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Timestamp: 2018-01-22 21:59:56+00:00

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Visiones de Política Internacional : La primavera árabe y la guerra contra Libia
Por Dra. María Elena Álvarez Acosta (1)
Los movimientos de protestas que han tenido lugar en el Norte de África y Medio Oriente desde inicio de 2011, se han calificado como primavera árabe. Esta categoría incluye –y destaca- las acciones populares en contra de los gobiernos y el orden establecido.
Sin embargo, la lucha popular, o sea la primavera árabe, ha tenido una contraparte poderosa, que va más allá de las acciones de protesta en la región: las maniobras y manipulaciones, en ocasiones intervenciones, de los poderes del momento. Estados Unidos, apoyado por sus aliados, tanto europeos como árabes, ha tratado por todos los medios y vías de “controlar” una región que deviene esencial en la reconfiguración geoestratégica no solo regional, sino también mundial.
El presente trabajo tiene como objetivo establecer una primera aproximación al análisis de la correlación “primavera árabe” vs reacción regional y mundial. En especial adar respuesta a dos interrogantes: ¿En qué medida la primavera árabe se convirtió en una oportunidad para lo poderes imperialistas para derrocar el gobierno de Gadafi? ¿Qué características de las guerras contemporáneas se pusieron en práctica en Libia?
La primavera árabe: presupuestos básicos
Los factores y características de la región del Medio Oriente (y el norte de África) que, en última instancia, han condicionado los movimientos actuales contra el orden establecido y la postura de los diversos gobiernos y las potencias extrarregionales, especialmente, EEUU, pueden resumirse de la siguiente forma:
1.En esta región no se han operado transiciones históricas de implantación de desarrollo del capitalismo e individualización social. El dominio otomano dio paso al control de los poderes del momento y, posteriormente, a una independencia concertada con las elites reaccionarias. Los casos más evidentes fueron los de la actual Jordania, Arabia Saudita, Libia, entre otros.
2.El fracaso del capitalismo periférico, agravado por la implementación de los programas de ajuste neoliberal de los años 90s, se manifestó en los polos de riquezas más contrastantes y desquiciantes, posiblemente, del mundo. La mayoría de la población, esencialmente, los jóvenes, no han encontrado cabida bajo esas condiciones.
3.Los movimientos nacionalistas árabes, tanto el Nasserismo, que se conformó en torno a objetivos de cambios y transformación en el marco interárabe, como el Baasismo, que propugnaban la nacionalización -llegaron a proclamarse socialistas-; así como el movimiento nacionalista, encabezado por Mossadegh (1951-53) en Irán, fracasaron. Sólo en Siria se mantuvo el BAAS en el poder, con cierto deterioro interno pero, sobre todo, como “última” fuerza aliada de la causa palestina en el mundo árabe. Mientras en el norte de África, la revolución argelina y el ascenso al poder de Gaddafi establecían líneas nacionalistas y revolucionarias que, en la actualidad, con sus peculiaridades, también, al igual que en Siria, han manifestadoinsuficienciasque podían ser utilizadas en función de intereses exógenos.
4.Los sistemas políticos han sido de corte autoritario y tradicional, con predominio de las Monarquías absolutas en la península Arábiga (Arabia Saudita, países del Golfo) y Jordania; democracia parlamentaria en Líbano e Israel; de partido Único en Siria (BAAS), confesional (Irán), democracia presidencialista en Egipto, a los que podrían agregarse, la Autoridad Nacional Palestina y un país ocupado que es Irak (democracia de la guerra), entre otras fórmulas.
5. Los países occidentales y, en especial, EEUU, logró establecer alianzas, con independencia de que el primer lugar lo ocupaba Israel, con las monarquías del área, esencialmente, con Arabia Saudita y las monarquías del Golfo, dentro de las que Qatar ha elevado cada vez más su protagonismo. Mientras, Marrueco y Egipto devenían piezas esenciales en el norte de África. Libia, por su parte, tuvo fluctuaciones en sus relaciones con los poderes del norte, con un acentuado “acercamiento” en los últimos años.
6. El mundo árabe y, en especial, el mundo islámico, deviene pieza clave en la identidad de los países, la que, en ocasiones, está por encima de las filiaciones sociales, las clases sociales o el Estado Nacional. Aunque se percibe el área como homogénea, en la práctica, cada país presenta peculiaridades, lo que reafirma su diversidad.
7. Ha habido una pugna histórica entre Irán y Arabia Saudita que se presenta como religiosa (Chía contra Sunna), pero es más que eso, tiene una base política y de liderazgo regional. A ello puede agregarse, las contradicciones de países como Arabia Saudita, ante el protagonismo alcanzado por Libia en el área de Medio Oriente y África.
8. Israel, aliado número uno de EEUU, se presenta como pieza clave en cualquier alternativa en la región y, con independencia, de la alianza apuntaba anteriormente, tiene sus intereses particulares, además sus propias preocupaciones, sobre todo hacia los países que apoyan la causa palestina, donde Libia clasificaba.
9. Esta región presenta peculiaridades que le confieren –y ha sido así a lo largo de la historia- una gran importancia geoestratégica. Punto de intersección de tres continentes, con inmensos recursos de hidrocarburos que lo ubican como una región con una posición privilegiada.
Contexto internacional, poderes extrarregionales y algo más….
En los últimos años, la Geopolítica ha pasado a concentrarse más en la expansión territorial física, que en el control supranacional efectivo. Esta forma de dominación se reafirma por la escasez creciente de recursos, sobre todo energéticos. La posible merma de este vital recurso en regiones tradicionalmente explotadas, unida al aumento de la demanda, ha condicionado que las potencias occidentales –con el fin de garantizar la seguridad petrolera- pongan en práctica acciones en los planos económico-militares para controlar los potenciales yacimientos de crudo y las rutas más importantes de los mismos.
Otros recursos como el agua, la tierra y los minerales también han suscitado la aprensión imperial. El peligro que enfrentan hoy diferentes regiones del mundo tras el avance de la desertización y otros problemas globales medioambientales, hace que el vital líquido comience a cobrar importancia geoestratégica. Los poderes del momento necesitan controlar el agua del planeta, las mejores tierras y los recursos imprescindibles para el desarrollo tecnológico.
Mientras en Europa la tendencia ha sido hacia el desmantelamiento del estado de bienestar y de una derechización de los poderes políticos, con una política exterior agresiva, donde sobresale Francia, en EEUU, aunque algunos plantean diversas tendencias o visiones de política exterior, ha habido una continuidad en los propósitos y objetivos, declarados por los republicanos, y encubiertos –o no- por los demócratas. Todo ello en medio de una crisis estructural que ha desatado movimientos sociales “los indignados” que demuestran la inoperancia del sistema.
Paralelamente, emergen países como Rusia y China que, aunque no significan, aún, una amenaza para el poder estadounidense, se ven como un peligro latente y constante en el escenario internacional. Ambos han sorteado los impactos de la crisis estructural capitalista y han acentuado su protagonismo en el sistema internacional.
En ese escenario, el Medio Oriente, deviene esencial, no solo por sus riquezas, sino además por su cercanía a espacios geográfico-políticos que EEUU nunca ha controlado, como son las Repúblicas Centroasiáticas.
Debido a que el 64% de las reservas mundiales de petróleo están en el Medio Oriente y otra muy buena parte distribuida en Asia Central (sin olvidar la emergente economía petrolera de los Estados del Golfo de Guinea en África Occidental), las continuas dificultades del abastecimiento desde estas zonas y la cartelización de sus productores, hace más estratégica que nunca la explotación del gas natural del Asia Central.
El principal marco geográfico de la pugna mundial es Eurasia y su periferia fundamentalmente, debido al acceso que estos territorios brindan a los recursos energéticos del Medio Oriente y Asia Central, regiones exportadoras de energía hacia las dos grandes penínsulas industrializadas euroasiáticas, Europa Occidental y Asia Oriental.
El control del abastecimiento regular de los países productores y los territorios por los que atraviesan los oleoductos, así como los mares circundantes, aparecen hoy como la llave estratégica del dominio del mundo, o por lo menos parte de él.
El Medio Oriente es un área esencial para abastecer lo apetitos de las transnacionales y la demanda de petróleo y gas de la sociedad de consumo, así como las zonas petroleras y gasíferas y las rutas más importantes que pasan por el Medio Oriente y las áreas africanas, donde recientemente se han descubierto grandes yacimientos de gas y petróleo.
La actual situación geopolítica mundial se caracteriza por una gigantesca puja por la hegemonía mundial, donde Estados Unidos se “lleva las palmas” y el Medio Oriente tiene un lugar prioritario.
En la actualidad se ha magnificado la relación religión-civilización-terrorismo para justificar las acciones en contra de los pueblos de la región. Esa triada ha tenido variaciones: religión-civilización-armas químicas y religión-civilización-democracia-derechos humanos.
La primavera árabe: oportunidades y desafíos
Después de la desintegración de la URSS, que dio al traste con el sistema socialista en Europa, la política de EEUU, como poder indiscutible del momento, ha recurrido cada vez más a la fórmula militar: el “Nuevo Orden Mundial” proclamado por Bush padre.
Lo que los propios estadounidenses calificaron como Gran Medio Oriente Ampliado ha sido centro de esa política agresiva, la que se reafirmó después del 11 de septiembre de 2001; primero con la agresión a Afganistán, con el pretexto de apresar a Bin Laden y, posteriormente, a Irak, bajo la acusación de que Irak -Saddan Hussein- tenía armas químicas.
Estados Unidos arreció su implantación en la zona, sobre todo militar, ya no sólo confiaba en el apoyo de sus aliados, sino necesitaba una presencia militar directa. En la práctica, en medio del “choque de civilizaciones” EEUU ha mantenido su alianza con Israel, así como con algunas monarquías de la región, donde sobresale Arabia Saudita y, en los últimos tiempo, Qatar. Paralelamente, desataba una ofensiva diplomática contra Irán y aumentaba el número de bases y presencia militar.
Sin embargo, no todos eran éxitos para EEUU, durante el mandato de Bush, -heredado por Obama- esto se evidenció en:
1. El empantanamiento político militar en Irak.
2. EE.UU. no ha recibido todo el apoyo deseado –y necesario- para sancionar –y aislar- a Irán. Lo que demostraba cierto debilitamiento de su función mediadora. En la práctica, las maniobras para desestabilizar a Irán y a Siria no tenían los resultados esperados.
3. Hamas se hacía con el control de Gaza.
4. La resistencia patriótica en Líbano triunfaba.
5. Se mantenía la imposibilidad de llegar a un arreglo entre Israel y los palestinos.
Obama, no lograba solucionar esa herencia. En ese contexto se inició la primavera árabe. Esta ha presentado para EEUU, desafíos, pero también ha brindado oportunidades.
El desafío mayor ha sido aprovechar el momento para configurar –más bien reconfigurar-, entendido como, no sólo el mantenimiento, sino el reforzamiento (dominación) de la región.
En ese escenario, EEUU ha tratado de capitalizar dichos movimientos, a partir de su lenguaje solidario de apoyo a la democracia. Sin embargo, para ello debía abandonar aliados y apuntalar a otros, no tan democráticos. En su accionar, se ha visto favorecido, por una parte, por las propias características de los movimientos que, con independencia de su persistencia, no han tenido un programa definido, ni un liderazgo único y, por otra, por las relaciones con viejos aliados al interior de los países.
Se le brindaba la oportunidad a EEUU de mostrar su “mejor” cara, apoyar la transición sin perder terreno, apuntalar a sus aliados más importantes y derrocar a sus enemigos y aliados no confiables. En ese comportamiento, EEUU ha implementado tres variables esencialmente:
• apoyo a la transición democrática en Egipto (y Túnez). Se sacrificaba a Mubarak y se lograba establecer un gobierno (militar) de transición;
• apoyo a los regímenes monárquicos del Golfo (también a Jordania y Marruecos en el norte de África), con el liderazgo de Arabia Saudita y un papel protagónico por parte de Qatar. Primero, las monarquías planteaban algunas reformas, al tiempo que se silenciaban las masacres en Bahrein y Yemen. En el primero, por acuerdo del Consejo de Cooperación del Golfo, se intervenía. Tanto las protestas como las acciones violentas se justificaban a partir de calificarlas como movimientos religiosos, que respondían a acciones de Irán;
• desestabilización, propiciando soporte militar y político a grupos que protestaran y donde no lo hacían creándolos. Esta fórmula era para Siria, Irán y Libia. Esta última variante, llevó a la guerra contra Libia y a la instauración de un gobierno por obra y gracia de las Naciones Unidas (NNUU) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Se utilizaba y violaba el Derecho Internacional. La necesidad de proteger, sancionada por el Consejo de Seguridad en su Resolución 1973, se violó posteriormente, se utilizó para deponer y asesinar a Gaddafi y establecer un gobierno made in USA.
Libia es el cuarto productor de petróleo en África con reservas mundiales de 42 000 millones de barriles, con reservas de gas estimadas en 1,540 billones de m3, con recursos acuíferos esenciales. Además del aspecto recursos, hay cinco aspectos esenciales que no podemos obviar en su elección como blanco del imperialismo:
• su ubicación geográfica, al sur del Mediterráneo, entre el Magreb y el Medio Oriente y vórtice de los países africanos en la línea del Sahel. Esta última región ha sido dominada históricamente por Francia y, en menor medida, por Italia;
• la acción estadounidense forma parte de una agenda militar más amplia que, a mediano plazo, socava los intereses de China y puede eclipsar la influencia de la Unión Europea:
• Libia no era un socio confiable, se planteaba que Kadafi, entre otros aspectos, iba a licitar la explotación de los recursos. Los acuerdos firmados con EEUU, Francia e Italia se consideraban poco fiables;
• Libia había desempañado un papel esencial en la Unión Africana;
• Libia no estaba en condiciones de enfrentar una invasión por aire.
Los objetivos estaban claros, los apetitos imperialistas y su tradición imperial, pero también, esto posibilitaba, por una parte, reforzar la seguridad de Israel (Israel necesitaba países que no apoyaran a los palestinos. La eliminación de un régimen libio radicalmente antisionista era un beneficio “colateral”) y, por otra, establecer un gobierno aliado que permitiera establecer bases militares en el territorio, instalarlas 42 años después de que la revolución dirigida por Gadafi las expulsara.
En la lógica imperial, y en la práctica, Libia era el país más probable para un cambio de régimen: era ambicionado y el eslabón más débil.
Las guerras contemporáneas
Los objetivos de las guerras actuales siguen siendo el reparto o reordenamiento por el control y saqueo de los recursos, en función de la lógica de la acumulación capitalista, ahora con un carácter neoliberal transnacional.
La guerra imperialista transnacional se expresa como respuesta de los monopolios transnacionales frente a la crisis estructural sistémica y el agotamiento de los recursos naturales, la necesidad de controlar estos últimos, eliminar cualquier actor contestatario o dudoso, así como impedir el fortalecimiento de los “otros”, en este caso las potencias emergentes. A ello se suma las potencialidades y necesidades productivas del complejo militar industrial.
Las guerras contemporáneas mantienen muchas características que podríamos caracterizar como de tradicionales, al tiempo que presentan peculiaridades que las diferencian de las efectuadas en períodos anteriores. Lo nuevo o por lo menos los rasgos que predominan, son los siguientes:
• Los intereses que representan: el capital transnacional. Conformación de un complejo militar industrial de base transnacional.
• El poder destructivo y la ampliación de los circuitos y niveles de violencia, con utilización de tecnológica avanzada y fuerzas militares de otro carácter.
• Manipulación de los organismos internacionales, en una legitimización del intervencionismo y el genocidio mediante la conformación de un derecho imperialista transnacional.
• La utilización de la descomunal capacidad mediática al servicio de la guerra imperialista.
El capital transnacional
Históricamente la guerra imperialista se libró en nombre de intereses del Estado nacional, aún hoy están presentes dichos intereses. Sin embargo, cada vez más, la actual acumulación capitalista obliga a ir más allá de la estrategia de expansión del capital nacional, para representar y expresar los intereses de las transnacionales, así como de determinadas ramas, donde sobresalen la de los hidrocarburos y las militares.
Ello se pone de manifiesto claramente en el actuar de EEUU, en lo que podríamos denominar sus intereses nacionales vs intereses imperiales. No obstante, es el gendarme mundial del capitalismo contemporáneo y representa, un poder económico, político y militar de alcance excepcional y epicentro de las empresas transnacionales más poderosas del planeta.
Además, si anteriormente el capital ficticio desempeñaba un papel secundario en el financiamiento de las contiendas militares, en la actualidad han ganado un espacio protagónico.
Las grandes transnacionales del armamento (Boeing, General Dynamics, Lockheed Martin, Northrop y otras) ocupan el puesto de accionista principal del capital global de los principales complejos militares; los que regulan la centralización y concentración de las fuerzas productivas -incluida la investigación científica y los adelantos tecnológicos- en este sector de la economía y quienes se apropien del mayor por ciento de los flujos financieros globales provenientes de la producción y consumo del material bélico que circula en el planeta.
El complejo militar industrial mantiene su base nacional y su fusión con los Estados, pero ahora se trata, en esencia, de monopolios transnacionales. Estos han diversificado sus funciones. Ahora no solo aportan armamentos, técnica de combate y avituallamiento para las tropas, sino también legiones privadas de mercenarios que actúan bajo el manto de empresas de seguridad -ejércitos transnacionales.
El poder destructivo y la ampliación de los circuitos y niveles de violencia, con utilización tecnológica avanzada y fuerzas militares de otro carácter.
Desde el año 1991, con la caída del campo socialista y la desintegración de la URSS, que puso fin a la bipolaridad en la correlación de fuerzas, y el proclamado “nuevo orden mundial” que venía acompañado del desarrollo de los proceso de transnacionalización del capital, la violencia se ha impuesto en los lugares más recónditos del planeta.
En términos geopolítico y militar-estratégico, para agredir a un país, bajo diversos pretextos, únicamente hace falta imaginar que ese país es una amenaza para los intereses de las grandes transnacionales. No es necesario mostrar o discutir otras razones. A ella le son consustanciales: 1) el derecho a agredir a cualquier nación esgrimiendo el carácter preventivo, 2) la política de guerra sin cuartel; que desconoce la proporcionalidad y la limitación de las acciones y 3) la práctica de racionalidades absolutamente desequilibradas.
En la actualidad, y el caso de Libia es ilustrativo, no se necesita desembarcar tropas, con las medios con que cuentas los poderes “centrales”; no importa que los aviones inteligentes –no tripulados-, dejen caer sus bombas sobre los civiles, simplemente se justifica como daño colateral.
No es necesario mantener fuerzas militares, para ello utilizan fuerzas internas o las fuerzas contratadas, ejércitos privados y mercenarios.
Manipulación de los organismos internacionales
Desmontar el sistema l establecido por el Derecho Internacional es un objetivo -y práctica- en las guerras actuales. Sobran los ejemplos, pero sobresalen el desdibujamiento de las diferencias reconocidas entre situaciones de violencia (conflicto armado internacional, conflicto armado no internacional, las guerras civiles, entre otras) y los estados de paz. Lo mismo vale para las categorías de mercenario y combatiente, invasión e intervención humanitaria, crimen y daño colateral, por solo citar algunos. Asimismo, las razones que se esgrimen y se demuestran pueden ir desde la lucha contra el terrorismo, hasta la lucha por los derechos humanos o la democracia, sin tener en cuenta las condiciones reales y los costos de las acciones. La Intervención Humanitaria, la prevención y la necesidad de proteger son los calificativos más utilizados.
Esta inclinación a la ambigüedad reafirma las tácticas imperialistas: presentar de forma indeterminada algo que es absolutamente determinado, que enmascara sus aspiraciones geopolíticas.
Un rápido vistazo a las últimas guerras (Somalia, Kosovo, Afganistán, Irak) demuestran, sobre todo la de Libia, que los organismos internacionales - la Corte Internacional de Justicia, la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Tribunal Penal Internacional) responden a los poderes del momento.
La oligarquía dominante ha superado efectivamente la jurisdicción y la autoridad de la institucionalidad legalmente constituida. En la práctica, la OTAN y los Estados Unidos han ocupado las funciones que le correspondería al Derecho Internacional Público y sus instituciones.
La utilización de los organismos de Naciones Unidas, incluyendo el Consejo de Seguridad, “legitiman” las acciones. En el caso de Libia, se aprobó una Resolución que fue citada continuamente, pero en la práctica se violó todo el tiempo.
Capacidad mediática al servicio de la guerra imperialista.
Concentrando en sus manos todos los medios de comunicación tradicionales posibles (prensa, radio, televisión, Internet), y todas las actividades de los sectores de la cultura de masas, de la comunicación y la información, la oligarquía dominante ha logrado configurar un sistema de dominación ideológica que le permite, en tiempo real y a escala global, construir falsos enemigos y escenarios de guerras, silenciar crímenes, o exaltar aquellos valores que glorifican sus objetivos de clase. Así, en ese gran espectáculo que es el mundo de la información, construido y moldeado por la hegemonía de los sectores dominantes, la guerra queda reducida también a puro show mediático.
Libia y las guerras contemporáneas
Al abrirse la “caja de Pandora” los poderes del momento han tratado de instrumentar diferentes mecanismos y estrategias para mantener –y fortalecer- el control sobre el Medio Oriente y el norte de África. En ese escenario, la acción militar ha ocupado un papel central, aunque no es algo nuevo.
Los acontecimientos en Libia se presentaron como una revuelta interna, que condujo a una guerra civil y a la necesidad de auxiliar a la instauración de la democracia. Un vistazo más objetivo y sosegado demuestra que el accionar de las revueltas populares le dio la oportunidad a EEUU y a sus aliados de intervenir en ese país. Posiblemente Libia sea el ejemplo más ilustrativo de cómo se mueven las relaciones internacionales actuales y de las características de las guerras contemporáneas.
El 17 de febrero de 2011 se anunciaba que Gadafi masacraba al pueblo libio. Inmediatamente el asunto se llevó a deliberación ante el Consejo de los Derechos Humanos. Este aprobó el 25 de febrero, en sesión de emergencia, la Resolución que recomendaba suspender a Libia de la organización y solicitó una investigación independiente sobre las acciones de Gadafi contra los manifestantes. La Asamblea General de las NNUU debía debatir la cuestión.
El 17 de marzo, en menos de treinta días, con la propuesta de la Liga Árabe de establecer una zona de exclusión aérea, se aprobó la Resolución 1973 en el Consejo de Seguridad. Las razones que llevaron a tomar la Resolución fueron, según el texto que Libia no había cumplido la Resolución 1970 (embargo de armas, congelamiento de cuentas en el exterior, no permitir viajar ni a Kadafi ni a 17 de sus familiares y no eliminación de la violencia); gran preocupación del deterioro de la situación, con escalada de la violencia y desprotección de la población civil, sistemática violación de los derechos humanos, considerando que los ataques a la población civil era un crimen contra la humanidad.
Ello implicaba la necesidad de asegurar la protección a civiles y áreas de población civil y la necesidad del regreso de las agencias humanitarias. Considerando que el establecimiento de la prohibición de vuelos era un importante elemento para la protección de civiles y la seguridad de la asistencia humanitaria y un paso decisivo en el cese de las hostilidades, se determinó que la situación en Libia continuaba constituyendo un peligro para la paz y seguridad internacional. Se invocó el capítulo VII de la carta de NNUU.
La Resolución 1973 estableció, entre otros aspectos:
- la protección de los civiles, “tomar todas las medidas necesarias para protegerlos”
- establecer una zona de exclusión aérea
- reforzar el embargo de armas
- la prohibición de vuelos
- el congelamiento de haberes del país.
Ban Ki Mung declaraba que la Resolución 1973 afirmaba de manera clara e inequívoca la determinación de la comunidad internacional de cumplir su responsabilidad sobre la protección de civiles ante la violencia.
Solo algunas consideraciones sobre la Resolución 1973:
• Demuestra el tratamiento diferenciado que se le dan a situaciones semejantes, solo si se compara con las resoluciones que EEUU ha vetado a favor de Israel y la intervención en Bahrein y la situación de Yemen.
• Presupuso un precedente funesto, el Consejo de Seguridad antepuso el uso e la fuerza sin utilizar lo que establece el Capítulo VI de la carta de NNUU, en su art 33. Las soluciones, ante todo, mediante negociaciones, conciliación, arbitraje y medios pacíficos.
• Se ponía en práctica y se legitimaba la agenda estadounidense, el poder inteligente (Zanahoria y Garrote).
El guión seguido fue impecable, sobre todo para los que no quisieron ver: la imagen de Gadafi se satanizó hasta tal punto que, aún, intelectuales de izquierda planteaban que era indefendible, claro, se omitía un pequeño detalle, al aceptar las propuestas de EEUU y sus aliados, la soberanía Libia quedaba huérfana. La cuestión no era defender a Gadafi, pero se puso sobre la mesa en esos términos, la cuestión era la soberanía. Simplemente la trampa era que nadie podía apoyar a Gadafi, tal era la situación y el descrédito.
¿Quién defiende la soberanía de un país? El Estado, sus fuerzas armadas. En qué se convirtió la situación de Libia, en una guerra de “opositores”, quienes al principio dijeron que no querían intervención, pero después la pidieron a gritos .EEUU mantuvo un perfil bajo, se apoyó en las acciones de sus aliados del primer mundo y del Medio Oriente, se proponía, a partir de la Resolución una acción colectiva, en base a la defensa de los valores democráticos y de los derechos humanos. Sin lugar a dudas, todos o casi todos sabían que la letra se violaría, pero en la práctica se legitimó una acción intervencionista en nombre de la defensa de los derechos humanos.
El 18 de marzo comenzaron las acciones contra Libia. Obama señalaba que las acciones eran parte de una coalición internacional, donde el liderazgo de EEUU era esencial, el premio nobel de la paz era el abanderado de la seguridad colectiva, pero el liderazgo era de EEUU. Defendía la intervención militar. O sea: apoyo en sus aliados, carácter humanitario, actuar colectivamente y en base a Res 1973, inicialmente al mando de operaciones y trasladarlo a la OTAN.
El 19 de marzo, bajo los bombardeos en territorio libio, en la cumbre en París, la coalición se comprometen a actuar colectivamente. Ese mismo día, Ban Ki Moon señalaba que “El derecho a la libertad de expresión y a la libertad de reunión tienen que ser protegidos. Son los principios fundamentales de la democracia”. Obsérvese el cambio de matiz en el discurso.
Después de que la coalición había comenzado los bombardeos, la OTAN comenzó a liderarla, (27 de marzo) claro los países de la coalición y de la OTAN eran los mismos.
El día 31 de marzo se anuncia que representantes de EEUU y otros países visitarían a los rebeldes, el 13 de abril, ya establecida la zona de exclusión aérea, se plantea la ayuda económica a los rebeldes, al mismo tiempo comienzan las invitaciones para que representantes de los rebeldes visiten a Washington y otras capitales. Había que darles dinero, por supuesto del congelado a Gaddafi.
Para mediados de julio, el grupo de contacto, que en la práctica obvió todo el tiempo a la ONU y al Consejo de Seguridad, conversaba sobre reconocer al Consejo Nacional de Transición, conformar un Gobierno Provisional, o sea, una transición pacífica, para lo que se discutían planes de la era posGaddafi. Se reconocía al Consejo y, aunque entraba en vigor la zona de exclusión aérea, las bombas seguían cayendo.
La práctica de la guerra neoliberal transnacional
• Prácticamente no se había aprobado la resolución y ya había comenzado el bombardeo. Parecía que había serios contradicciones al interior de la coalición, pero en la práctica, los aliados más poderosos de EEUU, o por lo menos aquellos que querían mantener o fortalecer su papel tomaron rápidamente la iniciativa: Francia y Gran Bretaña.
• La Odisea del Amanecer era fuego amigo, las bombas no mataban a civiles, los ataques selectivos para proteger a civiles se equivocaban muy poco, se aseguraba por parte de los jefes militare que tendrían cuidado de asegurar los daños colaterales mínimos. Aunque se estableció la zona de exclusión aérea rápidamente, continuaron los bombardeos. ¿Por qué? Se repetía que Kaddafi continuaba atacando a civiles. Se negaba que quisieran matar a Kaddafi. También se negaba que apoyaran a grupos rebeldes y que el objetivo fuera establecer un gobierno de transición a la democracia. Sin embargo, posteriormente se ha comprobado, que las protestas contra el régimen fueron apoyada a través de las fronteras, con mercenarios y agentes especiales, mientras se declaraba públicamente que no se debía –o sí?proporcionar armas a los rebeldes, no solo se hacía, sino que se les ayudaba con los bombardeos a avanzar en sus posiciones.
• Por su parte, los rebeldes, Consejo Nacional de Transición, rechazó invitaciones reiteradas de conversar con el gobierno para buscar una salida pacífica, pues no incluía la renuncia de Gadafi. El devenir de la acción demostró, no solo que lo querían matar, sino que se hizo de la forma más bárbara posible, el nuevo gobierno ya esta instalado y para ello, hasta los enemigos de EEUU, razón de ser de su política antiterroristas, los miembros de Al Qaeda están en el poder.
• ¿Cuál fue el papel de la ONU en ese contexto? Justificar la acción, todos los jefes de gobiernos y militares acudían a la Resolución 1973, aunque se violó sistemáticamente, pero debemos recordar que se incluyó “todas las medidas necesarias dentro de la carta”, desde un inicio Hillary Clinton lo había aclarado, este es el primer paso.
• La OTAN afianzaba su protagonismo, obviando que no es una organización de las NNUU, pero tampoco eso parece que llamó la atención, sobre todo teniendo como precedentes a Kosovo y Afganistán.
• Aunque podría plantearse que la acción conjunta contra Libia implicaba el fin del unilateralismo, la respuesta obvia es no: Estado Unidos tiene una gran cantidad de compromisos militares, su política mantiene una línea de continuidad con sus predecesores en cuanto a los “cambios de regímenes”, pero ahora bajo la responsabilidad compartida. Garantiza su control operativo y estratégico, legitima su liderazgo y representa los del capital transnacional.
• La visión imperial y la práctica fueron completadas exitosamente: Operación internacional que reconoce su liderazgo, EEUU como pilar de la seguridad mundial y defensor de la libertad humana, por todos los medios, parece que el predilecto es la guerra. EEUU lograba la acción, sin tener tropas en tierra, ninguna baja y compartía los gastos. Además EEUU custodiaría los 33000 millones de dólares de los fondos libios.
• En un discurso contradictorio, Obama planteaba “Libia y el mundo esta mejor sin Gadafi. Yo junto con otros líderes, hemos adoptado ese objetivo, y lo intentaremos alcanzar por medios no militares…. Si intentáramos derrocar a Gadafi nuestra coalición se dividiría. Porque al contrario de los que afirman algunos, el liderazgo estadounidense no es simplemente asunto de actuar solos y soportar toda la carga nosotros”. Posteriormente, después del asesinato de Gaddafi, dijo que esa sería la fórmula para todos los “dictadores”.
• La reconfiguración del área avanzaba bajo la égida estadounidense, se demostraba la supremacía imperial.
• EEUU y sus aliados, en medio de una situación convulsa, decían defender los valores similares a los que estaban en la calle reclamando sus derechos, la inestabilidad les favoreció. Indudablemente se perfeccionaban los mecanismos. Se mantenía la continuidad de la política estadounidense. El “nuevo orden mundial” seguía en marcha.
Otros apuntes necesarios
La primavera árabe se ha manifestado como un movimiento sin precedentes en la región, sobre todo por su cuantía, persistencia y composición. Esto refleja las contradicciones al interior de las sociedades mesorientales (y del norte de África).
EEUU y sus aliados han utilizado un tratamiento diferenciado, que les ha permitido, utilizar la zanahoria y el garrote. Por una parte, apoyar los procesos transicionales “pacíficos” y, por otra, utilizar la fuerza, con tres variantes: represión de los movimientos en los países en que la “democracia” no es una opción, desestabilizar regímenes (Siria), y deponer por la fuerza (genocidio) el poder establecido como en Libia. Como se observa, ha predominado el garrote.
La intervención militar se ha convertido en la última parte de la injerencia en los asuntos internos de los países considerados contestatarios por los poderes imperialistas. La primera, es desacreditar el régimen que se quiere eliminar; la segunda, movilizar y apoyar a la diáspora, con el apoyo de los medios masivos de comunicación; el apoyo internacional, en este caso a nivel regional, ese papel lo desempeñó la Liga Árabe; aprobación –cobertura- de las Naciones Unidas, aunque en otros casos se ha prescindido de este paso. Por último, la operación militar, con el consentimiento de la opinión pública internacional.
La guerra contra Libia marca una línea de continuidad en el accionar del imperio, que se ha ido “perfeccionando” desde la invasión a Panamá, pasando por la Guerra del Golfo, la intervención en Yugoslavia y Kosovo, Somalia, Afganistán e Irak.
Parece que la nueva fórmula, cada vez más, incorpora a la OTAN como núcleo básico del comportamiento de EEUU para mantener los valores democráticos y los derechos humanos.
Los intereses en Libia son obvios, pero no sólo se refieren a los intereses geopolíticos petroleros y gasíferos, sino también garantizar el control de la región, implantar una mayor presencia militar y controlar el espacio, áreas estratégicas, tanto del Medio Oriente como de África, apuntalara a aliados y enviar mensaje a enemigos, lo que se sabía al inicio se declaró al final “este es el modelo” para los que no defiendan los valores occidentales, (según ellos los entienden) ¿no será la traducción la misma de que o están conmigo o en mi contra de Bush hijo?
La guerra en Libia confirma un formato que se viene desarrollando desde los años 90s, lo más peligroso es que, aún no se ha estabilizado el país y ya retumban los mismos pasos hacia Siria e Irán, sólo con algunos cambios de matices.
EEUU afianza su liderazgo, aumenta su presencia y debilita a sus enemigos. La primavera árabe vs reacción mundial se mantiene. Todo indica que hasta el momento, EEUU ha “jugado” bien sus cartas y va ganando la partida. Sin embargo, el juego no ha terminado.
¿Será que la democracia made in USA demuestra que la civilización ha retrocedido hacia la barbarie?
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(1) Profesora Titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales "Raúl Roa Garcia". La Habana, Cuba.
Publicado por Leyde Ernesto Rodríguez Hernández en 11:34:00
Etiquetas: La primavera árabe y la guerra contra Libia
Anónimo martes, 25 de abril de 2017, 22:49:00 GMT-4
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