Source: http://www.sc.ehu.es/ptwgalam/investigacion/tesis.htm
Timestamp: 2020-04-06 22:05:02+00:00

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TRABAJOS DIRIGIDOS: TESIS DOCTORALES
Denominación: Evaluación de los efectos de un programa de educación artística en la creatividad y en otras variables del desarrollo infantil.
Doctorando: José Ignacio Pérez Fernández.
Fecha de defensa: 2001.
Esta investigación tiene como objetivo principal evaluar el impacto de un programa de educación artística realizado con niños de 6-7 años en distintos tipos de creatividad (gráfico-figurativa, verbal, motriz, sonoro-musical) y en otras variables del desarrollo infantil tales como inteligencia, aptitudes perceptivo-motrices, autoconcepto, conducta social, juicio estético musical, habilidades musicales de discriminación auditiva, y reproducción rítmica Se utiliza un diseño experimental de comparación de grupos con medidas pretest y postest, con una muestra de 135 sujetos de primer curso de Educación Primaria (89 experimentales y 46 de control). La intervención, en la que se trabajan distintos lenguajes artísticos de manera interrelacionada, se compone de 21 sesiones de 90 minutos de duración. Antes y después de la misma se administra una batería de evaluación para explorar las variables dependientes.
Los resultados de los análisis de varianza (MANCOVAs) permiten observar un importante impacto del programa. El programa mejoró significativamente la creatividad verbal (fluidez, flexibilidad, originalidad), la creatividad gráfica (coeficiente de fluidez), la creatividad motriz (fluidez y originalidad), la conducta social (liderazgo, jovialidad, respeto-autocontrol, adaptación social), diversas habilidades perceptivo-motrices (rapidez manual, copia de una figura, tiempo de copia), el juicio estético melódico y la discriminación de modificaciones melódicas.
Evaluación de los efectos de un programa de juego cooperativo y creativo en el desarrollo de niños de 5 a 6 años.
Doctoranda: Laura Berrueco Ruiz de Gallo.
El estudio tuvo como objetivo diseñar, aplicar y evaluar los efectos de un programa de juego cooperativo y creativo, dirigido a niños y niñas de 5 a 6 años. Con esta finalidad se utilizó un diseño de medidas repetidas pretest-intervención-postest con grupos de control. La muestra consistió en 86 participantes, distribuidos en 5 grupos, 53 participantes experimentales (3 grupos) y 33 participantes de control (2 grupos). En la fase pretest y postest, en septiembre y en junio, antes y después de la intervención se utilizaron 8 instrumentos para medir diversos factores del desarrollo infantil: inteligencia (verbal, no verbal y global), habilidad cognitiva de resolución prosocial de problemas, factores de madurez neuropsicológica (atención, fluidez verbal, lenguaje comprensivo, memoria icónica y visopercepción), conducta prosocial altruista (con iguales y con un adulto), factores del desarrollo (conceptuación, contacto-comunicación, coordinación sensomotriz, desarrollo somático, despertar sensorial, normatividad, reacción afectiva y reacción motriz); conductas y rasgos de personalidad creadora, creatividad verbal (fluidez, flexibilidad y originalidad), creatividad gráfica (abreacción, elaboración, fluidez y originalidad) y pensamiento creativo a través del análisis de una imagen (atención a detalles inusuales, inconformismo, fluidez y originalidad para encontrar y solucionar problemas). El programa consistió en la realización de una sesión de juego semanal durante un curso escolar. La duración aproximada de cada sesión fue de 75 minutos, durante los cuales se realizaban 2 actividades lúdicas de forma secuenciada. Los juegos que componen el programa estimulan la creatividad (verbal, gráfica, constructiva, dramática...), la capacidad para trabajar de modo cooperativo y factores del desarrollo afectivo-emocional, psicomotriz e intelectual.
Los resultados de los análisis estadísticos pusieron de manifiesto que el programa de intervención psicoeducativa estimuló significativamente en los participantes experimentales: la inteligencia verbal y global; la habilidad cognitiva de resolución prosocial de problemas; la fluidez verbal; la normatividad; y la creatividad (conductas y rasgos de personalidad creadora, creatividad verbal, gráfica y perceptiva). Además se comprobó que el programa fue especialmente beneficioso para aquellos participantes que antes de la intervención tenían bajos niveles de desarrollo intelectual, social y de pensamiento creativo. El programa no tuvo un impacto diferencial en función del género. Los resultados obtenidos evidencian el relevante papel del juego para fomentar el desarrollo integral del niño y además validan el programa de juego cooperativo y creativo diseñado para niños de 3º de Educación Infantil. Estos resultados apoyan la idea de introducir el juego, conducta prosocial y creatividad como elementos integrantes del curriculum de Educación Infantil.
Denominación: Bullying: Estudio epidemiológico de la violencia entre iguales en la CAPV
Doctorando: José Antonio Oñederra.
Fecha de defensa: 2007.
La investigación tiene como objetivo realizar un análisis epidemiológico del bullying, de la violencia entre iguales, en los escolares de la Comunidad Autónoma del País Vasco. En primer lugar, se desarrolla la fundamentación teórica del estudio: se define el concepto y las características del fenómeno, las teorías explicativas formuladas, contextos y factores implicados, revisando los estudios epidemiológicos llevados a cabo en otras comunidades y países. En concreto el trabajo pretende analizar diversas características, factores, tipos, incidencias y el índice de bullying en la CAPV.
Para ello se plantean 17 hipótesis y se utiliza una metodología epidemiológica con una muestra de 5.983 participantes de 5º y 6º de Educación Primaria (10-12 años) y de Educación Secundaria Obligatoria (12-16 años) de 169 centros. Con la finalidad de medir las variables objeto de estudio se administraron 2 instrumentos de evaluación: el Cuestionario de violencia escolar: El maltrato entre iguales en la ESO (Defensor del Pueblo, 2000) y la Lista de chequeo: Mi vida en la escuela (Arora, 1987); que fueron aplicados en los dos idiomas oficiales.
Los resultados más destacados constatan que la gran mayoría de los escolares se sienten bien tratados, tanto por sus compañeros como por sus profesores. El índice de bullying obtenido es similar a los estudiantes de España y de otros países, con un porcentaje del 5,8% de víctimas en Primaria y un 3,8% en Secundaria. Con el aumento de la edad disminuyen las conductas intimidatorias. La agresión más frecuente es la de tipo verbal. Alrededor del 4% de los estudiantes sienten miedo de acudir al colegio con mucha frecuencia. El agresor primordialmente es varón y la mayoría de las agresiones las realiza en grupo exclusivamente masculino. La víctima también suele ser en la mayoría de las agresiones principalmente varón y del mismo aula que el agresor. El lugar donde más agresiones se producen es el patio del colegio. En la discusión se debate las estrategias de prevención e intervención que se pueden llevar a cabo para erradicar el bullying en los centros educativos.
Denominación: Hábitos de vida y factores psicológicos durante la adolescencia y juventud en la Comunidad Autónoma del País Vasco.
Doctoranda: Marta Arrue Mauleón.
Son múltiples las variables que influyen en que los jóvenes tengan hábitos de vida saludables o realicen conductas de riesgo. El propósito de este estudio transversal es describir y analizar los hábitos de vida durante la adolescencia (13-17 años) y la juventud (18-26 años) en una muestra de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV), comparando si existen diferencias en función de la edad y el sexo. Complementariamente, se exploran las relaciones existentes entre los hábitos de vida (ejercicio físico, alimentación, consumo de tabaco, alcohol, drogas, sexualidad y sueño), y algunos factores psicológicos y psicopatológicos tales como: bienestar psicológico y material, autoconcepto, satisfacción corporal, síntomas psicopatológicos e insatisfacción con el modelo estético corporal predominante socialmente.
Para ello se ha utilizado una muestra compuesta por 2.018 adolescentes y jóvenes (825 son hombres y 1.193 son mujeres). Los participantes han cumplimentado un cuestionario sobre hábitos de vida, la Escala de bienestar psicológico (EBP.Sánchez-Cánovas, 1998), el Inventario de síntomas psicopatológicos SCL-90-R (Derogatis, 2002), la Escala de satisfacción corporal (ESC. Maganto y Cruz, 2000), el Test de Siluetas para Adolescentes (TSA. Maganto y Cruz, 2000, 2008) y el Listado de adjetivos para la evaluación del autoconcepto (LAEA. Garaigordobil, 2008). Con los datos obtenidos se han realizado análisis descriptivos y de comparación de medias (c2, t de Student, ANOVA) con la finalidad de analizar diferencias en los habitos de vida en función del sexo y la edad. También se han realizado análisis correlacionales (Pearson, Spearman) entre cada una de las variables de los hábitos de vida y los factores psicológicos y psicopatológicos exploradas. Para todo ello se ha utilizado el programa estadístico SPSS, versión 17.0.
1. La percepción subjetiva que tienen de su salud la mayor parte de los adolescentes y jóvenes es que están sanos. En relación a las diferencias en función del sexo y la edad, los hombres perciben que su salud es mejor que la de las mujeres y los adolescentes mejor que la de los jóvenes.
2. Los hábitos de vida de la juventud no son todo lo saludables que se esperaba. Sin embargo, hay que matizar las diferencias en función del sexo y la edad. Los hombres informan de que tienen hábitos de vida más saludables que las mujeres y los adolescentes que los jóvenes.
3. La percepción subjetiva de tener unos hábitos de vida saludables que tienen tanto los adolescentes como los jóvenes y tanto los hombres como las mujeres, no corresponde con la realidad y el riesgo que corren con respecto a los hábitos de vida en general es mayor que el que ellos perciben.
4. El estado de salud percibido de las personas no determina cómo son sus hábitos de vida.
5. Ha quedado demostrada la tendencia de los factores de riesgo a asociarse simultáneamente. Es decir, cuando un adolescente inicia una conducta de riesgo tiene una mayor probabilidad de que otras conductas de riesgo aparezcan en breve tiempo.
6. Existe una asociación entre tener unos hábitos de vida saludables, mostrar altos niveles de bienestar psicológico, así como pocos síntomas psicopatológicos.
Los resultados obtenidos muestran la necesidad de promocionar hábitos de vida saludables entre la juventud de la CAPV, especialmente entre las mujeres y los jóvenes más mayores (19-26 años), ya que son estos grupos los que realizan un número mayor de conductas de riesgo. Se constata la necesidad de elaborar campañas de prevención en el tema de los hábitos de vida en menores de 13 años, dado que la adolescencia temprana es un período en el que ya muchos hábitos de vida no son saludables. Asimismo, se matiza la validez de la percepción general de la salud a la hora de evaluar los hábitos de vida, pero la corrobora como medida válida y necesaria a la hora de evaluar los aspectos psicológicos. Igualmente se confirma la necesidad de no tratar los hábitos de vida como conductas aisladas y analizar las relaciones existentes entre éstas y las variables psicológicas.
Denominación: Sexismo, rasgos de personalidad y síntomas psicopatológicos en adolescentes colombianos.
Doctoranda: María Rosalía Donado.
El tema del sexismo, es de gran relevancia en el análisis psicológico de género. Éste, se ha mostrado relacionado con múltiples creencias, comportamientos y actitudes, de hombres y mujeres, especialmente en lo relacionado con la discriminación y la violencia de género. El estudio realizado, tuvo tres grandes objetivos: 1) analizar, si existen diferencias significativas entre los adolescentes colombianos/as, en función del nivel de desarrollo de la ciudad, en la cual viven (Barranquilla y Bogotá), del sexo, de la edad, y de la clase social (alta, media y baja), en sexismo (neosexismo, sexismo ambivalente, ideología de rol sexual), dimensiones de masculinidad-feminidad, autoconcepto, factores de personalidad (neuroticismo, extraversión, apertura, amabilidad, responsabilidad), competencias sociales (conformidad social, sensibilidad social, ayuda-colaboración, seguridad y firmeza en la interacción, liderazgo prosocial, agresividad-terquedad, dominancia, apatía-retraimiento y ansiedad-timidez), y síntomas psicopatológicos (somatización, obsesión-compulsión, sensibilidad interpersonal, depresión, ansiedad, hostilidad, ansiedad fóbica, ideación paranoide, psicoticismo); 2) explorar, si existen relaciones significativas entre sexismo (y sus tipos), otros parámetros de personalidad (autoconcepto, factores de personalidad y competencias sociales) y síntomas psicopatológicos; y 3) identificar, variables predictoras del sexismo durante la adolescencia.
La muestra, estuvo constituida por 846 adolescentes, hombres y mujeres de 14 a 16 años, 437 de Barranquilla y 409 de Bogotá. El estudio, utilizó un diseño descriptivo y correlacional de corte transversal. Para medir las variables, se utilizaron ocho instrumentos con garantías psicométricas.
Los resultados obtenidos, sugieren que: 1) Los/las adolescentes de Barranquilla, presentaron puntuaciones más altas, a los/las de Bogotá en sexismo benevolente, sexismo ambivalente, ideología del rol sexual, asignación de características femeninas en el concepto de hombre, autoconcepto, extraversión, amabilidad, responsabilidad, conductas sociales de sensibilidad social, ayuda-colaboración, seguridad-firmeza en la interacción y liderazgo prosocial; 2) Los/las adolescentes de Bogotá, obtuvieron puntuaciones superiores a los/las adolescentes de Barranquilla, en asignación de características masculinas en el concepto de hombre y de mujer, neuroticismo, conductas sociales de agresividad, de ansiedad-timidez, síntomas de sensibilidad interpersonal, depresión, ansiedad, hostilidad e ideación paranoide; 3) No se apreciaron diferencias en los/las adolescentes de las dos ciudades, en sexismo hostil, neosexismo, apertura a la experiencia, en las conductas sociales de conformidad social, dominancia, apatía-retraimiento, en síntomas de somatización, obsesión-compulsión, ansiedad fóbica, y psicoticismo; 4) Los chicos, mostraron puntuaciones superiores a las chicas, en sexismo hostil, sexismo ambivalente, neosexismo, ideología del rol sexual, asignación de características masculinas en la autoevaluación, conductas sociales de agresividad, dominancia y apatía-retraimiento; 5) Las chicas, obtuvieron puntuaciones superiores a los varones, en la asignación de características masculinas en el concepto de mujer, la asignación de características femeninas en la autoevaluación, neuroticismo, extraversión, apertura, amabilidad, responsabilidad, conductas sociales de conformidad, sensibilidad social, ayuda-colaboración y seguridad-firmeza en la interacción, en somatización, depresión, ansiedad, ansiedad fóbica; 6) No se apreciaron diferencias entre ambos sexos, en sexismo benevolente, características masculinas y femeninas en el hombre, y características femeninas en la mujer; 7) Los/las adolescentes de 14 años, presentaron puntuaciones superiores a los de 15 y 16 años, en sexismo benevolente, neosexismo, ideología del rol sexual y conductas de agresividad; y puntuaciones más bajas en apertura, asignación de características femeninas en la autoevaluación y asignación de características masculinas en el concepto de mujer; 8) Los/las adolescentes de 16 años, mostraron puntuaciones superiores a los/las de 14 años, en la asignación de características masculinas en el concepto de mujer, asignación de características femeninas en la autoevaluación y apertura; y puntuaciones más bajas en sexismo benevolente, neosexismo, ideología del rol sexual y agresividad; 9) No se apreciaron diferencias, en autoconcepto y síntomas psicopatológicos entre los/las adolescentes de 14 y 16 años; 10) Respecto a las diferencias en función de las clases sociales (estatus socio-económico), el sexismo hostil, benevolente, ambivalente, el neosexismo, la ideología de género, la asignación de características femeninas de autoevaluación, los factores neuroticismo y responsabilidad, así como las conductas de conformidad social, apatía-retraimiento y ansiedad-timidez, disminuyeron a medida que aumentó la clase social; 11) El autoconcepto y la asignación de características masculinas de autoevaluación, aumentaron a medida que se elevó la clase social; 12) Los/las adolescentes de clase social baja, tuvieron puntuaciones superiores, en síntomas de sensibilidad interpersonal, ansiedad, ansiedad fóbica y psicoticismo; 13) Los/las adolescentes de clase social alta, mostraron puntuaciones superiores, en asignación de características masculinas en la autoevaluación y autoconcepto; y, puntuaciones inferiores, en sexismo hostil, benevolente, ambivalente, neosexismo, ideología del rol sexual, asignación de características femeninas (autoevaluación), neuroticismo, responsabilidad, conductas de conformidad social, apatía-retraimiento, ansiedad-timidez, así como en síntomas de sensibilidad interpersonal, ansiedad, ansiedad fóbica, y psicoticismo; 14) Se encontraron correlaciones positivas, entre los distintos tipos de sexismo; 15) En ambos sexos, se dieron correlaciones positivas del sexismo hostil, con conductas de dominancia y síntomas de obsesión-compulsión y psicoticismo en adolescentes; del sexismo benevolente con autoconcepto, extraversión, responsabilidad, conductas de liderazgo prosocial y ansiedad-timidez en adolescentes; y del sexismo ambivalente con extraversión, y conductas de dominancia y de ansiedad-timidez; 16) En ambos sexos, se observaron correlaciones negativas del neosexismo con autoconcepto, apertura a la experiencia, conductas de sensibilidad social, ayuda-colaboración y seguridad-firmeza en la interacción y correlaciones positivas con conductas de agresividad, dominancia, apatía-retraimiento y ansiedad-timidez; así como con síntomas de obsesión-compulsión, sensibilidad interpersonal, ansiedad, depresión, ansiedad fóbica y psicoticismo; 17) Se hallaron correlaciones negativas de ideología de género con apertura a la experiencia y correlaciones positivas de ideología de género con responsabilidad, dominancia, agresividad, apatía-retraimiento y ansiedad-timidez; 18) Finalmente, se identificaron como variables predictoras de neosexismo durante la adolescencia: muchas conductas sociales de apatía-retraimiento y de agresividad; pocas conductas de ayuda-colaboración y de liderazgo prosocial; baja apertura y alta responsabilidad, muchos síntomas de psicoticismo, y bajos niveles de depresión e ideación paranoide. La interpretación, se realizó con base en las teorías, de sexismo ambivalente, de la dominancia social, de la identidad social y del rol social, fundamentalmente. Los resultados, ponen de manifiesto la necesidad de implementar programas de intervención, para disminuir el sexismo.
Denominación: Fibromialgia: Datos biográficos, características de personalidad, psicopatología y efectos de dos tratamientos psicológicos
Doctoranda: Leila Govillard Garmendia
Fecha de defensa: 2011
Premio ISEP a la mejor Tesis Doctoral en Psicología Clínica y Sanitaria 2011
Con el fin de comprender mejor la complejidad y afectación que provoca la Fibromialgia en la vida de las personas afectadas, y dar respuesta a sus necesidades psicológicas, nace este trabajo, que se divide en dos estudios bién diferenciados: 1. Estudio descriptivo de la Fibromialgia, y 2. Efecto de dos tratamientos psicológicos.
El propósito del primer estudio es describir la población de personas afectadas de Fibromialgia de Guipúzcoa en relación a factores histórico-biográficos, al impacto de la enfermedad, así como a características psicológicas y psicopatológicas. Con esta finalidad se comparan estas características en personas con y sin Fibromialgia. El segundo estudio, se plantea como objetivo evaluar la eficacia y los efectos diferenciales de dos tratamientos psicológicos, con el fin de diseñar un protocolo de asistencia psicológica que se adecue a las necesidades de cada paciente y a una relación coste-beneficio óptimo. Con este fin se comparan dos tratamientos de enfoque cognitivo-conductual, uno individual con biofeedback electromiográfico, y otro grupal sin biofeedback, comparando además el cambio que tienen los pacientes que reciben estos tratamientos con un grupo de control sin tratamiento.
Para ello, en el estudio 1 se ha utilizado una muestra compuesta por 190 personas, de ellos 140 afectados de Fibromialgia, y 50 no afectados. Por su parte, en el estudio 2 se ha utilizado una muestra constituida por 88 afectados, distribuidos en tres grupos: 33 que reciben tratamiento cognitivo-conductual individual con biofeedback, 33 que reciben tratamiento cognitivo-conductual grupal, y 22 que no recibien ningún tratamiento, constituyendo el grupo control. Metodológicamente se ha utilizado en el estudio 1 un diseño de tipo descriptivo, comparativo, de corte transversal; y en el estudio 2 una metodología experimental, administrando 2 tratamientos experimentales, comparando los efectos de ambos tratamientos con el grupo de control compuesto por personas afectadas por la misma enfermedad.
Los participantes del estudio 1 han cumplimentado el Cuestionario de Impacto de la Fibromialgia FIQ (Monterde et al. 2004), el Listado de Adjetivos para la Evaluación del Autoconcepto en Adolescentes y Adultos LAEA (Garaigordobil, 2011), la Escala de Autoestima RS (Rosenberg, 1965), el Cuestionario de los Cinco Grandes Factores BFQ (Caprara et al. 1993), el Cuestionario de 90 Síntomas SCL-90-R (Derogatis, 2002), y un nuevo cuestionario descriptivo, creado para valorar aspectos relacionados con la FM, denominado Cuestionario de Datos Biográficos y Medico-Psicológicos para personas afectadas de Fibromialgia CUDABIFI (Garaigordobil y Govillard, 2006). Por su parte, los participantes del estudio 2 han cumplimentado los mismos instrumentos, excluyendo el cuestionario de personalidad BFQ, y añadiendo el Inventario de Ansiedad Estado-Rasgo STAI (Spielberger et al., 1970), la Escala de Depresión de Beck BDI (Beck, 1961), el Inventario de Expresión de Ira Estado-Rasgo STAXI-2 (Spielberger, 2000), la Escala de Bienestar Psicológico EBP (Sánchez-Cánovas, 1998), y el Inventario Diferencial de Adjetivos para el estudio del Estado de Animo IDDA-EA (Tous y Pueyo, 1990).
Con los datos obtenidos en el estudio 1 se han realizado análisis descriptivos (frecuencias, porcentajes, medias, desviaciones típias) y análisis de varianzas univariantes (ANOVAS); y con los datos del estudio 2 análisis de varianzas multivariantes (MANOVAS) y univariantes (ANOVAS).
Los resultados del estudio 1, que analiza datos biográficos y médico-psicológicos de las personas con Fibromialgia, han puesto de relieve que las personas con Fibromialgia comparadas con las que no tienen esta enfermedad:
Han sufrido significativamente más enfermedades y operaciones. Además, actualmente manifiestan significativamente más síntomas físicos (dolor muscular, agotamiento, dolor articular, malestar de 24 horas tras un esfuerzo, dolor de cabeza, hormigueo o ardor, sequedad de mucosas, lesiones, dolor torácico, hipersensibilidad a la temperatura, hipersensibilidad a sonidos, mareos y nauseas, molestias estomacales, faringitis, ganas de orinar, frío en extremidades, dolor en lengua y mandíbula, hinchazón de extremidades, constipado y rinitis, síndrome de piernas inquietas, dolor vaginal durante las relaciones sexuales, alergias, dolor menstrual, y falta de apetito), más síntomas psicológicos (ansiedad, depresión y trastornos de sueño), más problemas cognitivos (desorientación, pérdida de memoria, falta de concentración, dificultad para leer y confusión mental).
En lo que se refiere a las relaciones familiares, perciben significativamente un mayor sentimiento de incondicionalidad de sus parejas pero también muestran un mayor nivel de discusión con las mismas. Sin embargo, tienen un nivel similar de situaciones de ruptura o divorcio. Tienen significativamente más dificultades con los hijos, pero la enfermedad no afecta significativamente a la unión familiar.
Los resultados del estudio 1, que analiza datos biográficos y médico-psicológicos, evidencian que en las personas con Fibromialgia:
1. El 52,1% tienen o han tenido algún familiar con Fibromialgia o afectado por sintomatología similar.
2. El 23,6% de afectados de Fibromialgia presentaron antecedentes psicológicos o psiquiátricos anteriores a la Fibromialgia mientras que un 76,4% no presentaron antecedentes psicológicos ni psiquiátricos antes de padecer Fibromialgia.
3. En el 64,3% los síntomas de la Fibromialgia se desarrollan de forma progresiva junto con un suceso desencadenante, en el 32,9% de casos la evolución es progresiva y sin ningún suceso desencadenante, y sólo en un 1,4% la Fibromialgia se desencadena de forma súbita.
4. En cuanto a la edad de aparición de los síntomas de la Fibromialgia, en un 10,7% de casos aparecen a lo largo de la infancia-adolescencia, un 20% entre los 20 y los 30 años, un 47,1% entre los 30 y los 50 años, y un 12,7% después de los 50 años. Por consiguiente, los síntomas de la Fibromialgia en muchas de las personas afectadas por esta enfermedad (47,1%) se desarrollan entre los 30 y los 49 años.
5. La media de tiempo entre la aparición de los síntomas y la realización del diagnóstico de Fibromialgia fue de 10 años. El número de pruebas realizadas para diagnosticar la Fibromialgia oscilaba entre 2 y 17, con una media de 9; y el 59,3%, recibió de 2 a 5 diagnósticos, siendo 4 la media de diagnósticos recibidos.
6. El número de síntomas padecidos por las personas con Fibromialgia experimenta un incremento considerable con el paso del tiempo (13%).
7. La Fibromialgia tiene una alta comorbilidad con otros síndromes y enfermedades. Un 56,4% de las personas con Fibromialgia dicen padecer o haber padecido entre 4 y 6 enfermedades diferentes, mientras que únicamente un 1,4% no han padecido ninguna enfermedad a parte de la Fibromialgia. Las enfermedades más frecuentes fueron: el síndrome de fatiga crónica (70,7%), síndrome de colon irritable (61,3%), síndrome de la pierna inquieta (55%), dolor miofascial (50%), vejiga irritable (40,7%), artritis reumática (36,4%), apnea nocturna (32,2%), tiroidismo (17,2%), síndrome de Rinaud (5,7%), y diabetes (4,2%).
8. Respecto a los tratamientos recibidos y a su eficacia, un alto porcentaje de las personas con Fibromialgia (46,4%) han probado entre 4 y 6 tratamientos farmacológicos distintos. Un 29,3%, dicen haber mejorado por causas y circunstancias personales, un 25% debido a un tratamiento médico tradicional y un 13,6% debido a un tratamiento alternativo. A la pregunta de si desean recibir tratamiento psicológico, en caso de no haberlo recibido aún, únicamente un 15,7% rechaza el tratamiento psicológico.
9. Las actividades que más realizan las personas con Fibromialgia son pasear, natación, gimnasia, yoga y bicicleta, teniendo un nivel medio-alto (5-7,8) de satisfacción en las mismas.
10. Las estrategias de afrontamiento que más utilizan las personas con Fibromialgia son: la medicación (75,7%), la distracción mediante el pensamiento (64,3%), la realización de alguna actividad (57,1%), el pensamiento-visualización positiva (43,6%), prestar atención al dolor o vigilar los cambios, y establecer pequeños retos (42,1%).
11. Las personas afectadas por la Fibromialgia, en general, están bastante centradas en la enfermedad (casi el 23% de los afectados piensan en la enfermedad entre el 30 y el 50% del día; y similar porcentaje piensa entre el 60 y el 100% del tiempo).
12. El 30,7% de las personas con Fibromialgia creen que su etiología se relaciona con factores psicológicos o personales, un 13,6% a factores físicos, y un 12,1% a la interacción de ambos factores. Y el 69,3% consideran que factores o circunstancias personales influyen en su enfermedad.
13. El 52% aceptan la enfermedad en grado alto (7-10), y el 25,8% en grado medio (4-6), únicamente un 18,6% de las personas con Fibromialgia tienen un nivel de aceptación bajo (0-3) de la enfermedad.
14. Al 43,6% se les ha concedido una minusvalía, el 21,6% tiene una incapacidad laboral y el 36,4% reciben alguna ayuda por su enfermedad (ya sea de tipo económica, fiscal, o funcional, como el aparcamiento).
Los resultados del estudio 2, en el que se analiza la eficacia de dos tratamientos psicológicos comparándolos con un grupo de control, confirman que los pacientes que realizaron algún tratamiento en comparación con los de control significativamente: 1) Aumentaron sus sentimientos de bienestar en la relación de pareja; 2) Disminuyeron su nivel de ansiedad-estado; 3) Disminuyeron su nivel de ansiedad como rasgo de personalidad; 4) Disminuyeron la expresión de sentimientos de ira en situaciones de enfado; 5) Disminuyeron su nivel de estrés (sentimiento desagradable de excitación corporal, relacionado con el contexto, mala adaptación; sentimientos de tensión, intranquilidad, agitación…); y 6) Aumentaron el nivel de arousal (alerta cortical que afecta a los ritmos circadianos de vigilia-sueño, independiente del contexto; sensación de estar despejado, fresco…). Complementariamente, los resultados de los análisis de varianza también evidenciaron que los participantes experimentales mostraron un cambio tendencialmente significativo en las siguientes variables: bienestar psicológico, síntomas de ansiedad, síntomas de hostilidad, índice de síntomas positivos y depresión.
Denominación: Conexión intergeneracional del sexismo en adolescentes y factores moduladores
Doctoranda: Jone Aliri Lazcano
El sexismo se define como una actitud discriminatoria dirigida a las personas en virtud de su pertenencia a un determinado sexo biológico, en función del cual se asumen diferentes características y conductas. Es incuestionable que las mujeres han hecho grandes progresos en la igualdad de género, no obstante, los resultados de los estudios actuales confirman que la persistencia de la discriminación en función del género continúa siendo un problema de la sociedad contemporánea. El sexismo es considerado una de las principales creencias que mantienen las desigualdades entre sexos y los estudios confirman las relaciones directas que existen entre sexismo y violencia hacia las mujeres, por lo que el tópico objeto de estudio en esta tesis es relevante desde el punto de vista psicológico y social.
El estudio que se presenta tiene ocho objetivos concretos: 1) analizar si existen diferencias en el sexismo en función del sexo o la edad, 2) estudiar la influencia de los estilos de socialización parental en el sexismo de los hijos e hijas, 3) analizar la relación entre el sexismo de padres y madres y el sexismo de hijos e hijas, 4) explorar las relaciones entre el sexismo y el nivel de estudios, así como el nivel socio-económico-cultural de la familia, 5) estudiar el sexismo en función del tipo de centro escolar, 6) explorar las relaciones entre el sexismo y las percepciones sobre el centro escolar, 7) analizar las relaciones entre sexismo, autoritarismo, dominancia social y violencia; e 8) identificar variables predictoras del sexismo.
La muestra se configura con 2.867 participantes, de los cuales 1.455 son adolescentes de 11 a 17 años, y 1.412 son los progenitores de estos adolescentes. Los y las adolescentes están cursando Educación Secundaria Obligatoria en centros públicos no religiosos, centros privados/concertados no religiosos y centros privados/concertados religiosos, siendo la amplia mayoría de nacionalidad española. Esta investigación utilizó un diseño descriptivo y correlacional de corte transversal, y cumplió los valores éticos requeridos en la investigación con seres humanos. Para medir las variables objeto de estudio, se utilizaron 8 instrumentos de evaluación, con adecuadas garantías psicométricas. De estos instrumentos, 5 fueron administrados a los y las adolescentes: Inventario de Sexismo Ambivalente para Adolescentes, ISA-Adolescentes (de Lemus, Castillo, Moya, Padilla, y Ryan, 2008), Escala de Neosexismo, NS (Tougas, Brown, Beaton, y Joly, 1995; adapt. Moya y Expósito, 2001), Escala de Socialización Parental, ESPA29 (Musitu y García, 2001), Cuestionario de Actitudes hacia la Diversidad y la Violencia, CADV (Díaz-Aguado, Martínez Arias, y Martín, 2004) y Escala de Cultura Escolar, SCS (Higgins-D’Alessandro y Sadh, 1997); y los 3 restantes a sus progenitores: Inventario de Sexismo Ambivalente, ASI (Glick y Fiske, 1996; adapt. Expósito, Moya, y Glick, 1998), Orientación hacia la Dominancia Social, SDO (Pratto, Sidanius, Stallworth, y Malle, 1994; adapt. Silván-Ferrero y Bustillos, 2007a) y Autoritarismo de Derechas, RWA (Altemeyer, 1981; Rattazzi, Bobbio, y Canova, 2007; Seoane y Garzón, 1992).
Los resultados obtenidos han puesto de relieve que: 1) Durante la adolescencia, los chicos tienen niveles más altos de sexismo hostil, sexismo ambivalente y neosexismo que las chicas, y en adultos los padres tienen niveles más altos de sexismo hostil, benevolente y ambivalente que las madres; 2) En los chicos adolescentes el neosexismo desciende con la edad, en las chicas adolescentes descienden el neosexismo, el sexismo hostil, benevolente y ambivalente; 3) En general no hay diferencias en la tipología de educación parental en función del sexo de los hijos, aunque las hijas perciben que las madres ejercen con mayor frecuencia el estilo autoritario con ellas respecto a los hijos; 4) Globalmente no hay relaciones entre actitudes sexistas de hijos e hijas y el estilo de socialización parental recibido, aunque el estilo indulgente materno es el que más se relaciona con actitudes no sexistas; 5) Las madres con altos niveles de sexismo tienden a tener hijos e hijas con altos niveles de sexismo, mientras que el sexismo del padre sólo se relaciona con el sexismo de los hijos varones; 6) Las actitudes sexistas de padres y madres están relacionadas, a mayor nivel de sexismo en uno de los miembros de la pareja, mayor nivel en el otro (y viceversa); 7) Cuanto mayor es el nivel educativo de padres y madres, menores son sus niveles de sexismo, y cuanto mayor es el nivel educativo materno, menores niveles de sexismo muestran las hijas; 8) A mayor nivel socio-económico-cultural de la familia menor nivel de sexismo de padres, madres, hijos e hijas; 9) Los y las adolescentes de centros escolares religiosos muestran mayores niveles de sexismo que aquellos de centros no religiosos; 10) Los y las adolescentes de centros escolares privados/concertados muestran menores niveles de neosexismo que los y las de centros públicos, sin embargo, las chicas de colegios privados concertados muestran niveles más altos de sexismo benevolente que las chicas de colegios públicos; 11) Las madres de los y las adolescentes de centros escolares religiosos tienen mayores niveles de sexismo que las madres de adolescentes que acuden a centros no religiosos; 12) En general hay pocas relaciones entre las percepciones sobre el centro escolar y las actitudes sexistas de los y las adolescentes; 13) En adultos, el autoritarismo de derechas y la orientación hacia la dominancia social están relacionados positivamente con las actitudes sexistas; 14) En la adolescencia, las actitudes de justificación de la violencia están positivamente relacionadas con las actitudes sexistas; 15) En general, las actitudes favorables hacia la justificación de la violencia son predictoras de alto sexismo hostil y benevolente en chicos y chicas; 16) Más concretamente, también fueron predictoras de alto sexismo hostil la calidad percibida de las relaciones entre estudiantes en el centro escolar (en chicos) y la religiosidad del centro escolar (en chicas), y de alto sexismo benevolente la religiosidad del centro escolar y el nivel de orientación hacia la dominancia social del padre (en chicos) y las oportunidades educativas percibidas, los niveles de autoritarismo de derechas de padres y madres y la religiosidad del centro escolar (en chicas). Estos resultados permiten sugerir la importancia de desarrollar campañas formativas tanto dirigidas a la familia como a los entornos escolares con el objetivo de disminuir las actitudes sexistas de los y las adolescentes.
Doctoranda: Vanesa Martinez-Valderrey
El estudio que se presenta tiene tres objetivos concretos: 1) Diseñar un programa para la prevención y disminución del ciberbullying dirigido a adolescentes. (Cyberprogram 2.0. Un programa de intervención para prevenir y reducir el ciberbullying, Garaigordobil y Martínez-Valderrey, en prensa); 2) Implementarlo a varios grupos adolescentes de 13 a 15 años durante un curso escolar; y 3) Evaluar experimentalmente sus efectos en diversas variables tales como conductas de acoso presenciales y electrónicas, conductas relacionadas con distintos tipos de violencia escolar, conductas agresivas impulsivas y premeditadas, conductas sociales positivas y negativas, estrategias de resolución de conflictos interpersonales, empatía y autoestima.
La muestra se configuró con 176 adolescentes de 13 a 15 años, pertenecientes a tres centros educativos privados-religiosos y públicos-laicos de Gipuzkoa, que se encontraban cursando Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Este estudio empleó un diseño cuasi-experimental de medidas repetidas pretest-postest con grupo de control, cumpliendo los valores éticos requeridos en la investigación con seres humanos. En concreto se comparan cinco grupos experimentales (n = 93), con cuatro de control (n = 83).
Para medir las variables objeto de este estudio se administraron 8 instrumentos de evaluación en el pretest y en el postest. Complementariamente, en la fase postest se administró el CEP-Cyberprogram 2.0. Cuestionario de Evaluación del programa (Garaigordobil y Martínez-Valderrey, en prensa), para los adolescentes de ambas condiciones (experimental y control). Los instrumentos administrados fueron: 1) Cyberbullying. Screening de acoso entre iguales (Garaigordobil, 2013a); 2) CUVE- R. Cuestionario de violencia escolar revisado (Álvarez-García, Núñez, Rodríguez, Álvarez, y Dobarro, 2011); 3) AVE. Acoso y violencia escolar (Piñuel y Oñate, 2006); 4) CAPI-A. Cuestionario de agresividad premeditada e impulsiva en adolescentes (Andreu, 2010); 5) AECS. Actitudes y estrategias cognitivas sociales (Moraleda, González y García Gallo, 1998/2004); 6) RS. Escala de autoestima (Rosenberg, 1965); 7) CONFLICTALK. Cuestionario para medir los estilos de mensaje en el manejo del conflicto (Kimsey y Fuller, 2003); y 8) IECA. Escala de activación empática (Bryant, 1982).
Los resultados obtenidos pusieron de manifiesto que el programa significativamente potenció una: 1) Disminución de las conductas de victimización, perpetración y victimización-agresiva tanto en situaciones de bullying presencial como de ciberbullying; 2) Disminución del porcentaje de agresores de bullying “cara a cara”, de cibervíctimas y ciberagresores; 3) Disminución de distintos tipos de violencia escolar: violencia del profesorado hacia el alumnado, violencia física por parte del alumnado, violencia verbal por parte del alumnado, exclusión social, violencia a través de las nuevas TIC y conducta violenta global; 4) Disminución de la victimización o conductas de bullying presencial; 5) Disminución de las conductas de agresividad premeditada e impulsiva; 6) Aumento de todas las conductas sociales positivas evaluadas, conductas de conformidad social, de ayuda-colaboración, de seguridad-firmeza y de liderazgo prosocial; 7) Incremento de la autoestima; 8) Disminución del uso de estrategias de resolución de conflictos negativas (agresivas y evitativas) y un aumento de las estrategias de resolución de conflictos positivas; 9) Aumento la capacidad de empatía, de la capacidad para hacerse cargo de los estados emocionales de otros seres humanos; y 10) Incremento de la capacidad de identificar situaciones de violencia, la capacidad para analizar las consecuencias de la violencia, la capacidad para empatizar con la víctima, para afrontar constructivamente situaciones en las que se manifiesta la violencia…, disminución de las conductas agresivas, aumento de las conductas prosociales (conductas de ayuda-cooperación…), de la autoestima y mejora del concepto de los demás, incrementando su capacidad de empatía, para resolver conflictos de forma constructiva…
Además, los resultados confirmaron que el programa estimuló un cambio similar en ambos sexos en la mayoría de las variables que mejoraron significativamente por efecto de la intervención (niveles de victimización, perpetración y victimización agresiva tanto de bullying como de ciberbullying, agresividad premeditada, conductas de conformidad social, ayuda-colaboración, seguridad-firmeza, liderazgo, autoestima y estilos de resolución de conflictos (evitativo, agresivo y cooperativo).
Estos resultados permiten sugerir la importancia de desarrollar campañas formativas dirigidas a prevenir e intervenir en el ciberbullying e involucrar a familias y a profesores.
Denominación: Variables Asociadas a los Trastornos de Conducta Alimentaria.
Doctoranda: Lorea Cortabarria
Las razones y las variables que influyen para que adolescentes y jóvenes de nuestra sociedad padezcan Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) son variadas. El objetivo principal de este estudio es analizar qué variables están asociadas a los TCA en adolescentes y jóvenes y comprobar si existen diferencias en función del sexo y la edad. Se examinan las relaciones existentes entre los TCA (obsesión por la delgadez, bulimia, insatisfacción corporal) y variables antropométricas (peso, altura e IMC real, percibido y deseado), dietas y hábitos alimentarios, así como las variables psicológicas (autoestima, felicidad, depresión, ansiedad, ira, ineficacia, perfeccionismo, desconfianza interpersonal, conciencia introceptiva, miedo a la madurez, ascetismo, impulsividad e inseguridad social).
Con esta contextualización el estudio se propone tres objetivos concretos: 1) Investigar las diferencias de sexo y edad en las variables objeto de estudio; 2) Comparar las características de los participantes inscritos en diferentes grupos de riesgo de TCA (sin riesgo, con riesgo, con alto riesgo), y 3) Analizar las relaciones entre los TCA y el resto de las variables, para posteriormente identificar variables que predicen los TCA.
Para el desarrollo del estudio se ha utilizado una muestra de 1.075 adolescentes y jóvenes de entre 14 y 25 años de ambos sexos (536 chicos y 539 chicas) de la Comunidad Autónoma Vasca. Con un diseño descriptivo y correlacional de corte trasversal se han administrado 11 instrumentos de evaluación: Cuestionario de alimentación (trabajoyalimentación. consumer.es), Cuestionario de Dietas Alimentarias (DA. Maganto y Kortabarria, 2011), Escala de Autoestima Corporal (EAC. Maganto y Kortabarria, 2011), Escala de Autoestima de Rosenberg (RSE. Rosenberg, 1965), Escala de Felicidad (OHQ. Hills y Argyle, 2002), Cuestionario de Depresión Estado/Rasgo (IDER. Spielberger, 2008), Cuestionario de Ansiedad Estado/Rasgo (STAI. Spielberger, Gorsuch y Lushene, 1988), Inventario de Expresión de Ira Estado/Rasgo (STAXI-2. Spielberger, 2000), Inventario de Trastornos Alimentarios (EDI-2. Garner, 1998).
Con los datos obtenidos se han realizado análisis descriptivos (Medias, desviaciones típicas, frecuencias, porcentajes…), e inferenciales (c2, t de Student, ANOVA, MANOVA, Post hoc…) para ver las diferencias existentes en función del sexo y edad en las variables objeto de estudio, y también en función de la pertenencia a grupo de riesgo. Para analizar las relaciones entre los TCA (obsesión por la delgadez, bulimia, insatisfacción corporal) se han llevado a cabo análisis correlacionales de Pearson entre los TCA y el resto de las variables objeto de estudio. Finalmente se han realizado análisis de regresión lineal múltiple para identificar variables predictoras de los TCA. Los análisis estadísticos se han realizado con el programa SPSS, versión 20.0.
Los resultados del análisis de diferencias entre sexos y cambios con la edad son los siguientes:
Las chicas pesan menos, se perciben más gruesas de lo que están y les gustaría pesar menos, tienen una alimentación más saludable y realizan menor ingesta de alimentos y de bebidas poco recomendables, conocen o han realizado mayor número de dietas y atribuyen las razones de engordar al mal funcionamiento del tiroides, manifiestan más ira-rasgo, obsesión por la delgadez, bulimia, insatisfacción corporal, ineficacia, conciencia introceptiva y desconfianza interpersonal. Los chicos desearían ser más altos y tener un IMC superior al que tienen, muestran mayor autoestima corporal y general, y menor depresión-estado, menor ansiedad estado/rasgo, más ira/estado. No hay diferencias entre ambos sexos en felicidad.
En relación a la edad, en ambos sexos, con la edad disminuye la alimentación saludable, las razones de abandonar las dietas porque se puede enfermar y porque no adelgazan lo que prometen, la ira-estado, ira-rasgo e índice de expresión de la ira. En los chicos, a medida que aumenta la edad, se observan cambios oscilantes en el resto de las variables, no evidenciándose un incremento o decremento lineal. En las chicas, la autoestima corporal, la autoestima general y la felicidad aumentan con la edad, y la conciencia introceptiva y la impulsividad disminuyen.
Los resultados del análisis de diferencias entre grupos de riesgo son los siguientes:
El Grupo Sin Riesgo de TCA informa de que sus hábitos alimentarios son adecuados, que apenas han hecho dietas y no necesitan hacerla, no abusan de dietas poco recomendables, presentan mejor autoestima corporal y general, mayor felicidad y menor nivel de síntomas psicológicos (depresión estado/rasgo, ansiedad estado/rasgo, ira estado/rasgo, índice de expresión de la ira).
El Grupo de Riesgo de TCA comparando con el Grupo Sin Riesgo de TCA se percibe con unos hábitos alimentarios menos adecuados, han llevado a cabo más dietas, en mayor medida creen que necesitan hacerlas, abusan más dietas poco recomendables y presentan un malestar psicológico importante, en concreto muestran menor satisfacción corporal, autoestima, felicidad y mayor depresión, ansiedad, ira, así como en todas las variables psicológicas asociadas a los TCA.
El Grupo de Alto Riesgo de TCA, comparado con el Grupo Sin Riesgo de TCA es el que se percibe con peores hábitos alimentarios, más abusa de dietas no saludables, presenta menos autoestima, menor nivel de felicidad, y puntuaciones más elevadas en las variables clínicas (depresión, ansiedad, ira, y todas las psicológicas asociadas a los TCA).
El Grupo Con Riesgo de TCA se diferencia del Grupo con Alto Riesgo de TCA en que obtiene puntuaciones superiores en felicidad e inferiores en depresión/rasgo, ansiedad estado/rasgo, ira/estado, ineficacia, conciencia introceptiva y ascetismo.
Los resultados de las relaciones entre TCA y variables antropométricas, hábitos alimentarios, dietas alimentarias, y variables psicológicas son los siguientes:
Los chicos y chicas con puntuaciones altas en Obsesión por la Delgadez e Insatisfacción corporal con mayor probabilidad tenían mayor peso real y percibido, mayor IMC real y percibido, iniciaban dietas debido a razones de imagen corporal, manifestaban menor autoestima corporal, autoestima general, felicidad y mayor depresión estado/rasgo, ansiedad estado/rasgo, ira estado/rasgo, índice de expresión de la ira, ineficacia, desconfianza interpersonal, conciencia introceptiva, miedo a la madurez, ascetismo, impulsividad e inseguridad social.
Los chicos y chicas con puntuaciones altas en Bulimia con mayor probabilidad tenían menos autoestima general, felicidad, más ansiedad estado/rasgo, ira estado/rasgo, índice de expresión de la ira, ineficacia, perfeccionismo, conciencia introceptiva, ascetismo, impulsividad e inseguridad social.
En lo que a los participantes con riesgo de TCA se refiere, los resultados han evidenciado que aquellos participantes de los grupos de riesgo (riesgo y alto riesgo) que tuvieron puntuaciones altas en obsesión por la delgadez, bulimia e insatisfacción corporal, mostraban significativamente un deseo de pesar menos y tener menor IMC. Además con mayor probabilidad presentan mayor ansiedad/rasgo, ineficacia, conciencia introceptiva y ascetismo.
Los resultados en relación a las variables predictoras de los TCA son los siguientes:
Obsesión por la delgadez: En chicos se identifican como variables predictoras: alto nivel de IMC percibido, alto nivel de impulsividad y poca ingesta de bebidas inadecuadas; mientras que en chicas son: bajo nivel de autoestima general, alto peso percibido, bajo peso real, ingesta adecuada de 1os y 2os platos, alto nivel de inicio de dietas por imagen corporal y bajo nivel de felicidad.
Bulimia: En chicos se identificaron como variable predictoras: alto nivel de peso percibido, alto nivel de conciencia introceptiva y mucha ingesta de alimentos inadecuados, y en chicas: alto nivel de perfeccionismo y de impulsividad.
Insatisfacción corporal: En chicos se identifican como variables predictoras: alto nivel de IMC percibido, alto nivel de ansiedad/rasgo, comienzo de dietas por imagen corporal, alta impulsividad, mucha ingesta de alimentos inadecuados y abandono de dietas por falta de de fuerza de voluntad, y en chicas: alto peso percibido, baja autoestima, baja altura real, alto nivel de perfeccionismo y alto nivel de impulsividad
Estos resultados permiten sugerir la importancia de desarrollar programas preventivos y/o de intervención dirigidos tanto al ámbito educativo como al familiar y comunitario. Estos programas deberían tener en consideración las variables predictoras que este estudio ha detectado como factores de riesgo de desarrollar un TCA en adolescentes y jóvenes
Denominación: Evaluación de un programa para mejorar la inteligencia emocional durante la adolescencia
Doctoranda: Ainize Sarrionaindia
Si bien la historia del concepto de inteligencia emocional (IE) es relativamente reciente, sus antecedentes se remontan siglos atrás. En los últimos veinte años, el concepto de IE ha suscitado mucho interés y han sido muchos los autores que han investigado este tema. Actualmente existen varios modelos de IE siendo los más conocidos el modelo de habilidad de Salovey y Mayer, y el modelo de rasgo de Petrides y Furnham. También hay modelos mixtos como el de Bar-On y Goleman.
La IE entendida como habilidad se ha definido como una habilidad cognitiva relacionada con las emociones que implica la habilidad de percibir, utilizar, comprender y regular emociones (Mayer, Salovey, y Caruso, 2004). La IE como rasgo ha sido definida como un constructo situado en los niveles más bajos de la jerarquía de la personalidad (Petrides y Furnham, 2001).
Teniendo en cuenta que la IE se relaciona con el bienestar psicológico, la felicidad, la adaptación, las relaciones sociales, la salud (física, mental)… la aplicación de un programa para mejorar la IE sería beneficiosa para mejorar las variables anteriormente citadas. Por otra parte, la mejoría en las habilidades sociales y competencias emocionales ayudaría en la prevención o disminución de problemas muy comunes en nuestra sociedad como el bullying, el racismo, el sexismo, el estrés, la depresión, la violencia…
Con esta contextualización, el presente estudio tuvo como finalidad diseñar y evaluar los efectos de un programa de intervención psicoeducativa para estimular el desarrollo de la IE durante la adolescencia, midiendo sus efectos tanto en la IE como en diversas variables conductuales, cognitivas, emocionales y somáticas.
La muestra se configuró con 148 adolescentes de 13-16 años que estaban cursando tercero de Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Los alumnos pertenecieron a tres centros educativos laicos y privados-públicos de Bizkaia. Este estudio empleó un diseño cuasi-experimental de medidas repetidas pretest-postest con grupos de control y una fase de seguimiento después de un año de la intervención, cumpliendo los valores éticos requeridos en la investigación con seres humanos. En concreto se comparan cuatro grupos experimentales (n = 83), con tres de control (n = 65) siendo el reclutamiento aleatorizado.
Para medir las variables objeto de estudio se administraron 11 instrumentos de evaluación en la fase pretest y postest y en el seguimiento 10 (el EPC no se administró). Además de estos instrumentos, en el postest se administró el CEP (Cuestionario de Evaluacion del Programa) para los y las estudiantes de ambas condiciones (experimental y control). Los instrumentos administrados fueron: 1) AECS. Actitudes y estrategias cognitivas sociales (Moraleda, González y García-Gallo, 1998/2004); 2) EIS. Cuestionario de estrategias cognitivas de resolución de situaciones sociales (Garaigordobil, 2008); 3) CE. Cuestionario de Empatía (Merhabian y Epstein, 1972); 4) STAXI-NA. Inventario de Expresión de Ira Estado-Rasgo en niños y adolescentes (Del Barrio, Aluja, y Spielberg, 2005); 5) EQ-i:YV. Inventario de Inteligencia Emocional para niños y adolescentes (Bar-On y Parker, 2000; Bar-On, 2006); 6) TMMS-24. Escala Rasgo de Metaconocimiento (Salovey, Mayer, Goldman, Turvei, y Palfai, 1995); 7) OHQ. El cuestionario de felicidad de Oxford (Hills y Argyle, 2002); 8) BFQ-NA. Cuestionario “Big Five” de personalidad para niños y adolescentes (Barbaranelli, Caprara, y Rabasca, 1998); 9) PHQ-15. Patient Health Questionnaire (Kroenke, Spitzer, y Williams, 2002); 10) CECAS. Cuestionario de evaluación de la capacidad de análisis de sentimientos (Garaigordobil, 2008); y 11) EPC. Escala de problemas de conducta (Navarro, Peiró, Llácer, y Silva, 1993).
El programa de intervención tiene como objetivo desarrollar la IE durante la adolescencia. La intervención ha consistido en la realización de 20 sesiones de una hora de duración, llevadas a cabo semanalmente durante un curso escolar (2012-2013). El programa se compone de 31 actividades distribuidas en cinco módulos: autoconciencia, regulación emocional, estado de ánimo, comunicación y empatía.
Los resultados obtenidos evidenciaron que el programa significativamente aumentó: 1) las conductas sociales positivas (conformidad social, ayuda-colaboración y seguridad-firmeza); 2) las estrategias cognitivas asertivas de interacción social; 3) la capacidad de empatía; 4) el control interno de la ira; 5) la inteligencia emocional, en concreto la inteligencia intrapersonal (autoconciencia emocional, asertividad, auto-consideración e independencia; atención emocional, claridad emocional y reparación emocional), la inteligencia interpersonal (empatía, relaciones interpersonales y responsabilidad social) y el estado de ánimo; 6) la capacidad cognitiva de análisis de los sentimientos negativos; 7) la percepción subjetiva del cambio en cuanto a la autoconciencia, la regulación emocional, el estado de ánimo general, la comunicación y la empatía. Además, la intervención disminuyó: 8) los síntomas psicosomáticos.
Complementariamente, los resultados confirmaron que el programa propició un cambio similar en ambos sexos en la mayoría de las variables que cambiaron significativamente por efecto de la intervención (conductas sociales, estrategias cognitivas, empatía, control interno de la ira, inteligencia emocional, capacidad de análisis de los sentimientos negativos, percepción subjetiva del cambio y síntomas psicosomáticos). De las diferencias encontradas entre ambos sexos, los chicos aumentaron significativamente más la cantidad de estrategias asertivas de resolución de situaciones sociales, la capacidad de empatía hacia otros seres humanos, así como la capacidad de atención y claridad de la propias emociones (inteligencia intrapersonal), y disminuyeron significativamente más los síntomas psicosomáticos.
Finalmente, teniendo en cuenta las variables en las que el programa fue eficaz, se encontraron pocas diferencias en función del nivel socioeconómico, confirmándose únicamente que los adolescentes de nivel socioeconómico bajo aumentaron significativamente más la conformidad social y la capacidad de resolución de los sentimientos comparándose con los participantes de nivel socioeconómico medio y alto.
En cuanto a la estabilidad temporal de los resultados, se realizó una evaluación de seguimiento un año después del postest. La evaluación del seguimiento evidenció aumentos significativos en: 1) Las conductas sociales de dominancia y apatía-retraimiento; 2) Estrategias cognitivas asertivas de interacción social; 3) Capacidad de empatía; 4) Inteligencia emocional, en concreto la inteligencia intrapersonal, interpersonal, manejo del estrés y el estado de ánimo; 5) Sentimientos de felicidad; y 6) Capacidad cognitiva de análisis de los sentimientos negativos. Asimismo se hallaron disminuciones significativas en: 7) Conductas sociales de agresividad-terquedad y ansiedad social; 8) Estrategias cognitivas agresivas de interacción social; 9) Inestabilidad emocional; y 10) Síntomas psicosomáticos.
Estos resultados permiten sugerir la importancia de desarrollar programas para mejorar la IE ya que pueden prevenir muchos de los problemas con los que se encuentra la sociedad actual (conductas antisociales, violencia, depresiones, estrés…) y potencian cualidades positivas que conllevan al bienestar y la felicidad.
Denominación: Bullying y Cyberbullying: Prevalencia en adolescentes y jóvenes de Cantabria
Doctorando: Aida Fernández
El estudio tuvo como objetivo identificar la prevalencia del fenómeno del bullying y del cyberbullying en adolescentes y jóvenes de 12 a 20 años de la Comunidad Autónoma de Cantabria. En concreto, se explora el porcentaje de víctimas, agresores, observadores, así como el nivel de victimización, agresión, observación y de victimización-agresiva, en acoso presencial y tecnológico, analizando si existen diferencias en función del género, la edad, el nivel de estudios y el nivel socio-económico-cultural.
La investigación se llevó a cabo con 1.322 participantes adolescentes y jóvenes, entre 12 y 20 años, 673 mujeres (50,9%) y 649 varones (49,1%). Los participantes cursan Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachillerato, y el 1er Curso Formativo de Grado Medio. Están inscritos en 2 centros educativos públicos (laicos) y en 3 concertados-privados (religiosos) de zonas urbana y rural, en la Comunidad Autónoma de Cantabria. El estudio utiliza un diseño descriptivo de carácter epidemiológico y transversal. Además de la recogida de datos socio-demográficos de los participantes, para evaluar las variables objeto de estudio se administró el Test Cyberbullying. Screening del Acoso entre Iguales (Garaigordobil, 2013).
Los principales resultados en relación al bullying presencial o cara-a-cara han evidenciado que:
En el último año el 10,7% había sufrido de forma severa (bastantes o muchas) conductas de bullying (7,3% fueron víctimas puras severas y un 3,4% fueron víctimas-agresivas severas); un 7,9% informó haber realizado muy frecuentemente conductas de bullying a otros (4,5% fueron agresores puros severos); y un 38,8% dijeron que habían visto que unos compañeros agredían a otros con mucha frecuencia. Pese a que estas cifras son de consideración, un porcentaje aún mayor de estudiantes están implicados en situaciones de agresión, porque han sufrido en el último año conductas agresivas (42,5%), las realizan (42,6%) o las observan (79,8%) aunque sea con menor frecuencia a las que se conceptualiza como bullying.
Las conductas agresivas presenciales cara-a-cara más prevalentes han sido las de agresión verbal y agresión social.
El porcentaje de víctimas y observadores fue similar en ambos sexos, sin embargo, el porcentaje de agresores fue significativamente superior en varones. La cantidad de conducta agresiva cara-a-cara que sufren y observan varones y mujeres, en ambos sexos, es similar. Sin embargo, la cantidad de conducta agresiva cara-a-cara que los varones agresores realizan es mayor que la que realizan las mujeres agresoras.
El grupo de edad con menor prevalencia de víctimas, agresores y observadores fue el de 12-13 años; mientras que el de mayor prevalencia fue el de 14-15 años. A partir de los 16 años el porcentaje desciende ligeramente aunque sigue siendo digno de consideración. La cantidad de conducta agresiva sufrida en los diferentes grupos de edad fue similar; mientras que la cantidad de conducta agresiva perpetrada y observada aumenta a partir de los 14 años.
El nivel de estudios con mayor prevalencia de víctimas, agresores y observadores fue ESO-C2. A partir de Bachiller el porcentaje desciende ligeramente aunque sigue siendo digno de consideración. La cantidad de las conductas sufridas, realizadas y vistas fueron significativamente mayores en ESO-C2 observándose una disminución en Bachiller y FP.
El porcentaje de víctimas, agresores y observadores en los distintos niveles socio-económico-culturales (medio-bajo, normal-medio, medio-alto) fue similar; y la cantidad de conductas de bullying sufridas, realizadas y observadas en los diferentes niveles NSEC también fue similar.
Los principales resultados en relación al cyberbullying (ciberacoso, acoso tecnológico...) han evidenciado que:
En el último año el 10,8% había sufrido de forma severa (bastantes o muchas) conductas de cyberbullying (7,8% fueron cibervíctimas puras severas y un 3% fueron cibervíctimas-agresivas severas); un 5,8% informó haber realizado muy frecuentemente conductas de cyberbullying a otros (2,8% fueron agresores puros severos); y un 35,2% dijeron que habían visto que unos compañeros ciberagredían a otros con mucha frecuencia. Pese a que estas cifras son de consideración, un porcentaje aún mayor de estudiantes están implicados en situaciones de cyberbullying, porque han sufrido en el último año conductas de cyberbullying (cibervíctimas 43,9%), las realizan (23,6%) o las observan (76,9%) aunque sea con menor frecuencia a las que se conceptualiza como cyberbullying.
Las conductas de cyberbullying más prevalentes informadas por los tres roles (cibervíctimas, ciberagresores, ciberobservadores) fueron: mensajes ofensivos o insultantes a través del teléfono móvil o internet; robo de la contraseña de algún compañero para impedir el acceso a su blog o correo electrónico; difamación, diciendo por internet cosas de otras personas que son mentira, para desprestigiarla o difundiendo rumores para hacerle daño; llamadas anónimas para asustar o provocar miedo al otro; llamadas ofensivas o insultantes a través del teléfono móvil o internet; suplantación de la identidad y acoso sexual.
El porcentaje de cibervíctimas y ciberobservadores fue significativamente superior en mujeres; sin embargo, el porcentaje de ciberagresores fue similar en ambos sexos. Varones y mujeres sufren y observan la misma cantidad de conductas de ciberbullying; sin embargo, los ciberagresores llevan a cabo mayor cantidad de conductas ciberagresivas que las ciberagresoras.
El grupo de edad con menor porcentaje de cibervíctimas, ciberagresores, y ciberobservadores fue de 12 a 13 años. El porcentaje de cibervíctimas aumenta a medida que aumenta la edad. El porcentaje de ciberagresores aumenta a los 14-15 años y se mantiene estable hasta los 20 años. El porcentaje de ciberobservadores aumenta a los 14-15 años y posteriormente desciende ligeramente. La cantidad de conducta de cyberbullying sufrida por las cibervíctimas fue similar en los 4 grupos de edad. Sin embargo, la cantidad de conducta realizada por los ciberagresores y vista por los observadores fue significativamente superior en el grupo de 18-20 años.
El nivel de estudios con menor porcentaje de cibervíctimas, ciberagresores, y ciberobservadores fue en ESO-C1. El porcentaje de cibervíctimas, ciberagresores, y ciberobservadores aumenta en ESO-C2, y posteriormente desciende ligeramente, aunque sigue siendo digno de consideración. En ESO-C1 sufren, realizan y observan menos cantidad de conductas de cyberbullying que en el resto de los niveles educativos. En ESO-C2 se produce un incremento relevante de la cantidad de conducta de cyberbullying que se sufre, realiza y observa, y que a medida que aumenta el nivel de estudios se evidencian ligeras disminuciones.
El porcentaje de cibervíctimas, ciberagresores y ciberobservadores en los distintos niveles socio-económico-culturales (medio-bajo, normal-medio, medio-alto) disminuyen ligeramente aunque las diferencias no son estadísticamente significativas. La cantidad de conductas de cyberbullying que se sufren, realizan y observan en los diferentes niveles NSEC fueron similares.
Finalmente, en relación a las conexiones entre bullying y cyberbullying los resultados han evidenciado que aquellos estudiantes que tuvieron altas puntuaciones como víctimas de bullying cara-a-cara, con mayor probabilidad también tuvieron altas puntuaciones como víctimas de cyberbullying, los que puntuaron alto como agresores de bullying cara-a-cara también lo hicieron como ciberagresores, y aquellos que observaban muchas situaciones de bullying también fueron espectadores de muchas conductas de cyberbullying. Por consiguiente se pone de relieve el solapamiento entre ambas modalidades de acoso, el presencial y el tecnológico.
El estudio aporta datos de la prevalencia de bullying y cyberbullying de adolescentes y jóvenes de la comunidad de Cantabria evidenciando que ésta es digna de consideración, lo que enfatiza la necesidad de: (1) identificar a víctimas, agresores y observadores, (2) poner en marcha medidas de prevención para que el acoso en todas sus modalidades no aparezca, y (3) poner en marcha protocolos de intervención cuando se detecte. La intervención debe ser holística incluyendo acciones desde la sociedad en general, intervenciones desde la escuela, la familia y también a nivel personal-individual.

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