Source: http://www.peiac.org/Revista/Numeros/No7/frustracion.html
Timestamp: 2018-02-20 13:44:07+00:00

Document:
FRUSTRACIÓN, ODIO Y CULPA, ORIGEN DE LA PERSONALIDAD EN CONFLICTO.
FRUSTRATION, HATRED AND GUILT, ORIGIN OF PERSONALITY IN CONFLICT
Jorge Alvarado Orozco, José Luis Valdez Medina, Norma Ivonne González Arratia López Fuentes, Sergio González Escobar, Francisco José Arguello Zepeda.
La presente investigación tuvo por objetivo detectar si experimentar y no resolver las emociones negativas de frustración, odio o culpa, se asocia con la presencia de niveles de ansiedad y manifestaciones depresivas. Para ello, se trabajó con una muestra de 60 participantes -repartidos equitativamente por sexo- sin diagnóstico clínico, elegidos mediante el muestreo no probabilístico de tipo intencional. A los cuales, se les aplicó: el cuestionario de frustración, odio y culpa, de la evaluación de las emociones negativas; el Inventario De Ansiedad Rasgo-Estado (IDARE); la Escala Para Medir Depresión (EPMD); y una entrevista semiestructurada. Estos instrumentos permitieron observar que los problemas familiares, personales y de pareja, son los que más originaron emociones negativas no resueltas en los participantes, siendo la más frecuente, la frustración. Asimismo, se encontró que 54 de los participantes aceptaron tener al menos una emoción negativa no resuelta, que consideraron, es la base a partir de la cual comenzaron a manifestar algún nivel de ansiedad y/o manifestación depresiva. Tales hallazgos permitieron corroborar que la no resolución de las emociones negativas, favorece la presencia de niveles de ansiedad y manifestaciones depresivas, lo cual genera un mayor nivel de caos, sufrimiento y desgaste, en las personas que las experimentan.
Palabras clave: Frustración, odio, culpa, ansiedad, y depresión.
The present investigation was undertaken to detect if experience and resolve negative emotions, frustration, hate, and guilt. It is associated with the presence of levels of anxiety and depressive manifestations. To do this, we worked with a sample of 60 participants -divided equally by sex- without clinical diagnosis, obtained by sampling probabilistic, not intentional. To whom was applied: the questionnaire of frustration, hate and guilt, evaluation of negative emotions, the Trait Anxiety Inventory State (IDARE), the Scale for Measuring Depression (EPMD), and a semi-structured interview. These instruments permitted the observation that family problems, personal, and emotional couple are the most negative emotions originated in participants, the most frequent frustration. We also found that 54 of the participants agreed to have at least one unresolved negative emotion, they considered, is the base from which they began to express some level of anxiety and/or depressive manifestation. Such findings corroborate that the non-resolution of negative emotions, favors the presence of levels of anxiety and depressive manifestations, which generates a higher level of chaos, suffering and wear, in people who experience them.
Key words: Frustration, hate, guilt, anxiety, depression.
O presente estudo foi realizado para detectar se a experiência e resolver emoções negativas, frustração, raiva e culpa. Ela está associada com a presença de níveis de ansiedade manifestações e depressiva. Para fazer isso, nós trabalhamos com uma amostra de 60 participantes, divididos igualmente por sexo, sem diagnóstico clínico, obtido por amostragem probabilística, não intencional. A quem foi aplicada: o questionário de frustração, ódio e culpa, a avaliação das emoções negativas, o Inventário de Ansiedade Traço-Estado (IDARE), a Escala de Depressão de medição (EPMD) e uma entrevista semi-estruturada. Estes instrumentos permitiram a observação de que os problemas familiares, pessoais e familiares, são as emoções mais negativas originados nos participantes, a frustração mais freqüente. Nós também descobrimos que 54 dos participantes concordaram em ter pelo menos uma emoção negativa por resolver, eles consideraram, é a base a partir da qual começou a express ar algum nível de ansiedade e ou manifestação depressiva. Tais achados corroboram que a não resolução de emoções negativas, favorece a presença de níveis de ansiedade e depressão manifestações, o que gera um maior nível de caos, sofrimento e desgaste, nas pessoas que os experimentam.
Palavras-chave: Frustração, raiva, culpa, ansiedade, depressão.
La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2007) conceptualiza a la salud mental, como un estado de bienestar en el que el individuo es consciente de sus capacidades, lo que le permite afrontar las tensiones normales de la vida, pudiendo trabajar de forma productiva, contribuyendo así a su comunidad. Más tal equilibrio, reconoce esta misma organización, puede verse afectado por distintas alteraciones, entre las que se encuentran la ansiedad y la depresión. Hecho que es más común de lo esperado, ya que en octubre de 2012 la OMS calculó que en ese momento, 350 millones de personas en el mundo vivían con esta perturbación. Ocurriendo algo similar con la ansiedad, ya que de acuerdo con Czernik, Almirón, Cuenca, y Mazzaro (2005) en 2005, la OMS consideró que cerca del 25% de la población mundial experimentó algún tipo de ansiedad. En lo que se refiere a cifras mexicanas, Medina-Mora et al. (2003) comentan que en la década pasada, la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica mostró que entre los tres trastornos psiquiátricos más padecidos por los mexicanos, estaban la ansiedad -14.3%- y los de tipo afectivo -9.1%-, entre los que figuraba la depresión. Inclusive, Lara, Medina-Mora, Borges, y Zambrano (2007) refieren que es tal el auge y gravedad de éstas, que en comparación con las enfermedades fisiológicas causan mayor discapacidad en la esfera: familiar, social, y laboral de los individuos. Ante tales números, Valdez-Medina (2009) considera que es necesario implementar acciones que solucionen dicho panorama, proponiendo para ello, ir a la raíz de tales alteraciones, a fin de resolverlas eficientemente.
Al respecto, son varios los teóricos que hacen referencia al origen de estos malestares, por ejemplo, Luengo (2005) indica que la ansiedad es producto de la errónea percepción y/o interpretación de un estímulo interno o externo. Géndara y Fuertes (1999) por su parte, aseveran que ésta se origina cuando la persona se ve presionada intensa o persistentemente, por estímulos provenientes de su: organismo -dolor, enfermedad-, entorno psicosocial -trabajo, familia- o medio ambiente -contaminación, trafico, sobrepoblación-, a lo que necesariamente se suma una exageración en la intensidad o duración de la respuesta por parte del individuo. En el mismo sentido, Priest (1992) y Suinn (1993) consideran que un cambio radical en la esfera: social -problemas legales, delincuencia, inseguridad-, familiar -embarazos, dificultades conyugales, actitud de los hijos-, biológica -envejecimiento, enfermedades-, económica -gastos inesperados, falta de solvencia monetaria-, psicológica -emocional, afrontamiento-, y laboral -ascensos, relaciones laborales-, es la causa de la ansiedad.
En lo que se refiere a la depresión, Breton (1997) asegura que ésta es producto de la interacción secuenciada de un evento desencadenante -suceso que lleva aparejada una pérdida o amenaza- y la cognición que ese acontecimiento genera, los cuales son permeados por características propias del sujeto, tales como: sexo -las mujeres son más propensas-, herencia -tendencia genética a la enfermedad-, edad -los ancianos son más susceptible a causa de la inmovilidad que la salud y la sociedad les impone-, y el entorno -cotidianidad viciada-. Opinión similar es la de Calderón (1999) y Chinchilla (1999) quienes suponen que esta alteración nace a causa de variaciones en el área: genética -antecedentes depresivos en familiares incrementan la incidencia-, psicológica -estrés ambiental, acontecimientos vitales negativos, interpretación distorsionada de la vida-, ambiental -clima-, y social -pérdida de relaciones personales, entorno aversivo-. En cambio, Rojas (1981) afirma que la depresión tiene como origen la personalidad depresiva, la cual se caracteriza por caer en la melancolía ante las adversidades, así como por una tendencia a permanecer adherido a pensamientos negativos.
Otra propuesta que explica la etiología de la ansiedad y la depresión, es la teoría de la paz o equilibrio de Valdez-Medina (2009) en específico, en la sección que en ella es nombrada el círculo del miedo. Así pues, esta propuesta teórica del análisis del comportamiento plantea que la vida está en constante movimiento, lo que expone a las personas a estímulos sorpresa -sucesos nuevos- y estímulos significativos -eventos ya conocidos-, los cuales acarrean: carencias, necesidades, y distintos tipos de amenazas y miedos, lo que lleva a los individuos a actuar, para evitar los efectos negativos que puedan acarrearles tales acontecimientos. Dichas acciones, producen un resultado positivo o negativo, según las intenciones de la persona, el cual si es aceptado o rechazado abiertamente con gusto y sin queja, hace que ésta se ubique en un nuevo estado de paz o equilibrio, similar del que partió, el cual es conocido como el círculo de la paz. Pero cuando el individuo no acepta o no rechaza abiertamente las consecuencias de su conducta e insiste en forzar la situación, en mentir y en engañar, comenzará a tolerar -fingir que acepta algo que rechaza o que rechaza algo que en verdad acepta- y/o controlar -aparentar ante los demás que todo está bien o que todo está mal-, lo que paulatina pero irremediablemente lo hará instalarse en el círculo del miedo. Pues a continuación, experimentará cualquiera de las emociones negativas de: frustración, odio, envidia, celos-egoísmo, vergüenza, y culpa. Inclusive, emociones negativas de mayor duración e intensidad, como: rencor, resentimiento, y remordimiento, las que en caso de no resolverse idóneamente, al igual que el estímulo que las desencadenó, harán que la persona experimente niveles de ansiedad, desesperanza y en un momento más álgido, manifestaciones depresivas.
Ahora bien, como es sabido, los conceptos que integran el círculo del miedo: frustración, odio, envidia, celos-egoísmo, vergüenza, culpa, ansiedad, desesperanza, y depresión, han sido definidos y abordados desde diferentes posturas, lo cual también hace Valdez-Medina (2009) ya que de acuerdo con este autor, toda teoría implica términos propios bajo los cuales se debe hablar, a fin de que ésta sea entendida y asimilada. Por ello, y para contextualizar un poco más al lector con la teoría de la paz o equilibrio, a continuación se indica la forma en que ésta concibe los términos ya mencionados.
Frustración. Respuesta por no poder conseguir, conservar, evitar o desaparecer, lo que se esperaba conseguir, conservar, evitar o desaparecer.
Odio. Respuesta de enojo, ira, agresión, etc. que se produce hacia aquello que: estorbó, interfirió u obstaculizó, el no haber podido conseguir o conservar un recurso o satisfactor, que permitiría evitar o desaparecer una amenaza o miedo que atenta contra la vida en paz o equilibrio.
Envidia. Alerta producida por no tener lo que el otro tiene y que se quiere para ser más: atractivo, competitivo, y para tener una mayor jerarquía, aumentando así la posibilidad de no ser rechazado.
Celos-Egoísmo. Es el temor a perder algo que da ventaja sobre los demás, ya que en caso de que surja esa carencia, el individuo sería visto como un perdedor que no consiguió conservar la superioridad, lo que al instante, lo pone en desventaja con los otros.
Vergüenza. Experiencia de paralización por el temor al: fracaso, rechazo o burla, por no sentirse capaz de conseguir, conservar, evitar o desaparecer, aquello que pretende conseguir, conservar, evitar o desaparecer.
Culpa. Experiencia de remordimiento que se tiene al sentir que se ha cometido un error o un daño que debe repararse o pagarse. Por lo que el sujeto busca castigo, surgiendo así el autocastigo, el cual tiene la finalidad de atenuar la agresión, rechazo o venganza, que pueda llegar a recibir por parte del agraviado.
Ansiedad. Estado de alerta permanente del sujeto, ante la posibilidad de que aparezca un estímulo sorpresa o un estímulo significativo, que respectivamente atente o vuelva a atentar contra su sobrevivencia -aspecto biológico- o bien, contra la posibilidad de ser, hacer y vivir mejor -aspecto psicosociocultural-, lo que altera la vida en paz o equilibrio que el individuo considera llevar.
Desesperanza. Perdida de la esperanza, ante la posibilidad de no poder conseguir, conservar, evitar o desaparecer, aquello que se pretendía conseguir, conservar, evitar o desaparecer, tanto para sobrevivir -aspecto biológico- como para llegar a ser más y mejor que uno mismo y que los demás -aspecto psicosociocultural-.
Depresión. Abatimiento general de la persona, resultado de vivir en un estado de desesperanza continúo.
Planteado lo anterior, resta comentar que el presente es un estudio de tipo exploratorio, que busca comprobar empíricamente lo que en la teoría de la paz o equilibrio es llamado el círculo del miedo, empleando para ello sólo tres emociones negativas. Por tanto, el objetivo del presente fue detectar si experimentar y no resolver idóneamente las emociones negativas de: frustración, odio, o culpa, se asocia con la presencia de niveles de ansiedad y manifestaciones depresivas.
Tipo de investigación. El presente trabajo cumple con los elementos para ser considerado un estudio exploratorio, ya que fue la primera ocasión que se intentó comprobar empíricamente el círculo del miedo propuesto por la teoría de la paz o equilibrio.
Se trabajó con una muestra de 60 participantes -repartidos equitativamente por sexo- sin diagnóstico clínico, elegidos a través del muestreo no probabilístico de tipo intencional.
Los participantes respondieron los siguientes instrumentos.
Los tres cuestionarios de preguntas abiertas de: frustración, odio, y culpa, los cuales fueron elaborados por Valdez-Medina en 2012, y validados a través de un jueceo por expertos, el cual alcanzó un acuerdo mayor al 85%.
EI inventario de Ansiedad Rasgo-Estado (IDARE) construido por Spielberger y Díaz-Guerrero en 1966, que consta de 40 reactivos tipo Likert con cuatro opciones de respuesta, cuya consistencia interna en muestras mexicanas es de un Alpha Cronbach de .52 a .80 en personas no diagnosticadas con ansiedad.
La Escala Para Medir Depresión (EPMD) elaborada por González, Valdez-Medina y González-Arratia en 2012, la cual se compone de 74 preguntas tipo Likert con cuatro opciones de respuesta, cuya validez fue obtenida a través de un análisis factorial confirmatorio, el cual explica el 68.37% de la varianza, contando con un Alpha de Cronbach de .97.
Una entrevista semiestructurada de preguntas abiertas, la cual se orientó a cuatro áreas: familiar, personal, pareja, y laboral/escolar. Debido a que durante el pilotaje de las sesiones, se observó que éstas fueron las áreas en que los participantes de esa etapa del estudio, mostraron más problemáticas.
Una vez que cada individuo aceptó participar voluntariamente, se le aseguró confidencialidad y firmó una carta de carta de colaboración voluntaria, para después asistir a dos sesiones. En la primera, contestaron los cuestionarios de frustración, odio y culpa, los cuales sirvieron para detectar si los participantes había vivenciado la emoción negativa correspondiente, de ser así, saber qué problema las genero y en qué esfera de su vida ocurrió. En la segunda, se les aplicaron: la escala IDARE, para conocer si los partícipes presentaba niveles de ansiedad; la escala EPMD, a fin de saber si experimentaban manifestaciones depresivas; por último, se aplicó la entrevista semiestructurada, con el propósito de corroborar lo que los participantes había plasmado en los cuestionarios, y de indagar puntualmente, respecto a las emociones negativas que habían presentado, en los que ellos consideraban, habían sido los problemas más fuertes a los que habían hecho frete en su vida. Así pues, cada reunión tuvo una duración aproximada de una hora y media, la cual se efectuó en un cubículo especial dentro de las instalaciones de la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Los resultados proporcionados por los cuestionarios de las emociones negativas, así como los ofrecidos por la entrevista semiestructurada, fueron analizados a través de la técnica del análisis de contenido, bajo la regla de numeración de la frecuencia, la cual de acuerdo con Krippendorff (1997) consiste en ordenar los resultados en unidades de análisis y en anotar un símbolo, cada que dicha unidad aparece. Mientras que las escalas IDARE y EPMD, fueron evaluadas de acuerdo a los parámetros y reglas que cada una de ellas estípula, para su calificación y emisión de resultados.
Comentado esto, se indica que el cuestionario de frustración mostró que todos los participantes dijeron sentirse frustrados en algún momento de su vida. De ellos, 51 revelaron no haber podido resolver idóneamente tal emoción, siendo los varones los que la han tolerado por más tiempo (Ver tabla 1).
Participantes que vivenciaron frustración en algún momento de su vida
No. de participantes que
resolvieron la frustración experimentada
No. de participantes que no han
resuelto la frustración experimentada
La aplicación del cuestionario de frustración y la realización de la entrevista, permitieron observar que el ámbito familiar y personal son los que más frustraron a los participantes. Hecho que en las féminas se originó por: la mala actitud de su papá, la separación de sus padres, considerarse poco agraciadas físicamente, haber abortado, problemas con la pareja, y por haberse tenido que dar de baja de la escuela. En cambio, los varones dijeron haberse frustrado por: la mala actitud de su padre, la muerte de un familiar, sospechar que su esposa tiene un hijo de otro, no haber sido capaz de solventar un problema, ser débil y/o indisciplinado, y por no alcanzar un objetivo pretendido (Ver tabla 2).
Áreas en que los participantes experimentaron frustración.
Actitud del padre, muerte de un familiar, actitud de la madre, actitud del hermano
Actitud del padre, separación de los padres, acoso sexual de un tío, actitud del hermano, actitud de la madre, enfermedad de la madre, ser violada por un tío, muerte de un familiar, le ocultaran que es adoptada, engaño por parte de la pareja, sus padres fueran agredidos
Caer en alcohol y drogas, no pasar prueba de fútbol, no tener una meta fija, presenciar un accidente, chocar, indisciplina, no imponer su hombría, estar solo
Haber abortado, su apariencia física, perder el control, no tener seguridad
Su pareja posiblemente tenga un hijo de otro, su pareja abortara, no poder retener a su pareja, infidelidad
Ruptura de la relación, infidelidad, su pareja no la ame
Laboral/escolar
Poder ser expulsado, ser víctima de bullyng, no pasar examen de admisión, no conseguir trabajo
Darse de baja de la escuela, bajas calificaciones, no pasar examen de admisión
Ser víctima de abuso de autoridad, ser descubierto copulando, no ser regidor
El test IDARE, del cuestionario de frustración y de la entrevista semiestructurada, dejaron ver que en ambos sexos, la no resolución de la emoción negativa de frustración, se asoció con la presencia de ansiedad rasgo y estado en un nivel medio, singularidad que se enfatizó en las mujeres (Ver tabla 3).
Frustración y niveles de ansiedad
Frustración no resuelta
Frustración resuelta
A. Rasgo
La escala EPMD, el cuestionario de frustración y la entrevista, mostraron que en ambos géneros la frustración no resuelta se asoció principalmente con manifestaciones depresivas leves (Ver tabla 4).
Frustración y manifestaciones depresivas
Manifestación depresiva
El cuestionario de odio dejó ver que 54 participantes experimentaron esta emoción en algún momento de su vida. De ellos, 47 señalaron no haberla resuelto idóneamente, siendo los hombres los que han soportado por más tiempo tal emoción (Ver tabla 5).
Participantes que vivenciaron odio en algún momento de su vida
resolvieron el odio experimentado
resuelto el odio experimentado
El cuestionario de odio y la entrevista semiestructurada, permitieron distinguir que los principales ámbitos que generaron odio en ambos sexos fueron: la familia, el personal, y la pareja. Señalándose que las féminas expresaron sentir esta emoción hacía su: padre, madre, hermano, pareja, rival de amores, y varías características propias que consideraron negativas. Mientras que los varones, pronunciaron vivenciar odio por su: padre, madre, pareja emocional, rival de amores, a sí mismos, y hacía quienes los han hecho ver débiles (Ver tabla 6).
Áreas en que los participantes experimentaron odio
Padre, madre, hermano, familia
Padre, madre, hermano, ambos padres, madrastra, tío, falta de apoyo
A sí mismo, indisciplina, miedo, timidez, inseguridad
Inseguridad, impotencia, indisciplina, descontrolarse, su vida, vulnerabilidad, a sí misma
A su pareja, rival de amores, incertidumbre provocada por su pareja
Rival de amores, pareja
A la muerte, al sujeto que lo lastimó, a dios
A sus vecinos, a quienes la juzgan
A los compañeros que le hacían bullyng
Las respuestas expresadas en el cuestionario de odio, la entrevista y la escala IDARE, dejaron ver que la no resolución idónea de la emoción negativa de odio, se asoció en ambos géneros con la presencia de niveles medios y altos de ansiedad, particularidad que se acentúo en las mujeres (Ver tabla 7).
Odio y presencia de niveles de ansiedad
Odio no resuelto
Odio resuelto
Mediante la aplicación del cuestionario de odio y la escala EPMD, pudo notarse que en ambos sexos, la no resolución idónea de la emoción negativa de odio, estuvo asociada con la presencia de manifestaciones depresivas: leves, moderadas, y altas. Hallándose que en comparación con los hombres, las féminas obtuvieron las puntuaciones más altas en los dos primeros niveles (Ver tabla 8).
Odio y manifestaciones depresivas
El cuestionario de culpa permitió observar que 51 participantes expresaron haber experimentado esta emoción en algún momento de su vida. De ellos, 40 mostraron tener dificultades para solventarla idóneamente, siendo los varones quienes han vivido por más tiempo con tal emoción (Ver tabla 9).
Participantes que vivenciaron culpa en algún momento de su vida
resolvieron la culpa experimentada
resuelto la culpa experimentada
Los resultados obtenidos a través del cuestionario de culpa y la entrevista semiestructurada, permitieron advertir que el área: familiar, personal, y de pareja, son las que más generaron culpa en los participantes. Al respecto, los hombres revelaron sentirse culpables por: fallarle a su familia, no ayudar a su mamá, haber sido indisciplinados, tener reacciones que los mostraron como débiles, y por tener conductas que dañaron a su pareja. Mientras que las mujeres, expusieron presentar esta emoción por: responderle a su padre, dañar a su mamá, pelear y dañar a sus familiares, descuidarse, perder a su pareja, y ser indisciplinadas (Ver tabla 10).
Áreas en que los participantes experimentaron culpa
Fallarle a su familia, no poder ayudar a su mamá, confrontar a su mamá, odiar a su papá, no pasar tiempo con su abuela, no separar a su esposa de su familia
Responder a su papá, confrontar a su mamá, pelear con familiar, dañar a familiares, fallarle a su familia, los gastos que genera, no poder ayudar a sus padres, golpear a su mamá, odiar a su hermano, separar a sus padres
Su indisciplina, no estar bien físicamente, declararse homosexual, haberse paralizado, su inseguridad, no ser precavido, ser indefenso
Haber abortado, no cuidar su salud, dejarse influenciar, por tener deseos sexuales
No ayudarla, ofenderla, su pareja fuera maltratada
Haberla tratado mal, no poder retenerla, romper con su pareja
Criticar a los demás, odiar a las personas
Tener intereses materiales, no solucionar problemas económicos
Las respuestas obtenidas en el cuestionario de culpa y la escala IDARE, permitieron notar que en ambos géneros la experimentación y no resolución de la emoción negativa de culpa, se asoció con la presencia de niveles medios y altos de ansiedad, característica que se enfatizó en las féminas (Ver tabla 11).
Culpa y presencia de niveles de ansiedad
Culpa resuelta
La escala EPMD y el cuestionario de culpa, mostraron que en ambos sexos la vivencia y no resolución de la emoción negativa de culpa, se asoció con la presencia de manifestaciones depresivas: leves, moderadas, y altas, particularidad que se remarcó en las mujeres (Ver tabla 12).
Culpa y manifestaciones depresivas
A través de los cuestionarios de frustración, odio y culpa, así como de la entrevista semiestructurada, se pudo observar que todos de los participantes en su momento experimentaron dos o más emociones negativas a causa de un sólo evento. Es decir, éstas siempre se presentaron asociadas, siendo el principal vínculo el de frustración-odio-culpa, el cual presentaron en mayor número las féminas (Ver tabla 13).
Asociación entre las emociones negativas
Asociación entre emociones
Frustración, odio y culpa
Frustración y odio
Frustración y culpa
Las respuestas proporcionadas en los cuestionarios de las emociones negativas así como en la entrevista, dejaron ver que 54 participantes tenían al menos una emoción negativa sin resolver, de los cuales, 37 declararon no poder solventar idóneamente las tres emociones negativas abordadas en el presente estudio (Ver tabla 14).
Participantes con emociones negativas no resueltas
Número de emociones negativas
El procedimiento efectuado dejó ver que en el 90% de los participantes, se cumplió por completo la secuencia de lo que en la teoría de la paz o equilibrio es llamado el círculo del miedo. Ya que a partir de la presencia y no resolución de una emoción negativa, hombres y mujeres comenzaron a experimentar algún nivel de ansiedad y posteriormente, manifestaciones depresivas (Ver tabla 15).
Participantes en los que se cumplió el ciclo propuesto en el círculo del miedo.
No. de varones con al menos una emoción negativa no resuelta
No. de féminas con al menos una emoción negativa no resuelta
No. de varones con algún nivel de ansiedad
No. de féminas con algún nivel de ansiedad
No. de varones con manifestación depresiva leve
No. de féminas con manifestación depresiva leve
No. de varones con manifestación depresiva moderada
No. de féminas con manifestación depresiva moderada
No. de varones con manifestación depresiva alta
No. de féminas con manifestación depresiva alta
Es necesario indicar que por el tipo de estudio realizado, así como por el muestreo efectuado, las aseveraciones que a continuación se plantean sólo aplican a los participantes que formaron parte de la investigación. Sin embargo, y con base en la contundencia de los resultados obtenidos, se vuelve necesario formular la hipótesis de que la secuencia planteada en el círculo del miedo, también se cumple en otras personas.
Comentado lo anterior, se indica que los resultados obtenidos en el presente estudio, permitieron probar de forma empírica varios de los supuestos de la teoría de la paz o equilibrio. El primero de ellos es la secuencia del círculo del miedo, el cual según Valdez-Medina (2009) inicia cuando el sujeto se enfrenta a un estímulo sorpresa o significativo, que lo hace actuar para cubrir, evitar o desaparecer, las amenazas y miedos que éstos llegan a generar. Pero cuando los resultados obtenidos no son aceptados o rechazados abiertamente con gusto y sin queja por la persona, ésta comienza a tolerar y controlar, lo que la lleva a experimentar cualquiera de las emociones negativas, y si continua forzando la situación, presentará niveles de ansiedad, desesperanza y en un momento más álgido, manifestaciones depresivas. Así pues, tal ciclo se cumplió por completo en el 90% de los participantes, cuando refirieron que a partir de un sólo evento no aceptado o no rechazado abiertamente, empezaron a experimentar al menos dos emociones negativas, cuya no resolución consideraron ellos, los hizo presentar niveles de ansiedad y posteriormente, manifestaciones depresivas leves, moderadas y altas. En este punto, es necesario comentar que el restante 10% de la muestra -seis varones- dijo haber resuelto las emociones negativas a las que habían hecho frente, y tal postura fue respetada, aún y cuando su conducta, al igual que los resultados obtenidos en la escala IDARE y EPMD, indicaran lo contrario. Tal acontecimiento, Hurlock (1987), Valdez-Medina, Díaz-Loving, y Pérez (2006) consideran que se debe a que los hombres son instruidos por la sociedad para ser tolerantes y poco comunicativos de sus experiencias, a fin de no verse débiles ante quienes los rodean.
Con base en la conclusión anterior y a la luz de los resultados obtenidos, se considera incompleto el postulado de Mendels (1972), Priest (1992), Suinn (1993), Breton (1997), Ortiz-Tallo (1997), Géndara y Fuertes (1999), Calderón (1999), Chinchilla (1999), y Echeburúa (2002) que indica que la sola alteración en las relaciones sociales es una de las causas de ansiedad y depresión. Ya que en el presente trabajo se observó que estos trastornos no son consecuencia exclusiva de un conflicto en el área psicosociocultural, pues pudo comprobarse, que también juega un papel importante la capacidad que la persona tenga, para solventar idóneamente las emociones negativas ocasionadas por la dificultad afrontada. Característica, que se relacionó con la habilidad que cada individuo presentó para aceptar o rechazar abiertamente con gusto y sin queja, los estímulos sorpresa o significativos que rompieron el estado de paz o equilibrio en que ellos consideraban estar.
Otro de los puntos de la teoría de la paz o equilibrio que fue probado en la práctica, fue el del evento único como catalizador de varías emociones negativas. Al respecto, Valdez-Medina (2009) relata que dicho evento tiene lugar cuando el individuo no acepta o no rechaza abiertamente un estímulo sorpresa o significativo, así como las consecuencias que ellos acarrean. Esto hace que el sujeto comience a tolerar, controlar y vivenciar cualquiera de las emociones negativas, la que de no resolverse, hace que el suceso que la originó sea asociado con otros eventos, contextos y personas, dando por resultado el surgimiento de otra(s) de las emociones negativas. Dicho planteamiento se corroboró en la muestra empleada, ya que todos los participantes declararon presentar o haber presentado dos o más emociones negativas a causa de un sólo evento, siendo el nexo más común el establecido entre frustración, odio y culpa. Señalándose que éstas no fueron las únicas emociones negativas desatadas, ya que 48 participantes indicaron que a partir del mismo evento, vivenciaron alguna de las emociones negativas no abordadas en este trabajo, siendo la más frecuente la envidia, seguida por la vergüenza y los celos-egoísmo. Tal ilación entre emociones de acuerdo con Thompson (1980), Davidoff (1988), y Ardila (1999) se debe a que las reacciones fisiológicas que las acompañan son prácticamente las mismas, lo cual vuelve complicado distinguir una de otra, ya que de acuerdo con Ardila (1999) eso sólo es posible cuando el sujeto adquiere el lenguaje y puede darle un rotulo verbal a sus experiencias.
En otro orden de ideas, las aplicaciones de los cuestionarios de las emociones negativas y la entrevista semiestructurada, mostraron que en comparación con las féminas, los hombres dijeron haber guardado, reprimido, conservado, ocultado o tolerado por más tiempo, cualquiera de las emociones negativas trabajadas. Tal hecho, Charbonneau (1997) lo atribuye a la naturaleza de ambos sexos, pues mientras la mujer es más sensible e hipermotiva, los varones son más tranquilos, ya que no se dejan arrastrar por sus emociones. Y al parecer, dichas características biológicas son reforzadas por la familia, esto conforme a lo planteado por Hurlock (1987), Valdez-Medina, Díaz-Loving, y Pérez (2006) ya que aseguran que al interior de este grupo, las féminas son educadas para ser expresivas y comunicativas de lo que les ocurre, además de dependientes y débiles socialmente hablando, en tanto que los hombres, son instruidos para aguantar y callar sus experiencias, mostrando así una mayor fortaleza e independencia social, característica que acorde con Díaz-Guerrero (1982) es una muestra más de que los roles tradicionales que son inculcados por la familia mexicana, continúan conservándose a pesar del paso del tiempo.
Por otra parte, los resultados obtenidos dejaron ver que la familia, y en específico los conflictos con los padres, fueron los que más emociones negativas generaron en los participantes. Tal situación, Greer (2000) la considera una consecuencia de la actual dinámica social, en el que la falta de imposición de normas y el incorrecto control de la conducta de los hijos, hace que éstos no valoren los esfuerzos de sus progenitores, lo que origina desprecio hacia ellos. En tanto que para que González (2005) tal suceso es fruto de la diferencia de intereses que hay entre padres e hijos, lo que crea dificultades y emociones contradictorias entre ellos. Ahora bien, es necesario indicar que las resultas obtenidas en esta área también permitieron distinguir que fueron las mujeres, quienes en mayor número expresaron tener dificultades con sus padres, acontecimiento que Díaz-Guerreo (2003) interpreta como un efecto de las señales paradójicas que reciben las féminas, pues por un lado, se les empieza a educar para dejar de obedecer ciegamente los mandatos de la familia, pero por otro, se les pide que conserven el respeto a las figuras de autoridad, lo que les causa inestabilidad y molestia. En tanto que la problemática de los varones con sus padres, según Montesinos (2002) se debe al aleccionamiento que éstos han recibido para ser distantes y enérgicos con los demás, lo que con el tiempo, provoca choques con las figuras de autoridad.
Ahora bien, Craig (1997) refiere que la familia es uno de los grupos más importantes de la sociedad, ya que es la institución en la que una buena cantidad de sujetos encuentra el apoyo necesario para hacer frente a las exigencias de la vida. Pero con base en los resultados que la presente investigación obtuvo en la esfera familiar, es necesario comenzar a considerar que éste, también se ha convertido en el grupo más violento de la sociedad, por la cantidad de amenazas y miedos a los que expone a sus integrantes, lo que la hace la fuente de sufrimiento más importante para las personas.
En el mismo orden de ideas, los resultados obtenidos dejaron ver que la segunda área que más emociones negativas desató en los participantes fue la personal, siendo la causa principal, el que ambos sexos se consideraran: indisciplinados, débiles, y con falta de objetivos claros en la vida. Tal reacción en los hombres de acuerdo con Charbonneau (1997), Reed (1997), Cornell (1998), Montesinos (2002), y Valdez-Medina, Díaz-Loving, y Pérez (2006) se debe a que el rol psicosociocultural y biológico que les corresponde, indica que en un futuro se convertirán en jefes de familia, por lo que habrán de proveer, proteger y dar seguridad a los suyos, lo cual implica tener empleo, ser estable y competitivo, y tales características, los hacen ver frágiles y poco aptos para desarrollar dichas funciones. En el mismo sentido, pudo notarse que en menor cantidad, las mujeres también dijeron presentar emociones negativas por su falta de disciplina y fortaleza, tales autoreproches Lagarde (2000) y Alazanes, Ortiz, Del Olmo, y Troche (2005) los consideran consecuencia de la nueva faceta en la que se han visto enroladas las féminas, en el que además de cumplir con su rol tradicional de ama de casa, han de ser: independientes, racionales, y profesionistas eficientes.
Del mismo modo, pudo notarse que el tercer punto que más emociones negativas provocó en los participantes, fue la serie de dificultades que se originan en la relación de pareja, hecho que no es de sorprender, ya que un desaire en esta área resulta difícil de aceptar, debido a la relevancia que este vínculo tiene para la especie, pues de acuerdo con Díaz-Loving y Sánchez (2002) para el hombre, más que para cualquier otro animal, la relación de pareja es fundamental, pues ésta, es un medio ideal para satisfacer sus necesidades de: afecto, amor, apego, y de apareamiento. Razones a las cuales Stassen y Thompson (2001) agregan la afiliación y protección que se halla en este grupo. Y será por el temor a perder los beneficios que esta unión proporciona, que ambos sexos manifestaron un odio marcado hacía su rival de amores, hecho que para Buss (2004) y Fisher (2004) se debe a que el engañado se siente despojando de la exclusividad sexual y de recursos que tiene sobre su pareja, lo cual pone en riesgo su seguridad, sobrevivencia y calidad como amante.
De igual forma, pudo apreciarse que la esfera escolar también originó emociones negativas en ambos sexos, siendo las causas principales: haber causado baja escolar, y no aprobar el examen de admisión para el nivel medio superior o superior. Así pues, la serie de emociones negativas que desató el fracaso académico de los participantes, puede deberse según Avanzini (1994) y Romo (2000) a que ellos como miembros de la sociedad, saben que ésta valora a quienes triunfan escolarmente, mientras que repudia a quienes fracasan en este ámbito, ya que en teoría, éstos exhiben las carencias de sus padres y profesores, al tiempo que se les considera perezosos por haber perdido el tiempo en las aulas, lo que en un futuro, les dificultará conseguir un buen puesto de trabajo. Pero como si no fuera suficiente con las anteriores valoraciones, Molina (1997) relata que quienes han fracasado en esta área, han de soportar más comentarios peyorativos, en los que se les describe como: poco aptos para ajustarse al rol de estudiante, inferiores en capacidad intelectual, y faltos de la madurez neuronal necesaria para el aprendizaje. Por tanto y frente a un panorama tan adverso, Valdez-Medina (2009) contempla como algo factible el surgimiento de emociones negativas en cualquier individuo, a causa del fracaso escolar, ya que éste disminuye su capacidad para la obtención de recursos y satisfactores, lo que al menos de momento, le impide conseguir el máximo objetivo psicosociocultural al que aspiran los humanos; ser mejor que antes, que uno mismo y que los demás, para ser alguien en la vida.
En similar orden de ideas, es necesario comentar que otro suceso que provocó frustración, odio y culpa en ambos sexos, fue la falta de solvencia económica. Lo cual es razonable para Redondo (s.f.) pues indica que en la sociedad actual, la carencia de este recurso está asociada con: fracaso, sufrimiento, abandono, conflictos familiares, problemas emocionales, y distintos temores. Por ello, Guzmán (2000) y Denegri et al. (2012) aseveran que las personas buscan poseerlo y acumularlo, pues esto les permitirá adquirir los bienes y servicios que cubran sus carencias y necesidades, tanto presentes como futuras, lo que les dará la posibilidad de no ser rechazados por los demás y de ser evaluados como individuos con: solvencia monetaria, poder, éxito, buen estatus social, libres, y satisfechos.
La presente investigación permitió observar que los individuos que experimentan y no resuelven idóneamente las emociones negativas de frustración, odio o culpa, son propensos a mostrar niveles de ansiedad y manifestaciones depresivas. Hecho que resulta relevante por dos razones, la primera de ellas, es que tal resultado permite considerar como válida y pertinente en la práctica, la forma en que la teoría de la paz o equilibrio concibe el origen y desarrollo de la ansiedad y la depresión, la cual por cierto, es una explicación innovadora cuando la raíz de estos malestares se encuentra en el área psicosociocultural. En tanto que el segundo punto, está relacionado con la intención vigente que hay de prevenir y disminuir las cifras proporcionadas por la OMS, en cuanto al padecimiento de los trastornos antes aludidos, pues a partir de lo encontrado, se plantea la posibilidad de estructurar cursos que proporcionen a los participantes, los elementos necesarios para que éstos: encuentren, se dediquen y acepten con gusto y sin queja, su ser en el hacer, ya que así, el individuo es lo que hace y hace lo que es, sin contradicción.
Tal estrategia comportamental pretende ser impulsada, ya que de acuerdo con Valdez-Medina (2012, comunicación personal, 25 de noviembre del 2012) ésta permitiría a las personas ubicarse en un estado de paz y equilibrio. Condición que de acuerdo con diversos autores, reporta varios beneficios, por ejemplo Goleman (1998) señala que aquellos individuos que tienden hacia la paz interna, fortalecen su sistema inmunológico con dicha actitud, Ellis (2000) por su parte, refiere que la estabilidad personal permite a quien la posee, ser proactivo y enfrentar eficientemente las diversas problemáticas que la vida le plantea. Opinión similar es la de López-Caballero (2002) y Matthews (2011) quienes afirman que cuando los individuos se encuentran equilibrados, tienen menor disonancia cognitiva, lo que les permite: flexibilidad de pensamiento, relajación, creatividad, adecuación a la realidad, y un correcto funcionamiento del sistema metabólico. A tales beneficios, Villasane y Ortiz (2010) anexan el equilibrio conductual, psicológico y fisiológico, como consecuencia de vivir en un estado de paz.
Así pues, la presente investigación permitió constatar que la no resolución de las emociones negativas, efectivamente se asocia con la presencia de niveles de ansiedad y manifestaciones depresivas, cuando su origen se allá en el área psicosociocultural. Tal situación, vuelve necesario implementar acciones encaminadas a proporcionar a los individuos, los recursos necesarios para que éstos eviten experimentar tales adversidades, siendo la propuesta de la teoría de la paz o equilibrio, el desarrollo de la estrategia comportamental del ser en el hacer, ya que de ésta forma, se considera que la persona se hará responsable de sus acciones, además de desarrollar la capacidad de aceptar o rechazar abiertamente con gusto y sin queja, los eventos a los que haga frente en la vida, lo que la ubicará un estado de paz, equilibrio y menos desgaste.
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Jorge Alvarado Orozco.
Candidato a maestro en psicología, por la Universidad Autónoma del Estado de México. jalvarado.orozco@hotmail.com
Doctor en Psicología Social por la UNAM. Profesor investigador de tiempo completo en la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México. Miembro del Cuerpo Académico “Cultura y Personalidad” y del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. ochocedros@live.com.mx
Doctora en Investigación Psicológica por la Universidad Iberoamericana. Profesor investigador de tiempo completo en la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México. Líder del Cuerpo Académico “Cultura y Personalidad”. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel II. nigalf@yahoo.com.mx
Candidato a Doctor en Investigación Psicológica por la Universidad Iberoamericana. Profesor de tiempo completo del Centro Universitario Atlacomulco, de la Universidad Autónoma del Estado de México. Miembro del Cuerpo Académico “Cultura y personalidad”.sergioglz4@hotmail.com
Francisco José Arguello Zepeda.
Doctor en Antropología por la Université Laval, Canadá. Profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias de la Conducta, de la Universidad Autónoma del Estado de México. Miembro del cuerpo académico “Vulnerabilidad, educación y sustentabilidad”, y del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel I. farguello2010@hotmail.com.

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