Source: https://www.propronews.es/la-medalla-de-la-verguenza/
Timestamp: 2019-09-17 08:16:35+00:00

Document:
La Medalla de la Vergüenza - ProProNews
El presidente de la Junta consuma la indignidad de autoconcederse el máximo galardón de Extremadura en la persona de Jesús Cimarro, un avispado empresario teatral que fue cómplice y beneficiario del obsceno despilfarro de las galas Ceres, que, aun consciente de su irregularidad, obtuvo a dedo la adjudicación del Festival de Mérida, cuyos concursos posteriores han sido presuntamente amañados en su favor, que ha degradado el nivel artístico y la naturaleza del Festival y que miente en el balance de su “éxito”
Fernández Vara ya lo hizo una vez, al conceder la Medalla de Extremadura, máximo galardón de esta comunidad autónoma, al centro privado donde él había estudiado, el elitista colegio de los jesuitas de Villafranca de los Barros. Y ahora, en un nuevo alarde de arbitrariedad y despotismo, ha repetido la jugada autoconcediéndose el galardón por una actividad que organiza la propia Junta que preside y entregándoselo a Jesús Cimarro en una torpe maniobra para tapar el descrédito a que el empresario ha llevado al Festival, al que ha privado de su naturaleza internacional y grecolatina, ha degradado a una comercialización populachera reñida con su prestigio de décadas y aun así ha fracasado en su obsesión por las cifras de público, habiendo perdido este año 373 espectadores por función en relación con 2018. Pero es que, además, la concesión es nula de pleno derecho, pues infringe lo establecido en el reglamento de la Medalla.
Lo que Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que estudió en el colegio salesiano de Mérida, no se atrevió a hacer en las cinco legislaturas que gobernó, lo hizo Guillermo Fernández Vara en su segundo mandato: conceder la Medalla de Extremadura al colegio donde había estudiado. En Extremadura llevan muchas décadas los salesianos, los maristas, las josefinas, y otras congregaciones religiosas-docentes, haciendo una labor educativa con mayor proyección social, pero Vara, desoyendo el clamor de protestas que se desencadenó por toda la región, persistió en su decisión personal de tener ese “detalle” con los jesuitas con los que estudió. Un gesto arbitrario y despótico más propio de un dirigente bananero que de un gobernante democrático.
La concesión es nula de pleno derecho, pues infringe el artículo 3º del reglamento de la Medalla que impide que los órganos rectores de una entidad la soliciten para ella si forman parte de la misma.
Pero lo peor estaba por llegar. Después de haber refrendado en 2015 la adjudicación a dedo al empresario Jesús Cimarro del contrato del Festival de Mérida (más de 5 millones de euros entre fondos públicos y taquilla) y haber dado por buenas las irregularidades de dicha adjudicación cometidas por el señor Monago, incluida la concesión también a dedo de las 4 galas Ceres en las que se dilapidaron 3 millones de euros de dinero público; después de habérselo adjudicado de nuevo en 2016 mediante un concurso sospechoso de amaño; y después de estar presuntamente amañado el nuevo concurso para el cuatrienio 2020-2023 (El nuevo contrato del Festival de Teatro de Mérida (15 millones) parece estar dado a dedo a Jesús Cimarro de antemano), y pese a que el señor Cimarro ha desnaturalizado el Festival eliminando su identidad internacional, clásica y grecolatina, y además lo ha llevado a un bajo nivel artístico y estético, Guillermo Fernández Vara. sin duda para tapar críticas y opiniones contrarias, se arrancaba a principios de este año con la petición de la Medalla de Extremadura para el Festival por dos personas interpuestas y a sus órdenes, el alcalde de Mérida y el director-gerente del Consorcio del Patronato del Festival.
DOBLE INDIGNIDAD
La naturaleza de un galardón como la Medalla de Extremadura se basa en una doble garantía de dignidad al tratarse de un honor que debe representar el sentir unánime de la sociedad extremeña en cuyo nombre se concede ese honor y que, por tanto, ha de estar por encima de toda sospecha de trampa o parcialidad.
La primera garantía es la dignidad de origen, exigible en la personalidad e imparcialidad de quienes la solicitan y conceden y en el procedimiento de concesión. Y la segunda es la dignidad de destino, en el sentido de que el receptor del honor debe ser digno de él.
Pues bien, en la concesión de la Medalla de Extremadura de 2019 al Festival de Mérida pensada de antemano para su entrega a Jesús Cimarro (destino camuflado con la trampa de que se da al Consorcio del Patronato que la organiza, como se ve en el decreto de concesión: http://doe.gobex.es/pdfs/doe/2019/1500o/19040093.pdf), existe una clara indignidad de origen y de destino.
CONCESIÓN NULA
En efecto, la indignidad de origen emana de lo que establece el punto 3º del artículo 3º del Decreto 177/2013 de 24 de septiembre “por el que se regula el procedimiento de concesión de la Medalla de Extremadura”, que dice textualmente: “En ningún caso podrá presentarse la propuesta a instancia de una entidad en la que el candidato o candidata forme parte de sus órganos rectores. Para verificar este extremo podrá solicitarse de oficio la acreditación de la efectiva composición del órgano de gobierno de que se trate”. Y el punto 4º del mismo artículo establece: “La Medalla de Extremadura no podrá concederse a ninguna autoridad administrativa o electiva española ni de la región, en tanto se hallen en el ejercicio de sus cargos” (http://doe.gobex.es/pdfs/doe/2013/1880o/13040198.pdf).
Pues bien, en este caso, los solicitantes de la Medalla fueron Antonio Rodríguez Osuna, alcalde de Mérida, miembro nato y vicepresidente del Consorcio del Patronato del Festival de Mérida, y el director-gerente de dicho consorcio, Pedro Blanco Vivas, como lo prueba el hecho de que dieron una rueda de prensa el 2 de enero de 2019 para dar a conocer públicamente su iniciativa (Mérida presenta una plataforma para que den la Medalla de Extremadura al Festival de Teatro Clásico), lo cual infringió el párrafo tercero del artículo 3º del reglamento, por ser ambos miembros de dicho Consorcio y solicitar la Medalla para el organismo del que forman parte.
Y, por si fuera poco, la Medalla fue entregada a Cimarro -que no tiene ninguna vinculación orgánica con el Consorcio, lo que infringe lo dispuesto en el decreto de concesión que hace destinatario oficial del galardón a dicho Consorcio exclusivamente y no al empresario-adjudicatario del Festival- y entregada también a Rodríguez Osuna, vicepresidente del Consorcio y alcalde de Mérida, cosa que infringe igualmente el párrafo 4º del artículo 3º del reglamento, dado que la concesión no puede ser “a ninguna autoridad administrativa o electiva”, y él es “autoridad electiva” por ser alcalde de la ciudad donde se celebra el Festival y “autoridad administrativa” por ser miembro y vicepresidente del Consorcio.
En esta foto de El Periódico Extremadura se ve al alcalde y al gerente en rueda de prensa solicitándose la Medalla.
Todo ello -la infracción flagrante de dos puntos esenciales del artículo 3º del citado reglamento, y la infracción del propio decreto de concesión, que establece como destinatario único al Consorcio y no al empresario-adjudicatario de la explotación del Festival, que pese a todo recibió públicamente la Medalla y pronunció el discurso de aceptación-, determina la nulidad de la autoconcesión de la Medalla de Extremadura al propio Consorcio después de haber sido solicitada por miembros del mismo Consorcio y haber sido recibida, asimismo, por una autoridad administrativa y electa, vinculada, además, con el propio organismo premiado, según fuentes jurídicas solventes consultadas por este periódico.
La comedia había dado comienzo el 2 de enero, y siguió hasta su culminación y “estreno” en la noche de ayer 7 de septiembre, con la entrega de dicha Medalla al propio Rodríguez Osuna (solicitante y a la vez vicepresidente del Consorcio “agraciado”) y al tapado de toda la operación, Jesús Cimarro, a quien en realidad estaba destinada, por obra y gracia de la estrecha amistad que le une -como con los jesuitas de Villafranca- con el señor Vara, y que fue el que pronunció “el discurso de aceptación y agradecimiento”, como si realmente el mérito fuera suyo.
La nulidad y la indignidad de origen de la concesión de este galardón quedan probadas, además de lo dicho, por lo burdo y ridículo del asunto al ver el papel que juegan sus protagonistas:
1.- “La Medalla de Extremadura -según dice textualmente su reglamento- se concederá por Decreto del Consejo de Gobierno a propuesta del Presidente de la Comunidad Autónoma, por propia iniciativa, o a instancia de determinadas autoridades o entidades”.
2.- El presidente de la Junta de Extremadura, persona e institución que conceden la Medalla, preside el Consejo de Gobierno donde se toma la decisión y es a su vez el presidente de honor del consejo rector del Consorcio del Patronato del Festival, al que se concede el galardón.
3.- La presidenta del consejo rector es la consejera de Cultura, departamento responsable del Consorcio y del Festival al que se concede la Medalla, y a la vez forma parte del Consejo de Gobierno donde se toma la decisión.
4.- El Alcalde de Mérida, que solicita la Medalla para el Consorcio, es a su vez vicepresidente del mismo Consorcio para el que la solicita.
5.- El director-gerente que solicita la Medalla para el Consorcio es a su vez el director-gerente del mismo.
Todo ello puede comprobarse en la Resolución de 14 de junio de 2019 de la Secretaría General de la Junta de Extremadura que hace público los nuevos “Estatutos del Consorcio Patronato del Festival Internacional de Teatro Clásico en el Teatro Romano de Mérida”: http://doe.juntaex.es/pdfs/doe/2019/1230o/19061643.pdf. Ahí figura cada uno de los cargos institucionales que hemos nombrado junto con el cargo que ostentan en el consejo rector del Consorcio.
La concesión también infringe otra norma del reglamento que impide otorgar el galardón a ninguna autoridad en el ejercicio de su cargo, como es el alcalde de Mérida, que además es vicepresidente del Consorcio que lo recibe.
INDIGNIDAD DE DESTINO
Y luego está lo más importante, que es la dignidad de destino a la hora de otorgar un galardón como este. Por eso, no se puede entregar la Medalla de Extremadura por un Festival de Teatro a un director-adjudicatario de tan pingüe negocio como Jesús Cimarro, por las siguientes razones:
1.- El Festival de Teatro de Mérida nació en 1933, y ha funcionado durante más de 86 años, los últimos 65 de manera ininterrumpida. En él han trabajado centenares o millares de gestores culturales extremeños muchas veces sin recibir nada a cambio. Por tanto, la parte que le toca al señor Cimarro en el conjunto de esta actividad es mínima en el tiempo, y ya está bastante pagado con la pasta que se lleva cada año, para que encima tenga Extremadura que concederle honores.
2.- El señor Cimarro fue cómplice y beneficiario del vergonzoso despilfarro de las galas Ceres que costaron a Extremadura cerca de tres millones de euros en dinero público directo. Solo por esta cuestión el señor Cimarro ya no es digno de recibir la Medalla de Extremadura.
3.- El señor Cimarro aceptó del señor Monago, al igual que los premios Ceres, la adjudicación a dedo de las cuatro primeras ediciones del Festival de Mérida en su etapa actual con él al frente, que ya son 8 años. La complicidad en esta irregularidad -por decirlo suavemente- le invalida para recibir la dignidad de la Medalla de Extremadura.
4.- Sobre el concurso de 2016 por el que se le volvió a adjudicar la explotación del Festival pesan sospechas de amaño después del poco tiempo que hubo para su resolución y de las declaraciones de Vara expresando su deseo de que ganase Cimarro. Esto agrava la indignidad de origen y de destino del galardón en su persona.
5.- Actualmente la Mesa de Contratación del nuevo contrato para el cuatrienio próximo está paralizada y el nuevo concurso suspendido a causa de los recursos de otras dos empresas licitantes que ven manifiesta parcialidad en favor de Cimarro en las condiciones para la nueva adjudicación, circunstancia que hace todavía más inexplicable la entrega de la Medalla de Extremadura a Cimarro.
6.- Por si fuera poco lo anterior, Cimarro ha desnaturalizado el Festival, quitándole su identidad internacional, clásica y grecolatina, lo ha convertido la mayoría de las veces en un conjunto de espectáculos populacheros según la crítica, ha degradado su calidad y nivel artístico, ha exagerado y mentido en el balance anual del mismo (Escandalosa manipulación de las cuentas del Festival de Teatro de Mérida), y lo ha convertido sobre todo en su principal negocio, de manera directa e indirecta, primando lo económico por encima de todo. El lector debe preguntarse si el señor Cimarro tiene méritos para recibir la Medalla que ayer le dio el presidente Vara.
RIDÍCULO Y AFRENTA
Cuando en enero conocimos la noticia de que el alcalde de Mérida y el director-gerente del Consorcio ponían en marcha la campaña de petición de la Medalla de Extremadura para el Festival, creímos ingenuamente que el presidente de la Junta de Extremadura pararía semejante disparate. Nadie duda de que el Festival de Mérida, por antigüedad y valor cultural, merece un reconocimiento general. Pero no era la Junta de Extremadura la institución llamada a conceder, a autoconcederse, la Medalla, sino el Ministerio de Cultura u otra institución española. Los promotores de la iniciativa erraron el camino desde el principio, en su ceguera por “honrar” a Cimarro cuanto antes y a toda costa.
Con el transcurso de los meses nos dimos cuenta, por el silencio de Vara y sus connivencias con Cimarro, de que la iniciativa partía de su entorno y estaba destinada a echar una cortina de humo sobre las crecientes críticas contra la gestión de Cimarro y el declive artístico del Festival, que ni siquiera se ve acompañado de éxito de público, dado que este año ha perdido 373 espectadores por función en relación con 2018 y dado que las cifras globales son falsas (Escandalosa manipulación de las cuentas del Festival de Teatro de Mérida).
El vicepresidente del consorcio la pidió y la recibió. No se atrevieron ni a colgársela. JUNTAEX
Finalmente, viendo que el dislate se consumaba (Medalla de Extremadura: lo ridículo de premiarse a uno mismo), durante las últimas semanas hemos realizado una encuesta entre 100 personas relevantes del mundo de la cultura extremeña y española (escritores, intelectuales, dramaturgos, actores, empresarios teatrales, profesionales liberales, etc.) y podemos decir que todas las opiniones, sin excepción, eran contrarias a la Automedalla -como se la llama ya en España-, tildada de ridícula, absurda y abusiva por todos, sin excepción.
Además, muchos de los encuestados han manifestado que la concesión de esa Medalla a Cimarro es una afrenta para el mundo cultural extremeño, para cuantos han trabajado durante décadas en el Festival de Mérida y para cuantos quieren una gestión autónoma y autóctona de los eventos culturales extremeños.
Toca ahora a la sociedad extremeña instar la efectividad de la nulidad de la concesión de una Medalla otorgada con clara infracción de su propio reglamento. Nuestro periódico hará por su parte lo necesario en ese sentido. Es una cuestión de dignidad para una región tantas veces burlada, engañada y explotada.
Artículo anteriorMuñecos reinantes y reyes confirmantes
Artículo siguienteHeráclito adversus Parménides

References: artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 Resolución 
 resolución