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LAS CAJAS DE AHORROS ESPAÑOLAS: POR UN MODELO DINÁMICO
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Guillermo Farías Ruiz
1 LAS CAJAS DE AHORROS ESPAÑOLAS: POR UN MODELO DINÁMICO
3 PUBLICACIONES DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y FINANCIERAS LAS CAJAS DE AHORROS ESPANOLAS: POR UN MODELO DINÁMICO DISCURSO DE INGRESO DEL ACADÉMICO CORRESPONDIENTE, PARA ARAGÓN ELECTO ExcMo. SR. DoN JosÉ Lurs MARTÍNEZ CANDIAL ECONOMISTA. PRESIDENTE HONORARIO DE lbercaja PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA BANCA DE NEGOCIOS E.B.N. en el acto de su recepción, 18 ele enero ele 1996, y DISCURSO DE CONTESTACIÓN POR EL ACADÉMICO NUMERARIO ExcMo. SR. DoN LoRENZO GAscóN FERNÁNDEZ BARCELONA 1996
5 A mis colaboradores de Ibercaja, con mi afecto y agradecimiento. José Luis lvlartínez Canclial
7 SUMARIO DISCURSO DE INGRESO I. La Evolución de la indentidad de las Cajas de Ahorros en España II. La función social de las Cajas de Ahorros III. La evolución de las Cajas de Ahorros IV. Los cambios por el Mercado Único Europeo V. Un Estatuto singular VI. La regulación estatal de las Cajas VII. Mi pronunciaminto personal DISCURSO DE CONTESTACIÓN PUBLICACIONES
9 EXCELENTÍSIMO SEÑOR PRESIDENTE DE ESTA REAL ACADEMIA, EXCELF.:'\TÍSI:I!OS Sr.:\:OEES AO.DÉ:Il!CO,, EXCELENTÍSIMOS E ILUSTRÍSIMOS SEÑORES, DIGNÍSIMAS AUTORIDADES, SEÑORAS y SEÑORES: En unos versos tan inspirados como plenos de riqueza expresiva, el gran Salvador Espríu decía que, cuando se ha navegado ampliamente el peligro, cuando los ojos han sabido descubrir la calma dentro del ciclón,ja no és potser trist de guanyar el tranquil port del nostre retorn". Creo que esas bellas imágenes expresan, mucho mejor de lo que yo nunca podría hacerlo, el sentimiento que hoy experimento al ingresar, en representación de mi querida tierra de Aragón, en esta Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, Institución que contribuye decisivamente a iluminar y conducir el debate económico en nuestro país en esa era de incertidumbre pero también ele inmensas y prometedoras oportunidades. Coincide mi designación, señoras y sefiores, con un momento emotivo e importante de mi vida profesional. Hace pocos días que presenté mi renuncia voluntaria a la Presidencia de Ibercaja, Entidad de ahorro a la que he entregado lo mejor de mí mismo en estos últimos ocho años ele actividad, y mi ingreso como académico supone, además de un galardón tan honroso como inesperado, la culminación de una vida c\eclicacla a la empresa y a la economía desde muchas instituciones y desde muchos puestos de servicio, pero por encima de éstas y otras circunstancias, la dedicación y servicio a los que aludo son fruto de una vocación que fue desarrollándose a la vez que mi espíritu de observación en el ámbito familiar, orígenes que -he de confesarlo- suscitan en mi ánimo frecuentes sentimientos de gratitud y también de complacencia. 9
10 Esta preciaclísima distinción ha puesto una vez más ele relieve la calidad ele unos afectos y valoraciones que son recíprocos y por mi parte un motivo ele hondo reconocimiento. Siento una gratitud especial hacia mi ilustre amigo, economista y hombre ele empresa, Lorenzo Gascón, quien ha sido para mí impulsor y desde luego generoso defensor ante esta destacada Institución, y por supuesto por el ilustre abogado y también Académico ele número don José Juan Pintó, con quien he compartido las mismas inquietudes durante algunos años y que ha tenido la gentileza de apaclrinarme en mi ingreso en esta Real Academia ele Ciencias Económicas y Financieras. Gratitud, bien entendido, que debo hacer extensiva al excelentísimo señor Presidente ele la Junta ele Gobierno don Mario Pifarré Riera, a su Junta ele Gobierno y a los excelentísimos miembros de esta Real Academia, con una especial mención al señor Secretario, excelentísimo señor don José Cervera Barclena. Espero y deseo, ele todo corazón, estar a la altura del honor que me dispensan y ele la responsabilidad que hoy depositan sobre mis hombros. Pueden estar seguros, señoras y señores, ele que intentaré aportar a esta Real Academia lo mejor ele mi persona, de mis conocimientos y de mi experiencia. Y quisiera que mi primera contribución a tan ilustre ágora de pensadores de la economía y las finanzas, versase sobre el mundo apasionante y quizá poco conocido ele las Cajas ele Ahorros españolas, empresa en la que debo agradecer el estímulo y apoyo encontrado en los señores Académicos que con tanto tino y benevolencia han tenido a bien repasar el texto ele mi intervención, sensiblemente enriquecida ahora por sus puntos ele vista y acertadas precisiones. Mi reconocimiento expreso, por tanto, a quienes tan sabiamente han guiado éstos mis primeros pasos en la Real Academia. 10
11 I. LA EVOLUCIÓN DE LA IDENTIDAD DE LAS CAJAS DE AHORROS EN ESPAÑA Las Cajas ele Ahorros españolas son entidades ele creación contemporánea, que se pertenecen a sí mismas, dedicadas a la intermecliación tlnanciera y a la acción social, y destinadas a tener un gran futuro si son capaces de mantener su misión funcional ele servicio profesional a toda la sociedad y en especial a las clases obrera y media, y sustraerse a los graves peligros que las acechan desde el omnipresente y poderoso campo ele la política. Mi tesis al respecto es clara: las Cajas de Ahorros españolas han sido instituciones que desde un enfoque global han cumplido el objetivo ele vitalizar los sectores en que se hallaban y se hallan ubicadas, cuales son el económico-financiero y el social. Y en defensa ele esta tesis, que implica al pasado histórico de las mismas, me inclino también por augurar la continuidad futura ele esta concepción institucional si se cumplen los objetivos multiplazo que igualmente propongo. Consecuentemente, la argumentación ele esta tesis girará en torno a tres líneas puntuales: la primera, ele orden histórico, que nos permitirá seguir las relaciones entre el Estado y las Entidades de ahorro, que conlleva la definición conceptual diferenciada ele las mismas frente a otras instituciones financieras y sociales. La segunda permitirá conocer la repercusión alcanzada por estas Entidades en el conjunto de la nación que las generó, desde los enfoques de lo social y lo económico. Y la tercera, destinada a diseñar los objetivos, que hemos denominado de un futuro multiplazo, en tanto que deben rebasar el corto, el medio y el largo plazo. Las instituciones, o si se prefiere el término, las organizaciones, constituyen el nivel quinto de la ordenación de los seres vivos en un espacio 11
12 intermedio entre el grupo y la sociedad 1 Esta ubicación conceptual, quéc se apoya en numerosos autores anteriores a J.G. Miller dedicados al análisis de los sistemas, permite entender la importancia fundamental que las instituciones socioeconómicas han jugado y seguirán jugando en la historia de la humanidad. Estas instituciones u organizaciones deben ser consideradas como células de la sociedad y pueden ser, por lo tanto, nuevas y pujantes, asentadas o decadentes e incluso ancladas en un pasado que justificó su aparición y cuya conservación obedece a lo que podemos denominar simplemente como memoria social. De lo expuesto se desprende que las instituciones, en gran medida, son un reflejo de las sociedades que las generan. No obstante constituyen en sí mismas estructuras propiamente dichas por cuanto que reúnen las condiciones ele totalidad, capacidad transformadora y autorregulación'. El planteamiento y objetivos de las instituciones está en íntima relación con el concepto político de las sociedades que las generan. Su composición laboral será a su vez, con los distintos grados ele categorías laborales, salarios, horarios y conflictividad entre estos componentes, fiel reflejo de la sociedad en que se desenvuelve. Su financiación y administración permiten a su vez tomar el pulso a la sociedad que las sustenta y analizar los sistemas ele gestión del período histórico en que se hallan. Por último, la participación que dichas instituciones consiguen en el total ele la actividad ele su ramo en la acción general de la sociedad que las contiene permitirá dar la valoración definitiva y comprender si su creación obedeció a criterios acertados o si con tales células de la sociedad no se contribuyó a su vitalidad sino a su desgaste. I.l. Creación histórica, objetivos fundacionales y modelos de fundación Las Cajas ele Ahorros nacen a pattir del año de 1834, fecha en la que tenemos constancia ele la creación en Jerez ele la Frontera de la primera Caja española 3, cuya vida apenas rebasó los nueve meses. Este primer ' James GRIER MILLER. Liuing Systems, New York, McGraw Hill, ' Para delimitar lo que se pueda considerar como estructura en sentido estricto véase Jean l'iagi:t, Le structuralisme, Paris. P.U.F., Gazeta ele Madrid. Real Orden de 3 ele abril ele
13 fracaso se vio compensado años después, en 1838, dentro del mismo impulso ideológico, por la aparición de la Caja de Ahorros y Previsión de Madrid, cuya trayectoria permitió la fundación ele otras Cajas a su imagen y semejanza'. El momento histórico en que aparecen es harto significativo, justamente en los años en que se empieza a conformar el régimen liberal en nuestro país tras la muerte ele Fernando VII; la nueva institución, la Caja de Ahorros, es importada por algunos liberales que vuelven a España, tras el último destierro, con una mentalidad social imbuida ele los principios del socialismo utópico y más concretamente del cooperativismo en sus distintas facetas, que se estaba poniendo en práctica en países como Alemania, Inglaterra o Francia. Esa posibilidad fundacional en nuestro país aún no ha concluido pero se aprecia en los últimos años un fuerte frenazo a la creación de nuevas Cajas, como lo demuestra el hecho de que desde 1983, en que se fundó la Caja Provincial de Valencia, no se ha vuelto a registrar la aparición de ninguna otra. El primer control decisivo a la expansión del número de Cajas en nuestro país lo constituyó la limitación que se recogía en la Ley de Bases de Ordenación del Crédito y de la Banca de 14 de abril de 1962, en la cual el Ministerio de Hacienda fijaría las condiciones administrativas y financieras a exigir cuando se tratara de fundar una Caja nueva, lo que se plasmó en la Orden Ministerial ele 24 de junio de 1964, para continuar con la de 1 de abril de 1969, en una dinámica de exigencias cuyo último ejemplo lo constituye el acuerdo del Consejo de Ministros de 14 de julio de 1995, donde aún se contempla la posibilidad de fundar Cajas ele Ahorros con la condición de contar con un capital inicial de millones de pesetas. Esta gravosísima condición actual, así como las anteriores, cuya motivación última debe estar relacionada con una cierta saturación del sector, no existió en épocas previas a Más bien fue todo lo contrario, facilidades e invitaciones a la creación de entidades de ahorro se registraron en tex-tos legales de 1835, 1839, 1853, 1880, 1926, 1929, 1933 y 1939, ele lo que se siguió la creación al menos de 245 Cajas de las que hasta hoy tene- 4 Sobre la creación ele esta Caja véase ]osé LórEZ YEPES, Historia urgente de las Cajas de A!Jorros y Montes de Piedad en Espm1a, lvlaclricl, C.E.C.A., 1973, pp
14 mos noticia y de las cuales petviven 50 tras los procesos de absorción ini~ ciados hace décadas y los recientes procesos de fusión'. Para establecer los objetivos fundacionales de las Entidades de Ahorro contemporáneas en nuestro país, es obligado admitir que la Caja de Madrid fue una copia fidedigna de la Caja de Ahorros y Previsión de París, fundada en , y a su vez ésta de las inglesas de Tottenham, Bath o Rutwell, hasta remontarnos a la Caja de Hamburgo, fundada en 1778 y considerada por la mayor patte de los historiadores como la primera Caja de Ahorros propiamente entendida según los criterios actuales de definición. A través de los estatutos de estas instituciones y de la propaganda a favor del ahorro que se registra en Francia a partir de 1832, cuando su red de Cajas de Ahorros se había extendido a bastantes capitales departamentales, es donde encontramos los argumentos y objetivos fundacionales recogidos en la Real Orden de 3 de abril de 1835, primer texto legal en que se apoya la creación de nuestras Cajas de Ahorros. En principio las Cajas se consideraban como un complemento a los Montes de Piedad existentes o por crear y se proponía que las fundaciones de nuevas Cajas canalizasen el ahorro hacia las exigencias del crédito prendario; en este sentido el precedente de la Caja de Hamburgo parece que se correspondía con nuestra tradición ya que eran numerosos los Montes españoles en funcionamiento (Madrid, Granada, Zaragoza, etc.), en tanto que en Francia los Montes estaban desprestigiados por numerosos fraudes. Esta vinculación de los Montes y las Cajas se convierte en obligatoria a partir de la Real Órden ele 17 de abril de 1839, pero no era este nexo el único objetivo fundacional contemplado por las Reales Órdenes. Con toda nitidez se establecía el principio de una intermediación financiera elementaf desde el momento en que se aclmi- 5 Acerca de las fusiones más recientes véase Manuel TITOS, El proceso de creació11 y.fusión de Cajas de Ahorros en R1pmza ( ), trabajo inédito presentado en el 1 Simposio de Historia de Cajas de Ahorros y Montes de Piedad, Madrid, de febrero de " ].F. FoR~Ií:s, Interpretación básica de la historia de las Cajas de Ahorros españolas, Rev. Papeles de Economía &pmzola, n pp. 40 y ss., analiza esta vinculación fundacional entre las Cajas de París y Madrid. 7 Para que apreciemos la existencia ele la intermediación financiera elemental se han ele cumplir dos requisitos en los que juegan tres sujetos. Un requisito es que se capten recursos ajenos, en el que entran el sujeto primero, el impositor, y el segundo, la Entidad, que asigna al tercer sujeto su utilización mediante el préstamo, y otro requisito es que por esta labor el segundo sujeto cobre el diferencial entre los intereses que se abonan a los primeros sujetos y los que se les exigen a los terceros. 14
15 tía que "... el menestral, el jornalero y todo hombre laborioso, puede depositar sumas muy tenues bajo la confianza ele obtener un crédito proporcionado, ele capitalizar los intereses en cortos períodos, y de realizar sus fondos en poco tiempo". La Real Orden ele 1835 se completaba con otros objetivos; uno ele índole moral, como era su propósito de liberar ele la usura a los grupos sociales mencionados; otro ele índole educativa, al considerar al ahorro como una virtud; otro ele previsión, al proponer la mejora material futura ele los ahorradores, y en fin, otros ele orden político, cuando suponía que quienes ahorrasen se vinculaban al trabajo y contribuirían al orden público al ser partícipes de los bienes materiales. De todos estos objetivos había dos que pueden considerarse los fundamentales. El primero, la vinculación entre los Montes ele Piedad y las Cajas (tradición más innovación), pronto fue necesario revisarlo pues la capacidad de ahorro superó muy pronto las necesidades de los Montes de Piedad, fenómeno perceptible ya desde 1841", pues pequeños y medianos rentistas y clase media utilizaron desde entonces las Cajas, rebasando la inicial intención social de captar el ahorro obrero. De manera que a los préstamos sobre enseres, ropas y alhajas tradicionales, se añadieron los concedidos sobre valores públicos propiedad ele estos nuevos clientes, jugándose coyunturalmente con la reducción o ampliación ele los topes admitidos en los depósitos ele ahorro al objeto ele nivelar ahorro y préstamo. A partir ele la Revolución ele 1868 se amplía la posibilidad ele íntermediación financiera, segundo objetivo fundacional de las Cajas, con la opción ele adquirir carteras ele valores, que en la Caja de Madrid aparecen contabilizadas a partir ele 1870, y paliar así esta desproporción, que resultaba acuciante, entre ahorro y demanda ele préstamos; esta evolución se completó a partir de 1887, cuando una Real Orden ele 21 ele marzo autorizó la concesión ele préstamos hipotecarios sobre fincas rústicas y urbanas'\ en tanto que los personales con fiador también se van incorporando a la operativa ele algunas Cajas 10 La puesta en funciona- ' En 1841, dos años después ele la apertura ele la Caja ele l'v!aclricl, ya se presenta este problema; véase Manuel Tnos MARTí:;Ez, "La Caja ele Madrid, en el siglo XIX. Actividad asistencial o financiera'" Revista de Historia Económica, VII, 1989, n. 0 3, p La llegada ele esta Real Orden a Córdoba es reflejada por Rafael CASTE_ró:; y otros, Historia del Monte de Piedad)! Caja de Aburros de Córdoba ( ), Córdoba, 1979, p " En 1887 la Caja de Onteniente comienza a otorgar préstamos personales; véase A. B[JhABiT GAI.IliS y otros, Una institución centenaria: la Caja de Ahorros y 1l1onte de Piedad de Onteniente , Onteniente, 1984, p
16 miento de estas modalidades de préstamo, con las cautelas iniciales lógicas, pronto se generalizó dada su versatilidad para enjugar la desproporción entre ahorro y demanda de crédito anteriormente citada. Estas nuevas facultades operativas en el crédito ampliaron la capacidad de intermediación financiera, rebasando totalmente las previsiones impuestas en 1835, 1839 y 1853, cuando se asociaba la creación de una Caja a la de un Monte de Piedad, y si bien es cierto que en la Ley de Cajas y Montes de Piedad de 29 de junio de 1880 se contemplaba la posibilidad de fundar estas entidades por separado, la realidad se impuso y hasta 1896 no se funda una Caja de Ahorros por separado, la Provincial de Guipúzcoa, dieciséis años después de la promulgación de la Ley, en tanto que las Cajas creadas con Monte de Piedad y durante esos años, fueron diez. Podemos, pues, concluir que a partir de finales de los años 1890, , el objetivo fundacional de asociar el funcionamiento de un Monte de Piedad con dinero captado por la Caja de Ahorros aneja había sido superado y ya algunas de estas últimas dedicaban su atención a la intermediación financiera de clientes no usuarios del Monte, con lo cual el segundo gran objetivo fundacional se desvincula por desbordamiento del primero y ampliaba el horizonte de desarrollo de las Cajas de forma muy poderosa dado que su capacidad para competir con otros sectores financieros, tales como la Banca privada o los prestamistas y casas de empeño, se incrementaba hasta límites no sospechados con estas nuevas opciones operativas. En todas las Cajas hay un antes y un después a la aceptación de la nueva operativa sobre préstamos hipotecarios y personales. Cuando lo superan se pasa del raquitismo institucional a la consideración de entidades financieras competitivas. Una vez analizados los dos primeros objetivos fundacionales de las Cajas y los Montes de Piedad, cuales eran, de una parte, la vinculación de las Cajas y los Montes, al suponerse que aquéllas vendrían a enjugar las deficiencias en la captación de fondos que precisaban los segundos, y de otra parte, el ejercicio de la intermediación financiera, conviene que nos preguntemos cuáles fueron las causas que permiten a partir de la temprana fecha de 1841 a la Caja madrileña contar con un excedente ele ahorro, imposible de ser absorbido por el Monte de Piedad, fenómeno éste que pronto se produce también en las Cajas que se crearon en los años siguientes. Una contestación elemental nos llevaría a admitir que la capacidad ele ahorro de los usuarios de las Cajas era superior a la prevista, en tanto que se generó una clientela no esperada formada por 16
17 pequeña burguesía artesana y comercial, pequeños rentistas y clases medias, no consideradas a priori como clientela pues se pensaba que ésta proviniera de la clase obrera. El depósito del ahorro en las Cajas a partir de 1839 hay que entenderlo como un sistema alternativo a las posibilidades de quienes no habiendo entrado en los circuitos de la inversión en deuda pública o en tierras, o habiéndolo hecho ele forma parcial, veían una manera de obtener rentabilidad a su hábito tradicional de ahorrar, que no era otro que la atesoración domiciliaria. Así es que este éxito de las contadas Cajas urbanas de primera generación estaba en función de una carencia elemental de nuestro sistema financiero, cual era la de entidades canalizacloras del ahorro generado por las economías media y baja del país. Pero una vez aparecidas estas Cajas tuvieron que sujetarse a cantidades limitadas a la hora ele admitir imposiciones por la imposibilidad, ya comentada, ele canalizar este ahorro hacia la demanda de crédito poco representativa que precisaban a su vez, los también escasos Montes de Piedad, de todo lo cual resulta que es prácticamente imposible conocer cuál fue la capacidad real de ahorro de la sociedad española en buena parte del siglo pasado. Igualmente podemos preguntarnos cómo, a partir de 1835, en una sociedad agraria con escaso desarrollo de sector terciario, con un sector secundario fundamentalmente artesano donde la industria apenas estaba representada, con altos índices ele pobreza, escaso nivel científico y cultural, carencias materiales abundantísimas, con una circulación monetaria muy insuficiente y con una distribución ele rentas absolutamente desproporcionada, heredada de la sociedad estamental, no alcanzaron un rápido desarrollo los Montes de Piedad que se fundaban y que justificaban, según el espíritu ele las disposiciones legales ele 1835 y 1839, la creación complementaria de las Cajas de Ahorros. Es un hecho constatado a través ele textos históricos y literarios que la interinidad económica en que se desenvolvía una sociedad ele estas características propiciaba altibajos coyunturales muy acusados en la percepción de rentas a la mayor patte ele las familias del país, y si bien es cieno que las economías domésticas jugaban todavía un papel destacado en el abastecimiento ele buena parte ele la población, la necesidad del dinero corriente debió presentarse con mucha frecuencia en los hogares. Sin embargo la utilización ele los Montes ele Piedad fue en términos generales decepcionante, en algunos casos por falta ele medios en estos establecimientos pero en la mayoría porque la población ele rentas 17
18 medias y bajas siguió aferrada al sistema crediticio preexistente, que se centraba en los prestamistas particulares y más adelante en las casas de empeño y en las de prestamistas autorizados, extendidos por toda la nación y cuya actividad era conocida por todos y utilizada siempre que se necesitaba. No obstante, desde un enfoque de moral social, estos establecimientos y sus propietarios eran objeto de una doble estimación: se les calitlcaba de usureros cuando no se les necesitaba y todos recurrían a sus préstamos cuando se precisaba liquidez. A la vista de la escasez monetaria por la que atravesó nuestro país a partir de 1814, todavía perceptible en los arl.os treinta, la red de estos prestamistas debió agrandarse de forma muy acusada, y en parte a esta situación obedece la intención de luchar contra la usura que aparece reflejada como argumento fundacional de las nuevas Cajas y Montes de Piedad. Estos nuevos Montes dotados de Caja de Ahorros, que constituyen una solución distinta a la de los Montes tradicionales anteriores, cuya vida renqueante obedecía a su permanente falta de liquidez, fueron creados muy lentamente a partir de Madrid, Granada, Santander, Sagunto, Valladolid, Sevilla, La Coruila, Barcelona, Burgos, Vitoria, Valencia, se fundan en los doce arl.os siguientes, con fracasos y cierre de algunos, lo que era una paupérrima respuesta a la amplia red de prestamistas que había extendida por todo el país y por lo tanto la pretendida lucha contra la usura en la mayor parte de los casos no pasó de ser una simple declaración ele intenciones irrealizables. Podríamos argumentar que los Montes de Piedad nuevos estaban ideados para poner coto a los usureros, pero no fueron apoyados suficientemente ni creados en la cuantía necesaria para hacer sombra a la red de los prestamistas privados, más bien ocurrió paradójicamente lo contrario, por lo menos entre 1835 y Durante este período los prestamistas siguen actuando e incluso pudieron ver reconocida y admitida la legalidad de sus actuaciones a partir de la Ley de 14 de marzo de 1856, en la que se abolía la tasa de interés sobre el capital. A partir ele esta fecha y hasta 1908, en que se limitó la libertad ele aplicación de las tasas ele interés sobre el capital, la red de prestamistas y casas de empeño pudieron ejercer con un importante grado de independencia sus funciones crediticias dentro de fórmulas usureras muy abusivas, cifradas en intereses cobrados que en su mayor parte se hallaban entre el 20 y el 60% anual, y aplicando tasaciones que no superaban el 25% del valor real ele las propiedades ajenas garantes de los préstamos por otorgar y que aplicaban 18
19 por ignorancia, conveniencia particular o proximidad de su clientela, que recurría a sus servicios dadas la inconveniencia social, la escasez o la inexistencia próxima ele los ofrecidos por los Montes de Piedad. Hoy por hoy no tenemos cifras sobre la cantidad de las casas de empeños y de prestamistas que funcionaron en nuestro país en el siglo XIX y me temo que nunca lo sabremos con exactitud pues los documentos emitidos por los mismos además de ser irregulares han sido objeto de ocultaciones interesadas y de destrucciones para evitar compromisos ulteriores. Quienes a nivel local han analizado parcialmente algún período del citado siglo dan cifras inquietantes. Los 43 establecimientos en 11 la ciudad de Granada, las cifras variables en Madrid entre 1856 y 1873, que rebasaban las 200 casas al final del período, identificadas a través ele anuncios en prensa y que podrían ser más pues no todos acudían a este tipo ele reclamo, nos inducen a pensar que tal vez la red ele prestamistas a nivel nacional se pudo mover, dada la atomización del sector, entre los y los conforme avanzaba el siglo, o tal vez en cifras aún superiores, que nunca conoceremos del todo. Parece que esta red de prestamistas y casas ele empeño, tras unos años dorados que van desde 1856 a 1866, tendieron a estancarse y luego a disminuir conforme la Banca Privada, la Pública, y las Cajas de Ahorros fueron ampliando su clientela gracias a la aplicación de fórmulas financieras tales como los préstamos hipotecarios sobre fincas rústicas y urbanas, así como los personales, sujetos a tipos ele interés pactados y muy inferiores a los exigidos por los prestamistas, situación ésta que se puede considerar consolidada y en expansión a partir de la década ele los a!'íos noventa. Aun con todo esta red ele prestamistas, en comparación con los 47 Montes ele Piedad existentes en 1900, evidenciaba una gran desproporción aunque muchos ele éstos, ubicados en ciudades importantes, tuvieran una clientela numerosa. Así las cosas podemos pensar que los Montes ele Piedad no fueron competitivos porque no se les dotó de medios para que cubrieran el territorio nacional, pues clientela potencial hubo de sobra. Pero supone- 11 Véase al respecto Manuel TITOS MAiri"Í'\EZ, La Caja General de Ahorros y Monte de Piedad de Granada... Granada, pp. 39 y 45. Para el caso madrileño es revelador el estudio ele Manuel MO'-TCRO CAH'\cnmn, Bases documentales para la investigación del préstanw y la usura en la sociedad d!!l S(f{lo XIX, Maclricl, Confederación Española de Cajas de Ahorros. Serie Monográfica n. 0 10, pp.. en su totalidad. 19
20 mos que también había demasiados intereses por medio y que por lo tanto los altruistas que promovieron los Montes de Piedad chocaron co~ la realidad de una minoría burguesa, muy influyente e involucrada en el préstamo usurero, para quienes los nuevos establecimientos no eran sino estorbos a sus lucrativos negocios financieros, propios de un país falto de cultura financiera, donde los pocos que sabían algo se aprovecharon de los demás mientras aquella cultura y aquella oferta financiera no mejoró. De lo expuesto anteriormente podemos deducir que la creación en España de las Cajas de Ahorros vinculadas a los Montes de Piedad fue una equivocación históricamente demostrada. Fue evidente desde el primer momento el éxito ele las Cajas de Ahorros y la incapacidad de los Montes de Piedad para afrontar con la mínima garantía de éxito la lucha contra el préstamo privado usurario y esta flagrante equivocación se mantuvo durante cuarenta y cinco años, de 1835 hasta 1880, lo que privó a las clases medias y bajas del país de unas entidades de capitalización capaces de recoger su ahorro real y canalizarlo hacia inversiones productivas y en consecuencia a propiciar un raquitismo en el desarrollo de las mismas, que sólo se vence a partir de la década de los ochenta. Entonces se termina de romper el monopolio del destino del ahorro asignado a los Montes ele Piedad merced a los créditos personales e hipotecarios, mucho más asequibles y flexibles que los tradicionales con desplazamiento ele prenda, cuya antigüedad se remontaba al siglo XV. Por qué se mantuvo durante tantos años esta equivocación? La respuesta es algo que podemos intuir en la línea ya apuntada, ele preservar los intereses ele una red ele préstamo privado que conllevaba el abuso y la inseguridad económica, tanto para la población como para los intereses ele la nación, que contribuía a la existencia ele un sector financiero incorrecto y antisocial pero que beneficiaba a una minoría burguesa dominante ele los resortes del poder. Una vez analizados los objetivos fundacionales ele las Entidades ele ahorro contemporáneas y lo que hubo ele viable en su cumplimiento, es conveniente precisar que los modelos ele fundación de las 245 Cajas de Ahorros citadas anteriormente no obedecieron a un criterio determinado y por lo tanto existió una amplia tipología fundacional, si bien es cierto que hubo una diferenciación básica entre las Entidades que nacieron por iniciativa privada y las que lo hicieron por iniciativa del Estado, como la Caja Postal, las creadas por las corporaciones locales, por cleter- 20
21 minados organismos autónomos o por la propia Iglesia. Unas con otras suman 210, en tanto que de las 35 restantes no tenemos más datos que los de su propio nombre, lo que nos induce a pensar que fueron todas de iniciativa privada, pues las estatales han dejado siempre un rastro documental mucho más fácil de seguir aun en el caso de haber desaparecido. En principio la Real Orden de 1835 delegaba en la iniciativa privada filantrópica la fundación de las Cajas, por renuncia temporal expresa del Estado dada la situación de la Hacienda pública. De hecho la Caja de Madrid, autorizada el 25 de octubre de 1838, nacía a impulsos de personas concretas. Según este modelo, que dio lugar a la fundación de otras 33 Entidades, personas de la burguesía comercial e industrial, terratenientes, nobles y altos funcionarios, a nivel personal o a través de instituciones como las Sociedades Económicas de Amigos del País y los Ateneos, fundaron Cajas en ciudades importantes, que por lo general tuvieron éxito y que siguen en plena actividad. Por iniciativa privada también, pero completamente bajo la tutela de eclesiásticos, a nivel personal o corporativo, tanto de obispados como de asociaciones católicas, se fundaron 11 Cajas. Los centros obreros laicos dieron origen a otras 14, en tanto que los sindicatos agrarios, principalmente entre los años comprendidos de 1875 a 1923, fundaron 67, muchas de las cuales fueron desapareciendo al ser absorbidas, por su poca entidad dada su escasa clientela y lo limitado de su acción territorial, por otras Cajas urbanas cuando éstas emprendieron su expansión a su provincia y a las limítrofes. La iniciativa estatal se dejó sentir a partir de la Real Orden de 17 de abril de 1839 y del Real Decreto de 29 de junio de 1853 en cuanto a fundaciones de Cajas se refieren. En ambos textos se instó a las autoridades locales a fundar Cajas anejas a Montes de Piedad en las capitales de provincia donde no las hubiera, dando pie a gobernadores civiles y alcaldes a tomar iniciativas al respecto. En igual sentido con respecto a las autoridades locales se pronunciaba la Ley de Cajas de 1880 ya mencionada. El resultado de aquellos textos legales fue la creación de 64 Entidades entre la promulgación de la Real Orden de 1839 y el año de 1983, en que se registró la última. En 1909 se fundó la Caja Postal de Ahorros, vinculada a la organización de Correos, la cual no abrió sus puertas hasta A éstas hay que añadir las veinte Cajas de Previsión Social " ].G. CEilALJ.OS Tnu:sí, Las Cajas de Ahorros Ben~ficas de &paña, Madrid, El Financiero, 1929, pp. 559 y SS. 21
22 creadas por el Instituto Nacional de Previsión a partir de 1921 y cuyfl desaparición tras la guerra civil se debió a un proceso de incorporación acordado entre el Estado y las Cajas ConfederadaS 10 Como puede apreciarse los modelos fundacionales de las Cajas de Ahorros y los Montes ele Piedad presentaron una variada gama. No obstante tanto las ele iniciativa privada como las de iniciativa estatal discurrieron por los cauces ele la progresiva tendencia a desvincularse en materia operativa y funcional ele las personas e instituciones que las crearon y si conservaron en sus órganos de gobierno alguna representación numérica de estirpes familiares o representantes de instituciones fundadoras, tanto privadas como públicas, éstas fueron minoritarias ele manera que no pudieran ejercer un control completo de la Entidad en beneficio de los mismos o de sus intereses paniculares o institucionales. En la mayor pa11e ele las Cajas Municipales a finales del siglo pasado ya se había llegado a esta fórmula de representación municipal meramente testimonial. En el caso concreto de las Cajas fundadas por Diputaciones Provinciales a panir ele 1940 su objetivo era el ele promover el desarrollo ele la provincia en concreto pero en ningún caso el ele servir de órgano financiero de la Diputación. I.2. La tutela del Estado La política interesada en la creación en España de Cajas ele Ahorros vinculadas intencionalmente a los Montes ele Piedad, destinada a dotar a las clases trabajadoras de entidades propias de financiación limitada fue seguida de pasos sucesivos encaminados a controlarlas totalmente a partir del Real Decreto de Consecuentemente se inicia desde entonces la búsqueda por pa11e de las propias Cajas de una línea de diferenciación legal e institucional que les permitiera una independencia real frente a posibles competidores y a los poderes establecidos. En efecto, en aquel Decreto se pretendió sujetar bajo la tutela estatal a las Cajas y Montes ele Piedad desde el momento en que se trató de identificar la presidencia de los órganos de gobierno en la figura de los gobernadores civiles o ele los alcaldes, según rezaba el artículo " Sobre b evolución de estas Cajas véase Pilar J\hHI..\:-: Gt TIÍ:IWEZ, Las Cajas de Previsión Social, tesis doctoral inédita, leída en la Facultad ele Filosofía y Letras ele la Universidad de Alcalá ele Henares en
23 Además se estipulaba que los vocales fueran nombrados por el Gobierno de una terna presentada por las propias juntas de Gobierno con lo cual el control gubernamental de las Cajas sería total y por ende la politización de las mismas quedaba servida si tenemos en cuenta la pugna encarnizada por el poder que Moderados y Progresistas mantenían en aquellos momentos utilizando cuantos medios lícitos e ilícitos tenían a su alcance. Esta tendencia a controlar las Instituciones, que trasciende del Real Decreto, penenece a un momento histórico muy determinado, el de la reordenación administrativa y la centralización que propugnaba en aquellos momentos el Partido Moderado por inspiración de Bravo Murillo, que si bien había dimitido en diciembre de 1852 seguía imprimiendo carácter a la actuación política. A la tutela estatal y a la previsible politización en que incurría el Decreto había que añadirle una imposición financiera de suma trascendencia, cual fue la invitación casi forzosa, según el artículo 4. 0, a depositar los recursos ajenos sobrantes no utilizados por los Montes de Piedad en la Caja General de Consignaciones y Depósitos del Estado, que abonaría por los mismos un 5o/o de interés anual. Esta medida entrañaba un control descarado del ahorro dado que cualquier otro destino seguro, legal y público que se pretendiera dar a este ahorro debería contar con la aprobación del Gobierno. En resumen, el Gobierno de Francisco Lersundi y de su ministro de Gobernación Pedro de Egaña, en junio de 1853 proponen e inventan la inversión obligatoria de todo el ahorro depositado en las Cajas ele Ahorros que no se canalizase hacia préstamos prendarios de carácter benéfico. Control estatal, previsible politización e inversión obligatoria, fueron términos discutibles para los órganos de gobierno de las Cajas y Montes de Piedad existentes, fundadas en su mayoría por iniciativa privada y cuyos miembros vieron peligrar su permanencia en las mismas así como el espíritu fundacional. La calificación ele las Cajas y Montes anejos como establecimientos municipales de beneficencia, contenida en el Decreto, era ajena a la realidad fundadora y, en consecuencia, la contestación ejercida por las propias Cajas se vio refrendada por una imponante retirada ele depósitos de ahorro ante la perspectiva de que fueran a parar a la Caja General de Consignaciones y Depósitos 1 ", en un momento en 14 José Manuel Go:--:zÁLcz MoRc:o-:o, Naturaleza y régimen jurídico de las Cajas de Abo JTos, Madrid. Caja ele Ahorros y Monte de Piedad ele lvlaclricl, 1983, p. 56, hace clara mención ele la nula aplicación que en la práctica tuvo el Decreto. 23
24 que el ambiente general de desconfianza hacia el Gobierno y la MonaJ; quía, por los escándalos ferroviarios, hacía presagiar una caída del Partido en el poder y su sustitución por los Progresistas. Así las cosas, dentro de esta perceptible contestación hacia la política de los Moderados por parte de las Cajas existentes, en lo que a éstas se refiere, el Real Decreto de 1853 no tuvo repercusiones inmediatas. Las Cajas se siguieron administrando según sus anteriores reglamentos y desde entonces buscaron una definición de su propia identidad jurídica diferenciada, que en términos generales de relación con los gobiernos podemos resumir así: Con el poder, pero no en el poder, consiguiendo que las modificaciones pretendidas en el texto legal no se aplicaran en su totalidad. En gran parte estas tendencias citadas de control y aprovechamiento estatal no tuvieron éxito por la coyuntura política del momento ya que la evolución posterior de las relaciones entre las Cajas y el Estado fue decantando fórmulas que se aproximaron a algunas de las contenidas en el Decreto. En concreto las nuevas Cajas que se crearon a partir de 1853 quedaron bajo la tutela de los gobernadores civiles o jefes políticos de las ciudades donde se ubicaban, ya que éstos siempre eran nombrados presidentes del máximo órgano de gobierno de la Entidad, dando a entender con este gesto que la misma gozaba de la protección gubernamental establecida por el Real Decreto ele Ahora bien, cuando la nueva Caja era creada por una entidad particular laica, o por accionistas, las propuestas sobre los vocales de las juntas de gobierno no se cubrían sino a conveniencia o petición de estos grupos fundadores y si la fundación se debía a la jerarquía eclesiástica la presidencia y los cargos de vocal recaían únicamente en dignidades eclesiásticas 16. Igualmente la concepción de entidades benéficas y por lo tanto su dependencia del Ministerio de la Gobernación, que conllevaba la imposibilidad de hacer operaciones especulativas o ele canalización del ahorro hacia los sectores ele la producción, se mantuvo a partir del Decreto 15 Véase como ejemplo el artículo 5 ele los Estatutos redactados en 1872 por la Caja ele Zaragoza en ].F. FoH;o;Ií's CASALS y otros, Historia de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Riq a , Zaragoza, Tipo Línea, 1976, pp Éste es el caso del Monte y Caja ele Córdoba; véase Rafael CASTEJÓ:\ y otros, Historia del Monte..., ob. cit., p
25 del 53, con la contrapartida de la exención fiscal, limitando de forma notable el crecimiento de las Cajas al verse de momento indefectiblemente unidas a las variables y no muy abundantes, necesidades de los Montes de Piedad, que hasta muy avanzado el siglo XIX, según apuntábamos con anterioridad, resultaron un lastre para la captación y canalización del ahorro. La Ley de Cajas y Montes de Piedad de 29 de junio de 1880 no supuso ningún cambio sustancial en las relaciones entre las Cajas y el Estado, que las seguía considerando como instituciones benéficas, bajo la protección del Gobierno y de sus autoridades delegadas, según rezaba el artículo 3. 0 de la citada Ley. No obstante en aquellas Cajas de creación privada por el sistema de acciones, o por otras fórmulas que permitieran suponer el dominio de personas o instituciones sobre las mismas, no estaba claro en la década de los ochenta que pudieran ser consideradas como establecimientos de beneficencia y en compensación acogerse a las exenciones tributarias inherentes. A tal efecto la Instrucción de 14 de marzo de 1899 y el Real Decreto de la misma fecha concernientes a los establecimientos de Beneficencia públicos y privados, abría la posibilidad de que dichas Cajas, una vez que sus fundadores renunciasen expresamente al dominio sobre las mismas, se pudieran acoger definitivamente a la calificación de instituciones privadas de beneficencia, lo que dio como resultado en los primeros años del siglo a cambios en los Estatutos y Reglamentos de numerosas Cajas para acogerse a la denominación citada. También a partir de esta década de los años ochenta se aprecia la lenta formación de una nueva conciencia social a través de lo que en términos de la época se denominó cuestión social y que partiendo de la acción asociativa y sindical obrera acabó involucrando tanto a la Iglesia Católica como a la jerarquía política de Conservadores y Liberales de la Restauración e hizo posible una mayor colaboración entre las Cajas y el Estado, necesitado de infraestructura para hacer frente a las nuevas exigencias sociales, como eran las pensiones de vejez, la vivienda, la sanidad o la educación, que sobrepasaban los límites elementales de la atención meramente benéfica del período histórico anterior, en cuya definición habían sido encuadradas las Cajas y los Montes de Piedad. Como ejemplos de esta progresión conceptual de las relaciones entre Cajas y Estado en 1904 éstas participaron en la Primera Conferencia de Previsión Popular convocada por el Instituto de Reformas Sociales, donde 25
26 se trató la conveniencia de crear un Instituto Nacional de Previsión destinado a organizar y financiar el seguro popular y las pensiones vitalicias de los obreros jubilados 17 y se comprometieron a colaborar con el proyecto, lo que en 1908 era una realidad a través de las secciones independientes del régimen de previsión popular establecidas en diversas Cajas al servicio del Instituto. Años más tarde, en la Segunda Conferencia de Previsión Popular de 1914, las Cajas son requeridas para que otorguen créditos a cooperativas para la construcción de viviendas baratas, con lo que se inició una larga trayectoria de apoyo a las políticas gubernamentales sobre la vivienda. Esto nos permite apreciar el grado de posibilidades económicas que empezaban a suponer los recursos ajenos captados por las Cajas, hasta el punto de ser considerados susceptibles de darles una orientación desde el Gobierno en pos de una política social determinada. I.3. La protección del Estado Durante la Dictadura ele Primo de Rivera fueron numerosos los sectores económicos que se reordenaron y las Cajas y los Montes ele Piedad, afectados por esta dinámica, entraron en una relación con el Estado mucho más estrecha que la habida hasta entonces, situación motivada por el indudable peso financiero que en particular las Cajas habían ido adquiriendo conforme se fueron adaptando a las fórmulas crediticias autorizadas desde finales del siglo anterior. En efecto, el 9 ele abril de 1926 se promulgó el Real Decreto-Ley sobre Entidades ele Ahorro, Capitalización y similares, que supuso en primer lugar la transferencia al Ministerio ele Trabajo, Industria y Comercio de la dependencia de las Cajas, lo que conllevaba la desaparición ele la denominación ele entidades de beneficencia. En segundo lugar, quedaban obligadas las Cajas a inscribirse en el Registro de la Inspección Mercantil del Ministerio y sus actividades deberían someterse a la inspección ministerial mediante el envío ele la documentación pertinente cada tres meses. La anterior protección del Gobierno, mencionada en los textos legales pasados, se ampliaba con la inspección gubernamental y lo que era más significativo, las inversiones obligatorias se establecen con toda 17 ].F. FOR\IÉS CASAJS. "El ahorro popular durante la Dictadura: Las Cajas ele Ahorros y los Montes ele Piedad", Rev. Cuadernos Económicos de I.C.E., n. 0 10, 1979, p
27 nitidez cuando se dispuso que el 50% del ahorro captado por las Cajas y el 40% de los fondos de los Montes de Piedad debían estar invertidos en valores públicos, con lo cual se canalizaba parte del ahorro del país hacia los objetivos de la política económica del Gobierno, de paso que se inducía a las Cajas a reducir fuertemente sus inversiones en cartera de valores privados, incluidos los extranjeros, que quedaban prohibiclos 18 Pero había más: en el Decreto-Ley las Cajas, los Montes y las restantes entidades ele capitalización aparecen consideradas como instituciones carentes ele objetivos de lucro mercantil, exentas ele impuestos, regidas por patronatos, juntas, consejos de administración, etc., que actuarían ele modo gratuito y que no podían depender de objetivos o entidades económicas o profesionales, lo cual, en lo que a las Cajas se refiere, las desvinculaba ele cualquier sujeción o dominio que aún quedase con respecto a sus grupos fundadores, lo que venía a uniformar la tendencia establecida como voluntaria en cuanto a dependencia estatal a quienes se acogieron a la Instrucción y al Real Decreto ele 14 ele marzo ele Esta desvinculación permite plantearnos una cuestión importante, cual es la de la propiedad ele las Cajas, que a partir de aquel momento puede decirse que entraron legalmente en la realidad de pertenecerse a sí mismas, aunque no quedaba claro cuál era su naturaleza jurídica y en consecuencia a qué régimen jurídico debían acogerse. Como quiera que en cuestiones ele operativa el Real Decreto-Ley ele 9 de abril de 1926 sí era muy detallista no es ele extrañar que se contemplara el destino de los beneficios que pudieran obtener las Cajas y las restantes entidades ele capitalización, en una doctrina que se mantendrá con leves cambios hasta nuestros días y que consistía en dividirlos en cuatro apartados específicos: incremento ele recursos propios, saneamiento de activos, estímulo a los ahorradores y creación y sostenimiento ele obras sociales y benéficas. Las Cajas mostraron ciertas discrepancias con respecto a la redacción y al contenido de este texto legal. Consideraban que no habían sido consultadas para su elaboración, que encuadrarlas dentro del amplio concepto ele Entidades de capitalización no conseguía diferenciarlas suficientemente como tales Cajas ele Ahorros y que por lo tanto seguían aspirando a una legislación específica para éstas como la que tenía la 18 En el mismo, p
28 Banca, y por último que la prohibición de realizar operaciones mercantiles era demasiado favorecedora de los intereses de la Banca y en consecuencia cottapisaba abiettamente el futuro desarrollo de las Cajas 19 Una de las consecuencias del Decreto-Ley, tras las impresiones discrepantes citadas, fue la aceleración de los trámites para la creación de la Confederación Española de Cajas, que a pa11ir de 1928 entró en funcionamiento'0. Desde la misma se iniciaron los contactos necesarios para llevar a término una definición más exacta de las relaciones entre las Cajas y el Estado, con el resultado de la promulgación del Estatuto General del Ahorro Popular de 21 de noviembre de 1929, considerado por numerosos autores' 1 como el texto básico definitivo en el que se han sustentado las relaciones entre las Cajas y el Estado en los períodos políticos posteriores y cuya vigencia en muchos de sus conceptos es un hecho aún". El Estatuto asumía varias de las aspiraciones de las Cajas, entre éstas la de darles un tratamiento diferenciado de las restantes entidades financieras, de manera que las Cajas de Patronato, las de Protectorado oficial, con o sin Monte de Piedad, las colaboradoras del Instituto Nacional de Previsión, las Provinciales y las Municipales, eran los sujetos únicos de este texto legal. La dependencia a efectos de control de las Cajas quedaba encargada al Ministerio de Trabajo y Previsión mediante tres organismos: la Inspección General de Previsión, la Subinspección de Ahorro, ambas dentro del propio Ministerio y la Junta Consultiva del Ahorro, organismo creado el12 de junio de 1928 y que ahora se veía modificado en su composición para ejercer de único interlocutor entre el Estado y las Cajas. Su composición no podía ser más clara: seis miembros de la administración determinados por el Ministerio de Trabajo y Previsión, de los cuales uno sería el subdirector general de Ahorro; un miembro del 19 Estas discrepancias pueden verse con amplitud en los comentarios ele Eliseo Migoya, director en 1926 ele la Caja ele Ahorros Municipal ele Bilbao, contenidas en Memoria de la Confederación de Cajas de Ahorros. Año de 1933, Maclricl, 1934, pp. 134 y ss. 20 La creación ele la Confederación ha sido estudiada por José LóPEZ YEPES, Historia urgente..., ob. cit., pp , y por J.F. FoR:-.:IÉS CASALS, La fundación ele la Confederación Espaüola ele Cajas ele Ahorros Benéficas. 1928, Boletín de Documentación del Fondo para la Investigación Económica y Social, vol. X, fase. 1, enero-junio ele 1978, pp Entre otros J.F. FoR'>IÉS CASAI.S, El ahorro popular..., ob. cit., p. 285, y ].M. Go:--:zALEZ MoRE'iO, Natumleza..., ob. cit. p., 77. " El texto íntegro puede verse en Juan José ZORRILLA m: IA GA:\DAR~, Cajas de Ahorros Benéji'cas. Legislación, Bilbao, 1950, pp. 134 y ss. 28
Esta obra está protegida por el derecho de autor y su reproducción y comunicación pública, en la modalidad de puesta a disposición, se han realizado
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Cartagena de Indias, 08 de octubre de 2010 Señores COMITÉ DE GRADUACION FACULTAD DE CIENCIAS ECONOMICAS PROGRAMA DE CONTADURIA PUBLICA UNIVERSIDAD DE CARTAGENA Ciudad Cordial Saludo: Adjunto remito a ustedes
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 artículo 4
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 artículo 5
 artículo 3
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