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Timestamp: 2018-04-25 13:31:29+00:00

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CUBA LIBERTARIA NO. 5 Sociedad en transicion by ChristieBooks - issuu
Sociedad en Transici贸n: Nuevas Subjetividades Sociales Ram贸n Garc铆a Guerra
Noviembre 2009 n掳 5
GALSIC Tribuna latinoamericana. 145 rue Amelot, 75011 Paris-Francia cesamepop@orange.fr 1
II Simposio Internacional del CIPS
Las ciencias sociales y los actores de cambio: las alternativas al desarrollo social Ciudad de La Habana, Cuba: 10-12 de noviembre de 2009
“Conflictos y diversidades socioculturales y políticas”.
Sociedad en Transición: Nuevas Subjetividades Sociales Sociología de los procesos de conversión de las diferencias en desigualdades sociales –y viceersa- dados en ciudades pequeñas en Cuba (entre 20,000 y 30,000 habitantes), y según los cambios ocurridos en la hegemonía política durante el período histórico de 1989 a 2009 Ramón García Guerra
Confesión de Razones. La sociedad cubana actual constituye una sociedad en transición que se hallaría a mitad del camino. Sociedad nacional que se enfrenta a un “período especial”. (Período, además, que comenzó en 1989 y aún continúa.) Lo cual explica que el hecho mismo de abordar la cuestión de la gobernabilidad se haya convertido en tema polémico y difícil en Cuba1. En tal sentido, luego de cumplir un estudio sociológico sobre las prácticas de dominación política en Cuba, hemos llegado a considerar estas ciudades pequeñas como nodos importantes dentro del conjunto de aquellos asentamientos humanos que integran la actual sociedad cubana. Porque la ciudad es un espacio hoy habitado por el 75% de los cubanos2. Después se hallará una sociedad política cuyas modalidades y lógicas son hechos citadinos. (Dentro de este universo se ubicaría el dilema del colonialismo interno que afectará a la sociedad cubana. Lo cual se hace evidente dada la injusta segregación del territorio nacional3; así como se presenta en la estratificación elitista de la sociedad cubana4. Estas son realidades sociales que se objetivan en la constitución política de la ciudad cubana actual.) Las prácticas de dominación política, entonces, sostienen un tenso diálogo con aquellas circunstancias sociales, históricas y políticas que hoy enfrenta la sociedad cubana. Luego, tales prácticas se hallarán además afectadas por las alteraciones que producen dichas reformas políticas en el orden institucional y la vida cotidiana del país5. Las actuales prácticas de dominación política están obligadas a actualizarse para así darle una solución de continuidad al régimen socialista en Cuba o, en cambio, han de declinar en su condición de agencia societal de regulación ético-política de la sociedad cubana. Ahora bien, la tarea es indagar sobre la ubicación de la ciudad en aquel modelo. (Porque era evidente que no cumplían todas igual función dentro del mismo.) Entenderlo bien nos daría ventajas al momento de decidir la adopción de una estrategia de actualización (avante)6 del modelo en sí mismo. Algo que fuera más pertinente en la realización de los objetivos políticos de las actuales reformas en Cuba7. Las formas de mediación estatista de las prácticas sociales, por ejemplo, han logrado crear confusión en los imaginarios sociales de los cubanos; hasta llegar al extremo de no poder distinguir éstos entre el verticalismo atroz que identifican a dichas estructuras de poder y las formas de exclusión que producen estas últimas. Cuando se admite de tal manera una homologación entre el socialismo y la exclusión, entonces, no resulta extraña la adopción de una economía de mercado como alternativa o solución al dilema cubano. Pero ¿cuál sería la cuestión de fondo acá? Digamos: el modelo de dominación política. Entonces, después de cumplir el arduo ejercicio de deconstrucción del modelo de dominación política en cuestión8, --dada la actitud de “resistencia” contra el mismo-- hemos podido discernir una estructura interna cuya presencia aún se mantiene sobre tres elementos básicos. Estos son: 1) el modelo regional de “economía de enclaves” con carácter estatista; 2) los métodos de control ideológico-cultural y policiales de la sociedad; 3) la reducción al marco de la nomenklatura de toda actividad política9. Esto ha creado todo un entramado de hilos de poder que están ralentizando la marcha hacia adelante del país. El análisis que al respecto realizó Eduardo Galeano (en 1999)10, no sólo se adelanta a las polémicas actuales --incluida la Batalla de Ideas, además--, sino también nos ofrecerá un juicio bien ponderado que no hallamos aún logrado en el discurso oficial del Gobierno cubano: “Los nueve presidentes de los Estados Unidos que, sucesivamente, han condenado a grito pelado la falta de democracia en Cuba, no han hecho más que denunciar las consecuencias de sus propios actos. Fue por obra de la agresión incesante, y del largo bloqueo implacable, que la revolución cubana se militarizó cada vez más, y terminó por adoptar un modelo de poder que no era su proyecto original. La omnipotencia del Estado, que empezó siendo la respuesta a la omnipotencia del mercado, ha terminado por traducirse en impotencia burocrática. La revolución quería multiplicarse transformándose, y ha generado una burocracia que se reproduce repitiéndose. A esta altura, el bloqueo de adentro, el bloqueo autoritario, está resultando tan enemigo como el bloqueo imperial de afuera, contra la energía creadora que la revolución contiene. Son muchos los ciudadanos que pierden la opinión, por falta de uso. Pero otros hay que no tienen miedo de decir y tienen ganas de hacer, y por su aliento sigue Cuba viva y coleando: ellos prueban que las contradicciones son el pulso de la historia, mal que les pese a quienes las confunden con herejías o con molestias que la vida plantea a los planes”.
En tal sentido el dilema de Cuba consiste en encontrar la forma de actualizar aquel modelo de dominación política que, bien visto, pertenece a un tipo de sociedad que además ya agotó todas sus posibilidades éticas e históricas para hoy abrirse al futuro11. La dirección del Gobierno cubano es conciente de esta dificultad12. Pero no parece poseer ideas suficientes acerca del efecto perverso que las viejas estructuras de poder aún producen sobre la realidad13. La política debería apostar por una transferencia radical del poder constituyente del Estado hacia la sociedad. Esta política implicaría una conversión del Estado asistencialista en agente facilitador de una mayor autonomía de la sociedad. “En tal sentido adopto una postura sobre ´la disciplina del hacer` (leninista) similar a aquella adoptada por Alain Badiou14: a falta de pan, casabe” –decía en un artículo reciente15. Y agregaba: “Apuesto por un horizontalismo de tipo clasista. Algo así como una ´disciplina del proceso` o del devenir. Definitivamente, una disciplina que problematice la realidad. Evidentemente esto me distancia de stalinistas, trotskistas y maoístas. (Dictadura de los proletarios, partido de la vanguardia, y etcéteras.)” Pero esta resulta ser una perspectiva de la cual estarían careciendo hoy los políticos en Cuba. Desde luego, muchas de esas políticas están condenadas de antemano al fracaso. Por ejemplo, para 2024 el mundo duplicará el conocimiento contenido en Internet cada 73 días. Entonces la sociedad debe convertirse en una gigantesca “antena satelital”, que luego disponga de redes informáticas para facilitar la socialización de la misma con la mayor amplitud y en breve plazo. Mientras tanto, la adopción de una estrategia de apropiación de las nuevas tecnologías de la información por parte del Gobierno cubano, apenas si significa una apuesta por la confirmación del control policíaco de las mismas. En cambio aquí no hablamos de una totalidad. El objeto de estudio que situamos al interior del conjunto de las ciudades cubanas –es decir, aquellas de 20,000 a 30,000 habitantes (luego, siendo éstas tomadas como entidades no adscriptas a universos urbanos mayores)--, apenas si constituyen un 3% de la población en Cuba16. Incluso, aún siendo incluidas en la muestra aquellas comunidades que integran conjuntos urbanísticos mayores, todas juntas no alcanzan a superan la cifra del 27% de los cubanos. (Recordamos que la propia Ciudad de La Habana tiene 105 consejos populares y que la media poblacional de los mismos justo se mantiene en este rango.) ¿Cuál sería nuestro interés al adoptarlas dentro de un estudio sociológico tan complejo como el propuesto a realizar: es decir, rastrear y analizar los procesos de conversión de las diferencias en desigualdades sociales (y viceversas) a partir de cambios en la hegemonía política de la sociedad? (Un estudio que considera el cómo operan los imaginarios sociales creados en el proceso de (de) sacralizan de la realidad --¡otra vez más!--. Sostenido dicho proceso, además, por una filosofía de vida (hecha ´sentido común`) que alcanza a mantener cierta vitalidad y espacio propios o que, en cambio, empieza por hundirse en la desgracia y al final termina por quebrar17.) La cuestión es considerar estos procesos desde la perspectiva de la ecología política. Porque estas son ciudades en outsider. Ciudades que dentro del esquema de reproducción política de tales estructuras de poder no cuentan18. Ciudades que han logrado alcanzar topes de autonomía aún mayores a la media y que, asimismo, han estado obligadas a crear formas de regulación social propias. Autonomía que, de fondo, asegura una provisión mínima de aquellas certidumbres que serán necesarias para un adecuado proceso de reproducción ¿ampliada? de las sociedades locales. Pero junto a estas prácticas de autonomía --¿acción de emancipación social?-- se han venido articulando ciertos imaginarios que resultan orgánicos con modelos emergentes de autogestión social de amplios contenidos solidarios en la comunidad. Creemos que, en tal sentido, la solución al dilema hegemónico en Cuba se hallaría en la consolidación de los procesos constitutivos autónomos de las nuevas sociedades locales. (Incluido la adopción de prácticas más transparentes de ejercicio del poder político.) Definitivamente, otorgar una estatura más humana a la sociedad cubana del futuro.
Saberes en la Frontera. Ciertamente el tejido social de la sociedad cubana fue rearticulado sobre las bases del mercado en los años de 1990. Ahora se busca re-hacer aquél sobre nuevas bases. Sin embargo, el dilema de fondo continúa hoy siendo el mismo. En la década de 1990 la élite tecnocrática en el poder se recicló como gerenciado para así sostener el discurso de partida19. (Significó pues una revalidación letal de aquélla.)
Entonces el campo de la creatividad popular fue reconducido hacia una economía de mercado en este período. ¿Derrotada ésta? No. ¡Quevá! Las tácticas de resistencia pasiva que fueron adoptadas entonces por las clases subalternas tendían hacia una rearticulación de los campos semánticos que imponía el mercado20. La retórica popular –“ciencia de los modos del habla”, decía Michel de Certeau21--, por ejemplo, produjo ciertas actitudes de contestación muy eficaces22 ante las prácticas de exclusión creadas por el mercado. ¿Victorioso éste? No. Fue menos aún. Ahora bien, cuando los sistemas tecnocráticos se expanden –nos plantea De Certeau--, ¿cómo definir el status individual dentro de los mismos? Éstos crean trampas, se apartan… Este tipo de análisis nos facilita entrar a considerar las acciones de los sujetos sociales que se hallan bajo estados de opresión. Convendría tan solo un pequeño cambio en la epísteme. En tal sentido nos advierte De Certeau como, casi al final del ensayo: “El malestar de la cultura”, Sigmund Freud junta al científico y al hombre común23. Participa de los lugares comunes de las “masas”. Ciertamente el texto en cuestión no opone la “racionalidad” propia del sicoanálisis a la tradición iluminista de la modernidad. Menos aún, Freud no intenta siquiera articular un nuevo conocimiento desde las creencias comunes de las “masas” que hacen la referencia de su discurso. El hecho que advierte Michel de Certeau, entonces, resultó de un “desliz afectivo” ¿imperdonable? para un estricto científico alemán cuya única motivación inicial al escribir fue la de defender a un alumno suyo con aquel ensayo. Explorar estos “lugares comunes” en tiempos de dictaduras militares en América Latina, por ejemplo, había llevado a la sociología de la región al encuentro con el universo simbólico singular de las clases oprimidas. Encuentro este, fecundo, donde fue posible vertebrar todo un pensamiento de la liberación frente a la tragedia que enfrentaba el Continente en aquella época histórica. La sociología de la liberación de Orlando Fals Borda24 (“investigación-acción participativa”), en tal sentido, fue toda ella construida sobre el sólido fundamento cultural de aquellos saberes populares omitidos que unidos participan del proceso de entender/para/modificar -- desde la condición subalterna de los sujetos-- la realidad cotidiana de la sociedad. Entonces hoy nos hallamos ante un amplísimo campo de estudios sociológicos posibles, en particular, acerca de la creatividad de un sujeto subalterno que se encontraría situado en las fronteras de saberes y prácticas sociales hegemonizadas por las clases dominantes en las actuales sociedades locales. Situados sobre fronteras tales, ¿algo podría ser más pertinente que una vuelta a Jesús Ibáñez?25 Porque no es cualquier saber-el-mundo –creado antes por sujetos oprimidos en la lucha diaria-- que ahora intentamos acá retomar. No, me refiero a actitudes que implican la adopción de una postura de distanciamiento crítico (libertador) frente a la realidad del poder dominador en la vida cotidiana --hoy en manos del capital--. Convivir en la diferencia es lo decisivo (Fals Borda). Saltar las verjas; vivir los Otros. (“Principio de la endogénesis contextual” –diría Orlando Fals Borda.) Importa, incluso, llegar a pensar a “contracorriente” del sentido común (Ibáñez). Porque está asentada la vida cotidiana sobre una ideología factual –según Jesús Ibáñez26-- que nos arrebata la vida misma. Derribar las cárceles, sí; para ser dueño de sí mismo. Ahora bien, aquí comienza todo. Porque el registrar la identidad del sujeto subalterno no resulta suficiente o algo definitivo –como hiciera el GLES--27. En tal sentido los estudios subalternos han adoptado un “giro decolonial” que, confieso, estimo de acto pertinente en la discusión sobre los cambios revolucionarios radicales que hoy ocurren en América Latina. El punto de encuentro que Grosfoguel ubica entre la “colonialidad del poder” --de Quijano-- y el concepto de “heterarquías” -- de Kontopoulos--28, en principio, resulta un aporte sustancial para la construcción de alternativas sociales en la región. Sobre todo porque este enfoque sitúa la batalla en el cuerpo a cuerpo. El dilema se presenta cuando este cuerpo de pensamiento intenta ser empleado por nosotros en un análisis sociológico puntual de la situación histórica concreta que enfrentamos con la sociedad cubana de la actualidad. Empecemos por decir: El modelo de dominación política en Cuba estructura el mapa urbanístico del país en cuatro segmentos cuyas funciones son diferentes dentro del mismo. Luego, estas piezas forman cuatro circuitos --dentro de las estructuras de poder--, dados por un orden de jerarquías políticas bien precisas29. Por ejemplo, las capitales de provincia resultan ser las claves del proceso hegemónico que sostiene tales estructuras de poder. Capitales que, junto a las ciudades de más de 100,000 habitantes, integran el circuito nacional. (Consideradas éstas como: “ciudades grandes”.) Le sigue otro circuito de “ciudades medianas”; es decir, aquellas con poblaciones de 50,000 a 100,000 personas. Luego, dentro de la categoría de “ciudades pequeñas”, las estadísticas del Censo de
Población (2002) no distinguen entre dos segmentos a su interior. Los cuales resultan en todo decisivos para entender el proceso hegemónico que sostienen las estructuras de poder –cuestión que discutimos en esta ponencia--: una, integrada por aquellas con poblaciones de menos de 50,000 y hasta 30,000; y otra, aún menor, de 20,000 a 30,000 personas. Sobre esta cartografía se superponen los tres elementos del modelo de dominación política que describíamos al principio de estas páginas. Entonces, sobre la sostenibilidad del modelo, diríamos: La situación que resultaría de esta estratificación política hace del conjunto de las ciudades grandes el locus primordial del proceso hegemónico-político en la sociedad cubana. Las ciudades medianas fueron beneficiadas por la estrategia de desarrollo adoptada en las décadas de 1970-1980. Sin embargo, durante la década siguiente la situación le fue adversa. Las ciudades pequeñas en particular no son prioritarias para el modelo de dominación política: por cuanto su ubicación en el aparato productivo es adjetiva, así como dentro del ámbito ideológico-cultural ellas mantienen la condición de periferias. En cambio, estas ciudades para el proceso hegemónico tienen un valor relativo, pues ellas resultan ser importantes dado que constituyen las bases sociales de un extenso consentimiento ético-social que lo sostiene. Ahora bien, dado el fuerte componente de relaciones interpersonales que identifican a las ciudades de 20,000 a 30, 000 habitantes30, las prácticas sociales son más autónomas y la comunidad dispone de formas de auto-regulación que se sostienen tanto por la innovación como desde la tradición culturales. Este es el espacio en donde nos planteamos hacer un estudio sociológico sobre los procesos de conversión de las diferencias en desigualdades sociales que ahora ofrecemos en este evento. (Diferencias, además, que resultan de las mutaciones que se producen en el proceso de la hegemonía política en la sociedad cubana.) En tal caso, lo que ahora nos interesa sería lograr entender bien --en tales sociedades locales-- cómo se articulan allí las prácticas sociales de resemantización que luego alcanzan a modifican aquellos códigos de distinción social. Códigos sociales que fueron antes hegemonizados por la clase dirigente de la sociedad. (Dentro de una sociedad enfrentada a una situación límite.) La clave en este asunto sin duda es ésta. En el total de las ciudades pequeñas se halla aquel segmento menor –esto es, aquellas ciudades integradas por 20,000 a 30,000 personas-- que tiene y dispone además de cuotas de autonomía aún mayores a la media; así como posee altísimas posibilidades de ejercer ese poder constituyente en beneficio propio31. (Espacios en donde se produce ese “pensamiento de la frontera” de que hablaba Ramón Grosfoguel32.) Estos son lugares, además, donde el albur de las estructuras de poder no decide la suerte final de la sociedad local. (Quedaría la cuestión de la otredad y la alteridad de los sujetos sociales así enunciada.) El estado político de diglosia cultural se constata en estas sociedades locales, dado en la presencia de cierta estructura binaria de la economía –oficial y sumergida--; que tiene, además, una historia social que podríamos rastrear a través de los vaivenes del mercado negro en las últimas cinco décadas. Proceso que adopta un movimiento cíclico. Dinámica que funciona como un mecanismo de relojería… suiza. (Desde 1962, estas han sido crisis de realización del producto social que se han estado repitiendo en Cuba cada ocho años33.) Estamos pues frente a un universo no explorado por las ciencias sociales en Cuba34.
Paradigmas de Sociedad. El actual dilema de Cuba no les debe resultar ajeno a nuestros colegas en la región35. Estos son los restos de una época aciaga. Porque los años finales del siglo XX constituyeron en verdad la época dorada del neoliberalismo en América Latina y el mundo. (Lo mismo que Cuba en ese momento vivía su “período especial”.) Sabemos que la filosofía neoliberal está en descrédito. Queda aún mucho por hacer. Pareciera hoy, incluso, como si toda la ortodoxia en un haz – liberal, socialdemócrata, marxista - estuviera unida en el empeño (fundamentalista) por hacernos regresar al “punto de partida”. Intentando así ofrecer otra oportunidad a la facción perdedora de los poderosos de entonces. En el mundo mediático será la prensa socialdemócrata europea –luego del fiasco de la Tercera Vía, y echada a la derecha ahora-- la que mayor esfuerzo hace por reconstruir aquel viejo paradigma de sociedad (liberal) abierta; mientras, por otra parte, apela a las agotadas teorías económico-políticas forjadas en las décadas de 1970-1980. [Ahora debo hacer una obligada digresión --en extenso-- en este punto. ¿Cuáles son estas teorías? Como en un Cajón de Sastre se hallan: la teoría de las expectativas racionales, la teoría de la economía de la oferta, las teorías del proceso inflacionario, la teoría del “capital humano”, las teorías corporativas… Incluidas las teorías económico-políticas --tanto
neokeynesianas como monetaristas-- del desempleo. Luego se hallan las teorías del crecimiento, de la distribución y de la demanda. Intentos estos últimos de construir una alternativa poskeynesiana de la economía política del capitalismo. Pero, sobre todo, nos ofrecen hoy una economía social de mercado – es decir, cierta modalidad del neoliberalismo de “rostro humano”-- como la única alternativa posible ante los problemas actuales de América Latina. Esperan por mejor momento ahora la teoría de la economía de mercado instruida, las mixtas, la teoría del control social de la economía, etcétera. (Teorías de corte reformistas estas últimas.) Este es el “repertorio” en la gaveta. Conjugadas por un ´pragmatismo` de tipo indecente.] Entonces estaría hoy abierta la discusión acerca del propio paradigma de sociedad que quedaría por construir36. La idea que sostiene este Simposio --nos parece que37-- hace apuestas por aquella teoría sociológica que considera a las diferencias perset como atributos de la riqueza sociocultural y humana propias de ciertas sociedades plurales y democráticas –según el viejo paradigma de un Estado benefactor (pater famili)-- que todos estaríamos hoy obligados a rescatar y defender. Debemos de advertir que nuestra experiencia histórica tiende a objetar la validez de tal teoría. Leída la historia política de la Revolución Cubana por los intersticios de la misma, quizá, sería posible así develar la potencialidad por ella contenida en medio siglo38. Desde luego, existe una confusión extrema entre el falso itinerario que describe la historia oficial y aquel que, siendo en verdad, ocurrió –y sucede-- en la realidad efectiva de la sociedad concreta. Faltan en Cuba aún, sin embargo, muchos estudios por realizar. Carecemos en Cuba de una sólida tradición de estudios sociológicos acerca de la economía cubana39, por ejemplo. Lo cual debe facilitar hoy la tarea al enfrentarnos a los desafíos éticos, intelectuales y políticos que implicaría el hecho de entender mejor las nuevas estructuras sociales que aparecen, ante todo, como un resultado de esos profusos intercambios sociales que han terminado por articular esos patrones económicos y culturales que practica la sociedad cubana en la actualidad 40. (Evidentemente, algo que constituye para la sociología francesa –por ejemplo-- una práctica profesional sólida confirmada en las últimas tres décadas41.) Consultemos nuestra experiencia histórica al respecto. Debemos abrir la discusión sobre el paradigma (liberal) de sociedad abierta en Cuba, en principio, sin adoptar una actitud simplificadora de la realidad frente al estatismo. El ciclo histórico cerrado por el modelo de sociedad entre las décadas de 1960 y 1990, en principio, parece situar estas décadas en la espiral del desarrollo en puntos idénticos --pero en otro momento de la misma--. La sociedad cubana de la década de 1960 constituyó un tipo específico de “sociedad pluralista popular”. Estando ella constituida además por un régimen de propiedad (mixto), una estructura social-clasista (proactiva) y una cultura popular (abierta) que --salvadas las distancias-- la hacen análoga a la sociedad cubana de la década de 1990. Sociedad plural donde el sujeto político popular llega a rearticular la totalidad-social -¡como plaza sitiada!--. (Cultura oprimida incluida.) Lo que no desdice su condición de sociedad plural. Ahora bien, esto no dice tampoco que fueran libertarias ni la sociedad de la década de 1990 ni aquella de 1960. En tal sentido sería un error confundir la alta movilidad social con la liberación política de la sociedad. En el análisis de las comunidades que hemos localizado en la cartografía urbanística de la sociedad, hemos hallado que este constituye un serio problema que distorsiona la propia gobernabilidad del régimen político cubano42. La condición periférica de la sociedad cubana la hace altamente frágil y dependiente de las mutaciones que sufra el sistema-mundo43. El centro de la sociedad está afuera. Enfrentar una situación límite significó para estas comunidades tres destinos contrapuestos en sus sentidos y alcances44: Mientras en la ciudad de Guisa la sociedad local colapsó, como resultado de la bajísima sostenibilidad de una economía monoproductora tecnificada no conectada con la economía doméstica regional –y apoyada en los sectores económicos frágiles: arrocero-forestal (I) y de servicios sociales (III); --; la política de inversiones aplicada en Varadero – basada en las economías del sector II (mecánica) y del III (turismo)--, sin un cálculo del impacto comunitario que podían estas producir, vino a deformar el tipo de reproducción social que ocurría en dicha sociedad local. Provocando así mismo una implosión del modelo anterior. En el caso específico de Bauta –fuerte en los sectores (avícola-ganadera) I y II (piensos-textiles)--, ahora, privada del status de privilegio que le ofrecía la estrategia de desarrollo en las décadas previas, y situada en la periferia de la Capital, halló un margen muy estrecho para actualizar su modelo de sociedad local y acabó siendo reciclado el mismo. Estos modelos de sociedad fueron borrados del mapa. Segundas lecturas
nos han permitido constatar cómo la racionalidad de los ejercicios de “actualización” en tales sociedades locales respondía a las múltiples exigencias que planteaban los factores exógenos a la sociedad local misma. Exigencias que retaban a una capacidad de contestación ahora disminuida dentro de la comunidad. En el caso de la comunidad de Guisa, el modelo sustituto resultó de un movimiento social arbitrario –no intencional--, que partía de acciones de reajuste (fallidas) sobre la trama social del modelo original. En cambio, para las sociedades locales de Varadero y Bauta, sucede que los frágiles ejercicios de “actualización” realizados45 han seguido rutas regladas por agencias culturales extrañas. Las sinergias que indujeron estos procesos de actualización en dichas ciudades llegaron a involucrar a ciudades medianas que se hallan en la periferia de las mismas. Faltan estudios sociales que testimonien la tragedia social vivida. Dilemas tales invitan a la realización de una elección histórica y política frente a paradigmas de nueva sociedad en discusión. También este análisis implica la exclusión de otros muchos temas.
Diferencias y Desigualdades Sociales. Pudiéramos ahora discutir la pertinencia de ciertos rasgos constitutivos de la sociedad futura. Lo cual implica antes entender la tragedia humana extrema que enfrentaron los cubanos en la década de 1990. Por cuanto el cambio abrupto de circunstancias acaecido dejaba márgenes reducidísimos de maniobra para la rearticulación de los proyectos de vida personales y colectivos. Fueron pocas las opciones que restaron ante los cambios radicales que ocurrían. Situación que resultaba más difícil dada la altísima dependencia de la población de la exclusividad del Estado: como único proveedor de bienes y servicios en la comunidad. En tal sentido, tales eventos significaban la quiebra del proceso hegemónico previo a la crisis. Proceso, además, que trataba de darse una solución de continuidad a finales de la década de 1980. Eventos que dejarían sin asideros a la sociedad. Discutamos sólo algunos fenómenos sociales que caracterizan a los procesos de conversión de las diferencias en desigualdades sociales (y viceversa) en dicho período histórico en la sociedad cubana: Procesos de virtualización de la comunidad. Redistribución de la riqueza, el poder y el prestigio Formas nuevas de constitución de la sociedad cubana. Dialéctica del sino hedonista de la “nueva época”. . Contextualizar estas realidades exige considerar la historia previa. Pensamos que resulta algo necesario que hagamos esta “arqueología”, ante todo, para lograr advertir el dilema que enfrentó la sociedad cubana en las décadas de 1990-2000. Después sería posible una discusión de los detalles del proceso en cuestión y, más tarde, intentar la articulación de una visión de conjunto del período objeto de análisis. Distinguimos, en tal sentido, lo menos tres modelos de sociedades locales que fueron realizados en las últimas cinco décadas. La sociedad cubana es disgregada bajo el impacto del hecho revolucionario que sucede de la década de 1960. Sociedades locales tradicionales –con ejes identitarios sólidos-- ahora se verán actualizadas como resultado de la movilidad horizontal que generan los cambios. Constantes flujos migratorios --hacia las ciudades, desde el campo-- de carácter permanente o provisional. Comunidades rurales que adoptan los patrones urbanos de socialidad. (Aunque su circunstancia es diferente.) Lo cual produce la eclosión del sujeto popular en unos espacios públicos que desbordan las fronteras de una sociedad local centrada en sí misma46. El modelo de sociedad local que fuera reestructurado en las décadas de 1970-1980, grosso modo, resultó en una totalidad fragmentada –habitada por comunidades cerradas-- dado los patrones de movilidad de tipo vertical que serían adoptados entonces47. Proceso político que se fundamenta en un contrasentido que acabará por agotarlo: La políticas de Estado que apelaban al estímulo material (directo) como palanca de movilización laboral de los cubanos en la realización del proyecto de nueva sociedad48 (¿socialista?). [Consumo liberado; mercado cautivo.] Las escalas de valores y las prácticas sociales que serían consentidas por estos modelos de sociedades locales comprometían a los procesos de distinción social de la realidad y, por tanto, como mecanismos ideológico-culturales, afectaban las formas de redistribución de la riqueza, el poder y el prestigio en las mismas. Podríamos hallar en la
memoria histórica colectiva de los cubanos --contenido en la fotografía y el anecdotario familiar y comunitario-- aquel “Atlas Etnográfico de Cuba” sobre la vida cotidiana de dichas sociedades locales. Sobre este testimonio hemos construido una cartografía acerca de los procesos de conversión de las diferencias en desigualdades sociales (y viceversa) en algunas ciudades pequeñas tales como Guisa, Varadero y Bauta. En este extremo del análisis sólo presentamos a tales procesos en sentidos opuestos y realidades diversas.
Conflicto Ético-Social: Patrones de Prestigio. Situamos un ámbito de conflicto en el campo del reconocimiento social logrado por el ciudadano en diversas esferas de la sociedad. En tal sentido los capitales de prestigio que fueron creados en las décadas de 1970-1980 partían de la obtención de méritos que apoyaban además la reproducción ideopolítica de aquel estado ético-social que sostenía al Estado obrerista de ese período. La política disciplinaria del Estado, por ejemplo, hallaba los resortes de su realización en el régimen laboral, la gestión docente-educativa y el trabajo periodístico y editorial del país. Según la cantidad de méritos acumulados en diversos ámbitos sociales fuera mayor, entonces, se tenía asegurado (o no) el acceso y disfrute de bienes y servicios. (Ciertamente, pocas veces asociados con los resultados del desempeño laboral de los ciudadanos.) Cuando se producen los cambios, la clase tecnocrática --que se hallaba ocupada en las altas esferas de la administración pública de la sociedad--, logra ahora reciclarse como gerenciado de la nueva economía. Este fue un factor de continuidad en el modelo. Sin embargo, los sectores laborales no vinculados a la nueva economía son relegados en la escala de valores que se estableció como resulta- do de los cambios. Incluso el campo intelectual será arrastrado por la lógica mercantil, para luego inundar sus universos vitales de una fiera competencia por alcanzar las cuotas de beneficio que esparcía la nueva economía. Pronto esta radical redistribución de la riqueza se convertirá en nuevas estructura de poder (social) en la comunidad. Sociabilizando así el drama societal en el interior de la familia. Los modelos de estratificación en cuestión, vistos de fondo, presentan configuraciones encontradas; pero mantienen continuidades indecentes. Una de ellas se refiere a la condición sexual o racial de los sujetos. En la década de 1990 los proyectos de vida se repliegan para hacerse más ególatras, pragmáticos y puntuales en sus contenidos y alcances. Esto no quiere decir que fueran en todo negativos, pues en este ámbito fue deconstruida buena parte de la lógica autoritaria del modelo anterior.
Proceso Etno-Cultural: Marcas de Identidad. Los cambios que acaecen desde la década de 1990, fueron creando estados de incertidumbre que más temprano que tarde han terminado siendo cubiertos por otros procesos de construcción de las identidades sociales –todas, más enjundiosas y plurales--. Procesos de signos diversos. (Lo cuales llegan a afectar a todos los sectores en Cuba.) Significó un drama sicológico tenso: primero, lograr el rescate de la memoria de quiénes habían sido antes; ante todo, frente a una hegemonía política que logró invisibilizar todas las identidades de origen. Después el sujeto popular se enfrentaba al desafío de reconstruir las nuevas identidades sociales en el contexto de un mundo que se reconfiguraba sin tener un puerto de destino. Finalmente, la creación del tejido social de la sociedad emergente debía justificarse sobre bases económicas opuestas a las que soportaban al modelo sociedad anterior. La suma de tales factores hizo que la sociedad, ante la cantidad de problemas que debía enfrentar –y reducida su capacidad de respuesta ante los mismos--, empezara por otorgarle un carácter provisorio a las realidades que enfrentó en el primer lustro de la década de 1990. Cuando todo parecía lograr cierta “estabilidad” – en el segundo lustro de esa década--, entonces, siendo un hecho orgánico al status quo que se articula en esa etapa, la sociedad se adhiere al sino hedonista que aún perdura hasta la actualidad como marca de identidad de la misma. Complejizando este escenario se encuentra la apertura (al mundo capitalista neoliberal) de la sociedad cubana. Desde luego, las bases sociales que sostienen al proceso etnocultural habían sido modificadas por el nuevo régimen político a partir de 1959. Las prácticas de exclusión del régimen, en cambio, dejaban a las viejas estructura de opresión sin modificar. Lo cual situaba en desventaja a amplios sectores de la sociedad. Esto podría explicar las acciones afirmativas de muchos actores sociales en la actualidad. La actitud del régimen es
considerarlas como actos impertinentes frente al espíritu magnánimo del Estado burocrático policial. Consideremos ahora de conjunto a la sociedad cubana de las últimas dos décadas. Ante todo, para los cubanos esta apertura al mundo significó un cambio radical del modelo de sociedad local, que, consecuentemente, implicó el comienzo de un proceso de “virtualización” de todas las estructuras sociales de la sociedad49. En tal sentido, serían los flujos migratorios intensos y el acceso a las tecnologías digitales los factores responsables de la formación de nuevas comunidades abiertas que eran conectadas por redes sociales amplias. Procesos sociales que llegaron a desdibujar las fronteras de la sociedad nacional. Luego, las viejas estructuras de poder continuaron su retórico ejercicio político siendo las mismas50. Entonces el estado de diglosia cultural que venía afectando a la sociedad desde la década anterior se ensancha hasta conformar dos mundos paralelos. Mundos que marchan a un tiempo. (Como el eterno juego de figuras y sombras del antiguo teatro chino.) Las formas de distribución de riquezas, poder y prestigio en la sociedad no-oficial son confundidas por la categoría “mercado negro” sin advertir la presencia de las prácticas (protosocialistas) de autogestión social que contienen tales prácticas sociales. Enfrascado en retener el comando de la sociedad, las políticas de corrección del Gobierno cubano apenas atacan a la especulación` que se hallaría asociada a dichas prácticas sociales. Mientras tanto, sucede que una sociedad inédita (underground) se está articulando frente al Estado- avestruz51. La nueva sociedad que se articuló (en outsider) ha estado rehaciendo los resortes ético-morales que aseguran su reproducción en el tiempo, dando a estos otros mecanismos un sentido alternativo ante viejas estructuras de poder (jurídico-políticas) que insisten en otorgarse una solución de continuidad que las perpetué. El dilema que enfrentan estas formas de autorregulación social en la comunidad se relaciona con el sino hedonista que se articularía a mediados de la década de 199052. En tal sentido, la nueva sociedad ha adoptado una conducta crítica no discriminatoria frente a estas prácticas sexuales, sin regresar al moralismo hipócrita del Estado obrerista.
Problemáticas Sociales de la Sociedad Cubana. Este análisis hace omisión de aspectos que serán decisivos para el destino de la nación. Por ejemplo, ¿cómo se maneja el circuito de hegemonía política de las grandes ciudades? El objeto de estudio de la indagación que hemos realizado se ha concentrado en las ciudades pequeñas y en un aspecto de las transformaciones que han sucedido entre 1989 y 2009. Imaginemos, por ejemplo, cuáles fueron los desafíos existenciales y ético-sociales --en las últimas dos décadas-- para ciudades medianas como Florida, Manzanillo, Palma Soriano o Cienfuegos. Peor aún, ¿cuál sería el destino de ciudades pequeñas-a-medianas como Baracoa, Puerto Padre, Caibarién o Güines? ¿Qué decir de la Ciudad de La Habana: sobre todo, las redes sociales que articulan las ciudades pequeñas y medianas --incluidos los barrios marginales o periféricos-- que la integran? Los análisis que se realizan sobre las políticas sociales del Estado cubano, apenas al abordar por capítulos el asunto, no pocas veces han hecho abstracción de la totalidad que se hallaban implicada en la ejecución de las mismas. Sin embargo, en el último lustro se han articulado ciertos ejes transversales en las ciencias sociales cubanas. Los cuales han estado tomando distancia de posturas estadocéntricas al establecer otras referencias y lograr rearticular el temario de estudios sociales sobre asuntos no considerados en la década de 1980: la violencia de género, la nueva sociedad rural, el trabajo de gobierno en el municipio, la gestión socioambiental del medio, la creación de subjetividades sociales –liderazgos, empoderamientos, etcétera--, las dinámicas de la estratificación de la sociedad, el tema de la religiosidad en el país, la pobreza y marginalidad en las ciudades, etcétera53. Comienzan las ciencias sociales a ser entendidas como agencias de acompañamiento científico a la sociedad, mientras son llamadas a la creación de alternativas sociales en el contexto de la transición socialista en la sociedad cubana54. Quedan aún muchas lagunas por cubrir y varias carencias por superar. Sobre todo en materia de sociologías de la cultura artística, la moralidad, (del) derecho, la política y los políticos en Cuba, los intelectuales, los flujos migraciones internos, la diáspora, la ruralidad, las ciudades, históricas, etcétera55. Ahora bien, las bases epistémicas fundadas en la centralidad de la agencia estatal no han llegado siquiera a develar una cuestión de fondo (decisiva): La condición adjetiva del consumo al respecto de la producción retuerce el proceso de reproducción social de la sociedad56. Intentemos ahora colocar en perspectiva histórica a la sociedad cubana de las últimas dos décadas. Los estudios sociales que marcan la diferencia entre períodos históricos coinciden en indicar un cambio sustancial entre las dos últimas décadas del siglo XX cubano. Descotando los pactos de
(auto) censura que estamos obligados a realizar, detrás de los estudios económicos y sociales realizados acerca del “período especial” hallamos “el malestar de los intelectuales” cubanos (autores de tales estudios). Por ejemplo, el hecho de reconocer la existencia de una “pirámide invertida” –y añorar la restitución de la misma-- dice acerca de quiénes se vieron afectados por tales cambios57. Sin embargo, esta actitud no discute el orden jerárquico de fondo que sostiene a la “pirámide” en cuestión. Sin duda, los mejores estudios al respecto se lo debemos a la socióloga Mayra P. Espina. Empecemos por hacer algunas precisiones acerca de la implicación de ciertas realidades en la categoría de “reestratificación social” de la sociedad que ha formulado antes la socióloga cubana58. Ante todo, jamás la sociedad existente en las décadas de 1970-1980 sería más equitativa que aquella emergente en la década de 199059. Ciertamente a finales del siglo XX ocurre una reestructuración social-clasista de la sociedad cubana. Pero nunca una reestratificación de la misma –como asegura Espina60--. Lo que afecta al análisis sociológico de Espina, en nuestra opinión, sería el enfoque “determinista” que asume el mismo; así como un apego desmedido de aquel a las estadísticas oficiales del Gobierno cubano61. Las fuentes estadísticas de la época no registran los ingresos provenientes del “usufructo” de cargos públicos ni las actitudes depredadoras de la clase trabajadora en los almacenes estatales. Los costos alterados eran asumidos por el presupuesto del Estado que, asimismo, hacia de dispositivo de redistribución del ingreso nacional. Los fondos sociales eran rehenes de políticas de Estado selectivas que ordenaban la distribución de los mismos según los méritos; en todo caso, creando actitudes abyectas entre los actores sociales. Los años de la década de 1990 pueden ser divididos en dos etapas. Una de ellas se extiende hasta el verano de 1994. Entonces el dilema que enfrenta la sociedad sería el de redireccionar con urgencia aquellas pocas líneas de comportamiento que llegaban a constituir a los proyectos de vida individual y colectiva: sobre todo, después de constatar que las nuevas circunstancias tenían un carácter más permanente de aquel que admitían los cubanos62. Las políticas de Estado se dirigen a mantener la gobernabilidad del régimen político con diversas estrategias de actualización del mismo63. Es decir, no puede ser reducido el análisis a las políticas sociales que son cumplidas en esta etapa histórica del proceso. Significó para los cubanos un momento de tensión extrema. Conflictividad que se muestra en afanosas búsquedas de solución. Intentos todos que se enfrentan a un magro repertorio de formas alternativas de vida cotidiana64. Cuando se reduce la gravedad de la situación, --en particular, entre 1995 y 1998-- progresa en Cuba entonces el proceso de formación de un nuevo equilibrio del poder político en la sociedad (status quo). [Constituye este un equilibrio que fue integrando con dos elementos básicos: la nueva economía (NE) y el Estado asistencialista (EA) –una creando (NE) y otro redistribuyendo (EA) el ingreso nacional--.] Estos cambios en las estructuras llegan también a modificar todo el en- tramado social de la sociedad cubana. El análisis del proceso de articulación de una ofensiva del Gobierno65 para enfrentar la deuda histórica del proceso en curso, podría ayudar a entender mejor las condiciones de posibilidad que subyacen al proceso de reformas en curso en Cuba. Definitivamente, hoy el dilema de Cuba resulta del agudo enfrentamiento entre un inédito ethos social y un estado político arcaico66. Discutamos, ahora, la condición adjetiva del consumo en la economía cubana. Pensamos que esta sería la cuestión de fondo que afecta a todas las políticas sociales del Estado cubano. Las políticas sociales del Estado cubano, entonces, estarían llamadas al fracaso desde el momento en que el proceso de reproducción de la sociedad es fracturado por una concepción económica que otorga al consumo una condición adjetiva frente a la producción de bienes y servicios. Concepción que es acompañada por un diseño constitucional del país que confía la gestión administrativa de dichas políticas a agencias de gobierno locales que, además, han sido todas conscriptas por un catálogo de competencias reducidas. (Estado de cosas resultante de un balance autoritario de las estructuras de poder político en Cuba.) Estamos ante una situación en donde cualquier análisis de la sostenibilidad de las políticas sociales en Cuba debe terminar en el simulacro (estatista) que justifica a las mismas. Podría esto explicar cómo ha sido subvertida la lógica autogestionaria que debía identificar a la prestación de servicios en Cuba. Encontramos detrás un estilo burocrático de gestión que estaría afectando la realización de dichas políticas sociales. La situación actual adquiere un carácter dramático; el cual es consecuencia de la alta complejidad que afecta a los graves problemas sociales que la sociedad cubana deberá enfrentar en estas décadas iniciales del siglo XXI. La cuestión ecológica sería un ejemplo de esta tragedia. En tal sentido, la creación de condiciones óptimas que permitan el manejo adecuado de los recursos hídricos –según el actual programa del Gobierno cubano--, por ejemplo, dejaría aún
pendiente muchos problemas higiénico-sanitarios por solucionar en la comunidad. (Estado de cosas en donde el abasto de agua potable a la población se juntaría a la carencia de sistemas de drenaje y de reciclaje de desechos en las mismas.) Ahora bien, lo que inquieta a la clase política en estos momentos es la carga fiscal que constituye un gasto social creciente ante fuentes de financia- miento cada vez más reducidas. La cuestión se presenta en el cómo transferir la carga presupuestaria que significa el gasto social si perjudicar las bases de legitimación que le permiten al régimen en el tiempo reproducirse contra fuegos y mareas. (En este punto del debate los sociólogos tendrían mucho qué decir.) Los estudios sociales sobre la sociedad cubana que serán discutidos este el Simposio –siempre que sean bien ponderados en el análisis y estén orientados a cuestiones de fondo-- estarán haciendo una contribución en verdad importante para la adopción de políticas sociales más eficaces.
Nuevas Subjetividades Sociales. La cuestión se refiere a la superación del lastre objetivista que afecta a las ciencias sociales de conjunto67. [Criticamos, en tal sentido, el empleo de aquel causalismo miope que justifica a aquellos “determinantes indeterminados” –como sería la “última instancia” de la ortodoxia marxista-- que terminan por reducir a simples marionetas a los objetos de estudio que consideran las ciencias sociales. Calificamos de fascista, además, el sentido sacrifical de estas últimas. (Esto es, aceptar el pago ineludible de “costos sociales”).] Los estudios sociales hoy se sostienen en teorías sociológicas que tributan a un paradigma que se articuló a caballo entre los siglos XIX y XX68. Sociología de los grandes69. Pero el mundo ha cambiado de modo radical. En cambio, hoy insisten las teorías sociológicas en abordar con miradas obsoletas y viejos métodos estas realidades inéditas que las desafían. Superar la sociología de Marx, Durkheim y Weber implica, en principio, rehacer las bases gnoseológicas de las ciencias sociales. La relación entre política y sociedad, por ejemplo, resulta ser el espacio-tiempo en donde se (re)articula el ethos de la conflictividad que, además, nos conduce a aquel estado que llaman hoy: “civilización” –es decir, el estado de “guerra civil” que identifica a la sociedad clasista70--. ¿Qué hace a la conflictividad una ley social? Lo ético-social; lo etno-cultural. El estado ético-social de la sociedad se sostiene en la frontera que cubre el ajuste entre lo social y lo cívico. (La moral pública que la clase dominante ha podido convertir en cultura cívica para toda la sociedad.) Las luchas sociales por la justicia, la prosperidad y la libertad hallan sus motivos y justificación (de modo directo) sobre el fundamento del estado ético-social de la sociedad real existente a cada instante. Entonces, cuando eso ocurre es porque las prácticas sociales han logrando esa “traducción” --del tipo cívico-moral-- que las convierte en sociedad política71. Ahora bien, los actores sociales que participan en estas luchas políticas hallan una fisonomía propia, como el resultado de la condición etnocultural de la cual son portadores ellos mismos. En tal sentido, el proceso etnocultural de la sociedad es una condición de posibilidad en la resolución de conflictos que afecta su continuidad misma. Las luchas sociales por la igualdad, la identidad y integridad son formas de expresión (mediadas) del proceso etnocultural que va configurado a la sociedad en una historia social de larga duración. Los estudios sociales que ponderen estas luchas nos estarían entregando una imagen no facturada del mundo. Como una realidad que sucede. Intentemos ahora un relato histórico-social del proceso de formación de la nueva sensibilidad de época que comenzó en la década de 1990 e inaugura el siglo XXI cubano. Consideremos, en tal sentido, las formas de conflictividad que la definen. La cuestión es compleja en extremo. Implicaría, en principio, un análisis sustancial sobre la construcción de los sujetos sociales en el contexto de una sociedad en transición. Lo cual exigiría una discusión sobre los métodos de resolución de conflictos hacia el interior de la sociedad. Los puntos clave se encuentran en la crisis migratoria de 1994 y en la “reforma” a la Constitución de 2002. Estos dos eventos nos revelan la “capacidad de negociación” que asiste al ´modelo de dominación política` que hemos estado discutiendo en esta ponencia. Respecto de la crisis migratoria nos resulta obvia la estrategia de despolitización (politizante) con que enfrenta el Gobierno cubano dicho evento72. (Como si ahora el péndulo se moviera en dirección opuesta a los sucesos del Mariel en 1980.) No obstante, la lógica se mantiene en lo esencial. Lo que ocurrido en 2002 es algo diferente a la crisis migratoria en cuestión73. Porque, esta vez, el sujeto popular que hace de “tropa de choque” es cautivo de un sentido común que resulta de la relación cosificada que sostiene el Estado con la sociedad. Si las bases del consentimiento se deben al mantenimiento del “subsidio” al consumidor por parte de Estado, entonces, cuando la subvención falla se desmoviliza todo el apoyo al
Gobierno. Esta sería la trampa echada ante el paternalismo en tanto modelo autoritario de gobierno. La otra cara de la moneda se encuentra en el drama etnocultural que subyace a este tipo de conflicto social. La crisis migratoria de 1994, por ejemplo, se asocia a la clausura de una válvula de escape que el régimen había creado para enfrentar las situaciones límites y reducir la presión social. Sobre estas fórmulas políticas ha hallado el proceso etnocultural cubano cierta solución de continuidad. Quizá no resulte lo mejor. Pero en buena medida este “recurso” lograba sostener un equilibrio (frágil) que mantenía con vida la condición “cívica” del proceso que se analiza. La cuestión que planteó la reforma a la Constitución en 2002 tiene un signo opuesto al juego político que se debe sostener en un espacio de equidad entre los actores sociales que asisten al mismo. Esta será la esencia del dilema de Cuba.
Para poder entender mejor el universo que hemos esbozado en el párrafo anterior, sería dable articular cierta “tipología” de los actores sociales que participan en el ´juego político` en Cuba: colonias de la diáspora, ciberpiratas, homosexuales, raperos, tribus urbanas… La diáspora es a veces confundida con los exiliados. Incluso es diluida entre los emigrantes que salen de Cuba y rompen todo
vínculo con el país. Ésta no tiene derechos civiles, económicos o sociales en Cuba. Contribuye cada año al ingreso nacional con 870 millones de dólares. Constituye ese aporte un monto casi equivalente a los ingresos económicos netos que genera el aparato productivo cuba- no. La nación no halla espacio para ellos. Lograrán casi nada reclamando algo al embajador de Cuba en el país anfitrión. Pueden cambiar los tiempos. Pero la política de confrontación se mantiene. Las políticas de Estado son morosas ante las mutaciones radicales que suceden en la realidad. Calculamos que operan no menos de trescientas redes informáticas freelance sólo en Ciudad de La Habana. Periódicamente se lanzan operativos policíacos contra los ciberpiratas. Sin embargo, retoñan como la mala hierba. Luego, la política informática del Estado cubano se encuentra en la fase extensiva de apropiación de las nuevas tecnologías digitales, mientras abandona espacios que son cubiertos por “pequeñas empresas” del software. Las prácticas de comercialización del audiovisual (underground) adoptan el tipo de “guerrillas” y se extienden con la complicidad de la población. La política de acoso que mantiene el Gobierno contra los homosexuales no será menor y estará en dependencia de la gravedad de la trasgresión de aquéllos sobre los horizontes de la “moralidad” oficiosa. La retórica oficial es sexista. La misma se articula sobre un ´repertorio simbólico regresivo` que se presenta como “La razón de Estado”. Entonces las políticas de Estado excluyen a la diáspora, fustigan a los ciberpiratas y asedian a los homosexuales sin lograr una respuesta efectiva ante los mismos. Sin embargo, alcanza a impone la censura. En cambio, la acción estética del rap cubano --en la década de 1990--74, así como el espectro de las tribus urbanas --en el primer lustro del siglo XXI--, resultan ser actores sociales cuyas prácticas de contestación el régimen no logra domeñar. Las luchas sociales de estos actores políticos logran un desgaste de la legitimidad del régimen a mediano plazo que éste no puede impedir75. Desde luego, nos faltaría en este análisis una consideración sobre las estrategias que sigue el Estado cubano. Definidos los escenarios y presentados los actores, ¿cómo explicar el impacto múltiple de las políticas de Estado en el proceso de reproducción de la sociedad durante el período histórico que media entre 1989 y 2009? En esta altura del análisis tendría poca importancia una crítica de las carencias de que padece las mismas. Construyamos cierta propedéutica. Discutamos las cuestiones de fondo. Partamos de una premisa al respecto: Las políticas de hecho modifican la previa estratificación social de la sociedad. El empleo de políticas económicas selectivas que instituyen un nuevo régimen salarial, por ejemplo, fueron las responsables de la aparición de una “aristocracia” obrera entre los sectores laborantes de la sociedad cubana. Sujetos que modificarán la realidad. Etcétera, etcétera. Sin embargo, todas estas políticas no deciden sobre las formas de legitimación de las realidades emergentes en la sociedad. (Realidades que resultan de aquellas.) La acción conciente de masas, --según la concepción del Che-- debe hacer “que el hombre adquiera la total conciencia de su ser social”76. Significa esto, que la política no puede resultar un elefante dentro de una cristalería. Porque la política que se construye --o se justifica-- en valores debe emancipar a toda la sociedad. Lo que intentamos decir, entonces, resulta de la necesidad de entender que los procesos de reproducción de la sociedad no pueden ser violentados so pena de producir efectos adversos. Los modelos espurios que son impostados en la realidad cotidiana de la sociedad real responden a actitudes voluntaristas y estúpidas que no lograría más que dolores de cabeza. Definitivamente, los procesos endógenos que suceden en las comunidades deben ser gestionados según prospectos hechos a imagen y semejanza de las mismas. Lo que conviene saber, en tal sentido, se refiere a las condiciones que aseguran la reproducción social de la sociedad. Siempre que las condiciones del proceso se mantengan sin cambios --idénticas a sí mismas--, entonces, la sinergia que la intervención crea será regresiva.
Santa Fe, Ciudad de La Habana; Cuba: 20 de octubre de 2009. E-mail: ramon0260@gmail.com
La clase política en Cuba padece del “síndrome de la Perestroika” desde hace veinte años. Quizá esto explica la política “cautelosa” que adopta la dirección del Gobierno cubano en la realización del proceso de reformas que en la actualidad echa adelante. 2
Oficina Nacional de Estadísticas (ONE): “Censo de Población y Viviendas” 2005. 3
Luisa Iñiguez Rojas y Omar Everleny Pérez: “Territorio y espacio en las desigualdades sociales de la provincia Ciudad de La Habana”; Centro de Estudio de la Economía Cubana, 2007 –versión digital. 4
Mayra P. Espina: “Reestratificación social en Cuba: nuevos hallazgos”; Ponencia, Congreso LASA, La Vegasoctubre 2004 –versión digital. 5
Raúl Castro: Discurso ante la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) del 24 de febrero de 2008. Intervención donde Raúl Castro ofrece una agenda de reformas por realizar a mediano plazo en Cuba. 6
El empleo de la palabra “actualización” pudiera crear confusión. La misma no es utilizada como un sinónimo de reajuste ni de modernización sino como “puesta en actualidad” del modelo en cuestión. Una puesta en actualidad bien pudiera ser entendida como: conservar, modificar o suprimir. Las práctica cobran actualidad según sean pertinentes con la circunstancia en que quedan envueltas las mismas. El autor no discute esta vez acerca de la pertinencia (o no) de sostener un modelo de dominación política en la sociedad futura. No obstante, hace una breve referencia a esta problemática en el siguiente párrafo al establecer cierta proximidad entre las posturas de Alain Badiou y las propias. 7
Este será el eterno dilema entre contenido y forma al que hacia referencia el Che Guevara en “El socialismo y el hombre en Cuba”. Ernesto Che Guevara: Obras, 1957-1967; Casa de las Américas, 1970 – págs. 367-384. 8
Confieso que tales búsquedas han sido sugeridas, por el sociólogo e historiador cubano Fernando Martínez Heredia --desde 2005--, sin haber hallado mayor receptividad en el campo intelectual cubano. 9
Existen un sistema de empresas en Cuba cuya distribución espacial está sometida a estricto control político. El modelo otorga una centralidad absoluta al Ejecutivo (Consejo de Ministros). Los cuadros de dirección del nivel Central forman parte de una nomencklatura cuyo estatuto, actividad y destino lo decide el Comité Central del PC cubano. Cualquier otra forma de hacer política en Cuba es considerada un acto contrario a la Revolución. La política educativa y comunicacional del Partido tiene un contenido administrativo pedestre (no político). Incluso decide sobre la cantidad de tinta que consumen las editoriales en su actividad diaria. 10
Eduardo Galeano: Patas arriba. La escuela del mundo al revés; Editorial Cajachina, 2009 –pág. 388 11
Según un editorial de Granma de octubre de 2009, la agenda del debate previo al VI Congreso del PC cubano se resume en dos puntos decisivos: el “tipo de socialismo” y el “modelo de economía” que estemos dispuestos los cubanos a construir en el futuro mediato. 12
Fidel Castro: Discurso en la Universidad de La Habana del 17 de noviembre de 2005. 13
El modelo de accesibilidad a Internet, por ejemplo, ha sido concebido como la construcción de un entramado de intranets, que, sobre el soporte de un cordón digital sometido al control del Estado, deben resultar en la plataforma de conectividad que nos asegure el manejo de la información ¡que para entonces sea posible disponer en Cuba! Sería como intentar bordar con guantes de boxeo un pañuelo de mujer. 14
Alain Badiou: “La idea de la justicia”; Conferencia en la Facultad de Humanidades y Letras, Rosario, Argentina. Un texto divulgado por el Centro Teórico-Cultural Criterios, 2009 –versión digital. 15
Ramón García Guerra: “Como un pueblo de besos”; en http: //www.cubalibertaria.com – 20 de octubre de 2009. 16
Esta sería una estadística menor en un modelo de sociedad política que se articula como hombre-masa y que en la adaptación de sus decisiones asume criterios de mayorías-minorías y no de consensos-disensos. Lo cual podría explicar el porqué dicho modelo no alcanza aún a visibilizar (y atender) este mapa repleto de detalles. Lo que se conoce en Cuba como Batalla de Ideas sería una respuesta ante esta carencia del modelo de sociedad vigente. 17
Sucede algo así como en las relaciones de pareja, donde una persona es apreciada de forma diferente en tanto se conserva por aquella (o no) aquel sentimiento de amor original. Pudiéramos seguir las reflexiones sobre el gusto artístico de Pierre Bourdieu, por ejemplo, para lograr entender mejor la dialéctica ideológico-cultural en estos
procesos de distinción social de la realidad. Pierre Bourdieu: La distinción. Criterios y bases sociales
del gusto; Altea, Taurus, Alfaguara, S.A. 1998. 18
Invitamos al lector a visitar un artículo del autor, que fuera publicado por Cubalibertaria.com (en junio de 2009), donde éste analiza tal aspecto de la vida política en Cuba. Ramón García Guerra: “Democracia, autoritarismo y liberación”, http: //www.cubalibertaria.com, junio-2009. 19
El autor publicó un artículo que discute tales asuntos. Ramón García Guerra: “Izquierda y revolución. El deber de todo revolucionario es hacer la revolución”; http:// www.kaosenlared.net, 10 de noviembre de 2007. 20
Podríamos dar algunos datos. Pero uno sería paradigmático en tal sentido: Las tácticas que fueron calificadas como “estrategias de sobrevivencia” por algunos sociólogos cubanos, en particular, tenían puntos de encuentro que las unían: todas tuvieron un sentido instrumental implícito en las acciones, mientras le otorgaban un carácter contingente al “período especial”. Lo cual significa un tomar distancia ante la realidad. Cuando esto ocurre es posible hallar entonces ciertos “esquemas de acción” y “lógicas operacionales” más autónomas –diría Michel de Certeau (nota21)-- en los sujetos sociales. El resto lo hallaría la realización de un estudio concienzudo a cargo del sociólogo sobre las prácticas sociales en cuestión. 21
Michel de Certeau: La práctica de la vida cotidiana; University of California, (s/f) –versión digital. 22
Contraculturales, quise decir. La estética del reguetón en Cuba es apenas una muestra. 23
Ídem. –nota 21. 24
Orlando Fals Borda: (…). 25
Jesús Ibáñez: A contracorriente; Editorial Grijalbo, (¿año?). Esta línea de reflexión busca la articulación de una nueva epistemología forjada sobre el presupuesto de saberes populares diversos (Orlando Fals Borda). Saberes múltiples que sujetos sociales activos (Jesús Ibáñez) han estado creando en las fronteras del poder colonial (Ramón Grosfoguel) para cumplir la liberación por sí mismos. 26
Ídem. –nota 25. 27
Grupo Latinoamericano de Estudios Subalternos: “Manifiesto Inaugural”; en Santiago Gómez-Castro y Eduardo Mendieta (coordinadores): Teorías sin disciplina. Latinoamericanismo, poscolonialidad y globalización a debate; University of San Francisco, 1998 págs. 85-100. 28
Ramón Grosfoguel:”La descolonización de la economía política y los estudios postcoloniales. Transmodernidad, pensamiento fronterizo y colonialidad global”; http: //www… 2006 --versión digital. 29
El autor somete a debate --en un artículo publicado por Cubalibertaria.com-- los detalles del proceso de estractificación del territorio que en las últimas décadas ha venido ocurriendo en la sociedad cubana. (Ver nota 17.) Desde luego, este análisis abre puertas a una discusión más profunda que sobre la construcción de espacios y la relación sociedad-naturaleza planteada por autores como Arturo Escobar y otros muchos. Problemática que apenas se esboza. 30
Recordamos que las personas en comunidades así se interpelan por sus apodos. Personalmente se conocen casi todos. 31
Según un estimado del autor, estas ciudades han sido las mayores contribuyentes en los flujos migratorios externos en las últimas cuatro décadas. Y como consecuencia de esto, resultan ser las que reciben -- por concepto de remesas-- la mayor cantidad de ingresos. Desde luego, un asunto difícil de constatar por métodos estadísticos ya que los registros oficiales cubanos no producen --ni ofrecen (secretismo)-- reportes sobre el estado de la crematística familiar en estas sociedades locales. En cambio, ha sido posible articular el índice (coeficiente) que nos permitiría revela cuál está siendo la dinámica de estos ingresos en la localidad. Coeficiente que el autor –implícitamente-- aplica en este estudio. Ejercicio que deviene en estimados. El cual tiene por elementos básicos una extensa información de tipo periodística, macroeconómica y demográfica que se hallaría en artículos, informes y estudios diversos --nunca totalmente fiables--. Incluimos, además, análisis de diagnóstico que elaboran las instituciones sociales en la comunidad; junto a estudios sociológicos recientes que abordan y consideran los modos de comportamiento social --tales como: patrones, estrategias, medios, productos, cotizaciones, espacios…-- dentro de la economía doméstica de las sociedades locales. En tal sentido, el autor subraya el trabajo sustantivo que realizan los Centros Universitarios Municipales y los Grupos de Trabajadores Sociales en materia de investigaciones sociales en la comunidad. 32
Ídem. –nota 28. 33
El autor aborda este dilema en un artículo suyo que publicó en Kaosenlared.net en noviembre de 2007 (Ver nota 18) En dicho artículo ofrece un esquema del contenido de las políticas de Estado de enfrentamiento a la pobreza en Cuba desde 1959 hasta la actualidad. 34
Por su severidad las crisis de realización toma el siguiente orden: 1970, 1994, 1962, 1986 y 2002. 35
En los años 90s del siglo XX nos tocaría vivir un tiempo aciago que, sin embargo, sería la forja de un nuevo ethos ético-social en la región. (También en Cuba.) Ahora bien, hemos de cuidar la imaginación de los excesos y encantos. Mientras parece una maldición en Cuba la presencia de un Estado-padre de familia; para toda América Latina, la creación de un Estado protector fuerte se convierte en una demanda urgente. 36
Confirmado el hecho por los procesos actuales de refundación nacional en varios países de Suramérica, así como las reformas que se realizan en Cuba. 37
Entre los temas se encuentra el que ocupa a esta comisión: “Conflictos y diversidades socioculturales y políticas”. Este tema es englobado por otro mayor: “Las diversidades y sus dimensiones culturales, políticas, económicas”. La retórica del evento nos presenta a la “diversidad” como un epifenómeno que debe ser entendido según ordenes diversos de la “realidad”, así como nos exigiría cierto ejercicio de ponderación a realizar en el contexto de la resolución de conflictos sociales, económicos, políticos… (¿Culturales, ecológicos, religiosos y etcétera?) Desde luego, esto me parece justo si se entiende que estamos ante cambios radicales en gran parte de América Latina --y en Cuba--. Pero tal actitud nos dejaría en el camino sin llegar al final. Rafael Correa ha dicho, no sin razón, que estamos ante un cambio de época en la región. En tal sentido, pienso que nos estamos quedando apenas en un análisis sobre una “época de cambios”. Considero que para enfrentar una época de cambios serían suficiente cierto respeto por las diferencias y una adecuada resolución de conflictos. Entonces sí este Simposio tiene mucho qué decir. 38
En un artículo que publicamos en Cubalibertaria.com (“Como un pueblo de besos” –octubre-2009--), señalo la presencia de dos puntos en común –entre los personajes del filme: “Conducta impropia”--: esto es, todos fueron antes “minorías” y ahora hablan desde “afuera”. Esto nos revela una clave: El modelo de sociedad política actual es incompatible con el ser diferente en la unidad. Incapaz éste, además, de hallar en el discurso del Otro (excluido) su propia verdad. En un poema Roque Dalton decía que, siendo él expatriado, su patria tan pequeña sería menos patria –o expatria. 39
La editorial cubana de Ciencias Sociales publicó en 2004 un alentador libro al respecto: Reflexiones sobre economía cubana, que ofrece una cantidad importante de estudios económicos y sociológicos --que serían compilados por Omar Everleny Pérez Villanueva-- sobre la realidad social-económica actual de la sociedad cubana. No obstante, sigue aún el hábito de mantener una rígida disciplinaridad al interior de las ciencias sociales cubanas. 40
En tal sentido la sociología económica en Francia, por ejemplo, habla de agencias sociales que capitalizan las situaciones económicas para retener el control político sobre las mismas. “La dinámica de la economía global es mantenida a través de la lucha por la repartición de los rendimientos” –nos dicen Aglietta y Brender--. Contrario sensu, según los análisis realizados por la ortodoxia “marxista” --en la antigua URSS (Colectivo de Autores: “Teorías económicas não marxistas nas décadas de 70 e 80”; Editorial Progreso, 1988.)--, este enfoque sí parte del presupuesto de la existencia del conflicto clasista como factor decisivo en la historia económica de toda sociedad. (M. Aglietta y A. Brender: Les Métamorphoses de la Société Salariale. La France en Projet; Paris, 1984, pág. 76). La revista cubana Marx Ahora ha prestado mucha atención a debates económico-políticos europeos que, desde una sociología económica francesa de izquierda, han estado allí sucediendo en la década de 1990. 41
En este espacio no sería posible considerar ciertas tendencias de la comunidad de sociólogos franceses en su adscripción a las políticas corporativas de las grandes empresas europeas. (Un asunto que desborda incluso a las sociedades políticas del Viejo Continente en la actualidad.) Empedrado este camino que comienza con Maquiavelo en la Vieja Europa. No obstante, este hecho significa un peligro real que debemos de atender en Cuba quienes nos ocupamos de tales estudios sociológicos sobre la economía. 42
El estudio de diagnóstico de sustenta esta exposición fue construido a partir de informes, estadísticas y consultas que el autor realizó, con el apoyo de entidades adscriptas a los gobiernos locales en cuestión y algunos especialistas y vecinos de la localidad. Fueron así empleados otros materiales: Anuarios Estadísticos ONE (2001-2007), Censo de Población y Viviendas (2002), Atlas Etnográfico de Cuba (…), informes de Órganos de la Administración Central del Estado (OACE) y Comisiones de Trabajo de la Asamblea Nacional del Poder
Popular –según reportes de prensa--, etcétera. Finalmente, durante el período objeto de análisis, el autor ha sostenido años de residencia física –un lustro en Varadero-- o de relaciones directas –por tres décadas en Bauta-con tales ciudades. La relación con Guisa se mantiene a través de varios colegas y amigos que son vecinos de la región. 43
En tal sentido el discurso oficial ha sido abundante dando razones sobre la condición de subdesarrollo de la sociedad que reproducen las políticas de Estado cubano. (Escamotea así la discusión de la colonialidad que se halla implícita en la sociedad cubana.) 44
El autor no participa de cierto ´objetivismo`, insisto, que obliga a presentar figuras arquetípicas que deben constituir claves que resumiría una totalidad más compleja que tales modelos. Preferimos situar puntos en la cartografía que faciliten luego emplearlos como referentes en otros estudios de casos. Concebimos la realidad social como un entramado de sucesos infinitos y singulares no sujetos a estructuras binarias o prácticas disciplinarias que fracturan una totalidad de detalles. Estamos a favor de entender la sociedad como “actores sociales en movimiento” que hacen la misma –como la entendió Fernando Mires- -. Fernando Mires: El Discurso de la Miseria o la Crisis de la Sociología en América Latina; Editorial Nueva Sociedad, 1993. No soy posmoderno. Mantengo ante la Teoría de la Complejidad mis reservas. 45
La altísima fragilidad de tales ejercicios se evidencian en Varadero, por ejemplo, cuando se considera el impacto distorsionante que sobre la arquitectura vernácula produjo la economía del turismo. La situación de la sociedad local en Bauta, asimismo, descentrada, cubre el déficit de solvencia material con una intensa emigración hacia el extranjero y una “emulación” con los patrones de consumo de la gran ciudad. 46
Valdría la pena considerar la función performática de algunos programas de la televisión (p.e. “Cocina al Minuto”) y la radio (p.e. “Nocturno”) nacionales en la modelación de los nuevos imaginarios sociales que acompañan a este proceso. 47
Los años 70s harían la década del ingreso al CAME, la adopción de planes inversionistas gigantes, la Ley del Vago, la escasa emigración externa, la creación de Becas en el Campo (ESBEC), la nueva división administrativa y política del país, etcétera. Los años 80s, en cambio, harían la década de la aprobación del Mercado Libre Campesino, la crisis migratoria del Mariel, la Deuda Externa, la aceptación de la librecontratación de la fuerza laboral, etcétera. Pareciera cumplir una parábola dicho proceso: cuesta arriba (años 70s), cuesta abajo (años 80s). Pero el modelo constituye algo grosero: sociedad local cerrada, sociedad civil fracturada… fuerte Estado policial. 48
Ernesto Che Guevara: “El socialismo y el hombre en Cuba”; en Obras 1957-1967 (tomo II), editorial Casa de las Américas, 1970 –págs. 367-384. 49
Quién desee constatar el peso político de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana del cubano, debe indagar sobre el contenido del paquete de medidas que adoptó el Gobierno cubano en el verano de 2008: la venta de equipos de DVDs, el acceso a la telefonía celular, etcétera. Liberalización que desoía (frustraba) las altísimas expectativas políticas que el anuncio de la realización de reformas radicales del Estado – según el discurso de Raúl Castro en la Asamblea Nacional (febrero, 2008)-- había creado en la sociedad cubana. 50
La reforma a la Constitución en 1992 insistía en la conservación del status político de los CDR, la FMC y la ANAP. Unas formas de asociación cívica que habían caducado y que, para entonces, debía ser actualizadas dados los cambios sustanciales que se sucedía en la realidad. 51
Los delitos de “cuello blanco” que han sustanciado en los últimos diez años los tribunales cubanos no llegan al uno por ciento de los delitos comunes que han juzgado los mismos. La lucha contra las ilegalidades en el sector de la vivienda no han abierto un solo expediente por lavado de dinero contra extranjeros por la compra ilegal de viviendas en Cuba, ni menos ha reportado en los países de orígenes tales casos. Por ejemplo, sólo en la comunidad de Santa Fe –en la periferia de la Ciudad de La Habana--, con 25 mil habitantes, habían --en apenas tres-- años 78 extranjeros puesto a circula 5,4 millones de dólares en dicha comunidad. 52
La mujer que ejercía el “viejo oficio” en la década de 1980, merecía ser tratada de forma injuriosa según la moralidad obrerista que, asimismo, toleraba formas de prostitución oficiosas como el adulterio (masculino) que practicaba la élite política del país, o aquellas damas de compañía que altos funcionarios del cuerpo diplomático acreditado en Cuba podía disfrutar, etcétera. (Documental: “Conducta impropia”.) 53
Las fuentes que facilitaron este análisis, entre otras, fueron las siguientes revistas: Temas, La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas, Criterios, Perfiles de la Cultura Cubana (digital), Marx Ahora, Cuadernos de Nuestra América, Arte Cubano y Economía Cubana. Consultamos los boletines digitales del CIPS (2000-2009).
Participamos en foros científicos y eventos académicos diversos, donde se presentan los informes de investigaciones de instituciones tales como: Instituto Juan Marinello, Instituto Superior de Arte, Instituto de Filosofía, Instituto de Historia de Cuba, Instituto Cubano de Antropología, Universidad de La Habana, etcétera. En estos últimos dos institutos ha trabajado el autor en proyectos de investigación como especialista en dichas instituciones científicas. Profesor de Sociología y de Comunicación Social de la Universidad de La Habana -entre 2003-2008. 54
María Isabel Domínguez: “¿Qué ciencias sociales se necesitan?”; Palabras en la inauguración del Simposio XXV Aniversario del CIPS y Encuentro Pre-ALAS; Boletín CIPS, Segunda Época, No. 3 – diciembre 2008. 55
En esta relación no menciono otras tantas sociologías que se confunden en las fronteras con otras ciencias sociales o humanísticas como los estudios filológicos, comunicacionales, jurídicos; informes de diagnósticos que realizan las instituciones docentes, culturales y sanitarias; crítica literaria y artística, etcétera. 56
La cuestión que planteo aún se mantiene en la lógica estatalista. 57
Una actitud similar adoptó la clase profesionista (media-alta) que integraba el anterior régimen social en Cuba, ante una revolución popular que implicó la baraúnda burocrática de la cosa pública en la década de 1960. Pensamiento forjado en las fronteras del nuevo régimen. Pero que, como en la situación que discutimos en este extremo del análisis, puede estar signado por la coyuntura que enfrenta y reducir su “cuota de verdad”. La cuestión es cómo objetarlo sin negarlo. Estamos frente al enjundioso trabajo de Mayra P. Espina. Quizá hoy este siendo la socióloga más inteligente y audaz en Cuba de las últimas dos décadas. 58
Mayra P. Espina: “Viejas y nuevas desigualdades sociales en Cuba”; revista Nueva Sociedad, Segunda Época, No. 216 –julio/agosto, 2008 (http: //www.nuso.org). En este artículo dice Espina que debemos de entender por “reestratificación social”: (aquellos) “procesos de transformación socioestructural caracterizados por la reemergencia de las desigualdades sociales, la aparición de nuevas clases, capas y grupos sociales que generan nuevas diferencias sociales o expanden las ya existentes, la diversificación de las fuentes de ingreso y la polarización de estos, lo que hace más evidente la existencia de una jerarquía socioeconómica asociada a las diferencias en la disponibilidad económica y en las posibilidades de acceso al bienestar material y espiritual”. Evidentemente esta categoría fue construida sobre el fundamento de las realidades cubanas –más algún referente adicional--, las cuales son estimadas por la socióloga cubana y que nosotros discutimos en esta ponencia. 59
El sentido común alienta el mito popular de los “tiempos buenos” y lo ubica en la década de 1980. Sucede lo mismo con el mito político de los “tiempos épicos” de la Revolución cubana que son situados en la década de 1960. 60
Los grupos sociales que se ubicaban en una posición de privilegio en dicha “pirámide”, podían echar una mirada sobre la sociedad para lograr distinguir así pocos detalles en la totalidad. Cromatismo miope, que era resultado del efecto homogeneizante de aquella hegemonía obrerista/populista que, a su vez, un modelo de hombre-masas le sometía. Esto podría explicar el magro espectro de diferencias que desde una ideología nacional-socialista se podían advertir en la sociedad cubana. Explicaría esto, además, las actitudes de consternación que implicó la revelación de aquella fragmentación social de la sociedad. Diferencias sociales que hasta entonces se hallaban integradas por un orden jerárquico estatista. (Socialista autoritario.) Esto es, un orden que encubría las asimetrías sociales que ahora eran subvertidas por los cambios. 61
En los estudios sociológicos de Mayra P. Espina sobre la estratificación social de la sociedad se advierte una toma de distancia crítica con respecto del empleo de las estadísticas oficiales en los mismos. 62
Podemos abordar las estrategias seguidas por los cubanos para enfrentar los problemas de la sociedad saltando las fronteras de la misma. El reporte de salidas definitivas hacia el extranjero indica que en principio los flujos migratorios externos se dirigían fundamentalmente al destino “Estados Unidos”. Después de la crisis migratoria de 1994 el abanico de preferencia se ensancha: En estos momentos hay cuba- nos en 148 países. Los registros migratorios del MININT que controlan a residentes permanentes en el extranjero con autorización del Estado cubano (status conocido como PRE) están siendo más precisos desde 2000. Lo cual hace pensar que las solicitudes de PRE se hicieron más regulares a partir de esta fecha. Los datos del Censo de Población del 2002 también nos ofrece datos migratorios de interés sobre la distribución espacial de los emigrantes con status de PRE. Los cuales indican que estas estrategias se han extendido por el país. Provincias como Ciego de Ávila, por ejemplo, ocupan un lugar destacado entre las regiones emisores. 63
Discutimos estas estrategias en el ensayo: “Democracia, autoritarismo y liberación”; que fuera publicado por Cubalibertaria.com –en junio de 2009. 64
Probaría esto la reducida sostenibilidad del modelo de sociedad. Una amplia diversidad de formas de vida
social, --basadas en eficaces mecanismos de adaptación ecológica de la comunidad-- sería la garantía ante cambios de circunstancias tan abruptos y radicales. Desde luego, para una sociedad periférica tan afectada por la altísima contingentividad de las formas sociales –como la sociedad cubana--, prestar atención a la conservación de una adecuada diferenciación social, sin duda alguna significaría darle mayor sostenibilidad al modelo de sociedad que sea adoptado. ¡Siempre que las asimetrías se reduzcan! 65
Una política de Estado que comienza por afrontar los problemas acumulados en la década de 1990. Luego se extiende al pasado. Finalmente esta ofensiva acaba por problematizar el modelo de sociedad futura. La cifra de programas que integran la Batalla de Ideas llega a 340. Situación que produjo en su momento una implosión administrativa del aparato operativo que gestionaba esta política. 66
En tal sentido, las políticas de modernización del Estado –políticas que al parecer sostienen al proceso de reformas en curso-- no tendrían en Cuba oportunidad alguna de desenredar estos entuertos. No obstante, adopta hoy la dirección política del país como referente a la reforma constitucional que se realizó a partir de 1976. Este asunto lo discutimos en el artículo: “Sopla el viento a favor”. Publicado en http: // www.kaosenlared.net –marzo de 2008. 67
Ídem. –nota 44. 68
Renato Ortiz: “Las ciencias sociales y la cultura”; revista Nueva Sociedad No. 175 --septiembre- octubre, 2001. 69
Francisco López Segrera: “Abrir, impensar, y redimensionar las ciencias sociales en América Latina y el Caribe. ¿Es posible una ciencia social no eurocéntrica en nuestra región?”; en Edgardo Lander (compilador): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas; Buenos Aires: CLACSO, mayo 2005. 70
El estatuto de la política es objeto de discusión en la izquierda de Occidente. La crítica filosófica de Alberto Moreiras al texto: Hegemony, Contingency, and Universality. Contemporary Dialogues on the Left (Londres: Verso, 2000) –cuyos autores serán: Judith Butler, Ernesto Laclau y Slavoj Zizek--, en particular, plantea que “una política que persista en la evacuación de la subalternidad de lo político y lo social no tendría recurso a la acción política”. [Alberto Moreiras: “Sobre las condiciones para un pensamiento izquierdista”; revista Nueva Sociedad No. 170 --noviembre-diciembre, 2000](Antes ha debido exigir la destranscendentalizar lo social. Proyecto que enfrente a la historicidad radical de lo subalterno.) El análisis político lo ubicarían en la cartografía ideológico-cultural de las sociedades occidentales cerca de aquella socialdemocracia que apostaba por la Tercera Vía. Considero a Antony Giddens (en Sociología) como a Alberto Moreiras (en Filosofía). Sin embargo, pienso que la sociología no ha advertido las implicaciones sociales de tal filosofía. Preguntémonos: ¿Cómo lo social se traduce en la política? ¿Cuáles serían los fundamentos sociales de la política? En este asunto está ocupada hoy la sociología política sin haber logrado ésta superar el esquema binario: estado político-sociedad civil. La teoría sociológica que ha construido con tales propósitos el autor, implica no sólo una “traducción” al lenguaje sociológico de dicha cuestión filosófica sino, y ante todo, busca dar continuidad a esta discusión de la izquierda –ahora latinoamericana y caribeña-- para radicalizar la propuesta de Moreiras. Planteamos una solución de continuidad entre política y sociedad que resultaría congruente con una concepción antipolítica que la entiende como incompatible a la condición humana del hombre. 71
La sociedad se convierte en política justo cuando son reconocidas las asimetrías que constituyen a aquella (la sociedad) y, entonces, negocia su continuidad sobre el presupuesto de la existencia de las mismas. Desde luego, nunca se modifican las condiciones de partida: lo político. 72
Este sería un buen motivo para investigar esos saberes construidos en la frontera. En aquel momento fueron movilizadas las Brigadas de Respuesta Rápida (BRA) para contestar la manifestación de un grupo inconformes que se había mantenido por algunos días en protesta. (Quiénes han estudiado la historia de los Estados y la sociología de la política, podrán estar enterados de en cuáles circunstancias fueron las masas organizadas para dar respuestas de apoyo a los gobiernos en estos tipos de eventos.) Muchas de las personas que se vieron involucradas en la protesta, ante la respuesta de las BRA, saltaron de bando y participaron en la marcha de “reafirmación revolucionaria” que se ofrecía como apoyo al Gobierno. Por- que esta batalla no se concentraba contra el Gobierno sino procurando una salida al conflicto. 73
Este no sería el mejor ejemplo de un pensamiento creado en la frontera –según Grosfoguel--. La cuestión se plantea cuando Paya Sardiñas logra presentar un proyecto de Ley a la Asamblea Nacional. La iniciativa legislativa frustrada tenía por fundamento un pliego de demandas políticas: libertad de expresión y de empresa, realización de elecciones (libres), etcétera. . Demandas todas que se argumentaban en el sentido común. Lo que se ofreció como respuesta fue la suspensión por el Gobierno de las garantías del juego político en materia de
reformas a la Constitución del país. En tal sentido era evidente la fragilidad del orden constitucional de la sociedad cubana, frente a la iniciativa de una disidencia mercenaria carente de argumentos para encarar con responsabilidad los destinos del país. 74
Pienso en OMNI Zona Franca ahora. CD-ROM: Alamar Express. Generación CMNL, Boleto ML/2005. (Este disco contiene un clásico: “Lucha tu yuca” (canción-trova), de Raymundo Fernández Moya.) Propuesta que constituye un discurso ideoestético que transgrede las convenciones artísticas que la modernidad eurocéntrica les ha impuesto a las culturas populares en las sociedades periféricas. Aunque la situación de ´espectáculo` mediático creada alrededor de “Porno-Para-Ricardo”, por ejemplo, puede estar eclipsando otras propuestas artísticas (con sentido político directo) dentro de la sociedad cubana. 75
Las acciones de policiales contra las tribus urbanas han tenido una cobertura mediática mayor en situaciones como las ocurridas en G y 23 –barrio capitalino de El Vedado; municipio Plaza de la Revolución, Ciudad de La Habana. La acción mediática del oficialismo ha intentado crear situaciones de discordia entre las tribus: hemos vs. friquis, repas vs. mikes, etcétera. Programas de acción política de la Juventud Comunista han sido organizados para contrarrestar el influjo de la presencia de las mismas. 76
Ídem. –nota 7.
A continuación reproducimos el informe que el compañero Ramón nos ha hecho llegar sobre el debate que se suscitó en el Simposio tras la presentación de su contribución.
«Economía política errática y acción libertaria ausente» Autor: Ramón García Guerra.
*** I Cierto que fue situada aquella intervención (erudita) delante de cualquier debate en el II Simposio del CIPS. ¿Quizá como una precaución ante los excesos? Los estudios que se anunciaban habían sido construidos sobre bases epistémicas diferentes a las del trabajo que esta vez ofrecíamos en este encuentro de científicos sociales al debate. Esta era una frontera que debimos sortear. La otra se refería al efecto de recorte que podía producir el acto de situar el dilema económico en el dintel del foro académico por realizar. Había antes tratado de “negociar” con algunos autores(as) mis propuestas teóricas y conceptuales para que no fueran consideradas una “agresión” a éstos(as). Los cuales había adoptado como perspectiva en sus trabajos una “época de cambios”. En cambio, aquel que ofrecía a debate tendría por fundamento un “cambio de época”. Es decir, mi trabajo no se contentaba con un reconocimiento de las diferencias y una adecuada resolución de conflictos, para intentar un cambio epistémico radical y la adopción de metodologías más apropiadas al efecto del proceso de transición que Cuba iniciará en 1989. (Y que continúa hoy.) Sabemos que resulta un hecho abrumador el comenzar con una disertación sobre el estado precario de la economía
cubana en la actualidad Sumemos a tal hecho una sobredosis de determinismo en el discurso en cuestión. Esto explica que hayamos saltado de la butaca. RGG: Cuando le escucho hacer sociología –le decía a Juan Triana Cordobí-- me acuerdo de mis carencias en economía. Sucede que ambos estábamos ante un auditorio de personas inteligentes que no admitían actitudes doctas sino dialógicas. Entonces me pareció mejor ofrecer algunos comentarios a Triana y pedirle que se posicionara luego ante los mismos. Fueron tres en total. Desde luego, fue un intercambio tenso entre concepciones opuestas en materia de economía política de la transición socialista. En tal sentido acusé la existencia de cierto productivismo que estaría facilitando la reproducción de las viejas estructuras de opresión que heredamos del capitalismo periférico en Cuba antes de 1959. Invertir allí donde menos costoso nos resulta ha impedido que fueran subvertidas tales estructuras de opresión en medio siglo. Efectivamente, si nos vemos hoy ante la disyuntiva que enfrentó antes José Martí a finales del siglo XIX (independencia o anexionismo), será porque precisamente apostamos a una concepción productivista al hacer la economía y la sociedad cubanas actuales. Superada la situación del diferendo con Estados Unidos, evidentemente, --según esta crematística al uso (mediocre)-adonde los cubanos iríamos a comprar sería al mercado norteamericano pues allí se hallarían los mejores precios. El dilema no estaría en la fragilidad de la economía cubana sino en la condición lacayuna de dicha ideología. JTC: ¿Cómo un país con escasos recursos debe invertir los mismos? –esta fue la respuesta de Triana--. Incluso, cruzó el balón a mi cancha; A ver, ¿qué harías tú? RGG: Bueno… Lo que haría un judío al enfrentarse ante una disyuntiva así: buscar la tercera opción. JTC: Sí, sí… Es fácil decirlo así. Pero ¿cuál sería esa “tercera opción” de que tú hablas? (Curiosamente en la riposta Triana se refirió a inversiones hechas en las provincias cuando mi cuestionamiento anterior discutía las prioridades que estaba recibiendo la Ciudad de La Habana en dicha materia.) Evidentemente, Triana se sentía incómodo ante mis criterios. Lo único que podía ofrecer en cambio era una invitación a que todos inventáramos juntos esa “tercera opción”. Continuó él con una ensarta de malabares que mostraban más su inconformidad que sus convicciones al respecto de la cuestión se debatía. “Lo que está en juego acá, Triana, --le dije-- es la propia continuidad (o no) de la Revolución cubana. Porque… ¿Cuándo este círculo vicioso será roto para facilitar la emancipación de los oprimidos y el triunfo del socialismo en Cuba?”. Quizá dije más. La cuestión se refiere a la fractura que produce dicha concepción de la economía sobre el proceso de reproducción de la sociedad al adjetivar al consumo frente a la producción de bienes y servicios. En tal sentido la economía política (capitalista) del consumo en la actualidad es adoptada por un Estado nominalmente socialista para sostener un modelo de dominación política --que no sólo estaría agotado, sino, además-- que descalifica todo proyecto de nueva sociedad y de hombre nuevo por realizar. Las políticas económicas afectadas por dicho presentismo resultan miopes ante la relevancia del proyecto social emancipatorio y libertario que implica al socialismo. RGG: Como andan tan urgidos los economistas cubanos y escasos de recursos a emplear, no se me ocurre otra cosa que plantear otras urgencias en esta ocasión. (Este resultó el segundo comentario que ofrecería a debate.) La presión social que ejerce sobre las políticas públicas el efecto combinado de los patrones de consumo de los 80s y la demanda aplazada de los 90s necesita de estrategias económicas efectivas o en cinco días el socialismo podría fracasar en Cuba. ¿Acaso tienen ustedes los economistas alguna alternativa que ofrecerles a los políticos cubanos? En verdad no recuerdo que respuesta nos dieron al respecto. Imagino hizo un rodeo largo sobre el tema. (Podríamos apelar a la relatoría del Simposio.) Pero mi asunto no iba contra
Triana sino contra ideas que si insisten en ellas van a joder este país. Porque han preparado al país para privatizarlo en cinco días –había dicho antes--. Sólo con el dinero depositado en cuentas bancarias por la población bastaría para comprar el 56% del PIB. Sin embargo, hemos tardado cinco décadas en socializar la economía y todavía no sabemos si esto ocurrirá. En un país donde tres o cuatro sabihondos deciden qué hacer, entonces, nada nos extrañaría que cierto día amaneciera (podría ser en enero de 2010) con una economía social de mercado sobre las espaldas de los cubanos. Pensando así me atreví a plantear mi último comentario ante una persona que bien podría considerarme como un aguafiestas en apenas una jornada. Entonces dije algo que difícilmente podía provocar la discordia entre ambos: “Estamos por un modelo de economía a escala humana de bajo impacto ecológico” –le dije--. Luego alerté que la reforma económica no debía concentrase en el régimen de propiedad a adoptar sino en las estructuras de poder político que domeñaban las formas económicas actuales de la sociedad cubana. JTC: Desde luego, si cambia la economía tendrá las estructuras de poder que cambiar. Poco a poco. Pero ahora nos bastaría con flexibilizar la gestión económica al menos un tantico. Efectivamente, esta opinión final de Juan Triana Cordobí hacia regresar el debate al punto de partida. Lo cual indica que existe algo más que una episteme errada al abordar estos asuntos. Podemos ahora advertir un denso entramado de hilos de poder que tensionan a una sociedad en transición que, asimismo, no halla una solución a la crisis de gobernabilidad que le viene encima en breve. Y esto si fuera poco se suman las “bajas pasiones” de agentes de la ultraderecha en Cuba, cuyos nichos parecen hallarse en los claustros de escuelas del PCC, de las academias militares (MINFAR), así como entre ciertos oficiales de algunos de los órganos de inteligencia y de control policial del país (MININT) –según lo indican los últimos eventos-. Entonces nos quedan abiertos dos frentes de batalla: uno ideológico y otro político. Este último tendría por objetivo evitar que la ultraderecha halle motivos para fabricar situaciones artificiales para presionar a la dirección política en Cuba a una derechización del proceso de reformas en curso estando próximos a la Asamblea Nacional de finales de 2009. El debate sobre la economía política de la transición socialista, en cambio, sería el terreno ideológico donde se estaría fraguando las formas económicas que deben acompañar a aquellos actos de conciencia que deberán asegurar cierta “marcha de multitudes hacia el futuro” (Che Guevara). Así de simple es todo. II Rafael Correa habla en este momento de una época de cambios en América Latina. Ciertamente, la época que debemos vencer es la de la despolitización de la economía y de la sociedad. Zizek se refiere a ella como un tiempo en que “el modo en que la economía funciona (la necesidad de recortar el gasto social, etc.), es aceptado como un simple dato del estado de cosas objetivo”. En este contexto cualquier debate sobre la ciudadanía social se convierte en un culturalismo fatuo e ineficaz. El debate que realizamos en el Simposio del CIPS sobre “participación e integración” de actores sociales en la sociedad real existente, por ejemplo, corre así el peligro de resultar en una actitud cómplice de la colonialidad del poder hoy existente en Cuba. Colonialidad que se expresa en las políticas culturales cubanas – educativas, artísticas, editoriales, científicas, mediáticas, etcétera-- que hablan de nuestra condición mestiza, multicultural o híbrida en la actual sociedad cubana. La cuestión ideológica queda reducida en retórica política, mientras seguimos siendo –como ha dicho Fernando Martínez Heredia (2009)-- “una sociedad despolitizada que practica un diálogo de sordos”. La lógica binaria con que intentan los burócratas hoy explicarnos la realidad económica de la sociedad (base/superestructura, etcétera) no sólo dogmatiza al marxismo – mientras logran descontextualizar a Carlos Marx--, sino, además, resulta congruente con la
colonialidad del poder en cuestión. Esto es peligroso pues la derecha internacional nos está ofertando una economía social de mercado como alternativa ante los dilemas existenciales que padecemos todos en la actualidad. En el evento del CPIS decía que una actitud pragmática se impone en el análisis económico de la sociedad. Existe una especie de “cajón de sastre” en donde se encuentran todas aquellas teorías capitalistas de las décadas de 1970-1980, que antes debieron ceder ante la ofensiva neoliberal tacherista y que ahora mismo son objetos de ejercicios ingenieriles según los pedidos de urgencia que hacen los gobiernos actuales. El fondo del asunto se encuentra en una actitud resignada que nunca llega a problematizar las condiciones éticas, históricas y políticas de la economía y no parece advertir que la determinación en “ultima instancia” de la economía (comodín de la ortodoxia) ha llegado al extremo de convertirnos en una sociedad del espectáculo que ha perdido el sentido del ridículo. Mientras que la relación mercantil quede incontestada en los proyectos de nueva sociedad que se presentan hoy a debate, la hora en Cuba de la emancipación no habrá llegado. El dilema de Cuba se reduce a la despolitización de la economía bajo un discurso eficientista de raíz capitalista-colonial; mientras, por otra parte, tratan de politizar a la sociedad con una retórica nacionalista fuera del contexto de aquel proceso de refundación de las naciones que ocurre en América Latina. (Proceso regional que otorga actualidad a una macroétnia en marcha: sociedad americana.) Intentan estos señores, acaso, hallar la manera de cómo salirnos del desafío que nos presenta una época de cambios. (Para no asistir al cambio de época –quise decir--.) En tal sentido, aún dentro de la episteme que implicaría una “época de cambios” –no un “cambio de época”-- podría ser articulado todo un cuerpo de pensamiento social (alternativo) tan inteligente y tan políticamente acertado como aquel producido en el Simposio Internacional del CIPS que ahora comentamos en este artículo. Pienso que los políticos en Cuba deberían asistir a encuentros así más a menudo. Creemos que lograr un reconocimiento tal de las diferencias sociales nos ayudaría a la construcción de las bases del diálogo político. Lo que favorece la superación de la incomplitud del ser social y forjar las condiciones para la facturación de nuevos consensos sociales en la sociedad cubana. El hecho de enfrentar una altísima conflictividad (como la sociedad en transición que somos) nos estaría obligando a encontrar las formas de resolución de conflictos más adecuadas y efectivas. Ahora bien, el desafío histórico que significa la realización de una revolución social (socialista) –en tanto implica esto la realización de un proyecto de “diversidad radical descolonial anticapitalista”, según Ramón Grosfoguel-- desde una sociedad periférica (y dentro del sistema-mundo actual), ante todo, implica la subversión de la condición de subordinación colonial-múltiple ante una civilización capitalista que, en principio, nos reduce al estatuto de proletariado externo frente a aparatos productivos foráneos (transnacionalizados) que se sirven de tal condición adjetiva del Estado-nación y hace de la soberanía popular un chiste político de mal gusto. En el caso de Cuba este desafío tiene dos líneas de respuesta que se unen en un objetivo único: lograr realizar aquel potencial utópico que se hallará hoy contenido en las luchas sociales de sujetos sociales plurales. (Quizá sería mejor decirlo con palabras propias de José Martí: Debemos lograr “ese estado apetecible donde cada hombre se conoce y se ejerce” –dicho en Manifiesto de Montecristi...) Las líneas en cuestión se definen como la superación del perfil exportador-importador de la economía nacional –partiendo de la aplicación de criterios flexibles de complementariedad con los aparatos productivos de otras economías nacionales--, así como enfrentar la descolonización de las estructuras de poder (socialista de Estado) para constituir un espacio público alternativo no estatista. Lo que implica darle continuidad al proceso histórico de individuación que sigue Occidente –según nos advierte Cornelius Castoriadis-- sin hacer alguna u otra concesión ante la filosofía egoísta que lo conduce en la actualidad.
Este análisis nos regresa al modelo de economía que enunciamos en el diálogo con Triana: Entonces dijimos: “Estamos por un modelo de economía a escala humana de bajo impacto ecológico”. La misión que propongo acá no se reduciría en una reconversión tecnológica del aparato productivo cubano tan solo apelando a una modernización del mismo que, finalmente, signifique un tributo a la ideología desarrollista burguesa que han identificado a las políticas populistas del Estado cubano. La escala humana que debería adoptar el modelo económico cubano pasa por la creación de pequeñas empresas que sirvan de soporte institucional de un universo de actores económicos plurales no estatizados. (Pero que tampoco éstos hallen en la mercantilización la razón última de sus prácticas.) La reforma a la Constitución de 1992, por ejemplo, otorgó un rango de autonomía mayor al municipio como agencia política en la comunidad. (Estatuto aún sostenido como deber-ser, pero no cumplido hasta el presente.) Los consejos de administración provinciales, según esta reforma, resultan agencias delegadas del gobierno central que estarían para facilitar la realización de dichas autonomías y no para obstruirlas como sucede en la actualidad. La visión del asunto que tenemos nos lleva a sugerir un empoderamiento real y efectivo de la comunidad frente a la autonomización de tales actores económicos plurales, con el objetivo de asegurar un juego de intereses que obligue a estos últimos a seguir la voluntad popular en calidad de servidores leales a la misma. III En mi trabajo de campo --en el cotidiano-- conocí a una joven estudiante de Economía de quinto año antier: Sonia. (En un viaje del ómnibus P4 entre Playa a El Vedado --para más señas--.) Sonia me comentó la idea de dedicar su tesis (de graduación) en Economía al análisis de los procesos de negociación que realiza una empresa. ¿Pero a cuál de ellas te vas a referir en la tesis? –pregunté--. Había pensado en ETECSA. Quizá me denunció un gesto. Entonces me obligó a ser explícito en mi actitud: ¿Empresas que integran el sistema corporativo de una economía mixta que está condenada a morir a corto plazo? Pero no hay mucho para escoger en la Viña del Señor: Coexisten dentro del modelo económico cubano -en estado de asincronía total (casi una autárquica)-- varios tipos, esquemas y prácticas de “emprender” la economía en el cotidiano –estatal, social, mixta, cooperativa, privada, outsider, etcétera-- que, además, los métodos estadísticos de dirección han convertido en una bomba de tiempo. El dilema que enfrentaría Sonia en su investigación de grado, en principio, se hallaría a nivel meso-económico --y no macro o micro--. Particularmente se muestra en la existencia de trabas legislativas e institucionales que se concentran en las atribuciones que otorgan a los actores económicos efectivos --y no a través de las competencias con que dotan a éstos--, así como en la carencia de esquemas de contratación y financiación más adecuados que faciliten la interconexión entre actores económicos múltiples, etcétera. Exactamente, la reforma económica en Cuba debiera comenzar por aspectos meso-económicos para continuar hacia lo macro y lo micro después. El diseño que debemos de adoptar distinguiría entre prácticas de administración cotidiana – ahora cargadas de responsabilidades sociales y ecológicas nuevas--, los sectores estratégicos (energético, biotecnológico, informático, etcétera) y las áreas experimentales de la economía. En mi opinión, un modelo jurídico-legal renovado deberá hacer énfasis en estrategias de estímulo al trabajo de formación de diversas competencias y agencias entre actores económicos plurales. (Esto es, antes que ocuparse en articular aquel paquete restrictivo de atribuciones y funciones que serían otorgadas a actores económicos estatizados que ralentizan la vida económica del país.) Luego, la relación cosificada entre Estado y sociedad resulta del carácter patrimonial de la política. (Favoreciendo así la función policíaca del poder en la actualidad.) Esto explica que --luego de tantas vueltas que hemos dado-- todavía nos hallemos dentro de la “sociedad mercantil de partida”. La cual se sostiene en aquellos criterios
cuantitativos estrechos de constitución y realización del ser social de que hablaba Guy Debord. Este cambio epistémico implica una reconfiguración del cuadro de seudo-problemas que hoy se estarán planteando los juristas, economistas y políticos cubanos con mucha urgencia y seriedad. Quien se decida a comenzar la reforma económica por la macro o microeconomía habrá dado el primer paso en falso. La gran reserva de “eficiencia” la hallaremos en esta dimensión de la economía y no donde aplicando tácticas guerrilleras que, a propósito, se están agotando en la apertura de frentes productivos y/o sectores de vanguardia en la misma. Pienso que la mejor tesis de graduación de un estudiante de Economía debería ocuparse en re-crear aquellas categorías propias de la economía política para la transición socialista en Cuba. Desde luego, las reformas que emprende hoy el compañero Raúl Castro no comulgan exactamente con estas otras reflexiones que vengo sumando en mí artículo. No obstante, siendo situada las reformas en cuestión sobre una visión horizontal de las estructuras de poder hoy existentes en Cuba, hallan muchos puntos de contacto que pueden justificar nuestra adscripción a las mismas como un “programa mínimo” aún por realizar, en nuestra batalla por una revolución social más amplia y radical. ¿Cuáles son nuestras expectativas al respecto? La clase dirigente actual entregará lo mejor sí: que no alcanzará más que para prevenirnos de ciertas contingencias que difícilmente vuelvan a ocurrir en el futuro. En cambio, los que le sustituyan no tendrán esas “experiencias” a su favor y correrán el peligro de replicar absurdos contenidos en las prácticas y estructuras que han heredado de forma inconsciente de sus mayores. La alegría de estar conquistando el futuro podría confundir el sentido y alcance del proyecto de sociedad que ahora pudiéramos estar adoptando de forma más o menos consensuada entre los cubanos ¿de adentro y de afuera? Sin embargo, como un resultado de tantas aventuras fallidas se estaría realizando una potencia económica contenida en prácticas y discursos construidos en las fronteras de los poderes constituidos en la sociedad cubana. Desde luego, en estas fuentes los jóvenes iracundos cubanos del mañana hallarán motivos suficientes para refundar el proyecto libertario (original) de la Revolución cubana. Quizá, esto ocurra en la cuarta década del siglo XXI (¡Los Años 30!). La joven Sonia de hoy para entonces será una economista madura, consciente y creativa en toda su plenitud. Y estará ella frente estos jóvenes cubanos del futuro que les exigirán tanto como a los economistas actuales les ocurre hoy mismo. Confieso que en el diálogo con ella me interesé por la actividad docente y educativa del Claustro. (¿Éste es autoritario o no?) Entonces me referí a la conferencia de Triana en el Simposio. (Sólo una referencia, nomás.) Cuando vi brillar los ojos de Sonia me percaté que había rosado a un santo con la voz. Triana tiene un prestigio bien merecido en dicha Facultad, que no iba ha descalificar ante una estudiante de Economía que lo admira. Después de todo, algo peor ocurre en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Habana: las formas deificadas de la mercancía han calado hondamente en las mentalidades de profesores y alumnos tan fuertemente que la palabra marketing se ha convertido en un epifenómeno que podría explicar casi cualquier tipo de fenómeno social que pudiera aparecer ante los mismos. Quizá ellos no presten tanta atención a la dinámica de los imaginarios sociales en la actualidad, pero sí se ocupan en la construcción de imágenes y representaciones mediáticas que tienden a reproducir aquellas viejas estructuras de opresión que aún perduran en la sociedad cubana. Difícilmente una academia despolitizada pueda hacer por fomentar pensamientos críticos que logren deconstruir esa realidad alienada que nos agobia hoy. Les falta un enfoque clasista a los programas de estudios universitarios en Cuba y el modelo académico carece de brújula política propia que le oriente a un puerto seguro. Las órdenes del PC cubano son disolventes en tanto no reconocen la función “subversiva” que estos centros universitarios están llamados a cumplir en la política socialista cubana. Finalicemos este artículo con la discusión de las actitudes pragmáticas que han estado
adoptando algunos de los economistas cubanos en la actualidad. ¿Podríamos, acaso, lograr la efectiva reconverción del modelo económico cubano desde las difíciles circunstancias actuales que resultan ser extremas? Sí. ¿Cómo lo haría? La carga fiscal que intenta echar de encima el Gobierno cubano hoy, por ejemplo, le daría al mismo una capacidad de maniobra lo suficientemente amplia como para intentar la creación de nuevos entramados sociales que justifiquen aquel modelo de economía que estoy sugiriendo en este artículo. Por otra parte, la adopción del modelo económico en cuestión implicaría la supresión de la actual estructura binaria de la economía cubana: oficial y sumergida. (Esto le restaría poder al Estado burocrático policial para criminalizar las prácticas económicas en outsider que, asimismo, tendrían la función de actualizar al modelo de conjunto.) La tarea no consiste en lograr un punto intermedio en donde tales economías se den un abrazo en la legislación y en la práctica cotidiana de las mismas. La idea es reconducir a éstas bajo criterios de autogestión social con explícita intensión socialista en su realización de aquel proyecto de nueva sociedad y de hombre nuevo que alentó a la Revolución cubana en sus orígenes. La solución de continuidad se hallaría en la facturación de nuevos consensos sociales, que nos libere de una relación cosificada entre el Estado y la sociedad que, sin duda, logra producir sólo mercenarios (abyectos y disidentes) –es decir, apátridas. Santa Fe, Ciudad de La Habana, Cuba: 20 de noviembre de 2009. E-mail: ramon0260@gmail.com
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CUBA LIBERTARIA NO. 5 Sociedad en transicion
Cuba Libertaria - Spanish language anarchist journal on Cuban issues

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