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Timestamp: 2019-05-26 03:34:04+00:00

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¿Qué pasó en la ONU? | Alonso Gurmendi
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Ayer, el congresista Julio Rosas, presentó un pedido de citación en la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso para que el Canciller Ricardo Luna explique el voto del Perú en la 52da Reunión de la 72da Sesión del Tercer Comité de las Naciones Unidas, relativa al ítem de agenda 68(a), Promoción y Protección de los Derechos del Niño, el pasado 21 de noviembre. De acuerdo con el congresista Rosas, el Perú habría votado para que se “quit[e] la responsabilidad de los padres de criar responsablemente a sus hijos”. De acuerdo con el congresista, el Perú decidió no apoyar la contrapropuesta gabonesa que buscaba considerar “que los padres son los primeros responsables y tienen la apropiada dirección y guía para educar a sus hijos”. El resumen que hace el congresista Rosas de lo ocurrido me parece equívoco, por lo que me tomé la libertad de ofrecerle este artículo como aclaración de lo que pasó.
Los hechos del 21 de noviembre pasado, como puede verse en los mismos reportes de la ONU (aquí y aquí) fueron el resultado de un agresivo intento del bloque africano del Comité de alterar a último minuto (en el último día de reuniones) el texto consensuado de los proyectos de resolución A/C.3/72/L.21/Rev. 1, sobre derechos del niño, tal como habían hecho exitosamente un día antes con la resolución A/C.3/72/L.19/Rev. 1, sobre los derechos de las niñas.
En la ONU, las resoluciones sobre temas no contenciosos suelen aprobarse por consenso. Los Estados negocian de antemano y normalmente llegan al día de la votación con un texto al que nadie se opone. Esto fue lo que parecía que sucedería con los proyectos de resolución L.19/Rev. 1 y L.21/Rev. 1, presentados por Argentina y Estonia, respectivamente. Se trataba de proyectos de resolución ya negociados y consensuados previamente que discutían un tema como los derechos del niño, donde el desacuerdo es usualmente limitado, sino inexistente. En esta ocasión, sin embargo, los bloques europeo y latinoamericano plantearon los proyectos de resolución ya negociados y fueron recibidos con la inesperada oposición del bloque africano y sus aliados en el Medio Oriente.
La ofensiva africana comenzó el 20 de noviembre, durante la 50ma reunión, cuando Namibia presentó una enmienda oral de último minuto al proyecto L.19/Rev. 1 que fue opuesta por el bloque latino y europeo. La andanada continuó el 21 de noviembre, cuando Egipto (no Gabón) presentó una enmienda oral similar a la de Namibia al proyecto L.21/Rev. 1.
El texto que Egipto buscaba enmendar era el párrafo operativo 36(k). En este acápite, la ONU:
“exhorta a todos los Estados a que mantengan y aumenten sus esfuerzos por proteger a los niños contra toda forma de violencia y, en particular, que: (…)
k) Aceleren los esfuerzos encaminados a aumentar la educación general, adecuada a la edad, científicamente exacta y pertinente a los contextos culturales, que proporcione a los adolescentes y las adolescentes, y a las mujeres y los hombres jóvenes, dentro y fuera de la escuela, en consonancia con la evolución de sus capacidades, información sobre la salud sexual y reproductiva, la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer, los derechos humanos, el desarrollo físico, psicológico y puberal y el poder en las relaciones entre hombres y mujeres, para que puedan desarrollar habilidades en relación con su autoestima, la adopción de decisiones informadas, la comunicación y la reducción de los riesgos y desarrollar relaciones respetuosas, en plena colaboración con los jóvenes, los padres, los tutores, los cuidadores, los educadores y los proveedores de atención de la salud para protegerlos de la violencia”. (resaltado agregado)
Para Egipto y su bloque, el problema era que “[e]l actual párrafo operativo 36(k) exhorta a los estados a implementar programas de educación sobre asuntos sexuales y reproductivos para niños de hasta diez años sin la dirección o el consentimiento de los padres o tutores, lo que va en contra de las disposiciones de la Convención sobre los Derechos de los Niños” (traducción libre. Para ver la intervención egipcia en su conjunto, ver este video en el marcador 1:07:14).
Así las cosas, Egipto planteó enmendar el artículo de la siguiente forma:
“k) Aceleren los esfuerzos encaminados a aumentar la educación general, adecuada a la edad, científicamente exacta y pertinente a los contextos culturales, que proporcione a los adolescentes y las adolescentes, y a las mujeres y los hombres jóvenes, dentro y fuera de la escuela, en consonancia con la evolución de sus capacidades y con la apropiada dirección y guía de sus padres y tutores, información sobre la salud sexual y reproductiva, la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer, los derechos humanos, el desarrollo físico, psicológico y puberal y el poder en las relaciones entre hombres y mujeres, para que puedan desarrollar habilidades en relación con su autoestima, la adopción de decisiones informadas, la comunicación y la reducción de los riesgos y desarrollar relaciones respetuosas, en plena colaboración con los jóvenes, los padres, los tutores, los cuidadores, los educadores y los proveedores de atención de la salud para protegerlos de la violencia”. (resaltado agregado)
El pedido africano, entonces, era que se *añada* la dirección de los padres en la educación sexual, puesto que para ellos no era suficiente que esta se realice “en plena colaboración” con los padres y tutores. Este cambio no consensuado de último minuto no cayó bien entre los signatarios de la resolución, quienes encomendaron a Uruguay realizar la defensa del proyecto original. Para Uruguay:
“[E]ste párrafo atiende las diferencias que pueden existir entre un niño pequeño y un adolescente menor de 18 años, ya que hace referencia a brindar una educación integral apropiada para su edad de acuerdo a su capacidad evolutiva, científicamente comprobada y en plena colaboración de los padres, tutores, y otros actores relevantes. Asimismo, el lenguaje utilizado atiende la diversidad existente entre los países al hacer referencia a los diferentes contextos culturales y la relevancia que estos han de tener al momento de diseñar programas de educación integral”.
El Perú, en defensa del proyecto original que había presentado, y en línea con sus socios regionales, incluyendo a Argentina, Belice, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Surinam, Uruguay y Venezuela, se opuso a esta enmienda y votó en contra. La invocación latinoamericana, sin embargo, no fue suficiente y la enmienda egipcia fue aprobada con 90 votos a favor, 76 en contra y 8 abstenciones.
La incomodidad del lado perdedor, que en cuestión de horas había visto desarticulados días enteros de negociación, quedó patente en la intervención canadiense luego del voto. La delegación canadiense, en representación conjunta de Australia, Islandia, Noruega y Liechtenstein, señaló que la enmienda:
“[P]retende cambiar, y en nuestra opinión, debilitar, el lenguaje de la igualdad de género que ha sido acordado por todos los miembros en resoluciones previas. (…) Este párrafo utiliza un lenguaje cautelosamente negociado de forma previa que ha sido acordado en hasta cuatro otras resoluciones o declaraciones que han sido acordadas en el transcurso de dos años. La versión presentada ya se refiere a la educación en plena colaboración con los padres y tutores, reconociendo, por ende, este importante elemento. (…) Si bien a nosotros nos gustaría ver un lenguaje más fuerte en este párrafo, estuvimos dispuestos a aceptar la versión negociada. La enmienda propuesta, sin embargo, desestabiliza este delicado balance de consenso”.
En otras palabras, el reclamo canadiense no es que no le hayan permitido –en palabras del congresista Rosas- “quitarle a los padres la responsabilidad de educar a sus hijos”. El reclamo canadiense, más bien, es que se haya alterado una negociación delicada y de larga data para modificar los términos de un párrafo en donde ambos lados habían aceptado que no tendrían exactamente lo que querían del texto, sino una versión intermedia. La avanzada africana, en buena cuenta, fue una pateada de tablero de último minuto para insertar textos en el proyecto de resolución que no habían sido aceptados por los signatarios durante el proceso de negociación, sin tener que aceptar, a cambio, textos más progresistas del lado occidental. Así las cosas, los países más conservadores “se salieron con la suya” sin dar nada a cambio.
En este contexto, que el Perú, que había sido signatario original del proyecto de resolución, decida abandonar a su bloque para votar a favor de una enmienda no negociada, sin obtener nada a cambio, habría sido no sólo una movida profundamente inamistosa con sus aliados latinos y europeos, sino que, también, una bastante tonta, pues le habría dado en el gusto a quienes modificaron subrepticiamente su propio texto. Para ponerlo en términos congresales, es como si Fuerza Popular presentase un proyecto de ley, acordando un texto de consenso con PPK y Nuevo Perú, pero que, el día de la votación, PPK y Nuevo Perú cambien el texto y procedan a votación, rompiendo el trato. En este supuesto, sería absurdo pedirle al congresista Rosas que vote por el texto de PPK y Nuevo Perú, pero eso es justamente lo que el congresista le está pidiendo hacer al Perú.
Si el Perú estaba o no de acuerdo con la adición de Egipto es indiferente. En una negociación, uno no traiciona a su bloque, sobre todo cuando el asunto en cuestión –la intervención de los padres- sí está incluida en el proyecto presentado, sólo que no en los términos exactos en los que le hubiesen gustado a Egipto y sus aliados. Al menos desde una óptica política, lo que hizo el Perú es completamente consecuente con su política exterior. Exigir lo contrario es enemistar al Perú con sus aliados naturales, y así no funciona la política exterior.
En todo caso, además, las resoluciones de la ONU son meras recomendaciones y el Perú no está obligado a incorporar estas disposiciones en su Derecho interno. Tanto es así, que frente al riesgo inminente de que toda la resolución colapse por apenas una pequeña frase introducida al último segundo, los bloques europeos y latinoamericanos decidieron aceptar el voto de la enmienda egipcia y terminaron votando en su conjunto a favor de todo el proyecto de resolución, que fue aprobado con 180 votos a favor y 0 en contra, incluyendo el del Perú. En última instancia, el Perú sí votó de la forma como le habría gustado al congresista Rosas, sólo que lo hizo como se debe, defendiendo su proyecto hasta el último momento posible.
En todo caso, esta idea de que la educación sexual debe ser dirigida por los padres, ya a título personal, me parece peligrosa, pues no todos los padres saben de educación sexual como para pretender “dirigir” un curso de ese tipo. En este sentido, el término colaboración me parece más acertado. Esta diferencia semántica, sin embargo, no tuvo nada que ver con el voto peruano, a tal punto que el significado de “dirección” y “colaboración” en la Resolución ni siquiera fue discutido. El problema del pasado 21 fue uno de política internacional, no de educación sexual.
Espero entonces que esta explicación sea suficiente para el Congresista Rosas.
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