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Timestamp: 2019-07-21 07:18:43+00:00

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Capítulo 2. El campo de batalla está muy revuelto… | Insurgencia Magisterial
Capítulo 2. El campo de batalla está muy revuelto…
Publicado en 22 marzo, 2019 22 marzo, 2019 Insurgencia Magisterial
2.1. La crítica funcional al poder
2.2. Fuerzas distintas, de fuerza diferente y propósitos disímiles
2.3. Estrategias heterogéneas
2.4. Un mapa inicial de las opciones de cancelación
2.5. Las confusiones de Esteban Moctezuma
2.6. El gobierno del violín: se toma con la izquierda, se toca con la derecha
2.7. ¡Es un desmadre!
Una de las vertientes novedosas de la campaña electoral de AMLO en el 2018, al grado de identificarla como la principal razón de su triunfo, fue la composición multivariada de sus fuerzas constituyentes, de sus militantes, adherentes, simpatizantes y votantes. Se trata de un arco político muy amplio, muy diverso, contradictorio incluso; en el que las diferencias conceptuales y políticas se reconocieron desde un principio, pero lograron definir una ruta en la que la victoria era la principal causa en común.
En el período en el que nos encontramos, en estos largos seis meses de convivencia entre un gobierno en funciones y un gobierno electo, las diferencias tácticas, estratégicas, conceptuales y programáticas empezarán a ser más evidentes y más significativas. Dentro de las fuerzas ganadoras, como también con las fuerzas opositoras. Todas las vías de contagio, colaboración, cooptación, definición, jerarquización, apoyos, bloqueos, estarán al día, porque el poder gubernamental es solo un conjunto de acciones que actúan sobre otros. Acciones sobre acciones, así puede definirse el gobierno, sin embargo qué acciones, en qué prioridad, sobre qué, con qué, en qué tiempo, son preguntas que se desenvuelven en un agonismo inmanente. Para decirlo en términos coloquiales: es un desmadre, la lucha por definir la agenda, los temas principales, los tiempos, los objetos de intervención y las secuencias, son cada día más evidentes. Y lo serán cada vez más.
La cancelación de la reforma educativa es un compromiso adquirido, lo hemos reiterado ya. Sin embargo, las fuerzas educativas en el lado ganador son muy diversas, hay de todo, por tanto, las luchas por dar contenido y dirección a las acciones de cancelación son desde ya un campo minado, con múltiples enfrentamientos, perspectivas diversas y estrategias contrapuestas incluso. Es necesario cartografiar las fuerzas de la cancelación, para advertir lo que está en juego, cómo se moverán, con qué instrumentos, con qué propuestas, para advertir las posibilidades de la cancelación, sus significados, alcances, limitaciones, desafíos y contradicciones.
En otras palabras: las fuerzas ganadoras -las de la cancelación- son un ¡desmadre! El territorio en el que se encuentran está lleno de bruma, muy revuelto, con obstáculos múltiples y jugadores con muchos intereses y perspectivas. Hay que identificarlos: ese es el propósito de este capítulo.
Dice Manuel Gil Antón que no se puede derogar una reforma educativa que no ha existido (Derogar la reforma educativa). Sus palabras son fuertes. Poderosas. Convincentes. ¡Qué manera de destrozar la reforma en una sola frase!
La buena prosa y la habilidad retórica del profesor Gil Antón han formado el imaginario radical de muchas maestras y muchos dirigentes de las resistencias. Todavía se pueden escuchar las reverberaciones de aquella metáfora de la reforma como un camión destartalado con un chofer prolijo en una carretera llena de baches. En términos comunicativos, los textos de Manuel han sido eficaces, eficientes y pertinentes.
En los últimos artículos ha sido congruente también. Si la reforma de EPN fue laboral, empezó al revés y estuvo mal hecha, entonces no se puede derogar, puesto que nunca existió. Peor aún: se han dilapidado miles de millones de pesos en ella. Otro de los críticos lo había dicho así: Reforma educativa: engaño, mito y fraude. ¡Contundentes! ¡Duro y a la cabeza!, dicen los maestros, henchidos de orgullo crítico.
Sin embargo, no es del todo cierto. Esa narrativa, construida a base de consignas simples (la “dizque reforma educativa”, la “mal llamada educativa”), frases espurias (“la evaluación punitiva”), apotegmas errados (“es una reforma laboral”), críticas funcionales (“una reforma parcial”, “no tiene reforma curricular”), errores garrafales (“el mito, el fraude y la mentira de la reforma educativa”) y, sobre todo, engaños sostenidos (“la reforma está muerta), tiene muchos problemas.
No se trata de apoyar la reforma, se trata de comprenderla para luchar mejor. Las frases rimbombantes atraen reflectores, pero difícilmente sirven para transformar las cosas. Y en este caso, la contundencia de la “reforma educativa no se puede derogar porque no ha existido”, parece servirle mejor al adversario que al magisterio en lucha.
Como lo hemos dicho varias veces, las resistencias se gestionan, no son campos impolutos, ni sus líderes ejemplos de ética política e intelectual. No son ni santos ni pecadores absolutos. Establecen relaciones de poder y con el Poder. Utilizan todo el arsenal político del discurso y de las instituciones, desde las formas más simples (negativas, desconocimientos, arrogancias, menosprecios), hasta las más tradicionales (vetos, regaños, engaños) y las más complejas (expoliaciones cognitivas, subordinaciones epistémicas). Porque si el Poder es un gran negocio, las resistencias también, y no sólo monetario, también político y simbólico.
Eso ya lo sabíamos, el poder es una relación, no un atributo, y los que están en las resistencias muchas veces terminan por parecerse al opositor, pues comparten el mismo campo, previamente homogeneizado y pasteurizado.
Lo interesante es cuando se fugan, cuando lo denuncian y realizan éxodos conceptuales y políticos. Pero los del canon crítico no son de esos; son críticos funcionales: nivelan el campo en disputa, juegan con los instrumentos del simulacro y del saber (¡las políticas públicas!). Bien por ellos; por eso mismo hay que desmontar sus jugadas y sus complicidades.
Lo sentimos, pero hay que decirlo. Tal cual. No se puede luchar contra la reforma educativa sin que las condiciones en que se desarrollan los enfrentamientos no queden claras. Incluido el papel de los críticos de todo tipo. Nosotrxs mismxs.
Hay que mirarse al espejo de vez en cuando, cuando menos para confirmar que uno no se está pareciendo demasiado al adversario. Es un buen consejo de método… y de ética.
Ya hemos desmontado los argumentos del canon crítico en otras oportunidades (en nuestro libro Anatomía política de la reforma educativa y en las colaboraciones de Cortocircuitos). Podría parecer una obcecación insistir en ello; sin embargo, nos parece indispensable seguir enfrentándolo porque ya es parte de la reforma.
En otras palabras: la reforma educativa es tan compleja que ha gestionado a las resistencias para convertirlas en una de sus partes constitutivas; en un acicate para transformarse a sí misma.
“La crítica oficial ya es parte de la reforma”. Parece duro, exagerado decirlo, pero es cierto. De hecho, una y otra se necesitan mutuamente: una realiza la operación, la otra crítica su implementación y sus alcances; en consecuencia, proporciona información valiosa –no sin sobresaltos y tensiones-, para mejorar el sistema, hacerlo más eficaz y más eficiente. También más legítimo.
¿Un ejemplo? Sencillo. Decían los críticos que la reforma era parcial, solo laboral, que no había reforma curricular; pues bien, en 2016 se presentó el Nuevo Modelo Educativo. ¿Qué les quedó entonces? Sólo decir que fue a destiempo, que tiene avances (Pistas para analizar el modelo educativo… ), pero que era contradictorio con el modelo evaluador. ¿Qué ocurrió? Adivinaron, lo que siguió después de Nochixtlán fue modificar el esquema evaluador. Y así, una y otra vez. Hoy mismo, ¿no ha dicho el portavoz del cártel de la reforma en el equipo de AMLO (Esteban Moctezuma) que se va a modificar la evaluación, que ya no va a ser punitiva, que se va a gastar más en capacitación? Pues bien, ya tienen el paso siguiente: ¡desde la oposición! (Ven un ataque de la sociedad civil contra AMLO por sus respuestas en educación).
¿Por qué? Porque no disputan la problematización, porque no han comprendido la reforma, porque han visto tan poco y tan mal, que terminan haciéndole el favor a los poderosos.
Esto es coherente con ese discurso crítico que denunciaba la evaluación como punitiva. Prometen que no lo será, pero la van a mantener. Vamos a ver hasta dónde llegan, pues eso también será un campo de confrontaciones.
Sin embargo, esa no es la peor forma de colaboración entre críticos y poderosos: ¡es la más sencilla! La peor ha sido la insistencia en la muerte de la reforma. Lo dijeron tanto, tantas veces, durante tanto tiempo, que parecía un llamado a la desmovilización. No lo lograron, es evidente, pero si contribuyeron a velar los ensamblajes, las extensiones y profundizaciones de los programa reformistas.
Obsesionados con el tema laboral, nunca vieron que ese solo fue el modo de iniciar la reforma: removiendo la base subjetiva del magisterio nacional. Ahora Manuel Gil Antón dice que fue un cambio corporativo, para ajustar a los nuevos tiempos (Sobre el fracaso de la reforma educativa: entrevista a Manuel Gil Antón).
¡No es así! La evaluación obligatoria, permanente, infinita, es un cálculo racional de los neoliberales para producir incertidumbre laboral, para destrabar los lazos sindicales de los maestros y generar un maestro responsable de sí mismo, desligado totalmente de sus conexiones históricas e identitarias. Justo lo que conviene, lo que es coherente con las reformas a las leyes laborales de todos los trabajadores. Faltaba el magisterio, pero no queda ahí, porque se trata de cambiar la base subjetiva de la educación: un maestro neoliberal, una escuela neoliberal, para producir individuos neoliberales.
Precariedad, incertidumbre, flexibilidad, individualidad: esos son los efectos buscados por esa reforma que denuncian los críticos como un error. Se trataba, desde un inicio, de destruir la base institucional del magisterio, de su plaza, de sus modos de articulación, de su vieja subjetividad corporativa, por una subjetividad emprendedora y responsable de sí.
¡Pero sigue el SNTE, siguen los charros en el sindicato!, dirán algunos. Es cierto, pero el SNTE es un cascarón vacío, sin poder de negociación alguno, solo sirve para gestionar los reductos de un magisterio en transición. Es el administrador del naufragio. Nada más. Durará el tiempo que tarde en encarnar la reforma. Si acaso se logra. Nada más.
Digámoslo con todas sus letras: ¡No es un error, no es una inconsecuencia: es lo que busca la reforma! ¡Lo que siempre buscó! Por eso inició con los maestros y no con el NME; con la ventaja adicional que su implementación la dejarán diseñada y preparada para el nuevo gobierno.
¡Y a esto le llaman errores e incapacidades! Aceptémoslo: los reformadores vieron mejor y más lejos; lo prepararon todo durante largo tiempo. Son más astutos de lo que nos han dicho, costará más trabajo eliminar sus perversiones si seguimos con la cantaleta de la crítica oficial.
La insistencia en desmontar el canon crítico no es un asunto de opinión, tampoco es un problema académico: es una cuestión política. Se expresa del siguiente modo: si después de cinco años de movilizaciones contra la reforma se están generando las condiciones para un nuevo gobierno que se ha comprometido expresamente a cancelar la reforma. ¿Qué significa eso? ¿Qué implica? ¿Cómo opera? ¿Por dónde se empieza? ¿Hasta dónde llegar?
Venimos señalándolo desde hace tiempo. Hay que reiterarlo: ese es un problema de concepción, no de verborrea. No basta decir: “que se cancele la reforma” y ya. Así no funcionan las cosas. Tampoco con decir que se deroguen las modificaciones al artículo 3º, o se haga una nueva Ley General del Servicio Profesional Docente. El problema es más complicado que eso. Y aquí es donde se observa claramente como los errores de comprensión pueden convertirse en horrores políticos.
La diferencia fundamental entre los críticos oficiales y la nuestra es que mientras ellos se basan en una concepción idealista, casi platónica, de las reformas educativas como reformas curriculares y técnicas -por eso la consideran una reforma mal hecha, parcial, laboral, con una evaluación punitiva-; nosotrxs partimos de una concepción materialista, de lo que la reforma es y ha sido, de cómo se ha elaborado y desarrollado, en donde las cuestiones bélicas, por ejemplo, son parte de la misma reforma y no excesos de fuerza; que es profundamente racional, entre sus objetivos y sus métodos, que han sido claros desde un principio: transformar los fundamentos pragmáticos, institucionales, subjetivos, teleológicos y políticos del Sistema Educativo Nacional.
Esta es una diferencia fundamental: no se critica al Poder porque haya hecho mal la reforma, porque podría haberla hecho mejor o porque empezó por el final; sino porque la problematización, los medios y la implementación de la reforma son coherentes con un diseño institucional y subjetivo indispensable para el nuevo momento de la reingeniería neoliberal de las instituciones educativas, sin duda, pero también de los niños, los maestros y los ciudadanos mexicanos.
Esa es la cuestión de fondo, la que los críticos oficiales no han querido ver: es una reforma educativa pues pretende trasformar el sistema educativo en sus fundamentos institucionales y subjetivos, para formar individuos neoliberales. Todos los programas de la reforma apuntan a eso, desde la evaluación obligatoria y eterna, hasta los CIEN, la autonomía de gestión, el NME y la autonomía curricular.
Por eso, mientras ellos (casi todos son hombres) denuncian a la reforma como parcial, ya muerta o que no ha existido; nosotros desmontamos su lógica, su racionalidad neoliberal y el modo como ha estado infectando mentes, corazones, instituciones, presupuestos y saberes.
En esta coyuntura, las diferencias interpretativas se observan mayormente al momento de definir las vías y alcances de la cancelación de la reforma.
Por ejemplo, si la reforma fue considerada parcial, que no se realizó o que está muerta; entonces ¿qué hacemos con los CIEN? ¿Qué haremos con la autonomía de gestión? ¿Qué con el Nuevo Modelo Educativo? ¿Qué con el inmenso mercado que se ha formado alrededor de la escolarización?
¿Qué con los cuasi-mercados? ¿Qué con la calidad como máximo logro de aprendizaje? ¿Qué con una evaluación que no es punitiva, que es peor, es permanente, intermitente, durante TODA la vida del magisterio? ¿Qué con la formación docente? Y así, ¿qué hacemos con los ensamblajes de la reforma, qué con sus extensiones, incluso con sus auto-producciones?
Para los críticos, esas son cuestiones aledañas, que podrían mantenerse, o de plano no existieron; por tanto, a la hora de cancelar la reforma, ¡pues no se tocarán, o se podrían dejar para después, permitiéndoles realizar su labor de zapa presupuestal, subjetiva e institucional!
Ya no se trata de si la evaluación es punitiva o peor que eso, a estas alturas es evidente que es una fábrica de incertidumbre, una estrategia para generar maestros responsables de sí mismos, desprovistos de solidaridad y formación colectiva; la cuestión es si remendamos la reforma neoliberal y la hacemos pasar como cancelación, o de plano iniciamos una revolución educativa, que trastoque los fundamentos corporativos del SEN, sin aceptar la reforma neoliberal, desmontando su lógica y cuestionando el qué, cómo, para qué y quién educa en el siglo XXI. Desde nuestra perspectiva, ese es el dilema.
AMLO ha prometido cancelar la reforma educativa, pero se ha reunido con tantos grupos, tan diferentes, que las contradicciones, jerarquías y objetivos se han convertido en un problema, pues van desde los gordillistas, hasta los institucionales, la CNTE, los Movimientos Magisteriales de Base, los nuevos colectivos, y también los personeros del cártel de la reforma. Son tantos, tan distintos, que las contradicciones y enfrentamientos estallarán inevitablemente después del 1 de julio.
Ahora bien, una cosa es la configuración de una fuerza electoral y otra la de una fuerza gubernamental. Sociológica, conceptual y subjetivamente son distintas. La primera ya se logró, con una extraordinaria capacidad de movilización de los y las diferentes, articuladas por el único objetivo del triunfo; la segunda todavía no, no está clara, su signo es la diferencia y el agonismo.
Curiosamente, tiene que ver más con una cuestión más conceptual que instrumental; está ligada a una valoración de la fuerza electoral construida. Mientras que para la gran mayoría la victoria se obtuvo por la organización del descontento en una candidatura factible, la misma definición del descontento no es tan clara como pareciera. Para decirlo en una frase: el hartazgo era palpable, pero su profundidad, extensión y significación transformadoras son imprecisas.
Lo siguen siendo. Esto cruza las fuerzas ganadoras, desde AMLO hasta los operadores territoriales, desde los miembros del gabinete hasta los apoyadores cibernéticos. Se puede ejemplificar con nombres y apellidos: las razones no eran las mismas, por tanto los propósitos no son iguales en Alfonso Romo que en Paco Ignacio Taibo II; tampoco en Esteban Moctezuma y Gerardo Fernández Noroña; ni mucho menos en Marcelo Ebrard y el Fisgón. Todos están en la Coalición. Todos son significativos, aunque unos en el lado del gobierno, otros en los de la representación y la comunicación.
En otras palabras, la convivencia de los contrarios en la Coalición estuvo más articulada por el desafío del triunfo que por el proyecto en común. Sólo hay que ver las apreciaciones de Alfonso Romo (México tendrá que ser un paraíso de inversión) y las de Rafael Barajas hablando de un levantamiento popular (AMLO está cabrón, esto es una insurrección).
El discurso de AMLO está atravesado por estas diferencias. Por una parte, propone la IV Transformación Nacional, un gobierno que inicie gestas históricas a la altura de la Independencia, la Reforma, la Revolución: ¡de ese tamaño! Por otra, la dinámica gubernamental perfilada en las declaraciones, iniciativas y propuestas de los primeros días poselectorales, mantiene los postulados estratégicos del gobierno anterior; sobre todo en lo que concierne a las reformas estructurales.
¿Cómo se pretende la reconstrucción reciclando los conceptos, las políticas y los personajes que nos trajeron hasta aquí? ¿Cómo pretender generar resultados distintos con las mismas políticas que causaron el desastre nacional? Peor aún: las políticas y los personajes, reciclados por una suerte de amnistía anticipada o bendición morena a los que saltaron antes del naufragio del Pacto por México.
La solución a la antinomia estratégica es muy simple. La IV Transformación se logrará por la lucha contra la corrupción. Así se conseguirán ahorros presupuestales que fondeen programas sociales, como los de tutorías a jóvenes y pensiones duplicadas a mayores, entre muchos otros por venir; pero también, beneficios morales y políticos, pues es bien sabido que los partidos locales se sostienen por la repartición de los recursos obtenidos por corrupción, de arriba a abajo y lateralmente. Esa es la piedra de toque de la Transformación: eliminar la corrupción hará posible todo lo demás.
Sin duda que la corrupción, ha servido para el descrédito del régimen político y la movilización popular. Los casos de la Casa Blanca, los excesos de la primera dama y de la clase política, son solo ejemplos paradigmáticos de la situación nacional; pero confundir la práctica de la corrupción con las nuevas reglas impuestas en el sistema educativo, energético, de telecomunicaciones, político, presupuestal, hacendario, entre tantas otras, es una equivocación que costará muy caro en términos de legitimidad gubernamental y desarrollo estratégico de los conflictos por venir. Aquí se juega el destino de la IV Transformación, del gobierno y de las resistencias por un buen rato.
Vamos a decirlo muy claro: el asunto no es sólo la corrupción, son las reformas neoliberales. La reforma energética ya entregó los recursos a los particulares, nacionales y extranjeros; los Certificados de Infraestructura Educativa Nacional (CIEN) ya formaron un mercado de bonos que minan el presupuesto educativo de los estados por 25 años; aun suponiendo que la evaluación a los maestros esté bien hecha, ya se se configuró un criterio de calidad que se reduce al máximo logro de aprendizaje, lo que implica una evaluación permanente y obligatoria.
No sólo es la corrupción, es el neoliberalismo, son las reformas las que aceleraron la crisis nacional y generaron una multiplicidad de resistencias que fueron las que votaron por el cambio. Son las reformas neoliberales, las que causaron esto, y ante las que se rebeló la población de manera mayoritaria.
El mandato es muy claro: el régimen corrupto de la transición mexicana impuso a sangre, fuego y desinformación las reformas neoliberales; se formaron múltiples resistencias que en la campaña electoral se articularon en una opción viable y triunfaron estrepitosamente. Eso es lo que hay que tener claro: no se acabaron las confrontaciones ni emergerá un país en jauja, sólo cambiamos las condiciones en que se darán los enfrentamientos, antes se decía, la lucha de clases, ahora sabemos que las formas de opresión y explotación son muy diversas y más complejas. Habrá que recordarlo una y otra vez.
Existen diversas iniciativas para darle contenido a la cancelación de la reforma educativa. Las agrupamos en cuatro series, según la posición que mantienen frente a la reforma actual.
Funcional. Concibe los problemas de la reforma como fallas de implementación. Tiene cinco elementos, apoyados en un silencio: foros de consulta a padres de familia, especialistas y al magisterio; cambios para una “verdadera evaluación de desempeño”; modificaciones en el proceso evaluador; relajación de los efectos sobre la permanencia; e inyección presupuestal a la capacitación. Es la propuesta de Esteban Moctezuma, cada vez más cercano a las posiciones de Anaya y Meade. Por esta vía se guarda silencio sobre los demás componentes de la reforma (financieros, organizacionales, subjetivos).
Restauradora. Es la que encabezan las Redes Sociales Progresistas (RSP) del exsecretario del SNTE, Rafael Ochoa, elbista para más señas. Esta es una postura que no les disgusta a algunas corrientes democráticas del magisterio. Su formulación más precisa se encuentra en los Acuerdos de Zacatecas: crear una nueva Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD) que “reconozca la carrera sindical como atributo de la gestión y desarrollo del sistema educativo”; y así, todos los procedimientos de restauración del orden corporativo (Los acuerdos de Zacatecas) .
Reformista. Se encuentra en algunos aspectos del Decálogo de Guelatao (Los diez puntos de educación que AMLO presentó…); comparte con las anteriores la focalización en aspectos laborales y de implementación; desarrolla los aspectos pedagógicos y del Nuevo Modelo Educativo, pero con fraseología liberacionista: fortalecer la educación pública bajo la premisa de que es un derecho -sin precisar cómo se garantizará su cumplimiento-, o elaborar junto con padres, maestros y expertos, un plan para mejorar la calidad de la enseñanza –sin especificar si el concepto de calidad será el mismo que hoy se encuentra en el artículo 3°, reducido a una cuestión de logros-. Esta salida promete resarcir los daños provocados por la reforma, especialmente los de orden laboral y administrativo-, reinstalando a todos los despedidos. Sobre este punto, se propone usar las facultades del Ejecutivo para detener estas afectaciones. Pese a que no cuestiona los fundamentos de la reforma, no será fácil de llevar a cabo. Probablemente detone controversias constitucionales de los sectores más conservadores, para obligar a cumplir el mandato constitucional, que permanecería intocado.
Constituyente. Propone la creación de una revolución y una reconstrucción del sistema educativo nacional; considera que no se puede salir de la reforma neoliberal si no se cuestionan sus fundamentos. Calidad-aprendizaje y evaluación son lo mismo. La calidad es el máximo logro de aprendizaje, según el artículo 3, la evaluación es el procedimiento para identificar y medir la calidad educativa. No se sale de ahí si no se derriba este fetiche. Esta salida, que es la que nosotros sostenemos, afirma que no se resuelven los problemas educativos a partir de modificaciones puntuales a algunos artículos o algunas leyes; su concreción demanda una fuerza social que reflexione y construya alternativas no escolares solamente, sino salidas educativas a los problemas de la producción, transmisión, distribución de conocimientos, valores, actitudes y comportamientos en la era del capitalismo cognitivo y biopolítico.
Por supuesto, las propuestas pueden ensamblarse de muchos modos, según la sintaxis y jerarquía que propongan, aquí nos interesa destacar su posición estratégica respecto a la reforma. No es lo mismo un conjunto de iniciativas con claros propósitos restauradores, que otras que la vuelven más eficiente o funcional, menos aun las que se plantean sustituirla y llamar a una revolución educativa. No son lo mismo, aunque puedan compartir más de una acción concreta, en el tiempo y en la denominación. Las enunciamos así para tener claridad sobre las iniciativas que se le presentarán al nuevo gobierno. En mucho, eso definirá el sexenio, sobre todo porque la educativa no sólo fue la primera, sino la más importante de las reformas estructurales del Pacto por México.
Hoy, después del triunfo de AMLO, estas son las estrategias en lucha; unas apuestan por reformar la reforma, otras por cancelarla; unas por una política educativa eficiente, otras por una revolución educativa y una nueva constituyente.
Fuerzas poderosas que forman parte de los círculos cercanos al futuro gobierno ya han empezado su campaña para mejorar la reforma, por cambiar la evaluación; una suerte de mejora de diseño e implementación. El riesgo de más de lo mismo, con pequeños cambios cosméticos, es muy alto.
Una vez que entendemos en qué consiste, cuáles son sus características y cómo se hizo, examinemos cuáles son las posibles rutas de cancelación de la reforma educativa, así como sus riesgos y dificultades.
La primera cuestión es conceptual; es decir, cómo concebimos la reforma educativa. Todo depende de eso, para saber sobre qué intervenimos, cómo, para qué, quiénes, cuándo y en qué orden. Para simplificar y ponernos de acuerdo, se pueden distinguir dos grandes concepciones de la reforma.
Para la primera, llamémosla reducida, la reforma es laboral, administrativa, parcial, mal hecha, impuesta, basada en la evaluación punitiva. La segunda, llamémosla amplia, la reforma es un proceso complejo de reconfiguración neoliberal del sistema educativo.
Examinemos ahora en qué consiste cada una, qué vías o caminos podrían seguirse para concretarlas, valorando también sus riesgos y potenciales complicaciones.
En la versión reducida, el objeto central de intervenciones es la denominada evaluación Sin embargo, es todavía un objeto muy general, muy difuso, pues hay que definir los tipos de evaluación, las cuestiones procedimentales, las contextuales, las fases, los reactivos, los contenidos, y a partir de ahí definir los medios o acciones de intervención, que pueden ser legislativas, constitucionales, derogativas, reformas, adiciones, etc. En esta versión reducida, se pueden seguir varias estrategias:
a. Seleccionar una o varias de las modalidades de evaluación. Hay propuestas minimalistas que dejan todas las evaluaciones como están y se concentran en la de desempeño; otras cuestionan la de ingreso también.
b. Si seguimos la versión minimalista, hay 4 vías:
I. Constitucional. Ya hay una iniciativa, del secretario general del SNTE en Veracruz, para eliminar del artículo 3º. la evaluación de permanencia. Quitándola se deja sin sustento todo el procedimiento contenido en la LGSPD.
II. Reglamentaria. Se trata de afectar sustantivamente la LGSPD, para lo cual hay dos estrategias:
1. Abrogar la ley y crear una nueva.
2. Derogar algunos artículos, cambiar otros, añadir, modificar; sobre todo en lo relativo a las modalidades de separación laboral.
III. Procedimental: El acento se pone en fases, formas, reactivos, contextos y modalidades de la evaluación de desempeño. Estrictamente se podrían modificar algunos artículos de la LGSPD, pero básicamente cambia la cuestión de las fases de la evaluación, incorporando cuestiones contextuales, evaluando los aprendizajes claves, fortaleciendo las evaluaciones a los alumnos y la evaluación de la capacitación, entre otros aspectos. Se trata de una reingeniería de la evaluación, de añadirle procesos vinculados con los aprendizajes efectivos de maestros y alumnos, previa capacitación, así como de todo lo relativo al contexto regional, étnico, socioeconómico. El proceso sería más o menos así:
1: capacitación NME;
2: enseñar aprendizajes clave;
3: evaluación de aprendizajes clave con pruebas estandarizadas;
4: evaluación de desempeño docente a través de los resultados de los alumnos y vuelta a empezar.
IV. Administrativa: Se trata de atender la evaluación punitiva sin alteraciones institucionales, alargando resoluciones, retardando las mismas evaluaciones, un poco como se ha hecho en los últimos años, sobre todo después de Nochixtlán y las negociaciones con algunas secciones de la CNTE, sobre todo Michoacán, Oaxaca y Chiapas.
¿Cuál es la valoración de esta estrategia?
Las soluciones que no atacan la constitucionalidad de la evaluación son inestables, porque están sometidas a las demandas, pueden dar lugar a los amparos, solicitados por cualquier interesado en mantener la reforma del Pacto por México.
Las acciones procedimentales son las favoritas de todos los interesados en continuar con la reforma, pues no cuestionan la ecuación evaluación-permanencia, sólo la modifican; no la alteran, no cortan todos los efectos nocivos para el magisterio: la producción de incertidumbre, las práctica docentes, los perfiles, la formación; tampoco en sus efectos sobre el aprendizaje, al estar centrados en la resolución de exámenes estandarizados.
En las estrategias procedimentales y administrativas hay otro tipo de riesgos: los que modifican las fases y modalidades de la evaluación manteniendo todo lo demás, es decir, manteniendo los efectos sobre la estabilidad laboral. Así, por ejemplo, se pueden cambiar las fases de la evaluación de desempeño, focalizándolas en el aprendizaje, e incorporar las evaluaciones de capacitación, las de los resultados de aprendizaje en los niños, además de exámenes regionales; esto cubre varias expectativas, cambiando cuestiones contextuales y realizando una nueva torsión conceptual, que iría del derecho a la educación de calidad al derecho al aprendizaje. En términos prácticos, se abre la posibilidad de evaluar a los docentes, inclusive condicionar su recontratación, con base en los aprendizajes logrados por los niños y jóvenes en las pruebas estandarizadas. Este es un esquema común en otros países, como por ejemplo Chile.
Aún en las versiones minimalistas, la clave de la discusión sigue siendo la evaluación con efectos sobre el empleo y sobre la formación y capacitación docente. Este es el punto a modificar, no los aspectos contextuales ni procedimentales, que sin ser menores, no alteran el rechazo magisterial ni los efectos institucionales, subjetivos y laborales de la evaluación de permanencia.
2. Veamos ahora la versión ampliada de la cancelación. Aquí las cuestiones son más complejas, el campo es más extenso, son mayores los objetos a intervenir y los procedimientos se vuelven más difíciles. Además, hay una cuestión fundamental: mientras los neoliberales cuentan con años de experiencias, recetas, programas y acciones probadas, en México no hay nada comparable desde el lado opositor. Por tanto, las aproximaciones se irán construyendo poco a poco.
a. Desde un punto de vista político, la primera cuestión es atender las inconformidades magisteriales por la evaluación de permanencia y de ingreso. La estrategia es desvincular una de otra.
b. Esto se consigue de varias formas: una en términos constitucionales, otra reglamentaria; pero juntas. Los asuntos procedimentales no caben aquí porque no se trata de modificar el modelo de la evaluación sino su función y sus efectos de subjetivación.
c. Lo siguiente es cortar, interrumpir, hacer cortocircuitos en la vinculación de los diferentes programas y someter a revisión cada uno de ellos; de manera preponderante la autonomía de gestión, escuelas al CIEN y el NME.
d. Después habría que atender las cuestiones relativas a los derechos educativos y la definición de calidad. Mientras se deslicen conceptos como derecho al aprendizaje y máximo logro de aprendizaje, la dupla calidad-evaluación seguirá viva, orbitando en los problemas y los programas; y no desde el lado gubernamental o desde el cártel educativo, sino desde las mismas resistencias.
La base de la reforma educativa es la calidad como máximo logro de aprendizaje; de ahí derivan casi todas las acciones reformistas, en particular las evaluaciones, pero también el Nuevo Modelo Educativo, la autonomía curricular, la organización del INEE, las cuestiones sobre el derecho al aprendizaje y demás. Por tanto, la discusión de fondo es eliminar la calidad como máximo logro de aprendizaje y construir una alternativa a los criterios de la educación en México que no la reduzca al aprendizaje y la formación de sujetos neoliberales.
Desde los primeros días postelectorales, los y las integrantes del futuro gabinete han desatado una energía desbordada en declaraciones sobre iniciativas, programas y acciones por venir. Nunca habíamos visto algo así. Un gobierno que todavía no entra en funciones, pero con un caudal político muy considerable, plantea con mucha antelación los ejes de su programa, lo da a conocer, lo pone a discusión, y empieza a cambiar las percepciones, los marcos de referencia, las prioridades, jerarquías y modos de hacer.
Concediendo bastante, pues apenas van un mes, empiezan a percibirse algunos destellos de lo que podría denominarse una nueva mentalidad de gobierno, otros modos de la organización gubernamental, de los modos de problematización, de los conceptos y jerarquías de la acción gubernamental por venir. Lo repetimos: concedemos bastante, en algo que podría confundirse más como un deseo que como una realidad. Pero podríamos concedernos esto en provecho del argumento.
Desde luego, algunos equipos son más movidos que otros. El de gobernación, por ejemplo, con Olga Sánchez Cordero y Tatiana Clouthier, lleva la delantera. Sus declaraciones e iniciativas ocupan las páginas de los periódicos, los memes, los videos y ganan miles de likes en las redes sociales. Y lo hace no solo por su presencia en programas televisivos y entrevistas periodísticas, sino porque ha perfilado otros modos de enfrentar problemas, de jerarquizar la agenda, lanzar iniciativas y modos de discusión.
Mencionaremos únicamente dos que ilustran lo que decimos. La primera es el asunto de las drogas, en el que se propone una perspectiva NO prohibicionista, al mismo tiempo que económica, financiera y jurídica, con una ley de amnistía. Este es un cambio conceptual radical, frente a la política seguida los últimos 12 años. La segunda es la despenalización del aborto en todo el país, promovida desde el gobierno de la república. Un cambio en las reglas de juego, sobre todo cuando en muchos estados se enfrentan restricciones a la libertad de las mujeres, promovidas por los gobiernos y los congresos estatales.
Repetimos: apenas son indicios de un cambio en las mentalidades de gobierno, en un par de iniciativas, en un área de gobierno, nada más; promisorias, es cierto, pero nada más.
La cuestión es que en otros casos las declaraciones no cambian nada; por ejemplo, a los responsables de Hacienda les falta tacto y timing, como cuando el futuro secretario, Urzúa, dijo que no habría aumentos reales en los precios de las gasolinas, solo nominales, es decir, ajustados a la inflación, lo que se percibe inmediatamente como una repetición de la retórica engañabobos de los neoliberales. También en sus silencios, como cuando habla de la impunidad sin referirse a los empresarios que eluden y/o evaden impuestos. Una retórica muy pobre, parece que no cambian nada, que no proponen algo distinto, ni siquiera enuncian de otro modo los problemas y las soluciones: seguiremos igual, parecen decir.
En el caso de educación, la cosa es más complicada. Esteban Moctezuma Barragán ha desplegado una gran actividad comunicativa. Ha aparecido en todos los foros televisivos, desde Televisa hasta El Financiero; ha respondido preguntas; ha explicado, discutido y lanzado varias ideas de lo que debería de ser una nueva narrativa, un nuevo modo de analizar y atender los problemas, sobre todo los más urgentes, como la reforma educativa del Pacto por México.
Vamos a decirlo claro: por desgracia no es así. Esteban se confunde, no tiene claras las ideas, mezcla cosas distintas, no alcanza a ver sus propias contradicciones, no establece jerarquías, no tiene conceptos que puedan recuperarse y digerirse fácilmente, repite argumentos de su pasado como funcionario de la SEP salinista, entre tantas otras cosas.
Su comunicación a veces es verborreica, otras, limitada y muchas francamente deficiente. Disculparán tantos adjetivos, es sólo por economía de lenguaje. Vamos a mostrar con detalles por qué lo decimos y qué causa todo eso.
La primera cuestión que debe responder con toda claridad es cómo y cuándo va a cumplir el compromiso de AMLO de cancelar la reforma Repetimos: cancelar. Ese fue el compromiso. No modificar, no parchar, no remendar, no desbloquear: Cancelar.
¿Qué dice Esteban? Algo que se encuentra en los compromisos firmados con las Redes Sociales Progresistas (RSP), el bastión gordillista en el amplio arco de las alianzas construidas en la campaña electoral: modificar la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD). No está claro si se abrogará para crear una nueva o sólo se modificarán algunos artículos. No está claro todavía.
Esteban ha sido muy claro en su crítica a las campañas demonizadoras del magisterio Lo ha dicho hasta en los programas que más colaboraron en eso, como el de Loret de Mola. Eso es consistente con lo que venía escribiendo desde años anteriores en sus columnas periodísticas. La novedad, en este punto, es la incorporación de la CNTE a los actores sociales con los que habría que negociar. Algo inusitado para el Esteban de 2015.
Entre los elementos de la nueva narrativa gubernamental en formación, además de la relegitimación del magisterio, está el descontento magisterial con la evaluación a la que consideran punitiva; el abandono de los programas de capacitación; la critica a los dispendios gubernamentales en publicidad; así como las iniciativas de conectividad digital en todas las escuelas, empezando por las marginadas, para cambiar la dirección de la implementación, de abajo-arriba; la incorporación de los dreamers en la enseñanza de inglés; y, sobre todo, en tres cuestiones que podrían abonar al cambio en la reforma educativa: desvincular la evaluación y la permanencia; focalizar la evaluación en el aprendizaje de los niños; y utilizar la evaluación como retroalimentación formativa.
En un esfuerzo colaborativo, para valorar las posibilidades de la nueva narrativa gubernamental sobre la reforma, vamos a ensamblar sus enunciados:
a. Reconocimiento de las resistencias magisteriales, sobre todo a la evaluación punitiva.
b. Critica a las campañas de linchamiento mediático a los maestros y maestras.
c. Cambiar el objetivo punitivo de la evaluación por otro formativo.
d. Modificar las fases y contenidos de la evaluación de desempeño, incorporando cuestiones contextuales y los resultados de aprendizaje de los niños.
e. Destinar recursos a los programas de capacitación.
6. El procedimiento, como se dijo ya, consistiría en reformar o crear una nueva LGSPD.
Muy bien, ahora valoremos sus posibilidades, límites y contradicciones.
A. La comprensión de la reforma educativa y de las resistencias es muy Esteban cree, como algunos críticos, que la reforma es un asunto laboral y administrativo; ese es un error garrafal. No solo de comprensión, sino de política y de apreciación de los movimientos magisteriales. Los y las maestras se resisten al cambio en el estatuto laboral del magisterio, no solo de la evaluación de permanencia, también han puesto en la picota la de ingreso, la apertura de las plazas a profesionistas sin formación docente, han cuestionado los perfiles, parámetros e indicadores; han denunciado las acciones de privatización; las corruptelas de las Escuelas al CIEN; la centralización de nómina y los esquemas de distribución presupuestal, el Nuevo Modelo Educativo, entre otras cosas. En otras palabras, aunque la crítica se ha focalizado en la llamada reforma laboral, lo cierto es que maestras y madres de familia también han cuestionado las repercusiones de la autonomía de gestión, los nuevos calendarios, los nuevos horarios y programas de intensificación laboral, precarización y bajos salarios, además de todos los problemas de implementación, como problemas de pagos, plazas inexistentes etc. En resumidas cuentas: la reforma educativa es mucho más que la evaluación de permanencia; las maestras lo viven y lo sufren diariamente, pero en el relato de Esteban esto no aparece. El riesgo es que se invisibilice para que todo siga igual.
B. Hay un problema grave en la estrategia definida por Esteban y las Desvincular la evaluación con la permanencia no se puede lograr con modificaciones a la LGSPD, ¡porque está en la Constitución! No decirlo hace inviable la propuesta o la hace muy inestable, sujeta a muchos amparos y denuncias. Si se quiere desvincular la evaluación y la permanencia, ¡tiene que modificarse la Constitución!
C. Quizá la mayor dificultad del discurso de Esteban sea la incorporación de los resultados de aprendizaje a la evaluación Repetimos, si se quiere desligar de la estabilidad laboral, tiene que modificarse la Constitución para que sea serio; si se quiere utilizar para corregir errores, para advertir dificultades en la práctica docente, entonces se tiene que reconocer la multiplicidad de factores que intervienen en el aprendizaje, de otro modo se regresa al argumento de la responsabilidad casi única del maestro; y peor, a una concepción muy limitada del aprendizaje y de la docencia, considerados como resolución de pruebas estandarizadas.
D. Hay algunas cuestiones conceptuales importantes, Esteban sigue confundiendo educación con escolarización y aprendizaje con conocimientos. En la perspectiva de una nueva reforma educativa, es una cuestión absolutamente fundamental.
En cuestión de la reforma educativa, Andrés Manuel López Obrador se ha mantenido firme: se va a cancelar. Algo muy distinto a lo que ha ocurrido con otros problemas de gobierno, como por ejemplo el nuevo aeropuerto de la ciudad de México, donde ha sido dubitativo hasta la exasperación. Primero, su equipo elabora un diagnóstico con problemas técnicos, financieros y ecológicos que parecía demoledor. Luego propone una revisión con el Consejo Coordinador Empresarial en una mesa técnica; más tarde, atiende los señalamientos del altísimo costo por cerrarlo, otros dicen que se revise con ingenieros y así, hasta la última: se va a someter a votación. Por supuesto, el PAN pone el grito en el cielo, los ingenieros reclaman, los empresarios presionan y así sucesivamente, mientras se hace la consulta. A ver qué ocurre en el camino.
Pero cuidado, los cambios de opinión, las vacilaciones, las indefiniciones y los aceleres, no son buenos procedimientos de gobierno. Menos cuando aún no empieza…formalmente.
Cosas similares ocurren en otros campos, como en minerías, negociaciones comerciales, políticas de seguridad y en una de las obsesiones de la campaña morena: Eliminar la burocracia dorada. Una de las promesas con mayor legitimación, se ha visto boicoteada por los ministros de la suprema corte, los funcionarios de organismos autónomos, los magistrados electorales, así como por miembros del gabinete de AMLO. Para no hablar de las observaciones de intelectuales progresistas, que consideran inadmisibles los salarios propuestos: sencillamente no son competitivos, como lo demostró Julio Boltvinik (Reflexiones sobre las remuneraciones a los servidores públicos).
Pensar las cosas con calma, estudiar sus efectos, calcular sus repercusiones, sus impactos, revisar el modo como se presentan, el tiempo y las condiciones, son cuestiones elementales del arte de gobernar. Sobre todo cuando los problemas son complejos y son muchísimos. Calma. Calma. Serenidad y paciencia Solín, mucha paciencia.
Por desgracia, en educación no se han tenido. Ni serenidad ni paciencia. Más bien lo contrario. Hay un revoltijo de declaraciones, posiciones, explicaciones, demandas y estrategias de prácticamente todos los protofuncionarios del gobierno de AMLO. De él mismo, por supuesto, pero también del futuro secretario de educación pública, Esteban Moctezuma Barragán; de su excoordinadora de campaña, Tatiana Clouthier, ahora en labores legislativas; del senador moreno Martí Batres; de próximos diputados, gobernadores y prácticamente cualquiera de los nuevos representantes populares y funcionarios de la administración central, incluido un respetable profesor de economía e inminente subsecretario de egresos, Gerardo Esquivel, quien ha dicho lo que muchos piensan y otros tratan de ocultar: La reforma educativa no se derogará.
Apenas lo dije, las redes digitales ardieron. Los grupos, las páginas, los colectivos, maestros y maestras expresaron su descontento, enojo y encabronamiento: ¿quién es ese imbécil, preguntaron? ¡Eso lo dirá él, pero otra cosa es Andrés Manuel!, dijeron algunas maestras. ¡Que ni se atreva!, sentenciaron los activistas. ¡Calma, calma, recomendaron las militantes de MORENA! ¡En eso no quedamos!, vociferaron antiguos votantes. ¡La reforma se cancela, quiera o no quiera ese wey!, tuiteó un maestro michoacano.
Desde luego, si fuera una opinión personal o la perspectiva política de un profesor, la cuestión no pasaría de ser una más de esas estridencias internéticas que abundan; sin embargo, no es el caso. Por tres razones:
Gerardo Esquivel no es un político más, es un destacado profesor del COLMEX, un conocedor profundo de la estructura presupuestal mexicana y un avezado estratega de políticas públicas.
En la entrevista, el profesor Esquivel no habla en primera persona del singular: “hasta donde yo sé y entiendo que es lo que se ha acordado en el equipo , es que, entre otras mo-dificaciones, se le retirará el componente punitivo contra maestros, se reorientarán los recursos en el sector y se modificará su imple-mentación”.
Está anunciando una política, que resulta del análisis de un problema, el diagnóstico y la solución No es una ocurrencia, ni un desliz: es una estrategia.
Menos que lanzar una andanada de epítetos a Gerardo, deberíamos agradecerle su sinceridad. Mientras otros elaboran una alambicada retórica insustancial, más propia de los engañabobos que de políticos de la transformación nacional, él dice las cosas como las ven en el gabinete, cómo las piensan y cómo las van a enfrentar. A nosotros nos parece muy bien que lo haga así. Mejor: las cosas por su nombre.
A quien le parezca excesivo nuestro reconocimiento, le recordamos un axioma del arte de la guerra: “a los adversarios hay que estudiarlos a profundidad. Menospreciar o desconocer sus pensamientos y sus acciones, es el camino más seguro a la derrota”. Y si el profesor Esquivel y todo el equipo del que habla, piensan y pretenden actuar así, no son aliados de la magisteria en lucha: son adversarios.
¿Por qué? Lo hemos venido diciendo desde hace mucho tiempo: la reforma del Pacto por México tiene como propósito central la recomposición neoliberal del Sistema Educativo Nacional. Sus objetivos son múltiples, desde la reconfiguración del docente, de su perfil, de su práctica, de su formación, de su su subjetividad con los criterios neoliberales de la individualidad, la precariedad y la inseguridad; a la reconformación de la escuela, de sus modos de funcionamientos, de sus relaciones, de su organización, de la introducción de los cuasi-mercados, la charterización; hasta los cuerpos, las mentes y los corazones de los niños, adolescentes y jóvenes, para formar sujetos neoliberales, como sus profesores, sujetos endeudados, empresarios de si, con manejos emocionales acordes al mercado flexible y empobrecido.
El compromiso de cancelar la reforma abría otras perspectivas: primero, detener la reforma estructural más importante y la más dañina de todas, pues trata de la formación de sujetos adecuados para una sociedad neoliberal; segundo, poner el acento en la educación de una sociedad post-neoliberal. La perspectiva anunciada por el doctor Esquivel cierra esta posibilidad y se coloca de lleno en lo que podríamos llamar la refuncionalización de la reforma, un desbloqueo de sus problemas de implementación y de ilegitimidad.
Ya hemos descrito y desmontado esa perspectiva desde hace tiempo. Estaba presente desde hace mucho, desde antes de que iniciara la campaña electoral, en las declaraciones de Esteban Moctezuma , durante la campaña y hace unos días (Las confusiones de Esteban Moctezuma). No es algo nuevo, pero cada vez se va perfilando mejor, se va aclarando y expandiendo.
La concepción del equipo de AMLO se basa en un diagnóstico con cinco elementos y una estrategia de tres líneas de acción.
La reforma focalizaba en los maestros la responsabilidad de la baja calidad educativa, a pesar de que se sabe que en el aprendizaje intervienen muchos más factores; esto propiciaba a la vez el descrédito de los docentes y una falla de diseño, pues se dejaban sin atender todos los demás factores que inciden en los aprendizajes.
La vinculación entre evaluación y permanencia creó problemas de implementación e ilegetimidad.
Los procedimientos evaluatorios fueron excesivos, impuestos y no vinculados con el desempeño de los maestros.
Las evaluaciones no reconocen el desempeño de los docentes en los aprendizajes de los niños.
Se gastó más en publicidad y promoción de la reforma que en capacitación al magisterio.
Quitarle lo punitivo a la evaluación El eje de acción más esperado y publicitado, el que respondería puntualmente a la insatisfacción de los maestros, a los efectos perturbadores en el sistema educativo, en la incertidumbre laboral y el reconocimiento social del magisterio. Esto se podría conseguir en tres vías: por una parte, desvincular evaluación con permanencia; luego, cambiar hacia una evaluación retroalimentadora; por último, tomar como evidencias de desempeño los resultados del aprendizaje de los alumnos.
Invertir en la capacitación del magisterio.
Legitimar la reforma de la reforma en los foros de la Educación para el Bienestar.
Pues bien, esta estrategia no implica cancelar la reforma educativa, sino volverla funcional; es decir, remendar la reforma en aquellos aspectos que hacían peligrar su viabilidad, sobre todo en las cuestiones de implementación y legitimación de los procesos evaluatorios. Como se observa, todo lo demás no se toca, lo que significa que la calidad como máximo logro de aprendizaje se quedará en el texto constitucional y servirá de eje a las nuevas formas de evaluación del magisterio, centradas en la evaluación de lxs niñxs, en el valor agregado de la enseñanza, es decir, el aprendizaje, reduciendo la educación al proceso de enseñanza-aprendizaje de secuencias segmentadas y calificadas.
Algo parecido ocurrirá con todos los procesos de charterización educativa, de conversión de la escuela en una fábrica; con el Nuevo Modelo Educativo y la autonomía de gestión y curricular. Para no hablar de las hipotecas presupuestales que significan los CIEN, los desvíos de las Escuelas al CIEN y demás programas reformistas.
A eso nos referimos cuando hablamos de los bandazos de Andrés Manuel. Por una parte, su retórica es definitiva, frontal, como cuando dijo en el inicio del proceso de transición gubernamental, en Palacio Nacional, frente de EPN y su gabinete, que la reforma se iba a cancelar, lo que hincha de orgullo, satisfacción y esperanza a buena parte del magisterio; y por la otra, conforma un equipo en el que se encuentra un personero del cártel de la reforma educativa (Esteban Moctezuma); un antiguo miembro de la junta directiva del INEE, de reconocida hostilidad hacia el magisterio en lucha, que ha continuado su prédica de la continuación inexorable de la reforma (¡Gilberto Guevara Niebla!); y un equipo económico que pretende continuar con las reformas estructurales (Romo, Urzúa, Esquivel).
El resultado: un adefesio proto-gubernamental; un monstruo que mientras habla con un lenguaje dulce y prometedor, sus manos ejecutan un programa distinto. Lo sentimos, ojalá y no fuera así, pero, hasta la fecha, AMLO está conformando un gobierno de violín: lo toma con la izquierda y lo toca con la derecha.
Claudio, Otto y Gilberto deben estar de plácemes. Los dos primeros observan con una sonrisa socarrona los embates contra la reforma educativa que impulsaron. El tercero ya está asegurado en el equipo de transición del gobierno de AMLO. Todo marcha según lo planeado.
Si se observa bien, con cuidado y sin aferrarse a consignas y bravuconadas, la reforma no van tan mal, a pesar de lo que se diga. El Nuevo Modelo Educativo prácticamente no tiene resistencias, pero si muchas dificultades de implementación, pues como diría un reconocido asesor de la CNTE, se sirvieron con la cuchara grande en la autonomía curricular y los clubes, ya buena parte del horario semanal se destina a eso, donde hay de todo y los corporativos empresariales, las ONGs y los mercados educativos empiezan a sentar las bases de pingües negocios, que van desde los cursos de educación financiera hasta los de couching, los de fitness, los talleres de valores promovidos por todas las sectas y religiones habidas y por haber, los de programación, más lo que se vaya acumulando y debía registrarse de manera detallada por las resistencias magisteriales.
Por si fuera poco, los exhortos de senadores y diputados para no que se no realicen las evaluaciones, se revelan como lo que son: simples llamados, que en el contexto actual sólo sirven para auto promoverse. La reforma va, sigue hasta el último momento del sexenio, han dicho los voceros de la SEP, del INEE, de Mexicanos Primero y todas las fuerzas que sostienen la reforma.
¡Pero se va a cancelar!, han reiterado la magisteria en lucha, los líderes de la CNTE, diputados y senadoras, así como Mario Delgado (No quedará ni una coma), Esteban Moctezuma, AMLO y Martí Batres.
Más aún: se están realizando acciones. Un grupo de representantes morenxs dieron grandes y rápidas zancadas para recibir a los dirigentes de las principales secciones de la Coordinadora en la Cámara de Diputados y reiterarles que la abrogación va, seguro; luego empezaron los Foros estatales para la Educación para el Bienestar, sin contenido alguno, sin referencia al vocablo bienestar, pero si con el tufo restaurador del poder corporativo que le dan los Maestros por México, las Redes Sociales Progresistas y los dirigentes seccionales del SNTE; Foros en los que se usan las triquiñuelas de siempre, pero eso sí, con arengas y puños en alto, incluidos los del gobernador electo de Veracruz, el primero en levantar la zurda para gritar “Va a caer, va a caer, la reforma va a caer”, mientras los maestros protestaban contra los charros; luego vinieron los puntos de acuerdo fallidos; hasta llegar a la primera de la que se presume serán varias iniciativas de reforma constitucional y reglamentaria: la de Martí Batres, el 13 de septiembre, iniciativa con Proyecto de decreto por el que se deroga la segunda parte de la fracción III del artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (Iniciativa de reforma constitucional Martí Batres). Una propuesta más reducida la había hecho el coordinador del grupo parlamentario del PRI en Veracruz y líder de la sección 32 del SNTE, Juan Nicolás Calleja Roldán, en enero del presente año (Plantean que la evaluación docente no se aplique para la permanencia).
Por su parte, ante la insensibilidad del Poder Ejecutivo a los llamados de la Cámara de Diputados y de Senadores para detener las evaluaciones, el Partido del Trabajo anunció que presentaría una iniciativa de derogación dos leyes (Diputados del PT presentarán la próxima semana una iniciativa para derogar dos leyes de la reforma educativa).
Este es un recuento muy breve de los hechos recientes frente al compromiso adquirido por la coalición ganadora en las elecciones de julio, “Juntos haremos historia”. Hagamos un resumen para establecer los ejes de su actuación:
El compromiso va. La reforma se cancela. No se ha desmentido, salvo por dos miembros del equipo de transición: Gerardo Esquivel, futuro subsecretario de egresos, que ha dicho que no se va a derogar, sino se va a modificar; y Gilberto Guevara Niebla, del INEE y, si no ocurre otra cosa, subsecretario de Educación y Equidad en el gabinete de AMLO. A eso lo hemos llamado Los bandazos de AMLO. Por una parte el discurso es de cancelación, por otra, el equipo operativo habla de modificación. Hay una distancia enorme entre el discurso y su concreción. Para preocupar.
Los Foros estatales para la Educación del Bienestar continúan con más pena que gloria. Todas las marrullerías y vicios de los eternos foros de consulta prianista se han evidenciado y denunciado. Además, foros no temáticos, foros generalistas, foros de desahogo y de oportunismo, en el que las luchas más importantes se dan entre los contingentes, por los números y los decibeles de las consignas (Con porras y abucheos ; Foros de consulta educativa). ¿Así se pretende construir una reforma desde abajo? Evidentemente no, es sólo la repetición de una estrategia de participación añeja y maloliente. Ilegítima e ineficaz, para más precisión.
La rama ejecutiva de la Coalición, llamémosle así al poder ejecutivo que entrará en funciones el 1 de diciembre, es la responsable de estos Foros, buena parte de la legitimidad del próximo gobierno en materia educativa provendrá de ahí. Digámoslo claro: no va bien, es una estrategia destinada al fracaso, más si en diciembre aparece un modelo de cancelación de la reforma que no responda a las expectativas de la abrogación; sin embargo, seamos justos, en lo inmediato, en estas semanas en las que la SEP y el INEE amenazan con nuevas evaluaciones, el mismo Esteban Moctezuma ha dicho que los maestros despedidos regresarán a su trabajo, por tanto, los que no acudan a sus evaluaciones y sean sometidos a proceso se entiende no perderán su empleo. No lo dirán abiertamente, no podrían decirlo los miembros del gabinete próximo, pero se entiende: su compromiso es no desarrollar procesos persecutorios para los y las maestras que no se presenten a la evaluación.
Los que sí podrían hacer estos llamados son lxs integrantes de la rama legislativa, llamémosla, así, de la Coalición, los y las representantes populares en el Congreso de la Unión y en las legislaturas de los estadsos. Ya lo han hecho, con resultados esperados: sus llamados no hicieron sino endurecer las posiciones de la SEP y del INEE. Muy bien: es un juego táctico-estratégico. Lo que sigue, porque la magisteria demanda compromisos concretos, sobre asuntos concretos, es intervenir sobre el dispositivo jurídico que da fundamento a las evaluaciones.
La fracción parlamentaria del PT sigue una vía reglamentaria. Propondrá, dicen, abrogar las leyes General del Servicio Profesional Docente y del Así atacarían de inmediato la base jurídica de las evaluaciones. Esto tiene tres dificultades:
a. El fundamento jurídico de las evaluaciones se encuentra en la fracción III del artículo 3. de la Constitución;
b. Si bien la composición del congreso haría viable esta opción reglamentaria en un tiempo muy corto, seguramente el poder ejecutivo actual ejercería su veto;
c.Se trata de una táctica reactiva, no productiva, no produce, solo reniega de algo; los efectos de esto en la configuración de una nueva reforma educativa no pueden desdeñarse.
6. La iniciativa del senador Martí Batres, oportuna en el tiempo y trompicada en su argumentación y en su publicidad, tiene varias dificultades a su vez:
a. La primera es su deficiente argumentación; no hay estudios, no hay resultados, no hay evidencias, recoge la insatisfacción sin proponer nada.
b. Es un ejemplo de la versión minimalista que enunciamos en un mapa inicial de la cuestión, con todos los problemas que ahí explicamos.
c. Su mayor dificultad es de orden conceptual: confunde la evaluación de permanencia con la reforma educativa. La primera es un medio de acción de la segunda, muy importante, pero no el único.
d. La evaluación es un complejo institucional, normativo, organizativo, procedimental, conceptual, administrativo, se encuentra, por tanto, en muchas disposiciones, no sólo en la fracción III, aunque esta es sin duda es fundamental, no deben descuidarse las otras.
e. Derogar la fracción III es importantísimo para cancelar la reforma, pero si no se atienden las otras modificaciones al artículo 3 y 73, si no se atienden las leyes reglamentarias, si no se advierten los cambios presupuestales, fiscales y organizativos, además del NME, la reforma seguirá vivita y coleando, pues ha generado ya modos de auto-ensamble y auto-reproducción.
Sinteticemos lo más posible: hasta la fecha, la promesa de la cancelación de la reforma educativa se desarrolla del siguiente modo:
Foros estatales para la Educación del Bienestar, con problemas conceptuales (¿qué es eso de la educación para el bienestar?), organizativos, políticos, temáticos; lo que tiene repercusiones de legitimación y de implementación.
Iniciativas parlamentarias parciales, dispersas, con dificultades conceptuales, procedimentales y políticas.
Problemas de legitimidad entre el discurso de la cancelación, los responsables de llevarla a cabo y entre los miembros del gabinete de AMLO, que han dicho sin rubor alguno que no se puede derogar.
Si alguien preguntara ¿cómo va la cancelación de la reforma educativa comprometida por AMLO y la Coalición Juntos haremos historia?, la respuesta no podría ser clara.
Por una parte, AMLO dice que va, pero nombra a Gilberto Guevara Niebla en su gabinete, que dice que es imposible quitarla, lo mismo que dice Gerardo Esquivel; o sea, hay problemas entre las palabras de AMLO y las de su equipo.
Por otra, desarrollan un proceso de consulta que se parece tanto a los de antes, con los mismos vicios, los mismos tufos, que rápidamente se ha desgastado y la percepción de un fraude democrático se está instalando cada vez más en las percepciones del magisterio.
Por si fuera poco, en la rama legislativa, la Coalición rápidamente ha mostrado sus dificultades de táctica y estrategia parlamentaria, con los puntos de acuerdo para suspender las evaluaciones y la carencia de un programa legislativo de cancelación de la reforma. Al menos uno que se anuncie con tiempo y claridad conceptual suficiente (hay presuntamente una repartición de responsabilidades internas en la fracción de MORENA, pero solo eso).
Todo esto se puede enunciar del siguiente modo: el programa para cancelar la reforma educativa de AMLO y la Coalición Juntos haremos historia tiene problemas:
De legitimidad: el desgaste de los foros de educación para el bienestar.
De coherencia: las diferencias entre el discurso de AMLO y los miembros de su gabinete.
Conceptuales: no tienen una idea clara de lo que es la reforma, de sus propósitos, fases, objetivos, medios, procedimientos, tiempos y repercusiones.
Políticos: iniciativas de diferente tipo, con intenciones distintas, entre actores diferentes, con tiempos distintos, más preocupados por ganar la nota periodística (el caso Batres se ha vuelto paradigmático, lo mismo que los videos de la carrera de representantes para recibir a los dirigentes de la CNTE) que por establecer un programa creíble y consistente para cancelar la reforma.
Lo sentimos compas de MORENA y de la Coalición, nos gustaría que fuera de otra manera, de verdad, pero hasta la fecha, las dificultades de la cancelación sobrepasan sus compromisos. Para decirlo de manera provocadora: la cancelación de la reforma es un desmadre.
Mejor reconozcámoslo para actuar en consecuencia. Hay tiempo, tienen un enorme capital político, la magisteria votó por ustedes, se han comprometido en la IV Transformación Nacional, más vale que lo hagan en serio antes de que muy pronto sea demasiado tarde.
Las fuerzas para continuar la reforma, con remiendos y adecuaciones, trabajan también en la Coalición; son cada vez más visibles, más identificables, no sólo por los personajes, sino por sus propuestas. Por eso decíamos al principio, la reforma va, sigue; por desgracia pero así es, mejor tenerlo claro, para poder borrarles de la cara la sonrisa a Otto, Claudio y Gilberto.
Capítulo 2. El campo de batalla está muy revuelto… was last modified: marzo 22nd, 2019 by Insurgencia Magisterial
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