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Timestamp: 2017-09-26 07:29:52+00:00

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Reflexiones | Circulo de Mediación
Taller de Autocontrol: La emoción una aliada en la mediación
Las emociones están presenten en la mesa de mediación como un componente más. No sólo las emociones de las partes, sino también las emociones del mediador/a. Al igual que debemos controlar nuestros prejuicios como mediadores, también debemos aprender a controlar nuestras emociones y contagiar ese respeto y control a las partes.
Cuando se habla de control de la emoción debemos tener en cuenta un proceso de cuatro pasos que guiará la exposición del taller:
Conocer las emociones. Sólo se controla aquello que se conoce, por lo tanto ponerle nombre a la emoción es fundamental. Tenemos una tendencia a hablar en término dicotómicos “me siento bien, mal” y eso no favorece el autocontrol. Por lo tanto empezaré definiendo la emoción y destacando su funcionalidad.
Clasificarla como positiva o negativa. Algunas emociones podemos vivenciarlas como negativas, pero bien canalizadas producen un efecto constructivo. Un ejemplo es el miedo, lo clasificamos como negativo por el efecto que produce en nosotros, pero no cabe duda que el afrontamiento adecuado de los miedos nos fortalece.
Autocontrol. La gestión de la emoción a través de estrategias de control del pensamiento y de las reacciones físicas paralelas.
Acción. Expresar adecuadamente las emociones para conseguir cambios en la línea de que no se repitan las situaciones desencadenantes de las emociones negativas y sí se reproduzcan las que evocan emociones positivas.
La palabra emoción viene del latín emotio/emotionis y deriva del verbo emovere, en su significación viene a ser retirar, desalojar de un sitio, hacer mover. Una emoción es algo que saca a uno de su estado habitual, en ocasiones es frecuente escuchar o incluso decir “algo se me removió por dentro” cuando un evento nos afecta, ya sea positiva o negativamente.
La emoción es un tipo de reacción que todo ser humano experimenta ante los hechos que le ocurren o loas situaciones a las que nos vemos expuestos. Es algo que cambia constantemente, aparece y desaparece e incluso está sometido a variaciones a lo largo de nuestra vida en función de la etapa en la que nos encontramos (momentos de sobrecarga solemos ser más permeables a nuestras emociones).
Que aparezca una emoción es la señal de que algo es lo suficientemente importante para nosotros como para hacernos reaccionar. Resalta nuestras prioridades e incluso promueven que nos demos cuenta de nuestros puntos débiles o límites para poder afrontarlos. Las emociones nos demuestran que estamos vivos y en relación con un entorno cambiante.
CLASIFICALA
Existen varias clasificaciones de emociones. Es importante hacernos con un abanico de emociones amplio, de manera que nos ayude a salir de la dicotomía bien y mal y profundizar en emociones concretas. El autocontrol comienza cuando sé lo que tengo que controlar.
A grandes rasgos se pueden clasificar las emociones en negativas y positivas. Las positivas nos producen bienestar, hacen que nos acerquemos a esas personas o situaciones que las generan, indican que vamos por el camino adecuado. Las negativas por el contrario, surgen cuando de algún modo nos desviamos de lo que deseamos, valoramos o nos adentramos en el ámbito de nuestras inseguridades, miedos, etc… En el caso de las emociones negativas debemos intentar prevenir su aparición, controlar su efecto para que nos afecten sólo en la medida justa y detectar las situaciones personales que dieron lugar a su aparición, para intervenir sobre la fuente.
Si tenemos en cuenta esta finalidad adaptativa de las emociones, podríamos decir que tienen diferentes funciones. Vamos a ver algunas:
MIEDO: Surge al detectar una amenaza en nuestro entorno y la reacción inmediata busca la protección. El miedo nos habla de aceptación de nuestros límites, de nuestras inseguridades, de reencuentro con nuestro verdadero yo. Aceptar nuestros miedos es descubrir nuestros límites y nos permite afrontarlos para poder crecer.
SORPRESA: Provoca una aproximación cognitiva para entender lo que pasa. Ayuda a orientarnos frente a la nueva situación. Es frecuente que alguien tras un hecho que le ha sorprendido exprese “no sé qué decir, no sé qué hacer, no me lo esperaba”, ese desconcierto inicial es tiempo para la comprensión y análisis.
DECEPCIÓN: Nos habla de desilusión, de que algo que esperábamos no ha llegado. Resalta la importancia de cambiar el enfoque y en lugar de esperar la llegada de algo nuevo centrarnos en lo que somos y tenemos.
FRUSTRACIÓN: Nos revela decepción porque algo que hemos hecho no ha salido como queríamos. Nos da la oportunidad de adaptarnos a una realidad en continua cambio y nos propone un gran reto: ser flexible para superar las dificultades. La frustración nos permite evaluar nuestras estrategias y cambiarlas.
ENFADO: Resalta que percibimos un ataque personal. Ese hecho, comentario situación que nos provoca enfado lo hace porque percibimos que se vulnera algún derecho, alguna necesidad, etc. Genera una alta cantidad de energía que si se sabe canalizar favorece que defendamos nuestros derechos y necesidades, pero si no lo controlamos puede llevar a la ira, y en ese extremo dicha energía se vuelve destructiva. En la mediación el enfado de las partes nos permite detectar necesidades y miedos, pero en todo momento debemos impedir la aparición de la ira.
TRISTEZA: Señala que somos sensibles a lo que ocurre a nuestro alrededor y que hemos perdido algo (material o situacional) o a alguien que nos importa. La reacción de tristeza nos permite tiempo y autoconcentración para conseguir una nueva reintegración personal.
ALEGRÍA: Nos induce hacia la repetición del hecho que nos ha producido alegría, queremos volver a ver a esa persona, estar más tiempo con ella, repetir esa actividad que nos ha gustado. Etc. Por ello es importante generar sensación de comodidad, protección, seguridad en las primeras sesiones de mediación, se garantiza la continuidad.
Existe un elemento importante que mediatiza nuestra relación con las emociones, la influencia social. En la mediación se ve como en ocasiones las interferencias de terceras personas (familiares, abogados, amistades, etc.) pueden hacer que ciertos miedos se estanquen y bloqueen el acuerdo, que se den retrocesos en las decisiones, etc. Las emociones son propias, pero al igual que tras una sesión con el/la mediador/a las partes pueden salir más convencidas de que el acuerdo es beneficioso; tras un encuentro con familiares que están polarizados en contra de la ex pareja resurgen miedos, reproches y emociones negativas hacia el otro/a.
AUTOCONTROLA
El autocontrol emocional se define como la capacidad del sujeto para influir en sus propias respuestas y de invertir la probabilidad de aparición de su propio comportamiento (Kanfer, 1996)
Existen tres estilos de afrontamiento de las emociones: impulsivo, represivo/evitativo, reflexivo.
Recordemos que las emociones que sentimos son adaptativas, cumple la función ayudarnos a tomar decisiones. El problema surge cuando son ellas quienes nos dirigen, cuando la emoción no nos deja pensar y nos mostramos impulsivos; o cuando negamos su existencia y evitamos el afrontamiento a toda costa. Reprimir las emociones perjudica, en el caso de las emociones negativas puede prolongar su presencia y ampliar el malestar que nos genera. Expresar las emociones implica detección, dominio y gestión adecuada para darle forma.
Por lo tanto es beneficioso que en la mediación se expresen emociones. Eso indica que estamos abordando aspectos importantes y que las partes están poniendo sus miedos y necesidades sobre la mesa. Lo que el mediador/a debe procurar es que la expresión de las emociones se haga desde el autocontrol y el respeto al otro. Incluso cuando se trate de las propias emociones del mediador/a, en determinados momentos podemos expresar emociones de sorpresa, desconcierto, aceptación, y todo ello bien expresado puede favorecer que el proceso fluya al reflejar lo que está ocurriendo.
Cómo controlar nuestra emoción: controlando nuestro pensamiento y controlando nuestras reacciones corporales. Existe una interacción recíproca entre pensamiento, emoción y acción, como se puede ver en el dibujo, que nos permite tener una influencia indirecta sobre las emociones a través del pensamiento y a acción.
Cómo controlar el pensamiento. A través de las autoinstrucciones. Son pensamientos positivos, cortos y concretos que sustituyen los pensamientos negativos e invasivos. Por ejemplo “puedo controlar la situación”, “si me altero no conseguiré nada”, “respira hondo”, “relaja la postura”. Si se tiene un espacio de intimidad, una autoinstrucción dicha en voz alta adquiere mayor fuerza. Así mismo, en una sesión de mediación, la autoinstrucción se puede convertir en un pensamiento en voz alta que invite a la calma y la reflexión, “déjenme pensar un momento”, “vamos a pensar un momento”.
En este apartado les invito a profundizar en el control del pensamiento leyendo sobre las 11 ideas irracionales de Albert Ellis.
Cómo controlar las reacciones corporales. El componente fisiológico de la emoción (sudoración, tensión muscular, aumento de la respiración y de la tasa cardíaca) es innato y automático, surge del sistema nervioso vegetativo y busca preparar al organismo para la lucha o la huida. Si bien tiene una base adaptativa, puede dejar de serlo si la activación es demasiado intensa, frecuente o se dispara ante situaciones que no suponen una amenaza o peligro. Aprendiendo a relajar conscientemente la tensión muscular y la respiración podremos influir indirectamente en alguno de esos parámetros automáticos como es la tasa cardíaca. Como técnicas concretas les recomiendo el Entrenamiento en respiración profunda o natural y el Entrenamiento en relajación progresiva de Jacobson.
¿Cuándo emplear todas esas técnicas que hemos visto? Pues una vez que hemos detectado los síntomas fisiológicos y reconocido la emoción. Me resulta muy útil utilizar el símil del semáforo para explicar este aspecto. Todas las personas tenemos un semáforo que nos indica el grado de control emocional.
VERDE: Estamos vivenciando emociones positivas, agradables, nos sentimos cómodos, etc. tenemos la luz verde.
NARANJA: surge algún evento que despierta una emoción negativa (nerviosismo, enfado, frustración, etc…) Se activan los indicadores fisiológicos (nudo en el estómago, respiración agitada, tasa cardiaca más rápida, tensión muscular, cierre de puños, calor en las mejillas, etc.), detectamos pensamientos adaptativos o no, e identificamos una emoción. Es en este momento cuando debemos aplicar las técnicas para reducir la reacción corporal, detener y reformular nuestro pensamiento.
ROJO: si no aplicamos las técnicas a tiempo o simplemente no las aplicamos porque no fuimos capaces de reconocer los síntomas e identificar la emoción, es probable que tengamos una reacción de descontrol (crisis de ansiedad, comportamiento impulsivo, etc…) Una vez que hemos llegado al rojo sólo nos queda recapacitar sobre lo ocurrido y tratar de aprender.
Es importante expresar adecuadamente las emociones para conseguir cambios en las situaciones o en las demás personas que nos lleven a un mayor bienestar. Algunas claves a tener en cuenta a la hora de verbalizar nuestras emociones son: concreción, respeto a las emociones del otro/a, “mensajes yo” y asertividad.
Como dijo B. Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Debemos escuchar a nuestras emociones, saber leer lo que nos dicen, pero siempre desde el control y la gestión adecuada, pues vivimos en interacción con otros y con sus emociones.
YURENA SÁNCHEZ RAMÍREZ
Cuando terminaba la carrera tuve la oportunidad de realizar mis prácticas implementando un taller de crecimiento personal con personas sin hogar. A voz de pronto puede resultar chocante, una persona que no tiene comida, no tiene un techo, no tiene apoyo social, lo que más necesita no es un taller de crecimiento personal. Sin embargo, mi compañera y yo asistimos a una bella transformación en la que once hombres “desahuciados” por la sociedad iban recobrando sentido de pertenencia, no sólo pertenencia al grupo que se había formado en el albergue, sino a una sociedad que por momentos sentían que le había dado la espalda. Entre los momentos que decían que iban a echar de menos estaban: tomar un café conversando con alguien de algo cotidiano, tener una rutina, una cita a la que acudir en una hora concreta, compartir un espacio de reflexión.
Se deben preguntar: ¿qué tiene que ver todo esto con la mediación?. Lo importante de aquel taller fue la atención prestada a las personas, a sus emociones. El contenido giraba en torno a sus vivencias, eran sus problemas, sus pensamientos los protagonistas de los encuentros semanales. Y ese transfondo fue lo que a mi forma de ver dio lugar a la transformación. Cuando acabamos, sus problemas económicos, las decisiones difíciles que tenían que afrontar cada día, no habían desaparecido, pero no eran los mismos hombres del principio. Habían recogido la toalla que creían tirada. Habían descubierto compañeros de camino donde sólo veían contrincantes (pues luchaban cada día por las pocas plazas del albergue). Habían hecho del albergue, un lugar de encuentro, no sólo un techo esporádico.
Frecuentemente nos encontramos con que cuando una pareja toma la decisión de separarse una de las opciones iniciales en las que piensan es que necesitan un abogado, o dos, que marquen la pauta económica, de convivencia, etc. En algunos de los casos, están de acuerdo en llegar a un mutuo acuerdo frente a un/a abogado/a en base a un formato estándar. La mediación no suele ser la primera opción que se plantean, en ocasiones ni siquiera conocen su existencia. Sin embargo, sí suele ser el método que consigue explotar el potencial de adaptación de la familia/persona. La mediación atiende a las personas, parte de sus emociones, de sus preocupaciones, deja que creen la receta y se miren, se vean, igual que se vieron aquellos once hombres del taller. A través de la mediación las personas pueden cerrar procesos integrándolos, no escondiéndolos en el fondo del baúl; encuentran compañeros de camino en la atención a los/as menores o personas dependientes, entienden que tienen capacidad para gestionar sus decisiones y se empoderan.
Es esa la relación que encuentro entre mis dos experiencias, como psicóloga en el taller y como mediadora posteriormente. Lo importante no es el contenido, lo importante es el proceso, la atención centrada en la persona. Se trata de fortalecer a los participantes y activar herramientas que les ayuden a gestionar futuras decisiones. El resultado puede variar, pero será producto de su esfuerzo. Acudir a mediación simboliza agarrar con fuerza la toalla que por momentos pensaron en ceder a terceros, para que decidiesen por ellos. Entender que el camino puede ser difícil, pero es su camino al fin y al cabo.
Importancia de la neutralidad e imparcialidad en la mediación
Como bien sabemos son conceptos que vienen establecidos en la Ley 5/2012 de 6 de julio de Mediación de asuntos civiles y mercantiles, por lo que forman parte de los principios de la misma y de las características que ha de tener un mediador para llevar a cabo una buena mediación. Por tanto, son conceptos que van unidos a dicha finalidad, pero diferenciados uno del otro, pues no se trata de términos sinónimos. Y es que en el mismo preámbulo de la Ley nos dice que la mediación está construida en torno a la figura de un profesional neutral e imparcial.
Ahora bien, ¿qué entendemos por dichos conceptos? La neutralidad es el hecho de no pertenecer “ni a lo uno ni a lo otro”, es decir, mantenerse al margen de las posiciones de cada mediado, creando así una posición de igualdad frente a una circunstancia con diversos enfoques, sin crear alianzas con ninguno de los participantes en el conflicto ni dar opiniones personales respecto a los temas que se está mediando; la imparcialidad por su parte, es un criterio de justicia que sostiene que las decisiones deben tomarse en base a criterios objetivos, sin influencias de ningún tipo ni prejuicios o tratos diferenciados por razones inapropiadas, es decir, hace referencia a la relación del mediador con las partes. La imparcialidad garantiza que el tercero carece de vinculación con las partes en conflicto, debiendo abstenerse de actuar en el caso de que tenga una relación personal o profesional. Y es por ello que en su art 13 se establece varias causas de inhabilidad en las que el mediador deberá abandonar o abstenerse a llevar a cabo la mediación por determinadas circunstancias como son:
Por lo que en tales caso el mediador sólo podrá llevar la mediación cuando asegure poder mediar con total y absoluta imparcialidad. Sino en caso contrario incurría en responsabilidad por daños y perjuicios (art.14). Vemos así su importancia en el gran mundo de la mediación, “pues si como mediador no eres neutral e imparcial, no podrás llevar el proceso y menos hacer que los mediados puedan llegar a buen consenso por ellos mismos sin intervenir ni en sus intereses ni en los aspectos que quieran resolver a través de dicha vía”.
Sara Medina Guedes
La mediación como primer pensamiento
Los profesionales que difunden la mediación lo hacen por muchos motivos como, por ejemplo, dar a conocer el proceso, sus ventajas, que se hable de ella y no sea la gran desconocida en el mundo de los profesionales. Pero no nos damos cuenta de lo que realmente pensamos y queremos y me refiero, simplemente, a que se cree un cambio en la mentalidad de las personas, es decir, que cuando alguna pareja discuta por estar en desacuerdo en el régimen de visitas no piensen directamente como solución los Juzgados, sino que les venga a la cabeza como primer pensamiento un proceso de mediación familiar.
Por tanto es importante que a la hora de vender la mediación, lo hagamos como concepto y, además, como un principio de causa y efecto, el cual es conocido como la Ley de la consecuencia o compensación. Por ejemplo:
Es importante crear un pensamiento dirigido al proceso mediador si queremos crecer como profesionales y así aprender del mismo e inculcárnoslo a nosotros mismos.
Gema Santana Robaina
¿Alguna vez has tomado conciencia de cómo te comunicas?
Transformar tu forma de comunicarte en más consciente y efectiva puede ser un ejercicio muy interesante para comprobar como al comunicarte obtienes resultados diferentes en función a cómo sea tu manera de comunicarte con los demás:
Intenta comprobar que ocurre al pasar del A al B. Transformar tu forma de comunicarte, puede transformar la forma en que llega tu mensaje no viéndose obstaculizado por reproches, juicios u otros aspectos que puedan ofender al receptor del mismo, y con ello, la respuesta de dicho receptor, también puede transformarse en diferente.
Fátima Martín Ortega
La mediación y el trabajo cooperativo
Estamos evolucionando hacia nuevas formas de trabajo y asistiendo a un cambio del esquema tradicional de uso del lugar de trabajo, donde se recurre a espacios de trabajo colaborativos. Son diseñados para que las interacciones de los profesionales aumenten, se comparta el espacio y la información. Un nuevo concepto entra en juego, el trabajo nos proporciona bienestar físico, social y cognitivo, aumentando nuestra productividad paralelamente.
Estos espacios, como lugares físicos y flexibles son importantes, pero más importante es la creación de comunidades de personas que lo forman, sus ideas, experiencias y conocimientos. Otras formas de aprender, otros caminos de resolver conflictos, otras formas de intentar cosas nuevas.
Los espacios colaborativos evitan el aislamiento de los profesionales, como si de salir a tomar un buen café se tratara, enriquece tu red de contactos, la colaboración y el intercambio de ideas.
En mediación, cuando te instalas en el espíritu colaborativo, te llegan las ganas de trabajar de una manera creativa e innovadora. El enriquecimiento personal y profesional está presente, aumentando nuestra satisfacción personal, nuestra autoestima y nuestro rendimiento.
En el trabajo colaborativo, el concepto de sinergia está presente porque si actuamos conjuntamente, obtenemos una mayor efectividad que si actuamos separadamente. El todo es mayor que la suma de las partes.
Los profesionales de la mediación necesitamos de una labor interconectada donde fluyan actividades de colaboración y de aprendizaje y esto a su vez nos empodera en nuestra labor de mediación con los mediados.
El aislamiento en una sociedad cambiante, no nos permite hacer los ajustes que esos cambios requieren.
La asistencia a jornadas de trabajo, los grupos de la red, el contacto con otros compañeros mediadores, con los colegios profesionales, con grupos de trabajo, etc. nos aportan confianza, seguridad y ganas de hacer. Nos nutrimos del intercambio, de diferentes experiencias, de diferentes profesiones, novedades y tendencias en aquellos aspectos que nos atañen como mediadores y como personas.
En el proceso de mediación, también la labor colaborativa cobra mucha importancia, en la búsqueda de entendimiento, en la búsqueda de alternativas, permitiéndonos el encuentro de opciones más armoniosas o sinérgicas.
Un acuerdo en mediación, fruto del trabajo colaborativo de las partes, empodera a las mismas en cuanto a los sentimientos de auto eficacia, a la responsabilidad compartida y el estímulo de las habilidades sociales que permitan dar continuidad a la familia en el futuro.
Máster en Mediación Civil y Mercantil:
Experto en Mediación Familiar (2013)
La mediación, su valor y oportunidad
Tras más de doce años dedicados al ejercicio profesional de la abogacía, desarrollándolo principalmente en el ámbito de derecho administrativo, contencioso-administrativo, del derecho de familia, del derecho civil en general (obligaciones y contratos), así como en asuntos de derecho inmobiliario y registral, recientemente he recalado por las razones que luego expondré, en la mediación como sistema o vía alternativa de resolución de conflictos, habiéndome convertido en un firme defensor y promotor de la mediación.
Dos causas o razones hicieron que prestara especial atención a la mediación. Como no podía ser de otra manera, dada mi formación como jurista, dicha atención me sobrevino tras conocer la aprobación de la Ley 5/2012, de 6 de julio y el desarrollo de aspectos de la misma mediante R.D. 980/2013, de 13 de diciembre. De la simple lectura del preámbulo de la Ley 5/2012, de mediación en asuntos civiles y mercantiles, ya constaté el alcance y fuerza que podía aportar el sistema de mediación a la resolución de conflictos como instrumento complementario de la Administración de Justicia.
Desde el punto de vista profesional, vislumbré la posibilidad de facilitar a los clientes del despacho una opción alternativa al proceso judicial para resolver ciertas controversias (más allá de las cuestiones de derecho de familia que hasta la fecha viene siendo el ámbito preferente de actuación de la mediación en Canarias).
La idea de contar con herramientas que permitan alcanzar en un relativamente corto espacio de tiempo, una solución a determinados conflictos de manera que, además se mantuvieran las relaciones subyacentes, se me presentó como una vía realmente atractiva, y por ello me dispuse a iniciar formación complementaria como especialista universitario en mediación civil y mercantil.
La inicial formación en mediación me ha servido para entrar a valorar desde luego este atractivo sistema alternativo de resolución de conflictos. El referido atractivo, se pone de manifiesto con mayor fuerza aun, a la luz de otras recientes reformas legislativas, encaminadas de modo nada disimulado, a dificultar y encarecer el acceso al servicio público de ejercicio de la potestad jurisdiccional, o sea, al sistema judicial. Me estoy refiriendo sin duda a la Ley 10/2012, de 20 de noviembre, por la que se regulan determinadas tasas en el ámbito de la Administración de Justicia y del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, la comúnmente conocida como Ley de Tasas.
La aludida Ley recurre al argumento de que el derecho a la tutela judicial efectiva no debe ser confundido con el derecho a la justicia gratuita, manteniendo que se trata de dos realidades diferentes y fundamentado en ello la imposición de unos costes nada desdeñables tanto de acceso al sistema judicial en primera instancia, como principalmente al régimen de recursos. Varios son los efectos perversos que dicha ley viene produciendo, siendo de destacar ahora que con la misma no se impide el acceso al sistema judicial y consiguientes recursos al litigante temerario, sino al litigante económicamente débil. Quien no paga queda fuera de la Justicia.
Frente al anterior postulado, de forma paralela pero con evidente retraso, el legislador español ha traspuesto al derecho interno, la Directiva 2008/52/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre ciertos aspectos de la mediación en asuntos civiles y mercantiles. Así frente a las trabas instauradas para el acceso al servicio público de ejercicio de potestad jurisdiccional, se ponen las bases para el desarrollo de la mediación como sistema de autocomposición de manera que sea la mera voluntad de las partes -con la imprescindible guía del mediador cualificado-, las que puedan poner fin, desde el acuerdo, a la situación de controversia. Gracias a que la propia Ley 5/2012 en su art. 25 prevé la formación de título ejecutivo en base al propio acuerdo mediado, ello implica que -con las debidas formalidades- dicho acuerdo se situaría de hecho, al mismo nivel que la sentencia judicial dictada en la misma materia por un tribunal ordinario, pero con un coste tanto en tiempo como en dinero que dista mucho del que el ciudadano tiene que afrontar cuando acude a la justicia ordinaria.
Habrá mucho que desarrollar en relación a la ejecutividad de los acuerdos mediados, pero la previsión legal de que con la elevación a escritura pública estableciendo -a efectos de honorarios notariales- el acuerdo mediado como documento sin cuantía, ayudará desde luego al desarrollo y crédito de la mediación como sistema alternativo al del ejercicio de la potestad jurisdiccional por jueces y magistrados.
Ex-Letrado Habilitado Abogacía del Estado
¿Cuándo me encontré con la mediación?
A principios del 2013, leí un artículo sobre las dificultades por las que atravesaba la orientación laboral, labor profesional a la que me dedicaba en ese momento, al depender de las subvenciones de los organismos públicos y al descender las partidas presupuestarias dedicadas a ello. En dicho documento se reflejaba cuáles podrían ser los nichos de empleo futuros para los orientadores laborales y uno de ellos era la mediación.
Por deformación profesional busqué información e indagué sobre los nuevos yacimientos de empleo, para ver si la mediación venía recogida como una necesidad social insatisfecha, si tenía un mercado definido, si tenía un alto potencial en la generación de puestos de trabajo. Y así fue, la mediación venía recogida como un nicho de empleo asociada a los Servicios a la Vida Cotidiana. Se iba a convertir en una actividad laboral importante para cubrir una nueva necesidad social. Todo esto venía apoyado por la Ley 5/2012, de 6 de julio de Mediación en Asuntos civiles y Mercantiles que le daba un mayor protagonismo a la mediación.
En noviembre de 2013, me llegó la información de que el Colegio Oficial de Psicología de Las Palmas, junto al Centro de Atención a la Familia de Tenerife, iban a impartir un Máster en Mediación Civil y Mercantil: Experto en Mediación Familiar, haciendo que me planteara mi recualificación profesional hacia la mediación.
Ya empezaba a ver las ventajas para formarme en mediación, como eran: mi motivación para seguir en el camino de las personas que necesitan apoyo o ayuda cuando estaban en dificultades, las competencias que me definían como profesional de la orientación podrían ser compatibles con la mediación, la mediación era un yacimiento de empleo con futuro y había nueva legislación estatal.
Ya sólo me quedaba descubrir lo que realmente era la mediación y fue, en ese mes de noviembre, cuando di el paso para realizar el máster nombrado anteriormente. Y es aquí cuando llegó la mediación a mi vida. A medida que fui formándome en cómo era el proceso, para qué situaciones conflictivas era importante, cuáles eran sus ventajas y resultados, etc. me iba dando cuenta que había acertado en la elección de esta formación. Y me propuse como meta llegar a ser mediadora y no desaprovechar cualquier conocimiento teórico y práctico para mi futuro desempeño. Poco a poco fui descubriendo que poseía muchas competencias asociadas al perfil de un mediador: capacidad para tratar a personas con dificultades y adaptación a las diferencias culturales, habilidad para las entrevistas, capacidad de escucha, capacidad de planificación y organización, flexibilidad, potenciación de recursos, etc.
Fue fascinante mi evolución durante el máster, ver la desestabilización de mis conocimientos previos, para adentrarme en una especie de revoltura que me permitiera construir nuevos significados o formas de desempeño. Romper estructuras, cánones rígidos y construir nuevos conceptos, formas de actuar, de entender y de relacionarme. El descubrimiento de lo importante que es para la mediación, no solo el saber y el saber hacer, sino el saber ser, el aprender quien eres tú para poder trabajar aceptándote.
Para mí la mediación ha supuesto una mirada hacia el futuro sobre la forma de proceder cuando trabajamos con personas que quieren reordenar la escena de un conflicto. Pasando a entenderlo, tanto a nivel personal como profesional, desde otra perspectiva. Y tengo la absoluta creencia de que el caballo de batalla con el que lucha la mediación, es el de su reconocimiento y que aquí tenemos mucho trabajo por hacer. Este es el yacimiento o diamante en bruto que tenemos que trabajar y pulir, en el futuro, a través de la difusión y promoción en nuestra sociedad y de la concienciación de los profesionales relacionados, con la resolución colaborativa y cooperativa de los conflictos.
Master en Mediación Civil y Mercantil:
El med-arb, una cuestión de confianza
Los ADR evolucionan. Podemos decir, como con los seres vivos, que nacen, crecen, se reproducen y mueren o caen en desuso. No es raro que estos métodos dinámicos se relacionen entre ellos dando lugar a híbridos como, por ejemplo, el “Med-Arb”.
Como su propio nombre indica, es un método de resolución de conflictos que emplea la mediación en su primera fase y el arbitraje como segunda opción. Las partes acuerdas someter sus disputas a mediación. Si no se llegara a acuerdo, o éste fuera parcial, el mediador pasará a ser árbitro y decidir sobre las materias en las que no fue posible llegar a acuerdo. De esa manera el laudo recogerá tanto los acuerdos de mediación si los hubiere (dotándolos de fuerza ejecutiva) como la decisión del árbitro.
El principal inconveniente de esta figura radica, a mi juicio, en la figura del mediador, el cual pasa a ser árbitro, y su relación con las partes en el conflicto. Tanto el mediador como el árbitro deben ser una persona neutral, imparcial y debe respetar la confidencialidad de las informaciones obtenidas.
Un mediador obtiene mucha información fruto de esa confidencialidad que las partes depositan en él y, sobre todo, debido a que no tiene poder de decisión y se encuentra al mismo nivel que las partes. No ocurre así con el árbitro, al que las partes envisten de autoridad mediante el convenio arbitral y al cual deben convencer de que “su verdad” es la que merece ser recogida en el laudo.
Dicho de otra manera, ¿confiarían las partes la misma información al mediador sabiendo que eventualmente puede convertirse en su futuro juzgador? ¿Puede un mediador resetear toda la información obtenida en un proceso para convertirse en un árbitro de garantías no influido por la relación anterior? Me temo que la respuesta a ambas preguntas es negativa.
No obstante, yo abogo por un modelo de Med/Arb en el cual las funciones de mediador y árbitro no recaigan en la misma persona, garantizando así que cada profesional del conflicto maneje sus recursos sin interferir en la esfera de actuación del otro, lo que redunda sin duda en una mayor posibilidad de alcanzar acuerdos satisfactorios, ya sea vía mediación o vía arbitral.
Néstor Pérez Mendoza
Mediador familiar y árbitro de consumo
Investigación social realizada a profesionales del sector social sobre las posibilidades de llevar a cabo un caso de violencia de género a una mediación familiar.
Por su finalidad es básica, ya que lo que se busca es conocer la opinión de los profesionales sobre la posibilidad de llevar a cabo un tema de violencia de género a un proceso de mediación.
Por su alcance temporal se puede decir que es seccional porque se refiere a un momento dado, el de la investigación.
Por su profundidad se puede decir que es exploratoria pretendiendo estudiar un tema poco estudiado.
Por su amplitud sería microsociológica ya que se refiere a un grupo social específico, los profesionales de la mediación familiar.
Por sus fuentes sería primaria. Se basa en una encuesta hecha por los investigadores.
Por su carácter sería cualitativo. Busca una comprensión íntima del tema.
Por su naturaleza sería documental, teniendo como objetivo directo la observación de fuentes documentales.
Mi mundo y tu realidad
Cuando expresamos nuestros sentimientos con palabras, estamos argumentando el entorno que nuestros cinco sentidos captan.
No existe “nuestra” realidad, existe “mi” realidad. Porque cuando yo vivo una situación, la analizo y la expreso, y cuando tú vives ese mismo ambiente, tú eres el que lo vive, el que lo analiza y el que lo expresa, y no tenemos por qué pensar lo mismo ya que cada uno tiene su forma de interpretarlo.
Podemos decir que en mediación cada persona tiene su “mundo” creado del problema y a veces somos incapaces de ver la realidad del otro por la cantidad de sentimientos acumulados. Si intentamos que esos sentimientos queden a un lado, ¿seríamos capaces de vivir en la realidad del otro?, y si lo logras, seguro te sorprendas de cómo puede cambiar la percepción que tú tenías de tu realidad y de la de la otra persona.
Si quieres un cambio, coge tus opiniones acerca de la observación que has hecho de tu entorno, apártalas por un instante, e intenta acoger el mundo de la otra persona y te darás cuenta que, sin querer, te has trasladado a una nueva realidad.
La resiliencia ha existido siempre en la sociedad y en el individuo, la hemos podido llamar de diferentes maneras: fortaleza, inteligencia, adaptación, habilidad, etc… pero seguro que si miramos en nuestro entorno la podemos reconocer en algunas personas, independientemente de su nivel educativo, cultura, ideología y religión. Es una capacidad que sorprende y desde mi experiencia desde la intervención y mediación familiar, es una capacidad inherente al ser humano que, si se sabe encauzar, surge facilitando el proceso de mediación.
Una vez leí una frase que comenzaba así: “A veces las transformaciones duelen,…” y esa frase me recordó una enseñanza que tuve la suerte de que me transmitiese mi familia: a veces hay que afrontar situaciones que nos hubiese gustado que no ocurriesen, pero están ahí y hay que sobreponerse. Quizás ese sea el despertar de la capacidad resiliente.
Para quienes no conozcan el concepto, se puede definir como “la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas”. Es un concepto que deriva de la física de los materiales, como cualidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación. Es decir, ante un choque los coches más modernos tienen una mayor cualidad de resiliencia que los antiguos, se deforman más que estos, pero el conductor es protegido de una manera más eficaz al disminuir la brusquedad del golpe.
En la vida hay choques metafóricos y es esa cualidad de flexibilidad la que permite que el ser humano siga enfrentando de manera adaptativa los cambios y dificultades en su vida. Son los cambios más bruscos, inesperados e indeseados los que provocan un mayor impacto en la vida del ser humano. La pérdida de un ser querido (por ausencia, distanciamiento o fallecimiento), el cambio de entorno vital (mudanza, cambio de centro escolar, emigración, etc…), son sólo dos de los elementos estresantes a los que los miembros de una familia se pueden enfrentar cuando toman la decisión de cambiar su estructura y el sistema conyugal se fragmenta. No obstante, para aquellas familias resilientes, que tienen la suficiente flexibilidad para absorber el impacto, el sistema no se rompe, se transforma, manteniendo estable y protegida la relación paterno/materno – filial. En esa visión y vivencia resiliente tienen gran influencia, no sólo factores personales de sus miembros, sino la lectura que también se haga desde el entorno y es ahí donde entra en juego la importancia de la mediación y por consiguiente del mediador como catalizador.
Vamos a adentrarnos en el concepto de resiliencia en relación a la mediación familiar desde un enfoque nemotécnico que nos permita recordar la palabra y a su vez, el contenido.
RE: Reescribir, renacer, rechazar, reutilizar… Esta partícula se utiliza para expresar un nuevo comienzo, una vuelta atrás, intensificación e incluso rechazo o resistencia. Todos esos aspectos están presentes a lo largo del proceso de mediación. Sin embargo, es a través de este camino que las resistencias van disminuyendo, que se rompe la dinámica de vuelta a atrás, a los reproches; que se comienza a centrar el enfoque en los menores si los hay e incluso en los beneficios personales y relacionales de restablecer la comunicación; y se intensifican las capacidades potenciales de los miembros para explotar la cualidad resiliente de su sistema.
SI: La mediación puede acercar un enfoque constructivo a las personas que participan de ella, un enfoque que no se centra en las carencias, sino en las potencialidades; un enfoque de aceptación de la situación, análisis de las propuestas, crecimiento como protagonistas de su propia vida, etc… Al fin y al cabo la resiliencia implica ver el sol una vez ha pasado la tormenta y verlo con los ojos nuevos que nos da la experiencia, la sabiduría de haber vivido. Toda relación que se rompe, nació y aportó algo a la vivencia de sus miembros, no somos los mismos cuando se termina, por lo tanto no podemos negar su existencia. La mediación supone la acogida y aceptación de lo vivido, desde un enfoque futuro: esta es mi maleta y aquí comienzo un nuevo viaje.
LIEN: Hasta los pintores más reconocidos realizaban cambios en sus lienzos a medida que iban reconociendo aspectos que no les convencía de su obra. Cada persona pinta su lienzo y tiene poder de decisión para elegir qué aspectos mantiene y qué aspectos modifica. En la mediación con familias sin hijos hay libertad para que ese lienzo común pase a ser dos independientes. Sin embargo en la mediación en casos de familias con menores, ese lienzo común seguirá siendo una díada con un nexo común, la función parental. La figura del mediador/a puede colaborar en la comprensión de que esa transformación del sistema implica una nueva manera de relacionarse, pero relacionarse al fin y al cabo.
CIA: Cia. es la abreviatura de compañía. A parte de la familia extensa y amistades, existen varios profesionales que se pueden ver inmersos en el proceso de separación o divorcio (abogados/as, jueces, procuradores/as, psicólogos/as, mediadores/as, etc.) y todos ellos, con mayor o menor peso, influyen en la manera en que las partes analizan, buscan soluciones y resuelven. En el proceso de mediación el profesional se convierte en el principal acompañante hacia un camino de entendimiento, de apertura, de avance y al fin y al cabo de transformación.
¿Recuerdan esa frase de la que les hablaba al inicio?, pues terminaba de esta manera “A veces las transformaciones duelen, pero una vez cambiados nos damos cuenta de que el proceso era necesario” (Anónimo). Desde la mediación llegar al punto en el que el proceso haya significado crecimiento, desarrollo de capacidades, ya debe ser reconocido como un éxito, pues ese crecimiento acompañará a las partes más allá de los acuerdos y desacuerdos.
Yurena Sànchez Ramírez
Círculo de Mediación en Telde
Se espera que pronto, algunos Mediadores Familiares pertenecientes al partido judicial de Telde, podamos aportar y ofrecer los servicios de Mediación Familiar a través del círculo de mediación.
En la medida que el grupo de trabajo vaya cohesionando es sus perspectivas e intereses responderá a las expectativas del círculo, para promover y difundir iniciativas para el desarrollo de la mediación y la resolución pacífica de conflictos. La experiencia personal, profesional que cada uno tenemos en función de la profesión y formación académica de origen, hará de esta iniciativa algo verdaderamente estimulante para configurar la orientación y sentido de la figura del mediador profesional.
Que estemos organizados en torno a un espacio virtual, a través de la red y físicamente en las oficinas del círculo de mediación que pronto podrá estar disponible a la ciudadanía del municipio de Telde, hará de esta iniciativa algo novedoso y que dará respuesta a la demanda existente en el municipio.
Organizar, preparar, exponer y debatir los distintos temas y talleres a través de los ponentes que irán pasando por este espacio presencial, nos hará ser más eficientes y eficaces en nuestra tarea a desempeñar.
Cómo creemos que puede ser el funcionamiento del círculo, que oportunidades de crecer con otros compañeros nos da los encuentros frecuentes, respetando un principio en el que siendo voluntario, si estamos, debemos implicarnos. En la medida que estamos creciendo, podremos ir conociendo lo que queremos, como lo que no. Siempre desde el compromiso en el desarrollo de las tareas.
La presencia de la página web y las perspectivas de crecimiento que da la participación de todos sus miembros, en torno a darnos a conocer, hace que mi presencia en el grupo tenga sentido, ya que me gustará tener una sección de ámbito de la familia, en general, y en particular en el entorno escolar.
Círculo de mediación. http://circulodemediacion.com/
Listado de Mediadores Familiares por el Partido Judicial de Telde.
http://www.gobiernodecanarias.org/dgjusticia/mediacionfamiliar/ListadoMediadores.jsp
Lucas Casimiro Sánchez
Profesor Técnico, Pedagogo y Mediador Familiar.
Inscrito en el Registro de Mediadores Familiares de la Comunidad Autónoma de Canarias. Partido Judicial de Telde.
La empatía en la mediación
Porque la puedes asemejar a ese momento en el que emiten una canción por la radio que no te apetece escuchar y has tenido que hacerlo ya que es la que en ese momento está sonando.
Y seguro que al dejar la emisora reproduciendo dicha melodía, de repente ha surgido algo entre la letra, el compás y tu cuerpo y mente, y seguidamente has subido el volumen y has comenzado a sentirla y a recordar vivencias que solo esa letra te ha hecho sentir.
Porque el proceso de mediación es como ese transcurso de sentimientos que al final te hacen entender, sentir y disfrutar ese tema emitido, donde finalmente sin darte apenas cuenta, has hecho un esfuerzo por empatizar con la otra parte, sintiendo, entendiendo y bailando al son de la música.
Mediadora – Trabajadora Social
Tanto la Mediación como la Psicología, ambas en sus diferentes vertientes, tienen como materia prima para su desarrollo al ser humano. Éste, que por su naturaleza es social, se caracteriza por su complejidad: sus emociones, sus sentimientos, sus pensamientos, su interacción con sus semejantes y con otras especies. Esto le otorga una posición que en innumerables ocasiones se traducen en conflictos.
Si bien ambos profesionales, mediador y psicólogo, tienen como punto en común el mismo objeto de trabajo, es decir al ser humano, por contra se diferencian en su dinámica de acción, o sea, que el mediador se caracteriza por la imparcialidad en su actuación mientras que el psicólogo dirige a la persona en muchos momentos del proceso terapéutico.
¿Cuál será, por tanto, la postura que debe desarrollar un psicólogo que ejerce como mediador? ¿Qué puede hacer entonces el mediador que procede de la psicología como profesión? ¿Cómo resultaría su actuación en una mediación?.Surge entonces el siguiente dilema: imparcialidad versus direccionalidad.
Para aclarar esta cuestión, recuerdo una ocasión durante mi curso de formación en Mediación que se habían formado grupos de tres miembros cada uno, donde dos actuaban como mediados, es decir como pareja en conflicto y el tercero hacía las veces de mediador. Se trataba de un ejercicio de role-playing para que los futuros mediadores fueran comprendiendo in situ el proceso práctico de una sesión de mediación y el papel que debe adoptar el mediador. Por sorteo me tocó a mí actuar como mediador en mi grupo y mientras el profesor iba dando las pautas sobre el tema a debatir, comencé a pensar cómo sería mi actuación si yo soy psicólogo de profesión.
Se me había enseñado que como mediador debo ser imparcial en todo momento. Y desde luego eso me iba a resultar completamente difícil de realizar ya que si por algo se puede caracterizar un psicólogo es el de ser directivo. Es decir el psicólogo interviene en todo momento junto con su paciente en el problema en cuestión, profundizando en el mismo, participando con el paciente en la comprensión de su situación, reestructurando sus emociones, sentimientos y pensamientos y encontrando vías de actuación que permitan cambiar su estado actual por otro que le genere diferencias y mejorías.
Estaba por tanto en un dilema. Pero mi experiencia como psicólogo me permitió observar con atención a los grupos precedentes al mío. En todos ellos observaba que en los diferentes temas que se abordaban en cada role-playing: situación que les llevó a los mediados a divorciarse, el reparto del patrimonio generado durante su convivencia, los tiempos compartidos de sus hijos, la manutención, etc. , siempre surgían en primera instancia emociones y sentimientos encontrados.
Esto ayuda a aclarar la cuestión que estamos reflexionando. La mediación es una manera de gestionar los conflictos y las emociones juegan un papel muy importante en esta gestión. En cada parte del conflicto, en cada tema o cuestión que se discute en el proceso de mediación, siempre están presentes los aspectos emocionales, de los que el psicólogo tiene conocimiento y manejo. Tener conocimiento de cómo funcionan las emociones resulta fundamental para gestionar los conflictos. Y en ese sentido el psicólogo tiene dicho conocimiento, de la misma manera que también lo tiene de cómo se desarrollan las relaciones interpersonales y cómo éstas pueden desencadenar los conflictos.
En la mediación se desarrolla un proceso de interacción, no de intervención. Todas las partes interactúan: las que están en conflicto y el mediador. Lo que ocurre es que el papel del mediador en esa interacción es sólo para desatascar momentos donde las emociones y las pasiones hacen que las partes en conflictos no sean capaces de atender a las demandas de cada uno. Es ahí donde el psicólogo-mediador, con las técnicas propias de la mediación, interactúa para lograr desatascar y facilitar de nuevo el diálogo y la comunicación para que los mediados puedan alcanzar los acuerdos que para ellos les resulte más satisfactorios y duraderos en el tiempo. Si se llegara a dar el caso de que las partes en conflicto no fuesen capaces entre ellos de solucionar sus discrepancias, entonces sí que tendría sentido la intervención de un tercero, pero ya no estaríamos hablando de mediación, sino quizás de terapia de pareja u otro proceso similar.
La Psicología tiene bastante que aportar a La Mediación. El psicólogo se perfecciona, entre otros campos, en las emociones. Estas emociones están presentes en el ser humano, siendo uno de los momentos de su manifestación cuando surgen los conflictos. Si el objetivo de la mediación es el de ayudar a las partes en disputa a solucionar sus diferencias y alcanzar acuerdos satisfactorios, y en dichos conflictos se encuentra presentes dichas emociones, es evidente que el psicólogo aporta conocimiento y experiencia en la gestión de los mismos.
Para finalizar me gustaría reproducir unas palabras que hace tiempo dijo Albert Einstein y que para mí tienen mucho reflejo de lo que es el ser humano, de sus conflictos y del significado que para estos conflictos puede tener la mediación: “No debemos perder la confianza en la humanidad, puesto que nosotros mismos somos seres humanos” (Albert Einstein).
Heriberto Luis Sanabria Pérez
Psicólogo y Experto Universitario
en Psicopatología y Salud
Decía H.P Lovecraft que “el conflicto es la única realidad ineludible de la vida”. A día de hoy ya hemos superado la visión exclusivamente negativista del mismo. El conflicto en sí es neutro, siendo positivas o negativas las consecuencias del mismo en función de cómo se resuelva.
La resolución de conflictos ha generado un amplio espectro de métodos desde tiempos inmemoriales, abarcando desde la evitación del mismo hasta la agresión física.
Durante mi desarrollo profesional se me ha brindado la oportunidad de conocer y participar en diversos métodos de resolución de conflictos: procesos judiciales, mediación, conciliación y arbitraje.
Cronológicamente fui antes mediador, pero lo cierto es que ahora mismo me considero más árbitro, aunque me gusta definirme como un “mediador que arbitra”.
La primera conclusión a la que uno llega dictando laudos, o lo que es lo mismo, decidiendo por los demás, es que rara vez está uno conforme cuando es otro quien decide sobre su problema. Esta disconformidad se hace más palpable cuando quien ha decidido lo ha hecho bajo el prisma mal entendido de la equidad que podría plasmarse en el aforismo “ni para ti ni para mí”. En efecto, caemos en la doble trampa de creer que el punto medio entre dos pretensiones es lo más justo y lo que más va a dejar satisfecha a ambas partes. Nada más lejos de la realidad.
Siempre me ha gustado el símil de dos personas que se pelean por un limón. Si decidieran someterse a un arbitraje por el mismo, yo como árbitro podría ver una solución en partir el limón en dos mitades. Ahora bien, si realmente una persona quiere la pulpa para hacer limonada y otra la cáscara para un postre, ¿estarían realmente contentas con esa decisión? Si profundizo en el conflicto, mediante preguntas y técnicas de mediación, y descubro para qué quiere cada un el limón, la mejor decisión sería darle a uno la cáscara y a otro la pulpa, que es en el fondo lo que necesitan.
Este ejemplo que raya lo simplón ilustra a mi juicio la diferencia fundamental entre arbitraje y mediación. La mediación profundiza en el conflicto, invita a las partes a que pongan sobre la mesa sus necesidades y sean ellas mismas las protagonistas de su decisión. Durante mi experiencia en arbitrajes he observado que las partes están más contentas con la decisión que consensúan ellas (y he de reconocer que he visto decisiones incomprensibles a mis ojos) que la que les pueda imponer yo como árbitro, “bajo mi leal saber y entender” cargado de argumentos, raciocinio y toda la bienintencionalidad posible.
No descubro nada nuevo cuando digo que los acuerdos en mediación, aparte de contar con un mayor grado de satisfacción por parte de los intervinientes, cuentan con una mayor probabilidad de ser cumplidos. Al respecto diré que no tengo conocimiento de ningún laudo conciliatorio (aquel que recoge el acuerdo negociado por las partes sin que intervenga decisión arbitral alguna) que haya acabado en el juzgado para ser ejecutado por la fuerza.
En definitiva, el aforismo mencionado anteriormente, la fórmula “ni para ti ni para mí” sólo es válida cuando la hemos consensuado nosotros, los protagonistas del conflicto, siendo nosotros los que cedemos sobre nuestras pretensiones y necesidades, sin que nadie nos lo imponga.
Para terminar, me gustaría compartir el mensaje alentador que creo se esconde bajo el envoltorio de la mediación: nosotros tenemos problemas, nosotros causamos problemas, pero también tenemos la solución a nuestros problemas. Siguiendo un poco la idea platónica de que la vida no es más que recordar lo que aprendimos y hemos olvidado en esta caverna, la mediación viene a recordarnos que somos capaces y responsables para gestionar nuestros conflictos, si bien lo hemos olvidado a favor de fórmulas más estandarizadas como la decisión de un tercero (juez o árbitro).
Mediador y árbitro de consumo
Mediación e Intervención Familiar
Hace unos meses escuché un proverbio, al parecer italiano: “si se rompe un huevo desde fuera, la vida termina. Si se rompe desde dentro, la vida comienza”. Esta imagen representa una clave para entender la intervención de los profesionales en una familia.
Una familia (formada como mínimo por dos personas) experimenta a lo largo de su historia, pequeños y grandes conflictos. Muchas cuentan con los recursos necesarios para resolverlos sin ayuda externa pero existen momentos en los que las soluciones intentadas se estancan y las familias tienen la lucidez de solicitar ayuda profesional o llegan a una situación límite que les empuja a ello.
Pero, ¿qué tipo de ayuda es la más recomendable? Mi respuesta es, que si es posible, es siempre mejor una alternativa que implique menor grado de intervención. Es decir, se trata de que el huevo se rompa desde dentro, de realizar desde fuera los menos cortes posibles, porque sólo así, será la propia potencialidad de la familia lo que conquiste la vida y se sienta orgullosa de haberlo logrado.
Podemos ver los tipos de intervenciones situados en el siguiente esquema según el grado de intervención.
Dentro de las opciones menos invasivas se encuentran las terapias no directivas, los trabajos que se centran en la prevención y en la mediación familiar. En esta última existe un tercero “mediador/a” que durante todo el proceso influye en la dinámica familiar porque es un elemento externo que entra en contacto con ella, sin embargo el mediador se esfuerza constantemente por promover el protagonismo de la familia en la resolución de sus conflictos, les ayuda a reconocer su propia capacidad y potencialidad para reconducir su historia común, manteniendo en el tiempo los acuerdos que juntos van elaborando. Retomando la imagen del huevo, se trata de que sea la familia quien utilice su fuerza para crear una nueva vida desde dentro.
La mediación nunca se limita a la mera elaboración de acuerdos, siempre genera movimiento y vida, que favorece la reorganización de la familia y fortalece sus propias capacidades.
Está claro que en ocasiones las familias necesitan de un profesional que intervenga más y les ayude a resolver alguna situación de la que sin ayuda tardarían mucho tiempo en salir. En lo educativo, por medio de pautas, modelado, recomendaciones, talleres, con finalidades específicas. En lo social, promoviendo vínculos positivos o acceso a recursos. En lo psicológico, comprendiendo su ser personal y familiar y reorganizando el sistema si es necesario. En lo legal, defendiendo algunos intereses o haciendo valer derechos fundamentales. Sin embargo, todas las intervenciones han de buscar siempre el fortalecimiento de la propia familia, cuidando siempre no romper el cascarón desde fuera si esto es posible, para no matar la vida o hacerla depender de elementos externos perpetuamente.
No hay familias buenos y malas, totalmente sanas o totalmente enfermas, todas las familias cuentan con factores que las hacen fuertes y resilientes, pero también pueden atravesar momentos de crisis provocados por hechos difíciles como la muerte o la enfermedad o incluso por situaciones que vienen de fuera como dificultades económicas del país o región. Lo fundamental está en saber descubrir si el malestar que puede estarse generando en la familia es síntoma de una gripe o de una enfermedad más grave, si es una gripe se puede curar sin dejar secuelas con unos pocos cuidados y preferentemente sin medicinas con efectos secundarios. En cambio, si el malestar ha crecido y se ha instaurado en nuestra familia seguramente tendremos que utilizar remedios más profundos y arriesgados.
La mediación implica más que un “tratamiento” unos cuidados que con paciencia y reposo, van generando bienestar y recuperando la salud que momentáneamente habíamos perdido. He constatado más de una vez, cómo algunas familias que acuden a la mediación, tras las dos o tres primeras sesiones comienzan a elaborar por sí mismas los acuerdos que necesitan. Algunas veces llegan a las sesiones comentando durante la semana “hemos llegado a un acuerdo en relación a la vivienda” (o a cualquier otro aspecto). En esos momentos en los que llegan acuerdos por sí mismos, es cuando constato que la mediación es un instrumento válido, que devuelve a las personas la confianza para reconducir y gestionar las dificultades de la propia vida.
¿En qué momento se encuentra tu familia?, ¿qué necesita para salir adelante o para fortalecerse, ¿desde dónde se está rompiendo el cascarón de tu familia o de cada uno de sus miembros?
CIRCULO DE MEDIACIÓN
Máster Oficial interuniveristario en
monica.robledo@circulodemediación.com
Un observatorio de mediación
Un observatorio consiste en la recopilación, análisis e interpretación de información relevante para el conocimiento de un tema en concreto, en nuestro caso la mediación y su aplicación en diferentes sectores como el familiar, educativo y empresarial.
Queremos obtener toda la información posible de todos los factores que intervienen en su desarrollo: mediadores, normativa, sistemas , acceso , formación , multidisciplinariedad, etc . Para ello es necesario combinar datos y conocimientos obtenidos de diferentes fuentes como son el mundo del derecho, la psicología, el trabajo social, la sociología o cualquier otra rama que la normativa permita actuar.
Nuestra filosofía de trabajo se basa en el trabajo de grupo, la periodicidad, la pluralidad y pensamiento, la actualidad , la flexibilidad y la constancia.
Nuestra forma de trabajar consiste en estar en la calle , leer, comentar, investigar y contrastar información para luego publicar y compartir experiencias.
Nuestros deseos de relacionarnos nos llevará a establecer acuerdos con las diferentes administraciones públicas, entidades privadas y resto de instituciones que de una u otra forma estén relacionada con la Mediación.
Pretendemos llegar al mayor número de mediadores y sectores de la sociedad para lo cual nuestro centro estará abierto a todo persona interesada por conocernos.
Para poder hacerlo contamos con profesionales de diferentes actividades relacionadas con la materia y en especial por mediadores inquietos y preocupados por formarse que quieren estar al día e investigar así como trabajar para que nuestros logros se conozcan.
El pasado año fue nuestro arranque y éste nuestra consolidación.
Fernando Rodríguez Puelles
La Mediación y su utilidad
Estoy convencido de la utilidad y de la eficacia de la Mediación. El diálogo y la comunicación, que fluyen como consecuencia de la aplicación de este método, contribuyen abiertamente a la pacificación del conflicto y a la consecución del no menos necesario alivio o bálsamo que muchas veces se precisa. Se alcance o no el acuerdo, se llegue o no al total entendimiento, lo cierto es que utilizando esta vía se aumenta exponencialmente la probabilidad de que desaparezcan los sentimientos negativos y que en su lugar afloren otros más positivos y constructivos. No es más que la consecuencia del cambio producido en el modo de entender la justicia y de sentirse coprotagonista del tema que a uno le afecta. No es cuestión de ganar, ni de avasallar; ni de temer a la derrota, ni de sentir la humillación del perdedor. Lo que importa es dar prioridad al entendimiento para así mejorar la convivencia y, por extensión, alcanzar un mejor grado de estabilidad emocional.
Esta primera y escueta reflexión no es solo una proclamación de intenciones, es la plasmación de un cambio en el planteamiento, es decir, en el modo de enfrentarse al conflicto o a la resolución del proceso: un buen acuerdo, fruto de un fluido intercambio de pareceres, siempre va a ser mejor que una decisión impuesta. Significando que, aunque no se logre el acuerdo perseguido, quedará en muchos casos la “semilla” de la correspondencia mutua, de haber sido capaz de escuchar y de haber tenido la oportunidad de ser escuchado.
La cultura de la mediación tiende a evitar la percepción errónea de la realidad de los conflictos interpersonales, caracterizados por un alto grado de emotividad, o las puntuales diferencias de intereses entre personas. Y además, puede ayudar a sanar o paliar heridas y a contribuir en la difícil labor de la asunción de responsabilidades.
En el ámbito familiar, por ejemplo, ha mostrado su utilidad sobre todo en aquellas cuestiones que repercuten y afectan a los descendientes menores. Sabido es que en ocasiones resulta complicado lograr que las relaciones dentro de la unidad familiar resulten satisfactorias. Así, cuando se produce el cese de la convivencia y los integrantes de la pareja optan por vivir separados, es mejor que sean ellos los que busquen una solución consensuada y mutuamente aceptada que les ayude a regular con armonía y solvencia las consecuencias derivadas de esa nueva situación.
Esta solución se puede conseguir a través de la mediación, evitando las consecuencias negativas del enfrentamiento judicial y el coste emocional que conlleva, sin olvidar el ahorro de tiempo y de dinero que también supone. Ya en la década de los setenta se inició la técnica de la mediación para conciliar conflictos familiares en Estados Unidos y, posteriormente, en Europa, ante la imperiosa necesidad de amortiguar los costes económicos del divorcio y evitar el daño que ocasionan a los menores y a las menores las rupturas difíciles y traumáticas. Fue el Comité de Ministros del Consejo de Europa en su Recomendación de 21 de enero de 1998, quien, haciéndose eco de lo referido, sugirió la implantación de dicho instrumento. Hoy la legislación estatal española por fin se ha hecho eco de lo anterior y ha cumplido con el compromiso normativo asumido en 2005 cuando se reformó el divorcio, y la ley 5/2012, de 6 de Julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles se extiende también a la familiar. No obstante se está a la espera de su desarrollo reglamentario que ya tarda en llegar.
Cabe señalar que la vía contenciosa si por algo se caracteriza es por la confrontación. Sitúa a las partes como adversarios y genera una cronificación del conflicto en el que como resultado final todos pierden, especialmente los hijos y las hijas, pues siempre son ellos los más perjudicados, (aunque a veces crean los de edad adolescente que se pueden aprovechar de la situación), ante la resistencia a la comunicación por parte de sus progenitores. Con la ayuda del mediador se podrá reanudar el diálogo y con él la búsqueda de soluciones que satisfagan, en todo o en parte, las necesidades de los implicados y afectados, quedando su culminación patente en el compromiso adquirido y aceptado.
Este método, que se basa en la autogestión del conflicto y que tiene como finalidad la consecución de una solución querida y pactada, no sólo es válido para el ámbito referido, sino que se puede proyectar, como al principio se apuntó, en otros muchos, -educativo, mercantil, patrimonial, socio-comunitario, incluso en el penal y, con matizaciones, en el ámbito de la relación administración y administrado-, y convivir con el judicial.
Los conflictos patrimoniales, económicos o empresariales, en general, en los que las diferencias jurídicas o fácticas son accesorias a otros componentes más emocionales y relevantes, pueden encontrar mejor acomodo en la mediación que en la vía judicial. Hay problemas vinculados a empresas familiares o al derecho de sucesiones en los que la decisión tomada por un tribunal no ayuda a solucionarlos y en los que la reapertura de la comunicación entre los interesados puede ser de mucha utilidad y eficacia práctica.
Lo referido hasta aquí no son más que meras notas y puntuales reflexiones sin otra pretensión que la dar a conocer esta metodología y por eso no quiero terminar sin referirme a la Mediación penal. Las dos cuestiones esenciales del acuerdo a alcanzar en este ámbito giran en torno al reconocimiento por el infractor de la relación fáctica básica en la que se fundamenta la acusación y a la delimitación del plan a seguir para la reparación de la víctima. Reparación que no sólo debe limitarse a lo material sino que también puede extenderse a los daños morales y, por supuesto, dentro de ese plan siempre cabrá cualquier medida que complemente o excluya lo anterior y que sirva para transmitir tranquilidad y paz a la víctima. Por eso, con esta herramienta se le abre a la víctima y al infractor una perspectiva hacia el entendimiento para, por un lado, conseguir tranquilidad o sosiego o cuando menos cierta mejoría, y, por otro, un camino con menos trabas para reconectar con la comunidad y reinsertarse.
El alcance material de la mediación penal es discutido pero comparto la opinión generalizada de que la existencia de un listado cerrado de infracciones puede resultar contraproducente. No obstante, y manteniendo dentro de su ámbito sin duda los delitos menos graves, he de matizar que mientras pervivan en nuestro ordenamiento jurídico penal no se pueden excluir las faltas del procedimiento de mediación penal. Además, la experiencia demuestra que no cabe descartar sin más los delitos más graves debiendo en estos casos ser la víctima de la infracción quien decida sin ambages si desea o no someterse a la mediación. La mediación penal en las víctimas menores de edad o con discapacidad mental es posible, pero para ello se ha de analizar por separado cada caso y se ha de determinar cuando van a tener que actuar asistidas por sus representantes legales y cuando no. En situaciones de violencia de género me sumo a la regla general de su no recomendación. La situación de asimetría se agrava con el radical desequilibrio de posiciones y la impactante crisis de autoestima de la maltratada.
Finalmente, y pese a reconocer que no se ha alcanzado todavía el objetivo esencial de consolidar en nuestra cultura la Mediación, es de resaltar que se han experimentado ciertos avances a nivel institucional y legislativo. Y estos primeros, indecisos y, a veces, confusos pasos que se están dando van generar, sin duda en un futuro próximo, la base sobre la que actuar para que esa meta no quede en un mero deseo y se convierta en una realidad. Se ha de reflexionar, no sólo sobre lo conseguido hasta ahora, sino sobre todo lo que aún queda por hacer, y por tal motivo hay que prestar una atención especial a su proyección social, -divulgación y difusión-, y también a la formación inicial y continuada del mediador. Es fundamental contar con profesionales debidamente formados y que los ciudadanos conozcan la mediación y que acudan sin prejuicio a ella. Y no queda otra que aunar ilusión y esfuerzo y trabajar unidos dentro del espacio común canario que se ha creado al efecto y que se abre a todas las instituciones, colectivos y personas interesados en la Mediación.
Viceconsejero de Justicia del Gobierno de Canarias y Magistrado en situación de servicios especiales.

References: resolución 
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