Source: http://fxsiinmemoriam.blogspot.mx/2015/09/
Timestamp: 2018-01-17 23:53:18+00:00

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A la memoria de FxsI: septiembre 2015
Cómo hablar de Dios...
Esta nota, reciente, responde a una pregunta muy concreta, misma con que la titulo. Originalmente escrita como correspondencia particular, no veo por qué no darla a la luz pública, pues pienso pueda serlo de alguna utilidad. ¿Cómo hablar de Dios a los 'niños de la calle'?
Te escribo, N.N, en familia, por intentar una respuesta a la pregunta que de una amiga tuya me transmites. Me dices, en efecto, que 'una gente querida que trabaja con Niños de la Calle, te pide ayudarle a preparar una catequesis. De dónde partir para anunciar a Dios si no puede ser como Padre y Madre'.
Y, como es costumbre, quiero empezar por precisar algún uso de los términos, por deslindar el planteo de la cuestión: Ante todo, distinguir entre 'anunciar a Dios' y 'catequizar':
1. Entiendo el 'anunciar a Dios' tuyo como 'evangelización': dar la buena noticia a quien la necesita, formule o no formule verbalmente la pregunta. Y creo que no siempre es buena noticia el anunciar o el informar de Dios: Juzgo, por el contrario, que, en muchos casos, la buena noticia será precisamente la contraria: el no anunciarlo o, si vale decirlo así, el 'desinformar' acerca de él:
La cultura galilea parece haber sido muy religiosa en tiempos de Jesús (como quizá lo sea hoy la de esos 'niños de la calle', y como lo era sin duda la misma de Jesús). Y tal vez por ello frecuentemente Jesús habló de Dios, o aun le habló a él. Pero no siempre hizo lo mismo:
Claros casos son, a como los relatan los textos evangélicos, los de su trato con un romano y con una cananea, y, en momentos cruciales, con el procurador Poncio Pilato:
El primero de ellos lo narran Mateo, Lucas y Juan, y ni uno de los tres menciona a Dios: Un hombre tiene un problema, y acude a Jesús pidiendo ayuda. Jesús le dice que ya su hijo sanó, y el capitán le cree y se retira, alegre. No recibió un 'anuncio' referente a Dios, sino la buena noticia que deseaba.
El segundo, referido por Marcos y Mateo, es del todo paralelo: La mujer busca en Jesús curación para su hija; aun humillada, insiste, y él le repite lo mismo: que su hija ya sanó. No recibió un 'anuncio' referente a Dios, sino la buena noticia que deseaba.
El tercer caso Juan lo relata con lujo de detalles. Entre ellos, ni en palabras del uno ni del otro es mencionado Dios (a no ser, quizá, al cuestionar Jesús el poder de quien se acaba de afirmar dueño absoluto de Jesús (Jn 19:10-11).., razón quizá por la que Pilato ya no se esforzó demasiado por dejarlo en vida y libertad).
Parece, pues, claro que, al menos para Jesús, 'dar buenas noticias a los pobres' no significó necesariamente hablarles de Dios... Pero, ¿qué, cuando se trataba de su pueblo?
Es obvio que su conflicto fue con ese pueblo (excepto quizá, relativamente, con un pequeño 'resto' de él), y tanto más lo fue con aquéllos de ese pueblo que más sabían de Dios: escribas, fariseos, sacerdotes...
Por milenaria tradición, para ese pueblo creyente (o por lo menos, crédulo), parecía esencial se le hablara de Dios..; pero no precisamente para anunciarlo (al menos desde Moisés ya era anunciado, con antecedentes de Abraham, Isaac y Jacob); sino, más bien, lo que urgía era 'se le desinformara' acerca de él:
El pueblo era, como todo 'pueblo', fundamentalmente un pueblo que sufría; incluídos en él leprosos, ciegos, hambrientos, paralíticos, tullidos, y otros (tipificados algunos en Magdalena, Zaqueo, Leví, Nicodemo, Samaritana, y aun los 'Doce' (alguno con suegra y otros con papá y mamá); y todavía otros más, como unos novios en apuros o una madre cuyo hijo acaba de morir...
En común tienen todos ellos su insatisfacción o percepción de necesidades más o menos perentorias.., y lo que Jesús les anuncia es que ellas tienen solución. Y no es raro que al hacerlo hable de Dios... Pero, ¿¡de qué Dios!?
De uno identificable descriptiva o narrativamente por algunos de sus más patentes rasgos (el que está en el cielo, el que hace salir el sol, el que nos libró de Egipto, el que dio la ley a Moisés, etcétera); pero del cual niega Jesús, con sus hechos y palabras, un buen número de 'atributos' (es decir, de cosas que se le atribuyen comúnmente):
Es un Dios, en efecto, que no se preocupa demasiado de que las leyes sean cumplidas, ni mucho menos de castigar a quien no las cumpla; un Dios que antepone siempre sobre cualquier valor al hombre, a todo hombre: su vida, su esperanza, su dignidad, su libertad...
Juan resume esto diciendo que no hay otro Dios que amar, y Pablo en Atenas ensaya hablar del venerado como 'Desconocido', y canta, desde su incipiente teología judeo-romana, al amor... Pero todo esto es posterior, y pertenece más a la catequesis que a la evangelización.
Jesús mismo también es catequista, no sólo con su 'Doce', pero principalmente para ellos. Como, ambas cosas, lo son ellos también, como los presenta Lucas al narrarnos sus 'Hazañas', y se ve por las 'cartas' que a algunos de ellos tradicionalmente se atribuyen.
Porque Jesús, como después 'los doce' y los escritores de las cartas, no trataban sólo de dar buenas noticias (aunque generalmente lo hacían, según sus diversas mentalidades y culturas); sino también, y muy principalmente, de ver de apoyar al grupo naciente y creciente: a esa iglesia 'apostólica', portadora, ella sí, de buenas noticias para todos.
No es, me parece obvio, la finalidad de la evangelización el incorporar gentes a la iglesia, sino el aliviar a la sufriente humanidad; pero, para ello, es bueno que siga referida a su maestro, y que, por tanto, en alguna manera sepa de él.
Y, si para ello le ayuda conservar signos y rituales, ¡bien hayan ellos..! Pero, si no, ¿qué sentido tienen?
En todo caso, no creo que sea recta catequesis la de hacer aprender de memoria el símbolo nicenoconstantinopolitano
("nuestra fe se ha nicenoconstantinopolizado,
¿quién la puede desnicenoconstantinopolizar?
–El desnicenoconstantinopolizador
que la desnicenoconstantinopolizare
buen desnicenoconstantinopolizador será");
como ni tampoco el seguir malrepitiendo enseñanzas agustinianas o tomistas..; pero ni siquiera teilhardianas, rahnerianas, delubacanas o ratzingerianas. ¿Qué entendería de todo este párrafo un 'niño de la calle'?
Y, tras este cuasipreámbulo, quiero ir llegando al punto preguntado, por no correr el riesgo de no pasar de sólo un preámbulo..:
Empezaré por preguntarme esto: ¿qué necesita el 'niño de la calle'?: ¿Qué le urge a él sentir, saber o comprender?, ¿qué siente, sabe o piensa, que le destruye o estorba dignidad, libertad, humanidad..? ¿Qué duda, sospecha, intuye, ha oído, medio se cree y medio no se cree?
Para quien esté cerca de él, creo no será muy difícil saberlo (o intuirlo, sospecharlo); dado por obvio que 'estar cerca de él' es ante todo quererlo (lo cual supone quererlo tal como es).
El 'niño de la calle', pienso yo, es una casi frustrada posibilidad de llegar a ser persona..; pero lo es, muy en primer lugar, por percibirse así a sí mismo:
No quiero decir que sea ése el origen primero temporal de sus deficiencias o carencias, pues las actuales vienen creciendo desde que un espermatozoide y un óvulo se unieron en alguna trompa de Falopio: Me refiero, sí, a la raíz, principio y fundamento de la condición sufriente del 'niño de la calle':
Creo que el 'niño de la calle' sufre y se frustra por estar en alguna manera persuadido de que es simple basura, condenada a medio subsistir: de que no vale nada, no merece nada, no es digno de nada..; persuasión que se siente agudizada si se le añade la de que en alguna manera tiene culpa en ella.
A quien está cerca del niño, esta persuasión última parece estúpida del todo; pero no siempre así al niño, a quien, tratado frecuentemente como contaminante cucaracha, se le hace introyectar esa persuasión, y se le confirma diariamente.., a veces, aun por quien trata de 'ayudarlo':
No es 'ayuda' lo que el niño necesita: lo primero es que sepa que él no tiene la culpa. Y esto no se le puede hacer saber a base de charlas o de prédicas: Le voy más al atajo andado por Jesús para adentrarse al chaparrito de la higuera: "¡Invítame a comer!"
Para mí, dar la buena noticia va por ese rumbo..:
Que sienta el niño que, por muy basura que se crea, hay alguien tan creyente en él que le pide que le comparta el alimento: alguien que no se asquea de lo que el niño come, ni de cómo lo consigue, dónde y con quién lo come, o en qué forma...
Pienso yo que esta experiencia repetida hace al menos sospechar al niño que no es él mera basura; o, por lo menos, que está con él alguien que es tan basura como él.., con lo que al menos sospechará que, si es basura, no es la única basura (y que, si es malo, por lo menos tiene un cómplice).
Tarde o temprano, en una cultura con resabios religiosos, la sospecha colidirá con otras aprehensiones, que no la dejarán matar la duda para esplender en su verdad (la que nos hace libres); y, compartiendo la comida (como Jesús en Jericó, en Jerusalén o en Emaús), es más fácil consolidar y bruñir un poco esa verdad:
Podrá tal vez pedirse al niño que narre algo de su infancia, o decírsele que ya uno la imagina (por que la evoque siquiera para sí): no para mostrarle lástima por ella, sino para, en la forma que el espíritu sugiera (ya dijo Jesús que él nos asesoraría en los tribunales, y no hay tribunal alguno supremo al que es un niño), darle a sentir que, al menos para mí, el no es culpable...
¿Para esto hará falta hacer alguna referencia a Dios..? No será remoto que la haga (aunque no siempre necesario u oportuno), porque no será raro que el niño fantasee que Dios también lo culpa a él.
No creo que la misión del evangelizador sea la de mantener la idolatría, perenne germen y abono ubérrimo de las esclavitudes; ni creo ser iconoclasta si niego que valga más conservar una imagen o idea falsa de Dios "para purificarla poco a poco", que destruirla de un hachazo:
Nuestro Dios, se dice él dijo de sí mismo, es celoso, y no tolera compartir con otros dioses, y aun el Vaticano II atribuye a los cristianos el ateísmo en incremento, por opacar en vez de transparentar la concepción de Dios:
Temo que quien apoyara la esperanza de un niño en un dios que lo atormenta en vez de hacerlo sonreír, habría de tener por dichos para sí párrafos consignados en Mateo como reproches –o bravatas– contra los fariseos, y que haría mejor si se echara al mar, molar al cuello.
Si el niño comparte conmigo su comida de hambre –o, si no conmigo, con quien sea–, ese niño ama; y, si ama, conoce a Dios, aunque no sepa que lo conoce (cosa que más suele ser que próvida, supervacánea, o aun nociva).
Y de allí se sigue todo lo demás...
Y concluyo, resumiendo:
Catequizar al 'niño de la calle' no tiene sentido, al menos en tanto que no haya hecho sangre suya la buena noticia recibida, y le nazca transmitirla a los demás.
Comunicarle ésta será evangelizarlo; y el arte de evangelizar no estriba en saber decir bonitos parlamentos de Dios (Papá o Mamá), sino en propiciar que el evangelizando ame, para que así, sin más, conozca a Dios.
Quien ama se halla a sí mismo, y, en sí mismo, halla su verdad, y, así, su libertad, su dignidad, su dignidad... germinal siempre, provisional, parcial, como que humana habrá siempre de ser.
Es obvio que esto supone la indeleznable convicción de que el niño de la calle es 'autorredimible': que tiene en sí, como todo homínido, lo necesario para humanizarse, para irse haciendo más humano.., convicción que inspiró a Jesús desde el Jordán hasta la Calavera, y a la que la teología cristiana latina llama, desde siglos, el Espíritu de Dios.
Nota: Si no logro que me invite a comer el 'niño de la calle', ganancia en ningún modo nugatoria nos será acompañarlo y gozar juntos si trata de panzabajear a una panzarribada cucaracha..; pues, a fin de cuentas, su auténtico éxito en la tarea de hacerse humano no dependerá sino de lo que haya hecho en favor o disfavor de a quien perciba como 'más pequeño' que él..; con lo que yo seré, por él, también humano: Me recibirá él, en efecto, en las 'moradas eternas', redimidos ambos por una cucaracha panzarriba.
Nota: Artículo extraído del blog "Escritos que hoy quiero compartir", fechado al 31 de Agosto del 2005.
Tristezas de primavera
El texto que sigue no es antiguo: es de hoy, por no mejor decir que de mañana. Desearía, con todo, que no llegara a serlo...Tristezas de primavera
Hermosillo, Son., 3 de abril de 2005
1. Acabamos apenas de celebrar la fiesta de la Pascua: la de la dignidad y libertad humana. El origen de esta fiesta de la comunidad cristiana se remonta a la persuasión de los amigos de Jesús de Nazareth, que creyeron que él estaba vivo, no obstante que sabían que murió crucificado. Esto se sigue celebrando en el mundo cristiano, y en nuestra patria sigue habiendo 'vacaciones de semana santa' (como quiera que cada mexicano entienda factualmente lo de "santa").
No puedo dejar de tener presente que la causa de la muerte de Jesús puede reducirse a una frase suya, consignada por quienes escribieron de su vida, en que él expresa la intimidad de su consciencia: "El sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado (Mc 02:27)". La persuasión de sus amigos, pues, fue la de que más que por conservar su vida biológica, el ser humano vale por anteponer la causa del hombre a la causa de la ley (llamada también 'estado de derecho').
En este contexto, no puedo sino expresar mi tristeza por dos noticias diferentes recibidas la semana próxima pasada. Me afectan ambas, no sólo por humano, sino también por mexicano y por cristiano (y esto, en particular, como católico): la resolución de la Comisión Instructora de la Diputación de la República acerca del posible desafuero de Andrés Manuel López Obrador, y la muerte de Juan Pablo II, obispo de Roma y, como tal, sucesor histórico de Pedro (uno de aquellos amigos de Jesús, reconocido por ellos, a la muerte de Jesús, como líder del grupo que él formara). Las dos noticias, curiosamente, coinciden en tener relación con una sucesión para un servicio público.
Antes de desglosar mi sentimiento, subrayo que lo he llamado precisamente de 'tristeza', que no significa lo mismo que 'preocupación', ni mucho menos que 'angustia' o que 'desesperanza'.
Y expreso, por partes, mi información a ambos respectos, así como mis motivos de tristezas: en la primera, puedo estar equivocado; no radicalmente en los segundos, pues me los atestigua directamente mi consciencia.
2. Acerca del caso 'López Obrador', la información que tengo en mente es la que sigue:
1) Sé de encuestas de popularidad que creo reflejan la realidad en algún modo; y me parece creíble, por tanto, que quien goza a la fecha de mayor simpatía en México para encabezar el Poder Ejecutivo en el próximo sexenio es precisamente Andrés Manuel.
2) Tengo entendido que el proceso que ha llevado a la resolución citada, por lo menos pudo haber sido detenido por cualquiera de los tres poderes de la Unión: por el Ejecutivo, porque de él depende la Procuraduría de Justicia de la Nación; por el Judicial, porque ni el Congreso ni su Comisión hubiesen procedido sin la aprobación explícita dada por la Suprema Corte de Justicia, y por el Legislativo, porque, conforme a la ley, es en él donde el asunto de hecho está corriendo (y en donde, así mismo, aún puede detenerse).
3) El artículo 39 de nuestra Constitución Política, en oraciones de tan buen cuño que prefiero reproducir letra por letra, reconoce tres atributos al pueblo mexicano: "La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo"; "todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste", y "el pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno". Antepone, pues, en pocas palabras, los 'sentimientos de la nación' a las formas del Estado y a sus procesos de gobierno (por no decir –pues nació laica y jacobina– que reconoce la validez de la causa por la que vivió y murió Jesús).
Me da, pues, una gran tristeza que, en el caso 'López Obrador' (previo en algún modo al caso 'la sucesión presidencial' del 2006) se disparen tan notoriamente los deseos de ese pueblo soberano y las decisiones hasta ahora tomadas por los Tres poderes de la Unión; poderes que dimanan de ese pueblo para beneficio de él y que en todo tiempo están sometidos al derecho de ese pueblo a alterarlos o modificarlos.
3. Acerca del caso 'sucesión papal del 2005', la información que tengo en mente es la que sigue:
1) Aproximadamente, el 95% de los electores para el siguiente papa portan ese encargo por decisión estrictamente personal de Juan Pablo II.
2) La vigencia hodierna del código legal ('Código de Derecho Canónico') para la Iglesia Católica proviene de hecho de que fue aprobado y promulgado por el mismo Juan Pablo II, así como la de la regulación del proceso electivo del futuro papa.
3) El cuerpo doctrinal oficial de la misma comunidad cristiana ('Catecismo de la Iglesia Católica') recibió su sanción del mismo recién difunto papa.
Me causa, pues, igualmente, gran tristeza que, en el caso 'sucesión papal del 2005', la resolución dependa a tal grado de una sola persona (cuya buena intención no pongo en duda); y mi tristeza aumenta por saber que, al menos al inicio de su mandato, el nuevo papa tendrá el poder no limitado sino por su consciencia para nombrar (directa o indirectamente) a todos los funcionarios eclesiásticos, para legislar para la Iglesia Católica y para definir los dogmas y doctrinas de la misma.
4. No tiene que ver, creo, mi doble tristeza con mis afecciones personales ni hacia López Obrador ni hacia Karol Wojtyla; pues la misma sería si las preferencias del pueblo mexicano fueran por la reelección de Vicente Fox, y se estorbaran a título de un 'estado de derecho'; e, igualmente, si el papa electo resulta casi 'un clon' del papa Juan Pablo, o alguien de personalidad y posturas del todo opuestas a las de quien hasta ayer 'felizmente reinaba'.
Mi tristeza es por el hombre; no por la legalidad. Porque creo y sé que la dignidad, la libertad y el derecho del ser humano y de todo grupo humano, tienen prioridad sobre cualquier orden jurídico –aun respaldado por decenios o por siglos–, y que éste, como el sábado, se hizo para el hombre, y no el hombre para él.
Porque creo y confío precisamente en Jesús de Nazareth, ejemplar eximio de nuestra humana raza; porque creo en la comunidad cristiana que actualmente sigue teniendo su referencia en él; porque creo también en México (que aún celebra en sus mayores fiestas nacionales a Miguel Hidalgo y a Francisco Madero, no obstante que ambos –como Jesús– subvirtieron los estados de derecho); porque creo en el ser humano y en la humanidad, y porque creo en mí mismo... Por eso, mi tristeza no pasa de ser eso: tristeza.., y no tiene tintes de angustia, de pesimismo ni de desesperanza.
Por eso, me he atrevido a compartirla: por la enorme alegría del Viernes Santo, explicitada en estos días pascuales, que, para quien la recibe, ahoga en esperanza y paz toda tristeza. Añado, como apéndices a esta breve nota, dos observaciones:
1) Es obvio que mi cita del artículo 39 constitucional tiene un sentido expresivo y no fundante: El derecho del ser humano a su libertad y dignidad es anterior a cualquier forma jurídica, como que incluye el derecho a pactar órdenes jurídicos, sin el cual ninguno de estos es posible ni tiene fundamento alguno.
2) Considero que la concentración omnímoda del poder eclesiástico no consuena con la monición de los testigos de la fe eclesial reunidos en Concilio hace unos cuarenta años: "Reconozcan y promuevan los pastores la dignidad y la responsabilidad de los laicos en la Iglesia" (Lumen gentium, n.37); ni propicia la realización del sueño conciliar: "La consciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla. (...) Por esta fidelidad a su consciencia, los cristianos se unen con los demás seres humanos en la búsqueda de la verdad y en la resolución auténtica de tantos problemas morales que surgen en la vida individual y en la convivencia social" (Gaudium et spes, n.16), ni, finalmente, hace eco a otras declaraciones del Concilio: "Todos los hombres, conforme a su dignidad, tienen la obligación moral de buscar la verdad (...) en lo que a la religión se refiere (...), de adherirse a la ella una vez conocida y de ordenar su vida toda según lo que ella exige. Pero no pueden cumplir adecuadamente esta obligación (...) si no gozan a la vez de libertad psicológica y de inmunidad de coacción externa (...); derechos que permanecen aun si no cumplen ellos con dicha obligación" (Humanae dignitatis, 2).
Nota: Artículo extraído del blog "Escritos que hoy quiero compartir", fechado al 20 de Abril del 2005.
Notas dialogables acerca del aborto
Nota previa: Este escrito es del 2000. Su actualidad, con todo, permanece. Si lo dirigí a jesuitas, me determinó mi pertenencia más cercana; no la primigenia y más honrosa. Antes soy miembro de la Humanidad que de la Compañía de Jesús; y, por eso, lo pongo ahora a disposición de mis hermanos todos, entre quienes, hombre, me complazco y me enorgullezco de no ser sino uno de tantísimos...
Breves notas que puedan propiciar la reflexión y el diálogo en relación con el aborto
Tacuba, D.F., MEXICO
"quien aborrece la muerte, prefiere un solo muerto en vez de dos" (L. Folend)
0. A los jesuitas mexicanos:
01. De meses a la fecha el tema del aborto y su despenalización ha aparecido y se ha mantenido en los medios de comunicación social, incluidos los que alcanzan a los medios populares; de tal modo que, aunque no alcance en sí la máxima importancia, no por ello podemos dejar de considerarlo, como tema que va siendo de dominio público.
02. Es patente por lo demás que este tema tiene por lo menos connotaciones religiosas, y que se relaciona directamente con los derechos humanos y con la justicia; por lo que de ninguna manera nos puede ser ajeno.
03. Hay en la Provincia Mexicana institutos en que se imparte la enseñanza de la ética y de la teología moral, universidades varias y centros de investigación; pero hasta la fecha, sus pronunciamientos al respecto no se han difundido oficialmente entre nosotros.
04. Es difícil que alguien pretenda tener en este punto la exclusividad y la integridad nítida de la verdad, y más difícil aún que pretenda la certeza absoluta de sus convicciones al respecto. Ello intimida a hablar, pero propicia también una apertura al diálogo, el cual habrá de iniciarse en algún lado.
05. Esa es mi intención al escribir, como quien sin pontificar conversa, estas notas, para compartirlas con algunos compañeros.
06. Sé de la benevolencia fraternal de todos, que los llevará a leerlas con la actitud que pide el padre Ignacio para quien se aventura a iniciar sus ejercicios [22]; y subordino mi afirmación de estas consideraciones –y mucho más la difusión más amplia de ellas– a la competencia y los pronunciamientos de las autoridades: de las de los saberes y de las de los ejecutares.
07. Agradezco la rogada benevolencia ante mis notas, y mucho más el comentario o revire que oral o escritamente pudiere hacerse a ellas, sea que me llegue a mí o que no me llegue.
1. Orden jurídico o legal:
11. No hay por qué suponer que el canon jurídico o penal haya de ser exacto reflejo del ético o moral: el primero busca la tranquila y progresiva convivencia de un grupo social; el segundo, la mayor plenitud del mayor número de humanos.
12. Una tranquila convivencia es un hecho empírico, condicionado al talante del grupo que convive. La plenitud humana trasciende todo grupo y se expresa provisional y progresivamente en el diálogo entre las artes, las religiones y las filosofías.
13. Un canon jurídico, impuesto o aceptado por la mayoría, habrá de ser tolerante hacia las minorías, en tanto esto no impida el tranquilo convivir del grupo.
14. Todo canon jurídico ha de ser evolutivo, por cuanto todo grupo evoluciona. Habrán de cuajar en él los sentires comunitarios, cuya modificación paulatina es suelo, germen, flor y fruto de las transgresiones.
15. Los cánones jurídicos habrán de prohibir las transgresiones, y los iniciales transgresores habrán de aceptar sus sanciones punitivas; pero la transgresión cumulativa será la necesaria manifestación del rezago de esos cánones.
16. El grupo y sus legisladores habrán de estar atentos a este mensaje explícito o implícito de los transgresores, so pena de perder su vitalidad y desmembrarse.
2. Ordenes ético y moral:
21. Al orden moral lo integran los imperativos vigentes en un grupo, en cuanto presentes en la conciencia colectiva de ese grupo: las persuasiones de obligatoriedad difusas en el sentir común del grupo.
22. El orden ético expresa la presente autocomprensión de una realidad humana, evolutiva ésta y así también aquélla. Su saber es dialéctico, por cuanto poseído informemente por los grupos diversos, y condensado e inspirado por los maestros de esos grupos y de la humanidad entera.
23. La divulgación de principios éticos o morales depende en gran manera de la publicidad explícita o implícita que de ellos hagan los medios de comunicación social, el arte y las escuelas, que suelen ser quienes consagran los tipos, los mitos y los ritos en que se expresan los principios.
24. Esta divulgación ha crecido en eficiencia una vez que la ciencia y la tecnología la toman por su cuenta: Hoy no maniobra, como quizá ayer, por haceres apenas controlables y conscientes; sino astuta e intencionadamente, con dependencias marcadas por intereses económicos.
25. Los grupos humanos y la humanidad toda ejerce una constante –aunque poco atendida– labor crítica contra los principios divulgados: por la transgresión y la burla en los medios populares o amorfos, por la protesta de opositores y contestatarios y por innovaciones proféticas de chamanes, artistas y académicos.
26. Una moral explícita habrá de formularse a partir de la condensación de los sentires morales del grupo para el que se formula.
27. A las diversas funciones de los cánones éticos corresponden orígenes diversos:
3. Tres éticas diversas: ideal, conciencial y general:
31. Una ética ideal pretende expresar la plenitud humana, conforme algún maestro o alguna escuela la concibe. Siendo siempre su función utópica, suele haber escasos grupos o individuos que pretenden tipificarla, acercando más a ella su vivir que lo que la mayoría lo hace.
32. Los imperativos de la ética ideal nunca lo son para los grupos o individuos; pero su sentido inspiracional difusivo la tiñe de cierta exigencia y espoleo para la humanidad entera, aun a pesar de la provisionalidad que siempre entraña.
33. No puede haber otra ética individual que la radicada en la conciencia de cada individuo, cuya función es la normatividad concreta para cada decisión concreta de una persona concreta.
34. Esta ética individual es absoluta e inviolable, interprétese como se interprete su fundamentación y su conocimiento. Ningún orden legal o moral ni ningún otro tipo de ética debe prevalecer contra esta ética conciencial o individual.
35. Puede hablarse de un canon ético más o menos general, variable en su comprensión o su extensión, en cuanto represente la generalidad de los sentires éticos concienciales, aun ilustrada por alguna ética ideal.
36. La formulación de esta ética general puede ser múltiple y varia y necesariamente ha de ser evolutiva: lo deriva de sus fundamentos y le resulta en sus funciones:
37. Una ética general, distinta apenas de la moral, no tiene en sí valor obligatorio alguno; pero entraña alguna obligatoriedad de atender a ella para la formación del propio juicio de conciencia.
38. Esta obligatoriedad procede de que la ética general obtiene sus formulaciones de lo que suele acontecer: Califica de mala o buena, de prohibida, obligatoria o permitida una conducta, según la preponderancia de los casos en que tal haya sido considerada en el insoslayable juzgar de la conciencia, y según las consecuencias que haya traído el decidir y actuar conforme a ese juzgar.
39. Por eso, esta ética general puede también llamarse presumptiva o estadística: lo primero, porque genera presunciones éticas (que como tales han de ceder a la obviedad), y lo segundo, por generarse ella a partir de lo que suele suceder.
4. Aborto, anticonceptivos y embarazo:
41. Puede llamarse aborto a la interrupción tal de un embarazo que resulte en un embrión o feto no viable, porque implique la muerte de éste como condición, medio o consecuencia. Se distingue, pues, así de la anticipación del parto como de la imposibilización del embarazo.
42. No se da embarazo alguno antes de la anidación del óvulo fecundado o cigoto, ni se considera inviable un feto gestado ya en normalidad salubre por unos siete meses.
43. La anticoncepción o lo anticonceptivo se refiere en un sentido amplio a la práctica del coito vaginal con imposibilitación del embarazo: sea que restrinja la penetración a los períodos infecundos, sea que impida la fecundación del óvulo por el espermatozoide, sea que imposibilite el desarrollo inmediato del cigoto o la anidación del mismo.
44. Aborto y anticoncepción pueden ser procesos naturales o pueden artificialmente inducirse, y el juicio ético sobre estos últimos ha de atender a las intenciones y las consecuencias, sin distinguir de por sí entre los métodos concretos (físicos, químicos, biológicos o temporales; médicos, curanderiles o caseros; etcétera).
45. La precisión del saber acerca de los tiempos y períodos del proceso de la procreación humana es de competencia de médicos y biólogos, y los cánones éticos, morales o legales han de atenerse a la más cualificada información que ellos honestamente proporcionen.
46. Toda verdadera gestación humana lo es de un ser humano, el cual ya es durante ella sujeto de derechos.
47. Los saberes científicos y los artificios y artefactos tecnológicos son parte de la realidad humana, en forma tal que modifican al mismo ser humano. Y así como pueden ir tornando en posible lo imposible o en probable lo improbable, así también, al hacerlo, pueden ir modificando la moralidad o la eticidad de las conductas.
5. Cariño, sexualidad y genitalidad:
51. Siendo el ser humano un ser sexuado, su sexualidad se expresa en sus actuaciones todas, pero muy especialmente en su relacionarse más íntimamente con sus prójimos.
52. Aun aceptada la posibilidad o aun conveniencia de la estabilización jurídica de las relaciones homosexuales de pareja y de otras formas fácticas de relación sexual, es obvio que la anticoncepción y del aborto no se relacionan hasta hoy sino con la (natural o artificial) inseminación heterosexual. Con todo, la reflexión y los principios sobre el tema podrán analogarse para los afines, o aun para asuntos inminentes, como la clonación humana o la gestación anfitriónica o artificial.
53. Como quiera que se realice o interprete el ser humano, su relacionarse interhumano es con necesidad sexuado, y no se da normalmente sino a través de lo sensorio:
54. Reconocidos a la comunicación verbal sus privilegios, así como a la visual los suyos, la táctil suele sobresalir para los afectos y emociones, y propende espontáneamente a la olfativa y gustativa. Todas ellas, por necesidades de la especie humana, erotizadas culminan en la genital.
55. No es la subsistencia biológica de la especie, amenazada por la muerte individual, la meta única de toda relación interhumana: ésta se orienta también a la máxima plenificación posible de cada individuo de la especie.
56. La relación genital humana, en un contexto de libertad y dignidad placenteras, es constitutivo normal de la plenificación humana, y el ser humano biológicamente es capaz de ella desde los inicios de su adolescencia.
57. La capacitación psicológica y social del ser humano para las relaciones genitales es muy profundamente influida por las condiciones culturales, bajo las cuales subactúan también, como instinctualmente, las necesidades de la especie y de cada uno de sus individuos.
58. Todos estos elementos (sexualidad, genitalidad, cariño, comunicación, necesidades genéricas e individuales, instintos y capacidades biológicos, psicológicos y sociales, y cultura) afloran espontáneamente en la conciencia individual y protienden a expresarse en los cánones éticos, morales y jurídicos de nuestra humanidad evolutiva.
6. Los derechos del ser humano:
61. De su consciencia, libertad y dignidad, derivan para el ser humano sus derechos. De entre ellos cabe resaltar el de conservar y mejorar su vida, el de actuar conforme a su conciencia, el de convivir, comunicarse y relacionarse con sus semejantes, el de procrear, el de disponer libremente de su persona, en su totalidad y en cada parte de ella, y el de emplear en beneficio propio la naturaleza. Estos derechos, como todos, no son irrestrictos ante los de otros seres humanos, pasados, presentes o futuros, ni ante los de la raza humana en su conjunto.
62. Pregonados y no siempre respetados los derechos de la persona humana, cabe todavía el atender al desarrollo de la misma: Fundamentalmente iguales todas, no todas las personas alcanzan el mismo desarrollo, ni menos simultáneamente; lo que lleva a pensar en la gradualidad de la personificación y personalidad de cada ser humano, y, por tanto, en la de sus derechos. De darse ésta, lo que fuere de quién hubiera de ser árbitro de ella, cabría pensar en una desigualdad, innata o adquirida, de derechos, y en la cesión consecuente de los menores ante los mayores.
63. Dada la invalidez obvia de todo ser humano naciente, él tiene desde su nacimiento algún derecho a recibir lo indispensable para su desarrollo; derecho al que corresponde la responsabilidad de otorgárselo. Es claro que ésta no se reduce a lo biológico, y que recae primordialmente en los progenitores: el padre y la madre, y el grupo humano del que él nace. Pero la misma ha de ser compartida en alguna forma por los grupos humanos más amplios, y aun por la humanidad entera.
64. Es por tanto tan antiético e inmoral el ejercer la genitalidad cuanta probabilidad haya de iniciar un embarazo, si no hay equivalente probabilidad de que al producto de él se le respeten sus derechos más elementales: al menos, los del alimento y el afecto.
65. En la medida en que la primera probabilidad disminuya o aumente la segunda, crecen la eticidad y la moralidad del ejercicio genital, supuesto que no las invaliden otros elementos. La probabilidad primera puede disminuir o aun anularse por condicionamientos orgánicos naturales o artificiales, y la segunda depende notoriamente de condicionamientos económicos, psicológicos y culturales.
66. Anteriormente al nacimiento, el ser humano en gestación es también sujeto de derechos, tanto más cuanto más desarrollado se halle; y ciertamente del derecho a que su vida se respete. Un embrión o un feto en gestación no es sin más una parte del organismo de la madre que lo gesta; pues, si bien su vivir depende totalmente durante buen tiempo de su gestora, con todo él es distinto de ella, puesto que funciona como organismo diferente: El depender de otro para la propia subsistencia y desarrollo no lo constituye a uno parte de ese otro.
67. Todo aborto (interrupción tal de un embarazo que resulte en un embrión o un feto no viable) atenta contra el derecho a vivir que tiene el ser humano en gestación; y, por tanto, idealmente en sí es éticamente reprobable. Evidentemente, esto no puede extenderse sin más a las medidas anovulatorias, antifecundatorias o antianidatorias.
68. La extirpación o la medicación de un útero dañado que amenaza la salud de una gestante no es un atentado contra la vida del gestado, así la muerte de éste sea consecuencia inevitable de aquélla. Tampoco es asesinato, por razones obvias, la ablación de un feto ectópico –aun cuando pudiere intentarse su implantación en un útero sano.
69. Cabe en todo caso recordar un muy tradicional principio ético: Guardada la proporción que impide se convierta en culpable una defensa, es permitido defenderse violentamente contra quien injustamente agrede, aun, si fuere indispensable, causándole la muerte. Y también la interpretación constante de que el tal agredir injusto pudiera ser inculpable, como la precisión de que la tal defensa es permitida, pero no por sí misma obligatoria.
7. Conclusiones ético-morales:
71. A la luz de lo anterior, en la ética utópica de la comunidad humana ideal el planteo del aborto es del todo ectópico; y aun para una ética general universal el aborto parece resultar generalmente condenable. No obstante, cabe la posibilidad de que en alguna moral particular resulte tolerable o aun laudable. Pero por lo que a la ética personal o individual respecta, únicamente la conciencia individual puede juzgar acerca de su concreta práctica.
72. Supuesta la condenabilidad ética del aborto, es oportuno considerar sobre quién recae la responsabilidad del hecho abortivo, presuponiendo que la gestante no parece espontáneamente orientada hacia el aborto intencional.
73. Aparte el caso de inseminación violenta y el de salud (de la gestante o del gestado o cogestado), probablemente las motivaciones más frecuentes del aborto se relacionan con motivos del ámbito de la economía, la psicología, la higiene, la comodidad, la estética y, más eventualmente, de la filosofía o la religión; todos los cuales en diferente grado conllevan ciertamente un aspecto cultural o social.
74. No sólo en el caso de inseminación violenta, pero en la mayor parte de los otros, motiva al aborto un embarazo no deseado o inesperado, se tenga o no pareja estable; y esta motivación puede radicar en la preñada, o provenir del preñador o de otras personas cercanas a una y/u otro.
75. Los embarazos no deseados provienen generalmente de relaciones genitales menos libres o precipitadas, o de ignorancia o deficiencia de las medidas anticonceptivas, relacionado todo esto con elementos culturales.
76. Es ante todo, pues, asunto cultural lo que propicia desear la interrupción de un embarazo, tanto por cultivar motivaciones que a él persuaden, como por debilitar las que de él pudieran disuadir.
77. La culpabilidad del aborto suele recaer, por tanto, primordialmente en los generadores y divulgadores de una cultura que trivializa las relaciones genitales y el valor mismo de la vida; y, en segundo lugar, en el grupo humano todo que, tal vez contra tenues reproches de las conciencias personales, acepta y cultiva esa cultura. Es claro, por otra parte, que en los casos de inseminación violenta la culpabilidad inmediata corresponde notoriamente a quien la ejerce.
78. Mucho menor suele ser la culpabilidad de quienes puedan verse implicados personalmente en un aborto; y de entre ellos, menor aún la de quien lo ejecute a petición de parte y por evitar mayores daños.
79. En el caso de riesgo grave para la salud integral de la madre o del producto, no parece que pueda considerarse culpable el aborto, si bien puede caber la posibilidad y la decisión libre de sacrificar a la vida ajena la salud propia, o aun la vida.
8. La penalización del aborto:
81. Actúa hipócrita, inmoral y antiéticamente una sociedad que promueve sanciones punitivas o penales para hechos aislados negativos, y sanciona como deseable o aun inevitable la estructura social que orilla a ellos y culturalmente los propicia.
82. En todo caso, antes que condenar el aborto, esa sociedad habría de propiciar el que la vida se respete y el que se impidan embarazos no deseados, y mucho más si cuenta con medios técnicos para lograrlo.
83. La responsabilidad de propiciar esto sí corresponde a la ciencia y a la legislatura, pero también y muy principalmente a quienes dominan fácticamente los medios de comunicación social. Pero no puede esperarse que esta responsabilidad se ejerza mientras no se cumplan responsabilidades anteriores, como las que miran al avance hacia un orden económico-social menos injusto.
84. Es falso el antivitalista y antihumano argumentar que los recursos naturales no alcanzan para la manutención de un género humano en multiplicación acelerada; tanto más cuando al lado de ellos se hallan las posibilidades tecnológicas, orientables hacia el mejor aprovechamiento y distribución de esos recursos.
85. Toda penalización, aun limitada, del aborto lo cantea al clandestinaje, tanto más cuanto la burocracia administrativa y legal diificulten y prolonguen el trámite para un eventual aborto no punible; y excomuniones y malosveres suelen tener efecto análogo.
86. Por esto, la competencia para autorizar un aborto terapéutico no debe sin más restringirse a las autoridades sanitarias, en tanto adolezcan ellas del tal burocratismo, y los paladines de la vida habrían de ser conscientes de las consecuencias reales de sus proclamas y campañas.
87. Urge entre tanto difundir un recto saber acerca de las posibilidades técnicas anticonceptivas, así como el presupuesto veraz de que, aun a pesar de algunas de ellas, toda relación genital penevaginal es potencial causa de embarazo para quien no se halle en estado cierto de menopausia o de preñez, salvas las situaciones de ligadura de trompas o de vasectomía.
88. Igualmente, ha de ser difundido el saber sobre medios eficaces que impiden que el cigoto anide, empleables principalmente para el caso de inseminación violenta, pero aplicables por igual en los de relación genital imprudencial. Con todo, debe cuidarse que esto no aliente a los potenciales violadores, ni trivialice más el juego erótico.
89. Toda legislación debe mirar a las condiciones reales del grupo real para el que pretende ser vigente, y debe estar referida fundamentalmente a lo posible y lo acaecedero, y no sólo a lo ideal.
9. Medidas pastorales:
91. Los orientadores o ministros de un credo religioso no pueden responsablemente rehuir el pronunciarse sobre estos puntos, ni mucho menos al ser consultados al respecto; ni tampoco sin más –aun con su mero silencio– apoyar actitudes o persuasiones que consideren menos atinadas.
92. En una sociedad en proceso de pluralización y de secularización, ninguna confesión religiosa ha de pretender que las leyes civiles correspondan a sus intereses, así se considere a sí misma como la confesión mayoritaria.
93. Para las confesiones cristianas es ineludible tarea el proclamar la verdad del Dios que en su preocupación y lucha por la vida a nadie quiere excluir de ella, y quiere también por tanto siempre perdonar; y esta tarea medularmente evangélica nunca se cumple jamás mediante desconfianzas, amenazas, prohibiciones o reproches, generalmente contraproducentes por igual.
94. La lucha por la vida y la defensa de ella no pueden ceñirse a normatividades de conductas privadas, sino que hallan su campo fundamental en las cuestiones sociales, basalmente en las de índole económica.
95. En cada grupo religioso se da comúnmente alguna autoridad doctrinal y moral a la que deben atender los integrantes de ese grupo. Su enseñanza ha de respetarse y digerirse, pero nunca debe preferirse a la conciencia; si bien una habitual disidencia llevaría a ésta misma a exigir el segregarse de ese grupo.
96. Por lo que toca a la confesión católica, el documento magisterial reciente más nítido al respecto parece seguir siendo la Declaración sobre la libertad religiosa (Dignitatis humanae, 7 de diciembre de 1965), fruto postremo documental del Vaticano II.
Nota: Artículo extraído del blog "Escritos que hoy quiero compartir", fechado al 18 de Febrero del 2005.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 39
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 artículo 39
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