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Timestamp: 2018-02-23 12:30:27+00:00

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18. Los Derechos Humanos de solidaridad - Juspedia
2 La problemática asociada a los derechos de solidaridad
3 La relación entre los nuevos y los viejos derechos
4 La falta de homogeneidad de los derechos de solidaridad
6 El derecho a la paz
6.1 Introducción. El concepto de paz
6.2 Los sujetos del derecho
6.3 El derecho a la paz en el derecho positivo
7 El derecho al desarrollo
7.1 Introducción. El concepto de desarrollo
7.2 Los sujetos del derecho
7.3 El derecho al desarrollo en el derecho positivo
8 El derecho a un medio ambiente adecuado
8.1 Introducción. El concepto de medio ambiente adecuado
8.2 Los sujetos del derecho
8.3 La positivación del derecho
9 Los otros derechos de solidaridad
9.1 El derecho a la propiedad común de la humanidad
9.2 El derecho a la asistencia humanitaria
En el siglo XX comenzaron a oírse numerosas voces que consideraban insuficientes unos derechos inservibles a la hora de garantizar los derechos colectivos. A partir de los años 70 del citado siglo surgió un nuevo tipo de derechos, los derechos de solidaridad llamados también de 3ª generación que intentan superar el marco de los derechos individuales para centrarse en conceptos supraindividuales, como la comunidad o el pueblo. Desde entonces la importancia de estos derechos ha ido incrementándose espoleada por la aparición de fenómenos de nuevo corte, como el actual proceso globalizador.
Entre los derechos de la 3ª generación deben incluirse el derecho a la paz, el derecho al desarrollo, el derecho a un medio ambiente adecuado, el derecho a la asistencia humanitaria, el derecho a la conservación del patrimonio común de la humanidad, el derecho de toda persona a comunicarse, el derecho a la preservación del propio patrimonio genético, el derecho a la intimidad genética, etc. En suma una lista abierta a la inclusión de nuevos derechos.
La problemática asociada a los derechos de solidaridad
La aparición de esta nueva generación de derechos no ha sido, ni mucho menos, pacífica. Su nacimiento ha provocado sentimientos encontrados dentro de la doctrina jurídica. Si bien la mayoría de los autores han saludado los nuevos derechos como una buena oportunidad de continuar avanzando en la defensa de la dignidad humana, otros en cambio los han visto como un artificio de efectos claramente perniciosos.
Entre los motivos citaremos principalmente tres: un peligro para los derechos existentes; una falta de homogeneidad absoluta; una carencia completa de una base jurídica imprescindible.
La relación entre los nuevos y los viejos derechos
La propia denominación de " 3ª generación " parece indicar que las 2 precedentes ya están superadas. La apelación a entidades supraindividuales, como la comunidad humana apunta la posibilidad de dotar de una nueva coartada a los Estados o a los entes internacionales para restringir los derechos individuales. La defensa del derecho al desarrollo puede amparar la instauración de férreas dictaduras, o la apelación a la asistencia humanitaria puede ser el marco de un intervencionismo de las potencias occidentales.
Pero estos argumentos son excesivamente simples y desde perspectivas poco ajustadas a la realidad. Es más verosímil ver en estos derechos una maravillosa oportunidad de englobar los logros alcanzados en siglos anteriores con las respuestas actuales. Conceptos como paz, medio ambiente etc. han de ser vistos como los puntos de partida imprescindibles desde los que construir un marco adecuado para el desarrollo de los derechos humanos.
Hemos de concluir que no existe una relación dialéctica entre los nuevos derechos y todos aquellos que proceden de generaciones precedentes. Al contrario, la relación entre los nuevos y los viejos derechos es claramente enriquecedora. Los tres derechos se hallan directamente entrelazados: sin paz, el desarrollo es imposible; sin desarrollo, los derechos humanos son ilusorios; sin derechos humanos, la paz no es más que violencia.
La falta de homogeneidad de los derechos de solidaridad
Mientras que los derechos de siempre tiene la característica de pertenecer a un sujeto individual, los derechos de solidaridad se insertan en la esfera de uso colectivo, lo cual hace que desde su punto de vista, no deban ser considerados propiamente derechos humanos, sino en todo caso, bienes colectivos.
Debemos resaltar, en primer lugar, que no todos los derechos humanos anteriores a los de 3ª generación tenían como sujeto al individuo humano.
En 2º lugar, la idea de que todo derecho humano debe poder adscribirse al sujeto individual ha de ser considerada más como un residuo inevitable de la forma de pensamiento occidental que como un aserto de validez universal.
LA CARTA AFRICANA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y DE LOS PUEBLOS O LA DECLARACIÓN AMERICANA, inciden en la importancia de los derechos y deberes colectivos.
La carencia de una base jurídica sólida en la que fundamentar estos derechos El motivo no es otro que la falta de un reconocimiento vinculante de estos derechos en un documento internacional susceptible de ratificación por parte de los diferentes Estados. Por eso se habla de que habría que circunscribirlos a la esfera de los deseos aunque carentes de eficacia jurídica.
Ha habido una falta general de motivación política para superar la esfera del soft law en el campo de estos derechos, pero esta tendencia no tiene porque durar eternamente. Algo está cambiando y en este sentido la firma del PROTOCOLO DE KYOTO en torno al medio ambiente, o la creación de un TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL. Aun cuando los derechos de la 3ª generación no consiguieran traspasar el marco de las declaraciones no vinculantes, eso no significa necesariamente que su reconocimiento no tuviera ningún valor. Muchas de las declaraciones de la ONU han tenido una poderosísima influencia en un mundo en el que los Estados van perdiendo progresivamente su importancia.
Los derechos de solidaridad también llamados derechos de la 3ª generación, poseen desde nuestra perspectiva, la entidad suficiente para entrar a formar parte del elenco de los derechos humanos. Cualquier obstáculo a su reconocimiento como tales deben ser visto como una fuente enriquecedora de cara a su progresiva puesta en práctica.
Introducción. El concepto de paz
El derecho a la paz ha de hallarse presente en todas las declaraciones de derechos que esperan verdaderamente ser humanas y universales.
Debe ir más allá de la ausencia de guerra y cumplir unos requisitos mínimos de respeto a la libertad y a la justicia. Se puede afirmar que el derecho a la paz es un " derecho síntesis ", ya que implica necesariamente la previa implantación de los derechos fundamentales, la justicia y la libertad.
Numerosas declaraciones internacionales han proclamado que son tanto las personas individuales, como las colectividades, las poseedoras de un derecho a la paz. Depende de una cultura u otra. Son las colectividades las que se enfrentan en las guerras, no lo es menos el que el resultado de estas afecta a las personas individualmente. Son todos y cada uno de los seres humanos quienes deben gozar de una situación que les permita desarrollar adecuadamente una vida fundamentada en la justicia y la libertad. Por lo tanto hay que decir que no se puede hablar del derecho a la paz como un derecho individual o como un derecho colectivo. Está disyuntiva es ficticia porque no puede existir un auténtico derecho a la paz que sea divisible, que pueda diferenciar entre colectividades e individuos.
El derecho a la paz en el derecho positivo
El deseo de salvaguardar la paz en el ámbito internacional fue uno de los motivos que llevaron a la creación de la ONU como figura en el preámbulo de su CARTA FUNDACIONAL, pero la 1ª declaración acerca del derecho a la paz data de los años 80. Ese entonces cuando la Asamblea General aprueba LA DECLARACIÓN SOBRE EL DERECHO DE LOS PUEBLOS A LA PAZ, de 12 de noviembre de 1984. Se modifica por la RESOLUCIÓN DE 1985. Pero este texto adolecía de la falta de una correcta integración entre el derecho a la paz individual y colectiva.
La DECLARACIÓN SOBRE LA CULTURA DE LA PAZ se adopta por la Asamblea General de la ONU el 15 de enero de 1998 y se desarrolla por la Declaración y el PROGRAMA DE ACCIÓN SOBRE UNA CULTURA DE LA PAZ EN 1999.
Los principios esenciales de un verdadero derecho a la paz son los siguientes: el fomento de la educación, la promoción de un desarrollo sostenible en el ámbito económico y social, la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, el respeto a los derechos humanos, el incremento de la participación democrática en la vida social, la promoción de la solidaridad y la tolerancia, el incremento del flujo de información gratuita y el desarrollo de un sistema internacional de paz.
Hay que destacar la resolución de 1997 que proclamó el año 2000 como el " AÑO INTERNACIONAL PARA LA CULTURA DE LA PAZ " y la resolución de 1998 que dio al período 2001-2010 y la denominación de " DÉCADA INTERNACIONAL PARA LA CULTURA DE LA PAZ Y NO VIOLENCIA PARA LOS NIÑOS DEL MUNDO ".
Es importante la CARTA AFRICANA y de 1979 y la CONFERENCIA GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN PARA LA PROHIBICIÓN DE ARMAS NUCLEARES EN AMÉRICA LATINA (OPANAL).
Introducción. El concepto de desarrollo
En los últimos años la idea de desarrollo se ha visto excesivamente influenciada por consideraciones de tipo económico. Para empezar debe diferenciarse claramente del derecho del desarrollo. Este último puede ser definido como una rama del Derecho encaminada al estudio del desarrollo, el derecho al desarrollo es por sí mismo, un derecho humano reconocido en numerosas declaraciones y no una disciplina de estudio. De otra parte no se debe considerar el derecho al desarrollo como un concepto aislado. Se promueve, en verdad, una síntesis absolutamente necesaria de otros derechos, como el derecho a la paz, la libertad, la seguridad, la justicia, etc.
El concepto va más allá de lo puramente material, enraizándose así de una forma inevitable en la esencia humana. Un verdadero desarrollo sólo puede entenderse en el marco de respeto a otros derechos humanos básicos, como la libertad humana.
A primera vista es un derecho de corte claramente colectivo. Pero esta concepción choca con lo expresado en el marco de la Resolución 41/128 de 1986 de la ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS que considera al derecho al desarrollo como " un derecho universal inalienable y como parte integrante de los derechos humanos fundamentales " cabe deducir que es a un mismo tiempo un derecho individual y colectivo y en caso de duda, se debe considerar que el derecho de los individuos es superior al de los pueblos.
Quizá desde aquí haya quien vea una preponderancia de la mentalidad individualista occidental. Pero también es posible pensar que el documento citado quería reforzar la separación entre un concepto de desarrollo materialista y uno más acorde con los requerimientos de la dignidad humana. Precisamente la dignidad humana la que nos obliga a tratar a un hombre como un fin en sí mismo y no, exclusivamente, como un medio.
Y es a nuestro juicio en esta 2ª explicación donde se debe buscar la auténtica raíz y razón de la postura adoptada por la ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU.
El derecho al desarrollo en el derecho positivo
El espíritu del derecho al desarrollo puede encontrarse ya en la CARTA FUNDACIONAL DE LAS NACIONES UNIDAS. La DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS incluye numerosas referencias al derecho al desarrollo. El PACTO INTERNACIONAL DE DERECHOS CIVILES Y POLÍTICOS y especialmente el que se refiere a los DERECHOS ECONÓMICOS, SOCIALES Y CULTURALES muestran alusiones a estos derechos. La 1ª referencia expresa al derecho al desarrollo no llegó hasta 1978 cuando la UNESCO dictó su DECLARACIÓN CONTRA LA DISCRIMINACIÓN RACIAL en ese año, y en su artículo 3 redactó una referencia concreta al " derecho completo de todo ser humano y de todo grupo humano ".
Años más tarde la ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS, EN UNA RESOLUCIÓN DE 1986 acabó por clarificar verdaderamente el sentido del derecho humano al desarrollo. De este documento se extraen varias ideas enunciadas años más tarde por el mismo secretario general de la ONU, Boutros Ghali:
El desarrollo constituye una prioridad absoluta en el mundo actual El derecho que ahora nos ocupa implica el logro de otros fines sin los cuales no es comprensible: La erradicación del hambre, la enfermedad, la ignorancia, etc.
La implantación progresiva de este derecho debe dar lugar a un nuevo sistema de cooperación internacional que supere las deficiencias que ahora experimentamos La ONU es el organismo llamado a dirigir todo el proceso de implementación de estos derechos La DECLARACIÓN Y PROGRAMA DE ACCIÓN DE VIENA DE 23 DE JUNIO DE 1993 es la confirmación por la CONFERENCIA MUNDIAL DE DERECHOS HUMANOS y a lo largo del año 2002 se han producido otros 2 acontecimientos de gran calado: La CONFERENCIA INTERNACIONAL DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE la FINANCIACIÓN PARA EL DESARROLLO, celebrada en México en marzo La CUMBRE MUNDIAL SOBRE EL DESARROLLO SOSTENIBLE (Sudáfrica) entre agosto y septiembre
El mayor problema es que a pesar de las buenas intenciones que presentan sus enunciados, carecen por completo de algún tipo de medida coercitiva que pueda obligar a los Estados.
Introducción. El concepto de medio ambiente adecuado
Por primera vez desde que el hombre puebla la Tierra existe la posibilidad de que éste pueda, con sus actos, poner en peligro la supervivencia del medio que le rodea. El efecto invernadero, la contaminación constante de ríos y mares, los vertidos nucleares, etc. son buenos ejemplos.
El horizonte temporal en el que debe situarse esta clase de derecho va mucho más allá del estrecho marco de una generación. Por otra parte la discusión acerca del concepto de medio ambiente adecuado se haya íntimamente ligada a la idea del desarrollo sostenible que responde a una doble exigencia: la satisfacción de las necesidades de las generaciones presentes y futuras; y la consecución de unos logros económico-sociales que permitan a los seres humanos una existencia adecuada a su dignidad.
Supone no obstante, el peligro ya denunciado anteriormente de exagerar el papel de la economía o de restar importancia a los factores morales que deben guiar una auténtica idea de desarrollo humano que es la labor propia de una ética integradora.
El derecho al medio ambiente es a un mismo tiempo individual y colectivo.
Por un lado todos y cada uno de los seres humanos han de ser capaces de proyectar su actividad vital dentro de un medio que les permita desarrollarse adecuadamente. Por otro, es evidente que dicho derecho puede ser extensivo a colectividades humanas que han hecho de su relación con el medio que les rodea una cuestión básica dentro de su forma de vida.
No debe contemplarse exclusivamente desde la perspectiva de las generaciones actuales sino en todo caso han de tenerse en cuenta todas aquellas que las sucederán. Tampoco significa que no se pueda pensar que no existan deberes frente a dichos seres.
La conclusión es que sólo reconciliando adecuadamente el derecho al desarrollo con el derecho a un medio ambiente justo a través de una correcta comprensión del concepto desarrollo sostenible podremos dar una respuesta adecuada a las exigencias de la dignidad humana. El camino a seguir en los próximos años será hacer compatible el bienestar de las generaciones actuales con los requerimientos que nos impone el respeto a los que han de ir detrás de nosotros.
La positivación del derecho
El comienzo de la existencia del derecho al medio ambiente ha de situarse en LA DECLARACIÓN DE LA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE MEDIO AMBIENTE Y DESARROLLO HUMANO, también llamada DECLARACIÓN DE ESTOCOLMO de 16 de junio de 1972, elaborada en el marco de La ONU.
Entre los documentos posteriores están:
El Protocolo de Montreal sobre las Sustancias que Agotan la Capa de Ozono de 1987
La Declaración de la CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS SOBRE MEDIO AMBIENTE Y EL DESARROLLO DE 1992 propuesta en La Conferencia Mundial de la ONU de RÍO DE JANEIRO y también de 1992 (problema de su carácter de soft law)
El PROTOCOLO DE KYOTO de la Convención marco de las Naciones Unidas SOBRE CAMBIO CLIMÁTICO de 1997 en el que se estipulan una serie de medidas encaminadas a la disminución de las emisiones de fluidos contaminantes que pudieran afectar a la capa de ozono
El Protocolo de Kyoto no ha sido ratificado por la potencia mundial que produce un mayor deterioro del medio ambiente, Estados Unidos. Cabe por tanto señalar que urge la creación de una mayor conciencia mundial.
Los otros derechos de solidaridad
El derecho a la propiedad común de la humanidad
La idea de bienes de propiedad común, alejados de la alegación del Estado, surge en el siglo XVII, ligada a la necesidad de garantizar la libre navegación por todo el mundo, y es un concepto que posteriormente se ha extendido a otros campos de la vida humana. Hay que reconocer que existen algunos bienes que por su propio valor no pueden pertenecer a seres humanos aislados o a comunidades o Estados. Significa que el respeto que nos merece la dignidad humana implica que algunos bienes pertenecen a la humanidad en su conjunto.
Y esto produce varias consecuencias: Nadie puede apropiarse de ella; Debe existir una autoridad internacional que gestione su uso y conservación; cualquier beneficio que surja como consecuencia de su explotación debe ser compartido equitativamente por toda la humanidad; Las áreas o recursos designados como propiedad, serán utilizados sólo con fines prácticos en beneficio de todos; dichas áreas recursos serán protegidos y preservados para su uso por las generaciones futuras
El ejemplo más significativo de la implantación de la idea de una propiedad común de la humanidad es la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LA UNESCO SOBRE EL GENOMA HUMANO Y LOS DERECHOS HUMANOS DE NOVIEMBRE DE 1997.
Toda persona, comunidad o Estado, tiene derecho a ser ayudado por los demás en caso de hallarse en una situación límite a la que no pueda enfrentarse efectivamente con sus propios recursos.
Este derecho no ha de extenderse más allá de situaciones coyunturales. De lo contrario correríamos el riesgo de solaparlo con el derecho al desarrollo en sí mismo. La existencia de este tipo de derechos se ha concretado en una asistencia internacional gestionada por el propio Estado o comunidad afectados por la coyuntura. En otros casos, se ha procedido a intervenir directamente creándose con tal fin una estructura organizativa ad hoc. El ejemplo más relevante se produjo con la intervención de la ONU en Somalia en los años 90. Se enviaron los cascos azules a la zona en un fuerte contingente apoyados por tropas norteamericanas. No obstante hay que mantener la postura de que el ideal marcado por la solidaridad debe implicar un derecho de todos aquellos que se encuentre en una situación extrema a ser ayudados por todos los demás seres humanos

References: RESOLUCIÓN 
 resolución 
 resolución 
 Resolución 
 artículo 3
 RESOLUCIÓN