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Equinoccio de Primavera - Centro Escuela Claridad
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por Juan Angel Moliterni el 12 enero, 2016 con No hay comentarios
Por todo el mundo, en muchas tradiciones, el equinoccio de primavera es también un momento de gran confrontación entre las fuerzas de la oscuridad y de la luz. Esto aparece simbolizado en muchas enseñanzas sagradas como la muerte y la resurrección de sus deidades. O, en términos iniciáticos, como un importante estadio de auto-realización, en el que la batalla entre la oscuridad y la luz crea la oposición necesaria para catalizar el desarrollo. Es decir, se avanza gracias a la contienda y el antagonismo.
El movimiento y el cambio a menudo se han representado como un forcejeo adelante y atrás entre opuestos, es decir, entre lucha y oposición. Pero tales antagonismos no sólo se encuentran en las tradiciones y costumbres simbólicas – también aparecen reflejados en nuestras influencias y tendencias culturales. Un ejemplo histórico se pone de manifiesto en la teoría marxista, cuando Karl Marx decía que la lucha/oposición entre clases sociales (burguesía y proletariado) terminaría por resolverse en una sociedad humana sin clases (socialismo). A esta noción de lucha entre opuestos que genera una tercera fuerza de resolución se la conoce como dialéctica (tesis + antítesis –> síntesis). Las ideas de Marx acerca de la lucha dialéctica estaban fuertemente influenciadas por la filosofía idealista del pensador alemán Georg Hegel.
Hegel desarrolló el concepto de que la mente o el espíritu se manifestaban en un conjunto de contradicciones y oposiciones que finalmente se integraban y unían en una síntesis. Para Hegel la síntesis (el absoluto) en su camino hacia la realización y la verdad debía siempre transitar por un estado de oposición. A nivel material, Hegel consideraba la relación dialéctica como el proceso mediante el cual se despliega la historia humana. Es decir, la historia (evolución social) progresa hacia un estado evolutivo de resolución como una batalla entre dos fuerzas opuestas.
Según Hegel, la principal característica de la resolución-en-unidad era que ésta evolucionaba mediante la contradicción y el rechazo. Estas batallas, dice Hegel, pueden encontrarse en la mayoría de los ámbitos sociales como la historia, la filosofía, el arte, la naturaleza e incluso la consciencia. Resulta significativo señalar que el pensamiento de Hegel estaba fuertemente influenciado por los escritos menos conocidos del místico cristiano alemán Jacob Böhme. Las visiones internas de Böhme le llevaron a concebir una cosmología en la que la humanidad necesitaba volver a Dios. Los estados de conflicto serían una etapa necesaria para seguir perfeccionando la evolución del universo. El regalo más importante que Dios podía conceder a la humanidad en esta situación de separación, conflicto y resolución era el libre albedrío. En otras palabras, trabajar en pos de nuestra reconciliación a través de la lucha y los impulsos opuestos de resistencia sería responsabilidad nuestra –un cometido privilegiado.
De manera similar, las enseñanzas del místico-filósofo greco-armenio George Gurdjieff también describen una triada de relaciones en esa Afirmación Sagrada y Negación Sagrada –> Reconciliación Sagrada. Gurdjieff se refería a esto como la «Ley del Tres». En este contexto podemos ver cómo el devenir conjunto de impulsos contradictorios –como mente y espíritu– conduciría a una resolución que no sólo consistiría en una integración de estas fuerzas contradictorias sino, a la vez, en una resolución/síntesis mayor que la suma de sus partes.
De igual modo, el psicólogo y filósofo humanista Erich Fromm hacía hincapié en que la sociedad de mediados del siglo veinte en el mundo industrializado estaba sufriendo lo que él consideraba como la lucha contradictoria entre tener y ser. La ideología de crecimiento y consumo incesantes –modo tener– estaba en conflicto con la necesidad humana de encontrar sentido, bienestar y crecimiento personal –modo ser. Fromm imaginó la resolución de este conflicto como un Humano Nuevo y escribió que «somos una sociedad de gente notoriamente infeliz: sola, ansiosa, destructiva, dependiente – gente que se alegra cuando hemos aniquilado el tiempo que con tanto esfuerzo estamos intentando salvar». Su conclusión era que «la supervivencia física de la raza humana depende de un cambio radical del corazón humano».
Gran parte del pensamiento habitual actual se caracteriza por mostrar una falta de reconocimiento de la naturaleza cambiante de la consciencia humana. Y también fracasa al no tener en cuenta el papel que ésta desempeña afectando las circunstancias externas. Más aún, existe el peligro de pensar que las influencias opuestas solo pueden conducir a una alternativa del tipo «o esto – o aquello». Hasta cierto punto incluso Erich Fromm lo ilustraba al pensar que podíamos tener una existencia del tipo tener o ser, pero no ambas.
En lo que a mí respecta, diría que existe algo más que aún no ha sido tenido en cuenta. Un «algo más» que participa dentro de la red de empujes opuestos que ayudan en la catálisis hacia una síntesis/resolución. Y este «algo» es inmaterial y, aún así, tangible. Según una analogía utilizada por el poeta persa Rumi, podemos juntar los diferentes ingredientes: harina, agua y levadura; pero con esto no crearemos pan. Se debe añadir algo más a la mezcla; y ese algo es calor – el fuego del horno necesario para cocer el pan. El calor es la fuerza inmaterial pero tangible que cataliza los ingredientes hacia una síntesis –el pan, en este caso. En cierto sentido, Gurdjieff en su «Ley del Tres» se refería a esa energía inmaterial como una fuerza reconciliadora –una energía de atención e intención.
De modo similar, se dice que cuando los sistemas físicos han alcanzado su capacidad para organizar ordenadamente la energía, se produce un punto de inflexión. La alternativa es o bien una descomposición (colapso) o bien la entrada en el sistema de una mayor cantidad de energía utilizada para catalizar y crear un orden superior, impulsando el sistema hacia un estado ulterior de desarrollo. Así que, ¿para qué digo todo esto?
Comencé este breve ensayo mencionando cómo el equinoccio de primavera es, simbólicamente, un tiempo en el que las batallas entre fuerzas opuestas (oscuridad y luz) encuentran un equilibrio y resolución – en este caso la igualdad de horas de día y de noche. También simboliza un tiempo de muerte, renacimiento y realización (iniciación). Siento que ahora el mundo está atravesando una versión a gran escala de esta batalla; y que, efectivamente, se requiere una síntesis global. Como individuos, cada uno de nosotros también tiene que afrontar la resolución de las propias luchas y empujes contradictorios tanto externos como internos que le impactan. La pregunta final al respecto debe ser – ¿podemos encontrar y utilizar esa energía «reconciliadora» inmaterial y, aún así, tangible? ¿Y cuál es?
En los temas globales, el arte, la psicología, la vida social – en todos y cada uno de ellos – se necesita que esa «otra fuerza de reconciliación» esté presente; y quizá lo esté, pero de maneras que no percibimos o no podemos advertir; siendo como es uno de los mecanismos de nuestra evolución social y cultural. Y quizá sea simplemente cuestión de poder conectarse con esa fuerza sintetizadora, y utilizarla. ¿Qué pasaría si se tratase de la energía de la atención consciente y dirigida? Es decir, ¿del impulso del conocimiento y la participación conscientes – de la intención consciente orientada hacia un objetivo?
Todo lo que hacemos puede realizarse de forma diferente. Y no solo las cosas importantes de la vida – nuestro trabajo, nuestro amor, etc. – sino también las pequeñas cosas: cocinar, limpiar, preparar, colocar, y demás. En otras palabras, poner intención consciente en cada encuentro y participación – en cada acto humano. ¿No sería algo a tener en cuenta? Después de todo si, de verdad, fuésemos plenamente conscientes en esos momentos ¿desearíamos hacer daño, cometer errores, hablar mal y hacer las cosas incorrectamente? La consciencia humana cuando es deliberadamente consciente de sí misma puede ser una fuerza de resolución, síntesis, integración y desarrollo mucho más grande.
Para poder darnos cuenta del potencial inherente a la reconciliación de los impulsos opuestos con vistas al mejoramiento no tenemos por qué limitarnos a observar las fuerzas materiales globales (por ejemplo, la guerra). Esos impulsos opositores y contradictorios también operan dentro de cada uno de nosotros. Pero el primer obstáculo a superar es reconocer su existencia y funcionamiento. Percibiendo su existencia ayudamos al nacimiento de la fuerza de la atención directa. Habiendo activado el conocimiento consciente quizá podamos dar el siguiente paso de la intención consciente en busca de un resultado orientado hacia un objetivo de resolución y armonía. Así cómo es arriba, así es abajo: como sucede en el mundo también ocurre dentro de nosotros. Estas fuerzas están en todo y por todo lo que nos rodea. Están tanto en nuestros mitos y leyendas como en nuestros sistemas y estructuras sociales. También existen en nuestras ciencias.
Un vistazo rápido a la mecánica cuántica nos dirá que los paquetes de quanta pueden existir tanto en forma de partícula como de onda – ¿no saber en qué estado existen, no es un estado contradictorio de las cosas? Es solo cuándo se les observa – participación del observador- cuando los quanta «escogen» en qué estado estar y se dice que colapsan ya sea en partícula o en onda. En otras palabras, la atención humana dirigida colapsa la realidad en existencia. La manera de reconciliar el combate en nuestras vidas y de esforzarse hacia un mayor desarrollo, parece residir en el «calor» de nuestra percepción consciente.
Participamos en el mundo que nos rodea mediante una fuerza inmaterial pero tangible de atención consciente, intención dirigida y participación consciente. Es con esto con lo que podemos trabajar con las fuerzas opuestas en pos de su resolución y hacia un orden más elevado de síntesis e integración. Eso requiere un tipo de trabajo interno – debemos colocarnos en todas las situaciones y circunstancias como un crisol humano de cambio. Podemos ser el agente de cambio – el catalizador – aportando nuestra intención consciente a la mezcla. Quizá sea esa la razón por la que hemos estado deambulando durante tanto tiempo…para estar preparados para esto.
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