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Asamblea General Distr general 13 de mayo de 2014 Español Original: inglés Consejo de Derechos Humanos
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A/HRC/26/41
Temas 3 y 5 de la agenda
Órganos y mecanismos de derechos humanos
Informe de investigación del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos sobre los medios de fortalecer la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos
I. Introducción 1–4 3
II. Diversos retos fundamentales que afronta la cooperación internacional en la
esfera de los derechos humanos 5 4
III. Mayor participación de la sociedad civil 6–8 4
IV. Fomentar la participación de las organizaciones nacionales de derechos
humanos 9 5
V. Fomentar los esfuerzos para hacer efectivo el derecho al desarrollo 10–13 6
VI. Intensificar la cooperación Sur-Sur en la esfera de los derechos humanos 14–19 8
VII. Profundización en la educación en derechos humanos 20–21 9
VIII. Fortalecimiento de la infraestructura mundial de cooperación en materia de
derechos humanos 22–35 10
A. Adhesión universal a los textos y órganos de derechos humanos 22 10
B. Consolidación y sincronización de los informes que presentan los Estados 23 11
C. Fortalecimiento de los órganos subsidiarios y procedimientos especiales
del Consejo de Derechos Humanos 24–26 11
D. Mejora de la coordinación con los organismos regionales y entre ellos
mismos 27–28 12
E. Fortalecimiento del sistema del examen periódico universal 29–31 13
F. Mejora del sistema de seguimiento 32–35 14
IX. Fortalecimiento de los fondos de contribuciones voluntarias 36–42 15
X. Integración de los derechos humanos en el sistema institucional mundial 43 17
XI. Fortalecimiento de la cooperación en materia de derechos humanos en el ámbito
de la migración 44 17
XII. Conclusiones 45 18
1. En su resolución 13/23 sobre el fortalecimiento de la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos, el Consejo de Derechos Humanos solicitó al Comité Asesor que estudiase formas y medios de fortalecer la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos teniendo en cuenta las opiniones de los Estados y los interlocutores pertinentes, y que presentase propuestas a ese respecto al Consejo en su 19º período de sesiones. A fin de dar cumplimiento a ese mandato, el Comité Asesor, de conformidad con su recomendación 5/4, estableció un grupo de redacción presidido por Dheerujlall Seetulsingh. Emmanuel Decaux fue nombrado primer Relator del grupo de redacción. Tras presentar su dimisión del Comité, fue sustituido por Laurence Boisson de Chazournes. Una vez examinado, durante el sexto período de sesiones del Comité, un documento de trabajo sobre el tema del mandato que le fue presentado por el grupo de redacción, el Comité examinó un informe sobre la marcha de los trabajos en relación con el mismo tema en su 7º período de sesiones y lo presentó al Consejo en su 16º período de sesiones. En ese momento, el Comité también preparó y distribuyó un cuestionario para recabar opiniones complementarias de los Estados y los interlocutores pertinentes. Después de analizar los textos pertinentes y las respuestas recibidas a los cuestionarios, el Comité presentó su informe definitivo al Consejo de Derechos Humanos en su 19º período de sesiones (A/HRC/19/74).
2. El 15 de febrero de 2013, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) organizó un seminario dirigido a múltiples interesados sobre el fortalecimiento de la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos, durante el que se trató, entre otras cosas, el informe definitivo del Comité Consultivo. De conformidad con su resolución 19/33, se presentó al Consejo en su 23º período de sesiones un informe sobre el seminario (A/HRC/23/20).
3. En su 23º período de sesiones, en la resolución 23/3, el Consejo pidió al Comité Asesor que, en consulta con los Estados, preparase un estudio más focalizado y en profundidad sobre los medios de fortalecer la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos, por ejemplo, pero no exclusivamente, determinando los ámbitos en que podría avanzarse, teniendo en cuenta las respuestas recibidas tras las consultas adicionales celebradas con los Estados, y presentase al Consejo de Derechos Humanos en su 26º período de sesiones un informe sobre los progresos realizados.
4. A fin de dar cumplimiento a la resolución 23/3, el Comité Consultivo, de conformidad con su recomendación 11/2, creó un grupo de redacción en su 11º período de sesiones, integrado por Saeed Mohamed Al Faihani, Laurence Boisson de Chazournes, Mario Luis Coriolano, Latif Hüseynov, Alfred Ntunduguru Karokora, Obiora Chinedu Okafor (Relator), Katharina Pabel y Dheerujlall Seetulsingh (Presidente), así como Shigeki Sakamoto, cuyo mandato finalizó el 30 de septiembre de 2013. Posteriormente, se unieron al grupo de redacción Mikhail Lebedev y Jean Ziegler. El Comité encargó al grupo de redacción que preparase un proyecto de informe sobre los progresos para orientar el debate en profundidad que habría de celebrarse durante su 12º período de sesiones, en febrero de 2014. Durante ese período de sesiones el grupo de redacción también celebró deliberaciones preliminares sobre el mandato y, tras recibir el visto bueno del Comité Consultivo en su conjunto, elaboró un cuestionario que después fue distribuido entre los Estados. Posteriormente, el Relator del grupo de redacción preparó un proyecto de informe, que fue examinado y aprobado por el grupo de redacción entre los períodos de sesiones 11º y 12º del Comité1. Dicho proyecto sirvió de base para el presente informe sobre los progresos realizados.
II. Diversos retos fundamentales que afronta la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos
5. Los problemas que afronta la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos son bien conocidos y, por lo tanto, no se examinarán aquí a fondo. Sin embargo, teniendo en cuenta que, con demasiada frecuencia, pueden frenar seriamente los avances hacia la efectividad de los derechos humanos en todo el mundo, merecen cierto grado de examen en cualquier estudio sobre el tema. Como ha señalado el Comité Consultivo (véase A/HRC/19/74, párrs. 23 a 25), el tono general de los textos que confieren un mandato al Consejo de Derechos Humanos sigue siendo el propio del diálogo y la cooperación internacionales constructivos. Sin embargo, es poco probable que ese diálogo y cooperación encaminados a hacer efectivos los derechos humanos en todas partes sean constructivos sin tolerancia ni respeto mutuos (véase la resolución 13/23 del Consejo)2. Claro está, este tipo de sensibilidad cultural no debería entrañar absolutismo cultural3. También es importante señalar que un nivel considerable de selectividad puede minar la autoridad moral y la capacidad para fomentar con rapidez y vigor una cultura de los derechos humanos en muchas partes del mundo. Cabe mencionar aquí que la decisión de crear y poner en marcha el proceso del examen periódico universal del Consejo de Derechos Humanos respondió en parte a conclusiones de este orden (véase la resolución 60/251 de la Asamblea General, párr. 4). El Comité también ha señalado que la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos sale perjudicada cuando se reduce considerablemente a una mera yuxtaposición de intereses nacionales o a la lógica de las relaciones de poder (A/HRC/19/74, párr. 35). Un diálogo constructivo que impulse una cooperación internacional genuina y sea reflejo de ella tendrá muchas menos posibilidades de prosperar si no se basa en la idea de que los conocimientos sobre los derechos humanos deberían circular de forma pluridireccional entre los pueblos del mundo. Es asimismo importante indicar que cada vez hay más conciencia, dentro y fuera del Consejo de Derechos Humanos, sobre los graves efectos negativos que se derivan de la insuficiencia de recursos disponibles para ayudar a algunos países a participar tanto en el proceso del examen periódico universal como en la aplicación de las recomendaciones dimanantes (véanse las resoluciones 19/33 y 23/3 del Consejo).
III. Mayor participación de la sociedad civil
6. Las importantes funciones desempeñadas por los grupos de la sociedad civil, especialmente las organizaciones no gubernamentales (ONG), en la esfera de los derechos humanos son valoradas por todos, por lo que no hará falta dedicarle un examen detallado. Las Naciones Unidas en general y el Consejo de Derechos Humanos en particular tienen ahora ante sí la tarea fundamental de encontrar medios para aprovechar de la mejor manera posible el potencial de esos grupos para contribuir al trabajo de las Naciones Unidas en lo tocante a los derechos humanos. Tal como ha sugerido el Comité Consultivo (véase A/HRC/19/74, párr. 49), ha llegado el momento de superar la retórica habitual y avanzar hacia cambios institucionales prácticos que den efecto al visible consenso existente en el Consejo sobre la necesidad de reforzar la participación de los actores de la sociedad civil en la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos.
7. En primer lugar, como propuso el Comité Consultivo en su primer informe sobre este tema, tal vez convendría reestructurar el Comité Encargado de las Organizaciones No Gubernamentales, un comité permanente del Consejo Económico y Social actualmente compuesto solo por Estados, para incluir de alguna forma, quizás a título de asesores, a los representantes acreditados y legítimos de las organizaciones de la sociedad civil. En este sentido, el tripartismo adoptado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) puede resultar instructivo. En la OIT, se da justa cabida a todos los principales interesados en las relaciones laborales (los Estados, los empleadores y los sindicatos) y, dentro de los órganos principales de la organización, gozan de una posición y una voz importantes.
8. En segundo lugar, las organizaciones locales de la sociedad civil, especialmente en el mundo en desarrollo, suelen estar insuficientemente representadas en los grupos que participan de forma real, directa, activa y representativa en la labor de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos. Ello plantea cuestiones fundamentales en cuanto a la inclusión, la rendición de cuentas y la legitimidad de la cohorte de organizaciones que tienden a hacerse con el espacio reservado a "otras partes interesadas" en el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas4. Por lo tanto, está claro que es necesario encontrar la manera de, como mínimo, reducir este evidente déficit de inclusividad en términos de representación de las organizaciones de la sociedad civil dentro del sistema. Una propuesta consiste en cambiar la manera en que estas organizaciones acceden a los debates de las Naciones Unidas. Por ejemplo, en vez de exigir que todas las organizaciones que deseen participar en la labor de derechos humanos de las Naciones Unidas deban, primero, estar reconocidas como entidades consultivas, podría crearse una segunda vía de acceso que permitiría a las organizaciones locales de la sociedad civil en los países en desarrollo reconocidas como tales por los órganos regionales o nacionales de derechos humanos obtener así acceso automático a las instituciones de derechos humanos de las Naciones Unidas.
IV. Fomentar la participación de las organizaciones nacionales de derechos humanos
9. A continuación se analiza cómo optimizar la contribución de las instituciones nacionales de derechos humanos a la labor de las Naciones Unidas en materia de derechos humanos. Cabe señalar ante todo que la cooperación formal e informal a nivel mundial o regional entre esas instituciones es ahora la norma y no la excepción. En el marco y la estructura del Comité Internacional de Coordinación de Instituciones Nacionales para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos, registrado y radicado en Ginebra, y a nivel continental y otros niveles, las instituciones nacionales de derechos humanos de todo el mundo se han reunido periódicamente para compartir experiencias y prácticas óptimas y promover nuevos temas que apoyen la causa de los derechos humanos5. Existen pruebas contundentes, por ejemplo a raíz de la colaboración entre el Comité Internacional de Coordinación y la institución nacional de derechos humanos de Nigeria, de que este tipo de interacción y cooperación entre las instituciones, en particular de sus mecanismos de clasificación y sanción de las instituciones que no se atienen a las normas que han establecido, pueden reportar dividendos importantes a la labor encaminada a lograr el ejercicio efectivo de los derechos humanos. Sin embargo, para que el sistema de las Naciones Unidas saque pleno provecho de la contribución que pueden aportar las instituciones nacionales de derechos humanos al ejercicio efectivo de los derechos humanos, se ha de multiplicar la participación de esos órganos y sus diversas asociaciones mundiales y regionales en la labor de las Naciones Unidas en la esfera de los derechos humanos. Esto se puede hacer, por ejemplo, encontrando formas de asignarles mayores recursos, entre otras cosas prestándoles más personal de apoyo, o mediante el intercambio de información entre instituciones en situaciones similares. Las respuestas recibidas a los cuestionarios distribuidos por el Comité Asesor indican que la mayoría de los Estados son conscientes de la necesidad de fortalecer esos órganos. En muchos casos reconocen también que ya se están llevando a cabo algunas iniciativas de cooperación entre Estados para conseguir esos fines.
V. Fomentar los esfuerzos para hacer efectivo el derecho al desarrollo
10. Prácticamente todo el mundo coincide, tanto dentro como fuera del Consejo de Derechos Humanos, en que la cooperación internacional es indispensable para hacer frente a los obstáculos estructurales principales, como la pobreza y el subdesarrollo, y hacer efectivo el ejercicio de muchos derechos económicos, sociales y culturales, así como ciertos derechos civiles y políticos6. En este sentido, la ventaja comparativa de que gozan los órganos de derechos humanos de las Naciones Unidas, en particular el Consejo de Derechos Humanos, reside en su capacidad de encontrar formas y medios para hacer efectivo el derecho al desarrollo tanto dentro de los Estados como entre ellos.
11. Muchos Estados coinciden en que la agenda para el desarrollo después de 2015 debe atenerse a los principios de derechos humanos, entre ellos el principio de que todos los pueblos tienen derecho al desarrollo económico, social y político, como se establece, por ejemplo, en la Declaración sobre el derecho al desarrollo y en el artículo 22 de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos7. Lo novedoso de la concepción a este respecto estriba esencialmente en que el esfuerzo destinado a hacer efectivo el derecho al desarrollo ya no debe basarse principalmente en un concepto de "donación caritativa", sino que debe sustentarse en el hecho de que, por ley, todo ser humano y la sociedad tienen derecho a vivir a salvo de la pobreza extrema y las privaciones, derecho que ha de estar firmemente respaldado y potenciado por un sistema de rendición de cuentas. Desde ese punto de vista, es instructivo que en un informe reciente, el Grupo de Alto Nivel sobre la Agenda para el Desarrollo después de 20158 haya pedido a las Naciones Unidas, sus Estados Miembros, las organizaciones regionales, la sociedad civil y todos los demás interesados que impulsaran los "cinco grandes cambios transformativos siguientes":
a) Pasar de reducir la pobreza a erradicarla (sin olvidarse de nadie);
b) Colocar el desarrollo sostenible en el centro de la agenda;
c) Transformar las economías para crear empleo y crecimiento inclusivo;
d) Construir paz e instituciones públicas eficaces, abiertas y responsables para todos;
e) Forjar una nueva alianza mundial, basada al menos en parte en la responsabilidad mutua.
12. La importancia y el énfasis atribuidos a la responsabilidad en la concepción y articulación de esos "cinco grandes cambios transformativos" reflejan la gradual formación, en nuestra época, de un nuevo consenso sobre las formas de impulsar la agenda de desarrollo. También es reflejo de ese consenso que se está gestando el que, en su informe sobre la agenda para el desarrollo después de 20159, el Secretario General haya exhortado también a arraigar firmemente la rendición de cuentas en la concepción y ejecución de esa agenda. De hecho, como mínimo, en el párrafo 75 de dicho informe, que a su vez se basa en parte en el informe del Grupo de Alto Nivel, se declara enérgicamente que, para que arraigue una agenda para el desarrollo sostenible como la que anhela el Secretario General, es preciso establecer un marco de vigilancia participativa con el que seguir de cerca los progresos, y también contar con mecanismos de rendición de cuentas mutua en relación con todos los interesados. En el párrafo 81 del mismo informe se hace referencia a la necesidad de asegurar que la comunidad internacional esté dotada de las instituciones y herramientas adecuadas para encarar los desafíos que plantea la ejecución de la agenda para el desarrollo sostenible en el plano nacional. Así pues, la idea de que todos los que participan en el proceso en todo el mundo deben asumir plenamente sus responsabilidades parece ocupar un lugar central, e incluso esencial, en la concepción que actualmente las Naciones Unidas tienen sobre las formas y medios de impulsar la agenda de desarrollo para después de 2015.
13. En ese contexto, una forma de fortalecer la cooperación internacional en este importante aspecto de la esfera de los derechos humanos es recopilar y enumerar las vulneraciones fundamentales del derecho al desarrollo (muchas de las cuales ya figuran en instrumentos vinculantes) en una Declaración sobre el Derecho al Desarrollo revisada y ampliada, que lleve incorporado un sólido mecanismo de seguimiento, denuncia y vigilancia, o tal vez incluso en un nuevo tratado sobre el derecho al desarrollo (cosa que el Consejo viene estudiando desde hace cierto tiempo). A este respecto, el artículo 22 de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos y un número creciente de decisiones bien fundamentadas en las que este se ha interpretado y aplicado a situaciones de la vida real en el contexto africano, son en cierto sentido, textos precursores. Por ejemplo, la ahora famosa decisión sobre la causa Endorois, dictada por la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos y el hecho de que Kenya la haya cumplido en su mayor parte son signos anunciadores de lo que el futuro podría depararnos en ese sentido a nivel mundial10. Entre otros dictámenes de la Comisión Africana importantes desde el punto de vista que nos ocupa cabe citar las causas República Democrática del Congo c. Burundi, Rwanda y Uganda11, en la que la Comisión determinó que se había vulnerado el derecho al desarrollo; Association Pour la Sauvegarde de la Paix au Burundi c. Tanzania y otros12; y el caso Southern Cameroons13.
VI. Intensificar la cooperación Sur-Sur en la esfera de los derechos humanos
14. La cooperación Sur-Sur ya goza de amplio reconocimiento dentro del sistema de las Naciones Unidas como forma de reforzar la labor de la organización en todos los ámbitos. Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur-Sur, esta forma de cooperación constituye un amplio marco para la colaboración entre países del Sur en lo político, económico, social, cultural, ambiental y técnico. Esta cooperación entre dos o más países en desarrollo puede ser bilateral, regional, subregional o interregional. Los países en desarrollo comparten conocimientos, aptitudes, experiencias y recursos para alcanzar sus objetivos de desarrollo mediante esfuerzos concertados... Cuando los países donantes tradicionales y las organizaciones multilaterales facilitan iniciativas Sur-Sur proporcionando financiación, capacitación y sistemas de gestión y de tecnología, así como otras formas de apoyo, se habla de cooperación triangular14.
15. Según la Oficina, la característica principal de la cooperación Sur-Sur es que es iniciada, organizada y gestionada por los propios países en desarrollo. Eso no impide que entidades no estatales participen activamente en ella. Un objetivo importante de esta forma de enfocar la cooperación internacional es aumentar la cantidad y mejorar la calidad de la cooperación internacional para el desarrollo. Uno de los beneficios principales de esta forma de cooperación es el aprovechamiento de una experiencia y una capacidad ya existentes y el desarrollo de nuevas capacidades en los países en desarrollo. Un segundo beneficio, hoy en día ampliamente reconocido, es que esta forma de cooperación despierta menos resentimiento y es mejor acogida en el país receptor cuando el donante es un país en una situación similar. Otro beneficio de este tipo de cooperación es que su ejecución suele ser considerablemente menos costosa que otras formas de cooperación internacional.
16. Es evidente que la esfera de los derechos humanos se presta a este tipo de cooperación y, de hecho, ya forma parte integrante de este ámbito. Así se reconoce en la sección final del informe del seminario sobre el fortalecimiento de la cooperación internacional en la esfera de los derechos humanos, organizado por el ACNUDH en Ginebra en febrero de 2013 (A/HRC/23/20). Lo más importante para los fines que nos ocupan es determinar cómo ampliar y profundizar la práctica de esta importante forma de cooperación en la esfera de los derechos humanos y qué papel puede desempeñar el Consejo de Derechos Humanos en el logro de esos objetivos. Cabe analizar, por ejemplo, cómo aprovechar la experiencia y la capacidad ya existentes en determinados países del Sur para aplicarlas en otros países en desarrollo menos dotados en un aspecto concreto, desarrollando de ese modo nuevas capacidades en materia de derechos humanos en esos países de forma menos costosa y más eficaz. También cabe preguntarse si la cooperación triangular puede contribuir a ello y de qué forma.
17. En el continente africano, por ejemplo, algunos países son mucho más ricos en recursos humanos que otros. En muchos casos es más barato, más pertinente desde el punto de vista sociocultural y político y, por ende, más eficaz a largo plazo, encontrar formas de recurrir a especialistas en derechos humanos de países mejor dotados en ese aspecto para que presten asistencia a países de la región con menos recursos en la materia. Ahora bien, como ninguno de esos países es rico desde el punto de vista financiero, la cooperación triangular puede contribuir en gran medida a conseguir mayor financiación y proporcionar importantes medios tecnológicos a proyectos de ese tipo. La cooperación triangular con participación del ACNUDH también puede utilizarse como mecanismo de control de calidad.
18. En ese sentido, ciertos programas de larga data, como el plan de Cuerpos de Asistencia Técnica de Nigeria, que es financiado en su casi totalidad exclusivamente por ese país, son valiosos modelos y guías para los diferentes programas y proyectos con los que el Consejo de Derechos Humanos, por conducto del ACNUDH, podría mirar de entablar una colaboración, proporcionándoles mayor financiación y apoyo y, en definitiva, incorporándolos a su órbita15. El programa nigeriano ya colabora activamente con la Secretaría del Commonwealth, con la cual ha suscrito un memorando de entendimiento. Establecidos en 1987, los Cuerpos de Asistencia Técnica prestan asistencia a Estados de África, el Caribe, el Commonwealth y otras regiones concretas en sus esfuerzos de desarrollo socioeconómico, destacando a personas cualificadas para que presten servicios por un período de dos años en el país en cuestión, con arreglo a las necesidades que este haya expresado. Uno de los principales objetivos declarados del programa es compartir los conocimientos tecnoprácticos especializados de Nigeria con los países receptores. Hasta la fecha, más de 35 países se han beneficiado del programa.
19. Como indicaron algunos países en sus respuestas a los cuestionarios distribuidos por el Comité Asesor, los intercambios Sur-Sur de ese tipo deberían ampliarse y profundizarse con el apoyo de la comunidad internacional, especialmente el Consejo de Derechos Humanos.

References: resolución 
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 artículo 22
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