Source: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16592013000300004&lng=en&nrm=iso&tlng=es
Timestamp: 2020-01-28 09:21:23+00:00

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Este documento versa sobre las tensiones que se han desencadenado a propósito del proceso de gentrificación en Malinalco. Particularmente se explora la lógica de las estrategias de resistencia política de los barrios y comunidades de la cabecera municipal frente a las élites: donde el control del agua y la presencia de ejidos y tierras comunales desempeñan un papel central.
Palabras clave: Recursos, poder, resistencia política, campesinado y suelo.
This paper deals with the tensions that have triggered on purpose gentrification process in Malinalco. Particularly, explore the logic of political resistance strategies of neighborhoods and communities facing the municipal élites: where water control, and the presence of ejidos and communal lands play a central role.
Keywords: Resources, power, resistance, peasantry and land policy.
En los últimos años, México ha experimentado una notable transformación política como consecuencia de un repunte en la participación de la sociedad en asuntos públicos. El proceso de cambio no ha sido homogéneo a lo largo y ancho del país: hay regiones que continúan reproduciendo prácticas clientelares, pero hay otras que han empezado a transitar en el camino de un proceso democratizador. Ciertamente, la inercia del pasado ha tenido un peso muy significativo en la vida política del país, porque las élites continúan tomando las decisiones que guían los rumbos de la nación. No obstante, hay algunos lugares del país donde la voluntad de las élites ha encontrado una fuerte oposición de la sociedad, la cual ha impedido que las metas de los sectores poderosos se materialicen. Malinalco, por ejemplo, es un pequeño municipio del Estado de México, entre Tenancingo, Joquicingo, Ocuilan, Zumpahuacan y el estado de Morelos, que durante la administración del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) fue imaginado como un paraíso, donde se construyó un club de Golf y un importante número de casas de descanso. Como es obvio, esas élites contribuyeron a que en el municipio se construyeran carreteras, se instalaran líneas telefónicas y bancos. Pero la llegada de los nuevos residentes también generó conflictos con los habitantes del municipio.
En las líneas que siguen intentaremos dibujar la relación entre los nuevos residentes y la población local. Esto es, la investigación se centrará en explicar por qué si en Malinalco ha operado un proceso donde las élites foráneas han ejercido una segregación espacial sobre la población nativa, en el municipio se han recreado espacios donde los actores locales no sólo resisten, sino hasta influyen en las voluntades de los nuevos residentes. Cabe señalar que este proceso sólo se está recreando en la cabecera municipal y en las comunidades aledañas. Como hipótesis de trabajo planteo que en las unidades espaciales donde los actores locales mantienen un control sobre el agua, y donde perviven los ejidos, el proceso de gentrificación avanza de una forma más pausada, mientras que en las unidades espaciales donde los actores locales no controlan recursos, los procesos de segregación espacial y de cambio en el uso de suelo son muy acelerados. En el presente ensayo las herramientas analíticas que me permitirán una aproximación satisfactoria al tema en cuestión serán gentrificación y resistencia.
El municipio de Malinalco está enclavado en el sur del Estado de México, haciendo frontera con el estado de Morelos. Este lugar ha generado incentivos para la inversión inmobiliaria gracias a que cuenta con una zona arqueológica de la cultura azteca, un convento agustino del siglo XVI, un museo de sitio con una propuesta muy novedosa, una arquitectura donde se conservan las construcciones de teja y adobe, una vegetación encantadora y un clima muy agradable que no oscila dramáticamente a lo largo del año.
En tiempos recientes numerosas ciudades en el país se encuentran insertas en una dinámica de cambio sociocultural, donde las zonas céntricas se han reconfigurado tanto en el uso de suelo como en la composición social de su población. En medio de este proceso, los sectores más vulnerables han estado padeciendo un proceso de segregación espacial, siendo expulsados a las zonas periféricas por medio de la compra de los predios. Como consecuencia, los centros han dejado de ser espacios deteriorados para convertirse en lugares exclusivos, ya por la remodelación y restauración, ya por la construcción de nuevos edificios. Este proceso de segregación de los sectores vulnerables, como resultado de la inversión de las clases medias y las poderosas, que ha redundado en una elitización espacial, fue conceptualizado por la socióloga británica Ruth Glass como gentrificación. No obstante, en décadas recientes el concepto se ha recuperado para explicar también a las localidades rurales que se han transformado en clubes de golf, zonas residenciales exclusivas o corredores turísticos. Los estudios sobre la gentrificación han coincidido en documentar una serie de prácticas y patrones asociada a las transformaciones del suelo como las que se presentan a continuación:
1. Cambios en la filiación étnica de los vecindarios.
2. Incremento de la inversión privada en los vecindarios over time.
3. Incremento en el precio de venta promedio de casas y espacios comerciales.
4. Incremento en el precio de la renta residencial y comercial.
5. Incremento en la venta y reventa de predios para uso comercial y residencial.
6. Incremento en la tasa de desocupación rural o industrial debido a la ocupación por parte de los propietarios.
7. Un decremento del número de propiedades con rezago en el pago de impuestos. Los propietarios cubren sus deudas atrasadas e incorporan nuevamente sus propiedades al mercado inmobiliario.
8. Incremento en el número de denuncias por hostigamiento en contra de desarrolladores inmobiliarios e inversionistas.
9. Un elevado radio de construcciones permitidas en un área.
En el centro histórico de la Ciudad de México, por ejemplo, los edificios coloniales descuidados y afectados por el paso del tiempo, que fueron usados en el pasado como casas, bajo un modelo de ocupación múltiple, ahora se han convertido en las oficinas de importantes grupos corporativos. Con la expansión de las élites nacionales y la segregación de los sectores más necesitados, el corazón de México se ha transformado sustancialmente en una zona de hoteles, de complejos de oficinas, de restaurantes y bares de moda. Como resulta obvio pensar, este proceso de cambio en el uso del suelo ha traído como consecuencia un incremento en el valor de los bienes inmuebles.
Ahora bien, este proceso de gentrificación no sólo opera en referentes urbanos, pues recientemente se han identificado procesos similares en espacios rurales. A menudo, cuando las actividades agropecuarias pierden impulso, se ha visto que los campos se transforman en espacios destinados al ocio o en lugares potenciales para segundas residencias. Ciertamente, la lógica de la gentrificación en los contextos urbanos es igual que en los rurales, porque en ambos casos los nuevos residentes concentran más recursos y poder que los habitantes locales. Además, este proceso opera, si y sólo si, confluyen las dos situaciones siguientes:
1. Que exista una oferta o propiedades que han entrado al mercado.
2. Que exista una demanda o gentrificadores potenciales.
Como es evidente, este proceso está estrechamente vinculado a las dinámicas del mercado, donde, por supuesto, no sólo hay gente interesada en vender propiedades y compradores potenciales con los recursos suficientes para adquirirlas, sino también despachos de bienes raíces y eventuales vendedores situacionales que especulan con ellas. Los patrones más notables desde donde podemos inferir al proceso de gentrificación son los cambios étnicos y los de clase y nivel educativo en los espacios residenciales, los incrementos en la inversión privada en los espacios residenciales, los incrementos en los precios tanto de los espacios residenciales como comerciales, los incrementos en las rentas residencial y comercial, la disminución de los propietarios que no pagan sus impuestos prediales, ya que al pagarlos evitan que sus propiedades se encuentren al margen del mercado, y el incremento en las presiones que las élites ejercen sobre los propietarios nativos para comprarles sus bienes inmuebles.
La gentrificación es una forma en la que se manifiestan los procesos dominicales, donde las élites no sólo inciden en las voluntades de los lugareños, sino también en la redefinición y construcción de las políticas públicas vinculadas a la planeación urbana.
En Malinalco el proceso de gentrificación no opera en todo el municipio sino sólo en el Centro Histórico (barrios de Santa María, Santa Mónica, San Juan, San Martín, San Andrés, San Pedro, San Guillermo y la Soledad) y en las comunidades de Jalmolonga, la Ladrillera y San Sebastián. El resto del municipio, que por cierto es la parte más grande, no ha atraído el interés de inversionistas externos, y de hecho, según los datos del Consejo Nacional de Población de la Secretaría de Gobernación, muestra tasas altas de marginalidad. Obviamente esto no quiere decir que la marginalidad no se presenta dentro del área de gentrificación, ya que sí hay una marginalidad media, y de hecho esto es lo que explica, en parte, por qué está operando un proceso de segregación espacial acompañado de un proceso de segregación de la población originaria.
En el municipio de Malinalco el control de los recursos ha condicionado la redefinición de las relaciones de poder entre la población local y las élites exógenas. Asimismo, tanto el manejo del agua y de los ejidos han sido fundamentales para la configuración de los procesos de urbanización local. Obviamente, el control de estos recursos está condicionado por los centros de toma de decisiones que rebasan el ámbito local: la Comisión Nacional del Agua y la Secretaría de la Reforma Agraria. A propósito del recurso hídrico, la Ley de Aguas Nacionales establece en su artículo 20 que la explotación, uso o aprovechamiento de las aguas nacionales, por parte de personas físicas o morales, se realizará mediante concesión otorgada por el Ejecutivo Federal a través de la Comisión Nacional del Agua. Las concesiones, por ley, no podrán ser menores de cinco años ni mayores a cincuenta, y los concesionarios tendrán el derecho de explotar, usar o aprovechar las aguas nacionales durante el tiempo de la concesión.
Las expectativas del gobierno federal son las de otorgar mayor seguridad y certeza a los usuarios a partir de instrumentos jurídicos como el artículo 27 constitucional y la Ley de Aguas Nacionales (LAN). Asimismo, se espera que la creación del Registro Público de Derechos de Agua sensibilice a la población acerca del cobro por los derechos de uso. Aquí es importante apuntar que, de acuerdo con el artículo 44 de la LAN, la concesión y permiso de descarga se otorga a particulares, en tanto que la asignación se otorga a las autoridades municipales.
Malinalco es parte de la Región Hidrológica del Balsas y cuenta con varios ríos y arroyos tanto permanentes como intermitentes. En el municipio existe un organismo descentralizado que administra el agua de manera marginal porque el grueso de sus barrios y comunidades se abastecen en los siguientes manantiales:
1. El manantial de San Miguel, que suministra agua a los barrios de Santa Mónica, Santa María, San Martín, San Guillermo, San Pedro, San Andrés, la Soledad y el Llano.
2. El manantial Rincón de San Juan, que abastece al barrio de San Juan.
3. El manantial de Prior, que surte de agua a las Huertas, la Ladrillera, las Ánimas, el Puentecillo y la Loma.
4. El manantial de Jalmolonga, que abastece a Jalmolonga.
5. El manantial de la Ladrillera, que provee a la Ladrillera.
Sin embargo, si bien el grueso del agua que consumen los barrios y comunidades es de los manantiales, de esto no se desprende que todos cuenten con una concesión de agua, ya que los únicos que cuentan con ella son los barrios de San Juan, San Martín, la Unidad Hidráulica Malinalco A. C. (San Martín, San Andrés, San Guillermo, San Pedro y la Soledad) y las comunidades de Jalmolonga y la Ladrillera. El resto de los barrios son abastecidos a través del organismo descentralizado del municipio, al que se conoce como Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento: Santa Mónica y Santa María.
La tierra la llevo en las uñas
El ejido puede ser visualizado como un sistema conformado por una parte de terreno federal, que representa un recurso significativo para el núcleo agrario, y el cual es otorgado por resolución presidencial. Dicho núcleo está conformado por un agregado humano interesado en la dotación y explotación del recurso, que basa su organización en una estructura ejidal.
No debemos olvidar que, desde el punto de vista legal, el ejido representa una forma de propiedad que supone la posesión de un recurso significativo —la tierra— para los ejidatarios. Pero su manejo implica la existencia de una organización que se materializa en una asamblea, que opera como centro de decisiones con plena libertad para crearse, modificarse e incluso para disolverse. Es importante hacer notar que la toma de decisiones se transfiere a la asamblea, que asume la responsabilidad de decidir sobre ciertas situaciones que requieren el apoyo del comisario ejidal, quien desempeña un papel importante en la ejecución de los acuerdos tomados.
Evidentemente, el ejido no se ha mantenido estático, pues ha experimentado cambios en su estructura. Una prueba de ello son las reformas al artículo 27 constitucional de 1992, además de las leyes complementarias que han propiciado que el ejido se vea como una sociedad, o asociación, que asume la propiedad de las tierras. Esta percepción, asociada más a cuestiones económicas que a otras de tipo político o social, incluye el manejo de un reglamento interno con nuevas disposiciones, entre las que destaca la admisión o separación de nuevos socios. No obstante, a pesar de los cambios en las reformas y en la estructura ejidal, la tierra mantiene un valor significativo para los ejidatarios, ya porque la tierra ha garantizado su pervivencia, ya porque eventualmente puede ser reinsertada en el mercado para su venta.
Las reformas al artículo 27 permitieron al gobierno esgrimir una serie de argumentos en torno a la libertad, la justicia, la personalidad jurídica, la autogestión y otras premisas que en apariencia son positivas para incentivar la producción. El análisis de dichas reformas dejan perfectamente claro que el Programa de Certificación de Derechos Ejidales (Procede), como programa gubernamental, está orientado a apoyar las actividades de los ejidos y comunidades a fin de que éstas, en uso pleno de sus facultades, nuevos derechos y facultades, tengan la opción de privatizar sus derechos parcelarios. Lo realizado hasta el momento deja claro que el gobierno tiene la intención de intervenir en el manejo del ejido, sus tierras y sus derechos individuales con el fin de conducir a la apropiación y certidumbre jurídica sobre los certificados de derechos parcelarios y de uso común.
Para operar el Programa el gobierno federal decidió delegar poder a distintas dependencias relacionadas con las cuestiones agrarias, entre ellas la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA), la Procuraduría Agraria (PA), el Registro Agrario Nacional (RAN), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e informática (INEGI), el Tribunal Agrario (TA), la Comisión Agraria Mixta y los cuerpos consultivos agrarios. Se incluyó además a otras instancias, como la Comisión para la Regulación de la Tenencia de la Tierra (Corett), la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), la Secretaría de Agricultura (Sagar), la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca (Semarnap), la Secretaría de Comunicaciones y Transporte (SCT) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), entre otras, las cuales hicieron posible la ejecución del programa.
Todas estas instituciones establecieron una coordinación estrecha con los gobiernos de los estados, quienes para oficializar su proceder constituyeron un comité interinstitucional al que se asignaron atribuciones importantes, como la que determinó cuáles ejidos habrían de incorporarse al programa y cuáles no. La condición esencial para la incorporación de los ejidos al programa consideraba la viabilidad en términos de su situación legal y social; lo que suponía contar con los documentos necesarios (la carpeta básica que contiene la resolución presidencial, acta de posesión y deslinde, planos del ejido, listado de ejidatarios, etc.). Con el Procede los ejidatarios eventualmente podían cambiar el uso de suelo de sus tierras, es decir, convertir a los ejidos en propiedad privada. De esta forma la liberalización de la economía también alcanzaría a los ejidos para insertarlos al mercado de suelo.
Dentro del área de gentrificación se presentan tres ejidos: Malinalco y sus barrios, con 6 924 hectáreas (ha), San Sebastián Amola, con 841 ha y Jalmolonga, con 642 ha. Dos de estos ejidos ingresaron al Programa de Certificación de Derechos Ejidales: Jalmolonga, con 268 ha y San Sebastián Amola, con 196 ha. Esto, como veremos más adelante, es un factor que desincentiva la inversión tanto de los desarrolladores inmobiliarios como de las élites externas.
A través del control de estos dos recursos los actores locales pueden llegar a concentrar mucho poder, porque al alterar o amenazar con alterar el ambiente de las élites exógenas, los ejidatarios logran influir en ellas para que adopten una conducta determinada. Es evidente que el ejercicio de este poder no suele ser tan patente, de hecho, los ejidatarios esconden su resistencia en su aparente sumisión, es decir, recrean reglas de sujeción y cortesía en el comportamiento cotidiano para esconder lo que realmente están pensando. Los subordinados, ya sea por prudencia, por miedo o porque necesitan de sus favores, adecuan su comportamiento a las expectativas de las élites. De hecho, en la medida en la que el ejercicio del poder es más arbitrario, los campesinos desarrollan prácticas sociales más estereotipadas y ritualistas. En la interacción entre el ocultamiento y la vigilancia, que abarca todos los ámbitos de las relaciones entre los actores locales y las élites, se pueden entender los patrones culturales de la subordinación y dominación. Esta perspectiva es muy sugerente, porque no nos podemos quedar con los discursos públicos de los ejidatarios (powerless), pues si los seguimos al pie de la letra, lo más seguro es que no entendamos nada acerca de las estrategias para ejercer el poder, ya que los subordinados no necesariamente aceptan de forma pasiva la dominación. Lejos de eso, por la vía de los discursos ocultos desarrollan mecanismos de resistencia. Ahora, como resulta obvio, no debemos idealizar las prácticas de los campesinos, porque los movimientos locales pueden presentar importantes rupturas, recrear procesos dominicales o de dominación a su interior. En consecuencia, los campesinos no se manifiestan como un grupo unitario en términos identitarios, ni mucho menos exhiben una conciencia uniforme.
Condiciones de sobremodernidad
En Malinalco la búsqueda de espacios atractivos para estimular el descanso generó la llegada de una élite con un considerable poder adquisitivo. Pero la gentrificación en el municipio condicionó, a su vez, la construcción de una situación de sobremodernidad donde han coexistido imaginarios culturales y comportamientos habituales dispares. En Malinalco se puede encontrar desde una pequeña casa de adobe con techo de palma, hasta una notable residencia horizontal con alberca. Lo mismo se puede encontrar a un habitante local que utiliza un caballo como medio de transporte, que jóvenes que se pasean en un lujoso auto BMW o una muy apropiada camioneta Land Rover. Coexisten también los pequeños lugares donde la gente come su quesadilla de huitlacoche y toma una jarra de pulque, con los restaurantes que ofrecen una refinada cocina internacional.
La población nativa de Malinalco se ha beneficiado con la presencia de los nuevos residentes porque ha sido contratada como personal de servicio en las casas de descanso. Sin embargo, la disparidad de lógicas identitarias alcanza su punto de inflexión cuando los actores de ambos mundos transgreden los espacios de la alteridad. Esto es, los conflictos estallan cuando los elementos significativos de una cultura son cuestionados por las prácticas de los otros.
En Malinalco se presentó un ejemplo de tensión cuando a los habitantes de la comunidad de Jalmolonga se les impidió el paso a la capilla donde habitualmente realizaban las festividades de su santo patrón. La prohibición se dio como consecuencia de la venta, por parte de la señora Peterson, de la otrora hacienda de Jalmolonga. La antigua propietaria había mantenido una relación muy estrecha con los vecinos de la comunidad, pero la situación cambió con la llegada del nuevo dueño, quien prohibió a los campesinos de Jalmolonga el paso por la propiedad.
Los habitantes de este barrio pensaron que la llegada de Sergio Bolaños Quesada, el nuevo dueño, no modificaría en nada la relación comunidad-propiedad, pero la historia fue otra, porque no sólo modificó su propiedad, sino que les prohibió pasar por allí. Ante esta situación los habitantes de Jalmolonga formaron una comitiva con los representantes de la comunidad para que se entrevistaran con el nuevo propietario. Los campesinos consideraban que si le explicaban al nuevo residente que ellos habían utilizado la capilla de la hacienda desde mucho tiempo atrás, conseguirían sensibilizarlo para que les permitiera de nueva cuenta el acceso. Sin embargo, el nuevo dueño no reaccionó como esperaban, porque él quería que su propiedad fuera una casa de descanso en donde las actividades de sus vecinos no lo molestaran.
Pero, ¿quién es Bolaños Quesada y por qué podía influir en funcionarios de alto nivel de la Comisión Nacional del Agua (CNA)? Bolaños Quesada es presidente del Grupo Serbo y dueño del Grupo Bufete Industrial. También se dice que se hizo de una importante fortuna por su cercanía con Joaquín Hernández Galicia, "La Quina", el otrora líder del sindicato de los petroleros. Este personaje se ha dedicado a la construcción, el transporte naviero, la perforación de pozos petroleros, arrendamiento, educación y maquinaria. Se ha propuesto, además, realizar el complejo petroquímico Serbo en Altamira, Tamaulipas, y se calcula que el monto de su inversión será de 650 millones de dólares.
En respuesta a la negativa a darles acceso a la capilla, los habitantes de Jalmolonga decidieron cortar el suministro del agua potable y de riego a la hacienda. Su propietario, entonces, contrató pipas de agua para abastecer su propiedad. Sólo que con un terreno de tales dimensiones era imposible depender siempre de esta forma de suministro de agua, así que Bolaños Quesada se comunicó con las autoridades de la CNA para que intervinieran en su problema. Días después un grupo de funcionarios del agua llegaron hasta Jalmolonga para exigir a las autoridades locales que restablecieran el servicio de agua a la hacienda. Las autoridades locales señalaron que no pretendían dejar sin agua al predio de Bolaños Quesada, e incluso les dijeron que el suministro se normalizaría en cuestión de días. Sin embargo, los días pasaron y la escasez de agua en la hacienda continuaba, por lo que los funcionarios de la CNA volvieron al lugar para averiguar por qué no se había restablecido el servicio. Las autoridades locales volvieron a insistir en que se restablecería en cuestión de días.
Un domingo por la noche, cuando Bolaños Quesada y su comitiva salía de regreso a la Ciudad de México, se encontró con que frente a la entrada principal de su propiedad lo estaba esperando todo el pueblo armado con antorchas, picos, palos, piedras y machetes con la intención de terminar con su actitud "prepotente". Los guardaespaldas de Bolaños Quesada, al ver la cantidad de gente y su visible irritación, optaron —afortunadamente— por dejar sus armas y abandonar el lugar. En un momento el dueño de la ex hacienda de Jalmolonga se quedó solo, sin poder hacer gran cosa para evitar que los campesinos lo agredieran verbalmente. De hecho, hubo un momento en que la situación se volvió francamente tensa y peligrosa, pero la intervención del jardinero de la propiedad, miembro de la misma comunidad, apaciguó los ánimos y logró que se negociara la liberación de su patrón.
Después de este lamentable episodio la actitud de Bolaños Quesada cambió sustancialmente, evitó confrontaciones y se acercó a la gente local. Comenzó por abrir de nueva cuenta las puertas de su propiedad para que los habitantes de la localidad pudieran realizar sus actividades confesionales, después equipó a algunas escuelas del barrio con computadoras de la más alta tecnología y, finalmente, regaló bicicletas "todo terreno" a los estudiantes que se graduaban del nivel secundaria.
Esta situación de conflicto entre el barrio de Jalmolonga y el dueño de la ex hacienda nos muestra la importancia de los mecanismos de resistencia política para dirimir diferencias, porque todo parecía indicar que los campesinos no podrían actuar en contra del poder de las élites nacionales. Sin embargo, los campesinos de Jalmolonga fueron estructurando mecanismos de respuesta, primero en la frecuencia de los discursos ocultos, en los que dicen una cosa frente a los poderosos y otra en el contexto de la comunidad. Ese sentimiento de malestar confluyó en los vehículos de la organización local, cuando se tocó un elemento muy sensible en la vida cotidiana del barrio. Esa coyuntura desató una movilización muy dinámica donde las autoridades locales operaron como líderes del pueblo.
Lo interesante de Malinalco es que las estrategias de los campesinos de Jalmolonga resultaron ser muy exitosas, tanto que los actores lograron ejercer presión sobre un personaje muy poderoso en el ámbito nacional. ¿Cómo explicar el hecho de que los campesinos lograran influir en la toma de decisiones del empresario? Lo que marcó el inicio del conflicto fue que el nuevo dueño prohibiera a los habitantes del barrio ingresar a la capilla de la otrora hacienda de Jalmolonga. Esto no quiere decir, sin embargo, que fuera la organización de religiosidad local la que dirigiera las estrategias de resistencia de los campesinos frente a las prohibiciones del nuevo propietario. Los habitantes de Jalmolonga discutieron en una asamblea cuál sería la estrategia a seguir para, con el fin de poder volver a entrar a la capilla para celebrar las festividades religiosas, tratar de influir en un miembro de la élite nacional en el poder.
Pero, ¿por qué el ámbito religioso y el político se vincularon en estos eventos que relacionaron a los habitantes de Jalmolonga con las élites nacionales? La respuesta es aparentemente muy sencilla: Malinalco, como muchas otras regiones que integraron la muy antigua región cultural mesoamericana, desarrolló una estructura de obligaciones y responsabilidades que intercalaba puestos políticos con religiosos. Como consecuencia, una fluctuación en el ámbito religioso incide necesariamente en la esfera del poder y viceversa. De esta forma, el catolicismo popular sincretizado da forma y significado a la vida cotidiana del grueso de los habitantes de este municipio. Más aún, esta práctica se presenta como una oferta alternativa de la visión oficial de la Iglesia católica, donde se construyen lazos abiertos con la vida política, económica y cultural, y donde se estructuran mecanismos de resistencia y se revitalizan procesos autonómicos.
En realidad, el mecanismo de resistencia emprendido por los habitantes de Jalmolonga funcionó porque ellos tenían el control del agua, un recurso limitado y muy significativo. No hay que olvidar que el poder se ejerce cuando un actor, al alterar o amenazar con alterar el ambiente de un segundo actor, influye en él para que adopte una conducta determinada. El segundo actor decide, de manera racional e independiente, conformarse a los intereses del primer actor si éstos son convenientes para sus propios intereses. Esto quiere decir que el primero de los actores influye en la voluntad del segundo con base en el control de recursos significativos. Por lo tanto, si bien los campesinos de Jalmolonga no tienen los capitales de Bolaños Quesada, sí tienen el control del agua, que resulta ser un recurso fundamental para la configuración del poder en la región.
En el municipio de Malinalco los conflictos entre la población local y los nuevos residentes son abundantes, posiblemente como consecuencia de las disparidades en las lógicas identitarias y culturales. El barrio de San Juan, por ejemplo, ha tenido varios conflictos con algunos representantes del sector gentrificador en el municipio. Un ejemplo es el caso de José Luis Sánchez Pizzini, quien luego de comprar un predio en este lugar, realizó trabajos de perforación para extraer agua, lo cual tuvo como consecuencia que los delegados del agua del barrio se le acercaran para solicitarle que, de su pozo, proporcionara a los habitantes locales una toma del recurso. El argumento en el que apoyaban su solicitud era que las perforaciones realizadas habían provocado una disminución sustancial en el caudal de agua del barrio. El nuevo residente, por su parte, rechazó la petición de los delegados con el argumento de que fue él quien financió las obras del pozo. Cabe señalar que Sánchez Pizzini fue accionista y vicepresidente de la casa de bolsa Anáhuac y es consuegro del ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado.
Años más tarde Sánchez Pizzini se acercó a las autoridades del barrio de San Juan para solicitar una toma de agua, quienes se la negaron explicándole que, como en el pasado él no había accedido a dar una toma de agua de su pozo, ahora el pueblo no estaba dispuesto a concederle una. En e una asamblea se había acordado que, por tiempo indefinido, no se le daría agua al dueño de la Casa los Ciruelos, ubicada en el camino viejo a Ocuilan.
El barrio de San Juan ha desarrollado algunas estrategias de resistencia frente al poderoso proceso de gentrificación. En la asamblea del barrio, por ejemplo, se acordó que la cuota anual del servicio de agua potable para el año 2004 sería de 300 pesos para los nativos y de 700 pesos para los nuevos residentes. En tanto que la tarifa para la concesión del servicio del agua potable, para el mismo año, sería de 1 000 pesos para los nativos y de 3 000 pesos para los nuevos residentes.
Otro de los acuerdos de la asamblea ordinaria de 2004 fue que durante los siguientes 10 años no se le otorgaría agua potable a Saúl Stepensky. La razón por la que los habitantes locales tomaron esta decisión fue que Stepensky se había acercado a las autoridades de San Juan para proponer su proyecto de instalación de un teatro en el barrio. Como Malinalco, desde el punto de vista de este nuevo residente, no tenía espacios atractivos para los jóvenes, él se ofrecía a conseguir los recursos necesarios para construir el teatro si el barrio donaba un terreno para edificarlo. Los habitantes de San Juan aceptaron la propuesta con la condición de que el inmueble permaneciera en posesión del barrio, la cual Stepensky se negó a aceptar aclarando que, más bien, el predio se convertiría en parte de la propiedad del teatro. La población de San Juan, entonces, decidió rechazar la propuesta, lo que enardeció al nuevo residente y provocó que subiera el tono de su discurso, tensando la relación entre ambas partes. Tiempo después, en asamblea, el barrio de San Juan acordó no dotar de agua potable a Saúl Stepensky.
Las condiciones ambientales en Malinalco han estimulado el establecimiento de hoteles, sin embargo, no hay ninguna empresa de este tipo que alcance a cubrir las expectativas de turismo en el municipio. En este escenario de limitada infraestructura hotelera en Malinalco, la cadena Del Rey Inn compró un terreno en el barrio de San Juan para construir un hotel SPA de gran turismo, un proyecto que no se concretó porque, según una versión de los hechos, la familia Martínez, la accionista mayoritaria de esta empresa, enfrentó fuertes barreras locales. El proyecto de construcción del hotel comenzó con la perforación de un pozo para extraer el agua que éste demandaría, pero cuando los habitantes del barrio se percataron de los trabajos, se acercaron a los encargados del proyecto para solicitarles que también dotaran de agua al barrio. Para no tener que hacerlo los representantes de la cadena Del Rey hicieron labor de cabildeo con los delegados del agua, pero la posición de los habitantes era muy clara, si la empresa iba a utilizar el agua, también tendría que suministrarla al barrio. Ante esto los inversionistas consideraron que la obra era muy costosa en sí, y que suministrar agua para el barrio aumentaba aún más el costo, así que optaron por construir el hotel en Ixtapan de la Sal, otro municipio del sur del Estado de México.
Según otra versión del fracaso en el intento de construir el hotel en el barrio de San Juan, al parecer la empresa sí alcanzó un punto de acuerdo con los habitantes del lugar. Los empresarios habían pactado con los delegados de San Juan que los trabajos en el hotel sólo serían cubiertos por los habitantes del barrio, e incluso ambos sectores acordaron que algunos vecinos recibirían agua del pozo de la empresa. Sin embargo, cuando los empresarios del hotel comenzaron a tramitar los permisos ante el ayuntamiento local, las autoridades en turno intentaron extorsionarlos, por lo que, como en la primera versión, optaron por construir el hotel en otra parte. Lo cierto es que esta cadena todavía cuenta con su propiedad y, por lo menos a nivel de rumor, se maneja la posibilidad de que se reactive el proyecto.
No tenemos la certeza de cuál de las dos versiones se apega mejor a la realidad, pero lo interesante del asunto es que en ambos casos los empresarios entendieron que no podían instalar el hotel sin el pleno consentimiento de los habitantes del barrio de San Juan.
La resistencia política como práctica cotidiana
En Malinalco los barrios y las comunidades han desarrollado procesos autonómicos, donde la injerencia de las políticas públicas del ayuntamiento es limitada. Por supuesto, en muchos casos sus habitantes no han diseñado o buscado recrear las autonomías, éstas han sido más bien producto de la lógica totalizante de la comunidad, donde la religiosidad no necesita de ministros para recrearse ni los ciudadanos requieren de las autoridades municipales para resolver sus problemas, y donde los miembros de los barrios siempre apuestan por la relación con los otros habitantes locales frente a la opulencia de los nuevos residentes. Esto quiere decir que las relaciones intracomunitarias son sólidas, pero las relaciones extracomunitarias son particularmente débiles. De hecho, en Malinalco existe una organización que ha logrado un proceso de integración entre algunos de los barrios del centro y la comunidad de Jalmolonga, al cual han denominado Unidad Hidráulica Malinalco, A. C. Esta organización se encarga de administrar y organizar el uso del agua de riego de los barrios que se encuentran en la parte baja de la cabecera municipal y la comunidad de Jalmolonga, y está perfectamente e constituida como una Asociación Civil ante un notario, con base en la Ley de Aguas Nacionales y los lineamientos de la Comisión Nacional del Agua. La misma organización ha estado inmersa en conflictos con personajes muy poderosos que, luego de los procesos de compraventa, se han apropiado de las zonas de paso donde, por supuesto, corren las aguas de los apantles. Sin embargo, dado que quienes controlan el recurso son los habitantes locales, están en condiciones de influir en las decisiones de los nuevos residentes.
Los vínculos de la Unidad Hidráulica Malinalco, A. C. con las autoridades municipales son muy estrechos. Pero, aunque el lector empiece a imaginar que el ayuntamiento puede ejercer el poder sobre las autoridades de esta organización especializada en el manejo del agua, lo que sucede en realidad es lo contrario, la que ejerce el poder entre los funcionarios de representación es la Unidad. ¿Por qué esta organización puede influir en el proceso de toma de decisiones del ayuntamiento? Lo que ha hecho esto posible es que, como el organismo descentralizado del agua de Malinalco (Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento) no cuenta con un manantial que abastezca de agua al municipio, el ayuntamiento tuvo que solicitar a la Unidad una cantidad específica de metros cúbicos de agua para cubrir las necesidades de agua potable de los barrios que no cuentan con manantiales y las de los nuevos residentes que han instalado sus casas de descanso en el municipio. La Unidad Hidráulica de Malinalco, A. C. aceptó apoyar al ayuntamiento, pero a cambio de que el gobierno municipal proporcionara los salarios de su presidente, secretario y primer vocal. Por lo tanto, es evidente que lo que ha puesto a esta organización en condiciones de influir en los sectores más poderosos del municipio ha sido el control del valioso líquido.
Otro grave conflicto entre los nativos y los nuevos residentes es el que se presentó en el ejido de San Sebastián Amola cuando un grupo de desarrolladores inmobiliarios aplicaron estrategias de especulación para obtener tierras baratas y construir un conjunto de lujosas casas de descanso. El proyecto arquitectónico avanzó, y cuando ya casi estaba concluido, los desarrolladores vieron invadida su propiedad por un grupo de campesinos que reclamaban sus ejidos. Uno de ellos relata lo siguiente:
Sí, estuvieron muy fuertes, muy fuertísimos, esas personas y ésos son los que nos dieron más batalla, dolor de cabeza. De que, pues ya ve usted que siempre una persona con dinero, pues es difícil de vencer. Ya al tiempo de que se fueron llevando todos los estudios, fueron analizando y fueron viendo todo. Entonces sí, ya nos buscaron ellos, nos buscaron, y ya como no estábamos en un plan de despojo, sino que al contrario, ¿por qué le van a dar ellos buena cantidad que le dieron a Ocuilan y no siendo de ellos el terreno? ¿Y nosotros que somos dueños del terreno? Ya se les mencionó, y bueno, si nosotros somos los dueños del ejido, pues entonces los que van a pagar indemnización acá son ustedes acá, y cedieron.1
Resulta muy difícil imaginar que desarrolladores inmobiliarios de la Ciudad de México no tomaran las precauciones necesarias para no comprar problemas, pero justo por eso tuvieron que comprar dos veces el mismo terreno, cuando lo que pretendían en principio era comprar terrenos baratos para construir condominios horizontales, que obviamente venderían caros.
En todos estos casos podemos destacar la manifestación de dos lógicas que se ponen en tensión: la lógica de la igualdad en comparación con la lógica de la jerarquía. En el plano cultural, y un poco siguiendo a Bruce Kapferer (1988), podríamos establecer que la población de nuevos residentes recrea una cultura política de la igualdad donde los actores de la política global construyen sus ideas, valores y expectativas con base en el futuro, aunque no tienen la certeza de la dirección que seguirán; mientras que la población local reproduce una cultura política jerárquica donde sus ideas, valores y expectativas se construyen con base en el pasado, y saben hacia dónde se dirigirán. En el caso de la primera podemos decir que los actores se perciben como iguales en términos individuales porque todos tienen los mismos derechos y obligaciones; en tanto que en el de la segunda podemos decir que los actores buscan recrear sus intereses de grupo por encima de los individuales. Por lo tanto, su política es jerárquica porque hay una serie de posiciones dentro de la estructura comunitaria, es excluyente porque no acepta la intromisión del exterior, es arbitraria porque quien no sigue la norma queda marginado, y es autonómica porque establece fronteras identitarias.
Nada para nadie. Crisis y continuidad
En fecha reciente Malinalco se insertó en una dinámica de cambio sociocultural, donde sus zonas céntricas se han reconfigurado tanto en el uso de suelo como en la composición social de su población. En medio de este proceso los sectores más vulnerables han estado padeciendo un proceso de segregación espacial, siendo expulsados a las zonas periféricas a partir de la compra de los predios.
En la zona de gentrificación de Malinalco la distribución de poder es desigual. En los barrios de San Martín, San Juan, La Soledad, San Andrés y los poblados de Jalmolonga y la Ladrillera el control del recurso agua les permite un mayor rango para dirimir, cabildear y negociar con cualquier tipo de actor, ya sea con el ayuntamiento, ya con los desarrolladores, ya con las élites. En este sentido, las organizaciones locales se han convertido en importantes interlocutores que incluso tienen la capacidad para influir en actores, grupos o unidades operantes que han logrado concentrar mucho poder. Cabe señalar que la gentrificación en el municipio es un proceso con gran vitalidad y al parecer no se detendrá, pues en este lugar se presentan condiciones que lejos de inhibir este proceso parecen acrecentarlo. Entre ellas se puede mencionar que Malinalco es un lugar valorado por las élites, que la población local cuenta con medianos niveles de marginalidad, que el mercado de suelo se está volviendo cada vez más robusto, que se está especulando con el suelo y que se están presentando desarrolladores inmobiliarios.
Por otro lado, en los barrios de Santa Mónica, San Guillermo y Santa María los habitantes ejercen poderes independientes y no están organizados para enfrentar problemas comunes, a pesar de que reconocen problemáticas e intereses similares. En estos barrios el proceso de gentrificación es muy agresivo debido a que no tienen el control del agua, lo cual se refleja en un constante cambio de uso de suelo. Además, los habitantes no participan en las decisiones que afectan a estos barrios, más bien se someten a las decisiones que dicta la autoridad municipal, en las cuales a menudo interfieren los nuevos residentes. Esto se refleja en un cambio sustancial en la configuración residencial y de servicios que responden básicamente a la demanda de los nuevos residentes.
En Malinalco, por más significativo que sea el proceso de gentrificación, los campesinos no se han dado por vencidos. En este municipio las apariencias engañan, porque podríamos pensar que gracias a su dinero y a sus buenas relaciones en el ámbito nacional, los nuevos residentes podrían ejercer su poder en los habitantes pobres aunque contaran con esquemas organizativos eficientes y el control del agua. Sin embargo, no debemos olvidar que la sumisión de los sectores vulnerables esconde su resistencia, esto significa que los subordinados, ya sea por prudencia o por miedo, o porque necesitan favores de los poderosos, hacen de su comportamiento un ritual adecuado que parezca responder a las expectativas de aquéllos. Al subordinado le conviene actuar de una manera más o menos verosímil, usando las convenciones y reproduciendo los gestos que él sabe se espera reproduzca.
Nos parece que en Malinalco debemos tener cuidado con elaborar explicaciones simplistas sobre la dominación mecánica de sus habitantes, a propósito de la gentrificación; pero también con idealizar la resistencia de estos sectores vulnerables. Debemos dar cuenta de la complejidad de los grupos subalternos, porque no son entidades homogéneas, pero también de las élites, porque tampoco forman unidades identitarias. Los procesos sociales son por definición estocásticos, es decir, en esencia son indeterminísticos porque no podemos saber cuáles son las trayectorias que van a seguir.
Hasta donde hemos podido analizar, en Malinalco los barrios y las comunidades que cuentan con el control de recursos han manifestado una mayor capacidad para resistir las presiones del mercado de suelo; mientras que en los espacios socio-espaciales de la población que no tiene el control de los recursos, el cambio de uso de suelo, la segregación residencial y la transformación cultural es mucho más acelerada.
Consejo Nacional de Población 2010 Índices de marginación por localidad 2010, México, Segob. [ Links ]
Elias, Norbert y John Scotson 1994 The Established and the Outsiders, Londres, Sage. [ Links ]
Glass, Ruth 1964 London: Aspects of Change, Londres, Center for Urban Studies. [ Links ]
Kapferer, Bruce 1988 Legends of People, Myths of State, Violence, Intolerance, and Political Culture in Sri Lanka and Australia, Washington y London, Smithsonian Institution Press. [ Links ]
Scott, James 1985 Weapons of the Weak: Everyday Forms of Peasant Resistance, New Haven, Yale University Press. [ Links ]
---------- 2000 Los dominados y el arte de la resistencia. Discursos cultos, México, Era. [ Links ]
1 Entrevista con el tesorero del ejido de San Sebastián Amola.

References: artículo 20
 artículo 27
 artículo 44
 resolución 
 artículo 27
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