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Timestamp: 2018-02-20 09:31:35+00:00

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Arrasan sitio arqueol?gico - POESIMISTAS
LOS TALIBANES en Afganistán también hicieron más o menos lo mismo, cañoneando un sitio declarado PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.
Que diferencia puede haber con esta salvajada.
Arrasan sitio arqueológico en San Juan Opico
Publicada el 07 de abril de 2008 - El Faro
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Donde se descubrieron entierros prehispánicos y llegó a ser considerado un sitio con una riqueza arqueológica tal que hubiese podido esclarecer quiénes fueron los predecesores de los habitantes de Joya de Cerén, se construyeron calles y se definieron lotes para construir 99 viviendas. Lo irónico es que en medio de la tormenta que se ha desatado, entre los acusados de la destrucción aparece la misma institución que debería ser garante de la preservación de sitios arqueológicos: Concultura.
En menos de un año, la zona protegida de casi 8 manzanas de extensión quedó reducida a menos de una. Héctor Sermeño, el director de Patrimonio Cultural, autorizó que en este terreno se construyera un “parque arqueológico” de menos de una manzana. Luego de esta autorización fechada el 8 de mayo de 2007 por medio de una carta firmada y sellada por el director de Patrimonio Cultural y dirigida al propietario del terreno, Mario Sol Bang, El Cambio comenzó a desmoronarse, pues el visto bueno de Sermeño fue interpretado como luz verde para arrasar las restantes siete manzanas.
Dos meses después de aquella resolución del 8 de mayo, Sermeño envió otra misiva a Sol Bang en la que revalidaba la autorización del parque y la construcción de una calle de nueve metros que dé entrada al terreno protegido desde la carretera que conduce hacia San Juan Opico. El director de Patrimonio Cultural reconoció también la existencia de “nuevos” linderos -dentro de la zona protegida- alrededor del parque. Los mismo linderos que dos meses más tarde, en octubre, aparecen en un plano autorizado por la Oficina de Planificación del Valle de San Andrés (OPVSA) -y en una resolución- como lotes para uso habitacional. 99 lotes para viviendas que costarían, según Sol Bang, 32 mil dólares cada una.
La resolución de la OPVSA es una reforma al expediente del terreno –que en CONCULTURA se lleva desde 2001- para reducir el área del parque arqueológico, “por liberación otorgada por CONCULTURA y generar tres nuevos polígonos V, W y X”.
“La liberación de un área de 43,797.72 Mts2 declarada para uso parque arqueológico fue otorgada por el lic. Héctor Ismael Sermeño, Director Nacional de Patrimonio Cultural”, dice la nota firmada por un técnico y una coordinadora de la OPVSA y por el alcalde de San Juan Opico, Romeo José Barillas.
“Esta reforma se refiere únicamente a la reducción de un área de 43,797.72 Mts2 considerada como parque arqueológico para la creación de tres polígonos, el V, W y X que conforman 99 lotes habitacionales y la incorporación de la avenida el mirador, calle el mirador y calle de acceso al parque arqueológico”, concluye el informe.
Sermeño, al ser consultado por El Faro si autorizó la destrucción de un sitio arqueológico para favorecer la construcción de 99 lotes de vivienda, alegó que él solo autorizó la construcción del parque, no la destrucción del resto del área protegida, que originalmente era de alrededor poco menos de ocho manzanas: “Eso que lo vea la Fiscalía. La autorización era únicamente para el parque. Se tocaron las otras seis manzanas y pico aparte del parque”, se defiende.
El técnico Héctor Julio Cotto y la coordinadora Clara Elizabeth Rodríguez (ambos de la OPVSA) insisten en que el director de patrimonio cultural liberó el terreno. Y, al parecer, dentro de la misma Concultura hubo quienes creyeron que, en efecto, así ocurrió, y fueron los primeros en denunciar a Sermeño (vea nota Concultura contra Concultura).
La extinción de El Cambio
Entre el año 200 d.C. y el 400 d.C. la última civilización de El Cambio abandonó el lugar. Posiblemente por la erupción del volcán Ilopango. El Cambio quedó resguardado para la posteridad y hasta 1978 se le consideró por primera vez como un sitio con una gran influencia en el valle de Zapotitán.
Ese año, el arqueólogo estadounidense Payson Sheets lo reportó por primera vez. Sheets planteó la importancia del sitio por su relación con Joya de Cerén y San Andrés, y con el Valle de Zapotitán. Esta importancia quedó registrada en el libro Archeology and Volcanism in Central América, The Zapotitan Valley of El Salvador (editado por Sheets).
Payson Sheets es uno de los pioneros de la arqueología salvadoreña. Este estadounidense, en 1989, descubrió Joya de Cerén, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1993. El Cambio está ubicado muy cerca, a no más de 10 minutos en automotor.
En 2006, siguiendo la línea de Sheets, la arqueóloga Marta González planteó que El Cambio pudo haber tenido una gran influencia en el Valle de Zapotitán y pudo haber estado ligado incluso con Casa Blanca, en Chalchuapa (al occidente del país). González dio estas conclusiones en una investigación ordenada por CONCULTURA y patrocinada por Sol Bang para investigar qué había en todo el terreno, de alrededor de 51 manzanas. González encontró 12 entierros y abundante cerámica. En las conclusiones, la arqueóloga recomendó que se realizaran más investigaciones, sin embargo, como no había estructuras fuera de la zona 1 –la misma zona del nuevo parque- el terreno fue liberado.
El Cambio según los expertos
El relativo desdén con que los funcionarios de Concultura se refieren al sitio El Cambio, cuando hablan de “basura arqueológica”, contrasta con el aprecio que los expertos independientes consultados por El Faro manifiestan. El sitio contiene –o contenía- varios entierros y gran cantidad de cerámica, que posiblemente ya está destruida.
“Tiene una gran importancia por las técnicas de construcción y las técnicas para erigir monumentos utilizadas previamente a las técnicas utilizadas en Tazumal, por ejemplo. Además, tiene evidencias de una transición entre el preclásico tardío y el clásico en los pueblos del valle de Zapotitán. La destrucción implica que estamos borrando una parte importante de la historia en el Valle de Zapotitán en el preclásico tardío. Hemos perdido completamente quiénes fueron los antecesores de los habitantes de Joya de Cerén”. señala Fabio Amador, arqueólogo y docente del Instituto de Estudios Históricos, Antropológicos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador.
“Es uno de los tres sitios más importantes de este país debido a que constantemente hay registros de presencia humana en los últimos 2 mil años. Es un sitio que de haberse investigado en un 100% hubiera arrojado datos de las civilizaciones que habitaron el valle de Zapotitán, cosa de mucha importancia para la ciencia”. Ramón Rivas, antropólogo y director del Museo de Antropología de la Universidad Tecnológica.
“Era uno de los sitios más importantes del Valle de Zapotitán. Ofrecía una visión de la época preclásica. Se articulaba a San Andrés y Joya de Cerén. Su influencia pudo haber llegado a Chalchuapa y Santa Ana”. Fabricio Valdivieso, ex director del Departamento de Arqueología de Concultura.
“El término basura arqueológico está mal si se utilizó de una forma despectiva hacia los hallazgos en un sitio con fuerte actividad arqueológica. Existen, en todas las culturas, los basureros. Y es ahí en donde hay más información de la vida cotidiana de esa civilización. La importancia del sitio El Cambio y lo ahí encontrado radica en que ahí se vivió durante el contexto de Joya de Cerén”. Herbert Esquicia, director del departamento de arqueología de la Universidad Tecnológica.
“Es uno de los más relevantes en el Valle de Zapotitán, ya que sin duda desempeñó un papel importante durante el periodo preclásico y probablemente existió relación entre este y otros asentamientos como Joya de Cerén antes de la erupción del volcán Loma Caldera, aproximadamente en el año 650 d.C. El montículo I de El Cambio es la segunda construcción prehispánica de mayor altura en la zona, superada solamente por la estructura 5 y 1 de San Andrés, siendo este último el sitio arqueológico de mayor tamaño identificado en el Valle de Zapotitán”. Roberto Gallardo, ex director del departamento de arqueología. Informe técnico de 2001.
Esta autorización también la hizo Sermeño. En esa fecha, la institución y el departamento de arqueología alegaron que la ley permite que cuando en un terreno arqueológico no hay bienes muebles –estructuras- lo que se realiza es un “rescate” arqueológico de lo que ahí se encuentra –bienes inmuebles-. Se observa, anota y registra. Tras la liberación de las otras 43 manzanas adyacentes al montículo, el entonces director del departamento de arqueología de CONCULTURA, Fabricio Valdivieso explicó que la ley de conservación del patrimonio cultural permite, cuando no existen bienes muebles, rescatar los inmuebles arqueológicos y liberar el terreno para su uso posterior. “Eso se hizo”, dijo.
En esas fechas, el presidente de CONCULTURA, Federico Hernández, sobre lo encontrado por la arqueóloga Marta González, manifestó: “Depende de qué vestigios son, si es una pirámide pues no se puede. Si son tiestos, se hace una labor de rescate. No se puede impedir una urbanización por unos tiestos”.
En el proyecto Brisas de San Andrés se planearon 718 viviendas. Hace un año se publicitaba en la zona con un cartel en el que también se prometía un “parque arqueológico”. Un año después, el cartel ha desaparecido y lo que pudo haber sido arqueológico, al parecer, también.
Que el terreno pudiera investigarse para deducir “qué hay” debajo de la tierra ya había sido permitido desde 2001 por la ex directora de patrimonio cultural. Pero en la resolución 53, además de estar pendientes otras autorizaciones para “liberar” el terreno, se ordenó al dueño salvaguardar alrededor de siete manzanas alrededor del montículo (68,439. 86 varas cuadradas). Además, en dicha resolución se ordenó proteger otra zona con una extensión de 10, 3230.19 varas cuadradas (poco más de una manzana) fuera del área que circunda al montículo donde ahora se hará el parque. No se autorizó ninguna construcción de parques ni la liberación del mismo.
Sol Bang, luego de haber metido tractores para hacer avenidas y calles dentro de la zona protegida, no se explica por qué CONCULTURA ahora le da la espalda. “No entiendo por qué me han denunciado ante al fiscalía”, dice el propietario de la lotificadora NEILA S.A. de C.V. en alusión a una denuncia presentada por CONCULTURA ante la fiscalía en enero “por destrucción de un sitio arqueológico”.
“Mire, aquí tengo la autorización”, dice Sol Bang, en tanto extiende la primera carta firmada por el director de patrimonio cultural, Héctor Ismael Sermeño. En esa carta, no obstante, solo se habla del parque. En la segunda, el director de patrimonio cultural autoriza la construcción de una calle de nueve metros y una acera de dos metros que rodee al parque. Al parque, según la carta, lo limitarían los “nuevos linderos”, que más tarde se transformaron en 99 lotes para vivienda. El nacimiento de esos lotes, que ahora son tierra aplanada por equipo pesado, parece estar autorizado en ese documento.
Pero mientras la OPVSA alega que autorizó lotes para vivienda debido a que CONCULTURA liberó el área alrededor del parque, Sermeño asegura que ese terreno sigue protegido y como se violó el acuerdo, CONCULTURA lo denunció.
“Lo que puede hacer es sembrar. Plantas, flores, maíz, yuca. Lo que no puede hacer es construir, hacer calles ni casas. Como metió maquinaria para hacer calles, y supongo que fue para hacer casas, pusimos la denuncia”, dice Sermeño.
La destrucción de El Cambio no sólo ha alertado a la Unidad de Intereses del Estado de la Fiscalía General de la República. La semana pasada, Gregory Borgstede, analista cultural del Departamento de Estado (Analyst Cultural Heritage Center) vino, entre otras cosas, a investigar qué ha ocurrido en El Cambio. La embajada estadounidense asegura que “no vino por un caso en específico”, según informó el jefe de prensa, Alberto Rodríguez.
Sin embargo, diversas fuentes aseguraron que Borgstede sí investigó el caso a raíz de lo publicado semanas atrás por el periódico Colatino, que reflejaba una pugna dentro de Concultura. El Salvador y Estados Unidos tienen un memorando de entendimiento para la protección de la arqueología firmado desde 1995.
En el memorando, además de ordenar al colaboración entre ambos países para la protección de piezas arqueológicas –evitar el contrabando-, hay un compromiso para trabajar en la “preservación y protección” del patrimonio cultural. Borgstede elaborará un informe que hará llegar hasta el Departamento de Estado.
CONCULTURA contra CONCULTURA
Publicada el 12 de febrero de 2007
Entrevista con Fabricio Valdivieso, jefe del Departamento de Arqueología de Concultura
“En ninguna parte de la ley tengo facultades para prohibirles que construyan”
En ninguna parte de la ley tengo facultades para prohibirles que construyan”
Asegura que el Sitio El Cambio está protegido y que en la zona en que se permitió lotificar y construir no hay evidencia que les permita impedir cualquier tipo de obra. La ley, dice, debe ser evaluada para garantizar mejor los procedimientos que deben cumplir los constructores. Por el momento, sólo pueden recomendar, que de hallar vestigios arqueológicos, los dueños del terreno deban informar. Cosa que raras veces sucede.
Daniel Valencia y Edu Ponces / Fotos: Edu Ponces
¿Por qué se permitió la lotificación y construcción en el Sitio El Cambio?
Todas las investigaciones que se han hecho en El Cambio han sido sugeridas por el Departamento de Arqueología. El caso está cerrado desde 2005. Está cerrado en cuanto a la parte que están construyendo, pero no en cuanto a la zona protegida.
¿Bajo qué criterios se protege una zona y no el resto de la propiedad?
El sitio no está siendo dañado, está protegido. Son ocho manzanas…
Alrededor del montículo.
Sí. La zona estructural que hemos salvado. El resto del sitio, donde se está construyendo, no posee evidencias arqueológicas que estén en peligro de ser destruidas. Está liberado. Delimitamos un área, que es el área de mayor concentración arqueológica, y ahí no pueden tocar. El área en donde están construyendo fue sujeto de estudio para definir los límites del asentamiento. Ahí encontraron restos óseos, pero no se trata de un cementerio en sí. Si hubiese habido un cementerio hubiéramos extendido la excavación y hubiéramos restringido la zona.
Pero el informe dice “cementerio”
Pero ese informe tiene observaciones. Y las observaciones están subrayadas. Ella (la arqueóloga) tiene que solventar esas observaciones, a qué le está llamando cementerio…
Sí. Hay una terminología que está mala. Cuando un arqueólogo entrega un informe, este se somete a observaciones por parte de nosotros, un grupo de arqueólogos del gobierno, puesto que los términos de referencia para hacer el estudio fueron dictaminados por nosotros. Cuando se trata de evidencias muebles, son sujetas de rescate. Es decir, se extrae el material. Entonces se puede construir porque ya no hay material arqueológico. No podemos evitar una construcción en un lugar donde no existe nada.
Más que piezas…
Que pueden ser extraídas. Eso se llama rescate arqueológico. Salvamento arqueológico es cuando nosotros salvamos un sitio. En este caso hicimos un salvamento y un rescate.
Cuándo ella dice “cementerio” ustedes dicen que no es un cementerio.
No. Es área de enterramientos, área de entierros. Cementerio es algo más colectivo, aquí no, solamente se encontraron siete entierros.
13 según el informe.
12 entierros reconocibles. Pero igual no está reconocido como cementerio. Pongámosle que lo considerásemos un cementerio. De todos modos son objetos muebles que pueden extraerse. Es como el caso de La Cuchilla (Chalchuapa). Se han encontrado entierros que están siendo rescatados. Se registra lo más que se pueda y luego se procede con la construcción. En El Cambio se registró todo, se entregó el informe y se hizo la resolución.
En el transcurso de los trabajos de construcción, si se encontrase algo –lo dice la resolución- los propietarios están obligados a informar a este departamento, para detener toda obra que pueda dañar las evidencias. Todavía ellos están sujetos a esto. Es más, se había hecho una primera resolución, luego de que trazaran las calles, y se detuvo la construcción de estas calles. No están terminadas porque los detuvimos. Ahora tenemos el área, que son estas ocho manzanas, que ya están salvadas.
¿El dueño del terreno violó la ley al lotificar antes de que se hiciera el estudio?
Se emitió una primera resolución en la cual se delimitó el área de protección y amortiguamiento; y se ordenó informar de cualquier hallazgo. Trazó las calles y se detuvo la construcción.
¿Trazó las calles sin tener permiso?
Ya había una resolución, la primera, que fue antes del informe de González (entre 2001 y 2002). Luego se elaboró una resolución modificativa:” por encontrarse material arqueológico”.
Es decir, él no informó.
No. Nosotros pasamos por ahí y vimos que había material arqueológico. Se detuvo la construcción y entonces…
Se hizo el informe de González.
Y ahora se dio la resolución que señala que si se vuelve a hallar un rasgo arqueológico debe detener la construcción.
Es decir, si ustedes no se fijan, ya tendríamos la construcción completa.
Eso no puedo decirlo porque no sé qué hubiera pasado.
Si la arqueóloga incluso menciona que el sitio puede extenderse hasta 700 mil metros cuadrados fuera del lugar de construcción, ¿Cómo concluyen ustedes que estaba equivocada, que el cementerio no es cementerio y que las piezas encontradas en la zona no ameritaban preservarla completamente?
Es material mueble y si ella ha hecho el rescate y ha hecho la evaluación del contenido del suelo, vemos que no existen evidencias estructurales. La estructura está sujeta a un salvamento de la zona de la estructura. La misma ley nos permite tomar las medidas que consideremos convenientes. Acá tenemos pruebas estratigráficas donde se demuestra la carencia del material arqueológico, como fragmentos, de donde se pueda deducir que hay una concentración grande. Por lo menos en el área que se investigó.
Cuando la arqueóloga recomienda preservar toda la zona y seguir investigando en la zona se refería a todo el sitio o…
Al área del montículo. En base al informe de la arqueóloga hicimos la resolución.
¿Cuáles fueron los términos de referencia?
Dijimos que queríamos conocer una secuencia cronológica, primero. Los límites del asentamiento, los límites estructurales y funcionales del sitio. Conocer las áreas que ameritaban mayor protección, si es que las había. Pero la arqueóloga no encontró mayor cosa. En relación a otros sitios arqueológicos, la densidad cerámica o la densidad de artefactos que aparecían eran relativamente pobres. Ella sacó como 25 cajas llenas de material; hay otros sitios en los que se saca hasta 400 cajas. ¿Qué son 25? No es nada.
González menciona que se debe seguir investigando “toda” la propiedad. ¿Ella se contradice?
No. Esto es de rigor. Ella no hizo un decapado horizontal en todo el terreno. Hizo pozos estratégicamente colocados. Si ella dice que hay que seguir investigando, por supuesto. Todos los informes dicen eso. Nuestras resoluciones dicen lo mismo: si en el momento de construir va a encontrar algo, tiene que informar y detener la obra inmediatamente. Si no informan están atentando contra la ley.
Pero pueden meter el tractor, arrasar y no informar
Pero son ellos los que están irrumpiendo, porque son los propietarios del terreno. Si hago una visita al sitio y encuentro algo – y ellos no informaron- inmediatamente lo reporto al jurídico. Y el jurídico lo reporta a la PNC. Si no es que se ha reportado a través de la prensa primero, que ha sucedido. Porque mira cuántos trabajamos aquí y cuántas construcciones se están dando.
Cinco arqueólogos salvadoreños y monitoreamos todo el país. Pero tenemos conexión con las casas de la cultura y las alcaldías. De 2004 para acá las inspecciones en construcciones se han incrementado. Por eso casi nunca estamos en la oficina. Estamos fuera inspeccionando. El sitio está protegido, por lo menos la parte de la infraestructura.
¿El montículo es una estructura?
Sí. Es un cerro que se ha creado a partir del abandono del sitio. Cayó polvo, creció la maleza, la vegetación nace, muere, otra vegetación… Y no sólo uno, hay otros por ahí.
¿En las ocho manzanas?
¿Y en la lotificación?
Aún con los hallazgos que hizo la arqueóloga, que ustedes dicen que no fueron significativos para preservar la zona…
Hay que aclarar ahí. Son significativos para la arqueología. El estudio es útil para los arqueólogos: tenemos una cronología, un poco más de información sobre el sitio, la zona estructural… estamos protegiendo más que lo que corresponde (el área de amortiguamiento).
¿Qué era la zona?
Ella encontró depósitos subterráneos que pudieron haber sido botaderos. Lo que vemos ahí es, quizá, lo que era la zona doméstica; elaborada con materiales perecederos porque es una época preclásica, de estructura preclásica.
Precisamente por eso. Los hallazgos encontrados no ameritaban…
A falta de estructura, no tenemos facultad para poder detener una construcción.
¿Y no se podía detener un poco más para investigar quiénes habitaron El Cambio, cómo vivían, si guardaban relación o no con Chalchuapa?
A partir de las muestras que ha dado, que están en el depósito, se puede saber más todavía. La limitante con su estudio es que los objetivos eran claros; pero la investigación puede continuar en gabinete. Alguien que venga, y analice todo esto articulando a otro patrón de actividad arqueológico de otros lugares, puede sacar mayores interpretaciones.
Aquí tenemos ejemplos de un patrón de enterramiento de determinada época. Tenemos tipología cerámica que puede decir de contactos comerciales con regiones externas. Es decir, ha sacado suficiente información. Pero es casi imposible que venga alguien – llevaría mucho tiempo- a hacer una excavación de decapado horizontal de todo esto. Es un proyecto multimillonario y no tenemos el poder como para decir…
“Se necesita hacer esto”.
Si ella hubiera encontrado mucho más rasgos de actividad podíamos decir: bueno, aquí se protege hasta que termine la investigación. Ella da una sugerencia, pero es sólo una sugerencia. ¿Qué parte de la ley me faculta a mí para decir: no, no construyan; si ya se hizo un estudio arqueológico, si se sacó la información y ya se demostró que no existen evidencias estructurales? En ninguna parte de la ley tengo facultades para prohibirles que construyan.
Pero la ley menciona que se declarará sitio de interés arqueológico todo aquello que tenga relación con…
No. La ley tiene ese vacío porque no te está diciendo por qué se prohibirá y porque se autorizará. Lo deja a nuestro criterio.
O sea, ¿si podían haberlo hecho?
Podíamos haberlo hecho. ¿Pero qué significaba haberlo hecho? Detener la construcción. El tipo tiene el derecho de construir. Se le pidió que no construyera hasta que presentara un estudio arqueológico. Consiguió su estudio, su arqueólogo y se hizo el estudio. Cuando aparecieron las evidencias muebles, fueron objeto de rescate. ¿Qué más le podíamos decir además de eso? La ley no dice que no pueden construir. No habla de construcciones, habla de las medidas de protección. Y esas las podemos dar en las áreas inmuebles. Lo que no podemos rescatar se debe de proteger, sacarlo, llevárselo.
¿Algún constructor te ha avisado de hallazgos?
Sí, en el nuevo Tazumal. Se hizo un inspección, se delimitó áreas y ahí si había montículos. Si no sabemos que hay debajo de la tierra, a ciegas no podemos impedir que construyan si no sabemos qué hay. Nos avisaron, no ellos, si no que nos informaron. Y se detuvo la construcción.
¿No les informó el propietario?
Generalmente no es el propietario, son los vecinos o la alcaldía. Porque el propietario pierde. Pero por encima de cualquier resolución, inclusive yo puedo sugerir “no se construya”, pero el artículo 11 habla de la obligación de informar del propietario. Y yo cómo voy a saber, dicen ellos, si eso es un resto arqueológico. Y tienen razón. Por eso pedimos un estudio de un arqueólogo. Si Marta González en su estudio notifica la no existencia de evidencias estructurales en esos pozos, faltan todavía otros pozos.
Hay puntos en El Cambio que no se investigaron.
¿Por qué no se investigó más en esas zonas?
Es cuestión de percepciones. Para saber lo que quedó ahí… no sabemos si quedó algo. Tenemos que justificar su existencia. La única manera sería que se estudiara la ley y los procedimientos para las construcciones. Con lo que tenemos, tenemos que valernos de estrategias. Por mí, que no se construya nada. Yo quiero salvar el sitio, pero no puedo porque la ley no faculta a nadie para detener una construcción en donde no existe una mayor concentración de material. ¿Qué pesa más? ¿Un tiesto o la construcción de una maquila que le dará trabajos a cientos de personas?
El estudio es pagado por el dueño del terreno. ¿Ustedes tienen presupuesto para realizar este tipo de investigaciones?
¿Qué sucede cuando hay mucha densidad?
Prohibimos la construcción.
En El Cambio, la resolución tomada se basa en una suposición por la cantidad de material encontrada en los pozos cavados. Pero una gran parte del terreno no se tocó.
Queda en suposición. No sabemos qué hay debajo de la tierra. Es posible que ahí haya más entierros, más entierros… es posible, pero yo no lo puedo afirmar. ¿Y si no hay nada?
¿Si no había tanta densidad arqueológica, por qué El Cambio es “sitio de primer orden”?
Por el dominio que tiene el montículo dentro de la planicie. No es un sitio rector como puede ser San Andrés, pero sí es un sitio importante por el tamaño del edificio.
No es un sitio rector porque no se sabe qué más hubo allí.
No se sabe muy bien pero sí se están haciendo estudios con el segundo informe hecho por Rafael Castillo. Estamos esperando el informe.
Sermeño autorizó la construcción de un parque arqueológico en una manzana de terreno sin contar con el aval de su unidad de arqueología. El mismo departamento de Arqueología fue el que denunció a Sermeño y a la unidad jurídica de Concultura por la destrucción en la zona de protección. La unidad jurídica fue, luego, la que presentó la denuncia contra el dueño del terreno ante la Fiscalía General de la República.
Vea fotogalería: Una lotificación de la historia
El 8 de febrero de este año, el Diario Colatino publicó una nota en donde se constató la destrucción de El Cambio. Cuando el Colatino le preguntó a Sermeño sobre los restos arqueológicos, este respondió que ahí lo que había era “basura arqueológica”.
Tres días más tarde, el todavía director del departamento de arqueología de CONCULTURA, Fabricio Valdivieso, declaró al mismo rotativo que la basura arqueológica no existe. Solo pasó media semana para que, el 15 de febrero, Valdivieso saliera de la dirección del departamento de arqueología. A la siguiente semana, el día 21, el presidente de CONCULTURA, Federico Hernández, salió en defensa de Sermeño por el término “basura arqueológica”.
Al consultarle a Hernández si la salida de Valdivieso se debió a la autorización de un parque dentro de la zona protegida, este respondió que no, que Valdivieso presentó su renuncia argumentando que tenía que realizar “proyectos personales”.
Sermeño, por el contrario, dice que sí, que su autorización para construir el parque dentro de la manzana de terreno está avalado por dicha unidad. Según él, una investigación solicitada por CONCULTURA –y patrocinada de nuevo por Sol Bang, al igual que la de González- permitió tomar la decisión de hacer un parque en la zona protegida.
“Lo que pasa es que usted no ha entendido que el departamento de arqueología hace informes técnicos, no autoriza ni desautoriza. Esa es particularidad propia del director nacional del patrimonio”, dice Sermeño.
Esa autorización, añade, la pudo tomar luego de conocer la investigación dentro de la zona protegida realizada por el arqueólogo guatemalteco Rafael Castillo Tarracena. Sin embargo, los criterios a evaluar en dicha investigación, solicitados por el departamento de arqueología, fueron con finales científicos y académicos. El mismo Tarracena lo dice en su informe: “(El objetivo de esta investigación es) analizar el total de las áreas conjuntas a los montículos para detectar arquitectura, si así lo hubiese, que ayude a entender el tipo de ocupación de dichas áreas y su relación con los montículos 1 y 2 (Figura 2). Además de conocer las temporalidades de las ocupaciones en el área total que comprende una extensión de 54,938 m.². Y en menor medida, la investigación buscó conocer la disposición espacial de los montículos con respecto a la posible plaza entre éstos, conocer y definir el sistema constructivo de dichas estructuras, como inferir sobre su ocupación en tiempos prehispánicos”.
Tarracena concluyó que alrededor del montículo principal, en las áreas investigadas, no fue posible encontrar “ningún tipo de arquitectura monumental y/o doméstica en ninguna de las brechas culturales de ocupación del sitio”.
El investigador argumentó que en el Preclásico, época que marca una densa ocupación en el sitio, no se mostró ningún tipo de edificación destinada al uso ceremonial o habitacional de sus pobladores. “Sin embargo, el aparecimiento de fogones, entierros y surcos (Operación I específicamente) nos indicó que para antes de la caída de la TBJ este lugar fue ocupado. Los artefactos de obsidiana, en su mayoría, muestran huellas de uso doméstico, además la cerámica, utilitaria presente”, dice. Al igual que Marta González, Tarracena recomienda una mayor investigación.
Si la resolución 100/2005 revalidada por Sermeño continuaba protegiendo las siete manzanas y media declaradas como zona protegida en 2001, ¿por qué se autorizó la construcción de un parque y una calle dentro de esta zona? Sermeño responde a medias, pues no aclara cómo firmó a favor de construir unas calles que invaden el área que no iba a tocarse: “Si acordamos en un principio que estaba bien el informe pero que ni íbamos a liberar el terreno, eso no implicaba que no pudiéramos construir un parque”.
El director argumenta que la idea del parque fue del propietario del terreno y que como “los bienes culturales pueden estar en propiedad privada pero pueden ser de servicio y utilidad pública, por eso se le autorizó la construcción del parque”.
Hernández lo respalda, y agrega que en el lugar ha habido destrucción que no estaba autorizada. “Se produjo una disminución que nosotros nunca hemos ordenado. Fuimos los primeros en reaccionar. Nos dimos cuenta de que el dueño del terreno hizo algo que no se había acordado”.
Pero no es cierto que él y Sermeño fueron los primeros en reaccionar. El primero fue el departamento de arqueología en contra de una determinación de la dirección de patrimonio cultural. Luego de que Sermeño autorizó en mayo la construcción del parque, Valdivieso solicitó a Sermeño los planos del proyecto. Sermeño dice que se entregó dicha información. Sin embargo, en noviembre, Arqueología informó haber recibido denuncias por destrucción dentro de la zona protección. Sermeño dice, entonces, que mandó al departamento de arqueología a investigar. El 4 de diciembre, arqueología reporta el daño en la totalidad de la zona de protección 1 –donde está el parque- y señala que ha encontrado calles que han destruido el terreno cerca del montículo.
“Estoy en completo desacuerdo en cuanto a la alteración y el daño que se ha ocasionado al sitio”, dice Fabricio Valdivieso. “La Fiscalía debe resolver esto, no puede quedar impune. Esclarecer este caso servirá para que evitar que no se sigan destruyendo otros sitios en el país”, añade.
Mario Sol Bang, el dueño del terreno, pide lo mismo porque dice no entender por qué si Concultura ya le había autorizado, ahora lo manda a investigar. “Ya fui a la fiscalía y ya presentamos toda la información. Estamos esperando a ver qué define”, dice.
La Fiscalía ha secuestrado los documentos de El Cambio a la OPVSA y a Mario Sol Bang y está buscando apoyo de peritos para que se defina qué pasó dentro de la zona protegida.
La Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural ordena una sanción de entre dos y 1 millón de salarios mínimos para quien altere un sitio arqueológico.
TODA LA INFORMACIÓN ME HA SIDO ENVIADA POR EL POETA SALVADOREÑO RENE CHACON.
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Publicado por ChemaRubioV @ 22:04

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