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Timestamp: 2018-10-21 01:16:37+00:00

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Juan Adolfo Ceron Pagán | sábado, 9 de junio de 2018, 17:54
“Los títulos y dignidades nobiliarios se han respetado y conservado secularmente, pues el pueblo español, amante siempre de sus tradiciones y su historia, en ningún momento dejó de reconocer e identificar a sus titulares con las dignidades que ostentaban, prueba evidente de la fuerza social de la tradición sobre los vaivenes de la política y los tiempos. […] Por otra parte, la concesión de títulos nobiliarios constituye la mejor manera de mantener vivo y perenne el recuerdo de las grandes glorias de la nación, a la par que de expresar su gratitud a aquellas personas que le han prestado servicios relevantes, que si en tiempos pasados tenían casi su único fundamento en hazañas guerreras, hoy día, que el mérito dispone de más amplios horizontes sociales en que manifestarse, existen también otras actividades humanas dignas igualmente de tal distinción. […] Se confiere al Jefe del Estado la tradicional prerrogativa de otorgar Grandezas de España y Títulos del Reino, que no sólo honren a quienes los ostenten, sino que sirvan de enseñanza y estímulo a las generaciones futuras y dé testimonio perdurable de las acciones que los merecieron”. Prólogo de la Ley de 4 de mayo de 1948 (4).
“Actualmente la posesión de un título nobiliario no otorga ningún estatuto de privilegio, al tratarse de una distinción meramente honorífica cuyo contenido se agota en el derecho a usarlo y a protegerlo frente a terceros. A su naturaleza honorífica hay que añadir la finalidad de mantener vivo el recuerdo histórico al que se debe su otorgamiento, razón por la cual la sucesión en el título queda vinculada a las personas que pertenecen al linaje del beneficiario de la merced. Los sucesivos poseedores de un título de nobleza perpetuo se limitan a mantener vivo el recuerdo de un momento de nuestro pasado histórico, y representan simbólicamente a aquél de sus antepasados que, por sus méritos excepcionales, mereció ser agraciado por el Rey”. Extraído del texto de la Ley 33/2006 (1).
Escudo de don García Álvarez de Toledo y Osorio, I duque de Fernandina. Título español sin posibilidad de reactivación oficial actualmente (8)
En aquellos tiempos a poco que fueras militar al servicio de Su Majestad o perteneciente a la milicia urbana, no te faltaba entretenimiento, y las ocasiones para destacar se daban con más frecuencia de las que se hubiera deseado. Bien es cierto que muchos títulos nobles se dieron aparentemente a personas que no hicieron nada relevante fuera del cargo o función que ejercieran, o de la cantidad de patrimonio que poseyeran, pero al profundizar en los detalles de la concesión te das cuenta que no solo se otorgaba el título al concesionario, sino sobre todo a su linaje, cuyos componentes habían servido a la Corona con honor y fidelidad cada uno en su tiempo, describiendo, en cada caso, los hechos relevantes acontecidos.
La única diferencia destacable entre los títulos nobles está en que unos tienen sucesor actual reconocido por la administración y otros no. Unas familias se han preocupado a lo largo de las generaciones de mantener la documentación de sus títulos nobles al día, y otras no; en muchos casos, no porque no hayan querido, sino porque no han podido. Esa diferencia no les minoriza a unos su nobleza con respecto a los otros, pues a ambos les quedó fijada en el acto mismo de la concesión del título. Solo hay que recordar la historia de los avatares sufridos en España durante los dos siglos pasados: confusión de estados, guerras carlistas, desamortizaciones, continuos pronunciamientos (golpes de Estado), independencias de los territorios de ultramar, repúblicas, guerra civil, etc…, para darse cuenta que pueden existir varios motivos que expliquen razonablemente el abandono del título en aquellos tiempos convulsos. Las fortunas cambiaron de mano rápidamente. Muchos nobles titulados y familias enteras quedaron en la ruina o asesinados. Por poco que se indague en la historia particular de cada título noble, se aprecia que muchos de ellos quedaron vacantes a mediados del siglo IXX, y que solo algunos fueron rehabilitados mucho después, ya bien entrado el siglo XX.
Ahora con la ayuda de internet se pueden rastrear genealogías fácilmente, y se puede seguir la pista de aquel título que se sabía existió en la familia. Pero resulta sorprendente que precisamente ahora, que se dan las circunstancias idóneas para la localización y recopilación de documentos genealógicos, nos encontramos que no es posible reactivar el título gracias a la existencia de un Real decreto de 1988 con unas condiciones restrictivas poco menos que alucinantes(5), ¡y eso que España es una monarquía!. En fin, de nuevo se trata de un asunto político, y como tal, habrá que esperar que se solucione con el tiempo, cuando llegue la lógica y el sentido común. De momento, y mientras eso sucede, nada impide que sigamos honrando a nuestros antepasados como es debido(2).
Don Juan de la Cierva y Codorniú, I conde de la Cierva, inventor del autogiro. Título noble en caducidad administrativa a día de hoy (10)
Los antiguos títulos nobles, estén activos o no en la actualidad, forman parte de la historia de nuestra querida España. Sin las personas que los ganaron, posiblemente nuestras vidas hoy día serían muy diferentes(13). Si desechamos unos títulos nobles porque no están actualizados administrativamente, estamos rechazando una parte importante de nuestra historia. “Es de interés patriótico procurar no desaparezcan títulos de nobleza que han de recordar perpetuamente hechos gloriosos de nuestra historia y perjudicaría a ello el no admitir la competencia del Estado Español para rehabilitar y autorizar la sucesión de Títulos obtenidos como premio a servicios prestados en otros tiempos a nuestros Monarcas”, dictamen de la Diputación de la Grandeza(3).
Los títulos que dio a españoles el Rey Don Carlos VII de Nápoles (luego Don Carlos III de España) en gratitud por la recuperación de su Reino de las Dos Sicilias en el año de 1735, se consideraron títulos del Reino hasta un Real decreto de 1851. Los descendientes de muchos de aquellos titulados anduvieron listos y solicitaron entonces la conversión en título del Reino, que normalmente era concedida. Recientemente para la autorización de uso de título extranjero se exigía actualizar la sucesión del título en el país de origen, cuando se sabía perfectamente que eso no iba a ser posible al no existir hoy el Reino que lo concedió en su día. Y por si eso fuera poco, además se recrudecieron los requisitos (Real decreto 222/1988) exigiendo una significación especial del título para España. Los descendientes actuales de aquellos que, por diferentes motivos (seguro que bien fundamentados), no solicitaron en su día, o no pudieron solicitar la conversión en título del Reino o la autorización de su uso en España, no les queda más remedio que honrar a sus antepasados usando el título extranjero solo en las relaciones privadas.
Don Francisco de Borja y Poyo, II marqués de Camachos en Dos Sicilias, X capitán general de la Armada Española (9)
Lo único que reclama el título de nobleza es seguir perpetuándose en el tiempo, tal y como ordena su carta fundacional, sin perjudicar a nada ni a nadie; el no hacerlo equivaldría a quebrar la voluntad del Monarca que lo otorgó, hoy representado simbólicamente por nuestro Rey Don Felipe VI. No se pide una nueva concesión, solo se pide respetar la que en su día se dio(7). Ahora que estamos en tiempos de la recuperación de la memoria histórica, resulta incongruente esta situación de bloqueo institucional que sufren más de 2.500 títulos nobiliarios, máxime cuando los impuestos de las rehabilitaciones, por cierto nada baratos(6), podrían estar llenando las arcas del Estado. La Corona española podría financiarse en gran medida solo con estos impuestos que pagan sus nobles titulados.
En principio las leyes se crean para proteger a la persona. El Real decreto 222/1988 se creó con el fin de evitar falsedades en la rehabilitación de dignidades nobiliarias, pero la realidad es que perjudica seriamente a la persona que tiene derecho de sangre sobre un título noble, porque le quita de un plumazo toda posibilidad de reactivarlo. Razonablemente se recrudecieron las pruebas documentales que es lo correcto para evitar los fraudes, pero también, y de forma gratuita, se impuso un plazo de 40 años de inactividad y una limitación de 6 grados de parentesco, que nada tiene que ver para evitar las falsedades documentales, en todo caso para evitar nuevos titulados oficiales.
El Real decreto de 8 de julio de 1922 relativo a la rehabilitación de grandezas y títulos del Reino, no impuso ninguna restricción temporal, ni de parentesco con el último poseedor. Aunque, con bastante lógica, si exigía diversidad de trato con respecto a la calidad de méritos según el parentesco alegado por los aspirantes. Me llama mucho la atención un artículo del R.D. 222/1988 que, sin motivarlo en el prólogo, limita la rehabilitación del título al sexto grado de parentesco civil con el último poseedor. Si los legisladores hubieran estado finos, una buena explicación hubiera sido “evitar que acudieran a rehabilitar personas cuyo remoto parentesco con los últimos poseedores, produjese la apariencia de que el título solicitado iba a recaer en extraños”(11). Un miembro del linaje, aunque sea colateral y lejano, nunca puede ser un extraño. Me siento muy orgulloso de todos mis antepasados, directos o colaterales, cercanos o lejanos, máxime si han sido personajes importantes que han influenciado notablemente la historia de España; y si ganaron títulos nobles, sería para mi un gran honor y orgullo personal poder usarlos oficialmente. En contra de la memoria histórica, parece que el Estado prefiere que el título noble siga abandonado a que lo ocupe un lejano miembro del linaje, sin embargo, en las sucesiones normales(12) no importa la lejanía genealógica que el solicitante tenga con el último titular; se trata de una doble vara de medir, resulta muy contradictorio y frustrante.
En fin, se trata de una injusticia manifiesta, pero una injusticia que solo afecta al 0.005% de la población española, por eso llama poderosamente la atención que alguien se haya molestado en legislar sobre estos temas y no precisamente para beneficiar a las personas afectadas, sino para perjudicarlas notablemente.
Antes del Real decreto 222/1988 ningún título noble era objeto de menosprecio por no estar actualizado oficialmente, entre otros motivos porque en cualquier momento un miembro del linaje podía reactivarlo, si ese era su deseo. De hecho durante 17 años (desde el año 1931 hasta 1948) ningún título noble pudo ser actualizado administrativamente ya que el gobierno, o los gobiernos, no los reconocían, y no por ello el duque de Alba era menos duque.
(1).- Extraído de la exposición de motivos de la Ley 33/2006, de 30 de octubre, sobre igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión de los títulos nobiliarios.
(2).- La conducta que sancionaban los artículos 322 y 324 del antiguo código penal era el uso público de un nombre supuesto por parte de una persona o la atribución de títulos de nobleza que no le correspondieren, es decir, el uso de un título del Reino que estuviese legalmente en posesión de otra persona. La reforma llevada a cabo en el código penal del año 1995 excluye la tipificación de esos artículos. No obstante, sí que es posible actuar judicialmente cuando se usurpa un título noble usado legalmente en España, ya que se trata de impedir la violación del “ius nomen”.
(3).- Dictamen de la Diputación de la Grandeza, 27 de enero de 1913, Condado de Brías, AGMJ, leg. 193-3, exp. 1718.
(4).- Prólogo de la Ley de 4 de mayo de 1948 por la que se restablece la legalidad vigente al 14 de abril de 1931 en las Grandezas y Títulos del Reino. BOE núm. 126, de 5 de mayo de 1948.
(5).- No se puede rehabilitar el título noble si ha estado sin ocupar oficialmente durante más de cuarenta años, o el solicitante tiene más del sexto grado de parentesco con el último poseedor oficial. Real decreto 222/1988.
(6).- Si un padre cede a su hijo un título con grandeza tendrá que pagar a partir de 2016, 2.726 euros. Por la transmisión de títulos sin grandeza deberá abonar al Estado 777 euros. En el caso de que la cesión sea transversal, a sobrinos o tíos, pagará 6.834 euros, en el primer caso, y 1.949 euros en el segundo. En el caso de las rehabilitaciones, pagará 16.384 euros en el primer caso y 4.689 euros en el segundo.
(7).- “... en condecorarle con la merced de Titulo para su persona, sus herederos y legítimos descendientes perpetuamente …”. Extractado de la carta de concesión del título de Marqués de Montemayor, concedido por el Rey Don Carlos VII de las Dos Sicilias (luego Don Carlos III de España) por Real decreto dado en Nápoles el 1 de junio de 1736.
(8).- En 1569, el Rey Don Felipe II de España nombró duque de Fernandina a don García Álvarez de Toledo y Osorio, uno de los principales caudillos navales de su tiempo, virrey de Cataluña y de Sicilia, capitán general del Mar. La concesión de este feudo napolitano vino a saldar las deudas que con él tenía la Corona por salarios atrasados y diversos adelantos, además de premiar sus hazañas bélicas, en particular la conquista del Peñón de Vélez de la Gomera y el socorro al Sitio de Malta. Después de una rehabilitación en 1993 por doña Pilar González de Gregorio y Álvarez de Toledo, hija de la duquesa de Medina Sidonia, y una posterior demanda de mejor derecho presentada por su sobrino, actualmente tiene caducado el derecho a rehabilitación gracias al R.D. 222/1988. Extraído de wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Ducado_de_Fernandina). Como curiosidad de linaje: mi consanguinidad colateral con los actuales duques de Medina Sidonia es a partir de don Joaquín Álvarez de Toledo y Caro, por la línea del marquesado de la Romana. Imagen de wikipedia.
(9).- Mi antepasado don Felipe Diego de Borja y García de Cáceres, Vivar y Tacón, fue el primer marqués de Camachos, título concedido por Don Carlos VII Rey de las Dos Sicilias, por Real Decreto de 9 de junio de 1735, cuando el agraciado era Capitán de la Galera San Felipe de la Escuadra de España. En 1858 su bisnieta doña María Dolores de Borja y Fernández Buenache, III marquesa de Camachos en Dos Sicilias, solicitó la conversión del título extranjero en título de Castilla; petición que le fue concedida por la Reina Doña Isabel II. Foto cortesía del museo naval de Cartagena.
(10).- En el año 2008 murió su último titular. Sus descendientes podían haber solicitado la sucesión con una simple instancia hasta el año 2013 que entró en caducidad administrativa, y ahora se tiene que utilizar la fórmula de la rehabilitación, que es más exigente documentalmente y además requiere méritos propios del solicitante que excedan del cumplimiento normal de obligaciones propias del cargo, profesión o situación social. Si el título permaneciera en esta situación de caducidad administrativa hasta el año 2048, ya no sería posible su rehabilitación oficial. Real decreto 222/1988. Como curiosidad de linaje: mi relación con este título es por afinidad a través del matrimonio en 1893 de mi prima doña Josefa Pagán y Pellicer con don Isidoro de la Cierva y Peñafiel, notario, senador y ministro de instrucción pública, tío carnal del primer Conde de la Cierva. Foto de wikipedia.
(11).- Texto extraído del prólogo del Real decreto de 8 de julio de 1922 relativo a la rehabilitación de grandezas y títulos del Reino.
(12).- “Ocurrida la vacante de una de estas mercedes, el que se considere como inmediato sucesor podrá solicitarla del Ministerio de Justicia en el término de un año; si nadie lo hiciese en tal concepto se concede otro plazo, también de un año, para que lo verifique el que le siga en orden de preferencia y, si tampoco en ese tiempo hubiere ninguna solicitud, se abrirá un nuevo término de tres años durante el cual puede reclamar cualquiera que se considere con derecho a la sucesión”. Real decreto 222/1988. Para suceder una vez producida la vacante, solo hay que presentar una instancia de petición, árbol genealógico y documentos que lo avalen.
(13).- Si en 1734 no hubiera estado en Cartagena de Indias don Blas de Lezo, teniente general de la armada, (I marqués de Ovieco) para frenar al almirante británico que quería conquistar todos nuestros territorios en América, segúramente ahora se hablaría inglés en todos ellos.

References: Real decreto 
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