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Timestamp: 2019-06-25 04:33:51+00:00

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POLÍTICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA.
Diplomado en Derecho Universidad Complutense
Licenciado en Relaciones Internacionales Oxford International University
CAP. 1	FUNDAMENTOS DE LA POLITICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS. - Los Orígenes de la Política Exterior Norteamericana. Las Ideas Fundamentales.- Ambivalencia del Pensamiento Norteamericano. - La Exclusión del Continente Americano de la Política de Poder al Estilo Europeo. Doctrina Monroe (1823).- El Nacimiento de una Nueva Potencia. Roosevelt.- EE.UU. Irrumpe en la Arena Internacional. Wilson
CAP 2.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA EN LA PRIMERA Y SEGUNDA GUERRAS MUNDIAL. - Primera Guerra Mundial. - Choque de las Ideas Norteamericanas Wisonianas con las Europeas.- Fracaso del Nuevo Orden Mundial de Wilson en la Europa Continental y Victoria en el Reino Unido.- Franklin Delano Roosevelt y Fin del Aislacionismo.- El Proceso Educativo: El Discurso de la Cuarentena y El Fin de la Doctrina Monroe.- Segunda Guerra Mundial. Concienciación de los EE.UU. La Carta Atlántica.- Aproximación de la Paz o. El mundo que queremos
CAP 3.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA EN LA GUERRA FRIA.- Comienza la Guerra Fría.- EE.UU. en la Conferencia de Postdam (17 de julio a 2 de agosto de 1945).- Doctrina Truman.- La Política de Contención: La OTAN y la República Federal Alemana.- Política de Contención: Corea, Negociaciones con los Comunistas.- Política de Contención: El Canal de Suez.- Política de Contención:. La Crisis de Berlín.- Unión de Occidente.- Varapalo al Estilo Wilsoniano de la Política Exterior Norteamericana. Vietnam.- EE.UU. entra en la Realpolitik. La detente.- Fin de la Guerra Fría
CAP.4	LA POLITICA EXTERIOR DE LOS EE.UU. Y LA POSGUERRA FRIA.- Postguerra.- Las Relaciones Internacionales de los EE.UU y la Desaparición del Socialismo.- La Transición de la Guerra Fría.- La Definición del Interés Nacional y Seguridad Nacional.- Las Concepciones Estratégicas de Seguridad en la Posguerra Fría
CAP 5.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA Y EL MULTIPOLARISMO EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.- Teoría y Práctica. Nuevas Potencias.- El Consenso Mundial y La Economía en el Nuevo Orden Mundial.- Unipolarismo.- El Hoy de la Política Exterior de los EE.UU.
Este trabajo tiene por objetivo el de compilar las características generales de la política exterior de los Estados Unidos de América para una mejor compresión. Muchos de los lectores descubrirán en este trabajo una política exterior aislacionista y proteccionista a la par que ambivalente características propias de la diplomacia norteamericana en sus comienzos. Los Estados Unidos mantuvieron el papel de Estado periférico durante el siglo XIX pese a su importante desarrollo industrial y marítimo. Su política externa fue aislacionista en los comienzos de su construcción nacional, adoptando un proteccionismo en materia comercial y una autonomía heterodoxa respecto de Gran Bretaña, la metrópoli. No obstante, pese a que no hubo acuerdo expreso, siguió las mismas pautas británicas de evitar la intervención europea en América, este es el espíritu de la Doctrina Monroe, y pese a su actitud aislacionista, procuró aprovechar al máximo las debilidades de las potencias europeas, a fin de encontrar un camino autónomo.
Pero sería el siglo XX el que lanzara a los EE.UU. a la arena internacional y al intervencionismo con políticas de contención del comunismo mundial y de ayuda al desarrollo de Europa y Japón. Los Estados Unidos eran una nación nacida de los postulados de la Revolución Francesa y con un sentido determinista de sus valores políticos, sociales y democráticos y de esta forma entró en la Primera y Segunda Guerras Mundiales. Sería la postguerra de la Segunda la que cambiaría el rumbo de esa primigenia política exterior norteamericana en el mundo, la que transformaría parte de su idealismo, aunque no todo, en puro pragmatismo diplomático.
La Postguerra Fría no ha dejado la política exterior norteamericana indemne y su Secretaría de Estado busca hoy y buscará durante cierto tiempo los nuevos procedimientos y objetivos a seguir. Ante un mundo multipolarizado los centros de poder del globo quedan indefinidos pero la política exterior norteamericana sigue siendo uno de ellos.
CAP. 1	FUNDAMENTOS DE LA POLITICA EXTERIOR DE LOS ESTADOS UNIDOS.
Estados Unidos mantuvo el papel de Estado periférico durante el siglo XIX pese a su importante desarrollo industrial y marítimo. Su política externa fue aislacionista, adoptando un proteccionismo en materia comercial y una autonomía heterodoxa respecto de Gran Bretaña. No obstante, pese a que no hubo acuerdo expreso, siguió las mismas pautas británicas de evitar la intervención europea en América. Este es el espíritu de la Doctrina Monroe. Pese a su actitud aislacionista, procuró aprovechar al máximo las debilidades de las potencias europeas, a fin de encontrar un camino autónomo.
La forma de ver los asuntos internacionales por la diplomacia estadounidense no apareció de golpe ni por una inspiración repentina. La política exterior que se practicaba al comienzo de la república iba orientada a fortalecer la independencia de la nueva nación, para ello se manejaron, debido a la falta de amenaza real, los equilibrios de poder europeos. Su hábiles oficios hicieron no sólo mantener su independencia ente Francia y Gran Bretaña sino aumentar sus territorios. Durante las guerras napoleónicas la diplomacia norteamericana descubrió los beneficios de la neutralidad como arma de negociación.
Los EE.UU. desde sus comienzos buscaron la expansión territorial, así, después de 1794, se fijaron las fronteras con Canadá y Florida a favor de los EE.UU. Así mismo, el río Mississippi se abrió al comercio norteamericano, terminando con la compra de Luisiana a Francia en 1803 (Napoleón lo justificó para crear un enemigo contra Gran Bretaña) que llevó a posteriores reclamaciones territoriales en Florida y Tejas a los españoles. James Monroe no vió contradicción alguna en justificar la expansión territorial hacia el oeste, pues era condición necesaria para que los EE.UU. fuera una gran nación.
Las Ideas Fundamentales de la Política Exterior. Los dirigentes norteamericanos usaron en muchas ocasiones los métodos europeos, sin embargo siguieron comprometidos con los principios que crearon el país. En la geopolítica, Washington evitó formar parte de cualquiera de las alianzas europeas, hecho que se convirtió en una máxima moral, según Kissinger. Como depositarios del principio de la Libertad, los EE.UU. creyeron que la seguridad de la distancia oceana era una señal de la Divina Providencia y sus acciones tenían una visión moral superior. Los EE.UU. llegaron a la conclusión que las continuas guerras europeas eran fruto de los métodos de gobierno que imperaban. Para los EE.UU. la visión del mundo era la de un conjunto de naciones cooperantes y colaboradoras, mientras que para Europa era la competencia el principio impulsor de las relaciones internacionales. Para Jefferson sólo existía “un sistema único de ética para hombres y naciones: ser agradecidos, fieles a todos los compromisos en cualesquiera circunstancias, francos y generosos, y promover a largo plazo los intereses comunes de ambos”.
Las actitudes de los dirigentes estadounidenses con respecto de la política internacional demostró que se habían revelado contra el sistema y los valores europeos. Los EE.UU. antepusieron los valores de la Libertad y la Dignidad humanas y éstas dentro del marco de la Democracia. Todavía hoy la clase dirigente norteamericana cree firmemente que los EE.UU. tienen la responsabilidad de difundir estos valores democráticos para contribuir a la paz mundial. Jefferson dijo que los EE.UU. actuaban en nombre de toda la humanidad. En todo caso, los dirigentes norteamericanos no vieron ningún conflicto entre estas ideas republicanas y la supervivencia.
Ambivalencia del Pensamiento Norteamericano.
Los dirigentes norteamericanos debido a sus principios morales rechazaron la diplomacia europea donde las condiciones de seguridad apartaban los principios del derecho civil en una visión maquiavélica de la política. El tiempo hizo que la invocación de la moral para resolver conflictos internacionales provocara una ambivalencia y una angustia en cuanto a como considerar la subordinación o no de la supervivencia a la moral. Tucker y Hendrick analizan este hecho diciendo que “para Jefferson el gran dilema de la ciencia del estadista radicaba en su aparente renuncia a los medios de que los Estados siempre habían dependido para garantizar sus seguridad y satisfacer sus ambiciones, y en su repugnancia a renunciar a las ambiciones que normalmente conducían al uso de esos medios. Lo que Jefferson deseaba es que los EE.UU. pudieran realizar ambas cosas: gozar de los frutos del poder sin ser víctimas de las consecuencias normales de su ejercicio”. Todavía hoy este enfoque bipolar es parte de las discusiones de la política exterior norteamericana.
Hasta el siglo XX, la política exterior norteamericana cumplió el destino manifiesto del país, su expansión, y se mantuvo libre de los compromisos del ultramar.
La Exclusión del Continente Americano de la Política de Poder al Estilo Europeo. Doctrina Monroe (1823).
La Doctrina Monroe (1823) podemos interpretarla en dos sentidos: a) como una declaración unilateral con proyección hemisférica de la política norteamericana del aislacionismo; y b) como una Estratégica a los efectos de evitar cualquier avance europeo en el nuevo mundo.
El elemento rector de esta doctrina es la no intervención; pero desde el punto de vista norteamericano ha sido proclamada bajo un espíritu unificador; mientras que el mismo principio en la mente de los gobiernos latinoamericanos nació de la desunión del continente. La no intervención implica un no hacer, en términos de respeto a la soberanía; por lo que habrá convivencia en la medida en que se respeta la soberanía de los demás. La cooperación, por el contrario, implica un hacer. Poner al servicio de todos, aquellos elementos que se tienen en común.
El Corolario Theodore Roosevelt a la Doctrina Monroe (1904) en el que habla igualmente de la no intervención en sí, reclama este derecho para EE.UU. a los efectos de hacerse responsable del orden en interés de la civilización.
No obstante lo dicho sobre la Doctrina Monroe, no hubo defensa continental por parte de EE.UU. frente a la invasión británica a las Islas Malvinas en 1833 sin olvidar que ya habían sido invadidas por una fragata norteamericana en 1831, así como tampoco la hubo frente al bloqueo a Venezuela en 1902 por las armadas de Italia, Gran Bretaña y Alemania para cobrar compulsivamente la deuda pública que este país tenía con aquellos gobiernos, motivando el pronunciamiento del Canciller argentino Luis María Drago bajo el principio de que: "la deuda pública no puede dar lugar a intervención armada, ni menos a la ocupación material del suelo de las naciones americanas por una potencia europea". Drago hacía referencia en su comunicación al gobierno norteamericano, que este principio ya estaba proclamado en la Doctrina Monroe. La respuesta del gobierno de EE.UU. fue que impediría la intervención de cualquier potencia extra-americana para el cobro de las deudas contractuales, pero intervendrían ellos mismos a los efectos de que se haga la justicia del caso. Lo importante, en este caso, para EE.UU., no era proteger a un país bajo una situación como la que vivía Venezuela, sino evitar que la actitud coercitiva asumiera la forma de adquisición de territorio por una potencia no americana.
EE.UU. mantenía una actitud aislacionista, que rompió con los inicios del Panamericanismo. Su campo de acción principal, en tanto y en cuanto respetara las inversiones británicas, era Centroamérica y el Caribe (español); mientras que Gran Bretaña tenía como esfera de influencia al resto del subcontinente a través de una política neocolonial basada en relaciones comerciales asimétricas, e inversiones. Dadas las circunstancias de la época, era muy probable que EE.UU. interviniera en un Estado Americano (centroamericanos y del Caribe) porque corriera el peligro de una invasión por un Estado extra-Americano; especialmente si éste era Gran Bretaña.
Debemos saber que en 1901, EE.UU. y Gran Bretaña habían firmado el Tratado Hay-Pauncefote, que anulaba el Clayton-Bulver de 1850, en el que se establecía una división expresa de "esferas de influencia", al otorgarle a EE.UU. la responsabilidad por la construcción de un canal interoceánico en el Istmo de Panamá, a la vez que por la seguridad de la región. Este era un motivo valedero por el que EE.UU. podría no querer entrar en conflicto con Gran Bretaña
El Nacimiento de una Nueva Potencia. Roosevelt.
Todo lo explicado hasta ahora no era ni mas ni menos que el nacimiento de una nueva potencia. En 1885, los EE.UU. superaban a Gran Bretaña en producción de manufacturados y a finales de siglo consumía más energía que Alemania, Francia, Austria-Hungría, Rusia, Japón e Italia juntos. Los aumentos de producción de carbón, vías de acero y el kilometraje de vías férreas sobrepasaban con creces cualquier idea europea. Un factor importante en el aumento población fue la inmigración. Hubo tentaciones para los dirigentes norteamericanos de crear un verdadero imperio con tanto aumento de poderío, así tenemos las ideas del secretario de Estado Seward de anexionar Méjico y Canadá o del gobierno de Grant de anexionarse la República Dominicana y adquirir Cuba. Este era el estilo europeo, pero el Senado se preocupó más de los asuntos domésticos, como ejemplo el ejército norteamericano hasta 1890 era inferior al búlgaro y su armada inferior a la italiana.
La despreocupación norteamericana por las relaciones internacionales estándar era tal que llegaba a no formar parte de las conferencias internacionales y a reducir al mínimo las representaciones diplomáticas. Pero la presión de ser una potencia, hizo que los EE.UU. en la década de 1880 a 1890 empezaran a tomar posiciones en la escena internacional, comenzaron a construir su armada. Ya en 1902 Gran Bretaña cesó en su empeño de controlar la América Central.
Los europeos completamente fuera del escenario americano dejaron la vía libre a la actuación de los EE.UU. Sin quererlo se habían convertido en una potencia mundial, no podían evitar que, a pesar de sus ideas como faro del mundo, tendrían que tomar parte en los asuntos internacionales al estilo establecido y no en un ambiente democrático como hubieran deseado. Roosevelt fue el primero en afirmar que los EE.UU. debían hacer sentir globalmente su influencia y si sus intereses chocaban con los de otra potencia, tendría que usar la fuerza. Esto hizo que la Doctrina Monroe se volviera más intervencionista (en 1902 presión a Haití para pagar sus deudas, en 1903 ayudaron a Panamá a separarse de Colombia o en 1906 las tropas de los EE.UU. ocuparon Cuba). Para Roosevelt los dos océanos no eran suficiente separación para mantenerse aislados del mundo, su idea darwiniana de la supervivencia de las especies era mejor guía, en palabras de Kissinger, que la moral personal.
Roosevelt no veía con buenos ojos muchas de las ideas piadosas norteamericanas sobre política exterior, negando la eficacia del Derecho Internacional y rechazando el desarme. Según Roosevelt, en un mundo gobernado por el poder, el orden natural de las cosas se reflejaba en el concepto de las “esferas de influencias”, dando poderes en las regiones a ciertas potencias. Como vemos, Roosevelt muestra unas ideas muy europeas en cuanto al gobierno de un país y las relaciones internacionales. Europa, en un principio, no fue importante para Roosevelt en el sentido de afectar a los EE.UU.; pero poco a poco fue considerando a Alemania una amenaza e identificó el interés nacional con los de Gran Bretaña y Francia. Siendo el primer ejemplo la conferencia de Algeciras para decidir el futuro de Marruecos, allí los EE.UU. supeditaron sus intereses económicos a la visión geopolítica, defraudando a Alemania. En Asia, Roosevelt aplaudió la destrucción de la flota rusa por Japón y veía con buenos ojos un equilibrio en la zona entre las dos potencias sin que una destruyera a la otra. Así, envió representates a Oyster Bay para que se firmará un tratado de paz que limitara la victoria japonesa. Roosevelt recibió el Premio Nobel de la Paz por apoyar los términos de equilibrio y esferas de poder. Poco después de la invasión alemana de Bélgica y Luxemburgo, Roosevelt mostró su preocupación no por la violación del Derecho Internacional sino por el equilibrio de poderes, temiendo un auge alemán que dominara Europa y que posteriormente amenazara América del Sur.
EE.UU. Irrumpe en la Arena Internacional. Wilson
Los EE.UU. llegaron a desempeñar el papel preponderante que por poderío le correspondía en las relaciones internacionales tal y como previó Roosevelt; pero por unos principios que el propio Roosevelt ridiculizaba y guiados por un presidente a quien Roosevlet despreciaba, Woodrow Wilson. Wilson representó la encarnación del tradicionalismo americano. Roosevelt comprendió perfectamente cómo funcionaba la política internacional, pero Wilson captó, según Kissinger, las fuentes de la motivación norteamericana, los norteamericanos se movían a realizar grandes hazañas incitados por una visión de unos EE.UU. como un país excepcional, llamado a salvar la humanidad por la naturaleza excepcional de sus ideales. Roosevelt con su practicidad no logró convencer a sus compatriotas para entrar en la Primera Guerra Mundial, sin embargo Wilson lo logró llamando a esos ideales excepcionales. En el primer discurso del estado de Unión apareció el wilsonismo, donde el derecho universal y no el equilibrio, la integridad nacional y no la autoafirmación nacional, eran los fundamentos del orden internacional. Para Wilson el arbitraje obligatorio y no la fuerza era el método de resolver los conflictos internacionales.
Wilson sostenía un ideal puro norteamericano que ya existía desde Jefferson, tales como la misión de faro de la libertad para el resto de la humanidad o la idea de que la política exterior de las democracias es superior por reflejar el deseo de paz del pueblo. Una vez más se mostraban las pretensiones de liderazgo mundial de los EE.UU. desde un punto de vista altruista, de generosidad. Esto lleva a que estas pretensiones de altruismo den a las decisiones norteamericanas un aura de impredictibilidad, mientras que los intereses nacionales de otros países se pueden calcular. Wilson insistió en la imposibilidad de los EE.UU. de guardarse para sí, tales valores altruistas y que debía compartirlos y extenderlos por el mundo, esto llevaba a la conclusión que, en adelante, el deber de los EE.UU. sería oponerse a cualquier agresión en cualquier parte. Esto creó un sentimiento tan extendido que favoreció el intervencionismo general, algo por lo que Roosevelt luchó desde otro punto de vista.
Para Wilson no había una diferencia entre la libertad para los EE.UU. y la libertad para el mundo. Redefinió la afirmación de George Washington sobre evitar enredarse en alianzas extranjeras, explicando que lo que Washington pretendía decir es que los EE.UU. no debían inmiscuirse en los propósitos de otros, pero nada que no concerniera a la Humanidad. Todo este entramado de ideales primigenios llevados a principios del siglo XX favorecieron la entrada de los EE.UU. en la Primera Guerra Mundial. No influyó la invasión de Bélgica o el equilibrio, ni el hundimiento del Lusitania, fueron la defensa de la democracia y la lucha por el derecho y libertades de las naciones pequeñas para su seguridad y la paz, las ideas que favorecieron la entrada en la guerra de los EE.UU. con el apoyo de la opinión pública. Una guerra que buscaba tales fines también buscaba una victoria total. Wilson detalló los objetivos de la guerra en sus catorce puntos y reconoció que los EE.UU. sólo pueden acometer grandes compromisos si su fe moral puede justificarlo. Pero su fracaso fue el de imponer, exigir o proponer a unas naciones, las europeas, un comportamiento al terminar la guerra para el que no estaban preparadas. Su orden mundial eran los equilibrios de los intereses de las naciones y no los principios democráticos que pretendía Wilson imponer.
Wilson entró en la historia de la política exterior norteamericana como una revolución, como un visionario, respecto de su precedente Roosevelt y en la aplicación y re-interpretación de los ideales de los padres de los EE.UU. Propuso la “comunidad de poder” o “seguridad colectiva” cuando el mundo no estaba preparado para aplicarlo. Quería que el orden mundial se defendiera por el consenso moral de todos los amantes de la paz, proponiendo la Sociedad de Naciones.
Sin embargo, la mezcla wilsoniana de poder y principios preparó el escenario par décadas de ambivalencia cuando la política exterior norteamericana intentó conciliar necesidades y principios. La premisa básica de la seguridad colectiva era que todas las naciones entendieran de igual forma el concepto de seguridad y la aceptación de los riesgos que supone enfrentarse a los que la amenacen. Nos recuerda Kissinger que nada de eso ocurrió entre la invasión italiana contra Abisinia en 1935 y la guerra de Bosnia de 1992. El wilsonismo acentuó la partición del pensamiento norteamericano y fue un visionario, el embrión de las ideas del nuevo orden mundial al que los analistas vuelven una y otra vez. En todo caso, es un hecho que el mundo de postguerra es un producto norteamericano en un tanto por ciento muy elevado y producto de las ideas wilsonianas.
CAP 2.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA EN LA PRIMERA Y SEGUNDA GUERRAS MUNDIALES.
Durante los diez primeros años del siglo XX Europa se había transformado en un lugar de esferas de poder, la frágil paz que hasta entonces se había vivido empezó a desmoronarse poco a poco y aparecieron dos bloques de poder. La Primera Guerra Mundial estaba a punto de comenzar sin, necesariamente, ser un solo país responsable de ello. Como dice Kissinger “...cada potencia aportó su parte de miopía e irresponsabilidad con despreocupación desmedida que comenzó con una carrera armamentista mucho más destructiva que en las guerras europeas anteriores”. En todo caso, la falta de moderación vino de la mano de Alemania y Rusia, la primera por su complejo histórico de víctima de las guerras europeas de los últimos doscientos años y la segunda quería demostrar que era el gendarme de Europa en su zona central y Balcanes.
Parafraseando a Kissinger, los gobernantes europeos no se dieron cuenta del alcance de la tecnología en la guerra y sus consecuencias para Europa, ni la fuerza de las alianzas que no correspondían a objetivos políticos racionales y que destruían las armas de la diplomacia tradicional y daban lugar a una infernal vorágine que obligaba al movimiento coordinado de todos los aliados ante el enemigo. Esto hizo que el casus belli quedara fuera del control político, así una guerra era general por necesidad. Los problemas de los Balcanes en lugar de llevar a la celebración de un congreso europeo al estilo del siglo XIX, llevó a la invasión de Bélgica y el ataque a Francia por parte de Alemania y Austria. El 11 de noviembre de 1918 Alemania firma un armisticio después de veinte millones de muertos y la modificación de fronteras en Europa. Las condiciones de paz fueron tomando poco a poco un carácter nihilista donde ninguna nación creía en la buena fe de la otra.
Choque de las Ideas Norteamericanas Wilsonianas con las Europeas.
Para los EE.UU. existía una gran diferencia entre su filosofía y el parecer de los europeos, dominaba la idea wilsoniana de que el hombre tiene una naturaleza pacífica, de ahí la base del pensamiento que argüía que las naciones democráticas eran pacíficas por el simple hecho de serlo. En el concierto europeo sus gobernantes no sabía como encajar estas ideas. En Europa la diplomacia se basaba en la guerra como instrumento para equilibrar poderes, formándose alianzas con objetivos distintos a la búsqueda de la paz. Los conceptos de autodeterminación y seguirdad colectiva no encontraban eco en la diplomacia Europea antes de la Primera Guerra Mundial. Wilson propuso buscar la paz en el principio de seguridad colectiva, en busca de una paz mundial como concepto jurídico. Así, la estimación de la rotura del estado de paz requeriría una organización internacional que Wilson llamó Sociedad de Naciones. Este concepto es de origen inglés, cuya diplomacia defendía el equilibrio de poder, pero que, conociendo los férreos principios wilsonianos, buscaba en tal Sociedad de Naciones la entrada de los EE.UU. en la guerra. La idea norteamericana de transportar el sistema federalista al mundo coincidía con la idea, interesada, del Reino Unido. De esta forma la diplomacia inglesa entró en el proceso de decisión decision making de la diplomacia norteamericana quien creo un producto americano en la Sociedad de Naciones.
Las naciones europeas fueron muy reticentes a la hora de rechazar sus tradiciones y sus objetivos de guerra. Ante la indecisión europea Wilson propuso catorce puntos de objetivos de guerra para los EE.UU. de los cuales ocho eran irrenunciables:
1. Diplomacia abierta.
2. Libertad de navegación marítima.
3. Desarme general.
4. Supresión de barreras comerciales.
5. Solución imparcial de reclamaciones coloniales.
6. Restauración de Bélgica.
7. Evacuación del territorio ruso.
8. Creación de la Sociedad de Naciones.
En todo caso, el mundo que proponía Wilson se basaba en principios y no en el poder; en el derecho y no en los intereses tanto para vencedores como vencidos. Las propuestas wilsonianas querían un orden mundial, y por esa razón entraron los EE.UU. en al guerra, en que la resistencia a la agresión se basara en juicios morales y no geopolíticos. Principios que no seducían a los aliados de los EE.UU., pero que aceptaron por su debilidad. Pero los alemanes no quedaron derrotados al final de la guerra, su fuerza quedó, en cierto modo, reservada como pasó con su idea expansionista esperando tiempos mejores para llevarla a cabo. Además, Wilson no pudo evitar una paz cartaginesa, por las presiones del miedo francés, y se exigieron compensaciones a Alemania lo que rompió la idea de trato igualitario. Otro aspecto fue el compromiso personal de Wilson en las negociaciones de enero a junio de 1919 en París que socavaron su fuerza en el congreso de los EE.UU. y, además, le hizo bajar, durante las negociaciones, a aspectos pequeños en los que nunca había reparado, lo que le hizo preocuparse más de la conclusión del tratado que de crear un orden mundial a idea y semejanza de los principios por él postulados. Además, la conducta de todos los estadistas en Versalles subrayaron sus intereses nacionales, Francia quería asegurarse el domino europeo, Inglaterra las indemnizaciones alemanas y los italianos recoger el botín territorial, dejando la defensa de los propósitos comunes a Wilson, ninguno compartía la idea de un nuevo orden mundial wilsoniano, lo que defraudó al presidente norteamericano. Para completar el despropósito la Conferencia de Paz de París no incluyó a las potencias vencidas ni a la Rusia de Lenin.
Fracaso del Nuevo Orden Mundial de Wilson en la Europa Continental y Victoria en el Reino Unido.
Para Kissinger, el mayor error del tratado de Versalles (que afectaba a Alemania) fue el artículo 231 o Cláusula de Culpa de Guerra que declaraba a Alemania como única responsable de la Primera Guerra Mundial con medidas de castigo en todos los campos, político, militar y económico. Sin embargo, enfriados los ánimos, muchos observadores comprendieron que el origen de la guerra fue un conjunto de hechos que venían de largo y en los que todas las naciones europeas tenían su parte de responsabilidad. Ello llevó a que los pacificadores no aplicaran y dieran fuerza a los tratados de París consiguiendo fortalecer a Alemania geopolíticamente ayudada por el rearme. La amenaza de una guerra ya se vislumbraba desde el Reino Unido y desde Francia, hecho que se reforzó con la no sanción del Tratado de Versalles por el senado norteamericano y con el pavor francés a una Alemania rearmada, como fue la creación de la Línea Maginot, que dejaba las manos libres a los alemanes en el este (Polonia) ante esta posición defensiva francesa. Otro punto importante fue el no entendimiento anglo-francés en el periodo de posguerra.
Si tuviéramos que hablar de victorias sería la de Wilson sobre la opinión pública inglesa la que destacaría, que alcanzó a sus políticos. La orientación diplomática inglesa desde 1920 se comprometió realmente con la seguridad colectiva y ello creó la “especial relación” que ingleses y norteamericanos comparten en política exterior, si bien, cada uno con sus características particulares.
En todo caso, el débil equilibrio de posguerra se quebrantó completamente con la ascensión de Hitler al poder en 1933 y el desinterés, por desilusión y aburrimiento, de los EE.UU. sobre los asuntos europeos. Esta situación se plasma en la desaparición de las ideas internacionalistas en los EE.UU., perdiendo todo objetivo en mantener el viciado Tratado de Versalles y los restantes del Pacto de París. Internacionalismo era la Sociedad de Naciones pero no la diplomacia internacional. Si bien sólo la Doctrina Monroe y el aislacionismo marcaron la política exterior de los EE.UU. de posguerra.
Los hechos se van sucediendo uno a uno forjando el esqueleto de lo que sería una devastadora guerra: la ocupación alemana de la Renania en 1936 tuvo un efecto psicológico nefasto en las democracias europeas y terminó con el Tratado de Versalles, la Guerra Civil española ofrecía la cara del fascismo en el sur de Europa amenazando a Francia por este flanco, la unión de Alemania y Austria (Anschluss), la ocupación de Checoslovaquia. A este cuadro se unió una inquietante alianza germano-soviética por puro interés geopolítico sobre Polonia.
Franklin Delano Roosevelt y Fin del Aislacionismo.
El comienzo de Franklin Delano Roosevelt (FDR) fue el comienzo de la desaparición del aislacionismo como principio básico de la política exterior norteamericana y la toma del liderazgo mundial. Fue un hecho objetivo que el avance alemán en Europa se convirtió en una amenaza mundial por sus ansias de dominación globales. EE.UU. se había convertido en una potencia mundial sin buscarlo y le apoyaba una industria en continuo crecimiento y con potenciales impredecibles, pero esto no se plasmaría en la arena internacional sin un soplo político que fue FDR, el encargado de dar con la casi anulación de las Leyes de Neutralidad y con el suministro continuado al Reino Unido.
Con FDR los EE.UU. se introducían en el camino del compromiso internacional permanente, de la salida del tradicional aislacionismo y tomaban conciencia de que su invulnerabilidad no era tal. No podemos olvidar que los EE.UU. cuando FDR llega a la presidencia están saliendo de la Gran Depresión y los ojos de los políticos y la opinión pública están girados hacia el interior si cabe aún mas que de costumbre. El mérito de FDR es conseguir que aquellos ojos girarán hacia Europa y el Pacífico y que lo hicieran convencidos de una causa que transcendía el interés nacional. La figura de FDR tiene su polémica y nadie duda de la rudeza de su carácter, pero fue una figura en el arte de la manipulación política y fue un “idealista sin ilusiones”. Fue pragmático, pero fue fiel a una visión coherente del futuro que salvó a Europa y como dice Kissinger “...fue el Moisés que no pudo ver la Tierra Prometida al morir antes del fin de la guerra”.
El Proceso Educativo: El Discurso de la Cuarentena y El Fin de la Doctrina Monroe.
Este discurso pronunciado en Chicago en 1937 fue la primera advertencia de FDR a su pueblo de las amenazas que se cernían y a las cuales los EE.UU. tendrían que oponerse. Expuso los peligros que amenazaban a la paz, la libertad y la seguridad mundiales con la creación del Eje Berlín-Roma y el ataque japonés a China. FDR lo llamó “una epidemia de anarquía a la que había que aplacar con una cuarentena”. Este discurso pretendía dar un nuevo enfoque que llevaba a dar una respuesta más contundente que una simple condena moral a cualquier tipo de agresión. En todo caso, los hechos posteriores demostraron que tal discurso pretendía crear conciencia de la necesidad de participar en los asuntos internacionales que evitara o sofocara las agresiones en el mundo siempre con un modelo wilsoniano.
Pero los resultados de la Conferencia de Munich (Francia e Inglaterra - Alemania e Italia) hizo que FDR pusiera a los EE.UU. en las vías de las democracias europeas, pasando poco a poco del apoyo político al material y que terminaría tres años después con la entrada en la guerra. FDR estaba convencido de que el nazismo era una amenaza contra los EE.UU. y un mes después de la Conferencia de Munich volvió sobre el contenido del Discurso de la Cuarentena y mientras pedía un principio de desarme solicitaba que los EE.UU. se preparan para lo peor.
FDR en 1939 justo antes de la invasión alemana de Polonia afirmaba que la Doctrina Monroe ya no podía sostenerse en un mundo donde el Atlántico ya no es una barrera infranqueable a las naciones que ambicionan el dominio del mundo.
Posteriormente orientó la opinión norteamericana para que identificase a Hitler y Mussolini como el mal, a lo que contribuyeron las notas enviadas a los dictadores con los países que no debían agredir y la reacción de estos. También llevó a los EE.UU. a una estrecha colaboración militar con el Reino Unido.
Segunda Guerra Mundial. Concienciación de los EE.UU. La Carta Atlántica.
Poco después de que Alemania invada Polonia, el día 3 de septiembre, el Reino Unido declara la guerra a los alemanes; pero los EE.UU. alegan sus Leyes de Neutralidad, no obstante FDR ya había conseguido modificarlas para que franceses e ingleses pudieran comprar armas americanas. La ruptura de la neutralidad se produjo el mismo momento en que los alemanes entraban en Francia, el 10 de junio de 1940, comprometiéndose a extender toda sus ayuda material a cualquier país que resistiera el ataque alemán. Por otro lado, FDR aumentó enormemente los presupuestos de Defensa, a pesar del, todavía, intenso sentimiento aislacionista en la vida política norteamericana. También urdió la Ley de Préstamos y Arrendamientos para disponer de fondos para ayudar a los países europeos en su lucha contra Hitler. Los atrocidades nazis comenzaron a hacer mella en el aislacionismo, en enero de 1941 FDR resumió los objetivos de guerra de los EE.UU. en cuatro: a) libertad de expresión; b) libertad de culto; c) libertad de toda creencia; y d) libertad de todo temor. Posteriormente los siguientes pasos hacia la guerra fueron el estacionamiento de tropas en Groenlandia e Islandia y la patrulla del Atlántico Norte al oeste de Islandia como base del Sistema de Defensa del Hemisferio Occidental.
FDR empezó a mover las conciencias de su pueblo en un discurso en mayo de 1941 en que explicaba la necesidad de defender las Cuatro Libertades y la creación de un Orden mundial y la desaparición del equilibrio de poder.
La Carta Atlántica. En agosto de 1941 frente a las costas de Terranova se reunieron en un crucero Churchill y FDR. Los resultados de esa reunión pretendían crear un verdadero nuevo orden al estilo norteamericano. La Carta Atlántica valoraba de forma wilsoniana el concepto de seguridad, extendía las Cuatro Libertades apareciendo el acceso igualitario a las materias primas y la mejora de las condiciones sociales a nivel mundial. La Carta Atlántica consagraba la autodeterminación y el desarme. En todo caso, la Carta se redacta en un momento de cierto alivio para Inglaterra, aun estando muy débil, al estar los alemanes involucrados enormemente en el frente ruso. Churchill nunca discutió la situación de posguerra debido a que en aquel entonces una victoria estaba lejos de lograrse sin una total entrada de los EE.UU. en la guerra.
Tras el torpedeo de un buque norteamericano que balizaba a un submarino alemán para ser bombardeado por la aviación británica comienza de facto la guerra contra el Eje. La entrada de iure se produce con el bombardeo japonés a Pearl Harbor (tras unas exigencias diplomáticas inaceptables de los EE.UU. a Japón sobre su retirada de todos los territorios conquistados en el Pacifico) y la declaración de guerra de Hitler y Mussolini. FDR había conseguido “que le entraran” en la guerra, no obstante después de los pasos lentos y seguros de su diplomacia, que de una u otra manera hubieran introducido a los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial.
Hitler, Mussolini e Hiroito convirtieron unas guerras regionales extremadamente cruentas y sanguinarias en un conflicto mundial al declarar la guerra a los Estados Unidos. El empeño de Hitler por derrotar a los rusos le hizo perder su VI Ejército en el invierno de 1943, fue, entonces, cuando Roosevelt, Churchill y Stalin vieron la posibilidad de destruir al ejército alemán y en configurar un orden mundial nuevo, si bien cada uno tenía su propia visión de cómo hacerlo.
Aproximación de la Paz o. El mundo que queremos
Las visiones de la posguerra variaban según las naciones. Para el Reino Unido se debería de restablecer un cierto equilibrio de poder al estilo de la diplomacia europea tradicional, para Francia neutralizar definitivamente a Alemania era el objetivo de la guerra y para la URSS extender su radio de acción por Europa central como hizo la diplomacia zarista rusa tradicional. Pero los EE.UU., FDR, no había embarcado a su pueblo para liberar una Europa y dejarla que se gobernara a la forma tradicional de esferas de poder y de diplomacia tradicional europea. El objetivo de FDR era crear un nuevo orden de cooperación y armonía.
Es bueno saber que en 1944 Roosvelt no pretendía dejar tropas en Europa y ser el contrapeso de una URSS asentada en la Europa Central, como tampoco pretendía contribuir a la reconstrucción económica de Europa. Estos dos puntos entendía que eran tarea del Reino Unido. El Reino Unido no podía hacerlo, Francia no existía y sólo los EE.UU. podían acometer tal empresa. Francia nunca fue apreciada por FDR, de hecho, ya en 1942 cuando esbozaba un orden mundial con Cuatro Policías, sólo EE.UU., el Reino Unido, la URSS y China entraban en el grupo de países controladores del nuevo orden que evitaría los errores de la Sociedad de Naciones y se preocuparía por la seguridad colectiva.
Debemos destacar que los EE.UU. desempeñaron un papel ambivalente con el Reino Unido por la tradición anticolonial de los Estados Unidos que se oponía al Imperio Británico como tal, la naturaleza de la guerra y el mantenimiento de unas ciertas tradicionales esferas de poder en la Europa de la posguerra. En todo caso, FDR buscaba con ahínco la aplicación de los principios norteamericanos del orden mundial y no del orden europeo, lo que afectaba de lleno a las colonias inglesas de ultramar. Sin embargo, durante la guerra FDR coincidió con Churchill en muchos objetivos militares; pero fueron uno en el de dar prioridad a la derrota alemana. Hecho que hizo enfrentarse a FDR con sus generales. Cabe destacar que la diplomacia británica planeaba y utilizaba sus operaciones y victorias militares para ulteriores fines, mientras que los norteamericanos batallaban por la victoria y su diplomacia hacia su propio camino. La necesidad de conexión de las acciones militares a ulteriores maniobras diplomáticas fue una lección que le tocó aprender a los EE.UU. en Corea y Vietnam.
Bajo el mandato de Roosevelt se celebraron una serie de conferencias internacionales que pretendían crear las bases del orden mundial a la americana: a) Naciones Unidas (Dumbarton Oaks); b) la economía mundial (Bretton Woods); c) la agricultura y alimentación (Hot Springs); la ayuda y rehabilitación (Washington); y la aviación civil (Chicago). En todo caso no hubo acuerdo político mientras duró la contienda por deseo explícito de los EE.UU. lo que favoreció las tesis de la diplomacia soviética de expansionismo como idea de la creación de un cinturón, cuanto más ancho mejor, de seguridad. El objetivo soviético era mantener sus fronteras de 1941. Prueba de ello fueron las cumbres de Teherán (diciembre 1943) y Yalta (febrero 1945) que sirvieron a Stalin para demostrar a los ingleses y norteamericanos que ellos le necesitaban más a él que al contrario. Si bien, la cumbre de Yalta mostró a un Stalin seguro de la victoria, al menos en su parte de Europa, pues su tropas ya acosaban a las divisiones nazis fuera de las fronteras de 1941. FDR cuando llegó a la cumbre de Yalta ya estaba mortalmente enfermo y las condiciones del viaje hasta esa ciudad soviética no le favorecieron en absoluto. En Yalta los EE.UU. buscaban la apertura del frente ruso en Japón y la distribución de votos en las Naciones Unidas, temas que gustaban a la URSS por interés propio y para distraer de las conversaciones a la Europa oriental que pretendía dominar. Sin embargo el Reino Unido insistió y consiguió devolver a Francia su status de potencia, no desmembrar Alemania y parar los pies a la expansión soviética. Pero el tema polaco, por el que el Reino Unido entró en la guerra, no encontró compresión soviética. Tampoco la URSS cedió en el tema japonés y exigió compensaciones territoriales a su intervención (Kuriles y sur de Sajalín). Stalin demostró que su bandera era la Realpolitik y no los acuerdos con los capitalistas americanos e ingleses
El concepto de las Cuatro Policías fracasó por el mismo motivo que el concepto wilsoniano de la seguridad colectiva, y éste era la forma de enfrentarse a los objetivos de los cuatro actores principales. Los EE.UU., FDR, ya había dicho que Europa era cosa de británicos y rusos y que ni recursos militares ni económicos norteamericanos seguirían en Europa después de vencida Alemania. Así, los EE.UU. también condenaban, de antemano, el concepto de las Cuatro Policías de FDR. En todo caso, el expansionismo soviético sólo encontraría un obstáculo en unos EE.UU. comprometidos con Europa y Asia no en un Reino Unido y una China débiles. FDR puso a los EE.UU. en una posición de compromiso con los principios originarios de su república, la geopolítica británica poco influyó en unos EE.UU. comprometidos, por obligación moral, con un orden justo mundial, donde el enemigo derrotado dejaba paso a un nuevo gigante con ambiciones territoriales al estilo del siglo XIX y principios del XX, la URSS.
El Acuerdo al que los grandes estadistas de esta guerra no llegaron, por las razones que ya hemos expuesto, tendría que alcanzarse después de un largo periodo de posguerra que llevó a situaciones de crisis mundiales con peligro de una nueva guerra mundial y que se reflejó en la creación de esferas de poder con guerras regionales donde los vencedores de la Segunda Guerra Mundial luchaban por imponer sus sistemas sociales. El mundo, el nuevo orden mundial, era la Guerra Fría.
CAP 3.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA EN LA GUERRA FRIA.
Lo que la guerra había unido, la victoria rompió. El Reino Unido buscaba el control de la URSS en Europa y los soviéticos buscaban la expansión territorial para aplicar su sistema de sociedad contra el capitalismo. Los EE.UU. encontraron, entonces, la oposición a la aplicación de sus principios y la situación devino en la bipolarización de la política mundial con centros en Washington y Moscú y como campos de batalla, principalmente, Europa, sin olvidarnos de Asia-Pacífico, Oriente Medio, Centro y Sudamérica y Africa Mediterránea y Subsahariana.
Muerto FDR justo antes de finalizar la guerra, ocupó la presidencia Harry Truman cuya formación y expectativas no dieron fe de su buena labor posterior. Truman se encontró un panorama desolador en política exterior con una URSS hambrienta de territorios, con Francia deshecha, el Reino Unido débil y Alemania ocupada y dividida en cuatro zonas de influencia. Así mismo, se encontró con el dilema de favorecer a Stalin para que entrara en la guerra contra Japón. Pero aún con la intención de crear las Cuatro Policías y un orden mundial pacífico toparon con la URSS a quien, de forma muy norteamericana, se le achacaban un no saber portarse y hacer, en lugar de achacarle intereses geopolíticos en su rudo e intransigente comportamiento internacional. Truman desarrolló la política exterior norteamericana de las coaliciones haciendo volver a los enemigos vencidos, Alemania y Japón, al conjunto de las democracias desarrollando una intensa labor de ayuda que tiene como estrella el Plan Marshall, sin olvidarnos del Programa de los Cuatro Puntos para fomentar el desarrollo de las economías no norteamericanas. Truman creía firmemente en los principios de los Padres Fundadores y en la tecnología de la industria norteamericana. Los principios republicanos y democráticos y el poderío industrial le hacían tener una confianza desmedida en las posibilidades de los EE.UU. de reconstruir el mundo al que venció, como ha quedado demostrado.
Precedentes de la Guerra Fría. La Guerra Fría es un conjunto de hechos y situaciones heredadas y nuevas; pero fue la única alternativa que el status de las relaciones internacionales dejaron a las potencias. Los EE.UU. al finalizar la guerra intentaron enseñar, como una pura reacción instintiva norteramericana contra la Realpolitik, que la diplomacia del equilibrio de poder se había acabado y desdeñaron las advertencias de Churchill de las intenciones de Stalin para dominar Europa central y la necesidad de oponerse a ello con unas fuerzas anlgo-norteramericanas.
Para Stalin la diplomacia no era más que una herramienta más para definir el equilibrio de fuerzas. Para los EE.UU. establecer el nuevo orden mundial pacífico y democrático era el objetivo de su diplomacia. Hecho que a Stalin le movía a pensar que los EE.UU. no podían moverse por principios abstractos, como libertad o democracia, y que en ello había algo oculto y no podía comprender que la diplomacia norteamericana se moviera por tales principios (autodeterminación de la Europa central). Esto provocó que la URSS, altamente debilitada en recursos humanos y materiales después de la guerra, desconfiada tomara una posición de potencia intacta haciendo creer que controlaría Europa con su modelo de sociedad y establecería una esfera soviética a su alrededor, al fin y al cabo dictatorial.
Esta actitud, junto con los continuos regateos con los negociadores norteamericanos, iba a cambiar por completo la actitud de los EE.UU., como dice Kissinger, de buena voluntad. Esto era el comienzo del enfriamiento de las relaciones entre EE.UU. y la URSS y la amenaza de la Guerra Fría se atisbaba en el horizonte de las relaciones internacionales de posguerra; pero todavía quedaba Postdam.
EE.UU. en la Conferencia de Postdam (17 de julio a 2 de agosto de 1945).
Los EE.UU. llegaron a Postdam con sus ideas puras de lo que la diplomacia debía ser después de una devastadora guerra, traían los principios wilsonianos, las Cuatro Policías de FDR y la desaparición de las esferas de interés.
La conferencia tenía un largo orden del día donde, intentado evitar entrar en los detalles más bajos que ahogaron la Conferencia de Versalles, había una enorme cantidad de puntos concretos que los tres estadistas, Truman, Churchill y Stalin, tenían que resolver, tales como las indemnizaciones o la situación final de distintos países del Eje y asociados.
Cada uno de los puntos del orden del día empezaron a encontrar dificultades. Polonia quedaba bajo influencia soviética a pesar de las presiones norteamericanas e inglesas. Stalin no había cumplido los acuerdos de Yalta y Teherán en sus expansión del comunismo, ahora exigía 20.000 millones de dólares a Alemania como compensación, a lo que se opusieron los EE.UU. y el Reino Unido. Los despropósitos se sucedían uno tras otro, además Churchill fue sustituido por Attlee tras unas elecciones generales que tuvieron lugar durante la conferencia. En todo caso, algunos acuerdos tuvieron lugar como el establecimiento de un mecanismo cuatripartito que trataría las cuestiones alemanas, que las indemnizaciones, a propuesta de Truman, se obtuvieran cada potencia de sus zonas de ocupación.
La mentalidad de Stalin hubiera necesitado una posición dura, de Realpolitik, por parte de la diplomacia norteamericana, a quien Stalin consideró débil y a la que desvió de sus objetivos con exigencias basadas en puros faroles, dada la situación real de la URSS. Stalin sólo estaba respaldado por sus miles de soldados cansados y mal equipados que ocupaban la Europa central. En todo caso, la dura posición de Stalin ante los EE.UU., a sabiendas de que éstos tenían la bomba atómica, se basaba en la seguridad de que los EE.UU. no estaban por iniciar ningún conflicto militar ni por utilizar el arma nuclear en Europa. Esta seguridad de la actitud de los EE.UU. ante un desafío de la URSS dio lugar al bloqueo de Berlín.
Postdam fue el comienzo real de la Guerra Fría, de la separación de Europa, del Mundo en dos esferas de influencia, justamente se cumplían las peores pesadillas de los norteamericanos en cuanto a su política exterior. Contrario a sus principios los EE.UU. se vieron envueltos en la política internacional de esferas de poder/interés/influencia.
El Menosprecio del Poder de los EE.UU y las Exageraciones de Stalin: Stalin consideraba que las concesiones eran un síntoma de vulnerabilidad y que por tanto éstas no debían formar parte de su diplomacia cuando negociara con los EE.UU. Stalin mostraba constantemente, con temeridad, un poderío inexistente. Todo ello combinado con mucha belicosidad e indiferencia fue convirtiendo a la URSS en un gigante con pies de barro, pero al que nadie se atrevía a tocar. Además, la URSS recibió un soplo de aliento desde las capas intelectuales bienintencionadas de los países occidentales que creían en el discurso de Stalin que el sistema de organización soviético era la mejor forma de estructurar la sociedad. El discurso de Stalin, a partir de 1946, giró para achacar los males y el origen de la guerra al capitalismo, desde entonces sería este el enemigo a vencer en todo el mundo.
En el lado occidental ya se había empezado a tomar conciencia de la amenaza soviética y se mantenía la no provocación de intervención militar alguna en Europa. Sería Churchill, una vez mas el profeta de Europa, abogando por una reconciliación con Alemania y una unión de las democracias europeas en un frente común contra el comunismo que, como sistema, empezaba a expandirse por la Europa central, a pesar de sus ciudadanos, y no tardaría mucho en extenderse al mundo. Las intenciones norteamericanas basadas en la Carta de las Naciones Unidas parecían no tener valor para Stalin. Parafraseando a Kissinger, Stalin, a pesar de su primer éxito, cometió un grave error al subestimar a las democracias, a EE.UU. principalmente, prueba de ello son el Plan Marshall, la OTAN y más tarde la Unión Europea. Las conversaciones de Marshall con Stalin en 1947 llegaron en un momento en que los EE.UU. desconfiaban completamente de las intenciones soviéticas y en el que Stalin había llegado demasiado lejos.
Los EE.UU. llegaron a la conclusión que sin cambio de mentalidad soviética no habría resultados en las negociaciones. Una vez asumido esto por los proyectistas de la política exterior norteamericana comienza la resistencia práctica al expansionismo soviético que no había cambiado desde el pacto Stalin-Hitler: dominación de los Balcanes y control del paso de los Dardanelos. En todo caso, el freno a tal expansionismo soviético no se justificaría desde el punto de vista geopolítico al pueblo norteamericano, sería basado en los principios fundamentales de la política exterior norteamericana. Acheson convenció a una comisión republicana apelando a que en la historia no había habido la bipolarización mundial actual desde Roma y Cartago y que ayudar a las naciones amenazadas por el expansionismo soviético sería proteger la seguridad de los EE.UU.”...sería proteger la libertad misma”.
A partir de entonces comenzó la ayuda Greco-Turca y apareció la Doctrina Truman, que usó términos wilsonianos de la lucha de dos tipos de sociedades. La sociedad de la Doctrina Truman es la basada en la voluntad de la mayoría con instituciones libres, gobierno representativo, elecciones libres, garantía de la libertad individual, libertad de expresión y de religión. En el otro extremo, la sociedad comunista se basaba en la voluntad impuesta de una minoría sobre una mayoría por le terror y la opresión, la prensa y radio controladas, elecciones coaccionadas y la supresión d e las libertades personales. La Doctrina Truman, al estilo wilsoniano, daba la imagen de unos EE.UU. defensores de la democracia y la comunidad internacional de acuerdo con los principios de la Carta de Naciones Unidas (CNU).
Una buena comprensión de la historia de la política exterior norteamericana hubiera hecho ver a Stalin la posición que los EE.UU. estaban tomando con respecto a la expansión soviética y lo que es más importante, el apoyo del pueblo norteamericano a esa nueva política exterior de los EE.UU. donde el futuro se definía como la defensa de los principios democráticos, principios de los Padres Fundadores. Poco después se anuncia el plan de ayuda y recuperación económica de Europa y Japón, que supuso un giro a las primeras posiciones norteamericanas sobre el tema poco antes de acabara la guerra, el llamado Plan Marshall. El Plan Marshall triunfó por su idealismo, por sus miras en un futuro utópico que llegó a ser tangible, por el compromiso moral y material del pueblo norteamericano en vertebrar de medios humanos y materiales, la producción y la política exterior que definía la letra de este plan de ayuda orientado no contra el Partido Comunista y sus organizaciones sino contra el hambre, la pobreza, la desesperanza y el caos. No obstante, la política exterior norteamericana dirigió sus pasos a la oposición, a parar, a contener la expansión soviética en le mundo, eso fue la Política de Contención que tuvo numerosos escenarios por todo el globo
La Política de Contención: La OTAN y la República Federal Alemana.
La Política de Contención fue el producto de la intransigencia soviética en las negociaciones de finales de la guerra y de la posguerra. Destaca sobre esta Política de Contención el artículo de George F. Kennan, jefe de personal de planificación del Departamento de Estado, que explica los modos en que la hostilidad a las democracias formaba parte de la estructura interna soviética y por tanto impenetrable a los estilos negociadores Occidentales. La tensión con lo no soviético, no comunista, era parte de la filosofía de la URSS. Kennan proponía que la única manera de superar tal estratégica soviética era una política firme de contención que coloque una contrafuerza a la expansión soviética en cada punto del globo donde intente manifestarse.
El artículo de Kennan definió incluso la forma y las razones por las que desaparecería la URSS. Para Kennan que el Partido Comunista apelara al apoyo de las masas políticamente inmaduras e inexpertas le llevaría a extrañas consecuencias, pues la ideología comunista sólo ha ejercido la disciplina y la obediencia, sin compromiso ni acuerdo. Así que todo elemento que perturbe la unidad y la eficacia del Partido como instrumento político haría que la URSS cambiara en poco tiempo y se convertiera en una nacional débil. Esto parece predecir lo que sería la URSS de después de la Perestroika de Mijail Gorbachov.
Kennan estaba llevando, con su artículo, a su pueblo a una lucha sin fin y sin cuartel contra el poder soviético donde todo los escenarios geográficos y del conocimiento quedaban abiertos a innumerables batallas (Europa, Oriente Medio, Asia, Asia-Pacífico, Africa y Sudamérica. Sin olvidar, la ciencia, los pactos militares y comerciales, etc...).
Con la Política de Contención la Guerra Fría tomó tintes militares y se mostró una imagen de debilidad por parte de Occidente, única y exclusivamente porque dió muestras de una interminable paciencia durante más de cuarenta años. Los EE.UU. articularon su nueva política exterior con una creatividad que la misma Política de Contención provocaba al llevar a crear continuamente posiciones de fuerza militares y económicas por todo el mundo, además se relacionó la estabilidad con el aunar de la economía y la sociedad civil (Plan Marshall) y la creación de una fuerza de seguridad poderosa con decisión de actuar (OTAN).
La OTAN surgió tras la aceleración de la expansión comunista con el golpe a Praga en 1948, quedó entonces demostrado que los EE.UU. debían participar en la defensa de Occidente, que aún estaba débil para oponerse a una URSS en expansión. La política exterior norteamericana sufrió un nuevo giro, el mundo quedó entonces, claramente, dividido en dos esferas de influencia, término que para el consumo doméstico norteamericano quedó, por el ingenio de sus políticos, como “el predominio del poder para la paz para luchar contra la agresión y no contra ningún país en concreto”, eso era, en definitiva, la definición de la OTAN en los EE.UU. Por toro lado, la creación de la República Federal Alemana (RFA) con la unión de los sectores americano, británico y francés supuso un nuevo desafió contra la URSS, que había creado una Alemania comunista en su sector, y la consolidación de la división de la Alemania de Bismarck.
La actitud de la política exterior norteamericana con la creación de la OTAN y la RFA sorprendieron a los más ardientes partidarios de la Política de Contención. EE:UU. había orientado su política exterior a cubrir el vacío de poder que existía en Europa, imponiendo sus principios basados en ideales de soluciones generales en lugar de basarse en intereses particulares típicos de la tradicional diplomacia europea. No obstante, con este tipo de política exterior relegaba a su diplomacia a una actitud ciertamente pasiva, quedando a la espera de los movimientos soviéticos.
Tres corrientes de pensamiento se opusieron a la Política de Contención: Lippmann por el agotamiento de recursos que producía, Churcill por no favorecer las negociaciones antes de ocupar posiciones de fuerza y Wallace que negaba el derecho moral de los EE.UU. a llevar a cabo tal política (idea que se desplomó tras el golpe comunista a Checoslovaquia)
Política de Contención: Corea, Negociaciones con los Comunistas.
La Política de Contención tenía una brecha y es que los soviéticos al ver parada su actividad en Europa empezaron a buscar escenarios en lugares del globo de gran dificultad estratégica y diplomática para los EE.UU. Corea del Norte atacó a Corea del Sur, dos países donde se mostraba la polarización de la política mundial. Este escenario, ni siquiera se había previsto por los estrategas norteamericanos y acudieron con sus tropas sin plan previo. En EE.UU. no se comprendía porque la URSS había escogido tal escenario, fuera del perímetro de defensa norteamericano. Chocaron, entonces, el menosprecio de la URSS por el interés geopolítico estadounidense de la zona y el no consentimiento por parte de los EE.UU., como símbolo de no tolerar una agresión comunista donde quisiera que se produjera en el planeta.
El plan de invasión de Corea del Sur parece ser que fue idea de Kim El Sung, que convenció a Stalin de lo fácil de la empresa y el desinterés norteamericano en la zona, desestimando los principios e ideales generales estadounidenses que ya habían sufrido varapalos en todo el este de Europa y en la guerra civil China. El desdén del trato comunista a las fronteras internacionales ponía en peligro la reconstrucción pro-occidental del Japón y creaba un bastión comunista en Asia incontrolable. La intransigencia soviética facilitó la entrada en la guerra de los EE.UU. y dos días después de que las tropas norcoreanas cruzaran el paralelo 38, los EE.UU. ya habían empezado a desplegar las suyas y en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se aprobaba una resolución para que Corea del Norte cesara las hostilidades y se retirara al norte del paralelo 38. Con la resolución en la mano, la lucha ya no era una intervención local de una potencia, sino la lucha por los principios manifestados en la CNU para defender al mundo libre por el conjunto de las naciones democráticas.
Corea fue la primera brecha de la Política de Contención, en cómo prevenir que en el futuro no se repitiera este tipo de invasiones. Además, China se había convertido en un país comunista que amenazaba todo equilibrio en Asia, lo que provocó la defensa de Taiwan (Formosa) de la invasión comunista. Esta acción junto con la ayuda que los EE.UU. enviaban a las tropas francesas en Vietnam para contener la expansión comunista, hicieron a Mao Zedong pensar en un cerco norteamericano a China. Esa fue la excusa de la intervención China en Corea. Pero los norteamericanos aplicaron un principio erróneo en la Guerra de Corea, no acompasaron sus objetivos estratégicos y militares con los diplomáticos, hecho fundamental para el éxito en guerras limitadas. Después del éxito de McArthur al cortar las líneas de suministros, al desembarcar en Seúl, entre Pyongyang y el frente en el sur, se dió el momento político de la decisión de parar en el paralelo 38, continuar e infligir un castigo a los comunistas o unificar Corea. McArthur convenció a Truman para no parar en el cuello de botella al norte de la capital norcoreana y continuar hasta la zona continental para llegar al río Yalú, pero los chinos atacaron por sorpresa, a pesar de no estar suficientemente preparados, y los norteamericanos huyeron en desbandada al sur del Seúl. La falta de doctrina en la guerra limitada y la retirada hizo que la política norteamericana dependiera de las fluctuaciones en el campo de batalla y perdiera toda iniciativa diplomática, no propuso la creación de una buffer zone (zona colchón) con China al norte del cuello de botella lo que hubiera, probablemente, parado el ataque chino. En todo caso, China sin el factor sorpresa, ya no fue un rival para los EE.UU. quienes abandonaron toda idea de unificación y volvieron a la de Contención con el paraguas de las Naciones Unidas. En enero de 1951 el frente estaba al sur de Seúl y el optimismo de Mao era grande, pero la fuerza de los EE.UU. fue mayor y pararon su ataque, que en el contraataque llevó a las tropas estadounidenses por encima del paralelo 38. Los EE.UU. creían, erróneamente, que China y Seúl, no habían intervenido sin la ayuda de la URSS dentro de una conspiración comunista a nivel mundial para llevar a los EE.UU. a Asia y atacar a Europa. Sí hubo cierta ayuda de Stalin a Mao; pero reclamó un pago que sembró las discordia entre los dos regímenes y la semilla de su separación ideológica. En todo caso, la pregunta en los EE.UU., planteada por la actitud de MacArthur, fue si había algún punto intermedio entre la guerra total y el estancamiento. En las opciones de Bradley, jefe de la junta de estado mayor, la del medio, resolver en general las cosas sin comprometer excesivas fuerzas, fue la que se llevó a cabo, renunciado a la unificación y guerra total y a la de salir y abandonar, por tanto, Corea. En todo caso, los temores de los EE.UU. de que la URSS buscaba un pretexto para hacer una guerra total, no estaban fundados, es mas lo que Stalin intentó fue evitarla, pues motivos para comenzarla no le faltaron en aquellos años. Mientras tanto, las críticas en los EE.UU. por la guerra de Corea vinieron, al contrario que por la guerra de Vietnam, por no buscar la victoria.
Las lecciones aprendidas son, en el caso de la política exterior norteamericana, la capacidad de maniobra de sus estadistas para cambiar el concepto de un territorio fuera de la esfera de defensa norteamericana a pasar al envío de tropas para evitar el socavamiento de la posición de los EE.UU. en el nuevo orden bipolar mundial. China supo combinar, al enfrentarse a una superpotencia, los factores militares y los diplomáticos y aprendió con no podría haber otro enfrentamiento, hecho que no se produjo durante la Guerra Fría. Los EE.UU., pensando que detrás de todo estaba la URSS, redoblaron esfuerzos. La sobredimensión que los EE.UU. dieron a la URSS, fue en contra de éstos y en Europa se produjo el rearme y la cohesión de los aliados. La reacción de Stalin fue una amplia actividad diplomática para resolver la Guerra Fría.
Stalin, sabiendo de su inferioridad, no pretendió, a pesar de todo, proponer un nuevo orden mundial donde se aceptaran las reglas del juego de la democracia, al contrario quiso establecer un reconocimiento oficial de las dos esferas de poder reinantes en el mundo con una Alemania en medio, unificada y armada (Nota de Paz sobre Alemania - llena de excepciones y peros que no convención nunca a Truman). La intención de Stalin de una negociación global desapareció con su muerte, sus sucesores no podían dar concesiones tan alegremente como lo hubiera hecho Stalin, si esa hubiese sido su intención. Era claro que el régimen comunista de la Alemania Oriental era especial y distinto a los de las otras naciones comunistas, era, al fin y la cabo, el comodín que Stalin guardaba en su manga respecto de las negociaciones con Occidente. En general, los errores de cálculo de Stalin venían de su creencia en que los Occidentales practicaban una Reapolitik a su estilo, cosa que no era cierta. Para Kissinger los sucesores de Stalin practicarían un estancamiento de la diplomacia para dedicarse a mantener sus opciones y para ello empezaron, así ganaban tiempo, unas rondas de negociaciones sin contenido ni proposiciones fijas. Negociaciones que Churchill veía bien, era lo que deseaba desde el fin de la guerra. Pero la idea de los EE.UU. fue, apoyada por Adenauer (canciller alemán) y era la de no poner en riesgo la cohesión lograda en Occidente, este el era el punto álgido de la Política de Contención. Pero las negociaciones se celebraron y tendrían su puesta en escena en la Cumbre de Ginebra de 1955 que para los occidentales fue el deshielo de la Guerra Fría, pero que para los soviéticos fue el comienzo de una carrera para igualarse a un Occidente en cohesión y un tiempo de oro para arreglar sus disputas internas de poder.
Política de Contención: El Canal de Suez.
El mundo a pesar de la Cubre de Ginebra de 1955 tenía dos esferas de poder claras, EE.UU. y la URSS. Los EE.UU. empezarían, una vez asegurada Europa, a aplicar la Política de Contención en otras regiones del mundo. El Oriente Medio era considerado zona de disputa Occidental y la URSS lo vió como un buen objetivo para su venta de armas, siempre a través de un tercero, y así enconar el Conflicto Arabe-Israelí. Oriente Medio era zona de influencia británica, donde desde la Liga Arabe hasta la Legión Arabe eran productos británicos. Los puntos clave de la política británica eran el petróleo de Irán y el canal de Suez. En un territorio de especial interés para el Reino Unido, Egipto, un grupo de jóvenes militares depuso al pro-británico rey Faruk y el carismático Nasser se hizo con el país.
Debemos recordar que los EE.UU. nunca quisieron intervenir en el Oriente Medio, al contrario que en Grecia y Turquía, a pesar de las invitaciones de Churchill, porque lo consideraban un vestigio colonial y como tal no defendible bajo los principios de autodeterminación norteamericanos. Los EE.UU. pensaron que los revolucionarios del Oriente Medio verían en la potencia americana un ejemplo a seguir y si bien estos revolucionarios utilizaban términos democráticos en la puesta en escena, en realidad fueron pura retórica para hacerse con el poder y sacudirse el colonialismo inglés y francés. Muchos de los revolucionarios eran marxistas y se apoyaron en el conflicto Oriente-Occidente para alzarse en el poder. Así, los EE.UU. se vieron en esta
zona del mundo atraídos por el imán de la Política de Contención.
La política norteamericana intentó combinar el poner fin al colonialismo británico y crear una estructura de contención en el Oriente Medio. Un Pacto de Bagdad y una Alineación de Naciones del Norte no bastó para sacar a la URSS de la influencia que ejercía en el Oriente Medio. Un Nasser desconfiado que no ansiaba dominaciones, negó la paz con Israel y aplaudió el proyecto de la presa de Asuán en un esfuerzo anglo-norteamericano, donde la mayor parte de la inversión sería de los EE.UU. Asúan sirvió a Nasser para jugar con las potencias; pero no le dulcificó pues ansiaba el liderazgo árabe en la zona. Los EE.UU. se retiraron del proyecto de la presa como represalia a sus devaneos con la URSS. A continuación los egipcios invadieron, como represalia a los EE.UU., la Compañía del Canal y controlaron la navegación del mismo y el canal se nacionalizó. Ingleses y franceses no tenían mucho cariño a Nasser, los segundos, especialmente, porque éste ayudaba a las guerrillas marroquíes y argelinas en contra de Francia. Estaban decididos a intervenir por la fuerza, a pesar de la fuerte oposición norteamericana. A última hora en las Naciones Unidos se acordaron seis puntos entre Francia, Inglaterra y Egipto que, posteriormente, fue vetado por la URSS. La guerra era ya un hecho; pero se elaboró un plan en el que Israel se vería involucrado, para así llegar a Suéz y separar, ingleses y franceses, a las fuerzas contendientes dieciséis kilómetros del canal y establecer una administración internacional del mismo. Todo, según el plan, debía ocurrir unas semanas antes de las presidenciales de los EE.UU. Los EE.UU. después de la intervención francesa e inglesa, tras la israelí, votaron contra sus aliados, junto con la URSS, una resolución de las Naciones Unidas para su retirada y la sustitución por una fuerza de Paz. Mientras tanto las URSS, en su esfera de poder, aplastaba a la guerrilla húngara que luchaba por la libertad. Los EE.UU., en esta ocasión, se basaron en cuestiones morales y jurídicas, mientras que la URSS, Reino Unido y Francia se basaron en la geopolítica que en último caso favorecía la política nacionalizadora de Nasser y a la postre la victoria de la exportación de armas soviéticas al Oriente Medio.
Las conclusiones ingleses fueron la de subordinación de los ingleses a los EE.UU., mientras que los franceses optaron por una alianza con Alemania.
Política de Contención:. La Crisis de Berlín
Después de la guerra Berlín quedó dentro de la Alemania Oriental, dividida en cuatro sectores, el oriental controlado por la URSS y el occidental, norte, oeste y sur controlado por ingleses, franceses y estadounidenses respectivamente. El lado occidental se había convertido en lugar prospero con respecto al Este, dominado y controlado por los soviéticos, entonces, la mano de obra se pasaba al Oeste y se produjo un gran desarrollo industrial. Esto hizo recelar a los soviéticos y empezaron a poner obstáculos, a través de las instituciones de la Alemania Oriental, a los pasos de mercancías y personal a Berlín. La URSS, dentro de su imagen aperturista que Nikita Jruschov intentaba dar en 1957, se preparaba para dar un nuevo órdago a Occidente, pero un su punto más débil, Berlín. En aquel entonces, la URSS ya estaba bastante preparada en materia de cohetes nucleares. En esta crisis la amenaza de la guerra nuclear apareció con más fuerza y los EE.UU. fueron conscientes que la carrera nuclear había comenzado y que su monopolio tenía que dar su último fruto, apareció entonces el concepto de “represalia masiva”. Este concepto unía toda intento de agresión a un ataque a todos los puntos de la potencia agresora.
El 13 de agosto de 1961 se empieza a alzar el muro de Berlín, el Este no había podido superar al próspero Oeste. Aunque las familias quedaron separadas y la situación fue muy grave, Kennedy decidió no atajar la crisis como una agresión. Esto hizo que los alemanes vieran que los EE.UU. no reaccionarían ante el asunto, igual que en el asunto de Hungría, y Brandt comenzó a aplicar lo que se conocería como Ostpolitik. Ese inhibición norteamericana sería uno de los motivos que hizo a la RFA reconocer a la RDA. Los EE.UU., no obstante, enviaron más tropas a Berlín utilizando la autopista que discurría por la zona soviética. Nikita Jruschov demostraba una vez mas que iba de farol. Eisenhower y luego Kennedy sabrían que los EE.UU. superaban en potencial estratégico a la URSS con creces.
Berlín sirvió para lanzar unas negociaciones EE.UU.-URSS, pero éstas no dieron fruto ninguno de transformación del status quo existente en Europa. También llevó a los alemanes a perder la confianza ciega en los EE.UU. y a su Ostpolitik de acercamiento a al RDA.
La crisis de Berlín culminó con la crisis de los misiles cubanos que fueron el momento cumbre de la Guerra Fría. Todo fue una muestra de la debilidad soviética que, en aquel entonces, no fue reconocida por las democracias lo que hizo que la Guerra Fría siguiera enquistada en la diplomacia mundial. El resultado fue que la URSS ya no desafió a los EE.UU. hasta el final de su existencia en 1989, excepto en Oriente Medio en 1973. La URSS, desde finales de los sesenta, se orientó al apoyo de las guerras de liberación nacional como Angola, Nicaragua, Etiopía y Afganistán.
Unión de Occidente
Europa se había visto abandonada temporalmente, quizá coyunturalmente, por los EE.UU. en la crisis del canal de Suez, en Hungría y luego en la crisis de Berlín. La seguridad que los dirigentes norteamericanos sentían en sus preceptos prácticos, y que imponían, no era una cualidad que Francia compartiera, ésta ya era una nación que se había vuelto escéptica respecto a las intenciones de los EE.UU.. Los EE.UU. consideraban la Alianza Atlántica como una empresa en la que el que más acciones tiene más hace pesar sus ideas y decisiones. Esta visión mercantilista no era compartida por la diplomacia francesa que veía la armonía como el fruto de las negociaciones de los conflictos de intereses. Francia no era antinorteamericana y lo demostró en la crisis de los misiles al dar su total apoyo a los EE.UU. De Gaulle barajaba las tesis de Bismark de una Europa unida en estados y uno o unos de éstos ejercería el papel dominante, papel que esperaba para Francia. Esto llevó al acercamiento Franco-alemán. Pero Francia no estaba en posición de ser una potencia para alentar tal idea en solitario. Con los EE.UU. había un asunto que era irreconciliable y era el tema de la autonomía en materia nuclear que los norteamericanos rechazaban a favor de la integración y que los franceses aspiraban a controlar de forma nacional, aunque mediara coordinación.
La política exterior norteamericana, al respecto, reflejó las personalidades de sus presidentes. Francia en 1958 presentó un informe de cómo debería estructurarse la OTAN con respecto de las armas nucleares y a ello añadió la amenaza de retirarse de la OTAN, exigía la igualdad de la relación EE.UU.-Reino Unido para con ella. Estaba hablando de los Cuatro Policías de FDR. Francia en 1966 salió de la OTAN cuando Kennedy siguió con la idea de un mando central de las armas nucleares.
Kennedy en 1962 proclamó su noble Declaración de Independencia entre los EE.UU. y una Europa Unida, donde una Europa integrada política y económicamente estaría en una posición de igualdad con respecto de los EE.UU. Kennendy promovía una asociación atlántica basada en dos patas fundamentales Europa y los EE.UU. Este sueño fracasó por la ambivalencia europea, al ser un poder económico, pero no militar, especialmente, en el aspecto nuclear. Europa seguiría siendo custodiada militarmente por los EE.UU.
Francia y Alemania firmaron un tratado, que establecía la consulta entre las naciones para temas de gran calado. El tratado no era más que un símbolo de lo que se movía en las mentes de los europeos y, en todo caso, De Gaulle no veía una Europa supranacional, no lo deseaba. Francia quería una Europa con un motor económico de una Alemania divida, el dominio del Mercado Común por Francia y la garantía de protección de los EE.UU. Sin embargo, la visión de Kennedy era la reformada de Wilson y FDR para Europa.
Varapalo al Estilo Wilsoniano de la Política Exterior Norteamericana. Vietnam
Las teorías wilsonianas continuaron aplicándose con Truman, Eisenhower, Kennedy y Johnson con la única idea de dar la oportunidad a cada país del mundo la posibilidad de autogobernarse, sin buscar los EE.UU. territorios o intereses. En principio, estas fueron las razones de entrar en Indochina, sin embargo esta vez el pueblo norteamericano, en palabras de Kissinger se distanció enormemente entre la excepcionalidad de los EE.UU. con sus principios fundamentales de democracia y libertad y la dureza de la Realpolitik plasmada en la Política de Contención del comunismo.
La victoria del comunismo en China hizo que los EE.UU. no fueran a tolerar una nueva expansión en Indochina. La Teoría del Dominó postulaba que si caía Indochina, poco después caería Birmania y Tailandia. En este caso, el argumento de la contención tomaba un cariz geopolítico que hizo difícil cuadrarlo en la ideología norteamericana. Para más inri, Indochina era un conjunto de colonias francesas, por supuesto no democráticas, por lo que de nuevo chocaba con el anticolonialismo norteamericano alegado ya en el Oriente Medio. Un elemento más que no encajaba en las ideas norteamericanas. Por su parte, los aliados europeos de los EE.UU. no veían el peligro que el Consejo Nacional de Seguridad norteamericano veía en Indochina para Europa, ésta no compartía los argumentos de que Hanoi sustituía a Pekín y éste a Moscú y, tampoco el lugar donde habría que poner coto a la expansión comunista. Más tarde, se sabría que los chinos consideraban su mayor amenaza a la URSS y no su mayor aliado como creían en los EE.UU.
En mayo de 1954 la estrategia francesa fracasó en Dien Bien Fu, Vietnam noroeste. Los EE.UU. veían peligrar el equilibrio en Asia, los mercados y la mano de obra para Japón y las comunicaciones con Australia y Nueva Zelanda. Los EE.UU. consideraron como buena una intervención de una Acción Conjunta de un grupo de países. Sin embargo, Churchill veía más peligros en Indochina que beneficios y no acertaba a comprender como una derrota colonial llevaría a afectar al globo, a Europa en definitiva.
En julio de 1954 en los Acuerdos de Ginebra se divide Vietnam en dos con unas cláusulas muy ambiguas que tuvieron como fin esperar acontecimientos y, por su puesto, el alto el fuego y el fin de las hostilidades. Si bien los EE.UU. no participaron directamente si vieron reflejados en los acuerdos su objetivo de contención, los acuerdos crearon para los norteamericanos el marco ideal, un Vietnam del Sur, para oponerse al avance comunista del norte. En septiembre de 1954 se creó la Organización del Tratado del Sudeste de Asia (SEATO) con unas obligaciones un tanto indefinidas, pero que contenía un protocolo especial para evitar agresiones a Laos, Camboya y Vietnam del Sur.
Los EE.UU. lanzaron su política exterior a un apoyo de Vietnam del Sur, dispusieron de la poco democrática figura de Diem e intentaron hacer un país democrático al estilo occidental donde no había poso para ello. La guerrilla continuó en el sur; pero contra las nuevas instituciones de corte democrático, el país no podía arrancar con tanto lastre. Los EE.UU. crearon un ejército survietnamita a imagen del norteamericano, pero el enemigo era la guerrilla y los métodos que sirvieron en Europa y Corea, en Vietnam eran ineficaces. La guerrilla abastecida desde Hanoi, tuvo que invadir Laos, país neutral, para crear unas bases logísticas y la famosa ruta de abastecimiento Ho Chi Ming. Los EE.UU. vieron en la invasión de Laos el comienzo de la Teoría del Dominó, no negada por principio sino cuestionada por el lugar de aplicación de la contención, si el paralelo 17 (Vietnam) o Malasia (volviendo a la visión de Churchill). En todo caso, los norvietnamitas utilizaron Laos y Camboya para abastecer a sus guerrillas del sur de Vietnam, lo que complicó con mucho la situación. La política exterior de Kennedy continuó con la creación de un Vietnam del Sur como nación, el concepto de “formación de nacionales” y no arriesgar vidas norteamericanas; pero creyó que no era una guerra convencional lo que provocaría el efecto dominó en Indochina, pues sus informes le decían que existía ya un empate nuclear con la URSS. Esto, más la invasión de Laos y Camboya junto con el equívoco en la interpretación de un discurso de Nikita Jruschov sobre su apoyo a las guerras de liberación nacional, hecho que ocurrió con Johson respecto a unas declaraciones de China en 1965, hicieron que los EE.UU. se involucraran aún mas en la cuestión vietnamita. En 1963 Diem había mostrado su cara anti-democrática, poco después fue asesinado y los militares survietnamitas se hicieron con el poder. Muerto Kennedy y Johnson de presidente, los norvietnamientas aplicaron la estrategia de invadir el sur de Vietnam con unidades regulares.
Johnson en política exterior era muy inseguro, además llevaba el lastre de continuar con la decisión de Kennedy en cuanto a la “formación de naciones”, en este caso Vietnam del Sur. Con motivo de una serie de ataques norvietnamitas a intereses norteamericanos, un buque y un cuartel de asesores comenzaron los ataques estadounidenses. La Resolución del Golfo de Tonkín puede que dijera que había que atacar a los norvietnamitas; pero no fue el origen de la entrada de los EE.UU., la decisión se había tomado años atrás con la Política de Contención. Las críticas interiores hacían que Johnson buscara el fin de la guerra se negoció en 1967 la Fórmula de San Antonio por la que los EE.UU. paraba sus bombardeos sobre Vietnam del Norte si éste no lo aprovechaba sobre el terreno. Pero la Ofensiva del Tet estaba en marcha y la opinión pública norteamericana no interpretaba como correcta la intervención en Vietnam, al contrario que en Corea. Esa opinión publica se generó en las universidades y los intelectuales que eran, hasta entonces, defensores acérrimos del idealismo internacional de los EE.UU. Entonces, la resolución de Hanoi no era la de parar en sus pretensiones y exigencias, sino que las negociaciones serían una vez que la balanza militar estuviera de su lado, la Fórmula de San Antonio no era más que un respiro en el último ataque, la Ofensiva del Tet, esto ponía a los EE.UU. no ante la victoria y el compromiso sino ante la victoria o la derrota. Los EE.UU. no estaban en condiciones morales de ver y analizar que la Ofensiva del Tet fue una derrota del comunismo, las guerrillas y su infraestructura, a pesar de las primeras victorias (llegaron hasta Saigon) donde quedaron muy diezmadas y la guerra quedó en manos de un ejército regular norvietnamita muy inferior al norteamericano, y que si hubieran seguido la presión hubieran conseguido unas negociaciones incondicionales por parte de Hanoi. Johnson renunció a su candidatura y esto hizo que sus competidores ofrecieran la paz a sus votantes por lo que la ventaja sobre el terreno se perdió, ya que con el cese de los bombardeos Hanoi restableció sus infraestructura en Vietnam del Sur.
La política exterior norteamericana con Nixon en el asunto de Vietnam optó en un principio por la retirada unilateral, pero, enseguida, fue consciente de que para la geopolítica no era bueno, por lo que se decidió que la opción más viable era provocar el caos en los cálculos de Vietnam del Norte adoptando una nueva estrategia que consistió en la combinación de medidas políticas y militares, tales como el apoyo del Congreso de los EE.UU. a la guerra, llevar a cabo conversaciones diplomáticas que llevaran a un acuerdo con concesiones excepto la toma del sur por los comunistas y concentrar fuerzas en la zonas más pobladas del sur para defenderlas, destruir la ruta de abastecimiento de Laos y las bases en Camboya y minar los puertos del norte. Esto provocó, cuatro años después, en 1972 en los Acuerdos de París, que Hanoi se sentara a negociar y no cuestionara la continuación de ayuda militar y económica a Saigón. Los Acuerdos de París no fueron el final feliz, en el 73 con el Watergate minando a Nixon los norvietnamitas entraban en Vietnam del Sur y se negaban a informar sobre los desaparecidos en combate norteamericanos, violando los acuerdos que, literalmente, habían sacado a los EE.UU. del conflicto militar. Vietnam del Sur dependía exclusivamente de la ayuda norteamericana que fue bajando año a año, en 1975 junto con Camboya fueron invadidos. La victoria de los comunistas terminó demostrando el baño de sangre que se vaticinaba. En Camboya se cometió un genocidio y en Vietnam se hablaba de 200.000 presos políticos. En la famosa teoría del dominó, al final, sólo cayeron dos fichas: Camboya y Laos.
Los EE.UU. en aplicación de un wilsonismo que no tenía en cuenta la diferenciación cultural y con la idea que la caída de un par de piezas, según la teoría de seguridad colectiva, socavaría todo el orden internacional, fueron el mayor de sus fracasos en política exterior. Las lecciones aprendidas fueron que para entender a lo que se enfrenta hay que tener una previsión realista de los objetivos que se pueden alcanzar, que si media una acción militar sólo existe la victoria como alternativa, y que es necesaria una cohesión nacional interna porque una política exterior no se puede aplicar si los políticos nacionales están enfrentados.
EE.UU. entra en la Realpolitik. La detente.
Nixon fue el artífice del paso de la política exterior norteamericana a una base geopolítica. En todo caso, aún sin Vietnam la política exterior de los EE.UU. necesitaba rediseñarse en un mundo donde Europa y Japón, con la ayuda económica y el paraguas de seguridad norteamericanos, tomaban su puesto en el mundo. Las relaciones Este y Oeste estaban estancadas por la Política de Contención. Los EE.UU. debían plantearse la transición de la hegemonía al liderazgo. El wilsonismo había funcionado y muy bien, pero a finales de los setenta se hacía necesaria una nueva definición del papel internacional de los EE.UU. Nixon consideró su tarea la de definir un papel firme en política internacional para los EE.UU. en una arena internacional muy compleja donde wilsonismo y Realpolitk debían fundirse. Nixon se separó de la Política de Contención y tomó el camino de Churchill de 1953, la negociación que sirvió como estrategia para recuperar la incitativa diplomática. En todo caso, Vietnam y el Watergate impidieron que se diera el consenso interno para bendecir una política exterior que era el medio más realista de justificar el idealismo norteamericano.
La diplomacia había quedado abierta y desbloqueada después de la revelaciones de Nikita Jruschov sobre el régimen stalinista, la invasión de Checoslovaquia y la separación del comunismo chino y el soviético. Esto dejó un margen de maniobra a la diplomacia norteamericana. Nixon fue un presidente con amplios conocimientos en política internacional, hombre que viajó mucho durante sus mandatos y que no creía en el idealismo wilsoniano puro, aunque lo admiraba y utilizaba en sus discursos. Para Nixon el orden natural de las cosas no era la paz y la armonía, y pensaba que la estabilidad se conseguía con una actitud vigilante. En 1969 y 1970 se presentó la Doctrina Nixon que intentó mantener una posición intermedia entre intervencionismo y retirada con tres normas fundamentales en caso de que los EE.UU. se vieran envueltos en algún asunto internacional: a) cumplimiento de los tratados por parte de los EE.UU.; b) EE.UU. protegerá a una nación aliada o vital para la seguridad norteamericana si es atacada por una potencia nuclear; y c) en un ataque convencional los EE.UU. asumirán que la nación amenazada aportará hombres para su defensa. La Doctrina Nixon se podía aplicar en pocos lugares ya que afectaba a las crisis de las zonas periféricas, donde no hubiera alianzas y las amenazas vinieran de países satélites soviéticos. Nixon se propuso establecer el interés nacional como base de la política exterior norteamericana a largo plazo y que los EE.UU. se comprometerían con causas políticas y no con la interpretación de principios jurídicos. Se argüía que el orden interno de la URSS no era objeto de la política norteamericana y que sus relaciones se basarían en la conducta internacional de la propia URSS.
Una muestra de la recuperación en política exterior de los EE.UU. y su entrada en la Realpolitik fue en 1969 cuando la URSS y China atravesaban unos momentos muy difíciles en sus relaciones. Los EE.UU. dijeron que ayudarían a la víctima, esta actitud de no definición específica hizo que la URSS y China mejoraran sus relaciones con los EE.UU.
Nixon intentó crear una “estructura de paz” con la relación triangular con la URSS y China. La détente dió frescura a las relaciones internacionales en Europa, mientras que en el Oriente Medio se utilizó como red de seguridad para reducir la influencia soviética que en los foros internacionales era el portavoz de la posición árabe. La détente creó una serie de obstáculos morales a los líderes de la URSS que les llevó a aceptar una retirada geopolítica. Nixon siempre consideró la détente como una táctica en la larga lucha geopolítica donde los acuerdos sobre limitación de armas estratégicas (SALT) fue un hito muy importante. La “estructura de paz” de Nixon consiguió el fin de las aventuras de ultramar de los EE.UU. y le dió un tono muy realista a la política exterior norteamericana con respecto a anteriores presidentes.
Gorbachov fue el presidente de la URSS que precipitó la desintegración soviética al exigir unas reformas para las que el sistema no estaba preparado. Reagan, a pesar de su pobre nivel intelectual supo, con unas ideas básicas, darle a la política exterior norteamericana, por la que no se sentía atraído, el giro del líder que necesitaba en un momento crucial. Reagan aplicó literalmente los principios del excepcionalismo norteamericano a la lucha contra el comunismo que hizo desaparecer la détente y dió paso a una cruzada que no evitó intensos encuentros URSS-EE.UU. El equipo de Reagan no creía en los equilibrios de poder en los encuentros con los soviéticos, buscaba sólo una solución al desencuentro y que hiciera reconocer a un líder soviético el fracaso del sistema comunista. Las armas fueron la ofensiva en el campo ideológico y en el geoestratégico fue una herramienta, los derechos humanos. Esto hizo que Reagan llevara la doctrina wilsoniana “...deberemos llevar a cabo acciones para ayudar a la campaña por la democracia” hasta el final con un toque maquiavélico. Reagan cumplía el clasicismo de la política norteamericana cuando en su plena ofensiva el comunismo propuso el desarme nuclear parcial
La geopolítica soviética se desmoronó en los 90, retirada de los vietnamitas de Camboya, retirada cubana de Angola, elecciones libres en Nicaragua, el comunismo etíope se desplomó, retirada de las tropas soviéticas de Afganistán. La Doctrina Reagan ayudó a los contrarevolucionarios de todos estos lugares en los años 80, demócratas y fundamentalistas islámicos.
La decandencia de la URSS era notoria en 1985 cuando Gorbachov se convirtió en el séptimo presidente comunista y después de provocar un gran cambió que terminó con el Partido Comunista y con la URSS, creando un aluvión de estados inestables en sus fronteras, fue sustituido de forma oscura por Yeltsin en 1995. A las negociaciones con los EE.UU. para la reducción de los misiles nucleares, Gorbachov la acompaño, en 1988, con una política de recorte de fuerzas de forma unilateral que tenía sólo dos lecturas o bien una gran confianza en la paz internacional y en si mismo o bien una total debilidad. Kennan ya lo citó en su famoso artículo cuando decía que los EE.UU. alcanzarían unas posiciones de fuerza y que la URSS se desmoronaría interiormente. Con China hubo tal intención de acercamiento, pero la diplomacia china exigía la retirada vietnamita de Camboya, la retirada soviética de Afganistán y la frontera chino-soviética, puntos que necesitaron tres años hasta que Gorbachov visitó Pekín en 1989 con la mala fortuna que los acontecimientos de la plaza de Tiananmen tuvieron lugar. Gorbachov pretendía que una liberalización modernizaría la URSS y que así se mantendría como potencia mundial, pero se desmoronó internamente y con ella los países satélites.
Para Kissinger, en la Guerra Fría se produjo un desafío ideológico que hizo válidas las máximas universales norteamericanas que a lo largo de muchos gobiernos y personalidades distintas mantuvo su objetivo y que se combinó con la militancia ideológica del pueblo norteamericano y la flexibilidad diplomática.
CAP.4	LA POLITICA EXTERIOR DE LOS EE.UU. Y LA POSGUERRA FRIA.
Como hemos visto no siempre la seguridad nacional de los EE.UU. ha sido el elemento articulador de su política exterior. Siguiendo a Tabío y González, desde la Revolución a la Guerra Fría, los estadounidenses han tenido la voluntad de combatir por sus intereses, sus creencias y sus ambiciones. Estados Unidos han ido a la guerra por muchos objetivos, por la independencia en 1775, por el honor y el comercio en 1812, por territorio en 1846, por humanidad e imperio en 1898, por el derecho a la neutralidad en 1917 y por la seguridad nacional en 1941.
Desde 1945 los EE.UU. se han comprometido en un enfrentamiento mortal por contener el comunismo y defender el modo de vida democrático y sus principios y valores. Las fricciones diplomáticas y políticas entre Estados Unidos y la Unión Soviética, manifestadas en el proceso de constitución del orden internacional de Posguerra fueron sembrando desconfianza, recelo y hostilidad en los otrora aliados en la lucha contra el eje Roma-Berlín-Tokio, hasta consolidar la "doctrina" de seguridad nacional basada en el objetivo supremo de detener el avance del socialismo que consideraban los estrategas estadounidense como un resultado en parte de los problemas del mundo occidental.
Este enfoque estratégico doctrinal de la política exterior estadounidense se fue perfilando en la misma medida en que fue identificándose a la Unión Soviética no como una potencia más con pretensiones legítimas en el contexto Euroasiático, sino como un Estado portador de un paradigma socio económico antagónico al de Estados Unidos y que por tal motivo, la extensión de la influencia de uno, se producía a la expensas del otro. No obstante, la visión idealizado del sistema de relaciones internacionales de la Posguerra no tuvo una única manifestación, se presentaron diversas líneas de pensamiento alentadas por elementos que pudieran identificarse tanto como parte del contexto real, expresado sobre todo en la correlación de las potencialidades económicas y militares, así como de aspectos más subjetivos, pero no menos importantes en las esferas de la conciencia social y política del ciudadano medio en Estados Unidos.
La elaboración estratégica de la política exterior en la etapa de Posguerra tuvo por lo menos tres escuelas de pensamiento diferenciadas en tres etapas: a) una primera asociada al famoso artículo del señor "X" para la revista Foreign Affairs, que después se identificó como Doctrina Truman. Los enfoques que proliferaron se consideran como "tradicionales"; b) luego se produce una crítica a estos enfoques por parte de una serie de "revisionistas" que reprochaban la política estadounidense por ser agresiva y expansiva; y c) un tercer momento se manifiesta en una corriente "posrevisionista", que de algún modo constituye una vuelta a los principios tradicionales de la contención, sobre todo con respecto al tratamiento de las grandes potencias.
Desde la caída del Muro de Berlín a finales de la década de los años 80, el tema de la "nueva estrategia" y las nuevas concepciones de seguridad nacional han constituido formulaciones atractivas en el campo de las relaciones internacionales, en tanto pareciera que Estados Unidos se colocaban como centro hegemónico de un mundo unipolar. Debemos recordar que el contexto previo a la Posguerra Fría estuvo marcado por el ascenso de corrientes conservadoras en la política norteamericana, la agudización de la confrontación Este - Oeste y consiguientemente a un aumento de la carrera armamentista entre Estados Unidos y la URSS (la era Reagan), ambiente de aguda confrontación venía aparejado a un ascenso de las tendencias ideológicas de la política que trataban de entender todos los acontecimientos internacionales de modo bastante esquemático, llegando en los casos extremo a evaluar los resultados de la política de acuerdo, según Tabío y González a un "juego de suma cero". Es decir, estas interpretaciones ideológicas fueron consistentes con las interpretaciones que se hacían en la etapa de Truman, aunque en los años 80, la Doctrina Reagan se negaba a aceptar los espacios geográficos que había ganado el socialismo y se planteaba el propósito de la reversión.
Las Relaciones Internacionales de los EE.UU y la Desaparición del Socialismo.
La desaparición del socialismo en Europa y la propia extinción de la URSS, que llegaba en sus expresiones extremas a proponer un fin de la historia, dejó un vacío en los formuladores de la política norteamericana, las corrientes conservadoras que estaban liderando el espectro político de Estados Unidos perdían el enemigo principal que les permitió manipular ideológicamente a su favor la política. Terminada la confrontación con la URSS, Estados Unidos más bien se enfrentaría a una diversidad de "retos a su seguridad", o a su liderazgo global de muy diversa índole. Por lo tanto, las declaraciones del inicio de un "nuevo orden político internacional" no encontraban una respuesta en el orden teórico suficientemente articulada y con frecuencia se trataba de propuestas en pugna que no alcanzaban un consenso.
Este tipo de fenómeno es natural en etapas en que se está operando un proceso de transición de un sistema de relaciones internacionales a otro. Las condiciones nuevas en el orden internacional se derivan de cambios drásticos en la correlación de fuerzas políticas, que crean ciertos vacíos de poder y ascenso en la preponderancia de Estados Unidos y por lo tanto, las normas, conceptos y las viejas estructuras institucionales se muestran insuficientes o insatisfactorias para el sistema y requieren de un ajuste.
La dinámica de los acontecimientos parece evidenciar la complejidad de la política de seguridad nacional en un entorno global mucho más atomizado. Estados Unidos asumirían desde el fin de la Guerra Fría una posición de absoluto predominio en el terreno militar que le serviría de principal sustento a su liderazgo político. El éxito militar y político en la Guerra del Golfo frente a Irak parecía marcar claramente las pautas del ejercicio del liderazgo norteamericano en la Posguerra Fría, pero otras experiencias demostraban cuan complejo y difícil de gobernar podían tornarse escenarios supuestamente sencillos, como la intervención "humanitaria" en Somalia.
La Transición de la Guerra Fría.
En la actualidad se está produciendo en Estados Unidos una literatura que busca hacer un nueva interpretación de la etapa de Guerra Fría, con el propósito de refinar el análisis con el beneficio del tiempo, la información y los propios resultados que han dado lugar a la Posguerra Fría. Uno de los temas es quién comenzó la Guerra Fría, en lo que se reflejan dos interpretaciones, la que considera que la política de la Unión Soviética era reactiva a las acciones estadounidenses y la que da una alternativa y es que Estados Unidos necesitaban ese enfoque para consolidar su dominación global frente a un enemigo creíble. Otros consideran que el balance final de la historia ha dado la razón a los que presentaban un paradigma tan idealizado de la política pues este ha resultado el mejor modelo para comprender la Guerra Fría, en tanto la política de Stalin estaba encaminada a conseguir ese predominio global que dañaría finalmente las bases de la seguridad nacional de Estados Unidos.
Cuando la Unión Soviética lanzó su "nuevo pensamiento en las relaciones internacionales", con el objetivo de crear un clima internacional más relajado que le permitiera un alivio económico a su enorme presupuesto militar, Estados Unidos percibieron esta proyección soviética como un síntoma temprano de su debilidad
Durante la Guerra Fría existía una definición de seguridad nacional derivada de las amenazas militares al Estado, la sociedad y la industria. En las nuevas condiciones de Posguerra Fría existen dos perspectivas que emergen de la discusión de los nuevos "dilemas de seguridad": a) el primero postula una reducción en el bienestar social para evitar la pérdida de competitividad internacional; y b) el segundo se preocupa por la capacidad de Estados Unidos de llevar adelante guerras frente a diversos adversarios inicialmente desconocidos. Estos enfoques llevarían a un racionalismo de cómo emplear el beneficio de haber ganado la Guerra Fría. Estos temas se presentan en el debate en medios políticos y académicos entre diversas posturas en las que confluyen los enfoques neoaislacionistas, neorealistas, ideológicos, multilateralistas, entre otros, que configuran el ambiente del pensamiento político al uso en los medios influyentes en el Gobierno estadounidense.
En la etapa de Posguerra Fría, las proyecciones estratégicas de Estados Unidos se orientan hacia la definición de nuevas alternativas y enfoques más funcionales a los requerimientos de ese país a tono con su creciente poder militar relativo y con los problemas económicos que encaraba en sus esfuerzos por concluir el proceso de restauración hegemónica iniciado a comienzos del mencionado decenio. Ello tenía lugar en un mundo que se tornaba más competitivo y cambiante, en el que se afirmaban tendencias complementarias: de un lado, un acentuado unipolarismo político, asociado al predominio del capitalismo mundial, y de otro, un creciente multipolarismo económico, evidenciado en la capacidad de los aliados imperialistas en este terreno frente a Estados Unidos.
La Definición del Interés Nacional y Seguridad Nacional.
Hans J. Morgenthau, precisa que: "...el concepto interés nacional guarda similitud con las grandes generalidades de la Constitución [de Estados Unidos] entre la que se destacan, el bienestar general y el proceso establecido (...) su contenido puede recorrer toda la gama de significados que puedan comprender una compatibilidad lógica con el mismo (...) por ende, el concepto de interés nacional incluye dos elementos: uno de ellos es requisito lógico y, en ese sentido necesario, y el otro es de carácter variable y está determinado por las circunstancias”.
Así las cosas, el concepto de seguridad nacional tendría dos componentes, uno más estable, o casi fijo en el tiempo, de carácter más lógico y otro variable, de carácter coyuntural. Morgenthau reconoce la posibilidad de que el concepto, si bien supone ser trascendente en una parte de su contenido, también se tiene la posibilidad de apreciar su ajuste temporal en correspondencia a factores coyunturales.
En la práctica sólo una ínfima minoría de personas definen e interpretan cuáles son los intereses nacionales de un país, aunque en cada caso de acuerdo a la forma de funcionamiento del Estado. El ejercicio de la democracia se realiza de modo más o menos directo y las concepciones de seguridad logran reflejar los "intereses nacionales". En el caso de Estados Unidos son el Presidente y su Ejecutivo, incluyendo asesores y agencias gubernamentales, el Congreso, con la influencia especial de algunos subcomités, los que más activa y directamente participan en la elaboración y ejecución de la política exterior. De esta forma, es evidente el peso que tiene la apreciación y los enfoques de los individuos y hasta sus intereses, que participan en el proceso de toma de decisiones, de ahí la dificultad de conocer e interpretar la política en función de un interés nacional y no de un sector socioeconómico y político determinado. Desde esta perspectiva una gran potencia mundial en el sistema de relaciones internacionales, como lo es Estados Unidos, sobre la lógica y los intereses de los que participan en el proceso de toma de decisiones, miembros o representantes de su clase dominante, ajustará sus intereses nacionales, según las condiciones y las posibilidades de un momento histórico determinado.
Existen variadas interpretaciones y definiciones de seguridad nacional de acuerdo con las preferencias ideológicas de los autores. No sólo porque el mundo se encuentre en una fase de transición en las relaciones internacionales, la definición del concepto de seguridad nacional resulta difícil de sintetizar.. Sin lugar a dudas, resulta muy difícil presentar cuáles son los componentes de la Seguridad Nacional en la Posguerra Fría tomando en cuenta que incluso, la concepción de Seguridad Nacional de Estados Unidos en la Guerra Fría, tenía además la dificultad expresada por Jorge Hernández quien precisó que: “...el aparato conceptual inherente al discurso teórico sobre la Seguridad Nacional norteamericana, a pesar de recibir el reconocimiento como doctrina por las Ciencias Sociales en Estados Unidos y en América Latina, no posee un rigor, ni la coherencia, ni la sistematicidad suficiente como para merecer tal término. Lo que registra la historia del pensamiento político norteamericano contemporáneo es, más bien, un abanico de conceptos y definiciones generalmente poco precisas, aunque poseen un eje común, que las emparenta en tanto concepciones cuyo núcleo ideológico es el del hegemonismo imperialista”.
Para Wheeler, "la Seguridad Nacional para el pueblo norteamericano se refiere a la defensa nacional (...) a la protección de la República contra todos los peligros internos o externos (...). Dada la naturaleza del proceso histórico, el significado de Seguridad Nacional ha cambiado constantemente con el desarrollo de América (EE.UU.), y la Seguridad Nacional ha poseído siempre la cualidad de descubrir las amenazas cambiantes contra la seguridad de la nación (...) En el trancurrir del proceso de formación de Estados Unidos, su etapa expansionista, y posteriormente imperialista, los enemigos de ese país, o las dificultades que enfrentan con otros países, han sido de hecho problemas de seguridad nacional".
Las Concepciones Estratégicas de Seguridad en la Posguerra Fría
El fortalecimiento de la posición de Estados Unidos como potencia mundial ocurrido a finales de la década de los años 80 constituyó uno de los resultados más trascendentales de lo que en aquel momento comenzaba a denominarse Nuevo Orden Mundial, como primera reacción ante los cambios que habían ocurrido, sin que en realidad se hubiera configurado ese "nuevo orden", ni mucho menos existiera una estrategia norteamericana para lidiar en él. El problema del reordenamiento del sistema de relaciones internacionales se complica porque no sólo se podría comprender integrando las nuevas tendencias y perspectivas del resto de los actores principales, incluido las potencias en fase declinante y de descomposición, o el de aquellas que están en ascenso, sino los conflictos nacionales y regionales emergentes. Por ello las definiciones estratégicas estadounidenses y sus conceptos de seguridad nacional deben elaborarse a partir, entre otros factores, de las predicciones que de estos eventos se tengan en Estados Unidos, con cierta independencia de la objetividad o calidad de las evaluaciones.
Los cambios políticos en Europa, habían tenido enorme trascendencia para la redefinición de las bases en que se habían formulado hasta ese momento los más importantes conceptos estratégicos y de "seguridad". Estos conceptos habían prevalecido en los EE.UU. con la tarea suprema de mantener la confrontación "Este-Oeste" para contener y revertir el comunismo, lo cual había constituido el objetivo esencial de su política exterior al frente del mundo occidental. Las implicaciones de la disolución del bloque soviético desvanecieron el escenario de confrontación militar del teatro de operaciones europeo y en cualquier otra parte del mundo, como lo evidenciaron los acontecimientos del Golfo Pérsico (1990-91). De hecho, la hasta entonces alianza militar del Pacto de Varsovia desapareció y la mayoría de sus ex miembros, aspiraban a su incorporación a la OTAN. La sucesora de la URSS en el puesto del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha experimentado una crisis económica sumamente profunda y sus capacidades militares fragmentadas han dejado de constituir una amenaza real. Al mismo tiempo se apreciaba el propósito de algunos miembros del bloque militar, en particular de Estados Unidos, de extender el alcance territorial de sus "misiones militares" a escala global, como se evidenció tempranamente en la reunión de esa organización celebrada a principios de noviembre de 1991. Las bases teóricas de la concepción bipolar del mundo y el propio esquema de la contención comenzaban a deteriorarse desde 1985, cuando la política exterior de la entonces Unión Soviética enunció la necesidad de una "nueva mentalidad política" que supuestamente diluiría la "imagen del enemigo" y permitiría implantar un concepto universal de seguridad que abarcaba los problemas económicos, políticos y sociales de los Estados, pero que eludía la confrontación con Estados Unidos y el resto de los países capitalistas desarrollados para garantizar la paz en el mundo. Prácticas impulsadas por la reforma conocida como la perestroika del socialismo en la URSS.
La nueva estrategia norteamericana debía tener en cuenta la nueva situación en la correlación internacional de fuerzas y por lo tanto, tendría que rediseñar, correspondientemente, sus objetivos de política exterior. Como es conocido, desde los Padres Fundadores, "quienes veían los asuntos internacionales como una función del equilibrio de poder", la posición tradicional y predominante en la política exterior norteamericana se había inclinado hacia la escuela del "realismo político". Las ideas del realismo político han constituido un principio fundamental para la comprensión de las relaciones internacionales desde la perspectiva estadounidense, aunque no constituyan el único paradigma influyente y su expresión actual sufra constantes modificaciones.
CAP 5.	POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA Y EL MULTIPOLARISMO EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.
Teoría y Práctica. Nuevas Potencias.
El ejercicio del liderazgo norteamericano se ha visto necesitado de definir objetivos generales y una guía para la acción expresada en un concepto. Sin embargo, hasta el presente los intentos de forjar una estrategia por parte de la administración Bush y después por el presidente Clinton han sido insuficientes. A lo sumo han enunciado y acuñado un "nuevo orden" y han presentado y consolidado una serie de objetivos diversos que con distinto énfasis se han venido empleando en el discurso político en cada situación concreta, pero esos esfuerzos han quedado lejos todavía de la definición de un nuevo patrón de comportamiento estratégico, conceptualmente formulado, apropiado y aplicado por la administración de turno.
La teoría y la práctica política norteamericana han ido aportando algunas claves en este sentido, porque se comprende bien el peligro que representa para una superpotencia que pretende ejercer el liderazgo en las actuales circunstancias, el haberse quedado sin una doctrina para su acción. Puede comprenderse esta "falta" de la teoría política, o de los formuladores de estrategia en Estados Unidos, por tratarse de una fase de transición de las relaciones internacionales, caracterizada no por el predominio tan claro e indiscutido de una gran potencia en todas las esferas, a pesar de ser el líder mundial y la única superpotencia, sino por el surgimiento y desarrollo de distintas nuevas potencias y el reacomodo o desaparición de otras que le precedieron, lo que complica enormemente el trazado conceptual de su política. La ausencia de ese claro concepto de política exterior en las actuales circunstancias y la constante demanda que se ejerce sobre el líder para el cumplimiento de sus funciones, posiblemente sea una de las razones que permiten explicar algunos de los errores más serios de la política exterior en esta etapa de Posguerra Fría.
Después de la euforia que anunciaba la caída del Muro de Berlín, la llamada Revolución de 1989, el supuesto "fin de la historia", se atisbaba o se descubría por académicos, analistas de inteligencia, funcionarios y militares, que la "seguridad nacional" de Estados Unidos tenía ante si enormes obstáculos. Resulta sumamente ilustrativo el análisis sobre la definición del interés nacional como lo presenta Irving Kristol, porque "es muy difícil para una gran potencia mundial articular una política exterior en ausencia de un enemigo que merezca el nombre de tal. Son, después de todo, los enemigos los que ayudan a definir el interés nacional, cualquiera que sea la forma que dicha definición adopte."
La transición de las formas de socialismo tradicional en la ex URSS y Europa del Este hacia formas capitalistas resultaba muy compleja y de resultados inciertos. De la desaparición de los anteriores estados han ido emergiendo agudos conflictos nacionalistas, étnicos y religiosos, o confrontaciones por delimitación de fronteras, fundamentalmente en Europa Central y Oriental, incluyendo el territorio de Rusia, que poco se distinguen, por su fiereza de los conflictos regionales, de los que antes sólo ocurrían en Asia, Africa o América Latina.
El Consenso Mundial y La Economía en el Nuevo Orden Mundial.
La emergencia de nuevas potencias, de escala inicialmente regional y con una filosofía política propia, distinta a la reconocida y aceptada en Occidente, constituye una importante condición a tener en cuenta y también se suma a los desafíos que habrá de enfrentar un liderazgo norteamericano global en las próximas décadas. Tal es el caso de Irak, o el Irán islámico, o de China, países que por sus antiquísimas formaciones nacionales y las bases que sustentan sus proyectos, no puede pronosticarse que cambien radicalmente por su creciente interrelación en términos económicos con el mercado mundial. El nuevo orden político internacional podría ser el resultado del reacomodo de estas potencias en medio de una nueva forma de expresión del liderazgo norteamericano que en la actualidad y en el mediano plazo, pareciera manifestarse a veces más de forma multilateral, buscando el consenso o las alianzas regionales o globales, que de modo unilateral bajo la poderosa influencia aislacionista. Pero las interpretaciones de este proceso suelen ser confusas debido a la distancia que se abre entre la retórica y la realidad política y el hecho de que el empleo de los términos resulta a veces complejo.
En el actual contexto ha resultado muy difícil a la administración Clinton articular una estrategia de política exterior, si bien se han presentado algunos enunciados que buscan aproximarse a ese objetivo La prioridad a lo interno en la política y hacia la economía, como tema primordial de la política exterior, fue expresada tempranamente. El propósito fundamental era "revivir" la economía. Se trataba de emplear la política exterior como pivote del desarrollo interno, ampliando las posibilidades de inversiones y comercio de las empresas norteamericanas que así podrían crear mayores empleos. De esta prioridad de la política surge un énfasis en la política comercial, que se afincaba en el interés de crear empleos para la economía norteamericana y que naturalmente encontraba una buena justificación en mantener el acceso a los grandes mercados en expansión. No obstante, la dinámica internacional obligaba en cierto modo a un país como Estados Unidos a reaccionar ante determinados retos a sus intereses de seguridad nacional. No todo el ejercicio político externo norteamericano podría realizarse motivado por el interés de favorecer su economía interna de modo tan estrecho. Tal política tendría la posibilidad de ser aplaudida por el sector de los negocios, sobre todo el de mayor participación en el comercio exterior, pero no se estaría en condiciones de articular una estrategia de política exterior a partir de este precepto. Surge entonces la pregunta acerca del modo en que debía ser practicado el liderazgo norteamericano. Al respecto existen distintas formulaciones como la llamada Doctrina Tarnoff para esclarecer el proceso de definición en curso de los conceptos de interés nacional y seguridad nacional. En esta doctrina se constituye una aceptación de las limitaciones económicas y políticas del poderío norteamericano para afrontar todos los desafíos globales y la preferencia del multilateralismo como forma viable de mantener el liderazgo norteamericano en la Posguerra Fría.
La tesis política de Tarnoff resultaba incómoda para la administración Clinton, que trató rápidamente de distanciarse de tal enfoque, a pesar de constituir uno de las conclusiones más equilibradas para avanzar en la configuración de una nueva estrategia política, por reconocer de forma realista, que Estados Unidos no tenían los recursos suficientes para liderar el mundo. Las limitaciones presupuestarias que acompañan cualquier involucración política, a menos que se haga con el financiamiento de los aliados, constituye un enorme obstáculo para que la política norteamericana reaccione ante las crisis políticas internacionales proyectadas a lo interno por los medios de comunicación.
La praxis de la política norteamericana durante la Guerra del Golfo, la intervención "humanitaria" en Somalia, el caso de Bosnia-Herzegovina y la crisis de Haití y la ulterior invasión, demuestran la tendencia a buscar un consenso internacional y a tratar de obtener un acompañamiento a Estados Unidos, muy importante en términos económicos, pero también políticos. Es lo que en un estudio precedente hemos designado como "seguridad colectiva", como patrón influyente en el funcionamiento del liderazgo estadounidense en la Posguerra Fría, por oposición a un enfoque aislacionista.
Según Tabío y González otra opción para el ejercicio del liderazgo reconociendo las limitaciones sería, según un conocido especialista norteamericano, el establecimiento de un nuevo patrón geopolítico que otorgue preeminencia a un enfoque político regional, brindándole una función a las otras potencias de acuerdo al balance de fuerzas y proyectando, en cambio, un enfoque económico global. Esta aproximación al problema recomendaría, por ejemplo, un "nuevo orden de la seguridad en Asia" que consistiría en un multilateralismo en que las potencias asiáticas se darían su propia seguridad.
Un objetivo doctrinal y moral actual de la política exterior norteamericana que ha sido enunciado en diversos documentos oficiales del Ejecutivo, es el principio de estimular la democracia en todo el mundo, acompañado por los temas de los "derechos humanos", la "economía de mercado" y el "buen gobierno". En casos económicamente significativos para Estados Unidos en términos económicos y de seguridad regional asiática e incluso global, la emergencia de China como potencia pone al descubierto cómo opera la contradicción entre los intereses nacionales evaluados de modo realista y los enfoque ideológicos que sugerirían siempre una política confrontacional. Evidentemente, el caso chino probablemente sea la expresión más clara y significativa de la contradicción de objetios que la existencia de intereses económicos y de seguridad significativos, hacen superfluos a los derechos humanos, la democracia y las razones humanitarias como componente principal en la configuración o diseño de la política. De la anterior afirmación no debe derivarse la idea de que la política exterior norteamericana no toma en cuenta los principios de la democracia, los derechos humanos y los problemas humanitarios.
Si se sigue un enfoque ideológico, la política exterior norteamericana debía definir una política semejante para todos y no como sucede en la realidad, que en determinados casos, como es el de China y posteriormente Vietnam a partir del levantamiento del embargo a principios de 1994, se aplicaba un enfoque predominantemente realista, si bien persistía el debate y la confrontación al interior de la sociedad norteamericana sobre estos asuntos.
Unipolarismo.
La tesis del llamado nuevo orden mundial unipolar merece considerarse en todas sus dimensiones del liderazgo o hegemonía de Estados Unidos en las condiciones actuales, pues desde esta perspectiva, refleja sólo una arista del asunto y no permite comprender la riqueza y complejidad que las relaciones internacionales han adquirido en esta etapa.
El unipolarismo, como expresión de una interpretación del actual momento de las relaciones internacionales desde un enfoque estructuralista, supone implícita o explícitamente que al menos una buena parte de los acontecimientos políticos internacionales pueden ser comprendidos partiendo de que ahora existe una sola superpotencia mundial, del mismo modo que antes se entendían las relaciones internacionales mediante el enfoque Este-Oeste, o de la confrontación entre la URSS y Estados Unidos. Tabío y González evidencian la insuficiencia de ese paradigma político diciendo que ni siquiera en la etapa de Guerra Fría, donde el bipolarismo imperó, podían entenderse las relaciones internacionales de acuerdo a esa lógica. Reiteradamente se le realizaban críticas acertadas por especialistas de distintas orientaciones políticas, en tanto no se tomaban en cuenta los problemas regionales, o dicho en otros términos, las situaciones concretas de cada país o conflicto determinado.
Por ello, en el mejor de los casos, puede considerarse como un enfoque parcial. Se trataba en definitiva de una distorsión altamente idealizada de la realidad que alcanzó su máxima expresión a escala global durante la administración de Ronald Reagan. Los enfoques ideológicos se apoyan en un elevado nivel de conflictos internacionales. El mundo durante aquellos años finales de la Guerra Fría era también un mundo multipolar, si bien existían dos grandes superpotencias mundiales que intervenían directa o indirectamente en casi todos los acontecimientos. Esta tendencia sigue teniendo mayores posibilidades de explicar los eventos internacionales, porque el balance de las potencias involucradas a nivel de las relaciones internacionales constantemente sigue modificándose y enriqueciéndose. No se trata de una estructura estática, a pesar de que aún es cierto de que ninguna de las potencias emergentes está en condiciones de vetar a Estados Unidos con vistas a modificar el actual orden a su favor.
El Hoy de la Política Exterior de los EE.UU.
Para Tabío y González debe entenderse la Post Guerra Fría como proceso político y cabe identificar por lo menos cuatro fases necesarias para recomponer las bases ideológico políticas de la doctrina de seguridad nacional de Estados Unidos, como elemento clave en la formación de política: a) identificación de los retos reales a la seguridad; b) conocer el reflejo en la conciencia política de la nueva realidad norteamericana; c) establecer las discrepancias entre las tendencias políticas de la clase dominante, cuya orientación resulta hacia un ascenso conservador ;y d) tratar de crear un consenso político, al inclinar las percepciones del público estadounidense hacia las posiciones de las élites políticas dominantes.
En el momento actual, el sistema político norteamericano y en particular el que se refiere al proceso de formación de la política exterior, evidencia una situación de inestabilidad caracterizada por la ausencia de un reto significativo que permita articular o recomponer el consenso. En su lugar se ha venido ensayando con un listado de retos que han pretendido sustituir el "reto comunista". Tal es el caso del narcotráfico, el terrorismo y la subversión, la visión ambientalista de la seguridad, la migración descontrolada, la proliferación de armas, el fundamentalismo islámico y la democracia. Evidentemente, el criterio más abarcador es la democracia, si bien tiene la limitación de no poder aplicarse de manera generalizada en tanto pueden existir, como advirtieron figuras prominentes del neoconservadurismo como J. Kirkpatrick, aliados no democráticos y en segundo lugar, no parece aceptable a escala mundial por más influyente que sea el paradigma norteamericano, ni tampoco su pueblo estaría dispuesto a luchar en todas partes por expandir este "modelo".
El fundamentalismo islámico pareciera corresponderse más con el tipo de reto que representaba la URSS en la Posguerra en tanto se apoya en una filosofía distinta y pretende extenderse, pero ninguna potencia militar existe liberando esa corriente y por lo tanto no es fácil transformarla en una amenaza al poderío de Estados Unidos, ni siquiera en el Medio Oriente y en el Norte de Africa donde es más fuerte.
Parafraseando a Kissinger, los EE.UU. se encuentran ante la tercera oportunidad de crear un nuevo orden mundial. Una visión de si misma como paladines de todas las causas terminaría con los EE.UU. e igualmente un encerramiento en si misma que descuidaría la seguridad. La visión norteamericana es la de dejar siempre una segunda oportunidad a los que fueron sus enemigos, como demostró con Alemania y Japón. En la tesitura actual muchos son los factores desestabilizantes en la política internacional a la que los EE.UU. se deben enfrentar con nuevas ideas con liderazgo y no hegemonía, con el paraguas de las alianzas, donde los aliados se traten con igualdad. El objetivo de la política exterior norteamericana debe ser la transición donde el equipaje de ese viaje sean esas virtudes que Wilson tantas veces ensalzó, ese idealismo norteamericano, las lecciones aprendidas en un duro periodo de Realpolitik y un cuidadoso análisis de la situación actual de las relaciones internacionales.
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Enviado por: Cuack
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References: artículo 231
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