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Timestamp: 2020-06-05 16:26:37+00:00

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Como una respuesta - Tesis de grado "estrategias de afrontamiento "
Tesis de grado "estrategias de afrontamiento "
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Como una respuesta: esta se refiere a una reacción del organismo de tipo psicológica, sociológica o comportamental a los estresores del entorno.
Como un estímulo: supone cualquier fuerza externa, (evento) sobre un objeto o persona que requiere algún tipo de respuesta adaptativa.
Como las relaciones entre estímulo y respuesta: se refiere a la interacción entre los estímulos del medio ambiente y las respuestas del individuo.
Teoría basada en la respuesta
En 1936 Hans Selye definió el estrés como un patrón inespecífico de activación fisiológica que presenta el organismo ante cualquier demanda del entorno. Este patrón fue llamado síndrome general de adaptación y se distinguen 3 fases:
Fase de alarma: en esta fase el sujeto se prepara para hacer algo frente a la amenaza.
Fase de resistencia: El organismo logra cierta adaptación para contrarrestar la presión. La activación fisiológica disminuye un poco, pero se mantiene sobre lo normal. Si no tiene éxito en la confrontación o ésta se extiende, la capacidad para resistir se debilita, y el individuo empieza a volverse vulnerable en su salud.
Fase de agotamiento: Los recursos del organismo se agotan y al no haber la posibilidad de restablecerlos, se produce una alteración de los tejidos y aparecen las enfermedades llamadas psicosomáticas.
Teoría basada en el estimulo
Los trabajos más importantes basados en esta teoría fueron los de Holmes y Raher, (1967) con el enfoque psicosocial del estrés. Estas teorías focalizan el estrés fuera del individuo. Se centran básicamente en los sucesos vitales, concebidos como experiencias objetivas que alteran o amenazan con modificar las actividades usuales de las personas.
Teorías interaccionistas
El estrés es entendido como interacción entre las características del estimulo y los recursos de las personas. Desde esta perspectiva se considera mas importante la valoración que hace la persona de la situación estresora que las características objetivas de dicha situación.
El modelo que se profundizara a continuación es el de Lazarus y Folkman.
TEORÍA TRANSACCIONAL DEL ESTRÉS
Lazarus y Folkman (1987) postulan que el estrés se desarrolla cuando el individuo percibe de forma subjetiva un desequilibrio entre las demandas que se le hacen y los recursos con los que cuenta para manejar dichas demandas. Lo que significa una demanda intolerante para una persona puede que no lo sea para otra debido a que todos tenemos vulnerabilidades distintas frente al estrés. Incluso, puede que una persona sea más o menos vulnerable al estrés en distintos momentos de su vida o frente a diversas situaciones (Lazarus y Folkman, 1987; Lazarus y Lazarus, 1994; Lazarus, 1999).
En este proceso, la incidencia de la situación se ve modificada por la actividad que el organismo desarrolla en dos direcciones:
Los procesos cognitivos a través de los cuales el individuo valora y le da significado.
Las estrategias que utiliza para enfrentar dicha situación.
El núcleo de esta interacción es el conjunto de procesos mediante los cuales el sujeto, por un lado, realiza una valoración del nivel de equilibrio existente en su relación con el entorno, y, por el otro lado, intenta mantener o restablecer dicho equilibrio en niveles adaptativos.
Este modelo teórico plantea que las personas, frente a la situación que están atravesando, realizan una valoración (appraisal), y, si de ella resulta el reconocimiento de que se carece de medios para evitar el daño, la pérdida o sufrimiento, se realiza una segunda valoración a través de la cual se eligen los recursos disponibles.
La evaluación cognitiva es un proceso mental universal mediante el cual el sujeto valora continuamente la significación de lo que está aconteciendo y lo relaciona con su bienestar personal y con los recursos disponibles para responder a la situación. No es el agente estresor lo que define el estrés, sino la percepción que realiza el individuo de la situación estresante.
Tipos de evaluación estresante.
Es la forma de respuesta inicial en la cual la persona analiza y evalúa la situación con respecto a su bienestar. Esta valoración puede ser:
Situación irrelevante: Posee escasa o ninguna implicación para su vida personal. No le da importancia al suceso.
Situación positiva: No se producen reacciones de estrés, el sujeto percibe la situación como positiva, favoreciendo la obtención de sus objetivos.
Situación estresante: Exige la movilización de recursos para hacerle frente, si no quiere perder el equilibrio y su bienestar. No es negativa en sí misma, pero requiere un esfuerzo adaptativo. Dicha situación estresante puede implicar:
Una amenaza para el sujeto: anticipa el posible daño o peligro antes que pueda ocurrir.
Una pérdida o daño: consideración del daño a la estima, la salud, la familia, las relaciones sociales, etc. que ya ocurrió.
Un desafío: exige la valoración de que, aunque haya dificultades, también está la posibilidad de obtener una ganancia, de lograr un objetivo, debido a lo cual el sujeto piensa que puede manejar al estresor satisfactoriamente, si moviliza los recursos necesarios.
Lo importante de la valoración primaria está en la pre ponderación que establece el sujeto entre lo que estima que está en juego en la situación y el valor que acredita a lo que puede llegar a lograr o perder.
Es donde el sujeto evalúa sus recursos y opciones de afrontamiento frente al estresor. De acuerdo a su análisis, es de esperar que una situación valorada primariamente como amenazante, se perciba como más peligrosa si el sujeto cree que no tiene recursos, y en menor escala si el sujeto cree que los tiene. Por lo tanto, la valoración secundaria es la que modula la valoración primaria y es la que busca determinar las acciones a realizar para enfrentar el estresor actual.
La interacción entre las dos evaluaciones cognitivas realizadas determina finalmente el grado de estrés, su intensidad, y la calidad de la respuesta emocional que el sujeto va a producir.
En síntesis el modelo transaccional, o Fenomenológico Cognitivo, es llamado así porque enfatiza que el estrés no está sólo determinado por la naturaleza del estímulo ambiental, ni sólo determinado por las características particulares de la persona que se enfrenta a él, sino por la interacción entre la evaluación que de dicho estímulo hace la persona y las demandas de ese estímulo sobre la persona.
Para Lázarus y Folkman (1986) la valoración primaria y la secundaria son interdependientes, dando lugar a tres tipos de respuesta frente a ellas:
Repuesta Fisiológica: reacción neuro-endócrina y/o asociada al sistema nervioso autónomo.
Respuesta Emocional: sensación de malestar, temor, depresión, etc.
Respuesta Cognitiva: preocupación, pérdida de control, negación, etc.
Al igual que la evaluación, el afrontamiento es el otro concepto central de esta teoría, considerándose como la suma de cogniciones y conductas que una persona emplea con el fin de valorar los estresores, reducir su condición estresora y modificar el componente emocional que acompaña a la experiencia del estrés.
El trabajo teórico en afrontamiento y mecanismos de defensa comenzó con Freud (1923), y luego fue desarrollado por su hija Ana en 1936. Desde esta perspectiva, el afrontamiento se subordinaba a la defensa y los estresores eran principalmente de origen intrapsíquico (Casullo, 1998).
En los años 60 los investigadores voltearon su atención del afrontamiento defensivo hacia el estrés, produciendo una amplia literatura al respecto.
Varios estudios señalan la importancia de conocer la forma en que los adolescentes, particularmente, enfrentan los desafíos del crecimiento, en el cual deben atravesar cambios físicos, transformaciones en la personalidad, nuevos roles frente a las relaciones con sus pares y con sus figuras parentales, el desafío de la inclusión en el ámbito social, académico y laboral, entre otros.
Sin embargo, el constructo afrontamiento no ha sido utilizado con clara delimitación conceptual, dejando aún muchas interrogantes por resolver. Examinando la bibliografía sobre el tema, se observa que los aportes de Lazarus (1991) son los que más ampliamente abordaron este nuevo constructo y marcaron, sin dudas, un recorrido teórico de relevancia para la Psicología. El modelo transaccional de Lazarus y Folkman (1984) ha tenido gran aceptación entre los científicos, aportando una importante conceptualización del afrontamiento. Generó además, una gran cantidad de trabajos y estudios que analizan los modos en que las personas enfrentan las dificultades y las situaciones estresantes en sus vidas.
Desde los modelos cognitivos de la emoción, se entiende que no son las situaciones en sí mismas las que provocan una reacción emocional, sino que el factor que desencadena la emoción es la interpretación que el individuo hace de tales situaciones. Dentro de los modelos cognitivos, el modelo de la valoración cognitiva ha alcanzado una relevancia sobresaliente (Martín Díaz, Jiménez Sánchez y Fernández Abascal, 2004).
Como ya se mencionó anteriormente la concepción teórica desarrollada por Lazarus y Folkman (1984), mantiene que, la aparición del estrés y otras reacciones emocionales están mediatizadas por el proceso de valoración cognitiva que la persona realiza. En un primer momento, de las consecuencias que la situación tiene para el sujeto (valoración primaria) y, en un segundo momento, si esa situación tiene una significación de amenaza o desafío, el sujeto valora los recursos de los que dispone con el fin de evitar o reducir las consecuencias negativas de la situación (valoración secundaria).
La valoración secundaria constituye así la capacidad de afrontamiento, entendiendo a ésta como un proceso psicológico que se pone en marcha cuando la situación o el entorno resultan amenazantes.
Desde aquí, Lazarus y Folkman (1984) definen al afrontamiento como “aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para operar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”.
Los autores precedentemente citados conciben que el afrontamiento constituye un proceso cambiante con fines de adaptación, en el que el sujeto y el contexto interactúan de manera permanente y señalan, además, que los individuos varían sus patrones de estrategias de afrontamiento en función del tipo de problema a resolver.
El afrontamiento es definido por Everly (1989) “como un esfuerzo para reducir o mitigar los efectos aversivos del estrés, esfuerzos que pueden ser psicológicos o conductuales”. En la misma línea, Frydenberg y Lewis (1997) definen al afrontamiento como “las estrategias conductuales y cognitivas para lograr una transición y una adaptación efectivas”.
Cada persona tiende a la utilización de los estilos de afrontamiento que domina, ya sea por aprendizaje o por hallazgo fortuito en una situación de peligro. A su vez, las estrategias de afrontamiento pueden resultar, según Girdano y Everly (1986), adaptativas o inadaptativas. Las primeras reducen el estrés y promueven la salud a largo plazo, mientras que las segundas reducen el estrés sólo a corto plazo, pero tienen un efecto nocivo en la salud a largo plazo.
En este punto, se hace preciso diferenciar los estilos de afrontamiento de las estrategias de afrontamiento. “Los estilos de afrontamiento se refieren a predisposiciones personales para hacer frente a las situaciones y son los responsables de las preferencias individuales en el uso de unos u otros tipos de estrategia de afrontamiento, así como de su estabilidad temporal y situacional. Por otro lado, las estrategias de afrontamiento son los procesos concretos que se utilizan en cada contexto y pueden ser altamente cambiantes dependiendo de las condiciones desencadenantes” (Fernández-Abascal, 1997,). Así, mientras los estilos son las formas habituales, relativamente estables, que tienen una persona para manejarse con el estrés, las estrategias son situacionalmente dependientes, constantemente cambiantes y están influidas por los estilos que tiene un sujeto de afrontar los problemas del diario vivir.
En relación a las estrategias de afrontamiento, su definición conceptual ha estado generalmente ligada al desarrollo de los instrumentos de medida de las mismas. Más allá de las diferencias, diversos autores coinciden en señalar que se entiende por estrategias de afrontamiento el conjunto de respuestas (pensamientos, sentimientos y acciones) que un sujeto utiliza para resolver situaciones problemáticas y reducir las tensiones que esta situación le genera (Casullo y Fernández Liporace, 2001).
Se podría decir que las estrategias utilizadas dependen de la combinación de múltiples factores en los que se destacan los aspectos personales y sus experiencias individuales, por un lado, y por el otro, las exigencias del medio ambiente con sus permanentes desafíos y presiones sociales.
Examinando la bibliografía sobre el tema, se distingue los diferentes intentos realizados por los autores por clasificar las estrategias de afrontamiento (Meichenbaum y Turk, 1982; Endler y Parker, 1990; Folkman, Lazarus, Dunkel-Scetter, De Longis y Gruñe, 1986). Lazarus y Folkman (1984) propusieron ocho estrategias de afrontamiento:
Confrontación: constituyen los esfuerzos de un sujeto para alterar la situación. Indica también cierto grado de hostilidad y riesgo para él. Se da en la fase de afrontamiento.
Planificación: apunta a solucionar el problema. Se da durante la evaluación de la situación (evaluación secundaria).
Aceptación de la responsabilidad: indica el reconocimiento del papel que juega el propio sujeto en el origen y/o mantenimiento del problema. Es lo que comúnmente se señala como “hacerse cargo”.
Distanciamiento: Implica los esfuerzos que realiza el adolescente por apartarse o alejarse del problema, evitando que éste le afecte.
Autocontrol: Se considera un modo de afrontamiento activo en tanto indica los intentos que el sujeto hace por regular y controlar sus propios sentimientos, acciones y respuestas emocionales.
Re evaluación positiva: supone percibir los posibles aspectos positivos que tiene una situación estresante.
Escape o evitación: A nivel conductual, implica el empleo de estrategias tales como beber, fumar, consumir drogas, comer en exceso, tomar medicamentos o dormir más de lo habitual. También puede ser evitación cognitiva, a través de pensamientos irreales improductivos. En general, apunta a desconocer el problema.
Búsqueda de apoyo social: Supone los esfuerzos que el joven realiza para solucionar el problema acudiendo a la ayuda de terceros, con el fin de buscar consejo, asesoramiento, asistencia, información o comprensión y apoyo moral.
Las dos primeras estrategias estarían centradas en el problema (en tanto resultan más instrumentales ya que modifican el problema haciéndolo menos estresante); las cinco siguientes están centradas en la emoción (ya que apuntan a la regulación de la emoción) y la última estrategia se focaliza en ambas áreas.
Además los autores citados precedentemente señalan que algunas estrategias son más estables a través de diversas situaciones estresantes, mientras que otras se hallan más asociadas a contextos situacionales particulares. Por ejemplo, pensar positivamente es relativamente estable y depende sustancialmente de la personalidad; en cambio, la búsqueda de soporte social es inestable y depende principalmente del contexto social (Leibovich, Schmidt y Marro, 2002).
Más adelante, Fernández-Abascal (1997) realizó un exhaustivo listado de las estrategias de afrontamiento que fueron definidas en la literatura científica. Se identificaron 18 estrategias diferentes y se construyó la escala de Estilos y Estrategias de Afrontamiento.
Por su parte, dado que el afrontamiento de una situación no equivale a tener éxito, a veces pueden funcionar bien y otras mal, según las personas, sus circunstancias y contextos, éste será eficaz cuando permita al individuo tolerar, minimizar y aceptar o incluso ignorar aquello que no pueda dominar o controlar.
Siguiendo a Olson y Mc Cubbin (1989) señalan la importancia de entender al afrontamiento tanto como un proceso, como una estrategia. El afrontamiento constituye un proceso que el sujeto pone en marcha para hacer frente a situaciones estresantes; sin embargo, no siempre la puesta en marcha de este proceso garantiza su éxito. Si al hacerlo el individuo tiene éxito para solucionar el evento presente, repetirá el mismo ante situaciones similares; en caso contrario buscará otro recurso. Así, y según Fernández-Abascal (1997), estaríamos ante una situación de aprendizaje por ensayo y error.
Frydenberg (1989) considera que anteriormente se ha estudiado el afrontamiento en los adolescentes desde la óptica de los adultos, pero que recién en los últimos años se han realizado investigaciones para desarrollar instrumentos que reflejaran adecuadamente la conducta de afrontamiento de los adolescentes. (Dise-Lewis, 1988).
Casullo y Liporace (2001), siguiendo la propuesta de Frydemberg, realizaron un estudio descriptivo que permitió comparar las estrategias empleadas por adolescentes argentinos, según la edad, el género y la región (Buenos Aires, Tucumán y Patagonia).
Según Rutter (1983) la mayoría de los estudios realizados sobre esta temática indican que el mayor empleo de estrategias tendientes a resolver el problema o buscar apoyo social, está directamente asociado con los sentimientos de bienestar y buena salud.
El estrés se describe como una manifestación del desequilibrio entre las demandas (externas o internas) percibidas por el sujeto y los recursos adecuados con los que cuenta para hacer frente a ellas. La presencia de un estímulo estresor implica una acuerdo del individuo con su entorno, que se caracteriza por una descompensación entre lo que de aquél se requiere y las herramientas que posee para enfrentar dicha tarea (Frydenberg, 1997; Lazarus, 1991; McGrath, 1970).
La relación entre el estrés y el afrontamiento es recíproca, debido a que, las acciones que realiza una persona para enfrentar un problema, afectan la valoración del mismo y su subsecuente afrontamiento.
Si el afrontamiento no es efectivo, el estrés se cronifica, y se produce un fracaso adaptativo, que trae consigo una cognición de indefensión junto con consecuencias biológicas (síntomas orgánicos) o psicosociales (malestar emocional y psicológico), que dan como resultado la aparición de una enfermedad.
A partir de esto, se puede afirmar que el afrontamiento actúa como un verdadero regulador del disturbio emocional, de manera que, si es eficiente, no permite que se presente el malestar, y, en caso contrario, podría afectar la salud, aumentando el riesgo de morbilidad y mortalidad para el sujeto. De lo dicho anteriormente puede considerarse que el afrontamiento eficiente obra como un factor protector de la salud, ya que actúa como neutralizador de los efectos estresantes de los acontecimientos vitales.
Para Holroyd y Lázarus (1982) las estrategias de afrontamiento, exitosas o no, pueden determinar que un individuo experimente o no el estrés. De esta manera, los autores citados enfatizan la importancia de contar con estrategias efectivas que sirvan para manejar con eficacia las demandas internas y externas.
Estos estilos de afrontamiento son predisposiciones personales para hacer frente a las situaciones, siendo los responsables de las particularidades individuales en el uso de unos u otros tipos de estrategia de afrontamiento, así como de su estabilidad temporal y situacional. Por otra parte, las estrategias de afrontamiento “son los procesos concretos que se utilizan en cada contexto y pueden ser altamente cambiantes dependiendo de las condiciones desencadenantes” (Fernández-Abascal, 1997).
Holroyd y Lázarus, en 1982, identificaron dos tipos de estilos o funciones básicas de afrontamiento:
Afrontamiento centrado en el problema: cuya función es modificar la situación problemática, para hacerla menos estresante para el sujeto. También se la considera como afrontamiento de aproximación.
Afrontamiento centrado en la emoción: Busca modificar la manera en que la situación es tratada para reducir la tensión, la activación fisiológica y la reacción emocional negativa. Busca regular la respuesta emocional que aparece frente al estrés.
Para los autores mencionados es necesario considerar las situaciones específicas en la que se produce cada estrategia, ya que de esa forma se puede conocer mejor el modo individual de afrontamiento.
Las estrategias centradas en el problema se corresponden con resultados más positivos para afrontar el estrés, mientras que las centradas en la emoción parecen relacionarse más con la inadaptación, asociándose con la ansiedad o la depresión. La confrontación y el distanciamiento parecen llevar a los peores resultados.
TEORÍA DEL AFRONTAMIENTO DE ERICA FRYDEMBERG
Erica Frydemberg define al afrontamiento como las estrategias conductuales y cognitivas para lograr una transición y una adaptación efectivas.
Frydenberg en 1997, desarrolla la teoría propuesta por Lazarus y elabora un nuevo modelo de afrontamiento, en el cual enfatiza la reevaluación del resultado.
Esta autora postula que luego de una valoración de la situación, el individuo estima el impacto del estrés, esto es, si las consecuencias llevarán más probablemente a la pérdida, al daño, a la amenaza o al desafío y qué recursos tiene a su disposición para manejarlo. Luego de la respuesta, el resultado es revaluado, y en base a ello puede darse otra respuesta. De este modo, se da un mecanismo de retroalimentación, el cual determina si las estrategias empleadas serán utilizadas nuevamente generando un desarrollo en el repertorio de afrontamiento o serán descartadas como futuras estrategias, según su empleo sea evaluado como eficaz o no de acuerdo con el juicio del propio sujeto.
Siguiendo esta línea, Frydenberg y Lewis realizaron investigaciones durante cinco años con el objetivo de construir una escala, Adolescent Coping Scale (ACS) para medir los modos o formas de afrontar que informan preferir los adolescentes cuando se encuentran en dificultades.
Como se mencionó anteriormente, E. Frydemberg, en 1997, agrega el concepto de valoración terciaria a los dos tipos de evaluación cognitiva propuestos por Lázarus y Folkman (1986). Con este nuevo concepto alude a aquella valoración que se produce una vez que se conocen los resultados de las estrategias instrumentadas para tratar de resolver la situación. El sujeto analiza la eficacia de ellas para decidir si continúa o no con su curso de acción. Esto implica que el camino para enfrentar una situación estresante lleva a reiniciar los procesos de valoración (primaria y secundaria) ya estudiadas.
En los adolescentes las estrategias de afrontamiento parecen ser resultado de aprendizajes realizados en experiencias anteriores, que constituyen un estilo de afrontamiento individual, y determina las estrategias situacionales.
La escala de afrontamiento para adolescentes, diseñada por Frydemberg contiene 80 elementos (setenta y nueve cerrados y uno abierto), agrupados en 18 escalas, que reflejan 18 estrategias de afrontamiento. En el último elemento (abierto) se le pide al sujeto que describa conductas que sean diferentes de las 79 restantes ya citadas (estrategias alternativas que pudieran surgir).
Las 18 estrategias mencionadas son:
AS. Buscar Apoyo Social: Consiste en compartir el problema con los demás y conseguir ayuda.
RP. Centrarse en Resolver el Problema: Se dirige a abordar el problema sistemáticamente, teniendo en cuenta distintos puntos de vista para alcanzar la solución.
ES. Esforzarse y Tener Éxito: Son las conductas de trabajo e implicación personal.
PR. Preocuparse: Se refiere al temor por el futuro o a la preocupación por la felicidad posterior.
AI. Invertir en Amigos Íntimos: Esfuerzo por comprometerse en alguna relación personal íntima.
PE. Buscar Pertenencia: Preocupación o interés en las relaciones con los demás, y específicamente por lo que los otros piensan de uno.
HI. Hacerse Ilusiones: Se refiere a las expectativas de que todo tendrá un final feliz.
NA. Falta de Afrontamiento: Es la incapacidad para enfrentar el problema y la tendencia a desarrollar síntomas psicosomáticos.
RT. Reducción de la Tensión: Intento de sentirse mejor mediante acciones que reduzcan la tensión.
SO. Acción Social: Consiste en dar a conocer a otros la preocupación que se tiene y buscar apoyo organizando actividades como reuniones, peticiones, etc.
IP. Ignorar el Problema: Esfuerzo consiente por negar o desentenderse del problema.
CU. Autoinculparse: El sujeto se ve a sí mismo como el culpable de su dificultad.
RE. Reservarlo Para Sí: El sujeto tiende a aislarse y a impedir que otros conozcan su preocupación.
AE. Apoyo Espiritual: Tendencia a rezar y creer en la ayuda de Dios o de un líder espiritual frente a los problemas.
PO. Fijarse en lo Positivo: Visión optimista de la situación presente y tendencia a ver el lado bueno de las cosas y sentirse afortunado.
AP. Buscar Ayuda Profesional: Uso de consejeros profesionales como maestros o psicólogos.
DR. Distracciones relajantes: Situaciones de ocio y relajantes como la lectura o la televisión.
FI. Distracciones Físicas: Dedicación al deporte, el esfuerzo físico y a mantenerse en forma.
Compas (1988), y Frydemberg y Lewis (1991), consideran que las estrategias pueden ser agrupadas de manera tal que conforman tres estilos de afrontamiento, los que representan aspectos funcionales y disfuncionales.
Dirigido a solucionar el problema: radica en trabajar para resolver la situación problemática, manteniéndose optimista y relajado durante el proceso. Abarca las siguientes estrategias: concentrarse en resolver el problema, esforzarse y tener éxito, Fijarse en lo positivo, diversiones relajantes y distracción física.
En relación con los demás: consiste en acercarse a otros para obtener apoyo. Abarca las siguientes estrategias: apoyo social, amigos íntimos, buscar pertenencia, acción social, apoyo espiritual y buscar apoyo profesional.
Improductivo: se trata de una combinación de estrategias improductivas de evitación que muestra una incapacidad empírica para afrontar los problemas. Abarca las siguientes estrategias: preocuparse, hacerse ilusiones, no afrontamiento, reducción de tensión, ignorar el problema, auto inculparse y reservarlo para sí.
La autora antes mencionada, plantea que el más apropiado para determinar el éxito de una estrategia es el propio individuo, que, desde lo personal, se pregunta si su acción tuvo el éxito esperado por él.
Las investigaciones acerca de la influencia del afrontamiento sobre la adaptación (Arcas y Manzano, 2003) dejan ver, al seguir el modelo de Frydemberg, que las estrategias activas y orientadas hacia el problema moderan la influencia adversa de los sucesos de vida negativos sobre el funcionamiento psicológico.
El mayor número de estrategias orientadas hacia el problema en relación al total de los esfuerzos, ha sido relacionado con menos presencia de depresión. Además, las estrategias que implican negociación y comparaciones optimistas han sido relacionadas con reducciones en el estrés concurrente, y con una disminución en la cantidad de futuros problemas.
Además se puede agregar que, Frydemberg (1997) afirma que las estrategias de afrontamiento pueden repercutir directamente sobre el estado de bienestar psicológico del sujeto.
Finalmente, el afrontamiento puede ser considerado como un proceso multidimensional, una serie de eventos que continúan durante toda la vida como resultado del interjuego de diversos determinantes. Esencialmente, es una interacción dinámica entre las personas y su ambiente (Frydenberg, 2002).
LA ADOLESCENCIA Y EL AFRONTAMIENTO
La adolescencia es una etapa significativa puesto que en ella se producen sustanciales transformaciones en la personalidad, al mismo tiempo que se define la identidad y se lleva a cabo la elaboración de un proyecto de vida. (Castro Solano, 2000; Casullo y Fernández Liporace, 2001; Muuss, 1995; Millon, 1994, 1998; Obiols y Obiols, 2000).
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) define a la adolescencia es el período comprendido en­tre los 10 y 19 años, que incluye cambios biológicos, psicológicos y sociales. La OMS define como adolescencia al "período de la vida en el cual el individuo adquiere la capacidad reproductiva, transita los patrones psicológicos de la niñez a la adultez y consolida la independencia socio económica". En cambio, el Código de la Niñez y Adolescencia del Ecuador considera que adolescente es la persona de ambos sexos entre 12 y 19 años.
Según Ávila-Espada, Jiménez-Gómez y González-Martínez (1996), la adolescencia fue definida por varios autores como una etapa de conflictos, que se caracteriza por situaciones de crisis de la personalidad y de disturbio emocional, en la que el adolescente se vuelve más vulnerable y más propenso a ser dañado física o psicológicamente por el proceso de cambios en este momento vital y por las exigencias que el medio le plantea. Sin embargo, el autor recalca que existe otra postura para pensar a la adolescencia, que apunta a considerarla no ya como una etapa psicopatológica, o generadora de patología, sino como un momento en el cual se transita por numerosos cambios que ayudan al crecimiento del sujeto. Lo común en ambas posturas es que el adolescente debe atravesar cambios y situaciones propias de la etapa evolutiva.
También se lo considera como un proceso psicológico vinculado de alguna manera a la pubertad, dicho proceso varia de persona en persona, de familia en familia, de sociedad y de época (Kaplan, 2002).
Repercusión psicológica de los cambios biológicos en la adolescencia
Los cambios biológicos que se producen en la adolescencia, son nuevas potencialidades del desarrollo físico que tienen una importante repercusión psicológica, donde los púberes observan y son conscientes de que su cuerpo se transforma y adquiere capacidades adultas en dos sentidos fundamentales: como vía de procreación y, lo que es lo más importante para él, como vía de disfrute sexual y de atracción física y erótica (Ravelo. A. 2008).
Las transformaciones que se producen en la etapa de la adolescencia, produce consecuencias que afectan la subjetividad del adolescente que están vinculados estrechamente a la esfera auto valorativa, incluida la imagen corporal y también a la valoración que recibe el adolescente en sus relaciones de comunicación con adultos y coetáneos. (Domínguez. L. 2003).
La discordancia corporal y el aumento de la fuerza muscular hacen que el adolescente realice movimientos violentos producto de la necesaria descarga de energía, pero a la vez esta situación condiciona su tendencia a fatigarse con facilidad y a cometer torpezas. Por esta razón las personas que le rodean riñen o lo avergüenzan, lo cual causa su típica irritabilidad emocional.
La imagen física adquiere gran importancia, el adolescente con características deportivas es más aceptado en especial por sus pares, de acuerdo a los prejuicios culturales, mientras que aquellos con una imagen desfavorable, pueden ser objeto de burla, discriminados en su grupo y rechazados por el sexo opuesto.
Este escenario provoca en algunos adolescentes retraimiento, timidez o conductas agresivas. Muy vinculado a la imagen corporal y a la aceptación social tenemos los fenómenos de la obesidad y el acné juvenil, la obesidad puede generar aislamiento social, depresión e inseguridad y se asocia a problemas como inadaptación escolar, disfunción familiar, confusión del rol sexual y rechazo de los coetáneos.
Otro elemento de importante repercusión psicológica lo constituye el problema de la maduración temprana o tardía. Los adolescentes con una maduración temprana son aceptados y tratados como adultos en mayor medida que los tardíos, lo que refuerza en el caso de los primeros su independencia, mientras que en los segundos, provoca una tendencia a ser dependientes de la opinión social, y en ocasiones, su deseo de llamar la atención a través de conductas indisciplinadas, agresivas y en ocasiones de riesgo. Sin embargo los adolescentes de maduración tardía con el tiempo pueden desarrollar cualidades positivas como, la mayor tolerancia a la ambigüedad, ser más selectivos y reflexivos.
Las adolescentes de maduración temprana se enfrentan, desde los comienzo de esta etapa por un período de tiempo más prolongado, al acoso por parte del sexo opuesto.
Otro aspecto a considerar es la aceptación social que lo constituye el grupo de sus pares, además el establecimiento de las nuevas formas de relación con los adultos, a veces generadoras de conflictos y que agudizan la llamada “crisis de la adolescencia”, así al respecto St. Hall y Freud consideraban la existencia de la crisis y de un complejo de particularidades específicas en los adolescentes como un fenómeno inevitable y universal, dado su condicionamiento biológico. (Domínguez García, 2003).
En el área social el desarrollo cognoscitivo, como el motivacional y afectivo agiliza el proceso de socialización.
En cuanto al desarrollo motivacional según Schneiders, en el adolescente se distinguen los siguientes motivos:
Necesidad de experiencia: Fruto del desarrollo y la maduración que en todos sus aspectos son dependientes de la experiencia. Este deseo de experiencia se manifiesta claramente en las actividades habituales (TV, radio, conversación, cine, lecturas, juegos, deportes). Por esto mismo se meten en actividades poco recomendables: alcohol, drogas, etc.
Los adolescentes mientras aprenden a conducir y manejar sus diferentes posiciones, es muy posible que se enfrenten a tropiezos, confrontaciones, cambios de comportamiento y, sumado a esto, las pocas oportunidades que en ocasiones les ofrecen no sólo la familia, sino también, la sociedad. Por esta razón, suelen ser, muchas veces, censurados y sancionados socialmente, calificados de improductivos, dependientes y desadaptados al medio. (Ravelo. A y González. A. 2003).
Como factores de índole psicológica, hay que considerar que las adolescentes generalmente se involucran en relaciones sexuales por razones no sexuales, como una manera de independizarse de los adultos y sus valores asociados a un sentimiento de rechazo hacia las figuras de autoridad, o bien las realizan como un medio de satisfacer aquellas necesidades afectivas. En este mismo sentido, se puede aseverar que los cambios físicos que ocurren en esta etapa son los responsables de la aparición del deseo sexual.
En 1997 Frydemberg y Lewis indicaron que la adolescencia es una fase del desarrollo en el que se producen retos y obstáculos de especial importancia. En primer lugar, en la adolescencia, es necesario el logro del desarrollo de la propia identidad y conseguir la independencia de la familia, manteniendo, al mismo tiempo, la conexión y pertenencia al grupo de pares. En segundo lugar, los autores citados indican que se produce una transición de la infancia a la edad adulta, caracterizada por cambios fisiológicos y un desarrollo cognitivo importante.
El adolescente en este periodo, se ve obligado a cumplir ciertos papeles sociales en relación a sus compañeros y a los miembros del otro sexo, y al mismo tiempo, a conseguir buenos resultados académicos y a tomar decisiones sobre su proyecto de vida. Cada uno de estos pasos del desarrollo requiere de una capacidad de afrontamiento, es decir, estrategias conductuales y cognitivas para lograr una adaptación y una transición exitosa, como ya se indicó anteriormente.
Los cambios emocionales y sociales de esta etapa influyen en la sociedad, y, a su vez, los adolescentes también son influidos por ella, por lo cual, la forma en que ellos afrontan sus problemas tiene además de una importancia para el bienestar individual, una importancia social.
Agregan también que cada vez más los adolescentes tienen preocupaciones que sienten como abrumadoras o incapacitantes y hasta, en algunos casos, pueden llegar a conducirlos a la depresión profunda o el suicidio.
Los autores antes mencionados proponen ayudar a que los adolescentes sean más conscientes de sus estrategias, para que puedan, a partir de allí, reflexionar sobre ellas, y, eventualmente, las puedan modificar para llegar a ser adultos más sanos.
Esta reflexión es fundamental, ya que la forma en que los adolescentes afrontan sus problemas puede establecer patrones de conducta para su vida futura, trayendo graves consecuencias individuales y sociales.
El afrontamiento en los adolescentes se relaciona con un conjunto de acciones y cogniciones que lo capacitan para tolerar, evitar o minimizar los efectos producidos por un evento estresante (Plancherel y Bolognini, 1995).
La adolescencia ha sido considerada como una etapa en la cual existe un importante riesgo de estrés, ya que, durante ella se producen muchos cambios que pueden valorarse como estresores porque desequilibra la interacción habitual del sujeto con su medio, por lo que está considerada como un período crítico de desarrollo humano.
Otro aspecto a destacar es que existen en realidad muchas estrategias posibles de afrontamiento que puede operar una persona. El uso de unas u otras en buena medida suele estar determinado por la naturaleza del estresor y las circunstancias en las que se produce. Por ejemplo, las situaciones en las que se puede hacer algo constructivo favorecen estrategias focalizadas en la solución del problema, mientras que las situaciones en las que lo único que cabe es la aceptación favorecen el uso de estrategias focalizadas en las emociones (Forsythe y Compas, 1987).
El embarazo en la adolescencia se puede considerar una situación de estrés, pues existe mayor vulnerabilidad a padecer desajustes en el equilibrio sujeto-entorno psicosocial debido tanto a las demandas del entorno y de la propia dinámica evolutiva, como a las características cognitivas y conductuales que determinan la forma de afrontar esas demandas ya que, durante esta situación la resolución de esos desequilibrios dinamiza la evolución individual porque, para lograr la misma, el sujeto debe poner en marcha determinados recursos personales o crear otros nuevos.
La incapacidad para resolver esas crisis o desequilibrios es lo que lleva a las adolescentes a realizar comportamientos desadaptados, más o menos transitorios, y/o problemas psicológicos duraderos.
A partir de lo dicho, se comprende que lo patológico o conflictivo no es necesariamente lo característico de la totalidad de los adolescentes, sino que el hecho de que un adolescente presente o no un trastorno de la resolución de esos desequilibrios propios de los cambios que se dan en esta etapa. Es decir, que la forma de resolución o enfrentamiento del desequilibrio es lo que lo convierte en algo dinamizador o perturbador para el sujeto.
En el Manual de Medicina de la Adolescencia, Tomas J. Silber y colaboradores definen el embarazo en la adolescencia como aquella gestación que ocurre durante los dos primeros años ginecológicos de la mujer (edad ginecológica cero = edad de la menarquia) y/o cuando la adolescente mantiene la total dependencia social y económica de la familia parental. Ha sido llamado también el síndrome del fracaso, o la puerta de entrada al ciclo de la pobreza.
El embarazo, no planificado, desempeña un papel fundamental en la determinación de las oportunidades futuras de la joven ya que puede desorganizar su vida, su educación y su relación familiar (Mendez Rivas, J. M., 1995; Giberti, E, S. Chavanneau de Gore & B. Tabeada, 1997; Monroy A, Morales N, & Velazco L., 1998; Pantelides E. A., Geldstein R, Calandra N, & Vázquez S., 1999).
Según González, citado en Molina 1991, pág. 29. El embarazo en adolescentes, es un evento inesperado, sorpresivo, señala que se desarrollan reacciones de angustia propias del momento y trastornos en el proceso normal del desarrollo de la personalidad, fenómenos que condicionan la aparición de patologías orgánicas propias del embarazo.
Actitud frente al embarazo
Siguiendo la línea de investigación de embarazo adolescente, promoción y prevención de la universidad de las Américas se presenta las siguientes características de la actitud de las adolescentes ante el embarazo.
El embarazo de la adolescente es una crisis que se sobre impone a la crisis de la adolescencia y que presenta características diferentes según la etapa de desarrollo de la adolescente en que se presente.
El embarazo en la etapa de la adolescencia temprana (10-13 años), donde la incertidumbre por su apariencia física y los cambios que están aconteciendo; enfrentar la maternidad provoca depresión y aislamiento y en algunos casos puede presentarse una incidencia elevada de trastornos emocionales y negación patológica.
En la etapa de la adolescencia media (14-16 años), el embarazo puede ser visto como una amenaza de peligro o como una oportunidad que brindará madurez. Su actitud es ambivalente, de orgullo y de culpa con gran preocupación por las responsabilidades que se le vienen encima.
En la etapa tardía (17-19 años), ya se debe haber establecido sin mayores problemas la identificación y el ejercicio del rol sexual, es por esto que las adolescentes viven el impacto de la realidad y despliegan gran preocupación por ajustarse a su rol de madre: sentimientos maternales protectores y sensación de anticipación del bebe. Además el embarazo puede ser visto como una forma de consolidar la intimidad y comprometer al varón como un futuro compañero.
El embarazo en la adolescencia obliga a las adolescentes a asumir roles de adultos antes de que se encuentren preparadas, lo cual no es conveniente para ellas ni tampoco para el bebé engendrado por ellas.
Una vez conocida la notificación de embarazo, se desencadena una conflictiva psicosocial grave, con consecuencias personales en la propia adolescente y socio-familiares a nivel de la familia de origen y entorno inmediato. (Peña, Quiroz, Muñoz, Molina, Guerrero & Masardo, 1991).
Consecuencias psicológicas en la adolescente
La madre adolescente está expuesta a gran cantidad de problemas psicológicos, ya que la aceptación de ser madre o del matrimonio son grandes pasos para los que no está preparada.
Algunos autores llegan a afirmar que el embarazo en la adolescencia supone el inicio de un "síndrome del fracaso", ya que la adolescente suele fracasar en el logro de las metas evolutivas de la adolescencia, en terminar su educación, en limitar el tamaño de su familia, en establecer una profesión y conseguir ser independiente. Asumir la responsabilidad de la crianza de un infante durante la adolescencia afecta el desarrollo personal de las adolescentes.
Las expectativas y la vida de las adolescentes, cambian totalmente; es muy posible que ya no podrán seguir participando con su grupo de pares, dejarán de crecer con su grupo, con lo cual pierden una importante fuente de satisfacción social y psicológica y un elemento de apoyo afectivo para el logro de confianza en sí misma, de autoestima y de identidad personal.
En la mayoría de los casos las adolescentes tienen que interrumpir sus estudios, lo cual limita sus posibilidades de alcanzar buenos niveles profesionales y laborales. Las madres adolescentes tienen alto riesgo de sufrir desventajas económicas y sociales, de permanecer en la pobreza, sin completar su escolaridad, de tener matrimonios inestables y problemas en la crianza de los hijos.
Es muy probable que algunas adolescentes estén sufriendo el rechazo a causa del embarazo, la joven madre recibe desprecio, violencia y discriminación de parte de su grupo familiar, de sus pares y aún de la comunidad donde vive.
En nuestro medio es habitual, aunque cada vez menos, que el embarazo no deseado conlleve a un matrimonio posterior más o menos "obligado”.
Pero al igual que el embarazo, estos matrimonios tampoco suelen ser deseados, ya que muchas veces obedecen a presiones sociales o familiares. Dado el estado de frustración y malestar psicológico que suelen tener la pareja, además se considera que no cuentan con las habilidades, destrezas y competencias que como pareja puedan exhibir en la complicada tarea de ser padres.
Todos esos conflictos y sentimientos de insatisfacción generan gran dificultad en la adolescente para asumir su rol de madre. Son emocionalmente inmaduras y no tienen la paciencia necesaria ni la tolerancia para proveer de todo lo que necesita un niño pequeño. Puede haber rechazo hacia el bebé o aceptación aparente sin asumir la responsabilidad completa.
El rol de la familia y de la pareja en la maternidad adolescente, así como el apoyo del entorno social, desempeñan un papel muy importante en el transcurso del embarazo de la adolescente. La pareja de adolescentes que reciben el apoyo de sus padres y continúan viviendo con ellos, pueden hacerse cargo de su hijo con la ayuda de sus familiares, pero se observa un desequilibrio psicológico y económico para ésta familia.
Además la adolescente experimenta una pérdida de autonomía que las obliga a aceptar la ayuda de los padres cuando ya creían que empezaban su camino a la independencia. Esa situación puede prolongarse por muchos años y en algunos casos indefinidamente.
Consecuencias para la comunidad.
Las madres adolescentes y sus hijos constituyen una población demandante de servicios de salud y de ayuda, poco o nada productiva, que representa una carga para la sociedad desde el punto de vista económico y social. Estas familias pueden necesitar asistencia pública por largo tiempo.
Además constituyen una creciente población de alto riesgo proclive a presentar desajustes emocionales y psicosociales.
DISEÑO METOLÓGICO
La situación del embarazo en adolescentes, es compleja ya que esta es una etapa de transición entre la niñez y la adultez, matizada por intensos cambios físicos, psicológicos, y sociales. Si a ello se suma un embarazo no planificado, se trasforma en problema para la adolescente, debido a las repercusiones físicas y psíquicas que pueden acarrear. La manera como es afrontado, resulta trascendental para atenuar o neutralizar el impacto y así lograr un estilo de vida saludable. En el Centro de Atención Integral del Adolescente del Área N° 17 del Cantón Durán, los datos estadísticos encontrados del año 2010 hasta mayo del 2011 demuestran que existe un 23.5 % de casos de embarazos en adolescentes, por lo que este ha sido considerado como una de las problemáticas más representativas.
Caracterizar las estrategias de afrontamiento utilizadas por las adolescentes de 12 a 15 años con embarazos no planificados, usuarias del Centro de Atención Integral del adolescente Área 17 del Cantón Durán.
Describir las principales estrategias de afrontamiento, empleadas por las adolescentes con embarazos no planificados
Identificar los conflictos psicosociales que enfrentan las adolescentes de 12 a 15 años con embarazos no planificados.
¿Cuáles son las características de las estrategias de afrontamiento utilizadas por las adolescentes de 12 a 15 años, con embarazos no planificados, usuarias del Centro de Atención Integral del adolescente Área 17 del Cantón Durán?
¿Cuáles son las principales estrategias de afrontamiento empleadas por las adolescentes de 12 a 15 años con embarazos no planificados?
¿Cuáles son los conflictos psicosociales, que enfrentan las adolescentes de 12 a 15 años con Embarazos no planificados?
CONCEPTUALIZACIÓN DE LA VARIABLE
Lazarus y Folkman (1984) definen la estrategia de afrontamiento como: “…aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para operar las demandas específicas externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo”.
Dirigido a la resolución del problema.
Dirigido a la resolución del problema
Buscar diversiones relajantes (Dr)
Esforzarse y tener éxito (Es)
Distracción física (Fi)
Fijarse en lo positivo (Po)
Concentrarse en resolver el problema (Rp)
Buscar apoyo espiritual (Ae).
Buscar ayuda profesional (Ap).
Invertir en amigos íntimos (Ai)
Buscar apoyo social (As)
Buscar pertenencia (Pe)
Acción social (So)
Autoinculparse (Cu).
Hacerse ilusiones (Hi)
Ignorar el problema (Ip)
Falta de afrontamiento (Na)
Preocuparse (Pr)
Reservarlo para sí (Re)
Reducción de la Tensión (Rt)
El método que se utilizó en la presente investigación es el descriptivo, porque permitió describir los hallazgos tal como se encuentran sin intervenir en las variaciones que pudiera suceder en esta población, con enfoque mixto porque nos permitirá describir y medir las diferentes variables del estudio y sus componentes.
El tipo de estrategia que se utilizará para conseguir los objetivos planteados pertenece a la investigación no experimental, porque en esta no se manipulará intencionalmente ningún componente de la variable.
Bajo este enfoque no experimental, el diseño ajustado para nuestra investigación es el Transversal, ya que los datos se recogerán en un solo momento o tiempo único, buscando describir las variables del estudio.
Para alcanzar el desarrollo de la presente investigación se seleccionó una muestra no probabilística de 10 adolescentes, de 12 a 15 años, con embarazos no planificados que reciben el control del embarazo en el Centro de Atención Integral del Adolescente del Cantón Durán, durante el segundo semestre del 2011. Las características del muestreo se corresponden con las de las muestras de sujetos tipos.
Las adolescentes fueron seleccionadas en base a una serie de inclusión y exclusión que son los siguientes:
Edad comprendida entre 12 y 15 años.
Estar asistiendo al control de embarazo dentro de la institución.
Disposición a colaborar con el estudio.
Capacidad verbal para brindar la información.
Vivir en la ciudad donde se realiza la investigación.
Tener un diagnóstico psiquiátrico.
Tener menos de 12 años o mayor de 15
Presentar discapacidad severa.
Tener un embarazo planificado.
Presentar déficit intelectual.
Ausencia de disposición para colaborar con el estudio.
Se llevó a cabo en el Centro de Atención Integral al Adolescente del cantón Durán (Ministerio de Salud Pública. Área 17), lugar donde reciben atención médica, obstétrica y psicológica, las adolescentes embarazadas, reciben información relacionada con los cuidados durante el embarazo. La investigación con las adolescentes se llevó a cabo en una sala que cuenta con las condiciones de seguridad necesaria, el lugar cuenta con buena iluminación y brinda una comodidad adecuada.
El objetivo de la institución es que todas las adolescentes que acudan reciban una atención médica, obstétrica y psicológica, sean informadas sobre diferentes temas como sexualidad, embarazo, anticonceptivos, cuidados durante y después del embarazo, alimentación de la madre adolescente como de su hijo.
INSTRUMENTOS Y TÉCNICAS UTILIZADOS
Los métodos que se utilizaron se sustentan en la metodología cualitativa de la investigación; esto de ninguna manera significó la exclusión del enfoque cuantitativo que es necesario para procesar la información obtenida de los instrumentos aplicados en el estudio.
La escala de afrontamiento para adolescentes
La escala de afrontamiento para Adolescentes (ver Anexo 1) es un inventario de auto informe compuesto de 80 elementos, 79 de tipo cerrado y uno final abierto, agrupado en 18 factores diferentes, cada uno de los cuales se compone de entre 3 y 5 elementos y reflejan 18 estrategias de afrontamiento, que se han identificado conceptual y empíricamente.
Cada uno de los 79 elementos cerrados describe una conducta de afrontamiento específica y se puntúa mediante una escala de tipo Likert de cinco puntos: 1. No me ocurre nunca o no lo hago; 2. Me ocurre o lo hago raras veces; 3. Me ocurre o lo hago algunas veces; 4. Me ocurre o lo hago a menudo; 5. Me ocurre o lo hago con mucha frecuencia (Frydenberg y Lewis, 1996).
En la presente investigación se ha utilizado la forma específica que permite evaluar las respuestas al problema del embarazo no planificado. Se analizó la información acerca de 18 estrategias que utilizan las adolescentes y se agruparan en tres estilos básicos: Dirigido a la resolución del problema, En relación con los demás, Improductivo.
Para la corrección de la prueba hay que tener en cuenta que cada respuesta A, B, C, D o E se corresponde respectivamente con una puntuación de 1, 2, 3, 4 ó 5 puntos como se indica en la propia Hoja de respuestas.
Posteriormente se interpretan las estrategias en relación al estilo al que pertenece:
Dirigido a la Resolución de Problemas
Buscar diversiones relajantes (Dr), describe actividades relajantes: oír música, leer un libro, tocar un instrumento musical, etc.
Esforzarse y tener éxito (Es), supone compromiso, ambición y dedicación para estar mejor.
Distracción física (Fi), elementos que se refieren a hacer deporte, mantenerse en forma, etc.
Fijarse en lo positivo (Po), busca el aspecto positivo de la situación y considerarse afortunado.
Concentrarse en resolver el problema (Rp), acciones dirigidas a analizar los diferentes puntos de vista de la situación.
Afrontamiento en Relación con los Demás
Buscar apoyo espiritual (Ae), supone recurrir a la ayuda de un ser superior para solucionar los conflictos. Emplean la oración y la creencia en la ayuda de un líder espiritual.
Buscar ayuda profesional (Ap), consiste en buscar la opinión de profesionales, como maestros, terapeutas o a una persona competente.
Invertir en amigos íntimos (Ai), se refiere búsqueda de relaciones personales íntimas.
Buscar apoyo social (As), consiste en una estrategia de compartir. los problemas con otros y buscar apoyo en su resolución.
Buscar pertenencia (Pe), implica preocupación e interés por sus relaciones con los demás y por lo que los otros piensan.
Acción social (So), supone dejar que otros conozcan el problema y tratar de conseguir ayuda a través de grupos.
Autoinculparse (Cu), ciertos sujetos se ven como responsables de los problemas o preocupaciones que tienen.
Hacerse ilusiones (Hi), estrategia expresada por elementos basados en la esperanza y en la anticipación de una salida positiva.
Ignorar el problema (Ip), rechazar conscientemente la existencia del problema.
Falta de afrontamiento (Na), incapacidad personal para tratar el problema y desarrollo de síntomas psicosomáticos
Preocuparse (Pr), indica preocupación por el futuro y la felicidad futura.
Reservarlo para sí (Re), expresa que el sujeto huye de los demás y no desea que conozcan sus problemas
Reducción de la Tensión (Rt), utilización de elementos que reflejan un intento de sentirse mejor y relajar la tensión (Fumar, beber, drogarse).
Completamiento de las 5 frases
El Completamiento de las cinco frases, (ver Anexo 2) es una técnica proyectiva que ha sido adaptada para la conveniencia del segundo objetivo, que es el de identificar los conflictos que atraviesan las adolescentes objeto del estudio.
Este instrumento brindará una caracterización general de los conflictos que se presentan a causa del embarazo no planificado, teniendo en cuenta el orden en que se expresan por las adolescentes.
Para complementar la información se administró una entrevista que es una técnica en la que una persona (entrevistador) solicita información de otra o de un grupo (entrevistados, informantes), para obtener datos sobre un problema determinado. Presupone, pues, la existencia al menos de dos personas y la posibilidad de interacción verbal. (Rodríguez, G. y otros).
En este estudio la entrevista será utilizada para complementar la información de los dos instrumentos anteriores, se usará la entrevista focalizada porque es libre y espontánea y porque tiene la particularidad de concentrarse en un tema en particular, en ella se estudiarán:
Variables biológicas: edad.
Variables sociológicas: escolaridad, ocupación, estado civil.
Variables psicológicas: actitud frente al embarazo.
Se consideró oportuno averiguar directamente con un grupo de adolescentes la mejor manera de formular las preguntas para no herir susceptibilidades y, al mismo tiempo, para que dichas preguntas pudieran ser mejor comprendidas por las encuestadas. Por ello, antes de la administración definitiva de los instrumentos de medición emprendimos una prueba piloto en la que participaron cinco adolescentes. Esto permitió repensar el orden de algunas preguntas y al mismo tiempo reformular otras que explorasen con mayor exactitud los datos que se pretendía.
Esta investigación tiene dos objetivos específicos, de los cuales uno de ellos no es dimensión de la variable pero está relacionado con la problemática estudiada.
En primer lugar se aplicó la escala de afrontamiento para adolescentes (Anexo1). con el cual se midió el primero objetivo, orientado a identificar las principales estrategias utilizadas por las adolescentes.
En un segundo momento se procedió a aplicar el segundo instrumento el completamiento de frases, el cual se encamino en conocer los conflictos psicosociales que enfrentan las adolescentes.
Finalmente se aplicó la entrevista que sirve para complementar la información obtenida con la aplicación de los instrumentos cerrados.
La elaboración de esta investigación incluyó varios períodos que se detallan a continuación:
Tabla 2.1:1Cronograma de actividades realizadas para el diseño de tesis
Elección del tema de tesis: problema científico, objetivos, preguntas de investigación.
16/mayo a 02/junio de 2011
20/junio a 30/noviembre de 2011
Variables de investigación: conceptualización y operacionalización.
26/julio a 12/agosto de 2011
Elección de la muestra: criterios de inclusión y exclusión
29/agosto a 16/septiembre de 2011
Elección de técnicas e instrumentos de investigación
24/octubre a 11/noviembre de 2011
Aplicación de técnicas e instrumentos de investigación
01 a 30/diciembre de 2011
02 a 20/enero de 2012
Con este trabajo de investigación se espera reunir la información necesaria que permita conocer las principales estrategias de afrontamiento utilizadas por las adolescentes que viven un embarazo no planificado, con la finalidad de tener bases sólidas al momento de intervenir psicológicamente en sus diferentes problemáticas, para contribuir a mejorar la calidad de vida de las adolescentes paciente y su familia.
Se realizó un análisis cuantitativo y cualitativo de los tres instrumentos aplicados.
PROCESO DE RECOLECCIÓN DE LA INFORMACIÓN.
El proceso de recolección de la información se realizó contactando inicialmente a la Directora del Centro de Atención Integral del Adolescente, para determinar la población de adolescentes embarazadas entre 12 y 15 años, quien sugirió realizar el estudio con las usuarias que se están realizando el control de embarazo.
Posteriormente, se realizó una entrevista con la Psicóloga de la institución, donde se dio a conocer el objetivo de la investigación, los criterios de selección de la población y los aportes que esta traería a dichas adolescentes y a la institución como tal. Así mismo, se acordó la fecha en que se llevaría a cabo la aplicación de los instrumentos.
En los apartados que se presentan a continuación, reúnen la información relacionada con los resultados del proceso de investigación aplicado a las adolescentes con embarazos no planificados del Centro de Atención Integral del Adolescente; inicialmente se dan a conocer las características de las estrategias de afrontamiento utilizadas por esta población, luego se contemplan los resultados concernientes a los conflictos que enfrentaron a causa del embarazo.
Análisis de la Escala de Afrontamiento para Adolescentes
Valoración de la escala de afrontamiento para adolescentes. A fin de facilitar la comprensión de los datos se presentan las dimensiones analizadas mediante los siguientes gráficos.
Análisis de las estrategias de afrontamiento
Se puede apreciar que ante este evento inesperado las adolescentes utilizaron como primera opción y en un 43% una estrategia improductiva, la cual utiliza como mecanismo culparse, no enfrentar, negar o minimizar el problema. También muestra que en menor porcentaje utilizaron una estrategia en relación con los demás, y en menor escala hicieron uso de una estrategia dirigida a la resolución del problema.
Gráfico 3.1: Análisis General de las Estrategias de Afrontamiento Utilizadas
Análisis de las estrategias más utilizadas por las adolescentes
Se observa que las estrategias más utilizadas por las adolescentes fueron: Auto inculparse en un 36 %, Buscar Ayuda Profesional un 33% y Esforzarse y Tener Éxito 31%. En mayor número utilizaron el Autoinculparse, el cual pertenece al estilo Improductivo y está asociado a la inadaptación socio emocional. La otra estrategia utilizada en menor medida, aunque también significativa, p0ertenece al grupo En Relación con los Demás, esta estrategia es activa, las llevó a Buscar Ayuda Profesional para afrontarlo, lo que resulta saludable para ellas; sólo un escaso número de estas adolescentes utilizó la estrategia Centrada en la Resolución del Problema: Esforzarse y Tener Éxito.

References: resolución 
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