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Timestamp: 2018-11-16 15:54:28+00:00

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a la/s septiembre 27, 2010 3 comentarios:
Etiquetas: Historia, La Constitución de 1940
La Conferencia de la Paz del Chaco.
Se reúne la Conferencia de la Paz
Para buscar la solución del problema de fronteras entre el Paraguay y Bolivia, inauguró sus deliberaciones en Buenos Aires, el 1° de julio de 1935 la Conferencia de Paz, integrada por representantes de los ex beligerantes y de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, bajo la presidencia del canciller de la Argentina, doctor Carlos Saavedra Lamas. La jefatura de la Delegación paraguaya fue confiada al doctor Jerónimo Zubizarreta. Elío continuó dirigiendo la de Bolivia. Mientras la Comisión militar neutral vigilaba sobre el terreno la desmovilización de los ejércitos, la Conferencia se dedicó al estudio de las diversas cuestiones cuya solución debía promover de acuerdo con el Protocolo de Paz, obrando sus miembros neutrales como cuerpo mediador. El primer acuerdo a que llegó fue el de la constitución de una Comisión internacional que debía dictaminar sobre las responsabilidades de la guerra, pero que nunca tuvo vida por acuerdo tácito de los ex beligerantes. La desmovilización se realizó sin ningún incidente. Dentro de los noventa días fijados por el Protocolo, Bolivia licenció 54.105 y Paraguay 46.515, hasta quedar reducido ambos ejércitos al máximo estipulado de 5.000 soldados. Terminada la desmovilización, la Comisión militar neutral regresó a Buenos Aires y la Conferencia de la Paz, después de aprobar sus informes, dictó una resolución declarando terminada la guerra entre el Paraguay y Bolivia.
Estigarribia es clamado en Asunción
Al terminar la desmovilización de Estigarribia hizo su entrada en Asunción, al frente de sus tropas y en medio de júbilo popular. El Congreso acababa de crear para él el grado de General de Ejército y de otorgarle una pensión vitalicia. El mensaje del presidente Ayala, a quien correspondió la iniciativa, decía: “Designio del proyecto es premiar con una jerarquía excepcional al ilustre jefe militar que ha mandado el Ejército durante la campaña del Chaco. Una democracia de honra al reconocer y consagrar los méritos de los ciudadanos que meren bien de la Patria. No ha de esperar que ello desaparezca ni ha de limitarse el reconocimiento nacional a título honorífico. El general Estigarribia, por sus condiciones intelectuales y de carácter, y por su juventud, está llamado a prestar eminentes servicios por mucho tiempo a la Nación. Es nuestro deber independizarle de los cuidados materiales, que hasta hoy ha sacrificado con entero desprendimiento. El general Estigarribia es un prócer paraguayo de la más pura estampa”.
Homenaje al presidente Ayala
El Congreso, valorando lo que la hábil y enérgica conducción nacional en manos del doctor Eusebio Ayala había significado para la defensa del Chaco, le rindió también un homenaje excepcional. Le condecoró con una medalla especialmente creada que le fue entregada en una sesión pública durante la cual el presidente del Congreso, doctor Casal Ribeiro, rindió justicia a los méritos que Ayala había conseguido ante la gratitud nacional. El presidente Ayala expresó que los resultados obtenidos se debían al esfuerzo común, agregando que en la guerra del Chaco se comprobó cual era la capacidad paraguaya, manifestada en la lucha a pesar de los lúgubres vaticinios del pesimismo. “El desaliento – dijo – ha rondado por las esferas en donde se escudriña más el pasado que el alma del presente y en donde la aureola de lo legendario empaña la visión de las nuevas realidades. Hemos esgrimido la Historia para condenar a las generaciones a que pertenecemos; hemos enseñado nuestro pasado como la cumbre de donde fuimos precipitados al abismo de la decadencia. La guerra del Chaco reanudó el curso de nuestra historia y restableció la filiación de los sucesos”.
La Conferencia propone una línea de frontera
Sugerida por el presidente de la Comisión militar neutral, general Martínez Pita, la Conferencia de la Paz formuló a las partes, el 15 de octubre de 1935, una proposición de arreglo de la cuestión de fronteras, que consistió en una línea diagonal desde un punto situado entre Bahía Negra y el río Negro y la intersección del paralelo 22 en el río Pilcomayo. La fórmula estaba inspirada por el pensamiento de dividir el Chaco salomónicamente en dos partes más o menos iguales y en conceder a Bolivia una porción, aunque fuera mínima y completamente inutilizable, del litoral del río Paraguay. La Delegación paraguaya rechazó terminantemente el proyecto, por considerar que vulneraba gravemente “sus intereses y derechos fundamentales”. Decía la nota paraguaya: “Las líneas que sugiere son puramente geométricas, vale decir artificiales. Sólo alcanzamos a ver en él un criterio puramente transaccionista, que por resultar en desmedro del ya escaso patrimonio territorial de nuestro país, nos es imposible aceptar”. Y continuaba: “Bolivia apeló a la guerra para apoderarse de ese mismo territorio. El litoral fue el norte de la invasión boliviana y el propósito quedó frustrado por la guerra misma. ¿El Paraguay ha de pagar esa conducta, que le ha costado sangre y dolores, con el premio de una concesión que importaría el sacrificio de una gran parte de su territorio”. La Delegación paraguaya, en contrapropuesta, propuso como punto de partida de la solución el reconocimiento de la soberanía paraguaya sobre el polígono determinado por las líneas de las posiciones ocupadas en aquellos momentos, sin perjuicio de someter a arbitraje el resto del territorio occidental. Bolivia tampoco aceptó la fórmula de la Conferencia, haciendo a su turno otra contraposición: surgió la línea Fuerte Olimpo-Fortín Linares.
Repatriación de prisioneros
Fracasada esta primera tentativa de arreglo de la cuestión principal, la Conferencia de la Paz concentró sus esfuerzos en la negociación de un acuerdo sobre la devolución recíproca de los prisioneros de guerra. La Delegación paraguaya sostuvo que por los usos internacionales no cabía la liberación total de los cautivos sino después del Tratado definitivo de Paz. Bolivia alegó que la declaración de terminación de la guerra equivalía a ese tratado a los efectos de la devolución de los prisioneros. La Conferencia interesada en que se obtuviera la libertad de los cautivos, destacó una Delegación especial a Asunción, y finalmente el Paraguay, rindiéndose a las razones humanitarias alegadas, aceptó por el acta protocolizada del 21 de enero de 1636 que se procediera a la devolución recíproca de los prisioneros, sin esperar la concertación del Tratado definitivo de paz. Por el mismo documento quedaron confirmadas las obligaciones derivadas del Protocolo del 12 de junio relativas a la Conferencia de la Paz; a la cesación definitiva de las hostilidades sobre la base de las posiciones, tal como ellas habían sido determinadas por la Comisión militar neutral; a las medidas de seguridad cuya subsistencia, después de la declaración de terminación de la guerra, era objeto de controversias, y al reconocimiento de la doctrina del 3 de agosto. De este modo se dio carácter de estatuto territorial provisional a la demarcación de las posiciones militares, hecha por el Protocolo del 12 de junio solamente a los efectos del término de las hostilidades. La Conferencia, poco después, entraba en receso, después de constituir una Comisión ejecutiva.
Signos de agitación popular
“A pasado de glorias, presente de ignominias”, era el lema con que los críticos de las clases dirigentes expresaban su pertinaz pesimismo. La gesta del Chaco mostró la sinrazón del desaliento y abrió el paso a concepciones más alentadoras del porvenir nacional. En el pueblo la guerra había operado una profunda transformación. Había adquirido una gran victoria una concepción de su propio valer, inesperada y vivificante, y se sentía desazonado porque su poderosa energía, tan brillantemente revelada, no fuera hasta entonces aplicada a la obra de su propio progreso y bienestar como lo había sido en la empresa bélica. De aquí a culpar a las instituciones y a las costumbres política el atraso económico en que vivía el país no había sino un paso.
Las concepciones que moldearon la vida nacional desde 1870 y mediante las cuales la nación acababa de salvarse de la catástrofe y había ganado la guerra, fueron así sometidas en un confuso proceso de crítica disolvente, que amenazaba arrasarlo todo, lo bueno y lo malo, si la clase dirigentes no procedían sin demora a una revisión integral. Ayala señaló valientemente el camino a seguir ante la efervescente inquietud popular: “Una profunda revolución – dijo ante el Congreso – se está operando en nuestra nación, revolución cuyo proceso radica, hoy por hoy, íntegramente, en las conciencias. No nos aferremos, nosotros que pretendemos ser guías e inspiradores del pueblo, a las viejas concepciones que van caducando… Falta que las clases responsables de la sociedad asuman el papel que les corresponde en nuestra democracia”. Y agregaba: “El país se encuentra en una situación que no admite compás de espera. Tenemos que obrar, en seguida”.
Movimiento militar del 17 de febrero de 1936
Las admoniciones de Ayala no fueron atendidas. Su proyecto de reforma agraria, que contenía avanzadas innovaciones, no prosperó en el Parlamento. En la euforia de la victoria, las clases políticas dirigentes, en vez de concentrar sus esfuerzos en los problemas creados por la guerra, dedicaron su interés al problema de la sucesión presidencial, finalizando como estaba el periodo de Ayala. Una corriente de opinión a favor de la reforma constitucional para hacer posible la reelección del doctor Ayala contribuyó a acrecentar el malestar público. La desmovilización, por otra parte, suscitaba problemas de difícil solución. La masa campesina había sido licenciada sin ninguna dificultad. No así el numeroso cuadro de oficiales, cuya resorción por la vida civil no podía efectuarse sino lentamente.
Los elementos políticos, que ya en el Chaco trabajaban el espíritu de los militares para canalizar en su provecho la inquietud popular, hicieron cundir la versión de que el general Estigarribia se proponía licenciarlos en masa, automáticamente y sin compensación alguna. Los oficiales de la reserva, que formaban la gran mayoría del Ejército, comenzaron a agruparse y a tratar con los políticos que preconizaban la necesidad de que las instituciones armadas asumieran el poder. El coronel Rafael Franco, a quien se vindicaba como director de estos trabajos, fue obligado a abandonar el país a fines de enero. En su ausencia, la conspiración siguió adelante y se decidió a realizar el movimiento al conocerse las órdenes de retiro de una gran masa de oficiales atribuidas a Estigarribia. El 17 de febrero de 1936 se sublevaron las fuerzas de Campo Grande y marcharon sobre la ciudad, donde el Gobierno organizó la resistencia de las fuerzas policiales. Se combatió todo el día. A las nueve de la noche, el presidente Ayala presentó su renuncia al mando revolucionario y quedó arrestado. El 20, Estigarribia, a quien los sucesos sorprendieron en el Chaco, fue también arrestado a su llegada en Asunción. Los militares sublevados subscribieron un “acta plebiscitaria” designando presidente provisional al coronel Franco, derogando la Constitución de 1870 y disolviendo el Parlamento, todo en nombre de la Revolución que Ayala había sido el primero en anunciar. El Partido Liberal fue extrañado de la vida política. De este modo, por el desenvolvimiento de una de las tantas crisis desatadas por la guerra, la de la desmovilización, eran arrojados a la prisión, al día siguiente de la victoria, sus dos grande autores, e irrumpía en el escenario político del país el militarismo, que se sentía con fuerza suficiente para reemplazar en la dirección del Estado a los partidos políticos organizados.
La Conferencia busca nuevas seguridades
Casi simultáneamente, también en Bolivia el Ejército se había apoderado del gobierno. La Conferencia de la Paz, cuando reanudó sus actividades, no creyó oportuno debatir la cuestión de fondo, y alarmados por algunos pequeños incidentes que se habían suscitado entre las guarniciones militares fronterizas, estimó más conveniente empeñarse en mejorar el régimen de seguridad creado por el Protocolo del 12 de junio. El 21 de agosto de 1936 resolvió reasumir las funciones de policía y control que a los efectos de la desmovilización, los dos países habían reconocido a la Comisión militar neutral, entre las líneas de separación que con ese objeto definido habían sido establecidas y creando de este modo una especie de “zona neutral”.
La Delegación del Paraguay, cuya presidencia había sido confiada por el nuevo Gobierno a J. Isidro Ramírez, se negó a reconocer en su amplitud las facultades que la Conferencia de la Paz alegaba poseer, expresando que en el Chaco no había ninguna zona neutral y que la única “línea de separación”, consagrada por los protocolos era la de los hitos, sobre la cual admitía a la Comisión militar solo una misión de vigilancia. Bolivia, por su parte, aceptó la nueva reglamentación, que le permitía usar, sin el control paraguayo, el camino Villa Montes-Santa Cruz, parte del cual, al terminar las hostilidades, había quedado bajo la jurisdicción paraguaya. El debate que con este motivo se suscitó malogró la reanudación de las relaciones diplomáticas, que se había acordado bajo los auspicios de la Conferencia. Durante el resto del año 1936 las discusiones versaron sobre las cuestiones de seguridad, hasta que con motivo de la reunión en Buenos Aires, en diciembre de ese año, de la Conferencia de la Consolidación de la Paz Americana, convocada por el presidente Roosevelt, la Conferencia de la Paz intentó un serio esfuerzo para llegar a la solución de problemas de límites.
El Gobierno paraguayo teme las repercusiones políticas
Reiteradas instancias lograron que el canciller Juan Stefanich se trasladara a Buenos Aires para tratar con el canciller boliviano Enrique Finot, y con la mediación de la Conferencia de la Paz, poderosamente reforzada con los cancilleres del Brasil, Macedo Soares y de Chile, Cruchaga Tocornal, la cuestión territorial. El canciller Macedo Soares presentó al Paraguay, como base de discusión, una proposición según la cual la frontera se trazaría por O’Orbigny, Capirenda hasta el Parapití y desde allí hasta Fortín Galpón. A principio Stefanich no quiso siquiera aceptar la discusión del problema de fronteras, alegando “que la política partidaria en el Paraguay haría imposible una solución en ese momento”. Cuando el 25 de diciembre el canciller Macedo Soares le pidió que se ratificara en las manifestaciones que había hecho de que el Gobierno temía repercusiones políticas, particularmente en el Ejército, el canciller Stefanich asistió: “Eso es exacto – dijo - ; el gobierno de Franco descansa sobre bayonetas”. Y agregó que “ni él ni el coronel franco tenían suficiente autoridad, y que el Ejército y los ex combatientes no apoyarían ninguna solución territorial que no diera al Paraguay toda el área ocupada, más el arbitraje del resto del Chaco”.
No se llegó a ningún acuerdo y la Conferencia de la Paz renovó su esfuerzos para impedir incidentes en el Chaco, obteniendo el 9 de enero de 1937 que el Paraguay consistiera el tránsito comercial, con la fiscalización neutral, del camino Villa Montes-Santa Cruz, y el 23 de abril de 1937 sancionó una reglamentación de las funciones de vigilancia y control en el Chaco, a que se consideraba facultada de acuerdo con los Protocolos de la paz, la cual fue aprobada por el Paraguay, pero sin que pudiera entrar en ejecución por las encontradas interpretaciones que en seguida suscitaron sus cláusulas principales.
El Ejército depone el coronel Franco
Los esfuerzos del coronel Franco para aglutinar, en una Unión Nacional Revolucionaria, las fuerzas políticas que le apoyaban, fueron infructuosos. Tampoco acertó a dar con la fórmula que respondiera a los anhelos revolucionarios de la masa, y por un momento creyó serían satisfechos con la doctrina totalitaria que su primer ministro del Interior, Gomes Freire Esteves, quiso implantar. Se desprendió de su apoyo, así como de los comunistas, que estuvieron representados en su Gabinete y concurrieron a su triunfo el 17 de febrero, para quedar únicamente con el grupo de Stefanich. Contra éste se desató la violencia campaña opositora del Partido Liberal desde el extranjero, minándoles rápidamente las bases de su autoridad dentro del Ejército con la crítica que se hacía de las gestiones internacionales.
La reforma agraria, que se intentó radicalmente, y para la mejora de la situación económica no atajaron la reacción popular, que pronto trascendió al seno del Ejército, donde el Gobierno tenía su sostén. El 13 de agosto de 1937 estalló un movimiento militar, que triunfó sin derramamiento de sangre y que llevó a la Presidencia de la República al doctor Félix Paiva, con el compromiso de llamar a elecciones en un plazo perentorio para la constitución definitiva de los poderes. La Constitución de 1870 fue restablecida. El general Estigarribia, que estaba desterrado en Uruguay después de largo cautiverio, fue desagraviado por los jefes del movimiento militar, aunque a Eusebio Ayala y a otros prominentes jefes liberales se les indicó la conveniencia de retrasar su regreso al país. No obstante, el Partido Liberal resolvió a poyar a la nueva situación, contra la cual los militares partidarios de Franco intentaron en tres veces, sangrientamente pero sin éxito, sublevar algunas unidades del Ejército.
La Conferencia de la Paz trata de lograr un acuerdo
Jerónimo Zubizarreta fue puesto nuevamente al frente de la Delegación paraguaya ante la Conferencia de la Paz. El primer acto de la nueva Delegación fue declarar que la reglamentación de las funciones de control y vigilancia en el Chaco no se ajustaba a los Protocolos de paz y que ella no era obligatoria mientras los Parlamentos de los dos países no la aprobaron. La Conferencia, sin insistir más en la afirmación de sus facultades de control, derivó el problema de la seguridad hacia la reglamentación del compromiso de “no agresión”. La Delegación paraguaya presentó un proyecto y la Conferencia elaboró otro, pero tampoco en este terreno fue posible el acuerdo, por lo cual, en diciembre de 1937, la Conferencia reanudó sus empeños para avenir a las partes en cuanto a la cuestión de los límites, aunque sin éxito. En febrero de 1938 el presidente Justo entregaba el poder a Roberto M. Ortiz. José María Cantilo reemplazó a Saavedra Lamas en la Cancillería y en la presidencia de la Conferencia de la Paz. En abril, la Conferencia destacó de su seno dos Delegaciones, una a Asunción y otra a La Paz, para tratar directamente con los Gobiernos y pulsar la opinión pública sobre las posibilidades de un acuerdo directo. Los delegados no pudieron lograr la aceptación de las fórmulas de arreglo que presentaron, pero se percataron del anhelo de paz que movía a uno y a otro país. Regresaron a Buenos Aires convencidos de que en el Paraguay se aceptaría un arreglo en que se reconociera el litoral en toda su extensión, y de que Bolivia, por su parte, ya no ponía ningún calor en su aspiración portuaria. Poco después la Conferencia invitó a los cancilleres del Paraguay y de Bolivia a trasladarse a Buenos Aires.
Los cancilleres se incorporan a la Conferencia
Una vez en Buenos Aires los cancilleres del Paraguay, Cecilio Báez, y de Bolivia, Eduardo Diez de Medina, el 27 de mayo de 1938 la Conferencia les propuso una fórmula de arreglo: la línea divisoria debería partir de Esmeralda, sobre el Pilcomayo, hasta un punto en el río Paraguay situado a 7.500 metros arriba de Bahía Negra, pasando por 27 de Noviembre, camino de Rabelo-Ingavi, Cerro Cristian, por entre los fortines Paredes y Pando, laguna Sin Nombre y proximidades del fortín Galpón. En canciller Báez expresó que el Paraguay no podía aceptarla porque el plan asignaba a Bolivia un sector del río Paraguay, no obstante sobre la Conferencia de la Paz que el Paraguay hacía de la conservación íntegra del litoral “un punto de vista irreducible, no solo para defender su patrimonio y los cuantiosos intereses vinculados a él, sino, además, en razón de su propia seguridad política”. Las líneas interiores tampoco eran aceptables, porque importaban “un retroceso de las posesiones paraguaya en toda la rosa de los vientos” y no cumplían la seguridad del Paraguay. Bolivia, por su parte, aceptó sin reservas la propuesta.
Invitado al Paraguay a presentar una contraposición, lo hizo el 24 de junio; en ella propugnó una línea que partiendo del Pilcomayo, frente a O’Orbigny, pasaba por Cabo Ortiz (Cururenda), Carreras Saguier (Capirenda), Carandayty, Los Maticos sobre el Parapití, Rabelo hasta el río Negro u Otuquis. La Conferencia juzgó que esta propuesta se apartaba fundamentalmente de su fórmula y se negó a considerarla. El canciller boliviano, por su parte, enterado de los términos de la propuesta paraguaya, comunicó que quedaba sin efecto su aceptación de las proposiciones el 27 de mayo. La Conferencia obtuvo que la Delegación boliviana dejara en suspenso por tres días esta retractación, con el objeto de intentar nuevos esfuerzos de conciliación, después de lo cual, si no se lograba el acuerdo, proclamaría el fracaso de todo arreglo directo entre las partes y establecería las responsabilidades del caso.
Se propone un arbitraje de equidad
Para proseguir las negociaciones la Conferencia preguntó el 26 de junio al canciller Báez si el Paraguay aceptaría la línea propuesta el 27 de mayo en caso de que Bolivia renunciara obtener un puerto soberano sobre el río Paraguay. Se le sugirió además la idea de someter la nueva línea a un plebiscito popular en el Paraguay, con lo cual se evitarían las complicaciones políticas que pudieran resultar de la aceptación obcial, aunque fuera en principio, de las líneas anteriores propuestas por la Conferencia. Zubizarreta fue de parecer que dichas líneas, mientras no fueran modificadas substancialmente para satisfacer las objeciones paraguayas, no debían ser sometidas a ningún plebiscito, y propuso que la Conferencia destacara una nueva Delegación a Asunción para negociar directamente con el Gobierno la línea definitiva que sería sometida a plebiscito.
La Conferencia de la Paz no consideró viable ninguna modificación importante de la línea del 27 de mayo, salvo que fuera en beneficio de Bolivia, que, al aceptar por primera vez la exclusión del litoral, había perdido compensaciones sobre la primera propuesta. Las perspectivas para acercar los puntos de vista sobre el trazado de la línea anterior eran muy escasas, y para más, comenzaban a llegar noticias de que Bolivia prepara un golpe de mano en el Chaco, por lo cual, el 29 de junio, el delegado Cardozo sugirió que el asunto fuera zanjado en un arbitraje de equidad, presentando el siguiente proyecto: “1° Entre la línea de la Conferencia, con exclusión del litoral y las modificaciones que consienta Bolivia, y la línea de la contrapuesta paraguaya con las modificaciones que consienta el Paraguay, está radicada la verdadera zona litigiosa; 2° Aun no ha llegado el periodo para la concertación del compromiso arbitral, de modo que no cabe todavía hablar del sometimiento de zona alguna a un arbitraje de derecho. Además, el concepto paraguayo del arbitraje se opone a la determinación de zonas de arbitraje; 3° Cabe, sin embargo, dentro del periodo actual de negociaciones directas, realizar un arbitraje rápido ex aequo et bono. El árbitro juzgaría en un periodo breve, teniendo en cuenta tanto los títulos y derechos, como los antecedentes proporcionados por la Conferencia y las partes acerca de las actuales negociaciones; 4° El árbitro demarcaría una línea entre las dos líneas mencionadas en el párrafo 1°; 5° Pueden ser árbitros, o el Presidente de la Argentina, o los Presidentes de todas las naciones representadas en la Conferencia de la Paz, o la Suprema Corte de la República Argentina, etcétera; 6° Paraguay y Bolivia firmaran un compromiso obligándose a aceptar el fallo del árbitro. Este compromiso seria ratificado por la Convención Constituyente de Bolivia, o por un plebiscito en Bolivia y por un plebiscito en el Paraguay”.
Disidencia en la Delegación paraguaya
La propuesta del 29 de junio fue aceptada por Braden, quien la presentó como suya en la Conferencia de la Paz. Zubizarreta, considerando que la fórmula había sido tramitada sin su intervención y contra su parecer, manifestó su formal oposición, pero aseguró que de su parte nada haría que pudiera constituir un obstáculo para el éxito del plan en el caso de que éste fuera aprobado por el Gobierno paraguayo. El canciller Báez resolvió aceptar el plan en gestión y el 1° de julio Zubizarreta recabó que se le desligara de la negociación, admitiendo postergar el envío de su renuncia para no crear dificultades que pudieran hacer fracasar la gestión en trámite. Desde ese momento la negociación quedó a cargo de Cardozo. Entre tanto surgía imprevista dificultad de parte de la Delegación boliviana, que había aceptado el plan emanado del Gobierno de los Estados Unidos; pero enterada, por indiscreción de la prensa, de su origen paraguayo, rectificó su actitud.
El 2 de julio, Díez de Medina hizo saber que Bolivia reputaría como acto inamistoso que el organismo mediador sometiera a las partes una nueva proposición que no le hubiera sido previamente consultada. Aludiendo al compromiso por el cual Bolivia había suspendido la retractación de su aceptación de la fórmula del 27 de mayo con el objeto de intentar nuevos esfuerzos de persuasión ante el Gobierno paraguayo, Díez de Medina declaraba que la presentación de un nuevo plan de arreglo, no solo importaría la violación de la palabra empeñada, sino también un acto perjudicial a la situación de Bolivia, pues había aceptado la línea propuesto en la convicción de que no podría servir de base para exigirle nuevas cesiones sin compensación. La nueva actitud boliviana, sumada a la disidencia de Zubizarreta, produjo desconcierto en la Conferencia. Por un lado, un sector encabezado por Braden persistió en seguir adelante con el plan del 29 de junio. Por otro, el canciller Cantilo era de parecer de apartarse de él definitivamente y emprender un último esfuerzo para hallar un acuerdo directo, y en su defecto la Conferencia debía clausurar las negociaciones.
Estigarribia apoya el plan del 29 de junio
En este momento crítico de las negociaciones llegó a Buenos Aires, el 2 de julio, el general Estigarribia, procedente de los Estados Unidos, donde desempeñaba la Legación paraguaya. En los países del Pacífico, por donde hizo el viaje, recogió coincidentes informaciones sobre los preparativos y designios bélicos de Bolivia. En Guayaquil había declarado que el Paraguay deseaba la paz, pero que si Bolivia “nos lleva a ello otra vez” el pueblo paraguayo “saldrá al frente de la batalla para vencer o morir”. La Conferencia de la Paz le pidió su importante concurso moral.
Estigarribia estudió los antecedentes de las negociaciones y de la disidencia en la Delegación nacional, y el 4 de junio informó a Báez y al presidente de la Conferencia que consideraba aceptable el plan del 29 de junio.
Al mismo tiempo ofreció su influencia moral para que un acuerdo sobre esa base fuera bien acogido por el pueblo paraguayo. La opinión de Estigarribia fue decisiva. Báez telegrafió al presidente Paiva pidiendo autorización para iniciar conversaciones sobre la base del plan en curso, dando a conocer la disidencia de Zubizarreta y la opinión de Estigarribia. El 5, el presidente Paiva aceptó en principio el plan propuesto. Conocida esta resolución, Zubizarreta envió su renuncia
Bolivia acepta la exclusión del litoral
La Conferencia, que estimó el valor de la actitud asumida por Estigarribia, acordó proseguir las negociaciones sobre la base del plan del 29 de junio. El representante del Perú, Barreada Laos, inició conversaciones con la Delegación boliviana, que llevaron a un completo acuerdo en cuanto al arbitraje de equidad. Al fin, Bolivia aceptaba que de las líneas de arbitraje fuera excluido el litoral. Era la primera vez, en el largo pleito, que Bolivia renunciaba oficialmente a su aspiración portuaria sobre el río Paraguay. Los estudios realizados por la Conferencia de la Paz sobre ese punto reforzaron la posición irreducible del Paraguay: Bolivia, para la expansión de su economía, no necesitaba una salida sobre el río Paraguay.
Para concentrar términos de compensación que satisficieran los anhelos bolivianos, los mediadores arbitraron al recurso de los puertos “psicológicos”, como Puerto Caballo. También desechada por el Paraguay la concesión del “puerto psicológico”, la Conferencia propuso el establecimiento a favor de Bolivia de un “puerto libre”, bajo soberanía paraguaya. Tampoco prosperó la idea, conviniéndose, finalmente, para facilitar el eventual comercio boliviano, el amplio libre tránsito por el territorio paraguayo y el derecho para Bolivia de instalar agencias aduaneras y construir depósitos y almacenes en la zona de Puerto Casado y siempre bajo la soberanía paraguaya. De este modo quedaba zanjado el secular debate, causa principal de la guerra del Chaco. El acuerdo final se logró el 6 de julio de 1938, fecha en que se procedió a la redacción del primer anteproyecto de Tratado definitivo.
Se rubrica el proyecto de Tratado
Obtenido el acuerdo sobre la cuestión portuaria y la zona arbitrable en el Norte, restaba encontrar la fórmula correspondiente a la limitación en el Oeste, donde Bolivia se negaba a admitir la línea del 27 de mayo como límite oriental de la zona litigiosa. Mientras tanto, en Asunción, la renuncia de Zubizarreta había suscitado revuelo general. El Gobierno envió al coronel Arturo Bray, quien tenía también la representación del Ejército, para tratar de disuadir a Zubizarreta de su actitud. Bray fue portador de nuevas instrucciones encaminadas a adaptar las objeciones que se atribuían a Zubizarreta a la fórmula en gestión. Por ellas, la zona arbitrable en el Occidente debía ser limitada por la línea de hitos, y no por los de la contrapuesta paraguaya del 24 de junio. Zubizarreta se mantuvo inflexible, actitud que alarmó seriamente al presidente de la Conferencia, quien, convencido de que su oposición, por su influencia moral y política, bastaría para hacer fracasar en el Paraguay cualquier acuerdo obtenido, propuso el 8 de julio que se dejara sin efecto lo actuado. Dominó, sin embargo, la decisión de continuar el debate para allanar las dificultades, pero esa misma noche los delegados llegaron a un acuerdo completo.
El Paraguay obtenía que al Oeste la zona de arbitraje estuviese limitada por la línea de hitos y consentía que al Este la línea en laudo pudiera llegar hasta Pozo Hondo. Documentos reversibles podría a salvo puntos considerados fundamentales por el Paraguay, tales como Fortín Galpón, Patria e Irendagüe. En la madrugada del 9 de julio ambas Delegaciones procedieron, con los mediadores, a rubricar el proyecto de Tratado, declarando que, no obstante no tener todavía la autorización de sus respectivos Gobiernos, lo consideraban, desde aquel momento, aceptable.
El Gobierno aprueba el Tratado
Este último paso fue dado por los representantes paraguayos sin expresa autorización del Gobierno, que ignoraba los términos del proyecto. Entre tanto era grande la agitación en Asunción. Los términos de la renuncia del delegado Higinio Arbo, también disconforme, aumentaron la confusión. El general Estigarribia resolvió trasladarse a Asunción para aconsejar personalmente la aprobación y firma del Tratado. Llegó el 11 de julio, en avión, acompañado del delegado Cardozo, y llevando los Protocolos rubricados.
El Gobierno, impresionado por la actitud de Zubizarreta, resolvió aguardar su llegada para tomar cualquier decisión; no obstante lo cual, en la reunión del Gabinete en que se tuvo conocimiento del proyecto del Tratado, el ministro del Interior, coronel Paredes y hombre principal de la situación, adelantó su opinión contraria al ajuste. Zubizarreta llegó el 13, pero por el momento se negó a informar al Gobierno, encerrándose en el más absoluto mutismo. Estigarribia, por su parte, públicamente hizo conocer su adhesión al convenio por medio de declaraciones a la prensa. “Los puntos jurídicos de la defensa paraguaya están satisfechos – dijo –. El convenio desde el primer momento tuvo mi aceptación. Entiendo que el arreglo entre el Paraguay y Bolivia era muy necesario, siendo sus términos aceptables tanto para el Paraguay como para Bolivia. “Bastó la palabra de Estigarribia para movilizar rápidamente la opinión a favor del Tratado. El Ejército, consultado, dio su opinión favorable. El Gobierno resolvió aprobar el proyecto. La renuncia de Zubizarreta fue aceptada. Estigarribia le reemplazó en la presidencia de la Delegación y Luis A. Riart fue designado en substitución de Arbo, que continuó desempeñando la Legación de Buenos Aires.
El 21 de julio de 1938, en presencia del presidente de la República Argentina doctor Ortiz, se firmó en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre el Paraguay y Bolivia. Quedaba restablecida la paz entre ambos países. La línea divisoria entre ellos tenía que ser la que determinasen los presidentes, o sus plenipotenciarios, de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, en un arbitraje de equidad, en la zona comprendida entre la línea del 27 de mayo a la contrapropuesta paraguaya del24 de junio, con exclusión del litoral al Norte, y entre el meridiano de 27 de Noviembre, la línea de hitos y el río Pilcomayo hasta Pozo Hondo, al Occidente. A los dos meses tenía que ser expedido el laudo, treinta días después se restablecerían las relaciones diplomáticas y dentro de los noventa días debía cumplirse el laudo en lo principal.
El Paraguay garantizaba el más amplio libre tránsito por su territorio, y especialmente por la zona de Puerto Casado, al Comercio boliviano, reconociendo a Bolivia el derecho de instalar en esa zona agencias aduaneras, depósitos y almacenes. Ambos países se comprometían a negociar directamente la reglamentación de este derecho y los demás convenios económicos y comerciales. Igualmente renunciaban recíprocamente a toda acción y reclamación derivada de las responsabilidades de la guerra, renovaban el compromiso de no agresión y se obligaban a recurrir en lo futuro a procedimientos conciliatorios y arbitrales para la solución de sus eventuales diferencias. El tratado tenía que ser ratificado, dentro de un plazo de veinte días, por un plebiscito nacional en el Paraguay por la Convención Nacional Constituyente en Bolivia. En representación del Paraguay firmaron el Tratado Cecilio Báez, el general Estigarribia, Luis A. Riart y Efraím Cardozo; por Bolivia, Eduardo Díez de Medina y Enrique Finot; firmaron también los representantes de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Chile, Perú y Uruguay. El Tratado fue subscrito “bajo los auspicios y garantía moral de los seis Gobiernos mediadores”.
Un plebiscito ratifica por abrumadora mayoría el Tratado
En el Paraguay el Tratado fue sometido a un plebiscito popular. El Partido Liberal, de cuya presidencia también se alejó Zubizarreta siendo reemplazado por Jerónimo Riart, aconsejó la aprobación del Tratado. El Partido Colorado se pronunció en contra, lo mismo con la Unión Nacional Revolucionaria, partido del coronel Franco. El Episcopado, en carta pastoral, opinó que los católicos debían votar a favor del Tratado. El general Estigarribia, en vísperas del plebiscito, firmó la siguiente proclama: “Compatriotas: Con la misma resolución, con la misma fe inquebrantable en nuestros destinos, con los mismos sentimientos del más puro patriotismo con los cuales os he convocado en 1932 a empuñar las armas, hoy os invito a depositar vuestros votos a favor del Tratado de Paz”. El plebiscito se efectuó el 10 de agosto, con una concurrencia de ciudadanos como no se recordaba en ningún acto cívico anterior. Aunque el voto era secreto, muchos decidieron hacerlo públicamente. El Ejército presidió el acto y verificó el escrutinio. Sus resultados superaron todas las expectativas. Hubo 135.385 votos a favor de la aprobación del Tratado, 13.204 en contra y 559 en blanco. Ese mismo día, en Bolivia, la Convención Nacional Constituyente aprobaba el Tratado por gran mayoría. Canjeadas las ratificaciones, el Colegio Arbitral quedó constituido el 8 de septiembre con los delegados ente la Conferencia de la Paz investidos del carácter de plenipotenciarios por sus respectivos presidentes. El Colegio Arbitral constituyó una comisión militar que, destacada en el terreno, debía aconsejarle acerca de las posibles soluciones. El 26 de septiembre, la Delegación boliviana presentó su alegato. La Delegación paraguaya, que estaba presidida por el general Estigarribia y que integraban Luis A. Riart y Efraím Cardozo, hizo lo propio el 30 de septiembre, y el 6 de octubre la Comisión militar asesora escindió su informe.
El 10 de octubre de 1938 el Colegio Arbitral dictó su fallo: en el Norte la línea partía de la desembocadura del río Negro en el río Paraguay, seguía el río Negro hasta la intersección del paralelo 19° 49’ 40’’ de latitud Sur, de allí a Cerrito Jara, pasando luego por el cerro Chovoreca, por la intersección del meridiano del fortín Paredes con el paralelo de fortín Rabelo, por Palmar de las Islas, por el cerro Capitán Ustarez, hasta 27 de Noviembre o Gabino Mendoza. En la zona Oeste la línea partía de 27 de Noviembre hasta Villazón, a 15 kilómetros al oeste de Irendagüe, pasaba a 10 kilómetros al oeste de Estrella, para terminar en el río Pilcomayo en el lugar denominado Esmeralda. El Consejo Arbitral, a demanda de la Delegación paraguaya, aclaró que los fortines Patria y Galpón, así como Irendagüe, quedaba dentro de la jurisdicción del Paraguay, de acuerdo con la sentencia arbitral. El 13 de octubre Bolivia informó al Colegio Arbitral que acataba el laudo, y el 20 hizo lo mismo el Paraguay. El 25 de noviembre quedó constituida la Comisión Mixta encargada de la demarcación. El 28 de diciembre tuvo efecto en Villa Montes la solemne entrega y consiguiente toma de posesión de los territorios que por el fallo una de las partes debía entregar a la otra, y el 23 de enero de 1939 la Conferencia de la Paz declaró que había cumplido la misión de su convocatoria y que, en consecuencia, daba por concluidas sus funciones. El pleito del Chaco había terminado.
a la/s septiembre 09, 2010 1 comentario:
Etiquetas: Historia, La Conferencia de la Paz del Chaco
La Guerra del Chaco.
El 15 de junio de 1932 empieza la guerra
Aun cuando funcionara en Washington una Conferencia con el propósito de concertar un pacto de no agresión entre el Paraguay y Bolivia, la situación existente en el Chaco en junio de 1932 hacía cada día más problemática la conservación de la paz. Las tropas bolivianas tenían órdenes de ocupar los lugares provistos de agua, cualquiera fuera su situación, y el Paraguay se apercibió para contener el paulatino avance boliviano. El general Osorio, jefe del Estado Mayor boliviano, advirtió al presidente Salamanca que “el primer encuentro de patrulla sería la guerra”, sin que por la falta de elementos adecuados y aun de efectivos estuviera Bolivia en condiciones de emprenderla. Salamanca hizo caso omiso a esta advertencia, y así, cuando se le informó que a orillas de la laguna Pitiantuta había un fortín paraguayo, ordenó la ocupación de esa importante y estratégica posición. El mayor Oscar Moscoso cumplió la orden el 15 de junio de 1932, apoderándose del fortín Carlos Antonio López. La escasa guarnición paraguaya fue pasada a cuchillo, no logrando escapar sino dos soldados.
La guerra se había iniciado. El teniente coronel José Félix Estigarribia, jefe de las fuerzas paraguayas en el Chaco, envió una misión de reconocimiento que el 29 de junio comprobó que los bolivianos estaban fuertemente atrincherado en el fortín ocupado. Verificada la agresión boliviana, el Gobierno ordenó el retiro de la Delegación nacional de la Conferencia de Washington, al mismo tiempo que Estigarribia se disponía a recuperar por la fuerza el fortín Carlos Antonio López. El 15 de julio las fuerzas expedicionarias, mandadas por el capitán Abdón Palacios, reconquistaron esa posición después de sangrienta batalla. Obtenida esta reparación, que suscitó enorme entusiasmo en el Paraguay, pues destruyó de golpe la arraigada creencia de la invencibilidad de la maquinaria bélica boliviana, el Gobierno dispuso el retorno a Washington de los delegados ante la Comisión de Neutrales.
Actuación de la Comisión de Neutrales
Bolivia, en represalia por la recuperación de Pitiantuta, ordenó a su vez que sus delegados en Washington se retiraran y se apoderó de los fortines Corrales, Toledo y Boquerón. La Comisión de Neutrales, alarmado por el sesgo que tomaban los acontecimientos, pidió a Bolivia y Paraguay la suspensión de la hostilidades y el envío de informes sobre los incidentes ocurridos. Bolivia se negó arrogantemente a lo uno y a lo otro, alegando que “está cansada de estas agresiones paraguayas, tan repetidas, y no quiere prestar a nuevas simulaciones”. Paraguay, en cambio, aceptó que se investigaran los sucesos del Chaco. La Comisión insistió ante el Gobierno boliviano, pero el canciller Julio A. Gutiérrez respondió. “No nos interesan las investigaciones que no definan la cuestión fundamental. Bolivia desea la solución final del pleito. No quiere estar perennemente de guardia en el Chaco conteniendo los avances del Paraguay. Es por eso que el país ha reaccionado con todas sus fuerzas, resuelto a liquidar por armas el pleito en que defendemos un territorio que consideramos nuestro históricamente”.
La doctrina americana de 3 de agosto
La iniciación de las hostilidades en el Chaco conmovió profundamente a los demás países de América, en los que cundió la impresión de que Bolivia, prevalida de su superioridad numérica, buscaba imponer por las armas al Paraguay el arreglo de la cuestión de Chaco. A iniciativa del ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Carlos Saavedra Lamas, el 3 de agosto de 1932, las naciones americanas, representado por el Secretario de Estado de los Estados Unidos y los respectivos diplomáticos de Washington, formularon una declaración en el sentido de que la disputa del Chaco era susceptible de una solución pacífica, para lo cual pedían a Bolivia y Paraguay que sometieran inmediatamente la solución de la controversia a un arreglo por arbitraje u otro Gobiernos de Bolivia y Paraguay a paralizar los movimientos de tropas en el ambiente y haría fácil el camino a la solución de concordia que América esperaba en nombre de los intereses permanentes de todos los países de este hemisferio. “Las Naciones de América declaran también – terminada el documento – que no reconocerán arreglo territorial alguno de esta controversia que no sea obtenido por medios pacíficos, ni la validez de adquisiciones territoriales que sean obtenidas por ocupación o conquista por la fuerza de las armas”.
El 5 de agosto contestó el Paraguay a la declaración americana manifestando su disposición de someter todas las cuestiones controvertidas a arbitraje, a aceptar la investigación y a abstenerse de toda hostilidad, agregando que consideraba “un acto transcendental la histórica declaración conjunta de no reconocimiento de la ocupación o conquista por la fuerza y se honra en expresar su adhesión absoluta a esa declaración”. La respuesta boliviana de esa misma fecha decía que la nueva doctrina no alcanzaba a Bolivia, porque no perseguí en el Chaco la reivindicación de lo que le pertenece. Y agravaba: “Deseamos terminar la cuestión del Chaco, estando el país resuelto aun a los sacrificios cruentos en defensa de su territorio. La nación necesita romper la barrera que le impide el acceso a su litoral sobre el río Paraguay, para comunicarse con el mundo”. Al día siguiente el presidente Salamanca comentaba en su mensaje de apertura del Parlamento: “La nueva doctrina pacifista de las naciones americana hace su entrada en el mundo, con paso de violencia, a expensas de un país débil. Los neutrales, por consentimiento nuestro, no ejercían más que buenos oficios, admitidos por el derecho internacional. Ahora se alza con el papel de tutores y de jueces, pretendiendo tomar conocimiento de nuestros asuntos, ejerciendo jurisdicción que no le hemos conferido”. Y agregaba: “Posiblemente algunas de las naciones que concurren a consumar esta injusticia tengan en el futuro motivo de arrepentirse de haber sentado este injusto antecedente”.
Los neutrales discuten con Bolivia
La Comisión de Neutrales propuso un armisticio sobre las bases de las posiciones ocupadas el 1° de junio, lo cual equivalía al abandono de los fortines que se había apoderado Bolivia, y el sometimiento inmediato de la controversia a un arbitraje. El Paraguay aceptó el 5 de agosto estas proposiciones, pero Bolivia se negó a considerar todo armisticio que no fuera sobre la base del mantenimiento de las posiciones. La Comisión de Neutrales no dio curso a esta sugestión boliviana, “porque ello importaría el reconocimiento de los actos de fuerza”, lo que pugnaba “con la declaración de principios que diecinueve de América acababan de formalizar el 3 de agosto”, al mismo tiempo que insistió en que Bolivia aceptara las investigaciones y el sometimiento del litigio a medios jurídicos. Se entabló con este motivo una larga y nerviosa polémica entre la Comisión y la Cancillería boliviana, la cual versó sobre el carácter y alcance de la declaración del 3 de agosto, que el canciller Gutiérrez sostuvo “se presenta como una doctrina ad hoc para el caso de Bolivia”. Bolivia se negó a aceptar el armisticio, aun después que la Comisión de Neutrales propuso que el abandono de los puntos ocupados después del primero de junio se cumpliera el 15 de junio de 1933. “Bolivia – declaró el canciller Gutiérrez – no admite el abandono de los fortines tomados al Paraguay mientras una solución final de litigio no modifique la soberanía de esta ocupación”. Entre tanto el Paraguay vivía horas de fervorosa agitación patriótica. La movilización de sus efectivos es realizaba con rapidez y pronto se concentraron dos divisiones en Isla Paí, frete a Boquerón, donde se atrincheraron dispuestas a esperar la reanudación de la ofensiva boliviana.
Asume el poder Eusebio Ayala
En un ambiente preñado de angustiosas inquietudes, el 15 de agosto de 1932 se hizo cargo de la Presidencia Eusebio Ayala. Desde hacía mucho tiempo se le sabía inclinado a los árbitros jurídicos para la solución del conflicto con Bolivia. Ayala estaba lejos de representar las tendencias intransigentes, y la opinión le señalaba como partidario de arreglos transaccionales, aun en el asunto portuario que tanto apasionaba al país. La proclamación de su candidatura presidencial por el Partido Liberal causó el disentimiento y la retirada del Gabinete de quienes, como Jerónimo Zubizarreta y Luis R. Riart, sostenían que frente a la actitud de Bolivia la hora no era la diplomacia, sino de las armas. Ayala mostró pronto que sus opiniones de otrora, no siempre bien interpretadas, habían sufrido la fuerte influencia de los acontecimientos y que no sería él quien se enfrentaría al espíritu público y sí su enérgico conductor en el único sentido admitido por la nación.
En su campaña electoral, al referirse a la cuestión internacional, sus palabras estuvieron lejos de denotar vacilación en su espíritu y, finalmente, las que pronunció en el Parlamento, al hacerse cargo de la Presidencia, dieron la pauta de su pensamiento y de su futura acción, y le concitaron, desde el primer momento, la confianza entera de la Nación. Dijo: “Lo que perdió Bolivia en el Pacífico no puede recuperarlo en el Atlántico. Es más difícil cambiar la obra de la Naturaleza que enmendar la Historia. La invocación de derechos históricos y necesidades vitales cubre mal los designios conquistadores de Bolivia. La presencia de Bolivia sobre nuestro litoral, dada su actitud presente y ambiciones confesadas, equivaldría al espectro de la guerra erguido por siempre sobre nosotros. Por lo demás, no podemos ceder a la amenaza, no podemos renunciar en otras de conveniencias inexistentes a la parte más indiscutible de nuestra ininterrumpida y secular posición y soberanía”. Quedaba, de tal suerte, desahuciada la pretensión boliviana, cuya satisfacción por el Paraguay en aquel momento podría evitarle la guerra. “Sabemos – seguía diciendo – que la guerra nos traerá males terribles, pero estamos serenos y firmemente resueltos a todos los sacrificios para defender nuestro patrimonio moral y material”. Los recelos se disiparon, desaparecieron las disidencias. El Partido Liberal recuperó su unidad: Schaerer y Modesto Guggiari arriaron su bandera de oposición; Zubizarreta y Riart se convirtieron a poco en los más firmes colaboradores de Ayala: el primero en la diplomacia, el segundo en la organización económica. Sin pactos previos, los partidos políticos olvidaron sus disidencias y en apretado haz se unieron en torno del presidente Ayala para defender la Nación.
Los neutrales proponen un armisticio
Pese a su decisión de afrontar la guerra, Ayala, que había reanimado su fe en el derecho con la declaración del 3 de agosto, aun esperaba una resuelta intervención de las naciones americanas para evitarla, como la de Chile en 1928. Era de creer, desde luego, que a la declaración americana se la quisiera respaldar con los hechos, si es que con ella se buscaba evitar la guerra y no meramente agregar una doctrina más al Derecho internacional. Las cuatro naciones limítrofes, por su situación geográfica, estaban en condiciones para imponer la paz en nombre del nuevo Derecho. Desde el 6 de agosto estaban unidas por una declaración de solidaridad, y a iniciativa de la Cancillería argentina, el 20 de agosto resolvieron emprender una acción conjunta. El 25. Chile, formuló un proyecto de armisticio sobre la base de las posiciones actuales, que poco después era abandonado, sin ser presentado a las partes, por la imposibilidad de obtener el acuerdo de las demás Cancillerías. Pero la Conferencia de Washington, poniendo súbitamente término a su polémica con Bolivia, propuso un armisticio de sesenta días sin insistir en el abandono de las posiciones conquistadas después del 1° de junio.
El canciller paraguayo, Justo Pastor Benítez, respondió que cualquier arreglo provisional, a base de la retención de fortines paraguayos en poder de Bolivia, constituiría un grave peligro para el Ejército y las poblaciones civiles de la zona, lo que no era admisible. Bolivia, que tropezaba con inconvenientes en su movilización, aceptó el armisticio, pero por un mes. La Comisión de Neutrales se dirigió entonces al Paraguay haciéndole notar la “inmensa responsabilidad que correspondería ante la conciencia americana al país que iniciara la hostilidades”. El canciller Benítez rechazó el anticipado cargo, pues la conducta paraguaya consistía precisamente en permanecer fiel a las proposiciones de la Comisión de Neutrales a la doctrina americana. La verdadera intención boliviana al aceptar el armisticio por treinta días se puso de relieve cuando los neutrales pidieron la suspensión de la movilización. La respuesta boliviana decía que esa proposición era inadmisible “porque nos dejaría librados a la discreción paraguaya”.
Paraguay recupera Boquerón
A fines de agosto el Paraguay había completado su movilización. Unos 3.500 hombres esperaban detrás de las trincheras de Isla Poí, y alrededor de 10.000 se estaban adiestrando. En cambio Bolivia, que tenía armamento para 150.000 soldados, no contaba en el campo de operaciones sino 4.000 hombres que era lo que Salamanca, contra la oposición de su Estado Mayor, creía suficiente para imponer en Asunción la paz al Paraguay, y cuyo refuerzo se hacía con inmensas dificultades por la falta de elementos apropiados de transporte. Después de la proposición de la Comisión de Neutrales del 29 de agosto y de la dislocación de los esfuerzos de los limítrofes. Ayala perdió hasta la más remota de las esperanza de una acción americana para ahogar la guerra en sus comienzos y vio que no restaba otro camino que el de las armas. De hecho existía una tregua en el Chaco desde el 15 de julio. Mediante ella el Paraguay pudo completar su movilización y había ya llegado al máximo de su potencialidad. Hombres le sobran, pero no contaba con más armas. En cambio, el tiempo favorecía Bolivia. El traslado de sus efectivos al frente, aunque lento y azaroso, era continuo. Con sólo el transcurso del tiempo Bolivia podía igualar y sobrepasar holgadamente los efectivos paraguayos. Ayala, después de escuchar el consejo de Estigarribia, decidió tomar la iniciativa.
El 1° de septiembre, el mayor Juan Manuel Garay se trasladó a Isla Poí llevando la orden de atacar Boquerón; el 9, las tropas paraguayas comenzaron el asalto. Los bolivianos, aunque en menor número, tenían mejor y más numeroso armamento y resistieron detrás de poderosas fortificaciones. Rechazados los intentos paraguayos de tomar la posición por ataques frontales, Estigarribia dispuso el asedio de la plaza, que quedó completado el 11. Cercados los bolivianos, una parte del Ejército paraguayo se dedicó a la tarea de esperar emboscado y destruir a cuantos refuerzos eran enviados en socorro de Boquerón. El 26 se reanudaron los ataques frontales y el 29 de septiembre, agotados sus víveres, la guarnición boliviana decidió poner fin a la heroica resistencia. El teniente coronel Marzana y 2.000 soldados se rindieron. Inmediatamente Estigarribia, que fue ascendido a coronel sobre el campo de batalla, prosiguió la ofensiva. Fueron recuperados Toledo y Corrales, y sucesivamente cayeron los fortines Ramírez, Lara, Castillo, Yujra, Arce, Aliguatá, Fernández, Platanillos, Bolívar, Loa y Yasyucubas. El 8 de noviembre las vanguardias paraguayas chocaron con los bolivianos que, con nuevos efectivos, se habían atrincherado en Saavedra, y el 10 sufrieron un recio contraataque que fue sangrientamente rechazado. El avance paraguayo quedó detenido. Estigarribia ordenó el atrincheramiento y comenzó la guerra de posiciones. Si todo un ejército boliviano había sido destruido en esta primera etapa, las pérdidas paraguayas no fueron menos cuantiosas, pero la moral había sido recuperada: el Paraguay ya no tenía por qué temer el poderío militar de su contendiente y su indefensión no era tanta como había propalado los opositores al Gobierno.
Paraguay propone la desmilitarización
Al mismo tiempo continuaban las gestiones de la Comisión de Neutrales, que habían abandonado definitivamente su propósito de hacer cumplir sobre el terreno de la doctrina del 3 de agosto. Después de iniciada la batalla de Boquerón, propuso la suspensión de las hostilidades “siempre que se otorguen seguridades de hecho para alegar peligros de nuevos choques”. La Comisión de Washington insistió en el cese de la lucha y propuso el retroceso de las tropas 10 kilómetros a todo lo largo del frente de operaciones. El Paraguay propuso que el retroceso fuera mayor: que las tropas paraguayas se replegaran sobre el río Paraguay y las bolivianas al oeste del meridiano 62° 30’ O. de Greenwich. Bolivia, cuya situación en Boquerón era apremiante, aceptó la suspensión de las hostilidades, pero ni así el retroceso. Los neutrales, abandonando su anterior propuesta, sugirieron un armisticio simple regido por una Comisión militar neutral. El Paraguay contestó que esa seguridad no era suficiente, y que no quería “la simple suspensión, sino la terminación de las hostilidades”.
La Comisión de Washington insistió en la suspensión incondicional de las hostilidades bajo su garantía, y el Paraguay, a su vez, ratificó sus condiciones de seguridad. Bolivia, por su parte, declaró que lo que el Paraguay perseguía “con el retiro de nuestros fortines y tropas hasta ese límite es quedarse prácticamente dueño del Chaco”. Cuando la caída de Boquerón era inminente, Bolivia manifestó claramente que estaba dispuesta a hacer cesar el fuego en ese sector; los neutrales replicaron que el armisticio aplicado se extendía a todo el territorio del Chaco. Al mismo tiempo Bolivia apelaba a la Argentina para obtener el armisticio en Boquerón, en donde la situación de sus tropas era ya del todo punto insostenible.
Argentina se muestra contraria a toda intervención
Al insistir la Comisión de Neutrales en su propuesta de suspensión incondicional de las hostilidades anunció que, si ésta era aceptada, enviraría una Delegación al Chaco para comprobar la efectiva terminación de la lucha; si una de las partes violara el compromiso, sería declarado agresor y se propondría que todos los países de América retiraran de él sus representantes diplomáticos y consulares. La cancillería no encontró aceptable el procedimiento, y por intermedio de su embajador en Washington manifestó que no acompañaría a la Comisión de Neutrales en ningún acto que pasando los límites de los buenos oficios pudiera aproximarse a una intervención, aunque ésta fuera meramente diplomática. Al mismo tiempo el ministro argentino en La Paz averiguó si el Gobierno boliviano se hallaba dispuesto a considerar las garantías exigidas por el Paraguay para llegar a un armisticio y también cuál sería la zona litigiosa que estaría conforme en someter a arbitraje. El presidente Salamanca se negó a considerar la propuesta, alegado que las nuevas circunstancias originadas por las acciones militares en el Chaco hacían poco propicio el trato diplomático. Entre tanto la presencia boliviana realizaba una intensa campaña contra la Argentina, acusándola de ayudar al Paraguay, queriendo justificar de este modo, ante la opinión pública deprimida y desorientada, los repetidos reveses de sus armas en el Chaco.
Paraguay se retira de Washington
Terminada la batalla de Boquerón, la Comisión de Neutrales se formuló nuevas proposiciones durante algún tiempo. El 12 de octubre de 1932 propuso que los delegados de Paraguay y Bolivia conviniesen la retirada de las tropas en el Chaco, la desmovilización, la reducción de efectivos y la solución arbitral de la disputa. Las conversaciones no llevaron a ningún resultado. Finalmente, considerando que sus sondeos no habían agotado, el 15 de diciembre de 1932 presentó una proposición definitiva que abarcaba la suspensión inmediata de las hostilidades, la retirada de las fuerzas paraguayas hasta el río Paraguay y de las bolivianas detrás de la línea Ballivián-Vitriones, la policía por ambos países de la zona ocupada y la iniciación de negociaciones para terminar por arbitraje los límites en el Chaco.
La respuesta del Paraguay fue una concluyente negativa y la orden a su delegado ante la Comisión, Juan José Soler, de emprender el viaje de regreso. El disentimiento paraguayo no equivalía rechazar el arbitraje, entendido que éste no podía ser de zona, sino de línea. La Comisión de Neutrales procuró que el delegado Soler continuara en Washington para discutir las objeciones a su plan, pero el Gobierno paraguayo insistió en su actitud, y su retirada definitiva de la Conferencia se hizo efectiva el 31 de diciembre. Bolivia hacía tiempo que se había eliminado de su seno. Con esto quedó de hecho disuelta la Comisión de Neutrales.
Los bolivianos emprenden la ofensiva
Salamanca, que culpaba a la “semiciencia” de los militares bolivianos los reveses sufridos en el Chaco, encargó el mando del ejército al general alemán Hans Kundt, héroe de la Guerra Europea, a quien Bolivia debía la organización moderna de sus fuerzas armadas. Estigarribia había dado orden, el 23 de diciembre, de pasar momentáneamente a la defensiva. Al día siguiente se desencadenó la ofensiva boliviana en todos los sectores. El 28 cayó en poder de los atacantes General Duarte, en el sector de Nanawa, y el 1° de enero de 1933 se apoderaban de Corrales, después de heroica resistencia de sus defensores, que tuvieron que abrir paso a bayonetazos hasta sus bases, pues habían sido completamente rodeados por fuerzas superiores.
El 8 de enero continuó la progresión boliviana con la toma de Mariscal López. Obtenidos estos éxitos parciales, Kundt concentró su esfuerzo principal sobre Nanawa, donde, el 9 de enero, 20.000 bolivianos se lanzaron en furioso asalto contra las posiciones paraguayas defendidas por 2.500 hombres al mando del coronel Luis Irrazabal. Los bolivianos llevaron su ímpetu hasta los parapetos, pero finalmente fueron rechazados. Al día siguiente se reanudaron los ataques, y se tornó grave la situación de los defensores cuando el mando se percató de que no había municiones sino para un día de combate. Se salvó la peligrosa crisis proveyendo a la plaza de municiones por el aire. Cuando se distribuyó la primera partida, los combatientes ya no tenían más de cinco cartuchos por cabeza. El 24, cuando aun los paraguayos estaban escasos de municiones, utilizaron sus afilados machetes en un furiosos contraataque en que fue exterminado un regimiento boliviano. El 25 cesaron los ataques bolivianos, salvo en Herrera, donde atacaron sin éxito.
La conferencia de Mendoza
Ante el inminente fracaso de la Conferencia de Washington, el Gobierno argentino creyó llegado el momento de iniciar una nueva gestión pacificadora. Fue enviado a Asunción, en misión confidencial, el doctor Isidro Ruiz Moreno, quien presentó el 28 de diciembre de 1932 un plan de arreglo elaborado por el canciller Saavedra Lamas y obtuvo el asentamiento de Ayala para un armisticio de treinta días, a fin de estipular en Buenos Aires las bases del arreglo definitivo, que quedaría a cargo de la Corte Permanente de Justicia Internacional de La Haya, y de la retirada de ambos ejércitos, con la siguiente desmovilización. Saavedra Lamas informó a los demás países de sus gestiones en el Paraguay. A su vez, el canciller de Chile, Cruchaga, Tocornal, le comunicó que se proponía someter a Bolivia y Paraguay unas bases de arreglo. Posteriormente, enterado Cruchaga de las gestiones argentinas, manifestó sus deseos de armonizar ambas negociaciones, quedando concertada una entrevista de los cancilleres, en la ciudad de Mendoza, para el 1° de febrero de 1933.
Reunidos en Mendoza los cancilleres de Argentina y Chile, las conversaciones se prolongaron hasta el 2 de febrero y dieron como resultado una fórmula que, después de consultados el Brasil y el Perú, debía presentarse oficialmente a los Gobiernos en su lucha. El plan comprendía los siguientes puntos: someter a arbitraje toda y cada una de las cuestiones que suscitaren para la solución de la diputa del Chaco; el Tribunal arbitral se constituiría un mes después de la fecha de la proposición formal; las pates declararían en este acto terminadas las hostilidades; ambas partes convendrían en reiterar sus tropas y reducir sus efectivos militares. Al mismo tiempo, los dos cancilleres acordaron promover la reunión de una Conferencia económica para considerar, en relación a Bolivia y Paraguay, el establecimiento de un régimen de tránsito favorable al intercambio.
La batalla de Toledo
Mientras se tramitaba la fórmula de Mendoza continuó la ofensiva boliviana en todo el frente. Infructuosos sus esfuerzos en Nanawa, el general Kundt, desde el 26 de febrero, desencadenó fuertes ataques sobre Toledo, que se prolongaron hasta el 1° de marzo. Las fuerzas paraguayas, mandadas por el coronel Juan B. Ayala, iniciaron el 10 de marzo un movimiento estratégico, con el objetivo de envolver a las unidades bolivianas situadas en ese sector. El 11 se consiguió la intercepción del camino de la retaguardia, y el 12 los bolivianos se replegaron, librándose de ser copados íntegramente. Paralelamente a este repliegue los bolivianos se retiraron del frente de Herrera, pero al mismo tiempo obtenían un éxito apreciable en el sector Zenteno-Saavedra, apoderándose del fortín Aliguaté Viejo (Charata) e interceptando el camino de Francia-Zenteno. Las tropas paraguayas, atrincheradas en kilómetros 7 y en Zenteno, quedaron cotadoas de su base en su camino principal.
Estigarribia quiso explotar la situación en que se encontraban las fuerzas incursoras y trazó un plan para rodearlas y aniquilarlas, valiéndose de las unidades que estaban en los flancos de aquéllas, pero el 14 de marzo división atrincherada en kilómetro 7 dio parte de hallarse totalmente rodeada por fuerzas enemigas superiores. Estigarribia dio órdenes de resistir hasta el 19. Despejada parcialmente la situación de esa unidad, antes de que ella volviese a empeorar Estigarribia ordenó su repliegue, que se efectuó en la noche del 17 en dirección de Gondra, sin que el enemigo se diera cuenta de la maniobra. Los bolivianos continuaron atacando en dirección de Herrera y Falcón, e interceptaron el camino que unía este último fortín con Nanawa, cuya situación volvió a ser crítica. Desalojados los bolivianos del camino de Falcón, fueron perseguidos hasta Campo Aceval, donde se constituyó un nuevo frente.
Paraguay acepta el Acta de Mendoza
Después de obtener el apoyo de Brasil y Perú, el Acta de Mendoza fue sometida a los beligerantes el 25 de febrero de 1933. El 25, el Paraguay, aceptó las bases propuestas con algunas modificaciones en la redacción y sugiriendo que el retroceso de las fuerzas bolivianas fueran hasta Villa Montes y Roboré y que se procediera a una investigación sobre las responsabilidades de la guerra. Decía que el Paraguay estaba interesado en que se estableciese quién era el causante del conflicto. Pero a petición de los mediadores, Paraguay retiró éstas reservas y aceptó íntegramente las bases de Mendoza.
Por su parte, Bolivia contestó el 28 de febrero de 1933 con una contrapropuesta. Aceptaba el arbitraje, pero sólo sobre la zona limitada al Este por el río Paraguay, al Sur por el Pilcomayo, al Norte por el paralelo 21° y al Oeste por el meridiano 59° 55´ O. de Greenwich; sólo después de aceptada esta base entraría a considerar la suspensión de las hostilidades y demás proposiciones del Acta de Mendoza. El curso favorable que estaban tomando las operaciones militares para Bolivia pacía dictarle su respuesta. El Paraguay, sin embargo, no estaba dispuesto a ceder. El presidente Ayala, al inaugurar el Parlamento el 1° de abril de 1933 dijo: “Sólo hay una cosa la responsabilidad directa que asumiría por el eventual fracaso de esa gestión”. La respuesta boliviana fue particularmente severa. Según su juicio, el Acta de Mendoza eliminaba la posibilidad efectiva e inmediata de llegar a la paz por medio de la definición de las diferencias en sí mismas, y la actitud de Chile y la Argentina equivalía “a un acto de presión diplomática” que no admitía. Argentina y Chile, a su vez, replicaron al documento boliviano rechazando con energía los cargos que se formulaban y poniendo fin a sus buenos oficios.
Se declara el estado de guerra con Bolivia
La ofensiva boliviana, que proseguía vigorosamente, se veía facilitada por la utilización del territorio argentino para los aprovisionamientos del Ejército, dirigidos desde Formosa. La falta de una declaración oficial del estado de guerra impedía al Gobierno paraguayo reclamar de la Argentina la adopción de las medidas necesarias para que su territorio no fuera utilizado con fines militares por uno de los beligerantes. A la misma situación anómala se atribuía que Chile no pudiera evitar el paso por territorio de Arica de los armamentos adquiridos por Bolivia en Europa y que llegaban en gran cantidad. El Gobierno paraguayo resolvió corregir estas anomalías, y a tal efecto, el presidente Ayala convocó el 21 de febrero de 1933 el Parlamento.
El 24 se reunió el Congreso, al cual pidió el Poder Ejecutivo autorización para declarar la guerra formalizando una situación ya existente. El 6 de marzo fue otorgada la autorización solicitada; pero de ella no hizo uso el presidente Ayala, cediendo a instancias de los Gobiernos mediadores, sino que después que los buenos oficios quedaron sin efecto. El 10 de mayo de 1933 se firmó el decreto por el cual se declaró la República en estado de guerra con Bolivia. El 13 de mayo el Gobierno argentino decretó su neutralidad y poco después quedó interceptado el abastecimiento que se venía realizando por el Pilcomayo. Pero Bolivia, de acuerdo con sus pactos contractuales, continuó recibiendo armamentos por el litoral chileno sin dificultad.
Intervención de la Sociedad de la Naciones
Declarado el estado de guerra, Bolivia acusó al Paraguay, ante la Sociedad de las Naciones, de haber incurrido en las sanciones previstas por el artículo 16 del Pacto. Desde el comienzo de las hostilidades la Liga se había limitado de enviar exhortaciones en favor de la paz y a apoyar las diversas gestiones conciliatorias. El Comité especial de Tres había estado en constante contacto con los beligerantes, con la Comisión de Washington y con los países limítrofes. Después de examinar la denuncia boliviana declaró que incumbía al Consejo buscar solución a las diferencias, para lo cual estimó esencial enviar al terreno un Comisión. El 20 de mayo fue considerado este dictamen por el Consejo, que lo aprobó. El delegado del Paraguay se apresuró a aceptarlo, pero Bolivia recibió su contrapropuesta al Acta de Mendoza, al mismo tiempo que hizo gestiones confidenciales para la reanudación de los buenos oficios de la Comisión de Washington. El 6 de junio de 1933 el Paraguay dio a conocer sus puntos de vista, insistiendo en el cese inmediato de las hostilidades, desmilitarización, desmovilización, responsabilidad y arbitraje. Bolivia alegó que no le era posible abandonar las actuales posiciones militares antes de que se fijaran las condiciones del arbitraje. El 8 de junio el Comité de los Tres ratificó sus proposiciones para el envío de una Comisión al Chaco. Mientras tanto la de Washington, para facilitar la tarea de la Liga, decretó su disolución oficial. El 3 de julio el Consejo resolvió organizar una Comisión especial encargada de buscar una solución rápida de las diferencias, que el 24 de julio se constituyó con el general A. B. Roberston (británico), Julio Alvarez del Vayo (español), el general Freydenverg (francés), el Conde Aldovrandi (italiano) y el comandante Rivera Flandes (mejicano).
La segunda batalla de Nanawa
En seis meses de ofensiva los resultados obtenidos por kundt habían sido muy escasos. Empeñado en alzar una gran victoria, concentró sus esfuerzos en el sector de Nanawa, donde 20.000 hombres provistos de tanques, lanzallamas, artillería pesada y abundante aviación, emprendieron el 4 de julio de 1933 un poderoso ataque. En la primera embestida lograron romper las líneas avanzadas paraguayas y apoderarse de dos reductos, uno de los cuales fue recuperado antes de terminar el día con un furioso asalto a la bayoneta. Los bolivianos siguieron atacando violentamente los días siguientes. El combate se extendió a Gondra, donde el 11 contraatacaron los paraguayos, y al día siguiente interceptaron el camino de retaguardia, tomando los hostiles y la intendencia. El 12 los bolivianos llevaron el último ataque contra Nanawa, que fue rechazado como los anteriores, con enormes pérdidas para los atacantes. Tras eso advino una calma que duró todo el resto del mes de julio.
Combates de Gondra, Rancho Ocho y Pirizal
El 1° de agosto de 1933, el Ejército boliviano reanudó su ofensiva en Gondra, abandonando el ataque de Nanawa. El 4 lograron aislar Gondra, que fue aislado del asedio mediante fuertes contraataques, pero la ofensiva se extendió a Toledo, Herrera, Pirizal y Falcón. Gondra resistió victoriosamente todos los asaltos, y desde el 24, los bolivianos atacaron con poderosas fuerzas Rancho Ocho, hasta quedar inmovilizados el 27. Al finalizar el mes la lucha se extendió a Herrera, donde los bolivianos fueron rechazados y se vieron obligados a reflejarse el 31, continuando los combates en Rancho Ocho, Pirizal y Gondra; los bolivianos sufrieron enorme desgaste humano y pérdida de material difícilmente reponibles en el Chaco. El empuje boliviano había disminuido, a la par que aumentaba la eficiencia paraguaya. Estigarribia pensó que había llegado el momento de reanudar la ofensiva.
Nueva gestión mediadora del Brasil
Antes de partir la Comisión investigadora de la Liga, el canciller brasileño, Afranio de Mello Franco, sugirió que la Sociedad de las Naciones confiriera un mandato amplio al Brasil, Argentina, Chile y Perú para actuar en su nombre como mediadores en el conflicto del Chaco. Paraguay y Bolivia aceptaron la insinuación y formaron la petición en Ginebra. El Consejo preguntó a los cuatro países si aceptarían ese mandato. Postergando la respuesta, el 25 de agosto, desde Río de Janeiro, los límites propusieron a los beligerantes la firma de un instrumento en que debían expresar su voluntad de someter a un arbitraje de derecho la cuestión integral del Chaco y comprometerse a terminar las operaciones militares con la garantía de los países mediadores; inmediatamente debían reunirse una Conferencia.
Paraguay aceptó sin reservas las proposiciones de Río de Janeiro. Bolivia pidió aclaraciones sobre lo que significaba “cuestión integral del Chaco”. El canciller Mello Franco explicó que, en su concepto, el arbitraje debía circunscribirse a un área limitada al Norte por el paralelo 20 y al Oeste por el meridiano 62. Informado de esta definición del área litigiosa, el Paraguay la rechazó categóricamente. Con todo, Bolivia no se satisfizo con la proposición de Mello Franco, pues deseaba una zona más limitada. Los limítrofes insistieron ante Bolivia, cuyo canciller Canelas contestó que Bolivia aceptaba la fórmula del 25 de agosto, complementada con la propuesta Mello Franco y las observaciones suyas del 5. Argentina, Chile y Perú manifestaron a Mello Franco que la propuesta del 25 de agosto no admitía las modificaciones invocadas por Bolivia. Al no haberse llegado a un acuerdo, los Gobiernos del ABCP declinaron la invitación de la Sociedad de las Naciones para mediar en su nombre.
Estigarribia pasa a la ofensiva
La ofensiva de Kundt iniciada en diciembre de 1932 y prolongada hasta fines de agosto de 19833, debilitó considerablemente al Ejército boliviano. Este tiempo fue verdaderamente el de la organización del Paraguay, cuyo espíritu se templó con las primeras alternativas de la guerra. Los arsenales de Asunción, dirigidos por el capitán José A. Bozzano, comenzaron a fabricar municiones y repusieron eficazmente el material desgastado. Aumentó el armamento con las adquisiciones en el exterior y con lo que se había capturado a los bolivianos. Se creó el Ministerio de Economía, a cuyo frente se puso a Luis A. Riart, que organizó la agricultura y ganadería. Las finanzas sufrieron el esfuerzo de la guerra sin desarticularse. Las circunstancias eran propicias para pasar a la ofensiva. Estigarribia elaboró un amplio plan, cuya primera etapa comprendía la desaparición de las cañas enemigas de Pampa Grande y Pozo Favorito, y la segunda el envolvimiento del grueso Ejército boliviano.
Pampa Grande y Pozo Favorito
Para dirigir personalmente las maniobras, Estigarribia tomó el mando del frente Pampa Grande-Falcón. El 11 de septiembre de 1933 comenzaron las operaciones con la intercepción del camino de retaguardia en Pampa Grande. El 14 fueron encerrados los bolivianos en Pozo Favorito, cuya resistencia no se prolongó mucho tiempo. El 15 comenzaron a rendirse fuerzas aisladas y poco después lo hacía el grueso de las que se hallaban atrincheradas tanto en Pampa Grande como en Pozo Favorito. Estigarribia fue ascendido a general de brigada. Quedaba suprimida la cuña de Campo Aceval (Rancho Ocho) y las fuerzas paraguayas se coloraron en condiciones inmejorables para reanudar la ofensiva. El 27 de septiembre se llevó un golpe local contra las tropas bolivianas de Pririzal, que se malogró por indecisión del mando paraguayo. El grueso de las fuerzas bolivianas quedó en situación muy comprometida.
Nueva fórmula de Argentina y Brasil
Mientras que la Comisión de la Liga navegaba, el Presidente de la Argentina, general Justo, acompañado del canciller Saavedra Lamas, hizo una visita oficial al presidente del Brasil, Vargas. Ambos presidentes acordaron realizar un nuevo esfuerzo para restablecer la paz en el Chaco. De las entrevistas de Saavedra Lamas con Mello Franco surgió una nueva proposición de arreglo, por medio del arbitraje y un armisticio general bajo la garantía moral de los presidentes de Argentina y Brasil. Bolivia gestionó que se dejara a salvo “una lonja en el Norte” que compensara la zona Hayes excluida del arbitraje. El Paraguay manifestó su total disentimiento con la fórmula, según la cual parte del Chaco quedaba ya en poder de Bolivia previa a todo arbitraje. La fórmula de Río de Janeiro fue abandonada.
Comienza la gran batalla de Zenteno
Estigarribia decidió empeñar todos sus recursos en la gran batalla que venía preparando. Se buscaron contingentes en Bahía Negra y en Pilcomayo, con los cuales se completó una importante masa de operaciones. Con ella Estigarribia se propuso envolver el ala derecha boliviana en el sector de Zenteno, marchar sobre Muñoz y cortar igualmente a las tropas enemigas de Nanawa, con lo que la destrucción del Ejército boliviano sería completa. El 23 de octubre de 1933 comenzó la gran batalla, en un frente de cerca de 70 kilómetros; el ataque se extendía poco después al Norte, alcanzando violencia y extensión extraordinarias. Los bolivianos cedieron terreno a todos los sectores.
La ofensiva paraguaya prosiguió hasta el 17 de noviembre, dejando a las fuerzas bolivianas fuertemente aferradas a su última línea de defensa y en situación sumamente comprometida en lo que respecta al grueso situado en el sector Zenteno, cuya destrucción era el objetivo de Estigarribia. El presidente Salamanca aconsejó desde La Paz a Kundt el abandono de Zenteno (Aliguatá), pero Kundt no atendió la indicación.
Comienza a actuar la Comisión de la Liga
El 3 de noviembre de 1933, en pleno desarrollo de la gran batalla de Zenteno, llegó a Montevideo la Comisión de la Liga. El ministro boliviano en esa ciudad declaró ante la Comisión que sólo a condición de que las funciones de ésta se ejercieran en los límites defendidos por Bolivia aceptaría ésta su participación en ella. Por su parte el canciller Canelas emitió públicamente conceptos adversos a la Sociedad de las Naciones, pero el Senado boliviano los desautorizó y pidió al presidente Salamanca la designación de un nuevo canciller, como se hizo. Carlos Calvo reemplazó a Canelas y la Comisión quedó reconocida por Bolivia.
Trasladada la Comisión al Paraguay, allí escuchó la reiteración de los puntos de vista sobre la prioridad del cese de las hostilidades. Luego de visitar el general Estigarribia y los establecimientos industriales del Paraguay radicados en el Chaco, la Comisión se trasladó a La Paz, donde pudo comprobar que Bolivia continuaba conceptuando esencial el acuerdo previo sobre las bases del arreglo territorial.
En tanto que la Comisión procedía a sus investigaciones, se produjeron en el Chaco acontecimientos militares que variaron fundamentalmente la situación de los ejércitos beligerantes, en equilibrio desde un año atrás.
La rendición boliviana de Campo Vía
El 1° de diciembre del año 1933 ya estaban completados los preparativos para la última fase de la gran batalla de Zenteno. El 3 Estigarribia tomó a su cargo el mando directo del sector Francia, y el 4 se inició la masiobra envolvente, interceptando el camino de Zenteno a Pabón. El 6 era igualmente cortado el camino de Zenteno a Saavedra y a otro secundario del mismo punto al Pozo Negro, quedando desde ese momento un solo camino para el escurrimiento de las tropas bolivianas de Zenteno. Ese mismo día se replegaron los bolivianos del frente de Pozo Favorito y Campo Aceval y el 7, a primera hora, las tropas paraguayas entraron en Charata, rompiendo las líneas bolivianas en Gondra. El coronel Banzer, comandante de una de las divisiones bolivianas en repliegue, dio cuenta a Kundt de su apurada situación. Kundt, que estaba desconcertado por la rapidez de los movimientos paraguayos, sólo atinó decirle: “proceda según su situación”, lo cual significaba el abandono del mando por el general en jefe en el momento más crítico. El 8 los paraguayos se apoderaron de Zenteno. El 9 los bolivianos se replegaron en todo el frente de Nanawa en dirección de de Samakleay. El coronel Enrique Peñaranda marchó con refuerzos por el camino Saavedra-Zenteno, pero los paraguayos aparecieron a su retaguardia. Peñaranda escapó con su estado mayor abriendo senderos por el bosque. El 10 Estigarribia intimó rendición a los mandos bolivianos y ese mismo día lanzó al espacio, por radio, un parte sin cifrar, en que afirmaba tener encerradas a dos divisiones bolivianas en un “triple cerco”. En realidad no se había establecido aún ningún enlace entre las tropas de envolvimiento, pero el efecto psicológico buscado por Estigarribia se produjo ampliamente. El desconcierto cundió entre las tropas semisitadas. El 11, Kundt ordenó que, después de destruir el material, las tropas bolivianas rompieran el cerco, pero el coronel Irrazábal, desde Nanawa, transmitió a Banzer las condiciones de la rendición: no debía destruirse un solo camión, sin pena de dejar sin agua a los sitiados. A las doce del 11 de diciembre de 1933 se rindieron las dos divisiones, entregando todo su material. Doscientos cincuenta jefes y oficiales, 8.000 soldados prisioneros, 24 piezas de artillería, 60 morteros, 1.000 ametralladoras, 11.000 fusiles, 80 camiones y millones de cartuchos fueron el botín recogido en la casi incruenta jornada con que se puso término a la gran batalla de Zenteno iniciada el 23 de diciembre.
La victoria de Campo Vía, fruto de una concepción estratégica perfecta, produjo inmenso júbilo en el Paraguay. Significaba la destrucción de la mitad del Ejército boliviano, la captura de importante material, de que tan necesitado estaba el país, el desprestigio definitivo del mando enemigo y la radical desaparición del peligro de un avance boliviano sobre el litoral. Estigarribia fue ascendido a general de división sobre el campo de batalla, y el presidente Ayala, que llegó al puesto de mando el día de la rendición, dirigió a una proclama al Ejército. “Tengo – dijo – la dicha singular de estar entre los combatientes en este día que marca una etapa decisiva en la campaña contra el invasor de territorio nacional… El éxito alcanzado no es fruto del azar, sino el resultado lógico de un plan concebido con inteligencia y ejecutando con alto espíritu de abnegación y firme voluntad de vencer”. Y terminaba diciendo: “El nombre del Paraguay se dibuja de nuevo en la Historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones de ciudadanos late con fuerza la fe en la patria inmortal”.
Paraguay conduce un armisticio
En ejemplar demostración de su humanitarismo, el Paraguay, en vez de sacar el mayor provecho posible de la gran victoria de Campo Vía, persiguiendo hasta aniquilarlos a los restos del Ejército boliviano, que huían abandonando material y heridos en dirección del Pilcomayo, propuso el 18 de diciembre de 1933 un armisticio general que se haría efectivo desde el 19 hasta el 30. La razón alegada por el presidente Ayala fue que los 14.000 prisioneros bolivianos no podían ser atendidos debidamente mientras prosiguiera la guerra, por dificultades materiales insalvables.
La proposición paraguaya fue aceptada por Bolivia y el día indicado cesó el fuego pocos instantes después de que los paraguayos hubieran tomado Muñoz, hasta entonces cede del mando boliviano. La Comisión de la Liga se trasladó de La Paz a Montevideo, donde convocó a los plenipotenciarios de ambas partes, de acuerdo con una propuesta del Paraguay. Los esfuerzos de la Comisión, así como los de la Conferencia Panamericana, que en esos días se reunía en Montevideo, se dirigieron a la prolongación de armisticio. El Paraguay sólo lo consistió hasta el 6 de enero de 1934, fecha en que se reanudaron las hostilidades. La Comisión consideró que este hecho era incompatible con la continuación de las negociaciones, pero el Comité de los Tres de Ginebra la invitó a proseguir sus actividades. Las negociaciones se reanudaron en Buenos Aires; en ella el Paraguay estuvo representado por el doctor Jerónimo Zubizarreta.
Nueva propuesta de la Comisión de la Liga
El 20 de febrero de 1934, la Comisión de la Liga propuso un proyecto de tratado por el cual, suspendidas las hostilidades, se evacuaría el Chaco y se atribuiría jurisdicción amplia al Tribunal Permanente de Justicia Internacional, para dirimir el pleito de límites excluidos la zona de Hayes y los territorios al norte de Bahía Negra cedidos en 1903 por el Brasil a Bolivia. El Paraguay rechazó esta proposición, por entender que ella significaba poner en arbitraje todo el Chaco. “Hay que reconocer – dijo el delegado Zubizarreta – que el arbitraje es un método de prevención de la guerra. El Paraguay lo ofreció ampliamente en cuantas oportunidades lo cupo hacerlo. Esta conducta justa, inspirada en anhelo de concordia, no encontró de parte de Bolivia la correspondencia debida. La guerra, vino con los sacrificios cruentos y los sufrimientos de todo orden que impone. Producida y adentrada como está, no es extraño que el Paraguay no mantenga su criterio con la amplitud de antes”. Bolivia tampoco aceptó el plan, y la Comisión dio por terminado su cometido, regresando a Europa.
Reorganización del Ejército boliviano
El desastre de Campo Vía provocó la destrucción del general Kundt. Peñaranda, ascendido a general, lo reemplazó; éste se propuso reorganizar el Ejército boliviano para contener la ofensiva paraguaya. Estigarribia planeó el avance en dos direcciones: hacia Camacho y Esteros, ocupados en 8 y el 9 de enero de 1934. El avance paraguayo se realizó lentamente, por falta de medios de transporte y la prolongación de las líneas de comunicaciones. El 18 de enero se estableció nuevamente contacto con los bolivianos en Catán, en el sector de La China, y el 23 en Magariños. El 3 de febrero, mediante una maniobra envolvente, cayó La China, quedando expedido el camino a Ballivián, donde Peñaranda estaba concentrando sus tropas, que en gran número le eran enviadas desde el altiplano. Los paraguayos que operaban sobre el Pilcomayo se apoderaron el 10 de febrero, por asalto, de Magariños, y dos días después de Cabezón. Los bolivianos continuaron su repliegue a lo largo del Pilcomayo y en el sector detrás de las tropas. Etas debieron alimentarse semanas enteras con galleta y mate, apareciendo el terrible mal de escorbuto, que pronto causó estragos y disminuyó la calidad combativa de los soldados.
Estigarribia con el designio de cortar el Ejército boliviano de Ballivián cuando dispusiera de medios de transporte, ordenó la apertura de un camino directo desde Camacho hasta Cururenda. Los bolivianos dándose cuenta del peligro de este camino, acumularon fuerzas en Guachalla, Alurralde y Garrapatal, al mismo tiempo que continuaron su repliegue en el Pilcomayo, abandonando Linares el 3 de marzo y cediendo también terreno en Cabezón. El 15 de marzo los paraguayos detuvieron su avance ante posiciones bolivianas fortificadas, que iban desde Campo Jurado hasta el río, cerca de Ballivián, donde Peñaranda preparó su principal dispositivo defensivo.
Revés boliviano en Cañada Tarija
La acumulación de tropas bolivianas en Cañada Tarija y Garrapatal entrañaba serios peligros para el flanco derecho paraguayo. Para despejar la situación, Estigarribia dispuso un movimiento ofensivo. El 27 de marzo de 1934, después de interceptar el camino de retaguardia, las fuerzas paraguayas se apoderaron de Cañada Tarija, tomando prisioneros a los contingentes que defendían la posición, cuyo jefe, el teniente coronel Ángel Bavia, intentó suicidarse. Llevando el grave estado al campamento paraguayo, lo visitó el general Estigarribia. Bavia murió el 5 de abril. El 28 de marzo cayó también Garrapatal. Los prisioneros declararon que no había agua desde Cañada Tarija hasta Carandayty. Estigarribia, pues, dejó confiada la defensa de este sector al desierto, y cumplido su objetivo, concentró nuevamente sus esfuerzos sobre el Pilcomayo, desde el 11 de mayo se produjo, por primera vez, el contacto de los dos cuerpos que venían operando desde distintas direcciones.
Fracaso paraguayo en Cañada Strongest
A fines de abril del año 1934 la reorganización boliviana había terminado. Cuarenta mil soldados bien armados estaban distribuidos en tres grupos: el primero de Lafaye a Carandayty, el segundo de Cañada Strongest o Esperanza a Cururenda y el tercero de Ballivián a Guachalla. La falta de oficiales fue suplida con el enganche de varios centenares de militares chilenos. A esta fuerza, Estigarribia no podía oponer sino 20.000 soldados, distribuidos también en tres cuerpos, con los cuales concibió el plan de batir sucesivamente a los distintos grupos enemigos, comenzando por el centro, que debía ser atraído por el Primer Cuerpo, para caer sobre él por detrás del Segundo Cuerpo agrupado en el Norte y que luego debía marchar hacia Cururenda para encerrar a los bolivianos de Ballivián-Guachalla, quienes, mientras se cumplía la maniobra, debían ser contenidos por el Tercer Cuerpo establecido por el Pilcomayo. Pero la vasta maniobra no tuvo feliz resultado. Una división del Primer Cuerpo, que tenía a su cargo la misión principal, se dejó rodear por fuerzas superiores en Campo Strongest. Aunque parte de sus efectivos logró romper el cerco, el resto se rindió el 24 de mayo. Este hecho, que impidió el cumplimiento del plan de Estigarribia, fue jubilosamente festejado en Bolivia, a pesar de que la batalla de Strongest terminó con un repliegue de las fuerzas bolivianas.
El informe de la Comisión de Ginebra
El 9 de mayo de 1934 la Comisión investigadora de la Sociedad de las Naciones presentó su informe ante el Congreso. De él se infería que el Paraguay se había opuesto a la paz por fiar demasiado la solución del pleito a la suerte de las armas. La Comisión ponía seriamente en duda el éxito militar paraguayo. El Paraguay rechazó vivamente el informe de la Comisión, a la cual acusó de no haber tenido “la seriedad de juicio y la exactitud de pensamiento que había el derecho de esperar de una tan alta Comisión”.
Reunido el Consejo de la Sociedad de las Naciones para considerar el informe, resolvió encomendar al Comité de los Tres el estudio de la posibilidad de prohibir de exportación de armas al Paraguay y a Bolivia, como un medio de evitar la prolongación de la guerra. Muchos países procedieron entonces al embargo de materiales bélicos destinados a los beligerantes. Bolivia, que objetó el embargo, pidió el 31 de mayo que la Liga aplicara el procedimiento previsto por el artículo 15 del Pacto. El Paraguay observó que el procedimiento no era aplicable para un caso de guerra ya declarada, pero el Consejo aceptó la apelación boliviana, cuyo objetivo es obtener la aplicación de sanciones unilaterales sin la previa determinación del agresor. La diplomacia de Bolivia se había infiltrado en el ambiente de Ginebra, donde contaba obtener la victoria que le resarciera de sus importantes pérdidas militares.
Derrota boliviana en el Carmen
Para contrarrestar el avance paraguayo hacia Cururenda, las fuerzas bolivianas del Carmen, se empeñaron al fondo el 15 de junio de 1934 en una furiosa contraofensiva. Los atacantes, en número de 3.000, estuvieron a punto de envolver el ala derecha paraguaya, pero su esfuerzo terminó con su dispersión. En esta acción recibieron su bautismo de fuego los oficiales chilenos incorporados al Ejército boliviano. Como resultado, los bolivianos ejecutaron un nuevo repliegue de 40 kilómetros, pero el 21 volvieron a emprender un contraataque en El Carmen, siendo igualmente rechazados con grandes bajas.
Victoria de la aviación paraguaya
Por la escasez de aviones y su tipo anticuado, la aviación paraguaya no había tenido hasta entonces una actuación muy destacada. No por eso los aviadores nacionales dejaron de realizar heroicas proezas en acciones individuales contra fuerzas superiores. El 26 de junio de 1934 hubo el más importante combate aéreo en el sector de Ballivián. Una escuadrilla paraguaya derrotó a otra boliviana en un combate de quince minutos. Los bolivianos emplearon rapidísimos cazas “Curtis”, en tanto que los paraguayos utilizaban bombarderos “Potez”, muy lentos y pesados.
Exposición de la causa paraguaya en Ginebra
Invitado el Paraguay a hacer una exposición de su causa ante la Asamblea de la Liga, de acuerdo con el artículo 15, cuya aplicación había decretado el Consejo, lo hizo en fecha 11 de julio, en un memorial en que se historiaba el desarrollo del conflicto y se exponía las condiciones del Paraguay para su solución. Sostuvo el documento que el deber primordial de las naciones era poner fin a la guerra, acompañando el cese de las hostilidades con medidas adecuadas de seguridad que crearan la atmósfera de confianza donde, por conciliación, acuerdo directo, arbitraje o decisión judicial, se buscara la solución de las diferencias, excluyendo en todos los casos la discusión del litoral del río Paraguay, su hinterland y la zona Hayes.
Fracasa otra fórmula pacificadora
Como cada día parecía más dudoso el éxito de la Sociedad de la Naciones, el canciller argentino Saavedra Lamas obtuvo el acuerdo de los Gobiernos del Brasil y de Estados Unidos para intentar una solución americana. El 12 de julio de 1934 fue formulada en Buenos Aires una proposición de arreglo, per la que el Paraguay y Bolivia ratificaban su adhesión a la doctrina del 3 de agosto y se comprometían a poner término a la guerra en el más breve plazo posible y a nombrar plenipotenciarios que se reunirían en Buenos Aires para concertar el alto definitivo de las hostilidades y las medidas de seguridad necesarias, así como a constituir la Comisión de conciliación previsto en el Pacto antibélico Saavedra Lamas. En caso de no obtenerse la conciliación de ambos países, se comprometerían a someter la cuestión al fallo de la Corte Permanente de Justicia Internacional. El Gobierno paraguayo aceptó sin reservas el plan, pero las observaciones formuladas por Bolivia decidieron el abandono de las negociaciones, que volvieron a radicarse en Ginebra.
Batallas frente a Ballivián
El 8 de julio de 1934 los paraguayos reanudaron la ofensiva en Ballivián, atacando en tres sectores con gran ímpetu. El Tercer Cuerpo rompió el frente boliviano, apoderándose de importantes materiales. El Primer Cuerpo también asaltó y rompió el frente enemigo a Guachalla, pero el Segundo Gripo no pudo rematar su misión de acuerdo con el plan de Estigarribia. El 10 rompió también la línea boliviana, pero a poco de avanzar se produjo una desorganización en sus líneas que volvió imposible la acción coordinada. Los bolivianos, aprovechándose de esta desorientación, enviaron refuerzos y detuvieron el avance paraguayo, al mismo tiempo que contraatacaron en Ballivián. Las pérdidas fueron inmensas en ambas partes. Al parecer Ballivián era inexpugnable por su fuerza y Estigarribia comenzó a concebir una maniobra destinada a flanquearlo por su extrema izquierda.
El jefe del Estado Mayor boliviano aconseja la paz
A pesar del éxito de la defensa de Ballivián, en los dos años de guerra se había consolidado la superioridad militar del Paraguay y se veía muy remota la esperanza de que el Ejército boliviano pudiera imponerse a su adversario. El jefe del Estado Mayor boliviano, coronel David Toro, se dirigió al mando superior y al Parlamento exponiendo la verdadera situación militar del país y aconsejando una paz honorable “sin vencidos ni vencedores”, por estimar que la situación de equilibrio que se había formado en el Chaco ya no podía ser rota en beneficio de Bolivia. Toro consideraba que Bolivia no podía obtener una “victoria decisiva” y en la enumeración de las casusas de esa imposibilidad ponía, en lugar principal, la desigual condición del elemento combativo de uno y otro país, “ya que el soldado indígena es un elemento absolutamente extraño al medio en que actúa”. Reconocía que el Paraguay siempre podía contar con mayores reservas, con ser sus efectivos casi iguales, por la circunstancia de que necesitaba menor número de combatientes para cubrir un mismo frente.
Incidente diplomático con Chile
Desde el comienzo de las hostilidades el Paraguay formuló reclamaciones amistosas al Gobierno de Chile por las facilidades que encontraba Bolivia para usar el ferrocarril de Arica a La Paz, pero estas reclamaciones no fueron atendidas y Chile comenzó a variar su actitud frente a Bolivia, tradicionalmente hostil. Poco a poco fue desapareciendo la tirantez de sus relaciones, aguzada a raíz del fracaso de la fórmula de Mendoza, para dar lugar a una actitud de “neutralidad benévola” de Chile, como la calificó Salamanca, Chile consistió en su territorio el enganche a gran escala de oficiales chilenos retirados, que fueron a suplir las enormes pérdidas sufridas por Bolivia en el Chaco, y posteriormente admitió la contratación de centenares de obreros destinados a las minas bolivianas, a fin de que los nativos pudieran engrosar las filas del Ejército.
Las reclamaciones paraguayas ante estos hechos no fueron atendidas. La prensa asuncena criticó con viveza la posición del Gobierno chileno, cuyo ministro expresó su contrariedad por algunos de esos artículos, que estimó ofensivo para su país. El canciller Benítez le respondió que el hecho respondía a un estado de la opinión pública, alarmada por la conducta chilena en relación a la guerra del Chaco, y volvió a enumerar los motivos de queja que tenía el Gobierno paraguayo frente a la parcialidad que significaba el transporte por territorio y ferrocarriles chilenos de materiales para el ejército boliviano, el alistamiento de oficiales y la contratación de obreros chilenos por Bolivia, hechos que respondían seguramente “a una política deliberada, a estar por los documentos emanados del Comando superior”. El Gobierno de chile ordenó entonces que su representante abandonase Asunción y lo propio hizo el Paraguay en Chile. Las relaciones diplomáticas quedaron interrumpidas, aunque por poco tiempo. Por mediación de la cancillería argentina se puso término al incidente y se restablecieron las respectivas Legaciones.
La ofensiva hacia Carandayty
El pesimismo que trascendía del dictamen del coronel Toro no estaba, en cierto modo, conforme con la desigualdad de los efectivos y con la posición estratégica de ambos ejércitos. Bolivia tenía por entonces 50.000 hombres, y el Paraguay 21.000. Además, gruesos contingentes estaban concentrándose en el sector de Ingavi con manifiesta intención de salir hacia Pitiantuta o Bahía Negra, regiones casi desguarnecidas. Para neutralizar esta peligrosa situación, Estigarribia ordenó una ofensiva sobre Picuiba, que fue ocupado el 15 de agosto de 1934 por el Segundo Cuerpo. El avance prosiguió velozmente, conquistándose el 17 de agosto Irendague y 27 de Noviembre, y el 22 Algodonal, con los que las fuerzas bolivianas se encontraron aisladas de su base de Santa Fe, emprendiendo el repliegue hacia Roboré. Con ello se había cumplido el objetivo de la ofensiva y alegado el peligro de una acción boliviana sobre Pitiantuta y el río Paraguay.
El comandante del Segundo Cuerpo, coronel Franco, pidió autorización para proseguir la operación hacia Carandayty, y aunque ello no estaba previsto en ese momento en los planes de Estigarribia e implicaba muchos peligros por el excesivo alejamiento de las bases, la autorización fue concedida, prosiguiendo el avance hasta llegar el 27 de agosto a cinco kilómetros de Carandayty. Las tropas paraguayas pisaron por primera vez las estribaciones de las cordilleras de los Andes y estaban llegando a los límites del Chaco. Pero, por carencia de agua, su posición pronto se volvió insostenible. El enemigos se dió cuenta de ello y trasladó fuerzas considerables hacia Carandayty y el Parapití. Estigarribia dio órdenes de que el Segundo Cuerpo se replegara sobre Picuiba. Así comenzó a hacerlo el 8 de septiembre, pero no sin tener que romper sucesivos cercos en Algodonal, la Rosa, Villazón y Lomas Vistosas. El retroceso se llevó a cabo en un vasto desierto completamente desprovisto de agua, por tropas que venían combatiendo incesantemente desde hacía un mes, y fue muy azaroso. Pero, casi simultáneamente, las tropas del sector de Pitiantuta, haciendo una épica marcha a pie de más de 200 kilómetros y venciendo sucesivas resistencias, se apoderaron de Ingavi el 5 de octubre de 1934.
Reunión de la Asamblea de la Liga
Mientras tanto se reunía en Ginebra la Asamblea de la Sociedad de las Naciones, que el 17 de septiembre de 1934 nombró un Comité especial encargado de entenderse con las partes y, de acuerdo con el artículo 15 del pacto, procurar un arreglo por conciliación, o de preparar en defecto de éste el informe pertinente. Invitado a acreditar un plenipotenciario, el Paraguay, que insistió en que el artículo 15 no era aplicable, respondió que sólo enviaría un delegado para negociar la cesación inmediata de las hostilidades y un régimen de seguridades como condición para los arreglos de la cuestión de fondo. El Comité replicó que había decidido a examinar en primer lugar el cese de las hostilidades, pero que no tenía libertad para limitar su mandato. Finalmente, el 2 de noviembre, el Gobierno paraguayo notificó la designación del doctor Ramón V. Caballero como delegado ate el Comité, y aceptó su jurisdicción.
Los paraguayos toman Ballivián
El debilitamiento del sector del Pilcomayo, que fue la consecuencia de la contraofensiva boliviana en Carandayty, permitió a Estigarribia a asestar un fuerte golpe en Cañada del Carmen, sector donde los bolivianos tenían acantonadas dos divisiones. El 14 de noviembre de 1934 los paraguayos se apoderaron por sorpresa del fortín El Carmen, a retaguardia de las líneas bolivianas. El 15 cayó el fortín Independencia. El 16, una de las fracciones enemigas encerradas atacó furiosamente para romper el cerco, pero los paraguayos no cedieron. El pánico se generalizó pronto, y ese mismo día, antes de anochecer, se rendían 7.000 hombres con todos sus armamentos. Libre de enemigos en ese sector, Estigarribia esperó en dirección del Pilcomayo para encerrar a las fuerzas que tan tenazmente venían defendiendo a Ballivián; pero los bolivianos, dándose cuenta de la maniobra, iniciaron un repliegue en condiciones desastrosas.
El 17 de noviembre las tropas paraguayas se apoderaron de Ballivián tras un breve combate. Numerosos bolivianos se refugiaron en territorio argentino, arrojando sus armas al Pilcomayo. Guachalla, sobre el Pilcomayo, y Ororu, frente a El Carmen, cayeron poco después. La persecución no pudo realizarse aceleradamente por falta de medios de transporte y por el cansancio de las tropas, que venían combatiendo sin descanso en operaciones ofensivas que ya duraban dos meses.
En Bolivia es depuesto Salamanca
El nuevo desastre del Carmen ocasionó la crisis política en Bolivia. Desde hacia tiempo las desinteligencias entre el presidente Salamanca y el comandante en jefe, general Peñaranda, hacían incierta la situación del Gobierno boliviano. Salamanca era acusado de no atender suficientemente las necesidades del Ejército y de intervenir desacertadamente en la dirección de las operaciones. Finalmente, el 29 de noviembre de 1934, al visitar el Cuartel General, fue apresado por las tropas, que le obligaron a presentar su renuncia. Le sucedió en el gobierno el Vicepresidente José Luis Sorzano, quien confirmó a Peñaranda en el mando del Ejército.
La Liga formula recomendaciones
Los esfuerzos realizados por el Comité de la Asamblea para obtener la conciliación fueron fructuosos, por lo cual proyectó el informe previsto en el artículo 15, recomendando a la Asamblea resoluciones que formaban “un todo indivisible”. Se preconizaba la formación de una Comisión de Intervención neutral, para garantizar el término de las hostilidades, estableciéndose una zona de seguridad de 100 kilómetros de anchura por lo menos. Un mes después de cese de las hostilidades debía reunirse en Buenos Aires una Conferencia, de la que formarían parte, además de los beligerantes, los cuatro limítrofes y de los países de la Comisión de Washington, para tratar la cuestión del Chaco. Antes de ser considerado por la Asamblea extraordinaria, que fue convocada para noviembre, el Comité sometió el proyecto a los beligerantes. El Paraguay objetó el procedimiento propuesto, que juzgó “dilatorio, complicado y abierto a innumerables incidentes”.
La Asamblea aceptó las observaciones sobre las medidas de seguridad, y el 24 de noviembre de 1934 adoptó el informe haciendo suyas las recomendaciones. Al mismo tiempo aprobó la prohibición del aprovisionamiento de armas a Bolivia y Paraguay, y para el mantenimiento de esta medida recomendó a los miembros de la Liga se tuviera el cuenta el curso dado por cada una de las partes a las recomendaciones de la Asamblea, para lo cual y proseguir las negociaciones constituyó un Comité consultivo con representantes de veintitrés naciones.
Desastre boliviano en Picuiba
Mientras proseguía la persecución de los bolivianos sobre el Pilcomayo, donde el 1° de diciembre de 1934 caía Cururenda, en la región de Picuiba un fuerte ejército de 15.000 soldados al mando del coronel David Toro estaba listo para irrumpir sobre la retaguardia paraguaya, en dirección de Camacho, que estaba desguarnecido. Estigarribia no contaba con fuerzas suficientes para distraerlas de otros sectores, y concibió una audaz maniobra, que consistía en apoderarse de Irendagüe, en plena retaguardia boliviana, asiento del único depósito de agua en toda la región hasta el Paparapití. El coronel Eugenio Garay, con escaso efectivo, cumplió la hazaña, después de una marcha estupenda a través de senderos abiertos durante el avance en el bosque, y el 7 de diciembre de 1934 se apoderó de Irendagüe. Como los esperaba Estigarribia, el Ejército boliviano, creyéndose atacado a sus espaldas por fuerzas superiores, y aunque estaba en condiciones de aniquilar a los escasos y cansados conquistadores de Irendagüe, no atinó a reaccionar y fue presa el pánico. Los jefes y oficiales se incautaron de los camiones y abandonando a la tropa se dieron a la fuga hacia el Parapití. Los regimientos bolivianos se dispersaron a través de las dunas desérticas, muriendo casi todos de sed.
Los dantescos horrores de la campaña de Picuiba superaron a todos cuantos se habían registrado hasta entonces en esta guerra inclemente, librada en la selva y el desierto. Fue vano que el coronel Toro aconsejara a sus tropas que resistieran al enemigo, muy inferior en número. Sus órdenes arrojadas desde aeroplanos, ponían como ejemplo la hazaña que acababan de cumplir los paraguayos. “El enemigo – decía – nos ha demostrado que es posible vivir aún meses careciendo casi todo elemento. El día de ayer hicieron un raid de casi 50 kilómetros avanzando por sendas y a pie hasta atacar a Irendagüe con máxima audacia y energía”. En menos de tres semanas, el Ejército boliviano de 50.000 hombres quedaban reducido a la mitad de sus efectivos y oprimido en el último rincón del Chaco.
No son practicables las recomendaciones de la Liga
El Gobierno paraguayo declaró que el plan de la Asamblea era impracticable, por tres razones que calificó de fundamentales: “1ra, el régimen de seguridad es provisorio y contingenciado a negociaciones posteriores a la cesación de las hostilidades; 2da, la fórmula de arbitraje adopta el criterio boliviano sobre la naturaleza del litigio, poniendo en discusión todo el Chaco, incluso la zona Hayes y el litoral; 3ra, hay olvido completo para determinar el agresor”. El documento paraguayo contenía también una acusación contra los funcionarios de la Sociedad de las Naciones, de extraviar con elementos de juicio tendenciosos la opinión de la Asamblea.
Las tropas paraguayas llegan al Parapití
Después de la caída de Ballivián las fuerzas paraguayas avanzaron paralelamente al río Pilcomayo. Las posiciones bolivianas fueron tomadas, una tras otra, hasta llegar a Cururenda-D´Orbigny, punto donde termina la frontera argentina. Por el centro las unidades paraguayas, después de la batalla de Picuiba, emprendieron la ofensiva, reanudando las trayectorias infructuosamente perseguidas en agosto de 1934, hacia Carandayty y el Parapitpí. La guerra comenzaba a cambiar de escenario. A la llanura sucedieron las serranías, primeras estribaciones de la cadena andina. Nuevamente se tenía a la vista la cordillera de los chiriguanos, tradicionalmente reivindicada como límite histórico por el Paraguay, juntamente con el río Parapitpí. En Ybybobo las fuerzas bolivianas intentaron detener la ofensiva paraguaya, pero un movimiento envolvente efectuado el 30 de diciembre de 1934 hizo que, después de sangrienta acción, los bolivianos se rindieron.
El grueso del ejército mandado por Peñaranda se refugió en Villa Montes, al otro lado del Pilcomayo, en plena montaña, y allí, fuertemente atrincherado, se aprestó a contener la ofensiva paraguaya. Caído Ybybobo, los paraguayos ocuparon el camino que une Villa Montes con Santa Cruz, quedando desde ese momento incomunicado Santa Cruz y abiertos los caminos de invasión del territorio boliviano. El 23 de enero de 1935 Carandayty y demás poblaciones civiles situado sobre ese camino cayeron en poder del Paraguay. Poco antes, el 16, fuerzas de avanzada se apoderaron de Santa Fe, sobre el río Parapití. Prácticamente, al comenzar el año 1935, Bolivia había sido desalojada del Chaco y Paraguay llegaba con su Ejército, después de dos años y medio de campaña, hasta donde sólo Ayolas, Irala y demás conquistadores del siglo XVI habían logrado llegar.
Ginebra aplica sanciones al Paraguay
Recuperado el Chaco, después de tantos sacrificios, la opinión pública se resistió a que ese territorio se sometiera a un debate arbitral, como preconizaba la Sociedad de las Naciones. Invitado el Gobierno por el Comité Consecutivo a revisar sus observaciones al plan del 24 de noviembre, el Paraguay se ratificó en todas ellas. El Comité, estimando definitiva la negativa paraguaya, resolvió, el 16 de enero de 1935, aplicar el artículo 15 y declaró que el Paraguay debía abastecerse de recurrir a la guerra contra Bolivia, por haber este país aceptado las recomendaciones. Tratándose de una guerra hacia tiempo declarada, la disposición no podía ser más curiosa y era de difícil aplicación. El Comité declaró que ya no había razón para la prohibición de suministrar armas a Bolivia. Sorprendida Paraguay por esta injusta decisión, estaba por retirarse de la Liga, cuando la Cancillería argentina, que también quedó sorprendida, pues su delegado en Ginebra, Enrique Ruiz Guiñazú tenía instrucciones de no admitir sanciones que no se basaran en la previa determinación del agresor, envió a Luis Podestá Costa en misión confidencial ante el presidente Ayala, para sondear las posibilidades de que el Paraguay aceptase las recomendaciones de la Asamblea.
La misión de Podestá Costa
El enviado confidencial de la Cancillería argentina obtuvo éxito en Asunción. El presidente Ayala se manifestó dispuesto a aceptar las recomendaciones convenientemente modificadas y toda vez que el Comité Consultivo revisara su decisión respecto del embargo de armas, y concretó sus observaciones en un plan que entregó el 31 de enero de 1935 a Podestá Costa. La fórmula propuesta corregía las disposiciones referentes a seguridad y contenía un nuevo ordenamiento del procedimiento para llegar a la solución de las diferencias de fondo. La proyectada conferencia de la Paz estaría constituida por representantes de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, y ante ella las partes negociarían un arreglo de los límites por acuerdo directo o por arbitraje. Si no hubiera acuerdo arbitral, la Conferencia procedería a fijar la materia específica de la controversia. También se constituirá una conferencia de países vecinos, para estudiar los problemas económicos del Paraguay y Bolivia. En las conferencias entre Ayala y Podestá se estudió también una posibilidad de mediación americana, que sería apoyada por la Cancillería argentina, en caso del fracaso de la Liga. La Argentina puso en conocimiento a la Cancillería chilena las bases paraguayas, y ésta, el 14 de febrero de 1935, resolvió enviar a La Paz, como agente confidencial, a Félix Nieto de Río. La disposición en que éste encontró al canciller boliviano David Alvéstegui no era favorable a la modificación de las recomendaciones del 24 de noviembre. Alvéstegui no quiso admitir el plan tramitado por Podestá Costa en Asunción y que Chile, ahora, prohijaba.
Fraternizan los guarayos con los paraguayos
Mientras tanto, las poblaciones indígenas de la región lindante con el Parapití, que hablaban un dialecto parecido al guaraní, idioma común de los paraguayos, fraternizaban con éstos y los recibieron como verdaderos libertadores. Delegaciones indígenas fueron destacadas hasta Asunción para presentar su adhesión a las autoridades paraguayas. Al mismo tiempo llegaron noticias de la alarma que cundía en el extenso departamento de Santa Cruz, también de frente influencia guaraní y cuyas antiguas tendencias separatistas comenzaban a manifestarse nuevamente. Por entonces, las operaciones militares estaban paralizadas. El servicio de aprovisionamiento, sobre todo, realizado ahora a través de enormes distancias, obligó al mando paraguayo a reorganizar toda la retaguardia. Los obstáculos fueron superados y pronto quedaron regularizadas las comunicaciones. Pero la lucha en la montaña, desconocida para el paraguayo, estaba erizada de dificultades imprevistas. Las sierras fueron escaladas en Ñacorainza, Taiguaté y Boyuibé, pero el 8 de marzo de 1935 un golpe de mano en el punto tuvo resultados desastrosos: el 10 los bolivianos contraatacaron desde las alturas y casi exterminaron a los paraguayos.
Paraguay se retira de la Liga
El 24 de febrero de 1935 expiraba el plazo que la Sociedad de las Naciones fijó al Paraguay para la aceptación definitiva de las recomendaciones. Hasta ese momento ningún resultado había obtenido la gestión argentinochilena. Paraguay creyó llegado el momento de adoptar la actitud que correspondía al sentirse víctima de una injusta sanción. El canciller Riart se dirigió el 23 de febrero al Secretariado General de la Liga anunciándole la determinación del Paraguay de retirarse de la Sociedad de las Nacione.
El 11 de marzo de 1935 se reunió la Comisión Consultiva, y ante ella, el secretariado general de la Liga planteó la situación del Chaco mediante una serie de preguntas que reflejaban el espíritu marcadamente hostil de la burocracia de Ginebra respecto al Paraguay. José María Cantilo, que había reemplazado a Ruiz Guiñazú como delegado de la Argentina, declaró que el artículo 16 del Pacto no admitía la aplicación de sanciones sin la determinación del agresor, y que su país había votado las resoluciones del 16 de enero fue porque “entendió votar tan sólo una advertencia, una medida política, tendiente al fomento de la paz”, y no como medida correctiva, jurídica, derivada del pacto. Y en lo que respecta a la retirada del Paraguay, Cantilo declaró que era un acto de soberanía que debía ser considerado con todo respeto. La conjura de la Secretaria General no tuvo éxito, y cuando días después, el 14, las Delegaciones de Argentina y Chile comunicaron que las gestiones que venían efectuando podían alcanzar buenos resultados, el Comité Consultivo resolvió diferir la cuestión del Chaco a la Asamblea, convocada al efecto para el 20 de mayo. Pero desde ese momento la cuestión escapó de la jurisdicción de Ginebra y los trabajos pacificadores quedaron radicados de nuevo en una instancia netamente americana.
Formación de un grupo mediador americano
El 9 de marzo de 1935 el canciller chileno Cruchaga Tocornal propuso la firma de pactos de honor entre los beligerantes y con los limítrofes, comprometiéndose a cesar en la guerra y a no continuarla en lo futuro, con la garantía de los mismos limítrofes. El Paraguay encontró razonable la propuesta, pero expresó que no hallaba conducente anticipar opiniones antes de la constitución de un organismo mediador con un plan definido. El mando boliviano, consultado acerca del plan tramitado por Podestá Costa y Nieto del Río, lo aceptó, y entonces el canciller Alvéstegui anunció que también lo aceptaría, con algunas modificaciones, y vinculándolo a la aceptación previa de los “pactos de honor” propuestos por Cruchaga.
El 15 de marzo el canciller chileno presentó un plan en que estaban incluidos tanto los pactos de honor como las recomendaciones del 24 de noviembre, con las modificaciones introducidas por Ayala y las que anunciaba Alvéstegui. La simultaneidad de las negociaciones amenazaba producir fricciones entre la Argentina y Chile. Saavedra Lamas no encontraba aceptables los pactos de honor y tampoco veía con buenos ojos que Chile asumiera la dirección de una mediación que había sido incluida conjuntamente. Ayala, previendo los inconvenientes que podían suscitarse estas desinteligencias, instruyó a la Legación en Buenos Aires que se insistiera en la necesidad de que se constituyese previamente el grupo mediador. “Nos parece más acertado – decía el memorándum del ministro Rivarola – constituir el grupo mediador en Buenos Aires, en la forma sugerida, o sea incluyendo a Estados Unidos de Norteamérica y Uruguay”. La indicación paraguaya fue atendida. El 1° de abril de 1935 las Cancillerías de Buenos Aires y Santiago, simultáneamente, invitaron a los Gobiernos del Brasil, Estados Unidos y Perú a cooperar en sus esfuerzos.
Paraguay hace un llamamiento a Bolivia
La constitución del grupo mediador tropezó con un grave e inesperado inconveniente. En la relación de antecedentes, por omisión involuntaria, no se había hecho figurar al Brasil entre los países que integrarían la Conferencia económica sugerida por el presidente Ayala. Tampoco figuraban los Estados Unidos, y en cuanto al Uruguay, no se le señalaba sitio en la Conferencia de la Paz. Todas estas omisiones motivaron una enérgica reacción del Brasil. Protestando contra su exclusión de la proyectada Conferencia, se excusó de participar en las negociaciones para la solución del conflicto del Chaco.
El Gobierno paraguayo sabía que el Bolivia había disposición favorable para la paz y estaba sorprendido por las demoras en la constitución del grupo mediador, lo cual significaba la prolongación innecesaria de la guerra, que, según declaró el presidente Ayala, iba “llegando a su desenlace natural”. El 24 de abril Ayala hizo categóricas declaraciones en un discurso que pronunció en Itá. “Nuestro país – dijo – está pronto para poner fin a la lucha. Un día menos de guerra pagará el esfuerzo que se haga en conseguirlo. Confiamos en que se acordará la formación de un grupo mediador capaz de afrontar el problema en toda su amplitud… Estamos dispuestos a tratar con el Gobierno de Bolivia, aun sin mediadores. No encontrará en nosotros un enemigo implacable”.
Invasión de Santa Cruz
En el tiempo en que Ayala formulaba este llamamiento la guerra se desarrollaba en territorio plenamente boliviano. El 5 de abril de 1935 los paraguayos habían logrado vadear el río Parapití, cerca de Amboro, el 6 caía Coperé y el 8 estaban bajo su dominio las dos márgenes de ese río en una extensión de 100 kilómetros. Comenzaba la invasión del territorio de Santa Cruz, hacia cuyo corazón se adentró el Ejército paraguayo dividido en tres columnas. El 16 de abril cayó Charagua, la primera ciudad que sufría los efectos de la guerra y cuyos habitantes, de origen guaraní, recibieron con simpatía al invasor. El mando boliviano, para defender la ofensiva paraguaya que amenazaba los yacimientos petrolíferos de Camiri, realizó una audaz maniobra. Descendiendo de las montañas, el 27 de abril, tropas bolivianas rebasaron el ala derecha paraguaya de la Línea de Villa Montes, tomando Boyuibé. Desde ese momento el ejército expedicionario de Santa Cruz quedó gravemente amenazado de ser copado, al propio tiempo que los bolivianos, continuaron su avance, recuperaban La Penca, Tarairí hasta llegar a Mandeyupecuá, y ponía el peligro Carandayty. Fue necesario ordenar el repliegue de las fuerzas que operaban en Santa Cruz. El 23 de abril los bolivianos recuperaron Charagua y el 27 la lucha se intensificó en todo el extenso frente desde Villa Montes hasta Ingavi.
El 16 de mayo las fuerzas paraguayas repasaron nuevamente el río Parapití. Ese mismo día, los paraguayos, después de intensa lucha, volvieron a tomar a Mandeyupecuá, luego batieron a los bolivianos en el Cuervo y reanudaron la ofensiva en dirección al Parapití, obligando a las fuerzas bolivianas a replegarse hasta Huirapitindi, que fue de nuevo tomado el 28 de mayo. Las operaciones quedaron otra vez establecidas, y desde Huirapitindi hasta Palo Marcado, pasando por Mandeyupecuá y Machareti, ambos ejércitos, atrincherados, esperaron los resultados de las negociaciones diplomáticas que habían llegado a su faz final y decisiva.
Los cancilleres se trasladan a Buenos Aires
No sin esfuerzo se obtuvo el 2 de mayo de 1935 que el Gobierno brasileño aceptara las explicaciones que le fueron dadas. Estados Unidos y Perú ya habían admitido su inclusión en el grupo mediador, el cual fue ampliado con el Uruguay. Por fin el grupo mediador quedó constituido en Buenos Aires el 11 de mayo, con el canciller argentino Saavedra Lamas y los representantes diplomáticos de Chile, Brasil, Perú, Uruguay y Estados Unidos, quienes, colectivamente, se dirigieron ese día a los cancilleres del Paraguay y Bolivia invitándoles a trasladarse a Buenos Aires. El 13 la invitación fue aceptada por el Paraguay, y el 16 por Bolivia, a cuyo canciller, Tomás Manuel Elío, que acababa de reemplazar a Alvéstegui, acompañaría la Delegación ya constituida para la Conferencia de la Paz. Esta última determinación mostraba sobradamente el anhelo de paz que animaba a Bolivia. Consultado el mando boliviano había manifestado su criterio “de ir a la paz sin vencedores ni vencidos, y a condición de que se salve el decoro del país y del Ejército; que se vaya, en su caso, a una transacción territorial, sin pensar en ir a la confluencia de los dos ríos”.
El 26 de mayo de 1935 arribaron en Buenos Aires los Cancilleres de los dos países beligerantes. Días antes había llegado a esa ciudad, correspondiendo a la vista del presidente Justo, el del Brasil, Getulio Vargas, a quien acompañaba el canciller Juan Carlos Macedo Soares. Tanto el presidente Justo como el presidente Vargas y el canciller Macedo Soares, que quedó incorporado al grupo mediador, participaron activamente en las negociaciones, y en muchos casos decisivamente. La Delegación chilena fue completado con Félix Nieto del Río y la de los Estados Unidos integrada por los embajadores Hugh Gibson y Alexander W. Weddell. El canciller argentino fue asesinado por Luis Podestá Costa e Isidro Ruiz Moreno, y el paraguayo, por el ministro en Buenos Aires, Vicente Rivarola, aparte el cuerpo de asesores y secretarios.
No se tienen en cuenta las gestiones anteriores
Al iniciar sus actividades el grupo mediador, el canciller Riart sostuvo que la mediación no debía tener en cuenta ninguna de las gestiones anteriores, y que, por consiguiente, su punto de partida tenía que ser “el examen de la situación general y de las opiniones de las partes expresadas ante la mediación”. El Gobierno paraguayo entendió que la intervención de los cancilleres debía estar limitada a las negociaciones para el inmediato cese de las hostilidades con seguridades adecuadas y al procedimiento en general para la conferencia de paz. una vez logrado el fin de las hostilidades con garantías de seguridad, Riart proponía que la mediación se constituyese en Conferencia de la Paz con los siguientes fines: 1°, definición de los límites entre el Paraguay y Bolivia, sea por convenio, sea por arbitraje; 2°, establecimiento de un régimen de tránsito, de comercio y de navegación que convenga a la posición geográfica de los contendientes; 3°,facilidades o concesiones de distinto género destinadas a favorecer el desarrollo de los países beligerantes; 4°, responsabilidad de la guerra.
La Delegación chilena insistió en que se tuvieran en cuenta las anteriores gestiones, pero el canciller brasileño zanjó la cuestión proponiendo en nombre del presidente Vargas una tregua inmediata para entrar a negociar los problemas controvertidos, prescindiendo de lo actuado anteriormente. Aunque esta primera proposición no tuvo éxito, fue la base de otras y de contraproposiciones de las partes, en que pudo verse que eran muchos los puntos de contacto en las posiciones de ambos contendientes en las cuestiones fundamentales. Al fin Bolivia estaba de acuerdo con el Paraguay en que lo primordial era que cesaran inmediatamente las hostilidades, con seguridades suficientes y sobre las bases de las posiciones actuales. El Paraguay, por su parte, estaba de acuerdo con Bolivia en que, simultáneamente con el cese de la lucha, había que estipular las bases de arreglo de las diferencias en cuanto a límites, por acuerdo directo o por arbitraje. Las únicas dificultades eran, por parte del Paraguay, el temor de que las garantías no fueran suficientes y que Bolivia sólo buscara una tregua para rehacerse de sus pérdidas, y por parte de Bolivia, el temor de que el Paraguay, conservando sus posiciones, dilatase la solución final y no se aviniera a someterse al arbitraje. Estas dificultades no parecían insuperables y los mediadores, asistidos por el presidente Justo, que intervenía personalmente cada vez que era necesario, trabajaron con infatigable afán para allanarlas y hacer posible el acuerdo total.
Elío adopta una actitud transigente
Casi todos los puntos de vistas anteriores de Bolivia habían sido abandonados. Las opiniones del mando militar, de acuerdo con la situación de los ejércitos, influyó en esta actitud, y a ello contribuyó también la firme decisión del canciller Elío, quien, apremiado por las intransigencias de algunos de los delegados de su país, particularmente Bautista Saavedra, el 5 de junio de 1935 declaró ante la Delegación boliviana: “Si la mediación pacifista fracasa, por nuestras intransigencia o por un mal entendido patriotismo, pues a veces ambos términos se confunden, será muy grave nuestra responsabilidad”. Refiriéndose al presidente Salamanca y a su desdén por los procedimientos de conciliación, agregó: “Pero la realidad es que el señor Salamanca arruinó al país y lo arruinó por muchos años. He aquí una dolorosa realidad, que, como ejemplo, es bueno recordar. Prácticamente hemos perdido el Chaco”. Y terminaba: “Dejar que continúe la guerra, pensando que ha de mejorar la posición diplomática de Bolivia, es colocar al país en una peligrosa aventura. Tres años de experiencia son suficientes para imponer una política de cordura. No es posible hundir a la nación a base de puras fantasías”.
Paraguay propone una paz sin vencedores
Si el curso de la guerra había aplacado la intransigencia oficial de Bolivia, en el Paraguay, el calor de los éxitos militares, había quienes sostenían que la suerte de las armas daba derecho a imponer las condiciones propias de un vencedor. Ayala no compartió esta opinión. Sabía que Bolivia aún no había sido aplastada. Había perdido el Chaco, pero sus centros poblados se hallaban casi intactos. Su extenuación no era sino un poco mayor de la que el Paraguay había producido el inmenso esfuerzo de los tres años de guerra. Ciertamente Bolivia no tenía ninguna probabilidad de reaccionar inmediatamente en el terreno militar, pero el alejamiento de sus bases, la situación económica y el cansancio general, no hubieran permitido al Paraguay multiplicar el esfuerzo en el grado necesario para romper el equilibrio y para llevar la guerra al territorio boliviano hasta imponer la paz anhelada por el patriotismo. El presidente Ayala estaba dispuesto a asumir valientemente la responsabilidad de una paz de iguales.
La proposición formal de paz que el 7 de junio presentó el canciller Riart al grupo mediador estaba inspirada en este deseo de concertar una paz que Bolivia pudiera firmar sin humillación. Se adoptaban todas aquellas medidas que el Paraguay consideraba indispensables para su seguridad militar y que Bolivia ya había aceptado con anterioridad; y en cuanto al procedimiento para llegar a la solución de las cuestiones de fondo, se establecía que la Conferencia de la Paz debía “promover la definición de los límites entre el Paraguay y Bolivia, por convenio entre las partes, o por celebración entre éstas del compromiso arbitral, con designación de la Corte de Arbitraje de La Haya como árbitro”.
Se llega a un acuerdo el 9 de junio
El proyecto Riart fue aceptado por Elío casi íntegramente. Sólo ponía objeciones a la falta de precisión en cuanto a la seguridad de la concertación del compromiso arbitral, para el caso de no llegarse al acuerdo directo. El embajador de Perú, Barreda Laos, encontró el día 8 la fórmula que contemporizaba con esa exigencia boliviana. Decía que la Conferencia de la Paz debía “promover la resolución del diferendo territorial o de límites, entre Bolivia y Paraguay, por acuerdo directo entre las partes, siendo entendido que Bolivia y Paraguay, caso de no alcanzar éxito las negociaciones directas, asumen por este convenio la obligación de resolver el diferendo del chaco por medio del arbitraje de derecho, designando desde ahora como árbitro a la Corte Permanente de Justicia Internacional de la Haya. El compromiso arbitral, en todo caso, quedará suscrito en el término máximo de noventa días, prorrogables hasta ciento ochenta, por la Conferencia de Paz de acuerdo con las partes”.
Riart aceptó la formula de Barrera Laos, menos en lo que se refería al plazo para subscribir el compromiso arbitral, y aquella fue suprimida para ser reemplazada por otra que decía: “La Conferencia de Paz pondrá término a las negociaciones directas cuando en su concepto haya llegado el momento de declarar que mediante ellas no es posible lograr el arreglo definitivo; llegado este paso se pasará a la concertación, por las partes, del compromiso arbitral, no pudiendo la Conferencia de Paz clausurar sus funciones en tanto que ese compromiso arbitral no quede definitivamente concertado”. En la madrugada del 9 de junio de 1935 Riart y Elío aceptaron esta fórmula, quedando allanado el último obstáculo para llegar a la paz. El texto completo del protocolo fue sometido a los Gobiernos para su aprobación definitiva. Surgieron algunas dificultades imprevistas. El presidente Tejada Sorzano incluyó el 10 de junio a Elío para que procurar introducir dos modificaciones en el protocolo: una por la cual la cuestión integral tendría que pasar automáticamente, en un plazo de noventa días, en caso de falta de acuerdo o de no aprobación constitucional del compromiso arbitral, a la jurisdicción arbitral de La Haya, y otra, que el territorio ocupado por las armas no podría ser objeto de “ningún acto de dominio o señorío, quedando sujeto al control de vigilancia de la Comisión militar neutral prevista en el Protocolo hasta el final de la contienda”. Elío insistió en que el Protocolo fuera aprobado en su texto íntegro y amenazó con su renuncia. El 11 de junio el Gobierno Tejada Sorzano le utilizó a subscribir el Protocolo, y como el presidente Ayala ya había dado a Riart análoga autorización, quedó concertado para el 12 de junio la firma del Convenio.
Firma del Protocolo de Paz
El 12 de junio de 1935, con gran solemnidad y en medio de júbilo de América, se firmó el protocolo por el cual se convenía el cese definitivo de las hostilidades sobre la base de las posiciones actuales de los beligerantes, se adoptaban medidas de seguridad encaminadas a evitar la reanudación de la guerra y se ratificaba el reconocimiento por los beligerantes de la declaración del 3 de agosto de 1932 sobre adquisiciones territoriales. La Conferencia de la Paz debía ser convocada por presidente de la Argentina, con los fines siguientes: 1°, ratificar solemnemente el Convenio; 2°, resolver las cuestiones prácticas que surgieran en la ejecución de las medidas de seguridad; 3°, promover la resolución de los diferendos entre Paraguay y Bolivia por acuerdo directo entre las partes; siendo entendido que esos países, caso de no alcanzar éxito las negociaciones directas, asumirían la misión de resolver los diferendos del Chaco por medio del arbitraje de derecho, designando desde entonces como árbitro a la Corte Permanente de Justicia Internacional de la Haya. La Conferencia de la Paz pondría término a las negociaciones directas cuando en su concepto hubiese llegado el momento de declarar que mediante ella no era posible lograr el arreglo definitivo; llegado este paso se pasará a la concertación, por las partes, del compromiso arbitral, no pudiendo la Conferencia de la Paz clausurar sus funciones en tanto que ese compromiso arbitral no quedara definitivamente concertado; 4°, promover oportunamente el canje y repatriación de prisioneros, de acuerdo con el Derecho de Gentes; 5°, establecer un régimen de tránsito, comercio y navegación que contemplare la situación geográfica de las partes; 6°, promover facilidades y convenios destinados a impulsar el desarrollo de los países beligerantes.
La Conferencia de la Paz debía constituir una Comisión Internacional que dictaminara acerca de las responsabilidades provenientes de la guerra. Las posiciones de los ejércitos en lucha, sobre cuya base se concertaba el alto en la lucha, debía ser determinadas en el terreno mediante una Comisión militar neutral integrada por representantes de las naciones mediadoras, debiendo las líneas de separación ser mantenidas bajo la garantía de la Conferencia de la Paz, a cuyo efecto la Comisión militar neutral las vigilaría y las controlaría. Las medidas de seguridad adoptadas consistían en la desmovilización de los ejércitos en un plazo de noventa días, hasta un límite máximo de cinco mil hombres; la obligación de no hacer nuevas adquisiciones de materia bélico, sino para el indispensable para la reposición, hasta la concertación del Tratado de la Paz, y el compromiso de no agresión. Se encargó a la Comisión militar neutral el cuidado de la ejecución de las medidas de seguridad hasta que se hicieran efectivas en su totalidad en cuyo término la Conferencia de la Paz debía declarar terminada la guerra.
El 14 de junio de 1935 cesa el fuego en el Chaco
La última batalla en el Chaco fue en Ingavi, donde se combatió desde el 30 de mayo hasta el 8 de junio, día en que los paraguayos obligaron a los bolivianos a rendir sus armas. La orden de alto el fuego sorprendió a las tropas paraguayas en pleno avance sobre Rabelo. El 14 de junio, a las doce, de acuerdo con el Protocolo firmado dos días antes y estando presente la Comisión militar neutral, que fue constituida con la presidencia del general argentino Martínez Pita, cesó el fuego a todo lo largo del extenso frente. Inmediatamente soldados paraguayos y bolivianos confraternizaron al borde de las trincheras. La Comisión militar neutral cumplió su tarea de fijar mediante hitos las líneas de separación, y promovió dos entrevistas entre los generalísimos del Paraguay y Bolivia, Estigarribia y Peñaranda. La primera se efectuó el 18 de junio en Villa Montes; la segunda, el 24 en Capirenda. Estigarribia dijo en esta ocasión: “Tengo el placer de expresaros que es para mí motivo de honra y sincera satisfacción contar en mi mesa, en estos momentos, con la presencia del señor general don Enrique Peñaranda, gran soldado boliviano, conductor capaz del Ejército de su patria, y es más honra esa satisfacción cuando pienso que este acto significa el acercamiento feliz e íntimos a que están llamados nuestros dos países y que debemos tratar, por patriotismo y sentido americanista, sea pronto una verdadera realidad”. Peñaranda contestó: “Nuestros puntos de vistas no son incompatibles con los vuestros. Y estoy seguro de ello, porque hay fundamentales, profundísimas razones históricas, geográficas y de intereses actuales, dentro de las cuales vuestra patria y la mía pueden hacer obra común en su marcha ilimitada y segura hasta el progreso. Quizás tenemos en nuestras manos, general Estigarribia, la clave histórica del futuro de una buena parte de América”.
Bibliografia: Efraim Cardozo. "Paraguay Independiente".
a la/s septiembre 03, 2010 4 comentarios:
Etiquetas: Historia, La Guerra del Chaco

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