Source: http://www.libertadidioma.com/2003/20030605.htm
Timestamp: 2020-03-31 18:36:14+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Jueves 5 Junio 2003
En la ética o en la épica
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 5 Junio 2003
ENRIQUE ARNALDO ABC 5 Junio 2003
En un tris de ser un ter
Amando de Miguel Libertad Digital 5 Junio 2003
Atucha, emplazado
Editorial La Razón 5 Junio 2003
¿Atutxa procesado
Germán Yanke Libertad Digital 5 Junio 2003
Otra vez las víctimas
Gorka Angulo La Razón5 Junio 2003
Del gatillazo a la corrida a pelo
Antonio Pérez Henares La Razón 5 Junio 2003
El Supremo mueve ficha
Ramón Villota-Coullaut Libertad Digital 5 Junio 2003
El PNV sustituye a ETA
Lorenzo Contreras La Razón 5 Junio 2003
El nacionalista de Madrid
Iñaki Ezkerra La Razón5 Junio 2003
De «El Califa» al alcalde Vázquez
Julián Lago La Razón5 Junio 2003
Cartas al Director El Correo 5 Junio 2003
La Unión Europea incluye a Batasuna en su lista de terroristas y cómplices
BRUSELAS AMADEU ALTAFAJ ABC 5 Junio 2003
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea Universidad de Deusto ABC 5 Junio 2003
HACIA 1890 escribió Juan Valera: «A veces, por defender la patria, hemos defendido el fanatismo». En 1937 Manuel Azaña anotó en su diario: «Viviremos o nos enterrarán persuadidos de que nada de esto era lo que había que hacer». Escribían, Valera y Azaña, desde desilusiones y tiempos separados. El primero escribía tras el colapso de esperanzas que se vivió en la Restauración; el segundo con la sospecha, después del odio y la sangre y la barbarie unánime de la guerra civil, de que la sociedad española tal vez no estaba preparada para una transformación como la propuesta e intentada por su generación. Equivocadas o no, lo cierto es que en las palabras de aquellos dos liberales, ambos políticos, ambos malabaristas de la palabra y la literatura, temblaba, de fondo, una preocupación en carne viva: que sin escrúpulo ético no existe política ni justicia dignas de tal nombre, que hay una intimidad, una última fibra donde reside el latido de la vida moral que un político no debe profanar por nada, que no se puede sacrificar ni a la Patria ni a la República ni a la Revolución, y esa fibra, esa última frontera, la componen la libertad y los derechos de la persona, la persona concreta, real, la persona con cara y ojos y frente
Era, sin duda, otro tiempo. Eran otros hombres. El sueño que soñaron y no fue es historia; aquella autocrítica, aquel réquiem, aquellas dudas, pertenecen al pasado. Nada como detenerse en el País Vasco para comprobarlo. Nada como repasar el rumor de declaraciones que fugazmente barre la sangre para descubrir cómo algunos dirigentes políticos han perdido ese sentido ético, universal, que permite que los individuos se conviertan realmente en personas, dejen de ser concepto, pueblo, masa abstracta, quimera, polvo, nada. Ya lo ha dicho Arzalluz tras hacer su lectura de las elecciones: «Estamos muy bien preparados para sacar adelante el plan de Ibarretxe». El lehendakari y sus socios de EA son de la misma opinión. Creen firmemente que el gobierno, en vez de desembargar muchas partes de la vida política y moral del País Vasco y oponerse a otros embargos pedidos por los juglares del revólver, tiene una sola y principal justificación: conquistar la patria y el Estado, aunque para ello tengan que llenar de musgo la esperanza de la mitad de la ciudadanía Las pasiones abstractas adquieren así más importancia que las pasiones individuales.
Todo proviene de que los nacionalistas, los nacionalistas de todas las historias de la Historia, no tienen ni nunca han tenido una preocupación real por la persona de carne y hueso. El problema está en que los de hoy siguen moviéndose por las coordenadas sentimentales de aquella Europa que nos hirió los ojos con los escombros de los bombardeos y las alambradas de los campos de concentración. El problema está en los políticos cuyo discurso va más lejos que sus actos, chispa de los incendios futuros. El problema es la muerte, aún no satisfecha, la muerte espesa, insaciable, que ha terminado cuajándose en el paisaje como una casa, el nombre de una calle o un árbol. El problema está en que, por defender la patria, el Gobierno Vasco ha llegado a defender la barbarie de quien pide a gritos, desgarrándose de pólvora, el terror y el silencio.
Cometer un crimen es algo que sucede en un momento, es un tajo de sangre que desangra hasta el olvido todo lo que el asesinado era y podía haber sido. Hombre o mujer, la víctima tiene una biografía, un nombre, unos apellidos, no es nunca un tipo ni un ejemplo, ni siquiera un habitante de ese reino de papel que llamamos Historia. Cometer un crimen es un acto terrible y excepcional, pero defenderlo con una explicación política o argumentar la impunidad de quien lo alienta y justifica es algo perenne y revela una conciencia aún más pervertida que la del mismo verdugo. Un político que justifica implícitamente un crimen, un político que edifica laberintos y muros de sofismas para seguir manteniendo la respiración del asesino lo que hace es perpetuar el crimen a través de la tribuna, cometerlo él mismo sobre las palabras, con las palabras. Por desgracia en el parlamento de Vitoria, después de la ritual e insípida condena de los atentados, la patria sigue avanzando irredenta, precipitando a sus pilotos hacia aquel abismo que presagiaba Valera en el siglo XIX , llenándoles la barriga de fanatismo.
Tiempo antes de que Valera trazara este riesgo, un contemporáneo suyo, el político liberal y pensador argentino Juan Bautista Alberdi, le decía a su rival, el presidente Sarmiento, a propósito del libro que éste había escrito sobre un tiranuelo: «Al hacer la biografía de un tirano no ha enseñado usted a amar la libertad». Palabras particularmente pertinentes para la hora actual del País Vasco. Al hacer de la defensa de los fanáticos «una cuestión de dignidad» los nacionalistas no están enseñando realmente a amar la libertad. Como tampoco demuestran una preocupación real por la justicia cuando rodean la muerte de silencio y con el bastón de EA e IU niegan a las víctimas del terrorismo la posibilidad de emitir un anuncio en ETB, la televisión pública vasca que sí dio la palabra a ETA días antes de las elecciones municipales.
Las paletadas de silencio con que el tripartito de Vitoria cubre los muertos no deberían tomarse como un hecho trivial. En la era de las democracias televisadas aquello que no sale en la pantalla deja de existir, de modo que censurar esa palabra que tiene adherencias de dolor y de ilusiones abolidas es un modo eficaz de no enfrentar a la sociedad con las historias viejas y terribles de su propia culpa colectiva; un modo eficaz de borrar la huellas del crimen, su paisaje en ruinas; un modo eficaz de perpetuar la barbarie de las ideologías que mastican el precioso latido de la persona concreta. Ya no basta con deportar la tristeza de las víctimas a los márgenes del silencio sino que también hace falta la infamia de quitarles su muerte, de quitarles su llanto.
En 1762, habiéndosele preguntado por qué trataba de sublevar a toda Europa a causa de la tortura de un hombre cualquiera, Voltaire respondió: «es que soy hombre». Que este sentido de universalidad se halle en nuestro tiempo presente vagabundo y harapiento resulta catastrófico para las generaciones de mañana. La familiaridad que demuestran ciertos dirigentes políticos con respecto al terror ensangrentado de Sangüesa es una radical derrota humana, una derrota cargada con el peor de los pasados. A Voltaire, que escribía cuando la sociedad francesa estaba incubando el terror nacionalizado de 1789, la conspiración de silencio que se vive hoy en el País Vasco le habría parecido un demente retorno a la Inquisición. Arthur Koestler, que se ilusionó y padeció en carne viva el determinismo sangriento de otra revolución, la comunista, escribía el año 1945, desencantado de paraísos y lleno de reproches hacia quienes seguían cantando la grandeza humana de Stalin: «Debo decir que como intelectuales incurrimos en traición ante la historia, si no denunciamos lo que hay que denunciar. La conspiración de silencio nos condenará a los ojos de quienes nos sigan».
Pocos comprenden hoy esas palabras, desde el mal llamado nacionalismo democrático, amurallado en la coartada que silencia la falta de libertad de unos -los perseguidos, los amenazados, los mutilados...- en nombre de la libertad del pueblo, hasta la izquierda sonámbula de Llamazares, que, despues de declarar que su política consiste en cerrar el paso a la derecha en todas partes, abre el corazón al PNV para recoger mejor así migajas de poder, pedazos de una realidad hecha de víctimas y verdugos. Pocos quieren entender que contra el horror tentacular que extiende el verdugo y se agarra a todo, gritar es un deber; que jamás habrá paz verdadera sin el reconocimiento explícito de unos valores morales más ricos que las utopías y las patrias; que fuera de los derechos personales no hay esperanza alguna ni residencia en la tierra; que si el hombre fracasa en conciliar ética y política, justicia y libertad, fracasa en todo; que más allá de las personas concretas, reales, no existe una sociedad, sino el cartón piedra de un mundo que decae en su propia muchedumbre inerte. Decía Scott Fitzgerald que el éxito conduce al delirio, y el fracaso, a la lucidez. Ibarretxe y sus socios de gobierno viven en el delirio de la patria, que es el primer mandamiento de todos los tiranos.
Por ENRIQUE ARNALDO ABC 5 Junio 2003
NO por anunciada, la resolución de la Mesa del Parlamento Vasco resulta menos sorprendente e insostenible. Uno de los grandes objetivos que se marcaron los constituyentes de 1978 fue configurar un Poder Judicial independiente, al que se atribuyó en exclusiva y en su integridad la función de «juzgar y hacer ejecutar lo juzgado».
Las resoluciones judiciales son, pues, mandatos que han de cumplirse en sus estrictos términos. Al resolver el juez, el Tribunal Supremo, de forma firme e inapelable, el destinatario de su mandato se ha de limitar a su recto cumplimiento. Y el juez, el Tribunal Supremo, ha de velar por el mismo en cuanto determina que se haga ejecutar lo por él juzgado.
El Tribunal Constitucional concluyó varias de sus primeras sentencias sobre el alcance de la autonomía de las Comunidades Autónomas subrayando que «autonomía no es soberanía». Trasladando al ámbito parlamentario esta conclusión, podríamos afirmar sin ambages que la autonomía parlamentaria no es soberanía. El Parlamento es el depositario de la voluntad del pueblo soberano, pero él mismo no es soberano. La autonomía de que goza para su organización y administración interna no le convierte en soberano. Está también sometido, como todos los poderes públicos, a los Tribunales de Justicia y al cumplimiento de sus resoluciones. La autonomía del Parlamento lo es dentro de la Constitución y, por ello, el Parlamento no está exento del control de los Tribunales sino sujeto también a sus mandatos, que son, por lo demás, los de la Ley y el Derecho. El juez es el que «dice» el Derecho, el que determina su alcance y contenido, y en esta función, reiterémoslo, no puede ser sustituido por ningún otro poder. Estirar el ordenamiento jurídico en el modo que se está llevando a cabo por la Mesa del Parlamento Vasco subvierte la separación de poderes en que la Constitución se funda, por cuanto aquélla pretende situarse por encima del Poder Judicial. Ahora bien, el Derecho ofrece siempre mecanismos reactivos suficientes para restaurar la situación dada. La burla consciente del Estado de Derecho es una pura injuria. Y el Estado de Derecho, el que se funda en la supremacía del mismo, ofrece «tolerancia cero» frente a la arbitrariedad.
Parece que un tal Joseba Eguíbar, insigne político vascongado, ha dicho que “no habrá pacto de Lizarra bis ni de Lizarra tris”. Claro que hay un pacto de Lizarra bis, si por tal entendemos el segundo episodio de la alianza entre el PNV y la ETA. De paso se observará que ambos acrónimos llevan su correspondiente artículo. Ya se sabe, además, que en la Historia los dramas que se repiten lo hacen como comedia.
¿Cómo no se va a relacionar el padre con la hija? Por eso mismo, habrá un pacto de Lizarra ter y los que hagan falta. Son pactos de familia, firmados con sangre (ajena). He dicho “Lizarra ter” y no “tris”, porque esa gracieta de Eguíbar no es más que una consecuencia del desmoronamiento del Bachillerato. ¡Y pensar que el castellano nació como el latín hablado por los vascos! Lejos queda aquella escena de la ínsula Barataria en la que Sancho Panza aplaude el hecho de tener un secretario “vizcaíno” (vasco). Bastaba ese gentilicio para garantizar que los papeles iban a estar bien escritos. Por cierto, lo de “Lizarra tris” más parece una broma de Sancho Panza.
La Sala Especial del Tribunal Supremo ha dado un plazo de cinco días, a partir de la recepción oficial de la resolución, al presidente de la cámara regional vasca, Juan María Atucha, para que cumpla el auto judicial por el que se le ordena que disuelva al grupo parlamentario heredero de Batasuna. El plazo, perentorio, lleva una consecuencia grave: en caso de incumplimiento, el Supremo remitiría al fiscal general del Estado un querella por desobediencia contra el presidente y contra los miembros de la mesa del parlamento autónomo vasco. Atucha podría ser condenado hasta a dos años de inhabilitación para desempeño de cargo público y a una multa sin cuantificar.
La situación, pues, se complica para Juan María Atucha, una vez que incluso los informes jurídicos de la cámara vasca concluyen, entre protestas y razonamientos sobre la invasión de competencias, que «las sentencias y demás resoluciones judiciales firmes son de obligado cumplimiento para todos» y que «en ningún caso se niega o discute una regla tan básica y consustancial al Estado de Derecho». La solución más rápida y sencilla sería una resolución de la Presidencia, como ha ocurrido sin problemas en el caso del Parlamento de Navarra. Es cierto que ello obligaría a Juan María Atucha a desdecirse de sus enfervorizadas declaraciones preelectorales, pero, a cambio, evitaría que por un simple problema de plazos fuera querellado como desobediente a una resolución judicial firme. Lo que está claro es que se le acaba el tiempo de los trucos, las dilaciones y los vericuetos legales. Puede plantear, a través del gobierno autónomo vasco, un conflicto de competencias o alargar hasta el otoño una reforma del reglamento. Da igual. Al final, también Atucha deberá cumplir la ley.
¿Atutxa procesado?
Hay que conocerle. Juan María Atutxa no puede mantener por mucho tiempo el personaje que creó de sí mismo y, en cuanto se descuida, le sale lo que realmente es: servil políticamente a su partido, que le rescató para un cargo para el que no está preparado, y grosero intelectualmente: ahora dice, nada a tono con el papel institucional que le corresponde, que no ha querido dar “un corte de mangas a la Justicia”.
A este desobediente de pacotilla, en realidad servil al totalitario intento de convergencia entre PNV y Batasuna, más próximo al golpismo antidemocrático que a cualquier otra cosa, le da el Tribunal Supremo cinco días para cumplir la resolución judicial de disolución del grupo antes llamado Batasuna y ahora Sozialista Abertzaleak. Para ganar tiempo, para mantener la tensión con el Estado de Derecho (que es el verdadero enemigo del PNV), los nacionalistas piden informes, se muestran como víctimas de los tribunales y parecen tender, dejando el asunto demorado hasta que les interese, a mantener que, para disolver el grupo, precisan reformar el Reglamento de la cámara. Es un absurdo jurídico, una triquiñuela, una muestra más de que el objetivo del PNV es lograr la hegemonía de una “familia nacionalista” unida y nunca la legalidad, separación de poderes y el respeto a los derechos individuales.
Pero no será el Supremo el que inicie, en su caso, un procedimiento judicial contra Atutxa. Tendría que incoarlo el fiscal y me temo que, por el tipo de aforamiento del presidente del Parlamento vasco, ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco. No dudaré, y menos a priori, de este órgano judicial, pero no deja de sorprender que, ante casos de la gravedad del que tratamos, el asunto pudiera quedar al margen del propio Tribunal Supremo. Cuando tanto complejo de la más que acomplejada Transición ha dado lugar a un Estado en ocasiones, y cuando menos, estrafalario, cuando se habla tanto del Pacto por la Justicia como si el mayor problema de ésta sea el reparto de puestos entre amigos de unos y otros o los ordenadores de los juzgados, no estaría de más reflexionar un poco.
Gorka Angulo es periodista La Razón5 Junio 2003
Después del último crimen etarra en Sangüesa no estaría de más que los nacionalistas aficionados a la lectura (no creo que haya muchos) leyesen Los años de plomo, el último libro de Isabel San Sebastián. Se trata de un escalofriante documento sobre las víctimas del terrorismo escrito con el corazón y la valentía que siempre guían a esta admirable periodista, muy en la línea de otros trabajos similares escritos por José María Calleja y Cristina Cuesta. Dudo mucho que, entre los posibles lectores, haya algún nacionalista profesional de la política que tenga un mínimo interés por las víctimas, ya que nunca se han preocupado ni de sus propias víctimas, que tenerlas las tienen pero como a todas: en el olvido. Pongo un ejemplo ilustrativo: el 24 de junio de 1981, en los aledaños del bar Erbiya de Tolosa, tres jóvenes que se encontraban en el interior de un vehículo recibieron 38 disparos de un comando formado por tres individuos. Los jóvenes, que resultaron muertos, eran: Iñaki Ibargutxi Erostarbe, militante del PNV; Juan Manuel Martínez Castañares y Pedro Martínez Castañares (este último fallecería el 28 de marzo de 1982). Según testigos presenciales, los asesinos, tras disparar sobre el vehículo y antes de emprender la huida, gritaron: Gora ETA militarra! Asimismo, la Guardia Civil encontró en el lugar del crimen numerosos casquillos de la munición habitualmente empleada por ETA (9 mm. Parabellum). En un alarde de «documentación y rigor informativo», Carlos Garaikoetxea dice en su libro Euskadi: la transición inacabada, que Iñaki Ibargutxi fue asesinado por el Batallón vasco-español cuando salía del bar Beti-Alai de Tolosa (pág. 160).
«Nosotros no hemos sido»
El crimen produjo la reacción del PNV que exigió una explicación a ETA por el asesinato de su militante en Miravalles, Iñaki Ibargutxi. En un comunicado, divulgado días después, ETA negaba su autoría en el crimen. Según el libro de Ricardo Arqués y José María Irujo, ETA: la derrota de las armas (pág. 54), el 23 de julio de 1981 tuvo lugar la siguiente conversación, sobre el asesinato de Ibargutxi, entre Gorka Aguirre, dirigente del PNV y Txomin Iturbe, dirigente de ETA: «¿Habéis sido vosotros los autores del atentado contra nuestro militante? ¬pregunta Aguirre.
¬Nosotros no hemos sido, Gorka. Te lo aseguro.
¬Ya me explicarás. Si vosotros no sois vosotros, ¿quién puede ser?
¬No tengo ni idea. Lo he consultado con nuestra gente y ellos no han sido».
En mayo de 1983, las declaraciones del miembro del comando Madrid de ETA, Juan María Tapia Irujo, aclaraban que un comando etarra fue el autor del crimen de Tolosa, poniendo en evidencia la negación de Txomin y el comunicado que la banda difundió días después del asesinato negando su autoría.
Los etarras tenían como objetivo a tres policías nacionales que frecuentaban el bar Erbiya de Tolosa, en el que investigaban la huida a Francia de un miembro de la familia que regentaba el bar. Un vehículo idéntico al de los policías, misma marca, modelo, color y letra de serie en la matrícula. Aquel día los policías se retrasaron y...
Sobre el «misterioso» crimen ningún dirigente del PNV volvió a pedir explicaciones ni públicas ni privadas. Únicamente la familia de Iñaki Ibargutxi. En declaraciones de sus padres a la desaparecida revista Euzkadi (un ejemplo más de la «brillante» gestión peneuvista de los medios de comunicación) en un reportaje firmado por J.F. Unzueta (núm. 303, 16-VI-1987, págs. 13 a 15), decían lo siguiente: «Nadie nos ha explicado qué razones tuvieron los autores del asesinato de nuestro hijo para hacer lo que hicieron. Esto es lo que más nos ha dolido, que no hayan tenido la dignidad de reconocer su error y pedirnos perdón por lo que hicieron, y eso que, por aquellas fechas, había dos chicos de Miravalles que eran de ETA y estaban en Francia: Urrutikoetxea, el famoso Josu Ternera y Abrisketa Korta, uno de ellos amigo personal de Iñaki». Añadiendo más adelante «no tuvieron la valentía de llamarnos y explicarnos que se habían equivocado. Ahí se ve la honradez de las personas».
Continuar pegando tiros
De Abrisketa sabemos que es un presunto empresario afincado en ese paraíso de los derechos humanos y las libertades llamado Cuba. Con él aparecía fotografiado sin ningún pudor en la portada de un diario nacional el portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, en una de esas visitas que siempre terminan con multimillonarias subvenciones para la dictadura castrista. Con Abrisketa también habló Arzalluz. El 20 de agosto de 1981, una representación del PNV formada por el presidente del partido, Xabier Arzalluz y el presidente de la ejecutiva guipuzcoana, Antton Jaime, se reunió con dos dirigentes de ETA político militar (los octavos, Txutxo Abrisketa y Kepa Astorkiza) en la que no consta que se pidieran explicaciones o aclaraciones por el asesinato de Tolosa.
Lo único que, al parecer, sugirió Arzalluz en aquella conversación fue la necesidad de que ETAp-m VIII Asamblea debía de continuar pegando tiros. Abrisketa así lo entendió y se lo hizo saber a sus conmilitones, la mayor parte de ellos hoy reinsertados. De Josu Ternera sabemos que está en paradero desconocido desde que la Justicia le llamó para pedirle cuentas por un par de atentados con víctimas infantiles. Hasta entonces a Arzalluz le parecía «estupendo» (TV3, 22/01/99) que el pistolero estuviese en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento vasco.
Cuando ante sus propias víctimas el PNV se comporta así, sin ningún interés por recuperar su memoria y dignidad, difícilmente podemos esperar que los de Arzalluz hagan algo por otros colectivos de víctimas por los que, en vida, sólo sienten indiferencia, desprecio u odio.
El pasado viernes se pudo escuchar en el Parlamento vasco que emitir en la televisión pública vasca un anuncio de la Fundación de Víctimas del Terrorismo es «hacer política a cuenta de las víctimas» y llevarlas «en la billetera o en el saco de los votos». Semejante canallada sólo podía ser vomitada por el portacoz, digo portavoz, del PNV, José Antonio Rubalcaba Quintana (Rubalkaba Kintana, según su versión, muy normal entre nacionalistas acomplejados con sus apellidos no vascos).
El mismo que el pasado 22 de noviembre decía que «estaría muy feliz» si en el País Vasco no hubiese TVE, Telecinco o Antena 3. Ya sabemos que el inconsciente siempre suele jugar malas pasadas a la sinceridad, sobre todo a los dirigentes del PNV cuando hablan de las víctimas del terrorismo o de los medios. Lo mismo le ocurre a alguno de los abonados al régimen arzalluzista, como un tal Blázquez (José Ramón), impresionante documento y máster en escribir melonadas de gran calibre en el simulacro de periódico del PNV, donde firma como consultor de comunicación. No tengo dudas sobre quién puede consultar a esta lumbrera de la comunicación nacionalista que unos días nos redacta listas de buenos (los afines al régimen nacionalista) y malos (los que suelen coincidir con las listas de ETA), y otros compara los monumentos a las víctimas del terrorismo con el Valle de los Caídos (Deia, 9/03/03). El oculista me ha dicho que no me lleve porquerías a los ojos pero, en ocasiones, creo que hay que leer las miserias que escriben quienes ponen el victimismo mientras otros ponemos las víctimas.
No conozco a nadie del PNV o EA que haya sido asesinado por ser concejal o parlamentario de estos partidos. Del PSOE o el PP ya conocemos bastantes, al igual que de la Guardia Civil, el Ejército, la Policía y un largo etcétera de colectivos. Es injusto y mezquino que quienes han sufrido los crímenes de la ETA, o estamos en sus listas, tengamos que soportar falsas afirmaciones como que «todos somos objetivos» (¿de quien puede ser objetivo Joseba Egibar que pasea libremente por San Sebastián mientras María San Gil va más escoltada que Bush?), o los agravios del silencio, el olvido y la insolidaridad de políticos como Begoña Errazti que, después de cada crimen, califican a ETA como «el peor enemigo del pueblo vasco» y sus condenas duran lo mismo que duran calientes los cuerpos sin vida de sus víctimas.
Ningunear a los muertos
Hace tiempo que dudo de la veracidad de sus condenas, expresadas por buena apariencia o mala conciencia, pero nunca con total sinceridad, porque no entiendo que después de tanto crimen se ningunee a las víctimas, se tenga el cuajo de dialogar con los pistoleros «a pesar de los atentados» o no haya ningún problema moral o penal por firmar documentos en los que junto al sello de las ejecutivas de PNV y EA aparece el sello de ETA.
Si Bono, Ibarra, Chaves y alguno más de los que saben de política y de ganar elecciones no hace algo, que me creo que lo harán, los chicos de Zapatero, por ahora sólo maestros del «gatillazo», no sólo van a acabar por arruinar definitivamente las expectativas de un próximo regreso a La Moncloa sino que pueden provocar un terremoto en el propio partido. Los pactos con Izquierda Unida, excepción hecha de Madrazo, y clame lo que quiera la derecha, son los lógicos, históricos, legítimos y naturales, pero otros, como el arrumbado «pipirrana» de Baleares y, sobre todo, con los independentistas, dejan sin resuello ni razones a las bases y el electorado socialistas. Lo más delirante y peligroso, a la espera de las maragalleces que nos aguardan, es el cariz que está tomando el País Vasco, donde a Odón Elorza le ha salido un ambicioso imitador en Javier Rojo, que pretende auparse por medio de algo muy parecido a un chantaje («o yo o Arzallus») a la Presidencia de la Diputación de Álava , intentando además cargar las culpas al PP de lo que es una auténtica traición a la Constitución y a España, que otra cosa no será la entrega del decisivo alavés a las tropas separatistas del «plan Ibarreche». Si los españoles empiezan a barruntar que Zapatero no es una garantía de unidad y pretende jugar a escondidas con los que ya claramente quieren desmembrarla, ya se puede ir preparando. Del «gatillazo» puede pasar a la «corrida a pelo». En las urnas y en el PSOE.
La próxima semana Atutxa habrá de resolver el dilema en el que se ha metido. O cumple con la sentencia del Tribunal Supremo de 27 de marzo y con el posterior auto de 20 de mayo, o entrará en la ilegalidad y habrá de ser la fiscalía la que inicie un procedimiento penal contra el Presidente del Parlamento Vasco por un delito de desobediencia, recogido en el artículo 410 del Código Penal. Al ser Atutxa parlamentario vasco, esta cuestión habrá de resolverse ante la Sala de lo Civil y de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco.
Desde luego que el artículo 118 de la Constitución es claro en este punto, cuando recoge que “es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones de los jueces y tribunales”. El informe que se ha filtrado de los órganos jurídicos del Parlamento Vasco deja entrever que ese precepto no ha de ser entendido individualmente. Y es cierto, el artículo 9 de la misma norma constitucional dice: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. El Tribunal Supremo fue muy profuso en sus argumentos, quizás en exceso, previendo la situación que se le venía encima.
Pero lo que queda abierto es qué va a pasar realmente con Sozialista Abertzaleak (SA). Si bien en la práctica puede ser un problema menor, ya que la ilegalización de ese grupo parlamentario va a implicar únicamente que no podrá actuar como grupo político, pero sí dentro del grupo mixto, es terriblemente dañina una situación como la actual para la propia esencia de la democracia y la propia división de poderes. Ya se ha demostrado que un parlamento autonómico puede reírse del máximo órgano jurisdiccional de España durante meses. Por ello el Tribual Supremo tiene que obligar al cumplimiento íntegro de la sentencia que ilegalizó a Batasuna, aunque sus posibilidades reales en ese campo son escasas, desgraciadamente. Desde luego que el PNV está jugando con los tiempos y sabe que la situación puede alargarse más. Parece que está intentando echar un pulso al Estado, y si eso ocurre así muy posiblemente la vía más rápida y efectiva sea la aplicación del artículo 155 de la Constitución, una vía prevista para los incumplimientos de la Constitución por parte de las Comunidades Autónomas, una vía todavía no utilizada ni en España ni en Alemania, de donde proviene, pero con similitudes en el Reino Unido, donde ha sido utilizada en varias ocasiones por el Gobierno británico para suspender la autonomía de Irlanda del Norte.
Esperamos acontecimientos y que al final el PNV –aunque no de buen grado– cumpla con la resolución judicial, de la misma forma que, no estando de acuerdo con que Batasuna no pudiera presentarse a las elecciones de mayo, lo ha aceptado; aunque, como se suele decir en estos casos, por imperativo legal. Al final lo único, que no puede ocurrir es que el PNV demuestre que en el País Vasco sólo se cumplen las resoluciones judiciales que considere aceptables, no respetando la estructura esencial de un Estado de Derecho, la división de poderes.
Ahora que tan de relieve se han puesto las previstas alianzas del PSOE con IU para formar gobiernos municipales y regionales, recordándose que la formación capitaneada por Llamazares está en relación directa de poder con los soberanistas de Ibarreche en Euskadi, cabe también hacer uso de la memoria para señalar que dos años antes de que Aznar lograse la mayoría parlamentaria absoluta, el PNV, con quien mantenía el PP armónicos acercamientos, ya tenía diseñado el plan que lleva el nombre del actual lehendakari. Los nacionalistas de Arzallus no ocultaban el designio de llegar a gobernar con HB si ETA no complicaba demasiado las cosas. En declaraciones al diario nacionalista catalán «Avui», Arzallus decía el 15 de junio de 1998: «ETA es un terrorismo de baja intensidad, que pueden controlar fácilmente. Es como una úlcera de estómago, sangra un poco pero por eso no se muere nadie. Pero ahora, si ETA deja las armas y empieza a avanzar políticamente, con la autodeterminación por delante, estará en peligro la unidad de España. Y éste es hoy el planteamiento del PP, además del electoral».
Con el uso del sarcasmo político, el presidente del PNV insinuaba que el terrorismo etarra no le sentaba del todo mal al Gobierno de Aznar, aunque le produjese una úlcera de la que no iba a morirse. Por el contrario, tras una eventual opción de ETA por la vía política, con la bandera nacionalista de la autodeterminación, sí podía entender el PP que España podía morirse o enfermar gravemente de disgregación territorial o pérdida de su unidad. El texto transcrito refleja el antecedente más claro del hoy llamado «plan Ibarreche». En aquel momento, el líder del PNV ya defendía como solución los objetivos autodeterministas de la banda y lamentaba irónicamente que el PP prefiriera lo que había a una paz atravesada por concesiones soberanistas, aunque todavía no utilizara esta palabra.
Después con la obtención de la mayoría absoluta, el Gobierno de Aznar confirmó, si no las ponzoñosas interpretaciones de Arzallus, al menos el propósito de vetar con su poder cualquier intención de ETA en el sentido de «avanzar políticamente» a costa de la unidad de España. Para Aznar estaba claro, razonablemente claro, que la banda terrorista no se iba a conformar con un reparto de la soberanía, aunque este concepto tan sospechoso, que los nacionalistas envuelven en ideas de paz, ya es de por sí una trampa para incautos. En efecto, después del fracaso de la supuesta tregua y a la vista de que ETA sale de su «proceso asambleario» pegando tiros, lo patente, lo demostrado, es que el PNV, carente de una fuerza abertzale complementaria, se ha puesto al frente de la manifestación, con todas sus banderas y pancartas desplegadas. O sea, en la lucha por cuartear la unidad de España, ha sustituido a ETA.
En los últimos años, y como producto de las leyes del mercado más que de la libertad ideológica, ha proliferado un curioso especimen paraperiodístico experto en el cristo vasco y muy cotizado tanto en nuestra prensa como en nuestras tertulias radiotelevisivas: el nacionalista de Madrid. Aunque el nombre pueda dar lugar a confusiones, no se trata de alguien que preconice un abertzalismo de signo castizo ni la aberriegunización de la Verbena de la Paloma. No se trata de un apóstol del independentismo madrileño ni de un plan de libre estado asociado para el parque de El Retiro. Su nacionalismo es sabiniano en toda regla aunque no lo practica en Euskadi misteriosamente. Ni se le pasa por la cabeza irse a vivir a una de las capitales vascas y no digamos ya a Hernani o a Andoain. Lo suyo es tocar las narices a la pobre peña constitucionalista que sí vive en esos sitios. Uno está denunciando en un programa de radio las complicidades del PNV con el mundo de ETA y de pronto, cuando y desde donde menos te lo esperas salta el nacionalista de Madrid para decirte que eres un frentista, un enemigo de los puentes y todo eso que constituye el repertorio precocinado en los fogones de Sabin Etxea.
Un nacionalista de Madrid arquetípico es Antonio Álvarez Solís, de quien me dicen que pasea todas las mañanas por la calle Serrano con su bastón innecesario y cursi, su dentadura postiza, el menú de toda la semana pegado en el bigote fachilla y su diario Deia donde el hombre lleva años haciendo la Revolución Nacional. Como Álvarez Solís es más papista que el Papa, lo de Udalbiltza y el Plan lbarretxe le parece poco. Hace unos días instaba a los nacionalistas desde su columna a formar «un gran consejo euskaldún» que plante cara al Estado. Álvarez Solís ni es euskaldún ni nada que se le parezca. Es un octogenario con ganas de marcha a quien el follón vasco le ha alegrado la vida. Álvarez Solís es la encarnación literal del famoso refrán de «a la vejez viruelas». Mientras a unos el nacionalismo y los tiros y las bombas nos han agriado la juventud a Álvarez Solís le han endulzado la tercera edad.
Álvarez Solís es una de las estrellas de la Feria del Libro de Bilbao gracias a un libro casposo que le ha publicado Radio Euskadi con un patético despliegue propagandístico y el dinero de todos los contribuyentes vascos. Álvarez Solís es, según Gregorio Morán en Los españoles que dejaron de serlo, «un huido perpetuo de un tenebroso pasado de secretario falangista del más duro de los gobernadores civiles del franquismo en Cataluña, Felipe Acedo Colunga, fiscal en el consejo de guerra contra Julián Besteiro». ¿Ay Xabier, vaya fichaje!
Menuda perra ha cogido Esperanza Aguirre con que ha ganado a Simancas las elecciones en la Comunidad de Madrid, y es que no hay copetín, cena o patio de caballos en que Esperanza, quizá porque la ídem sea lo último que se pierde, deje de llorar sobre la leche derramada del 25-M. Así que la Aguirre no debería olvidar que en política quien gana es quien gobierna, y lo demás son cuentos chinos, como pasa en los toros, que para eso ella es ganadera, que quien triunfa es quien sale por la puerta grande.
Ahí está, sino, para demostrarlo «El Califa», el diestro de Xátiva, tierra esta de mujeres guapas, cantantes y toreros, que ha armado la marimorena este San Isidro de poco conocimiento y mucha jet, mucha Terelu con Pipi de consorte feliz, y mucho Marichalar, el cual habrá ido a las Ventas en la patineta a motor con la que se pasea por Madrid, suponemos. Pero a lo que íbamos, es decir a E. A., la cual hace lo mismo que Zapatero cuando invoca sus ciento y pico mil votos a favor del PSOE para darse postín, y ya ven ustedes cómo tiene Zapatero de revuelto Ferraz, mayormente el núcleo duro del constitucionalismo, verbigracia Bono, Ibarra, Vázquez y Chaves, que es gente de fiar, coincídase o no con ellos.
Queda claro, por tanto, que en el PSOE hay dirigentes de gran sentido político, cabales y serios, que saben que el Estado no es un puzzle con el que se juega hasta que las piezas encajan de acuerdo con sus conveniencias políticas. Sin ir más lejos, el ya susodicho Vázquez, que acaba de calificar de «golpe de Estado institucional» la actitud indolente y retadora de Atucha, para quien ha solicitado su detención si no disuelve parlamentariamente a los batasunos, mientras el compañero Patxi López (con Jáuregui debajo de la mesa) hace a escondidas guiños a Ibarreche a ver si le cae algo, aunque sea también por debajo de la mesa.
De ahí el actual drama de los socialistas, los cuales tras la frustración electoral se encuentran en una profunda crisis estructural de principios, situación esta que afecta, y cada día más, al secretario general a causa de su indefinición del modelo de Estado, eso lo primero. Desde luego, coincidir con el gobierno en los pactos de Estado, de los que tanto se ufana Zapatero para demostrar lo sensato que es, no reafirma su liderazgo en el partido para nada, sino que por el contrario, invita a preguntarle sobre en qué Estado concreto piensa él, más o menos.
O sea, en su debilidad Zapatero cree que lo que puede salvarle la cara es poner una vela a Dios y otra al diablo sin comprender que conciliar un cierto «soberanismo moderado» con el constitucionalismo resulta, por antítesis conceptual, un imposible metafísico, que soberanista no se puede ser un poco como embarazada no se puede estar un poco, se es o no se es, se está o no se está, creemos.
Diego Ortega/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 5 Junio 2003
España, antes de la Constitución, era una sola nación donde a todos nos gustaban la obligatoriedad del castellano, los toros, el flamenco y el Real Madrid. Daba igual que hubiera varias lenguas y distintas sensibilidades. Aquí no podía haber diferencias. Si alguien pensaba diferente se le ignoraba y cuando insistía, se le encarcelaba. Ahora España es una nación de naciones. Hoy la 'nación vasca' es una sola nación donde a todos nos gustan la obligatoriedad del euskera, la txapela, la pelota y el Atlethic de Bilbao. Da igual que haya dos lenguas y distintas sensibilidades. Aquí no puede haber diferencias. Y si alguien piensa diferente se le ignora y cuando insiste, se le asesina.
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 5 Junio 2003
Quienes han venido gobernando, primordialmente por su ambigüedad, son después de quienes cometen los crimenes, los máximos responsables de asesinatos como los recientemente perpetrados en Sangüesa. El panorama que se vio despejado tras la dictadura se ha ido cubriendo hasta llegar al negro por la radicalización de los políticos nacionalistas que, además de los asesinatos y la falta de libertad, han ocasionado el enfrentamiento y la fractura de la sociedad vasca. La situación se agravó desde el ignominioso pacto de Estella de imposición, exclusión y confrontación.
Los asesinatos, el enfrentamiento y la división de la sociedad vasca son consecuencia del dilema que el nacionalismo quiere imponer soterradamente: nacionalismo o 'guerra'. Es consecuencia de la persecución consentida, la complacencia y las afinidades; de la estrategia de limpieza étnica y del odio que ha venido sembrando el nacionalismo impositivo y excluyente. Se ha llegado a esta situación porque el Gobierno vasco ha asumido el proyecto de los radicales dándoles más que el 'apoyo moral' abandonando a los extorsionados, exiliados, amenazados y a las víctimas. Si la enfermedad se detectó en Estella, la gravedad se confirma con el plan partidista y soberanista del lehendakari que, sin duda, divide y enfrenta dando 'razones' a quienes ninguna tienen. Sigue el Gobierno vasco pidiendo transferencias pero si no se garantiza la primera, la primordial de compromiso con el orden público con la defensa de la convivencia, de la vida y de la libertad, ¿no se le deberían retirar todas? ¿Qué podemos hacer los ciudadanos de a pie? Exigir ya una rectificación y apoyar a las víctimas y a los amenazados con esperanza.
BRUSELAS. AMADEU ALTAFAJ ABC 5 Junio 2003
El Consejo de ministros de la Unión Europea decidió hoy incluir a Batasuna en la lista europea de organizaciones terroristas y de sus cómplices, a raíz de la demanda presentada la semana pasada por el Gobierno y basándose en la decisión que tomó en su día el Tribunal Supremo. La inclusión de Batasuna se demoró porque el Gobierno quería tener la seguridad de que la demanda disponía de todas las garantías legales para no ser objetada por ningún Estado miembro de la UE. Antes de la sentencia del Supremo, varios Estados miembros habían considerado inapropiado incorporar a un partido político legal con representación parlamentaria a esa lista. Pero al desaparecer ese argumento, a raíz de las iniciativas del juez Garzón, la del Parlamento y, finalmente, la del Supremo, las autoridades españolas completaron y formalizaron la petición.
Cuatro miembros de Batasuna reconocidos como activistas de ETA figuraban ya en la lista europea de terroristas: Ángel Alcalde, Eneko Gogeascoechea, Cristina Goiricelaya y Kemen Uranga. Y la UE consideraba ya que KAS, Xaki, Ekin, Jarrai-Haika-Segi, Gestoras Pro Amnistía y Askatasuna «forman parte del grupo terrorista ETA». Entre las consecuencias prácticas de la inclusión en la lista destacan la congelación de bienes y la aplicación de la orden de detención y entrega en todo el territorio de la Unión.

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 artículo 410
 artículo 118
 artículo 9
 artículo 155
 resolución