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Timestamp: 2017-10-19 16:03:56+00:00

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Relatos del País de Nunca Jamás: El coleccionista de sueños: La primera noche
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– ¿Cómo le ha ido? – La voz resonó en el silencio de la nada como un tambor en un templo budista, alterando la profunda meditación en la que todos estaban sumidos.
– Le está yendo, más bien, Experiencia. – Resolución miraba con postura erguida la escena, haciendo ver que sujetaba su mentón con la mano derecha.
Ambos se encontraban en el ático de un edificio cuya terraza hacía un tiempo había estado ocupada ocasionalmente por la misma esencia del joven del que hablaban.
Tiempo había pasado desde que se vieron por última vez, y eso representaba siempre un incierto punto que en ocasiones apuntaba a lo mejor y otras, en cambio, a lo opuesto.
La noche se mostraba cerrada sin luna y sin estrellas en aquel encuentro, aunque la falta de visibilidad no ocultaba la nítida gran negra sombra que, a sus espaldas, les observaba impávida sin moverse ápice alguno.
– Mírala, apenas cabe en el interior de esa habitación.
– Es muy grande ya, hay que estar alerta, se trata claramente de un punto de inflexión en la vida del chico. – Apuntó Experiencia.
– ¿Alguien sabe si ha tomado bien la medicación? – La voz de Resolución denotaba prisa militar.
En ese momento el sonido del encenderse de una cerilla precedió a un murmullo de asentimiento femenino. Al girarse, Experiencia y Resolución vieron a una mujer con vestido largo negro y un sombrero con velo, que había apartado para fumarse su cigarrillo, dirigirse a ellos alzando su brazo con un elegante movimiento.
Era la primera vez que veían a Sinceridad, que se mostró en su presentación con una seguridad en sí misma que impresionó incluso a Resolución.
– No hay duda, el chico la ha tomado. – Experiencia se adelantó en ese instante a Sinceridad, que corroboró sus palabras asintiendo con la cabeza.
– ¿Entonces por qué no puede dormir? – Los tres quedaron quietos en sus respectivas posiciones, muy atentos a cada movimiento, a cada muestra de terror de una persona que se agitaba entre momentáneas cabezadas de pocos minutos, amparada bajo la presencia de algo oscuro muy parecido a lo que Experiencia, Resolución y Sinceridad tenían detrás con enfermizo tamaño.
Cuando el muchacho quedó dormido y comenzó a tratar de exclamar sin más resultado que dar una clara demostración de su desesperación y sufrimiento, en el ático algo ocurrió. Algo sin precedentes. Resolución se dio la vuelta y a grandes zancadas se plantó frente a una sombra que parecía agitarse como tratando de engullirlo a él y a sus acompañantes.
– ¿Qué está ocurriendo ahí? – La voz de Resolución no tembló.
Una voz grave, casi de ultratumba y sobrenatural, pronunció unas palabras dando a entender que estaba protegiendo al joven de algo mucho peor.
Resolución no paró ahí, pero cuando quiso hablar, la mano de Experiencia en su hombro le interrumpió.
– No siempre el sufrimiento sin medida bloquea a los terrores más profundos. Él ya ha pasado por ambos, y sabemos que puede emerger de ellos sin protección alguna.
De la sombra, cuyo tamaño desde que se habían plantado frente a ella había disminuido, bailoteó fantasmagóricamente al tiempo que lejos de ahí, en una solitaria habitación, el sonido ya audible de un grito callado con tintes de gemido se hizo escuchar.
– ¿Hay algo de sobrenatural en todo esto, Sinceridad? – Resolución se mostraba nervioso por vez primera.
– No puedo discernirlo, pero se que esta sombra miente acerca de su identidad. Sabe que no es quien custodia el campo onírico de esa persona.
En ese momento ocurrió lo inusual.
Sombra, por vez primera tuvo nombre.
– Sombra, tú provocas esos sueños, ¿No es cierto? – Mientras Rectitud bajaba de uno de los elevados bordes que limitaban la terraza con la larga caída a la calle dirigiéndose con la mirada fija y media sonrisa en boca hacia una sombra que cada vez tomaba más forma corpórea, Rectitud dejó en el aire su pregunta.
Tras rodearla entre todos, Sombra confesó lo que el chico estaba viendo en sueños.
Se trataba de la habitación de casa de sus padres fusionada con la habitación en la que se encontraba.
El muchacho sabía, era consciente, de esa imposibilidad y quería escapar del sueño forzándose a despertar con gritos desesperados, pero lo único que conseguía era viajar entre espacios diferentes conectados a la perfección, en una trampa que le mantenía sin respuesta alguna en su cuerpo a los movimientos que ordenaba, ni tampoco a los intentos de hacer sonar su voz.
En su habitación encontraba la tortura terrorífica a la que había sido sometido antes de caer dormido, y en la otra sabía que solo había más y más sueños, más y más desesperación.
No obstante lograba moverse un poco en la zona onírica, de modo que siguió a su pareja hacia una terraza interior donde, tras discutir y bromear sabiendo que aquello no estaba ocurriendo, ella lo arrastró hacia una caída mortal.
Cuando miró al suelo, en el ático Sombra estaba acorralada.
– ¡Haz que se despierte ya!
Resolución zarandeaba lo poco que quedaba de la sombra que habían intuido Experiencia y él justo cuando la conversación tenía comienzo.
Pero el chico volvía a estar, por enésima vez, observando las dos habitaciones a las que parecía superponerse una tercera.
– Sombra nunca cede... – Experiencia mostraba los labios apretados denotando su cabreo.
Rectitud levantó sus dedos en ese momento.
Perdió su mirada en la negra Sombra y chasqueó una vez.
Una habitación desapareció.
Chasqueó de nuevo.
El chico, de un bote que lo mandó al comedor a toda prisa, despertó.
Eran casi las cuatro de la madrugada y la tortura había durado unas tres horas.
Recordó como una parte de él había logrado aterrizar en su sueño, y quedó sentado, sumamente concentrado, aguardando el amanecer.
En el ático Sombra había desaparecido al tiempo que el sol comenzaba a asomar fundiendo en furiosos anaranjados las nubes que decoraban los cielos aquí y allá.
– ¿Cómo sabes que está en el buen camino? No es nuestra primera batalla en este campo. – Preguntó Resolución.
– Monstruo ha desaparecido de golpe. Y él ha logrado despertar asumiendo aquello que será su talismán de ahora en adelante.
Experiencia miró a resolución, mientras una niña y una elegante mujer de repente aparecieron dando un paseo por la solitaria calle. Sonreía mientras proseguía..
– Cuando nadie puede ayudar, es cuando más ayuda necesita él. Sin embargo, esta vez, ha mirado a Sombra a los ojos. Solo, sin nadie a su lado.
Rectitud asintió exhausto mientras los tres contemplaron como el sol bañaba las inexistentes calles de un pasado que simbolizaba el punto de encuentro ideal para dialogar con calma todos y cada uno de los días.
Pero, sobretodo, todas y cada una de las noches.
Publicado por Víctor Fernández García en 5:08
J. Carlos Fernández 24 de julio de 2015, 15:26
Ya están aquí. Como férreos defensores de la claridad y el sentido común adquieren vida y lanzan campanazos químicos de advertencia en la búsqueda del equilibrio. Como en una noche pavorosa de por si en la que conciliar el sueño es ya una tarea difícil puedes verte afectado por pesadillas tremendas en el periodo de sueño en que no deberían aflorar y menos hacerse prácticamente conscientes. El relato es buenos, pero más buena es su resolución. Y a estos personajes me uno en la defensa y la lucha que el autor está ejerciendo en estos momentos. No estás solo.
Víctor Fernández García 24 de julio de 2015, 17:51
Me alegra que te guste el conjunto del relato.
Esperemos que los relatos encuentren pronto una conclusión, o el protagonista deberá caminar a través de una tortuosa aventura en busca de un descanso que no parece dibujarse dentro de esta tormenta que ha significado la primera noche.
María Campra Peláez 28 de julio de 2015, 8:36
Buen comienzo. Voy a por la segunda noche. Menudas pesadillas. Un abrazo.
Víctor Fernández García 28 de julio de 2015, 23:28
Me alegra que te guste, a ver que tal la segunda noche. ¡Un abrazo!

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