Source: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-74502008000300007&lng=pt&nrm=iso&tlng=es
Timestamp: 2019-03-23 22:28:39+00:00

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Aggressiveness in School-Aged Children and their Relationship with Family Rules
Agresividad en los escolares y su relación con las normas familiares*
José William Martínez1, José Rafael Tovar Cuevas2, Carlos Rojas Arbeláez3, Adriana Duque Franco4
* Este artículo es un subanálisis del estudio Efectividad de intervenciones comunitarias para la reducción del comportamiento agresivo en escolares de Pereira, 2006, realizado con la cofinanciación de Colciencias según el contrato 457 de 2005, código 511-3-252-10. Así mismo, es parte de la tesis en proceso de sustentación para optar al Doctorado en Epidemiología, Facultad Nacional de Salud Pública Héctor Abad Gómez, Universidad de Antioquia Medellín, Colombia, 2007.
1 Médico cirujano, Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia. Especialista en Docencia Universitaria, Universidad El Bosque, Bogotá, Colombia. Magíster en Epidemiología, Universidad del Valle, Cali, Colombia. Doctor en Epidemiología, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia. Docente de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad Tecnológica de Pereira.
2 Estadístico, Universidad del Valle, Cali, Colombia. Magíster en Estadística, Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. Docente de la Pontificia Universidad Javeriana, sede Cali, y de la Universidad del Valle.
3 Médico cirujano, Universidad del Valle, Cali, Colombia. Doctor en Epidemiología, Universidad de Carolina del Norte, Chapell Hill, Estados Unidos. Posdoctorado en Farmacoepidemiología, Universidad de Carolina del Norte. Docente de la Facultad Nacional de Salud Pública, Universidad de Antioquia, Medellín, Colombia.
4 Psicóloga, Pontificia Universidad Javeriana, Cali, Colombia. Especialista en Gerencia en Salud Ocupacional, Fundación Universitaria del Área Andina, Bogotá, Colombia.
Introducción: La agresividad crónica de los niños después de que inicia su estancia en la escuela es la condición que más se relaciona con delincuencia en la adolescencia, la juventud y la vida adulta. Los niños persistentemente agresivos después de los 10 años de edad están asociados a condiciones de vida difícil, deserción escolar, precocidad en el inicio de la vida sexual, mayor número de parejas, consumo de alcohol y mayor dificultad para graduarse de la universidad. Métodos: Este estudio descriptivo surge de un estudio experimental donde se seleccionaron escuelas para tres intervenciones e identificó el comportamiento agresivo de los niños y niñas a través del test denominado COPRAG, que evalúa los comportamientos agresivos y prosociales de los niños y es diligenciado por el maestro o maestra. Las relaciones familiares se exploraron con la encuesta ACTIVA, instrumento usado en una investigación realizada por la Organización Panamericana de la Salud en América Latina. Resultados y conclusiones: La encuesta ACTIVA tuvo en este estudio muy poca confiabilidad. El test fue transformado y se lograron establecer asociaciones entre las relaciones familiares y la agresividad de los niños. Se encontró relación entre el comportamiento no agresivo del niño y poseer habilidades personales para resolución de conflictos por parte del cuidador. También fue relevante la asociación entre el patrón de crianza violento del cuidador y el niño altamente agresivo. Igualmente, se evidencia una asociación límite entre las normas de control policivo del cuidador y el comportamiento agresivo de los niños.
Palabras clave: trastorno del comportamiento, salud escolar, conducta social, agresión, instituciones académicas.
Introduction: Aggressiveness in children during their school period is a condition related to delinquency during their adolescence and adulthood. Persistently aggressive children up to the age of 10 are associated with difficult life conditions such as: becoming school dropouts, premature sexuality, promiscuity, alcohol consumption and a greater difficulty to graduate from college. Methods: This study identified aggressive behavior in boys and girls using the diagnostic test named COPRAG, a test that evaluates aggressive and pro-social behaviors in children which is later on processed by the teacher. The test measures the teacher's perception of the child's behavior, and it allows the educator to identify the level of aggressiveness in each boy and girl. Family relations are explored with the survey ACTIVA, and instrument used in an investigation conducted by the Panamerican Organization of Health in the Americas. Results and Conclusions: The ACTIVA test establishes associations between family relationships and aggressiveness in children. It was observed that there is a relationship between non-aggressive behavior and those who possess personal abilities to resolve conflicts. The association between the violent way of raising a child by a caregiver and a highly aggressive child was also observed.
Key words: Conduct disorder, school health, social behavior, aggression, schools.
Algunos estudios relacionan la agresión en niños con conductas disruptivas, como desobediencia, déficit de atención, impulsividad, hiperac-tividad, asociación con compañías no deseables, vandalismo, mentiras y robo. Otros autores confunden la agresión física con agresión verbal, agresión indirecta y otros problemas de la conducta que son disruptivos. Todos estos estudios definen que estos problemas de conducta llevan a comportamientos delictivos y antisociales (1-4).
En Montreal, el seguimiento de 1.037 niños reportó que son múltiples los factores de riesgo asociados a violencia; incluso las actitudes y aptitudes de los cuidadores de niños menores de cinco años de edad pueden influir en la respuesta de una persona. Tremblay y cols. (5) afirman que los factores del ambiente y personales donde se vive, más otros comportamientos asociados a la agresión, se aprenden, se mantienen y pueden modificarse.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró preocupante la agresión, en forma de castigo corporal, a los niños por parte de los padres y los cuidadores, debido a sus efectos nocivos y duraderos. Además, el castigo físico es un factor de riesgo para depresión, desesperación, abuso de alcohol, suicidio, violencia contra los compañeros, maltrato físico de sus propios hijos, asaltos físicos a las esposas o menor probabilidad de profesionalización, y es parte de los factores predictivos de la agresividad, la violencia en adolescentes y adultos, pues el castigo físico no siempre corrige el comportamiento antisocial y, por el contrario, algunos autores afirman que el azote aumenta la probabilidad de que aparezca un comportamiento antisocial (6,7).
El hecho de que las instituciones de salud y educación vigilen los comportamientos agresivos les permite desarrollar estrategias de intervención y orientar políticas públicas, con el fin de reducir la magnitud de la agresión, pues esta puede ser un comportamiento que se exterioriza precozmente en los niños, antes de que se manifieste como violencia en los adolescentes (1,8).
Por ello se afirma que, rara vez, la violencia surge como un evento aislado en la vida de un individuo. La violencia se considera una conducta que tiene historia, y esa historia describe una trayectoria de desarrollo, referida a la manera como un comportamiento evoluciona desde la agresividad hasta llegar a lo violento, a medida que la persona crece (1).
Uno de los comportamientos asociados a la conducta delictiva en la adolescencia es el antecedente en la infancia de conductas crónicamente agresivas. De ahí que se hayan identificado tres tipos de agresividad de los niños: en el primero, agresores crónicos, algunos comienzan a ser violentos desde muy temprana edad y el comportamiento persiste durante el resto de la vida. En el segundo, los desisto-res, las personas son agresivas durante la infancia, pero disminuyen ese patrón de conducta con la edad. En el último tipo, el comportamiento violento aparece tardíamente (en la adolescencia, por ejemplo) (9).
En una cohorte de 1.037 varones de origen caucásico y circunstancias económicas bajas, en Montreal (Canadá) (1,6,7), se encontró que los niños agresores crónicos altos reportaban un mayor número de incidentes de violencia y presentaban otras alteraciones como el fracaso escolar y la promiscuidad sexual a temprana edad. A los 10 años, los agresores crónicos triplicaron a otros grupos en la proporción de consumo de alcohol, y para los 16, más de la mitad de los crónicos se había emborrachado varias veces al año y había aumentado el consumo de drogas ilegales.
En Colombia se publicó que el 13% de los escolares de Medellín se consideraba agresivo (10). En Perei-ra se reportó que la agresividad de los niños escolarizados en primer y segundo años fue del 17%. De acuerdo con los datos anteriores, el presente artículo pretende señalar qué relaciones familiares pueden tener un vínculo con la agresividad de los niños y niñas de las escuelas públicas de Pereira, Colombia.
Este es un estudio descriptivo que surge desde un estudio experimental, cuyo fin es evaluar la efectividad de las intervenciones comunitarias en la reducción del comportamiento agresivo de los niños matriculados en primero y segundo años en las escuelas públicas de Pereira, durante el 2006 (11-13).
La población escolar de primer año de estudio en escuelas públicas urbanas de Pereira. En febrero de 2005, la Secretaría Municipal de Educación reportó que en el ámbito urbano Pereira tenía 201 centros educativos con 35.523 niños matriculados en básica primaria. En estas escuelas se encuentran matriculados 10.250 niños en primero y segundo años de primaria.
Se partió de un instrumento validado en Medellín y Pereira, que es la Encuesta de Comportamientos Agresivos y Prosociales (Coprag). Este instrumento evalúa comportamientos agresivos, al indagar en los escolares la frecuencia de destruir sus propias cosas, si participa en muchas riñas, si destruye objetos y otra serie de comportamientos donde el niño expresa unas importantes relaciones conflictivas en sus relaciones sociales. Así mismo, se evalúa la capacidad del niño para ayudar a otros niños, para compartir e invitarlos a participar en actividades como el juego, es decir, la capacidad de prosocialidad del niño.
Este instrumento, validado en Medellín y Pereira, se está utilizando actualmente en las escuelas públicas de esas ciudades (12). Los niños son evaluados en sus escuelas y allí se identifica la agresividad presente en ellos (14). El test es aplicado por los maestros a cada uno de sus estudiantes, después de que la profesora o profesor lleva una relación con los estudiantes de más de dos meses de duración. El test es recolectado a través de la percepción que la maestra o el maestro tiene del niño o de la niña.
La encuesta ACTIVA es un test que diligencia el cuidador o acudiente de los niños y niñas. Este test fue la base de un estudio multicéntrico sobre actitudes y normas culturales frente a la violencia, denominado Proyecto ACTIVA.
Los autores se basaron en la teoría del aprendizaje cognitivo de Bandura, donde se muestra la función que desempeñan las actitudes y aptitudes tanto en el comportamiento violento como en el pacífico. Según esta teoría, en cada uno de los casos el ambiente produce una situación a la cual responde el agresor y la víctima. Si la situación despierta una reacción emocional de enojo o frustración o una necesidad urgente de responder, la selección de respuestas conductuales se guía por las actitudes hacia tales respuestas y por su aceptabilidad social o moral (normas), así como por las expectativas de eficacia personal (capacidad) para actuar de forma agresiva o pacífica. El alcohol, las emociones, el estrés y otros factores pueden modificar el procesamiento de la información y los procesos de evaluación de la actitud y aptitud, de acuerdo con esta teoría (15).
Los autores definieron el contexto agresivo de las escuelas a través de una guía de observación donde se identificaba el acceso de los estudiantes a la escuela, además se observaba el estado de la construcción de la escuela, sus espacios de recreo, la ventilación e iluminación de las aulas y el estado higiénico de los recintos, como los baños y los sitios de recreo.
Una vez recolectada la información, se analizaron los instrumentos diligenciados para controlar su calidad. Esta evaluación se realizó en campo. Después se procedió a digitar la información en una base de datos en Acces®. Luego de este proceso, se compararon los datos con la fuente de información. Así, después de depurar la base de datos de inconsistencias, se procedió con el Stat Transfer a exportar la base de datos al programa Stata, versión 9.
Se identificó la confiabilidad interna de los datos de la encuesta ACTIVA con la prueba Alfa de Cronbach. También se analizaron los componentes principales para determinar los de la encuesta ACTIVA, y como se obtuvo un bajo coeficiente de Cronbach se transformó la encuesta ACTIVA y se realizó un nuevo Alfa de Cronbach con el nuevo test. Luego se llevaron a cabo algunas correlaciones entre los resultados del nuevo test y la encuesta COPRAG, en la línea de base.
Se logró recolectar la información de 2.243 cuidadores de niños y niñas; sin embargo, el grado de aceptación de los padres de familia para ser entrevistados fue bajo. Ellos no lograban entender la utilidad que tenía para ellos estar en estas entrevistas, además, la encuesta ACTIVA era larga y tomaba más de media hora para ser diligenciada y hubo preguntas que ellos no entendían cuando se les leía el enunciado.
Análisis de confiabilidad de la encuesta ACTIVA
La encuesta ACTIVA identifica normas, actitudes y habilidades asociadas con conductas de agresión y victimización. También identifica normas en las relaciones familiares, actitudes sociales y habilidades en las relaciones interpersonales y en la resolución de conflictos en el cuidador del niño y de la niña.
La encuesta ACTIVA no reportó índices adecuados de confiabilidad. A pesar de ello, se optó por analizar los componentes principales y se encontró que genera diez componentes y que las variables parte de los componentes no eran bien discriminadas entre ellos. Por ello se decidió transformar la encuesta ACTIVA partiendo del hecho de que está conformada por factores que establecen algunos rasgos de los individuos, asociados a su habilidad para resolver conflictos de manera efectiva. Cada factor está medido a través de un conjunto de ítems, de modo que cada uno le asigna a la persona un puntaje de cero, uno o dos, dependiendo de la opción de respuesta que escoja.
Asignación de puntajes para calificar la prueba
De acuerdo con el sentido de la respuesta dada a cada uno de los ítems constitutivos del factor, se asignaba un número. Por lo tanto, dos está asociado a una fuerte expresión de la característica de interés que evalúa el factor, uno indica poca presencia y cero señala una presencia tan pobre que puede ser despreciable y se considera como ausencia. Se asumió que todos los ítems que componen un factor miden la misma cantidad, así como que la ponderación era la misma para todos. Así, se creó una escala que evalúa el nivel de presencia del factor y luego, aditivamente, se construyó una que mide la habilidad total para resolver conflictos. Las valoraciones dadas a las posibles respuestas aparecen en la Tabla 1.
Se obtuvieron las puntuaciones para cada factor al sumar las valoraciones asignadas a sus respectivos ítems y luego, con esto, se aplicaron las ponderaciones para tener una escala de calificación para la variable de interés. Los puntos de corte hallados para construir la escala ordinal de medición fueron los que se presentan en la Tabla 4, donde además aparecen los ítems y ponderaciones que se usaron para obtener cada uno de los factores de la encuesta ACTIVA transformada. La encuesta ACTIVA original tenía 5 dominios y 25 ítems, mientras que la nueva tiene 4 dominios y 16 ítems. La encuesta ACTIVA original tenía diferentes valores para cada una de las preguntas, es decir, algunas variables tenían 3 opciones de respuestas mientras que otras tenían 4 y otras 5. Esto pudo generar dificultades cuando se pretendía establecer algunas relaciones entre los dominios. Además, la encuesta ACTIVA es bastante larga, cansaba durante la entrevista y no era clara su utilidad para los que la contestaban o para los niños. Adicional-mente, algunos enunciados que no eran claros debían ser explicados para poder obtener una respuesta. Con la nueva encuesta se tiene un instrumento constituido por una sola página, para diligenciar en muy poco tiempo, pero sólo evaluaría la percepción que tienen los cuidadores en relación con sus relaciones interpersonales, las normas de control y algunas normas de crianza.
Análisis de confiabilidad de la encuesta ACTIVA transformada
La encuesta ACTIVA transformada y los valores de las variables se recodificaron a 0,1 y 2; por lo tanto, al expresar la magnitud de la intensidad de la variable, permitió obtener unos mejores Alfa de Cronbach, que en la Tabla 2 reportan una mejor confiabilidad interna, y toda ella tiene una mejor reproducibilidad que la encuesta ACTIVA original. Además, se crea un índice de relaciones, normas y habilidades en la resolución de conflictos para el cuidador o acudiente del niño o niña. Estos índices son linealmente independientes.
Con la nueva encuesta ACTIVA se pudo construir el índice de relaciones, normas y habilidades en la resolución de conflictos del cuidador. Se realizó una prueba de hipótesis para definir si el índice de creencias, relaciones, normas, actitudes sociales y habilidades en la resolución de conflictos sigue una distribución normal y se obtuvo un resultado de la prueba de Kolmo-gorov-Smirnov de 5,629 para un valor de p de 0,000, que rechaza la hipótesis de normalidad en la distribución del índice.
Agresividad de los contextos de las escuelas
El contexto de las escuelas fue evaluado y se recolectó la información a través de una observación. Esta tenía la siguiente lista de verificación: vías de acceso de los niños, aspecto general del colegio, distribución de los espacios, disponibilidad de servicios académicos, orden y aseo del colegio, iluminación y ventilación de las aulas de estudio, disposición de las carteleras y calidad e higiene de los baños.
Esta información se calificaba en cada ítem, en una escala desde cero (cuando el ítem no representaba un incremento de la agresividad de los niños) hasta dos (cuando la observación del ítem representaba un posible incremento de la agresividad de los niños). Al sumar los puntajes, las escuelas con un valor por debajo del primer cuartil se clasificaron como contextos bajos de agresividad; aquellas con una calificación entre el primer y tercer cuartil, con un mediano contexto de agresividad, y las que tuvieron un valor por encima del tercer cuartil, con un alto contexto de agresividad.
El índice de contextos de agresividad presenta una adecuada variabilidad en la clasificación de las escuelas, es decir, se logró identificar con el test de contextos agresivos escuelas con alta, mediana y baja agresividad.
La Tabla 3 muestra el comportamiento de las escuelas con contextos bajos o moderados de agresividad. Allí se señala un 66,4% de los niños no agresivos, mientras el 4,7% de los niños agresivos están ubicados en los colegios de alto contexto de agresividad. La diferencia entre estas proporciones fue estadísticamente significativa (χ2=12,789; gl: 1, valor de p: 0,000). En todos los contextos los niños reportan una mayor proporción de agresividad, comparado con las niñas.
La Tabla 4 muestra que, en general, no es tan frecuente que los padres de los niños o sus acudientes posean habilidades que les permitan resolver conflictos y tener adecuadas relaciones intergrupales.
La Tabla 5 suministra los resultados obtenidos con la calificación total de los factores que inciden en las relaciones, normas y habilidades. Estos resultados se obtuvieron después de ponderar usando los valores propios y permiten calificar el índice total de los factores definidos en la nueva encuesta ACTIVA, denominado índice de relaciones, normas y habilidades en la resolución de conflictos. Se pudo determinar que entre un bajo y un moderado número de padres o acudientes evaluados tienen habilidades para su desempeño en la resolución de conflictos.
En la Tabla 6 se muestra el grado de agresividad que obtuvieron los niños y niñas. Se consideraron muy agresivos los niños que obtuvieron un nivel igual o superior a 30 en la encuesta Coprag. En este estudio, el 18,6% (417) niños y niñas tenían un alto nivel de agresividad, mientras el 49% (10.989) se reportaron como no agresivos.
Aunque el índice general no estuvo asociado con el comportamiento agresivo de los niños, sí se observó una relación entre el comportamiento no agresivo del niño y poseer habilidades personales para la resolución de conflictos por parte del cuidador. También fue relevante la asociación entre el patrón de crianza violento del cuidador y el niño altamente agresivo. Las adecuadas relaciones inter-grupales del cuidador estuvieron asociadas a un nivel límite con el comportamiento no agresivo del niño. Igualmente, se evidencia una asociación límite entre las normas de control policivo del cuidador y el comportamiento agresivo de los niños. La prevalencia de prosocia-lidad fue muy baja.
El índice general no estuvo asociado con el comportamiento prosocial de los niños ni se observó que hubiera alguna relación entre el comportamiento prosocial y algunos de los factores que hacen parte del índice general del cuidador.
La encuesta ACTIVA, que identifica actitudes y normas culturales frente a la violencia y que fue diligenciada por los cuidadores de los niños y niñas, no tuvo una buena consistencia interna, porque presentó dificultades en su diligenciamiento, es extenso y pregunta aspectos que pueden ser difíciles de entender; sin embargo, luego de transformarla se logró un mejor desempeño en su reproducibilidad y se pudieron identificar factores que permitieron construir un índice de factores para la resolución de conflictos. Este índice estuvo conformado por las relaciones intergrupales, las normas y las habilidades en la resolución de conflictos.
Las relaciones intergrupales se establecieron con el conjunto de preguntas que indagaban acerca de cómo debe ser conformado un vecindario (en cuanto a clase social, religión, etnias e ideas políticas). Las normas estaban conformadas por normas conyugales, normas de crianza y normas de control policivo. Las habilidades en la resolución de conflictos están referidas al autocontrol, al discutir razonablemente y a la capacidad de dar explicaciones por parte del cuidador.
Este índice, así definido, permitió establecer que uno de cada cuatro cuidadores posee una fuerte presencia de factores para la adecuada resolución de conflictos. Esta calificación apropiada se sostiene por poseer buenas relaciones intergrupales y habilidades personales para enfrentar los conflictos. Los adecuados patrones de crianza, de normas conyugales y de normas de control no violentos son menos prevalentes en la población evaluada.
Cuando se relacionó la escala con el comportamiento agresivo y prosocial de los niños y niñas, se evidenció que el comportamiento era independiente de la escala en general, es decir, los niños pueden tener un comportamiento agresivo o prosocial, independiente de la presencia de todos estos factores reportados por los cuidadores; pero se observó una relación entre el comportamiento no agresivo y poseer habilidades personales para resolución de conflictos.
También fue relevante la asociación entre el patrón de crianza violento y el niño altamente agresivo. Las adecuadas relaciones inter-grupales estuvieron asociadas a un nivel límite con el comportamiento no agresivo. Igualmente, se evidencia una asociación límite entre las normas de control policivo del cuidador y el comportamiento agresivo de los niños. Ninguna norma estuvo relacionada con el comportamiento prosocial de los niños.
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Recibido para evaluación: 13 de mayo de 2008
José William Martínez
Facultad de Ciencias de la Salud, 3er piso
Campus de La Julita
jose01william@utp.edu.co

References: resolución 
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