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Timestamp: 2020-04-03 21:33:38+00:00

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Pensadores peruanos | Dios, Persona y Mundo...
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18/05/2018 Leonel Córdova	2 comentarios
El presente trabajo es para abordar de manera breve el pensamiento de uno de los intelectuales peruanos más ilustres que ha dado nuestro país, como es el caso de Manuel Gonzales Prada, y al mismo tiempo poder hacer un corto comentario respecto de su discurso de inicio en la vida política, como lo es el discurso en el Politeama, en el cual ya muestra su estilo característico, que es el confrontacional de protesta reclamando por un Perú que no se da.
Manuel Gonzáles Prada es ante todo un reaccionario, en el sentido no de oponerse a la innovación, sino de actuar en reacción por la acción de otro. Y su reacción fue violenta por la descomposición y postración nacional, por la corrupción y la podré del país[1]. Y por esto, por la fuerza de su pensamiento, nos encontramos ante “el más egregio pensador progresista peruano de fines del siglo XIX y principios del siglo XX, [él cual] tiene un lugar prominente en la historia literaria latinoamericana. Sus escritos nutrieron e inspiraron a varias generaciones de sus discípulos deseosos de democratizar y modernizar el Perú”[2].
En ese sentido, resulta necesario estudiar a Manuel Gonzáles Prada, debido a que serán sus discípulos quienes constituyan el Perú que nos toca vivir actualmente, por lo que resulta necesario estudiar la labor del maestro y cuales han sido sus aportes. De esta manera, debemos tener claro que Gonzales Prada es un “[a]utor, venerado y temido en el Perú, pero casi desconocido en el ámbito latinoamericano a pesar de la recepción que llegó a tener en el primer tercio del siglo XX. A partir de 1918, fecha de su muerte, se convirtió en un ícono laico, […] un honor que margina a la vez que deifica”[3].
Y debido a ese desconocimiento en que se va profundizando su figura, previo a la tarea que nos ocupa que es comentar brevemente el “Discurso en el Politeama”, por medio del cual, según algunos estudiosos de su pensamiento, nuestro autor inicia su actividad de pensador político en el Perú; debemos repasar de manera corta, pero precisa su contexto, su vida y su pensamiento, para ubicarnos en el autor que estudiamos, así como para ubicarnos luego en el texto analizado que será el punto de partida y germen de su pensamiento que resulta ser muy variado, y por lo tanto difícil de clasificar.
En ese sentido, sin decir más, los dejamos, primero con las cuestiones previas que nos servirán de ubicación en el autor para luego pasar a comentar el “Discurso en el Politeama”, esperando que la lectura del presente documento contribuya pequeña pero significativamente para ayudar a conocer nuestra realidad nacional, a partir de sus pensadores.
Piura, 12 de septiembre de 2017
Nuestro país ha tenido problemas institucionales aún antes de alcanzar la independencia, y si vale exagerar, desde antes de la conquista. Ya el Incanato era una subyugación de culturas por parte de los Incas, culturas que vieron su oportunidad de oro para independizarse cuando llegaron los españoles.
Desde la corona española se plantearon una serie de medidas de protección del nativo americano que debía cuidarse hasta que sea un súbdito más del reino español. No obstante, una realidad diferente se dio en la Metrópoli y otra muy diferente en el virreinato, donde un grupo de poder subyugo a los demás. Se había reemplazado a los Incas, primero por los españoles conquistadores y luego por los españoles americanos o criollos.
Será ya en la independencia americana, que le toco independizarse al Perú, y su independencia no fue producto de los peruanos, sino de corrientes libertadoras que llegaron desde Argentina y Venezuela, produciéndose con ello una ruptura en la identidad del país, especialmente, para varios españoles americanos que no deseaban la independencia. Pero, a partir de la misma se encuentran en una nueva situación, ya no tendrá que responder el criollo ante la corona española, sino que ahora estará a cargo del nuevo país, debido a que se concibe como la clase dirigente que buscará conducirnos al progreso.
Pero, no hubo progreso, ni hubo estructuras políticas sólidas. Debido que, al verse libres de la corona española, y al no haber deseado inicialmente la independencia, ahora se encuentran con el botín destapado y todos queriendo poseerlo, es decir, se iniciaran una serie de luchas de caudillos por ostentar el poder, retrasando con ello el progreso del Perú, y manteniendo a las clases sociales bajas en igual o peor condición, dada que la independencia fue hecha por extranjeros favoreciendo la burguesía peruana conformado por varios criollos.
Sin embargo, el país se recuperará y tendrá la ilusión de crecimiento en base a recursos que la naturaleza había depositado en nuestro territorio, estamos hablando del guano y posteriormente del salitre. Y será gracias al guano, recurso bastante apreciado en otros países que se “propiciará el nacimiento del primer partido político, en el sentido estricto del término, y que fue el Partido Civil, [el mismo que] se forma con lo más graneado de la oligarquía limeña”[4]. El exitoso negocio del guano enriqueció a comerciantes peruanos de una manera espectacular, “formando una nueva elite adinerada que emparentada en ventajosos e interesados matrimonios y enlaces con las antiguas y señoriales familias capitalinas, formarían la llamada oligarquía nacional”[5].
Pero, será en el gobierno del presidente Balta, que, debido a una aguda crisis fiscal originada por la deuda externa, que el recién nombrado Ministro de Hacienda, Nicolás de Piérola firmará el contrato Dreyfus, permitiendo que la firma francesa reemplace a los empresarios peruanos que explotaban este recurso. Por lo que, “[e]l escandalo no se hizo esperar y los consignatarios [nacionales] como reacción apasionada y a la vez de cálculo, terminarían por formar un partido político que los represente: el cual toma por nombre Partido Civil, mostrándose dicha agrupación entonces, como un claro y notorio defensor de los intereses de la mayoría de la alta clase limeña. Su líder natural, candidato en las siguientes elecciones y luego elegido presidente del Perú en 1872, Don Manuel Pardo y Lavalle, era un rico consignatario de guano, el más importante.[6]
Al entrarse en una crisis del guano, se buscan nuevos recursos que explotar, y se encuentra el salitre del sur que no estaba siendo aprovechado, lo que unido a un pacto secreto de mutua protección firmado con el vecino país de Bolivia, y los desencuentros producidos con Chile, nos llevará inexorablemente a una catástrofe nacional, llamada la Guerra del Pacífica, que si bien da lugar a demostrar la línea de héroes que tienen el Perú, será una guerra que se pierda con nefastas consecuencias. Recordemos que Bolivia, quien nos metió en el conflicto se retira pronto de la guerra dejando a Perú enfrentarse a Chile, y si bien se guardaba un optimismo fundado en el pasado se comprobaría con dolor que no se había sabido fortalecer nuestro ejército, no habiendo aprovechado la “prosperidad falaz” que nos garantizó el guano.
La guerra del pacifico, encontró en el Perú un país débil, dividido que no había mejorado sus infraestructuras evitando con ello su desarrollo. Y será la perdida de esta guerra, la destrucción del país, la continua lucha por el poder que recae en pocos y que no permiten crecer al Perú, caldo de cultivo del cual emergerá la figura de Manuel Gonzales Prada e iniciará el desarrollo de su pensamiento a partir del “discurso en el Politeama”.
Manuel Gonzales Prada nació en Lima el 05 de enero de 1844, siendo sus padres Don Francisco González de Prada y Marrón de Lombera (1815-1863) y Josefa (Pepa) de Ulloa y Rodríguez de la Rosa (1820-1887), ambos de destacadas familias aristocráticas y religiosas; lo que para algunos será el primer detonante, quizás por una mala relación con los mismos, de su problema existencial que terminará haciéndolo acercar al obrero y alejarse de la aristocracia, lo que significativamente hace al renunciar al “de” de su apellido; y también terminara alejándose de la religión y hablando abiertamente contra la misma[7].
Desde joven se inició en la literatura, escribiendo poemas de influencia romántica, pero pronto pasaría al modernismo. Logrará ser admitido “como socio de la Sección Artes y Letras del Círculo Literario, presidido por Francisco García Calderón[8]“, futuro presidente del Perú; siendo luego crítico con el mismo.
En el ámbito del romance, “Manuel se enamoró de Verónica Calvet de Bolívar, de unos veinticinco años de edad, cuando don Manuel frisaba los treinta. De sus vínculos amorosos nació Mercedes, en 1878. ¿Por qué no se casaron? Tal vez porque el año anterior Manuel había conocido a Adriana de Vernehuil y Conches, agraciada adolescente francesa, con quien se casaría en 1887”[9].
Ante la guerra del pacifico, Manuel Gonzales Prada decidió defender su país y unirse a la resistencia, por lo que “en 1880, cuando los chilenos triunfantes se acercaban a Lima, don Manuel combatió defendiendo el cerro del Pino (a unos dos kilómetros al sur de Lima), vecino a Chorrillos, donde los invasores dos días antes habían prendido fuego a la ciudad. Después de cumplir el deber de defender a la patria, el entristecido Manuel se encerró en la casa materna durante la mayor parte del cuatrienio de la ocupación de Lima. La catástrofe nacional fue definitoria para González Prada y su generación. La estela de pesimismo y revanchismo frustrado lo afectaron profundamente”[10].
Será en 1884, cuando Chile se retira de Lima, que surge de su retiro voluntario para combatir el desbarajuste moral y a los responsables que nos habían llevado a la derrota, siendo este el punto de partida del pensamiento político en Gonzales Prada. Y será en este período donde se inicia por parte de este pensador el uso de su literatura como medio de protesta para acusar las deficiencias y errores cometidos por quienes ostentaban el poder para enriquecerse a si mismos, perjudicando a todo un país, especialmente a los más necesitados que no habían podido fugar del enfrentamiento.
En 1885 entra al Ateneo, nuevo nombre del Club Literario, pero será decepcionado por el conocido conservadurismo de dicha agrupación. Debido a esto, fundará e integrará el Círculo Literario, siendo posteriormente su presidente, considerando a este grupo como “el partido radical de nuestra literatura”[11]. Y será para fiestas patrias de 1888, cuando, “el ecuatoriano Miguel Urbina, con voz límpida, leyó en el Teatro Politeama de Lima la famosa disertación de González Prada, Discurso en el Politeama. Las felicitaciones por tan polémica pieza de oratoria, especialmente procedentes de provincias, fueron difundidas por Abelardo Gamarra en La Integridad, para disgusto de los periódicos gubernamentales, que lo atacaban, condenaban y apoyaban su excomunión”[12].
“En mayo de 1891 González Prada, Germán Leguía Martínez, Víctor Maúrtua, Luis Ulloa, Carlos Rey de Castro, el trujillano Wenceslao Cuadra y cuadros del Círculo Literario fundaron la Unión Nacional, cuya “Declaración de principios”, redactada por don Manuel y publicada el 16 de mayo de 1891 en La Integridad, expresa objetivos reformistas para establecer un gobierno parlamentario dedicado a un programa de reformas sociales y medidas en defensa del indígena. Poco después, el nuevo partido político lo nombró su presidente”[13]. No obstante, sumido en un pesimismo, por la pérdida de dos hijos con su esposa decidirá viajar a Francia dónde el contacto con los intelectuales europeos moldeará su pensamiento. Es preciso señalar, que en Francia nacerá su hijo Alfredo (1891), y que de esa ciudad también verá la luz “Pájinas Libres” (1894).
Luego de Francia inicia un recorrido por Europa que terminará con dos años por España, luego de los cuales, regresa al Perú el 2 de mayo de 1898, volviendo a combatir la corrupción y mal gobierno que ostentaba nuestra patria. Pero, como muestra del anarquismo creciente en su persona, rechazará ser candidato presidencial por su partido, ni acepta ser candidato a la vicepresidencia.
En cambio, publicará en 1901 “Minúsculas”, en 1908 “Horas de Lucha”, en 1909 “Presbiterianas”, y en 1911 “Exóticas”. Y en 1912 acepta ser director de la biblioteca nacional, lo cual reanimará los conflictos contra los escritores conservadores, que lo llamaron “convenido por el poder”, a los cuales responderá con un balance de la biblioteca en el que se muestra varias críticas a las gestiones anteriores que califica de desastrosas[14].
Para “Manuel, 1918 fue un año de hondas preocupaciones, como lo revelaron los escritos inéditos que arrumaba en su escritorio de casa mientras desempeñaba la dirección de la Biblioteca Nacional. Presintiendo la aproximación de la muerte, escribió composiciones contra las crueldades encontradas en la vida. Murió de un infarto cardiaco a las 12:40 de la tarde del 22 de julio de 1918. Así partió el maestro, dejando su obra inconclusa. Por suerte, había plantado semillas cuyos frutos cosecharían sus numerosos discípulos”[15].
Luego de su muerte se han publicado varias obras póstumas entra las que encontramos “Libertarias (1938), Baladas peruanas (1939), Letrillas (1975) y Cantos de otro siglo (1878), o que permanecen inéditos en la Biblioteca Nacional del Perú”[16]. Y “[e]ntre las obras publicadas por su hijo Alfredo, destaca Nuevas pájinas libres, impresa en Santiago de Chile en 1937, con una “Advertencia del editor”. Dividida igualmente en cinco partes, la obra contiene quince ensayos y seis prólogos a diferentes libros de escritores amigos. La calidad estética del gran escritor se confirma en esta publicación”[17].
Manuel Gonzales Prada es recordado por expresiones lapidarias en frases famosas, como: “Los viejos a la tumba los jóvenes a la obra” (Discurso en el Politeama), “rompamos ese pacto infame y tácito de hablar a media voz” (Discurso del Teatro Olimpo), “el Perú es un órgano enfermo, donde se aplica el dedo brota la pus” (Propaganda y ataque), “En el Perú, los militares piensan que el último galón de su carrera es ser Presidente de la República” (Horas de Lucha), “no forman el Perú, las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios discriminados en la banda oriental de la cordillera” (Horas de Lucha).[18]
Las ideas que influyen en el pensamiento de Manuel Gonzales Prada no son tan fáciles de ubicar. En sus escritos él se declara un “libre pensador”, al mismo tiempo que aparecen muestras de un profundo radicalismo que busca la revolución. Posteriormente, se concebirá como un anarquista por lo que ubicarlo en un espectro ideológico es una tarea muy ardua[19].
Hasta llegado 1860, el panorama en el tema de las ideas y la filosofía en el Perú era copado por un eclecticismo dentro de un pensamiento escolástico, que a definición de Gonzales Prada se encontraba ajeno por completo al progreso del conocimiento moderno”[20]. Si bien a partir de 1860, el positivismo empieza sus andanzas en las universidades, será Manuel Gonzales Prada el mayor exponente de un “positivismo no universitario”, sin que esta visión signifique una mirada peyorativa ni discriminadora. Esto es porque “[l]os estrechos límites sociales en que se movían los intelectuales hispanoamericanos jugaron un papel decisivo tanto en los motivos y asuntos tratados en sus obras como en los medios –prensa, principalmente- ante un público por construir[21].
Durante su instancia en París, asiste asiduamente a las clases de Ernest Renan y Louis-Nicolas Ménard en el Collège de France, y a las salas de lectura de la Biblioteca Nacional. Allá hizo pesquisas sobre métrica, rítmica. Además, leyó tanto las obras de antropólogos sociales (Le Bon, Gumplowicz y Tarde), como de los anarquistas Bakunin y Kropotkin. En La Sorbona, escuchó las charlas del egiptólogo Henri Maspero (1846-1916) y concurrió a charlas sobre literatura china. Se matriculó como alumno libre de esa venerable institución de alta cultura, alternando su asistencia con visitas a los museos y concurrencia a la Comédie Française y a la ópera[22]. En los museos que frecuentaba se encontraba el Museo del Louvre y asistía a diversos auditorios donde se pronunciaban conferencias sobre el positivismo de Comte. Estuvo presente en los sepelios de varias personalidades de renombre internacional: Renan, Maupassant, Leconte de Lisle y Louis Pasteur. En los funerales de Maupassant escuchó a Émile Zola su apología al amigo y correligionario de la escuela realista. Y concurrió a representaciones de obras teatrales clásicas y se entusiasmó con las conferencias sobre positivismo.[23]
Por lo que podemos ubicar a González Prada como un intelectual del ochocientos que abraza el positivismo de la ciencia, sobre todo aquel proveniente de Augusto Comte, que renuncia a toda explicación trascendente y metafísica del universo para atenerse exclusivamente al conocimiento de los hechos a través de la observación y de la experiencia[24].
Un positivista que pasara a ser radical, cuando vea que el positivismo por si solo no puede implantarse y dar respuestas a las realidades del país, cuando descubra que el positivismo se une más a las personas que mantienen el poder, y queda lejos del pueblo que necesita el cambio. Y en ese sentido, el González Prada radical solo fue una simple etapa en su marcha al anarquismo[25].
Un anarquismo del que da señales claras cuando renuncia a ser candidato a la presidencia del Perú. Y que sigue mostrando al censurar la organización política y social del país. Un anarquismo que reclama igualdad, y que inicia su búsqueda en la defensa de los derechos de los indios maltratados. Un anarquismo que en muchos casos se tiñe de tintes de socialismo, y que por lo general es herético[26].
Un anarquismo que desarrollará el individualismo presente en él. Y que será el paradigma que supere un positivismo estático. Estableciendo en el proceso la base de una ontología individualista, basada en el orden individual en vez del colectivo, para preparar el camino hacia una etapa anarquista”[27].
Es necesario tener en cuenta que el recorrido que hace Gonzales Prada es sui generis, dado que si bien, “[e]s evidente que el énfasis de los radicales peruanos estuvo más bien en la reordenación y casi se podría decir que en la refundación del Perú político y social desde sus cimientos al nivel de un ideal que nunca se alcanzó de acuerdo con sus expectativas. Los radicales peruanos tuvieron una orientación hacia los temas del trabajo y los grupos artesanales. Pero, los radicales no llegaron a ser, sin embargo, anarquistas o socialistas (democráticos o marxistas)”[28].
La anarquía de Gonzales Prada busca desligar al individuo de la Iglesia, y del estado, siendo su única meta que el sujeto sea capaz de crear su destino. Manuel, “[s]e pone al lado de la plebe porque se ha frustrado con la corrupción de la oligarquía, [y aquí encontramos] […] su fuerza motriz […]: la protesta”[29]. Será por esto, que reclame originalidad en la soledad del individuo, que no solo se extienda al ámbito político, moral, sino también en el ámbito literario.
Por lo que será en base a este anarquismo e individualismo, que logrará crear una literatura nacional moderna, y propondrá modificar tanto la ortografía como el contenido cognoscitivo del castellano[30]. Siguiendo a Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento, en el “Discurso en el Ateneo” y “Notas sobre el idioma”, don Manuel discrepó de la ortografía oficial y propuso el uso del apóstrofe, las contracciones clásicas del, della y desa, el uso de la vocal i en vez de la conjunción y, la sustitución de la g por la j delante de las vocales e e i, etc. y otras reformas. [31]
De “Pájinas libres”, Unamuno dirá: “Es […] de los muy pocos libros latinoamericanos, que he leído más de una vez; y […] de los cuales tengo un recuerdo vivo”.[32] En este libro, González Prada resalta “como idealista imaginativo, apóstol perfeccionista, predicador ético y sembrador de ideas. Su inclaudicable oposición a los déspotas le hizo a veces excederse en la denuncia, no obstante, su permanente esfuerzo para afirmar y negar respaldándose en la verdad […][33].
Después de retornar de Europa, se acercó al proletariado y publicó ensayos progresistas, convirtiéndose en el más importante pensador radical hispanoamericano. En 1908, publicó “Horas de lucha”, su segundo libro en prosa sobre la realidad nacional, donde destacan “Los partidos y la Unión Nacional”, “Nuestro periodismo”, “Nuestros conservadores”, “Nuestros liberales”. “Nuestros magistrados”, “Nuestros legisladores”, “Nuestra aristocracia” y otros ensayos que radiografían la sociedad peruana, y con metáforas cargadas de ironía y sarcasmo, critica implacablemente las instituciones del país[34].
COMENTARIO AL DISCURSO EN EL POLITEAMA
Este discurso inicia la vida política de Manuel Gonzales Prada, y es recordado a través de generaciones como un llamado constante a la juventud. Y en el que se muestran los primeros esbozos de las corrientes filosóficas que ya están de boga por el viejo mundo y que nuestro autor adoptará en su totalidad cuando haga su estancia en Francia y posterior recorrido por Europa.
Si existe una expresión que vuelve a menudo bajo la pluma de González Prada, de hecho, es la fórmula “ciencia positiva”, porque buscará reconstruir el país conforme a un plan matemático[35]. Lo que entra en relación con esa fe ciega en el progreso indefinido de la humanidad que caracteriza a la ilustración, y sobre todo al final del siglo XIX. “El cientificismo de González Prada tiene sus raíces profundas que lo convierten en una figura representativa del siglo XIX y en el continuador, a principios del siguiente de varias generaciones de […] progresistas, herederos ellos mismos de las Luces y de la Revolución Francesa”.[36]
En este Discurso convoca de manera directa a la ciudadanía a luchar por un cambio social contra los males que aquejaban a la sociedad peruana y se habían incrementado luego de la tragedia de la derrota en la reciente guerra. Desplaza toda su artillería contra la vieja herencia colonial española a la cual trata de manera feroz y la acusa de ser el origen de todos los males de la nación. Agrega que su innegable representante es la oligarquía limeña que condensa en ella la responsabilidad de un país sumido en la miseria, el prejuicio y la desolación.
“El organizador de la velada en que se leyó este discurso fue el profesor de música José Benigno Ugarte, director del Colegio de Lima y representante de los Colegios particulares de la capital peruana para dicha organización. Debe llamarse la atención sobre la época y las circunstancias en que fue pronunciado el discurso. Su objeto fue iniciar la colecta nacional para reunir un millón de soles que el Perú debía pagar a Chile en el caso de que el Plebiscito a realizarse, para determinar la suerte definitiva de las provincias de Tacna y Arica-entregadas por diez años a Chile- favoreciera al Perú. Esto fue establecido por el Tratado de Ancón del 20 de octubre de 1883. A la velada asistieron el presidente de la República y sus ministros. Manuel González Prada emblema del revanchismo fue invitado a hablar; él redacto el discurso y lo hizo leer por un joven estudiante, él concurrió de incognito”[37].
Gonzales Prada insiste en un llamado generacional, donde las nuevas generaciones alzaran la mirada y con el dedo señalando juzgaran los fracasos de los mayores que ostentaban el poder. Busca el pensador joven que salga acusador y lleno de energía para cambiar una realidad, censura a los viejos a quien les acusa de una actuación irresponsable que nos ha llevado a una guerra civil de medio siglo, a la quiebra fraudulenta y a una mutilación del territorio[38].
Loa actores que han llevado la vida política del país se les acusa de despilfarro irresponsable, y de mediocres. Nos dice que la ocasión, el reunir el dinero es la intención de los niños de rescatar con el oro lo que sus padres, nuestros padres, no han sabido proteger con el hierro, con las armas. Aclama una y otra vez que los mayores deben temblar ante las acusaciones históricas que les plantearan los jóvenes que no reciben un país rico, sino un país en crisis por su responsabilidad, por sus peleas, por sus ambiciones puestas por encima de la realidad nacional. Los verdaderos enemigos no han sido los chilenos invasores, sino nuestra ignorancia, nuestro espíritu de servidumbre, nuestro país feudal y caudillista, y por lo mismo dividido en sectores, personas que no se reconocen como parte del Perú.
Nos dirá, que “aunque sea duro y hasta cruel repetirlo aquí, no imaginéis señores que el espíritu de servidumbre sea peculiar a sólo el indio de la puna, también los mestizos de la costa recordamos tener en nuestras venas sangre de los súbditos de Felipe II mezclada con sangre de los súbditos de Huayna Cápac. Nuestra columna vertebral tiende a inclinarse”[39].
Acusa a los que han ostentado el poder de haber convertido al país en un lugar dirigido por aficionados, en un país retrogrado, retrasado, en un país de ignorantes. Y acá nos muestra Gonzales Prada la Solución, el darle lugar a una nueva ciencia, y dejar de lado esa ciencia momificada que socaba nuestras universidades, nos está hablando que dejemos los estadios teológicos y filosóficos para llegar a un estadio científico, al positivismo de Comte.
. Niega la existencia de un verdadero partido liberal y de un verdadero partido conservador. Solo muestra tres grandes divisiones en el país: los gobiernistas, los conspiradores y los indiferentes por egoísmo, imbecilidad o desengaño. Pero, si damos lugar a esa Ciencia nueva, a la nueva diosa, nos hará libres, hombres fuertes. Manuel nos muestra un pensamiento positivista que rescata esa fe en el progreso indefinido, visión ilustrada que promete escatologías secularizadas, es decir, la salvación ya no en el más allá sino en la tierra misma.
Luego hará una descripción de la realidad nacional, tan certera como extraña hasta ese momento, nos dirá que “[n]o forman el verdadero Perú las agrupaciones de criollos y extranjeros que habitan la faja de tierra situada entre el Pacífico y los andes; la nación está formada por la muchedumbre de indios diseminadas en la banda oriental de la cordillera”[40]. Y de esa manera extiende el proceso de independencia, que hasta ese momento solo se había concebido para burguesía acomodada, mientras que el indio y las clases pobres habían seguido viviendo como si nada hubiera cambiado. El Perú se extiende y se abren caminos ignorados.
Gonzales Prada muestra su pesimismo respecto a la generación actual de gobernantes, es por ello por lo que hace un llamado a una nueva generación que se encargue del país. En ese sentido nos dirá: “que vengan arboles nuevos a dar flores nuevas y frutas nuevas. ¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra!”[41].
Nos pide que no nos silenciemos, que nuestro odio justo ante las personas que han arruinado el país se pronuncie que los despierte de su corrupción, que como hombres libres actuemos mostrando el camino que se debe seguir. Nos reconoce como un país rico, pero cuya riqueza principal seria la acción libre del hombre, obviamente guiada por una nueva ciencia, la ciencia positiva. Somos mejor que el gobierno, somo el pueblo que camina, que no se encorva, que no es siervo, en ese sentido nos afirma: “[l]a historia de muchos gobiernos del Perú cabe en tres palabras: imbecilidad en acción; pero la vida de todo el pueblo se resume en otras tres: versatilidad en movimiento”[42].
Tenemos todos los peruanos sentimientos que nos pueden permitir recuperar lo grandioso de nuestro país, que son capaces de regenerarnos y salvarnos, estos serían el amor a la patria y el odio a Chile[43]. Un discurso confrontacional, entendido en el contexto de la Guerra, de un Chile que había destruido el Perú, de un gobierno que el pueblo siente como responsable, y en ese sentido sienten que los gobernantes no aman al país que les toca gobernar, un creciente llamado de atención que hace que cada joven se levante para trabajar, eso si, conjuntamente, no por un interés personal, sino por el interés de la sociedad.
Un llamado que sigue estando vigente en la actualidad, pero no de forma tan radical, no con los tintes anarquistas respecto al gobierno, pero sigue siendo un llamado a que cada generación se preocupe por su país, ame a su país, y que ya no sean los puntos de partida el odio a otro país, que no se pierda el tiempo en ello, sino que nos concentremos en nosotros. Ni una ciencia positiva, que se mostró como un fracaso a lo largo de la historia, pero que, si sea nuestra tarea, identificar las necesidades concretas del país y de los peruanos y buscar satisfacerlas para alcanzar un bien común que se asocie del bien personal de cada ciudadano.
El aporte de Manuel Gonzales Prada consiste en innovar en el ambiente cultural-político limeño que no se había movido desde la independencia. Y no solo lo logra en el plano de las letras, debido a que su radicalismo quiere cambiar la sociedad peruana que aún conserva tintes coloniales. En ese sentido, se constituye como el primer gran modernizador del Perú, que intenta corregir los males de la sociedad desde sus raíces.
Manuel Gonzales Prada pertenece a un período eclético en el que encuentra diversas influencias: romanticismo, positivismo, anarquismo, entre otros. Por esto se puede describir como eclético, si entendemos al modernismo como una realidad eclética, entonces también lo podemos describir y clasificar como un pensador modernista.
La crítica de Manuel Gonzales Prada responsabiliza a tres actores de la política nacional: a) La Oligarquía Nacional. b) La alta jerarquía del Ejército Peruano y c) La Iglesia Católica. Y por ello, someterá a estas tres instituciones, que vienen a conforman una especie de “antiguo régimen” en su mentalidad a una furibunda critica, en el marco de un despiadado análisis de la realidad nacional post guerra del pacifico.
Manuel González Prada estuvo convencido de encontrarse en el umbral de una gran transformación histórica nacional, en el inicio de la revolución, en la cual lo viejo y lo nuevo colisionan en circunstancias en que las glorias del pasado sirven de lanzas para forjar el futuro. En esta coyuntura, entiende al escrito como un medio de propaganda y ataque.
Manuel González Prada también marcó profundamente la política peruana. Su pensamiento ha influido en la redacción de programas para modernizar y democratizar el país. Su aversión a las limitaciones y prejuicios sociales, al colonialismo estético y a la sociedad retrógrada lo empujó a producir una literatura política sobre los males del país y la transformación social. Su defensa de los desamparados del mundo le ganó adeptos y admiradores en muchas partes.
Manuel González Prada intentó ser a la vez ecuménico y local. Se esforzó por interpretar al peruano y lo peruano como parte de su esfuerzo de identificación continental. Su espíritu innovador no se riñe ni con el clasicismo ni con la erudición internacional. Eso sí, adapta siempre las ideas foráneas, clásicas o modernas, a la realidad americana. Del liberalismo positivista evolucionó al anarquismo. De la literatura objetiva y social, impregnada de cientificismo y regida por el ideario del progreso, llegó a la literatura de propaganda y ataque a favor de la creación de una sociedad ácrata. Constituyéndose por su innovadora literatura política, tan rica en ideas, en un adelantado del pensamiento contestatario, un “precursor del nuevo Perú”.
El Discurso en el Politeama se constituye como el punto de partida de Manuel Gonzales Prada, donde ataca el pasado identificándolo con los estadios religiosos y filosóficos, proponiendo que los “viejos” y lo “viejo” del lugar a los “jóvenes” y a lo “nuevo”, una nueva ciencia que encuentre las respuestas que el Perú necesita para el progreso. Y guarda, un voluntarismo creciente en ese positivismo, que luego derivará en escritos posteriores en radicalismo para convertirse en anarquismo, la voluntad individual de llamar a todos para cambiar en base a la ciencia, a pesar que un país no desarrollado no podría recibirla con los brazos abiertos. Y se adelanta en su vida, al pesimismo post guerra mundial, que nos enseña que la ciencia no es la solución; derivando primero por lo radical para volverse luego el anarquista que conocemos.
Alarco, Luis F. Pensadores Peruanos 7. Santa Rosa, 1952.
Cateriano, Pedro, ed. Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa. 1ª ed., 1ª reimp. Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009.
González Prada, Manuel, and David Sobrevilla. Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales. 1. ed. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009.
Leguía, Jorge G. Hombres e Ideas en el Perú. Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989.
Olivari Ortega, Walter R. Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. Bogotá; [TESIS] (accessed 2015).
Sánchez, Luis A. Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada. Serie obras escogidas. Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016.
[1] Luis A. Sánchez, Elogio de don Manuel González Prada: Mito y realidad de González Prada, Serie obras escogidas (Jesús Maria: Universidad Inca Garcilaso de la Vega Fondo Editorial, 2016), 14
[2] Pedro Cateriano, ed., Veinte peruanos del siglo XX: Manuel González Prada, Francisco García Calderón, Víctor Andrés Belaunde, José de la Riva-Agüero y Osma, César Vallejo, Honorio Delgado, José Luis Bustamante y Rivero, Pedro G. Beltrán, José Carlos Mariátegui, Víctor Raúl Haya de la Torre, Raúl Porras Barrenechea, Luis Alberto Sánchez, Jorge Basadre, José María Arguedas, Fernando Belaunde Terry, Luis Bedoya Reyes, Fernando de Szyszlo, Blanca Varela, Luis Banchero Rossi, Mario Vargas Llosa, 1ª ed., 1ª reimp (Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, 2009), 15
[3] Walter R. Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis (Bogotá); [TESIS] (accessed 2015), 6
[4] Ibid., 13
[5] Ibid., 14
[7] Luis F. Alarco, Pensadores Peruanos 7 (Santa Rosa, 1952). 53
[8] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 17–18
[9] Ibid., 18
[10] Ibid., 18–19
[11] Ibid., 19
[12] Ibid., 20
[13] Ibid., 20–21
[14] Manuel González Prada and David Sobrevilla, Manuel González Prada: ¡los jóvenes a la obra! textos esenciales, 1. ed. (Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2009). 106
[15] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 26
[16] Ibid., 27
[17] Ibid., 32
[18] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 7
[20] Ibid., 18
[21] Ibid., 19
[22] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 21
[23] Ibid., 22
[24] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 73
[25] Ibid., 77
[26] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 23–24
[27] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 83
[28] Ibid., 77
[29] Ibid., 87
[30] Cateriano, Veinte peruanos del siglo XX, 28–29
[31] Ibid., 31–32
[32] Ibid., 29
[33] Ibid., 31
[34] Ibid., 29
[35] Jorge G. Leguía, Hombres e Ideas en el Perú (Lima: Asociación Cultural de Integración, 1989)
[36] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 21
[37] Ibid., 32–33
[38] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 238
[39] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis. 33
[40] González Prada and Sobrevilla, Manuel González Prada. 239-240
[41] Ibid. 240
[42] Ibid. 241
[43] Olivari Ortega, Manuel Gonzáles Prada: Un anarquista Sui Generis, 32–35
Categorías:Filosofía, Pensadores peruanos, Política
LA PARTICIPACIÓN PLATÓNICA EN “EL BANQUETE”

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