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Timestamp: 2017-10-17 18:49:02+00:00

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Reporters sans frontières - Marruecos
Marruecos6.05.2003
"Una patraña gigantesca", "lo nunca visto desde Ben Barka", "surrealista", "el colmo del ridículo", etc. A finales de abril, en la prensa se sucedieron los comentarios después de que se inciara un procedimiento judicial contra Alí Lmrabet, director de publicación de los semanarios Demain (francófono) y Douman (arabófono), entre otras cosas por "desacato a la persona del rey". Según el nuevo código de la prensa, al periodista le pueden condenar a entre tres y cinco años de cárcel. A principios de mayo, el periodista se enteró de que el impresor ya no quería seguir imprimiendo sus dos publicaciones. Con la acusación de "desacato a la persona del rey", Alí Lmrabet pensaba que las autoridades habían llegado al máximo. Pero no contaba con la determinación del poder de hacer callar al periodista.
La prensa marroquí ha experimentado un formidable despegue desde el final de los años 90, y muy especialmente desde los últimos años del reinado de Hassan II. Ahora, los opositores de todos los colores se expresan en las columnas de varias cabeceras independientes. Una prensa que con el tiempo ha roto muchos tabúes, se ha desengañado de los partidos políticos y ha asestado un duro golpe a la prensa partidaria, que hoy pierde velocidad.
Pero esta libertad de tono asusta en las alturas. Ya en julio de 2001, en una entrevista concedida a Al Sharq Al Awsat, periódico árabe publicado en Londres, el rey Mohammed VI confesaba sus temores. "Naturalmente, estoy a favor de la libertad de prensa. Pero deseo que esa libertad sea una libertad responsable (...). Los periodistas tampoco son ángeles. Por mi parte, aprecio el papel crítico que desempeñan la prensa y los periodistas marroquíes en el debate público, pero guardémonos mucho de caer en la tentación del modelo importado. Con el peligro de ver alienados nuestros propios valores y de cuestionar las libertades individuales (...). Esos son los límites que fija la ley (...). La ley se debe aplicar a todos. Cuando la prensa habla de derechos humanos, a veces se olvida de respetar esos derechos".
"Como hoy no existen partidos políticos que hagan un verdadero papel de oposición, los periódicos independientes han llenado ese vacío. Por eso, el gobierno ve en ellos opositores y partidos, competidores e incluso enemigos", subraya Khalid Jamai, editorialista del semanario Le Journal hebdomadaire, y colaborador del diario L’Indépendant.
El "caso Lmrabet" resume, por sí solo, los problemas a los que hoy se ven enfrentados los periódicos independientes: la falta de independencia de la justicia, la dificultad para abordar algunos temas sensibles como la persona del rey, una ley que mantiene las penas de cárcel para algunos delitos de prensa, las crecientes intervenciones que los que aquí llaman los "sécuritaires" (responsables del Ministerio del Interior y de la DST), el boycot publicitario y las presiones sobre anunciantes e impresores.
Del 22 al 27 de abril de 2003, un representante de Reporteros sin Fronteras viajó a Marruecos (Casablanca y Rabat), donde se entrevistó con periodistas, escritores, militantes de los derechos humanos y abogados. La organización, que había solicitado audiencias en los ministerios de Comunicación y Justicia, y con el Director General de la Dirección General de la Seguridad del Territorio, sólo fue recibida por algunos altos funcionarios del Ministerio de Comunicación. El representante de Reporteros sin Fronteras pudo circular con total libertad y entrevistarse con todos sus interlocutores, sin trabas.
1. La emergencia de una prensa independiente
El artículo 9 de la Constitución marroquí, revisado en 1992, establece que están garantizadas "la libertad de opinión, la libertad de expresión, en todas sus formas". En julio de 1994 se vieron como unos primeros pasos hacia una prensa más libre la decisión del rey Hassan II de derogar un "dahir" (decreto real) que, desde 1935, había contribuido a amordazar a la prensa, y el posterior decreto de una amnistía general.
Hartos de una prensa partidaria, la única disponible desde los años 60, los marroquíes, con la apertura democrática de los años 90, se volcaron en los periódicos independientes. Se crearon nuevas cabeceras, siguiendo el ejemplo de Le Journal, Demain o Assahifa, que consiguieron un gran público.
"Por primera vez, los marroquíes viven un espacio de libertad que no tiene nada que ver con el pasado", dice Hassan Nejmi, director de la oficina de Rabat del diario Al Ittihad Al Ichtiraki (diario de la Unión Socialista de Fuerzas Populares, USFP - partido en el poder). Y en ese marco, se ha colado una prensa audaz, a veces irreverente, a imagen de Demain magazine y Douman, que ha introducido la caricatura y la sátira.
Sin embargo, el número de lectores es netamente menor que en los demás países del norte de Africa. En conjunto, la prensa marroquí no puede jactarse más que de 350.000 ejemplares vendidos diariamente, frente a los 500.000 de Túnez, 1.300.000 de Argelia y 2.200.000 de Egipto. Marruecos cuenta con 641 cabeceras (de ellas, una veintena son diarios) y 1.800 periodistas. "Las cifras están muy por debajo de las aspiraciones de un país que se inscribe en la construcción de un proyecto democrático", reconoce Nabil Benabdallah, Ministro de Comunicación.
2. Denunciado por "desacato a la persona del rey"
El 2 de mayo, el director de Ecoprint informó a Alí Lmrabet, director de los semanarios satíricos Demain magazine y Douman, y corresponsal de Reporteros sin Fronteras en Marruecos, que ya no iba a imprimir sus dos publicaciones, a causa de las presiones que estaba recibiendo. "¿Qué quiere usted que haga? Somos vulnerables. Hay métodos hipócritas", confiesa Abdelmumen Dilami, propietario de la imprenta que, sin embargo, decidió continuar imprimiendo hasta que el director de Douman encontrara otro impresor.
El 7 de mayo de 2003, Alí Lmrabet tenía que comparecer ante la justicia por "desacato a la figura del rey", "atentado a la integridad territorial" y "atentado al régimen monárquico". El 1 de abril de 2003, la brigada judicial de Rabat citó al periodista, por instrucción del procurador del rey en el tribunal de primera instancia de Rabat. El interrogatorio -que duró cinco horas- versó sobre una serie de artículos y dibujos, relativos al presupuesto de la lista civil real votada en el Parlamento (documento oficial del Ministerio de Finanzas, distribuido a los parlamentarios), una viñeta sobre la historia de la esclavitud y un fotomontaje representado a personalidades políticas del reino, publicados en los últimos meses. "¿Es usted consciente de haber atentado contra el carácter sacro de las instituciones?", preguntaron al periodista. Preguntado igualmente sobre los extractos de la entrevista de un republicano marroquí que, entre otras cosas, se pronunciaba en favor de la autodeterminación del pueblo saharaui, el periodista está acusado de "atentar a la integridad territorial de Marruecos".
El 17 de abril, cuando Alí Lmrabet se disponía a coger un vuelo para París, en el aeropuerto de Rabat, dos agentes de la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST) le dijeron que tenía prohibido salir del territorio "por instrucciones de la DST". Cuando el periodista les preguntó si se trataba de una decisión judicial, le respondieron que no. El mismo día, en su comparecencia de prensa, el portavoz del gobierno, Nabil Benabdallah, justificó la decisión: "Hay varias actuaciones judiciales contra Alí Lmrabet. Es una decisión conservadora, tomada por la PJ, para garantizar la presencia de Lmrabet en los procesos". Los procesos a los que se refería el ministro se refieren a cuarenta denuncias presentadas por algunos periodistas del diario Al Ahdate Al Maghribia contra Alí Lmrabet, por un dibujo publicado en Demain magazine el 11 de mayo de 2002, que calificaba a la publicación arabófona de "pronográfica". "No fue la DST quien tomó la decisión, sino la DGSN, que se ocupa de la policía de fronteras. Y que actuó de acuerdo con el deseo de la policía judicial (...). Yo no estoy capacitado para expresarme sobre el asunto, es la justicia quien tiene que pronunciarse", precisó el ministro.
En este caso, los responsables del Ministerio de Justicia han permanecido mudos, y no quisieron responder a las preguntas de Reporteros sin Fronteras. "Prohibiendo a Alí Lmrabet abandonar el territorio nacional, las autoridades le hacen no solamente un proceso de intenciones, sino que se ponen en lugar de la autoridad judicial, que es la única competente para privarle de su libertad de circulación", se rebela Ahmed Benjelloun, abogado del periodista. Una semana más tarde, durante una nueva comparecencia de prensa, Banabdallah anunció que Alí Lmrabet puede salir del país...
"Alí Lmrabet será juzgado por unos magistrados cuya carrera depende de quien ha denunciado ante la justicia al director de Demain magazine y Douman (...) Lmrabet deberá responder de los hechos que se le imputan ante unos jueces, cuyo porvenir profesional depende del Consejo Superior de la Magistratura, presidido por el...rey. ¿Quién puede creer que Alí Lmrabet tendrá un juicio equitativo?", escribe Aboubakr Jamai, director del Journal hebdomadaire, en su editorial del 26 de abril. Por su parte, Alí Lmrabet es categórico: "No se puede tomar una decisión así de actuaciones judiciales sin el aval del rey".
En noviembre de 2001, el tribunal de Rabat condenó al periodista en primera instancia a una pena de cuatro meses de cárcel, y una multa de 30.000 dirhams (cerca de 3.000 euros). Al periodista le habían denunciado por "difusión de informaciones falsas que atentan contra el orden público, o son susceptibles de atentar contra él". El procurador calificó un artículo de Demain Magazine, titulado "El Palacio de Skhirat estaría en venta", publicado el 20 de octubre de 2001, de "tejido de informaciones falsas y alegaciones totalmente embusteras". Para Alí Lmrabet, las verdaderas razones de la denuncia eran, entre otras, la publicación (en el número del 27 de octubre de 2001) de un puñado de páginas de la obra de sobre Marruecos "El último rey", del periodista del diario francés Le Monde, Jean-Pierre Tuquoi, y de sus propios artículos sobre Mulay Hicham, el primo del rey.
3. Los "sécuritaires" y sus métodos...
Aunque hoy la prensa puede escribir sobre Hamidu Laânigri, el patrón de la Dirección de Vigilancia del territorio (DST), criticarle e incluso caricaturizarle -cosa impensable en los tiempos de Driss Basri, Ministro del Interior de Hassan II-, no es menos cierto que siguen siendo delicados algunos temas relativos a la DST. Los "servicios" no quieren que se mencionen algunos asuntos, y no dudan en hacerlo saber.
El 13 de marzo de 2003, Maria Moukrim, periodista del semanario arabófono Al Ayyam, fue amenazada en su teléfono móvil cuando salía de la oficina, en Casablanca. "Me insultaron como nunca antes. La persona que me llamó hizo claramente referencia a mi artículo publicado el 2 de marzo en Al Ayyam, sobre un centro secreto de detención. Me dijo que si continuaba escribiendo ese tipo de artículos, podía ser víctima de un accidente de automóvil", declara. Cuando la periodista pidió a su interlocutor que se identificara, le respondió: "Somos los que usted ha tenido la desfachatez de criticar en su artículo". Poco después, le precisó donde se encontraba ella, en la calle cerca de un taxi. Entonces, un hombre joven le hirió en una mano, con un objeto contundente. Su interlocutor le telefoneó de nuevo, y le preguntó si había aprendido la lección.
En enero, Maria Moukrim escribió un artículo sobre el centro secreto de detención llamado la "cárcel verde" (en Témara, suburbio de Rabat), en referencia al color del rostro de quienes son torturados en ese centro. Aunque la periodista no pudo entrar en el centro, recogió testimonios de personas que estuvieron detenidas, y de otras que viven en las proximidades. ¿Por qué esperó dos meses la DST para hacerle saber su descontento? "No se sabe", afirma Nordine Miftah, director de publicación de Al Ayyam. "Sin duda, es una forma de decirnos que nos vigilan siempre, que no olvidan nunca". Disgustada, la periodista se ha querellado contra "X", pero no se hace ilusiones.
El 23 de octubre de 2002, Alí Amar y Mouaad Rhandy, director general y periodista del Journal hebdomadaire respectivamente, fueron retenidos por la policía marroquí, durante tres horas, en el puesto fronterizo de Ceuta (enclave español en el norte de Marruecos). Los dos periodistas fueron conducidos a una oficina de la policía judicial, donde se les entregó una citación, en el marco del caso Zahidi. Posteriormente fueron interrogados por miembros de la DST, sobre el mismo asunto. El 19 de octubre, Alí Amar y Mouaad Rhandy publicaron una entrevista con Moulay Zine Zahidi, el ex director del Crédito Inmobiliario y Hotelero (CIH), que entonces estaba fugado. La entrevista contenía revelaciones relativas a la gestión del CIH, que ya había sido objeto de una investigación parlamentaria, e implicaba a varias personalidades políticas. "Nos registraron el vehículo completamente. Arrancaron los asientos y nos cogieron los teléfonos móviles, la documentación y la máquina de fotos", ha precisado Alí Amar.
El 15 de octubre de 2002, la dirección del diario arabófono Al Ahdate Al Maghribia informó a una de sus periodistas, Latifa Boussaâdan, de que estaba despedida por "falta grave". La dirección le acusa de haber enviado a Demain magazine, por e-mail, una fotografía del general Hamidou Laânigri, director general de la DST. La periodista lo niega. La foto la tomó, en la Primatura, un fotógrafo de Al Ahdate Al Maghribia, ese mismo mes de octubre, durante un consejo del gobierno. Sorprendido por aparecer en la foto, el general Laânifgri amenazó al fotógrafo ante varios testigos, y le ordenó que no la difundiera. Un "deseo" que, según la periodista, el diario respetó. Ella cree que el general Hamidou Laânigri está detrás de su despido. "El redactor jefe, Abdelkrim Lemrani me dijo textualmente: "¿Por qué has enviado la foto de Laânigri? ¿No sabes que mantenemos excelentes relaciones con él? ¿Y no sabes que, si quiere, puede montar un dossier sobre ti?". Siempre según la periodista, habría sido igualmente despedida por negarse a denunciar a Alí Lmrabet, como hicieron sus colegas. Por su parte, la dirección del periódico niega haber presionado a los periodistas para que denunciaran al responsable de Demain magazine.
Desde hace varios años, la DST tiene entre ceja y ceja al movimiento islámico Al-Adl Ihsane, dirigido por el jeque Yassine. El 6 de abril de 2001, las autoridades secuestraron el número 34 de Rissalat Al Foutouwa, sin ninguna explicación. Sin embargo, Mohamed Aghnaj, director de publicación del semanario islámico, posee un permiso de fecha de febrero de 1999, en debida forma, autorizándole a editar su periódico. Según él, "las autoridades ejercen fuertes presiones sobre las imprentas y los distribuidores buscados por el periódico, para impedir su difusión". A su vez, el número 35/36 fue secuestrado en la noche del 22 de mayo de 2001. La incautación se efectuó en el local de la distribuidora. Después, varias imprentas explicaron a los responsables de Rissalat Al Foutouwa que, por orden de Hamidou Laânigri, el "patrón" de la DST, no volverían a imprimir el semanario. La dirección del semanario tuvo entonces que garantizar la impresión y la distribución, a través de una red de militantes de la asociación Al-Adl Wal Ihsane. Pero, en varias ocasiones les detuvieron, por distribuir números a la salida de las mezquitas. El periódico ya pasó por varios secuestros en 2000, sin que las autoridades dieran explicación alguna. Frente a esas dificultades, la dirección del periódico se vio obligada a interrumpir la publicación. De hecho, hoy está prohibida.
"Los sécuritaires utilizan algunos de los periódicos llamados "independientes" para su política: algunos son utilizados para atacar a las grandes figuras de la sociedad civil que molestan, como Al Ahdate Al Maghribia. Otros tienen la misión de trasladar el discurso oficial, como Le Matin du Sahara. La distribución de tareas es muy clara", explica Hassan Nejmi, presidente de la Unión de Escritores Marroquíes y periodista del diario Al Ittihad Al Ichtiraki. Este periodista fue objeto de una campaña de insultos en las páginas del diario Al Ahdat Al Maghribia. Mohammed Brini, director de Al Ahdat Al Maghribia, se defiende de estar a sueldo del poder. Por otra parte, según muchos periodistas preguntados, las escuchas telefónicas y la vigilancia son prácticas normales de la DST.
4. Temas siempre delicados
Aunque durante los últimos años se han roto muchos tabúes, algunos temas siguen siendo difíciles de tratar. Y aunque algunos periódicos intentan rebasar las "líneas rojas", no lo hacen sin riesgos.
El rey y la familia real
Según el artículo 23 de la Constitución marroquí, "La persona del Rey es inviolable y sagrada". "El sistema político marroquí tiene un nombre, el makhzen. Y el rey es la piedra angular. No tener libertad para incluirle en un análisis, lleva derecho a la esquizofrenia : se escribe una cosa mientras se piensa la contraria. Y se elige una galería de chivos expiatorios (...) a los que atacar, con tanta más rabia porque está prohibido hablar del Palacio como lo que es, el gran actor político del país", analiza Ahmed Ben Chemsi, director de publicación del semanario Tel Quel.
El 30 de noviembre de 2002, cuando Le Journal hebdomadaire empezaba a salir de las rotativas, unos policías de civil se presentaron en la imprenta: "Policía, parad todo. Tenemos orden de suspender la tirada y la difusión del periódico...¿Qué quieren decir ustedes con "El rey y Dios?". En efecto, el periódico titulaba "El rey y Dios, regreso a los fundamentos religiosos de un régimen". Después de cinco horas de intercambios telefónicos con el impresor y el difusor, el periódico finalmente recibió autorización para salir. Los policías nunca pudieron presentar una orden escrita.
En marzo de 2002, el semanario francés VSD, con fecha del 7, no se distribuyó en los kioskos marroquíes. Lo tenia retenido la distribuidora Sochepresse. La dirección de VSD, que pidió explicaciones a las autoridades, no obtuvo ninguna respuesta. El número, que contenía un dossier titulado "El hombre que no quiere ser rey", hacía referencia, entre otras, a dos obras muy polémicas sobre Marruecos: Nuestro amigo el rey, de Gilles Perrault (1990), y El último rey, de Jean-Pierre Tuquoi (2001). Los autores del artículo diseñaban un retrato sin complacencias del rey, y un balance crítico de más de dos años de reinado.
El diario francés Libération, de fecha 22 de enero de 2002, no se distribuyó en los kioskos marroquíes al día siguiente, como ocurre habitualmente. Estaba retenido por la distribuidora Sochepresse. El número contenía un artículo titulado "Mulay Rachid: las carísimas vacaciones del hermano del rey de Marruecos". El autor hacía alusión a las facturas de hotel de Mulay Rachid en Acapaulco, 10.200 dólares (11.547 euros) diarios. El artículo precisaba igualmente que el hermano del rey "ocupaba la suite imperial del lujoso hotel Quinta Real, así como otras veinticuatro habitaciones", y que iba "acompañado de otras dieciséis personas, entre ellas tres encantadoras modelos".
La distribuidora Sochepresse retuvo el número del semanario francés Le Canard enchaîné, de fecha 31 de octubre de 2001. Uno de sus artículos, titulado "Sa Majetski M6", comentaba la última obra de Jean-Pierre Tuquoi sobre Marruecos, "El último rey" (ediciones Grasset). El periodista escribía, entre otras cosas: "Después de dos años y medios de reinado, su hijo no ha hecho gran cosa más que reprimir a la prensa, ceder ante los islamistas sobre los derechos de las mujeres, gestionar su inmensa fortuna y hacer deporte..."
El príncipe Mulay Hicham
Aunque algunos periódicos independientes dan la palabra al príncipe Mulay Hicham, el primo del rey, hoy en desgracia, sigue siendo un sujeto que la prensa partidaria aborda muy raramente. El 6 de mayo, unos policías de civil secuestraron en la imprenta Najah, en Casablanca, 8.000 ejemplares del número 15 de la revista trimestral Wijhat Nadhar. Según Abdellatif Hosni, director de publicación, el secuestro se hizo "sin justificación". El número contenía la traducción de una conferencia del príncipe Mulay Hachim en el Instituto francés de relaciones internacionales, en París, celebrada en mayo de 2001. En aquella alocución, el príncipe, que entonces vivía en Estados Unidos, declaraba entre otras cosas que la monarquía marroquí tenía que "reformarse".
La cuestión del Sáhara occidental hay que tratarla con alfileres. La menor desviación puede ser sancionada. De ahí, por ejemplo, la acusación de "atentado a la integridad territorial" presentada contra Alí Lmrabet. Sin embargo, él solamente reprodujo extractos de la entrevista (publicada originalmente en el diario español Avui) de un republicano marroquí, Abdallah Zaâzaâ, declarándose a favor de "la autodeterminación del pueblo saharaui". El periodista incluso se había preocupado de cortar algunos pasajes.
Los días 8 y 9 de marzo de 2002, siguieron a Ignacio Cembrero, periodista del diario español El País. Había llegado la víspera a Rabat, para escribir unos artículos sobre el Sáhara occidental. En marzo de 2001 las autoridades marroquíes prohibieron la distribución del número 1528 del semanario español Cambio 16. Aunque no dieron ninguna explicación, hay que decir que el periódico contenía un dossier titulado "El Sáhara se prepara para la guerra". La autora del artículo, Rocío Castrillo, escribía entre otras cosas: "Un ejército compuesto de 30.000 soldados (...) se prepara para enfrentarse a la invasión marroquí". Entrevistaba a Brahim Ghali, un miembro del secretariado nacional del Frente Polisario, que denunciaba "la voluntad intransigente y colonialista del régimen expansionista de Marruecos".
Las legislativas de septiembre de 2002 estuvieron marcadas por el importante score conseguido por los islamistas. El poder también se muestra muy febril con esta cuestión. Ejemplo: el 16 de agosto de 2002, cuando Nordine Miftha, director del semanario Al Ayyam, se encontraba en Agadir, recibió la llamada telefónica de un comisario de policía, pidiéndole que fuera "inmediatamente" a Casablanca. Le interrogaron, durante varias horas, sobre la entrevista de un líder islámico, Abdallah el Chadli, publicada el 11 de julio de 2002. Dos días más tarde, el autor de la entrevista, Anas Mezzour, fue citado por las mismas razones. Le estuvieron preguntando durante cinco horas.
El 7 de enero de 2002, el mismo Anas Mezzour visitó a dos detenidos islamistas en la cárcel central de Kenitra, acompañado de un abogado y de un miembro de una organización humanitaria local. Al final de la tarde, cuando se disponían a salir del edificio penitenciario, los tres fueron detenidos por un grupo de individuos de civil. Anas Mezzour fue conducido a la oficina del director. Allí, un hombre, identificado por el periodista como un agente de los servicios secretos, le inmovilizó a la fuerza y le quitó su aparato registrador. Retenido durante tres horas, no le autorizaron a salir hasta que el director de la cárcel se decidió a llamar al procurador del rey en Kenitra.
Ahmed Sanoussi, apodado "Bziz"
El humorista Bziz está prohibido en la televisión y en la radio, desde hace más de diez años. "Cuando planteo la cuestión de esta prohibición a altos responsables, me responden que la decisión de censurarme se ha tomado "allí arriba". Durante las manifestaciones de marzo de 2003 contra la guerra en Irak, el humorista fue entrevistado en el canal público de televisión 2M. La secuencia no se emitió nunca. Poco después, también fue censurado el tema de Al-Jazira, sobre el que se le había preguntado (ver más abajo). "Sin embargo, la clase política actual es una formidable materia prima para la caricatura y la sátira", ironiza Bziz.
5. Código de prensa y anteproyecto de ley antiterrorista liberticidas
En un documento del 18 de enero de 2000, Abid Hussain, Relator especial de Naciones Unidas para la promoción y la protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, pidió a "todos los gobiernos que vigilaran que los delitos de prensa no pudieran ser castigados con penas de cárcel, salvo en delitos tales como los comentarios racistas o discriminatorios, o las llamadas a la violencia", y precisó que "el encarcelamiento, en tanto que condena de la expresión pacífica de una opinión, constituye una violación grave de los derechos humanos". Pero, no menos de veinte artículos de la ley nº 77-00 (promulgada el 3 de octubre de 2002), que modifica y completa el Dahir nº 1-58-378 del 15 de noviembre de 1958, sancionan algunos delitos de prensa con penas de cárcel. Y así, varios periodistas han sido condenados en estos dos últimos años. El 14 de febrero de 2002, el tribunal de apelación de Casablanca condenó a Aboubakr Jamai, director de publicación del Journal hebdomadaire, y a Alí Amar, director general del mismo periódico, a tres y dos meses de cárcel respectivamente, con suspensión de condena. Les denunciaron por "difamación" tras una serie de artículos publicados en el semanario Le Journal (prohibido a finales del año 2000), en los que denunciaban las condiciones en que el embajador Mohammed Benaissa compró, en 1996, una residencia en Washington, por cuenta de Marruecos.
Por otra parte, el nuevo código de prensa mantiene el principio de los embargos administrativos. En efecto, según el artículo 77, el Ministro del Interior puede ordenar el secuestro de un periódico susceptible de "alterar el orden público". En virtud de este texto -que ya figuraba en el código de prensa de 1958-, a finales de 2000 se prohibieron los semanarios Le Journal, Assahifa y Demain.
Aunque el nuevo código de prensa contiene un cierto número de puntos positivos -la disminución de las sanciones penales, la reducción del montante de las multas, la flexibilización de los procedimientos para la creación de una cabecera, la necesaria justificación de los embargos-, en cambio mantiene condenas que van de tres a cinco años de cárcel (frente los cinco a veinte años del texto de 1958) en caso de difamación del rey, los príncipes y las princesas. A ese artículo se le ha añadido un párrafo: "la misma pena es aplicable cuando la publicación de un periódico o escrito atente contra la religión islámica, el régimen monárquico o la integridad territorial". A Alí Lmrabet le denunciaron en aplicación de esa ley. Unos términos que pueden prestarse a interpretaciones muy amplias. Por otra parte, el artículo 29 reafirma el derecho del gobierno a prohibir periódicos marroquíes y extranjeros, "si las publicaciones concernidas pueden atentar contra el Islam, la institución monárquica, la integridad territorial y el orden público".
Por haber criticado, entre otras cosas, ese texto, Yunes Moujahid, periodista del diario Al Ittiad Al Ichtiraki y secretario general del Sindicato Nacional de la Prensa Marroquí (SNPM), fue despedido por Abderramán Youssoufi, director del periódico y entonces Primer Ministro. Para Khalid Jamai, editorialista del Journal hebdomadaire, "este código de prensa refleja las dudas del poder: en un punto se avanza, en otro se retrocede".
El anteproyecto de ley antiterrorista o "ley Laânigri"
Un anteproyecto de ley antiterrorista, en estudio en el Parlamento a principios de 2003, ha provocado un verdadero clamor en la sociedad civil. "Justicia, Interior y Asuntos Exteriores no son más que los ejecutantes de la patraña. Unos destajistas que se han dedicado a vestir a la DST con un traje de honorabilidad a medida, para legalizar lo que ya se permite: raptar a las personas, secuestrarlas, privarlas de cualquier asistencia jurídica, aislarles de cualquier medio de comunicación, etc.", denunciaba Le Journal hebdomadaire, en su edición del 25 de enero de 2003. Y abundaba: "Cuando el proyecto de ley pase con éxito todos los exámenes, al final equivaldrá a rearmar a la DST, que no tenía especialmente necesidad de ello".
Por lo que se refiere a la libertad de prensa, el párrafo 12 del artículo 1 resulta particularmente inquietante. Según esa disposición, "la propaganda, la publicidad o la apología de un acto que constituya una infracción de terrorismo" son también calificadas como actos terroristas. Además, la noción de publicidad es tan vaga que puede aplicarse, más o menos, a cualquier artículo o reportaje sobre un acto terrorista. Según algunos, se trata de una manera de limitar la libertad de los periodistas que, sometidos al arbitrio de las interpretaciones, estarán a merced del poder. Y conviene señalar que el proyecto de ley se presentó poco después de que varios periódicos publicaran unos artículos sobre los patinazos de la DST en varios asuntos, como el de los islamistas acusados de terrorismo, y detenidos en secreto en los comienzos de 2003.
A mediados de abril, bajo la presión de organizaciones de defensa de los derechos humanos, el gobierno retiró el proyecto de ley, para enmendarlo. Sin embargo, varios periodistas, entrevistados por la organización, dudan que se retiren del texto, que debe presentarse nuevamente, los puntos que plantean problemas.
6. Una prensa extranjera bajo vigilancia
Algunos periodistas no están en olor de santidad en el reino, como el periodista español Ignacio Cembrero, del diario madrileño El País. El 1 de octubre de 2002 le siguieron de nuevo, durante varias horas en Casablanca, cuatro personas que se identificaron como miembros de la DST. La víspera, el periodista se entrevistó con Driss Basri, ex Ministro del Interior, en su domicilio cerca de Rabat. Una manera, según él, de hacerle entender que "no" apreciaban ese encuentro.
El 22 de enero de 2002, cuando llegó al aeropuerto de Ibn Battuta de Tánger, a Nicolas Pelham, periodista británico free-lance, le "prohibieron entrar en el territorio", sin más explicaciones. Entonces estuvo retenido en los locales del aeropuerto, donde pasó la noche. Al alba, le "trasladaron" en avión a Casablanca, donde tuvo que tomar un vuelo a Londres, vía Madrid. El periodista quería realizar un reportaje sobre la emigración, para la BBC.
"Al-Jazira continúa ejerciendo libremente su trabajo de información". A Iqbal Ilhami, corresponsal de Al-Jazira en Marruecos, le impactó leer el comunicado del Ministro de Comunicación, Nabil Benabdallah. ¿"Libre para trabajar? ¿Para qué sirve hacer un tema si no lo puedo emitir?". Rebobinemos: el 30 de marzo de 2003, Iqbal Ilhami cubre una manifestación contra la guerra en Irak, durante la cual entrevista a Mohamed Lyazghi, Ministro de Ordenación del Territorio, así como al humorista Bziz. Tras haber montado el tema, la periodista acude a la sede de la RTM, el canal público marroquí, para transmitirlo, por satélite, a Doha. Desde hace años, la RTM viene poniendo sus medios de difusión al servicio del canal qatarí. La periodista esperó en vano a que se enviara su trabajo. Un empleado de la RTM pretextó que no había recibido el fax de Doha. Sorprendida, la periodista contactó con el Ministro de Comunicación, para pedirle explicaciones. Nabil Benabdallah le dijo que no sabía nada, y que iba a informarse. Horas más tarde, Iqbal Ilhami volvió a llamar al Ministro, quien entonces confirmó la censura, que "asumía". "Es necesario que usted coopere más con nosotros y que nos garantice que, en el futuro, no habrá más informaciones que perturben el orden público en Marruecos", añadió.
"Ya otra vez, cuenta la periodista, no les gustó que mostrara a unos marroquíes a punto de quemar una bandera norteamericana. Entonces se me informó de que Fuad Alí Al Himma (ministro delegado de Interior) estaba descontento. La segunda manifestación no ha pasado". Por su parte, los representantes del ministerio justifican la decisión de la RTM explicando que el canal qatarí emitió varias "informaciones falsas" y "no se dignó desmentirlas". Reporteros sin Fronteras, entre otras cosas, ha tenido acceso a la copia de un fax enviado por la embajada de Estados Unidos en Marruecos a la MAP (Maghreb Arabe Presse -agencia oficial de prensa), precisando que la embajada estaba abierta, en contra de lo que afirmó en antena la corresponsal de Al-Jazira.
El Ministro de Comunicación precisó en un comunicado que Al-Jazira bien podía utilizar sociedades privadas para emitir sus temas. Pero, según varias personas interrogadas por Reporteros sin Fronteras, esas sociedades privadas no existen en Marruecos, lo que ha llevado a su corresponsal a decir que a Al-Jazira se le ha censurado de hecho.
El 14 de abril de 2003 debía salir el primer número del diario francés Le Monde, impreso directamente en Marruecos. La dirección del periódico estaba en negociaciones con las autoridades, desde hacía meses, para que el diario se imprimiera en las rotativas de "Ecoprint", la sociedad que imprima el diario L’Economiste. Una decisión que necesita de un decreto ministerial. Por otra parte, el 14 de abril debía coincidir con el lanzamiento de una serie de reportajes, en las páginas "Horizonte" del periódico, sobre Marruecos en el momento de la guerra en Irak, firmados por Stephen Smith. ¿Por qué no se imprimió Le Monde en la fecha prevista? Las autoridades marroquíes explicaron que la dirección de Le Monde envió tarjetas de invitación antes de que apareciese el decreto. Por su parte, algunos periodistas marroquíes ven, en el retraso, una advertencia al diario francés, famoso por no haber escatimado nunca las críticas del reino.
7. Otros medios de presión: la publicidad y las subvenciones
Aunque la multiplicación de cabecera hace que el mercado de la publicidad cada vez sea más competitivo, es forzoso constatar que más allá de la tirada, la línea editorial de las diferentes publicaciones es la que pesa en la elección de los anunciantes, y más aun porque en Marruecos no existe ningún organismo encargado de verificar las cifras de difusión. En 2002, el semanario arabófono Al Ayyam publicó una entrevista con Abderrahim Berrada, abogado y militante de los derechos humanos, titulada en primera: "El rey debe excusarse por los años de plomo". Cuando el periódico se estaba imprimiendo, Nordine Miftah, el director, recibió una llamada telefónica de un anunciante: "O usted cambia su primera plana, o yo retiro la publicidad". ¿Cómo pudo el anunciante conocer la primera, si no fue por una de las personas que se encontraban en la imprenta? El director no cedió, y perdió a ese anunciante.
Las cuentas publicitarias de Mediatrust (el grupo que edita Le Journal hebdomadaire y Assahifa Ousbouiya) disminuyeron en un 80%, entre 2000 y 2002. "Claramente ha habido un boycot a nuestras publicaciones. Algunas sociedades, como Maroc Telecom y Royal Air Maroc, recibieron instrucciones para que dejaran de darnos publicidad. Otras prefirieron boicotearnos porque no quieren que su imagen se asocie a nuestra línea editorial", dice Alí Amar, director del Journal hebdomadaire. Por su parte, Alí Lmrabet hace mucho tiempo que renunció a cualquier publicidad. Después de llamar a la puerta de muchos anunciantes, se ha dado cuenta de que es en vano.
Driss Basri, Ministro del Interior en tiempos de Hassan II, puso en marcha un sistema de subvenciones concedidas por el Estado, para ayudar a la prensa partidaria. Después se amplió a algunas cabeceras privadas, como Al Ahdate Al Maghribia. "Recibimos una subvención porque nuestra tirada es la más importante de la prensa marroquí, y porque nuestras cuentas son transparentes", declara Tahar Meddoun, director de la imprenta de Al Ahdate Al Maghribia.
Sin embargo, algunos periodistas estiman que los criterios para la concesión de esas subvenciones tienen en cuenta sobre todo la línea editorial de las diferentes cabeceras.
"Ciertamente, los periódicos partidarios reciben una ayuda del Estado, pero el auténtico regalo que les hacen es no reclamar el dinero que deben a los bancos. Si así ocurriera, muchos periódicos irían a la quiebra", subraya Khalid Jamai. Y también en esto, se trata del reino de dos pesos, dos medidas. "Fuimos la primera cabecera "pillada", mientras que algunos periódicos que deben millones de dirhams consiguieron un escalonamiento del reembolso, durante varios años", acusa Alí Amar, del Journal hebdomadaire. El mismo eco en el Sindicato Nacional de la Prensa, cuyo presidente, Yunes Moudjahid, denuncia esas prácticas y también la financiación dudosa: "Algunos periódicos viven sin publicidad, sin dinero. ¿Qué creéis que hacen?. Les pagan los servicios prestados".
"Queremos reafirmar nuestra firme voluntad de consolidar la libertad de prensa, preservar el pluralismo informativo y garantizar la modernización del sector, que representa uno de los pilares de nuestro proyecto de sociedad democrática modernizada", declaraba, el 15 de noviembre de 2002, el rey Mohammed VI.
Nadie duda que hoy la prensa marroquí es una entre las que disfrutan de mayor libertad en el mundo árabe y, muy especialmente, desde el final del reinado de Hassan II. Durante estos últimos años, algunos periódicos independientes han roto muchos tabúes. Algunos asuntos los ha podido conocer todo el mundo: la implicación de la izquierda marroquí en el intento de golpe de Estado de 1972 contra el rey Hassan II, la corrupción que implica a personalidades políticas, la falta de transparencia en las elecciones legislativas de octubre de 2003, etc. Unas revelaciones que han trastornado. También ha hecho chirriar los dientes la incorporación de la sátira y la caricatura al paisaje de la prensa escrita.
Pero, a menudo, esta nueva libertad de tono no gusta en las alturas. Para "calmar" los ardores de la nueva generación de periodistas el régimen reacciona, tanto frontalmente (tres semanarios prohibidos a finales de 2000), como indirectamente, a golpe de presiones sobre los anunciantes y los impresores. También recurre al arma "legislativa", como en el caso Lmrabet.
Para Hassan Nejmi, presidente de la Unión de Periodistas Marroquíes, "actualmente hay dos fuerzas presentes: por una parte los "sécuritaires", que piensan que los marroquíes solo merecen el bastón. Son completamente alérgicos a l libertad de prensa. Por otra parte, están los que piensan que no hay que engancharse a los viejos reflejos. Apoyan a la sociedad civil y a la prensa independiente". Las autoridades, sin duda, se defienden de la acusación de querer restringir la libertad de expresión. "Es un error decir que existe una voluntad de amordazar a la libertad de prensa", explica Khalil Idrissi, jefe del gabinete del Ministerio de Comunicación. Como prueba, precisa, las reformas anunciadas, en abril de 2003, por el Ministro de Comunicación: reforma del sector audiovisual, nivelación de la empresa de prensa, organización y desarrollo del sector de la publicidad, etc.
¿Quién censura en Marruecos? ¿El rey? ¿El Ministro del Interior? ¿El Ministro de Comunicación? ¿El Ministro de Justicia? ¿El patrón de la DST? A veces resulta difícil determinar donde se sitúan las responsabilidades. Decir que existe una estrategia del poder para amordazar a la prensa independiente, es manifiestamente exagerado. En cambio, el acoso judicial contra algunos periodistas, las leyes coercitivas y también los golpes bajos a los periodistas constituyen, incontestablemente, signos preocupantes.
Reporteros sin Fronteras recomienda a las autoridades marroquíes:
que modifiquen la ley nº 77-00 (promulgada el 3 de octubre de 2002):
. no volviendo a sancionar con penas de cárcel los delitos de prensa. Tal y como lo estipula, en un documento del 18 de enero de 2000, Abid Hussain, el Relator Especial de Naciones Unidas para la promoción y protección del derecho a la libertad de opinión y expresión, quien pidió "a todos los gobiernos que vigilen para que los delitos de prensa no sean castigados con penas de cárcel, salvo para los delitos tales como los comentarios racistas y discriminatorios, y la apelación a la violencia", y precisó que "el encarcelamiento, en tanto que condena de la expresión pacífica de una opinión, constituye una violación grave de los derechos humanos".
. precisando, en el párrafo 2 del artículo 41, los términos "atentado a la religión islámica, al régimen monárquico y a la integridad territorial", que pueden prestarse a interpretaciones muy amplias
que definan con mayor precisión los términos del párrafo 12 del artículo 1 del anteproyecto de ley antiterrorista, especialmente los de "propaganda" y "publicidad" de un acto que constituya una infracción de terrorismo,
que vigilen para que las escuchas telefónicas solo se puedan poner en marcha por decisión de un juez de instrucción,
que se aseguren de que las subvenciones y la publicidad del Estado, y de organismos públicos o parapúblicos, se concedan a los periódicos con total transparencia, entre otras cosas en función de sus tiradas,
Que pongan término a la prohibición de hecho de Rissalat Al Foutouwa y Al-Jazira.
Reporteros sin fronteras recomienda a la Unión Europea:
que intervenga con las autoridades marroquíes para que respeten el artículo 2 del acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos, que establece: "El respeto de los principios democráticos y los derechos fundamentales del hombre, tal y como están enunciados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, inspira las políticas internas e internacionales de las partes, y constituye un elemento esencial del presente acuerdo".
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References: artículo 9
 artículo 23
 artículo 77
 artículo 29
 artículo 1
 artículo 41
 artículo 1
 artículo 2