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Jinuj.net: Refugiados Palestinos: un derecho sagrado
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Fecha de creación: 2002-05-26 10:14:11
Ahora que recibieron en bandeja de plata la oferta de "un estado palestino con Jerusalem como su capital", su anhelo histórico, a través del último plan Clinton, los palestinos colocan otra condición sine qua non para firmar la paz: el derecho al retorno de los refugiados de 1948. En el siguiente artículo intentamos, nuevamente, complejizar lo que parecía tan simple.
Los Refugiados visibles
"Creemos que este es un derecho sagrado", dijo el ministro de Relaciones Exteriores egipcio, Amru Moussa, en relación al "derecho al retorno" palestino, durante el encuentro de dignatarios árabes en El Cairo a principios de enero pasado. Moussa no está solo. Según una encuesta realizada en noviembre del 2000 por la Universidad Bir Zeit, el 95.1% de los palestinos residentes en la Margen Occidental y la Franja de Gaza creen que la paz será imposible a menos que Israel reconozca el derecho de los refugiados palestinos a regresar a territorios dentro del estado judío. Tan arraigado se encuentra este punto en el imaginario palestino que, en respuesta al plan de Bill Clinton presentado unos días antes de abandonar la presidencia, los palestinos llegaron a exigir que la inmigración judía a Israel quede supeditada a la materialización del derecho al retorno palestino. "Es imposible reconocer el supuesto derecho al retorno del así llamado Pueblo Elegido a la Tierra Prometida luego de miles de años, cuando al mismo tiempo se le niega el mismo al ser humano palestino...", sostenía el punto N° 33 de un documento del movimiento Fatah listando las 44 objeciones a la propuesta negociadora norteamericana. Mientras tanto, Israel Resource News Agency reporteó que la OLP ha establecido un centro de computos en los cuarteles del Orient House en Jerusalem oriental con el objeto de localizar las casas ahora habitadas por judíos que deberán ser restituidas a sus "genuinos propietarios". Con este propósito en mente la OLP ya ha distribuido miles de mapas de las 531 aldeas árabes de antes de 1948 que han sido transformadas en ciudades israelíes, kibutzim, o bosques. Según la OLP, el "derecho al retorno" palestino está legalmente sustentado en la Resolución 194 de la ONU y moralmente amparado por la historia del conflicto. En honor a la verdad, sin embargo, ambos puntos son incorrectos.
En primer lugar, la Resolución 194 del 11 de diciembre de 1948 no hace referencia alguna a la expresión "derecho al retorno"; esto es más bien una invención palestina. En segundo lugar, la resolución comprende a refugiados de la guerra de 1948, no a los descendientes de esos refugiados. En tercer lugar, dicha resolución fue adoptada por la Asamblea General, cuyas decisiones carecen de efectos mandatarios. Además, todos los estados árabes votaron en contra de la resolución, precisamente porque no establecía un "derecho al retorno", algo que ahora convenientemente olvidan.
Pero no fue ésta la única resolución de la ONU que el mundo árabe rechazó por aquel entonces. Un año antes habían rechazado la resolución 181, más conocida como la Resolución para la Partición de Palestina, la que derterminaba el establecimeinto de un estado judío y un estado árabe. Ni tampoco se limitaron a rechazarla sino que lanzaron una guerra de exterminio contra el naciente Estado de Israel, y exhortaron a los árabes (que a partir de 1967 comenzaron a llamarse a sí mismos palestinos) a abandonar sus hogares para liberar el camino a los gloriosos guerreros santos que "echarían alos judíos al mar", tal como no muy sutilmente lo puso la retórica árabe por aquel entonces. Cuando el ataque sublime se transformó en una humillante derrota, las naciones árabes confinaron a los palestinos en campos de concentración en sus fronteras. Esto escribió Mahmoud Abbas (Abu Mazen), hoy uno de los principales negociadores palestinos, en marzo de 1976 en el periódico de la OLP en Beirut: "Los ejércitos árabes ingresaron a Palestina para proteger a los palestinos de la tiranía sionista pero, en lugar de eso, los abandonaron, los forzaron a emigrar y a dejar su patria, y los arrojaron en prisiones similares a los ghettos en los que los judíos solían vivir".
Luego las naciones árabes hicieron todo lo que pudieron para prevenir una solución humanitaria que hubiera puesto fin al sufrimiento de sus hermanos. Egipto llegó incluso a esponsorear a una agrupación llamada Organización para Destrozar los Programas de Asentamiento de los Refugiados. En el Líbano, aun hoy en día, rigen leyes que prohíben a profesionales trabajar fuera de los campamentos. Cuando en 1973 Israel construyó mejores viviendas para 36.000 refugiados palestinos en Gaza, presiones árabes y de la OLP frustraron el proyecto. "Los árabes no quieren resolver el problema de los refugiados", admitió tiempo atrás Ralph Galloway, un ex director en Jordania de programas de asistencia de la ONU, "a los líderes árabes les importa muy poco si los refugiados viven o mueren". Al rehusarse a integrarlos a sus economías y sociedades y, de hecho, al mantenerlos en las fronteras en pobrísimas condiciones, los gobernantes árabes perpetuaron el problema de los refugiados cimentando el resentimiento colectivo, convirtiéndolo en el más viejo problema activo de refugiados del mundo.
Hubo sólo dos naciones que absorbieron refugiados palestinos, otorgándoles ciudadanía y derechos civiles: Jordania e Israel:
Los 150.000 palestinos que habían permanecido dentro de las fronteras de Israel fueron integrados a la sociedad; un acto que apenas encaja con la propaganda palestina de "expulsiones" israelíes.
Hoy en día tienen sus propios representantes en el parlamento israelí y en términos actuales representan casi un 20% del total de la población.
En 1949 el entonces premier israelí David Ben Gurión ofreció aceptar 100.000 refugiados palestinos (el equivalente a 1/6 de la población judía de entonces en el nuevo estado israelí), pero los árabes rechazaron la iniciativa.
Desde la década del 50 hasta 1993, Israel permitió el ingreso de 125.000 palestinos bajo programas de reunificación familiar; desde 1993 otros 90.000 palestinos pudieron ingresar a la Margen Occidental y la Franja de Gaza.
Según cifras provistas por la Organización Mundial de Judíos de Países Árabes, durante las siguientes tres décadas y media que transcurrieron desde la guerra de 1948, la contribución monetaria israelí a UNRWA (la agencia de asistencia de la ONU a los refugiados palestinos) superó en un 35% la contribución total de Kuwait, en un 75% la contribución egipcia, representó más del doble de la contribución jordana, más del triple de la contribución siria y ¡más de 7 veces la contribución iraquí! Comparada con el aporte internacional, la contribución árabe ha sido aun más magra, representando apenas un 5% de los 14.000 millones de dólares aportados a UNRWA mundialmente entre 1950 y 1980. Para poner en la justa perspectiva la mezquinidad árabe vale señalar que solamente durante 1980 los miembros árabes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) obtuvieron un ingreso de más de doscientos mil millones de dolares ($200.000.000.000).
¿Y qué sobre la OLP, el "único y legítimo representante" del pueblo palestino? Con activos valuados a principios de la década del '90 -por dos de los servicios de inteligencia más renombrados del globo- en más de 10.000 millones de dólares, la organización palestina pudo indudablemente haber provisto suficiente asistencia financiera para paliar el sufrimiento de una parte del pueblo representado. He aquí que no lo hizo, a excepción de algunos insuficientes programas de caridad. Ni tampoco lo hizo luego de recibir más de $4.000 millones en concepto de donaciones internacionales luego de la firma de los Acuerdos de Oslo. Desde 1993 hasta la actualidad la AP no mejoró la calidad de vida de ni un solo palestino de entre los 420.000 residentes de campos de refugiados en Gaza. Cuando de refugiados se trata, el liderazgo de la OLP/AP se comportó tal como la mayoría de los diversos monarcas y déspotas de los países árabes.
Al atacar a la comunidad judía en Palestina en 1948, el mundo árabe no creó solamente uno sino dos problemas de refugiados. Comunidades judías enteras que precedían al advenimiento del Islam en mil años, que jamás representaron la más mínima amenaza al poder político -mucho menos a la existencia de los estados- fueron forzadas a emigrar, dejando atrás una rica historia y prácticamente todas sus propiedades. Así describió la desventura sufrida por estos desdichados judíos el ex embajador israelí ante las Naciones Unidas, Yehuda Blum: "Incluso antes de la derrota de los ejércitos árabes en 1948-1949, [los judíos] cayeron víctima de la violencia y más persecuciones en manos de árabes sedientos de venganza. Varios de ellos fueron asesinados. Otros fueron arrojados a prisiones y torturados. Cientos de miles fueron forzados a escapar, dejando tras de sí considerables propiedades y activos materiales. Hogares y negocios fueron saqueados. Cuentas bancarias fueron congeladas. Propiedades comunales y activos culturales invaluables fueron expropiados, la mayor parte de ellos por gobiernos árabes. Así finalizaron 3.000 años de vida judía organizada en todo el Medio Oriente y el norte de Africa".
Tal como observaron los académicos Malka Hillel Shulewitz y Raphael Israeli en el libro "Los millones olvidados", al contrario de los palestinos que fueron desplazados del área de la contienda, estos judíos fueron expulsados de áreas alejadas del campo de la batalla. De los 860.000 judíos marroquíes, argelinos, tunecinos, libios, egipcios, yemenitas, iraquíes, sirios y libaneses que debieron abandonar sus hogares "de la manera más fea posible" -en palabras de Sabri Jiryis, director del Instituto de Estudios Palestinos en Beirut en 1975 - 600.000 encontraron refugio en Israel, mientras que los 260.000 restantes se dirigieron a Europa y al continente americano. En ambos casos lograron integrarse a las sociedades que los recibieron. Para el estado israelí, recién salido de una dura guerra que cobró el 1% de vidas de la población judía en Palestina, esta inmigración masiva numéricamente equivalente a la población local judía, representó un desafío herculeano. El gobierno israelí ubicó a los nuevos pobres inmigrantes en rudimentarios campamentos transitorios llamados "ma'abarot" y se requirió mucho esfuerzo y paciencia, así como asistencia económica de la diáspora judía, "para que hoy en día ningún joven en Israel pueda saber como lucían [esas ma'abarot]: fueron relegadas a la historia", tal como acotaron Shulewitz e Israeli. Desde ya, la ONU no creó especialmente ninguna agencia de refugiados para atender las necesidades de estos migrantes ni ningún fondo de ayuda internacional fue establecido; Israel y el pueblo judío diaspórico enfrentaron solos el obstáculo, y solos lo superaron.
Los activos materiales que las comunidades judías debieron abandonar o fueron expropiadas por regímenes árabes, hubieran naturalmente menguado el impacto socio-económico que tal masiva inmigración implicó para el joven estado. Tal como lo expresó Itamar Levin en un reciente reporte del Congreso Judío Mundíal: "cada libra egipcia, dinar iraquí o lira siria hubieran hecho una diferencia significativa". No sólo absorbió Israel a esta ola de refugiados judíos de países árabes, sino que incluso efectuó atrevidas -ya legendarias- operaciones de rescate con el propósito de rescatar a aquellos que habían quedado atrás. La operación "Alfombra Mágica" salvó a 43.000 judíos yemenitas en 1948-1949, en tanto que la operación "Ezra y Nejemia" transportó a Israel 123.500 judíos iraquíes en 1951, y otras más se sucedieron.
En lugar de confinarlos en escuálidos campamentos de refugiados, en lugar de convertirlos en terroristas, en lugar de condenarlos a una existencia miserable, en lugar de explotarlos políticamente, el liderazgo israelí los convirtió en productivos miembros de la nueva sociedad, representando hoy ellos y sus descendientes casi el 45% de la población israelí actual. Debido a la actitud adoptada por el gobierno de Israel, hoy el mundo no oye ni debe lidiar con un problema de refugiados judíos.
Ni los palestinos ni los árabes aceptan la realidad de este factual intercambio poblacional derivado de la guerra de 1948, ni tampoco aceptan la responsabilidad que les cabe en absorber a sus refugiados, tal como hizo Israel con los suyos. Esto, cuando el mundo árabe ocupa el 99.9% del área geográfica del Medio Oriente, en tanto que Israel cubre la fracción restante.
Pero tal como Israel y la comunidad judía mundial han invertido considerables esfuerzos durante los últimos años en demandar reparaciones europeas por la tragedia que impuso al pueblo judío durante la Shoá (Holocausto), análogamente debieran dedicar similares energías en exigir reparaciones árabes por el sufrimiento causado al pueblo judío desde 1948. Además de ser un pertinente elemento en el menú de opciones disponibles para contrarrestar las actuales demandas árabes, esta iniciativa vindicaría una enorme injustica histórica sufrida por quienes -durante el último medio siglo ante los ojos del mundo, han quedado relegados al status de refugiados invisibles.
El límite entre Jutzpa y Genocidio
Increíblemente, el mundo árabe y la OLP le están exigiendo a Israel que pague el precio de una derrota militar por ellos sufrida en una guerra por ellos iniciada. Este absurdo moral es de todas formas superado en magnitud por un absurdo lógico, tal como fue expuesto por el analista militar israelí Zeev Schiff: no solamente esperan los palestinos que Israel ceda territorio sino que además absorba refugiados dentro de sus reducidas fronteras. "Esto es simplemente imposible", escribió, "ningún gobierno israelí podría acceder a encoger el tamaño del estado retirándose de territorio y luego exacerbar el problema demográfico dentro del estado... absorbiendo refugiados". La tasa de crecimiento natural del sector árabe en Israel duplica la tasa judía, en poco tiempo los 3.5 millones de refugiados (según estimaciones oficiales de UNRWA) podrían democráticamente convertir a los judíos en minoría en el único y diminuto estado que poseen en todo el globo.
Estos potenciales inmigrantes, debe ser tenido en cuenta, se oponen visceralmente a la existencia del estado judío y son maestros en el arte de quemar banderas israelíes y apedrear judíos (dos minutos de cobertura televisiva en Gaza o la frontera libanesa son suficientes para convencer a cualquiera). Por insólito que suene, Arafat exigió en Camp David no solamente que estos judeófobos reciban el derecho a ingresar a Israel sino que reciban ciudadanía también. "Esta es la primera vez que escucho que un movimiento nacional demande que su pueblo reciba ciudadanía de otro país", comentó a modo de respuesta el diputado por el Likud, Yuval Steinitz. ¿Pero desde cuándo la lógica ha jugado algún rol en la política del Medio Oriente? Además de esto, la OLP exige una compensación monetaria por las secuelas de la guerra de 1948 en el orden de los $550 mil millones (leyó bien). Zeev Schiff escribiú en Ha'aretz que el segundo de Arafat, Mahmmoud Abbas (Abu Mazen) insistió en que los pagos compensatorios fueran efectuados solamente por Israel, y no por fondos de la comunidad internacional. Esto lo dice el mismo hombre que 25 años atrás admitió, nada menos que en el periódico de la OLP, que los gobernantes árabes eran responsables por la creación del problema de los refugiados palestinos...
A esta altura ya debiera resultar obvio que el "derecho al retorno" no es más que un eufemismo para la destrucción de Israel. Gamal Abd-el Nasser lo dijo claramente en 1960: "Si los refugiados retornan a Israel, Israel cesará de existir". Si Israel no puede ser ahogada demográficamente a través de hordas de refugiados profundamente hostiles y resentidos, entonces la existencia judía en Israel puede ser consumida mediante el estrangulamiento económico, tal como Mahmmoud Abbas desvergonzadamente exigió. De esto se desprende que si la OLP insiste en materializar el derecho al retorno dentro de Israel y/o insiste en exprimir financieramente al estado judío, las chances para la obtención de un acuerdo de paz serán enterradas. Pero si el derecho al retorno es realizado, en cualquiera de estas dos formas, lo que será enterrado será la presencia judía en la Tierra de Israel. Esto es, nada más ni nada menos, lo que palestinos y árabes indistintamente consideran -en las aptas palabras de Amru Moussa- su "derecho sagrado".
farcovich
9/2/2003 3:10 PM
Esta muy completo y contiene datos muy exactos.

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