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Timestamp: 2017-07-23 22:28:12+00:00

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Escucha Activa 3.2 | Blog de Ceferino García Valdecasas
Cada día nos bombardean con infinitos estímulos que atraen nuestra atención. Anuncios en radio, televisión, carteles, banner en páginas web, correos electrónicos, SMS. No importa donde estemos o con quien porque siempre encontramos a algo o alguien que nos invita a aceptar, a decir sí. La publicidad, el marketing, está evolucionado constantemente hacia la personalización del individuo más que del grupo. La tendencia a analizar nuestro comportamiento para crear un perfil comercial que sirva en el diseño de la publicidad personalizada es cada vez mayor. Internet es el caldo de cultivo. Estudian cada click del ratón, cada letra que pulsamos y el tiempo de respuesta para adivinar lo que queremos en cada momento y así ofrecer el producto que más se ajusta a nuestros deseos.
El problema llega cuando pulsamos el botón “aceptar”. Ya no hay vuelta atrás. Y nos preguntamos: «¿qué ha ocurrido?». Aquel producto o servicio que nos traería la felicidad no supera nuestras expectativas. Habíamos visto solo lo que querían que viéramos.
El exceso de información hace que no nos paremos a pensar, a reflexionar, porque ello supone perder tiempo en elegir algo que puede escapar. Ese miedo irracional a perder algo, a que otros se adelanten, nos mueve a tomar decisiones que luego lamentamos.
También nuestro entorno más próximo puede convertirse en una losa pesada. ¿Quién no ha escuchado el constante pitido de los mensajes instantáneos de amigos, compañeros o familiares? ¿Y las llamadas de teléfono a cualquier hora? El “sí” ha estado presente desde la infancia Culturalmente desde la infancia nos han enseñado a obedecer, a seguir unas pautas dictadas por profesores, jefes, padres, amigos, etc. Para ser aceptado en el grupo, para complacer a los demás, es necesario aceptar una serie de convenciones sociales, tendencias, costumbres, modas o ideas. El oponerse a algo supone rechazar y, por tanto, separarse, salir de las relaciones sociales. Son muchas las veces que oímos la típica frase: «si no quieres meterte en problemas di sí». Con el tiempo nos damos cuenta de que la continua aceptación mata, destruye la felicidad, la salud y la vida.
A lo largo de mi vida profesional como mediador he conocido muchas personas que tenían miedo al rechazo y la única forma de evitarlo era diciendo sí a todo, involucrándose en todo tipo de actividades. Incluso ante el temor de “qué dirán”, muchos son capaces de decir “sí” a expensas de las propias necesidades.
Un simple “no” puede cambiar nuestra vida. Decir «hasta aquí hemos llegado» supone un duro esfuerzo que puede tener como recompensa una vida más activa y feliz. A nivel personal, hay ocasiones en las que surgen pensamientos o actitudes que nos impiden decir “no” porque nos exigimos demasiado, por miedo a que tenga unos efectos negativos o por minimizar nuestros deseos y preferencias. También porque nos engañamos a nosotros mismos. Muchos sueños son y deben ser eso, sueños. Hay metas inalcanzables o que necesitan más tiempo para cumplirse. Soñamos con ser o con tener. Para conseguirlo renunciamos a cosas importantes, gastamos recursos escasos o nos hipotecamos de por vida. Tendemos a falsear la realidad imaginando nuestra felicidad junto a lo que deseamos. Sin embargo, la realidad es más cruda. Por no decir “no te voy a dar otra oportunidad” muchas mujeres han muerto a manos de sus maridos después de un largo período de maltrato; por no decir “estoy delgada”, muchas adolescentes caen en la anorexia; por no decir “basta” a los efectos del alcohol y las drogas, muchos mueren en accidentes de tráfico o sobredosis. Decir “no” constituye una autoafirmación, dejamos bien claro cuál es nuestra postura, ideas o sentimientos. Nos ayuda a evitar que nos manipulen, que se aprovechen de nosotros o de entrar en situaciones indeseadas. Realza nuestra autoestima, nos permite tomar nuestras propias decisiones y dirigir nuestras vidas. Proporciona equilibrio, confianza y seguridad. Evita que nos vuelvan a decir algo que no queremos hacer.
Todos tenemos derecho a decir “no” a lo largo de nuestra vida.
El “no” ha de ser servido en frío y con una sonrisa La negativa no debe ser utilizada sistemáticamente. Hay personas que se oponen a todo, incluso a sí mismos. Dicen “no” antes de preguntarles y siempre rechazan cualquier iniciativa o idea por muy buena o beneficiosa. El “no” ha de ser utilizado con inteligencia, eficacia y positivamente. Se puede decir con un simple “no”; empleando metáforas que rompan la tensión o eviten conflictos posteriores; sugiriendo alguna idea o alternativas en lugar de la que nos proponen; utilizando una afirmación, una negación y una afirmación (ejem.: Eres una persona extraordinaria, pero nuestra relación ya no tiene sentido. Podemos seguir siendo amigos). También se puede expresar a través del lenguaje no verbal, utilizando el silencio, mirando fijamente, no haciendo algo.
En cualquier caso, hay que escuchar bien lo que nos dicen, ser amables al decir “no”, emplear la empatía, explicar porqué nos negamos para que la otra persona nos comprenda. Uno de los primeros pasos hacia la madurez de la personalidad es saber decir “no”.
Las prisas nunca son buenas compañeras
Tomar una decisión tiene su mayor o menor complejidad y todo depende siempre de los opuestos: hacer o no hacer, decir o no decir, sí o no. Según uno u otro, se conforman nuestras decisiones futuras, nuestra vida. Decir “sí” cuando no queremos realmente algo, aceptar a la primera ocasión, no recapacitar previamente, prejuzgar u oponer el deseo con la realidad condiciona negativamente nuestras decisiones.
En las relaciones personales siempre tenemos en cuenta la primera impresión. Si una persona gusta o da buena sensación, solemos empatizar con más rapidez, confiar más en ella sin llegar a conocerla verdaderamente. Muchos matrimonios se han roto tras un breve noviazgo, cuando la convivencia es más íntima y permite conocer mejor a la otra persona. Decir “no” requiere tiempo, comprensión, tranquilidad y firmeza. En ciertas circunstancias, el primer rechazo no significa que todo ha terminado, sino que no es el momento. La batalla no está perdida, hay posibilidad de un futuro sí. Muchos piensan que un “no” puede cerrarles las puertas pero, haciendo comprender la razón del rechazo, puede fortalecer la confianza y las relaciones con los demás. La negativa significa luchar por uno mismo, proteger la vida y las cosas o personas que uno ama. No se trata de ser egoísta sino tener cierta autonomía, independencia y respeto.
– SERRANO, SEBASTIÀ (2008). Los secretos de la felicidad. El maravilloso poder de la conversación. Alienta Editorial. Barcelona.
– TIERNO, BERNABÉ (2007). Optimismo vital. Manual completo de psicología positiva. Ediciones Temas de Hoy. Madrid.
– TIERNO, BERNABÉ (2008). Los pilares de la felicidad. 30.000 días para una vida en plenitud. Ediciones Temas de Hoy. Madrid.
– WAREHAM, BETH (2009). Aprende a decir que no y serás más feliz. Ediciones B, SA. Barcelona.
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Hace pocos días asistimos al triste suceso del accidente de tren Alvia en Santiago de Compostela que iba de Madrid a Ferrol. Es un hecho que ha conmocionado a todo el mundo y vuelto a plantear por qué ocurren estas cosas. Ante esta noticia, muchos amigos me han escrito con una misma inquietud: ¿Cómo decir a alguien que ha fallecido un familiar o amigo? No estamos preparados para ello y, por este motivo, escribo el presente triste artículo.
Solo vemos el vacío cuando está cerca Todos los días vemos noticias de accidentes de tráfico, catástrofes naturales, peleas y conflictos armados donde mueren hombres, mujeres y niños. Actuamos como espectadores, ajenos a ese terrible hecho de fallecer, de perder la vida, inmunes a todo dolor y angustia. Los medios de comunicación nos acostumbran a ver este tipo de casos desde lejos, con la seguridad de que no nos va a ocurrir. La muerte es un tema tabú en la mayoría de las civilizaciones y se intenta hablar de ella a través de la alegoría y las imágenes que minimizan su significado real.
Sin embargo, el problema surge cuando vemos la muerte de cerca y tenemos que comunicar el fallecimiento de una persona. Excepto los profesionales como el personal sanitario o psicólogos, nunca nos enseñan cómo afrontar esta situación tan traumática que va a marcar profundamente en las personas. Es entonces cuando las personas necesitan valor y fuerza para enfrentarse a todo lo que genera la noticia.
El rechazo y la incredulidad
Hay que tener en cuenta que la idea de la muerte es siempre rechazada. No queremos morir, ni que se vayan los seres queridos. Siempre se ha dicho que los hijos ven morir a sus mayores, pero hay ocasiones en las que la noticia se torna más complicada cuando se trata de niños o personas jóvenes. Es entonces cuando surge un choque de emociones. Este tipo de noticias son más difíciles de dar y asimilar.
Cuando damos una noticia de este tipo, se produce un shock y surge la incredulidad. No somos capaces de creer lo ocurrido, nos negamos a aceptarlo. Al cabo de unas horas, cuando lo vamos aceptando, aparece el resentimiento, la rabia al pensar que podíamos haber hecho algo. Nuestra vida se convierte en un caos y es hora de reorganizarse, de comprender la situación. En los siguientes días se sume en estados de dolor y tristeza por el vacío que deja la persona fallecida. Al principio el sufrimiento es intenso hasta que poco a poco se va asumiendo la pérdida.
El lugar y el informante
El inicio es importante puesto que una mala información puede perjudicar en extremo la forma de afrontar la situación. Por ello, es importante tener en cuenta donde se va a dar la noticia.
Tanto si es en un lugar público como privado, debe ser en una habitación lo más tranquila posible, confortable, con una correcta iluminación que no interfiera en la comunicación y lo suficientemente aislada para que el ruido exterior no perturbe. Cuando son varias las personas que han estado presentes en el momento del fallecimiento, como los equipos médicos, es importante determinar quién va a dar la noticia. Normalmente suele ser el médico que atendió al paciente o el psicólogo.
La noticia ha de ser facilitada lo antes posible tras el fallecimiento para evitar cierta confusión en los familiares. Se puede hacer por teléfono o en persona. No se recomienda por SMS porque da cierta sensación de frialdad, de “poco tacto”. Si la persona está conduciendo es mejor esperar a que llegue a su destino y estar seguros de que no va a volver a coger el coche. La forma
La improvisación es muy negativa, por lo que es importante preparar la información, lo que se va a decir, para luego comunicarlo despacio, sin rodeos y sin tecnicismos médicos o psicológicos. Durante la conversación hay que evitar que la otra persona (familiares o amigos) niegue lo sucedido y distorsione la realidad con fantasías. Aunque las palabras de apoyo siempre son positivas, también es importante que las personas se desahoguen. Cuanto más hablen, expresen sus sentimientos, sus emociones, mejor. Es recomendable no preguntar mucho ni interrumpir. Hay que dejar que fluyan hacia fuera todo ese torbellino de emociones, conscientes e inconsciente, y así evitar que repriman sus sentimientos.
En estos casos, lo negativo es un factor perjudicial para los que van a recibir la noticia porque aumenta la presión emocional. Términos como angustia, dolor, agonía o sufrimiento han de evitarse en la conversación y utilizar un lenguaje más delicado.
Es recomendable que los familiares o personas a las que se les va a dar la noticia se sientan comprendidas y vean que hay alguien que está con ellos. Ofrecer agua o tila, preguntar si hay que llamar a alguien más o interesarse por cualquier necesidad son detalles sin importancia que ayuda a crear un clima más tranquilo y rompe ese momento tan tenso. Nunca hay una misma forma de afrontar la situación, de comunicar un fallecimiento. Aunque existen Protocolos de actuación en los servicios de emergencias, solamente orientan. Todo depende de la persona que se encargue de comunicarlo, de sus habilidades comunicativas, de la preparación psicológica y el estado emocional. Categorías:Aprendizaje, Autoayuda, Fallecimiento, Familia
Ante el gran número de peticiones, he decidido preparar un Convenio Regulador lo más completo posible y así guiar a todos aquellos que se inician en el ámbito jurídico, bien para abogados o para mediadores familiares.
En este caso, he incluido una separación o divorcio con hijos menores. De entre las clausulas, destacan las de la Patria potestad y Guarda y custodia donde refuerzo la protección del menor detallando las obligaciones de los progenitores. También hago referencia al régimen de visitas con los abuelos.
Entre corchetes se especifica lo que ha de contener y algunas recomendaciones.
Este formulario está abierto a cualquier cambio o modificación ya que cada separación o divorcio es único y debemos confeccionarlo a la medida de cada uno.
Confío en que os sirva de gran ayuda.
D. [nombre y apellidos], mayor de edad, vecino de [localidad], con domicilio en [dirección completa] y con DNI núm. [número y letra].
Dª [nombre y apellidos], mayor de edad, vecina de [localidad], con domicilio en [dirección completa] y con DNI núm. [número y letra].
AMBOS INTERVIENEN
En su propio nombre y derecho, reconociendo recíprocamente capacidad legal necesaria para otorgar el presente CONVENIO REGULADOR en cumplimiento del artículo 81.1 del Código civil, conforme a lo dispuesto en el artículo 90 y 103 del mismo, por lo que de común y libre acuerdo: DECLARAN
PRIMERO.- El día [día] de [mes] y [año] contrajeron matrimonio [civil, canónico u cualquier otro reconocido por el Estado español], inscrito en el Registro Civil de [localidad], constando en el tomo [número del tomo], folio [número del folio]. SEGUNDO.- De dicha unión han nacido y viven [número de hijos] hijos:
– [nombre completo del primer hijo], nacido el día [día] de [mes] de [año], inscrito en el Registro Civil de [localidad], en el tomo [número], folio [número]; [igual que el anterior para los siguientes hijos].
TERCERO.- El matrimonio se contrajo bajo el régimen económico [separación de bienes, gananciales, el que se acoja al de las distintas leyes forales o el régimen económico establecido en capitulaciones matrimoniales. En el caso de que el régimen económico sea de gananciales se incluye: “que actualmente se halla integrado por los siguientes bienes y derechos:“, y se describen los bienes inmuebles, las cuentas bancarias, los vehículos, etc.].
CUARTO.- El último domicilio [conyugal, familiar o convivencial, según se prefiera] estuvo situado en calle [dirección], de [localidad]. QUINTO.- Que siendo imposible continuar la convivencia conyugal, ambos decidieron suspender la misma con fecha [fecha de la suspensión de la convivencia conyugal. En este caso, se justifica mediante acta notarial o, si el convenio regulador se presenta para el proceso de divorcio, se indicará la resolución judicial que determinó la separación]. SEXTO.- Que habida cuenta de lo expuesto anteriormente, acuerdan la [separación o divorcio] de común acuerdo, dando ambos su consentimiento en el presente acto y siguiendo el procedimiento del artículo 770 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, bajo la defensa común del letrado Don [nombre del abogado] y bajo la representación del procurador Don [nombre del Procurador].
SÉPTIMO.- Siguiendo los requisitos exigidos en el artículo 90 del Código Civil y los del apartado 2.º del artículo 777 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, se acompañará la presente propuesta, a la demanda de [separación o divorcio solicitados de mutuo acuerdo], para que en el futuro se regulen las relaciones económico-familiares, ambos cónyuges suscriben y firman el presente convenio en base a las siguientes: ESTIPULACIONES
Cada uno de los firmantes se compromete a no interferir en la vida pública y privada del otro ni en sus actividades; aceptan que cada uno puede establecer o cambiar de domicilio, siempre que se comunique fehacientemente y con suficiente antelación. Se asigna el uso y disfrute del domicilio familiar a [nombre y apellidos de los hijos/as menores] y a [progenitor/a con guarda y custodia]. Además, adquieren el ajuar doméstico según lo establecido en un inventario previo, dejando a salvo los efectos personales que el [progenitor/a sin guarda y custodia] retire.
La patria potestad se ejercerá conjuntamente por ambos progenitores, velando siempre por el interés superior de los menores y actuando en beneficio de los hijos conforme a su personalidad.
Para este fin, ambos se comprometen a asumir sus obligaciones paterno-filiales, estableciendo como prioritarios los derechos e intereses de los menores, participando conjuntamente en las decisiones que afectan a la residencia del menor; al ámbito escolar, cambio de centro escolar o cambio de modelo educativo; al ámbito sanitario, para cualquier tipo de intervención quirúrgica o de tratamiento médico no banal, tanto si entraña un gasto como si está cubierto por algún seguro, salvo supuestos de extrema urgencia; y los relacionados con celebraciones religiosas. Para que la patria potestad pueda ejercerse con eficacia, ambos progenitores crearán cauces de comunicación, según las circunstancias, sobre las decisiones que se tomen. Para aquellas decisiones que requieran una constatación, la comunicación se realizará por vía burofax u otro medio telemático aceptado jurídicamente y cuyo progenitor destinatario deberá contestar en un plazo de cinco días. En el supuesto de no haber contestación, se entiende que está conforme con la decisión.
Así mismo, tienen derecho a ser informados por terceras personas sobre todos aquellos aspectos que afecten a sus hijos, facilitándoles toda la información académica y los boletines de evaluación; ofreciéndoles información a través de las reuniones habituales con los tutores o servicios de orientación escolar, tanto si acuden ambos, como si lo hacen por separado. Igualmente, tienen derecho a obtener información médica de sus hijos y que se le facilite los informes pertinentes sobre la salud de los mismos. Ambos progenitores se comprometen a: a) no crear una campaña de descalificación de la conducta del otro progenitor en el ejercicio de la paternidad; b) no obstaculizar el ejercicio de la patria potestad; c) no impedir el contacto del otro progenitor con los hijos; d) no obstaculizar el derecho de la vida familiar regulado en la legislación vigente; e) no omitir deliberadamente información relevante sobre los hijos, incluyendo educación, medicina y cambio de domicilio; f) no presentar denuncia falsa contra el otro progenitor, sus familiares o abuelos, para dificultar las relaciones parentales con los hijos menores; y g) no cambiar a otra dirección de residencia lejana, sin justificación, con el fin de dificultar la convivencia de los hijos con el otro progenitor, su familia o abuelos. En caso de darse situaciones de extrema necesidad, y siempre que se ponga en conocimiento del otro progenitor, cualquiera de los progenitores podrá realizar actos en beneficio de los hijos. Cuando no exista acuerdo sobre decisiones que afectan a los hijos, será la autoridad judicial la que decida atendiendo al interés superior del menor y previa audiencia de este para ser oído, conforme al artículo 9 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor . II
GUARDA Y CUSTODIA DE LOS HIJOS Y Por acuerdo de ambos cónyuges, se concede la guardia y custodia de [nombre y apellidos de los hijos/as menores] a [progenitor custodio], con la/el que convivirán [en el caso de guarda y custodia a uno de los progenitores, se indicará “hasta la mayoría de edad o se encuentren en situación de independizarse”; si la guarda y custodia es compartida, se determina las fechas en las que a cada progenitor le corresponde. No hay que confundirlo con el régimen de visitas, comunicación y estancias] en el domicilio [dirección del domicilio donde vivirán los hijos y el progenitor custodio]. En el supuesto de que [el progenitor custodio] padezca una enfermedad física o psíquica grave o cualquier otra circunstancia que impida el normal desarrollo de la guarda y custodia, los hijos menores pasarán bajo la guarda y custodia de [progenitor no custodio]. III
RÉGIMEN DE VISITAS Y COMUNICACIÓN DEL PROGENITOR NO CUSTODIO
Ambos progenitores tienen plena libertad para establecer el régimen de visitas y comunicación según las circunstancias personales y profesionales de cada uno, siempre respetando el interés superior del menor y bajo criterios de flexibilidad y buena fe. En caso de discrepancia se realizará atendiendo al siguiente régimen:
A) Los hijos menores serán recogidos por [el progenitor no custodio], en el domicilio de [el progenitor custodio]. Una vez terminado el período de visitas, serán devueltos al mismo domicilio. No obstante, si las circunstancias o la situación familiar lo requiere, los menores pueden ser recogidos y devueltos en el Punto de Encuentro Familiar que deseen.
En caso de que [el progenitor no custodio] no pudiera recoger a los hijos menores el día y hora establecido, deberá avisar a [progenitor custodio] con veinticuatro horas de antelación, salvo acusa de fuerza mayor. Si no se avisara, los hijos menores podrán realizar las actividades que estimen oportunas.
B) [Detallar lo mejor posible si el progenitor no custodio verá diariamente a los hijos, durante qué horas, si come con ellos, los recoge del colegio, los lleva a clases extraescolares, etc.] C) [Determinar qué fines de semana se realiza el régimen de visitas, concretando fechas (fines de semana alternos…), horas de recogida y entrega. Como fecha inicial de cómputo se puede poner desde el día de la firma del convenio regulador].
D) [Establecer los distintos períodos de vacaciones: Navidad, Semana Santa y vacaciones de verano].
E) Los días de los santos y cumpleaños de los hijos menores [puede realizarse alternativamente].
F) El día [del padre o la madre], así como el cumpleaños o santo de [progenitor no custodio], lo pasarán los hijos menores con [él o ella] desde las [hora inicial] hasta las [hora final].
En cuanto al derecho de los abuelos a ver a sus nietos, se establece el siguiente régimen:
A) [Como en el caso anterior, establecer los distintos períodos de visita, tanto para los abuelos maternos como para los paternos].
B) En caso de que los abuelos trasladen a los menores de un lugar conocido a otro desconocido, lo comunicarán a los progenitores dando el nuevo teléfono, si lo hubiere.
C) En caso de enfermedad de los menores los abuelos deberán comunicárselo a los dos padres, permitiendo la visita en el domicilio a los padres o demás abuelos y se tendrá en cuenta la opinión de padres y abuelos en lo relativo a médicos, tratamientos, hospitales, etc.
D) Los progenitores se comprometen a interpretar este convenio tomando siempre en consideración el interés y protección de los menores, y a evitar cualquier actitud que afecte el cariño y respeto de los hijos hacia cualquiera de sus abuelos.
PENSIÓN COMPENSATORIA POR DESEQUILÍBRIO
Ambos cónyuges renuncian a cualquier clase de pensión compensatoria puesto que los ingresos de cada uno son suficientes para satisfacer sus propias necesidades y no crear un desequilibrio económico respecto del otro.
[En caso de pactar una pensión compensatoria, se pondrá: “[nombre completo del que va a pagar la pensión] abonará a [nombre completo de la persona que va a recibir la pensión] en concepto de pensión compensatoria por desequilibrio [si es una cantidad de dinero periódica, especificar la cantidad en número y letra, fecha de ingreso, número de cuenta bancaria, la periodicidad y su revisión anual; si se trata una sola cantidad, especificarla en número y letra y la fecha en que se realizará el pago; en caso de que la pensión sea en especie, detallar los bienes muebles o inmuebles]].
[Nombre completo del que va a pagar la pensión por alimentos] abonará en concepto de pensión por alimentos para cada uno de sus hijos menores de edad la cantidad [indicarla en número y letra] mensuales. Dicha cantidad se ingresará por meses anticipados, dentro de los cinco primeros días de cada mes en el número de cuenta [indicar nombre de la entidad bancaria, sucursal, dirección y número de cuenta].
La cantidad expresada en el párrafo anterior se revisará cada año en proporción a la evolución que experimente el Índice de Precios al Consumo (IPC) que publique el Instituto Nacional de Estadística a nivel nacional u organismo público que lo sustituya. La primera actualización se llevará a cabo el uno de enero de [año].
No obstante, los gastos extraordinarios de los hijos menores serán abonados por ambos progenitores, correspondiendo a cada uno la mitad. En caso de que uno de los progenitores desee que los hijos menores realicen alguna actividad o gasto extraordinario, sin consentimiento del otro progenitor, se encargará de sufragar el importe total del gasto. Una vez que los hijos menores alcanzada la mayoría de edad, y siempre que cada uno de ellos no tenga suficiente capacidad económica por encima del salario mínimo interprofesional, se podrá establecer una nueva pensión o prorrogar la ya existente.
[Esta clausula se incluirá cuando existan bienes gananciales y deben ser divididos en parte iguales].
Los otorgantes acuerdan la disolución del régimen económico matrimonial y su liquidación según las siguientes reglas:
[1. Hacer una relación detallada del Activo: los bienes muebles (acciones, fondos de inversión, cuentas bancarias, etc.); bienes inmuebles (pisos, locales, oficinas, etc.), especificando los datos catastrales, el valor y si está libres de cargas (ejem. hipoteca). 2. Llevar a cabo una relación muy detallada del Pasivo: hipotecas, préstamos personales, deudas por la contratación de servicios, etc.]
B) El total de los bienes inventariados, tras deducir el pasivo del activo, asciende a la cantidad de [número y letra] euros.
C) LIQUIDACIÓN Y REPARTO DE LOS BIENES GANANCIALES.
A [nombre del primer cónyuge] se le adjudica:
a) [especificar el bien mueble o inmueble, el porcentaje, cantidad total o parcial, etc.] b) [especificar el bien mueble o inmueble, el porcentaje, cantidad total o parcial, etc.]
A [nombre del segundo cónyuge] se le adjudica:
Leído el documento por ambas partes y en prueba de conformidad y con la finalidad de someterlo a la correspondiente aprobación judicial, previa ratificación en el Juzgado, lo firman de mutuo acuerdo, quedándose cada cónyuge con una copia, en la fecha y lugar ut supra.
Fdo. D. [Nombre y apellidos] y Fdo. Dª [Nombre y apellidos]
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Hace tiempo me llamó la atención el prólogo del profesor Costa Cabanillas [1] donde daba cuenta de un caso judicial acaecido en 1874 en Estados Unidos. El caso denunciado fue el maltrato a una niña por parte de uno de sus progenitores. Según la legislación vigente, nada podía hacerse ya que entraba en la esfera privada. No existía ley alguna ni antecedente judicial y hacía falta esperar más de medio siglo para que tuviera consecuencias penales. Ni el Fiscal y ninguna acusación particular podían defender ante los tribunales el maltrato. A no ser que a la niña no se le considerara persona humana. Y así fue. La clave llegó de la mano de la Sociedad Protectora de Animales que se personó en la causa argumentando que si la niña formaba parte del reino animal, al haber legislación que protegía del maltrato a los animales, era justo llevar esa protección jurídica a la niña. En este caso en el banquillo de la acusación no se sentaba un perro, una mula o un gato maltratado, se sentaba una niña. Aunque los argumentos jurídicos pueden parecer algo surrealistas fueron eficaces para sentar precedente y condenar a los padres. Puede parecer pintoresco e incluso una broma de mal gusto, pero nos da una visión de la protección que el menor ha tenido hasta mediados del siglo XX. Por entonces, el menor podía correr distintas suertes: trabajos duros y peligrosos (sobre todo en las minas y fábricas, a raíz del proceso de industrialización), métodos educativos violentos, torturas, venta, enfermedades, privación de movimiento, etc. Con las Declaraciones de 1924 y 1959 se comprendió que el niño debía ser considerado de manera especial, como persona, con unos derechos (también deberes) y unos objetivos que le permitieran un pleno desarrollo físico, emocional e intelectual. Gracias a la psicología, pedagogía y sociología, se comprendió que endurecer el carácter del niño por medio de métodos pedagógicos agresivos no era el camino adecuado. Era necesario crear unos instrumentos de protección a una etapa del ser humano en desarrollo y formación física, emocional e intelectualmente. Sabían que el hombre y la mujer del mañana, las nuevas generaciones, dependerían de los primeros años de vida, de la infancia. Esta preocupación, por un tema considerado privado, produjo un cambio en la concepción del término familia y el rol que cada uno de sus integrantes debía desempeñar. El camino de los derechos del niño ha sido duro y, su evolución en la familia, lento. Aún existe una educación autoritaria, basada en la imposición, en la manipulación e incluso en la fuerza, pero se está superando hacia un sistema de diálogo y negociación donde las decisiones se toman con lógica y consenso. Ahora bien, ello no significa que los progenitores deban perder el respeto y autoridad frente al ocasional egoísmo e inmadurez del niño, ya que los menores también deben cumplir con unas obligaciones que permitan su buen desarrollo y la pacífica convivencia con el resto de la familia. 1989: El año del cambio Hasta el año 1989 todo eran declaraciones de principios, buenas intenciones que cada estado podía llevar a cabo según su buen entender. Con la Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, el concepto internacional de los derechos del niño cambia radicalmente ya que no se trata de un mero texto declarativo sino de una norma vinculante que define al niño como un sujeto con derechos activos y pasivos. Con la Convención de 1989 los niños dejan de ser una parte ignorada de la sociedad para integrarse en ella como personas con dignidad e igualdad, merecedoras de respeto, de una educación y unas condiciones que le permitan un positivo desarrollo personal. Los padres adquieren ahora la responsabilidad sobre sus hijos, independientemente del estado civil o el tipo de filiación que exista. Se reconoce que “el niño, para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión”, lo que da mayor poder e importancia a la institución familiar como garante del niño, en primera instancia, y como núcleo inicial para el progreso de la sociedad. La esencia misma de la Convención de 1989 es que los niños se preparen plenamente para una vida independiente en sociedad y ser educados en el espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad.
Después de cincuenta años, aún se lucha por el espíritu de la Convención sobre los Derechos del Niño. Sin embargo, en pleno siglo XXI sigue existiendo países que no acatan dicha norma. En todas partes del mundo, tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo, siguen existiendo explotación sexual, violaciones, maltratos, venta de niños, explotación laboral e incluso militarización con niños soldado en conflictos que nada tienen que ver con ellos. Decía el escritor inglés Gilbert Keith Chesterton que lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa. Espero que algún día esta máxima se aplique a todos los niños del mundo. Mientras tanto, cada 20 de noviembre como fecha oficial de la ONU, sería bueno recordar que aún siguen existiendo niños que desconocen que son niños.
[1] En el prólogo de la obra “Maltrato a los niños en familia”. Madariaga, Arrubarrena y Ochotorena, Paul. Madrid, 1999. Categorías:Derechos del niño, Familia, Infancia, Legislación
Gracias a todos por hacer realidad esta fotografía: encuentro entre CUEMYC y PROFEUM en el I Encuentro Nacional de Mediación en Granada. 3 de abril de 2013.
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El 21 de noviembre de 2012 se publicó en el Boletín Oficial del Estado la Ley 10/2012, de 20 noviembre, que regula determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses. Amparada en la doctrina del Tribunal Constitucional (Sentencia 20/2012, de 16 de febrero), su finalidad es la de garantizar la suficiencia de recursos del sistema judicial y, concretamente, la financiación de la justicia gratuita protegida por el artículo 119 de la Constitución Española. Por este motivo, para garantizar la justicia gratuita a aquellos que acrediten «insuficiencia de recursos para litigar», es necesario que los ciudadanos con recursos suficientes paguen los servicios que reciben de la Administración de Justicia. En el párrafo tercero del Preámbulo lo establece así: «El derecho a la tutela judicial efectiva no debe ser confundido con el derecho a la justicia gratuita. Se trata de dos realidades jurídicas diferentes. Desde el momento en que la Constitución encomienda al legislador la regulación del alcance de esta última, está reconociendo que el ciudadano puede pagar por los servicios que recibe de la Administración de Justicia». No obstante, la ley intenta que esa obligación de pagar una tasa no impida o dificulte el derecho a acceder a la justicia contemplado en el artículo 24 de la CE.
Aunque la regulación de la tasa tiene un valor recaudatorio, la ley también le da un valor procesal. Debido al gran gasto y a la acumulación de expedientes judiciales, el gobierno aprobó el Real Decreto-ley 5/2012, de 5 de marzo, de Mediación en asuntos civiles y mercantiles. Con ello pretendía dar «una mayor tutela judicial de los derechos de los ciudadanos» y abaratar los costes que suponen los pleitos cuya solución se puede encontrar por otros medios extrajudiciales como la Mediación. En el caso de las tasas, la ley prevé la devolución de la cuota de la tasa cuando «se alcance una terminación extrajudicial que ahorre parte de los costes de la prestación de servicios». Es decir, cuando se inicia un proceso judicial, si las partes acuerdan acudir a una vía extrajudicial como el arbitraje o la mediación, el Secretario Judicial efectuaría la devolución de la cuota de la tasa. De igual manera se procedería la devolución de la tasa cuando se inician varios procedimientos judiciales y las partes deciden unificarlos. Nuevamente vemos la intención del legislador por fomentar e incentivar la Mediación y otros métodos o técnicas de resolución de conflictos para dejar la vía judicial como último recurso. ¿Qué ámbito geográfico tiene valor la tasa?
El artículo 1 de la ley establece que tiene un carácter estatal, por lo que se exigirá a todos los ciudadanos que deseen acceder a la Administración de Justicia en territorio español. No obstante, está prohibido que una Comunidad Autónoma exija el pago de la misma tasa.
¿En qué casos se paga la tasa?
Dentro del ámbito del derecho de familia, se pagará en los siguientes casos (art. 2):
a) La interposición de la demanda en toda clase de procesos declarativos y de ejecución de títulos ejecutivos extrajudiciales en el orden jurisdiccional civil, la formulación de reconvención.
d) La interposición del recurso extraordinario por infracción procesal.
e) La interposición de recursos de apelación contra sentencias y de casación.
f) La interposición de recursos de suplicación y de casación.
En el caso de aquellos procesos en los que tengan por objeto los alimentos entre parientes mayores de edad, se paga 150 € más el 0,1 % de la cantidad económica de los alimentos. No puede sobrepasar los 2000 €.
También se pagará en aquellos casos en los que están exentos pero una o ambas partes se oponen. Tal es el caso de oponerse al inventario de una herencia, a la ejecución de una sentencia, etc.
¿Cuándo no hay que pagarla?
Fundamentalmente cuando se interponga una demanda o recurso referido a procesos de capacidad, filiación, matrimonio y menores que están regulados en el Título I del libro IV de la Ley de Enjuiciamiento Civil; cuando se trate de la protección de los derechos fundamentales y libertades públicas; en casos de silencio administrativo negativo o inactividad de la Administración; y los procedimientos de división judicial de patrimonios. También están exentos para aquellos procedimientos que se solucionan mediante Auto y por mutuo acuerdo.
Cuando se trata de procedimientos de división de herencia o liquidación de gananciales, no se pagará tasa siempre y cuando no se oponga nadie a los resultados del inventario o del cuaderno particional. En caso contrario, el que se oponga tendrá que pagar la tasa en función del valor total del inventario o cuaderno particional.
¿Quién ha de pagarla?
Todo aquel que acuda a la Administración de Justicia e inicie un procedimiento. Puede pagarlo directamente el ciudadano o por medio del abogado o procurador.
¿Qué personas están exentas de pagar la tasa?
Por un lado todas aquellas personas que acrediten tener derecho a la asistencia jurídica gratuita y, por otro lado, la Administración pública (Administración General del Estado, las de las Comunidades Autónomas, las entidades locales y los organismos públicos dependientes de todas ellas), las Cortes Generales, las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas y el Ministerio Fiscal.
¿En qué momento hay que pagar la tasa?
Dentro del orden jurisdiccional civil, ha de pagarse la tasa cuando: a) se interponga un escrito de demanda; b) en la formulación del escrito de reconvención; c) al interponerse un recurso de apelación, extraordinario por infracción procesal, de casación y; d) en el momento de presentar una oposición a la ejecución de títulos judiciales.
¿Sobre qué cantidad se calcula la tasa?
Según el artículo 6 de la Ley, «la base imponible de la tasa coincide con la cuantía del procedimiento judicial o recurso, determinada con arreglo a las normas procesales». En el caso de los procesos matrimoniales y de menores contemplados en el capítulo IV del título I del libro IV de la Ley de Enjuiciamiento Civil (artículos 769 a 778), se valorarán en 18.000 €.
Por tanto, la tasa a pagar será:
1. Proceso verbal: 150 €.
2. Proceso ordinario: 300 €.
3. Recurso de apelación: 800 €.
4. Recurso de casación: 1.200 €.
5. Recurso extraordinario por infracción procesal: 1.200 €.
Estamos asistiendo a un cambio en la concepción de la justicia con la creación de nuevos modelos de resolución de conflictos como la Mediación y el filtro de las Tasas judiciales para disminuir el coste económico de la Administración de Justicia y el alto volumen de expedientes judiciales que se acumulan.
El tiempo dirá si estas medidas hacen su cometido y cumplen los objetivos fijados. Mientras tanto, es importante conocer en cada caso qué procedimiento judicial o extrajudicial es el más adecuado y los beneficios económicos y emocionales que cada uno conlleva. De esta forma, se pueden salvaguardar los derechos e intereses de los ciudadanos de forma más justa, rápida y económica.
– Real Decreto-ley 5/2012, de 5 de marzo, de Mediación en asuntos civiles y mercantiles
– Ley 10/2012, de 20 noviembre, que regula determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses
– Real Decreto-ley núm. 3/2013, de 22 de febrero, Modifica el régimen de las tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y el sistema de asistencia jurídica gratuita.
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Uno de los aspectos más importantes en las crisis matrimoniales, y que apenas se le valora en su justa medida, es el Convenio regulador. Cuando un matrimonio con hijos da el paso de separarse o divorciarse, ha de mirar al futuro y tener presente que, aún rota toda relación matrimonial, sigue existiendo la familia y ha de regularse las relaciones futuras para que sigan manteniéndose los derechos y obligaciones de todos sus miembros.
Por tanto, antes de que el juez dictamine oficialmente que no existe vínculo entre la pareja, es necesario determinar una serie de factores que van a regir la vida de los excónyuges y los hijos menores. Incluso con la Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de relaciones familiares de los nietos con los abuelos, estos tienen cierto protagonismo que ha de tenerse en cuenta al redactar el Convenio.
Para autores como PÉREZ MARTÍN, el Convenio regulador viene a ser una transacción sometida a la condición de la aprobación judicial. Está considerado como un contrato especial propio del Derecho de Familia, como un negocio jurídico. Viene a ser la máxima expresión del Derecho a la Libertad de Pacto protegida por el artículo 1255 del Código civil: “Los contratantes pueden establecer los pactos, cláusulas y condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, a la moral, ni al orden público“. Se trata de un acuerdo libre de voluntades que establece las medidas a seguir tras la separación, dando una mayor importancia a la autonomía de la voluntad dentro del ámbito matrimonial. Y ello porque son las partes mismas las que conocen la situación familiar y personal y pueden establecer pautas más beneficiosas para todos que las limitaciones del Juez.
Solo puede presentarse en los procesos de nulidad, separación y divorcio de mutuo acuerdo ya que en los procesos contenciosos, al no haber acuerdo, será el juez mediante Sentencia el que establezca dichas relaciones familiares una vez disuelto el matrimonio. No obstante, en el contencioso puede proponerse un Convenio Regulador con los puntos en los que ambas partes están de acuerdo. Aunque prevalece la autonomía de la voluntad de las partes y el derecho a decidir según sus intereses, hay que establecer las medidas dentro de lo que establece la ley para una mayor protección. Se pretende asegurar los derechos de los menores y los intereses de los propios cónyuges para evitar pactos abusivos y descompensados. Para ello, se exige que el Juez revise el acuerdo y, en caso de estar conforme, homologarlo mediante Sentencia. En el caso de que el Convenio se realice en fraude de acreedores (desviar u ocultar bienes para que los acreedores no puedan cobrar las deudas), no tendrá efectos jurídicos. Tal es el caso del esposo que da todos sus bienes a la mujer para que no sean embargados por los acreedores.
El acuerdo al que llegan los cónyuges debe ser documentado, esto es, redactado por escrito y firmado por ambos. No existe un formato concreto para su composición, aunque suele utilizarse la misma configuración que los contratos. Lo importante es que se reflejen claramente una serie de datos esenciales para que tenga validez:
a) Identificación de los cónyuges, aportando copias del Documento Nacional de Identidad.
b) Datos sobre la celebración del matrimonio, presentando copia del certificado de inscripción en el Registro Civil (Artículo 777, apartado 2 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).
c) Datos sobre los hijos del matrimonio, añadiendo copia del Libro de Familia y las inscripciones de nacimiento de cada uno. También es importante dejar constancia todo dato de interés sobre los menores como por ejemplo si padecen algún tipo de enfermedad o deficiencia (Artículo 777, apartado 2 de la Ley de Enjuiciamiento Civil).
d) Identificación del domicilio familiar. Es muy importante dejar constancia de todos los datos del domicilio a efectos de notificación y para determinar donde van a vivir los hijos menores a efectos del régimen de visitas. Además, es recomendable informar de otras vías de comunicación como número de teléfono, correo electrónico, etc.
e) Tipo de régimen económico matrimonial. Determinar si están en régimen de gananciales o separación de bienes. Aunque no es necesario dejar constancia de ello, es importante a la hora de llevar a cabo la liquidación del régimen de participación o de la sociedad de gananciales.
f) Situación laboral y económica de los cónyuges. Importante señalar lo más preciso posible este punto para valorar posteriormente la pensión compensatoria y la pensión por alimentos. ¿Cuáles son los aspectos a regular?
El Código civil Español lo regula en los artículos 90 a 101. Fundamentalmente son:
1.- El uso de la vivienda familiar.
2.- La Pensión compensatoria.
3.- La Pensión por alimentos sobre los hijos.
4.- La aportación a las cargas familiares, en el caso de que existan deudas, por ejemplo.
5.- Las bases o índices de actualización de las pensiones, para que no se deprecien.
6.- La Patria potestad de los hijos menores.
7.- La Guarda y custodia.
8.- El Régimen de visitas del progenitor no custodio.
9.- El Régimen de visitas de los abuelos.
10.- Cuando exista un Régimen de gananciales, hay que realizar una liquidación del régimen económico matrimonial (siempre y cuando no se haya realizado antes del proceso).
11.- El pago de los gastos del proceso judicial.
12.- Los requisitos para modificar las pensiones cuando cambia la situación económica y laboral de uno o ambos excónyuges. 13.- En algunos casos, cuando se tienen animales domésticos, se suelen establecer ciertas normas sobre su cuidado, manutención y “custodia”.
14.- En caso de incumplimiento del Convenio Regulador, también se puede especificar si predomina la vía de la mediación o la vía judicial para llegar a un acuerdo sobre su incumplimiento o sobre la necesidad de modificar algunas de sus cláusulas. Validez del Convenio Regulador
Para que tenga validez, es necesario que ambos cónyuges presten su consentimiento libre firmando el documento. Posteriormente, para garantizar esa libertad de decisión, cada uno debe ratificarlo por separado ante el secretario judicial (artículo 777 apartado 3 de la Ley de Enjuiciamiento Civil), aceptando nuevamente todo el contenido del convenio. Finalmente, el juez revisará el convenio y, si se ajusta a la ley, procede a homologarlo de forma que adquiere el mismo valor que una decisión judicial. En estos casos, si hubiera algún perjuicio para los intereses de una de las partes o de los menores, el juez dejaría sin efecto estas cláusulas y aprobaría las demás.
La homologación del Convenio Regulador y su unión a la Sentencia judicial de separación o divorcio supone elevarlo a documento público con todos los efectos jurídicos.
– DIEZ-PICAZO, L. y GULLON, A. Sistema de derecho civil (Vol. IV): derecho de familia. Derecho de sucesiones (10ª ED.). TECNOS, 2006.
– PÉREZ MARTÍN, A. J. Divorcio y separación de mutuo acuerdo. El procedimiento de modificación de medidas. Lex Nova, Valladolid 1999.
– PEREZ MARTIN, A. J. La ejecución de las resoluciones dictadas en procesos de familia (3ª ED.). LEX NOVA, 2013.
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 artículo 1
 artículo 6
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 artículo 1255