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Timestamp: 2016-09-28 13:37:01+00:00

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De la ‘cartografía oficial’ a la ‘cartografía jurídica’: la querella de las Molucas reconsiderada, 1479-1529
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Español English Como consecuencia de los grandes viajes transoceánicos y los nuevos descubrimientos geográficos, las monarquías ibéricas llevaron a cabo la institucionalización de la cosmografía creando así la ‘cartografía oficial’ de la Corona, una ciencia a entera disposición de los intereses imperiales de la Corte. Para el mantenimiento de los grandes imperios de ultramar y, por extensión, la validez de representaciones cartográficas oficiales, analizaremos aquellos mapas utilizados como pruebas testimoniales en juicios o en la resolución de una disputa geográfica, a saber, lo que llamaremos ‘cartografía jurídica. El objetivo de este artículo estriba en mostrar, mediante el estudio de mapas y cartas náuticas, hasta qué punto la representación cartográfica fue determinante para la resolución de la llamada ‘querella de las Molucas’. En otras palabras, ¿qué hizo de los mapas españoles y portugueses representaciones adecuadas para describir y explicar la preeminencia económica, política y científica de las dos grandes potencias conquistadoras del Renacimiento? Dicha disputa por el control de las islas de la especiería entre Castilla y Portugal se desarrolló en el interior del sistema de la Monarquía autoritaria, una forma política burocratizada donde la cartografía, en muchos casos, fue considerada secreto de Estado.
Due to the great transoceanic voyages and geographical discoveries, the Iberian monarchies carried out the institutionalization of cosmography and they created the 'official cartography' of the Crown, a science at the full disposal of the imperial interests of the Court ; for the maintenance of large overseas empires, and by extension, the validity of official cartographic representations. In this article the author analyzes those maps used as testimonials during trials or in the resolution of a geographical dispute, namely 'litigant cartography’. The aim of this article is to show, through the study of maps and charts, how mapping was decisive for the resolution of the 'querella de las Moluccas’. In other words, why can we say that the Spanish and Portuguese maps were good instruments to describe and to explain the economic, political and scientific prominence of the two great conquerors power of the Renaissance? This dispute over control of the Spice Islands between Castile and Portugal took place within the authoritarian system of the monarchy, a political form bureaucratized where cartography, in many cases, was considered a state secret.
Keywords :Atlantic World, cartography, discoveries, Hispanic Monarchy, Molucas, overseas possessions, Tordesillas (treaty)
Palabras claves :cartografía, descubrimientos, Molucas, Monarquía hispánica, mundo atlántico, posesiones de ultramar, Reyes Católicos, Tordesillas (tratado de)Haut de page
2. El Tratado de Alcaçovas-Toledo, las bulas alejandrinas y los primeros derechos castellanos sobre las Indias Occidentales.
3. El Tratado de Tordesillas y el trazado del meridiano de partición.
4. Primus qui circundecit me: las Molucas, la circunnavegación de Magallanes-Elcano, la política do sigilo, el espionaje cartográfico y las Juntas de Badajoz-Elvas
5. Conclusión: el Tratado de Zaragoza, el engaño cartográfico de Diego Ribeiro y el empeño de las MolucasHaut de page
La realización de este trabajo ha sido posible gracias a una beca de postgrado FPU mediante el Programa Nacional de Formación de Profesorado Universitario, por un lado, y al Proyecto de Investigación “Epistemología histórica; estilos de razonamiento científico y modelos culturales en el mundo moderno: el dolor y la guerra” (HUM2007-63267) financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología, por otro lado. Expreso aquí mi agradecimiento a Javier Moscoso, Rafael Valladares, Consuelo Varela, Richard L. Kagan y Juan Gil por su ayuda y colaboración con la preparación de este texto.
1El propósito de este artículo tiene una doble función. Por un lado, interesa subrayar el uso y maneras con que la Corona, en forma de soberanía territorial, dispuso de la cartografía en tanto que herramienta de poder político durante los reinados de los Reyes Católicos y Carlos V en España y Juan II, Manuel I y Juan III en Portugal. Tras los grandes viajes transoceánicos del siglo XV y los nuevos descubrimientos geográficos, tanto la monarquía portuguesa como la española advertirían de la relevancia que tendría para el mantenimiento de sus imperios de ultramar la creación de una ‘cartografía oficial’, una ciencia que trabajara únicamente para los privilegios de la Corte. Las nuevas potencias hegemónicas atisban la necesidad de institucionalizar el arte de hacer mapas. Un ejemplo bien conocido fue la fundación en 1503 de la Casa de la Contratación de Sevilla por parte de los reyes Fernando e Isabel. 2Por otro lado, y como consecuencia de la continua retroalimentación entre el imperio y la cartografía, la geografía en general y los mapas en particular vieron en las políticas expansionistas de los imperios europeos una mina de oportunidades para una disciplina en alza que se disponía a construir un mundo cada vez más conforme a la realidad. El caso de los derechos de explotación de las islas Molucas constituye un ejemplo emblemático para analizar la inexorable simbiosis entre ciencia y poder, mapas y autoritarismo monárquico. El problema de la línea de demarcación extraído de las bulas alejandrinas de 1493 y, en consecuencia, del Tratado de Tordesillas que se celebró al año siguiente, anticipó una larga disputa donde estaba en juego algo más que las exóticas islas orientales. La repartición geográfica del mundo llevó más años e inconvenientes de lo esperado. Desde sus orígenes también fue una cuestión cartográfica. Los mapas de uno u otro lado ejercieron una influencia no sólo necesaria, sino además imprescindible. Si la cartografía oficial patrocinada por la Corona colaboró con éste para el establecimiento de sus dominios territoriales, sería la ‘cartografía jurídica’, tal y como la denominó François Dainville, la que intentaba, mediante la evidencia, resolver querellas como la de las Molucas. Tal fue el caso del mapa realizado por Diego Ribero para Carlos V en 1529 y que se materializó en el Tratado de Zaragoza de ese mismo año. Se ponía así fin a una serie de Juntas, como la de Badajoz-Elvas de 1524, destinadas a la resolución científica del problema mediante comisiones de expertos de ambas monarquías, en la mayoría de los casos cosmógrafos experimentados. Pocas veces el poder de la imagen había sido tan decisivo para la resolución de una disputa científico-diplomática. 2. El Tratado de Alcaçovas-Toledo, las bulas alejandrinas y los primeros derechos castellanos sobre las Indias Occidentales.
1 El tratado original se encuentra en la actualidad en el Archivo Nacional de la Torre do Tombo (Lis (...)
2 El Archivo de los Duques de Osuna custodia un documento con unas provisiones reales en nombre de l (...)
3El 4 de septiembre de 1479 se firmaba el Tratado de Alcaçovas-Toledo1 entre los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, por parte de Castilla y Alfonso V y su hijo Juan por parte de Portugal. El objetivo del acuerdo oficial descansaba en poner fin a las hostilidades provocadas por la Guerra de Sucesión Castellana (1475-79) iniciada como consecuencia de la muerte, en 1474, del rey de Castilla Enrique IV. Con el rey ya fallecido comenzaron los enfrentamientos entre los partidarios de Juana la Beltraneja, hija de Enrique IV y prometida con el rey Alfonso V de Portugal, y los defensores de Isabel I de Castilla, conocida como Isabel la Católica. Ambas pretendientas al trono, motivadas por su ambición, llevaron a cabo un conflicto bélico que duraría alrededor de cinco años. Tras la guerra Alfonso V renunció al trono de Castilla y los Reyes Católicos cesaron en sus intentos por hacerse con Portugal, al tiempo que comenzaban a determinarse con claridad cuáles eran las políticas de ambas partes sobre las navegaciones atlánticas, tal vez el foco más espinoso de la rivalidad luso-castellana. Con la Paz de Alcaçovas, ratificada en Toledo por los Reyes Católicos el 6 de marzo de 1480, se acordó buscar una solución digna y definitiva al futuro de Juana de Trastámara, conocida como la Beltraneja; intentar restaurar la antigua amistad entre ambas Coronas; resolver la situación de aquellos castellanos juanistas que lucharon en defensa de los intereses de Alfonso V2; y determinar, primero, la política sobre las navegaciones por el Atlántico africano y repartir, después, los territorios de las zonas de influencia de ambos reinos. Lejos de lograr una paz definitiva, el tratado de 1479 daría lugar a una larga y controvertida disputa entre ambas potencias marítimas que quedaría zanjada con el Tratado de Límites, no ratificado, de 1750 y formalizado en 1777 con el Tratado de San Ildefonso, una acuerdo que tenía la intención de extinguir las desavenencias entre ambas Coronas y establecer los límites entre España y Portugal en Sudamérica. En este sentido, interesa destacar la prolongación del conflicto hasta la segunda mitad del siglo XVIII, pues pone de manifiesto que se trata de un problema de fronteras, donde tanto unos como otros debieron ceder terreno para llegar a la paz, estimulando así un acercamiento entre las dos potencias. La infinidad de pugnas político-geográficas que mantuvieron Portugal y Castilla se prolongaron durante trescientos años, de los cuales conocemos bien la historia burocrática y diplomática, pero no tanto las implicaciones cartográficas que el mundo de los mapas aportó a las exploraciones y descubrimientos ibéricos en términos tanto políticos como científicos. 3 Ricardo Cerezo Martínez, “El meridiano y el antimeridiano de Tordesillas en la geografía, la náuti (...)
4 Martín Fernández de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los (...)
4Con anterioridad al descubrimiento del Nuevo Mundo y mediante los acuerdos alcanzados en Alcaçovas los hombres de mar castellanos no podían navegar por las aguas del Mar Océano que se encontraban al sur del paralelo que pasaba por las Islas Canarias, pero en cambio sí tenían el derecho de hacerlo, con total libertad, al norte de dicho paralelo y, lo que era más importante, hacia poniente. Esto significa que no existía ningún pacto que prohibiera a los navegantes españoles poner rumbo hacia la inmensidad del Atlántico Occidental. Con la resolución de lo sancionado en 1479 los Reyes Católicos consiguieron de forma anticipada e inesperada sus primeros favores de cara al dominio del Mare Liberum y conquista del Mundus Novus3. El convenio de Alcaçovas no sólo representó el primer golpe de autoridad de los Reyes Católicos, sino también el inicio de una tregua entre Castilla y Portugal que duraría hasta el 4 de marzo de 1493, día en que el almirante Cristóbal Colón llegó a Lisboa para comunicarle a Juan II, rey de Portugal y apodado el Principe Perfeito, las noticias de su gran hallazgo al oeste del Atlántico. Ante la incredulidad y malestar del rey portugués, Colón se reunió posteriormente con Fernando e Isabel en Barcelona. El desembarco del navegante genovés en la Península desencadenó de nuevo una larga etapa teñida de rivalidades y reivindicaciones entre ambas potencias. Con el primer viaje descubridor de Colón, o mejor, con el testimonio de lo que en él descubrió se puso fin a la alianza concertada en 1479. A partir de 1493 se inicia un periodo de tensión diplomática en el que las protestas y los requerimientos tanto por parte lusa como castellana constituyen el caldo de cultivo de un problema político, económico y religioso que se resolvería en términos científicos con métodos cartográficos. El viaje de Colón y las bulas papales de 1493 representaron la punta de lanza del célebre Tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494 entre los Reyes Católicos y Juan II. Si la falta o escasez de mapas encarnó el acicate que estimuló las desavenencias hispano-portuguesas, también la cartografía intentaría, unas veces con más éxito que otras, acabar con una disputa demasiado costosa para ambas partes en litigio. Dado el desconocimiento de las tierras descubiertas, si las herramientas de Colón para persuadir a las monarquías ibéricas hubiesen sido más visuales que textuales la historia del Tratado de Tordesillas hubiera tomado un cariz bien distinto. La Corona española tomó conciencia desde muy pronto de la importancia que tendría una representación visual para la defensa de sus intereses. No en balde, las demandas a Colón desde la Corte para que presentase una carta náutica a modo de pintura, donde figurasen las zonas recién halladas, fueron una constante. La cartografía sería la herramienta más útil y eficaz dada las dimensiones del problema. El mapa informaría a todos y cada uno de los implicados qué era aquello que Colón decía haber descubierto y dónde se encontraba4.
5Frente al descontento portugués los Reyes de Castilla y Aragón solicitaron ante el Papa español Alejandro VI la concesión de las islas descubiertas por Colón para que de esta manera entraran dentro de su jurisdicción, a la vez que exigían al descubridor una respuesta gráfica que permitiera persuadir a Portugal del dominio castellano de las nuevas realidades geográficas. Según el cosmógrafo y cronista Alonso de Santa Cruz, los Reyes Católicos pidieron al Papa valenciano que:
5 Alonso de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, Sevilla, Publicaciones de la Escuela (...)
Tuviese por bien de les conceder así las yslas descubiertas como las que por su mandado se descubriesen en el dicho mar Oceano, para que con más justo título las pudiesen poseer. Lo qual oydo por el Papa […] les enbió una bula, en que por ella les concedió las dichas islas, así las que estaban descubiertas como las que adelante se descubriesen por sus mensajeros o capitanes en el mar Oceano5.
6Ante la doble demanda de Fernando e Isabel, una oficial y otra privada, Colón propuso la creación de una raya limítrofe e imaginaria que delimitara las aguas de Portugal con las de Castilla, una línea a la vez física y mental que mostrase las islas americanas dentro del término de Castilla. Por su parte Alejandro VI respondió a las peticiones españolas con una serie de bulas que serían tajantes para Castilla. La postura del Vaticano beneficiaría por segunda vez, tras el acuerdo de 1479, a los Reyes Católicos. Tal como expresa la primera bula papal Inter Caetera del 3 de mayo de 1493, la Iglesia Católica tenía muchas esperanzas depositadas en la nueva Era de las Exploraciones, ya que manifestaba expresamente que a cambio de concederle la potestad de estos territorios a los Reyes Católicos, éstos tenían el deber de humillar a las naciones bárbaras y reducirlas a la Fe Católica. Así, de acuerdo a la primera bula papal de 1493 se otorgaba a Castilla para la realización de un negocio de tanta importancia: 6 Primera Bula Inter Caetera del Pontífice Alejandro VI firmada en Roma el 3 de mayo de 1493 y repro (...)
Todas y cada una de las tierras e islas ya citadas, así las desconocidas como las hasta ahora descubiertas por vuestros [de los Reyes Católicos] enviados y las que se descubran en adelante, que bajo el dominio de otros señores cristianos no estén constituidas en el tiempo presente6.
7 Primera Bula Inter Caetera en A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, p. 269. 8 Ramón Ezquerra Abadía, “La idea del antimeridiano”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem de Fern (...)
7Aunque Alejandro VI, con su cargo de Papa recién estrenado, alegaba apoyar a España de la misma forma que a Portugal -se le adjudicaron algunas partes de África, Guinea y la Mina de oro por concesión apostólica7-, lo cierto era que la bula Inter Caetera anulaba por completo el monopolio portugués de descubrimiento y posesión de las Indias Orientales. Con las bulas de 1493 Portugal quedaba despojado de los privilegios concedidos por la bula Romanus Pontifex de Nicolás V en 1455, en la que animaba a Enrique el Navegante con la expresión usque ad Indos (sin interrupción hacia las Indias)8. Si la primera bula de 1493 carecía de claridad científica y geográfica ante la solicitud castellana de un nuevo reparto de influencias, la promulgación de la segunda bula Inter Caetera de Alejandro VI el 4 de mayo del mismo año legitimó definitivamente la propiedad de los nuevos territorios. El nuevo texto confería a Castilla por la autoridad apostólica la donación, constitución y asignación de:
9 Segunda bula Inter Caetera firmada por Alejandro VI en Roma el 4 de mayo de 1493 y reproducida en (...)
Todas las islas y tierras firmes, descubiertas y por descubrir, halladas y por hallar hacia el occidente y mediodía, haciendo y constituyendo una línea desde el polo ártico, es decir el septentrión, hasta el polo antártico, o sea el mediodía, que estén tanto en tierra firme como en islas descubiertas y por descubrir hacia la India o hacia otra cualquier parte, la cual línea diste de cualquiera de las islas que se llaman vulgarmente de los Azores y Cabo Verde cien leguas hacia occidente y el mediodía; de tal forma, que todas las islas y tierras firmes descubiertas y por descubrir, halladas y por hallar desde la citada línea hacia occidente y mediodía, que por otro rey o príncipe cristiano no estuviesen actualmente poseídas9. 10 R. Cerezo, “El meridiano y el antimeridiano…”, p. 511. 11 En Antonio Gutiérrez Escudero, América: descubrimiento de un mundo nuevo, Madrid, Istmo, 1990, pp. (...)
8La línea a la que alude el documento pontificio, preludio del postrero Tratado de Tordesillas, no determinaba si no la posición del meridiano de partición que Colón -influenciado por las enseñanzas del renacimiento de Ptolomeo, la Imago Mundi de Pierre D’Ailly y la Nuova Raccolta Colombina de Toscanelli- propuso a los Reyes Católicos. La célebre raya meridiana constituía el principio a través del cual la misteriosa declinación magnética, detectada por Colón en su primer viaje, se hacía más notable en los grandes y abiertos espacios oceánicos que en el Mar Mediterráneo o en las costas atlánticas de África y Europa. Para la gente de mar el asombro llegaba cuando la flor de lis de la aguja de marear apuntaba hacia el noroeste y no hacia el nordeste, como era habitual10. De este modo, si la primera bula proclamaba la soberanía de Castilla, la segunda definía cuáles eran las zonas sobre las que podía ejercer ese poder soberano. Pero aquí no acababan los favores del Papa hacia los Reyes Católicos. El 26 de septiembre de 1493 Alejandro VI otorgó a Fernando e Isabel la bula Dudum siquidem11, la cuarta y última de las bulas alejandrinas por la que se ampliaba la donación a Castilla de todos aquellos territorios asiáticos que se descubrieran en adelante procediendo desde Occidente. El lógico desacuerdo de Juan II se plasmaría al año siguiente en Tordesillas. 12 A. de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, p. 108 y 109. 13 J. Varela, El Tratado de Tordesillas en la política..., p. 84. 14 AGI, Patronato, 295, N. 19; AGI, Patronato, N. 20; AGI, Patronato, 295, N. 21. En estas cartas del (...)
15 R. Cerezo Martínez, La cartografía náutica española en los siglos XIV, XV y XVI, Madrid, CSIC, 199 (...)
9Entre los meses que iban del despacho de las bulas papales hasta el Tratado de Tordesillas se abrió un paréntesis diplomático en el que ambas partes debían asimilar lo dictaminado en Roma y confeccionar un plan de actuación. Mientras desde Roma se proclamaba a los Reyes Católicos señores del Océano otros frentes seguían abiertos. Por un lado, Juan II, gran damnificado tras la publicación de las bulas, solicitó a Fernando e Isabel modificar la posición del meridiano trasladándolo más al oeste de lo estipulado en la segunda bula12. A la par que reclamaba a Castilla lo que hasta entonces había sido suyo, el rey portugués organizó expediciones secretas para averiguar qué había descubierto Colón13. Además, Juan II también envió embajadores a la Corte castellana para intentar persuadir a los Reyes Católicos de la necesaria suspensión de sus viajes por miedo a que ultrajaran el área de su jurisdicción. Por otro lado, los Reyes Católicos despacharon tres cartas a Cristóbal Colón entre agosto y septiembre de 1493 con el objetivo de anunciarle que partiera cuanto antes en su segundo viaje rumbo a las nuevas tierras y que a la mayor brevedad les enviara una carta de marear que certificara el éxito de su primer viaje14. Los reyes remitieron igualmente otras cartas a expertos en asuntos cosmográficos, entre las que destaca la enviada a Jaime Ferrer de Blanes en agosto de 1493 por la que se pedía al cosmógrafo catalán que se trasladara a Barcelona con sus mapas y otros instrumentos. Dados sus conocimientos en cosmografía, Ferrer debía contribuir a posicionar el meridiano de Tordesillas. De acuerdo a un informe dirigido a los Reyes Católicos el 27 de enero de 1495, Ferrer utilizó para dicha labor lo que él denominaba una forma mundi en figura extensa, es decir, un mapa en el que representó la refutada línea de demarcación15. 16 J. Varela, El Tratado de Tordesillas en la política..., p. 85; J. Varela, “La cartografía del segu (...)
17 R. Cerezo, “El meridiano y el antimeridiano…”, p.
18 Armando Cortesão, “As mais antigas cartografia e descrição das Molucas”, en A. Teixeira da Mota (e (...)
19 F. Dainville, “Maps and Litigations in the 15th Century”, Imago Mundi, 24 (1970): 99-121.
20 Richard L. Kagan y Benjamin Schmidt, “Maps and the Early Modern State: Official Cartography”, en D (...)
10Si los estudios cosmográficos resultaban capitales para acabar con las diferencias políticas, el segundo viaje de Colón y su carta se presumía determinante como instrumento informativo para las deliberaciones de Tordesillas. Definitivamente, la carta de marear llegó a manos de Fernando e Isabel a comienzos de 1494 -meses antes de la reunión de Tordesillas-, una pintura en plano cuadrada con todas las islas descubiertas, pero de la que sólo existen testimonios escritos16. Algunos autores españoles mantienen que los acuerdos firmados en Tordesillas se adoptaron gracias a la carta de Colón, donde debían figurar las islas descubiertas en su segundo viaje. La posición de las mismas contribuiría al trazado del meridiano de Tordesillas17. Sin embargo, algunos autores portugueses sostienen que la elección de un meridiano que estuviese a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde por parte de los cosmógrafos de Juan II se debió, sin ninguna duda, a la carta de marear de Pêro da Covilhã enviada al monarca portugués en 1491 desde El Cairo. La carta de Covilhã, fundamentada en las ideas ptolemaicas y en el mapamundi de Fra Mauro (1459), ayudaría a la fijación de la línea de Alejandro VI más hacia Occidente de tal manera que las preciadas islas Molucas, aún por descubrir, quedaran en el hemisferio portugués18. Si esto es así, tanto la carta de Colón como la de Covilhã constituyen un claro ejemplo de lo que François Dainville19 denominó ‘cartografía jurídica’, aquellos mapas utilizados como pruebas testimoniales en juicios o en la resolución de una disputa geográfica. Los mapas jurídicos, como argumentos materiales, tenían la capacidad de representar el poder y los derechos de un soberano sobre espacios particulares20. 3. El Tratado de Tordesillas y el trazado del meridiano de partición.
21 A. de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, p. 108. “Estando los Reyes en Tordesilla (...)
11Como consecuencia del primer viaje de Colón y de la subsecuente postura del Vaticano en relación al reparto luso-español del Océano, entre marzo y junio de 1494 los delegados portugueses y castellanos intentaron negociar, en la localidad vallisoletana de Tordesillas, sobre qué hemisferio podían los monarcas de ambos lados ejercer sus competencias21. Los desacuerdos entre los dos poderes hegemónicos de la Europa renacentista se remontaban al Tratado de Alcaçovas, donde comenzó, pese al supuesto acuerdo de paz, su rivalidad por el sureste atlántico, las costas africanas y Canarias. 12El 7 de junio de 1494 se firmaba el Tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos y Juan II, un pacto en el que se acordó levantar un mapa donde quedase representada, no ya una determinada masa terrestre u oceánica, sino una línea de demarcación o meridiano cero que separase los intereses territoriales de ambas Coronas. Dicha línea imaginaria debía constituir la frontera que delimitara las posesiones de lusos y castellanos. Según lo pactado era necesario trazar una línea recta a través del Océano Atlántico que pasase a 370 leguas al oeste de la isla de Cabo Verde. El tratado estipulaba que todas las tierras que se encontraran al este y al sur de la raya pertenecerían a Portugal y el resto sería patrimonio de Castilla. Según el documento original el Rey de Portugal solicitaba a los Reyes de Castilla:
22 Tratado de Tordesillas, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1973, p. 58. Transcripción del (...)
Que se haga e sennale por el dicho mar océano una raya o lina derecha de polo a polo, conviene a saber del polo ártico al polo antártico que es de norte a sul, la / qual raya o lina se aya de dar e dé derecha como dicho es a trezientas e setenta leguas de las yslas del Cabo Verde hazia la parte del poniente22. 23 Tratado de Tordesillas, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1973, pp. 55-61. Véase Armando (...)
13Con la firma del tratado los monarcas españoles estaban concediendo a Portugal las 270 leguas más de ampliación que solicitaba Juan II para situar así la línea de demarcación a 370 leguas al Oeste de Cabo Verde. Pero la cláusula que pedía la señalización de una línea derecha de partición, de polo a polo, no fue la única. Siete más fueron los puntos que se pactaron en Tordesillas: 1) tanto los reyes Fernando e Isabel como Juan de Portugal se comprometieron a no enviar navíos a la parte de levante -los primeros- y tampoco a la parte de poniente -el segundo. Cualquier explorador que encontrara nuevas tierras en la parte del otro debía entregárselas. 2) La línea de demarcación se fijaría en un plazo máximo de diez meses y para su determinación se enviarían dos o más carabelas provistas de pilotos, astrólogos y marineros que irían de Gran Canaria a Cabo Verde con la finalidad de medir las 370 leguas hacia poniente. 3) El Rey de Portugal autorizaba el paso de las naves castellanas por su zona cuando éstos se dirigieran en su ruta hacia poniente, pero con la condición de no detenerse a explorar. 4) De la misma manera, se concertó que si antes del 20 de junio de ese mismo año los castellanos encontraran nuevos lugares dentro de las primeras 250 leguas de la línea, éstos pertenecerían en adelante a Portugal. Si en cambio estuvieran dentro de las 120 leguas siguientes, hasta las 370 leguas convenidas, pasarían a la jurisdicción de Castilla. 5) Los procuradores de Castilla y Portugal prometían cumplir tanto lo contenido en la presente capitulación como lo acordado en el Tratado de Alcaçovas. 6) Por mayor seguridad y firmeza los representantes de ambas Coronas juraron cumplirlo. 7) Y en el plazo de cien días cada una de las partes entregaría a la otra la escritura con su aprobación y ratificación correspondiente de lo capitulado23. 24 José Muñoz Pérez, “La ‘frontera astronómica’ de Tordesillas”, en VV. AA., El Tratado de Tordesilla (...)
14Sin duda alguna, para nuestro interés, la cláusula más destacada era aquella que determinaba el trazado de una línea de partición o raya de demarcación, un límite geográfico que representaba el complejo juego de intentar a la vez innovar y resistir. En la historia cultural de la frontera Tordesillas albergaba, por un lado, el carácter medieval de separar dos ámbitos expansivos cristianos con un propósito claro de evangelización de lo diferente. Por otro lado, el meridiano alojaba en su seno un signo distintivo de modernidad, revolucionario y extraordinario, una frontera geográfica y astronómica que describe los contornos de nuevas tierras y anuncia en los mapas los lindes de separación entre un territorio y otro24. El testimonio de Jorge Juan y Antonio de Ulloa al respecto de la astronomía y de la verdad de la ciencia por encima de las disputas políticas resulta esclarecedor: 25 Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1749), Dissertacion historica, y geographica sobre el Meridiano de (...)
Un assunto de tanta seriedad, y de tal naturaleza, no solamente en aquella ocasión, sino tambien al presente, requeria para determinarse con la precision, y rectitud correspondiente, que se tratasse con unos fundamentos mas sólidos, y tan seguros, que en vez de suscitar questiones, y disputas, allanasse las dificultades, dando à conocer la verdad, de modo que ninguno de los dos partidos pudiesse escusarse de conocerla, y quedando convencido con ella misma tener motivo de dudar: esto solo se podia obtener por el medio de Observaciones, ocurriendo al auxilio de la Astronomìa, para determinar la positura de cada parage respecto del otro, y de esta forma, sin vaguear en rumbos inciertos, y fragiles se lograria el intento25. 26 María Luisa Martín-Merás, Cartografía marítima hispana: la imagen de América, Madrid, Lunwerg, 199 (...)
27 Mariano Cuesta Domingo, “El Tratado de Tordesillas y la cartografía en la época de los Reyes Catól (...)
15Más que una solución el Tratado de Tordesillas planteó una serie de inconvenientes difíciles de resolver. En apariencia, como el Tratado de Alcaçovas, consistió en un acuerdo para la paz donde Portugal defendía su ruta hacia el Sur y la India, y Castilla sus descubrimientos. Pero en realidad el compromiso suscrito no fue una solución aceptable para nadie. En 1494 aún no existía ningún método fiable para poder determinar la longitud con total precisión. El establecimiento de una unidad de medida para computar la distancia no planteó serios problemas al principio, pero sí los provocaría más tarde con el descubrimiento de las islas Molucas26. Dada la falta de interés por su trazado y representación exacta, en la cartografía castellana de la época del tratado no aparece aún la línea de demarcación. Como queda claro en el texto del acuerdo, una vez que Colón volvió de su segundo viaje con la ratificación del descubrimiento de América, era Portugal quien debía mover ficha y en quien residía todo el interés por la creación de una raya limítrofe. Sin embargo, cuando el portugués Pedro Álvares Cabral llegó a Brasil, los Reyes Católicos comenzarían de nuevo a preocuparse por la línea de Tordesillas y más aún cuando se reavivó el conflicto por el derecho de la Especiería y los intereses proyectados en el Extremo Oriente27. Pero si el tratado fue importante para España y Portugal, y estuvo en vigor durante casi tres siglos, el resto de potencias europeas como Francia, Gran Bretaña, los Países Bajos o Rusia ignoraron por completo sus pretensiones y, en consecuencia, nunca lo reconocieron. 28 El planisferio de Cantino, así llamado porque fue adquirido por Alberto Cantino, un emisario del d (...)
29 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 662.
30 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 664. 16En abril de 1500, con el descubrimiento de Brasil por parte de Cabral, el rey Manuel I de Portugal, llamado el Afortunado, sintió la necesidad de confeccionar cartas de marear donde apareciera la línea de Tordesillas. De la información obtenida en la expedición de Cabral se construyeron el mapamundi de King Hamy (ca. 1502) y el planisferio de Cantino de 1502. Este último se confeccionó además de acuerdo a lo pactado en Tordesillas, ya que contiene la línea de demarcación28. El mapa de Cantino representa ese tipo de mapas que denominamos ‘cartografía oficial’, aquellos mapas patrocinados por la Corona que son necesarios a su vez para la emergencia del mismo, ya fueran construidos por geógrafos oficiales o por cartógrafos comerciales o viajeros, siempre y cuando contribuyeran a la propagación de los regímenes políticos para los que servían y estuvieran estrechamente vinculados a la idea de soberanía territorial, sistema político donde la monarquía constituye una unidad geopolítica definida y delimitada29. La soberanía territorial estaba fundamentada en el control oficial del espacio, mediante representaciones del mismo, más que sobre las personas que ocupan ese espacio. El Príncipe renacentista debía defender y conocer sus territorios físicos30. Los mapas oficiales en muchas ocasiones eran utilizados como mapas jurídicos o, incluso, mapas de litigio (cartes de contestations), como las denominó Dainville. 31 Ramón Ezquerra, “Las Juntas de Toro y Burgos”, en VV. AA. El Tratado de Tordesillas…, pp. 149-170; (...)
17Tras la reunión de Tordesillas el meridiano de demarcación evitaba parcialmente los conflictos entre Castilla y Portugal en el Atlántico, pero no así en el Extremo Oriente. A partir de los primeros años de la nueva centuria florecería la idea de un antimeridiano como derivación de la llegada de los portugueses a la India -gracias a la ruta abierta por Vasco de Gama en 1498- y del progresivo desvelamiento del litoral americano del Atlántico. Esto a su vez hizo pensar en la posibilidad de que existiera otro litoral en la parte occidental de América meridional y, por tanto, la necesidad de localizar un estrecho a través del cual acceder al otro lado. Tanto la imposibilidad de encontrar un acceso marítimo como la lentitud en la explotación de las riquezas orientales y los éxitos de los portugueses en su camino a la India, propiciaron que en 1505 el rey Fernando reuniera en Toro, pequeña localidad de la provincia de Zamora, al obispo de Palencia Juan de Fonseca, una gran autoridad en la cuestión americana, Vicente Yánez Pinzón y Américo Vespucio. La junta de expertos celebrada en Toro tenía como objetivo principal replantear la búsqueda del estrecho que Colón no pudo localizar. No satisfecho con el panorama actual, tres años después, en marzo de 1508 el rey volvió a congregar en la conocida como Junta de Burgos a Juan de la Cosa y Juan Díaz de Solís, además de los participantes en la Junta de Toro. En Burgos se ratificaron algunas medidas adoptadas en Toro y, entre otros puntos, se decidió crear el puesto de Piloto Mayor en la Casa de la Contratación de Sevilla y preparar una expedición para dar finalmente con un paso marítimo en la parte norte hacia occidente. Las juntas de Toro y Burgos surgieron del interés político y económico por anticiparse a Portugal en la lucrativa explotación de la Especiería31.
32 Véase la reproducción de este documento en A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, pp. 289-2 (...)
18La lucha geográfica entre portugueses y castellanos continuaba también en lugares cercanos a la Península. Lejos de cualquier entendimiento luso-hispano más allá de pactos firmados, el 18 de septiembre de 1509 se firmaba el Tratado de Sintra32 con objeto de delimitar por segunda vez el área de influencia de Castilla y Portugal en el África mediterránea y atlántica. Según el acuerdo el rey Manuel I de Portugal debía dejar a Castilla el peñón de Vélez de la Gomera y toda la costa que del dicho lugar de Vélez ay fasta los lugares de Melilla y Cacaça, es decir, todos aquellos territorios que se extendieran hacia el este. A cambio la reina Juana, la Loca, debía desistir en la conquista de aquellas comarcas norteafricanas comprendidas entre Vélez y el Cabo Bojador. 4. Primus qui circundecit me: las Molucas, la circunnavegación de Magallanes-Elcano, la política do sigilo, el espionaje cartográfico y las Juntas de Badajoz-Elvas
33 Antonio Sánchez Martínez, “Cosmographers, Cartographers, and Navigators in Sixteenth Century Spain (...)
19En los primeros años del siglo XVI, con la creación de la Casa de la Contratación de Sevilla, la contrapartida española de la Casa da Índia de Lisboa (1500), se produjo la institucionalización de la cartografía por parte de la Monarquía. La oficialidad que a partir de entonces cobró el mundo de los mapas permitió a Portugal y a España disponer de una hegemonía marítima sin precedentes. Estos eran los centros donde se materializaba la soberanía territorial de la Corona sobre las nuevas posesiones. El ejemplo más paradigmático fue el Padrón Real, un mapa universal que representaba la totalidad del mundo conocido hasta su levantamiento, un mapa modelo confeccionado de acuerdo a los progresivos descubrimientos de las líneas de costa del Nuevo Mundo. El Padrón Real fue un modelo epistemológico de representación cartográfica que serviría como prototipo para la creación de otras cartas náuticas realizadas en Sevilla, un mapa oficial confeccionado por mandato real y ejecutado en una institución estatal33. 34 Entre 1510 y 1512 el humanista Elio Antonio de Nebrija debió pronunciar en la Universidad de Salam (...)
35 M. Cuesta, “La fijación de la línea -de Tordesillas- en el extremo oriente”, en L. A. Ribot (Coord (...)
36 Las Molucas eran un grupo de islas -Bachian, Machian, Motir, Ternate y Tidor- que pertenecían al a (...)
37 Henriette Ozanne, “La découverte cartographique des Moluques”, en Monique Pelletier (ed.), Géograp (...)
20Tras las juntas de Toro y Burgos34, donde también se tomaron medidas institucionales que afectaron a la cartografía, el rey Fernando, por temor a la inminente llegada de los portugueses a las islas Molucas una vez que éstos habían navegado por la India y Malasia, propuso en 1512 al Piloto Mayor de la Casa de la Contratación Juan Díaz de Solís una expedición rumbo al hemisferio portugués. Meses antes debió surgir la idea de trazar un contrameridiano en Oriente que impidiera el monopolio portugués de las codiciadas tierras35 ¿Por dónde pasaría la línea de demarcación en el hemisferio oriental en caso de alargar dicha línea recta, en forma de anillo, alrededor de la esfera terrestre? Este fue el motivo de la preparación del viaje de Solís, un viaje que nunca se realizó debido a las peticiones del rey Manuel de Portugal. Además, Fernando ya tenía noticias de la llegada del portugués Francisco Serrão ese mismo año a las islas Molucas36. En 1513 Francisco Rodrigues37, Piloto Mayor de la armada de António de Abreu, ya había representado las islas de las Especias sobre cartas náuticas. Abreu fue enviado por Alfonso de Alburquerque a descubrir las Molucas. Alburquerque había hallado previamente, en 1511, Malaca. También en 1513 el boticario portugués Tomé Pires fue el primer autor en describir las nuevas islas en su Suma Oriental, justo el año en que el español Vasco Núñez de Balboa descubría el denominado Mar del Sur u Océano Pacífico. La bula Praeclarae devotionis concedida en 1514 por el Papa León X por la que se concedían a Portugal las tierras de Oriente complicaba aún más la situación de Castilla en el Sudeste asiático. En 1515 el rey volvió a confiar en Solís para buscar un paso al recién descubierto Mar del Sur a través de la costa sur de Brasil. Como consecuencia de la muerte de Solís de manos de un grupo de nativos en el Río de la Plata la expedición no llegó a buen puerto. Al año siguiente moriría el rey Fernando. 38 Véase Marcel Destombes, “The Chart of Magellan”, Imago Mundi, 12 (1955): 65-88.
39 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 669.
40 Alison Sandman, Cosmographers vs. Pilots: Navigation, Cosmography, and the State in Early Modern S (...)
21Si el meridiano de Tordesillas fue representado en el mapa de Cantino de 1502, para ver el trazado del antimeridiano sobre una carta habría que esperar al menos hasta unos años después del hallazgo de las Molucas. Tras las primeras cartas de Francisco Rodrigues comenzaron a aparecer los mapas de los Reinel, Pedro y su hijo Jorge. Éstos verían la luz algunos meses antes de la expedición de Magallanes en 151938. Jorge Reinel, que acompañó a Magallanes a España, confeccionó un mapa para el viaje. El mapa de Reinel formaría parte del amplio grupo de ‘cartografías constructivas’39, aquellas representaciones motivadas por aspiraciones nacionales que dirigen sus esfuerzos a la construcción de imágenes de la expansión imperial. Este mapa reflejaba con mayor claridad las ambiciones de Carlos V que la extensión de sus dominios. Desde Colón, y ahora con mayor hincapié, la guerra diplomática entre España y Portugal colocó a la cartografía en el centro de la batalla. La astucia e ingenio de los cartógrafos despertó la conciencia territorial de los gobernantes al tiempo que las necesidades territoriales de éstos provocaron un creciente sentido del espacio en ambas direcciones. La propia utilidad de los mapas para los intereses oficiales de la Corte estimuló una nueva concepción cartográfica de la administración, ya no sólo dirigida a los fines prácticos de la navegación, sino también al mundo convulso de la diplomacia política40. Los cartógrafos, sabedores de que en las disputas diplomáticas la localización por coordenadas de un lugar primaba por encima del descubrimiento físico, procuraron, en la mayoría de las ocasiones, situar las preciadas islas de las Molucas del lado de quien le proporcionaba el sustento. El problema fue fundamentalmente cartográfico.
41 Jean Denucé, “Magellan: la question des Moluques et la première circumnavigation du globe”, Bruxel (...)
42 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 674. 43 M. Cuesta Domingo, “El Tratado de Tordesillas y la cartografía en la época…”, p. 81.
22Con la ‘querella de las Molucas’41, y hasta 1519, la aparición en los mapas portugueses de algunos errores de situación hizo sospechar a los cosmógrafos españoles de la intencionalidad de los mismos. Los mapas tenían la capacidad de mantener o de transformar el statu quo de una soberanía territorial. Dicha capacidad hacía de ellos poderosas ‘contra-cartografías’, representaciones que podían modificar el régimen de un determinado reino e, incluso, mostrar realidades antagónicas a la perspectiva oficial42. Los mapas con errores intencionados, o mejor, manipulados respondían a intereses concretos relacionados con la adquisición de territorios deseados mediante la propaganda cartográfica. Los mapas, aún siendo manuscritos, eran una gran herramienta publicitaria. En lo relativo a Portugal, la manipulación de datos geográficos iba dirigida hacia la ampliación territorial de Brasil43. En 1606 el cosmógrafo español Andrés García de Céspedes se lamentaba de las dificultades que se habían tenido para representar las costas del mar Océano, debido a la labor intencionada de los portugueses por oscurecer en sus mapas información de las colonias. Según Céspedes los portugueses habían fabricado mapas acortando en sus descripciones todo el viaje que hay de la costa del Brasil hasta la isla de Gilolo, caminando por la parte oriental. Pero eso no era lo peor. Además, los portugueses habían derramado estos mapas por toda Europa dando a conocer a los extranjeros un mundo irreal:
44 A. García de Céspedes, Hydrografia, Madrid, 1606, f. 128. Este texto se encuentra en la segunda pa (...)
No se ha tenido poca dificultad en describir las costas del mar Océano, por la poca noticia que de las más de ellas se tiene, y esa que había, los Portugueses la han querido oscurecer, con intención de que se incluían dentro de la demarcación que a ellos les pertenece, las islas Molucas, y río de la Plata, acortando en las descripciones de los Mapas todo el viaje que hay de la costa del Brasil hasta la isla de Gilolo, caminando por la parte Oriental: y habiéndose derramado estos Mapas por toda la Europa, los extranjeros creyendo que aquellos Mapas estaban bien descritos, por haberlos hecho hombres que navegaban la mayor parte de la tierra, han seguido aquellas descripciones en sus Mapas y globos; aunque algunos, desengañados por las descripciones que modernamente se han traído de la India, han enmendado alguna cosa, como luego diremos. Pero entiendo que vistas las razones, y demostraciones que aquí se pondrán, que mudarán de parecer44.
45 A. García de Céspedes, Hydrografia, f
46 . 147. 23Para dar visibilidad a sus dominios coloniales y publicitar así su hegemonía los cartógrafos portugueses, según Céspedes, apostaron por la imprecisión e inexactitud cartográfica ¿Qué era entonces un buen mapa para los intereses de Portugal? Un buen mapa era una representación cuidadosamente imprecisa, inexacta, aquel que persuadía al resto de Europa de que las islas Molucas y el Río de la Plata pertenecían a la jurisdicción portuguesa. Esto provocaba la indignación de los españoles. Los mapas de los portugueses metieron las Molucas dentro de su demarcación más de diez grados, cuando según Chaves éstas estaban dentro de la demarcación de Castilla más de veinticuatro grados45. Sin embargo, el también español Bartolomé Leonardo de Argensola apuntaba en 1609 que el decir que las cartas de marear se habían pintado con malicia, era objeción apasionada, y no probable46.
47 Kagan, Richard, “Arcana Imperii: mapas, ciencia y poder en la corte de Felipe IV”, en Felipe Pered (...)
48 A. de Santa Cruz, Crónica del Emperador Carlos V, vol. 1, Madrid, Imprenta del Patronato de Huérfa (...)
49 Jaime Cortesão fue el primero en proponer la tesis de la política del silencio. Jaime Cortesão, Do (...)
24En cambio, en la disputa de las Molucas también se produjo en cartografía el extremo opuesto a la falsificación y tergiversación. Frente a la supuesta difusión y divulgación falsa de zonas territoriales se llevó a cabo en Portugal la llamada ‘política del silencio’ o del secreto (política do sigilo o del segredo) en aquellos asuntos relacionados con las actividades marítimas y los descubrimientos. Más tarde Felipe II adoptaría esta medida para dejar manuscritas algunas obras españolas sobre cartografía, cosmografía y navegación. El silencio estratégico, la censura, el secreto comercial, técnico, geográfico y científico en los mapas representó una forma propia de conocimiento. El silencio cartográfico fue una actividad sistemática y deliberada -casi paranoica en el caso de Felipe II- ejecutada con el objetivo de aventajar al enemigo en cuestiones expansionistas. Los mapas fueron considerados arcana imperii (secretos del imperio), esto es, documentos secretos tan sólo a disposición del monarca y oficiales autorizados47. La práctica concreta de este uso político de la ciencia consistiría en ocultar toda información sobre nuevos descubrimientos, la exclusión de personas extranjeras en los viajes de exploración y la persecución de aquellos individuos que decidían dejar de servir a su país a favor de una potencia rival. Alonso de Santa Cruz aludía al mucho recaudo que el Rey de Portugal tenía en que no se sacasen cartas de marear fuera de su Reino48. De ser cierta, además de ineficaz, la política del silencio debió de ser una estrategia de imposición en el momento álgido de una tensión diplomática como la de las Molucas, una característica distintiva de la tenaz competitividad que vivió la Península Ibérica en la Era de los Descubrimientos49. En este contexto diplomático la retención o distribución de informaciónera considerado un asunto de Estado.
50 Demetrio Ramos Pérez, “Magallanes en Valladolid: la capitulación”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A (...)
25La vivacidad que aún albergaba la disputa de las Molucas quiso que en 1519, en la ciudad de Valladolid50, Carlos V aceptara la propuesta que Magallanes y Rui Falero le formularon para alcanzar las Molucas navegando por el Mar del Sur. Una vez más, ambos navegantes defendieron la viabilidad de su proyecto con mapas y cartas de marear que hacían declinar las islas orientales hacia la parte castellana. Según la opinión de Magallanes: 51 B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 15 y 16. El Maluco distaba seiscientas leguas de Malaca para Oeste, que son poco más, o menos de treinta y seis grados, hacia fuera del límite Portugués, según las cartas antiguas. Buelto a Portugal, no le hicieron merced, antes se juzgo por agraviado, y sintiendo el disfavor, pasó a Castilla, trayendo un planisferio dibujado por Pedro Reynel. Por el cual, y por conferencias, que por cartas había tenido con Serrano, persuadió al Emperador Carlos V, que las Malucas eran de su derecho. Dicen, que confirmaba su opinión con escritos, y autoridad de Ruy Falero Portugués51.
52 A. de Santa Cruz, Crónica del Emperador Carlos V, vol. 1, p. 17.
53 Véase Antonio Pigafetta, Le Voyage de Magellan (1519-1522). La relation d’Antonio Pigafetta & autr (...)
54 B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 16.
55 R. A. Laguarda Trías, “Las longitudes geográficas de la membranza de Magallanes y del primer viaje (...)
26Qué mejor instrumento que un mapa para convencer y demostrar a Carlos V que sólo él era dueño y señor del territorio descrito. El viaje de larga distancia haría el resto, inculcaría al rey la creencia en su posesión del llamado Maluco. Convencido de la relevancia que para su economía y su política supondrían las aspiraciones de Magallanes y Falero, el Emperador mandó organizar la expedición. Aunque Santa Cruz apuntaba que Magallanes se ofreció á descubrir muy grande especiería y otras riquezas en el mar Océano dentro de los límites de Castilla52, el objetivo principal con el que partieron las cinco naves de la barra de Sanlúcar era recolocar las Molucas en el marco de la nueva idea del antimeridiano y aclarar después, mediante representaciones, a quién pertenecían. Magallanes no iría sólo y si algo caracterizó su viaje fue la armadura científica en la que estaba sustentado. Al navegante portugués le acompañarían, en principio, Ray Falero -nombrado piloto jefe para la ocasión y supervisor de mapas e instrumentos-, Pedro y Jorge Reinel -consejeros cosmográficos- y Diego Ribeiro -elegido como cartógrafo oficial de la expedición. Todos ellos jugarían un papel determinante. Tras el viaje, los testimonios escritos de Antonio Pigaffeta y Francisco Albo, los dos cronistas oficiales de la expedición, serían decisivos para aumentar más si cabe el esplendor de dicho viaje. Albo, uno de los compañeros de Magallanes, formó parte de la tripulación de la Trinidad como piloto y, además, redactó un Derrotero del viaje -también considerado de Elcano- cargado de datos geográficos y astronómicos, donde la medición de las longitudes que Albo realizó desde las costas brasileñas situaba las Molucas de lado portugués53. En el último momento antes de zarpar el astrólogo Falero, perdido el juicio, quedó en la casa de locos de Sevilla; venía en su lugar Andrés de San Martín, a quien Magallanes escuchaba en lo que decía de los temporales, no en otras materias54. Falero parecía dar claras muestras de perturbación mental, ya que andaba casi fuera de seso, aunque gracias a su Regimiento pudieron utilizarse durante la travesía datos acerca del cálculo de longitudes geográficas.55 Antes y durante el viaje muchos fueron los enfrentamientos bélicos que se produjeron en las islas:
56 B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 43 y 44.
Por ambas partes se ejercitaba el dominio, el trato, con ambición, y las relaciones todas dicen, que con crueldad. Pero el teatro más sangriento de perpetuas tragedias, era Ternate, y todo el Maluco. En el peleaban ambas naciones Españolas con armas, y sus Reyes en Europa, con sutilezas de derecho, y de Cosmografía. Entonces, ya el negocio no estaba tan entero como cuando los Cosmógrafos, y Árbitros de ambas partes, extendieron el Meridiano, para adjudicarle la mitad del mundo, cada cual para su Rey.56
57 Manuel Hidalgo Nieto, “La cuestión hispano-portuguesa en torno a las islas Molucas”, Revista de In (...)
27A la vuelta de la nao Victoria a Sevilla en 1522 a manos del marino español Juan Sebastián Elcano, la querella de las Molucas llegó a su punto más culminante. Por un lado, Juan III protestó a Carlos V por el robo de especias en el viaje de Magallanes-Elcano y, por otro lado, al rey español no le agradó saber que en Cabo Verde habían quedado prisioneros algunos miembros de la tripulación57. Para Castilla se trataba de una noticia agridulce. Sin embargo, el Emperador, según Santa Cruz recompensó a los supervivientes y:
58 A. de Santa Cruz, Crónica del Emperador Carlos V, vol. 1, p. 22.
[Les] hizo muchas mercedes á los principales que vinieron en la nao, dándoles renta con que viviese y armas con que se honrasen, que fueron un escudo con un castillo en medio y debajo de él mucho clavo y nuez moscada y encima del castillo un mundo con una letra que decía: Primus qui circundecit me, que en lengua castellana quiere decir el primero que me cercó, dando á entender que los que vinieron en aquella nao fueron los primeros que dieron una vuelta al mundo, porque á la ida habían ido á la parte de poniente y á la vuelta habían vuelto por la de levante.58
59 A. Sandman, Cosmographers vs. Pilots…, p. 62 y 63.
60 La carta de Nuño García de Toreno se encuentra en la Biblioteca Real de Turín. En ella aparece el (...)
61 M. L. Martín-Merás, Cartografía marítima hispana…, p. 87; R. Cerezo, La cartografía náutica españo (...)
28Al margen de las preeminencias económicas que suscitaba el viaje de Magallanes, la vuelta al mundo y, en consecuencia, su cercamiento cartográfico, provocaron, entre otros, dos efectos apreciables. Uno, el problema de la línea de demarcación resurgió ahora teñido de un nuevo tinte político y, dos, la cartografía se situó más que nunca en el centro de la escena59. Sólo la visibilidad de lo disputado permitiría alcanzar un acuerdo. Por ello en 1522 el cartógrafo Nuño García de Toreno confeccionó una carta de Filipinas con los datos que Elcano le presentó tras la expedición60. La carta de Toreno constituía un buen ejemplo de propaganda para reafirmar los derechos de Castilla ante las cortes, ya que representaba las islas Molucas colocadas de lado castellano. Éste fue el primer mapa español de la región del sur y sudeste asiático donde aparecía dibujado el antimeridiano de las Molucas. Fue concebido como el resultado de la expedición de Magallanes y regalado por Carlos V a su cuñada Beatriz de Portugal61. También de 1522, y con los datos proporcionados por Elcano, son dos cartas anónimas atribuidas a Pedro Reinel, donde aparecen las islas como pertenecientes a Portugal. Del año siguiente data el mapamundi de Turín (1523)realizadocon la misma información que las de Toreno y Reinel. Este planisferio constituye la primera copia del Padrón Real de la Casa de la Contratación. Asimismo, en 1523 apareció el célebre De Moluccis Insulis de Maximilianus Transylvanus, la primera explicación del viaje de Magallanes y Elcano, aunque la mayor gloria narrativa del acontecimiento sería para Antonio Pigafetta.
62 Mario Hernández Sánchez-Barba, “Los convenios de Zaragoza”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas (...)
63 R. Ezquerra, “La idea del antimeridiano”, p. 23.
64 Cirilo Flórez Miguel, Pablo García Castillo y Roberto Albares Albares, El humanismo científico, Sa (...)
65 J. Denucé, “Magellan: la question des Moluques…”, p. 401. El autor se sorprende de la utilización (...)
29Dada la disconformidad de ambas partes por conceder al otro lo que no era suyo, en marzo de 1524 se llegó a un acuerdo mediante la Junta de Vitoria por el cual se designaron tres astrólogos y tres pilotos para determinar la posición de la línea de demarcación surgida del Tratado de Tordesillas62. La reunión de Vitoria fue la antesala de las Juntas de Badajoz-Elvas celebradas en mayo de ese mismo año con el objeto de acabar con la disputa. En estos encuentros se plantearon tres puntos matrices: 1) cuál sería el mejor soporte gráfico sobre el que representar la línea, una carta plana o un globo; 2) cómo situar las islas de Cabo Verde sobre este medio; y 3) desde qué lugar de estas islas iniciar la cuenta de 370 leguas. El debate científico estuvo inexorablemente unido a la resolución del problema de la determinación de la longitud. Sin embargo, los puntos de vista no pudieron ser más opuestos. Si los españoles acusaban a los portugueses de alterar las distancias y malear las cartas, los cosmógrafos castellanos hacían pasar el antimeridiano por Malaca, e incluso, como apuntó exageradamente Martín Fernández de Enciso en su Suma de Geographia (1519), por el Ganges63. El fundamento científico de Castilla utilizado en dichas juntas como prueba fehaciente de la situación de las Molucas fueron las enseñanzas de la Geographia de Ptolomeo, conocimientos del mundo clásico que habían llegado a España a través del humanismo científico salmantino64 y que ahora debían servir para resolver una disputa moderna65. 66 F. López de Gomara, Historia de las Indias, Medina del Campo, 1553, f. 57. Citado en A. Cortesão, (...)
30Las negociaciones fueron un fracaso estrepitoso y así lo confirma un pícaro episodio narrado por Francisco López de Gomara en su Historia de las Indias (1552): “aconteció que paseando un día por la ribera del Guadiana Francisco de Melo, Diego Lopez de Sequeira y otros de aquellos portugueses, les preguntó un niño que guardaba los trapos que su madre lavaba, si eran ellos los que repartían el mundo con el emperador. Y como les respondieron que si, se bajo los pantalones y enseñándoles las nalgas les dijo pues echar la raya por aquí en medio”66. Pero la ineficacia de las reuniones no impidió el ascenso social de los cosmógrafos y cartógrafos en la escala cortesana, sino que de lo contrario ganaron no sólo prestigio científico, sino también político. Los cosmógrafos, aún por mandato real, fueron figuras comprometidas con las realidades políticas.
67 M. F. de Navarrete, Colección…, Tomo V. 68 Véase A. Sandman y E. H. Ash, “Trading Expertise: Sebastian Cabot between Spain and England”, Rena (...)
69 R. Cerezo, La cartografía náutica española…, p. 179, 184 y 185.
31Dada la ineficacia diplomática de Badajoz y Elvas, Carlos V no cesó en el intento por alcanzar las Molucas mediante otras vías de acceso. Esteban Gómez ya lo había intentado en 1523, pero la expedición del nombrado gobernador de las Molucas, Jorge García de Loaysa -quien levó anclas desde la Casa de la Contratación de La Coruña, sucursal de la institución sevillana- en 152567 y el viaje truncado de Sebastián Caboto en 152668, de nuevo sin éxito, convertían las Molucas en un lugar casi inalcanzable para los castellanos69. Ya que llegar a las Molucas se tornaba cada vez más complicado la solución sería traerlas a la Península. 5. Conclusión: el Tratado de Zaragoza, el engaño cartográfico de Diego Ribeiro y el empeño de las Molucas
70 AGI, Patronato, 49, R. 9.
71 Leoncio Cabrero, “El empeño de las Molucas y los tratados de Zaragoza: cambios, modificaciones y c (...)
32Si el primer viaje de Colón resultó en el Tratado de Tordesillas, la circunnavegación de Magallanes desembocó en el Tratado de Zaragoza70, firmado el 22 de abril de 1529. En los años inmediatamente anteriores al tratado Carlos V estaba inmerso tanto en la política matrimonial con su país vecino como en la preocupación por el gasto que generaba el conflicto bélico europeo. Fruto de la incapacidad para trazar una línea con fiabilidad y fidelidad, el acuerdo de 1529 se presentaba como la única salida viable para las dos Coronas, ya fuera por la íntima relación que mantenían o por las necesidades económicas del Emperador71. La negociación era obligada y la evidencia geográfica una herramienta socorrida, pero eficaz. 72 A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, p. 225 y ss.
73 Jerry Brotton (1997), Trading Territories: Mapping the Early Modern World, New Work, Cornell Unive (...)
33Con anterioridad a la firma de Zaragoza el rey Juan III presentó a Carlos V una tentadora oferta por el arrendamiento de las Molucas. Informadas las Cortes del tal negocio éstas advirtieron al rey español, en una asamblea general celebrada en Madrid en 1528, que no se beneficiara de las Molucas a costa de Portugal72. Pese a la advertencia la corona española y la portuguesa se reunieron en Zaragoza para poner fin a la querella. Para entonces el cartógrafo Diego Ribeiro ya había realizado algunas cartas que situaban las islas dentro de territorio castellano. Uno de esos mapas fue el mapamundi de 1529, decisivo para la resolución de la disputa73. El mapa de Ribeiro situaba las Molucas 172’5 grados al oeste de la línea de separación de Tordesillas. Tan sólo se cedieron 7’5 grados. El trabajo de manipulación geográfica de Ribeiro, gracias a la incapacidad instrumental para resolver el problema de la determinación de la longitud, permitió a Carlos V negociar con el rey de Portugal. Tras la evidencia del mapa de Ribeiro, Carlos V decidió renunciar a dichos territorios y, entre otros acuerdos, se estipuló que el Emperador y Rey de Castilla debía ceder:
74 AGI, Patronato, 49, R. 9, nº 2, 4 v.
Todo el derecho, acción, dominio, propiedad y posesión o casi posesión, y todo el derecho de navegar y contratar y comerciar por cualquier modo que sea […] por precio de 350.000 ducados de oro […] que valgan en Castilla 375 maravedís cada ducado.74
75 Véase L. A. Vigneras, “The Cartographer Diogo Ribeiro”, Imago Mundi, 16 (1962): 76-83; Germán Lato (...)
76 J. Brotton, Trading Territories…, p. 145 y 146. 34Nunca antes el poder de la imagen había sido tan decisivo para la resolución de un problema científico, aunque sin embargo eran los propios datos geográficos los que estaban falsados. La incertidumbre científica permitió a un cartógrafo habilidoso75 exponer un mapa persuasivo que resultó en un contrato visual válido para todos los contratantes. La representación de Ribeiro poseía la cualidad de generar acuerdo por encima de cualquier interés. Sus herramientas fueron la aparente objetividad científica y la exactitud hidrográfica76. 77 M. Cuesta, “Las islas Molucas en la cartografía”, en Atti del XL Congresso Internazionale degli Am (...)
78 AGI, Patronato, 49, R. 12. 79 María Lourdes Díaz-Trechuelo Spinola, “Filipinas y el Tratado de Tordesillas”, en VV. AA., El Trat (...)
35Muchos fueron los mapas sobre las Molucas realizados por portugueses y españoles tras el convenio de Zaragoza77. En 1566 Felipe II reabrió el debate solicitando a fray Andrés de Urdaneta y a los cosmógrafos Alonso de Santa Cruz, Pedro de Medina, Francisco Falero, Jerónimo de Chaves y Sancho Gutiérrez que dieran su parecer sobre la posición que ocupaban las Filipinas en relación al empeño de Zaragoza78. Desafortunadamente para la Corona, el dictamen situaba de nuevo las Molucas de lado castellano, a saber, territorio explotado ahora por los comerciantes lusos con pleno derecho desde 1529. El problema de Filipinas atormentó a Felipe II aún a pesar de la unión dinástica con Portugal en 158079.
36La representación cartográfica del mundo moderno supo combinar la convincente evidencia geográfica de lugares controvertidos con la capacidad que su apariencia e impresión visual tenían para concretar alianzas diplomáticas. Fueron los mapas los que aseguraron la consagración política e intelectual de la geografía, por un lado, y sus disputas las que brindaron, por otro lado, una oportunidad sin precedentes a cartógrafos como García Toreno o Ribeiro durante la Era de las Exploraciones. La geografía se vio reforzada como disciplina y también la reputación de asus artífices. La querella de las Molucas representa un perfecto contraejemplo de lo que fue un buen mapa en la Europa moderna -no por ello el más preciso y exacto- y, además, hizo tomar conciencia de la importancia que tenía el arte de hacer mapas para definir los contornos de un mundo en continuo cambio, un mundo que se expandía más allá del oikoumene ptolemaico. Los navegantes primero y los cartógrafos después crearon la geografía inédita de la Imago Mundi. Estar en posesión de un mapa, globo o carta náutica significaba poder extender y posicionar nuevos territorios, pero también construir una retórica de poder que imbuía a su valedor con un alo de autoridad política y comercial. De forma recíproca estas condiciones infirieron a los cartógrafos modernos un grado de autonomía intelectual jamás conocido. Los casos de Mercator y Ortelius en la segunda mitad del siglo XVI son bien conocidos. 37En tanto que artefactos culturales los mapas no sólo fueron herramientas de poder que trabajaban al servicio de la administración imperial, y su poder no descansaba únicamente en su exactitud científica, sino que mediante la demostración cognoscitiva fueron capaces de generar, desarrollar y resolver cuestiones diplomáticas, políticas, e incluso, económicas. Su doble funcionalidad hacía de ellos objetos prácticos envueltos en problemas pragmáticos más allá de la mera simbología de la autoridad soberana. Los mapas oficiales, creados muchas veces para lidiar en asuntos jurídicos, dieron sobradas pruebas del triple carácter de la cartografía renacentista: esplendor estético, rigor científico e interés político-financiero. Desde Alcaçovas hasta Zaragoza hemos visto como la historia produce ejemplos cartográficos que mezclan estos tres elementos para hacer de un mapa falso una representación adecuada.
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1 El tratado original se encuentra en la actualidad en el Archivo Nacional de la Torre do Tombo (Lisboa) bajo la signatura: Gaveta 17, mç. 6, nº 16. Para mi estudio me he basado en la reproducción parcial que de dicho tratado ha realizado Jesús Varela Marcos en su El Tratado de Tordesillas en la política atlántica castellana, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1996, pp. 109-111. También he trabajado con la reproducción realizada por Antonio Rumeu de Armas en su El Tratado de Tordesillas, Madrid, Mapfre, 1992, pp. 263-265. Para un análisis del Tratado de Alcaçovas véase F. Paulino Castañeda, “El Tratado de Alcaçovas y su interpretación hasta la negociación del Tratado de Tordesillas”, VV. AA., El Tratado de Tordesillas y su proyección, Tomo I, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1973, pp. 103-115. 2 El Archivo de los Duques de Osuna custodia un documento con unas provisiones reales en nombre de los “Reyes Católicos a favor de Diego de Losada, por las que restituyen todos los bienes de los que fue despojado, por ser aliado de Alfonso V durante la Guerra Civil Castellana por el trono castellano, tras la firma de paz en el Tratado de Alcaçovas-Trujillo el 4 y 27 de septiembre de 1479”. Osuna, CP. 106, D. 12-15. El título del documento hace referencia a la Guerra Civil Castellana para referirse a la Guerra de Sucesión Castellana y denomina al tratado de paz de 1479 Tratado de Alcaçovas-Trujillo. 3 Ricardo Cerezo Martínez, “El meridiano y el antimeridiano de Tordesillas en la geografía, la náutica y la cartografía”, Revista de Indias 54, 202 (1994): 509-542, p. 510. Véase también Juan Manzano Manzano, “El derecho de la Corona de Castilla al descubrimiento y conquista de las Islas de Poniente”, Revista de Indias, 9 (1942): 397-427. 4 Martín Fernández de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles, Tomo I, Buenos Aires, Guarania, 1945. Véase Consuelo Varela, Colón y los florentinos, Madrid, Alianza, 1988; Cristóbal Colón, Los cuatro viajes: testamento, Madrid, Alianza, 1986. Edición de C. Varela. 5 Alonso de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, Sevilla, Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1951, p. 94 y 95. Edición y estudio de Juan de Mata Carriazo. 6 Primera Bula Inter Caetera del Pontífice Alejandro VI firmada en Roma el 3 de mayo de 1493 y reproducida en A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, p. 268. 7 Primera Bula Inter Caetera en A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, p. 269. 8 Ramón Ezquerra Abadía, “La idea del antimeridiano”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem de Fernão de Magalhães e a questão das Molucas: actas do II Colóquio Luso-Espanhol de História Ultramarina, Lisboa, Junta de Investigações Científicas do Ultramar, 1975, p. 1-26, p. 5.
9 Segunda bula Inter Caetera firmada por Alejandro VI en Roma el 4 de mayo de 1493 y reproducida en Agustín Remesal, 1494, La Raya de Tordesillas, Salamanca, Junta de Castilla y León, 1994, p. 135. 10 R. Cerezo, “El meridiano y el antimeridiano…”, p. 511. 11 En Antonio Gutiérrez Escudero, América: descubrimiento de un mundo nuevo, Madrid, Istmo, 1990, pp. 130-132. Véase AGI, Patronato I, N. 2, R. 1; AGI, Patronato I, N. 2, R. 2; AGI, Patronato I, N. 2, R. 3.
12 A. de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, p. 108 y 109. 13 J. Varela, El Tratado de Tordesillas en la política..., p. 84. 14 AGI, Patronato, 295, N. 19; AGI, Patronato, N. 20; AGI, Patronato, 295, N. 21. En estas cartas del 18 de agosto y 5 de septiembre respectivamente los Reyes Católicos pedían a Colón que no dilatara su salida, que enviara una carta de marear cuanto antes y que se desviara de la costa de Portugal. 15 R. Cerezo Martínez, La cartografía náutica española en los siglos XIV, XV y XVI, Madrid, CSIC, 1994, p. 176; R. Cerezo, “El meridiano y el antimeridiano…”, p. 512 y 513; Juan Gil, “Diplomacia y cartografía en el Tratado de Tordesillas”, en VV. AA., Limites do Mar e da Terra: Actas VIII Reunião Internacional de História da Náutica e Hidrografia, Patrimonia, Cascais, 1998, pp. 153-162. Véase José María Millás Vallicrosa, “El cosmógrafo Jaime Ferrer de Blanes”, Estudios sobre historia de la ciencia española, Barcelona, CSIC, pp. 455-468. 16 J. Varela, El Tratado de Tordesillas en la política..., p. 85; J. Varela, “La cartografía del segundo viaje de Colón y su decisiva influencia en el Tratado de Tordesillas”, en J. Varela (Coord.), El Tratado de Tordesillas en la cartografía histórica, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1994, pp. 85- 108. 17 R. Cerezo, “El meridiano y el antimeridiano…”, p.
18 Armando Cortesão, “As mais antigas cartografia e descrição das Molucas”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem de Fernão de Magalhães…, pp. 49-74, p. 51. 19 F. Dainville, “Maps and Litigations in the 15th Century”, Imago Mundi, 24 (1970): 99-121.
20 Richard L. Kagan y Benjamin Schmidt, “Maps and the Early Modern State: Official Cartography”, en David Woodward (ed.), The History of Cartography: Cartography in the European Renaissance, vol. 3, Chicago & London, The University of Chicago Press, 2007, pp. 661-679, p. 663.
21 A. de Santa Cruz, Crónica de los Reyes Católicos, vol. 1, p. 108. “Estando los Reyes en Tordesillas, les vinieron enbaxadores de parte del rey de Portugal […] para concluir cierta diferencia que los Reyes Católicos y el rey don Juan de Portugal tenían sobre lo que estava por descubrir en el mar Oçeano”. 22 Tratado de Tordesillas, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1973, p. 58. Transcripción del original que se encuentra en el Archivo Nacional de la Torre do Tombo (Lisboa) bajo la signatura Gaveta 17, m. 2, nº 24. En el Archivo General de Indias (Sevilla) se encuentra un ejemplar bajo la signatura AGI, Patronato, 1, N. 6, R. 1. Se hicieron dos ejemplares del tratado, uno localizado en Lisboa y el otro en Sevilla. Véase Rosario Parra Cala, “Documentos existentes en el Archivo General de Indias sobre el Tratado de Tordesillas, las Juntas para la fijación de la línea y el Convenio de Zaragoza”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas y su proyección, Tomo II, pp. 269-293. La descripción que Argensola hace es aclaratoria al respecto: “por contrato publico con los Embajadores Castellanos en el año 1494, ordenaron: que pues el orbe, o globo de la habitación humana, que consta de mar y tierra, corresponde a los grados de la Esfera celeste, se partiese entre los dos Reyes por medio, lanzando una línea, o meridiano por ambos polos, Norte, y Sur, la cual prosiguiese rodeando tierra y mar, y dividiendo el globo en dos mitades. Ordenose, que la parte hacia el Oriente quedase para Portugal, y la Occidental para Castilla. Y que así lo señalasen las cartas de marear. Que la línea tocase un cierto término y señal en la tierra, en que cada una de las partes fundase su principio. Este, por consentimiento de ambas, se asentó trecientas y sesenta leguas de Caboverde para Occidente, y así cayó la línea y Meridiano sobre la tierra que llamamos del Brasil, hacia lo mas Occidental de la boca del río Marañón, que corre por allí en la parte del Norte. Esta línea corta la misma tierra, y de la del Sur más adelante del río de la Plata: desde donde Portugal para el Oriente, y Castilla para el Occidente comenzaron a contar los grados de latitud: y cupieron a cada parte ciento y ochenta, por ser toda la redondez de trecientas y sesenta grados”. Bartolomé Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, Madrid, 1609, p. 5. Como consecuencia del desconocimiento del occidente atlántico Castilla concede Brasil a Portugal, aunque en la época del tratado aún no había sido descubierto.
23 Tratado de Tordesillas, Madrid, Ministerio de Educación y Ciencia, 1973, pp. 55-61. Véase Armando Cortesão, “D. Joao II e o Tratado de Tordesillas”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas…, Tomo I, pp. 93-101; Luis Mendonça de Alburquerque, “O Tratado de Tordesilhas e as dificultades tecnicas da sua aplicaçao rigorosa”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas…, Tomo I, pp. 119-136; A. Teixeira da Mota, “Reflexos do Tratado de Tordesilhas na cartografia nautica do seculo XVI”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas…, Tomo I, pp. 137-148; Joaquim Veríssimo Serrão, “O Tratado de Tordesillas visto de Portugal”, en L. A. Ribot (Coord.), El Tratado de Tordesillas…, Tomo I, pp. 3-8. 24 José Muñoz Pérez, “La ‘frontera astronómica’ de Tordesillas”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas y su proyección, Tomo II, pp. 197-215, p. 202. 25 Jorge Juan y Antonio de Ulloa (1749), Dissertacion historica, y geographica sobre el Meridiano de Demarcación entre los Dominios de España, y Portugal, y los parages por donde passa en la America Meridional, conforme à los Tratados, y derechos de cada Estado, y las mas seguras, y modernas observaciones, Madrid, Instituto Histórico de Marina, 1972, p. 65 y 66. Edición Julio F. Guillén. J. Juan y Ulloa fueron dos guardias marinos españoles elegidos para colaborar con científicos franceses en la campaña geodésica para medir el grado de meridiano que pasa por Quito en el Ecuador terrestre. En esta larga expedición al Virreinato del Perú los autores se preocuparon por los límites ultramarinos de España con Portugal, dada la deformación e imprecisión del meridiano fijado en Tordesillas. 26 María Luisa Martín-Merás, Cartografía marítima hispana: la imagen de América, Madrid, Lunwerg, 1993, p. 76.
27 Mariano Cuesta Domingo, “El Tratado de Tordesillas y la cartografía en la época de los Reyes Católicos”, en J. Varela (Coord.), El Tratado de Tordesillas en la cartografía histórica, pp. 53-84, p. 81.
28 El planisferio de Cantino, así llamado porque fue adquirido por Alberto Cantino, un emisario del duque de Ferrara, es el mapa portugués más antiguo en el que aparecen los descubrimientos portugueses del siglo XV. Según Laguarda Trías el mapa desapareció del Palacio de Módena durante el saqueo de 1859. Antes de ser recuperado por Giuseppe Boni, director de la Biblioteca Estense de Módena, se encontraba en una salchichería colgado de una pared entre el negocio y la trastienda. Véase Rolando A. Laguarda Trías, El predescubrimiento del río de la Plata por la expedición portuguesa de 1511-1512, Lisboa, Junta de Investigações do Ultramar, 1973, p. 167; Edzer Roukema, “Brazil in the Cantino Map”, Imago Mundi 17 (1963): 7-26; C. Varela, “Política y propaganda en el Mapa de Cantino”, en VV. AA., Limites do…, pp. 181-184.
30 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 664. 31 Ramón Ezquerra, “Las Juntas de Toro y Burgos”, en VV. AA. El Tratado de Tordesillas…, pp. 149-170; Ursula Lamb, “The Spanish Cosmographic Juntas of the Sixteenth Century”, Terrae Incognitae, 6 (1974): 51-62.
32 Véase la reproducción de este documento en A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, pp. 289-295.
33 Antonio Sánchez Martínez, “Cosmographers, Cartographers, and Navigators in Sixteenth Century Spain”, en Styles of Thinking in Science and Technology, Viena, 2009 (forthcoming).
34 Entre 1510 y 1512 el humanista Elio Antonio de Nebrija debió pronunciar en la Universidad de Salamanca una serie de lecciones anuales con motivo de la fijación de la raya de Tordesillas. Véase Ana María Carabias Torres, “La medida del espacio en el Renacimiento: la aportación de la Universidad de Salamanca”, Cuadernos de Historia de España, 76 (2000): 185-202, p. 196.
35 M. Cuesta, “La fijación de la línea -de Tordesillas- en el extremo oriente”, en L. A. Ribot (Coord.), El Tratado de Tordesillas…, Tomo III, pp. 1483-1517.
36 Las Molucas eran un grupo de islas -Bachian, Machian, Motir, Ternate y Tidor- que pertenecían al archipiélago indonesio. Estaban situadas al este de Malaca, sobre el borde del Océano Pacífico. Las islas Molucas eran ricas en especias, especialmente en clavo y pimienta que se distribuían a lo largo del emporio comercial del Océano Índico. 37 Henriette Ozanne, “La découverte cartographique des Moluques”, en Monique Pelletier (ed.), Géographie du monde au Moyen Âge et à la Renaissance, París, Éditions du CTHS, 1989, pp. 217-228. 38 Véase Marcel Destombes, “The Chart of Magellan”, Imago Mundi, 12 (1955): 65-88.
40 Alison Sandman, Cosmographers vs. Pilots: Navigation, Cosmography, and the State in Early Modern Spain, Tesis Doctoral, Madison, University of Wisconsin, 2001, pp. 26-91.
41 Jean Denucé, “Magellan: la question des Moluques et la première circumnavigation du globe”, Bruxelles, Mémoires de l’Académie Royale de Belgique, Segunda serie, Tomo IV, 1908-1911, pp. 1-433; Germán Latorre, Los españoles y los portugueses en ultramar: la cuestión del Maluco, Sevilla, Tip. Zarzuela, 1923. 42 R. L. Kagan y B. Schmidt, “Maps and the Early Modern State…”, p. 674. 43 M. Cuesta Domingo, “El Tratado de Tordesillas y la cartografía en la época…”, p. 81.
44 A. García de Céspedes, Hydrografia, Madrid, 1606, f. 128. Este texto se encuentra en la segunda parte del Regimiento de navegación (1606) del mismo autor. 45 A. García de Céspedes, Hydrografia, f
46 . 147. B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 44.
47 Kagan, Richard, “Arcana Imperii: mapas, ciencia y poder en la corte de Felipe IV”, en Felipe Pereda y Fernando Marías (eds.), El Atlas del Rey Planeta: la ‹‹Descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos›› de Pedro Texeira (1634), Hondarribia, Nerea, 2002, pp. 49-70. Véase también Agustín Hernando, “Poder, Cartografía y política del sigilo en la España del siglo XVII”, en F. Pereda y F. Marías (eds.), El Atlas del Rey Planeta…, pp. 71-97. 48 A. de Santa Cruz, Crónica del Emperador Carlos V, vol. 1, Madrid, Imprenta del Patronato de Huérfanos de Intendencia e Intervención Militares, 1920-23, p. 91. Edición de Ricardo Beltrán y Rózpide y Antonio Blázquez y Delgado-Aguilera. 49 Jaime Cortesão fue el primero en proponer la tesis de la política del silencio. Jaime Cortesão, Do sigilo nacional sobre os Descobrimentos, Lisboa, 1924; J. B. Harley, “Silences and Secrecy: The Hidden Agenda of Cartography in Early Modern Europe”, Imago Mundi, 40 (1988): 57-76; Maria Fernanda Alegria, Suzanne Daveau, João Carlos Garcia y Francesc Relaño, “Portuguese Cartography in the Renaissance”, en D. Woodward (ed.), The History of Cartography, pp. 975-1068, p. 1005 y 1007. 50 Demetrio Ramos Pérez, “Magallanes en Valladolid: la capitulación”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem de Fernão de Magalhães…, pp. 179-241; Francisco Morales Padrón, “Las Instrucciones a Magallanes”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem de Fernão de Magalhães…, pp. 243-263; M. F. de Navarrete, Colección…, Tomo IV. Para una descripción de la expedición véase Juan Gil, Mitos y utopías del descubrimiento, Madrid, Alianza, 3 vols. 1989. 51 B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 15 y 16. 52 A. de Santa Cruz, Crónica del Emperador Carlos V, vol. 1, p. 17.
53 Véase Antonio Pigafetta, Le Voyage de Magellan (1519-1522). La relation d’Antonio Pigafetta & autres témoignages, 2 vols., Paris, Éditions de Chandeigne, 2007. Esta nueva edición ha sido dirigida por Xavier de Castro, Jocelyne Hamon y Luís Filipe Thomaz. En el segundo volumen se encuentra el testimonio de Francisco Albo.
55 R. A. Laguarda Trías, “Las longitudes geográficas de la membranza de Magallanes y del primer viaje de circunnavegación”, en A. Teixeira da Mota (ed.), A viagem…, pp. 135-178, p. 154 y 155. Para una edición del Regimiento de Falero véase Avelino Teixeira da Mota, O Regimento da altura de Leste-Oeste de Rui Faleiro: Subsídios para o Estudo Náutico e Geográfico da Viagem de Fernão de Magahlães, Lisboa, Edições Culturais de Marinha, 1986. 56 B. Leonardo de Argensola, Conquista de las islas Molucas, p. 43 y 44.
57 Manuel Hidalgo Nieto, “La cuestión hispano-portuguesa en torno a las islas Molucas”, Revista de Indias, 9 (1942): 429-462, p. 462. Según el autor es en este punto donde comienza la disputa hispano-portuguesa por las islas Molucas.
60 La carta de Nuño García de Toreno se encuentra en la Biblioteca Real de Turín. En ella aparece el Ecuador señalado con una línea roja y también la línea de demarcación. La representación contiene la costa sur de Asia, la península de Malaca y el archipiélago de las Molucas, situado en la parte española según lo establecido en Tordesillas. Dadas las características iconográficas del mapa como las grandes islas fantásticas del Océano Índico y el contorno de la península de Malaca estamos de nuevo ante una imagen moderna que aún contiene información del pasado medieval y clásico.
61 M. L. Martín-Merás, Cartografía marítima hispana…, p. 87; R. Cerezo, La cartografía náutica española…, p. 174. 62 Mario Hernández Sánchez-Barba, “Los convenios de Zaragoza”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas y su proyección, Tomo I, pp. 179-183, p. 181.
64 Cirilo Flórez Miguel, Pablo García Castillo y Roberto Albares Albares, El humanismo científico, Salamanca, Caja Duero, 1999. 65 J. Denucé, “Magellan: la question des Moluques…”, p. 401. El autor se sorprende de la utilización cartográfica de Ptolomeo por parte de los cosmógrafos castellanos para defender su postura frente a los portugueses. A mi juicio esta es una prueba clara de la fuerza que el llamado ‘renacimiento de Ptolomeo’ tuvo no sólo en Europa, sino también en España. 66 F. López de Gomara, Historia de las Indias, Medina del Campo, 1553, f. 57. Citado en A. Cortesão, “As mais antigas cartografia…”, p. 66.
67 M. F. de Navarrete, Colección…, Tomo V. 68 Véase A. Sandman y E. H. Ash, “Trading Expertise: Sebastian Cabot between Spain and England”, Renaissance Quarterly 57, 3 (2004): 813-843.
71 Leoncio Cabrero, “El empeño de las Molucas y los tratados de Zaragoza: cambios, modificaciones y coincidencias entre el no ratificado y el ratificado”, en L. A. Ribot (Coord.), El Tratado de Tordesillas…, Tomo II, pp. 1091-1132, p. 1091 y 1094.
72 A. Rumeu de Armas, El Tratado de Tordesillas, p. 225 y ss.
73 Jerry Brotton (1997), Trading Territories: Mapping the Early Modern World, New Work, Cornell University Press, 1998. La carta de Ribeiro se encuentra en la Biblioteca Apostólica Vaticana de Roma. El título de la misma anuncia que se trata de la “carta universal en que se contiene todo lo que del mundo se ha descubierto fasta agora, hizola Diego Ribero, cosmógrafo de Su Majestad. Año de 1529 en Sevilla. Lo qual se divide en dos partes conforme a la capitulación que hicieron los Católicos reyes de España y el rey Don Juan de Portugal en Tordesillas Año de 1494.
75 Véase L. A. Vigneras, “The Cartographer Diogo Ribeiro”, Imago Mundi, 16 (1962): 76-83; Germán Latorre, Diego Ribero cosmógrafo y cartógrafo de la Casa de la Contratación de Sevilla, Sevilla, 1919. 76 J. Brotton, Trading Territories…, p. 145 y 146. 77 M. Cuesta, “Las islas Molucas en la cartografía”, en Atti del XL Congresso Internazionale degli Americanisti, (Roma-Genova, 3-10 Sept. 1972), Genova, Tilgher, 1974. 78 AGI, Patronato, 49, R. 12. 79 María Lourdes Díaz-Trechuelo Spinola, “Filipinas y el Tratado de Tordesillas”, en VV. AA., El Tratado de Tordesillas y su proyección, Tomo I, pp. 229-240; Geoffrey Parker, “Hacia el primer imperio en que no se ponía el Sol: Felipe II y el Tratado de Tordesillas”, en L. A. Ribot (Coord.), El Tratado de Tordesillas…, Tomo III, pp. 1417-1431; Rafael Valladares, Castilla y Portugal en Asia (1580-1680): declive imperial y adaptación, Lovaina, Leuven University Press, 2001, pp. 13-36.Haut de page
Antonio Sánchez Martínez, « De la ‘cartografía oficial’ a la ‘cartografía jurídica’: la querella de las Molucas reconsiderada, 1479-1529 », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Débats, mis en ligne le 08 septembre 2009, consulté le 28 septembre 2016. URL : http://nuevomundo.revues.org/56899 ; DOI : 10.4000/nuevomundo.56899 Haut de page
Centro de Ciencia Humanas y Sociales – Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CCHS-CSIC), Instituto de Filosofía, Departamento de Ciencia, Tecnología y Sociedad. antonio.sanchez[at]cchs.csic.esHaut de page
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