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Timestamp: 2018-03-20 02:02:33+00:00

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OEA | Lapolillacubana's Weblog
Posted in Honduras Siruación Política, tagged golpistas, Honduras, OEA, Zelaya on junio 1, 2011| Leave a Comment »
Las negociaciones llegaron a su fin hace apenas unos días con la firma del llamado “Acuerdo para la Reconciliación Nacional y la Consolidación del Sistema Democrático en la República de Honduras” por parte de Zelaya y Lobo, quienes se vieron cara a cara en una reunión realizada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias.
Publicado en El Diario Exterior.com
http://www.abc.es/20110601/internacional/rc-honduras-regresa-201106011917.html
Barahona: Honduras quedaría sin justicia si regresa a la OEA
http://www.aporrea.org/tiburon/n182029.html
(VIDEO) Venezuela: Golpistas hondureños deben enfrentar la justicia
http://www.aporrea.org/tiburon/n182093.html
Posted in Honduras Siruación Política, tagged ALBA, Honduras, OEA, Resistencia, Zelaya on febrero 1, 2011| 1 Comment »
Santo Domingo, República Dominicana, 30 de enero 2011
Del escritorio de José Manuel Zelaya R.:
Lo notorio en los cables diplomáticos de los embajadores imperiales es que se tomen tan en serio, la misión de “interpretar”, desde su beneficio, las cosas que hacemos otros países, que terminen confundiendo el día con la noche, lo negro con lo blanco, y, en general cualquier actitud que les sea adversa.
Nunca van entender las derechas del continente que como países soberanos, tenemos todo el derecho de pelear nuestras luchas, con la perspectiva de ganarlas, y eso logramos precisamente con la anulación de las resoluciones contra Cuba en San Pedro Sula, y con nuestra apertura hacia el socialismo del sur.
Las resoluciones de OEA, en Honduras, a favor de la revolución Cubana, y mi adhesión al ALBA fueron victorias, porque cada una de ellas produjo la posibilidad de acercarnos a Latinoamérica por la justicia y la libertad que merece el pueblo hondureño.
Patrocinar la anulación de estas resoluciones de 1962, que ni el pueblo cubano, ni sus líderes, en su magnífica dignidad, nos lo pidieron -fue una iniciativa totalmente de Honduras- y desde luego, el imperio americano tampoco tenía interés en la misma. Hubo que sortear todas estas dificultades durante largos 2 años, en los que nos acompañó, y puede dar fe, el Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, como todos los cancilleres de América.
La anulación -se realizó unos días antes del Golpe de estado de Honduras- fue una rectificación HISTÓRICA de esta generación, sobre un error, un crimen cometido por otras gentes, hechas gobierno, cuatro décadas atrás, que llenaron de vergüenza a nuestros pueblos, cuando sin justificación -como quedó demostrado en San Pedro Sula- expulsaron de la organización al país heroico de Martí, Fidel y Maceo.
No entienden las derechas de Washington, que con ellos la relación comercial es estrictamente de negocios: con los hermanos de Latinoamérica construimos la sociedad del futuro. Debemos ver de cerca las permanentes manipulaciones de esta gente que ya demostró, una y otra vez, que les resulta más fácil callar la verdad que dejarme retornar a mi pueblo.
Declaración del Secretario General de la OEA sobre la situación en Honduras
Posted in General, tagged Golpe de Estado, Honduras, OEA on noviembre 7, 2009| 2 Comments »
El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, deploró hoy la interrupción del proceso de
implementación del Acuerdo alcanzado en Tegucigalpa el 30 de octubre pasado. “Las medidas aprobadas en el Acuerdo son claras y fueron
suscritas por la libre voluntad de las partes. Espero que sin más subterfugios ellas se cumplan para restablecer la democracia, la legitimidad
institucional y la convivencia entre los hondureños”, indicó Insulza.
El Secretario General manifestó que la OEA seguirá realizando todos sus esfuerzos para llevar adelante el proceso de diálogo e instó al Presidente José Manuel Zelaya y al Señor Roberto Micheletti a ponerse de acuerdo en la conformación del Gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional que, naturalmente, corresponde presidir a quien detenta legítimamente el cargo
de Presidente de la nación hondureña.
Para ello, “es también indispensable que el Congreso Nacional de
Honduras emita su pronunciamiento soberano sobre el punto pendiente del Acuerdo de San José relativo a retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010”, concluyó Insulza.
Tomado de lista.rds.org.hn
Resolución y Nota de Prensa de la OEA
Posted in America Latina, tagged Golpe de Estado, Honduras, OEA on junio 29, 2009| Leave a Comment »
Consejo Permanente de la OEA condena golpe de estado en Honduras, convoca reunión de Cancilleres y encarga gestiones al Secretario General de la OEA
El Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) aprobó hoy una resolución condenando enérgicamente el golpe de Estado en Honduras y exigió el inmediato e incondicional retorno del Presidente José Manuel Zelaya Rosales a sus funciones constitucionales.
6. Convocar un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General de la OEA, a celebrarse en la sede de la Organización el martes, 30 de junio de 2009, para que éste adopte las decisiones que estime apropiadas, conforme a la Carta de la Organización de los Estados Americanos, el derecho internacional y las disposiciones de la Carta Democrática Interamericana.
Secretario General de la OEA dice Institución “no aceptará vuelta al pasado” y no hará concesiones a régimen salido de golpe militar
El Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, dijo que la organización “no aceptará una vuelta al pasado en el continente” y no hará ninguna concesión a un régimen proclamado sobre la base de un golpe militar seguido de la detención ilegal del Presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya.
Profundizando su planteamiento, Insulza afirmó que “en nuestra región los militares golpistas no tienen cabida”, agregando que “no reconoceremos a la misma fuerza que impulsó el rompimiento constitucional”. Dijo que la OEA estará abierta a un diálogo “sólo si éste contempla la reposición en su legítimo cargo al Presidente Zelaya”.
En una conferencia de prensa ofrecida junto al Presidente de El Salvador, Mauricio Funes -con quien viajará a la capital de Nicaragua a las reuniones del Sistema de Integracion de Centro America (SICA) y del Grupo de Río- Insulza reiteró su condena al golpe militar dirigido por un grupo de efectivos castrenses que detuvo y expulsó al Presidente Zelaya de manera violenta e ilegal.
Junto con informar que los cancilleres de la OEA se reunirán el martes en Washington en una Asamblea General extraordinaria, adelantó que en ella se podría decidir la aplicación a Honduras del articulo 19 de la Carta Democrática Interamericana, que inhibe de participar en todas las instancias regulares del organismo al país que vea alterada gravemente su institucionalidad democrática.
Insulza sostuvo que el único camino que se abre a las autoridades proclamadas en la mañana del domingo “es el aislamiento internacional”.
El máximo representante de la OEA rescató la actuación del organismo y marcó que la determinación adoptada por el Consejo Permanente de condenar el rompimiento institucional ocurrido en Honduras “la aleja de oscuros períodos de la historia de nuestro continente” y la instala a la cabeza de la defensa de los valores de la democracia. “Queremos cambiarla, hemos tratado de hacerlo porque estamos convencidos que su futuro está condicionado por su capacidad de terminar con las cosas negativas que tanto daño le han hecho a nuestros países en el pasado”, sostuvo.
En la OEA “de este tiempo todos son iguales, todos se rigen por los mismos principios, y la democracia es el principio fundamental”, finalizó.
Insulza viaja esta mañana a Managua junto al Presidente salvadoreño, para participar en las cumbres del SICA y del Grupo de Río, y vuelve el martes a Washington para estar en la Asamblea Extraordinaria de la OEA que comienza a las 16.00 horas (EST) de ese día.
Cuba, la OEA y los paraperiodistas
Posted in Organismos Internacionales, tagged CUBA, manipulacion mediatica, OEA, Venezuela on junio 26, 2009| 1 Comment »
Dado el interés que ha despertado la extensa saga que el ensayista y filósofo cubano Orlando Cruz escribiera con motivo de ciertos comentarios mal intencionados de uno de los tantos paraperiodicos al servicio del imperio, sobre el tema de Cuba y la OEA, les dejamos los vínculos de las VI partes de la respuesta de Orlando, verdadero ensayo investigativo:
“La OEA se está yendo a bolina, como un viejo cometa que ya no posee ningún viento a favor y el timonel, los EE.UU:, está desprestigiado y deteriorado moralmente. No podremos regresar jamás, porque continúa siendo un instrumento de los círculos de poder estadounidenses, con su denigrante “Carta Democrática” y la “gobernalidad democrática alterna de los partidos burgueses”. El Ministerio de Colonias Yanqui fue rebasado y desbaratado por los pueblos que marchan con Cuba y con la América Nuestra. Ahora sí podemos pretender la creación de una organización latinoamericana-caribeña sin la presencia de los Estados Unidos de América.
Esperamos que los señores del diario “El Nacional” lean y aprendan algo de esta lección histórica y política, y cesen con sus histerias y mentiras fraudulentas contra América Latina y el Caribe, y contra Cuba revolucionaria y socialista. Si no se han percatado de los cambios de época o la época de cambios que vive el subcontinente serán inexorablemente barridos por la historia. Y de eso se encargará el pueblo bolivariano y revolucionario de Venezuela”.
Las mentiras de la derecha continental (I)
Las mentiras de la derecha continental II
Las medidas de la derecha continental III
Las mentiras de la derecha continental IV
Las mentiras de la derecha continental V parte
Las mentiras de la derecha continental VI parte y final
Posted in Organismos Internacionales, tagged CUBA, OEA on junio 26, 2009| 2 Comments »
Las mentiras de la derecha continental ante la las exhortaciones y ataques al decir que “[…] Todo enfoque a la crisis cubana que signifique amnistía interamericana no es realista, ni práctico, ni operante, ni está en concordancia con nuestras insoslayables responsabilidades históricas. Estamos deliberando y actuando, si me permiten la expresión, con tiempo prestado.” (Acta de la Sesión Extraordinaria del Consejo de la OEA, celebrada el 14 de diciembre de 1961. OEA/ Serie G/61, Documento 13, p. 7; en Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba).
Por su parte, el Presidente de Venezuela Rómulo Betancourt, sumándose al concierto anticubano envió una Nota al Secretario General de la OEA, en la que con una doble moral y oportunismo de baja laya señaló que su gobierno era contrario a la idea de la intervención unilateral de cualquier país americano en Cuba, pero que el problema en su conjunto debía ser analizado y debatido ya que Cuba venía perturbando la tranquilidad política del hemisferio.
Concordando por iniciativa propia, dado el carácter oligárquico burgués de estos regímenes, o debido a las presiones y sobornos norteamericanos, los gobiernos latinoamericanos y caribeños demostraron que no estaban en condiciones per se de convivir con el ejemplo revolucionario, nacional liberador y socialista cubano. La historia volvió a corroborar que la reacción capitalista internacional (incluyendo la regional) hace siempre una “Santa Alianza” contra cualquier intento de construcción de un modelo de pluralismo ideopolítico diferente, que cuestione de raíz el status quo burgués y la sacrosanta propiedad privada. La miopía política de los regímenes latinoamericanos fue total como también su posición contrarrevolucionaria a toda ultranza.
Un nuevo elemento en la agenda de la discusión acerca del peligro a la paz y la seguridad hemisférica lo expuso Cuba en una Nota enviada al Presidente del Consejo de la OEA, el recién nombrado canciller colombiano, Alberto Zulueta Ángel, al plantear la necesidad de que se convocase una sesión extraordinaria para analizar los planes norteamericanos de realizar una operación militar-intervensionista en los asuntos internos de República Dominicana, luego del asesinato del dictador Trujillo y la desestabilización en ese país. El acto acusatorio cubano advirtió que, con el fin taimado de “garantizar un camino de transición hacia la democracia,” lo que trataban los EE.UU., era de obstaculizar la actuación del movimiento democrático, popular y progresista en los cambios futuros de ese país. La moción cubana creó un gran embarazo en la sede de la OEA, pues si en el caso cubano se habló de hipotéticas amenazas a la paz y la seguridad colectiva, en el problema dominicano estos planes ingerencistas conjuntos eran reales. La denuncia dejó al desnudo la violación de numerosos artículos de la Carta del organismo interamericano y del propio Tratado de Río, por parte de los EE.UU. Pero la respuesta del representante norteamericano fue completamente hipócrita al declarar los propósitos “humanitarios” de la presencia de 15 barcos de guerra y de los cien aviones de combate cercanos a las costas quisqueyanas. Y se quejó indignado de que el Gobierno Revolucionario cubano había hecho pública su acusación también en la ONU.
La polémica en la OEA, se elevó de tono a raíz de la intervención cubana en las Naciones Unidas, realizada por el Canciller cubano Raúl Roa, en la que se apoyó la posición de la Unión Soviética de un desarme general y completo a través de un control internacional en contraposición a la posición norteamericana de reducir el control a la esfera de los armamentos. También la línea de principios de la política exterior cubana fue partidaria de restituir los derechos en la ONU, de la República Popular China, de concertar un pacto de no agresión entre los dos bloques militares, la celebración de un tratado de paz entre los dos Estados alemanes, la desaparición del colonialismo en todas sus formas y la abolición de las bases militares extranjeras establecidas en contra de la voluntad de los gobiernos y pueblos. En una profética demanda de nuestros días, el delegado cubano, llamó a la necesidad de reformar las estructuras democráticas de la ONU y de su Consejo de Seguridad, propiciando la entrada de nuevos miembros de las regiones de Asia y África. Asimismo, el representante cubano reiteró las acusaciones referentes a la hostilidad de EE.UU. contra Cuba y sus planes de agresión, en contubernio con los gobiernos latinoamericanos y caribeños miembros de la OEA. Y reafirmó con fuerza: “[…] Déjese a Cuba en paz y se verá como se extingue, de súbito, el foco de tensión internacional deliberadamente creado por el Gobierno de los Estados Unidos con ostensibles fines de reconquista y hegemonía.” (Raúl Roa García Posición de Cuba ante la situación internacional, intervención en la Asamblea General de la ONU, el 10 de octubre de 1961; en, Raúl Roa García Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, p. 267).
Sin embargo, los matices equívocos de la política exterior soviética y sus planes militares dieron margen a ciertas dudas sobre el alcance de su propuesta de desarme. La URSS, en ese propio mes de noviembre, había realizado un ensayo nuclear en la zona ártica y la comunidad internacional lo rechazó. El Gobierno de Uruguay aprovechó la ocasión para presentar un proyecto de resolución en la ONU contra la Unión Soviética, después en la OEA, apoyando la decisión de la Asamblea General y esperó la votación de la misma con la intención de conocer la posición cubana.
La delegación cubana explicó que jamás guardaría silencio, como era política desde el triunfo de la Revolución sobre cualquier aspecto internacional y que su postura no podía ser académica, frívola y oportunista, recordando que en la reunión de Belgrado (MNOAL) había firmado conjuntamente con 24 países un llamamiento a las grandes potencias para que concluyeran un urgente acuerdo de prohibición de las pruebas nucleares y termonucleares. Inmediatamente hizo un recuento histórico y político del inicio de la carrera armamentista y de las armas nucleares demostrando que la URSS había asumido una posición defensiva y justa ante las amenazas de las potencias occidentales, en especial, los Estados Unidos que poseían el arma atómica, la bomba de hidrógeno y que en esos momentos desarrollaba las pruebas de la futura bomba de neutrones. Y entonces, explicó su voto de no rechazo a la prueba desarrollada por la Unión Soviética, aunque confirmó su posición de que se suspendieran todos los ensayos en la tierra, el mar y la atmósfera pero, por parte de todos y no de una potencia en particular, porque la paz y la seguridad mundiales eran una tarea de todos y también debía alcanzar a todos por igual. (Por ejemplo, Francia continuaba realizando ensayos nucleares y era una aliada militar de EE.UU.)
La verdad cubana acerca de quiénes eran los principales países que violaban los presentes y futuros acuerdos sobre las armas nucleares quedó confirmada cuando la delegación norteamericana votó, el 24 de noviembre, en contra de una resolución aprobada por la Asamblea General que declaraba que sería una violación a la Carta de la ONU, el usar armas atómicas en la guerra y que llamó a todos los miembros a que respetasen a África como una zona desnuclearizada. La posición cubana fue entonces clara y tajante, pero fue acogida con “júbilo” por las oligarquías gobernantes de la región y los EE.UU., como una prueba más de la alianza y la simpatía entre el Gobierno Revolucionario y la URSS. Todos los países latinoamericanos -conjuntamente a Estados Unidos y Canadá- votaron contra “el ensayo nuclear ruso” y Cuba quedó “aislada” en el seno de la OEA. La respuesta norteamericana era de esperarse. Las autoridades de Washington estuvieron muy molestas e irritadas por las declaraciones cubanas ante la ONU, la participación de la Isla en la fundación del Movimiento de Países No Alineados en Belgrado, y por las visitas del Presidente Osvaldo Dorticós a la URSS y China, y por ello emitieron un documento que circularon en la OEA, llamando la atención sobre esos hechos como evidencia del complot cubano-chino-soviético contra el hemisferio.
La hipocresía y la farsa fueron corroboradas tiempo después cuando en 1972, el ex-canciller de México, Manuel Tello, en su libro “México: una posición internacional”, planteó que el 19 de mayo de 1961 el Embajador de EE.UU., Thomas Mann, le solicitó una entrevista en la cual le dio a entender claramente la posición de su gobierno sobre el caso de Cuba. Se hacía necesario -le dijo Mann- resolver el problema cubano a través de una intervención directa y armada por parte del ejército de su país y las tropas regulares de algunos países latinoamericanos y que tal acción debía ser precedida por una Reunión de Consulta de la OEA en la que se aprobarían los siguientes puntos: 1) reconocimiento de que Cuba se había convertido en un Estado comunista y había caído en la órbita soviética; 2) como consecuencia de ello se romperían las relaciones diplomáticas, consulares y comerciales con Cuba; 3) creación de una patrulla aeronaval para vigilar e impedir que se enviaran tropas o elementos bélicos de Cuba para países latinoamericanos, y 4) constitución de un Comité de seis u ocho países que se encargaría de observar el cumplimiento de todas aquellas resoluciones relacionadas con Cuba y que al mismo tiempo, vigilaría que no se conculcara la libertad en América. Todo, como hemos demostrado en los párrafos anteriores, formó parte del gran plan para aislar, desacreditar, subvertir y destruir a la Revolución Cubana. Si las afirmaciones del ex-Canciller mexicano no fueran suficientes, los documentos de la “Operación Mangosta” son confirmatorios acerca de lo que se orquestó alrededor y contra Cuba revolucionaria.
El 4 de diciembre de 1961, se decidió por una votación de 14 países a favor, 2 en contra y 5 abstenciones, la decisión que daba el visto bueno a la realización de la Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, a pesar de que se le negó el derecho a la palabra al Ministro de Relaciones Exteriores de México (el Canciller mexicano Vicente Sánchez Gabito protestó ante tal arbitrariedad y proclamó que parecería ser que la votación estaba ganada). Inmediatamente, el 6 de diciembre el Gobierno de los Estados Unidos envió a la Comisión Interamericana de Paz, un documento que contenía información sobre los vínculos de Cuba con el bloque chino- soviético. Al día siguiente, la susodicha comisión le preguntó a Cuba si aceptaba una visita para investigar en territorio cubano la veracidad de las acusaciones. La respuesta de la Isla fue digna y declaró que el acuerdo de la Comisión era una intromisión en los asuntos internos cubanos que no iba a ser nunca aceptada, que no era a Cuba a la que tenían que investigar y que si se proponían realizarla debían hacerlo en pleno zafarrancho de combate.
Sin embargo, a estas alturas de la tensa discusión alrededor de Cuba, la reunión estuvo de hecho decidida. El largo recorrido del funcionario estadounidense Adlai Stevenson por la América Latina durante el mes de junio y las visitas de cancilleres y senadores, incluidos algunos presidentes latinoamericanos a Washington habían brindado a la Casa Blanca los resultados apetecidos. El viaje de John F. Kennedy por algunos países del subcontinente, Colombia y Venezuela, a mediados de diciembre de 1961, fue el punto semifinal de la compra de los votos necesarios para sancionar a Cuba. Pero la batalla continuó. A fines de ese año, una delegación cubana presidida por el Viceministro de Relaciones Exteriores C. Olivares Sánchez realizó un periplo por varios países latinoamericanos con el fin de explicar la posición del país en relación con los principales problemas internacionales y de la región. Se trató de encontrar puntos de convergencia en asuntos comunes del derecho internacional e interamericano que imposibilitara una acción conjunta de América Latina contra el Gobierno Revolucionario. Por su parte, el Comandante en Jefe Fidel Castro, desde el 18 de enero de 1962, advirtió que la Isla asistiría a la cita interamericana “[…] a combatir por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y a la soberanía nacional.” (En periódico Revolución, La Habana, 18 de enero de 1962,. p. 1).
La VIII Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA. La separación del Gobierno Cubano.
La cita de los cancilleres comenzó el 22 de enero de 1962 (hasta el día 30), en Punta del Este, Uruguay, (6) lugar que, por ironías del destino, también fue el escenario de la aprobación de la Alianza Para el Progreso. El discurso de apertura del Canciller costarricense dejó claro, desde el inicio, los fines anticubanos del cónclave al plantear que “[…] las amenazas a que se enfrenta el Sistema Regional por la introducción de doctrinas condenadas en anteriores conferencias […] (recordar la Resolución 93, de Caracas, contra Guatemala) y llamó a “[…] los presentes a tomar las medidas que se requieran para la defensa de las instituciones americanas.” (Acta y Documentos de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, D.C., 1962. OEA/Serie F/62, Documento 11, p. 3; en, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba).
En el mismo tono se expresó el Secretario General de la OEA, cuando en sus palabras de saludo, que fueron aún más allá de las que correspondían a un funcionario quien debió mantener una actitud imparcial, señaló las posibles posiciones e insinuó las futuras decisiones que debían tomarse. En su alocución el dirigente expuso sin ambages y, quizás en un ataque de sinceridad clientelista, los problemas que acarreaba la Revolución Cubana en el continente al aseverar que “[…] las inquietudes sociales y las pasiones de los pueblos se han abierto paso y están ahora presentes en los debates de la OEA.” (Idem, Documento 12, p. 12) Todo parecía, si no lo era, un libreto preparado en cada uno de sus detalles, pero la defensa de Cuba y las contradicciones dentro de las posiciones latinoamericanas introdujeron algunos cambios en el guión elaborado a priori. Rebatiendo el famoso informe de la Comisión Interamericana de Paz, Cuba argumentó la imposibilidad de que EE.UU. y los países que ya no tenían relaciones con ella, fueran juez y parte en el caso que los ocupaba a todos, porque ello violaba el Estatuto de la propia Comisión, en su Artículo 10 donde se precisaba que “[…] Ningún Estado miembro de la Comisión podrá actuar en tal carácter cuando sea parte interesada en un conflicto o controversia en que se haya solicitado la actuación de la Comisión.” (Idem, Documento 18, p. 22).
La respuesta de la Comisión fue de “indignación y ofensa” hacia la “ilustre” institución que había basado su información en fuentes y testimonios “serios a toda prueba” como lo podían ser las entrevistas concedidas por personas salidas de la Isla recientemente o que habían visitado el país en el último tiempo y por “[…] los valiosos datos aportados por los gobiernos de Estados Unidos, Guatemala, Nicaragua, Venezuela y Perú”, (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA, Idem. p. 26), los que respondieron un cuestionario previamente elaborado que indujo y reprodujo las acusaciones del imperialismo yanqui contra Cuba. El susodicho documento, ilegal y falaz, acusó al Gobierno de La Habana de violar los derechos humanos, de promover actos subversivos que configuran atentados a la paz y la seguridad hemisférica y acentuó al final que “[…] los actuales vínculos de Cuba con los países del bloque chino-soviético como ostensiblemente incompatibles con los principios y normas que rigen el Sistema Interamericana.” Tales ideas fueron las mismas que se habían elaborado como parte de la doctrina de política exterior de los norteamericanos desde los años cuarenta (teniendo a los nazis como objetivo) y que fueron corroboradas luego de la Guerra Fría con “la amenaza del comunismo internacional”, “las perturbaciones de la paz de las Américas”, “las amenazas a la seguridad, la paz y la integridad territorial de los países del hemisferio”, como sucedió en la Conferencia de Caracas en 1954. En los años que decursaron, desde 1959 hasta 1962, tal pensamiento dogmático y maniqueo se aplicó a Cuba con toda la intención y manipulación posible. El extremo sucedió en esta VIII Reunión de la OEA. En la misma estuvieron presentes el Presidente de Cuba Osvaldo Dorticós Torrado, y el Secretario de Estado de los EE.UU. Dean Rusk, lo que auguró un enfrentamiento entre ambos gobiernos y sistemas políticos al más alto nivel.
Los planes norteamericanos no salieron bien del todo desde el principio. En sus afanes de excluir o separar a Cuba de la OEA y de aplicarle sanciones diplomáticas, políticas, jurídicas, económicas y comerciales -incluidas las financieras- solo pudo llevarse a vías de efecto el primer objetivo. En su camino reaccionario no contaron con el apoyo de un grupo de países latinoamericanos que no respaldaron, por el momento, las sanciones económicas, jurídicas y comerciales y la ruptura de relaciones diplomáticas con el Gobierno de La Habana. Rápidamente en el seno del cónclave, se pudieron apreciar dos posiciones; un grupo de países como México, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador y Chile, en correspondencia con sus principios defendidos desde meses atrás, decidieron no coincidir con la denuncia colombiana y por lo tanto no aplicar sanciones a Cuba, el segundo grupo, compuesto por los países centroamericanos y las dictaduras del continente pujaron por las medidas más drásticas.
Las maniobras para lograr uno de los dos objetivos fueron variadas. A tales efectos, unos días antes el 12 de enero de 1962, en la cancillería brasileña se realizó una reunión con algunos gobiernos de la región para informar la posición del gigante sudamericano en la próxima reunión de la OEA. El pragmatismo político de este país fue impresionante al afirmar que, las fórmulas intervensionistas o punitivas que no tenían fundamentos jurídicos y que producen como resultado práctico el agravamiento de las pasiones y la exacerbación de las incompatibilidades, no podían esperar su aprobación. Y continuó exponiendo que “[…] Hemos observado con placer que de un modo general las Cancillerías Americanas coinciden en la condenación del recurso de sanciones militares contra el gobierno revolucionario. En primer lugar, la acción militar no dejaría de caracterizar una intervención por ser colectiva. En segundo lugar, la acción militar provocaría una justificada reacción en la opinión pública latinoamericana que favorecería la radicalización de la política interna de los países del Hemisferio y debilitaría los lazos de confianza mutua esenciales a la existencia misma del Sistema Interamericano. En el plano mundial, sería de temer repercusiones en otras áreas viniesen a deteriorar aunque fuese temporalmente las condiciones generales de paz […] Las sanciones económicas parecerían también un remedio jurídico condenable, en los términos del Artículo 16 de la Carta, y políticamente ineficaz, ya que el comercio de Cuba con América Latina no ha pasado, en sus promedios, del 4,5 % del volumen global de las exportaciones y el 9 % de las importaciones […] El rompimiento de las relaciones diplomáticas -finalizó Brasil- que se explica en el cuadro de las medidas bilaterales, solo se comprendería multilateralmente, en el presente caso, como un paso al que siguieran otros mayores, ya que disminuiría la posibilidad de influir sobre el gobierno con el que se rompe, privaría a los disidentes del recurso humanitario del asilo y sacaría del plano continental la cuestión cubana para colocarla en el área del litigio entre Occidente y Oriente, cuando desearíamos que no trascendiese los límites del hemisferio”.
Si los párrafos anteriores pueden convencer a cualquier observador de una realpolitik, el complemento de ese análisis también advirtió, a los más confusos, que no se podía sancionar a Cuba, pero daba la clave para la idea de elaborar una proposición que no fuera aquellas enmarcadas jurídicamente en el Hemisferio y sobre la cual debía pronunciarse la próxima reunión de la OEA. Se dio por sentado que el régimen cubano podía adoptar la forma de un gobierno marxista-leninista y, al mismo tiempo, se dejó “la puerta abierta” para proclamar la “famosa” tesis de la incompatibilidad entre un régimen marxista-leninista y el Sistema Interamericano. Alrededor de esta concepción se debatieron los gobiernos en la VIII Reunión de Consulta de Cancilleres. Todos en mayor o menor medida apoyaron la concepción de la incompatibilidad. Las dudas estaban si esta nueva norma era un marco jurídico lícito para separar al Gobierno de Cuba de la OEA y aplicar las otras sanciones.
Muy tempranamente, el Secretario de Estado Dean Rusk, propuso en una intervención la necesidad de que la Conferencia debía “[…] proclamar la incompatibilidad del régimen cubano con los propósitos y principios del Sistema Interamericano” y en consecuencia “[…] excluirlo de participar en los órganos y organismos de dicho sistema.” (Informe de la Comisión Interamericana de Paz a la Octava Reunión de Consulta de la OEA; en Actas y Documento de la Octava Reunión de Consulta de la OEA. Washington, DC., 1962, OEA/Serie F/62, Documento 35, p. 13). Exigiendo, además, la suspensión de relaciones diplomáticas, consulares, económicas y de las comunicaciones de todo tipo con la Isla, así como la creación de una Comisión Especial de Seguridad que recomiende medidas individuales y colectivas contra cualquier acto o amenaza de agresión, directa o indirecta, de las potencias chino-soviéticas o de otras que estén asociadas con esos países. En una falsa argumentación -que ya hemos aclarado anteriormente- D. Rusk, aseveró que el discurso de Fidel Castro del 1ro de diciembre de 1961, fue la mayor evidencia de que Cuba había “[…] roto definitivamente con sus hermanos de América […] y le ha proporcionado al comunismo una cabeza de puente en el Hemisferio.” (Idem. p. 15). El Secretario de Estado norteamericano estuvo todo el tiempo preocupado por conocer si se obtenía el 75 % de los votos-países necesarios para aplicar las medidas de separación. Que por cierto, este Reglamento fue extraído del TIAR y llevado al marco de la OEA como forma de propiciar la sanción, lo que constituyó otra flagrante violación. La tarea de separar al Gobierno Revolucionario de la OEA no fue fácil en ningún sentido, pues si la mayoría de los gobiernos estuvieron de acuerdo en este punto, un grupo de ellos le “forcejeó” a los yanquis la venta del voto. Otros fueron muy presionados para que apoyaran esta expulsión. Los gobiernos de México junto a los de Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Chile tuvieron una posición justa pero, a la vez, muy ambigua. Varios ejemplos pueden ilustrar estas aseveraciones. La intervención del Canciller mexicano, Manuel Tello no dejaba lugar a dudas acerca de una contradicción diáfana entre varias concepciones: “[…] Parece, pues, indudable que existe una incompatibilidad entre la pertenencia a la OEA y una profesión política marxista-leninista […] Con la misma energía con que defendemos el derecho de autodeterminación de los pueblos, del pueblo cubano, por consiguiente, sostenemos que es inconciliable la calidad de miembro de nuestra organización con la adopción de un régimen de Gobierno, cuyas características no son las de la democracia representativa”.
La tradicional “Doctrina Estrada” mexicana de no injerencia, intromisión e intervención en los asuntos internos de otros Estados y el derecho a la independencia y la autodeterminación nacional chocó con la ideologización extrema de la política exterior del gobierno burgués mexicano de ese momento. El delegado de Panamá, en un típico oportunismo, aunque apoyó la medida trató de imponer a los EE.UU. expuso que su gobierno vería de muy buen gusto abrir conversaciones sobre el Canal y la propiedad absoluta que poseían los norteamericanos sobre ese territorio istmeño. En otro acápite tragicómico, el gobierno del dictador Duvalier puso reticencias en apoyar a los EE.UU. El juego, nada serio, era aprovechar la ocasión y vender su voto a un precio más alto, hecho que logró en los finales del cónclave al recibir mayores dádivas financieras por parte de Washington. Por su parte, los gobiernos centroamericanos, en especial los de Nicaragua y Guatemala se pronunciaron abierta e ingerencistamente sobre el tema y llamaron a “[…] devolverle al pueblo cubano su libertad, su fe, su religión, su moral, su derecho a seguir siendo cubano […]”. Las presiones de los EE.UU., hicieron su mella en otro grupo de países. Blandiendo la amenaza de que los que no se uncieran a la política norteamericana verían afectados sus relaciones económicas con Washington y su participación en la Alianza para el Progreso, el Imperio del Potomac doblegó al grupo de países más proclives a no tomar medidas contra Cuba. Y aunque uno de ellos votó en contra (Cuba), el resto solo pudo abstenerse (México, Argentina, Chile, Ecuador, Brasil y Bolivia).
Algunos de estos gobiernos hicieron constar en el Acta Final -otra contradicción- que el acuerdo de excluir a Cuba carecía de fundamento legal y violaba lo establecido en la Carta de la OEA, que no contenía mecanismos que justificaran tal medida. Como colofón de la VIII Reunión de Cancilleres de la OEA, Cuba y su Gobierno Revolucionario fueron separados de la Organización Interamericana. Los votos 13 y 14 se los brindaron el régimen dictatorial de Haití y, también, la genuflexión y entreguismo de última hora del gobierno del Uruguay. De ello, quedó constancia en la Resolución No. VI que, además, recomendaba “[…] la más continua vigilancia de parte de los países miembros […] los que deben informar al Consejo de todo hecho o situación capaz de poner en peligro la paz y seguridad del Continente.”
Este intento de seguimiento fue muy peligroso para la Revolución Cubana y los movimientos revolucionarios en el subcontinente pues, a través de esta resolución y otras que se tomaron, la OEA se convirtió en una especie de policía en el hemisferio occidental al servicio de los EE.UU. aunque en contra esencialmente de Cuba. En la Resolución No. VIII, sobre las relaciones económicas, se resolvió “[…] suspender inmediatamente el comercio y tráfico de armas e implementos de guerra de cualquier índole con Cuba”, (Idem, Documento 68, p. 21) recomendando que esta prohibición debía extenderse también hacia otros artículos. Fue la antesala del bloqueo económico continental contra Cuba. Finalmente, la Resolución No. II, la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, aprobó la creación de una Comisión Especial de Consulta sobre Seguridad contra la acción subversiva del Comunismo Internacional que tuvo la misión de asesorar a los gobiernos de los países miembros de la OEA, para prevenir cualquier acto de agresión, subversión y otros peligros que provinieran de la continuada intervención de las potencias sino-soviéticas en el Hemisferio.
La posición de la delegación cubana fue digna y firme. El Presidente Osvaldo Dorticós expuso que “[…] la OEA se hace incompatible con la liquidación del latifundio, con la nacionalización de los monopolios imperialistas, con la igualdad social, con el derecho a la educación, con la liquidación del analfabetismo […] y en ese caso Cuba no debe estar en la OEA.” Y en otro momento de su intervención expresó que “ […] Podremos no estar en la OEA, pero Cuba Socialista estará en América; podremos no estar en la OEA, pero el gobierno imperialista de los Estados Unidos seguirá contando a 90 millas de sus costas con una Cuba revolucionaria y socialista […] El Gobierno cubano ha reiterado su decisión de mantener una política internacional basada en el apotegma de José Martí, que nos recomendó: “Marchar con todo el mundo y no con parte de él”. Los que respeten a Cuba, encontrarán el respeto de Cuba. Los que quieran comerciar con Cuba, hallarán en Cuba una disposición a comerciar. Los que estén dispuestos a negociar las diferencias que existen con Cuba, verán a Cuba dispuesta a debatir esos diferendos con una agenda abierta y sin limitación alguna. Pero si lo que se pretende es que Cuba se someta a las determinaciones de un país poderoso y de los que pueden ser sus instrumentos circunstanciales; si lo que se busca es que Cuba capitule, renuncie a las aspiraciones de bienestar, progreso y paz que animan su Revolución Socialista y entregue su soberanía; si lo que se intenta es que Cuba vuelva la espalda a los países que le han demostrado una amistad sincera y un respaldo cabal; si, en una palabra, se intenta esclavizar a un país que ha conquistado su libertad total después de siglo y medio de sacrificios, ¡sépase de una vez!: ¡Cuba no capitulará!“ (En revista Cuba Socialista, La Habana, 1962, pp. 98-99).
La derrota de Cuba no era absoluta sino relativa y también temporal. El solo hecho que algunos países latinoamericanos no se plegaran a los derroteros estadounidenses de lograr sanciones de mayor envergadura contra el Gobierno Revolucionario puede considerarse un triunfo de la diplomacia cubana en aquel contexto histórico. La victoria de los EE.UU., sin menospreciar su alcance y objetivos reales, fue pírrica en lo que a Cuba se refiere, por cuanto sus propósitos siempre tuvieron un mayor contenido. En un primer momento, la exclusión del Gobierno de la Isla de la OEA, ayudó a los gobernantes de la Casa Blanca a desatar una campaña anticubana de gran dimensión y, por ende, contra el movimiento revolucionario -de liberación nacional y social- del continente, bajo el pretexto de la amenaza comunista exterior; en un segundo momento, junto a la separación de uno de los miembros del sistema hemisférico, al margen de los marcos jurídicos de la Carta de la OEA, se desarrolló una crisis institucional de este organismo regional. La organización había perdido en legitimidad y credibilidad ante los ojos de los pueblos al convertirse en un instrumento más dúctil y dócil al servicio los intereses monopólicos y más reaccionarios del vecino de norte.
Luego de la VIII Reunión de la OEA, muchos países se vieron conmovidos por golpes militares y cambios institucionales al margen de las constituciones burguesas vigentes. Lo que los Estados Unidos no habían logrado en la conferencia, es decir, sancionar económica, comercial y financieramente a la Isla, debía hacerlo a través de la intromisión en los asuntos internos de los que, incluso, consideraron sus aliados.
La pequeña osadía de algunos países latinoamericanos de oponerse o abstenerse de votar a favor de los EE.UU., la pagaron caro un breve tiempo después. La experiencia de República Dominicana, al ser asesinado en mayo el dictador Trujillo y más tarde, la caída del gobierno de Brasil solo fueron los anuncios premonitorios de lo que sucedería posteriormente en otros lugares del continente. El 25 de agosto de 1961, anunció su renuncia el Presidente de Brasil Janio Quadros, cuatro días después que condecorara al Comandante Ernesto Che Guevara con la Gran Cruz de la Orden Cruceiro do Sul. Asumió la presidencia, el vicepresidente Joao Goulart, quien se encontraba de gira por el exterior, luego de tener que realizar concesiones a una facción militar del país. Finalmente, Goulart es derrocado también por un golpe de estado en 1964. El 8 de noviembre de ese propio 1961, es derrocado el presidente de Ecuador José María Velazco Ibarra, siendo sustituido por Julio Arosemena, un hombre más afín a los intereses norteños y a la oligarquía de su país. En El Salvador se hizo del poder un titulado Directorio Civil-Militar, que terminó con la institucionalidad burguesa representativa. Más adelante, en marzo de 1962 fue derrocado el gobierno de Argentina y en junio de ese año, el del Perú. Los gobiernos de Honduras, Guatemala y Uruguay fueron defenestrados en 1963.
La ola dictatorial y de terror se amplió a toda la región. Y el auge del movimiento revolucionario siguió creciendo en todos los rincones de la geografía de Nuestra América. Pero antes, los EE.UU. y las oligarquías de la región tuvieron que escuchar un nuevo documento programático de la proyección internacional de la Revolución Cubana: La Segunda Declaración de La Habana.
Ahora, cuando entramos por la puerta grande al conglomerado de naciones latinoamericanas y caribeñas, comprendemos el porqué de esos combates y sus enormes resultados en el tiempo. Una Revolución vale por lo que sabe defenderse, y esa máxima leninista fue llevada a cabo por la dirección histórica de la Revolución Cubana, en primer lugar, Fidel y Raúl, Camilo y el Che, Dorticos y Roa, pero más que todo por el pueblo, el verdadero protagonista de esta epopéyica resistencia y desarrollo.
La OEA se está yendo a bolina, como un viejo cometa que ya no posee ningún viento a favor y el timonel, los EE.UU:, está desprestigiado y deteriorado moralmente. No podremos regresar jamás, porque continúa siendo un instrumento de los círculos de poder estadounidenses, con su denigrante “Carta Democrática” y la “gobernalidad democrática alterna de los partidos burgueses”. El Ministerio de Colonias Yanqui fue rebasado y desbaratado por los pueblos que marchan con Cuba y con la América Nuestra. Ahora sí podemos pretender la creación de una organización latinoamericana-caribeña sin la presencia de los Estados Unidos de América.
Esperamos que los señores del diario “El Nacional” lean y aprendan algo de esta lección histórica y política, y cesen con sus histerias y mentiras fraudulentas contra América Latina y el Caribe, y contra Cuba revolucionaria y socialista. Si no se han percatado de los cambios de época o la época de cambios que vive el subcontinente serán inexorablemente barridos por la historia. Y de eso se encargará el pueblo bolivariano y revolucionario de Venezuela.
Posted in America Latina, Organismos Internacionales, tagged CUBA, OEA, Venezuela on junio 26, 2009| 3 Comments »
Las mentiras de la derecha continental ante la anulación de la injusta separación de Cuba socialista del seno de la Organización de Estados Americanos. III parte
La historia de la expedición armada dominicano-cubana a Santo Domingo es un ejemplo relevante de cómo debe analizarse el comportamiento exterior de Cuba desde 1959. Sin conocer sus raíces programáticas se podría llegar a la falsa conclusión que la misma se preparó y realizó sólo como un acto de legítima defensa contra el régimen de Trujillo y nunca como un accionar propio e independiente, latinoamericanista y solidario de la Revolución Cubana. La amistad y deseos de cooperación entre los revolucionarios cubanos y los dominicanos siempre fueron parte de la historia de ambas naciones.
Sirva otra muestra de esa hermandad, la del Generalísimo Máximo Gómez, en el siglo XIX, para ilustrar o simbolizar estos empeños internacionalistas. En la última fase de la guerra de liberación cubana, 1953-1958, exactamente en diciembre de 1958, arribó a la Sierra Maestra un avión procedente de Venezuela, en el cual se traían armas y otros pertrechos bélicos para la insurrección armada cubana. En este vuelo arribó el dominicano Enrique Jiménez Moya, quien era portador de un mensaje de la Unión Patriótica Dominicana (UPD), radicada en Caracas, para que se hiciera conocer el apoyo de los emigrados revolucionarios dominicanos a la causa cubana y solicitar que estos combatientes y otros fueran entrenados en la contienda para que, en un futuro, pudieran servir en la lucha contra el dictador Trujillo. (Delio Gómez Ochoa La Victoria de los Caídos, Editora Alfa & Omega, República Dominicana, 1998)
Aunque los acontecimientos desbrozaron el camino del triunfo revolucionario en el transcurso de ese mes y el resto de los revolucionarios quisqueños no pudieron llegar a Cuba antes, el pacto o alianza entre ambos movimientos revolucionarios estuvo de facto realizado. El combatiente Enrique Jiménez Moya fue ascendido a Capitán del Ejército Rebelde y se convirtió, de esa forma, en el segundo dominicano que participó en la última guerra de liberación cubana. Durante la visita del líder de la Revolución Cubana a Venezuela, del 23 al 27 de enero de 1959, como ya expusimos, ambos gobiernos llegaron a un acuerdo de apoyar e impulsar la lucha de los revolucionarios dominicanos. En febrero de ese propio año, Fidel se reúne con el Capitán Enrique Jiménez y el Comandante del Ejército Rebelde Delio Gómez Ochoa, quien había sido el Jefe del IV Frente Oriental “Simón Bolívar” -creado el 10 de octubre de 1958, para operar en los llanos orientales- con el fin de coordinar los esfuerzos del apoyo cubano a la causa dominicana. De aquel encuentro sale la decisión de que el Comandante Delio Gómez fuera el delegado de la joven Revolución Cubana para facilitar la entrada al país de los futuros expedicionarios, prepararlos en las técnicas del combate guerrillero y darles el entrenamiento y organización necesarios con el fin de que esta misión liberadora tuviera todo el éxito posible.
En la expedición contra Trujillo estuvieron finalmente enrolados para la acción unos 198 guerrilleros. De ellos, 155 fueron dominicanos, alrededor de 18 cubanos (de los 21 que estuvieron inicialmente), 13 venezolanos, 7 puertorriqueños, 2 norteamericanos, 2 españoles y un guatemalteco. La participación cubana debe tomarse con cierta cautela, porque no existe documentación desclasificada y tampoco testimonios que corroboren la cifra brindada y los nombres de los participantes, pero no hay dudas de que, posiblemente, parte de ellos quedaron en Cuba para incorporarse, luego del establecimiento de los frentes guerrilleros, en el combate emancipador.
Los preparativos entonces fueron en aumento. El Comandante Delio Gómez realizó varios viajes a Venezuela con el fin de conseguir el comprometido apoyo financiero y logístico del Presidente Rómulo Betancourt. Y en esos intercambios se percibió inmediatamente que las opiniones dentro del gobierno venezolano no eran concordantes. El presidente fue muy renuente a cumplir la promesa y solo envió una mínima parte del dinero -de un compromiso de medio millón de dólares solo envió en efectivo alrededor de 150 mil dólares- para apoyar la expedición.
Sin embargo, otros miembros del gabinete, y fuera de él, fueron partidarios de cooperar al máximo y cumplir con lo pactado. El mayor temor del mandatario venezolano era que se afectara la imagen regional e internacional venezolana y provocar la hostilidad de los EE.UU., por lo que expuso que la expedición no debía partir del territorio de su país. Y trató de comprometerse lo menos posible con esta acción, a pesar de lo conversado y acordado con Fidel. Puede decirse que ese fue un momento de inflexión en las ideas del dirigente venezolano y el inicio de su traición posterior al pueblo bolivariano y a Cuba. Incluso, en esos viajes Delio Gómez conjuntamente con el embajador cubano en ese país, Francisco Pividal Padrón -ya fallecido, y gran estudioso de la vida y obra de Simón Bolívar-, llevaron algunas armas a los demócratas venezolanos ante la inminencia de un golpe de estado contra el gobierno de Rómulo Betancourt.
Luego de las vicisitudes de todo preparativo de esa naturaleza, la parte cubana asumió con seriedad el compromiso con los revolucionarios dominicanos. No se trataba de una acción en respuesta a la agresividad del dictador Trujillo, sino la ejecución de una política de principios que iba a ser aplicada de forma ininterrumpida a lo largo del desarrollo de la Revolución. Incluso, en los momentos en que el Comandante en Jefe Fidel Castro visitaba los EE.UU., del 15 al 26 de abril, una delegación cubana compraba armas y hasta un avión, un viejo C-46, en tierras estadounidenses (Miami) que iba a servir para hacer llegar a tierras dominicanas al primer grupo de combatientes. En los inicios del mes de junio todo estaba listo. El Comandante Camilo Cienfuegos fue el más asiduo colaborador y asegurador de la misión e, incluso, se fotografió junto a los combatientes y despidió a los mismos antes de partir hacia tierras dominicanas.
El Comandante Enrique Jiménez Moya fue nombrado el Jefe máximo del grupo guerrillero, y otro dominicano, Rinaldo Sinitiago fue Segundo Jefe y miembro del Estado Mayor, mientras que el Comandante Delio Gómez Ochoa partió como asesor militar y responsable de los cubanos. Estos últimos irían en avión y debían iniciar las acciones guerrilleras y crear el frente en la región de Constanza. Asimismo dos embarcaciones, que pertenecieron a familias del antiguo régimen batistiano, se pusieron a disposición de los expedicionarios, un total de 144 hombres, con las misiones de abrir dos frentes guerrilleros en la región montañosa de Estero Hondo y otro en la zona de Maimón.
El 14 de junio los primeros guerrilleros, un total de 54 hombres, aterrizaron bajo fuego enemigo, en el aeropuerto de Constanza, en República Dominicana. La odisea, de la cual poco se conoce, comenzaba con muchas dificultades. Hubo dispersión de los combatientes, que llegaron por aire, porque fueron detectados rápidamente en suelo dominicano por las fuerzas del ejército que se lanzaron a su persecución y exterminio. Todo parece indicar que indiscreciones y delaciones internas y externas dieron al traste con los que llegaron días después por vía marítima, ya que prácticamente fueron esperados y tuvieron que entrar en combate de forma inmediata. La masacre de esos grupos fue absoluta. Ante esta disyuntiva y ante la pérdida del contacto del grupo de Enrique Jiménez (luego se supo que esta tropa fue aniquilada rápidamente y el Comandante Jiménez, muerto el 19 de junio) el Comandante Delio Gómez fue nombrado Jefe del grupo guerrillero actuante.
Sin embargo, en la valoración de este hecho histórico es necesario resaltar que el intento revolucionario de abrir frentes guerrilleros sirvió como un detonante inicial, aprovechado poco tiempo después por las fuerzas democráticas y revolucionarias dominicanas para el surgimiento de una oposición estructurada y genuinamente popular que dieron vida al “Movimiento 14 de junio” que comenzó diversas acciones contra el dictador. El mito de la impunidad e inmunidad de la que estaba revestida la tiranía de Trujillo fue completamente desbaratado. Ni siquiera la represión más sangrienta detuvo al movimiento progresista. Incluso, los EE.UU., bajo la presidencia de John. F. Kennedy, “tomaron cartas en el asunto” y, dando un giro a sus posiciones de apoyo al dictador, comenzaron a criticarlo y aislarlo. No es casual, entonces, que se vincule a la CIA en los planes de asesinar al dictador y abrir una etapa “democrática” en esa nación, a partir de 1961. Trujillo ya no encajaba en los planes del “nuevo rumbo” o las “nuevas fronteras” del presidente norteamericano John F. Kennedy, y el Imperio que estaba más preocupado porque no surgieran “nuevas Cubas” en el subcontinente, lo desechó totalmente, luego que lo utilizó en su cruzada “anticomunista cubana” con el fin de reprimir a su pueblo y a las democracias latinoamericanas. El viejo apotegma imperial norteamericano que, “los Estados Unidos no tienen amigos sino intereses”, volvió a ser puesto en práctica en la década del 60.
El movimiento revolucionario dominicano tomó un auge de tales proporciones, entre 1961 y 1965, que las autoridades de Washington determinaron, en ese último año, desatar una invasión directa de sus marines a ese país. Fue el epílogo de la contienda revolucionaria quisqueyana en aquellos años.
La misión guerrillera de carácter antidictatorial y nacional-liberadora dominicana-cubana-latinoamericana de 1959, aunque también con participación de combatientes norteamericanos y españoles, fue la primera acción latinoamericanista e internacionalista directa y, relativamente numerosa, de la Revolución Cubana.
Ella constituyó el signo vital de que sólo una Revolución es verdadera y auténtica si además de resolver los graves problemas endógenos de su país, es capaz de brindar su internacionalismo resuelto y militante ante las urgencias del movimiento revolucionario regional e internacional. Por ello, el proceso histórico de la conformación y ejecución de la expedición a dominicana, donde se involucraron alrededor de 100 cubanos, directa e indirectamente, y donde murieron 17 compañeros y más de cien de otros países -cifra un poco menor de los combatientes nacionales en la guerrilla del Che en Bolivia, en 1967- es una página gloriosa en la historia de Cuba y Latinoamérica.
Pero no debemos pasar algo por alto. La ambigüedad y el incumplimiento del presidente venezolano Rómulo A. Betancourt fue totalmente desconcertante. Solo se nos ocurre pensar que fue el inicio de la deserción-traición del mandatario Betancourt, su decline como líder democrático, al interior y el exterior de su país, al plegarse a la política estadounidense de aislar y atacar a Cuba.
Cuba, Venezuela y la OEA.
Si las percepciones de las autoridades de Washington habían sido negativas sobre Cuba, prácticamente desde el propio triunfo revolucionario, la Organización de Estados Americanos (OEA) se convirtió de inmediato en uno de los puntos neurálgicos de la tensión de las relaciones de los gobiernos de América Latina y el Caribe hacia La Mayor de las Antillas. Por su parte, Cuba delineó tempranamente su comportamiento en esa organización. En un discurso, el 18 de marzo de 1959, el nuevo representante cubano en ese organismo, el Dr. Raúl Roa valoraba acertadamente lo sucedido en la Isla y destacaba, ante todo, el carácter político-popular y armado del triunfo al afirmar que “[…] En largos años no se había erguido y escuchado la voz genuina de Cuba en el Consejo de la OEA. […] No resulta ocioso recordarlo por lo que tiene de novedad histórica y de obvio estímulo a los pueblos todavía oprimidos. El derrocamiento de una tiranía mediante la acción armada no es un suceso insólito en nuestra América; si lo es, en cambio, la que derribó la de Fulgencio Batista en Cuba. El estilo, la organización, la trayectoria y el desenlace de esa acción difieren radicalmente de todas las conocidas hasta ahora, constituyendo, por eso, un hecho nuevo en el proceso político hispanoamericano. Esta vez el cuartel no jugó papel determinante alguno.” (Carlos Lechuga Itinerario de una farsa, Editorial Pueblo Y Educación, La Habana, 1991, p. 18).
Para un análisis de la inserción y actividad de Cuba en la OEA, la problemática de sus vínculos con esta organización y, por ende, de sus Estados miembros, el enfoque debe realizarse a nuestro entender desde tres ángulos: primero, el gobierno norteamericano desde un inicio incluyó en sus planes contra Cuba la utilización del sistema inter-hemisférico por lo que los gobiernos más afines al imperio jugaron ese papel desde el inicio o fueron presionados al máximo para que lo hicieran; segundo, muchos regímenes oligárquicos del subcontinente, sin ni siquiera esperar una orden o presión de los EE.UU., se proyectaron autónoma o concertadamente con los intereses yanquis en los planes anticubanos, y tercero, la actitud-posición cubana, independiente e intransigente hacia los postulados retrógrados del sistema interamericano y los contraataques a la actividad desplegada contra su Revolución.
Y aunque siempre el cerebro y la mano de los yanquis sugería y dictaminaba las direcciones estratégicas y tácticas a tomar en contra del gobierno revolucionario cubano, muchos de los sicarios latinoamericanos y caribeños coincidieron, en el tiempo y el espacio, con tales pretensiones. E incluso, algunos de ellos, motivaron las acciones en el seno de la OEA, y se adelantaron, en cierto sentido, a las directrices norteamericanas. Tal fue el caso, ya analizado, de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana. Si existen dudas de la utilización norteamericana de la OEA, un documento recientemente desclasificado por los EE.UU. expone que el Director de la CIA, Allen Dulles señaló el 9 de julio que “[…] parecía probable que la mayoría de los gobiernos de la OEA serían capaces de ver la conveniencia de una reunión de los Ministros de Relaciones Exteriores de las Repúblicas Americanas para tratar el problema general de la situación en el Caribe, en respuesta a la argumentación de la República Dominicana de que la misma estaba siendo atacada por enemigos extranjeros.” (Memorandum of Discussion at the 412th Meeting of the National Security Council, Washington, July 9, 1959. Eisenhower Library, Whitman File, NSC Records. TOP Secret. Documento 331, pp. 555. En, Tomás Diez Confrontación Cuba- Estados Unidos. (1959-1960), Editora Política, La Habana, 2003, p. 33).
Todo parecía confluir en un clima que propiciara una reunión de la OEA en donde se trataría de acusar a La Habana y, de esa forma, tomar medidas de seguridad colectiva contra ella. La conjura trujillista, a la cual el gobierno de los EE.UU., le dio el visto bueno y se “alejó” lo suficiente para que quedara en el plano de las relaciones entre los gobiernos americanos, tomó mayor fuerza cuando se produjo el desembarco de dominicano-cubanos y latinoamericanos en la lucha contra Trujillo (ya expuestos anteriormente), En esa última dirección coincidió el gobierno venezolano, quien ya había sido agredido por el dictador dominicano.
En el mes de junio y concordando “casualmente” con las preocupaciones de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los EE.UU. que se mostró “perturbada por la magnitud y el aumento creciente de ayuda militar a América Latina”, el Presidente del Perú, Manuel del Prado propuso una conferencia de desarme en América Latina que, lógicamente, ganó el respaldo de los círculos de poder norteamericanos que estaban enfrascados en que el Gobierno de Cuba no adquiriera ningún armamento del exterior, aunque estos hubieran sido contratados por el gobierno de Batista. Entrado el verano de 1959, específicamente el 6 de julio, el gobierno haitiano a través de su embajador en la OEA, llamó a realizar una Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores, porque al decir del diplomático, la situación del Caribe era tensa y merecía el interés común de todos los estados del hemisferio. Ello concordaba perfectamente con la queja de Trujillo de que Cuba había agredido a su país.
Luego de varias complicaciones dadas por las distintas solicitudes de los gobiernos de Ecuador, Perú, República Dominicana y los Estados Unidos y, más adelante, el de Venezuela, quien acusó a los agresores trujillistas, el delegado dominicano, extrañamente, retiró su queja contra Cuba y Venezuela, sumándose a la idea de una reunión de cancilleres, la cual se aprueba el 13 de julio. El gobierno de Cuba, dando por consumada tal pretensión presentó, en las sesiones previas a la misma, un tema esencial para que fuera incluido en la agenda de dicha conferencia: “Subdesarrollo económico e inestabilidad política”, considerando que las situaciones del subdesarrollo dependiente en cada país, con sus nefastas secuelas económicas y sociales, eran las causas básicas para que no pudiera mantenerse una paz y una democracia en la región en su conjunto. Tal propuesta, definitivamente, no obtuvo los dos tercios de los votos necesarios para ser aprobada.
Sin embargo, algunos días más tarde, los mismos países que no habían votado a favor del proyecto cubano expusieron que, en realidad, el tema cubano quedaba incluido en el “Punto No. 1” del temario, referido a la necesidad de observar y cumplir los principios de no intervención y agresión en la situación de tensión internacional existente en el Caribe. Tan rara inclusión, estuvo dada por la interpretación que se le asignó al proyecto cubano, el cual fue aprobado por 17 países. Finalmente, la V Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA comenzó, a pesar de las diferencias y la oposición cubana, el 12 de agosto de 1959 hasta el día 17, en la ciudad de Santiago de Chile. La situación política como consecuencia de los debates fue muy complicada y aguda, principalmente las discusiones entre el canciller cubano y el dominicano.
El ministro cubano Raúl Roa, un mes antes de iniciarse la misma, apoyándose en un profundo conocimiento de la historia del continente y de los instrumentos del orden internacional y regional vigente, puso al descubierto la patraña de la queja dominicana y evidenció que solo las dictaduras en el hemisferio eran las que violaban los artículos de la Carta de la OEA, la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca e inmediatamente, enumeró los crímenes del régimen de Trujillo y lo sentó en el banquillo de los acusados. Y declaró inatinente la aplicación del Tratado de Río de Janeiro (TIAR), porque Cuba no podía ser acusada de agresiones ya que la figura constitutiva de agresión estaba fuera de lugar.
El “Canciller de la Dignidad” -como sería nombrado por el Comandante en Jefe Fidel Castro y los pueblos latinoamericano-caribeños- expuso de manera contundente que “[…] La razón profunda por la cual la zona del Caribe está embravecida, y no ahora, sino desde hace mucho tiempo, es simplemente la carencia de democracia. Esta es la razón por la cual hay numerosos núcleos de exiliados que van y vienen de uno y otro país y que cuando les llega la hora tratan de volver al suyo, con un legítimo derecho. Estos exiliados provienen exclusivamente de países en los cuales la democracia ha sido abolida. […] Habrá intranquilidad en el Caribe, porque a los regímenes dictatoriales les interesa mucho que exista perturbación en el Caribe, porque al amparo de ella es que viven y medran”. (Raúl Roa García Sesión Extraordinaria, Consejo de la OEA, 2 de julio de 1959. En, Raúl Roa. Canciller de la Dignidad, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1986, pp. 31-33).
Y finalmente, expresó que el Gobierno de Cuba está convencido que todo esas acusaciones lo que pretenden es “[…] crear a Cuba un ambiente internacional hostil, y organizar en Cuba una conjura internacional de tipo intervensionista, a los efectos de interferir, obstaculizar o malograr el desarrollo de la Revolución Cubana”. En su intervención en la V Reunión de Consulta de Cancilleres, Roa reafirmó que ésta es la primera vez que el pueblo de Cuba comparece tan plena y genuinamente representado en una Reunión de Cancilleres. Confirmando que el triunfo de la Revolución Cubana representa, en su más pura y efectiva acepción, el ejercicio del poder en nombre del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nunca la democracia tuvo en América expresión más directa y auténtica que en esta coyuntura estelar de nuestra agitada existencia. Y más adelante, respondiendo a las acusaciones de comunista y apéndice de la URSS y China, que comenzaban a endilgarle al proceso revolucionario cubano dijo que “[…] No resulta ocioso precisarlo. La Revolución Cubana no está a la derecha ni a la izquierda de nadie: está al frente de todos, con posición propia e inconfundible. No es tercera, ni cuarta, ni quinta posición. Es nuestra propia posición.” (Raúl Roa García Intervención en la V Reunión de Consulta de Ministros de relaciones Exteriores de la OEA. En, Idem., p. 34).
El final de la reunión era previsible. La acusación contra Cuba de que interfería en los asuntos internos de otros países fue desbaratada (no hubo consenso) y con ello la posibilidad de que se activaran los instrumentos de seguridad colectiva y una intervención de la OEA en los asuntos cubanos. Sin embargo, a pesar del triunfo diplomático, los EE.UU. lograron que dos órganos de la OEA, la Comisión Interamericana de Paz y la de Derechos Humanos se pusieran en funcionamiento y desplazaran de los debates la propuesta cubana de la necesidad de la solución de los problemas del desarrollo económico. A partir de entonces, estos órganos comenzaron a archivar distintas acusaciones contra la Revolución Cubana y prepararon un dossier para futuras reuniones de la OEA. Cuba comenzó a ser monitoreada políticamente con el fin último de, en el momento adecuado, lograr lo que no habían alcanzado en la V Reunión de Cancilleres.
Las conclusiones de la V Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, además de la derrota de la maniobra anticubana, demostraron dos problemáticas paradójicas del sistema interamericano. Por una parte, la Revolución Cubana, aunque hostigada en el seno del organismo hemisférico, había logrado insertarse en el mismo con una voz independiente y propia logrando una tribuna política pública para exponer los planes y realizaciones del proyecto revolucionario tanto en el plano socioeconómico y político y, a la vez, acusar constantemente los planes de agresión contra Cuba. Su discurso no se remitió solamente a la defensa de la nación cubana sino que se pronunció contra las dictaduras militares, la falacia de la democracia representativa burguesa y contra el imperialismo norteamericano y todas las formas de explotación y opresión nacional.
Se alcanzó entonces un espacio internacional y regional importante para exponer sus lineamientos esenciales en política exterior. El aislamiento absoluto de la Revolución Cubana, a partir de ese momento, se hizo prácticamente imposible porque su eco positivo aumentó por instantes. La solidaridad de ella y hacia ella fue in crescendo y la opinión pública latinoamericana creció y tomo partido a favor de la Revolución Cubana.
Por otra parte, los EE.UU. y las oligarquías latinoamericanas y caribeñas, incluidas las perennes tiranías, también obtuvieron ciertos avances en la campaña anticubana. Las acusaciones de que Cuba era la causa de las tensiones en el subcontinente ganaron terreno bajo el signo ideologizante de “la amenaza del comunismo” y la “exportación de la revolución”. La activación de la Comisión Interamericana de Paz fue símbolo de los propósitos de las futuras batallas en el terreno diplomático y político. Pero el consenso para aislar, sancionar y atacar a la Revolución Cubana, aún no se había logrado lo que hizo evidente que la presión norteamericana debía aumentar sobre los representantes de las democracias burguesas del continente.

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 Artículo 10
 Artículo 16
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