Source: https://issuu.com/unc.ar/docs/unc_400_anios_historia_futuro_8
Timestamp: 2018-02-24 02:34:48+00:00

Document:
UNC 400 años - Historia y Futuro - Fascículo 8 by Universidad Nacional de Córdoba - issuu
HISTORIA Y FUTURO Córdoba, miércoles 17 de octubre de 2012
La UNC en el golpe del 76
Una isla autoritaria
Plaza de la Memoria, Ciudad Universitaria. Fotografía : Laura Lencina.
La gran polémica después de los jesuitas Universitarios para la patria nueva Se abren las puertas de la modernidad La rebelión de los hombres libres Irrupción del peronismo en la Universidad La Universidad devastada
UNC 400 AÑOS HISTORIA Y FUTURO
Muertes, desapariciones, cesantías, expulsiones, quema de libros, cambios de planes de estudios y mucha represión fueron algunos de los jinetes del Apocalipsis que la dictadura desató sobre la Universidad.
l imperio de la brutalidad, la asfixia, la censura, la devastación deliberada que se había vivido en la dictadura de Juan Carlos Onganía y aun en los tramos finales del gobierno justicialista con la “Misión Ivanissevich”, no alcanzó, sin embargo, la dimensión del espanto que se abrió a partir de la fatídica noche del 24 de marzo cuando asumió el poder la última dictadura cívicomilitar en la Argentina. El objetivo era terminar con las organizaciones de trabajadores, con la industria nacional, con el Estado y la distribución de riquezas, y con el pensamiento y las ideas que habían convertido a las universidades en bastiones críticos y rebeldes. Parte del plan se sustentaba en las armas y en la organización de un terror clandestino que en la más profunda de las noches argentinas detuvo, fusiló, secuestró y dejó el saldo de 30 mil personas desparecidas. La Universidad vivió sus años más tenebrosos, como un objetivo también del desmantelamiento de la investigación científica, de la labor docente y de las tarea creativa y artística que habían enorgullecido al país en las décadas anteriores. Menos de una semana después de producido el golpe, la dictadura disolvió todos los órganos de gobierno
universitarios mediante la aplicación de la Ley Nº 21.276 “Prioridad para la normalización de las universidades nacionales”, las casas de estudios quedaron bajo el control del Poder Ejecutivo Nacional y tanto los rectores como los decanos fueron designados por la junta de comandantes. Se nombraron delegados militares para cubrir las funciones de mayor autoridad como la de rector, la UNC quedó a cargo de la Fuerza Aérea. La Ley mencionada también establecía la prohibición absoluta de “toda actividad que asuma formas de adoctrinamiento, propaganda, proselitismo o agitación de carácter político o gremial, docente, estudiantil y no docente”. La persecución ideológica que se emprendió fue voraz y veloz. Antes de que nada oficial fuera escrito, hubo cientos de docentes, estudiantes y no docentes detenidos, muchos de los cuales quedaron desaparecidos. El 3 de mayo de 1976, en aras del nuevo estado de cosas que planteaba la prescindibilidad, se publicó la primera lista de 42 profesores cesanteados: 5 de Filosofía, 10 de odontología, 7 del Manuel Belgrano, 5 de Lengua, 3 del Imaf (luego Famaf), 3 de Derecho, 3
de Ciencias Económicas y 6 de Ciencias Químicas. Los despidos de docentes y expulsión de estudiantes se basaban en el artículo 7 de la mencionada Ley 21.276, que establecía “queda prohibido, en el recinto de las universidades, toda actividad que asuma formas de adoctrinamiento, propaganda, proselitismo o agitación de carácter político o gremial, docente, estudiantil y no docente”. El 1 de junio, en tanto, se ordenó por Resolución Nº 667 de la Delegación Militar en la UNC que toda designación, ascenso y, en especial, nuevas incorporaciones debían tener la correspondiente aprobación e información pertinente de la Secretaría de Información del Estado (Side). Los docentes cesanteados y los alumnos expulsados dejaron de concurrir a las aulas a partir de aquel mes de marzo. Sin embargo, muchos también habían tomado con anticipación la decisión de marcharse, ante la amenaza y el terror que se sembraron en el país meses antes del golpe, en la etapa preparatoria. Y entre los que quedaron, el miedo e incluso la genuflexión de algunos y la complicidad de muchos otros, armó una red de vigilancia en la que todos estaban expuestos a decenas de ojos que miraban y que podían denunciar por cualquier razón.
El 1 de junio de 1976 se ordenó, por Resolución Nº 667 de la Delegación Militar en la UNC, que toda designación, ascenso y, en especial, nuevas incorporaciones debían tener la correspondiente aprobación e información pertinente de la Secretaría de Información del Estado (Side). de Hegel, Marx, Feuerbach, el Che Guevara, Marcuse, Paulo Freire, Enguels, Lenin, Mao Tsè Tung y tantos más (Ver nota en página 5). A todo esto, habían desaparecido carreras como las licenciaturas en Cine, Teatro, Trabajo Social y Ciencias de la Información, que permanecieron cerradas durante meses, mientras los planes de estudios de todas las carreras eran brutalmente modificados hasta convertirse, en muchos casos, en puros dogmas. También se destruyeron proyectos pedagógicos o de investigación sobre los cuales los representantes de la dictadura tenían reparos. En setiembre de 1976, al tiempo que se recibían en la UNC
pedidos de reconsideración por expulsiones de alumnos y profesores, el delegado militar emitió la Resolución Nº 1851 en virtud de la cual se conformaron comisiones asesoras integradas por docentes de diversas facultades. Esas comisiones especiales eran: Misión y fines de la Universidad, Estructura de la Universidad, Docencia Universitaria e Investigación Universitaria. En marzo de 1977 asumió el primer Rector civil designado por el Poder Ejecutivo luego del golpe, Jorge Clariá Olmedo, y al acto de asunción concurrieron, entre otras autoridades, el Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, general Luciano B. Menéndez. Por esa época también se creó una comisión para aconsejar sobre el destino del comedor universitario, clausurado desde el golpe; la misma decidió que la mercadería sobrante fuera destinada a los hospitales universitarios y los empleados pasaran a revistar en el servicio de seguridad y vigilancia. Los vínculos entre el gobierno de la dictadura y las autoridades y algunos docentes de la UNC fueron fluidos y la matriz ideológica que definía la primacía de la religión católica como base fundamental de la Nación atravesó las actividades que se desarrollaban tanto en la docencia como en la investigación y la extensión. A fines de 1979 el gobierno militar presentó las Bases Políticas, invitando a dialogar a algunos profesores de la UNC, la convocatoria evidentemente restringida a docentes de probada coincidencia con los objetivos del Proceso de Reorganización Nacional, fue legitimada cuando un grupo de decanos expresaba en una reunión con el interventor provincial “que el tipo de lucha que se dio en la guerra contra la subversión no puede tener otras características por su naturaleza”. La dictadura había logrado uno de sus más preciados fines: disciplinar a la universidad y lograr que
desde ésta se convalidaran sus acciones. Cupos para el ingreso En el caso de los colegios preuniversitarios se estableció un sistema de sanciones para los estudiantes que contemplaba tres etapas: apercibimiento, suspensión y expulsión. Las normas se caracterizaban por su rigidez y la posibilidad discrecional de su uso, se podía aplicar por el solo capricho de una autoridad, por su deseo de conformar a sus superiores e incluso para venganzas personales. Algunas de las faltas sobresalientes eran por ejemplo la desobediencia a la orden impartida por un profesor, auxiliar docente o autoridad universitaria fomentando actos de indisciplina; la falta de respeto a un docente o auxiliar universitario; la participación en desórdenes en el ámbito universitario o sus inmediaciones; actitudes contrarias al decoro o a las buenas costumbres como ingresar a las aulas con zapatillas, minifalda, barba o melena. En las carreras universitarias, una de las resoluciones que más impactó sobre las conquistas de décadas fue la 2222 del 15 de noviembre de 1977, por la que se instituía nada más y nada menos que el examen de ingreso. Los ingresantes, además de presentar certificado de buena conducta, debían atravesar un curso previo en el cual era obligatorio tener el 80 por ciento de asistencia y el 100 por ciento de trabajos prácticos aprobados; esto habilitaba al aspirante para realizar un examen de ingreso, en principio planteado a través de dos o tres materias afines a la carrera. El puntaje era estricto y permitía establecer el orden de mérito con el cupo establecido previamente para cada carrera. Cientos, miles, salían frustrados de esos exámenes a la vez que postergaban sus aspiraciones vocacionales. Esto disminuyó drásticamente el número de ingresantes por aquellos años: de aproximadamente 12 mil
inscriptos por año quedaron sólo la mitad. El examen de ingreso, las modalidades de permanencia bajo una estricta vigilancia, el descenso del financiamiento educativo y la imposición del arancel se combinaron perfectamente con las iniciales medidas de expulsión, cesantía y persecución de docentes, desvinculación de la investigación con fines diferentes de los del Proceso de Reorganización Nacional, la redefinición de currículas, materias y bibliografías, la anulación temporaria de
En marzo de 1977 asumió el primer Rector civil designado por el Poder Ejecutivo luego del golpe, Jorge Clariá Olmedo, y al acto de asunción concurrieron, entre otras autoridades, el Comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, general Luciano B. Menéndez. algunas carreras y la apertura de otras tuvieron como consecuencia una pérdida de conocimiento, pérdidas humanas, pérdidas de años previos de acumulación de experiencias en investigación y desarrollo, de vinculación de la universidad con la sociedad. La universidad fue como nunca antes una isla autoritaria donde cada quien pudo cumplir el complejo rol de sobrevivir adaptándose a lo que el gobierno totalitario marcaba como horizonte. Pero cuando soplaron los vientos de la democracia, allá por la primavera de 1983, los estudiantes y los docentes reincorporados, en una larga y tesonera lucha por el restablecimiento de las libertades democráticas, lograron la restitución del ingreso irrestricto como una reivindicación para el año académico 1984, entre otras conquistas Fuentes: Marta Philp - Archivo General Histórico de la UNC. Documentos de la última dictadura. Testimonios de la intervención militar en la UNC. Revista Al Filo FFyH.
La Universidad convertida en una caverna ¿Qué país se está estructurando, cuando lejos de ser un progreso es un peligro que existan miles de estudiantes más, futuros profesionales? ¿Qué clase de entrenamiento político en el gobierno representativo se piensa si su participación en el co-gobierno universitario es considerada como la presencia de un enemigo que afecta el estatus de los profesores? ¿Si en el lugar donde ayer había una Universidad hoy hay una caverna? ¿Qué país se conforma cuando miles de jóvenes no encuentran ocupación, cuando miles más deben abandonar el campo para ir a apiñarse a la ciudad? ¿Qué país se diseña cuando los ejemplos de la juventud no son nuestros héroes nacionales, no los miles de héroes humildes, sino la falsa idolatrización de algún tenista o futbolista (...) que nada tiene que ver con la práctica del deporte y sí con la técnica de manipulación de masas? ¿Qué país se modela cuando para las jóvenes “triunfar” es adjudicarse algún concurso de belleza, selección de “mujercitas diez” para ocupar alguna plaza en los lupanares para ejecutivos? El texto corresponde a un fragmento de la solicitada publicada por la Federación Universitaria de Córdoba en La Voz del Interior el 20 de setiembre de 1981.
Miércoles 17 de otubre de 2012
El plan sistemático de represión de la dictadura fue acompañado por un proyecto político-ideológico y el 22 de julio por Resolución 1150 el Delegado Militar autorizaba la compra de cinco libros considerados decisivos por los militares para el combate en las ideas: El poder destructivo de la dialéctica comunista, de Julio Meinvielle; La revolución cultural en la Argentina, de Abelardo Pithod; Manifiesto político y social, del coronel Pierre Chateau-Jobert, La guerra moderna, del coronel Roger Trinquier, y El Orden natural, de Carlos Sacheri (ver nota en páginas 6 y 7). Claro que, antes de que se incorporaran nuevos libros, ya habían sido quitados muchos de circulación. Por ejemplo, en Filosofía fueron encerradas bajo llave las obras
Biblioteca de la Escuela Manuel Belgrano
arios de aquellos universitarios que en las décadas de 1960 y 1970 habían sido parte de una juventud movilizada y politizada y habían actuado tanto dentro como fuera de los claustros universitarios, vivieron la última dictadura como la pérdida de una parte importante de sus vidas, no sólo de su libertad y sus lazos sino incluso de su propia identidad. Lo que antes los había colocado como protagonistas del cambio fue lo que los condenó. El mismo régimen los había definido como “enemigos culturales”, eran los subversivos que había que combatir por ser portadores y propagadores del “virus ideológico” que habían contaminado a la sociedad con sus ideas peligrosas. Inculpados por ser jóvenes, intelectuales y librepensadores. Medidas legales como la intervención y el cierre de facultades, cesantías, no renovación de cargos a docentes y no docentes y expulsiones de alumnos, se conjugaron con el aparato clandestino de represión con el fin de erradicarlos física e ideológicamente. El terrorismo de Estado logró su objetivo en este sentido, ya que los que no perdieron su vida como producto de la represión, escaparon de sus escenarios cotidianos por miedo a perderla. Muchos se vieron obligados a abandonar el país, muchos otros se quedaron y algunos de ellos debieron escabullirse en las grietas del sistema. En ambos casos, exilio e insilio, el miedo hizo que tomaran la decisión de alejarse de los claustros e invisibilizarse ante la vigilancia y la amenaza de las fuerzas represivas. Los que se exiliaron se fueron asfixiados por el terror y completamente inseguros y temerosos por sus propias vidas. Partieron desterrados de todo aquello que los ataba a su pasado. Muchos de los que se quedaron, ya sea por no tener recursos, por no haber dimensionado la magnitud de la represión o por haber encontrado la forma de esconderse de la mirada del terror, tuvieron que cortar con todo aquello que los relacionaba con su mundo anterior, se camuflaron dentro de la sociedad empapada de autoritarismo, violencia y represión, con el ropaje que demandaba la dictadura. Aquellos que se animaron y/o pudieron a seguir yendo a la Universidad se dedicaron a reproducir los textos que no habían sido excluidos de los estudios, yendo a clases con cátedras desmanteladas, sometidos a un permanente control y constantemente vigilados tanto por la presencia de las fuerzas armadas dentro de los claustros como por docentes, alumnos y no docentes cómplices y reproductores de prácticas autoritarias. Por el miedo a dejar de existir, por el estigma de haber sido librepensadores y críticos y con un fuerte sentimiento de culpa por seguir vivos, muchos ya no pisaron más la Ciudad Universitaria, otros se atrevieron a seguir yendo, pero ya cuidándose de lo que decían, tratando de aparentar algo que no eran… pero debían ser
(*) Licenciada en Historia. Especialista en historia oral y reciente y en temáticas relacionadas con violencia política y derechos humanos
La magnitud del terror Los gráficos que se presentan a continuación fueron publicados en el libro “Vidas y Ausencias. Destinatarios de la represión. Córdoba, 1969-1983” de las autoras Silvia Romano, Norma San Nicolás, Marta O. Palacios y Malvina González Lanfir. En el texto, una publicación conjunta del Archivo Nacional de la Memoria y la Editorial de la UNC, se reúne información sistematizada sobre un conjunto de personas que fueron desaparecidas y/o asesinadas en la década de 1970 por la represión ilegal y el terrorismo de Estado. Los esquemas que se reproducen corresponden a estudiantes de la UNC.
Por Federico A. Zevallos (*)
Férreo control en todas las bibliotecas de la UNC
Personas desaparecidas según estudios (en curso)
l caso de la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano es una de las muestras más horrorosas de la criminalidad castrense perpetrada en la Capital de Córdoba. En dicho colegio se hizo realidad, sobre jóvenes estudiantes, lo que el poeta alemán Enrique Heine (1797-1856) había escrito en el siglo XIX: “allí donde queman libros, acaban matando personas”. En el Manuel Belgrano la dictadura se cobró la vida de doce jóvenes entre estudiantes y egresados, además de la expulsión de otros veinte, del exilio de un alumno, la persecución y cesantía a numerosos docentes y celadores, la quema de libros, etcétera. El 19 de abril de 1976 en la escuela se da cumplimiento a la nota Nº 138 del 13 de abril del mismo año según la cual: “se dispone sea guardado en depósito el material bibliográfico relacionado con temas políticos, ideológicos, doctrinarios, etcétera, que no respondan a las asignaturas que integran el programa de estudios de la Escuela”. Esta nómina de 18 libros prohibidos estaba integrada exclusivamente por obras sobre el peronismo. Según consta en la nota del 20 de abril de 1976, el interventor de la escuela, teniente primero Manuel Carmelo Barceló, comunica al delegado militar en la Secretaría General de la UNC, comodoro Oscar Julia, lo siguiente: “de acuerdo a vuestra nota del 13 del cte. se ha dado cumplimiento a lo solicitado en la misma... de acuerdo a las directivas impartidas por la Superior Autoridad Universitaria”. La encargada de la biblioteca, Nélida Llames,
hizo referencia al clima de control y censura que imperaba en toda la institución por aquellos días, donde uno de los colegios públicos más prestigiosos de Córdoba se convirtió en un símbolo del accionar criminal de la dictadura sobre el ámbito educativo. Quema de libros en el patio Según consta en la resolución del 2 de abril de 1976, a escasos días del golpe de Estado se dio a conocer el siguiente texto: “Sr. Delegado Interventor Militar en la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano, Teniente Primero Manuel Carmelo Barceló, en presencia del testigo Dr. Hugo Lafranconi, procede a requisar de la Biblioteca de la Escuela los siguientes textos...”. La lista estaba integrada por 19 títulos de la colección de la Biblioteca, entre los que se encontraban obras de Darcy Ribeiro, Marx y Engels, Julio Godio, Martí y varias del Centro Editor de América Latina. La parte resolutiva del texto señalaba: “Art. 1º Proceder a la incineración de los textos mencionados en la presente resolución en presencia de testigos”. El 2 de abril de 1996, al cumplirse 20 años de aquella quema de libros, la comunidad de la Escuela colocó en la Biblioteca una placa donde se lee: “Hermosos tiempos aquellos en los que podemos pensar lo que queremos y decir lo que pensamos. 1976-1996” (*) El texto es un fragmento del trabajo final para optar al título de Lic. en Bibliotecología y Documentación: “Bibliotecas y dictadura militar. Córdoba 1976-1983”. UNC.
Con fecha 13 de abril de 1976, el comodoro Oscar Juliá, delegado militar en la Secretaría General de la UNC, envió una nota al delegado militar en el Instituto de Ciencias Agronómicas (hoy Facultad de Ciencias Agropecuarias), mayor Antonio Rodríguez, ordenando retirar de la biblioteca todo el material “relacionado con temas políticos, ideológicos, doctrinarios, etcétera”. La comunicación indicaba también que la bibliografía existente en esa biblioteca “deberá ajustarse en su contenido y naturaleza al de los programas de las asignaturas que integran las diferentes carreras que allí se cursan”. La Biblioteca del entonces Instituto de Ciencias Agronómicas respondió enviando 19 libros cuyos autores eran Juan Domingo Perón y Eva Duarte de Perón, los cuales habían sido reeditados en 1973 y entregados desde el Rectorado a todas las bibliotecas de la UNC. Además, se escondieron 13 libros sobre socialismo, campesinado y economía soviética, los cuales fueron restituidos a la estantería con la vuelta a la democracia. También se retiraron las fichas de préstamo de nueve libros relacionados con esta temática, a fin que no pudieran determinar qué socio de la biblioteca los tenía. La directora de la biblioteca recuerda que, en una oportunidad, cuando el mayor Rodríguez recorría las estanterías, observó unas publicaciones periódicas cuyos títulos eran Soviet Soil Science y Soviet Hidrology y le preguntó si no habría “literatura infiltrada” en esas revistas, a lo que se le respondió que se trataba de traducciones realizadas por una editorial de Estados Unidos. La orden del delegado militar en la UNC también menciona a las facultades de Ciencias Médicas, Ingeniería y Arquitectura, como unidades académicas que debían retirar de sus bibliotecas libros como los mencionados. “En aquellas facultades, escuelas o institutos –continúa señalando la nota– en que se dicten carreras cuyos programas exijan la consulta o estudio de textos como los referidos, su cantidad deberá limitarse al mínimo necesario para tales fines, debiéndose tener presente para su determinación el número de alumnos inscriptos”. En su párrafo final, la carta ordenaba que “todos los elementos considerados innecesarios” debían guardarse en depósitos antes del 21 de abril de 1976.
Por Cecilia Bustos Moreschi (*)
Estudiantes y egresados desaparecidos y asesinados
el enemigo era el universitario
“Donde queman libros acaban matando personas”
acciones e ideas para la “reorganización nacional”
Controles en la puerta del Rectorado. 1976. Archivo CDA, UNC.
Coronel Roger Trinquier
América no está tan exenta de tradiciones como se cree en general y, ciertamente, quien habla de su ausencia completa, no conoce a Córdoba. Pues, gracias a Dios, esta docta y santa ciudad las tiene, como también tiene sus casas e iglesias rancias y su sierra”. Esta afirmación de George Nicolai –hombre de ciencia alemán radicado en Córdoba en 1921–, realizada en su Homenaje de despedida a la tradición de Córdoba docta y santa –un homenaje que es también una crítica– da cuenta de la fuerza de la tradición en los años inmediatamente posteriores a la Reforma universitaria de 1918. Casi 60 años después, en la dictadura de 1976, aquella antigua tradición, fundamentalmente la vinculada a una visión religiosa del mundo, fue invocada por los militares que ocuparon el poder y por quienes legitimaron su
accionar. Mientras muchos de los integrantes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), estudiantes, profesores y administrativos fueron excluidos de este espacio, otros protagonistas asumieron la tarea de conducir esta
En la dictadura de 1976, la antigua tradición vinculada a una visión religiosa del mundo fue invocada por los militares que ocuparon el poder y por quienes legitimaron su accionar. institución central en el desarrollo de Córdoba y del país. Entre esas tareas, una de ellas ocupó un lugar clave: nos referimos a la “formación de las almas” –según la expresión del historiador brasilero Murilo de Carvalho– entendida como un proceso donde distintos actores, en
este caso los militares y la trama de relaciones que los rodeaban, pugnaron por imponer determinados valores o modificar los ya existentes. En este escenario, caracterizado como de guerra contra la “subversión”, las universidades, como productoras y difusoras de ideas, fueron actores centrales en esta batalla ideológica, política y cultural. En 1976, las tradiciones a las que aludía Nicolai cobraron sentido nuevamente a la luz de un presente en “proceso de reorganización”. En su primer mensaje presidencial, el teniente general Jorge Rafael Videla, manifestaba: “Debe quedar claro que los hechos acaecidos el 24 de marzo no materializan solamente la caída de un gobierno. Significan, por el contrario, el cierre definitivo de un ciclo histórico y la apertura de uno nuevo, cuya
característica estará dada por la tarea de reorganizar la Nación”. En este contexto, las universidades quedaron bajo el control del Poder Ejecutivo Nacional. Se estableció que los rectores y decanos serían designados por el presidente de facto, en
En el escenario caracterizado como de guerra contra la “subversión”, las universidades, como productoras y difusoras de ideas, fueron actores centrales en la batalla ideológica, política y cultural tanto los cuerpos colegiados directivos de las universidades nacionales cesaron en sus funciones. En las distintas dependencias de la UNC, al igual que en el resto de las universidades nacionales, fueron designados delegados
militares. El comodoro Jorge Luis Pierrestegui fue la nueva autoridad de la Casa de Trejo, acompañado por el comodoro Oscar Juliá en la Secretaría General. Junto con las acciones administrativas, tenían lugar otras relacionadas con las aspiraciones fundacionales del nuevo gobierno. A pocos meses del 24 de marzo, una resolución autorizaba la compra de libros, “visto la necesidad de contar con diversas obras de distintos autores para consulta de esta Delegación Militar”. ¿Cuáles eran esos libros? ¿Quiénes eran los autores? Entre los libros adquiridos, tres son muy representativos de las bases ideológicas de la dictadura: El poder destructivo de la dialéctica comunista, de Julio Meinvielle; El orden natural, de Carlos Alberto Sacheri, y La guerra moderna, del coronel Roger Trinquier. Meinville en el texto citado,
publicado en 1973, afirmaba: “El comunismo, que es ante todo y principalmente la acción puesta en movimiento contra la sociedad cristiana, quiere introducir la dialéctica de la acción en el corazón mismo de esa sociedad y si es posible dentro de la Iglesia para que esta resulte destruida por dentro, mediante, precisamente, la acción de los que la forman”. Carlos Sacheri, autor de El orden natural, texto publicado en 1975 por el Instituto de Promoción Social Argentina con prólogo del sacerdote Adolfo Servando Tortolo, fue otro de los referentes invocados. El prologuista, en referencia a su asesinato en 1974, afirmó que “Sacheri advirtió que el muro se iba agrietando velozmente. Vio la problemática del orden natural subvertido y vigorizado por una técnica portentosa. Y se volcó de lleno, no a llorar, sino a restaurar el orden natural. Aquí está la razón de ser de su sangre mártir”. El autor del tercer libro requerido por el delegado militar era Roger Trinquier, un militar de nacionalidad francesa que participó en la guerra de Argelia y que en 1961 publicó La guerra moderna, texto de referencia para los especialistas de la guerra contrasubversiva en Argentina, Chile y el propio EE.UU. Allí afirmaba: “La guerra de hoy es el choque de una serie de sistemas –político, económico, psicológico y militar– que tiende a derrocar el gobierno existente en un país para sustituirlo por otro. Para alcanzar esta meta el agresor explota hasta el límite la tensión interna del país en
su parte ideológica, social, religiosa, económica, etc”. La invocación de estos autores, filiados dentro de la tradición hispanista-católica (Meinvielle, Sacheri) vinculada con el anticomunismo y la lucha contra la subversión (Trinquier), no era un hecho aislado; se enmarcaba en un contexto de refundación, de reorganización nacional, establecido por los militares en el poder. En septiembre de 1976, una resolución, que coexistía con pedidos de reconsideración por expulsiones de la UNC de alumnos y profesores, daba cuenta de la conformación de comisiones especiales, también llamadas comisiones asesoras. Un documento titulado Misión y fines de la Universidad, publicado por la UNC en octubre de 1976, y que consignaba en su contratapa la frase “Cumpliendo con la Patria”, exponía un diagnóstico sobre la universidad en el mundo contemporáneo, centrado en
En las distintas dependencias de la UNC fueron designados delegados militares. El comodoro Jorge Luis Pierrestegui fue la nueva autoridad de la Casa de Trejo, acompañado por el comodoro Oscar Juliá en la Secretaría General. el avance del materialismo y en la masificación. Así se afirmaba: “Asistimos a la atomización del saber, a una creciente pérdida del sentido de la vida, a la destrucción de la jerarquía de valores y a una
corrupción de las conductas y de las costumbres. Todos estos factores han penetrado profundamente en la vida universitaria mundial; el más grave es el materialismo –especialmente en su forma dialéctica– que ha colocado a la sociedad humana ante la ineludible opción entre una concepción cristiana del hombre y una ideología negadora de la dignidad y de la libertad de la persona. Todos estos factores han conducido a una creciente masificación de la sociedad y consecuentemente de la Universidad, a la que amenazan destruir desde dentro y desde fuera”.
1 - Res. N° 1550 del 22/7/1976, Res. Rectoral de la Delegación Militar, UNC, tomo 8, año 1976 2 - Para una caracterización de estos autores, véase: Pedano, G. (2008), Aniquilar y restaurar. El proyecto político del terrorismo de Estado, Córdoba: Ediciones del Boulevard (*) Historiadora, Profesora en la Escuela de Historia, Investigadora en el CIFFyH y en el CEA-UNC.
Período y cargo
Dr. José Benjamín Barros
1930-1931 Rector por el Poder Ejecutivo - Dictadura del general José F. Uriburu
Ing. Eduardo Deheza
1931-1932 Rector por el Poder Ejecutivo - Dictadura del general José F. Uriburu
Dr. Lisandro Novillo Saravia
1943-1945 - Interventor por el PEN - Dictadura de Rawson-Ramírez
Dr. Luis M. Allende
1945 - Comisionado - Dictadura de Edelmiro Farrel
Ing. Rodolfo Martínez
1945-1946 Designado por el PEN Dictadura de Farrel (*)
Dr. León S. Morra
1946 - Designado por el PEN - Dictadura de Farrel (*)
Dr. Próspero Francisco Luperi
1955 - Designado por la dictadura de Eduardo Lonardi (*)
1955-1956 - Interventor por la dictadura de Pedro E. Aramburu
1956-1957 - Interventor por la dictadura de Pedro E. Aramburu
1957-1958 - Rector por la dictadura de Pedro E. Aramburu
Dr. Tomás de Villafañe Lastra
1966 - Designado por la dictadura de Juan Carlos Onganía (*)
Dr. Ernesto Gavier
1966-1967 - Designado por la dictadura de Juan Carlos Onganía (*)
Ing. Rogelio Nores Martínez
1967-1970 - Designado por la dictadura de Juan Carlos Onganía (*)
Dr. Olsen A. Ghirardi
1970-1972 - Designado por la dictadura de Roberto Levingston (*)
Dr. Edgar A. Ferreyra
1972-1973 - Designado por la dictadura de Alejandro A. Lanusse (*)
Com. Jorge Luis Pierrestegui
1976-1977 - Delegado militar
Dr. Jorge A. Clariá Olmedo
1977-1979 - Rector por la dictadura presidida por la junta militar de Videla-Massera-Agosti / Presidencia de Jorge Videla
Dr. Francisco Quintana Ferreyra
1979-1982 - Rector por la dictadura presidida por la Junta militar de Viola-Lambruschini-Graffigna. Presidencia de Viola y Leopoldo Galtieri
Dr. Carlos A. Luque Colombres
1982 - Decano a cargo tras la disolución de la Junta Militar
Dr. Carlos A. Morra
1982-1983 - Nombrado por el presidente de facto Reynaldo Bignone (*)
Nota: en los casos señalados con (*) no se consigna el cargo puesto que no figura en la documentación de origen.
Autoridades civiles y militares en la UNC durante los gobiernos dictatoriales
LAS marcas de origen
La defensa de un proyecto
Por María Cristina Mata (*)
Por Mgter. Nora Britos (*) Lic. Angélica Paviolo (**) Lic. Eliana López (***)
ran cientos, diversos, mezclados… Las listas de alumnos en aquel primer semestre de clases en la Escuela de Ciencias de la Información tenían más de 500 nombres. Divididos en tres turnos, convivían en el aula grande del edificio de Vélez Sársfield y Caseros chicas y muchachos de 17 y 18 años recién egresados de colegios secundarios, con alumnos más viejos, muchos de los cuales volvían a la UNC o se acercaban a ella por primera vez con variadas experiencias de vida. Se habían inscripto en la Escuela porque su creación prometía llenar vacíos significativos en la enseñanza universitaria cordobesa: la ausencia de espacios académicos destinados específicamente a las ciencias sociales y al estudio de unas prácticas, las “comunicaciones masivas”, que desbordaban marcos disciplinarios y que ya por entonces insinuaban su potencialidad para la producción de interacciones y significaciones compartidas. Pero no era esa la única mezcla que caracterizaba y dinamizaba a la Escuela. En sus cátedras, por obra de la alquimia que permitía el liberalismo del fundador y director de la ECI –el profesor Adelmo Montenegro– convivíamos, no siempre pacíficamente, titulares de cátedras foráneos, conservadores política y teóricamente, con adjuntos y jefes de trabajos prácticos formados en las mejores experiencias críticas de la década de 1960 en nuestra Universidad. Y se mezclaban también en esas cátedras los portadores de los saberes del oficio –notables y no tan notables periodistas cordobeses y porteños– y los que, desde la academia, buscábamos pensar la comunicación desde variadas perspectivas y disciplinas –las letras, la filosofía, la semiótica, la historia, el derecho. Así nació la ECI: multitudinaria, contradictoria, compleja, en tiempos que también lo eran. El tiempo final de la dictadura, el de represiones y masacres, el de movimientos políticos y organizaciones sindicales que se fortalecían, el de elecciones esperanzadas, el del poder transformador liquidado en Chile… Y esos tiempos irrumpieron en la Escuela. Había sido diseñada, como muchas carreras de comunicación creadas en la misma época en América latina, para reproducir el pensamiento informacional elaborado desde la academia norteamericana acompañando el desarrollo de mercados de medios de comunicación. Pero lo que buena parte de esos centenares de alumnos y un considerable grupo de docentes deseábamos –en contra de aquel diseño–, era producir un pensamiento que permitiese desentrañar el papel que cumplían esos mercados en los procesos de producción de la hegemonía y que, además, habilitara a imaginar alternativas. Por eso se redefinían contenidos, bibliografías y prácticas; por eso nos sumábamos a las corrientes de pensamiento que en 1973, se expresaron en
“Tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la Justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante todo lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes contra la humanidad”. Las palabras son del informe “Nunca más”, elaborado por la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) al regreso de la democracia. En el ánimo inaugural de 1976 el golpe ya era un hecho. Finalmente, el asalto al poder se produjo en la madrugada del 24 de marzo y una junta militar integrada por los jefes de las armas (Jorge Videla, Ejército; Emilio Massera, Armada, y Orlando Agosti, Fuerza Aérea) suprimió todas las garantías constitucionales en nombre de la guerra contra la subversión. El gobierno, acogiéndose a los beneficios de la impunidad, montó un aparato represivo en la clandestinidad. Sobrevino entonces el tiempo de los campos de concentración, de la tortura, de las ejecuciones, de los desaparecidos, del robo de bebés: el terror se había hecho oficial, generalizado y aplastante. Claro que la dictadura no fue sólo militar: representantes del poder político y económico también acompañaban, y mientras los uniformados hacían “su guerra”, José Alfredo Martínez de Hoz imponía su programa neoliberal. Mientras la sociedad estaba anestesiada, aturdida, se inauguraba la era de orgía financiera y de la “plata dulce” que terminó siendo amarga: bancos y financieras se irían a la quiebra con los ahorros de la gente. La hora más “gloriosa” de la dictadura fue la del atardecer del 25 de junio de 1978, cuando el Mundial jugado en casa terminaba de la manera soñada: Argentina campeón. Pero los efectos recesivos del plan económico ya despertaban brotes de mal humor, mientras que episodios de violaciones de derechos humanos empezaron a salir a la luz. Pronto, la herida quedaría expuesta para el mundo a través del desafío que asumieron las Madres de Plaza de Mayo. La dictadura empezó a perder pie. Pasaron Videla, Roberto Viola y luego Fortunato Galtieri, quien dos días después de un paro y movilización popular, ordenó invadir las Islas Malvinas. Dos meses después, la derrota en la guerra marcaría la definitiva debacle de la dictadura, que en su retirada intentó esconder la basura bajo la alfombra. Pero el plan represivo clandestino saldría a la luz.
(*) Directora del Programa de Estudios sobre Comunicación y Ciudadanía, CEA, UNC.
(*) Secretaria de Investigación y Posgrado, Escuela de Trabajo Social. UNC. (**)Oficina de Graduados, Escuela de Trabajo Social. UNC. (***)Subsecretaria de Inclusión y Ciudadanía Estudiantil, Secretaría de Asuntos Estudiantiles. UNC.
“La más grande tragedia”
un pionero seminario internacional realizado en Costa Rica, postulando la necesidad de asumir el “análisis crítico del papel de la comunicación en todos los niveles de funcionamiento, sin omitir sus relaciones con la dominación interna y la dependencia externa; y el estudio de nuevos canales, medios, mensajes, situaciones de comunicación, etcétera, que contribuyan al proceso de transformación social”. Y por eso la Escuela se hermanaba con otros espacios de la UNC donde se rompían tradiciones y se ensayaban nuevos modos de producción del saber, nuevas ideas y lenguajes para tiempos de cambio: el Taller Total en Arquitectura, el Libre Teatro Libre y las creaciones del Departamento de Cine en la Escuela de Artes, las nuevas apuestas de la Escuela de Trabajo Social, las búsquedas de “las pedagogas” de la Facultad de Filosofía… La vitalidad académica y política de aquellos primeros tiempos de la ECI la convirtieron en uno de los blancos a atacar por quienes, ya en 1975, habían decidido no permitir que crecieran las articulaciones entre la Universidad, los trabajadores y los sectores populares. Docentes cesanteados, estudiantes detenidos y amedrentados, el cierre temporal de la institución, fueron los primeros golpes; el más duro –como ocurriría en otras unidades académicas – los más de 30 estudiantes desaparecidos cuyos nombres siguen presentes en los muros de la Escuela. Pero ninguno de esos golpes y sus efectos en el posterior desarrollo de los estudios de comunicación en nuestra Universidad, pudieron borrar aquella marca de origen de la ECI. Más allá de sus luces y sombras, de momentos de productiva creatividad y experimentación y de pesadas inercias, muchos de quienes de diversos modos formamos parte de esa comunidad, seguimos pensando y sintiendo la Escuela como lugar contradictorio de producción de conocimientos y experiencias; como ámbito necesariamente vinculado a su tiempo y, por eso mismo, comprometido hoy con la generación y consolidación de propuestas y políticas de democratización de la comunicación; como un espacio de formación e investigación que lejos de ensimismarse debe apostar, como en aquellos años fundacionales, a ser parte de procesos académicos e institucionales capaces de fortalecer, en la Universidad de los 400 años, la articulación de carreras y disciplinas que piensan nuestra sociedad y se comprometen con sus necesidades y demandas
on el retorno a la democracia en 1973, la Escuela de Trabajo Social lleva a cabo la primera elección de Dirección en asamblea directa de los distintos claustros, de la cual surgió la nueva gestión, encabezada por el abogado Martín Federico, quien luego debió exiliarse en 1976. Se instituye como órgano de cogobierno el Consejo Académico, el cual disponía de facultades deliberativas y resolutivas en todos los asuntos que hacían al funcionamiento de la institución. Entre 1973 y 1975, se vivió un fuerte involucramiento por parte de todos los actores en los diferentes temas que atravesaban la institución. Las aulas reflejaban una relación docente-estudiante colmada de discusiones abiertas, principalmente en el espacio de los talleres de práctica, junto a los supervisores y jefes de Trabajos Prácticos. La gran cantidad de estudiantes que militaban en organizaciones barriales y políticas generaba un enriquecimiento de los debates y una constante relación entre los contenidos desarrollados en clase y la realidad que atravesaba a la sociedad en esos momentos. Las prácticas de formación profesional de la década de 1970 se caracterizaban por un fuerte trabajo en los barrios y junto a las organizaciones obreras. Estas se llevaban a cabo, en su mayoría, en centros fabriles, organizaciones barriales, centros vecinales y sindicatos . Existía un espacio denominado GOT (Grupos Operativos de Trabajo), en los cuales se intercambiaba y discutía entre estudiantes de diferentes niveles o años en torno de los procesos que llevaban a cabo. Se buscaba transmitir y compartir los conocimientos con aquellos sectores que no tenían la posibilidad de acceder a la Universidad y de construir junto a ellos el cambio social necesario. En 1974 se llevan a cabo las primeras elecciones para Centro de Estudiantes, y resultan elegidos los estudiantes que conformaban el Mobass (Movimiento de Base de Servicio Social), donde confluían miembros de distintas agrupaciones políticas. El intercambio y debate con estudiantes de otras carreras era permanente. Uno de los espacios de encuentro más importante era el Comedor Universitario. En 1974, comienzan a establecerse prácticas de control al interior de las diferentes unidades académicas. Aparece en la Escuela la figura de un interventor paralelo cuya función era principalmente la de vigilar todas las actividades que desarrollaban los alumnos y docentes dentro del espacio académico y territorial. En 1975, el clima universitario había cambiado, era un clima de asfixia; solamente se murmuraban cosas en grupos de mucha confianza. De repente, sólo las palabras eran peligrosas. El 24 de marzo de 1976 la Escuela fue cerrada para “reorganizarla institucionalmente” y recién se reabrió en agosto de ese año. La mayoría de los procesos generados durante los años previos se vieron truncados por la violencia y la persecución, ya desde el accionar de la Triple A en 1974, como así también de organizaciones reaccionarias que comenzaron a gestarse en los barrios. Según el proyecto “Identificación de miembros de la comunidad académica de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Córdoba víctimas del terrorismo de Estado”, presentado en marzo de este año, hubo docentes, egresados y estudiantes de la Escuela que fueron secuestrados, desaparecidos o asesinados por la dictadura cívico militar. En 1977, se crea la Licenciatura en Servicio Social, que comienza a dictarse en el 1978. En 1982, se vivió otra decisión trascendental y regresiva cuando la Escuela de Trabajo Social y la Escuela de Ciencias de la Información pasan a depender de la Facultad de Derecho, bajo la argumentación de la necesidad de “normativizar”. Entre 1984 y 1986, se genera un período denominado de normalización, derivado de la restauración de la democracia en nuestro país. Se constituye el Consejo Consultivo, con participación de todos los claustros, y se reincorpora a los docentes cesanteados. En 1986 se pone en vigencia un nuevo Plan de Estudios, producto de la participación y el debate de los diferentes claustros. Esta nueva currícula intentó garantizar la articulación entre prácticas académicas y profesionales
La Federación Universitaria de Córdoba organizó una gran huelga de hambre para presionar por la modificación de los estatutos. La iniciativa logró aumentar la representación estudiantil e incorporar a los no docentes en el gobierno universitario, que entonces comenzó a ser cuatripartito.
Entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985 se realizó la audiencia pública del juicio a los comandantes en jefe de las tres juntas militares de la dictadura. Entre el 11 y el 18 de septiembre de ese mismo año el fiscal Julio César Strassera realizó el alegato, que luego fue considerado como una pieza histórica.
Creación del CIN 26 de diciembre A través del decreto 2.641 del Poder Ejecutivo, se creó el Congreso
300º aniversario del Monserrat 1º de agosto El Colegio Nacional de Monserrat celebró los 300 años desde su creación. La ceremonia contó con la visita del entonces presidente de la Nación, Raúl Ricardo Alfonsín, y el vicepresidente, Víctor Martínez.
20 de julio Se sancionó la Ley de Educación Superior (24.521), que allanó el
Declaración de la Manzana Jesuítica como Patrimonio Cultural de la Humanidad 28 de noviembre En su 24a convención, realizada en Australia, la Unesco declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad a la Manzana Jesuítica, el conjunto comprendido por el Rectorado Antiguo de la UNC, la Biblioteca Mayor, el Museo Histórico, el Salón de Grados y otras dependencias universitarias, además del templo de la Compañía de Jesús.
Creación de la Facultad de Lenguas 5 de agosto La Asamblea Universitaria aprobó la creación de la Facultad de Lenguas. Sus orígenes se remontan a 1920, cuando la Facultad de Derecho incorporó un departamento de idiomas. En 1926 se conformó como Instituto de Idiomas, destinado a formar docentes y bajo la dependencia directa del Rectorado. En 1943, se convirtió en Escuela Superior de Lenguas.
Ley de Educación Superior: arancelamiento, cupo y limitación de la autonomía
La LES fue rechazada ampliamente por la comunidad universitaria mediante grandes movilizaciones, junta de firmas, toma pacífica de facultades, clases públicas, etcétera, en las que el movimiento estudiantil nuevamente fue protagonista en la defensa de la educación pública.
Creación del Instituto de Hematología y Hemoterapia
11 de mayo Se creó el Instituto de Hematología y Hemoterapia de la UNC, que asoció el Banco de Sangre con los servicios de hemoterapia del Hospital Nacional de Clínicas y el Hospital Universitario de Maternidad y Neonatología. Es la única institución que centraliza en la UNC la captación de donantes, el procesamiento, el control, la distribución y el uso racional de los hemocomponentes.
3 de octubre Sobre la base de los recursos humanos y materiales de la Escuela de Psicología, que dependía de la Facultad de Filosofía y Humanidades, la Asamblea Universitaria resuelve la creación de la Facultad número 12 de la UNC.
Cogobierno: aumento de la representación estudiantil e incorporación de no docentes
Interuniversitario Nacional (CIN). El decreto 154/83 adquirió fuerza de ley. En 1988 se reglamentó el manejo autárquico de recursos que reciben las universidades del Tesoro nacional a través de la Ley de Presupuestos y se delegó en las universidades las políticas de compras y contrataciones, al tiempo que se limitó el poder fiscalizador del Poder Ejecutivo Nacional y del Tribunal de Cuentas.
15 de noviembre El Observatorio Astronómico de la UNC, fundado por Sarmiento en 1871, fue declarado Monumento Histórico Nacional por ley nacional 24.595/95.
camino para el arancelamiento y la fijación de cupos. Irrumpen los posgrados pagos. Se crearon varias universidades públicas sin un claro criterio, que fueron beneficiadas desde el poder y se implantó una política de asfixia hacia las universidades con conducciones opositoras al gobierno nacional. No fue el único embate que sufrió la Universidad pública: a través de la LES se trató de limitar el ingreso, la autonomía, el cogobierno, la gratuidad de la enseñanza, y de centralizar las decisiones en el Ministerio de Educación. Un "ministerio sin escuelas", ya que estas fueron traspasadas a los gobiernos provinciales.
Juicio a los comandantes en jefe de las juntas militares
8 de julio Luego de los comicios del 14 de mayo de ese mismo año, asumió la Presidencia de la Nación Carlos Menem. La Universidad pública volvió a sufrir un retroceso. Se crearon numerosas universidades privadas, a las que tuvieron acceso algunos sectores de la sociedad en función de su poder económico. Muchas de estas casas de estudios eran subsidiadas por el Estado.
El Consejo Superior aprueba la creación del Parque Natural y Reserva de Vaquerías en el valle de Punilla. La iniciativa permitió que ese territorio se convirtiera en una de las pocas áreas protegidas de la provincia y del país con ecosistema del Chaco serrano, cuyo patrimonio natural está conformado por más de 500 especies de plantas, un centenar de aves y otros individuos de la fauna nativa del centro del país. A partir de la ley provincial 8.081, el área resguardada se constituyó como Reserva Provincial de Uso Múltiple.
Declaración de Monumento Histórico Nacional para el Observatorio Astronómico
18 de abril La primera Asamblea Universitaria posdictadura eligió como rector de la Universidad Nacional de Córdoba al arquitecto Luis Rébora, quien asumió el cargo el 23 de abril de 1986, y como vicerrector a Humberto Alagia; de la Facultad de Matemática, Astronomía y Física.
Creación del Parque Natural y Reserva de Vaquerías
20 de septiembre La Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep) dio a conocer su famoso informe titulado “Nunca Más” y sus miembros concurrieron a la Casa Rosada para entregarlo al presidente Alfonsín, acompañados de una multitud de 70.000 personas. En diciembre de ese año se presentó el informe de la Conadep Córdoba, presidida por el Arquitecto Luis Rébora (que al año siguiente fuera elegido rector de la UNC) e integrada por varios docentes y egresados de la Universidad.
Retroceso de la Universidad pública tras la asunción de Menem
Elección de Luis Rébora como rector de la UNC
1610- 1876 1877- 1918 1967- 1974 1974- 1984 1984- 2000
1942- 1956
capítulo 1 capítulo 6 capítulo 7 capítulo 8 capítulo 9 capítulo 10
Cúpula de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre . Fotografía : Guillermo E. Sierra.
Los observatorios de la UNC
El universo en los ojos Desde que Sarmiento fundó el Observatorio Astronómico en 1871, hubo otros grandes hitos, como la creación de la Estación Astrofísica de Bosque Alegre. En estos días, y de la mano de los astrónomos de la UNC, nuevos telescopios se suman a la investigación, tanto en Córdoba como en Salta.
irar al cielo, mucho más allá de lo que los ojos pueden ver por sí solos, es todo un privilegio que tienen los cordobeses y quienes visitan esta tierra, además de los investigadores llegados de todo el mundo. Estos, además, son días de novedades tecnológicas y edilicias en la Estación Astrofísica de Bosque Alegre que harán que despunte una nueva época de esplendor. Todo comenzó el 24 de octubre de 1871cuando se fundó el primer observatorio que tuvo el país, en una zona de la ciudad de Córdoba conocida como Los Altos (hoy, barrio Observatorio). Fue el anhelo plasmado del presidente Domingo Faustino Sarmiento, que designó como primer director al astrónomo estadounidense Benjamín Gould. Fue la primera institución científica del país y
de inmediato allí se comenzaron a desarrollar tareas de investigación astronómica, que sigue siendo su principal actividad, aunque también se dedica tiempo a la divulgación con charlas y conferencias y con observaciones guiadas, que convocan a miles de alumnos primarios y secundarios por año. Mientras tanto, el 5 de julio de 1942 sucedió otro “hecho destacado en la historia de la astronomía nacional y latinoamericana”, al decir del historiador Santiago Paolantonio, cuando fue inaugurada la Estación Astrofísica de Bosque Alegre, en las sierras de Córdoba. La estación es parte integrante del Observatorio Astronómico de Córdoba, que pasó a depender de la UNC en 1946. En una de sus cúpulas se cobija un tesoro: un telescopio de 1,54 metro
de abertura. La partida presupuestaria para su compra estuvo lista en 1912, pero pasaron muchos años hasta que entró en funcionamiento. Hubo que penar para lograr la configuración del espejo, pero finalmente se logró. “Fue insólito, pero el espejo que había sido iniciado en Argentina por un estadounidense fue terminado en Estados Unidos por un argentino (Enrique Gaviola)”, relató Paolantonio al cumplirse 70 años de la inauguración de Bosque Alegre. Ese fue también un día de grandes anuncios. El actual director del Observatorio Astronómico, Diego García Lambas, dijo que, con fondos aportados por el Rectorado de la UNC, se ampliaría notablemente la capacidad de la estación. Y gran parte de lo anunciado
ya se ha cumplido, pues en setiembre último, en una cúpula más pequeña, se instaló otro telescopio de 30 centímetros de abertura. Está pensado sobre todo para observaciones de visitantes, pero también será automatizado para que lo puedan utilizar los alumnos de Astronomía de la Famaf. Paralelamente, los astrónomos de la UNC trabajan en un proyecto binacional para instalar un telescopio de entre uno y dos metros de diámetro, con instrumental de última generación, que será emplazado en el observatorio que el Instituto de Astronomía Teórica y Experimental (Iate) de la Universidad construyó en el cerro Macón, próximo a la localidad de Tolar Grande, en la provincia de Salta. Este telescopio será equipado con dispositivos de
detección de estado sólido digitales en las bandas del infrarrojo cercano y el óptico. La otra gran noticia es que en una tercera cúpula de Bosque Alegre se está instalando un telescopio de 76 centímetros de abertura (pasará a ser el segundo más grande de Córdoba), y será inaugurado próximamente. “La adquisición de detectores razonables de imagen (nuevas cámaras) para ambos telescopios, nos permite confiar que Bosque Alegre volverá a proveer de datos útiles para el desarrollo de la astronomía argentina”, se entusiasma García Lambas. Entre las posibilidades de observación están los llamados exoplanetas, es decir aquellos que están fuera de muestro sistema solar, y de cuerpos menores como asteroides. Pero hay mucho más para ver.
UNC 400 años - Historia y Futuro - Fascículo 8

References: artículo 7
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución