Source: http://literatura.canariasahora.es/2010/10/
Timestamp: 2017-11-24 16:34:30+00:00

Document:
Literatura: octubre 2010
ISBN-10: 0871137380
ISBN-13: 978-0871137388
Precio $9,99 (HC) o $6,00 (SC)
Nota: Este artículo ha sido escrito –y cedido- por Eduardo Serradilla Sanchis para poder ser publicado en esta sección. .
Cuando uno analiza los acontecimientos sucedidos en un pasado no muy lejano e, inmerso en plena sociedad de la información, es muy fácil buscar soluciones simplistas, recorrer lugares comunes y, sobre todo, generalizar.
Si a ello le sumamos una realidad internacional cada día más polarizada, casi a imagen y semejanza de la Guerra Fría de antaño -donde la frase conmigo o contra mí se ha convertido en casi un eslogan publicitario- resulta muy complicado situar tales o cuales sucesos dentro del adecuado análisis.
Mi intención al escribir este artículo ha sido evitar esas mismas interpretaciones trufadas por ideologías trasnochadas e intereses que van más allá del propio suceso y contar, en cambio, una de las muchas páginas de la cruel y sangrienta historia del ser humano moderno.
Para ello he tratado de buscar en cuantas fuentes han estado a mi alcance, queriendo sacar mis conclusiones después de leerlas y acercarme lo más posible a los puntos de vista de quienes las formularon en su día.
Mi deseo final ha sido reflejar las experiencias vividas por un grupo de soldados (en especial, del ejército norteamericano) enviados a un remoto país africano en una misión auspiciada por la ONU.
Éstos se vieron atrapados en medio de una confrontación, cuyo origen se encontraba en muchas más fuentes de las que parecían estar implicadas en los sucesos acontecidos en la ciudad de Mogadiscio en los días tres y cuatro de octubre de 1.993.
Dichos sucesos fueron la inspiración para la posterior publicación de dos libros y de una película dirigida, en el año 2.001, por el británico Ridley Scott.
Al igual que sucede en la gran mayoría de los países que formaron parte del antiguo mapa colonial africano, Somalia (Soomaaliya en su lengua nativa), situada en lo que se conoce como El cuerno de África, ha sido una tierra convulsionada por los cambios y las revoluciones.
A poco que se realice un barrido por los acontecimientos que han marcado las últimas décadas queda muy claro el paupérrimo legado que tal periodo colonial, lleno de muchas sombras y muy pocas luces, legó a la mayoría de los territorios ocupados.
Tampoco debemos olvidar los deseos expansionistas de países como Etiopía, el cual siempre había albergado deseos de ampliar su territorio a costa de su vecino somalí.
Con la llegada del emperador Menelik II al trono de Etiopía comenzaron una serie de tentativas para lograr dicha expansión, principalmente en el norte del país.
Esta política de tira y afloja que venía desarrollándose a lo largo de los siglos entre ambas naciones se prolongó hasta la ocupación italiana de los dos territorios, en plena etapa del gobierno fascista de Mussolini.
Debo admitir que la ocupación italiana no fue tan devastadora como lo fueron otras muchas –y para ello pongo como ejemplo contrario a lo que estoy afirmando el saqueo al que se vería sometido el antiguo Congo por parte de Bélgica, o la política del Apartheid, institucionalizada por los colonos de Sudáfrica, hasta hace bien poco—por lo que se logró alcanzar un nivel de entendimiento inusual en la propia concepción del colonialismo.
Aún así dicho periodo, al que hay que añadir el momento de hegemonía británica hasta el regreso de una soberanía pactada en la ONU a favor de Italia no ayudó al país a valerse por si mismo, tal y como se pretendía, dejándolo a merced de sus propias divisiones internas de carácter tribal, pero con los modos y maneras de opresión del mundo civilizado.
Varias son las consecuencias negativas del periodo colonial. No obstante, hay una que sobresale, en especial por las nefastas consecuencias que acarrearía al futuro de Somalia.
Dicha consecuencia son las desigualdades existentes entre el norte y el sur del país, algo que se da en buena parte del globo.
Su desarrollo durante el periodo de hegemonía británico estuvo motivado por la ausencia de inversiones en infraestructuras duraderas por parte del país al cargo, demasiado ocupado en conservar otros territorios, muy en especial la India, la joya de la corona británica.
A su vez, los ingleses debieron hacer frente a los constantes ataques guerrilleros de líderes como Mahammad Abdille Hasan, primero, y de Mohammed Bin Abdullah tras la desaparición de Hasan, descontentos con la ocupación extrajera.
Cuando, a principios de los años sesenta, Somalia logró ser un territorio independiente tras la década de protectorado italiano quedó claro el predominio del sur sobre el norte, dando lugar a tensiones que terminarían siendo uno de los principales detonantes de la guerra civil que asolaría el territorio, décadas después.
Bien es cierto que durante los últimos años de dominio británico florecieron los primeros partidos políticos, tales como el SYL (Somali Youth League), pero las diferencias sociales, económicas e incluso de lengua seguían siendo obstáculos que dificultaban los intentos por lograr una verdadera unificación entre la totalidad del país.
SOMALIA TRAS LA INDEPENDENCIA
La década de los sesenta estuvo marcada, además de por los intentos de lograr una democratización del territorio, por los movimientos a favor de una Gran Somalia, lo que provocó una marcada hostilidad entre sus vecinos limítrofes, Etiopía y Kenia.
Los diferentes sectores de la sociedad somalí encontraron en la Unión Soviética y la República Popular de China un modelo de organización a seguir, en contraposición con el colonialismo anterior y por ello, a mediados de los sesenta, Somalia firmó un acuerdo de colaboración militar con los soviéticos, enviando a buena parte de sus oficiales a formarse en la antigua Unión de Repúblicas Soviéticas.
De aquella época provienen las primeras discrepancias con los EEUU, país que mostraba su apoyo al gobierno etíope –sobre todo militarmente— en su empeño por frenar la expansión de la influencia comunista en África.
Los últimos años de la década estuvieron marcados por tumultuosos periodos electorales, marcados por las acusaciones entre los diferentes clanes de fraude y corrupción.
Todo terminó el 15 de octubre 1.969 cuando el presidente electo Shermaarke fue asesinado por uno de sus guardaespaldas, aprovechando la ausencia del primer ministro Igaal. Éste, a su regreso a Mogadiscio, trató de recuperar el control de la situación, pero ya era tarde.
Los implicados en el golpe de estado, liderados por el general Mahammad Siad Barre, terminaron de manera rápida y contundente con los intentos de restaurar el control democrático de la situación. Tras su victoria se proclamó el Consejo Supremo Revolucionario (SRC) liderado por Siad Barre, denominando al país República Democrática de Somalia.
En estos primeros momentos, el gobierno de Siad Barre trató de controlar la corrupción existente y terminar con las luchas tribales por el poder que lastraban al país desde mucho antes de su independencia.
Otros intentos se enfocaron en desarrollar los modos de cultivo, a imagen de los planes de producción soviéticos y chinos, y en buscar una unidad lingüística para todo el territorio, territorio en el que, además de la lengua nativa, se hablaba inglés e italiano.
Se promulgó una nueva constitución, la de 1.970 que sustituyó a la aprobada en 1.960, y una serie de leyes que afianzaban el poder de la cúpula dirigente y de sus clanes, en detrimento de las ancestrales leyes tribales y del resto de los clanes.
De esta primera etapa habría que destacar también la interpretación personal que realizó Siad Barre del marxismo y del Islam, elaborando lo que el denominó el Socialismo Científico, una mezcla de las influencias de Marx, Lenin, Mao y del mismo Mussolini.
Los logros de esta época, marcada por los avances en algunas parcelas y los continuos desmanes del ejército, siempre a la caza de elementos contra revolucionarios, se verían truncados tras la derrota en guerra Ogaden (1.977-78) entre Somalia y su vecino Etiopía.
El clima de descontento en la sociedad civil y las voces discordantes con su gobierno terminarían siendo la disculpa perfecta para que Siad Barre hiciera una sangrienta purga entre sus opositores, antesala de periodo de represión que viviría el país en los años venideros.
En tales acontecimientos tendrá mucho que ver la aproximación que hiciera el entonces gabinete norteamericano, dispuesto a ganar un aliado en aquella parte del globo. No hay que olvidar que estamos a principios de los ochenta, momento en el que acababa de llegar al despacho oval el presidente número cuarenta de los EEUU, Ronald Reagan. Con su llegada comenzó un periodo de conservadurismo y apoyo a todo aquel que contribuyera al arrinconamiento y acoso del comunismo, sin importar los métodos.
Escándalos mediáticos como los affaire Irán-Contra para derrocar a los gobiernos de Nicaragua e Irán, o el apoyo a regímenes totalitarios, tales como los de la junta militar chilena, el existente en Indonesia o el Apartheid sudafricano salpicaron un mandato conducido como si de un viejo western cinematográfico se tratara.
No es de extrañar que la administración americana se convirtiera en una de las principales valedoras del régimen de Siad Barre, el cual visitó los EEUU en 1.982.
Ese mismo año, la administración Reagan ayudó a repeler un intento de invasión del país por parte de un grupo de disidentes somalíes, apoyados por Etiopía.
De los $45 millones pactados por el gobierno de Reagan para ayudar al régimen de Somalia se pasó a los $80 millones cuando el país fue invadido, en gran medida aportados como equipamiento militar.
La consecuencia directa fue que el régimen de Siad Barre utilizó dicho material, no sólo para repeler a los invasores, sino para afianzar su política de terror contra cualquier voz discordante para con su mandato.
La ayuda militar y económica por parte de los EEUU continuó durante los años siguientes, aunque sufrió recortes tres años hasta llegar a tan sólo $8.7 millones (de los $47 millones previstos).
Este cambio de actitud estuvo motivado por las presiones de buena parte de los países europeos, quienes reclamaban del dirigente estadounidense hechos que indicaran un cambio en sus medidas represoras.
Lo curioso del caso es que el régimen de terror de Siad Barre a punto estuvo de terminar en 1.986, al sufrir el líder un aparatoso accidente de coche que lo tuvo apartado del poder el tiempo suficiente para agravar las diferencias internas del régimen. Siad lograría recuperarse, pero quienes deseaban verle fuera del terreno político ya habían comenzado sus intrigas palaciegas.
Los últimos años del dictador estuvieron marcados por las luchas entre quienes pugnaban por el poder y las continúas escaramuzas fronterizas entre grupos de disidentes que luchaban por derrocar al dictador.
Sus torpes intentos por perpetuarse en el cargo dieron como resultados episodios de violencia social en los que fallecieron voces discordantes con Siad Barre, tales como el sacerdote católico italiano, Salvatore Colombo.
Su muerte, a manos de un asesino directamente relacionado con el palacio presidencial, desencadenaría protestas que acabaron convirtiéndose en masacre orquestadas por los tristemente recordados Red Berets –escuadrón de la muerte que eliminaba cualquier problema que tuviera el régimen— de Said Barre.
Tales acontecimientos terminarían por distanciar a la Casa Blanca del dictador africano.
El 26 de enero de 1.991, Said Barre sería depuesto de su cargo por una coalición de clanes opositores llamada Congreso Unido de Somalia, siendo sustituido por Ali Mahdi Muhammad.
El depuesto dictador trató de volver al poder un año después, pero, tras ser rechazado por las tropas de Mahdi Muhammad, se exiló para morir en Lagos, en 1.995 de un ataque al corazón.
SOMALIA TRAS EL DICTADOR
Como ya pasara con el periodo colonial, el legado de Said Barre serviría para que las divisiones de Somalia se acentuaran y para que el país entrara en un guerra civil de la que, aún hoy, no se ha repuesto.
Frente al gobierno de Mahdi Muhammad se encontraba la oposición de Mohammed Farra Aidid y de otros tantos partidos políticos.
El líder de uno de ellos, Abdel-Rahman Ali, líder del Movimiento Nacional Somalí, situado en el norte del territorio, llegó a declarar ese mismo año su independencia del país, con el consiguiente agravamiento de las diferencias ya existentes.
Ante tal situación de caos y destrucción la comunidad internacional comenzó a enviar ayuda y medicinas, muchas de las cuales eran aprovechadas por los clanes en disputa como moneda de cambio para adquirir armas y equipamiento militar.
Se estima que el 80% de los envíos fueron desviados para dichos propósitos.
Se calculaba que cerca de 300.000 personas habían fallecido entonces y que un millón y medio de personas se encontraba en condiciones de extrema necesidad.
Visto lo que sucedía la ONU organizó la operación ONUSOM I.
La Operación de las Naciones Unidas en Somalia (ONUSOM I) fue establecida por el Consejo de Seguridad en la resolución 751 (1992) de 24 de abril de 1992 para supervisar el alto el fuego en Mogadiscio, la capital de Somalia, ofrecer protección y seguridad al personal de las Naciones Unidas, equipo y suministros a los puertos y aeropuertos de Mogadiscio y para escoltar las entregas de suministros con ayuda humanitaria desde éstos a los centros de distribución de la ciudad y de los alrededores.
El 28 de agosto de 1992 se ampliaron el mandato y la dotación de ONUSOM I por el Consejo de Seguridad en la resolución 775 (1992) para que ésta pudiera proteger los convoyes humanitarios y los diversos centros de distribución dispuestos en Somalia.
Comenzó así la operación Provide Relief por la cual se llegaron a distribuir cerca de 48.000 toneladas de alimentos y medicinas en los seis meses siguientes.
A finales de ese mismo año, bajo la resolución 794 del Consejo de Seguridad de la ONU se lanzaba una de las mayores operaciones humanitarias de la historia bajo el lema Restore Hope.
Se trataba de una fuerza multinacional compuesta por 35 naciones (UNITAF: Unified Task Force) bajo supervisión directa de los EEUU y partiendo de una resolución sin precedentes en la organización.
Ésta afirmaba en su redacción lo siguiente: Úsese todos los recursos necesarios para establecer, cuanto antes, un entorno seguro que apoye las labores humanitarias en Somalia.
No entraré a valorar si tras las intenciones de la administración Bush padre se escondían otros propósitos o no, tales como continuar ejerciendo una posición dominante en aquel lugar del África –la más popular de las críticas que se le ha acusado por parte de sectores contrarios a este tipo de intervenciones protagonizadas por los EEUU, con o sin el paraguas de la ONU--, pero sí me gustaría decir que la situación estaba tomando un cariz que, aunque tarde, se aconsejaba una intervención de algún tipo para subsanar necesidades básicas de la población.
Sea como fuere la intervención contó, desde su mismo comienzo, con el rechazo de los habitantes de Somalia.
Las razones de tal rechazo se han explicado antes, sobre todo al hablar de los puntos de vista sobre el futuro de Somalia tras la independencia. Después de tantos siglos de ocupación gran parte de la población no quería más invasiones, aunque fueran de carácter humanitario.
Lo que sí se suele pasar por alto al hablar de este conflicto son los problemas existentes entre el líder de la guerrilla somalí, el general Mohammed Farrah Aidid, perteneciente al clan Habr Gedir, y el entonces secretario general de la ONU, el egipcio Boutros Boutros-Ghali, enfrentado con el clan de Aidid desde tiempos pasados, en su etapa de diplomático para el gobierno de su país, Egipto.
Boutros-Ghali, uno de los secretarios generales más cuestionados de los últimos años, en especial por no haber actuado con contundencia en el genocidio de Rwanda, era considerado por buena parte de los líderes de Somalia como una amenaza para su país.
Farrah Aidid estaba convencido de que, tras la intervención, se escondía el propósito de los Estados Unidos y del secretario de la ONU de restaurar al clan Darod (al que pertenecí el depuesto dictador Siad Barre) contrario al clan Habr Gedir que lideraba Aidid.
Tal desconfianza en la legitimidad de la Naciones Unidas por parte del líder somalí no fue el mejor punto de partida para el desarrollo de una misión que pretendía, además de perpetuar el papel de los Estados Unidos en el equilibrio mundial, paliar la larga hambruna que diezmaba el país desde hacía varios años.
LOS ACONTECIMIENTOS PREVIOS A LA OPERACIÓN SERPIENTE GÓTICA
En marzo del año siguiente, la ONU decidió por medio de su Consejo de Seguridad establecer la Operación de las Naciones Unidas en Somalia II (ONUSOM II) aprobada en la resolución 814 (1993) de 26 de marzo de 1993. Dicha resolución pretendía sustituir a la Fuerza de Tareas Unificada (UNITAF) vistos los buenos resultados obtenidos en las tareas de reparto de alimentos y medicinas en cerca del cuarenta por ciento del territorio del sur y centro del país.
Dado que el país no contaba con ningún tipo de estructura organizativa, el siguiente paso fue convocar una conferencia en donde los principales grupos políticos y clanes del país pudieran decidir su futuro. A pesar de dichos esfuerzos por lograr una normalidad, la iniciativa siguió siendo rechazada por varias facciones, entre las que se encontraba la Alianza Nacional de Somalia, el brazo político del clan del general Farrah Aidid.
Por ello, la operación quedaría lastrada y a merced de una violencia que terminaría con la vida de 24 soldados pakistaníes, el 5 junio, en una zona de Mogadiscio controlada por las milicias de Aidid.
La reacción del Consejo de Seguridad de la ONU fue dictar la resolución 837 con la función de detener a los responsables de tales sucesos, en especial a Aidid, quien se veía como máximo instigador de lo ocurrido. Hasta se llegó a ofrecer una recompensa de $25.000 por él, cosa que precipitaría los acontecimientos del 3 y 4 de octubre.
Y digo esto, porque la primera consecuencia de tal resolución sería la matanza de buena parte de los líderes religiosos y políticos del país por parte de un conjunto de tropas --italianas, francesas, Marroquíes y Pakistaníes— y helicópteros de ataque Cobra del ejército americano. La acción, desarrollada el 17 de julio, pretendía capturar al general Aidid, catalogado ya como un señor de la guerra, y a un nutrido grupo de colaboradores, reunidos en la residencia del primero.
La realidad era que Aidid había convocado a los líderes de mayor rango de los clanes somalíes, los ancianos, para discutir maneras de actuación ante la situación del país. No quiero dar a entender que en dicha reunión no se trataran temas bélicos y planes de actuación, más con la realidad del lugar; no obstante, otra cosa muy distinta es atacar una residencia con todo el poder destructor de los mencionados helicópteros Cobra.
Mark Bowden, periodista y escritor del libro Black Hawk Down (la fuente en la que se basaría Ridley Scott para su película) señala que aquel ataque demostró la frustración de la ONU al no encontrar salida al conflicto de Somalia, opinión que comparto a la vista de los sucedido, en ese momento y después.
Las cifras, como siempre, son muy dispares, pero la Cruz Roja Internacional declaró que, al menos, 54 personas murieron y cerca de 250 fueron heridas, cantidad muy alejada de las 700 víctimas proclamadas por los somalíes supervivientes.
Tras aquello, Aidid consideró que América le había declarado la guerra y que su principal cometido era expulsar a los extranjeros de Somalia.
La consecuencia directa de aquella matanza sería la muerte de cuatro periodistas occidentales, asesinados por la multitud al tratar de cubrir la noticia, muestra del descontrol que gobernaba en el territorio.
El ataque traería otras dos consecuencias. Una de ellas fue la pérdida de credibilidad de la ONU frente a la comunidad internacional, que ahora veía a Aidid como la víctima, y la otra fue el envío a Somalia, entre el 22 y 26 de agosto, de la Task Force Ranger.
Dicho contingente, una fuerza de Operaciones Especiales del ejército americano, estaba compuesto por la Compañía Bravo, tercer batallón del 75 regimiento de los Rangers, por efectivos de los Seals y la Delta Force (1st SFOD-D), por comandos del ejército del aire (CSAR) y por el regimiento de Operaciones Especiales 160, conocido como Night Stalkers.
Su principal cometido era la captura de Aidid y sus lugartenientes más significativos y estaba bajo el mando del general William F. Garrison.
Aún así, Aidid buscó a finales del mes de agosto una solución dialogada al implicar al ex presidente demócrata Jimmy Carter, recordado por la crisis de los rehenes americanos en Irán, para que intercediera y lograra una comisión imparcial que investigara la matanza del 17 de julio. Carter accedió a la petición del líder somalí y se reunió con el presidente Clinton para buscar una solución.
El Departamento de Estado estadounidense se pudo manos a la obra en un plan en el que estaría involucrado Etiopía, vecino natural de Somalia. Resulta curioso que, mientras esto sucedía, los miembros de la Task Force continuaban con su misión, logrando detener al responsable de las finanzas del general.
Una nueva matanza tuvo lugar el 19 de septiembre cuando, tras ser atacada una columna del Décimo de montaña del ejército americano, también destacado allí, el mando volvió a hacer uso del poder destructivo de los Cobra contra una masa de población, en su mayoría hostil, pero sin capacidad para repeler un ataque de aquellas características.
El resultado, según las diversas fuentes, estuvo cercano a las cien víctimas entre muertos y heridos.
Quisiera comentar un detalle que no se debe pasar por alto cuando se habla de este conflicto. Se calcula que sólo uno de cada cinco habitantes de una ciudad como Mogadiscio formaba parte activa de la guerrilla de Farrah Aidid. El problema viene, dado que dichos efectivos difícilmente se distinguían del resto de la población al no llevar un distintivo que indicara su rango.
Si a ello se le suma que muchos de los habitantes de la capital empuñaban un arma, más por frustración que por una convicción real en sus posibilidades combativas, se hace tremendamente complejo determinar la validez de un objetivo.
Esto en nada justifica episodios como los que he comentado, pero sí ayuda situar la realidad de ambos bandos, en una guerra que poco tenía que ver con aquellas otras en las que los colores de los uniformes indicaban el bando de los contendientes.
Por ello, a poco más de dos semanas de la operación Serpiente Gótica, la situación había llegado a un punto de no retorno.
EL GENERAL GARRISON
A lo largo de esta larga introducción he tratado de reflejar la mayor parte de los elementos que desencadenaron en los sucesos del 3 y 4 de octubre de 1.993, tanto internos como externos al propio conflicto en el país africano.
Por último quisiera detenerme en la figura del comandante en jefe de las tropas americanas en Somalia, máximo responsable y, para muchos, el causante del fracaso con el que se terminó saldando la operación.
Es una debilidad humana querer buscar un responsable donde descargar las iras de quienes han pasado por un trance tan violento como los combates vividos durante esas dos jornadas. De igual modo, se debe tener la capacidad de discernir dichas responsabilidades sin dejarse llevar por la solución más conveniente.
No negaré, y más adelante lo explicaré, que la misión emprendida por las fuerzas americanas en pos de capturar a dos de los lugartenientes de Aidid no estuviera plagada de errores de juicio y, sobre todo, de una justa valoración de las fuerzas a las que se iban a enfrentar, si la situación así lo requería.
A estas alturas de la historia, la presunción de que el enemigo es pequeño termina por pasar una dolorosa factura al bando contrario. Poco importa los sofisticados sistemas con los que se cuente ni lo fidedigno de las informaciones vertidas por los servicios secretos –muchas de las cuales terminan siendo un verdadero fiasco—.
Sobre el terreno, las cosas se ven de manera muy distinta y la batalla librada en las calles de Mogadiscio así lo reflejó.
Muy distinto es culpar a un militar como Garrison de todo el desastre, más si se tiene en cuenta que él asumió dicha responsabilidad en una carta, fechada el día después de lo sucedido, remitida al presidente Clinton.
Garrison había logrado su ascenso a general sin necesidad de hacer demasiada política para ello. Su carrera comenzaría durante dos periodos de estancia en los campos de batalla de Vietnam. En aquellos días, Garrison formó parte de la oscura operación Fénix, orquestada por la CIA, para asesinar a los líderes de las aldeas pertenecientes al Viet-Cong.
Después su carrera se desarrollaría a lo largo del globo, tratando de obtener los mejores resultados sin tener que poner en excesivo riesgo a sus efectivos.
Dotado de un cinismo natural para todo lo que no fueran sus hombres y su responsabilidad para con ellos, Garrison tenía muy claro cuál era la responsabilidad de quien lleva un uniforme: combatir, pelear y matar antes de que el enemigo te mate.
De todas maneras, esta máxima terminaba por ser la manera de vivir de muchos integrantes del ejército. Para Garrison, aunque que resulto extraño, no.
Su particular forma de entender la vida militar quedó muy clara cuando se hizo cargo del mando del 1st Special Force Operational Detachment-Delta (Delta Force) cuando todavía ostentaba el rango de coronel.
Tras su llegada, debió hacerle frente a unas graves acusaciones que implicaban a varios de los hombres a su cargo, acusados de cobrar un doble sueldo merced a sus operaciones encubiertas en el extranjero.
Ante dichas acusaciones, Garrison se encargó personalmente de tomar cartas en el asunto, defendiendo en todo momento el honor y la valentía del resto de sus hombres, algo que éstos no olvidaron.
Luego llegaría su ascenso a general y su nombramiento como máximo responsable de la Task Force enviada a Somalia. Su nombramiento tuvo mucho que ver con el almirante Jonathan Howe, asignado por la ONU (y su secretario general) y por la administración Clinton como persona de contacto. Howe había formado parte del estado mayor con el anterior presidente, para luego ser una pieza fundamental en la transición entre las dos administraciones, la entrante de Clinton y la saliente de Bush padre.
Por la determinación del almirante Howe, los Rangers terminaron en el país africano, siendo uno de los máximos impulsores de la detención de Aidid, no de su muerte. De lograrlo, se le podría juzgar como un criminal de guerra y serviría de ejemplo para el resto de los disidentes somalíes. Howe pensaba que los problemas de Somalia se resolverían al atrapar a Aidid y no cedió en su empeño de lograrlo, sin reparar en los medios.
Sería acertado formular que los sucesos del 17 de julio, los cuales se saldaron con un número elevado de víctimas, fueron una consecuencia directa de tales esfuerzos además de sumar la negativa, en ese momento, de enviar tropas de elite al escenario bélico.
Una vez que la situación estaba como estaba, Howe tuvo muy claro que no había nadie mejor que Garrison para hacerse cargo del mando de unas tropas que el general entendía y conocía, en especial a los D-Boys, mote con el que se conoce a los soldados de la Fuerza Delta.
Ambos militares tenían en común su celo profesional y su determinación por lograr el éxito de sus misiones, aunque Howe representaba el soldado que había aprendido a moverse en los despachos oficiales, mientras que Garrison consideraba que las batallas se ganaban sobre el terreno.
No es de extrañar que en la carta de trece puntos, remitida al presidente Clinton, Garrison no se avergüence por la forma en la que él y sus hombres se comportaron durante los combates del 3 y 4 de octubre de 1.993.
OPERACIÓN SERPIENTE GÓTICA: LA MISIÓN DEL TRES DE OCTUBRE DE1.993
Resumiéndolo en pocas palabras, se trataba de capturar a dos destacados lugartenientes de Aidid, Omar Salad, ministro de asuntos exteriores, y a Mohamed Hassan Awale, su máximo consejero político.
Los EEUU esperaban acabar gracias a este tipo de misiones con la guerra de raíz, reduciendo el poder del caudillo poco a poco.
Garrison había contado, además de con la ayuda de los servicios de inteligencia, en los que no confiaba en exceso, con la labor de informantes del lugar, una costumbre prolongada desde sus tiempos en Vietnam.
Éstos fueron quienes le informaron de que ambos lugartenientes se reunirían la tarde del tres de octubre en un edificio cerca del Hotel Olympic, situado en la calle Hawlwadig, en pleno centro de Mogadiscio.
De esta manera, la misión se encaminaba hacia una acción directa contra las ramificaciones políticas de Aidid, algo que el general llevaba tiempo esperando tras la captura, casi sin quererlo, del encargado de finanzas ya comentado.
Se elaboró una misión para capturarlos por la cual partirían de la base de la Task Force, situada a tres millas de la ciudad (unos 4.5 km), un total de 19 helicópteros pertenecientes al 160 escuadrón SOAR de los Night Stalkers, doce vehículos terrestres, entre Humvees y camiones, y un total de 160 hombres.
La misión no dudaría más de una hora. Entrar y a salir, así de fácil se presentaba.
Cuatro MH-60Ls, más conocidos como Black Hawk, se encargarían de transportar a los Rangers de la Compañía Bravo, mientras que los pequeños y letales AH-6 Little Birds repartirían sus unidades en su doble papel de portadores de los efectivos de la Fuerza Delta y de artilleros aéreos.
El grupo terrestre, encargado de transportar a los detenidos y compuesto por Rangers, Deltas y Seals, estaba al mando del Teniente Coronel Danny McKnight, jefe del estado mayor de Garrison y uno de los más críticos sobre la supuesta facilidad de la operación.
McKnight no sólo no compartía el optimismo del resto de los mando, sino que tenía muy presente los problemas que acarreaba el moverse con una columna de vehículos por las poco definidas callejuelas de una ciudad como Mogadiscio.
A ello hay que sumarles las críticas vertidas contra la administración Clinton al negarse a enviar material pesado al escenario de la misión, especialmente unidades blindadas.
Muchos tenían muy claro que los Humvee no ofrecían la adecuada protección para hacer frente a un ataque por parte de fuerzas hostiles armadas con lanzacohetes del tipo RPG soviéticos.
Para tales cometidos el ejército contaba con transportes blindados del tipo M2 Bradley o M-113, cuyo envío había sido denegado.
Vistos los resultados de la misión queda claro la vulnerabilidad de los Humvee, pero no es menos cierto que éstos contaban con una movilidad de la que no pueden hacer gala los mencionados APC, mucho más lentos, y por lo tanto también vulnerables en un terreno tan complejo como aquél.
Sus dudas se verían confirmadas a los pocos minutos de comenzar la misión.
La mañana del tres de octubre estuvo marcada por los preparativos del material y las armas, dejando en la base buena parte del equipamiento estándar, tales como la gafas de visión nocturna, innecesarias para una misión a plena luz del día.
Nada parecía poner en peligro una incursión liderada por lo más selecto del ejército de los Estados Unidos, en especial los efectivos del 75 regimiento de los Rangers, considerados los soldados más motivados de su joven generación. Representaban el ejército ideal, mayoritariamente caucasiano, -herencia de las administraciones Reagan y Bush- para el nuevo siglo XXI.
Poco después de las tres de la tarde todos los combatientes estuvieron preparados a bordo de los aparatos y vehículos asignados.
En esos momentos previos, Garrison, tal y como era su costumbre, visitó a cada uno de ellos para decirles ¡Tened cuidado! y ¡no dejéis a nadie atrás! . Pocas cosas eran tan importantes para el general como aquélla. Pasara lo que pasara, nunca se debía dejar a un camarada detrás.
Con el objetivo fijado en la calle Hawlwadig del centro de Mogadiscio sólo quedaba formular el nombre en clave para la misión.
A las 3:32 de la tarde del 3 de octubre de 1.993, el Chief Warrant Officer Michael J. Durant gritó por el comunicador de su Black Hawk Super 6-4 ¡IRENE!, momento en el que el grupo de helicópteros del 160 escuadrón SOAR y el contingente comandado por McKnight emprendieron su camino hacia Mogadiscio.
A las 3:42 pm comenzó el asalto con cuatro pelotones del comando Ranger descolgándose rápidamente desde cuatro helicópteros Black Hawk para asegurar el perímetro del objetivo, mientras que soldados de las Fuerzas Delta se encaminaban hacia el objetivo donde se encontraban los lugartenientes de Aidid.
Antes de completar el completar el despliegue, uno de los Ranger, el soldado raso Todd Blackburn, falla al coger la cuerda y cae a la calle desde 22 metros de altura. Las cosas se torcían desde el primer momento.
El accidente del soldado Blackburn, a pesar de la rápida atención de dos médicos de la fuerza Delta, hizo que una de las prioridades de la misión fuera su rápida extracción del lugar, lo que obligó a que tres vehículos del convoy se distanciaran del grupo para transportar al soldado herido de regreso a la base.
En aquellos momentos, las cuatro de la tarde, la milicia de Farrah Aidid estaba en marcha para impedir cualquier movimiento de las fuerzas americanas, levantando barricadas e incendiando montañas de neumáticos para dificultar la visión del convoy de vehículos.
Para colmo de males, la noche antes del asalto como otras tantas, la ciudad era un hervidero de jóvenes milicianos adictos a khat, una droga originaria de la zona, que acentuaba la sensación de euforia y excitación.
No es de extrañar que Mark Bowden en su libro indicara que la misión llegó en el peor momento posible
Quince minutos después de su llegada, los efectivos de la Delta Force informan de la custodia de los líderes del clan y de alrededor de otras 21 personas.
Parece que, al final las cosas se están desarrollando como deberían, aunque lo peor está por llegar.
En esos instantes, los primeros combates entre los Rangers y las milicias se desatan, dificultado la salida del convoy de vehículos hacia la base, entrando en un laberinto del que les será difícil salir.
Todo está siendo coordinado a través de las imágenes enviadas por el aparato C2 de control, que está situado sobre la ciudad. Las imágenes que transmite serán las mismas que utilizará después Ridley Scott en la secuencia que reproduce tales hechos.
Cuarenta minutos después, a las 4:20 pm, el Black Hawk Super 6-1, pilotado por el CW4 Cliff P. Wolcott, apodado ‘Elvis’ por sus amigos, y por el CW3 Donovan Bradley es alcanzado por una granada a propulsión y cae tras chocar con varios bloques de casas, al noroeste del objetivo.
Fue más que el derribo de un aparato. Era la pérdida del sentimiento de invulnerabilidad que parecía acompañar a la Task Force, conclusión escrita por Bowden después de hablar con muchos de los implicados.
Tal sentimiento nacía de la superioridad manifiesta y asumida por gran parte de los efectivos del ejército americano frente a cualquier enemigo, y que en la película de Ridley Scott se demuestra con frases tales como “Cuidado a llegar a la ciudad, no te vayan a tirar piedras”, vertidas por algunos de los protagonistas antes de emprender la misión.
La premisa inicial de entrar y salir se había esfumado tras la caída del Super 6-1, obligando a Garrison a desviar el convoy para que socorriera a las víctimas del Black Hawk derribado.
Para cubrir la posición, el Black Hawk Super 6-4, pilotado por el CW3 Mike Durant, se coloca sobre la zona del impacto.
Mientras tanto, el convoy americano tras confundirse de recorrido comienza a vagar sin rumbo por el laberinto de calles de la ciudad de Mogadiscio, tropezando con barricadas en cada giro y sufriendo la primera baja, el sargento Dominick Pilla.
Para tratar de rescatar a los ocupantes del Súper 6-1, el MH-6 Star 4-1, pilotado por el CW4 Keith Jones y CW3 Karl Maider, aterrizaron en la zona del impacto. Al comprobar que ambos pilotos estaban muertos, decidieron concentrarse en el resto de los ocupantes, logrando rescatar a dos de ellos.
Lo paradójico es que, estos mismos pilotos, condecorados por su acción, fueron los encargados de repetir el suceso para la gran pantalla, con menor peligro que durante la primera vez, eso sí.
Veinte minutos después, el Black Hawk de Mike Durant, el Súper 6-4, también es alcanzado y se estrella, un kilómetro y medio al sudoeste del primer aparato derribado.
Tales acontecimientos no se debían a la casualidad sino al entrenamiento aportado por combatientes islámicos, los cuales se habían curtido peleando contra los soviéticos durante la invasión de Afganistán. Las lecciones aprendidas supusieron un verdadero quebradero de cabeza, tanto para los MH-60 en vuelo sobre la ciudad como para los Humvee y camiones del coronel McKnights.
A las 4:42 pm, dos tiradores del comando Delta, los Sargentos Randy Shughart y Gary Gordon, se ofrecen voluntarios para descolgarse sobre la zona del impacto del helicóptero de Mike Durant y proteger a la tripulación hasta la llegada de refuerzos.
Tras varias peticiones, el mando accede a sus peticiones, quedando bajo la protección del Súper 6-2, que los cubrirá con el fuego de sus cañones ametralladores de 7.62 mm hasta el momento de ser golpeado por el impacto de una granada, sucesos que no fueron reflejados en la cinta de Scott.
El problema es que, dadas las bajas sufridas, que ya habían muerto ocho de sus integrantes y que el propio McKnights estaba herido, el convoy decide regresar a la base minutos después de la llegada de los dos Delta al aparato de Duran, dejándolos a merced de una turba de somalíes que claman venganza por el ataque americano.
De poco servirá el intento por parte de una compañía del décimo de Montaña, también destacado en Somalia, por llegar hasta el lugar del derribo. Sus hombres se encuentran con los mismos obstáculos que McKnights, debiendo abandonar con dos víctimas entre sus filas, las cuales tampoco serían reflejadas en la gran pantalla, salvo en la lista de víctimas que aparece al final.
A las 5:34 pm, ambos convoyes, magullados y heridos, unen fuerzas y abandonan el intento de llegar hasta Durant, hasta el lugar de la segunda nave derribada.
Lo que queda del grupo de los Ranger y Delta converge alrededor del lugar donde se ocasionó el primer derribo, sufriendo varias bajas, reflejadas en la película en el soldado James Smith, quien se desangra ante los desesperados intentos del médico de la unidad por salvarlo.
Cinco minutos después, la muchedumbre somalí llega al lugar donde ha caído el Súper 6-4 de Mike Durant y tras una intensa lucha protagonizada por los dos Delta, los somalís acaban son la vida de ambos y con la del resto de la tripulación, salvo la del herido Durant, a quien la milicia somalí coge como rehén.
Lo sucedido con los dos tiradores del comando Delta está “inventado” para la ficción cinematográfica por los guionistas de Black Hawk Down, basándose en lo poco que pudo ver Mike Durant desde su posición, una vez que Stuart y Gordon lo sacaron a él del aparato, y por algunos de los testimonios recogidos por Bowden para su libro.
Por su parte Mike Durant, recoge en su libro In the company of heroes, donde narra su experiencias en manos de la milicia de Farrah Aidid, sus vanos esfuerzos por saber el estado de sus compañeros de armas. Sería su cuidador durante aquellos días, Abdullahi Hassan, “Firimbi”, quién terminaría por desvelarle a Durant la suerte final de éstos.
Tras su liberación, Durant no cedió en su empeño por conocer la identidad de aquellos dos hombres, gracias a los cuales él había salvado su vida
Las respuestas le llegarían un mes después durante la celebración del Día del Veterano. Después de los oficios religiosos dos mujeres se dirigieron hasta él, presentándose como Carmen Gordon y Stephanie.Shughart, las esposas de los dos comandos Delta.
Una carta remitida, tres días después, por la segunda de ellas explicaba cuáles eran sus sentimientos tras la pérdida de su marido y, por sorprendente que nos pueda parecer, le agradecía al piloto todo lo sucedido. Le quiero agradecer que le diera un propósito a la muerte de Randy (Shughart) Él amaba lo que hacía y le rogaba a Dios que le dejara elegir cómo morir, llegado el caso. No quiero que se cuestione porqué está vivo y Randy muerto. Usted vive para regresar y así poder darme un poco de paz, al ser la razón de lo sucedido. Quiero que viva su vida con felicidad y luche, tal y como hicieron Randy y Gordy (Gordon) por usted.
Aquella carta terminaría por calmar de algún modo la conciencia de Durant después de lo sucedido, teniendo siempre muy presente el sacrificio de ambos soldados.
El heroísmo y determinación de los dos Delta sería recompensado con la Medalla de Honor del Congreso, la más alta condecoración del ejército americano, que llevaba sin ser concedida desde la guerra del Vietnam.
Dos horas después del comienzo de la misión, ambos convoyes regresan a la base. Noventa y nueve hombres están atrapados y acorralados en la ciudad, alrededor del primer Black Hawk derribado, luchando por salvar sus vidas.
En la otra punta de la ciudad, en el estadio Nacional, sede de las fuerzas de pacificación de la ONU, el teniente coronel Bill Davis tratar de completar un convoy gigante. Éste estaría formado por dos unidades de la décima División de Montaña junto con los supervivientes de la unidad de McKnights, además de tanques y vehículos brindados paquistaníes y malayos.
La intención de Davis era lograr que tanto pakistaníes como malayos cedieran sus vehículos para que los controlasen tropas americanas. Sin embargo, tras la negativas de sus respectivos mandos, Davis abandona la idea y última los preparativos para la salida de las tropas internacionales.
A las 10 de la noche, casi siete horas desde el comienzo de la misión, el convoy parte pesadamente hacia Mogadiscio. Lo paradójico del caso es que, entre los vehículos pakistaníes, se encontraban M113 de fabricación americana, cuyo envío había sido denegado por la administración americana.
Dicho convoy, compuesto además de por los mencionados M113, por M48 y vehículos brindados alemanes Condor del ejército malayo también sufrió las iras de la milicia somalí, con la pérdida de una víctima y de otros siete heridos además de cuatro de las 32 unidades Cóndor enviadas a rescatar a los soldados atrapados.
En la película de Scott, rodada en Marruecos, se sustituyeron dichas unidades por tanques del modelo M60 y transportes VAB de fabricación francesa, pertenecientes a las fuerzas armadas de dicho país africano.
Cuatro horas después, el convoy de rescate llega al lugar donde los Rangers se encuentran atrapados.
En el lapso de tiempo que ha transcurrido, los soldados acantonados alrededor del Súper 6-1 han contado con el apoyo de las unidades armadas del regimiento SOAR machacando, literalmente, a los milicianos de Farrah Aidid con sus rápidas y letales carreras de ametrallamiento desde los helicópteros de ataque "Little Bird".
Para la ficción cinematográfica, Scott sólo mostró una de estas incursiones, muestra más que suficiente para dejar patente la habilidad de los Night Stalkers.
Un nuevo problema surge al tratar de sacar el cuerpo sin vida de Cliff Wolcott, el piloto del Super 6-1. No obstante, tras un exhaustivo trabajo, el cadáver de Wolcott se consigue sacar del amasijo de hierros del Black Hawk, cumpliendo la orden de Garrison de “No dejar a nadie atrás”.
Cuando el convoy arranca, a las 5:45 de la mañana, los soldados supervivientes del comando Rangers y de la fuerza Delta deben emprender la retirada a pie dado que los vehículos están llenos con los heridos y los efectivos de cada uno de los países integrantes.
Comienza una agónica carrera por las calles de una ciudad, hostil en cada uno de sus ángulos, donde los supervivientes deben disparar ante cualquier indicio de amenaza, atravesando una fuerte resistencia por parte de los milicianos.
Mientras éstos corren con todas sus fuerzas, la ciudad es una mezcla de satisfacción y desolación por las bajas sufridas, detalle mostrado por Ridley Scott al mostrar a un anciano somalí llevando el cuerpo de un niño en sus brazos, algo que sucedió en la realidad, mientras el convoy avanza.
A las 6:30 am, el contingente entra en el estadio Nacional, bajo jurisdicción de la ONU, después de una de las misiones bélicas con mayor trascendencia en la historia contemporánea de los Estados Unidos. El recuento total de víctimas ascendió a 18, recuento al que hubo que sumar la del comando Delta Matt Rierson, muerto durante un ataque de morteros, dos días después.
Los heridos alcanzaron la cifra de 79, además de cinco desaparecidos en combate en los primeros momentos; es decir, la tripulación del Súper 6-4 y los dos comandos Delta.
Luego se supo del apresamiento del CW3 Mike Durant, quien fue devuelto tras once de días de cautiverio.
Gracias a la intervención de la Cruz Roja se recuperó todos los cadáveres salvo el de Randy Shugart. Precisamente las imágenes de su linchamiento por la calles de Mogadiscio, emitidas en las televisiones de todo el mundo, sacudieron la conciencia del los americanos, muchos de los cuales desconocían la presencia de sus tropas en aquel remoto lugar de África.
La reacción de la administración americana no se hizo esperar y dos días después el presidente Clinton ordenó detener todas las operaciones militares en Somalia contra Aidid, fijando como fecha límite para el abandono del país el 31 de marzo del año siguiente.
El 4 de febrero de 1994, el Consejo de Seguridad de la ONU revisó el mandato de ONUSOM II para excluir el uso de las medidas coercitivas.
La retirada total de ONUSOM II de Somalia se produjo a principios de marzo de 1995.
LAS CONSECUENCIAS Y POSTERIORES VISIONES
La batalla del Mar Negro o, como se conoce en lengua somalí, Maalinti Rangers (El día de los Rangers) tuvo profundas consecuencias en el seno de la sociedad americana. Los detractores del recién llegado presidente Clinton compararon el desastre con el sufrido por el presidente Kennedy en la Bahía de Cochinos en 1.961, siendo ambos dos presidentes demócratas en contraposición a presidentes republicanos como Nixon, Reegan, o Bush padre.
Para el mandatario, la experiencia acentuó sus negativas a enviar tropas americanas fuera del territorio nacional, decisión que mantuvo a lo largo de su mandado, dado agridulces resultados, en especial durante las matanzas de Rwanda, en 1.994, uno de sus mayores fracasos de su mandato, en palabra del propio Clinton.
Para la opinión pública, la imagen de sus soldados, apaleados y arrastrados por la calles de Mogadiscio se convirtió en una de las imágenes recurrentes durante los meses posteriores al ataque.
La principal consecuencia fue el desequilibrar la posición de privilegio que parecía rodear al ejército americano después de conflictos como la primera guerra del Golfo.
A nivel internacional, las críticas se centraron en cuestionar este tipo de actuaciones y el auto-impuesto papel de los Estados Unidos como garante de la seguridad mundial, además de cargar las tintas sobre los supuestos desmanes de los soldados que participaron en la campaña, tachándolos, en muchos foros, de asesinos de mujeres y niños.
No sería hasta seis años después, con la publicación del libro de Mark Bowden Black Hawk Down: A story of modern war cuando muchas de las incógnitas de la misión se aclararían, gracias a la redacción de los sucesos que acontecieron durante aquellos dos días y sus consecuencias más inmediatas.
Bowden, periodista del The Philadelphia Inquirer, se desplazó hasta el lugar de los hechos, conversó con muchos de los milicianos implicados (entre ellos, quien fuera el cuidador de Michael Durant) para luego convivir con los soldados supervivientes de la misión Serpiente Gótica.
Su trabajo, alejado de sentimentalismo y los valores propios de la disciplina castrense, algo que sí se puede apreciar en el libro de Mike Durant, coloca a cada uno de los protagonistas en su lugar, pintando un fresco de las causas y los efectos de la batalla del Mar Negro.
Su libro sería fundamental para que el productor Jerry Bruckheimer, a instancias del también productor Simon West, se decidiera a llevar a la gran pantalla los sucesos narrados.
Tras escoger al director Ridley Scott, responsable de películas como Alien, Blade Runner o Gladiator, comenzó un rodaje que llevaría al equipo de rodaje hasta Marruecos, dado que en Somalia es imposible rodar, y a reunir a un reparto encabezado por Joss Harnett, Ewan McGregor, Eric Bana, Tom Sizemore y Sam Shepard en el papel del general Garrison.
Los actores tuvieron que pasar un periodo de entrenamiento especial por parte del los Rangers, la unidad Delta Force y los pilotos del 160 SOAR (dependiendo del papel que interpretasen) y un adoctrinamiento que les hiciera comprender las motivaciones de los soldados que combatieron en Mogadiscio.
El resultado final es que, salvo en momentos puntuales, como es el caso de la bajada del los aparatos por medio de cuerdas, realizada por auténticos Rangers, los actores aprendieron a comportarse y a pensar como verdaderos soldados.
Tras su estreno fueron muchos los que la consideraron una película propagandística y panfletaria, olvidando que, al final, son los americanos los que deben salir corriendo de la capital de Somalia.
Otras voces se quejaron de que estaban contadas las vidas de todos los protagonistas, algo imposible al aparecer casi un centenar de personajes en el libro de Bowden.
A Scott se le puede achacar que no quiso, ni contar el punto de vista de los combatientes, algo que sí hace el escritor, ni los efectos de los combates.
Personalmente, creo que los efectos en la población civil son palpables en muchos momentos, dejando a un lado si, al final fueron 1.000-2.000 o 3.000 las bajas somalíes, algo que nunca se sabrá.
Lo que sí reflejó el director, como ya hiciera Mark Bowden, es su admiración y respeto por unos hombres que trataron de salir con vida de una misión que se había convertido en una trampa mortal. Acciones como las de Shughart, Gordon o la del CW3 Keith Jones demuestran que, en tiempos de crisis, los humanos son capaces de dar lo mejor de si mismos.
Puede que para el común de los mortales, los soldados allí atrapados se dedicaran a disparar contra cualquiera que se le pusiera a tiro, olvidando el ambiente y los problemas en cuanto a la diferenciación entre amigos y/ o enemigos antes comentada.
La conclusión que le queda al lector, tras leer el libro de Bowden (así como el de Durant, aunque éste demuestra, además, que los antagonistas se pueden llegar a entender) es que aquellos hombres lucharon tal y como se les había enseñado y que, lejos de las acusaciones que se vertieron, cumplieron con su deber.
El dos de agosto de 1.996, un día después de la muerte de Mohamed Farrah Aidid, el general Garrison dimitió de su cargo, cerrando aquel capítulo de la historia contemporánea de los Estados Unidos.
A finales del año 2.006, Sony Pictures Home Entertaiment lanzó al mercado una versión extendida de la película –añadiendo ocho minutos más al montaje estrenado en pantalla grande- así como nuevos documentales del Canal Historia donde se recogen los sucesos originales narrados en la película de Scott.
Dos décadas después la situación en Somalia está lejos de encontrar una solución, dominada por el caos económico, los enfrentamientos entre los clanes y los señores de la guerra, y la inestabilidad política.
Sería bueno cuestionar, llegados a este punto, el papel de Europa, la cual, tras el periodo colonial, se desentendió de sus antiguas posesiones, reclamando la ayuda de terceros para poner en orden situaciones provocadas por países del viejo continente.
De todas maneras, les recomiendo que, si han visto la película, en cualquiera de sus dos versiones, se lean el libro de Mark Bowden (cuya edición española fue publicada por RBA editores y, en la actualidad se encuentra agotada, de ahí que recomiende la versión original de la historia que sí se puede encontrar) y las experiencias de Michael J. Durant, libro del que sólo se puede encontrar su versión inglesa.
Ambos ayudan a comprender y valorar mucho mejor los sucesos narrados por Ridley Scott con unos resultados más que satisfactorios.
Las conclusiones finales sobre lo que ocurrió los días tres y cuatro de octubre de 1.993, depende de cada uno.
A finales del año 2.006 Etiopía invadió Somalia, en respuesta al “estado de guerra” declarado por líder islámico de la Unión de Cortes Islámicas (UCI) Sheik Hassan Dahir Aweys contra el gobierno Somalí.
Las tropas etíopes actuaron para apoyar al débil gobierno provisional compuesto, sobre todo, por señores de la guerra y apoyado por la ONU.
Los enfrentamientos comenzaron el 20 de diciembre y se prolongaron hasta principios del año 2.007, momento en el que las tropas afines al gobierno y el ejército Etíope lograron recuperar los territorios en poder de los insurgentes.
Las escenas de violencia que se vivieron en aquellos primeros meses del año 2.007 fueron de una intensidad terribles –tal y como comentaron los corresponsales destinados hasta la zona del conflicto- incluso para los estándares de un país.
Pese a todo, la situación no ha mejorado, desde entonces, y el país vuelve a estar sumido en el caos más absoluto. A todo esto hay que sumar que el principal clan de Mogadiscio sur, el hawiye, ha declarado la guerra a Etiopía y unido sus fuerzas a la milicia islamista que permaneció escondida en la capital y que ahora ha salido a la luz. Dicho clan, al que pertenece uno de cada cuatro somalíes, ha declarado que su lucha contra el Gobierno está motivada al sentirse relegado por una Administración que basa su poder en el apoyo etíope y en los señores de la guerra.
Los Estados Unidos responsabilizaron a la organización Al-Qaeda de estar detrás de los líderes islamistas de la UCI, razón por la cual decidieron intervenir, bombardeando supuestos escondites de ambas organizaciones.
La siguiente medida del pentágono fue crear un nuevo cuartel general para la zona -abandonando el modelo actual- para así tener una visión más efectiva e integrada de África.
Los mandos militares de los Estados Unidos han valorado, en los últimos tiempos, la importancia estratégica de África y han expresado su preocupación sobre posibles amenazas, incluida aquellas relacionadas con el terrorismo, que pueden emerger en zonas sacudidas por la guerra, como puede ser el caso de Somalia.
Detrás de todo se “escondía” el interés de la anterior administración por controlar los enormes recursos de los países de la zona –en especial los yacimientos petrolíferos- en la actualidad en manos francesas y australianas.
Una de las conclusiones que sí se puedan elaborar, vista la situación en la que sigue sumido el país, es que el sacrificio de todos los que murieron –de ambos bandos- durante los sucesos narrados en Black Hawk Down, no ayudó, prácticamente nada, al empeño de encontrar una resolución para un conflicto que continua abierto y sin señas de sanar. Desgraciadamente, así se escribe la historia de la humanidad, sobre todo en las últimas décadas.
In company of heroes
Durant, Michael J. and Hartov, Steven
G. P. Putnam´s Sons 2.003
www.un.org United Nations Operation in Somalia I y II
www.NightStarkers.com Operation Gothic serpent
www.SpecialOperation.com: Operation Restore Hope
www.Wikipedia.com Batlle of Mogasishu, Black Hawk Down, History of Somalia
Columbia-Tri Star Films de España: Press Books Black Hawk Down (2.001)
Columbia-Tri Star Home Entertaiment: DVD Black Hawk Down, Edición especial de discos (2.002)
Sony Pictures Home Entertaiment; DVD Black Hawk Down, Edición extendida de dos discos (2.006) BLACK HAWK DOWN: A STORY OF MODERN WAR
Publicado por Elena Santana Guevara en 14:07 No hay comentarios:
Autor: Joaquín Sanjuán Blanco
Mapas: Cristina Villalba
Poema: María Chovares
ISBN: 978-84-937499-5-8
Edición: Ediciones Parra
Mucho antes de que la obra magna de J.R.R.Tolkien El señor de los anillos se popularizara hasta el extremo, gracias a su adaptación cinematográfica, el mundo de la fantasía épica literaria era un espacio copado por multitud de propuestas de tipo y condición.
No hay duda de que Tolkien es un referente obligado cuando se piensa en una obra literaria llena de seres míticos, valerosos guerreros, terribles villanos, todos dentro de un escenario no menos atractivo. No obstante, esto no quiere decir que después de Tolkien no se pueda encontrar ninguna obra de fantasía épica digna de ser leída.
Lo bueno de una idea es que se puede enfocar de diversas maneras y, lo que antes era blanco, después puede ser negro. Posiblemente sea esta ambigüedad lo que hace tan atractiva una obra como Leyendas de Lácenor y si no me creen atiendan a la siguiente premisa: Cirn DeNekut, paladín blanco y abanderado de Isilwentari, es, a pesar de todas sus credenciales, el villano de la historia. La razón, su demente fanatismo causante de buscar fantasmas donde no los hay y el acusar a un culto como el de Angorthor, tan digno como el de Isilwentari, del mal que amenaza su mundo. Por ello, Cirn DeNekut renegará de las enseñanzas de su maestro, Brakus, y comenzará una cruzada en pos de exterminar todo signo de Angorthor.
Con el paso de los años, lord DeNekut, apoyado por mercenarios, tales como los mellizos Konrad y Kalerna, y por el Cruzado de la Orden Blanca conocido como Toro recorrerá la tierra de Lácenor, imponiendo su ley a sangre y fuego.
El problema es que su antiguo maestro, Brakus, no está dispuesto a seguir permitiendo que su antiguo alumno continúe con esta barbarie. De ahí que decida plantarle cara en el último baluarte de sus conquistas, la ciudad de Orium. Por fortuna para Brakus hay más persona en Lácenor preparadas para asumir el reto que supone enfrentarse al paladín blanco y a sus huestes, tales como Dharmia, hechicera del Cuarto Círculo de la Escuela de Fuego de Nayara, Sabryna Castilloverde y el esquivo, pero resolutivo Cuervo.
Juntos y revueltos, y apoyados por los desesperados habitantes de Orium, lucharán contra lord DeNukt y sus secuaces para librar al mundo de su tiranía.
Leyendas de Lácenor: La ciudad blanca es una obra de Joaquín Sanjuán Blanco, joven autor que ha logrado, gracias al empeño de una modesta, pero intrépida editora como lo es María Parra, ver publicada esta entretenidísima y apasionante obra de fantasía épica.
Bien escrita, amena, divertida y trepidante, Leyendas de Lácenor: La ciudad blanca es una obra muy recomendable para todo aquel que guste de buenas historias llenas de personajes atractivos y situaciones que no dan tregua al lector.
Para más información, www.edicionesparra.com y www.lacenor.com
Agradezco a Eduardo Serradilla Sanchis su ayuda para la redacción de esta reseña.
Publicado por Elena Santana Guevara en 19:12 No hay comentarios:

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución