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Timestamp: 2020-01-19 22:04:26+00:00

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El inicio del conflicto árabe-israelí – Que la Historia te acompañe
El inicio del conflicto árabe-israelí
El término judío es una palabra que tiene un significado muy indeterminado. El concepto de judío no puede ser entendido como una nacionalidad específica, porque de los 13 millones de judíos que habitan en el mundo, la mayoría de ellos no viven en Israel. El término judío tampoco está determinado por un idioma y una lengua común, ya que sólo una minoría de los judíos dominan la lengua hebrea. La palabra judío en ningún caso puede ser considerada como una raza. El término judío ni siquiera se puede definir como un tipo de religión, ya que ostenta un concepto más amplio que el meramente religioso, porque es una religión política.
El principio básico de la ideología política del judaísmo es el judaísmo político. El judaísmo político es denominado como sionismo. Por lo tanto, el sionismo es un movimiento político que propugna la idea de que los judíos son un pueblo que tiene una patria y que ha de perseguir una serie de objetivos. No todos los judíos apoyan los ideales políticos que defiende el sionismo, porque el sionismo es una ideología política.
El mentor y el padre intelectual del sionismo fue el escritor austrohúngaro Theodor Herzl. Herzl escribió en 1896 un libro titulado El Estado judío. El término sionismo procedía de la palabra Sion, que significa Patria judía. Los sionistas identifican a su patria con el Estado de Palestina. El concepto de Sion proviene de la Biblia, ya que Sion era el nombre de una fortaleza conquistada por el rey David, que estaba situada en la actual ciudad de Jerusalén. La idea de que Palestina era la patria exclusiva de los judíos fue simplemente una construcción intelectual. Esta construcción intelectual procedía de los designios que dictaba la ideología política sionista.
El sionismo es un nacionalismo que está basado en una tradición inventada. Esta tradición inventada es propagada y cultivada por el Estado de Israel desde su fundación en 1948. Sin embargo, los orígenes intelectuales del sionismo aparecieron a finales del siglo XIX, a partir de la publicación del libro del escritor austrohúngaro.
Palestina era una región multicultural, multireligiosa y multinacional, en la que residían ciudadanos cristianos, árabes y judíos, y en donde los habitantes judíos eran una minoría. Sin embargo, los sionistas defendían la idea de que Palestina era una patria exclusiva de los judíos y afirmaban que ese territorio no era la patria de ninguna otra raza, nacionalidad o religión. Por lo tanto, el nacionalismo judío era excluyente.
Herzl aseveraba en su libro que el pueblo judío había sido perseguido a lo largo de toda la historia de la humanidad, por lo que indicaba que la población judía aspiraba a tener una patria y un Estado propio. El escritor señalaba que ese territorio propio tenía que ser Palestina, por lo que abogaba por la expulsión de todos los ciudadanos cristianos y árabes de ese país. El autor defendía un nacionalismo judío que tenía una visión excluyente. Esa visión excluyente era muy típica en la ideología nacionalista surgida a lo largo del siglo XIX.
Herzl comentaba que los ciudadanos judíos siempre habían intentado asimilar las diferentes culturas y las diversas costumbres de los estados en los que habían residido. El escritor también alegaba que el pueblo judío se había recluido en distintos grupos de población, en donde unos grupos estaban muy separados de los otros. Por eso, el autor respaldaba una tesis etno-nacionalista, que implicaba un retorno y una reagrupación de la población judía, que estaba dispersada por todo el mundo, hacia la Patria judía, que era el territorio de Palestina. La reagrupación del pueblo judío en Palestina era el elemento central que defendía la ideología política del sionismo.
Los argumentos que empleó Herzl para determinar a Palestina como la Patria judía fueron los diversos relatos existentes en la Biblia. El escritor indicaba que el pueblo judío había sido perseguido desde la Antigüedad. El autor también afirmaba que la población judía siempre había estado excluida y ninguneada por las otras culturas del mundo. Herzl señalaba que lo único que podían hacer los ciudadanos judíos ante estas injusticias era establecer su propio Estado, en donde pudieran habitar en paz todas las personas de origen judío del mundo.
Aun así, muchos judíos no estaban de acuerdo con la idea de la reagrupación judía en el Estado de Palestina. Un sector de la población estaba convencido de que los ciudadanos judíos ya formaban parte y ya estaban totalmente integrados en las distintas comunidades europeas en las que habitaban, porque el pueblo judío siempre había intentado asimilar las diferentes culturas y las diversas costumbres de los estados europeos en donde había residido.
El incremento del antisemitismo en Europa
A lo largo del final del siglo XIX y del inicio de siglo XX, se estaba produciendo un recrudecimiento del sentimiento antisemita en los países del continente europeo. En Francia, a finales del siglo XIX sucedió el escándalo del Caso Dreyfus. El capitán del ejército francés, Alfred Dreyfus, que era de origen judío, fue acusado de haber entregado al Imperio Alemán varios documentos secretos. El oficial fue enjuiciado por un tribunal militar, y fue condenado a cadena perpetua. Un sector de la intelectualidad gala indicó que el capitán había sido imputado simplemente por el hecho de ser judío. Este asunto desencadenó una gran polémica en Francia, ya que los militares franceses consideraban a Dreyfus un traidor a la patria y los intelectuales galos denunciaron públicamente que la III República de Francia era un régimen político muy débil, ya que no era capaz de controlar las subversiones de los militares franceses, y se había dejado influir por el Ejército.
A finales del siglo XIX en el Imperio Ruso, también se produjeron una serie de asaltos, de robos y de matanzas en contra de los campesinos de origen judío que residían en el territorio ruso. Estos ataques y estas persecuciones a la población judía eran conocidos como pogromos. En 1902, la policía secreta zarista del Imperio Ruso publicó un texto que tenía un marcado carácter antisemita. El artículo se denominó Los Protocolos de los sabios de Sion. El panfleto trataba de acusar a los judíos que habitaban en el territorio ruso de que estaban cometiendo y planificando una serie de actividades terroristas. El texto indicaba que se estaba gestando una conspiración mundial judía con el objetivo de hacerse con el poder mundial. Este artículo fue realizado por la policía secreta zarista con el fin de alentar y propagar el antisemitismo en el Imperio Ruso.
Debido al incremento de la conciencia y del sentimiento antisemita que se estaba desarrollando por todos los países de Europa durante el final del siglo XIX y el inicio del siglo XX, se produjo un verdadero fenómeno de emigración por parte de los ciudadanos de origen judío. La población judía que habitaba en las naciones europeas decidió abandonar sus lugares de residencia y se trasladaron al Estado de Palestina.
La emigración de la población europea de origen judío hacia Palestina se incrementó a partir de las décadas de 1920 y de 1930, ya que a lo largo de ese periodo, muchos judíos se trasladaron al país palestino procedentes sobre todo de las naciones del Este de Europa y de Alemania. La población judía intentó huir del sentimiento antisemita de los ciudadanos europeos de los estados de Europa Oriental, y posteriormente, trataron de escapar de la persecución que efectuaron los nazis, tanto en Alemania como en los países ocupados por las tropas germanas en los territorios de Europa del Este.
En 1917, Gran Bretaña realizó una manifestación formal y pública de tipo político, conocida como Declaración Balfour. Fue un texto redactado por el gobierno británico durante el desarrollo de la I Guerra Mundial. La Declaración Balfour indicaba que los dirigentes británicos contemplaban favorablemente la llegada de los ciudadanos judíos al Estado de Palestina, con el objetivo de establecer en el país palestino un hogar nacional para el pueblo judío. Además, el informe señalaba que Gran Bretaña supervisaría y se encargaría de que no sucediese nada que pudiera perjudicar los derechos civiles y los derechos religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina y los derechos civiles de los ciudadanos judíos en cualquier otro país del mundo. Por lo tanto, la Declaración Balfour fue el primer apoyo internacional que recibieron los sionistas.
Desde finales del siglo XIX hasta el periodo de Entreguerras, la emigración de la población judía hacia Palestina fue bastante escasa. Sin embargo a partir de la etapa de Entreguerras, la emigración de los ciudadanos judíos a la nación palestina comenzó a ser mucho más numerosa. Se produjo un éxodo masivo de judíos a Palestina, ya que la población judía estaba huyendo de las persecuciones que estaba efectuando el nazismo en Europa.
En la década de 1920, se trasladaron unos 20.000 judíos a Palestina, pero tras el fin de la II Guerra Mundial, ya había alrededor de unos 600.000 judíos en el estado palestino. Esta emigración masiva provocó una serie de tensiones sociales y una serie de enfrentamientos con la población árabe y cristiana que residía en el país palestino. Los campesinos árabes consideraban que la población judía era un peligro para sus intereses económicos, porque temían que fueran a ocupar sus tierras. Los agricultores árabes comenzaron a iniciar diversas revueltas sociales y varias protestas en contra de la emigración judía a Palestina.
Durante el periodo de Entreguerras, la posición de Gran Bretaña no satisfizo a ningún sector. Se produjo una especie de desconfianza de la población árabe y del pueblo judío que habitaba en Palestina sobre Gran Bretaña. La población judía consideraba que el país británico no hizo todo lo que podía haber hecho para favorecerles, ya que entendían que la Declaración Balfour no era suficiente, porque no les concedió abiertamente la Patria judía que ansiaban. Por su parte, la población campesina árabe creía que Gran Bretaña había actuado de forma imperialista, porque indicaba que los británicos habían cedido el territorio palestino en el que vivían a los emigrantes judíos. Pensaban que estas personas habían llegado a Palestina para ocupar sus tierras de cultivo y, de este modo, perjudicarles económicamente.
Tras el fin de la I Guerra Mundial Palestina se convirtió en un Mandato británico, cuyo dominio estaba supervisado por la Sociedad de Naciones. Los dirigentes británicos consideraban a Palestina un territorio muy conflictivo, ya que estaban llegando oleadas de inmigrantes judíos desde muchas zonas del continente europeo hacia un país, en donde la mayoría de la población era de origen árabe y de origen cristiano.
Gran Bretaña realizó la Declaración Balfour en 1917. Fue un texto redactado por el gobierno británico durante el desarrollo de la I Guerra Mundial. La Declaración Balfour indicaba que los dirigentes británicos contemplaban favorablemente la llegada de los ciudadanos judíos al Estado de Palestina, con el objetivo de establecer en el país palestino un hogar nacional para el pueblo judío.
Además, la declaración señalaba que Gran Bretaña supervisaría y se encargaría de que no sucediese nada que pudiera perjudicar los derechos civiles y los derechos religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina y los derechos civiles de los ciudadanos judíos en cualquier otro país del mundo.
Posteriormente, el gobierno británico publicó en 1939 un texto conocido como El Libro blanco. En este informe, los dirigentes británicos explicaron cómo iba a producirse la independencia de Palestina sobre Gran Bretaña. Este texto incrementó en el país palestino las tensiones y los enfrentamientos entre el pueblo judío y entre la población árabe y cristiana.
El Libro blanco desechaba la división de Palestina en dos naciones diferentes, por lo que el texto defendía la idea de establecer un sólo Estado palestino, que estuviera controlado y dirigido por un gobierno en común de población judía y de población árabe. Gran Bretaña consideraba que la población árabe tenía que ostentar un mayor poder que la población judía, ya que existía en Palestina un mayor número de habitantes árabes que judíos.
Por otro lado, el informe indicaba que la inmigración judía hacia Palestina debía de limitarse a la entrada de un total de 75.000 nuevos judíos en el país palestino durante los próximos cinco años. Esto se hizo para que la población judía en Palestina supusiera solo un tercio de la población total de la nación. Después de transcurrir ese lustro, no se permitiría la llegada de nueva población judía a Palestina, si la población árabe no estaba dispuesta a aceptarla.
Por último, Gran Bretaña aconsejaba en el texto prohibir y restringir la compra y la ocupación de nuevas tierras al pueblo judío que residía en Palestina. De este modo, se consolidaba y se reforzaba el crecimiento demográfico de la población árabe y se aseguraba el mantenimiento del nivel de vida de los agricultores árabes.
Israel y Palestina desde 1947
Al principio, la ONU consideraba que Palestina era una unidad económica, por lo que estipuló simplemente la división de la soberanía y de la autonomía del país, pero decidió que no se podía dividir el territorio palestino en dos, porque el organismo internacional temía que se pudiera partir la economía de Palestina.
Sin embargo en 1947, la ONU emitió un plan que consistía en la partición del Estado de Palestina. Esta decisión planteada por la institución internacional preveía la coexistencia de dos naciones. Por un lado, se establecería un Estado, que estaría conformado por población judía, que a su vez, estaría dividido en tres partes. Por otro lado, se instauraría un segundo Estado, que estaría integrado por población árabe, que a su vez, también estaría dividido en tres zonas.
Esta resolución fue ideada por una comisión, que estaba compuesta por los estados neutrales en el conflicto palestino que conformaban la ONU. En esta partición del Estado de Palestina, el 55% de la superficie del territorio quedaba en manos de la población judía y el 45% de la superficie del territorio estaba en poder de la población árabe. Esta sentencia dictada por la ONU fue aceptada por la URSS y por USA. Gran Bretaña, que era el estado Mandatario que regía y controlaba Palestina, no aceptó la resolución planteada por el organismo internacional. El gobierno británico consideraba que la sentencia era una solución nefasta del conflicto palestino. Los dirigentes británicos decidieron retirarse del territorio palestino. El abandono de Gran Bretaña de Palestina desencadenó el inicio de la I Guerra Árabe – israelí en 1948.
La sentencia de la ONU para solucionar el conflicto palestino tampoco convenció a la población judía y a la población árabe que residía en el país. Por un lado, los ciudadanos árabes consideraban el proyecto como un plan invasivo. Por otro lado, el pueblo judío se dividió en dos sectores, ya que una parte del movimiento sionista aceptaba la resolución de la ONU y otra parte se oponía a ella.
Este organismo internacional también estipuló en su resolución el planteamiento de que la ciudad de Jerusalén fuera establecida como la capital de Palestina, pero decretó que la localidad estuviera gobernada y dirigida por una serie de autoridades internacionales, que estuvieran regidas y reguladas bajo la administración y la supervisión de la propia ONU. De esta forma, la institución pretendía que se respetara la multiplicidad de culturas, de etnias y de religiones que convivían en la ciudad de Jerusalén.
La propuesta ideada por la ONU desató el inicio del enfrentamiento bélico entre la población judía y la población árabe que residía en Palestina. La I Guerra Árabe – israelí fue la más importante de las tres guerras que ha habido entre estos dos contendientes hasta la actualidad. Los efectos y las consecuencias socioeconómicas, políticas y simbólicas que desencadenó esta contienda duran hasta la actualidad.
La I Guerra Árabe – israelí (1947 – 1949)
La I Guerra Árabe – israelí tuvo dos fases. La primera fase abarcó un periodo que fue desde la resolución de la ONU en 1947 hasta mayo de 1948. A lo largo de esta etapa, simplemente se enfrentaron las milicias judías en contra de las milicias árabes palestinas. Esta parte del conflicto se basó en una guerra de guerrillas.
La segunda fase comenzó en mayo de 1948. A partir de esa fecha el conflicto se internacionalizó. Una facción del movimiento sionista judío proclamó la fundación del Estado de Israel en una parte del territorio de Palestina. Esta iniciativa estuvo encabezada por el líder del movimiento sionista laico y moderado David Ben-Gurión. El político israelí defendía la idea de que el pueblo judío siempre había sido perseguido a lo largo de la historia por todas las etnias, las culturas y las religiones existentes en el mundo, por lo que indicaba que la población judía aspiraba a tener una patria y un Estado propio. El político señalaba que ese territorio propio tenía que ser Palestina, por lo que abogaba por la expulsión de todos los ciudadanos cristianos y árabes de ese país. Ben-Gurión defendía un nacionalismo judío que tenía una visión excluyente. De este modo, el movimiento sionista judío fundó el Estado de Israel en mayo de 1948.
El movimiento sionista judío estaba dividido en dos bloques. El primer sector, que fue el que proclamó el Estado de Israel, estaba formado por un movimiento sionista judío que defendía un nacionalismo laico y moderado. Esta agrupación estaba vinculada políticamente e ideológicamente con el Partido Laborista. El Partido Laborista israelí gobernó a Israel desde 1948 hasta la década de 1960. Los principales líderes laboristas que ostentaron el poder de Israel fueron Ben-Gurión y Golda Meir. El Partido Laborista israelí pretendía mantener y perpetuar el Estado de Israel.
El segundo sector estaba formado por un movimiento sionista judío, que se denominaba como Sionismo revisionista. Esta agrupación política defendía un nacionalismo ultrareligioso y radical. A partir de la década de 1960, los políticos que han defendido las ideas planteadas por el sionismo revisionista han dirigido mayoritariamente el Estado de Israel. Este bloque estaba relacionado con Irgún. Irgún era una milicia que había surgido durante la etapa de Entreguerras, y que se dedicaba a cometer actos y atentados terroristas contra las autoridades británicas que controlaban Palestina. Uno de los principales líderes de esta organización terrorista fue Menájem Beguín.
Irgún consideraba que las fronteras dictadas en la resolución de la ONU en 1947 y las fronteras establecidas en mayo del año 1948 tras la proclamación del Estado de Israel eran insuficientes. La organización terrorista creía que todas las regiones del territorio palestino, que no formaban parte del Estado israelí, también pertenecían realmente a la Patria judía. Además, Irgún señalaba que la zona de Transjordania, que era el territorio que estaba en la margen izquierda del río Jordán, tenía que formar parte de Israel. El Likud, que es el partido político que gobierna actualmente la nación israelí, es heredero de Irgún. Varios presidentes de Israel, que eran líderes políticos de Likud, como Ariel Sharón y como Menájem Beguín, habían sido guerrilleros y habían pertenecido anteriormente a esta organización terrorista.
Después de la proclamación del Estado de Israel en mayo de 1948, la I Guerra Árabe – israelí se internacionalizó. Los estados árabes limítrofes de Palestina declararon la guerra al nuevo Estado de Israel. Las naciones de Transjordania, de Egipto, de Líbano, de Siria, de Arabia Saudita, de Yemen y de Irak fueron los países que declararon la guerra a Israel. La mayoría de estos estados árabes eran naciones nuevas, ya que acababan de conseguir la independencia de Gran Bretaña y de Francia.
El conflicto armado concluyó en 1949, y fue totalmente desfavorable para los intereses de los países árabes, ya que perdieron la guerra. El resultado y el balance de la contienda fue totalmente perjudicial para Palestina. Las consecuencias de la contienda desencadenaron varios fenómenos. El primer elemento fue el fenómeno de los refugiados palestinos. Muchos ciudadanos palestinos fueron obligados a abandonar sus tierras de cultivo y sus hogares por la vía de la violencia y por medio de la fuerza.
La población árabe palestina se vio forzada a tener que emigrar a los países árabes que eran limítrofes con Palestina. Por lo tanto, existió una gran masa de refugiados palestinos que se vieron obligados a emigrar de su territorio. Algunos estudios oficiales indicaron que más de un millón de refugiados palestinos se marcharon hacia los países árabes próximos a Palestina. Estas cifras nunca fueron reconocidas por el Estado israelí, ya que afirmaba que los palestinos se marcharon voluntariamente de sus hogares y de sus tierras de cultivo tras el desenlace de la guerra.
El segundo elemento que se produjo tras el final de la guerra se encuentra estrechamente vinculado con la memoria histórica. Los palestinos recordaron la I Guerra Árabe – israelí con el término árabe conocido como nabka, que significaba catástrofe. Uno de los principales motivos de la radicalización de los movimientos nacionalistas árabes fue porque los líderes de estas agrupaciones políticas creían que los dirigentes de los estados árabes, que habían perdido la guerra contra Israel, se habían comportado de una forma cobarde y consideraban que habían renunciado a la victoria. En cambio, la memoria histórica del pueblo judío estaba vinculada con un sentimiento heroico. La población judía estaba muy satisfecha con el resultado de la guerra, porque a partir de la proclamación del Estado de Israel y de la obtención de una mayor superficie de territorio, el pueblo judío había conseguido el objetivo de instaurar la Patria judía en Palestina.
La tercera consecuencia, que sucedió tras el final de la I Guerra Árabe – israelí, fue que el Estado de Israel ocupó una mayor superficie de territorio palestino del que la ONU le había asignado en la resolución que realizó este organismo internacional en 1947. El país israelí se hizo con el control de unos 6.000 kilómetros más de lo que dictaba la sentencia promulgada por la ONU.
El último fenómeno, que desencadenó el final de la I Guerra Árabe – israelí, fue que el Estado de Israel se quedó completamente aislado. Los países árabes, que ya comenzaban a tener un profundo sentimiento nacionalista, trataron de poner en cuarentena a Israel e intentaron aislar al país israelí del resto del mundo. Este aislamiento terminó oficialmente en 1978, gracias a la firma de los Acuerdos de Camp David. La firma de los Acuerdos de Camp David supuso la primera vez que un país árabe reconocía formalmente y públicamente a Israel. A través de la firma de estos tratados, Egipto reconoció diplomáticamente la proclamación del Estado de Israel.
Hasta ese momento, la actitud entre los países árabes e Israel siempre había sido de una gran hostilidad y de una gran desconfianza mutua. Los estados árabes e Israel tenían una relación muy tensa y estas naciones permanecían en una continua situación de enfrentamiento, lo que provocó otras dos guerras más a lo largo de la historia.
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¿Cuál es el origen del término Guerra Fría?

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