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Timestamp: 2019-07-18 19:10:43+00:00

Document:
Orgullosos de ser Guardias Civiles (Por la Federación de la Mujer)
ORGULLOSOS DE SER GUARDIAS CIVILES
Por Federación AEGC Mujer
A.V de Vigny (1802-1885)
Son las 5 de la madrugada… Mi despertador ha empezado a sonar. ¡¡Horror!!. Me ha costado dormir hoy pero he de ir a trabajar. Apago el despertador, doy un besito a mi pareja si con suerte no está de noche y tengo que relevarle y voy a la cocina a prepararme el desayuno. Tras un buen café caliente voy a la ducha.
Ya en la habitación donde tengo la ropa de trabajo me visto… mejor dicho, me uniformo. Porto con orgullo el uniforme de Guardia Civil, uniforme, vocación y servicio a los que me entrego en cuerpo y alma. Cojo mi mochila, la cartera con las fotos de mis seres queridos y el móvil y marcho a trabajar.
Las 5:55, ya en el trabajo me dispongo a salir de servicio. Como siempre, sabes cuando sales y que si todo va bien, llegarás a la hora pero no siempre es así; es doctrina entre nosotros que “sabes cuándo sales pero no siempre cuándo regresas… cómo regresarás o si regresarás”. Al momento nos llaman de la Central, ¡un aviso!.
Los avisos comprenden todas las vicisitudes que hemos de enfrentar y resolver dentro de nuestra condición de guardias civiles pero, ante todo de personas. Pueden tratarse desde nimiedades que se solventan con facilidad, mediación, diálogo, o asuntos no tan solventables; bien lo dice nuestro propio trabajo, el servicio; nosotros no trabajamos, servimos, y en algunas ocasiones hemos hecho honor al lema “a España servir hasta morir”, o como juramos en su día, dar hasta la última gota de nuestra sangre. Nuestra labor puede ir desde un mero trámite administrativo hasta entregar la vida, lo sabíamos cuando ingresamos en el Cuerpo, todos lo sabemos, vivimos con ello.
La mayor parte de la ciudadanía conoce nuestra labor y nos lo agradece día a día, pues estamos aquí para velar por su vida, su seguridad y sus derechos, para proteger sus bienes, en definitiva, para servirles… casi todo el mundo nos valora, conocido es que nuestra Institución es de las más valoradas. De hecho, cuando las adversidades nos desbordan muchos deciden agruparse para ayudarnos y servir igualmente a los demás, cada uno aporta su parte, lo que buenamente puede e incluso más… saben de nuestras limitaciones, saben que no podemos estar en todos los sitios ni llegar a todos los problemas y son conscientes de que nuestras manos se multiplican con las suyas, que nuestros ojos ven más con los suyos, que su colaboración es fundamental para la mayor parte de nuestros cometidos; benemérito igualmente el pueblo que así obra.
Si el servicio termina sin novedad, vas a casa y cuando te dispones a comer, pones las noticias y escuchas lo que denominan “LA MANADA”. Desafortunadamente este término está tomando una desagradable habitualidad y no referido a las manadas de ñus de los documentales de la 2 precisamente. En concreto, se está utilizando para enmarcar el creciente número de casos de agresiones y abusos sexuales como dice la palabra “en manada”; pues resulta ser, utilizando semántica penal, cuando tres o más individuos se reúnen y conciertan abusar o agredir sexualmente a una víctima… nada tan vil, ruinoso y antihumano. Pero cuán amarga es nuestra sorpresa cuando comienzan a enumerar a los individuos en cuestión y aparece un militar o un guardia civil…O aquel Mosso que insulta al paso de un convoy con los presos separatistas…no cumple a Ley o desobedece órdenes judiciales y no le abren expediente disciplinario…Eso sí, a un Guardia Civil, que graba desde el interior de un furgón a gente que les atacaba, conducta más o menos punible, rápidamente se le abre expediente disciplinario, se le suspende en funciones como medida cautelar, a nuestro juicio innecesaria , sin expediente previo, sin posibilidad de defensa o justificación alguna y sin tener en cuenta otro tipo de atenuantes, como las condiciones de presión a que están sometidos los Guardias Civiles por parte de los manifestantes allí concentrados, cuando estaban realizando el traslado de presos, sin respetar el derecho a la presunción de inocencia a la que tenemos todos los Españoles. Y realmente ¿¿somos “todos tratados de la misma forma”???
De repente mi mente se abstrae y mi mirada se pierde en ningún sitio… por mi memoria comienzan a desfilar diversos pensamientos… 175 años sirviendo al ciudadano, Instituto considerado Benemérito, miles y miles de hombres y mujeres que han servido y sirven con honor orgullosos de su condición, todos los que perdieron su vida mientras servían a los demás, ya por accidente, ya por ataque o fuera de servicio únicamente por el hecho de ser portadores del glorioso uniforme verde pero no sólo ellos; familiares suyos que han corrido su misma suerte en desgraciados atentados o padres, madres, maridos, mujeres, hijos, hijas, hermanos, hermanas… familiares a los que se les ha visto privados de sus seres queridos simplemente porque un día decidieron enfundarse el “verde oliva” y servir a los demás. Honor, lealtad, sacrificio… mucha sangre vertida en aras de salvaguardar estos principios y… un guardia civil, o dos guardias civiles… han sido condenados por “ser partícipes en una manada”… ¿se puede causar más daño a más gente?, ¿existe alguna forma de ensuciar tan rastreramente la imagen de tantísimos guardias civiles y que tantísimas personas tienen de estos?, ¿es posible vilipendiar de forma más degradante a la Guardia Civil y a todos los que formamos parte de ella? .
Moralmente deseable es que todas las personas tengamos un comportamiento cuanto menos adecuado, pero a un guardia civil se le exige un plus de moralidad, de ética, de entrega, de ejemplaridad… condiciones esenciales que ha de llevar grabadas a fuego si quiere regir su vida conforme a los principios que la inspiran: Valor, honor, lealtad, sacrificio, entrega, servicio… y tantos otros que guían nuestro camino. ¿Cómo puedes servir a la sociedad si no eres un ejemplo para ella?
Reza el artículo 6 de la Cartilla del guardia civil “… procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado…”. ¿Pronóstico feliz para una víctima, en la que el propio atacante, incluso a veces más de uno de ellos, son los mismos que deberían estar dispuestos a dar su vida por ella? ¡Sí!, es penoso, vergonzoso, cualquier adjetivo que se diga se queda corto… el daño a la sociedad es enorme pero algo es totalmente cierto… el ataque, daño y desprestigio que se origina a todos los hombres y mujeres de bien que día y noche sirven sin descanso a los demás desde su condición de guardias civiles y a todas sus familias y entorno es infinitamente mayor, para mal, gracias a estos sujetos, estamos en boca de todos pues el comportamiento de un individuo dentro de una colectividad, suele con frecuencia hacerse extensivo o generalizado hacia el resto de esa colectividad aunque no tenga nada que ver.
No se informa cuando alguien inmerso en una causa es electricista, panadero o mecánico, con todos los respetos hacia estos imprescindibles profesionales; en cambio sí se especifica la condición de guardia civil cuando es el caso, aunque sea jubilado, pero fue guardia civil… es el precio a pagar, y muy gustosos, por ese plus de moralidad que se nos exige y que antes se aludió.
Pues sí, sucede. Abusos, agresiones de autoridades que dicen ser: guardias civiles. Y aquellos que visten tu mismo uniforme resulta que han actuado y han ejecutado conductas contrarias a todo derecho humano, a toda ley… es imposible actuar más contrariamente a los valores que deben defender conforme al uniforme que han elegido y se les ha permitido vestir.
No solo aparece en televisión, en las redes sociales se disparan las noticias relacionadas con las agresiones, violencia, acoso de cualquier tipo y hacia toda clase de personas… todo esto provoca desconcierto en la sociedad a la que servimos, a la que nos debemos; se sienten engañados y en muchas ocasiones nadie dice ni hace nada… todo lo contrario, se procura ocultar hasta que no se puede contener de ninguna manera, haciéndonos más daño aún si cabe, y no sólo a nosotros, sino al propio ciudadano cuya confianza ve traicionada.
Pues bien, ser guardia civil significa que servirás, si es preciso, hasta dar tu propia vida por España y por los demás, ya sea aquí o fuera de nuestras fronteras donde también estamos cumpliendo nuestros cometidos… por toda persona a la que defendemos y amparamos desde la lealtad, sacrificio, entrega y honor, nuestra principal divisa.
Desde aquí, por tanto, quiero dejar clara una cosa, que aquellos que visten mi uniforme, que matan, que roban, que abusan y/o acosan al prójimo, que actúan con violencia hacia los demás o contra sí mismos, atemorizan y/o amenazan, coaccionan y/o humillan, bien ellos por sí mismos o por medio de un menor (manipulaciones utilizando a los propios hijos)… yo les pasaría a llamar, los fariseos, “LOS FARISEOS DE VERDE”, que falsean su identidad y aparentar ser lo que no son por solo vestir un uniforme, guardias civiles que profanan de manera ruin y miserable esta gran y buena Institución, denominada Benemérita por su vocación de servicio al prójimo. Estos a quienes se les llama guardias civiles, que se han convertido por sus deleznables actos en verdaderos ogros y han provocado el odio y el desprecio de la ciudadanía que, con pesar, no comprende cómo sus ángeles se pueden convertir en sus demonios.
Esto no puede seguir pasando… Debemos decir NO y ser INTOLERANTES con estas conductas vengan de quien vengan y muchísimo más si vienen desde aquellos que en teoría comparten nuestra misión y visión de vida. Hay que decir SÍ A SER GUARDIAS CIVILES Y NO A SER FARISEOS DE VERDE. Por eso, desde esta misiva, queremos hacer un llamamiento a los medios de comunicación, que hablen y comuniquen con propiedad, prudencia y respeto al resto de la Institución para evitar mancharla y masacrarla por el comportamiento de unos pocos, pues la Guardia Civil no sólo se compone de aquellos que, con su comportamiento la traicionan, los menos afortunadamente, sino que la inmensa mayoría somos mujeres y hombres que servimos conforme a los principios y valores que juramos guardar. Por supuesto, hace más ruido un árbol que cae que el resto de los miles de árboles que forman el bosque y cumplen en silencio su misión, pero, por respeto al resto del “bosque”, por respeto al ciudadano, porque siga creyendo en la Guardia Civil, ¡en sus guardias civiles!, porque estos 175 años de historia caminando al lado del pueblo al que nos debemos no se vean ensuciados y vejados por comportamientos concretos de falsos guardias civiles, falsos servidores que en un momento decidieron servirse a sí mismos sin tener presente lo que su condición representaba.
Un guardia civil es militar en cuanto su disciplina, su honor y su espíritu de sacrificio, su abnegación, integridad y profesionalidad, lealtad y compañerismo. Pero también es un ciudadano, con algunos de sus derechos fundamentales limitados, un funcionario cualificado de la Administración del Estado; un policía que vela por la seguridad de todos.
Ser guardia civil ha de llevar implícito SER BUENA PERSONA, ayudar a los demás; no es justo que todos nos veamos “en el mismo saco” porque a estos “infractores”, que obraron desde su libertad y no desde su condición de guardias civiles les llamen guardias civiles, porque nada tienen que ver con quienes somos leales, fieles y honrados guardias civiles que desde todos los empleos y especialidades luchamos de forma ininterrumpida y permanente por un mundo mejor y más seguro.
Desde la misma fundación de la Institución, la “Cartilla del Guardia Civil “, contemplaba tanto las normas morales como de urbanidad y protocolo, y pretendía dotar a los guardias de una sobria formación moral y humana, dignidad y sentido del honor. Ya en la época fundacional fueron definidos unos principios que no son una lista de palabras huecas sino que el guardia civil asume y hace propios: SACRIFICIO, AUSTERIDAD, DISCIPLINA, ABNEGACION, ESPÍRITU BENEMÉRITO.
Puede apreciarse lo aventajado de la visión del Duque de Ahumada si se considera que los valores que contiene la Cartilla han trascendido en su época e inspiran actualmente , casi ya cumplidos 174 años después de su redacción, a las mujeres y hombres que hoy integran la Guardia Civil.
El 28 de marzo de 1844, se producía el momento histórico de la creación oficial de la Guardia Civil, cuando por Real Decreto, se crea “un cuerpo especial de fuerza armada de Infantería y Caballería”, bajo la dependencia del Ministerio de la Gobernación y con la denominación de Guardias Civiles. A los efectos de organizar esta nueva fuerza se comisiona al mariscal de campo, D. Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II Duque de Ahumada.
A continuación, en honor a lo que nuestro gran II Duque de Ahumada creó, tras casi 175 años queremos celebrarlo exponiendo el código sobre los principios y valores que inspiran la labor profesional de un guardia civil, haciendo alabanza a nuestro lema del guardia civil: “el HONOR es mi divisa”, valor principal que debe asumir un guardia, conjunto de obligaciones que, de no cumplirse, hacen que se pierda. Tolerancia 0 a los fariseos de verde.
El honor tiene un código: una serie de cualidades basadas en ideales de lo que constituye un comportamiento honorable. Aquí, a continuación, sin más dilación les dejo con la tan benemérita CARTILLA DEL GUARDIA CIVIL. A continuación les dejamos la Cartilla del Guardia Civil.
Creado por: FEDERACION MUJER AEGC
Dedicado a todas y todos, mujeres y hombres, que hoy son guardias civiles en homenaje al 175º Aniversario de la creación de la GUARDIA CIVIL.
Artículo 1. º El honor ha de ser la principal divisa del Guardia Civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás.
Artículo 2. º El Guardia Civil por su aseo, buenos modales, y reconocida honradez, ha de ser un dechado de moralidad.
Artículo 3. º Las vejaciones, las malas palabras, los malos modos, no debe usarlos ningún individuo que vista el uniforme de este honroso Cuerpo.
Artículo 4. º Siempre fiel a su deber, sereno en el peligro, y desempeñando sus funciones con dignidad, prudencia y firmeza, será más respetado que el que con amenazas solo consigue malquistarse con todos.
Artículo 5. º Debe ser prudente sin debilidad, firme sin violencia, y político sin bajeza.
Artículo 6. º El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores; ni temible, sino a los enemigos del orden. Procurará ser un pronóstico feliz para el afligido, y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que veía a su hijo arrastrado por la corriente de las aguas, lo crea salvado; y por último siempre debe velar por la propiedad y seguridad de todos.
Artículo 7.º Cuando tenga la suerte de prestar algún servicio importante, si el agradecimiento le ofrece alguna retribución, nunca debe admitirla. El Guardia Civil no hace más que cumplir con su deber; y si algo debe esperar de aquel a quien ha favorecido, debe ser solo, un recuerdo de gratitud. Este desinterés le llenará de orgullo; le granjeará el aprecio de todos, y muy particularmente la estimación de sus Jefes, allanándole el camino para sus ascensos.
Artículo 8. º El Guardia Civil lo mismo en la Capital de la Monarquía, que en el despoblado más solitario, no deberá nunca salir de su casa cuartel, sin haberse afeitado lo menos tres veces por semana, teniendo el pelo y las uñas cortadas, bien lavado, peinado y aseado, limpiando diariamente las botas y zapatos.
Artículo 9. º Lo bien colocado de sus prendas, y su limpieza personal, han de contribuir a granjearle la consideración pública.
Artículo 10. º El desaliño en el vestir infunde desprecio.
Artículo 11. º Si encontrase algún conocido, amigo, o camarada le saludará con urbanidad y decencia; sin gritos, ni ademanes descompuestos; y usando siempre para ello de sus nombres o apellidos, sin valerse de los motes o apodos porque son conocidas algunas personas.
Artículo 12. º Será muy atento con todos. En las calles cederá la acera del lado de la pared, no solo a los jefes militares, sino a las justicias de los pueblos en que esté: a todas las autoridades, en cualesquiera de las carreras del Estado, y por lo general, a toda persona bien portada, y en especial a las Señoras. Es una muestra de subordinación, para unos; de atención, para otros; y de buena crianza, para todos.
Artículo 13. º Tendrán muy presente los individuos del Cuerpo, el artículo de Ordenanza, que previene el saludo a todos los oficiales del Ejército, para distinguirse en observarlo con la mayor puntualidad.
Artículo 14. º Nunca se entregará por los caminos á cantos, ni distracciones impropias del carácter y posición que ocupa. Su silencio y seriedad, deben imponer más que sus armas.
Artículo 15. º Ha de procurar juntarse generalmente con sus compañeros, para fomentar la estrecha amistad y unión, que debe haber entre los individuos del arma; aunque también podrá hacerlo, con aquellos vecinos de los pueblos, que por su moralidad y buenas costumbres, sean apreciados y considerados en el pueblo donde estuviere
Artículo 16. º No entrará en ninguna habitación, sin llamar anticipadamente a la puerta y pedir permiso, valiéndose de las voces “da V. su permiso” u otras equivalentes, olvidando absolutamente la denominación de patrón o patrona, que comúnmente suelen usar todos los soldados. Cuando le concedan entrar, lo harán con el sombrero en la mano, y le mantendrán en ella hasta después de salir.
Artículo 17.º Cuando tenga que cumplir con las obligaciones que le imponen el servicio peculiar del instituto á que pertenece y sus Reglamentos, de exigir la presentación de pasaportes; disipar algún grupo; hacer despejar algún establecimiento, o impedir la entrada en él, lo hará siempre anteponiendo las expresiones de “haga V. el favor o tenga V. la bondad”. Cuando sean Oficiales, o Jefes del Ejército, lo verificará además, dándoles el tratamiento que les corresponda por sus insignias.
Artículo 18.º Sus primeras armas deben ser la persuasión y la fuerza moral, recurriendo solo a las que lleve consigo, cuando se vea ofendido por otras, o sus palabras no hayan bastado. En este caso dejará siempre bien puesto el honor de las que la Reina le ha entregado.
Artículo 19. º Cuando tenga que dar parte personalmente á algún superior, después de saludarlo, con el arma, o sin ella, según se encontrare, le hará una relación sucinta de lo que hubiese presenciado, concretándose a referir la ocurrencia, tal, y como hubiere pasado, sin añadir nada, ni hacer comentarios importunos; hablará despacio, en tono de voz comedido y respetuoso; manteniéndose cuadrado, y con los brazos caídos, dando siempre a cada uno el tratamiento que le corresponda.
Artículo 20. º El Guardia Civil, siempre llevará consigo tintero y papel, para hacer sus apuntaciones; y el cuaderno de requisitorias de los criminales, a quienes se persiga por la Ley
Artículo 21. º Deberá estar muy engreído de su posición; y aunque no esté de servicio, jamás reunirse a malas compañías, ni entregarse a diversiones impropias de la gravedad que debe caracterizar el Cuerpo.
Artículo 22. º Los individuos de la Guardia Civil, se conducirán en todo caso, como si estuviesen de servicio, y para su desempeño deben saber de memoria el Reglamento del arma, que llevarán siempre consigo.
Artículo 23. º Para llenar cumplidamente su deber, procurarán conocer muy a fondo, y tener anotados los nombres de aquellas personas, que por su modo de vivir holgazán; por presentase con lujo, sin que se les conozcan bienes de fortuna, y por sus vicios, causen sospecha en las poblaciones.
Artículo 24. º Observará a los que, sin motivo conocido, hacen frecuentes salidas de su domicilio, y seguirá los pasos de los sujetos que se hallen en este caso, reconociendo sus pasaportes, para cerciorarse de su autenticidad; y en el caso de tener noticia de la perpetración de algún delito, tratará de averiguar por todos los medios posibles, donde estuvieron estas personas en el día, y hora que se cometió. Practicando estas indagaciones con el detenimiento, y minucioso examen, que tan delicado asunto requiere, tal vez no se cometerá un crimen, cuyos autores no sean descubiertos.
Artículo 25. º Por ningún caso allanará la casa de ningún particular, sin su previo permiso. Si no lo diere para reconocerla, manteniendo la debida vigilancia a su puerta, ventanas y tejados, por donde pueda escaparse la persona que persigue, enviará a pedir al Alcalde, su beneplácito para verificarlo.
Artículo 26. º Se abstendrá cuidadosamente de acercarse nunca a escuchar las conversiones de las personas que estén hablando en las calles, plazas, tiendas, o casas particulares, porque este sería un servicio de espionaje, ajeno de su instituto; sin que por esto deje de procurar adquirir noticias, y de hacer uso de lo que pueda serle útil, para el mejor desempeño de las obligaciones que el servicio del Cuerpo le imponen.
Artículo 27. º Será siempre de su obligación, perseguir, y capturar a cualesquiera que cause herida, o robe a otro, y evitar toda riña.
Artículo 28.º Siempre, que observe algún motín o tumulto, que por su muy superior fuerza, no pueda contener por sí solo, deberá acudir a pedir auxilio a la Guardia o Cuartel que hubiere más inmediato; y donde no lo hubiese, ponerlo inmediatamente en conocimiento de la autoridad, para que adopte las medidas que el caso requiera.
Artículo 29.º Cuando de parte de alguna ocurrencia verbal, o por escrito, cuidará mucho de poner los nombres de los individuos aprehendidos, preguntándoselos, así como su edad, oficio y pueblos de su naturaleza.
Artículo 30. º Si el parte fuese referente a delitos cometidos, como asesinato, herida, robo, u otros de esta especie, y hubiese testigos presenciales, cuidará igualmente de referir esta circunstancia, y de informarse, si pudiere del nombre de ellos, su oficio, y señas de las casas donde habitan, si fuera en población, y si en los caminos o despoblado, de los pueblos donde residen.
Artículo 31.º La Guardia Civil, no tiene autoridad para llamar a su presencia, ni reprehender a las justicias de los pueblos, pero si hallasen alguna falta en su comportamiento, o conociesen que los alcaldes, desentendiéndose de su sagrada obligación, son causa de experimentarse en el País, o en el servicio se S.M. males que pudieran evitarse, sin perder momento lo pondrán en conocimiento de sus respectivos Jefes, para que llegando por su conducto á noticia del Jefe Político de la Provincia, adopte las medidas que crea convenientes; y cuando la urgencia del caso lo requiera, directamente del Jefe Político.
Artículo 32. º No tienen inmediata dependencia de las justicias de los pueblos, en que se hallen destacados; mas si estas les pidiesen auxilio, para cualquier función del servicio, se lo prestarán, con sujeción al Reglamento.
Artículo 33.º Cuando en el campo, o despoblado, encuentren los Guardias Civiles algún herido que por su gravedad, no crean puede dar lugar a conducirlo con vida al pueblo más inmediato, deberán tomarle una declaración indagatoria, arreglada al modelo número 2º de los formularios de sumarias que se acompañan a esta cartilla.
Artículo 34.º En caso de que ocurra incendio, acudirá inmediatamente al punto donde tenga lugar, cuidando especialmente, de proteger a todas las personas que se encuentren en el sitio de la desgracia, asegurando sus intereses; y evitando que se introduzcan en la casa, gentes, que con pretexto de auxiliar, llevan el de robar, o cometer otros excesos.
Artículo 35. º En las avenidas de los ríos, huracanes, temblores de tierra, o cualquier otra calamidad, prestará cuantos auxilios estén a su alcance, a los que se vieren envueltos en estos males.
(Cartilla del Guardia Civil, aprobada por S.M. en Real Orden de 20 de diciembre de 1845)

References: artículo 6

Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4

Artículo 5

Artículo 6

Artículo 7

Artículo 8

Artículo 9

Artículo 10

Artículo 11

Artículo 12

Artículo 13

Artículo 14

Artículo 15

Artículo 16

Artículo 17

Artículo 18

Artículo 19

Artículo 20

Artículo 21

Artículo 22

Artículo 23

Artículo 24

Artículo 25

Artículo 26

Artículo 27

Artículo 28

Artículo 29

Artículo 30

Artículo 31

Artículo 32

Artículo 33

Artículo 34

Artículo 35