Source: http://www.libertadidioma.com/2005/20050517.htm
Timestamp: 2018-11-16 09:36:05+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Martes 17 Mayo 2005
FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS ABC 17 Mayo 2005
ETA decide
Editorial ABC 17 Mayo 2005
Zapatero y la línea de firmeza
Valentí PUIG ABC 17 Mayo 2005
Antonio JiMÉNEZ La Razón 17 Mayo 2005
Democracia «Cuéntame»
Carmen MARTÍNEZ CASTRO ABC 17 Mayo 2005
ETA y sus “dos años y medio sin matar”
EDITORIAL Libertad Digital 17 Mayo 2005
José García Domínguez Libertad Digital 17 Mayo 2005
ABC 17 Mayo 2005
López, acólito e indigno
Ignacio Villa Libertad Digital 17 Mayo 2005
La paz y otros lemas orwellianos
Cristina Losada Libertad Digital 17 Mayo 2005
Sprächenpolizei catalana
Xavier Horcajo. Época 17 Mayo 2005
Sí, pero aclarando
JOSEBA ARREGI El Correo 17 Mayo 2005
MANUEL MARLASCA La Voz 17 Mayo 2005
Usos del terrorismo
KEPA AULESTIA La Vanguardia 17 Mayo 2005
Más lenguaje creativo
SANTIAGO GONZÁLEZ El Correo 17 Mayo 2005
JUAN JOSÉ R. CALAZA La Voz 17 Mayo 2005
«No nos podemos fiar de quien traiciona a las víctimas»
La Razón 17 Mayo 2005
La primera víctima del último engaño
FORO DE ERMUA, AVT Y PP UNIDOS CONTRA EL DIÁLOGO CON ETA
Libertad Digital 17 Mayo 2005
POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA ABC 17 Mayo 2005
TODO reino dividido será destruido, recordaba Cortés, ante México, citando el Evangelio de San Lucas. Pienso a veces en ello.
Hoy, el mundo se unifica y avanza a pasos agigantados. Siguiendo el modelo occidental y hasta americano, digan lo que digan. Es un tren en marcha. Y no hay buenas perspectivas para que demos un salto y entremos en alguno de los vagones.
Miren en torno. Verán los dos gigantes, China e India, que aumentan su integración, crecen a paso acelerado, se occidentalizan. Aunque quede, también, una capa tradicional. Igual Japón, Taiwán, Vietnam... Crece Europa, progresan en ella los bálticos y los orientales. Inglaterra se reafirma: va hacia adelante sin arrepentimientos. Hasta los países árabes, pese a estallidos antioccidentales espasmódicos, se acomodan poco a poco al mundo moderno: Egipto y Marruecos, ahora Siria, Afganistán e Irak pese a todo, creo que Irán (mirado por dentro, no la costra), hasta Palestina después de Arafat.
¿Y España? Está mirando a un pasado falseado; y no a su ombligo, sino a múltiples ombligos. Poniendo en el centro las causas marginales, proponiendo primero pluralismo y luego federalismo, olvidando aquello que sobre la unidad, la lengua, la igualdad decía la Constitución (¡que además quieren enterrar!), guiñando el ojo a los separatistas. Vivimos el espectáculo impresentable que nos traen a casa ciertas oligarquías autonómicas (mucho ojo, hay que pactar con ellas).
Y todo se fracciona, también el socialismo. Tabiques nuevos cada día (duplicidades, derroches, enfrentamientos). Se contagian. Carod logra de ETA paz para Cataluña, Fraga pide a Castro que suelte de prisión a los gallegos, yo voy a pedirlo para los de Salamanca (pero mal asunto, el del Archivo).
En tanto, vivimos bien, mejor que en ningún sitio, que yo sepa. Y nos entretenemos con el fútbol, la telebasura, las revistas del corazón, que dicen. En otros sitios crecen la seriedad, la moral de trabajo, el sano orgullo nacional, hasta la religión. Aquí, la ciudad alegre y confiada (angustiada por dentro). Estamos, tontamente, perdiendo el tren.
Con Aznar, sí, me atrevo a decirlo, vivíamos mejor. Cometió errores de arrogancia, de falta de persuasión, de timidez («coste político»), otros como los que sufrimos todos. No es cuestión de recordarlos. Pero creció la nación, vivimos de ello todavía. Hablaba con la oposición, mantenía a los nacionalistas en términos medio razonables. Acorralaba a ETA y Batasuna.
Luego... Huimos de la alianza que nos ponía en el centro del mundo o junto a él (ahora van los ministros a besar la bandera de las barras y las estrellas, a ver si les perdonan). No por eso ganamos aliados. Y puesta ya bajo el ala la cabeza, gracias a olvidos de la Constitución y una Ley Electoral nefasta, volvemos al cada vez más revuelto gallinero. A los culpables de esto se les da trato de VIP. Pero, perdón, me extraviaba: no pensaba escribir hoy del País Vasco, me comería el artículo, lo que sucede es demasiado horrible, todos lo saben: ojalá nos equivoquemos todos.
¿Cómo empezó ese gallinero? Bueno, un poco es connatural a la especie humana, la democracia es un sistema para lograr racionalizarlo. Con éxitos alternativos, ahora estamos, otra vez, en lo bajo de la curva.
El cáncer empezó en Cataluña, hacia el 1900. Insolidaridad en lo de Cuba, «poesía y aranceles» que decía Jesús Pabón. En realidad, el compromiso (que no conquista) de las coronas de Aragón y de Castilla, a comienzos del XV, fue excelente para todos. ¿Por qué los políticos catalanes, que no los ciudadanos catalanes, crearon, continúan creando un conflicto artificial, contrario al interés de todos? Ofrecen una imagen de Cataluña falsa, desprestigiante: la del rico llorón y pedigüeño. Quieren más dinero, más poder. De igualdad, de solidaridad, de intereses comunes: nada.
La Segunda República quiso curar el cáncer con un Estatuto, luego vino otro, ahora quieren el tercero. Ningún arreglo, nada otra vez.
Lo peor es que el cáncer se extendió. Con Sabino Arana llegó al País Vasco, cargado de mitos absurdos. Y los mitos llevaron hasta las pistolas y a las alianzas contra natura y... Me detengo otra vez hasta ante el precipicio. Ya veremos.
Y luego vino el contagio a Galicia, y el intento de cura con un autonomismo general. Trajo algunos beneficios, siempre desde cerca se ve más. Pero también generalizó y ahondó el problema. Ahora todos somos parte de él. El mirar al propio ombligo más que al de la nación se hizo lo habitual; hay, ciertamente, quienes se resisten. Pero el aldeanismo, el encerrarse en compartimentos, crece y crece. Así no se construye una nación.
Como si España fuera una tarta a repartir y no un país a hacer crecer entre todos. Como lo dijo Kennedy: se trata de hacer algo por el país, más que de que el país lo haga por nosotros. Así habían hablado antes los viejos atenienses -Isócrates, el orador, lo recuerda- antes de que cayeran, también ellos, en el puro egoísmo.
Este nuevo (y tan viejo) curso, recuerden las taifas, pide un mito. Un mito siempre es bueno. Están los malos que obstaculizan el progreso (todos lo habíamos creado) y los buenos que quieren renovar el viejo paraíso. El suyo es la Segunda República. Para mí (y para muchos socialistas, tras la guerra civil) es exactamente lo que habría que evitar.
El otro día encendí excepcionalmente la TV (cada vez menos, y a ciertos personajes les quito la voz), creo que era La 2, había una especie de historia de España, con hagiografía y todo. «Cinco años de paz», decía uno. ¡Me hacéis reír, don Gonzalo! Yo era un chico de nueve años, mi portera bailaba de contenta, íbamos a vivir tan bien sin Rey. En tanto ardían los conventos. Y luego los socialistas organizaban una o más revoluciones, los separatistas catalanes proclamaban el «estat catalá», luego Largo Caballero y los comunistas... ¿Qué decir?
En esa pequeña ciudad castellana de derechas en que yo vivía, hijo de padres liberales, los chicos andaban a cantazos con los curas, los obreros del barrio vecino celebraban el primero de Mayo diciendo que iban a jugar al billar (¿sabían lo que era?) con la cabeza de Gil Robles. Contra cierto socialismo y cierto independentismo yo quedé vacunado para siempre. Por favor, entierren ese mito. Huele ya mal.
Por supuesto, que la República contaba con gente liberal espléndida, que elevó la cultura. Pero quedaron atrapados por una máquina horrible. Y cuando Azaña y Prieto y otros escribieron cosas admirables, era ya tarde en demasía. ¿Qué dirían hoy al ver la sacralización del mito que fue su ruina?
Aquella Segunda República (¡y no hablemos de la República Federal, en la Primera) es un mal sueño. Terminó como no podía ser menos, pero la salida fue peor todavía. Por favor, no mitifiquen esos paraísos. No hay paraíso sin serpiente, ya ven lo que pasó con Adán y Eva. ¡Y antes Luzbel se había rebelado contra Dios!
No seamos tan ambiciosos, busquemos un régimen civil en el que todos convivamos. Vivamos en una nación una, aunque sea redundante: no opresora, pero no oprimida, como ahora. Las pequeñas ambiciones de los hombres pequeños y la cobardía en hacerles frente, no otra cosa, son nuestros problemas.
¿Por qué no mirar adelante? Ahí están los desafíos: una unidad de la nación, sin tabiques ni disputas estériles ni nuevas constituciones. Un progreso económico, un entramado internacional en que los EE.UU. son esenciales. Una educación seria, sin tontunas pedagógicas. Una demografía protegida. Un sitio para los licenciados universitarios, que vegetan con bequillas bastante inútilmente y vuelven sin saber dónde meterse. Un apoyo a la cultura de verdad, menos culturilla, menos desmoralización de todos. Menos tópicos falsos difundidos por la TV, más ética. Menos bandazos. Sería mejor para no perder el tren.
SI el empate reiterado que ayer se produjo en el Parlamento vasco para la elección de su presidente es la fotografía de la «normalización» que justifica la nueva política del Gobierno socialista, las cosas parecen haber avanzado bastante poco. Al candidato del PSE, Miguel Buen, sólo le apoya el PP; y al candidato nacionalista, Juan María Atutxa, el tripartito habitual (PNV, EA e IU) más Aralar. Es decir, mitad y mitad, con el Partido Comunista de las Tierras Vascas como árbitro complacido de la situación. Así que el escenario tan optimista que se abrió tras las elecciones autonómicas del 17-A consiste, por ahora, en que el entramado batasuno (es decir, ETA) es el que va a decidir quién es la segunda autoridad de la Comunidad Autónoma vasca. Y eso que el PCTV no ha condenado las cuatro bombas que estallaron el domingo en Guipúzcoa, lo que resulta, sin discusión, la prueba directa de la vulneración de la Ley de Partidos Políticos, aunque una vez que sus parlamentarios han tomado posesión, la ilegalización del partido ya no les privará de sus actas de diputados.
Ahora caben varias opciones. La primera es improbable: que el candidato socialista conserve el apoyo del PP y sume el de los proetarras del PCTV. La segunda es que el bloque nacionalista de la Cámara llegue a un acuerdo e imponga a su candidato, y la tercera, no improbable, que se produzca un consenso entre PNV y PSE. La abstención del PCTV, como la reunión que mantuvieron sus representantes con Patxi López, puede no ser más que una demostración de fuerza frente al PNV para forzar un acuerdo sobre la composición de la Mesa de la Cámara. Pero al mismo tiempo es una prueba de que la política vasca del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, está generando riesgos nuevos, que estaban descartados hace sólo unos meses, cuando la izquierda abertzale tenía un pie en el ostracismo político definitivo, gracias a la Ley de Partidos. Es obvio, y puramente retórico, preguntarse por el beneficio que conlleva este reforzamiento político de ETA, que tiene en su mano la presidencia de la institución democrática de los vascos. La historia reciente de la lucha antiterrorista iba en sentido contrario, en dejar a ETA fuera de las instituciones representativas, porque no importa el número de los votos que respalden a la organización terrorista, sino el deber del Estado de establecer reglas precisas de participación en el sistema democrático. No es digno que la presidencia de un Parlamento la decida, en última instancia, una organización terrorista, pero es indiciario del escenario en el que se va elegir al lendakari.
En el día en que el Congreso de los Diputados va a votar una propuesta de resolución que habla de «final dialogado» de la violencia -cuarenta y ocho horas después de cuatro bombas contra otras tantas empresas-, el PSOE vuelve a tener la prueba de que a la hora de la verdad, es decir, cuando están en juego cambios reales de la situación política vasca, cuando se trata de disputar poder al nacionalismo, sólo tiene a su lado al Partido Popular, y en frente a un bloque que no se anda con especulaciones ni experimentos. Esta lección, aun previsible, es toda una impugnación de las duras críticas que el jefe del Gobierno lanzó contra el PP el pasado domingo, en el mitin que celebró en Santiago de Compostela. A pesar de ellas, el PP reprodujo ayer, en Vitoria, la unidad de los demócratas que hasta ahora ha funcionado verdaderamente frente a ETA, la del Pacto Antiterrorista, el instrumento más útil en la lucha contra la violencia y con mayor consenso social de cuantos han sido utilizados por el Estado en su batalla contra el terror.
Nadie le niega al Gobierno su legitimidad para marcar su propia estrategia, pero asumiendo los costes de su responsabilidad ante una propuesta que implica un cambio de rumbo estructural en cuanto a la manera de lograr el fin del terrorismo. El Parlamento, presumiblemente con los votos de ERC, PNV e IU, secundará hoy la moción socialista que orilla el Pacto por las Libertades. Sólo queda confiar en que los hechos den la razón al presidente del Gobierno. Se abre una nueva etapa con ETA en poder de una llave que antes era de uso exclusivo del Estado.
Por Valentí PUIG ABC 17 Mayo 2005
LA fuerza aérea rusa intentó disolver las nubes portadoras de lluvia durante los desfiles conmemorativos del final de la Segunda Guerra Mundial. El procedimiento fue químico y las nubes desaparecieron, pero no se sabe si fue una gesta de la ciencia o por azares del dios de la lluvia. Rodríguez Zapatero también recurre a la alquimia política para alejar los nublados del País Vasco. Por ahí pasan nubes de toda naturaleza, algunas cargadas de electricidad, otras con escondrijos de armas o con partidos que transitan atmosféricamente con el DNI falsificado. El debate del estado de la Nación fue un episodio más, acompañado de precipitación mediática a la hora de dictaminar quién gana o pierde. La victoria era epidérmica. Lo que importaba era marcar cotas con claridad, definir objetivos o conjurar nublados. La pérdida de la confianza en la confianza fue el primer resultado obtenido y lo que tenemos es una divergencia de gran magnitud, reveladora de no pocas cosas que estaban en ciernes. Llegados a este extremo, es mejor conocer la dimensión real de tanta disparidad entre PSOE y PP que acurrucarse en un burbuja. Todos pretenden acabar con el terrorismo, pero los caminos se distancian y los métodos son antitéticos.
En el primer epílogo al debate, Mariano Rajoy aportaba dos argumentos nítidos: según el primero, el presidente del Gobierno ya le ha engañado en dos ocasiones; según el segundo, de querer reconstruir Rodríguez Zapatero el consenso previo debiera ilegalizar el Partido Comunista de las Tierras Vascas. Así es como Rajoy ha ido cazando a lazo, prolongando el debate después de que los marcadores indicasen puntuaciones prematuras. No estamos en una de tantas escaramuzas políticas: esta crisis puede dejar resquebrajado algo más que la confianza en la confianza. En la medida en que la opinión pública lo perciba quizás irán siendo más condicionadas las ligerezas y los apresuramientos porque, incluso en la hipótesis de un tramo final de la organización terrorista ETA, acelerar o precipitar los resultados constituye una política de riesgo muy elevado, sobre todo si se anda buscando a la vez el efectismo político y la desactivación real de la amenaza.
A la vista de otros procesos de esta entidad, lo que se sabe es que -por bienintencionada que sea la predisposición a un final concordado- es fundamental mantener la firmeza hasta el último momento e incluso más allá, sin bajar nunca la guardia. En los «años de plomo» de Italia, llegados a su límite con el secuestro y asesinato de Aldo Moro, la «linea della fermezza» fue lo que salvó el Estado, con los matices que se quieran. Según los secuestradores, la carta del Papa Pablo VI en la que pedía la liberación de Moro «sin condiciones» fue como un mazazo. De otros procesos se derivan lecciones más concretas y casi todas giran en torno de la tolerancia cero en caso de incumplimientos de una tregua. Es el caso de la banda terrorista IRA: la imprecisión por demasiadas prisas en los acuerdos del Viernes Santo ha dejado en activo arsenales y sistemas de extorsión, como recientemente se ha demostrado. Sustancialmente, la simultaneidad de conversaciones -las mesas en paralelo, los diálogos superpuestos, avanzar dejando flecos atrás- tiene la virtud ilusionista de aproximar al final, pero al precio de una superposición de ambigüedades que a la larga se acaban pagando. En nuestra circunstancia actual, la decisión de que el Gobierno respalde su iniciativa en sus socios parlamentarios y la concierte con el PNV mantiene al Partido Comunista de las Tierras Vascas en sus escaños, salvo si la Justicia decide lo contrario. En consecuencia, Otegui pide que no se persiga a ETA y que Herri Batasuna sea legalizada. Demasiados nublados para que la «linea della fermezza» esté clara en el horizonte.
El Congreso bendecirá hoy, con la oposición del PP, la «hoja de ruta» de Zapatero para dialogar con ETA. Con la moción socialista, el presidente oficializa su ingreso en el club de Carod-Rovira, el mismo que pactó con la banda que Cataluña debía quedar al margen de su actividad criminal aunque siguiera poniendo bombas al sur del Ebro. Cuando Puigcercós, en el reciente Debate sobre la Nación, dio la bienvenida al club a Zapatero por defender lo mismo que se le criticó a su jefe Carod hace año y medio, el presidente asintió desde su escaño y legitimó, de forma tácita, la reprobable y miserable conducta del dirigente independentista. De ahí ha pasado a guardar un sospechoso silencio sobre las cuatro bombas que explotaron en Guipúzcoa el domingo. Por todo ello, antes que combatir hipotéticos vientos de deslealtad e imaginativas mareas de intolerancia, Zapatero debiera airearse con el viento de la historia y sumergirse en la marea humana de las víctimas para impedir que el poder se anteponga a los principios y aquéllas sean traicionadas en su dolor, como han escrito la madre de Joseba Pagaza e Irene Villa. Las víctimas, a las que tanto mal les ha causado ETA, podrían perdonar, pero jamás van a renunciar a buscar la justicia por todos los medios legítimos, dejó dicho monseñor Amigo en el último homenaje al matrimonio Jiménez Becerril.
Por Carmen MARTÍNEZ CASTRO ABC 17 Mayo 2005
EL centro de alerta inmediata sobre las desviaciones de la pureza democrática permanece mudo. Ni escándalo, ni alarma, ni queja, ni leve resquemor de inquietud. Nada. Ni uno sólo de los habituales centinelas de lo políticamente correcto ha señalado con su dedo acusador el último resbalón totalitario de nuestras autoridades. Y eso que el patinazo ha sido de impresión, toda una costalada en el charco del más insólito abuso de autoridad.
Dos militantes de la oposición fueron detenidos por participar en una manifestación autorizada. Se actuó contra ellos sin pruebas y en contra de la opinión del responsable de la investigación policial. Por último, sus nombres fueron aireados en determinados medios de comunicación -los de siempre, ya saben- como peligrosos y violentos ultraderechistas. Antes de escuchar su testimonio sobre las supuestas agresiones al ministro Bono ya se había dado la orden de detenerles. Consumado el atropello, el caso se cerró con la igual celeridad. Visto y no visto, pero sin duda muy maloliente.
No hubo delito, pero hubo culpables; no hubo falta, pero se practicaron detenciones; no hubo pruebas, pero sí consignas políticas para excitar la actuación policial. No ocurrió en la Venezuela de Chávez, sino el pasado enero en Madrid, pero los paladines de la libertad y los apóstoles del Estado de Derecho siguen callados como muertos. Jueces para la Democracia no ha tenido el detalle de obsequiarnos con uno de esos prolijos y combativos comunicados en los que nos advertía del mal del que habría de morir la democracia a manos del PP, los fiscales antifascistas han preferido guardar un vergonzante silencio, el ministro del Interior sigue haciendo de Belinda fea de este Gobierno y el socio de Carod-Rovira, Rodríguez Zapatero, dedica todo su tiempo a ese proceso de paz tan fantasmagórico como las supuestas agresiones a Bono.
Ni uno solo de los siete enanitos parlamentarios que hoy le van a hacer los coros a ZP en su solo negociador con ETA le han concedido un minuto al episodio de Madrid. La calidad de la democracia, según esta tropa, se reduce a la presencia de EHAK en el Parlamento Vasco y a los matrimonios de homosexuales. Es más que sectarismo, es la prueba palpable de que vivimos en la democracia de «Cuéntame»: somos herederos de los Alcántara y así no hay manera. Confundimos la democracia con demagogia progre y la historia con los ajustes de cuentas. El portavoz oficial de los supervivientes españoles de Mathausen ha resultado ser un cara que trabajó para la Alemania nazi y los gurús del antifranquismo firmaron ditirambos a favor del dictador. ¿Qué democracia sale de estos mimbres? La que tenemos; acomplejada, contradictoria y flojita de remos; tan entregada de antemano como el pobre Antonio Alcántara.
DESCARNADA, valerosa y sobrecogedora carta abierta a Patxi López la escrita por Fernando Savater, Rosa Díez, Maite Pagazaurtundúa, Nicolás Gutiérrez, Estíbaliz Garmendia (viuda de Joseba Pagazaurtundúa) y Mikel Iriondo. En ella se reprocha al secretario general de los socialistas vascos el «desprecio» infligido a María San Gil -«¿qué te ha hecho?, ¿qué nos han hecho a los socialistas los votantes vascos del PP para que su representante merezca menos cortesía, en el fondo y en la forma, que la que les brindaste a esas tres mujeres de EHAK? Nosotros, ni a María ni a sus votantes podemos reprocharles nada...»-. La esperanza en el País Vasco se escribe con rectos renglones de dignidad: la que mueve, por encima de ideologías, a un puñado de hombres y mujeres comprometidos con la libertad.
Mientras el presidente del Gobierno no ha hecho todavía mención alguna a las cuatro bombas colocadas este domingo por ETA en empresas del País Vasco -ni siquiera para condenarlo-, el PSOE ha insistido en defender sin tapujos la negociación con la banda con una nueva tesis: "llevan más de dos años y medio sin matar"; cosa que, oyendo a Rubalcaba y a Blanco, haría a los terroristas merecedores de una negociación como la que este martes se somete a votación en el Congreso de los Diputados.
Si la razón por la que “ETA no ha matado en dos años y medio” es por que los terroristas no han podido hacerlo, sería suicida que la firmeza del Estado de Derecho que lo ha imposibilitado -y que radica en no volver a estar dispuesto a pagarles ni precios políticos ni penitenciarios, ni a quien sacude al árbol, ni a quien recoge las nueces-, diera paso a entablar negociaciones -tal y como se propone Zapatero- con quien no tiene más “legitimidad” que haber asesinado -hace “más de dos años y medio”, eso sí- a casi un millar de españoles.
Si la razón por la que “ETA no ha matado en dos años y medio” es también porque los terroristas no han querido, -tal y como Rubalcaba apunta al decir que los etarras “deben tener también otra cosa en la cabeza puesto que matar es relativamente fácil cuando uno tiene una pistola y una psicopatología cerebral" -, entonces el gobierno nos tendrá que explicar qué pretende Zapatero negociar con unos “psicópatas”, cuando ni siquiera han soltado las pistolas. Y, sobre todo, nos tendrán que explicar para quienes eran entonces los 500 kilos de explosivo que los etarras transportaban hacia Madrid y que la policía interceptó una semana antes del 11-M.
Negociar con los terroristas para que ETA siga sin matar o para que deje de hacerlo es la misma abyecta claudicación del Estado de Derecho, la misma traición a los muertos, la misma falsa paz.
En un cuento que podría haber imaginado Kafka si no lo hubiera escrito Wells, un personaje que podría haberse llamado Zetapé si no lo hubieran bautizado Smith, pierde fortuitamente su diccionario. A partir de ahí, Smith, que podría haber conseguido otro si por el camino no hubiera olvidado también el interés por los significados de las palabras, nota que además acaba de extraviar todos sus principios. Él, que siempre caminara cargando la solidez plomiza de un saco de buenas intenciones, comienza a notar entonces que su naturaleza toda sufre una transfusión de vacío; lo ha invadido la perfectamente soportable levedad del helio. Pero sólo cuando se descubre estrellado contra el techo de su despacho, antes de tratar de reptar por las baldas de la biblioteca camino de un refugio seguro en el hueco de la mesa, comienza a ser consciente de su drama.
Dice Gotzone Mora de un gobernante que se podría apellidar Smith si ella no lo llamara Zapatero, que una bomba lo llevó al poder y que otra bomba podría despegarlo de él. Y dice bien. Porque, desde hoy, la Eta guarda las llaves de aquel concesionario de la Citroën en Ponferrada con una zeta y una pe grabadas. Y es que, a partir de hoy, en la hora del entierro civil del Pacto Antiterrorista, la procesión de las plañideras de renting que ha animado la ceremonia se acaba de llevar por delante el centro de gravedad de Rodríguez. E, igual que el pobre Smith desde aquel día aciago, el presidente habrá de acostumbrarse a caminar por las calles con los bolsillos de la chaqueta repletos de acero y cargando una mochila atestada de tornillos para no esfumarse en el aire.
Así, perdida la batalla de las ideas, perdida la escaramuza de las palabras, perdida la riña de los principios, y rendida la vergüenza, ahora es el Club de Perpiñán quien tiene en sus manos todos los hilos de la cometa. Porque tras la transformación de la derrota policial de la Eta en su mayor victoria política, sólo Otegi va a gobernar el ancla zapateril. A partir de hoy, el contrapeso entre la legitimidad formal que aún asiste al Gobierno y la legitimidad moral que acaba de repudiar, lo encierra una mochila llena de morralla que la Eta podría vaciar en cualquier momento. Es el propio Otegi el que lo sabe mejor que nadie, de ahí que se haya deshecho en elogios al jefe de las fuerzas de ocupación desde el mostrador de su ferretería. Arquímedes sólo necesitaba un punto de apoyo para mover el mundo; la Eta, sin embargo, podría ser capaz de conseguir lo mismo, únicamente dejando que un globo echase a volar. Ese globo que ahora se aferra a una mochila repleta de morralla.
Te escribimos después de haber visto las imágenes de tu reunión con María San Gil. Por una vez, realmente una imagen resulta más evidente que mil palabras. No necesitamos saber cómo transcurrió la reunión, qué te dijo ella o qué le respondiste tú para sentir un punto de desasosiego, un leve acceso de vergüenza ajena que se transformó en perplejidad al saber que el objeto de la reunión era decirle expresamente que no querías sus votos.
No tenías ninguna obligación de hablar con ella. Fuiste tú quien la citaste dentro de tu ronda de contactos para buscar apoyos y presentar, con alguna expectativa de éxito, tu candidatura a lehendakari. Si no querías sus votos, ¿para qué la llamaste? Cuando María respondió a tu llamada y llegó a la sede de los socialistas vascos, acompañada de sus escoltas, lo menos que se merecía era respeto y consideración .Que no le hicieras perder el tiempo y no la humillaras vanamente.
¿Qué te ha hecho María San Gil? ¿Qué nos han hecho a los socialistas los votantes vascos del Partido Popular para que su representante política merezca menos cortesía, en el fondo y en la forma, que la que le brindaste a esas tres mujeres de EHAK, que, según confesión propia, serán la voz de los cómplices de ETA en el Parlamento Vasco? Nosotros, ni a María ni a sus votantes podemos reprocharles nada. ¿Acaso te parece que es más de izquierdas atacar a la Constitución y al Estado que defenderlos...incluso cuando el Gobierno es socialista?
Dijiste que ibas a hablar con todos los grupos políticos. Lo que no dijiste es que ibas a preferir la complicidad de los correligionarios de Otegi al apoyo que te ofreció María San Gil. Tampoco dijiste que ibas a olvidar de un plumazo de dónde vienen y quiénes son esa tres mujeres que entraron en la sede de los socialistas vascos pasando bajo el arco detector de metales y dejando atrás puertas blindadas que siguen instaladas aún hoy para protegernos de los ataques de la organización terrorista a la que ellas dicen comprender y/o apoyar. Esa sede en la que tanto hemos llorado. Esa sede en cuyas paredes cuelgan los retratos de nuestros compañeros y amigos asesinados por ETA. En tu papel de anfitrión deberías habérselas mostrado. ¡Qué buen momento para exigirles una condena incondicional de los asesinatos antes de fotografiarte sonriente junto a ellas!
Con María San Gil, no hubo sonrisas ni gestos de complicidad. Y, por si había alguna duda, le dejaste claro que no querías sus votos...¡Qué lejos quedan las palabras del actual presidente del Senado, Javier Rojo, cuando él todavía pensaba que a los socialistas y a los populares en el País Vasco nos unen muchas más cosas que las que nos separan, cosas mucho más importantes que nuestras respectivas ideologías! En los campos de exterminio nazis a ningún judío le preguntaban si era de izquierdas o de derechas. Pero parece que ya no queremos ver esa realidad, que pretendemos olvidarla.
Nosotros no nos olvidamos de con quién hemos compartido manifestaciones y funerales. No nos olvidamos de que el partido que preside María San Gil ha sido golpeado por los terroristas tan ferozmente como el nuestro .Tampoco olvidaremos a quienes han sido siempre los primeros en venir a compartir nuestro dolor y brindarnos su solidaridad cuando los asesinados por ETA eran nuestros compañeros. No olvidamos que ellos y nosotros seguimos viviendo con escoltas, y que gracias a ellos hay en Andoain un gobierno municipal democrático. Y un alcalde socialista. No nos olvidamos que en el País Vasco, los votantes del PSE y los del PP tienen tantas cosas en común que en elecciones autonómicas se producen trasvases automáticos de votos entre ambas opciones, concentrándose en aquella que coyunturalmente consideran más útil para derrotar al nacionalismo obligatorio.
Por todo esto, porque no nos olvidamos, te reprochamos que desde la máxima responsabilidad del PSE-PSOE, hayas infligido a María San Gil, y por extensión a todos sus votantes, ese desprecio. No nos hemos sentido bien representados, ni en el fondo ni en la forma. Tu actitud nos ha ofendido como demócratas y como militantes y votantes socialistas. No nos ha parecido digna del dirigente de un partido centenario, una de cuyas señas de identidad más notables es el respeto a los demás y la búsqueda permanente de entendimiento entre demócratas. De un partido orgulloso de su historia y obligado a mantener y honrar nuestra memoria.
Rosa Díez, eurodiputada socialista.
Maite Pagazaurtundua, concejala del PSE-EE(PSOE) de Urnieta.
Nicolás Gutiérrez Saíz, concejal del PSE-EE (PSOE) de Ugao Miraballes
Estíbaliz Garmendia, viuda de Joseba Pagazaurtundua, asesinado por ETA en Andoain.
Mikel Iriondo, profesor de la UPV
La carta que este lunes hemos conocido –firmada por insignes militantes socialistas– y dirigida a López, deja en evidencia la torticera actitud y la denigrante estrategia que el Partido Socialista en Madrid y en Vitoria están desarrollando en la lucha contra el terrorismo. Al grito de todo vale, desde el Gobierno y el PSOE se ha iniciado una ofensiva –a lo bestia– contra el Partido Popular por no seguir las órdenes de Zapatero en los pactos con el nacionalismo y con los terroristas.
Es Zapatero quién ha ejecutado esta directriz general, y es López quién en el País Vasco ha puesto en práctica esta lastimosa gestión de laminar al único partido nacional que queda en España. La carta que se ha hecho pública este lunes con firmas como la de Pagazaurtundua, Savater o Díez demuestra que, en efecto, las propias víctimas y militantes socialistas se sienten traicionadas por sus dirigentes y que no es una exageración decir que Zapatero ha traicionado a las víctimas. Esa afirmación –por desgracia para los ciudadanos españoles– no es una maniobra dialéctica, es la realidad de la situación.
Leída la carta y vistos los firmantes, además de lo dicho hay otra conclusión. Zapatero tiene contestación interna sobre la gestión que está haciendo del País Vasco. A Zapatero se le crítica y a López se le denuncia. No es de recibo para alguien que tenga principios democráticos mostrar el trato que mostró la semana pasada en la entrevista que López tuvo con María San Gil. Ya sabemos donde están los enemigos de López y donde están los amigos. Para este hombre –que ciertamente ha perdido la dignidad política– sus amigos son los proterroristas del Partido Comunista de las Tierras Vascas; y los enemigos son el Partido Popular, una formación constitucional, democrática y que ha luchado con fuerza y valentía contra el terrorismo.
Llega la hora del gran engaño y para ver sus entretelas hay que volver a 1984. A la novela de Orwell, aunque tampoco está de más regresar a 1982 e incluso antes, cuando, tal como contaba Redondo Terreros en ABC, se aceptó la noción de que la ETA era imbatible y que habría que negociar con ella. Una idea inseparable del plus de legitimidad concedido a los nacionalismos, que condenan el terrorismo, pero se proponen explotar su coincidencia con los objetivos de la banda: la secesión –primero de facto, luego ya se verá– que les asegure el control absoluto de sus feudos.
Con Rodríguez en La Moncloa se ha dado un salto cualitativo en ese proceso. Ahora, la cúpula socialista otea mayores ventajas en la zarabanda de la secesión fáctica que en el mantenimiento de la nación. Pues la nación, aparte de un concepto discutido y discutible, es un lugar donde a veces gana las elecciones la derecha. Y en impedir ese tipo de retroceso histórico para el PSOE ha decidido empeñar Zetapé todo su esfuerzo. Es por eso, porque ha llegado la hora de repartirse el bacalao entre socialistas y nacionalistas, que existe esa nueva oportunidad para negociar con la ETA. La mesa ya la han puesto. Las reformas estatutarias son el entremés.
Los escuderos de ZP recuerdan que la banda lleva dos años sin matar y van soltando mensajes contradictorios. Si no mata porque está débil, ¿por qué no reafirmarse en acabar con ella? Ah, pero quizá tiene una “cosa distinta” en la cabeza, dice Rubalcaba, meritorio empleado del Ministerio de la Verdad, el que fabrica noticias y espectáculos. Blanco, del mismo departamento, insiste en blanquear el pasado reciente de la banda. Y desde el Ministerio del Amor, donde según qué días mora el presidente, éste habla de paz. De lo que ya no habla es de la derrota de ETA. Sólo del “fin de ETA”. Un fin dialogado, un diálogo entre iguales.
Tras esos paños calientes, más el permiso para que la banda campe de nuevo en el parlamento y el preanuncio a las víctimas de que tendrán que hacer de tripas corazón, presentan una resolución al parlamento que dice que no se pagará precio político. Es la realidad cabeza abajo, como decía Marx que estaba en la dialéctica hegeliana. La misma perversión que en los eslóganes del partido en 1984: La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza. La ignorancia en que nos quieren sumir sembrando la confusión.
Pero el programa orwelliano no estaría completo sin los dos minutos diarios de odio, los que suministra Rodríguez cuando sale del Amor, pone la foto de la derecha y enciende la ira contra los malos que no quieren la paz. Que no son los de la ETA, claro. Se preparan muchas Semanas de Odio. Sí, es posible que la banda asesina tenga una cosa distinta en la cabeza desde el 11-M y otra distinta, y ventajosa para ella, desde el 14 de aquel mes.
'Sprächenpolizei' catalana
Bon dia! Som els inspectors lingúistics de la Generalitat ("¡Buenos días! Somos los inspectores lingüísticos de la Generalitat"). Los recepcionistas de la compañía aseguradora de la Diagonal no daban crédito.
Habían oído hablar de inspectores de Hacienda, de inspectores de trabajo, de inspectores de policía, pero ¿de inspectores lingüisticos? Y que, de existir, ¿decidan meter su nariz en la vida de las empresas privadas? Qué estilo. Casi recuerdan a la talibánica "policia religiosa".
Cautamente, los recepcionistas intentaron recabar información de unos inspectores identificados que por toda referencia insistían en que "volem parlar amb la màxima autoritat de la companyia" ("Queremos hablar con la máxima autoridad de la compañía").
Aquello produjo una conmoción, un revoloteo de consultas, llamadas y carreras. Finalmente, el director general atendió a los inspectores, en ausencia del presidente de la empresa.
Los policias lingüísticos quisieron ver todos los impresos, los contratos, los modelos de escrito en la relación con los clientes, los mensajes de los contestadores telefónicos, la publicidad de la compañía, sus comunicados internos...
Querían verlo todo a la busca de rincones de no adaptación a la lengua catalana. Cruel paradoja si tenemos en cuenta que no hay oficina de la Generalitat que cumpla con la cooficialidad del bilingüismo en Cataluña, siempre en detrimento del castellano. Pero eso, claro, a quién le importa...
La inspección no duró mucho, por supuesto; no se trataba de leer los documentos, ni de garantizar un trato adecuado a la clientela, sino , pura y simplemente, de saber en qué lengua estaban redactados.
El diálogo con los inspectores de la nueva Sprachenpolizei fue tenso y seco hasta el final.
Antes de irse dejaron claro que "un asunto tan importante no había sido atendido por la primera autoridad de la empresa" y acabaron con un "Ja tindràn noticies nostres" ("ya tendrán noticias nuestras"), que dejó helados a los inspeccionados, que aún recuerdan que nunca se les avisó previamente de su visita. ¡Como si los policías avisaran de sus visitas!
¿Serán sancionados si se les considera en supuesta falta? ¿Tendrán en cuenta que la compañía opera en el resto de España? ¿Habían sido denunciados por desafectos al régimen? Los incómodos inspeccionados aguardan esas noticias incrédulos, agobiados y, sin duda recuerdan que el tripartido acaba de cuadriplicar las "sanciones" a los pequeños comerciantes que no rotulen sus negocios en catalán.
¿Puede sorprenderse alguien de que con estas prácticas haya empresas en Cataluña que quieran deslocalizarse?
Parece que existe una mayoría parlamentaria en España para que el Gobierno, bajo la condición de que ETA abandone la violencia y el terror, inicie conversaciones con el grupo terrorista para cerrar definitivamente ese trágico capítulo de la historia vasca y española. El PP ha manifestado su oposición a todo el proceso. Sería comprensible el miedo que asalta a muchos deportistas ante un triunfo que está a la mano. No es tan comprensible esa cerrazón indiferenciada, basada únicamente en que o la historia se desarrolla según los designios del PP, o no debe haber historia alguna.
No estará de más, sin embargo, recordar que todas las cautelas son pocas cuando se trata de ETA: nos ha engañado demasiadas veces, demasiadas han sido las ocasiones en que unos u otros han caído presa de sus discursos supuestamente evolucionados, pero internamente pétreos. Algo más tendrá que hacer ETA que dejar que Batasuna pronuncie discursos distintos a los que nos tenía acostumbrados. Algún acto manifiesto de renuncia al terror será necesario para que todo el proceso pueda materializarse.
Además de esta cautela, sin embargo, es necesario clarificar los discursos y no cargar la situación con más dificultades de las que normalmente son de esperar. Me refiero a la interpretación que algunos partidos quieren dar al sí que proponen el Gobierno de Rodríguez Zapatero y el PSOE para que, supuesta la renuncia a la violencia de ETA, se pueda establecer un diálogo con ellos.
La reacción de Esquerra Republicana fue, además de políticamente malvada, una apropiación inaceptable de la política del Gobierno Zapatero cuando su portavoz en el Congreso dijo aquello de bienvenido al club: ni Zapatero, ni el PSOE, ni nadie que apoya esa política han vuelto al club de Carod Rovira reuniéndose a espaldas de todo el mundo democrático con ETA en Perpiñán. La política que propone el Ejecutivo no significa volver a una posición que decía que era necesario negociar políticamente con ETA. La situación actual, en la que se abre la posibilidad de esta política propuesta por Zapatero, es consecuencia de la acción de los poderes del Estado en todos los planos, política a la que se ha opuesto siempre ER.
Tampoco se pude dejar pasar, sin aclararlo, la afirmación de otro portavoz de ER diciendo que están dispuestos a apoyar la resolución presentada por los socialistas en el Congreso, siempre que la apoyen los partidos vascos, el PNV y EA, dando a entender que ni el PSE ni el PP de Euskadi son partidos vascos. Si algo de esto estuviera implícito en la política del Gobierno de Zapatero, pocas esperanzas de futuro tiene la política anunciada.
Tampoco ayudan mucho los comentarios de la representación del PNV en Madrid cuando afirman que el diálogo, así en genérico, siempre ha sido necesario para acabar con ETA. Lo que ahora está proponiendo el Gobierno de Zapatero es todo lo contrario a lo que el PNV ha intentado llevar a cabo bajo el epígrafe de diálogo necesario con ETA para acabar con la violencia. La propuesta actual, o está en las antípodas de Estella/Lizarra, en las antípodas de los papeles firmados por el PNV con ETA, o no sería aceptable de ninguna manera. No se trata de entablar un diálogo para ver qué hay que ofrecer a ETA para que deje de matar, sino que a partir de la voluntad manifiesta de ETA de dejar de matar, de renunciar al terror, es posible hablar de algunos problemas pendientes, como el de los presos de ETA.
Que Batasuna, por medio de su portavoz Otegi, no va a ayudar mucho públicamente en el proceso no puede sorprender: la operación de presentar como una victoria política lo que es una rendición en toda regla es complicada ante la propia gente. Pero esa situación no puede ser un permiso para poner permanentemente condiciones políticas al proceso de paz.
Y es que para que la política anunciada por el presidente de Gobierno camine por la senda correcta es preciso que quede totalmente claro cuál es el único campo de maniobras legítimo posible: no puede existir un precio político por la renuncia a matar, el Estado de Derecho no aceptará jamás un chantaje de ETA. Y esto vale no sólo para las relaciones que vayan a existir entre ETA y el Gobierno central, sino también, y en especial, para el diálogo que vayan a llevar a cabo los partidos políticos vascos para reformar el Estatuto: no puede introducirse por la puerta falsa de ese diálogo lo que no puede aparecer en la relación entre ETA y el Ejecutivo central.
Es de capital importancia que quede totalmente claro que la afirmación del Gobierno de Zapatero de que no va a haber ningún precio político por dejar de matar, que la referencia a que la política puede ayudar a cerrar ese capítulo infame de la historia vasca y española, no incluye en ningún momento y en ninguna mesa, una forma de definir la sociedad vasca, institucional y jurídicamente, en la línea de lo que ha pretendido siempre ETA.
ETA está dispuesta a hablar de lo que queda, los presos y la entrega de las armas, porque ha sido derrotada políticamente: en su intento de deslegitimar el Estatuto de Gernika, de deshacerse de él, de destruir la institucionalización estatutaria. Si esa derrota obliga a algo es a reforzar el núcleo estatutario: el pacto como única vía de definir la sociedad vasca, a través de la reforma para que el espíritu de pacto salga reforzado, no debilitado.
Por todo ello, sí a la propuesta del Gobierno de Zapatero, pero sí con todas estas aclaraciones.
SI NADIE lo remedia, el Congreso de los Diputados le pedirá hoy mayoritariamente a la banda terrorista ETA que se siente a negociar el abandono definitivo de la violencia, que así cabe interpretar la resolución que el partido socialista propone a la Cámara como colofón al debate sobre el estado de la nación. Se dirá -ya hay quien lo ha dicho- que la resolución incluye párrafos de los finiquitados pactos de Ajuria Enea y Madrid y del firmado únicamente por socialistas y populares y que, en palabras de Mariano Rajoy, está congelado. Pero eso no es más que la envoltura de la petición a la banda ETA; más todavía, es la primera muestra de lo acordado entre Ibarretxe y Zapatero en la entrevista que mantuvieron hace diez días en La Moncloa y cuyo contenido no se dio a conocer.
Para colmo, el diario Gara , vinculado a ETA, pedía el jueves a Zapatero en un editorial lo que finalmente ha hecho, tal como ha denunciado el Partido Popular, que desde luego no se sumará a la resolución; y por si todo ello no fuera suficiente, el líder de la ilegalizada Batasuna, Arnaldo Otegi, declara que le parece bien, aunque escasa, la resolución del partido socialista, que debe ir acompañada -pásmense- del cese de operaciones policiales contra ETA y su entorno, el de juicios a etarras y el de la vuelta a la legalidad de la coalición abertzale.
De ETA la única noticia que tenemos es la explosión de cuatro bombas en Guipúzcoa el domingo. Pero todos tranquilos: la propuesta de Zapatero dice que si se producen las condiciones adecuadas para un final dialogado de la violencia... etcétera, dialogarán. Rafael Vera, que es el hombre que más sabe de ETA, debería contarle al presidente su frustrada experiencia de las conversaciones de Argel y lo que nos dijo a algunos sobre la inconveniente publicidad que se dio entonces a las mismas; y Jaime Mayor Oreja, hoy en el Parlamento Europeo, debería explicarle a Zapatero lo de la tregua-trampa que él denunció cuando era ministro del Interior. O quizás baste recordarle que el ministro de Defensa, si no estuviera en su gobierno, hubiera reaccionado con una frase que repetía en cuanto se hablaba de negociar con los terroristas: «España dejaría de ser un Estado de derecho y se convertiría en un Estado de desecho». Y no seré yo quien contradiga a Bono.
QUIEN SE ADENTRE EN EL laberinto de un proceso de paz debe tener en cuenta, por ejemplo, qué causas dificultan la experiencia norirlandesa
El terrorismo se ha convertido en la reserva ideológica de la que tanto las formaciones constitucionalistas como las nacionalistas extraen buena parte de sus argumentos para intentar descolocar al adversario. La violencia no sólo es, en sí misma, una fuerza poderosa capaz de empujar a los seres humanos en quienes se ceba y a las sociedades hacia un grado de incertidumbre difícil de soportar. Constituye también un tema recurrente que aliena la convivencia. Hace más de cuatro años el pacto por las libertades y contra el terrorismo unió en un empeño común a socialistas y populares, que eran -y siguen siendo- sus víctimas. Hoy aquel pacto está en entredicho. Hace más de dieciocho años el pacto de Ajuria Enea fue suscrito por todas las formaciones democráticas del País Vasco como la definición de una estrategia compartida contra el terrorismo. Hoy su texto, reivindicado por los socialistas, ha llevado al PP a acusarlos de tender la mano a ETA. Es inevitable que tal estado de cosas lleve a buena parte de la opinión pública a desconfiar de la honestidad con la que los partidos y las instituciones afrontan el problema del terrorismo. A pesar de ello, resulta necesario imaginar que no es así, que existe un claro anhelo de atajar de una vez el problema del terrorismo, y que las discrepancias que se manifiestan son fruto del honesto afán de cada cual por hacerlo lo mejor posible para bien de todos. Entre otras cosas porque sólo desde esta ingenua consideración podríamos aclarar qué puede significar un proceso de paz en relación con ETA.
Preguntémonos, primero, qué desearía ETA. Desearía salvar su pasado para que la historia no la juzgara como los tribunales han juzgado sus actos. Desearía convertir lo que parecía una derrota inminente en una victoria sobrevenida. Desearía capitalizar para sí, para la izquierda abertzale, los frutos de esa victoria. Desearía verse perdonada sin pedir perdón ni asumir el daño causado. Y todo ello dando por supuesto que sus presos quedarían libres. Es conveniente que el gobierno que se decida a sondear o a dialogar con ETA tenga claro esto. Porque son los deseos que caracterizan a una organización terrorista que aún no ha llegado al grado de madurez suficiente como para interiorizar su desarme y desaparición. Es más, es probable que los equívocos mensajes del presidente Rodríguez Zapatero y el propio resultado de las últimas autonómicas, lejos de contribuir a su maduración, hayan afianzado esos deseos. El día que abandone esos deseos, y nunca antes, será el momento oportuno para atender no tanto a ETA como a los activistas que decidan volver a la normalidad.
Preguntémonos, en segundo lugar, sobre los precios de la paz. En un armisticio convencional el precio de la paz resulta razonablemente neto, preciso, tangible. En un proceso como el que parece anunciarse por parte del Gobierno los precios se multiplican porque también se multiplican los acreedores. La eventualidad de que se constituyera un doble ámbito de diálogo -entre los partidos representativos y entre los poderes del Estado y ETA- en ningún caso garantizaría una paz sin precio. Precisamente porque la naturaleza omnímoda de la coacción terrorista acabaría bien condicionando el comportamiento de las instituciones democráticas, bien convirtiéndose en estímulo para la reivindicación por parte de formaciones que no están precisamente armadas. Sólo la moratoria del debate sobre el futuro del autogobierno vasco a la previa desaparición de ETA o, con más dificultades, el explícito compromiso de no mencionar la persistencia del terrorismo como argumento propicio al soberanismo permitirían quitar el precio a la paz.
Preguntémonos, por último, sobre el modo y el tiempo de un proceso de paz como el sugerido. Conviene pensar que, aun en la hipótesis más optimista, y contando sólo con las penas y acusaciones que soportan los presos y demás activistas de ETA, estamos hablando de una docena de años. Es decir, de tres legislaturas. ETA no desaparecerá antes de que sus presos se vean en la calle. Además, una organización terrorista puede dejar de matar a sus enemigos y seguir actuando como un poder fáctico poderoso respecto a su comunidad de referencia. Lo primero sería una magnífica noticia; pero lo segundo se convertiría en un lastre que afectaría sobremanera la convivencia y el futuro del autogobierno. Quien se adentre por el laberinto de un supuesto proceso de paz -que en sus inicios siempre es supuesto- debe tener en cuenta, por ejemplo, las causas que dificultan la culminación de la experiencia norirlandesa. Como debe recordar que fue Major quien inició un proceso que Blair, a todas luces, no podrá clausurar.
Las respuestas a las preguntas formuladas nos llevan a una evidente conclusión. Quienes hoy, en el desarrollo del pleno en el Congreso, vean la soledad del PP estarán viendo sólo una parte de la realidad. Porque en la otra parte estará el PSOE, acompañado por los grupos más pequeños y, en especial, por los nacionalistas, pero quedándose a merced de lo que ETA haga, diga y provoque. Es probable que los exabruptos del PP contribuyan a velar esta segunda cara de la realidad. Pero la tarea que pretende iniciar Rodríguez Zapatero resulta tan ardua, comprometida y de tanta duración que difícilmente podrá dar un solo paso teniendo al PP a la distancia que se ha colocado.
Hoy presentan ustedes en el Congreso, mi señor Zapatero, una propuesta para negociar con ETA «si ésta abandona la violencia» explicaban el sábado los periódicos. El domingo nos levántabamos con la noticia de las cuatro bombas de ETA en Guipúzcoa y empiezan ustedes a «llamar a las cosas por los nombres que no son», como escribió la madre de los Pagaza en su 'Carta a los nuevos ciegos', a usar el lenguaje creativo tan propio del nacionalismo.
Habrá quien nos explique que ETA no ha querido abortar «el proceso de paz», que se trata de unas bombas (bombitas) contra empresarios que no han querido pagar el 'impuesto revolucionario' (ah, bueno). Jáuregui, que es persona de buena fe, pone la barrera del diálogo en que los atentados no sean mortales, pero no hay razón lógica para ello. Si ETA está colocando bombitas es porque no quiere matar, sino negociar. Si en una de éstas se le va la mano, siempre cabrá pensar, bien que ha sido un accidente, bien que ha sido para impulsar el proceso de paz.
Pakito Mujika Garmendia, terrorista ejemplar que el pasado mes de agosto abogaba por dejar las armas y que ahora, en vista de lo visto, debe de pensar que un momento gilipollas lo puede tener cualquiera, escribió hace diez años que «ETA no es un problema, sino una organización que lucha para conseguir la paz». Matamos por la paz, puro altruismo. Más por vosotros no se puede hacer.
Egibar puede convertirse en un referente para ese momento. Él siempre fue partidario de negociar sin el requisito previo de abandonar el terrorismo. «Si ETA dejara de matar, ¿quién querría negociar con ella?», decía muy puesto en razón. A él debemos un concepto que estuvo muy en boga durante la tregua de Lizarra, el de «blindar» el proceso de paz, con el fin de seguir en lo suyo aunque ETA asesinara. Sofisticó tanto su discurso que llegó a sostener la necesidad de hablar con HB, especialmente después de los atentados de ETA, porque se les notaba más cohibidos, como con menos bríos. Tengo para mí, presidente, que confundía los efectos del atentado con la tristeza 'post coitum'.
No se comprende esa jerga que identifica el Pacto por las Libertades con decir amén a las propuestas del Gobierno, cualesquiera que sean. El pacto nació para que el partido del Gobierno y el llamado a sucederle dijesen juntos a los terroristas que abandonaran toda esperanza, que la política antiterrorista seguiría siendo la misma, gobernara quien gobernase en Madrid. Ha cambiado usted sin el acuerdo de su socio una política que había dado unos resultados inmejorables, asumiendo el riesgo del puntillero torpe. La paz no tendrá precio, pero usted ya ha empezado a pagarlo. Vendrán años más malos y nos harán más ciegos, lo escribió Sánchez Ferlosio. No es un pensador de la España plural y diversa, como Suso de Toro, pero apunta muy buenas maneras, se lo aseguro.
NO SÉ si deriva de fango o de fan, que intuyo apócope de fanático, pero dadas las circunstancias mejor sería rebautizar lo que queda de España Fangoria , de tan sonora y exitosa consonancia entre la exquisita progresía. Porque ya no hay prácticamente nada de lo que atañe a la dignidad patria que no sea arrastrado con regodeo por el lodazal. Ayer, el honor del país al abandonar a nuestros aliados en el campo de batalla; hoy, la memoria de los muertos caídos inútilmente defendiendo la democracia; mañana, la soberanía regalada a los vecinos (¡ay, aquel « freedom for Catalonya » y esta nueva francofonía!). Y cuidadito con rechistar ya que si el espectáculo nos desagrada (y lo decimos) de inmediato nos tachan de «dereita enferma» , como clamaba el otro día un bendito subvencionado. Vaya en su descargo que, ante las próximas elecciones, los expertos en lengüecillas apesebradas andan muy excitados, si bien siguen sin salir de la aburrida mediocridad de rumiantes esgrimiendo hasta el bostezo ajeno el pasado de Fraga. Sí, señores, todo un programa: Fangoria contra Fragloria . Pero si el discurso del nacionalismo en Galicia es para bostezar, lo que urden en Madrid los socialistas es para llorar. Y es que a los de la movida izquierdista la derecha los mata y ETA los resucita.
Suena grandilocuente y a mitin decimonónico decir que el fango por el que arrastran los harapos de España, ese país en el que el terrorismo siempre obtiene lo que exige, está amasado con muchas lágrimas y sangre pero no veo a cuento de qué convendría olvidar ahora a nuestros caídos. Los tengo tan presentes que algo de razón tendría quien me tratase de «dereita enferma» toda vez que me pongo malo por tamaña cobardía, bajeza, zafiedad. Y no es que los de derechas seamos más valientes, altivos e inteligentes que los otros pero en general somos más sinceros y lúcidos en la adversidad: la Humanidad está podrida hasta la médula y lo asumimos. Por eso hay santos y jefes: en el corazón del caos asumen el sacrifico por el resto de la especie. De nada sirven las soluciones de facilidad recurriendo al buenismo y al angelismo, que son, en último término, formas de deshumanizarse, de travestirse en avestruz. En democracia la única bondad política que cabe es la que permite la ley. ¿Cumple ETA la ley? Me temo que no. Por tanto, el diálogo sobra. Digo yo. ¿Negocia acaso el Gobierno con los maltratadores?
El terrorismo ha vencido a los socialistas. Salvo, evidentemente, que no se deba considerar a los etarras verdaderos enemigos sino hijos pródigos del nacionalismo vasco, echados al monte, los pobres, por los embates liberticidas del nacionalismo español. Desde esta perspectiva, los nacionalismos periféricos no son los enemigos de España, mas del fanatismo españolista, obsesivamente vertebrador, macerado en las redomas del franquismo. En este sentido, la lógica de la negociación es implacable e imparable: la derrota del nacionalismo español, intrínsecamente franquista, conlleva la desaparición de ETA.
Puestas así las cosas, qué quieren que les diga. Pues que a pesar de la muy alta valía de mis numerosos amigos socialistas afirmo que el PSOE ha caído en manos de gente que no es de fiar, carente de dignidad, con el poder como única meta, dirigido ruinmente desde un grupo mediático cuyo objetivo es convertir a España en su empresa.
Las víctimas de ETA exigen al Gobierno que no utilice su dolor Califican la resolución del PSOE como «humillación» y «deslealtad de quien nos tenía que defender» La hermana de Miguel Ángel Blanco: «No me creo lo que diga Zapatero y me espero lo peor»
Las víctimas, grandes olvidadas en el diálogo que el Gobierno ha emprendido, expresaron su malestar en LA RAZÓN por los últimos acontecimientos, como la resolución presentada por los socialistas en el Congreso.
Madrid. Todas las víctimas coinciden en varios puntos sobre la posible negociación con ETA: Primero, el Gobierno no debe negociar con ETA, segundo, no debe haber concesiones y tercero, el dolor se ve incrementado por la posibilidad de un pacto con etarras. Esta es la opinión de las víctimas consultadas:Carlos Ábalos: «No es la primera vez que se traiciona a los muertos».
Jesús, su padre era militar y fue asesinado en una época en la que ETA mataba casi 100 personas al año. «En 1979 estábamos marginados y el código penal era una auténtica humillación a las víctimas», relata su hijo. Ahora, «esta negociación es un insulto más, un paso atrás en un momento en el que ETA estaba arrinconada». Carlos se plantea por qué, «desde hace 25 años no se ha cortado la financiación del terrorismo, por qué ahora se les vuelve a dejar en el Parlamento y a financiar indirectamente a través del PCTV. Es una auténtica inmoralidad y humillación a las víctimas», concluye. Asimismo resalta que «en ningún momento nos han pedido que hablemos». «De forma unilateral el presidente les ha dado un balón de oxígeno». Recuerda que «Otegi atentó contra Gabriel Cisneros y ahora felicita personalmente a Zapatero». Por todo, asegura que «no confío en Zapatero cuando dice que no va a pagar un precio político, porque quiere que no haya terrorismo a costa de lo que sea, de la memoria y la dignidad de las víctimas y no es la primera vez que se traiciona a los muertos».
Fina Saavedra: «Nos vuelven a poner en el paredón». La viuda de Ricardo Couso, asesinado en 1991 afirma que «es insultante». «Un agravio de los más grandes que se han dado hacia nuestros muertos, así como es un insulto que el señor que plantea algo así se pueda sentar en el sillón en el que está». Su marido era guardia civil y murió hace 14 años. Después de este tiempo, ha decidido concederle un ascenso honorífico. «Les voy a mandar el uniforme», aseguró Fina, «para que se lo dé a sus asesinos a ver si le cuelgan ellos los galones». «A Ricardo le metieron un cargador de una 9mm (marca ETA) delante de mi hijo. Desde entonces, este es el agravio más grande que nos han hecho, porque nos vuelven a poner en el paredón, pero yo no les tengo miedo, está poniendo de nuevo gente en la guillotina de ETA, sólo hay que remitirse a Argel y Suiza», dijo y para argumentar que «la lucha de cuarenta años, la están tirando a la basura», lanzó una pregunta al aire: «A ver qué van a hacer con los explosivos que robaron en Francia, ¿fuegos artificiales?».
Pedro Ricondo: «No se deje engañar para seguir en la poltrona». LA RAZÓN habla con Pedro el día que recibe la sentencia del «último cabrón que planeó la muerte de mi hijo», Antonio, en 1992: Francisco Múgica Garmendia. Su hijo murió cuando contaba con 26 años cuando esperaba un semáforo. Donó sus órganos, y hoy, su padre resalta que una mujer vasca vive con su corazón. Relata que conoció al presidente en el Senado, cuando le iban dar un reconocimiento. «Le dije que con el pico que tenía si seguía así nos engañaría a todos y llegaría a presidente. He tenido la mala suerte de acertar». «Ahora, que ya se ha bajado los pantalones, sólo falta que le hagan ponerse de rodillas y con él, al resto de España», afirma concluyente. «¿Qué va hacer falta,–se pregunta– que esto termine de una manera violenta?». Por eso exige a Zapatero que «no sea tan falso y no se deje engañar para no perder la poltrona donde le han sentado los muertos del 11-M».
José María Morales: «Es una mala venta de las víctimas». José María Morales resultó herido el día de Santiago de 1991, cuando la banda puso un coche bomba en la Casa Cuartel de Irún. Tuvo que recoger a su mujer y su hijo de los escombros. Hoy afirma que no quiere rememorar ese día. Según dijo, «la negociación es una mala venta de las víctimas, una traición y un olvido de la sangre vertida por nosotros por un pacto ruin». «Zapatero no debe tener memoria histórica», afirma, y dice dolido que «habrá que pensar que nos traiciona quien nos tiene que defender». «Nuestra vida, nuestros muertos, nuestro sacrificio... no valen para nada, siendo los únicos que hemos vertido nuestra sangre por la democracia, y por España».
Ramón Perona: «No haga más concesiones como la del PCTV». Resultó herido en 1986. En ese atentado tuvo que ver morir a uno de sus mejores amigos. Afirma que «la negociación hay que hacerla cuando ellos dejen las armas y sin hacer concesiones». ¿A qué se refiere el presidente cuando habla del “precio político”», se pregunta, se cuestiona con ironía si es «a los votos que le costará» a su partido. Perona fue más allá que sus compañeros y exigió al Gobierno que «no haga más concesiones como la de no ilegalizar el PCTV», porque «esa ha sido la primera». Perona, que continúa siendo miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, cree que con este partido «se ha dado un enorme paso atrás», «¿cuántos más restan por dar todavía?».
Pilar Elías: «Es otra trampa que da alas a ETA». Su historia es dantesca. Su marido, Ramón Baglietto, salvó al etarra que le asesinaría en 1980 y que ahora vive enfrente suyo. Cree que «esto es lo peor que ha podido ocurrir. Es horrible, este señor no sabe lo que hace». «Mi caso pone de relieve lo rencorosos que llegan a ser», afirma, «Estamos ante otra trampa en la que se da alas a ETA».
Aiza Mohamed Dris: «Me hacen sentir mal». Es la viuda de Mohamed Amar, policía nacional asesinado en 1984. Vive en Ceuta, muy lejos de Irún, donde su marido perdió la vida ametrallado en una emboscada de ETA. Desde allí, asegura que las noticias que llegan de Madrid «me hacen sentir mal. Siempre tienes ganas de que la violencia termine, pero no así».
José Marco. «Negociar con ellos es darles la razón» . «Negociar es injusto por definición. Las víctimas nos sentimos traicionadas, incluso insultadas por el Gobierno». Así de concluyente se mostró, y se preguntó «¿qué pretende el Gobierno, sentarse a hablar, perdonar directamente a los asesinos? Yo sufrí un atentado hace 18 años, un coche bomba al paso un autobús en Zaragoza, y estoy aquí para contarlo por suerte, no pueden opinar acerca de estolas dos víctimas mortales, pero yo sí». Según recordó, «Zapatero no se ha molestado ni se ha preocupado por conocer nuestro punto de vista, va por libre. No se puede conseguir la paz a cualquier precio, existen cauces legales para alcanzarla. Negociar con ellos es, en cierto modo, darles la razón. Decirles que han servido para algo sus asesinatos y sus acciones».
José Clemente. «No van a respetar la tregua, se van a rearmar». «Usted piense que mañana puede ir andando por la calle y cruzarse con el asesino de su hija, de su padre. Póngase en la piel de estas personas. Eso es lo que me gustaría que entendiese Zapatero». La mañana del 9 de enero de 1981 se dirigía a su puesto de trabajo en la comisaría de Basauri cuando le sorprendió una ráfaga de disparos. Afortunadamente, su capacidad de reacción le permitió esquivar las balas. «Una negociación con los terroristas, en este momento, no la puedo admitir», dice ahora. «Que no confíe en una posible tregua porque no la van a respetar. Ya hemos sido testigos de muchos procesos de paz, y ETA los utiliza para rearmarse. Yo no hago política, pero no considero que estemos en el momento de sentarse a hablar. Sería rentable si fuese progresiva, pero no ahora».
Ana Carro. «¿De qué habrán servido todas esas familioas rotas?» «No paso a creerme que el Gobierno dé este paso. Es inadmisible. Creo que es obvio que no comparte nuestro dolor si está pensando negociar con ETA, que no es otra cosa que ceder a las pretensiones de los asesinos. ¿Cómo se va a sentar a hablar el Ejecutivo con los etarras?». La indignación de Carro se traduce en las preguntas más repetida: «¿De qué habrán servido toda esa cantidad de familias rotas? ¿Porque ahora es distinto, cuando en el año 74 mi padre sufrió el atentado, que le dejó ciego, no existía el terrorismo, todo eso se silenciaba, se callaba. Mi padre era el apoderado del bar de la calle Correo donde perdieron la vida a 11 personas. Yo tenía 14 años y no tuvimos ningún apoyo. Ahora no podemos retroceder».
Fernando José San Martín. «Quisiera que el presidente nos mirara a los ojos antes de hacer esto». «Mi padre sufrió un atentado en Getxo hace trece años. Era guardia civil. Iba por la calle y le pegaron dos tiros en la nuca. Me parece horroroso que ahora quieran negociar con los terroristas». Fernando cree que «sería tirar por tierra un trabajo bien hecho durante estos años contra el terrorismo. Sería como decir que el Gobierno legitima los atentados terroristas durante todos estos años. Hay unos valores como la vida, los derechos humanos, que son innegociables y no queremos que se mercadee con nuestra sangre». «Quisiera que el presidente nos mirara a los ojos a las víctimas antes de hacer esto», concluye.
Gerardo Puentes. «Zapatero busca una paz que es una humillación» Se firmaba en Madrid la entrada de España en el Mercado Común europeo, era el 12 de junio de 1985. «Estos asesinos, esta gentuza con la que vamos a negociar buscó hacer propaganda», relató. «Abandonaron un coche en el Corte Inglés de Felipe II. Yo era Tedax y fuimos a desactivarlo. En el asiento trasero había 20 ó 25 kilos de explosivos con cables hacia el maletero. Tras desalojar la zona decidimos intentar desactivarlo, pero la bomba explotó y mi compañero murió en el acto, salvándome la vida, porque yo estaba justo detrás de él. Estuve 31 días en la sala de quemados de La Paz». Para él es «como si estuviera reviviendo mi atentado, los asesinatos, todo lo que ha hecho ETA en estos años. Esto es volver a revivirlo todo. Provocar que los asesinos vengan a negociar, porque los asesinos no han pedido ninguna tregua, es el Gobierno el que se ha ofrecido, es humillante para las víctimas. Nos sentimos traicionados». «Todos queremos la paz, pero el presidente va en busca de un paz que es una humillación para el resto de los españoles. Este señor es un sinvergüenza. Nunca me había sentido tan vejado».
Luis Alberto Izquierdo. «No tienen que preguntar a la Cámara Baja sino a las víctimas». «Yo y mis dos hermanos sufrimos un atentado en una empresa en la que trabaja mi padre. Fuimos a verle y un artefacto adosado a las ventanas de la factoría explotó. Me parece imposible que después de todo lo que ha pasado, después de cosas como lo de Miguel Ángel Blanco, estén engañando, defraudando a toda España, no sólo a las víctimas. El presidente no debe preguntar a la Cámara Baja si tiene que dialogar con los terroristas, se lo tiene que preguntar a las víctimas, como por ejemplo a la familia de Fernando Buesa, que es afín a su partido, a ver qué piensan. Este Gobierno no me representa. Siento mucha rabia porque todo lo que se ha conseguido en estos años se vaya al traste. Yo estoy vivo, pero los que no están, estén donde estén, ¿qué pensarán?.
Mercedes Cordero. «No tienen ninguna intención de dejar las armas». «Mi padre se paró a hablar con unos compañeros en la puerta del cuartel. Entonces llegó un coche y los tirotearon». Era el año 1979. Ahora, «como víctima no me parece nada bien que se hable con ellos. Bajo ningún concepto se puede negociar. No tienen ninguna intención de dejar las armas. Lo primero que deberían hacer es entregarlas. Cada vez que se habla de esto, ellos lo primero que hacen es sacar las armas». Por eso considera «que el presidente debería hablar con todas las víctimas, para que sepa que lo estamos reviviendo constantemente, para que vea cómo estamos, ver cómo han destrozado a muchas familias, cómo han quedado».
María del Mar Blanco. «Zapatero insulta la memoria de mi hermano y la de miles de víctimas». «Me parece que hemos retrocedido muchísimos años cuando habíamos conseguido un avance tremendo». Para la hermana de Miguel Ángel Blanco, el presidente está «insultando la memoria de mi hermano y de miles de víctimas». «En el caso de mi hermano, ETA dio un plazo para que se abriera una negociación y entonces no se abrió, ¿por qué ahora sí?». Blanco cree que se está «traicionando» también el llamado «espíritu de Ermua y el del pacto antiterrorista». «Después de estos cuatro últimos ataques terroristas, que el presidente no ha condenado, y de sus últimas declaraciones, no me creo nada de lo que diga Zapatero. Me espero lo peor de él en la lucha contra el terrorismo», aseguró la hermana de Miguel Ángel Blanco, y se preguntó «de qué han servido tantas muertes».
Pedro Samuel Martín. «Nuestros muertos no pueden ser a cambio de nada». Tras el atentado a la entrada de la Casa Cuartel de Intxaurrondo, tenía de toda la mano derecha seccionada, se la tuvieron que intervenir y recomponer. «La pierna izquierda, también me la tuvieron que operar. Todavía tengo la parte posterior del muslo insensibilizada». Le tuvieron que operar de un ojo. Todavía tiene metralla en la zona interna del párpado. Dentro del cuerpo también tiene metralla. La mano derecha la tiene inutilizada. «Pero estas secuelas no son las más importantes» para él. «El daño que nos están haciendo ahora con todo este tipo de negociaciones, de presiones a las víctimas para que cedamos es peor. ¿Ceder ante qué? Nuestra sangre, nuestro sufrimiento, nuestros muertos, no pueden ser a cambio de nada». «El Gobierno nunca negociará en nuestro nombre», afirma, «si realmente le importaran las víctimas nunca se hubieran puesto a negociar».
Rosa María Alcaraz. «Nos vuelven a dar otro navajazo». «La resolución del PSOE es brutal», afirma, y dice que no se «esperaba» que pudiera pasar esto. «La memoria de mis hijas y mi marido ha sido traicionada». Para ella, esto supone un «navajazo que te vuelven a dar». Por ello, pide que «en mi nombre no negocien», ya que para ella «no tiene credibilidad». Para hacer esto que lo hubiera hecho antes, se hubieran evitado muchas muertes. A Zapatero le diría que tiene dos hijas, que yo no las tengo, y le pediría que pasase un año de los 17 que he pasado yo».
Carmen Miranda. «Zapatero no nos mira a la cara». El marido de Carmen Miranda era uno de los cinco militares cuya furgoneta explotó el 6 de febrero de 1992 en la madrileña Plaza de la Cruz Verde, cuando se dirigían a Capitanía. Ante la posible negociación, Carmen se siente «muy enfadada y dolida. No lo entiendo. ¿Qué circunstancias pueden darse si el pasado domingo, sin ir más lejos, ha habido cuatro nuevos atentados?». A ella, que tuvo que esperar doce años para que los asesinos de su esposo fueran juzgados, le parece «indignante que ahora les quieran dejar en la calle». Por eso tiene palabras muy duras para el presidente, que «no nos mira a la cara. No nos podemos fiar de alguien que juega así con los sentimientos de las personas». «El Gobierno no negociará en mi nombre», afirma.
Isabel Chamizo. «Las víctimas no tenemos voz. Y si nos pueden callar, mejor». Isabel Chamizo tiene grabada a fuego la fecha del 15 de octubre de 1983. Su marido, José Reyes Corchado, guardia civil destinado en Oñate (Guipúzcoa), regresaba de servicio cuando la bomba adosada a su coche estalló. Los planes del Gobierno la tienen sumida en la indignación y la pena. «¿Qué les va a contar ahora el Gobierno a las víctimas, a mis hijas? ¿Que mi marido murió por nada? No se debe negociar en ningún caso», señala. Isabel tampoco cree que se pueda hablar en su nombre, y apunta que «ETA está representada en el parlamento, pero las víctimas no tenemos voz. Y si nos pueden callar, mejor».
Miguel Polvorino. «No se puede dialogar con unos asesinos que llevan las pistolas en la mano». Los etarras se cruzaron en la vida de Miguel Polvorino el 27 de marzo de 1991, cuando una de las seis granadas que los terroristas dispararon a la casa cuartel de Munguía (Vizcaya) explotó contra un poste de la luz y le hirió a cuatro personas. «Me alcanzó en el brazo izquierdo y me dejó la mano inútil», recuerda este guardia civil. «Me siento totalmente engañado por Zapatero y el Gobierno. No se puede dialogar con unos asesinos que llevan las pistolas en la mano», señala Miguel, que advierte al Ejecutivo que «ya tuvimos una experiencia con la tregua-trampa, y esto no es más que un diálogo-trampa». Por eso no tiene problemas en pedir la «dimisión» de un Gobierno «que está haciendo daño a todas las víctimas con una oferta de diálogo denigrante».
Álvaro Cabrerizo. «El presidente quiere negociar con la sangre de las víctimas». El atentado de Hipercor, el más sangriento de la historia de ETA, destrozó su vida. Su mujer, Mari Carmen, y sus dos hijas, Sonia (16 años) y Susana (14) murieron en esa explosión, y él no acepta que «Zapatero negocie con la sangre de las víctimas». A su juicio, los que han sufrido la violencia etarra «deberían estar presentes en cualquier contacto, porque nos estamos jugando la dignidad del país, dividido por culpa de esta propuesta». Álvaro se pregunta «qué pasaría si alguien se encuentra al asesino de su familia en la calle», y su respuesta no deja lugar a dudas: «No queremos venganza, sino justicia».
Salvador Ulayar. «Lo que no han conseguido a tiros lo tendrán ahora gratis». Salvador tenía 13 años cuando vio cómo un encapuchado se acercó a su padre, Jesús Ulayar, y le descerrajó cinco tiros. Jesús, un comerciante de Echarri-Aranaz (Navarra), había sido alcalde de la localidad hasta 1975. «Su asesino salió de la cárcel 17 años después y le hicieron hijo predilecto del pueblo», rememora. Con el nuevo escenario, Salvador se siente «traicionado». «La política del PP puso a ETA contra las cuerdas. Estaba a punto de desaparecer, pero Zapatero les ha vuelto a dar aire». Él, desde luego no apoya una hipotética negociación «injustificada, inmoral e innecesaria. Lo que no han conseguido de nosotros a tiros lo tendrán ahora gratis, pese a haber matado a más de mil personas».
Juan José Martínez. «Se va a premiar a los terroristas por dejar de matar». «Yo era Guardia Civil. Se recibió un aviso en el aeropuerto de Reus». La bomba estalló antes de la hora anunciada. cerca de Juan José, que sufrió lesiones invalidantes. «La primera sensación que te viene en este caso es rabia e indignación, impotencia porque no se puede hacer nada. Lo considero poco apropiado porque ETA está en una época muy débil. Se le estaba asfixiando en todos los ámbitos». Según asegura, «no lo entiendo, me produce incomprensión. Se nos pide más generosidad», y eso, «cuando a los terroristas se les va a premiar por dejar de matar me produce rabia». Es más, afirma, «no me siento representado por el Gobierno». Así, concluye que «negociar con una banda que lleva mil muertos es darles una victoria. No se puede ceder ante el chantaje».
Javier Rodríguez. «Hay que tener mucho estómago para pasar por encima de más de mil muertos». A Javier le han tenido que contar todo lo que sabe de su padre. Tenía sólo un año cuando a José Rodríguez de Lama le segó la vida una bomba colocada en una cuneta de Villarreal de Urrechu (Guipúzcoa). Su diagnóstico sobre la oferta de diálogo del Gobierno es claro: «Hay que tener mucho estómago para pasar por encima de más de mil muertos y hablar con unos asesinos». En su opinión, «ETA estaba muy debilitada y ahora se les deja volver al Parlamento para darles todo lo que piden». Javier deja claro que Zapatero «no hablará con ETA en mi nombre. Cuando están en el suelo hay que rematarles, pero sólo nos queda tragar: ése es el papel que nos ha reservado el presidente». (Pasa a la página 12)
No disimula su enfado con Rodríguez Zapatero, Conchita Martín, viuda del teniente coronel Pedro Antonio Blanco García, conoce de primera mano las consecuencias de un alto el fuego. Su marido murió asesinado en el madrileño barrio Virgen del Puerto al estallar un coche bomba cuando caminaba por la acera el 21 de enero de 2000. Era la primera víctima de la banda terrorista ETA tras la tregua de 1998. Confiesa que su mayor temor es el precedente que se crearía si finalmente se negociara con los asesinos y el ejemplo que daríamos como nación. Reclama al presidente que escuche el sentir de las víctimas y no mire para otro lado.
Mi marido fue la primera víctima de la banda terrorista ETA tras la tregua que finalizó el año 2000. La primera del último engaño. Por ello, la hipotética negociación con los terroristas, lo considero inadmisible. Me parece una inmoralidad que se pase por encima del sentir de muchas víctimas, de muchas y muchas víctimas. Y eso, aunque lo apruebe el Parlamento español, que a la vista está, que no es cierto que sea el sentir de todos y nos represente a todos, no se puede consentir. De hecho, con que hubiera una sola persona que sufriera como sufrimos nosotros y nuestras familias ya sería suficiente para decir no, para negarse.
Me preocupa y me atemoriza el cheque en blanco que se les va a ofrecer a los asesinos porque, a partir de entonces, ¿qué respeto vamos imponer como nación? ¿Qué ejemplo habremos dado? Estaremos claudicando, y dejaremos esa estela y esa imagen. Las muertes habrán tenido una razón de ser. Nosotros, las víctimas hace tiempo que hemos desistido de la venganza, del rencor, sólo pedimos justicia. Reclamamos que se cumpla el ordenamiento jurídico español hasta las últimas consecuencias porque nosotros, seguimos pagando hasta las últimas consecuencias sus actos. Estamos hartos de que se nos engañe, yo siempre he creído en la buena voluntad de los gobiernos, de las buenas intenciones de los presidentes, que siempre creo, han buscado soluciones, pero ahora José Luis Rodríguez Zapatero sabe de qué se trata, qué nos estamos jugando, y por ello no tiene nada de ingenuo.
No le importa lo que pensemos. El Gobierno nos pide que aguantemos un poquito más, que cedamos un poquito, ya no. Que no se escuden en el proyecto de paz, que esto no es una guerra, que no confíen y que escuchen a la gente que se opone, le pido al presidente que no le dé la razón a los que portan la metralleta.
El diario El País decía este martes en su portada que "El PP se queda sólo contra la moción socialista" para dialogar con ETA. Lo cierto es que Zapatero ha conseguido el apoyo de IU y los nacionalistas. Sin embargo, se ha enfrentado en su estrategia con la AVT y el Foro de Ermua, cuyo vicepresidente, el socialista Mikel Buesa, le acusa de "traición". Rajoy le ha recordado que "antes disponía del voto de veinte millones de españoles para luchar con el terrorismo y ahora dispondrá de trece o catorce millones".
El vicepresidente del Foro de Ermua, Mikel Buesa, ha afirmado que el Gobierno va a volver a un planteamiento que era "muy grato a los nacionalistas vascos y que esos mismos nacionalistas traicionaron" y criticó que "definitivamente", el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, haya decidido aliarse con esos "traidores", porque así "traiciona a las víctimas del terrorismo".
En declaraciones a Europa Press Televisión, reiteró que "el PSOE, con la ayuda de IU y los nacionalistas, va a acabar consumando una ruptura en lo que ha sido la política antiterrorista hasta este momento, volviendo a un planteamiento que era muy grato a los nacionalistas vascos y que esos mismos nacionalistas traicionaron". En este sentido, destacó que "este planteamiento del diálogo con ETA no supone más que establecer una especie de estado de excepción, pero no para combatir o reprimir el terrorismo, sino para conceder a los terroristas contrapartidas políticas que no encajan dentro del sistema constitucional".
"Esto es una ruptura tan radical que los que hemos estado reclamando justicia hasta ahora tal vez tengamos que replantearnos las cosas porque habrá un abismo entre nosotros y el Gobierno que será muy difícil de superar", lamentó. En su opinión, el Ejecutivo "está prescindiendo absolutamente" de las víctimas del terrorismo. "En esta locura en la que se ha metido el Gobierno las personas como yo no encajamos en absoluto, simplemente porque no estamos dispuestos a decir amén a estas medidas", afirmó. Por último, Buesa afirmó que "al terrorismo se le derrota y no se pacta con él" y que "el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo ha sido un encuadre sumamente eficaz para la política antiterrorista, ya que planteaba la única vía razonable para acabar con el terrorismo en un Estado democrático".
Por su parte, el presidente del PP, Mariano Rajoy, ha recordado que un Parlamento que representa la soberanía del pueblo "no puede convertir a una organización terrorista en un interlocutor político" y añadió que "dialogar con ETA es disparatado" y "no resuelve nada". "Si el PSOE ahora cambia de criterio, antes disponía del voto de veinte millones de españoles para luchar con el terrorismo y ahora dispondrá de trece o catorce millones", ha advertido Rajoy.
En declaraciones a Radio Intereconomía, Mariano Rajoy dijo que si el PP se queda esta tarde sólo en la votación del Congreso será en defensa de unos principios que están contenidos en el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, desde el que aseguró que se luchó con eficacia contra ETA. "Si el PSOE ahora cambia de criterio, antes disponía del voto de veinte millones de españoles para luchar con el terrorismo y ahora dispondrá de trece o catorce millones", añadió.
Rajoy afirmó que su partido no va a estar en el "club de Perpiñán" y lamentó que el PSOE "haya roto el acuerdo" del Pacto Antiterrorista, lamentando que los socialistas hayan preferido otros aliados en lugar del PP. Por ello, expresó su deseo de que el PSOE retire esta propuesta de resolución porque "dialogar con ETA es disparatado y es darle la categoría de interlocutor con poderes públicos democráticos". A su juicio, "habrá algunas razones ocultas o que no se nos quieran desvelar" para hacer de ETA un "interlocutor político". "No puedo creer que sea una genialidad o una intuición del presidente del Gobierno que vaya a cambiar de criterio", apuntó Rajoy.

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución