Source: http://nemo.ruizdelara.com/Paginas/P01-Como%20en%20casa.htm
Timestamp: 2019-03-26 12:55:46+00:00

Document:
Manipulación y demagogia
Ética y problemas
Han sido las dos principales armas de los fascismos: la manipulación y la demagogia, junto con el adoctrinamiento. Y hace 80, 90 años funcionó, los fascismos accedieron al poder manipulando a las poblaciones. Y han pasado 80, 90 años y las técnicas para manipular a la población se han sofisticado, y las poblaciones cada vez nos encontramos más indefensas, porque son técnicas más depuradas.
Los fascismos no se enfrentaron a la población, no la intento sojuzgar mediante la represión, fueron la alternativa a los absolutismos que mantenían a las poblaciones sojuzgadas mediante esa represión. Los fascismos entendieron que la represión no podría frenar a la contestación de las poblaciones e inventaron la demagogia, o fue su principal arma, que ya estaría inventada, y en aquella época las poblaciones no pudieron defenderse ante la demagogia, cayendo bajo aquellos fascismos.
Veo el Mundo a través de mi ventana, mi triste ventana, y veo el Mundo a través de la manipulación y la demagogia. Asisto día tras día a lo que entiendo es una campaña masiva de manipulación; pero difícil, muy difícil el argumentar en su contra.
Hay muchas maneras de mentir, y ellos son profesionales y las conocen todas; y hay muchas maneras de manipular, y ellos son profesionales y las conocen todas. Puedes dar una notica ateniéndote a los hechos, con lo cual nadie te podría acusar de mentir o manipular, pero puedes poner el foco en unos aspectos de esa noticia para ocultar otros, dar relevancia a unos aspectos de la noticia, mayor relevancia a esos aspectos, ignorando otros. Cuanto más necesario sea ocultar unos aspectos, dar mayor relevancia a otros. Esto es una forma de mentir y manipular: lo que dicen es cierto, pero les sirve para ocultar aspectos que no interesa adquieran relieve.
También, en estos días estoy asistiendo a un masivo ejercicio de demagogia: el tratamiento que desde los medios de comunicación, de mi triste ventana, se está dando a casos tan dramáticos como los desahucios. Día tras día está presente esta noticia en los medios de comunicación, de manera coordinada, en todos los medios (que hace unas semanas también había desahucios), los medios de comunicación buscan con ello la complicidad de la población, se erigen en sus supuestos defensores, los que denuncian sus desgracias. Son todos los medios de comunicación, todos los bloques de noticias y numerosos reportajes los que tratan el tema de los desahucios; y en todos los casos con un tratamiento incompleto, siempre se pone los micrófonos a las víctimas del desahucio, vecinos del desahuciado y a organizaciones humanitarias o colectivos que les prestan asistencia. Un desarrollo de la noticia incompleto, que posibilita a los medios de comunicación el constituirse en los valedores de la población con su apoyo ante desafueros y desgracias; pero también, lo hacen evitando poner el foco en los responsables de estos desahucios; en ningún momento han puesto el micrófono a los que hacen posible esos desahucios para preguntarles, por ejemplo, por lo que opinan sobre los diez o doce desahucios que han firmado hoy, o lo quince o veinte que firmaron ayer, o los que firmarán mañana, o si conocen del destino de aquellos que desahucian sus bancos; como tampoco preguntan a los políticos que les han dejado hacer. Cuando los medios de comunicación crean conseguido sus objetivos, los que sean, que ellos lo sabrán, los desahucios desaparecerán de la parrilla de noticias, tan desaparecidos como lo estaban hace unas semanas. Y todo seguirá igual.
Mis condolencias a los familiares de las víctimas mortales de la macrofiesta celebrada hace unos días, me disculpo ante ellas antes de tratar, a continuación, sobre el tratamiento informativo del suceso, pero ha sido el tratamiento de este suceso lo que, unido al tratamiento informativo de los desahucios, me ha movido a escribir esa hoja.
Se puede mentir de muchas formas, y el tratamiento que desde los medios de información se ha dado a este trágico suceso es una de ellas: poner el foco en uno de los aspectos de la noticia y ocultar otros.
Probablemente la responsabilidad de lo sucedido sea compartida, la responsabilidad mayoritariamente se la repartan la empresa organizadora y el Ayuntamiento. Y el foco de la noticia se ha puesto en esa parte de la responsabilidad que le corresponde a la empresa organizadora: mala organización, insuficiente personal de seguridad, insuficiente personal para cubrir la atención a tantos asistentes, masificación, etc. Aspectos que probablemente en unos días o en unas semanas queden aclarados. Y nada sabemos de la otra parte, la otra parte que firmó el contrato, la propietaria de local; nada sobre aquellos que materializaran el alquiler del local o sobre las condiciones del local alquilado. No sabemos si el local reunía las condiciones de seguridad para albergar la fiesta, independientemente de lo que ocurriese en la fiesta, e independientemente de que se respetara o no el aforo máximo.
Las características de ambos aspectos son diferentes. El primero: medidas de seguridad, cumplimiento del aforo máximo, buena o mala organización,... necesariamente, en las primeras horas tendrá un tratamiento especulativo: lo que opina uno y lo que opina otro; mientras que el tratamiento que se podría haber dado a ese segundo aspecto, la posible responsabilidad del Ayuntamiento, podría haber sido más documentado: opinión de expertos en seguridad, arquitectos especializados en el diseño de estos locales y representantes del Ayuntamiento.
Nadie ha mentido desde los medios de comunicación presentando esta noticia, pero se ha desviado el foco intentando proteger al Ayuntamiento ante posibles responsabilidades.
Las sociedades de principios del siglo XX no fueron capaces de reaccionar ante la demagogia y la manipulación de los fascismos, hoy hay más medios y se han depurado las técnicas de manipulación, pero a las sociedades nos debería servir la experiencia vivida entonces para resistir a los actuales intentos de manipulación.
¿Hay problemas?, buscar la solución en la Ética
Ahora que los medios de comunicación han dado visibilidad a los desahucios, que desde varias instancias se intenta corregir los desequilibrios producidos al atender exclusivamente a las demandas de los titulares de intereses en bancos y deudas "soberanas", que se intenta reconducir a las economías por la senda del crecimiento; ahora que, en cierto modo, se advierte que aquestas actuaciones conducen a un callejón sin salida en el que las economías de los países no pueden escapar de una espiral de empobrecimiento. Ahora, a destiempo, trascurrido un año de haberlo cantado a las paredes, comienzo esta hoja, que viene a recordar a aquellos que toman las decisiones, que pudieron tomar unas decisiones más sensatas en su día, que el tiempo perdido en la resolución de una crisis económica no solo es tiempo perdido, que significa condenar a condiciones de penuria a numerosas familias y personas, y que con todo, al día de hoy, sin soluciones valientes, el número de familias y personas a las que se les roba un futuro se sumará a las primeras, que pienso en todos los intentos que se han dado para reconducir la crisis, y pienso que los próximos serán más de lo mismo, intentos de salir de la crisis preservando la honorabilidad y los intereses de aquellos que la produjeron.
En varias ocasiones me ha sorprendido observar que las actuaciones éticas coinciden con actuaciones eficaces. Que el manteniendo de unos razonamientos sustentados en valores éticos, conduce a soluciones eficaces. Y este podría ser uno de estos casos, haber afrontado la crisis desde una óptica moral habría facilitado la superación de la crisis, o así lo pienso.
Una actuación moral en relación a la descapitalización de los bancos, pienso que habría sido ponerse al habla con los propietarios de estos bancos y haberles escuchado. Con seguridad, habrían expuesto lo delicado de su situación, de la necesidad de que se recapitalizases sus entidades, que de lo contrario deberían cerrar, con las consecuencias que de ello se derivaría: la volatilización de los dineros de los ciudadanos, volatilización que ya estaba ahí, algo que solo se subsanaría con una buena inyección de dinero. Y se tendría que haber dado la razón a estos señores, se les debería haber confirmado que sí, que habían puesto a la sociedad en riesgo, que la desaparición de los ahorros de los ciudadanos es una situación grave que habría que solucionar. Probablemente eso habría tranquilizado a estos señores, que habrían puesto sobre la mesa los millones de euros que precisaban para subsanar tan delicada situación. Y conocidas esas cantidades, conocidos los balances reales de esas entidades, conocido que sus pasivos (lo que deben, las imposiciones de los ciudadanos) superan con creces a sus activos (el valor de sus inmuebles e inversiones, todo lo que permitiese responder a sus pasivos), decirles que los millones que solicitan se van a destinar a sanear sus entidades; pero que esas entidades dejarán de ser suyas, que el Estado se las va a quedar gratis, que no van a ver ni un duro por ellas, porque carecen de valor, que su valor es negativo, que las deudas superan a sus bienes, que el Estado les hace el favor de no reclamarles ese valor negativo, y que enviará al fiscal general esos casos para que valore si existiesen indicios de delito.
Se invertiría el dinero necesario para el reflotamiento de estas entidades, que coincidiría con el dinero solicitado por estas entidades, para evitar que los ciudadanos perdiesen sus ahorros y se deteriorase aún más la economía del país. Pero conseguido esto, una vez reflotadas las entidades, se pondrían a la venta, y parte o todo de lo invertido se recuperaría. Y los nuevos propietarios sabrían lo que sucedería en el caso de que gestionasen mal sus entidades.
De otro modo, como se ha resuelto, el dinero inyectado será a fondo perdido, y con ese dinero que se les concede a un muy bajo interés, con seguridad, adquirirán deuda pública al 6 o 6,5% para sanear sus cuentas. Bravo por los señores banqueros.
Del otro modo, el Estado, sin proponérselo, solo actuando con justicia, vería en sus manos un instrumento de enorme utilidad para procurar la salida de la crisis, contaría con instrumentos para reconducir los créditos, procurando con ellos la reactivación económica; unos créditos y una política de crédito diseñados para reactivar la economía. Y también, con un parque inmobiliario para poder actuar con los objetivos puestos en la resolución de la crisis. Y quedó para el final los desahucios.
¿A quién le interesa que 200.000 o 300.000 viviendas pasen a engrosar el parque de viviendas por vender? Nuevamente, eficacia y Ética se dan la mano. Hay muchas fórmulas para detener los desahucios sin que signifique inseguridad para las entidades financieras, y en este caso, el Estado pasaba a constituirse en el titular de esas hipotecas, y podría actuar a favor de las personas y a favor de una más rápida resolución de la crisis. Esas 200.000 o 300.000 viviendas no saldrían al mercado, con lo que no se sumarían al problema inmobiliario, y esas 200.000 o 300.000 familias, probablemente saldrían de la crisis sin haber perdido sus viviendas. El Estado no solo no habría perdido el valor de esas hipotecas, sino que, aunque demorado en el tiempo, lo habría recuperado en gran parte.
Un medio, que habrá otros: paralizar los créditos hipotecarios a aquellos que no pudieran pagarlos y sustituirlos por alquileres, existiendo una coordinación con organizaciones asistenciales y valorando cada caso. Pienso que no se extenderían los casos más allá de aquellos que se vieran imposibilitados para pagar la hipoteca, porque es una solución onerosa: hasta el momento que les fuese posible reanudar el pago de su hipoteca, el dinero mensual pagado como alquiler sería a fondo perdido. El resultado sería que muchos de los que hoy no pueden pagar su hipoteca, pasados unos meses o algunos años, una vez les hubiese cambiado la situación económica, reanudarían sus pagos y el titular de la hipoteca la recuperaría1 (probablemente, llegado el momento, en casos, deberían ajustarse al valor real de la vivienda, favor que se hace en otros ámbitos). Esto, en lugar de arruinar la vida de estas personas y quedarse con unas viviendas que se suman al problema y que deberán malvenderse.
↑ 1.- Sin ninguna otra valoración, desde un punto de vista exclusivamente prasmático, el fracaso de esta alternativa en general, o de casos individuales en concreto, lo único que conllevaría es que estas viviendas se encontrarían en la misma situación actual, con unas hipotecas que no se pueden recuperar, con unas viviendas que pasarían a las manos de las entidades finacieras, que estas entidades sacarían al mercado, pero con una demora de varios años, probablemente, superada la actual situación del mercado inmoviliario. Y también sin más valoraciones que el prasmatismo; en ese interludio, el país contaría con un parque de viviendas sociales sin nigún costo.
Se sale de las crisis con decisiones acertadas, con actuaciones que pongan como objetivo la superación de las crisis.
Los políticos no son funcionarios, o no deberían serlo, son el instrumento que las sociedades se han dado para dirigirlas, en los momentos de bonanza y en los momentos de crisis. Y en los momentos de crisis no se puede recurrir a un catálogo de normas y soluciones, hay que tomar decisiones, y hay que hacerlo con altura de miras.
Ahora que los medios de comunicación han dado visibilidad al problema de los desahucios, todos sabemos que es un problema grave, que quizá sea el factor determinante que conduce a las personas y a las familias a la indigencia, sería el momento en el que los políticos, al margen de cualquier otra consideración, nos demostrasen esa capacidad suya de tomar decisiones y esa altura de miras.
Pero, refiriéndome a los del país en el que subsisto, no están demostrando esa capacidad de tomar decisiones, y tampoco están demostrando altura de miras.
No es el momento de manifestar sospechas sobre los que se ven imposibilitados para pagar las hipotecas, decir que: "Las soluciones que se están buscando lo son para aquellos que han contraído unos prestamos de buena fe y responsablemente". Hay que tener altura de miras, saber en qué situación nos encontramos en estos momentos. Solo estos políticos pueden dar relevancia y pensar que haya candidatos a ser desahuciados que lo son por su voluntad y propia responsabilidad, en la actual situación no. Porque, ¿cómo se intenta resolver el problema?, ¿articulando unas medidas que determinen quienes tomaron unos prestamos con responsabilidad y quienes los tomaron de forma irresponsable? ¿Creando una situación de inseguridad e incertidumbre a este colectivo que podría suponer semanas o meses de litigios intentando demostrar su buena fe y su responsabilidad? Eso es más de lo que se exigen a ellos mismos. Conocer la existencia de más de cinco millones de parados y más de un millón de familias sin ningún ingreso, probablemente a muchos nos ayuda a no plantear sospechas.
Cualquier persona razonable, ante esta situación, no dudaría de este colectivo, que es al que le ha golpeado directamente la crisis, que son los que han perdido sus puestos de trabajo, que nos demuestra que los números no son solamente números.
Pero me sumo a las suspicacias de esos políticos ¿Cuántos de ese colectivo de 200.000 o 300.000 personas y familias han podido obrar con mala fe?, ¿cuántos han podido obrar irresponsablemente y cómo se decide que han actuado irresponsablemente? Otra pregunta: ¿les condenamos a vivir en la calle por su supuesta irresponsabilidad? Igualmente se les está exigiendo más que a la otra parte, mucho más. En tiempos de normalidad sí podemos plantear esos extremos, con la crisis económica actual, si existiesen esos casos (que pudiera ser, porque es un colectivo de cientos de miles de personas), habría que mirar para otro lado y resolver el problema. También, intentando reconducirlo con retroactividad, atendiendo a los ya deshauciados , que es posible, sería una actuación más que facilitaría salir de la crisis, y transitar por ella, y salir de ella en mejores condiciones.
Pocos minutos antes de ponerme con esta hoja he publicado la de Economía de Mercado en: desde el desván, en ella exponía los conceptos de "suelo", "economía utilitaria" y "economía suntuaria". Y son esos conceptos los que manejo cuando intento analizar o aportar soluciones a la crisis económica actual.
El concepto de suelo, que existan unas condiciones de vida mínimas de las que ningún ciudadano se vea excluido lo considero fundamental, más en los momentos de crisis que es cuando más personas y familias pueden verse excluidas de él; excluidas de un suelo que ni siquiera está enunciado. Y si esta es una consideración que trasciende de la Ética, que es una consideración humana, también considero que fortalecer este suelo facilita el salir de la crisis. Aquí, vendría a valerme de los conceptos Economía Utilitaria y Economía Suntuaria. Fortaleciendo el suelo lo que estaríamos haciendo es fortalecer la Economía Utilitaria, que en mi opinión es la que mantiene las economías de los países: lo invertido en el mantenimiento de este suelo recorrería todo el tejido económico del país, serían dineros que mayoritariamente quedarían en las economías del país, aun tratándose de países con una fuerte dependencia del Mercado Exterior, porque son consumos que en su mayoría revierten en el Mercado Interior. Mientras que inyectar dinero en la parte alta de la pirámide económica, más en momentos de crisis, supone que se deshagan posiciones minimizando perdidas y, mayoritariamente, ese dinero sale del país.
Hoy, han sido los medios de comunicación los que han dado relevancia al problema, los desahucios son preocupación de los políticos del país en el que sobrevivo, y es bueno que exista esa preocupación y que, supongo, todos o gran parte de los ciudadanos, incluidos los políticos, pensamos que es un problema grave que hay que afrontar.
Se han cometido innumerables desatinos, no se habría llegado a esta situación de no haber existido esa cadena de desatinos, pero los problemas siempre encuentran su solución, en el momento en que se afronta esa solución, que será distinta según cuando se afronte esa solución, pero siempre existe solución.
Y ahora que los medios de comunicación, al aire de los políticos, han comenzado a escorar en la prudencia a la hora de afrontar este problema: que el equilibrio de las entidades financieras es algo serio y que hay que tener cuidado con trastocar algo que es fundamental para la economía del país, sigo defendiendo la solución aportada en anteriores hojas.
Se perdió, o tal vez todavía no, la oportunidad de afrontar la crisis bancaria con justicia, que también significaba afrontar la crisis con eficacia. Es el sueño de cualquier equipo gestor de una economía como la que se está atravesando: contar con herramientas que permitan encauzar la actividad económica con vistas a salir de la crisis. Un sueño para el que tenga que gestionar la actual situación del mercado inmobiliario, contar con un parque de viviendas, la mayor parte del parque de viviendas que está produciendo la crisis, porque se correspondería con las carteras de los bancos insolventes. También es el sueño de todo Estado que se ve obligado a inyectar dinero en un sector para reflotarlo, el recuperar parte de ese dinero.
Y es un sueño para la sociedad que pasa por una crisis como esta, contar con un parque de viviendas sociales que minimicen las consecuencias de la crisis.
La solución: interrumpir la hipoteca en aquellos casos en los que sea imposible su pago, en todos los casos, es atendiendo a todos los casos donde se encuentra la efectividad de esta solución, los años, porque estamos hablando de años, que medien hasta la solución de la crisis. Esta solución la considero ventajosa para todos: para los bancos, para los afectados y para la sociedad.
Los bancos. Con la recuperación de la vivienda no están recuperando dinero, están recuperando el inmueble que asentarán en su balance como un activo, que en unos casos no podrán convertir en dinero hasta que pase la crisis y en otros será malvendido. Con la solución aportada, la hipoteca queda como un activo, quizá de mayor valor que el inmueble, porque no es un crédito de imposible cobro, que si lo fuera, se recuperaría el inmueble en el momento en el que podría adquirir su valor real. No se vería en la obligación de mantener el inmueble, que estaría perfectamente cuidado no por inquilinos sino por sus propietarios, que aspirarán a conservarlo una vez su situación económica cambie.1
La sociedad. Es un sueño contar en momentos de crisis con un parque de viviendas sociales sin ningún costo, un parque ajustado a las necesidades concretas del momento, ajustado en todo momento a esas necesidades, parque de viviendas que desaparece cuando no se le necesita. No existe, o el riego es mínimo de que vayan a esta solución otros que no sean aquellos que les sea imposible pagar las hipotecas, porque se cobraría un alquiler social, valorando cada caso, valoración que saldría también gratis, existen organizaciones muy pegadas al terreno y con las que se podría contar desinteresadamente, colaborando con los bancos o con el organismo que gestionase estos casos. 600.000 viviendas, correspondientes a los 600.000 desahucios previsibles, no vendrían a sumarse al problema. Los casos de desahucios pueden llegar a 600.000 antes de resolverse la crisis, 600.000 familias a las que mal se las podría atender, probablemente, muchas de ellas literalmente vagando por las calles, que los poderes públicos no pueden pretender que permanezcan calladas: también se gana en estabilidad social. De este modo, son familias que saldrán más fácilmente de su situación y contribuirán a la resolución de la crisis, en la medida que les sea posible, encantadas, con su trabajo cuando lo encuentren y con sus consumos; esto, en lugar de convertirlos en una carga a la que atender.
Todo, actuando con eficacia y equidad.
↑ 1.- La interrupción de la hipoteca supone que se paraliza, y desde ese momento se deja de devengar intereses hasta que vuelva a reactivarse. Un banquero puede pensar que está perdiendo dinero, pierde esos interes, pensará que con estos supuestos deberá subir el margen de beneficio de las hipotecas que firme en un futuro. No se trata de renunciar a unos intereses que son de imposible cobro, se trata de dar mejor salida a las viviendas embargadas; paradojicamente, en la actual situación, el no ejecutar el desahucio le beneficia. No entender esto supone pensar que se encuentran por encima de la actual situación económica, que no les afecta. En mi opinión, ni siquiera deberían ser los destinatarios de los alquileres que se fijasen, esos alquileres podrían pasar a formar parte de una bolsa solidaria.
No es tanto trastocar una legislación, que también, como dar solución a un problema de forma coyuntural y extraordinaria, de modo que no haya damnificados.
El factor detonante de la crisis, o factor que la ha agravado, sería la actuación bancaria en el sector inmobiliario. El sector inmobiliario se ha demostrado a lo largo de la historia reciente el más propicio para la especulación. Es un mercado que no está sujeto a la competencia directa, que sus precios no se fijan por el valor del producto, que pueden manipularse esos precios y es un bien de primera necesidad con una característica muy específica que lo hace especialmente atractivo para los especuladores: su enorme valor, incomparable con cualquier otro bien de primera necesidad. Una vivienda puede suponer el 50% de los ingresos de una familia durante veinte o treinta años: una única transacción mercantil acapara el 50% de la renta de una familia durante 20 o treinta años, o si se quiere, son transacciones mercantiles con un valor de decenas de miles de euros de consumo masivo.
Probablemente sea la concentración de la actividad financiera de los bancos en el sector inmobiliario lo que da dimensión a la crisis. Si relacionamos que el sector inmobiliario es propicio para la especulación con el interés de la banca por el sector, y reparamos en las cotas de especulación que se alcanzaron en el momento de desencadenarse la crisis, podríamos deducir que la banca ha desatendido una posible función social, prefiriendo concentrar su actividad en el sector con las mayores posibilidades de especulación. Y también podría deducirse que siendo la banca el sector que mayoritariamente ha actuado en el sector, la burbuja inmobiliaria, la especulación que ha sufrido el sector inmobiliario, sería responsabilidad suya. Se podría considerar lo sucedido en el sector inmobiliario algo similar a las estafas en pirámide o estafas piramidales.
Pero no va a ser ese el tema de esta hoja, entrar en la responsabilidad del sector bancario en la crisis económica, que sería una responsabilidad compartida y se trataría de responsabilidades complejas, con intereses entrecruzados; me referiré al hecho concreto de que, ya metidos en la crisis, en la situación a la que se ha llegado, lo que más tensiones está creando y lo que más dificulta la resolución de la crisis (descontando la descapitalización de entidades financieras, empresas y Estado) es el parque de viviendas presente en las carteras de estas entidades.
Se les ha permitido la gestión de ese parque de viviendas, porque se les ha subvencionado para que así fuese, bien; pero, más grave, no se han puesto cortapisas a la gestión de sus carteras de hipotecas. Y lo mismo que con el parque de viviendas construidas y sin vender, que lo gestionan para recomponer sus balances una vez caída la pirámide, están gestionando la morosidad y el impago de las hipotecas con iguales fines, intentando rentabilizar la morosidad, aprovechar los numerosos impagos para sacar de unos lo que no puedan sacar de otros: maximizar la capacidad de cobro para disminuir perdidas. En el caso de las viviendas por vender, minimizan perdidas condicionando el mercado de la vivienda, sacándolas a unos precios que el mercado no puede absorber (precios que no están acorde con el mercado). Y en el caso de las hipotecas, las viviendas sujetas a esas hipotecas, un bien que no es suyo, que es del hipotecado, no dudan en malvenderlas para recuperar en lo posible el resto de la hipoteca al que no se haya podido hacer frente.
Su visión de estas hipotecas es sacar el máximo en cada caso para que, prorrateando, sus pérdidas sean menores. El sector bancario debería entender que tiene un parque de viviendas vacías por vender que no puede absorber, que cuando se produce el impago de una hipoteca, lo que obtiene con el desahucio, es una vivienda más que se suma a ese parque, que es un problema suyo, de las entidades bancarias, que no debería pasárselo a la sociedad, que en ese caso sí, les interesa los desahucios. A lo más que debe aspirar es a que esa vivienda se sume al parque de viviendas invendidas, no a rentabilizar otras opciones aprovechando que pudieran ser ventajosas para los hipotecados. Si la banca asume que tiene un parque de viviendas por vender que pesa sobre sus balances como una losa (así como sobre la sociedad), si la banca asume que esto sí, claramente es de su propia responsabilidad, y si asume que no debe intentar beneficiarse de una situación que ha generado ella misma, que a lo más que debería aspirar es a quedarse con el bien hipotecado; debería poner la mirada hacia abajo y aceptar aquella solución que, en principio, fuese la mejor para la sociedad; y después, congratularse si la solución supone una mejora de ese objetivo que sería el máximo que debería reivindicar: quedarse con el bien hipotecado, que eso son las hipotecas, lo que no vendría sino a agrandar su problema.
Estoy en desacuerdo en la forma de afrontar las crisis económicas de los países, poner en primer plano el pago de la deuda, independientemente de cualquier otra consideración. Tradicionalmente, los organismos internacionales han puesto contra las cuerdas a los países endeudados, les han obligado mediante coacciones a que priorizasen el pago de la deuda, como primera premisa para poder ayudarles a salir de la crisis económica en la que se encontraban (que para los organismos internacionales solo son crisis económicas), y los ha empobrecido, sin tener en cuenta que en muchos casos las deudas las habían contraído gobiernos autoritarios ilegítimos en connivencia con compañías multinacionales, que al endeudamiento sumaban el expolio de sus recursos naturales. Los países, acababan de superar esos periodos autoritarios que supusieron su propio expolio y se enfrentaban a una reconstrucción democrática, con lo difícil que es esto, en condiciones precarias, con su población, en casos dividida y enfrentada, con graves dificultades económicas y sociales, sumándose a todas estas dificultades esas coacciones y esa ineludible obligación al pago de la deuda.
Esto se ha hecho, y la actual crisis económica se trata de resolver de igual modo; aunque sí, no se llega a los mismos niveles de coacción, ni con mucho. Y esta mañana he oído decir, en relación a los impagos de las hipotecas, que "las deudas son Sacrosantas".
Ya canté a las paredes en su día, en relación a las deudas de los países, que no es así, que las deudas no son lo prioritario, que los países deberían conducirse como nos conducimos las familias. Voy a ponerme en primera persona. Yo he podido adquirir unas deudas, porque el modelo del país en el que vivo se basa en eso, en la venta a plazos; y, con seguridad, las habré contraído de buena fe, con la intención de cumplir con sus pagos, entre otras cosas porque es muy incómodo y estresante el impago de esas deudas, aun siendo menores, en casos ni siquiera te deja dormir. Pero, y de esto nadie estamos a salvo, puede ocurrir que circunstancias sobrevenidas impidan el pago de esas deudas; que no es así, que es muy difícil que las circunstancias impidan pagar esas deudas; suele ocurrir que, después de atender a las necesidades de la familia, no exista el dinero suficiente para pagar esas deudas. Las familias, como no puede ser de otro modo, priorizamos cubrir las necesidades básicas antes de atender a las deudas. Y los países deberían actuar de igual modo, priorizar las condiciones básicas de sus ciudadanos y después hacer frente a las deudas. Por muchas coacciones que se recibiesen de los titulares de las deudas, que no son Sacrosantas, y si los titulares de las deudas insisten en que son Sacrosantas, estafan a los países porque no tendría sentido la prima de riesgo.
Pero es más, las situaciones de impagos no son hechos insólitos, son frecuentes y diarias, en todos los ámbitos, y en muy pocos casos llegan a los tribunales. Y es cierto que en casos el impago es producto de un moroso contumaz que estafa a unos y estafa a otros; pero en otros muchos casos son deudas que se contraen de buena fe, con la plena seguridad de que se pagarán, y que circunstancias sobrevenidas impiden su pago. En estos casos, lo frecuente es que titular de la deuda y deudor lleguen a compromisos en los que, es casi seguro que el titular de la deuda renuncie a alguno o a muchos de sus derechos, y en ningún caso le exige al endeudado que deje de dar de comer a su familia para que le page la deuda. Las deudas no son "Sacrosantas".
En el caso de las hipotecas, el caso es sangrante, porque los bancos van a recibir unos créditos a muy bajo costo para pagar deudas contraídas y recomponer en lo posible los depósitos de sus clientes, que en gran parte han desaparecido. Y paralelamente se muestran inflexibles con sus clientes; sí, con los mismos a los que abrió en su día una cartilla para que en ella depositasen sus ahorros, cuando los tenían, antes de contraer la hipoteca. De sacrosantas nada, más Sacrosantas para unos que para otros.
No soy un profesional de nada. Mi forma de escribir puede llevar a engaño; me pongo delante del teclado y la hoja sale desde la primera línea a la última, lo mismo en hojas de poca extensión como en páginas extensas, ejemplo de estas últimas podrian ser las de mi trabajo sobre Evolución presentes también en el portal. Cuando me enfrento al teclado siempre siento la misma inseguridad, no toco temas triviales, y mi preocupación es tratar bien los temas que toco, procuro mantener o no puedo deshacerme de esa responsabilidad, y me cuesta trabajo decidirme a iniciar una nueva hoja; también sé que por mi forma de escribir, si me pongo delante del teclado e inicio la hoja, si no estoy en condiciones de escribir, la hoja, el tema puede malograrse, porque no tengo la habilidad de reconducirlo una vez ha iniciado su andadura, temo siempre que en su desarrollo se pierda algo importante. Y siempre que termino una hoja me asalta la duda de si seré capaz de escribir otra; porque no tengo un escribir pautado, carezco de oficio, no cuento con los recurosos del oficio de escribir. Las hojas surgen cuando surgen y los temas surgen cuando surgen, que una vez escrita la hoja, desarrollado el tema, en muchos casos, me pregunto por qué no la escribiría antes.
¿Por qué Pedro Páramo y El llano en llamas? ¿Por qué solo Pedro Paramo y El llano en llamas? En esos momentos de inseguridad siempre me acuerdo de Juan Rulfo. Hoy me pregunto a mi mismo por qué temas cantados a las paredes hace tiempo no tuve el impulso o el acierto de pasarlos mucho antes de hoy a las hojas.
Comparto alegría con los que hoy respiran con cierta tranquilidad al no verse agobiados por la perdida de sus viviendas, pero tampoco es un día especialmente alegre para mí; tengo reticencias, todo me parece intentos de parar un incendio, que no se afronta y quizá no exista intención de afrontar el problema en serio, que todo sea eso, parar un incendio, que todo sea parar la contestación ciudadana con lo mínimo imprescindible, que luego será o no. No se tiene la intención de afrontar el tema en profundidad y seriamente, encauzar la crisis con unos criterios diferentes a los utilizados hasta el momento, afrontar este como otros temas como partes de una estrategia global que intente resolver la crisis atendiendo a criterios sociales. Sigo pensando igual que hace uno o dos años e igual que ayer y antes de ayer: todos los intentos que se han dado para salir de la crisis lo han sido intentado preservar la honorabilidad e intereses de los que la han causado, y la forma en que se va a intentar solucionar la alarma social por los desahucios, que no los desahucios, y otras medidas que se puedan tomar, seguirán siendo más de lo mismo, intentos de que los intereses y las prácticas de aquellos que han causado la crisis sigan intocables, aun a costa de que la crisis sea más insoportable para los ciudadanos.
Se dice, se insiste en que los bancos han generado la crisis por dar créditos temerariamente a aquellos que no los podían pagar. Es una forma de desviar la responsabilidad, ya que esta queda compartida por los propios bancos y por aquellos que supuestamente se endeudaron por encima de sus posibilidades. Soy un maniático de esas posibles manipulaciones que se dan con el lenguaje, con el modo de presentar noticias o con comentarios aparentemente bienintencionados. Aparentemente se está responsabilizando a los bancos, no se habla de otros responsables, pero implícitamente se está responsabilizando también a los que hoy les es imposible pagar sus hipotecas.
Primero, ¿quiénes son estas personas que hoy no pueden pagar sus hipotecas? Las crisis económicas son injustas, no las sufren aquellos que no hayan sabido conducirse por la vida, es el azar el que decide quienes sufrirán sus efectos. No la sufrirán, o se defenderán mejor aquellos que tengan ya pagada la hipoteca, no porque sean más prudentes que los que hoy se ven impedidos de parar la suya, simplemente son o somos mayores y ya la tenemos pagada; unos años antes, y los que estaríamos pagando los efectos de la crisis seríamos nosotros, más jóvenes, con unos empleos más precarios y con la hipoteca por pagar.
Tampoco se quedan en el paro aquellos a los que se les pudiera suponer menos capacitados, depende de que estén en una situación de empleo precario o que su empresa sea de las que se han visto obligadas a cerrar.
Es cierto que se estaba viviendo el desarrollo de una estafa piramidal, que los precios de las viviendas subían mes a mes, que alguien iba a comprarse un piso y el vendedor no debía esgrimir demasiados argumentos de venta: "Si no se deciden hoy, el mes que viene les saldrá mucho más caro". Pero así son las estafas piramidales, más cuando los poderes públicos, o miran para otro lado o no saben cómo hacerles frente o, peor, actúan en connivencia. Las estafas piramidales muestran sus efectos cuando la pirámide se derrumba, cuando la base no puede sostenerla; en este caso, cuando no es posible seguir subiendo el precio de las viviendas, principal atractivo para que la pirámide siguiese creciendo. También, el dinero queda atrapado en la piramide, es difícil que las ventas continúen la misma progresión y llegado un momento las ventas se detienen, porque no se puede llegar al infinito y en un determinado momento, sea cual sea el detonante, estallan las contradicciones y la situación se hace insostenible.
Nunca ha sido fácil ser joven, es difícil encontrar el primer empleo y para la pareja es difícil hacerse con una vivienda, comprarla o pagar un alquiler. Todos los que no hemos contado con una herencia material, o inmaterial en forma de influencias, hemos pasado dificultades para abrirnos paso en la vida, nos hemos endeudado por encima de nuestras posibilidades para hacernos con una vivienda. Hemos firmado hipotecas que nos agobiaban y hemos recurrido a la familia para pagar el resto del precio de la vivienda que no cubría el préstamo. Y con los años hemos ido saliendo adelante, porque las hipotecas, con el devenir se hacen más llevaderas, vamos situándonos en la vida, el empleo se va consolidando, y aumentan nuestros ingresos. Eso es lo normal y lo que habría ocurrido con todos los que hoy no puede pagar su hipoteca de no haber sido por la "crisis", que con el tiempo les hubiese sido más llevadero su pago.
No hay nada reprochable en la actitud de los que hoy no pueden pagar su hipoteca, era lo que se esperaba que hicieran, esforzarse por ir abriéndose camino en la vida, lo mismo que seguro han hecho muchos otros que hoy sí pueden pagar su hipoteca, a los que no les ha golpeado directamente la crisis, no han perdido su puesto de trabajo o no se lo han disminuido.
No ha estado el problema en dar hipotecas a aquellos que no podían pagarlas. Los bancos sí sabían que se estaba en una estafa piramidal y no les valía el valor de lo hipotecado, algo que queda probado por el hecho de que se preocuparon de exigir garantías suplementarias, ellos sí sabían que si la pirámide se desmoronaba, las viviendas no serían suficiente para cubrir la hipoteca, pero la otra parte, el hipotecado, no lo sabía.
Por el contrario, pienso que los bancos han utilizado y utilizan demasiada información a la hora de conceder préstamos. Vivimos en sociedades en las que son imprescindibles los créditos, y son los bancos, en donde depositamos nuestros ahorros, los que pueden conceder esos créditos. Aceptando que no desvían esos dineros a operaciones especulativas, un exceso de información para decidir si se concede un crédito o no puede ser parecido a lo que ocurriría si las aseguradoras manejasen un exceso de información, habría personas que se verían excluidas de sus coberturas. Los bancos se pueden convertir con ese exceso de información en frenos al desarrollo económico y bienestar de familias y personas; porque emprendedores que en principio no es fácil que cumplan todos los requisitos que se exigen hoy para que se les conceda (está bien el verbo) un crédito, podrían montar una empresa y con su funcionamiento pagar esos créditos; o personas y familias pueden verse excluidas del sistema de créditos, personas y familias que concedido el crédito, en una mayoría de casos podrían hacer frente a él, desmintiendo esa presumible incapacidad para devolverlo. Con un exceso de información se pierde una posible función social. No estoy diciendo que los bancos deban ser entidades asistenciales, pero las aseguradoras asumen el riesgo de que uno de sus cliente, en el caso de una póliza sanitaria, enferme a los cuatro meses de firmarla y enferme de gravedad, y sin embargo el negocio funciona.
Con esta hoja pretendo una recapitulación de las anteriores, con temas como la vivienda, los desahucios, la banca, también la política, cómo se han resuelto estos temas desde la política y cómo, en mi opinión, deberían haberse resuelto.
Ya no puedo escapar a mi forma de afrontar los temas, de forma intuitiva y deslavazada, sin una estructura que permita afrontarlos en su totalidad de forma coherente. Tampoco cuento con muchas posibilidades de afrontarlos de modo diferente: carezco de formación académica, no me es posible una adecuada documentación y no cuento con la estabilidad emocional que me permitiese afrontar trabajos más extensos.
Esta hoja surge con la necesidad de exponer aquellos aspectos que noto que han quedado por tratar o no los he expuesto con suficiente acierto, también en estos días se van sustanciando las que pretender ser soluciones al problema, que ya lo dije, no creía y hoy veo confirmada esa creencia, no se trata de dar solución al problema sino que lo que se intenta es apagar la contestación ciudadana frente a ese problema, el concreto de los desahucios, el que ha suscitado esa contestación.
Tal y como entiendo, cuando procuramos aportar soluciones, lo hacemos desde nuestras posiciones éticas. La visión de los problemas y sus posibles soluciones parten de nuestra postura ética, no podemos sustraernos a ella. Si vemos determinadas soluciones es porque los miramos desde esa perspectiva ética, que si fuese otra, nuestra visión del problema sería diferente y la solución aportada también diferente. Luego, pienso que todos, lo que tratamos cuando nos enfrentamos a los problemas es aportar soluciones que los resuelvan, lo que implica que deben ser soluciones prácticas que conduzcan a ese fin, ya se trate de problemas o situaciones diversas. Y lo cierto es que todos los problemas y situaciones admiten muy diversas soluciones, y nos decantaremos por una de ellas, que es posible que veamos otras varias soluciones, pero nos inclinaremos por aquella que se ajusta a nuestra ética; no ya tanto a nuestros intereses, estos también se verían condicionados por nuestra ética, atenderíamos más o menos a ellos condicionados por nuestra ética. Los problemas, mal o bien resueltos, resueltos con una ética adecuada o no, todos alcanzan su solución, entendiendo esta solución como el desenlace del problema. Y si esto es así, creo que es así, que los problemas, más o menos trabajosamente, acaban por solucionarse, encuentran su desenlace; paralelamente a nuestra formación en herramientas, el conocimiento son herramientas, que nos facilitan la resolución de problemas, deberíamos cultivar nuestra ética, y concretamente enfrentarnos a ellos desde la Ética. También, porque pienso que, y quizá alguien en un futuro pueda explicarlo, enfrentándonos a ellos desde la Ética se encuentran las mejores soluciones.
Esto anterior es porque enfrentado a un problema o situación, cuando me dispongo a plasmar mi posición en la hoja, procuro sustraerme de planteamientos éticos, procuro poner el foco en su resolución práctica; entendiendo que, siendo coherente, es la forma más solida de exponerlos, intentando evitar los ataques fáciles argumentando que de nada serviría enfrentarse a ellos desde posiciones éticas si no se alcanza la solución. No quiero decir que no esté obligado a defender mi ética, pero al enfrentarme a situaciones y problemas, para mí cuenta mucho el hacer valer esas soluciones, que ya digo, parten de planteamientos éticos (equivocados o no), no siendo válido argumentar en contra de la solución porque parta de principios éticos.
Un tema que ya apunté en 2011, en mis páginas de usuario en Wikipedia, es el de los préstamos hipotecarios, quizá por eso no ha aparecido en este libro, en las anteriores hojas, aunque puede haber quedado implícito al expresar en varias ocasiones que los bancos no pueden aspirar a otra cosa que no sea recuperar el valor de lo hipotecado, y esto aunque contractualmente se pudiera entender que existen mayores compromisos, mayores compromisos que el propio bien hipotecado.
Un préstamo hipotecario es aquel en el que el solicitante pone como garantía un bien y el prestamista, la entidad financiera, toma ese bien como garantía del cobro de la deuda. Es obligación del prestamista valorar el bien de modo que pueda recuperar su préstamo en caso de su impago. Lo demás, ha sido producto de la situación de dominio de la entidad financiera frente al solicitante y el dejar hacer de las autoridades financieras y de las autoridades del Estado.
Se nos "concede" un préstamo, cuando necesitamos dinero estamos en manos de aquellos que puedan prestárnoslo, y es fácil obligar a aquel que necesita el dinero, a firmar la cláusulas que el prestamista quiera imponerle, más si estas cláusulas las comparten todos o la mayoría de los prestamistas.
El Préstamo hipotecario no es una figura nueva, es quizá el más consolidado de los préstamos, el que haya existido desde los orígenes de esta modalidad de transacción. Probablemente el primer prestamista de la Historia exigiese al que le prestaba dinero, poner como garantía un bien. Y esta modalidad ha conservado su significado hasta escasas décadas.
Las propiedades tienen también ese valor, el de poder ser hipotecadas. Tener una propiedad siempre ha sido motivo de seguridad, saber que si nos fuese mal económicamente podemos hipotecarla, sin otra consideración. Se supone que la vamos a hipotecar cuando no contamos con otra garantía. Habrá bienes que sirvan de garantía y otros que no, pero cuando un bien es hipotecable, sirve de garantía de cobro, el prestamista no puede exigir otra garantía, en él está justipreciar el bien, que también debería ser eso, una valoración justa. Lo otro, pedir avalistas, abrir una cuenta con determinada cantidad de dinero en la entidad que te concede el prestamo, obligar a firmar un seguro con coberturas que al hipotecado no le interesan, y otros posibles extremos que con seguridad se han dado, son abusos de posición.
El titular de un préstamo hipotecario, que tome como garantía un bien, sea este de la naturaleza que sea, no tiene otro derecho más que al bien hipotecado y se bebe conformar con el bien, aunque haya realizado una mala valoración de este bien, que tampoco el hipotecado cuenta en esa valoración.
Y de forma tangencial, para argumentar más sobre las prácticas inmorales de los bancos, su forma de entender lo que es un crédito con avalistas y el tratamiento que dan a los avalistas. Los avalistas avalan el crédito en el caso de que el titular del crédito no pueda pagar ese crédito. La práctica bancaria habitual, me temo, es la de, cuando se deja de pagar un crédito, como saben que cuando un crédito no se paga es porque no se puede pagar, que el tomador tiene dificultades para hacerle frente, saben que les será más fácil ejercer la presión del cobro sobre los avalistas, renuncian a ejercer acciones contra el tomador y abrasan al avalista. En mi opinión, la entidad financiera debería agotar todas las posibilidades de cobro de ese crédito, y agotadas estas, exigir el pago al avalista; lo otro es lo fácil, lo cómodo, lo práctico y lo inmoral; independientemente de que pueda ser legal o no.
Termino la hoja refiriendome a la oportunidad que se ha perdido, y se perderá, de afrontar la solución de un problema sin costos y con una proyección que permitiera que fuese pieza en la solución del conjunto de la crisis económica. Se ha perdido la oportunidad de que la solución del problema de los desahucios pasase a ser el núcleo de toda una serie de acciones que facilitasen la salida de la crisis con eficacia. No voy a exponer lo que pudiera haber significado afrontar la descapitalización de la banca y concretamente las actuaciones sobre los desahucios, las alternativas y actuaciones que se han perdido; porque las tengo en la mente y son muchas, y a poco que se piense, se imagine lo que habría podido significar, los pensamientos se van al territorio de la fantasía.
Fondo: fotografía en Blog en el suelo

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