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Timestamp: 2020-01-18 00:11:57+00:00

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Erradicar las peores formas de Trabajo Infantil. Guía para implementar el Convenio núm. 182 de la OIT | Organización Internacional del Trabajo | Trabajo infantil
El presente manual es una guía práctica para la lucha de los parlamentarios contra el trabajo infantil. Pero no cabe duda de que también será un valioso recurso para quienes bregan por un desarrollo sostenible para todos en el pleno respeto de los derechos humanos: gobiernos, organizaciones de trabajadores, organizaciones de empleadores, organizaciones de la sociedad civil y todo aquel que quiera participar en el movimiento para acabar con la explotación de los niños.
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GUÍA PRÁCTICA PARA PARLAMENTARIOS – NÚMERO 3, 2002
Guía para implementar el Convenio núm. 182 de la OIT
Copyright © Organización Internacional del Trabajo y Unión Interparlamentaria 2002
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ISBN: 92-2-312900-1 (OIT) ISBN: 92-9142-114-6 (UIP) Guía práctica para parlamentarios, número 3, 2002 Erradicar las peores formas de trabajo infantil:
También publicado ahora en inglés (ISBN 92-2-312900-1 (OIT), ISBN 92-9142-106-5 (UIP))
y francés (ISBN 92-2-212900-8 (OIT), ISBN 92-9142-105-7 (UIP))
FotografÌa de portada: © OIT
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Oficina Internacional del Trabajo Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC) 4, route des Morillons CH-1211 Genève 22 ipec@ilo.org
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de la Oficina Internacional del Trabajo o de la Unión Interparlamentaria sobre la condición jurídica de ninguno de los países, zonas o territorios citados o de sus autoridades, ni respecto de la delimitación de sus fronteras.
WEI/ATA
Actualmente decenas de millones de niños y niñas* trabajan en condiciones aborre- cibles que les despojan de su infancia, poniendo en peligro su salud y, en algunos casos, incluso su vida. Ninguno de estos niños ha tenido alguna vez la mínima opor- tunidad de saber lo que puede dar de sí mismo. El Convenio núm. 182 de la Organi- zación Internacional del Trabajo (OIT) saca a la luz el drama de estos niños y establece el objetivo de erradicar las peores formas de trabajo infantil.
La participación de los parlamentarios es fundamental para lograrlo ya que, como legis- ladores, pueden promover la ratificación del Convenio. También pueden colaborar en la formulación de políticas y en la adopción de una legislación nacional en la materia, votar los presupuestos necesarios y supervisar el quehacer cotidiano del gobierno.
El presente manual es una guía práctica para la lucha de los parlamentarios contra el trabajo infantil. Pero no cabe duda de que también será un valioso recurso para quienes bregan por un desarrollo sostenible para todos en el pleno respeto de los derechos humanos: gobiernos, organizaciones de trabajadores, organizaciones de empleadores, organizaciones de la sociedad civil y todo aquel que quiera participar en el movi- miento para acabar con la explotación de los niños.
Existe una larga tradición de cooperación institucional entre la Unión Interparla- mentaria (UIP), organización mundial de parlamentos, y la OIT, institución especia- lizada de las Naciones Unidas cuyo mandato es fomentar la justicia social. Este manual se preparó con la ayuda y la minuciosa supervisión de tres parlamentarios experi- mentados (la Sra. Beth Mugo, de Kenya, el Sr. Jim McKiernan, de Australia, y el Sr. Ricardo Vázquez, de Argentina), así como de altos funcionarios de la UIP y la OIT, principalmente los encargados del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, conocido por la sigla en inglés IPEC.
En junio de 1999, la OIT inició la campaña mundial de ratificación del Convenio núm. 182, que la UIP apoyó desde un principio, alentando a parlamentarios del mundo entero a solicitar la ratificación y contribuir a la elaboración de estrategias polifacé- ticas y adecuadas para combatir el problema de raíz. Sólo mediante asociaciones de este tipo se logrará esa movilización global y sostenida que es indispensable para obtener resultados en una causa que trasciende los distintos niveles de desarrollo, dis- tintas culturas, distintas tradiciones y distintas opiniones políticas.
* Para facilitar la lectura, en el resto de esta guía se utilizará en general el término «niños» para hacer referencia a niños y niñas, sin que esto signifique ninguna discriminación por género.
De hecho, el ritmo con que se ha venido ratificando el Convenio núm. 182 es el más rápido de la historia de la OIT. Ahora bien, la ratificación es sólo el principio, ya que para ponerlo en práctica hará falta el compromiso, la solidaridad y la ardua labor de cada país, sin olvidar que la vida decente de los niños va unida al trabajo decente de los adultos.
Por lo tanto, eliminar las peores formas de trabajo infantil implica una lucha cons- tante que no se circunscribe simplemente a legislar y presupone una visión de la sociedad y del desarrollo. Cualquier medida que se tome de conformidad con el Con- venio núm. 182 para eliminar las peores formas de trabajo infantil sólo será eficaz si se tiene una idea cabal de la complejidad de las cuestiones sociales, culturales y eco- nómicas que engloba y se inspira en prácticas que han dado resultado. A tales efectos este manual servirá de guía e inspiración.
La OIT y la UIP se han comprometido a poner fin a la mayor brevedad a la abomi- nable explotación del trabajo infantil. Se lo debemos a esos niños que ya han perdido su futuro y a muchos otros que no tendrán futuro alguno si no actuamos ahora.
Juan Somavia Director General Oficina Internacional del Trabajo
Anders B. Johnsson Secretario General Unión Interparlamentaria
En la primera parte se hacen siete preguntas sobre el problema de las peores formas de trabajo infantil, las normas internacionales del trabajo, los demás tratados en la materia y los programas que se pueden llevar a cabo para abordarlo. Respecto a cada pregunta, el manual ofrece una visión general de cuál podría ser el aporte de los parlamentarios para eliminar estas formas de trabajo infantil particularmente abominables.
En la segunda parte se reseñan las medidas que se deben tomar para eliminar efec- tivamente las peores formas de trabajo infantil, incluyendo una amplia gama de medidas. En algunas de ellas los parlamentarios pueden intervenir directamente. En otros casos, pueden servir de catalizador como supervisores de gobiernos, figuras políticas y líderes de la opinión pública. Cada medida se presenta según el mismo esquema, a saber:
¿Por qué? Antes de poder actuar o convencer a otros para que actúen, es pre- ciso convencer a los parlamentarios de la necesidad y el objetivo de la acción. Por eso se explica el porqué y la importancia de cada intervención que se sugiere.
¿Cómo? Antes de poder actuar o convencer a otros para que hagan lo propio, los parlamentarios deben saber qué acción concreta hace falta.
¿Cuál es la función de los parlamentarios? Para actuar con eficacia, los par-
lamentarios deben saber dónde y cómo su labor puede aportar a cada medida.
¿Qué puede hacer usted? Lista de medidas que los parlamentarios pueden adoptar.
Luego figuran textos de convenios y recomendaciones de la OIT relativos al tra- bajo infantil y a las peores formas de trabajo infantil, un ejemplo de instrumento de ratificación y otro material de referencia. Todo ello puede ayudar a los parla- mentarios en la tarea de persuadir a sus gobiernos para que ratifiquen los conve- nios pertinentes, apliquen las disposiciones de estos instrumentos y luchen contra el trabajo infantil, especialmente en sus peores formas.
Al final se ofrece una lista de fuentes de información y consulta.
El presente manual fue preparado con aportes de la Sra. Beth Mugo (Kenya), el Sr. Jim McKiernan (Australia) y el Sr. Ricardo Vázquez (Argentina), todos ellos parlamenta- rios y miembros de la Comisión de Cuestiones Parlamentarias, Jurídicas y de Dere- chos Humanos, y del Comité para Promover el Respeto del Derecho Internacional Humanitario, de la Unión Interparlamentaria (UIP).
Autores: Sr. Jack Martin, Sr. David Tajgman
Consejo de redacción y edición:
Oficina Internacional del Trabajo: Sr. Kari Tapiola, Sr. Frans Röselaers,
Sra. Maria Angelica Ducci, Sra. Alice Ouédraogo, Sr. Leonid Tchalykh, Sra. Yoshie Noguchi y Sr. Tim De Meyer. Unión Interparlamentaria: Sra. Christine Pintat y Sr. Rogier Huizenga.
La preparación del manual se vio enriquecida por los comentarios de los siguientes colegas de la OIT: Sra. J. Ancel-Lenners, Sr. E. Araújo, Sra. T. Caron, Sra. A. D’Souza, Sra. S. Gunn, Sr. F. Hagemann, Sr. Hernández-Pulido, Sr. G. Myrstad, Sr. L. Picard, Sr. G. Thijs y Sra. A. Trebilcock.
Este manual tiene por finalidad prestar ayuda práctica para que se entienda mejor el problema del trabajo infantil y sus peores formas con miras a propiciar una lucha eficaz para combatirlo. A fines jurídicos, se podrán citar los textos completos de los conve- nios y recomendaciones pertinentes de la OIT y, de ser necesario, se podrá obtener más información en la Oficina Internacional del Trabajo.
Se describen experiencias nacionales para dar ejemplos concretos y alentar la acción. La referencia a determinados países no implica juicio alguno en cuanto a su práctica del trabajo infantil. El hecho de que no se indique el nombre de uno u otro país en particular no ha de considerarse signo de inacción en ese país, ya que resultó impo- sible recoger en un solo volumen todas las iniciativas y buenas prácticas existentes.
Siete preguntas sobre el trabajo infantil y sus peores formas
Pregunta 1 ¿Qué se entiende por trabajo infantil y por peores formas de trabajo infantil?
Pregunta 2 ¿Cuáles son las causas del trabajo infantil?
Pregunta 3 ¿Por qué es urgente e importante combatir las peores formas de trabajo infantil?
Pregunta 4 ¿Qué dicen las normas internacionales del trabajo y otros tratados internacionales acerca de las peores formas de trabajo infantil?
Pregunta 5 ¿Qué clase de programas conviene utilizar para erradicar las peores formas de trabajo infantil?
Pregunta 6 ¿Quién puede marcar la diferencia en el país y en la comunidad internacional?
Pregunta 7 ¿Cuál es la función de los parlamentarios?
Siete medidas a través de las cuales los parlamentarios pueden contribuir a erradicar las peores formas de trabajo infantil
Medida 1 Ratificar los Convenios núms. 138 y 182 de la OIT
Medida 2 Adoptar legislación para prohibir las peores formas de trabajo infantil y hacerla cumplir
Medida 3 Crear programas para erradicar las peores formas de trabajo infantil .
Medida 4 Seguir de cerca y evaluar el avance hacia la erradicación de las peores formas de trabajo infantil
Medida 5 Proporcionar los recursos humanos y económicos necesarios para erradicar las peores formas de trabajo infantil
Medida 6 Movilizar a la opinión pública y forjar alianzas para erradicar las peores formas de trabajo infantil
Medida 7 Fomentar la cooperación internacional para que se prohíban y eliminen las peores formas de trabajo infantil
Textos de las normas internacionales del trabajo sobre el trabajo infantil y las peores formas de trabajo infantil
Formulario de memoria (Convenios ratificados): Convenio núm. 182
Modelos de carta, instrumento y declaración
¿Dónde y cómo obtener información adicional? .
Oficinas de la OIT en el mundo
La mayoría de países cuenta con leyes que prohíben o ponen severas restricciones al empleo de niños; en gran medida, esas leyes se inspiran en las normas adoptadas por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aun así, el trabajo infantil sigue existiendo a gran escala, a veces en condiciones infrahumanas, especialmente en el mundo en desarrollo. Si el avance ha sido lento o en apariencia inexistente, se debe a que la cuestión del trabajo infantil es sumamente compleja y no se puede eliminar de un plumazo ya que está inextricablemente unida a la pobreza.
Los niños trabajan porque su supervivencia y la de sus familias dependen de ello y, en muchos casos, porque adultos sin escrúpulos sacan provecho de su vulnerabilidad. El trabajo infantil también puede obedecer a la deficiencia y precariedad de los sistemas nacionales de educación. Además, está profundamente arraigado en las tradiciones y actitudes sociales y culturales.
Por todos esos motivos, e incluso tras ser declarado ilegal, el trabajo infantil se sigue tolerando, se acepta como si fuera natural y en gran parte es invisible. A menudo está rodeado de un muro de silencio, indiferencia y apatía.
Pero ese muro empieza a desmoronarse. El proceso de globalización y el avance de los medios de comunicación modernos han convertido el drama de los niños que tra- bajan en una cuestión fundamental de la agenda de la comunidad internacional. Aunque actualmente todos sabemos que la erradicación total del trabajo infantil sólo se puede considerar un objetivo a muy largo plazo en la mayoría de países en desarrollo, existe un creciente consenso internacional de que determinadas formas de trabajo infantil son tan inaceptables y perjudiciales para el bienestar del niño que no se pueden seguir tolerando.
En el presente manual se intenta mostrar que la eliminación de las peores formas de trabajo infantil se puede lograr en un período de tiempo relativamente corto mediante la actuación decidida y concertada de distintos organismos gubernamentales y actores de todos los sectores de la sociedad, entre ellos los parlamentarios, que cumplen una función de capital importancia. Dicha actuación debe basarse en la legislación, cuya meta final ha de ser la erradicación del trabajo infantil, pero que identifica concreta- mente y prohíbe las peores formas de trabajo infantil, que han de eliminarse sin demora. Asimismo, la legislación debe estipular las sanciones pertinentes para quienes la infringen y las indemnizaciones correspondientes para las víctimas, y se ha de aplicar con rigor e imparcialidad.
La legislación es crucial pero por sí sola tendrá poca repercusión, por lo que debe ir acompañada de medidas tales como:
sensibilizar a la opinión pública y movilizar el apoyo público para las acciones
de lucha contra las peores formas de trabajo infantil; prevenir que los niños caigan en la trampa de las peores formas de trabajo infantil;
rescatar a los niños de las peores formas de trabajo infantil;
rehabilitar a los niños rescatados y reintegrarlos en el sistema escolar;
mejorar el sistema educativo construyendo escuelas, contratando a más docentes
y ajustando el plan de estudios en función de las necesidades locales, y ofrecer subsidios e ingresos suplementarios a los niños más necesitados y a sus familias.
Es preciso diseñar programas de duración determinada que sean multifacéticos y res- pondan a estas necesidades, que cuenten con la financiación adecuada y cuya realiza- ción sea objeto de una rigurosa supervisión. Dado que el problema tiene una dimensión mundial, hace falta un gran esfuerzo de cooperación internacional que sustente los esfuerzos nacionales.
“ Reconocemos y respetamos la dignidad humana de todos los niños.„
Seminario Interparlamentario sobre la Infancia, febrero de 1997
¿Qué se entiende por trabajo infantil y por peores formas de trabajo infantil?
¿Dónde se sitúa la frontera entre lo aceptable y lo inaceptable?
En primer lugar, hay que indicar lo que no incluye el término «trabajo infantil». La participación de niños o adolescentes en un trabajo que no afecte a su salud ni a su desarrollo personal y que tampoco interfiera en su escolarización a menudo se con- sidera positiva. Ello incluye actividades como ayudar a los padres en las tareas de cui- dado del hogar y la familia, colaborar en la empresa familiar o ganar algún dinero para los gastos propios fuera del horario escolar o durante las vacaciones. Todo ello es positivo para la evolución del niño y el bienestar familiar, ya que les proporciona recursos, calificaciones y experiencia, ayudándoles a prepararse para ser un miembro útil y productivo de la sociedad en su vida adulta.
Estas actividades no se pueden equiparar en ningún caso al trabajo infantil tal como se entiende en el presente manual. El término «trabajo infantil» se refiere a cualquier trabajo que:
▫ privándole de la oportunidad de ir a la escuela;
▫ obligándole a abandonar prematuramente las aulas, o
▫ exigiendo que intente combinar la asistencia a la escuela con largas jornadas de trabajo pesado.
Las peores formas de trabajo infantil son aquellas que esclavizan al niño, lo separan de su familia, lo exponen a graves peligros y enfermedades o lo dejan abandonado a su suerte en las calles de las grandes ciudades y, en muchos casos, desde su tierna edad.
“ Se debe respetar al niño como sujeto de derechos y como ser humano que necesita especial atención y asistencia por parte del Estado y de la sociedad.„
Seminario Interparlamentario sobre la Infancia, febrero de 1997.
Trabajo infantil es aquel que priva a los niños de su infancia, de su potencial y de su dignidad, y es perjudicial para su desarrollo físico y mental.
Aun así, resulta difícil dar una definición precisa del término «trabajo infantil» que se pueda aplicar a todas las situaciones y a todos los países. ¿Dónde situar la frontera entre las formas «aceptables» de trabajo hecho por niños y el trabajo infantil? Que determinadas formas de trabajo se puedan calificar de trabajo infantil depende de la edad del niño, del tipo de tarea, de las condiciones en que se lleva a cabo y de los obje- tivos que cada país se propone alcanzar. La respuesta varía tanto de un país a otro como de un sector a otro.
El enfoque de la OIT: la edad mínima de admisión al empleo
A lo largo de su existencia, la acción de la OIT se ha basado en la estipulación de la
edad mínima de admisión al empleo como criterio para definir y reglamentar el
trabajo infantil. En la primera reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, en 1919, se adoptó el primer tratado internacional sobre trabajo infantil, es decir, el Con- venio sobre la edad mínima (industria), 1919 (núm. 5), que prohíbe el trabajo de niños menores de 14 años en establecimientos industriales. En los cincuenta años siguientes
se fueron adoptando otros convenios que establecen criterios respecto a la edad mínima
en distintos sectores: industria, agricultura, trabajo marítimo, trabajos no industriales, pesca y trabajo subterráneo. La adopción de esos instrumentos demuestra el creciente empeño internacional para abolir el trabajo infantil y trazar la frontera que separa las formas aceptables de las peores formas de trabajo infantil.
Las normas de la OIT pueden ser convenios o recomendaciones y se negocian con los mandantes tripartitos de la Organización – representantes de gobiernos, de emple- adores y de trabajadores de los Estados miembros de la OIT – en la Conferencia Internacional del Trabajo, que se reúne una vez al año. Los convenios son tratados internacionales abiertos a ratificación por parte de los Estados miembros de la OIT. Cuando un Estado ratifica un convenio, está obligado a ajustar la legislación y la práctica nacionales de conformidad con las disposiciones del mismo y a informar a los órganos internacionales de supervisión sobre las medidas que ha tomado res- pecto de las obligaciones que ha contraído. Las recomendaciones establecen pautas para influir en la acción de los Estados miembros pero no son objeto de ratificación. Algunos convenios van acompañados de recomendaciones sobre el mismo tema, cuya finalidad es dar a los Estados una guía detallada de los medios para aplicar las disposiciones del convenio.
Más recientemente, en 1973 se pudo adoptar un convenio completo en la materia, es decir, el Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138). Este Convenio, que supone un hito, se aplica a todos los sectores económicos y a todos los niños que tra- bajan, ya sea como asalariados o por cuenta propia, y contiene la definición interna- cional más completa y autorizada de la edad mínima de admisión al empleo. También es innovador pues facilita un enfoque flexible y progresivo del problema, sobre todo para los países en desarrollo. El Convenio exige a los Estados que lo ratifican la fija- ción de una edad mínima y define una gama de edades mínimas. Estos mínimos varían según el nivel de desarrollo y según el tipo de empleo y trabajo, como sigue:
Edades minimas según el Convenio núm. 138
Edad mínima general
No inferior a la edad de escolaridad obligatoria, y en cualquier caso, no inferior a 15 años
18 años (16 años en determinadas condiciones estrictas)
Allí donde la economía y el sistema educativo estén insuficientemente desarrollados
No inferior a 14 años para el período inicial
Más allá de la perspectiva de la edad mínima
Durante el decenio de 1990 se desarrolló una preocupación sin precedentes en la comu- nidad internacional sobre el problema del bienestar de los niños en general y del tra- bajo infantil en particular. A continuación se reseñan los principales logros. La adopción por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en noviembre de 1989, de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, el instrumento más completo y detallado sobre los derechos de los niños y que ha sido ratificado por casi todos los países del mundo. Entre la amplia lista de derechos del niño plasmados en esta convención figura el derecho a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda:
▫ ser peligroso,
▫ entorpecer su educación, o
▫ ser nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social (véase la pregunta 4). La creación en 1992 del Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil de la OIT (IPEC), diseñado para movilizar la acción interna- cional, incluyendo la cooperación técnica, en apoyo de los programas nacionales para combatir el trabajo infantil (véase la pregunta 6).
Edad mínima de admisión al empleo o al trabajo estipulada actualmente por los Estados Partes del Convenio sobre la edad mínima, 1973 (núm. 138) (Entrada en vigor: 19 de junio de
1976. Situación y ratificación al 1 de enero de 2002: 116 ratificaciones.)
Angola: 13.6.2001 Argentina: 11.11.1996 Bahamas: 31.10.2001 Belice: 6.3.2000 Benin: 11.6.2001 Bolivia: 11.6.1997 Botswana: 5.6.1997 Cambodya: 23.8.1999 Camerún: 13 8.2001
Alemania: 8.4.1976
Albania: 16.2.1998
Austria: 18.9.2000
Argelia: 30.4.1984 Antigua y Barbuda: 17.3.1983 Azerbaiyán: 19.5.1992 Belarús: 3.5.1979 Brasil: 28.6.2001 Bulgaria: 23.4.1980 Burundi: 19.7.2000 China: 28.4.1999 España: 16.5.1977 Francia: 13.7.1990 Hungría: 28.5.1998 Jordania: 23.3.1998 Kazajstán: 18.5.2001 Kenya: 9.4.1979 Kirguistán: 31.3.1992 Lituania: 22.6.1998 Malta: 9.6.1988 República de Moldova:
Barbados: 4.1.2000
Bélgica: 19.4.1988
Bosnia y Herzegovina: 2.6.1993 Burkina Faso: 11.2.1999 Chile: 1.2.1999 Costa Rica: 11.6.1976 Croacia: 8.10.1991 Cuba: 7.3.1975 Chipre: 2.10.1997 Dinamarca: 13.11.1997 Dominica: 27.9.1983 Eslovaquia: 29.9.1997 Eslovenia: 29.5.1992 Ex República Yugoslava de Macedonia: 17.11.1991 Filipinas: 4.6.1998 Finlandia: 13.1.1976 Georgia: 23.9.1996 Grecia: 14.3.1986 Guyana: 15.4.1998 Islandia: 6.12.1999 Indonesia: 7.6.1999 Iraq: 13.2.1985 Irlanda: 22.6.1978 Israel: 21.6.1979 Italia: 28.7.1981 Japón: 5.6.2000 Kuwait: 15.11.1999 Jamahiriya Arabe Libia:
Colombia: 2.2.2001
Congo: 26.11.1999
República Democrática del Congo: 20.6.2001 República Dominicana:
Ecuador: 19.9.2000 Egipto: 9.6.1999 El Salvador: 23.1.1996 Eritrea: 22.2.2000 Etiopía: 27.5.1999 Gambia: 4.9.2000 Guatemala: 27.4.1990
Guinea Ecuatorial: 12.6.1985 Honduras: 9.6.1980 Malawi: 19.11.1999 Mauritania: 3.12.2001 Namibia: 15.11.2000 Nepal: 30.5.1997 Nicaragua: 2.11.1981 Níger: 4.12.1978 Panamá: 31.10.2000 Rwanda: 15.4.1981 Sri Lanka: 11.2.2000 República Unida de Tanzanía:
Papua Nueva Guinea: 2.6.2000 Reino Unido: 7.6.2000 Portugal: 20.5.1998 Rumania: 19.11.1975 Federación de Rusia: 3.5.1979 San Marino: 1.2.1995 Tayikistán: 26.11. 1993 Túnez: 19.10.1995 Ucrania: 3.5.1979
Luxemburgo: 24.3.1977 Madagascar: 31.5.2000 Malasia: 9.9.1997 Mauricio: 30.7.1990 Marruecos: 6.1.2000 Noruega: 8.7.1980 Países Bajos: 14.9.1976 Polonia: 22.3.1978
Togo: 16.3.1984
Venezuela: 15.7.1987
Yemen. 15.6.2000
Zimbabwe: 6.6.2000
República de Corea: 28.1.1999 Senegal: 15.12.1999 Seychelles: 7.3.2000 Sudáfrica: 30.3.2000 Suecia: 23.4.1990 Suiza: 17.8.1999 República Arabe Sria:
Turquía: 30.10.1998
Uruguay: 2.6.1977 Yugoslavia: 24.11.2000 Zambia: 9.2.1976
La adopción de la Declaración y Programa de Acción de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995), en la que se reconoce que la pro- hibición del trabajo infantil es una de las cuatro categorías de los derechos básicos del trabajador que deben respetar todos los países. La adopción, por parte de la Conferencia Internacional del Trabajo de 1998, de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, en la que se afirma que todos los Estados miembros de la OIT, hayan o no ratificado los convenios pertinentes, tienen la obligación de respetar, promover y hacer realidad cuatro derechos fundamentales: la libertad de asocia- ción y la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva; la eliminación de todas las formas de trabajo forzoso u obligatorio; la abolición efectiva del trabajo infantil; y la eliminación de la discriminación en materia de empleo y ocupación (véase la pregunta 4).
La creciente preocupación internacional por el problema del trabajo infantil, que se traduce en la adopción de estos instrumentos, es fruto de diversos hechos, entre otros:
la tendencia a una mayor liberalización de movimientos de capital y del comercio,
lo que supuso que se escucharan más voces que proclaman que los niños no debe- rían ser víctimas de la creciente competencia entre países y empresas en la lucha por lograr una ventaja comparativa en los mercados mundiales mediante el trabajo barato y sumiso de los niños; una mayor transparencia de la economía mundial y la desaparición de los bloques
tras el fin de la guerra fría; la indignación de los consumidores ante la idea de que los productos que adquieren
pueden haber sido fabricados en condiciones abusivas, incluyendo el trabajo infantil, y la publicidad que se ha dado a la explotación sexual de los niños con fines comer- ciales, especialmente la prostitución infantil, la pornografía y el turismo sexual.
Asimismo, dio lugar a que se comprendieran mejor las complejas causas del trabajo infantil, en particular el hecho de que está profundamente arraigado en la pobreza, en la carencia o las deficiencias del sistema educativo y en las tradiciones y estruc- turas sociales y culturales (véase la pregunta 2). El trabajo infantil no se puede eli- minar de un simple plumazo de legislador y se reconoce que es un objetivo a muy largo plazo. Ello no impide que aumente la preocupación por algunas situaciones de trabajo infantil tan graves e inhumanas que no se pueden tolerar por más tiempo.
De esta manera, en el decenio de 1990 surgió un consenso general de que debería darse máxima prioridad a la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, que se deben obtener resultados palpables a corto plazo y no en un futuro indefinido, y que para ello hay que poner en marcha un programa de acción concertado tanto en el plano nacional como internacional.
“ La Conferencia llama a todos los parlamentos nacionales, y gobiernos, y la comunidad internacional a traducir en acción con- creta su compromiso con la eliminación inmediata de las peores formas del trabajo infantil.„
Unión Interparlamentaria, 106.ª Conferencia, septiembre de 2001
¿Qué entendemos por las peores formas de trabajo infantil?
En este contexto de mayor interés y preocupación en todo el mundo, la OIT preparó y adoptó el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182) y la Recomendación (núm. 190) que lo completa.
Las peores formas de trabajo infantil según el Convenio núm. 182
1. El Convenio núm.182 insta a los Estados que lo han ratificado a adoptar medidas inmediatas y eficaces para conseguir la prohibición y la eliminación de las peores formas de trabajo infantil con carácter de urgencia.
2. Contrariamente al Convenio núm. 138 mencionado anteriormente, el Convenio núm.182 no contiene ninguna «cláusula de flexibilidad» y no distingue entre países desarrollados y países en desarrollo. El Convenio se aplica a todos los menores de 18 años.
3. A efectos del Convenio, la expresión las peores formas de trabajo infantil abarca:
todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y la trata de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio, incluido el reclutamiento forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados; la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la pro- ducción de pornografía o actuaciones pornográficas; la utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de acti- vidades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes, tal como se definen en los tratados internacionales pertinentes, y cualquier trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, es probable que dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños, que deberá ser determinado por la legislación nacional o la autoridad competente.
4. El Convenio núm.182 no suplanta ni contradice al Convenio núm.138, más bien delimita una esfera de acción prioritaria que forma parte del ámbito del Convenio sobre la edad mínima, núm. 138.
(Para más detalles sobre el Convenio núm. 182 y la Recomendación 190, véase la pregunta 4)
La eliminación de las peores formas de trabajo infantil pasó a ser una prioridad prin- cipal y urgente de la acción nacional e internacional. El hecho de que en sep- tiembre de 2001, sólo dos años después de su adopción, el Convenio núm. 182 hubiera sido ratificado por 100 países, es decir, mucho más de la mitad de los Estados miem- bros de la OIT, demuestra que en todo el mundo se considera una prioridad urgente.
Ahora bien, la adopción y la extensa aceptación del Convenio núm. 182 no significa que se haya abandonado el objetivo fundamental, que es la eliminación de todas las formas de trabajo infantil. Al dar prioridad a la lucha contra las peores formas de trabajo infantil, se está empezando por el principio, es el punto de partida para promover y facilitar el quehacer ulterior en la consecución de esa meta fundamental.
A pesar de que la comunidad internacional lo ha condenado en términos claros e
inequívocos y de que muchos países lo han declarado ilegal, el trabajo infantil sigue existiendo a gran escala.
“ Las causas del trabajo infantil se arraigan principalmente en la pobreza creada por la desigualdad social y económica, así como en las insuficientes posibilidades educativas.„
Unión Interparlamentaria, 96.ª Conferencia, septiembre de 1996
¿Por qué trabajan tantos niños, a menudo en las condiciones más atroces?
La respuesta exacta variará de un país a otro, pero es fundamental que cada país conozca
cabalmente la magnitud de las causas del trabajo infantil dentro de sus propias fron- teras y las condiciones en que se lleva a cabo. Sólo se hallará un remedio apropiado y eficaz si el diagnóstico es correcto.
Al igual que en cualquir otro diagnóstico, se deberá comenzar por reconocer la com-
plejidad del problema. Legisladores y políticos deben estar alerta para no caer en explicaciones simplistas sobre la existencia de trabajo infantil.
existe una creencia generalizada de que no se puede hacer mucho para combatir el trabajo infantil puesto que es producto y manifestación de la pobreza, y sólo se podrá eliminar cuando se elimine la propia pobreza; según otra corriente de pensamiento, el trabajo infantil sólo existe porque adultos sin escrúpulos explotan a los niños para obtener beneficios rápidos y una ven- taja desleal respecto a sus competidores; por lo tanto, lo único que se debe hacer es aplicar a los infractores todo el peso de la ley y enviar a los niños a la escuela, de donde nunca debieron salir.
¿Cuántos niños trabajan?
Es muy difícil obtener datos precisos del alcance del problema, puesto que gran parte del trabajo infantil, especialmente sus peores formas, se esconde en empresas clandestinas, prostíbulos y otros establecimientos donde se trabaja en condiciones infrahumanas, o en el servicio doméstico; otra parte aun mayor se encuentra en granjas, minas y talleres aislados del resto del mundo.
Según la OIT, en 1997, 250 millones de niños de 5 a 14 años trabajaban, y al menos 120 millones lo hacían a tiempo completo. África registraba la tasa más alta, pues de cada cinco niños de esa edad trabajaban poco más de dos (41 por ciento). En el resto del mundo las proporciones eran las siguientes: América Latina, uno de cada seis (17 por ciento); Asia, uno de cada cinco (21 por ciento), y Oceanía, uno de cada 10 (10 por ciento).
El mundo 24,7%
África 41,4%
Asia 21,1%
América Latina y el Caribe 16,5%
Oceanía 10,4%
Fuente: Oficina de Estadística de la OIT, 1998
Esta clase de estimaciones permite hacerse una idea del problema a escala mundial pero no indica con precisión la magnitud del trabajo infantil que deberá erradicarse. Ta l como se ha indicado anteriormente, ello obedece a la relativa flexibilidad de que disponen los países para fijar la edad mínima de admisión al empleo y a las excep- ciones que se admiten, como por ejemplo el trabajo liviano, dentro de determinados límites, para los niños menores de la edad mínima de admisión al empleo estipulada por ley. Además, es difícil determinar el número exacto de niños empleados en las peores formas de trabajo infantil ya que, en esos casos, el grupo de edad es más amplio y el número de adolescentes de 15 a 17 años empleados en trabajos peli- grosos o en alguna otra de las peores formas ha de sumarse a las estimaciones citadas en el párrafo anterior.
El problema no se limita al mundo en desarrollo puesto que también existe en muchos países industrializados y está cobrando importancia en algunos países en transición de Europa oriental y Asia.
Hace falta mucha más información para tomar medidas idóneas y eliminar el tra- bajo infantil. La OIT seguirá haciendo estudios y encuestas para obtener datos más actualizados e información detallada y evaluar el alcance del trabajo infantil y sus peores formas con el objetivo de establecer programas y supervisar la eficacia de los mismos.
Ambas explicaciones contienen una parte de verdad, pero la realidad suele ser mucho más compleja de lo que sugieren. Los motivos por los que muchos niños trabajan guardan relación con una conjugación de factores de oferta y demanda, que deben ser entendidos y analizados minuciosamente para diseñar medidas eficaces que per- mitan acabar con ellos.
Causas que obedecen a la oferta
La pobreza es indudablemente la principal fuerza motriz del trabajo infantil. Los ingresos que provienen del trabajo de los niños se consideran cruciales para su supervivencia o para la de la familia. Tal como muestra el recuadro 4, el trágico impacto de la pandemia de VIH/SIDA ha agravado en gran medida este pro- blema, principalmente en África.
“ Tal vez lo más trágico sea ese número cada vez mayor de niños en los países en desarrollo a quienes la enfermedad ha dejado huérfanos…„
Unión Interparlamentaria, 87. a Conferencia, abril de 1992
El impacto de la pandemia del SIDA en el trabajo infantil
Antes de la pandemia, aproximadamente el 2 por ciento de niños de los países en
desarrollo eran huérfanos. Hoy en día, la proporción de niños que han perdido a uno
o ambos progenitores por causa del SIDA es del 7 por ciento en muchos países afri-
canos y casi del 10 por ciento en otros.
En el África subsahariana reside el 90 por ciento de los huérfanos del SIDA de todo el mundo, y es muy probable que en el próximo decenio el SIDA deje huérfanos a otros 40 millones de niños africanos.
De ahí que no sea sorprendente que una gran proporción de estos huérfanos aban- done las aulas para ir a trabajar en alguna de las peores formas de trabajo infantil porque es su único medio de supervivencia. Además, como muchos de ellos se quedan sin hogar, en muchos casos trabajan en condiciones aun peores.
Las niñas son especialmente vulnerables a la explotación sexual con fines comerciales
y, por lo tanto, desde muy pequeñas están expuestas al riesgo de contraer la infección.
La concepción popular, las costumbres y las tradiciones locales (incluso cuando son bien intencionadas) también desempeñan un papel importante, por ejemplo:
▫ la idea de que el trabajo es bueno para forjar el carácter y adquirir califica- ciones;
▫ la tradición de que los niños deben seguir los pasos de sus padres en un oficio determinado, aprendiéndolo y practicándolo desde muy tierna edad;
▫ las tradiciones que llevan a las familias pobres a endeudarse mucho para cumplir con ceremonias sociales o religiosas, contando con el trabajo de los niños para saldar las deudas. El fenómeno del trabajo en régimen de ser- vidumbre por deudas, reconocido como una de las peores formas de trabajo infantil, está todavía muy extendido a raíz de la vulnerabilidad de las familias pobres ante tales presiones, y
▫ la opinión generalizada de que las niñas no necesitan el mismo nivel de edu- cación que los niños, por lo que se las retira de la escuela para hacerlas trabajar en la casa o se las vende para el servicio doméstico o la explotación sexual.
El trabajo infantil puede estar arraigado en los usos y costumbres locales hasta tal
punto que los padres y los propios niños ni siquiera consideran que vaya en contra de los intereses del niño y que sea ilegal. Las probabilidades de que los niños trabajen son mayores en las familias nume-
rosas que en las familias pequeñas, simplemente porque los ingresos de los padres de las primeras no alcanzan para sustentar a la familia. Entre los factores más importantes figuran la facilidad de acceso a la educa- ción básica y la calidad de la misma:
▫ muchas comunidades no poseen instalaciones escolares adecuadas;
▫ incluso allí donde hay escuelas, la educación que se imparte a menudo no se per- cibe como una alternativa viable al trabajo, ni por parte de los padres ni de los niños; la escolarización es algo que muchas familias simplemente no pueden permitirse e incluso cuando es «gratuita», los ingresos perdidos cuando el niño no trabaja porque está en la escuela se consideran un costo de oportunidad;
▫ la educación impartida suele ser de baja calidad, y los padres e incluso los niños consideran que no responde a las condiciones y necesidades locales; por lo tanto, no es sorprendente que no vean ningún interés en ir a la escuela;
▫ predomina el punto de vista tradicional, según el cual las niñas se preparan mejor para la vida adulta si se las manda a trabajar que si se invierte en su edu- cación;
▫ por todo lo antedicho, gran cantidad de niños ingresan temprano en el mer- cado laboral sin calificación alguna; por lo general, son analfabetos y lo siguen siendo durante toda la vida, porque esa falta de educación básica les impide adquirir calificaciones y mejorar sus perspectivas de una vida laboral decente.
“ Reconocemos el importante papel de la familia en la forma- ción y el desarrollo del niño.„
“ Las niñas, en particular, son vulnerables a que se las saque de la escuela con el fin de trabajar o de asumir responsabilidades familiares en lugar de los padres que trabajan.„
Memoria del Director General sometida a la Conferencia Internacional del Trabajo, 89. a reunión, junio de 2001
Causas que obedecen a la demanda
Las propias familias son un factor principal. Muchos niños son trabajadores no remu- nerados de las empresas familiares que dependen de la mano de obra familiar para sobrevivir (granjas, talleres del sector informal, etc.). Muchas leyes y reglamentos nacio- nales, así como varias normas internacionales, entre ellas el Convenio núm. 138, prevén excepciones en estos casos. Sin embargo, incluso en las empresas familiares, los niños pueden estar expuestos a graves riesgos para su salud y su seguridad.
¿Por qué otros empleadores contratan a niños?
Las explicaciones más habituales son el menor costo y las denominadas habilidades irreemplazables («dedos ágiles») que poseen los niños, a diferencia de los adultos. La viabilidad de empresas enteras depende del trabajo infantil o, por lo menos, así se dice. Este tipo de argumento, a su vez, fomenta el temor de que el proceso de globali- zación y la creciente competencia en los mercados mundiales respecto a algunos productos sólo servirán para acrecentar y agravar el fenómeno del trabajo infantil. Al mismo tiempo, según el mismo argumento, la globalización expondrá a los niños que trabajan a riesgos de explotación aun mayores a medida que los empleadores luchen por un puesto competitivo en los mercados mundiales. ¿Hasta qué punto son válidos estos argumentos?
Tal como se constata en el recuadro 5, datos y estudios fidedignos demuestran que el trabajo infantil no es indispensable para el desarrollo y la supervivencia de ninguna rama de actividad económica.
¿En qué medida el trabajo infantil es irreemplazable?
Los estudios realizados en algunas ramas de actividad que emplean gran cantidad de niños han sembrado numerosas dudas sobre el argumento de los «dedos ágiles». Casi todas las actividades en estas empresas las llevaban a cabo niños y también adultos. Incluso en el sector de las alfombras, donde se hacen los nudos a mano, y se afirma que el trabajo infantil es indispensable, se observó que los niños no tenían más pericia que los adultos y que algunas de las alfombras más delicadas habían sido tejidas por adultos.
En un estudio sobre las fábricas de alfombras y las joyerías de la India también se ha demostrado que cuando se desglosa el precio final que el cliente paga por las alfom- bras o joyas exportadas, el ahorro en los costos de mano de obra que pueda resultar del empleo de niños es mínimo. Los productores podrían absorber el costo adicional de contratar únicamente a adultos o transferirlo al consumidor sin que la viabilidad de sus empresas se viera amenazada.
Si el argumento de los «dedos ágiles» no es válido para sectores que tradicional- mente han dependido en gran medida del trabajo infantil, como en el caso del tejido de alfombras, ¿qué argumento económico se puede esgrimir para justificar el trabajo infantil en cualquier otra rama de actividad?
Por consiguiente, el principal motivo por el que se contratan niños no tiene relación alguna con la eficiencia económica. Es más fácil manejar a niños que a los adultos, porque, si bien es cierto que no están calificados, tampoco conocen sus derechos, no dan tantos problemas, se quejan menos y son más dóciles y, en última instancia, se puede prescindir de ellos sin más.
Para algunos empleadores, constituyen una reserva de mano de obra ocasional que contratan y despiden a su antojo. Si la actividad que desempeñan es ilegal, es impro- bable que los niños y sus padres se quejen a las autoridades por miedo a perder esos magros ingresos que traen a casa. Además, algunos empleadores consideran realmente que les hacen un favor a los niños que emplean, al ofrecerles trabajo y remuneración. Así pues, en algunos casos declarar ilegal el trabajo infantil puede surtir el efecto con- trario y privar al niño que trabaja de la protección que le proporciona la legislación laboral de los adultos. No hace falta nada más para destacar que la prohibición por sí sola no basta. Las simples prohibiciones del trabajo infantil sólo dan resultado si van acompañadas de medidas de otra índole.
¿Por qué es urgente e importante combatir las peores formas de trabajo infantil?
Mediante la adopción del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182), la OIT concretó la aspiración de la comunidad internacional de afirmar en términos claros e inequívocos que determinadas formas de trabajo infantil deben ser eliminadas con carácter de urgencia.
El significado del Convenio núm. 182 de la OIT
La adopción del Convenio núm. 182 por parte de la OIT es un hito fundamental.
En primer lugar, porque declara que hay determinadas formas de trabajo infantil que deben ser eliminadas con carácter de urgencia. Si bien es cierto que la erradicación de todas las formas de trabajo infantil es, inevitablemente, un obje- tivo a largo plazo porque está arraigado en la pobreza, en el subdesarrollo y en las actitudes sociales y culturales, la adopción de este Convenio implica que no puede haber justificación alguna para postergar la lucha contra sus peores formas. Éste es un cambio radical de la actitud de la comunidad mundial frente al problema del trabajo infantil.
En segundo lugar, porque este Convenio, que abre nuevos caminos, fue adop- tado por unanimidad por representantes de gobiernos, empleadores y trabaja- dores de todos los Estados miembros de la OIT representados en la Conferencia Internacional del Trabajo.
En tercer lugar, porque, como ya se ha dicho, el ritmo de ratificaciones ha batido un récord, ya que tan sólo dos años después de su adopción lo habían ratificado más de la mitad de los Estados miembros de la OIT, lo que demuestra que la amplia mayoría de Estados soberanos está dispuesta a tomar medidas inme- diatas y eficaces para prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil a la mayor brevedad.
Porque se trata de una cuestión de derechos humanos
Todos los seres humanos, tanto adultos como niños, gozan de determinados dere- chos y se ha reconocido y aceptado que los niños tienen sus propios derechos. La opi- nión pública mundial se escandalizó viendo hasta qué punto pavoroso se violan algunos de estos derechos en formas abominables e inaceptables de trabajo infantil. La supresión de estas prácticas no admite demora.
Porque se trata de salvar vidas
Los efectos que tiene el trabajo peligroso en los niños pueden ser más agudos que en los adultos debido a las diferencias anatómicas y fisiológicas; en algunos casos, los niños se ven obligados a soportar situaciones de peligro inadmisibles a las cuales ni siquiera los adultos están expuestos.
La exposición de cualquier trabajador a tales peligros debe ser estrictamente regla- mentada. No se debería exponer a los niños a ellos en absoluto y, cuando lo están, se les debería rescatar inmediatamente de esas situaciones que entrañan una amenaza para su vida o la probabilidad de causarle daños físicos y psicológicos irreversibles.
Ejemplos de los riesgos a los que se exponen los niños
Tracción de vagonetas en galerías de minas subterráneas
Extracción de vidrio fundido en entornos de altas temperaturas
Contacto con colas y disolventes en la industria del cuero
Envenenamiento por plomo en los trabajos con vidrio
Envenenamiento por mercurio en las minas de oro
Inmersión en alta mar sin equipos de protección en el sector pesquero
Exposición a pesticidas y herbicidas en la agricultura
Transporte de cargas pesadas en el sector de la construcción
“ … los países que registran las tasas más altas de analfabetismo, los índices de matriculación más bajos y serias deficiencias nutri- cionales, por lo general son aquellos con una proporción más alta de niños que trabajan en situación de explotación.„
Unión Interparlamentaria, 98.ª Conferencia, septiembre de 1997
“ En el país de destino, el tráfico de personas puede desembocar en explotación sexual, trabajo forzado… que los traficantes obligan a realizar a los inmigrantes clandestinos vulnerables, espe- cialmente las mujeres y los niños.„
Unión Interparlamentaria, 103.ª Conferencia, mayo de 2000
Porque se trata de combatir algunas formas particularmente odiosas de la delincuencia organizada
Entre ellas, la trata y la prostitución de niños y su explotación en la pornografía, expo- niéndolos al riesgo de contraer el SIDA y otras enfermedades, y utilizándolos para el tráfico de estupefacientes y otras actividades delictivas.
Porque se trata de proteger a los niños de los horrores de la guerra
La utilización forzosa de niños en conflictos militares no sólo les expone a un enorme peligro físico sino también a profundos traumas psicológicos que les marcarán para toda la vida.
Porque se trata de construir un futuro para el país
Es fundamental garantizar una infancia decente a los niños y prepararlos para que en la edad adulta tengan un trabajo decente, es decir, un trabajo que sea gratificante para el individuo y productivo para la sociedad. El empleo de niños en condiciones que dañan su dignidad, su moralidad, su salud y su educación socava gravemente la via- bilidad y la cohesión económica de la sociedad y compromete sus perspectivas de des- arrollo a largo plazo.
El trabajo infantil se debe considerar no sólo una consecuencia sino también una causa de la pobreza y del subdesarrollo. Los niños víctimas de las peores formas de explotación, con poca o ninguna educación básica, serán adultos analfa- betos con algún impedimento físico o mental, virtualmente sin perspectivas de escapar de la pobreza en la que nacieron ni de contribuir al desarrollo de la sociedad. Las probabilidades de que sus hijos puedan hacerlo también son escasas. En el mundo competitivo actual, la prosperidad de un país depende esencialmente de la calidad de sus recursos humanos; tolerar las peores formas de trabajo infantil es contradictorio con la gran inversión en las personas que cada sociedad debe hacer para asegurarse el futuro.
Incluso si el trabajo infantil aportara alguna ventaja económica a corto plazo, ésta se debe sopesar con la pérdida de desarrollo potencial que entraña para el país a más largo plazo.
Porque se trata de una preocupación internacional
No se puede seguir pensando que la manera en que se trata a los niños es un asunto puramente nacional. Gracias a la moderna tecnología de comunicaciones, el mundo se ha vuelto un pañuelo, y el drama de los niños que trabajan en países en desarrollo ha conmovido a personas de todo el mundo, avivando la presión internacional para poner fin a las peores formas de explotación infantil.
Gracias a esa presión, por ejemplo, se ha incrementado la cooperación entre países para procesar a quienes explotan el tráfico, la prostitución y la pornografía infantiles.
También ha dado origen a los llamados boicoteos de los consumidores de pro- ductos en cuya fabricación interviene el trabajo infantil. Actualmente, algunas empresas que importan productos de países en desarrollo exigen que los proveedores no recu- rran al trabajo infantil, y otras etiquetan los productos con la garantía de que no fueron hechos por niños. Citemos como ejemplo las alfombras. A pesar de que la proporción de niños que trabajan en la manufactura de productos de exportación puede ser muy pequeña en la mayoría de países (según algunas estimaciones, repre- senta menos del 5 por ciento del total de niños que trabajan), la preocupación inter- nacional por su destino ha sido uno de los factores principales de la presión ejercida para poner fin a las peores formas de trabajo infantil.
Hoy en día, la situación y el prestigio internacionales de un país, incluyendo su acceso a los mercados internacionales, depende en gran medida de su empeño en eliminar el trabajo infantil, especialmente sus peores formas.
Porque la lucha contra este problema dará lugar a una acción concertada más amplia que permitirá abordar la cuestión del trabajo infantil en general
Las medidas eficaces contra las peores formas de trabajo infantil tienen a menudo un efecto multiplicador que beneficia a otros niños que trabajan. Además, llevan a inte- rrogarse sobre la aceptabilidad de otras formas de trabajo infantil menos aberrantes y sobre la posibilidad y la conveniencia de eliminarlas.
¿Qué dicen las normas internacionales del trabajo y otros tratados internacionales acerca de las peores formas de trabajo infantil?
La creación de la OIT en 1919 fue fruto de la convicción de sus fundadores de que «si cualquier nación no adoptare un régimen de trabajo realmente humano, esta omisión constituiría un obstáculo a los esfuerzos de otras naciones que deseen mejorar la suerte de los trabajadores en sus propios países» (Preámbulo de la Constitución de la OIT). De esta manera, la política social fue finalmente reco- nocida como materia de interés internacional: todos los países debían actuar de con- suno por la eliminación de las prácticas de explotación en el empleo, para que ningún país consiguiera una ventaja competitiva injusta en los mercados mundiales valién- dose de una legislación laboral deficiente. La estipulación y la aplicación de las normas internacionales del trabajo siguen siendo uno de los principales medios de acción de la OIT. En ningún otro ámbito de la política es tan esencial como en lo que respecta a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, incluyendo el trabajo infantil.
Las normas internacionales del trabajo relativas al trabajo infantil, y en parti- cular el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 182), ya se han mencionado en la Pregunta 1, donde se cita la definición de «peores formas de trabajo infantil» que se incluye en dicho Convenio. Pero el resto de disposiciones del Convenio núm. 182. y de la Recomendación núm. 190 que lo acompaña también son importantes, por cuanto constituyen una carta internacional y un marco de referencia para la acción destinada a erradicar las peores formas de trabajo infantil. En el cuadro 3 se resumen sus puntos principales.
“ Debe protegerse a los niños y adolescentes contra la explota- ción económica y social. Su empleo en trabajos nocivos para su moral y salud, o en los cuales peligre su vida o se corra el riesgo de perjudicar su desarrollo normal, será sancionado por la ley. Los Estados deben establecer también límites de edad por debajo de los cuales quede prohibido y sancionado por la ley el empleo a sueldo de mano de obra infantil.„
Artículo 10.3 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales
Disposiciones principales del Convenio núm. 182 y la Recomendación núm. 190 relativos a las peores formas de trabajo infantil
Recomendación núm. 190
Define las peores formas de trabajo infantil como aquellas que realizan los menores de 18 años en:
todas las formas de esclavitud y prácticas aná- logas; la prostitución y la pornografía infantiles; actividades ilícitas, y trabajos peligrosos. (Para más detalles, véase la pregunta 1)
Estipula que los tipos de trabajo peligroso serán determinados por la legislación nacional o la auto- ridad competente, previa consulta con las organi- zaciones de empleadores y de trabajadores.
Recomienda que en la definición se incluyan los trabajos que:
exponen al niño a abusos de orden físico, psi- cológico o sexual; se realizan bajo tierra, bajo el agua, en alturas peligrosas o en espacios cerrados; se realizan con maquinaria, equipos y herra- mientas peligrosos, o que conllevan la manipu- lación o el transporte manual de cargas pesadas; se realizan en un medio insalubre en el que los niños estén expuestos, por ejemplo, a sustan- cias, agentes o procesos peligrosos, o bien a temperaturas o niveles de ruido o de vibraciones que sean nocivos para la salud, e implican condiciones especialmente difíciles, como los horarios prolongados o nocturnos, o los trabajos que retienen injustificadamente al niño en los locales del empleador. ➔
¿Por qué es importante la ratificación?
Cuando ratifica un convenio, el Estado se obliga formalmente por el derecho inter- nacional a cumplir las disposiciones del mismo, tanto en su legislación como en su práctica. Por lo tanto, el Estado que ratifica el Convenio núm. 182 se obliga a poner en práctica acciones como las que se enumeran en la columna de la izquierda del cuadro 3 y, en particular, a tomar medidas inmediatas y eficaces para prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil.
Mediante la ratificación, un Estado también se obliga formalmente a informar a la comunidad internacional de las medidas que adopta para adecuar su legislación y su práctica a las disposiciones del convenio en cuestión y, por lo tanto, ha de rendir cuentas ante la comunidad internacional de cualquier infracción de las mismas.
Los Estados miembros que lo ratifiquen deberán:
adoptar medidas inmediatas y eficaces para prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil con carácter de urgencia (las definiciones que da el Convenio núm. 182 de las «peores formas de trabajo infantil» se pueden consultar en la pregunta 1); elaborar y poner en práctica programas de acción para eliminar las peores formas de tra- bajo infantil y, previa consulta con las organiza- ciones de empleadores y de trabajadores y otros grupos interesados, establecer o designar mecanismos apropiados para vigilar la aplica- ción de dichos programas; tomar medidas para hacer cumplir las disposi- ciones por las que se dé efecto al presente con- venio, incluidas las sanciones penales o de otra índole; adoptar medidas para impedir la ocupación de niños en las peores formas de trabajo infantil y para rescatarles de las mismas; asegurarles el acceso a la educación básica gratuita; tener en cuenta la situación particular de las niñas y de otros menores particularmente expuestos a riesgos; ayudarse recíprocamente a fin de aplicar las dis- posiciones del presente Convenio.
Recomienda, además, que Los objetivos de los programas nacionales deberían ser:
▫ impedir la ocupación de niños en las peores formas de trabajo infantil o rescatarlos de ellas;
▫ protegerlos contra las represalias y garantizar su rehabilitación e inserción social;
▫ identificar las comunidades en que haya niños particularmente expuestos a riesgos; y
▫ sensibilizar a la opinión pública;
todas las formas de esclavitud y prostitución infantil deberían considerarse actos delictivos; las personas que infrinjan las disposiciones nacionales sobre las peores formas de trabajo infantil deberían ser procesadas en su propio país aun cuando dichas infracciones se hayan cometido fuera del mismo; los países deberían unirse e intercambiar infor- mación sobre actos delictivos y colaborar en la búsqueda y procesamiento de quienes se encuentren involucrados; se debería recopilar datos sobre la naturaleza y el alcance del trabajo infantil; hacer partícipes a organizaciones de emplea- dores y de trabajadores y a organizaciones civiles; programas de creación de empleo y de forma- ción deberían ser puestos a disposición de los padres de los niños afectados.
De ahí que la ratificación sea un pujante estímulo para pasar a la acción y trans- mita un claro mensaje a escala nacional e internacional para mostrar el com- promiso de un país de dotarse de una política social que sea objetiva y conforme a las normas internacionales, y de someter sus acciones a fiscalización inter- nacional.
Las recomendaciones no se ratifican, pero, por lo general, son una lista de referencia útil de las medidas que gobiernos, parlamentos nacionales, organizaciones de emple- adores y de trabajadores pueden tomar para cumplir con las obligaciones contraídas mediante la ratificación de un convenio.
La aplicación de los convenios ratificados es objeto de supervisión
La OIT dispone de uno de los sistemas más respetados y de más larga data de super- visión de la aplicación de los tratados internacionales, en este caso sus convenios. Se trata de un sistema de presentación periódica de memorias de los Estados miembros sobre los convenios ratificados.
Además, existen procedimientos especiales para examinar las quejas y reclamaciones acerca del incumplimiento de los Estados miembros de las obligaciones contraídas en los convenios ratificados (véanse los recuadros 8 y 9).
El control regular de la aplicación de los convenios de la OIT está a cargo de la Comi-
sión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones y de la Comi- sión de Aplicación de Normas de la Conferencia Internacional del Trabajo.
La Comisión de Expertos está integrada por 20 personas elegidas por su pericia téc- nica, su independencia, su imparcialidad y su objetividad. Los miembros de la Comi- sión son oriundos de distintas partes del mundo y tienen experiencia directa en distintos sistemas sociales, jurídicos y económicos. La Comisión se reúne una vez por año y examina las memorias presentadas por los gobiernos.
Sus comentarios respecto a dichas memorias pueden tomar la forma de observa- ciones (publicadas y presentadas ante la Conferencia) o de solicitudes directas (dirigidas a los gobiernos).
Cada año, la Conferencia designa una Comisión, integrada por representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores, que revisa las observaciones de la Comi-
sión de Expertos, escucha el punto de vista de gobiernos e interlocutores sociales
y, tras deliberar, hace recomendaciones tripartitas a la Conferencia sobre las medidas
La OIT reconoce que los Convenios núms. 138 y 182 son prioritarios. Ello significa que cada Estado Miembro que los haya ratificado se obliga a informar cada dos años a la OIT sobre su aplicación. Se debe consultar con las organizaciones de emplea- dores y de trabajadores acerca de la preparación de las memorias nacionales, y si éstas lo desean, pueden dar su opinión en forma independiente.
La Constitución de la OIT prevé dos tipos de procedimiento para investigar las denun- cias de inobservancia de los convenios ratificados: reclamaciones y quejas.
Reclamaciones. Según el artículo 24 de la Constitución de la OIT, cualquier organi- zación profesional de empleadores o de trabajadores puede presentar una reclama- ción en la que se alegue que cualquiera de los Miembros no ha adoptado medidas para el cumplimiento satisfactorio, dentro de su jurisdicción, de un convenio en el que dicho Miembro sea parte. Una vez que el Consejo de Administración de la OIT estima la reclamación, la somete a un comité tripartito nombrado de entre sus miembros.
Quejas. Según el artículo 26, cualquier Miembro podrá presentar ante la Oficina Internacional del Trabajo una queja contra otro Miembro que, a su parecer, no haya adoptado medidas para el cumplimiento satisfactorio de un convenio que ambos hayan ratificado. El Consejo de Administración podrá nombrar una comisión de encuesta encargada de estudiar la cuestión planteada e informar al respecto. El Con- sejo podrá seguir el mismo procedimiento de oficio o en virtud de una queja pre- sentada por un delegado ante la Conferencia Internacional del Trabajo.
Obligación universal de respetar determinados principios, incluso si no se han ratificado los convenios pertinentes
La Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el tra- bajo, adoptada en 1998, subraya la importancia de respetar los valores fundamentales de la OIT, incluyendo la erradicación del trabajo infantil, en el ámbito de una estra- tegia global. Estipula que todos los Miembros, aun cuando no hayan ratificado los convenios pertinentes, tienen la obligación, que se deriva de su mera perte- nencia a la Organización, de respetar, promover y hacer realidad los principios relativos a cuatro derechos fundamentales:
a) la libertad de asociación, la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho de negociación colectiva;
Por consiguiente, todos los Estados miembros de la OIT, inclusive aquellos que no hayan ratificado los convenios básicos sobre trabajo infantil (núms. 138 y 182), se obligan a tomar medidas para abolir el trabajo infantil, especialmente en sus peores formas. Además, los países que no han ratificado los convenios deben presentar una memoria anual sobre las medidas tomadas (véase recuadro 10).
Por último, en la Declaración se reconoce la obligación de la Organización de asistir
a sus Miembros para que alcancen esos objetivos, incluyendo la prestación de coope-
ración técnica y servicios de asesoramiento. En la pregunta 6 se describen las activi- dades de la OIT para contribuir a eliminar el trabajo infantil.
Seguimiento previsto en la Declaración
La Declaración estipula que los Estados que no hayan ratificado alguno de los con- venios fundamentales deberán presentar información cada año acerca de los cam- bios que hayan operado en su legislación o su práctica. Esas memorias son examinadas por el Consejo de Administración. Además, el Director General de la OIT cada año prepara un informe global que trata sucesivamente de cada uno de estos principios y derechos fundamentales.
El primer Informe global sobre la erradicación efectiva del trabajo infantil se presentará ante la Conferencia Internacional del Trabajo en 2002 y, a partir de ahí, se prepararán nuevos informes a intervalos de cuatro años.
Dichos informes esbozarán un cuadro global y dinámico respecto a la abolición del trabajo infantil y servirán de base para que el Consejo de Administración establezca las prioridades y la acción en materia de cooperación técnica del siguiente cuatrienio.
Instrumentos de las Naciones Unidas que completan las normas de la OIT
La Organización de las Naciones Unidas ha adoptado una serie de pactos y conven-
ciones que completan las normas de la OIT sobre el trabajo infantil. El más completo de todos es la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) que se adoptó en noviembre de 1989; en ella se plasmaron los derechos del niño en todos los ámbitos,
y alguna de sus disposiciones fundamentales están estrechamente relacionadas con las
normas internacionales de la OIT sobre el trabajo infantil, aunque el lenguaje utili- zado no sea idéntico (véase el recuadro 11).
Otros instrumentos de las Naciones Unidas (ONU) que abordan concretamente los peores aspectos del trabajo infantil son:
adoptado el 16 de diciembre de 1966 (entrada en vigor: 3 de enero de1976); el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), adoptado el 16 de diciembre de 1966 (entrada en vigor: 23 de marzo de 1976);
la Convención Suplementaria sobre la Abolición de la Esclavitud, la Trata de
Esclavos y las Prácticas Análogas a la Esclavitud (CSAE), adoptada el 7 de sep- tiembre de 1956 (entrada en vigor: 30 de abril de 1957), y el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena (CRTP), adoptado el 2 de diciembre de 1949 (entrada en vigor:
25 de julio de1951).
Complementariedad de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN) y los convenios de la OIT
En el artículo 32 de la CDN se reconoce el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y el desempeño de cualquier trabajo que pueda:
ser peligroso; entorpecer su educación; o ser nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.
El artículo 32 también dispone que los Estados Partes adoptarán medidas legisla- tivas y administrativas, sociales y educacionales para garantizar la aplicación del mismo. Con este propósito, y teniendo en cuenta las disposiciones pertinentes de otros instrumentos internacionales, los Estados Partes, en particular, «fijarán una edad o edades mínimas para trabajar». Así pues, todo trabajo que lleven a cabo niños en condiciones que no correspondan a las establecidas por los convenios de la OIT y las convenciones de la ONU se considerarán explotación económica.
También cabe destacar los artículos siguientes:
el artículo 33, que dispone que se adopten todas las medidas apropiadas para
impedir que se utilice a niños en la producción y el tráfico ilícito de estupefacientes; el artículo 34, que dispone que se adopten todas las medidas para proteger al
niño contra todas las formas de explotación y abuso sexual; el artículo 35, que dispone que se adopten todas las medidas para impedir el
secuestro, la venta o la trata de niños para cualquier fin o en cualquier forma; el artículo 36, que dispone que se protegerá al niño contra todas las demás formas
de explotación que sean perjudiciales para cualquier aspecto de su bienestar; el artículo 28, por el que se reconoce el derecho del niño a la educación; y
el artículo 39, que dispone que se adopten todas las medidas apropiadas para promover la recuperación física y psicológica y la reintegración social del niño.
finales de 2000, la Asamblea General de la ONU adoptó tres tratados más relativos
trabajo infantil que todavía no han entrado en vigor, a saber:
la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trans-
nacional; el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especial-
mente Mujeres y Niños, y el Protocolo contra el Tráfico Ilícito de Migrantes por Tierra, Mar y Aire.
Protocolos facultativos a la Convención sobre los Derechos del Niño
En los dos protocolos facultativos adoptados en mayo de 2000, también se abordan las peores formas de trabajo infantil ya que tienen por tema:
la participación de niños en los conflictos armados 1 , y
la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la por- nografía 2 .
Por consiguiente, estos dos protocolos adicionales completan el Convenio núm.182 centrándose en dos cuestiones importantes del mismo. Además, en el preámbulo de ambos protocolos se alude concretamente a dicho convenio. También se definen con mayor precisión algunos conceptos y se describen las medidas exactas que se deben tomar. Por ejemplo, el Protocolo facultativo sobre conflictos armados va más allá que el Convenio núm. 182 puesto que prohíbe la participación de menores de 18 años en conflictos armados y que se trata del reclutamiento de menores tanto voluntario como forzoso.
1 Entró en vigor el 12 de febrero de 2002; en noviembre de 2001 había sido ratificado por 12 países:
Andorra, Bangladesh, Canadá, República Democrática del Congo, República Checa, Islandia, Mónaco, Nueva Zelandia, Panamá, Rumania, la Santa Sede y Sri Lanka.
2 Entró en vigor el 18 de enero de 2002; en noviembre de 2001 había sido ratificado por 13 países: Andorra, Bangladesh, República Democrática del Congo, Cuba, Islandia, Kazajstán, Marruecos, Noruega, Panamá, Rumania, la Santa Sede, Sierra Leona y Uganda.
Ratificación y supervisión de los instrumentos de las Naciones Unidas
Los pactos y convenciones de la ONU enumerados anteriormente han sido ratificados por muchos países, y la Convención sobre los Derechos del Niño ha batido el récord, obteniendo prácticamente la ratificación universal (Somalia no la ha firmado ni rati- ficado y los Estados Unidos la firmaron pero no la ratificaron). En el anexo del pre- sente manual se encuentra la lista de países que han ratificado cada instrumento.
Al igual que los instrumentos de la OIT, los tratados de las Naciones Unidas requieren que cada Estado que los ratifique presente informes sobre las medidas que ha tomado para aplicar sus disposiciones. Ahora bien, los convenios de la OIT y las convenciones de las Naciones Unidas relativos al trabajo infantil no están supeditados unos a otros, y los mecanismos de supervisión de su aplicación también funcionan de modo indepen- diente. Sin embargo, se complementan en algunas esferas importantes de cooperación:
cuando se negocian y se preparan nuevos instrumentos, se tiene en cuenta el alcance y la cobertura de los que ya existen; la supervisión de los instrumentos de la OIT y la supervisión de los instrumentos de Naciones Unidas se benefician recíprocamente ya que, por ejemplo, la infor- mación que recibe el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas es invalorable para la supervisión de los Convenios núms. 138 y 182 de la OIT por
Ratificaciones de los instrumentos de la ONU
al 18 de diciembre de 2001
parte de los órganos correspondientes; el Comité de los Derechos del Niño, a su vez, tiene debidamente en cuenta los resultados de la supervisión detallada de los órganos de la OIT sobre la aplicación de los convenios en materia de trabajo infantil; considerando la complementariedad de los instrumentos de la ONU y de la OIT, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas recomienda sistemá- ticamente la ratificación de los Convenios núms. 138 y 182 a los países que no lo han hecho y siempre se refiere a los convenios de la OIT como el marco de refe- rencia para evaluar las situaciones nacionales respecto al trabajo infantil; el Comité de los Derechos del Niño no dispone de ningún procedimiento para examinar las alegaciones de inobservancia; en cambio, como se indicó anterior- mente, la OIT los tiene (y son tripartitos), incluso fuera del ciclo regular de pre- sentación de memorias (véase el recuadro 9).
Así pues, aun cuando la ratificación de la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas sea importante, no basta para expresar el com- promiso de un Estado de obrar por la eliminación del trabajo infantil, espe- cialmente de sus peores formas. La ratificación de instrumentos de la OIT, como por ejemplo el Convenio núm. 138 y el Convenio núm. 182, no sólo implica contraer otras obligaciones y, en algunos casos, más concretas, sino también aceptar otro sistema de supervisión.
La función del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas
Este Comité, integrado por 10 expertos de diversos campos profesionales, examina los informes presentados por los Estados cada cinco años. Antes de entablar con- versaciones con el gobierno en cuestión, el Comité estipula una «lista de asuntos» a tratar y, al final del procedimiento, adopta «comentarios conclusivos» que el gobierno debe poner en práctica. En muchos casos, estos comentarios aluden explícitamente a situaciones de trabajo infantil, incluyendo sus peores formas.
¿Qué pueden hacer los parlamentarios? Participar o interesarse por la redacción del informe del Estado y garantizar que incluya un examen de las medidas tomadas para combatir el trabajo infantil; apremiar al gobierno a responder de modo apropiado y en forma debida a la «lista de asuntos», así como a los comentarios conclusivos del Comité respecto de la eliminación del trabajo infantil, y en particular, de sus peores formas.
¿Qué clase de programas conviene utilizar para erradicar las peores formas de trabajo infantil?
La ratificación de los convenios internacionales estimula la acción nacional, pero en ningún caso la reemplaza. El Convenio núm. 182 obliga a los países que lo han rati- ficado a elaborar y poner en práctica programas de acción para eliminar las peores formas de trabajo infantil y a vigilar la realización de los mismos.
El contenido y el método de dichos programas debe ajustarse a las situaciones, nece- sidades y condiciones concretas de cada país, así como a las distintas regiones de cada uno de ellos.
No puede haber un sistema universal para eliminar el trabajo infantil. Además, hay que tener en cuenta que los programas para combatir las «peores» formas de trabajo infantil (objeto de este manual) a menudo contienen los elementos necesarios para combatir «todas» las formas de trabajo infantil. Se trata de dar prioridad absoluta a los niños expuestos a mayores riesgos y de rehabilitar a aquellos que están sujetos a las formas de explotación más abusivas y peligrosas.
A pesar de sus diferencias, todos los programas nacionales deben abarcar tres obje- tivos primordiales:
prevenir la ocupación de niños en las peores formas de trabajo infantil;
asegurar su rehabilitación y reinserción social.
Para alcanzar dichos objetivos se debe actuar en cinco frentes:
educación básica, y
asistencia para los niños y sus familias.
“ El problema del trabajo de los niños no puede resolverse más que por la colaboración de gran número de organizaciones nacio- nales e internacionales, públicas y privadas.„
Lo que preconiza la Recomendación sobre las peores formas de trabajo infantil, 1999 (núm. 190), que completa el Convenio núm. 182:
«Los programas de acción mencionados en el artículo 6 del Convenio deberían ela- borarse y ponerse en práctica con carácter de urgencia, en consulta con las institu- ciones gubernamentales competentes y las organizaciones de empleadores y de trabajadores, tomando en consideración las opiniones de los niños directamente afec- tados por las peores formas de trabajo infantil, de sus familias y, cuando proceda, de otros grupos interesados en la consecución de los fines del Convenio y de la pre- sente Recomendación. Los objetivos de dichos programas deberían ser, entre otros:
b) impedir la ocupación de niños en las peores formas de trabajo infantil o resca- tarlos de ellas, protegerlos contra las represalias y garantizar su rehabilitación e inserción social con medidas que permitan atender a sus necesidades educa- tivas, físicas y psicológicas;
al problema del trabajo oculto, en el que las niñas están particularmente expuestas a riesgos y
a otros grupos de niños que sean particularmente vulnerables o tengan nece-
sidades específicas;
d) identificar las comunidades en que haya niños particularmente expuestos a riesgos, y entrar en contacto directo y trabajar con ellos, y
e) informar, sensibilizar y movilizar a la opinión pública y a los grupos interesados, incluidos los niños y sus familiares.»
(Párafo 2 de la Recomendación núm. 190)
La índole y la combinación precisa de dichas disposiciones deben ser específicas para cada país, e incluso para comunidades dentro de los países y para los distintos grupos de niños empleados en las peores formas de trabajo infantil en los distintos países y regiones. Ahora bien, un factor primordial para que cualquier programa de acción dé resultados es que sea completo, que combine la legislación, los mecanismos para hacerla cumplir y la acción práctica en diversos ámbitos. Las acciones aisladas o puntuales,
aun cuando respondan a buenas intenciones, en el mejor de los casos pueden tener una repercusión mínima y, en el peor, ser contraproducentes. Por ejemplo, las medidas legislativas y de represión pueden empeorar mucho las cosas si no van acompañadas de medidas que fomenten la rehabilitación y reinserción de los niños afectados en el sistema educativo.
De ahí que las distintas intervenciones se deban planificar y coordinar cuidadosa- mente para que se complementen y sean coherentes con otros planes nacionales de desarrollo económico.
Además, a la hora de formular las políticas y objetivos generales de un país en materia de desarrollo, la erradicación de las peores formas de trabajo infantil no se debe considerar una cuestión aislada sino un elemento esencial.
En muchos países se ha juzgado oportuno crear en el ámbito de la administración nacional una unidad específica, de alto nivel, que se ocupa del problema del trabajo infantil, para diseñar un programa de acción coherente y bien coordinado, seguir de cerca su aplicación y garantizar que sea objeto del debido interés por parte de las autoridades competentes. Este tipo de unidad sólo puede ser eficaz si, en lugar de considerarla una creación meramente burocrática, se considera como un medio de implicar a muchos sectores de la sociedad (organismos gubernamentales, empleadores, sindicatos, ONG, los niños y sus propias familias) en la elaboración, apli- cación y supervisión de programas y en la formulación de políticas. De hecho, la clave de todo este empeño estriba en forjar una amplia alianza entre las dis- tintas fuerzas sociales, políticas y económicas para luchar contra las peores formas de trabajo infantil.
Esencialmente, la lucha contra el trabajo infantil es una cuestión de cambio de men- talidad. Primero se debe convencer a los principales interlocutores sociales de que el trabajo infantil es un problema real, empezando por los propios niños y sus padres, y siguiendo por los políticos, las autoridades locales, los empleadores, los sindicatos y los docentes. Muy a menudo se considera simplemente una fuente de ingresos para familias pobres o un medio de aprender un oficio. Incluso si se puede persuadir a la gente de que hay algo negativo en el hecho de que los niños deban abandonar o des- atender su educación para poder trabajar, también se les debe convencer de que hay alternativas posibles al trabajo. En las familias pobres, los argumentos sobre la impor- tancia de que sus hijos asistan a la escuela pueden parecer algo hipotético ya que deben velar por su subsistencia diaria. Una de las tareas más difíciles es superar la apatía y la resistencia a adoptar medidas para combatir el trabajo infantil, pero también es una tarea fundamental porque si la campaña por la erradicación del trabajo infantil no goza de un gran apoyo popular, poco o nada se podrá lograr.
Las campañas de sensibilización bien orientadas pueden tener gran repercusión, especialmente si se centran en las peores formas de trabajo infantil. Se puede movi- lizar mejor a las comunidades locales para que apoyen las medidas y participen en las intervenciones si la gente está convencida de que:
algunas formas de trabajo infantil son tan aberrantes y peligrosas que deben ser eliminadas con carácter de urgencia;
la eliminación de las peores formas de trabajo infantil no sólo es esencial para el bienestar de los niños sino también para el desarrollo de la comunidad;
los niños rescatados de tales trabajos, sus familias y las comunidades donde viven se beneficiarán inmediatamente de mejores servicios, un mejor sistema educa- tivo y fuentes de ingresos alternativas.
Si están convencidos de la necesidad y de la viabilidad de dichas medidas, se puede confiar en personas y grupos locales para que ayuden a identificar empresas y lugares de trabajo donde los niños están muy expuestos a riesgos y abusos; también estarán más dispuestos a denunciar las infracciones. Además, orientarlos sobre las peores formas lógicamente redundará en un mayor apoyo popular a la eliminación de todas las formas de trabajo infantil.
La eliminación de las peores formas de trabajo infantil no se podrá conseguir tan sólo mediante la legislación, pero tampoco sin ella. La base indispensable de cualquier pro- grama legislativo para eliminar las peores formas de trabajo infantil debe abarcar:
definiciones jurídicas claras de la edad mínima por debajo de la cual ningún niño debería ser utilizado en determinados tipos de trabajo; definiciones igualmente claras de los riesgos a los que no se debe exponer a ningún menor de 18 años; leyes que prohíban prácticas inaceptables tales como el trabajo forzoso y en régimen de servidumbre, la venta y la trata de niños para la prostitución y la pornografía, y que prescriban sanciones por la práctica, el fomento o la connivencia con tales actividades.
No sólo habrá que garantizar que las diversas leyes vigentes aborden cabalmente esta cuestión, y enmendarlas si no es el caso. También habrá que establecer penas para los explotadores de formas inhumanas de trabajo infantil que sean lo suficien- temente duras como para disuadir de ejercer tales actividades, y prever una indemni- zación y protección adecuada para las víctimas. Un ejemplo importante de esto último consiste en saber si, en el caso de los niños en condición de servidumbre por deudas, la ley prevé la liquidación de todas las deudas y otras obligaciones que dieron lugar a
la servidumbre del niño. Quizás será necesario fortalecer, incorporar y consolidar diversos instrumentos jurídicos. En primer lugar, es esencial que todos los interesados conozcan y entiendan la protección que ofrece la legislación; por lo tanto, habrá que comunicarla de forma inteligible para todos, por ejemplo, mediante carteles y perió- dicos en el idioma local, por radio, en las reuniones comunitarias, a través de los sin- dicatos, las ONG y grupos comunitarios. Se debe facilitar el acceso a la protección jurídica y a la rehabilitación simplificándolo al máximo para no desalentar a los usua- rios potenciales.
El hecho de que en muchos países la legislación laboral, incluida la legislación sobre la edad mínima, excluya a sectores u ocupaciones enteros plantea un problema muy complejo. Esos sectores son la agricultura, el servicio doméstico y pequeños talleres del sector informal, que precisamente son las ramas de actividad donde se encuentra la mayoría de niños que trabajan, y donde probablemente estén empleados en condi- ciones de riesgo y en algunos casos de explotación. Incluso cuando la legislación abarca estos sectores, la aplicación de la misma es especialmente difícil.
La mayoría de las formas de trabajo infantil más abusivas son clandestinas, y los autores de tales abusos (por ejemplo, las formas de esclavitud, la servidumbre por deudas y otras formas aberrantes de explotación) toman grandes precauciones para asegurarse de que no se les descubra.
En muchos casos, la insuficiencia de personal de los servicios de inspección del tra- bajo es tal que las probabilidades de descubrir, y mucho menos de remediar, las peores formas de trabajo infantil son ínfimas. Cuando los inspectores del trabajo se proponen
rescatar a los niños de ocupaciones de riesgo y en condiciones abusivas suelen tropezar con la firme resistencia de los grupos de gran poder económico, e incluso de los niños
y de sus padres. Los inspectores del trabajo por sí solos no están en posición de ofrecer
alternativas de formación u otros trabajos a los niños ni ingresos para la familia.
Por añadidura, muchas de las peores formas de trabajo infantil, como el tráfico de niños, su utilización para la prostitución o el tráfico de estupefacientes, son actos delictivos que requieren más bien la intervención de la policía que de los inspectores del trabajo, o al menos una mayor colaboración entre ambos.
Mejorar los mecanismos para hacer cumplir la ley debería ser uno de los campos de acción prioritarios en cuanto a la erradicación de las peores formas de trabajo
infantil, lo que no sólo implica reforzar los servicios de inspección del trabajo e impartir formación a los inspectores para detectar y resolver los casos más graves de trabajo infantil abusivo y peligroso, a menudo en colaboración con la policía, sino también encontrar nuevas formas de abordar el problema. Es más fácil que familias y comu- nidades cooperen con un inspector del trabajo si entienden que su tarea no se limita
a vigilar el lugar de trabajo, ya que también asesora y presta asistencia a los niños que trabajan, a sus padres y a sus empleadores.
Mediante alianzas y colaboraciones más estrechas entre los organismos encar- gados de hacer cumplir la ley y otros órganos públicos o no gubernamentales, en particular las organizaciones de empleadores, las organizaciones de traba- jadores, los trabajadores sociales, y las organizaciones comunitarias, es posible obtener importantes resultados.
Un ejemplo de alianza para hacer cumplir la ley
En Filipinas, varios organismos gubernamentales, ONG y sindicatos concertaron esfuerzos para crear «centros de intervención rápida», que tienen competencia para intervenir inmediatamente cuando se denuncian casos graves de trabajo infantil.
Sus operaciones, que comprenden tanto el procesamiento de los infractores como servicios psicosociales para las víctimas, se traducen en un aumento sostenido del número de niños que han sido rescatados de situaciones peligrosas.
La alternativa evidente al trabajo infantil es la educación, como se señala clara- mente en las normas internacionales del trabajo sobre la edad mínima de admisión al empleo. El cumplimiento de las leyes y los reglamentos sobre la escolaridad obliga- toria para todos los niños hasta la edad mínima de admisión sería un aporte funda- mental para eliminar las peores formas de trabajo infantil. La asistencia regular a la escuela impediría la servidumbre por deudas y muchas otras formas de explotación infantil. También eliminaría el trabajo de niños en muchas ramas de actividad y ocu- paciones peligrosas que requieren la presencia a tiempo completo en el lugar de tra- bajo. Además de estas ventajas inmediatas, la educación de calidad aporta muchos beneficios a más largo plazo para el niño en cuestión y la sociedad en su conjunto. Este proceso, finalmente, culminaría con la erradicación de todas las formas de tra- bajo infantil.
“ La Conferencia invita a los Estados a reconocer el derecho de todos los niños, y de todas las niñas a recibir una educación básica apropiada…„
Sin embargo, demasiado a menudo, el sistema educativo forma parte del pro- blema y dista de ser una solución. La falta de escuelas en muchas comunidades, así como la escasez de profesores y la baja calidad de la educación en otras, han sido algunos de los factores que llevaron a los niños al trabajo. Un empeño renovado a favor de la educación gratuita y obligatoria para niñas y niños por igual, una
fuerte inversión en ella, en la formación de los profesores y, en muchos países, la revisión total del plan de estudios para que se ajuste mejor a las necesidades y situaciones locales son requisitos básicos y esenciales para que la escolarización sea atractiva, esté al alcance de todos y contribuya a eliminar las peores formas de trabajo infantil.
Asistencia para los niños y sus familias
Facilitar el acceso a la educación formal y mejorar su calidad no basta, y deben pasar muchos años para que se vean los resultados. Incluso en países donde se ha avanzado considerablemente y donde la tasa de matriculación es alta, sigue habiendo niños en los grupos de población pobre que no se benefician de dicha mejora. Presionar y san- cionar a las familias pobres para obligarlas a mandar a sus hijos a la escuela no es for- zosamente un camino eficaz. La experiencia nos enseña que rescatar simplemente a los niños del trabajo e intentar integrarles inmediatamente en la vida escolar pocas veces funciona, como mínimo por dos razones:
Antes de que puedan beneficiarse de la escolarización regular, los niños que se han visto sometidos a las formas más inaceptables de explotación necesitan un tiempo de rehabilitación (atención de salud, formación, asesoramiento, etc.), un entorno seguro y, a veces, ayuda jurídica y protección policial. Demos un ejemplo bastante crudo: no se puede esperar que un niño a quien se ha obligado a matar, violar, torturar y saquear en un conflicto armado, en muchos casos bajo los efectos de estupefacientes, se convierta de la noche a la mañana en un alumno diligente y disciplinado.
Un ejemplo de rehabilitación: Nepal
El Centro de ayudad de Trabajadores Infantiles de Nepal, conocida por la sigla en inglés CWIN, es una ONG de defensa de los derechos humanos que ha iniciado pro- gramas para ayudar a niños que son víctima de violaciones de sus derechos: niños que trabajan en plantaciones de té o en fábricas de alfombras, niños de la calle y niños pobres que trabajan en régimen de servidumbre. La finalidad de estos pro- gramas es rehabilitar a esos niños afectados mediante planes de educación para ellos y sus familias y una amplia gama de servicios de apoyo como la protección jurí- dica. Además, esta ONG procura rehabilitar a familias en situación de indigencia ayu- dándolas a obtener fuentes de ingresos alternativas y ofreciendo refugio a los niños sin hogar. Las actividades de educación abarcan programas de alfabetización y de sensibilización para niños que nunca han ido a la escuela o que tuvieron que aban- donarla a tierna edad. Tras participar en estos programas, se les ofrecen becas para que puedan ir a la escuela oficial. También se han empezado a impartir cursos de formación profesional de reparación de bicicletas e instalaciones eléctricas. A los niños mayores se les ha entregado cajas de herramientas para que puedan empezar a ejercer una actividad por cuenta propia.
Los peores abusos en el ámbito del trabajo infantil se dan en los grupos paupé- rrimos y más vulnerables de la sociedad. Los niños de esos grupos siguen yendo a trabajar pues, por lo general, su familia depende de esos ingresos para subsistir. En tales casos, la mayor facilidad de acceso a la educación debe ir acom- pañada de otros incentivos como, por ejemplo, subvenciones de diversos tipos, aporte de estipendios, comidas gratuitas, libros de texto, atención de salud y ropa para los niños, además de formación y programas de generación de ingresos para los padres. Estos programas deben atender simultáneamente la necesidad de mejores ingresos para los adultos y mejores escuelas para los niños, lo que impedirá fomentar el empleo de niños junto con el de adultos o en lugar del mismo.
Las ONG desempeñan un papel importante a la hora de atender dichas nece- sidades. En los recuadros 17 y 18 se destacan algunos ejemplos.
Trabajo con los niños y sus familias. La Casa de la Esperanza de Panamá
La Casa de la Esperanza es una ONG que trabaja con niños de la calle en Ciudad Panamá y en Ciudad Colón. Tiene un programa integrado para niños y padres que ofrece nutrición y atención primaria de salud, planes de educación para niños y for- mación técnica para que adultos y adolescentes acrecienten su capacidad de generar ingresos. También organiza un programa de educación de vida familiar con miras a ayudar a las familias a cuidar mejor de sus hijos, al tiempo que se les forma para acti- vidades de generación de ingresos y se les ofrece ayuda económica para costear la escolarización de los niños. Además, colabora con diversos órganos gubernamen- tales y organizaciones que ofrecen servicios sociales. Mediante esta red se facilita el acceso de los niños y de sus padres a todo tipo de servicios de apoyo.
Otras medidas de apoyo pueden ser de índole preventiva. Es importante deter- minar qué niños corren mayor riesgo de ser obligados a sufrir formas intolerables de trabajo infantil y motivarlos para que sigan yendo a la escuela antes de que sea dema- siado tarde. Por ejemplo, las niñas son un grupo sumamente vulnerable pues corren el riesgo de ser engañadas para luego obligarlas a ejercer la prostitución y terminar viviendo en condiciones similares al encarcelamiento, tal vez en un país lejano. Los programas destinados a impartirles educación y formación para facilitarles el acceso a otras formas de empleo donde no se les explote pueden ser muy eficaces. También son importantes las medidas preventivas destinadas a los padres, como por ejemplo, prevenirles de las tácticas que utilizan los traficantes para engañar a los niños y hacerlos caer en sus redes.
Una de las medidas preventivas consiste en programas de motivación para que los niños desde muy tierna edad y sus padres aprendan a valorar la educación y a conocer sus derechos, así como los peligros que entraña incorporarse al mundo del trabajo prematuramente (véanse los recuadros 19 y 20).
Sensibilización de niños y docentes acerca del trabajo infantil en la Provincia de Srisaket, Tailandia
Habida cuenta de la dimensión del éxodo rural de niños en busca de trabajo, se inició un proyecto por el que 22 escuelas con altos índices de deserción participaron en la campaña dirigida a niños y docentes para animar a los primeros a seguir yendo a la escuela en lugar de buscar un trabajo. Tras un período de formación de los maes-
tros, se informó a los niños por diversos medios sobre los efectos nocivos que podía tener el trabajo en su salud o en su seguridad, y de la legislación en la materia. Los docentes hicieron la tarea de convencer a los padres de las ventajas de retardar el ingreso de sus hijos en el mundo del trabajo y de seguir estudiando. El resultado de este programa fue que la mayor parte de los niños de las 22 escuelas completaron
el ciclo de educación básica hasta secundaria, y el Ministerio de Educación esta-
bleció un plan de estudios sobre el trabajo infantil para uso en los establecimientos de enseñanza primaria de otras partes del país.
Incremento de la educación preescolar en República Unida de Tanzanía
Muchos niños de familias de agricultores o pastores de la República Unida de Tanzanía empiezan a trabajar desde la primera infancia, hecho que les impide comenzar o ter- minar la educación primaria. El Ministerio de Educación inició un programa destinado
a lograr que los niños de las familias pobres fueran a la escuela desde chicos, esti- mulándoles para que siguieran yendo y despertando su interés por aprender. El pro- yecto se puso en práctica en cinco regiones con altos índices de deserción escolar.
Se informó a los comités escolares del problema del trabajo infantil y de la necesidad de crear centros para la primera infancia. Se formó a los profesores y se publicó un manual sobre trabajo infantil. El proyecto consiguió despertar el entusiasmo de niños
y padres por la escuela. Posteriormente, el Ministerio de Educación editó un manual
sobre los derechos del niño, legislación laboral y sobre trabajo infantil para uso en las escuelas primarias de todo el país.
Otra medida preventiva importante es garantizar que en las zonas, lugares de trabajo
y ramas de actividad de donde se ha rescatado a niños no se vuelva a recurrir al tra-
bajo infantil y que otros niños vengan a suplantarlos. Para lograr este objetivo habrá que crear mecanismos de vigilancia en los lugares de trabajo y en la comu- nidad, para lo cual se deberá contar con la participación activa de trabajadores, emple-
adores, administradores, contratistas y subcontratistas, sindicatos, autoridades locales
y grupos comunitarios. Estos mecanismos son necesarios porque el compromiso de
acabar con el trabajo infantil en toda una rama de actividad puede exigir un cambio
en los procedimientos de producción, así como un esfuerzo concertado para ofrecer
a los niños y sus familias alternativas de educación y actividades para aumentar los ingresos de los adultos.
La industria de la confección en Bangladesh
ejemplo siguiente de la industria de la confección en Bangladesh pone en evidencia:
los peligros que entraña la acción precipitada de rescatar a los niños del tra-
bajo sin ofrecerles alternativas adecuadas; lo que se puede lograr con un programa polifacético para la rehabilitación y
escolarización en el que participen diversos interlocutores locales, nacionales e internacionales; un mecanismo de vigilancia para librar a toda una rama de actividad del tra- bajo infantil.
En 1992, algunos empleadores de la confección se vieron obligados a despedir a muchos niños para prevenir posibles sanciones comerciales.
Ninguno de esos niños volvió a la escuela; en cambio, buscaron empleo en el sector informal, donde las condiciones de trabajo eran incluso más peligrosas debido a la falta de reglamentación.
A raíz de esta triste experiencia, en1995 la Asociación de Fabricantes y Exportadores
de Prendas de Vestir de Bangladesh (BGMEA) firmó un Memorando de Entendimiento con la OIT y el UNICEF para retirar del trabajo a 10.500 niños, rehabilitarlos mediante
educación, compensar a las familias afectadas u ofrecerles nuevas oportunidades de ganarse el sustento y crear un programa de vigilancia y seguimiento.
A fines de1998, más de 8.000 niños que antes trabajaban empezaron ir a la escuela,
y en algunas de ellas se incorporaron programas de formación profesional. El UNICEF,
con ayuda de ONG locales, colaboró en la consolidación de los sistemas escolares locales o para impartir cursos de educación no formal a tales efectos.
En el ámbito del sistema de seguimiento, establecido por la OIT, se inspeccionaron
talleres; en1998, los resultados de dichas inspecciones revelaron que sólo un 2,5 por ciento seguía empleando a niños cuando en 1995 esta proporción era del 43 por ciento. La cifra de niños que trabajan pasó de 10.500 en 1995 a 1.500 en 1998. Las violaciones se denuncian a la BGMEA, que puede imponer multas o retirar la licencia
al fabricante exportador.
¿Quién puede marcar la diferencia en el país y en la comunidad internacional?
En la pregunta anterior, se dieron ejemplos de las funciones que pueden cumplir los distintos actores de la sociedad. La principal conclusión a la que se puede llegar es que:
la lucha contra las peores formas de trabajo infantil es una tarea demasiado
grande como para que quede sólo en manos de las autoridades, y requiere la participación y el empeño de una amplia gama de actores sociales, políticos y económicos; pero, aun así, los gobiernos deben asumir la responsabilidad principal.
dar el ejemplo moral y político informando y educando a la sociedad sobre los
peligros y consecuencias de seguir aceptando la explotación de niños en condi- ciones de trabajo inhumanas, degradantes y peligrosas; proporcionar el marco político y administrativo apropiado para un programa
de acción nacional que sea completo y producto de la concertación; y demostrar claramente su determinación de erradicar las formas inaceptables de trabajo infantil mediante, por ejemplo, el compromiso de destinar una parte sustancial del erario público a tal fin.
También es esencial que se movilice la maquinara gubernamental para combatir el pro- blema en forma coherente y coordinada. La erradicación del trabajo infantil no es de competencia exclusiva del Ministerio de Trabajo y, aunque casi siempre éste lleve las riendas, también incumbe a otros ministerios, entre ellos los que se ocupan de de- sarrollo nacional, política económica, desarrollo rural e industrial, salud pública, pro- tección social, educación y cumplimiento de la ley. En realidad, el empeño por la erradicación de las peores formas de trabajo infantil debe ser incorporado en todas las esferas de las políticas sociales y económicas.
Además, incumbe a todos los niveles de gobierno, especialmente a las autoridades locales que están más cerca de la realidad de la vida en las comunidades y lugares de trabajo. Como se ha sugerido anteriormente, la creación de una unidad de trabajo infantil en alguna sección importante de la maquinaria gubernamental puede contri- buir a lograr una actuación coordinada entre distintos ministerios. Por otra parte, si dispone de autoridad y transparencia suficientes, dicha unidad puede garantizar que todos los niveles y departamentos del gobierno den la prioridad y el empeño que merecen a los programas de su sector, y puede ser un elemento fundamental de la movilización y el apoyo populares explicando la actuación del gobierno.
Parlamentarios y dirigentes políticos de todos los estamentos
En la próxima pregunta se tratará con más detalle la función de unos y otros, pues su labor de supervisores de las acciones y políticas gubernamentales, de legisladores y representantes del pueblo y de líderes de la opinión pública puede ejercer una enorme influencia.
Los empleadores y sus organizaciones
Huelga decir que lo primero que se espera de los empleadores es que dejen de emplear a niños, principalmente en condiciones de riesgo y explotación. Los empleadores son cada vez más conscientes del daño que el trabajo infantil y la explotación de niños infligen a largo plazo a la sociedad. Los empresarios progresistas saben mejor que nadie que el desarrollo futuro de un país depende de su habilidad para dominar y utilizar nuevas tecnologías, y que el trabajo infantil impide disponer de mano de obra con buena formación y bien calificada que una economía más avanzada nece- sita. Por otra parte, algunas empresas, especialmente las que se dedican a producir para la exportación, se ven cada vez más presionadas para que dejen de emplear a niños. Muchas han respondido retirando a los niños del trabajo (a veces en forma precipitada, véase el recuadro 21) o, al menos, de las formas más peligrosas y cola- borando con los programas nacionales para la reducción y la prohibición del trabajo infantil, no sólo dejando de contratar a niños, sino también insistiendo en que sus proveedores y subcontratistas hagan lo propio.
Ahora bien, no todos los empleadores adoptan esta política. Aquellos que están menos expuestos a la presión y competencia internacionales y aquellos que operan en zonas aisladas o en el sector informal están menos motivados y, en algunos casos, son menos conscientes de la necesidad de tomar medidas para reducir e ir elimi- nando poco a poco el trabajo infantil. (Sin olvidar a aquellos que operan en la clan- destinidad y en condiciones ilícitas cuyas actividades dependen de la explotación de niños.) Urge identificar a esta clase de empleadores, denunciarlos y procesarlos.
Ahora bien, en el caso de muchos talleres y pequeñas empresas, se debería poner menos énfasis en las sanciones e insistir más en despertar la conciencia sobre la importancia de fomentar la educación para los niños y protegerlos de los riesgos en el trabajo. De ahí
Ejemplos de buenas prácticas de los empleadores
La Federación de Empleadores de Pakistán (EFP)
La EFP empezó a sensibilizar a sus miembros sobre las causas y consecuencias del
trabajo infantil, traduciendo los instrumentos internacionales y la legislación nacional
a las lenguas locales. Después creó una red de empleadores locales para proteger
a los niños que trabajan, que cuenta con el apoyo de una unidad de trabajo infantil
en las oficinas centrales de la EFP en Karachi y que comprende 20 coordinadores en todo el país. La EFP también participa en el Consejo de Desarrollo de Califica- ciones, que fomenta la creación de programas de formación flexibles y eficientes que incluyen planes de estudios para niños que abandonan la escuela, jóvenes analfa-
betos y aprendices.
La Federación de Empleadores de Kenya (FKE)
Actualmente, la FKE se ocupa de:
prestar asistencia a un grupo determinado de empresas en la formulación y puesta en práctica de políticas y planes de acción sobre trabajo infantil;
establecer medidas y actividades que pueden adoptar los empleadores para com- batir el trabajo infantil;
asesorar y apoyar a determinadas compañías que se proponen tomar medidas para iniciar la lucha contra el trabajo infantil; y
cooperar con el gobierno, los sindicatos y las ONG en la lucha contra el trabajo infantil.
También hace visitas en el terreno a determinadas empresas que participan en el pro- grama, para la evaluación de las condiciones de trabajo y riesgos que corren los niños que trabajan, y ha formado un comité que vela por el bienestar de esos niños supervisando la puesta en práctica del plan de acción de cada compañía. Además,
FKE creó una unidad de trabajo infantil y publicó directrices para empleadores sobre
La Confederación de Asociaciones de Empleadores de Turquía (TISK)
La TISK ha centrado su atención en el trabajo infantil en las pequeñas y medianas empresas de la metalurgia, donde una encuesta llevada a cabo por inspectores del trabajo reveló que los niños que trabajan corren riesgos muy altos. Anima a los empleadores a inscribir a los niños que trabajan en cursos de aprendizaje organi- zados por el Ministerio de Educación. También se ha ocupado de los riesgos a los que se exponen los niños que trabajan en el sector y ha publicado un folleto con directrices sobre el tema.
que la función fundamental de las organizaciones de empleadores sea movilizar el apoyo y la participación de pequeñas y grandes empresas en los programas nacionales de lucha contra las peores formas de trabajo infantil. Por ser uno de los interlocutores sociales, se les debe consultar sobre la creación de programas nacionales, formulación de políticas y determinación de objetivos respecto a cuestiones de desarrollo en general, entre ellas, el trabajo infantil. Los empleadores pueden influir en pequeñas y grandes empresas y facilitarles información y asistencia; en algunos casos, también pueden inter- venir en la acción directa asistiendo a los niños que trabajan y a sus familias.
Medidas que pueden tomar los empleadores para combatir el trabajo infantil
Garantizar los derechos de los niños.
Exhortar a los gobiernos a que ratifiquen el Convenio.
Hacer ver con mayor claridad el costo humano del trabajo infantil y contribuir a determinar los tipos de trabajo que se consideren nocivos para la salud, la segu- ridad y la moral de los niños.
Dar a conocer en reuniones nacionales, regionales e internacionales el empeño de los empleadores de contribuir a eliminar el trabajo infantil.
Formular medidas y emprender programas concretos.
Institucionalizar las actividades creando un órgano de coordinación en la organi- zación, garantizando con ello la visibilidad, el compromiso y la constancia.
Abogar por la adopción de políticas con convicción y vigor para garantizar que se plasmen en la legislación nacional, lo cual puede facilitar la ratificación y ayudar a concebir y aplicar dispositivos de supervisión.
Participar activamente en los comités nacionales de dirección del IPEC.
Cooperar con los sindicatos y las ONG en la forma apropiada, y efectuar con- juntamente actividades encaminadas a trasladar a los niños del mundo del tra- bajo al de la educación y la formación.
Estudiar los códigos de conducta existentes y los planes de etiquetado, con miras a dispensar la ayuda que se les pida en relación con la preparación de modelos de código voluntario.
Velar por la permanencia de su compromiso para eliminar el trabajo infantil.
Documentar las «prácticas óptimas» que puedan servir de modelo a otras empresas.
Fuente: Una iniciativa de los empleadores para la ratificación del Convenio de la OIT núm. 182 sobre las peores formas de trabajo infantil, Oficina de Actividades para los Empleadores. Organización Interna- cional del Trabajo en colaboración con la Organización Internacional de Empleadores, junio de 1999.
Véase también Manual de los empleadores sobre el trabajo infantil – Guía para la acción, Organización Internacional de Empleadores, en colaboración con la Oficina de Actividades para los Empleadores y el Programa Internacional para la Erradica- ción del Trabajo Infantil (IPEC) de la Oficina Internacional del Trabajo, Edición revisada en inglés, 2001.
Los sindicatos han sido pioneros en el movimiento por la prevención y la eliminación del trabajo infantil, y siguen siéndolo en muchos países. Los sindicatos que están pre- sentes en el lugar de trabajo de algunas empresas y ramas de actividad pueden pre- sionar a la dirección para que se vaya eliminando progresivamente el trabajo infantil o, al menos, garantizar que los niños no están sujetos a riesgos ni condiciones de tra- bajo inhumanas. Hay menos probabilidades de encontrar las peores formas de trabajo infantil en el sector estructurado, donde los sindicatos poseen más influencia, y en establecimientos con un alto porcentaje de trabajadores sin- dicados que donde no los hay.
Aparte de la acción directa en el lugar de trabajo, los sindicatos contribuyen a la lucha contra las peores formas de trabajo infantil de varios modos. Así, pueden, por ejemplo:
sensibilizar a sus miembros y a todos los trabajadores adultos mediante publi- cidad, carteles y otras campañas, talleres y actos educativos; se encuentran en óptima posición para influir en la actitud de las familias de los trabajadores, los niños y sus padres y para unir sus fuerzas con organizaciones de empleadores, de consu- midores y ONG en la organización de campañas contra el trabajo infantil;
evaluar y seguir de cerca la evolución del trabajo infantil, a menudo en colabo- ración con servicios del gobierno y organizaciones de empleadores, y acopiar datos en el ámbito local y nacional necesarios para determinar dónde proliferan las peores formas de trabajo infantil y establecer los programas para combatirlas;
entablar una negociación colectiva con los empleadores sobre los medios de evitar y eliminar el trabajo infantil;
participar en conversaciones tripartitas con gobiernos y organizaciones de empleadores destinadas a formular políticas y programas para combatir las peores formas de trabajo infantil y verificar su puesta en práctica;
ofrecer asistencia directa a los niños que trabajan y a sus padres;
actuar de guardianes y denunciar los abusos;
crear estructuras tales como centros de coordinación, unidades y comités dentro de la organización;
participar en programas e instituciones nacionales para la erradicación del trabajo infantil, y
en casos de infracciones reiteradas, utilizar los mecanismos de vigilancia pre- vistos en los instrumentos internacionales.
Sin quitarle importancia a la función que cumplen, hay que reconocer que los sindi- catos no son siempre capaces de contribuir de modo sustancial a la lucha contra el trabajo infantil. En algunos países, sus miembros no están motivados o no sim- patizan con la causa. En otros, el trabajo infantil no figura entre las máximas priori- dades. Muchos sindicatos son demasiado pobres para emprender acciones en ese ámbito. Algunos ven restringidos su derechos de asociación y de negociación colectiva. Por
último, la proliferación de lugares de trabajo donde los trabajadores no están sindi- cados —el sector informal, el uso cada vez más generalizado de la subcontratación y del trabajo a domicilio— supone un reto para los sindicatos. Si demostraran más preocupación por el aumento del trabajo infantil en esos sectores y ofrecieran algunas soluciones constructivas al problema, tal vez gozarían de mayor prestigio y acrecenta- rían su influencia entre aquellos que aún no se han sindicado.
Véase también: OIT Oficina de Actividades para los Trabajadores, Trade Unions and Child Labour – Children out of work and into school, Adults into Work, Ginebra, 2001 (disponible solamente en inglès).
Ejemplos de buenas prácticas sindicales
La Confederación Nacional de Trabajadores Agrícolas (CONTAG), de Brasil, pre- paró cursos de formación para dirigentes sindicales sobre la manera de incor- porar cláusulas de los derechos del niño en sus convenios colectivos, en particular las relativas al trabajo infantil. También se analizaron convenios vigentes para ver cómo se podían incorporar dichas cláusulas para prohibir el empleo de niños menores de 14 años. Otros acuerdos prevén la formación para los hijos de los trabajadores de las plantaciones. Esta iniciativa tuvo tanto éxito que otros sindi- catos siguieron el ejemplo de la CONTAG.
La Federación de Trabajadores de la Construcción y la Madera, de Bangladesh, ofrece asistencia a escuelas subvencionadas por el gobierno para 300 niños y un programa de «educación por comida». También se propone sensibilizar a tra- bajadores de la construcción, sindicalistas y padres de niños que trabajan sobre los riesgos del trabajo infantil y las ventajas de la educación.
El Sindicato de Trabajadores Metalúrgicos de Bangladesh inició un programa para rescatar a los niños que trabajan en condiciones de riesgo en talleres de reparación de automóviles, soldadura y maquinaria. Además, ofreció formación y educación no formal a niños que fueron rescatados del trabajo, a quienes tam- bién proporcionó comida y un estipendio.
El Congreso de Sindicatos de Filipinas (TUCP) colaboró con tres ONG en la labor de ayudar a niños maltratados en el servicio doméstico. En cuanto se identificaba un problema serio mediante una línea telefónica de socorro, los abogados del sindicato ayudaban a rescatarlos de casa de los empleadores.
El Sindicato de Trabajadores Rurales de Petrolina, de Brasil, organizó ayudas para niños que trabajan en la agricultura durante muchas horas y manipulando productos agroquímicos de alto riesgo. Se les rescató del trabajo, se les impartió educación complementaria y, junto con sus padres, se les ofrecieron cursos de horticultura.
No hace falta subrayar la función primordial que cumplen los docentes en la lucha contra el trabajo infantil; su importancia no sólo radica en impartir educación y cali- ficaciones básicas a los niños ya que también:
despiertan en ellos el deseo de aprender y mejorar;
pueden ayudarles, así como a sus padres, a conocer sus derechos y motivarlos
para que sigan yendo a la escuela en lugar de dejarse llevar a formas de trabajo inde- seables, que les impedirán prosperar en el futuro (véanse los ejemplos del recuadro 25); son los principales interlocutores de las autoridades para identificar casos de trabajo infantil, ya que pueden informar cuándo un niño deja de ir a la escuela,
cuando empieza a combinar trabajo y escuela, a veces en trabajos bastante difí-
ciles y peligrosos, lo que entorpece su capacidad de aprendizaje; su aporte puede ser fundamental para asegurar que los niños reciben una educa-
ción de calidad y adecuada a sus necesidades y circunstancias, las de sus padres y las de las comunidades donde viven; pueden influir en las políticas, programas y presupuestos de educación nacional, y
sensibilizan sobre la importancia de la educación y la formación como alternativas
Las autoridades públicas pueden ayudar a motivar a los docentes a desempeñar estas funciones. La calidad de la educación que impartan y el apoyo que ofrezcan a los niños y a sus padres dependerán de la formación que ellos mismos reciban y de sus condi- ciones de empleo (además, naturalmente, de la calidad de los equipos, instalaciones e infraestructuras y de la facilidad de acceso a los mismos). La contratación, forma- ción y motivación de un número suficiente de docentes debe figurar entre las máximas prioridades de cualquier programa contra el trabajo infantil.
Recuadro 25
La función de los sindicatos de docentes
Los sindicatos de docentes pueden ser, y a menudo lo son, interlocutores muy influ- yentes a la hora de movilizar apoyo para reformar el sistema educativo y combatir las peores formas de trabajo infantil. En el Brasil, la Confederaçâo Nacional dos Tra- balhadores en Educaçâo (CNTE), preocupada por el gran y rápido aumento de la cantidad de niños que abandonaban la escuela, inició una encuesta sobre los niños que combinaban escuela y trabajo; a partir de la información acopiada, organizó una campaña para reducir la tasa de deserción y la cantidad de niños que empiezan a trabajar a edad muy temprana. También preparó material de sensibilización para docentes, familias de niños que trabajan y sus comunidades. Gracias a esta cam- paña, cada vez más docentes participa en la labor de sensibilizar a los padres y a las comunidades sobre los peligros del trabajo infantil, animándoles a dejar que sus hijos sigan yendo a la escuela y se dediquen a su educación.
Véase también Material informativo para profesores, educadores y sus organiza- ciones, OIT/IPEC, Ginebra, 1998.
Grupos locales y organizaciones no gubernamentales
En muchos países, las organizaciones no gubernamentales (ONG) y las organizaciones comunitarias tienen una importante y visible función en la campaña contra el trabajo infantil:
su papel es crucial a la hora de descubrir y denunciar casos concretos de trabajo infantil. Son un complemento útil a la acción de órganos más «oficiales», como las inspecciones del trabajo, que básicamente operan en el sector formal de la eco- nomía, porque a menudo pueden identificar lugares de trabajo donde los niños están expuestos a graves riesgos, en pequeños talleres, hogares privados y otras situaciones menos «visibles», en las que no se cumple la legislación laboral. Al estar menos expuestos a la intimidación de intereses poderosos y de grupos de presión, pueden denunciar las infracciones abiertamente y con más osadía que algunos órganos públicos; por estar íntimamente relacionados con las comunidades locales y ser aceptados por ellas, pueden influir en los valores y preocupaciones de la familia y de la comu- nidad que determinan dónde y cuándo un niño debe trabajar. Pueden propiciar cambios en la cultura local, lo que da lugar a una mejor comprensión general de los riesgos y peligros del trabajo infantil y del valor de la educación; la cuestión más importante es que las ONG y las organizaciones comunitarias pueden preparar programas de acción eficaces, innovadores y de bajo costo económico a favor de los niños que trabajan. Dado que están integradas por personas cercanas a los niños afectados, conocen sus necesidades especiales y gozan de la confianza de las comunidades a las que pertenecen. Muchas de sus iniciativas han resultado muy valiosas y viables porque se prepararon y pusieron en prác- tica con la participación de los niños y de sus padres. En el recuadro 26 se da un ejemplo, entre los muchos miles que se podrían citar, de acción eficaz de las ONG contra una forma particularmente atroz de explotación infantil.
Nepal: acción comunitaria contra el tráfico de niños
La organización no gubernamental Maity Nepal ha formado grupos de vigilancia en los distritos que se ven gravemente afectados por el tráfico de niños. Ha construido campamentos de prevención e interceptación en importantes puntos de tránsito, donde se ofrece refugio, educación básica y formación profesional a las niñas que se exponen al riesgo de ser vendidas para que ejerzan la prostitución, así como a las que fueron rescatadas. Cuando terminan la formación, les ayuda a encontrar un tra- bajo o a iniciar un pequeño negocio propio. Maity Nepal colabora con varias ONG en la India para rescatar a niñas de prostíbulos y repatriarlas a Nepal. En territorio nepalés trabaja con la policía y otras autoridades para procesar a los traficantes y rehabilitar a las niñas víctimas, muchas de las cuales están traumatizadas y sufren diversas enfermedades que requieren atención médica y asesoramiento psicológico inmediatos.
Las ONG y las organizaciones comunitarias trabajan en condiciones difíciles y a menudo peligrosas, y tanto las comunidades nacional e internacional valoran cada vez
más su labor. Cabe señalar que su contribución a la erradicación de las peores formas
de trabajo infantil es muy valiosa, especialmente (como en el ejemplo del recuadro 26)
cuando se forman asociaciones con las autoridades públicas.
“ Reconocemos a las ONG como asistentes significativos del de- sarrollo social, y fomentaremos la cooperación activa y las alianzas entre la comunidad de ONG y las estructuras estatales.„
A menudo se acusa a los padres de actuar en forma irresponsable e incluso ilegal (y,
por lo tanto, están sujetos a multas y otro tipo de sanciones) por retirar a sus hijos de
escuela y obligarles a trabajar. Posiblemente sea mucho mejor adoptar otro enfoque:
discutir el problema con ellos;
convencerles de los peligros inherentes a la incorporación prematura de los
niños en el mundo laboral, sobre todo si trabajan en condiciones abusivas o peligrosas; persuadirles de las ventajas de rescatar a los niños de ese tipo de trabajo y de
que vuelvan a la escuela; asociarlos a las decisiones sobre las medidas que se deben tomar para rescatar a un niño del trabajo, rehabilitarlo y reintegrarlo a la sociedad.
están motivados y se les da los incentivos apropiados, en lugar de tratarles como
delincuentes en potencia o consumados, los padres colaborarán cabalmente en la campaña contra las peores formas de trabajo infantil.
Del mismo modo, los propios niños tienen que conocer y comprender sus dere- chos y estar motivados para reivindicar su derecho a la educación y a estar prote- gidos contra la explotación. Las medidas que se tomen con miras a rescatarles de las peores formas de trabajo infantil y lograr su reintegración social no prosperarán si los propios niños no están motivados y totalmente implicados en el proceso. Para ello, deben ser conscientes de sus derechos y no se les puede tratar como objetos.
Recuadro 27
Complementariedad de acción con el UNICEF
A través del IPEC, la OIT colabora estrechamente con otras organizaciones interna-
cionales. Huelga decir que su asociado natural es el UNICEF, que dispone de una vasta experiencia respecto a diversas clases de acción en favor de los niños del mundo entero que van de las intervenciones directas a la sensibilización. Su labor es complementaria del quehacer de la OIT para eliminar las peores formas de trabajo infantil, pues permite situar los programas relativos al trabajo infantil en el contexto más amplio de la protección de todos los aspectos de los derechos y el bienestar del niño. Los programas globales del UNICEF a escala nacional, que abarcan nume- rosas cuestiones, de la inscripción de recién nacidos en el registro civil a la educa- ción básica de calidad, en muchos casos proporcionaron un marco político y operativo sumamente útil para establecer y llevar a cabo proyectos de la OIT que abordan el problema del trabajo infantil, en particular, los programas de duración determinada mencionados anteriormente.
La cooperación de la OIT con el UNICEF también abarca la actividad normativa. Tal como se ha indicado en la pregunta 4, la Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, contiene una serie de disposiciones pertinentes para la labor de la OIT respecto al trabajo infantil. A su vez, los convenios de la OIT relativos al tra- bajo infantil son de interés para el UNICEF, así como para otras organizaciones y, muy a menudo, se citan en las deliberaciones del Comité de los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas. Las oficinas del UNICEF en muchos países han promovido activamente la ratificación y puesta en práctica del Convenio núm. 182.
El IPEC de la OIT ha unido fuerzas con el UNICEF y el Banco Mundial para llevar ade-
lante un proyecto común sobre creación de nuevas estrategias para entender mejor
el trabajo infantil y su repercusión. Este proyecto tiene por finalidad: a) mejorar los
métodos de investigación, acopio y análisis de datos en el campo del trabajo infantil;
b) mejorar los métodos locales y nacionales de investigación y acopio de datos en
el campo del trabajo infantil, y c) mejorar la evaluación de la repercusión de sus inter-
venciones de lucha contra el trabajo infantil. En el presente manual se dan varios ejemplos de la colaboración entre la OIT y el UNICEF, en particular:
el proyecto de la industria de la confección en Bangladesh (véase el recuadro 21
que se encuentra al final de la pregunta 5); el apoyo que prestan ambas instituciones al Brasil (véase el recuadro 37 titulado
Órganos de supervisión de alto nivel, en la medida 3), y la creación de la metodología de evaluación rápida (véase el recuadro 40 en la medida 4).
Gran parte de la presión que se ejerce para erradicar el trabajo infantil, espe- cialmente sus peores formas, dimana de la comunidad internacional más que de fuentes nacionales, ya sea de convenios de la OIT y convenciones de las Naciones Unidas, de informes de los medios de comunicación o de amenazas de sanciones
comerciales. Pero el papel de la comunidad internacional no se puede limitar a ejercer presión moral o de otro tipo sobre los países. Aquellos que se han comprometido con el objetivo de erradicar las peores formas de trabajo infantil merecen el apoyo y la asistencia de la comunidad internacional.
El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC)
Este programa se inició en 1992 para darle una dimensión operativa a la lucha de la OIT contra el trabajo infantil, que hasta ese momento se había concentrado en establecer normas internacionales y vigilar su aplicación. El Gobierno de Alemania fue el primer donante del programa, que comenzó sus actividades en seis países. Actual- mente, hay 25 donantes que apoyan programas en unos 75 países. La labor del IPEC sigue distintas vías tales como:
programas nacionales para propiciar la reforma política y definir medidas con-
cretas para acabar con el trabajo infantil; campañas nacionales e internacionales destinadas a modificar actitudes
sociales y promover la ratificación y la aplicación efectiva de los convenios de la OIT, e investigaciones meticulosas, análisis jurídicos, análisis de políticas y eva- luación de programas en el terreno y a escala regional e internacional.
El quehacer del IPEC de la OIT se funda en la voluntad y el compromiso político de cada gobierno para abordar la cuestión del trabajo infantil, junto con organizaciones de empleadores y de trabajadores, ONG y otros sectores de la sociedad civil. Desde sus inicios, los programas del IPEC en los países participantes han tenido una reper- cusión considerable, tanto en lo que se refiere a retirar a miles y miles de niños del tra- bajo como a sensibilizar a la comunidad sobre el flagelo del trabajo infantil. Muchos de los ejemplos que se dan en los recuadros de este manual recogen los resultados que se han conseguido en programas locales o nacionales que cuentan con la cola- boración del IPEC.
El IPEC trabaja con organizaciones nacionales asociadas, públicas o privadas, para tomar y aplicar medidas destinadas a:
prevenir el trabajo infantil; rescatar a los niños del trabajo peligroso y abusivo, y ofrecer alternativas, tanto a ellos como a sus familias, y mejorar las condiciones de trabajo como medida transitoria hasta que se logre eliminar totalmente el trabajo infantil. La adopción del Convenio núm. 182 que se describe en la pregunta 4 y la cantidad de países que lo han ratificado desde entonces ha dado lugar a una nueva estrategia del IPEC: los programas de duración determinada.
La OIT trabaja estrechamente con otras organizaciones internacionales, especial- mente con el UNICEF mediante estos programas.
Recuadro 28
¿Qué se entiende por programa de duración determinada?
Una vez ratificado el Convenio núm. 182, los Estados miembros deben sancionar leyes, formular políticas y elaborar programas nacionales para cumplir con el com- promiso de prohibir y eliminar las peores formas de trabajo infantil. Al respecto, el IPEC presta asistencia a los Estados miembros mediante programas en cuyo ámbito se formulan políticas y se establecen acciones concretas para erradicar las peores formas de trabajo infantil en un plazo determinado.
El propósito de dichos programas es centrarse en aspectos donde las medidas coordinadas pueden aportar en poco tiempo una diferencia viable y tangible res- pecto a la situación de los niños empleados en las peores formas de trabajo infantil.
La participación de todos los sectores de la sociedad en un país o región determi- nados es esencial para el éxito de los programas de duración determinada.
Éstos incluyen un sistema de evaluación y seguimiento, con objetivos e indicadores para evaluar el impacto, la eficacia en función de los costos y la viabilidad del pro- grama. Se diseñan de modo que estén estrechamente ligados a las políticas y estra- tegias nacionales en materia de desarrollo, especialmente en lo que atañe a la reducción de la pobreza, a la educación y al fomento del empleo.
Recuadro 29
El IPEC proporciona detalles de sus actividades a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. En su 57° período de sesiones, la Comisión adoptó resoluciones sobre la trata de mujeres y niñas (núm. 2001/48) y sobre los derechos del niño (núm. 2001/75), que abogan por una pronta ratificación del Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil de la OIT. El IPEC participa activamente en reuniones de alto nivel en el sistema de las Naciones Unidas. Por ejemplo, hizo aportes técnicos a: el Foro Mundial sobre la Educación (Dakar, 2000); la Cumbre del Milenio (Nueva York, 2000); la Confe- rencia Mundial contra el Racismo (Durán, 2001) y al Segundo Congreso Mundial contra la Explotación Sexual Comercial de los Niños (Yokohama, 2001). Igual- mente el IPEC participará en la Sesión especial de la Asamblea de las Naciones Unidas sobre la Infancia, que fuera aplazada y que tendrá lugar en Nueva York en 2002. El Pacto Mundial es una plataforma fundada en determinados valores que con- grega a representantes de organizaciones del mundo empresarial y organiza- ciones internacionales del trabajo y la sociedad civil con el objetivo de ayudar a sentar los cimientos sociales y ambientales necesarios para sustentar la nueva economía mundial y lograr que la globalización funcione para todos los pueblos del mundo. El Secretario General de las Naciones Unidas pidió a empresarios del mundo entero que apoyaran nueve principios, uno de los cuales es promover la erradicación efectiva del trabajo infantil. El IPEC ha hecho aportes técnicos a la revisión de las políticas empresariales plasmadas en el Pacto mundial.
¿Cuál es la función de los parlamentarios?
En el corazón del desarrollo: los niños de hoy serán los adultos de mañana
Los parlamentarios representan los intereses del pueblo y deben velar por:
la protección de todos los ciudadanos en el ejercicio de sus derechos;
asegurar una mejora sostenida del bienestar de todos ellos, y
promover el progreso sostenido del desarrollo del país.
Representantes electos de la nación, los políticos no se pueden permitir olvidar estos objetivos.
Las peores formas de trabajo infantil son un obstáculo para alcanzarlos, entre otros, por los motivos que se reseñan a continuación:
Implican que se trata a los niños de forma infrahumana. Ninguna sociedad puede permitir que se trate a sus niños de ese modo; ignorar y tolerar las viola- ciones graves de los derechos de los niños constituye un ultraje a la dignidad humana y al honor de un país. Son causa y consecuencia de la pobreza. Aun admitiendo que muchos niños de familias pobres no tengan más remedio que trabajar, ello no quita que el tra- bajo en condiciones degradantes e infrahumanas reduzca las posibilidades de esos niños de salir de la pobreza. Serán adultos moral, física y mentalmente impedidos, no tendrán la oportunidad de estudiar para escapar de ella y, seguramente, sus hijos seguirán el mismo camino. Tolerar la explotación permanente de niños es condenar a pobreza perpetua a generaciones presentes y futuras de sec- tores enteros de la sociedad. Comprometen los esfuerzos de desarrollo de un país. La capacidad de un país para avanzar y prosperar en el mundo actual depende más que nunca de la calidad de sus recursos humanos. Privar a grandes cantidades de niños de la posibilidad de aprender, adquirir calificaciones y convertirse en ciudadanos productivos supone privar a la nación de gran parte de su potencial de desarrollo.
El objetivo primordial será eliminar todas las formas de trabajo infantil. En muchos países lograr este objetivo llevará mucho tiempo, pero ello no significa que se deba considerar un objetivo a largo plazo, ya que si se tiene la debida voluntad política
podrá lograrse en un plazo relativamente corto. Los parlamentarios se encuentran en buena posición para generar y mantener esa voluntad política tan nece- saria. Tienen el deber moral y político de incluir este asunto en las prioridades del programa nacional. La estabilidad y la prosperidad actual y futura de sus países, así como su posición en la comunidad mundial, dependen de ello.
Los parlamentarios, en calidad de legisladores, supervisores de políticas y programas gubernamentales y forjadores de la opinión pública pueden cumplir una función determinante.
“ La Conferencia llama a todos los Estados que aún no han rati- ficado el Convenio núm. 182 de la OIT … así como el Convenio núm. 138 … a que lo hagan y los incorporen en su legislación nacional.„
El primer paso: ratificar los instrumentos internacionales
La ratificación de los convenios y tratados internacionales fundamentales es un impor- tante medio para demostrar a la comunidad internacional y a la opinión pública nacional el compromiso del gobierno con un determinado objetivo político. En la mayoría de países, el parlamento y sus miembros tienen la facultad de decidir si un tratado inter- nacional debe ser o no ratificado. De ahí que sean importantes interlocutores para la puesta en marcha del proceso legislativo que deberá conducir a la erradicación de las peores formas de trabajo infantil.
El principal instrumento a ratificar es el Convenio sobre las peores formas de tra- bajo infantil, 1999 (núm. 182). Este Convenio se describe en las preguntas 1 y 4 de esta primera parte del manual; el procedimiento de ratificación se trata en la segunda parte, en la medida 1.
La obligación de tomar medidas contra el flagelo de la explotación de niños se vería reforzada con la ratificación de los instrumentos pertinentes de las Naciones Unidas (mencionados en la pregunta 4), y sobre todo:
la Convención sobre los Derechos del Niño (que han ratificado todos los países
del mundo excepto dos); los dos protocolos facultativos a esa Convención, adoptados en mayo de 2000:
sobre la participación de niños en los conflictos armados; y la venta de niños, la prostitución infantil y la utilización de niños en la pornografía. la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trans- nacional y el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños, adoptada en diciembre de 2000.
Adaptar la legislación nacional a los convenios internacionales
La ratificación de un convenio internacional implica la obligación de adaptar la legis- lación y práctica nacionales a las disposiciones del mismo y a informar a los órganos internacionales de supervisión sobre las medidas adoptadas a tal fin. Así pues, rati- ficar el Convenio núm. 182 significa que, mediante su legislación, el país en cuestión adoptará medidas eficaces para proteger a toda persona menor de 18 años de las peores formas de explotación y de trabajo perjudiciales que, según el Convenio, abarca la expresión «las peores formas de trabajo infantil», y para establecer y aplicar sanciones penales a los infractores.
Una vez ratificado el Convenio núm. 182, la función de los parlamentarios es garan- tizar ya sea que la legislación vigente contemple de modo adecuado sus disposi- ciones, o bien, si no es el caso, lograr que el gobierno exprese claramente su intención de ajustar la legislación a las mismas, y que realmente lo haga en un período razonable. Los propios parlamentarios pueden presentar un proyecto de ley para propiciar la acción del gobierno.
Los parlamentarios también deben asegurarse de que existan mecanismos y recursos económicos adecuados para hacer cumplir dicha legislación.

References: Artículo 10
 artículo 24
 artículo 26
 artículo 32
 artículo 32
 artículo 33
 artículo 34
 artículo 35
 artículo 36
 artículo 28
 artículo 39
 artículo 6