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Timestamp: 2019-08-21 20:16:23+00:00

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Enmiendas a la totalidad presentadas al proyecto de ley de uso, protección y promoción de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón.
Diario de Sesiones de las Cortes de Aragón n°: 041 de Plenos (VIII Legislatura)
Intervinienen: Serrat More, Dolores - Ibeas Vuelta, María Nieves - Barrena Salces, Adolfo - Herrero Herrero, María - Ferrando Lafuente, María José - Pérez Esteban, María Teresa
El señor PRESIDENTE: Pasamos al siguiente punto del orden del día: debate y votación de las enmiendas a la totalidad presentadas al proyecto de ley de uso, protección y promoción de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón.
Para la presentación del proyecto, la señora consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte tiene la palabra por tiempo de diez minutos.
La señora consejera de Educación, Universidad, Cultura y Deporte (SERRAT MORÉ): Señor presidente.
Intervengo, en nombre del Gobierno de Aragón, para presentar el proyecto de ley de uso, protección y promoción de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón.
Este proyecto de ley está inspirado fielmente en el artículo 7 de la Ley orgánica 5/2007, de reforma del Estatuto de Autonomía de Aragón, en el que se entiende, sin confusión posible, que las lenguas habladas en Aragón y sus modalidades lingüísticas son inequívocamente aragonesas.
La ley tiene básicamente dos objetivos: la defensa del uso y la protección, promoción y difusión de las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón como mejor testimonio de nuestro patrimonio cultural, y, en segundo lugar, evitar que las lenguas y modalidades lingüísticas de Aragón puedan estar a merced de organismos reguladores ajenos a nuestra comunidad autónoma.
Formalmente, la ley está estructurada en un preámbulo, seis capítulos, cinco disposiciones adicionales, una disposición transitoria, una disposición derogatoria y dos disposiciones finales.
El preámbulo establece con claridad que «en Aragón, junto al castellano, se hablan lenguas y modalidades lingüísticas propias en determinadas zonas de Aragón, constituyendo estas un rico legado y un hecho singular dentro del panorama de las lenguas históricas de Europa». Y sigue diciendo este preámbulo que «estas lenguas, con sus modalidades lingüísticas configuradoras de una historia y una cultura propias, han de ser especialmente protegidas y fomentadas por la Administración aragonesa».
Su texto articulado recoge como elementos básicos los siguientes: en primer lugar, el reconocimiento de la pluralidad lingüística de Aragón y el derecho de uso a los hablantes de las lenguas y modalidades lingüísticas propias, al tiempo que garantiza que se promoverá su recuperación y enseñanza en las zonas de utilización preferente.
En segundo lugar, establece y distingue las zonas de utilización de las lenguas y modalidades lingüísticas propias en dos zonas: una zona de utilización histórica predominante de la lengua aragonesa, propia de las áreas pirenaica y prepirenaica, con sus modalidades lingüistas, y otra zona de utilización histórica predominante de la lengua aragonesa propia del área oriental, con sus modalidades lingüísticas propias, correspondiendo al Gobierno de Aragón la declaración de las zonas y municipios de utilización preferente, oídos los ayuntamientos afectados.
En tercer lugar, se crea la Académica Aragonesa de la Lengua como institución oficial competente para elaborar y determinar las normas y reglas de uso y como institución asesora en materia de lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón. Esta institución, es decir, la Academia Aragonesa de la Lengua, estará formada por personas de reconocido prestigio en el ámbito de la filología, literatura y lingüística, preferiblemente, doctores y, preferiblemente, hablantes nativos, y que cuenten con una larga trayectoria en la práctica y fomento de los valores lingüísticos y literarios propios de la comunidad aragonesa.
La ley pone también especial énfasis en la difusión del patrimonio lingüístico aragonés, considerando que este está formado por el patrimonio bibliográfico y documental aragonés, así como por los usos, costumbres y demás bienes inmateriales, y que todo ello forma parte del patrimonio histórico-cultural de Aragón.
Pone, asimismo, énfasis en fomentar la investigación y documentación científica y la recogida exhaustiva de todo ello en nuevos soportes que garanticen su transmisión a las generaciones futuras y su difusión cultural.
También propone permitir en las zonas de utilización histórica predominante de lenguas y modalidades lingüísticas propias la denominación oficial de los topónimos en la lengua tradicionalmente utilizada en el territorio, y ello, sin perjuicio de lo que establezca la legislación aragonesa al respecto.
En resumen, y a modo de conclusión, yo les diría que estamos ante un proyecto de ley que faculta para todo, pero que no impone nada; que busca unir y no dividir o, dicho de otra manera, que pone el acento en lo que nos une, no en lo que nos separa. Un proyecto de ley que parte de la más fiel interpretación de nuestro Estatuto de Autonomía, que, en esta materia, dice lo que dice, y no es una casualidad que considere las lenguas y modalidades lingüísticas propias de Aragón como una parte singular y destacada de nuestro patrimonio cultural, un tesoro que es menester proteger, conservar, difundir y promover con convicción, desde la voluntariedad, sin coacción y sin imposición.
Para la defensa de las enmiendas a la totalidad, por tiempo de diez minutos, tiene la palabra, en primer lugar, el Grupo Parlamentario Chunta Aragonesista. La señora Ibeas puede intervenir por tiempo de diez minutos para defender la enmienda número 1.
Señora consejera, si ustedes querían proteger, si ustedes quieren entender este tesoro que tenemos en Aragón, desde luego, van por el camino absolutamente equivocado.
Hubo un tiempo aquí, en Aragón, en el que existía un consenso y ustedes lo han roto, pero además, por el momento, de forma definitiva. Hubo un tiempo en el que, aquí, estábamos de acuerdo en Aragón en la existencia de tres lenguas: del castellano, del aragonés y del catalán. Es más, no teníamos ningún problema en nombrarlas. Podíamos discrepar sobre si debía existir o no debía existir una ley, pero aquí nadie, en ese caso, se levantaba de ese consenso. Todos los grupos (el Grupo Popular, el Grupo Socialista, el Grupo Aragonés, Chunta Aragonesista e Izquierda Unida), todos reconocíamos esta realidad trilingüe. Pero el consenso, señora consejera, se rompió —después de escucharle todo lo que ha dicho, hay que poner las cosas encima de la mesa con la mayor claridad posible—, se rompió por intereses electoralistas. Y el Grupo Popular y, en este caso, el Partido Popular y el Partido Aragonés, con esta reforma que ustedes plantean, están materializando una decisión que sentenciará a muerte, por ejemplo, al aragonés, que es nuestra lengua más vulnerable de las tres que tenemos aquí en Aragón.
Pero en el camino, han pasado muchas cosas, han sucedido muchas cosas que quizá conviene recordar.
Usted, señora consejera, señorías, y sobre todo los grupos que van a respaldar este proyecto, ¿recuerden la declaración de Mequinenza de 1984, suscrita bajo presidencia del don Santiago Lanzuela, del Partido Popular? ¡Reconocía el catalán como una lengua propia de Aragón!
Pero es que en el año 1993, también había consenso sobre nuestras tres lenguas, cuando el informe y la resolución del Justicia de Aragón sobre lenguas minoritarias señalaba expresamente que era sabido que existían esas tres lenguas, y las nombraba: «castellano, aragonés y catalán».
Ese consenso existía también en el dictamen de la Comisión Especial sobre Política Lingüística en Aragón, aprobado en estas Cortes, aprobado sin ningún voto en contra, ¡ninguno!, ni del Partido Popular en 1997, eso sí, con los votos a favor del Partido Aragonés, que no tenía tampoco ningún reparo en nombrar las tres lenguas: castellano, aragonés y catalán.
Y ese consenso seguía existiendo en el anteproyecto del año 2001 para una Ley de lenguas que fue elaborada desde un departamento que estaba regido por el señor Javier Callizo, del Partido Aragonés, y en ese anteproyecto aparecían nombradas las tres lenguas. Hoy, el señor Callizo ha cambiado el puesto, que es director general de Patrimonio Cultura, lo tiene usted, señora consejera, en su departamento, lo ha nombrado usted, y no sé que aires le han dado, pero al parecer, ahora, ha habido algún cambio, que desde luego no es filológico, es de otro tipo, y eso es lo que queremos centrar.
Teníamos, incluso, una Ley de Patrimonio Cultural que fue firmada bajo la Presidencia también del señor Santiago Lanzuela y que desde el año 1999 incluía una disposición final, la disposición final segunda, para que se proporcionara un marco jurídico específico con el que regular la cooficialidad del aragonés y del catalán. Esa disposición final segunda tuvo el respaldo del Partido Aragonés —lo recuerdo también aquí—, cuyo portavoz era, entonces, el señor Biel, hoy, presidente de estas Cortes.
Pues, así las cosas, señorías, se ha producido…, se produjo en un momento dado, evidentemente, una ruptura del consenso. Y esta ruptura llegó con la reforma del año 2007 del Estatuto de Autonomía, porque el Partido Aragonés y el Partido Popular dieron un giro a sus planteamientos anteriores, renegando del reconocimiento del aragonés como tal y renegando del catalán como lengua propia de Aragón.
Mi grupo parlamentario propuso entonces nombrar expresamente al aragonés y al catalán en el Estatuto. ¿Por qué? Porque queríamos darle el máximo rango a los derechos de sus hablantes. Y, sin embargo, no lo pudimos sacar adelante porque el resto de los grupos que están en esta Cámara, señorías, Partido Popular, Partido Socialista, Partido Aragonés e Izquierda Unida votaron en contra de nuestra iniciativa, de nuestra enmienda. Y salió adelante otra fórmula, una fórmula en la que no se nombraba, seguía sin nombrarse en el Estatuto de Autonomía, al aragonés y al catalán. Y así, señorías, es como nació finalmente, pues, esa Ley para el uso, la promoción y la protección de las lenguas propias de Aragón, que fue aprobada el día 17 de diciembre del año 2009, una ley que llegó a tener una vida escasa, escasa, por el poco desarrollo que ha tenido hasta el momento, pero que ya venía marcada por esa fractura que se estaba produciendo por el cambio del Partido Aragonés y del Partido Popular.
Mi grupo, saben perfectamente que participó decisivamente para que esa ley fuera realidad, porque aunque nos hubiera gustado que fuera una ley mucho más valiente y que fuera una ley mucho más comprometida, creíamos que era el momento de reconocer en una ley los derechos de las personas que en Aragón estaban hablando aragonés y catalán y que pueden seguir hablándolo o que pueden aprender a hablarlo en cualquier momento. Pero el Partido Popular y el Partido Aragonés, señorías, trabajaron para agrandar, a nuestro modo de ver, de una forma absolutamente irresponsable, una grieta social sobre una base electoralista, que era la base de la vena anticatalanista.
Y el Gobierno del señor Iglesias fue una pena, porque no tuvo la mínima voluntad política de desarrollar esa ley. Así que el Partido Popular y el Partido Aragonés, este Gobierno de la señora Rudi, pues, lo han tenido muy fácil para deshacer lo poco que se ha dado hasta el momento desde el punto de vista de la aprobación de la ley y su desarrollo.
Pero esta reforma que hoy está defendiendo aquí la señora consejera como si fuera la salvación para nuestras lenguas minoritarias, esta reforma es una derogación de facto que pasa por encima de todo lo que haga falta con tal de cargarse lo que tenemos en estos momentos y que, además, está en riesgo de desaparición. Pasan por encima incluso del tercer informe de la Comisión de expertos de evaluación sobre el grado de cumplimiento de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, que, por cierto, fue suscrita por el Gobierno de España ya en el año 2001. Y en ese informe, lo que se dice es que existe un riesgo evidente de desprotección de nuestro patrimonio lingüístico en el mismo momento en que se ponga en funcionamiento, en que se entre en vigor esa reforma. Pero ustedes, el Partido Popular, ha mantenido en el cajón durante un año este informe, no lo han dado a conocer. Lo hemos conocido mucho después.
¿Qué pasa? Que hay que hacer caso a la Unión Europea cuando nos piden que nos traguemos todos los recortes económicos, ¡todo! ¿Pero no hay que hacer caso a la Unión Europea cuando nos pide que, oiga, alerta, tienen que proteger su patrimonio? ¿Eso no? Ustedes no respetan, actuando de esta manera, ni la tímida norma estatutaria que tenemos, pero ya veo que las normas europeas tampoco, las recomendaciones europeas, menos. ¿Y tampoco quieren cumplir la Constitución, señora consejera? ¿Esa Constitución que el señor Rajoy dice que no hay que tocarla, que está muy bien como está? Porque allí, en el artículo 3.2, se señala expresamente la obligación de defender las lenguas de las comunidades autónomas.
Señorías, han encontrado un espacio de acción que está basado en la negación de la evidencia. Es la forma más clara que tengo para decirlo. Su propuesta para denominar lengua aragonesa todo aquello que se hable en Aragón y que no sea castellano es, cuando menos, permítanmelo, un insulto a la inteligencia y, desde luego, no tiene el más mínimo soporte filológico.
Ustedes vieron una posible rentabilidad electoral en el anticatalanismo y están dispuestos a utilizar denominaciones acientíficas para los sistemas lingüísticos que se vienen denominando desde la Edad Media «catalán» y «aragonés», y que toda la comunidad científica, además, reconoce como tal. Y van encaminándonos hacia esa uniformidad que es característica de este proceso de involución autonómica en la que nos lleva metidos el Partido Popular. Frente a esa uniformidad que pretende imponer el Partido Popular para todo el Estado, mi grupo parlamentario, señorías, reivindica la existencia de tres lenguas en Aragón, de tres lenguas, con tres realidades diferentes. Ese es un privilegio al que no debemos renunciar y que debemos, precisamente, incentivar.
Y el modelo que plantea mi grupo parlamentario, tal y como están las cosas, es de cooficialidad del castellano y del aragonés en todo Aragón y cooficialidad del catalán y del castellano en aquella zona, incluido el aragonés, en aquella zona en la que ya se utiliza el catalán de manera habitual y cotidiana.
Miren, señorías, en Aragón se fablan dos luengas propias orichinals e istoricas d’Aragón que constituyen un rico erencio e un feito singular drento d’o panorama d’as luengas istoricas d’Europa, configuraderas d’una istoria e cultura propias. L’aragonés e o catalán.
Por ixo, han d’estar especialmén protechitas e fomentatas por l’Alministrazión aragonesa.
A situación en que se troban consella a rapeda adozión de midas que guarenzien a suya protezión e recuperazión.
Ta ra dos luengas son prezisas azions deziditas por parti d’o Guberno d’Aragón ta prestichiar-las, dinificar-las e normalizar-las sozialmén.
Con ixa Lei se quereba dar cumplimiento a ra obligación emanata d’o Estatuto d’Autonomía en o reconoximiento d’o dreito de toz os fabladors a utilizar a suya luenga tanto en a bida particular como en a publica.
Con ixa Lei se quereba aduyar a ra suya conserbazión, recuperazión, promozión, amostranza e difusión.
Y si no lo hacen, señorías, si no siguen en la línea que ya nos habíamos marcado antes de que ustedes llegaran a los asientos de la Diputación General de Aragón —concluyo—, marcan la sentencia de muerte para el aragonés. El aragonés está en peligro de muerte, señorías, requiere medidas urgentes de acción positiva, y una lengua no es un objeto que podamos meter en una urna. No nos interesa eso. Necesitamos medidas urgentes para salvar el aragonés, necesita el aragonés una...
El señor PRESIDENTE: Acabe, señora Ibeas.
La señora diputada IBEAS VUELTA: Concluyo, señor presidente.
... necesita una normalización, necesita una voluntad política para que siga viva, para que se hable, para que se escriba, para que se investigue sobre ella, para que se incremente su uso, y la reforma que ustedes están imponiendo, que ustedes están presentando y que nos van a imponer, desde luego, lo va a hacer imposible. Hará imposible la supervivencia del catalán en Aragón, pero hará imposible la supervivencia en todo el mundo del aragonés, porque si no se protege aquí, esta sí que se muere.
Entendemos que su postura va en la línea de un error torpe y destino...
La señora diputada IBEAS VUELTA: ... que no se merece, señorías, ni la ciudadanía aragonesa ni Aragón.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Ibeas.
Pasamos a la siguiente intervención. Grupo Parlamentario de Izquierda Unida de Aragón. Enmienda número 2, con texto alternativo. El señor Barrena, por tiempo de diez minutos, puede defenderla.
Ciertamente, planteamos, en primer lugar, al Gobierno que retire el proyecto que ha presentado hoy.
Pedimos que lo retire, en primer lugar, por una cuestión de legitimidad, puesto que, a pesar de lo que ha dicho la señora consejera, el texto que nos han sometido a debate no respeta ni cumple el mandato constitucional ni tampoco el Estatuto. No cumple lo de la Constitución: en el preámbulo se habla de cómo hay que garantizar y proteger los derechos de quienes hablan lenguas distintas del castellano; el artículo 3 obliga, porque ya está en el cuerpo jurídico. Y el artículo 7 de nuestro Estatuto lo que hace es mandatar a estas Cortes que tramiten una ley que tiene que ser para regular el régimen jurídico y los derechos de utilización de los ciudadanos y ciudadanos de Aragón que hablan lenguas distintas del castellano, que, en definitiva, que hablan aragonés y también catalán.
Pero miren, esta ley, igual que la que derogan con ella, la que pretenden derogar no cumple esos mandatos. Esta ley, igual que la otra, no reconoce exactamente la realidad trilingüe de Aragón y, desde luego, no reconoce los derechos de esa parte de la población que, aunque sea minoritaria, tiene su derecho, y que desde este Parlamento debemos proteger, a hablarlo.
Pero no nos quedamos ahí: les pedimos que retiren la ley, pero traemos al debate un texto alternativo. Y miren, lo traemos desde la posición de un grupo minoritario. Ya sabemos cómo funciona el Parlamento y sabemos la fuerza que tenemos. Pero por eso proponemos utilizar esta nueva oportunidad que hay para someter a debate y para que aquí en las Cortes, donde reside la soberanía del pueblo aragonés, que seamos capaces de aprobar una ley.
Y, señorías, en un Parlamento democrático, como creo que es este, lo que se legisla es, cuando menos, para proteger derechos; no es para recortarlos y no es para cercenarlos, como es lo que el proyecto de ley que ustedes traen quiere hacer.
Por eso, esta ley —lo pongo a su consideración— nace como alternativa, nace abierta al debate, nace abierta a la participación, porque creemos que la ciudadanía puede y debe participar, que es otro de los mandatos de nuestro Estatuto, y, sobre todo, señorías, creemos que la ley tiene que hablar de derechos.
Y, por lo tanto, lo que sometemos a debate, si es que tienen ustedes a bien permitir al menos el debate…, que menos que en un Parlamento democrático pedir el debate. Hace un momento uno de los grupos que gobiernan se dirigía a la oposición y decía: «Pero, oiga, es que nos les gusta nada de lo que hace el Gobierno», y la pregunta ha sido: «¿No quieren debatir con la oposición?». Aquí van a tener una oportunidad, si es que lo permiten.
Porque creo que, en el fondo, lo que deberíamos de tratar que saliera de aquí es una ley que haga que las lenguas de Aragón (el castellano, el catalán, el aragonés) dejen de estar en el limbo, las que están en el limbo. Y también creo que tiene que salir una ley que les rescate de la clandestinidad a la que la quieren someter. Porque fíjense que ni en la intervención de la señora consejera ni en todo el texto se menta ni una sola vez la realidad de que en Aragón, además del castellano, está el aragonés y está el catalán.
Creemos que de aquí tiene que salir una ley que reconozca lo que dice la Constitución. ¿Pero cómo les tenemos que estar diciendo a ustedes, constitucionalistas donde los haya, que tienen que cumplir y hacer cumplir la Constitución y el Estatuto? Ya sé que eso les gusta menos, ya sé que están en fase centralista, pero hay que cumplirla también. Y miren, para cumplirlo, creemos que es mucho mejor que salga una ley de defensa, de fomento y de enseñanza de las lenguas de Aragón, que no una, como ustedes llaman, de protección, de promoción y de, en definitiva, convertir un derecho, como ha dicho la señora consejera, una ley que sea voluntaria. Miren, los derechos no son voluntarios: los derechos se reconocen y se facilita que se cumplan.
A partir de ahí, señorías, insisto, tenemos, esta Cámara tiene otra vez otra oportunidad. Queremos trabajar para que salga adelante una ley de derechos, no una ley pacata, timorata, cobarde, ni una ley acomodaticia, como es lo que ustedes nos plantean, que no resuelva el problema. Ni queremos trabajar en una ley que no establezca derechos. Y, desde luego, lo que sí que queremos es trabajar en algo que aborde seria, rigurosamente y con profundidad el problema y la solución del derecho de los ciudadanos y ciudadanas de Aragón que tienen, además del castellano, otras lenguas.
Y a partir de ahí, creemos que tiene que salir una ley que establezca las medidas necesarias para evitar que en nuestras lenguas propias, especialmente el aragonés, acaben desapareciendo. En esa dirección va nuestro trabajo con esta propuesta de ley, en esa dirección van las enmiendas que seguimos manteniendo, porque creemos que se puede intentar trabajar, y en esa dirección es en lo que pretendo volver a situar el debate. Y permítanme que les recuerde, que me retrotraiga al año 1997, un dictamen que en esta Cámara, tras dos años de trabajo, tras comparecencias de expertos, de filólogos, de universidades, con participación de los grupos, con participación de colectivos, con participación de organizaciones que trabajan en las lenguas de Aragón, se llegó a un acuerdo. Un acuerdo, señorías, que hablaba del derecho al aprendizaje «de» y «en», lo cual quiere decir en los procesos curriculares de la enseñanza.
Fíjense que en el debate de la anterior ley, Izquierda Unida votó en contra, porque seguía siendo una ley que no reconocía derechos, y llegué a decir —está grabado, lo podrían ver— «¿qué pasará si el próximo Gobierno lo forman quienes niegan —y reniegan— del catalán?». Pues, ya vemos lo que va a pasar, señorías. Ya vemos lo que pretenden.
¿Por qué desaparece ese acuerdo que teníamos en el dictamen de cooficialidad? Cooficialidad que, siempre se ha dicho, a pesar de esa intoxicadora campaña de la derecha de que lo que estamos pretendiendo es catalanizar Aragón, a pesar de eso, no se trata en absoluto, señorías, de imponer nada, pero sí de garantizar el derecho. Y a partir de ahí, ¿por qué tenemos que renunciar, por qué renuncian en este caso ustedes, que tienen mayoría, a lo que eran los mínimos de partida en aquel acuerdo que tuvimos en el año 1997? ¿Por qué renuncian? ¿Por qué no podremos recuperar las posiciones del dictamen? Aquel dictamen salió por unanimidad. Es verdad que hubo un voto particular del Partido Popular, es verdad. Un voto particular, pero a partir de ahí, en cualquier caso, lo que no me negarán es que de las cuatro organizaciones o formaciones políticas que estábamos de acuerdo en un planteamiento, ahora, en este momento, parece que ya solo quedamos dos. Y dirán: se deja usted uno por el camino. Bueno, creo que tenemos un elemento de discusión todavía, con el tema de la cooficialidad. Pero creemos que se podría resolver. Pero para resolverlo, señorías, tienen que permitir el debate, tienen que permitir el trabajo parlamentario, tienen que favorecer el diálogo. Pero no, ustedes han cogido el camino de la imposición, apoyados en esa mayoría parlamentaria que les da su acuerdo de gobernabilidad. Un acuerdo de gobernabilidad que invocan, que tiene que ser un acuerdo para formar Gobierno de Aragón, y en ese acuerdo, llevan ustedes un ataque directo a una parte de la ciudadanía aragonesa, que es la parte que tiene sus lenguas propias, como son el aragonés y el catalán. No tienen ustedes legitimidad para tratar de imponer eso, ni siquiera para soliviantarse. Podrían ustedes, por lo menos, permitir el debate, podrían. Que no se preocupen, que hablamos de debatir, que hablamos de trabajar, que hablamos de explorar.
Pero sí que les decimos que reclamamos y que exigimos cumplimiento de lo que es la obligación de esta Cámara. Porque, mire, el Estatuto no le manda al Gobierno, no, no, el Estatuto dice «una ley de las Cortes de Aragón». El Gobierno ha traído una propuesta, y hoy, hay otra aquí, que es la que sometemos a debate. Tenemos otro punto de partida, tenemos camino recorrido, y en lo que no nos van a encontrar nunca es en desandar lo andado. Y, desde luego, nos parece que hay que mirar hacia delante, nos parece que en este caso concreto hay que demostrar voluntad de llegar a un acuerdo y nos parece que estamos a tiempo de hacerlo.
Señorías, retiren su ley, permitan el debate y permítannos trabajar por lo que es un derecho de una parte de la ciudadanía de esta tierra, que son los ciudadanos y ciudadanas que hablan aragonés y que hablan catalán.
Pasamos al turno en contra de las enmiendas.
Empezamos por el Grupo Parlamentario del Partido Aragonés. La señora Herrero, por tiempo de diez minutos, puede intervenir.
La señora diputada HERRERO HERRERO: Gracias, señor presidente.
Señorías, yo creo que estamos ante lo que podríamos denominar como la crónica de una muerte anunciada, y nosotros mismos, en reiteradas ocasiones y en esta tribuna, en la sesión plenaria del 17 de diciembre de 2009, ya dijimos que esto sucedería. Que sucedería porque se aprobó una ley, sí, con el respaldo de la mayoría de los diputados y diputadas de estas Cortes, con treinta y cuatro votos, pero con una fractura social también al respecto y con la consecuente problemática dentro de la sociedad en este sentido y también con los diferentes partidos políticos, con los que se rompió también un consenso y un acuerdo no unánime, pero sí muy mayoritario, alcanzado en estas Cortes algún tiempo atrás.
Cuando se debatió el Estatuto de Autonomía, ustedes saben que este fue uno de los debates importantes que se llevó a cabo. Y en el artículo 7 del Estatuto de Autonomía, con palabras muy medidas y calculadas, se expresa la voluntad de la casi totalidad, porque Chunta Aragonesista se quedó fuera del Estatuto de Autonomía, y hay que decir que en gran medida su desacuerdo con el Estatuto de Autonomía fue provocada por este artículo 7, y, por tanto, entiendo la posición que hoy mantienen aquí. Pero todos los demás partidos políticos estuvieron de acuerdo con ese texto de palabras exquisitamente medidas y calculadas. Ahí sabían, en esas palabras, que es donde se encontraba el acuerdo de todos los partidos, cediendo posiciones de partida, por supuesto, cediendo posiciones de partida. Pero ahí se podía encontrar un lugar común desde el que seguir avanzando y desde el que, posteriormente, aprobar una ley de lenguas.
Nada que ver con la ley que se aprobó, y lo dijimos, la ley que se aprobó en el año 2009, ley, por cierto, que no se ha desarrollado, que no se ha cumplido y que no se ha llevado a cabo ni aplicado, pero en esa ley ya dijimos que no se estaba siendo fiel al artículo 7 del Estatuto de Autonomía. Y muestra de ello es que Chunta Aragonesista estuvo sumamente satisfecha de la labor que había jugado en la tramitación parlamentaria de esa ley, de una ley que nosotros dijimos que era una ley verde, simplemente porque poniendo con colores en aquel borrador, en aquella proposición de ley que llegó del Partido Socialista, poniendo con colores las aportaciones de los diferentes partidos políticos, pues, si quieren les puedo pasar una copia también a color, y verán que prácticamente todas las modificaciones son verdes, porque eran las aportadas por Chunta Aragonesista. Un 80% de las enmiendas que presentó Chunta Aragonesista fueron aceptadas. Y, por tanto, que no añore ahora el Partido Socialista la ley que se aprobó, porque esa no era su ley, ni mucho menos, sino que era una ley que cumplió las condiciones puestas por Chunta Aragonesista para poder tener esos treinta y cuatro votos por los que se aprobó la ley.
Bueno, hoy parece que la ley era suya. No era suya, y ustedes saben perfectamente que no estaban de acuerdo en origen, porque no era su posición de partida con todas esas incorporaciones. Tal es el caso, que se acabó aprobando una ley de lenguas que, legalmente, no reconocía las lenguas como oficiales ni como cooficiales, pero, de facto e implícitamente, sí. Y Chunta Aragonesista así lo reconoció también. Y ahí está siendo coherente Chunta Aragonesista con su posición hoy, porque indudablemente sigue manteniendo esa misma línea, con la que nosotros no estamos nada de acuerdo y que, además, les llevó a ellos, entre otras razones, a salirse de esas negociaciones del Estatuto de Autonomía.
Miren, a nosotros, sinceramente, nos parece que este es un asunto pendiente y mal resuelto desde hace mucho años, un asunto pendiente y mal resuelto. Y ahí creo que tenemos responsabilidad, en mayor o menor medida, todos o muchos de los partidos políticos, cada uno desde nuestro lugar. Y nosotros asumimos también nuestra parte proporcional de responsabilidad de no haber resuelto esta cuestión.
Pero, señorías, no nos equivoquemos. Cuando esta cuestión no se ha resuelto antes y no se ha resuelto con más apoyo y con más consenso y con más unanimidad, es porque es un tema complejo, no es un tema fácil de resolver y porque es un tema que suscita gran controversia y polémica y desacuerdos también en la sociedad. Y por eso es por lo que no se ha resuelto antes.
Y ocurre que cuando hablamos de las lenguas, pues, bueno, aquí, siempre en este debate, se han llevado en paralelo dos debates que podrían haberse atajado de forma diferente. Cuando hablamos de la lengua aragonesa del norte de nuestra comunidad autónoma, yo, sinceramente, creo que es una lengua que a mí me da mucha pena, porque es una lengua que está en peligro de extinción, en peligro de extinción, y ahí tenemos responsabilidad también por no haberlo resuelto antes y que ha pagado el pato de otro debate sobre la lengua aragonesa que se habla en la zona este de nuestra comunidad autónoma y que, señorías, se ha visto también aquí por las demás intervenciones que el escollo ha estado en la denominación de esa lengua, en la denominación de esa lengua. Y, entonces, acaba siendo el debate…, el debate se acaba centrando en si catalán sí o catalán no. Y, sinceramente, creo que ese no tiene que ser o no tendría que haber sido el planteamiento.
Señorías, nosotros no somos anticatalanistas, no, no se equivoquen. No somos anticatalanistas. El Partido Aragonés no es anticatalanista, el Partido Aragonés es profundamente aragonesista, que es distinto, que no tiene nada que ver. Y desde ese planteamiento aragonesista es desde donde creemos que este debate se tendría que haber abordado desde un diálogo y desde una discusión a cerca de que haya o no haya una ley —nosotros hemos dicho siempre «sí»—, acerca de que haya una ley que reconozca la realidad plural lingüística de Aragón, y nosotros decimos «sí» a cerca de que haya una ley con la que se proteja, se preserve y se mantenga esta realidad y este patrimonio lingüístico, y nosotros decimos «sí» a cerca de que haya una ley donde se garantice, cosa que de alguna forma se ha hecho, pero que haya una ley donde se garantice que haya una educación y que, por tanto, puedan aprender los niños y niñas, los jóvenes hablantes en esas zonas de utilización histórica predominante de esas lenguas que puedan aprender a escribir correctamente su lengua materna y que se dignifiquen esas lenguas, y que no sean unas lenguas de segunda. Y nosotros decimos y hemos dicho «sí». Y decimos «sí» a una ley en la que se reconozcan los derechos de los hablantes y de los ciudadanos y sus derechos lingüísticos, y decimos «sí».
Y todo eso, señorías, está en este proyecto de ley. Pero cuando el debate solamente la denominación, yo, sinceramente, escuchando algunas de las afirmaciones que se hacen, no entiendo nada, no sé si son aragonesistas o si no es que nosotros no seamos catalanistas. Creo que hay otras personas que no sé qué intereses tienen en apoyar las tesis del catalanismo, sinceramente, no sé por qué, no lo entiendo.
Y yo les pregunto a los partidos que hoy aquí y desde hace años están insistiendo en que se llame, se llame «catalán. Y yo les pregunto, ¿y qué piensan ustedes del valenciano? ¿Les parece bien o les parece mal que se llame valenciano? Chunta Aragonesista, en la Comunidad Valenciana, no tiene nada que decir, pero hay otros partidos que sí que dicen en la Comunidad Valenciana, y resulta que dicen que se llame «valenciano». ¿Saben por qué? Porque quieren. ¿Qué problema tienen?
Hago otra pregunta: ¿desde cuándo esta lengua se habla en la zona oriental de Aragón? ¿Desde cuándo? Y, entonces, ¿desde ese cuándo existía lo que hoy llamamos y lo que hoy se llama Cataluña? No existía Cataluña. ¿Existía una lengua que se llamase catalán? No existía una lengua que se llame catalán.
Otra pregunta les hago: ¿qué pasaría si este debate se estuviese llevando a cabo ahora mismo en el Parlamento catalán, si la situación fuera inversa? ¿Ustedes mismos creen que estarían hablando de esto? Y llevados a un extremo, en el tema de la denominación, con una cierta ironía lo digo, pero yendo a ese extremo y con matices históricos y culturales, en todo caso, podríamos estar hablando de que en las comunidades autónomas que formaron parte de la Corona de Aragón, que nosotros sí decimos Corona de Aragón y creo que ustedes también, en todo caso, quizás, esa lengua que tienen compartida se tendría que llamar en todos los sitios «aragonés». Fíjense por dónde, que están ustedes planteando que aquí se llame «catalán» y, a lo mejor, lo que tendría que ser es que se llamase allí o que se hubiese llamado allí «catalán».
Una ley de lenguas, y voy terminando, señor presidente, señorías, una ley de lenguas es algo más que un tema filológico. Yo creo que en una ley de lenguas, indudablemente, hay que tener en cuenta los criterios filológicos, pero no solo. Una ley de lenguas es filología, pero también son aspectos históricos, culturales, sociológicos, patrimoniales de identidad y, señorías, también y, por qué no, también de emoción. Porque existe y porque esto lo vemos en la calle y lo escuchamos.
Yo, señorías, simplemente decir que nos veremos en la ponencia, que con las enmiendas parciales podremos debatir de forma constructiva, como siempre hemos hecho, y que lo que queremos es tener una ley de lenguas que reconozca nuestra realidad lingüística plural, que no fracture, y creemos que este proyecto, de verdad, no fractura la sociedad, que es respetuoso, sensible y tolerante, que no incomoda a nadie y que establece un marco legal de convivencia y de tolerancia lingüística en la que todos pueden sentirse cómodos hablando lo que han aprendido a hablar desde que nacieron.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Herrero.
El Grupo Parlamentario del Partido Popular. La señora Ferrando puede también intervenir por tiempo de diez minutos.
La señora diputada FERRANDO LAFUENTE: Gracias, señor presidente.
Señorías, no puedo comenzar mi intervención sin agradecer a la señora consejera la sensatez demostrada por el departamento durante la elaboración del proyecto de ley. Porque legislar sobre el panorama lingüístico de Aragón sin incurrir en clientelismos partidistas solo puede hacerse desde la sensatez y, por supuesto, desde el rigor.
No es la primera vez que nuestra realidad lingüística es objeto de un debate responsable en esta Cámara, y por supuesto, con lo de responsable, tacho ya de entrada la norma que se aprobó en 2009. Cuando hablo de «responsable» me refiero a las comisiones especiales de estudio celebradas al efecto en estas Cortes entre 1996 y 1998 y que contaron con la comparecencia de insignes autoridades en filología aragonesa del calado de don José María Enguita, María Antonia Martín Zorraquino, María Rosa Fort o Rosa María Castañer, todos ellos ilustres doctores de la Universidad de Zaragoza y cuyas aportaciones fueron demagógicamente obviadas en la elaboración de aquella ley de 2009.
Señorías del Grupo Parlamentario Socialista, ese es el respeto o debe ser el respeto que procesan a los investigadores de nuestras universidad pública.
La realidad lingüística sobre la que responsablemente hay que legislar no es otra que la que se corresponde con nuestro rico patrimonio cultural, la voluntad de los aragoneses y, por supuesto, con el sentido común.
No voy a insistir en lo que ya se ha dicho aquí respecto de nuestro patrimonio, pero sí que me voy a detener en dos de los grupos de modalidades que se hablan en Aragón. Por una parte, las modalidades vernáculas de la zona oriental que, con innegables afinidades con su lengua vecina, el catalán, gozan, no obstante, de suficientes elementos definitorios para que sus casi cincuenta mil hablantes las llamen voluntariamente «tamaritá», «fragatí», «mequinenzá», «torrentí», «maellá», etcétera. Y todas aquellas que se han mantenido en algunos reductos pirenaicos como herencia de un dialecto, el aragonés, que aunque nunca estuvo unificado, dialecto que provenía del latín, ha pasado con diversas características a casi diez mil hablantes, por más que algunos se emperren en multiplicar esos diez mil hablantes hasta el infinito.
También quiero dejar claro que cuando hablamos de «aragonés», yo diferenciaría muy clarito que «aragonés» no es lo mismo que fabla.
Hablaba de tres maneras de legislar —me he referido al patrimonio lingüístico—, pero realmente a mí lo que más me preocupa es que se cumpla la voluntad de los aragoneses. A finales de los años setenta, como saben ustedes bien, del siglo pasado y con la configuración del Estado de las Autonomías se asiste en nuestro país al resurgimiento —legítimo, por supuesto— de las conciencias nacionales. Es entonces cuando en algunos ambientes culturales se defienden nuestras hablas vernáculas como seña de identidad. Y, paralelamente, en determinados círculos, no culturales, sino políticos, se pretende asimilar al catalán las hablas de la zona oriental, y unificar todas las demás en un «neoaragonés» de ciencia ficción o, mejor, de lingüística ficción, a la que llamaron «fabla», que careciendo de hablantes nativos —y esto está filológicamente demostrado—, jamás tendrá la consideración de lengua, porque es requisito sine qua non para considerar lengua a una variante. Digamos que la fabla es en Aragón lo que sería el esperanto en Europa.
En este contexto, lo sensato es no perder el norte y recordar que los verdaderos destinatarios de una futura regulación lingüística son cuantos aragoneses se han mantenido hasta hoy fieles a unas normas tradicionales de expresión, cuyos particularismos son su seña de identidad y están connotados de claros valores afectivos.
Por lo tanto, señorías, solo los hablantes de nuestras modalidades minoritarias pueden decidir si quieren que otras normalizaciones se interpongan entre su habla materna y el castellano, y salgan a la calle y pregunten, como ya lo hizo en su momento la Universidad de Zaragoza, criterio que, por supuesto, siguen sin tener en cuenta.
Señorías, este grupo parlamentario rechaza la utilización de la lengua como instrumento de confrontación y, por supuesto, rechaza la imposición de un catalán o de una fabla que los aragoneses no reconocen y que arriesgan la supervivencia de un patrimonio que por ser verdaderamente nuestro merece ser usado, protegido y difundido. Tenemos una responsabilidad muy grande, la de aprobar una ley que sirva de cauce a una adecuada política lingüística, pero como legítimos representantes de los aragoneses, tenemos todavía una responsabilidad mayor, que es la de respetar los sentimientos de sus hablantes, que, al fin y al cabo, son los auténticos protagonistas de la planificación que se determine.
Seremos estrictos con el cumplimiento de la Constitución, de nuestro Estatuto de Autonomía y, no lo duden, de cuantas normas internacionales amparen la protección de nuestro legado. Pero, desde luego, no ampararemos jamás ningún proyecto que imponga a los aragoneses sentir lo que no sienten.
Y en cuanto al sentido común, que aquí es el menos común de los sentidos, es precisamente el dictado del sentido común el que nos impide votar a favor de ambas enmiendas. Por lo tanto, vamos a votar «no» a la enmienda de Chunta, porque lo que verdaderamente vulnera las expectativas y los derechos de los aragoneses es reconocer la cooficialidad, junto al castellano, del catalán y del aragonés, que, insisto, ese aragonés no es aragonés, es fabla.
Y, por supuesto, y aunque parece que el señor Barrena ha venido en un tono más suave, vamos a votar no a su texto alternativo, pero quiero felicitarle por su particular sentido de la democracia y de la libertad y que les llevó y les ha vuelto a llevar en esta sala a tachar el texto propuesto por el departamento de provinciano, timorato y alicorto, fundado en complejos de identidad, inferioridad y de rancio anticatalanismo, y ayer, usted pedía respeto en la Comisión de Hacienda. Mire, señor Barrena, lo suyo es de libro. Y en cuanto a la respetuosa motivación, era como para no seguir leyendo el texto alternativo de Izquierda Unido. Solo el respeto, ese término que no forma parte de su acervo lingüístico, nos ha llevado a leer lo que no admite otro calificativo que el de «manifiesto».
Y quiero pensar que sus señorías estaban pensando en una república bananera y no en Aragón cuando pretendían fomentar el empleo —de los suyos, por supuesto— haciéndoles un hueco incluso en las notarías, y se saltan a la torera la independencia de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión, pretendiendo controlar su programación y, además, imponiéndoles las lenguas en la que tienen que programar. Se cargan definitivamente la autonomía universitaria, exigiendo la incorporación de filología aragonesa y de filología catalana al mapa de titulaciones de la Universidad de Zaragoza, cuando la Universidad de Zaragoza no ha constatado hasta el momento ni la más mínima demanda. Condicionan también el acceso al empleo público, el trabajo en hospitales y residencias, ¡ojito!, de titularidad privada, o el acceso a la enseñanza al conocimiento del catalán y/o del aragonés.
Señor Barrena, el conocimiento del aragonés no se puede acreditar mediante un título universitario. ¿Será suficiente el carné de Izquierda Unida de Aragón o el de Chunta para poder optar a esas plazas? ¿No era Chunta y ustedes mismos los que defendían que para impartir determinadas asignaturas había que ser especialistas en ellas? Aclárense, señorías, porque yo con ustedes me pierdo.
En resumen, este grupo parlamentario no aceptará norma alguna que elimine cualquier criterio territorial, que olvide nuestra realidad lingüística o que pisotee, relegando al olvido, el excepcional patrimonio de los aragoneses en beneficio de un catalán que no reconocen o de una fabla con la que no se entienden.
Dijimos —insisto—, decimos y diremos rotundamente «no» a quienes pretendan crear absurdas polémicas que no preocupan ni ocupan a la mayoría de los aragoneses, «no» a quienes se doblegan ante un pancatalanismo que reinventa nuestras fronteras y, desde luego y contundentemente, «no» a quienes después de vaciar las arcas de esta tierra pretenden destinar nuestros presupuestos a doblar películas al catalán, dotar de pinganillos a nuestras instituciones o, con fines demagógicos y partidistas, crear agencias de colocación para sus acólitos.
Señorías, el aragonesismo no se defiende a golpe de carné. Para defender a Aragón, basta con sentirse aragonés.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señora Ferrando.
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: Señor presidente.
El señor PRESIDENTE: Sí, señor Barrena.
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: Señor presidente, es que no he oído que me decía con la efusividad del Partido Popular, perdone.
El señor PRESIDENDE: No querrá que haga de intérprete, que puede... ¿Ha pedido el uso de la palabra?
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: Sí, la pido en función del artículo 86 y, entonces, le pido que se lea el documento de Izquierda Unida que ha invocado la señora Ferrando en el que dice que queremos hacer trabajo en notarías, en que para el acceso al hospital haya que tener carné de Izquierda... Pido que lo lea simplemente para asegurar el debate.
El señor PRESIDENTE: Me temo que debería de leerlo usted, y si no lo tiene, pues, evidentemente, no existirá, con lo cual queda resuelto el asunto.
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: No, no, yo si quiere, leo todo el documento.
El señor PRESIDENTE: No, no es necesario [rumores]. Señor Barrena, yo creo que lo que usted...
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: Yo creo que deben de retirar esas mentiras que ha dicho, porque son mentiras.
El señor PRESIDENTE: Señor Barrena, yo creo que el objetivo que pretende ya lo ha conseguido.
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: No, no, lo pretende ella.
El señor PRESIDENTE: Yo creo que no, que el objetivo, que es político y parlamentario, ya lo ha conseguido el señor Barrena. Yo creo que con eso queda claro, señor Barrena.
Pasamos a la siguiente intervención.
Grupo Parlamentario Socialista, cinco minutos. Señora Pérez, tiene la palabra.
La señora diputada PÉREZ ESTEBAN: Gracias, señor presidente.
Bien, antes de empezar y después de oír a la señora Herrero, llego a pensar que sobramos todos en esta Cámara, porque la señora Herrero se sobra y se basta para hablar por boca del Partido Aragonés, para interpretar al Partido Socialista, para interpretar a cualquier partido, pero se le escapó aconsejar a su compañero de partido, al señor Callizo, cuando en el año 1999 era director general y aprobó una Ley de Patrimonio que reconocía como lenguas propias el aragonés y el catalán, un discurso contrario por lo que me ha parecido escuchar a lo que usted ha defendido en esta Cámara.
Hace casi tres años, estas Cortes tuvieron la oportunidad de posicionarse al respecto en este asunto. Exactamente, el 17 de diciembre de 2009, se aprobaba la Ley de Lenguas de Aragón, una reivindicación histórica de miles de ciudadanos aragoneses, ciudadanos que viven en esta tierra, que veían atónitos como lo que discurría con normalidad en sus municipios era ignorado o, mejor dicho, evitado en su desarrollo legislativo que no ejecutivo. Una ley que desde el consenso, la prudencia, la moderación, la búsqueda del mayor acuerdo posible, la participación en cuanto a las formas —hay que recordar que era un compromiso de este partido desde el año 1999 y que tardó diez años debido a su interés por el consenso y por la complejidad del asunto—, desde el respeto, la voluntariedad, el reconocimiento del derecho a quien quisiera que le fuera reconocida la territorialidad y la no cooficialidad en cuanto al fondo, trataban de normalizar una situación real en una parte importante de nuestro territorio.
Tan solo tres años después, el nuevo Gobierno, capitaneado por el Partido Popular y fruto de aquel esperpento protagonizado por este partido en la tramitación de la ley en una sobreactuación oportunista y partidista que nada tenía que ver con lo que realmente se debatía, y en un ejercicio de hipocresía al que ya nos tiene acostumbrados también en este asunto, elimina de un plumazo todo aquello que el Partido Popular ha estado apoyando en los últimos veinticinco años desde los diferentes gobiernos presididos por el Partido Popular, tanto en el ejecutivo como en el legislativo. Una Ley de Lenguas que trataba de evitar cualquier asunto conflictivo, que trataba de buscar un equilibrio que sin herir sensibilidades fuera capaz de recoger, de plasmar en una ley lo que en la realidad cotidiana se estaba dando con total normalidad, es decir, hacer visible lo cotidiano, seguramente sin complejos, algo que al Partido Popular no le gusta, eso de dar a conocer lo que se hablaba en la intimidad, una ley de uso, de protección y promoción de las lenguas propias de Aragón, pero lo que no podíamos intuir es que el Partido Popular, en una posición demagógica e irresponsable, usara y utilizara este derecho como ariete político de confrontación entre territorios de nuestra propia tierra, de crispación, llevando al extremo de protagonizar una campaña mediática con engaños y manipulaciones, como hemos visto también ahora mismo y esta mañana, que no se ajustaban para nada a la realidad del debate.
Ahí está la sentencia del Tribunal Constitucional de febrero de 2011 que rechaza un recurso de once ayuntamientos en contra de la Ley de Lenguas, alimentados, cómo no, por sus partidos dentro de esa campaña.
Ustedes, que defienden la libertad, señores del Partido Popular, como eje principal del ejercicio del individuo a elegir, como en el ámbito educativo, ¿cómo pueden al mismo tiempo enarbolarla en algunos ámbitos —repito, como el educativo— por encima de todo y restringirla en otros casos como en este?
Este Gobierno está siendo durísimo con los ciudadanos en cuanto a la pérdida de sus derechos; derechos, unos, adquiridos a lo largo de todo el periodo democrático, como la universalización de la educación en igualdad de oportunidades, hoy gravemente en riesgo, o como una sanidad pública y gratuita, que hoy es una quimera, o como una justicia que pasa de ese mandato constitucional de garantizar la tutela judicial efectiva a una tutela judicial en efectivo, o ese marco de relaciones laborales que garantizaba un empleo estable, una protección y una seguridad, claramente asaltado y eliminado; derechos, otros, como este que hoy debatimos, más reciente, de miles de aragoneses que quieren garantizar el uso de sus lenguas y modalidades lingüísticas propias, fruto de un legado cultural histórico que debe ser conservado y promocionado, y que, con el trámite de hoy, ponen también patas arribas.
Diez años de compromiso electoral, un estricto respeto a la Constitución y el cumplimiento de nuestro Estatuto de Autonomía, así como la costumbre, justificaban claramente esa ley. Un compromiso electoral, por cierto, que se cumplía después de haber situado a Aragón como punta de lanza en muchos ámbitos (en la logística, en la diversificación de nuestra economía, en la investigación, en la educación, en la sanidad...). Por el contrario, nos encontramos a un Gobierno que, año y medio después de alcanzarlo, y con la que está cayendo en nuestra tierra..., este aspecto, lamentándolo mucho, se haya convertido en la prioridad del Gobierno de Aragón para dar cumplimiento a ese acuerdo de gobernabilidad, como decía la señora consejera en su presentación, por encima o anteponiéndolo a objetivos como el desarrollo de una educación de calidad y no de caridad, como están haciendo, o al desarrollo de unos servicios públicos de calidad en sanidad o en servicios sociales —qué sarcasmo—, o para conseguir ese principal objetivo que se marcaron ambos partidos, que era la lucha frente a la crisis y la creación de empleo estable y de calidad en todo el territorio...
El señor PRESIDENTE: Vaya terminando señora Pérez.
La señora diputada PÉREZ ESTEBAN: ... y lo que nos encontramos son más de diecinueve mil quinientos parados desde que gobierna el Partido Popular. O la promoción y defensa de la empresa familiar, cuya situación actual es la más perentoria. Estos entendemos que son asuntos prioritarios que deberían ocupar todo nuestro tiempo y nuestro esfuerzo, y no reabrir una polémica que vuelve a poner de manifiesto posiciones antagónicas y muy polarizadas, de difícil encaje y que, desde luego, ponen más que en evidencia que la actual ley, que intenta respetar sin imponer, reconocer sin ignorar, localizar sin extender, es la más adecuada y acorde a la realidad, y que este debate es absolutamente inoportuno, puesto que lo que los ciudadanos esperan de nosotros son soluciones a su vida diaria, a su situación laboral, a su desarrollo vitad, a la situación de sus servicios públicos; en definitiva, que demos respuesta a los grandísimos problemas a los que nos enfrentamos.
Concluyo, señor presidente. Votaremos a favor de la propuesta de devolución del texto, como plantea Chunta Aragonesista, y en contra del texto alternativo de Izquierda Unida, puesto que, como saben, el asunto de la cooficialidad fue suficientemente debatido y, desde luego, es más que conocida la posición de este partido, contrario a la cooficialidad y partidario de la voluntariedad y del reconocimiento del derecho. Y en esa línea hemos presentado las enmiendas parciales, que serán objeto de debate en la ponencia.
Señorías, vamos a pasar a la votación de las enmiendas a la totalidad.
Vamos a someter a votación la enmienda número 1, de devolución, presentada por el Grupo Parlamentario Chunta Aragonesista. Señorías, comienza la votación. Finaliza la votación. Votos emitidos, sesenta y tres. A favor, veintisiete. En contra, treinta y cuatro. Queda rechazada la enmienda a la totalidad.
Y pasamos a votar la enmienda número 2, con texto alternativo, presentada por el Grupo Parlamentario de Izquierda Unida de Aragón. Comienza la votación. Finaliza la votación. Votos emitidos, sesenta y tres. A favor, siete. En contra, cincuenta y seis. Queda rechazada.
Y pasamos al turno de explicación de voto. Señor Barrena, puede intervenir.
Agradecemos el apoyo que ha tenido nuestra propuesta en el Grupo Chunta Aragonesista.
Miren, al final, el debate se ha centrado en dos elementos básicos y fundamentales: uno, la cooficialidad, y otro, la denominación de catalán, aparte luego de algunas cuestiones que dejo para el final con la señora Ferrando.
Miren, la cooficialidad se tiene o no se tiene. No vale, señora Herrero, el «de facto lo es». Mire, de facto es una locución latina que significa ‘de hecho’, pero que siempre se contrapone a la otra locución latina, que es de iure, que es ‘de derecho’. Y nosotros apostamos por el derecho, no por la voluntariedad.
Sobre el tema del catalán, miren, tienen un serio problema profundamente conservador, rancio y, desde luego, anticuado, y es que asocian idioma, lengua, a territorio, lo cual les impide, evidentemente, ser racionales con el planteamiento. Lo están llevando a esos niveles. Y sobre todo se les olvida esa parte que la ciudadanía de los diferentes territorios reclama y requiere con su planteamiento a su derecho.
Miren, la ley que nos traen aquí ahora ustedes es prácticamente igual que la que quieren derogar; solamente cambian dos cosas: una, que quitan la tutela judicial, y otra, que desaparece, tachan la palabra «catalán». Son esas dos las únicas diferencias que tiene. Y, por lo tanto, nos parece que, haciendo honor a ese elemento que han dicho sobre el debate, deberían haber facilitado que se pudiera debatir. ¿Dónde está esa llamada al consenso que nos han hecho?
Señora Ferrando, yo no sé si usted sabe —creo que no, por lo que ha dicho— que, en estos momentos, el código de normas civiles aragonesas, que está en vigor, ya permite en las notarías, que ya están, que no hay que contratar a nadie... Por cierto, ¿no querrá que le dé yo a usted lecciones de cómo contrata el Partido Popular? Si quiere, se las damos. Pero vamos a seguir de lo que le estábamos hablando. No, no. Sí, sí, sí. Si lo ha dicho usted, no yo... Pero, cuando quiera, hablamos.
El señor PRESIDENTE: Señor Barrena, vaya terminando.
El señor diputado BARRENA SALCES [desde el escaño]: Ya acabo, señor presidente. Mire, en estos momentos, en las notarías, tanto si hay alguien de Izquierda Unida como si no, aunque sea alguien del Partido Popular, puede utilizar el aragonés o el catalán para cosas tan importantes como es un testamento, o como es un pacto sucesorio, o como son unas capitulaciones, ¿entiende? Y entonces por eso planteamos en nuestra ley no colocar a nadie, no, como usted ha dicho, sino simplemente que ahí esté garantizado que esto se pueda hacer en las mejores condiciones.
Y acabo la reflexión. Empezaba la señora Herrero: esto es la crónica de una muerte anunciada. En esa novela, al final, se mata al protagonista. Yo creo que, aquí, los protagonistas son las lenguas aragonesas, el catalán y el aragonés, y espero que en este proceso no acaben muriendo, sino que seamos capaces entre todos —y es el nuevo llamamiento que hacemos— de garantizar no solo su supervivencia, sino el desarrollo de los derechos que tienen quienes las hablan. Y, como hemos acabado de aprobar una ley que obliga a pedir perdón a quien a un profesor o profesora, ahora ya con autoridad, le falta, yo creo que igual hasta deben pedir perdón a los ciudadanos y ciudadanas que hablan esas lenguas, el aragonés y el catalán, porque, desde luego, ustedes lo que están haciendo es cercenarles su derecho. Esto es lo que creo que tendrían que hacer también.
Señora Ibeas, puede intervenir.
En primer lugar quiero agradecer al Grupo Socialista y al Grupo de Izquierda Unida el respaldo a nuestra enmienda para la devolución del texto que ha presentado el Gobierno.
Señorías, hoy es un día realmente triste para Aragón, lo entendemos así en mi grupo. Y todas las risas y las juergas que ustedes se quieran correr aparte, ustedes sabrán, pero ustedes se están cargando nuestro patrimonio.
Señora Herrero, la pregunta no es qué piensa Chunta Aragonesista sobre si el valenciano es o no... No, no: la pregunta es por qué el Partido Aragonés ha cambiado de opinión. Esa es la pregunta para la que no tenemos todavía respuesta. ¿Qué es lo que ha cambiado? ¿Han tenido ustedes una reflexión filológica, o más bien ha sido un interés electoralista, que es lo que entiende así mi grupo?
Del Partido Popular habría tanto que decir... Porque antes les molestaba el aragonés, ahora les molesta el catalán. En realidad, lo único que no les sobra es el castellano. Yo no sé qué chapurrea usted, señora Ferrando, no lo sé, pero usted me imagino que sabe que una legua es un sistema que se basa en unas convenciones sociales, que no es algo que nace o que cae así de golpe, que se impone. ¿O usted ha pensado alguna vez que usted habla castellano porque sí, porque era la mejor lengua que se podía hablar? ¿Usted ha pensado alguna vez ha pensado alguna vez que no ha habido una decisión política para que usted o yo estemos aquí hablando en castellano? Eso creo que sería considerar que usted tiene poco conocimiento de la realidad, y me imagino que no es así. Pero usted ha demostrado muy poco respeto ya no solo por las lenguas y por nuestro patrimonio aragonés en este caso: usted ha mostrado muy poco respeto por las personas que hablan..., no aragonés: fabla. Eso, lo que hay. No, no, muy poco respeto. Porque, si el aragonés en estos momentos necesitaría, evidentemente, fijar, consolidar una normalización, el castellano lo ha tenido a lo largo de todos los siglos, como cualquier lengua que en estos momentos haya pervivido, y hace falta voluntad política para impulsar una lengua y hace falta también voluntad política para cargársela. Y ustedes están utilizando sus estrategias no para salvarnos de la quema con la situación tan dura que estamos viviendo, sino para marear aquí la perdiz sobre si vienen o no de salvadores del mundo. Van a salvar a los profesores en las aulas, van a salvar a los hablantes de ese chapurreao que les vamos a dignificar borrándolo del mapa, etcétera, etcétera.
Su compañero Feijóo no tiene tanto problema en Galicia para hablar gallego; su compañera la señora Sánchez Camacho tampoco tiene ningún empacho en hablar en catalán, y mire que es españolista por todos los poros de su piel. Luego ¿qué problema tiene usted? Compañeros suyos están hablando, por ejemplo, en bable en Asturias. ¿Por qué desprecian de esta manera el aragonés? Es algo que no me cabe en la cabeza. Jamás ha habido un gesto en este caso en sus dirigentes para poder tener el más mínimo respeto.
Usted dice que el aragonés es una lingüística-ficción. Permítame que le diga que utilice algún argumento científico porque esto se cae por su propio peso. ¿Usted sabe que en estos momentos hay una buena parte de la comunidad educativa, universitaria, científica que está posicionándose claramente en contra de su propuesta, en contra de la propuesta del Gobierno? ¿Usted sabe que van en contra de las normas de protección de las lenguas minoritarias? O, como son lenguas minoritarias, no valen. Dice: «¡Que salga mucha gente a la calle!». ¿Cuánta gente? ¿Dos millones? ¿Tenemos dos millones de hablantes aquí de castellano en aragonés o qué? No. ¿Los tenemos en castellano? Tampoco. Entonces, si no tenemos hablantes, si se están muriendo, están dejando morir a los pocos que quedan, ¿qué quiere que salga? Como son minoritarias...
El señor PRESIDENTE: Señora Ibeas, vaya terminando.
La señora diputada IBEAS VUELTA [desde el escaño]: ... —sí, concluyo, señor presidente—, no hace falta protegerlo. Pues vamos a ver. Ustedes están poniendo en marcha un mecanismo que va a significar unas consecuencias muy importantes, pero, desde el punto de vista de los derechos de los hablantes de la lengua catalana y de, en este caso, la lengua aragonesa, de verdad que están siendo absolutamente irrespetuosos.
Termino. Quienes vivimos en Aragón, señorías, hayamos nacido aquí o no, tenemos la responsabilidad de trabajar para que no se pierda nuestro patrimonio. Y, desde luego, el aragonés se morirá con todas las propuestas que ustedes están haciendo, que es para machacarlo. ¡Qué error e qué torpeza! L’aragonés no ye aragonés e o catalán no ye catalán.
El señor PRESIDENTE: Señora Ibeas, acabe.
La señora diputada IBEAS VUELTA [desde el escaño]: Todo por sus intereses políticos.
El señor PRESIDENTE: El Partido Aragonés. ¿La señora Herrero va a intervenir? Puede hacerlo.
La señora diputada HERRERO HERRERO [desde el escaño]: Gracias, señor presidente.
Señorías, iniciamos la tramitación parlamentaria de una ley que, como he dicho, en ponencia nos veremos; trataremos con suma atención y de forma constructiva todas las enmiendas parciales que se hayan planteado, y nos gustaría poder llegar a acuerdos, pero vemos que así, de entrada, las posturas no son muy proclives por parte de algunos partidos.
Yo, señorías, tengo que decir en nombre de mi partido que, desde luego —además, algunas de las intervenciones parece que se han dedicado a poner en evidencia eso—, nosotros ni obviamos ni renunciamos a los antecedentes parlamentarios y no parlamentarios que hemos tenido, todos, y también de nuestro partido político. Ahí están. Pero también los entendemos, y es más: eso pone en evidencia una cuestión, la complejidad de este asunto. Si no fuese tan complejo, se hubiera resuelto muchos años atrás. Eso le he dicho también en mi anterior intervención, y creo que todos podrán compartir esa idea. Sin más, no tiene más. Pero nuestra postura es la que es. La mantuvimos en el debate del Estatuto de Autonomía y se ha mantenido en el debate de la anterior Ley de lenguas también, y yo creo que es firme y clara; tolerante y transigente también con otras opiniones.
Pero yo, señorías, por situar, porque no me gustaría que de este debate se transmitiera o que se pudieran confundir posiciones de partida, quiero decir que la postura del PAR es la del PAR y no es la de ningún otro partido político. Es la del Partido Aragonés. Y he de decir que, cuando llega este proyecto de ley aquí, a estas Cortes, llega con negociaciones y con reuniones previas, con acuerdos y con cuestiones importantes que hemos tenido que hablar y pactar el Partido Popular y el Partido Aragonés. El Partido Aragonés no comparte al cien por cien la postura que en este tema tiene el Partido Popular, como tampoco a la inversa, cosa que me parece sumamente respetable y legítima. Y nuestra postura se ha plasmado en este proyecto de ley también.
Y les digo..., y termino, señor presidente, muy brevemente, pero que quede clara. La postura del Partido Aragonés es la siguiente: sí a la existencia de una Ley de Lenguas, sí al reconocimiento legal de que existen lenguas aragonesas con sus modalidades lingüísticas, sí —esta es nuestra postura— a una ley que preserve, proteja y que mantenga las lenguas aragonesas, sí al reconocimiento de derechos lingüísticos de los ciudadanos aragoneses, sí a una educación voluntaria...
El señor PRESIDENTE: Vaya acabando, señora Herrero.
La señora diputada HERRERO HERRERO [desde el escaño]: ... —termino—, de nuestras lenguas aragonesas y sí —y así lo dice el proyecto de ley también— a que hay una lengua aragonesa propia de la zona oriental, con sus diversas modalidades lingüísticas, y una lengua aragonesa propia de las áreas pirenaica y prepirenaica, con sus diversas modalidades lingüísticas. Esta es la postura del PAR. Me gustaría, por favor, que no se trasladase la que no es.
Señora Pérez, puede intervenir.
La señora diputada PÉREZ ESTEBAN [desde el escaño]: Sí. Brevemente, señor presidente.
En primer lugar, lamentar que con las decisiones que está tomando el Gobierno de Aragón, el Partido Popular fundamentalmente —y hoy hemos visto la primera ley—, retrocedemos más de treinta años atrás. Lamentar que el Partido Popular, para dar soluciones a los problemas, tenga que volver la vista atrás y perdamos derechos. Y reconocer algo que ha dicho la señora Herrero. Es cierto, es un asunto, es una situación compleja, complejísima. En eso coincidimos, pero no sé si esta es la mejor manera de resolverla, señora Herrero, con un voto en contra de tres partidos de la oposición, de treinta diputados en esta Cámara, con un voto desfavorable del Consejo Escolar de Aragón, que están representados no solo los partidos políticos, sino el conjunto de la comunidad educativa, científica y universitaria también, voto en contra, y excluyendo a la universidad, esa institución que tanto defendía y enarbolaba la señora Ferrando para justificar su posición, excluyéndola precisamente como miembros de esa academia, como en este momento, y con la actual ley vigente, están. Entendemos que así es como se resuelven, como se atienden las cuestiones técnicas, lingüísticas, científicamente, no convirtiéndolo en una cuestión política, que en definitiva es lo único —creo— que acabamos de hacer en este día.
Señora Ferrando, puede intervenir.
La señora diputada FERRANDO LAFUENTE [desde el escaño]: Gracias, señor presidente.
En primer lugar, señora Ibeas, creo que tanto usted como yo compartimos la misma formación, filológica. Luego poner en tela de juicio mi conocimiento acerca del tema creo que sobra. En cualquier caso me ha pedido usted una autoridad al respecto. Yo no sé si le basta con la autoridad que proporcionan la profesora Martín Zorraquino, el doctor Monge, don José María Enguita y tantos otros. En cualquier caso, de lo que se ha tratado aquí hoy he llegado a dos conclusiones muy claras, y es que por lo visto la esencia del aragonesismo radica o bien en charrar fabla, o bien en ceder territorio a nuestros vecinos. Y por ceder que no quede [murmullos], porque, si ya tienen nuestros bienes, pues ¿qué más da si además les proporcionamos cincuenta y cinco o sesenta localidades más? En definitiva, señora Ibeas, plantéense seriamente si prefieren rendir cuentas ante sus socios de Esquerra Republicana de Cataluña en el Parlamento Europeo o ante los aragoneses, a los que, por supuesto, tendrán que explicar también que ahora, para poder desenvolverse por el mundo, ya no hace falta el inglés: hace falta la fabla. No se enfaden con nosotros, señora Ibeas, y enfádense más con el Partido Socialista, al que apoyaron en 2009 para que su ley terminara en el cajón de las facturas.
Y, hablando de facturas, señora Pérez, ¿han valorado ustedes el coste de sus propuestas? [Murmullos.] Como ha mencionado antes sus enmiendas parciales... Porque yo creo... Le estoy haciendo una pregunta retórica. No, no, el coste de sus propuestas, de las propuestas del PSOE.
El señor PRESIDENTE: Señora Ferrando, vaya acabando.
La señora diputada FERRANDO LAFUENTE [desde el escaño]: Les decía que es una pregunta retórica, claro, porque, a ustedes, el coste —cualquier coste, da igual— les deja absolutamente indiferentes, acostumbrados como están a dejar por donde pasan todo un reguero de deudas y facturas sin pagar.
Pasamos al siguiente punto del orden del día: debate...
Señor Sada, a ver, tiene la palabra.
El señor diputado SADA BELTRÁN [desde el escaño]: Señor presidente, simplemente por contestar una pregunta directa que se nos ha hecho.
El señor PRESIDENTE: A ver, conteste la pregunta, señor Sada. Breve.
El señor diputado SADA BELTRÁN [desde el escaño]: La voy a contestar simplemente —brevísimo—. Señora Ferrando, si lo que le preocupa es el coste de algunas medidas, no se preocupe usted, porque estamos dispuestos a retirar aquellas que tengan un coste adicional importante, pero, desde luego, no aquellas que sean para garantizar simplemente el derecho de los ciudadanos a esta cuestión. Por lo tanto, si quiere que el doblaje se retire, lo retiramos, si ese es su problema, pero, desde luego, ese no es el problema de las lenguas y de la ley de lenguas en Aragón.
Nada más. [Aplausos.]
El señor PRESIDENTE: Señor Sada, queda dicho. Pasamos... Señora Ferrando, yo creo que vamos a terminar el debate, que yo creo que hemos debatido... Un momento, señor consejero de Hacienda [murmullos], que ahora le daré el uso de la palabra.

References: artículo 7
 resolución 
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 7
 artículo 7
 artículo 7
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 artículo 86