Source: http://es.internationalism.org/revista-internacional/200207/3276/documentos-de-la-vida-de-la-cci-el-combate-por-la-defensa-de-los-p
Timestamp: 2018-09-24 16:10:36+00:00

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Documentos de la vida de la CCI - El combate por la defensa de los Principios Organizativos | Corriente Comunista Internacional
Enviado por Revista Interna... el Sáb, 27/07/2002 - 05:35
Esta crisis acarreó la salida de nuestra organización de un cierto número de militantes que desde hace varios meses se habían reagrupado en lo que ellos han denominado la “fracción interna de la CCI”. Como veremos más adelante, la Conferencia tomó acta de que esos militantes se habían colocado ellos solos, deliberadamente, fuera de nuestra organización, aunque después digan a quien quiera escucharlos que han sido “excluidos”.
Aunque la Conferencia dedicó la mayor parte de sus trabajos a cuestiones organizativas, también analizó la situación internacional adoptando una Resolución que publicamos en este mismo número de la Revista internacional.
El objetivo de este artículo es dar cuenta de lo esencial de los trabajos de la Conferencia, la naturaleza de sus discusiones y decisiones sobre cuestiones organizativas, pues ése era su objetivo principal. Igualmente dará cuenta de nuestro análisis sobre la pretendida “fracción interna” de la CCI que se presenta ahora como la verdadera continuidad de las adquisiciones organizativas de la CCI, y que no es otra cosa sino un agrupamiento parásito como otros que la CCI y otros grupos del medio político proletario hemos tenido que enfrentar en diversas ocasiones en el pasado. Pero antes de tratar estas cuestiones es preciso abordar algo que hoy es objeto de numerosas incomprensiones por parte del medio político proletario: la importancia para las organizaciones comunistas de las cuestiones de funcionamiento.
Se han hecho, en efecto, comentarios que hemos leído y escuchado en numerosas ocasiones de que “la CCI está obsesionada por las cuestiones organizativas”, o bien “los artículos que hace sobre estas cuestiones no tienen ningún interés, pues se trata de su ‘cocina’”. Este tipo de afirmaciones sería más comprensible en boca de no militantes incluso simpatizantes de la Izquierda comunista. Cuando no se es miembro de una organización política proletaria es, evidentemente, más difícil ver en su total dimensión los problemas de funcionamiento que una organización puede encontrar. Dicho esto, lo más sorprendente es constatar que este tipo de comentario proviene de gente organizada en grupos políticos. Es una de las manifestaciones de la debilidad actual del medio político proletario como resultado de la ruptura orgánica y política entre sus organizaciones y las del movimiento obrero del pasado, resultado de la contrarrevolución que se abatió sobre la clase obrera desde finales de 19[1]20 hasta finales de los años 60.
Por todo esto, antes de abordar las tareas de la Conferencia, vamos a empezar haciendo un breve recordatorio de algunas de las lecciones de la historia del movimiento obrero sobre las cuestiones organizativas, basándonos en particular en la experiencia de las dos organizaciones más punteras al respecto: la Asociación internacional de trabajadores (AIT) o Primera internacional (donde militaron Marx y Engels) y el Partido obrero socialdemócrata de Rusia (POSDR) del que salió el Partido bolchevique que estuvo a la cabeza de la única revolución proletaria victoriosa hasta que su aislamiento internacional provocara su degeneración. Vamos a evocar en especial dos congresos de esas organizaciones en los que las cuestiones organizativas fueron el eje central: el Congreso de 1872 de la AIT y el Congreso de 1903 del POSDR que condujo a la formación de las fracciones bolchevique y menchevique que desempeñaron papeles totalmente opuestos en la revolución de 1917.
La AIT se fundó en Londres, en septiembre de 1864, a iniciativa de cierto número de obreros ingleses y franceses. De entrada se dotaron de una estructura de centralización, el Consejo central que tras el Congreso de Ginebra de 1866 pasaría a llamarse Consejo general. Rápidamente la AIT (la “Internacional” como desde entonces la llamarán los obreros) se convierte en una “potencia” en los países avanzados. Hasta La Comuna de París de 1871 agrupa a cantidades crecientes de obreros y es un factor de primer plano en el desarrollo de las dos armas esenciales del proletariado: su organización y su conciencia. Por ello será objeto de los ataques más encarnizados de la burguesía: calumnias en la prensa, infiltración policial, persecución de sus miembros, etc. Pero fueron los ataques procedentes de sus propias filas contra su modo de organización lo que supuso el mayor de los peligros que atravesó.
Ya desde el momento de la fundación de la AIT, cuando las secciones parisinas (fuertemente influenciadas por las concepciones federalistas de Proudhon) tradujeron los Estatutos provisionales lo hicieron atenuando considerablemente el carácter centralizado de la Internacional. Pero los ataques más peligrosos vendrán más tarde con la entrada en sus filas de la “Alianza de la democracia socialista” fundada por Bakunin, quien encontró un terreno fértil en sectores importantes de la Internacional por las debilidades que aún pesaban sobre ellos, resultado de la inmadurez del proletariado en aquella época, un proletariado que aún no se había despojado totalmente de los vestigios de la etapa precedente de su desarrollo y, particularmente, de los movimientos sectarios.
Esta debilidad se acentúa en especial en los sectores más atrasados del proletariado europeo, que apenas acaban de salir del artesanado y campesinado, en particular en los países latinos. De estas debilidades se sirvió Bakunin, que no entró en la Internacional hasta 1868, para tratar de someterla a sus concepciones “anarquistas” y hacerse con su control. El instrumento de esa operación fue la Alianza de la democracia socialista que había fundado como minoría de la Liga de la paz y la libertad”. Esta última era una organización de republicanos burgueses, fundada por iniciativa de Garibaldi y Victor Hugo, que tenía como uno de sus objetivos hacerle la competencia entre los obreros a la AIT. Bakunin formaba parte de la dirección de la “Liga” a la que pretendía dar un “impulso revolucionario” incitándola a proponer que se fusionase con la AIT, cosa que el Congreso de Bruselas de 1868 rechazó. Tras el fracaso de la Liga de la paz y la libertad, Bakunin se decide a entrar en la AIT pero no como simple militante, sino para hacerse con su dirección.
“Para hacerse reconocer como jefe de la Internacional, [Bakunin] tenía que presentarse como jefe de otro ejército cuyo acatamiento absoluto hacia su persona debía estarle asegurado mediante una organización secreta. Tras haber implantado abiertamente su sociedad en la Internacional, contaba con extender sus ramificaciones a todas las secciones y acaparar así la absoluta dirección de todas ellas. Fundó en Ginebra para ese fin la Alianza (pública) de la democracia socialista. (…) Pero aquella Alianza pública ocultaba otra, la cual, a su vez, estaba dirigida por la Alianza todavía más secreta de los Hermanos internacionales, los Cien guardias del dictador Bakunin” ([2]).
La Alianza era, por tanto, una sociedad a la vez publica y secreta, y que en realidad se proponía hacer una Internacional dentro de la Internacional. Su estructura secreta y la concertación entre sus miembros que ella permitía debía permitirle el “copo” del máximo de secciones de la AIT, allí donde las concepciones anarquistas tenían mayor eco. El problema no era en sí la existencia de diversas corrientes de pensamiento en la AIT. Lo que constituía un grave factor de desorganización que la ponía en peligro de muerte, era las acciones de la Alianza que trataba de sustituirse a la estructura oficial de la AIT. La Alianza trató de hacerse con el control de la Internacional durante el Congreso de Basilea, en septiembre de 1869, intentando que éste adoptase una moción, contraria a la presentada por el Consejo general, a favor de la supresión del derecho de herencia. Para lograr ese objetivo sus miembros, en especial Bakunin y James Guillaume, apoyaron fervorosamente una resolución administrativa que reforzaba los poderes del Consejo general. Fracasado su plan, la Alianza, que por su parte se había dotado de unos estatutos secretos basados en una centralización extrema, empieza su campaña contra la “dictadura” del Consejo general al que pretende reducir a una simple “oficina de correspondencia y estadísticas” (según los propios términos de los aliancistas), un “buzón postal” (como les reprochaba Marx). Contra el principio de centralización que expresa la unidad internacional del proletariado, la Alianza preconiza el “federalismo”, la total “autonomía de las secciones” y el carácter no obligatorio de las decisiones del Congreso. De hecho buscaba hacer lo que quisiera en las secciones que controlaba. Esto abría la puerta a la desorganización completa de la AIT.
Este era el peligro al que debía hacer frente el Congreso de La Haya en 1872. Este Congreso se dedicó esencialmente a las cuestiones organizativas. Como decíamos en la Revista internacional nº 87:
“... tras la derrota de la Comuna de Paris, liberarse del peso de su propio pasado sectario y poder superar así la influencia del socialismo pequeño burgués, era ya la prioridad absoluta para el movimiento obrero.
Este es el contexto político que explica por qué la cuestión central del Congreso de La Haya no fue la Comuna de París en sí misma, sino la defensa de los Estatutos de la Internacional, contra el complot de Bakunin y sus aliados” ([3]).
El Congreso, tras confirmar las decisiones de la Conferencia de Londres que se había celebrado el año anterior, en especial la necesidad para la clase obrera de dotarse de su propio partido político y el reforzamiento de las atribuciones del Consejo general, debatió sobre la Alianza en base al informe de una Comisión de investigación que había sido previamente nombrada. Finalmente el Congreso decidió la exclusión de Bakunin, así como la de Guillaume, principal responsable de la federación del Jura de la AIT que estaba totalmente controlada por la Alianza. Vale la pena detenerse en ciertos aspectos de la actitud de los miembros de la Alianza en la víspera y durante el propio Congreso:
varias secciones controladas por la Alianza (en particular la Federación del Jura, ciertas secciones de Estados Unidos y España) se negaron a pagar sus cuotas al Consejo general, y sus delegados solo saldaron la deuda de su sección ante la amenaza de invalidar su mandato;
los delegados de las secciones controladas por la Alianza se lanzan a un auténtico chantaje al Congreso exigiendo que éste, contra las reglas de las que se había dotado, solo tuviera en cuenta los votos basados en mandatos imperativos, y amenazando con retirarse si el Congreso no aceptaba sus exigencias ([4]);
ciertos miembros de la Alianza se niegan a cooperar con la Comisión de investigación nombrada por el Congreso, e incluso a reconocerla, tachándola entre otras cosas de “santa Inquisición” ([5]).
Este congreso fue a la vez el punto final de la AIT (fue además el único congreso al que Marx y Engels asistieron lo que prueba la importancia que le daban) y su canto del cisne por el aplastamiento de la Comuna de París y la desmoralización que provocó en el proletariado. Marx y Engels eran conscientes de esa realidad. Por eso, junto a otras medidas para arrancar la AIT de manos de la Alianza, propusieron desplazar el Consejo general a Nueva York lejos de las conflictos que dividían más y más a la Internacional. Era un medio para permitir que la AIT se extinguiese de muerte natural (certificada en la Conferencia de Filadelfia de julio de 1876) y evitar que su prestigio lo recuperaran los intrigantes bakuninistas.
Los bakuninistas y los anarquistas han perpetuado la leyenda de que Marx y el Consejo general habrían excluido a Bakunin y Guillaume por las divergencias que tenían respecto a la cuestión del Estado (y eso cuando no se les ocurre mejor cosa que explicar el conflicto por razones de personalidad entre Marx y Bakunin). En resumen, Marx habría querido arreglar por medios administrativos un desacuerdo sobre cuestiones teóricas generales. Nada más falso.
Así, el Congreso de La Haya no toma ningún tipo de medidas contra los miembros de la delegación española que compartían la visión de Bakunin y que habían pertenecido a la Alianza, pero que aseguraron ya no pertenecer a ella. Del mismo modo la AIT “antiautoritaria” que se formó tras el Congreso de La Haya con las federaciones que rechazaron sus decisiones, no solo estaba compuesta por anarquistas; también había junto a ellos lasallistas alemanes, grandes defensores del “socialismo de Estado”, usando las palabras del propio Marx. En realidad la verdadera lucha que había en el seno de la AIT era entre quienes preconizaban la unidad del movimiento obrero (y en consecuencia el carácter vinculante de las decisiones del Congreso) y quienes preconizaban el derecho a hacer lo que les viniera en gana, cada uno en su feudo, que consideraban el Congreso como una simple asamblea en la que el debate es un mero “intercambio de opiniones” que no toma decisiones. Mediante ese modo informal de organización, la Alianza se encargaba de asegurar, secretamente, la verdadera centralización entre todas las federaciones, como se decía explícitamente en muchas de las correspondencias de Bakunin. La puesta en práctica de las concepciones “antiautoritarias” en la AIT era la mejor forma de dejarla a merced de las intrigas, del poder oculto, del control de la Alianza.
El IIo Congreso del POSDR, por su parte, fue objeto de un enfrentamiento similar entre quienes defendían una concepción proletaria de la organización revolucionaria y quienes defendían una posición pequeño burguesa.
Hay similitudes entre la situación del movimiento obrero en Europa occidental en los tiempos de la AIT y el movimiento en la Rusia de principios del siglo XX. En ambos casos estamos ante una etapa de infancia del movimiento, pues el retraso del desarrollo industrial en Rusia explica ese desfase. La AIT tenía como vocación juntar en el seno de una organización unida a las diversas sociedades obreras surgidas del desarrollo del proletariado. Del mismo modo, el segundo Congreso del POSDR tenía por objetivo unificar los diversos comités, grupos y círculos que, reivindicándose de la Socialdemocracia, se habían desarrollado tanto en Rusia como en el exilio. No existía prácticamente ninguna relación formal entre ellas desde la desaparición del Comité central que había surgido del primer Congreso del POSDR en 1897. El segundo Congreso, como la AIT, vio el enfrentamiento entre una idea de la organización que representaba el pasado del movimiento –la de los “mencheviques” (minoritarios)– y otra que expresaba las nuevas exigencias, la de los “bolcheviques” (mayoritarios).
Como se confirmaría más tarde (ya durante la revolución de 1905 y sobre todo ante la revolución de 1917 en que los mencheviques se situarían del lado de la burguesía) la actitud de los mencheviques estaba determinada por la penetración en la Socialdemocracia rusa de la influencia de ideologías burguesas y pequeño burguesas, en particular de tipo anarquista. De hecho esos elementos “alzan naturalmente la bandera de la revuelta contra las restricciones indispensables que exige la organización, elevan su anarquismo espontáneo a principio de lucha, califican erróneamente ese anarquismo de... reivindicación a favor de la “tolerancia”, etc.” (Lenin, Un paso adelante, dos pasos atras). De hecho hay muchas similitudes entre el comportamiento de los mencheviques y el de los anarquista en la AIT (en no pocas ocasiones Lenin habla del “anarquismo señorial” de los mencheviques).
Los mencheviques, al igual que los anarquistas tras el Congreso de La Haya, se niegan a reconocer y aplicar las decisiones del IIo Congreso afirmando que “el congreso no es Dios” y “sus decisiones no son sacrosantas”.
Además, del mismo modo que los bakuninistas alzan el hacha de guerra contra el principio de la centralización y contra “la dictadura del Consejo general” tras el fracaso de su toma del control, una de las razones por la que los mencheviques, tras el Congreso, empiezan a rechazar la centralización es porque algunos de ellos no han sido elegidos por el Congreso para formar parte de los órganos centrales. Las similitudes llegan hasta la forma en que los mencheviques llevan su campaña contra la “dictadura personal” de Lenin, su “mano de hierro” que son el eco de las acusaciones de Bakunin contra la “dictadura” de Marx sobre el Consejo general.
“Cuando considero la conducta de los amigos de Martov tras el Congreso (...) únicamente puedo decir que se trata de una tentativa insensata de hacer añicos el Partido, indigna de miembros del Partido... ¿Por qué? Unicamente porque están descontentos con la composición de los órganos centrales, ya que objetivamente sólo nos ha separado esa cuestión, las apreciaciones subjetivas (como la ofensa, el insulto, expulsión, separación, deshonra, etc.) no son más que fruto de un amor propio herido y una ima­ginación enferma. Esta imaginación enferma y este orgullo herido conducen directamente a los más vergonzosos chismes: sin saber aún la actividad de los nuevos centros y sin haberlos visto aún funcionar expanden rumores sobre sus ‘carencias’, sobre el ‘guante de hierro’ de Iván Ivanóvich, el ‘puño’ de Iván Nikiforóvich, etc. A la socialdemocracia rusa le queda por superar la última y más difícil etapa, pasar del espíritu de círculo al espíritu de partido; de la mentalidad pequeño burguesa a la conciencia de su deber revolucionario; de los chismes y la presión de los círculos, considerados como medio de acción, a la disciplina” (Relación del IIº Congreso del POSDR).
Hay que resaltar que el arma del chantaje empleada en su momento por James Guillaume y los aliancistas forma parte también del arsenal de los mencheviques. De hecho Martov, jefe de los mencheviques, se niega a participar en la redacción de la publicación del partido, Iskra, para la cual lo había elegido el Congreso, porque sus amigos Axelrod, Potrésov y Zasúlich no habían sido elegidos.
Con estos ejemplos de la AIT y del Segundo congreso del POSDR podemos dar toda la importancia que merecen las cuestiones relacionadas con el modo de funcionamiento de las organizaciones revolucionarias. En efecto, sobre esa cuestión se produjo la primera decantación decisiva entre de un lado la corriente proletaria y de otro las corrientes pequeño burguesas o burguesas. Y su importancia no es ninguna casualidad pues el canal privilegiado por el que se infiltran en las organizaciones ideologías de clases ajenas al proletariado (burguesía y pequeña burguesía) es precisamente su modo de funcionamiento.
Por ello las cuestiones relativas a la organización han sido siempre objeto de la mayor atención por parte de los marxistas. En el seno de la AIT son Marx y Engels quienes se ponen a la cabeza del combate por la defensa de los principios proletarios en materia de organización. Por eso no es ninguna casualidad si tuvieron un papel esencial en el Congreso de La Haya y si ese Congreso dedicó lo esencial de su trabajo a las cuestiones organizativas en un momento en que la clase obrera se encontraba ante dos acontecimientos históricos de la mayor importancia: la guerra franco-prusiana y la Comuna de París, a los cuales el Congreso dedicó una atención mucho menor. Esta opción ha hecho que muchos historiadores burgueses considerasen el Congreso de La Haya como el menos importante de la historia de la AIT, cuando en realidad fue el más importante ya que habría de permitir que más tarde la IIª Internacional diera su propio paso adelante en el desarrollo del movimiento obrero.
Lenin, en la IIª internacional, aparece también como alguien “obsesionado” por las cuestiones organizativas. En el resto de partidos socialistas no comprenden las querellas que agitaban a la socialdemocracia rusa y ven a Lenin como un “sectario” cuyo único sueño es fomentar cismas cuando, en realidad, es el único que se inspira en el combate de Marx y Engels contra la Alianza. Pero la validez de su combate se demostrará brillantemente en 1917 con la capacidad de su partido para estar a la cabeza de la revolución.
La CCI, por su parte, ha seguido la tradición de Marx y Lenin otorgando la mayor atención a las cuestiones organizativas. Así, en enero de 1982 la CCI dedicó una Conferencia internacional extraordinaria a ese problema tras la crisis vivida en 1981 ([6]). En fin, entre finales de 1993 y principios de 1996 nuestra organización llevó un combate decisivo para sanear el tejido organizativo, contra el “espíritu de círculo” y por el “espíritu de partido” tal y como la había definido Lenin en 1903. En nuestra Revista internacional nº 82 hicimos la reseña del XIº Congreso de la CCI dedicado esencialmente a los problemas organizativos que en aquel momento encaraba nuestra organización ([7]). Más adelante, en los números 85 y 88 de la Revista publicamos una serie de artículos con el título general de “Cuestiones de organización” dedicada a los combates organizativos en el seno de la AIT, y en los números 96 y 97 publicamos dos artículos con el titulo de “¿Nos habremos vuelto leninistas?” a propósito del combate de Lenin y los bolcheviques sobre cuestiones organizativas. Y, para terminar, en nuestro ultimo número de la Revista publicamos amplios extractos de un documento interno “La cuestión del funcionamiento de la organización en la CCI” que sirvió de texto de orientación para el combate de 1993-96.
La actitud de transparencia sobre las dificultades con las que se ha encontrado nuestra organización no se debe a no se sabe qué “exhibicionismo” por parte nuestra. La experiencia de las organizaciones comunistas es parte íntegra de la experiencia de la clase obrera. Esa es la razón por la que un gran revolucionario como Lenin dedicó un libro entero, Un paso adelante, dos pasos atrás, para sacar las lecciones políticas del Segundo congreso del POSDR.
Claro está, cuando las organizaciones revolucionarias ponen en evidencia sus problemas y discusiones internos eso parece ser lluvia de abril para las tentativas de denigración por parte de sus adversarios. Y así ha sido para la CCI. Como escribíamos en nuestra Revista internacional nº 82:
“Desde luego no va a ser en la prensa burguesa donde encontremos manifestaciones de alegría cuando exponemos nuestras dificultades, dado que nuestra organización es demasiado modesta en tamaño e influencia en las masas obreras para que aquélla tenga interés en hablar de ella para intentar desprestigiarla. Para la burguesía es preferible crear un muro de silencio alrededor de las posiciones y la existencia de las organizaciones revolucionarias. Por eso, el trabajo de denigrarlas y el sabotaje de su intervención es tomado a cargo por elementos parásitos cuya función es alejar de las posiciones de clase a quines se aproximan a ellas, asquearlos frente a toda participación en el trabajo difícil de desarrollo de un medio político proletario (...)
En el mundillo parásito encontramos grupos constituidos tales como el “Grupo comunista internacionalista” (GCI) y sus escisiones (como “Contra la corriente”), el difunto “Grupo boletín comunista” (CBG) o la ex “Fracción externa de la CCI” que se han constituido todos ellos a partir de escisiones de la CCI. Sin embargo el parasitismo no se limita a estos grupos. Es acarreado por elementos desorganizados que se agrupan de vez en cuando en círculos efímeros ([8]) cuya preocupación principal consiste en hacer circular toda clase de cotilleos a propósito de nuestra organización. Estos elementos son, a menudo, antiguos militantes que cediendo a la presión de la ideología pequeño burguesa, no han tenido la fuerza de mantener su compromiso con la organización, se han sentido frustrados de que no se les haya ‘reconocido sus méritos’ a la altura de la imagen que se hacen de sí mismos o que no han podido soportar las críticas de las que han sido objeto. (...) Estos elementos son absolutamente incapaces de construir algo. En cambio son muy eficaces con su pequeña agitación y sus charlatanerías porteriles para desacreditar y destruir lo que la organización intenta construir”.
Sin embargo los mangoneos de los parásitos no ha impedido nunca que diésemos a conocer al conjunto del medio político proletario y, de forma más amplia, a la clase obrera, las lecciones de nuestra propia experiencia. De nuevo, en esto, nuestra organización se reivindica de la tradición de Lenin cuando escribía, en 1904, en el prefacio de Un paso adelante, dos pasos atrás:
“[Nuestros adversarios] con muecas de alegría maligna siguen nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, dedicado a los defectos y deficiencias de nuestro partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo necesario e inevitable serán corregidas por el desarrollo del movimiento obrero. ¡Y que ensayen los señores adversarios a describirnos un cuadro de la situación efectiva de sus ‘partidos’ que se parezca, aunque sea de lejos, al que brindan las actas de nuestro IIº Congreso” (Obras escogidas, tomo 1, pag 283-284).
Con esa misma óptica damos cuenta, en el presente artículo, de los problemas organizativos que recientemente ha sufrido nuestra organización, y que han sido centrales en los trabajos de la Conferencia.
El origen de las recientes dificultades de la CCI
El XIº Congreso de la CCI había adoptado una resolución de actividades que sacaba las lecciones de la crisis que vivió nuestra organización en 1993 y del combate llevado frente a ella. En la Revista internacional nº 82 publicamos amplios extractos de dicha resolución que en parte reproducimos ahora porque arroja luz sobre la recientes dificultades:
“El marco de comprensión que se ha dado la CCI para sacar a la luz el origen de sus debilidades se inscribe en el combate histórico del marxismo en contra de la influencia de las ideologías pequeño burguesas que lastran al proletariado... Especialmente era importante que la organización inscribiera en el centro de sus preocupaciones, como hacen los bolcheviques a partir de 1903, la lucha contra el espíritu de círculo por el espíritu de partido. En este sentido la constatación del peso especialmente fuerte del espíritu de círculo en nuestros orígenes formaba parte integrante del análisis general elaborado desde hace mucho tiempo y que situaba la base de nuestras debilidades en la ruptura orgánica de las organizaciones comunistas producida por la contrarrevolución que se abatió sobre la clase obrera desde finales de los años 20. Sin embargo esta constatación nos permitía ir más lejos que las constataciones precedentes y atacar con más profundidad la raíz de nuestras dificultades. Nos permitía, notablemente, comprender el fenómeno, ya constatado en el pasado pero insuficientemente elucidado, de la formación de clanes en la organización: estos clanes eran en realidad resultado del pudrimiento del espíritu de círculo que se ha mantenido mucho más allá del periodo en que los círculos habían sido una etapa inevitable de la reconstrucción de la vanguardia comunista” ([9]) (Resolución de actividades del XIº Congreso, punto 4).
Nuestro artículo sobre el XIº Congreso precisa respecto a la cuestión de los clanes:
“Este análisis se basa sobre los precedentes históricos del movimiento obrero, por ejemplo la actitud de los antiguos redactores de Iskra agrupados en torno a Martov y que, descontentos con las decisiones adoptadas por el II º Congreso del POSDR, habían formado la fracción menchevique. No podemos entrar en detalles pero podemos afirmar que las “tendencias” que ha conocido la CCI correspondían más bien a dinámicas de clan que a autenticas tendencias basadas en una orientación positiva alternativa. En efecto el motor principal de estas “tendencias” no eran las divergencias que sus miembros pudieran tener respecto a las orientaciones de la organización (...) sino un agrupamiento de descontentos y de frustraciones contra los órganos centrales, y unas fidelidades personales hacía elementos que se consideraban “perseguidos” o insuficientemente reconocidos”.
El artículo subraya que fue el conjunto de la CCI (incluidos los militantes directamente implicados) el que puso de relieve que había estado enfrentada a un clan que había ocupado un lugar de primer plano en la organización y que había “concentrado y cristalizado un gran número de características destructoras que afectaban a la organización y cuyo denominador común era el anarquismo (visión de la organización como suma de individuos, enfoque “psicologizante” y por afinidades de las relaciones políticas entre militantes y de las cuestiones de funcionamiento, desprecio y hostilidad hacia las concepciones políticas marxistas en materia de organización)” (Resolución de actividades, punto 5).
La resolución continuaba diciendo: “La comprensión de la CCI del fenómeno de los clanes y de su papel particularmente deletéreo le ha permitido poner de relieve cantidad de malos funcionamientos que afectaban a la mayoría de sus secciones territoriales ” (idem, punto 5).
Y como balance del combate que la organización había llevado establecía: “El Congreso constata el éxito global del combate emprendido por la CCI en otoño del 93 (...) el enderezamiento, a menudo espectacular, de secciones entre las más afectadas por las dificultades organizativas en 1993 (...) las profundizaciones procedentes de numerosas partes de la CCI (...) estos hechos confirman la plena validez del combate llevado, su método, tanto a nivel teórico como sobre los aspectos concretos”.
Sin embargo la Resolución ponía en guardia contra cualquier triunfalismo: “Eso no significa que el combate que hemos llevado a cabo tenga que acabarse (...) La CCI deberá proseguirlo con una vigilancia de cada momento, con la determinación de identificar cada debilidad y encararla inmediatamente (...) En realidad la historia del movimiento obrero, incluida la de la CCI, nos enseña, y el debate lo ha confirmado ampliamente, que el combate por la defensa de la organización es permanente, no admite pausas. En particular la CCI debe guardar en mente que el combate llevado por los bolcheviques por el espíritu de partido contra el espíritu de círculo prosiguió durante muchos años. Lo mismo sucede en nuestra organización que debe velar por desenmascarar y eliminar toda desmoralización, todo sentimiento de impotencia, resultante de la duración del combate” (idem, punto 13[10]).
Y justamente la reciente Conferencia de la CCI ha puesto en evidencia que una de las causa mayores de los problemas organizativos con los que la CCI se ha vuelto a encontrar en el último periodo se debe a cierta relajación de la vigilancia frente al retorno de dificultades ya vividas en el pasado. En realidad la mayor parte de la organización había perdido de vista la llamada de atención con la que se concluía la resolución adoptada por el XIº Congreso. De hecho hemos tenido grandes dificultades para identificar el resurgir del clanismo en la sección local de París así como en el Secretariado internacional (SI) (9). Es decir en las dos partes que habían sufrido con más fuerza la enfermedad en 1993.
El desarrollo de la crisis en el centro de la CCI y la formación de la “Fracción interna”
Esta deriva clánica toma auge en marzo de 2000 cuando el SI adopta un documento relativo a cuestiones organizativas que había sido criticado por un reducido número de camaradas que, reconociendo la plena validez de la mayor parte de la ideas expuestas en ese documento (en especial la necesidad de una mayor confianza entre las diversas partes de la organización), detectan en él concesiones a una visión democratista y una cierta puesta en entredicho de nuestra idea de la centralización. A modo de resumen, estos compañeros consideraban que en el documento se introduce la idea de que “más confianza es igual a menos centralización”. Nunca ha sido un problema para un órgano central de la CCI que partes de la organización criticasen un texto adoptado por éste. Muy al contrario, la CCI y su órgano central ha insistido siempre en que cualquier divergencia o duda se exprese abiertamente dentro de la organización con objeto de llegar a la mayor clarificación posible. Ante la aparición de desacuerdos la actitud del órgano central ha sido siempre responder a ellos con seriedad. A partir de la primavera del 2000 la mayoría del SI adopta una actitud completamente opuesta. En vez de desarrollar una argumentación seria, adopta una actitud totalmente contraria a la que había mantenido en el pasado. Para esa mayoría, el que una pequeña minoría de camaradas criticara un texto del SI solo podía ser fruto del espíritu contestatario de este camarada, o de los problemas familiares de aquél, o de que aquel otro tendría una enfermedad psíquica. Uno de los argumentos utilizados por el SI era que si su texto de marzo había sido objeto de críticas se debía a que lo había escrito tal militante y si hubiera sido otro el que lo redactase la acogida habría sido otra. La respuesta a los argumentos que daban los compañeros en desacuerdo no se basaba en oponer otros argumentos sino en denigraciones, justificando no publicar algunas de sus contribuciones diciendo que “iban a alborotar la organización” e incluso que una de los camaradas, afectada por la presión que se ejercía sobre ella, “no soportaría” las críticas que otros militantes de la CCI harían a sus textos. En suma, la mayoría del SI estaba desplegando una política de ahogar el debate de forma totalmente hipócrita en nombre de la “solidaridad”.
Esta actitud política totalmente ajena a los métodos empleados hasta entonces por la CCI se agrava brutalmente cuando un miembro del SI empieza a criticarlo mostrando su acuerdo con ciertas críticas que habían hecho otros compañeros al documento adoptado por esa comisión en marzo 2000. Ese compañero, que hasta entonces había estado hasta cierto punto al abrigo de la denigración, pasa al ser objeto de una autentica campaña de descrédito: si adopta tal posición es porque “está siendo manipulado por sus allegados”. Paralelamente la actitud de la mayoría del SI consiste en restar importancia a la discusión argumentando que “no es el debate del siglo”. Y cuando empiezan a llegar contribuciones más profundas a la discusión, la mayoría del SI trata de comprometer al conjunto del órgano central de la CCI (BI) en “cerrar el debate”. Sin embargo el órgano central se niega a seguir a su SI por el camino por el que se había metido y, contra la voluntad de la mayoría de éste último, decide nombrar una Delegación de información (DI), formada en su mayor parte por miembros del órgano central que no están en el SI, cuya tarea es examinar los problemas de funcionamiento que estaban desarrollándose en el SI y en torno a él.
Esta decisión provoca una nueva “radicalización” de la mayoría de miembros del SI. Su actitud hacia la DI consistió en verter toda suerte de acusaciones contra los camaradas que expresaban sus desacuerdos, señalando con el dedo por sus “faltas organizativas” particularmente graves y “alertando” sobre el comportamiento “dudoso” o “indigno” de uno de esos militantes. En resumen, los miembros del SI que consideraban infundada la creación de la Delegación de información despliegan un ataque tan destructivo como artero contra la organización, lo cual ya de por sí habría justificado que fueran precisamente ellos los que reclamaran la constitución de tal órgano para hacer una investigación sobre otros militantes. Por su parte Jonás, miembro del SI, no solo se niega a testimoniar ante la DI sino que rechaza de plano reconocerla ([11]). Paralelamente y entre bastidores empieza a difundir la hipótesis de que uno de los militantes que expresa desacuerdos sería un agente del Estado que manipula a los de su entorno para “demoler a la CCI”. Por su parte otros miembros del SI, en vísperas del XIVº Congreso de principios de mayo 2001, presionan a la DI de múltiples formas y entre varios tratan de intimidarla para que renuncie a comunicar al Congreso un “Informe preliminar” que establece el marco para comprender los problemas que afectan al SI y a la sección de París ([12]). La misma mañana del Congreso, justo antes de su apertura, la mayoría del SI intenta una última maniobra: convoca una reunión del Buró Internacional (BI) para presentar una resolución que desautoriza el trabajo hecho por la DI. Es esa actitud de la mayoría del SI contra la DI, más que los testimonios de los camaradas que habían expresado críticas hacia la política del SI, lo que la convence de que realmente existe una dinámica clánica en el SI. Igualmente es la actitud de la mayoría del SI en el BI lo que fundamentalmente convence a éste de que tal dinámica es muy real. Sin embargo, en ese momento, la mayoría del BI confía en la capacidad de esos militantes para recobrarse, como fue el caso en 1993-95 para una importante cantidad de camaradas que habían estado implicados en la dinámica de clan. Por ello, el BI saliente decide proponer al Congreso que reelija para formar parte del órgano central a la totalidad de los militantes del antiguo SI. También propone que la DI se transforme en Comisión de investigación (CI) y se refuerce con más camaradas. En fin, propone al Congreso no comunicarle las primeras conclusiones a las que había llegado la DI y le pide a éste que otorgue su confianza a la nueva CI. El Congreso ratifica unánimemente ambas propuestas.
Sin embargo, dos días después del Congreso, uno de los miembros del antiguo SI viola las decisiones de aquél, sacando a relucir en la sección de París (con el objetivo de volverla contra el resto de la CCI y contra el Buró internacional) informaciones sobre temas que el Congreso había decidido comunicar más adelante en un marco apropiado. Por su parte los demás miembros de la mayoría del antiguo SI o bien lo apoyan o rechazan condenar su flagrante infracción a los estatutos de la organización.
En la medida en que el Congreso es la instancia suprema de la organización violar sus decisiones (a imagen de la actitud de los mencheviques en 1903) es una falta especialmente grave. Sin embargo los militantes que la cometieron no fueron objeto, en ese momento, de sanción alguna, sino es una simple censura de su proceder: la organización seguía confiando en la capacidad de los miembros del clan de rehacerse. Pero en realidad esa violación descarada de los estatutos era, tan solo, la primera de una larga lista de infracciones a nuestras reglas de funcionamiento por parte de los miembros de la mayoría del antiguo SI y de aquellos a los que había logrado atrapar en las redes de su guerra abierta contra la organización. No podemos pasar revista aquí a todas sus infracciones. Nos contentaremos con señalar las más características de las faltas que han cometido, en diversos grados, los miembros de la pretendida “Fracción interna de la CCI” actual:
empleo y divulgación de actas de reuniones de los órganos centrales sin la autorización de éstos;
campañas de denigración de los miembros de la CI a los que se tacha de “mentirosos” y de “Torquemada” (lo que recuerda vivamente al aliancista Alerini cuando calificaba de “Santa inquisición” a la Comisión de investigación del Congreso de La Haya”);
chantaje sobre aquellos a los que considera “Torquemada”;
campañas sistemáticas entre bastidores contra un miembro de la organización acusado, sin la más mínima prueba, de “indigno”, de ser un elemento aventurero, de ser incluso un “agente del Estado” (acusación hecha explícitamente por Jonás y otro miembro de la actual “fracción” y sugerida por otros militantes próximos a él) que manipularía a los de su entorno para destruir a la CCI;
correspondencia secreta de miembros del órgano central de la CCI con militantes de otros países destinada a volverlos contra el órgano central para lo cual vierten calumnias y lo tachan de “fracción liquidadora” (es decir la misma política con la que Bakunin había tratado de reclutar miembros para su Alianza);
celebración de reuniones secretas (en total 5 entre agosto y septiembre de 2001) cuyo objetivo no es, para nada, elaborar análisis políticos sino urdir un autentico compló contra la CCI. Como colofón a esas reuniones, los militantes implicados anuncian la formación de un “Colectivo de trabajo” que, entre otras cosas, declara: “Nosotros no hacemos reuniones secretas”. Por casualidad y como resultado de la torpeza de uno de los miembros de esa cofradía, las actas de una de esas reuniones secretas cae en manos de la organización. La reunión plenaria del Buró Internacional que se celebra poco después adopta, unánimemente (incluidos dos de los miembros de la actual “fracción interna”), una resolución de la que a continuación reproducimos los pasajes principales:
1) “Tras conocer (...) las actas de la reunión del 20/08 de los 7 camaradas que han constituido el “Colectivo de trabajo” y tras examinar su contenido del que se desprende:
una clara conciencia de actuar al margen de los estatutos y con la única preocupación de cómo ocultarlo a organización;
considerar al resto de camaradas de la organización como “los otros”, “ésos”, es decir como enemigos a los que hay que “desestabilizar” según palabras textuales de uno de los participantes;
la voluntad de ocultar a la organización sus verdaderos propósitos y actividades;
establecer una auténtica disciplina de grupo al mismo tiempo que se practica la indisciplina más completa hacia la organización;
elaborar una estrategia de engaño a la organización para hacer pasar su propia política;
el BI considera que este conjunto de comportamientos constituye una violación flagrante de nuestros principios organizativos y expresan una total deslealtad hacia la organización. (...)
2) La actuación de los miembros del “colectivo” constituye una falta organizativa muy grave y como tal merece la sanción más severa. No obstante, en la medida en que los participantes en esta reunión han decidido acabar con el “colectivo”, el BI decide aplazar tal sanción con la voluntad de que los militantes que han cometido este falta no se limiten a la simple disolución del “colectivo” sino que:
critiquen radicalmente sus actividades;
se comprometan en una reflexión de fondo sobre las razones que les han conducido a comportarse como enemigos de la organización.
En ese sentido, esta decisión del BI no debe interpretarse como una subestimación de la falta cometida sino como una incitación a los participantes en la reunión secreta del 20/08 a ver en toda su dimensión esa gravedad”.
De esta forma los miembros del “colectivo”, ante la evidencia del carácter destructor de sus actividades, dan marcha atrás. Dos de los participantes en esa reunión aplican realmente lo que pedía la resolución: emprenden un trabajo sincero de crítica de su dinámica y hoy siguen siendo militantes leales de la organización. Otros dos, que habían dado su acuerdo a la resolución, prefieren dimitir a hacer esa crítica. El resto echa rápidamente por la borda sus buenos propósitos y, unas pocas semanas después, crea la “fracción interna de la CCI” de marras, la cual se reivindica íntegramente de la “Declaración de constitución de un Colectivo de trabajo” que poco antes habían rechazado. Desde la constitución de esa pretendida “fracción” sus miembros se han distinguido por una brutal escalada de ataques contra la organización y sus militantes, con una auténtica política de tierra quemada, combinando la vacuidad más total en lo que a argumentos de fondo se refiere con las mentiras más delirantes, las calumnias más repugnantes y la violación sistemática de nuestras reglas de funcionamiento, lo que ha obligado a la CCI a adoptar sanciones contra ellos ([13]). Como dice una resolución adoptada por el órgano central de la sección en Francia (Comisión ejecutiva), el 18 de noviembre de 2001:
“Los militantes de la “fracción” dicen querer convencer al resto de la organización de la validez de sus “análisis”. Su comportamiento y sus mentiras prueban que estamos ante otra de sus mentiras (...) Desde luego con su forma de actuar no convencerán a nadie (...) La CE denuncia, en especial, su “táctica” de violación sistemática de los estatutos para, en cuanto la CCI adopta medidas para defenderse, ponerse a aullar sobre su supuesta “degeneración estalinista”, y justificar con ello la constitución de su pretendida “fracción”.
Una de las mentiras repetidas hasta la saciedad por los miembros de la “fracción” es que la CCI los sanciona para evitar el debate de fondo. En realidad, mientras que los “argumentos” que presentan son absolutamente rebatidos, normalmente con profundidad, en numerosas contribuciones de militantes y secciones de la CCI, sus propios textos evitan sistemáticamente responder a esas contribuciones, lo mismo que a los informes oficiales o a los textos de orientación producidos por los órganos centrales. En realidad se trata de uno de los procedimientos favoritos de la “fracción”: atribuir al resto de la organización, y en especial a lo que califican como “fracción liquidadora”, sus propias artimañas. Así, en uno de sus primeros “textos fundacionales”, su “Contrainforme de actividades para el BI plenario de septiembre 2001” acusan a los órganos centrales de la CCI de adoptar “una orientación en ruptura con la de la organización hasta entonces (...) desde el final del combate del 93-96 hasta el XIVº Congreso de la CCI que acaba de celebrarse”. Y para afirmar mejor su acuerdo con las orientaciones del XIVº Congreso, el redactor de este documento... algunas semanas después rechaza en bloque la resolución de actividades adoptada por el Congreso (que, además, antes había votado). De igual modo, el “contrainforme” afirma, además, “nos reivindicamos del combate de siempre (...) por el respeto, no “rígido”, sino riguroso de los estatutos. Sin el respeto firme de los estatutos, sin su defensa, no hay organización”. Y este documento sirve de plataforma para las reuniones secretas donde los participantes reconocen, ellos mismos, que están al margen de los estatutos y que, semanas después, empezarán a escribir páginas y páginas con pretensiones “teóricas” en las que se ataca “la disciplina por la disciplina” con el objetivo de justificar la violación sistemática de los estatutos.
Podríamos multiplicar los ejemplos de este tipo pero correríamos el riesgo de ocupar con este artículo todo el espacio de la Revista. Al menos citaremos un último ejemplo realmente significativo: la “fracción” se presenta como la autentica continuadora del combate de 1993-96 por la defensa de la organización pero el “contrainforme” afirma: “Las lecciones del 93 no se limitan al clanismo. Es más, este no es el aspecto principal”. La “Declaración de constitución de un colectivo de trabajo” plantea la cuestión en los mismos términos: “Clanes y clanismo: son nociones que encontramos en la historia de las sectas y de la francmasonería pero no (...) en la historia del movimiento obrero del pasado. ¿Por qué el alfa y el omega de las cuestiones organizativas se reduce al “peligro del clanismo”?. De hecho, los miembros de la “fracción” quieren colarnos la idea de que la noción de clan no pertenece al movimiento obrero (lo cual no es cierto, pues Rosa Luxemburg utiliza este término para designar a la camarilla que dirigía la Socialdemocracia alemana). El medio de refutar la evidencia de la dinámica clanica por parte de estos militantes es radical: “La noción de clan no es válida”. ¡Y todo eso en nombre del combate del 1993-96, un combate que hizo hincapié, como hemos visto en las citas de sus documentos más importantes, en el papel fundamental del clanismo en las debilidades de la CCI!.
La constitución de un grupo parásito
La “fracción”, como la Alianza respecto a la AIT, se ha convertido en un organismo parásito de la CCI. Y, como la Alianza tras fracasar en su intento por hacerse con el control de la AIT declara una guerra pública y abierta contra ella, el clan de la antigua mayoría del SI y sus amigos deciden atacar públicamente a nuestra organización desde el momento en que perdió totalmente el control de ella, y que sus acciones en vez de atraer a los últimos dudosos sirve, por el contrario, para convencerlos de lo que de verdad se está dirimiendo en el combate que está llevando a cabo nuestra organización. El momento decisivo de este paso cualitativo en la guerra desencadenada por la “fracción” contra la CCI es la reunión plenaria del Buró internacional a principios del año 2002. Esa reunión, tras la discusión de rigor, adopta una serie de decisiones importantes:
transformar el Congreso, previsto para marzo 2002, de su sección en Francia en una conferencia internacional extraordinaria;
suspender a los miembros de la “fracción” por toda una serie de violaciones de los estatutos (y entre ellas, la negativa a pagar la totalidad de sus cuotas). La organización les daba de plazo hasta la conferencia para reflexionar y comprometerse a respetar los estatutos, sin lo cual la conferencia no podría sino hacer constar que son ellos quienes se han puesto deliberadamente fuera de la organización;
tras el informe de la Comisión de Investigación que pone en evidencia que el comportamiento de Jonás es propio de un agente provocador, adopta el principio de su exclusión. Decisión que será definitiva una vez que se informe a Jonás de los hechos que se le imputan y éste tenga ocasión de defenderse (13).
Hay que señalar que, por lo que respecta a la primera cuestión (celebración de una Conferencia internacional extraordinaria), los dos miembros de la “fracción” que participan en la reunión se abstienen. Esta actitud es, como mínimo, paradójica en unos militantes que no han cesado de afirmar que el conjunto de militantes de la CCI se equivocan y están manipulados por la “fracción liquidadora” y los “órganos decisorios”. Y en cuanto se les presenta una ocasión en que la que el conjunto de la organización va a discutir y decidir colectivamente sobre sus problemas, a nuestros valerosos fraccionistas no se les ocurre mejor cosa que abstenerese. Esta actitud es totalmente opuesta a la de las fracciones de izquierda del movimiento obrero (como los bolcheviques o los espartaquistas) de las que no cesan de reivindicarse, que siempre exigieron la celebración de un congreso para tratar los problemas que afectaban a la organización mientras que era la derecha la que ponía obstáculos para su celebración.
La reunión plenaria del Buró internacional señala que, respecto a las dos últimas decisiones, los militantes concernidos podrían recurrirlas ante la Conferencia, e igualmente propuso a Jonás que sometiera su caso ante un tribunal de honor de militantes del medio político proletario si consideraba injustas las acusaciones que contra él hacía la CCI. Ante esto su respuesta fue una nueva escalada. Jonás se niega a encontrarse con la organización para presentar su defensa, del mismo modo se niega a recurrir ante la Conferencia y a pedir un tribunal de honor sobre su caso: para todos los militantes de la CCI, y para el propio Jonás, queda claro que ya no queda el menor honor que defender, teniendo en cuenta lo abrumador de los hechos. En ese mismo momento Jonás anuncia su plena confianza en la “fracción”. Ésta, por su parte, comienza a expandir en el exterior calumnias contra la CCI, primero enviando cartas a los demás grupos de la Izquierda comunista, después mandando sucesivos textos a nuestros suscriptores demostrando con ello que uno de sus miembros había robado el fichero de señas de nuestros suscriptores del que era responsable hasta el verano del 2001 (es decir antes incluso de la constitución de la “fracción” e incluso del “colectivo”). En esos documentos enviados a nuestros suscriptores se puede leer textualmente que los órganos centrales de la CCI han llevado contra Jonás y la “fracción” “innobles campañas para ocultar y descalificar las posiciones políticas al ser incapaces de contradecirlas seriamente”. El resto es por un estilo. En los documentos que han enviado al exterior se testimonia una solidaridad total de la “fracción” hacia los comportamientos de Jonás y le llaman a trabajar con ella. Así la “fracción” desvela públicamente lo que ha sido desde el principio, mientras Jonás estaba en la sombra: la camarilla de los amigos del ciudadano Jonás.
Pese a que la camarilla de Jonás había abierto al exterior la guerra contra la CCI, el órgano central de nuestra organización envía a cada uno de los miembros parisinos de la “fracción” varias cartas invitándolos a que vengan a defenderse ante la Conferencia, y precisando las modalidades de ese recurso. La “fracción” en un primer momento simula aceptarlo pero en el ultimo momento ejecuta una miserable acción más contra la organización. Se niega a presentarse ante la Conferencia internacional a menos que la organización reconozca por escrito a esa “fracción” y retire las sanciones adoptadas en aplicación de nuestros estatutos (y en especial la exclusión de Jonás). Estos militantes para recurrir contra las sanciones que les ha impuesto la organización exigen, nada menos, que la organización las retire previamente. Evidentemente para ellos es la solución más simple: así no hay necesidad de recurrirlas. Ante esta situación, todas las delegaciones de la CCI que habían estado listas para escuchar el recurso y los argumentos de esos individuos (a tal efecto, la víspera de la Conferencia, habían nombrado una Comisión internacional de recurso, formada por militantes de varias secciones de la CCI para permitir que los cuatro miembros parisinos de la “fracción” pudieran presentar ante ella sus argumentos) no tienen más remedio que reconocer que estos individuos se han puesto ellos solos fuera de la organización.
La CCI, en vista de la negativa a defenderse ante la Conferencia y a apelar ante la comisión de recursos, toma acta de su deserción y considera que ya no son militantes de la organización ([14]).
La Conferencia también toma acta de los métodos del hampa empleados por la camarilla de Jonás como el de “secuestrar” (¿con su consentimiento?), a su llegada al aeropuerto, a dos delegados de la sección mexicana miembros de la “fracción” que venían mandatados a la Conferencia para defender sus posiciones. La CCI pagó sus billetes de avión para que pudieran asistir a los trabajos de la Conferencia y defender las posiciones de la “fracción”, pero, a su llegada al aeropuerto, son acogidos por dos miembros parisinos de la “fracción” y se los llevan consigo impidiendo que asistan a la Conferencia. Ante nuestras protestas y la exigencia de que devuelvan el importe de los dos billetes de avión en el caso de que los dos delegados mexicanos (que habían recibido mandato de su sección) no asistieran a la Conferencia, uno de los miembros parisinos de la “fracción” nos espeta con el mayor de los cinismos: ¡”Ese es problema vuestro”! Ante semejante malversación de fondos de la organización, ante la negativa a devolver a la organización el importe de los billetes que había pagado la organización, actos que ponen de manifiesto la naturaleza gansteril de los métodos que emplea la camarilla de Jonás, todos los militantes de la organización expresan su mayor indignación y adoptan una resolución condenando ese comportamiento. Estos métodos, que no tienen nada que envidiar a los de la tendencia Chenier (que en 1981 robó fondos de la organización), acaban convenciendo a los últimos camaradas que todavía podían tener dudas sobre la naturaleza parásita y antiproletaria de esa supuesta “fracción”. La “fracción” responde inmediatamente a la CCI que no está dispuesta a devolver el material político y el dinero que pertenecen a nuestra organización. Hoy en día la camarilla de Jonás se ha convertido no solo en un grupo parásito, de acuerdo con el análisis de la naturaleza de éstos que hacen las “Tesis sobre el parasitismo” publicadas en la Revista internacional nº 94 ([15]), sino en un grupo de hampones que no se contentan con calumniar y chantajear a nuestra organización para tratar de destruirla, sino que además le roban.
Todo esto plantea obligatoriamente la pregunta: ¿cómo es posible que unos cuantos militantes que llevan muchos años en nuestra organización, con responsabilidades importantes en los órganos centrales algunos de ellos, acaben volviéndose una pandilla de gamberros?. En esa deriva hacia el pandillismo de los miembros de la “fracción” hay que ver, evidentemente, la influencia de Jonás que los empuja permanentemente a “radicalizar” sus ataques contra la CCI en nombre del “rechazo al centrismo”. Sin embargo, esa explicación no basta para entender tal deriva, por eso la Conferencia se ha dado unas bases para ir más lejos.
El marco político diseñado por la Conferencia
para entender nuestras dificultades organizativas
La Conferencia, por un lado reconoce que no es un fenómeno nuevo en la historia del movimiento obrero el que antiguos miembros de una organización proletaria traicionen el combate que durante decenios habían hecho suyo: militantes como Plejánov (el “padre fundador” del marxismo en Rusia) o Kautsky (“papa” de la IIª internacional, referencia marxista de la Socialdemocracia alemana) acabaron su vida militante en las filas de la burguesía, el primero llamando a participar en la guerra imperialista, y el segundo condenando la revolución rusa de 1917.
Por otro lado inscribe el problema del clanismo en un contexto más amplio como es el oportunismo:
“El espíritu de círculo y el clanismo, cuestiones clave ambas planteadas por el Texto de Orientación de 1993, son expresiones particulares de un fenómeno más general: el oportunismo en materia de organización. Es evidente que esta tendencia, que en el caso de grupos relativamente pequeños como el partido ruso en 1903 o la CCI está estrechamente ligada a las formas afinitarias de círculos y clanes, no se expresa de la misma forma en los partidos de masas de la Segunda o Tercera Internacionales.
“Sin embargo las diversas expresiones de este fenómeno tienen las mismas características principales. Entre ellas, una de las más notorias es la incapacidad del oportunismo para implicarse en un debate proletario. Es incapaz, en particular, de mantener una disciplina organizativa cuando se encuentra defendiendo posiciones minoritarias.
“Dos son las expresiones más importantes de esta incapacidad. Cuando el oportunismo está en ascenso en las organizaciones proletarias tiende a minimizar las divergencias, ya sea pretendiendo que son meras “incomprensiones” como fue el caso del revisionista Berstein, o adoptando sistemáticamente las posiciones políticas de sus oponentes como hizo en sus primeros días el estalinismo.
“El oportunismo, cuando está a la defensiva, como en 1903 en Rusia o en la historia de la CCI, reacciona de forma histérica, declarándose como minoría, declarando la guerra a los estatutos y presentándose como víctima de la represión para eludir el debate. En tal situación, las dos características principales del oportunismo son, como señala Lenin, sabotear el trabajo de la organización y montar escenas y escándalos.
“El oportunismo es intrínsecamente incapaz de la actitud serena de la clarificación teórica y de los esfuerzos pacientes por convencer que caracterizaron a las minorías internacionalistas durante la guerra, o la actitud de Lenin en 1917, o la de la Fracción italiana en los años 30 y, después, de la Fracción francesa.
El actual clan es una caricatura de esa actitud. Así durante el largo tiempo que estuvieron al mando ([16]) trataron de minimizar las divergencias que aparecían en Révolution internationale (...) concentrándose en la tarea de desprestigiar a quienes habían formulado desacuerdos. Desde el momento en que el debate empieza a desarrollar una dimensión teórica tratan de cerrarlo prematuramente. Cuando el clan se siente minoritario, antes incluso de que el debate pueda desarrollarse, las cuestiones (...) se hinchaban de divergencias programáticas, justificando el rechazo sistemático de los estatutos (Resolución de actividades de la Conferencia, punto 10).
Del mismo modo, en su análisis, la Conferencia hace intervenir el peso ideológico que la descomposición capitalista ejerce sobre la clase obrera:
“Una de las características principales del período de descomposición es que la situación de bloqueo entre proletariado y burguesía impone a la sociedad una prolongada y dolorosa agonía. Por consiguiente, el proceso de la lucha de clases, de la maduración de la conciencia, y de construcción de la organización se hace mucho más lento, contradictorio y tortuoso. La consecuencia de todo ello es una tendencia a la erosión de la claridad política, de la convicción militante y de la lealtad organizativa, que son los principales contrapesos a las debilidades políticas y personales de cada militante (...)
“Una vez que las víctimas de esa dinámica han comenzado a compartir la ausencia total de perspectiva que es hoy lo propio de la sociedad burguesa en descomposición, se ven abocadas a expresar, más que ningún otro clan del pasado, un inmediatismo irracional, una impaciencia febril, una ausencia de reflexión y una pérdida radical de capacidades teóricas, aspectos todos ellos sobresalientes de la descomposición” (idem, punto 6).
La Conferencia también ha puesto en evidencia que una de las causas, tanto de las tomas de posición iniciales erróneas del SI y del conjunto de la organización sobre cuestiones de funcionamiento como del rumbo antiorganizativo tomado por los miembros de la “fracción” y del retraso del conjunto de la CCI en identificar esa deriva, es el peso en nuestras filas del democratismo. Por tanto, la Conferencia decidió abrir una discusión sobre el problema del democratismo en base a un texto de orientación que deberá redactar el órgano central de la CCI.
Para terminar, la Conferencia puso de relieve la suma importancia que tiene el combate que actualmente está realizando la organización:
“El combate de los revolucionarios es una batalla constante en dos frentes: defensa y construcción de la organización, e intervención hacia el conjunto de la clase. Todos los aspectos de este trabajo son interdependientes (...).
“En el centro del actual combate está la defensa de la capacidad de la generación de revolucionarios que emergió tras 1968 para transmitir el dominio del método marxista, la pasión revolucionaria y la entrega, la experiencia de décadas de lucha de clases y combates organizativos a una nueva generación. Esencialmente se trata de llevar el mismo combate tanto en el interior de la CCI como hacia el exterior, hacia los elementos en búsqueda que segrega el proletariado, para preparar el futuro partido de clase”. (idem, punto 20).
[1] La Alianza de la democracia socialista y la Asociación internacional de trabajadores, informe sobre la Alianza, redactado por Marx, Engels, Lafargue y otros militantes por mandato del Congreso de La Haya de la AIT. Trad. del francés por nosotros.
[2] “El Congreso de La Haya de 1872: la lucha contra el parasitismo político.
[3] Las reacciones a estas amenazas son significativas: “Ranvier protesta contra las amenazas de abandonar la sala proferidas por Splingard, Guillaume y otros que prueban que son ELLOS y no nosotros los que ya se han pronunciado DE ANTEMANO sobre las cuestiones en discusión”. “Morago [miembro de la Alianza] habla de la tiranía del Consejo, pero es el propio Morago quien está imponiendo la tiranía de su mandato al Congreso” (Intervención de Lafargue).
[4] James Guillaume declara: “Alerini piensa que la comisión no tiene convicciones morales ni pruebas materiales; él ha pertenecido a la Alianza y está orgulloso de ello (...) sois la Santa Inquisición; pedimos una encuesta con pruebas concluyentes y tangibles”.
[5] Ver sobre el tema los siguientes artículos “La crisis del medio revolucionario”, “Informe sobre la estructura y el funcionamiento de la organización de revolucionarios” y la “Presentación del Vº Congreso de la CCI”, publicados en Revista internacional nos 28, 33 y 35 respectivamente.
[6] “XIº Congreso de la CCI: el combate por la defensa y la construcción de la organización.
[7] Fue el caso, a finales de los años 90, del “Circulo de París” compuesto de ex militantes de la CCI cercanos a Simón (un elemento aventurero excluido de la CCI en 1995) que publicó un folleto titulado Qué no hacer que es un batiburrillo de calumnias contra nuestra organización a la que presentan como una secta estalinista.
[8] Nuestro texto de 1993, “La cuestión del funcionamiento de la organización en la CCI”, publicado en la Revista internacional no 109, desarrolla ampliamente nuestro análisis de los clanes y el clanismo.
[9] El SI es la comisión permanente del órgano central de la CCI, el Buró internacional que está compuesto de militantes de todas las secciones territoriales.
[10] A este respecto ver nuestro “Comunicado a los lectores” publicado en nuestra prensa territorial
[11] Equivalente a la actitud de James Guillaume frente a la Comisión de encuesta nombrada por el Congreso de La Haya de la AIT.
[12] Esta actitud de intimidación hacia una comisión de investigación tampoco es nueva: Utin, que había enviado a la comisión de encuesta del Congreso de La Haya un testimonio de las acciones de Bakunin, fue objeto de una agresión por partidarios de éste.
[13] El órgano central internacional, en una circular remitida a todas las secciones en noviembre de 2001, enumera las violaciones a los estatutos. Veamos un corto extracto de esa lista:
filtrar al exterior información de cuestiones internas; (...)
tres miembros de órganos centrales se niegan a participar en reuniones de dichos órganos, reuniones en las que estatutariamente deben participar; (...)
enviar un boletín a direcciones particulares de militantes de la CCI en flagrante infracción de nuestras reglas de funcionamiento centralizadas y violando los estatutos;
negarse a pagar la totalidad del importe normal previsto por la CCI de sus cuotas [los miembros de la “fracción” decidieron pagar solo el 30 % de sus cuotas];
negarse a dar a conocer y devolver a los órganos centrales un documento, el supuesto ‘histórico del SI’, que habían hecho circular entre ciertos militantes, que contiene acusaciones y ataques absolutamente inadmisibles contra la organización y alguno de sus militantes;
chantajear a la organización haciendo circular al exterior documentos internos de la organización, y en especial de sus órganos centrales”.
[14] Lo mismo que los bakuninistas denunciaron las decisiones del Congreso de La Haya de ser un medio para impedirles expresar sus posiciones, la camarilla de Jonas denuncia a la CCI por haber dejado constancia de su deserción, como si esta comprobación de hecho fuera una exclusión para acallar las divergencias.
[15] De ese modo la “fracción” trata de enfrentar unos con otros a los grupos del medio proletario, incrementando así la división que ya existe entre ellos. En su boletín nº 11 lanza una campaña de zalamerías y seducción hacia elementos del medio parásito, como el “Círculo de París” al que antes los miembros de la actual “fracción” eran los primeros en condenar. También en esto remedan la actitud de la muy “antiautoritaria” Alianza de Bakunin y que se alió, tras el Congreso de La Haya, con les “estatalistas” lassalianos
[16] Jonás expresa así su visión de la crisis: “Ahora que no tenemos las riendas, la CCI está perdida”.
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