Source: https://www.unaventanadesdemadrid.com/otras-comunidades/sevilla-castillo-de-san-jorge.html
Timestamp: 2018-07-17 19:11:54+00:00

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El Castillo de San Jorge, sede de la Inquisición en Sevilla durante más de trescientos años, fue derribado en el primer cuarto del siglo XIX. En 1990, aparecieron sus restos al demolerse un viejo Mercado de Abastos existente sobre el solar de la antigua fortificación. Veamos a continuación la historia de este lugar sevillano.
Al parecer, el primer uso que tuvo este terreno fue el de necrópolis1 almohade2 entre los siglos XII y XIII. Durante las excavaciones, se encontraron 229 enterramientos, calculándose que debió de existir al menos un millar de ellos. Las sepulturas consistían en unas fosas sencillas donde se depositaba el cadáver con las piernas flexionadas y mirando hacia el Este, esto es hacia La Meca, siguiendo así el rito musulmán. La aparición de numerosos vasos en el lugar señala la existencia de una clara relación entre el agua y los ritos de fúnebres musulmanes.
Durante el siglo XIII, entre los años 1220 y 1230, los almohades construyen una fortificación sobre el cementerio antes tratado con el fin de proteger el acceso al Puente de Barcas que, cruzando el Guadalquivir, unía esta zona con la ciudad de Sevilla. Hay que tener en cuenta que en 1212 se había producido la victoria cristiana sobre los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa, tras la cual aumentó el ritmo de reconquista cristiana. En 1230, caen Mérida y Badajoz; en 1236, Córdoba, la antigua capital califal; en 1238, Valencia; y en 1248, Sevilla.
Tras la conquista de Sevilla, la fortificación musulmana es entregada a la Orden de los Caballeros de San Jorge, fundándose en su interior una capilla bajo la advocación de San Jorge. Dicho templo constituyó la primera parroquia de Triana3, pasando a ser ermita cuando Alfonso X, en 1276, manda construir la parroquia de Santa Ana.
En el siglo XV, durante la guerra civil castellana por la sucesión en el trono entre los partidarios del rey Enrique IV y su hermano Alfonso, el castillo es lugar de enfrentamientos entre ambos bandos. En 1463, pasa a ser propiedad del Marqués de Medina Sidonia durante un corto período de tiempo, antes de volver a manos de la corona durante el reinado de los Reyes Católicos (Isabel I, reina de Castilla entre 1474 y 1504 y su marido Fernando II, rey de Aragón entre 1479-1516).
En 1481, los monarcas ceden la fortificación al Tribunal de la Santa Inquisición, que estableció allí su primera sede, ocupándola durante más de trescientos años. En 1785, dadas las precarias condiciones del castillo, muy deteriorado por las continuas crecidas del río Guadalquivir, la Inquisición se traslada al que había sido colegio jesuita de las Becas, lugar en el que se mantuvo hasta su desaparición entre los años 1800 y 1803.
Tras el anterior abandono, el Estado cede el edificio a perpetuidad a la ciudad de Sevilla, cuyo Ayuntamiento lo derriba y explana el solar, utilizándolo hasta 1822 como almacén de grano. Es entonces cuando se construye el Mercado Municipal de Abastos, siendo recortado entre los años 1845 y 1852 de su extremo Sur para construir el actual Puente de Isabel II. Y sin más cambios de importancia se mantiene hasta 1990, año en que, como dijimos al principio, se derriba el antiguo mercado para construir uno nuevo, apareciendo los restos de la antigua sede del Tribunal de la Inquisición que vamos a ver a lo largo de este repotaje.
Localización: Plaza del Altozano, s/n - Mercado de Abastos de Triana.
Una vez tratada la historia del Castillo de San Jorge, pasemos a su interior por la entrada situada entre el Mercado de Triana y el Puente de Isabel II que podemos ver en la fotografía inicial. Dentro, encontramos primero el mostrador de recepción, donde se nos facilita amablemente información sobre la visita, además de contar con guías y audioguías.
Comencemos, pues, el recorrido por este recuperado testigo del pasado sevillano.
Dejamos atrás la recepción y pasamos a la Sala Sensorial, donde experimentaremos, mediante imágenes y sonidos, las sensaciones asociadas al hecho de ser sujeto del Juicio de Valor y de las coacciones incontrolables inherentes a éste; de los Abusos de Poder y la sensación de indefensión ante él; y, finalmente, de lo solas que pueden llegar a quedarse las Víctimas. Para ello, la sala se encuentra dividida en tres espacios diferentes interrelacionados a través de las repeticiones de imágenes y objetos que se nos presentan de distintas formas.
Al tratarse estos tres temas de forma intemporal sin estar asociados a ninguna época histórica en particular, se busca que el visitante pueda reflexionar más libremente sobre lo experimentado en esta sala.
Desde la Sala Sensorial, llegamos hasta la escalera que comunica con la planta inferior, lugar donde se encuentran las ruinas del castillo. Antes de bajar, vemos un gran mural formado por distintas imágenes relacionadas con la Inquisición; en él, se reflexiona cómo el Juicio de Valor, el Abuso de Poder y las Víctimas que éstos dejan son algo propio del pasado, del presente y del futuro.
Este espacio es un último recordatorio de lo que significó el lugar hacia el cual vamos a descender. Y es que los restos que recorreremos a continuación son los del Castillo de San Jorge, considerado el símbolo de la Inquisición en la ciudad de Sevilla.
Una vez que bajamos por la escalera, llegamos hasta el camino delimitado en su parte exterior por la barbacana4 del castillo y, en el interior, por las fachadas de los edificios que lo delimitaban. Aquí comienza una pasarela expositiva que convierte nuestro recorrido por la antigua fortaleza en una visita guiada.
En este primer espacio, se ha colocado una serie de paneles explicativos con la historia del castillo, unas vitrinas que contienen los restos arqueológicos en él encontrados y una maqueta de aluminio de cómo era el edificio durante el siglo XVIII.
Cuando el Puente de Barcas se encontraba impracticable, normalmente debido a las grandes avenidas5 del río, la entrada al castillo se hacía por la Puerta de Barcas. Hasta sus inmediaciones, llegaban las embarcaciones que contenían las provisiones necesarias al otro lado de los muros, llevando a los familiares de los presos y a los abogados de los mismos, o a los alguaciles y delatores.
Sin embargo, cada año las riadas6 obligaban a paralizar las actividades del tribunal debido a los grandes destrozos que provocaban en las instalaciones. El agua entraba a través de las alcantarillas, puertas y ventanas, derribando los muros a su paso y llegando a subir hasta una altura de la segunda planta. Tras de sí, dejaba una capa de lodo insano y maloliente que necesitaba de una urgente limpieza.
Desde la pasarela, podemos observar el río y la ciudad a través del cristal que en la actualidad sirve de puerta. Delante de él, un panel nos informa de los diferentes lugares de Sevilla relacionados con la Inquisición: el Convento de San Pablo, primera sede de la Inquisición, tanto en esta ciudad como en el resto de España; el Castillo de San Jorge, siguiente sede; las Plazas de San Francisco y de San Marcos, donde se realizaban Autos de Fe7, lo mismo que ocurría en la Parroquia de Santa Ana; los Quemaderos8 del Prado de San Sebastián; y finalmente, el Colegio de Becas, situado al final de la Alameda y también sede de la Inquisición.
Una vez dejada atrás la Puerta de Barcas, el primer elemento que vamos a encontrarnos son los restos de las cuadras donde se guardaban las mulas que utilizaban los inquisidores para sus desplazamientos.
A dichas cuadras se podía acceder directamente desde la calle y se han conservado cinco puestos de amarre, así como un pozo junto a su pilón, en el cual bebían las caballerías antes citadas.
Enfrente de las cuadras, estaba la Casa del Portero, el cual, junto a su mujer, tenía encomendadas labores de vigilancia y servicios tales como controlar las entradas y salidas de las personas que acudían ante el tribunal, abrir las puertas por la mañana y cerrarlas por la noche, y encargarse del aseo y la limpieza de la audiencia. Su vivienda es una típica casa andaluza de dos alturas con un pequeño patio central. La cocina, la despensa y la leñera se encontraban en la planta inferior, y los dormitorios, en la superior, existiendo una escalera exterior que servía de comunicación entre ambas.
Los porteros, en la Inquisición, tenían la dignidad de oficiales menores, los cuales se ocupaban de aquellos puestos de trabajos simplemente mecánicos9. Eran los de menor remuneración económica y su nombramiento correspondía a los inquisidores de cada tribunal. Otros oficios menores eran barberos, capellanes, carceleros, cirujanos, despenseros, médicos, nuncios y relojeros.
El Despensero era el encargado de la alimentación de los presos. Para ello, preparaba la comida y apuntaba los gastos de alimentación en el particular "libro del despensero", un documento hoy de gran importancia para saber los precios de los alimentos y de otros objetos como ropa, botones, hilos, etc. en todo el Imperio español. Su sueldo dependía del número de prisioneros, de esta manera, y según las disposiciones de Fernando "el Católico", disponía de un máximo de dos maravedíes10 por preso. Más adelante, a partir de 1536, el Consejo de la Inquisición estableció un sueldo fijo de dos mil maravedíes anuales.
El Nuncio tenía las misiones de hacer llegar los avisos y mandatos de los inquisidores, recordar a aquellos que tenían deudas (multas) con el tribunal el momento de su pago y el traslado de correspondencia de la Inquisición. Si para el cumplimiento de estas obligaciones debía trasladarse hasta otra ciudad, el tribunal le pagaba los gastos por ello ocasionados.
En la imagen, vemos en primer plano el patio y, al fondo a la izquierda, los restos de la escalera.
Seguimos adelante por la pasarela hasta llegar a una bifurcación, en donde tomamos el camino de la izquierda, el cual nos llevará hasta las Casas del Nuncio y del Notario. Las Casas del Nuncio, o Delegado Papal, y del Notario del Secreto eran dos viviendas adosadas: una, con fachada al interior de la fortaleza, y la otra, al río. Tenían dos plantas de altura y un patio andaluz con escalera.
El Notario de Secreto era un oficial de rango medio cuya misión era la de anotar las declaraciones de los acusados y testigos. Este grupo de oficiales se encargaba de los trabajos burocráticos y formaba el grupo más numeroso. Otros oficiales medios eran los Alguaciles, Alcaldes, Alcaldes de la Penitencia, Jueces de Bienes y Notarios del Secuestro. Veamos a continuación las funciones de cada uno de ellos.
El Alguacil era nombrado por los inquisidores y formaba el cuerpo armado del tribunal. Era el encargado de la detención del acusado, acudiendo para ello hasta su vivienda junto al Notario de Secuestros y el Receptor. Igualmente, se encargaba de la persecución de los reos que huían y de recoger a los presos condenados en otras ciudades de su distrito. Si para ambas misiones necesitaba de la ayuda de más personal, éste era contratado por el tribunal. Hubo momentos en que la Inquisición tuvo que recurrir a la venta de cargos para poder mejorar su maltrecha economía; entre estos puestos en venta existió el de Alguacil de Vara, un título honorífico sin funciones reales.
Los Alcaldes eran los carceleros y se ocupaban de la alimentación de los presos.
El Alcalde de la Penitencia era un puesto creado a partir de 1570 para vigilar que los condenados cumplían las penitencias que les habían sido impuestas.
El Juez de Bienes se ocupaba de las propiedades confiscadas a los acusados.
El Notario de Secuestros era un cargo ocupado normalmente por bachilleres cuyo nombramiento correspondía al Inquisidor General. Su función era la de estar presente en el acto de secuestro para levantar un acta en la que se reflejaran todos los bienes del reo que, desde ese momento, pasaban a estar embargados. El documento debían firmarlo el Notario de Secuestros, el Receptor y el Alguacil.
Cerca de las anteriores viviendas, veremos, ya al final de este tramo del recorrido, un cartel donde se nos informa de la situación al otro lado del muro que tenemos delante de las Casas de los Familiares.
Éstos eran, junto a los calificadores, el único personal que, a cambio de sus servicios, no recibía sueldo de la Inquisición, aunque sí disfrutaba de los mismos privilegios y franquicias11 que el resto del personal. Veamos ahora la labor que ambos llevaban a cabo.
Los familiares eran un colectivo de la Inquisición española cuyos orígenes se encuentran en la Inquisición medieval. Su misión era la de confidentes12 de inquisidores y comisarios, desempeñando socialmente el papel del ciudadano modelo que la Inquisición quería implantar en la sociedad. Aunque el hecho de desempeñar un cargo por el que no se recibía ningún sueldo puede hacernos creer que era un puesto poco solicitado, la realidad es todo lo contrario, ya que para algunos sectores sociales era un motivo de honra y prestigio el desempeñar dicho puesto porque se aseguraban un estatuto de limpieza de sangre13, poder llevar armas y sólo ser juzgados por la Inquisición.
Los candidatos debían reunir las siguientes características:
- Haber cumplido 25 años.
- Tener unos antepasados libres de toda sospecha de conversos o herejes.
- Ostentar una reputación de alguien "quieto, pacífico, de buena vida y buenas costumbres".
- Ser respetados y estimados por los vecinos del lugar de residencia.
- Estar casados con una mujer honesta, de honra probada y con unos antepasados en los que igualmente no existieran conversos o herejes.
- Profesionalmente, no tener ninguna de las siguientes ocupaciones: carniceros, pasteleros, zapateros, u otros oficios de naturaleza similar.
Los familiares ocupaban el último puesto dentro de la estructura inquisitorial, debiendo existir uno por cada doscientos vecinos. Aunque el número de miembros no fue siempre el mismo, siendo modificadas sus cifras tanto por Fernando "el Católico" como por Carlos V, Felipe II estableció, en 1568, el número definitivo de miembros de cada Tribunal Inquisitorial, correspondiendo al de Sevilla, al igual que a los de Toledo y Granada, un total de 50 familiares.
Los calificadores eran, tal y como mencionamos antes, el otro colectivo que servía a la Inquisición sin recibir ningún sueldo por ello. Su misión era la de dictaminar, desde un punto de vista cultural e ideológico, la ortodoxia14 de libros, pinturas, esculturas, etc. Cada Tribunal contaba con sus propios calificadores en número variable, aunque estaba establecido que la cifra no debía ser superior a ocho. Debido al prestigio de este puesto y a la posible influencia política que con él podía lograrse, las órdenes religiosas rivalizaron en monopolizar estas ocupaciones, siendo clamorosa la lucha, a veces nada soterrada16, existente entre dominicos y jesuitas durante el siglo XVII por ocupar la mayoría de dichos puestos. Un enfrentamiento del que participaron, posicionándose a favor de una u otra, las demás órdenes religiosas y la sociedad cortesana. De él, saldrían ganadores los jesuitas, algo lógico al contar con el apoyo del Conde - Duque de Olivares, Valido17 de Felipe IV. Los dominicos se vieron así mermados de una parte de su influencia ideológica y social que ya no volverían a recuperar.
Volvemos atrás y nos desviamos hacia nuestra izquierda para llegar hasta la antigua Sala de Audiencias Secundarias, o menores, ya que de las que fueron principales no ha quedado nada. En esta sala es donde el Fiscal leía, en presencia de inquisidores, notarios y secretarios, los cargos de los que se culpaba al acusado. Su construcción se realizó en 1485 y estos restos son los únicos que se han conservado en España de un edificio de este tipo.
Ha sido este lugar el escogido para teatralizar, y así resaltar, los tres temas en torno a los cuales se articula la exposición: el Juicio de Valor (prejuicios) y el Abuso de Poder al que aquel puede conducir, así como las Víctimas que ambos ocasionan. Para ello y a través de medios audiovisuales, asistiremos a un proceso inquisitorial en el que Marcela, una joven, guapa y rica viuda, es falsamente acusada y, tras varios años presa, condenada a la hoguera. El narrador termina la historia contándonos que... Aunque quizás sea mejor asistir a la función en el Castillo de San Jorge y no desvelar aquí el final de la historia.
Veamos a continuación las fases de que constaba un proceso inquisitorial típico:
- Su Inicio venía precedido de una delación18 o una inquisición (investigación).
- En el Edicto de Fe, o Edicto de Gracia, se pronunciaba un sermón19 en el que se avisaba de que se daba un tiempo de gracia para que todo aquel que estuviera cometiendo herejía se confesara de manera voluntaria, evitando así el castigo, incitando a la par a que lo denunciase aquel que tuviera conocimiento de ello. El que confesara tendría un juicio rápido y normalmente sería condenado sólo a pagar una multa.
- La Calificación y Acusación era la fase que venía tras la denuncia. En ella, se presentaban los hechos motivo de acusación ante un grupo de teólogos que, tras su estudio, lo calificaban o no de herejía. Si se consideraba que las pruebas eran suficientes para dicha acusación, es cuando se procedía a la detención del acusado.
- La Clamosa era la etapa que trascurría a continuación de la detención del acusado. Inmediatamente, se confiscaban sus bienes, no se le informaba del motivo de la detención y se guardaba secreto sobre la identidad de los testigos. El "día que así lo dispongan los inquisidores", el preso era llevado ante el tribunal, donde la primera vez se le preguntaba por su identidad, la de sus antepasados y demás familiares, dónde y con quién se confesó por última vez, etc. A continuación, se le pedía que confesara su culpa y el motivo de su detención. Si no confesaba nada, se repetía esta última escena hasta un total de tres veces a lo largo de varias semanas. Si seguía sin confesar, era cuando el Fiscal presentaba las acusaciones.
- En la Audiencia, el Fiscal leía los cargos y se le pedía de manera inmediata al acusado, sin que éste tuviera tiempo para hablar con abogados ni preparar su defensa, que contestara a las acusaciones que se formulaban contra él. Es a continuación cuando se le daba permiso para que preparara su defensa. Para ello, el acusado sólo podía actuar nombrando como sus enemigos a aquellos que lo habían acusado; poner objeciones en contra de los jueces que le hubieran tocado; o presentar a testigos favorables, lo cual se denominaba "proceso de abonos". El proceso se desarrollaba a lo largo de una serie de audiencias en las cuales, tanto la acusación como la defensa, presentaban sus argumentos, llevando a cabo los inquisidores unos interrogatorios en los que se contaba con la presencia de un notario.
- La fase de Tormento se llevaba a cabo sólo cuando los inquisidores lo consideraban necesario. Para eso, el acusado era torturado con el potro20, al cual se le ataban los tobillos y las muñecas. No solía haber más de una sesión de tormentos, tomando los inquisidores de manera positiva la no confesión del acusado.
- El momento de la Sentencia llegaba tras las argumentaciones finales de acusación y defensa, que es cuando se daba por finalizado el caso y llegaba la hora de dictarla. Para ello, se constituía una Consulta de Fe, de la que formaban parte los inquisidores, un delegado del obispado y varios licenciados en teología (calificadores), o leyes (consultores), debiendo votar todos ellos.
- Una vez que se dictaba la Sentencia, se llegaba al final del proceso, el Auto de Fe, en el que, de manera ceremonial, se anunciaban las sentencias y se imponían los castigos. Pero en contra de una opinión bastante extendida, no era en esta ceremonia donde se quemaba a los condenados; eso sucedía en otro lugar, de nombre tristemente expresivo, hasta donde eran llevadas las pobres víctimas de tan inhumana acción, el Quemadero.
Continuamos nuestro trayecto por la pasarela y los siguientes restos a los que llegamos serán los de la Capilla de San Jorge. Este templo, situado dentro del castillo, fue utilizado por los inquisidores para oficiar la Santa Misa y asistir a ella, algo esto último que hacían desde una tribuna entonces existente en su interior. El pueblo podía acudir también a la celebración de los sagrados oficios. Y es que no olvidemos, como dijimos anteriormente, que ésta fue la primera parroquia con la que contó Triana.
La anterior advocación de San Jorge que tenía la capilla cuando fue entregada junto al resto de la fortificación a la Inquisición fue mantenida por ésta última, quizás por tener ambos, el Santo y dicha institución, el mismo enemigo: el Mal, personificado en el caso del Santo en un dragón al que, tras enfrentarse a él, venció y mató.
Del templo se han conservado algunos restos del pórtico21 exterior y parte de la nave, con la base de altar, y la sacristía. En la foto, presentamos parte de dichos restos; en particular, tras el vano22 que vemos delante y hacia la derecha, se encontraba el pórtico, situándose el resto del edificio a su izquierda.
Por detrás de la capilla, se encuentra el muro que podemos ver al fondo de la imagen; tras él, se situaban las cárceles bajas de la Inquisición, situadas junto a la hoy Calle de San Jorge. Estas celdas eran pequeñas, oscuras y disponían de un pequeño jardín. En el interior de la fortaleza, se contabilizaban un total de entre 26 y 30 cárceles llamadas "secretas" y otras 12 cárceles altas situadas en las hoy desaparecidas torres del castillo, siendo de destacar entre estas últimas la Torre de San Jerónimo, donde se situaba la "cámara del tormento". Esta última torre lindaba con el lugar que hoy ocupa la Plaza de Callao. Las torres fueron derribadas en su momento junto al resto del castillo y las cárceles secretas desaparecieron, primero, con la construcción del mercado en 1821, y los restos que quedaban en 1990, con el aparcamiento subterráneo del nuevo mercado construido en dicho año.
A la derecha, se expone una Galería de Personajes en la que aparecen una serie de personas procesadas por la Inquisición, así como algunos inquisidores especialmente crueles. De entre todas las víctimas, hemos seleccionado para contar aquí la historia del converso Constantino Ponce de la Fuente, colaborador de Carlos I y elegido, previa intervención del Vaticano, como canónigo23 magistral de Sevilla, para lo cual contó además con el apoyo del Cabildo catedralicio. Lamentablemente, tenía como enemigo al poderoso Inquisidor General y Arzobispo de Sevilla Fernando de Valdés, el cual se cree que fue nombrado para ocupar dichos cargos con el fin de apartarlo de la Corte, ya que anteriormente había sido Presidente del Consejo Real. Valdés intentó encontrar algún error en la ortodoxia de Ponce de León y, tras acusarlo de Luterano en 1558, censurar y quemar sus libros, lo detiene y encierra en este Castillo de San Jorge, en donde murió antes de que se dictase sentencia contra él. Cuando ésta se proclama, es condenado a ser quemado en la hoguera, para lo cual sus restos son desenterrados y quemados el 22 de diciembre de 1560 junto a otras personas sevillanas de religión protestante.
El conjunto de edificaciones existentes en el interior del Castillo de San Jorge hacían de éste una auténtica ciudadela27. Gran parte de dichos edificios aprovechaban los muros de la fortificación para apoyar uno de sus laterales mientras adecuaban sus fachadas a las calles existentes en el interior de la misma. Éstas partían de cada una de las tres entradas del recinto e iban a converger en el centro del mismo, situado a la altura de la capilla.
El empedrado de dichas vías era similar al de las calles sevillanas del siglo XVII, algo que podemos observar a todo lo largo del recorrido, durante el cual también veremos cómo la pendiente de las mismas descendía hacia el río con el fin de aprovecharlo para desaguar en él.
Dentro del área de servicio de la Casa del Primer Inquisidor, encontramos la cocina y el pozo, situados ambos junto a un patio y un amplio salón, utilizado quizás este último de comedor.
El combustible que se utilizaba era carbón vegetal, al que se avivaba en su quema mediante el uso de soplillos28, un elemento utilizado en algunas partes de España hasta mediados del pasado siglo XX.
A la izquierda de la foto vemos en primer plano los tres fogones de que disponía la cocina.
Las ruinas que ahora vemos pertenecen a la que fue Casa del Primer Inquisidor, una construcción de dos plantas que, conforme a la dignidad de su huésped, destacaba sobre el resto de las otras viviendas de la ciudadela, ocupando además una inmejorable posición enfrente de la ciudad. Poseía torre mirador, grandes salones, cuadras, bodega, cocina independiente, despensa y pozo.
En la imagen, vemos el patio (ocupado por sillas) de la vivienda, mientras que en un montaje audiovisual se nos representa la vivienda completa.
Los Inquisidores, al igual que los Contadores, Fiscales y Receptores, tenían la categoría de oficiales mayores. Veamos pues las características de cada uno de dichos puestos.
Los Inquisidores, como responsables del buen funcionamiento del tribunal, tenían mayores atribuciones que cualquier oficial mayor. Previa consulta del Consejo, podían nombrar al resto de cargos que formarían parte del tribunal y vigilar el comportamiento de todos sus miembros. Igualmente, eran los encargados de dictaminar sobre las causas de fe. Su elección dependía del Inquisidor General, tras propuesta previa del Consejo, y el número era de dos o tres por tribunal. Debían de estar ordenados "in sacris"29 y se prefería a los licenciados, o doctores en leyes, antes que a los que lo eran en Teología. En cuanto a su reputación social, ésta debía ser la propia de personas amables, honradas, piadosas, recogidas, etc. A pesar del amplio poder que tenían, estaban controlados por una serie de leyes muy estrictas:
- No comentar ni intervenir en asuntos que no fuesen de su distrito.
- Actuar igual en todos los distritos de la Inquisición.
- Debían actuar "según el estilo y costumbre que siempre han guardado", por lo que no podían modificar ninguna forma de proceder del Santo Oficio.
- En los asuntos de importancia, era obligatoria la actuación de los dos inquisidores a la vez, estando igualmente prohibido que un solo inquisidor juzgase a un preso.
- Debían trabajar seis horas diarias en la Audiencia.
- Eran controlados por el "Visitador", el cual realizaba visitas periódicas a los tribunales para comprobar el fiel cumplimiento de las normas.
El Fiscal era nombrado por el Inquisidor General entre licenciados, o doctores en leyes. Sus funciones fueron delimitadas por los propios inquisidores:
- "Asistir mucho a las causas de fe, a su introducción, prosecución y resolución".
- "Cuidad de que se ejecuten las cartas acordadas".
- "Estar con todas atención al despacho de las informaciones de limpieza".
El Receptor era la persona encargada de llevar las cuentas del tribunal. El nombramiento se realizaba entre bachilleres mediante "cédula real"30. Para el control de las cuentas, éstas se anotaban rigurosamente en los llamados "libros de receptoría". Sus obligaciones eran:
- Recaudador del Fisco de la Inquisición.
- Pagador de las deudas del Tribunal Inquisitorial.
El oficio de Contador General fue creado para la Inquisición de Castilla por el Cardenal Cisneros en 1507, cuando el consejo y la jurisdicción del Santo Oficio se dividió entre los reinos de Castilla y Aragón. Anteriormente, las obligaciones de dicho puesto las había realizado el Receptor. Cuando se unieron en 1518, quedaron dos contadores, uno para Castilla y otro para Aragón, que recorrían los diferentes tribunales de la Inquisición de sus respectivos reinos revisando las cuentas de los Receptores. Debido a la gran extensión de terreno a recorrer por cada uno de ellos, no podían realizar esta revisión de manera anual como estaba reglamentado. La reforma de Fernando de Valdés insistió en dicha obligación, nombrando para ello contadores en cada tribunal. Sin embargo, debido a lo prolijo de las cuentas (bienes confiscados que se vendían y se cobraban a plazos, atrasos en los censos, no se pagaba a la par a todos los oficiales, etc.), se estableció en 1607 que las cuentas estuviesen terminadas en el mes de abril del año siguiente al contabilizado. Finalmente, en 1562, el contador se convirtió en un funcionario extraordinario sin sueldo fijo y con una percepción del dos por ciento de los ingresos contabilizados.
Las casas principales de cualquier ciudad de entonces disponían en su interior de unos almacenes subterráneos conocidos como bodegas, o fresqueras, en donde la humedad, luminosidad y temperatura se lograban mantener de forma estable, colaborando así en lograr unas mejores condiciones para el almacenamiento y conservación de los alimentos. En ellas, se solían guardar, entre otros, aceites, chacinas31, quesos y vino.
En la foto, vemos la bodega abovedada32 de la casa del Primer Inquisidor. Además del acceso situado en la planta superior, por el que hemos bajado hasta ella, contaba con otra salida secundaria que comunicaba directamente con la ribera del río. Dicho trayecto se encuentra en la actualidad inutilizado por la existencia de un patio de una vivienda. Aún así, es posible, gracias a un hueco en el lado exterior, divisar parte del lienzo original de dicha salida.
Llegamos al final del recorrido, donde encontramos el Panel de la Reflexión, en donde, sin tener la intención de caer en el adoctrinamiento, se nos exponen algunos artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos relacionados con los tres temas sobre los que ha versado el recorrido, el Juicio de Valor, el Abuso de Poder y la soledad de las Víctimas. Hablamos de los artículos 2, 5, 9, 11, 17, 18 y 1933.
Aquí podemos reflexionar acerca de cómo a lo largo de la historia de la civilización ha existido una voluntad de legislar sobre dichos temas, a la par que se produce un constante incumplimiento de lo legislado.
Una vez dejado atrás el Panel de la Reflexión y superado un espacio en el que se nos facilita obtener información del museo vía bluetooth, llegamos a la salida. Por ella, accedemos hasta el mercado, bajo el cual se extienden las ruinas del Castillo de San Jorge y donde podemos seguir observando partes del mismo en la salida Norte y en el lateral Oeste.
La imagen que mostramos es la del lienzo de la muralla original que encontramos cuando subimos hasta el mercado.
Para finalizar este recorrido por el recinto inquisitorial, hemos escogido una foto del Callejón de la Inquisición, situado al Oeste Noroeste de las ruinas del Castillo de San Jorge. Hasta la aparición de los restos de éste último, él fue el único vestigio de que en sus inmediaciones había estado situado, durante más de trescientos años, el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.
En "una Ventana desde Madrid" queremos dar las gracias por la información facilitada a Doña Pepi Garrido, de la Oficina de Turismo de Sevilla (Castillo de San Jorge), y a Doña Paula López Magarzo, de la Oficina de Turismo de Sevilla, por ayudarnos a encauzar nuestra petición de la misma en la dirección adecuada. También agradecemos al personal de recepción, así como a los trabajadores de seguridad, la atención y ayuda prestadas en el momento de hacer las fotografías.
- 1 Necrópolis: Cementerio de gran extensión, en que abundan los monumentos fúnebres. ↑
- 2 Almohade: Se dice del seguidor de Aben Tumart, jefe musulmán que en el siglo XII fanatizó a las tribus occidentales de África y dio ocasión a que se fundase un nuevo imperio con ruina del de los almorávides. ↑
- 3 Triana: En la actualidad, Triana es tanto un barrio de Sevilla como uno de los once distritos en que se divide la ciudad. Tiene el mismo nombre que el antiguo barrio sevillano que se encontraba separado del núcleo histórico de la ciudad por el río Guadalquivir. Este lugar era la última línea de defensa antes de alcanzar las murallas de Sevilla. ↑
- 5 Avenida: Creciente impetuosa de un río o arroyo. ↑
- 6 Riada: Avenida, inundación, crecida. ↑
- 7 Auto de Fe: Acto público consistente en escuchar las sentencias impuestas a los reos por el Tribunal de la Inquisición, no la consumación de dichas sentencias. ↑
- 8 Quemadero: Lugar destinado antiguamente para quemar a los sentenciados o condenados a la pena de fuego. ↑
- 9 Oficios mecánicos: Dicho de un oficio o de una obra: Que exige más habilidad manual que intelectual. ↑
- 10 Maravedí: española, efectiva unas veces y otras imaginaria, que ha tenido diferentes valores y calificativos. ↑
- 11 Franquicia: Exención que se concede a alguien para no pagar derechos por las mercaderías que introduce o extrae, o por el aprovechamiento de algún servicio público. ↑
- 12 Confidente: Fiel, seguro, de confianza. // Persona a quien otra fía sus secretos o le encarga la ejecución de cosas reservadas. // Persona que sirve de espía, y trae noticias de lo que pasa en el campo enemigo o entre gentes sospechosas. ↑
- 13 Limpieza de Sangre: Circunstancia de no tener antepasados moros, judíos, herejes ni penitenciados, que antaño se exigía para determinados fines. ↑
- 14 Ortodoxia: Entre católicos, conformidad con el dogma15 católico. ↑
- 15 Dogma: Doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada por la Iglesia. ↑
- 16 Soterrada: Esconder algo. ↑
- 17 Valido: Hombre que, por tener la confianza de un alto personaje, ejercía el poder de este. ↑
- 18 Delación: Acusación, denuncia. ↑
- 19 Sermón: Amonestación o reprensión insistente y larga. ↑
- 20 Potro: Aparato de madera en el cual sentaban a los procesados, para obligarles a declarar por medio del tormento. ↑
- 21 Pórtico: Sitio cubierto y con columnas que se construye delante de los templos u otros edificios suntuosos. ↑
- 22 Vano: Parte del muro o fábrica en que no hay sustentáculo o apoyo para el techo o bóveda; por ejemplo, los huecos de ventanas o puertas y los intercolumnios. ↑
- 23 Canónigo: Eclesiástico que tiene una canonjía24. ↑
- 24 Canonjía: Prebenda por la que se pertenece al cabildo25 de iglesia catedral o colegial. ↑
- 25 Cabildo: Cuerpo o comunidad de eclesiásticos capitulares26 de una iglesia catedral o colegial. ↑
- 26 Capítulo: Junta que hacen los religiosos y clérigos regulares a determinados tiempos, conforme a los Estatutos de sus órdenes, para las elecciones de prelados y para otros asuntos. ↑
- 27 Ciudadela: Recinto fortificado en el interior de una ciudad. ↑
- 28 Soplillo: Estera pequeña y redonda, comúnmente de esparto, con mango o sin él, que se usa para avivar el fuego. ↑
- 29 Ordenado "In Sacris": Se dice de quien ha recibido el orden sagrado (gracia sacerdotal). ↑
- 30 Cédula Real: Despacho del rey, expedido por algún consejo o tribunal superior, en que se concedía una merced o se tomaba alguna providencia. ↑
- 31 Chacina: Carne de cerdo adobada de la que se suelen hacer chorizos y otros embutidos. // Embutidos y conservas hechos con esta carne. ↑
- 32 Abovedada: Curvo o arqueado. ↑
- 33 Artículos 2, 5, 9, 11, 17, 18 y 19: Artículo 2: Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna. Artículo 5: Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Artículo 9: Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Artículo 11: Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad. Artículo 17: Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente. Artículo 18: Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Artículo 19: Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. ↑
- 34 Cátaro: Perteneciente o relativo a varias sectas heréticas que se extendieron por Europa durante los siglos XI-XIII, y pregonaban una extremada sencillez en las costumbres como principio religioso fundamental, o relativo a ellas. ↑
- 35 Judeoconverso: Converso al cristianismo procedente del judaísmo. ↑
- 36 Clero: Clase sacerdotal en la Iglesia católica. ↑
- 37 Bigamia: Estado de un hombre casado con dos mujeres a un mismo tiempo, o de la mujer casada con dos hombres. ↑
- Lunes a viernes de 09:00 a 13:30 y de 15:30 a 20:00
- Sábados, Domingos y festivos de 10:00 a 14:00
AUTOBÚS: Línea 43, parada Nº12 de San Jorge, dirección Altozano.
COCHE: Plaza del Altozano, s/n.
Estos datos se han tomado, en abril de 2013, de la información que facilita en la web oficial la Oficina de Información Turística del Castillo de San Jorge, no haciéndose una Ventana desde Madrid (uVdM) responsable de las posibles modificaciones de horarios y otros datos que puedan llevar a cabo en el futuro los organismos aquí citados.
- Revista ph, Nº78, mayo 2011, Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, ISSN 1136-1867, Depósito Legal: CA-267-1994.
- Dossier, guía y otra documentación del Castillo de San Jorge facilitados amablemente por la Oficina de Turismo de Sevilla.
- José Martínez Millán: La hacienda de la Inquisición (1478-1700), Editorial Instituto Enrique Flórez, ISBN: 84-00-05709-0, Depósito legal: M 21355-1984.
Los orígenes de la Inquisición, en contra de una opinión ampliamente extendida, no se encuentran en España, ya que dicha institución la fundó el Papa Lucio III (1181 - 1185) para luchar contra la herejía de los cátaros34 existente en el Sur de Francia. Igualmente, durante la Edad Media existieron tribunales inquisitoriales en varios reinos cristianos de Europa, destacando por su actividad los del Norte de Italia y Sur de Francia.
En España, los Reyes Católicos fundaron la Inquisición en 1478, quedando bajo el control de la monarquía española. Primero, se instaló en Aragón y, a continuación, en Castilla. Cabe destacar que al ser un tribunal eclesiástico, éste sólo tendría autoridad para juzgar a cristianos bautizados.
En cuanto a los motivos para su fundación, no se ha deducido aún una causa concreta, esgrimiéndose diferentes objetivos como pueden ser:
- lograr la unidad política y religiosa de sus estados;
- controlar a la demasiado independiente nobleza local;
- terminar con la minoría judeoconversa35;
- y/u obtener financiación económica para continuar la guerra contra los "infieles" (Granada, el último reino musulmán de la Península, no sería conquistada hasta 1492).
En el reino castellano, se crearon los siguientes tribunales permanentes de la Inquisición: Sevilla y Córdoba, en 1482; Toledo y Llerena, en 1485; Valladolid y Murcia, en 1488; Cuenca, en 1489; Las Palmas de Gran Canaria, en 1505; Logroño, en 1512; Granada, en 1526; y Santiago de Compostela, en 1574. En América, se crearon los tribunales de Lima y México en 1569 y de Cartagena de Indias en 1610.
Veamos ahora sobre qué grupos o causas solía actuar la Inquisición.
En 1492, tras la conquista del reino nazarí de Granada, los Reyes Católicos decretan la expulsión de los judíos de todos sus estados a menos que se bautizaran. El motivo utilizado para ello era que el hecho de permanecer cerca judíos y judeoconversos hacía que éstos siguieran manteniendo su anterior religión judía. De unos ochenta mil judíos, la mitad se quedó en España al elegir ser bautizados, pudiendo por lo tanto ser juzgados por los tribunales inquisitoriales.
Los moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo) fueron otro de los grupos perseguidos por la Inquisición, aunque de una forma algo menos dura que con los judeoconversos. De todas formas, con la expulsión de aquellos, decretada por Felipe III en 1609, desapareció la mayor parte de ellos (varios cientos de miles) del territorio español.
Otros grupos o delitos perseguidos por el tribunal inquisitorial fueron la brujería, la blasfemia, poner en duda tanto la presencia de Cristo en la Eucaristía como la Virginidad de María, atacar con palabras al clero36, defender que las relaciones sexuales entre personas solteras no eran pecado, la homosexualidad, el bestialismo y la bigamia37.
Entre algunos historiadores, existe la opinión de que el Tribunal de la Inquisición terminó siendo un arma xenófoba que fue cambiando sus objetivos según éstos iban desapareciendo. Así, cuando el número de conversos judíos y de protestantes era escaso, pasó a fijar su atención en los moriscos portugueses de Sevilla. Se llegaron a enjuiciar a personalidades de la Iglesia católica como Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, o Santa Teresa de Jesús. Éstos no fueron quemados ni ejecutados, pero alguno sufrió prisión y todos vieron censurados sus escritos y obras. Finalmente, la institución fue abolida en 1834, durante el reinado de Isabel II.
Para terminar, diremos que últimamente existe una revisión de la consideración que se ha tenido hacia la Inquisición española, comenzando a revelarse que ésta actuaba de manera más justa y menos cruel que la justicia civil imperante entonces tanto en España como en el resto de Europa, o que otros tribunales religiosos europeos.
Dentro de lo que fue la historia de la Inquisición en España, Sevilla fue un lugar destacable ya que sería en esta ciudad se establecería, en 1480, el primer Tribunal de la institución. Se dice de él que durante sus primero cincuenta años fue tan efectivo en su proceder que hubo de bajar su ritmo de trabajo ya que no existían ni dinero, ni cárceles suficientes para tantos presos. En la actual Tablada, es donde tenía el tribunal los quemaderos en donde ejecutaba a los condenados, siendo el año 1781 cuando se ejecutó al último procesado.
Los primeros prisioneros fueron encerrados en el convento dominico de San Pablo el Real, actual Iglesia de la Magdalena. En él, existe el fresco de Lucas Valdés "El Suplicio de Diego Duro" donde aparecen representados un auto de fe y un condenado trasladado al quemadero. Esta escena se identifica con la ejecución del mercader de Osuna Diego López Duro. Posteriormente, durante el período en que Fernando Valdés Salas fue Inquisidor General (1547-1566), se trasladó la sede sevillana hasta el Castillo de San Jorge en busca de un mayor espacio, permaneciendo allí hasta 1626, año en que hubo de abandonarlo debido a los daños ocasionados por las fuertes crecidas del río. Desde 1627 hasta 1639, se hizo cargo del castillo y de su reparación el Conde Duque de Olivares, volviendo a ser ocupado por la Inquisición hasta su abandono definitivo en 1785.
Los autos de fe los realizaba el tribunal, primero, en las gradas de la Catedral, y luego, en la Plaza de San Francisco, pero si se necesitaba un lugar más reservado, se utilizaba el convento de San Pablo, o las iglesias de Santa Ana y San Marcos.
Un personaje a destacar en la historia de la inquisición sevillana es el Inquisidor General Fernando Niño de Guevara ya que durante su corto mandato (1599 - 1602) fueron condenados a diversas penas más de 2.000 presos, siendo quemados como herejes cerca de 250 de ellos. Debido a las múltiples quejas que su actuación originó, hubo de renunciar al puesto sólo tres años después de su nombramiento, permaneciendo hasta su muerte como Cardenal de Sevilla, cargo para el que había sido nombrado en 1601. Es también destacable que, en 1604, obligó a las Cofradías Sevillanas a pasar con sus procesiones por delante del Palacio Arzobispal, encontrándose ahí el origen de la Carrera Oficial a la Santa Iglesia Catedral durante la Semana Santa.

References: Artículo 2
 Artículo 5
 Artículo 9
 Artículo 11
 Artículo 17
 Artículo 18
 Artículo 19