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Article 27 | Artículo 27 : Urgeurge
Posted by cubo23 on Monday, March 9, 2015 · Leave a Comment Eugenio Tisselli
The only possible politics under necrocapitalism is algorithmic politics
Política algorítmica
La dictadura financiera presenta una paradoja: así como las transacciones económicas, que en microsegundos son capaces de cambiar el destino de países enteros, son el resultado de actos de lenguaje, es el propio lenguaje lo que, a su vez, se ve transformado y sometido por los flujos de los mercados financieros. Esta paradoja puede trazarse en forma de un bucle de retroalimentación negativa, es decir: un proceso relacional en el cual, mientras que uno de los actores de la relación se amplifica y expande (la economía), el otro se somete y debilita (el lenguaje). Los efectos de esta retroalimentación paradójica sobre la política son claros y bien visibles: el intercambio lingüístico que da vida a la esfera pública, necesaria para pensar la organización de la democracia, se ve disminuido y neutralizado debido a su sujeción al mercado, hasta tal punto que es la propia política lo que termina por ser anulado. La política como espacio de realización de la vida cotidiana se ve reducida a un motor que ejecuta los algoritmos de las finanzas. En este campo reconfigurado, lo colectivo se vuelve cada vez más inimaginable, y los individuos se convierten en autómatas celulares en cuyo cuerpo mismo ya están inscritos tanto el código del comportamiento económico como el lenguaje plano y mutilado que requiere el capital para operar sin fricciones.
Quienes se nieguen a acceder a la vida como meros autómatas celulares serán aniquilados por la dictadura financiera, que se encuentra ya plenamente en su fase asesina: el necrocapitalismo. Achille Mbembe propuso que la expresión última de la soberanía reside ampliamente en el poder y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir. Esto era la necropolítica. Hoy, la dictadura financiera prescribe la progresiva reducción de la esfera política, con el fin de anular las restricciones que las leyes y códigos imponían al capital. Y, efectivamente, los gobiernos se han reducido, convirtiéndose en meros facilitadores del avance implacable del capital, pero sin dejar de ejercer su capacidad operativa de matar o dejar vivir. Así, el verdadero poder se traslada directamente a las manos del capital, que es ahora quien ordena quién vive y quién muere. El poder del capital es un poder necrocapitalista que, sin embargo, es ejecutado por los funcionarios de la antigua esfera política.
México pasó de la necropolítica al necrocapitalismo no por las armas sino con las plumas, empuñadas por presidentes y secretarios de economía para firmar, en 1992, el tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos (TLCAN). ¿Qué ha sucedido en México desde entonces? Una secuencia caótica e inabarcable de privatizaciones, expolios y crímenes: cambios radicales cuyo núcleo es la destrucción casi total de la antigua esfera política.
Después de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Elisa Godínez escribió que “no es ninguna novedad que el sector empresarial encabece las demandas de reprimir las protestas sociales que afectan directamente sus bienes e intereses, argumentando el respeto al Estado de Derecho.” [1] Y, efectivamente, en la era post-TLCAN, ya no es ninguna novedad. Pero tal vez la novedad sea que ahora el Estado Mexicano defiende ya no solamente a las empresas nacionales y sus intereses, sino también a las extranjeras. No se trata de una novedad menor: todo tipo de empresas extractivas, por ejemplo, multiplican gracias a ello sus concesiones y ganancias y, como daño colateral, devastan la tierra, los ecosistemas y, por supuesto, a comunidades y pueblos enteros. De acuerdo con datos de una investigación elaborada por la Red Mexicana de Afectados por la Minería, a partir de la entrada en vigor del TLCAN se han extraído de México 450 toneladas de oro, lo que equivale a casi tres veces más que las 185 toneladas extraídas durante 300 años del dominio colonial español. Este expolio sin precedentes ha beneficiado, sobre todo, a compañías Canadienses y Estadounidenses, que juntas acaparan casi el 85% del total de concesiones mineras privadas, y que solamente pagan a México el 1% de lo que extraen [2].
El artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos trata sobre la propiedad de la tierra y los recursos naturales. Originalmente establecía que “la propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación.” Esta visión, evidentemente, tenía que cambiar de manera radical bajo el necrocapitalismo, ya que, en lugar de reconocer la naturaleza originaria de la propiedad privada y el derecho de los capitalistas a poseerla, indicaba que “la Nación” era en principio dueña de todo. Ahora, gracias a las distintas reformas al artículo 27, “la Nación” se arroga el derecho de transmitir el dominio de tierras y aguas (y, por consiguiente, de humanos y no-humanos que las habitan) a los particulares constituyendo la propiedad privada. El artículo 27 es hoy es la alfombra roja extendida por el Estado Mexicano para recibir por la puerta grande a los flujos y algoritmos financiero-lingüísticos del necrocapital.
La única politica posible bajo el necrocapitalismo es la política algorítmica
La pieza titulada “El 27 | The 27th” es un ejemplo de lo que puede ser la política algorítmica. Lejos de trazar un camino de salida al horror y la explotación necrocapitalista, la política algorítmica ahonda en la herida al intentar meter profundamente el dedo en la llaga. La llaga es la fisura terminal en la esfera de la política, demasiado poco eficaz como para atender al necrocapital con la velocidad necesaria. Una vez desangrada por completo, la política hecha por humanos deberá ser sustituida por la política algorítmica: política hecha por máquinas.
En “El 27 | The 27th”, un algoritmo opera directamente sobre el texto del artículo 27 de la siguiente manera: cada noche, después del cierra de la Bolsa de Valores de Nueva York, un robot obtiene el índice final de las acciones. Si éste es positivo, otro robot elige al azar un fragmento del artículo y lo traduce automáticamente al inglés, insertando la traducción en su lugar correspondiente, entre el texto original en español. Después de un tiempo suficiente, el texto del artículo 27 se podrá leer en su totalidad en un inglés incorrecto pero eficaz. Un inglés automatizado que habrá intentado desplazar brutalmente a humanos que, sin embargo, se aferran tenazmente a un territorio delimitado por mero lenguaje, negándose a morir. Un inglés automatizado que habrá erosionado esa tierra, delimitada por mero lenguaje, hasta dejarla irreconocible: rasgada, explotada, medio muerta.
[1] http://horizontal.mx/ayotzinapa-y-el-discurso-empresarial/
[2] Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, A.C., “Manual Anti minero”. México 2014.
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