Source: https://www.tni.org/en/node/13268
Timestamp: 2019-11-15 14:57:41+00:00

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Las trampas ocultas de la nueva resolución sobre Irak | Transnational Institute
En una palabra, todavía no estamos allí. El actual borrador de resolución que EEUU ha presentado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CS de NNUU) constituye ciertamente un paso en la dirección correcta pero todavía no es como para brindar por el triunfo de NNUU sobre el unilateralismo de la Administración Bush. El último borrador refleja significativas concesiones de EEUU requeridas por otros miembros del CS, particularmente por Francia, Rusia y en menor grado, México. Si fuera aprobado en su actual redacción, en oposición a la redefinición de la Administración Bush basada en sus propias consideraciones belicistas, [este texto] proporciona las bases para mantener la centralidad de NNUU en esta crisis.
Washington ha insistido en que el borrador incluye el fallo de que "Iraq ha incumplido y sigue incumpliendo materialmente sus obligaciones". Pero la línea siguiente concede a Iraq "una oportunidad última para cumplir con sus obligaciones de desarme". Ello deja abierta al menos la posibilidad y por ello proporciona una herramienta clave para la movilización y el activismo- de que las sanciones económicas podrían levantarse finalmente. Se entiende que el borrador establece 'conceder' a Iraq "el objetivo de llevar a término el proceso de desarme completo y verificable". Tras completar las obligaciones de desarme de Iraq, y de acuerdo con la Resolución 687 (artículo 2), las severas sanciones impuestas a Iraq desde 1991 "deberán quedar sin efecto". Como virtualmente todos los representantes oficiales de la Administración Clinton y Buhs han rechazado este claro requisito de NNUU, en lugar de declarar que EEUU mantendría las sanciones "hasta el fin de los tiempos" o su equivalente, esto representa un cambio potencial en la posición de EEUU.
Según el secretario de Defensa de EEUU, Colin Powell, "si Iraq viola esta resolución y la incumple, entonces el CS tendrá que considerar de manera inmediata lo que debe hacerse al respecto, mientras que EEUU y otras naciones animadas por el mismo parecer podrán juzgar lo que deben hacer al respecto si el CS elige no actuar". En otras palabras, si la decisión del CS no coincide con lo que la Administración Bush ya ha decidido unilateralmente, Washington ejecutará sus propias decisiones sin miramientos. Esto representa una concienzuda visión instrumentalizada de NNUU que su relevancia y autoridad se definen en función de y se limitan por su proximidad a las posiciones de Washington.
Las concesiones en la última versión incluyen una llamamiento a una decisión del CS "para que convoque inmediatamente tras recibirse un informe [sobre el no cumplimiento de Iraq] con el fin de considerar la situación y la necesidad del total cumplimiento con todas las otras resoluciones del CS para restaurar la paz y la seguridad internacionales. Esta ha sido la incompleta respuesta de Washington al requerimiento francés de un proceso de dos resoluciones, en el que se requeriría una segunda resolución para juzgar si Iraq incumplía realmente así como para determinar cuáles serían las consecuencias de tal violación. El lenguaje actual que solo reclama que el CS "convoque" va poco más lejos. No se hace referencia a una decisión del CS requerida para determinar si una violación iraquí que pudieran percibir los inspectores de armamento constituiría un "incumplimiento material" o no, y, en caso afirmativo, cuál sería la respuesta adecuada.
La resolución refleja la enorme oposición internacional a la guerra e interna al objetivo declarado de la Administración Bush de [lanzar la] guerra contra Iraq disfrazado en el remilgado lenguaje de "cambio de régimen". Mientras que el triunfo republicano [en las recientes elecciones al Congreso] fortalecerá seguramente a medio plazo las voces más unilateralistas de la Administración, el reconocimiento de la disminución del apoyo público en EEUU a un ataque unilateral fuera de NNUU o sin apoyo aliado podría torcer esta trayectoria.
Pero el peligro permanece. El factor crucial sigue siendo si la combinación de la legalidad internacional en el CS, la oposición internacional masiva a nivel de gobiernos y a nivel popular-, y la presión del creciente movimiento de oposición a la guerra en EEUU, será suficiente para contener al monstruo nuevamente envalentonado de los republicanos estadounidenses. En último término, la pregunta es si se puede forzar que Washington acepte como suprema la jurisdicción del CS de NNUU o si Washington seguirá afirmando que las decisiones de NNUU no "atan las manos" de la determinación de EEUU de ir a la guerra.

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