Source: http://cplatam.com/marruecos-y-la-cuestion-del-sahara/
Timestamp: 2018-03-25 04:58:08+00:00

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Durante el 40° Aniversario de la Marcha Verde miles de personas aguardan a Mohamed VI en Laayoune
Desde 1956, año en que se puso fin al régimen del Protectorado español, Marruecos ha reivindicado su soberanía sobre el territorio del Sahara Occidental. En 1975, con la salida definitiva de España y el Acuerdo de Madrid, recuperó efectivamente el territorio. Marruecos lleva casi 42 años administrando el Sahara. El territorio ha sido integrado al Reino pero la cuestión, todavía hoy, no alcanza un final feliz.
La reclamación marroquí respecto a su soberanía sobre el Sahara remite a las negociaciones y acuerdos de Madrid firmados en abril de 1956, cuando se puso fin al protectorado español en Marruecos. Mohamed V reivindicó la soberanía de Marruecos sobre el Sahara y avanzó en la reunificación del país recuperando los territorios controlados por España. El jurista y diplomático marroquí, Jamal Mechbal, da cuenta de ese proceso y afirma que: «cuando se anunció el comunicado conjunto -entre España y Marruecos- hubo manifestaciones de júbilo con banderas marroquíes y fotos de Mohamed V en El Aiún pues los saharauis se sintieron incluidos y parte de la independencia adquirida por Marruecos».
«El Sahara Occidental fue, desde el fin del protectorado en 1956, una cuestión bilateral con España y, a la vez, a nivel de la ONU. El 7 de octubre de 1960, Marruecos recordó ante la ONU sus reclamaciones territoriales sobre Ifni y el Sahara. En ese momento, España insistió que la controversia era de carácter jurídico y bilateral entre dos países amigos -Marruecos y España- y que la puerta para un buen entendimiento estaba siempre abierta entre las dos partes.
Ese año, durante la XV sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas se adoptó la declaración sobre la descolonización y Marruecos fue uno de los países más activos en la creación de la Cuarta Comisión y en registrar Ifni y el Sahara como territorios no autónomos. España estuvo dando largas, hasta 1969 devolvió Ifni a Marruecos -y así salió de la Cuarta Comisión-, solo quedó el Sahara ante la aparición, a última hora, del Polisario apoyado por Argel reclamando el mismo territorio. El Frente Polisario no logró -imponer por la vía de la lucha armada y de la violencia revolucionaria- ni el establecimiento, ni el reconocimiento de su autoproclamada y unilateral Rasd. Desde 2004, el Consejo de Seguridad aborda el conflicto no como un asunto de descolonización -aunque aún está inscrito en la Cuarta Comisión- sino que insta a las partes a la plena cooperación con Naciones Unidas para lograr una solución política justa y duradera mediante negociaciones con espíritu realista»[1].
Para el escritor español, Arturo Pérez-Reverte, el franquismo optó por el ocultamiento de los hechos y las batallas que tenían lugar en Marruecos. Gracias al férreo control que el régimen ejercía sobre la prensa, la sociedad española estuvo desinformada y mal informada: «una guerra que el gobierno procuró –y consiguió– ocultar cuanto pudo a los españoles, al menos en sus más trágicas y sangrientas consecuencias». El escritor detalla los enfrentamientos acaecidos entre 1957 y 1958: «La cosa provino de la independencia de Marruecos en 1956, tras la que el rey Mohamed V –abuelo del actual monarca– reclamó la posesión de los territorios situados al suroeste del nuevo país, Ifni y Sahara Occidental […] en abril de 1958 se entregó a Marruecos Cabo Juby, en 1969 se entregó Ifni, y el Sahara Occidental aún se mantuvo seis años a trancas y barrancas, hasta 1975, con la Marcha Verde y la espantada española del territorio. Excepto Ceuta, Melilla y los peñones de la costa marroquí –situados en otro orden jurídico internacional–, para España en África se ponía el sol. Y la verdad es que ya era hora».
La década de 1970 fue una década convulsa dentro y fuera de Marruecos. «Durante el reinado de Hassan II, mientras las fuerzas progresistas del país luchaban por instituciones democráticas y por recuperar los territorios ocupados por España, el Rey privilegiaba un régimen autoritario y personalista en la construcción del estado nacional. El tema del Sahara no ocupó un lugar prioritario, esperaba alcanzar acuerdos por vía pacífica sin llegar al enfrentamiento armado. El régimen de Hassan II estaba muy debilitado: en 1971, sufrió un intento de golpe de Estado en su Palacio de Sekhirat; en 1972, el avión en el que viajaba fue interceptado por cazas, salió ileso a pesar de recibir el impacto de misil y ametrallamiento; en marzo de 1973, desde Argelia, entraron comandos para lanzar una guerra de guerrillas y, dos meses después, el 10 de mayo 1973 nació el Frente Polisario, un movimiento subversivo de estructura leninista auspiciado por Argelia y la Libia de Gadafi para buscar la independencia del Sahara», contextualiza Mechbal.
Quedó instalado el conflicto. Guerra Fría. Argelia y el Polisario estaban alineados con la URSS mientras que Marruecos hacía lo propio del lado occidental. El tema del Sahara llegó al Tribunal Internacional de Justicia pero la ambigüedad del Tribunal no ayudó a resolver la cuestión de manera efectiva y satisfactoria para las partes en disputa.
España salió del Sahara. La Marcha Verde (1975) presionó y aceleró su inminente salida, corroborada, días más tarde, con el Acuerdo tripartito de Madrid o Acuerdo de Madrid (1975) mediante el cual España transfirió la administración del Sahara Occidental. El 28 de febrero de 1976, España salió definitivamente del Sahara. Sobre los hechos acaecidos, Mechbal sostiene que: «la revolución de los claveles en Portugal y el franquismo que tocaba su fin, en favor de un nuevo régimen, hacía indispensable librarse del Sahara como un hecho colonial cuyo conflicto complicaría la transición. En Marruecos, la misma monarquía estaba en juego y debía de asumir sus responsabilidades ante el pueblo como lo asumió Mohamed V en 1953 al preferir el exilio a la sumisión colonial».
En la década de 1980 no hubo avances significativos para resolver el conflicto aunque Marruecos y el Frente Polisario hicieron propuestas de arreglo a Naciones Unidas. Se estableció la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (MINURSO) mediante la Resolución 690 del Consejo de Seguridad (1991). El referéndum no llegó a realizarse y, años más tarde, en 1999 se alcanzó el alto el fuego. En 40 años de idas y vueltas, excesos de las partes y negociaciones truncadas la cuestión del Sahara permanece irresuelta. El ascenso al trono de Mohamed VI supuso cambios significativos también en la forma de encarar la cuestión del Sahara. Mechbal explica los hechos acaecidos en estas décadas:
«Transcurría 1981 cuando Hassan II, estando en Nairobi, propuso un referéndum de autodeterminación pero el Polisario lo rechazó aduciendo que ya existía una nueva realidad sobre el terreno [el de la Rasd] y que Marruecos debía negociar con ella su retirada del territorio. Los ataques del Polisario desde Argelia continuaron llegando a menudo hasta el Océano Atlántico cometiendo actos de piratería y terrorismo contra pesqueros españoles, matando a unos y raptando otros y llevándolos hasta Tinduf. Ante el rechazo del ofrecimiento de Hassan II, Marruecos empezó a construir el más largo muro en el mundo después del muro de China. Las obras terminaron en 1988, coincidiendo con la rebelión de las masas en Argelia y la grave crisis del régimen. Gracias a este muro de contención se puso fin a las infiltraciones del Polisario y, en 1991, las dos partes aceptaron el Plan de arreglo. El Plan estipulaba el alto el fuego, la instalación de la MINURSO y un referéndum con dos preguntas -independencia o integración- que fueron calificadas como maximalistas por el mismo James Baker. Las partes implicadas no llegaron a ningún acuerdo sobre el cuerpo electoral para la celebración del referéndum. Antes de la muerte de Hassan II, y ante el callejón sin salida al que llegó el conflicto en manos de la ONU, Baker consultó a Marruecos si estaba dispuesto a abandonar la opción maximalista en favor de una tercera vía que se situase entre las dos. Hassan II rechazó la posibilidad insistiendo en el Plan de arreglo.
Más tarde, Baker sondeó una posible solución con base en la autonomía como forma de autodeterminación. Marruecos aceptó el primer Plan de autonomía propuesto por Baker pero Argelia y el Polisario rechazaron la propuesta proponiendo el reparto. Baker propuso un nuevo plan incluyendo, de nuevo, las dos propuestas maximalistas pero Marruecos lo rechazó y presentó una propuesta de autonomía. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha presentado sucesivamente tres planes para resolver la controversia sin que las partes lleguen a un acuerdo. Ante esa situación de bloqueo, Marruecos presentó su iniciativa basada en una amplia autonomía. El Consejo de Seguridad, por unanimidad, consideró la propuesta como seria pero Argelia y el Polisario la rechazaron».
Marruecos reconoció la inviabilidad del Plan de arreglo por sus opciones extremas -donde cada una de las partes pretende imponerse a la otra a toda costa- mientras que Argelia y el Polisario solo contemplan, como salida posible al conflicto, la independencia. Alcanzar la solución optando por la tercera vía permitirá superar la lógica de vencedores y vencidos. La negociación de buena fe entre las partes enfrentadas posibilitará llegar, mediante el consenso, a un acuerdo final que, de todas formas, será sometido a la refrendación popular. «La ONU abandona pues la opción independentista a favor de una autonomía y empieza su nueva tarea de convencer a las partes para contemplar una solución basada en la tercera vía». Esa es la solución intermedia, es negociación, es consenso y, por consiguiente, un mecanismo pragmático que invita a las partes a actuar con sentido común, privilegiando la racionalidad y la sensatez por encima del deseo.
¿La independencia es indispensable para la autodeterminación?
La autodeterminación, según resoluciones de Naciones Unidas (1970), no debe interpretarse como una concesión para atentar contra la integridad territorial de Estados soberanos e independientes. Autodeterminación no significa independencia de manera excluyente, puede ser integración y asociación con otro país pero, sin la interferencia de terceros, en el caso del Sahara la interferencia de Argelia ha sido decisiva para la pervivencia del conflicto y la imposibilidad de alcanzar una solución. James Baker, Enviado Especial de Naciones Unidas para el Sahara (1997-2004), observó que la libre determinación puede ser alcanzada por la vía de las armas (guerra o revolución), de las urnas (elecciones) o, también, mediante un acuerdo entre las partes en disputa.
El Polisario reclama ser el único y legítimo representante de los saharauis. ¿De cuántos? ¿De cuáles? ¿Ignora el Polisario que el 90% de la población saharaui no está bajo su control? Ese 90% vive con las obligaciones y derechos constitucionales del Reino de Marruecos. Ex integrantes del Polisario que retornaron a Marruecos y se reincorporaron a la vida civil afirman que, en los últimos años, retornaron al Reino unos cinco mil saharauis y que otros lograron dejar los campamentos y emigrar a otros países. Sugieren que en los campamentos quedarían unos 35 mil refugiados. Los cálculos más elevados sostienen que no hay más de 90 mil refugiados saharauis en territorio argelino. Ante la negativa del Polisario para censar a la población bajo su dominio, es difícil establecer la cantidad exacta de saharauis sometidos e instrumentalizados para la independencia, su causa suprema.
¿Independencia para qué? ¿Puede un movimiento militar independentista arrogarse la representación de todos los habitantes del Sahara? Abdelkader Chaui, escritor marroquí y ex prisionero de conciencia durante el régimen de Hassan II, sugiere que el surgimiento de nuevas generaciones de saharauis tanto en Marruecos como en territorio argelino llevan a la conclusión «de que la autenticidad de la supuesta representación legítima y única del pueblo saharaui carece seriamente de credibilidad».
Académicos y diplomáticos marroquíes e iberoamericanos han observado la pervivencia del conflicto como producto de la larga disputa entre Argelia y Marruecos. ¿La razón? Argelia pretende una salida al Atlántico instrumentalizando al Polisario para lograr sus fines en nombre de la «autodeterminación del pueblo saharaui». Esa ha sido la excusa durante cuatro décadas. El mundo cambió pero no para todos. Algunos permanecen anclados en los años setenta. En sus más de 40 años de existencia, el Frente Polisario solo ha mostrado rigidez, inamovilidad y totalitarismo.
Figuras relevantes de la política española, otrora simpatizantes del Polisario, han tomado distancia y hoy respaldan la idea de un acuerdo mutuo entre las partes apoyado por Naciones Unidas. ¿Cuál fue la razón para distanciarse del Polisario? Por un lado, el accionar terrorista del movimiento que segó la vida de decenas de españoles en la década de 1980 y, por el otro, la inviabilidad del proyecto separatista que supone un gran desafío para la seguridad y la estabilidad regional, según Jorge Dezcallar, diplomático español.
«La política española, sin abandonar los principios, se fue acercando a las tesis marroquíes más próximas a la autonomía que a la independencia porque, con la extensión de estados fallidos por una zona estratégicamente tan sensible como el Sahel (Níger, Mali…) a nadie –Estados Unidos, Francia, España- le interesa un pequeño Estado saharaui frente a Canarias que sería necesariamente pobre, débil e imprevisible. Por otra parte, el mantenimiento en Tinduf de un régimen de partido único y corrupto es algo que cada vez se lleva menos por el mundo y que no favorece a la causa saharaui […] Siempre que me encontraba con ellos [con los integrantes del Frente Polisario] me entraba cierta desazón al medir la distancia que separaba sus ambiciones del mundo de las realidades».
Representación política en el Sahara Occidental
El estancamiento de la cuestión del Sahara en Naciones Unidas no significa el estancamiento en el Sahara. La región experimenta un notable proceso de transformación y modernización de sus infraestructuras. La tasa de urbanización es mayor allí que en el resto del país (74% frente a menos del 60% para el promedio nacional). El territorio del Sahara Occidental se divide en tres Regiones administrativas: Guelmim-Río Noun; Laâyoune-Saguía el-Hamra; y, Dakhla-Río de Oro. Sobre estas regiones, el Consejo Económico, Social y de Medioambiente del Reino de Marruecos informó en 2013 que representan el 59% del territorio nacional y se encuentran entre los desiertos más áridos del mundo. En cuanto a la población, el informe señaló que estas regiones albergan a un 3,2% de la población del Reino esto es 1.028.806 habitantes.
La competencia política en Marruecos se da en igualdad de condiciones para los diferentes grupos políticos y la participación política de los saharauis está garantizada como la de todos los ciudadanos marroquíes indistintamente de su región, filiación o partido político. La población elige democráticamente a sus representantes por medio del sufragio universal directo para los cargos a nivel ejecutivo. Los habitantes votan a sus autoridades para la administración y la gestión de los recursos a nivel municipal, provincial y regional. Los saharauis también han ejercido la función pública en otras instancias, como ministerios y secretarías de Estado. Mohamed Cheikh Biadilah, ejerció como presidente de la Cámara de los Consejeros, mientras su hermano es uno de los responsables del Polisario en Tinduf.
En el plano legislativo, el parlamento nacional que está compuesto de dos cámaras, por supuesto, cuenta con representación saharaui como hizo constar el parlamentario marroquí Ahmed Lakhrif ante la Cuarta Comisión de Naciones Unidas, escenario donde cuestionó enfáticamente: «¿Cómo pueden los llamados dirigentes del Polisario pretender hablar en nombre de la población saharaui cuando los saharauis nunca los han elegido? La mayoría de saharauis viven en las Provincias del Sur de Marruecos. El Polisario no me representa ni representa a los saharauis que viven en las Provincias del Sur. Incluso, ni siquiera representa a los miles de saharauis que viven en los campamentos de Tinduf en el suroeste de Argelia y que regresan diariamente a su madre patria Marruecos huyendo de los campamentos de Tinduf tras haber soportado varios años de sufrimiento en condiciones dramáticas».
Ramdan Mesaud, exintegrante del Frente Polisario, considera a partir de cálculos propios que, alrededor de 3150 saharauis (concejales, alcaldes, parlamentarios, presidentes de las comunas rurales) ocupan cargos de representación política en las (3) regiones administrativas del Sahara gracias a los procesos electorales. La cantidad de representantes se fija de forma proporcional al número de habitantes.
En las diferentes instancias de representación política hacen presencia ex integrantes del Frente Polisario, por ejemplo, el presidente de la región de Dakhla o el Wali de El Aaiún (aunque el Wali no es elegido por sufragio directo sino que es designado por el Rey a petición del Consejo de ministros). Mesaud observa que los saharauis militan en diferentes partidos políticos: «el Istiqlal ha sido el de mayor arraigo entre los saharauis durante décadas, aunque en el tiempo reciente hay militantes en la Reagrupación Nacional de Independientes RNI; en el Movimiento Popular MP; y, en el Partido Autenticidad y Modernidad PAM. Dos regiones del Sahara son gobernadas por el Istiqlal y la tercera por RNI. Las cinco principales ciudades del Sahara son administradas por el Istiqlal (2); el Partido Socialista (1); el PAM (1) y el MP (1)».
Para Mesaud, la administración del Reino de Marruecos en el Sahara Occidental ha posibilitado la representatividad política real para la población saharaui con mecanismos democráticos que les ha permitido elegir y ser elegidos. Mesaud contrasta esta realidad con la situación de los refugiados saharauis bajo control del Frente Polisario en territorio argelino: «son unos congresos estalinistas, impuestos a la población refugiada y organizados por la dirección del Polisario. Son ellos los que escogen a su gusto a los delegados y delegadas». Nótese que Brahim Gali, secretario general del Frente Polisario, de cara a la elección legislativa de 2016 que tendría lugar en el Sahara, llamó a los saharauis a boicotear los comicios marroquíes. No obstante, el resultado fue adverso a sus propósitos. La tasa de participación en el Sahara fue la más alta entre las regiones de Marruecos, situación que ya había ocurrido cuando se convocó al referéndum para la aprobación de la Constitución de 2011.
En términos generales, la elección legislativa de 2016 presentó novedades respecto a las preferencias de los electores del Sahara y ello tendría que ver con el incremento del votante urbano que desplazó al elector rural, circunstancia que también tiene lugar en otras zonas del país. El Partido Autenticidad y Modernidad PAM obtuvo el mayor número de escaños (7); seguido por el Istiqlal (4); la Unión Socialista de Fuerzas Populares USFP (4); el islamista Partido Justicia y Desarrollo PJD (3); la Reagrupación Nacional de Independientes RNI (1); y, el Movimiento Popular MP (1).
Parecería que el gran derrotado de la elección fue el Istiqlal al ver disminuida su influencia en el Sahara. La presencia en el Sahara del histórico partido nacionalista remonta a finales de los años cincuenta. El Istiqlal alcanzó fuerte representatividad en el Sahara a partir de 1975. De hecho, el Sahara era una de sus bases más sólidas. En la elección de 2011, alcanzó 10 escaños frente a los cuatro obtenidos en 2016. El Istiqlal ha sido desplazado por el PAM como fuerza política emergente en el Sahara. En 2011, el PAM obtuvo solo un escaño pero en 2016 alcanzó siete en esa región. De eso se trata el juego democrático, voluntad popular y también alternancia y renovación de las élites políticas. Los comicios legislativos de 2016 posicionaron al PAM como el primer partido del Sahara, es decir, el más representativo para la población de la región.
Jamal Mechbal sigue los cambios con atención e interés y sugiere que: «en la sociología política de la población saharaui, se observan importantes cambios sociales especialmente en la pérdida paulatina de la función de la tribu, su fuerza y su razón de ser. Paralelamente está disminuyendo el papel del jefe de la tribu; el chej. El arcaico sistema tribal es sustituido por el creciente papel de la sociedad civil, las asociaciones y el dominio del concepto de la ciudadanía, al igual que en el resto del mundo. Con ello, esta nueva sociedad civil emerge como consecuencia del sedentarismo de una población de origen nómada, está debilitando poco a poco al tribalismo y, paso a paso, lo está sustituyendo, mediante nuevos mecanismos democráticos, adaptándose a los nuevos conceptos de la sociedad moderna. Los cambios sociales no solo están sucediendo en el territorio del Sahara sino también en el resto de Marruecos, conforme a las mutaciones demográficas de la sociedad».
La propuesta marroquí para la resolución de la cuestión
En 2007, el Reino de Marruecos presentó su iniciativa a Naciones Unidas: un estatuto de autonomía para la región del Sahara en el que Marruecos mantiene la soberanía y unidad nacional sobre el territorio. Es la expresión de voluntad política para avanzar en una negociación seria, realista y constructiva a partir del estatuto de autonomía. Marruecos se compromete con la repatriación, desarme, desmovilización, amnistía, reinserción, derechos políticos y ciudadanos de quienes retornen al país. «El proyecto fue elaborado y consensuado por diferentes integrantes y representantes de la sociedad saharaui, salvo el Polisario, y tuvo una buena acogida y elogios por parte del Consejo de Seguridad», precisa Mechbal.
«El proyecto de autonomía presentado por Marruecos ha sido elaborado con participación de los representantes del pueblo del territorio, incorporando todas las propuestas y las enmiendas presentadas. Es un documento de consenso y de participación. En su elaboración participaron los saharauis, incluido el padre del propio secretario general del Polisario [Mohamed Abdelaziz quien falleció en 2016]. Pero lo más importante, intenta que sea un proyecto de todos, especialmente de los saharauis de Tinduf, y una vez alcanzado el acuerdo se contempla la celebración de un referéndum para su aprobación. Su idea esencial es que todos salgan ganando y nadie salga perdiendo. Es la mejor autodeterminación que nunca se debe menospreciar ni silenciar».
La propuesta es vinculante y, como lo hiciera la Constitución de 2011, reconoce la diversidad cultural, propende por la reconciliación, la reincorporación y la reinserción en los diferentes espacios políticos y sociales sin lugar a discriminación o exclusión. El acuerdo final -que se alcance entre las partes- será sometido a consulta ciudadana mediante referéndum y conforme a la legalidad internacional, a la Carta de las Naciones Unidas y a las resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad. «La autonomía acordada entre las partes es una forma válida de autodeterminación», zanja Mechbal.
Una opción realista para una solución mutuamente aceptable
El Reino de Marruecos ha atendido las recomendaciones del Consejo de Seguridad para alcanzar una solución política justa, duradera y mutuamente aceptable para la resolución de la cuestión del Sahara. La propuesta de autonomía para la región del Sahara evidencia la intención de llegar a una solución política realista. Existe voluntad política para la negociación en el marco de las Naciones Unidas. La iniciativa ha sido valorada positivamente por diferentes gobiernos y estamentos en el escenario internacional.
El Consejo de Seguridad ha reiterado en sus resoluciones la necesidad de una visión realista y del espíritu de compromiso entre las partes como elementos fundamentales para avanzar en la negociación. «Un Sahara independiente no es una opción realista», anotó el Enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas, Peter van Walsum, ante el Consejo de Seguridad el 21 de abril de 2008. En la resolución de este año –Resolución 2351 de 2017– el Consejo de Seguridad acoge con beneplácito «los serios y creíbles esfuerzos de Marruecos por hacer avanzar el proceso hacia una solución».
Es de precisar que la autonomía no es ni será exclusiva para la región del Sahara, la autonomía es un proceso de largo aliento que será extensiva a las demás regiones del país con la intención de avanzar en la consolidación de un proyecto democrático e incluyente que reconozca las particularidades y las especificidades de las diferentes comunidades al interior del Reino de Marruecos. Autoridades sugieren que ese es el camino a seguir para desarrollar las potencialidades de cada una de las regiones que componen el Reino.
El Marruecos actual no es el Marruecos de la década de 1970, Abdelkader Chaui, una voz más que autorizada para expresarlo, afirmó al conocer la propuesta en 2007: «El plan de autonomía marroquí es una oportunidad histórica […] que establece y expresa oficialmente la negociación, por primera vez en la historia del conflicto, llega en un momento decisivo en que tal vez el Frente Polisario esté políticamente en la obligación de “autodeterminarse” para emprender, sin condición ninguna, la tarea de reconciliar al pueblo saharaui con su verdadero futuro en el marco de un Marruecos democrático».
El escritor señala, transcurridos 10 años, que su opinión sobre el tema del Sahara no cambió, solo añade algunos detalles debido a que la propuesta continúa siendo una propuesta: «Sigo pensando que la autonomía en el Sahara es un plan tanto para solucionar el conflicto como para asentar la vocación democrática en todo el país. El Marruecos democrático es el país de las autonomías. La democracia real y efectiva es indispensable para la autonomía. Mi conclusión, en este sentido, es la siguiente: el Frente Polisario tiene la obligación de autodeterminarse al igual que Marruecos tiene la exigencia de autonomizarse. La autonomía no solo es una propuesta también es un proyecto que debe responder a las necesidades políticas, económicas, sociales y culturales del territorio autónomo».
La propuesta marroquí para la resolución de la cuestión del Sahara merece ser valorada en su justa medida. Es, al día de hoy, la única salida viable y realista que permitirá mayores y mejores posibilidades a la población del Sahara -y el retorno de refugiados e integrantes del Polisario- garantizando sus derechos como ciudadanos marroquíes además de asegurarles la plena representación y participación política con reglas democráticas y competencia entre partidos y movimientos políticos en condiciones de pluralismo e igualdad. Los planteamientos del Frente Polisario son extemporáneos, hay otras vías menos costosas para que una población logre sus aspiraciones. Transcurridos más de 40 años, la seña de identidad del Frente Polisario es el totalitarismo. El mundo no necesita más dictaduras con un asiento en las Naciones Unidas. Los reducidos apoyos a esa estructura en África y en América Latina (países del ALBA y otros más) permiten inferir la inviabilidad del proyecto del Polisario y su incompatibilidad con los valores democráticos, las libertades individuales y los derechos humanos.
[1] En días pasados, Omar Hilale, Representante Permanente de Marruecos ante Naciones Unidas en Nueva York, reiteró -durante su intervención ante la IV Comisión de la ONU- el respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, principalmente al artículo 12.1. El diplomático enfatizó en la necesidad de retirar la cuestión del Sahara de la Asamblea General puesto que el Consejo de Seguridad se ocupa del diferendo. «Marruecos, representado por Hilale, reiteró con fuerza su llamamiento a la Asamblea General para dejar de actuar de manera Ultra vires y alejarse del dossier del Sahara para permitir que el Consejo lleve, sin interferencias, el proceso de negociación con el fin de llegar a una solución política negociada y mutuamente aceptable. El tema del Sahara no es un tema de descolonización sino de completar la integridad territorial de Marruecos […] Hilale recordó como Marruecos fue dividido, troceado y repartido entre Francia y España y, observó que, la recuperación de sus territorios ha sido gradual. El Embajador hizo hincapié en que los territorios de Ifni y del Sahara fueron recuperados conforme la resolución 2072 (XX) del 16 de diciembre de 1965 […] En 1965 el Polisario no existía y por lo tanto no podía reivindicar ningún derecho». MECHBAL, Jamal. Sobre la intervención del Embajador de Marruecos Omar Hilale ante la IV Comisión de Naciones Unidas. CPLATAM -Análisis Político en América Latina- Octubre, 2017.

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 artículo 12
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