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Timestamp: 2020-08-14 23:43:42+00:00

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Redes políticas y redes de resolución de problemas. Historia del barrio Ulpiano Lloreda | con-temporanea.inah.gob.mx
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Johan Sebastián Villada González*
El propósito del presente trabajo es reconstruir el proceso de creación y consolidación del barrio Ulpiano Lloreda, de la ciudad de Cali, a través de los vínculos entre políticos locales y la comunidad. Estas relaciones se conocen con el nombre de “clientelismo político”, fenómeno arduamente tratado desde múltiples perspectivas disciplinares, tanto en el espacio latinoamericano como internacional. Se desglosan las variables de este tipo de relación, que tiende a transformarse constantemente de acuerdo con las estructuras sociopolíticas e incluso temporales de la sociedad donde se manifiesta. No solamente se resalta la complejidad teórica y metodológica que encierra el concepto debido a las diferentes maneras de enfocarlo, sino también su difícil tipificación en espacios determinados. Por tratarse de procesos que tienden a expresarse en espacios informales de carácter privado, se optó por emplear el método de la historia oral, basado en entrevistas a las personas cuyas gestiones públicas y privadas han estado directamente relacionadas con las redes políticas operantes a lo largo del proceso constitutivo del barrio. Además de las fuentes orales, se utilizó el periódico El País, de Cali, a fin de caracterizar los contextos urbanos y políticos en las décadas de los sesenta y setenta. Con esta mirada hacia la historia urbana, se buscará definir el impacto de las políticas sobre las redes comunales y sobre la infraestructura del barrio.
Como en toda Latinoamérica, el clientelismo en Colombia ha sido objeto de numerosos debates. Para el contexto colombiano quizá uno de los estudios más característicos en este campo sea el de Francisco Leal y Andrés Dávila Clientelismo, el sistema político y su expresión regional.[1] Como parte de un trabajo exhaustivo del fenómeno, los autores distinguen dos tipos de clientelismo correspondientes a dos procesos históricos específicos: el tradicional, propio de las estructuras políticas del siglo XIX hasta la creación del Frente Nacional, y el modernizado, que operó con recursos estatales y cuya acción se concretó propiamente a través de relaciones sociales ancladas en redes verticales de intercambio de favores.[2]
En esa misma línea, la investigación Estado alterado. Clientelismo, mafias y debilidad institucional en Colombia,[3] de Mauricio García Villegas y Javier Eduardo Revelo, asevera que las relaciones de clientelas trasciende el simple intercambio de favores entre políticos nacionales y locales, pues en realidad se constituye como eje fundamental de las relaciones sociopolíticas de Colombia.
Las aproximaciones teóricas de las obras más representativas para el caso colombiano han partido principalmente de perspectivas antropológicas y sociológicas. Sin ánimo de descartar completamente tales enfoques, el presente trabajo pretende ampliar el espectro analítico en la materia. Para ello se introducirá el concepto de “red”, en aras no sólo de entender la complejidad del fenómeno en todas sus facetas, sino también de estudiar su funcionamiento a nivel microestructural, con la esperanza de explicar el porqué de su fácil inserción y reproducción en el tejido social.
Cuando se trata de caracterizar el clientelismo, múltiples autores arguyen principalmente dos factores macroestructurales como detonantes del fenómeno: la debilidad socioeconómica y la debilidad institucional del estado centralizado. Sin embargo, como bien señala Marisol Tarapues Taimal, contrastar estos enfoques con estudios de campo deja de lado la interrogante de cómo se configura el fenómeno clientelista. El análisis se reduce a las figuras de patrón-cliente, sus acciones y discursos,[4] marginando así en gran parte la figura del mediador en esa relación y el mundo de conexiones superpuestas donde todos se desenvuelven.
Para superar esa problemática, Tarapues propone utilizar los conceptos “redes sociales” y “redes de resolución de problemas” en el marco de la acción política o “redes políticas”. Define el clientelismo en red como “una forma de capital social, en tanto les permite a los individuos el intercambio material y simbólico en una red de relaciones con un grado de institucionalidad. Sin embargo, el capital social se vuelve nulo cuando se disminuye la capacidad de una red de movilizar los recursos del mismo”.[5] El concepto permite una aproximación más asertiva a las dinámicas del clientelismo, ya que actúan como un engranaje regulador de los recursos movilizados, las relaciones de confianza y la movilización social de los individuos insertos en ella. Estos elementos son esenciales, siempre y cuando permitan a los políticos mantener una clientela cooptada y a los ciudadanos tener el acceso a políticas públicas. En ese sentido, el clientelismo se vuelve inteligible cuando es anclado a un enfoque analítico de redes.
Las redes de resolución de problemas deben analizarse en el marco de las relaciones familiares y vecinales; se expresan como resultado de múltiples estrategias de sobrevivencia de grupos excluidos y actúan como una especie de sistema de seguridad social.[6] Autores como Castells[7] las han caracterizado como formas de asociación y de interacción de los actores sociales ligados a la formación de identidades de resistencia, las cuales son “generadas por aquellos actores que se encuentran en posiciones-condiciones devaluadas o estigmatizadas por la lógica de la dominación, por lo que construyen trincheras de resistencia y supervivencia basándose en principios diferentes u opuestos a los que impregnan las instituciones de la sociedad”.[8]
De acuerdo con Auyero, las redes de resolución de problemas se podrían subdividir en “las unidades básicas, la iglesia, referentes políticos (municipalidades) y los planes de ayuda estatal (programas asistencialistas)”;[9] actúan como fuente de recursos de las comunidades, a la vez que reflejan su entramado social. Cuando las redes políticas establecen un enlace con las de resolución de problemas, los mecanismos de ayuda mutua se convierten en reguladores de los recursos públicos o partidistas. En contraste con las redes de resolución de conflictos, las políticas se definen como un entramado de relaciones sociales entre individuos o grupos, en el cual al menos algunos de ellos pertenecen a un grupo político o forman parte de la estructura estatal. Estos miembros de anclaje fungen como mediadores y son los encargados de establecer sus conexiones. Su poder de negociación se desprende de su posición dentro de ellas y de su capacidad para propiciar el flujo de recursos, bienes y servicios hacia una comunidad.[10] Al trabajar por un lado en conjunción con el patrón y formar parte de su red clientelar, pero a la vez como gestor y participante activo de la red de resolución de problemas, el mediador asume un rol legitimador de los procesos de intercambio, creando una representación difusa entre municipalidad y partido político, en cuanto que recombina su gestión comunitaria con un modo de gestión de política pública ligado a una pertenencia política partidaria.
Tomando como base las consideraciones conceptuales expuestas, la reconstrucción histórica del asentamiento Ulpiano Lloreda nos impone realizar una tipificación densa de las redes interactuantes que englobe tanto su genealogía como su funcionamiento, a efecto de dar respuesta a las siguientes interrogantes: ¿cómo surgieron las interacciones para la resolución de problemas? ¿cómo se conectan con la política y hasta qué punto esta interacción propicia la reproducción del clientelismo? ¿cómo se comportan y qué impacto tienen las relaciones clientelistas en las organizaciones barriales o comunales?
La consolidación del asentamiento Ulpiano Lloreda
Las transformaciones que experimentó Cali a lo largo del siglo XX fueron profundas y complejas. A raíz de un flujo migratorio importante hacia la ciudad en la década de los cincuenta, el cual ocupó gran parte de las zonas habitables, se consolidó en los sesenta y setenta un movimiento urbanístico cuyo objetivo era la expansión hacia el oriente. Durante este periodo se presentaron invasiones masivas de todo tipo de terrenos, dando lugar a fuertes conflictos con la fuerza pública.[11] Parte de la solución pasó por un modelo de adjudicación de terrenos de carácter privado que fue en apoyado por organismos estatales como la Corporación Autónoma del Valle del Cauca (CVC).[12] Una vez concluido el proyecto Aguablanca en 1961, la CVC incentivó a muchas cooperativas privadas de vivienda a crear urbanizaciones de carácter popular, como lo demuestra su informe de la gestión 1955-1967: “La Central Provivienda de Colombia, a las cuales la CVC les prestó apoyo; cooperativas que por la baja cuota inicial y fácil amortización, hicieron barrios como Alfonso López Pumarejo, Siete de Agosto”.[13] Entre éstos se contaba el barrio Ulpiano Lloreda.
Cooperativas como La Central Provivienda de Colombia cumplieron un rol de intermediarios entre los propietarios y los aspirantes a aquellas tierras pues, ante la inminente ocupación de éstas, constituyeron un medio “concertado” para evitar la proliferación incontrolada de invasiones carentes de servicios. No obstante, la promesa de entregar los lotes provistos de los servicios sanitarios básicos fue incumplida en la mayoría de las urbanizaciones. Así lo expresa Pedro González, morador de la sexta etapa de Alfonso López, quien recuerda que la cooperativa de vivienda ofreció entregar la urbanización con alcantarillado, acueducto y energía eléctrica, “pero resulta que ellos no nos cumplieron a nosotros con eso [...] y solamente instalaron unos tanques de agua en las esquinas”.[14]
Situación similar atestigua Nelson Villada respecto de las condiciones iniciales del barrio:
[La situación fue] dura, difícil, porque hay que entender dos cosas primero. La necesidad de vivienda hacía que las personas se vincularan a organizaciones que promovían vivienda, pero para ese momento no existía una reglamentación muy clara en el municipio de Cali, que forzara a que los urbanizadores entregaran los lotes dotados de servicios públicos; no, el urbanizador simple y llanamente entregaba el lote, con unas calles abiertas, pero no había ni alcantarillado, no había servicio de agua, no había servicio de energía. Pero era tal la necesidad, que la gente quería su lote de terreno para poder tener su vivienda propia, entonces qué ocurría, eso obligaba necesariamente a que las personas se asociaran por cuadras. En el caso de nosotros, por ejemplo, mi papá se asoció con los vecinos.[15]
Quedan así planteadas las razones estructurales detrás de la genealogía de las redes de resolución de problemas. Un proceso en el cual el primer paso que tuvo que dar la comunidad fue aceptar que no contaban con recursos estatales ni privados para adecuar el barrio y satisfacer sus necesidades básicas. Como consecuencia, reconocieron la necesidad de asociarse entre sí como medio de afrontar el abandono del que los hacía objeto un Estado incapaz de penetrar directamente en esos sectores. Estas redes comunales tipificadas por Castells y Auyero son las que encontramos en abundancia en el proceso constitutivo del asentamiento Ulpiano Lloreda.
Lo dicho hasta aquí supone que la constante interacción de los vecinos, suscitada por una problemática común, propendió a la creación de redes que en un principio lograron satisfacer las necesidades de la comunidad:
Para poder traer la energía del barrio Siete de Agosto, cada uno colocaba una plata para comprar alambre de cobre, pero como organización propiamente dicha, no existía organización. Ahí era el que más hablara y el que más empujara, pero no había ni presidente, ni secretario ni nada de esta serie de cosas, eran simple y llanamente comités de trabajo y se hacía la minga los fines de semana, porque los padres trabajaban entonces. ¿Se hacía la minga los fines de semana para qué? Para abrir los huecos donde se iban a colocar los postes para hacer el tendido, y el que sabía de electricidad entonces era el que hacía la cruceta para colocar el alambre, etc., etc. pero organización propiamente comunitaria no existía, es más, ante la necesidad que existía, los comités se integraron. Un comité iba y conversaba con otro vecino para pedirle a las empresas municipales de Cali que instalaran las pilas de agua, entonces en el barrio Ulpiano Lloreda se instalaron tres pilas.[16]
Estas organizaciones en su mayoría se constituyeron por cuadras, debido a lo cual los mecanismos o formas de resistencia varían entre ellos. Pedro González, aprovechando sus conocimientos de electricista de Empresas Municipales de Cali (Emcali), lideró la “traída” de la luz a su sector: “Fíjese que yo traje la luz con un cable de alambre de púa, una sola línea desde el barrio Lleras. La traje hasta aquí y aquí puse dos bombillitos y el vecino me dijo: don Pedro, por qué no me regala luz para un bombillo, y yo dije que sí, yo le di para uno o dos bombillos, le dije que tenía que comprar sal para estarle echando a esta varilla y con una línea de púa para que no me la fueran a robar”.[17]
Quizás el proyecto más ambicioso que requirió la asociación de todas las redes del barrio fue la construcción del alcantarillado rudimentario, de vital importancia para ellos y que, sólo a través de un esfuerzo conjunto, se logró culminar de manera exitosa, como lo describe Pedro González:
Pues el primer alcantarillado que se hizo fue por las calles más que todo, por las carreras,[18] y nosotros teníamos que abrirle chamba [zanja] por donde pudiéramos para desaguarlo, y si se llenaba mucho le abríamos chamba en la carrera 22 [...] La comunidad hacía la chamba para desaguar esto, porque esta vaina [barrio] se inundaba. Ya después se instalaron en las carreras una tubería muy grande y eso nos ayudó bastante, porque nosotros tuvimos tres inundaciones aquí, pero terribles, terribles, del 67 al 72, yo teniendo carro encontraba aquí, la panela, el azúcar, los frijoles y las lentejas, todo aquí en la sala.[19]
La creciente alianza de redes en el barrio no sólo se centró en satisfacer los servicios más urgentes, sino también en proteger a las familias más pobres, asegurándoles el abasto de alimentos:
Como le digo: las personas, los hombres se asociaban para hacer la minga y posteriormente las mujeres también se asociaban, ¿sabe para qué?, para compartir muchas veces el alimento. Es que la gente era muy pobre entonces, en muchas casas se escaseaba, entonces se pasaba un poquito de comida donde un vecino que estaba corto de dinero, que no tenía cómo hacer el mercado. Porque la gente allí dependía de la construcción y usted sabe que no es un trabajo fijo.[20]
Se ha resaltado hasta aquí la importancia de las estrategias de sobrevivencia en el marco constitutivo del asentamiento, así como de la transferencia de recursos vitales para su consolidación exitosa. Las interacciones entre las redes permitirán apreciar si esas estrategias representan efectivamente la puerta de entrada a recursos estatales y, por lo tanto, a la inserción con los políticos institucionales dentro de la comunidad.
Entretejiendo las redes
Con la institucionalización del asentamiento Ulpiano Lloreda a través de la Junta de Acción Comunal (JAC), las redes políticas locales cooptan a las de resolución de problemas, introduciendo sus prácticas dentro de las organizaciones. Como bien lo expresa Sarria: “Después de que ya se fundó la Junta de Acción Comunal y obtuvo la personería jurídica, ya empezó también a funcionar la política”.[21] Esto no significó que desaparecieran sus organismos estratégicos dentro de la comunidad, sino que fueron canalizados y continuaron cumpliendo sus funciones a través de la Junta Comunal en forma de comités de deportes, salud, trabajo y social: “Comité social, pues como lo dice, tenía que hacer actividades para tener un fondo y ver las necesidades de la gente de economía muy colgada. Comité social sobre todo trabajaba porque los servicios públicos estaban muy caros, entonces mandaban una comisión allá [a las instancias gubernamentales]”.[22] Se reafirma así que el comité de trabajo y/o social retuvo sus objetivos primigenios de resistencia, pero también se entrevé que con la institucionalización sus funciones se extendieron a tal punto que pasó a gestionar quejas y peticiones ante los políticos y organismos correspondientes. De tal manera, estos comités se constituyeron, como lo expresa Auyero, en “avenidas de acceso a recursos estatales”, puesto que las redes políticas insertas dentro del aparato estatal local determinaban la transferencia de recursos a la comunidad por medio del único medio válido en ese momento: las Juntas de Acción Comunal.
La cooptación de votos
Para desentrañar la compleja estructura de la red en los barrios, es imperativo remitirse a la figura del intermediario planteada por Trotta[23] y Auyero, que en el caso particular del barrio Ulpiano Lloreda es representada por los habitantes Leonel Sarria y Pedro González, cuyo desempeño político empezó como empleados de Emcali:
Yo estaba recién salido de Emcali, entonces tenía la mayoría de mis amistades ingenieros inspectores de obra, entonces yo entraba como Pedro por su casa a hablar con uno y con otro. Eso me ayudó a mí fundamentalmente. Yo fui a Emcali y vi esos proyectos, yo hablé con el gerente y me aprobaron hacer solamente el alcantarillado sanitario y que de una vez alcanzara a recoger las aguas sanitarias y las aguas lluvias.[24]
Apelando a sus posiciones de poder y capital social dentro de Emcali, Sarria y González lograron movilizar recursos significativos para la comunidad: “La Junta de Acción Comunal buscaba la forma que yo como trabajador en las empresas hiciera diligencias, para la cuestión de la luz [...] Eso hacía yo, una petición, una cartica para empresas municipales”.[25]
Aunque dichos contactos en Emcali sirvieron como respaldo a los proyectos, también es notable hasta qué punto las entidades municipales estaban conscientes de la efectividad de las redes comunitarias, cuando al compromiso de efectuar el alcantarillado agregaron como condición que la población del asentamiento lo financiara en parte, por medio de un recargo en las facturas de servicios. Para enfrentar este reto, organizaron los “comités cívicos pro-alcantarillado”:
Yo apoyé para que hiciéramos los comités del alcantarillado. Entonces cada manzana o cada cuadra hizo un comité y esos comités fueron los que recibieron a los consejales de Emcali [...] entonces se empezó a ahorrar porque había que pagar. En aquel tiempo esos comités y la junta convinieron cómo iban a pagar eso. Entonces, por ejemplo, me tocó dar 100 mil pesos de cuota inicial y creo que casi todo mundo dio 100 mil pesos. Entonces empezaron a construir el alcantarillado y después de que lo terminaron, los saldos nos los iban cobrando en los recibos del servicio público. Eso pusieron un acuerdo como a cinco años para pagar. Pero lo más, lo más duro fueron los 100 mil pesos de cuota inicial que hubo que pagar.[26]
Según Sarria, la gran incursión de los políticos en el barrio vino después de haberse realizado la obra del alcantarillado, requisito indispensable para llevar a cabo la pavimentación. Los mismos comités pro-alcantarillado gestionaron la pavimentación de su respectiva cuadra, pero en esta obra el factor decisivo fue el contacto con los políticos. Para el caso Sarria, fue la consejal Clementina Vélez la responsable de movilizar los recursos en contraprestación por votos:
Entonces lo primero que hizo fue pavimentar ese frente de allá, claro que ese fue presupuestado en nueve o diez millones, eso no le daban la plata a ella, sino que viene la maquinaria, cajea y luego retira todos esos sobrantes. Pero entonces ella sacó eso rápido, porque eso me había dado largas a mí [...] entonces ella sí hizo muchas obras, empezando porque esa obra también beneficiaba al Ulpiano Lloreda. Entonces ella me decía: vea, don Leonel, vamos a pavimentar tal parte, hable con la gente y dígales que yo les voy a hacer ese pavimento. Entonces yo hablaba todo eso, ya había una especie, un compromiso con ella y por lo regular la gente cuando les hacen una obrita votan, aunque sea una vez [...] Ella empezó pues a colaborarme con obras, entonces consecutivamente he seguido trabajando con ella y ya llevo como veinte años con ella [...] Y a ella personalmente la hemos apoyado varias veces para el consejo, una vez la apoyamos para la cámara y apoyamos al consejo al hermano de ella, al doctor Jorge Hernán Vélez.[27]
El pacto clientelista entre los mediadores y la concejala Clementina Vélez se resumía en el intercambio de votos por obras, las cuales se llevaban a cabo en las calles de los comités pro-pavimentación que la habían apoyado. Esta práctica denota nuevamente la cooptación de las redes comunales con fines políticos, pues estos comités, en vez de trabajar en el financiamiento de las obras, se concentraron en negociar, por medio del intermediario, la construcción de sus respectivas cuadras. El atractivo residía en el ahorro del costo de la obra, que a final de cuentas ni siquiera era asumido por el líder de la red clientelista, sino por el propio Estado.
Elecciones y estructura de la red de Clementina Vélez
Aunque el principal trabajo de los líderes de barrio fue captar los votos, su tarea se extendió a fomentar y asegurarse que los votantes cumplieran con el compromiso: “Yo por ejemplo me encargaba de mover, de incentivar, de motivar a la gente para que vaya y salga a votar [...] a mí me pagaban 100 mil pesos el día de las votaciones para traer los votos de aquí mismo del barrio y de por allá. La gente que no pueden caminar y pues todo eso”.[28] Por medio de este modus operandi, el político podía captar aproximadamente veinte votos por red, que, multiplicado por los cincuenta líderes o intermediarios en el barrio, le representó a Clementina Vélez unos mil votos. Este sistema también lo utilizaron otros políticos que llegaban a ciertos sectores del barrio: “No vamos a decir que porque ella nos pavimentó esta cuadra todo el barrio va a votar por ella, sino los que se beneficiaron con la obra. Entonces aquí vino gente de todos los colores e hizo obras y eso aprovechó bastante para el barrio”.[29]
Según Leonel Sarria, la incursión de otros políticos en el barrio no representaba un conflicto de interés con su red, en tanto que primaba el bienestar de la comunidad. En la medida en que se pudieran lograr los objetivos por cuadra, no interesaba qué político lo hiciera, lo cual indica un pacto implícito entre los líderes de la comunidad que se analizará más adelante. Fue así como Vélez consiguió armar el entramado de redes políticas mediante el cual captó gran cantidad de votos y cuya mecánica se explica en el gráfico 1. En vista de la poca interacción entre las diferentes instancias de la red, adquirió preponderancia la posición de Vélez como eje articulador de los recursos que fluían de arriba hacia abajo. Por otro lado, entre los líderes o intermediarios se evidenció también una escasa interacción, debido en gran medida a que las redes constituidas por ellos eran de carácter personalista (células que no interactuaban horizontalmente). El talante del líder se medía por su capacidad de captación de votos, así que una mayor interacción entre ellos implicaba compartir los recursos y el reconocimiento provenientes de arriba.
Gráfico 1. Redes políticas articuladas por Clementina Vélez
Fuente: tomado de Johan Sebastián Villada González, “Redes políticas y clientelismo político en el barrio Ulpiano Lloreda,1966-1991”, tesis, Universidad del Valle-Facultad de Humanidades-Departamento de Historia, Cali, 2010, p. 106.
Convergencia de las redes políticas
Dada la convergencia de múltiples redes clientelistas, cabe pensar que se desataría una competencia entre ellas por los votos. Pero en el caso del barrio Ulpiano Lloreda, los líderes establecieron una especie de acuerdo que permitió su convivencia en pro del mejoramiento del barrio:
Claro que soy consciente que las juntas con las cuales yo he trabajado las componen gente de diferentes matices políticos, pero entonces yo como presidente, por ejemplo, afirmaba que si usted tiene un líder político que nos ayude aquí, pues que sí, qué político tiene usted, conservador y nos va ayudar, el doctor tales, tráigalo; yo soy liberal pero tráigalo, porque [lo que] necesitamos es que vengan las obras al barrio. Usted tiene un líder político, si va a traer obritas al barrio, tráigalo, vamos a acabar con la cuestión que porque un tipo trae un conservador y va a traer una obra, entonces no la va a poder traer al barrio. Vamos a trabajar en beneficio de la comunidad, el que nos traiga obras aquí, sea quien sea, bien recibido debe ser. Entonces yo sembré la semilla y eso siguió y no se volvió a ver rencillas de ninguna índole [...] entonces esa es más o menos la técnica que se usa.[30]
Pedro González agrega que la participación de las redes políticas fue bastante ecléctica:
Era entre todos aquí, doña Yolanda era conservadora, don Humberto liberal, yo soy liberal, la otra cuadra había otras personas que eran conservadoras, yo iba allá y estuve con ellos. Ya comprometidos decían [los políticos]: si ustedes me colaboran, yo también les colaboro a ustedes. Así que Julián Henao nos colaboró a nosotros mucho en el pavimento, porque Julián Henao era el secretario de obras públicas del municipio y él tenía toda la olla cogida por el mango: Clementina, Rodrigo Lloreda, Luis Arcila [principales políticos de la época].[31]
Gráfico 2. Convergencia de redes clientelistas a través de la JAC
Fuente: tomado de Johan Sebastián Villada González, “Redes políticas y clientelismo político en el barrio Ulpiano Lloreda,1966-1991”, tesis, Universidad del Valle, Facultad de Humanidades, Departamento de Historia, Cali, 2010, p. 110.
El gráfico 2 ilustra las redes clientelistas existentes en el barrio. En la parte superior vemos a los políticos que han intervenido activamente. Su conexión con la JAC se establece a través de sus respectivas redes. En el nivel de los comités (usualmente presididos por líderes de las redes políticas de diferentes vertientes), se puede apreciar una interacción importante, la cual hace alusión al acuerdo entre los intermediarios de las redes clientelistas. Estos acuerdos de líderes van desde compartir la logística para la realización de eventos, hasta unirse para afrontar dificultades con los contratistas. La unión alrededor de la JAC le ha reportado al barrio múltiples beneficios, tanto en lo tocante a infraestructura como a los auxilios otorgados a la junta y a las redes secundarias no comprometidas (organizaciones barriales, grupos de la tercera edad, etcétera). Sin embargo, en el nivel secundario se revela con claridad una gran apatía ideológica entre la base electoral, lo que permite una intervención fuerte y coordinada de estas redes, que se traduce en la canalización de recursos al barrio.
De acuerdo con los diferentes procesos de consolidación del asentamiento Ulpiano Lloreda, las redes de resolución de problemas cobraron diversos roles a la hora de moldear las interacciones sociales de la comunidad con diferentes organismos privados y estatales. En una primera instancia actuaron como organismos cohesionadores del entramado social, a la vez que como mecanismos de seguridad social que, frente al evidente abandono estatal, atendieron las necesidades básicas de la comunidad.
La primera metamorfosis de las redes de resolución de problemas tiene lugar con su institucionalización a través de las JAC, las cuales entablan contacto con las redes políticas insertas en las instancias estatales locales. En este momento los líderes y gestores cumplieron un papel significativo, en tanto que fueron los encargados de establecer esa conexión. Su rol dual como gestor político y comunitario legitimó el intercambio de recursos y estableció una estructura coercitiva tendiente a hacer creer al ciudadano que la única vía de acceso a los recursos estatales pasaba necesariamente por su inserción en una red clientelista.
La relación entre esas redes y la comunidad iniciada en la década de los sesenta se prolongaría hasta entrados los ochenta, cuando un aumento en los recursos públicos suscitó su renovación en el asentamiento y lograron afianzarse de manera exitosa. La clave de su buena aceptación radicó en su sólida estructura, capaz de movilizar recursos abundantes a sus bases.
A modo de conclusión, se podría tipificar la red donde participaron Leonel Sarria y Clementina Vélez de la siguiente manera: el cumplimiento del pacto clientelista entre los políticos-mediadores-clientes es fundamental para el crecimiento y fortalecimiento de la red política. El flujo recíproco de recursos dentro de la red es vital para su funcionamiento e igualmente esencial para la base (obras y beneficios para el barrio), el mediador (beneficios personales) y los políticos en su cúspide (apoyo electoral, traducido en votos).
Postulación | Diciembre de 2019
Aceptación | Noviembre de 2019
* Goethe Universität, Fráncfort del Meno, Alemania.
[1] Francisco Leal Buitrago y Andrés Dávila Ladrón de Guevara, Clientelismo. El sistema político y su expresión regional, 2ª ed., Bogotá / Caracas / Quito, Tercer Mundo Editores, 1991.
[2] Marisol Tarapues Taimal, “Las redes clientelistas en los márgenes del Estado”, El Ágora USB. Revista de Ciencias Sociales, vol. 12, núm. 2, Medellín, julio-diciembre 2012, pp. 403-419.
[3] Mauricio García Villegas y Javier Eduardo Revelo Rebolledo. Estado alterado. Clientelismo, mafias y debilidad institucional en Colombia, Bogotá, Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad-Dejusticia, 2010.
[4] Marisol Tarapues Taimal, op. cit., p. 409.
[6] Ibidem, p. 414.
[7] Manuel Castells, La era de la información: economía, sociedad y cultura. El poder de la identidad, vol. II, 3ª ed., trad. de Carmen Martínez Gimeno, Buenos Aires, Siglo XXI, 2001.
[9] Javier Auyero, La política de los pobres: las prácticas clientelistas del peronismo, Buenos Aires, Ediciones Manantial, 2001.
[10] Marisol Tarapues Taimal, op. cit., p. 415.
[11] Véase “Se investiga en Cali la apertura de urbanizaciones clandestinas”, El País, Cali, 9 de septiembre de 1963, p. 9; “Fue creado comité coordinador contra urbanizaciones piratas”, El País, Cali, 8 de mayo de 1971, p. 7, disponibles en el Centro de consulta del diario El País, Cali, Colombia.
[12] Organismo encargado de la administración pública y la protección de los recursos ambientales. A lo largo de su existencia impulsó proyectos hidroeléctricos, y ejecutó el de Aguablanca, destinado a contener las aguas del río Cauca y, por consiguiente, habilitar una zona de 5 600 hectáreas en el oriente de la ciudad.
[13] Edgar Vásquez Benítez, Historia de Cali en el siglo 20. Sociedad, economía, cultura y espacio, Cali, Universidad del Valle/Secretaría de Cultura y Turismo, 2001, p. 275; “Decretado auxilio para La Central Provivienda”, El País, Cali, 19 de noviembre de 1963, p. 5.
[14] Entrevista a Pedro González, realizada por Johan Sebastián Villada en Santiago de Cali el 19 de abril de 2010, p. 18, Archivo de Historia Oral de la Universidad del Valle.
[15] Entrevista a Nelson Aníbal Villada Trejos, realizada por Johan Sebastián Villada en Santiago de Cali el 6 de octubre de 2007, p. 20, Archivo de Historia Oral de la Universidad del Valle; “Agua y alcantarillado, clamor de un barrio”, El País, Cali, 27 de octubre de 1971, p. 12.
[17] Entrevista a Pedro González..., p. 23.
[18] Se da este nombre a las calles en dirección norte-sur.
[19] Entrevista a Pedro González..., p. 22.
[20] Entrevista a Nelson Villada..., p. 21.
[21] Entrevista a Leonel Sarria, realizada por Johan Sebastián Villada en Santiago de Cali el 22 de febrero de 2010, p. 24, Archivo de Historia Oral de la Universidad del Valle.
[23] Véase Ana Alicia Delgado, “Clientelismo político (según Trotta)” Montevideo, 2005. Disponible en: https://es.scribd.com/document/157142576/CLIENTELISMO-POLITICO (consultado el 27 de febrero de 2020); Miguel E. V. Trotta, La metamorfosis del clientelismo político. Contribución para el análisis institucional, Buenos Aires, Espacio Editorial, 2003.
[24] Entrevista a Leonel Sarria..., p. 29.
[25] Entrevista a Pedro González..., p. 26.
[26] Entrevista a Leonel Sarria..., p. 31.
[30] Entrevista a Leonel Sarria..., p. 43.
[31] Entrevista a Pedro González..., p. 27.

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