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Timestamp: 2020-02-28 15:52:14+00:00

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166. CARTAS DE JOSEP TARRADELLAS (1960-1964)
Transcribo íntegramente el artículo de Francesc Foguet y Boreu, aparecido en la publicación FRANQUISMO & TRANSICIÓN (2013) con el título: Margarita Xirgu, presidenta de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en la República Oriental del Uruguay. Cartas de Josep Tarradellas (1960–1964)
El 12 de mayo de 1956, el presidente de la Generalitat de Cataluña en el exilio Josep Tarradellas creó, por decreto, las figuras de los delegados generales y especiales que tenían que representar a esta institución en el continente europeo y en el americano. Para la República Oriental del Uruguay, nombró a la prestigiosa actriz y directora de escena Margarita Xirgu como «delegada general» y al doctor Miquel Cunillera, como «delegado especial».
Aún con dificultades internas, la Delegación del Uruguay llevó a cabo varias acciones para proyectar internacionalmente la voz política de la Cataluña exiliada.
Este artículo examina la actividad oficial de la delegación uruguaya y, especialmente, el papel que tuvo Margarita Xirgu en calidad de delegada general. Así mismo, contextualizándolas, da a conocer las cartas —depositadas en el fondo Margarita Xirgu del Archivo Montserrat Tarradellas y Macià del Monasterio de Santa Maria de Poblet— que el presidente de la Generalitat en el exilio envió a la actriz durante los años 1960–1964, en que le exponía, sobre todo, su actuación en el terreno «diplomático». Con la implicación institucional de alto nivel que asumió, ni que fuera de carácter honorífico, se evidencia el compromiso que Xirgu mantuvo hacia la Generalitat y el conjunto del exilio catalán.
Palabras clave: Exilio catalán, política internacional, Generalitat de Catalunya, Margarita Xirgu, Josep Tarradellas, Delegación de la República Oriental del Uruguay.
Una de las acciones que Josep Irla emprendió durante su mandato presidencial fue la creación de las delegaciones catalanas en tierras de América. El texto de la disposición oficial, firmada en París el 1 de febrero de 1950, establecía que su función era «servir de nexo y de intermediario entre la Presidencia de la Generalitat y los catalanes de la demarcación respectiva».1 Dotadas del carácter de representación institucional en el país donde radicaran, estas delegaciones tenían como hito general «mantener el espíritu de Cataluña y hacerlo conocer en el país respectivo» y, en particular, fomentar «todas las actividades patrióticas, culturales y de asistencia social», como también «estimular y coordinar la acción de todos los elementos catalanes de su demarcación en provecho de la causa antifranquista».2
Como trasfondo, había la necesidad del presidente Irla de buscar apoyos económicos entre las comunidades americanas para paliar la carencia de recursos de la Generalitat en el exilio, debido a la mezquindad y deslealtad del Gobierno de la República española y la agravación de la situación internacional con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Esta disposición presidencial comenzó un debate entre las comunidades catalanas, como la de México y de Argentina, las más significativas, que reclamaron la creación previa de un Gobierno o Consejo Nacional a fin de que ejerciera de portavoz nacional y dirigiera la actividad de las colectividades de los exiliados. 3
La eterna discordia de los catalanes, en que Josep Tarradellas como secretario general de ERC tuvo un papel destacado, paró la constitución de un nuevo Gobierno y, de retrueque, dificultó la creación de las delegaciones. La iniciativa de Irla para reavivar su acción política había fracasado sin paliativos: «las delegaciones que fueron creadas con las finalidades que sabéis no funcionan», reconocía el mismo presidente en una carta a Víctor Torres, desde Cogolin el 8 de julio de 1950.4
Seis años más tarde, en 1956, el presidente Josep Tarradellas recuperó la idea de las delegaciones y canalizó la viabilidad legal para formar una red de representaciones de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña tanto en el interior como el exilio.
En efecto, el decreto del 12 de mayo de 1956, publicado en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña, de junio del mismo año, daba vía libre al nombramiento de delegados generales y especiales «en Cataluña y en los territorios donde la emigración catalana lo justifique», según especificaba el artículo primero.5 En el preámbulo se argumentaba la situación de carencia de «jurisdicción territorial» con qué había quedado la Generalitat con la ocupación del territorio por el ejército franquista, se hacía una síntesis de las vicisitudes vividas por la institución desde entonces y, de acuerdo con el precedente legal, se justificaba la potestad que tenía el presidente de confiar su representación y de establecer delegaciones de la Generalitat por todas partes donde hiciera falta. Seguramente, Tarradellas intentaba establecer unas delegaciones de la Generalitat en el interior y en el exilio para reforzar la institución que presidía y para encontrar un apoyo no tan sólo de carácter económico, sino también de legitimación política. Mediante una «ordenanza de necesidad», el decreto del 12 de mayo de 1956 instituía el nombramiento de los delegados generales y especiales, y las funciones que tenían que asumir, sin que en ninguna parte se concretara ninguna dotación económica para su funcionamiento. Al fin y al cabo, diseñadas desde una óptica muy presidencialista, las delegaciones se convirtieron en una red —entre oficial y confidencial— de intercambios, conversas y epístolas de Tarradellas con las personalidades del exilio o del interior de su confianza, adhesión o lealtad, que asumían la función de delegados personales.
Cómo en el caso de Irla, el establecimiento de las delegaciones generó una nueva polémica contra el presidente Tarradellas que fue acusado por algunos cenáculos políticos de exiliados de instigar un poder de carácter «personalista» y de no querer formar gobierno, hecho que reabrió el debate sobre esta cuestión —«la gran piedra de la discordia» de su presidencia, según Ernest Udina.6
A posteriori, el mismo Tarradellas reconocía la importancia que tuvo la red de delegaciones como representación institucional en el exilio, pero también como «contrapeso político»:
Menos en México y Paraguay, nombré delegados míos en casi todos los países de Sudamérica, en Argentina, Chile, Perú, Uruguay, Brasil, Venezuela. Los diarios de aquellos países hablaban a menudo, de estas delegaciones, los delegados de las cuales me escribían continuamente e informaban de las acciones y discursos del presidente a las colonias de exiliados. Se trataba sobre todo de mantener viva la llama de la Generalitat. En principio, pensé que quizás también se podría hacer una delegación en Cataluña. Pero la cosa no pasó de una formulación en principio. De hecho, nadie quería serlo porque nadie podía serlo, si no es que quisiera ir directamente a la prisión. Fue importante en el exilio durante muchos años la acción de las delegaciones y también fue una manera de evitar la creación de un gobierno en el exilio, sobre el cual vencí todas las presiones.7
Ahora bien, el decreto de Tarradellas que creaba las delegaciones no fue «letra muerta», como dejó escrito Miquel Ferrer con toda la mala intención.8
No se desplegó, seguramente, en los términos grandilocuentes que indicaba la disposición oficial, porque ni en Cataluña ni en Europa no hubo una red tan definida y articulada en términos oficiales como en América, pero el hecho es que, además de los nombramientos, algunas delegaciones llevaron a cabo una mínima actividad, de cariz simbólico, que no se puede olvidar ni menospreciar. El caso de la delegación de la República Oriental del Uruguay, presidida por la actriz y directora de escena Margarita Xirgu es un ejemplo. Pero no debe de ser el único. Todavía hay que estudiar hasta qué punto y cómo se materializó esta «política de delegaciones» en el interior y en el exilio. Sabemos, en todo caso, que en el continente americano se crearon las más activas y de más influencia en la política de extensión tarradellista en países como por ejemplo Argentina, Bolivia, el Brasil, Colombia, México, Perú, el Uruguay, Venezuela o Chile.9
Con todos los delegados generales o especiales Tarradellas mantuvo una intensa correspondencia por medio de la cual les informaba básicamente de las acciones de proyección exterior que emprendía la Presidencia de la Generalitat en el exilio. Estaba muy agradecido, de la adhesión que había encontrado en las colectividades catalanas del centro y sur-amèrica, porque le había permitido nombrar delegaciones de la Generalitat en todas partes, «representadas por viejos residentes y exiliados» que demostraban, a su parecer, «la gran unidad de los catalanes por encima de las discrepancias que existen en toda democracia».10 Incluso, dedicó uno de sus «mensajes oficiales» a los delegados y a las delegaciones de la Generalitat en el interior de Cataluña y en el exilio, fechado en Francia el 14 de abril de 1960, en que fijaba precisamente su propuesta de una «política nacional» diferenciada de la española.11
1 Miquel Ferrer Sanchis, La Generalitat de Catalunya a l’exili (Barcelona: Aymà, 1977), 135.
2 Ferrer Sanchis, La Generalitat de Catalunya a l’exili, 137.
3 Ibid., 138–143. Ver también Felip Calvet i Costa & Josep M. Roig i Rosich, Josep Irla, president de la Generalitat catalana a l’exili (Barcelona: Fundació Salvador Vives Casajuana, 1983), 273–274.
4 Josep Irla i Bosch, Memòries d’un president a l’exili, edición a cargo de Jordi Gaitx Moltó (Barcelona: Viena, 2010), 168–169.
5 Decreto del 12 de mayo de 1956, firmado por el presidente Josep Tarradellas en Mèxico (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya, editado en el exílio, junio 1956, 3). Reproducido también en Ferrer Sanchis, La Generalitat de Catalunya a l’exili, 178–179.
9 Según el Butlletí d’Informació de la Generalitat de Catalunya editado por el Servei d’Informació i Publicacions de la Generalitat de Catalunya en julio de 1960, las delegaciones constituidas eran les seguientes (entre paréntesis sus integrantes): Argentina (Joan Cuatrecasas, presidente; Josep Santaló, delegado especial; Francesc Arnó, Joan Bas Colomer, Josep Carbó, Andreu Dameson, Timoteu Mas, Joan Merli, Ricard Rossell y Jaume Vachier, miembros), Bolivia (Pere Puig Subirats, delegado general), Brasil (Francesc de Paula Marquès, presidente; Josep Montfort, delegado especial; Salvador Puigvert y Salvador Riera, miembros), Colombia (Pere Barenys Arnau, delegado general), México (Antoni Maria Sbert, delegado general; Màrius Calvet Arce, secretario de la Generalitat), Perú (Josep Muxi, delegado general), Uruguay (Margarita Xirgu, presidenta; Miquel S. Cunillera Rius, delegado especial; Josep Barberà Benet, Joan Garcia Grau, Llorenç Masferrer y Antoni Trilla, miembros), Venezuela (Marc Aureli Vila, delegado general; Emili Pla, delegado especial) y Chile (Pere Mir Tauler, presidente; Pelai Sala, delegado especial; Cristià Aguadé, Antoni Blàvia, Celestí Morlans Pujol, miembros). Se anunciaba también que se habían instituido delegaciones en Costa Rica, Cuba, Ecuador, Panamá, República Dominicana y República del Salvador, aunque no se publicaban los nombres de los catalanes que las integraban «a causa de los régimenes políticos de estos países». Mirar «Delegacions de la Generalitat de Catalunya», Butlletí d’Informació de la Generalitat de Catalunya [París] 26 (jul. 1960): 5–6. En opinión de Ernest Udina, Joan Cuatrecasas y Antoni M. Sbert fueron los dos «hombres de Tarradellas» que, en el exilio, llevaron a cabo «una acción más eficaz», Udina, Josep Tarradellas, l’aventura d’una fidelitat, 285.
11 Josep Tarradellas, «Missatge als delegats i a les delegacions de la Generalitat a l’interior de Catalunya i a l’exili», Butlletí d’Informació de la Generalitat de Catalunya [París] 25 (abr. 1960): 2–3. En esta declaración, Tarradellas no ahorró las apelaciones solemnes a la fidelidad hacia los «deberes y responsabilidades» y a la «lealtad a la patria», que impidieran ninguna desviación en la «ruta» de la defensa de la «personalidad nacional»; ni dejó de referirse a la «unidad catalana» que tenía que llevar al triunfo de los ideales, si se superaban los «peligros», ni tampoco de remarcar su «optimismo» por las coincidencias que observaba con los catalanes que anhelaban «traer en Cataluña la libertad». Sin olvidarse de recurrir al pasado histórico y a los referentes de Prat y Macià, Tarradellas también defendía el papel de la Generalitat como eje de la unidad catalana y de la política nacional que había que llevar a cabo, en virtud de la cual Cataluña tenía que «plantear sus derechos y sus problemas» y tenía que «trabajar para resolverlos de acuerdo con sus conveniencias y necesidades», haciendo compatible el patriotismo y «el deseo de hacer de España un gran pueblo», pero también teniendo en cuenta el trato recibido.
Xirgu, una candidata de prestigio y de consenso
En la República Oriental del Uruguay, el presidente Tarradellas nombró a Margarita Xirgu como «delegada general» del Gobierno catalán, con residencia oficial en la ciudad de Montevideo (Colonia 881, piso 10, dep. 27). Mucho más tardía que en otros casos, la designación se hizo efectiva en México el 12 de agosto de 1959, de acuerdo con aquello que preveía el artículo primero del decreto de la Presidencia del 12 de mayo de 1956 que hemos comentado.
Debía de contribuir el gran prestigio que Xirgu disfrutaba no únicamente entre el exilio catalán, sino en tierras americanas en general. Sin ir más lejos, en una entrevista para el semanario Destino del 15 de marzo de 1958 —que Tarradellas guardó celosamente en el archivo personal— Josep Pla encaramó Xirgu al zenit de «la mayor actriz de la América Latina».12
La Humanidad, portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña, el partido al cual pertenecía Tarradellas, publicó una nota breve sobre la toma de posesión del cargo en que aclaraba que Xirgu, «contrariamente a los rumores que había hecho circular la prensa franquista, sigue en el exilio», y también informaba que, con motivo del nombramiento, había sido «muy felicitada por todos los estamentos políticos y sociales del país, donde la exímia actriz cuenta con un gran prestigio que honora, juntos, a todos los catalanes».13
En primera instancia, el presidente Tarradellas sondeó a Josep Roig y Vidal, uno de sus hombres de confianza en la América latina,14 para que asumiera la presidencia de la Delegación del Uruguay, pero éste declinó el ofrecimiento y, como alternativa, propuso que se designara a Margarita Xirgu. A parecer de Roig y Vidal, tal como manifestó en una carta a Tarradellas fechada en Montevideo el 6 de agosto de 1959, la opción de Xirgu era «una solución ideal»: La Xirgu, querida por todos los catalanes con contactos y relaciones en todas las esferas políticas, sociales, artísticas y diplomáticas, al frente de la Delegación, daría categoría y relieve a la misma. Muchas puertas se le abrirían a Margarita Xirgu, lo cual sería muy difícil que lo lograra otra persona. Un documento emanado de la Generalitat que tenga carácter público, aunque vaya dirigido a los catalanes, y que tenga que ser firmado por el presidente de la Delegación del Uruguay, tendrá una mejor acogida si va firmado por Margarita Xirgu, que no que sea firmado por un Roig que casi no conoce nadie.
Considerando el renombre de que disfrutaba Xirgu entre el exilio catalán, Tarradellas no tuvo ninguna objeción, más bien al contrario, en escogerla como presidenta de la delegación uruguaya y encomendó al mismo Josep Roig y a Miquel S. Cunillera —otro de sus hombres de confianza—15 que hicieran las gestiones pertinentes para convencerla. En una carta fechada en Saint-Martin-le- Beau el 9 de septiembre de 1959, Tarradellas corroboraba la opinión de Roig: «si la señora Xirgu aceptara fuera una gran solución […]. Si la señora Xirgu aceptara, esto sería un gran éxito no solamente para los catalanes que vivís en el Uruguay, sino para todo el mundo, puesto que el nombre y el prestigio de ella es una cosa viva entre nosotros». Antes incluso de la constitución oficial de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en la República Oriental del Uruguay, el presidente Tarradellas formalizó ya, desde México, los nombramientos de los miembros, el 12 de agosto de 1959, de acuerdo con lo que preveía el decreto de Presidencia que hemos citado del 12 de mayo de 1956.16 Encabezada por Margarita Xirgu, como delegada general, y Miquel S. Cunillera, como delegado especial, el resto de integrantes de la Delegación serían, en principio, Josep Barberà y Benet, Francesc Bergós y Ribalta, Joan Garcia y Grau, y Llorenç Masferrer.17
En calidad de delegada general, Xirgu tenía que asumir las funciones correspondientes, según lo que establecían los puntos a), b) y c) del artículo segundo del decreto mencionado del 12 de mayo de 1956, esto es:
a) Promover y coordinar las tareas que lleven a cabo las organizaciones catalanas, o constituidas por catalanes y nacionales de los países de su respectiva residencia, para la defensa de las libertades democráticas de Cataluña y de la cultura catalana.
b) Representar la Presidencia de la Generalitat en las relaciones con las entidades antes mencionadas y las públicas o particulares de los países en los cuales se ejerza la Delegación, y en relación con las instituciones de la República española y sus representantes en el exterior.
c) La coordinación, de acuerdo con la Presidencia de la Generalitat, del cometido de los delegados especiales que residan en el territorio atribuido a la delegación general.
Inicialmente, Xirgu se resistió «por miedo a tener que hacer discursos», pero debió de decidirse favorablemente cuando le plantearon que el cargo era «casi honorífico».18 Al parecer, la actriz catalana aceptó el nombramiento «encantada», con buena predisposición para colaborar con Tarradellas, una vez, eso sí, Roig y Cunillera la visitaron, le explicaron los motivos y le mostraron la documentación alusiva, según reportaba este último en una carta a Josep Tarradellas, fechada el 24 de septiembre de 1959. La entrevista tuvo lugar el día antes, el 23 de septiembre, a las séis de la tarde, en Montevideo, con presencia del marido de la actriz Miguel Ortín. Roig Vidal refería así a Tarradellas la reunión en una carta fechada en la capital uruguaya aquel mismo día:
«Hubo algunas resistencias de parte de la señora Xirgu, reforzadas con observaciones de su marido, pero no fueron insalvables y, después de un rato de argumentar unos y otros, la señora Margarita Xirgu aceptó la presidencia de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en el Uruguay».
Sin embargo, la constitución de la Delegación no careció en el comienzo de conflictos y malavinencias, tal como dejaba entrever Tarradellas en una carta a Cunillera, fechada en Saint-Martin-le- Beau el 21 de diciembre de 1959:
«Ya sé las divergencias que se han producido, pero a mí me parece que todos sois suficiente amigos y tenéis bastante sentido de la responsabilidad para llegar a una coincidencia efectiva. Es el único país de toda América en que mis propósitos están encallados, y confío con tu siempre cordial y fiel amistad, para ayudar a resolver esta situación».
Pocos meses antes de la constitución oficial, Cunillera manifestó, en una carta fechada en Montevideo, el 9 de enero de 1960, que los antagonismos entre Bergós, por un lado, y Barberà y Masferrer, de la otra, continuaban (de hecho, parece que venían de lejos), pero que, al fin y al cabo, lo más interesante de la Delegación sería la delegada general, o sea, Margarita Xirgu:
«Habiendo obtenido de ella la aceptación, lo más importante, los demás no creo que sean tan importantes como para creerse con derecho de venirte a pedir ni explicaciones».
Para desencallar la situación, el presidente Tarradellas se apresuró a dar carta blanca a Cunillera, como delegado especial, para que creara lo antes posible la Delegación del Uruguay, que, después de unos tira y afloja, fue oficialmente constituida en la ciudad de Montevideo el 25 de marzo de 1960.19
El acta fundacional deja constancia que el doctor Francesc Bergós no aceptó la designación «por razones personales» y que finalmente los miembros de la recién nacida Delegación eran, además de Margarita Xirgu, que la presidía, el doctor Miquel Cunillera, como delegado especial, y Josep Barberà, Joan Garcia Grau y Llorenç Masferrer.
12 José Pla, «Calendario sin fechas. Margarita Xirgu», Destino 1.075 (15 marzo 1958): 19. Ver el anexo 1. Seguramente, la lectura de este artículo encomiástico hizo que Tarradellas no tuviera ningún inconveniente a la hora de aceptar la designación de Xirgu como presidenta de la Delegación del Uruguay.
13 «Margarita Xirgu preside la Delegación de la Generalitat en el Uruguay», La Humanitat. Portavoz d’e squerra Republicana de Catalunya [Mèxic DF], tercera época, 10–12 (abr.–junio de 1960):12.
14 Nacido en Vilafranca del Penedès en 1901, Josep Roig y Vidal era empresario. Desde 1951 residía en el Uruguay, donde había creado una empresa de productos dentales, pero en los años sesenta volvió definitivamente a Barranquilla (Colòmbia), donde se había instalado en el primer exilio.
15 Nacido en Palau d’Anglesola en 1904, Miquel dels Sants Cunillera Rius era médico. Había sido diputado del Parlamento de Cataluña durante la República. Se exilió a Francia, después a Chile y al Uruguay. En los últimos años, se instaló en Andorra, donde ejerció la medicina en Les Escaldes. En el AMTM hay una numerosa correspondencia entre Cunillera y Tarradellas, que abraza los años 1946–1976. Entre las cartas circunscritas al periodo 1960–1964 que se intercambiaron, todas fechadas en Montevideo, destaquemos al menos tres. En la del 5 de mayo de 1962, Cunillera valoraba la «trilogía» Ángel Curotto, Justino Zavala Muniz y Margarita Xirgu como «elementos que dominan todo lo relacionado con el teatro del Uruguay, aparte de elementos importantísimos dentro la colectividad “colorada” políticamente». En la del 7 de diciembre de 1963, le explicaba las dificultades que tuvo para situar «en el lugar de honor pertinente» la Generalitat de Cataluña en los Juegos Florales que tuvieron lugar en Montevideo el 20 de octubre de aquel año y, a la vez, le exponía la implicación de la actriz en el certamen, una prueba más del vínculo que tuvo con el exilio catalán: «Está claro que el acto “lo robaron” la presencia de nuestra Margarita y de Zavala Muniz y, sobre todo, el magnífico encuadre del Teatro Solís […]. A propósito de la Xirgu, sabrás que han dejado el apartamento que tenían usufructuando en Montevideo y que han ido a vivir definitivamente en su chalé de Punta Ballena […]. Tanto ella como su esposo, el amigo Ortín, están excelentemente de salud y muy bien, y está claro que este verano, con la llegada de [Joan] Rocamora y [Joan] Cuatrecasas, estarán a las mil maravillas allá. Por otra parte, cada fin de semana no carecen de amigos que los vayan a visitar». Por otro lado, Tarradellas dirigió a Cunillera una misiva, la fechada el 2 de mayo de 1963, en que el presidente en el exilio manifestó su aprecio a «todo lo que el Uruguay ha hecho por todos vosotros y por su simpatía y afecto hacia nuestra grande Margarita Xirgu».
16 Sobre los nombramientos oficiales, ver el anexo 2–5.
17 Individualmente, Josep Barberà, Francesc Bergós Ribalta, Joan Garcia Grau y Llorenç Masferrer recibieron una notificación fechada en México, el 12 de agosto de 1959, que decía así: «Por resolución de esta Presidencia, firmada en el día de hoy, y a propuesta del delegado general de la República de la Uruguay, señora Margarita Xirgu, habéis sido designado para formar parte de la Delegación en esa República. Lo cual os comunico para vuestro conocimiento y a los efectos que se deriven». De todos cuatro, el médico Francesc Bergós Ribalta, nacido en Barcelona en 1903, era el que disfrutaba de más notoriedad pública. Después de haber estado en Argentina, Bolivia y Chile, se estableció en el Uruguay, donde fue profesor de táctica sanitaria en la Escuela de Sanidad Militar y en la Facultad de Medicina de Montevideo. Presidió el Casal Catalán de Montevideo (1957 y 1966) y, cuando se dividió en 1961, fundó el Hogar Catalán. Cuatro años más tarde, en 1965, volvió al Casal Catalán. El 1972, fue nombrado delegado general para el Uruguay por medio de una orden fechada el 17 de noviembre de aquel año en Saint-Martin-le-Beau, «para que los catalanes del Uruguay sean informados por esta Presidencia de sus actividades, y también para que les sea posible hacer llegar a ésta sus anhelos y sus inquietudes».
18 «Margarita me había explicado —reportaba Cuatrecasas en una carta a Tarradellas fechada en Buenos Aires el 30 de agosto de 1959— vuestro ofrecimiento y lo que le gusta; tuve la impresión que no aceptó por miedo a tener que hacer discursos. Ella dice que no es para ella el tomar iniciativas y parlamentos. Quizás, si se le dijera que no tiene que hacer nada más que presidir con carácter casi honorífico, aceptaría».
19 Ver el anexo 6.
Foto dedicada de Margarita Xirgu a la Casa de Cataluña, el 6 de septiembre de 1964 en Montevideo.
Crisis de la Delegación
De todas maneras, las dificultades constituyentes no tardaron mucha en aflorar, a pesar de que se dispusiera de Xirgu como aglutinadora de consensos, por razón del gran prestigio de que disfrutaba en la América latina. Tres de los miembros de la Delegación, Barberà, Garcia y Masferrer, enviaron una misiva a Tarradellas, con fecha del 7 de septiembre de 1960, en que le exponían claramente que «la cosa no marcha. La Delegación resulta inoperante», «la Delegación de hecho no existe», puesto que sólo se había reunido «una vez»; por si esto no fuera poco revelador, atacaban la arbitrariedad de Cunillera como delegado especial, 20 porque iba demasiado a su aire, y amenazaban raudo y corto con la dimisión. A su vez, Cunillera hacía saber a Tarradellas, en una carta fechada en Montevideo el 5 de noviembre de 1960, que el «grupo» discrepando estaba «emperrado en organizaciones burocráticas internas incluso de un poco de mal gusto», como si se tratara de «un comité más», pero creía que ya les pasaría; en todo caso, tanto la Xirgu como el doctor Anton Trilla —que según parece también formaba parte de la Delegación, a pesar de que no conste el nombramiento en los papeles oficiales—21 estaban «perfectamente identificados en toda la amplitud» con Tarradellas, «y a sus incondicionales órdenes, esperando solamente tus informaciones e instrucciones, sin discutir ni querer sentar cátedra de más sabiondos». En la carta de respuesta a Barberà, Garcia y Masferrer, fechada en Saint-Martin-le-Beau el 26 de enero de 1961, Tarradellas miró de apaciguar los ánimos de los tres miembros díscolos de la Delegación uruguaya y les rogó que se mantuvieran en su lugar, después de admitir que «el problema de las Delegaciones en todas partes ha sido siempre muy complicado, pero me hay que reconocer que en lo que se refiere al Uruguay ha sido desde el comienzo un poco difícil».
El mismo día, escribió también a Cunillera una carta en que le adjuntaba una copia de la mencionada carta del «grupo» y, expresándole su «total confianza» y relativizando el incidente, le pedía que convocara una reunión para leer juntos uno de los Informes confidenciales que les remitiría bien pronto y que —como se puede comprobar con las cartas que editamos— eran la auténtica obsesión de Tarradellas en aquellos años. En el verano de 1961, en una misiva fechada en Montevideo el 25 de agosto, Cunillera hablaba ya en términos de «crisis» abierta de la Delegación, motivada por los enfrentamientos internos, diferencias y discusiones de procedimiento —muy habituales en las entidades de exiliados— en el seno del Casal Catalán de Montevideo que tenían, justamente, como principales impulsores el grupo Barberà, Garcia y Masferrer. De resultas de las discordias casalencas se constituyó una nueva entidad, liderada por el doctor Bergós, que llevaba por nombre «Hogar Catalán».22 Cunillera ponía esta nueva entidad al servicio de las actividades patrióticas y de la colaboración con la política tarradellista. Como consecuencia de esta escisión, la Delegación también se resintió con una «crisis» en toda regla que, a la postre, era constituyente: Crisis, que es la misma que planteó Bergós, para no formar parte, y que yo aceptaba, por los viejos vínculos que tengo contigo, y buscando la mejor solución y ayuda en tu actuación. No hace falta que te diga, al mismo tiempo, que tanto la señora Xirgu como el mismo doctor [Joan] Cuatrecasas […] están plenamente identificados con la actitud tomada por nosotros, que […] servirá para aclarar el ambiente y poner las cosas a su lugar.
Barberà y Masferrer abandonaron la Delegación, que sin duda dominaba Cunillera con el plàcet presidencial. Cuando se enteró de los hechos, Tarradellas no se sorprendió mucho. En la respuesta a Cunillera, fechada el 2 de septiembre de 1961, encontró que era evidente que las disensiones internas acabarán como el rosario de la aurora, reiteró nuevamente la confianza en su delegado especial y, considerando que se trataba de un asunto de alcance local, opinó que era mejor no remover más el tema y dejar las cosas «como están».
En resumidas cuentas, si bien era muy importante, por su acción política, de afianzar los lazos con los núcleos de exiliados catalanes en América o en Europa, el presidente Tarradellas tenía, no hay que decirlo, preocupaciones mucho más graves para atender. Había que velar por las buenas relaciones con los gobiernos de los estados, especialmente con el francés, y mantener la tensión dialéctica con los representantes de la República española en el exilio, con los cuales las avenencias no eran nada fáciles. Hacía falta también reforzar como fuera su legitimación presidencial, permanentemente cuestionada por su propio partido y por las otras fuerzas políticas, tanto en Cataluña cómo en la diáspora. Y, todavía, tenía que solucionar los conflictos tácticos que él mismo de vez en cuando contribuía a crear, muchas veces debido al celo estratégico a convertir la Generalitat que presidía en el único y exclusivo interlocutor válido en todas las negociaciones y pactos que se hicieran en el interior o en el exilio.
20 Bien mirado, las atribuciones del delegado especial eran muy amplias y dependían mucho de la discrecionalidad del presidente, si hacemos caso de lo que dice el artículo tercero del decreto del 12 de mayo de 1956: «Las delegaciones especiales tendrán a su cargo la gestión y la orientación, de acuerdo con la Presidencia de la Generalitat, de los asuntos que esta crea conveniente encargarlos temporalmente o por tiempo indefinido, fijando en los nombramientos respectivos el cometido y el territorio de cada delegación especial».
21 Nacido en Les Avellanes en 1908, Antón Trilla Sanuy era médico, pintor y músico. Establecido en el Uruguay, ejerció la medicina y presidió el Casal Catalán de Montevideo durante los periodos 1945–1946 y 1975–1978.
22 Llar Catalana era una entidad constituida en Montevideo en 1961, debido a las desavenencias internas del Casal Catalán. Fue presidida por el doctor Francesc Bergós Ribalta, con el doctor Anton Trilla de vicepresidente y Miquel Pascual de secretario. En 1965, sus miembros reingresaron en la entidad madre. Entre sus actividades, hay que destacar la organización de los Juegos Florales de la Lengua Catalana, celebrados en el Teatro Solís de Montevideo, el 20 de octubre de 1963, con la actriz Margarita Xirgu de presidenta.
Acciones de la Delegación del Uruguay
Entre las «acciones» en que participó Xirgu como delegada general en el Uruguay de la Generalitat de Cataluña en el exilio, destacamos la firma de dos cartas de alto contenido simbólico: la primera, del 12 de octubre de 1961, al senador Luis Batlle Berres, director también del diario Acción de Montevideo, y, muy especialmente, la segunda, del 7 de diciembre del mismo año, al presidente de los Estados Unidos de América John Fitzgerald Kennedy.23 Todo y el alcance diferente de cada una, en los dos casos se trataba de proyectar, en el ámbito internacional, la voz política de Cataluña por medio de su figura institucional más relevante, Josep Tarradellas, como representante de facto de la catalanidad exiliada. Escrita seguramente por Cunillera, la carta al senador Batlle es una expresión del pésame por la muerte del consejero nacional Manuel Rodríguez Correa, un político uruguayo que pertenecía al Partido Colorado y que había sido miembro del Consejo Nacional del Gobierno entre 1959 y 1961. Subrayamos que la condolencia se hacía en nombre de la «sojuzgada y doliente democracia catalana, y de su legítimo representante el presidente de la Generalitat Honorable Señor José Tarradellas». Hay que tener en cuenta, por otro lado, la significación política de Batlle, que había sido presidente del Uruguay entre 1947 y 1951 y, posteriormente, entre 1955 y 1956, y también su ascendencia catalana, que podía hacerlo más sensible al pleito de Cataluña, comoquiera que era sobrino del célebre político y estadista José Alcalde y Ordóñez, que le había precedido en la presidencia de la República del Uruguay en dos compromisos (1903–1907 y 1911–1915). Mucha más significación política tiene la segunda misiva que Xirgu firmó junto con Joan Cuatrecasas (delegado de la República Argentina), Josep Santaló (delegado especial del presidente de la Generalitat) y Miquel Cunillera (delegado especial en el Uruguay). Fechado en Buenos Aires, este documento fue escrito por Cuatrecasas y dispuso del visto bueno explícito de Xirgu, tal como comenta él mismo en una carta a Tarradellas, del 24 de diciembre de 1961, desde la capital argentina:
Cómo que yo estuve cuatro días en el Uruguay, Margarita lo encontró muy bien y puso la firma. Son pequeños granos de arena, que es lo poco que nosotros podemos hacer. Hemos procurado siempre que ninguna frase o palabra no pueda ser mal interpretada. […] La firma de Margarita Xirgu es conocida e importante. En Kennedy hace caso de estas advertencias. A raíz del concierto que Pau Casals ofreció en la Casa Blanca el 13 de noviembre de 1961, invitado personalmente por Kennedy, los firmantes de la misiva al presidente de los EE.UU. manifestaban su esperanza que la repercusión artística y política de este acto, tan simbólico, sería un punto de inflexión en la política exterior norteamericana. Desde los Pactos de Madrid de 1953, como es conocido, los EE.UU. habían reforzado, para el bien del imperio, la dictadura franquista en el ámbito internacional.24 Aun así, con la llegada de Kennedy a la presidencia de los EE.UU. en 1961, que tomaba el relevo a Eisenhower, el mantenimiento de esta política entraba en contradicción, como apuntaban los firmantes de la carta, con la defensa de la libertad que se encontraba en la base de las Naciones Unidas y en los valores democráticos que el partido de Kennedy se vanagloriava de defender.
Los signatarios de la carta al presidente de los EE.UU., que lo hacían en calidad de delegados de la Generalitat en el exilio, criticaban que la política norteamericana obviara que apoyaba a una dictadura fascista, advertían del peligro que, en plena Guerra Fría, el comunismo se ganara las simpatías de la oposición antifranquista con una progresiva radicalización y, en definitiva, reclamaban una rectificación de la política internacional que permitiera que el pueblo español y el catalán recuperaran la democracia. En este sentido, aseguraban que el presidente de la Generalitat en el exilio —una institución que creían de consenso entre los catalanes— se encontraba a punto para asumir la «reconstrucción democrática» y la transformación política que reclamaba el Estado español. No había suficiente con discursos o proclamas, osaban advertir a Kennedy, hacía falta una acción diplomática efectiva que apostara por un viraje democrático. Pocos días después, en una carta dirigida a Cuatrecasas, del 10 de febrero de 1962, Tarradellas felicitaba los abajo firmantes de la carta al presidente Kennedy y expresaba su conformidad con el texto:
Mucho me complació su contenido, tanto por el pensamiento que en toda ella late como por el tono y la manera de exponer nuestros anhelos. Más que una carta es un documento, desnudado de retórica, sin tópicos y pleno de una noble ambición por el futuro de nuestro pueblo y de la democracia. Francamente, me parece que, si todos los exiliados catalanes y españoles hicieran un esfuerzo, en cada ocasión que se presenta, para plantear nuestros problemas con la inteligencia que lo habéis hecho en esta carta, cada día ganaríamos más posiciones en la batalla que hace tantos años mantenemos.
La buena sintonía entre Tarradellas y Xirgu, que se hizo evidente en algún encuentro esporádico en qué coincidieron en los años cincuenta, es corroborada también por los comentarios que hace su amigo Cuatrecasas en las cartas que enviaba al presidente en el exilio. En una de las misivas, fechada en Punta Ballena el 7 de febrero de 1962, por ejemplo, el amigo doctor de Xirgu —con la cual compartía vecindad en Punta Ballena— confesaba a su ilustre destinatario lo siguiente:
Ya hace unos días que estamos en Punta Ballena, disfrutando de la playa y de la meditación. Podéis suponer como os recordamos y cómo revivimos aquellas horas que en el rincón de Ull de Ter disfrutamos de vuestra presencia. Margarita Xirgu hace suya también esta carta, dado que cada día hacemos comentarios de las noticias mundiales y manifestamos esperanzas del regreso próximo, bien recordando a nuestros poetas:
Parece que la hora se va acercando; todas las circunstancias coinciden hacia la rápida eliminación de la carcoma pudiente que paraliza el destino de nuestra patria.
23 Ver respectivamente el anexo 7 y 8. En nombre de la colectividad catalana, la delegación de la Generalitat de Cataluña en el Uruguay y el presidente Tarradellas, Cunillera en solitario escribió también una carta a Emilio A. Masobrio, director de Paseos Municipales de Montevideo, fechada en esta ciudad el 20 de enero de 1962, para agradecerle el embellicimiento de la plaza que, en la capital uruguaya, llevaba el nombre y rendía memoria al presidente Lluís Companys. Ver el anexo 9.
24 Sobre las relaciones entre el franquismo y los EE.UU., ver, por ejemplo, Angel Viñas, Los pactos secretos de Franco con Estados Unidos: bases, ayuda económica, recortes de soberanía (Barcelona: Grijalbo, 1981), y Manuel Espadas Burgos, Franquismo y política exterior (Madrid: Rialp, 1988).
25 «de todas las danzas que se hacen y se deshacen». Fragmento de la última parte del poema «La sardana», de Joan Maragall, incluido dentro de Visiones & Cantos (1900).
Distinguida presidenta
Cómo con el resto de delegaciones, Tarradellas entabló una cierta correspondencia con Xirgu, en calidad de presidenta de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en la República Oriental del Uruguay, cuando menos entre el 8 de abril de 1960 y el 2 de enero de 1963, tal como prueban las nueve cartas (1–9) que editamos a continuación y que se encuentran depositadas en el Archivo Montserrat Tarradellas y Macià (AMTM) del Monasterio de Santa Maria de Poblet. Con la solemnidad que lo caracterizaba, el presidente Tarradellas en persona se dirigió a la actriz para mantenerla al corriente de su acción política. Sorprendentemente, la única misiva que nos consta que envió Xirgu a Tarradellas (c. 10) es una postal navideña, escrita en Punta Ballena, en una fecha tan tardía como el diciembre de 1964, cuando la Delegación uruguaya era ya casi una entelequia.
Al margen del agradecimiento de cortesía por haber aceptado presidir la delegación (c. 1), Tarradellas se aprestaba en el epistolario con Xirgu a recordarle la remesa de los informes confidenciales (que de hecho enviaba a muchos destinatarios, de forma que el factor de confidencialidad era más bien relativo) y, con un optimismo estratégico, a hacerla partícipe de la intensa actuación política que, durante los primeros años de la década de los sesenta, llevaba a cabo en todas partes: París, Londres, Nueva York, Washington, México DF… (c. 2, 3 y 5). Otras cartas eran más marcadamente de circunstancias: Tarradellas compartía con Xirgu el anhelo de ver liberada la patria con motivo de la conmemoración, el 14 de abril de 1961, del trigésimo aniversario de la Segunda República española (c. 6), o, atento, le expresaba el apoyo moral por la intervención quirúrgica que la actriz había sufrido el 10 de diciembre de 1962 (c. 9). Sin duda, el documento más relevante del epistolario Tarradellas–Xirgu es la misiva «estrictamente confidencial» del 4 de julio de 1960, que con retoques también recibieron otros destinatarios, como los mismos Cuatrecasas o Cunillera (c. 4).26 Con palabras muy sentidas y un poco ditiràmbicas, el presidente en el exilio se condolia por la muerte inesperada, el 28 de junio de 1960, a los cincuenta años acabados de hacer, del historiador Jaume Vicens Vives, y confesaba a Xirgu que su pérdida tenía una repercusión muy grande en la política de establecer contactos y relaciones que, en el otoño de 1959, había intensificado con personalidades catalanas del interior. A partir de entonces, Tarradellas ya no podía contar con la ayuda y la mediación del autor de Noticia de Cataluña: había perdido el hombre que empezaba a hacerle de puente en el interior —cf. las c. 2 y 3— para crear un equipo de trabajo que emprendiera la transformación política, social y económica de Cataluña hacia la democracia y que, además, le facilitaba los enlaces internacionales y la mediación para obtener apoyos económicos. Tenía que empezar, como aquel que dice, de la nada y de nuevo para poder ampliar el radio de acción de la Presidencia de la Generalitat entre los núcleos resistentes de Cataluña.27
No deja también de tener interés la carta del 15 de abril de 1961, en que Tarradellas remite a Xirgu —cómo también lo hizo a Cunillera— una misiva de Juli Just, vicepresidente y ministro del Interior y del Exilio del Gobierno de la República española, fechada en Saint-Martin-le-Beau el 13 de abril de aquel año (c. 7). Además de comentarle el contenido, Tarradellas manifestaba las divergencias que lo separaban de los dirigentes republicanos españoles y, en contra de quienes apelaban por la restauración monárquica, hacía profesión de fe republicana. En la carta a Just, también conservada en la AMTM, Tarradellas justificaba su negativa a participar en los actos organizados por el Gobierno de la República española en el exilio, alrededor del aniversario de la proclamación de la República el 14 y 17 de abril de aquel año:
Me parece que, después de veintiún años de exilio y ante la grave situación que nos encontramos, ya ha llegado la hora de dejar de celebrar públicamente tantos aniversarios y conmemoraciones, y creo que sería más eficiente, y todo el mundo lo entendería, que estas fiestas fueran de recogimiento para pensar y trabajar más en el presente y en el futuro. […] Por otro lado, no fuera leal, a la representación que ostento ni a mí mismo, si no aprovechara esta oportunidad para manifestaros mi disconformidad con ciertas actitudes y declaraciones tomadas y hechas por las instituciones de la República. […] Ya sabéis como han sido y son mis relaciones con ellas. Cordiales, pero, sin exagerar, podríamos decir que nos ignoramos, puesto que nuestras inquietudes son diferentes, nuestras ambiciones no son opuestas, pero tampoco coinciden demasiado. […] Si todos los pueblos españoles están anhelantes para liberarse del régimen a que están sometidos, Cataluña, que ya sabéis como y de qué manera paga su fidelidad a la República, siente con más desazón que nadie el anhelo de vivir con paz y libertad. Pero nuestras fervorosas pasiones y la fidelidad a unos ideales, para los cuales durante medio siglo nuestro pueblo tantos sacrificios ha hecho para defenderlos, no me pueden impedir que os manifieste mi disgusto o tristeza ante un estado de espíritu del republicanismo español que, a menudo, da la sensación, al menos este es mi sentimiento, que no hace ningún esfuerzo para comprender el que pasa en España, y que hoy el mundo gira alrededor de unos problemas, de unas inquietudes y de unas esperanzas las cuales nuestras viejas concepciones tienen muy poca plaza.
En último término, también tiene una significación destacable la carta del 17 de diciembre de 1962, en que, como acostumbraba a hacer con los destinatarios de su círculo confidencial, Tarradellas defendía a diestro y siniestro su actuación política (c. 8). Después de opinar que la dictadura franquista se consolidaría todavía más internacionalmente, se reafirmaba en la eficacia de las acciones que había emprendido en el interior y en el exilio y, de manera implícita, insistía en la tesis —fundamental en su ideario— que había que situar la presidencia de la Generalitat como epicentro de la continuidad histórica y de la unidad antifranquista de los catalanes. Con las alusiones veladas a los sectores que cuestionaban su política, pecaban de euforias excesivas o hacían concesiones inadmisibles, Tarradellas apuntaba sobre todo contra el entusiasmo, a su entender contraproducente, que había causado el resultado del congreso que el Movimiento Europeo organizó en la ciudad de Múnich en junio de 1962 y que el gobierno franquista bautizó con el nombre delirante de «contubernio». A pesar de que fue una de las iniciativas de más proyección exterior de la oposición al franquismo, la tuvo por una acción políticamente negativa, minimizó el alcance y las repercusiones internacionales, y la vituperà sin remisión, considerándola en los antípodas de la línea de «disciplina catalana» marcada por la Generalitat.28
En todo caso, actuando cómo si detrás de él hubiera todo un amplio cuerpo diplomático al servicio de una Generalitat de Catalunya pletòrica de recursos y medios, Tarradellas suplía la carencia de un servicio de prensa con los Informes confidenciales que, multicopiados, enviaba a numerosos destinatarios, por un lado, y la inexistencia de un cuerpo de embajadores con los viajes y los contactos en Europa y en América en que multiplicaba las entrevistas, las conversaciones y los contactos, de la otra. De aquí viene la importancia que otorgaba a las delegaciones como enlaces para construir un tejido de conexiones que le permitiera hacerse presente entre los catalanes del interior y del exilio y, tanto como pudiera, (r)establecer la suya muy controvertida «fuerza moral». O dicho de otro modo: había que hacer lo que hiciera falta, adentro o fuera de Cataluña, para conseguir o consolidar una legitimidad presidencial en la cuerda floja.
Xirgu era, al fin y al cabo, una pieza más, de carácter más simbólico que influyente justo es decirlo, de este urdimbre de relaciones. Sea cómo fuera, gracias a las cartas y a los informes confidenciales que le remitía Tarradellas y, especialmente, a la relación amistosa con el doctor Cuatrecasas, Xirgu estaba al día de la evolución de la política catalana en el exilio, que seguía con atención e interés desde su refugio de Punta Ballena. Sendas cartas de Cuatrecasas a Tarradellas, la primera desde Buenos Aires y la segunda desde Punta Ballena, así lo prueban:
Os recordamos todos los días con Margarita Xirgu y no hay que decir que con todos los de casa. Seguimos con creciente esperanza los acontecimientos del mundo. Por todas partes surgen hechos que condenan públicamente a los dictadores. Todo hace pensar que el clima democrático internacional se va imponiendo. (7 de febrero de 1960) Desde esta roca viva de la Ballena, entre el bosque y la mar, recordamos a Cataluña y también a vos. Margarita ha leído vuestro mensaje con gran provecho. 29 Le ha gustado mucho. (18 de febrero de 1962).
26 Tarradellas también hizo llegar esta carta del 4 de julio de 1960 al periodista y político valenciano Carles Esplà. Ver Pedro L. Angosto & Julia Puig, ed., Carles Esplà, un periodista republicà. Cròniques, conferències i correspondència amb Tarradellas (Valencia: Universitat de València, 2007), 199–203. Está reproducida en Cristina Gatell & Glòria Soler, Amb el corrent de proa. Les vides polítiques de Jaume Vicens Vives (Barcelona: Quaderns Crema, 2012), 646–649.
27 Es sabido que, desde 1957 y especialmente desde el otoño de 1959, Tarradellas mostró un gran interés político por consolidar una relación fluida con Vicens, un hombre muy preparado y bien conectado con sectores influyentes de la sociedad catalana, que podía hacerle de interlocutor en el interior. Ver, sobre la relación entre Tarradellas y Vicens, Josep M. Muñoz i Lloret, Jaume Vicens i Vives (1910–1960). Una biografia intel·lectual (Barcelona: Edicions 62, 1997), 348–350; Francesc Bonamusa, «El president a l’exili», dentro de Jordi Casassas & Carles Santacana, ed., Josep Tarradellas o la reivindicació de la memòria (1899–1988) (Lleida: Pagès, 2003), especialmente las pp. 159–160; Oriol Mallo Vilaplana, Tarradellas. Un segle de catalanisme (Barcelona: Planeta, 2003), 129–197; Cristina Gatell & Glòria Soler, «Jaume Vicens i Josep Pla, homenots polítics», L’Avenç 358 (juny 2010): 40–48; Jesús Conte, Tarradellas, testigo de España (Barcelona: Destino, 2011), 96–99 i 154–156, y Gatell & Soler, Amb el corrent de proa, especialmente las pp. 422–426, 531–552 i 562–568.
28 Ver Udina, Josep Tarradellas, l’aventura d’una fidelitat, 302–304, y Josep Benet, El president Tarradellas en els seus textos (1954–1988) (Barcelona: Empúries, 1992), 79–81 i 85–97.
29 Ver Josep Tarradellas, «Missatge de l’Honorable president de la Generalitat al poble de Catalunya», Butlletí d’Informació de la Generalitat de Catalunya [París], editado por el Servei d’Informació i Publicacions de la Generalitat de Catalunya «en terres d’exili», (des. 1961): 1–8; publicado también en Catalunya [Buenos Aires] 97 (gen.–feb. 1962): 3–6. Entre otros aspectos, Tarradellas hacía una defensa encarnizada de la Generalitat de Cataluña en el exilio como expresión de la «voluntad nacional» de los catalanes («los hombres y sus organizaciones nacen y mueren, pero los pueblos y sus instituciones, a disgusto de todos los descalabros, siempre sobreviven como un testigo de su perennidad»; «hoy es un símbolo y mañana una realidad»), reclamaba que, fuera el qué fuera el régimen que se estableciera después del franquismo, los catalanes tenían que mantener esta institución como «único interlocutor válido» y como crisol de voluntades, y abogaba por una reconciliación entre España y Cataluña en que los catalanes reivindicaran sus derechos, pero sin plantear de nuevos. Por otro lado, con respecto al régimen político que se instaurará después de la dictadura, creía que se equivocaban los que eran partidarios de la reinstauración borbónica: «Tendrían que darse cuenta que ésta ya está condenada antes de su instauración, puesto que ha sido y es un apéndice del franquismo y, por lo tanto, no tiene, ni puede tener, ningún prestigio, ni despertar ninguna confianza en la inmensa mayoría del país. Además, nosotros tenemos que tener presente que la monarquía que respetaba nuestras instituciones ya hace siglos que ha desaparecido y la de los otros ha sido siempre contra nuestro pueblo y sus derechos. No tenemos ningún motivo para dudar que los Borbones de ahora no hagan lo mismo que sus antepasados. Es por eso que estoy plenamente convencido que Cataluña, del mismo modo que unánimemente el año 1931 proclamó y aceptó el régimen republicano, lo hará también el día que exprese su voluntad». Aun así, opinaba que, si los españoles optaban por la monarquía, los catalanes no se podían oponer, sino que tenían que respetar la voluntad mayoritaria.
Margarita Xirgu junto al Sr. del Moral, en 1964
Compromiso con la catalanidad exiliada
Aunque sea en una dimensión de carácter eminentemente honorífico, el hecho que Xirgu se implicara en la Delegación de la Generalitat en el Uruguay es una prueba más del vínculo continuado que estableció con el exilio catalán. Sea por la relación que mantenía con algunos de sus amigos coterráneos, sea por la buena sintonía que hubo con el presidente Tarradellas, sea porque en el fondo vivía la catalanidad como mujer y como artista, sea por todo un poco, aquello que la documentación que editamos nos permite de verificar es que Xirgu no renunció a asumir la representación que le fue encomendada, ni tampoco se inhibió a la hora de firmar documentos expuestos que la situaban en el lado de los vencidos. Es una evidencia más de su compromiso con la catalanidad, perfectamente consecuente con su republicanismo. A raíz de la muerte de la actriz, el 25 de abril de 1969, Miquel S. Cunillera dirigió una carta a Tarradellas, fechada en Andorra —su nueva residencia— el 7 de mayo de aquel año, en que se quejaba de las falsedades que la intelectualidad afecta al régimen franquista había escrito sobre la finada. Enviándole una copia de una emotiva carta que había recibido de Ángel Curotto,30 aprovechaba la oportunidad para recordar la implicación de Xirgu en la delegación que presidió y su prestigio en la república democrática del Uruguay:
Creo que valdría la pena que, como él pide [Ángel Curotto], y para salir al paso de tantas «cursilerías» cómo se están escribiendo sobre nuestra estimada por los soi-disants intelectualoides aburguesados, y muchos incluso incensarios del régimen, a los cuales tú tan bien has desenmascarado en tus cartas, que sepan qué ha sido la dignidad de sus últimos años, con su representación de la Generalitat en el Uruguay (y que sepan que aunque hagan ver que no se acuerdan ésta sigue existiendo, gracias a tu sacrificio y al de la Xirgu y de tantos otros), y que acogida con la simpatía de todo un país tan democrático como el Uruguay, derechas e izquierdas todos la mimaban, como así mismo, unos y otros también están con nuestras realidades, honorando a nuestro Presidente-Mártir, con la plaza que trae su nombre.31
Desde Buenos Aires, Cuatrecasas también escribió a Tarradellas, el 8 de mayo de 1969, para enterarle de «la desgraciada pérdida de nuestra Margarita Xirgu» y para explicarle el celo que tuvo en imprimir de catalanidad el sepelio de la actriz en Montevideo, haciendo tan presente como fuera posible la representación de la Generalitat en el exilio:
El entierro fue una manifestación austera y sentida de luto por todo el Uruguay. El féretro [fue] cubierto con una bandera catalana; yo hice poner desde el primer momento un ramo de orquídeas en nombre de la Generalitat de Cataluña, encima de la bandera. Así fue enterrada en el cementerio de Montevideo. El Centre Català de Montevideo estaba representado por el presidente y media docena de jóvenes y chicas con trajes catalanes llevando el pendón del Centre Català. A la hora de despedir el luto, yo hablé primero en nombre de Cataluña, de los catalanes de todo el mundo, es decir, en nombre de lo que la Generalitat representa.
30 El director de escena uruguayo Ángel Curotto, en su carta a Cunillera, fechada el 29 de abril de 1969, cuatro días después de la muerte de Xirgu, le confesaba su pena por la pérdida de «Margarita» («Qué tristeza y qué dolor! Quince días de internado en el Sanatorio Larguero, una operación de vientre —tumor en los ovarios— y a las veinte y cuatro horas un colapso cardíaco… y terminó su vida») y el eco que había tenido en todo América latina («Puede imaginar la trascendencia que la noticía tuvo en toda América. Una página entera en La Nación y así por el estilo»), como también el carácter marcadamente catalanista que tomó su sepelio multitudinario, un aspecto que no pasó por alto a Cunillera: «Hubo muchos discursos, entre ellos uno magnífico por su emoción y significación del doctor Cuatrecasas y otro de un representante de la familia García Lorca. Sus restos bajaron a tierra envueltos en la bandera de Cataluña, mientras un catalán que había llevado al cementerio un grabador hizo oír desde lejos tan solo unos instantes la voz de Margarita en unas frases poéticas. Fue una nota que apretó a todos la garganta. Le comunico también que, antes de cerrar su féretro, se cubrió con tierra de Cataluña su mortaja, tierra que trajo un amigo de Cuatrecasas. Además desde su velatorio hasta su sepelio, el cortejo fue acompañado y presidido por un grupo de jóvenes ataviados con los trajes típicos catalanes y su estandarte al frente».
31 La plaza Lluís Companys fue inaugurada en Montevideo en 1944, en el marco de uno de los actos más destacados del Casal Català de esta ciudad: el homenaje al presidente fusilado por los franquistas que fue promovido por los regidores de alcurnia catalana César Alcalde Pacheco y Joan Maglia, con motivo del cual se inauguró un monumento alusivo, obra del escultor Joan Serra. Ver el anexo 9. Como la plaza, el monolito (y la placa conmemorativa) a que se hace referencia todavía existen en la actualidad.
Las cartas que editamos de Josep Tarradellas a Margarita Xirgu se encuentran depositadas en el fondo Margarita Xirgu del Archivo Montserrat Tarradellas y Macià (AMTM) del Monasterio de Santa Maria de Poblet. Las hemos ordenado cronológicamente. Cómo que hemos abordado una contextualización y una lectura en este estudio previo, nos limitamos a aclarar en nota a pie de página sólo aquellas alusiones concretas —sobre todo políticas— que se hacen. Para el análisis de las cartas, hemos consultado también una serie de documentación, depositada en la AMTM, que nos ha permitido descifrar mejor el contenido: 1) los papeles relativos a las delegaciones del Uruguay y Argentina; 2) la correspondencia del presidente con Miquel S. Cunillera, Josep Roig y Vidal, y Juli Just, y 3) los Informes confidenciales y los ejemplares del Boletín de Información de la Generalitat de Cataluña, editado en París por el Servicio de Información y Publicaciones de la Generalitat de Cataluña. En el apéndice, además del artículo de Josep Pla a Destino que se encuentra en el expediente de Margarita Xirgu, hemos reunido —siguiendo también el orden cronológico— una elección significativa de la documentación oficial de la delegación del Uruguay: los nombramientos de los cargos y la correspondencia enviada por este organismo. Con respecto a los criterios de edición, tanto en las cartas como en los documentos del apéndice, sean en catalán o en castellano, hemos regularizado la puntuación, el uso de mayúsculas y minúsculas y el uso de las comillas y la cursiva, y hemos corregido también los errores tipográficos, ortográficos y morfosintácticos para facilitar al máximo la lectura. Hemos transcrito entre corchetes las palabras que no aparecen imprimidas. Aprovechamos la oportunidad para agradecer nuevamente a Montserrat Catalán y Benavent, directora de la AMTM, la amabilidad y la gentileza dispensadas en nuestras búsquedas, y también las atenciones recibidas de Rosa M. Brull Badia y Judith Poblet Mallafré, documentalistas del archivo. Por otro lado, hacemos constar nuestra deuda con el imprescindible Diccionario de los catalanes de América, en cuatro volúmenes, dirigido por Albert Manent (Barcelona: Comisión América y Cataluña, Generalitat de Catalunya, 1992).
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 8 de abril de 1960
Señora Margarita Xirgu
Presidenta de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en el Uruguay
Distinguida presidenta y querida amiga,
El delegado especial, el señor Miquel S. Cunillera, me ha enviado el acta de constitución de la Delegación de la Generalitat y permitidme que os exprese, una vez más, mi sincero agradecimiento por haber aceptado presidirla.32 Es un gran honor que nos hacéis con vuestra patriótica determinación de ayudar a nuestras tareas encaminadas a posibilitar la libertad de Cataluña. Estoy seguro que vuestro gran y muy merecido prestigio, no solamente entre los catalanes, sino también estimado y admirado por otros pueblos; vuestra vida al servicio de un arte y de unos sentimientos, que tanto os honoran, serán un estímulo constante para todos aquellos que luchamos para el triunfo de nuestros ideales. Por esto, os digo de nuevo muchas gracias y que los aciertos que todos juntos aspiramos a obtener nos traigan la libertad, la paz y el bienestar. Me place deciros que seguramente cerca del 20 del presente iré a los Estados Unidos. A su día os informaré en detalle del resultado de mi viaje.
Mientras tanto, recibid, querida amiga, mis mejores sentimientos y mis más cordiales saludos,
32 Ver el anexo 6.
Retrato de Josep Tarradellas y Joan
Foto Eduardo Palomar Baró
París, 26 de abril de 1960
Presidenta de la Delegación de la Generalitat del Uruguay
Distinguida señora presidenta y amiga,
Espero que habréis recibido los Informes confidenciales del 30 de marzo y 14 de abril. En el primero, me permitía deciros que los días 16 y 17 recibiría diferentes personalidades de nuestro país, acompañados de dos de las personas más relevantes de nuestra tierra hoy y que residen en Madrid, para estudiar y redactar de una manera definitiva el Memorándum que debe ser la base de mis entrevistas en los Estados Unidos.33
Me complace deciros que todo ha ocurrido tal como habíamos previsto y durante tres días pudimos realizar una tarea que me llena de optimismo ante las conversaciones plenas de responsabilidad que espero podré llevar bien pronto. Era mi intención, tal como os anuncié, enviaros un Informe confidencial dándoos cuenta de todo este resultado y otras visitas recibidas también estos últimos días, pero os pido que tengáis la bondad de excusarme que no lo haga hoy, porque, francamente, me falta el tiempo material para poder realizarlo. En efecto, desde hace cuatro días, me encuentro en París dónde he tenido diferentes reuniones con todas aquellas personas que, como ya sabéis, considero las más relevantes de la colectividad catalana y que, por su patriotismo y fidelidad con Cataluña, merecen mi confianza. Cómo es natural, hemos hablado extensamente de estos problemas, del mismo modo que lo pude hacer con diferentes personalidades catalanas que residen en el sur de Francia, con motivo de mi viaje a Port-Vendres, que tuvo lugar a finales del mes pasado. Ya veis, pues, que la preparación de este viaje me da un trabajo muy intenso y, como os decía antes, me tenéis que excusar que no os dé hoy el detalle de los buenos resultados obtenidos en los trabajos preparativos de las conversaciones que pienso poder llevar en los Estados Unidos.
Sabed que saldré de París el día 30, si no hay ninguna dificultad, para llegar a Nueva-York el próximo sábado. En esta ciudad, pienso permanecer tres o cuatro días para realizar diferentes visitas y, después, me dirigiré a Washington. De esta capital, haré todos los posibles para enviaros unas palabras dándoos mi primera impresión. Mi estancia en los Estados Unidos durará, máximo, quince días, y no hay que deciros que a mi regreso seréis ampliamente informada del resultado de la misma. Os ruego que, una vez más, acepteis mi profundo agradecimiento por vuestra opinión y consejo, como también por vuestro ánimo que me han servido, me sirven y me servirán en esta tarea de la cual cada día que pasa me siento más convencido por los resultados halagueños que aumentan constantemente. Todas las nuevas que llegan de Cataluña lo confirman, y os aseguro que todo esto me espolea todavía más para trabajar junto con vosotros y todos aquellos catalanes de nuestra casa que no han perdido la fe, para ver el triunfo de nuestros ideales.
Os agradeceré que, de parte mía, saludeis a todos los catalanes que os ayudan en vuestras tareas y trabajos y vos recibíd, estimada amiga, un respetuoso abrazo del vuestro,
33 El Informe confidencial del 30 de marzo de 1960 hacía alusión, efectivamente, a las conversaciones que, en el exilio francés, tuvo Tarradellas con personas del interior para la redacción definitiva del Memorándum que tenía que entregar al Departamento de Estado de los EE.UU. Según apunta Malló, «Tarradellas, invitado por el Departamento de Estado a visitar los EE.UU. en mayo de 1960, quiere que los asesores de Vicens lo ayuden a preparar dos memorándums sobre la situación política y económica de Cataluña, basándose en información veraz y datos objetivos, con los cuales Tarradellas tratará de impresionar los burócratas de Washington y dar por hecho que toda acción en España tiene que tener en cuenta las opiniones de la Generalitat y de sus hombres en Cataluña» (Mallo, Tarradellas. Un siglo de catalanismo, 133). En cambio, el informe del 14 de abril del mismo año estaba dedicado, básicamente, a la conmemoración del 14 de abril, «fiesta de afirmación de nuestros ideales nacionales y por lo tanto republicanos y de lo que queremos ser».
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 8 de junio de 1960 34
Desde hace unos días que estoy de nuevo aquí, después de mi viaje por los Estados Unidos y México. Este viaje ha durado un mes y me complace manifestaros que el resultado del mismo creo que ha sido y será muy útil para la realización de nuestros ideales y anhelos.35
Con el presente, os acompaño un Informe confidencial que hace referencia a mi visita a Washington y otros problemas interesantes de nuestras actividades.36 Os ruego que me excuseis que no tenga la extensión que yo querría, y esto es debido al hecho que antes he creído necesario hablar con los representantes de la Generalitat en nuestra casa y que veré la próxima semana en una ciudad del sur de este país. Pero os puedo asegurar que, antes de fin de mes, tendréis amplia información no solamente del resultado de todas mis gestiones, sino también de la situación en que se encuentra actualmente Cataluña. Una cosa y otra me permite manifestaros que tengo el pleno convencimiento que estamos en el buen camino para obtener resultados positivos y que no fuera nada extraño que este año viéramos, por primera vez, como va adelante un pensamiento y una acción que está hecho de patriotismo y de buena cordura.
Con la amistad de siempre, os ruego, querida amiga, recibíd mis mejores sentimientos,
34 El día siguiente, el 9 de junio de 1960, el presidente Tarradellas envió también una carta en unos términos muy parecidos, fechada en Saint-Martin-le-Beau (Indre-te-Loire), a Miguel Ortín, el segundo marido de Xirgu: «De nuevo en casa, después de mi viaje a los Estados Unidos y México, me complace saludaros bien cordialmente y manifestaros que el resultado del mismo ha sido muy alentador para todas las tareas que tenemos el deber de realizar. Querría que, al recibir la presente, tanto vuestra esposa como vos mismo estuvieran bien y que tuvieran la bondad de aceptar un respetuoso abrazo de vuestro amigo, Josep Tarradellas».
35 La versión oficial era esta: «El presidente Tarradellas efectuó en el curso del mes de mayo su anunciado viaje a los EEUU, para corresponder a la invitación del Departamento de Estado del Gobierno de este país. Durante su estancia en Washington, el Honorable Presidente de la Generalitat conversó con tres de los principales colaboradores del señor [Christian] Herter. Podemos resumir el resultado de estas entrevistas con las propias palabras del presidente a un periodista del diario Novedades de México: “Puedo afirmar que las conversaciones que he mantenido y las informaciones que he manifestado serán útiles a la causa de la República española”. El día 15 de mayo aterrizaba en México para entrevistarse e informar a los diputados de la Diputación Permanente del Parlamento de Cataluña. Durante su estancia en México el Orfeò Català le ofreció un vino de honor que se vio concurridísimo. El día 29 de mayo el presidente Tarradellas se encontraba de regreso a Francia», «El viaje del presidente Tarradellas en Washington y México», Boletín de Información de la Generalitat de Cataluña [París] 26 (jul. 1960): 4.
36 El Informe confidencial del 8 de junio de 1960 anunciaba el propósito de Tarradellas de enviar una síntesis de las gestiones hechas en los Estados Unidos de América («principalmente de las entrevistas celebradas con el Departamento de Estado de este país»). Avanzaba también su satisfacción por el resultado de la estancia que hizo y las conversaciones que estableció: «me entrevisté diferentes veces con las personas más significadas de la diplomacia norteamericana, la responsabilidad de las cuales hace referencia en Europa y de una manera especial en España, Francia y Portugal. Me parece que el cambio de opiniones que efectuamos y el estudio de informaciones que teníamos unos y otras permitirán nuevos contactos que pueden ser muy fructuosos para nuestros anhelos». Aun así, el presidente Tarradellas no creía que estas conversaciones sirvieran para hacer cambiar la política norteamericana en relación con el general Franco.
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 4 de julio de 1960
Presidenta de la Delegación de la Generalitat de Cataluña de la República Oriental del Uruguay
Tengo el sentimiento de informaros que el día 28 del mes pasado murió en Lyon (Francia) el eminente profesor de la Universidad de Barcelona, señor Jaume Vicens y Vives. Su personalidad como historiador e investigador rebasa nuestras fronteras y, como muy bien se ha dicho estos días, era un catalán universal. Su obra ha señalado un camino que marcará profundamente la actual generación que está formada por unas inquietudes y unas pasiones de conocer y de actuar que forzosamente será la que dará en Cataluña el resurgimiento que todos anhelamos. En esta carta, no viene muy a propósito exponeros su obra inmensa y la repercusión que esta ha tenido y tendrá. Es para informaros de esta desafortunada pérdida que ha tenido nuestra patria y su profundo dolor que querría compartierais todos los catalanes. Un gran poeta de nuestra casa ha dicho, estos últimos días, que la pérdida del profesor Jaume Vicens y Vives era una catástrofe para nuestro pueblo.37 No solamente coincido plenamente con esta afirmación, sino que me parece que todavía lo es más del que él se pueda creer. Cataluña pierde uno de sus hijos más eminentes y también un luchador empapado de catalanidad y de un espíritu de combate que, en estos últimos años, indiscutiblemente se había puesto en la dirección y en vanguardia de todos aquellos que aspiran a la libertad de nuestro pueblo. Puedo afirmaros que todos los movimientos de protesta no específicamente obreristas que se han producido en Cataluña, han nacido o han sido influidos de una manera poderosa por la alta personalidad y prestigio que irradiaba el profesor Jaume Vicens y Vives. En la Universidad, en los institutos, en las escuelas, con sus equipos de investigación, etcétera, etcétera, por su constante y fervorosa acción había realizado una tarea que desgraciadamente no podemos manifestar, pero estoy seguro que un día vendrá el qué todo Cataluña le hará el homenaje que se merece y, de este modo, su nombre será, en todos los órdenes de nuestra vida nacional, un ejemplo a seguir para aquellos que aspiramos a ver nuestra patria libre, próspera y que, por todas partes, merezca el respeto y admiración. Seguramente, si habéis leído o pensáis hacerlo, la prensa de Barcelona y de Madrid, os extrañará extraordinariamente todo el que acabo de manifestaros, puesto que ha rellenado de elogios al profesor Jaume Vicens y Vives y, está claro, todo el que os expreso forzosamente tendréis que encontrarlo incomprensible. Para aclararlo, me permito deciros, en pocas palabras, un aspecto de la vida de este gran catalán, conocido por bien pocos y os pido considerarlo como estrictamente confidencial.
En el Informe que os envié el mes de noviembre del año pasado,38 os decía que daba por acabadas las conversaciones que, durante los meses de septiembre y octubre, había tenido con diferentes personalidades de Cataluña. Estas conversaciones, por todo lo que ha ido sucediendo, ya os habréis dado cuenta que tuvieron un resultado positivo. Pues bien, la persona que posibilitó establecer nuevos contactos, deshacer equívocos, posibilitar entendidos, crear un ambiente de comprensión y de concordia y que acabó por ser dentro de Cataluña un defensor de nuestras instituciones, cosa que hasta entonces no había hecho, fue justamente el profesor Jaume Vicens y Vives. Pero no tuvo bastante con esto, sino que su prestigio y su influencia, desde mi regreso del viaje que hice a América el año pasado, lo puso muy a menudo en la difusión y en la defensa de unos sentimientos que son los que nosotros siempre hemos defendido. Su actitud, después de las largas conversaciones que tuvimos y que ya he referido, causó una gran impresión a todos aquellos que no habían compartido nuestro pensamiento y el porqué de ciertas tomadas posiciones. Es decir, Jaume Vicens y Vives es el hombre que hace posible por primera vez, de una manera seria y llena de responsabilidad, que se establezca entre el interior y nosotros una estrecha comunidad de sentimientos y de deseos que trae por consecuencia mi optimismo que, desde hace un tiempo, os he ido exponiendo. Es gracias a él que fueron posible las diferentes reuniones que, en estos últimos años, he tenido en diferentes lugares de Francia y Suiza. Es él quien posibilitó los contactos y los informes que permiten mi viaje a los Estados Unidos, hablar de la situación interior de España de una manera que hizo gran impresión. En fin, sería no acabar nunca, si yo os tuviera que decir, ahora, todo el agradecimiento que le debo. Comprenderéis, pues, el porque considero su pérdida como un desastre, puesto que el lugar que ocupaba es, al menos, hoy por hoy, imposible de rellenar. Me permito señalaros que, si os digo todo esto, que es muy triste, pero también muy alentador, puesto que quiere decir la confianza que inspiramos, es por la necesidad cada día más imperiosa que tenemos de preocuparnos muy poco, los que estamos en el exilio, ante ciertas campañas o proyectos que pueden nacer y que no tienen absolutamente ninguna importancia. A través de los diferentes Informes que os he enviado, me he permitido deciros que nunca como por ejemplo nuestros problemas habían estado en el buen camino. Os decía esto porque este optimismo nacía de dentro de Cataluña. Es evidente que la pérdida del patriota Jaume Vicens y Vives es un golpe difícil de llevar, puesto que me obligará a reorganizar otras acciones y otros contactos que, a estas alturas, no preveo. Su muerte, la condenación de los señores Pujols y Pizón,39 las brutalidades del régimen franquista y los insultos prodigados constantemente por sus defensores, nos dicen que Cataluña está en el camino de la victoria. Al mismo tiempo, me permito pediros que tengáis la bondad de darme la confianza, si algunas veces, en el pasado, en el presente o en el futuro, dejo de informaros cómo yo querría. Si no lo hago, no es por falta de confianza hacia vos, sino porque, como no dudo lo comprenderéis, mis relaciones con Cataluña que, hoy se extienden a todos los estamentos sociales de nuestro pueblo, me obligan a una reserva que, en ciertos momentos, debe ser total. A pesar de esto, sepáis que nada en definitivo decidiré sin que, antes, estéis informada para conocer vuestro consejo. Excusad esta carta, pero me ha parecido que era completamente necesario que conocierais un aspecto importante de esta lucha secreta que cada día se intensificará más y más contra la dictadura franquista. Lo triste es que el motivo de haberlo hecho conocer sea la pérdida del mejor soldado con que contaba hoy en día Cataluña. Lo creo sinceramente y, en su día, todos los catalanes se darán cuenta del porque de esta afirmación mía. En estas horas de profundo dolor, me cabe solamente el consuelo que los días 14 y 15 de junio estuve en Lyon, a visitarlo, que hablamos y que el día 25, desde aquí, en casa, lo hice de nuevo por teléfono. Conversaciones todas ellas que no olvidaré, puesto que él no creía que su vida estuviera tan amenazada y todo él era una llama de ilusiones por las luchas que veía venir. Todo ello muy emocionante.40
Me permito pediros, una vez más, que considereis esta carta estrictamente confidencial, puesto que ha caído un combatiente, pero en esta lucha, que él tan personalmente traía, hay todavía sus amigos, sus discípulos y quienes, estoy seguro, seguirán su pensamiento y sus ideales. Os saluda muy afectuosamente vuestro amigo,
37 Josep Maria de Sagarra, en la espléndida necrológica dedicada a Jaume Vicens Vives, consideraba efectivamente que su pérdida había sido «una auténtica catástrofe». Vale la pena de reproducir el contexto genérico en que se inscribe esta valoración del autor de Vida privada: «En los funerales, no en los concretos y litúrgicos, sino en esos funerales invisibles, a veces fugaces, a veces persistentes y profundos, que se producen en la conciencia colectiva ante la desaparición de un hombre memorable, quisiera marcar yo los puntos esenciales para limitar el contorno intelectual y humano de Vicens Vives, de forma que en la reflexión de mis coetáneos, esta forzada y cruelmente injusta desaparición de tan ilustre elemento, se proyecte como una auténtica catástrofe en la realidad presente y en las futuras posibilidades de la existencia espiritual de nuestro país. Si atendiéndome a nuestra vida cultural, hablo aquí de catástrofe, no creo exagerar, ni hinchar la emoción ante una irreparable desgracia; no andamos en nuestro momento catalán muy ricos de positivos valores, para dejar de ver cuántos puntos de eficacia se sumaban en la persona de Vicens Vives, ni cómo, su figura eminente, representaba algo excepcional y único entre los de su clima y de su generación. […] Este excepcional científico era el tipo de hombre público, que sin alcanzar una gran publicidad, podría ser de la máxima eficacia en determinados momentos nuestros. Vicens Vives era el más adecuado catalán para la Cataluña de hoy, y no creo equivocarme al adivinar en él una de nuestras más valiosas reservas», José María de Sagarra, «Un catalán universal», La Vanguardia Española, 29 junio 1960, 5.
38 Además de detallar los últimos viajes y contactos que había mantenido en Europa y América, en el Informe confidencial del 19 de noviembre de 1959 Tarradellas exponía su «profunda y triste sorpresa» hacia los firmantes del Pacto de París y también hacia los promotores de la operación frustrada, el verano de 1959, de convocar elecciones presidenciales y de proponer la candidatura de Pau Casals para relevarlo al frente de la Generalitat. No se estaba, así mismo, de arremeter contra el Consejo de las Fuerzas Democráticas de Cataluña y otras organizaciones que se arrogaban, a su parecer injustamente, la representatividad del país. De hecho, cualquier intento de los partidos u organizaciones indígenas de incorporarse a plataformas unitarias de disciplina no exclusivamente catalana —fue el caso del Pacto de París de 1957— mereció la repulsa oficial del presidente Tarradellas que, sin ambages, anatematizaba los promotores por la deslealtad en Cataluña y la claudicación de los ideales nacionales.
39 El presidente Tarradellas se refiere a la detención del activista Jordi Pujol y del impresor Francesc Pizón acusados de ser los máximos instigadores de los hechos del Palau de la Música, acontecidos el 19 de marzo de 1960. Después de ser sometidos a un consejo de guerra, el 13 de junio de 1960, fueron condenados a siete y tres años de prisión respectivamente. Ved Joan Crexell, Los hechos del Palau y el consejo de guerra a Jordi Pujol (Barcelona: La Magrana, 2000), y Xavier Polo, «Todos los catalanes son una mierda». La historia de una vida (Barcelona: Proa, 2005), especialmente las pp. 145–164.
40 A principios de junio de 1960, Tarradellas, que había regresado de su viaje a los EE.UU., telefoneó a la Clínica del Parque de Lyon donde estaba ingresado Vicens para preguntar sobre su estado de salud. Más tarde, los días 14–15 de junio, le visitó, acompañado de Manuel Ortínez, en la misma clínica, donde continuaba ya muy enfermo. En la ceremonia fúnebre Rafael Tasis representó al presidente Tarradellas y hasta llevó, en nombre suyo, un ramo de flores que acompañó el féretro. Ved Muñoz, Jaume Vicens y Vives, 348, y Gatell & Soler, Con la corriente de proa, 563–568.
Rossellón, 24 de octubre de 1960
Mis propósitos de informaros, y bien ampliamente, del resultado de mi viaje a los Estados Unidos, como también de los problemas que durante estos últimos meses se han planteado desgraciadamente, como ya sabéis, no me ha sido todavía posible llevarlos a cabo y os ruego que tengáis la bondad de excusarme.41 Estoy seguro que habréis comprendido que mi silencio es debido a motivos importantes y, aunque ya sé que no lo dudáis, me permito deciros que tengáis la completa seguridad que, en su día, os daré cumplida cuenta. Por hoy, sepáis que, durante este periodo de tiempo, en ningún momento he dejado de cumplir las tareas que me imponen mis deberes y mi fidelidad a Cataluña.
A raíz de mi viaje a Washington y a México, tuve ocasión de ponerme en contacto con una personalidad inglesa,42 la cual me indicó su opinión que tal vez sería conveniente que expusiera nuestro pensamiento a personas cualificadas de su Gobierno. Hoy me complace informaros que, si no sale ningún inconveniente, seguramente la semana próxima iré a Londres, donde pienso estarme los días que hagan falta para hacer conocer cuáles son nuestros anhelos y las inquietudes que siempre hemos tenido, pero principalmente en estos momentos, ante la situación internacional que es evidente que, más tarde o más pronto, tendrá una fuerte repercusión en la vida del actual Estado español. Hace unos días que me encuentro en estas comarcas donde he tenido diferentes conversaciones con personas de Cataluña, la opinión y el consejo de las cuales era indispensable conocer antes de emprender mi viaje. El resultado de las mismas es muy esperanzador y, por lo tanto, nos permitirá continuar el camino que todos juntos nos hemos trazado.
Os agradeceré que, de parte mía, saludeis muy afectuosamente a todos los miembros de la Delegación, y vos recibíd, querida presidenta, toda la amistad y el respecto de vuestro,
41 En una carta que Lluís Gausachs, secretario general de la Presidencia, envió a Margarita Xirgu, fechada en Choisy-le-Roi (Seine), el 8 de septiembre de 1960, se excusaba por el hecho que aún no le habían remitido el Informe confidencial anunciado sobre el resultado de las gestiones hechas en los EE.UU. por el presidente de la Generalitat y sobre las conversaciones que mantuvo en Francia con varias personalidades catalanas. Gausachs le confesaba que el presidente había tenido «un grave problema» al llegar de los EE.UU. y, de resultas de esto, tenía que invertir los esfuerzos en rehacer las «relaciones con el Gobierno francés», malogradas debido a la actuación de algunos compatriotas: «Aprovechando una vez más su viaje por América, ciertos catalanes —felizmente pocos— residentes en Francia habían facilitado falsas informaciones respecto al pensamiento que siempre han mantenido las instituciones de Cataluña, pensamiento que vos conocéis perfectamente, y así consiguieron, sirviéndose de medios que todo catalán repugna, que el 21 de julio último el ministerio del Interior francés tomara una resolución en la cual se daba satisfacción a las falsedades y acusaciones que estos catalanes —cegados por la audiencia cada día más grande que van tomando nuestras instituciones— habían hecho llegar a las autoridades de este país. A pesar de las innumerables gestiones que ha hecho el presidente, a estas alturas todavía no se ha podido resolver este problema, tal como él desea y tal como los catalanes nos merecemos. […] Esto es motivo de gran preocupación y ha obligado al presidente a consagrarse íntegramente en restablecer las relaciones que siempre habían sido cordiales con las autoridades francesas. Últimamente, ha estado diez días en París, y creíamos y esperábamos sinceramente que le sería posible obtener el resultado satisfactorio que le habría permitido dedicarse plenamente a este Informe confidencial que ya os ha sido anunciado en anteriores correos y daros cuente también de las actividades de estos últimos tiempos. Desgraciadamente, no ha sido así todavía. El día 14 debe de volver[-] de nuevo, y quizás otras importantes entrevistas que le han sido concedidas por esta fecha serán decisivas. De ser así, como espera, sus actividades normales retomarán su curso y seréis enterada extensamente de la actual situación tanto en el extranjero como en nuestra casa de las instituciones catalanas y de sus trabajos». En una carta posterior, del 3 de noviembre de 1960, también fechada en Choisy-le-Roi, el mismo Gausachs comentaba a Xirgu las conversaciones que, en territorio del sur o del mediodía de Francia, Tarradellas mantenía con personalidades políticas catalanas durante aquel otoño, y le anunciaba el próximo viaje en Londres, a mediados de noviembre.
42 No hemos podido identificar a quien se refiere.
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 14 de abril de 1961
En esta Fiesta que recordamos con emoción y fervor, me place expresaros mis sinceros anhelos que pronto sea posible ver libre nuestra patria. La fidelidad que en todo momento mantenemos hacia nuestra Cataluña y la tarea llena de pesadas responsabilidades que todos juntos realizamos, cada día que pasa estoy más convencido que es el mejor camino que hemos emprendido y que nos llevará al triunfo de nuestros ideales. Aprovecho también esta oportunidad para deciros todo mi agradecimiento por vuestra confianza y estad segura que, por encima de todas las dificultades que comporta el cumplimiento de mis deberes, haré todo el que haga falta para ser hoy y siempre merecedor.
Os agradeceré que de parte mía expreseis estos sentimientos y sus cordiales saludos a todos los miembros de la Delegación. Recibíd, estimada amiga, un respetuoso abrazo,
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 15 de abril de 1961
Querida presidenta y distinguida amiga,
Me permito adjuntaros copia de la carta que, en fecha 13 de la corriente, he dirigido al señor Juli Just, vicepresidente y ministro del Interior y del Exilio del Gobierno de la República española. Por sus términos, podréis daros cuente que los motivos que me incitaron el último año a no asistir a los actos organizados por el Gobierno en conmemoración de la proclamación de la República no han variado, más bien al contrario. En efecto, mi posición política en este aspecto, que ya conocéis, no ha sufrido la más ligera rectificación, puesto que continúan las divergencias que existían con los hombres del Gobierno republicano en el exilio. Pero, ante la acción de ciertas organizaciones y personalidades tanto exiliadas como del interior, favoreciendo o intentando favorecer una restauración monárquica, creo que tenemos el deber ineludible de hacer conocer la posición de nuestras instituciones y del pueblo catalán. Mi presencia en estos actos, como lo señalo en la carta, no obedece pues a otro objetivo que el de manifestar de una manera clara y sin equívoco que, por el encima de las actuaciones personales o de las diferencias de apreciación, Cataluña mantiene su fidelidad republicana.
Con la amistad de siempre, recibíd, distinguida amiga, un respetuoso abrazo de vuestro,
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 17 de diciembre de 1962
Otro año se acaba y nuestra Cataluña, por la fuerza de la dictadura franquista, continúa sometida. Por encima de ciertas apariencias, esta dictadura no mengua, más bien todo al contrario. Sería un error creer que las continuadas manifestaciones de liberalismo, que últimamente tanto prodiga el régimen, son una realidad en la vida de nuestro pueblo. A pesar de la acción continuada de aquellos que quieren imposibilitar por la fuerza y por la complaciencia de algunos catalanes la realización de nuestros anhelos, Cataluña no solamente se mantiene fiel a aquellos ideales por los cuales nunca ha dejado de luchar, sino que aviva cada día más su voluntad de hacerlos triunfar.
Durante este año se han producido hechos de una importancia extraordinaria y, si hoy no es posible hacerlos públicos, ni prever todas sus consecuencias, es evidente que representan el paso más efectivo y pleno de esperanzas positivas para realizar una acción que sea la verdadera voluntad de todo nuestro pueblo.
Cada día se ve más claro que no hay otra solución, que llevar a cabo una tarea eficiente, como la de actuar dentro y fuera de Cataluña, teniendo solamente presente las realidades y ambiciones del país y la lealtad de aquellos que no han perdido la fe en Cataluña. Cómo sea que ya conocéis el pensamiento y la acción de nuestra institución ante ciertos hechos producidos en el interior y en el exilio, no es necesario hoy manifestarlos nuevamente, pero sí que me permitiréis constatar que, me parece, nuestra actitud ha sido la justa. Si por un momento se quiere tener en cuenta como ella fue patriótica y sensata ante entusiasmos incomprensibles y que el tiempo, como era de prever, ha demostrado su inutilidad, es innegable que el prestigio de nuestra institución y la confianza que inspira se hace más presente en la vida de nuestro pueblo.
Ciertas euforias insólitas que han expandido aquellos que no quieren, o no les interesa, darse cuenta de la situación de Cataluña y de España, nos obligan a seguir el camino que nos hemos trazado. Creemos que el año que vamos a empezar será todavía más provechoso para nuestros ideales y anhelos. Todo nos dice que en nuestra casa continuará la clarificación de posiciones equívocas y, por otro lado, se producirá la eliminación espontánea de aquellos que creen que todo depende de las genuflexiones que se hagan a los adversarios de hoy y de mañana. Hace falta que seamos cada día más exigentes, no solamente con el régimen franquista, sino también con aquellos que, como ya señalamos el 29 de mayo del año pasado, tienden más a imposibilitar la unidad de los catalanes que a luchar contra la dictadura.43
Por adelantado me parece, pero, que será bueno pensar que posiblemente el régimen franquista, gracias en gran parte a su acción internacional, consolidará algo más su situación económico-financiera durante el año 1963. Se realice o no, hace falta que desde ahora tengamos presente que el franquismo no resolverá ninguno de los problemas vitales que tiene planteados nuestro pueblo, y, por lo tanto, tenemos que luchar todavía con más fervor para posibilitar el triunfo de nuestros ideales. En ningún momento tenemos que olvidar que toda acción que no tenga presente el conjunto de nuestros problemas y de nuestros anhelos no tiene que merecer ni nuestra aprobación ni nuestro consentimiento.
Muy agradecido por vuestra confianza, os ruego que acepteis al mismo tiempo mis sinceros deseos que el año próximo os aporte todas las bienaventuranzas y entre ellas la libertad de nuestra Cataluña. Respetuosamente os abraza vuestro amigo,
43 No hemos encontrado ningún escrito o declaración del 29 de mayo de 1961. Seguramente, se trata de un error: Tarradellas debía de querer remitir el «Mensaje a los delegados y a las delegaciones de la Generalitat en el interior de Cataluña y en el exilio» del abril de 1960, que hemos indicado en la nota 11. De todas maneras, en el «Mensaje del Honorable Presidente de la Generalitat al pueblo de Cataluña», de diciembre de 1961, que hemos glosado en la nota 29, volvía a hacer un llamamiento a la unidad de los catalanes en el entorno de la Generalitat:
«En todo momento sepáis que ningún pueblo puede asumir deberes y responsabilidades, ni resolver sus problemas, si carece de dirección, de unidad. No caigamos en el error de creer que un país puede sobrevivir buscando soluciones fuera de su historia. La división, las divergencias menguan los derechos. Si permanecemos, pues, fieles a nosotros mismos, es decir, a nuestras instituciones que nos dimos unánimemente, el triunfo será seguro y esplendoroso. El camino recto de Cataluña, no dudeis, es guardar fidelidad a los ideales de su resurgimiento que culminaron con la Generalitat», Tarradellas, «Mensaje del Honorable presidente de la Generalitat al pueblo de Cataluña», 8.
Saint-Martin-le-Beau (Indre-et-Loire), 2 de enero de 1963
Distinguida señora y querida amiga,
He sabido que últimamente habéis sido intervenida, que felizmente todo ha ido bien y que ya estáis en plena convalecencia. Podéis pensar lo contento que he estado al saber de vuestro restablecimiento.44 No hay que deciros que deseo de todo corazón que vuestra salud vaya tal como vos anheláis, puesto que cada día que pasa se hace más necesario que volvamos y con libertad a nuestra Cataluña!
Os agradeceré de parte mía que saludeis muy afectuosamente a vuestro esposo, y vos recibíd los mejores sentimientos de,
44 En una carta fechada en Montevideo el 17 de diciembre de 1962, Miquel S. Cunillera Ríes le hizo saber que «el pasado lunes 10, fue operada nuestra estimada Margarita Xirgu. La intervención fue como consecuencia de una litiasi biliar y tuvo cumplido éxito, aunque siga en la clínica. Las molestias le empezaron hace un año aproximadamente, pero últimamente se acentuaron de forma que hicieron de todo punto necesario el tratamiento dicho. Estuvimos haciendo acto de presencia en el momento operatorio, puesto que por su edad, 74 años, no hay que decir como nos preocupaba a los amigos. Los señores Justino Zavala Muniz y Ángel Curotto, tan amigos de ella, y además Cuatrecasas y yo, aparte de las respectivas mujeres. Ayer la visité de nuevo, encontrándola francamente muy bien y más optimista que nunca, rogándome que te saludara». Unos días más tarde, el 31 de diciembre, el mismo Cunillera le comunicaba que Xirgu ya estaba «completamente restablecida de su intervención».
Punta Ballena, diciembre de 1964
45 Postal navideña con un dibujo alusivo firmado por Marisa.
Foto de Josep Tarradellas Joan en la restauració de la Generalitat en 1980
Tenía la idea que Margarita Xirgu vivía en Chile, donde tenía una casa —que me habían descrito preciosa— situada en el llamado Barrio Alto de Santiago. Pero ha resultado que en Montevideo me he encontrado cara a cara con la que puede ser llamada —sin retoque alguno— la mayor actriz de la América Latina. Ni ella me conocía a mí, ni yo la conocía a ella físicamente. Nos conocíamos —¿cómo decirlo?— indirectamente. Probablemente es la mejor manera de conocerse. En los porches del Teatro Solís, de Montevideo, leí un cartel que decía que se representaba en el Parque Rivera, que es un parque de pinos situado en las inmediaciones de la capital del Uruguay, el Sueño de una noche de verano, "de Shakespeare, dirigido por Margarita Xirgu. Allí me dirigí y quedé deslumbrado. Deslumbrado por la naturaleza, por la inmensa calidad de la obra, que se dió con la música que Mendelssohn escribió cuando Tieck tradujo la obra al alemán —tiempos de Goethe— y por la maravillosa representación que de la obra se hizo.
—Yo tenía veinticinco. Era joven, usted era un niño. Ahora tiene usted los cabellos grises y yo me los tiño ligeramente de rubio. Ha pasado algo más que el sueño de una noche de verano; ha pasado el sueño de la vida. Pero, en fin, algo se ha hecho: hemos trabajado intensamente. Ya se lo decía: "hem fet el que hem pogut, vetli aquí…
La Celestina, en el arreglo de la obra realizado por el profesor Morales, de Santiago de Chile. Y hace casi nueve años que estoy aquí. Durante este tiempo, he realizado la labor más provechosa quizás de mi vida. He dirigido la Escuela de Arte Dramático del Uruguay, he formado una gran cantidad de actores y de actrices, he creado una escuela, un gusto, una sensibilidad teatral en este país, muchos discípulos. Ya tendrá usted ocasión de saberlo, si es que tiene curiosidad por estas cosas. Hemos tratado de hacer que ocurriera algo y algo ha ocurrido, algo que ha tenido repercusión en muchos lugares de América. Hemos trabajado a favor de la calidad y no crea que el teatro sea hoy aquí improvisación, aproximación. Hoy se saben muchas cosas de teatro en estas tierras de América…
Pero esta labor no podía durar siempre, porque fatiga. Le confieso que me convendría descansar, cosa que tampoco es fácil. Las cosas se enlazan constantemente y los compromisos se suceden… Se comprende. No creo que exista hoy, en el entero mundo de la América hispánica, una personalidad viviente tan universalmente conocida, admirada, adorada como Margarita Xirgu. No creo que exista en ramo alguno de la actividad un caso semejante al de la popularidad de esta señora en estas tierras del continente americano. Es algo más que el respeto debido a una gran artista; es una efusión delirante de cordialidad que produce ovaciones abrumadoras en los más diversos públicos y en los más alejados países. Es un caso de unanimidad impresionante y tanto
más notable cuanto que hace ya muchos años que esta señora abandonó el teatro efímero y fácil, para concentrar toda su pasión en obras antiguas y modernas de valor permanente.
—Puede uno naturalmente equivocarse —me dice la señora Xirgu—, pero costando tanto esfuerzo representar una obra buena como una cualquier vulgaridad, es preferible optar por la primera. En mi adolescencia se creía en España que Echegaray era un genio, un autor imprescindible. ¿Se da usted cuenta? Si ya entonces disentía sobre Echegaray, ahora mi experiencia me lleva a una reflexión más exigente. Mis obras de repertorio, en los últimos años, han sido Macbeth, de Shakespeare; Tartufo, de Molière; La Celestina; El alcalde de Zalamea, de Calderón; Fuenteovejuna, de Lope; El abanico, de Goldoni; El inspector, de Gogol; El soldado de chocolate, de Bernard Shaw, y obras de Jean Giraudoux (La loca de Chaillot), Thorton Wilder, Saroyan, Pirandello, el magnífico teatro de Florencio Sánchez y García Lorca, naturalmente. El éxito de Lorca en América va en aumento. Cuando lo estrené en Méjico, unas pocas representaciones bastaron. Ahora, veinte años después del estreno, tuve que dar allíBodas de sangre durante dos meses seguidos triunfalmente. ¿Qué me dice usted del repertorio?
Habiendo sido nombrados, de acuerdo con lo previsto en el Decreto de esta Presidencia del 12 de mayo del 1956, publicado en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña de junio del mismo año, delegados general y especial de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, con residencia en Montevideo, la señora Margarita Xirgu y el señor Miquel S. Cunillera respectivamente, así como designados los señores Josep Barberà y Benet, Francesc Bergós y Ribalta, Joan Garcia y Grau, y Llorenç Masferrer, porque, según propuesta del delegado general señora Margarita Xirgu, integren la Delegación para el mejor cumplimiento de las tareas que a esta le corresponde realizar; Dado que, en previsión de qualquier contingencia, es aconsejable proceder a la constitución de la Delegación de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, a fin de que las personas que la integran puedan cumplir con más eficiencia la labor inherente al encargo que les ha sido hecho;
1º.- El delegado general señora Margarita Xirgu desempeñará las funciones de presidente de la Delegación de la Generalitat de Cataluña a la República de la Uruguay, con el cometido establecido en los apartados a), b) y c) del artículo 2º del Decreto de esta Presidencia del 12 de mayo del 1956.
2º.- En el caso de ausencia o de imposibilidad del delegado general señora Margarita Xirgu, esta será sustituida, con todas las facultades y las obligaciones que le son propias, por el delegado especial señor Miquel S. Cunillera.
3º.- La señora Margarita Xirgu, delegado general de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, fijará la misión que, para su mejor cometido, corresponderá a los señores Josep Barberà y Benet, Francesc Bergós y Ribalta, Joan Garcia Grau y Llorenç Masferrer, que completan la Delegación.
México, 12 de agosto del 1959
De acuerdo con lo previsto en el artículo 1º del Decreto de esta Presidencia del 12 de mayo del 1956, publicado en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña de junio del mismo año, con referencia al nombramiento de delegados generales y especiales en Cataluña y en los territorios donde la emigración catalana lo justifique;
Dado que la República del Uruguay, tanto por el número de catalanes que residen como por las circunstancias especiales que en ellos concurren, justifica plenamente cumplir el previsto en el Decreto mencionado,
Nombrar la señora Margarita Xirgu delegado general de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, con residencia en la ciudad de Montevideo, con las facultades y obligaciones que esa representación comporta.
De acuerdo con el previsto en el artículo 1º del Decreto de esta Presidencia del 12 de mayo del 1956, publicado en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña de junio del mismo año, con referencia al nombramiento de delegados generales y especiales en Cataluña y en los territorios donde la emigración catalana lo justifique;
Nombrar el señor Miquel S. Cunillera delegado especial de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, con residencia en la ciudad de Montevideo, con las facultades y obligaciones que esa representación comporta.
Vista la comunicación del delegado general de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay, señora Margarita Xirgu, en que, para el mejor cumplimiento de lo previsto en el apartado a) del artículo 2º del Decreto de esta Presidencia de fecha 12 de mayo del 1956, publicado en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña de junio del mismo año, propone el nombramiento de los señores Josep Barberà y Benet, Francesc Bergós y Ribalta, Joan Garcia Grau y Llorenç Masferrer, para que le presten su colaboración en la labor que le es propia por la misión que le ha sido encomendada. Dado que promover y coordinar las tareas que lleven a cabo las organizaciones catalanas o constituidas por catalanes y nacionales de la República del Uruguay significa un esfuerzo que justifica la propuesta del delegado general en esa República señora Margarita Xirgu.
Designar los señores Josep Barberà y Benet, Francesc Bergós y Ribalta, Joan Garcia y Grau, y Llorenç Masferrer para que integren la Delegación de la Generalitat de Cataluña en la República del Uruguay.
[Sello de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña]
[Delegación General de la Generalitat de Cataluña]
Reunidos en la ciudad de Montevideo (Uruguay), el día 25 de marzo de 1960, en el domicilio de la señora Margarita Xirgu, los señores doctor Miquel Cunillera, Josep Barberà, Llorenç Masferrer y Joan Garcia Grau, se da lectura a las comunicaciones de la Presidencia de la Generalitat.
A continuación se deja constancia que el doctor Francesc Bergós, por razones personales, no acepta la designación, quedando, pues, la Delegación General de la Generalitat de Cataluña constituida de la siguiente manera: señora Margarita Xirgu, presidente; doctor Miquel Cunillera, delegado especial y señores Josep Barberà, Llorenç Masferrer y Joan Garcia Grau, levantándose a continuación el acta correspondiente y se acuerda enviar el original de la misma a la Presidencia de la Generalitat para que haya mención.
Margarita Xirgu, Joan Garcia Grau, Josep Barberà, Miquel Cunillera,
Estamos en un periodo prerevolucionario, en el cual las fuerzas decididamente dispuestas a la liberación y muchas fuerzas latentes que no actúan todavía, no hallan otra alternativa que la ofrecida por las organizaciones clandestinas extremistas. Este fenómeno es el resultado del apoyo diplomático y militar que los Estados Unidos han dado al franquismo y
solamente una rectificación decidida y rápida podría eliminarlo. Esperemos que esta rectificación no se haga esperar y sea pronto una realidad. Por lo que a Cataluña respecta, el Presidente de la Generalidad en el exilio, señor José Tarradellas, con la colaboración de numerosas personas, comisiones y delegaciones en el interior y el exterior del país, se halla preparado, con toda responsabilidad, para asumir la tarea de reconstrucción democrática. El respeto por la institución de la Generalitat es unánime y polariza a todos los catalanes, lo cual facilitaría grandemente el encauzamiento de los problemas de la inminente transformación política.
Para terminar, nos basta insistir, con E. John Hughes, que los valores democráticos identificados con la República española no podrán ser salvados con lemas, proclamas o discursos. Hace falta una sutil diplomacia al servicio de una voluntad de acción efectiva.
Dr. Juan Cuatrecasas, delegado general de la Generalidad en la República Argentina
Margarida Xirgu, presidenta de la Delegación de la Generalitat de Catalunya a la República Oriental del Uruguay. Cartas de Josep Tarradellas (1960–1964)

References: resolución 
 resolución 
 artículo 2
 artículo 1
 artículo 1
 artículo 2