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Timestamp: 2017-10-19 21:43:04+00:00

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En defensa del Teatro Colón (página en construcción) | Tu sitio para estar informado con objetividad
Buenos Aires 27 de Octubre de 2006
Como ciudadanos responsables de nuestro patrimonio histórico y como trabajadores del Teatro Colón hacemos pública nuestra gran preocupación al respecto de las obras de reforma que se llevarán a cabo en Nuestro Primer Coliseo dentro de lo proyectado por el Master Plan.
Dicho proyecto, Master Plan, abarca: la restauración de fachadas y cubiertas, la restauración de los textiles y ornamentos de la Sala y Foyer y una reforma escenotécnica de gran envergadura que afectará el bajo escenario, oficinas, camarines y talleres del Colón.
La reforma será de tal envergadura que entre otras cosas: avanzará sobre la línea de edificación permitida a nivel vereda (Cerrito), tocará estructura fundacional con resultados imprevistos (se deja constancia que según los planos las verificaciones de las etapas “se realizarán en obra”), se demolerá parte del muro histórico justo en un punto donde este convive con la napa de agua y muy cerca de una zapata fundacional, se alterará la normal tarea de los talleres aledaños (posibles traslados temporarios de personal y elementos de trabajo), se suprime uno de estos talleres (Escultura) sin que esté proyectada su reubicación, se trasladará una parte sustancial de la sala de calderas y básicamente no se producirá ningún beneficio palpable que contribuya a mejorar la productividad, la excelencia y la eficiencia del trabajo escenotécnico.
A todo esto, hay que sumarle la gran imprevisión y falta de certezas sobre: la Temporada 2007, el funcionamiento de los Cuerpos Estables y el destino de Nuestro Primer Coliseo. Esta imprevisión es inadmisible teniendo en cuenta que la presencia del Master Plan en el Teatro Colón ya lleva más de cinco años.
La reforma descripta, significa una erogación de 22 a 27 millones de pesos, aproximadamente, que serán provistos por el erario público; el beneficio que conlleva es nulo para la actividad del Colón y son demasiados los riesgos que se corren al modificar puntos críticos, que en el pasado sabiamente, se tomó la decisión de NO TOCAR. Este dinero, se debería destinar a arreglos y reparaciones en talleres, salas de ensayo, camarines, vestuarios, sanitarios, etc., los cuales se encuentran en condiciones lamentables y son mantenidos en operatividad únicamente por el esfuerzo y voluntad de los trabajadores.
Los responsables del Master Plan, nunca han manifestado, ni fundamentado los objetivos y beneficios de la reforma escenotécnica, ni de que manera la misma incidiría favorablemente en la Producción Propia del Colón. Es ésta actitud, la que nos preocupa y alarma.
Queremos enfatizar, que los trabajadores del Teatro Colón nunca nos hemos opuesto a la restauración racional y a la recuperación edilicia del Teatro realizadas en base a estudios, informes y diagnósticos certificados por expertos de reconocida trayectoria cuyas conclusiones sean públicas, comprobables y verificables; pero rechazamos terminantemente toda reforma e intervención que lesione el patrimonio histórico provocando daños irreversibles, como ha ocurrido en el pasado.
Es por ello, que convocamos a toda la ciudadanía a interesarse, informarse y participar activamente para asegurar la conservación de nuestro patrimonio edilicio, procurando las condiciones necesarias para que el Teatro Colón siga siendo un teatro de Producción Propia, con Cuerpos Estables y volcado hacia toda la comunidad.
TRABAJADORES DEL TEATRO COLON
reformascolon@yahoo.com.ar
Prof. Inés A. Buchar
Docente UBA – IUNA
En la época del predominio de la industria cultural surge la necesidad de reflexionar acerca del sentido de una institución artística como el Teatro Colón. Más aún cuando los profesionales responsables de las tareas de “puesta en valor y actualización tecnológica” del teatro -el cuestionado Master Plan-, afirman que se trata de “una pieza clave de la industria cultural argentina” (1).
El arte no deja de ser el producto de una determinada sociedad, que quedará en cierta medida reflejada en el propio arte. Sin embargo, el rasgo de relativa autonomía que posee permitirá plantear una crítica a la situación social en la que surge, así como también proponer imágenes de un mundo mejor, utopías. Esta característica es compartida tanto por el arte tradicional, tal como se constituye a partir de la modernidad, como así también por las vanguardias y las diferentes corrientes artísticas del siglo XX. En el fenómeno de la industria cultural el rasgo de autonomía se ve reducido al mínimo, cuando no es inexistente. La industria cultural constituye un sistema que abarca el cine – exceptuando el cine arte, no incluido en el circuito comercial – , la radio, la televisión, las revistas, la publicidad, internet, etc., cuyos productos adquieren un carácter uniforme y standard para asegurar su consumo masivo y la consiguiente ganancia económica. Sus productos son planificados de acuerdo a los métodos de la tecnología de reproducción, ejerciendo así control sobre la aceptación del público. La industria cultural no deja espacio para la creatividad espontánea de la conciencia individual, propia del arte, cuyos productos se caracterizan por la originalidad, diversidad, peculiaridad, pluralidad. La producción planificada industrial que predetermina el consumo se contrapone al arte, en el que se da un ejercicio libre de la imaginación creativa y donde es posible el disenso, el desacuerdo. Los juicios de valor referidos a la industria cultural se fundamentan en aspectos cuantitativos; por ejemplo, se considera mejor a la película vista por la mayor cantidad de espectadores, al libro más vendido, etc. La función social de sus productos es la del entretenimiento de masas. Las obras de arte son algo más que un mero entretenimiento, son capaces de despertar emociones y sentimientos profundos en el espectador, así como también promover el pensamiento crítico y la reflexión.
El Teatro Colón es una institución cultural que posee una notable complejidad: es en sí una obra de arte arquitectónica, teatro de ópera y ballet, sala de conciertos, incluyendo talleres de producción escenográfica, biblioteca, archivo musical, instituto de formación artística y un centro de experimentación en arte contemporáneo. Actualmente el Teatro Colón, y todo lo que él significa, debe resistir al avasallamiento de la industria cultural y a la restauración del mecenazgo.
El avance de la industria cultural se ha puesto de manifiesto en el alquiler de las salas del teatro para eventos diversos, que tienen por finalidad producir ganancias económicas; así, por ejemplo, desfiles de modas, degustaciones de vinos, entregas de premios, banquetes benéficos, etc. De esta manera se va restringiendo el espacio que ocupa el arte en el teatro, para devenir un edificio de alquiler al servicio de la industria del espectáculo y del entretenimiento. Es necesario recordar que el Teatro Colón es una institución artística pública, cuya función es brindar arte a la ciudadanía en general, puesto que vivimos en una organización estatal republicana y democrática, en la que todos los ciudadanos con los impuestos sostenemos las instituciones públicas. Un teatro público, al no estar sometido a los intereses económicos de la industria cultural o de fundaciones, empresas o personas poderosas económicamente, podrá sostener una producción artística con un alto grado de libertad y pluralidad.Uno de los críticos culturales del New York Times, Bernard Holland (4) , viajó en el año 2005 para asistir a la puesta de Muerte en Venecia en el Teatro Colón. En esa ocasión, alabó la inclusión en la programación del teatro de obras latinoamericanas y contemporáneas, considerando que esto no ocurre en los teatros de su país. Las instituciones teatrales estadounidenses son financiadas por fundaciones integradas por mecenas, quienes tienen poder de decisión sobre el repertorio, eligiendo según sus propios intereses. La ópera Muerte en Venecia de Benjamin Britten, inspirada en la novela de Thomas Mann, saca a la luz un tema que ha sido por largo tiempo tabú en la sociedad occidental como el de la homosexualidad, y expone también el siniestro entramado del poder político con la industria del turismo y los medios de información que manipulan la noticia de la epidemia de cólera en Venecia.
La preocupación por la situación del Teatro Colón es, a la vez, una preocupación por la sociedad toda. El descuido y maltrato hacia el teatro y hacia otras instituciones públicas como hospitales, escuelas, museos, etc., se dan simultáneamente con el descuido y el maltrato hacia los ciudadanos. La decadencia del teatro está dolorosamente acompañada por la presencia de personas que pasan la noche en sus escalones de entrada, a la intemperie…
Ya Hölderlin se preguntaba “¿para qué poetas en tiempo indigente?” (5), como hoy nos preguntamos: ¿para qué el arte, para qué el Teatro Colón en tiempos de la industria cultural?… Precisamente para preservar un ámbito artístico con rasgos de autonomía y libertad, donde se puedan poner de manifiesto los aspectos negativos y problemáticos de la realidad social, plantear utopías, y expresar las emociones y sentimientos humanos más profundos, que de no ser así quedarían ocultos bajo el velo de la industria cultural.
(1) Master Plan Teatro Colón, Ministerio de Cultura, Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Akián Gráfica Editora, 2006, p. 6.
(2) Véase Max Horkheimer-Theodor W. Adorno “La industria cultural. Ilustración como engaño de masas” en Dialéctica de la Ilustración, Madrid, Editorial Trotta, 2003.
(3)Véase Norbert Elías, Mozart. Sociología de un genio, Barcelona, Ediciones Península, 1998,
(4)Véase “Elogios para una puesta del Colón. El crítico B. Holland de The New York Times vino al país a ver la función”, La Nación, 8 de diciembre de 2004.
(5)“ …wozu Dichter in dürftiger Zeit?” , tomado de la elegía Brot und Wein de Friedrich Hölderlin.
“Cargadas de un mensaje espiritual del pasado, las obras monumentales de los pueblos continúan siendo en la vida presente el testimonio vivo de sus tradiciones seculares. La humanidad, que cada día toma conciencia de la unidad de los valores humanos, los considera como un patrimonio común, y de cara a las generaciones futuras, se reconoce solidariamente responsable de su salvaguarda. Debe transmitirlos en toda la riqueza de su autenticidad.
Dando una primera forma a estos principios fundamentales, la Carta de Atenas de 1931 ha contribuido al desarrollo de un vasto movimiento internacional, que se ha traducido principalmente en los documentos nacionales, en la actividad del ICOM y de la UNESCO y en la creación, por esta última, de un Centro internacional de estudios para la conservación de los bienes culturales. La sensibilidad y el espíritu crítico se han vertido sobre problemas cada vez más complejos y más s útiles; también ha llegado el momento de volver a examinar los principios de la Carta a fin de profundizar en ellos y de ensanchar su contenido en un nuevo documento. En consecuencia, el II Congreso Internacional de Arquitectos y de Técnicos de Monumentos Históricos, reunido en Venecia del 25 al 31 de mayo de 1964, ha aprobado el siguiente texto:
Artículo 1º – La noción de monumento histórico comprende la creación arquitectónica aislada así como el conjunto urbano o rural que da testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa, o de un acontecimiento histórico. Se refiere no sólo a las grandes creaciones sino también a las obras modestas que han adquirido con el tiempo una significación cultural.
Artículo 2º – La conservación y restauración de monumentos constituye una disciplina que abarca todas las ciencias y todas las técnicas que puedan contribuir al estudio y la salvaguarda del patrimonio monumental.
Artículo 3º – La conservación y restauración de monumentos tiende a salvaguardar tanto la obra de arte como el testimonio histórico.
Artículo 4º – La conservación de monumentos implica primeramente la constancia en su mantenimiento.
Artículo 5º – La conservación de monumentos siempre resulta favorecida por su dedicación a una función útil a la sociedad; tal dedicación es por supuesto deseable pero no puede alterar la ordenación o decoración de los edificios. Dentro de estos límites es donde se debe concebir y autorizar los acondicionamientos exigidos por la evolución de los usos y costumbres.
Artículo 7º – El monumento es inseparable de la historia de que es testigo y del lugar en el que está ubicado. En consecuencia, el desplazamiento de todo o parte de un monumento no puede ser consentido nada más que cuando la salvaguarda del monumento lo exija o cuando razones de un gran interés nacional o internacional lo justifiquen.
Artículo 8º – Los elementos de escultura, pintura o decoración que son parte integrante de un monumento sólo pueden ser separados cuando esta medida sea la única viable para asegurar su conservación.
Artículo 9º – La restauración es una operación que debe tener un carácter excepcional. Tiene como fin conservar y revelar los valores estéticos e históricos del monumento y se fundamenta en el respeto a la esencia antigua y a los documentos auténticos. Su límite está allí donde comienza la hipótesis: en el plano de las reconstituciones basadas en conjeturas, todo trabajo de complemento reconocido como indispensable por razones estéticas o técnicas aflora de la composición arquitectónica y llevará la marca de nuestro tiempo. La restauración estará siempre precedida y acompañada de un estudio arqueológico e histórico del monumento.
Artículo 10º – Cuando las técnicas tradicionales se muestran inadecuadas, la consolidación de un monumento puede ser asegurada valiéndose de todas las técnicas modernas de conservación y de construcción cuya eficacia haya sido demostrada con bases científicas y garantizada por la experiencia.
Artículo 11º – Las valiosas aportaciones de todas las épocas en la edificación de un monumento deben ser respetadas, puesto que la unidad de estilo no es un fin a conseguir en una obra de restauración. Cuando un edificio presenta varios estilos superpuestos, la desaparición de un estadio subyacente no se justifica más que excepcionalmente y bajo la condición de que los elementos eliminados no tengan apenas interés, que el conjunto puesto al descubierto constituya un testimonio de alto valor histórico, arqueológico o estético, y que su estado de conservación se juzgue suficiente. El juicio sobre el valor de los elementos en cuestión y la decisión de las eliminaciones a efectuar no pueden depender únicamente del autor del proyecto.
Artículo 12º – Los elementos destinados a reemplazar las partes inexistentes deben integrarse armoniosamente en el conjunto, distinguiéndose claramente de las originales, a fin de que la restauración no falsifique el documento artístico o histórico.
Artículo 14º – Los lugares monumentales deben ser objeto de atenciones especiales a fin de salvaguardar su integridad y de asegurar su saneamiento, su tratamiento y su realce. Los trabajos de conservación y de restauración que en ellos sean ejecutados deben inspirarse en los principios enunciados en los artículos precedentes.
Artículo 15º – Los trabajos de excavaciones deben llevarse a cabo de acuerdo con las normas científicas y con la “Recomendación que define los principios internacionales a aplicar en materia de excavaciones arqueológicas” adoptada por la UNESCO en 1956.
Artículo 16º – Los trabajos de conservación, de restauración y de excavación irán siempre acompañados de la elaboración de una documentación precisa, en forma de informes analíticos y críticos, ilustrados con dibujos y fotografías. Todas las fases del trabajo de desmontaje, consolidación, recomposición e integración, así como los elementos técnicos y formales identificados a lo largo de los trabajos, será n allí consignados. Esta documentación será depositada en los archivos de un organismo público y puesta a la disposición de los investigadores; se recomienda su publicación”.

References: Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4

Artículo 5

Artículo 7

Artículo 8

Artículo 9

Artículo 10

Artículo 11

Artículo 12

Artículo 14

Artículo 15

Artículo 16