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Timestamp: 2017-03-23 20:14:41+00:00

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Posición de uno de los Presidentes del MINH relativa a la cuestión nacional – AbayardeRojo.org
Escribir u opinar sobre el colonialismo en los albores del siglo veintiuno podría parecer anacrónico o carente de propósito. Para muchos es cosa del pasado, que en todo caso mueve a la nostalgia y quizá a algún acto patriótico ante la estatua ecuestre de algún padre de la patria; pero nada más. Esto, sobre todo, ahora que se cumplen doscientos años del inicio de la lucha de independencia en diversos países latinoamericanos. Posición de uno de los Presidentes del MINH relativa a la cuestión nacional
¿Hablar de Colonialismo en el siglo veintiuno?
Puerto Rico, el Caribe, las Malvinas y los remanentes coloniales en Nuestra América y el Planeta*
Catedrático Universidad de Puerto Rico
…la historia muestra que ninguna nación colonial acepta retirarse sin agotar todas sus posibilidades de mantener su posición…el enemigo no retrocede jamás sinceramente, no comprende jamás. Capitula, pero no se convierte…
Lo que no puede suceder es que se ignore que el colonialismo es un asunto no resuelto, que hoy día sigue habiendo lucha anticolonial en diversas latitudes, que esos pueblos requieren y merecen solidaridad y apoyo. Entre estos:
el pueblo Saharaui, el pueblo Palestino, las Malvinas, Puerto Rico, Gibraltar, la Samoa americana, Bermuda, las Islas Caimán, Nueva Caledonia, Aruba, Bonaire y Curazao, Martinica, Guadalupe y la Guayana francesa, San Martín, las islas Vírgenes estadounidenses, las Islas Vírgenes británicas y otros.
Lo que debe quedar claro es que el fin del colonialismo concierne a la humanidad entera, como le concierne cualquier relación que genere desigualdad e injusticia. Que, más allá de la retórica, ningún pueblo podrá decir que es totalmente libre mientras haya pueblos privados de su libertad esencial. Que el derecho inalienable a la autodeterminación, la soberanía y la independencia es universal.
Al presentar su informe como presidente saliente del Movimiento de Países No Alineados (NOAL) en la sesión inaugural de la XV Conferencia Cumbre de esa importante organización internacional celebrada en Sharm El Sheik, Egipto el 15 de julio de 2009, el presidente de Cuba, Raúl Castro no mencionó ni una vez el colonialismo como un asunto relevante de la agenda de los No Alineados. Minutos después el dirigente de Libia, Muammar Al Gadhafi se dirigió a los delegados de 118 países presentes—y a los miembros Observadores de NOAL—en representación de África, refiriéndose someramente al colonialismo como una realidad superada en su continente.
Paradójicamente, pocos días antes de la Cumbre de los No Alineados, Cuba había auspiciado en el Comité de Descolonización de la ONU—como solidariamente lo ha hecho en tantas otras ocasiones—una resolución reiterando el derecho del pueblo puertorriqueño a su autodeterminación e independencia. La misma fue aprobada por unanimidad.
Más aún, en esta ocasión NOAL acordó, Fortalecer y manifestar su unidad y solidaridad entre los miembros del Movimiento, particularmente con aquellos países No Alineados cuyos pueblos viven bajo dominación colonial o extranjera, u ocupación extranjera… (Documento Final, 16.4)
En el apartado denominado “Derecho a la autodeterminación y descolonización”, los No Alineados reafirmaron esa posición, refiriéndose específicamente al …derecho del pueblo de Puerto Rico a la autodeterminación e independencia sobre la base de la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General… (42.2)
En materia de colonialismo, el caso de Puerto Rico suele ser presentado por NOAL como la muestra más elocuente de ese lastre histórico, lo que es significativo además por tratarse de una colonia de Estados Unidos, pues implica una confrontación directa con el imperialismo yanqui.
Lo más preocupante de todo es que no se trata de casos excepcionales o aislados. Va convirtiéndose en norma la exclusión del debate, el análisis y la interpretación del colonialismo como un problema que prevalece en el planeta, tanto por parte de adversarios como de amigos, lo mismo en un evento del no alineamiento que en una reunión de países de Nuestra América. Es una suerte de coincidencia de la que los perjudicados somos quienes luchamos por la autodeterminación, la descolonización y la independencia, que vamos siendo invisibilizados ante los ojos de la humanidad.
Una excepción honrosa
En abril de 2009 se celebró en Trinidad y Tobago la Cumbre de las Américas, convocada por el gobierno de Estados Unidos. Al iniciarse los trabajos el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega hizo una expresión extraordinariamente importante, cuyo valor es aún mayor considerando la singularidad de la misma:
“Otro pueblo que no está aquí presente, porque a diferencia de Cuba, una nación independiente, solidaria, ese otro pueblo está sometido todavía a las políticas colonialistas…me refiero al hermano pueblo de Puerto Rico. Llegará el día en que los pueblos latinoamericanos y caribeños como ya está aconteciendo, donde ya se ha incorporado Cuba al Grupo de Río, donde estamos trabajando para construir una gran alianza, una gran unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños, llegará el día en que ahí también, en esa gran alianza, estará el pueblo de Puerto Rico. Tengo la convicción, tengo la seguridad, que ese día llegará.”
Esa gran alianza, esa gran unidad de los pueblos latinoamericanos y caribeños a la que se refiere el presidente Ortega, comenzó a cobrar forma los días 22 y 23 de febrero de 2010, en la denominada Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe celebrada en Cancún, México.
Omisión que podría no sorprendernos de parte de gobiernos francamente neocoloniales como los de Colombia, México o Panamá. Pero, ¿qué tienen que decir los gobiernos de países amigos sobre el particular? ¿Qué explicación pueden dar los países miembros del ALBA? ¿Cómo justifican esa omisión gobiernos de países que en otros contextos han expresado y demostrado su solidaridad con la lucha por la autodeterminación, la independencia nacional y el fin del colonialismo? ¿Qué razón de ser tiene esa inconsistencia?
La respuesta no se ha hecho esperar. Mientras estas líneas eran escritas, llegó la información alentadora de que los países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América—ALBA— se reunieron en Caracas el 18 y 19 de abril, en la IX Cumbre de presidentes y jefes de Estado y de Gobierno, donde aprobaron el Manifiesto Bicentenario de Caracas. Consolidando la Nueva Independencia; y que en el mismo,
“Los países del ALBA manifestaron su apoyo al pueblo de Puerto Rico en su lucha por la independencia y la soberanía nacional frente al imperialismo estadounidense”.
Derecho internacional y lucha anticolonial
A las alturas del siglo veintiuno, el derecho internacional vigente es muy claro y preciso en lo que tiene que ver con el problema del colonialismo.
Desde el momento mismo de su fundación en 1945, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Organización de Naciones Unidas (ONU) se manifestó sobre este particular. En el Artículo 73 (Capítulo XI, Declaración relativa a territorios no autónomos) de la carta de la ONU se afirma lo siguiente:
“Los Miembros de las Naciones Unidas que tengan o asuman la responsabilidad de administrar territorios cuyos pueblos no hayan alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio reconocen el principio de que los intereses de los habitantes de esos territorios están por encima de todo, aceptan como un encargo sagrado la obligación de promover en todo lo posible, dentro del sistema de paz y seguridad internacionales establecido por esta Carta, el bienestar de los habitantes de esos territorios, y asimismo se obligan:
a. a asegurar, con el debido respeto a la cultura de los pueblos respectivos su adelanto político, económico, social y educativo, el justo tratamiento de dicho pueblos y su protección contra todo abuso;
b. a desarrollar el gobierno propio, a tener debidamente en cuenta las aspiraciones políticas de los pueblos, y a ayudarlos en el desenvolvimiento progresivo de sus libres instituciones políticas de acuerdo con las circunstancias especiales de cada territorio, de sus pueblos y de sus distintos grados de adelanto; (…).
Esa posición, sin duda tímida y genérica de entonces, fue trascendida quince años después, al aprobarse en 1960 la Resolución 1514 (XV), también conocida como la Carta Magna de la Descolonización. En esos primeros quince años (1945-1960) ingresaron a la ONU numerosos países africanos y asiáticos recién salidos de siglos de colonialismo, que unieron sus votos a los de la Unión Soviética y los países del campo socialista este-europeo para lograr la aprobación de esa importante resolución, concebida para contribuir al avance definitivo del fin del colonialismo.
Cincuenta años después la Resolución 1514 (XV) mantiene vigencia y así deberá ser mientras quede un solo pueblo bajo la dominación colonial.
En esa resolución, la comunidad internacional declara que,
“Todos los pueblos tienen un derecho inalienable a la libertad absoluta, al ejercicio de su soberanía y a la integridad de su territorio nacional.”.
“Proclama solemnemente la necesidad de poner fin rápida e incondicionalmente al colonialismo en todas sus formas y manifestaciones.”.
El resolutivo número 5 de la 1514 (XV) adquiere gran relevancia para el caso colonial de Puerto Rico, como veremos más adelante. Allí se afirma que,
“En los territorios en fideicomiso y no autónomos y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reservas, en conformidad con su voluntad y sus derechos libremente expresados y sin distinción de raza, credo ni color, para permitirles gozar de una libertad y una independencia absolutas.”. (subrayado nuestro)
Una de las grandes contradicciones de la carta de la ONU al pronunciarse por el fin del colonialismo en 1945, fue que varios de los países fundadores más prominentes eran —y siguen siendo—potencias coloniales. Sobre todo Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de dicha organización internacional.
En los casos particulares de colonialismo en el Caribe, Francia transformó en departamentos de ultramar a Guadalupe, Martinica y la Guayana ‘Francesa’; Gran Bretaña consintió en que la mayor parte de sus colonias alcanzara la independencia para luego insertarlas en su mancomunidad; y Estados Unidos impuso el Estado Libre Asociado en Puerto Rico.
El caso colonial de Puerto Rico y la ONU
Quiero referirme ahora al caso colonial de Puerto Rico, tanto porque es el que más directamente me concierne como puertorriqueño que soy, como por el hecho de que, sin lugar a dudas, Puerto Rico es hoy por hoy una de las colonias más importantes que quedan en el planeta.
En Cuba, luego de una ocupación absoluta de cuatro años, Estados Unidos permitió que se proclamara la república, luego de que se impusiera una constitución que contradecía toda aspiración genuinamente independentista.
Expresión grosera de eso que decimos fue la Enmienda Platt, que proveía visos de legalidad a la ocupación militar de la mayor de las Antillas—ahí está aún la base de Guantánamo, como herida que no acaba de cicatrizar— y al control económico y político sobre el pueblo cubano. Cínicamente, se proclamó la república mediatizada de Cuba el 20 de mayo de 1902, al día siguiente del séptimo aniversario de la muerte en combate de José Martí. Como quien dice, que de la muerte gloriosa del Apóstol surgía la república independiente, gracias a la intervención estadounidense.
“Al ser adoptada la constitución por el pueblo de Puerto Rico, el Presidente de los Estados Unidos queda autorizado para enviar tal constitución al Congreso de los Estados Unidos, si él llega a la conclusión de que tal constitución está de acuerdo con las disposiciones aplicables de esta Ley de la Constitución de los Estados Unidos. Al ser aprobada por el Congreso, la constitución entrará en vigor de acuerdo con sus términos.” (subrayado nuestro)
Nada había cambiado en lo concerniente a las relaciones de poder colonial, desde que el 10 de diciembre de 1898, cuando ya se había consumado la invasión, España y Estados Unidos suscribieron el así llamado Tratado de Paz de París, en cuyo Artículo 9 se establecía que,
“Los derechos civiles y la condición política de los habitantes naturales de los territorios aquí cedidos a los Estados Unidos, se determinarán por el Congreso.” (subrayado nuestro)
Pues bien, la constitución resultante de ese fraude colonial revestido de ropajes republicanos y pseudodemocráticos, fue la que dio paso a la fundación del Estado Libre Asociado (ELA), el 25 de julio de 1952. Precisamente el día en que se conmemoraban cincuenta y cuatro años de la invasión armada. Como quien dice, para que en la memoria histórica de la generaciones venideras, el referente de la relación de Puerto Rico con Estados Unidos fuera un proceso cívico y participativo y no una invasión a tiros y cañonazos.
Esa constitución fue la que la embajada de Estados Unidos en la ONU presentó en 1953 a los países miembros como evidencia de que en Puerto Rico había cesado el colonialismo y se había manifestado el pueblo soberanamente, dando paso a una relación de asociación entre iguales. Una constitución tan soberana que comienza por expresar lealtad en su Preámbulo a la constitución de otro país:
“Nosotros, el Pueblo de Puerto Rico, a fin de organizarnos políticamente sobre una base plenamente democrática…declaramos:
“Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de Estados Unidos de América…la lealtad a los postulados de la Constitución Federal…” (subrayado nuestro)
Estados Unidos logró que la ONU aprobara la Resolución 748 (VIII), cuya redacción evidentemente estuvo a cargo de algún funcionario del Departamento de Estado yanqui. En la misma, la Asamblea General—entonces compuesta por aproximadamente 60 países— reconocía al ELA como fruto de la voluntad libre y democrática del pueblo puertorriqueño; establecía que el pueblo había ejercido su derecho a la autodeterminación; que el ELA poseía atributos de soberanía política y que por consiguiente Puerto Rico había dejado de ser una colonia.
Pero no le fue tan fácil a Estados Unidos convencer a los países miembros de la ONU de que el ELA era todo lo que ellos decían que era. Al llevarse a votación la Resolución 748 (VIII), el 27 de noviembre de 1953, ésta obtuvo 26 votos a favor, 16 en contra y 18 abstenidos; siendo la suma de los votos en contra y abstenidos (34) superior al número de votos a favor (26).
Desde entonces, el Comité de los 24 de la ONU ha aprobado más de 25 resoluciones en las que se reafirma el derecho del pueblo puertorriqueño a su autodeterminación e independencia. En años recientes el contenido de dichas resoluciones ha sido amplio y abarcador y significativamente se han aprobado por unanimidad. El gran objetivo que tenemos de frente es lograr que la Asamblea General vuelva a considerar el caso colonial de Puerto Rico por separado, que reafirme la posición reiterada en las resoluciones aprobadas por el Comité de Descolonización desde 1972 y que en la práctica rectifique el fraude que representa la Resolución 748 (VIII) aprobada en 1953
La dominación colonial en blanco y negro
¿Cómo se manifiesta concretamente el colonialismo en la vida diaria de un pueblo sometido, en pleno siglo veintiuno? En lo que respecta a Puerto Rico, enumeramos aquí ejemplos específicos de cómo se dan las relaciones de poder de Estados Unidos sobre nuestro pueblo:
1.control absoluto del espacio aéreo, marítimo y terrestre;
2.control de aduanas, puertos y aeropuertos; qué entra y qué sale, quién entra y quién sale del país;
3. imposición de leyes de cabotaje; todo producto que entra o sale del país tiene que utilizar la marina mercante de Estados Unidos, la más cara del mundo;
4.milicia, bases militares, ocupación de territorio, reclutamiento de puertorriqueños para sus guerras;
5.control de medios de comunicación de masas, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones estadounidense;
6.rama judicial; presencia omnímoda de la Corte Federal de Estados Unidos, cárcel federal, FBI, CIA, etc.;
7.correos ( U.S. Mail);
8.predominio de leyes obrero-patronales, ambientales y de cualquier otra índole, por sobre las leyes que apruebe la legislatura colonial del ELA. Las leyes aprobadas por el Congreso, los decretos establecidos por el Presidente o las decisiones tomadas por el Tribunal Supremo de Estados Unidos, aplican directa y unilateralmente sobre el pueblo puertorriqueño;
9.la ciudadanía de Estados Unidos nos fue impuesta en 1917. Puerto Rico carece de personalidad jurídica reconocida a nivel internacional; se supone que nuestras embajadas y consulados sean los de Estados Unidos, como lo son nuestros pasaportes; la bandera de Estados Unidos ondea en todos los edificios públicos, mientras que el reconocimiento oficial de la bandera de Puerto Rico se dio apenas a partir de 1952; oficialmente tenemos dos himnos oficiales y dos banderas oficiales. Para algunos su nación es aquel país y no éste;
10.control sobre ríos, lagos y otros cuerpos de agua;
11.mercado; por ejemplo, el 85 por ciento de los productos alimenticios que consume el pueblo puertorriqueño es importado, proveniente directa o indirectamente de Estados Unidos. La situación es similar con los productos del mar—95 por ciento— madera—95 por ciento y otros. La agricultura representa menos del dos por ciento de la actividad económica del país;
12.control avasallador de la industria, la banca y el comercio interno, que les garantiza decenas de miles de dólares en ganancias cada año; la transformación del país en función de los intereses del gran capital estadounidense ha tenido como una de las consecuencias más dramáticas la emigración masiva de puertorriqueños a Estados Unidos.
Se estima que más de la mitad de la población—sobre cuatro millones de boricuas— reside en ese país;
13.penetración ideológica, lingüística y cultural. El inglés es lengua oficial al mismo nivel que el español. La mayoría de las estaciones de radio y televisión son de propiedad estadounidense, y la prensa escrita es de propietarios colonialistas y anexionistas. Durante los primeros cincuenta años de dominación colonial (1898-1948), toda la educación formal se impartía en inglés, siendo el español apenas una materia más. La resistencia del pueblo obligó a retirar esa medida lingüística con intenciones asimilistas. Las iglesias protestantes acompañaron a los invasores de 1898, siendo utilizadas como un instrumento activo de penetración ideológica extranjerizante.
Casi ciento doce años después de la invasión militar yanqui, la nación puertorriqueña, caribeña y latinoamericana prevalece, contra viento y marea. Siendo el colonialismo una forma de dominación por principio de cuentas de carácter existencial, en la que el dominado es una cosa y no un sujeto para el dominador, podemos afirmar que los puertorriqueños se han ganado el derecho a existir, en una lucha abnegada y permanente contra los yanquis en carne y hueso, contra las formas de dominación más insensibles, en condiciones extraordinariamente desiguales, en favor de nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestra cultura, nuestra tierra y nuestras riquezas, Lo mismo contra el colonialismo que contra el anexionismo. Ahí está la jornada más reciente de lucha por la paz y la desmilitarización de la isla de Vieques (1999-2003) como ejemplo de lo que decimos.
Lucha y solidaridad, solidaridad y lucha
Somos conscientes de que el escenario principal de las luchas populares es el pueblo mismo, en cada territorio nacional, batallando por cada situación que surja de carácter económico, político, cultural y de todo tipo. Somos conscientes también de que nadie sustituye la voluntad de cada pueblo de forjar, con sus propios medios y por voluntad propia, el camino de la soberanía y la independencia; que para ello no hay ni sustitutos ni fórmulas mágicas.
Recientemente el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, denunciaba que aviones espías sobrevolaban suelo venezolano y que habían despegado de Aruba, colonia holandesa. En 1961 parte de los mercenarios que atacaron Cuba se entrenaron en Puerto Rico, y de allí también partieron tropas yanquis que invadieron República Dominicana en 1965 y Granada en 1983. Uno de los factores retardatarios de la independencia de la patria Saharaui es el interés poco disimulado de la OTAN de controlar esa región del noroeste de África. La ocupación colonial de Palestina y la creación del Estado de Israel ha tenido como uno de sus objetivos históricos, la dominación a sangre y fuego de los pueblos de la región, sobre todo al propio pueblo palestino.
La anexión por Francia de Martinica, Guadalupe y la Guayana Francesa en 1946, así como la intención de Holanda de anexar su colonia de Bonaire, el control colonial de británicos y estadounidenses de parte de las islas caribeñas y la anunciada intención de los británicos de saquear riquezas naturales pertenecientes al pueblo argentino en las Malvinas, implica que Europa, ahora acompañada por Estados Unidos, nunca se ha ido del Caribe, nunca se ha ido de Nuestra América, nunca ha renunciado a dominar, no sólo las colonias que hoy mantiene, sino a todos nuestros pueblos, cuya independencia en el fondo se resisten a reconocer.
Por consiguiente, la lucha por el fin del colonialismo debe ser importante para los países formalmente independientes, sino por otra razón, por sus propio interés en proteger su soberanía e independencia de las potencias que asechan muy cerca de sus costas.
*Publicado en la revista Correo de Nicaragua, número 9, abril-mayo 2010, bajo el título “Puerto Rico, la herida por la que sangra Nuestra América”. A las alturas de mayo 2011, mantiene plena vigencia.
Share0	África	2011-04-20
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3 comentarios	Cimarron Mayo 23, 2011 at 12:24 am
No creo que la lucha en las naciones unidas sea la solucion. Criticar a paises por que en determinado momento no hacen una exprecion anticolonialista en las naciones unidas o cualquier otra organizacion mundial, solo demuestra su vision de la lucha anticolonial. Maxime, cuando hay paises que han hecho mucho mas por la lucha revolucionaria de este pais, que el lider que lanza la critica. Cuando alguien hace una critica tiene que tener fuerza moral para hacerla. Y hablando de doble discurso, lideres que hablan de socialismo y lucha revolucionaria en otros paises, pero en su pais la sabotean, y apoyan procesos electorales que nunca han resuelto los problemas de los trabajadores.
moro Abril 27, 2011 at 8:51 pm
El Quijote hace un análisis acertado del artículo que se publica aquí. La lucha por los derechos democráticos —y la autodeterminación de los pueblos es uno de los más fundamentales— es un objetivo ineludible de la clase trabajadora. En efecto, el proletariado está en posición de impulsar la lucha por estos derechos con mayor profundidad que ninguna otra clase por el contenido social que puede imprimirle. El proletariado está en posición de radicalizar el programa democrático de la descolonización hasta hacerlo chocar de frente, y radicalmente, con los intereses imperialistas. Esto no es poca cosa. Si tenemos a Irlanda como ejemplo, es evidente que el imperialismo cuenta con un arsenal de armas materiales —incluyendo, pero no limitándose a las económicas—, ideológicas, culturales y espirituales para continuar la subordinación colonial, o neocolonial, como quiera llamársele, aun después de reconocerle la soberanía, o la independencia formal, también como quiera llamársele, al antiguo territorio colonial.
Sólo en tanto la lucha por la autodeterminación y la independencia pueda convertirse en una lucha revolucionaria que se programe expropiar al imperialismo en el territorio independiente, y rechace la deuda contraída por la colonia con los bancos de Wall Street, puede ésta convertirse en una derrota para el imperialismo, y en el caso de Puerto Rico, abrirle las puertas a la confederación de las Antillas socialistas, y de paso, añadirle combustible a la lucha de clases en Estados Unidos.
Éstos son los objetivos de revolucionarios de los trabajadores en Puerto Rico, en el Caribe, en América Latina, y en Estados Unidos. Las reverberaciones tendrían efectos sobre todos los trabajadores del mundo. Al persistir en mantener el anacronismo colonial sobre Puerto Rico, la clase imperialista ha creado un eslabón débil en su cadena cuyo rompimiento pudiera tener consecuencias revolucionarias. Dependerá de las condiciones objetivas y subjetivas que radicalicen el proceso, y sería un ejercicio vano tratar de predecir ningún desenlace en específico. Pero el potencial, las condiciones objetivas, para que la lucha por la independencia se desborde en un conflicto más profundo, es real. Es función de los revolucionarios marxistas leninistas promover y fortalecer las condiciones subjetivas y organizativas.
Debemos cuidarnos, no obstante, de la visión mecánica de que una independencia formal legada por el imperio a la burguesía criolla pudiera contener un carácter progresista. Por el contrario, detrás de los cantos de sirena del patriotismo de esa clase —como clase burguesa— se esconde el único papel que puede efectuar: el de testaferro de la nueva república capitalista, agentes del imperialismo, de su dominio económico y político.
Sin duda, sectores patrióticos de la pequeña burguesía, y desprendimientos de la inteligencia, cultivada para servir a la burguesía criolla, se adherirán al proletariado y nutrirán sus filas. Lo fundamental es que el proletariado revolucionario y organizado asuma el timón de los procesos, y no permita que el oportunismo y la claudicación de estos elementos vacilantes traicionen los objetivos radicalmente democráticos de la revolución anticolonial.
El Quijote Abril 26, 2011 at 5:03 pm
Es es el análisis clásico de los sectores nacionalistas en Puerto Rico. Desde luego que las sociedades coloniales son un oprobio para el resto de la humanidad y que debemos trabajar para erradicarlas desde la perspectiva de la solidaridad internacionalista, como desde la lucha dentro del país. Sin embargo, no se analiza en profundidad cuáles fueron las causas materiales y econ’micas, las enormes transformaciones que sufría el capital en términos de acumulación y cómo provocaron que ese mismo desarrollo hizo que EEUU se lanzara a la conquista de colonias para poder reproducirlo.
Tampoco se analiza cómo se deslindaron los campos en la lucha de clases luego de la invasión con el desarrollo del proletariado durante las primeras décadas en el país.
Luego de leer este escrito, como marxistas tenemos que preguntarnos varias cosas
¿Para qué los trabajadores, los desposeídos y los marginados debemos luchar por “la independencia?” El sector nacionalista nunca ha podido responder con concerteza más allá del discurso de la “justicia social” y con argumentos metafísicos sobre la patria. Ciertamente la pequeña burguesía patriótica tiene un proyecto económico y político, la instauración de una república capitalista, en la cual desde luego, esta asumiría parte de las riendas del poder, y claro está, manteniendo relaciones cordiales con el imperialismo y el capital. Pero también los trabajadores debemos analizar ¿no nos convendría una república, por más mediática que sea, para constribuir al desarrollo del capitalismo, y dialécticamente en el de nuestra clase? La consecuencia inmediata sería un crecimiento considerable de la clase obrera y más terreno fértil para la organización sindical y política. Además, con la ausencia de las autoridades federales, el proletariado tendría mucho más claro quien es su enemigo inmediato. Aunque la burguesía nacional tendría el apoyo de la imperialista en caso de que se viera amenazada por el avance revolucionario de ese proletariado, no cabe duda que la clase obrera podría en determinado momento histórico entender de que ese proyecto podría potenciar beneficios políticos y económicos inmediatos.
No obstante, el propio proceso de impulsar un proyecto de revolución democrática, va a traer un choque directo entre clases como dentro de las propias clases que podría alcanzar dimensiones insospechadas (ciertamente de guerra civil)por el carácter de dependencia que han inculcado en amplios sectores desposeídos en el país, como en sectores burgueses.
La “república independiente” podría ser deseable para la clase obrera pero sólo como una etapa de desarrollo en la lucha de clases, con miras a llevarla hasta su término lógico, es decir, hasta el socialismo.
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