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Timestamp: 2020-04-10 13:58:46+00:00

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La “rabiosa” actualidad del testamento en caso de epidemia - Hay Derecho
Corría 1993, cuando el gran civilista don Manuel Albaladejo, catedrático emérito de la Complutense y quien luego dirigiría mi tesis doctoral, nos impartió un curso de doctorado sobre el testamento. Estaba reciente la reforma de nuestro Código Civil, operada por la Ley 11/1990 que intentó eliminar cualquier vestigio de discriminación por razón de sexo.
Don Manuel nos contó que en los debates de la Ley de 1990 salió el tema de aprovecharla para eliminar, por desuso, la especialidad del testamento en caso de epidemia del artículo 701 del C.c. Albaladejo nos mostró su contrariedad ante su posible eliminación. Con su habitual ironía, siempre brillante, inteligente y formalmente cartagenera, sentenció: “de quitarlo nada de nada, los bichos igual que se van, vuelven”.
Qué razón tenía este maestro de civilistas. “Vivir es ver volver”, decía otro maestro como Azorín, y el reciente Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, que ha declarado el estado de alarma para la gestión de la situación de crisis sanitaria ocasionada por el COVID-19, conforme al art. 116.2 CE, ha vuelto a darle rabiosa actualidad al testamento en caso de epidemia del art. 701 C.c. cuando dice: “En caso de epidemia puede igualmente otorgarse el testamento sin intervención de Notario ante tres testigos mayores de dieciséis años”.
Esta declaración oficial de pandemia en la que se encuentra afectado todo el territorio español, permite (salvo a quienes tengan vecindad civil catalana, pues el art. 421-5.3, Libro IV Código Civil de Cataluña prohíbe expresamente los testamentos otorgados exclusivamente ante testigos), que se pueda testar, sin necesidad de notario, ante tres testigos idóneos mayores de 16 años, para en un plazo posterior adverarlo en la Notaría. Incluso, la propia Ley 193 del Fuero Nuevo de Navarra reenvía al Código Civil español en materia de testamento en epidemia.
Pero expliquemos que se necesita para que esta clase excepcional de testamento abierto sin notario pueda otorgarse y sea válido.
Así el Proyecto de Código Civil de García Goyena de 1851 lo equiparó en cuanto a los requisitos al otorgado en peligro inminente de muerte (art.572.2) y el Anteproyecto de Código Civil de 1882-1888, lo previó en su art. 698.
Finalmente, el texto definitivo del Código Civil de 1889 lo recogió en el artículo 701, señalando: «En caso de epidemia puede igualmente otorgarse el testamento sin intervención de Notario ante tres testigos mayores de dieciséis años, varones o mujeres». Hubo que esperar hasta la reforma del Código por Ley de 24 abril 1958 para eliminar la expresión “varones o mujeres” y dejar la actual redacción sin mención al género del testigo.
Modalidad ésta de testamento que también recogen, entre otros, los códigos civiles italiano y portugués para tiempos, como éste, de enfermedades contagiosas o de calamidad pública (art. 609 y 2220, respectivamente).
Nuestra jurisprudencia del Supremo le ha dedicado poca atención. Salvo la STS de 10 de julio de 1944 que impidió extender el supuesto del 701 C.c. a una situación de guerra civil.
Que se otorgue “en caso de epidemia” (art. 701 c.c.), pero sin necesidad de que el testador esté afectado, por ejemplo, de coronavirus, ni condicionarlo a que después de testar, aquel muriera dentro del tiempo de epidemia de ese mismo coronavirus o de una cornada de un toro bravo.
Aunque se discutió por la doctrina la necesidad o no de declaración oficial de epidemia, el vigente Real Decreto 463/2020, elimina cualquier discusión por un periodo de 15 días.
En cualquier caso, me manifiesto entre los que exigirían esa declaración oficial, especialmente porque luego los arts. 703-704 C.c. exigen plazos (dos y tres meses), que serían de muy difícil o imposible verificación si no hay un día inicial y final de declaración o cese de la epidemia.
“Sin intervención de notario”; no hace falta notario. Literalmente da igual que estén o no abiertas la notarias del lugar, o que no se encuentre al notario, pues el art. 701 C.c. no exige la falta o ausencia de este fedatario para permitirlo. Basta con que el testador se halle en un lugar bajo epidemia (declarada).
“Intervención de tres testigos mayores de 16 años”; pero testigos que deben reunir la condición de idóneos o hábiles. Es decir, ser mayor de 16 años; entender el idioma del testador; tener el discernimiento necesario para desarrollar la labor testifical; conocer al testador, y, finalmente, juzgar la capacidad del testador (art. 681 C.c.).
Además, al tratarse de una modalidad de testamento abierto, no podrán ser testigos en el de epidemia, los herederos y legatarios que en él fueran instituidos, sus cónyuges, ni los parientes de aquéllos, dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad (según reza el art. 682 C.c.).
“Se escribirá el testamento, siendo posible; no siéndolo, el testamento valdrá aunque los testigos no sepan escribir” (art. 702).
El artículo prevé que tanto el testador como alguno de los testigos, escriban la última voluntad para luego transmitirla en su día al notario que lo advere.
Y solo si no es posible su escritura (porque no sepan escribir, porque no puedan o porque las circunstancias en el momento del otorgamiento no sean para sacar o encontrar papel y bolígrafo), valdrá guardarlo en la memoria hablada, y a veces frágil, de los testigos, o incluso recogerlo en medios analógicos o digitales para probar la declaración del testador ante el notario que lo advere.
Esa expresión literal del 702 C.c. de “aunque los testigos no sepan escribir” me parece un error del legislador, porque lo que quiere decir es que no siendo posible escribirlo, el testamento valga aunque los testigos (sí) sepan escribir. ¡Cómo se va a exigir escribir a quien no sabe! Carece de sentido la literalidad del 702 C.c. Es un error ese “no” que ahí se mantiene.
Pero también, y esto es una novedad introducida en la Ley Orgánica del Notariado por la Ley 15/2015, se permite que esa última disposición del testador en lugar bajo epidemia sea grabada por voz o por vídeo con audio, “siempre que permita su reproducción, y se hubieran tomado al otorgarse el testamento” (art 64.3, párr.2).
El otorgamiento de testamento ante los tres testigos caduca si pasaren dos meses desde que ha cesado la epidemia (art. 703.1).
El vigente RD 463/20 establece 15 días naturales de vigencia (art.3). Los dos meses del art. 703 C.c. empezarían a contarse desde el día siguiente al cese de sus efectos, salvo que el Estado de Alarma se prorrogue por las Cortes Generales.
Si el testador falleciere dentro del plazo de la declaración de epidemia, también quedará ineficaz el testamento si dentro de los tres meses siguientes al fallecimiento, no se acude al Notario competente para que eleve a escritura pública la voluntad del testador (art. 703.2 C.c.)
El testador, en todo caso, tiene que haber fallecido (del virus o de otra causa no epidémica) dentro de la vigencia de la epidemia (art. 703.2 C.c.) o dentro de los dos meses siguientes a la finalización de la declaración del estado de epidemia (art. 703.1 C.c.).
Para la adveración y protocolización del testamento otorgado antes testigos en caso de epidemia se exige “acreditar el fallecimiento del otorgante” y que no haya otras disposiciones testamentarias posteriores al momento que testó en caso (art. 64. 3, Ley del Notariado).
En estos tiempos inéditos que nos ha tocado vivir, he querido reflexionar sobre una modalidad de testamento tan excepcional como lo es esta época en la que tristemente estamos inmersos, pero de la que saldremos mejor. Vaya aquí mi homenaje, también, a aquellos juristas del siglo XIX que legislaron exclusivamente desde lo que le dictaba la experiencia y la tradición, que son las mejoras compañeras de viaje.
Y como consejo final, no olviden la lección del profesor Albaladejo: “los bichos igual que se van, vuelven”.
Etiquetas: Coronavirus, Crisis, Pandemia, Testamento
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21 marzo, 2020 en 11:02
El testamento del artículo 701 del Código Civil tiene ventajas con respecto al ológrafo:
– Hay más libertad de formas para dejar manifestada la voluntad. Basta con que los testigos hayan tomado nota, o en su defecto mantengan en la memoria, lo verbalizado por el testador, de modo que ni es imprescindible que conste la firma del testador, y ni siquiera de los testigos: basta con que el notario identifique y confirme que los testigos reunían los requisitos, y los testigos justifiquen verbalmente ante el notario las circunstancias en que se testó, y pueda deducirse la fecha en que se testó.
– Permite al testador emitir su voluntad sin notario, sin necesidad ni de estar en eminente peligro de muerte, ni de tener capacidad para escribir.
No es, pues, necesario que los testigos firmen el testamento en el momento en que el testador emite su voluntad. Sin embargo, sí parece conveniente que, si el testador no firma, lo hagan los tres testigos: ello para prevenir el caso de que, llegado el día, resulte que uno de los testigos a su vez también falleció y, por tanto, el Notario no tiene otro modo de verificar la concurrencia de todos los requisitos que el artículo 701 del Código Civil exige para que el testamento en caso de epidemia no quede ineficaz.
Eso sí: los herederos ni pueden actuar de testigos. Tampoco pueden los testigos estar incursos en ninguno de los supuestos previstos en los artículos 681 y 682 del Código Civil.
Es importante tener en cuenta que, para que el testamento sea eficaz, el artículo 703.1 del Código Civil establece que este habrá de presentarse o escriturarse ante Notario dentro de los 2 meses posteriores al fin de la epidemia. En caso de fallecimiento del testador durante la epidemia, el testamento, para que sea eficaz, según el artículo 703.2 del Código Civil debe elevarse a escritura pública dentro de los tres meses siguientes al fallecimiento.
En lo demás, advertir que la existencia de un testamento otorgado al amparo del artículo 701 del Código Civil facilita mucho la tramitación posterior de una herencia, dado que ésta puede complicarse mucho en caso de haber muerto intestado. De ahí que, quienes no tengan testamento, se planteen testar estos días al amparo del artículo 701 del Código Civil, ante tres vecinos de su vecindario, aunque sea en el pasillo del edificio y guardando las distancias de seguridad.
Bueno. Pues sólo estos adicionales comentarios al respecto del testamento en caso de epidemia, que por la libertad de formas tiene en principio más garantías que el ológrafo para que el testamento se repute válido
Tomas Giménez Dice:
21 marzo, 2020 en 19:07
Oportuno comentario sobre una “oportuna” regulación sobre la que surgen y surgirán muchas dudas que pueden crear inseguridad jurídica.
Por ejemplo : -La expresión “ante tres testigos…” implica unidad de acto ? En este estado de alarma y confinamiento puede ser algo complicado para la mayoría reunirse cuatro personas cumpliendo los requisitos del art 682 del CC.
-La Ley 15/2015 también permite que la comparecencia ante los tres testigos se por vídeo o por audio telematicamente ?
Por estas y por muchas dudas más, sin perjuicio de mostrar admiración por la sagacidad del legislador, me parece poco apropiado recomendarlo
El requerimiento de la unidad de acto ante los tres testigos en el mismo tiempo y lugar es un requisito, cuyo cumplimiento que habrá de ser verificado ante el notario.
Por videoconferencia supongo que se puede, siempre y cuando sea una videoconferencia simultánea, y los testigos sean identificables.
En efecto hay riesgos de invalidez del testamento. Pero debemos ver que:
1. También el testamento ológrafo los tiene, y muy grandes.
2. Cuando en una epidemia una persona no está en condiciones ya ni de escribir, y sólo es capaz de hablar o balbucear forma entendible, es la única vía legal que la persona tiene para testar en los últimos minutos de su vida. Que luego sea ineficaz el testamento es una posibilidad, pero el Código Civil al menos sí permite que el moribundo al menos lo intente y muera en paz.
En lo demás, creo ver que la inseguridad viene por la falta de jurisprudencias recientes, y sobre todo de experiencia colectiva reciente sobre epidemias durante las cuales se testa al amparo del artículo 701 del Código Civil. Habría que ver las sentencias del Tribunal Supremo de los años 1889 hasta 1930 o así, para ver cómo se hacían esos testamentos y se declaraba su validez o invalidez. Pero sea cual sea la orientación de esas antiguas doctrinas, yo intentaría testar al amparo del artículo 701 del Código Civil si es ese el único modo que me queda para hacerlo. Morir sin expresar tu última voluntad es un modo de morir con indignidad
27 marzo, 2020 en 02:05
Conviene tener presente otro detalle, a tener en cuenta tanto en tiempos de epidemias como en tiempos sin epidemia:
No olvidemos en estos casos la posibilidad de que un testador, que tiene en su poder su propio testamento cerrado testamento cerrado al amparo del artículo 711 del Código Civil, si se arrepiente de su testamento y es su voluntad última morir intestado, puede en el último minuto de vida dejarlo ineficaz, sin necesidad de escribir, ni de testar al amparo del artículo 701 del Código Civil, y ni siquiera de emitir palabra alguna. Según el artículo 742.3, último inciso, del Código Civil, para que el mismo testador manifieste válidamente en los últimos segundos de vida su voluntad de morir intestado, con fuerza de hacer perder la validez del testamento, basta con que se cumplan los siguientes requisitos:
1.	Que el testamento cerrado esté en poder del testador antes del fallecimiento.
2.	Que la cubierta y los sellos del testamento cerrado se hallen íntegros.
3.	Que en ese momento las firmas que autorizaron dicho testamento, y que están en la cubierta del testamento o pliego, estén borradas, raspadas o enmendadas.
4.	Que cumpla con la solemnidad de, por su propia mano, o a su ruego indubitable y expreso, hacer acto libre de entrega de pliego en estas condiciones a una persona.
5.	Que dicha entrega se justifique posteriormente ante el Notario, por las declaraciones creíbles tanto de la persona que recibió así el testamento como de los testigos que presenciaron dicho acto de entrega del testamento en esas condiciones.
Bueno. Pues sólo estos adicionales comentarios al respecto del testamento en caso de epidemia, que por la libertad de formas tiene normalmente y en principio más garantías que el ológrafo para que el testamento se repute válido
Dejo este comentario, porque el significado y función del último inciso del artículo 742.3 del Código Civil es muy desconocido, a pesar de que recoge un principio fundamental en Derecho sobre testamentos: este precepto consagra en los territorios de derecho común la figura del testamento tácito por el que una persona, en el último segundo de vida, pueda manifestar su voluntad de morir intestado, bastando para ello con ciertos signos con significados claramente establecidos en la Ley, y ejecutados en presencia de alguna persona.
Esta es una de las grandes ventajas que tiene el testamento cerrado frente al testamento abierto ante notario porque, a diferencia de éste, es el único que permite esta posibilidad de manifestar válidamente la voluntad de morir intestado, con fuerza de invalidar un testamento ya autorizado por notario, y sin necesidad de que el moribundo siquiera pronuncie palabra alguna.
Francisco José Martínez Segovia Dice:
29 marzo, 2020 en 09:42
Gran post. Muchas gracias por el tiempo empleado en su realización. Lo dicho/escrito, mi enhorabuena.
Crisis y empleo (público) dual Aplausos desde el balcón

References: artículo 701
 Real Decreto 
 artículo 701
 Real Decreto 
 artículo 701
 artículo 701
 artículo 703
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 artículo 701
 artículo 701
 artículo 701
 artículo 701
 artículo 711
 artículo 701
 artículo 742
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