azizi, Rabei Osman, alias «Mohamed el Egipcio», posee todas las llaves de los ataques a los trenes de Madrid. La Policía, por primera vez desde los atentados, tiene en sus manos al primer responsable vivo de la masacre que conoce bien quién, cómo y cuando se planeó.
Madrid- Rabei Osman Sayed Ahmed, «Mohamed el Egipcio» responde perfectamente al perfil de terrorista islámico. Este ex militar de 33 años dirigió un equipo de demoliciones en el ejército egipcio, por lo que está considerado un experto en explosivos. Tras su paso por la milicia, recaló en Afganistán donde recibió entrenamiento como muyahidin. Forma parte de la Yihad islámica egipcia, uno de los movimientos en los que se asienta gran parte del poder operativo de Al Qaida. Su fanatismo le ha llevado a profesar la doctrina conocida como Takfir Wal Hijra, extremadamente radical y entre cuyos predicamentos figura el de combatir a los no creyentes y politeístas.
Su detención, en Milán, la ciudad italiana con más actividad islamista a juzgar por las numerosas detenciones en el último año, ha puesto de manifiesto su entrega a la causa terrorista. Sin cumplirse tres meses de la matanza de Atocha, había conseguido reactivar otras células en el continente para preparar otro gran atentado en el corazón de Europa, presumiblemente esta misma semana con ocasión de las elecciones europeas.
Europa, su radio de acción. Su actividad le sitúa en uno de los primeros anillos exteriores de la constelación de Al Qaida con raíces en Europa. De hecho se le considera el «ideólogo fundamental» de los grupos vinculados a Ben Laden en el continente, incluidos los asentados en España y los que actuaron en Madrid. Su influencia sobre la mayoría de los «hermanos» durmientes» ha sido cuidadosamente mantenida durante años. Él se encargó de reclutar a muchos de ellos para convertirles en muyahidines en Afganistán, Chechenia o Indonesia. Y lo seguía haciendo ahora, pero para enviar terroristas para atentar en Irak. Por eso muchos islamistas, incluso en España, le veneraban y se dirigían a él como «el emir».
Su detención en Italia ha dejado fuera de circulación a uno de los más peligrosos ideólogos y activistas del terrorismo islamista en Europa. Pero, además, ha puesto en manos de la Policía española la primera pieza clave para saber quién, cuando y cómo planeó los atentados del 11-M en Madrid.
Desde la matanza, los investigadores no han podido capturar vivo a ningún responsable de la masacre. Los principales autores murieron en el suicidio colectivo del piso de Leganés. Y Rabei Osman, aunque no se subió a los trenes, tiene todas las llaves que abren los secretos del salvaje atentado.
En busca y captura por el juez Juan del Olmo, los investigadores le tienen situado en el escalafón de autores del 11-M entre Sarhane «el Tunecino», jefe de la célula actuante, y Amer el Azizi «Othman al Andalusí», también marroquí, considerado jefe militar de Al Qaida en Europa, y con el que también está relacionado. Estuvo en España durante el 2003 y abandonó el país sólo dos meses antes de los atentados del 11 de marzo, según supo luego la Policía, que le perdió la pista en enero de ese mismo año cuando compró un billete para viajar a Tarazona, en Zaragoza. Aquí, permaneció junto a «el Tunecino» del que no se despegó ni a sol ni a sombra. Ambos acudían a las mezquitas madrileñas para reclutar radicales.
Su relación fue tan cercana que incluso «el Tunecino» intentó que Rabei se casase con una marroquí amiga suya. La Policía posee escuchas telefónicas ordenadas por el juez del Olmo que implican a «el egipcio» en la preparación y organización del 11-M. También dispone de testigos que le sitúan en la casa de Morata de Tajuña (Madrid) donde se prepararon las mochilas-bomba, así como en el entorno del núcleo duro de la célula responsable de la masacre. Según los investigadores, hasta su marcha a Italia a través de Francia, «el Egipcio» estuvo en Madrid al frente de una célula durmiente sirio-egipcia, que luego se unificó en torno a El Tunecino.
Las dos personas de confianza de Rabei Osman eran Basel Ghayoun, nacido en Homs (Siria) el 25 de febrero de 1980, y Fouad El Morabit Amghar (nacido hace 28 años en Nador, Marruecos). Ambos, dedicados a la albañilería, fueron detenidos en Ugena (Toledo) el 25 de marzo pasado, aunque vivían en Madrid y frecuentaban ambientes radicales islamistas.
Rabei Osman ya fue investigado por el juez Garzón en enero de 2002 por su relación con células de apoyo capturadas en Cataluña.
Planificador. Rabei no colocó las bombas, pero lo sabe todo sobre el 11-M. La Policía está convencida de que fue una pieza clave en la preparación de los atentados. Y por ello incluyó su fotografía entre los terroristas más buscados por su relación con los atentados.
A él y a Amer el Azizi, un hombre plenamente integrado en Al Qaida, del que sospechan los investigadores salieron las órdenes de atacar en España, como así se hizo el 11 de marzo.
Madrid- El CGPJ emitirá un informe sobre la proposición de Ley que pretende garantizar el uso de las lenguas propias de las comunidades autónomas en la Administración de Justicia y que contempla el dominio del catalán como requisito para los jueces que ejerzan en Cataluña. El Congreso decidió ayer pedir ese informe, a instancias del grupo socialista y una vez pasado el trámite de la Mesa y la Junta de Portavoces.
Zaplana preguntó cuál será la posición del Gobierno y del PSOE en caso de que su dictamen sea «inequívocamente contrario» a la posición del Parlamento catalán y acusó al grupo socialista de ser víctima de las «imposiciones» del PSC, y de los acuerdos firmados entre su «partido hermano» y el resto de sus socios en el tripartito catalán. Varios vocales del CGPJ habían presentado también un escrito en el que solicitaban que ese órgano pudiera opinar sobre esa iniciativa.
Por otra parte, la polémica sobre las selecciones deportivas autonómicas provocó ayer un incidente en la Junta de Portavoces del Congreso de los Diputados que concluyó con acusaciones del PP al PSOE de «ambigüedad», mientras que los socialistas afirmaron que el PP quiere «apropiarse del concepto de España». Después de apoyar el 1 de junio el texto que preveía la posibilidad de que las selecciones autonómicas participaran en competiciones deportivas internacionales, el grupo socialista presentó el pasado viernes una iniciativa la que expresaba su rechazo a que las selecciones deportivas autonómicas participen en campeonatos oficiales de carácter internacional. Ayer la Junta de Portavoces fijó para el Pleno de la próxima semana el debate de una iniciativa del PP que defiende el reconocimiento de una única selección nacional.

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