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Timestamp: 2019-04-22 08:14:29+00:00

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Arte Rupestre Aproximación al estudio iconográfico de las manifestaciones rupestres en el municipio de Támesis, Antioquia
Aproximación al estudio iconográfico de las manifestaciones rupestres en el municipio de Támesis, Antioquia. 2da. parte
Eileen Raquel López Alzate eileenlopez85@gmail.com
Ángela María Velásquez Castro
Monografía de grado para optar al título de Antropólogas, Universidad de Antioquia.
Asesora: Alba Nelly Gómez García, profesora de arqueología UdeA.
...Viene de la 1ra. parte
6.1 Antecedentes etnohistóricos
Para el Suroeste Antioqueño se puede tener como referente las crónicas de conquista para tener información de los primeros grupos indígenas que habitaron esta región desde el siglo XVI. Según los relatos de Fray Pedro Simón, uno de los cronistas españoles que dieron cuenta de las acciones de conquista, los indígenas de esta área eran catíos, a los cuales otorga la elaboración de jeroglíficos: “Eran los catíos gente vestida y de mas despabilado entendimiento. Escribían sus historias en jeroglíficos pintados en mantas, usaban de peso y medida, lo más común que comían eran raíces…” (Corporación GAIA 1999).
En este territorio, los pueblos estaban organizados en comunidades, algunas de ellas emparentadas y con raíces lingüísticas comunes; la organización política incluía la confederación de aldeas y cacicazgos (Ibíd.).
Los grupos guacas, nores, pencos, tecos, carautas, hevéjicos, catíos, caramantas, cartamas y ansermas, eran los más destacados del occidente sobre la banda izquierda del río Cauca. Para el área del suroeste, el interés se centra en los catíos, cartamas, caramantas y ansermas, que son los que se encuentran más cercanos.
Se considera que la nación catía se extendía desde el municipio de Frontino hasta Caramanta por la banda izquierda del río Cauca. Se caracterizaba por ser una sociedad tribal o igualitaria, conformada por varias unidades familiares y nucleadas alrededor de las aldeas, cada una con su jefe. Gracias a este orden social cada grupo era autónomo, desarrollando a la vez diferentes modos de producción económica (minería, trabajo artesanal, comercio y agricultura).
Los cartamas y los caramantas habitaban lo que se conoce como valle medio del río Cauca, donde además habitaban varios grupos; en la margen occidental estaban los ansermas, cartamas, caramantas, chancos, gorrones e irras; en la margen oriental los quimbayas, carrapas, picaras, paucuras, pozos y armas (Ibíd.). Estos dos grupos se caracterizaron por una estructura jerarquizada, organizados en cacicazgos con un cacique como jefe, quien además contaba con nobles y capitanes guerreros con gran poder económico y político. Los sacerdotes de estos grupos tenían una importante posición jerárquica, eran los únicos autorizados para comunicarse con los dioses. El nivel jerárquico se evidenciaba en sus viviendas, en las personas a su servicio, en sus ornamentos, en el trato reverencial que recibían y por el ajuar funerario. Sus prácticas funerarias consistían en enterramientos directos, la mayoría de las veces colectivos y en tumbas de pozo con cámara lateral, los cementerios fueron ubicados en lugares diferentes a las viviendas, evidenciando posiblemente la creencia en otra vida, además del grado de complejidad de sus relaciones y jerarquías sociales.
Los ansermas, caramantas, cartamas y supías fueron asociados por afinidad linguística y sus costumbres. Prácticas como el canibalismo ritual, usado como testimonio de victoria de guerra y la exhibición de cráneos de los vencidos a manera de trofeos alrededor de las casas de los principales guerreros, eran comunes entre los caramantas, cartamas y catíos.
La conquista española llevada a cabo en el siglo XVI trajo consigo un gran desastre demográfico demostrado en el bajo número de indígenas de todo el suroeste antioqueño, los que quedaron fueron utilizados en diversos oficios como la explotación de minas por sus encomenderos.
El suroeste de Antioquia ha tenido una importante población indígena a lo largo de su historia. Grupos pertenecientes a la etnia emberá-chamí (migrante de la zona noroccidental del departamento de Risaralda) son los principales representantes para esta área. Llegaron por primera vez en el año 1818, a través de un camino existente entre los municipios de Andes y San Antonio de Chamí en Risaralda. Estos grupos se encontraban en la parte alta del río San Juan y en la cuenca del río Tatamá, limitando con otros subgrupos de los Emberas del Chocó, a la llegada de los españoles.
Por estas acciones y expediciones, los grupos chamí debieron desalojar sus territorios buscando refugio en las selvas del Chocó y en el occidente antioqueño. Algunos fueron llevados a trabajar con los españoles o en centros mineros. La colonización al territorio de estos indígenas se incrementó a mediados del siglo XIX, obligando a los emberá-chamí a desplazarse nuevamente al norte y suroeste antioqueños, bajo Cauca y Magdalena medio (Corporación GAIA 1999).
En el país, en varias regiones se encuentran dispersos indígenas Emberá, en medio de la población campesina. Para el suroeste de Antioquia, en la actualidad se localizan comunidades indígenas en tres municipios: la comunidad de Cristianía, al noroeste del municipio de Jardín; La Sucia, en el municipio de Bolívar y la comunidad de La María en Valparaíso.
6.2 ANTECEDENTES ARQUEOLÓGICOS
6.2.1 Principales procesos de poblamiento en el suroeste antioqueño
6.2.1.1 Contexto arqueológico regional y local
El conocimiento arqueológico del suroeste antioqueño es bastante significativo en términos de la cantidad de investigaciones arqueológicas realizadas, la mayoría de ellas vinculadas con reconocimientos, prospecciones y pequeñas intervenciones estratigráficas puntuales vinculadas al desarrollo de tesis de grado del departamento de Antropología de la Universidad de Antioquia o a estudios de impacto ambiental en el marco de proyectos de infraestructura urbanística, en jurisdicción de los municipios que componen esta extensa región. Sin embargo, estos se han caracterizado por la ausencia de continuidad en las problemáticas de investigación planteadas, a pesar del alto potencial arqueológico que caracteriza este sector del país.
Uno de los primeros interesados en el pasado prehispánico de esta zona del departamento fue el antropólogo Graciliano Arcila Vélez, quien desde la década de 1950 desarrolló exploraciones arqueológicas en distintos municipios de este sector, basado en información proveniente de documentos históricos, testimonios de guaqueros e información generada en sus propias investigaciones de campo.
Estos estudios permitieron al investigador relacionar el arte rupestre con formas de expresión social de comunidades titiribíes y sinifanaes que habitaron este territorio y que, al parecer, mantenían importantes relaciones interétnicas (Arcila 1956). Retomando un texto publicado en 1885 por el geógrafo Manuel Uribe Ángel, en el que se da cuenta de la existencia de rocas con grabados de figuras humanas y motivos geométricos en el área, el antropólogo Graciliano Arcila inicia su investigación sobre el tema con los petroglifos del municipio de Támesis y distingue dos tipos de técnicas de elaboración: la pintura y el grabado.
Mediante la aplicación de estas dos técnicas básicas se plasmaron centenares de motivos figurativos y geométricos entre los que se destacan diseños “antropomorfos” y “zoomorfos” que el autor relaciona con épocas prehispánicas y coloniales (Arcila 1956). Posteriormente, sus investigaciones estuvieron concentradas en un sistema de organales del municipio de Titiribí (3), al interior de los cuales pudo recuperar, especialmente en superficie, restos humanos, así como una gran cantidad de fragmentos cerámicos y artefactos líticos con características tipológicas y estilísticas que permitieron al investigador plantear la hipótesis de contactos étnicos y comerciales en la región que abarcarían el occidente del país, desde el Alto Sinú hasta el Macizo Colombiano (Ibíd.).
3. De acuerdo con el autor citado un organal corresponde a una serie de oquedades o cavernas formadas por rocas volcánicas erosionadas y conformadas en amontonamiento que dejan entre sí senderos y laberintos. En esta investigación el autor también da cuenta de localidades arqueológicas a cielo abierto (Arcila, 1969).
Hacia la década de los noventa se efectuaron nuevos estudios arqueológicos en la región, destacándose la investigación realizada por Otero (1992) en el municipio de Jericó. En los contextos analizados la arqueóloga recuperó material cerámico que denominó complejo La Sorga, asociado con una variante local del estilo cerámico marrón inciso. Este último, registrado por primera vez por Wendel Bennet (1943), se caracteriza por la presencia de vasijas de arcilla utilizadas como urnas funerarias. Estas poseen una forma columnar bulbosa y bordes biselados con superficies de color marrón oscuro y decoración incisa en diseños con forma de espina de pescado. En la excavación de un abrigo rocoso en la localidad de Puente Iglesias en el municipio de Jericó se identificaron cinco entierros humanos en urnas y fosas sencillas, uno de ellos datado en 380±60 d.C. (Arcila 1956).
A mediados de esta misma década se realizó un trabajo de grado en el municipio de Concordia (Bermúdez 1995), que tenía entre sus objetivos indagar por el poblamiento tardío del área. El análisis de las evidencias culturales recuperadas, especialmente material cerámico y lítico, permitió al autor proponer la existencia de ocupaciones históricas relacionadas con los estilos cerámicos marrón inciso y tardío, este último caracterizado por la elaboración de cerámica con terminación “burda” y poca decoración. De acuerdo con el autor, el estilo cerámico marrón inciso presenta una amplia dispersión geográfica que comprende la cuenca del río Cauca, desde el norte del departamento del Valle hasta el norte del departamento de Antioquia, así como un rango cronológico amplio datado en los cuatro primeros siglos de nuestra era (Ibíd.), mientras que el estilo tardío estaría relacionado con el complejo cerámico inciso con borde doblado propuesto para el norte del cañón del río Cauca entre los siglos IX y XVI de nuestra era (Castillo 1994). Por otra parte, se plantea que este estilo cerámico correspondería a la expresión material de grupos humanos que habitaron la vertiente oriental de la cordillera occidental del suroeste antioqueño en la época de la conquista española, como parte de un desarrollo tardío regional local (Bermúdez 1995).
Para esta misma época se inicia una investigación arqueológica en el municipio de Jardín, orientada hacia la identificación de sitios de vivienda de sociedades agrícolas prehispánicas. En esta investigación se recuperaron fragmentos cerámicos pertenecientes a los complejos cerámicos La Sorga, relacionados con el estilo cerámico marrón inciso, y La Aguada, asociados al estilo cerámico tardío. Así mismo se documentó el hallazgo de vasijas con huesos y carbón, objetos en oro y artefactos líticos (Santos 1995).
De otro lado, en el marco de un proyecto de reconocimiento arqueológico desarrollado en proximidad de la vereda El Rayo del municipio de Támesis, se identificaron algunas áreas con presencia de petroglifos, manifestaciones que se asociaron a fragmentos cerámicos pertenecientes al estilo cerámico marrón inciso (Restrepo 1997). Para el siguiente año, se adelantó en este mismo municipio un trabajo de grado que tuvo como temática el registro, descripción y análisis estilístico de algunos de los petroglifos de esta localidad, como parte de esta investigación estudiantil los autores distinguieron tres clases de representaciones en estas expresiones artísticas: geométricas, relacionadas con elementos conceptuales, narrativos y cosmológicos; figurativas, referente a descripciones más realistas, naturales, donde la realidad es reconocible, y reducidos a líneas que insinúan su forma y significación (Zapata y Tobón 1998).
Durante la ejecución del trabajo de investigación arqueológica en el área puntual para la construcción de la parcelación Los caminos del Cartama, cuenca del río Cartama, municipio de Támesis, se identificaron diez contextos arqueológicos relacionados con áreas de habitación que contenían material cerámico del estilo marrón inciso, evidencias líticas (artefactos tallados, pulidos y modificados por uso), además de un enterramiento secundario de fosa circular sencilla fechado en 570±40 d.C. (Corporación GAIA 1999).
Imagen 26. Vasijas cerámicas. Colección del Museo Arqueológico de la
Casa de la Cultura“Hipólito J. Cárdenas”, Támesis, Antioquia.
En 1998 se realiza una prospección arqueológica en los alrededores de una fuente salina en la cuenca media del río Santa Rita, municipio de Andes, reportándose el hallazgo de contextos con material cerámico de una variante del estilo marrón inciso que los autores denominaron como “sistema alfarero Santa Rita”, fechado entre los siglos II y VIII d.C. (Obregón, Agudelo y Hernández 1998).
Entre los años 1999 y 2000 la investigadora Sofía Botero adelantó un trabajo de investigación arqueológica de los organales de Titiribí, basada en la información y referencias documentadas por Graciliano Arcila (1969). La investigadora propone que estos contextos funcionaron como eje central en la cosmogonía donde se llevaron a cabo actividades relacionadas con aspectos simbólicos y/o rituales de los antiguos pobladores de la región, rechazando la hipótesis de Arcila que los relaciona con espacios utilizados como “habitáculos” (4), refugios, santuarios o basurales (Botero 2000 y 2002). Del mismo modo, se reporta el hallazgo de una tumba de semi-cancel en la vereda La Peña de este mismo municipio, asociada a material cerámico del estilo marrón inciso con una cronología de 460 d.C. (Botero 2000 y 2002).
4. Sitios de vivienda (Graciliano Arcila, 1969, en Botero, 2002).
Para 1999 se realiza una investigación arqueológica en el corregimiento de Damasco, municipio de Santa Bárbara, identificándose catorce contextos con material cultural, caracterizados por fragmentos cerámicos del estilo marrón inciso y en menor frecuencia del estilo ferrería (Martínez y Botero A. 1999). En el marco de los programas de arqueología por contrato, el investigador Jorge Restrepo, en año 2000, reporta para el municipio de Venecia el hallazgo de quince contextos arqueológicos con material cerámico en el área de la parcelación El Palmichal, ubicada sobre la cuenca de la quebrada Sinifaná.
Así mismo, se realizó en el año 2001 un reconocimiento arqueológico superficial en área del municipio de Valparaíso, dando como resultado el registro de un petroglifo consistente en diseños geométricos tallados sobre una roca, sin encontrarse ningún tipo de material cultural adicional (Botero y Gómez 2001). Una prospección arqueológica en los alrededores del Cerro Tusa, municipio de Venecia, permitió la identificación de varios yacimientos arqueológicos a cielo abierto y dentro de contextos rocosos, en los cuales se recuperó una considerable muestra de fragmentos cerámicos prehispánicos y coloniales, artefactos líticos, así como restos óseos humanos y animales (Aristizábal 2002).
Estas investigaciones han aportado valiosa información para el conocimiento del proceso de poblamiento en el suroccidente del departamento de Antioquia. De acuerdo con estas propuestas, se establecen dos periodos de desarrollos culturales asociados directamente con las características de la cerámica arqueológica recuperada, denominados temprano y tardío (Otero de Santos 1992, Santos 1995, Botero A. 2002).
6.2.1.2 Periodos históricos del suroeste antioqueño: aproximación a la dinámica de poblamiento
Dado que hasta el momento no se ha reportado el hallazgo de materiales arqueológicos, ni se cuenta con información relacionada con momentos de ocupación anteriores a los desarrollos alfareros en esta región, la definición de esta periodización no presenta por ahora mayores complicaciones; sin embargo, consideramos que el problema radica en los términos utilizados “temprano” y “tardío”, que podrían conducir a confusiones en su concepción a nivel macroregional, pues el primero de estos términos se ha relacionado especialmente con procesos de poblamiento precerámicos e inicios de la producción cerámica. Respecto al periodo tardío, nos parece pertinente hacer una diferenciación cronológica entre los estilos agrupados bajo esta denominación (tardío, aplicado inciso, La Aguada, complejo Riosucio e inciso borde doblado), con la finalidad de comprender los procesos socio culturales vinculados con la producción alfarera del periodo prehispánico tardío de la del periodo colonial medio e incluso republicano.
Con la intención de contextualizar las evidencias registradas en el área de estudio, la propuesta de periodización que presentamos no presenta grandes cambios con relación a las propuestas anteriores; no obstante, hemos considerado más detenidamente las problemáticas macro-regionales, sin desconocer las particularidades locales que pudieran caracterizar los diferentes tipos de contextos con ocurrencias materiales. En este sentido, se propone el cambio de los términos temprano y tardío por conceptos de uso general como periodos cronológicos I, II y III, sujetos a nuevos cambios o variaciones de acuerdo con la aparición de nuevos datos relacionados con el proceso de poblamiento.
Periodo I: en este periodo se agrupa la mayor cantidad de evidencias arqueológicas relacionadas con el estilo cerámico “marrón inciso” en un rango cronológico que comprende desde los siglos I a.C. hasta el IX d.C. Este estilo se encuentra disperso por toda la cuenca montañosa del río Cauca, el Valle de Aburrá y la altiplanicie de Rionegro (Castillo 1988, 1992; Otero 1992; Santos 1993, 1995, 1998; Botero y Vélez 1994). Aunque comparte unas características particulares anteriormente descritas, puede presentar variaciones locales especialmente hacia los sectores del suroeste de Antioquia (Jericó, Jardín, Armenia, Heliconia, Venecia, Támesis) y el noroeste de Caldas (Riosucio y Supía). Se caracteriza por una alta densidad de asentamientos con una organización social de estructuras jerárquicas, el tamaño y tipo de los asentamientos hallados, el uso diferenciado de la cerámica y variedad morfológica y estilística de ésta (Botero A. 2002). Se han reportado algunos contextos pertenecientes a este periodo en Jericó (Otero 1992, Nieto y Restrepo 1998), Jardín y Riosucio (Santos 1995), Támesis (Martínez 1997), Andes (Obregón 1999 y Agudelo 2000-2002), Santa Bárbara (Martínez y Botero A. 1999), Titiribí (Botero 2000, Echeverri 2002), Venecia (Restrepo et al 2000, Martínez y Botero A. 2002) y algunas variantes en el Valle de Aburrá y altiplanicie de Rionegro (Santos 1998).
Periodo II: este período, comprendido entre el siglo X y el inicio del contacto europeo, se caracteriza por presentar contrastes con las manifestaciones culturales de los antecesores, especialmente en la alfarería y costumbres funerarias (Santos 1995). Para este periodo se observa gran variedad en las vasijas cerámicas, lo que ha conducido a dividirlos en distintos complejos relacionados con desarrollos locales particulares, entre los cuales se encuentran los complejos aplicado inciso (Bruhns 1990), inciso borde doblado (Castillo 1988), La Aguada (Otero 1992) y Riosucio (Santos 1995), que, en términos generales, presentan un acabado burdo con formas asimétricas y sencillas en sus decoraciones. Este material se encuentra especialmente en contextos de habitación y enterramiento sobre las cimas y laderas de cerros y/o colinas (Botero A 2002).
La amplia dispersión y variedad de estilos que caracterizan esta cerámica sugieren relaciones de intercambio y dinámicas culturales muy amplias, visualizándose jerarquización y complejidad social de los espacios domésticos y funerarios en relación con el material cerámico presente (Botero A 2002). Se han reportado algunos contextos relacionados con este periodo en Jericó (Otero 2002), Jardín (Santos 1995), Támesis (Martínez 1998, Corporación GAIA 1999), Andes (Obregón 1998) y Titiribí (Botero 2000).
Periodo III: corresponde al cambio ocurrido como consecuencia de la intervención española, el dominio colonial y primeros años de la república. Como anteriormente se había mencionado, de este periodo es poco lo que se conoce en esta región, pues la mayor parte de la información se encuentra mezclada con datos que abarcan desde el siglo XI, pasando por el contacto europeo, colonia y república, pues algunos investigadores han visto erróneamente este lapso de tiempo como un solo momento cultural comprendido como periodo “tardío” (Bermúdez 1995, Otero 1992, Santos 1995, Botero A. 2002).
En este sentido, se debe tener en cuenta que algunos contextos arqueológicos reportados en esta región como pertenecientes al periodo II (tardío) podrían corresponder al periodo III (reciente) de intervención española y/o época colonial, pues se reporta la presencia de una cerámica indígena muy parecida que no se distingue de la cerámica del periodo anterior; sin embargo, podría distinguirse por su asociación cultural con otros elementos (evidencias metálicas, cerámica vidriada, vidrio, entre otros). De igual forma, para reconocer este periodo se cuenta con la existencia de datos y documentos de los cronistas y/o información administrativa de los primeros años de contacto europeo.
6.2.1.3 A manera de correlación regional
A nivel de comentarios generales vinculados con correlaciones interregionales de este sector del país, se puede anotar que las investigaciones efectuadas hasta la fecha en el suroeste antioqueño no permiten establecer la existencia de un momento de ocupación “temprano” concerniente a sociedades cazadoras, recolectoras u horticultoras con una tecnología lítica y/o relacionada con los inicios de la tecnología alfarera, que pueda ser equiparable con los periodos de ocupación registrados para el Valle de Aburrá. En segundo lugar, un proceso histórico compartido en el ámbito macro-regional registrado arqueológicamente por la presencia de la cerámica caracterizada como marrón inciso, patrones de enterramiento y contextos domésticos similares documentados para una amplia zona comprendida entre los Valles del Cauca y Aburrá, que podrían implicar diferentes tipos de conexiones históricas en este territorio en el campo sociocultural con pequeñas variaciones a nivel local.
En un tercer lugar se observa cambios entre los siglos IX al XI d.C., registrados en las características del material cerámico, algunos sitios de vivienda y estructuras funerarias, que podrían estar indicando un vinculo o redes de interacción sociocultural más amplios y de mayor frecuencia entre los grupos que habitaron esta macro-región, existiendo un ritmo dinámico de transformación en distintas direcciones a escala local que pudieron influir a nivel regional, arqueológicamente registrada, tanto para el Valle de Aburrá como para la región del occidente medio antioqueño (Espinosa 2000). En última instancia, los drásticos cambios socioculturales ocurridos a partir del momento del contacto y dominio español que condujeron a formas de relación y expresión diferentes plasmadas en la cultura material, registradas en gran parte del continente.
El proceso de esta investigación comenzó con la recopilación de datos acerca del arte rupestre, inicialmente sólo lo que se conocía hasta el momento en el área de estudio. Indagando en trabajos previos nos encontramos con que estos se limitaban en su mayoría al registro de las rocas y a una especie de inventario de las figuras que se encuentran en estas. En esta primera etapa, se pudo entonces identificar de una manera escueta los principales signos y figuras que encontraríamos en el sitio que habíamos definido desde un principio para nuestroestudio.
Para una segunda fase se hizo un reconocimiento de figuras presentes en otros objetos, tales como en la cerámica, orfebrería y pintura corporal principalmente, similares a las encontradas en los petroglifos. En estos pudimos encontrar varios y diferentes iconos, muchos de los cuales los hallamos con gran semejanza a los dibujos rupestres, como lo son: las espirales, los círculos concéntricos, figuras con forma de humanos o de animales, figuras geométricas (cuadrados, triángulos), entre otros, a los cuales algunos les dan un significado ritual o de uso ceremonial.
Los datos obtenidos de este reconocimiento los organizamos agrupándolos, según las similitudes, en unas fichas, donde se hacía igualmente la descripción de cada dibujo para tener una mejor y apropiada correlación entre ellos. A partir de esta agrupación se determinó tomar una muestra representativa de algunos de los elementos que se consideraron más significativos y recurrentes entre la totalidad de la muestra inicial, para de esta manera hacer una observación más detallada a estos.
En una posterior fase, se hizo una verificación en campo, en el municipio de Támesis, en la cual se realizó un recorrido tanto por la zona rural como por la urbana, haciendo una revisión de algunas de las evidencias rupestres de las que se tenía previo conocimiento de su ubicación y de algunas otras que se consideró pertinente visitarlas y tener un registro gráfico; además, de algunos contextos geográficos; identificando posibles patrones en el paisaje, la visibilidad que desde la roca se podía tener, la ubicación, distribución y direccionalidad de los grabados.
Después de contar con esta información, procedimos a la exploración desde la comparación entre los elementos elegidos en los diferentes objetos. Las figuras que seleccionamos para esta etapa del estudio fueron las representaciones antropomorfas, las espirales y los diseños que han llamado diábolos. El criterio para la elección de estas no fue más que, después de conocer muchas de las unidades de los grabados, a partir de las más recurrentes y que potencialmente han sido registradas y comentadas en las demás representaciones arqueológicas.
Así mismo, se hizo la comparación con todos los otros diseños en los que desde el primer reconocimiento se observó alguna similitud entre estos y los petroglifos; después de esta etapa, se procedió luego a reconocer la interpretación que de estos han hecho los investigadores que se han dedicado a su estudio.
Para la etapa final se tomo el modelo metodológico propuesto por Panofsky (1976), el cual consiste en un estudio iconológico cuyo objetivo principal es el estudio de las imágenes y su significado. El análisis propuesto para desarrollarlo se divide en tres niveles:
1. “Pre-iconográfico: es un nivel descriptivo e implica la identificación de los motivos reconocidos por simple observación” (Corporación GAIA 2006). En esta etapa, se hace una identificación y posterior descripción de los iconos seleccionados. Esta descripción se toma desde una clasificación morfológica, espacial y técnica de elaboración. En la morfología se hace referencia a la forma y estructura de la imagen; en este apartado se desarrollan variables, tales como: forma del icono, singularidad o variabilidad. Para la segunda clasificación, que es la espacialidad, tomamos las siguientes variables: distribución del motivo en toda la zona, distribución del motivo en la roca, direccionalidad del motivo en la roca, ubicación estratégica de la roca grabada. Y, finalmente, dentro de la técnica de elaboración se tienen en cuenta variables como técnica y soporte.
2. “Iconográfico: se reconocen los elementos tipológicos de las imágenes” (Corporación GAIA 2006). En este punto se hace un reconocimiento de los tres iconos específicos mencionados anteriormente y sus relaciones espaciales.
3. “Iconológico: para este último nivel se aborda el significado de la imagen, su representatividad cultural e histórica y su expresión simbólica” (Corporación GAIA 2006). Aquí tratamos de hacer una aproximación al estudio iconológico, mediante la comparación y asociación entre los tres iconos elegidos de las manifestaciones rupestres con los seleccionados presentes en los otros objetos. En otras palabras, el estudio del significado de las imágenes es un estudio iconológico dentro del cual se incluye el estudio iconográfico. Sin embargo, queda abierta la posibilidad para que en futuras investigaciones se aborde más a fondo la temática desde otras variables, tales como el contexto, la cronología, el paisaje, entre otras, además del aporte que puedan hacer otras disciplinas que complementen el análisis.
8. DESARROLLO DE LA METODOLOGÍA PROPUESTA METODOLÓGICA PARA EL ESTUDIO ICONOLÓGICO DE LOS PETROGLIFOS EN EL MUNICIPIO DE TÁMESIS ICONO DEL DIÁBOLO
1. Pre-iconográfico:
Imagen 27. Icono del diábolo.
Este es el icono más repetitivo en la zona, encontrando un total de 82 registrados; sin embargo, esta es una pequeña muestra representativa de dicho icono. Ha recibido diferentes nombres, tanto en las investigaciones como por los mismos habitantes de los lugares donde se encuentran; algunos de estos nombres son: “reloj de arena”, “batica” y “diábolo”; este último es el que más fuerza ha adquirido en los estudios, el cual proviene del Italiano y significa: “Juguete que consiste en una especie de carrete formado por dos conos unidos por el vértice, al cual se imprime un movimiento de rotación por medio de una cuerda atada al extremo de dos varillas, que se manejan haciéndolas subir y bajar alternativamente”
(Diccionario enciclopédico ESPASA 2001).
A simple vista, esta imagen presenta algunas diferencias en sus trazos; sin embargo, cada uno mantiene su estructura básica.
La forma de este signo se presenta principalmente con una base amplia compuesta por una línea recta, dos líneas laterales que se acercan en el centro, del centro hacia arriba se presenta una variación que pueden incluir desde líneas curvas, algunas rectas y con una terminación de acabados diferentes: líneas curvas, rectas, líneas paralelas en forma de tocados. Esta última aplicación hace singular a algunos de estos elementos, además de asociarlos con otras figuras que también presentan este tipo de tocados, como es el caso de algunas figuras antropomorfas.
Siempre se presenta una constante en la dirección del dibujo con respecto a la roca, ya que su base siempre está en el mismo sentido con relación a la base de la roca y, por ende, la parte superior de la imagen también se encuentra en la misma orientación de la superficie del soporte; es así como se puede considerar que para la realización de estos grabados hubo una suerte de escuela en la cual los conocimientos eran transmitidos debido a la conservación de los principios básicos de elaboración.
Se considera que la técnica de elaboración consistió en el grabado, el cual tenía un soporte, en este caso rocas volcánicas, las cuales eran intervenidas con un objeto o herramienta probablemente también de roca con mayor dureza y este, a su vez, era golpeado constantemente con otro instrumento; a esta técnica se le ha conocido como percusión. Es probable que esta técnica haya sido la utilizada en la producción de todas las manifestaciones rupestres del municipio de Támesis.
2. Iconográfico:
Roca La Clara: la roca la encontramos en la hacienda La Clara; en la región se acostumbra secar el café y el cacao sobre las rocas; es, pues, como de este modo se va presentando deterioro antrópico sobre las figuras; sin embargo, también presentan deterioro natural. Sus medidas aproximadas son de m de largo por 3 de ancho. Se encuentra cerca de explanaciones naturales y fuentes de agua. Esta roca presenta figuras geométricas, espirales, cuadrados y diábolos.
Esta figura la encontramos en la roca El Ciruelo, dentro de una finca que también lleva este mismo nombre; esta roca se encuentra cerca de la quebrada La Peinada, más exactamente al sur de la casa principal de la finca; es una roca grande que cuenta con unos 27 m de largo aproximadamente por unos 18 de ancho; a su alrededor se encuentran un conjunto de rocas agrupadas; hay bastante deterioro por causas naturales y principalmente antrópico; esta roca se encuentra asociada a fuentes hídricas y a explanaciones naturales. Las figuras presentes en esta roca son: 15 figuras geométricas, diábolos de diferentes tamaños, una espiral y un círculo concéntrico.
Rayo alto 1: esta figura se encuentra en una roca ubicada cerca de la hacienda El Rayo, por el camino que lleva a la piedra El Pirú, cercana a una fuente de agua.
El Ciruelo 2: la roca se encuentra diagonal a la entrada de la finca El Ciruelo, tiene como rasgo particular que se encuentra cerca a una fuente de agua y explanación natural; sus medidas aproximadas son de unos 5 m de largo por unos 3 m de ancho. Presenta deterioro natural. En la misma roca encontramos en la cara norte 3 figuras antropozoomorfas, en el costado sur 3 figuras geométricas y una antropozoomorfa, un diábolo y una figura simétrica.
Roca del Cafetal: en la vereda San Luis encontramos esta roca registrada en 1956 por Graciliano Arcila bajo el nombre de “Roca de San Luis”, dista del casco urbano a 3.5 km. Está muy cercana a la capilla de esta vereda; presenta deterioro tanto antrópico como natural. Sus medidas aproximadas son de 30 m de largo y unos 25 m de ancho; en esta roca se encuentran también figuras geométricas y unas espirales.
Roca el Indio: esta roca se encuentra cerca a la cancha del Raicero, en ella vemos claramente cómo se presentan superposiciones en las figuras allí presentes estando lo figurativo superpuesto a lo abstracto. Sus medidas aproximadas son de 12 m de largo por 5 m de ancho; se encuentran también en esta roca figuras zoomorfas, geométricas, 3 diábolos de diferentes tamaños y una espiral. En 1956, Graciliano Arcila la registra como “La Esperanza”.
Su estado de conservación es regular, ya que presenta deterioro antrópico y natural.
Roca la Azulita: la roca se encuentra en una finca cerca a la parcelación Caminos del Cartama; sus dimensiones aproximadas son de 6 m de largo por 13 m de ancho. En esta roca también vemos el deterioro ocasionado por el secado de café y cacao que se suele hacer en la región, también se encuentra cerca de una cañada y hace parte de un conjunto de rocas. Tiene figuras geométricas, diábolos de diferentes tamaños. Al lado de esta se encuentra otra roca que presenta figuras geométricas similares. (Datos tomados de Zapata y Tobón 1998).
ICONO DE FIGURAS ANTROPOMORFAS
Imagen 28. Icono de figuras antropomorfas.
Esta también es una muestra representativa de las figuras antropomorfas de las cuales se encuentran aproximadamente un total de 45, siendo la segunda imagen con más frecuencia en la zona. Son llamadas antropomorfas por sus distinguidos rasgos de humanos en la mayoría de su cuerpo: extremidades, cabeza y, en algunos casos, distinción de sexos. Algunas presentan trazos continuos para todo el dibujo, mientras que otras tienen separaciones en determinadas líneas que forman algún miembro del mismo cuerpo.
Es así como la mayoría de estas imágenes conservan la figura principal de los homínidos, encontrando en algunas de estas ciertas diferencias notables. Estas consisten en variaciones en los rasgos de sus cuerpos, por ejemplo: las cabezas presentan distintas formas (círculos, triángulos, semicírculos); los rasgos de las caras se pueden distinguir principalmente por dos puntos que hacen referencia a los ojos y una línea horizontal que representa su boca; en otros se muestra la nariz con una línea vertical sobre la boca; algunos tienen solo uno de estos rasgos, otros no tienen ninguno, mientras que en unos cuantos se encuentran marcadas diferencias en la gestualidad expresando sus posibles emociones; sus miembros superiores la mayoría de las veces están abiertos y hacia arriba, otros hacia abajo y en algunos casos hay presencia de dedos formados por líneas, mientras que en otros su terminación es redondeada; los miembros inferiores igualmente se encuentran abiertos hacia abajo, también hay presencia de dedos en unos y en otros la misma terminación redondeada. En algunos casos se hace una diferenciación en varias de estas representaciones denominándolas como antropozoomorfas u hombre lagarto, por tener adicionalmente algunas características que se consideran propias de algunos animales, por ejemplo, la presencia en ciertas de estas de una cola similar a la de un mono o a la de un reptil.
Roca Rayo alto 2: esta roca se encuentra en la hacienda El Rayo, sus medidas aproximadas son de 3 m de largo por unos 7 m de ancho. En sus dos superficies planas encontramos sendas figuras antropomorfas muy similares entre sí, una se encuentra ubicada al oriente y la otra hacia el occidente; su estado de conservación es relativamente bueno; sin embargo, presenta deterioro natural. Los rasgos característicos de esta roca es que se encuentra cerca de un nacimiento de agua y explanaciones naturales.
Roca El Potrero de la Virgen 1: Esta roca se encuentra ubicada cerca a la escuela rural de la vereda El Rayo, a la hacienda La Yaruma, a la hacienda El Rayo y a la quebrada La Peinada; sus dimensiones son de 7 m de largo por unos 3,50 m de ancho, presenta deterioro natural; hace parte de un conjunto de rocas que están rodeadas por la quebrada. En esta roca se encontraron 10 figuras, entre ellas antropomorfas, zoomorfas y geométricas.
Roca El Ciruelo 2: se encuentra cerca a la finca El Ciruelo. Sus dimensiones son 5 m de largo por 3 m de ancho. Se asocia a una fuente de agua cercana a ésta y a una explanación natural; presenta deterioro natural. En ella encontramos figuras antropozoomorfas y geométricas.
Roca El Encanto: se encuentra en el sector El Encanto, en límites con la vereda El Rayo. Graciliano Arcila le dio por nombre “Guadua Pintada”. Se encuentra dentro de la finca del señor Ricardo Morales. Presenta un estado de conservación regular, con deterioro natural y antrópico, sobre ella se construyeron un kiosko y unas escalas para acceder a éste y es utilizada como depósito de material. Cerca a ella se encuentra una fuente de agua. Sus dimensiones son de 24 m de largo por 16 m de ancho. En ella encontramos figuras geométricas como espirales, círculos concéntricos y motivos antropozoomorfos.
Roca La Mira: Graciliano Arcila fue quien la llamo de esta forma en 1956; se encuentra hacia la parte sur de la escuela de la vereda El Rayo; es utilizada por los habitantes de la región para secar cacao y café y como lugar para divisar el paisaje que desde esta roca se puede apreciar hacia el Valle del río Cartama, esto, pues, produce un gran deterioro antrópico; sus medidas aproximadas son de unos 17 m de largo por 9,50 de ancho. Esta roca se encuentra asociada a explanaciones naturales y a fuentes de agua. En ella encontramos 16 figuras, entre las que se encuentran motivos geométricos y antropomorfos.
Roca El Limón: esta roca se encuentra en el sector El Pencal, cerca a la finca El Limón. Sus medidas aproximadas son de 11,50 m de largo por 5,50 m de ancho. Cerca de esta se encuentra la quebrada El Pencal. En esta roca hay once figuras geométricas, zoomorfas y antropomorfas.
Roca El Mestizo (sector El Pencal): seencuentra cerca de una cañada, con unas medidas aproximadas de 9,60 m de largo por unos 6,50 m de ancho, esta roca se encuentra al nivel del suelo lo que permite que se presente un mayor deterioro antrópico debido a que las personas e incluso el ganado que transita por esta zona se suban en ella y causen cada vez mas daño a los grabados; se asocian a esta roca fuentes de agua y explanaciones naturales. 8 figuras geométricas, dos diábolos, una figura antropomorfa y una zoomorfa.
Roca Los Naranjos: ubicada en la finca Los Naranjos. Sus dimensiones son 4 m de largo por 3 m de ancho. Presenta deterioro natural y antrópico. Figuras antropozoomorfas y geométricas.
Roca El Pirú: esta roca está ubicada en la vereda El Rayo. Es una roca de gran tamaño. Graciliano Arcila la catalogó como la roca mas importante de la región, ya que presenta casi todos los motivos existentes en la zona. A esta se asocian explanaciones naturales y fuentes de agua (río San Antonio). Desde ella se domina gran parte del paisaje de la región como el valle del río San Antonio y su desembocadura en el Cartama, los municipios de Valparaiso, Támesis, La Pintada y Santa Bárbara. En ella encontramos aproximadamente 50 figuras, entre ellas geométricas, zoomorfas, antropomorfas y antropozoomorfas.
Roca del liceo Rafael J. Mejía (casco urbano): está ubicada al interior del establecimiento educativo. Presenta deterioro antrópico. Recibió el nombre de “Roca de La Granja” de Graciliano Arcila en 1956. Sus dimensiones son 12 m de largo por 7 de ancho. Posee figuras antropomorfas y geométricas (5 espirales y 5 circulos concentricos). (Datos obtenidos de Zapata y Tobón 1998).
ICONO DE ESPIRALES
Imagen 29. Icono de espirales.
Este es un símbolo altamente reconocido en todas las manifestaciones artísticas en la historia del hombre a nivel mundial. En Támesis también es muy constante, donde hay alrededor de 24 de estos motivos documentados. “La espiral es el símbolo más antiguo encontrado en todos los continentes, habiendo jugado un papel fundamental en el simbolismo desde su aparición en el arte megalítico. Parece que en muchos lugares representaba el ciclo "nacimiento-muerterenacimiento" así como al sol, que se creía seguía ese mismo ciclo, naciendo cada mañana, muriendo cada noche y renaciendo a la mañana siguiente” (Wikipedia 2009). Para el caso de la región donde se encuentran los petroglifos, los estudios que se han avanzado, así como sus pobladores, también coinciden en interpretar este signo como el universo, el ciclo vital y vientos para los que se encuentran en la parte alta del municipio.
La forma principal es circular; sin embargo, hay algunas que pueden presentar una forma geométrica distinta. Algunas espirales se encuentran en composiciones o conjuntos con otros signos que se complementan entre sí y que pueden representar algo diferente y posiblemente dando varias ideas, ya que en muchos casos se encuentra la espiral sola, en otros en medio de un dibujo difícilmente descifrable y en otros unidos entre estos por líneas.
Roca del liceo Rafael J. Mejía (casco urbano): está ubicada al interior del establecimiento educativo. Presenta deterioro antrópico. Recibió el nombre de “roca de La Granja” de Graciliano Arcila en 1956. Sus dimensiones son 12 m de largo por 7 de ancho. Posee figuras antropomorfas y geométricas (5 espirales y 5 círculos concéntricos).
Roca Cristo Rey 1: ubicada en el kilómetro 1 de la carretera hacia Jericó. Sus medidas son 35 m de largo por 18 de ancho aprox. Presenta deterioro antrópico y gran cantidad de grafitis. Hay en ella cinco figuras, una antropomorfa y cuatro geométricas (dos círculos concéntricos y dos espirales). Debido al deterioro, la figura antropomorfa es difícil de visualizar.
Roca San Antonio 3: hace parte del mismo conjunto de la roca San Antonio 1. Presenta figuras geométricas (espiral).
Roca San Antonio 1: Su nombre fue otorgado por Graciliano Arcila en 1956. Está ubicada en la finca Los Pinares. Presenta deterioro antrópico y natural. Hace parte de un conjunto de rocas cercanas al río San Antonio. Sus dimensiones son 3,25 m de ancho por 3,90 de largo. Posee motivos geométricos conformados por espirales y círculos concéntricos.
Roca del cementerio: se encuentra en el casco urbano dentro de un predio particular por la carretera que va hacia la vereda San Luis. Sus medidas son 3,67 m de largo por 1,62 m de ancho. Como rasgo asociado se encuentra una explanación natural. En ella se encuentran figuras fitomorfas y geométricas (espirales biyugales dobles). Presenta deterioro antrópico y natural y grabados recientes. (Datos obtenidos de Zapata y Tobón 1998).
3. Iconológico:
A continuación se hace un cuadro con la intención de confrontar algunos de los motivos rupestres (espirales, figuras antropomorfas y los diábolos) con determinados gráficos que se asemejan, hallados en otros objetos arqueológicos y en diferentes manifestaciones de grupos tradicionales actuales.
En el primer cuadro encontramos el diseño del diábolo. La imagen semejante a este la localizamos en objetos arqueológicos de orfebrería, objetos de madera y en pintura corporal.
Este motivo en las manifestaciones rupestres del municipio de Támesis ha sido denominado como diábolo –“juguete consistente en un carrete formado por dos conos unidos por el vértice” (Larousse 1995)– y considerado como elemento de diseño al elemento básico u otros con más aplicaciones (Zapata y Tobón 1998).
Esquemas muy similares a estas figuras las hemos encontrado en algunos textos etnográficos, específicamente de grupos embera. Este diseño ha sido dibujado por personas de estas comunidades y siempre relacionado con actividades jaibanísticas y rituales. En este caso el objeto es de madera y usado como banco, y, según la bibliografía revisada, utilizada en contextos rituales y de curación por parte del jaibaná, a quien nunca le puede faltar (Ulloa 1992).
También encontramos otros dos elementos muy similares, pero que en este caso forman parte de los diseños de pintura corporal y que representan un cántaro, los cuales, al parecer, son usados solo por los hombres jaibaná, además del cántaro ser un objeto estrechamente relacionado con el maíz y la chicha, y por su intermedio con el canto del /jai/. (Ulloa 1992).
De igual manera hemos explorado otros objetos que se asemejan en gran medida a los diseños originales de los petroglifos. Nos referimos entonces a determinadas representaciones de la orfebrería prehispánica de diferentes estilos y regiones del país. Es precisamente con el icono que Reichel Dolmatoff (1988) ha designado “el vuelo chamánico”, haciendo alusión al chamán y su trance (Cuadro 3).
El cuadro que sigue a continuación relaciona uno de los símbolos más reconocidos en la historia y las manifestaciones del hombre; son entonces las figuras antropomorfas. Este es un motivo que es recurrente en varias de las rocas talladas del municipio de Támesis. Es común encontrarlos con los miembros superiores e inferiores abiertos, los cuales, para nosotros hoy en día, podrían ser una representación del hombre; en algunos casos presentan un trazo en la parte inferior que finaliza en espiral a manera de cola, a los que han asociado con el hombre-animal.
En algunos objetos de oro, y más precisamente en pectorales circulares, hallamos algunos diseños que hacen parte de la decoración interior de estos elementos y que se asemejan en gran medida a los dibujos rupestres ya mencionados, sobre todo en la disposición de sus miembros y en la forma de sus cuerpos y cabezas; se cree que son representaciones de personajes míticos.
Así como en el anterior, también es común este tipo de diseño en comunidades indígenas actuales. Precisamente, se puede apreciar en la percepción y la representación gráfica que tienen los integrantes de las comunidades embera descritas por Carmona (1988) (Cuadro 4).
En el último de estos cuadros asociamos las llamadas espirales, que, de la misma manera como en el anterior, es un icono que se encuentra plasmado en elementos que han acompañado al hombre desde el inicio de su historia.
Para el caso de los dibujos rupestres de la zona de estudio son bastante recurrentes y han sido asociados con los motivos geométricos (Zapata y Tobón 1998).
En la literatura revisada de las comunidades embera sobre sus diferentes aspectos y costumbres (Ulloa 1992; Carmona 1998) encontramos que algunas espirales se usan específicamente en la pintura corporal en ocasiones especiales y en partes definidas del cuerpo de la persona; por ejemplo, los diseños usados por el jaibaná en el canto del /jai/ o en diferentes ceremonias. Hallamos un motivo muy similar al de los petroglifos pero en este caso cuadrado y que ellos denominan pintura de anzuelo, usada por los ayudantes del jaibaná en las ceremonias (Ulloa 1992). Estos son casi siempre asociados a actividades de carácter ritual como lo son además los símbolos presentes en la tabla de curación de actividad ritual. Del mismo modo los hay ejemplificando animales, tal es el caso de las serpientes y del caracol.
En la orfebrería prehispánica también es común encontrar el diseño de la espiral. Este elemento ha sido asociado a un caracol, así como ocurre en algunas descripciones de decoración cerámica. Igualmente ha sido relacionado con actividades chamanísticas o con aquellas personas sacerdotes, caciques o personajes importantes del grupo. Para este caso los objetos tienen las aplicaciones casi siempre en la parte superior o cabeza, a manera de penachos, y son estos los que representan la superioridad del personaje casi siempre simbolizado en un ser mítico, en un animal o en cualquier otra personalidad en la que se transforma el chamán o sacerdote en medio de la ceremonia en su trance (Cuadro 5).
Acerca del patrimonio arqueológico de la nación
Las manifestaciones rupestres son una huella indiscutible del paso del hombre por los diferentes espacios geográficos de nuestro vasto territorio antioqueño. Razón por la cual no deben ser consideradas como simples esbozos o trazos sin sentido o sin significado como han sido estimados en algunas ocasiones, incluso por los primeros investigadores que estudiaban estas sociedades. Por el contrario, son un vestigio que como pocos contamos en la actualidad con varios de sus restos y que sin duda constituyen una de las más ricas fuentes de información, en cuanto a los grupos humanos ya desaparecidos, por sus complejas y estructuradas formas con que quisieron muy posiblemente representar su pensamiento y universo simbólico desde lo que puede ser, igualmente probable, el inicio de un lenguaje y una escritura estructurada.
Támesis constituye sin lugar a dudas uno de los emporios más importantes en cuanto a esta manifestación (petroglifos) se refiere. Sin embargo, también uno de los menos conocidos e investigados, pero más importante que eso, de los que nunca se le ha hecho nada para su protección. Es por esto que desde el primer registro que se tiene conocimiento en la región de estos, hasta el momento, se nota un inmenso deterioro y lo peor de todo es que día tras día se ve acrecentar con gran ímpetu y no se hace nada para conservar lo poco que queda y se puede apreciar.
Es así como después de haber conocido gran parte del estado en que se encuentran muchas de las representaciones rupestres solo nos queda hacer una reflexión transmitida desde nuestro trabajo y que este, a su vez, ojalá sea el inicio para empezar a tomar conciencia desde los diferentes estamentos (la comunidad,
las entidades administrativas y los mismos investigadores). Es urgente la necesidad de que la propia comunidad tome conciencia de la importancia de nuestra historia e identidad para que de esta manera conozcan el gran baluarte que abunda en la región y que desde ellos se propicie por la conservación, protección y divulgación de estos en compañía de las entidades administrativas y educativas. También que los estudiosos interesados en temas donde el principal objeto de investigación sean las manifestaciones rupestres de este municipio sean igualmente conscientes, ya que en muchos de estos casos el objeto solo es tomado con intenciones de sustraer la mejor información posible sin importar el deterioro que a este se le puedan estar causando, y después de haber obtenido lo que buscaban volver a dejarlo en el olvido y a merced de la indolencia humana. Entonces se espera que lo primordial en este caso, antes de cualquier trabajo de investigación, sea implementar metodologías y prácticas para proteger todas las obras dejadas por los primeros habitantes en la zona y que, sin lugar a dudas, hacen parte del patrimonio cultural de la nación; esto puede ser posible desde el aporte de diferentes disciplinas relacionadas, que con el intercambio de ideas se llegue a un adecuado y amplio proceso de conservación de los vestigios rupestres.
A continuación se puede apreciar el acelerado deterioro de las representaciones en una misma roca con el paso de los años.
Imagen 30. Roca del cementerio. (a. Espirales biyugales, Zapata y Tobón 1998.
b. Registro en campo, 2009. c. Registro en campo, detalle 2009).
Imagen 31. Roca El Pirú. (a. Foto perteneciente al Archivo Fotográfico Graciliano Arcila Vélez,
Museo Universitario, 1954 ca. b. Zapata y Tobón 1998. c. Registro en campo, 2009)
Por el estado tan lamentable en que encontramos la mayoría de los dibujos rupestres, creemos que es necesario hacer un repaso de las leyes constitucionales que amparan nuestro patrimonio cultural. Además, esperamos que más personas se interesen en este tema, porque creemos que es urgente y no da más espera, y, siendo así, se den cuenta de las consecuencias tan graves que ha dejado sobre estos objetos la actividad humana, asimismo, que puede estar en nuestras manos, por lo menos, detener el problema y tratar de conservar lo poco que queda, conociendo las leyes y decretos que el Estado nos presenta con este fin.
En este sentido, podemos decir que en la actualidad contamos con normas y leyes que están orientadas a proteger y salvaguardar todos los bienes culturales, resultado de actividades humanas en el pasado (vasijas, herramientas, entierros, etc.). Es así como en la Constitución Política de Colombia de 1991 encontraremos la Nueva Ley General de Cultura, Ley 397 de 1997, que en su Título II se refiere al Patrimonio Cultural y Arqueológico de la Nación, además de leyes y decretos anteriores que hacen referencia a este patrimonio.
Artículo 4. Definición de Patrimonio Cultural de la Nación
Las disposiciones de la presenta ley y de su futura reglamentación serán aplicadas a los bienes y categorías de bienes que siendo parte del patrimonio Cultural de la Nación pertenecientes a las épocas prehispánicas, de la Colonia, la Independencia, la República y la Contemporánea, sean declarados como bienes de interés cultural, conforme a los criterios de valoración que para tal efecto determine el Ministerio de Cultura.
Los bienes declarados monumentos nacionales con anterioridad a la presente ley, así como los bienes integrantes del Patrimonio Arqueológico, serán considerados como bienes de interés cultural.
Artículo 5. Objetivos de la política en relación con el Patrimonio Cultural de la Nación
La política estatal en lo referente a Patrimonio Cultural de la Nación, tendrá como objetivos principales la protección, la conservación, la rehabilitación y la divulgación de dicho patrimonio, con el propósito de que este sirva de testimonio de la identidad cultural nacional, tanto en el presente como en el futuro.
Artículo 6. Patrimonio Arqueológico
Son bienes integrantes del Patrimonio Arqueológico aquellos muebles o inmuebles que son originarios de culturas desaparecidas, o que pertenezcan a la época colonial, así como los restos humanos y orgánicos relacionados con esas culturas. Igualmente, forman parte de dicho patrimonio los elementos geológicos y paleontológicos relacionados con la historia del hombre y sus orígenes.
El particular que encuentre bienes arqueológicos deberá dar aviso inmediato a las autoridades civiles y policivas más cercanas, las cuales tendrán como obligación informar del hecho al Ministerio de Cultura, durante las veinticuatro horas siguientes.
El Ministerio de Cultura determinará técnica y científicamente los sitios en que puede haber bienes arqueológicos o que sean contiguos a áreas arqueológicas, hará las declaratorias respectivas y elaborará el Plan Especial de Protección a que se refiere el artículo 10°, numeral 3° de esta ley, en colaboración con las demás autoridades y organismos del nivel nacional y de las entidades territoriales.
En el proceso de otorgamiento de las licencias ambientales sobre áreas declaradas como Patrimonio Arqueológico, las autoridades ambientales competentes, consultarán con el Ministerio de Cultura, sobre la existencia de áreas arqueológicas y los Planes de Protección vigentes, para efectos de incorporarlos en las respectivas licencias. El Ministerio de Cultura dará su respuesta en un plazo no superior a 30 días calendario.
Artículo 8. Declaratoria y manejo del Patrimonio Cultural de la Nación
El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Cultura y previo concepto del Consejo de Monumentos Nacionales, es el responsable de la declaratoria y del manejo de los monumentos nacionales y de los Bienes de Interés Cultural de carácter nacional.
Las Entidades Territoriales, con base en los principios de descentralización, autonomía y participación, les corresponde la declaración y manejo del Patrimonio Cultural y de los Bienes de Interés Cultural del ámbito municipal, distrital, departamental, a través de las Alcaldías municipales y las Gobernaciones respectivas y de los territorios indígenas, previo concepto de los Centros Filiales del Consejo de Monumentos Nacionales allí donde existan, o en su defecto por la entidad delegada por el Ministerio de cultura.
Para la declaratoria y el manejo de los Bienes de Interés Cultural se aplicará el principio de coordinación entre los niveles nacional, departamental, distrital, municipal y de los territorios indígenas.
Los Planes de Desarrollo para las Entidades Territoriales tendrán en cuenta los recursos para la conservación y la recuperación del patrimonio cultural.
Artículo 10. Inembargabilidad, Imprescriptibilidad e inalienabilidad
Los bienes de Interés Cultural que conforman el Patrimonio Cultural de la Nación que sean propiedad de entidades públicas, son inembargables, imprescriptibles e inalienables.
Artículo 11. Régimen para los bienes de interés cultural
Los Bienes de Interés Cultural públicos y privados estarán sometidos al siguiente régimen:
1. Demolición, desplazamiento y restauración
Ningún bien que haya sido declarado de interés cultural podrá ser demolido, destruido, parcelado o removido, sin la autorización de la autoridad que lo haya declarado como tal.
Entiéndase por intervención todo acto que cause cambios al bien de interés
cultural que afecte el estado del mismo.
Sobre el bien de interés cultural no se podrá efectuar intervención alguna sin la correspondiente autorización del Ministerio de Cultura. La intervención de bienes de interés cultural deberá realizarse bajo la supervisión de profesionales en la materia debidamente acreditados ante el Ministerio de Cultura.
Por virtud de lo dispuesto en el artículo 5° de esta Ley, para los bienes de interés cultural que pertenezcan al Patrimonio Arqueológico de la Nación, dicha autorización estará implícita en las licencias ambientales de los proyectos de casos, se dispondrá que la supervisión será ejercida en cualquier tiempo por los profesionales acreditados ante el Ministerio de Cultura.
3. Plan Especial de Protección
Con la declaratoria de un bien como de interés cultural se elaborará un Plan Especial de Protección del mismo por parte de la autoridad competente. El plan especial de protección indicará el área afectada, la zona de influencia, el nivel permitido de intervención y las condiciones de manejo y el plan de divulgación que asegurará el respaldo comunitario a la conservación de estosbienes, en coordinación con las entidades territoriales correspondientes.
Para el caso específico del Patrimonio Arqueológico reconocido y prospectado en desarrollo de la construcción de redes de transporte de hidrocarburos se entenderá como “Plan Especial de Protección” el Plan de Manejo Arqueológico que hace parte del Plan de Manejo Ambiental presentado al Ministerio de Medio Ambiente dentro del proceso de obtención de la Licencia Ambiental.
Artículo 14. Registro Nacional de Patrimonio Cultural
La Nación y las Entidades Territoriales estarán en la obligación de realizar el registro del patrimonio cultural. Las entidades territoriales remitirán periódicamente al Ministerio de Cultura, sus respectivos registros, con el fin de que sean contemplados en el registro Nacional de Patrimonio Cultural. El Ministerio de Cultura reglamentará lo relativo al registro y definirá las categorías de protección aplicables a los diversos tipos de bienes registrados, en coordinación con las Entidades Territoriales.
Artículo 15. De las faltas contra el Patrimonio Cultural de la Nación
Las personas que vulneren el deber constitucional de proteger el Patrimonio Cultural de la Nación, incurrirán el las siguientes faltas:
1. Si la falta constituye hecho punible por la destrucción o daño de los bienes de interés cultural, o por su explotación ilegal, de conformidad con lo establecido en los Artículos 242, 246, 349, 370, 371 y 372 del código penal y, si hubiere flagrancia, colocar inmediatamente al retenido a órdenes de la autoridad de policía más cercana, sin perjuicio de imponer las sanciones patrimoniales aquí previstas.
4. Si la falta consiste en adelantar exploraciones o excavaciones no autorizadas de bienes arqueológicos, se impondrá una multa de doscientos (200) a cuatrocientos (400) salarios mínimos legales mensuales vigentes.
5. Si la falta contra un bien de interés cultural fuere realizada por un servidor público, ella será tenida por falta gravísima de conformidad, con el Artículo 25 de la Ley 200 de 1995.
El Ministerio de Cultura, o la autoridad que éste delegue para la ejecución de la presente Ley, estará facultado para la imposición y cobro de las sanciones patrimoniales previstas en el artículo anterior.
El Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Cultural, además de las Entidades Territoriales quedan investidos de funciones policivas para la imposición y ejecución de medidas, multas y demás sanciones establecidas por la Ley, que sean aplicables según el caso.
Artículo 16. De la acción de cumplimiento sobre los Bienes de Interés Cultural
El efectivo cumplimiento de las leyes o actos administrativos que tengan relación directa con la protección y defensa de los bienes de interés cultural, podrá ser demandado por cualquier persona a través del procedimiento de ejecución singular regulado en el Código de Procedimiento Civil.
Si el incumplimiento proviene de una autoridad de orden nacional, será competente para conocer del proceso de ejecución en primera instancia, el Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca; en los demás casos, el Tribunal Administrativo correspondiente a la jurisdicción de la autoridad demandada.
Para librar el mandamiento de ejecución, el juez de conocimiento requerirá al jefe o director de la entidad demandada para que por escrito señale la forma como se está dando acatamiento en lo dispuesto en las leyes y actos administrativos que sustenten la acción de cumplimiento.
Imagen 32. Cerro Cristo Rey.
Imagen 33. Cascada La Peinada.
Imagen 34. Figura geométrica en la roca de Chispas.
Imagen 35. Figura zoomorfa en la roca de la Institución Educativa San Antonio de Padua
(anteriormente llamado Liceo Rafael J. Mejía).
Imagen 36. Petroglifos en la roca de la Institución Educativa San Antonio de Padua
Imagen 37. Figura antropozoomorfa en la roca de la finca de Ricardo Morales,
vereda El Encanto (deterioro antrópico).
Imagen 38. Petroglifo en la roca de la finca de Ricardo Morales,
vereda El Encanto (deterioro antrópico)
Imagen 39. Roca El Pirú.
Imagen 40. Diferentes motivos en la roca El Pirú con notable deterioro antrópico.
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 Artículo 25

Artículo 16