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Timestamp: 2017-12-14 10:19:21+00:00

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Pueblos Indígenas: la raíz de la diversidad Mexicana | ASILEGAL
Pueblos Indígenas: la raíz de la diversidad Mexicana
26 de noviembre de 2013 Derechos Humanos, Grupos y Comunidades Indígenasasilegal
Son tiempo en movimiento,
Entre tequilas.
Son sombras de fantasmas,
Cadáveres en la ciudad.
(Sergio García Díaz).
Durante años, los pueblos indígenas han sido víctimas de la deshumanización. De la invisibilización que provoca discriminación por considerarles seres inferiores a la raza “blanca”, considerada perfecta. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) calcula que, a nivel nacional, aproximadamente 6 de cada 100 habitantes de 5 años o más de edad hablan alguna lengua indígena de las 89 que hay en nuestro país. Estas van desde el Aguacateco hasta el Zoque.
Las poblaciones indígenas se conforman de pueblos tribales, aborígenes y autóctonos. Hay por lo menos 5000 grupos indígenas en el mundo, compuestos de unos 370 millones de personas. Reflexionar si es correcto o no colocarlos en el apartado de grupos vulnerables implica lo que conocemos como discriminación positiva. En ella hacemos visible su “condición”, establecemos políticas para darles un trato preferencial y compensarles por los perjuicios sufridos a lo largo de la historia. No se busca la igualdad para ellas/os. No se busca que tanto las personas no indígenas como las que sí lo son estemos en un plano de igualdad, con los mismos derechos a una vida plena y sin carencias. Se busca mantener marcada la diferencia que hay entre ellas/os y nosotras/os, sin entender que llevamos la misma sangre en las venas.
Nuestras/os ancestras/os hacen rica nuestra tierra. Diversa, infinita y multicolorida. Preservar la esencia de los mexicanos y las mexicanas hace posible la inclusión de todos y todas en las leyes que regulan nuestra sociedad. El pasado martes 19 de este mes, en el Instituto de la Judicatura Federal, se presentó Dinah Shelton, ex-presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esto ocurrió en el marco de la conferencia magistral titulada: “Estándares Internacionales de los Derechos de los Pueblos Indígenas”, en compañía del actual presidente de la Corte, el Dr. José de Jesús Orozco Henríquez. Según Shelton, en nuestro Sistema Interamericano contamos con alrededor de 40 a 50 millones de indígenas que han perdido sus tierras y su identidad ante el resto del mundo. En el marco jurídico internacional contamos con el Convenio No. 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del cual hablaremos a continuación.
El Convenio No. 169 de la (OIT) reconoce el derecho a la autodeterminación y el derecho al desarrollo sociocultural de los pueblos. En su artículo 3 destaca la importancia del alcance de los pueblos indígenas y tribales al goce pleno de los Derechos Humanos y libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación de cualquier índole. En el artículo 6 se hace mención al derecho de consulta a los pueblos indígenas para que opinen sobre las decisiones relevantes que el Estado debe tomar. Dicha consulta debe hacerse de buena fe, con el objetivo de llegar a un acuerdo. Debe buscar establecer un dialogo que les ayude a encontrar soluciones adecuadas en un ambiente de respeto mutuo y participación plena. Otro artículo que se destaca es el 8, que menciona el derecho a conservar sus costumbres e instituciones propias; siempre que no sean incompatibles con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico nacional ni con los derechos humanos. Este artículo nos remite al derecho al debido proceso, o due process, consagrado también en el artículo 25 del Pacto de San José.
En el artículo 14 del Convenio se habla del derecho de los pueblos indígenas y tribales a la propiedad y posesión sobre las tierras que tradicionalmente han ocupado desde los inicios de su existencia, en el marco de la propiedad colectiva. Shelton destacó que “Los estados deben respetar el derecho a la propiedad de los pueblos indígenas, siguiendo los principios del derecho humanitario, contra la esclavitud y violencia“.
Otro punto del que habló tanto Shelton como el actual presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), es el derecho a la salud y a vivir en un ambiente sano.Éste se ubica en el artículo 25.2 del Convenio, enfatizando la organización a nivel comunitario de los servicios de salud. Debe planearse y administrarse en cooperación con los pueblos interesados, teniendo en cuenta sus condiciones económicas, geográficas, sociales y culturales. Asimismo deben considerarse sus métodos de prevención, prácticas curativas y medicamentos tradicionales.
Hacer una breve semblanza de los derechos consagrados en el Convenio de la OIT nos lleva a pensar en la realidad actual: Estos derechos no se cumplen, no se llevan a cabo, no se protegen. Al respecto, Sheldon mencionó que “la inaplicabilidad de las normas, está muy involucrada en las violaciones a Derechos Humanos, favoreciendo las vulnerabilidades existentes en las comunidades indígenas, que cuentan con una diversidad cultural tanto en la seguridad personal, como en la educación, salud y servicios. Países como Paraguay, Nicaragua, Suriname, Guatemala, Ecuador y México han sido los más afectados en el Sistema Interamericano, por mencionar algunos”
¿Hay violencia o discriminación a indígenas?
En México, podemos destacar muchos casos al respecto donde la palabra de la OIT y los demás convenios ratificados por México en materia de Derechos Humanos han sido relegados al olvido. Tan solo, en ASILEGAL tenemos una línea de trabajo dedicada a la atención de personas indígenas privadas de su libertad para las cuales el debido proceso, la presunción de inocencia, el derecho a un intérprete y demás garantías individuales han sido violentadas. Un caso muy célebre para destacar estos aspectos sería el de Zenaida Pastrana de la Cruz, indígena originaria de la Montaña Alta de Guerrero, quien ya se encuentra en libertad después de casi 10 años en prisión por un delito que no cometió.
Zenaida se enfrentó a diversas violaciones al debido proceso. Ser indígena y mujer es carne de cañón para la discriminación en el Sistema de Justicia mexicano. Fue detenida por un homicidio cometido dentro de su casa cuando regresaba de la tienda. Sin una orden de aprehensión, y con uso de violencia, fue puesta a disposición del Ministerio Público. Más tarde, fue consignada ante el juez del Centro de Readaptación Social de Tlapa, Guerrero. Después de dos años transcurridos, recibió una sentencia de 30 años de prisión. Su defensa apeló la resolución y 4 meses después se logró la reposición del proceso para reparar las violaciones cometidas en el proceso anterior. Catorce meses después se vuelve a dictar la misma sentencia con las mismas violaciones al proceso. Se interpuso una apelación para reponer el proceso de nuevo, donde se recibió la misma respuesta: una condena de 30 años de prisión.
El caso parecía una pelota de ping-pong, donde la libertad de una persona inocente estaba en manos de un juez y luego en manos de otro. Ninguno de los dos hacía caso a la justicia. El 21 de enero de 2010, ASILEGAL promovió un juicio de amparo ante el Tribunal Colegiado de Circuito para buscar de nuevo la reposición del procedimiento. Esta vez el resultado volvió a ser la misma sentencia condenatoria. Intentando una última apelación, se consiguió la libertad de Zenaida en febrero de 2013. La pregunta es: ¿Cuántas chupadas se necesitan para llegar al centro de una tutsi-pop? O lo que es igual a: ¿Cuántas apelaciones son necesarias para que se resuelva la libertad de una persona inocente y se reparen las violaciones a sus derechos humanos? La respuesta no se va a encontrar en ningún libro de texto, en ninguna ley. Me temo que no hay respuesta para esa pregunta.
En cuanto a la Salud, si bien es cierto que el bienestar y la continuidad cultural de los pueblos indígenas están directamente relacionados con su capacidad de consumir sus alimentos tradicionales y mantener sus prácticas alimentarias tradicionales, ¿por qué nuestras/os indígenas padecen hambre si en México contamos con muchos recursos naturales? Una de tantas respuestas la encontramos en nuestro gobierno: se prefiere construir carreteras, plantar marihuana en lugar de maíz, se prefiere importar maíz que cultivarlo aquí porque “sale más caro y no hay recursos”. Pero los sueldos de nuestros H. Diputados y Senadores siguen en aumento…
Recordar la memoria histórica para no caer en lo mismo. Recordemos Acteal, por mencionar un ejemplo de la violencia hacia nuestros hermanos y hermanas indígenas: Es básico para separar a los seres humanos, ahondar las diferencias, demonizar al otro, deshumanizarlo porque así es más fácil hacerle daño. Se minimizó el problema al inicio tratándolo desde junio de 1997 como un conflicto entre ejidos, de carácter religioso. Sin embargo, los verdaderos enfrentamientos se debieron a ataques de paramilitares y la respuesta defensiva del grupo zapatista.
El plan del gobierno era que el hecho no fuera del dominio público.Negar la masacre. Minimizarla después. Negar que el grupo agresor contaba con preparación militar, que fue una acción preparada y dirigida a personas disidentes de la política priísta. El gobernador Ruíz Ferro se escondió detrás del secretario de Gobernación argumentando que no se habían encontrado armas (las cuales estaban enterradas en la Sierra) y que el conflicto era entre familias y parajes. Durante el gobierno de Felipe Calderón los autores materiales e intelectuales con auspicio de la Suprema Corte de Justicia de la Nación consiguieron la libertad tras interponer amparos, donde no se comprobaba su responsabilidad en los hechos como se desprende en las sentencias. Este caso sigue impune, y las/os familiares de los 45 tzotziles masacrados lloran su pérdida y piden justicia.
Debemos implementar políticas públicas que permitan el llamamiento a los gobiernos para que incorporen la cultura en el desarrollo de la agricultura sostenible, los sistemas alimentarios y las prácticas. Que impulsen políticas y programas relacionados con ellas/os, que respeten y apoyen el bienestar de los pueblos indígenas. Lograr un cambio con el gobierno, exigir que casos como los de Acteal tengan respuesta, exigir del gobierno algo más que pan y circo, depende de nosotras/os. Es necesario unirnos como humanidad consciente de que nuestra sociedad necesita un cambio. Podemos empezar desde cambios pequeños: Si vemos a un(a) indígena en la calle, no hay que verlo como un ser inferior.Es tan humana/o como ustedes, como yo. Con una sonrisa abrimos muchas puertas, y una de ellas es la puerta de la inclusión. La discriminación puede llegar hasta el homicidio, la violación o cualquier otro tipo de violencia. Ser de un origen étnico diferente no significa ser menos. En actos pequeños, está la semilla del cambio.
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References: artículo 3
 artículo 6
 artículo 25
 artículo 14
 artículo 25
 resolución