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Timestamp: 2019-06-26 01:01:27+00:00

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Necesidades técnicas en el flujo de trabajo profesional: por qué el mejor equipo no es necesario - pikinfo.com
Necesidades técnicas en el flujo de trabajo profesional: por qué el mejor equipo no es necesario
2019-06-06T20:01:01+00:00	By Sergio Fabara|Fotografía|
La fotografía profesional requiere definir flujos y sistemas de trabajos que suplan las necesidades de nuestros clientes. Estas necesidades irán determinando los requerimientos técnicos que debemos suplir para cada trabajo. Por ello, en esta ocasión queremos hablar de la relación entre el equipo y estas necesidades técnicas.
Si bien la mejor cámara que puede tener un fotógrafo es la que está en sus manos, los requerimientos técnicos definen el tipo de equipo necesario para realizar el trabajo. Aunque es agradable tener lo último en tecnología en nuestras manos, no siempre es necesario contar con las mejores cámaras, los mejores objetivos ni los kits de luces más costosos del mercado.
La mejor resolución de cámara
Una de las principales obsesiones de muchos de nosotros al arrancar en fotografía era “¿cuántos megapíxeles tiene mi cámara?”. La resolución implicaba más nitidez, más calidad, clientes más felices y fotógrafo más contento.
Probablemente es un problema que las nuevas generaciones de fotógrafos tienen en menor medida. En la época que arranqué, las cámaras de entrada tenían una resolución promedio de 10.2 MP, mientras que las full frame más caras del mercado rondaban sobre los 21 MP. Ahora, una cámara de entrada tiene 22 MP mientras que las mejores del mercado rondan en un rango de 40 a 50 MP.
Sin embargo, en ésta época, una resolución sobre los 16.74 MP solo tiene dos propósitos: fotografías para presentar en galería y fotografía inmersiva.
Los 16.74 MP de resolución parten de la relación tamaño, resolución y densidad de puntos por pulgada (dpi). El formato impreso más amplio que tiene nuestro mercado a una distancia menor de 1 metro es un álbum de bodas. Una imagen de página completa, en el promedio de los álbumes de gran tamaño, tiene unas medidas de 40 x 30 cm. Este tamaño exige que para verse muy bien en papel fotográfico, impreso a 300 dpi, la resolución de la imágen debe tener 4724 px por 3543 px.
De cerca se ve la riferencia de resolución de las imágenes, pero si nos alejamos de la pantalla veremos que lucen practicamente idénticas.
Estamos hablando de una imagen muy amplia, en un papel de muy alta calidad, a una distancia muy corta. Ahora, si modificamos alguno de estos valores a menor, esas necesidades de resolución serán mucho menores.
Si vamos a imprimir el mismo tamaño de imagen en papel prensa, por la forma en que actúa la tinta sobre el papel, debemos trabajar una densidad de puntos por pulgada más bajo; usualmente 190 dpi. Necesitaríamos una resolución de 2992 X 2244 píxeles, o 6.71 MP.
Hay una calculadora en línea que nos permite saber la relación de resolución/tamaño/dpi que siempre viene útil tener a la mano.
Otro factor que he mencionado es la distancia. Nuestra visión es capaz de distinguir una máxima densidad de puntos por pulgada relativo a la distancia. Con una visión perfecta, a 25 cm, la densidad máxima distinguida es de 300 dpi, a 60 cm (aproximado de brazos extendidos) la resolución distinguible ya baja a 127 dpi, a un metro (distancia de visión aproximada a un cuadro en una galería) distinguimos hasta 72 dpi, a dos metros (distancia aproximada a la que vemos un anuncio de paradero) 38 dpi, a 10 metros o más (distancia aproximada a la que vemos una valla publicitaria) en principio podemos distinguir una densidad de 8 dpi.
Entonces, supongamos que realizamos una foto para valla publicitaria, que hay que imprimir para cubrir un área de 8 metros de largo por 3 metros de altura, con una densidad de 8 dpi. Nos es suficiente una imágen de tamaño de 2520 x 945 píxeles, equivalente a 2.38 MP.
Imprimir densidades de puntos por pulgada altos en fotografía de galería es importante porque hay personas que se acercarán a la imagen a ver detalles, texturas y demás elementos que uno puede apreciar en el campo artístico. Así mismo, en fotografía inmersiva, una resolución muy amplia nos permite movernos en la imagen y apreciar detalles, como es el caso de las famosas fotografías de gigapixeles.
Siguiendo con la resolución, los monitores de computador y los televisores tienen resoluciones estándar. La más amplia en el mercado de consumidor es 4K (4096 x 2160) o 8.85 MP. Las pantallas tienen una densidad promedio de 190 píxeles por pulgada (distinto a los puntos por pulgada).
Para web las imágenes deben estar optimizadas: que cargen rápido y que sea visible en la mayoría de pantallas del consumidor. Por eso notaréis que los límites están definidos por las redes sociales.
Hay listados completos con los tamaños de imagen necesarios para cada red social. Con un promedio de tamaño de imagen de 2500 píxeles de largo por 1400 píxeles de alto para que se vean bien en pantalla completa.
En móviles esta resolución incluso es menor. Tomemos como ejemplo Instagram, siendo la app más común para ver imágenes. Para esta red social, la máxima resolución posible es de 1080 px de ancho por 1920 px de alto (Historias de Instagram) y 1080 px de ancho 1350 px de alto para publicaciones en la línea de tiempo.
Formato de sensor y objetivos
El siguiente punto de necesidades en cuanto a equipo viene siendo, qué tipo de sensor necesito. Actualmente el objeto de deseo de los fotógrafos es tratar de trabajar con sensores full frame. Sin embargo esto también es relativo a las necesidades.
Cámaras de sensor tipo micro 4/3 como las de la línea de Panasonic nos suplen las necesidades de resolución que tenemos para la mayoría de trabajos. Entonces ¿para qué irnos a un sensor full frame?
Todo depende de lo que necesitemos ver. El factor más importante del tamaño de sensor es su relación con la óptica utilizada.
El mísmo valor de distancia focal de un objetivo tiene una variación en ángulo de visión que depende del tamaño del sensor. Es lo que conocemos como factor de conversión.
Así que la necesidad de una cámara full frame dependerá de qué tanto debamos aprovechar ese ángulo de visión del objetivo. En fotografía de arquitectura para el mercado inmobiliario, por ejemplo, muchas veces nos encontramos con espacios pequeños, donde necesitamos más ángulo de visión de un objetivo para poder estar más lejos de las paredes y reducir la distorsión de perspectiva. En fotografía social, como bodas y eventos, también se recomienda el uso del sensor full frame porque no todos los eventos se hacen en lugares muy amplios donde tengamos movilidad para alejarnos de los sujetos.
Sin embargo, podemos ver que en la mayoría de situaciones, el sensor es irrelevante para la fotografía que realizamos. Siempre y cuando sepamos las variaciones y limitaciones que nos da un sensor u otro, podemos trabajar nuestra toma con nuestro sensor micro 4/3, APS o full frame.
Si vamos a trabajar un retrato con un 50mm. Un mismo valor de plano nos dará resultados distintos en cada sensor. En un sensor full frame estaremos más cerca al sujeto, generando un poco más de distorsión de perspectiva, en un sensor APS nos alejaremos más, y en un micro 4/3 mucho más reduciendo la distorsión de perspectiva, pero teniendo propiedades distintas de la relación sujeto-fondo. Es cuando nos dicen que nuestro 50mm se vuelve un 75mm en un APS o un 100mm en la micro 4/3. Es un factor de conversión del ángulo de visión que debemos tener en cuenta según lo que busquemos en nuestras tomas y el espacio que tenemos para trabajar.
En este apartado, otra de las razones para decidir ir por un sensor u otro es la profundidad de campo. En fotografía analógica, uno de los factores determinantes de la profundidad de campo era el tamaño de la película. En 35mm, había menos profundidad de campo que en una película de 8mm. Esto se debe a que en la película analógica, el sistema completo estaba diseñado para producir un círculo de confusión relativo al tamaño del negativo o diapositiva. Películas más pequeñas centraban la luz produciendo círculos de confusión más pequeño que producían una sensación de nitidez mayor, que se traducía en ver “todo en foco”.
En el mundo digital, este efecto ya no ocurre de la misma manera. Obtener mayor o menor profundidad de campo debido al sensor está establecido por la densidad de píxeles del sensor. Hay mayor profundidad de campo en una Sony A7R III de 42,4 MP que en mi Canon 7D de 16 MP, a pesar de que mi cámara es de sensor APS-C y la Sony es de sensor Full Frame. Esto se debe a que los píxeles del sensor de la Sony tienen menor tamaño para poder meter más resolución en esos 36 x 24mm del full frame. Así que si comparamos dos sensores distintos actualmente, si tienen la misma (o una aproximada) densidad de píxeles en el sensor, tendremos una profundidad de campo similar sin importar el tamaño del sensor.
A nivel de objetivos, lo único a tener en cuenta es qué necesitamos a nivel de ‘nitidez’. Por lo que debemos tener en cuenta el poder resolutivo y la acutancia de nuestros objetivos. Está claro que hay campos de la fotografía que requieren que trabajemos con teleobjetivos (como es el caso de la fotografía de naturaleza) o con angulares (como en fotografía de arquitectura).
Sin embargo no hay reglas sobre qué objetivos debemos utilizar para X o Y. El valor artístico de nuestra profesión está en cómo utilizamos esas herramientas para tener una voz propia. Podemos realizar paisajes magníficos utilizando teleobjetivos, así como podemos conseguir mostrar los detalles del acabado de un departamento con un macro o crear una toma de fotografía salvaje muy cinematográfica con angulares.
El equipo de iluminación depende mucho del estilo de cada fotógrafo, las condiciones de contexto y el saber manejar los modificantes de luz. Teniendo esto en cuenta, podemos incluso no necesitar ningún equipo de iluminación, si sabemos utilizar la luz del sol de manera acorde a nuestras necesidades.
Si vamos a realizar tomas en exterior, la luz del sol puede ser más que suficiente. Tan solo debemos conseguir la hora del día y los ángulos de toma indicados. Pero si queremos utilizar flashes en exterior, debemos saber si queremos compensar o competir con la luz natural. A veces, un buen flash de mano es suficiente para rellenar y controlar el contraste de una toma. Pero, si queremos que el flash sea nuestra luz principal y la luz natural sea la secundaria o solo el fondo, será necesario tener cabezas strobe con buena potencia.
En estudio, podemos obtener resultados similares utilizando fuentes continuas, flashes de cabeza o flashes de mano. Todo depende de qué tan bién sepamos utilizar las propiedades de la fuente. También debemos entender cómo los modificantes (difusiones, cajas, filtros y banderas) afectan a la calidad y dirección de la luz y su incidencia sobre el sujeto. En el pasado os hemos comentado cómo diseñar nuestros propios modificantes es un buen ejercicio para aprender a ver mejor estas propiedades.
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Teniendo todo esto en cuenta, el mejor equipo que podemos tener es el que resuelve nuestras necesidades de trabajo. Tener el equipo más caro y tecnológicamente más nuevo está muy bien cuando sobra el dinero, pero no debe ser un elemento que estanque el trabajar en lo que queremos. Todo se trata de analizar cómo sacarle el mayor provecho a lo que tenemos y cómo adaptarnos a ello para producir resultados.

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