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Timestamp: 2018-11-16 05:01:09+00:00

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Portal Guaraní - LA BANDERA - Por BENJAMÍN VARGAS PEÑA
BENJAMÍN VARGAS PEÑA
LA BANDERA - Por BENJAMÍN VARGAS PEÑA
Por BENJAMÍN VARGAS PEÑA
Tapa: ALEXIS BENÍTEZ CARVALLO
Impreso en Editorial Estudio Gráfico
Agosto 1993 (2da. Edición – 108 páginas)
Este libro del Dr. Benjamín Vargas Peña es el 16º que ha publicado. Todos dedicados a la investigación histórica, a cuestiones políticas o a planteos filosóficos, aportando una importante contribución a nuestra cultura.
Es de admirar la fecundidad intelectual y el empeño de sus esfuerzos, siendo un revisionista de la historia nacional. Sus investigaciones nos ofrecen una nueva visión de los acontecimientos, y de los personajes que intervinieron en ellos, modificándose así muchos juicios dados por definitivos hasta ahora.
Es un pensador profundo. De originales ideas creadoras, sorprendiendo sus especulaciones político-constitucionales, como los artículos aparecidos en la Revista “Liberalis”, de Buenos Aires, y de otras dadas a conocer en sus últimos libros.
Es un conferencista reclamado por muchas tribunas de diferentes centros de cultura. Merece especial mención citarse, la del Instituto Popular de Conferencias del diario La Prensa, considerada la más importante de todo el Río de la Plata, donde habló sobre “El Partido Político”.
Como Oficial de Reserva de Caballería y de Sanidad sirvió desde Isla Poí el Parapití en la Guerra del Chaco.
Distinguido médico cirujano, presentó más de un centenar de trabajos en Congresos y Jornadas, no solo en nuestro país, sino también en el exterior.
El doctor Vargas Peña es un ejemplo para las jóvenes generaciones. Ha sido y es un ágil periodista. Escribió en periódicos de Asunción, Posadas, Corrientes y Resistencia.
Los títulos de sus libros, darán al lector una idea de su versación ilustrada.
Su primer libro fue “Vencer o Morir", con abundantes datos, algunos inéditos, sobre la libertad e independencia. A este le siguieron "Asunción y Buenos Aires en el Panamericanismo"; "Los Ideales del Paraguay"; "El Derecho de Propiedad a la Tierra en el Río de la Plata"; "Paraguay-Argentina, Correspondencia Diplomática de 1810 a 1840"; "La Bandera del Paraguay" (1º edición); "Una opinión para la República."; "Esto es Revolución" (con referencia al Movimiento del 14 de Mayo); "Social y Sociedad"; "El Gran Cambio en la Revolución de nuestro tiempo"; "El hombre nuevo en la Revolución"; "Los espías del Dictador Francia"; "La Política secreta del Dictador Francia"; "Los Próceres Idearon así al Paraguay"; "Ideas Ciudadanas"; "¿Constituyente o substituyente?"; "El Movimiento del 14 y 15 de Mayo de 1811, su verdad"; "La Bandera" (2º edición corregida y aumentada).
En prensa, "El Perfil del Tirano", y luego "El apellido França (Francia) en el Paraguay", a las que seguirán otras.
Esta Editorial agradece al Dr. Vargas Peña la confianza al encomendarnos la publicación de sus obras.
En 1946, el señor Ruíz, escribió en el diario LA TRIBUNA, de Asunción y en DIARIO de Asunción, una serie de artículos, en que sostuvo que la bandera del Paraguay fue hecha por el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia.
Ante tan peregrina tesis, el Dr. Efraím Cardozo me solicitó que escribiese sobre el origen de la bandera, sabiendo tenía alguna documentación.
Ya exiliado, en Buenos Aires, apresuradamente escribí la primera edición del ORIGEN DE LA BANDERA, para rectificar el error grave sostenido por el señor Ruíz, sin hacer referencia específica a los trabajos de dos serios autores históricos, que se ocuparon del tema. Me refiero al señor Juan Francisco Pérez, y antes que él, al señor Sosa Escalada.
Poco después el Dr. Carlos Centurión se ocupó también del tema.
Esta edición aumentada y corregida, en donde creemos demostrar fehacientemente que los autores de la bandera fueron los Yegros, Caballero, Iturbe y Doña Juana de Lara, paraguayos hijosdalgos y de pura cepa.
Ningún impulso, ni entusiasmo en hacer la bandera del Paraguay pudo conmover al Dr. José Gaspar Francia, por ser legalmente, por nacimiento, portugués, y que luego, como el padre, adoptó la nacionalidad española, cuando abandonó la jurisdicción eclesiástica por la real absolutista española.
De haber invocado la nacionalidad paraguaya, no hubiera podido asumir el cargo, y menos permanecer haciendo carrera en el Cabildo, por el impedimento establecido por las Leyes de Intendencia, según Ordenanza del 5 de agosto de 1783, en uno de los apartados del art. 17, donde se establece:
"asesores legales de Intendencia, siempre que sean capaces, así como otros de buena educación y carácter, para los cargos subalternos de la Real Hazienda, pero que tendrían que prestar servicio fuera de su provincia de nacimiento"
Si el Dr. Francia, como se afirma, hubiese invocado su calidad de haber nacido en Paraguay, lo hubiera ocurrido lo mismo que al Dr. Pedro Vicente Cañete.
Este sólo hecho de no ser ni considerarse paraguayo, pudo estimularlo a crear una bandera para su Patria el Paraguay.
En esta breve historia, creemos aclarar suficientemente el origen de la Bandera del Paraguay.
Ante numerosos pedidos, decidimos esta segunda edición de la BANDERA DEL PARAGUAY, obra editada en 1946.
Es una edición aumentada y corregida. De la primera prácticamente no se tocó nada, salvo algunas anotaciones. Pero agregamos una serie de cortos capítulos a continuación, que juzgamos interesantes.
En breves párrafos nos referimos a la genealogía del dictador Francia, originalmente França.
Consideramos interesante una explicación-análisis de dos documentos que ya se citaron en la primera edición.
Agregamos otras pruebas documentales inéditas unas y editas otras sobre la bandera, haciendo notar la desidia del dictador en reconocerla y ponerla en uso efectivo. Se inició después de 1816 hasta aproximadamente 1830. Muy ligeramente señalamos acontecimientos coincidentes, que explican, a nuestro juicio, esa omisión y olvido de la Bandera por parte del dictador Francia.
Brevemente, sin mayores comentarios, damos a conocer la constitución del Escudo de la Ciudad de Asunción, por considerarlo estar en relación con uno de los colores de la bandera. También los símbolos del escudo de la bandera adoptados, sus cambios y los usados definitivamente. Incluimos algo sobre el origen de la divisa “Vencer o Morir”.
Finalmente, ofrecemos como fueron todas las banderas, en sus formas, colores y armas o símbolos, de modo a impactar en sus conocimientos gráficamente.
Y aunque ya se dio el significado simbólico de los colores referidos a la representación significada, trataremos brevemente, de dar heráldicamente el símbolo que representan los colores de esa bandera, de modo que el lector, pueda sacar un juicio de valor de todo.
En este mundo de hoy, en que fueron vencidas las fuerzas confabuladas del mal y del funesto sistema nazi-fascista y en que la execración de los déspotas se ha convertido en religión universal, y la libertad y la democracia es el “leit motif” de la existencia humana, en el Paraguay se pretende ensalzar con cualquier motivo, la figura del Dictador Francia.
Para enaltecerla y endiosarla se le atribuyen méritos que no le pertenecen o actos en los que solo tuvo participación obligada por razones de función pública.
Hasta se llegó a presentarle como el creador y autor único de nuestra independencia, la que, sin su providencial inspiración no existiría según sus panegiristas. Tan absurda tesis fraguada por un extranjero (El Gral. Bartolmé Mitre es quien consideró al Dr. José G. Francia el único autor de la Independencia del Paraguay, como un modo de justificar la teoría de la recreación del Virreinato, y la del Sr. Rivadavia, elaborada como réplica a la política francista de acercamiento a las monarquías europeas, que trató de reiterar, en justificación del Tratado de la Triple Alianza. El tema de la recreación del Virreinato lo estudiamos y analizamos en otro trabajo), y revivida por los nuevos “nazi-fascistas”, cae de su propio peso, con una sola enunciación , dado que el sentimiento nacional ha tenido rotundas y persistentes manifestaciones desde los primeros días de la colonia y no ha sido ni podía ser la obra envidiada de ningún hombre.
Como es bien sabido, el movimiento emancipador fue ejecutado sin su concurso, lo que no debe extrañar, conocido el antecedente de su conducta cuando el movimiento patriota contra el Gobernador Velazco, abortado por su consejo (1).
Una vez constituida la Junta Gubernativa, ésta, durante el largo período de sus ausencias, tomó una serie de medidas de orden político, cultural, diplomático y militar para fortalecer la independencia lograda y consolidar los principios de libertad y justicia proclamados, como lo evidencian sus numerosas resoluciones tendientes al reconocimiento de la soberanía nacional y los derechos y libertades del pueblo; la atención preferente dispensada a la educación; la supresión de la inquisición; la independencia también en lo judicial y eclesiástico; la autonomía administrativa, política y militar en el territorio de su jurisdicción y diversas otras medidas y atenciones de que se instruye la copiosa documentación de la época (2).
Todos estos actos de consolidación de la libertad en lo interno y de la soberanía en lo externo, mucho honran a sus autores y no requirieron, ciertamente, las tan ponderadas “luces”, ni el decantado patriotismo de quien se mantuvo alejado intencionalmente, eludiendo todo concurso a sus compañeros de gobierno, en momentos muy álgidos y graves para la suerte de la causa nacional, y sólo regresó a su seno para consumar su conjura subterránea y anularlos en provecho propio.
El Dr. Francia fue hijo de portugueses bandeirantes caídos prisioneros en Igatimí. Cuando la crisis de la casa reinante de España y América, tanto el Gobernador Velazco como el Dr. Francia, íntimos amigos, consideraron viable la solución a través de la Infanta Carlota Joaquina. Líderes ambos del realismo absolutista, mantuvieron firmes sus convicciones cuando el Movimiento del 14 y 15 de Mayo. Destituido el Gobernador Velazco, el Dr. Francia lideró la contrarrevolución, haciendo hábilmente la inicua declaración de “la absoluta independencia de España”, simple simulación retórica de significado nulo. Para actuar en su política secreta, declaró primero la neutralidad y luego el aislamiento del Paraguay, de la Libertad e Independencia de América. Con Velazco solicitó ayuda portuguesa, y finalmente se puso bajo la protección de Carlota Joaquina.
Puede afirmarse que nuestra independencia de Buenos Aires, por obra de los verdaderos patriotas, tildados de “porteñistas”, tuvo ya sanción definitiva con la resistencia opuesta por estos a Belgrano (también sin la cooperación de Francia) y que los hechos posteriores, que fueron su lógico corolario, corroboraron definitivamente.
Es también indiscutible que cuando en 1814, se instaló oficialmente la “dictadura” incubada ya en el Congreso del año anterior, la independencia del Paraguay estaba no sólo establecida y afirmada, sino que resultaba pueril el arbitrario sistema de despotismo totalitario y del aislamiento asiático como medio de mantenerla.
Tal régimen, que hoy tratan de revivir y exaltar sus corifeos, estaba basado sobre el poder absoluto y personal, muy en boga de nuevo, por desgracia, en algunas mentalidades enfermizas con desconocimiento de las cuatro libertades esenciales que dignifican la existencia humana.
Nada más extraño en sentido genuinamente paraguayo, tan inclinado siempre a la libertad, puede aducirse en apoyo de tal sistema. El hombre que lo implantó y sostuvo con frío cálculo, no tiene siquiera el antecedente de una sola y pura generación paraguaya. Descendiente de un extranjero advenedizo, mercenario y cruel, mal pudo con semejante ejemplo, haberse imbuido de un sentimiento noble como el del amor a “la Patria”. El concepto que le merecían los paraguayos está muy lejos de inspirarse en los nobles sentimientos que se le atribuyen. ¿Será, acaso, que los nuevos turiferarios del Dictador piensen en idéntica forma que éste del pueblo Paraguayo?.
El Dictador Francia odiaba con desprecio a los paraguayos. Su correspondencia ofrece numerosas pruebas como ésta: "... y no irse a lo Paraguay como que nada le importa que después no se vuelva cuando de uno y otros como ahora sucede”; o tratándolos de inútiles porque “los paraguayos no pueden andar un par de jornadas, ni se les puede enviar a nada". (Noviembre 1º de 1823). En otra oportunidad escribe, “ y lo segundo que en lo sucesivo se abstengan de semejante procedimiento indisculpable a no considerarlos como una de las simplezas que se notan en el Paraguay..” (Diciembre 25 de 1823). Cuando trata de elogiarse, no puede menos que insultar a los paraguayos. Expresa en Noviembre 2 de 1825 que “rodeado de infinitas atenciones y ocupaciones sin auxiliar alguno por falta de hombres de saber y capacidad que emplear para el despacho y disposiciones de gobierno como se observa en otros países...”.
En otra ocasión en que se le comunicó que las tropas enferman y mueren, lanza este dicterio: “Por eso suelo decir que los paraguayos no es la gente más propia para tropa, porque de un puñado que se manda a cualquier parte, no permanece, y en lo mejor de su edad frecuentemente se inutilizan” (Abril 2,1829). Como se ve, el juicio ha sido desmentido por el denodado esfuerzo del 64 al 70 y de 1932 a 1935, y por todos los publicistas nacionales y extranjeros, e informes oficiales sobre el legendario valor de los nativos.
Como los paraguayos trataban de huir de su despotismo y crueldad, lanza contra ellos este insulto: “Yo no llamo, no reputo paisanos a unos infames que se expatrian, ellos mismos renunciando y abandonando su patria y pasándose al enemigo, aunque ha sido frecuente en los paraguayos que parece que tienen poco apego a su suelo nativo, porque hasta que yo lo prohibí se iban por centenas...” (Febrero 4, 1830). Más tarde ha de insistir con el insulto a todos los paraguayos al decir “porque en el país por falta de hombres idóneos se ve el Gobierno sin los operarios y auxiliares” (Agosto 22, 1830) Pero por arte de magia, a pesar de su empeño en que nadie se instruyese, muerto el tirano surgen hombres idóneos y capaces, que hacen del Paraguay, una patria más digna y amable.
Y ha de insistir en el mismo tono en cartas del 12 de abril de 1831 y enero 30 de 1832.
Después de restringir a su comandante en dar respuesta en sí o no a sus preguntas no tolerando opinión ni sugestión alguna, porque como dice “deben saber que yo soy muy dueño de decir o no decir las rosas” (Agosto 22, 1832) y los demás de cumplirlas, se desata en esta forma: “los oficiales del Paraguay no saben dar un parte circunstanciado. Parece que quedan turbados o azorados con cualquier ocurrencia” (Septiembre 5, 1832). Como para no turbarse, ante el déspota que por unas simples coplas imponía la horca!.
Y todo esto, porque él creía vivir en “un país de pura gente idiota”, sin advertir que era el único...
Y con este esbozo previo, entremos ya al tema de estas líneas sobre la Bandera Nacional, que es otra confirmación de las reflexiones preliminares expuestas.
Ella no mereció del Supremo más consideraciones que el pueblo que oprimía, aun cuando algunos apologistas insisten erróneamente, en que fue también su presunto creador.
En esta breve reseña trataremos de establecer los orígenes de la bandera patria y explicar sus colores, contribuyendo al esclarecimiento del controvertido punto, a base de una síntesis lógica que puede acabar con la confusión que hasta hoy se advierte al respecto y, sobre todo, con las afirmaciones tendenciosas, sin más asidero que la diatriba y la pasión, llevadas hasta los símbolos de la nacionalidad, que para todos debieran ser sagrados.
Cada paraguayo debe ver en la bandera nacional la imagen nacional, la imagen venerada de una tierra libre y soberana, sin dictadores ni tiranos, sin oprobios ni humillaciones, como los de hacer desfilar nuestras tropas en un día patrio, llevando al frente banderas extranjeras (3).
En época de pretéritos despotismos, los pueblo no tenían bandera, porque faltando su propia soberanía, nada tenían que representar en ellas, a no ser, su dolor y desgracia.
Y las naciones que añoran felicidad y viven por alcanzarlas, no tienen por qué simbolizar sus tragedias.
Un símbolo como el de la bandera de una nación, adquiere y mantiene su valor real sólo cuando los ciudadanos todos a quienes cobija, gozan de los beneficios de soberanía y libertad y viven amparados por las instituciones que las garantizan.
Este es el resultado de la educación política en el ejercicio de derechos y obligaciones y de una conciencia colectiva que dignifica. Pero, cuando faltan por un despotismo envilecedor, y los mandones en su inaudito atrevimiento se apropian de símbolos que pertenecen a los pueblos mismos, pierden toda su significación y grandeza, mientras no se les restituya los elementos y llores que constituyen su esencia.
Es necesario reaccionar contra todo menoscabo inferido al respecto y a la dignidad que deben merecer los símbolos nacionales a fin de no presenciar lo que es realmente sensible: que existiendo de tiempo atrás disposiciones que instituyen el día de la bandera, y hacen obligatoria su rememoración, persiste un desconocimiento tan notorio a su respecto, con el cual se divulgan las especies más infundadas y caprichosas y hasta se pervierte en la escuela del error a las nuevas generaciones, en vez de inculcarles la verdad, única que puede hacer consistente su culto, digno su respeto, grande y acendrado su amor a la Patria.
COSTUMBRES Y REGLAMENTOS SOBRE BANDERAS EN ESPAÑA
Buena parte de la confusión que se advierte en los que se han ocupado del origen de la bandera nacional proviene, sin duda, del desconocimiento o falta de ilación lógica acerca de sus elementos constitutivos.
En la antigüedad, la bandera, como insignia, no tenía para los pueblos el significado y representación que ha adquirido desde la Revolución Francesa. Ella surgió con el concepto de soberanía y libertad de los pueblos y el valor de su simbolismo está indisolublemente ligado al respeto de ese principio y al ejercicio de ese derecho natural.
Las naciones de entonces carecían de banderas que las distinguiesen y caracterizasen. Conforme al régimen político y costumbres imperantes, bastaba la bandera del Soberano o de la dinastía reinante como distintivo y aquellas mismas, originarias, eran sólo insignias personales.
No obstante, era costumbre en el ejército que cada unidad tuviese un emblema. En los reinos en que estaba dividida España en los siglos XV y XVI, existía el hábito de que los batallones tuviesen el propio, a condición de que sus colores correspondiesen a los del escudo o arma de los reinos o regiones cuyo nombre llevaban.
El establecimiento de estas banderas se hacía por leyes y reglamentos especiales, que fueron repetidas veces modificados.
Cabe anotar, sin embargo, que cuando las Cruzadas ya fue adoptado el distintivo de colores. A los franceses y españoles - comprendidos en este término los que eran oriundos de la península- correspondió el rojo. Y se afirma que desde entonces, el rojo figura preferentemente en las insignias hispanas (4).
Cada reino de los de España tenía sus colores distintivos. A Castilla y Navarra correspondía el rojo, a León, Granada y antiguo Aragón, el blanco: a Cataluña y Aragón moderno, el amarillo.
Cuando dos reinos se unían, combinaban en su nuevo emblema sus colores. Así fue que los de Castilla y León al unirse, combinaron en su bandera el rojo del primero y el blanco del segundo. Cuando pasó lo propio con Castilla y Aragón, se adoptó el rojo y el amarillo. Y de esta combinación de colores se afirma haberse originado después la bandera de la Madre Patria.
Fue Felipe V, en 1707, quien reglamentó los distintivos y banderas. Estableció la Coronela Real, toda blanca con la Cruz de Borgoña, dos castillos y dos leones en los cuatro ángulos y cuatro coronas en las puntas de la aspas. También dispuso que el color de la bandera de los regimientos fuese el que correspondía a los escudos de la región de que procedían.
La ordenanza de 1728 estableció la uniformidad de las banderas, haciendo que fuesen con una divisa encarnada en lo alto, por ser éste el color nacional.
En 1734 se mantenía el distintivo real de color blanco, correspondiente a la casa de Borbón, y se crearon las banderas de la Armada Real.
Posteriormente Carlos III dispuso que la bandera de la marina fuera a listones de color rojo y amarillo - según Real Ordenanza del 21 de mayo de 1785 - pero no se alteraba la costumbre que regía para las banderas de batallones y regimientos.
Años después se suprimieron transitoriamente las banderas, si bien no existen claras informaciones al respecto. En 1843 se ordenó que los estandartes y banderas en el ejército y armada fuesen iguales a la bandera de guerra nacional.
Cuentan algunos autores republicanos que bajo el espíritu del sistema, se adoptó como color “nacional de España el color morado”, que desapareció tras el fracaso de implantar la República.
El Paraguay, como dependencia del Rey de España y América, no podía substraerse al influjo de sus leyes y costumbres. Sin duda alguna las insignias usadas por los híspanos-paraguayos de la colonia debieron ajustarse a esas disposiciones. No obstante, se carece de datos que informen al respecto o al menos, no los conocemos.
Más, por la crónica del coronel Don José A. de Zavala y Delgadillo, sobre acontecimientos inmediatos a la independencia del Paraguay, tenemos noticia de una primera bandera tricolor (azul, amarillo y rojo). (5)
¿Qué bandera fue ésa y cuál su significado? Conforme a las disposiciones y costumbres españolas, debió ser la bandera de las milicias coloniales.
El azul, correspondía a las armas de la ciudad capital y fue adoptada como color emblema de la Virgen de la Asunción, Patrona del Paraguay. El amarillo y el rojo, no eran sino los colores provenientes de la unión de Castilla y Aragón, como queda dicho.
Verosímilmente, un listón rojo fue sustituido por el azul de las armas de la ciudad de Asunción, formando así la bandera de las tropas de la Provincia del Paraguay que aquella comprendía en su jurisdicción.
Es de notar que estos mismos colores de la bandera a que se refiere el coronel Zavala, en su crónica citada, sirvieron en distintas, pero idéntica disposición a las de las repúblicas de Colombia, Ecuador y Venezuela, siendo en estas últimas, iguales los tres listones. En la de Bolivia se cambió el listón azul por el verde. En cambio la del Perú, conserva el blanco y el rojo, tal como lo estableció San Martín.
Producida la revolución de la independencia en el Paraguay, no se adoptó pabellón nacional de inmediato. Desconocemos los fundamentos que sirvieron al Dr. Carlos Centurión, para afirmar que el 16 de mayo de 1811 a la tarde, fue izada una bandera “azul, blanca y roja, y una salva de artillería anunció al mundo el nacimiento de una nueva Nación ”(6). Es posible que haya sido así, coincidiendo con el gesto de doña Juana de Lara. En cambio, a la manera española, se implantó para los batallones recientemente creados, los distintivos correspondientes, conforme a las disposiciones vigentes entonces.
Es así que en la resolución del 31 de julio de 1811, se siguió en todo dicha modalidad.
Dice la resolución, “El uniforme y divisas de este Batallón y compañías de Artillería será el mismo que al presente usan las Compañías de uno y otro cuerpo que han estado a sueldo, y el Batallón de Infantería tendrá dos banderas de las medidas y cabos que están prescriptos para los Regimientos de ejército, la primera será encarnada y tendrá el escudo de las Armas Reales en campo blanco, la segunda será tricolor, a saber blanco, encarnado y azul, y tendrá en la primera faja blanca la Cruz de Borgoña y a sus lados el escudo o blazones de esta Ciudad” (7)
Evidentemente, no era aún la actual bandera paraguaya, en la que nada tiene que hacer la Cruz de Borgoña, símbolo metropolitano, no obstante la algarabía con que fue acogido el hallazgo de esta pieza documental.
¿Fueron esas banderas creadas caprichosamente?. Entendemos que no. Ellas correspondían a las disposiciones y costumbres en vigor, y que el Dr. Francia, como realista absolutista intentó imponer.
El origen del color rojo en la primera de dichas banderas, sin duda alguna, venía de lo que se aseguraba fue inicialmente el usado en España. El escudo con las armas reales en campo blanco, corresponde a la insignia establecidas por Felipe V en 1707.
En cuanto a la segunda bandera a que se refiere la resolución transcripta, cuyos colores son los mismos que los adoptados posteriormente para formar la bandera nacional del Paraguay - si bien en otro orden pareciera ser una insignia de transición en que se hubiese querido fundir el pasado con el presente, la Madre Patria con la nueva nación que surgía.
El blanco de la primera faja, según la resolución conocida, después traspuesto al medio, en segundo lugar, era el distintivo real. El rojo que debió ocupar el centro y pasó a ser después el primer listón de la tricolor, era el distintivo español. Y el azul en el listón de abajo correspondía al color, de las armas de la ciudad de Asunción, o sea del Paraguay mismo, color que empieza a aparecer en las nuevas insignias desde la iniciación del primer Congreso patrio del 14 de junio de 1811 (Molas).
El haberse colocado juntos la Cruz de Borgoña y los “blazones de esta ciudad” de la Asunción, parecería indicar aún más, la conjunción del pasado que se abandonaba y el presente que surgía, la evolución pacífica del Paraguay colonial al Paraguay libre, o el deseo del Dr. Francia de confundir y conservar un compromiso con la monarquía.
Aquí cabe llamar la atención sobre un detalle, ya que en la copia publicada de la citada resolución del 31 de julio de 1811, no figura firma alguna. Ni tampoco en la que atribuimos al Dr. Francia. La primera es sin duda un memorándum a tratar en la Junta, preparada por Secretaría y la segunda, una contrapropuespuesta del Dr. Francia bien confeccionada para su aceptación; y ya, por eso, fechada el 1 de agosto de 1811.
Por otra parte, suponer que dicha resolución fue hecha a tambor batiente el mismo día de la salida de Francia, tampoco es aceptable. Lo lógico es que todos los miembros fueran partícipes de la resolución citada.
Pero lo que, en cambio, ni se puede discutir, es que la nueva bandera izada el 15 de agosto de 1812, en sustitución de la anterior, fue establecida, positivamente, en ausencia de Francia y por los colores y el orden de su disposición, es diferente de la que menciona la resolución citada, correspondiendo a la bandera que fue adoptada en definitiva.
Y es ésta la que hasta ahora se festeja, rememorando cabalmente la fecha en que fue izada por primera vez.
LA BANDERA Y LAS INVASIONES INGLESAS
No estará demás una digresión para referirnos a una singular sugerencia.
Cuando las invasiones Inglesas a Buenos Aires, 1806/ 7, la Provincia del Paraguay concurrió a la defensa del Virreinato con un cuerpo de tropas.
Liniers, al organizar la defensa dispuso como distintivo de los efectivos que ocupaban el ala derecha, una bandera encarnada, una azul turquí para la izquierda, y una blanca para las fuerzas del centro. Las reservas, denominadas “cuerpo auxiliar”, lucían a su frente una bandera compuesta de dichos tres colores.
No es presumible, como se ha creído, que Liniers hubiese usado como distintivos dichos colores rememorando los de la bandera francesa. Igual cosa cabe decir del uniforme de la tropa para cuya confección tuvo que utilizar los materiales que halló a mano, en los almacenes de la dudad y en las bodegas de los buques capturados cuando la reconquista.
Por otra parte, España, cuyos derechos defendió en esa ocasión, estaba entonces en guerra con Francia, y mal podía haber entrado en sus propósitos adoptar los colores de ésta, para ponerlos frente a las tropas destinadas a la defensa de España, de las que era jefe.
El contingente paraguayo que acudió, pertenecía al cuerpo auxiliar o de reserva, y fue uniformado todo él a su llegada a Buenos Aires con esos colores y enviado de inmediato como tropa fresca, a la defensa de la Banda Oriental, mientras se organizaba la de la Ciudad del Virreinato y allí actuó hasta la caída de Montevideo.
Cabe hacer notar que entre los paraguayos que participaron en ese cuerpo, figuraron varios de los que posteriormente actuaron en el movimiento de mayo de 1811; entre ellos, el futuro Presidente de la Primera Junta de Gobierno, Fulgencio Yegros, fue gravemente herido en el tórax, y casi falleció.
No es infundada, por tanto, la presunción de que los colores de la tricolor que Liniers enarbolara en ocasión de la defensa, así como los de los uniformes dados a las tropas de la Provincia del Paraguay, se hubiesen fijado en recuerdo de aquellos jóvenes soldados que se dispusieron al sacrificio, al amparo de una bandera tricolor, que como insignia guardaba entre sus pliegues la añoranza de la tierra lejana y el sentimiento de fraterna unidad que se forja y fortalece entre los soldados de un mismo cuerpo ante los azares de la guerra.
Poco después, apenas un quinquenio, renovado el esfuerzo por una Patria libre, reverdecería la evocación de aquellos días memorables en que guiados por esos mismos colores, al azar colocados entonces a su frente, fortalecerían su fe y su decisión, empuñando aquella bandera que los había unido en la defensa de sus derechos contra el invasor extraño, y los debía unir luego para la obra de su independencia y nativa libertad.
Por eso, son verosímiles los testimonios orales y autorizados recogidos por el compatriota Juan M. Sosa Escalada, del venerable maestro Juan Pedro Escalada, su abuelo materno y de su compueblano Bonifacio Iglesias, uno de cuyos hijos, Pedro Iglesias, actuó en la lucha contra las invasiones Inglesas, contestes ambos en que los colores de la bandera enarbolada por primera vez en Asunción libre, el día 15 de agosto de 1812, por disposición de la Junta de Gobierno presidida por el General Fulgencio Yegros, hubiesen tenido origen en los de la bandera cuyos pliegues actuaron cuando dichos sucesos (8).
Y como se ha dado en decir, que la bandera fue creada por Francia, basta recordar que su nombre no figura entre los paraguayos que formaron en las filas de aquel contingente, y sí en cambio, Yegros, de la Mora y otros actores de nuestra independencia. Tampoco integraba la Junta de Gobierno el 15 de agosto de 1812, cuando se izó la tricolor, que, consagrada después por el voto del Congreso de 1842, es la auténtica bandera actual.
Historiadores, concretamente afirman, que durante las invasiones inglesas de Buenos Aires y Montevideo, “las Fuerzas Auxiliares”, o sea las del interior del Virreinato que concurrieron a la defensa, enarbolaron como sus banderas, una tricolor, con los colores de la francesa, pero acostada. Entre esas fuerzas auxiliares, estuvo el destacamento de unos mil paraguayos (9).
LA MUJER PARAGUAYA Y LA BANDERA
Triunfante el movimiento encabezado por el Capitán Pedro Juan Cavallero en la noche del 14 al 15 de mayo de 1811, la tradición ha dejado el recuerdo de la acción de una patricia, que en esa oportunidad obsequio al jefe revolucionario una ofrenda con flores de los tres colores que correspondían a los de la futura bandera.
Juana de Lara es el nombre de aquella dama paraguaya que con esa adhesión floral, trabajada por delicadas manos, quiso traducir el homenaje de su sexo a la libertad de la Patria, episodio mencionado por “El Ciudadano Paraguayo” en sus escritos. (10)
Y a pesar de todos los interesados empeños, la verdad es que la conciencia paraguaya ha ratificado la espontanea ofrenda con que Doña Juana de Lara honró a los próceres de la Independencia.
No hay razón alguna- las meras prevenciones no pueden valer como tales - para pretender amenguar este rasgo patriótico, que antes bien, corrobora la tradición y la crónica escrita, de que esos colores venían ya larvados en acontecimientos precedentes.
¿Qué de extraño tiene entonces que ellos hubiesen inspirado la simpática actitud de la nombrada matrona?
¿Ni en qué contradice esto los antecedentes y documentos hoy conocidos?
Ni con qué derecho se puede esgrimir la diatriba gratuita contra la mujer paraguaya, abnegada y valiente colaboradora en las grandes gestas nacionales, desde la hija de Juan de Mena hasta nuestros días. (11)
Es difícil comprender la intención de quienes tratan de invalidar la tradición - que también es fuente de la historia - y más aún corroborada por la relación escrita de quien vivió muy próximo al acontecimiento referido y por los antecedentes expuestos.
El ramo de flores de Juana de Lara, es para el corazón paraguayo, su bandera perfumada con el encanto y delicadeza de su heroica compañera siempre.
LA BANDERA Y LAS RESOLUCIONES GUBERNATIVAS
Retomando el hilo de la narración, nótese que la Junta de Gobierno presidida por el general Fulgencio Yegros en el nuevo estado independiente carecía oficialmente de bandera.
Dicho queda que el 31 de julio de 1811, se estableció por resolución gubernativa las nuevas banderas de los batallones recientemente creados, una de las cuales, ostenta los colores que luego fueron adoptados en orden diferente, como insignia nacional, ya sin distintivo real alguno. La confusa propuesta con ese distintivo real lo explicamos o interpretamos en un nuevo capítulo, más adelante.
Un año después, la Junta Gubernativa, en ausencia de Francia, y en ocasión del aniversario de la ciudad de Asunción, instituyó la actual bandera tricolor - rojo, blanco y azul - izada y saludada solemnemente en reemplazo de la otra premencionada.
Esta nueva bandera, ¿se la creó en base de la que aparece en la resolución agregada con fecha 1º de agosto a la aludida del 31 de julio de 1811?
Probablemente sí. Todos los antecedentes de que se ha ido pasando revista, indican que esos tres colores estaban profundamente arraigados en el alma paraguaya. La ordenación diferente de los listones que contenía, debió responder, evidentemente, a resolución posterior, aunque no haya de ella otra prueba o rastro que la crónica citada.
Dice esta que “al desaparecer el sol (el día 15 de agosto de 1812) después de la salva de artillería, se enarboló la bandera tricolor azul encarnado y amarillo con el escudo real. Al comenzar la misa mayor, se arrió ésta y se izó otra tricolor también, con listón blanco en el medio, colorado angosto arriba y azul abajo. Hubo fuego de artillería al alzar y concluir la misa”.
La descripción de aquel episodio, su importancia y el alcance que le dieron los miembros de la Junta Gubernativa, está sencilla pero elocuentemente expuesta en la relación transcripta.
En la misma crónica precitada se vuelve a mencionar que el 2 de febrero de 1813, a medio día, se enarboló el pabellón tricolor, seguramente con motivo del día de San Blás, patrón de la Ciudad, y tal bandera, desde luego no podía ser otra que la bautizada con toda solemnidad el 15 de agosto del año anterior, día de la Virgen Patrona del Paraguay.
Las Actas del Congreso de 1813, publicadas hasta ahora, no mencionan especialmente entre sus resoluciones la adopción de la bandera tricolor y menos su sustitución por ninguna otra. Tampoco el de 1842, al ratificarla, alude a resolución alguna de aquél. Lo más probable es que nada se haya dispuesto entonces respecto de la bandera tan jubilosamente bautizada el 15 de agosto del año anterior (1812), omitiéndose intencionalmente toda mención de ella por maquinaciones del ya preponderante Francia, quien evidentemente no simpatizaba con esa insignia adoptada en el período de su ausencia de la Junta Gubernativa.
Tan solo es dable recordar que el Congreso de 1813 instauró el Consulado, y una escarapela tricolor era insignia de sus miembros.
Tampoco existe constancia conocida de que la bandera hubiese sido jurada como correspondía a una resolución congresal, de haber existido alguna al respecto a pesar de que el primer turno en ejercicio de dicho consulado correspondió a Francia.
Coincidencia singular, es que los tan entusiastas festejos del año 1812, no se repitiesen una vez que Francia primó en el gobierno. Se ha dicho como explicación del olvido de tan gloriosa efemérides, que si era grata para el pueblo paraguayo, no podía serlo para el “Supremo”, desde que recordaba a lo vivo toda la actuación de sus adversarios. Tampoco dio cumplimiento al decreto de los próceres “para perpetuar la memoria de tan felices y gloriosos acontecimientos”, tanto el 14 y 15 de mayo como el 20 de junio, para que “sean días de Tabla y Gala, ahora y siempre”.
Este Decreto, dado al aproximarse el primer aniversario de la revolución del 14 de mayo, lleva fecha del 22 de abril de 1812 y lo firman Yegros, Cavallero y de la Mora, no así Francia, ausente a la sazón de la Junta.
Dos años después, el Congreso de 1814 implantó la dictadura y el flamante dictador, se preocupó de hacer jurar el nuevo régimen despótico, en ciudades y cuarteles, en aldeas y fortines, adoptando para ello minuciosas disposiciones. Sólo un soldado, Manuel Iturbe, que comprendió su misión y sus deberes se negó a convertirse en esbirro. Su ejemplo debiera ser guardado en la conciencia de cada ciudadano para repetir a los que visten el uniforme de la Patria, que si no se defienden las libertades públicas y las instituciones que la garantizan deja de ser soldado de la patria, para convertirse en pretoriano, sin honra ni gloria.(12)
Pero nuestra bandera, aquella sencilla que fue izada por primera vez el 15 de agosto de 1812 y ratificada como tal por el Congreso del año 1842, vivió en el corazón de los paraguayos a pesar de la omisión de su juramento. En cambio, premiosos y estrictos requisitos se exigieron para afianzar el régimen de despotismo, cuyo acontecimiento se impuso posteriormente con las máximas formalidades.
Fue tanta la desidia y tan manifiesto el desdén en que se tuvo a dicha bandera en el largo período de la dictadura francista, que fue usada “con las fajas ya horizontal o verticalmente”, cuando alguna vez se la vio flamear.
Y llama la atención esa despreocupación del Supremo, dado que su nutrida correspondencia que guarda el Archivo Nacional, apenas menciona una vez la enseña patria - signo ostensible de nuestra soberanía - ni figura envío de la misma a sus guarniciones, ni un solo homenaje a la tricolor establecida en 1812 cuando, en cambio, era tan puntilloso en no tolerar y en castigar la oposición a su poder ilimitado o la simple omisión a su título y tratamiento, abundando las resoluciones prohibitivas y las órdenes de persecución y de fusilamientos, y hasta las acerbas burlas a un pueblo que no podía ni quererle ni sentir simpatía por su sistema, victima como era de su ofensa soez y despiadada, como aquella de que “siempre quedarán en vano mis afanes y diligencias con todos mis planes y con todos los costos, y los paraguayos vendrán a quedar siempre de paraguayos y no más”. (13)
Los paraguayos querían ser nada más que paraguayos, al decir de Francia y a pesar del “Supremo Dictador” que se lamentaba de vivir “en un país de pura gente idiota”.
¿Qué otra suerte les estaba preparada a los paraguayos, que no se la pidieron ni la consistieron jamás...?
Del examen de toda su larga correspondencia que guarda el Archivo Nacional, no hemos podido hallar otra mención de la bandera tricolor, que una en que anuncia, a requerimiento del comandante de Concepción, que : “En otra ocasión remitiré también una Bandera tricolor de lo que aquí se usa como símbolo de nuestra república”. (14)
Pero ignoramos si la promesa fue cumplida, pues no hay mención de tal envío, a pesar de ser tan prolijo en la detallada enumeración de los calzoncillos y chiripás que mandaba para sus tropas, pues con eso bastaba, según les explicaba no menos prolijamente, ya que la “casaca”, que en cierta ocasión le solicitaron “ni es cosa absolutamente precisa para andar entre indios y por desiertos”. (15)
Debió ser tan grande la desidia, tan persistente el olvido, tan intencionado el abandono de la bandera nacional y de la misma independencia patria, que el gobierno que le sucedió, lo primero que hizo fue proclamarla de nuevo y establecerla al fin, como medio para sacudir y avivar la conciencia adormecida de la nacionalidad.
Si la independencia nacional y su símbolo genuino, la bandera hubieran sido inculcados, como se pretende, en la conciencia pública durante el período de la tiranía de Francia, no se explica y antes bien, causa extrañeza que el primer Congreso de la República reunido extraordinariamente en 1842, después de la muerte de aquél, hubiese tenido que ocuparse - como caso de urgencia nacional - en proclamarla y especialmente establecerla de nuevo por ley y hacerla cumplir y jurar, mantener y respetar, dentro y fuera de la República.
He aquí el texto de la Ley sobre Pabellón Nacional, dictada por dicho Congreso:
Artículo 1.- El Soberano Congreso General Extraordinario de la República del Paraguay declara solemnemente, manda y ordena, que el Pabellón de la República sea el mismo que hasta aquí ha tenido la Nación con las variaciones convenientes, esto es, una bandera compuesta de tres fajas y horizontales - colorada, blanca y azul. De un lado el escudo nacional con una palma y una oliva entrelazadas en el vértice y abiertas en la superficie, resaltando en el medio de ellas una estrella.
En la orla una inscripción distribuida que dice REPUBLICA DEL PARAGUAY. En el lado opuesto un circulo con la inscripción PAZ Y JUSTICIA y en el centro un león en la base del símbolo de la libertad.
Artículo 2.- En todas las plazas, puertos, campamentos y fortalezas de la República, como en los buques de guerra y de la propiedad de los hijos del país, no se enarbolará otro pabellón que el que queda demarcado y declarado pabellón nacional.
Artículo 3.- Dada en la Sala de Sesiones del Soberano Congreso general extraordinario el 25 de Noviembre de 1842.
(Siguen las firmas de los congresales. Original en el Archivo Nacional, vol. 93. Nº 20).
A la vista de este documento, el primero que se ocupa de la bandera patria, atribuyéndole toda la importancia que entraña, a diferencia del silencio del Congreso de 1813 a su respecto, cabe preguntar: ¿A qué variaciones se refería? ¿Por qué la expresa obligación de que sólo este pabellón debiera ser enarbolado en todas partes? ¿Había o hubo otro pabellón que fuera enarbolado antes y durante la dictadura de Francia?. Es de suponerlo porque de otro modo no se explica la redundancia de establecerlo, con el agregado de que ya no podrá usarse “otro pabellón que el que queda demarcado y declarado pabellón nacional”.
LA BANDERA DEL DICTADOR FRANCIA
Hemos visto que desde el encumbramiento de Francia en 1813, la bandera tricolor sufre el eclipse que llega a un total olvido, al que seguramente no era ajena la personal aversión que tenía por sus creadores.
En el supuesto de haber sido creada ella por el Dictador, ¿cómo explicar semejante conducta en un hombre dominado por tan fuertes pasiones y de tan manifiesta egolatría?.
No nos proponemos buscar otra respuesta a esta pregunta que la que surge de su propia correspondencia, en la que no se registra otra mención a la insignia de 1812, que la ya señalada.
Es muy sugestivo que en la documentación del Libertador Bolívar aparezca un decreto del “Supremo” Francia, estableciendo en 1826 una bandera “toda azul celeste, con una estrella blanca en el centro ” (16). Curioso es , porque habiendo una bandera de la República no había motivo para semejante cambio. (17)
De la existencia de esa bandera, también se ocupa “El Ciudadano Paraguayo”, al expresar en una de sus cartas, que era “toda azul con una estrella blanca en el ángulo superior, junto o próximo a la driza”.
Entre aquel decreto del “Supremo Dictador” y lo conversado por su coetáneo, “El Ciudadano Paraguayo” sólo hay una escasa diferencia en la ubicación de la estrella. Es muy probable que la bandera “toda azul celeste” haya sido usada con la estrella en uno u otro sitio.
Lo más verosímil es que el Dictador, lo haya hecho, al solo objeto de sustituir la bandera establecida en 1812, por la Junta Gubernativa, en cuya creación estuvo ausente al ser adoptada, y contra cuyos miembros lanzó durante toda su vida las invectivas en que abunda toda su megalomaníaca correspondencia.
Llama la atención que una “faja azul” en la orla del sombrero de los Cónsules hubiese sido prescrita como distintivo de estos Supremos Magistrados Instituidos por el Congreso de 1813, en el que ya predominaba Francia.
El hecho real es que esa bandera toda ella de color azul celeste, fue establecida en 1826, según el decreto referido. A mayor abundamiento, en ese mismo año, los papeles oficiales aparecen sellados con una estrella de seis puntas, rodeada por una palma y un olivo entrelazados, tal como era la que tenía la bandera “toda azul celeste”.
Y precisamente, el hecho de encontrase con dos banderas como insignias de la Nación, explicaría por qué su sucesor tuviera que preocuparse en 1842 de sancionar de nuevo una independencia conquistada ya desde 1810-1811, que era como letra muerta, y de restablecer a la vez la auténtica bandera nacional.
Así se estableció y mantuvo definitivamente la bandera de la Nación paraguaya, mientras la del Dictador desapareció con él.
TRADICIÓN SOBRE EL ORIGEN
Sobre el origen de la bandera toda azul, recogimos esta tradición de labios de las sobrinas del Dr. Estigarribia que vivían en Areguá, y de Don Juan B. Gaona (ex-Presidente) que uno de los motivos de la elección del color azul por el dictador Francia, inicialmente anti bonapartista, fue que Napoleón había adoptado el color rojo para su bandera.
El dictador Francia fue después no solo partidario de Napoleón, sino admirador del reino de Francia, a donde envió una comisión en connivencia con Don Pedro I del Brasil. Para señalar esta tendencia, declaró mintiendo que su padre, había nacido en el reino de Francia.
Había tenido en cuenta, también el color azul del escudo de Asunción, en todas sus otras motivaciones.
“A esto replica el ciudadano Peña que la bandera primitiva del Paraguay fue toda azul y con una estrella blanca en el ángulo superior próximo a la driza. La materia de que se componía, lienzo o loneta, añil y albayalde, y algunas se encontraron después en la Tesorería de Asunción a la muerte del Dictador”. (Molas, M A. Descripción Histórica de la República del Paraguay.)
LA BANDERA DE LOS PARAGUAYOS
El singular “patriota”, no podía aceptar la bandera de los Yegros y Cavallero, de los Iturbe y de los Troche.
Ya hemos anotado el hecho de que durante su gobierno despótico, la sumió en el olvido, mientras planeaba, según sus propias palabras, el que los paraguayos no fueran paraguayos.
Pero los paraguayos quisieron ser y seguirán siendo paraguayos, mientras el rubí, el diamante y el zafiro de su bandera los llamen al combate por la libertad, el trabajo fecundo y al amparo de la justicia que proclamaron un día y gozarán alguna vez.
Si existen dictaduras que humillando a sus soldados, que no son sino ciudadanos en armas; si hay panegiristas de totalitarismos trasnochados que pretenden monopolizar el patriotismo encarnándolo en los déspotas, como si éstos fuesen sus únicos depositarios, recuerde cada soldado el rango de dignidad y pundonor del teniente Manuel Iturbe y que cada ciudadano se convierta en el sustentador de la libertad.
EN RESUMEN: de los antecedentes expuestos se colige que la bandera patria ha tenido su evolución paralela a la de la independencia nacional, pudiendo señalarse en ella las etapas siguientes:
1.- Las tres banderas que trajeron las tropas represoras de la revolución comunera: (ver página 59).
a) Una blanca, color de los Borbones, como exigiendo la rendición de los Comuneros.
b) Una colorada, demostrando que traían la guerra a sangre y fuego.
c) Y una negra, haciendo saber que no habría cuartel.
2.- Según el Dr. Carlos R. Centurión, fue izada el 16 de mayo de 1811, al atardecer, una bandera tricolor con listones rojo, blanco y azul, que por resolución del 12 de agosto, fue izada el15 de agosto de 1812, como símbolo Nacional. Fue establecida en ausencia del Dr. Francia (página 60).
3.- La bandera tricolor, azul, amarilla y roja, con las armas reales en la banda central, que fue izada el 17 de junio de 1811, por orden del Dr.Francia y el Capitán Zevallos, a la apertura del primer Congreso (página 60).
4.- El 31 de junio de 1811 se establecieron dos banderas militares para los regimientos de la provincia: una tricolor, con la cruz de Borbón y el escudo de la ciudad de Asunción para el regimiento de Infantería; y la otra toda roja, con el escudo real en el centro, para el regimiento de Artillería (página 61).
5.- El Congreso de 1813, ya bajo influencia del Dr. Francia, no hizo izar bandera alguna, pero estableció como distintivo consular una escarapela tricolor roja, blanca y azul.
5.- Una bandera totalmente azul, con una estrella de seis puntas, junto a la driza o en el centro, establecida por Francia durante su Dictadura Vitalicia, con la que pretendió reemplazar la tricolor, y de cuyo establecimiento se dio notificación al Libertador Bolívar en 1826. Según Mariano A. Molas, esta bandera azul apareció en uno de los cajones del escritorio del dictador (página 62).
6.- El 1 de agosto de 1811, el Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia propuso a la Junta el establecimiento de dos banderas, que fueron rechazadas:
La primera era toda roja, con el centro blanco en la que se colocaban las armas reales, como privilegiando a la monarquía de España.
La segunda, alternando los colores de la tricolor poniendo el primer listón blanco arriba, continuando con el rojo y por último el azul.
Así también, la creación del Batallón Reglado de Españoles fue rechazada por los miembros de la Junta.
8 - Confirmación de la bandera tricolor de 1812 por el Congreso extraordinario del 25 de noviembre de 1842, juntamente con la ratificación de la independencia nacional. (No hay constancia de que el Congreso de 1813 se hubiese ocupado de ella) (página 62).
La bandera paraguaya nació por la acción de sus heroicos soldados de Paraguarí y Tacuarí y del 14 de mayo de 1811 y vivió y vive para ser amparo de ciudadanos libres y a despecho de todas las ofrendas de déspotas autoritarios.
El pueblo que simboliza, libre de cadenas y opresores, la hizo flamear victoriosa en las batallas antes de Francia y en nuestros días.
Compatriotas: por la libertad de la Patria y la dignidad de su bandera, renovad el lema de Vencer o Morir; y ahora Vencer y Vivir!
A la ignominia de la esclavitud, preferid la gloria de la libertad.
Libre el pueblo, tendrá esta oración en los labios:
Bandera de la Patria Bendita seas !
Porque eres símbolo de AMOR, UNION,
LIBERTAD, JUSTICIA Y PAZ.
LOS DOCUMENTOS DEL 31 DE JULIO Y 1º DE AGOSTO DE 1811
Cuando obtuve del Archivo Nacional estos dos documentos no advertí la importancia de una observación que me hizo el Señor Doroteo Bareiro, que observaba las copias que tomaba de los mismos. “Note, Vargas Peña, que la caligrafía de uno es diferente a la del otro”.
Entonces le escuché sin darle importancia. Pasaron los años, y cuando a pedido de mi amigo, el Dr. Efraím Cardozo, me puse a escribir sobre el origen de la bandera, en réplica y aclaración de lo que sobre la misma escribía el Señor Gabriel Ruiz, que creía afirmar más su “francismo”, copiando frases adulteradas por el Señor Juan E. O’Leary, de las escritas por el Ciudadano Manuel Pedro de Peña, no di importancia a la advertencia del Señor Bareiro.
El documento del 31 de julio de 1811, era un memorándum proyecto de creación del Ejército Nacional, en el que al final se proponía establecer también “un Batallón Reglado de Españoles” proposición sorprendente, como agregado extra en contradicción con la creación de un Ejército de patriotas para el nuevo Paraguay.
Empecé a cavilar y pensar en la advertencia que se me hiciera, y que entonces, tomé tan desaprensivamente.
El documento del 31 de julio de 1811, debió ser preparado por el Dr. De la Mora, como secretario de la Junta. En el mismo estaban vertidas las opiniones unánimes del Presidente Yegros, del Capitán Pedro Juan Cavallero y del Secretario de la Mora. Al final, este agregó la propuesta del vocal Francia.
La discusión sobre el tema se realizó ese 31 de julio de 1811. Sin duda ninguna los patriotas rechazaron la propuesta realista absolutista de crear un “Batallón Reglado de Españoles”, presentada por Francia. Pero éste, creyendo que encontraría aceptación, trajo el documento que había de sancionarse el 19 de agosto de 1811, para darle ejecución.
Al rechazarse la creación absurda de un “Batallón Reglado de Españoles”, quedaba sin efecto el documento elaborado hábilmente por el vocal Dr. Francia. Este fue el motivo de su retiro de la Junta de Gobierno ese 1º de agosto de 1811.
He aquí el citado documento: Está perfectamente escrito para su aplicación:
“1º de Agosto de 1811
En treinta y uno del próximo pasado esta Superior Junta hizo el acuerdo del tenor siguiente:
El Presidente y Vocales de la Junta Gubernativa considerando que para la custodia, seguridad y defensa de ésta Ciudad, es absolutamente indispensable tener un Cuerpo Reglado de Españoles en el pie de la Tropa Veterana, acordamos que por ahora y sin perjuicio de poder aumentar, o disminuir esta fuerza según las circunstancias lo exijan, se forme en primer lugar un Batallón de Infantería compuesto de cuatro Compañías de Fusileros y una de Granaderos que será conocido por Batallón fijo de la Asunción del Paraguay.
Cada Compañía de Fusileros tendrá un Capitán con cuarenta y cinco pesos de sueldo por mes; un Teniente con treinta y tres pesos, un Subteniente con veinticinco pesos, Tres Sargentos uno de primera clase, y los otros dos de segunda, todos con catorce pesos cada uno, ocho cavos a saber quatro primeros, y cuatro segundos, unos y otros, con diez pesos cada uno; dos Tambores y dos Pífanos, también con diez pesos cada uno, y sesenta y cuatro soldados con ocho pesos fuertes cada uno.
La Compañía de Granaderos tendrá igualmente un Capitán, un Teniente, un Alferez, dos Sargentos y uno de ellos de primera clase, seis cavos, dos Pífanos, un sólo Tambor y cincuenta y cuatro soldados todos así estos como los Oficiales, Sargentos, cavos, Pífanos y Tambor con los mismos sueldos respectivos que los de la Compañía de Fusileros, advirtiendo que en cada una de las cinco expresadas, podrá admitirse un Cadete con sueldo de soldado. Además tendrá dicho Batallón dos Alférez Porta Banderas con veinticinco pesos y un Sargento de Brigada con catorce pesos.
En segundo lugar dos Compañías de Artilleros Españoles compuesta cada una de un Capitán, dos Tenientes Primero y Segundo, tres Sargentos, uno de ellos de primera clase, y los otros dos de segunda, ocho cavos a saber quatro primeros, quatro segundos, y cien soldados artilleros todos así estos como los Oficiales, Sargentos y Cavos, con los mismos sueldos respectivos de los de la Compañía de Infantería.
Habrá también un Ayudante de Cuartel, con grado y sueldo de Subteniente, un Capellán con la dotación de treinta y tres pesos, y un Cirujano obligado a asistir a todos los individuos de todas las expresadas Compañías, y demás Plazas que quedan establecidas incluso el Capellán. Para su dotación contribuirán todos los Oficiales y el Capellán un real por mes y todos los demás Individuos, a saber los Sargentos, Cavos, Soldados incluso los Cadetes, y los Pífanos y Tambores a medio real por mes con la calidad de que a los primeros contribuyentes de un real, no deberán ministrar botica, pero sí a los en adelante con consideración a los apuros en que anualmente se encuentra el erario.
El uniforme y Divisas de este Batallón y Compañías de Artilleros será el mismo que al presente usan las Compañías de uno y otro Cuerpo que han estado a sueldo, y el Batallón de Infantería tendrá dos Banderas de las medidas y cabos que están prescriptas para los Regimientos de Ejército, la primera será encarnada y tendrá el escudo de las Armas Reales en Campo Blanco, la segunda será tricolor, a saber blanco, encarnado y azul, y tendrá en la primera franja blanca la Cruz de Borgoña, y a su lado el escudo, o blasones de esa Ciudad. Todos los individuos de uno y otro Cuerpo gozarán del fuero Militar, civil y que por prevenciones generales corresponden a los Regimientos del Ejército.
Últimamente a fin de simplificar las quentas de pagamentos de sueldos, y en el concepto de que en el alivio de los inválidos y viudas miserables de Militares como hijos todos de la Patria, cuidará el Gobierno según las circunstancias lo permitan y hagan necesario, bajo cuyo supuesto y el de que no se ha de ministrar vestuario alguno se han moderado los sueldos señalados: se declara igualmente que todos estos sueldos se han de pagar íntegramente de la Real Hazienda, sin descuento ni deducción alguna.
Los Oficiales y el Capellán percibirán lo que les toca inmediatamente de las Cajas y los Capitanes, o en su defecto los subalternos que hagan sus veces tomarán todos los sueldos de los demás individuos de sus respectivas Compañías haciendo de Habilitador para repartir a cada uno su haber sin otro descuento, que el medio del Cirujano, y lo invertido en la manutención de todos ellos con que deberá correr hasta otra disposición, precediendo indispensablemente para todo las revistas ordinarias y acostumbradas con el visto bueno de este Gbno., en que ha de comprehenderse el Sargento de Brigada como agregado a la primera Compañía de Fusileros, y previniéndose finalmente que en atención a que en ocasiones se suplen los Artilleros Pardos: se expresarán con esta especificación en la lista de revista. Y para su cumplimiento se pasará oficio al Ministerio del Tesoro de Rl. Hazienda con inserción de este acuerdo a fin de que en lo sucesivo se arregle a lo que queda establecido. ”
Lo traslada a Vmd esta Junta para su inteligencia y cumplimiento en la parte que le toca.
Dios guarde a Vmd ms. As. Asunpcion agto 1- de 1811
Sr. Mtro. Tesorero de Rl Hazienda Don José de Elizalde”. (18)
Un verdadero anzuelo con buena carnada que no fue tragado por los Próceres Miembros de la Junta gubernativa. La propuesta tuvo un categórico rechazo.
Tenga el lector atención sobre estos aspectos:
1º La creación de un “Batallón Reglado de Españoles”
2º Con el agregado de dos “Compañías de Artilleros Españoles”
3º Al Batallón de Infantería, a cargo de los patriotas le encaja muy hábilmente dos banderas: la primera reconociendo con los colores de España y las Armas Reales, y para disimular, la segunda, con la tricolor pero con sus franjas alteradas.
4º Y finalmente, convencido de la aceptación, todo bien preparado y adobado, ya listo para su cumplimiento inmediato. También cambiaba la bandera de los Próceres, por las españolas.
Si correlacionamos este intento de aplicación, con su insistencia, hasta que se le otorgó, de tener bajo su mando un Batallón, se confirma la presunción de que el citado documento fue fabricado por el Dr. Francia.
Y si además, se recuerda de los intentos subversivos del 16 y 29 de septiembre de 1811, en los que se vio comprometido en la declaración del Señor Pedro Duarte que lo denunció en esos procesos contrarrevolucionarios, queda justificada una política acorde.
Y finalmente, si se confronta este intento de suplantar la Bandera Nacional por la española y real, así se prueba su realismo absolutista, pues también fue el mismo Dr. Francia, quien en el Congreso del 17 de junio solicitó el Juramento de fiel lealtad a Fernando VII.
Tampoco se debe olvidar ese espíritu de crear y sembrar confusión en todo, en el hecho de alterar el orden de los colores de la Bandera Nacional, como medio perturbador de las acciones gubernamentales. Hay en todos sus actos una lógica ilación de la política absolutista y realista que lideró y que no se puede negar.
Lo curioso del caso, que el hecho de su retirada de la Junta, con la acusación a sus colegas militares y civiles, fue ingenuamente interpretada como el comienzo de una supuesta lucha antimilitar, por parte de sus embelesados admiradores, partidarios del despotismo.
Cínico, mentiroso, se mostraba en constante contradicción como medio de actividad política con que perturbar la acción del gobierno patriota. Y desgraciadamente para el Paraguay, tuvo éxito, por ingenuidad del Gral. Fulgencio Yegros, e indecisión del Capitán Pedro Juan Cavallero que vino a aplacar la resistencia del Cuartel ante los desmanes del Dr. Francia cuando era Cónsul de la República. Y tanto el uno como el otro, defeccionaron al no apoyar al Dr. de la Mora, cuando aceptaron las intrigas y mentiras del Dr. Francia. Indiscutiblemente, que tenía esa habilidad de la sucia politiquería, que con las intrigas y deslealtades, perdía a sus adversarios de buena fe.
Hay que reconocerle al Dr. Francia su triunfo para destruir al Paraguay, como lo consiguió, aunque no logró su "hacer que los paraguayos dejasen de ser paraguayos".
DOCUMENTOS QUE SE REFIEREN A LA BANDERA
Cuando en 1813 se reunió el Congreso, la influencia de los Próceres del 14 y 15 de mayo de 1811, seguía siendo ponderable. Entonces se resolvió que los señores Cónsules ostentasen un "sombrero orlado con una franja azul, con la escarapela tricolor de la República”. Seguramente que el orlado azul con la escarapela haya sido propuesto por el Dr. Francia, y fue aceptado por los Próceres, por ser el color del escudo de la ciudad de Asunción; pero el Dr. Francia debió aceptar a su vez los colores de la escarapela, que eran a su vez los de la bandera.
El primer período del Consulado se lo aseguró el Dr. Francia. El segundo período, que se inició en el mes de mayo de 1814, le correspondió al Gral. Fulgencio Yegros. No hallamos antecedentes de que en ese primer período el Cónsul Dr. Francia hubiese dispuesto ninguna creación de la Bandera Tricolor como insignia de la Nación, pero sí, le correspondió ni Gral. Fulgencio Yegros el ordenar la confección de banderas para el uso de las tropas del Cuartel del Hospital.
La conducta del Dr. Francia no resulta rara. Cuando quiso mantener como símbolo de las tropas las banderas españolas usadas hasta entonces, al mismo tiempo que pretendió injertar al proyecto de creación del Ejército Nacional, un “Batallón Reglado de Españoles”, el que a su vez se conformaría de dos “Compañías de Artilleros”. Esa propuesta de creación de efectivos españoles y mantenimiento de las banderas españolas fue rechazada en la sesión del 31 de julio de 1811, por los miembros de la Primera Junta de Gobierno, rechazo que motivó su retiro del 1º de agosto.
Ni el Batallón Reglado, ni las Compañías de Artilleros españoles se crearon. Los Próceres se opusieron a lo antinacional de la propuesta. La resolución pertinente dice:
“El Ministro de Hacienda dispondrá que se hagan dos banderas tricolores para el Quartel del Hospital, sufragando el costo que sea necesario. ”
Es del 12 de agosto de 1814. La firman ambos Cónsules Francia y Yegros.
Intervinieron en la confección de las banderas Emeterio Velilla, quien percibió “Treinta y cinco pesos”, al parecer por las telas que “dijo eran para las dos banderas”. Pedro Pablo Arce, cobró “por trabajo de coser las dos banderas, hilo y liña”. Blás de Acosta, dio un recibo: “He recibido del Ministro de Hacienda quarenta pesos, importe de las dos banderas que he pintado a razón de veinte pesos cada una”. Y un segundo recibo por “haber retocado las dos banderas del Quartel del Hospital, con pinturas, por haberse ensuciado las dos”. En Asunción 27 de noviembre, percibiólos importes Blás Acosta.
Finalmente en octubre 11 de 1814, el Ministro de Hacienda Francisco Díaz de Bedoya, dio una “relación del total costo que costaron las dos banderas que se han hecho en virtud de Orden Superior, en fecha 1 de agosto último, para el Quartel del Hospital”. Por otra parte, en el Cuartel del Hospital estaban las tropas bajo el mando del Gral. Fulgencio Yegros, según tenemos entendido. Después, no hemos encontrado más referencias a la bandera, que las que ofrecemos más adelante.
Muy pocos documentos encontramos antes de 1816 que hablen de la bandera, o de algún modo se refieran a ella, aunque nada se exprese sobre su forma y colores.
Al Comandante Joaquín López, de Pilar, el 4 de noviembre de 1815, el dictador Francia le expresa en su correspondencia: “lleva el chasque, la bandera y caja de guerra”.
No se dice cuál bandera, de que forma y color con armas.
El comandante de Pilar contestó al Dictador Francia el 15 de noviembre de 1815, acusando recibo del envío de la bandera. Queda constancia de este envío en la nota del dictador Francia del 21 noviembre de 1815.
En 2 de noviembre de 1815, escribe a J.J. López el dictador Francia, anunciándole: “En otra ocasión remitiré también una bandera tricolor de las que aquí se usan como signo de nuestra República”.
Esto es lo que con nuestras investigaciones logramos encontrar en nuestro Archivo Nacional.
En 1826, como queda constancia en el libro del Gral. Blanco Félix José en “Documentos para la historia de la vida pública del libertador de Colombia, Perú y Bolivia” 1876, quedó señalado al tratar de la bandera que la del dictador Francia era toda azul con una estrella en la driza.
Luego, pero después de 1830, se encuentran documentos, más frecuentemente, sobre la bandera. Llamará la atención este “per saltum”, al lector.
Esta circunstancia se debe a que el dictador Francia en todo ese tiempo, dejó olvidada a la bandera, para dedicar todo su empeño en la recolonización de América, entrando en connivencia con las monarquías europeas, como se puede leer y comprobar en mi obra LA POLITICA SECRETA DEL DICTADOR FRANCIA, editada, y en la inédita, LA GRAN AMBICION.
Entonces tenía el propósito que los “paraguayos dejasen de ser paraguayos” por su enrolamiento en el realismo absolutista liderado por la Carlota Joaquina, esposa del Rey de Portugal Don Juan VIº.
En el Vol.80 Nº 23 - S.H., habla en una correspondencia de 1830, “se remite tricolor”, sin señalar los colores, pero en medio de su desengaño por sus fracasos, es de suponer que volvió a interesarse por el Paraguay que oprimía.
Pero en una correspondencia del 31 de agosto de 1825, al Comandante de Pilar, Don Tomás Gill, le expresa: “y que cuando la bandera de la república sea libre de navegar hasta el mar, se admitirá el que vengan a comerciar..”
¿A cuál bandera se refería: a la tricolor o a la toda azul? En su correspondencia nada se aclara.
Pero desde 1832 , se preocupa por la bandera. En una de sus correspondencias del 6 de abril de ese año, expresa: “Álvarez, creo que fue el que introdujo las once varas y tres cuartos de raso carmesí, de la muestra adjunta, que siempre puede servir para banderas. Francia.
En mayo 4 de 1834. Vol 69 – Nº 7-11 F 163, escribiendo al Delegado de Itapúa: “Si puede proporcionarse un buen palo sano, y si es posible aunque sea más largo que los principales del mangrullo, para asta de bandera en el Campamento sería también conveniente aunque tal vez pudiera la bandera acomodarse en el mismo mangrullo, pero para cuando no pueda, es menester saber si se encuentra un madero proporcionado. El enarbolar esta insignia daría más ser al campamento y causaría más respeto a los ladrones.”
Adviértase la preocupación que viene tomando por la bandera.
En 15 de Mayo de 1834, en Vol ,69 – Nº 7-11 F 165, dice: “Puede buscarse el palo para asta de bandera, que sea sano y bastante grueso, avisándome, si se encuentra. Entonces diré si se ha de voltear. ”
Evidentemente ha tomado interés y empeño por el asunto de la bandera. El Dr. Antonio Ramos, en POLITICA DEL BRASIL EN EL PARAGUAY, en 1838, pág. 61, transcribe estos párrafos de una correspondencia del dictador Francia: “Para enarbolar la bandera enviaré un par de cartuchos de cañón, pues hay tiempo. Sólo encargo el cuidado que no haya desórdenes”.
Y curiosamente, también por esa época empieza a abrir escuelas, se ocupa del comercio y de otros problemas del Paraguay, a los que hasta entonces, no les daba ninguna importancia.
Para esa fecha se habían desvanecido sus esperanzas de entendimiento con Fernando VII y con Luis XVII, monarcas a quienes envió comisionados, como ante Don Juan VI de Portugal.
El inicial símbolo de nuestro escudo fue una estrella de seis puntas, pero no con las características de la estrella de David.
Unos afirmaron que el Dictador Francia impuso ese símbolo como descendiente sionista. Es posible por el apellido castellanizado. Lo ignoramos por lo portugués.
La estrella fue símbolo, sobre todo entre los árabes, pero con estrellas de ocho puntas. La estrella de seis puntas aparece en todos los papeles de la administración de la dictadura.
Carlos Antonio López, al establecer en 1842 los símbolos nacionales, tal vez por considerar a la estrella de seis puntas como símbolo judío, la cambió por una estrella cristiana de cinco puntas.
Todo cuanto afirmamos son simples conjeturas basadas en opiniones oídas. Las dejamos en consideración para una mejor investigación y estudio.
Figura en nuestro escudo, al pie de la estrella de cinco puntas, la frase de “Paz y Justicia”.
Probablemente Don Carlos Antonio López, y su entonces asesor secretario Manuel Pedro de Peña, tomaron la expresión de aquello que el Primer Adelantado, Don Alvar Nuñez, díjoles a los revoltosos, el 7 de marzo de 1545, antes de partir: "Dejo por mi Lugarteniente al Capitán Juan de Salazar de Espinosa, para que por mí, y en nombre de su Magestad, tenga esta tierra en PAZ Y JUSTICIA".
Este es un antecedente. Otro fue el que los Oficiales que nombraron al Capitán Domingo Martínez de Irala, dijéronle que lo hacían: "Al bien universal de todos los dichos conquistadores e a la PAZ Y CONCORDIA DE TODOS".
Cuando el Capitán Irala aceptó el cargo, contestó:
"… que, por servir a Dios Nuestro Señor y a su Magestad, y por la conservación, PAZ Y CONCORDIA DE LOS CONQUISTADORES".
Y además, era costumbre de los franciscanos en sus predicaciones invocar siempre, para todos: “PAZ Y BIEN”
Estos antecedentes parecen justificar sobradamente la invocación de “PAZ Y JUSTICIA” de nuestro escudo, pues el “bien, como la concordia”, tienen parecido o igual significado.
Y finalmente, Carlos II, en 1680, afirmaba en Recopilaciones Sancionadas, que:
"... el primero y el más principal cuidado de los Señores Reyes, nuestros gloriosos predecesores, y el nuestro (fue) dar leyes con que aquellos Reinos eran gobernados en Paz y Justicia...”.
Cuenta Schmidl que los Guaraníes hacían la guerra de extinción: si vencían, se comían o liquidaban a todos los vencidos. Si perdían, desaparecían o se suicidaban.
La frase “Vencer o Morir” ya la trajeron también de España los conquistadores. Los comuneros la habían usado en su guerra. También los Comuneros de Asunción, adoptaron esa divisa. Está en la Proclama de Antequera al Pueblo de Asunción, antes de partir contra las fuerzas de García Ríos y los Jesuitas: “Vamos a morir o vencer en defensa de la Patria y la religión...”
Cuenta el Dr. Efraím Cardozo, que en Asunción, los Comuneros, siguiendo el principio de la guerra de extinción, plantearon a sus mujeres suicidarse antes que tener que engendrar hijos de los vencedores.
Los Próceres restablecieron la divisa de “Vencer o Morir”, que ratificaron los sucesivos gobiernos, y particularmente Solano López que afirmó al Ministro Washburn, el principio de la guerra de extinción.
Vencer o Morir, fue lo impreso en la hoja de los soldados de todo el Ejército, antes de la Guerra del Chaco.
A esta divisa, con el mismo sentido se establecieron otras, como eso de Independencia o Muerte, o Libertad o Muerte bajo las dictaduras de Francia y de los López.
No había alternativa, o la gloria o la desaparición.
Tal era el mandato tradicional que perturbaba el espíritu paraguayo para lanzarlo al sacrificio.
Pero en la Guerra del Chaco, el Gral. victorioso, José Félix Estigarribia, conceptualizó de otro modo este sentido trágico de la vida, cuando la batalla de Yrendague. Cuando su Jefe de División le comunicó su resolución de morir, por imposibilidades de vencer, en su encierro, el Gral. Estigarribia le ordenó salir con la consigna que la cuestión no era morir, sino Vencer y Vivir, o salir y vivir.
Así terminó el sentido trágico de la vida en la historia de los paraguayos.
El Congreso de 17-20 de junio de 1811 resolvió declarar y festejar los días 14 y 15 de mayo y el 20 de junio como el de Tabla y Gala. Esos días fueron festejados por la Junta de Gobierno el año siguiente. Pero dejaron de festejarse, muy sugestivamente, durante toda la dictadura del Dr. Francia.
En cuanto hace a la bandera, cabe anotar, que de acuerdo a las informaciones expuestas, que desde la primera vez que fue izada en la tarde del 16 de mayo de 1811, y declarada símbolo nacional el 12 de agosto de 1811, bajo la Primera Junta de Gobierno y en los comienzos de la dictadura del doctor Francia fue más o menos, seguramente, distribuida en todo el territorio de la República, como símbolo Nacional.
Pero, aproximadamente, desde el año 1816, examinada íntegramente la administración del dictador Francia, hasta aproximadamente 1829/30, no se menciona para nada sobre el uso y la distribución de la Tricolor Bandera. Tampoco se festejaron los días de Tabla y Gala de las fechas memorables, a pesar de la resolución Congresal.
Aunque contemporáneos como Rengger y Longchamps y otros han mencionado el modo y forma de festejar los días de su ascenso a la dictadura, señalan que alguna vez, se le haya notado en el pecho el uso de la escarapela con los tres colores, como se impuso usar de acuerdo a los Cónsules en 1813. Estas omisiones no fueron mencionadas por la mayoría de sus biógrafos ni por otros historiadores, ni tampoco tienen explicación alguna. Y siendo resoluciones gubernamentales debieron cumplirse.
¿Qué razones pudieren o pueden justificar tales omisiones en un dictador, que se afirma tan patriota, ferviente de la “absoluta independencia de España”?
Escritas por admiradores o no del dictador Francia, no se han dado en absoluto.
Hemos afirmado con suficientes fundamentos que el dictador Francia, como antiguo funcionario del coloniaje, identificado al sistema del realismo absoluto, ante la crisis de Soberanía de la Corona, juntamente con su íntimo amigo el Gobernador Don Bernardo de Velazco, imaginaron que la solución de la conservación del sistema estuvo y estaba en la hermana de Fernando VII, la infanta de Portugal, la española Carlota Joaquina.
Constituidos en líderes de la causa por la Carlota Joaquina indicada, después de la destitución de Velazco el 9 de junio de 1811, con motivo de la carta del Capitán Genovés interceptada por el Capitán Blas José de Rojas y Aranda, en Corrientes, asumió el Dr. Francia el liderazgo del Movimiento realista absolutista carlotista, ejerciendo una acción política de perturbación, por todos los medios, como lo delató el inglés Robertson, y como el caso que se refiere con motivo de la creación del Ejército Nacional y su propuesta de crear “un Batallón Reglado de Españoles”, así como la alteración de los colores de la Bandera Nacional, privilegiando la bandera de color rojo con las armas reales, para uso del citado Batallón, cuando ya había sido declarada la libertad e independencia del Paraguay. Rechazada la moción del Reglado Batallón Español y la alteración de los colores de la bandera y el intento de imposición de una con los colores y armas reales, Francia optó por abandonar airadamente su puesto en la Junta, acusando a sus miembros militares de intervenir en los asuntos de Gobierno, y a lo que se dio un carácter de una supuesta lucha civilista inexistente.
Es constante, desde entonces la información pasada al Gobierno de Buenos Aires, sobre conspiraciones que ligan al riesgo y amenaza portugueses de la frontera en estrecha correspondencia y relación confederal, que entonces la Junta mantiene con Corrientes, enseña el cambio de informaciones sobre los trámites conspirativos del realismo español y portugués, en connivencia con el Gral. Goyeneche. Y en todos esos ajetreos de contrarrevolución, es indudable la intervención del Dr. Francia, pues está expuesta en esta nota del Dr. Mariano Molas: “todos los españoles se deshacían en alabarle y reconocerle por su libertador”.
A lo que agregaba Robertson: “Aunque Francia vivía a la sazón del Gobierno, sabíase que no se ocupaba sino de conspirar contra él”.
Y, por eso con toda razón, la Junta de Gobierno, le pasó el 10 de diciembre de 1811, una nota en la que relata que “nada menos trata de separar sus intereses de los de la Patria...” e “intenta introducir novedades y divisiones que no pueden menos que comprometer la salud y tranquilidad pública, jactándose de autor de aquellos, dignos de un tal vez con toda propiedad y justicia debe enumerárselos entre los Reos de Lesa Sociedad”. (Vencer o Morir).
Son claras las denuncias de sus actividades contrarrevolucionarias, liderando al partido realista absolutista, procarlotista portugués.
Además, como Trinuviro, conjuntamente con el Gral. Velazco, el Dr. Francia firma dos notas de pedidos de ayuda a las fuerzas portuguesas de la frontera.
Cuando se retiró de la Junta el 1º de agosto de 1811, cuando se rechazó su proposición, hecho en el documento que se copió. Curiosa, pero coincidentemente, la subversión contrarrevolucionaria se manifiesta en septiembre 16 y 29, fecha que también coincide con el pedido hecho a Montevideo, para que la escuadra española llegase a Asunción en esa fecha, y que fue detenida en Corrientes, según los partes de José Blas de Rojas y Aranda.
Cuando se lee un documento, se debe hacerlo relacionándolo con los hechos concurrentes e interpretándolo con la mentalidad de quien o quienes lo produjeron. La tarea no suele ser fácil, si no se expone el examen globalmente en la comprensión de la historia. En la primera edición nos referimos al documento que ahora lo damos a conocer íntegramente, y lo consideramos propio del Dr. Francia, lo mismo que hablamos de la concertación de los hechos que se vinieron produciendo y de la condenación que le hicieron en nota del 16 de diciembre de 1811. Todo, indudablemente, conforma parte de un proceso histórico que se explica de ese modo.
Es de desear, o considerando estas pruebas u otras que se tengan no publicadas o se descubran, se aclare mejor la explicación que hicimos.
Mientras tanto, con lo que se conoce, consideramos justificada nuestra explicación e interpretación de los hechos detallados.
ESCUDO CIUDAD DE ASUNCIÓN
El escudo de la ciudad de Asunción, según Joaquín José de Araujo, en Guía de Forasteros del Virreinato de Buenos Aires, dice:
“Tiene por armas un escudo en campo azul; en el primer cuartel está colocada Nuestra Señora de la Asunción; en el segundo el Patrón San Blás; y en el tercero un Castillo; y en el cuarto una palma, un árbol frondoso y un León que le concedió el Sr. Dn. Carlos V”.
En un trabajo reciente del Dr. Manuel Peña Villamil, en una página referida al Paraguay, se muestra una moneda (?) así:
Nº 12 : ANVERSO
Leyenda: Carolus. IV Hispan et Ind Rex.
En el campo: dentro del círculo de puntos, busto del Rey a la derecha, con láurea, coleta, casaca y banda.
Leyenda: Paraquarie.1790
En el campo: un león guedeja a la izquierda, mirando de frente, entre dos árboles, siendo el de la derecha una palmera en la cual envuelve la cola, como en actitud de acecho al salir de una selva, dentro del círculo de puntos.
Curioso el caso de otorgar al Paraguay como símbolo al león, cuando no existe en América ni en el Paraguay.
Contrariando la heráldica, se puso en el escudo al león, sentado, atravesado con una pica que sostiene un gorro frigio, signo de la república.
El 9 de junio de 1811 fue depuesto el Gral. Don Bernardo de Velazco del cargo de Triunviro, al interceptarse la carta del Capitán Carlos Genovés, en Corrientes, por el Capitán Blás José de Rojas y Aranda, en la que lo descubrió comprometido con los españoles de Montevideo y los Portugueses.
Se encargó al Dr. Francia y al Capitán Valeriano de Zevallos el convocar a Congreso General para establecer la forma de Gobierno, según exposición que hicieron los Jefes y Oficiales del “Cuartel de la Unión”, en el Bando del 9 de junio de 1811.
El Dr. Francia había nacido en Asunción, el 6 de enero de 1757/8, según la mayoría de los contemporáneos y autores. Su padre fue el Capitán de Artillería, cargo que alcanzó posteriormente, don García Rodríguez França (Francia) y doña María França Vellho, hija de Dn Antonio França (Francia), caído prisionero en 1750, lo mismo que Gracia Rodríguez França (Francia), en el mismo lugar de Igatimí. (Ver “EL APELLIDO FRANCIA EN EL PARAGUAY”. Benjamín Vargas Peña).
Por las leyes vigentes, le correspondía la nacionalidad portuguesa, fundada en el principio del “jus sanguinis”. Entonces no estaba vigente el “jus solis”.
Por su parte, el Capitán Valeriano de Zevallos era español. Los dos que ordenaron, que en el recinto donde se reuniría el Congreso - que fue en fecha 17 al 20 de junio de 1811 - se enarbolase la siguiente bandera: "... una tricolor, azul, encarnado y amarillo con el escudo de las armas del Rey”.
¿Por qué esta bandera española, y de colores diferentes a los presentados por doña Juana de Lara al Capitán Pedro Juan Caballero?
El Dr. Mariano Antonio Molas confirma esta información en su libro “Descripción de la Provincia del Paraguay”. Por su parte, la Gaceta de Montevideo, bajo dominio realista absolutista, del día 12 de septiembre de 1811, que informó de ese acontecimiento en Asunción, decía que se usó esa bandera para diferenciarse de Montevideo y Buenos Aires.
Esta bandera era española antigua, de uso exclusivamente militar, pues la Real española era toda blanca.
Manuel Doldán, declaró en Montevideo que el 17 de junio se enarboló esa bandera tricolor, "... con castillo, león y un rango sobre la corona”. Y afirmó también que en "... Ñeembucú tienen también enarbolada la bandera tricolor a que hizo referencia en su antecedente declaración”.
Por su parte, José Beltrán señaló en su declaración: "... Que es cierto, tienen bandera azul, encarnada y amarilla, con tres listas a lo largo y el escudo de armas. Que la bandera no la han arbolado en Ñeembucú, aunque Rojas dijo lo iban a verificar...”.
Otro de los declarantes, Luciano Sánchez, dijo: "... que la bandera que arbolan es la misma de siempre...”. Coincidiendo con José Martínez, que declaró: “Que es falso que hayan mudado de bandera: pues no ha visto más que la blanca española...”. Mariano Ruíz expresó en su declaración: “Que es cierto que ese día (17 de junio de 1811) - arbolan una bandera con tres listas, azul, amarilla y blanca, con las armas del Rey...”. Lo que parece coincidir con la tricolor denunciada en las otras declaraciones.
Es evidente que en esos días se enarbolaron diferentes banderas, puesto que Vicente Sánchez, dice: “Que ese día arbolaron una bandera la mitad superior blanca, y en otras partes las armas del Rey, y la parte inferior de un color que no sabe explicar (aunque según comprende, es medio verde). Que indistintamente usan de esta bandera o la blanca nacional...”.
Finalmente, Nicolás Vázques declaró: “Que es cierto que han mudado de pabellón, pues él ha visto la que nuevamente usan, que es listada, azul, blanca y encarnada, con escudo de armas”. De todas las declaraciones mencionadas pueden deducirse que las contradicciones, pueden explicarse por:
1- mala memoria para registrar bien los colores de las diversas banderas delatadas.
2- que las unidades militares, ya de patriotas o realistas, mostrasen las por ellos usadas, como medio de representar sus opiniones.
Particularmente, llama la atención que bajo la preeminente influencia del Dr. Francia frente al Capitán Zevallos que como español haya coincidido, en que se enarbolara en el Congreso del 17 de junio de 1811 la bandera española con las Armas del Rey.
En ese mismo Congreso, fue el Dr. Francia quien se negó a desdecirse del juramento de lealtad a Fernando VII, hecho en el Congreso del 24 de julio de 1810, tal como lo propusiera el padre Casajús, y además propició ratificar el juramento de fidelidad al Rey Fernando, “bajo cuyos aspicios vivían”.
Confirma el Coronel José A. Zavala y Delgadilio de esa primera bandera española tricolor de azul, amarillo y rojo, en la crónica que hizo de aquellos acontecimientos. (DIARIO. Revista Nacional T. III, Nº 16. Buenos Aires) (19).
Aunque hacemos referencia a idéntico documento que se cita en páginas anteriores, con una interpretación general de las declaraciones precedentes, entendemos que el dictador Francia, habilísimo político, pudo haberlo llevado bien preparado y confeccionado como para confundir y comprometer a los próceres militares y De la Mora.
El caso es el siguiente, y adviértalo con atención el lector, ya que debemos considerar la interpretación de dos documentos: uno de fecha 31 de julio de 1811, que debió tratarse ese día y el otro del 1º de agosto de 1811 y que diciendo en apariencia lo mismo, lo contradice y oponen en puntos fundamentales que señalamos.
La Junta era un colegiado, en el que las proposiciones a tratar las recibe de sus miembros, el secretario, que en este caso era el Dr. De la Mora.
En ambos documentos se coincide en la propuesta de crear un “Batallón Reglado de Españoles”, que es de suponer que jamás pudo ser insinuada por los Próceres Militares, autores del Movimiento del 14 y 15 de Mayo de 1811, por lo que la sugerencia, debió ser idea del Dr. José Gaspar Francia, realista absolutista y además carlotista, como deseó establecer un fuerte punto de apoyo al movimiento contrarrevolucionario que lideraba.
En el primero del 31 de junio de 1811 no se habla nada de banderas, sino trata simplemente de la organización del Ejército Nacional que trataban de crear. Además, desde el 14 y 15 de Mayo, ya habían adoptado los colores de nuestra Bandera Nacional, que fue enarbolada el día 16 de mayo de 1811, aunque con los colores en posición diferente, ya que en la parte superior estaba el azul, el blanco en el centro y el rojo abajo, enarbolamiento que se hizo con: "... una salva de artillería anunció al mundo el nacimiento de una nueva Nación”
En el segundo, también se habla de una organización del Ejército y además, muy puntillosamente se habla de uniformes y divisas de este “Batallón Reglado de Españoles”, escrito con el estilo conciso de un habilidoso funcionario, y en el que se confunden colores y ubicación de los mismos, en ese arte de provocar confusión que favoreciese sus proyectos.
El color encarnado propuesto para la primera bandera era el propio de España, de las Cruzadas, y con las armas reales en campo blanco; la segunda, era con los colores de la tricolor de Juana de Lara, pero empezando con el blanco, color de España y de la Casa Real, debajo el encarnado color de España y de las Cruzadas y finalmente el azul.
Curiosamente, en la faja blanca se colocan la Cruz de Borgoña y el escudo de esta ciudad.
Es un documento bien preparado y hecho, que lleva una gran confusión y como si ya al día siguiente entrase en la legislación revolucionaria, pues lleva fecha del 1º de agosto y ya trasladado al Señor Ministro Tesorero de la Real Hacienda, Dn. José de Elizalde, español de pura cepa.
Conociendo este carácter tenaz del Dr. Francia, de su habilidad de confundir y disimular, como mentir, no tenemos duda que esta resolución tan bien concebida y preparada fue obra suya, y que advertida, no corrió porque se le opusieron militares y civiles, por lo que hizo escándalo en retirarse indignado de la Junta ese día 1º de agosto de 1811, y que los embelesados de sus admiradores, le dieron la pintoresca interpretación, por sus dichos posteriores de una lucha civilista contra el militarismo.
Si a su vez, relacionamos este intento, con los levantamientos subversivos del 16 y 29 de septiembre de 1811, se encuentra una coincidente continuidad en la preparación de la contrarrevolución que persiguió y desgraciadamente consiguió, con las intrigas sembradas con cínicas mentiras entre sus consocios de Gobierno y entre los realistas.
En esos candentes momentos iniciales de la Revolución, no tuvo éxito en sus cálculos de engañosas proposiciones. Lo cierto es que se organizó el Ejército Nacional, sin el “Batallón Reglado de Españoles”, que solamente pudo proponer el Dr. Francia y tampoco tuvo el éxito el confundir los colores de la tricolor revolucionaria, para suplantarla por los del realismo absolutista español.
Los Próceres no cayeron en la trampa, hábilmente concebida por el Dr. Francia, por lo que provocó el incidente político, que fue un medio idóneo de oposición.
1) Pérez, Juan Francisco:
“Fechas y Emblemas Nacionales"
“Repercusión en el Paraguay de la Invasión Inglesa”
“Los constituyentes Paraguayos de 1806/7”
2) Sosa Escalada:
“La Bandera del Paraguay"
3) Boglich, José:
“El Dictador del Paraguay, Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia”
4) Vargas Peña, Benjamín:
“Paraguay Argentina - Correspondencia Diplomática 1810-1840”
“La Política Secreta del Dictador Francia”
5) Domínguez, Manuel:
“Historia de la Instrucción Pública en el Paraguay" del “Album Gráfico” de Arsenio López Decoud
6) Bareiro, Doroteo:
“Colección Documental” (original en nuestro poder)
7) Revista Nacional, Tomo III - Buenos Aires 1887
8) Centurión, Carlos R:
“Precursores y Autores de la Independencia”
9) Yaben, Jacinto R:
“El Origen de los Colores y la Creación de la Bandera Nacional” (Argentina)
10) Cervera: "Todo es Historia" Nº 17
11) Peña, Manuel Pedro de la:
“Cartas y Anotaciones”
12) Ruiz, Gabriel J.:
“La Bandera y el Escudo del Paraguay” - La Tribuna del 14 de Agosto 1945
13) Blanco, José Félix:
“Documentos para la Historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Solivia” (1876)
14) Molas, Mariano Antonio:
“Descripción Histórica de la República del Paraguay”
15) Ramos, Antonio:
“Política del Brasil en el Paraguay”
16) Cardozo, Efrain:
“Historia de la Cultura”
17) “Actas de la Independencia” - Publicación de la Academia Paraguaya de la Historia
18) Gill Aguinaga:
"Anuario de la Academia Paraguaya de la Historia"
(1) Boglich, .J - El Dictador del Paraguay, Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia (1923).
(2) Detalles y documentos al respecto en mis obras "Vencer o Morir y “Paraguay-Argentina. Correspondencia Diplomática (1810-1840)" Véase también la “Historia de la instrucción pública en el Paraguay", del Dr. Manuel Domínguez, en el Album Gráfico de Arsenio López Decoud. (p. 272).
(3) Tal ocurrió en los desfiles militares realizados en Asunción el 14 de mayo y 15 de agosto de 1945 y el 14 de mayo de 1946.
(4) La cruz que usaron los hispanos en las cruzadas era toda roja.
(5) “Diario”, en Revista Nacional, t. III, número 16, Buenos Aires (1887). Según Molas, esta tricolor (encarnado, azul y amarillo) se enarboló al iniciarse el Congreso del 17 de junio de 1811.
(6) "Precursores y actores de la Independencia del Paraguay”, Carlos R. Centurión.
(7) Archivo Nacional. Vol.2, Nº 77. A este respecto se hace un comentario en Capítulo Aparte, con referencia al insólito retiro del Dr. Francia como miembro de la Junta de Gobierno.
(8) Pérez Acosta, Juan F. "Repercusión en el Paraguay de la invasión inglesa’’ (1938); "Fechas y emblemas patrios del Paraguay" (1939), y "Los Contingentes paraguayos de 1806/7” (1942). Es el primero que dio a conocer estos detalles.
Corrobora la misma tesis "El origen de los colores y la creación de la Bandera nacional" del conocido historiógrafo argentino, capitán de fragata (R) Jacinto R. Yaben.
(9) Cervera, Revista "Todo es historia" Nº 17. Rep. Argentina.
(10) Peña, Manuel Pedro de la (“El Ciudadano Paraguayo”). Cartas y anotaciones.
(11) Ruiz, Gabriel J. "La bandera y el escudo del Paraguay" (“La Tribuna", agosto 14, 1945). Llama la atención que quien se precia de ser veráz, repita la mal intencionada adulteración documental de una de las cartas del ciudadano paraguayo Manuel Pedro de Peña. Sería conveniente que verificase la carta, para no suponérsele un adulterador más, entre los que se cuenta “un patriotero” conocido de todos.
(12) El dictador Francia se constituyó en dueño del ejército policial con que sumplantó al Ejército Nacional de los Próceres, haciendo jurar absoluta fidelidad a los Jefes y Oficiales a su persona, Los López hicieron lo mismo. Como en 1811, en 1870 el juramento se hizo a la Nación y sus instituciones libres. Pero el Tirano Morínigo, reimplantó aquella perversa costumbre del despotismo. Entonces, como el Capitán Manuel Iturbe, se negó a jurar esa fidelidad al tirano, el Mayor Godoy Cáceres.
(13) Oficio de Francia a Ramírez (Mayo 16, 1833), Archivo Nacional.
(14) Carta al Comandante de Concepción (Noviembre 2, 1815). Archivo Nacional.
(15) Carta al Delegado de Itapuá (Marzo 7, 1833). Archivo Nacional.
(16) Blanco, Félix José, “Documentos para la historia de la vida pública del Libertador de Colombia, Perú y Bolivia” (1876).
(17) Llama la atención en la correspondencia del Dictador Francia, la insistencia con que pide a sus delegados la obtención de paño azul.
(18) Archivo Nacional de Asunción-S.H.-Vol.212-Nº 4
(19) Ver trabajo de Gill Aguinaga
LOS DOCUMENTOS DEL 31 DE JULIO Y 1 DE AGOSTO DE 1811
Panorama de la ciudad de Paraguarí - Paraguay

References: resolución 
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Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3
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