Source: http://educcerereflexionydesarrollo.blogspot.com/2009/01/
Timestamp: 2017-10-19 01:35:56+00:00

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EDUCERE: reflexion y desarrollo: enero 2009
LA MEDIACION EN LA ESCUELA: ¿Medio o fin?
César Uribe N.[1]
La presencia de conflictos en la sociedad es frecuente y no se restringe a un grupo etario o grupo social, por el contario ocurren en cualquier espacio público o privado. La escuela no escapa a esta regla. En toda situación o espacio en donde la presencia humana sea la esencia de su dinámica se puede afirmar que la presencia de conflictos es consustancial. Hasta hace muy poco reconocer que l os conflictos eran parte de la dinámica de un grupo, era reconocer que el grupo era negativo o caótico. Este prejuicio hoy en día está casi desterrado del pensamiento social. Sin embrago, si debemos reconocer que la no atención a las situaciones de conflicto y su no resolución pueden causar mucho perjuicio a los grupos humanos.
Dicen los estudiosos que el primer paso en la resolución de conflictos es admitir su presencia.
El presente artículo no sólo plantea el análisis de una de las perspectivas de encarar los conflictos, sino también precisamente reconocer abiertamente que el conflicto es natural a todo grupo humano, como lo es la escuela.
LA PERSONA COMO EJE DE LA EDUCACIÓN:
SER PERSONA. Uno de los aspectos fundamental para poder entender el conflicto y encararlo es reconocer el valor y la importancia de la persona. Será imposible concebir cualquier alternativa o estrategia para la resolución de un conflicto si obviamos que los protagonistas de toda situación conflictiva son personas y que además cada uno de ellos es idéntico en valor y en importancia, por el solo hecho de serlo.
En una situación de conflicto los involucrados son personas y cada una de ellas trae a la situación sus propias creencias y valores, así como sus percepciones positivas o negativas de la situación o del conflicto. En ese marco situacional hay casi una obligación de reconocerse como persona entre las partes.
Se puede afirmar que las estrategias o técnicas para la resolución de conflictos cobran efectividad si solamente se reconoce que el valor de la persona está presente y es en torno a este valor que se pretende llegar a una resolución.
La Educación como servicio es una respuesta a la sociedad en cuanto a sus necesidades y demandas. Como ciencia pretende formar a la persona y desarrolla sus acciones teniendo como eje a la persona misma. Como prospectiva busca la autonomía de la persona. En este marco, la educación entonces, establece y desarrolla las condiciones para que el desarrollo de la persona se dé en forma plena.
La educación entonces, tiene como objetivo el desarrollo de la persona desde una perspectiva integral y para hacerlo coloca como eje su reconocimiento y su importancia.
FORMAR ÉTICAMENTE A LA PERSONA:
La ética es una disciplina que nos permite llevar a cabo un proceso de reflexión sobre nuestros comportamientos y actitudes teniendo como eje precisamente a la persona, más allá de normas o reglas y sustentada en aquellos valores que permiten el crecimiento de la persona y su humanización.
De la misma forma en que se hace necesario el reconocimiento de la persona, en esa misma forma la ética se constituye en la herramienta básica que asiste a la persona para encarar una situación de conflicto.
Igualmente no podemos hablar de la eficacia de una estrategia o técnica para la resolución de conflictos si la ética no actúa como la herramienta principal para regular el comportamiento y nuestras actitudes.
¿QUÉ ES LA FORMACIÓN ÉTICA?
La formación ética es entonces necesaria durante la educación de niños, niñas y adolescentes, porque permitirá asimilar bajo un mejor criterio las estrategias y técnicas. La formación ética sostenida durante toda la educación de la persona nos ofrece más elementos que garanticen un mejor encaramiento ante la situación de conflicto, en principio porque parte del reconocimiento de la persona y resuelve empleando como criterios valorativos los valores éticos.
La formación ética en la escuela no es una asignatura, por el contrario es un espacio que puede estructurarse en el aula con tiempos determinados y estrategias adecuadas, pero además, se configura en los distintos espacios de la escuela misma, vale decir, recreos, actividades recreativas, entre otras.
La formación ética ejercita la reflexión de la persona sobre sus propios comportamientos, así como propicia el análisis de la diversidad de situaciones humanas. Muchas de las causas que dan origen a los conflictos deben ser analizadas en estos espacios. Hacer de estos criterios como propios y de uso frecuente facilitará de hecho que el aprendizaje de estrategias y técnicas en la resolución de conflictos se dé con mayor facilidad y pertinencia.
Según Eduard Vinyamata, la mediación y la llamada gestión de conflictos, este conjunto de técnicas y principios, ha contribuido a popularizar otra manera de enfocar las soluciones a los conflictos: el diálogo ha desplazado al exabrupto, el acuerdo a la extorsión y la imposición como regla. Sin embargo, la mediación no ha sido más que un ingrediente a la hora de aderezar un oficio y un saber centrado en el conflicto, en la crisis, y observado desde la pluralidad disciplinaria y la profundidad científica. La mediación fue la heredera de lo que se llamó – y continúa llamándose – dinámica de grupos, técnicas de conciliación, de arbitraje y de negociación no coactiva, que contribuyeron a configurar lo que ha venido a denominarse resolución alternativa de conflictos o también métodos alternos, gestión de conflictos o alternative dispute resolution. Se trataba de sustituir los procesos judiciales clásicos por otros métodos, basados no tanto en la jurisprudencia como en el sentido común y las capacidades de diálogo….lo que debe quedar claro, puesto que existe una cierta confusión, es que mediación no es sinónimo de resolución de conflictos; la mediación está perfectamente definida en las numerosas obras que bajo este título existen, así como en las definiciones previas que expresan diversas leyes de mediación en campos específicos como el familiar, por ejemplo, existentes en el mundo.[2]
La diferencia entre resolución de conflictos y mediación es que el primer concepto define a la ciencia del conflicto, el compendio de conocimientos y técnicas para entender los conflictos y procurar su solución pacífica y positiva, mientras que el término mediación describe una técnica específica útil para la solución de algunos conflictos, puesto que no todos son mediables. No obstante, todos los conflictos pueden ser comprendidos y atendidos por un conflictólogo. En conflictología se procura desarrollar procesos de reconciliación, mientras que el acuerdo, objetivo básico de la mediación, no pasa de ser una cuestión fundamentalmente técnica. De todas maneras, no cabe duda de que la mediación forma parte de los recursos utilizados por la conflictología. Conviene advertir que la práctica de la medicación sin un conocimiento suficiente de conflictología puede resultar peligroso o, cuando menos, inconveniente.[3]
Como ya hemos mencionado el conflicto emerge en toda situación social en la que se comparten espacios, actividades, normas y sistemas de poder, y la escuelas uno de ellos. Un conflicto no es necesariamente un fenómeno de violencia, aunque, en muchas ocasiones, cuando estos fenómenos no se abordan de forma adecuada, pueden llegar a deteriorar el clima de convivencia pacífica y a generar una violencia multiforme en la que es difícil reconocer el origen y la naturaleza del problema. Ante los conflictos, son útiles diversas vías de trabajo, pero de entre ellas se está destacando como particularmente interesante la mediación escolar (Torrego y otros, 2000)[4]
Según Rosario Ortega, antes de poner en marcha un proceso de mediación, se debe contar con un soporte técnico desde el cual disponer criterios de acción que contenga, al menos, las siguientes ideas:
Los objetivos mínimos y máximos deben estar bien delimitados, en el sentido de saber hasta dónde se puede llegar y desde dónde partir.
Todo proceso de mediación debe ser solicitado y los protagonistas expresar su deseo de que este tenga lugar y asumir las reglas bajo las cuales se llevará a cabo.
Todo proceso mediador debe estar limitado en el tiempo. Se trata de la atención a una situación específica de conflicto y éste es concreto, o debe concretarse.
Las condiciones físicas y medioambientales deben ser las suficientes para que los trabajos de mediación sean posibles.
Ortega resalta que la mediación no es parte de la vida cotidiana de la escuela. Tampoco tiene, en sí misma, función ordinaria en la cultura del centro. La mediación está pensada para el conflicto, y éste es, por definición, pasajero. Hay que tener un cuidado exquisito para que la mediación, que puede llegar a formar parte de la cultura escolar, no se devalúe como estrategia y pierda el valor que tiene de intervención puntual al servicio de conflictos que no se resuelven espontáneamente.
El conflicto es consustancial a la persona
Resulta fundamental reconocer que la persona es valiosa e importante, por tanto, debemos reconocer su presencia en toda situación de conflicto.
La ética es una herramienta básica en la formación de la persona que debe darse desde los primeros años de escolaridad y además facilita la asimilación de todo aprendizaje orientado a la resolución de conflictos y emplea los criterios valorativos que propician el desarrollo humano de la persona.
El empleo de estrategias y técnicas para la resolución de conflictos deben asumir como requisitos reconocimiento de la persona sin ninguna forma de exclusión y la necesidad de una formación ética activa y permanente.
La mediación es un instrumento, es un medio no un fin.
[1] Master en Democracia y Educación en valores. Psicólogo Educativo. Coordinador Ejecutivo de la Comisión Técnica del Plan Nacional de Educación para Todos del Ministerio de Educación.
[2] VINYAMATA,Eduard. Comprender el conflicto y actuar educativamente. En : Aprender del Conflicto: conflictología y educación. Editorial GRAÓ. Barcelona. España.2003.
[4] ORTEGA, Rosario y DEL REY, Rosario. La violencia escolar: estrategias de prevención. Editorial GRAÓ. Barcelona. España. 2003.
Publicado por César Uribe en 19:35

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