Source: http://www.fortinmapocho.com/detalle.asp?iPro=1897&iType=140
Timestamp: 2018-11-18 08:19:53+00:00

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[Primer Ejercicio *]: Se puede enfocar todos los problemas humanos desde un punto de vista de la educación, voz que a menudo se define como la transmisión de la cultura. Educar es formar aquellas conductas que son deseables según las normas consagradas por la cultura de un pueblo, siempre respetando a las personas en su calidad de individuos únicos. Puesto que la cultura y la buena conducta intervienen en la búsqueda de soluciones a todos los problemas, las ciencias de la educación pueden considerarse fundamentales para todos los problemas humanos y para todas las ciencias sociales. Son especialmente fundamentales para la construcción de aquella tan anhelada por la humanidad que es la paz.
Me voy a referir ahora a dos desafíos de la educación actual. El primer desafío amenaza con frustrar la formación de conductas deseables. El segundo cambia la definición de cuales conductas sean aquellas que sean deseables, e incluso la definición de la norma ética.
El primer desafió es producto de los procesos globales de desintegración social que tienden en general a producir cada vez mas conducta anti-social. La gente y especialmente la juventud se dedica en forma creciente aunque mes por mes con ciertas altibajas, a la delincuencia, a la droga, a la rebeldía, a la evasión de las responsabilidades sociales y en general a las conductas inútiles y destructivas.
El segundo desafió es que muchas de aquellas normas sociales que según cierta versión del sentido común definen las conductas deseables, de hecho son anti-funcionales. Estamos ante la paradoja que una función de la escuela es socializar a los chicos para que acaten la normatividad vigente, en condiciones tales que la normatividad vigente nos conduce inevitablemente hacia aun mayor desintegración social y hacia la catástrofe ecológico.
Detrás del segundo desafío se encuentra las situaciones cuestionadas y cuestionables de dos grandes instituciones que en principio deben colaborar con la escuela en la transmisión de la cultura, la familia y el trabajo. Como decía Sigmund Freud en los primeros anos del siglo veinte en su definición de salud mental, la persona sana es aquella persona capaz de amar y trabajar. Hoy en día no es claro lo que significa amar y trabajar, ni menos lo que vaya a significar en el futuro. Certezas de la normalidad cotidiana se debilitan. El modelo tradicional de amar, la unidad domestica familiar que ha sido la base de la socialización de la juventud ya no funciona en muchos casos, y se dan en la escuela mayorías de alumnos sin el respaldo del hogar que se suponía iba a sentar los eslabones de la educación antes de la edad escolar, y que se suponía iba a colaborar con la escuela en sus tarea de formar la personalidad y la mente del joven.
Es más. Hoy en día no solamente se constata la debilidad de la familia. También se cuestiona la familia tradicional, se cuestiona el patriarcado, se cuestiona la heterosexualidad obligatoria, se cuestiona la autoridad de los mayores y en fin se cuestiona la autoridad en general. En particular, se ha llegado a plantear, con argumentos sólidos derivados de las ciencias naturales, que el producto principal de la institución familia, los hijos, ya no es un producto deseable. La chica quien define su futura realización personal como mujer en términos de ser madre con hijos ya se ha llegado a mirar como una pequeña terrorista anti-ecológica, como quien amenaza a asesinar la madre tierra con su inocente normalidad tradicional.
Si la familia ha entrado en crisis, porque en la época de la globalización cada vez menos gente tenga el tiempo y los recursos para atender a una familia, y porque su principal producto, mas y mas hijos, ha llegado a ser un delito ecológico, el trabajo también ha entrado en crisis. La mayoría de la juventud ya no puede esperar una vida de trabajo digno, estable y bien pagado. Los trabajadores de Argentina se encuentran en competencia directa con los de países asiáticos con sueldos varias veces menores, y ni en Asia los trabajadores tienen seguridad. Los procesos productivos prescinden cada vez más de la obra de mano. En la producción cuentan cada vez más la tecnología y el capital y cuentan cada vez menos las personas, aunque sean personas con títulos académicos. Sin embargo, la normatividad vigente obliga a todo el mundo a vender algo para vivir, y por eso las calles se llenan con cuentapropistas [cuando no con pordioseros y ladrones] quienes no logran vender su fuerza de trabajo en el mercado laboral.
Si ni la familia ni el trabajo funcionan, desde luego la norma social no funciona, porque estas dos instituciones fundamentales, familia y trabajo, eran antaño las fuentes principales de la integración social. La escuela, que debe ser productor de personas cultas y capaces, ya no cuenta ni con el hogar como punto de partida ni con el trabajo como destino. La escuela se encuentra cada vez mas suspendida entre dos nadas, la nada de la familia que no funciona, y la nada del mercado laboral que tampoco funciona. Cada vez mas los profesionales de la educación comienzan sus labores con chicos en gran parte rebeldes y anti-sociales, y cada vez mas termina produciendo cesantes o gente con trabajo precario, estos últimos también en gran parte anti-sociales.
En cierto sentido los chicos rebeldes tienen la razón. Hoy en día los chicos se sienten autorizados a descartar lo que a su juicio no les sirve. Se dan cuenta que su escolaridad no le asegura la satisfacción de ninguna de sus necesidades básicas, ni subsistencia, ni protección, ni cariño.
Los maestros se encuentran obligados en su calidad de representantes del mundo de los adultos a exigir a los chicos la conformidad con las normas, pero las normas siguen siendo normas de una sociedad engañosa. El sociólogo alemán Ulrich Beck llama nuestras sociedades actuales en un mundo dominado por el neoliberalismo, sociedades de riesgo. Son sociedades de inseguridad generalizada.
Uds. pueden decir que mi visión sea exagerada, excesivamente pesimista, que efectivamente todavía existen familias unidas y cariñosas, que hay chicos responsables y obedientes, y que todas las escuelas pueden citar ejemplos entre sus graduados de carreras profesionales exitosas. Uds pueden decir que la madre tierra aunque este amenazada no esta todavía muerta, y que día por día la agricultura sigue produciendo nuestro pan. Pero mi pesimismo no se fundamenta solamente en una lectura de la realidad circundante visible a todos los ojos. Mi visión es una lectura de la dinámica subyacente, de la dinámica de la globalización, aquella dinámica que, según ha dicho Pierre Bourdieu nos lleva hacia la perdida de todos los lazos afectivos y morales que conectan al ser humano con su prójimo, que nos lleva hacia un individualismo total en el cual cada persona se encuentra sola e indefensa frente a las fuerzas del capital globalizado. Considero no solamente donde estamos, sino adonde vamos. Considero no solamente las tendencias actuales, sino aquella dinámica de acumulación de capitales que en gran parte es la fuerza motriz que impulsa la desintegración de todas las solidaridades.
Es cierto que mi visión pesimista se debe matizar, pero no principalmente porque sobreviven todavía islas de éxito económico y felicidad familiar, sino por otra razón: Porque existen en el mundo de hoy dinámicas distintas, dinámicas de resistencia, dinámicas de alternativas solidarias. Existe la dinámica del socialismo rosarino, existen en América Latina y a nivel mundial una serie de movimientos de reconstrucción social, existe la dinámica del movimiento ecologista, existe la dinámica del feminismo, existen las dinámicas de la economía solidaria. La esperanza no se encuentra tanto en los retazos de las felicidades de ayer que todavía no han sido destruidos por el neoliberalismo, sino más bien en las nuevas dinámicas que luchan para cambiar el sentido de la evolución histórica de los tiempos que vivimos. Entre aquellas dinámicas nuevas se encuentran un movimiento que se llama educación para la paz. De esta nueva dinámica prometedora me toca hablarles a ustedes hoy en esta charla vespertina. La educación por la paz es un camino con corazón para los educadores. Ofrece a los educadores una metodología. Es una metodología para aportar a aquellos cambios de rumbo necesarios para preservar los valores fundamentales del pasado, ahora en tren de perderse, y para crear los valores necesarios del futuro, ahora en tren de inventarse. La educación para la paz es una manera de enfrentar los desafíos de la educación actual de una manera a la vez práctica y transformadora. Enfoca problemas inmediatos, como los son los de la violencia en las casas, en los barrios, y en las aulas escolares, y a la vez enfoca la transformación de las dinámicas subyacentes que producen las inseguridades patentes.
La educación para la paz comienza con una de las palabras más bellas y más antiguas de los idiomas humanos, la palabra “paz.” Prefiere en general la palabra “paz” mas que la palabra “seguridad.” Hoy en día se encuentra bien difundido en los medios la palabra “seguridad” y se encuentran siempre propuestas para conseguir mas seguridad a través de mas policías, mas cárceles, mas condenas, mas tecnología. Los educadores para la paz proponemos enriquecer aquella palabra “seguridad” con el acervo cultural que trae otra palabra, aquella palabra que es “paz.” Proponemos conseguir más paz a través de la educación.
Siguiendo los criterios del investigador noruego Johan Galtung, quien es el gran referente de la investigación y educación para la paz, definimos la paz no como ausencia de guerra sino como ausencia de violencia.
Es una definición sopesada y adrede, una opción entre numerosas definiciones respetables de lo que ha significado “paz” en castellano y las voces afines en otros idiomas. Cabe mencionar que la raíz latina de la voz se la conecta con “pactar,” o sea llegar a acuerdos, lo que sugiere que vivir en paz significa vivir según acuerdos y no según imposiciones unilaterales.
La decisión de identificar la paz con la ausencia de la violencia se toma a la luz de una serie de hechos. Uno de ellos es que según los datos recopilados sobre las guerras en la actualidad, el noventa por ciento de las guerras son guerras civiles. La guerra en Argentina, llamada la guerra sucia, también llamado el proceso, fue una guerra típica del mundo de hoy. A nivel mundial, entre las naciones y al interior de las naciones, la clave para la construcción de la paz, sea pensada en términos de ausencia de violencia, sea pensada en términos de ausencia de guerra, es la construcción de aquella paz que termina con la guerra civil y con la violencia civil, eso es la paz social.
El enfoque de Galtung se llama también el enfoque de paz positiva. La ausencia de guerra declarada, la ausencia de fuerzas armadas nacionales en pugna con otras fuerzas armadas de otra nación es una mera paz negativa y no es suficiente para que haya una paz positiva, siendo la paz positiva la verdadera paz. Esto por una razón formal, y también por hechos constatados. La razón formal es que la violencia se desglosa en tres rubros: violencia cultural, violencia directa, y violencia estructural. Mientras haya elevados niveles de violencia en uno o mas de aquellos tres sentidos no hay paz, por definición no hay paz, aunque el ejercito siga acuartelado y sin ningún enemigo extranjero.
El hecho constatado es que la paz negativa, la ausencia de guerra, no existe en forma independiente de la paz positiva. Las comunidades de seguridad, tales como no haya guerras internacionales y por lo tanto hay paz negativa, se hacen posibles por que hay elevados niveles de paz positiva. Empíricamente, la paz positiva es la única paz que puede existir. Dicho en otras palabras, en las palabras del Cardenal Amigo, Arzobispo de Sevilla y presidente del consejo episcopal de España, la paz es una mesa con cuatro patas. Las cuatro patas de la paz son justicia, justicia, justicia, y justicia.
No todos los investigadores están de acuerdo con semejante lectura de los datos históricos. Habría que matizar las afirmaciones mías sobre los datos históricos para mantener la validez empírica de un precepto que es básico para el movimiento de educación para la paz a nivel latinoamericano y a nivel mundial: el precepto que sin la inclusión social y la equidad, en fin sin una institucionalidad que sirve el bien común, no hay paz posible. No es mi propósito hoy entrar en las matices en este sentido necesarias, lo que he hecho en obras publicadas. Solo quiero aclarar el compromiso mío, el compromiso de Galtung, y el compromiso si no me equivoco de todos los educadores quienes se identifican con el movimiento de educación para la paz.
La paz positiva, a mi juicio la única paz que hay, como también estimo que el evangelio social es el único evangelio que hay, no hay otro, se desglosa como ausencia de violencia, identificando tres formas de violencia: la violencia cultural, la violencia directa, y la violencia estructural. A su vez, aquellas tres formas de violencia ofrecen una manera de clasificar los elementos de un currículum de educación para la paz.
La violencia cultural es todo lo que glorifica y legitima la violencia. La educación para la paz busca al contrario una cultura de paz.
Puesto que hoy en día los medios y el entorno del niño en general se encuentran saturados con la violencia cultural, la educación tiene que proporcionar antídotos a los mensajes venenosos recibidos todos los días por los escolares. Lo mismo vale si no se trata de escuelas sino de otros ámbitos educativos.
Un objetivo clave ha sido definido por las Naciones Unidas al declarar como primer elemento de una cultura de paz que las personas se definan como personas pacificas. Es cosa de identidad. La tarea educativa es facilitar la identificación de la persona con normas de paz.
Un primero paso, chico pero importante, es promulgar aquella norma de convivencia que prohíbe sobrenombres despectivos. En general, todos los discursos que desvalorizan las personas son para evitar como plagas, y todos lo que es respeto mutuo es para promover como sano y santo remedio.
Una buena actividad para el primer día de clases es aprender los nombres de cada quien con un adjetivo positivo. Cada chico de su nombre con un adjetivo que comienza con la misma letra, por ejemplo Luís Leal, Carolina Cariñosa, Federico Feliz, Margarita Maravilla. Antes de dar el nombre propio con su adjetivo cada uno tiene que recordar los nombres y adjetivos anteriores, hasta que al fin el último alumno tiene que recitar los nombres y adjetivos de todos los demás antes de dar su propio nombre y adjetivo.
Semejante ejercicio sugiere otro problema clave: la humillación. ¿Qué pasa si un alumno tiene mala memoria y no puede recordar los nombres y adjetivos de los otros? El profesor siempre tiene que intervenir para que nadie sea humillado. Por sobre todas las cosas hay que evitar la humillación de cualquier persona. Psicólogos han llamado la humillación la bomba atómica de las emociones. La humillación es el arma más potente de la violencia cultural, es el arma que mas tenemos que esforzarnos para desarmar.
El currículum para superar la violencia cultural tiene que partir de las amistades de los alumnos, de sus relaciones personales entre si. Los grandes tienen que tomar en serio las peleas de los chicos, hay que socializarlas, hay que escuchar a las partes, hay que aprovechar de los sentimientos y sobre todo del enojo como fuentes de información para entenderse a si mismo. El viejo lema de Sócrates, a veces llamado el primer y mas grande de los educadores, fue “conocerte a ti mismo.”
Conocerte a si mismo conduce, según los pasos destacados ya hace milenos por Platón, hacia el control de los impulsos y la responsabilidad social. La psicología actual nos enseña cuan importante es que el chico sepa tamicen que este “si mismo” es respetado y querido por los demás, y concretamente por la profesora o el profesor. De semejantes ladrillos pequeños se supera la violencia cultural y se construye la cultura de la paz.
Son imprescindibles los modelos no violentos, como por ejemplo el estreno de películas sobre Mahatma Gandhi y otras vidas ejemplares.
Es imprescindible también para superar la violencia cultural las actividades inter generacionales, es imprescindible el hombre adulto que se de el trabajo de actuar como director técnico de un equipo de fútbol de niños chicos, en el cual los chicos aprenden a jugar limpiamente, a ser leales a los compañeros, a saber perder sin amargarse, a saber que aunque no tenga padre presente en su casa si hay adultos en su vida. Tanto depende de la cancha, donde los varones y también las mujeres aprenden tantas cosas buenas y a veces desgraciadamente también cosas malas.
Tanto depende del barrio, de la iglesia, del club deportivo, del centro comunitario. Hoy en día cuando la familia tradicional se desintegra, tenemos que recordar el viejo lema de los africanos: se necesita una aldea entera para criar a un niño. Los profesores en especial están en condición de suplir los vacíos emocionales que padecen los chicos de hoy, pero no solamente los profesores, también los vecinos.
Las fiestas y otras actividades con gentes de todas las edades y ambos sexos se han mostrado claves para la superación de la violencia cultural. Las investigaciones de los sociólogos y de los sicólogos han mostrado que la violencia cultural brota cuando varones y hembras se separen y tienen dos culturas distintas, una cultura masculina y otra femenina. También la violencia cultural brota cuando los chicos son abandonados por la gente mayor, dejados a criarse solos. El antídoto es la actividad con todas las generaciones presentes, desde los neonatos hasta los abuelitos, y en donde los varones alternan con las mujeres en condiciones de igualdad y respeto mutuo.
Bueno. No puedo hoy bosquejar un currículum completo para superar la violencia cultural. Hay una literatura al respeto, hay talleres y post grados. Solo quiero indicar en forma somera y sugestiva como al concepto general de la paz como ausencia de violencia cultural se aplica en forma concreta en el aula y en aquella aula ampliada que es la acción cultural de la escuela en y con la comunidad.
En este rubro se encuentra aquella parte de la educación para la paz que tiene que ver con evitar la violencia física mediante la resolución pacifica de los conflictos, entre otras cosas mediante la negociación.
Las mismas técnicas que se utiliza a nivel internacional, por ejemplo las usadas para conseguir un tratado de paz entre los católicos y los protestantes en Irlanda del Norte, se puede usar y aprender en la sala de clase.
Algunas de estas técnicas se llaman “medidas para construir la confianza.” Les voy a pedir que ustedes realicen un pequeño ejercicio en este sentido ahora.
[Ejercicio 2 **]
Supongo que lo que mas se haga con este ejercicio es resaltar la confianza como tema. Una vez que se reconoce la confianza como factor, y que se toma medidas adrede al respecto, el conflicto ya esta encaminado en un sentido constructivo.
En general, se supera la violencia directa ofreciendo la mediación, la negociación, el dialogo, la búsqueda de consensos, como vías alternativas para resolver los conflictos.
Entre los principios básicos de la resolución de conflictos se encuentren los siguientes.
1.	Primero, separar las personas de los problemas. O sea, identificar el problema y buscar los medios para resolverlo. Evitar pensar en términos de quien gane y quien pierda.
2.	Segundo, considerar los intereses, las necesidades, de las personas. Siempre respetando las posiciones formales asumidas por las personas, profundizar la negociación para tomar en cuenta lo que realmente quieren, lo que realmente necesitan.
3.	Tercero, buscar una resolución que conviene a todos de tal modo que todas las partes salen ganando. Evitar el juego suma cero en el cual cada ganancia de una parte significa una perdida de otra parte.
4.	Cuarto, buscar solucione éticas. Utilizar las normas de justicia y otras normas para llegar a resoluciones que no sean simplemente transacciones, sino también acatamientos a normas de validez reconocida.
Falta observar, que quizás el principio mas básico en los esfuerzos para resolver los conflictos sin violencia directa, sea para negociar una tregua en una guerra internacional, sea una pelea en el pasillo de la escuela, es que las partes tienen que querer participar. El profesor puede ofrecerse para mediar, para escuchar, para comprender las partes, pero si las partes no quieren una resolución pacifica de su conflicto, la iniciativa del profesor no va a prosperar. Por otra parte, el mero hecho que las partes definen como su tarea común el encuentro de una resolución pacifica y mutuamente conveniente ya conjura la violencia directa.
En este sentido les quiero contar algo del origen del primer ejercicio que ustedes realizaron, el ejercicio afirmación con el perfil de la mano.
Algunos ex alumnos de nuestro programa de estudios para la paz participaron en un esfuerzo para enseñar la resolución de los conflictos en las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York. Hubo en aquellas escuelas mucha violencia escolar, hasta muertes de alumnos y de profesores. Las autoridades pidieron la ayuda de educadores para la paz.
Lo primero que encontraron fue que los chicos no querían resolver los conflictos. Dijeron los chicos,”Queremos pelear. No queremos hablar con nuestros enemigos.”
De semejantes respuestas sacaron la conclusión que no hubo amistad entre el alumnado, o si hubiera fue una especie de alianza de los unos contra los otros, una especie de lealtad a la pandilla de uno contra la pandilla de otro. No había comunidad, no había unidad en los cursos.
Por lo tanto los educadores diseñaron actividades para fomentar la unidad del curso. Querían “crear comunidad,”querian promover la amistad y los lazos afectivos para que los alumnos se sintieran mas como hermanos cariñosos y menos como enemigos.
Tampoco resultó. Los chicos no querían amistarse. Entonces sacaron otra conclusión, o mejor dicho aplicaron una reflexión sicológica. Tomaron como su hipótesis de trabajo que había en aquellas escuelas de los barrios pobres de Nueva York un déficit de auto-estima entre los chicos. No pudieron querer a otros porque no querían a si mismos.
Fue por eso que inventaron una serie de actividades que se llaman actividades de afirmación. El ejercicio de la mano que ustedes realizaron es una de ellas.
Fue necesario superar el bajo nivel de auto-estima, como eslabón básico antes de poder promover un sentido positivo de grupo unido. La enseñanza de las técnicas de resolución de conflictos sin violencia directa propiamente tales, tuvo que esperar. Fue necesaria la construcción preliminar de un piso inferior de la paz antes de poder construir un piso superior de la paz.
Sin decir que la delincuencia tenga una causa única, es evidente que su nivel tiene algo que ver con la falta de oportunidades en el mundo lícito, y por lo tanto la paz social pasa por aquellos cambios estructurales que darán cabida en el mundo de trabajo a más personas.
Al comienzo de la hora me referí a la desintegración social actual que plantea nuevos desafíos a la educación. Lo hice sin culpar ni a Menem, ni a Bush, ni a la burguesía internacional como clase. El concepto de violencia estructural de Galtung se refiere a una violencia sin actores. Deriva de las estructuras. El camino a la paz, por tanto, pasa por la transformación de las estructuras.
Quien dice estructura dice relación. Dice relación social relativamente permanente, fijada por los usos y costumbres y por ende por las leyes. Aquella construcción de la paz que pasa por la transformación de las estructuras es por eso una tarea ética, normativa.
La superación de la violencia estructural no puede basarse solamente en un análisis de los hechos, porque todos los hechos acontecieron en el pasado. La paz a construir se proyecta hacia el futuro. Es una construcción que los seres humanos no hemos realizado todavía, que depende de las pautas normativas que van a guiar nuestro futuro andar. Con mayor razón es una tarea ética. Depende de las acciones humanas todavía en la etapa de planes y prototipos; depende de cuales criterios valoricos determinan procesos previstos pero todavía incompletos.
Para determinar cuales criterios valoricos deben orientar la acción futura, ya existe un consenso amplio a nivel internacional. Se trata de los derechos humanos. Las naciones del mundo han formulado solemnemente una serie de tratados con fuerza de ley que dan a cada ser humano una serie de derechos económicos y sociales, entre ellos el derecho a trabajo digno, a vivienda, a salud. etc.
Los derechos humanos no se cumplan, ni lejos. Sin embargo, su existencia en calidad de compromisos formales asumidos en tratados internacionales nos da licencia para criticar lo que es a la luz de lo que debe ser. Nuestra opción para la transformación estructural deja de ser una idiosincrasia personal. Es una exigencia de la ley internacional, porque sin ella no es posible cumplir con obligaciones a la ciudadanía que Argentina y los demás gobiernos solemnemente han asumidas.
Afirmo que la educación para la paz ya esta transformando las estructuras, y voy a explicar con que fundamento lo afirmo.
Las actividades susodichas, destinadas a superar la violencia cultural y directa ya enseñan la cooperación. La cooperación ya es otra dinámica.
Al evaluar nuestro trabajo educativo, tanto en la escuela como en otros ámbitos, debemos siempre preguntarnos si estamos promoviendo la inclusión y la igualdad, y sobre todo si estamos fortaleciendo aquellas fuerzas motrices que dinamizan la cooperación humana sin depender, o sin depender tanto, de la acumulación de capitales. ¿Estamos incluyendo a gente otrora excluida? ¿Estamos haciendo menos desigual el acceso a la propiedad y a los recursos en general? ¿Estamos construyendo aquella cultura de la solidaridad que nos hará cada vez más fuertes debidos a nuestra unidad y por lo tanto menos forzados a vivir según las pautas impuestas por el neoliberalismo?
Recuerde que la voz “estructura” no se define por el tamaño del fenómeno descrito. Se define por las relaciones sociales. Si aquellas relaciones ya son de reciprocidad, de cooperar y de compartir en condiciones de igualdad y respeto mutuo, entonces la violencia estructural ya ha sido superada, sea a escala local sea a escala global.
La educación para la paz cuenta también con redes internacionales, compuestas por colegas en Brasil, en Sudafrica, y en casi todos los países. Las redes de educadores multiplican las voces de la resistencia y de la transformación a los niveles regionales y globales.
La mejor noticia es que la paz es una asignatura muy práctica. Aprender la paz en gran medida equivale a desarrollo la inteligencia emocional, equivale a aprender el arte de convivir. El alumno no pueda aprender nada mas útil, nada que le sirva mas.
La violencia estructural que es anti-funcional a nivel global, también lo es a nivel local y en la vida diaria. Por el neoliberalismo la familia y el trabajo entra en crisis, pero el neoliberalismo no ofrece soluciones a sus victimas.
La paz si ofrece tanto ayuda a corto plazo como esperanza a largo plazo. Les conviene a todos aprender en el día de hoy no las pautas de la violencia reinante, sino las normas de la paz. Nos conviene a todos aprender a cooperar y a compartir. Por eso las conductas deseables que se aprende en la educación para la paz les sirven a los alumnos en la práctica mejor que el individualismo. Aprender las técnicas de la paz ofrece una serie de soluciones a los problemas personales e inmediatos. Ayuda a vivir mejor en el mundo duro de hoy. A la vez su dinámica apunta a la construcción colectiva de otro mundo, un mundo menos duro, un mundo con cada vez menos violencia cultural, violencia directa, y violencia estructural.
Aquí en resumidas cuentas he ofrecido unos botones de muestra de lo que es curriculum de la educación para la paz, a la luz de los desafíos de la educación en la actualidad, y a la luz de la definición de la paz como ausencia de violencia, y a la luz del análisis de los tres tipos de violencia que se suele usar en el campo. Ha sido un placer compartir pensamientos con ustedes, será un placer recibir las preguntas o comentarios que me hagan llegar, y será un placer seguir colaborando con ustedes en el futuro, caminando juntos en el camino de la paz.
* El primer ejercicio es el siguiente: Se pone una mano en una hoja de papel en blanco y se traza con lápiz su perfil. Firmar su nombre. Intercambiar hojas con un grupo de compañeros de curso. En cada dedo de cada mano y en general en cada mano dibujada se escriben afirmaciones, sentimientos y pensamientos positivos, apreciaciones de la persona.
** Ejercicio 2:
*** Presentación en el Instituto de Educación Superior “Olga Cossettini,” Rosario, Argentina

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