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Timestamp: 2018-03-20 02:25:09+00:00

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22/03/2012 :: Mundo, Medio Oriente
Los bombardeos partidistas de la OTAN permitieron a los "rebeldes" tomar el país, pero también les dieron carta blanca para continuar con sus crímenes contra la humanidad
Es precisamente por la ausencia de obligación de dar cuenta por parte de la OTAN que hay indecisión en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en cuanto a la emisión de una resolución firme sobre Siria. “A causa de la experiencia libia”, me contó en febrero el embajador indio en Naciones Unidas Hardeep Singh Puri, “otros miembros del Consejo de Seguridad, como China y Rusia, no dudarán en ejercer el veto si se dicta una resolución que contemple acciones bajo el Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas, que permite el uso de la fuerza y medidas punitivas y de coacción."
La "sublevación" libia empezó el 15 de febrero de 2011. El 22 de febrero el Jefe de Derechos Humanos de Naciones Unidas Navi Pillay alegó que se había matado a 250 personas en Libia, “aunque el número real es difícil de verificar”. No obstante, Pillay señaló que los “ataques extendidos y sistemáticos contra la población civil podrían constituir crímenes contra la humanidad”. Pillay emuló al Representante Permanente de Naciones Unidas en Libia Ibrahim Dabbashi que se había aliado con la "rebelión" y alegó que “Gaddafi había iniciado el genocidio contra el pueblo libio”. Muy pronto los líderes mundiales intercambiaron los dos conceptos “genocidio” y “crímenes contra la humanidad”. Estos conceptos crearon un clima donde las fuerzas de Gaddafi o ya mataban indiscriminadamente a muchísimas personas o estaban preparándose para una masacre de las proporciones de la guerra de Ruanda.
Un trabajo valiente realizado el año pasado por parte de Amnesty International y Human Rights Watch y el informe de 2012 de Naciones Unidas desmienten este criterio (igual que mi libro "Arab Spring, Libyan Winter" de AK Press) que analizan los acontecimientos diarios y señalan que los rebeldes parecían tener el control del conflicto debido a que las fuerzas de Gaddafi podían retomar las ciudades pero no mantenerlas.
El informe de Naciones Unidas se centra mucho más en los "crímenes" cometidos sobre el terreno. (Sin embargo) No hay ninguna mención de genocidio en el informe y ninguna de una masacre civil organizada. Esto es importante porque la Resolución 1973 de Naciones Unidas que autorizó la guerra de la OTAN se realizó bajo la premisa de “los ataques extendidos y sistemáticos que tienen lugar en Al Yamahiria Árabe Libia Popular Socialista contra la población civil” que “pueden constituir crímenes contra la humanidad”. No hubo ninguna mención en la Resolución 1973 de la violencia desproporcionada de los thuwar [cipayos] contra la población pro Gaddafi, un hecho que podría haber hecho reflexionar a Naciones Unidas cuando permitió a la OTAN intervenir en el conflicto a favor de los rebeldes. Los bombardeos partidistas de la OTAN permitieron a los "rebeldes" tomar el país, pero también les dieron carta blanca para continuar con sus crímenes contra la humanidad.
Con el respaldo de la OTAN estaba claro que nadie iba a investigar debidamente el comportamiento de los "rebeldes" ni permitir su procesamiento por crímenes contra la humanidad. Este tipo de violencia por parte de los aliados no se investiga nunca, como se demostró después de la Segunda Guerra Mundial cuando, por ejemplo, no hubo ninguna valoración del bombardeo criminal de Dresde. No extraña que el informe de Naciones Unidas indique que los miembros de la Comisión están “profundamente preocupados porque no se ha realizado ninguna investigación o procesamiento por las matanzas cometidas por los thuwar”. Ni es probable que se haga. En este momento hay más de 8.000 combatientes pro Gaddafi en las cárceles libias. No hay ningún cargo contra ellos. Muchos han sido torturados y varios han muerto (entre ellos Halah al-Misrati, el locutor de la era Gaddafi).
La sección del informe de Naciones Unidas sobre la ciudad de Tawergha es alarmante. Los thuwar de Misrata obligaron a los 30.000 residentes a salir de la ciudad. El sentimiento general entre los thuwar de Misrata era que el Gobierno de Gaddafi había dado a los habitantes de Tawergha un tratamiento preferencial, una alegación que disputan éstos. La carretera entre Misrata y Tawergha se pobló de pintadas, tales como “Brigada para depurar a los esclavos de piel negra”, que indica la limpieza étnica de la ciudad. El apartado sobre Tawergha ocupa 20 páginas del informe. Es una lectura escalofriante. Los habitantes de Tawergha dijeron a la Comisión “que durante los ‘interrogatorios’ [los cipayos] les golpearon, se les echó cera caliente en los oídos y se les exigió confesar haber realizado violaciones en Misrata. Se informó a la Comisión que a un hombre se le echó gasóleo caliente por la espalda y luego se le prendió fuego; al mismo hombre se le tuvo encadenado durante 12 días”. Y estos hechos continúan. El número de muertos no está claro. [Los cipayos] trataban mal a los refugiados en su camino hacia Benghazi y Trípoli.
En los últimos meses, los rusos han pedido una investigación en condiciones, a través del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del bombardeo de Libia por parte de la OTAN. “Hay una gran 'desgana' para llevar esto a cabo”, me comentó el embajador indio en Naciones Unidas. Cuando los Estados de la OTAN en el Consejo de Seguridad clamaban por la guerra en febrero y marzo de 2011, se celebraron las discusiones en sesión abierta. Después de la aprobación de la Resolución 1973 y desde que terminó la guerra, los Estados de la OTAN sólo han permitido debatir sobre Libia en sesión cerrada. Cuando Navi Pillay habló sobre el informe de Naciones Unidas, sus comentarios no se hicieron públicos.
De hecho cuando se hizo aparente a la OTAN que la Comisión de Naciones Unidas quería investigar su papel en la guerra de Libia, Bruselas se opuso. El 15 de febrero de 2012 el asesor legal de la OTAN Peter Olson escribió una carta enérgica al Presidente de la Comisión. La OTAN aceptó que el Gobierno de Gaddafi “cometió graves infracciones del derecho internacional” que condujeron a la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad. Pero no fue aceptable ninguna mención de las “infracciones” de la OTAN durante el conflicto.
En su favor la Comisión sí discutió los “incidentes” de la OTAN. Sin embargo hubo algunos problemas objetivos. La Comisión alegó que la OTAN realizó 17.939 misiones de combate en Libia. La OTAN afirma que realizó “24.200 misiones, lo que incluye 9.000 misiones de ataque”. La diferencia entre las dos cifras no se analizó ni en el informe ni en la conferencia de prensa posterior. La Comisión señala que la OTAN sí realizó varios ataques sobre zonas civiles (como Majer, Bani Walid, Sirte, Surman, Souq al-Juma) además de zonas que la OTAN alega que fueron “nódulos de mando y control”. La Comisión no encontró ninguna “evidencia de tal actividad” en estos “nódulos”. La OTAN cuestionó tanto las muertes civiles como las dudas de la Comisión sobre estos “nódulos”.
El 12 de marzo el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki-moon afirmó en el Consejo de Seguridad que estaba “profundamente afectado” por los abusos de derechos humanos en Libia, lo que incluye a los más de 8.000 prisioneros encarcelados sin juicio (entre ellos Saif al-Islam Qaddafi, quien de acuerdo con la lógica de la OTAN tenía que haber sido trasladado a la Haya). El 9 de marzo Maria Khodynskaya-Gole Nishcheva de la misión rusa de Naciones Unidas en Ginebra señaló que el informe de Naciones Unidas omitió explorar las muertes civiles causadas por la OTAN. “Desde nuestro punto de vista, durante la campaña de la OTAN se cometieron muchas infracciones del derecho internacional y de derechos humanos, entre ellos el más importante, el derecho a la vida.” El 12 de marzo el Ministro de Asuntos Exteriores ruso Sergei Lavrov acusó a la OTAN de “bombardeos masivos” sobre Libia.
La OTAN es reacia a permitir una investigación completa. Cree que lleva la ventaja y que Libia es la demostración de cómo Naciones Unidas utilizará ahora a la OTAN como su brazo militar (o cómo los Estados de la OTAN podrán utilizar a Naciones Unidas para ejercer su poder). En el Consejo de Seguridad, señala Rasmussen, “Brasil, China, India y Rusia se hicieron conscientemente a un lado para permitir la actuación del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas” y “no pusieron su poder militar a disposición de la coalición”. La OTAN no tiene rival. Es por esto que los rusos y los chinos no quieren aprobar ninguna resolución de Naciones Unidas que implique la intervención militar. Temen que la caja de Pandora se abrió con la Resolución 1973.

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