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Timestamp: 2013-05-24 08:43:22+00:00

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Art�culos y Referencias
Contratos en general Doctrina Nacional López de Zabalía
C�digo Civil Art. 1137.- Hay contrato cuando varias personas se ponen de acuerdo sobre una declaraci�n de voluntad com�n, destinada a reglar sus derechos.
Nota de Vélez al 1137: "Savigny, Derecho Romano, tomo III, � 140. "Es preciso, dice este autor, tener en consideraci�n el objeto de la voluntad. Si, pues, dos personas acuerdan sostenerse mutuamente por sus consejos en la adquisici�n de una ciencia o de un arte, ser�a impropio dar a este acuerdo el nombre de contrato, porque en este caso la voluntad no tiene por objeto uno relaci�n de derecho". Freitas es más claro en la materia; dice que "habrá contrato cuando dos o más personas acordasen entre sí alguna obligaci�n u obligaciones rec�procas a que correspondan derechos creditorios"; es decir, que una de las partes se constituye deudora y la otra acreedora, o que ambas sean rec�procamente deudores y acreedores. Maynz, � 281 dice que "contratos son aquellas manifestaciones de voluntad que tienen por objeto crear o extinguir obligaciones", lo mismo Domat, Lib. 1,T�t. 1, � 1. Los jurisconsultos distinguen los contratos de las convenciones, aun cuando en el uso común se llaman convenciones a los contratos. Aubry y Rau definen: "Convenci�n es el acuerdo de dos o m�s personas sobre un objeto de inter�s jur�dico, y contrato es la convenci�n en que una o muchas personas se obligan hacia una o muchas personas a una prestaci�n cualquiera". Duranton, distinguiendo las convenciones de los contratos, dice que ellas no comprenden s�lo los contratos sino que abrazan todos los pactos particulares que se les pueden agregar. Todo contrato es una convenci�n; pero no toda convenci�n, aunque tenga efectos civiles, es contrato. La palabra convenci�n es un t�rmino gen�rico que se aplica a toda especie de negocio o de cl�usula que las partes tengan en mira, dice la Ley Romana Conventionis verbum generale est ad omnia pertinens, de quibus negotii contrahendi transigendique causa consentiunt qui inter se agunt. L. 1, � 3, Digesto, De Pactis".
Art. 1138.- Los contratos se denominan en este C�digo unilaterales, o bilaterales. Los primeros son aquellos en que una sola de las partes se obliga hacia la otra sin que �sta le quede obligada. Los segundos, cuando las partes se obligan rec�procamente la una hacia la otra.
Nota de Vélez al 1138: "C�d. Franc�s, arts. 1102 y 1103 - C�d. Italiano, 1099 y 1100 (ahora 1324) - de Nápoles, 1056 y 1057. Los contratos bilaterales deben siempre dar lugar a dos acciones para garantir las dos obligaciones que comprenden. Los contratos unilaterales, no conteniendo sino una obligaci�n, no exigen sino s�lo una acci�n; sin embargo, puede suceder que el deudor de la prestaci�n a la cual est� obligado, haya sufrido pérdidas o hecho gastos que deba pagarlo el acreedor, y la ley en tal caso le concede al efecto una acci�n; pero esta acci�n no es sino una consecuencia accidental de actos extr�nsecos y no una consecuencia primitiva. Por esta raz�n esa acci�n se distingue de la que resulta directa y necesariamente del contrato, y se le llama acción contraria en oposición a la de la convenci�n que se llama directa" (*).
Comentario: (*) Goyena cita, además, el artículo 1758, de Luisiana y el 864 Austríaco. Art. 1139.- Se dice tambi�n en este C�digo, que los contratos son a t�tulo oneroso, o a t�tulo gratuito: son a t�tulo oneroso, cuando las ventajas que procuran a una u otra de las partes no les es concedida sino por una prestaci�n que ella le ha hecho, o que se obliga a hacerle; son a t�tulo gratuito, cuando aseguran a una u otra de las partes alguna ventaja, independiente de toda prestaci�n por su parte.
Nota de Vélez al 1139: "Proem. de la Part. 5ª - Cód. Francés, arts. 1105 y 1106 - Napolitano, 1059 y 1060 - Italiano, 1101 (ahora 1260) - Holandés, 1350" (*). Comentario: (*) Goyena cita, además, los arts. 1765 y 1766, de Luisiana, 7 y 8 Prusianos, titulo 5, parte 1 (pág. 74 ó 58).
Art. 1140.- Los contratos son consensuales o reales. Los contratos consensuales, sin perjuicio de lo que se dispusiere sobre las formas de los contratos, quedan concluidos para producir sus efectos propios, desde que las partes hubiesen rec�procamente manifestado su consentimiento.
Art. 1141.- Los contratos reales, para producir sus efectos propios, quedan concluidos desde que una de las partes haya hecho a la otra tradici�n de las cosas sobre que versare el contrato.
Art. 1142.- Forman la clase de los contratos reales, el mutuo, el comodato, el contrato de dep�sito, y la constituci�n de prenda y de anticresis.
Nota de V�lez al 1141 y 1142: "En derecho Franc�s, las convenciones son obligatorias por el solo efecto del consentimiento de las partes, sin necesidad ni de la entrega de la cosa que forma el objeto, ni del cumplimiento del hecho por una de las partes al cual se hubiese obligado.
Bajo este respecto el Derecho Franc�s difiere esencialmente del Derecho Romano y del nuestro, cuyas disposiciones reposan sobre el principio contrario, es decir, sobre el principio que el consentimiento no basta por regla general para hacer una convenci�n civilmente obligatoria. Sin embargo por el Código Franc�s, el comodato, el mutuo, el dep�sito y la prenda no existen como tales sino por la entrega de la cosa que forma el objeto, mas por esto esos contratos no constituyen contratos reales, pues que la simple promesa seguida de aceptaci�n de entregar una cosa a t�tulo de comodato, de dep�sito, de mutuo o de prenda, es civilmente obligatoria.- V�ase Aubry y Rau � 340 - Zachari�, � 610, nota 5�". Contratos nominados
Contratos innominados Dotrina Nacional Art. 1143.- Los contratos son nominados, o innominados, seg�n que la ley los designa o no, bajo una denominaci�n especial.
Nota de V�lez al 1143: "L. 5,T�t. 6, Part. 5�. - Pothier dice: que esta divisi�n exacta en los principios del Derecho Romano no tiene hoy lugar. Duranton sostiene la divisi�n diciendo: que en cuanto a la acci�n, los efectos son los mismos en los contratos innominados que en los que tienen nombre; pero que la diferencia entre unos y otros, en cuanto a sus efectos posibles y a la extensión de la obligaci�n, no puede dejar de existir.
"Suponed, dice, que dos vecinos, cada uno de los cuales no tiene sino un buey, convienen que el uno se lo preste al otro durante una semana para trabajar su campo, y que este �ltimo le dar� el suyo a su turno la semana siguiente. Esta convenci�n no es un alquiler, porque el precio no es dinero; no es tampoco un pr�stamo porque tal contrato no es a t�tulo gratuito de una y otra parte; tampoco es un cambio porque la propiedad no es traspasada; ni sociedad, porque el convenio es hecho en mira de intereses distintos y separados. Ser�a un contrato innominado. Suponed ahora que el buey del uno ha perecido en poder del otro por una culpa lev�sima. En tal caso no se pueden aplicar los principios ni del comodato, ni del mutuo, ni de ninguno de los contratos que tienen nombre; y aqu�l en cuyo poder el buey ha perecido, no ser� responsable de la p�rdida sino en el caso de una culpa que tenga responsabilidad en los contratantes interesados por una y otra parte".
"El contrato debe calificarse en atenci�n a la finalidad perseguida por las partes en el momento en que lo celebraron, a cuyo efecto deber� tenerse en cuenta si concurren los elementos que caracterizan a los contratos legislados, con prescindencia de la denominaci�n que aqu�llas le dieran; sin embargo, para desentra�ar su naturaleza deber�n examinarse los t�rminos usados, en cuanto no fueren ambiguos y no se opusieren al que las partes dicen celebrar".
El consentimiento Contratos reales Doctrina Nacional Art. 1144.- El consentimiento debe manifestarse por ofertas o propuestas de una de las partes, y aceptarse por la otra.
Art. 1145.- El consentimiento puede ser expreso o t�cito. Es expreso cuando se manifiesta verbalmente, por escrito, o por signos inequ�vocos. El consentimiento t�cito resultar� de hechos, o de actos que lo presupongan, o que autoricen a presumirlo, excepto en los casos en que la ley exige una manifestaci�n expresa de la voluntad; o que las partes hubiesen estipulado, que sus convenciones no fuesen obligatorias, sino despu�s de llenarse algunas formalidades.
Nota de V�lez al 1145: "Aubry y Rau � 343 - Maynz, § 284".
Art. 1146.- El consentimiento t�cito se presumir� si una de las partes entregare, y la otra recibiere la cosa ofrecida o pedida; o si una de las partes hiciere lo que no hubiera hecho, o no hiciere lo que hubiera hecho si su intenci�n fuese no aceptar la propuesta u oferta. Art. 1147.- Entre personas ausentes el consentimiento puede manifestarse por medio de agentes o correspondencia epistolar.
Nota de V�lez al 1147: "LL. 7 y 8,Tít. 11, Part. 5ª".
Art. 1148.- Para que haya promesa, �sta debe ser a persona o personas determinadas sobre un contrato especial, con todos los antecedentes constitutivos de los contratos. Nota de V�lez al 1148: "Con la resoluci�n de este art�culo creemos concluir con las innumerables cuestiones sobre promesa de venta y otros contratos. Troplong, Vente, sobre el artículo 1589, nos hace ver que el C�d. franc�s no ha resuelto esas cuestiones, y ni �l las resuelve despu�s de proponerlas y de consagrarles largas p�ginas. Zachari� ense�a que no es necesaria la determinaci�n de la persona, que todos los que ejercen p�blicamente un comercio o una industria, y que anuncian al p�blico los efectos que venden y los precios de ellos, est�n obligados a la venta desde que se presentan compradores. Savigny, Derechos de las Obligaciones, � 61, sostiene la doctrina del art�culo con la sola excepci�n de los t�tulos al portador, que, como se ha visto, pertenece al derecho p�blico. Cuando una persona ofrece una recompensa al que le restituyese una suma perdida, o que se ofrece un premio por un descubrimiento �til, o cuando en un remate se ofrece una cosa por un precio cierto, la indeterminaci�n que se presenta es s�lo en el tiempo en que el contrato se prepara, y no en el tiempo mismo en que el contrato se concluye. Entonces ya hay una persona determinada" (*). Comentario: (*) Goyena cita el 1595, Sardo, 1436 Napolitano y 936 Austríaco. Art. 1149.- La oferta quedar� sin efecto alguno si una de las partes falleciere, o perdiere su capacidad para contratar: el proponente, antes de haber sabido la aceptaci�n, y la otra, antes de haber aceptado.
Nota de V�lez al 1149: "Pothier, De la Vente, n° 32 - Duranton, tomo XVI, nº 45 - Duvergier, De la Vente, tomo I, nº 67. Los herederos de aquel a quien la proposición se ha dirigido no tienen derecho a aceptar con efecto respecto al proponente, porque pueden mediar consideraciones personales al tratarse de un contrato, y porque no es lo mismo obligarse, o que se obligue una sola persona, o que sean varias las que deban cumplir el contrato. Sobre este punto, Toullier, tomo VI, nº 31 - Duvergier, tomo I, nº 69".
Art. 1150.- Las ofertas pueden ser retractadas mientras no hayan sido aceptadas, a no ser que el que las hubiere hecho, hubiese renunciado a la facultad de retirarlas, o se hubiese obligado al hacerlas, a permanecer en ellas hasta una �poca determinada. Art. 1151.- La oferta o propuesta hecha verbalmente no se juzgar� aceptada si no lo fuese inmediatamente; o si hubiese sido hecha por medio de un agente, y �ste volviese sin una aceptaci�n expresa.
Art. 1152.- Cualquiera modificaci�n que se hiciere en la oferta al aceptarla, importar� la propuesta de un nuevo contrato.
Art. 1153.- Si la oferta hubiese sido alternativa, o comprendiendo cosas que puedan separarse, la aceptaci�n de una de ellas concluye el contrato. Si las dos cosas no pudiesen separarse, la aceptaci�n de s�lo una de ellas importar� la propuesta de un nuevo contrato.
Art. 1154.- La aceptaci�n hace s�lo perfecto el contrato desde que ella se hubiese mandado al proponente.
Nota de Vélez del 1150 a 1154: "Cuando quede formado el contrato por correspondencia, es materia que ha dividido a los jurisconsultos franceses. Las Leyes Romanas no presentan ninguna resolución sobre esta delicada cuestión. La doctrina en que se funda nuestro artículo es sostenida por Aubry y Rau, § 343 y nota 3, letra a. Por Zachariae § 613 - Duranton, tomo XVI, nº 45 - Marcadé, sobre el artículo 1108, y por otros escritores. Pero Troplong, Vente, tomo, I nº 22 - Merlin, Vente § 1 - Delamarre, tomo I, nº 247 - Toullier, tomo VI, nº 29, y Maynz, § 284, nota 10, enseñan que la conclusión del contrato no sucede hasta el momento en que la respuesta afirmativa llega a poder del que ha hecho la proposición; y que hasta entonces cada uno de ellos, puede cambiar de voluntad. El jurisconsulto Cadres entró en la cuestión combatiendo victoriosamente la opinión de Troplong en un artículo que se encuentra en la Revista de la Legislación de Foelix, año 1844, pág. 268. Entre otros fundamentos, dice: "Que siguiendo los principios de Troplong, el que ha aceptado la propuesta tendría que esperar que le llegara la conformidad del que la hizo, y entonces nunca habría concurso de voluntades por correspondencia". Sería querer encontrar el fin de un circulo". (*). Comentario: (*) Goyena cita el artículo 1062, Napolitano, 1195 Sardo, 809 de Vaud y 1356 Holandés. Art. 1155.- El aceptante de la oferta puede retractar su aceptaci�n antes que ella haya llegado al conocimiento del proponente. Si la retractare despu�s de haber llegado al conocimiento de la otra parte, debe satisfacer a �sta las p�rdidas e intereses que la retractaci�n le causare, si el contrato no pudiese cumplirse de otra manera, estando ya aceptada la oferta.
Art. 1156.- La parte que hubiere aceptado la oferta ignorando la retractaci�n del proponente, su muerte o incapacidad sobreviniente, y que a consecuencia de su aceptaci�n hubiese hecho gastos o sufrido p�rdidas, tendr� derecho a reclamar p�rdidas e intereses.
Nota de Vélez del 1155 y 1156: "Toullier, tomo VI, n° 30 - Duvergier, De la Vente, tomo I, n° 56 - Aubry y Rau � 343".
Art. 1157.- Lo dispuesto en el t�tulo "De los hechos", de este libro, respecto a los vicios del consentimiento, tiene lugar en todos los contratos.
Art. 1158.- El derecho de anular los contratos por vicios del consentimiento, corresponde a la parte que los hubiere sufrido, y no a la otra parte, ni al autor del dolo, violencia, simulaci�n o fraude.
Art. 1159.- Cesa el derecho de alegar tales nulidades, cuando conocidas las causas de ellas, o despu�s de haber cesado �stas, los contratos fuesen confirmados expresa o t�citamente.
Nota de Vélez del 1159: "Véase Maynz, § 122, y nota 46". Art. 1160.- No pueden contratar los incapaces por incapacidad absoluta, ni los incapaces por incapacidad relativa en los casos en que les es expresamente prohibido, ni los que est�n excluidos de poderlo hacer con personas determinadas, o respecto de cosas especiales, ni aquellos a quienes les fuese prohibido en las disposiciones relativas a cada uno de los contratos, ni los religiosos profesos de uno y otro sexo, sino cuando comprasen bienes muebles a dinero de contado, o contratasen por sus conventos; ni los comerciantes fallidos sobre bienes que correspondan a la masa del concurso, si no estipularen concordatos con sus acreedores.
Nota de Vélez al 1160: "L. 4,Tít. 11, Part. 5ª - L. 11,Tít. 10, Lib. 1, Fuero Real - Cód. Francés, arts. 1123 y sgtes. - Napolitano, 1077 - Holandés, 1365 - Ténganse presente los artículos 54 a 57 donde están designadas las personas que tienen incapacidad absoluta, o incapacidad relativa". Los terceros Plenario Czertok Art. 1161.- Ninguno puede contratar a nombre de un tercero, sin estar autorizado por �l, o sin tener por la ley su representaci�n. El contrato celebrado a nombre de otro, de quien no se tenga autorizaci�n o representaci�n legal, es de ning�n valor, y no obliga ni al que lo hizo.
El contrato valdr� si el tercero lo ratificase expresamente o ejecutase el contrato.
Art. 1162.- La ratificaci�n hecha por el tercero a cuyo nombre, o en cuyo inter�s se hubiese contratado, tiene el mismo efecto que la autorizaci�n previa, y le da derecho para exigir el cumplimiento del contrato.
Las relaciones de derecho del que ha contratado por �l, ser�n las del gestor de negocios.
Art. 1163.- El que se obliga por un tercero, ofreciendo el hecho de �ste, debe satisfacer p�rdidas e intereses, si el tercero se negare a cumplir el contrato. Nota de Vélez a 1161,1162 y 1163: "LL. 7 y 11,Tít. 11, Partida 5�. Regla 10,Tít. 34, Part. 7� - Instituta, � 21, Lib. 3,Tít. 19 (*) - LL. 81 y 88, Tit. 1, Lib. 45, Digesto. Sobre esta materia, véase Savigny, Derecho de las Obligaciones, tomo II, � 59 - Zachariae � 617 - Cód. Francés, arts. 1120 y 1165 - Pothier, Obligaciones, nº 56 - Maynz � 289".
Comentario: (*) Vélez cita este párrafo, pero también debe considerarse el � 19, Lib. 3,Tít. 19, de las Instituta, referido por Savigny, Zachariae, Pothier, Maynz , todos autores citados por el propio Vélez, y Goyena, aunque éste remita al � 18, Lib. 3, Tít. 20.
Art. 1164.- El derecho de alegar la nulidad de los contratos, hechos por personas incapaces, s�lo corresponde al incapaz, sus representantes o sucesores, a los terceros interesados, y al ministerio de menores, cuando la incapacidad fuere absoluta, y no a la parte que ten�a capacidad para contratar.
Art. 1165. Declarada la nulidad de los contratos, la parte capaz para contratar no tendr� derecho para exigir la restituci�n de lo que hubiere dado, o el reembolso de lo que hubiere pagado, o gastado, salvo si probase que existe lo que dio, o que redundara en provecho manifiesto de la parte incapaz. Art. 1166. Si el incapaz hubiese procedido con dolo para inducir a la otra parte a contratar, ni �l, ni sus representantes o sucesores tendr�n derecho para anular el contrato, a no ser que el incapaz fuere menor, o el dolo consistiere en la ocultaci�n de la incapacidad. .
Art. 1199.- Los contratos no pueden oponerse a terceros, ni invocarse por ellos, sino en los casos de los art�culos 1161 y 1162. Artículo 2505.- La adquisici�n o transmisi�n de derechos reales sobre inmuebles, solamente se juzgar� perfeccionada mediante la inscripci�n de los respectivos t�tulos en los registros inmobiliarios de la jurisdicci�n que corresponda. Esas adquisiciones o transmisiones no ser�n oponibles a terceros mientras no est�n registradas.
Nota de Vélez al 2505: "Muchos escritores han pretendido establecer reglas generales sobre la adquisici�n y p�rdida de los derechos reales. Maynz en el � 163 ha demostrado la inutilidad de este empe�o, porque los diversos modos de adquirir o perder la propiedad, o el derecho real constituido en ella, var�an seg�n la naturaleza de los hechos, por los cuales se hace la adquisici�n o se causa la p�rdida. Mejor ser� que al tratar de cada uno de los derechos reales, se disponga sobre el modo de adquirirlos, y las causas porque se pierden". Terceros y Tercer�a C�digo Procesal Civil
En derecho se usa la palabra tercero, para designar a toda persona ajena a algo, sea una obligaci�n, una convenci�n, una relaci�n jur�dica, etc�tera.
Es que se supone que la obligaci�n, convenci�n, relaci�n, etc�tera, se forma entre dos personas, respecto de las cuales cualquier otra es una tercera persona. Con relaci�n al acto jur�dico, los terceros son las personas extra�as al acto, es decir que no han concurrido a su formaci�n, ni son sucesores universales de las partes, quienes, como en seguida se ver�, son asimilados a ellas.
Entre los terceros cabe distinguir por los matices que presenta su situaci�n respecto del principio que se examina, los sucesores singulares de las partes, los acreedores quirografarios de ellas y los terceros propiamente dichos (penitus extranei).
Tercero habilitado para recibir el pago:
La habilitaci�n para recibir el pago, se aprecia con relaci�n al deudor. Por tanto, el deudor practica un pago v�lido que es cancelatorio de su deuda cuando lo satisface a un tercero que est� legitimado para recibirlo, aunque el pago no resulte satisfactorio para el verdadero acreedor. Entran en esta categor�a: a) el adjectus solutionis gratia;
b) el tenedor de un t�tulo al portador;
c) el poseedor del cr�dito o acreedor aparente.
Tercero indicado:
El pago debe ser hecho al tercero indicado, o adjectus solutionis gratia o adjectus solutionis causa, cuando es quien ha sido se�alado para percibir el cr�dito.
El adjectus se diferencia del mandatario porque �ste tiene poder para recibir el pago, en tanto aqu�l est� simplemente investido de una cualidad para percibirlo.
"En el derecho argentino vigente adem�s es aplicable el supuesto de tercero designado para el pago (art�culo 731, inciso 7, C�digo Civil), figura que proviene del derecho romano en que este tercero era denominado adjectus solutionis gratia o adjectus solutionis causa, de gran importancia en su tiempo como modo de suplir la representaci�n que no estaba regulada. El adjectus aparec�a incorporado al contrato investido de una cualidad para cobrar como si se tratara del mismo acreedor. Esta cualidad lo distingue del mandatario que tiene poder del acreedor para recibir, ya que el "adjectus" resulta titular de un derecho propio y abstracto. Y como se�ala doctrina m�s moderna a�n, no importa cu�l sea la relaci�n interna entre el adjectus y el acreedor; dentro de ella puede ser mandatario o beneficiario de un acto indirecto, y por lo tanto puede llegar a ser el verdadero titular activo del cr�dito. En fin, la doctrina concluye que para determinar el alcance de la cl�usula del tercero designado para el pago, hay que estar a la convenci�n en la cual �l ha sido designado, pero que sin duda atribuye legitimaci�n para reclamar aun judicialmente el pago si -como en el caso- es el titular activo del cr�dito y aun cuando no lo fuera, pues �sta es la mera contrapartida del deber que le impone la ley al deudor de efectuarle el pago a �l, agreg�ndose en la doctrina m�s actual que ello es tambi�n el resultado de que el "adjectus" es titular de un verdadero derecho subjetivo; el derecho a recibir el pago ser�a ilusorio si no estuviera acompa�ado de legitimaci�n para accionar por cumplimiento" (Conf. Biblioteca Jurídica Virtual). Tercero poseedor:
Por tercero poseedor se entiende toda persona que no esta personalmente obligada al pago de la deuda y que ostenta actualmente la titularidad del dominio del inmueble.
En consecuencia, tienen el car�cter de tercero poseedor:
a) el propietario que ha dado en garant�a de la deuda de un tercero su propio inmueble, sin constituirse en fiador de la obligaci�n; pues de haberse constituido en fiador seria tambi�n el deudor y, por lo tanto, no seria un tercero; b) el adquirente del inmueble por actos entre vivos, sea por t�tulo gratuito u oneroso; c) el legatario del inmueble.
Puede ocurrir que la enajenaci�n sea de una parte indivisa del inmueble.
Esta enajenaci�n es perfectamente leg�tima, de modo que el acreedor hipotecario no puede oponerse a ella ni pretender la caducidad del plazo. El nuevo cond�mino, ser� considerado como tercer poseedor y habr� que dirigir la acci�n contra el conjuntamente con los otros copropietarios.
Supuesto que el acreedor resuelva ejecutar el inmueble, debe dirigir su acci�n contra el tercero poseedor, quien puede optar por una de las siguientes soluciones:
a) defenderse en el juicio ejecutivo, oponiendo las excepciones que corresponda; b) pagar el capital con sus intereses; c) abandonar el inmueble; d) finalmente, puede limitarse a sufrir pasivamente la ejecuci�n, sin hacer abandono del inmueble. Aunque la situaci�n es an�loga, no es exactamente igual, porque en caso de abandono se designa un curador para seguir la ejecuci�n contra el, soluci�n �nicamente admisible en caso de que el abandono sea expreso; en cambio, si el tercero ejecutado se limita a guardar silencio, la ejecuci�n debe continuarse contra el.
Tercero adquirente:
A) El comprador que asume la deuda, seguido de una exoneraci�n del deudor primitivo por acto expreso o t�cito del acreedor hipotecario.
B) El comprador que asume la deuda, seguido de una expresa o t�cita aceptaci�n del acreedor hipotecario, pero sin liberar al deudor originario.
No ser� tercero poseedor, y tendr� las obligaciones del tercero adquirente, en los casos en que se haya comprometido por v�a contractual a satisfacer el cr�dito, o por otro acto posterior haya asumido igual obligaci�n, art�culo 3172 del C�d. Civil, siempre que haya sido aceptada por el acreedor; o cuando lleg� a ser heredero del deudor art�culo 3169 del C�d. Civil, pues contin�a la persona del difunto con todos sus derechos y obligaciones, art�culos 3279, 3417 y ccss. del C�d. Civil, salvo que haya aceptado la herencia con beneficio de inventario (que se presume); o cuando fuere codeudor o fiador, art�culo 3169.
Tercer�a de dominio y de mejor derecho
Denom�nase tercer�a la pretensi�n en cuya virtud una persona distinta a las partes intervinientes en un determinado proceso, reclama el levantamiento de un embargo trabado en dicho proceso sobre un bien de su propiedad, o el pago preferencial de un cr�dito con el producido de la venta del bien embargado.
El concepto enunciado comprende las dos clases de tercer�as que admite el ordenamiento procesal, artículos 97 y ss. C.P.C., o sea, las de dominio y las de mejor derecho. Las primeras deben fundarse en el dominio de los bienes embargados; las segundas en el derecho que el tercerista tenga a ser pagado con preferencia al embargante.
De lo dicho se infiere que la admisibilidad de la tercer�a, cualquiera sea su car�cter, se halla condicionada a la existencia de un embargo. En caso contrario no existir�a inter�s jur�dico que la sustentase, pues en el supuesto de que en un proceso constituido entre otras personas la controversia versara sobre un bien de propiedad del tercerista, la sentencia que en ese proceso se dictara le ser�a inoponible y carecer�a por lo tanto de toda virtualidad para despojarlo de ese bien.
Si bien las tercer�as tienen su mayor �mbito de aplicabilidad en los procesos de ejecuci�n, ellas son procedentes, en principio, en cualquier clase de procesos. Objeto de los contratos
Art. 1167. Lo dispuesto sobre los objetos de los actos jur�dicos y de las obligaciones que se contrajeren, rige respecto a los contratos, y las prestaciones que no pueden ser el objeto de los actos jur�dicos, no pueden serlo de los contratos. Art. 1168. Toda especie de prestaci�n, puede ser objeto de un contrato, sea que consista en la obligaci�n de hacer, sea que consista en la obligaci�n de dar alguna cosa; y en este �ltimo caso, sea que se trate de una cosa presente, o de una cosa futura, sea que se trate de la propiedad, del uso, o de la posesi�n de la cosa.
Nota de V�lez al 1168: "L. 20 y ss.Tít. 11, Partida 5� - L. 34,Tít. 1, Lib.18, Digesto - Cód. Francés, arts. 1126 a 1130 - Italiano 1116 y 1118 (ahora 1346 a 1349) de Nápoles, 1082 - Holand�s, 1368. Sobre los actos dependientes de una profesi�n literaria o art�stica, v�ase Aubry y Rau � 344, Zachari�, � 616". Art. 1169. La prestaci�n, objeto de un contrato, puede consistir en la entrega de una cosa, o en el cumplimiento de un hecho positivo o negativo susceptible de una apreciaci�n pecuniaria.
Nota de V�lez al 1169: "Aubry y Rau � 344. La Ley Romana dice: ea enim in obligatione consistere, quae pecunia lui prestarique possunt, L 9, � 2,Tit. 7 Lib. 40, Digesto. Si la prestaci�n objeto del contrato, aunque susceptible en s� de apreciaci�n pecuniaria, no presentara para el acreedor ninguna ventaja apreciable en dinero, no estar�a �ste autorizado a pedir la ejecuci�n de la promesa hecha. Un simple inter�s de afecci�n no ser�a suficiente para darle una acci�n, a menos que la estipulaci�n determinada por tal m�vil no hubiese tenido al mismo tiempo el cumplimiento de un deber moral". Art. 1170. Las cosas objeto de los contratos, deben ser determinadas en cuanto a su especie, aunque no lo sean en la cantidad, con tal que �sta pueda determinarse.
Nota de V�lez al 1170: "L. 1,Tít. 11, Part. 5� - LL. 74, 75 y 115, Tít. 1, Lib. 45, Digesto - Zachari�, � 616 - Pothier, nºs. 131 y 283 a 287- Cód. Francés, artículo 1129 - Italiano, 1117 (ahora 1346) - de Nápoles, 1083 - Holandés, 1369".
Art. 1171. La cantidad se reputa determinable cuando su determinaci�n se deja al arbitrio de tercero; pero si el tercero no quisiere, no pudiere, o no llegare a determinarla, el juez podr� hacerlo por s�, o por medio de peritos si fuese necesario, a fin de que se cumpla la convenci�n.
Nota de V�lez al 1171: "En contra: Domat, Obligat., sec. 3�, � 11 y L. 9,T�t. 5, Part. 5�".
Art. 1172. Son nulos los contratos que tuviesen por objeto la entrega de cosas como existentes, cuando �stas a�n no existan, o hubieren dejado de existir; y el que hubiese prometido tales cosas indemnizar� el da�o que causare a la otra parte.
Nota de V�lez al 1172: "Véase Goyena, artículo 995 (*)".
Comentario: (*) Goyena cita el artículo 1172, del Cód. Francés - 125 Napolitano - 868 de Vaud - 1263 Sardo - 1290 Holand�s - artículo 1885, de Luisiana - 878 Austria - el Bávaro, § 8, cap. 4, libro 1 y 51 Prusiano, T�t. 5, parte 1 - L. 31, De Reg. Juris y L. 185, De Reg. Juris (verla en Digesto Teórico Práctico y L. 35,Tít. 1, Lib. 45) - L. 21, Tít. 11, Part. 5 - L. 31, Tít. 7, Lib. 44, Digesto - LL. 104, § 1, Lib. 30, Digesto. L. 2, § 2 al fin y 137, § 4, Tít. 1, Lib. 45, Digesto. Art. 1173. Cuando las cosas futuras fuesen objeto de los contratos, la promesa de entregarlos est� subordinada al hecho, "si llegase a existir", salvo si los contratos fuesen aleatorios.
Nota de V�lez al 1173: "L. 11,Tít. 5, Part. 5� - L. 8,Tít. 1, Lib. 18, Digesto".
Artículo 1174. Pueden ser objeto de los contratos las cosas litigiosas, las dadas en prenda o en anticresis, hipotecadas o embargadas, salvo el deber de satisfacer el perjuicio que del contrato resultare a terceros.
Art. 1175. No puede ser objeto de un contrato la herencia futura, aunque se celebre con el consentimiento de la persona de cuya sucesi�n se trate; ni los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares.
Nota de V�lez al 1175: "L. 13,Tít. 5, Part. 5� - L. 30, Tít. 3, Lib. 2, Cód. Romano. Zachari�, � 616 - Troplong, De la Vente, n° 246 y 250 - Cód. Francés, arts. 791 y 1130 - de Nápoles, 708 y 1084 - Holandés, 1109 y 1370 - Italiano, 1118 (ahora 771) - Aubry y Rau, � 344".
Art. 1176. Los contratos hechos simult�neamente sobre bienes presentes, y sobre bienes que dependen de una sucesi�n aun no deferida, son nulos en el todo, cuando han sido concluidos por un solo y mismo precio, a menos que aquel en cuyo provecho se ha hecho el contrato consienta en que la totalidad del precio sea s�lo por los bienes presentes.
Nota de V�lez al 1176: "Aubry y Rau � 344".
Art. 1177. Las cosas ajenas pueden ser objeto de los contratos Si el que promete entregar cosas ajenas no hubiese garantizado el �xito de la promesa, s�lo estar� obligado a emplear los medios necesarios para que la prestaci�n se realice. Si �l tuviere la culpa de que la cosa ajena no se entregue, debe satisfacer las p�rdidas e intereses. Debe tambi�n satisfacerlas, cuando hubiese garantizado la promesa, y �sta no tuviere efecto.
Nota de V�lez al 1177: "Sobre la materia, Maynz, � 283, observaci�n 2�".
Art. 1178. El que hubiese contratado sobre cosas ajenas como cosas propias, si no hiciere tradici�n de ellas, incurre en el delito de estelionato, y es responsable de todas las p�rdidas e intereses.
Art. 1179. Incurre tambi�n en delito de estelionato y ser� responsable de todas las p�rdidas e intereses quien contratare de mala fe sobre cosas litigiosas, pignoradas, hipotecadas o embargadas, como si estuviesen libres, siempre que la otra parte hubiere aceptado la promesa de buena fe. Formas de los contratos Cómo redactar un contrato
Subsanaci�n de documentos Art. 1180. La forma de los contratos entre presentes ser� juzgada por las leyes y usos del lugar en que se han concluido.
Nota de V�lez al 1180: "Cód. de Prusia, artículo 111, Tít. 5, Parte 1ª y las citas al artículo 12, título preliminar de las leyes".
Comentario: Vélez, siguiendo a Goyena, cita el Título 4, pero corresponde el Título 5, del Cód. de Prusia. Por otra parte, el art. 111 del Título 5, coordina con el artículo 1413 del Cód. Sardo, citado por el mismo Goyena.
Art. 1181. La forma de los contratos entre ausentes, si fueren hechos por instrumento particular firmado por una de las partes, ser� juzgada por las leyes del lugar indicado en la fecha del instrumento. Si fuesen hechos por instrumentos particulares firmados en varios lugares, o por medio de agentes, o por correspondencia epistolar, su forma ser� juzgada por las leyes que sean m�s favorables a la validez del contrato.
Art. 1182. Lo dispuesto en cuanto a las formas de los actos jur�dicos debe observarse en los contratos.
Art. 1183. Cuando la forma instrumental fuere exclusivamente decretada en una determinada especie de instrumento, el contrato no valdr� si se hiciese en otra forma.
Nota de V�lez al 1183: "L. 22, Tít. 1, Lib. 10, Nov. Rec. y L. 17,Tít. 21, Lib. 4, Cód. Romano".
Art. 1184. Deben ser hechos en escritura p�blica, con excepci�n de los que fuesen celebrados en subasta p�blica:
1�) Los contratos que tuvieren por objeto la transmisi�n de bienes inmuebles, en propiedad o usufructo, o alguna obligaci�n o gravamen sobre los mismos, o traspaso de derechos reales sobre inmuebles de otro.
2�) Las particiones extrajudiciales de herencias, salvo que mediare convenio por instrumento privado presentado al juez de la sucesi�n. 3�) Los contratos de sociedad civil, sus pr�rrogas y modificaciones. 4�) Las convenciones matrimoniales y la constituci�n de dote. 5�) Toda constituci�n de renta vitalicia. 6�) La cesi�n, repudiaci�n o renuncia de derechos hereditarios.
7�) Los poderes generales o especiales que deban presentarse en juicio, y los poderes para administrar bienes, y cualesquiera otros que tengan por objeto un acto redactado o que deba redactarse en escritura p�blica.
8�) Las transacciones sobre bienes inmuebles.
9�) La cesi�n de acciones o derechos procedentes de actos consignados en escritura p�blica. 10�) Todos los actos que sean accesorios de contratos redactados en escritura p�blica. 11�) Los pagos de obligaciones consignadas en escritura p�blica, con excepci�n de los pagos parciales, de intereses, canon o alquileres. (Seg�n Ley 17.711).
Nota de V�lez al 1184 original: "Proyecto de Goyena, artículo 1202 (*)".
Comentario: (*) Vélez, al citar el artículo 1202, que se armoniza más con el artículo siguiente, se ha querido referir al artículo 1003, de Goyena; por el que, a su vez, remite al artículo 808, de Vaud y al artículo 1412, n° 4, del Sardo que, en lo referente a la cesión de acciones, es muy completo.
Jurisprudencia: "La exigencia que el poder sea otorgado por escritura p�blica se refiere a los casos en que el apoderado deba suscribir una escritura pública, por lo que ésta no será requerida cuando sólo se lo faculta para intervenir en los actos o contratos preparatorios, como el boleto de compraventa".
Artículo 1185. Los contratos que debiendo ser hechos en escritura p�blica, fuesen hechos por instrumento particular, firmado por las partes o que fuesen hechos por instrumento particular en que las partes se obligasen a reducirlo a escritura p�blica, no quedan concluidos como tales, mientras la escritura p�blica no se halle firmada; pero quedar�n concluidos como contratos en que las partes se han obligado a hacer escritura p�blica.
Comentario: (*) Es respecto de este artículo, que correspondería la cita de Vélez a Goyena, formulada en el artículo anterior; aunque en él, se disponga lo contrario a Vélez. Goyena en su artículo 1202, cita el artículo 1413, Sardo y el texto "Non aliter mulieres in tali contractu posse pro aliis..." de la L. 23, § 2, Tít. 29, Lib. 4, C�d. Romano; L. 17, Tít. 21, Lib. 4, Cód. Romano; y L. 22, Tít.1, Lib. 10, Nov. Rec..
Art. 1185 bis. Los boletos de compraventa de inmuebles otorgados a favor de adquirentes de buena fe ser�n oponibles al concurso o quiebra del vendedor si se hubiere abonado el veinticinco por ciento del precio. El Juez podr� disponer en estos casos que se otorgue al comprador la escritura traslativa de dominio. Art. 1186. El art�culo anterior no tendr� efecto cuando las partes hubiesen declarado en el instrumento particular que el contrato no valdr�a sin la escritura p�blica. Nota de V�lez al 1186: "La cláusula por la cual las partes convengan en consignar sus convenciones en un acto bajo forma privada o de que consten por escritura pública, no hace depender la existencia de ellas del cumplimiento de estas formalidades en los contratos en que las leyes no las exigen. Una cláusula de esta naturaleza debe en general ser considerada, como que sólo tiene el objeto de asegurar la prueba de la convención a la cual se refiere. Troplong, De la Vente, n° 19 - Toullier, tomo VIII, nº 140 - Aubry y Rau 343, nota 9".
Art. 1187. La obligaci�n de que habla el art�culo 1185 ser� juzgada como una obligaci�n de hacer, y la parte que resistiere hacerlo, podr� ser demandada por la otra para que otorgue la escritura p�blica, bajo pena de resolverse la obligaci�n en el pago de p�rdidas e intereses. Art. 1188. Los contratos que debiendo ser hechos por instrumento p�blico o particular, fuesen hechos verbalmente, tambi�n quedar�n concluidos para el efecto designado en el art�culo anterior.
Art. 1189. Si en el instrumento p�blico se hubiese estipulado una cl�usula penal, o el contrato fuese hecho d�ndose arras, la indemnizaci�n de las p�rdidas e intereses consistir� en el pago de la pena, y en el segundo en la p�rdida de la se�al, o su restituci�n con otro tanto. Prueba de los contratos Art. 1190. Los contratos se prueban por el modo que dispongan los c�digos de procedimientos de las Provincias Federadas:
Por instrumentos p�blicos.
Por instrumentos particulares firmados o no firmados.
Por confesi�n de partes, judicial o extrajudicial.
Por juramento judicial .
Por presunciones legales o judiciales.
Por testigos.
Nota de V�lez al 1190: "L. 8,Tít. 14, Part. 3�. En el T�tulo 11 de la misma Partida se admite el juramento. T�ts. 3, 4 y 5, Lib. 22, Digesto, y Tít. 2, Lib. 12, Idem. - Cód. Francés, artículo 1316 - Holandés, 1903".
Ver C�digo de Proceso Civil Franc�s, art�culo 317 y sgtes., sobre el juramento judicial.
Ver art�culo 208 del C�digo de Comercio.
Artículo 423 del C�digo Procesal Nacional, dice: "La confesi�n judicial expresa constituir� plena prueba, salvo cuando:
1) Dicho medio de prueba estuviere excluido por la ley respecto de los hechos que constituyen el objeto del juicio, o incidiere sobre derechos que el confesante no puede renunciar o transigir v�lidamente.
2) Recayere sobre hechos cuya investigaci�n proh�ba la ley.
3) Se opusiere a las constancias de instrumentos fehacientes de fecha anterior, agregados al expediente.
Artículo 424 del C�digo Procesal Nacional, dice: "En caso de duda, la confesi�n deber� interpretarse en favor de quien la hace.
La confesi�n es indivisible, salvo cuando:
1) El confesante invocare hechos impeditivos, modificativos o extintivos, o absolutamente separables, independientes unos de otros.
2) Las circunstancias calificativas expuestas por quien confiesa fueren contrarias a una (1) presunci�n legal o inveros�miles.
3) Las modalidades del caso hicieren procedente la divisibilidad".
Artículo 425 del C�digo Procesal Nacional, dice: "La confesi�n hecha fuera de juicio, por escrito o verbalmente, frente a la parte contraria o a quien la represente, obliga en el juicio siempre que est� acreditada por los medios de prueba establecidos por la ley. Quedar� excluida la testimonial, cuando no hubiere principio de prueba por escrito.
La confesi�n hecha fuera de juicio a un tercero, constituir� fuente de presunci�n simple". Confesi�n de partes "La confesi�n es la declaraci�n que en forma espont�nea o provocada efect�a una parte respecto de la verdad de hechos pasados, personales o de su conocimiento, susceptibles de producir consecuencias jur�dicas perjudiciales para el confesante y prestada con conciencia de que se proporciona una evidencia a la contraria".
"Entre las condiciones objetivas de la prueba de confesi�n, se incluye que debe referirse a un hecho contrario al inter�s de quien confiesa y favorable a la otra parte -es obvio que no es confesi�n lo que diga a su favor".
"La confesi�n ficta produce, en principio, los mismos efectos que la confesi�n expresa. Ella se configura respecto de "hechos personales, teniendo en cuenta las circunstancias de la causa" (artículo 409 del C.P.C.C.), raz�n por la cual ella puede ser desvirtuada mediante prueba en contrario producida por la otra parte".
"La confesi�n extrajudicial obliga a la parte como si hubiera sido prestada en juicio. Para su retractaci�n la doctrina aplica anal�gicamente como motivos que autorizan la retractaci�n de la confesi�n a aquellos que, de acuerdo a los preceptos del C�digo Civil, configuran vicios de la voluntad"
"La confesi�n producida con las formalidades de las leyes procesales, sea que se realice judicial o extrajudicialmente constituye una prueba important�sima, de tal naturaleza que excluye a toda otra prueba. Porque una vez que una de las partes ha reconocido la existencia del hecho debatido (en el caso, accidente de tr�nsito), es inoficioso cualquier otro elemento tendiente a demostrar una cosa que ya no esta en discusi�n"
"La tesis conforme con la cual ha de negarse toda eficacia a la confesi�n ficta cuando los hechos sobre los que recae han sido objeto de un desconocimiento expreso en la demanda o contestaci�n, priva a la prueba de confesi�n de todo sentido, pues autoriza sin sanci�n alguna, a que las partes desoigan el llamamiento judicial a absolver posiciones. El C�digo de Procedimientos de la Provincia (art�culo 415) ha adoptado un t�rmino medi� entre los que sostienen esa tesis y los que atribuyen efecto de plena prueba a la confesi�n ficta".
"La confesi�n judicial expresa (artículo 423, C�digo Procesal) constituye plena prueba, la probatio probat�ssima, por la cual el juez est� obligado a aceptarla, no por voluntad de las partes, sino por imperio de la ley"
"El testamento en que uno de los concubinarios reconoce en el otro -a quien instituye �nica y universal heredera-, el car�cter de colaboradora durante el t�rmino de veinte a�os, manifestando que un inmueble que forma parte de sus bienes fue adquirido con dinero, de ambos, aun cuando fuera revocado, tiene el alcance jur�dico de una confesi�n extrajudicial y hace plena prueba de la existencia de la sociedad de hecho entre los concubinarios".
Doctrna Nacional: "Y tambi�n vimos que seg�n el artículo 411 del citado C�digo: "Cada posici�n importar� para el ponente, el reconocimiento del hecho a que se refiera". Es decir que como cada posici�n es una afirmaci�n del ponente, el principio de adquisici�n procesal trae como consecuencia l�gica que tal aseveraci�n ser� computada en el proceso como participaci�n de conocimiento suministrado por quien afirma. Este no podr� retractarla y queda destinada al convencimiento del juez y a la cr�tica del adversario que puede aprovecharla si le fuere �til. Ver sobre el tema lo explicado en nuestro trabajo "El principio de adquisici�n procesal" --Su �mbito de vigencia-- en La Ley, 128, ps. 1032 y sigtes., y "Planteos procesales", ps. 98 y 109, Ed. La Ley, 1984. (por Isidoro Eisner).
Art. 1191. Los contratos que tengan una forma determinada por las leyes, no se juzgar�n probados, si no estuvieren en la forma prescrita, a no ser que hubiese habido imposibilidad de obtener la prueba designada por la ley, o que hubiese habido un principio de prueba por escrito en los contratos que pueden hacerse por instrumentos privados, o que la cuesti�n versare sobre los vicios de error, dolo, violencia, fraude, simulaci�n, o falsedad de los instrumentos de donde constare, o cuando una de las partes hubiese recibido alguna prestaci�n y se negase a cumplir el contrato. En estos casos son admisibles los medios de prueba designados.
Art. 1192. Se juzgar� que hay imposibilidad de obtener o de presentar prueba escrita del contrato, en los casos de dep�sito necesario o cuando la obligaci�n hubiese sido contra�da por incidentes imprevistos en que hubiese sido imposible formarla por escrito.
Se considerar� principio de prueba por escrito, cualquier documento p�blico o privado que emane del adversario, de su causante o de parte interesada en el asunto, o que tendr�a inter�s si viviera y que haga veros�mil el hecho litigioso.
Art. 1193. Los contratos que tengan por objeto una cantidad de m�s de diez mil pesos, deben hacerse por escrito y no pueden ser probados por testigos.
Nota de Vélez al 1193: "El Cód. Francés, artículo 1341, dispone lo mismo cuando la cantidad pasa de ciento cincuenta francos - El Italiano, 1341, de quinientas liras - El de Holanda, artículo 1933, de trescientos florines - El de Nápoles, artículo 1295, de cincuenta ducados - El Cód. de Vaud, artículo 995, de ochocientos francos - El Cód. de Prusia, artículo 131, Tít. 5°, Parte 1�, de ciento cincuenta pesos".
Art. 1194. El instrumento privado que alterase lo que se hubiere convenido en un instrumento p�blico, no producir� efecto contra tercero. Efectos de los contratos Doctrina Nacional
Doctrina Chilena C�digo Civil Art. 1195. Los efectos de los contratos se extienden activa y pasivamente a los herederos y sucesores universales, a no ser que las obligaciones que nacieren de ellos fuesen inherentes a la persona, o que resultase lo contrario de una disposici�n expresa de la ley, de una cl�usula del contrato, o de su naturaleza misma. Los contratos no pueden perjudicar a terceros. Nota de Vélez al 1195: "Cód. Francés, arts. 1122 y 1165 - Aubry y Rau � 346". Procurator in rem suam
Jurisprudencia Correntina
Art. 1196. Sin embargo los acreedores pueden ejercer todos los derechos y acciones de su deudor, con excepci�n de los que sean inherentes a su persona.
Nota de Vélez al 1196: "Cód. Francés, artículo 1166, Marcadé sobre este artículo trata esta materia perfectamente y resuelve todas las dificultades que parece presentar".
Comentario: En el Derecho Romano la cognitio y la procuratio in rem suam constituyeron formas de representaci�n procesal ideadas para su aplicaci�n en diversos campos. Sin duda, el m�s importante es el de la cesi�n de cr�ditos y deudas, por la que no se transmitía el derecho de crédito, sino la facultad de ejercitar la acción correspondiente. También fueron utilizadas en materia de evicci�n en el contrato de compraventa, como en la tutela, en supuestos que hoy se califican por la doctrina civilista como de autocontrataci�n, cuando el tutor deviene deudor o acreedor del pupilo o ha de resarcirse de un gasto realizado en inter�s del pupilo con el patrimonio de �ste.
El cognitor in rem suam (pag.12) es el representante procesal de la parte designado en virtud de un procedimiento solemne que requer�a la necesaria asistencia de la contraparte.
El procurator in rem suam (pag.16) no requer�a de ning�n requisito y jur�dicamente era considerado como un gestor oficioso.
A la acción prevista en este artículo "Algunos la llaman acción subrogatoria lo que en buena medida da cuenta del contenido propio de la institución, ofreciendo sin embargo, el inconveniente de su eventual confusión con otras situaciones semejantes, v. gr. el pago con subrogación. Otros autores, principalmente franceses, hablan de acción oblicua o indirecta, para significar que mediante esta facultad el acreedor ejercita un derecho que pertenece al deudor contra un tercero, sin que exista un vínculo inmediato entre el actor y el demandado".
Art. 1197. Las convenciones hechas en los contratos forman para las partes una regla a la cual deben someterse como a la ley misma.
Nota de Vélez al 1197: "LL. 6, Tít. 5, y 1,Tít. 11, Part. 5� - Cód. Francés, artículo 1134. La buena fe Doctrina Nacional Doctrina Nacional Art. 1198. Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe y de acuerdo con lo que veros�milmente las partes entendieron o pudieron entender, obrando con cuidado y previsi�n. (Sigue...) (*)
Comentario: (*) "Pacta sunt servanda" y "buena fe contractual"
Tanto el art�culo anterior, como esta primera parte del art. 1198, constituyen los principales pilares sobre los que se organiza el sistema de los contratos, no solo en nuestro pa�s, sino en todos los que han recibido la influencia del Derecho Romano. "...corresponde establecer el sentido que ten�a el conocido Edicto (D. 2. 14. 7. 7), seg�n el cual: Dice el Pretor: "Mantendr� los pactos convenidos siempre que no se hubieran hecho ni con dolo malo, ni contra las leyes, plebiscitos, senadoconsultos, edictos de los pr�ncipes, y por lo que no cometa fraude contra cualquiera de ellos�. "En la doctrina actual, los juristas suelen mencionar el contenido de este Edicto, bajo la caracterizaci�n de un principio general, enunciado como Pacta sunt servanda, entendido como que todos los pactos, como acuerdos de voluntad, deben ser mantenidos y aplicados...". "La Buena Fe antes, durante y despu�s de la celebraci�n del contrato.- La directiva del art�culo 1198 de nuestro C�digo de Fondo es clara en este sentido: �Los contratos deben celebrarse, interpretarse y ejecutarse de buena fe�, ello as� pues �las normas morales no rigen solamente el objeto de los contratos, sino tambi�n la actividad contractual misma: la negociaci�n, la interpretaci�n y el cumplimiento�..- Vale decir que desde que se inician las negociaciones previas al contrato, quienes intervienen en ellas quedan sometidas a la regla de la buena fe. Consecuentemente, esta regla permite fundamentar la responsabilidad precontractual cuando existe una ruptura intempestiva y arbitraria en las negociaciones, causando con ello un da�o innecesario a la contraparte.- Que en esta l�nea de pensamiento se ha dicho que: �A�n cuando el contrato no se hubiese concretado, si persistiendo el inter�s de una de las partes �acompa�ado de un comportamiento acorde tendiente a perfeccionarlo -, la otra contrat� silenciosamente con un tercero, frustrando de ese modo, con su proceder, las expectativas de su contraria, debe entenderse que tal conducta signific� un abrupto cese de la relaci�n precontractual �en un momento en que las tratativas se hallaban en un estado muy avanzado-, contrario a la exigencia de buena fe que debe observarse en la celebraci�n de los contratos (C. Civ. Art. 1198), que da lugar al reconocimiento de da�os e intereses, en principio a aquellos que afecten el inter�s negativo, que en el caso cabe an�logamente subsumir en la noci�n de �p�rdidas e intereses� que es posible estructurar con base normativa en el C�digo Civil: art. 1155 y 1156� (Conf. Buena Fe en el Contrato de Mandato, por Ricardo Uguet). Rescisi�n de los contratos Teoría de la imprevisión
Doctrina ecuatoriana Doctrina mexicana Doctrina cubana Art. 1198. (Contin�a) En los contratos bilaterales conmutativos y en los unilaterales onerosos y conmutativos de ejecuci�n diferida o continuada, si la prestaci�n a cargo de una de las partes se tornara excesivamente onerosa, por acontecimientos extraordinarios e imprevisibles, la parte perjudicada podr� demandar la resoluci�n del contrato. El mismo principio se aplicar� a los contratos aleatorios cuando la excesiva onerosidad se produzca por causas extra�as al riesgo propio del contrato.
En los contratos de ejecuci�n continuada la resoluci�n no alcanzar� a los efectos ya cumplidos.
No proceder� la resoluci�n, si el perjudicado hubiese obrado con culpa o estuviese en mora.
La otra parte podr� impedir la resoluci�n ofreciendo mejorar equitativamente los efectos del contrato. (Texto seg�n reforma por ley 17.711).- Nota de Vélez al original del 1198: "Domat, Obligat., Lib. 1, Sec. 3�, y véase L. 32, Tít. 5, L. 4, Tít. 6, L. 21,Tít. 8, Part. 5� - Toullier, tomo VI, n° 334 y sgtes. - Aubry y Rau � 346 - Marcadé, sobre el artículo 1135 - Cód. Italiano, 1124". Art. 1199.- Los contratos no pueden oponerse a terceros, ni invocarse por ellos, sino en los casos de los art�culos 1161 y 1162. El distracto Doctrina Nacional Distracto de donación Artículo 1200. Las partes pueden por mutuo consentimiento extinguir las obligaciones creadas por los contratos, y retirar los derechos reales que se hubiesen transferido; y pueden tambi�n por mutuo consentimiento revocar los contratos, por las causas que la ley autoriza. Nota de Vélez al 1200: "Nada hay m�s inexacto que decir, como dice el artículo 1134 del Cód. Francés que las partes pueden revocar los contratos por mutuo consentimiento, o por las causas que la ley autorice. Revocar un contrato significaría en términos jurídicos aniquilarlo retroactivamente, de modo que se juzgase que nunca había sido hecho; y ciertamente que el consentimiento de las partes no puede producir este resultado. Las partes pueden extinguir las obligaciones creadas, o retirar los derechos reales que hubieren transferido, mas no pueden hacer que esas obligaciones y esos derechos no hubiesen existido con todos sus efectos. Pero las partes, decimos, pueden revocar los contratos por mutuo consentimiento en los casos que la ley autorice: es decir, si el contrato es hecho por un incapaz, por violencia, dolo, etc. y en tal caso el contrato se juzga no haber tenido lugar.
La transferencia del dominio, las servidumbres impuestas, si se trata de bienes ra�ces, todo queda sin efecto alguno como si el contrato no se hubiese celebrado. (V�ase Marcad�, sobre el artículo 1134).
Art. 1201. En los contratos bilaterales una de las partes no podr� demandar su cumplimiento, si no probase haberlo ella cumplido u ofreciese cumplirlo, o que su obligaci�n es a plazo.
Nota de Vélez al 1201: "L. 13,Tít. 11, Part. 5� - Domat, Obligat. Lib. 1, Sec. 3�, § 2". (*)
Comentario: (*) Guillermo Borda, dice al respecto: "Que, en defecto de cumplimiento, el demandante no haya ofrecido hacerlo (art. 1201 Ver Texto ). En efecto, el que sin haber cumplido, demanda por incumplimiento, tiene dos posibilidades: o bien cumple en el momento de demandar (por ejemplo, consignando la suma adeudada a las resultas del pleito) o bien ofrece cumplir simultáneamente con la otra parte. Esta será ordinariamente la conducta a seguir por el actor, a quien no le conviene tener inmovilizada una suma de dinero durante toda la duración del pleito. Es natural que baste el solo ofrecimiento de cumplir, porque si las obligaciones son de cumplimiento simultáneo, a nadie se le puede exigir que cumpla antes de la otra parte, aunque su obligación sea de plazo vencido. Así, por ejemplo, el comprador que demanda por escrituración no está obligado a consignar el precio: le basta con ofrecer pagarlo en el momento en que el acto se otorgue. Más aún, la jurisprudencia ha admitido que el solo hecho de demandar el cumplimiento de un contrato supone un ofrecimiento tácito de ejecutar las prestaciones debidas, lo que torna improcedente la exceptio (ver nota 14). Esta jurisprudencia implica que la excepción sólo resulta procedente en el caso de que el actor sostenga (falsamente) haber cumplido o que, por otros motivos, se niegue a cumplir".
Nota 14 "... La Sala C de la Cám. Civil Cap. (26/8/1963, causa 89.359) resolvió que si la obligación del actor había vencido antes de la del demandado, no bastaba ofrecer el pago, sino que era necesario consignar. Se trataba de un comprador que debía pagar una suma de dinero a los sesenta días del boleto y otra al escriturar; demandó por escrituración sin consignar la suma que debió pagar a los sesenta días lo que el tribunal juzgó suficiente para hacer lugar a la exceptio. No estamos de acuerdo con esta solución. Al trabarse la litis ambas obligaciones (la de pagar una suma a los sesenta días y la de escriturar posteriormente) estaban vencidas y, por lo tanto, no cabía otra solución que el cumplimiento simultáneo. Es muy duro obligar al accionante a tener inmovilizada en el juicio una suma de dinero durante años, al cabo de los cuales recién cumplirá su obligación el demandado" Jurisprudencia: "La demanda por escrituración importa la voluntad tácita de cumplir con la obligación a cargo del comprador sin que tenga el deber de consignar previamente cuando no esta en mora" (CNCiv., Sala E, Julio 8 1976). ED, 68-373. "La interposición de la demanda por escrituración conlleva la predisposición a cumplir con el pago en ese momento (manifestación tácita de la voluntad de cumplir), máxime cuando en el propio texto de la demanda se consigna ello, por lo que se torna improcedente la exceptio non adimpleti contratus (CNCiv., Sala D, Marzo 3 1977). ED, 75-500. La se�a y el principio de ejecución La se�al o arras en el comercio Art. 1202. Si se hubiere dado una se�al para asegurar el contrato o su cumplimiento, quien la dio puede arrepentirse del contrato, o puede dejar de cumplirlo perdiendo la se�al. Puede tambi�n arrepentirse el que la recibi�; y en tal caso debe devolver la se�al con otro tanto de su valor. Si el contrato se cumpliere, la se�al debe devolverse en el estado en que se encuentre. Si ella fuere de la misma especie que lo que por el contrato deb�a darse, la se�al se tendr� como parte de la prestaci�n; pero no si ella fuere de diferente especie, o si la obligaci�n fuese de hacer o de no hacer. (Seg�n Ley 17.711).
Nota de Vélez al 1202: "El Cód. Romano parece conforme con la disposici�n de nuestro art�culo, pero claramente el texto de la Instituta, Proemio, Lib. 3,T�t. 24 y la L. 17,T�t. 21, Lib. 4, del Cód. Romano, no hablan del contrato ya perfecto sino del principiado. La L. 2,T�t. 10, Lib. 3, Fuero Real, no permite arrepentirse al que recibi� la se�al, pero s� al que la dio, perdi�ndola. La L. 7,Tít. 5, Part. 5�, es al parecer conforme con nuestro art�culo. El C�d. Franc�s, artículo 1590, copiado en todos los otros C�digos, habla s�lo del caso en que hubiese promesa del contrato, y no puede ser de otro modo, porque seg�n ese C�digo por s�lo el contrato quedar� ya adquirida la propiedad. Troplong, De la Vente, tomo 1, n� 135 y sgtes.- Duranton, tomo XVI, n° 51, y Duvergier, De la Vente, tomo I, n° 135 y sgtes., exponen, en largas disertaciones, teor�as sobre las arras en los contratos que no presentan resultados claros, de las cuales nos hemos apartado".
Resoluci�n de los contratos Pacto comisorio Doctrina Nacional
C�digo de Comercio Rescisi�n y Resoluci�n Art. 1203. Si en el contrato se hubiere hecho un pacto comisorio, por el cual cada una de las partes se reservase la facultad de no cumplir el contrato por su parte, si la otra no lo cumpliere, el contrato s�lo podr� resolverse por la parte no culpada y no por la otra que dej� de cumplirlo. Este pacto es prohibido en el contrato de prenda. Artículo 1204. En los contratos con prestaciones rec�procas se entiende impl�cita la facultad de resolver las obligaciones emergentes de ellos en caso de que uno de los contratantes no cumpliera su compromiso. Mas en los contratos en que se hubiese cumplido parte de las prestaciones, las que se hayan cumplido quedar�n firmes y producir�n, en cuanto a ellas, los efectos correspondientes. No ejecutada la prestaci�n, el acreedor podr� requerir al incumplidor el cumplimiento de su obligaci�n en un plazo no inferior a quince d�as, salvo que los usos o un pacto expreso establecieran uno menor, con los da�os y perjuicios derivados de la demora; transcurrido el plazo sin que la prestaci�n haya sido cumplida, quedar�n resueltas, sin m�s, las obligaciones emergentes del contrato con derecho para el acreedor al resarcimiento de los da�os y perjuicios. Las partes podr�n pactar expresamente que la resoluci�n se produzca en caso de que alguna obligaci�n no sea cumplida con las modalidades convenidas; en este supuesto la resoluci�n se producir� de pleno derecho y surtir� efectos desde que la parte interesada comunique a la incumplidora, en forma fehaciente, su voluntad de resolver. La parte que haya cumplido podr� optar por exigir a la incumplidora la ejecuci�n de sus obligaciones con da�os y perjuicios. La resoluci�n podr� pedirse aunque se hubiese demandado el cumplimiento del contrato; pero no podr� solicitarse el cumplimiento cuando se hubiese demandado por resoluci�n. (Texto seg�n Ley 17.711). Doctrina Nacional Plenario en Mor�n Jurisprudencia Juninense
Doctrina Nacional Texto derogado del art. 1204: "Si no hubiera pacto expreso que autorice a una de las partes a disolver el contrato si la otra no lo cumpliere, el contrato no podr� disolverse, y s�lo podr� pedirse su cumplimiento".
Nota de Vélez al 1204: "Cód. de Austria, artículo 919 - Domat, Obligat. Sec. 3�, § 4, en contra: L. 58,Tít. 5, Part. 5� - Cód. Francés, artículo 1184 - de Luisiana, artículo 2041 - de Nápoles, 1137 (*)".
Comentario: (*) Ver C�digo Civil Italiano: Art�culos 1453 y sgtes., por ser fuente del nuevo artículo 1204 y del articulo 216 del C�digo de Comercio. Art. 1205. Los contratos hechos fuera del territorio de la Rep�blica, ser�n juzgados, en cuanto a su validez o nulidad, su naturaleza y obligaciones que produzcan, por las leyes del lugar en que hubiesen sido celebrados.
Nota de Vélez al 1205: "Story, Conflict of Laws � 242 - Kent, Comment, Lect.. 37, p�g. 394, Lect. 39, p�gs. 458 a 469. Por la naturaleza del contrato se entiende aquellas cualidades que propiamente le corresponden, y que por la ley o costumbre siempre lo acompa�an, o son inherentes al contrato. Si un contrato es o no condicional, o absoluto si es contrato principal o accesorio; si es limitado o general en sus efectos, todo esto pertenece a la naturaleza del contrato, y depende de la ley o costumbre del lugar en que se ha hecho. Por la ley de algunas naciones hay ciertos contratos mancomunados que obligan a cada parte in solidum, que en otras son simples mancomunidades que s�lo obligan a la correspondiente porci�n. En tal caso, la ley del lugar del contrato rige la naturaleza del contrato, no habiendo estipulaci�n expresa. Pothier, en el Tratado de las Obligaciones, número 7, explica extensamente y con diversos ejemplos lo que debe entenderse por naturaleza de los contratos, o de las cosas que son naturales por el derecho en cada contrato, aunque no haya estipulaci�n sobre ellas. Decimos tambi�n que las leyes del lugar en que se ha celebrado el contrato rigen las obligaciones que �l produce. Suponed, como sucede en diversas naciones, un contrato sobre el pago de la obligaci�n de un tercero en un pa�s donde la ley sujeta tales contratos a Ias condiciones t�citas: que, 1°, el deudor y sus bienes han de ser ejecutados antes de concurrir al garante de la obligaci�n, cuando en el pa�s donde ha de ser ejecutado el contrato hace solidario al fiador, como sucede en la Rep�blica respecto do los cr�ditos fiscales. En ninguna naci�n ser�a el contrato ejecutado de otro modo que del que estaba prescripto par Ia ley del lugar en que se celebr�. As� tambi�n, si una obligaci�n es meramente obligaci�n accesoria por la ley del lugar del contrato, en ninguna parte debe juzgarse como obligación principal (Story, desde el § 263 hasta 267 inclusive)".
Art. 1206. Except�anse del art�culo anterior aquellos contratos que fuesen inmorales, y cuyo reconocimiento en la Rep�blica resultase injurioso a los derechos, intereses o conveniencias del Estado o de sus habitantes.
Art. 1207. Los contratos hechos en pa�s extranjero para violar las leyes de la Rep�blica, son de ning�n valor en el territorio del Estado, aunque no fuesen prohibidos en el lugar en que se hubiesen celebrado.
Nota de Vélez al 1206 y 1207: "Estas excepciones resultan de la consideraci�n que la autoridad de los actos y contratos hechos en otros Estados, como tambi�n sus leyes por las cuales los contratos son regidos, no son de un estricto derecho, ni son eficaces fuera del territorio de cada Estado por un derecho propio, sino por atenci�n y consideraci�n debida a las naciones. Cada pueblo independiente debe juzgar por s� mismo hasta donde la urbanidad y la consideraci�n a otros pueblos le permiten dar ejecuci�n a las leyes de un pa�s extranjero. Ciertamente que la limitaci�n m�s justa es: que el reconocimiento de la autoridad de esas leyes no sea perjudicial a la naci�n o a los habitantes de ella. Suponed, dice Story, que un ciudadano de los Estados Unidos, hall�ndose en pa�s extranjero, recibe un documento a su favor por una cantidad de dinero que debe pagarle un nacional de ese pa�s; y que la ley de ese pa�s hubiese declarado una liberaci�n de las deudas por la entrega de los bienes que pasee el deudor a los acreedores que est�n en el Estado, sin necesidad de dar conocimiento a los acreedores que est�n fuera del territorio. La obligaci�n del deudor ser�a ejecutada en los Estados Unidos no obstante la liberaci�n obtenida bajo tal ley. Aunque deba presumirse quo el acreedor conoce las leyes del lugar donde hace un contrato, esa presunci�n, sin embargo, es fundada sobre otra, a saber: que esas leyes no sean evidentemente parciales, injustas y destinadas a proteger a los acreedores que se hallan dentro del Estado, a costa de los que est�n fuera del territorio. Tales leyes caen bajo la conocida regla de que las leyes que son admitidas en los Tribunales del pa�s en que no han sido hechas, son aquellas que no son injuriosas al Estado o a los ciudadanos del Estado. (Story, Foreign Contracts n�s. 244 y 351). Es una m�xima de la moral y del derecho que el respeto y consideraci�n a las leyes de una naci�n extranjera no pueden comprender los casos en que se violen las leyes de la naturaleza o las leyes divinas. Los contratos, pues, que son en fraude de las leyes de su pa�s o de los deberes de sus nacionales; los contratos contrarios a la moral o a la religi�n; los contratos opuestos a la pol�tica o instituciones, son nulos en todo pa�s afectado por ellos, aunque pueden ser v�lidos por las leyes del lugar en que se han celebrado".
Art. 1208. Los contratos hechos en la Rep�blica para violar los derechos y las leyes de una naci�n extranjera, no tendr�n efecto alguno.
Nota de Vélez al 1208: "Story, �� 245 y 257, sostiene la resoluci�n del art�culo como un principio de moral que deb�an reconocer todas las naciones. Desde el siglo pasado, Pothier (Seguros, n° 58) hab�a censurado como inconsistente con la moral y buena pol�tica la pr�ctica de algunas naciones, que daban efecto a los contratos hechos en su territorio para violar las leyes comerciales de otros países, creyendo favorecer al comercio nacional. Ciertamente que una nación no está obligada a cuidar del cumplimiento de las leyes de un país extraño. No castigará sin duda a los que hubiesen formado sociedades para introducir contrabandos en un pueblo vecino; pero si ese contrato se lleva a juicio por alguna causa, o si alg�n socio deja de cumplirlo, sería una resolución extraña de un tribunal de justicia la que hiciese cumplir tales contratos".
Art. 1209. Los contratos celebrados en la Rep�blica o fuera de ella, que deban ser ejecutados en el territorio del Estado, ser�n juzgados en cuanto a su validez, naturaleza y obligaciones por las leyes de la Rep�blica, sean los contratantes nacionales o extranjeros.
Art. 1210. Los contratos celebrados en la Rep�blica para tener su cumplimiento fuera de ella, ser�n juzgados, en cuanto a su validez, su naturaleza y obligaciones, por las leyes y usos del país en que debieron ser cumplidos, sean los contratantes nacionales o extranjeros.
Nota de V�lez al 1209 y 1210: "Story, Foreign Contracts, n°s. 242 y 280. - La Ley Romana dec�a: contraxisse unusquisque in eo loco intelligitur in quo ut solveret, se obligavit (L. 21,T�t. 7, Lib. 44, Digesto). Story refiere que la Suprema Corte de los EE.UU., en un caso entonces reciente, as� lo hab�a juzgado, estableciendo como un principio general que los contratos hechos en un lugar para ser cumplidos en otro son regidos por las leyes del lugar de la ejecuci�n".
Art. 1211. Los contratos hechos en pa�s extranjero para transferir derechos reales sobre bienes inmuebles situados en la Rep�blica, tendr�n la misma fuerza que los hechos en el territorio del Estado, siempre que constaren de instrumentos p�blicos y se presentaren legalizados. Si por ellos se transfiriese el dominio de bienes ra�ces, la tradici�n de �stos no podr� hacerse con efectos jur�dicos hasta que estos contratos se hallen protocolizados por orden de un juez competente.
Nota de Vélez al 1211: "Cuando decimos que los contratos de que habla el artículo deben constar de instrumentos públicos no se exige que precisamente sean hechos por notarios o escribanos públicos. En la mayor parte de las naciones existen funcionarios encargados de la fe pública que imprimen autenticidad a los actos y contratos que pasan ante ellos. Pero hoy otras, como Austria, Prusia, etc., en las cuales los jueces son Ios únicos que dan autenticidad a los actos, y los notarios se limitan a protestas de letras o a recibir los contratos de las personas que no saben escribir. Respecto de los contratos hechos en estas naciones, aunque los instrumentos no sean hechos ante escribanos, deben ser comprendidos entre los que el art�culo llama instrumento p�blico".
Art. 1212. El lugar del cumplimiento de los contratos que en ellos no estuviere designado, o no lo indicare la naturaleza de la obligaci�n, es aquel en que el contrato fue hecho, si fuere el domicilio del deudor, aunque despu�s mudare de domicilio o falleciere.
Art. 1213. Si el contrato fue hecho fuera del domicilio del deudor, en un lugar que por las circunstancias no deb�a ser el de su cumplimiento, el domicilio actual del deudor, aunque no sea el mismo que ten�a en la �poca en que el contrato fue hecho, ser� el lugar en que debe cumplirse.
Nota de Vélez al 1212 y 1213. "Las citas al artículo 747"
Art. 1214. Si el contrato fuere hecho entre ausentes por instrumento privado, firmado en varios lugares, o por medio de agentes, o por correspondencia epistolar, sus efectos, no habiendo lugar designado para su cumplimiento, ser�n juzgados respecto a cada una de las partes, por las leyes de su domicilio.
Art. 1215. En todos los contratos que deben tener su cumplimiento en la Rep�blica, aunque el deudor no fuere domiciliado, o residiere en ella, puede, sin embargo, ser demandado ante los jueces del Estado.
Art. 1216. Si el deudor tuviere su domicilio o residencia en la Rep�blica, y el contrato debiese cumplirse fuera de ella, el acreedor podr� demandarlo ante los jueces de su domicilio, o ante los del lugar del cumplimiento del contrato, aunque el deudor no se hallase all�.
Nota de Vélez al 1215 y 1216. "Sobre los efectos de Ion contratos hechos fuera del Estado para ser cumplidos en él, y sobre Ios efectos de los contratos hechos en el territorio de la Rep�blica para ser ejecutados fuera de ella, como sobre todas las cuestiones incidentes en la materia, v�ase a Story, Conflict of Laws, Capítulo 8". Boleto de compraventa Inscripción del boleto
El Nuevo Código
Cesión del boleto
Modelos de contratos En el derecho argentino, instrumento privado donde consta que las partes convienen en realizar una compraventa de un inmueble oblig�ndose a celebrar una escritura p�blica, merced a la cual la venta quedará perfeccionada respecto de terceros.
Los contratos que debiendo se hechos en escritura p�blica, fuesen hechos por instrumento particular firmado por las partes, o que fuesen hechos por instrumento particular en que las partes se obligasen a reducirlo a escritura p�blica no quedan concluidos como tales, mientras la escritura p�blica no se halle firmada; pero quedarán concluidos como contratos en que las partes se han obligado a hacer la escritura p�blica. De manera tal que el llamado boleto de compraventa es un contrato perfecto entre las partes, pero que requiere la celebraci�n de la escritura p�blica para que quede perfeccionado respecto de terceros.
En el derecho argentino (y otros latinoamericanos), es corriente la opini�n de que el boleto de compraventa de inmueble es s�lo un antecontrato, una promesa bilateral de compraventa.
Pero esta distinci�n entre contrato definitivo y promesa bilateral de compraventa se explica solo en las legislaciones que, como la francesa y la italiana, confieren a la compraventa efecto traslativo de la propiedad. All� es l�gico distinguir entre la venta propiamente dicha, en que se opera la transmisi�n del derecho, y la simple promesa, en la cual �ste efecto no se produce.
Pero no en otros derechos, en que la compraventa no es otra cosa que la promesa de transferir a otro la propiedad de una cosa a cambio de la promesa de pagarla. Y es necesario agregar que aun en Francia, donde se justificar�a, ha parecido artificiosa la distinci�n entre promesa bilateral y contrato de compraventa, a tal punto que el art�culo 1589 establece categ�ricamente el principio de que la promesa de venta vale venta.
Desde que los tribunales han resuelto que el comprador por boleto privado tiene derecho a exigir el cumplimiento del contrato de venta, debiendo otorgar el juez la escritura en caso de resistencia del vendedor, carece de sentido considerar al boleto privado como un simple promesa y no como un contrato definitivo y perfecto de compraventa. En el derecho positivo argentino la escritura no es ya un requisito formal del contrato de compraventa, sino solamente uno de los requisitos de la transmisi�n de la propiedad, el comprador por boleto privado demanda la escrituraci�n no para luego poder demandar la transmisi�n del dominio, sino porque la escrituraci�n lleva impl�cita esa transmisi�n. Cumplida la escrituraci�n, sea por el due�o, sea por el juez, el dominio queda transferido, de tal modo que no es necesaria una nueva demanda de cumplimiento de contrato como lo ser�a si la escritura fuera s�lo un requisito formal para tener por concluido el contrato.
Cabe a�adir que la concepci�n del boleto como simple promesa, implica escindir el proceso de consentimiento en dos etapas: en la primera se consentir�a solo en escriturar; en la segunda, se consentir� en vender. Pero �sta es una escisi�n artificiosa, que no responde a la realidad ni a la verdadera intenci�n de las partes. Cuando dos personas suscriben un boleto privado, entienden la una vender, la otra comprar. No tienen en mira la escritura, sino la cosa y el precio. Asumen actualmente el compromiso de hacerse la entrega de las prestaciones rec�procas. La escritura no es para ellas el paso previo que les permitir� exigir el cumplimiento de las obligaciones contra�das, sino el cumplimiento mismo, como que a partir de su otorgamiento se habr� operado la transferencia del dominio.
Diccionario Abeledo-Perrot - del Derecho en CD. Bancarización del precio
Boleto y quiebra del vendedor
Prescripción del boleto Posesión interruptiva

References: artículo 1758
 artículo 1589
 resolución 
 artículo 1108
 artículo 1062
 Artículo 2505
 artículo 1129
 artículo 995
 artículo 1172
 artículo 1885

Artículo 1174
 artículo 111
 artículo 12
 artículo 1413
 artículo 1202
 artículo 1202
 artículo 1003
 artículo 808
 artículo 1412

Artículo 1185
 artículo 1202
 artículo 1413
 artículo 1316

Artículo 423

Artículo 424

Artículo 425
 artículo 411
 artículo 1341
 artículo 1933
 artículo 1295
 artículo 995
 artículo 131
 artículo 1166
 artículo 1134
 artículo 1135
 Artículo 1200
 artículo 1134
 artículo 1134
 artículo 1590
 Artículo 1204
 artículo 919
 artículo 1184
 artículo 2041
 artículo 1204
 resolución 
 artículo 747