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Timestamp: 2020-05-25 09:31:09+00:00

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Café Arcadia: Acción de gracias: Carácter es destino
Llegamos a Castropol a las diez de la mañana, un hora antes de que comiencen los actos de homenaje a Luis Cernuda. El pueblo, arrebujado en la colina que se adentra en la ría como la proa de un barco, tiene un aire ausente esta dorada mañana de otoño. Nadie en las calles, ni un ruido tras las fachadas. como si fuera el escenario de una película en un momento de descanso del rodaje.
De pronto, la sorpresa de una plaza arbolada, ajardinada, con una aparatosa estatua a un héroe muerto en la guerra de Cuba, el quiosco de la música y un edificio modernista, el más grande del pueblo, que fue casino y hoy es biblioteca. Luego, en la calle del Pozo, que desciende hasta el muelle, me sorprende el silencio y un inmenso magnolio que destaca con su brillo verde y sus flores blancas en el cielo tan azul.
Cernuda estuvo quince días en Castropol en agosto de 1935. No lo pasó demasiado bien y el tedio y un difuso temor –Asturias tenía aún el rostro áspero de la revolución– lo trasladó al relato “En la costa de Santiniebla”, que escribió dos años después y publicó en la revista Hora de España.
No volvió más a Castropol. No habría podido volver –exilio aparte– si alguien en vida suya hubiera leído aquí ese relato. Lo habrían considerado calumnioso y declarado a su autor “persona non grata”.
¿Cómo es el Castropol de Cernuda? “Está caído como un pájaro enfermo” sobre una colina; las calles empinadas y grises no las cruza ni siquiera la sombra de un perro fugitivo. “Nauseabunda” es la atracción que ejerce sobre el viajero. La lluvia constante le despierta “una furiosa cólera”. A la dulce “fala” del lugar la llama “jerigonza vernácula”. A pesar del mal tiempo, quiso bañarse –en una famosa foto se ve a Cernuda tendido en la playa con Castropol al fondo– y la consecuencia fue un resfriado que le tuvo varios días en cama. En la habitación en que se aloja ha de humedecer continuamente sus manos con agua de colonia para mitigar el insoportable olor que flotaba en el aire. “Las tinieblas, la lluvia y el viento” son la solemne trinidad que preside los días de Santiniebla y él se imagina que seguirá presidiéndolos para toda la eternidad.
¿Hace falta seguir? Pues aún hay más. Unos horrendos crímenes –Cernuda, en 1935, sin duda pensó mucho en la barbarie de octubre, multiplicada por la prensa– impregnaban de horror un pueblo al que el protagonista del relato jura no volver.
Vuelve ahora, tantos años después, representado por su sobrino, Ángel Yanguas. En el mirador de la Mirandilla, con el puente de los Santos a un lado y Figueras enfrente, se va a colocar una placa que recuerda sus pasos por este lugar.
“¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?”, se preguntaba Cernuda en “Birds in the night”, un poema escrito en una ocasión semejante: “El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida / en esta casa 8 Great College Street, Camden Town, Londres, / adonde en una habitación, Rimbaud y Verlaine, rara pareja, / vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron, / durante algunas breves semanas tormentosas…”
El final del poema es quizá el más violentamente misantrópico que jamás se haya escrito. Tras responderse que ojalá nada oigan los muertos (“ha de ser un alivio ese silencio interminable / para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella”), concluye: “Alguna vez deseó uno / que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela. / Tal vez exageraba: si fuera solo una cucaracha, y aplastarla”.
Sonrío recordando esos versos mientras el alcalde del lugar y otras autoridades discursean brevemente antes de descubrir la placa. Estoy seguro de que el poeta, si estuviera hoy aquí, si muerto oyera lo que dicen los vivos, también sonreiría agradecido y cambiaría su opinión sobre esta villa que se apretuja en una colina alrededor de un tesoro: su espléndida biblioteca, heredera de aquella Biblioteca Popular Circulante que trajo a Cernuda hasta este lugar.
Pronto se hace de noche y nada me distrae en el vagón de tren, casi sin nadie, extrañamente silencioso. Largas horas para estar conmigo.
Hago recuento de mi vida. ¿Estoy contento con ella? En general, sí. Creo que mi lema sigue siendo válido: “Todavía aprendo”. Y entre mis aprendizajes más recientes se encuentran el de rectificar de inmediato, en cuanto me señalan un error, y el no estar orgulloso de mis defectos (me he pasado la vida presumiendo de ellos).
Me queda por aprender un poco de hipocresía, que otros llaman diplomacia, para disimular el escaso aprecio que siento por la falta de rigor intelectual del común de los mortales, amigos o enemigos. En eso soy muy Sheldon Cooper.
LA TEORÍA DE LA LIEBRE
En el salón Velázquez del Ministerio de Cultura se decide el Premio Nacional de Poesía 2017. Somos doce los jurados; los finalistas, más de veinte. La mayoría de esos libros valen poco. Yo los hojeé en su momento y no me interesaron nada; releídos ahora, confirman la pobre impresión primera.
¿Cómo han llegado hasta aquí? Pues porque los ha elegido algún miembro del jurado: cada uno de nosotros podía seleccionar hasta un máximo de tres. ¿Y quién nombra al jurado? Salvo uno, decidido por el propio ministerio, diversas instituciones: la Academia de la Lengua, la Asociación de Escritores, la Academia Gallega, no sé que asociación de periodistas, un grupo de estudios de género... A mí me seleccionó la conferencia de rectores.
El libro que más me interesaba, al que me habría gustado mucho darle el premio, Manzanas robadas, de Miguel d'Ors, quedaba fuera de concurso por unos pocos días: se había publicado en enero de 2017, no en 2016. Otros libros seleccionados, como el de Iona Gruia, quedaban fuera porque a la autora, a pesar de haberla solicitado hace años y cumplir todos los requisitos, todavía no le han concedido la nacionalidad española.
Valoro poco los premios. Incluido el Nobel: como dice Felipe Benítez Reyes, lo conceden unos cuantos académicos suecos, no siempre bien informados, y la gente cree que lo hace el Espíritu Santo. En los premios de poesía, suele creerse que se los reparte una banda de mafiosos (si se publican en Visor, capitaneada por García Montero).
Quizá no debería aceptar ir de jurado a ninguno. Pero si me lo solicitan acepto siempre, con la excusa de que es parte de mi trabajo (soy así de hipócrita).
Ningún libro me entusiasma, pero tengo un favorito. El de un excelente poeta al que admiro desde sus primeros versos, aunque esté en las antípodas de mi pensamiento político. Pero, hombre experimentado, callo su nombre y no digo una palabra en su defensa. Ni en la suya ni en la de ningún otro. Dejo esa labor, siempre inútil y a menudo contraproducente, a más inexpertos miembros del jurado. Escucho con una sonrisa que la Balada en la muerte de la poesía merece el premio porque su autor es un desinteresado amante de la poesía y ha escrito este libro para defenderla. O que el premio debería ir para Ana Rossetti porque vuelve al verso después de muchos años para hablar de la crisis y de los problemas del hombre de la calle. O que hay que premiar a Ángel García López porque ha escrito un libro casi póstumo después de la muerte de su mujer y ya no va a escribir más. O a Dionisia García porque, aunque, etc. Si alguien tenía alguna duda sobre el no excesivo interés de cualquiera de esos libros, le desaparecen al escuchar a sus defensores.
Yo no digo nada, pero no puedo evitar susurrarle alguna cosa a Julia Barella, que se sienta a mi lado.
––Sospecho que él premio va a ser para una mujer o para un libro prepóstumo. ––Pues hay una candidata que cumple las dos condiciones.
Mucho me habría gustado que se llevara el premio Dionisia García, una de las personas más generosas y cordiales que conozco. Pero vuelvo a hojearlo y prefiero que, si lo gana, sea sin mi voto.
––Qué extraño –dice alguien–, el libro de Jordi Doce en la primera votación era uno de los que menos votos tenía y luego ha llegado a estar entre los más votados.
–-Es la liebre –digo yo recordando la teoría de Fernando Rodríguez Lafuente–. El que todos votan en segundo lugar porque no creen que sea un serio rival para su preferido.
Llega así No estábamos allí a la votación penúltima, junto a los dos favoritos. En ese momento, yo no sé cuál va a ganar (aunque tengo claro a cuál de los dos voy a votar): a ambos autores los aprecio personal y literariamente, pero a una más personalmente y al otro más literariamente.
De pronto, uno de los miembros del jurado, que no conoce la teoría de la liebre y se ha creído la posibilidad de que el premio vaya para Jordi Doce (tiene más votos que el que luego resultaría ganador), se decide a hablar y, para defenderlo, ataca: "El libro de Dionisia no es bueno; tú misma has dicho que no es bueno", le dice a su defensora. “¡Yo no he dicho eso! He dicho que no es mejor de los suyos, pero es un libro escrito con mucha serenidad”, responde la ganadora del año anterior, también miembro del jurado.
Sonrío. Ya sé quién va a ganar. Un poeta que nadie ha nombrado y que yo había seleccionado en primer lugar. En efecto, desaparece Jordi Doce tras la penúltima votación y en la última gana Julio Martínez Mesanza.
Si yo lo hubiera defendido, seguro que lo habría hundido: hablo siempre como si me creyera más listo que nadie y eso, con toda razón, suele molestar a mis interlocutores y predisponerles en contra de lo que apoyo. Uno --cosas de la edad-- va adquiriendo cierta habilidad en estos asuntos.
PLACERES PERDIDOS
Ayer, tras el fallo del premio, todo el mundo se despidió de mí rápidamente, nadie quiso quedarse a tomar un café y a charlar un rato (no les hizo gracia que acabara saliéndome con la mía y dando la impresión de que me burlaba un poco de sus estrategias).
Como no tenía nada que hacer hasta las dos, me dediqué a pasear. Al subir por Prim, de pronto me vienen a la memoria unos versos: “Tu calle ya no es tu calle, / que es una calle cualquiera / camino de cualquier parte”.
Miro hacia la derecha y me encuentro con Conde de Xiquena, donde vive uno de mis antagonistas preferidos, Andrés Trapiello. Antes, siempre le llamaba y él solía bajar y tomábamos algo en una terraza de Recoletos y discutíamos sobre Chaves Nogales, las X de los diarios o cualquier otro asunto de las armas y las letras, y el tiempo discurría tan ricamente.
Pero ya no es mi amigo, ya no puedo llamarle, y bien que lo lamento. En fin, carácter es destino y el mío se parece algo al de Cernuda.
[Alicia Varela, en la ilustración de esta semana, me ve caminando solo por la vía del tren. Espero poder saltar a tiempo cuando se acerque el patriótico convoy.]
José Gayol 14 de octubre de 2017, 23:38
La profunda melancolía que desprende Castropol es casi terrorífica. Si a esa percepción se le añade una sensación de tiempo detenido, no cabe duda de que el visitante se encuentra confundido, cuando regresa a la civilización.
No conocía que Cernuda había sufrido allí la hostilidad del clima. Y me resulta de interés saberlo, siendo yo de tierras cercanas.
Benito de Soto 15 de octubre de 2017, 9:27
Si en un premio de poesia hay esas escaramuzas, el Planeta debe ser la batalla de Stalingrado
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 10:08
Qué ingenuidad, Benito. En el Planeta todo está atado y bien atado desde antes de que los finalistas lleguen al jurado. Es otro tipo de premio.
Benito de Soto 15 de octubre de 2017, 15:20
Ya lo imagino (a pesar de mi ingenuidad) pero tendrán que hacer el paripé y simular una guerra cruenta. Creo que eso fue lo que indignó a Marsé: la hipocresia
Adolfo González 15 de octubre de 2017, 15:47
En el Planeta hay tongo. En el Nacional, escalafón. Pero en este hay también un placer singular para el finalista joven que, como buen pardillo, se queda eliminado, con un solo voto, en la primera ronda de votaciones. Es una suerte de romanticismo. Gracias por comentar tu experiencia como jurado. Ahí sí has dado a la parroquia una lección de las que a mí me gustan, de las que no se enseñan en las escuelas. Y casi consigues que me olvide completamente del monotema de estos días.
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 19:36
No, Benito, en el Planeta no hay peleas. El jurado lo forman escritores y críticos del grupo editorial convocante (grandes figuras, por otra parte). Y los finalistas llegan convenientemente filtrados. Queda poco por discutir.
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 19:37
Tu costumbre, Adolfo, de pontificar sobre lo que ignoras está bastante extendida (incluso yo la practico a veces).
Adolfo González 15 de octubre de 2017, 21:54
Sé de lo que hablo: no quería decirlo pero en el 2015, cuando ganó Luis Alberto de Cuenca, fui el finalista más joven y, como buen pardillo, quedé eliminado en la primera ronda de votaciones. Pero no lo aireé: sólo se lo dije a unos pocos amigos; porque soy discreto, al contrario que tú. Así que no compares, anda, que lo único que tenemos en común es que ambos escribimos y somos de Avilés.
José Luis García Martín 16 de octubre de 2017, 8:37
Qué tontería. Presumir de no contar algo que se está contando. Y que solo se puede saber porque alguien te lo ha contado y quizá se lo cuente a todos para halagar su vanidad.
Adolfo González 16 de octubre de 2017, 14:31
Te ruego, Martín, que no me obligues a intervenir de nuevo. Haz ese esfuerzo si eres tan amable, como lo hago yo intentando no perder las formas. Basta que no respondas o que no uses el desprecio como respuesta. Nunca me inventaría una cosa así. Si quisiera presumir de haber sido finalista en ese premio podría haberlo hecho mucho antes, no me habría esperado dos años. También sé de otros que fueron finalistas ese mismo año y no dijeron nada públicamente, porque es costumbre en ese premio, y yo tomé ejemplo de ellos. Fue finalista un libro titulado "La luna en la punta de la lengua", publicado el año anterior, claro está, y no te diré qué jurado lo propuso, que ni como persona ni como crítico se merece aparezca su nombre en esta discusión absurda. Recapacita, que nos llevábamos bien en la distancia. Y si no me haces intervenir seguiremos llevándonos igual de bien. Pero si vuelves a despreciarme o tratarme como un tonto yo seguiré sin arrugarme. Tú verás qué es más inteligente por tu parte.
José Luis García Martín 16 de octubre de 2017, 18:20
No entiendo dónde está el desprecio. Si lo hay, será de los argumentos, no de la persona. El Premio Nacional de Poesía se financia con dinero público, toda transparencia es bien venida. El nombre de los jurados es público. La selección de cada uno de ellos no aparece en el BOE, pero no por eso debe ser un secreto, no es material clasificado. Cada jurado selecciona tres libros. El resultado final son unos treinta y, aunque entre ellos suelen estar los mejores publicados, no son los treinta mejores libros del año: algunos jurados se dejan llevar por la amistad. Todos los años hay libros que no reciben ningún voto (o solo uno, el de quien los propuso).
Contar aquello de lo que uno ha sido testigo, y de lo que puede dar fe, es contribuir a la transparencia; contar lo que a uno le han contado, es algo muy distinto. No se puede confundir una cosa con otra.
Y eso de que en el premio predomina el escalafón, etc, etc., es una suposición aventurada. Gana finalmente el libro que obtiene más votos del jurado (muy variado, difícilmente manipulable).
Explicar estas cosas no es ser indiscreto: es hacer pedagogía. Cada jurado es responsable de su selección y por lo tanto no debería temer a hacerla pública; si alguien quiere mantenerla en secreto, allá él (él sabrá por qué le avergüenza).
¿Decir esto supone algún desprecio a la persona de Adolfo González? No. Solo dar algunos argumentos y hablar de lo que se tiene experiencia, no basándose en prejuicios y suposiciones.
¿Que su libro fue seleccionado? Pues muy bien. A todos los poetas les puede pasar eso. Ganar es más difícil.
Adolfo González 17 de octubre de 2017, 6:19
¿Por qué hablas para las gradas y no a mí directamente?Es un desprecio que me dijeras que alguien me lo contó como se lo puede contar a todos "para halagar su vanidad". Es pontificar de lo que ignoras, eso de que me acusas. Y es una tontería, o una bobada, que es como sueles calificar cualquier comentario mío. Claro que cualquier poeta puede ser propuesto por los jurados, pero el crítico que propuso el mío había leído bastantes más de tres libros publicados el año anterior. Así que nuevamente sigues haciéndome de menos atribuyendo al burro de la casualidad el haber sido propuesto.
A mí no me descubres ahora el procedimiento que se sigue para conceder ese galardón. Procedimiento que no califico de injusto, pues alguno ha de haber, y el que hay tiene bastante sentido. ¿Están los treinta o treinta y pico propuestos entre los mejores libros del año? Habrá de todo, pero que es un premio de escalafón es una evidencia, pese a lo difícilmente manipulable del jurado. El poeta que quedó segundo en votos cuando ganó Luis Alberto me expresó esa misma opinión en su momento, que era un premio "de escalafón". Y los hechos lo demuestran: la batalla suele estar entre los que han adquirido prestigio durante muchos años. En parte también, sin duda, por el nivel que acostumbran a ofrecer. Pero no olvidemos que a muchos catadores un Rioja en una caja de don Simón, o viceversa, les lleva a engaño.
Resumiendo, Martín. Que presumes de experiencia, pero no eres el único que vive ni el único que aprende. Espero que mi experiencia, al contrario que la tuya, no me lleve nunca a ese prejuicio.
José Luis García Martín 17 de octubre de 2017, 8:55
Hablo a las gradas porque estos son comentarios públicos, no una charla privada. Y los posibles lectores ya tienen datos suficientes para formarse su propia opinión. No continuaré insistiendo.
Adolfo González 17 de octubre de 2017, 9:55
Bueno, me parece un argumento comprensible, pero yo prefiero hablarte a ti directamente. Algo más que añadir, que ojalá aporte algo edificante:
-Algunos miembros del jurado proponen, para variar, lo que creen mejor del año anterior entre los autores "no consagrados". Y lo hacen sin saber si los demás miembros del jurado leerán esos libros. Porque no se sabe si todos leen cada uno de los libros seleccionados. ¿Quiere esto decir algo en contra del jurado, o en favor de los comparsas que sólo reciben un voto? En absoluto, EN ABSOLUTO: quiere decir exactamente lo que dice.
-Si en lugar de ser yo, uno de los finalistas es uno de los jóvenes poetas que frecuentan tu consejo y compañía, no sé si dirías "a todos los poetas les puede pasar eso". Pero de todos modos en esto creo que llevas toda la razón: pienso, como tú, que si me pasa a mí le puede pasar a cualquiera, porque uno, al contrario que otros, no se considera un cualquiera muy especial que digamos.
Lo dicho: buen día. Te dejo con una frase de Einstein y ya me callo, respondas lo que respondas, si es que respondes: "Intenta no volverte un hombre de éxito, sino un hombre de valor".
José Luis García Martín 18 de octubre de 2017, 8:46
Respondo: un tiempo antes de la reunión del jurado (meses antes) a todos los miembros del mismo se les envía la lista de los finalistas y las razones por las que quienes los han seleccionado han creído que debían ser seleccionados. Los libros que uno no conoce puede solicitarlos en cualquier librería y la factura de los mismos la abona el Ministerio. Si alguien luego no lee esos libros (sean de consagrados o no: muchos consagrados son los que más recelos y antipatías despiertan en los jurados), ya depende de su curiosidad y de su conciencia profesional, pero es algo imposible de detectar y no se puede (o se puede, pero no se debe) lanzar acusaciones generales sin prueba ninguna.
Johann Sebastian Mastropiero 15 de octubre de 2017, 14:33
A propósito de poetas mediocres y de premios, hace unos días, buscando otra cosa en internet, caí por casualidad sobre el sitio del poeta Fernando Valverde, que no conocía ni de nombre. Lo cual demuestra, al parecer, una gran incultura literaria por mi parte:
"Fernando Valverde nació en Granada (España) en 1980. Cerca de 200 críticos de más de 100 universidades (Harvard, Oxford, Columbia o Princeton, entre ellas) lo eligieron el poeta más relevante en lengua española nacido después de 1970. [...] Con su libro Los ojos del pelícano, obtuvo el prestigioso Premio Emilio Alarcos del Principado de Asturias y se convirtió en el primer autor menor de treinta años con dos publicaciones en la editorial Visor. Entre los galardones que ha recibido destacan el premio Federico García Lorca para universitarios españoles o sendos reconocimientos en el Fray Luis de León y el Juan Ramón Jiménez. Los ojos del pelícano ha sido publicado en Argentina (El Suri Porfiado), Colombia (Ícono), México (Conaculta) y Estados Unidos (University Press North Georgia).
[...] Sus poemas han sido publicados en países como México, Italia, Colombia, Argentina, El Salvador, Nicaragua, Perú, Costa Rica o Chile. Ha sido traducido a numerosos idiomas. Su último libro, La insistencia del daño (Visor), ha sido elegido Book of the Year por el Latinoamerican Writers Institute de la University of New York. En 2014 fue nominado a un Premio Grammy por el disco Jugar con fuego con el cantaor Juan Pinilla. [...] En 2012 obtuvo el Premio del Tren ‘Antonio Machado’ por un poema titulado Celia, escrito a una recién nacida y con centenares de impresiones y reproducciones en todo el mundo."
http://www.fernandovalverde.com/es/home/
He buscado poemas suyos en internet y me ha sorprendido, tras semejante curriculum vitae, su mediocridad.
¿Qué piensa usted, don José Luis, de la poesía de dicho Valverde?
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 19:38
Ya le he dedicado una reseña a un libro suyo sobre la obra periodística de Ángel González (parte de su tesis doctoral, por cierto) y también he reseñado alguna antología en la que profesores de todo el mundo le consideran el poeta más destacado de su generación. Nada más tengo que añadir.
Johann Sebastian Mastropiero 15 de octubre de 2017, 20:25
Pero eso no nos dice si le considera usted un buen poeta. ¿O no lo ha leído seriamente?
José Luis García Martín 16 de octubre de 2017, 8:38
No es este el lugar para hablar de esa cuestión.
José Luis Piquero 15 de octubre de 2017, 17:30
Recuerdo haber dado una conferencia sobre Cernuda en Castropol y luego haber hablado interminablemente con Antonio Masip, que estaba allí, de todos los datos sobre la estancia de Cernuda en el pueblo. Lo que tengo claro y seguro es que Cernuda habría detestado esa placa, entonces y ahora.
José Gayol 15 de octubre de 2017, 19:40
Según tengo entendido, y ya me corrige usted si estoy equivocado, Cernuda era un personaje complicado. Quizá excesivamente sensible y suspicaz, al margen del mal trato climatológico que sufrió en Castropol.
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 19:40
No estoy yo tan seguro de que la detestara ahora. Y si paseara por el pueblo con la bibliotecaria, Manuela Busto, seguro que quedaría encantado.
José Luis García Martín 15 de octubre de 2017, 20:16
Sí, José Gayol, Cernuda era complicado y su relación con el resto del mundo resultada difícil.
José Luis Piquero 15 de octubre de 2017, 20:18
El pueblo es maravilloso. Pero no expresaba mi opinión sino la (presumible) de Cernuda: odiaría la placa. El pueblo... es que él era de climas más cálidos.
José Gayol 15 de octubre de 2017, 20:45
Quizá en su época su personalidad encontrará mucha incomprensión. Muchas veces he pensado en esto:cómo uno desencaja en un tiempo y hubiera encajado en otro siendo él mismo, cómo el brillo lo confieren casi siempre valoraciones temporales de escasa vigencia.
Jesús Castellano 15 de octubre de 2017, 21:10
A gente de aquí la mandé leer esto. Ya estaban hablando de un jurado misógino y machista.
Adolfo González 15 de octubre de 2017, 22:33
Espero que salga mi comentario en el que te explico porque sé algo de ese premio. Y tras este otro no haré ninguno más, que diga lo que diga siempre intentas hacerme de menos o dejarme mal. Y no creo que me lo merezca, porque a pesar de ser sincero, -¿descortés?- cuando te contradigo o cuando expreso una opinión distinta a la tuya, nunca intento humillarte. Buen libro, por cierto, "Gloria".
José Luis García Martín 16 de octubre de 2017, 8:40
Creo, Adolfo, que la intención es buena, pero el conocimiento del medio literario (al dices despreciar), no excesivo.
Don Erre que Erre 15 de octubre de 2017, 23:02
Respecto a la ilustración de cierre, lo del tren, a mí más bien me recuerda el chiste de aquel que, paseando por la vía y viendo acercarse un tren, y oyéndolo pitar, decía aquello de "Chufla, chufla, que como no te apartes tú..."
Don Erre que Erre 15 de octubre de 2017, 23:23
Véase este editorial que acaba de publicar La Vanguardia, por ejemplo. Y repárese en que dice, entre otras muchas cosas de interés, que el 1-O no puede legitimar nada. (Lo mismito que ya dijo Ada Colau, de paso): http://www.lavanguardia.com/opinion/20171015/432077683183/no-nos-lo-podemos-permitir.html
José Luis García Martín 16 de octubre de 2017, 8:41
Qué novedad, don Erre. Creo que es la primera vez que lo oigo.
José Gayol 16 de octubre de 2017, 9:15
Que la novela premiada trata sobre el Santo Grial? Ya iba siendo hora de volver a las buenas costumbres para ofrecernos historietas de Pilares, Catedrales, Sábanas Santas, Beltranejas y demás iconografía simplona. La gente necesita volver a la niñez y encuentra en el subgénero de la novela histórica la prolongación de los dulces momentos adolescentes leyendo cómic, sea El capitán Trueno o Hazañas Bélicas. Pero la narrativa no iba a ser la excepción: librarse de la vulgaridad y el papanatismo está al alcance de muy pocos elegidos.
Demetrio Cárdenas 16 de octubre de 2017, 11:37
Gran humorista, el tal Erre. Me lo imagino despotricando:
-¡Esa votación o referéndum ha sido un bodrio que no puede legitimar nada, y además me opongo frontalmente a cualquier otra clase de consulta autorizada que sí que pudiera legitimar algo!
Más cerca de la Jota que de la Erre.
Don Erre que Erre 16 de octubre de 2017, 20:09
Le cito una declaración, a la que ya aludía más arriba, de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau: "Los resultados del 1-O no pueden ser un aval para proclamar la independencia". Como ve, los "humoristas" somos muchos (de la UE, sin ir más lejos, ya ni hablamos).
Trataré, de todas formas, de dejar clarito lo que pienso, para que quien se llame a engaño (y no tengo duda de que seguirá pasando: hay gente así) lo haga exclusivamente por su cuenta y riesgo.
Pienso que, tal como están las cosas, lo probable es que Puigdemont se niegue a responder al requerimiento del Gobierno. Si tal ocurre, no es difícil pronosticar que vamos a la aplicación del artículo 155, puesto que los dos partidos mayores, y C's también, apuestan claramente por esa vía (puede ver ahora mismo, si lo desea, unas declaraciones de Pedro Sánchez de las que copio el titular: "El PSOE avisa de que la falta de respuesta de Puigdemont aboca al 155").
La salida lógica de una situación así serían unas nuevas elecciones en Cataluña. Mi deseo, si a tal se llega, sería que NINGUNA de las dos opciones (independencia sí/independencia no) se impusiera claramente, de modo que en Cataluña hubiera de negociarse contando inexcusablemente con ambas (justo lo que NO ha hecho el actual Govern) para dar una respuesta a la situación.
Y todavía me atrevo a desear, aunque eso parezca a estas horas bastante menos probable, que todo ello acabe imponiendo la necesidad de unas nuevas elecciones a nivel estatal, que ojalá produjesen la misma necesidad de llegar a un consenso entre todas las posturas.
Y que los gobiernos que salieran de unas y otras se sentasen por fin a negociar y acordasen una nueva relación Cataluña-España (que podría ser, por ejemplo, algo no muy distinto del concierto económico vasco o el convenio navarro: pero eso ya es cosa de ellos). Y que el acuerdo al que se llegase, fuera el que fuera (como si es el referéndum del que habla, pero TENIENDO EN CUENTA A LA TOTALIDAD DE LOS REPRESENTANTES CATALANES, no sólo, como ahora, a la mitad independentista, que ni siquiera representa a la mitad del voto popular, sino exactamente el 47,74%) se aceptase por todas las partes.
No parece que sea su caso, ya que, por lo que dice, todo lo que no resulte en la IMPOSICIÓN de la postura de los "suyos" no le vale. A mí lo suyo sí me parece humor, sólo que muy poco gracioso, qué le vamos a hacer.
José Luis García Martín 17 de octubre de 2017, 8:52
Buenos deseos para el futuro, don Erre. Pero te equivocas en señalar a quienes "imponen" ahora su criterio. Unos no pueden imponer nada (solo tienen la fuerza de los votos), otros tienen policías, jueces, ejército, y muchos millones de españoles no catalanes dispuestos a imponer su opinión a los españoles catalanes. Todo lo demás es marear la perdiz. En otras elecciones en Cataluña volverán a ganar los mismos (y quizá más mayoritariamente) y habrá que intervenirlos de nuevo, y así hasta el infinito.
Don Erre que Erre 17 de octubre de 2017, 9:48
En el Estatut de 2006, como por otra parte es lo usual en los textos supremos de cualquier ordenamiento jurídico democrático, consta que "la aprobación de la reforma [del propio Estatut] requiere el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros del Parlamento". Las famosas leyes de desconexión pretenden no sólo modificarlo, sino cancelar su vigencia, lo que NO PUEDE HACERSE, de acuerdo con los términos del propio Estatut, sin el acuerdo de al menos las dos terceras partes de los diputados. Y recuerdo que esa cautela, que por otra parte (ya lo he dicho) es lo usual, fue aprobada en su día por el propìo Parlamento catalaán y ratificada en referéndum, como parte del texto del Estatut, en la propia Cataluña, sin modificación ni "recorte" alguno. Luego lo aprobado en el pasado Septiembre es exactamente una imposición.
Cito, de "¿Qué es la democracia?", de Giovanni Sartori (Taurus, 2003): "Como escribió lord Acton (1955): "La prueba más segura para juzgar si un país es verdaderamente libre, es el quantum de seguridad de la que gozan las minorías". En la misma línea Ferrero (1947) afirmaba que "en las democracias la oposición es un órgano de la soberanía popular tan vital como el gobierno. Cancelar la oposición significa cancelar la soberanía del pueblo". De ello deriva que la democracia no es simplemente la regla de la mayoría absoluta y que la teoría de la democracia debe forzosamente encajar, aunque disguste a los impacientes, en el principio de la mayoría moderada: la mayoría tiene que respetar los derechos y la libertad de las minorías".
Repito: CANCELAR LA OPOSICIÓN SIGNIFICA CANCELAR LA SOBERANÍA DEL PUEBLO. Eso es exactamente lo que pasó en Septiembre en la Cámara catalana. Y a los diputados que entonces abandonaron el hemiciclo para no legitimar con su presencia un abuso así es a los que realmente podría coresponder (aunque la palabra me guste poco) el título de "héroes de la democracia" que usted aplicaba a otros hace bien poco.
Respecto a quiénes ganen en Cataluña unas elecciones futuras, carezco de sus dotes adivinatorias. Lo que sí sé es que, si volvieran a ganar "los mismos", lo que corresponde es aceptarlo así democráticamente; pero ello no implica el aceptar, si volviera a ser el caso, el abuso de su posible mayoría para negar a la oposición sus derechos y para saltarse la ley suprema a su conveniencia, por la misma razón por la que eso tampoco sería aceptable con una posible Constitución catalana, si llegase a haberla: porque eso es la negación misma de la democracia. Sartori, lord Acton o Ferrero tienen razón.
José Luis García Martín 18 de octubre de 2017, 8:35
Te han engañado, amigo Erre. Los derechos de la oposición se han respetado escrupulosamente. Lo que ocurre es que se dedicó a hacer trampas. El parlamento de Cataluña tenía la capacidad para convocar un referéndum y la obligación de hacerlo (lo llevaba en su programa electoral la mayoría ganadora), para convocarlo no hacían falta los dos tercios sino la aprobación del gobierno central, que se negó a darla. De ahí provienen todos los demás problemas. Ese referéndum habría permitido conocer la opinión de los catalanes sobre su independencia. Una vez conocida. se habrían dado los pasos que se dieron. Quien primero rompió las cartas fue el gobierno central. La partida que se juega ahora enfrenta dos legalidades. Ganará quien tenga detrás más fuerza. Pero su triunfo será siempre provisional. Recuerda a Unamuno: "Venceréis, pero no convenceréis". No se puede gobernar una comunidad autónoma contra la voluntad expresa de los ciudadanos de esa comunidad (no se puede democráticamente, diga lo que diga la Constitución alemana o los editorialistas de El País).
José Luis García Martín 18 de octubre de 2017, 8:38
Fe de erratas. Debe decir: "Una vez conocida, se habrían dado los pasos que se dieran (y ya los criticaríamos entonces si era necesario)"
José Luis García Martín 18 de octubre de 2017, 8:48
Y en cuando a la capacidad profética para las próximas elecciones catalanas: ¿De verdad cree que ha ocurrido algo que haya podido hacer variar la opinión de los millones de independentistas? Pues que Santa Lucía te conserve la vista.
Don Erre que Erre 18 de octubre de 2017, 9:24
Véase aquí (https://politica.elpais.com/politica/2017/09/05/actualidad/1504644573_282784.html) cómo la Ley de referéndum catalana, declarada por cierto definitivamente inconstitucional hoy mismo por el TC (aquí: http://www.elperiodico.com/es/politica/20171017/tribunal-constitucional-declara-inconstitucional-ley-referendum-cataluna-6359087) es radicalmente ilegal.
Como dice el propio TC, "un poder que niega el derecho se niega a sí mismo como autoridad", cosa lógica, ya que el poder que permite al Parlament de Cataluña llevar a cabo los disparates antijurídicos en que andan metidos es el mismo que niegan con sus actos, por lo que o ese poder no es tal (y en consecuencia el Parlament mismo, derivado de él, no tiene autoridad válida), o sí lo es, y en ese caso la presunta legalidad que lo combate y aspìra a anularlo se excede absolutamente en sus atribuciones.
Ya lo sé: según JLGM, todo lo que el Parlament hace es legal, porque a él se lo parece así; y si se le demuestra que no lo es, la culpa de ello la tienen el Gobierno central, que en ningún caso debiera ejercer su autoridad, y el propio TC, mero instrumento en sus manos.
O sea, exactamente lo de la Ley del Jefe: artículo 1º, el Jefe siempre tiene razón. Artículo 2º (y último), caso de no tenerla, se aplicará el artículo 1º. Si la cosa no puede estar más clara. Es sólo yo, que soy un obcecado: qué le vamos a hacer. Dejémoslo así.
José Luis García Martín 19 de octubre de 2017, 9:00
¿Y no le llama la atención al bueno de don Erre que el gobierno central, y todos los medios afines a él, ya supiera, mucho antes de que lo decidiera el tribunal constitucional que el referéndum era ilegal? ¿No le hace eso cuestionar nada? ¿No se le ocurre pensar que, hasta ayer mismo, el referéndum podía ser perfectamente legal? Y que ante esa posibilidad el gobierno debería no haber hecho el ridículo de mandar a la guardia civil para impedirlo? ¿En qué situación quedaría si el Constitucional no lo hubiera rechazado? ¿Qué mal irreparable se evitaba al tratar de evitar que se llevara a cabo el referéndum? Sus efectos para el gobierno central, si era ilegal, serían los mismos --ninguno-- se celebrara o no. Y si estaba tan claro lo que iba a decidir el tribunal que todo el mundo lo sabía (especialmente el gobierno), ¿por qué no lo decidió antes? ¿Qué tenía que pensar?
En fin, uno no habla para don Erre, sino para el resto de los posibles lectores. Pero confío en que hasta en su cabeza de lector de editoriales y los artículos de opinión aparezca alguna duda razonable. ¿No habrá, en todo este asunto, algo más que el estricto cumplimiento de la ley: decisiones políticas que se disfrazan de otra cosa para darse como indiscutibles?
Don Erre que Erre 19 de octubre de 2017, 20:31
Como puede ver aquí (http://www.europapress.es/nacional/noticia-constitucional-prohibe-20170907213527.html), si lo desea, el pasado 7 de Septiembre el Tribunal Constitucional suspendió (cito el subtítulo de la propia noticia) "la vigencia de la ley de referéndum, la convocatoria, las normas para organizarla y la Sindicatura Electoral", atendiendo a un recurso que con carácter de urgencia había presentado el Gobierno, "lo que se traduce -sigo citando el texto de la noticia- en la suspensión cautelar de la vigencia de dichos acuerdos".
A partir de ese momento, la celebración del 1-O era, según la ley española, ilegal, aunque sólo ahora se haya declarado "nula definitivamente, por anticonstitucional" la propia ley de referéndum recurrida entonces. Luego es mera desinformación por su parte decir que "hasta ayer mismo, el referéndum podía ser perfectamente legal".
En resumen: el 7 de Setiembre, el TC considera que la ley recién aprobada en el Parlament catalán presentaba indicios suficientes de inconstitucionalidad para admitir un recurso contra ella, lo que automáticamente paraliza su aplicación (así, repito, lo dispone la ley española) hasta que dicho recurso se resuelva.
Consecuentemente, al tratar de impedir la celebración del 1-O, el Gobierno intentaba evitar que se cometiese una ilegalidad; y no porque, como usted dice, estuviera "tan claro lo que iba a decidir el tribunal que todo el mundo lo sabía (especialmente el gobierno)", sino porque desde Setiembre la posible celebración del 1-O era contraria a la ley.
Me abstendré, pese a todo, de la ironía que (estoy convencido) no dejaría usted de utilizar si la cosa fuera al revés y yo quien hubiese cometido un error así (y más todavía, innecesario es decirlo, de los insultos y sarcasmos de que otros echan mano incluso sin ese pretexto). Basta, entiendo, y debe bastar, con lo que uno honestamente cree verdadero. Si acaso, señalar que uno no lee sólo "editoriales o artículos de opinión", sino también noticias. Y eso, informarse, o intentarlo, no está de más, diría yo.
José Luis García Martín 20 de octubre de 2017, 8:56
Qué pesadilla. Era ilegal solo porque el gobierno decidió que fuera ilegal (si esa no es un interpretación torticera de la ley, que venga Dios y lo vea). "Tienes que obedecer la ley", cuando quien lo dice es quien decide lo que es legal y lo que no (le basta con recurrir al Constitucional que está obligado a suspender esa ley, antes de estudiarla, sea o no constitucional) es lo mismo que decir "tienes que obedecerme a mí".
¡Y don Erre sin enterarse, atenido a la letra y no al espíritu, que diría un tal Jesús!
Don Erre que Erre 20 de octubre de 2017, 10:15
Vale: yo no me entero, usted sí. Es falso que el Constitucional esté "obligado a suspender" ninguna ley "antes de estudiarla". NO ESTÁ OBLIGADO A NADA, y ha rechazado antes de ahora muchos recursos, con lo que las respectivas leyes recurridas no se han suspendido.
(Por poner un solo ejemplo, el TC rechazó en su momento el recurso del PP contra el matrimonio homosexual; y Francisco Pérez de los Cobos, a quien usted bien conoce y que entonces lo presidía, votó EN CONTRA de dicho recurso, a pesar de su bien conocida filiación conservadora y de que era precisamente el PP quien en su momento lo propuso; lo digo para recordar que el que un partido designe a un candidato no necesariamente garantiza que éste apoye en todo y para todo las iniciativas de dicho partido, y menos aún, como sistemática y demagógicamente pretende usted, que el tribunal "esté controlado" por el tal partido).
Pero insista, insista, que a lo mejor acaba por decir, aunque sólo sea por casualidad, algo acertado; y mientras, como decía Baroja, "la cuestión es pasar el rato". Al menos nos vamos entreteniendo (yo, por lo menos, lo hago).
José Luis García Martín 20 de octubre de 2017, 12:54
Exacto, querido amigo, no te enteras. Nada tiene que ver esta suspensión con el rechazo del recurso contra el matrimonio homosexual. La recusación fue admitida, pero el matrimonio homosexual no fue declarado ilegal. Tiempo después, años después, el tribunal decidió que era constitucional (podía haber decidido lo contrario, las cosas no estaban claras), pero hasta entonces, decidiera lo que decidiera, ese tipo de matrimonio era perfectamente válido.
Aquí hablamos de otra cosa, no de un recurso que presenta un partido (el PP estaba entonces en la oposición), sino de uno que presenta el gobierno solicitando que se suspenda inmediatamente la vigencia de la ley recurrida (está capacitado legalmente para ello). En este caso, el constitucional no tiene más remedio que suspenderla provisionalmente mientras estudia el asunto, aunque luego resuelva que es perfectamente constitucional. Es un arma infalible para eliminar decisiones que no nos gustan de un parlamento autonómico; por eso, debería usarse lo menos posible. Usarla o no es una decisión política, no judicial.
¿Me he explicado ahora? Espero que sí.
Don Erre que Erre 20 de octubre de 2017, 14:24
Explicarse se había explicado desde el principio. Pero el TC, repito, NO ESTÁ OBLIGADO a admitir un recurso, sea del Gobierno o sea de quien sea; puede rechazarlo. Y, en caso de que lo admita, ha de dictar sentencia en el plazo de 10 días, salvo que, mediante resolución motivada, estime necesario un plazo más amplio, que en todo caso no puede exceder de 30 días.
Luego: 1) el TC puede no admitir un recurso de inconstitucionalidad 2) si lo admite, ha de decidir sobre él en un plazo de 10 días (lo que hubiera dado tiempo de sobra a la celebración del 1-O), o bien ampliar ese plazo mediante resolución motivada del propio TC hasta no más de 30 días (lo que ya no hubiera dado tiempo al 1-O, pero por decisión del TC, no del Gobierno).
Y no es "un arma infalible para eliminar decisiones que no nos gustan de un parlamento autonómico". No "elimina" nada, sólo produce un aplazamiento; puede interponerse contra muy distintas cosas (en concreto, Estatutos de Autonomía, Leyes del Estado, orgánicas o en cualesquiera de sus formas, Disposiciones normativas y actos del Estado, o de las Comunidades Autónomas con fuerza de Ley,
Tratados Internacionales, y Reglamentos de las Cámaras y de las Cortes Generales).
Y, por fin, no es cosa únicamente del Gobierno; pueden interponerlo igualmente el Defensor del Pueblo, o bien un mínimo de 50 diputados, o 50 senadores.
Ya digo, la cuestión es pasar el rato. (De Pérez de los Cobos y del "control" del TC, mero instrumento en manos del Gobierno, nos olvidamos. Vale).
José Luis García Martín 21 de octubre de 2017, 8:45
Pues no, no es así. La suspensión automática es solo se produce "a petición" del gobierno. Es una decisión política. Y el tribunal constitucional no puede rechazarla. Eso es todo. Y la única diferencia respecto del 1-O si el gobierno no la hubiera solicitado es que el referéndum hubiera tenido el mismo valor legal que el que tiene (ninguno, de acuerdo con la legislación española), pero nos habríamos ahorrado el bochornoso espectáculo de la guardia civil haciendo funciones que no le son propias (persiguir papeletas en lugar de papelinas). La "ilegalzación" fue una decisión política del gobierno que constituyó un gran favor a los independentistas (más cerca de conseguir sus objetivos después del ridículo de las fuerzas de orden publico venidas de fuera a Cataluña).
UN consejo: relea la Antígona de Sófocles, que trata precisamente del conflicto entre dos tipos de leyes.
Don Erre que Erre 21 de octubre de 2017, 9:32
Bien, dejémoslo: no vamos a convencernos el uno al otro.
Me sorprende, eso sí, la invitación a releer la Antígona. Porque en ella no se trata del conflicto entre dos legalidades humanas, sino entre una, la representada por Creonte, y unos principios superiores a toda legislación humana. Reproduzco aquí el diálogo que al respecto mantienen una y otro:
"Antígona: Hades desea leyes iguales
Antígona.- ¿Quién puede saber si allá abajo esto no es lo piadoso?"
A no ser que JLGM piense que el independentismo catalán, con su pretensión de derogar de un plumazo la vigencia tanto de la Constitución española como del Estatut, lo hace para sustituirlos no por otra legislación humana (la "Ley de Transitoriedad Jurídica y Fundacional de la República catalana", también llamada "Carta Magna provisional" de la dicha República), sino por una de inspiración divina, el paralelo cae por su base.
No, amigo: aquí tenemos un conflicto entre dos Creontes, entre dos legislaciones estrictamente humanas, y Antígona no aparece por ningún lado. La diferencia entre una y otra legislaciones humanas está en que la primera tiene una legitimidad (recuerde que en su día. en el referéndum constitucional, la aprobó en Cataluña más del 90% de los votantes) que la segunda no (sólo ha sido aprobada por una minoría tanto de la representación política como de los ciudadanos catalanes, y en clara violación de los derechos de la población catalana no independemntista).
Ya sé que, según usted, esa violación, o más bien ese montón de ellas, se debe sólo a la obcecación del Estado español. El problema es que eso es falso.
La Comisión de Venecia, como es sabido, dejó claro en su día, en respuesta a una carta del propio Puigdemont, que "cualquier referéndum de independencia tendría que hacerse de acuerdo con las autoridades españolas y de conformidad con la Constitución" para que tuviese validez. Pero además el presidente de la Comisión, tras convocarse el referéndum del 1-O, recordó que "Cataluña no ha seguido las recomendaciones de la Comisión de Venecia al decidir convocar el referéndum sin una mayoría parlamentaria cualificada". Y en esto último nada tiene que ver el Gobierno español: es cosa exclusivamente de Puigdemont y sus muchachos.
Consecuentemente, el 1-O no es sólo ilegal, sino también ilegítimo. ¿De veras piensa que ése es el caso de Antígona?
Ya digo: no vamos a entendernos. Dejémoslo ahí. Un saludo.
Jesús Castellano 16 de octubre de 2017, 20:33
El Santo Grial no es ninguna bobería. La novela no sé.
José Gayol 17 de octubre de 2017, 8:57
Lo que es una bobería es que alguien escriba a estas alturas sobre el Santo Grial y que encima se le premie con 600.000 euros. Este despropósito indica la calidad del lector.
El Código da Vinci en una mano y en la otra el mando de la TV para ver Indiana Jones. Cuando empiece el partido eso ya es otra cosa...
Laura 17 de octubre de 2017, 12:08
Estoy de acuerdo con usted, señor Castellano. Sucede que muchas veces se opina sin conocimientos, se mete todo dentro de una misma bolsa,y dale que va.
Higgins 17 de octubre de 2017, 8:47
Ayer me acordé de don Erre que Erre:
Caminaba el bichito raro a tirones y paraba. Con las pinzas capitales erizadas y un dardo en su colita alacrana, parecía otear al final de cada trecho. Se detuvo en la proximidad de una lagartija que bucheaba al sol y que lo miró con displicencia. Reinició la marcha con sigilo y cuando llegó al terreno despejado del patio, lejos ya del párpado del saurio, abatió las defensas y se mudó en una especie de oruga indefensa que corrió, esta vez sin detenerse, hasta desaparecer en el perfil de un escalón.
José M. Sánchez-Paulete 17 de octubre de 2017, 8:58
En el verano de 1935 el poeta pasó tres semanas en Castropol, recorriendo durante un intenso mes de agosto diferentes lugares del concejo. Dos años más tarde rememoró su estancia en Castropol en el relato: En la Costa de Santiniebla. (Copiado de un artículo del periódico "El Comercio".
¿La biblioteca Popular Circulante, es la que llevaban las Misiones Pedagógicas a los pueblos?
José Luis García Martín 18 de octubre de 2017, 8:26
La Biblioteca Popular Circulante fue fundada en Castropol y contaba con el apoyo de la Institución Libre de Enseñanza. Las Misiones Pedagógicas llevaban música, cine, teatro, grabaciones con la voz de escritores como Valle-Inclán, copias de obras maestras de la pintura, por los pueblos.
H. 17 de octubre de 2017, 12:19
Demasiadas "defensas" en el relatillo del bicho raro, pero menos tiene la postura del Gran Recalcitrante, obtuso al parecer para entender cosas que cualquier escolar -caso de haber estudiado la asignatura de Educación para la Ciudadanía, perversamente arrumbada por los amigos del zoilo-, hubiese comprendido sin esfuerzo, como es que, en la Constitución actual, los apartados que se refieren a la Jefatura de Estado y a la integridad territorial fueron sugerido a los padres de la Carta Magna por pacíficos militares que hacían lo posible por ayudar. Con esos materiales y esos basamentos no es extraño que el edificio resultante se tambalee en cuanto abren un poco las ventanas y entra viento del norte.
Esa bandera con la que nos amenazan ciertas muchedumbres enardecidas tampoco la debiéramos asumir como la mar de lógica e inevitable. Si hubiese afán de restituir lo arrebatado, por lo menos habría que preguntar a los españoles si exigen que se devuelva la antigua o se conforman con la actual. Pero ya se sabe que esta tierra es poco propicia para el referéndum.
Sobre una montaña de mentiras y disimulos, de asesinatos cotidianos de la verdad y de la razón, nada bueno y duradero se puede levantar.
El penúltimo lector atento 18 de octubre de 2017, 11:56
"Me queda por aprender un poco de hipocresía..."
"Quizá no debería aceptar ir de jurado a ninguno. Pero si me lo solicitan acepto siempre, con la excusa de que es parte de mi trabajo (soy así de hipócrita)."
José Luis García Martín 19 de octubre de 2017, 8:47
Toda hipocresía es poca para el que quiere ser un triunfador.
Miguel el Entrerriano 19 de octubre de 2017, 22:20
Es muy de agradecer que JLGM divulgue los secretos (a voces) de los premios literarios. Desde el punto de vista ético resultaría desmoralizante si no supiésemos ya que el mercado manda. Desde el punto de vista literario resulta confortador para los que alguna vez presentamos una obra con la convicción, tal vez errónea, de tener ciertos méritos, y fracasamos. Quizás no los tuviera, o quizás sí. En todo caso, no es el premio quien lo dilucida.
Saludos desde una plácida Coimbra, lejos de las banderas que en muchos balcones de Madrid parecen copar y amenazar al paseante.
Higgins 21 de octubre de 2017, 20:47
A Martín se le están desmoronando los gigantes. Tenía fe ciega en uno muy preparado que iba a dejar en ridi al mismísimo Azaña y le salió rana de lis. El otro, dos metros por cumplir y copete con sonrisa bobalicona de pivot de la liga Acebé, acaba de besarle las posaderas a Rajoy ciento cincuenta y cinco veces.
Debe de ser cierto que la sangre les llega con retardo al cerebro: son una calamidad.

References: artículo 155
 artículo 1
 Artículo 2
 artículo 1
 resolución 
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