Source: https://it.scribd.com/document/144185653/Educacion-de-La-Sexualidad-NICARAGUA
Timestamp: 2020-07-02 23:10:06+00:00

Document:
Educacion de La Sexualidad NICARAGUA | La sexualidad humana | Educación sexual
SalvaSalva Educacion de La Sexualidad NICARAGUA per dopo
Rueda_ Revista Mora 2018.pdf
MINISTERIO DE EDUCACIÓN Ministra Miriam Soledad Raudez Rodríguez Vice Ministro José Enrique TreminioZeledón Vice Ministro Marlon Siú Vice Ministro Francisco Isaías Bonilla Olivas Directora General de Formación Docente Rosa Arline Calderón Vásquez Directora de Consejería Escolar Giovanna María Daly López Equipo de Consejería Escolar sede Central y Departamental
Equipo consultor en la revisión y actualización del documento Manual de Educación de la Sexualidad Azucena Saballos Irene Agudelo Ruth Largaespada Marvin Saballos
Capítulos I, II y III: Marvin Saballos Capítulos IV, V y VI: Ruth Largaespada Capítulos: VII, VIII y IX: Irene Agudelo Capítulos: X, XI y XII: Azucena Saballos Capítulo: XIII: Irene Agudelo y Ruth Largaespada
Giovanna Daly, Directora de Consejería Escolar Chantal Pallais, Oficial de Adolescentes/UNFPA
Eduardo Herrera Scott
Lluiman Morazán
Ilustraciones: Lonnie Ruiz Gómez
Impresión: Copy Express
Esta es una publicación del Ministerio de Educación (MINED) con el financiamiento del Fondo de Población de las Naciones Unidas - UNFPA y donación del Gran Ducado de Luxemburgo. Se permite la reproducción de este material citando la fuente. 30,000 ejemplares, Managua, octubre de 2010. Prohibida su venta.
Capítulo 1: La sexualidad
Capítulo 2: Sexo y género
Capítulo 3: Desarrollo de una personalidad plena
Capítulo 4: Desarrollo de la afectividad
Capítulo 5: La familia, la primera escuela
Capítulo 6: Prevención de la violencia y del abuso sexual
Capítulo 7: Pubertad y adolescencia
Capítulo 8: El grupo en la adolescencia
Capítulo 9: Paternidad y maternidad responsable
Capítulo 10: Reproducción humana
Capítulo 11: Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), el VIH y el sida
Capítulo 12: Prevención de trastornos y del cáncer del aparato reproductor 261
Capítulo 13: Toma de decisiones y proyecto de vida
El Ministerio de Educación pone en manos de maestras y maestros una guía de consulta sobre el tema de Educación Integral de la Sexualidad, que contiene diferentes capítulos que van explicando paso a paso como se estructura en forma integral el componente de la sexualidad humana.
Esta guía es de gran utilidad para comprender las dimensiones e incidencias de la sexualidad en la calidad de vida del ser humano, para tener la capacidad de comprender y por ende emprender la ruta de la construcción integral de competencias para el desarrollo humano.
Desde la Dirección General de Formación Docente y específicamente del área de Formación de Valores y Consejería Escolar, se ha contribuido a la elaboración de este material educativo, necesario y pertinente para el personal docente de los diferentes niveles educativos, educación inicial, primaria y secundaria.
Así mismo contribuirá a brindar información de manera oportuna a los docentes, para que a su vez promuevan la formación integral de los estudiantes, para el ejercicio de una sexualidad sana y una práctica responsable de sus deberes y derechos.
Este documento brindará la posibilidad de ejercitar una sexualidad sin temor de culpas y de disfrutar a plenitud en un marco valorativo, SE TORNA EN UN DERECHO, por ser ésta (la sexualidad) parte de lo humano, y es un OBJETIVO PARA EL EDUCADOR, con clara conciencia de sus intención de ORIENTAR y no de imponer sus propios criterios como un modelo de conducta.
La dotación de esta guía para docentes es parte de los esfuerzos que impulsa nuestro Ministerio del Poder Ciudadano para la Educación, contribuyendo al mejoramiento de la calidad de la educación, en respuesta a lo que establece nuestra Estrategia Nacional de Educación.
El Ministerio de Educación del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional
presenta a la comunidad educativa el documento Educación de la sexualidad:
guía básica de consulta para docentes, que ofrece nociones introductorias sobre
educación de la sexualidad para docentes de los niveles de Preescolar, Primaria
y Secundaria. La guía ha sido elaborada a partir de una amplia consulta 1 y es
consistente con el nuevo currículum y con las políticas educativas del país. Está basada en las etapas del desarrollo evolutivo de la persona.
La guía Educación de la sexualidad: guía básica de consulta para docentes no es un libro de texto sino un instrumento de lectura y consulta sobre el tema de la sexualidad. Introduce a las docentes y los docentes en una visión comprensiva y positiva del ser niño, niña o adolescente, a partir del conocimiento y aceptación de las características particulares de cada etapa. Su propósito es facilitar reflexiones y contribuir a construir propuestas que faciliten el desarrollo de habilidades personales y sociales útiles para la vida.
1. Se realizaron dos talleres con docentes y docentes consejeros de las modalidades de Preescolar, Primaria y Secundaria. Éstos contaron con la participación de 45 maestras y maestros procedentes de las regiones del Pacífico, Centro, Atlántico Norte y Atlántico Sur. Con el personal técnico de Consejería Escolar se realizaron sesiones de trabajo para compartir y enriquecer los resultados de los talleres. También se trabajó con el equipo de currículo del MINED.
La guía ofrece contenidos de aplicación general que brindarán pistas positivas para contribuir a la ruptura de mitos y estereotipos sobre la sexualidad y la adolescencia como etapa de la vida y a la construcción de nuevos modelos de educación de la sexualidad.
Esta guía ofrece una comprensión integral de la educación de la sexualidad con el propósito de que las docentes y los docentes orienten oportunamente a padres, madres de familia y a estudiantes sobre los temas relacionados con la sexualidad. La guía se complementa con otros materiales que ha elaborado el Ministerio de Educación sobre temas relacionados con el afecto y la sexualidad y la prevención del VIH y el sida. Con esta guía se contribuye a brindar a la niñez y a la adolescencia la oportunidad de poner en práctica las habilidades desarrolladas y promover el ejercicio de derechos y responsabilidades.
Nicaragua es signataria de la Convención Internacional sobre los Derechos de la Niñez de las Naciones Unidas, la que compromete a los Estados firmantes a garantizar a las niñas, niños y adolescentes una educación orientada a prepararles para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia e igualdad.
El Estado nicaragüense cumplió con dar efectividad a los derechos, libertades y garantías reconocidos en esta Convención, al elaborar el Código de la Niñez y la Adolescencia, instrumento jurídico nacional que, desde 1998, protege, promueve y defiende los derechos de los niños, niñas y adolescentes. En el Código prevalece como principio fundamental de nación el interés superior de las niñas, niños y adolescentes.
En el contexto internacional, a partir de la Conferencia Mundial de Educación para Todos celebrada en Jomtien, Tailandia, en 1990, y en Dakar, en 2000, se ha desarrollado la estrategia pedagógica que se conoce como Enfoque de satisfacción de necesidades básicas de aprendizaje.
Este enfoque pedagógico —adoptado en el país— coloca al ser humano en el centro del proceso educativo y reconoce que son las personas quienes construyen sus aprendizajes a partir de necesidades que se originan en su problemática cotidiana, en las demandas de la sociedad, y en la historia de cada una (Artículo 1 de la Declaración Mundial de la Conferencia Mundial Educación para Todos).
El Plan de Acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994, reconoce y aboga para que los países del mundo den respuestas adecuadas a las necesidades sobre educación de la sexualidad y la reproducción que tienen adolescentes y jóvenes, abordándolas desde la perspectiva de los derechos humanos, sexuales y reproductivos y no sólo desde el riesgo o las enfermedades. Más allá del terreno de la salud sexual y reproductiva, la sexualidad es entendida como una dimensión del desarrollo y bienestar de los adolescentes y las adolescentes, se nutre del entorno personal, familiar, social y cultural, a la vez que influye sobre él y lo transforma.
La Conferencia del Milenio, celebrada en el año 2000, sitúa a la salud sexual y reproductiva como uno de los grandes retos de la humanidad, y como un indicador
del desarrollo de los países. El derecho a la educación sexual integral forma parte de los ejes transversales del currículo de educación y de los derechos sexuales
y reproductivos, reconocidos por Nicaragua a través de diversos instrumentos
normativos, incluyendo la Estrategia Nacional de Salud Sexual y Reproductiva
La Ley No. 392, Ley de Promoción del Desarrollo Integral de la Juventud, establece que las jóvenes y los jóvenes tienen derecho a una educación sana y responsable que promueva el respeto de los derechos sexuales y reproductivos, la paternidad y la maternidad responsable y sin riesgo, así como la prevención de las enfermedades de transmisión sexual (Capítulo VI: De las políticas sociales:
educación, salud, recreación, cultura y deportes, en su artículo 16, Del Sistema Educativo: inciso 7).
El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional en su Plan Nacional de
Desarrollo Humano (Capítulo V: Desarrollo y Equidad Social) retoma el concepto de desarrollo humano y se compromete a garantizar, desde la institucionalidad del Estado, las oportunidades necesarias no sólo para la supervivencia y la vida, sino también para el ejercicio efectivo de las libertades que permitan la realización plena del ser humano.
En su acápite 5.3.1, Educación de calidad para todos y todas, el mismo Plan señala que: “El Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional concibe a la educación como eje fundamental del desarrollo del país, previendo que ésta contribuirá, no sólo a la reducción de la pobreza y a crear las posibilidades al desarrollo sostenible, mediante la formación académica, técnica, científica y tecnológica de la población, sino que también, garantizará el derecho a la educación de todos y todas, así como los conocimientos y comprensión de la totalidad de sus derechos, cómo rescatarlos y defenderlos.
El Código de la Niñez y la Adolescencia establece en su Artículo 44, que el Estado
garantizará programas de educación sexual a través de la escuela y la comunidad educativa. Expresa que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a una educación sexual integral, objetiva, orientadora, científica, gradual y formativa, que desarrolle su autoestima y el respeto a su propio cuerpo y a la sexualidad responsable.
A través de la educación se trata de resguardar el interés superior de los
niños, niñas y adolescentes, prevaleciendo todo aquello que favorezca su pleno desarrollo físico, psicológico, moral, cultural, social en consonancia con la evolución
de sus facultades que les beneficie en su máximo grado (Arto. 10 del Código de la Niñez y la Adolescencia).
Una educación sexual objetiva, responsable y adecuada a cada etapa del desarrollo y desde temprana edad, puede contribuir a que niños y niñas se desarrollen en forma equilibrada, sean capaces de comprender los cambios que experimentan en su propio cuerpo, en sus estados de ánimo y la manera de relacionarse con las demás personas. De este modo dispondrán de mejores herramientas para tomar decisiones que les ayuden a vivir su sexualidad de manera sana y plena, a protegerse de situaciones riesgosas para su salud física
o mental, a respetarse y respetar a las demás personas. La Convención de los
Derechos de la Niñez hace especial énfasis en la protección de la niñez contra toda forma de abuso y explotación sexual. En su artículo 19 advierte que los Estados partes 2 deben de adoptar “todas las medidas… sociales y educativas apropiadas para proteger al niño y la niña”.
El Ministerio de Educación (MINED) es la institución rectora y garante del derecho
que tienen niñas, niños y adolescentes a tener una educación gratuita y de calidad orientada a desarrollar al máximo sus potencialidades, según lo establece la Constitución Política y el Código de la Niñez y la Adolescencia. Es así que el Ministerio de Educación establece que “La educación de la sexualidad es una tarea prioritaria… con el firme propósito de brindar una educación integral, sana y de calidad a los niños, niñas y adolescentes que son atendidos en los subsistemas formal y no formal del sistema educativo”. 3
2. Nicaragua es Estado signatario de la Convención.
3. Miguel de Castilla Urbina, Ministro de Educación, Presentación, Manual de Educación de la Sexualidad, MINED-UNFPA, 2007.
Otros referentes legales son los acuerdos de la reunión de ministros de salud y educación en el marco de la XVII Conferencia Internacional sobre el sida realizada en México en agosto de 2008, entre ellos:
(2.6) La educación integral en sexualidad desde la infancia favorece la adquisición gradual de la información y de los conocimientos necesarios para el desarrollo de las habilidades y de las actitudes apropiadas para vivir una vida plena y saludable, así como para reducir riesgos en materia de salud sexual y reproductiva.
(2.8) La evidencia científica muestra que la educación sexual integral que incluye información sobre diferentes métodos de prevención y fomenta el autocuidado, promueve, entre aquellos que aún no han iniciado la actividad sexual, la autonomía individual y por tanto la capacidad de los jóvenes para decidir cuándo iniciar la actividad sexual.
Igualmente se consideran los siguientes acuerdos:
(3.1) Implementar y/o fortalecer estrategias intersectoriales de educación integral en sexualidad y promoción de la salud sexual, que incluyan la prevención del VIH e ITS y en las que se complementen los esfuerzos que en el ámbito de sus respectivas responsabilidades y atribuciones se lleven a cabo. Para que estos esfuerzos sean sustentables y sostenibles, se fortalecerá la cooperación entre ambos sectores, mediante mecanismos formales de planificación, monitoreo, evaluación y seguimiento de las acciones conjuntas, así como mediante la vinculación con otros sectores.
(3.2) La educación integral en sexualidad tendrá una amplia perspectiva basada en los derechos humanos y en el respeto a los valores de una sociedad plural y democrática en la que las familias y las comunidades se desarrollan plenamente.
Esta educación incluirá aspectos éticos, biológicos, emocionales, sociales, culturales y de género, así como temas referentes a la diversidad de orientaciones e identidades sexuales, conforme al marco legal de cada país, para así generar el respeto a las diferencias, el rechazo a toda forma de discriminación y para promover, entre los jóvenes y las jóvenes, la toma de decisiones responsables e informadas con relación al inicio de sus relaciones sexuales.
La educación de la sexualidad como componente del currículo
La sexualidad es un componente de la personalidad y no puede hablarse de educación integral si no la incluye. Su abordaje constituye una necesidad básica de aprendizaje, por ser la sexualidad un componente esencial en la vida de todas las personas.
La educación de la sexualidad se presenta en el marco del currículo, de donde se retomarán sus principios conceptuales y se articularán con el enfoque de derechos. La educación de la sexualidad es un eje transversal del nuevo currículo.
No puede hablarse de educación de calidad si ella no forma competencias 4 para aprender a ser, a convivir, a ejercer los derechos y las responsabilidades. La educación de la sexualidad busca desarrollar estas competencias y esto se logra a través de un proceso gradual, sistemático y científico que puede realizarse desde la escuela y desde las actividades no formales.
Así por ejemplo, los esfuerzos de retener a las niñas y a los niños en el sistema educativo, deben estar ligados a una educación de la sexualidad que contribuya a la construcción de un proyecto de vida, más allá de la maternidad y paternidad temprana.
La educación de la sexualidad en diferentes países y momentos históricos ha sido abordada desde múltiples enfoques:
un enfoque reduccionista, que la reduce al plano de lo biológico,
un enfoque represivo moralizador, que la considera como algo que debe ser reprimido y controlado externamente a través de normas morales,
un enfoque informativo - preventivo, cuyo objetivo principal es informar para prevenir los riesgos relacionados con la sexualidad.
un enfoque de modelación y modificación del comportamiento, que considera a la sexualidad como un aspecto de la conducta que debe ser modelado y modificado,
un enfoque hedonista, que se centra en la promoción del placer como único objetivo del ejercicio de la sexualidad.
4 Se entiende por competencias los conocimientos teóricos y prácticos, las actitudes, las habilidades y los valores que en forma integrada facilitan a las personas tomar decisiones y continuar aprendiendo.
Hoy es necesario abordarla desde enfoques integradores que:
atiendan a la diversidad de necesidades de aprendizaje,
conciban la sexualidad como expresión de la personalidad y parte indisoluble de una educación de calidad a lo largo de la vida,
consideren la sexualidad como un componente que no sólo constituye un instrumento de reproducción o de placer, sino que potencia el bienestar personal, la calidad de la convivencia, la intimidad y la comunicación, los valores, los afectos y la capacidad de ofrecer y recibir amor; y
consideren a la persona como sujeto activo, artífice de su propia vida, capaz de elegir, de recibir la información oportuna, de reflexionar y de tomar decisiones conscientes y responsables de su comportamiento sexual y reproductivo.
La esfera de la sexualidad es un ámbito importante de la personalidad y, por lo tanto, su educación pretende no sólo informar a los educandos, sino formarlos en el manejo responsable y digno de su sexualidad.
Esta guía es un esfuerzo, más no el único, para incorporar la educación de la sexualidad al currículo.
No brinda recetas, ofrece reflexiones y aborda temas que servirán a los maestros y a las maestras en su crecimiento personal y profesional; así como en su relación con los educandos y su comunidad.
El abordaje de la sexualidad es multidisciplinario. Esta guía básica sugiere bibliografías y sitios en internet, donde se podrá ahondar sobre algunos de lo temas aquí incluidos.
La educación integral en sexualidad debe ayudar a las personas jóvenes a:
Alimentar actitudes y valores positivos. Apertura de mente; respeto por sí mismo y por otros; autovaloración y autoestima positivas; capacidad de ofrecer consuelo; actitud sin prejuicios; sentido de responsabilidad y actitud positiva hacia su salud sexual y reproductiva.
Fuente: IPPF (2006), Marco de la IPPF para Educación Integral de la Sexualidad, Londres, IPPF.
Uso y alcance de esta guía
Educación de la sexualidad: guía básica de consulta para docentes se concibe como un material de consulta para las docentes y los docentes en su proceso de enseñanza aprendizaje. Esta guía básica debe ser reforzada y complementada con materiales relacionados a la temática de educación de la sexualidad que ya han sido elaborados por el Ministerio de Educación para uso de las docentes y los docentes de Preescolar, Primaria y Secundaria.
La guía constituye un paso más en el fortalecimiento de la educación integral. No es un libro de texto para impartir clases, debe utilizarse como material de consulta sobre los temas de educación de la sexualidad. Se propone contribuir a la comprensión y manejo de los temas brindando pautas y argumentos para facilitar la labor de orientación de las docentes y los docentes a los alumnos, las alumnas, las madres y los padres de familia.
El lenguaje y el alcance de los contenidos no están elaborados para ser trabajados con niños, niñas y adolescentes, están dirigidos a las docentes y a los docentes quienes han manifestado muchas veces la necesidad de contar con un material como el que ahora se presenta. Es así que la guía se concibió para contribuir a:
Apoyar y guiar a las docentes y los docentes en la comprensión de los temas sobre educación de la sexualidad.
Valorar y respetar las diferencias promoviendo y practicando el respeto a la multi-culturalidad del país, las prácticas de género y los derechos de los niños, niñas y adolescentes.
Potenciar el rol del maestro o la maestra, la familia y la comunidad en el proceso educativo de las niñas, niños y adolescentes.
La guía analiza la misión de la familia, la escuela, la sociedad y el Estado en la educación de valores, actitudes y habilidades para que, en forma autónoma, los adolescentes y las adolescentes estén preparados para vivir con responsabilidad su vida sexual. Presenta un enfoque de la educación de la sexualidad basada en la verdad, centrada en la promoción de valores y actitudes, en el marco de derechos y deberes, para una sexualidad responsable y constructiva.
El rol de las maestras y maestros, la familia y la sociedad
Educar o no para la sexualidad no es una elección. Siempre estamos educando para la sexualidad, desde la escuela, la familia y el resto de instituciones y espacios sociales, de manera consciente o inconsciente, explícita o implícita, adecuada y positiva, o inadecuada y negativa. Por ello, la decisión acertada es educar adecuadamente para una vivencia de la sexualidad sana, responsable, informada y constructiva.
Educar sobre la sexualidad es mucho más que transmitir conocimientos e información acerca de la sexualidad y la reproducción. No basta con enseñar las características biológicas de hombres y mujeres, o los métodos para prevenir un embarazo. Educar para la sexualidad es, precisamente, brindar herramientas conceptuales, actitudinales, comunicativas y valorativas que permitan a los adolescentes y las adolescentes tomar decisiones responsables con relación a su sexualidad, que se correspondan con lo que quieren, sueñan y esperan de su realidad.
Estructura y organización de esta guía
La guía se ha organizado en trece capítulos que pueden ser leídos de manera independiente. Cada tema incluye referencias bibliográficas que pueden servir para ampliar la información sobre la temática abordada.
En los primeros cuatro capítulos: 1) La sexualidad, 2) Sexo y género, 3) Desarrollo de una personalidad plena y 4) Desarrollo de la afectividad, se abordan los temas sobre sexualidad ligados al desarrollo de la personalidad y a la formación de ideas y actitudes sobre esta faceta del desarrollo humano, necesarios para comprender, analizar y fundamentar una intervención educativa basada en valores éticos y cívicos.
Se analizan las concepciones estereotipadas acerca de las diferencias entre los sexos, la naturaleza de la curiosidad sexual, algunas de sus manifestaciones y la influencia que las actitudes de las personas adultas ejercen en la percepción que los niños, niñas y adolescentes se forman de sus propios intereses sexuales.
En el capítulo 5: La familia, la primera escuela, se analiza la transmisión de valores y la convivencia familiar, el establecimiento de normas y el respeto, la importancia de la comunicación, los límites, las habilidades de negociación y la influencia que ejercen los medios de comunicación sobre la creación y reproducción de patrones y en las maneras de relacionarse. Esta temática hace referencia al artículo 26 del Código de la Niñez y la Adolescencia que establece que las niñas, niños y adolescentes tienen derecho, desde que nacen, a crecer en un ambiente familiar que propicie su desarrollo integral.
En el capítulo 6, Prevención de la violencia y del abuso sexual, se analiza el trasfondo cultural de la violencia, la violencia de género, generacional y en el ámbito escolar, la violencia y abuso sexual, el papel de la maestra y maestro en su prevención y cómo actuar ante la sospecha de abuso sexual en un niño, niña o adolescente. Las diversas formas de explotación: trata de personas, explotación sexual comercial y pornografía infantil y en adolescentes, también son abordadas en este capítulo.
El capítulo 7: Pubertad y adolescencia y el capítulo 8: El grupo en la adolescencia, presentan algunas consideraciones sobre la pubertad y la adolescencia que permiten acercarse a la comprensión de una etapa que, en ocasiones, es particularmente difícil; sin pretender una explicación acabada, se presenta como una oportunidad en todos los casos. Las recomendaciones tienen como punto de partida el principio de respeto a la dignidad humana.
El capítulo 9, Paternidad y maternidad responsable, presenta la situación del ser madre y padre adolescente en Nicaragua y el marco legal vigente: la Ley de Responsabilidad Paterna y Materna (Ley No. 623) y la Ley No. 143, Ley de Alimentos. Analiza el significado y alcance de la paternidad y maternidad
responsable y la decisión de ser madres y padres, y facilita la reflexión sobre el ejercicio de la maternidad y de la paternidad, tomando en cuenta el posicionamiento, tanto de los hombres como de las mujeres, con relación a los hijos
e hijas (UNFPA/CEPAL, 2005:38).
El capítulo 10, Reproducción humana, analiza la reproducción humana desde un enfoque de la salud reproductiva basado en los derechos. La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994 afirmó que: las mujeres y los hombres tienen el derecho a alcanzar los más altos estándares de información y servicios de salud sexual y reproductiva, libres de discriminación, coacción y violencia.
El capítulo 11, Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH y el sida, se complementa con otras herramientas diseñadas en el Ministerio de Educación y que están dirigidas a las docentes y los docentes para el abordaje específico de este tema. Por tanto se enfatiza en el ejercicio y respeto de los derechos humanos y en el conocimiento, aplicación y ejercicio de la Ley 238. Se promueve: el auto-cuido y el conocimiento del riesgo para la salud, para el desarrollo de la personalidad y para su proyecto de vida, el cambio de actitudes y respeto hacia las personas que viven con el VIH y el sida.
El capítulo 12, Prevención de los trastornos y del cáncer del aparato reproductor, analiza las consecuencias de los mitos y estereotipos frente a la educación y conducta sexual, unido a la coacción sexual y a otros desequilibrios de poder dentro de las parejas, lo que influye en las diferencias entre ambos sexos en cuanto a la probabilidad de prevenir, contraer y atender una enfermedad del aparato reproductivo. La inadecuada salud sexual y reproductiva incluye otros tipos de enfermedades que afectan al aparato reproductor masculino y femenino
a lo largo de la vida. Algunas de éstas pueden ser precoces, otras tardías. Este capítulo se aborda desde la perspectiva de promover una cultura responsable para el auto cuido y el propio bienestar sexual de las personas.
El capítulo 13: Toma de decisiones y proyecto de vida aborda la educación y competencias para la vida, los procesos de toma de decisiones, las aspiraciones y las metas en la vida, cómo se elabora un proyecto de vida y los factores que influyen en la realización de un proyecto de vida.
Este capítulo plantea que para tomar una decisión responsable se debe contar con información y estar consciente del alcance de lo que se decide, para actuar en función de ello.
La guía concluye con información estadística básica y bibliografía que las maestras y los maestros pueden consultar para ampliar sus conocimientos.
¿Cómo se desarrolla cada uno de los capítulos?
Para abordar cada capítulo se han considerado dos aspectos básicos:
¿Qué se quiere lograr con el tema? La respuesta a esa pregunta es el objetivo general.
¿Cómo se desarrolla puntualmente la temática? Responde al objetivo general y se precisa en objetivos específicos.
Al finalizar el capítulo se incluye una reflexión final para reforzar y promover el compromiso personal de los docentes y las docentes en la comprensión de la visión de la sexualidad, el respeto entre las alumnas y los alumnos, el respeto generacional y los valores que conduzcan a la convivencia humana, al ejercicio de ciudadanía y de una sexualidad responsable.
Finalmente, las preguntas de reflexión, permiten que las docentes y los docentes comprendan mejor el tema y puedan desarrollar pistas concretas para su abordaje en el aula.
Temas que se abordan en este capítulo:
Características: lo biológico, lo psicológico y lo socio-cultural
Desarrollo personal y de la sexualidad en el ciclo de vida
Desarrollo de la sexualidad en la etapa escolar
sexualidad desde
de competencias que
le permitan vivir una
sexualidad sana en el
marco de sus derechos y
Abordar la sexualidad como un componente de la personalidad que se desarrolla a lo
1. Entender la sexualidad con sus dimensiones biológicas, psicológicas y socioculturales que interactúan de manera particular y dinámica en cada persona.
2. Revisar las principales etapas y características del desarrollo de la sexualidad a lo largo de la vida de la persona.
3. Analizar las principales características del desarrollo de la sexualidad durante la etapa de la educación básica y media.
4. Reconocer la importancia de la educación de la sexualidad en la escuela para contribuir a la formación integral de los estudiantes y las estudiantes en el ejercicio de una sexualidad sana y una práctica responsable de sus derechos.
Para comprender el tema de la sexualidad humana es preciso diferenciar los conceptos de SEXO y SEXUALIDAD.
Las personas nacen con un sistema reproductivo que las define como mujeres o
como hombres. Eso es el SEXO: la determinación biológica que sirve para clasificar
a las personas en dos grandes grupos: femenino y masculino.
El término SEXUALIDAD se refiere a la manera en que las personas se ven a sí mismas y orientan su conducta, y al conjunto de relaciones que establecen con otras personas y con el mundo por el hecho de ser sexuados (es decir, por pertenecer a uno u otro sexo).
La sexualidad es parte integral de la personalidad y de la vida en sociedad. Por tanto, no es lo mismo sexo que sexualidad. El sexo es una dimensión de la sexualidad.
Una definición de sexualidad internacionalmente aceptada por países, científicos
y educadores es la propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS),
según la cual: “la sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual”.
La sexualidad se vivencia y se expresa a través de pensamientos, afectos, amor, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales.
La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales” (OMS, 2006).
La sexualidad es un componente fundamental
de la personalidad, de la vida y de la
sociedad humana, que se manifiesta desde
antes del nacimiento de una persona hasta su
lo biológico, lo psicológico y lo socio-cultural
La sexualidad tiene características biológicas, psicológicas y socio-culturales que interactúan de manera dinámica. Todas son importantes para lograr la realización plena de la persona y una vida social en armonía (Larsen y Buss, 2005:21).
Biológicas-reproductivas
Comprende todos los aspectos relacionados con la anatomía y fisiología que permiten la expresión de la sexualidad. Esto incluye: el conocimiento de los órganos del ser humano que se encargan de elaborar la respuesta sexual, el desarrollo sexual en las diferentes etapas del ciclo vital y los aspectos relacionados con la reproducción, los que a su vez comprenden: la actividad sexual coital, los métodos de planificación familiar, la fecundidad, la gestación, el parto, el embarazo en la adolescencia y la maternidad y paternidad responsables, entre otros.
Conocer la sexualidad es fundamental para comprender el funcionamiento del cuerpo, para saber cómo cuidarlo para mantenerlo saludable, así como para prevenir el embarazo adolescente y el contagio de infecciones de transmisión sexual que pueden dificultar el desarrollo de un proyecto de vida.
Implica los vínculos afectivos que se establecen en el proceso de interacción con otras personas y que dan un íntimo y profundo significado personal a la vivencia y expresión de la sexualidad.
Así pues, integra factores psicológicos como las emociones, sentimientos, actitudes personales y apegos interpersonales.
conocimiento de esta dimensión de la sexualidad por parte de las estudiantes
los estudiantes es fundamental para que puedan comprender y valorar la
importancia de la vida afectiva y emocional en la expresión y práctica de una sexualidad saludable.
Abarca las costumbres, creencias, comportamientos, roles y normas que están presentes en una sociedad y mediante las cuales se orienta el ejercicio de la sexualidad. Todo ello da sentido a la relación que se establece con las otras personas, lo que implica el reconocimiento, aceptación y valoración del otro.
También se relaciona con el desarrollo del juicio crítico y de los límites, a fin de poder orientar el comportamiento en una dirección beneficiosa para sí mismo y para los demás. Permite desarrollar el respeto por la diversidad de creencias religiosas, actitudes y valores de los compañeros, familias y comunidad.
El conocimiento y apropiación de las estudiantes y los estudiantes de los aspectos
éticos y morales de sus derechos es fundamental para comprender la importancia de asumir la responsabilidad de las decisiones que tomen sobre el ejercicio de su sexualidad (Ministerio de Educación Perú/UNFPA, 2008).
La afectividad es muy importante para la vivencia de la sexualidad, y es percibida como la sensación de sentirse bien o mal consigo mismo y con los demás (Rice, 1997:572). La sexualidad impulsa a la persona a relacionarse y al hacerlo se ponen en juego diversas facetas de la personalidad que son importantes por su contenido social y por los sentimientos que involucran. Repercute en asuntos profundos como la autoestima, que determina el lugar y relación que cada quien asume con la sociedad.
Más allá de la capacidad reproductiva, el saberse atractivo o atractiva o con capacidad de dar y recibir placer, el conocer la sensibilidad propia y la de la otra persona, el querer y ser querido, el comprender y ser comprendido, son necesidades esenciales de la afectividad que encuentran su expresión en el terreno de la sexualidad.
El ejercicio de la sexualidad es una dimensión de lo humano que las personas tienden a conservar en su intimidad, por ser un tema donde entran en juego valores y emociones de enorme importancia para sus vidas. Por eso, las relaciones que se establecen como expresión de la sexualidad deben tratarse con respeto hacia sí mismo y hacia la otra persona, y con la máxima consideración y responsabilidad, cuidando de no abordarlas nunca con ligereza o grosería.
La necesidad de practicar la sexualidad en su dimensión afectiva es uno de los motores del desarrollo de las culturas. Se ha inventado y reinventado el amor y éste se ha expresado de variadas formas a través de la historia, pero se destaca una concepción del amor: aquel que enaltece y motiva, responsabiliza a ver la vida de otra manera, da firmeza y seguridad, lleva al respeto mutuo y al compromiso de una convivencia respetuosa y honesta. Ese amor incluye al sexo, pero es mucho más que eso. La sexualidad humana es compleja (Secretaría de Educación Pública de México, 2002).
Durante la infancia y la adolescencia es importante desarrollar las competencias afectivas que han sido definidas como aquellas que permiten a la persona vincularse saludablemente consigo misma (competencias intra-personales), con los otros (competencias interpersonales) y en los grupos (competencias grupales) (Secretaría de Educación del Distrito de Bogotá, 2002).
Para lograr el ejercicio de una sexualidad plena es necesario gozar de salud sexual, la que se entiende como “un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad” (CIPD, 1994).
Tener salud sexual supone tener una vida sexual responsable, satisfactoria y segura; esto es, libre de enfermedad, lesiones, violencia, discapacidad, dolor innecesario o riesgo de muerte (CCMM 94, CIPD 7.2).
El cuidado, los hábitos de higiene y salud del cuerpo, la calidad de la convivencia con personas del propio sexo o del sexo contrario, son competencias que deberán formarse desde la infancia.
Para las maestras y los maestros es indispensable saber acerca de la sexualidad, empezando por la propia, y actualizarse constantemente pues para poder educar hay que educarse primero.
La sexualidad es parte de la personalidad y de la vida de toda persona y, por tanto, la educación de la sexualidad debe ser parte de la educación integral que la escuela debe ofrecer para que las personas puedan vivir y ejercerla de forma sana, responsable y plena. No hay manera de brindar al educando una educación de la sexualidad adecuada, sin formar, simultáneamente, las ideas de responsabilidad para consigo mismo y para con los demás, de equidad entre los sexos, de tolerancia y de libertad como autodeterminación.
Los temas de la sexualidad se exhiben cotidianamente en la televisión, los videos, la Internet, las revistas y, lamentablemente, muchas veces de manera inadecuada. Los medios de comunicación hoy en día son muy influyentes. Los mensajes relacionados a la sexualidad son frecuentes. Por esa razón tanto maestros y maestras como padres y madres de familia deben acompañar a sus hijos e hijas en la asimilación de la información que transmiten los medios de comunicación.
La educación de la sexualidad es asunto tanto de la familia como de la escuela, pues el desarrollo de la sexualidad se manifiesta en estos ámbitos y es deseable que en uno y en otro se den las condiciones que promuevan que ésta sea sana y responsable.
No será con el silencio, ni con prejuicios y temores como se podrá ayudar a niños, niñas y adolescentes. Es necesario que conozcan cómo funciona su cuerpo, aprender a identificar emociones y sentimientos; aprender a distinguir lo que es conveniente y lo que puede ocasionar un daño. Esto facilitará la toma de decisiones sobre aspectos importantes de su sexualidad.
Cada persona debe comprender las responsabilidades que tiene consigo y con los demás. Niñas, niños y adolescentes tienen derecho a informarse y formarse en todas las áreas de su desarrollo.
Todo ello es indispensable para lograr un comportamiento sexual responsable y para prevenir situaciones que pongan en riesgo su salud y dificulten su presente y futuro.
El ciclo vital natural del ser humano se inicia desde su concepción y termina hasta
su muerte. La sexualidad se encuentra presente en todas las etapas de la vida
y adquiere diferentes maneras de vivencia individual y de expresión social a
medida que el cuerpo y la personalidad van evolucionando. Cada etapa tiene sus características. Entender que la sexualidad siempre está presente es importante para vivir una vida plena y en armonía y con respeto hacia los propios derechos y los de las otras personas.
De manera general se aceptan las siguientes etapas del desarrollo personal (Rice, 1997:5), sin pretender que sea una categorización rígida y entendiendo que es normal que en algunas personas se presenten más tarde o más temprano, o que incluso, no se presenten:
Comprende desde el momento de la concepción hasta el nacimiento. En este período se forman los órganos y la estructura corporal básica, en especial el sistema nervioso y las capacidades de reaccionar ante el medio.
Los estudios indican que si la madre vive una situación de tranquilidad, aceptación y felicidad ante el embarazo, los niños y las niñas tienden a nacer con un mayor desarrollo. Se han elaborado una serie de técnicas que se conocen como “estimulación prenatal”, que consisten en un conjunto de actividades que, realizadas durante la gestación, enriquecen al niño o niña en su desarrollo físico, mental, emocional y social (http://mural.uv.es/diapan/). Ello se logra a través de una actitud de comunicación afectuosa y constante de la madre y el padre hacia el hijo o hija.
Abarca desde el nacimiento hasta el segundo año de vida, aproximadamente. Es un período de cambios acelerados en el que se desarrolla el dominio de los movimientos del cuerpo, los sentidos y el lenguaje.
En esta etapa la persona desarrolla apego a los miembros de la familia y a otras personas que lo atienden, aprende a confiar o a desconfiar y a expresar o reprimir amor y afecto.
Se expresan sentimientos y emociones básicas y se inicia el sentido de independencia. También se inicia el conocimiento y exploración del propio cuerpo y se descubre que la estimulación del mismo genera sensaciones placenteras. Esto es natural y se realiza sin malicia.
Niñez temprana: De los tres a los cinco años
Corresponde a la etapa de la educación inicial. En ella continúa el crecimiento acelerado, aunque a un ritmo menor que en el período anterior. Se adquiere mayor destreza en el dominio de los movimientos del cuerpo y en el lenguaje. Empiezan a cuidarse solos y a aprender normas básicas de higiene.
Comienzan a formarse el concepto de sí mismos y de su identidad. Empiezan a asimilar los roles de género y se muestran interesados en jugar con otros niños
y niñas. Comparan sus cuerpos y puede presentarse la exploración mutua. Es
el momento de enseñarles a prevenir situaciones que pueden causar daño, aprendiendo que no deben quedarse solos con desconocidos, ni con personas que les provoquen miedo o les hagan sentir mal. Debe desarrollarse el sentido del auto cuido y del respeto a su cuerpo.
Empiezan a salir fuera del círculo del hogar, a la escuela y a otros sitios, lo que es muy importante para su integración a la vida social fuera de la casa. Una buena relación con su familia les ayudará a tener confianza y a actuar con seguridad ante personas y grupos ajenos a la familia.
Corresponde a la etapa de primaria. En ella es notable el desarrollo de las
capacidades del conocimiento y se desarrollan las habilidades de lectura, escritura
y aritmética, que les permiten comprender mejor el mundo y pensar de manera lógica.
Es también un periodo de socialización: se forman grupos de amigos y amigas que se integran a diferentes grupos de intereses (deportivos, religiosos, artísticos), aunque la familia continúa siendo lo más importante. Empiezan a desarrollar el sentido moral y es el momento adecuado para reafirmar el sentido de auto cuido. Puede iniciarse el interés afectivo por otras personas de su edad.
Pubertad y adolescencia: De los 12 a los 18 años
Se corresponde con los últimos años de primaria y la secundaria en general. Acontece la maduración sexual, se consolida el pensamiento racional y el sentido ético-moral.
Una tarea importante de esta etapa es la formación de una identidad positiva, lo que será de gran importancia para su autoestima y éxito personal. Buscan una mayor independencia de la familia y desean un mayor contacto y sentido de pertenencia y compañía con los amigos y amigas de la misma edad. Es el momento del descubrimiento y de la afirmación de la voluntad de construirse su propio mundo.
Se establecen fuertes relaciones amistosas, enamoramientos y noviazgos. En Nicaragua, el 42 por ciento de la población estudiantil de 5to grado de primaria
a quinto año de secundaria dice tener novio/novia, y 17 por ciento dijo haber tenido relaciones sexuales (MINED/UNFPA, 2008). La falta de una adecuada educación de la sexualidad muchas veces conduce a una temprana maternidad
y paternidad. El abandono de la escuela y la incorporación al mundo laboral,
particularmente en las zonas rurales, es una de las frecuentes consecuencias de
Adulto joven: Décadas de los veinte y los treinta
Idealmente, corresponde a la etapa de finalización de los estudios e incorporación al mundo laboral. El joven o la joven se hace cargo de su vida y adquiere la autonomía personal. Se establecen las relaciones de pareja y muchos constituyen su propia familia. A pesar de asumir roles de personas adultas requieren información, educación y comunicación para que sus relaciones de pareja sean placenteras, equitativas y responsables.
Adulto maduro: Décadas de los cuarenta y cincuenta años
Es un período en que mucha gente alcanza una máxima responsabilidad personal
social, así como laboral.
se tiene familia propia hijos, hijas, nietos o nietas es el momento de culminar
su formación y volver a repensar los propios intereses. También es un tiempo en que es necesario prepararse para los cambios corporales y para las situaciones emocionales, sociales y laborales que se presentarán al final de esta etapa, como la menopausia en las mujeres y la andropausia en los hombres, la jubilación, la disminución del vigor físico y la soledad, al dejar los hijos e hijas el hogar.
Muchas parejas consolidan sus vínculos o se reencuentran, en tanto otras personas establecen nuevas relaciones de pareja. Es frecuente que algunos refieran un mayor sentido de plenitud en las relaciones sexuales, mientras otros entran en crisis ante la perspectiva del envejecimiento o aspiraciones y conflictos no resueltos en el ámbito de la sexualidad.
Tercera edad o vejez: De los sesenta en adelante
Es un momento de ajustes, particularmente a los cambios en las capacidades físicas, y en las relaciones y situaciones personales y sociales. Para muchos es el final de su vida laboral o de disminución de sus responsabilidades laborales, mayor dificultad de encontrar empleo o de mantener sus ocupaciones anteriores, lo que conlleva
a un deterioro en los ingresos monetarios y en la posición social. En muchos casos
representa abandono, maltrato o miseria. Otros, en medio de las limitaciones propias de esta edad, se ven en la necesidad de asumir el mantenimiento de nietos
o hijos desempleados.
Es necesario prestar mayor atención al cuidado de la salud para mantener el vigor físico y el bienestar. Las relaciones con los hijos e hijas adultos, nietos y nietas y con otros parientes adquieren un nuevo significado.
Nuevamente, como en la adolescencia, mantener y establecer amistades con las personas de edad semejante vuelve a ser importante para la autoestima y el
bienestar personal. El interés por la sexualidad se mantiene, debiendo adecuarse
a limitaciones físicas o de salud. Aquellos que tienen pareja, frecuentemente se
unen más y reportan mayor satisfacción en su intimidad y compañía. La pérdida o la muerte de la pareja es uno de los mayores duelos a esta edad, aunque también muchas personas han aprendido a sobrellevar las situaciones difíciles de la vida y
a ajustarse a su entorno.
Mantener actividades que ejerciten la mente y realizar tareas que tengan importancia para la persona (aún no siendo remuneradas), contribuirán a mantenerla en mejor estado físico, psicológico y social.
Desarrollo de la sexualidad en la etapa escolar 2
Como vimos en el acápite anterior, los principales cambios en el desarrollo de la sexualidad ocurren durante la vida escolar, por ello en este apartado se ampliará en sus características y tareas educativas.
Con el propósito de facilitar a las maestras y maestros la consulta de esta guía, se ha dividido el desarrollo de la sexualidad de acuerdo con las etapas escolares las principales características que en cada una de ellas se presentan.
Las características no deben considerarse de manera rígida, pueden, dentro de la normalidad, darse más temprano o más tarde, e incluso no presentarse.
2. Adaptado de Sexualidad Infantil y Juvenil. Nociones Introductorias para maestros y maestras de Educación Básica. SEP 2000. Secretaria de Educación Pública-México.
La sexualidad en la educación inicial (3 a 5 años)
En esta etapa la curiosidad está orientada hacia todo y, por supuesto, hacia el propio cuerpo y hacia el entorno. Son los años en que, por virtud del desarrollo
físico y emocional, como ya se ha dicho, niños y niñas tienden a tocar sus genitales:
se están conociendo. El autoerotismo infantil existe y no tiene por qué ser reprimido
ni castigado, debe encauzarse, haciendo que los pequeños comprendan el respeto
a la intimidad y a los sentimientos de los demás. También son años de intensa
curiosidad, niños y niñas quieren saber por qué son diferentes unos de otras, cómo
nacen los bebés, cómo son los adultos y, también, es la época en que comienzan las preguntas acerca de la vida sexual de los padres.
Todas estas dudas son naturales: surgen del desarrollo físico, intelectual y emocional, y habrán de responderse de la manera más sencilla y veraz, sin mentiras, sin pena, pues hay que entender que para ellos tales preguntas no tienen ninguna carga especial: son resultado de la curiosidad natural, de una curiosidad como la que sienten hacia cualquier otro asunto.
Para responder correctamente a las inquietudes de niños y niñas en materia de
sexualidad es decisiva la disposición que se adopta, pues según sea la actitud que
el adulto tenga hacia la sexualidad y hacia sí mismo, ofrecerá un ejemplo con el
que las niñas y los niños manejarán su propia sexualidad.
Resolver las dudas infantiles acerca de la sexualidad, con la sencillez propia para estos años, permite que niños y niñas adopten una actitud de sana naturalidad frente a estos temas. Que los padres se muestren con naturalidad, empatía, cercanía, confianza y atención hacia lo que sus hijos e hijas plantean, permitirá promover una sana educación de la sexualidad.
Una de las cuestiones que más inquieta a los niños y las niñas es saber cómo nacen, pero también pueden hacer preguntas que en determinado momento pongan en apuros al adulto. Lo mejor en estos casos es pedir al niño o niña que explique qué es lo que quiere saber. Eso dará a las y los adultos una idea del nivel de complejidad que el niño o niña requiere en la respuesta, pues así como hay que desterrar conceptos erróneos, tampoco conviene responder con explicaciones que no estén a su alcance. Una norma útil es propiciar un diálogo que permita conocer qué es exactamente lo que les inquieta, lo que puede hacerse devolviéndoles la pregunta que hicieron: “y vos, ¿que pensás?”.
Debemos tratar de indagar qué es exactamente lo qué quieren saber, qué sentimientos o miedos están detrás de las preguntas que formulan. Es preciso saber qué se imaginan, qué situación o persona motivó la duda. La persona adulta siempre debe responder. De ese modo reafirmará la confianza del niño o niña y, principalmente, no dará a estos temas un carácter de secreto.
Madres, padres y docentes no deben nunca censurar o esquivar una pregunta, sino encauzarla, dando a las niñas y niños la oportunidad de desarrollarse sanamente, sin vergüenza, sin culpa, ni mentiras.
Se pretende que siempre encuentren el apoyo y la comprensión que necesitan.
Generalmente, durante los primeros años de primaria, niños y niñas parecen estar más alejados que nunca: los niños se juntan con los niños y las niñas con las niñas. Esto forma parte de la búsqueda de identidad y de afirmación de los roles de género, pues es en esta etapa en la que se tienden a asimilar los estereotipos sexuales.
Habrá que procurar, tanto en el aula como en la orientación que pueda darse a la
familia, que las diferencias entre niños y niñas no se interpreten como desventaja
o ventaja, inferioridad o superioridad, pues cada quien vale, antes que nada, por ser persona y por el esfuerzo, constancia y empeño que pone en superarse.
El interés por el sexo sigue, las prácticas de autoerotismo no desaparecen y se presentan ciertos juegos con connotación de sexualidad, como juegos donde quien pierde debe hacer cosas como gritar, abrazar o dar un beso a alguien. Juegan a tener novio o novia, imitando lo que ven en el mundo adulto. A veces, la fantasía hace que inventen aventuras en las que se presentan a sí mismos como
protagonistas o como testigos, para despertar así la admiración de sus compañeros
y compañeras. Todos estos juegos y actividades no entrañan ningún peligro cuando
se realizan entre niños y niñas de la misma edad. Obviamente, conviene vigilarlos
y orientarlos para que se prevengan de algún posible abuso por parte de niños
mayores o de personas adultas. Estos juegos reafirman su identidad sexual y los van entrenando en el carácter de las relaciones de pareja y en la expresión de su afectividad.
También empiezan a sentir gran interés por los temas sexuales; por ello en esta etapa, la comunicación entre padres e hijos es importantísima. Entre los once y doce años la curiosidad acerca de los temas sexuales aparece mucho más perfilada: quieren saber, por ejemplo, qué es un condón y cómo se pone, a qué edad comienza el hombre a eyacular, cuándo empieza la menstruación, qué es el orgasmo, qué es la virginidad, a qué edad pueden tenerse relaciones sexuales, que es la homosexualidad, entre otros.
El “por qué”, manifestado en la etapa preescolar, que se satisfacía con una explicación del funcionamiento, comienza a volverse el “por qué” que cuestiona la validez o sentido de las cosas.
Es necesario tener en cuenta que los niños y niñas en edad escolar están inmersos en un mundo en el que prácticamente no hay fronteras: la casa con radio y televisión, la escuela con un sinfín de amigos y de compañeros, la calle con sus cybercafés, internet, puestos de revistas y, en general, el contacto con toda clase de personas, facilitan que cualquier tipo de información pueda estar al alcance. De ahí la importancia de que la escuela y el hogar ofrezcan una orientación adecuada, sana, veraz y, principalmente, formadora del criterio, esa capacidad tan importante para el equilibrio mental de las personas.
La sexualidad en secundaria
A los niños y a las niñas siempre hay que contestarles con la verdad y con razones.
Los años de la secundaria coinciden generalmente con los de mayores cambios en el desarrollo de niñas, niños y adolescentes, pues en ellos ocurren los cambios hormonales que traen consigo la aparición de las llamadas características sexuales secundarias. En las mujeres: crecimiento de senos, menstruación y ensanchamiento de caderas. En los varones: ensanchamiento de hombros, aparición del bigote y eyaculaciones, entre otros. En ambos: vello púbico y modificación de la voz.
En esta etapa se produce también una mayor apropiación del lenguaje, de la capacidad expresiva y de las estructuras lógicas. Se pasa del pensamiento concreto, regularmente característico de la infancia en el que se piensa uno por uno los problemas que se van presentando, a pensamientos más abstractos y generales, que permiten hilar los problemas, contrastes entre sí, establecer causa- efecto, entre otros.
También hay cambios en las emociones. En esta etapa de desarrollo de la personalidad va surgiendo un impulso de afirmación que se tornará más intenso cuando la persona llegue a la adolescencia.
Esta búsqueda de sí mismos, saber quiénes son y qué hacer con sus vidas, es característica de las y los adolescentes. Entre la niñez, cuando la identidad se encuentra en la familia y niños y niñas son como un espejo de lo que piensan en sus casas, y la madurez, en la que ya se ha elegido una forma y unos valores con los que uno se identifica, está la adolescencia, en la que se acelera la formación de la propia identidad.
En esta etapa es importante desarrollar un marco de valores que impulse la autoestima y que facilite la autocrítica y el aprendizaje sobre las consecuencias de sus actos y el cumplimiento paulatino de los propósitos.
La sexualidad se intensifica, y está omnipresente en las conversaciones, en los chistes, en las fantasías. A unos y a otras les interesa saber lo que le ocurre al sexo opuesto. Quieren saber, por ejemplo, lo que representan los cambios que están sobreviniendo en sus cuerpos, hasta dónde alcanzan sus capacidades físicas, qué consecuencias tiene la masturbación, entre otros.
Las dudas y preguntas relacionadas con sus cuerpos son muchas y muy variadas, y puede surgir la preocupación de tener alguna anomalía física o de considerarse poco atractiva o atractivo. También inseguridades por mitos o prejuicios culturales; en los varones, por ejemplo, tener el pene pequeño, en las mujeres, no tener los senos del tamaño deseado.
Tanto en el hogar, como en el aula, deben plantearse y
discutirse los temas de la sexualidad, de manera que las y los jóvenes sientan confianza en sus madres, padres y docentes,
que sea de ellos de quienes reciban una orientación veraz
responsable. Es importante en esta etapa adquirir el valor
del respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia los seres que pueden engendrarse.
Una consecuencia grave del silencio y la indiferencia ante sus inquietudes será que los jóvenes y las jóvenes se sientan solos y solas e incomprendidos, pues los asuntos que realmente les preocupan no parecen interesar a los mayores a quienes quieren
y en quienes confían.
Desde el punto de vista emocional, se involucran fuertemente en los enamoramientos y noviazgos. Así, cuando un o una adolescente expresa “sos
mi vida” a la persona amada, frecuentemente lo dice en un sentido realmente
literal, pues la novedad e intensidad de sus sentimientos afectivos y sexuales pueden llevarle a considerar que su vivencia es única e irrepetible. El mundo gira
alrededor de su amor.
Los conflictos con la pareja, su pérdida o rechazo pueden llevarle a situaciones conflictivas, agresivas, depresivas, bajo rendimiento escolar e inclusive hasta el suicidio. Por el contrario, pueden también convertirse en una poderosa motivación para la superación personal y social y lograr el reconocimiento de la persona amada.
En esta edad, las relaciones sexuales pueden ocurrir, por ello los riesgos de
adquirir Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) o un embarazo no deseado también pueden presentarse. Por tanto, es necesario que maestras y maestros planteen y discutan en clase diversos aspectos de la sexualidad en el contexto de los valores, que hablen de la relación de pareja y de la responsabilidad; que hablen del placer y de sus implicaciones, también del respeto hacia el propio cuerpo, hacia uno mismo y hacia los demás y, si les es posible, que propicien que los padres y las madres de familia se acerquen a sus hijos e hijas para orientarlos
e informarlos.
La complejidad de las necesidades de esta etapa escolar exige del docente
y la docente de secundaria respuestas y orientaciones que van más allá de
sus disciplinas específicas, pues los alumnos y las alumnas están, por su edad
e independientemente de su condición social, ante riesgos cuyas consecuencias pueden resultar irreparables.
Una adecuada educación de la sexualidad desarrolla en
las y los estudiantes, competencias que les permiten vivir una
sexualidad sana y un ejercicio de ciudadanía y convivencia
humana basada en una práctica responsable de sus derechos.
Como se menciona al inicio de este capítulo, la sexualidad es parte de la personalidad y de la vida de todo ser humano. Tiene que ver con el sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual.
Es importante comprender que la sexualidad se encuentra presente en todas las etapas de la vida, se vive y expresa de diferentes maneras a medida que el cuerpo y la personalidad van evolucionando. Cada etapa tiene características diferentes. La sexualidad siempre está presente por ello es importante que desde la familia y la escuela se brinde una educación de la sexualidad de manera integral para que las personas puedan vivir y ejercer su sexualidad de forma sana, responsable y plena.
1. Alguna vez algún niño, niña o adolescente te ha hecho alguna pregunta o
comentario relacionado con la sexualidad. ¿Cómo resolviste la situación?
¿Creés que tu actitud fue educativa para el niño o la niña?
2. ¿Creés que la mayoría de docentes, madres y padres de familia están
preparados para abordar la educación de la sexualidad de forma sana
constructiva? ¿Qué debería hacerse para lograrlo?
3. tu criterio, ¿cómo ven la sexualidad las personas de tu comunidad: como
algo sano, natural y presente a lo largo de toda la vida de las personas?
4. ¿Qué recomendaciones darías a otras maestras y maestros, madres
y padres de familia, para que puedan ser buenos orientadores del
desarrollo sexual de sus hijos, hijas, alumnos y alumnas?
5. ¿Qué podrías hacer para prepararte mejor y promover un mayor diálogo
sobre sexualidad entre tus colegas y en tu comunidad educativa?
Ser persona: enfoque de derechos humanos, integridad física, ser iguales y ser diferentes
Identidad sexual: homosexual, heterosexual, bisexual
Hacia nuevos modelos de equidad y complementariedad
Propiciar entre
las docentes y
los docentes el
ante la diversidad de
opiniones que estos
temas pueden generar.
Fomentar siempre
Aportar elementos para conocer y comprender los conceptos de sexo y género, sus
diferencias, los estereotipos y roles sexuales, así como las identidades, desde un enfoque
Conocer y diferenciar los conceptos de sexo y género.
Analizar los estereotipos sexuales y la identidad sexual de las personas
reconociendo la diversidad, desde un enfoque de respeto y derechos humanos.
Contribuir a desarrollar las capacidades necesarias, actitudes y valores de
respeto entre las docentes y los docentes frente a estos temas.
Poner en práctica de manera oportuna y eficiente, los contenidos de este capítulo
con el alumnado, con los padres y las madres de familia.
El SEXO corresponde al plano biológico. Tiene que
ver con las características y diferencias biológicas que
poseen hombres y mujeres desde que nacen. Con este
término se clasifica a las personas en dos grandes
grupos: mujeres y hombres.
El GÉNERO tiene que ver con las características
sociales y culturales que se asignan a mujeres y
hombres. Estas características se adjudican en función
del sexo, se transmiten, se aprenden y pueden cambiar
SEXO es diferente a GÉNERO: las personas nacen con un sexo definido: se es mujer o se es hombre. Por tanto, el sexo tiene que ver con las diferencias biológicas, físicas y genéticas que existen entre una mujer y un hombre. Ambos poseen, como seres sexuados, características físicas externas e internas que les diferencian (órganos genitales externos e internos y hormonas).
La palabra sexo, en su uso coloquial, también se utiliza para referirse al acto sexual o a las relaciones sexuales. Sin embargo, en este contexto se asociará a las diferencias biológicas que poseen los hombres y las mujeres.
GÉNERO no es igual a sexo: género es una categoría que se construye social y culturalmente. Establece lo que se espera, permite y valora en una mujer o en un hombre en un contexto específico. Las personas nacen con un sexo determinado (hombre o mujer) y son la sociedad y las diferentes culturas las que se encargan de asignarles diferentes funciones y roles que los hombres y las mujeres deben desempeñar en la vida pública y en la privada.
Según el concepto de género introducido en los años setenta, y generalizado desde entonces en las ciencias sociales, el género se va construyendo socialmente a partir de ideas, creencias y representaciones que generan las diferentes culturas a partir de las diferencias que existen entre hombres y mujeres. Estas diferencias son las que determinan los papeles de lo masculino y femenino (Chávez, 2004).
Una vez que se identifica el sexo y se asigna el género (masculino o femenino), la sociedad y la cultura se encargan de asignar a hombres y mujeres comportamientos, valores y roles para unos y otras. Es por ello que desde que nacen, ambos van desarrollando diferentes conductas, habilidades, necesidades y experiencias.
A través de “modelos sociales” se determina lo que las mujeres y los hombres deben ser: en las mujeres se privilegia el ser femeninas, que se asocia a ser delicadas, frágiles, sensibles, dulces y atentas. Mientras que a los hombres se les exige que sean masculinos, es decir, fuertes, valientes y audaces, entre otros. De igual manera, se asigna la manera de vestir (hombres celeste, mujeres rosado), de hablar, socializar y expresar los sentimientos. Son las familias, más tarde las escuelas y otras organizaciones sociales, las que a través del aprendizaje y la convivencia imponen y mantienen ese modelo de ser mujer o ser hombre.
La forma como las mujeres y hombres se relacionan está determinada socialmente por “normas” de orden jurídico, social, religioso, tradiciones, convencionalismos, reglas, estereotipos y roles que cambian en cada cultura a partir de un momento histórico determinado.
Fuente: Instituto de las Mujeres del Distrito Federal, México.
Como resultado de la diferencia que se establece socialmente entre ambos sexos se pueden generar condiciones de marginación, discriminación y, por lo tanto, de desigualdad en todos los ámbitos. Estos se manifiestan y afectan de manera diferente a unos y a otras (Martín, 2006) en la vida cotidiana a través de los diferentes roles (reproductivo 1 y productivo 2 ) que las mujeres y los hombres desempeñan en la sociedad, además de las responsabilidades, necesidades y prioridades relacionadas con el acceso y control de los recursos. Cuando se habla de estos roles se vincula a la mujer con el trabajo doméstico y a los hombres con el trabajo productivo. A los hombres se les otorga además, el rol de proveedores económicos.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que los aspectos de género han venido
cambiando a través de la historia y, además, son diferentes en cada lugar, cultura
grupo étnico. Por tanto, hay que recordar que el género como categoría social
culturalmente construida, se aprende y puede ser transformada, con lo que se
contribuiría a lograr iguales oportunidades, derechos y responsabilidades para
Características anatómicas,
Comportamientos, actitudes, roles,
Hay que aprenderlo.
No puede ser cambiado. 3
Cambia según las épocas y las culturas.
Fuente: AECI, 2004.
1. Reproducción biológica, trabajo doméstico, cuido y educación de hijas e hijos, mantenimiento del hogar y de las relaciones familiares.
2. Producción de bienes, servicios y recursos para el sustento.
3. Los avances de la cirugía hoy en día permiten desdibujar las diferencias anatómicas entre los sexos.
Cada persona aprende a ser hombre o a ser mujer de diversas maneras. Como se dijo anteriormente, es la sociedad la que define comportamientos y responsabilidades diferentes para cada uno de los dos sexos, es decir, determina el rol (papel) o modelo de ser hombre o ser mujer y les asigna lo que les corresponde hacer o no hacer a cada quien.
Estos roles, aprendidos desde la más tierna infancia, tienen que ver con lo que la familia y la sociedad espera y considera apropiado para hombres y mujeres. La familia, la escuela e incluso los medios de comunicación, se encargan de enseñarles cómo deben comportarse, vestir, jugar, relacionarse con las demás personas y, en general, cómo deben responder ante las diversas circunstancias que se presentarán a lo largo de toda su vida. Todo esto induce a que las personas terminen asumiendo un rol de género, es decir, un modelo masculino o femenino.
Las niñas deben ser:
Tranquilas, obedientes, cariñosas,
responsables y desde pequeñas
deben aprender a ser buenas madres.
Independientes, valientes, arriesgados,
no deben sentir miedo ni deben llorar.
Deben, además, asumir las tareas del
hogar, por lo que tradicionalmente
se les anima a jugar con muñecas y
Deben, además, enfrentar juegos
rudos, saber ordenar y controlar a las
Se les prepara para ser los “jefes” del
hogar, del trabajo y a participar en la
Se les anima a jugar con camiones
y pistolas y a practicar deportes
Estos roles asignados han venido condicionando las oportunidades, deberes y derechos que tienen los hombres y las mujeres en la sociedad, sin tomar en cuenta las capacidades individuales e intelectuales que tienen tanto los hombres como las mujeres, mucho menos lo que ellos y ellas desean para su vida. Además, representan una forma encubierta de rechazar al sexo opuesto, lo que poco a poco se transforma en desigualdades o en prácticas discriminatorias que atentan contra los derechos de las personas.
Por ello se recomienda promover desde la familia, la escuela, en la relación con los pares o a través de otros grupos sociales, la complementariedad, la equidad entre niños, niñas y jóvenes, y el reconocimiento que tanto hombres como mujeres tienen derecho de elegir las mejores opciones para su desarrollo.
Al reconocer que ambos tienen capacidades y oportunidades similares se estarán promoviendo relaciones más equitativas y justas.
Se le dice “no seas marimacha”,
como si el hecho de ser activa y
tener cualidades que socialmente
se atribuyen a los varones, fuese
incorrecto o injustificable en
Se le dice “no llores como niña”, como
si el hecho de llorar y ser sensible fuese
denigrante y un hombre perdiera su
masculinidad por el simple hecho de
Masculinidad y feminidad 4
El sexo de cada persona es innato. En cambio, la personalidad masculina y femenina, se desarrolla en el medio familiar y social y, por lo tanto, puede cambiar y mejorar. Muchas características de la feminidad y de la masculinidad se aprenden en el transcurso de la vida.
Aunque existe un modelo de masculinidad y feminidad, éste no es un modelo único universal: cada cultura (occidental-cristiana, árabe-musulmana, africana, asiática, entre otras) tiene su modelo propio que varía a través de la historia.
Aun en una misma cultura hay modelos de comportamiento que mucha gente no comparte, pero que se imponen como una norma social. Sin embargo, no todas las personas los asumen, eso da lugar a que surjan nuevas actitudes más acordes con las aspiraciones y derechos de ambos sexos. Por ejemplo: mujeres que trabajan en tareas consideradas como tradicionalmente masculinas y hombres que asumen con responsabilidad la crianza de los hijos e hijas y las labores del hogar, aunque estas sean tareas que tradicionalmente se han asignado a las mujeres.
4. Las palabras feminidad y femineidad se usan como sinónimos y se pueden usar indistintamente en este capítulo.
Masculinidad: se entiende como el conjunto de atributos, valores, funciones y conductas que se suponen esenciales al hombre en una cultura determinada, y que son determinantes para su rol en la sociedad (Ortega, 2005).
Feminidad: alude a valores, características y comportamientos que se consideran propias de la mujer o de lo que se considera como femenino.
Las representaciones culturales 5 de la feminidad se han ido configurando como estereotipos, en tanto exigen que las mujeres asuman estos modelos, independientemente de sus propias necesidades, deseos y aspiraciones. Algunas veces se trata de estereotipos que denigran la feminidad (Tubert y Fraisse, 2003).
5. Las representaciones tienen que ver con el significado que dan a la cultura, transmiten valores que son colectivos, compartidos, que construyen imágenes, nociones y mentalidades respecto a otros colectivos (Hall, 1997).
Los estereotipos tienen que
ver con ideas o imágenes
que se fijan y perpetúan. Se
asocian a un conjunto rígido y
estructurado de creencias consensuadas
social y culturalmente y que tienen que
ver con las características de las personas,
es decir, con sus rasgos de personalidad,
atribuciones, expectativas, entre otros, o bien
con los comportamientos propios de un grupo
determinado (Martínez y Campo, 2000).
De los hombres se dice que…
De las mujeres se dice que…
La hombría se demuestra por la fuerza
física y los modales rudos.
La feminidad se demuestra por la
delicadeza, la dulzura y el afecto.
Son fuertes y no lloran, por lo que no
deben expresar sus sentimientos ni su
Son sentimentales y débiles, pues colocan
sus afectos en primer lugar y se dejan
Están hechos para proporcionar placer, su
sexualidad es incontrolable y deben llevar
Tienen menos necesidad sexual, deben
ser pasivas en el plano de la sexualidad
y esperar a que el hombre tome la
Son los que mandan, trabajan y
garantizan el aporte económico del hogar
(rol productivo).
Se realizan cuando tienen hijos o
hijas, su destino es el matrimonio y la
maternidad, si no lo logran son personas
frustradas (rol reproductivo).
Su ámbito es LO PÚBLICO, el trabajo
Su ámbito es LO PRIVADO, es decir el
hogar y el marido debe mantenerla.
Son más dados a la independencia y a la
Son hacendosas, sumisas y deben
responder por la crianza de los hijos e
hijas y por el cuidado del hogar.
Los roles sexuales tienen que ver con los papeles sociales que se asignan a hombres y mujeres. Esta es una categoría amplia que incluye cualidades, valores, responsabilidades, entre otros, en función de lo que socialmente se espera que hagan las mujeres y los hombres. Estos roles son aprendidos y pueden cambiar.
Cuando se asignan roles diferentes a hombres y mujeres se les separa en dos mundos distintos, el privado y el público, que a la vez se constituyen en el símbolo de lo femenino y lo masculino respectivamente (AECID, 2004).
Es importante mencionar que realizar tareas distintas o ser biológicamente diferente no significa problema alguno, el problema está en que, cuando se establecen roles diferentes para hombres y mujeres, éstos originan desigualdades sociales, económicas y culturales así como prácticas discriminatorias en diferentes espacios.
Por ello conviene tomar en cuenta que la igualdad entre hombres y mujeres es, ante todo y en primer lugar, un derecho humano (UNFPA, 2008). Las mujeres y los hombres poseen iguales capacidades (educación y salud) y tienen derecho a gozar de iguales oportunidades en el ámbito económico, social y político.
Sin embargo, hay que mencionar que en las últimas décadas las mujeres se han estado integrando cada vez más al mundo llamado “masculino”, pero su integración no se ha correspondido con la de los hombres al mundo “femenino”. Después de décadas de lucha por la equidad, las mujeres constatan que el trabajo doméstico y el cuido de los niños y niñas, casi exclusivamente en manos de ellas, sigue siendo un gran obstáculo para las relaciones de equidad entre mujeres y hombres (AECID, 2004).
Los estereotipos se aprenden en procesos de interacción social.
Roles sexuales: Los roles asignados por la sociedad a cada género son el fundamento de la desigualdad de poder entre hombres y mujeres, la cual se manifiesta, sobre todo, en la división sexual del trabajo y en la exclusión de las mujeres de los mecanismos de poder.
Consecuencia en la vida de las personas
Estas ideas y comportamientos estereotipados inciden en las condiciones de vida de hombres y mujeres y pueden provocar riesgos para ambos:
En los hombres: el modelo les obliga a reprimir sus emociones, sentimientos, temores, dolores y necesidades, ya que deben demostrar firmeza y control. En relación a la sexualidad, el modelo les enseña a no despreciar las oportunidades de conquista sexual, con el consecuente riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual, provocar embarazos no deseados o ser infiel a su pareja.
En las mujeres: el estereotipo las predispone a una conducta pasiva. Se les enseña que deben ser sumisas y no se atreven a plantearse metas ni alternativas diferentes a las del hombre. Asumen las relaciones sexuales como un deber, soportan violencia o sufren abuso sexual, entre otros, negándoseles el derecho de tomar decisiones sobre su sexualidad y la reproducción.
Hombres y mujeres: ambos están expuestos a relaciones de violencia, por la lucha de poder que se puede establecer en la pareja, siendo generalmente la mujer la que enfrenta la mayor desventaja, ya que recae especialmente sobre ella el riesgo de recibir violencia directa.
La misma sociedad se encarga de excluir o marginar socialmente a todo aquel o aquella que no concuerde con estas normas sociales establecidas, por lo que para muchas personas es más fácil asumir los roles impuestos (aunque no se esté de acuerdo con ellos) que atreverse a cuestionarlos.
Tomar conciencia de estos roles constituye el primer paso para poder construir relaciones más justas y equitativas entre hombres y mujeres. Relaciones basadas en la valoración y respeto de ambos sexos, en el diálogo y en la comunicación efectiva como vías para plantear y analizar las ideas, en el reconocimiento de que las diferencias individuales enriquecen la condición de seres humanos.
Reconocer que hombres y mujeres tienen la capacidad y el derecho de prepararse
y dar lo mejor de sí para lograr armonía y desarrollo en la familia, la comunidad
y el país, es el primer paso para entender que los roles sexuales estereotipados pueden modificarse.
Esto plantea una esperanza y un gran reto a las docentes y los docentes, pues al ser éstos modificables, una educación para la equidad, para la convivencia y para la vida puede contribuir a superar estas desigualdades.
Cuestionar lo justo e injusto de los roles sexuales estereotipados, analizar su efecto en la vida personal, familiar y social y buscar la manera de superarlos son pasos que se deben dar desde la posición de educadores y educadoras.
Desde la familia, la escuela y la comunidad se puede incidir en la construcción de nuevos modelos de convivencia, que sean más justos y equitativos para hombres y para mujeres, con mayores oportunidades de desarrollo para ambos y un mayor compromiso y responsabilidad en el ejercicio de la sexualidad y la procreación.
enfoque de derechos humanos, integridad física, ser iguales y ser diferentes
La Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su Artículo 1 que “todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. De igual manera en su Artículo 2 estipula que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.
La palabra persona se asocia a un ser racional y consciente de sí mismo, un ser con identidad propia. La psicología lo define como un individuo humano concreto, este concepto abarca los aspectos físicos y psíquicos de la persona con su carácter singular y único. A partir de las condiciones culturales, sociales y educativas y la manera en que las personas estructuran su identidad y conciencia de ser, pueden ser libres e íntegras y desarrollarse como tales.
Ser iguales y ser diferentes: las personas tienen derecho a ser diferentes, a tener la propia identidad e integridad sin que ello sea motivo de exclusión o marginación. Las personas tienen derecho, por ejemplo, a optar por ideales políticos y religiosos, a tener diferentes valores y prioridades y a practicar diferentes tradiciones y opciones de vida. En este sentido, como educadores y educadoras se tiene la tarea de contribuir a educar y formar personas capacitadas, libres y respetuosas. Educar en el respeto y la tolerancia supone respetar sus decisiones, sentimientos, formas de actuar, sin tener necesariamente que aceptarlos.
La identidad sexual tiene que ver con la percepción o con la conciencia que tienen las personas de pertenecer a uno u otro sexo. Estudios realizados en las últimas décadas indican que la identidad sexual se fija en la infancia temprana, es decir, no más allá de los 2 ó 3 años, y adquiere mayor fuerza en la pubertad y adolescencia.
En la identidad sexual se combinan diversos factores: biológicos, ambientales y psicológicos. Poco a poco se va descubriendo el propio cuerpo, los sentimientos, gustos y preferencias.
No se debe confundir la identidad sexual con la orientación sexual. La primera se asocia a los sentimientos de pertenecer a un sexo u otro. En cambio la orientación sexual tiene que ver con la atracción que siente una persona hacia hombres, mujeres o hacia ambos indistintamente.
La orientación sexual se clasifica en función del sexo de las personas. Las personas son:
Heterosexuales: cuando sienten atracción por personas del sexo opuesto.
Homosexuales: cuando sienten atracción por personas del mismo sexo.
Bisexuales: cuando sienten atracción por personas de los dos sexos.
Cualquiera que sea la orientación sexual de las personas, hay que respetarlas, y el respeto significa evitar las burlas y discriminaciones. Aunque, recientemente, se habla del derecho que cada quien tiene a elegir su identidad sexual, se admita o no este derecho, lo que sí hay que tener claro es que a través de la educación se puede contribuir a respetarlo y a crear ambientes de mayor comprensión y tolerancia hacia estas personas.
que se quieren alcanzar
plantean la necesidad de
promover equidad en la vida familiar, en
la vida sexual y en la vida reproductiva,
alentando a hombres y a mujeres a
establecer relaciones más cooperativas y
También suponen promover equidad en la vida social y comunitaria, desarrollando actitudes de tolerancia y respeto hacia otras personas que no son ni piensan de la misma manera, por lo que se debe luchar por erradicar todo tipo de discriminación y prejuicios.
Los nuevos modelos proponen condiciones básicas que tienen que ver con el hecho de que:
Hombres y mujeres vivan en equidad con iguales derechos en todos los
aspectos de la vida, incluida la sexualidad y la vida reproductiva, es decir, que de manera libre y deliberada, se unan esfuerzos para lograr metas comunes. Hombres y mujeres sean respetuosos y solidarios en las relaciones con el
otro sexo y promotores de su desarrollo personal, en iguales condiciones para ambos. Hombres y mujeres asuman los problemas, tomen decisiones y se
comprometan a buscar soluciones. Hombres y mujeres luchen por erradicar las inequidades y la discriminación.
Las docentes y los docentes tienen la tarea educativa de
lograr una sociedad más equitativa y justa para todos. Para
lograrlo a través de la educación, deben contribuir a educar
y a reflexionar sobre los estereotipos sexuales promoviendo
una equidad basada en la aceptación de las diferencias
individuales y socioculturales.
A la vez, deberán oponerse al prejuicio de que las diferencias
sean consideradas un indicio de inferioridad. Hombres y
mujeres merecen desenvolverse en un mundo que les brinde
iguales oportunidades y derechos.
La Constitución nicaragüense reconoce la igualdad entre hombres y mujeres. El Estado nicaragüense se ha propuesto promover la igualdad entre hombres y mujeres a través de la aprobación e implementación de la Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades.
El principio fundamental de esta ley es trabajar por un cambio de mentalidad, por lo que debe empezar a concientizarse a las personas sobre la importancia de promover la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. A través de la educación se puede contribuir a superar las desigualdades existentes e iniciar nuevos modelos de equidad en todos los ámbitos: comunitario, político, familiar, laboral, personal, de pareja, entre otros.
Las personas nacemos con un sexo definido, somos mujeres o somos hombres y como tales, desde el momento de nacer, aprendemos comportamientos, actitudes y roles. La sociedad se encarga de definir diferentes comportamientos y responsabilidades para cada uno de los dos sexos. Los roles que vamos aprendiendo tienen que ver con lo que la familia y la sociedad espera y considera que es apropiado para hombres y mujeres.
Todo esto induce a que terminemos asumiendo un rol de género, es decir, un modelo masculino o femenino y esto muchas veces provoca desigualdades y comportamientos estereotipados que inciden negativamente en las condiciones de vida de hombres y mujeres. Por ello conviene fomentar siempre la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres desde el ámbito familiar y escolar principalmente, así como aprender a mantener una actitud de respeto y tolerancia ante la diversidad de opiniones que estos temas pueden generar.
1. Pensá y enumerá en qué cosas te gustan del ser hombre o mujer y qué no
2. En tu opinión, ¿cómo afectan los estereotipos o roles de comportamiento al
desarrollo integral de las personas?
3. ¿Estás de acuerdo en que es necesario cambiar algunos patrones
de comportamiento en la formación de hombres y mujeres? ¿Cuáles
4. ¿Qué podemos hacer las docentes y los docentes para promover
relaciones más justas y equitativas entre los niños y las niñas desde
pequeños? ¿Qué podemos hacer desde la escuela?
5. ¿Cómo orientarías las relaciones equitativas en tu aula de Preescolar,
6. ¿De qué manera involucrarías a los padres de familia en este esfuerzo?
¿Qué se te ocurre hacer?
Desarrollo de una personalidad plena
Desarrollo de la autoestima en el ciclo de vida
Importancia de la autoestima para desarrollar habilidades para la vida
Dimensión lúdica de la personalidad
rol que tiene cada
autoestima de niñas,
a las cualidades y
limitaciones de cada
persona y el ejercicio
Reflexionar sobre la importancia de la autoestima en el desarrollo de una personalidad
1. Entender la autoestima como un proceso presente a lo largo del ciclo vital de las
2. Destacar la importancia de promover el desarrollo de la autoestima durante
la infancia y la adolescencia para contribuir al desarrollo integral de la
3. Analizar los componentes y características de la autoestima.
El ser humano no nace con una personalidad definida, ésta se forma en la medida en que la persona se apropia del sistema de relaciones sociales en que se de- sarrolla su vida: familia, comunidad, escuela, trabajo, entre otros (ver González Pacheco), lo interpreta y da nuevos significados.
La estructura de la personalidad comprende:
Un proceso que los psicólogos han llamado diferenciación y que se refiere a la conciencia que adquieren las personas como seres únicos.
La existencia de actitudes, opiniones, exigencias y valoraciones propias.
La capacidad de influir conscientemente en la realidad que le rodea.
Cada vez se da más importancia a la autoestima como un factor que promueve el desarrollo personal: aquellos niños, niñas y adolescentes que logran cultivar una alta autoestima son personas que aprovechan sus potencialidades, logran tener una mejor salud física y psicológica y participar activamente de los procesos que sean de su interés (Pineda, 2007).
Autoestima es la valoración que cada persona tiene de sí misma. Supone la capa- cidad de quererse, conocerse, aceptarse, valorarse y reconocer las cualidades y limitaciones propias.
Algunos de los beneficios de la autoestima son:
Desarrollo personal: las personas con autoestima alta realizan con mayor facilidad sus potencialidades y logran sus aspiraciones de vida. Salud y calidad de vida: las personas con autoestima alta se sienten y viven mejor, presentan mejor salud física y psicológica, disfrutan del bienestar afectivo y de la sexualidad. Obtienen mayores logros en la escuela y el trabajo. Las personas con alta autoestima establecen relaciones interperso- nales satisfactorias, favorecen la armonía en la familia, comunidad, escuela, trabajo y grupos en los que participan. Tienen seguridad en el ejercicio, promoción y defensa de sus dere- chos y responsabilidades.
El Estado nicaragüense establece que:
Las niñas, niños y adolescentes tienen derecho a recibir una educación sexual integral, objetiva, orientadora, científica, gradual y formativa, que desarrolle su autoestima y el respeto a su propio cuerpo y a la sexualidad responsable.
El Estado garantizará programas de educación sexual a través de la escuela y la comunidad educativa.
Artículo 44. Ley 287, Código de la Niñez y la Adolescencia.
autoestima son (Ulloa y Osorio,
2009): Aprecio y afecto hacia sí
mismo, autoimagen, aceptación de sí
mismo y la autoconfianza.
Aprecio y afecto hacia sí mismo. Es el elemento central de la autoestima. La persona aprecia lo positivo de sí misma: logros, habilidades, cuerpo, entre otros, y los disfruta.
En las personas con una autoestima baja prevalece un sentimiento de vergüenza constante sobre lo que dice y hace, y vive dudando de sus logros personales.
Autoimagen. Es la representación que la persona tiene de sí misma. La autoestima debe fundarse en una imagen adecuada y realista de sí mismo. Conocerse a sí mismo es un proceso que empieza en la infancia y nunca termina. Las personas que se conocen, actúan de manera más adecuada en su mundo, pueden trabajar sus limitaciones y aprovechar sus virtudes. La persona con una autoestima alta está abierta a las experiencias, observa lo que sus emociones y sentimientos le dicen de sí misma.
La educación de la autoestima debe facilitar la autoevaluación, que el niño o la niña aprenda a conocerse a sí mismo a partir de diversas experiencias: lo que siente, lo que logra y no logra, lo que valoran los demás sobre él o ella, las críticas que le hacen, entre otros.
Los niños y las niñas pueden conocerse inadecuadamente a sí mismos, bien porque se subestiman, o bien porque se sobreestiman. En el primer caso los niños y las niñas que se subestiman tienden a distorsionar la autoimagen al no percibir sus virtudes o restándole la importancia que tienen para un buen desempeño.
También están aquellos que tienen una imagen sobrevalorada de sí mismos. Estos niños y niñas minimizan sus limitaciones y se adjudican valores, capacidades y posibilidades que no han desarrollado o las exageran. Se pueden llegar a percibir más fuertes de lo que son, más capaces y ágiles mentalmente, entre otros.
Tanto la baja valoración como la sobrevaloración tienen efectos negativos en el desarrollo de las niñas y los niños, y ocasiona dinámicas de grupo más complejas. Aspirar a logros elevados poco realistas hace que los niños y las niñas se sientan frustrados y, usualmente, para evitar este sentimiento o evadirlo, tienden a culpar a los demás: si sacan malas notas pueden creer que el maestro la tiene en su contra, o le achacan la culpa a las circunstancias y no asumen su propia realidad. Estos niños y niñas posteriormente pueden tener dificultades para asumir sus responsabilidades a lo largo de su vida.
La autoimagen es muy importante en la vida de la persona. La persona no actúa desde lo que es, sino desde lo que cree ser. Desde la perspectiva educativa es facilitar que los niños descubran quiénes son.
Aceptación de sí mismos. La aceptación de sí mismo resulta cuando la persona admite todas las partes de sí misma como un hecho, sin dejar de apreciarse y quererse. Cuando una persona logra reconocer serenamente sus cualidades, limitaciones, conductas erradas o inapropiadas, sin perder la valía de sí mismo, entonces puede decirse que se acepta a sí misma.
Los niños y las niñas con una baja autoestima, cuando cometen un error, o algo les sale mal, creen que “su mundo se acaba”. Hay dos formas de vivir la vergüenza:
una sana y la otra insana. Cuando algo sale mal puede sentirse vergüenza, sobre todo por las consecuencias que esto genera en los demás, el posible malestar. En este caso la vergüenza es válida, y una disculpa puede solucionar el incidente sin que el amor propio sufra. Otra cosa ocurre cuando algo sale mal y hay un sentimiento de malestar asociado a evaluaciones descalificadoras como: “que
torpe soy”, “como soy de tonto”, “me siento un inútil”. La vergüenza se dirige a la propia persona, ésta vergüenza es insana.
Los niños y las niñas pueden contaminar la actitud total hacia su persona ante algún error o limitación. Una forma de facilitar la autoaceptación es permitiendo que vean lo particular como particular, resaltando las partes buenas de su persona. Por ejemplo: “Está bien, te equivocaste, pero tenés la virtud de saber reconocer tus errores, y además podés hacerlo mejor en otra ocasión, lo importante es que aprendás de este error”. Desde la perspectiva educativa estas reflexiones contribuyen a afianzarle en base a “lecciones aprendidas” y valorar mejor lo que es bueno para uno mismo.
Autoconfianza. También llamada seguridad en sí mismo, se basa en el convencimiento propio de lograr los propósitos, metas y objetivos propuestos. El niño y la niña no sólo se dice a sí mismo “yo puedo”, se dice además “yo puedo hacerlo bien”. Un niño o niña que confía en sí mismo tiene expectativas de éxito en la mayor parte de las cosas que hace, cuando hace algo para lo cual no ha medido sus fuerzas, se atreve a hacerlo, se atreve a probar. En este caso el niño o la niña se dice a sí mismo “no sé si puedo, pero puedo probar”.
Los niños y las niñas que tienen buen sentido de autoconfianza se sienten cómodos en las relaciones con los demás, están abiertos a comunicarse, a asumir riesgos
y ante los problemas buscan alternativas. No dudan de sus capacidades, saben
cuándo pueden, y cuándo no pueden hacer algo. Actúan tranquilamente cuando se sienten observados o evaluados.
Educativamente la autoconfianza se desarrolla en los niños y en las niñas cuando hay un clima de respeto, cuando una persona adulta le muestra que confía en lo que hace y se le reconoce positivamente sus logros y actuaciones positivas. Cuando
se señalan errores en función de la conducta y no de la persona, es decir “hiciste”
y no “sos”.
Autoestima en la niñez: El
amor que necesita un niño o
niña debe venir de los adultos que
son para él o ella más importantes, con
los que interactúa con más frecuencia
y de alguna manera hay una relación
más cercana y estrecha. Esas figuras
adultas más relevantes son la mamá,
papá (cuando hay y es buen padre) y la
maestra o maestro (Pineda, 2007).
Las relaciones de afecto y amor positivo se deben caracterizar por tres cosas:
1. Que exista y se sienta el amor por parte de la persona adulta.
2. Que el amor sea expresado.
3. Que el amor sea transmitido de manera incondicional (Pineda, 2007).
El concepto de sí mismo, la respuesta a la pregunta ¿Quién soy yo?, se forma desde los primeros meses de vida, cuando el niño o la niña empieza a diferenciar su propio cuerpo de todo lo demás. Alrededor de los dos años las niñas y los niños pueden diferenciar su imagen en una foto de grupo. También comienzan a comprender que algunos comportamientos son aceptables y otros no, y evalúan su propia conducta frente a estas normas: sonríen cuando hacen algo bueno y expresan molestia cuando ocurre algo malo. Es el inicio de la autoestima (Larsen y Buss, 2005: 448).
Durante los niveles de educación inicial y primaria, la autoestima de las niñas y los niños depende de la valoración de las demás personas.
Es muy importante que la maestra y el maestro sean conscientes de la influencia que tienen en el desarrollo de sus estudiantes. El buen trato, el cariño y el respeto que den a sus alumnas y alumnos será determinante para la formación de su autoestima.
También es necesario que las docentes y los docentes orienten a madres y padres en esta etapa de la crianza, explicándoles que las niñas y los niños son muy sensibles a la valoración de las personas adultas, especialmente de aquellos que quieren y los cuidan.
Para el desarrollo de su autoestima las niñas y los niños necesitan:
amados y
Que los adultos entiendan y reconozcan que la niña y el niño
necesitan y tienen derecho a ser amados.
Que los adultos les expresen su amor.
Que el amor se exprese sin condiciones.
Que la niña y el niño esté seguro del amor de las personas adultas.
Que la niña y el niño se sientan escuchados.
Que las personas adultas a cargo de la educación sean un
referente de diálogo e información confiable para los niños y
Que las opiniones de las niñas y niños sean tomadas en
respetados y
Que la niña y el niño se sientan respetados.
Que la niña y el niño sientan que pueden expresarse
libremente sin temor a ser castigados por comunicar lo que
sienten o piensan.
Que se les reconozcan sus logros.
Que se les estimule a desarrollar sus capacidades.
Que se les ayude a superar sus errores y fracasos sin hacerlos
Que se les enseñe a reconocer sus capacidades y limitaciones.
Que se les enseñe el sentido del auto-cuido y la
Actitudes y comportamientos de niñas y niños con autoestima alta:
Aprenden con facilidad. Tienen entusiasmo para hacer las cosas. Están abiertos a comunicarse. Se comunican con facilidad. Tienen una actitud optimista ante las cosas, esperan que pueden hacer cosas, que pueden resolver las situaciones adversas. Ante situaciones en que se sienten evaluados o expuestos a riesgo no se retraen, más bien logran actuar equilibradamente. Logran distanciarse temporalmente de las personas adultas más allegadas. Se mantienen alegres y con buen humor. Saben tomar decisiones aun cuando tengan dudas. Se muestran seguros cuando dicen o hacen algo.
(Pineda, G., 2007).
Los años de primaria son fundamentales para la formación de los conceptos y roles de género. Es en esta etapa cuando niñas y niños interiorizan con mayor fuerza los roles de género y los estereotipos asociados a éstos. Como se vió en el Capítulo 2:
Sexo y género estos estereotipos y patrones culturales niegan el derecho a iguales oportunidades entre las niñas y los niños y pueden inhibir o dañar el desarrollo de una autoestima sana y como consecuencia, el desarrollo pleno de la personalidad.
Autoestima en la pubertad y en la adolescencia: Los cambios, tanto físicos como psicológicos que se presentan durante la pubertad y la adolescencia, representan una oportunidad y un reto para el desarrollo de la autoestima, la cual se deberá encontrar conformada al final de este período.
Durante esta etapa se completa el desarrollo del pensamiento lógico, así como la capacidad de reflexionar críticamente acerca de los pensamientos, la capacidad de trascender lo real para pensar en lo posible, lo que es muy importante para reflexionar sobre sí mismo para la conformación de la identidad personal y, por tanto, para la autoestima (Rice, 1997:375).
Las adolescentes y los adolescentes adquieren mayor capacidad para el razonamiento moral, para distinguir entre lo considerado correcto e incorrecto. La adquisición de estas capacidades puede llevarlos a ser más críticos de sí mismos, de sus familias, de sus docentes, de sus compañeros y de la sociedad en general.
El crecimiento corporal acelerado, propio de esta época, y la maduración sexual, también influyen mucho en su autoestima. Se preocupan constantemente por su apariencia corporal y su atractivo físico (Papalia y Wendkos, 1998:540). Se le debe apoyar para formarse un sentido de aceptación positiva y equilibrada de su figura y contrarrestar con ello el culto a la delgadez que impera en la cultura occidental.
Al llegar a la adolescencia las personas ya tienen formada su manera de vivir y expresar las emociones propias (Rice, P., 1997:397) aunque pueden expresarse de manera más intensa y variable, dados los cambios que viven, y la búsqueda de su propia identidad.
En la adolescencia la orientación sexual se convierte en un tema de presión. El adolescente o la adolescente se sentirá atraída sexual, romántica y afectuosamente hacia personas del otro sexo (heterosexual), del mismo sexo (homosexual), o de ambos (bisexual) (Papalia et al., 2001:611).
Es característico en la adolescencia integrarse en grupos de amigos o amigas que generalmente se establecen entre compañeros de colegio, vecinos o familiares de la misma edad (entre pares). Ellos aprenden de sí mismos interactuando con sus pares y estos nuevos lazos les brindan sentido de pertenencia, apoyo emocional y les permiten aprender a tener relaciones sociales y afectivas con otras personas, además de sus familias.
Es muy importante para las adolescentes y los adolescentes tener la oportunidad de forjar estas nuevas relaciones y experimentar emociones con sus pares, esto les ayudará a responder a las preguntas que se hacen sobre su propia persona y a ser más asertivos, entendida la asertividad como la capacidad que tiene una persona de ejercer o defender sus derechos, como decir “no”, expresar desacuerdos, dar una opinión contraria y/o expresar sentimientos, entre otros (Riso, 2008).
Las adolescentes y los adolescentes con buen desarrollo de la autoestima pueden:
Actuar independientemente,
sentirse capaces de influir en otras
participar activamente en grupos,
afrontar nuevos retos con
comunicar asertivamente necesidades
estar orgulloso de sus logros,
demostrar amplitud de
negociar sus planteamientos y
aspiraciones con otros,
tolerar bien la frustración,
analizar críticamente situaciones y
Algunos sugerencias para mejorar la autoestima
Entender que quererse más
y mejor está en nuestras
manos, no en las de las demás
Prestarse más atención, dedicar tiempo
a actividades de ocio y recreación.
No temer a las responsabilidades o a
Aceptarse uno (a) tal y como
es, con sus cualidades y
Si una relación personal no funciona,
no culparse.
Desarrollar el sentido del
humor, no dar demasiada
importancia a cosas que no
las tienen, ni a los posibles
Autoestima en la vida adulta: La vida adulta se puede dividir en dos etapas:
adultez joven, décadas de 20 y 30 años 1 y adultez madura, décadas entre 40 y 50 años.
Las personas adultas jóvenes enfrentan la tarea de lograr la autonomía personal, consolidar su identidad, alcanzar estabilidad emocional, establecerse en su vida laboral, integrarse a grupos sociales, practicar una vida sexual activa y saludable, en muchos casos, establecer relaciones estables de pareja, formar un hogar, convertirse en madre o padre y criar responsablemente a sus hijas e hijos (Rice, P., 1997: 486).
Las personas adultas maduras se enfrentan a la tarea de ajustarse a los cambios físicos propios de la edad, que para la mayoría conllevan a una disminución gradual de sus capacidades físicas y al aumento de riesgos de enfermedades. Las mujeres enfrentarán la menopausia y los hombres la andropausia.
1. Esta etapa corresponde a un enfoque del desarrollo evolutivo de la persona. En Nicaragua, para efectos legales, la Ley de Promoción del Desarrollo Integral de la Juventud, Ley No. 392, del 9 de mayo de 2001, considera jóvenes a quienes tienen entre 18 y 30 años de edad.
Para las personas adultas jóvenes, el trabajo es, frecuentemente, la mayor fuente de satisfacción, mientras otros reorientan sus actividades laborales hacia campos que consideran más beneficiosos. En general esta es una de las etapas de mayor productividad de las personas.
Para las personas adultas maduras éste es el período en que las hijas y los hijos inician su vida autónoma y dejan de depender de ellos. Esto conlleva a que muchas personas vuelvan a repensar su plan de vida en función de sí mismas, lo que en muchos casos significa revitalización o cambios en su vida de pareja y en su sexualidad. Por ende hay ajustes en la autoestima, lo que para algunos se presenta de manera serena y reflexiva, en tanto para otros se expresan en forma de crisis que son percibidas por los demás como cambios en su forma habitual de pensar y actuar.
Autoestima en la tercera edad o vejez: Entre las principales situaciones que pueden afectar la autoestima en esta etapa se encuentra la disminución de las capacidades físicas y la demanda para ajustarse a las limitaciones resultantes en su vida laboral, social y personal.
La adaptación a nuevas situaciones familiares al recomponerse la estructura familiar con la independencia de los hijos e hijas, separaciones de pareja o viudez y, en muchos casos, pasar de ser figura principal a ser una persona secundaria o a vivir solo o sola son demandas para la afectividad y autoestima. Esta etapa se revela como un momento de aceptación de estas nuevas condiciones de vida.
La autoestima y el desarrollo de habilidades para la vida son procesos que van de la mano, como podrá verse en la siguiente clasificación cada habilidad demanda el cultivo y práctica de la autoestima:
Habilidades sociales e interpersonales , como la comunicación efectiva, la habilidad para hacer o rechazar peticiones y el manejo de la agresividad y la empatía.
Habilidades cognoscitivas , como la toma de decisiones, el desarrollo de un pensamiento crítico, creativo y de auto-evaluación.
Habilidades para manejar emociones , como el manejo de la agresividad y del estrés, así como del autocontrol (ver Meret et al., 2006:12).
como Piaget, Vygotski y Freud
demostraron que mediante el juego
los niños y las niñas dan significado a
las cosas y reproducen los aprendizajes
El juego se interrelaciona con otros planos como la creatividad, la solución de problemas y el aprendizaje de roles sociales. El juego es necesario para el desarrollo psicomotor, intelectual, afectivo-emocional y social.
En la adolescencia y en la edad adulta el juego es asociado con las actividades
lúdicas y de ocio. En la adolescencia, principalmente, “las actividades recreativas
y el ocio han sido un espacio destinado a mitigar las presiones y restricciones,
a relajar la tensión del reparto del poder entre diferentes grupos de edades
y grupos sociales, y a dar cauce a la expresión de las emociones” que en otros contextos podrían verse como inadecuadas (ver Elias y Dunning, 1996).
Para los adolescentes y las adolescentes el entretenimiento es básico en su proceso de socialización y ampliación de redes. Esta condición explica, en parte, por qué las expresiones artísticas y culturales, así como las deportivas, les interesan y por qué es fundamental tener acceso a las mismas para desarrollarse de manera plena y sana.
Deporte es el término técnico utilizado para designar formas de recreación en las cuales el ejercicio físico desempeña un papel fundamental (ver Elias y Dunning, 1996:185). Además de los beneficios que se le asignan como el cuido de la salud, practicar un deporte permite otros aprendizajes como el sentido de igualdad, la solidaridad, el trabajo en equipo, entre otros.
Practicar un deporte supone el aprendizaje de normas, incluidas las que procuran la limpieza del juego y la igualdad de oportunidades de ganar para todos los contendientes (ver Elias y Dunning, 1996: 186).
La práctica de actividades de ocio incluye la danza, el teatro, la música, promoción de juegos deportivos en las escuelas y de ligas deportivas en los barrios. Diversos estudios han demostrado como las actividades recreativas y deportivas resultan ser espacios donde las adolescentes y los adolescentes que participan activamente desarrollan habilidades para la vida tales como el manejo de emociones y sentimientos, manejo de la tensión y el estrés, auto cuido, entre otros.
La autoestima se encuentra en permanentes ajustes como repuesta a los cambios que se van sucediendo a lo largo de las diferentes etapas del ciclo vital y se entiende que los años que corresponden a los niveles de educación inicial, primaria y secundaria, son fundamentales, por ser los periodos de formación de la autoestima. Por ello, las maestras y los maestros juegan un rol clave en la formación de la autoestima en sus alumnas y alumnos.
1. En términos generales, ¿cómo valorás el trato que brindan los padres,
madres y personas adultas a las niñas, niños y adolescentes en tu
comunidad? ¿Creés que favorece el desarrollo de su autoestima o no?
2. ¿Cómo valorás las relaciones interpersonales del personal docente con
los estudiantes? ¿Creés que son un buen ejemplo para ellos (as)? ¿Cuál
debería ser el trato que se debería dar para contribuir a la formación de
su autoestima?
3. ¿Creés que la manera en que se relacionan las docentes y los docentes
en tu centro de estudios contribuye a la buena autoestima del personal
4. ¿Crees que es posible actuar con responsabilidad si nunca se ha tenido la
oportunidad de tomar pequeñas decisiones por uno mismo?
5. ¿Qué tipo de decisiones podría tomar una niña o niño de Preescolar para
ir ejercitando su sentido de responsabilidad?
6. ¿Cómo se podría ejercitar el sentido de responsabilidad en una niña o
niño de Primaria?, ¿en un o una adolescente de Secundaria?
7. ¿Por qué creés que es importante que los y las niñas reciban y expresen
afecto desde muy pequeños?
La afectividad en el ciclo de vida
La afectividad en diferentes ámbitos
La afectividad en la sexualidad
afectividad en el
basadas en el cultivo
la afectividad es
personalidad y la
conducta, la seguridad
Fortalecer los conocimientos sobre la afectividad y su importancia en el desarrollo
de una personalidad plena y para el ejercicio de una sana sexualidad en un marco de
Reflexionar sobre la importancia de la afectividad.
Comprender que la afectividad se encuentra presente desde la gestación hasta el
final del ciclo de vida.
Comprender la importancia de la afectividad en la sexualidad.
La afectividad alude a los sentimientos, a las emociones y a las pasiones que experimentan las personas a lo largo de sus vidas. Desde que nacen las niñas y los niños necesitan del afecto, cariño, amor y confianza de sus padres y madres para sobrevivir. Es en la familia donde se establecen los primeros vínculos afectivos que luego deben reforzarse en la escuela y en el ámbito social donde se desenvuelven.
A través de besos, abrazos, mimos, estímulos y atenciones que los padres y
madres proporcionan a sus hijos e hijas desde que nacen les transmiten seguridad
y confianza y facilitan, además, las primeras experiencias de comunicación y
el lenguaje. En un ambiente afectivo los niños y niñas aprenden a expresar sus
sentimientos, a conocerse, a conocer a sus seres queridos, a confiar en sí mismos
y también empiezan a crearse imágenes del mundo que les rodea. Durante esta
etapa se deben establecer relaciones afectivas que estimulen las potencialidades de los niños y niñas ya que los primeros años son determinantes para el desarrollo de su autoestima y de su personalidad.
Diversas investigaciones Bowlby (1969), Ainsworth y Bell (1970) demuestran que la familia juega un rol importante para la salud mental de los hijos e hijas y, sobre todo, para la capacidad de establecer posteriormente vínculos afectivos. Las experiencias de amor y seguridad, o por el contrario de temor y soledad, que los niños o niñas tengan en sus primeros años pueden ser determinantes para el desarrollo de su personalidad futura.
Fuente: Bowlby (1969), Ainsworth y Bell (1970) citado por Mir, M., Batle, M. y Hernández, M., (2009).
Querer y sentirse querida o querido es una necesidad básica. Desde antes de nacer la niña o el niño puede captar las manifestaciones de cariño o desamor y reaccionan ante ellas. Si la madre tiene un embarazo tranquilo y siente ilusión y alegría por la bebé o el bebé que va a tener, le influencia positivamente y le prepara a tener tranquilidad y confianza en la vida; pero si el embarazo se da en condiciones difíciles y la madre vive expuesta a angustias, violencia o tensión constante, el bebé o la bebé que va a nacer también lo siente y es probable que al nacer y a lo largo de su vida manifieste mayor inseguridad y nerviosismo que la mayoría de las niñas y los niños.
Vivir en un ambiente de cariño proporciona tranquilidad, seguridad y confianza, componentes esenciales para que los niños y niñas logren un buen desarrollo afectivo, físico, mental y emocional. El afecto es tan importante que una bebé o un bebe que no lo reciba tenderá a estancarse en su desarrollo, a enfermarse y hasta morir (Papalia y Wendkos, 1998:311).
Los niños y las niñas que siempre han recibido afecto y que se desarrollan en un ambiente lleno de afectividad en la familia, la escuela y su comunidad tenderán a vivir y expresar sus sentimientos o emociones a lo largo de sus vidas. Los sentimientos y las emociones forman parte del mundo afectivo y son un componente importante en el desarrollo de una personalidad plena. Diversas investigaciones demuestran que parte del desarrollo intelectual y de los procesos de socialización de los niños y las niñas dependen de cómo éstos desarrollen sus primeros vínculos afectivos.
La niña y el niño que reciben cariño y estimulación positiva aprenden con facilidad a hablar, a leer y escribir, a establecer relaciones amistosas en la escuela y en el barrio. Aprenden a querer y a dejarse querer, porque el afecto forma parte de su vida. Estas relaciones de la niñez sirven de base para el resto de relaciones que tendrá la persona en su vida, pues sobre la base del cariño se construye el sentimiento de seguridad y confianza en sí mismo y la capacidad para relacionarse adecuadamente con las demás personas y el mundo en general.
Desde la más temprana infancia cada persona necesita tener a su lado a otras que la quieran, que le hablen, que jueguen o compartan, que reconozcan sus esfuerzos y le demuestren afecto. En todas las etapas de la vida y, de manera especial, durante la adolescencia, el saberse querido o querida y valorado por la familia, los amigos y la sociedad, es un elemento esencial para el desarrollo de la persona.
La necesidad del afecto se mantiene a lo largo de la vida. En todas las etapas se necesita establecer y mantener relaciones afectivas con las personas con quienes se convive, pues el hecho de sentirse querido es vital para el desarrollo de la persona (SEP-México, 2000).
La afectividad se expresa de diferentes
maneras. Las maneras de expresar los afectos
estarán determinadas, en buena medida, por
lo que se considera culturalmente apropiado
para cada rol y circunstancia, como es en el
caso de las diferencias de género que fueron
abordadas ampliamente en el Capítulo 2: Sexo
y género. También influirán las características
propias de cada persona y de cómo ésta haya
experimentado la afectividad.
Las primeras experiencias afectivas suceden habitualmente en el seno de la familia. Una de las primeras expresiones visibles de la afectividad es el apego que experimentan las bebés y los bebés hacia uno o varios de los miembros de la familia que los cuidan (mamá, papá, abuelas, abuelos, hermanas, hermanos).
Esta primera expresión de afectividad será importante en la vida personal, marca las primeras relaciones, si son atendidos de manera regular y cariñosa, probablemente tenderán a ser seguros y tranquilos en las relaciones afectuosas a lo largo de sus vidas (Lahey, 1999:400).
La afectividad y las amistades
Otro ámbito importante de expresión de la afectividad son las amigas y los amigos. Las relaciones de amistad parecen establecerse de forma estable hacia los seis o siete años de edad (Rice, 1997:297).
El cultivo de la amistad, como valor, desarrolla en las personas la sensibilidad, la expresión del afecto y la solidaridad. Según la edad las relaciones afectivas tienen diferentes niveles de desarrollo o características.
Etapas en el desarrollo de las amistades
Etapa 0: amistad momentánea
para jugar (2 a 7 años).
Etapa 1: amistades en una dirección
(4 a 9 años).
En este nivel las niñas y los niños piensan
solo en ellos y tienen problemas para
considerar el punto de vista de otra
Las niñas y los niños esperan que sus
amigas o sus amigos hagan lo que ellos
Etapa 2: cooperación mutua (6 a 12
años). Se alcanza la reciprocidad.
Etapa 3: relaciones de familiaridad y
participación (9 a 15 años).
Incluye la actitud de toma y dame, pero
sirviendo más a los intereses personales
de las partes, antes que a los intereses
Consideran una amistad como algo exclusivo.
Es una relación continua, sistemática y
comprometida. Se vuelven posesivos con las
Etapa 4: interdependencia autónoma (a partir de los 12 años, adolescencia y
En esta etapa se aprende a respetar la necesidad de las amigas y de los amigos
por independencia y autonomía, en un contexto de mutuo respeto. A aceptarlos como
personas con sus intereses, cualidades y defectos propios. A quererlos por lo que son. A
trabajar por intereses comunes. Surge el sentido de solidaridad.
(Selman, citado por Papalia, 1998:516).
La afectividad, tanto en las relaciones de familia como con las amistades se moldeará conforme los valores, creencias, normas y costumbres sociales. Un principio para la valoración de las relaciones establecidas es que deben permitir el libre y sano desarrollo de la afectividad y de la personalidad, en un marco de respeto a los derechos, la equidad de género y el ejercicio responsable de ciudadanía.
La afectividad y la vida escolar
Para las niñas y los niños, las adolescentes y los adolescentes, la escuela es uno de los principales ámbitos de vivencia y educación de la afectividad fuera de la familia.
El Departamento de Consejería Escolar del Ministerio de Educación tiene como
uno de sus componentes de trabajo la consejería psico-afectiva. A través
de este componente la institución busca que las y los docentes apoyen a sus
alumnos y alumnas en el conocimiento e identificación de sus sentimientos y
emociones, para que así los expresen de manera responsable. Este ejercicio
se vincula con la toma de decisiones acertadas en su vida personal, familiar y
ciudadana mediante el desarrollo de habilidades para la vida.
Ayudar al educando a identificar sus sentimientos y emociones, así como a
tener control y hacer uso responsable de los mismos.
Brindar al educando orientación e información para la vivencia de una
Atender a los educandos que se encuentren en situaciones de riesgo
generados por el ambiente escolar, familiar o comunitario, ayudándoles a
conocer las causas y las alternativas de solución.
Proporcionar al educando técnicas que le permitan desempeñar
competencias para la mediación y solución de conflictos en su vida
personal, familiar, escolar y social (MINED/Consejería Escolar, 2009).
La sexualidad es uno de los principales ámbitos de expresión de la afectividad. La sexualidad está relacionada con la búsqueda de los afectos positivos y las sensaciones placenteras. Los estudios indican que la posibilidad de experimentar sensaciones placenteras o dolorosas se encuentran ya presentes durante la gestación y serán una de las bases para el desarrollo de la afectividad.
Si bien la sexualidad y la afectividad se encuentran presentes durante la infancia y a lo largo de la vida adulta, hasta la vejez, en este apartado nos centraremos en la sexualidad durante la adolescencia, por ser su educación una de las tareas que pretende apoyar esta guía.
Atracción, enamoramiento en las diferentes etapas de la vida
En la adolescencia se manifiesta con mayor intensidad el interés por el sexo en las relaciones de pareja. Durante la niñez se empieza a manifestar el interés por las relaciones de pareja, las primeras atracciones afectivas, pero son los cambios de la adolescencia los que marcan la diferencia con los “noviazgos” de niños y niñas, que son sus primeros ensayos.
El acercamiento afectivo-sexual de pareja se inicia en la infancia, se desarrolla en la adolescencia, adquiere plenitud en la edad adulta, manteniéndose a lo largo de todo el ciclo de vida, con diferentes características, desde los enamoramientos “platónicos”, pasando por relaciones de amistad o relaciones ocasionales poco duraderas y sin compromiso, hasta relaciones de noviazgo, matrimonio o unión estable.
Los enamoramientos en la adolescencia
En el inicio de la adolescencia se pueden presentar enamoramientos hacia personas con las que difícilmente habrá posibilidad de establecer un vínculo real, por ejemplo una o un artista, cantante o algún personaje público. A este tipo de enamoramiento se le llama “platónico” porque es imaginario y no llega a materializarse.
El enamoramiento podría ser real al enamorarse el adolescente o la adolescente de una persona vecina, de una compañera o de un compañero de clase, del amigo
o la amiga del hermano o hermana y empieza el interés por buscar al otro con la intención de establecer una relación.
El amor en la adolescencia es intenso y romántico. Éste se manifiesta en un
sentimiento de atracción física y emocional que hace sentir a quien lo vive que no puede vivir sin la otra persona. Con el paso del tiempo esta atracción se va aminorando y la relación puede transitar a otra etapa o el interés también puede terminar.
Las adolescentes y los adolescentes viven una etapa de experimentación en la que establecen relaciones afectivas con sus pares. Algunas de estas relaciones pueden ser duraderas y otras cortas.
La intensidad y forma de enamorarse difiere entre las adolescentes y los adolescentes. Hay quienes lo viven como una prioridad y no dan la suficiente atención a sus estudios y obligaciones lo que conlleva conflictos con sus padres y maestros.
Las adolescentes y los adolescentes viven de manera diferente el enamoramiento. Muchas veces esta vivencia es influida por los modelos de masculinidad y feminidad imperantes.
Por lo general, el adolescente vive sus primeras experiencias sexuales bajo la presión del grupo que demanda una demostración de su hombría y el miedo al rechazo por parte de la adolescente de su interés.
Las muchachas, por su parte, enfrentan la contradicción de desear el encuentro (por amor, presión de grupo, curiosidad, confusión, entre otros) y el miedo de ser señalada como una muchacha “fácil” o a quedar embarazada. Por ello es importante apoyar a los adolescentes y a las adolescentes en el desarrollo de habilidades que les permitan decidir sobre el momento y la persona adecuada con quien tener relaciones sexuales.
En la vivencia de estas relaciones también pueden manifestarse algunas características potencialmente dañinas hacia la pareja. De éstas destacan los celos. Los celos pueden expresar rasgos de personalidad o patrones culturales que generen la necesidad de “controlar” a la pareja. Aquellas personas extremadamente celosas tratan de imponer control a las actividades, forma de vestir, amistades y sentimientos de la pareja. Esto genera un efecto intimidante. Los celos y la violencia de género están íntimamente vinculados. Los celos son un indicador de un potencial agresor.
Es una relación sentimental que se establece por mutuo acuerdo entre dos
personas, atraídas en un primer momento por el físico y la personalidad. La
relación se consolida con el tiempo y muchas veces da paso al inicio de una
La estabilidad o duración del noviazgo depende de muchos factores
inherentes a la pareja, como el amor, el grado de comunicación, el nivel de
compromiso y fidelidad entre ambos y, especialmente, la afinidad en los
principios y valores, en los gustos y aficiones y en las metas y proyectos de
El noviazgo resulta ser una relación afectiva de gran trascendencia en la vida
de las personas, ya que facilita un conocimiento más profundo y valorar la
posibilidad de empezar un proyecto de vida conjunto.
Cualidades que contribuyen a crear relaciones saludables
Cultivar el amor. El amor es la base de la relación.
Mantener una comunicación fluida, asertiva, oportuna y respetuosa.
Ser solidarios con la pareja, hacer saber y sentir que se cuenta de manera
incondicional con la pareja.
Tener sentido de vida común, compartir espacios de ocio y
Actuar con madurez frente a los problemas y decisiones importantes.
Respetar las diferencias, reflexionar, ponerse en el lugar del otro, contrastar
Procurar la equidad en todos los ámbitos (sexual, laboral, doméstico, entre
Capacidad de reflexión y toma de decisiones
Expresar el amor a través de las relaciones sexuales es una manifestación del desarrollo y madurez alcanzada en una relación de pareja. Es importante que ambos lo deseen y valoren las responsabilidades y riesgos de esta relación.
Por lo general, las adolescentes y los adolescentes tienen curiosidad sobre las relaciones sexuales y se preguntan: ¿en qué consisten?, ¿a qué edad puedo tenerlas?, ¿qué caricias son normales?, ¿duele la primera vez?, ¿qué es un orgasmo?
Algunas personas consideran que conversar abiertamente sobre esto estimula el inicio de las relaciones sexuales. Sin embargo, diversos estudios demuestran que mientras más información y preparación tengan las adolescentes y los adolescentes sobre el tema, es más posible y frecuente que decidan posponer, por decisión propia, el inicio de sus relaciones sexuales.
Cada persona y pareja tiene diferentes intereses y motivaciones para iniciarse sexualmente o abstenerse. Es conveniente reflexionar con las adolescentes y los adolescentes sobre situaciones concretas (estudio de casos) que puedan presentarse y de las cuales puedan obtener enseñanzas.
Pueden haber decidido no tener relaciones sexuales y, sin embargo, llegar a tenerlas por presión del grupo, para sentirse aceptado, para complacer a la pareja o por miedo a que termine la relación. Es importante insistir que no deben ceder a la presión ni tener relaciones por quedar bien con otras personas. Si no se quiere tener relaciones sexuales, deben decir claramente que NO. Se puede decir NO en ese momento o abandonar el lugar de manera firme, para cortar la presión del momento. Cada persona tiene el derecho a decidir.
Cada adolescente debe saber que una sola relación sexual puede tener consecuencias que afecten su vida y sus proyectos, como un embarazo imprevisto o una infección de transmisión sexual, incluyendo el VIH. También debe saber que un embarazo puede impedirles continuar con sus estudios o realizar su proyecto de vida.
Los límites: lo mío, lo tuyo y lo nuestro
En la relación de pareja es importante tener un sentido de equidad, en el cual, a partir de reconocer y respetar las diferencias individuales, pueda establecerse una nueva dimensión compartida: lo nuestro.
Para lograrlo es importante tener conciencia de los retos que varones y mujeres enfrentan para construir una relación de respeto y que se derivan de conceptos de inequidad en los roles de género que predominan en la cultura nicaragüense. En la educación de la sexualidad y la equidad de género es necesario trabajar la comunicación afectiva en las relaciones de pareja, a fin de que cada uno de sus miembros sea capaz de expresar sus aspiraciones y realizarlas en un marco de respeto.
Entre un buen número de estudiantes adolescentes de Nicaragua parecen persistir creencias que reflejan la inequidad de género. El estudio Percepciones estudiantiles sobre derechos, género y sexualidad: Estudio nacional cualitativo y cuantitativo en el marco del desarrollo del nuevo modelo de consejería escolar en Nicaragua, 2008, MINED / UNFPA permitió constatarlo.
Inequidad de género en algunas creencias de estudiantes nicaragüenses
Creen que las mujeres NO PUEDEN mantener una familia igual que los hom- bres.
NO ESTÁN DE ACUERDO con que se les brinden iguales oportunidades de estudio y trabajo a las mujeres como a los hombres.
Creen que los hombres NO deben llorar.
JUSTIFICAN el uso de la violencia de parte de los hombres hacia las mujeres en una relación de pareja.
A pesar de los conocimientos de los derechos de las mujeres y la disposición a un
cambio expresado durante la consulta por el personal escolar de ambos sexos, los testimonios reflejan que en el contexto que rodea a las alumnas y los alumnos (colegio, familia y comunidad), los hombres se consideran superiores a las mu- jeres y gozan de una mayor libertad y participación en espacios sociales, de- portivos y de liderazgo.
Las niñas se enfrentan con una doble discriminación: como menores de edad y como mujeres, la cual resulta en una desventaja en comparación con los niños en cuanto al cumplimiento con sus derechos.
El saber dar y recibir afectos es una cualidad que nace con la persona, pero que
también se educa. Un ambiente de cariño, confianza, comunicación, apoyo y res- peto mutuo en la familia, la escuela, la comunidad y, en especial, en las relaciones de pareja, contribuirán al aprendizaje y desarrollo de una sana afectividad.
En la adolescencia la atracción de pareja afectiva-sexual surge con fuerte intensi- dad. Es importante que las adolescentes y los adolescentes sepan disfrutar y vivir responsablemente esta etapa, conozcan sus derechos y establezcan relaciones de pareja en un marco de equidad y respeto mutuo.
Tomando en cuenta la importancia de la afectividad en el desarrollo de
la personalidad, ¿qué impacto puede tener en la vida de un niño o niña el
crecer en un ambiente de desamor, indiferencia y abandono por parte de
A tu criterio, ¿qué consecuencias puede tener en los estudiantes y las
estudiantes el abordar temas de sexualidad en el aula de clase?
¿Qué importancia tienen los noviazgos entre adolescentes para el
desarrollo de su afectividad y sexualidad?
¿Cómo puede la educación integral de la sexualidad promover en
las adolescentes y los adolescentes el ejercicio de una sexualidad
¿Estás de acuerdo en que una educación integral de la sexualidad debe
preparar para la vida? ¿Por qué?
Valores y convivencia familiar: establecimiento de normas y límites
Importancia de la comunicación: comunicación afectiva y asertiva
escuela representan
Tomar en cuenta que existen diferentes estructuras de familia.
Promover desde la escuela la participación activa de la familia en el desarrollo personal de sus hijos e hijas, así como la igualdad de responsabilidades del hombre y la mujer en el entorno familiar.
Fomentar la práctica de actitudes y conductas que generen un ambiente de respeto, armonía, solidaridad y bienestar entre estudiaantes, docentes, padres y madres de familia.
Reconocer y comprender la importancia que tiene la familia como espacio para propiciar el desarrollo integral de las personas.
Conocer las diferentes estructuras y funciones de la familia.
Analizar la importancia de los valores y la convivencia en el ámbito familiar.
Reflexionar sobre la importancia de la comunicación y el rol que juegan los medios de comunicación en la educación de las personas.
Si un niño o niña vive con tolerancia, aprende a ser paciente.
Si un niño o niña vive con aliento, aprende a tener confianza.
Si un niño o niña es estimulado, aprende a apreciar.
Si un niño o niña vive con honradez, aprende a ser justo.
Si un niño o niña vive con seguridad, aprende a tener fe.
Si un niño o niña vive con aprobación, aprende a valorarse.
Si un niño o niña es aceptado y querido, aprende a encontrar el amor en el mundo. En cambio:
Si un niño o niña siempre es criticado, aprende a condenar.
Si un niño o niña vive en un ambiente hostil, aprende a pelear.
Si un niño o niña es ridiculizado, aprende a ser tímido.
Si un niño o niña es avergonzado, aprende a sentirse culpable.
Fuente: Dorothy Law y Rachel Harris, 1998.
La familia es el núcleo fundamental de la sociedad. 1 Es el primer grupo al que pertenecen las personas. Siempre se ha dicho que la familia es la primera escuela de la vida porque es el espacio donde se transmiten, aprenden y consolidan los primeros conocimientos, valores, normas, costumbres y la conciencia de los derechos y responsabilidades.
1. Constitución Política de la República de Nicaragua.
En la familia, idealmente, las personas conviven y se ayudan mutuamente para de- sarrollar la personalidad, los afectos, las habilidades y actitudes necesarias para el desarrollo personal y social de sus miembros.
Desde el punto de vista sociológico, la familia es un conjunto de personas unidas por lazos de parentesco. Estos lazos pueden ser de dos tipos: por afinidad que se derivan por el establecimiento de un vínculo reconocido socialmente, como el matri- monio 2 o por uniones de hecho estables, 3 y de consanguinidad, como es la filiación entre padres e hijos o hijas que conviven en un mismo hogar.
Aunque muchas veces se confunde familia con hogar, es importante mencionar que éste último representa el espacio físico donde las personas comparten el mismo techo, alimentos, quehaceres y responsabilidades. En el hogar puede vivir más de una familia.
En Nicaragua, la Constitución Política establece que la familia, como núcleo fun- damental de la sociedad, debe basar sus relaciones en el respeto, la solidaridad
e igualdad absoluta de derechos y responsabilidades entre el hombre y la mu-
jer. Por ello, el Artículo 73 señala que tanto los padres como las madres tienen la responsabilidad de velar por el desarrollo integral de los hijos e hijas con iguales derechos y responsabilidades.
Es en la familia donde los hijos e hijas reciben protección, cariño y ahí también donde crean su primer sentido de pertenencia e identidad personal. Idealmente, también aprenden a construir relaciones afectivas y a compartir iguales derechos
y responsabilidades. Sin embargo, se sabe que cuando no hay correspondencia
entre los derechos y las responsabilidades de los diferentes miembros pueden surgir tensiones que afectan la organización, el funcionamiento y la solidaridad en la familia (ver Fuentes, 1996). Producto de esas tensiones, a veces, se pueden vivir distintas experiencias de violencia y agresión que atentan contra la integridad de sus miembros. En el Capítulo 6 se aborda en detalle este tema.
2. En algunas sociedades solo se permite la unión entre dos personas mientras que en otras es posible la poligamia u otras formas de unión.
3. En Nicaragua la unión de hecho es aceptada y está protegida por la Constitución.
Las familias no son todas iguales. A través de la historia la familia ha cambiado su estructura, tamaño y funciones. La familia ha variado según la cultura y etapas que le ha tocado transitar. Al transformar su estructura también evolucionan las relacio- nes entre sus miembros y las de éstos con su entorno social (Fuentes, 2006).
Algunos de estos cambios tienen que ver con una mayor incorporación de la mu- jer al mercado de trabajo, la migración, el incremento de mujeres como jefas de hogar, entre otros.
A nivel mundial se observan las siguientes tendencias: 4
Las mujeres se casan y tienen hijos e hijas a mayores edades.
Las familias y los hogares (viviendas) son más pequeños.
Los hijos y las hijas se van más tarde de la casa, lo que ha aumentado la carga de los padres en edad de trabajar pues siguen manteniendo a los hijos e hijas y a dependientes mayores (los padres).
Ha aument ado la proporción de hogares encabezados por mujeres. 5
En diversos estudios se menciona que el cambio en las estructuras familiares ha influido en el tamaño y composición de la familia, así como en el surgimiento de nuevas formas de organización y convivencia familiar. Es así como se pueden encontrar diversas estructuras de familia, entre ellas la familia nuclear, considerada el “modelo ideal”.
Adaptado de Lloyd C. y Duffy N, “Familias en transición” en Bruce J., Lloyd C, Leonard, A. (1998), La familia en la mira: nuevas perspectivas sobre madres, padres e hijos, Nueva York, Consejo de Población.
Entre 10 y 46 por ciento de las mujeres de más de 20 años en 19 países menos desarrollados podrían clasificarse como “jefas de familia”. Las razones son divorcio, separación, viudez y soltería (ver Lloyd C. y Duffy N, 1998 en Bruce J., Lloyd C, Leonard, A.,1998.
Destacan también otros modelos de familia en los que independientemente del vínculo legal o religioso, se decide criar a un hijo o hija; la mujer que por circunstancias ajenas (migración, abandono, divorcio), o aún por decisión propia, decide ser madre soltera; el hombre que hace frente a los hijos o hijas en ausencia de la mujer; o la abuela que ante la ausencia de ambos asume la responsabilidad de criar a los nietos o nietas, entre otros (ver Fuentes, 1996).
Algunas de estas estructuras se mencionan a continuación:
Familia nuclear: es aquella donde viven, en un mismo hogar, una mamá, un papá,
ambos, con o sin hijos e hijas biológicas. En este tipo se incluyen también los hijos
hijas adoptadas.
Familia extensa o extendida: viven en un mismo hogar la mamá, el papá, o ambos, con o sin hijos e hijas y otros parientes, ya sea abuelos, tías, tíos, primos, primas, sobrinos, yernos y nueras.
Familia monoparental: viven en un mismo hogar, solamente la mamá o el papá con sus hijos e hijas. El vivir solo o sola con los hijos puede ser por diferentes razones: divorcio, viudez, abandono, migración, o por ser padre o madre soltera.
En Nicaragua también existen familias en donde ambos padres están ausentes
y la función de cabeza de familia la desempeña una abuela, una tía u otro
familiar que se hace cargo de los niños y niñas. También existen familias en las que se convive con otras personas con las cuáles no se tiene parentesco, casos de
personas que por diversas razones (estudio, trabajo, migración, viudez, orfandad, abandono) tienen que convivir y compartir con otra familia a la que no le une ningún lazo de consanguinidad o parentesco.
Las familias nicaragüenses
Entre las características de las familias nicaragüenses contemporáneas se menciona un aumento de las familias extensas.
También han aumentado las familias con jefatura femenina.
La familia nuclear es el estereotipo de familia. La realidad muestra que la familia nuclear no es la predominante en Nicaragua.
Entre 1995 y 1996 la familia nuclear representó 47.7 por ciento del total de familias, mientras las familias extendidas y monoparentales conformaban el 52.3 por ciento.
Las familias nicaragüenses han experimentado cambios bruscos ocasionados principalmente por problemas económicos. La migración de miles de hombres y mujeres hacia otros países en busca de trabajo para enviar dinero y garantizar la sobrevivencia familiar, ha obligado a que muchos hogares se junten para garantizar el cuido de los hijos e hijas.
Fuente: Agurto y Guido, 2004 y Revista Envío, 1985.
Valores y convivencia familiar:
Se asegura que la familia es la primera escuela donde las personas aprenden valores, actitudes, normas y límites necesarios que facilitarán una adecuada convivencia familiar y social. Los hijos e hijas desde que nacen establecen sus primeras relaciones con su madre y su padre, quienes, idealmente, les brindan amor, atenciones, cuidados, protección y les procuran la satisfacción de sus necesidades físicas y emocionales.
Esta interrelación brinda a niñas y niños las bases necesarias para aprender a adquirir su sentido de identidad y de pertenencia, a expresar su afecto y lograr la confianza para desenvolverse en la vida. La cercanía, caricias y cariño de la madre, del padre y hermanos o hermanas, dan seguridad y confianza y les facilita, luego, la relación con las personas que les rodean.
Lo aprendido en el hogar, es decir los valores como la generosidad, solidaridad, tolerancia, respeto, cooperación, honestidad, comprensión, entre otros, así como los roles de género y afectos es lo que los hijos e hijas más tarde proyectarán o pondrán en práctica en otros espacios: escuela, trabajo, amigos, amigas, grupos sociales, así como con su propia familia.
Las familias establecen normas y límites para convivir y en la medida en que estas normas se practiquen de manera adecuada, consistente y sobre la base del afecto y el respeto mutuo, el niño y la niña crecerán como personas integradas, aprenderán el concepto de autoridad y la manera de comunicar sus necesidades, ideas y afectos con responsabilidad.
Algunos valores para la convivencia
Respeto: reconocer el valor propio y el de las personas.
Confianza: creer en las propias capacidades y cualidades.
Honestidad: actuar siempre con base en la verdad y la justicia.
Responsabilidad: cumplir con los deberes y las acciones que diariamente se ejecutan en la vida cotidiana.
Tolerancia: aceptar la diversidad de opinión, así como las diferencias sociales, étnicas, culturales, políticas y cualquier otra, con respeto. Supone saber escuchar, aceptar y valorar a las demás personas, a pesar de las diferencias.
Paciencia: fortaleza y sensibilidad para sortear o vencer obstáculos.
Por ello es importante saber orientar a los padres y madres de familia sobre las formas y medios más adecuados para lograr una convivencia familiar armónica, ante la que los maestros y maestras pueden asumir un importante papel. La orientación a padres y madres les proporcionará las herramientas necesarias para educar a sus hijos e hijas en un ambiente de amor, colaboración y respeto.
Sin embargo, hay que tomar en cuenta que en el seno familiar también pueden existir situaciones adversas como las separaciones, maltrato, violencia, abuso sexual, migración y desempleo, entre otros, que pueden influir y repercutir negativamente en la formación de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
Desde la escuela se puede contribuir a orientar a padres y madres sobre el papel y las responsabilidades que como primeros formadores de sus hijos e hijas, pueden desarrollar desde el hogar. Es una responsabilidad prioritaria para el sistema educativo colaborar y reforzar estas responsabilidades.
Con la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño y la Niña se establece un marco legal para las relaciones familiares. En Nicaragua, el Código de la Niñez y la Adolescencia señala que todo niño o niña tiene derecho a tener una familia, a crecer y desarrollarse a su lado y a ser cuidado por ella.
Aunque en toda familia se crean sus propios patrones, normas y reglas de conducta que permiten a cada miembro demostrar su afecto, relacionarse con las demás personas, tomar decisiones y negociar problemas, no siempre esas relaciones son las más apropiadas.
Según el comportamiento y la forma de comunicarse que se establece en el seno familiar, se pueden identificar diferentes relaciones entre sus miembros. Estas relaciones pueden caracterizarse por ser:
Armoniosas:

References: artículo 16
 Artículo 44
 artículo 19
 artículo 26
 Artículo 1
 Artículo 2

Artículo 44
 Artículo 73