Source: http://www.catholic-church.org/observador/archivo/2003/414.html
Timestamp: 2018-11-18 09:58:33+00:00

Document:
El Observador No. 414
15 de junio de 2003 No.414
PORTADA - ¿Existe en México libertad religiosa?
CARTAS DEL DIRECTOR - Poder, ¿para qué?
EL RINCÓN DEL PAPA - La lección de Juan XXIII, 40 años después de su muerte
INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- ¿Falta ante Dios?
FAMILIA - Consejos para momentos difíciles
PINCELADAS - Influencia de la esposa
REPORTAJE - El indispensable sentido del humor
JÓVENES - «Papa-boys» se pronuncian contra los conciertos del satánico Marilyn Manson
COLUMNA INVITADA - ¿Votar? ¿Por quién votar?
CULTURA - El desafío de la vida
PANTALLA CHICA - Cristina Pacheco y el Canal Once
CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - La Jefa y la moral pública
DILEMAS ÉTICOS - México imposible
Censurar a los obispos
¿Existe en México libertad religiosa?
Desde el punto de vista administrativo y penal la controversia entre el Partido México Posible y los obispos no es compleja: los artículos 130 constitucional y 14 de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público prohíben a los ministros de culto "realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna". El hacer prosélitos de algún partido difícilmente podrá ser imputado a los dichos o acciones de los obispos demandados. El artículo 404 del Código Penal de la Federación señala más elementos a considerar: a) Inducción expresa a favor o en contra de partido o candidato; b) Dirigida hacia el electorado; c) Durante el desarrollo de actos públicos propios del ministerio de un ministro de culto. Tomando como emblemático de toda esta cuestión el caso del obispo de Querétaro, Mario De Gasperín, podemos darnos cuenta que ninguno de los tres elementos señalados se cumple. El obispo de Querétaro no realizó "inducción" en la medida en que no coartó la libertad de los católicos. El obispo señala en su instrucción pastoral Un católico vota así que el católico debe votar con libertad y en conciencia. Más aún, si "no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo." La instrucción pastoral tampoco es una "inducción expresa", es decir, explícita para votar a favor o en contra de alguien; no está dirigida al "electorado" sino a los católicos; y, finalmente, no se dio a conocer dentro de un acto propio del ministerio de un ministro de culto sino en una reunión dentro de un espacio administrativo.
Sin embargo, la cuestión de fondo abierta por esta polémica es mucho más delicada e importante: ¿Existe en México libertad religiosa en sentido estricto? ¿Las relaciones entre el Estado y las iglesias se articulan simultáneamente en torno al principio de separación entre estas dos instituciones y al principio de libertad religiosa? ¿Hemos de posponer indefinidamente la internalización real del derecho internacional sobre derechos humanos?
Liberlismo moderno de hace más de un siglo
Si observamos el contenido del artículo 130 de la Constitución podemos darnos cuenta de que responde a una filosofía política en la que los «ministros de culto» son considerados sujetos al menos riesgosos cuando no peligrosos que deben de abstenerse de ejercer los derechos civiles y políticos propios de todo ciudadano. Esta postura es entendible en el marco del liberalismo revolucionario que, como muchas de las ideologías fruto de la modernidad ilustrada, posee un criterio de selección instrumental para determinar quién merece ser reconocido propiamente como ser humano y quién no.
Mientras que en México no reconozcamos plenamente que las declaraciones y pactos signados por nuestro país en materia de derechos humanos son realmente parte de nuestra normatividad interna continuaremos deteniendo el cambio que hoy nuestra sociedad demanda. Vistas así las cosas, no sólo es preciso entender que existe contradicción entre el artículo 130 y el artículo 1 constitucionales tal y como lo ha señalado recientemente un canonista, sino que el propio artículo 24 al reconocer solamente el derecho a la libertad de «creencia» -y no a la libertad religiosa- se encuentra en contradicción con el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con el artículo 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y con el artículo 12 del Pacto de San José.
Se trata de promover y proteger la libertad
¿Cuanto tiempo habremos de esperar para que nuestra Constitución se coloque a la altura del derecho internacional en materia de derechos humanos? ¿Será utópico pretender que el artículo 24 de nuestra Carta Magna pueda decir algún día: «Toda persona goza del derecho inalienable a la libertad religiosa, el cual no tendrá más limitación que los demás derechos reconocidos en esta Constitución. Este derecho incluye la libertad de la persona para escoger una religión o para no hacerlo, así como la libertad de manifestar su religión a través de la enseñanza, práctica, culto, observancia, asociación, y expresión de manera individual o colectiva, tanto en público como en privado. Nadie podrá ser objeto de medidas coercitivas que puedan menoscabar su libertad religiosa. El Congreso no podrá dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna»?
En nuestra opinión, de esta manera quedaría asegurado que el sujeto titular del derecho a la libertad religiosa es la persona y de manera participada el grupo religioso al que pertenezca. Así mismo quedaría asegurada la no-discriminación de persona alguna por motivos religiosos y la laicidad del Estado al momento de, implícitamente, renunciar a cualquier competencia en materia religiosa y, explícitamente, afirmar que no es posible establecer o prohibir religión alguna en nuestro país. También de este modo la pluralidad religiosa se encontraría protegida respecto de cualquier instancia religiosa o civil que pretendiera fomentar la intolerancia o disminuir la libertad en este tema por alguna vía.
La tolerancia se construye con respeto
Censurar a los obispos, como a cualquier otra persona, no es camino para fortalecer un régimen de libertades en nuestra nación. La libertad de conciencia, la libertad religiosa y la libertad de expresión sólo deben tener el límite del derecho de terceros. La tolerancia que tanto necesitamos hoy como sociedad tiene que construirse con acciones que afirmen el respeto irrestricto a la pluralidad de opiniones y no con excepciones que abran la puerta a la restricción arbitraria en función de criterios supuestamente superiores a la dignidad y a los derechos de todos por igual.
EL OBSERVADOR 414-1
Si algún día tocan a su puerta -lo suelen hacer cada tres años-, y es un hombre o una mujer que les viene a pedir su voto, pregúntele para qué lo quiere. O, mejor: para qué quiere el poder. Lo va a meter en un lío. Y eso está bien: hay que meter en líos a quienes pretenden mandarnos para que, al menos si es sensato (o sensata), purifique un poco sus intenciones antes de ocupar la silla.
Ser elegido para un cargo público despertaría menos gozo (en los políticos) si supiéramos exigirles (los ciudadanos) responsabilidad y respeto a nuestra dignidad como personas. Es decir, que se percataran (no son muy duchos) que existe una sociedad alerta, dispuesta a demostrar que la que tiene el poder es ella misma. Y que está dispuesta a ejercerlo contra malos gobiernos, contra rateros y corruptos, contra los enemigos del equilibrio que exige la buena convivencia humana.
El poder es para servir a la gente, no para servirse de la gente. Entiendo que si les preguntamos a los candidatos se van a llenar la boca diciéndonos que ellos quieren el poder para servirnos. Pero es necesario ir más allá. Preguntemos: por qué quieres servirme; en qué quieres servirme, cómo quieres servirme. Entonces sí van a patinar; algunos, de plano, van a poner pies en polvorosa. Mejor así que luego lidiar por tres o seis años con esos cuates, amarrados a la ubre del dinero público como un becerro a la de su mamá la vaca. Desde el principio de una carrera política debe intervenir la gente para moldear -en la medida de las posibilidades- la ambición que pudiera tornarse en obsesión. Hay que orillarlos, de veras, a servirnos.
Por lo demás, un ciudadano que demanda está preparado (si no es un cínico) para trabajar a su vez por un mejor entorno dónde vivir él y su familia, así como sus vecinos y la comunidad. Tenemos que sacar la cabeza fuera del sarape. Y comenzar por preguntarle al candidato o la candidata: "pa' qué nos quieres mandar, si no es indiscreción". A ver con qué vaina nos salen. Y, dependiendo de la respuesta, darles o no el valor fundamental de mi voto.
EL OBSERVADOR 414-2
La lección de Juan XXIII, 40 años después de su muerte
Juan Pablo II, en audiencia general, recordó el cuadragésimo aniversario del fallecimiento del papa Juan XXIII:
«Hace 40 años fallecía el querido y venerado papa Juan XXIII, a quien tuve la alegría de proclamar beato el 3 de septiembre del año 2000.
«El pensamiento regresa espontáneamente al lunes 3 de junio de 1963, a aquella tarde en que los fieles acudieron a la plaza de San Pedro para unirse lo más posible al querido padre y pastor que, después de una larga y sufrida enfermedad, dejaba este mundo. A las 19.00, en el atrio de la basílica vaticana, el pro-vicario de Roma comenzaba la santa Misa, mientras él [el Papa], desde su cama, convertida en altar, consumía su sacrificio espiritual, el sacrificio de toda su vida. El final de aquella Misa coincidió con la muerte del 'Papa Bueno'.
«'Este lecho es un altar; el altar requiere una víctima: heme aquí. Ofrezco mi vida por la Iglesia, por la continuación del concilio ecuménico, por la paz del mundo, por la unión de los cristianos'. 'Mi vida terrena termina; pero Cristo vive y la Iglesia sigue realizando su tarea; las almas, las almas: ut unum sint, ut unum sint...'(Discursos, Mensajes, Coloquios del Santo Padre Juan XXIII).
«Menos de dos meses antes, Juan XXIII había publicado el documento más célebre de su magisterio: la encíclica Pacem in terris. Toda la vida de este pontífice fue un gran testimonio de paz. Y su pontificado se convirtió en una altísima profecía de paz, que encontró en la encíclica su manifestación cumplida, una especie de testamento público y universal.
«Nuestro recuerdo del querido papa Juan se transforma de este modo en una oración: que él interceda desde el Paraíso para que también nosotros, como él, podamos confesar al final de nuestra existencia que sólo hemos buscado a Cristo y su Evangelio».
EL OBSERVADOR 414-3
¿Falta ante Dios?
Mi duda es la siguiente: ¿cometo una falta ante Dios siendo novia de mi primo (o al menos yo creo que es mi primo)? Ayúdeme a resolver mi duda, por favor Aquí le presento mi árbol genealógico: 1) A es mi abuela, E su primo. 2) E es tío de P. 3) P es primo de N. 4) N es mi novio. ¿Hay un parentesco cercano que me impida ser su novia?¿Debo dejarlo?¿Por qué?
Al parecer no hay ningún parentesco entre tu novio y tú. Si P es sobrino de tu tío pero no de tu papá o mamá, estamos hablando ya de otra familia. En todo caso, el parentesco cercano sería con un tío carnal (hermano de alguno de tus padres) o un primo hermano (hijo de un hermano o hermana de tus padres) y evidentemente este no es el caso. Ya hablamos de este tema en un número anterior de El Observador (8 de diciembre de 2002 No.387), por si quieres buscarlo (en internet http://www.elobservadorenlinea. com/archivo/2002/387.html#4).
A lo mejor es, sencillamente, ignorancia de tu parte en este punto. Pero me surge la duda: ¿Te preocupas demasiado por las cosas? ¿Tiendes a sentirte culpable más de la cuenta? ¿Ves a Dios como alguien pronto para el castigo? De ser así, tal vez debas aprender a ver las cosas con más calma, con más seguridad en ti misma. Y quizá también debas confiar más en que Dios te ama.
La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al tel. 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com
EL OBSERVADOR 414-4
Cuando una familia pasa por momentos difíciles, por ejemplo, ante la grave enfermedad de uno de sus miembros, es muy necesario redoblar esfuerzos para mantener la paz interior y la familiar y evitar así males innecesarios, como conflictos entre hermanos o trastornos físicos provocados por el estrés.
La tensión en situaciones así es grande; eso provoca que las personas estén susceptibles, irritables, impacientes, y esto puede llevarlas en un momento dado a situaciones desagradables. Por eso deben ser muy pacientes unos con otros y no tomar a pecho palabras, gestos o actitudes inadecuados. Especialmente los hijos requieren armarse de paciencia y tolerancia, porque, ante la emergencia, los padres les van a prestar menos atención de lo habitual y, tal vez, a causa de la tensión que mencionábamos, los regañarán más de la cuenta. Con esto no quiero decir que así va a ser y ni modo, hay que tratar de evitar esas situaciones, pero lo más seguro es que ocurran, así que hay que aprender a no «engancharse» en el enojo, la tristeza, la susceptibilidad o cualquier otro sentimiento negativo del otro, porque entonces se multiplicaría.
No engancharse en el sentimiento del otro es muy distinto a no permitirse expresar los sentimientos. Expresarlos es importante y necesario. Los miembros de la familia pueden hacerlo entre ellos mismos y con personas especiales en sus vidas, por ejemplo, buenos amigos o el sacerdote de su confianza. Es bueno que platiquen lo que sienten con alguien, eso es parte de lo que les va a permitir mantener una paz interior.
Otras cosas que les pueden servir para conservar la paz interior y, por tanto, la familiar, que es consecuencia de la primera, es procurar momentos de relajación y de diversión (por cierto, no son sinónimos), así como conservar el sentido del humor y continuar con su proyecto de vida, aun cuando le dediquen menos tiempo del habitual.
Por difícil que sea, tienen que aceptar la vida tal como es y ponerla en manos de Dios. Esta aceptación les va a permitir pasar el trago amargo con serenidad.
La vida mortal es limitada, efímera. Si están frente a una enfermedad terminal, su tarea no es luchar contra todo para retener una vida que se va. Hay que hacer todo lo posible, pero no prolongar artificialmente algo que ya no tiene remedio: la naturaleza debe seguir su curso. Su tarea, en cambio, es cuidar, mimar, consentir a su enfermo o enferma, platicar mucho con él o ella, hacerle saber y sentir que su vida tuvo frutos abundantes.
Quienes tenemos fe en Dios sabemos que hay algo más allá de nuestra comprensión y de las limitaciones de la enfermedad y la muerte. La oración frecuente, profunda y sincera les va a dar fortaleza y paz.
Tienen que estar más unidos que nunca, apoyarse unos a otros y demostrarse su cariño. Si cometen errores, que los cometerán seguramente, sean generosos con el perdón y la tolerancia. Si toman decisiones equivocadas, no se lo reprochen y, sobre todo, no olviden la prioridad, que es amarse unos a los otros.
EL OBSERVADOR 414-5
Influencia de la esposa
Una esposa discreta y constante puede influir mucho en el marido. La mujer dispone de la posibilidad de ser Eva o María. Rara vez es neutral. O ennoblece al hombre y lo eleva, o lo envilece cuando ella se rebaja. Un muchacho decía a su novia: «Tú me fuerzas sin cesar a mirar hacia arriba». El eterno femenino nos guía hacia lo alto.
Un caso muy claro es el de Antonio Machado. Antonio era un sabio poeta, pero agnóstico. Leonor, su joven esposa, era poco culta, pero muy piadosa. Con bondad y dulzura lo llevó hacia Dios.
«En Santo Domingo, / la Misa Mayor. / Aunque me decían hereje y masón, / estando contigo, / ¡cuánta devoción!».
Pero, qué pena: Leonor murió muy pronto.
EL OBSERVADOR 414-6
El indispensable sentido del humor
Por Carmen María Imbert
Los filósofos lo definen como propio del ser humano, los santos lo practican, los médicos lo recomiendan, a Dios le encanta y el diablo lo detesta. El sentido del humor, que va más allá de la carcajada, es una condición de vida; sin él, el hombre no puede enfrentarse al sufrimiento ni relacionarse con el prójimo, con Dios, consigo mismo. Es una condición de todo hombre y, con mayor razón, del católico.
Se está deshaciendo, por fin, esa mentira de que el católico es un hombre serio con el que no se puede bromear. Que Dios no se ríe, que el Cielo es aburrido. Y Dios lleva riéndose con nosotros desde que se le ocurrió crearnos. En una ocasión contaron la siguiente historieta en la que un hombre se dirigió a Dios:
- Dicen que para Ti mil años son como un minuto.
- Entonces, Señor, ¿para Ti mil dólares son como un dólar?
- Señor, seguro que puedes prestarme un dólar, ¿verdad?
- Desde luego, espera un minuto, por favor.
Si los filósofos han definido al ser humano como un animal racional, que habla o, finalmente, como un ser que se ríe, mucho más se podría decir de aquellos que pretenden la perfección, que buscan la santidad. Cristo también recurrió al sentido del humor para confundir a los fariseos y alentar a los suyos.
Menudo humor el de Jesús, y menuda cara se le debió de poner a Felipe el apóstol cuando, aquella tarde, a la orilla del mar de Galilea, el Maestro respondió a la petición: «Despídelos, que no han comido», con un: «Denles ustedes de comer». Entonces ni Felipe ni nadie conocía el desenlace milagroso de la multiplicación de los panes y peces, ¡vaya broma! Pero miremos, un poco más cerca, al papa Juan XXIII. Cuentan que, después de las primeras sesiones de fotografía, tras ser elegido vicario de Cristo, exclamó: «Mire: Dios nuestro Señor supo ya muy bien, desde hace setenta y siete años que yo había de ser Papa. ¿No pudo haberme hecho más fotogénico?» Los santos llevan una eternidad partiéndose de risa en el Cielo, porque aprendieron a hacerlo ya en la Tierra.
Para algunos el humor fue la clave de su conversión. En su autobiografía, el periodista y escritor Gilbert K. Chesterton describe cómo eran los días en su casa cuando niño, cómo su padre se tomaba la vida con un optimismo que supo contagiar a sus hijos, y cómo, más tarde, esta actitud fue la que le abrió las puertas del catolicismo: «Había algo así como una mañana eterna en aquel estado de ánimo». Utilizaría ese mismo sentido del humor para ser crítico con su sociedad. Era un intelectual capaz de introducir el humor en los temas más serios. Quiso introducir una forma nueva dentro del periodismo con su periódico GK's Weekly: «Me gustaría que el lector cogiera este periódico para divertirse y se encontrara envuelto en una discusión. Me gustaría que lo leyese sólo por las discusiones y tropezase de pronto con un chiste... Nunca comprendí por qué no se puede ser a la vez popular y serio, es decir, popular y sincero al mismo tiempo».
Los médicos afirman que es muy saludable el reírse. El sentido del humor, con su capacidad de reducir la ansiedad y la tensión, puede ayudar a prevenir o curar algunas enfermedades. Dicen que 20 minutos de risa equivalen a 3 minutos remando, o a cualquier ejercicio aeróbico, con la diferencia de que no se necesita indumentaria especial, sale más barato y se puede hacer en cualquier lugar y momento. En definitiva, reír y tomarse las cosas con humor es bueno para la salud.
Quizá las personas que han desarrollado más el sentido del humor han sido aquellas que se han tomado en serio aquello de reírse de uno mismo. Y éstos han sido los santos. Ya lo dejó clarito santa Teresa: «Un santo triste es un triste santo», y bien que lo practicó. En su última fundación, cerca ya de Alba de Tormes, a la santa se le atascó la carreta entre los lodos del camino. Cansada por el camino y los años, tuvo un pensamiento de reproche hacia el Señor, a lo que Él contestó: «Teresa, hija mía, no te quejes, así trato yo a mis amigos más queridos». A lo que rápidamente ironizó la Santa: «Así tiene tantos vuestra Divina Majestad...».
Pocos son los que aguantan las bromas de la vida, porque pocos son los que saben tomarse a broma lo caduco y en serio lo trascendente. Un consejo para conseguirlo puede ser el del jesuita Tomás Morales: «Ríete de todos, y primero de ti mismo. No te hagas caso. Tómate el pelo y serás feliz». Otro santo, Tomás Moro, oraba de la siguiente manera a Dios: «Señor, dame una buena digestión y, naturalmente, algo que digerir. Dame la salud del cuerpo y el buen humor necesario para mantenerla». Y José Luis Martín Descalzo, así: «Dame, Señor, el sentido del humor. Dame el saber reír de un chiste para que sepa sacar un poco de alegría a la vida y pueda compartirla con los demás». El sentido del humor, si es sano, nunca hiere, siempre hace crecer, y puede salvarnos el juicio en los momentos de mayor dificultad. Cuenta el teólogo Helmut Thielicke un episodio que vivió personalmente, al final de la segunda guerra mundial. Cuando predicaba en una iglesia de un pueblo cercano a Stuttgart, se produjo un ataque aéreo, con un aterrador fragor de aviones de combate, fuego de artillería y cañonazos antiaéreos. Thielicke gritó desde el púlpito: «¡Todos al suelo! Cantemos Jesús es mi alegría» (un himno alemán muy conocido). El organista y la congregación obedecieron. Thielicke no podía ver a sus fieles desde el púlpito mientras cantaban, ya que seguían agazapados debajo de los bancos. A pesar del horrible estrépito y del enorme peligro, encontró Thielicke la situación tan divertida que se echó a reír a carcajadas. Más tarde, al acordarse de la escena, pensó que esa risa fue del agrado de Dios.
El que disfrutó de buen humor durante su vida, apenas sufrirá su propia muerte. Como le ocurrió al santo de la parrilla, a san Lorenzo. Cuando le martirizaban asándolo a fuego lento para que abjurase de su fe, todavía sacó fuerzas y valor para advertir a sus verdugos: «Por favor, denme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho».
Necesitamos reírnos, además, como defensa de las tentaciones del demonio. Si Judas no se hubiese sumido en la tristeza, si la hubiese sacado fuera, probablemente no se habría ahorcado. El sentido del humor que hace que relativicemos lo relativo, y entendamos mejor el calado de lo verdaderamente importante, hace huir al enemigo de cualquier cristiano, al diablo. Porque una cosa es cierta: el demonio no tiene sentido del humor, su orgullo y vanidad se lo impiden.
El cristiano no tiene ninguna razón para estar triste: «Ustedes estarán tristes -nos dijo Jesús-, pero su tristeza se transformará en gozo», porque del llanto de la Pasión pasamos a la alegría pascual, y nos insistirá machaconamente san Pablo: «Estén siempre alegres en el Señor; se los lo repito: estén siempre alegres. El Señor está cerca».
(Resumido de Alfa y Omega)
EL OBSERVADOR 414-7
«Papa-boys» se pronuncian contra los conciertos del satánico Marilyn Manson
Dentro de la serie de conciertos que el satánico intérprete estadounidense Marilyn Manson tenía registrados en su actual gira por Europa, incluía dos en la ciudad de Milán, Italia, los días 7 y 8 de junio . Pero, de manera muy oportuna, los chicos miembros de la asociación italiana "Papa-boys" lanzaron una campaña en contra de dichas presentaciones.
«Como cristianos -explicaron los chicos del Papa- debemos amarlo [a Manson], pero es nuestro deber tomar una posición firme». Y agregan: «Marilyn Manson es solamente un pobre sujeto con un alma retorcida, que ha elegido la peor forma para comunicarse en el confuso mundo de hoy».
Además de la iniciativa de los "Papa-boys", se llevaron acabo otras, de carácter interconfesional, que también intentaron sensibilizar a las autoridades y a las personas influyentes para impedir que Manson invitara a los jóvenes al suicidio, a la pornografía, a la droga y a toda clase de degeneración, como hace siempre en sus conicertos.
De hecho, cada presentación del cantante de rock, explican los Papa-boys, «representa un verdadero y propio rito satánico público, que no sólo ofende a los creyentes, sino a la entera sociedad civil. Impedir el concierto a Manson es entonces, además de un deber cristiano, un acto de civilización».
Las autoridades locales de Milán decidieron denegar el permiso para la presentación del cantante estadou-nidense por considerar que su música es «satánica e «incita a la violencia». Los concejales de la ciudad se apoyaron en el artículo 3 de la convención comunal donde se explica que los espectáculos «deben ser accesibles también para un público menor de edad». Ésta es la segunda negativa a la celebración de un concierto de Manson en Italia, después de que también se le impidiera actuar en Monza, cerca de Milán.
Web de los Papa-boys: www.papaboys.it
(Fuente: ACI )
¿Quién es Marylin Manson?
Su verdadero nombre es Brian Warner. Es miembro de la Iglesia de Satán. Él y su grupo de rock tomaron el nombre «Marylin Manson» tras combinar el de la actriz drogadicta y suicida Marylin Monroe, con el de Charles Manson, ladrón, homosexual, racista, satánico-cientista-budista-hinduista y fundador de una secta que realizaba múltiples asesinatos rituales. Pero dejemos que el propio Marylin Manson nos hable de sí mismo:
«El nombre Marilyn Manson describe todo lo que tengo que decir. Es una afirmación sobre la cultura estadounidense. (...) Combino la palabra Marilyn como el aspecto blanco y positivo, la luz, con la palabra Manson que es lo negro. Luz y oscuridad, vida y muerte son simplemente dos partes inseparables de la vida. Sin la oscuridad no conoceríamos la luz y sin la maldad no conoceríamos la bondad. Lo bueno y lo malo van de la mano, no se los puede separar. (...) Charles Manson mató gente, pero al menos creía en ello y tenía una razón».
«El Anticristo no soy sólo yo. Es un estado mental colectivo que Estados Unidos necesita que le despierten».
«Siempre me identifiqué con Lucifer porque él quería ser Dios y no iba a aceptar las reglas de otro. Entonces, lo echaron del Cielo y creó sus propias reglas. Si la otra parte hubiera escrito la Biblia, Lucifer sería nuestro salvador. Es mi trabajo limpiar al mundo de todos sus pecados. Me estoy ofreciendo como un sacrificio para que el mundo recupere su inocencia».
EL OBSERVADOR 414-8
COLUMNA INVITADA*
¿Votar? ¿Por quién votar?
Por Manuel Loza Macías **
No hemos de caer en una pasividad malsana. Los hombres de empresa tienen una mayor experiencia en la toma de decisiones por su gran influjo en la sociedad. Su ejemplo es muy valioso. Por otra parte, ningún ciudadano debe ni puede tomar a la ligera el presente juego democrático. Nuestro futuro próximo puede conjeturarse por las urnas de ahora.
No es difícil recordar aquella elección democrática convocada por Pilato. Pilato y el pueblo entraron en el juego de aceptar la decisión mayoritaria. Como en toda democracia, los participantes saben y aceptan de antemano reconocer el triunfo de la mayoría. Y esto aun cuando el resultado no sea el que uno desearía que fuese; si faltara esta previa decisión, sencillamente no se entendería el juego democrático.
Aquella experiencia tuvo dos momentos: en el primero la alternativa era o a Jesús como rey o al César como emperador romano. El resultado de esta primera votación fue un rotundo No a Jesús y Sí al Cesar. En el segundo momento la disyuntiva era Jesús o Barrabás. La mayoría abrumadora votó: ¡suelta a Barrabás y crucifica a Jesús!
La propuesta de Jesús era justicia, amor, perdón y paz. Su personalidad era reconocida por haber pasado haciendo el bien. Había sobrado fundamento de que cumpliría en caso de ser el favorecido. La propuesta por el Cesar era sumisión, esclavitud, guerra y temor. Era de suponerse que, teniendo en cuenta sus antecedentes personales, lo seguiría haciendo. Votaron por él. Y así les fue con el imperio romano. Barrabás era un fascineroso y asesino. ¿Que podrá esperarse de él en caso de salir elegido? Optaron por él. Y después su presencia se esfumó en el laberinto de la fábula.
Y uno se pregunta: ¿en los dos casos, nadie votó por Jesús? En algunos casos, cuando los votos hubieran sido emitidos en su favor, debieron ser de una minoría insignificante. ¿Quiénes podrían haber votado por Jesús? Los que mejor conocían su personalidad y su doctrina. Eran pocos y temerosos. Uno había renegado de su amistad y otro lo traicionó. Los demás se plegaron al abstencionismo que no compromete. Tal vez Juan votó por Jesús pero no tuvo eco. Algunas mujeres habrían votado por Jesús, pero no tenían derecho de voto.
Y uno vuelve a preguntarse: ¿Los electores no cotejaron, con los principios básicos de todo orden social humano, a los candidatos, a sus propuestas y a sus estrategias? La dignidad de las personas, el bien común, la sociabilidad, la solidaridad, la subsidiaridad y la autoridad-servicio son parámetros indispensables para toda decisión razonada y responsable cuando se participa en unas elecciones democráticas.
Nos toca votar en los próximos comicios. Para no repetir la historia acerca de Jesús, nos incumbe conocer las propuestas, las respectivas estrategias y a quienes las hacen. Debemos razonar nuestra postura. No hemos de caer en una pasividad malsana. Los hombres de empresa tienen una mayor experiencia en la toma de decisiones por su gran influjo en la sociedad. Su ejemplo es muy valioso. Por otra parte, ningún ciudadano debe ni puede tomar a la ligera el presente juego democrático. Nuestro futuro próximo puede conjeturarse por las urnas de ahora.
* Fuente: Yo infuyo. ** El autor es, desde hace años, animador de la Unión Social de Empresarios de México.
EL OBSERVADOR 414-9
Todo ser humano, en la medida en que sea racional, defenderá el derecho a la vida. Una especie que conculque este derecho se automutilará biológica y éticamente. La cuestión de la vida no es algo que deba dejarse al arbitrio de cada ciudadano en particular, sino que ha de ser defendido también por las instituciones, es de orden público: no se puede matar a nadie. Nunca se debe atentar contra la vida del niño o niña que va a nacer, aunque la madre sea violada. Es triste y lamentable que una mujer sea violada, y hay que castigar duramente al violador. Pero por encima de todo hay que defender la vida de todos y de cada uno, especialmente la vida de los seres más indefensos, las personas que van a nacer.
La vida que hay en el vientre de la madre es el test de toda democracia, la última palabra en torno a la cual ningún diálogo es posible: no se puede negociar con esa realidad sagrada, no cabe plantear otra cosa que su vida. La vida de quien va a nacer es la prueba de fuego de la democracia, su razón de ser, algo no sometible a pactos. Los demócratas han de ser los más grandes y entusiastas defensores de quienes no pueden defenderse a sí mismos, de las gentes más débiles. La sociedad juzgará mañana con infinita dureza a los y a las abortistas; a su lado, los defensores de la esclavitud parecerán grandes demócratas.
El verdadero demócrata defenderá la vida siempre y en todo lugar, vida que comienza desde el instante mismo de la fecundación. Y la defenderá en medio de la adversidad, a pesar del secuestro emocional con que cierta prensa poderosa -enemiga de los débiles- manipula a la opinión pública presentando a los defensores de la vida como reaccionarios integristas, derechistas fundamentalistas, papistas vaticanistas, etc, adjetivaciones tanto más frecuentes cuanto menores son los argumentos que las fundan. Tampoco faltarán las descalificaciones profesionales, y hasta las personales.
Si la democracia se relaja en esta cuestión, vivirá bajo el signo de una democracia victimatoria, construida sobre los féretros invisibles, pero reales, de los abortados. El derecho a la vida, el primero y central de los derechos humanos sobre los que se funda la convivencia democrática, habría quedado conculcado, sustituido por falsos eufemismos.
Ahora bien, quien se compromete con la defensa de la persona que va a nacer debe también comprometerse con la defensa de la vida en todas y cada una de sus manifestaciones: estará en contra de la pena de muerte, en contra de la tortura, en contra del machismo, en contra del trabajo de niños menores, en contra de los salarios de hambre, etc.
En este sentido tenemos que decir con gran dolor -insistimos: con gran dolor- que son malos compañeros de viaje en la defensa de la vida aquellas personas que se han enriquecido con los despojos de los pobres, a los que a duras penas permiten sobrevivir, o simplemente aquéllos que retribuyen con salarios ínfimos a sus trabajadoras y empleados domésticos, aunque ello sea conforme a lo estipulado social y legalmente. Estas gentes explotadoras cometen crímenes abominables, y tras su coartada (falsa de todos modos) se agazapan quienes cometen los crímenes aun más abominables contra la vida.
EL OBSERVADOR 414-10
Cristina Pacheco y el Canal Once
Mayela Fernández de Vera / Grupo Inter Mirifica
En Canal Once quieren hacer buena televisión, y con la presencia de Cristina Pacheco la siguen haciendo. Ella brilla como una excelente profesional del periodismo en nuestro país. Tiene vocación, talento, y realiza su trabajo con gusto y limpieza. En sus programas de televisión se ha ineresado por describir la vida y a los que la viven; tal como son, en su medio ambiente, con sus limitaciones y virtudes, con sus fracasos y sueños.
Cristina tiene una gran sensibilidad para acercarse a todo tipo de personas, en diferentes ámbitos. Debe resaltarse el respeto absoluto que tiene en las preguntas que formula, en su lenguaje, en sus observaciones. No busca el escándalo, el morbo, la burla de los televidentes; no ridiculiza al entrevistado. Es capaz de realizar una interesante entrevista a un indigente, así como a una importante figura del medio artístico o político. Le atrae el ser humano donde quiera que se encuentre, con su queacer rutinario, con su forma particular de saborear la exitencia. Su estilo, cálido y sencillo, le permite aproximarse notablemente a sus entrevistados, develando facetas de personalidad, motivos y óptica personal del universo.
En su programa de televisión Aquí nos tocó vivir realiza una valiosa investigación sobre cómo se vive en diferentes puntos de la capital; retoma el pasado, plasma el presente y sondea las expectativas que tienes sus habitantes.
Cristina Pacheco es una periodista mexicana ejemplar, y sus programas en la pantalla chica son muestra clara de cómo informar bien, cómo buscar a la persona y no al producto, cómo presentar la verdad para propiciar la valoración y la reflexión. Escribir sobre la realidad, describirla, sin recurrir al amarillismo y a la manipulación de la información, es hoy un reto mayúsculo para un periodista; ella lo supera haciendo buen uso de la palabra y el pensamiento.
EL OBSERVADOR 414-11
La Jefa y la moral pública
Los libros sobre la esposa del Presidente han vuelto a levantar la polémica sobre qué es público y qué es privado. Se dice que todo lo que le pasa a una mujer encumbrada en el poder político es de interés público. Pero el ser primera dama no le quita ni le pone un ápice a sus derechos de intimidad.
El principio medieval "lo que a todos compete debe ser conocido por todos" ha derivado, por los medios modernos de comunicación, en un batido de cosas en las que ya nadie sabe qué es de competencia pública y qué no lo es. Desde luego, las cuestiones de alcoba no lo son. Pero se han convertido en carnaza que atrae lectores, televidentes, radioescuchas.
La legislación universal establece el derecho a la libre expresión (artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre), pero nunca lo hace pasar como un derecho absoluto. Tampoco nuestra Constitución (artículo sexto y séptimo) se deja llevar por la corriente ultra libertaria. Consagra, sí, la libertad de prensa, pero nunca da derecho a nadie (como presumía el propio presidente Fox) de mentir, calumniar, invadir el territorio de la honra, la buena fama, la convivencia social o el orden jurídico.
La cuestión está en saber qué es información y qué es chismorreo, habladuría, rollo oportunista. Que la señora de Fox haya abierto las puertas a la periodista argentina, o que un novelista la tome como parte de su ficción, es una cosa; la otra es que, en un país en el que nadie lee, ya esté circulando la segunda edición de La Jefa a 15 días de haber salido al mercado.
Aquí alguien está haciendo pasar lo que no es información como si lo fuera. Aquí alguien se está aprovechando del jalón de los medios. Aquí alguien se está hinchando de lana. Y ese alguien puede estar incurriendo, si se quiere, no en el error legal de publicar intimidades, sino en el error moral de hacer creer que cada uno tiene el derecho absoluto de publicar lo que le venga en gana, en el momento en que le venga en gana.
Y, de paso, golpear la institución presidencial. Como si México fuera un país de instituciones, y éstas fueran tan sólidas como para soportar cualquier embate, argentino o local.
EL OBSERVADOR 414-12
En estos días se debe estar deliberando el caso en que el Consejo General del Instituto Electoral de Querétaro solicitó el 5 de mayo a la Secretaria de Gobernación investigar la actuación del obispo don Mario De Gasperín Gasperín. Lo anterior derivado de la instrucción pastoral Un católico vota así. Con fundamento en el artículo 32 de la Ley Federal de Procedimiento Administrativo de aplicación supletoria a la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, se le ha citado a comparecer. El caso fue promovido por una organización política que se denomina Partido México Posible (PMP). La carta claramente señala que un católico no debe votar "por un partido o candidato que este en contra del respeto absoluto a la vida humana desde su concepción hasta su desenlace final". Siendo una de sus propuestas legalizar el aborto, los del PMP se "sintieron" aludidos, o sea que les vino el saco. Asimismo, el otro tema que ha levantado ámpula es que un católico no debe votar por "candidato o partido que no respete la dignidad humana"; don Mario refiere "promoción de uniones homosexuales".
No cabe la menor duda de que tenemos un dilema ético. Veamos cuáles son los actores involucrados: el Obispo, los laicos, los partidos políticos, las autoridades y los medios.
Don Mario en la carta no hace otra cosa más que recordarnos y puntualizar nuestros deberes como católicos en relación al ejercicio del derecho de votar, que, es pertinente recordar, es personal y secreto. La carta pone sobre la mesa temas de actualidad y prácticas sociales, que no porque se hayan tolerado sean moralmente correctas. De ninguna manera se arremete contra quienes las practican; es decir, no se hace una agresión contra, por ejemplo, las personas homosexuales, sino contra las asociaciones que promueven el homosexualismo. Es deber del Obispo guiarnos con la sabiduría y la palabra que Jesús nos enseño. Lamentablemente, la interpretación y las acciones que implican los valores que nuestra religión enuncia, en un mundo cada vez mas complejo, cada vez mas material, cada mas insensible y pragmático, son susceptibles de estar sujetas a las mas graves desviaciones y confusiones. Tan es así que ha ocurrido lo que esta sucediendo: el Obispo llamado a comparecer. El dilema para él era no escribir nada.
Los laicos tenemos el dilema de actuar siguiendo la religión que libremente hemos elegido. Con carta y sin carta, las verdades son. En consecuencia, queda en cada uno de nosotros el adquirir una mayor conciencia y más profunda que nos permita manifestarnos en congruencia con nuestras creencias. Por otro lado, no debemos permitir que se difame a los líderes eclesiásticos, no podemos quedarnos callados.
Los partidos políticos tienen una plataforma que encierra sus principios y valores en los que, quienes pertenecen al mismo, creen. Ante la proximidad de las elecciones, los dirigentes del partido involucrado en esta polémica encontraron una buena oportunidad para darse a conocer usando a la Iglesia católica y a la jerarquía eclesiástica. No es posible que unos actores sociales con la mayor libertad puedan hablar libremente de lo que quieran, usen los medios para estos fines, se les destinen impuestos y recursos públicos y, cuando se habla de un tema que les atañe negativamente, pidan que cuelguen a nuestros obispos.
No estoy de acuerdo en que sí pueda un partido político manifestarse con ideas que no comulgan con el cristianismo y que inclusive le agreden. Y cuando la Iglesia católica simplemente difunde una carta entre la comunidad de laicos que libremente asisten a la Misa, sin hacer uso de los medios de comunicación, ahora resulte que hasta el Secretario de Gobierno se involucre para ver si le llaman la atención a don Mario.
EL OBSERVADOR 414-13

References: artículo 404
 artículo 130
 artículo 130
 artículo 1
 artículo 24
 artículo 18
 artículo 18
 artículo 12
 artículo 24
 artículo 3
 artículo 32