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Sentencia A.P. Madrid 237/2010, de 29 de julio. mpugnación sobre delito de homicidio por imprudencia grave. Estimación: El recurrente actuó con la negligencia necesaria - Portal Asesoría y Empresas Thomson Reuters
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Sentencia A.P. Madrid 237/2010, de 29 de julio
Se alza el condenado en su recurso frente a la sentencia que le condena como autor de un delito de homicidio causado por imprudencia grave. Alega disconformidad respecto de determinados párrafos del relato de hechos probados, que estima no acreditados, en definitiva lo que plantea es el error en la apreciación de la prueba. Se considera que no existió por parte del recurrente negligencia y que actuó conorme a la lex artid por lo que, no concurriendo los elementos integrantes de la imprudencia punible, procede la estimación del recurso.
SENTENCIA: 00237/2010
ROLLO 462/2009-RP
PROCEDIMIENTO ABREVIADO N.º 185/09
JUZGADO DE LO PENAL N.º 25 DE MADRID
SENTENCIA N.º 237 / 2010
Ilmos. Sres. Magistrados de la Sección 29.ª
Doña Marta Pereira Penedo
Doña Modesta M.ª Medina Hernández
En Madrid, a 29 de julio de 2010
VISTO en segunda instancia, ante la Sección Vigésimonovena de esta Audiencia Provincial de Madrid, el Juicio Oral n.º 268/2008, procedente del Juzgado de lo Penal n.º 25 de Madrid seguido contra Bienvenido y como responsable civil subsidiaria la mercantil CLÍNICA CEMTRO, S. A. por un delito de homicidio causado por imprudencia profesional, venido a conocimiento de esta Sección en virtud de recurso de apelación que autoriza el artículo 795 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, interpuesto en tiempo y forma por los condenados, contra Sentencia dictada por la Ilma. Sra. Magistrado-Juez del expresado Juzgado con fecha 1 de junio de 2009. Siendo parte en el presente recurso como apelantes Bienvenido y CLÍNICA CEMTRO, S. A. y, como apelados, el Ministerio Fiscal, y las acusaciones particulares ejercitadas por las representaciones procesales, por una parte, de Socorro y Tomasa y por otra, de Virtudes en representación de sus hijos menores de edad Evaristo y Ezequias habiendo éstos impugnado el recurso.
Ha sido ponente el Magistrado D. Francisco Ferrer Pujol quien expresa el parecer de la Sala.
Primero.-Por el Ilmo. Sr. Magistrado-Juez del Juzgado de lo Penal núm. 25 de Madrid, se dictó sentencia con fecha 1 de junio de 2009, siendo su Fallo del tenor literal siguiente:
"Que debo CONDENAR Y CONDENO a, Bienvenido como autor responsable de un delito de homicidio por imprudencia, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de responsabilidad criminal a la pena de un año y seis meses de prisión con la accesoria de inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante la condena y pago de costas, incluidas las de las acusaciones particulares.
Una vez firme la sentencia Bienvenido indemnizará a cada hijo menor de los dos habidos, en 79.000 euros por los perjuicios y daños morales causados y a su madre Socorro en 7523 euros más los intereses legales por mora del artículo 20 de la ley de contrato de seguro. Se declara la responsabilidad civil subsidiaria de la clínica Cemtro.
Por Auto de fecha 20-07-2010 se aclara la sentencia en el sentido de:
"En el fallo de la sentencia donde dice "se indemnizará por Bienvenido a cada hijo menor de los dos habidos en 79.000 euros", debe decir, "se indemnizara por Bienvenido a cada hijo de los dos habidos en 71.469", manteniéndose el resto de los pronunciamientos.".
En dicha resolución se recogen como hechos probados los siguientes:
"Se declara probado que el día 15 abril 2004 Joaquín de 37 años de edad, divorciado y con dos hijos menores de edad de 10 y 7 años respectivamente, ingresó en la clínica Cemtro de Madrid por un dolor incapacitante en la región cervico dorsal, a consecuencia de un accidente de tráfico. Con ese fin se le realizó en días sucesivos un tratamiento paliativo del dolor sin incidentes reseñables por el doctor Maximiliano hasta el día 18 abril, en el que comenzó a sufrir dolores en el brazo derecho con eritema, a consecuencia de la vía en vena en el brazo, puesta por los facultativos para administrar medicación. El día 20 abril por la tarde tuvo un pico febril de 28,8 controlado con medicación y el día 21 abril por la mañana presentó febricula y se diagnosticó de flebitis del brazo derecho para lo cual se le prescribió hielo y trombocid. Asimismo se realiza análisis de sangre que presenta unos leucocitos de 10.630 con unos neutrófilos del 96 %, más unas plaquetas de 126.000. El día 21 abril por la tarde a las 16 horas 30 minutos es visto por el especialista de medicina interna Don. Bienvenido, mayor de edad y sin antecedentes penales, en su calidad de médico de guardia de la clínica Cemtro de Madrid, ante el agravamiento del paciente, que indica la constatación de la flebitis con aparición de eritema en la parte superior del tronco, prescribe frió local, analgésicos, antiinflamatorios y protector gástrico, indica que si tiene fiebre de más de 38, se hagan hemocultivos para identificación del germen y antibiograma y prescribe un ecodoppler brazo y ecografía renal por la hematuria para el día siguiente. El doctor Bienvenido no realizó más vigilancias ni verificaciones pese, a que una de las enfermeras le llamó que conste por teléfono, en una ocasión, explicando el deterioro del paciente y pese a esto, no sólo no examinó personalmente al paciente sino que ordenó administrar por vía telefónica morfina. Tampoco se le suministró antibióticos de amplio espectro, lo que permitió la evolución de la infección. A las cinco horas treinta minutos de la mañana del día 22, el doctor Bienvenido acudió a verle e inmediatamente llamó a la doctora Julia, consta como el paciente tenía dolor en miembros inferiores y en miembro superior derecho. A la exploración aprecian petequias con edema y eritema cutáneo. Lo ingresan en la UVI donde se le aprecia dificultad respiratoria con livideces en tronco, flebitis generalizada y celulitis en brazo derecho. Se realiza una radiografía de tórax con infiltrado en base derecha del pulmón y un análisis de sangre con 1420 leucocitos, 56.000 plaquetas y alteraciones en las pruebas de coagulación y de gasometría sanguínea realizadas. Se realizó hemocultivo encontrando estreptococo Beta en hemolítico A, responsable de la infección. Se diagnóstica shock más fácitis, se pone tratamiento antibiótico, plasmoterapia de soporte vital ante la gravedad del paciente, el que fallece el 22 abril a las ocho horas treinta minutos, tres horas después de su ingreso en la UCI.".
Segundo.-Contra dicha sentencia se interpuso, en tiempo y forma, por los condenados Bienvenido y CLÍNICA CEMTRO, S. A., ésta como responsable civil subsidiaria, sendos recursos de apelación que se basaron en los motivos que se recogen en esta resolución. Admitidos los recursos, se dio traslado de los mismos a las demás partes personadas, que los impugnaron, remitiéndose las actuaciones ante esta Audiencia Provincial.
Tercero.-En fecha 23 de diciembre de 2009 tuvo entrada en esta Sección el precedente recurso, formándose el correspondiente rollo de apelación y se señaló el día 4 de marzo de 2010 para la deliberación y resolución del recurso, sin celebración de vista.
HECHOS PROBADOSSe aceptan los hechos probados de la sentencia recurrida que se tienen aquí por íntegramente reproducidos.
Primero.-Se alza el condenado en su recurso frente a la sentencia que le condena como autor de un delito de homicidio causado por imprudencia grave. Y lo hace alegando como primer motivo de su recurso la disconformidad que expresa respecto de determinados párrafos del relato de hechos probados de la sentencia combatida, que estima no acreditados, por lo que viene, en definitiva a plantear, bien que innominadamente, el error en la apreciación de la prueba.
El recurso no ha de prosperar, pues al declarar la sentencia de instancia probados los hechos denunciados como constitutivos del meritado delito, lo hace en el ejercicio de la facultad del tribunal enjuiciador de valorar en conciencia la prueba personal practicada en su presencia (art. 741 LECr), lo que en principio limita severamente las posibilidades de revisión de sus argumentaciones en esta alzada, puesto que el recurso de apelación tiene como objeto la revisión por el Tribunal ad quem de los hechos declarados probados y la aplicación de las normas legales de derecho que fueron efectuadas en la resolución de primera instancia. Y si ello no produce mayores problemas en orden a la aplicación del derecho efectuada, resulta más cuestionable la actuación del órgano revisor a la hora de revisar la determinación de hechos derivada del análisis de las pruebas practicadas, ya que conforme a la más reciente jurisprudencia constitucional en esta materia, la valoración de las pruebas realizada por el juez a quo en ejercicio de las facultades, al tiempo obligaciones, que le imponen los arts. 741 y 973 de la LECr, partiendo de que la actividad probatoria desarrollada en el acto del juicio oral con pleno respeto a los principios procesales de inmediación, concentración y oralidad conduce a que sea el juez a quo, en tanto es ante quien personalmente se realizan las pruebas y por ello puede no solo apreciarlas directamente, sino además, puede llegar a intervenir en ellas, posibilidades de mayor valor aún en el caso de las pruebas de naturaleza puramente personal (declaraciones de partes, testigos o peritos efectuadas en juicio), lo que supone que cuando lo cuestionado por un recurrente sea la valoración que el órgano judicial de instancia haya efectuado de las pruebas que apreció en conciencia (art. 741 LECr) el tribunal superior habrá de respetar, en principio, las conclusiones sobre las pruebas, siempre y cuando el argumentario de esa valoración esté debidamente motivado.
Congruentemente, la valoración de las pruebas efectuadas por el juez de instancia sólo puede ser revisada en los siguientes supuestos: a) cuando la valoración no dependa de la percepción directa de las pruebas que el juez a quo tuva con exclusividad; b) cuando con carácter previo a la valoración de las pruebas no exista prueba objetiva de cargo válidamente celebrada, lo que vulneraría el principio de presunción de inocencia, y c) cuando el examen de lo actuado conduce a constatar un manifiesto y claro error en el juez a quo, al resultar su razonamiento absurdo, ilógico, irracional o arbitrario.
En consecuencia, si las pruebas se han practicado con respeto a las exigencias legales y constitucionales que regulan su práctica y su interpretación no lleva a conclusiones absurdas o ilógicas, no debe el tribunal ad quem alterar la valoración de la prueba alcanzada en la instancia, lo que es predicable en el presente caso en el que la convicción expresada por la juez a quo en su sentencia de instancia aparece como lógicamente fundada.
Y esto es lo que sucede en el presente caso, puesto que la razonada y razonablemente expuesta conclusión de la juez a quo sobre la valoración de las pruebas, permite descartar las impugnaciones, concretísimas, que efectúa la recurrente, y así:
a) Cuestiona se declare probada la existencia del padecimiento por el enfermo luego fallecido de un pico febril de 38,8 en la tarde del día 20 de abril.
Consta al folio 155 de las actuaciones parte de las incidencias de enfermería correspondientes al final del turno de noche del día 19 hasta la mañana del día 21, y la anotación correspondiente al turno de tarde del día 20 contiene, en su antepenúltima línea, la consignación de una toma de temperatura al paciente con un resultado de 38,8 grados centígrados. Basta esta constatación documental para desvirtuar las alegaciones de la parte.
b) Cuestiona igualmente que se señale que en la mañana del día 21 de abril presentara febrícula.
La alegación decae a la vista de su propia argumentación que inicia la parte señalando que esa mañana el paciente presentó primero 37,4 y luego 37,2 grados. Es decir, se reconoce la existencia de febrícula en esa mañana, lo que hace inviable la pretensión de la parte de excluir del relato de hechos ese dato que ella misma viene a reconocer.
c) A continuación se impugna la declaración como probado de las prescripciones que el acusado adoptó al visitar al enfermo el día 21 de abril alrededor de las 16:00 horas.
Sin embargo, tales extremos aparecen documentados en el historial médico aportado y se reconocen por la parte.
d) Se impugna el párrafo "El Doctor Bienvenido no realizó más vigilancia ni verificaciones pese a que una de las enfermeras le llamó que conste por teléfono, en una ocasión explicando el deterioro del paciente y pese a esto, no sólo no examinó personalmente al paciente sino que ordenó administrar por vía telefónica morfina".
Basa la parte su impugnación en que sí hubo vigilancia por el doctor, a las 16:30 horas, que se pautó un tratamiento, que la flebitis no precisa hospitalización, que el paciente fue en todo momento atendido por personal del hospital, que a la 01:30 recibió la citada llamada de enfermería, pero que la misma no puso de relieve cambio sustancial del cuadro clínico y que a las 05:00 horas al ser avisado de cambios en el paciente, acudió a visitarle. La impugnación se revela de nuevo, banal, pues el párrafo cuestionado afirma, precisamente, la falta de actuación del doctor, salvo la dicha que se efectuó por teléfono, hasta las 05:00 horas, lo que la parte de hecho reconoce, cuestionando en realidad del párrafo, tan solo el que existiera, en dicha llamada telefónica expresión de cambio de situación del paciente, motivo que debemos rechazar pues tal cambio lógicamente hubo de existir, aún cuando no consistiera en otra cosa que el agravamiento del dolor, pues de otro modo sería inverosímil la propia realización de la llamada.
e) Pretende la parte se excluyan del relato fáctico las expresiones "Tampoco se le suministró antibiótico de amplio espectro, lo que permitió la evolución de la infección", "Se realizó hemocultivo encontrando estreptococo Beta en hemolítico A, responsable de la infección" y "Se diagnostica shock más fascitis".
La pretensión ha de rechazarse, pues la propia parte recurrente tiene admitido no haber pautado antibiótico lo que con independencia de la trascendencia que a ello quepa dar, impone mantener esa realidad en el relato de hechos combatido. En cuanto al hemocultivo realizado, consta documentado, lo reconoce la parte y las consecuencias que pretende extraer la parte no son relevantes en orden a la acreditación del hecho. Por último, la alegación de que en la autopsia no se mencione la presencia de fascitis, siendo ello cierto, nada impide que su presencia se tenga, como se tiene, por acreditada a la vista del informe médico forense obrante a los folios 206 a 208 y que finaliza diciendo: "...pudiera desembocar en el cuadro de shock y fascitis en que acabó".
Procede, pues, desestimar el motivo de recurso y mantener inalterados los hechos declarados probados por la resolución de instancia, no combatidos por las demás partes.
Segundo.-Los motivos segundo y tercero del recurso, rubricados como impugnación de la calificación de los hechos como constitutivos de delito de homicidio imprudente y de ausencia de responsabilidad penal por homicidio imprudente del profesional, vienen a coincidir en su contenido, en cuanto cuestionan la concurrencia de los elementos integrantes del tipo delictivo por el que, en definitiva, ha sido condenado el recurrente.
La juez a quo, tras un exhaustivo análisis de las diversas pruebas periciales practicadas, alcanza una primera conclusión relevante en orden a decidir la condena que alcanza, cual es la de no existir en el obrar acreditado del acusado infracción de la "lex artis ad hoc" en su inicial decisión de no pautar tratamiento con antibióticos de amplio espectro. Tal decisión, y su consecuencia jurídica de excluir la calificación de los hechos conforme al tipo agravado de la imprudencia profesional del párrafo tercero del art. 142 C. Penal, no es combatida por las acusaciones, por lo que debe mantenerse incólume en esta alzada.
A continuación, se argumenta en la instancia que, pese a ello, sí existe infracción penal por parte del acusado, constitutiva de imprudencia ordinaria, no imprudencia profesional sino imprudencia del profesional, lo que residencia en dos hechos concretos, una omisión, al no haber acudido a examinar al paciente ante el agravamiento que se le comunicó por enfermería a las 01:30 horas del día 22 de abridle 2004 y una acción, consistente en evacuar dicha comunicación por vía telefónica pautando una dosis de un producto mórfico.
Siguiendo la construcción jurisprudencial de las infracciones por imprudencia, la sentencia de instancia recoge la exigencia para que se den tales infracciones de una conducta u omisión voluntaria no intencional; la previsibilidad y evitabilidad de las consecuencias de tal conducta; una infracción del deber objetivo de cuidado y una relación de causalidad entre aquella conducta y el resultado lesivo producido, que en el presente caso fue la muerte del paciente.
Respecto de tal relación de causalidad se indica que "estimo que ésta se produce pues el mal sobrevenido supone la conversión o concepción del riesgo creado por el comportamiento imprudente y que por tanto se produje en el ámbito de dicho riesgo el resultado".
La Sala discrepa de esta valoración, pues la secuencia fáctica de las últimas horas de vida del Sr. Joaquín en relación con la atención médica recibida por parte del acusado fue, en síntesis, la siguiente:
- Ante un problema secundario a un tratamiento traumatológico por dolores crónicos consecuentes a un accidente de tráfico padecido dos años antes, al producírsele una flebitis en un brazo, y cursar ésta con un puntual pico febril de hasta 38,8 grados el día 20 de abril, el traumatólogo que le trataba decide prolongar su hospitalización y poner al paciente en manos del internista del hospital.
- Éste, el acusado Dr. Bienvenido, reconoce al paciente alrededor de las 16:30 horas, y decide instaurar tratamiento para la flebitis, cuyo diagnóstico confirma, consistente en frío local, analgésicos, antiinflamatorios y protector gástrico, al tiempo que prescribe la realización de pruebas diagnósticas el día siguiente (ecodoppler del brazo afectado y ecografía renal por leve hematuria) e indica que, en caso de presentar pico febril de más de 38 grados se realicen hemocultivos para identificar el germen y efectuar antibiograma.
- Durante esa tarde y noche permanece afebril.
- Alrededor de las 01:30 horas, ya del día 22, la enfermera de guardia, ante la persistencia e incremento del dolor en el brazo afectado, consulta telefónicamente con el acusado quien pauta administración de derivado mórfico para calmar al paciente.
- A las 05:30 horas por la enfermera se constata una agravación del paciente, extendiéndose el dolor a los miembros inferiores y presentando alteraciones visibles en la piel del tronco, dando aviso al acusado, quien acude a examinar al paciente, reclamando la presencia de la intensivista de guardia, acordando ambos el traslado a la UVI, donde se le trata de una infección generalizada, fracasando el tratamiento y falleciendo alrededor de tres horas después de su entrada en el servicio de urgencia.
Tercero.-Dos son los aspectos del razonamiento de instancia que condujo a la condena que entendemos no cabe aceptar, y son el carácter negligente que se atribuye a la actuación del acusado a las 01:30 horas y la existencia de la predicada relación de causalidad entre esa supuesta actuación negligente y el resultado de muerte producido.
Sostiene la instancia que existió negligencia por cuanto, ante el agravamiento producido a las 01:30 horas, el acusado debió explorar personalmente al paciente y no limitarse a pautar calmantes por teléfono, afirmación que no cabe compartir, por cuanto no se ha acreditado otra agravación del estado de salud del paciente en ese momento que el incremento de dolor en el miembro superior derecho afectado de flebitis. Esto es así a la vista de las pruebas practicadas, pues como señala la sentencia de instancia y reconocen tanto los recurrentes como quienes impugnan el recurso, la declaración testifical de la enfermera que realizó la citada comunicación telefónica al acusado del estado del paciente, resultó confusa e inconcreta, carente de recuerdo de los hechos, pudiendo únicamente extraerse como conclusión cierta de tal prueba, el reconocimiento que la testigo efectuó de la letra del parte de enfermería de esa noche como propia. En consecuencia, no se ha acreditado otra evolución del estado del paciente que le fuera comunicada al acusado que la que obra escrita en dicho parte, y ésta se limita a consignar que se avisó al internista telefónicamente por la persistencia e incremento de dolor (anotación: dolor++) ante lo que se pautó un calmante mórfico. Hemos de tomar en consideración que no se anota que el dolor afecte a miembro distinto al afectado por la flebitis, ni que existan nuevos síntomas como sensación de mucho calor o coloración rojiza de la piel, que sí observó y anotó en el parte la enfermera en hora posterior, las 05:00, donde el acusado, al serle comunicadas tales novedades, sí acudió inmediatamente a atender personalmente al paciente.
Por tanto la declaración como hecho probado de la aparición de una agravación en el paciente a las 01:30 horas, que hemos mantenido, lo es en el bien entendido de limitarse la misma a la intensificación del dolor en el brazo, y ésta por sí sola, con el paciente afebril, con sus constantes estables y sin otra alteración de su sintomatología, no puede entenderse errónea o negligentemente tratada con la pautación de un calmante mórfico, aún cuando fuera efectuada telefónicamente a la enfermera, pues no podemos olvidar que el propio perito oficial, médico forense, declaró en juicio que a la vista de los datos que el estado del paciente ofrecía cuando fue visitado por el acusado por primera vez no era en absoluto previsible una evolución de su estado de una "gravedad tan fulminante". No podemos huir de la consideración de haberse producido el fallecimiento por una infección bacteriana y que la negligencia que se imputa es la de no haberla detectado a tiempo, lo que inacreditada la presencia de síntomas de la misma hasta el momento en que, a las 05:00 horas efectuó el acusado las acciones médicas que, a posteriori, conocida ya la causa de la muerte, se pretende debió adoptar horas antes, no existiendo constancia alguna de evidencia de signos de la dolencia, lo que impone no podamos aceptar la existencia de la imprudencia imputada.
Cuarto.-Ya ello ha de conducir a un pronunciamiento absolutorio y, con ello, a la estimación del recurso planteado, pero a mayor abundamiento, debemos señalar que tampoco entendemos concurrente el requisito de la existencia de relación de causalidad acreditada entre la conducta reputada negligente y el resultado lesivo producido, en este caso, la muerte del paciente. Sabido es que la imprudencia penalmente relevante no se satisface con la realización por parte del agente de una conducta -activa u omisiva- infractora de la norma de cuidado, sino que exige, además, la concurrencia de los siguientes elementos:
1.º) La existencia de un resultado típico, y
2.º) Que dicho resultado derive directamente de la conducta imprudente del agente, derivación que deberá determinarse do conformidad con la teoría, actualmente dominante en la doctrina y en la jurisprudencia, de la imputación objetiva.
Como señala la Jurisprudencia del Tribunal Supremo (por todas, su sentencia de 14 de octubre de 2002) conforme a dicha teoría de la imputación objetiva "será imputable un resultado cuando, habiéndose creado con la conducta del sujeto un riesgo jurídicamente desaprobado para un determinado bien jurídico, constatada la relación de causalidad, tal resultado signifique la realización del riesgo creado con la conducta".
Pues bien, en el caso de autos, la conducta imputada (no atender personalmente a las 01:30 horas y pautar tratamiento mórfico telefónicamente) no incidió en el resultado mortal producido, pues de los informes médicos practicados pericialmente en juicio resulta que la única posibilidad, que no seguridad, de evitar el fatal desenlace se hubiera hallado en la instauración de un tratamiento preventivo a base de antibióticos de amplio espectro, y la propia sentencia de instancia, en particular no recurrido por las acusaciones y, por ello, aceptado, establece que al no haberse efectuado esa prescripción no se actuó contra la lex artis ad hoc de la profesión médica, ya que la oportunidad de su instauración a la vista de la sintomatología del paciente no está taxativamente indicada.
Por ello, aún cuando hubiera el acusado acudido a explorar al paciente y no hubiera prescrito la antibioterapia, ni habría acción negligente, ni habría relación causal de la actuación médica con el óbito.
Consecuentemente, no concurriendo los elementos integrantes de la imprudencia punible, procede la estimación del recurso analizado y revocando la sentencia de instancia, decretar la libre absolución del acusado, pues al permanecer inatacada la declaración de la instancia en orden a la no vulneración de la lex artis por el no pautado de tratamiento antibiótico al detectarse la flebitis, sea en la intervención del acusado, sea en momento anterior en que la misma se trató inicialmente por otros doctores, no cabe entrar a valorar la trascendencia de esa omisión, lo que si produce el efecto absolutorio es esta sede penal, no veda el acceso a las partes a otras vías jurisdiccionales en orden a la atención de sus pretensiones indemnizatorias, si así lo entendieren oportuno.
Quinto.-Tal conclusión absolutoria motiva la innecesariedad de entrar a conocer del recurso plantado por el responsable civil subsidiario CLÍNICA CEMTRO, S. A. en la que trabajaba a fecha de autos el acusado, pues la absolución de éste hace carente de contenido su recurso al desaparecer la condena principal a la que es subsidiaria la del recurrente.
Sexto.-Procede declarar de oficio las costas procesales causadas en esta instancia a tenor de lo dispuesto en el art. 240 LECr, al ser estimado el recurso, declarándose igualmente de oficio las costas de la instancia a la vista del pronunciamiento absolutorio en definitiva alcanzado.
Que DEBEMOS ESTIMAR Y ESTIMAMOS los recursos de apelación interpuestos por las representaciones procesales de Bienvenido y CLÍNICA CEMTRO, S. A. contra la sentencia dictada por la Ilma. Sra. Magistrado-Juez del Juzgado de lo Penal núm. 25 de Madrid, de fecha 1 de junio de 2009, y en su consecuencia REVOCAMOS íntegramente la misma, y en su lugar, decretamos la libre absolución de Bienvenido del delito de homicidio imprudente del que había sido condenado, declarando de oficio las costas procesales causadas en la instancia así como las de esta alzada.
Siendo firme esta Sentencia desde esta fecha, por no caber contra ella recurso alguno, devuélvase la causa original junto con su testimonio al Juzgado de procedencia, una vez notificada a las partes, para su ejecución y cumplimiento.
Publicación.-Leída y publicada fue la anterior sentencia por el Ilmo. Sr. Magistrado Don Francisco Ferrer Pujol, estando celebrando audiencia pública. Doy fe.

References: artículo 795
 artículo 20
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