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Timestamp: 2020-01-25 20:41:27+00:00

Document:
Un nuevo hallazgo sobre la decena trágica. Apuntes del senador Guillermo Obregón
versión On-line ISSN 2448-6531versión impresa ISSN 0185-0172
Hist. mex. vol.68 no.3 Ciudad de México ene./mar. 2019
http://dx.doi.org/10.24201/hm.v68i3.3815
Josefina Mac Gregor*
*Universidad Nacional Autónoma de México
“La tragedia ha terminado”.
Pero no, la verdadera tragedia apenas
iba a comenzar”.1
¿Decena o quincena trágica?
En 2013, durante la conmemoración del centenario del cuartelazo contra el gobierno de Francisco I. Madero, se organizaron diversos actos2 y aparecieron varias publicaciones3 en las que se volvió a reflexionar sobre este sangriento suceso. Aun cuando algunos estudiosos del pasado cuestionen la capacidad personal de Francisco I. Madero como gobernante, no hay quien ponga en duda el carácter democrático de su gobierno y, como es sabido, los historiadores aprovechan cualquier oportunidad para tratar de explicar su derrocamiento -los aniversarios que cierran decenas son coyunturas idóneas-, en particular porque a más de 100 años de distancia seguimos tratando de construir y consolidar una democracia en nuestro país.
Precisamente, tratando de localizar nuevos materiales sobre el gobierno de Madero, tuve la oportunidad de platicar con la licenciada Mercedes Hernández, descendiente de Rafael L. Hernández, primo de Madero y secretario de Estado en su gabinete.4 Así me enteré de que los documentos que ahora se publican estaban en su poder. De inmediato obtuve su total aquiescencia para publicarlos. Los originales se encuentran en la biblioteca familiar.5
No está por demás destacar que el derrocamiento de Madero por la vía violenta fue un proceso que conmovió a la sociedad mexicana, no solo porque se desarrolló en la capital de la República -la ciudad más grande y poblada del país- y los hechos militares la afectaron severamente,6 sino también porque culmi nó con los asesinatos del presidente y vicepresidente después de que presentaron su renuncia al cargo que ocupaban. Estas circunstancias, además de la intención de dejar constancia de los hechos o librarse de responsabilidades, condujeron a que muchos personajes de la época dejaran su testimonio al respecto. Ya fuera que hubieran estado de acuerdo con el cuartelazo o lo hubieran sufrido, el suceso transformó su vida de manera inmediata o tiempo después.
No voy a enumerar todas las evidencias que han sido dadas a conocer, pero creo que vale la pena recordar que se iniciaron con los cuestionarios respondidos por los miembros del primer gabinete de Victoriano Huerta para hacer saber que el cuerpo de secretarios de Estado no había discutido, y menos aprobado, en la sesión del 21 de febrero de 1913, el asesinato de Madero y Pino Suárez7 y, asimismo, destacar que todavía hasta el día de hoy siguen apareciendo textos que no se habían publicado.8 Entre los más consultados se encuentran los escritos por los diplomáticos acreditados en nuestro país en ese momento, y me refiero no solo a las reseñas remitidas para informar a sus respectivos gobiernos, sino a sus declaraciones o memorias y diarios. El acontecimiento era de tal gravedad en un mundo que pretendía ser civilizado, que quisieron dejar su testimonio o puntos de vista, y como estos personajes no estaban sujetos a ninguna clase de censura partidista, sus escritos han resultado reveladores, y por ello han sido muy consultados.
El caso es que con todos esos materiales conocemos los hechos de esos días al detalle, pues se busca en ellos lo que pueda ser definitivo para explicar lo ocurrido.9 Algunos autores hacen hincapié en los asuntos políticos; otros, en los diplomáticos -dada la intervención en uno u otro sentido de la mayor parte del cuerpo diplomático acreditado en México, y la totalmente deshonesta del embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson-. Algunos más se han detenido en la ciudad, su destrucción y la alteración de la vida cotidiana de sus pobladores,10 o en los temas militares, determinantes en un movimiento sedicioso.
Para esta presentación, me parece que el esquema que nos ofrece Bernardo Ibarrola sobre el suceso plantea claramente el conflicto: una intrincada red de acontecimientos militares, diplomáticos, políticos y sociales tejida por numerosos actores más preocupados por su situación personal que por la del país.
Madero y su gobierno en un predicamento político-militar prácticamente irresoluble: por un lado, la necesidad de preparar una operación que podría alargarse mucho y para la que harían falta una buena organización y muchos recursos; por el otro, el condicionamiento de los apoyos políticos (indispensables para hacerse de éstos y lograr aquélla) al sometimiento inmediato de los levantados; los militares leales intentando comprender una situación militar inédita; Huerta, incapaz de derrotar rápidamente a los rebeldes, paulatinamente más dispuesto a negociar con ellos y a obtener beneficios personales al hacerlo; Díaz y Mondragón, amenazando a toda la ciudad, pero incapaces de romper el asedio en el que se hallan, utilizando a legisladores mexicanos y diplomáticos extranjeros como agentes oficiosos para negociar la caída del gobierno […]11
Así, no obstante que, como decía líneas arriba, se conoce con precisión el día a día de esta etapa, se siguen discutiendo algunos puntos en particular: ¿fue un golpe militar o fueron dos? Es decir, ¿Huerta estaba involucrado en la rebelión que reconocía la jefatura de Reyes desde un principio, o aprovechó la oportunidad que le ofrecían las amenazas de Henry Lane Wilson de una intervención armada del gobierno de Estados Unidos a México para hacerse del poder, justificando así su proceder como un intento de defender la soberanía nacional ante la supuesta debilidad del gobierno de Madero? ¿Esta fue la misma razón para que los senadores pidieran su renuncia al presidente constitucional? ¿Qué papel jugaron los diplomáticos convocados por el decano en la caída de Madero? ¿Querían ayudar al presidente a salvar su vida o creían que ya estaba fatalmente destinado a desplomarse ante la oposición estadounidense o, mejor dicho, la personal de Lane Wilson? ¿A algunos más les interesaba, o les convenía a sus países, la caída del gobierno revolucionario? En términos bélicos, ¿había hombres y armas suficientes para combatir a los desleales o éstos tenían la capacidad de resistir y aun superar a los fieles?12 También persisten preguntas más específicas. ¿Por qué fue personalmente Madero a Cuernavaca a ordenar el traslado de Felipe Ángeles a la capital? ¿Por qué no usó el teléfono o el telégrafo? ¿Qué hizo el general en la ciudad de México, cuál fue su desempeño, fue tan devoto y pundonoroso como se ha insistido? Y ¿qué decir de los manejos de Pedro Lascuráin como secretario de Relaciones Exteriores? ¿Por qué no detuvo a diplomáticos y senadores cuando se recibió el telegrama de William Taft, asegurando que no movilizaría a sus fuerzas contra México? ¿Qué ocurrió con el general García Peña, secretario de Guerra? ¿Qué tanto simpatizaba con el complot inicial? ¿Ofreció alguna resistencia a la defección de Huerta? ¿Cuáles fueron los secretarios de Estado que en los últimos días de esta ruptura institucional se unieron a la petición de que los mandatarios renunciaran y por qué? ¿Cuál era el juego del expresidente Francisco León de la Barra? ¿Quería ser nuevamente primer magistrado o solo buscaba la caída de Madero y terminar con la Revolución? ¿Qué ocurrió con la población de la ciudad de México? ¿Por qué no fue movilizada o de motu proprio defendió al gobierno? ¿Esta inmovilidad fue motivada porque Madero había perdido la popularidad que lo llevó a la silla presidencial? ¿Qué había sido de aquel 99.2% de votos que lo había llevado a la silla presidencial? ¿La gente tenía miedo? ¿Cuáles eran sus temores?
Por mi parte, me atrevo en esta oportunidad a cuestionar las fechas y el nombre de Decena Trágica. El cuartelazo se inició el 9 de febrero de 1913, pero ¿cuándo terminó? ¿El 18 de febrero con la aprehensión de Madero y el Pacto de la Embajada? ¿El 19 con las renuncias de Madero y Pino Suárez, cuando asumió la presidencia Lascuráin, o cuando la recibió Victoriano Huerta? ¿Concluyó el día 22, cuando fueron asesinados los mandatarios para evitar que más adelante pudieran volver y reclamar los cargos para los que habían sido electos legalmente?
Sabemos con certeza que los hombres que resultaron victoriosos, particularmente los felicistas, fueron quienes dieron nombre a esta etapa en las manifestaciones para festejar el éxito de los rebeldes. La llamaron Decena Trágica y también Decena Roja -pues habían transcurrido exactamente diez días entre el inicio del primer cuartelazo y el día de la aprehensión de Madero- para significar que la patria se había salvado, que el drama vivido durante esos días era responsabilidad de Madero, y con su detención, había cesado.13 Posteriormente, al parecer, nadie cayó en cuenta de que tal denominación no incluyó una parte del proceso política y jurídicamente muy relevante: el pacto firmado por Huerta y Díaz bajo el manto del embajador estadounidense, que articulaba los dos golpes militares;14 las renuncias de los mandatarios ante una Cámara de Diputados que no reunía el quórum necesario; los manejos para darle visos de legalidad a la presidencia de Huerta, que implicó la intervención de Lascuráin; las artimañas para eludir las demandas diplomáticas de enviar al exilio a Madero y Pino, y el asesinato de éstos, incluso la resistencia a entregar sus cadáveres a los familiares.
Si implicamos estos hechos en el mismo proceso, no fueron diez días, sino 15, los de su duración. En realidad se trata de una Quincena Trágica. Y no pueden esquivarse estos últimos hechos porque, si bien son muy lamentables la violencia y las muertes ocurridas durante los primeros diez días, insisto, al margen de la opinión que nos merezca Madero, el golpe que sufrió la legalidad y la democracia incipiente en nuestro país fue devastador, y no solo por los años de revolución que siguieron a continuación, sino por la forma en que el Estado posrevolucionario desplazó el ejercicio democrático. Los dos cuartelazos de la Quincena Trágica dieron al traste por muchos años con principios democráticos y legales imprescindibles en la formación cívica requerida para construir una república.
El conjunto de cuatro documentos que ahora se presenta se titula “Apuntes del senador Guillermo Obregón sobre la Decena Trágica”, si bien todos giran alrededor de la versión del legislador sobre este hecho. Para diferenciarlos, he hecho una pequeña descripción que he colocado entre corchetes. He situado sucesivamente los dos relatos sobre los días aciagos de febrero de 1913: uno es la narración personal de Obregón, en la que da cuenta de su participación política durante el gobierno de Madero, y el otro es una crónica impersonal. El primero inicia en marzo de 1912 y concluye el día 15 de febrero, con el rechazo de Madero a presentar su renuncia. El segundo se reduce exactamente a la quincena trágica, y termina con las muertes de Madero y Pino Suárez. Los otros documentos son dos cartas del senador a su hijo Guillermo, fechadas el 21 y el 26 de febrero de 1913.
Es pertinente señalar que se han mantenido la ortografía y la redacción de los documentos, si bien se han colocado entre corchetes los nombres de los personajes conocidos para facilitar su ubicación y se han anotado los documentos con mayor información para comprender mejor el contexto. Entre corchetes y en cursivas aparecen las notas incluidas en los propios documentos.
Pero, ¿quién era Guillermo Obregón y por qué son relevantes estos documentos?
Pocos datos he podido encontrar sobre este personaje. Manuel Márquez Sterling, ministro de Cuba en México, lo describe así: “Era Obregón, persona de agradable presencia, correcto en el traje, bien peinada la cabeza, blanca y redonda, y levantadas, a tono de cosmético, las guías de su bigote”.15 Además de esta breve descripción física, sabemos que fue un abogado oriundo de Tamaulipas. Fue diputado federal en la XXV Legislatura y senador en la XXVI.
Cosío Villegas, apoyándose en los artículos que Luis Cabrera publicó sobre “los científicos”, coloca a Obregón dentro de este grupo, grupo de poder y gran influencia en la segunda mitad del porfiriato, que no logró constituirse como partido político. Cabrera percibía varias capas o subgrupos de incondicionales. Voy a reproducir esta mirada que incluye algunos personajes, porque son nombres que van a aparecer en los documentos, lo que nos permite percibir la fuerte presencia de los científicos en el Senado y entre los opositores a Madero. La capa superior según esta versión estaba encabezada por José Yves Limantour, Justo Sierra, Pablo Macedo, Joaquín Casasús, Rosendo Pineda, Rafael Reyes Espíndola, Fernando Pimentel y Fagoaga, y Enrique C. Creel. Seguía “el cuerpo del grupo” compuesto por abogados, funcionarios públicos, ricos de abolengo y empresarios. Entre los abogados se incorpora a Emilio Rabasa, Ramón Prida y, precisamente, Guillermo Obregón; a Francisco León de la Barra, entre los funcionarios; a Sebastián Camacho entre los ricos de abolengo y a Tomás McManus (Obregón lo escribe Macmanus) y Ernesto Madero entre los empresarios. Siguen los “sabios a sueldo”, Ezequiel A. Chávez y Genaro García; “las plumas de alquiler”: Luis del Toro; “los barriletes”: Luis Vidal y Flor y Manuel R. Uruchurtu; los que lo eran por parentesco: José Castellot Jr. y Guillermo Obregón hijo y “la comparsa de achichinques”, entre ellos, Ángel Pola.16
Esta nómina nos permite apreciar que en este movimiento opositor colaboró tanto gente catalogada como científica, como también un grupo destacado de reyistas, entre ellos Rodolfo Reyes, Enrique Zayas Jr. y Samuel Espinoza de los Mon te ros. Los enemigos irreconciliables de las postrimerías del porfiriato, los que provocaron la escisión interna que llevó al fortalecimiento del maderismo, encontraron un punto de unión: la rebeldía armada para derrocar a Madero.
Por los documentos podemos percatarnos de que Obregón y su hijo Guillermo estaban inmiscuidos en algunos negocios, sin que pueda saberse de qué tipo, y que toda la familia estaba afiliada a la misma posición: la contraria a Madero.
En la única biografía que pude encontrar se afirma que en el mes de julio de 1913, Obregón “instó al diputado local Fidencio Trejo Flores a aceptar la renuncia del gobernador Joaquín Argüelles y la designación del general huertista Antonio J. Rábago, para evitar desórdenes en el estado”,17 exhibiendo su filiación. En una historia de Tamaulipas se asegura que después de la muerte de Madero y Pino Suárez, en los poderes Legislativo y Judicial del estado hubo gente que protestó contra Huerta, entre ellos Fidencio Trejo Flores y José C. Mainero; no es extraño pues, que Obregón lo presionara para que acatara el nuevo estado de cosas. “El general Antonio Rábago se impuso por la fuerza como autoridad gubernamental huertista, forzando a los diputados; disolvió el Congreso y puso en prisión a varios de ellos”.18 No obstante, muy pronto Tamaulipas se convirtió en un importante estado constitucionalista.
No sabemos más. Es muy probable que, dada su notoria participación durante el cuartelazo contra Madero, al renunciar Huerta en julio de 1914, Obregón saliera del país.
Estos datos nos permiten, de entrada, considerar que su punto de vista puede aportar información interesante, específicamente porque fue muy incisiva la participación de los senadores, y Obregón era el vicepresidente de la Cámara Alta.
Aportes de los documentos
Los diferentes trabajos que hablan de esta que llamo la Quincena Trágica, si bien comparten relatos, e incluso puntos de vista, hacen hincapié en diferentes documentos de acuerdo con los objetivos de sus investigaciones. Gilly se acerca más a los militares, Ulloa y Katz a los diplomáticos; en este último autor resalta la incorporación del diario del ministro alemán, además de la documentación de Henry Lane Wilson que todos los autores abordan por su desmedida participación personal en los hechos sin contar con instrucciones contundentes de su gobierno. Ross y Meyer tratan de entender el proceso político mexicano, sin abandonar el contexto internacional, lo mismo que Saborit. Los testimonios, regularmente partidistas, intentan presentar los hechos objetivamente, pero siempre acaban por justificar su posición partidista. No conozco ningún trabajo que haya intentado cruzar toda la información existente, que, como ya mencioné, es abundantísima, para determinar qué ocurrió tras bambalinas y públicamente. Las dificultades para ello son enormes, pues es un suceso cruzado por peligros; los rumores con y sin fundamento; las mentiras, siempre mal intencionadas; los complots, los sigilos; las motivaciones políticas personales por las que cada actor juega su papel, aunque cobijados por el supuesto deseo de que prevalezca el bien de la patria. Una verdadera maraña, que aunque se desenredara pese a las dificultades, tampoco nos traería “la verdad” sobre los hechos, aunque sí la posibilidad de explicarlos tomando en consideración toda su complejidad.
Los documentos que ahora se presentan tampoco nos permiten una visión total, pero ofrecen nuevos indicios. Por principio de cuentas, demuestran que prácticamente desde que se inició el gobierno de Madero, la posibilidad de las renuncias del presidente, el vicepresidente y los secretarios de Estado rondaba en la cabeza de los opositores al régimen, específicamente en el Poder Legislativo, primero entre los diputados de la XXV Legislatura y después, de manera particular, en los senadores de la XXVI, pues en su mayoría eran simpatizantes del antiguo régimen, lo que no ocurría en la Cámara de Diputados, en donde los renovadores eran más numerosos. Incluso sobresale en la XXV la intención de hacer un bloque parlamentario que pudiera llevar a la formación de un partido político, por supuesto “independiente”, en la práctica, antimaderista. La mutación era evidente: ahora serían opositores a todo lo que atentara contra la Constitución, cuestión que antes no les preocupaba, y solo apoyarían los proyectos convenientes para el bien de la nación. Pero ¿podrían coincidir en algún punto con las propuestas de los revolucionarios?
A lo largo del tiempo, en otros trabajos, he venido sosteniendo que la experiencia maderista demostró que para afrontar los problemas nacionales era necesario modificar la Constitución y elaborar nuevas leyes, y que el marco legal era una camisa de fuerza que no permitía afrontar la situación nacional. Pareciera que estos hombres, muchos de los cuales, como es el caso de Emilio Rabasa, hicieron hincapié en las limitaciones de la Constitución de 1857, ahora la querían proteger, mantener incólume.
Se aprecia que decidieron vincularse con el gobierno por medio de un hombre cercano a los científicos, aunque no perteneciera a este grupo, Rafael L. Hernández, secretario de Fomento, antes que tratar con los hombres de la Revolución como sería precisamente el caso del encargado de Gobernación, Abraham González, a quien llamaba ‘ñor Abraham en son de burla. También resolvieron presionar de todas las maneras posibles al gobierno revolucionario, aun violentando las leyes, al insistir en la comparecencia de los secretarios de Estado para informar a voluntad de los legisladores, y exigir impertinentemente que Madero demandara la renuncia a sus secretarios o al mismo vicepresidente, el cual había sido electo por el voto popular. Sin ningún pudor hablaban en nombre de la nación, y de los “antecedentes” o “características que se requerían para ciertos cargos”, cuando nunca había habido una exigencia de esta naturaleza. Desde luego que un problema que tuvo que afrontar Madero en la formación de su gobierno es que toda la gente que tenía experiencia política y administrativa, la tenía por haber colaborado con Díaz, y los revolucionarios, por su parte, carecían de ella. Así, hombres como Obregón solo veían el prestigio, la aptitud y la honorabilidad en su partido y no en el vencedor de las luchas armada y electoral. Les parecía que lo adecuado era que los hombres del viejo régimen se mantuvieran en el Poder Legislativo y que ellos formaran parte del gabinete. Se resistían a asumir que eran perdedores y se organizaron para recobrar el poder, aun sin don Porfirio. Obregón asegura que tenía la convicción de que la reelección, que era un “compromiso político con sus amigos”, beneficiaba a la nación. Pero cuando planteaban de manera abierta y sin tapujos a los secretarios de despacho la necesidad de cambios en el gabinete para buscar la tranquilidad y el bienestar del país, y el bien de la república, surge la pregunta de si se basaban en un análisis de la situación prevaleciente o ya amenazaban, pues no solo proponían estas mudas, sino que también hablaban de reemplazar al presidente.
Al terminar enero, a decir de Obregón, poco antes de que iniciara la rebelión contra Madero, una comisión de senadores le planteó al mandatario la necesidad de cambios en el gabinete. Últimos intentos antes de echar a andar la rebelión. Lo mismo hizo un grupo de diputados renovadores el 23 de enero de 1913, solo que en sentido inverso; unos querían funcionarios más conservadores y otros, más radicales. Se insiste en el documento en que el 8 de febrero les llegaron anónimos a varios funcionarios, y cita nombres, en los que se denunciaba el movimiento militar que estallaría al otro día. Aunque no es posible apreciar el vínculo de Obregón con los sublevados, es posible entrever su relación y cercanía con Félix Díaz y su preocupación por su situación y la de su familia. Incluso uno de sus hijos se incorporó a los sublevados de la Ciudadela.
El testimonio confirma que muy temprano estuvieron en Palacio Nacional Gustavo Madero y el general García Peña y fueron hechos prisioneros; el rescate que hizo Villar los sacó de la prisión. Enterado Gustavo de las amenazas de una sublevación ¿inspeccionaba la plaza o solo daba un paseo dominguero al despuntar la mañana?
Por otra parte, se indica que la Ciudadela, antes de caer, fue defendida por 80 o 100 hombres, y se destaca que en el lugar había armas, parque y alimentos, y que “muchas personas iban a llevarles dinero para sus necesidades”. Se sabe que el dinero no faltaba a los sublevados, más bien les sobraba, según otros testimonios. Asimismo, se señalan las posiciones ventajosas logradas por los hombres de la Ciudadela al colocar artillería en las bocacalles próximas al edificio, “teniendo dos manzanas de cada lado de la ciudadela, y haciéndose inexpugnable”, en tanto se cuestiona que los gobiernistas intentaran hacer algo semejante. Un dato interesante es la descripción del incendio de la casa de la familia Madero, pues precisa que se lanzaron con un cañón especial 20 cartuchos de incendio sobre ella “después de hacer los cálculos necesarios”.19 Es decir, la destruyeron deliberadamente.
A partir del día 13 de febrero, empezaron a hacer su aparición los senadores convocados nada más y nada menos que por Pedro Lascuráin, el secretario de Relaciones Exteriores, quien a su vez había sido involucrado para dar este paso por Henry Lane Wilson, atemorizándolo con la inminente intervención militar de su gobierno. Primero fueron 10, 12, y finalmente 25. La intervención de los senadores es significativa porque los asuntos diplomáticos eran de su estricta incumbencia (eran facultades exclusivas del Senado aprobar los tratados y convenciones diplomáticas y ratificar los nombramientos diplomáticos hechos por el ejecutivo), lo mismo que por el número, pues podían ser mayoría o casi llegaban a ella (el máximo posible eran 58; no he podido indagar cuántos estaban en funciones). Así que la coacción era intensa, particularmente porque ya se solicitaban francamente las renuncias del presidente y el vicepresidente, y a este coro se estaban uniendo algunos secretarios de Estado y, en silencio, algunos generales.
Entre otras presiones también se hallaba la renuencia de los senadores a sesionar en Palacio -su sede- por considerar que no había garantías, pues ahí se había fusilado al general Gregorio Ruiz. Fusilamiento que les parecía indigno, sin considerar que, si bien era diputado, era un militar sublevado aprehendido en plena acción militar.
Los senadores asumieron que era falsa la información que les ofreció Madero relativa a que Taft aseguraba que no se intervendría en México; tales eran sus prejuicios contra su capacidad como gobernante, sin reconocer que no lo dejaban trabajar; en cambio, aceptaron como ciertas las amenazas del embajador estadounidense. Se sabe que el 16 de febrero:
El senador Obregón, uno de los delegados, le había dirigido [a Lane Wilson] la pregunta formal de que si en caso de que tal gobierno fuera constituido [un gobierno en que en la cúspide estuvieran De la Barra, Huerta y Díaz] los Estados Unidos renunciarían a la intervención; él respondió afirmativamente a la pregunta.20
Ninguno de ellos dudó del embajador, no obstante que el día 18 circuló un manifiesto de más de 85 diputados renovadores en el que se condenó el levantamiento armado y la conducta de los senadores que habían solicitado la renuncia del presidente, y se concluía invitando a la gente a mantenerse del lado del gobierno legítimo, no sin antes asegurar de manera tajante: “No hollarán tropas extranjeras nuestro suelo, ni ninguna nación extranjera lo pretende, ni nuestro Gobierno, ni nuestro pueblo lo permitirían…”.21
En una de las cartas contamos con una nueva versión sobre la comida de Huerta y Gustavo Madero en el Gambrinus; en un punto más creíble, pues, si apenas había tratado Gustavo de desenmascarar a Huerta por su ineficacia ante su hermano, ¿por qué irían a comer juntos? Aunque, por ser una versión de Huerta, se presta a ser confrontada críticamente con otras interpretaciones.
A estos hombres representados por Obregón no les importó que la renuncia de los mandatarios se expusiera ante los diputados suplentes y sin completar el quórum, ni tuvieron pudor frente a la renuncia de Lascuráin antes de asegurar la vida de aquéllos. Los pruritos éticos por las acciones de Madero desaparecían frente a sus propias gestiones. Por ello no importa cómo, pero se debía actuar contra el presidente, para que no hubiera vuelta atrás, incluso procesándolo por algún motivo: como el fusilamiento del general Ruiz o por la muerte de alguno de sus aprehensores, que se le llegó a achacar directamente a Madero para tener motivos para enjuiciarlo.
En cambio, hubo temor con respecto a la posible falta de acuerdos entre Huerta y Díaz mediados por Lane Wilson.
Y si la muerte de Ruiz y el maltrato a la familia Reyes para entregarles el cadáver de don Bernardo causaban consternación a Obregón, la muerte de Gustavo Madero, y la de Madero y Pino Suárez, lo dejaban insensible. Así, con toda crudeza, asentó que a Gustavo lo mataron “como un perro”, y con desembarazo comentó a su hijo que para muchos Madero y Pino “deben ser muertos, para evitar dificultades futuras”. Con la misma desenvoltura informó que el gobierno se ocupaba del asunto “porque se cree que ya no es la oportunidad de matarlos”.
Guillermo Obregón, particularmente en las cartas, se exhibe muy ufano por su activa participación para pedir las renuncias de Madero y Pino, y por su agencia ante Huerta y Blanquet.
Para terminar, no me cabe duda de que este material nos ofrece una perspectiva de la Quincena Trágica de los sublevados, en mi opinión, de un simpatizante de Félix Díaz, y me parece que brinda nuevos indicios para trabajar nuevas interpretaciones o enriquecer las existentes. Definitivamente, nos muestra que el partidismo a ultranza, que solo defiende los intereses de grupo, puede llevar al resquebrajamiento o a la destrucción de las instituciones.
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1García Naranjo, Memorias, p. 297.
2Como resultado de ellos se publicaron varios libros, entre los que destacan: Olea Franco (ed.), Los hados de febrero; Monroy Nasr y Villela F. (coords.), La imagen cruenta, y Garciadiego y Mac Gregor (coords.), Crónica de un cuartelazo anunciado.
3Quizá las dos más comentadas fueron: Gilly, Cada quien morirá por su lado y Saborit (ed. y pról.), Febrero de Caín y de metralla.
4En 2009 se publicó el libro Memorias de Rafael L. Hernández, con prólogo de Friedrich Katz y presentación, estudio preliminar y notas de Fernando Serrano Migallón.
5Estos documentos se localizan en la biblioteca personal del doctor Enrique Luis Graue Wiechers. Agradezco infinitamente a la familia Graue Hernández que me haya permitido publicarlos.
6Bernardo Ibarrola, especialista en historia militar, ha señalado que entre los siglos xvi y xix, una de las preocupaciones más persistentes entre los militares en las etapas bélicas fue defender las ciudades, evitando la guerra urbana. Situación que en este caso no pareció preocupar al ejército que se escindía, y escogió la ciudad de México como escenario. “La rebelión de la Ciudadela pone en jaque al gobierno de Madero: la historia militar por contar de la Decena Trágica”, en Garciadiego y Mac Gregor Crónica de un cuartelazo, p. 33.
7En Vera Estañol, Historia de la Revolución, pp. 295-310, aparece la corres pondencia entre ellos a pie de página. Los que negaron que en conjunto se había acordado dar muerte a Madero fueron: Jorge Vera Estañol, Rodolfo Reyes, Francisco León de la Barra, Toribio Esquivel Obregón y Alberto García Granados (éste, en sus declaraciones ante la causa marcial que el constitucionalismo le instruyó en 1915).
8Por ejemplo, en 2009 se publicaron los apuntes o diario del ministro japonés en México que dio asilo a la familia Madero; Horigutchi, “Diario de la Decena Trágica del 9 al 27 de febrero de 1913”, en Bicentenario, 4 (abr.-jun. 2009) y Saborit, por su parte, incorporó en su antología documentos desconocidos, entre otros, una carta de Rafael Zayas Jr. a su hermano Marius y un relato anónimo e incompleto localizado en los manuscritos de Félix Díaz que se encuentran en el Centro de Estudios de Historia de México, Grupo Carso, Saborit, Febrero de Caín y de metralla, pp. 329-343 y 356-376.
9En cualquier trabajo sobre la primera etapa de la revolución mexicana pueden encontrarse estas narraciones pormenorizadas: Vera Estañol, Historia de la Revolución, pp. 269-278; Ross, Francisco I. Madero, pp. 263-312; Ulloa, La revolución intervenida, pp. 79-84; Meyer, Huerta, pp. 51-91; Katz, La guerra secreta, t. 1, pp. 119-139; Mac Gregor, México y España, p. 159; la más reciente es la de Saborit, Febrero de Caín y de metralla, pp. xxx-liv, y la más extensa, la de Márquez Sterling, Los últimos días de Madero, la mayor parte del grueso libro.
10Tal es el caso del libro de Rodríguez Kuri, Historia del desasosiego.
11Ibarrola, “La rebelión de la Ciudadela pone en jaque al gobierno de Madero: la historia militar por contar de la Decena Trágica”, en Garciadiego y Mac Gregor, Crónica de un cuartelazo, pp. 36-37.
12Ibarrola, en Garciadiego, Crónica de un cuartelazo, pp. 3-17, ha hecho notar recientemente que, en términos militares, esta etapa no está explicada, por el contrario, considera que las respuestas dadas son “aproximativas, precarias y, no pocas veces, contradictorias.” En su opinión: “las versiones de la guerra falsa […] se apoyan más en supuestos sobre sus protagonistas que en evidencias de los hechos o la coherencia de éstos”. La interpretación de que Huerta, comprometido con los sublevados, no los combatió, remite a que realizó “una guerra falsa”. Efectivamente, no se ha acometido un estudio militar en forma para conocer el estado de las fuerzas de cada grupo en ese momento; nos hemos quedado con las opiniones de los testigos, las más de las veces partidistas. Ignoro si tenemos fuentes para cubrir este hueco. Sólo un estudio pormenorizado respecto de las armas y municiones, los hombres, los espacios ocupados y las operaciones -como indica Ibarrola- nos podrá explicar la conducta de Huerta al frente de las fuerzas gobiernistas. Con otros argumentos, Pedro Salmerón también cuestiona las afirmaciones de que Huerta envió al matadero a los maderistas en su apoyo a los hombres de la Ciudadela, “Los maderistas leales en la Decena Trágica”, en Monroy Nasr y Villela F. (coords.), La imagen cruenta, pp. 59-66.
13Aurelio de los Reyes sostiene que el 25 de febrero, en la prensa, aparecieron anuncios para informar sobre la próxima exhibición de las vistas cinematográficas de la Decena Trágica. Ponencia: “La Decena Trágica en películas”, El Colegio de México, 7 de febrero de 2013. Lo mismo sostiene para los avisos de venta de postales y álbumes fotográficos Arturo Guevara. Ponencia: “Heliodoro J. Gutiérrez, anuncios de ocasión, se venden postales”, Dirección de Estudios Históricos, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 6 de febrero de 2013. Los vencedores no censuraron esta publicidad, lo que nos permite concluir que estuvieron de acuerdo con la designación, que al mismo tiempo que daba nombre a un proceso, implicaba una descalificación a Madero por las muertes y penurias sufridas por los habitantes de la ciudad de México. No obstante, el título prevaleció, perdiendo con el tiempo la connotación negativa hacia este mandatario, pero conservando el carácter trágico del momento.
14De hecho, aceptar que hubo dos golpes no invalida la posibilidad de que cuando se preparaba el primero, los organizadores se hubieran puesto en contacto con Huerta. Los reyistas que buscaban adeptos debieron haber acudido a otro reyista como lo había sido Huerta. Rafael Zayas Jr. afirma que desde el 10 de enero de 1913, los complotistas quedaron desligados de Huerta y Aureliano Urrutia, pues éstos consideraban que “no era conveniente levantarse así”. Rafael de Zayas a Marius Zayas, 24 de agosto de 1913, en Saborit, Febrero de Caín y de metralla, p. 337; Saborit, “2ª de Mérida 51. La Decena Trágica en la escritura de Rafael de Zayas”, en Garciadiego y Kourí (comps.), Revolución y exilio en la historia de México, pp. 159-172.
15Márquez Sterling, Los últimos días, p. 456.
16Cosío Villegas, Historia moderna de México. El Porfiriato, pp. 857-858.
17Diccionario histórico, p. 152.
18Carlos González Salas, “Bosquejo histórico”, en Diccionario histórico, p. 31.
19El doctor Bernardo Ibarrola, especialista en historia militar, me hizo saber que debió tratarse de un cañón de 75mm, que podía lanzar diferentes tipos de munición, entre otros, granadas de incendio. Asimismo, me informó que estos cartuchos ya existían en otras partes del mundo, y que estos datos permiten suponer que ya se contaba con ellos en México.
20Katz, La guerra secreta, vol. 1, pp. 128-129, apoyado en el diario del ministro alemán en México Paul von Hintze.
21Palavicini, Los diputados, pp. 7-10.
22Se refiere a la XXV Legislatura (septiembre 1910-septiembre 1912). Esta Legislatura fue la que dio el triunfo a Díaz en las elecciones de 1910 y rechazó el memorial presentado por el Partido Nacional Antirreeleccionista en el que se solicitaba la anulación de las elecciones por los fraudes cometidos. Los Acuerdos de Ciudad Juárez de mayo de 1911 dieron fin a la revolución iniciada por Madero en noviembre del año anterior: se presentaron las renuncias de Porfirio Díaz y Ramón Corral, pero se designó presidente provisional al que señalaba la ley como el sucesor en caso de ausencia presidencial y vicepresidencial, el secretario de Relaciones Exteriores, en ese momento el licenciado Francisco León de la Barra, y se designó un gabinete de transición, conciliador entre los dos bandos. Se dejaron en pie los poderes Legislativo y Judicial a fin de dar continuidad al gobierno, y Madero quedó en libertad para presentar nuevamente su candidatura en el momento en que se convocara nuevamente a elecciones. Evidentemente esta legislatura a la que hace alusión Obregón era completamente porfirista.
23En sus memorias, Rafael L. Hernández destaca que, como secretario de Fomento, tuvo que hacerse cargo de algunas prácticas que correspondían a la Secretaría de Gobernación. Particularmente enfatiza su trato con los legisladores con el objeto de tender puentes entre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Serrano, Memorias de Rafael L. Hernández, pp. 131-133.
24El 1o de diciembre de 1911 un diputado presentó una proposición para que comparecieran ante la Cámara de Diputados los secretarios de Justicia, Guerra y Marina y Gobernación para que informaran sobre algunas noticias en torno a la ejecución sumaria de prisioneros y los atentados contra tres periodistas en el norte del país. Al día siguiente, Abraham González, el secretario de Gobernación, respondió que el Consejo de Ministros había decidido, apoyándose en el art. 72 constitucional, que no asistirían, pues las cámaras, para comunicarse con el Ejecutivo debían nombrar comisiones. Para mayor información puede consultarse Mac Gregor, La XXVI Legislatura, pp.45-53.
25De acuerdo con el art. 62 constitucional, el Congreso tenía dos periodos de sesiones. El primero iba del 16 de septiembre al 15 de diciembre, y podía prolongarse hasta por 30 días hábiles, y el segundo, del 1o de abril al 3 de mayo, que podía prorrogarse solo hasta por 15 días hábiles. Esta entrevista tuvo lugar cuando iba a iniciarse el segundo periodo de sesiones del segundo y último año de gestión de esta Legislatura.
26Las elecciones de la XXVI Legislatura (1912-1914) fueron las primeras elecciones federales que se celebraron en México mediante el voto directo. Se renovó el total de la Cámara de Diputados y la mitad de la de Senadores, y se realizaron el 30 de junio. También se eligió a los ministros de la Suprema Corte, pero a ellos por voto indirecto. Se elaboró una nueva ley electoral en diciembre de 1911 para reducir los vicios electorales del porfiriato, misma que fue reformada en mayo siguiente para ponerla a tono con la reforma constitucional del voto directo. Mac Gregor, La XXVI Legislatura, p. 53.
27Sobre la discusión de credenciales puede consultarse Mac Gregor, La XXVI Legislatura, pp. 67-83, y Sánchez, “La legitimidad política”.
28Muy probablemente una manera de aludir a la gente que apoyó a Fermín Legorreta como candidato a la gubernatura del estado. Durante los meses de junio a noviembre de 1911, Espiridión Lara presidió el gobierno de Tamaulipas; durante su gestión organizó el Partido Liberal, que eligió a Legorreta como candidato a sucederlo; sin embargo, éste murió antes de celebrarse las elecciones; “lo sustituyó Matías Guerra, quien venció al licenciado José Gracia Medrano, candidato del mismo Madero. Aunque Matías Guerra no era maderista obtuvo el gobierno, y ello explica su reconocimiento al usurpador Huerta”. Carlos González Salas, “Bosquejo histórico”, en Diccionario histórico y biográfico de la Revolución Mexicana en el Estado de Tamaulipas, vol. 7 del Diccionario histórico, pp. 30-31.
29El artículo 58 constitucional señalaba que debían elegirse dos senadores por cada estado y dos por el Distrito Federal, es decir, los territorios no tenían representación en el Senado. Las legislaturas locales eran las que extendían la credencial a los ganadores y la Cámara de Senadores calificaba la elección de sus integrantes. Esta asamblea se renovaba por mitad cada dos años. Es decir, en ese momento el máximo posible de senadores eran 56, y para sesionar o instalarse, debía contarse con las dos terceras partes de los legisladores electos de acuerdo con el artículo 61, no así la de diputados, para la que se exigía solo más de la mitad de sus integrantes. Obregón fue electo senador segundo propietario por Tamaulipas y su suplente fue Cipriano Guerra Espinoza. Protestó como legislador el 13 de septiembre de 1912.
30Las cursivas entre corchetes son correcciones hechas a mano sobre el escrito mecanográfico.
31Lascuráin hizo un viaje a Estados Unidos entre el 5 de diciembre de 1912 y el 14 de enero de 1913 con el propósito de charlar con funcionarios del gobierno sobre la situación de México y la posición del gobierno es ta do uni den se. En diferentes ciudades logró entrevistarse con William Taft, el presidente, Philander Knox, el jefe del Departamento de Estado, y con el presidente electo, Woodrow Wilson. Nótese que las fechas a las que Obregón hace referencia no coinciden con las del viaje, a menos que Lascuráin se hubiera referido a notas previas y no a las de su recorrido. Cabe señalar que uno de los motivos de éste fue solicitar el retiro del embajador Lane Wilson. Mac Gregor, México y España, pp. 142-144.
32En la madrugada del 16 de octubre de 1912, Félix Díaz se rebeló en Veracruz y logró tomar el puerto. El general Joaquín Beltrán fue el encargado de enfrentar el movimiento: al amanecer del día 23, atacó y recuperó la plaza en pocas horas y arrestó a Díaz. Al día siguiente se reunió una corte marcial para juzgar a los sublevados. Se decretó la pena de muerte para éste y otros tres rebeldes. Diversas comisiones solicitaron que Díaz fuera perdonado; a la Suprema Corte de Justicia se solicitó una pena acorde con el hecho de que Díaz había renunciado al ejército y no debía someterse a la justicia militar. La Suprema Corte atendió la petición, se suspendió el acto y Díaz fue trasladado a la penitenciaría del Distrito Federal. Ross, Francisco I. Madero, pp. 255-262.
33En ese momento el secretario de Guerra era el general Ángel García Peña, quien sustituyó al general José González Salas cuando éste salió a combatir a Pascual Orozco en Chihuahua en marzo de 1912.
34La Escuela de Aspirantes era una institución militar creada bajo los auspicios del general Reyes. Al parecer, competía con el Colegio en lo relativo a la formación de militares, solo que lo hacía en menos tiempo. Según Felipe Ángeles se exigía solo la educación primaria para ingresar, y los estudios duraban año y medio. Este general “Veía en ella […] una semilla de división en la institución militar desde los años mismos de formación de sus oficiales”. Gilly, Cada quien morirá por su lado, pp. 14-15.
35Se refiere al estudio fotográfico Daguerre. Al llegar al final de la Av. Juárez, frente al Teatro Nacional, se escuchó un tiroteo; una de las balas mató a un policía que estaba cerca de Madero. Él y sus acompañantes se refugiaron en el estudio, en tanto se tenían noticias de lo que ocurría en Palacio Nacional. Al saberse que el defensor, el general Villar, estaba herido, se nombró a Huerta jefe militar de la plaza, por cierto -ya que muchas veces se olvida- el militar de más alta graduación en la ciudad de México en ese momento: general de división, categoría que justificaba plenamente su nombramiento. Existen diversas tomas fotográficas en las que se ve a Madero saludando a la multitud.
36En cursivas entre corchetes se incorporó una nota manuscrita que se encuentra al margen del documento, ya que con flechas se indica cuál es su lugar.
37En cursivas entre corchetes nota manuscrita que corrige el original, aunque el resultado es una mala redacción.
38La difícil situación y las presiones que Madero recibía del cuerpo diplomático, encabezado por el decano, Henry Lane Wilson, quien no solo presionó sino mintió respecto a la posible intervención de las fuerzas armadas estadounidenses en México, orillaron al presidente a telegrafiar directamente a su homólogo en Estados Unidos el 14 de febrero. Taft respondió que las tropas no desembarcarían, aunque manifestó el pesimismo que se sentía por la situación en México desde dos años atrás. También se llamó la atención a Lane Wilson sobre su actividad diplomática en México, pero éste no se detuvo, si no que continuó actuando abiertamente contra Madero. Ulloa, La revolución intervenida, pp. 81-82.
39Se encontraba en la avenida de Plateros, hoy Francisco I. Madero, número 36, esquina con Motolinía.
40Fue tan activa y pública esta participación, que se vinculaba a Obregón con la decisión de Lascuráin de renunciar antes de que Madero y Pino abandonaran el país. Por ello el 18 de julio de 1914 apareció una entrevista en El País, en la que el senador aseguró no haber asesorado a Pedro Lascuráin cuando éste presentó su renuncia. Diccionario histórico, p. 152.
41Inmediatamente después que tomó el poder, Huerta se dirigió a los gobiernos con los que México sostenía relaciones para informar sobre su acceso al poder y obtener su reconocimiento, lo mismo hizo con los gobernadores de los estados. También se emitió una ley de amnistía. Sin embargo, desde el mismo 19 de febrero, antes de la muerte de Madero y Pino Suárez, el gobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, rechazó la legitimidad del nombramiento presidencial de Huerta. La legislatura local lo apoyó y le otorgó poderes militares para restablecer el orden legal. Por su parte, el 5 de marzo, la legislatura de Sonora aprobó un decreto en el que desconocía al gobierno federal, si bien el gobernador José Ma. Maytorena había pedido licencia para no afrontar la situación, y había sido sustituido por Ignacio L. Pesqueira. De acuerdo con Michael Meyer, para evitar que secundaran el ejemplo de Carranza, desde fines de febrero Huerta empezó a sustituir gobernadores; los primeros tres acusados de simpatizar con el constitucionalismo fueron Rafael Cepeda de San Luis Potosí, Alberto Fuentes D. de Aguascalientes y Felipe Riveros de Sinaloa. El mismo autor hace notar que otros gobernadores maderistas fueron reconociendo uno a uno a Huerta. Meyer, Huerta, pp. 74 y 96. El levantamiento constitucionalista se formaliza el 26 de marzo con la firma del Plan de Guadalupe.
Documento 1. Apuntes del Senador Guillermo Obregón sobre la Decena Trágica
[Relato en primera persona de la Decena trágica y participación de Guillermo Obregón en ella]
El 24 de marzo de 1912, fuí electo Presidente de la Cámara de Diputados de la que formaba parte como Diputado, al Congreso de la Unión por un Distrito del Estado de Veracruz.22
Mi elección para ese puesto se organizó y explica de la siguiente manera:
En diciembre del año anterior, o sea de 1911, fuí invitado a concurrir a una junta que se celebraba en casa de mi amigo el Señor Diputado Don Eduardo Novoa. Allí encontré a los Señores Diputados Ramón Prida, Genaro y Daniel García, Ezequiel Chávez, Adalberto Esteva y José N. Macías. El señor Novoa dijo que nos había reunido con motivo de un proyecto que se leyó presentado por el Señor Prida y consistía en formar un grupo importante de Diputados para despachar en el siguiente periodo de sesiones los Presupuestos de Ingresos y Egresos, debiendo el grupo estar unido con tal fin, es decir para cumplir un deber constitucional con libertad absoluta de proceder en todo lo [ilegible] como pareciese conveniente a cada miembro del grupo. Se nombró una comisión de la que formé parte con los señores Macías, Chávez y Genaro García, para estudiar ese proyecto. Se habló de ser conveniente que el grupo tuviese otros objetos y procurarse obtener la elección del personal de la Mesa de la Cámara en el siguiente periodo de sesiones. Al efecto, en otra junta en la misma casa del Señor Novoa, se hizo una lista con varios nombres como candidatos a la Presidencia y Vice-Presidencia, y desde luego el Señor Novoa me hizo el favor de indicar mi nombre como candidato a la Presidencia de la Cámara.
La comisión se reunió para estudiar el proyecto del señor Prida y resolvió que era de modificarse en su totalidad y opinamos la conveniencia de formar un grupo independiente de carácter político, en la Cámara, para trabajar unidos todos los miembros de él y hasta se llegó a pensar organizar un Partido Nacional. Ese grupo de Diputados haría oposición a todo lo que fuese contrario a la Constitución de la República y al bien del país y apoyaría todo proyecto de ley conveniente. El grupo no sería gobiernista, sino que procedería con independencia. Redactado el programa, fué aceptado por todos los concurrentes a las juntas que celebrábamos y otros muchos diputados.
Me ausenté de esta Ciudad para ir a Tampico y a mi regreso siguieron las conferencias y entonces el Señor Novoa y otros compañeros me informaron que habían hablado con el Ministro de Fomento, Licenciado Rafael Hernández, amigo nuestro, explicándole nuestra actitud, que vió con agrado.23 Le explicamos en conferencias que tuvimos después, con toda precisión y claridad que tendríamos gusto en platicar con él y que no estábamos dispuestos a hablar sobre los asuntos que en la Cámara se presentasen, con ningún otro Ministro.
Se aproximó la elección de Presidente y Vice-Presidente de la Cámara, y entonces el Licenciado Rafael Hernández nos invitó a una junta para conocer la designación de los candidatos. En esa junta los Diputados presentes, por mayoría de votos, votaron por mi candidatura. El licenciado Hernández habló a otros Diputados amigos suyos para que la apoyasen. Los demás amigos de la Cámara, por buena mayoría, estuvieron conformes y fuí electo.
El 26 de marzo, visité al Presidente de la República Don Francisco I. Madero, en Chapultepec. No tenía yo con él otras relaciones que el haber concurrido a una junta que provocó en diciembre anterior, con motivo de interpelación a los Ministros en la Cámara de Diputados. En esa junta sostuve el deber de los Ministros de concurrir al llamado de las Cámaras para informar y contestar interpelaciones.24
A esa junta asistieron los Diputados Novoa, Genaro García, Ezequiel Chávez y José María Lozano y cada uno presentó argumento a fin de convencer al Presidente que debía respetar el llamado de las Cámaras a los Ministros y que éstos debían concurrir. El Presidente, influenciado por sus Ministros [Manuel] Calero y [Miguel] Díaz Lombardo, se negaba a que concurriesen los Ministros a las Cámaras, y, como estaba para terminar el período de sesiones en diciembre, convenimos a propuesta suya en dejar pendiente de resolución el punto hasta el siguiente periodo para evitar inmediatas dificultades y fricciones que trajesen consecuencias graves al país o a las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo. En la visita que hice al Presidente el 26 de marzo, hablamos de la situación del país y con toda claridad dije, que, para obtener la paz y la tranquilidad públicas, era necesario que apenas abiertas las sesiones del Congreso en abril,25 procurase que se presentara a la Cámara la renuncia del Señor Pino Suárez de cargo de Vice-Presidente. Me contestó admirado diciendo que dicho Señor era una buena persona; repliqué que yo no le conocía, pero que la opinión de la Nación era dominante en el sentido de que, no tuvo ni tenía ese Señor antecedentes para ser electo Vice-Presidente, ni tampoco tenía los méritos y aptitudes para ese puesto. Me pidió que dejáramos ese punto pendiente por poco tiempo, con la esperanza de que hubiera convencimiento en el Congreso en sentido contrario.
Varias veces después de esta visita, le hablé en los mismos términos, y como me dijese que no estaba satisfecho con el Ministro de Justicia [Manuel Vázquez Tagle], porque á todo le ponía dificultades, aproveché la oportunidad para decirle que debía hacer un cambio en su Ministerio, procurando tener como Ministros a personas de prestigio, de aptitud notoria y de honorabilidad, como medio de lograr la confianza de hacer prosperar al país, pues sus Ministros no gozaban como tales, de la buena opinión.
Vino después la elección de Diputados y Senadores.26 Hablé al Presidente Señor Madero, en el sentido de hacer un esfuerzo para procurar que se hicieran realmente elecciones, aportando para ello los elementos necesarios de propaganda. Le indiqué que podía hacerse en cada Distrito Electoral propaganda en favor de determinados candidatos que reuniesen buen concepto ante la opinión y la aptitud, juicio y patriotismo necesarios para lograr que fuesen electos y hubiese en las Cámaras un personal como convenía a la Nación. Le recomendé a muchos de los Diputados que estaban funcionando en las Cámaras de Diputados y Senadores. A esto me obligaban mis compromisos políticos con mis amigos y la convicción de que ello convenía a la Nación. Me contestó que aceptaba mis ideas y que las iba a poner en práctica, concediendo todo su apoyo moral porque no quería que hubiese fraude ni violencia en las elecciones.
De esto mismo hablé al señor Lic. [Jesús] Flores Magón, Ministro de Gobernación y amigo mío.
El resultado fué que no se supo conducir este asunto ni obtener éxito en las elecciones y vinieron a la Cámara muchas personas que han demostrado tener grandes inconvenientes. Además, son conocidos por el público los fraudes y abusos que se cometieron en la Cámara de Diputados para constituirla, aprobándose credenciales nulas, rechazándose legítimas y aún declarando Diputados a quienes ni credencial tenían.27
Con el deseo de ser Senador, me anticipé a preparar los trabajos necesarios, valiéndome de las relaciones y amigos que tengo en el Estado de Tamaulipas, mi Estado natal. Encontré la mejor acogida y organicé los trabajos de la elección en el Estado, al que fuí para hacer la campaña electoral con el apoyo de los buenos elementos que me ayudaron allí. El partido entonces dominante en el Estado, llamado “Legorretista”28 tenía organizado un importante número de Clubs, más de setenta, con los que proclamó mi candidatura para primer Senador Propietario por el Estado. El Partido “Juan José de la Garza” organizado en el Distrito de Tula, proclamó también mi candidatura y muchos amigos personales que tienen las mejores relaciones en el Estado y la mejor significación, me dieron su apoyo. El resultado fué que, aún teniendo como competidor a mi amigo y paisano el señor General Brigadier Samuel García Cuéllar, obtuve una inmensa ventaja en la elección, en el número de votos. La Legislatura del Estado declaró en Colegio Electoral, que yo fuí electo y la Cámara de Senadores aprobó mi elección y credencial de Senador.29 Desde que ingresé al Senado, hablé varias veces a los Ministros de Guerra [general Ángel García Peña], Hacienda [Ernesto Madero] y Fomento [Rafael L. Hernández] del señor Presidente Madero cuya buena relación de amistad he cultivado desde años antes de que viniesen al Gobierno, indicándoles la necesidad de un cambio en el Gabinete del Presidente, como medio indispensable y conveniente para procurar la tranquilidad y bienestar del País y lograr el bien de la República.
Cada día se observaba que la marcha del Gobierno era desacertada y que el Presidente no tenía las condiciones necesarias para regir la República; le faltaba experiencia y carecía del conocimiento de hombres en el País y de la Administración Pública. Varias veces hablé con los Senadores señores Gumersindo Enríquez, Emilio Rabasa, Luis C. Curiel, Tomas Macmanus, Ricardo Guzmán, Rafael Pimentel y Aurelio Valdivieso para que hablásemos juntos al Presidente para hacerle comprender la necesidad del cambio de Ministros; en la inteligencia de que, admitíamos que quedasen los Ministros de Guerra y de Hacienda y que todos los demás fuesen cambiados. La opinión dominante en los Senadores mencionados fué, que lo necesario era no solo cambiar Ministros, sino cambiar Presidente. Al fin, reconociendo que esto era más difícil, admitieron que se debía proceder a tratar del cambio de Ministerio.
Convocado el Congreso a sesiones extraordinarias, fuí electo Vicepresidente del Senado para funcionar durante el mes de enero, y fuí llamado varias veces por el Presidente de la República, quien me hizo conocer pretensiones que tenía respecto a [asuntos que afectaban la Soberanía de]30 varios Estados y que estaban sometidos a la resolución del Senado. Con toda franqueza le signifiqué siempre, que no esperase contar con el apoyo del Senado para nada que fuese un ataque a la Constitución o a la Soberanía de los Estados y le hice comprender todo el peligro y lo indebido que era violar la Constitución. En algunas ocasiones fueron testigos de mi modo de hablar al Presidente, los Senadores Don Ignacio Torres Adalid y Don Rómulo Becerra Fabre, el Diputado Lic. Adrián Aguirre Benavídes y el Gobernador de Tamaulipas, Lic. D. Matías Guerra. No pude obtener del Presidente que variase su modo de pensar. Siempre lo encontré optimista y falto de juicio, por más que pude observar que era hombre de buenos sentimientos y de patriotismo pero completamente inexperto, y, sin las dotes necesarias para ser Presidente.
En los últimos días de enero, después de una sesión del Senado nos reunimos veinte Senadores entre los que figuraban los señores Rabasa, Macmanus, Curiel, Valdivieso, Enríquez, Guzmán, Pimentel, Becerra Fabre, Modesto Martínez, Camacho, Castellot, Flores Magón, Calero y otros volvimos a tratar de la necesidad imperiosa de un cambio de Ministerio. La opinión fué unánime y se acordó formar una Comisión para hablar al Presidente del asunto. De los veinte Senadores dos o tres no se mostraron dispuestos a firmar una acta de lo sucedido y hablado en esa junta.
En el mismo mes de enero, hablé al Presidente para hacerle comprender la necesidad de que informase al Senado respecto a nuestras relaciones con el Gobierno de los Estados Unidos y convino en ello y en sesión secreta así lo informé al Senado, quien acordó entonces llamar al Subsecretario de Relaciones para que produjese ese informe. En la noche de ese día fuí llamado con urgencia por el Presidente, porque algún Senador se había acercado a él refiriéndole lo que había pasado en la sesión secreta y para hacerle comprender que era inconveniente a que accediese a que el Senado llamase a un Sub-Secretario de Estado a informar. El Presidente pretendió que yo procurase que el Senado modificara su acuerdo; me negué a ello e insistí en la necesidad de que se cumpliese el acuerdo del Senado. El Sub-Secretario de Relaciones conferenció con el Presidente y se juzgó mejor y así lo aceptó el Senado, aplazar el informe para cuando regresara el Ministro Señor [Pedro] Lascuráin, quien venía pronto y podría dar mayores explicaciones y datos. Regresó el Ministro de Relaciones de los Estados Unidos y fué al Senado a informar, leyendo parte de unas notas, que causaron la más tremenda impresión y la mayor pena, pudiéndose confirmar la opinión de los Senadores de la gravísima situación del país.31 Esas notas son de septiembre y noviembre de 1912.
Ya en el mes de octubre había tenido lugar el pronunciamiento en Veracruz, y cuando supe que el Jefe del movimiento fué preso y se juzgaba en un Consejo de guerra extraordinario a los Jefes de ese movimiento y a otros complicados, hicimos varios Senadores interpelaciones y gestiones en el Senado para que los Ministros de Guerra y Justicia viniesen a informar en el acto y para tomar medidas a fin de evitar que fuesen fusilados el Jefe del movimiento Don Félix Díaz y otras personas. Nuestras gestiones tuvieron el mejor éxito, porque logramos en esa tarde que la Corte Suprema de Justicia, conociendo la actitud del Senado procediese desde luego en bien de los prisioneros y detener al Presidente en un proceder ilegal.32
En el mes de enero y principios de febrero, se estuvo discutiendo en el Senado, el proyecto de ley relativo a crear la deuda Interior de 1913 y la emisión de bonos, que el Gobierno quería fuese de $100.000.000.00. Este asunto de tanta gravedad afectó mucho al Senado y las Comisiones de Crédito Público y Hacienda dictaminaron en contra y en términos duros, pero exactos, respecto a la situación del Gobierno y del país. Con motivo de ese asunto estuve hablando con los Ministros de Guerra y de Hacienda, quienes me manifestaron que ya muchas veces habían indicado al Presidente la necesidad de que cambiara a los Ministros del Gabinete, y principalmente al Señor Pino Suárez, pero que el Presidente no les hacía caso.
El día 8 de febrero, fué sábado, y las Comisiones de Crédito Público y Hacienda, que yo presidí al dejar la Vice-Presidencia del Senado, fueron citadas por el Ministro de Hacienda a una conferencia a las doce de ese día. Fuimos al despacho del Ministro, los Senadores Sebastián Camacho, Tomás Macmanus, Mauro Herrera, Carlos Aguirre y yo y no logró obtener el Ministro lo que deseaba respecto de diversos puntos del dictamen a discusión en el Senado.
Salimos de la conferencia cerca de la una y media de la tarde y entonces me despedí de mis compañeros para irme al Ministerio de la Guerra y hablé con el Ministro,33 insistiendo otra vez en la necesidad de que el Presidente tomase medidas radicales para cambiar su Gabinete y su manera de gobernar. El Ministro, General García Peña, reconoció las razones que expuse.
Cuando entré a la sala de recibir del Ministro, este se encontraba en su despacho y la puerta estaba entreabierta y pude oír que por el teléfono hablaba con el Comandante Militar Gral. Lauro Villar y le decía que el Ministro de Gobernación señor Lic. D. Rafael Hernández estaba muy alarmado porque había recibido avisos escritos diciendo, que al siguiente día, estallaría un movimiento revolucionario y que era necesario que hablase el Comandante Militar con el Ministro después de comer, para tomar algunas providencias.
Pasó el Ministro a la Sala donde yo me encontraba, en donde estuvimos hablando y en esos instantes me enseñó una carta anónima dirigida al Subsecretario de Guerra, Gral. Plata, en la que se le decía poco más o menos lo siguiente:
“Aviso a Ud. que mañana a las 10:00 de la mañana, se reunirán en San Ángel diversas personas importantes y Jefes de Partidos políticos y estallará un movimiento encabezado por un Divisionario”.
Yo hablaba entonces al Ministro de la Guerra haciéndole apremio para que, en su carácter de Consejero de Estado, indicase al Presidente lo que era necesario hacer para salvar la situación de la República.
El Ministro de la Guerra me dijo que los momentos no eran oportunos y seguramente se derramaría sangre y esto era para él muy sencible [sic], pero que tenía que cumplir con su deber.
En vista de lo expuesto debí creer que el Presidente fué informado por sus Ministros respecto del movimiento que iba a estallar y que también lo fueron los demás Ministros. Debí pensar que se tomaron providencias.
Esa misma tarde comuniqué las noticias que tenía a la esposa del señor [Félix] Díaz y a varios Senadores durante la sesión para que estuviesen prevenidos.
En la mañana siguiente, estando en mi casa, oí un gran tiroteo rumbo a la plaza y pocos momentos después supe que había estallado el pronunciamiento. Los alumnos de la Escuela de Aspirantes habían venido de Tlalpan y se habían posesionado del Palacio.34 Las guardias estaban de acuerdo con ellos.
El Ministro de Guerra me refirió, que muy temprano había recibido aviso por teléfono del Mayor de la Plaza, y vino desde luego a Palacio y allí lo recibieron mal los Aspirantes y lo hicieron preso, habiéndolo herido y quedó prisionero en el cuarto de prevención de la Puerta de Honor de Palacio. Se sorprendió al entrar a ese cuarto porque allí encontró detenido a don Gustavo Madero. Que poco rato después oyó que llegaba el General Villar, Comandante Militar, dando voces de orden y que entonces él se aprovechó saliendo del cuarto de prevención, dando también voces de mando para dominar a los soldados, lo cual consiguieron y de este modo se rehicieron de Palacio poniendo presos a los Aspirantes a quienes desarmaron, haciéndose nuevamente de las guardias.
Que entonces él dejó al General Villar en Palacio para que tomase las providencias necesarias y se fue a Chapultepec a buscar al Presidente para traerlo a Palacio.
El Ministro de la Guerra regresó de Chapultepec acompañando al Presidente y venían también los Ministros de Hacienda y de Gobernación y los encontró el de Fomento que se reunió a ellos. Al llegar a la esquina de la Avenida de San Francisco, se hicieron algunos disparos en contra del Presidente, quien se refugió en una Fotografía deteniéndose allí por algún tiempo.35 Venían también algunos Alumnos del Colegio Militar. Allí se reunió al Presidente y a los Ministros, el señor General don Victoriano Huerta que había salido de su casa para presentarse a la Comandancia Militar cumpliendo preceptos de ordenanza. Cuando resolvieron continuar para Palacio y supieron que el General Villar Comandante Militar, estaba herido, entonces dispuso el Presidente que se encargara de la Comandancia Militar y del mando de las tropas del Gobierno, el señor General Huerta.
Cerca de las diez de la mañana, salí de mi casa para ir a mi despacho acompañado de mi hijo Alberto y del señor Abraham Z. Ratner, que vino a buscarme en su automóvil. Recomendé a mi hijo y al señor Ratner, que tomasen amplios informes y que buscasen al General Félix Díaz y le ayudasen para salvarlo de toda dificultad. Poco rato después vino mi hijo a decirme que habían encontrado al General Félix Díaz en una de las calles de Bucareli, al frente de alguna tropa y de varios hombres atacando la Ciudadela. El señor Ratner se había ocupado antes y después de transportar en su automóvil heridos y muertos al Hospital y a diversas estaciones en donde se encontraban médicos.
Durante la mañana de ese día, hubo gran confusión en Palacio con diversos proyectos para proceder, y, mientras tanto, fué descuidada la Ciudadela, cuyos Jefes se rindieron al ser herido de muerte el General Villarreal.
Se resolvió que el Presidente, señor Madero, saldría para Cuernavaca, con el objeto de traer al General Ángeles, con todas las tropas que dicho Jefe tenía en Morelos o las mas posibles y a fin de tener mayores elementos en la ciudad de México, para dominar el movimiento en la Ciudadela. El señor Madero salió para Cuernavaca, y parece que al llegar cerca de Tlalpan, o después de éste punto, y por error, le hicieron algunos disparos. Iba en un automóvil acompañado de dos o tres personas. [Iba acompañado de su esposa Sara P. de Madero y de su hermana Ángela].36 El señor [Manuel] Bonilla Ministro de Fomento, se fué para San Luis Potosí en la misma noche; llegó allí en la mañana y encontró en la Estación al Dr. [Rafael] Cepeda, Gobernador del Estado, y el objeto de su viaje fué procurar algunas tropas que viniesen de Coahuila, San Luis Potosí y Aguascalientes para México, poniéndose también de acuerdo para ello con los Gobernadores [Venustiano] Carranza y [Alberto] Fuentes. El señor Bonilla regresó inmediatamente de San Luis, (entiendo que en la misma noche del día de su llegada a esa ciudad) y vino a México.
Mi hijo Emilio se había introducido en la Ciudadela con los que a ella entraron y vió cómo se encontraba aquella fortaleza y cuánto entusiasmo tenían todos los que acompañaban a los Generales Díaz y Mondragón. El lunes salió mi hijo de la Ciudadela acompañando a varias personas para ir rumbo a Tlalpan a fin de encontrar elementos de tropa o gente armada que se decía venían en apoyo del movimiento que dirijían [sic] en la Ciudadela. Por mi hijo pude saber que en la Ciudadela había gran cantidad de parque y armas, que tenían bastantes provisiones de boca y que muchas personas iban a llevarles dinero para sus necesidades. En la tarde de ese día, lunes, estuve en comunicación con el Senador Lic. Francisco de la Barra y concerté con él una cita para en la noche. Fui a buscarle a las once de la noche teniendo alguna dificultad para saber cuál era la calle en donde se encontraba la casa a la que había ido a refugiarse de la Barra. Estuve hablando con él poco mas de una hora y me informó que había enviado una carta al Presidente en ese mismo día, ofreciéndole sus buenos oficios.
Después de las doce de la noche regresé a mi casa pero en una de las calles de la Colonia Juárez encontré al Lic. D. Luis Elguero a su hermano y a otra persona, y apenas tuvimos tiempo de hablar porque muy cerca de nosotros escuchamos algunos disparos.
Recorrí varias calles para tomar el automóvil que me había conducido y regresé a mi casa.
El lunes y días siguientes, se hicieron diversos ataques a la Ciudadela, pero los Jefes del movimiento, se había preparado poniendo en las bocacalles próximas a la Ciudadela baterías de artillería con sus respectivos cañones y ametralladoras, teniendo así posiciones muy ventajosas. Salí a la calle y pude observar que no había gendarmes y que la policía no existía en todo el centro de la ciudad. Se me dijo, y fué cierto, que muchos gendarmes se iban a la Ciudadela a unirse a los pronunciados y que el Gobierno se vió en el caso de encerrar a los demás, en diversas comisarías, para que no se fuera a aumentar el número de los rebeldes.
Durante los días que transcurrieron estuve recibiendo noticias por teléfono, que me comunicaban diversos amigos y personas que a la vez que me pedían algunos informes, me decían lo que ellas sabían. Entre esas personas el señor Don Francisco Madero, padre del Presidente de la República me avisó que el Gobierno tenía todos los elementos necesarios, que de ese día al siguiente quedaría tomada la Ciudadela.
El miércoles siguiente al domingo en que estalló el movimiento, me puse en comunicación por teléfono con el señor Ministro de España [Bernardo Cólogan y Cólogan] y en nuestra conversación le manifesté que, en mi concepto, la situación se haría más grave teniendo en cuenta que la clase trabajadora y los empleados públicos y particulares, no tendrían ya en esa semana elementos para satisfacer las más precisas exijencias [sic] de la vida y se verían en el caso de tomar alguna actitud seria, muy difícil para el Gobierno. El señor Cólogan, Ministro de España, consideró ésta circunstancia como en efecto, de mucha gravedad y me dijo que iba a tener una conferencia con el Presidente de la República en unión del Embajador Americano [Henry Lane Wilso] y del Ministro Inglés [Francis Stronge] y después me comunicó que habían tenido esa entrevista en Palacio y que había hecho esa reflexión al Presidente, y que el Embajador Americano y el Ministro Inglés habían manifestado que no era aceptable que en una ciudad como México se verificaran combates como los que tenían lugar y que sería conveniente determinar una zona de fuego en el caso de que no pudiera evitarse todo lo demás. El Presidente contestó que todo quedaría dominado al siguiente día o en muy breve tiempo. Los combates continuaban y la ciudad presentaba el más triste aspecto. Se veía que la situación del Gobierno era cada día peor.
El viernes tuve noticia de que el señor Ministro de relaciones Lic. Pedro Lascuráin había dirigido una comunicación al Presidente del Senado señor Dr. Juan C. Fernández y Senador por el Estado de Nuevo León, pidiéndole con urgencia que citase a los Senadores a una sesión a la que concurriría por acuerdo del Presidente para informar sobre el estado de nuestras relaciones con los Estados Unidos del Norte. El señor Doctor Fernández me comunicó lo expuesto y me citó, para concurrir a la casa del señor Senador Don Sebastián Camacho.
Había sabido también que ese mismo día viernes en la mañana, el Presidente de la República llamó al Ministro de España y al señor Lic. De la Barra encareciéndoles que procurasen obtener de los generales Díaz y Mondragón una suspensión de hostilidades durante tres días con el objeto de ver si dentro de ese tiempo podían entrar en algunos convenios y que las familias residentes en la región en donde se encuentra la Ciudadela, pudiesen cambiar de domicilio, y que, si no llegaban a un arreglo los Jefes pronunciados y el Gobierno, entonces continuarían las hostilidades después de esos tres días.
Me dispuse a asistir al llamado del Presidente del Senado y concurrí a la casa del señor Senador Camacho. Allí nos reunimos los Senadores Fernández, Camacho, Rabasa, Curiel, Guzmán, Flores Magón, de la Barra, Pimentel, Carlos Aguirre, y yo. El Senador Víctor Manuel Castillo dijo que tenía que salir esa noche para Córdoba con motivo de estar seriamente enferma la señora su mamá. El Senador Calero estaba escondido en la Legación Inglesa. El Senador Mauro Herrera estuvo indispuesto y no pudo salir de casa.
El señor Lascuráin con quien me comuniqué por teléfono por encargo de los Senadores, pretendía que celebrásemos una sesión en la Sala de Sesiones del Senado, en el Palacio Nacional. Consideramos no tener garantías en virtud de que dentro del mismo Palacio Nacional había sido fusilado un Diputado, el señor Gral. D. Gregorio Ruiz, y advertimos al señor Lascuráin que estábamos ya reunidos en casa del señor Camacho y que, si quería conferenciar con nosotros, debía venir a esa casa. Vino, en efecto, después de las seis de la tarde y nos manifestó que tenía instrucciones del Presidente de la República para hacernos saber que la situación del País era muy grave, porque el Gobierno Americano había dispuesto la salida de varios buques de Guerra para presentarse en diversos puertos del país entre ellos Veracruz y Tampico en el Golfo y algunos otros en el Pacífico y que además sabía que habían salido dos transportes de guerra conduciendo cerca de dos mil soldados americanos que venían apoyados por esos barcos de guerra. El señor Lascuráin nos manifestó gran angustia por tal situación y nos dijo que deseaba que los Senadores pensáramos sobre esto y tomáramos alguna resolución. El señor Lascuráin no nos dijo que en ese mismo día viernes él había hablado al Presidente señor Madero, aconsejándole que presentara su renuncia, tampoco nos dijo que el Ministro de Guerra señor General García Peña también había aconsejado al Presidente en ese mismo día que presentase su dimisión en bien del país. En dicha junta que tuvimos con el Sr. Lascuráin todos los senadores opinamos que la única solución conveniente y patriótica para el país, era la dimisión del señor Presidente y del Vicepresidente, y entonces acordamos, de acuerdo con el señor Lascuráin nombrar una comisión a la que [apoyos en sus demandas para acercarse al Presidente señor] Sopnora37 Madero y hablar con él en el sentido indicado. El personal de esa comisión se formó de acuerdo con el Sr. Lascuráin y fuimos designados el Sr. Fr. Fernández, primer Vice-Presidente del Senado, el señor Lic. D. Gumersindo Enríquez y yo. El Señor Senador Enríquez no había concurrido a la junta porque su casa se encontraba bajo el dominio del fuego.
Convenimos en ir a su casa a buscarlo y así lo hicimos en un automóvil el Sr. Lascuráin, el Sr. Dr. Fernández, yo, y el Comodoro Izaguirre que acompañaba al Sr. Ministro. Llegamos a la casa del senador Enríquez y le hicimos saber lo que se trataba; en el acto dijo estar dispuesto aprobando la resolución tomada por los Senadores que nos habíamos reunido. Entonces el Sr. Lascuráin nos indicó que pensaba en ese momento que sería más conveniente que antes de hablar al Presidente se reuniese mayor número de Senadores para que fuese más autorizada la demanda de nuestra resolución. Convenimos en ello y regresamos a la casa del Sr. Camacho en donde nos esperaban los demás senadores para una junta, en la Cámara de Diputados, al siguiente día a las siete de la mañana.
Al siguiente día en la mañana estuvimos en efecto en la Cámara de Diputados concurriendo además de los Senadores que nos habíamos reunido en la casa del Sr. Camacho, los siguientes: Señores José Diego Fernández, José Castellot, Ignacio Michel, Mauro S. Herrera, Gumesindo [Gumersindo] Enríquez, Jesús F. Urías, Aurelio Valdivieso, Tomás Macmanus, Modesto L. Martínez, Alejandro Prieto, Alejandro Pezo, Francisco de P. Aspe, Jesus F. Uriarte, Ignacio Magaloni, Salvador Gómez.
El Señor de la Parra informó previamente al señor Lic. D. José Diego Fernández todo lo que había sucedido y mandamos buscar al señor Ministro de Relaciones Don Pedro Lascuráin quien llegó a la cámara y ya en sesión tomó la palabra y nos dijo: que los momentos eran supremos, que la situación era de mayor gravedad a la noche anterior y era preciso tomar una resolución inmediata porque había sabido que a las dos de la mañana, el Embajador Americano había llamado a los Ministros Extranjeros para hacerles saber, que las tropas americanas que conducían los transportes de guerra que venían a Veracruz, tenían la orden de desembarcar y venir hasta la Ciudad de México a pretexto de dar garantías a las Legaciones extranjeras y a los súbditos americanos. No hay para qué decir cuán grande fué la impresión que causó lo expuesto por el Sr. Lascuráin, pero sí agregar que el Sr. Lascuráin y el Sr. De la Barra refirieron a los Senadores en la junta tenida en la casa del Señor Camacho en la noche anterior y esto lo supieron después todos los demás Senadores en la sesión que tuvimos en la Cámara de Diputados, que el señor Presidente Madero el viernes en la mañana había encargado al Ministro de España que gestionase, pero sin aparecer que estaba comisionado por él, el armisticio con los Generales Díaz y Mondragón de que hablé antes, y que después fué el Señor De la Barra como comisionado por el señor Madero y con autorización prévia. Los Generales Díaz y Mondragón contestaron al Ministro de España y al señor De la Barra que estaban dispuestos a aceptar esa suspensión de hostilidades, pero bajo la condición indeclinable de pactar desde luego como cláusula primera, que el señor Madero y el Señor Pino Suárez renunciaban a la Presidencia y Vice-Presidencia de la República, lo cual no aceptó el Señor Madero, como no aceptó el consejo de los Ministros Lascuráin y García Peña, de hacer su dimisión.
[Crónica de la Decena Trágica en tercera persona]
El Gobierno supo el día 8 por cartas anónimas que recibieron el Ministro de Gobernación y el de Guerra que al siguiente día habría un movimiento de revolución.- Dicen los revolucionarios que las pocas tropas que había en la ciudad y Tacubaya estaban comprometidas.- La escuela de Aspirantes se vino de Tlalpan y se posesionaron de Palacio, Catedral, etc., contando con los guardias de Palacio. Llegó muy temprano el Ministro de Guerra y lo hicieron preso habiéndole hecho una herida aunque no grave. Lo pusieron en la prevensión de la puerta de Honor preso y ahí estaba ya preso Gustavo Madero quien parece que había estado de convite en la noche o vigilante y lo agarraron muy temprano.- Llegó el comandante Militar Gral. Villar dando voces de orden á las guardias y el Ministro de Guerra se aprovechó entonces salió dando voces de mando, alertaron á los soldados y pudieron rehacerse y se prepararon á recibir á los que viniesen.
Habían ido á la prisión militar de Santiago el Gral. Gregorio Ruiz para sacar al Gral. [Bernardo] Reyes y el Gral. [Manuel] Mondragón á la Penitenciaría para sacar á Félix Díaz empleando apremios de fuerza para lograrlo.- El Gral. Ruiz llegó con el primer regimiento y atraz [sic] el Gral. Reyes sobre Palacio. Las guardias y tropas que estaban allí le hicieron fuego y murió Reyes siendo aprehendido Ruiz. En la refriega murió el Col. Morelos del Gobierno y mucha gente. Al Gral. Ruiz siendo diputado lo fusilaron en el mismo día en Palacio. La familia Reyes se queja de que se le pusieron muchas dificultades y la trataron con dureza para entregarle el cadáver del Gral.
Félix Díaz con Mondragón tomaron otras calles para ir al cuartel de San Cosme á tomar las piezas de artillería y de allí á las calles de Bucareli para atacar la Ciudadela.- El Ministro de Guerra se fué á Chapultepec para traer al Presidente y lo trajo á Palacio pero al acabar la Alameda le hicieron disparos al Presidente desde el Edificio de la Mutua.- No quiso rendirse la Ciudadela que la mandaban los Grals. [José C.] Dávila y Villareal [sic] con 80 ó 100 hombres y Gendarmes montados. Entonces hirieron mortalmente á Villareal [sic] y Dávila se rindió. El primero murió en el mismo día. Tomada la Ciudadela tuvieron mucho parque armas y procuraron municiones de boca. Herido el Gral. Villar sin peligro fué nombrado Huerta Gral. en jefe y Comandante Militar. Procuró el Gobierno traer tropas de Cuernavaca, Veracruz, Puebla, etc., y artillería. Tuvimos cañoneo diario desde las 7 a.m. las 7 p.m. que se suspendían los fuegos pero algunas noches también hubo fuego. Díaz y Mondragón pusieron cañones y ametralladoras en las bocacalles teniendo dos manzanas de cada lado de la Ciudadela y haciéndose inexpugnables.
La Ciudad pavoroza [sic] y gran temor de que obreros y jornaleros sin salario en esa semana saliesen á buscarse lo necesario. Ningún gendarme en las calles por temor de que se fueran á la Ciudadela y el mayor orden de parte de los habitantes.- Con el cañoneo y metralla se causaron muchos daños y graves á muchas casas del Paseo de Bucareli y de otras calles.- No hubo manifestaciones en favor del Gobierno que tuvo toda la opinión en contra.
El Ministro de España por encargo del Presidente fué á la Ciudadela para procurar un armisticio de tres días para entrar en arreglos, que tuviesen tiempo los vecinos de esa comarca para cambiar de casa y para hacer el entierro de cadáveres y recojer [sic] heridos. Esto proporcionaba al Gobierno tiempo para hacerse de más elementos. El Presidente mandó además por separado y con el mismo objeto á de la Barra cuyos servicios había rehusado algunos días antes. Díaz contestó que estaba dispuesto á aceptar bajo la condición de las renuncias de Madero y de Pino Suárez y del Ministerio todo. No aceptó el Presidente. El Ministro de Relaciones citó al Senado para informarle de la gravísima situación internacional. Se reunieron doce Senadores y en vista de los informes del Ministro resolvieron acordar en su presencia que la única solución era las renuncias y se nombró comisión para hablar con el Presidente.- Los ministros de Guerra y Relaciones habían aconsejado al Presidente que renunciara y la seción [sic] que tuvieron fué terrible.- Se convino nueva reunión de Senadores para el siguiente día sábado y el Ministro de Relaciones se presentó á informar que la situación internacional era gravísima pues á las dos de la mañana el Embajador había citado á sus colegas diplomáticos para avisarles que llegaban las tropas americanas con orden de venir á México. Reunidos 25 senadores unánimes acordaron que la solución era la renuncia y que debía hablarse al Presidente para ello. El Ministro de Relaciones propuso que todos los Senadores pasaran á Palacio pues la reunión fué en la Cámara de Diputados para hablar al Presidente. Dos Senadores más se retiraron para ver al Presidente y dijeron que él les había informado tener telegramas de que las tropas no llegarían ni á Veracruz y que todo había cambiado á su favor.
Resultó que esto no era verdad pero sostuvieron que el Presidente se los había dicho. Anunciados los Senadores por el Ministro de Relaciones se les dijo que serían recibidos cuando concluyese de hablar el Ministro de España con el Presidente. Había ido para decirle en nombre de los Ministros de las Naciones Europeas que era muy conveniente y necesaria la renuncia para salvar la situación del país. El Presidente se negó. Salió el Ministro de España y entonces el Ministro de Hacienda en presencia del de Relaciones y Fomento dijo que el Presidente no estaba en Palacio pues había salido á revistar las tropas lo cual no era verdad. Se les dijo á los ministros porqué se había reunido el Senado y los acuerdos tomados. Contestó el Ministro de Hacienda que el país estaba bien que los reveldes [sic] serían reducidos ó dominados y que la cuestión americana se arreglaría pues el Presidente había telegrafiado al Presidente Americano.38 Salieron los senadores con el desaire de no ser recibidos por el Presidente. Siguieron reuniéndose varios senadores la ciudad supo lo sucedido con gran ansiedad haciéndose demostraciones de simpatía á los senadores.
El domingo á petición del Embajador á las dos partes hubo suspención [sic] de fuegos que debía durar hasta 6 a.m. del lunes para que los vecinos buscasen proviciones [sic] para sus casas y pudieran cambiarse algunos y salir de la zona de fuego pero en la mañana recibió Díaz avisos de que las tropas del Gobierno querían poner unos cañones en una bocacalle, quería avanzar en otros puntos y quería poner dinamita en un colector de aguas que pasa por la Ciudadela. Mandó avisar al Embajador y este nombró dos comisionados para cerciorarse de los hechos y á dicho que le informaron que eran ciertos y entonces dijo á Díaz que procediese con libertad. A las 2 p.m. Díaz rompió el fuego.
El lunes los Grals. Huerta y Blanquet dijeron estar á disposición del Senado. El Gral. Blanquet con sus tropas estaba en San Cosme y fué llamado á Palacio con ellos. El Gral. Huerta dijo que el Presidente quiso ponerlo preso dos veces, que á cada momento le estorbaba sus operaciones militares pretendiendo que se practicaran otras y que llegó á pedirle que lo relevara del puesto que tenía. El martes un grupo de senadores habló con el Gral. Huerta en la Comandancia Militar suplicándole que hablase con el Presidente para convencerlo de la necesidad de las renuncias para salvar á la Patria y que de no hacerlo escojitase [sic] medios para tener una solución acertada y patriótica. El Gral. Huerta llamó en el acto al Ministro de la Guerra y á varios generales y en presencia de los senadores les informó de lo que pasaba y trasmitió al Ministro la súplica para que la llevase al Presidente. El ministro de la Guerra se expresó con energía y estuvo en su posición pero al fin fué á hablarle al Presidente y regresó diciendo que éste esperaba á los Senadores quienes acompañados por el Ministro subieron á la Presidencia. Allí dijeron al Presidente todo lo referido y le indicaron que el patriotismo exigía las renuncias para bien del país. El Presidente los trató con dureza negándose á renunciar y diciendo que permanecería cuatro años más en el poder y moriría en su puesto si era necesario. A las 12 y 1/2 salieron los senadores y el Presidente llamó al Gral. Huerta. Este había sido invitado á comer por D. Gustavo Madero al Restaurant Gambrinus.39 Se dice que era un plan que se tenía en contra de Huerta quien asistió al convite pero á los pocos momentos subieron en Palacio á la Presidencia el Teniente Col. [Teodoro] Jiménez Riveroll y el Mayor [Rafael] Izquierdo con 25 hombres para pedirle al Presidente que bajase por que la tropa estaba inquieta y le notificaron de quedar preso. Los dos oficiales fueron muertos y se ha dicho que por ayudantes del Presidente y que este mismo mató á uno de ellos. Los soldados al ver á los oficiales muertos hicieron algunos disparos y murió allí Don Marcos Hernández hermano del Ministro de Gobernación. El Ministro Bonilla salió corriendo sin sombrero por los corredores para irse á la calle y se ha ocultado. El Ministro de la Guerra estaba en su Secretaría en donde quedó preso bajo su palabra. El Presidente bajó por el elevador con los demás Ministros el Intendente [Adolfo] Bassó y algunos ayudantes pues otros se fueron á ocultar. [Juan] Sánchez Azcona y [Jesús] Urueta se fueron en un automóvil á San Cristóbal para tomar ahí al pasar el tren de la tarde para Puebla, fueron aprehendidos en Apizaco y llevados á Puebla presos. Al bajar el Presidente fué hecho preso por el Gral. [Aureliano] Blanquet lo mismo que Pino Suárez y puestos en la Prevensión [sic] de la Puerta de Honor. Los Ministros quedaron en libertad bajo palabra de honor. Gustavo Madero y el Gral. Delgado quedaron presos en el Restaurant Gambrinus. En noche después de las dos fué fusilado el Intendente Bassó frente á la Ciudadela y ahí mismo fué muerto Gustavo Madero y los enterraron en el mismo lugar. Después de preso el Presidente fué llamado el Gral. [Felipe] Ángeles y puesto preso en Palacio. El Gral. Huerta asumió el poder nombrando á Blanquet Comandante Militar. La ciudad supo lo que pasaba luego toda la gente salió á la calle y los balcones llenos y todos aplaudiendo y vitoreando al Gral. Díaz. En la noche conferenciaron Huerta y Díaz en la Embajada Americana celebrando un convenio que la prensa ha publicado. Al siguiente día el Presidente y Pino Suárez renunciaron interviniendo para esto Ernesto Madero y Lascuráin y los Ministros de Chile [Anselmo Hevia Riquelme], Cuba [Manuel Márquez Sterling], Brasil [Juan Manuel Cardoso de Oliveira], y España. Querían poner condiciones y se les dijo que lisa y llana la renuncia está publicada. Esa misma noche se dió cuenta con la renuncia en la Cámara de Diputados que se reunió con muchos suplentes. Aceptada protestó el Ministro Lascuráin y en el acto nombró Ministro de Gobernación al Gral. Huerta y le tomó protesta en la misma Cámara en la Sala de Comisiones. En el acto se dio cuenta con la renuncia de Lascuráin como Presidente Interino y entró á protestar el Gral. Huerta. Eran las 11 1/2 p.m. Al siguiente día protestaron los nuevos Ministros y al otro día de la Barra para tener licencia del Senado. Se trató de que Madero y Pino Suárez salieran en un tren para Veracruz para embarcarse. Quedaron presos con centinelas de vista cada uno en un cuarto en los bajos de la Presidencia en las oficinas de la Intendencia y allí también el Gral. Ángeles.
El Gral. Delgado quedó preso en la Prevención. El sábado en la noche fuerón [sic] conducidos en un automóvil de Palacio á la Penitenciaria Madero y Pino Suárez y otro automóvil con escolta con 4 rurales.
Al pasar por las calles de Lecumberri dicen las noticias publicadas que un grupo quiso detener los automóviles haciendo fuego que murió uno del grupo y quedaron muertos Madero y Pino Suárez.
Este suceso ha causado terror. Se dió parte al Presidente Huerta quien convocó en el acto al Consejo de Ministros á las 12 1/2 de la noche y se ha dispuesto que se forme una averiguación militar con intervención del procurador.
[Carta de Guillermo Obregón a su hijo Guillermo*
GUILLERMO OBREGÓN
3ª de Motolinía, 28.
México, D. F., febrero 21 de 1913
Mi querido Guillermo:
Ahora que recibo varias cartas á que voy á referirme. Por los periódicos mexicanos y americanos que te mando, te enterarás de todo lo que ha pasado, con detalles. El movimiento estalló y ya terminó todo, después de 11 días. Tuve una activa participación con los senadores para pedir á Madero su renuncia y la de Pino Suárez. Primero se negó á recibirnos y éramos 25, la primera reunión la tuvimos en casa de Camacho y fuimos 12. Allí fué Lascuráin para informarnos de la gravedad con los Estados Unidos. Allí acordamos pedir las renuncias y fuí nombrado en comisión con el Presidente del Senado y con Enríquez. La segunda reunión la tuvimos en la Cámara de Diputados y fuimos 25 y de allí fuí con Lascuráin á Palacio y aún el Presidente estaba allí y se nos dijo que nos recibiría al acabar de hablar con el Ministro de España, quien había ido en nombre del cuerpo diplomático para hacerle ver la necesidad y conveniencia de su renuncia, lo cual lo molestó, salieron después Ernesto [Madero], [Manuel] Bonilla, [Pedro] Lascuráin y el primero nos dijo que el Presidente no estaba allí, cuando acababa de salir [Bernardo] Cólogan Ministro de España, diciéndonos que allí estaba. Todo esto causó malísima impresión en el público, pues se hizo público. Seguimos uniéndonos los senadores. Por el teléfono me preguntaban todas las personas de México, noticias, y el gobierno mandó orden á a oficina de teléfonos para que interrumpieran el mío y el de otras personas, pero aun así tuve medio de comunicación. Entonces fuí á hablar con el General [Aureliano] Blanquet á la Tlaxpana y acabó por decirme que quedaba á la disposición del Senado.
Fuí á hablar con [Victoriano] Huerta á la Comandancia Militar y me dijo lo mismo en conclusión, diciendo que el Presidente había querido ponerlo preso dos veces, que lo llamaba hasta ciento veinte veces al día, queriendo Aereoplanos para hacer fuego sobre la Ciudadela, que era un chiflado, y que era necesario proceder con energía y sin pérdida de tiempo. Ya Huerta había tenido conferencias secretas con Félix Díaz, que había salido de la Ciudadela para ellas. Al siguiente día me llamó Huerta muy temprano, y que sin demora fuese con los Senadores, reuní nueve y nos fuimos á la Comandancia. Antes estuve varias veces en la Ciudadela, aun habiendo peligro de fuego. Huerta ordenó á Blanquet, que con sus fuerzas viniese á Palacio. Ya 300 hombres de Blanquet y varios oficiales se habían pasado á la Ciudadela la noche anterior, Huerta llamó en nuestra presencia al Ministro de la Guerra y á varios Generales, para que escuchasen de nuevo lo que yo había dicho en nombre de los Senadores. Don Sebastián Camacho, estuvo muy enérgico. Los Generales asintieron á lo que dije, pero el Ministro de la Guerra estuvo muy violento aunque excusándose con nosotros y en su puesto de Ministro de la Guerra, es decir en su papel. Salió el Ministro para ver al Presidente desde luego y volvió por nosotros, diciendo que el Presidente nos esperaba. Llevé la voz de los Senadores para pedirle su renuncia. Allí fuimos provocados con insolencias por un muchacho Diputado de Zacatecas, [Enrique] García de la Cadena, y creímos que nos dejarían presos. El Presidente se negó á renunciar, diciendo que nunca lo haría y que moriría en su puesto. Salimos de allí, y hablé de nuevo con Blanquet y con Huerta. Estos dispusieron desde luego proceder y Huerta vino convidado á almorzar al Restaurant Gambrinus, y me ha dicho después, que por sus espías supo que se trataba de matarlo allí, pues se había dado $1,000 á cada mesero á quienes mandó ahorcar en la noche. El evitó subir á la sala á donde estaba la mesa preparada y dijo que comería abajo muy poca cosa y llamó á su oficial en momento dado para que viniese á llamarlo con urgencia y ordenó la prisión de Gustavo Madero que lo había invitado á comer y lo mismo la aprehensión del General [José C.] Delgado y de otro General que estaba allí, que no fué [Agustín] Sanginés.
El Presidente fué preso, pero mandó Blanquet antes á la Presidencia al Teniente Coronel [Teodoro] Jiménez Riveroll y al Mayor [Rafael] Izquierdo, con 25 hombres. Hubo fuego en el Salón del Consejo de Ministros en donde he visto los lugares y muebles á donde tocaron balas. Allí mataron al Teniente Coronel Riveroll y al mayor Izquierdo.
Se dice que fueron muertos por [Adolfo] Bassó Intendente de Palacio y por un ayudante del Presidente llamado [Gustavo] Garmendia. El Capitán Velázquez Jefe de Guardias Presidenciales y el Ministro Bonilla, salieron corriendo por los corredores para la calle á esconderse. Los Ministros fueron hechos prisioneros. Allí murió Marcos Hernández, hermano del Ministro de Gobernación [Rafael Hernández] que estaba allí. Se ha dicho que el Presidente fué el que mató á uno de los Jefes, pero se sostiene que no estaba armado el Presidente, aun que es opinión insistente que él fué y éste será un motivo de la acusación que se formula contra él. El Presidente bajó por el elevador con varias personas y ayudantes, y allí fué preso por Blanquet al salir del patio y quedó preso en la prevención de la puerta de honor. Pino Suárez, preso en la prevención de la puerta del centro con Bassó. Ahora están presos desde esa noche, Madero, Pino Suárez y [Federico] González Garza el Gobernador del Distrito en una de las piezas de la Intendencia, con centinelas de vista. Al fin el Presidente y Pino Suárez renunciaron á pesar de que antes no querían, interviniendo Lascuráin y Ernesto y los Ministros de Chile [Anselmo Hevia Riquelme], Cuba [Manuel Márquez Sterling] y Brasil [Juan Manuel Cardoso de Oliveira]. Tenían varias pretensiones que fueron desechadas y tuvieron que poner lisa y llana la renuncia. Hablaron con Huerta, Lascuráin y Ernesto, para que pudieran salir para embarcarse Madero y Pino Suárez y se dispuso el tren para Veracruz y no hubo salida, sino que se resolvió que sigan presos.
Mucha gente habla de que deben ser muertos, para evitar dificultades futuras.
Ahora se está ocupando el Gobierno de este punto, porque se cree que ya no es la oportunidad de matarlos.
La Cámara de Diputados, se reunió con suplentes y propietarios y hasta sin quórum, aun que se hizo aparecer que si lo había. Las renuncias fueron aceptadas, el Ministro de Relaciones Lascuráin protestó como Presidente Interino y ya había entregado su renuncia para que se diese cuenta en el acto, pero antes nombró al General Huerta Ministro de Gobernación, para que le sucediese como Presidente interino. Todo esto se hizo en la Cámara de Diputados, en un salón y yo redacté al taquígrafo, los nombramientos, aceptaciones actas de protesta, etc., etc. Lascuráin ni siquiera se cambió el traje para protestar, sino que fué á hacerlo tal cual estaba, de saco.40 El General Huerta estaba allí para protestar como Ministro de Gobernación y después como Presidente interino. Acabamos á las 11 1/2 de la noche.
De la Presidencia salieron corriendo también Sánchez Azcona y Urueta y se fueron en un automóvil á San Cristóbal, para tomar el tren de las 4 am, para Puebla. Fueron Aprehendidos en Apizaco y se les trae, aunque corre la versión de que fueron fusilados.
Del Jefe de Estado Mayor y demás ayudantes, solo se sabe que se habrán escondido porque no aparecen.
Al estallar el movimiento el día 9, fué fusilado el General Gregorio Ruiz, á pesar de tener más edad que la señalada para no poder ser fusilado y á pesar de ser Diputado y este otro motivo funda también la acusación contra el Presidente.
A Gustavo Madero lo sacaron de Gambrinus después de la una de la mañana y lo mataron frente á la fachada de la Ciudadela, como un perro y allí lo enterraron luego. Llevaba una petaquilla ó maleta para irse esa noche en el tren y dicen que tenía $50,000 en la bolsa. Al Intendente Bassó lo fusilaron frente ala [sic] Ciudadela y murió como un valiente.
Esa noche se reunieron el General Huerta y Félix Díaz en terreno neutral ó sea la embajada americana para celebrar un convenio que ya está publicado en los periódicos y para evitar dificultades entre ellos. Hubo momentos de temor de falta de acuerdo, pero todo se terminó. Los Ministros están ya nombrados y protestaron.
Ahora se espera la llegada de Pascual Orozco y se está procediendo contra amotinados en Tlaxcala y se procederá contra Abraham González de Chihuahua. Se tomaron todas las providencias necesarias para ayudar á la tranquilidad.
Las determinaciones del Gobierno Americano de mandar buques de guerra y llegar á Veracruz 2,500 soldados que aún no desembarcan, causaron hondísima impresión por todas las consecuencias terribles para el país.
He leido tu carta de San Antonio y veo que entregaste el pagaré de Barajas al señor Assemat. También acabo de leer tu carta escrita en el tren el día 10 ó sea el día de nuestro santo y te recordamos mucho. He leído también tu carta de Tucson del día 11.
Recibí con ella el pse [sic] que te llevaste. Ya me informarás el resultado de tu conferencia con el señor Randolf y ojalá que haya sido la mas satisfactoria.
Veo que estuviste con los señores Mix á quienes saludamos.
Nacho Muñoz que arregló tomar una casa á dos cuadras de la Ciudadela, esquina de la calle de Tolsa y Bucareli, sostuvo esa posisión perfectamente, teniendo allí á su tropa y baterías. Desde allí con un cañón especial que le mandó el General [Manuel] Mondragón y por orden de este disparó, previos los cálculos necesarios, 20 cartuchos de incendio sobre la casa de [Francisco] Madero, padre, esquina 2ª calle de Berlín y fueron bastantes para producir el incendio total de la casa. Madero padre y otras personas, estaban en la legación del Japón. [Francisco] De la Barra y [Manuel] Calero en la Legación Inglesa.
Te deseo toda felicidad y te abraza tu papá.
Guillermo [Firma]
[Notas manuscritas al final del texto:]
Ya pusieron libre a Urueta en Puebla, se había ido con Sánchez [Azcona] ayer [ilegible] á tomar en el camino el tren.
Bonilla salió corriendo por el corredor de Palacio está escondido - [Federico González] Garza libre- Se procesará a Madero y Pino.
[Carta de Guillermo Obregón a su hijo Guillermo]
3ª de Motolinia, 28.
México, D. F., febrero 26 de 1913
Querido Guillermo:-
Acabo de contestar tu telegrama de fecha 14 que recibí ayer. Te he escrito cartas dirigidas al Banco y te he mandado periódicos y ahora tengo tu carta de fecha 17. Te he mandado una historia de los hechos aquí. Estás ya al tanto de que Madero y Pino Suárez fueron muertos. El Gobierno está procurando obtener la conformidad de los Estados y ha recibido ya la de la mayoría. Solo Coahuila, Aguascalientes y Sonora parece que tienen dificultades pero aún de Coahuila ya regresó Carranza al Saltillo y tendrá que someterse.41 De Tamaulipas han venido algunos creyendo que podían conseguir quitar á Guerra para hacerse ellos del poder y no lo han conseguido. He ayudado á Guerra por completo. En Morelos parece que siguen los zapatistas y se tomarán medidas para dominarlos.
Como comprenderás la situación es muy activa por parte del Gobierno y de Félix Díaz. Están en espera de que vendrán [David] de la Fuente, [Pascual] Orozco y Emilio Vázquez Gómez.
Veo que has llegado á esa sin novedad y que fuiste bien recibido y que estás viviendo en el Molino y que te tratan muy bien lo cual celebro.
Te hará mucho bien el relacionarte con todas las principales personas y familias de allí.
Celebro que hayas concurrido á la asamblea del Banco de Sonora y á la del Hipotecario y que viste allí al señor Martínez. Ahora acaban de irse Ernesto Madero y el padre del Presidente para la Habana con el Ministro de Cuba en un barco de Guerra cubano.
La opinión toda es en favor del nuevo Gobierno y de Félix.
En casa estamos todos buenos. Recibe besos de todos y de tu papá que te quiere mucho.
Camino al Ajusco 20, Pedregal de Santa Teresa, Tlalpan, Ciudad de México, Ciudad de México, MX, 10740, 54-49-30-00 ext. 3067, 54-49-30-00 ext. 4168
histomex@colmex.mx

References: artículo 58
 artículo 61
e contrario
 resolución 
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