Source: https://www.senado.cl/appsenado/index.php?mo=sesionessala&ac=getDocumento&teseid=22708&nrobol=691906_P&tema=Proyecto&legiid=&parl_ini=1009&tagid=14
Timestamp: 2020-05-28 14:54:40+00:00

Document:
DECLARACIÓN DE 17 Y 20 DE SEPTIEMBRE DE 2010 COMO DÍAS FERIADOS
Senador Ruiz-Esquide Jara, Mariano
El señor PIZARRO (Presidente).- Conforme a lo resuelto por los Comités, corresponde tratar el proyecto de ley, en segundo trámite constitucional, que establece como feriados los días 17 y 20 de septiembre del año en curso, con informe de la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización y urgencia calificada de "discusión inmediata".
--Los antecedentes sobre el proyecto (6919-06) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
En segundo trámite, sesión 23ª, en 2 de junio de 2010.
Gobierno, sesión 29ª, en 16 de junio de 2010.
El señor HOFFMANN (Secretario General).- La Comisión discutió el proyecto tanto en general cuanto en particular y aprobó la idea de legislar por la unanimidad de sus integrantes (Senadores señores Bianchi, Pérez Varela, Rossi, Sabag y Andrés Zaldívar).
En cuanto a la discusión en particular, dicho órgano técnico acordó, también unánimemente, efectuar dos enmiendas al texto despachado por la Cámara de Diputados. Estas consisten en suprimir el artículo 2°, que permitía el cierre de los establecimientos comerciales durante varios días consecutivos, y denominar "Artículo único" al artículo 1°.
En consecuencia, la iniciativa despachada por la Comisión tendría como único objetivo declarar feriados los días 17 y 20 de septiembre de 2010.
Cabe señalar que el Ejecutivo presentó una indicación en la que proponía declarar feriado solo el 20 de septiembre de 2010, la que fue rechazada por 4 votos contra uno. Votaron por la negativa los Honorables señores Bianchi, Pérez Varela, Sabag y Andrés Zaldívar, y se pronunció a favor el Senador señor Rossi, cuya fundamentación consta en el informe.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- En discusión general y particular el proyecto.
El señor SABAG.- Señor Presidente, intervengo en mi calidad de titular de la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización.
La iniciativa tuvo su origen en un mensaje del Presidente de la República que proponía declarar feriado el día 20 de septiembre de 2010. Las razones que adujo para justificarlo fueron, básicamente, dos:
1) La fiesta de la Independencia es una oportunidad para que tanto las familias como las comunidades que integran la nación revivan sus tradiciones, reforzando así nuestra identidad y cultura. De esta forma, durante los días 18 y 19 de septiembre la sociedad civil celebra con todas sus instituciones, públicas y privadas, una fiesta que simboliza el comienzo de la vida republicana, donde la bandera, el escudo, la canción nacional y los bailes típicos se erigen como símbolos de nuestra idiosincrasia.
2) Los doscientos años de vida independiente que se conmemoran el 2010 constituyen razón suficiente para la formulación del proyecto en análisis, toda vez que el 18 y el 19 de septiembre corresponden a sábado y domingo, respectivamente.
Durante su tramitación en la Cámara de Diputados, la iniciativa en debate sufrió enmiendas respecto de su contenido original, por cuanto se aumentó a dos el número de feriados (17 y 20 de septiembre) y, además, se incorporó un artículo 2º que daba la posibilidad de que aquellos fuesen irrenunciables.
En el estudio de la Comisión de Gobierno, Descentralización y Regionalización -a cuyas sesiones también asistieron los Senadores señores Allamand y Letelier y el Ministro y el Subsecretario de la Secretaría General de la Presidencia-, se tuvo especial cuidado en dos puntos centrales.
Primero, la conveniencia o no de aumentar en un día el feriado propuesto por el Ejecutivo; y segundo, si resultaba pertinente o no declarar como irrenunciables, según lo prescrito en la ley Nº 19.973, los nuevos dos feriados.
Los miembros de dicha Comisión conocieron diversas indicaciones formuladas durante el debate y resolvieron, por cuatro votos a favor y uno en contra, confirmar del texto proveniente de la Honorable Cámara de Diputados lo que dice relación a agregar como feriado el 17 de septiembre de 2010 y suprimir el artículo 2º.
Las razones de agregar un día feriado se centraron principalmente en que el 2010 contiene menos días de esa naturaleza que el 2009 y el 2011. En el primero de dichos años, se registraron 14 y 4 días puentes, sumando un total de dieciséis, mientras que para el 2011 se contabilizan 12 feriados y un día puente, con un total de trece días. En cambio, en el presente año solo contamos con 11 feriados y ningún puente.
Por lo anterior, las pérdidas para el país no son de gran magnitud, máxime si se considera el hecho de que algunos sectores de la economía, como el turismo interno, experimentan un alza considerable de su producción durante las festividades.
En lo concerniente a la supresión del artículo 2º del texto de la Cámara Baja, la Comisión estimó que declarar como irrenunciables todos los feriados de Fiestas Patrias puede causar perjuicios importantes en áreas como el abastecimiento. De esa manera, solo el 18 de septiembre se considera irrenunciable, pudiendo operar el comercio normalmente durante el resto de los feriados.
Señor Presidente, en el 2010 se celebran 200 años de nuestra vida en libertad republicana, período en que el país ha construido su propia historia, sus tradiciones y su cultura. Tendrá que pasar un largo lapso para enfrentarnos a una fecha de esta trascendencia, en que las familias y Chile entero merecen reunirse y disfrutar de lo que hasta ahora hemos hecho, más aún considerando que este año reviste especial importancia debido a que fuimos golpeados por una de las catástrofes más grandes de las que se tenga registro en nuestra historia.
Por eso, la Comisión aprobó por cuatro votos a favor y uno en contra contar con un total de cuatro días de celebración y rechazar el artículo 2º propuesto por la Cámara de Diputados, mediante el cual se daba la categoría de irrenunciables a dichos feriados.
El señor LARROULET (Ministro Secretario General de la Presidencia).- Señor Presidente, señores Senadores, en nombre del Gobierno deseo insistir en el proyecto original presentado por el Ejecutivo en la Cámara de Diputados, contenido en la indicación enviada a la Comisión de Gobierno del Senado.
En primer lugar, no cabe duda alguna que este es un año especial. El país celebra 200 años de su independencia y -como muy bien expresó el Honorable señor Sabag- tenemos la oportunidad de festejar en familia, con un sentido de unidad y con la participación de la totalidad de los chilenos.
Por eso el Presidente de la República y su Gobierno han planteado un programa de celebración del Bicentenario, que fue dado a conocer en forma pública hace aproximadamente una semana y que hemos tenido oportunidad de presentarlo en reuniones personales con la Mesa de esta Corporación. Además, esperamos que el propio Primer Mandatario pueda conversar sobre el tema con cada uno de los señores Senadores presentes.
El programa de celebraciones incluye un conjunto de actividades. Sin embargo, me referiré solamente a aquellas relacionadas con el mes de septiembre.
Comienza el día 1º de ese mes con el relanzamiento, a lo largo del territorio nacional, del diario "La Aurora de Chile", el cual contendrá las actividades de celebración del Bicentenario para dicho mes.
Posteriormente, los días 2, 3, 4 y 5 se realizarán diferentes actividades musicales, deportivas y espectáculos callejeros, que van a recoger lo mejor de nuestras tradiciones.
En la semana del 6 al 12 se llevarán a cabo las Olimpíadas Bicentenario, que se practicarán a lo largo de todo el país, culminando a finales de esa semana con actividades deportivas, etcétera.
Por último, el 18 de septiembre celebraremos nuestro tradicional Tedeum; el espectáculo Orquestas de Chile para el Bicentenario, que reunirá a todos los conjuntos musicales juveniles del país; fiestas en las plazas de las comunas, con ferias gastronómicas, juegos típicos y otras actividades, y galas populares durante la noche en las principales ciudades. Posteriormente, el 19, se realizará nuestra tradicional Parada Militar. Y el 20 -día que el Ejecutivo propuso como feriado- se llevará a cabo un desfile naval en la bahía de Valparaíso, que esperamos congregue a cientos de miles de personas.
En consecuencia, estamos organizando y preparando una celebración del Bicentenario como corresponde, que refleje nuestras mejores tradiciones y un espíritu unitario, donde, además, participe toda la ciudadanía.
Consideramos que lo razonable es que haya un día feriado extra y que sea el lunes 20. ¿Por qué? Porque no podemos dejar de tener presente que, junto con este mes completo de celebraciones, el país se encuentra viviendo un momento especial, derivado de haber sufrido el terremoto de mayor impacto en la historia nacional y un posterior maremoto. Estos hechos han generado un costo significativo en materia de vida de las personas, daños para los chilenos que han perdido sus viviendas y enseres y el deterioro de nuestra infraestructura educacional, hospitalaria, caminera, por lo cual estimamos razonable que el país celebre el Bicentenario también el lunes 20.
¿Por qué ese día? Porque en el Congreso se ha debatido muchas veces el impacto de los feriados. Y el acuerdo democrático fue que, de haberlos en mitad de una semana, se corrieran para el lunes venidero, que es cuando menor impacto se provoca en la vida económica del país e implica una prolongación del fin de semana, lo que, además, ayuda a la unión de la vida familiar.
Además, quiero destacar por qué el Ejecutivo puso énfasis en que solo sea uno y no dos los días feriados.
En primer lugar, los antecedentes recogidos en la Comisión de Gobierno del Senado no son completos. Si excluimos los festivos que caen en domingo, llegamos a la conclusión de que, si agregamos un día más al propuesto por el Gobierno -es decir, el viernes-, ocurrirá que este año será el de mayor número de feriados en la última década.
El señor ALLAMAND.- No es así.
El señor LARROULET (Ministro Secretario General de la Presidencia).- En segundo término, si consideramos el promedio de los feriados de la última década, en el 2010 habrá aproximadamente 20 por ciento más.
Para que tengamos una dimensión de lo que eso significa, de acuerdo con los cálculos realizados por el Banco Central acerca del impacto de un día menos de trabajo (específicamente un lunes), el país deja de producir en dos días alrededor de 600 millones de dólares, o sea, 20 por ciento de aumento del promedio de la última década. Este monto nos parece conocido a todos quienes nos encontramos en esta Sala, pues se trata de una cifra que se ha mencionado reiteradamente a propósito de otras iniciativas legales. Solo quiero decir que esa cantidad constituye la mitad de lo que cuesta reconstruir y reparar las escuelas dañadas por el terremoto y el maremoto, que asciende a mil 200 millones de dólares. Es decir, hablamos de una magnitud significativa de recursos.
En suma, esa es la razón por la cual el Gobierno quiere insistir ante esta Honorable Cámara que se agregue solo el día lunes 20 de septiembre como feriado.
Hay un proceso y un programa de conmemoración del Bicentenario que recogerá el espíritu de unidad, de participación y de celebración que corresponde a los doscientos años de nuestra vida independiente. Pero también estamos viviendo la realidad del daño provocado por el terremoto y el maremoto, lo que nos obliga a ser muy cuidadosos en esta materia y, por lo tanto, a recomendar e insistir en que la Sala del Senado reconsidere lo que decidió la Comisión de Gobierno y en definitiva quede como feriado el lunes 20 de septiembre.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el señor Secretario General.
El señor HOFFMANN (Secretario General).- Ha llegado a la Mesa una indicación renovada para modificar el artículo único, del siguiente tenor: "Declárase feriado el día 20 de septiembre de 2010".
El señor LETELIER.- ¿Quiénes la patrocinan?
El señor LONGUEIRA.- ¿Quiénes la suscribieron?
El señor HOFFMANN (Secretario General).- Los Senadores señora Matthei y Lily Pérez y señores Bianchi, Chadwick, Chahuán, Coloma, García, Horvath, Larraín, Orpis y Prokurica.
El señor LETELIER.- ¿No deben ser solo cinco?
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Tuma.
El señor TUMA.- Señor Presidente, el debate de hoy, relativo a los feriados para las próximas Fiestas Patrias, no lo tendríamos si los días 18 y 19 de septiembre hubiesen caído en lunes y martes. No sé si en dicha circunstancia los patrocinantes de la iniciativa estarían promoviendo eliminar el domingo, el lunes o un festivo. Sería lo mismo si esto ocurriera martes y miércoles, o jueves y viernes.
Es decir, nos encontramos ante un hecho inédito: para celebrar el Bicentenario tenemos la mala suerte de contar solo con el sábado y el domingo.
Si hubiese sido otra la fecha, habría cuatro o cinco días festivos. Y no veo al Senado promoviendo alguna iniciativa para eliminar como feriado el domingo.
En la mayoría de los casos, para la celebración de las Fiestas Patrias tenemos tres, cuatro o cinco días festivos. Excepcionalmente este año toca la desgracia que el Bicentenario corresponda a un fin de semana. Por eso comparto la necesidad de otorgar dos días adicionales para festejos -uno más del propuesto por el Ejecutivo-, con el objeto de que los chilenos celebren merecidamente estas festividades por tratarse del Bicentenario.
Por otra parte, deseo referirme a la propuesta que la Cámara de Diputados aprobó con relación al derecho de los trabajadores para compartir el día de descanso de manera irrenunciable. Eso se encuentra establecido en la propia legislación que rige los feriados, que dispone que el 1° de mayo, el 18 de septiembre, el 25 de diciembre (la Navidad), el 1° de enero (el Año Nuevo) son feriados irrenunciables. Y si el Congreso aprobó eso en forma unánime -no hubo posiciones divergentes- es porque reconoce el derecho que tienen los trabajadores de gozar con su familia tales festividades. Bajo ese mismo principio, la Cámara de Diputados estableció ahora que a todos los trabajadores del país les asiste el derecho a gozar irrenunciablemente de los dos días feriados adicionales que se proponen. Pero se trata de una situación excepcional, pues solo rige para este año; no es algo permanente.
Sin embargo, en la Comisión de Gobierno del Senado hubo alto consenso en cuanto a que la irrenunciabilidad de los cuatro días feriados les impediría a muchas familias concurrir a estas verdaderas plazas públicas que hoy son los malls, los grandes retails. De esos trabajadores estamos hablando. Si a estos les establecemos como irrenunciables los feriados en cuestión, los centros comercialesno podrán funcionar y, por tanto, las familias no tendrán adónde ir esos cuatro días.
Nos parece razonable, entonces, la propuesta del Senador señor Allamand que busca compatibilizar ambos objetivos: por una parte, que las familias puedan disfrutar de ese fin de semana yendo a los malls, y por otra, el derecho a compensación de los trabajadores que deban trabajar días en que la mayoría estará celebrando.
Considero posible alcanzar un consenso si la Cámara Alta acoge la indicación que presentará el Senador señor Allamand -que yo también voy a suscribir-, orientada a que quienes laboren esos feriados sean compensados con una remuneración extraordinaria. De esa forma -repito-, se cumplirían los dos propósitos mencionados: por un lado, que las familias asistan a los centros comerciales, y por el otro, que los trabajadores afectados puedan resarcirse del derecho que les estaríamos conculcando al no permitirles que tales feriados fueran irrenunciables.
Por lo anterior, señor Presidente, me inclino por votar a favor de los dos días adicionales que se proponen y, naturalmente, por encontrar una fórmula que permita compatibilizar ambos derechos.
La señora RINCÓN.- Señor Presidente, el proyecto de ley que estamos discutiendo nace de un amplio acuerdo político. Y digo que nace de un acuerdo político porque en la Cámara de Diputados, y especialmente en su Comisión de Gobierno Interior, contó con el apoyo generalizado de todos los sectores políticos.
El Presidente de la República presentó, con fecha 4 de mayo, una iniciativa legal en la otra rama del Parlamento que planteaba declarar feriado el día 20 de septiembre de este año. Posteriormente, un grupo de Diputados democratacristianos presentó un proyecto de ley para establecer feriado el 17 de septiembre, señalando que ese día, por Estatuto Administrativo y conforme a numerosos contratos colectivos e individuales, en el Estado y en las empresas se trabajaría media jornada. Por lo tanto, el 17 de septiembre debería ser también feriado, teniendo en cuenta la conmemoración histórica para nuestra patria que hoy nos toca la suerte de celebrar.
Cuando se discutió la iniciativa del Ejecutivo en la Comisión de Gobierno Interior de la Cámara de Diputados, la idea de declarar festivos ambos días contó con un amplio consenso. Incluso los parlamentarios de la Concertación decidieron retirar su proyecto y acoger una indicación del propio Presidente de esa instancia legislativa, Diputado UDI Enrique Estay, en orden a establecer igualmente como feriado el día 17 de septiembre. Luego, dicho texto pasó a la Sala y fue aprobado por la mayoría de los miembros de la otra rama del Congreso.
Desde un principio, señor Presidente, estuve a favor de declarar feriado ambos días, por diversos motivos, pero principalmente porque sentía que, como legisladores del Bicentenario, no podíamos anteponer la variable económica por sobre el momento histórico que vive nuestra patria.
En los últimos meses, a través de numerosos ensayos, libros de historia e incluso por los diarios, los chilenos hemos conocido cómo vivieron nuestros compatriotas del Centenario la conmemoración de los cien años de la Primera Junta Nacional de Gobierno, hito fundamental que da comienzo a nuestro proceso de emancipación de España, el cual finaliza con la Independencia de Chile en 1818.
Revisando nuestra historia, nos encontramos con que hace cien años nuestros compatriotas celebraron el Centenario de la República de luto. El Presidente de la época, don Pedro Montt, moría en Alemania el 16 de agosto de 1910, y su sucesor, el Vicepresidente don Elías Fernández Albano, fallecía también el 6 de septiembre de ese mismo año.
En aquel tiempo, en plena conmemoración del Centenario, los intelectuales y gran parte de la sociedad chilena señalaban que vivían en un país en crisis, la cual se manifestaba, para algunos, en la decadencia moral de la clase política, y para otros, en las vicisitudes derivadas de los conflictos sociales y la pobreza de los sectores más marginados.
En ese contexto, famoso es el discurso de Enrique Mac-Iver sobre la crisis moral de la República, quien crudamente expresaba que, debido a los avatares económicos por los que atravesaba Chile -abro comillas-, "Me parece que no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas ni de ciertas regiones del país, sino de todo el país y de la generalidad de los que lo habitan. La holgura antigua se ha trocado enestrechez, la energía para la lucha de la vida en laxitud, la confianza en temor, las expectativas en decepciones. El presenteno es satisfactorio y el porvenir aparece entre sombras que producen la intranquilidad" -cierre de comillas-.
A pesar del crudo análisis que se hacía del momento que vivía nuestro país, los legisladores del Centenario decidieron dictar la ley N° 2.379, de 1910, que declaró una semana de feriado, desde el 16 hasta el 22 de septiembre de ese año, con motivo de las celebraciones de esa fecha. Así, los chilenos de la época conmemoraron los cien años de la Primera Junta Nacional de Gobierno durante siete días, pero al mismo tiempo que celebraban, también se encontraban de luto por el fallecimiento de su Presidente, y un par de semanas después, de su Vicepresidente.
Hoy, ad portas de celebrar nuestro Bicentenario, algunos legisladores han señalado que la aprobación de dos días más de feriado es excesiva, que ello atentaría contra nuestra economía, y que por el momento que se vive el país requiere trabajo y, por consiguiente, mayor crecimiento económico antes que conmemorar una fecha tan importante.
No olvidemos, como indicó el Senador señor Tuma, que este año el 18 y el 19 de septiembre caen en días festivos.
En esta oportunidad, señor Presidente, no se celebra, en mi opinión, cualquier fiesta patria: como país, celebramos las Fiestas Patrias del Bicentenario. Y, al igual que en el Centenario, las viviremos de luto, por el gran terremoto que afectó a nuestro país precisamente en el año de nuestro Bicentenario y en el cual murieron más de 500 compatriotas.
Las futuras generaciones del Tricentenario querrán saber qué hicimos los chilenos del Bicentenario para conmemorar esta fiesta. Y me parecería triste, por decir lo menos, que se pusiera por delante el factor económico y el dinero antes que festejar un hito tan importante para la patria como es el Bicentenario de nuestra República.
Señor Presidente, el proyecto en debate, como dije, nació de un amplio acuerdo político alcanzado entre todos los sectores representados en la Comisión de Gobierno Interior de la Cámara de Diputados. Y su homóloga del Senado también aprobó por amplia mayoría declarar ambos días feriados.
Creo que hoy, en esta Sala, no nos queda más que estar a la altura de lo que la mayor parte de nuestros compatriotas desea: celebrar de la mejor manera posible las Fiestas Patrias, que, al igual que en el Centenario, serán conmemoradas con alegría, pero, desgraciadamente, también con un sentimiento de profunda congoja, por el gran terremoto y maremoto que afectó a Chile precisamente en el año de nuestro Bicentenario.
Durante estos meses, desde el 27 de febrero, han sido los días festivos los que han concentrado las mayores muestras de solidaridad y reencuentro de amigos y familias enteras.
Señor Presidente, en consideración a que este es un año especial, a que tenemos dos días festivos menos en relación con los anteriores, y a que este es el año del Bicentenario, creo que los dos días de festivo adicionales al 18 y el 19 de septiembre son la mejor forma en que los chilenos podemos celebrar y encontrarnos.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Larraín.
El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, pienso que es una discusión bastante natural la que se está produciendo y que viene de la Cámara de Diputados respecto de la conveniencia de contar con uno o dos días adicionales de feriado con motivo del Bicentenario.
Ya se mencionó que tocó un año malo desde el punto de vista de los días útiles, por cuanto el 18 y el 19 de septiembre corresponden a sábado y domingo y, por lo tanto, las posibilidades de aprovechar con mayor largueza una fiesta de esta naturaleza exigen obviamente una revisión del tema.
Me parece que todos estamos de acuerdo en que no hacer nada y dejar la celebración del Bicentenario en los días festivos que corresponden por calendario sería pequeño, sería una forma poco digna de rememorar un hito tan importante en la historia del país.
Ahora, estimo que agregar uno o dos días festivos más para dicha finalidad es un asunto completamente respetable y digno de opinión. Hay buenas razones para pensar en un día y también para establecer dos. De manera que yo no pondría esta discusión en un plano dramático, como si aquí se estuviera jugando la vida o que unos fueran más patriotas que otros, más populistas que otros o más serios que otros.
Considero que existen buenas razones para elegir ambos caminos.
¿Cuál es la opción que a mí me parece más relevante y que voy a apoyar?
Creo que este no es un año cualquiera: el terremoto lo marca. Querámoslo o no, este va a ser el bicentenario del terremoto; será recordado más por este que por cualquier otra cosa. Por lo tanto, eso debiera marcar también la forma en que enfrentamos el recuerdo, la fiesta, los actos de conmemoración. Como corresponde, tienen que estar llenos de alegría y de motivaciones adecuadas a una fecha de esta naturaleza. Pero además se debe considerar el efecto del terremoto, que se mide principalmente por las vidas humanas perdidas, que fueron quinientas y fracción, y por los daños materiales que ha traído consigo.
Por lo menos a mí me hace fuerza el argumento de que deberíamos tener una especial mirada al enfrentar una definición de este tipo.
En verdad, me parece que el daño causado, las pérdidas materiales y humanas que provocó la acción de la naturaleza nos debería hacer reflexionar sobre la forma en que hemos de efectuar esta celebración. Y por tradición, por nuestra vocación nacional, por austeridad y por solidaridad, pienso que en esto debemos ser más bien restrictivos que expansivos, lo cual me lleva a inclinarme por un día adicional y no por dos.
No hay que dejar de considerar que en lo económico -aspecto no suficiente en sí mismo, pero tampoco menor- estamos realizando un gran esfuerzo. A propósito del proyecto de ley sobre financiamiento de la reconstrucción se produjo un amplio debate acerca de los recortes presupuestarios, el alza de impuestos y, en el fondo, la manera de proceder para juntar recursos destinados a compensar, reparar o simplemente reconstruir el país luego de los daños causados por el sismo.
Quizás desde el punto de vista de las arcas fiscales el perjuicio de dar un feriado adicional no sea tan cuantioso, pero, desde la perspectiva del funcionamiento del país, un día más, un día menos, hace diferencia. No sé cuál es la cifra exacta, porque hay cálculos difíciles de realizar. Obviamente, habrá un día menos de producción; sin embargo, desde la óptica del turismo, del comercio y de otras actividades existirá mayor productividad. Por lo tanto, en cierto sentido se produce una compensación.
Con todo, en el neto las cantidades varían entre 100 y 300 millones de dólares. Lo cierto es que hay una pérdida, argumento que este año, en que estamos haciendo esfuerzos económicos muy significativos para paliar el daño causado por el terremoto, no se puede desestimar.
Además, existe una práctica inveterada en el país. El día viernes, si se declara feriado solamente el lunes, a las 12 estarán encendidas todas las parrillas de Chile. En los hechos, tendríamos un semicuarto feriado. Y, en caso de aprobarse también el viernes, en realidad estaríamos agregando la mitad del jueves, en que ocurriría exactamente lo mismo. Así que, aun cuando aprobemos un solo día extra y la indicación diga que se declara feriado el 20 para evitar cualquier duda de interpretación, una parte importante del viernes no se trabajará.
A mi juicio, un día adicional es más que suficiente.
Y si reflexionamos acerca de la historia -la señora Senadora que me antecedió en el uso de la palabra ya lo recordaba-, cabe preguntarse por qué nosotros recordamos el primer centenario de Chile. Y no es por los días feriados que hubo, sino por las obras que se inauguraron, por las que se desarrollaron en ese tiempo y por la forma en que se enfrentó tal período, en memoria del primer siglo de vida independiente.
Creo que ahora va a ocurrir lo mismo.
No se trata de tener tres, cuatro días o una semana de festividades, como ocurre en otros lugares. Entiendo que en Argentina celebraron su bicentenario con una semana de vacaciones. Parece que hubo mucha parranda, mucha fiesta, mucha farándula. ¡Bueno, cada país celebra de acuerdo a sus particulares modos culturales...!
Yo pienso que nosotros vamos a ser recordados por lo que se hizo durante este período del Bicentenario. Y ese es un juicio que deberemos enfrentar, pues no sé cuán efectivos hemos sido en cuanto a tener una buena celebración desde el punto de vista de la obra, de la huella, del recuerdo que queda.
Quizás sí vamos a poder celebrar como corresponde el Bicentenario real, por llamarlo de alguna manera, para conmemorar lo que ocurrió en 1818, cuando culmina la Reconquista y se declara la independencia efectiva y definitiva del país. Tal vez para entonces podremos decirle al mundo, por ejemplo, que Chile erradicó la pobreza o algo que constituya un recuerdo imperecedero.
De este Bicentenario tengo mis dudas de que vaya a quedar algo muy significativo. Por lo mismo, reemplazar esta falta de obras de relevancia, de envergadura, con más días festivos, no me parece que sea la compensación adecuada.
Repito: no sé cómo poder resolver la discrepancia con un criterio que ojalá fuera compartido por todos. Y, como no lo hay, creo que lo importante es que cada uno diga, con sinceridad, qué es lo que considera mejor para Chile, sin descalificar ni desacreditar la opinión de los demás, que en esta materia es muy respetable.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Señor Presidente, coincido con el Honorable señor Larraín en cuanto a que este tema no puede ser utilizado en un sentido o en otro, por la posición que cada uno tome.
En realidad, cuando se inició el análisis de este proyecto, dudé entre adoptar una de las dos posturas. Pero, después de escuchar a varios colegas, llegué a la conclusión de que existía más bien un ánimo común -sobre todo, en la Comisión- de acoger la tesis de la Cámara de Diputados en torno a los dos días.
Oí también los planteamientos del Ejecutivo.
En la Comisión de Gobierno, los Senadores señores Pérez Varela, Bianchi, Sabag (como Presidente) y quien habla estuvimos de acuerdo en que fueran dos días; la excepción fue el Honorable señor Rossi, que se inclinó por uno. El Senador señor Allamand, quien también participó en el debate, apoyó igualmente la tesis de los dos días.
En general, el ambiente era por aprobar esta última opción. Y se dieron argumentos, que personalmente asumí.
El primero de ellos se refería a que se trataba de una situación excepcional.
En cuanto al segundo, correspondiente al tema económico, no es tan definitivo hablar de 300 millones de dólares. Yo he escuchado muchas cifras. En principio, 97 millones de dólares; hoy día se han mencionado 300 millones. Por lo tanto, dos días significarían 600 millones, que mañana podría argumentarse que se le estarían quitando a la reconstrucción.
Efectivamente, creo que existe una merma económica, pero, a su vez, hay una compensación económica, porque si bien disminuye la actividad productiva por la paralización de las industrias, se produce un incremento importante en el sector turístico y, en general, el comercio muestra una actividad mayor.
En consecuencia, existe cierta compensación.
Además, si se compara este año con el 2009 y el 2011 -lo hicimos ver en la Comisión-, veremos que estos últimos dos tienen más feriados que el 2010, donde existen dos menos. Por coincidencia, el 15 de agosto y el 31 de octubre caen en día de domingo.
Por consiguiente, la productividad del país no se puede medir por una semana ni por quince días, sino por un año. Y, si comparáramos la productividad nacional de los años 2009, 2010 y 2011 en relación con el número de feriados, por supuesto veríamos que la del 2010 debiera ser mayor que la del 2009 y la del 2011, por tener más días de trabajo, aun con los dos feriados adicionales que se proponen.
Todos estos argumentos hacen que la reflexión sea complicada, difícil. Pero uno puede llegar a la conclusión legítima, después de escuchar ciertos planteamientos en general sobre lo positivo que significaría otorgar dos días, de que ello puede ser necesario.
Además, quiero destacar otro punto.
Siempre el día previo a las celebraciones de las Fiestas Patrias, como se ha dicho aquí, no solo por decisión de la autoridad, sino porque lo dispone el Estatuto Administrativo,...
El señor LARRAÍN.- Para los empleados públicos.
El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- ...se trabaja hasta las doce, en el caso de los empleados públicos. Y, por lo tanto, se produce un feriado de mediodía.
Lo importante aquí sería tomar conciencia de que el jueves debería ser un día laboral normal. Y creo que la gente lo puede entender así.
Ahora, si no se comprende en esos términos, es porque hay más liberalidad de parte de la autoridad para dar ese feriado. No obstante, tampoco constituye un argumento para impedirnos declarar festivo otro día adicional.
Por todas esas razones, al votar hoy en los mismos términos en que lo hizo la Cámara de Diputados -es decir, declarar festivos los días 17 y 20 de septiembre-, no estaríamos incumpliendo norma alguna ni infringiendo un daño a la economía nacional.
En mi opinión -insisto-, la productividad del país más bien va a ser equivalente a la que se produjo el 2009 o a la que se produzca el 2011.
Por los motivos señalados, voy a votar por que se declaren feriados los días 17 y 20 de septiembre en la convicción final de que es lo conveniente para el país.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el señor Ministro, quien tiene derecho preferente para hacer uso de ella.
El señor LARROULET (Ministro Secretario General de la Presidencia).- Señor Presidente, solo deseo hacer una aclaración a fin de que el Honorable Senado pueda tomar una mejor decisión.
Cuando nos referimos al costo económico de un día feriado, estamos aludiendo a documentos oficiales emanados del Banco Central de Chile, los que, por supuesto, toman en cuenta no solo el impacto en uno o en algunos sectores, sino en la globalidad de los sectores de la economía.
Por ejemplo, como muy bien señaló el Honorable señor Andrés Zaldívar, en esos días hay más actividad turística. Pero, si tomamos en consideración la totalidad de los sectores que dejan de producir con los que sí aumentan la producción, el efecto neto es una pérdida de 270 millones de dólares, según el informe del Instituto Emisor.
Cabe señalar, a propósito de este debate, que esa cifra equivale aproximadamente a 13 mil viviendas sociales o a 1.350 escuelas modulares, como las que se están instalando en las ciudades afectadas por el terremoto.
Otro dato que debe tenerse presente, con motivo del número de festivos, es que si nos remitimos a la tabla de feriados de los 27 países miembros de la OCDE, se llega a la conclusión de que Chile es una de las dos naciones que figuran con la mayor cantidad de ellos.
Me parece que esos dos antecedentes son importantes para ilustrar este debate.
El señor BIANCHI.- Señor Presidente, en realidad, no puedo esperar del Banco Central un informe que sea distinto al estrictamente económico.
Me hubiese gustado mucho contar con antecedentes fidedignos que precisaran cuánto sirve a la familia, a una persona que ha trabajado todo un año, el tener un momento de esparcimiento con sus seres más queridos.
En fin, no quiero entrar a debatir esta materia sobre la base de quién hace el discurso más o menos populista, más o menos realista. Concurrí con mi firma para reponer la indicación del Ejecutivo y abrir debate acerca de lo que ya habíamos discutido hace un par de días en la Comisión de Gobierno.
Efectivamente, tal como lo señaló el Honorable señor Andrés Zaldívar, cuatro parlamentarios votamos a favor de dar un día festivo más en beneficio de las familias de nuestro país.
En tal sentido, actué con cierta lógica pensando en las familias de Regiones, fundamentalmente en las de las zonas más extremas. Por ejemplo, un alumno que estudia en el área central del país y debe trasladarse a Magallanes durante esos días feriados debe contar a lo menos con una opción más, y tener la oportunidad de compartir ese mediodía o ese día con sus padres, con sus hermanos, con su familia.
En cuanto al tema económico, hay una situación que no es menor. Los beneficios que genera en el turismo dentro del país el tener un día más feriado es algo que todavía -por lo menos a mí- nadie me lo ha demostrado con un cálculo preciso y exacto.
Sin duda, la Independencia de Chile no se logró con más asados ni con más o menos fiestas, sino con esfuerzo, con trabajo.
Si bien entiendo que estamos en un año especialísimo, intentando recuperarnos del terremoto y del maremoto, también es cierto que se celebra el Bicentenario de nuestra vida independiente. Es una oportunidad para el esparcimiento, para la recreación. Claro que esto último, desde el punto de vista económico, no vende. Probablemente, no son cifras que puedan interesarle al Banco Central o a alguien que esté abocado estrictamente a lo económico y que no aprecia todo lo trascendente y necesario que es a veces poder compartir.
Además, me parece que el viernes, tal como lo establece el Estatuto Administrativo, a partir del mediodía, el sector público va a estar celebrando con empanadas, con "candola", con vino, con asados, situación que también se replica mucho en la esfera privada.
Por lo tanto, lo queramos o no, ese día va a ser -o por lo menos la mitad de él- absolutamente aprovechado y no perdido con el inicio de las celebraciones de nuestro Bicentenario.
Por consiguiente, ¿dónde se halla el perjuicio? En aquellas actividades que deberán desarrollarse como de costumbre en un día tan trascendente e importante, como es la celebración de los 200 años de vida independiente, pues para el empleador la hora trabajada costará el doble.¡Esa es la situación!
En el orden económico, ese día tendrá un efecto más negativo para el empleador que para el trabajador, quien deberá sacrificar horas que perfectamente pudo haberlas compartido con los seres más queridos, más cercanos. El empleador se verá más afectado, pues la hora laboral valdrá el doble y, por ende, el trabajador obtendrá un aumento en sus remuneraciones.
El país no para, no frena, no se detiene: sigue desarrollando sus actividades.
Me preocupa, por ejemplo, quienes se desempeñan en el sector público y deben realizar algún tipo de actividad ese día. Aquí hemos hablado del sector privado, pero no de todas las mujeres y hombres que laboran en el ámbito público, los cuales también requieren una compensación económica. Pienso en el personal que trabaja, sea feriado o no, en los hospitales, en fin. Hay empleados que, existiendo o no un momento especial como el Bicentenario, realizan funciones públicas importantes, por ejemplo, la PDI, Carabineros, etcétera.
Desgraciadamente, el Estado de Chile tampoco hace un reconocimiento -como yo quisiera- a esos funcionarios.
Repito, señor Presidente. Firmé para que se repusiera la indicación del Ejecutivo en el ánimo de abrir un debate que definiera si es o no conveniente para el país dar este feriado.
En el orden económico, hay teorías que sostienen que no lo es; algunas, que lo es; y otras, que no es tan perjudicial.
No obstante, me centraría fundamentalmente en el verdadero beneficio que, desde el punto de vista humano, este feriado aporta, en lo que significa para una persona disponer de un día más, de un mediodía más, a fin de poder compartir con sus seres más cercanos, más queridos, aun cuando efectivamente en el ámbito económico no reporte un gran beneficio.
Pero, sin duda, en un año especial como este no deja de ser importante que tengamos una mirada social y no económica frente a la materia.
El señor LETELIER.- Señor Presidente, quiero partir valorando el tono de la conversación planteado por el Senador señor Larraín. Efectivamente, el asunto que nos ocupa no es para rasgar vestiduras, como algunos han querido insinuar al señalar que quienes expresan una opinión en determinada dirección versus otra son buenos o malos; ¡son propatria o vendepatrias; están a favor del progreso o impiden que el país tenga 13 mil viviendas o 4 hospitales!
Escuché acá la explicación del Ejecutivo -que fue quien provocó el debate con el envío de un proyecto para otorgar un día feriado- en cuanto a que el costo de la iniciativa implicaba mucha plata. Entonces, cabe preguntarse: ¿Para qué la presentó?
Sobre el punto, me sumo a la reflexión hecha por el Senador señor Bianchi, en orden a tomar en cuenta los elementos económicos, pero también los de naturaleza intangible que son tremendamente valiosos: la unidad de la familia, el festejo de fechas propias de la identidad nacional, el reconocimiento de que en este año contamos con menos feriados y días sándwiches que en otros años. Respecto de esto último, el Honorable señor Allamand se dio el tiempo para hacer un estudio que me parece responsable.
Por eso, parto diciendo que no es bueno descalificar a quienes defienden una u otra posición, pues ambas son sumamente legítimas.
Inicialmente, tenía dudas sobre el proyecto, señor Presidente. Consideraba que otorgar dos días feriados podría ser excesivo. Pero cambié mi visión después de mirar diferentes estadísticas.
En lo personal, nunca he entendido cómo el Banco Central llega a las conclusiones que hemos conocido. ¡Nunca lo he entendido!
¡Hoy día, luego de escuchar al querido Ministro Larroulet, me siento supertranquilo respecto del debate sobre el royalty...!Por lo dicho,este impuesto recaudaría el equivalente a dos días feriados y el Gobierno está regalando uno; o sea, la mitad del aporte del royalty. Parece que la discusión sobre aquel tributo la podremos hacer en un clima más constructivo.
Por otra parte, al menos en los aspectos económicos que he analizado, se observa un sector tremendamente favorecido por las vacaciones o los feriados de este tipo: el turismo interno. Creo que este dato económico nunca se considera cuando se realizan tales evaluaciones.
Me refiero al turismo que se orienta a la unificación de la familia. Esta tiende a unirse en muy pocas fechas en nuestro país. Una de ellas es el 18 de septiembre. A diferencia de otras naciones, el día que nos evoca la Independencia constituye una ocasión de encuentro familiar y de potenciación del turismo interno, lo que estimo sumamente relevante.
Pero hay una segunda razón, señor Presidente, que me llevó a cambiar de opinión, y guarda relación con el comportamiento práctico de las personas. Declárese o no feriado legal el viernes 17 de septiembre, algunos se tomarán el día igual. No obstante, no tiene ese mismo derecho, en caso de no darse el feriado, la gente que vive de un sueldo: los trabajadores, el hombre sencillo, el pequeño, el desprotegido.
Ese es el motivo de fondo que me llevó a cambiar el parecer.
Efectivamente la Administración Pública tendrá la mitad de ese día libre. ¡En buena hora que así sea! Es una conquista -no un regalo- consagrada en el Estatuto Administrativo.
Trabajadores independientes y sectores medios con cierto nivel de ingresos van a poder tomarse ese viernes o pedirlo. Pero no así, la gente sencilla, de trabajo; las personas que todos representamos aquí y a las que les asiste el mismo derecho a descansar y a estar con sus familias.
Señor Presidente, pienso que en esta iniciativa debemos valorar otros elementos y no limitarnos solo a la discusión sobre el valor económico, como se planteó en un momento.
Si ofendí a alguien con mi tono inicial, pido disculpas. No fue esa mi intención. Solo espero que a quienes sostenemos opiniones en determinada dirección no se nos tilde de no querer el progreso del país. Porque no es así.
Algunos creemos que, para otorgar este tipo de feriados, se deben considerar otros beneficios tremendamente importantes: la unidad de la familia, el turismo interno y la igualdad ante la ley.
Por lo mismo, soy muy partidario de la indicación -propuesta, entiendo, por el Senador señor Allamand- tendiente a asegurar que los trabajadores que están obligados a laborar en tales días feriados reciban una compensación económica; o sea, que a las personas que no pueden dejar de desempeñarse esos días en ciertos lugares (cines, restoranes, bombas de bencina) se les premie por trabajar.
Señor Presidente, anuncio que votaré a favor de la iniciativa.
En mi opinión, ella busca proporcionar un momento de festejo. La vida no está hecha solo de trabajo. También es celebración y reconocimiento de lo realizado en estos 200 años de vida independiente. Sentirnos orgullosos como país, más allá de nuestras diferencias, y proyectarnos hacia el futuro en forma constructiva también ayuda mucho.
Por lo demás, la propuesta también permite aumentar la productividad en el empleo. Está demostrado que cuando se dan ciertos beneficios, los trabajadores después vuelven con más ahínco a laborar.
El señor ALLAMAND.- Señor Presidente, antes de hacer algunos comentarios con relación al tema en debate, deseo sumarme a las expresiones del Senador señor Letelier relativas a la gran claridad con que el Honorable señor Larraín fijó los términos de este intercambio de puntos de vista.
En efecto, aquí no existe una cuestión de principios en juego por la que haya que rasgar vestiduras, ni se trata de un asunto por el que debamos cortarnos las venas. Es simplemente una materia opinable, donde debieran prevalecer los argumentos racionales más que otra consideración.
A mi juicio, existen varias razones sólidas para promover la idea de conceder dos días feriados.
En primer lugar, está el número total de festivos.
En este punto lo único que he hecho es remitirme a un informe elaborado por la Biblioteca del Congreso, que señala que el año pasado hubo 15 días feriados -ello, porque no coincidieron con los domingos-; que en este tendremos solamente 11 (cuatro menos), y que en el próximo se registrarán 12. En consecuencia, si se agregan los dos feriados sugeridos, aún estaremos bajo la cota de los que hubo durante 2009.
Se ha argumentado que este es un año excepcional por causa del terremoto. Pero, si adoptáramos ese razonamiento en su cabalidad, debiéramos hacerlo extensivo al tiempo que nos tome recuperarnos de las consecuencias de dicha catástrofe.
En resumen, el número de feriados para este año considerando los dos que proponemos incorporar es menor que el que tuvimos en 2009, y se mantendrá absolutamente dentro del promedio.
En segundo término, está lo relativo a la equidad a la que se refirió el Senador señor Letelier y que fue objeto de discusión en la Comisión.
Efectivamente el sector público contempla en el Estatuto Administrativo trabajar el día anterior al feriado solo hasta mediodía. ¿Qué sucederá en el ámbito privado? Objetivamente, habrá discriminación. Quienes -por así decirlo- no tengan que cumplir jornada obviamente se tomarán la misma liberalidad que existe en el servicio público. ¿Y quiénes serán los únicos que deberán laborar? Precisamente los trabajadores que carecen de cargos gerenciales en las empresas y se encuentran sometidos a un horario.
Por lo tanto, desde el punto de vista de la equidad, lo razonable es, sin duda, tratar a todos de la misma manera.
En tercer lugar, tengo la impresión de que el argumento que dice: "Si damos el viernes 17 feriado, los festejos van a partir el día jueves" es exagerado. En esta materia, señor Presidente, se debe razonar con la lógica del sentido común de las personas.
Cuatro días es tiempo suficiente. Y si -como espero- finalmente se aprueban el viernes y el lunes, tanto las empresas como el sector público se van a organizar: el jueves se trabajará normalmente y el viernes, en vez de un escenario a mitad de camino, en que los funcionarios públicos van a llegar a las 9 de la mañana y a las 12 dejarán de trabajar y donde se va a registrar la referida situación de inequidad en el sector privado, simplemente será ocupado por la gente en su descanso de modo razonable, evitándose esta especie de -por así decirlo- tira y afloja.
Por último, tocante a la situación de inequidad que afecta a los dependientes de comercio, lamento de veras la posición del Ejecutivo.
Tal vez haya todavía una oportunidad en la Comisión Mixta. A veces en esta instancia se arreglan muchas cosas. Creo, entonces, que esa será una ocasión para reconsiderar con objetividad el problema que afecta a aquellos trabajadores.
Aquí hay que distinguir dos tipos de situaciones, señor Presidente.
El Senador Bianchi, con razón, hacía mención de un grupo específico de trabajadores: la gente que debe atender en los servicios de urgencia de los hospitales o en los servicios de utilidad pública.
Efectivamente, tales personas deben laborar los días domingo. Pero -¡atención!- eso es desde el principio parte de la regla general. Toda persona que entra a trabajar en un servicio de emergencia que debe preocuparse, por ejemplo, de que se mantenga el suministro eléctrico sabe que en determinadas oportunidades tendrá turno un día domingo. Por lo tanto, de alguna manera, ya sea en las negociaciones colectivas o al momento de establecerse la remuneración, se considera esa circunstancia.
¿Pero qué pasa con los dependientes de comercio? Tienen una situación muy especial, pues son los únicos trabajadores que deben o pueden laborar durante los días mencionados. Y no estamos hablando de los comercios pequeños, de los almacenes -porque en tales casos la regla general es que los atienden sus propietarios, las cónyuges de estos, ya que se trata de negocios familiares-, sino del retail, de los supermercados, de las grandes tiendas.
¿Qué sucede con los trabajadores de las grandes tiendas, por ejemplo? Tienen una situación especial, pues deben o pueden laborar -y en la práctica lo hacen- dos domingos al mes, como máximo -por ende, su situación es distinta de la del resto de los trabajadores-, pero no reciben pago excepcional ni extraordinario y no son compensados de forma adecuada.
En el hecho -y esto es lo que estamos proponiendo con, entre otros, el colega Tuma-, ¿qué ocurre hoy en las cadenas del retail, por ejemplo -olviden que se trata del 18 y del 19 de septiembre-, en una semana cualquiera con un feriado un jueves y otro un domingo? En ese caso, ¿qué puede hacer el empleador?Le puede abrir al dependiente, por el jueves que era feriado y que debió trabajar, un abanico de posibilidades. Por ejemplo: "Escoja: o se toma, en compensación, un día de descanso durante la semana siguiente, o trabaja el jueves y se lo pago como día extraordinario".
Entonces, es lamentable que el Ejecutivo no se abra a considerar esa situación.
¿Qué va a ocurrir, señor Presidente? Los trabajadores -y es cosa de mirar: este mes las ventas del comercio han saltado como nunca antes- van a tener que laborar el viernes y el lunes. En consecuencia, según la opción que consigna actualmente la ley, podrían tener dos días feriados, o bien, laborar y recibir pago extraordinario.
Presumo, señor Presidente, que se darán dos días feriados y que no se van a pagar -al revés de lo que correspondería, en mi opinión- como extraordinarios a los únicos trabajadores que estarán laborando el viernes y el lunes para que, entre otras cosas, todos puedan ir a los supermercados.
Entonces, estamos planteando algo de sentido común, que se halla contemplado hoy en nuestra legislación. Es una alternativa existente. Lo único que decimos es: "Que, en esta circunstancia especial del Bicentenario, a los dependientes de comercio que deban trabajar los días viernes y lunes se les pague por su esfuerzo excepcional como si se tratara de días extraordinarios".
¿De qué estamos hablando? De un 5 por ciento de aumento remuneracional, el que perfectamente podrá ser absorbido por las grandes cadenas del retail y por los supermercados con el incremento de ventas que van a experimentar.
Por consiguiente, hay argumentos sobrados para que el feriado del Bicentenario sea de cuatro días. Y, francamente, creo que el Ejecutivo debiera atender estas razones que se formulan -tengo la fundada sospecha de que se reiterarán en la Cámara de Diputados-, para simplemente establecer algo que es de justicia: que a los factores de comercio, las únicas personas que habrán de trabajar en la circunstancia excepcional del Bicentenario, se les compense su mayor esfuerzo.
El señor RUIZ-ESQUIDE.- Señor Presidente, tiendo a pensar, al igual que el colega Larraín, que esta no es una cuestión de vida o muerte, ni tampoco una controversia teológica de mayor magnitud.
Por consiguiente, considero que podemos hacer las cosas previendo algunas ideas generales a fin de saber qué resulta mejor para el bien común, que es la suma de todos los incumbentes en determinado momento frente a este tipo de propuestas.
Si el asunto hubiera sido considerado por la Sala solo de esa manera, estimo que ya habríamos votado. Pero se ha registrado un debate que es bastante más serio. Y, como es bastante más serio, permítanme referirme a algunos de sus aspectos.
Primero, ¿a quién favorecen estos feriados y a quién perjudican, en mi opinión?
Benefician a la familia, cualquiera que sea su constitución. Si hay una relación razonable entre sus miembros, la favorecen al permitir que estén juntos dos, tres, cuatro días.
Perjudican al Estado, o más bien al país, en términos de que, como se ha dicho, se pierde cierta cantidad de ingresos que podrían alterar las finanzas, por distintos conceptos, y que, en consecuencia, es bueno no perder.
En seguida, ¿cuáles son los argumentos?
Primero, qué es lo prioritario para los Senadores que estamos votando.
¿Es realmente la familia? ¿Acaso el bienestar? ¿Estamos pensando en Chile, que hay que trabajar para vivir o vivir para trabajar?
Porque cada vez que se plantea un asunto de cualquier orden que tenga que ver con relaciones de este tipo -lo voy a señalar aunque me tilden de majadero-, y también cuando se toca lo del posnatal, la respuesta es "No, porque dificulta la consecución de trabajo".
Pienso que, con las limitaciones lógicas del buen criterio, estamos para vivir y no solo para trabajar.
Además, a quienes cuentan con la posibilidad de tomar los cuatro días, y además sin necesidad de gastar mucho dinero, no les importa la cantidad, pues igual se los van a tomar todos. No imagino a alguna de las personas más ricas de este país preguntando si puede hacer uso de viernes, sábado, domingo y lunes: se va a tomar todos los días.
Por lo tanto, estamos poniendo las limitaciones a los dependientes.
El Senador Allamand señaló que hizo una propuesta que el Ejecutivo no puede acoger porque no está en su línea.
Aquella es también una realidad: o hacemos que toda la gente tenga las mismas ventajas, o tendremos dificultades permanentemente.
Por eso, señor Presidente, voy a votar que sí al viernes y al lunes, para que, sumados al sábado y al domingo, haya cuatro días.
Alguien podrá decir -y el Ministro tiene toda la razón- que eso significa una pérdida, cuyas cifras no son claras. No es lo mismo hablar de 300 millones de dólares que de 90 millones de dólares.
Pero, sí, es legítimo introducir otro factor: "Si usted no quiere dar ese tiempo porque ello significa una pérdida económica para el país, ¿hay otra posibilidad de recoger ese mismo dinero por mecanismos que no sean tan ominosos" -según se ha dicho- "como esto de estar cuatro días sin trabajar?".
Desde hace muchos años vengo formulando un planteamiento; no logré concretarlo en los Gobiernos de la Concertación. Y me llamó la atención que días atrás el señor Ministro de Hacienda, mientras conversábamos aquí, me señalara que no le preocupaba mayormente el hacer un esfuerzo por que las instancias bancarias -cualquiera que sea su nombre- también puedan ser limitadas en sus ingresos y utilidades, que, obviamente, son exageradas para el nivel de ganancias de las personas.
Como buen democratacristiano, tengo profundo respeto por la propiedad privada, y entiendo que ella debe estar también al servicio del bien común. Respeto asimismo -lo digo con franqueza- a los empresarios que trabajan, que generan dinero, que con sus manos y esfuerzos hacen cosas por nuestro país. Pero no tengo ningún respeto por el sistema bancario, pues, objetivamente, creo que solo efectúa un intercambio de dinero que lo lleva a utilidades -según veía en un diario- monumentales y que escandalizan cuando uno las compara con el aumento del salario mínimo en equis pesos tras un gran debate.
Hago aquí una observación que es casi anecdótica, señor Presidente.
¿Quién está planteando hoy en el mundo remirar los spreads bancarios o las utilidades? Un gobierno conservador en Inglaterra. No se trata ni de la Rusia soviética anterior, ni de los Gobiernos de la Concertación, a los que se acusaba de estatistas, sino de Cameron, un hombre de Derecha que gana porque formula planteamientos como ese. Y ahora está proponiendo algo que hasta la más ortodoxa de las iglesias reconoce como necesidad ética a todas luces.
Por eso, señor Presidente, me alegra y me parece bien que se haga ver la conveniencia de un debate un poco más serio.
Para mi gusto, gastamos dinero porque no prevemos las grandes fallas y los enormes problemas que aquejan a nuestro país. Todos los días aparece en los medios de comunicación cuánto cuesta la delincuencia juvenil. Todo eso se puede prevenir. Y también, las cosas exóticas que hemos planteado algunos en el caso del posnatal, que todo el mundo considera lógicas.
En verdad, debemos procurar la felicidad de las personas.
En Chile, señor Presidente, 20 por ciento de la población tiene depresión. Y ello sucede porque estamos en un modelo de competencia inusual. Cuando una persona debe trabajar mucho más que otra para poder competir, se genera una depresión brutal por la incapacidad de lograr lo que ahora se ve como el máximo de la felicidad: tener dinero. Porque, desgraciadamente, la felicidad no se busca por la vía tranquila, sino por la de cuánto gana uno y cuánto el otro.
En esa línea, pienso asimismo que alguna vez habremos de ponerle el cascabel al gato en el caso de la droga, que hoy tiene a los jóvenes abusando de su salud.
Nunca hemos enfocado en la dirección correcta el mencionado problema. En más de una oportunidad he escuchado al Senador Orpis y a otros colegas referirse a él. Y lo menciono sin pretensión ninguna de que podamos hacer algo sobre el particular. Porque, entre droga, depresión, en fin, hay quienes se preocupan de si gastamos un poco más en una medida como la que se está proponiendo para que la gente descanse más.
En tal sentido, ¿vamos a mantener el criterio permanente -no solo de las bancas de Gobierno, sino también de muchos sectores de la propia Concertación- de que lo único que importa es ganar dinero y, por ende, simplemente trabajar donde cada peso que obtiene el más pobre se multiplica por 20 o por 30?
He dicho hasta la majadería que la diferencia de ingresos en nuestro país no se puede seguir tolerando, señor Presidente.
Le pedí a la Comisión de Hacienda -para no ser yo quien hablara de estas cifras- que me hiciera un cálculo a ese respecto. Me respondió que el señor que en Chile tiene una fortuna de 1.500 a 2.000 millones de dólares gana en un año lo que a quienes perciben el sueldo mínimo les costaría 2 mil 226 años de trabajo.
En ese marco, no me parece adecuado fijarnos en pesos más o en pesos menos cuando estamos haciendo un esfuerzo objetivo por la felicidad de una familia, en lo cual, por lo demás, no estamos teniendo éxito; porque, si bien el sueldo mínimo se incrementa porcentualmente más que lo que aumenta la inflación, nadie -debemos reconocerlo- se va a hacer rico con él.
En consecuencia, creo que no habremos realizado más que un intento para que todos tengamos una vida más tranquila, más grata. Porque los chilenos, a lo menos por la constatación hecha en el ámbito de la psiquiatría social, no están precisamente felices.
El señor PIZARRO (Presidente).- Antes de otorgarle la palabra a la Senadora señora Rincón, debo señalar que se me solicitó abrir la votación.
El señor LONGUEIRA.- Manteniendo los tiempos.
El señor PIZARRO (Presidente).- No, porque primero tendríamos que votar la indicación renovada por diez señores Senadores.
La señora ALLENDE.- Todavía no abra la votación, señor Presidente, pues faltan las intervenciones de muchos colegas sobre la idea de legislar.
El señor PIZARRO (Presidente).- No hay acuerdo, entonces.
La señora RINCÓN.- Solo quería pedir que se abriera la votación, señor Presidente.
El señor PIZARRO (Presidente).- No hubo acuerdo, Su Señoría.
El señor LONGUEIRA.- Señor Presidente, en ningún momento dudé de cómo votar frente a este proyecto. Al tomar conocimiento de que en la Cámara se incorporó un segundo día a las festividades del Bicentenario, desde el inicio tuve claro que iba a pronunciarme afirmativamente.
Mi aproximación a estas materias -no es primera vez que debemos resolver sobre una norma de esta naturaleza- es en el sentido de que los feriados le hacen bien al país. Tengo una visión muy distinta de la de quienes miran este tipo de situaciones solo desde el punto de vista de las cifras. Y, por cierto, no comparto la magnitud ni los efectos de las aquí entregadas.
Nunca he presentado un proyecto de ley para establecer un feriado. Voté a favor cuando debimos pronunciarnos en cuanto al cambio de varios de ellos para evitar los días sandwiches. Por lo tanto, no me siento ni haciendo demagogia ni populismo. Muy por el contrario. Porque, según algunas encuestas, habría más gente a favor de tres días que de cuatro.
En todo caso, no me aproximo a la solución por ninguna de esas razones.
Lo que debemos decidir, señor Presidente, es si se justifica o no que este país tenga, en el año del Bicentenario, tres o cuatro días para celebrar esa fecha tan emblemática, tan especial para los chilenos. Y la verdad es que no abrigo ninguna duda -jamás la tuve- sobre cómo votar.
Creo que, en una nación trabajólica -Chile lo es-, los fines de semana son ocasiones en que se hace vida familiar. Aquellos que deben desplazarse a distintas Regiones para seguir sus estudios -lo vemos frecuentemente- aprovechan esos días para visitar a sus padres, a sus demás familiares.
Especialmente en el año del terremoto, me parece que el argumento es doble. Y no comparto lo que se ha dicho aquí en el sentido de que, por ser el año del terremoto, hemos de ser más cuidadosos. Muy por el contrario: si tal es la visión del Ejecutivo, me sorprende que en el proyecto sobre financiamiento de la reconstrucción no se haya propuesto eliminar algunos feriados, si es tanto lo que dejamos de recaudar a causa de ellos.
Por lo tanto, tampoco considero justo ni válido que aquí se plantee lo que se puede hacer con los días feriados. Porque, si esa es la línea argumental del Gobierno, la verdad es que podríamos haberles echado mano a varios de ellos para realizar muchas más cosas.
No me parece que aquella sea la forma de debatir respecto a un día que se halla vinculado a otras motivaciones, que tiene efectos diferentes. Entre ellos, no solo el de permitir el reencuentro de la vida familiar, sino también el de originar bastante turismo interno.
Aquí no se ha dicho algo, señor Presidente: el turismo interno genera una gran redistribución del ingreso. Los fines de semana largos son tal vez los que permiten a muchas pymes y pequeños comercios tener entradas que contribuyan a un mayor dinamismo en varias Regiones y en muchas actividades familiares y pequeños emprendimientos. Por lo tanto, creo que se justifica celebrar el Bicentenario con cuatro días.
Si revisamos la última década, resulta excepcional que el 18 y 19 de septiembre hayan caído en sábado y domingo. Lo que ocurre es que se ha dispuesto de tres, cuatro, cinco e incluso más días si finalmente esas fechas correspondieron a martes y miércoles.
Para decir las cosas como son, ¿quiénes disfrutan de días sándwich cuando se presentan? Una vez, en una discusión como la actual, pregunté por qué no considerábamos una indicación en el sentido de que solamente podría haber feriado en aquellas empresas donde los ejecutivos se lo tomaran. Porque si ellos trabajan, que lo haga todo el mundo. Ese beneficio, entonces, es para algunos y no para todos.
Creo, por lo tanto, que el perfeccionamiento que determinamos en el pasado al trasladar varios feriados que coincidieran con martes o jueves a lunes o viernes le hizo bien de alguna forma al país y se tradujo en que los fines de semanas largos fueran más bien compartidos por todos.
Me parece, honestamente, casi de mal gusto destacar que quienes nos pronunciemos a favor de un día más estaremos restando recursos para reparar los daños del terremoto o para viviendas. A mi juicio, esa no es una argumentación seria, señor Presidente.
Por mi parte, nunca dudé acerca de cómo votar en relación con el proyecto, en especial porque el año en curso registra ocho feriados de lunes a viernes y cuatro en sábados -como aquí se ha observado, son doce días-, siendo el que exhibe menos en la década. Y ello coincide con el hecho de que en 2010 se cumple el Bicentenario.
En consecuencia, no me parecieron bien el planteamiento de que la votación a favor no incide en una cuestión de principios ni las descalificaciones de cualquier tipo. Pero estimo muy importante que la discusión se dé en el mérito de lo que estamos resolviendo.
Si, finalmente, la medida causara tanto impacto, considero que en el año del Bicentenario se justificaría, entonces, fijar como feriados el lunes y el viernes y eliminar otro menos relevante. Opino que los chilenos preferirían que mantuviéramos con ese carácter el viernes 17 y el lunes 20 y que suprimiésemos otro. Ello, si se "cae" el país por agregar feriados en un período tan significativo.
No me parece correcto el anuncio de un veto en el caso de aprobarse lo anterior. Propongo al Ejecutivo que, si se llegara a acoger la idea de celebrar de buena forma el Bicentenario con cuatro días feriados, se echase mano a otro de menor significación -repito- como contrapartida. Pero creo que los chilenos preferirían celebrar como corresponde, en un año excepcional, nuestras Fiestas Patrias.
Y, por último, señor Presidente, quisiera expresar que no miraría el asunto con la pasión o el análisis de una derrota o una victoria. Me parece completamente transversal el tema, respecto del cual cada uno puede mantener una opinión. Creo que, en términos generales, no nos distinguimos por ser un Congreso que anda por el país ofreciendo feriados durante el año. Muy por el contrario. Juzgo que hemos actuado siempre con mucha seriedad en la materia.
Sinceramente, pienso que los cuatro días feriados le hacen bien al alma de Chile, a la familia, a todos. Y estimo que no se tiene que dramatizar por la buena decisión que tomó la Cámara de Diputados para los efectos de celebrar el Bicentenario con un día adicional, en este caso el viernes.
Por las razones expuestas, voy a votar en contra de la indicación y por mantener el criterio que aprobaron en esta materia la otra rama del Congreso y nuestra Comisión.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Rossi.
El señor ROSSI.- Señor Presidente, algo que comparto con el Senador señor Longueira en relación con el punto que nos ocupa es que no se trata de un proyecto que divide entre los buenos, que están por la justicia, y los malos, que están por la injusticia. Esta es una iniciativa en donde median muchos criterios y factores por considerar. A algunos les pesarán más ciertos elementos, y a otros, los restantes.
Por mi parte, voy a votar igual que en la Comisión de Gobierno: a favor de la propuesta original del Ejecutivo, tendiente a otorgar un día.
Porque insisto en que todos estos argumentos pueden ser tremendamente cuestionables. Ahora la Derecha critica porque apoyamos al Gobierno...
El señor NAVARRO.- ¡Ello se pega...!
El señor ROSSI.- Entiendo que el argumento de la catástrofe y el del complejo año que estamos viviendo -venimos saliendo de una crisis económica de gran envergadura- son rebatibles. ¡Qué duda cabe! Pero no son menores. Porque se podría plantear que se pierden 200 millones o 300 millones de dólares, pero los señores Senadores se fijarán en que cuando hacemos referencia a entregarles regalías a las grandes mineras, como la invariabilidad tributaria hasta 2025 -imagino que se puede contar con que el señor Ministro de Minería llegará de Sudáfrica al debate de mañana-, estamos aludiendo a 600 millones de dólares. O sea, la mitad de los recursos que se recaudarían, eventualmente, con esta última propuesta se podrían obtener en caso de evitarse un día de feriado adicional.
Le encuentro mucha razón a mi Honorable colega Ruiz-Esquide cuando afirma que toda la energía de los políticos debiera volcarse en procurar la felicidad de los demás seres humanos. Considero que todos los chilenos -y, en general, el hombre y la mujer- buscan la felicidad en la vida e intentan desarrollarse plenamente, en armonía con el universo. Y el trabajo es una parte esencial de la existencia. Por tanto, el análisis respecto de si este genera desarrollo humano actualmente en Chile, de si las circunstancias en que se efectúa son óptimas y de si permite el potenciamiento de cada persona corresponde a otro debate. Porque, indudablemente, ahí tendremos presentes cuáles son las condiciones laborales; los indicadores existentes respecto del desarrollo o no del individuo en cada actividad económica. Pero esa no es ahora la cuestión. A mi juicio, el asunto es ver hoy día con criterio qué es lo correcto. Y estimo sinceramente que la propuesta original, dada la situación que estamos viviendo, es del todo razonable.
Creo que los ritos son importantes. El Bicentenario es una fecha relevante, pero cuya conmemoración no me parece que se relacione con cuántos días otorguemos de feriado. Porque, si fuera así, entonces cabría dar la semana completa, para asignarle efectivamente todo el realce que se requiere a una fecha tan significativa para el pueblo chileno.
Sí deseo consignar que comparto la propuesta de los Senadores señores Allamand y Tuma en orden a tratar de equilibrar o, más bien, de "emparejar la cancha", para que los efectos de los feriados les lleguen a todos los sectores. No parece justa la situación que vive la gente del comercio, para la cual finalmente incluso no significa ningún beneficio uno de esos días. Entiendo que la indicación pertinente fue declarada inadmisible, pero sería tremendamente interesante que la proposición de mis Honorables colegas a favor del comercio fuera acogida por el Ejecutivo y pudiese ser presentada -al menos, en lo que respecta al Senador que habla- para los efectos de contemplarse un día de feriado, como fue el planteamiento original de este último.
La señora ALLENDE.- Señor Presidente, hemos estado debatiendo desde hace un rato acerca de un tema opinable, como es obvio, y que no dice relación a ningún sesgo ideológico ni posición política, ni mucho menos a un punto de vista extremo, sino respecto del cual simplemente uno va inclinándose según lo que siente.
Deseo consignar muy claramente que los dos días propuestos le harán bien al país por muchas razones. Aquí ya se ha señalado en forma reiterada que este año calendario, no solo caen el 18 y 19 de septiembre en sábado y domingo, los cuales presentan la connotación especial del Bicentenario, sino que, además, registra muchos menos feriados que lo normal, en comparación con 2009.
En seguida, se ha mencionado una cantidad, muy fría, cuyos fundamentos no tengo claros -ignoro cómo el Banco Central puede hacer referencia con tanta precisión a 240 y tantos millones o 260 millones de dólares, supuestamente-, porque creo que algunos sectores sí se activarán, como el turismo, incluido el interior, lo que hizo presente, con razón, el Senador señor Longueira.
Pero no solo concurren esas consideraciones, señor Presidente. En Chile rige, en forma clara, una de las jornadas laborales más extensas, aunque no sé si ello se traduce necesariamente en mejor productividad. Y no se trata únicamente de eso, sino también de que, para poder cumplirla, mucha gente debe ocupar al menos un par de horas, como la que se traslada en un transporte público malo, en llegar al trabajo y volver.
Si uno considera la realidad de esas razones, sociales y familiares, empieza a comprender por qué, en condiciones tan excepcionales y con menos aprovechamiento de feriados, los días 17 y 20 de septiembre ostentan plena legitimidad.
Sin embargo, además existen otros factores. Todos sabemos que en ese período las escuelas normalmente dan vacaciones, lo que a menudo resulta muy difícil conciliar a las madres trabajadoras con hijos en edad escolar. Ello, por cierto, nos ha preocupado muchas veces.
Quisiera, entonces, mirar el asunto desde esa perspectiva y desde la correspondiente a numerosas familias que sufrieron el terremoto y quedaron devastadas emocionalmente, pues es muy importante que esas personas puedan disponer de algunos días para mejorar su estado de ánimo y sentirse un poco más relajadas luego de momentos tan traumáticos. Y lamento que en el proyecto de ley sobre reconstrucción no se aceptara una indicación de la Cámara tendiente incluso a destinar recursos para el apoyo emocional. Si algo necesitan mucho nuestros compatriotas es eso, después de lo que se ha vivido.
En consecuencia, presenta plena legitimidad la perspectiva de compartir, de juntarse, de disponer de más tiempo, de compensar a muchos lo que han sufrido, pues ello tiene una razón de ser, por lo que ya hemos explicado. Esa es la razón que me lleva a votar a favor -por lo tanto, en contra de la indicación- de lo que despachó la Cámara de Diputados.
Sin embargo, también quiero pensar -y estimo muy importante que analicemos el punto de alguna manera- que compartimos el deseo de sentir que, como país, ponderamos el hecho de que las Fiestas Patrias caen en sábado y domingo, lo que normalmente no sucede.
No abrigo duda alguna de que, como aquí se señaló, existe en la Administración Pública un derecho ganado en la materia, que algunos -no necesariamente todos- empiezan a aplicar también en el mundo privado y que establece ya una diferenciación respecto de quienes pueden trabajar medio día el viernes previo. Entonces, no tiene mucho sentido lo que estamos discutiendo, porque todos entendemos que si una persona entra a las nueve de la mañana y a las doce empieza legítimamente el feriado, es mucho mejor programarse y determinar que el viernes tiene esta última calidad -el jueves se trabajará en plenitud, por lo tanto-, a lo cual se agregará el lunes.
Mas deseo detenerme en algo que me llama la atención: el Gobierno no quiere escuchar, lo que hasta excluye a un Senador de su propio sector. Creo que lo expresado, con toda seriedad, por el Honorable señor Allamand presenta un tremendo fundamento. Y le encuentro toda la razón, pues la situación resulta extraordinariamente injusta para los trabajadores del comercio.
No estamos haciendo referencia al negocio familiar ni a la microempresa -todos sabemos que, para poder sostenerlos, sus propios integrantes normalmente atienden y se turnan-, sino a las grandes empresas del retail, las cuales, además, son conocidas por contar con más de cien razones sociales, en algunos casos.
Ese es otro asunto, pero espero que alguna vez el Senado pueda discutirlo con seriedad, porque no me parece legítimo que, por esa vía, se impida el proceso de asociación, el de sindicalización, el de negociación colectiva. Ello, en verdad, constituye un tema complejo.
De a poco, por ejemplo, hemos logrado clarificar el término "sueldo". Porque, con frecuencia, se trabaja sobre la base de un mínimo, en la medida en que existen comisiones de por medio. Y es gente que, francamente, se halla sujeta a horarios tremendos, como han podido advertirlo los señores Senadores, ya que no se trata solo de las horas de atención continua, sino que también debe quedarse, en el caso del sector del retail, para arreglar lo que se desordenó durante la jornada. Espero que alguna vez podamos debatir el punto.
Tiene razón el Senador señor Allamand al expresar: "¡Cómo van a ser estas personas las más perjudicadas!". En definitiva, si no vamos a darles el beneficio en análisis, entonces se enfrentarán a una obligación y una compensación extra y, evidentemente, no podrán tomarse el descanso.
Porque es cierto que, en otros niveles -digámoslo de una vez-, quienes no dependen de un horario, de un contrato de trabajo, cuentan con más posibilidades. Resulta obvio que ciertos ejecutivos, que quienes se desempeñan en algunos planos intermedios o que los ocupantes de puestos más altos, de dirección, se tomarán libre ese fin de semana. Y, normalmente, son los que pueden, además, escaparse de Santiago y llegar a una segunda casa, en forma legítima, de modo que les será posible disfrutar de los cuatro días.
Por lo tanto, quisiera que el Ejecutivo -aunque en este minuto no se encuentra presente el Ministro señor Larroulet- escuchase los argumentos entregados por el Senador señor Allamand, los cuales me parecen muy legítimos, y que ojalá se abriese a la posibilidad planteada. Porque la declaración de inconstitucionalidad resta a nuestras facultades -ellas fueron cercenadas considerablemente en la Constitución de 1980- y nos deja con las manos muy amarradas. A veces, no es posible aplicar iniciativas bastante legítimas y con un buen fundamento, porque simplemente se declaran inconstitucionales. Esta última es otra cuestión, pero también espero que en alguna ocasión podamos debatirla.
Reitero, señor Presidente, que me gustaría que el Ejecutivo se abriera a la posibilidad referida y que retomásemos la indicación, la cual va a hacer justicia e impedirá la inequidad actual. Porque cualquiera de nosotros que haya conversado con un trabajador del comercio sabe perfectamente bien cuáles son las condiciones en que muchas veces trabaja, como lo hemos señalado: con sueldos muy bajos, dependiendo solamente de comisiones y, además, en situaciones de inequidad, pues es muy difícil llevar a cabo un proceso de sindicación cuando existe un centenar de razones sociales, lo que siempre ha impedido organizarse y, mucho menos, pensar en una negociación colectiva.
Todas estas razones, en verdad, más bien apuntan al sentido común de valorar el tiempo de esparcimiento.
Aquí se hizo presente que Chile es uno de los países con mayor número de feriados, en comparación con otros pertenecientes a la OCDE. Es posible que sea cierto. Pero el señor Ministro omite un aspecto que ya mencionamos: las largas jornadas laborales, sin considerar el tiempo de desplazamiento, que es de dos horas de ida y vuelta. Mis Honorables colegas ya han considerado lo que ello significa para el núcleo familiar, así como también el costo de pasar prácticamente doce horas fuera de la casa, que lo afecta, evidentemente.
Y lo que no se ha comparado es el número de días de vacaciones, caso en que la cuestión es distinta. Chile seguramente se encontrará en una zona mediana, pero no será el que registre la mayor cantidad, pues otros países de la OCDE tienen muchos más.
Entonces, cuando se entrega un número, me gustaría que el panorama fuese completo. Porque no se puede mostrar solo la cifra que golpea, entre comillas, y consignar un número de feriados, sin decir nada sobre las vacaciones, cuestión no menor cuando nos referimos a la integridad familiar, las posibilidades de esparcimiento, la recuperación de energías que implica el descanso anual de los trabajadores de cualquier sector.
Por todas esas razones, señor Presidente, sería muy bueno que el Ejecutivo entendiera que quienes vamos a votar a favor lo haremos pensando en el bienestar de la gente y no en los fríos números que se indicaron. Además, no sé si estas cifras tienen el sustento que se ha querido demostrar, y probablemente son bastante engañosas.
En consecuencia, creo que valdría la pena abrirse a pensar seriamente lo que significa que los días 17 y 20 de septiembre sean feriados.
El señor NAVARRO.- Señor Presidente, el debate no radica en la existencia de dos días feriados, sino de medio día feriado. Porque, en definitiva, se trata solo de la tarde del viernes 17.
Todos los funcionarios públicos disponen por ley de la República (artículo 71 del Estatuto Administrativo) de feriado administrativo. Y en las empresas privadas se produce un efecto dominó, porque los trabajadores llegan a acuerdo con sus empleadores a fin de gozar de lo que algunos denominan un día "sándwich", es decir, ajustan el feriado.
Lo más extraño de esta discusión es que quienes tienen algún poder de decisión sobre la materia no van a trabajar en las fechas en cuestión. Y dudo que lo hagan los que debaten sobre si los chilenos laboran o no. Por lo tanto, la materia es analizada por los que igual se van a tomar esos días.
Señor Presidente, creo que se debe colocar el acento en un punto más de fondo: el Informe sobre el Desarrollo Humano en Chile 2009, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) señala que el chileno trabaja 53 horas como promedio a la semana, lo que supera en 17 por ciento las 45 horas establecidas por nuestra legislación.
¿Se acata la ley laboral en Chile? Es cierto que el Congreso, con el voto de todos nosotros, redujo la jornada laboral de 48 a 45 horas. ¿Pero ella se cumple en la práctica? ¡No! Se han usado las más diversas artimañas para vulnerar los derechos de los trabajadores del comercio: en el retail,en París, Falabella y en todas las grandes tiendas. La semana corrida que aprobó este Parlamento tampoco se aplica; se deniega, recurriendo a la triquiñuela, al camino corto.
Entonces, cuando las Naciones Unidas expresan que en el país se trabajan 53 horas y no las 45 que dispone la legislación laboral, significa que alguien está violando, incumpliendo la ley.
En tiempos pretéritos, en la universidad, conocí acerca de los "Mártires de Chicago". Algunos de los presentes recordarán su historia. El 1° de mayo se celebra el "Día Internacional de los Trabajadores", en memoria de la gesta llevada a cabo para el establecimiento de una jornada laboral de 8 horas.
¿Cuántos trabajadores de mi patria laboran 8 horas diarias? ¿Los de los municipios?
El señor LETELIER.- ¡No es así!
El señor NAVARRO.- Tal vez. El resto tiene jornadas de 10 a 12 horas, o incluso más, y muchas veces sin recibir el pago de horas extraordinarias. Porque la legislación laboral es extremadamente débil, y no permite defender esos derechos.
Tengo la certeza de que el Gobierno está preocupado de que Chile no pierda dinero si hay un día menos de trabajo. Sin embargo, con la misma fuerza debería haberles pedido a los Intendentes y a los Ministros que trabajaran y no se fueran al Mundial de Fútbol. Porque, si se pretende dar un ejemplo en el sentido de que hay que laborar 24 por 7; es decir, 24 horas durante 7 días a la semana, aquello no resulta lo más adecuado.
Chile tiene 15 días feriados anualmente, pero este año solo serán 11. Y la celebración del Bicentenario implica una actividad que hace crecer la economía. Para el Centenario -creo que lo dijo la Senadora Rincón- el feriado fue de una semana. Hubo otros acontecimientos, por cierto.
De otro lado, ha llegado la hora de poner una dosis de cordura en lo concerniente a la familia.
El Producto Interno Bruto es el indicador que mide el desarrollo económico. Y les solicito que repasemos las palabras del Presidente Sarkozy y de Stiglitz, Premio Nobel de Economía, quienes dijeron que deberíamos avanzar hacia un Índice Nacional de Felicidad para evaluar si efectivamente los países que se desarrollan son más felices. En verdad, la mayoría de los economistas del Fondo Monetario Internacional opinan que las naciones que más crecen son infelices, porque tienen mayor competencia y, tal vez, sienten envidia de que otras posean más que ellas.
Paradójicamente, países como México y Colombia registran índices de felicidad superiores a los británicos y a las principales economías mundiales.
Por tanto, medir el Índice de Felicidad Nacional podría significar un esfuerzo interesante respecto a cómo podemos evaluar nuestra preocupación por la familia.
Señor Presidente, voy a apoyar el establecimiento de dos días feriados, porque estimo que representa una oportunidad. ¡Chile merece un respiro! Este ha sido un año tremendamente difícil, no solo para las zonas devastadas por el terremoto y el maremoto, sino, además, para quienes han realizado trabajos voluntarios y emprendido grandes esfuerzos.
Bien vale la pena hacer un alto en estas Fiestas Patrias para descansar y estar más tiempo junto a la familia.
Yo formulo aquí una apelación concreta en favor de que quienes tienen que viajar puedan pasar más tiempo con sus seres queridos. Numerosas personas de mi Región se han ido a trabajar al norte, a las zonas mineras, y otras al sur. Ellas deben movilizarse durante muchas horas para estar algún tiempo con su familia.
A mi juicio, el tiempo y los ingresos -entre comillas- perdidos pueden recuperarse con mayor eficiencia. Y deberíamos llevar a cabo un debate acerca de cómo podemos mantenerla y elevarla en lo que resta del año, en vez de si brindamos un feriado más o uno menos a los chilenos.
¡Más eficiencia, no más trabajo! Este debería ser el lema central.
Sabemos que nuestros compatriotas laboran en exceso, demasiado, y alguien no cumple la ley.
En consecuencia, señor Presidente, el debate debe centrarse en la aprobación de los días feriados, y en las contradicciones surgidas a partir de lo que yo he planteado.
¿Por qué se trabaja más de lo especificado en la legislación laboral? ¿Por qué discutir si se perderán 200 ó 300 millones de dólares si se acuerdan estos feriados, cuando se halla claramente demostrado que la gente que tiene posibilidades de compartir y ser feliz, que dispone de mayor tiempo para el ocio creativo y puede disfrutar más de la vida no vive para trabajar sino que trabaja para vivir?
Ese debería ser el concepto: trabajar para vivir. Uno labora para conseguir los elementos básicos para subsistir. No vive para trabajar, como les ocurre a cientos de miles de chilenos que le dedican a su empleo muchas horas de su familia y de su crecimiento personal.
Entonces, este no es un debate entre trabajadores y flojos, o entre perezosos y activos. Se trata de un debate respecto a cómo hacemos que el país sea más eficiente, no necesariamente trabajando más, sino teniendo mejores condiciones de empleo. Y estas pasan por un elemento básico: el recurso humano. Es decir, no solo las máquinas deben estar disponibles para laborar -bien aceitadas y con buena mantención-, sino también las personas, que tienen que estar en condiciones óptimas para hacerlo.
Queridos colegas, tomemos esta iniciativa como una oxigenación necesaria después de un año extraordinariamente complejo: de mucha tensión y estrés a raíz del Mundial de Fútbol, y de todo el terror provocado por el terremoto y el maremoto.
Por consiguiente, la posibilidad de que los chilenos dispongan de un día más de descanso debe ser bienvenida. Porque les permitirá a las familias relajarse y disfrutar.
Si algunos desean trabajar, que lo hagan. Nadie se los va a impedir. Pero queremos que a los trabajadores de las multitiendas, del retail y de las grandes empresas comerciales se les otorguen condiciones especiales. Porque como estos feriados no son obligatorios, o son transables, muchos de ellos igual deberán laborar.
Me gustaría que se acogiera lo propuesto en la Cámara de Diputados en el sentido de hacer invendibles, intransables, obligatorios los dos días feriados. De no ser no ser así, en diversos lugares se alcanzarán acuerdos y numerosos empleados trabajarán, particularmente, en el sector servicios, en el comercio.
Por ello, no será un feriado justo. Y ojalá podamos revisar el punto.
Votaré a favor de lo planteado por la Cámara de Diputados, y en contra de la indicación. Pues estoy a favor de los dos días feriados, y de extender este beneficio en forma intransable a los trabajadores del comercio.
El señor ORPIS.- Señor Presidente, tal como se ha sostenido en el curso del debate, esta materia es eminentemente opinable. Y lo digo pensando sobre todo en el Bicentenario. Porque no se trata de un feriado igual al resto, sino de uno en torno a ese acontecimiento, sobre el cual todos tenemos miradas distintas.
En lo personal, mi visión es diferente de la que se ha expresado aquí acerca del Bicentenario.
Lo que me dice el país de cara al Bicentenario es que existen grandes desafíos pendientes. Basta ver lo que ocurre en las áreas de educación, de salud y en todas las que hay enormes deficiencias. Esto no se soluciona con la cultura del feriado, sino con esfuerzo, con sacrificio, con constancia, con rigor.
Desde ese punto de vista, señor Presidente, en general soy enemigo de los feriados, porque al final estos constituyen señales.
Si los señores Senadores leen la Cuenta que se entregó hoy, advertirán que en su texto aparece una moción que declara feriado el 24 de junio, en homenaje a los pueblos originarios de Chile.
Es decir, hoy no solo se analiza el establecimiento del feriado que nos ocupa, sino el de otro más.
Pienso que resulta necesario desterrar definitivamente la cultura del feriado, y asumir la del sacrificio. Es el mejor homenaje que le podemos rendir al país de cara al Bicentenario.
¿Por qué se caracteriza el Bicentenario, señor Presidente? ¿Por señales de esta naturaleza? ¡No! Pero siento que actualmente se encuentra en el debate de la opinión pública si vamos a tener un día más o uno menos de feriado.
A mi juicio, señor Presidente, la presente discusión constituye el peor favor que se le puede hacer al Bicentenario, porque todo gira en torno al festivo. Aquí se ha debatido mucho sobre él, pero a mí me preocupa, por ejemplo, que los índices de productividad nacional han bajado enormemente en el último tiempo. Y eso significa que no estamos trabajando bien.
Soy uno de lo que suscribieron la indicación que se formuló, la cual, en mi opinión, va más allá de este feriado en particular.
Me gustaría que en este Bicentenario nos caracterizáramos, no por la cultura del feriado, sino por la cultura del rigor, la cultura del trabajo, la cultura de hacer las cosas bien. Y para eso deberíamos haber acotado la iniciativa a lo verdaderamente indispensable.
En estricto rigor, con el lunes 20 es suficiente. Porque -como se ha planteado-, si también fuera festivo el viernes 17, los festejos empezarían el día anterior ya que los funcionarios públicos partirían el mediodía del jueves. Y eso provocaría un efecto dominó en el sector privado.
Reitero que el peor favor que le hemos hecho al Bicentenario es debatir acerca de un día adicional de feriado. Yo espero que la reflexión respecto a este acontecimiento radique en cuestiones diferentes: qué hemos realizado bien; cómo podemos retomar la cultura del rigor, del sacrificio, del esfuerzo. Y ello, evidentemente, va en contra de la cultura del feriado.
El señor QUINTANA.- Señor Presidente, no cabe duda alguna de que este debate es transversal, y de que los distintos puntos de vista expuestos son todos muy serios.
El señor Ministro señaló recién que se estima que dos días sin producción representan una pérdida de, aproximadamente, 600 millones de dólares para el país. Y también expresó que parte de los ingresos provenientes de la productividad va, directa o indirectamente, a la reconstrucción.
Entonces, yo me pregunto: ¿por qué aquí no se formula ningún cuestionamiento, ni por los parlamentarios oficialistas partidarios de los dos días feriados, ni por el Secretario de Estado mencionado, en cuanto a que el Fisco dejará de percibir recursos que también van a la reconstrucción?
¿No será que el Gobierno se convenció de que 600 millones de dólares constituyen poca plata para los efectos de la reconstrucción del país? ¡Estamos hablando de lo que Chile produce en dos días...! Es la misma cantidad que se propone pedirles a las grandes empresas mineras para la reconstrucción. ¡Nada más que eso!
En cuanto a las celebraciones por el Bicentenario, el festejo previo ya se realizó, en parte, cuando nuestra Selección Nacional de Fútbol jugó los partidos con Suiza y con España. Creo que ahí los chilenos disfrutaron casi como si estuvieran conmemorando el Bicentenario. O tal vez más. Y algo se dijo por ahí en el sentido de que las pérdidas por los medios o cuartos de días no trabajados podrían ser del orden de los 300 millones de dólares.
Quizá alguien diga: "Queremos más festejos, más celebración". Pero si consideramos lo que deberemos aprobar o rechazar mañana: el ingreso mínimo, también se podría manifestar: "¡Pucha, 170 mil pesos es repoca plata para celebrar...!"
Claramente, existen argumentos para todos los lados. Y no hay una mirada muy coherente de parte del Gobierno.
No es bueno aludir solo a la eventual pérdida de 600 millones de dólares. Es preciso apuntar -así lo ha hecho la totalidad de los Senadores- a una línea de mayor seriedad, en cuanto a cómo poner en la balanza lo que el Bicentenario significa para el país y la necesidad de festejarlo, en medio, incluso, de la polémica suscitada con relación a obras emblemáticas del Bicentenario; de los cuestionamientos del Gobierno respecto de aquellas que se hicieron o no en la Administración anterior; en fin. No sé si el clima del Gobierno de unidad se encuentra tan presente en esta celebración del Bicentenario.
Insisto: ¡170 mil pesos de ingreso mínimo mensual son poca plata para pensar en más festejos!
Sin embargo, señor Presidente, quiero centrar la atención en un par de aspectos que no se han abordado acá.
Aumentar en dos días los feriados implica desconocer que 154 personas murieron desde 2005 hasta 2009 solo a causa de accidentes de tránsito en Fiestas Patrias.
En efecto, en 2005 fallecieron 20 personas; en 2006, 42; en 2007, 41; en 2008, 28; en 2009, 23.
Y en el feriado del último fin de semana largo, que no fue de Fiestas Patrias, murieron 17 personas.
Lo anterior, naturalmente, se halla muy asociado al consumo de alcohol, a accidentes por exceso de velocidad, a todo lo que sabemos.
La información que acabo de dar es oficial y fue entregada por Carabineros y por la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito (CONASET).
O sea, en el mismo momento en que analizamos el establecimiento de un día adicional de feriado, sabemos que por tal motivo -no digo que lo originaremos nosotros- al menos fallecerán 7 u 8 personas más. Y no creo que se desee esto para la conmemoración de nuestro Bicentenario.
En otra línea de argumentación, muchas personas de las zonas afectadas por el terremoto y el maremoto -en mi Región, fundamentalmente de Angol, Traiguén, Renaico y de Collipulli- me han expresado: "¡Senador, qué tanto tenemos que celebrar!"
Imagino cómo será en los lugares más devastados, donde murieron más de 500 personas. Esas familias, más que celebrar, quieren reconstruir; quieren respuestas del Gobierno; quieren soluciones a sus problemas de vivienda, las cuales no han llegado, y que no se les sigan mojando las mediaguas, que necesitan impermeabilización.
¡Esas son las respuestas que se requieren del Estado, pero estas no llegan!
Un último punto, señor Presidente, tiene que ver con los trabajadores del comercio. Más allá de que en el Senado aprobemos como feriado solo el lunes 20 de septiembre, o adicionalmente el viernes 17, lo cierto es que no habrá una homologación de ese beneficio para quienes laboran en establecimientos comerciales. Porque el Gobierno no accedió a la petición de los Senadores Allamand y Tuma de patrocinar -condición indispensable- la indicación que lo posibilitaba.
Por lo tanto, se consagrará un sistema donde habrá trabajadores de primera y de segunda clase. Y resulta claro que estos últimos serán los del comercio, que no tendrán derecho a tal beneficio, establecido por ley -su espíritu era justamente aplicarlo en este tipo de ocasiones- dos años atrás.
Para concluir, señor Presidente, quiero manifestar que represento en el Senado a la Región de La Araucanía, donde, como se sabe, la población mapuche es predominante, muy relevante. Y ahí mucha gente me dice: "Mire, don Jaime, aquí no tenemos mucho que celebrar. Nosotros fuimos anexados, por la vía de la pacificación o como se quiera interpretar esto desde el punto de vista de la historia, recién en 1881. Y, además, hace tres días celebramos nuestro Año Nuevo".
Por su parte, el Gobierno sostiene acá que en Chile no hay muchos feriados legales en el año. Nada le costaba dar el patrocinio al proyecto de ley que hace mucho tiempo se encuentra en la Cámara de Diputados para que el 24 de junio de cada año sea declarado feriado como el Día de los Pueblos Originarios, con lo cual se agregaría uno más al calendario, satisfaciendo a aquellos que afirman que es baja la cantidad de este tipo de asuetos.
Insisto: muchos sectores del país consideran que hay poco que celebrar y mucho que reconstruir. Por eso, la propuesta inicial del Ejecutivo me parece suficiente.
En consecuencia, por las razones que señalé -especialmente me hace mucha fuerza la alta accidentabilidad del tránsito en un fin de semana largo-, votaré a favor de la indicación del Ejecutivo en cuanto a declarar como feriado solo el día lunes 20 de septiembre.
El señor MUÑOZ ABURTO.- Señor Presidente, la gran mayoría de los Senadores que me precedieron en el uso de la palabra durante esta tarde se han mostrado de acuerdo con la propuesta aprobada en la Cámara de Diputados que declara feriados legales los días 17 y 20 de septiembre de 2010, para lo cual esgrimieron diversas razones que, en su esencia, comparto.
Es evidente que nuestro país se halla en una situación bastante especial: va a celebrar el Bicentenario de la República para lo cual se realizarán muchas actividades que -como afirma el mensaje- tienen por finalidad profundizar nuestra identidad nacional y rescatar varias tradiciones que, en forma común y corriente, se llevan a cabo los días 18 y 19 de septiembre de cada año.
¿Por qué debemos aprobar dos feriados? Porque, como ya se dijo en la Sala, quien gana es la familia, pues esos días van dirigidos a que el núcleo familiar -fundamental en toda sociedad y particularmente en la chilena- tenga ese reencuentro, que es muy difícil de conseguir debido a la conflictiva situación económica por la cual atraviesa el país.
Asimismo, se ha manifestado que debiéramos hacer más sacrificios. Yo comparto esa tesis, siempre que ello vaya en aras del desarrollo del país. Todos debiéramos hacerlos; pero soy partidario de que ello sea bien compensado. No podemos pedir que hagan esfuerzos a compatriotas que ganan el salario mínimo, el cual el Gobierno acaba de fijar en 172 mil pesos.
Entonces, debemos ser consecuentes. Podemos demandar sacrificios a las chilenas y chilenos, siempre y cuando reciban su debida compensación.
Por otra parte, señor Presidente, me parece necesario dejar constancia -como expresaron también otros Honorables colegas-, de que Chile tiene la jornada laboral más extensa del mundo, cuyo cumplimiento no es debidamente fiscalizado ni controlado por los organismos correspondientes.
Por eso -como sostuvo anteriormente el Senador señor Navarro- en el país no se trabajan 45 horas semanales, sino más. Y no resulta admisible exigir esa cantidad de horas semanales, porque no hay un riguroso control, el que tampoco se logrará en los próximos meses.
Sin embargo, deseo detenerme en el hecho de que en el texto aprobado en la Cámara de Diputados se señala que los trabajadores del comercio tendrán los mismos derechos que establece la ley Nº 20.215 durante los feriados obligatorios; es decir, el 1º de mayo, el 18 de septiembre, el 25 de diciembre y el 1º de enero.
Cabe recordar que la norma está dirigida fundamentalmente a los trabajadores del retail, por cuanto los supermercados permanecerán abiertos en las fechas indicadas, excepto el 18 de septiembre. En esta materia recojo la proposición formulada por el Senador señor Allamand, en el sentido de que, a mi entender, en Chile ya existe la costumbre de proveerse de alimentos en los supermercados durante los feriados. Y puede provocar problemas de desabastecimiento el que los empleados de comercio, que legítimamente debieran gozar de esos días de descanso, estuvieran haciendo uso de sus feriados legales los días viernes 17 y lunes 20 de septiembre.
Por eso, la mejor forma de resarcir a los trabajadores del sector comercio consiste en la propuesta formulada por el Senador señor Allamand, en cuanto a entregarles un incentivo, un porcentaje de su sueldo por horas extraordinarias, para que ellos vean que laborar los días 17 y 20 de septiembre les va a significar una compensación económica, ya que no pueden hacer uso efectivo de ese feriado obligatorio, como señalé anteriormente.
Por su parte, otras actividades de la economía nacional quedan excluidas del goce de este tipo de feriados; por ejemplo, los dependientes de las estaciones de expendio de combustibles, quienes, en forma permanente, han solicitado hacer uso de los feriados que se invocan en favor de los trabajadores del comercio, no ejercer turnos de noche y, por lo menos, asimilarse a las jornadas vigentes en otros países del mundo.
Es efectivo que en distintas partes del orbe hay estaciones de servicio automáticas que no requieren la participación de los tradicionales bomberos como sucede en Chile, como también que los supermercados no abren los días festivos. No obstante, es cierto que otras naciones tienen menos feriados en comparación a los que registra nuestro país.
En consecuencia, anuncio que votaré a favor de la propuesta de la Cámara de Diputados, porque fundamentalmente se trata de un par de feriados que ayudarán a quienes hacen posible el desarrollo nacional. La familia chilena -en especial la de sectores tan dañados por los efectos del terremoto, ya sea desde el punto de vista material o sicológico- necesita este descanso como una forma de reparar emocionalmente lo que ha sufrido.
Y para el resto de los chilenos estos feriados implican un reencuentro con los seres queridos, con la chilenidad y con todo lo que significa nuestro Bicentenario y la celebración de los 200 años de República independiente. Todo esto merece un marco adecuado, el cual está garantizado por la propuesta formulada por la otra rama legislativa.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Girardi.
El señor GIRARDI.- Señor Presidente, en Chile siempre hemos puesto el énfasis en la productividad, la competitividad, el trabajo y más trabajo.
Y eso me parece muy bien.
No obstante, el problema de nuestro país no radica en que la gente no trabaje, sino todo lo contrario. Si uno analiza la situación desde la perspectiva de la salud mental, se dará cuenta de que Chile evidencia uno de los índices más altos del mundo en angustia, no solamente en las mujeres. El 40 por ciento de ellas sufre de tal trastorno. Somos el primer consumidor de benzodiazepinas en el planeta. Y en nuestro país la angustia se expresa en los hombres a través de otros síntomas: por ejemplo, experimentan un alto consumo de alcohol. Además, tienen como consecuencia de lo mismo -y no lo digo por nadie en particular- una alta prevalencia de disfunciones sexuales, como eyaculación precoz y otras. Somos un país que vive en la depresión.
Creo que a Chile le falta justamente gozar de la vida, tener mejor calidad de vida, alegría.
En salud podemos tener diferencias con los países desarrollados que han alcanzado altos estándares. Si bien en las naciones europeas la edad de jubilación es a los sesenta años, ello se está discutiendo por la crisis en que se encuentran. Pero la jornada laboral en Francia es de 35 horas. Evidentemente, se trata de un avance de esas sociedades, que implica, entre otras cosas, que los padres puedan estar más con sus hijos. Se busca que esas sociedades alcancen un concepto de crecimiento que no tenga que ver solo con el PIB, sino también con desarrollo personal, con humanidad, con integridad, con afecto, con progreso de la familia y de las personas. Creo que en Chile el concepto de crecimiento es demasiado unilateral.
En un país excesivamente trabajólico como Chile -donde falta la alegría, en el cual la jornada laboral es extenuante, donde a los trabajadores casi ni siquiera se les respetan sus feriados legales-, decir que para celebrar el Bicentenario resulta excesivo agregar dos días feriados, me parece absolutamente contradictorio con lo central, con el desarrollo integral del país.
Chile no se va a desarrollar solo desde el punto de vista del PIB ni incentivando competitividad, individualismo y más trabajo, sino cuando también estimulemos el sentido de comunidad, respeto por el otro, una visión más altruista y donde también apostemos a la calidad de vida de las personas.
No veo problema en esto para cuando la nación celebre 200 años de vida independiente. Porque muchos de los que poseen más dinero se toman vacaciones, y son los empleados los que deben trabajar en las empresas. Además, porque estimo que siempre el viernes es un medio día perdido.
Entonces, no tengo complejo alguno en manifestar que me parece una muy buena medida -en especial para la salud mental de nuestro país, dadas sus características- que haya dos feriados más.
El señor LAGOS.- Señor Presidente, no podría estar más de acuerdo en esta oportunidad con el Senador Girardi, así como en otras materias.
Al final del día, nos encontramos ante un problema que a veces da para tratarlo más jocosamente, pero se trata de algo serio, porque hay varias cosas en juego.
En primer lugar, acojo de manera muy responsable lo dicho por el Ministro Larroulet en el sentido de que, dado el año de reconstrucción en que nos encontramos, esta medida implica un costo económico para el país. Así lo manifestaron también otros señores Senadores que me han antecedido en el uso de la palabra.
Sin embargo, y con todo lo que está puesto encima de la mesa, a mi entender, también nos encontramos ante un feriado especial: el Bicentenario. Pienso que al respecto huelgan palabras. Pero tenemos la mala fortuna de que la festividad sea en un sábado y un domingo.
El Gobierno, con algo de criterio, frente a la situación descrita propone un día festivo adicional.
Ahora bien, los chilenos trabajan mucho, aunque estoy de acuerdo en que tal vez su productividad media sea baja. Pero no creo que la mejoremos con un día de trabajo, dadas la capacitación y la expertise que tienen los recursos humanos en Chile.
Por otro lado, en un aspecto más de fondo, es necesario decir que el país posee un número importante de feriados. Pero en el 2010 habrá menos que en muchos años anteriores. Y lo que hace la propuesta no es sino restablecer lo que ya existe.
Si alguien posee dudas respecto al número de festivos, entonces legislemos derechamente para reducirlos, pero de manera integral y no siguiendo esta política caso a caso. Se hizo un esfuerzo en el pasado para que algunos feriados que caían en medio de semana se trasladaran al lunes más próximo. Pienso que sigue pendiente una discusión acerca de cómo abordar lo relativo a los festivos. Y, entonces, de nuevo nos encontramos con esta legislación ad hoc, especial para un caso concreto, que además conlleva los derechos laborales de importante número de trabajadores chilenos en cuanto a si se les aplican o no ciertos beneficios o si deben laborar o no durante los días feriados que se acuerden.
Señor Presidente, voy a aprobar estos dos días festivos adicionales. Daré mi voto a favor, porque represento a la Región de Valparaíso, la cual padece serios problemas de desempleo y graves dificultades económicas. Y en el suma y resta no me cabe duda de que un día adicional de feriado le significará ingentes cantidades de recursos económicos, mayor actividad, más ocupación de las plazas hoteleras, un significativo número de jóvenes trabajando como meseros y una superior actividad distributiva. Y todo eso va en beneficio de la Región que represento.
En consecuencia, no me pierdo en ello.
Ojalá, en algún minuto, tengamos la capacidad de analizar una moción que mire de manera integral la materia, proyectándonos, por qué no, en el tiempo. Ya sabemos cuáles son los días que caen feriados en el calendario, y en el futuro podemos legislar para lo que ocurrirá en materia de festivos en los próximos dos, tres, cuatro o cinco años.
Por último, echo de menos que el Gobierno -más que una indicación para que haya un solo día feriado- hubiera mantenido los dos días festivos -estoy pensando en voz alta-, pero al mismo tiempo planteara una compensación para recuperar las horas perdidas, al menos en el sector público. Por ejemplo, se podría haber propuesto que en un lapso de dos semanas o un mes se extendiera la jornada laboral en algunos minutos y así recuperar en cierta forma -porque sé que no es lo mismo- las horas que dejen de trabajarse.
Entonces, procederemos a pronunciarnos sobre la indicación.
El señor LARRAÍN.- Primero debe votarse el proyecto, señor Presidente.
El señor PIZARRO (Presidente).- No, nos pronunciaremos acerca de la indicación.
El señor LARRAÍN.- Pero no está aprobada la iniciativa en general.
El señor PIZARRO (Presidente).- Lo que sucede es que el proyecto se encuentra en discusión general y particular a la vez.
El señor HOFFMANN (Secretario General).- Si no me equivoco, hay que votar primero la indicación, que es contraria al texto de la iniciativa.
El señor LARRAÍN.- Si todavía no está aprobado el proyecto, ¿cómo nos vamos a pronunciar acerca de indicaciones? Primero debe votarse en general. ¿Cómo vamos a votar indicaciones si no hay proyecto?
El señor COLOMA.- Se debe aprobar la idea de legislar.
El señor LARRAÍN.- ¿Cómo vamos a votar una indicación si la iniciativa no está aprobada?
El señor NOVOA.- Primero hay que votar en general y después, en particular.
El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, la Sala no ha aprobado el proyecto. En consecuencia, para votar la indicación ha de pronunciarse primero acerca del informe de la Comisión y aprobar o no la idea de legislar. Una vez que eso se produce tiene lugar el análisis de la indicación.
El señor LARRAÍN.- ¿Cómo se va a votar una indicación si todavía no se encuentra aprobado el proyecto en general?
Señor Presidente, creo que corresponde votar el informe de la Comisión, y al texto que ella propone se le pueden formular indicaciones. Ya se renovó una. Correspondería pronunciarse sobre ella una vez aprobado el proyecto en general.
El señor CHADWICK.- ¡Habría que repetir el debate...!
El señor PROKURICA.- ¡Sí...!
El señor PIZARRO (Presidente).- Señor Senador, tenemos una diferencia, porque el artículo 127 establece la discusión en general y en particular a la vez. Habla de los proyectos de Fácil Despacho, de los que tengan urgencia calificada de discusión inmediata, de aquellos de artículo único que, a proposición de la Comisión respectiva, determine el Presidente, y de las observaciones del Presidente de la República. Después señala: "No se considerarán de artículo único aquellos proyectos que, no obstante comprender un solo artículo, contengan disposiciones relativas a distintos temas".
El proyecto es de artículo único, por lo que se vota en general y en particular.
Más adelante, el artículo 166 establece la forma en que se vota. Dispone: "Corresponde al Presidente fijar el orden en que deberán votarse las proposiciones pendientes, ajustándose, en lo posible, a lo siguiente:..."
El señor COLOMA.- Pero no es de artículo único.
El señor PIZARRO (Presidente).-..."1º La cuestión de inadmisibilidad a discusión o votación;
"2º La de aplazamiento temporal de la consideración del asunto;
"3º La del envío o vuelta a Comisión del asunto;
"4º La petición de antecedentes;
"5º La cuestión previa;
"6º Las indicaciones incompatibles con la proposición original, y
"7º Las demás indicaciones.".
Planteo el tema. Yo sé que aquí hay varios señores Senadores expertos en el Reglamento. Pero lo que pasa es que, si aprobáramos en general y particular el texto contenido en el informe de la Comisión, no podríamos pronunciarnos respecto de la indicación renovada, porque inmediatamente quedaría despachado el proyecto, que es del todo contrario a aquella.
El señor LARRAÍN.- Ese punto lo resuelve el artículo 126 del Reglamento, señor Presidente, que usted mismo acaba de leer.
El señor NOVOA.- Efectivamente, dicha norma prevé la situación.
El señor PIZARRO (Presidente).- Bueno, se procederá a votar en general la iniciativa.
Después nos pronunciaremos acerca de la indicación renovada.
--Se aprueba en general el proyecto (35 votos afirmativos).
Votaron las señoras Allende, Alvear, Matthei, Pérez (doña Lily) y Rincón y los señores Allamand, Bianchi, Cantero, Chadwick, Chahuán, Coloma, Escalona, Frei (don Eduardo), García, Girardi, Gómez, Horvath, Kuschel, Lagos, Larraín, Letelier, Longueira, Muñoz Aburto, Navarro, Novoa, Orpis, Pérez Varela, Pizarro, Prokurica, Quintana, Ruiz-Esquide, Sabag, Tuma, Walker (don Patricio) y Zaldívar (don Andrés).
El señor ESPINA.- Pido que se agregue mi voto favorable, señor Presidente.
El señor PIZARRO (Presidente).- Quedará constancia de su posición en la Versión Oficial, señor Senador.
A continuación, corresponde votar la indicación renovada, que reduce de dos a uno los días feriados.
Quienes estén a favor de ella deben votar que sí, y los que estén en contra y, por tanto, por mantener el texto contenido en el informe de la Comisión, que no.
--Se rechaza la indicación renovada (22 votos por la negativa y 15 por la afirmativa).
Votaron por la negativa las señoras Allende, Alvear, y Rincón y los señores Allamand, Bianchi, Cantero, Escalona, Frei (don Eduardo), Girardi, Gómez, Lagos, Letelier, Longueira, Muñoz Aburto, Navarro, Pérez Varela, Pizarro, Ruiz-Esquide, Sabag, Tuma, Walker (don Patricio) y Zaldívar (don Andrés).
Votaron por la afirmativa las señoras Matthei y Pérez (doña Lily) y los señores Chadwick, Chahuán, Coloma, Espina, García, Horvath, Kuschel, Larraín, Novoa, Orpis, Prokurica, Quintana y Rossi.
El señor PIZARRO (Presidente).- A objeto de no repetir la votación, propongo acoger la iniciativa en particular con el mismo resultado recién alcanzado, a la inversa.
El señor LARRAÍN.- El proyecto ya quedó despachado, señor Presidente.
Al rechazarse la indicación, quedó revalidado el texto aprobado en general.
El señor PIZARRO (Presidente).- No, señor Senador. Solo votamos la idea de legislar, a sugerencia suya. Ahora corresponde el pronunciamiento en particular.
¿Habría acuerdo para aprobar el texto de la iniciativa con la misma votación anterior, pero al revés?
El señor LAGOS.- Sí, señor Presidente.
El señor NAVARRO.- Sí. --Por 22 votos a favor y 15 en contra, se aprueba en particular el proyecto, en los mismos términos en que fue despachado por la Comisión de Gobierno, y queda concluida su discusión en este trámite.

References: artículo 2
 artículo 1
 artículo 2
 artículo 2
 artículo 2
 artículo 2
 artículo 127
 artículo 166
 artículo 126