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Timestamp: 2017-11-24 14:46:33+00:00

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Artes decorativas y suntuarias: Apuntes sobre la platería en Elche y el maestro Juan Silvestre
Apuntes sobre la platería en Elche y el maestro Juan Silvestre
Nota: el siguiente texto será publicado en el volumen coordinado por J. Rivas Carmona, Estudios de Platería. San Eloy 2013, editado por la Universidad de Murcia, y que se presentará a finales del mes de noviembre de este presente año.
APUNTES SOBRE LA PLATERÍA EN ELCHE
Y EL MAESTRO PLATERO JUAN SILVESTRE
El panorama de la platería en la ciudad de Elche apenas ha sido puesto de relieve a pesar de que sus iglesias de Santa María, el Salvador y San Juan fueron el destino de mucha de la mejor platería labrada en la región alicantina y en el propio municipio, cuando no se trajo obra de otros reputados centros artísticos, especialmente de Orihuela, Valencia o Madrid, por lo que puede decirse, de entrada, que la varia procedencia de las piezas de platería enriqueció aún más el patrimonio suntuario ilicitano, no solamente en los ajuares que servían de adorno para el culto y sus ceremonias sino asimismo en el exquisito exorno de las imágenes, sobre todo de las vírgenes, con objetos que verdaderamente constituyen importantes hitos dentro del arte de la platería[1], muchos de ellos conservados pero otros perdidos aunque conocidos a través de las fuentes documentales, según queda reflejado en los inventarios de las Visitas Pastorales, que refrendan unos interesantes conjuntos de platería parroquiales. Desde luego, uno de los principales escenarios de esa platería fue la iglesia de Santa María ya que, por sus eternas pretensiones de colegiata y en razón de ser la primera iglesia de la ciudad, acaparó mucho de lo mejor producido en la ciudad y de otros centros, rivalizando en categoría y ajuares con la alicantina de San Nicolás y la catedral de Orihuela, principales templos de la diócesis con espléndidos tesoros de orfebrería y textiles, adecuados a sus rangos. No obstante, las otras dos parroquias[2] e incluso los conventos de Mercedarios, Franciscanos[3] y Clarisas[4] existentes en otros tiempos también fueron el destino de buena platería, sobre todo la procedente de los obradores oriolanos o la madrileña en el ámbito conventual, fruto de las donaciones efectuadas desde la Corte o por religiosos que ofrendaron sus dádivas a su cenobio por las más dispares razones, si bien el patrimonio conservado se ha visto muy mermado por las ya consabidas causas, esto es, expolios, robos, desamortizaciones, conflictos bélicos y demás. Con todo, lo que ha subsistido, una mínima parte de lo que existió en los templos y conventos, muestra la riqueza que en otros tiempos hubieron de tener las parroquias y la propia ciudad, tal como lo atestiguan algunas de sus más bellas piezas, como la magnífica cruz procesional que el platero genovés Hércules Gargano labrara para la parroquia de El Salvador en 1600[5], la espléndida cama para la octava de la Virgen de la Asunción regalada por el Duque de Aveyro en 1747[6] o el ajuar que donó el benemérito y generoso obispo José Tormo hacia 1780 para la iglesia principal junto al terno que él mismo empleara en las ceremonias de consagración de Santa María en 1784[7], además de la custodia encargada a un taller local que legara la Duquesa de Arcos hacia 1750 para la parroquia de San Juan como especial benefactora de la misma y otras obras dieciochescas, caso de la interesante y variada colección de cálices de Santa María, de lo que se deduce que el siglo XVIII fue el gran siglo para la platería ilicitana con encargos verdaderamente entitativos y a plateros de muy reconocido prestigio[8], de entre los que destaca el valenciano Fernando Martínez, si bien debe tenerse también en cuenta la presencia de otros plateros del XVI o del XVII, como los Vera[9] y el mismo Gargano, cuyas realizaciones supusieron una interesante aportación al prestigio de los tesoros en tanto que su obrador se erigió como el principal y más renombrado taller de Orihuela, llegando sus encargos a las regiones valenciana y murciana, con mucha presencia lógicamente en el ámbito catedralicio oriolano. No obstante, ese Setecientos, de la misma forma que ocurrió en el Reino de Valencia, fue en buena parte responsable del remozamiento de los ajuares medievales y renacentistas, cuyas piezas fueron adaptadas tanto a los nuevos gustos barrocos como a las nuevas necesidades impuestas por la regeneración del culto que trajo consigo la Contrarreforma, lo que explica que apenas hayan llegado a nuestros días piezas medievales o del siglo XVI, ya que ellas fueron objeto de renovación o, simplemente, fueron fundidas para labrar otras nuevas más en consonancia con los nuevos tiempos y, consecuentemente, más adecuadas para la imagen que debía mostrar la iglesia reformada.
A todo ello hay que sumar efectivamente el importante capítulo de sus artífices, los plateros, miembros todos ellos del Colegio de Plateros de Valencia, que contribuyeron al abastecimiento de piezas de las parroquias ilicitanas además de atender cuantos encargos venían de otros templos foráneos y ostentar algunos de ellos los cargos corporativos que el mismo Colegio exigía en la localidad y las propias realidades de las parroquias, aunque no se haya conservado pieza alguna de platero ilicitano. Puede adelantarse, pues, que la ciudad de Elche en la Edad Moderna fue un centro de importancia y llegó a tener un nutrido obrador de plateros, con más de una veintena de familias cuyos miembros varones estaban colegiados y practicaban su oficio en sus talleres ubicados antiguamente en la calle Mayor, la principal arteria comercial, contemplándose además aquellos plateros que iban a Elche con motivo de la feria de San Andrés[10], realizada en los finales de noviembre desde 1332 en las inmediaciones de la plaza mayor y las calles aledañas, como el platero alicantino Vicente Calbo, de quien se sabe que estuvo presente en dicha feria en el año 1731[11], igual que lo estuvieron el también alicantino Bartolomé Amérigo, a la sazón maestro platero de la colegiata de San Nicolás, y los valencianos José Belda, Manuel Fuster, Domingo López y Pascual Martí, quienes arriban a estas zonas en los días de feria para exponer sus realizaciones junto con las de los plateros locales.
La historiografía de la platería en Elche se ha venido fijando en las obras que se han conservado, muchas de ellas de gran envergadura y significación, obviando la figura de sus autores, cuya documentación, incluidos las pruebas de examen que realizaban para obtener el grado de maestro de plata u oro por parte del Colegio de Plateros de Valencia, se conservaba en los archivos de la capital valenciana aunque no ha sido estudiada con detenimiento hasta épocas recientes[12], motivo que puede explicar que desde esta zona periférica no se haya prestado atención a tan importante capítulo para la historia del arte valenciano, pues sólo se han aportado fichas a catálogos, análisis de las piezas en sus respectivos contextos parroquiales y noticias dispersas sobre los pagos a tal o cual platero por parte de las fábricas de las iglesias sin que se hubiera mayor relación ni interpretación de tales datos aislados, por lo que, por el momento, no resulta posible calibrar la totalidad de las aportaciones que supuso la platería en la demarcación ilicitana para el arte.
La consulta bibliográfica ofrece, pues, un buen puñado de nombres de plateros que ejercieron su trabajo en Elche, sean oriundos de aquí o de fuera, si bien algunos de ellos ostentarían cargos corporativos de responsabilidad, como los plateros Francisco Galbis, Juan Martí, Jaime Serra, Juan Silvestre y, más tardíamente en el siglo XIX, el menorquín Gaspar Bellot, quienes serían designados Apoderados del Colegio de Plateros de Valencia en esta localidad, o sea, los representantes oficiales que dicha institución nombraba en cada localidad para velar por la garantía y el buen hacer de la platería. Asimismo, hubo algunos plateros en los que recayó el cargo de maestro platero de alguna parroquia de Elche, caso de los hermanos Francisco y José Galbis, que lo fueron de la iglesia de El Salvador[13], o los llamados marcadores o fieles contrastes, encargados de comprobar la ley de la plata y el oro de todas las piezas que se fabricaran en la ciudad[14]. Además de todos ellos, la nómina de plateros vinculados a Elche se completaría con los nombres de otros artífices, mayoritariamente valencianos, que, en un momento determinado, acogen a un aprendiz ilicitano para que comience su profesión en su obrador.
Se conocen muchos de los datos biográficos de los plateros ilicitanos, sobre todo de los siglos XVII y XVIII, aunque el presente trabajo no tiene por objeto ofrecer dichos datos sino más bien dar a conocer una documentación inédita sobre el funcionamiento y desarrollo de la normativa del Colegio de Plateros valenciano aplicada al caso concreto de la ciudad de Elche, especialmente aquellas cláusulas que indican la obligatoriedad de visitar los obradores de los plateros recogidas en las Ordenanzas de 1733. No obstante, no constituye un hecho aislado esa decisión del Colegio, pues las visitas a las platerías se institucionalizan en el siglo XVIII por el Gobierno central para controlar y fiscalizar este tipo de oficios liberales. Así pues, el Real Decreto de 28 de febrero de 1730 insta a los concejos municipales a examinar todas las piezas de plata[15], llevándose a cabo tal proceso mediante la visita a las platerías, según se ha visto, lo que motivó que el ayuntamiento ilicitano procediera en un breve lapso de tiempo al nombramiento del fiel contraste o marcador, que en dicho año de 1730 recayó en el maestro platero Juan Silvestre, a su vez maestro platero parroquial de la iglesia de Santa María según se desprende de la documentación, fechándose tal designación el 25 de noviembre de 1730 con el fin de proveer al concejo local de la figura institucional que viniera a velar por la calidad de la plata trabajada. Por su datación quizá se pensara en llevar a cabo dicho nombramiento aprovechando que la feria de San Andrés estaba cercana y convenía acudir a inspeccionar los pequeños puestos que dispondrían en ella los plateros Vicente Calvo, alicantino, Lope Menego, de procedencia desconocida, y el ilicitano Alejandro Silvestre, visitándolos y encontrando todo en regla en ellos. No se desprenden más datos del único documento conocido al respecto.
En otro orden de factores, resulta curioso el hecho de localizar una doble, pero lógica, procedencia de la legislación con respecto a las visitas de los obradores de platería[16]. Como se apuntaba, en 1730 se establece mediante Real Decreto la implantación de tales visitas así como el protocolo a seguir durante las mismas. Por otra parte, no será hasta 1733 cuando el Colegio de Plateros de Valencia se pronuncie al respecto e incluya, dentro de sus Ordenanzas, un capítulo relativo a las visitas, cuyo texto es del tenor siguiente:
“V. Que los mayorales les reconozcan y visiten las tiendas y obreros siempre que lo juzguen conveniente. Facultades y demás circunstancias que se previenen.
Asimismo, ordeno que los cuatro mayorales, que ahora son y en adelante fueren, con los demás que acostumbran a hacer las visitas o por parte de ellos, deban todas las semanas reconocer los obradores, cuartos u otros lugares en donde se trabajare plata u oro y tomar de dicha plata u oro que hallaren para reconocerlo, aunque sea un día u dos de la semana o más o menos si quisieren y juzgaren por conveniente. Y que por esto no se atreva platero alguno a decir ni hacer injuria a los dichos mayorales, bajo la pena de mil y ochocientos maravedís, repartidos como queda dicho…”[17].
Por tanto, quedaba estipulado y reglado que el marcaje de la plata debía ser obligatorio, correspondiendo al fiel contraste o marcador dar la garantía de que el metal empleado se ajustara a las leyes vigentes en ese momento. La ciudad de Elche designó a Juan Silvestre como marcador en 1730 al amparo del decreto real, adelantándose a lo establecido en las Ordenanzas valencianas tres años más tarde. Sin embargo, aunque poco se sabe acerca de este platero más que el desempeño de su labor como maestro platero de la iglesia de Santa María[18], la transcripción del documento que se anexa resulta fundamental en tanto que supone la apertura de una vía de investigación sobre la platería de Elche, hasta este momento inédita en muy buena medida.
1730, febrero, 28
Real Decreto de 28 de febrero de 1730 para que la justicia y un regidor alternativamente por meses tomaran a su cargo con el marcador que se nombrare el marcar todas las piezas de plata y oro que fabricaren los plateros, y examinen sus pesos para ver si la plata y el oro son del quilate y ley prevenida en dicho Decreto, practicándose esta diligencia en las ferias y que su omisión fuera cargo de residencia[19].
He resuelto que desde ahora en adelante todos los plateros, así en estos Reinos como en los de Indias, labren precisamente la plata de la ley de once dineros, como tengo mandado se ejecute la moneda de plata, que se labrare, por el artículo I. de la ordenanza establecida en 9 de junio de 1728 para las Casas de Moneda de España y de Indias; corroborando la resolución que tomé por decreto de 13 de julio de 1709 expedido a este Consejo: y que siendo de menos ley, no se pueda marcar ni vender, ni se venda ni marque; y si se hiciere lo contrario, se les castigue con las propias penas que están impuestas por leyes a los que labrasen plata de menos ley de los once dineros y cuatro granos. Y estando, por lo que toca al oro, permitido a los plateros por la ley precedente, que puedan labrarle de veinte y cuatro quilates, de veinte y dos, y veinte, sin duda porque cuando los Reyes mis predecesores promulgaron esta ley tendrían las varias monedas de oro, que corrían en aquellos tiempos, unas la ley de veinte y cuatro quilates, otras las de veinte y dos, y otras las de veinte, pues es natural que habiendo atendido a que la plata labrada fuese de la misma ley que la amonedada, seguirán la propia acertada máxima por lo que mira al oro; y respecto de que de muchos años a esta parte se debe labrar y labra la moneda de oro de ley de veinte y dos quilates, así en las Casas de Moneda de estos Reinos como en las de Indias, cuya práctica está autorizada también por el artículo 7. de la referida ordenanza del año de 1728; mando que todos los plateros, así en estos Reinos como en los de Indias, labren precisamente el oro de la misma ley de veinte y dos quilates; y que siendo de otra ley, no se pueda marcar ni vendar, ni se venda ni se marque, bajo las penas que están impuestas por leyes a los que labraren oro de menos ley que los veinte y dos quilates. Y hallándome informado, que aun en los pesos y pesas con que reciben y venden el oro y plata hay perjuicio al Común, pidiendo este universal perjuicio pronta y eficaz providencia que lo ataje y obvie para en adelante; mando se expidan órdenes circulares a todos los Corregidores y Justicias de estos mis Reinos, para que, como se ordena en la ley 8 de este título, el Concejo de cada ciudad, villa o lugar donde hubiere cambiadores y plateros, nombre y ponga en cada mes dos oficiales del mismo Concejo, uno que sea Corregidor o Alcalde, y el otro Regidor o Jurado, y tomen consigo, si lo juzgaren conveniente, al marcador que fuere puesto por el tal Concejo; y un día en cada mes, cual ellos quisieren, sin decirlo ni apercibir primero, pidan y requieran todas las pesas de oro, y el marco y el peso, y la plata de marcar que se ha vendido, y está para marcar por los cambiadores y mercaderes y plateros que hubieren en la tal ciudad, villa o lugar, y de las otras personas que tienen peso y pesas y trato de ellos; y vean la plata que venden, y la que hubieren vendido después que se haya hecho notoria la ley que ha de tener, y reconozcan si es de marco justo y sellado, como debe ser, y si las pesas son justas, y tienen las correspondientes señales y marcas; y si hallaren que las dichas pesas, granos y marcos no son justos, y no tienen la señal que deben tener, y que la plata u oro es de menos ley o que está menguado el peso con que se pesan, ejecuten en los que hallaren culpantes las penas contenidas en las leyes: y es mi Real ánimo, que los Corregidores y Justicias hagan notoria esta resolución en los respectivos Ayuntamientos y Concejos, y que ejecuten también estas diligencias con toda exactitud en las ferias de los lugares, por ser donde con más frecuencia y mayor facilidad se cometen estos abusos; con declaración de que en las residencias que se tomen a los Corregidores, se les haga cargo sobre el cumplimiento de todo lo referido, y se les multe a proporción de la falta en que hubieren incurrido.
Archivo Histórico Municipal de Elche. Leg. 68/45/009, fol. único.
Auto para nombrar marcador de la plata.
En la villa de Elche, a los veinte y cinco días del mes de noviembre de mil setecientos y treinta años, los Señores D. Jerónimo Ordóñez de Villaquirant, don Phelipe Sempere, Alcaldes Ordinarios, D. Ramón de Malla, Carlos Tárrega, Andrés Bernabé y Joseph Miralles, regidores de esta Villa.
Estando en la sala del Ayuntamiento de ella, en cumplimiento de la Real Orden de S. Majestad para que los plateros no puedan trabajar ni marcar el oro y plata de menos quilates que los prevenidos por la ley, y que los justicias y ayuntamientos nombren marcador para que con el visto de un Alcalde y otro regidor vigilen la plata que trabajasen y vendiesen, y requieran los marcos y pesos si están falsos o justos, dada en Madrid a diez días de marzo del corriente año. Por tanto dijeron que nombraban por marcador y veedor de oro y plata a Juan Silvestre, platero, maestro de esta Villa, a quien se le notifique y lo acepte y jure, y por ese ser un auto así lo mandaron y firmaron. Doy fe.
Sr. Jerónimo Ordóñez. Dr. Phelipe Sempere. Dr. Ramón de Malla. Carlos Tárrega. Andrés Bernabé y Joseph Miralles.
(firmas de todos ellos y firma también de Juan Gil, secretario)
Nos aceptamos y juramos en la Villa de Elche, el mismo día, mes y año, yo el infrascrito notifiqué el auto que antecede a Juan Silvestre, Maestro Platero, del Marcador y Vehedor del oro y plata, nombrado por esta Villa, quien en cumplimiento dijo: que lo acepto y juro, quien lo firmó, de que Doy Fe.
(firmas de Juan Silvestre y Juan Gil, secretario)
En la Villa de Elche a veinte y siete días del mes de noviembre de dicho año, el Sr. Phelipe Sempere, Alcalde, y el Sr. Carlos Tárrega, Regidor del Ayuntamiento de esta Villa, en compañía de mí, cumpliendo la Orden que se expresa en el auto antecedente asistidos de Juan Silvestre, maestro platero y marcador y veedor, nombrado por las autoridades de este Ayuntamiento, pasaron a las otras paradas de plata y en la primera, que es de Vicente Calvo, natural de la Ciudad de Alicante, también Veedor de los pesos y comprobó las onzas y las encontró finas, y comprobada la plata y oro lo encontró ser de Ley. Como también pasaron a la parada de Lope Menego, natural de otra ciudad, y ejecutados sus materiales los encontró todo cabal y en la misma forma el peso de los de Alejandro Silvestre, residente en nuestra ciudad, donde encontró asimismo cabal todo. Y para que conste lo firmó.
(firmas de Phelipe Sempere, Carlos Tárrega, Juan Silvestre y Juan Gil, secretario)
[1] Este estudio tiene su origen en el proyecto de investigación “La orfebrería en Elche”, subvencionado por la Universidad de Murcia, en su programa de Ayudas a la Investigación del año 2008, dirigido por el prof. Jesús Rivas.
[2] A. CAÑESTRO DONOSO, Gloria pretérita. La parroquia de El Salvador de Elche. Elche, 2011, pp. 147 y ss. El tesoro de este templo comprende un relicario del Lignum Crucis (primer cuarto del siglo XIV), la cruz de Hércules Gargano (1600), una custodia del oriolano José Martínez Pacheco (hacia 1780), un par de cálices del siglo XVIII y otras piezas menores.
[3] A. CAÑESTRO DONOSO, La iglesia de San José y su patrimonio. Manifiesto del Barroco en Elche. Elche, 2011, pp. 143 y ss. El ajuar de platería de esta iglesia conventual está formado por una custodia del siglo XVII, el relicario de San Pascual (s. XVII) y algunos cálices limosneros dieciochescos.
[4] Como muestra, puede ponerse la custodia inédita que conservan las Hermanas Clarisas en su convento, de inicios del siglo XIX, procedente de la Platería de Martínez, con los repertorios decorativos clásicos, esto es, Cordero sobre el Libro de los Siete Sellos, Arca de la Alianza y motivos eucarísticos.
[5] A. CAÑESTRO DONOSO, Gloria pretérita… ob. cit., pp. 169 y ss.
[6] Esta cama ha sido objeto de estudio por parte de J. CASTAÑO GARCÍA, El llit de la Mare de Déu d’Elx. Elche, 1991, J. VARGAS BELTRÁN, “Exorno para una reina: diferencias e intereses de los mecenas en pro de la magnificencia mariana en Elche”. Congreso Internacional Imagen y Apariencia. Murcia, 2008 y A. CAÑESTRO DONOSO, “Consideraciones sobre la Reina del Empíreo. Boato y adorno en pro de la magnificencia mariana asuncionista en Elche (Alicante)”. Actas del I Congreso Mariano Internacional: María, signo de identidad de los pueblos cristianos. Religión, antropología, historia y arte. Gibraltar, 2010 [en prensa].
[7] Puede verse al respecto el trabajo de A. CAÑESTRO DONOSO y J.D. GARCÍA HERNÁNDEZ, D. Josef Tormo y Juliá. La magnificencia de la mitra. Elche, 2009, p. 41.
[8] Asimismo lo fue para toda la región valenciana, tal como atestiguan F. ALMELA VIVES, Aspectos gremiales de los plateros valencianos. Valencia, 1955, pp. 19-24 y A. IGUAL ÚBEDA, El Gremio de Plateros (ensayo de una historia de la platería valenciana). Valencia, 1956, pp. 53 y ss. A este esplendoroso siglo XVIII le sucederá un siglo “de decadencia”, en palabras de Igual Úbeda.
[9] Se tiene constancia de la intervención en 1585 de Miguel de Vera en la cruz parroquial que existía en la iglesia de Santa María, trabajo por el que se le pagan doscientos diez reales (R. NAVARRO MELLBRERA, “Anotaciones sobre el Renacimiento en Elche”. Festa d’Elig nº 32. Elche, 1980, p. 80). Este aspecto ha sido ampliado en A. CAÑESTRO DONOSO, “Miguel de Vera y el arte de la platería en la segunda mitad del siglo XVI”. Fiestas de San Roque nº 69. Callosa de Segura, 2011, s. f.
[10] En las ferias, los plateros vendían de casi todo, desde alhajas hasta piezas litúrgicas o de los ajuares domésticos, tal como ha estudiado S. PÉREZ MARTÍN, “Nuevas aportaciones al estudio de la platería vallisoletana y su difusión en la ciudad de Toro”. Boletín del Seminario de Estudios de Arte nº 72-73 (2006-2007), pp. 123-147. En ellas, el comercio de la plata “resultaba uno de los más prósperos, pues a ellas acudían, además de muchos artífices de fuera, un gran número de compradores” (J.J. HERNÁNDEZ REDONDO, “El comercio del arte en las ferias de Medina del Campo durante el reinado de los Reyes Católicos”, en Comercio, mercado y economía en tiempos de la reina Isabel. Valladolid, 2004, pp. 97-98). La feria más próxima a Elche era la de Alicante, celebrada después de Pascua con motivo de la festividad de la Santa Faz, y en ella también estaban presentes los plateros alicantinos y otros de fuera (Cfr. A. CAÑESTRO DONOSO, “Consideraciones sobre la platería barroca de la concatedral de San Nicolás de Alicante”, en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2009. Murcia, 2009, pp. 203-222 y del mismo autor “Una aportación documental al panorama de la platería alicantina en el siglo XVIII”, en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería. San Eloy 2010. Murcia, 2010, pp. 171-184). Otras ferias de renombre, por citar algunos ejemplos significativos del entorno, podían ser las de Lorca o Murcia.
[11] A. CAÑESTRO DONOSO, “Consideraciones sobre la platería barroca…”, ob. cit., p. 204. Asimismo, para ver algunas noticias sobre este platero, puede verse el texto de L. HERNÁNDEZ GUARDIOLA, “Algunas notas sueltas sobre el arte de la platería y plateros en la ciudad de Alicante (siglos XVI al XVIII)”. Revista del Instituto de Estudios Alicantinos nº 24. Alicante, 1978, p. 59.
[12] La mayor parte de los datos aportados en este presente trabajo están extraídos de los trabajos de F.P. COTS MORATÓ, Los plateros valencianos en la Edad Moderna (siglos XVI-XIX). Repertorio biográfico. Valencia, 2005, por lo que se añade únicamente esta cita y no se hace referencia a las páginas para evitar ser reiterativos.
[13] A. CAÑESTRO DONOSO, Gloria pretérita…ob. cit., p. 152. Estos maestros plateros tenía a su cargo tanto la limpieza y el cuidado del tesoro como la renovación del mismo a través de la factura de alguna pieza determinada o su encargo a algún platero. Tal cargo, que resultaba un oficio civil dependiente de una institución religiosa, de tanta relevancia y significación, ha sido estudiada por M. PÉREZ SÁNCHEZ, “El maestro platero de la catedral de Murcia”, en J. RIVAS CARMONA (coord.), Estudios de Platería San Eloy 2005. Murcia, 2005, pp. 427 y ss.
[14] Esta figura, también conocida con el nombre de veedor, tiene un origen antiguo, pues ya en las Ordenanzas de Alfonso XI se nombra (Cfr. M.J. SANZ, La orfebrería sevillana del Barroco. Sevilla, 1976. T. I, pp. 120-121).
[15] Ver al respecto el Documento nº 1 del Apéndice Documental.
[16] Ese siglo XVIII fue “un siglo prolijo en la promulgación de ordenanzas de plateros, reformadas o redactadas de nuevo para adecuar su contenido al rígido control de las leyes de oro y plata y a la nueva estructura del estado” (C. TORRES-FONTES SUÁREZ, “El fiel contraste y marcador de oro y plata en Murcia durante el siglo XVIII”. Estudios de Platería. San Eloy 2002. Murcia, 2002, p. 443).
[17] F.P. COTS MORATÓ, El examen de maestría en el arte de plateros de Valencia: los libros de dibujos y sus artífices (1505-1882). Valencia, 2004.
[18] Juan Silvestre se examina como maestro de plata el 21 de octubre de 1693 en Valencia y dibuja una cuchara (F.P. COTS MORATÓ, El examen de maestría…ob. cit., p. 452. El dibujo de su examen se encuentra digitalizado en el CD que acompaña al libro).
[19] Novísima Recopilación de las Leyes de España, tomo IV, libro IX, pp. 284-285.

References: Real Decreto 
 Real Decreto 

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 resolución 
 artículo 7
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