Source: http://acgcr.org/mci_archivos/colombia/np20110419.html
Timestamp: 2019-03-23 01:28:58+00:00

Document:
NEPAL: ¡SALVAR LA REVOLUCIÓN!
(Apoyador, en el extranjero, durante mucho tiempo de la revolución de Nepal)
El siguiente artículo fue publicado originalmente en la revista revolucionaria nepalesa Samayabaddha [Tiempos Modernos] (http://www.Samayabaddha.org). Se publicó en vísperas de las importantes reuniones del Partido Comunista Unificado de Nepal (maoísta) celebradas en noviembre y diciembre de 2010. En Nepal también fue reproducido por otras publicaciones revolucionarias como la revista The Next Front (http://thenextfront.com)
Si bien todo el que ha apoyado la revolución nepalesa desde el comienzo está observando con preocupación la situación y esperando que la revolución encuentre un camino al triunfo, el verdadero internacionalismo proletario exige mirar sinceramente la línea y las políticas del Partido y confrontar el peligro de que, a menos de que se cambie la línea, se perderán definitivamente los frutos de la revolución.
Asoman dos peligros frente al Partido y las masas. Un peligro es que el rumbo por el que ha transitado el Partido durante los últimos cuatro años ha llegado a su conclusión lógica y en su lugar se consolidará una nueva versión del reaccionario orden burgués-comprador. Las esperanzas que la Guerra Popular encendió y alimentó de construir una nueva sociedad sin (y contra) los principales explotadores, tanto tradicionales como modernos, están siendo apagadas mientras los mismos líderes de la revolución se enredan cada vez más en el proceso de forjar las instituciones que deberían ser desmanteladas.
El otro gran peligro es que las fuerzas del viejo orden utilicen la actual crisis para asestar un golpe decisivo a la revolución y tomar venganza contra el Partido y las masas por los diez años de Guerra Popular y para impedir que se continúe la lucha por avanzar la revolución, consolidando por la fuerza un sistema político que apuntale en su lugar el sistema de explotación capitalista y semifeudal.
Al mismo tiempo, a pesar del gran daño hecho por el revisionismo que ha sido dominante en el Partido en los últimos años, existe todavía una base para invertir el rumbo y llevar la revolución a la victoria si se hace una ruptura contundente con el revisionismo y se logra establecer en el Partido una línea básicamente correcta.
El Partido está operando actualmente en el marco de la resolución del Comité Central [CC] en su reunión de París Danda [en Katmandú]. Muchos camaradas vieron la lucha librada en el Partido y la resolución del CC como un paso adelante decisivo ya que la resolución rechaza algunos de los argumentos abiertamente revisionistas respecto al carácter de la nueva república burguesa y reafirma la necesidad del establecimiento de un estado de nueva democracia. Pero desafortunadamente la resolución de Paris Danda ha continuado con el eclecticismo que ha jugado un papel tan grande en el Partido y que ha maniatado ideológicamente a muchos dentro del Partido que quieren retomar un camino revolucionario.
La resolución de París Danda llama al establecimiento de una República Popular y advierte contra los esfuerzos de los reaccionarios que están haciendo conspiraciones y “replegándose hacia el status quo”. A los camaradas se les insta a evitar ser provocados a la guerra por las fuerzas que se oponen al avance del movimiento popular, y a presentar claramente a las masas que los revolucionarios son las fuerzas que están defendiendo acérrimamente la Asamblea Constituyente [AC] y el proceso de paz. Pasa a argumentar que “Para eso, tácticamente tienen que incluirse en nuestras consignas la paz, la constitución, la independencia nacional, la ‘supremacía civil’ y el ‘gobierno nacional encabezado por los maoístas’. Basados en estas consignas, las luchas planificadas realizadas desde el parlamento y en las calles, derrotando las conspiraciones reaccionarias, las amplias masas pueden ser dirigidas a la conclusión de la meta estratégica de la revolución democrática”. En otras palabras, se reafirma como meta estratégica la república popular cuyo carácter debería definirse como un diferente estado dirigido por el proletariado. Sin embargo los medios propuestos para lograr esta república popular es aceptar la estricta lealtad a los principios democrático- burgueses y por supuesto a las mismas instituciones que claramente se admite están ligadas a una república burguesa, y todavía en las manos de clases reaccionarias.
¿Cuál poder estatal es legítimo?
En 2006 luego de 10 años de Guerra Popular las clases reaccionarias tenían la desesperada necesidad de encontrar una base para restaurar la legitimidad, a los ojos del pueblo, de su poder estatal y su ejército reaccionario. Por esto es que los reaccionarios, con la asesoría de la India y del imperialismo mundial, no sólo aceptaron la necesidad de un proceso de paz y de una Asamblea Constituyente sino que se agarraron a estos como su salvavidas. Durante los últimos cuatro años, estas fuerzas han trabajado duro por debilitar la capacidad del Partido y de las masas revolucionarias de llevar las cosas adelante hacia el necesario paso siguiente.
El problema es que la propia carencia del Partido de una clara comprensión de la necesidad de escapar de todo el marco de la democracia burguesa significa que el Partido no podía desafiar la legitimidad de las nuevas instituciones —incluso el odiado Ejército Nepalés obtuvo un nuevo aire. El Partido no enfatizó que su legitimidad provenía de su papel en dirigir la Guerra Popular y luchar por liberar al pueblo de la explotación. El Partido abandonó, en gran medida, las mismas fuerzas que había ganado a través de dirigir al pueblo en una revolución que iba contra los límites de las instituciones burguesas. En lugar de eso el partido buscó establecer su legitimidad como defensores del proceso de paz y posteriormente basó su reclamo de legitimidad en su éxito electoral. De hecho, presentarles la cuestión a las masas en estos términos sólo acaba dándole legitimidad a erróneos criterios e instituciones, y menoscaba la legitimidad de la misma revolución y de las fuerzas que la han hecho real a través de la lucha.
El acuartelamiento del Ejército Popular de Liberación [EPL] en acantonamientos bajo el ojo vigilante de monitores de la ONU constituye evidencia manifiesta de que todo el periodo desde la firma del Acuerdo Integral de Paz [AIP] ha entrabado de manera dramática la iniciativa independiente de las fuerzas de la revolución. Pero tiene que señalarse que incluso este penoso error es secundario con respecto a uno aún más fundamental: las metas de la revolución están siendo abandonadas o deformadas.
Entrar en el Acuerdo de 12 puntos y en el AIP constituía realmente un compromiso a permanecer en un marco burgués y a reconocer el papel central del viejo pero rebautizado Ejército Real Nepalés, como el pilar del estado. Antes y durante este tiempo se desarrollaron todo tipo de argumentos revisionistas sobre el llamado “estado de transición” que supuestamente no tenía carácter de clase. De hecho, los elementos pro-feudales y pro-imperialistas se mantuvieron claros sobre su carácter de clase y estuvieron y se mantuvieron decididos a combatir hasta el final por garantizar que el estado que surgiera del proceso de paz preservara las viejas relaciones de explotación y opresión. Sin embargo en vez de desafiar sin ambages esta lógica, en vez de denunciar que estas nuevas instituciones son en realidad coherentes con el viejo sistema reaccionario, los maoístas se mantuvieron tratando de pelear en la cancha montada por las clases reaccionarias y la “comunidad internacional” quienes hacen las reglas y designan los árbitros.
Toda la forma en que el Partido ha manejado, y sigue manejando, el asunto Katawal [que estalló en mayo de 2009] ilustra claramente este punto. La lección realmente importante del episodio del Jefe del Estado Mayor es que el Ejército Nepalés [EN] fue construido a imagen de las clases explotadoras de Nepal y este ejército existe para servir a las viejas relaciones de poder a las que la revolución supuestamente iba a poner fin. Los comunistas deben denunciar el hecho de que el Ejército Nepalés es producto de la dominación de las clases reaccionarias y la refuerza —y no que el ejército tiene que obedecer a las “autoridades civiles” como el Partido constantemente ha insistido. En efecto, por esto es por lo que el reconocimiento del papel central del EN constituyó un ingrediente tan crucial en todo el “proceso de paz” —la garantía primordial de que independientemente de lo que resulte de las elecciones, no habría transferencia de poder por parte de las clases explotadoras. En realidad, el Ejército Nepalés representa la continuidad entre la monarquía y la república y muestra su común carácter de clase. La cuestión fundamental no es que el EN está violando los principios republicanos, sino por el contrario que la república, el poder estatal mismo, se basa y está respaldado en últimas por el Ejército Nepalés.
La lucha por avanzar a partir de aquí
La misma Guerra Popular proporciona estupendo material para mostrarles a las masas concretamente la diferencia entre el poder estatal de nueva democracia que se estaba construyendo de manera inicial en las bases de apoyo por una parte, y el poder estatal de los reaccionarios por la otra. Donde el EPL y las masas populares estaban a cargo, se realizaron importantes cambios que tuvieron un impacto muy positivo sobre la vida de las masas: por ejemplo, cómo las mujeres jóvenes en el campo en Nepal ganaron nueva libertad; cómo la autoridad revolucionaria hizo dramáticos ataques contra el sistema de castas; así como el verdadero inicio de cambios en el sistema de propiedad de la tierra en las zonas donde la revolución era más fuerte. Esto mostró de manera inicial la vitalidad y el atractivo de la nueva democracia y mostró cómo este tipo de democracia para las masas sólo podía existir debido a que el pueblo tenía sus propias fuerzas armadas, tenía su propia dictadura sobre las clases explotadoras. Este nuevo poder era capaz de proteger a las masas y proteger las instituciones que la revolución estaba creando de los matones, los reaccionarios y, sobre todo, del odiado Ejército Real Nepalés [ERN]. Por supuesto, los liberadores cambios que comenzaron en las zonas liberadas no podían implementarse por completo precisamente debido al viejo poder estatal centrado en Katmandú e impuesto por el ERN. Pero éste es precisamente el punto que se necesita plantear nítidamente a toda la sociedad: se requiere establecer un nuevo poder estatal revolucionario en todo el país.
Una vez el poder a nivel nacional esté en las manos del pueblo dirigido por los comunistas revolucionarios se abre todo un nuevo horizonte para los tipos de transformaciones que las masas pueden producir. Sólo entonces se hace posible realmente destruir de raíz el viejo sistema de propiedad de la tierra, sobre una base revolucionaria. Piénsese en las posibilidades que se abren cuando la sociedad puede hacerse cargo de los principales recursos del país quitándoselos a los imperialistas y a los capitalistas burocrático-compradores y transformar estos recursos, pasando de ser usados como instrumentos de explotación a ser herramientas que pueden construir una nueva e independiente economía nacional al servicio del pueblo.
Tomemos el muy importante ejemplo de la liberación de la mujer. Todo el mundo conoce el dramático cambio que fue para la mujer el jugar un papel tan crucial en el EPL así como en la revolución más en general y el gran golpe que esto significó para las formas tanto feudales como modernas de opresión de la mujer. Pero con el descarrilamiento de la revolución hacia el proceso electoral y constitucional no es posible desencadenar a este sector de las masas de la misma forma. En vez de movilizar a miles y miles de mujeres a ser parte de dirigir y transformar la sociedad como se hizo durante la Guerra Popular, el tipo de instituciones y políticas que se están estableciendo a través del procedimiento de la Asamblea Constituyente desmovilizará a estas mujeres, las confinará de nuevo al arduo trabajo doméstico y a la tiranía de las viejas relaciones sociales. Esto es cierto aunque la AC (o cualquier nuevo gobierno que pueda establecerse dentro del mismo molde básico) garantice la representación de un gran porcentaje de mujeres. Estos tipos de instituciones burguesas nunca desencadenan la iniciativa y el entusiasmo de las masas —es por esto que los reaccionarios han llegado a entender el valor de instituciones que reducen el papel de las amplias masas a simples votantes y observadores mientras aquellos que ellos eligen se enredan en la red del parlamento y son incapaces de efectuar algún cambio verdadero.
Desafortunadamente, el Partido no está recurriendo a las verdaderas fuerzas producidas mediante la Guerra Popular. La lucha por la emancipación de la mujer, la lucha contra el sistema de castas y la lucha por la verdadera igualdad de las nacionalidades han demostrado el inmenso potencial para movilizar a las masas a hacer la revolución. Pero la confusión ideológica y política le imposibilita al liderato movilizar estas fuerzas —en verdad ellos no pueden ni siquiera verlas. En vez de eso están tomando profundos problemas de la sociedad y convirtiéndolos en estrechas demandas acerca de reservaciones. Al sacar estas cuestiones del contexto de la nueva democracia y ponerlas en el proceso constitucional burgués el Partido le arranca el alma revolucionaria a estas luchas, volviéndolas incapaces de realmente involucrar por completo a las masas, y canaliza las energías de los militantes hacia callejones sin salida.
En la médula de la Guerra Popular estaba la revolución agraria que es fundamental para lograr la nueva democracia, quebrándole el lomo al feudalismo y liberando al país de las garras del imperialismo. Llevar a cabo la revolución agraria sigue siendo un objetivo clave y una urgente necesidad de la sociedad. Sin embargo a esto no se le da la importancia central en las políticas y consignas del Partido y en vez de eso cuando si acaso se menciona es reducida por lo general a la necesidad de una “reforma agraria científica” que está más en armonía con el tipo de “reforma agraria” practicada por estados como la India, que con una movilización de las masas para transformar todo el sistema agrario.
Es necesario y posible que el Partido formule demandas y consignas que recurran a la experiencia de la Guerra Popular y del poder político inicial que ésta estableció y que centró agudamente la atención en las contradicciones reales y esenciales que se necesitan resolver como parte de culminar la revolución de nueva democracia. Las masas necesitan ser movilizadas sobre esta base y no otra. En el curso de esto debe ser posible que millones de personas comprendan rápidamente por qué se requiere un diferente poder estatal, y no, como dice la resolución del CC de París Danda, “un gobierno nacional encabezado por los maoístas” que salga, y sea responsable, del proceso de la Asamblea Constituyente.
Las tácticas y consignas del Partido tienen que reflejar la lucha por culminar la revolución de nueva democracia. Esto es lo contrario de las tácticas que el Partido está ahora empleando. He leído un artículo de un apoyador del PCUN(M) en el extranjero quien alega que la consigna “supremacía civil sobre los militares” puede jugar el mismo papel en Nepal que jugó en Rusia durante la Revolución de Octubre la consigna de Lenin de “tierra, pan y paz”. Pero ésta es una comparación falsa y peligrosa. Primero que todo, la “paz” por la que los bolcheviques estaban luchando era el retirarse de la guerra imperialista, una guerra que iba contra los intereses de las masas. Esta exigencia fortalecía la capacidad de hacer la revolución y no promovía la paz de clases. Lenin planteó consignas que eran consistentes con una estrategia general de propugnar por un diferente poder estatal y movilizar a las masas en torno a eso. Lenin también planteó la consigna “Todo el Poder a los soviets” que era específicamente un llamado a rechazar la legitimidad de las estructuras del estado burgués, que habían surgido en el curso de la revolución democrático burguesa de febrero de 1917, y a remplazar estas estructuras con las que habían surgido del proceso revolucionario, y especialmente en el seno de los obreros y campesinos (los soviets o consejos de obreros y campesinos). Las tácticas son necesarias para que sirvan a la estrategia, pero no pueden ponerse por encima del nivel de la estrategia y no pueden contradecir a la estrategia en un sentido fundamental. Las tácticas no son un medio para “engañar” o “embaucar” a los enemigos o a sectores del pueblo. Los comunistas que piensan lo contrario realmente sólo se están engañando a sí mismas y a sus simpatizantes.
Existe la necesidad y la posibilidad de presentar una visión real de cómo se vería la sociedad futura y de por qué tal sociedad sólo es posible si se establece un nuevo poder estatal. Como parte de esta visión podría ser importante el papel de la constitución del estado de nueva democracia. Pero esto no debe confundirse con el proceso de redacción de la constitución que se ha vuelto interminable en la Asamblea Constituyente. Sin un poder político de un tipo completamente diferente ninguna constitución puede garantizar los intereses del pueblo y proporcionar un marco de la transformación social.
El reto de tomar el Poder a nivel nacional
No hay escapatoria de la realidad fundamental de que la conquista del poder en todo el país es muy difícil y que no existe garantía de éxito. El Ejército Nepalés está bien armado, tiene montones de experiencia en la guerra, tiene el apoyo de la India, de China y de los países imperialistas y tiene un núcleo duro de oficiales y soldados unidos en contra de la revolución. Si bien es necesario buscar cualquier posible “fisura” en las filas del enemigo y emplear tácticas que puedan promover y estimular tales divisiones, no tiene vuelta de hoja la realidad de que el núcleo reaccionario del Ejército Nepalés será un oponente cruel y sanguinario.
Una de las tareas cruciales de los revolucionarios comunistas en cualquier país es encontrar los medios apropiados de estrategia y táctica que les permita a las fuerzas revolucionarias realmente triunfar. De lo que leí en la resolución de París Danda el partido está basándose en la idea de que un importante sector del ejército reaccionario incluso de su cuerpo de oficiales se pondrá del lado de la revolución. Parece ser que la idea es que las fuerzas de clase reaccionarias se desenmascararán como aliadas de las potencias extranjeras y traidoras a la soberanía nacional, y sobre esa base el Ejército Nepalés se escindirá. En realidad, el éxito de la revolución queda ligado y dependiente de esta estrategia.
Como plantea un apoyador de la revolución en Nepal en un artículo publicado en línea en la edición Nº 200 de Revolución, el periódico del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos: “Parece claro que, en la situación actual de Nepal, es correcto buscar cohesionar a fuerzas amplias contra la intervención extranjera y el potencial de una intervención extranjera e incluso es correcto hacer intentos serios, como una TÁCTICA subordinada, para dividir a las fuerzas reaccionarias, incluido el ejército reaccionario; pero plantear esto —y elevar lo último en particular (dividir y ganar a sectores del ejército reaccionario)— al nivel de una ESTRATEGIA es completamente erróneo, y se expone muy seriamente al desastre. Simplemente hay que preguntarse: si estos intentos (de dividir el ejército reaccionario, etc.) fracasan y uno ha hecho que su enfoque general dependiera de eso... ¿entonces qué? Y parece muy claro que no existe ninguna otra dimensión en la que el PCUN(M) esté haciendo preparativos serios y concretos para un enfrentamiento real con las fuerzas armadas de la reacción. Por ejemplo, la movilización combativa y popular de la juventud en las zonas urbanas así como las zonas rurales podría constituir un elemento importante de una estrategia general para llevar la revolución hacia adelante en los hechos y para prepararse para el enfrentamiento decisivo contra las fuerzas armadas de la reacción; pero eso en sí no es y no puede ser un sustituto de empuñar una fuerza disciplinada y organizada, ni los medios esenciales para empuñarla, con el fin de enfrentar y derrotar a las fuerzas armadas de la reacción, ya sean nacionales y además muy posiblemente extranjeras.”
Hay un mundo de diferencia entre un régimen de nueva democracia dirigido por un partido de vanguardia y un “gobierno nacional encabezado por los maoístas” establecido dentro de las estructuras de la Asamblea Constituyente. Es cierto que bajo determinadas circunstancias es posible imaginar un “gobierno nacional encabezado por los maoístas” que fuera tolerado por las clases reaccionarias y por el Ejército Nepalés, al menos por algún tiempo. Pero éste sería el caso sólo si tal gobierno no fuera pensado para desafiar ni desafiara las fundamentales relaciones de propiedad y sociales. En otras palabras, sólo si el Partido aceptara, en realidad, convertirse en defensores del sistema existente. La historia está repleta de ejemplos de este camino tomado por partidos revisionistas, con muy terribles consecuencias para las masas en esos países. ¿No es éste, por ejemplo, el pacto con el diablo que se hizo con el gobierno del partido CNA [Congreso Nacional Africano] en Sudáfrica? Un “gobierno nacional encabezado por los maoístas” no es una meta que uno quisiera en absoluto.
En vez de movilizar a las masas en la ciudad y el campo como parte de un plan consciente que apunte a lograr los objetivos auténticamente revolucionarios como se hizo durante los diez años de la Guerra Popular, la movilización de las masas se ha convertido en una táctica que las convierte a ellas en “grupo de presión” que se activa y se desactiva según el ritmo de las negociaciones con los partidos reaccionarios. De nuevo vemos el peligro de la redefinición de conceptos como “conquistar el Poder” e “insurrección” para significar algo distinto a la destrucción del aparato estatal existente. Una “insurrección” de este tipo no puede crear un nuevo ejército y unas nuevas instituciones que garanticen que el pueblo gobierne o que lleven a una auténtica transformación revolucionaria.
Muchos observadores dentro y fuera de Nepal han señalado cómo las promesas de una inminente insurrección han sido abandonadas una y otra vez. Algunos ven en esto un patrón de engaño por parte de los líderes del Partido. Otros argumentan que es simplemente la falta de un plan coherente para verdaderamente transformar las promesas en realidad. Sin embargo, ésta es de hecho otra evidencia más de una falta de claridad sobre los objetivos de la revolución traducida a la práctica. Independientemente de la intención de muchos camaradas del Partido, la verdadera meta, en otras palabras la única meta, que puede realmente alcanzarse con este enfoque, se convierte en reencauchar algún nuevo tipo de gobierno en el que los dirigentes del partido una vez más sean responsables de preservar y apuntalar las viejas relaciones. El que esto tenga lugar de manera violenta o pacífica no es la cuestión fundamental.
El eslabón entre los problemas en la teoría y los problemas en la práctica
Las cuestiones políticas que el Partido está enfrentando actualmente no surgen de la nada. Los problemas de evaluar correctamente el actual estado nepalés están muy ligados a los errores y confusión teóricos que han existido en el Partido desde hace algún tiempo sobre el carácter del estado en general y especialmente sobre la necesidad y el carácter de la dictadura del proletariado, incluso en su forma de nueva democracia. Muchas de estas cuestiones han sido abordadas en el intercambio de cartas entre el PCUN(M) y el PCREU y llamo firmemente a los camaradas a estudiarlas.
Para ponerlo en términos más básicos, el Partido no ha sido claro sobre qué tipo de poder estatal es necesario establecer. El Partido ha estado confundido sobre la diferencia entre la dictadura y democracia de la burguesia (democracia burguesa, para abreviar) y la dictadura y democracia del proletariado. Y esta confusión fundamental ha desarmado al Partido ideológica y políticamente cuando la revolución alcanzó el punto en que se necesitaba establecer un nuevo poder estatal a nivel de todo el país.
No debemos olvidar que antes de que fuera transformada la práctica del Partido (el abandono de la Guerra Popular y el compromiso con el “proceso de paz” y el proceso constitucional, etc.) tuvo lugar un ataque teórico contra la concepción marxista básica de las cuestiones de democracia y dictadura, el estado, y la historia del movimiento comunista. Aquí me estoy refiriendo específicamente al artículo del c. Bhattarai “Sobre la cuestión de construir un nuevo tipo de estado”. No voy a repetir las críticas que se hicieron en la primera carta del PCREU de octubre de 2005 (escrita antes del movimiento de abril de 2006) pero para nada es casual que rápidamente la teoría revisionista expuesta se reflejó poco después en un viraje fundamental en la línea del Partido. Desafortunadamente muchos camaradas en Nepal y a nivel internacional no tomaron muy en serio la necesidad de rebatir el artículo del c. Bhattarai, fallando en reconocer el contenido y las implicaciones de la línea revisionista que él estaba proponiendo en ese artículo. Vale la pena apuntar que Chang Chun-chiao, uno de los destacados líderes de la Gran Revolución Cultural Proletaria de China, dijo: algunos camaradas consideran el estudio de la dictadura del proletariado como una “tarea flexible”. El enemigo de clase entiende que ésta es una “tarea inflexible”. Para ponerlo de otra manera, algunas veces los camaradas revolucionarios pueden, sea por pragmatismo o por otras razones, no abordar las cuestiones cruciales de lucha de líneas, pero los proponentes de la línea revisionista sin ninguna duda combatirán en el frente teórico.
Es necesario adoptar una visión amplia [abarcadora] de la revolución proletaria: ¿de qué se trata, a fin de cuentas? Sólo si somos claros sobre las metas y medios de la revolución proletaria será posible aplicar un correcto “rasero” para medir si el PCUN(M) ha estado avanzando en la dirección de realizar esos objetivos o no. Como fuera recalcado de manera tan poderosa por Lenin y Mao, la revolución se trata, sobre todo, de tomar el poder político y establecer un nuevo estado. Lograr este poder político no es, por supuesto, un “fin en sí mismo”. La dictadura del proletariado, incluso en la forma de nueva democracia correspondiente en Nepal, es importante sólo en la medida en que es una herramienta, un medio, a través del cual la sociedad puede ser transformada paso a paso como parte de alcanzar el comunismo en todo el mundo. Existe una relación dialéctica entre las metas del socialismo y por último el comunismo y los medios de la dictadura del proletariado y, como parte de esto, sus apropiadas formas de democracia. A la inversa, existe una relación similar entre la meta tácita de preservar el capitalismo y garantizar las condiciones más favorables para su desarrollo y el estado burgués como existe en el mundo hoy, inclusive en sus formas más democráticas como en Suiza o Francia.
Esto ayuda a explicar por qué Marx primero puso de manifiesto y Lenin recalcó de manera tan firme que no es posible “apoderarse” del aparato estatal tal como está y que a cambio el proletariado necesita “hacer añicos” el estado existente. Existe el factor más inmediato y obvio de que el aparato estatal se ha desarrollado en relación con el sistema dominante de explotación y las clases dominantes mismas. Si bien muchas de las instituciones gubernamentales en Nepal son “nuevas” (en el sentido de que no existían bajo la anterior monarquía), el corazón y centro del poder estatal, en Nepal como en todos los países, son las fuerzas armadas y, como ya lo hemos discutido, el viejo ejército reaccionario está exactamente en el corazón del “nuevo” estado en Nepal hoy.
En cuanto a la Asamblea Constituyente, esto puede ser nuevo para Nepal pero tales instituciones son la viva imagen de una bien aceitada maquinaria que ha sido ensayada durante muchas generaciones en los países dominados por la burguesía. Una y otra vez se ha demostrado que el proceso político democrático burgués estará al servicio la dominación de las clases explotadoras y la reforzará. Si en alguna ocasión representantes de partidos de oposición, incluso “socialistas” y “comunistas”, participan o incluso dirigen gobiernos, ellos permanecen dentro de los confines de estas instituciones políticas, legales y burocráticas y nunca han podido utilizar estas instituciones para transformar radicalmente el sistema socioeconómico en dirección revolucionaria. Los imperialistas y su ejército de politólogos y asesores son muy claros sobre esta realidad. Es por eso por lo que atar a los revolucionarios o ex revolucionarios a la telaraña del parlamentarismo es por lo general tan central a sus esfuerzos contrarrevolucionarios.
Si bien algunos otros partidos y agrupaciones políticas participarán en diferente grado en la transformación socialista, esto sólo sucederá si los revolucionarios comunistas hacen posible tal transformación manteniendo un firme control sobre el poder estatal y dirigen todo el proceso al avance. Debido a que la revolución proletaria va contra la espontaneidad de la sociedad capitalista y cientos de años de explotación de clase, se requerirá una lucha intransigente y prolongada para avanzar hacia el futuro comunista, para crear las condiciones políticas, materiales e ideológicas para avanzar hacia un tipo completamente diferente de sociedad.
Pero la tesis del PCUN(M) de “democracia multipartido” desdibuja la diferencia fundamental entre la democracia (y dictadura real) burguesa y la democracia y dictadura proletarias que se requiere establecer. Argumentar como lo hace el liderato del PCUN(M) que, de alguna manera, “la “competencia multipartido” determinará la dirección futura de la revolución es simplemente renunciar de antemano a avanzar en dirección del futuro socialista y comunista. El Partido muy correctamente no le pidió permiso a la mayoría de la población antes de lanzar la Guerra Popular en 1996 y sería terriblemente erróneo hacer depender la continuación de la revolución del resultado de unas elecciones.
Sólo porque el Partido proletario ha ganado el apoyo entusiasta de amplios sectores de la población a través principalmente de dirigir la heroica Guerra Popular de ninguna manera es evidencia de que el Partido pueda consistentemente ganar elección tras elección. Las clases reaccionarias tienen muchas ventajas en esta contienda —ventajas en riqueza, educación, conexiones internacionales y, nunca debemos olvidarlo, conexiones con la “baza” decisiva, el ejército reaccionario. No debería sorprender a nadie que si el juego es la democracia burguesa, los probables ganadores en cualquier período de tiempo serán los partidos burgueses.
Ni es correcto ver la “competencia multipartido” como la solución mágica para impedir una restauración capitalista bajo las condiciones del socialismo. Si bien las elecciones pudieran tener un importante papel bajo el socialismo como un medio de concentrar y fomentar el debate en toda la sociedad, el rumbo básico de la revolución socialista no puede hacerse depender de resultados electorales. Incluso bajo condiciones de socialismo, y mucho más en un mundo todavía dominado por el imperialismo, pueden surgir condiciones en las que la mayoría de la población pueda ser influenciada por la demagogia de los seguidores del camino capitalista o por sus llamados a los que podrían parecer (a corto plazo) los intereses de diferentes sectores del pueblo.
Lo que se necesitan son instituciones que incorporen a los más amplios sectores de las masas al proceso político, que permitan y fomenten auténtico debate y disentimiento, si bien garantizando que el estado realmente esté en las manos de las masas populares y sus representantes siendo específicamente dirigido por el Partido de vanguardia, y no permitiendo que las fuerzas de clase reaccionarias, viejas o nuevas, arrastren la sociedad hacia atrás. Aquí también pienso que muchas de las experiencias de la Guerra Popular y las instituciones que esta hizo surgir en el campo tales como los consejos locales y distritales, un diferente sistema de tribunales, elecciones pero organizadas bajo la autoridad revolucionaria, pudieran servir como importantes elementos de los cuales aprender, perfeccionar y corregir donde fuera necesario, en moldear un nuevo sistema de gobierno que pueda ejercer el poder a nivel nacional.
Algunos camaradas han argumentado que ellos tienen mucha claridad sobre la necesidad de un estado de nueva democracia, pero que existe la necesidad de hacer un llamado sobre una nueva base a las fuerzas de las clases medias que tienen un montón de ilusiones y prejuicios y aspiraciones democrático burgueses. En particular desde 2006 la cuestión del correcto enfoque político hacia las clases medias especialmente en el Valle de Katmandú ha asumido mucha más importancia. Es sin duda alguna cierto que ninguna toma revolucionaria del poder y ninguna transformación revolucionaria puede tener lugar sin una correcta política de frente unido hacia este importante sector de las masas. Existe la base para que muchos de estos sectores sean entusiastas apoyadores de la revolución mientras que otros que no compartan las metas comunistas pueden sin embargo participar plenamente en la nueva sociedad de una manera que nunca sería posible bajo la dominación de las clases reaccionarias. Pero no es correcto, y realmente perjudica la capacidad de unir lo más ampliamente posible, decir lo que se cree que la gente quiere oír, en vez de manifestar la verdad de que el Partido tiene que dirigir la sociedad para liberarla de todo el sistema en el que ahora está atrapada.
Aun cuando no es comprendido por muchos, sin embargo es cierto que solamente un estado revolucionario dirigido por un partido proletario puede realmente comenzar a resolver algunos de los problemas que también afectan profundamente a estos sectores del pueblo. De gran importancia son los jóvenes que han recibido educación: bajo el actual sistema tienen muy poco campo de acción para que pongan sus energías y esperanzas al servicio de la sociedad. Pero una sociedad diferente con un diferente poder estatal puede cambiar eso de manera dramática y abrir un panorama completamente nuevo para la actividad creadora, para adentrar en el conocimiento científico a las masas populares, para construir una economía basada en los propios esfuerzos que no esté determinada en lo fundamental por sus vínculos con el sistema imperialista mundial.
La “lucha por la democracia” ha sido y sigue siendo un importante campo de batalla entre el proletariado y otras fuerzas de clase. Pero esta lucha no es como los revisionistas de todo el mundo la han pintado. Para los revisionistas, la cuestión es combatir a la burguesía en el terreno de la democracia burguesa, en otras palabras, alegan que sólo los comunistas pueden implementar cabalmente la “verdadera” democracia. Por supuesto, hay montones de razones por las que este argumento ha interesado a grandes sectores del pueblo y una importante razón es que la democracia burguesa es siempre truncada, impura, incompleta —y mucho más en una sociedad como Nepal que ha sido fuertemente marcada por el feudalismo. Si bien es correcto y necesario denunciar ante las masas la hipocresía de la democracia burguesa, nunca debemos concluir de esto que la meta de la revolución debe ser la democracia “verdadera” (en esencia burguesa). Sin embargo el caso es que el sistema político de la democracia burguesa corresponde a la dominación política de la burguesía y el sistema económico del capitalismo y su mercado.
Todo el mundo sabe que ha tenido lugar una aguda lucha dentro del PCUN(M) sobre la línea y la política del Partido. Ya sea que el eclecticismo, las contradicciones y la confusión del documento de París Danda y otras declaraciones del Partido son resultado de la propia confusión de los camaradas o un compromiso consciente entre diferentes tendencias en el Partido, poco importa en última instancia. El resultado es el mismo: el Partido es incapaz de visualizar claramente el camino estratégico al avance y por tanto defiende y respalda la errónea concepción de los últimos años: la estrategia de elecciones, cese el fuego, desmantelamiento del EPL, etc., aun cuando llamen a preparativos para algo diferente.
Estoy seguro de que hay muchos camaradas del PCUN(M) que son sinceros en querer avanzar hacia culminar la revolución de nueva democracia y lanzar la revolución socialista. Pero esto no puede suceder a menos que los camaradas sean capaces de trazar claramente una línea de demarcación entre una línea auténticamente revolucionaria y la línea revisionista que tanto daño ha hecho en los últimos años. Repito, se necesita con urgencia salirse de todo el marco en que el Partido mismo se ha encerrado. Sin una resuelta lucha contra el revisionismo, y el desarrollo de una línea y estrategia que reflejen una clara ruptura con el actual rumbo, la victoria es imposible y el simple deseo de revolución no puede resolver el problema. Esto no es simplemente una “verdad general” más del marxismo que “todo el mundo” acepta en la teoría pero es libre de ignorar en lo específico. De hecho, todo el proceso de la revolución nepalesa ha reafirmado y revivido la brillante síntesis de Mao de que “El que sea correcta o no la línea ideológica y política lo decide todo”.
Una vez se estableció firmemente en el liderato del Partido una línea errónea, se puso en gran peligro todo el futuro de la revolución. Hoy, sólo restableciendo una firme y clara línea comunista revolucionaria puede el Partido abrirle el camino a una solución. Solamente revirtiendo radicalmente el rumbo —no tratando de navegar dentro de la corriente oportunista— podría ser posible retomar la iniciativa y salvar la revolución.
No puede ignorarse el peligro de que revolucionarios comunistas sigan cayendo cada vez más profundo en el pantano de la colaboración de clases. Pero con todo y eso muchísimos partidos con una línea oportunista y revisionista han sido víctimas de masacres por parte de los reaccionarios. Este fue el caso con la horrorosa masacre de comunistas y masas revolucionarias indonesias en 1965 y de nuevo el sangriento golpe de estado contra el gobierno de izquierda de Allende en Chile en 1973. Ni el nacionalismo y el oportunismo de los LTTE [Tigres de Liberación del Eelam Tamil] en Sri Lanka impidieron un horrible y sanguinario ataque contra ellos y las masas que los apoyaban mientras la “comunidad internacional” se hacía la de la vista gorda. El revisionismo no es garantía contra tales eventualidades. Por el contrario, el revisionismo significa que las masas quedarán desarmadas ideológicamente así como organizativa y militarmente en tales circunstancias.
A menos que los camaradas sean capaces de romper con la pasada y actual concepción estratégica y de plantear un programa y estrategia básicos para la culminación de la revolución de nueva democracia y su subsiguiente avance hacia el socialismo y el comunismo, fracasarán los esfuerzos por desarrollar correctas tácticas, y la única cuestión verdadera es si la revolución será derrotada por un cruel golpe o por un lento estrangulamiento por el revisionismo y el oportunismo.
Los logros de la Guerra Popular y las esperanzas encendidas no sólo entre el pueblo de Nepal sino entre las masas de toda la región e incluso del mundo son demasiado valiosos para aceptar cualquiera de esas alternativas. A pesar del daño hecho por el revisionismo sigue existiendo una poderosa base entre las masas para avanzar la revolución a la victoria. Existen factores potencialmente favorables en la crisis que se desarrolla en el país que pueden y tienen que aprovecharse como parte de un enfoque radicalmente diferente concretado en nuevas consignas y políticas. Sinceramente espero que en esta crucial coyuntura los camaradas acepten el reto y demuestren de nuevo la misma audaz decisión y orientación comunista revolucionaria que caracterizaron la anterior decisión de romper con el revisionismo en el movimiento comunista de Nepal y lanzar la Guerra Popular.
★Traducido y difundido por el Grupo Comunista Revolucionario de Colombia ★

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