Source: http://www.libertadidioma.com/2003/20030731.htm
Timestamp: 2018-11-14 15:25:36+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Jueves 31 Julio 2003
La Constitución despreciada (V)
BENIGNO PENDÁS ABC 31 Julio 2003
Germán Yanke Libertad Digital 31 Julio 2003
Editorial El Correo 31 Julio 2003
Maruri y el plan Ibarretxe
Iñaki Ezkerra La Razón 31 Julio 2003
¿La opinión es de izquierdas
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 31 Julio 2003
Francisco Marhuenda La Razón 31 Julio 2003
Lo que Jaime sembró
Ascensión Pastor Libertad Digital 31 Julio 2003
Cartas al Director El Correo 31 Julio 2003
Detenidos en Francia tres etarras que suministraban explosivo a los comandos
BILBAO EL CORREO 31 Julio 2003 La Constitución despreciada (V)
Por BENIGNO PENDÁS ABC 31 Julio 2003
QUINTA tesis. Desde el punto de vista estrictamente jurídico, algunas disposiciones del Proyecto Ibarretxe no son fáciles de analizar con seriedad. Entre ellas, la derogación singular para el País Vasco de varios preceptos constitucionales, la Comisión bilateral Euskadi-Estado o el Tribunal de Conflictos del mismo nombre que suplanta al Tribunal Constitucional. Es difícil de entender que una especie de ley orgánica paccionada quiera modificar la Constitución sin acudir al procedimiento de reforma que exige el «poder constituyente constituido». No parece serio, insisto, pero conviene razonar «como si...», al modo de Ihering en relación con las ficciones.
Vamos por partes. Ante todo: ¿qué clase de fuente normativa es el Estatuto Político? En síntesis: alma de Constitución en cuerpo de ley orgánica, para definir un poco menos que la independencia y bastante más que la autonomía. Se supone que hay un pacto, porque si no es así mal podría obligar al Estado, a quien se imponen con frecuencia deberes y obligaciones. Derechos y facultades no se le otorga ninguno, que yo vea. Pacto, tal vez, pero más bien en equilibrio precario.
La disposición transitoria primera establece un mecanismo delirante: seis meses después de la entrada en vigor del Estatuto, la Comunidad Libre Asociada asumirá materialmente y ejercerá en plenitud todas las potestades, funciones y servicios: «sin excepción», subraya el texto, no sea que se pierda algo por el camino. Es el «desideratum» revestido de norma jurídica: el nacionalismo excluyente lleva tiempo amenazando con ejercer «de hecho» las competencias que reclama: la coartada es que, a causa de una supuesta regresión autonómica, el Estatuto de Guernica no se cumple en su integridad. Procedimiento expeditivo: la Comisión mixta de transferencias no sólo tiene que reunirse y trabajar, sino que debe llegar en plazo a un acuerdo definitivo. Sus actas y certificaciones gozan de tal fuerza ejecutiva (por ejemplo, para inscribir bienes en el Registro) que palidecen de envidia las sentencias del Supremo, incapaces de conseguir su ejecución ante la decisión «soberana» (sic) del Parlamento Vasco. Parece la venganza de un funcionario irritado por largas horas de negociación frente a un interlocutor renuente: si llegamos al acuerdo, mejor; si no, me lo quedo todo. Bromas aparte: habrá Comunidad Libre Asociada con pacto o sin él. Otra vez planea sobre el texto la soberanía atribuida falsamente a un sujeto constituyente artificial: he aquí el origen de todos los delirios.
Sigamos la ruta. Derogado el Estatuto de Guernica, entra en vigor el Estatuto Político, aunque no está claro cómo ni cuándo. ¿Cómo se modifica? El artículo 69 se denomina «reforma y actualización del pacto»: iniciativa del Parlamento y del Gobierno Vasco, pero también -quién lo diría- de las Cortes Generales; aprobación del Parlamento Vasco por mayoría absoluta; proceso de negociación en un plazo de cinco meses; aprobación del acuerdo alcanzado en las Cortes y en referéndum solamente entre los ciudadanos del País Vasco; si no hay acuerdo, también hay consulta popular, sólo en Euskadi por supuesto; si se aprueba, de nuevo a negociar, máximo cinco meses, para después «incorporar la decisión democrática de la sociedad vasca en el ordenamiento jurídico vigente». Recuérdese que la decisión puede consistir nada menos que en la «segregación» del Estado español, según el artículo 2.4. Todo extraño, pero muy coherente: es soberano, diría en este caso Carl Schmitt, quien decide sobre el derecho de separación. España, Nación o Estado, no cuenta ni siquiera como sujeto alternativo.
¡Tantos siglos de constitucionalismo antiguo y moderno (como nos explica Mc Ilwain), y qué papel tan deslucido juega la Constitución en el Proyecto Ibarretxe! Sólo dos veces aparecen los derechos históricos de la disposición adicional primera, a modo de coartada; un lector muy diligente encuentra además un par de referencias incidentales, una a la nacionalidad (artículo 6.3) y otra a los derechos fundamentales (artículo 8.1). Poca cosa para la «lex superior», «the supreme law of the land», la ley de leyes que el maestro Enterría nos enseñó a tratar con respeto reverencial en su obra, ya clásica, «La Constitución como norma». Cuánta discusión apasionada en torno a la fuerza normativa; cuánta exégesis del artículo 9.1 («los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico»); cuánta sentencia constitucional sobre el rango y el valor del texto que cumple ahora veinticinco años. Recordamos, casi con nostalgia, la STC 101/1983: «los titulares de los poderes públicos tienen un deber general positivo de realizar sus funciones de acuerdo con la Constitución», de manera que el acceso al cargo implica «acatamiento» y «respeto» a la misma. ¿Pretende sobre todo el Proyecto Ibarretxe estropear el aniversario, como apuntaba hace unos días Jon Juaristi?
La principal aportación del Estatuto Político a la Teoría del Derecho procede, sin discusión, de la derogación singular de tres preceptos constitucionales: la prohibición del artículo 145, que no admite la federación entre Comunidades Autónomas, no será aplicable a las relaciones entre País Vasco y Navarra; la suspensión automática de las normas autonómicas impugnadas por el Gobierno ante el Tribunal Constitucional se esfuma, en contra de lo dispuesto por el artículo 161.2; la «estrella» de la oferta de pacto es -por supuesto- la eliminación del famoso y disputado artículo 155, propuesta que se ampara nada menos que en la «bilateralidad y respeto mutuo» que, al decir de su redactor, sustentan el presente Estatuto.
Con una dicción amable y casi simpática, esta medida extrema se recubre bajo el rótulo «garantías del autogobierno». Una forma expeditiva de cerrar el debate sobre un precepto convertido por la dinámica política en una suerte de anomalía excepcional, aunque caben interpretaciones muy razonables y menos traumáticas del precepto. Por si acaso, fuera el 155 del horizonte político vasco.
Hay otras garantías. Como buenos «aliados» y en pleno fervor cooperativo, Euskadi y el Estado se comprometen a la consulta previa, la colaboración, la prevención de conflictos y otras exigencias de uso común en los tratados concluidos entre sujetos de Derecho Internacional.
A tal efecto, una Comisión bilateral y paritaria prestará sus buenos oficios, a través de funciones que recuerdan a los más veteranos la poderosa influencia del federalismo cooperativo alemán en nuestra doctrina administrativista: cierto es que apenas juega ahora la «bundestreue», esto es la «lealtad federal».
El último salto en el vacío afecta al Tribunal Constitucional: sin acordarse de modificar la Ley Orgánica, el Proyecto crea una Sala especial que se configura como Tribunal de Conflictos, integrada por tres magistrados en ejercicio y tres «juristas vascos», así lo dice, lo que no excluye -creo yo- que lo sean también los anteriores. Extraños requiebros procesales conducen a la Sala a una especie de arbitraje y de interpretación más o menos auténtica de sentencias. Lo dejamos así: no aporta casi nada entrar en detalles sobre esta ocurrencia.
Menosprecio de Constitución y alabanza de Estatuto Político. Manipulación voluntarista del complejo sistema de fuentes del Derecho: ¡cuánto esfuerzo doctrinal en vano! En el País Vasco, entienden los expertos al servicio del plan soberanista, no hay lugar para Hans Kelsen y su famosa «pirámide» normativa.
Gracias de verdad, oh gran Zapatero. Con toda esta carajera montada por Maragall y su Cataluña Libre, Odón Elorza y su autodeterminación, los alcaldes socialistas navarros y sus pactos con los amigos de Batasuna y el señor López, el hijo de López, buscando la equidistancia (que, para él, es siempre arremeter contra el PP y ofrecer diálogo al PNV, como si el primero fuera malo y el segundo travieso), con todo este maremagno socialista, esperábamos la voz tranquilizadora de Zapatero. Ya esta aquí.
Mis amigos, que los tengo muy moderados, me venían diciendo días atrás que mis dudas y mi desesperación terminarían en cuanto el secretario general del PSOE dijera la última palabra, porque nadie podía poner en cuestión su acendrada defensa de la unidad de España y su determinación contra las aspiraciones nacionalistas. Y yo estaba esperando a Zapatero…
Y ahora no puedo menos que decir, otra vez, gracias, gracias, gracias. El señor Zapatero quiere mantener la unidad de España, qué descanso, aunque sostiene que ésta, lejos de sostenerse en una idea de nación y de la voluntad ciudadana de reconocerlo así, “se construye (…) partiendo del reconocimiento del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones”, como si tal derecho fuera previo a aquella.
Gracias también por creer, con fe, lo que lo hace más emocionante, en “la España de las autonomías”, aunque sea para propugnar la reforma del Senado y la Conferencia de Presidentes, atendiendo así a las más graves preocupaciones de los españoles (que ya se sabe que salen a la calle cada tarde pidiendo la “profundización” del autogobierno) e introduciendo, más allá de la autonomía constitucional, procedimientos intermedios entre la soberanía popular y sus instituciones representativas nacionales, cuya relación directa defendían antaño los demócratas.
Gracias sin duda por defender la reforma de los Estatutos, tema de conversación urgente en las filas de las oficinas del paro, reivindicación constante en las ventanillas de la Administración.
Y gracias, sin duda, por explicarnos que todo esto es por las elecciones catalanas, por decirnos que este es el proyecto socialista de Maragall que ahora el PSOE va a ampliar al resto de España, por insistir en que lo que nos dice el candidato del PSC, que es lo que respalda Elorza, que es quien defiende a los socialistas navarros compinchados con los totalitarios, que es en lo que no se quiere meter López, va a ser lo que nos diga el PSOE entero, cohesionado y agradecido como yo a su secretario general.
Gracias por aclararnos las cosas, oh gran Zapatero. Andábamos algunos amoscados por el hecho de que algunos socialistas, sin responder a una preocupación generalizada, sino por afán de poder particular, se lanzaran a proponer, precisamente ahora, la reforma de los estatutos, abriendo puertas en momentos tan complicados como coincidentes con la ofensiva secesionista del PNV y las pretensiones exacerbadas de otros. Esperábamos la voz de Zapatero, poniendo el punto de mira del PSOE en los verdaderos problemas y la estrategia del partido en la contención de esas amenazas. “España es la pasión del PSOE”, dice El País que dijo Zapatero; pero la suya, en todo el amplio sentido de la palabra, debe ser Maragall. Gracias por confirmarlo.
Pero, bueno, ¿por qué se pone usted tan agradecido para continuar con esos “aunque” y con esa ironía tan destructora? Para no llorar. Y para que mis amigos, los moderados, no se suiciden después de haber insistido tanto en que, en cuanto hablara Zapatero, se iban a disipar todas las desconfianzas.
La resolución adoptada por la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, admitiendo a trámite sendas querellas imputando la comisión de un delito de desobediencia al presidente del Parlamento vasco y a dos miembros de su Mesa, ha devuelto la discusión sobre la actuación de los miembros del órgano de gobierno del legislativo vasco al origen del conflicto. Frente al parecer discrepante de dos de los siete integrantes de la denominada Sala de la Discordia, la misma ha basado su decisión en el criterio de que «los hechos imputados revisten en apariencia los caracteres de un delito de desobediencia». En coherencia, la Sala rechaza que la conducta de Juan María Atutxa, Gorka Knörr y Kontxi Bilbao pueda ser considerada como la negativa a cumplir una orden que infrinja un precepto legal o cualquier disposición de carácter general. Las circunstancias que han rodeado el trámite y la polémica generada en el ámbito político han presentado las deliberaciones previas a la admisión a trámite de las querellas como si en realidad se estuviera a punto de dictar sentencia sobre la culpabilidad o no de las citadas personalidades. Pero los argumentos expuestos tanto por la posición mayoritaria de la Sala como en el voto particular de dos de los magistrados no deberían afectar al desarrollo de la instrucción y al subsiguiente proceso.
El sistema democrático brinda cauces para el disenso pero, al mismo tiempo, habilita procedimientos para la resolución efectiva de las discrepancias. En nuestro sistema constitucional las decisiones institucionales y las tensiones a las que pudieran dar lugar encuentran en los tribunales su último ámbito de resolución. Entre otras razones porque una sociedad libre no es tal cuando los conflictos se perpetúan. La judicialización de las discrepancias políticas constituye un síntoma elocuente del deterioro que soporta la convivencia en Euskadi. Pero resulta hipócrita que quienes alimentan la confrontación se lamenten de la intervención de los tribunales. O que prejuzguen la actuación de los jueces como si estuviera sujeta a motivaciones espurias. La independencia del Poder Judicial obliga al Poder Ejecutivo a respetar en fondo y forma la actuación de los tribunales sin que ningún ministro ose adelantarse a sus resoluciones. Pero, igualmente, exige que los responsables políticos acaten dichas resoluciones sin que la legítima discrepancia respecto a las mismas pueda llevarles a cuestionar los procedimientos de la democracia.
Si alguien quiere conocer de verdad el alcance y la esencia del Plan Ibarretxe que mire a Maruri sencillamente, a esa comunidad mangoneada por un PNV que ha señalado a un párroco, ha logrado que ETA lo incluyera en su lista de objetivos y le ha hecho, por todos los medios, la vida imposible. El proyecto político del Lehendakari es exactamente tan democrático como ese plan de acoso a un ciudadano. Si se le pregunta al alcalde de Maruri y al PNV en pleno por la estigmatización de ese sacerdote, uno tras otro dirán que a Jaime Larrínaga «se le ha tratado democráticamente en todo momento» y que lo que sucede es que «el pueblo ha optado libremente por expulsarlo».
Como si la expulsión de alguien de una comunidad pudiera ser alguna vez un ejercicio democrático porque se presente «libremente consesuado». Dirán, ni más ni menos, lo que dicen del Plan Ibarretxe: que no es más que la formulación «legal» de la falsamente temida y en el fondo deseada «fractura social» como proyecto polítíco.
Qué mayor «fractura social» puede imaginarse que la del ciudadano que tiene que abandonar una localidad porque no es posible en ella la convivencia, porque un grupo de sujetos sólo conciben la experiencia política como eliminación práctica de quien no piensa como ellos. La «fractura social» son estos últimos años que Larrínaga ha pasado soportando miradas hostiles y miradas medrosas, frases amenazantes y silencios cobardes. Es ese contacto directo con el terror y la infamia en la vida cotidiana que deben soportar muchos ciudadanos en Euskadi debido al continuo trato «social» que les impone su propio trabajo. Pienso en ese profesor a quien el alumno que pertenece al mundo de ETA lo insulta al verlo atravesar el campus uníversitario o lo humilla, dando por hecho que va a aprobarle aunque no se presente al examen. Pienso en ese periodista que hasta hace poco iba a cubrir las ruedas de prensa de los portavoces políticos de ETA y que veía cómo le miraban cuando hacía una pregunta que a ellos no les gustaba. Pienso en esos concejales populares o socialistas que, gracias a la ilegalización de Batasuna, ya no tienen que ver diariamente a otros concejales que defienden y proclaman el deber y el derecho políticos de ETA a asesinarlos.
Quien aún tiene dudas de la pertinencia democrática de ilegalizar Batasuna puede resolver esas dudas imaginando que en su trabajo se tiene que ver con unos tipos que dicen que está muy bien que le maten. Es esa situación intolerable la que quieren pronlongar el PNV, EA e IU, el trío de Estella y del Plan Ibarretxe que hoy sonríe con expresión idiota al ver pasar al cura de Maruri.
¿La opinión es de izquierdas?
Por CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS ABC 31 Julio 2003
PARECE ser que los socialistas han renunciado al pacto con los Renovadores de la Base y van a intentar (re)conquistar en octubre la Comunidad de Madrid. Van a llevar adelante la estrategia que diseñaron de forma precipitada el 10 de junio: explicarán la repetición de las elecciones no por los errores propios sino porque los diputados Tamayo y Sáez desestabilizaron la relación de fuerzas en la Asamblea como instrumentos del golpe antidemocrático que dio el PP con empresarios de la construcción.
¿Qué posibilidades de éxito puede tener tal plan ante la opinión pública? Porque hasta el momento la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid está resultando abrumadora para el prestigio del PSOE; han salido a la luz pública las miserias morales de los dirigentes socialistas, el odio entre los «compañeros», la razón -económica- de la existencia de las facciones de la FSM... Un rostro sórdido que tiene poco que ver con el del PSOE de la II República aun cuando aquel hubiera sido responsable de la ruptura de la convivencia de los españoles. La denuncia de Cristina Alberdi, ex-ministra y miembro de la ejecutiva de la FSM ha sido un golpe, si bien no será una brecha en la credibilidad socialista a no ser que sea seguida por otras. De momento es una toma de posición testimonial... Por otra parte, los dirigentes socialistas piensan que el resultado de las sesiones de la comisión de investigación ha comenzado a cambiar con los interrogatorios a los instigadores del golpe, esto es, a los que compraron las voluntades de los dos diputados para desviar las aspiraciones del pueblo madrileño a un «gobierno de progreso». Así que la repetición de las elecciones será la corrección al golpe antidemocrático del PP y el ensayo general de las legislativas del 2004.
Pero hay más, los socialistas van a rodear esta idea fuerza con todos los argumentos que vienen empleando contra el PP en estos últimos tiempos: se trata del «golpismo» permanente de un partido que no respeta la división clásica de poderes, que secuestra la carrera fiscal, que tiene al Fiscal General como un perro guardián, que se entrega a los poderes de la Iglesia (en la enseñanza) despreciando una obligada actitud lacia, y al unilateralismo de Estados Unidos (en la guerra «injusta» de Irak y en la ocupación posterior) y, sobre todo, que está llevando al Estado español a una crisis imparable y definitiva al intentar imponer el unitarismo frente a las aspiraciones pluralistas de las nacionalidades y regiones y al detener el lógico desarrollo del proceso autonómico. En esta ocasión el PSOE no se va a defender de las acusaciones de incoherencia nacional sino que va a plantear una alternativa de Estado. Frente a los españolistas «separadores», la izquierda ofrece los márgenes de convivencia. Así que no sólo no harán un bloque con el PP frente al Plan Ibarretxe sino que van a tratar de buscar un sucedáneo. En resumidas cuentas, un Senado que permita la voz y el veto de las nacionalidades, la presencia de una dirección estatal compuesta por presidentes de las CC.AA. y una representación en la Unión Europea a varias voces.
¿De dónde saca fuerzas este PSOE roto, que ha hecho virtud de la falta de coherencia hasta el punto de convertir las contradicciones en un modelo y que tiene como líder a alguien al que se le considera un mal menor por no ser sustituible a estas alturas? Sencillamente, de su autoestima. El PSOE no sólo teme a la opinión pública como al tirano que es actualmente sino que la considera una aliada incondicional. Para el PSOE la lectura de las sesiones de investigación de la Asamblea les es favorable.Piensa que basta con ser de izquierdas para contar con la opinión pública, del mismo modo que basta ser de derechas para tenerla enfrente. La izquierda, en definitiva, cree que tiene el patrimonio de la credibilidad. Es la «fe» de unos ciudadanos curiosamente laicos.
La Constitución cumple este año su veinticinco aniversario. Durante este período ha sido un instrumento eficaz para la convivencia de los españoles. Ha dado cumplida respuesta a los retos que tenía planteados la sociedad. Nada impide su reforma, como es obvio, pero la pregunta es para qué. No es aventurado reiterar que sigue siendo un instrumento eficaz y que su reforma sólo serviría para ahondar las diferencias en aquellos temas sobre los que en su día se logró un consenso de mínimos. En estos momentos es impensable alcanzar un acuerdo similar.
La reforma constitucional es una obsesión, sobre todo, del nacionalismo vasco y catalán que esconde su incapacidad de gobernar con normalidad en el contexto de una España en progreso y con un sólido papel en el contexto internacional, que nada tiene que ver con la que surgió de la crisis del 98, continuó con el descrédito de la monarquía alfonsina y el golpe de Primo de Rivera y concluyó con la Guerra Civil y la dictadura franquista. La España actual no necesita afrontar el experimento estéril de un reforma constitucional para complacer a esos políticos nacionalistas y a un iluminado como Maragall.
El PSOE muestra una peligrosa ambigüedad, movido por su deseo de alcanzar el poder a cualquier precio, que le lleva a defender posiciones contrapuestas según los intereses de sus barones. La reforma de la Carta Magna, sin saber para y por qué, y el derecho de que todas las autonomías lo puedan hacer con sus estatutos abren la puerta a unos procesos de consecuencias imprevisibles, pero, sin lugar a dudas, perjudiciales para el modelo constitucional. El PNV ha comenzado un pulso al Estado. Es probable que ERC forme parte del gobierno de Cataluña tras las autonómicas, y lo mismo podría suceder con el BNG en Galicia. Estas dos formaciones seguirán la estrategia del PNV. Por ello, el PSOE debería saber dónde quiere estar.
Cuando en vísperas de las últimas elecciones municipales, las del pasado 25 de mayo, dije que deseaba encabezar la candidatura del PP en Maruri, hubo quien me miró con una sonrisa indulgente y escéptica. Nunca en ese pueblo había habido ningún concejal constitucionalista, y a mí este hecho me parecía una razón importante, no para desistir sino para todo lo contrario, para seguir adelante y dar a las personas de esa comunidad de algo más de setecientos habitantes la posibilidad de elegir una opción no nacionalista por primera vez en sus vidas.
Ahora que acabo de saber que Jaime Larrinaga, el único párroco rural con escolta que hay en el mundo, el sacerdote señalado por el nacionalismo y amenazado por ETA como consecuencia de ese señalamiento, va a dejar Maruri, he decidido sobreponerme a las ganas de llorar que me ha dado esa triste noticia y escribir unas líneas. Unas líneas para contar que si yo decidí presentarme en las pasadas municipales por Maruri fue precisamente porque existía Jaime Larrinaga, porque estaba allí Jaime Larrinaga, porque ese era el pueblo donde Jaime Larrinaga había levantado con heroísmo y con sencillez la bandera del compromiso cristiano y democrático, porque, con su inusual ejemplo, Jaime Larrinaga había logrado crear una ilusión, una hermosa causa sobre las cenizas estériles que deja siempre el fanatismo, el rencor, la matonería, el chantaje y el afán totalitario de imponer unas ideas a los otras.
Yo pensé que merecía la pena apostar por Maruri, por esa ilusión que Jaime había sabido sembrar entre tanta gente del amenazado mundo constitucionalista del País Vasco. Jaime Larrinaga ha conseguido en estos últimos meses embarcar en esa ilusión de planes para dar la cara al nacionalismo excluyente en Maruri, a muchos ciudadanos de procedencias ideológicas opuestas. En la misa de Maruri yo coincidía con compañeros de partido como Pilar Aresti o Antonio Basagoiti, pero también solía coincidir con Gotzone Mora, que es concejala socialista de Getxo y que llevaba a su madre, o escritores de procedencia de izquierda como Iñaki Ezkerra o mucha gente anónima vecina de municipios vizcainos. Todos recalábamos puntualmente en esa iglesia los domingos a las once de la mañana y hemos llegado a hacer una costumbre de esa misa maravillosa con cantos en euskera, de un euskera que no sonaba a mitin político ni a odio ni a amenaza, un euskera que en labios de Jaime sonaba misteriosamente de otra forma que el euskera que pronuncia Otegi. Mucho me temo que la diferencia no se debiera a cuestiones dialectales.
Jaime sembró amor en Maruri durante treinta años. Los vecinos de esa localidad pudieron tener el lujo de un párroco para ellos solos cuando en la misma zona hay sacerdotes que deben repartir su labor en tres o cuatro municipios. Por otra parte, hay que decir también que de Maruri no ha salido ningún terrorista y algo tendrá que ver con eso la educación cristiana que Jaime ha impartido durante tanto tiempo. Quiero decir con esto que no es el constitucionalismo el que pierde con la salida de Jaime de Maruri. Pierden sus vecinos, que no van a tener fácilmente con un cura que se vuelque tanto en ellos como Jaime se ha volcado y que de algún modo van a recoger algo de ese odio que allí se ha sembrado ahora.
De entre esos vecinos hay sesenta que me votaron en las pasadas elecciones y que me han permitido salir concejala, una concejala del PP frente a seis del PNV. Simplemente, soy una prueba de que esa sociedad no es ideológicamente compacta y de que todos no odian allí a Jaime Larrinaga sino de que él ha conseguido remover unos cuantos corazones. Creo que esos resultados también se los debo a Jaime y a esa ilusión que él creó de la nada, del páramo totalitario y conformista donde era tan difícil que creciera la flor del pluralismo. Gracias a toda esa Movilización del último año, hoy tengo el honor y la responsabilidad de tomarle de algún modo a Jaime el relevo, de recoger su bandera de libertad y convivencia en ese lugar problemático, de ser la primera edil constitucionalista que tiene Maruri en toda la etapa democrática No decepcionaré a quienes me han elegido.
La semilla que Jaime ha sembrado en ese pueblo de Vizcaya la recojo yo ahora y terminará dando muchos frutos en el futuro. Hoy la pluralidad política de Maruri es muy tímida pero esos sesenta votos son un síntoma de cambio, un signo de esperanza. La brecha ya está abierta en esa imagen ideológicamente monolítica que tenía Maruri hasta ayer. Esperemos que ahora no aumente mi señalamiento por recoger esa bandera de la libertad y del pluralismo. Los nacionalistas deben habituarse a convivir con quienes no pensamos como ellos y a aprender una lección elemental de respeto, limitándose a comprobar que quienes no somos de su secta no intentamos desterrar de nuestras parroquias a los curas que son nacionalistas y que no piensan como nosotros.
Que nadie piense que con la marcha de Jaime se ha perdido Maruri para la causa democrática. Esa marcha les señala y les pone en evidencia a los que le han hecho el vacío a Jaime y a los que hablaban en nombre del pueblo. Pueblo son también los sesenta votantes que me han elegido y que deseaban que Jaime se quedara. Esas personas son tan pueblo como quienes han votado al nacionalismo bien por convicción, bien por comodidad, bien por puro y simple miedo. Lo bueno que tienen las urnas es que las cifras no son rebatibles por parte de quienes mintieron negando que Jaime tuviera apoyos en su comunidad parroquial y que son los que, dando esa imagen de uniformidad impuesta por la fuerza, de ausencia absoluta de democracia y de triunfo fáctico del "pensamiento único" que tanto denuncian en los otros, han causado a Maruri y a la imagen de Maruri el auténtico daño. Hoy, Jaime Larrinaga es una referencia democrática para toda España mientras el nombre de Maruri ha quedado, sin embargo, asociado a la intolerancia. En luchar contra esa mala imagen y contra esa triste realidad pienso poner todo mi empeño, como hacen todos mis compañeros del Partido Popular en todos los lugares del País Vasco, hasta conseguir que puedan hallarse cómodas, algún día, personas como Jaime y como las que no han dejado solo a Jaime en ningún momento. Ascensión Pastor es Concejala del Ayuntamiento de Maruri y Senadora del Partido Popular.
Niño Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 31 Julio 2003
Me acuesto aquí en la comunidad valenciana, vasco, español y valenciano y me levanto ciudadano del mundo y anti separatista comprometido. Comprometido porque no se puede ser pasivo ante la persistencia de las atrocidades de los 'salvadores' de la patria ni ante el plan partidista, frentista y excluyente del lehendakari, pretendiendo además derogar el Estatuto y la Constitución, conseguir la hegemonía de la tribu nacionalista y satisfacer las exigencias de terroristas y de asesinos.
Es evidente que cualquier aspiración merece todos los respetos, pero la propuesta soberanista encubierta, estado asociado, es un acto de desafío, de confrontación, de cinismo y una actitud de engaño y de cobardía pretendiendo urdir una ficción jurídica que disfrace el compromiso de Estella de imposición, exclusión y de segregación, con una declaración de pacto con el Estado español.
¡Cuanta impostura! Sin las exigencias de los radicales, sin el terror que intenta implantar ETA, sin tantísimos atentados como los recientes de Alicante y Benidorm, sin la 'necesidad de la unión nacionalista' Ibarretxe, el lehendakari, sólo de unos, ¿hubiera presentado su plan, plan secesionista, que comprensivo el lehendakari, se discutiría en ausencia de la violencia, para septiembre, acordada la tregua engañosa o para engañar, seguro de que el nacionalismo radical y ETA no frustrarán un proyecto, tan lindo, con la finalidad de la independencia?
Sin duda que el comportamiento del PNV-EA y el lehendakari separatista es el reflejo del sentimiento de su fundador, basado en la necrofasia, la xenofobia, el juego sucio, la exclusión, la negación del Estado de Derecho, la patrimonialización del País Vasco y la independencia.
Estado asociado, disociado, no por coherencia y solidaridad.
Mª Concepción Monsó/Munguía-Vizcaya Cartas al Director El Correo 31 Julio 2003
En el País Vasco, a los obispos se les puede comparar con Judas, pues han pretendido hacernos creer que apoyaban al párroco de Maruri, Jaime Larrinaga, cuando la realidad es que le dieron la espalda por no seguir los dictámenes de monseñor Uriarte, Setién, Carmelo, y por los obispos Blázquez y Asurmendi. Al haberse comportado así, muchos católicos nos damos de baja de esta iglesia mal llamada vasca y tendremos que ir a otra comunidad a misa a partir del próximo domingo, que será la última misa que celebre Jaime. El fariseo es el vicario del obispado de Bilbao. Se dedicaba a dar la catequesis a los niños de Maruri, cuyos padres, los mentirosos, no les permitían ir a la catequesis con Jaime.
Los hipócritas, los del PNV, EA e IU, que hasta que no han conseguido forzar su marcha no han parado. Pero claro, Jaime no es nacionalista excluyente, no cobra nada por su labor como párroco y es un ser humano extraordinario. Por ello, lleva escolta, pues está en las listas de ETA. Que un cura denuncie el terrorismo, la falta de libertad que sufren cientos de miles de personas no lo pueden tolerar los arriba mencionados. Pero aunque Jaime se vaya de Maruri, los cientos de miles que le seguimos vamos a estar con él. Quizá logremos en un día no muy lejano que la paz vuelva a Euskadi y que todos podamos vivir con libertad.
Las fuerzas de seguridad francesas se incautaron de casi media tonelada de cloratita en Cahors Los arrestados tenían un coche bomba listo para ser activado
BILBAO EL CORREO 31 Julio 2003
La División Nacional Antiterrorista infligió ayer un nuevo golpe a la estructura logística de ETA en Francia al detener en una casa de Cahors, a unos cien kilómetros al norte de Toulouse, a dos miembros de la banda y a un presunto colaborador francés e incautarse, además, de 448 kilos de explosivos con los que se podría preparar una veintena de coches bomba. De hecho, los agentes encontraron en el inmueble un vehículo cargado de cloratita, listo para ser activado en un inminente atentado, y dos cartas rellenas con material explosivo.
Los detenidos son José Cándido Sagarzazu, de 28 años, ex concejal de HB en Itsasondo (Guipúzcoa) y ex miembro del 'comando Donosti; José Miguel Illarramendi, de 36, originario de Oñate y huido de España a comienzos de los noventa; y Claude Recart, de 33, nacido en Bayona y sin antecedentes penales. Los tres integraban, en palabras del ministro de Interior, Ángel Acebes, «un núcleo operativo logístico» que se dedicaba a suministrar vehículos, explosivos y diverso material a los comandos encargados de cometer atentados.
La operación, ordenada por la juez antiterrorista francesa Laurence Le Vert, fue el resultado de una investigación de los servicios antiterroristas galos y de la Guardia Civil que se inició hace varios meses. Las pesquisas condujeron a los agentes al departamento de Lot y, concretamente, a una vivienda de las afueras de Cahors que había sido alquilada por los detenidos desde junio pasado para utilizarla como escondite.
El inmueble, que se compone de una planta de garaje y un piso superior, está enclavado en un barrio poco poblado, apenas rodeado de pequeños talleres y un hipermercado. Agentes antiterroristas procedentes de París y efectivos de la Policía Judicial de Toulouse lo allanaron al filo de las seis de la mañana sin encontrar ninguna resistencia.
A los funcionarios les sorprendió la presencia de Claude Recart, a quien no se le atribuía ninguna vinculación con ETA. Sin embargo, este individuo se había incorporado supuestamente a la organización hace dos años y, como miembro del aparato logístico, se encargaba específicamente del alquiler de casas, utilizando documentación falsa.
Doble de lo esperado
Según fuentes de la investigación, durante el registro se encontró casi media tonelada de cloratita, cantidad que duplicó las primeras estimaciones policiales. Expertos antiterroristas explicaron que el explosivo hallado en Cahors es de fabricación casera. Se le denomina en la jerga policial 'kaskabarro' o cloratita atípica y en su composición figuran fertilizantes, a los que después de añaden pequeñas cantidades de dinamita para aprovechar su efecto multiplicador.
Precisamente, en el último golpe sufrido por la banda terrorista, el pasado 15 de julio en Navarra, la Guardia Civil se incautaron de 125 kilos del mismo tipo de explosivo. ETA ha tenido que recurrir a esta vía 'artesanal' para sus últimos coches bomba, al haber agotado las reservas de material procedentes de robos.
La inspección de la vivienda de Cahors durará previsiblemente varios días. En un primer registro aparecieron una pistola, fundas de otras dos armas cortas, un subfusil, dos escopetas y un revólver del calibre 38. También se descubrió una máquina troqueladora para fabricar matrículas y, depositadas en el interiror de un vehículo, unos cuantos juegos de placas vírgenes.
Los arrestados disponían, igualmente, de un equipo informático completo para imprimir documentos falsos, española y francés, una fotocopiadora y una abundante material informativo que, según el ministro Acebes, podría tener «mucha importancia». Un equipo de especialistas de la Policía científica se desplazaron ayer mismo a Cahors desde el departamento de Rhone para analizar con detenimiento las pruebas.
El titular español de Interior insistió en que Sagarzazu, Illarramendi y Recart formaban una célula terrorista encargada de suministrar todo lo necesario a los comandos operativos que aparcaban luego los coches bomba en los objetivos indicados. Enfatizó que no eran simples «burócratas», sino que formaban «uno de los núcleos más significativos» de la estructura logística de ETA, si bien precisó que no es el único.
Las autoridades españolas se felicitaron por la cooperación antiterrorista francesa -las detenciones de ayer elevan a treinta el número de etarras y presuntos colaboradores capturados en el país vecino a lo largo de este año-. Acebes cree que ETA recibió ayer en Cahors un «fuerte varapalo» que podría limitar su operatividad «en el futuro». No obstante, subrayó que la banda puede seguir cometiendo crímenes a corto plazo. «ETA está poniendo en marcha todo lo que tiene para cometer atentados terroristas, pero nosotros vamos a continuar con la misma firmeza», concluyó el ministro de Interior.

References: artículo 69
 artículo 2
 artículo 9
 artículo 145
 artículo 161
 artículo 155
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