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Timestamp: 2017-01-16 19:12:24+00:00

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La FIFA: el anti fair play del poder | Foreign Affairs Latinoamérica | MENÚ
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Un partido de futbol, esa forma de guerra más sofisticada, que exige que las ideas lleguen a los pies.
Manuel Rivas, Las horas bajas
Definir con precisión el papel de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) en el negocio del deporte más popular del orbe es una tarea compleja. De manera formal, la FIFA cumple un papel tan claro como necesario: determina los reglamentos universales del juego, lo que permite que el futbol sea una suerte de esperanto deportivo en el mundo entero —hablado o, más precisamente, jugado con las mismas reglas por millones de personas—. La FIFA también tiene a su cargo incorporar como agremiadas a federaciones nacionales y regir a las confederaciones regionales, a partir de las cuales organiza los torneos internacionales entre representativos de países; además, promueve la práctica de este deporte entre la infancia. Es tal el alcance de la FIFA que se ha vuelto casi un lugar común recordar que tiene más socios (209) que las Naciones Unidas (193). Por otra parte, la FIFA define normas fuera de la cancha que cada vez son más relevantes en tanto el futbol se ha convertido en una gran industria del espectáculo de alcance global. En este último conjunto de normas se incluyen las referentes, por ejemplo, a la contratación de futbolistas, al papel de los agentes de jugadores o a la resolución de disputas entre distintos clubes y, de forma reciente, a la disciplina en las finanzas de los equipos (fair play financiero).
Hasta aquí, la misión de la FIFA resulta nítida. Sin embargo, una aproximación a ciertas normas y prácticas frecuentes del organismo dejan al descubierto una institución que, más que ejemplo de juego limpio y salvaguarda de la salud y transparencia del negocio del futbol mundial, ha sido parte de sus males; muestra, además, que algunas de sus reglas llegan a hacer nugatorias leyes establecidas democráticamente en distintos Estados nacionales y que la regulación hacia sus agremiados —sean países o clubes— se puede llegar a aplicar de manera laxa o selectiva.
En este texto se ofrecen tres ángulos de visión sobre problemas prácticos que cuestionan que el fair play sea el principio que guíe la actuación institucional de la FIFA. El primero tiene que ver con el halo de desconfianza que dejó la revelación de compra y venta de votos entre representantes de federaciones nacionales para asignar los campeonatos mundiales de 2018 y 2022, así como el caso de la última elección del mismo Presidente del organismo. En segundo lugar, se presenta la forma como los reglamentos de la FIFA llegan a contravenir las leyes nacionales y, finalmente, se comenta la situación del trabajo infantil y la ausencia de sanciones por parte de la FIFA.
La elección de los mundiales
El periódico británico The Guardian ha contribuido a revelar la manera como algunas decisiones trascendentes desde el punto de vista político, económico y deportivo de la FIFA pueden darse por caminos torcidos.
En octubre de 2010, el diario londinense documentó que los representantes de Nigeria y Tahití, miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA que decide la asignación de los mundiales, ofrecieron vender sus votos. El representante de Nigeria fue captado por una cámara pidiendo 500 000 libras esterlinas a cambio de apoyar a uno de los rivales de Inglaterra que se disputaban la sede del Mundial de 2018, y el Vicepresidente de la FIFA y Presidente de la Confederación de Oceanía también fue grabado solicitando 1 500 000 libras esterlinas por su apoyo.
Unos días después, la FIFA reconoció haber sufrido un “daño muy severo” por el escándalo de corrupción, que desembocó en el castigo e inhabilitación de seis altos oficiales del organismo. Los sancionados fueron Amos Adamu de Nigeria, Reynald Temarii de Tahití, Ismael Bhamjee de Botsuana, Amadou Diakite de Malí, Ahongalu Fusimalohi de Tonga y Slim Alolou de Túnez, informó The Guardian en una nota del 18 de noviembre de 2010. Esto ocurría, literalmente, a unas horas de que se votara la sede de los Mundiales de 2018 y 2022, decisión que se adoptó el 2 de diciembre de 2010 y que benefició a Rusia y a Catar, respectivamente. Para la Copa Mundial de 2018 también competía Inglaterra, que quedó solo a dos votos de distancia del ganador, así como las candidaturas conjuntas de Bélgica-Holanda y España-Portugal.
La elección de Catar fue la más sorpresiva, por tratarse del primer país del Medio Oriente en ser sede de un Mundial y ser también —con apenas dos millones de habitantes— el Estado más pequeño en albergar una competencia de esa magnitud. Catar tiene una temperatura promedio de 40 grados centígrados, lo que llevó al Secretario General de la FIFA, Jérôme Valcke, de acuerdo con una nota de El País del 9 de enero de 2014, a anunciar que el torneo no se jugaría en verano como siempre se había hecho, sino “entre el 15 de noviembre y el 15 de enero”, lo que supondría alterar los calendarios de los torneos nacionales de futbol en el orbe entero, con altos costos para las ligas profesionales y los clubes.
La elección de Catar como sede se decidió en el Comité Ejecutivo de la FIFA con catorce votos favorables de veintisiete en total, desplazando como sede a las candidaturas de Australia, Corea del Sur, Estados Unidos y Japón.
No obstante, de acuerdo con un artículo The Guardian publicado el 1 de octubre de 2010, el escepticismo acerca de la limpieza en la toma de decisiones de la FIFA forzó a este organismo a abrir una investigación, desde su Comité de Ética, sobre las votaciones para la asignación de sedes de los próximos campeonatos del mundo.
Un asunto adicional al que se tendrán que enfrentar la FIFA y los organizadores del Mundial de Catar 2022 es la violación de derechos laborales y el incumplimiento de condiciones básicas de seguridad para los trabajadores que construyen en aquel país los estadios sede. El 15 de febrero de 2014, The Guardian dio a conocer que más de 400 trabajadores migrantes de Nepal habrían muerto en las obras de construcción de los estadios.
Ahora bien, las acusaciones por compra y venta de votos para adoptar decisiones en el máximo organismo del futbol internacional no se reducen a la determinación de los países sede de los torneos, sino a su propia directiva. En junio de 2011, Joseph Blatter fue reelegido por un cuarto periodo al frente del organismo sin tener un solo rival compitiéndole el cargo. Ello ocurrió una vez que el vicepresidente de la FIFA Mohamed bin Hammam, también aspirante al máximo puesto, se retirara de la contienda al ser acusado de soborno y, después, inhabilitado de por vida en el mundo del futbol. En concreto, The Guardian informó el 7 de marzo de 2012 que Hammam había sido acusado de ofrecer 40 000 dólares a cada uno de los representantes del Caribe en una reunión celebrada en Trinidad y Tobago tres semanas antes de la elección.
Mientras tanto, Blatter publicó en mayo de 2011 un artículo en el periódico deportivo italiano La Gazzetta dello Sport, titulado “Todo o nada”, en el que advertía que la elección por venir podría “causar un movimiento tectónico con daños irreversibles”, esto es, que se jugaba “la sobrevivencia de la FIFA”.
De acuerdo con la nota de The Guardian del 7 de marzo de 2012, la peculiar reelección de Blatter dio lugar a que el Consejo de Europa de la Unión Europea, el organismo encargado de velar por los derechos humanos en el ámbito europeo, con sede en París, exhortara a la FIFA a actuar con mayor transparencia.
Los escándalos que rodearon a la FIFA a partir de la designación de Rusia y Catar como sedes mundialistas y de la reelección de Blatter, dieron lugar a que, gracias a presiones de los principales patrocinadores de la Federación (Coca Cola, Adidas, Visa y Emirates Airlines), el organismo decidiera formar una comisión de buen gobierno bajo la supervisión de la organización no gubernamental Transparencia Internacional. Para ello, la consejera deportiva de Transparencia Internacional, Sylvia Schenk, propuso que en el nuevo comité de la FIFA no podría haber ningún miembro que hubiera recibido en su vida algún pago por la Federación, y que los escándalos del pasado debían ser sujetos a indagatorias, lo cual resultó inaceptable para los jerarcas del futbol internacional. Según reportó El País el 12 de diciembre de 2011, fue la propia Schenk quien evaluó la actuación del Presidente de la FIFA: “[…] estaba convencida de que, pese a todas las apariencias, Blatter esta vez sí que estaba dispuesto a limpiar la casa, a poner cristales transparentes. Y así me lo indicaba la forma como fluía la comunicación entre nosotros. Pero hace dos semanas me di cuenta de que estaba equivocada”.
Los indicios de corrupción en el comportamiento de los directivos del futbol mundial no empezaron, sin embargo, con el mandato de Blatter, sino que se remontan a su antecesor, el brasileño João Havelange, quien presidiera el organismo entre 1974 y 1988. La agencia International Sport and Leisure (ISL), encargada de comercializar los derechos televisivos de la FIFA, quebró en 2002 y generó pérdidas por 100 millones de dólares a la Federación, a partir de lo cual se descubrió que la propia ISL había entregado sobornos por 90 millones de dólares a distintos dirigentes del balompié mundial, según informó el diario español La Razón el 14 de julio de 2012. Sobre este caso, la FIFA se vio forzada por el Tribunal Supremo de Suiza a hacer público en 2012 un auto judicial en el que se da cuenta de que tanto Havelange como su yerno, Ricardo Teixeira —quien fue dirigente de la Confederación Brasileña de Futbol—, recibieron grandes sobornos de ISL. Ello propició, entre otras cosas, que Havelange dimitiera como miembro del Comité Olímpico Internacional y Texeira como jefe del Comité Organizador del Mundial de Brasil en 2014.
La norma de la FIFA por encima de la ley nacional
Una de las figuras de relevancia en el negocio del futbol, aunque no muy conocida, es la del representante de futbolistas. Su tarea está regulada expresamente por la FIFA, que cuenta con un “Reglamento sobre los agentes de jugadores”, actualizado en 2008. El reglamento de la FIFA “gobierna la actividad del agente de jugadores que presenta un jugador a un club a fin de negociar o renegociar un contrato de trabajo o presenta a dos clubes entre sí al objeto de suscribir un contrato de transferencia dentro de una asociación o de una asociación a otra”. En el ámbito nacional
[las] “asociaciones deberán aplicar y hacer cumplir este reglamento de acuerdo con las obligaciones que se les asignen en el mismo. Además, deberán redactar sus propios reglamentos, los cuales deberán incluir a su vez los principios establecidos en este reglamento y solo podrán alejarse de este reglamento en caso de que las disposiciones de este último no sean conformes a la legislación aplicable en el territorio de la asociación. La asociación deberá someter su reglamento y cualquier posible enmienda a la Comisión del Estatuto del Jugador de la FIFA para su previa aprobación dentro de los dos primeros años de vigencia del presente reglamento”.
La FIFA establece que se necesita licencia para ser agente de jugadores y que quien otorga tal licencia es la asociación de futbol nacional (artículo 3), en nuestro caso, la Federación Mexicana de Futbol Asociación (Femexfut).
La persona física que desee contar con una licencia como agente de futbolistas deberá presentar una solicitud escrita ante la asociación de futbol de su país —o de otro en el que haya vivido los últimos 2 años—, y no podrá tener antecedentes penales por delito financiero o violento (capítulo 6). No podrán ser representantes de futbolistas los funcionarios, oficiales o empleados de la FIFA o de federaciones, asociaciones, ligas o equipos. Una vez presentada la solicitud, se deberá realizar un examen que se convocará en cada país dos veces al año, de veinte preguntas relacionadas con las normas en vigor del futbol, la legislación civil y el derecho contractual. Para el examen, cada asociación definirá las preguntas de contenido nacional, y la FIFA sobre sus propios estatutos y reglamentos. Si un país no convoca al examen, deberá notificarlo oportunamente y podrá no practicar el examen solo por dos veces consecutivas (artículo 8).
Si se aprueba el examen, el aspirante a agente de futbolistas deberá contratar “un seguro de responsabilidad profesional a su propio nombre” (capítulo 9) o una “póliza de seguro de responsabilidad profesional” por 100 000 marcos suizos (unos 112 000 dólares), cuya garantía bancaria deberá ser emitida por un banco suizo (artículo 10). Lo anterior tiene el fin de cubrir los riesgos que puedan desprenderse de la actividad del agente y que afecten a jugadores o equipos. Además, el agente deberá firmar el código deontológico de la FIFA en la materia. Una vez cubiertos tales requisitos, se recibe la licencia de agente de jugadores por la asociación de futbol del país correspondiente.
La lista de agentes licenciados por cada asociación ha de hacerse pública y debe entregarse a la FIFA información sobre la situación de los agentes (número, inicio y terminación de su actividad, antecedentes penales, procedimientos en curso).
Los agentes de los futbolistas tienen, de acuerdo con el artículo 22 del reglamento, los siguientes derechos: a) ponerse en contacto con cualquier jugador que no esté o ya no esté bajo la representación exclusiva de otro agente de jugadores; b) representar los intereses de cualquier jugador o club que lo requiera para negociar o renegociar contratos en su nombre; c) cuidar de los intereses de cualquier jugador que lo requiera para hacerlo, y d) cuidar de los intereses de cualquier club que lo requiera para ello. A la vez, los agentes “tienen prohibido entrar en contacto con cualquier jugador que tenga un contrato con un club con el objetivo de persuadirle para que termine su contrato de forma prematura o para que incumpla cualquiera de las obligaciones previstas en su contrato de trabajo. Se presumirá, salvo prueba de lo contrario, que un agente de jugadores está implicado en el incumplimiento contractual cometido por un jugador sin que una justa causa haya inducido dicho incumplimiento contractual”.
Si bien la FIFA suele reconocer que el reglamento debe atender a las disposiciones nacionales vigentes, también es muy claro su deseo de mantener un espacio propio, autárquico, supranacional, para la regulación y resolución de disputas económicas y jurídicas, pues el numeral 7 y último del código deontológico para los representantes de futbolistas establece claramente: “El agente de jugadores tiene prohibido presentar disputas ante la jurisdicción ordinaria tal y como se estipula en los Estatutos de la FIFA y deberá someter cualquier reclamación a la jurisdicción de la asociación o de la FIFA” (destacado en el original).
Por otra parte, la FIFA establece, para los jugadores que: únicamente pueden contratar los servicios de un agente de jugadores con licencia para que los represente en la negociación o renegociación de un contrato de trabajo; que el jugador está obligado, si no negocia él directamente con los clubes, a trabajar únicamente con agentes con licencia —sin perjuicio de las excepciones previstas en el artículo 4, referidas a familiares y a un abogado—, y que el jugador tiene la obligación de comprobar él mismo que un agente de jugadores tiene la licencia exigida antes de firmar el contrato de representación correspondiente.
Siendo así, en un mercado relativamente restringido en jugadores (en una división profesional en México, por ejemplo, con dieciocho equipos y veinticuatro jugadores contratados se tendrían 432 jugadores; si se cuentan los de la liga de ascenso, serían 864, y casi 1296 si se considera la segunda división profesional), pero muy atractivo desde el punto de vista económico, ser agente de futbolistas puede resultar una actividad más que rentable. En este caso, México parece ir por detrás de las disposiciones de la FIFA: de acuerdo con portal de la Federación, en nuestro país hay solo trece agentes de futbolistas, menos que en Gambia (16), Irán (33), Mauritania (21) o Montenegro (15), y muy lejos de Argentina o Brasil, donde hay más de doscientos representantes acreditados respectivamente.
En México hay menos representantes de futbolistas que equipos de primera división, lo cual habla de una alta concentración de las cartas de los jugadores en unas pocas manos. El escaso registro formal de representantes de futbolistas en México, por cierto, no ha dado lugar a medida alguna de la FIFA.
Como corolario a la norma de la FIFA que dispone no atender a la justicia ordinaria de los países, puede agregarse que incluso las federaciones nacionales de futbol llegan a establecer reglas que contravienen a las leyes de su propio país. México brinda otro ejemplo. El reglamento de competencia de la Liga MX para 2013 y 2014 de la Femexfut establece que “cada club podrá registrar hasta cinco jugadores extranjeros, los cuales podrán ser alineados de manera simultánea” (artículo 8). Se entiende que la norma no se aplique para los jugadores mexicanos, lo sean por nacimiento o por naturalización, pero no es así. La Femexfut dedica el artículo 9 del reglamento de competencia de la Liga MX a los jugadores naturalizados y establece que “los jugadores extranjeros que se hayan naturalizado como mexicanos podrán participar dentro del cupo de jugadores mexicanos” cuando “se cumplan 2 años a partir de la fecha de expedición de la Carta de Naturalización emitida por la Secretaría de Relaciones Exteriores”. Como se aprecia, el gobierno mexicano puede extender una carta de naturalización a un trabajador que radica en el país y que cumple con todas las obligaciones legales establecidas, lo que lo hace mexicano de pleno derecho, salvo que juegue futbol, pues la Federación establece requisitos de tiempo adicionales.
La ausencia de sanciones ante el trabajo infantil
Lionel Messi, el número 10 del Barcelona, ganó cuatro veces el Balón de Oro de forma consecutiva, entre 2009 y 2012; esto lo acredita como el mejor jugador del planeta que supera a figuras premiadas con el trofeo en tres ocasiones, como los holandeses Marco van Basten y Johan Cruyff, o el francés Michel Platini.
Messi llegó al futbol profesional europeo siendo aún un niño. En octubre de 2000, cuando tenía 13 años, su padre lo llevó a Barcelona y presionó al club para que le firmara un contrato; antes, en Lionel se había fijado un cazatalentos, Juan Lacueva, quien incluso suministró al joven hormona de crecimiento. De acuerdo con un artículo de El País publicado el 13 de abril de 2010, el primer contrato del jugador en 2000 le aseguró a su padre 7 millones de pesetas (unos 42 000 euros al año) como empleado del Barcelona. Hoy, Messi es el jugador mejor pagado del orbe.
El Barcelona busca esas inversiones hiperrentables, más jugadores como Messi. Incluso, informó El País el 26 de abril de 2010, el club tiene en Buenos Aires su propia cantera donde viven cinco decenas de niños y acuden cada día 150 externos; a ninguno le cobra, a ninguno le paga.
Miles o millones de niños sueñan con ser futbolistas y centenas de miles de padres quisieran un hijo superdotado para el balompié que rompiera zagas familiares de carencias y precariedad. Frente a esos deseos, o sueños, legítimos, hay ejércitos de cazatalentos esperando descubrir en las canchas de barriadas de países pobres a niños con los cuales lucrar.
El 7 de julio de 2013, el diario El País realizó una investigación sobre el tema. La estrategia para “cazar” a un niño futbolista suele funcionar de la siguiente forma: en Latinoamérica, se encarga a periodistas que integren listas de los mejores jugadores de menos de 20 años, y se les paga hasta 500 dólares por proporcionar un teléfono de contacto con el jugador. Los precios de los derechos de esas promesas infantiles pueden ir desde los 200 dólares si el niño ronda los 12 años, pero subirá a los 700 o 1000 dólares si ya forma parte de una federación. Los precios son cinco veces más caros si el chico tiene entre 13 y 14 años. El precio en Europa de los derechos de un niño futbolista de 12 años no es menor a los 5000 dólares. En 2012, el 57% de los niños llegados a Italia para jugar futbol tenían menos de 12 años. Los cazatalentos prefieren a niños surgidos de hogares humildes, de barrios bravos, pues tienen mayor carácter para las exigencias que afrontarán. Existen incluso páginas web, como www.jugaenprimera.com, o reality shows televisivos, como el español Football cracks, para que la maquinaria productora de figuras, e ingresos, no pare.
El mercadeo de futbolistas menores de edad ha propiciado intentos de regulación en la propia FIFA. El artículo 19 del reglamento sobre el estatuto y transferencia de jugadores establece que los menores de 18 años no podrán firmar contratos por más de 3 años, y que no se permitirán transferencias internacionales de jugadores menores de edad (salvo que los padres cambien de país por causas ajenas al futbol, que se trate de movimientos dentro de la Unión Europea o cuando el jugador viva a un máximo de 50 kilómetros de la frontera y se desplace a un equipo en la frontera de un país contiguo).
En esta materia, en la primavera de 2014, la FIFA hizo un anuncio sorpresivo, pues tomaba medidas contra el Barcelona por violar el reglamento para la contratación de menores de edad. El castigo se perfiló contra el club azulgrana y la Federación Española por infracciones relacionadas con el traspaso y la inscripción de jugadores menores de 18 años. De acuerdo con una nota de El País publicada el 2 de abril de 2014, el comunicado de la FIFA decía textualmente: “Se ha constatado que el Barcelona infringió el artículo 19 del reglamento con diez futbolistas menores de edad y cometió otras violaciones respecto a otros jugadores”. La sanción implicaba no poder hacer ningún fichaje de jugadores a lo largo de un año, es decir, para toda la temporada de 2014-2015. Desde antes, se sabía que ya la FIFA había bloqueado la ficha de seis jugadores de las divisiones inferiores del Barcelona: tres coreanos, un nigeriano, un camerunés y un francés, según informó el mismo diario el 6 de marzo de 2013. Sin embargo, para el 22 de abril de 2014, la propia FIFA daba a conocer que le había otorgado al Barcelona “el efecto suspensivo” de la sanción.
En cambio, según informó El País el 21 de diciembre de 2012, otro equipo español de menor importancia, el Málaga, fue suspendido de participar en torneos europeos entre 2013-2014 y 2016-2017 por no solventar sus deudas e infringir el fair play financiero. Para el club andaluz, la sanción fue firme, no así para el Barcelona. A la hora de castigar a equipos que infringen reglamentos, la consigna en la FIFA parece ser: the show must go on. Ciro Murayama es doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid. Es profesor de tiempo completo en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). En 2014, publicará el libro La economía del futbol (Cal y Arena). Sígalo en Twitter en @ciromurayama.
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 artículo 4
 artículo 9
 artículo 19
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