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Apotegmas para la resolución alternativa del conflicto catalán - Hay Derecho
Apotegmas para la resolución alternativa del conflicto catalán
11 septiembre, 2014 /38 Comentarios/en Cataluña /por Ignacio Gomá Lanzón
Un apotegma es un dicho breve y sentencioso, generalmente proferido o escrito por un personaje célebre. Vale, no soy célebre, pero es que me apetece titularlo así porque creo útil lanzar una serie de ideas breves que pienso se deberían tener en cuenta a la hora de afrontar la cuestión conflictiva catalana. Ahora bien, mi intención no es ser sentencioso y parcial, sino práctico y breve y a la vez neutral en lo posible, pues la segunda originalidad de este post es que quisiera usar mi afición por la resolución alternativa de conflictos –sobre todo la mediación- para enfocar el problema desde una perspectiva más amplia que la puramente constitucional o legal. Cuidado, no se confundan, el enfocar los problemas desde esta perspectiva no significa que tengamos que olvidarnos de la ley ni de la historia. No, se trata de abordar la cuestión de una manera que nos permita descubrir cuál es el verdadero problema –los verdaderos intereses– más allá de las posiciones que se muestran. Esta es una distinción clave en cualquier conflicto: lo que digo que quiero ¿es lo que realmente necesito? Discutir sobre posiciones produce acuerdos poco aconsejables y pone en peligro una relación preexistente: el ego se identifica con las posiciones y ello impulsa a olvidar los verdaderos intereses, que es lo que realmente queremos y necesitamos.
Pues bien, hagamos el ejercicio de aplicar a este conflicto político las técnicas y fases de los procedimientos de resolución de conflictos, comenzando por preguntarnos: ¿es realmente la independencia lo que quiere Cataluña? ¿Le conviene a España mantener esta situación indefinidamente? En todo planteamiento de este tipo hay varias fases que voy a completar por vía de apotegmas que nos permitan centrar brevemente la cuestión. Son mis apotegmas, claro: seguramente se pueden añadir más o quizá algunos sean falsos, pero vamos allá.
En toda negociación hay, primero, una fase de recogida de información, y ello me sugiere:
Existe una cuestión catalana, y hay que “conllevarla”. Decía Ortega: “Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar” (Discurso en las Cortes Españolas el 3 de mayo de 1932 )
Bueno, quizá Ortega no hizo el curso de mediación, pero en todo caso hay una realidad que no debemos olvidar: el problema catalán no lo ha inventado Mas, lleva paseando por España mucho tiempo y, aunque es indudable tiene hoy un buen porcentaje de artificial e inducido, no es buen enfoque para solucionarlo negar su existencia.
España existe, mal que pese. Porque, por mucho que alteremos la historia, es muy difícil negar una convivencia secular que genera vínculos mutuos cuya ruptura no puede ser sino traumática. Además, cabe decir que España es el primer estado moderno, sin negar la existencia de particularidades regionales muy importantes, (aunque sin dar lugar un estado como tal en Cataluña). Por ello, cualquier negociación sobre el asunto, debe tener en cuenta esta realidad y que la única interesada en esta cuestión no es sólo Cataluña.
Otra fase es la de identificación de los temas a tratar:
El dinero importa, pero no es lo único. No hace falta pedir la independencia para percatarse de que puede haber demandas lógicas. Si una zona del territorio –Cataluña o la que sea- aporta mucho dinero al común y otras reciben mucho (ya sé que no contribuyen territorios sino personas, pero entiendan la idea) no es ilícito o inmoral plantearse y discutir cuantías e incluso si el uso que otras autonomías hacen es útil y eficiente (eso de bajar los impuestos cuando estás subvencionado). Eso habrá que valorarlo con datos objetivos. Ahora bien, conviene no olvidar que muchas cuestiones que enturbian las relaciones no son materiales, sino sentimentales.
El Título VIII de la Constitución fue una huida hacia adelante. Mucha gente coincidirá en que en la Transición hubo que salir del paso de este problema y se formalizó un diseño híbrido, posteriormente convertido en un “café para todos”, que no convence a nadie y que en la práctica ha supuesto un importante desapoderamiento del Estado y un goteo incesante de competencias a las comunidades más reivindicativas favorecido por la existencia las mayorías minoritarias en el parlamento español que inducía a buscar apoyos para el gobierno en formaciones nacionalistas, sin que ello apaciguara en absoluto las reivindicaciones de éstas. El sistema es ineficiente y es preciso revisarlo para buscar fórmulas que permitan un encaje mejor, aunque, eso sí, siguiendo el procedimiento legal correspondiente y contando con el concurso de todos los interesados.
Luego hay una fase de generación de alternativas, en la que hay que tener en cuenta algunos límites:
Dura lex, sed lex. Que se aplique la ley es importante: en un Estado de Derecho, como mil veces repetimos en este blog, es una irresponsabilidad prescindir de las reglas, porque eso alienta el caos, y con él, la injusticia. Si se permite incumplir la ley a algunos, cabría pensar que todos estaríamos legitimados para incumplirla cuando nos viniera bien. Por tanto, no se pueden permitir de ningún modo referéndums ilegales, porque eso pone en juego la igualdad de todos ante la ley.
El derecho a decidir lo decidimos todos. La apelación a la democracia o al voto popular no es suficiente, porque esa voluntad popular, caso de haberla, no debe tener relevancia en una democracia avanzada (o sin avanzar) si no se expresa en la forma legalmente establecida, que es lo que la hace válida; no supone excepción la alegación de derechos supralegales como el derecho de autodeterminación, pensado para situaciones coloniales que no se dan en este caso.
Las terceras vías son para los ferrocarriles. En un Estado de Derecho no se debería negociar con una persona concreta, ni tampoco con una autonomía, nación o como quieran llamarlo, sobre la legislación vigente. Ello genera normas “especiales” y con ello desigualdad y desafección en el cumplimiento de las normas. Si hay que generar alternativas, ha de contarse con todos los españoles y con luz y taquígrafos: nada de componendas o de librar a Pujol o tapar otras corrupciones por parar esto. Cojamos el toro por los cuernos.
La ley no soluciona todos los problemas reales. Quizá la actitud silente de Rajoy tenga una virtud: no haber empeorado el problema, lo que no es poco, dada la provocación que supone la dinámica secesionista. Pero no hay que olvidar que el problema es real, y no basta con recursos y leyes: se necesita política, política de la buena.
Ahora bien, en toda negociación hay reducir los elementos emocionales y buscar los datos objetivos:
Los nacionalismos son emociones, a veces patológicas. Querer a tu madre está bien, pero un amor excesivo puede hacernos distorsionar la realidad. Ninguna reforma puede hacerse en un momento de crisis emocional, propiciada por una huida hacia adelante del nacionalismo; si a ello se une el control político que las autoridades autonómicas tienen sobre la educación y los medios, difícilmente podemos entender que haya hoy la serenidad y la información cierta que estas decisiones exigen.
Más vale un dato que mil emociones. Discutamos sobre bases objetivas. Veamos si realmente existen esos deficits y cuál es su entidad, sin olvidar que en una comunidad la solidaridad entre los diversos miembros es obligada. Olvidemos el Espanya ens roba –y lo que se considere equivalente del “unionismo”- y centrémonos en la realidad.
En una negociación es fundamental saber cuál es nuestro BATNA (Best Alternative to a Negotiate Agreement), es decir, cuál es nuestra alternativa a la falta de acuerdo:
En estas rupturas, a corto plazo, probablemente pierden todos. Las pérdidas económicas y de sinergias y la pertenencia a la Unión Europea se deben tenerse muy presentes. Quizá al cabo de un tiempo alguno rehaga su vida y salga ganando, pero hay que estar muy seguro de que la convivencia es imposible y de cuáles son las opciones. Y, cuidado, una independencia puede no corresponder a la configuración actual de Cataluña: quizá partes de ella también quieran decidir.
En todo caso, en la resolución de los conflictos es preciso buscar soluciones que satisfagan a todos y comprobar que la solución es estable:
Si queremos que perdure un acuerdo, hay que abrir la mente. No haremos nada si seguimos con los esquemas de siempre: sólo “conllevar” el problema, tal y como decía Ortega. Y probablemente tenga algo de razón, situaciones complejas exigen soluciones complejas, quizá en un constante reequilibrio. Por ello, quizá lo que hay que replantearse es la organización territorial del Estado, abarcando la posibilidad de una limitación de las autonomías, un estado federal y también una posible independencia.
Al final, si crees en la democracia, es mejor preguntar. Ha ocurrido en Canadá y va a ocurrir en el Reino Unido, y nosotros no somos distintos. Claro que no se trata de preguntar cuando Mas quiera y lo que ERC decida, sino de abrir la posibilidad para que ello ocurra de una manera leal y de buena fe y con la voluntad informada de todos los interesados. Algo semejante a la Ley de la Claridad canadiense que hemos tenido oportunidad de comentar en este blog: reglas claras, momentos establecidos, preguntas no ambiguas, información suficiente y veraz, ausencia de coacción y de sentimientos exaltados.
Hemos recogido información y generado algunas alternativas en un ejercicio que espero que les resulte interesante, aunque quizá sea incompleto o parcial. Ahora, ¿qué soluciones se podrían alcanzar? No es cuestión de sugerirlas yo, pero el sentido común sí me dice que no se puede tolerar la amenaza soberanista, y que hay que utilizar todos los medios para impedirla; pero que tenemos un problema de fondo que hemos de resolver; y que esa resolución tiene que ser democrática, conforme al Estado de Derecho, libre, informada y de buena fe.
Ahora bien, hay un apotegma final: los políticos no ven más allá de cuatro años. Es decir: ¿están preparadas nuestras élites políticas catalanas y españolas en general para enfrentar un problema como este a largo plazo? ¿Son sus verdaderos intereses coincidentes con los de la población a quien sus decisiones van a afectar? Este es el elemento que más me preocupa: si quienes tienen que resolver el problema quieren realmente hacerlo. Pero esto es harina de otro costal.
https://hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2018/09/hay-derecho-expansion.jpg 0 0 Ignacio Gomá Lanzón https://hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2018/09/hay-derecho-expansion.jpg Ignacio Gomá Lanzón2014-09-11 00:15:422014-09-15 11:14:44Apotegmas para la resolución alternativa del conflicto catalán
11 septiembre, 2014 en 01:03
Artículo de grata lectura por el tono y el contenido. Es cierto, no hay más vías que dos: seguir igual o iniciar algún tipo de reformas constitucionales, que podrían llevar a una consulta al conjunto de los españoles y después a los catalanes. Estoy en contra de la independencia de Cataluña pero el anticatalanismo feroz de muchas personas comprendo que tendrá que dañar los sentimientos de muchos catalanes. Este es uno de los asuntos donde afortunadamente los políticos de los diferentes partidos están siendo más prudentes que el conjunto de la sociedad.
En este tema rogaría a los políticos independentistas un poco de concreción. Me gustaría que me explicasen cuáles serían las condiciones que quieren para la independencia. Yo estoy en contra de la independencia, entre otras razones, porque creo que es la manera de romper lazos entre Cataluña y el resto de España, porque creo que eso dificulta la apertura al mundo y porque detecto cierto antiespañolismo. Lo que no sé es como se puede estar a favor de la independencia sin conocer cuáles serían las condiciones que se pretenden conseguir y, puesto que seguramente algunas no se puedan conseguir, las que es posible lograr. Por decirlo en una sola frase, todavía no sabemos qué sería eso de la independencia de Cataluña.
11 septiembre, 2014 en 02:41
Enhorabuena al autor por su exposición del tema Cataluña sobre el que este mismo blog ha volcado ya ríos de tinta. Estoy de acuerdo en que el llamado “problema catalán” no es de ahora y que tampoco lo ha inventado Mas, sino que se ha visto obligado a cogerlo como bandera para su pervivencia política y la de su formación. El sabe en el charco en que se ha metido y todas sus llamadas son de auxilio para que el Gobierno le eche una mano. Con respecto a las emociones nacionalistas sigo pensando que en su mayoría están superadas, bien por el origen mixto de los actuales catalanes, bien porque la tendencia natural es hacia la superación de patrias, banderas y otros símbolos tragados por eso que se llama “globalización”. Por ello quiero llamar la atención sobre la supuesta “inocencia” de la aparición de sentimientos nacionalistas en determinados momentos y lugares no sólo de Europa sino de otros continentes. Es el divide y vencerás o, dicho de otra forma, divide y seguirás controlando el cotarro. ¿Porqué llevamos tanto tiempo sin lograr culminar la UE? ¿Porqué cuando se avanza en este sentido hay interés en evitarlo? Por supuesto que sé el grado de complejidad de acuerdos y tratados, pero esa cuestión se puede facilitar cuando hay voluntad firme y el convencimiento de su beneficio. Volviendo a Cataluña. Estoy convencido de que el “problema” se saldará con menos dramatismo que el que parece (o se quiere que parezca) a pesar de no celebrarse la consulta y, como mucho, dará lugar a una convocatoria electoral con resultados mejores para algunas formaciones pequeñas que quizá equilibren más la política catalana. Eso sí, debería dar lugar a que el Gobierno del Estado se plantease la imprescindible reforma o reajuste autonómico en la organización territorial actual y ahí, si es preciso, es donde veo la necesidad de un referendum a nivel nacional. Todo consiste en preguntar si el ciudadano quiere mantener con sus impuestos el tinglado actual o si prefiere “recortarlo” para que le salga más barato.
11 septiembre, 2014 en 09:18
Le falta a usted otro apotegma:
“Como el día 18 gane Salmond, se acabó lo que se daba”
11 septiembre, 2014 en 09:20
Muy bueno, sí. Aunque en Canadá salió que no…
11 septiembre, 2014 en 10:01
Por salirme un poco del vigente paradigma me gustaría aclarar “la naturaleza del conflicto” y lo que está sobre la mesa.
Que una élite que lleva treinta años estudiando el modelo “Navarra” pretenda ahora zafarse de la legislación vigente yo no lo llamaría un conflicto ciudadano.
A fin de cuentas la separación que persigue dicha élite es perfectamente racional (para ella misma) pero niega de forma zafia y burda lo más elemental a los ciudadanos: Ser libres e Iguales.
Por lo tanto algo falla. y ese algo me concierne. Nos concierne a todos.
Es evidente que si llevan robando a manos llenas 30 o más años necesitan imperiosamente dormir tranquilos porque el resto ya lo tienen.
Y para dormir tranquilos resulta imprescindible controlar a tu agencia tributaria y a tus jueces. Punto. Eso ya constituye un estado. Si lo tienes, el resto hasta te sobra.
Que toda una vieja nación como España se trague los cuentos chinos de la “identitat ombliguera” financiada con mimo por esta panda de ladrones es para hacérnoslo ver.
Así que de “conflicto” ciudadano, nada de nada. Un “Racket de Oligarcas a la Ucraniana” tratando de preservar su momio a nuestra costa.
Lo realmente indignante es que, a estas alturas, el Estado no haya intervenido Andalucía y Cataluña. ¿Cuánto más han de robar a la vista de todos? ¿Cuántas décadas más de inacción legal se requieren?
Este es “El conflicto” y no la independencia que sólo es un Medio para que la élite deje de sentir el Conflicto entre su modus operandi y los riesgos que hoy corren si a un gobierno se le ocurre actuar como debe.
Por cierto, a ver si el PSOE nos explica cómo en Suresnes-74 se les ocurrió decir en la resolución 2ª aquello de que darían la Autodeterminación a Nacionalidades y Regiones.
Que uno sepa nunca se han explicado ni desdicho.
A veces es bueno salirse del tablero y mirar la partida desde fuera. En su real crudeza y sin adornos.
11 septiembre, 2014 en 10:41
Es verdad lo que dices, Manu, y lo dejo caer en el párrafo final y en algún apotegma intermedio. Ahora bien, hago dos matizaciones:
1. El tema catalán no es sólo cosa de hace 30 años, por mucho que es evidente que la autonomía no ha calmado sino exagerado las reivindicaciones. Interesante artículo de Carreras de hoy:
http://elpais.com/elpais/2014/09/10/opinion/1410366831_058476.html
2. Corrupciones y élites extractivas no faltan tampoco en el resto de España, contribuyendo a procrastinar el problema y aprovecharse de la coyuntura si es preciso.
11 septiembre, 2014 en 11:18
No se trata de un problema exclusivo de élites. El “conflicto” se ha introducido hasta el tuétano de la sociedad catalana. Y la consecuencia es lógica. La sociedad catalana (como la mayoría de españoles) lo está pasando mal como consecuencia de la crisis cuyos culpables pueden ser y son muchos y muy variados a todos los niveles: autonómico, estatal o europeo. Ante esta situación, el “establishment nacionalista” da una ilusión a la sociedad catalana maltrecha: la independencia. Según el establishment, una Cataluña independiente tendrá mayor PIB, menos paro, mejor sanidad y educación, menos impuestos… La historia se repite. En situaciones de crisis resurgen los nacionalismos, y este caso no es una excepción. Todo lo que está ocurriendo en Cataluña es de manual. El independentismo no es nada nuevo. Lo que sí es nuevo, es la efervescencia actual, que es consecuencia del planteamiento antes expuesto por erróneo que pueda ser. La solución no pasa por Escocia ni el Quebec. Escocia, nación soberana, a través del acta de la unión firmada en 1707 junto con Inglaterra, decidió a través de su parlamento soberano disolver sus cortes y crear el Parlamento de Reino Unido. Es el proceso inverso. Y el Quebec, qué decir… Los únicos que moralmente podrían reivindicar algo son los nativos que existían en Canadá cuando llegaron los franceses y los colonizaron. Además hay que recordar, por improbable que pueda parecer, que España es uno de los países mas descentralizados del mundo. Ni que decir que Cataluña tiene más competencias que Escocia y el Quebec en materia fiscal, entre otras. Hay un problema de “desafección”. Gran parte de la sociedad catalana ni le importa ni quiere participar de las cuestiones de Estado. Solo saben mirar hacia dentro con el peligro de asfixia que eso conlleva. Los partidos políticos nacionalistas, fundamentalmente CIU, nunca han querido formar parte del gobierno de España. Únicamente a través de apoyos concretos, que tan caros y perniciosos han resultado para el conjunto del Estado, han participado activamente en las políticas estatales. Siempre a cambio de poner el cazo. “Pujol, español del año” llegó a titular el diario ABC. Permítanme que me estremezca ante tal afirmación. Desde el punto de vista de un “charnego”, la solución pasa porque los políticos y medios de comunicación dejen de crear problemas los primeros y de ser altavoz los segundos. Que elaboren un proyecto ilusionante para todos los españoles, lo que incluye el revisar la organización territorial del estado, y si no es mucho pedir, que las instituciones del Estado sean lo mas transparentes posible y permitan actuaciones de control a los ciudadanos que las sustentan a través de los impuestos de todos. Vamos a ver como acaba esto.
11 septiembre, 2014 en 12:40
Felicito a Ignacio por su preclaro artículo y no menos a Manu Oquendo a quien pido disculpas por no haber podido contestarle el otro día.
Desde el punto de vista histórico, hay paralelismos evidentes entre el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y el Reino Unido de España. Lo que ocurre es que el paralelismo no es entre Inglaterra (y Gales) y Escocia sino entre Castilla (y León) y Aragón.
Cierto que se produjo una unión de los reinos de Escocia e Inglaterra en 1707. Pero también se produjo una unión de los reinos de Aragón y Castilla en 1479, aunque no se hará efectiva hasta el advenimiento de Carlos I de España y V de Alemania, fallecidos Felipe el Hermoso y Fernando el Católico en 1516.
La diferencia clave es que por el momento histórico en que se produce la Unión de reinos en España, las cortes o parlamentos no se pueden considerar en modo alguno representantes del pueblo, sino de la nobleza, el clero y las ciudades, no eran órganos permanentes y no eran depositarios de soberanía alguna. En cambio cuando se produce la unión de Inglaterra y Escocia, los parlamentos respectivos sí son depositarios de las soberanías populares preexistentes, siquiera lo fueran de forma imperfecta., pues el parlamentarismo estaba ya totalmente implantado en Inglaterra y Escocia.
Lo cierto es que en ningún momento histórico ha existido una Cataluña independiente. Primero fue parte de las provincias romanas en que fue dividida Hispania. Luego formó parte del reino visigodo. Después fue la Marca Hispánica de los francos. Por matrimonio de Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona con Petronila, titular de los derechos dinásticos al trono de Aragón, la Marca quedó integrada en el reino de Aragón, posteriormente Corona, al incorporarse a ella, con diversas vicisitudes históricas, Valencia y Mallorca como reinos, así como Sicilia y Nápoles y los ducados de Atenas y Neopatria.
Cataluña tenía cortes e instituciones propias, como Aragón, Valencia y Mallorca, pero no eran titulares del poder legislativo ni de control del poder político, que residían en las Diputaciones del General o Generalidades. Instituciones que tras los Decretos de Nueva Planta pasaron a depender del poder central unificador, sin protesta alguna durante todo el siglo XVIII y buena parte del XIX.
No existe ningún acto político o jurídico por el cual Cataluña se integrara en Aragón ni en España. Sólo hay actos políticos y jurídicos de integración de Aragón y Castilla, una historia común posterior con reformas unificadoras frustradas (la Unión de Armas de Olivares), otras exitosas (Decretos de Nueva Planta) y una tensión irresuelta y probablemente irresoluble entre el centralismo y la descentralización.
Lo que es un invento nuevo (del siglo XIX) es el nacionalismo. Y del siglo XXI, el independentismo de opereta, previo saqueo.
11 septiembre, 2014 en 13:18
Aporto unas breves reflexiones y preguntas:
1. España y Cataluña llevan más de quinientos años juntas.
2. Los últimos 35 años han sido los mejores años de España y de Cataluña.
3. Los últimos 35 años han sido los años de más autogobierno de Cataluña.
4. Semejante operación debería contar con un plan serio para el día depués, plan que no existe.
5. ¿A quién beneficia todo esto si no hay plan para el día después?
6. ¿Esa cleptocracia opaca será la fundadora de la nueva Dinamarca del Sur?
7. ¿Esos gobernantes endogámicos serán los que regeneren el sur de Europa?
8. ¿La transparencia y solvencia que muestra la Generalitat será premiada con triples As por las agencias de rating?
9. ¿Este proceso cuenta con el apoyo de Francia? ¿De la UE? ¿De Estados Unidos?
10. ¿Tiene sentido vivir en permanente ebullición en contra de, en lugar de a favor de?
11 septiembre, 2014 en 17:13
Gonzalo me quedo con tus preguntas 5 y 9 porque creo que son la clave del asunto. Las respuestas supongo que cada uno tenemos la nuestra y mejor que queden a la reflexión personal. Sigo insistiendo en que nada es inocente en el tablero mundial que es, al final, donde de verdad se juega la partida. Un saludo.
11 septiembre, 2014 en 13:40
Post de lujo y comentarios brillantes.
Buena lectura para una Diada en la playa.
Ander Zubia Dice:
11 septiembre, 2014 en 14:30
Yo opino que hemos llegado a esta situación más por errores del gobierno español que por las elecciones del gobierno catalán. Para mí la política cultural del gobierno español durante los últimos años ha sido nefasta. Soy del País Vasco y nadie se molesta en explicar quiénes fueron Blas de Lezo, Urdaneta, Legazpi, Churruca y un largo etcétera de personalidades vascas que bajo la promoción de la Corona española ayudaron a crear uno de los grandes centros del descubrimiento y del nuevo conocimiento. Y en el caso catalán más de lo mismo, nadie quiere hablar sobre un tal Domingo Badía, ni sobre qué fue realmente la batalla de Talamanca, ni cuántos catalanes lucharon en la guerra de independencia contra los franceses como Juan Clarós, que querían restablecer la monarquía de Fernando VII.
Yo soy vasco, y español, pero no en el sentido casposo y derrotista, ni el de la grande y una. Falta una nueva definición, donde de una forma real y sana todos los españoles nos sintamos unidos, parte de algo, y orgullosos. Hasta entonces, y mientras exista esta pseudohistoria de la que todos se aprovechan en su propio beneficio, cada uno barrerá para su casa, y por mucho federalismo o mayor autonomía que haya, no se solucionará el problema de fondo.
11 septiembre, 2014 en 15:35
Quisiera hacer una propuesta que creo que satisfaría a todos (excepto irrelevantes extremistas de ambos bandos, obviamente):
El parlamento catalán exigirá al gobierno español proximamente el derecho a realizar un referéndum por la independencia de Cataluña. No hay ley que lo ampare sin permiso del estado central, y todo hace indicar que el parlamento español se negará. El conflicto parece inevitable, aún más teniendo en cuenta que aquí al lado, en la misma Europa y en las mismas fechas, el gobierno británico se ha dispuesto a allanar el camino legal necesario (tampoco allí existía todavía) para realizar un referéndum similar en Escocia.
11 septiembre, 2014 en 15:36
¿Es excesivo pedir al menos la mitad del CENSO ELECTORAL? Definitivamente creo que no. Esta exigencia es absolutamente justa y democrática. La ruptura de una nación y el nacimiento de un nuevo estado independiente es un asunto muy serio, de enormes consecuencias económicas y sociales. Sería descabellado ventilarlo con un “vota el 73%… sale SI el 37%… pues ya está: independientes”. En el ejemplo anterior, el territorio se convertiría en país independiente ¡con el apoyo de una cuarta parte de la población! No es razonable en un asunto de tan gran trascendencia y calado. Así es absurdo que nazca un nuevo país en el mundo. Y repito: si cualquier nación existente no tendría ningún problema en cumplir esta exigencia del 50% del ELECTORADO votando activamente por el SI ¿cómo no iba a poder hacerlo una nación nueva si realmente lo es?
¿Y por qué no pueden ganar los independentistas con la facilidad con que se ganaría este referéndum en cualquier país actual realmente existente? ¿Hay truco? En absoluto. La razón es muy sencilla: porque en esos territorios no hay una nación: hay dos. Cataluña no es una nación, son dos. Lo mismo ocurre en el País Vasco. Y como son dos naciones mezcladas en el MISMO territorio, la independencia de una de ellas es en la práctica imposible por injusto. El referéndum que yo propongo es la prueba DEMOCRATICA de que esa realidad es irrebatible, y desarma dialécticamente a cualquier independentismo en sus reivindicaciones. E insisto, porque es muy importante: se rebate la independencia democráticamente en las URNAS, tal y como los nacionalistas exigen con su cacareado “derecho a decidir”.
(TERMINO…)
11 septiembre, 2014 en 15:38
Si se desea salvaguardar la soberanía de todo el pueblo español (como seguramente exigirían con buen criterio la derecha española y buena parte de la izquierda), basta con incluir un precepto que obligue a ratificar posteriormente la independencia para su validez, o bien por el parlamento español, o bien en referéndum en toda España. No importa. Puesto que el referéndum de independencia no puede ser ganado por los independentistas por las razones demográficas arriba expuestas, nunca se alcanzaría este paso del proceso. Lo importante es que el independentismo pueda convocar legalmente una consulta justa y democrática que coloque frente a la realidad de que no pueden ganarlo, tanto a ellos como al resto de los españoles. De este modo se desactiva su capacidad de chantaje.
PUNTO DOS: Ante la imposibilidad demográfica de obtener el SI de la mitad del electorado porque en realidad se trata de territorios con la población dividida en “dos naciones”, la integridad de España y su sistema político no sufren modificación alguna.
Y queda así resuelto limpiamente, y sobre todo DEMOCRATICAMENTE, uno de los principales problemas políticos de España de los últimos 200 años.
Felix Soria Dice:
11 septiembre, 2014 en 16:03
Un detalle: La convocatoria que plantea la Generalitat de Catalunya NO es un referéndum, sino una CONSULTA. Punto. No tendría valor legal decisorio, no sería legalmente vinculante para el Estado, pero ayudaría a saber “dónde estamos”, cómo está la correlación de fuerzas y si tal como indican algunos sondeos, confirmar o desmentir que ya son mayoría los residentes en Catalunya partidarios de que esa geografía deje de ser parte de la del Estado español.
Ese tipo de consultas, que NO es un referéndum, ¿también es contrario a la Constitución?
O será que…
Mientras tanto, ambos nacionalismos (el españolismo y el catalanismo) siguen retroalimentándose el uno al otro y el mal llamado “problema catalán” sigue ganando volumen y víscera.
11 septiembre, 2014 en 16:33
¿Y por qué no hacen consultas de esas cada 6 meses?
¿Y cuándo hacemos una consulta así los que vivimos en Pozuelo de Alarcón?
11 septiembre, 2014 en 16:30
Hay un conflicto. Y hay partes (varias) que negocian para resolverlo.
-¿Quiénes son las partes en conflicto?
-Los distintos partidos de la oligarquía gobernante (¿Son la casta?)
-¿Cuál es el objeto de negociación?
-La cuota de reparto de poder central/regional
¿Cómo engañan a los ciudadanos?
-Haciendo “consultas” o referendums o elecciones para aparentar que son representantes de una democracia
11 septiembre, 2014 en 16:44
Ojalá hubiera más consultas a la ciudadanía, sobre todo en relación a las cuestiones que generan “revolcones espirituales” en la sociedad. Con tantos medios tecnológicos seguro que hay mecanismos fiables y garantistas que permitan a los ciudadanos que quieran dejar constancia oficail, anónima y única de su opinión y opción (al margen de los partidos políticos).
11 septiembre, 2014 en 17:21
Imaginemos que el Gobierno central, nutrido con los impuestos de todos los españoles decide hacer una consulta, que no referendum acerca de qué opinan los españoles sobre la aplicación del art. 155 de la Constitución a Cataluña, visto que la Generalidad gasta ingentes cantidades de dinero público para financiar campañas que siembran el odio de los catalanes hacia su patria, que es España.
No existe un nacionalismo español. Ni siquiera existe un patriotismo español. No se explica la historia de España en las escuelas por miedo al qué dirán. Es políticamente incorrecto plantear siquiera poner letra al himno español. Nadie plantea seriamente un nacionalismo español consistente en eliminar las lenguas regionales cooficiales. Nadie se plantea exigir a la Generalidad de cataluña el cumplimiento pronto, fiel y específico de las sentencias que obligan a escolarizar en castellano a quien así lo desee. Y más y más.
Debe ser el famoso nacionalismo español que nos invade por todas partes.
P.T Dice:
Creo necesaria una reforma de la Constitución, respetando tres aspectos esenciales: 1 .La libertad individual de todos los españoles; 2.- La igualdad de todos los españoles; y 3.- reparto de competencias con arreglo a un criterio de eficiencia.
11 septiembre, 2014 en 19:52
El título VIII de la Constitución es un puro disparate. Algunos lo dijeron en su momento pero les llamaron precisamente por ello, fachas. De aquellos polvos, estos lodos.
La soberanía reside en el pueblo español. Sin embargo el pueblo español no puede pronunciarse en relación con los estatutos de autonomía que cuestionan directa e indirectamente la soberanía nacional. Y esos estatutos no pueden ser modificados sin que la mayoría del cuerpo electoral de la CC.AA. en cuestión se pronuncie de forma favorable.
He aquí un problema de legitimidad tremendo: El pueblo catalán, vasco, gallego, incluso el aragonés, deben ser consultados antes de que se toque una sola coma de sus estatutos. El pueblo español nada dijo y nada tiene que decir al respecto. La casta política autonómica puede movilizar al pueblo, como expresión legítima de sus sentimientos políticos. La casta central se basta y sobre para llegar a los acuerdos necesarios para mantener en pie un tinglado insostenible en lo político y en lo económico.
Soy partidario de una reforma constitucional que:
a) Reconozca la soberanía única e indivisible del pueblo español, formado por ciudadanos libres e iguales, cuyos derechos fundamentales son inalienables.
b) Reconozca el derecho de separación de las nacionalidades, siempre y cuando obtenga el beneplácito de la doble mayoría: De la parte que se escinde y del resto.
c) Imponga un porcentaje máximo a la exacción fiscal que por todos los conceptos se puede imponer a todo ciudadano o residente en el país.
11 septiembre, 2014 en 19:44
– Cataluña no está comoda en España. Queremos llegar a un acuerdo sobre las relaciones entre Cataluña y España.
– Pero eso requiere que el pueblo español se pronuncie al respecto.
– Facha. Vamos a consultar al pueblo catalán para que se pronuncie a favor de la independencia.
12 septiembre, 2014 en 00:24
Me parece que en todas las opiniones que he leído solo se toca tangencialmente un asunto para mi crucial.
Creo que una de las principales causas de la tensión actual, y sin duda la mayor amenaza futura, es la educación. No me refiero solo a la matería lingüistica, que es otro debate, sino a las competencias en la materia.
Posiblemente seamos el único o de los pocos países que ha tolerado que la educación, una de las bases de la igualdad y garante de la auténtica libertad, sea asumida por CCAA. Se producen claras desigualdades entre españoles y ningún catalán puede formarse una opinión en libertad, pues llevan unas generaciones adoctrinados.
O se corrige esto o el problema irá (si cabe) a peor.
12 septiembre, 2014 en 10:36
Me parece esencial lo que dice Diego. Sin una educación lo más amplia, en el sentido de contemplar todos los puntos de vista, es imposible que los futuros electores puedan pensar por sí mismos. Y si no piensan por si mismos, de poco vale que haya un proceso que será democrático en su diseño, pero en la práctica no sea la libre expresión de la voluntad de cada uno.
Penúltimo ejemplo: ayer en la cadena SER hubo un programa especial con motivo de la Diada. Escuché unas declaraciones de un dirigente catalán (no recuerdo su nombre) que decía que ya no había marcha atrás en la tendencia independentista, debido a todos los errores acumulados en el pasado. Uno de ellos era según él la “implacable persecución a la lengua catalana” que me dejaron estupefacto. Que yo sepa, nadie está persiguiendo la lengua catalana. Y sin embargo, estoy convencido de que con el adoctrinamiento adecuado, habrá personas (probablemente catalanes) que den semejante disparate por cierto. Claro, que yo no vivo en Cataluña e igual hay una conspiración para ocultarlo.
Y por favor, dejemos ya de remontarnos al pasado como punto de referencia para lo que queremos en el futuro. Es un disparate recurrir a cómo era el mundo hace 40, 100 o 300 años para justificar cómo queremos que sea ahora. Tenemos que pensar en cómo queremos que sea el mundo mañana.
Si entramos en esos argumentos acabaremos discutiendo las reivindicaciones del Estado Islámico sobre Andalucía. Por no mencionar todas las sucesivas oleadas migratorias y conquistas ocurridas desde la prehistoria.
12 septiembre, 2014 en 23:47
Los catalanes estan adoctrinados desde pequenos y nosotros no? Veamos tambien la viga en nuestro ojo, por favor.
El otro tema consabido, el de los medios de comunicacion: me he tomado la molestia de buscar las audiencias, TV3 tiene el 25% aporx. de cuota. Ni estan adoctrinados ni tienen acceso limitado a la informacion.
Si tenemos que encontrar solucion al tema, mejor sera que los tratemos de igual a igual, no como adolescentes.
12 septiembre, 2014 en 02:01
“Por ello, quizá lo que hay que replantearse es la organización territorial del Estado, abarcando la posibilidad de una limitación de las autonomías, un estado federal y también una posible independencia.”
Este es el problema. Yo esto lo firmaba con los ojos cerrados pero esto, por mucha discusión que tengamos actualmente, es imposible. Los dos principales partidos de este país, PP y PSOE NO QUIEREN ESTA SOLUCIÓN. El PSC quería esta solución, o por lo menos parte de ella, y se rieron en su cara. Por tanto cualquier ejercicio que hagamos aquí sobre la solución de este conflicto es inútil.
No me cabe duda de que muchos que a día de hoy votarían por la independencia abogarían por esta solución primero, pero esta solución es irreal, por eso hay un apoyo cada vez mayor por la independencia.
Por tanto, cualquier resolución de conflictos que empieza con hay que respetar el Estado de Derecho, pero cierra ya una vía desde el principio no puede llegar a ningún lado y fracasará, y se usará el Estado de Derecho como mera excusa para atacar al contrario de rebelde.
Y en esas estamos. Convenzan a los que hay que convencer que uno no se puede sentar a solucionar un conflicto con la mente cerrada y entonces todo será más fácil
12 septiembre, 2014 en 09:38
Otro post más en una clara defensa de las tesis unionistas, lo que me parece completamente legítimo en el conflicto que bien se dice que existe. No obstante, al principio del artículo se dice que los apotegmas intentarán ser “neutros”… No lo son, no pasa nada por decirlo.
También veo dos errores tanto del artículo como de los comentarios en general: aquí nadie nos ha comido la cabeza, no hay sentimientos exaltados ni revanchismo de nada, el movimiento es de la sociedad civil catalana (la real). Una de las cosas más positivas de las 3 últimas diadas (a las cuales he asistido con sumo entusiasmo) es que no se ha coreado ni una sola proclama o consigna en contra de España… ¡NI UNA! Todo ha sido en un sentido positivo, con la finalidad de intentar cambiar el statu quo.
Os recomiendo que leáis algo de Ramon Cotarelo, catedrático de Ciencias Políticas en Madrid (no recuerdo qué universidad), donde obviamente él dice: que el nacionalismo español existe; que el nacionalismo catalán existe; que se debe permitir la consulta, y finalmente, que la diferencia entre un Estado con nación y una nación sin Estado la marca el poder de las armas.
No parece que el 18-S la independencia sea lo más votado en Escocia, pero como dicen por aquí, si sucede, el camino estará allanado.
Por último, a los que citáis a la Transición y a los errores del café para todo, yo desde hace años intento explicar a cualquiera que se me ponga por delante que eso no es una transición, es un pacto de mantenimiento de las estructuras de la Dictadura (como muy bien han explicado, entre otros, Antonio García Trevijano o Vicenç Navarro). España también debe superar esa herencia que, precisamente es la que ha permitido la existencia de aberraciones como el actual PP el que, a su vez, es el principal creador de independentistas.
12 septiembre, 2014 en 10:15
Para el que diga que el nacionalismo español no existe:
12 septiembre, 2014 en 10:19
Además de un excelente artículo he leído grandes comentarios y quisiera aportar alguna puntualización.
Sinceramente, no creo que sea momento de apaciguar a la fiera. Es momento de enfrentarse a ella, con argumentos, con verdad y con fuerza.
Pero no podemos pretender ser libres e iguales sin mover un dedo.
En esta labor los ciudadanos tenemos que exigir y empujar porque también los políticos son humanos y siempre, entre dos alternativas, elegirán la ruta de la Pereza y de la Comodidad.
La Cataluña actual, el impulso identitario–nacionalista-excluyente, surge al socaire del brote ideológico-nacional que arranca tras la revolución francesa y se hace con el poder cuasi absoluto…… con esta Constitución.
Este ente Territorial y Étnico no preexistía a la Hispania Romana.
Esto lo saben perfectamente las cabezas nacionalistas (de hecho me entero gracias a dos Consellers) aunque lo oculten en los libros de enseñanza con auténticas sandeces insostenibles.
Así, un Historiador del siglo XIX, Oliveira Martins, uno de los pocos grandes de esta península, relata en su Historia de la Civilización Ibérica (de 1860, cuando nada de esto era ni siquiera un tema) el exterminio por godos alanos provenientes de Occitania (Langue D’Oc) de toda la población de la provincia de Tarraco.
Es decir, de la propia Tarraco, de Ampurias y del resto de los núcleos habitados de entonces. Era el año 410.
Hablo, naturalmente, de la Tarraco resultado de la división provincial del siglo II.
La Tarraco de la anterior división provincial ocupaba casi toda la mitad norte de la Península y cuando se terminó la conquista de Hispania, siglo II, se llamó Tarraco a lo que hoy es +`- Catalunya y el resto pasó a llamarse Gallaetia (en honor a las legiones de la Galia que terminaron la conquista de Astures y Cántabros tras 200 años.
Su obra ha sido publicada en España aunque hoy no es fácil encontrarla. Quien la quiera la encontrará en Iberliber.
Explica el mismo autor la etimología de Catalán (Goth-Aulanii) y no esa ridícula e insostenible referencia a “Catelani” como proveniente del latín Castellum (Gaztelu en euskera) que hoy tratan de establecer en su escuela adoctrinadora.
Esto lo sabía hasta Sabino Arana que se encuentra en Cataluña con numerosos topónimos euskericos (la propia Bartzel-ona, Aran, o el Bessi:Berri como cuenta al final de su obra que el PNV esconde bajo 7 llaves,
Por Tanto: Lo que ha sucedido aquí es una conquista y un genocidio absoluto (por eso pasa a la historia) y los Hispanos en Cataluña, en nuestra tierra secular, nos encontramos, objetivamente, en una situación COLONIAL pero…….. al revés de lo que dicen els trilers de la Generalitat.
Por tanto nos acoge el derecho Internacional de las Colonias a reclamar nuestra independencia del Invasor que Sí, “Ens Roba”. Y que regresen a Languedoc a dar la tabarra.
Txillardegi dejó dicho: “Quien gana la batalla del relato, gana todas las batallas”.
12 septiembre, 2014 en 10:42
Sr. Gomá, impecable, pero en cuanto a esta frase: “los políticos no ven más allá de cuatro años”, mucho me temo que los políticos y élites catalanas, desde antes del 78 ven más allá y miden mejor que los demás y han buscado el mejor momento (debilidad de la Nación en tantos aspectos, desde el moral al económico, pasando por el institucional), tras 35 años de campar por sus respetos e invertir ingentes sumas en adoctrinamiento sin contrapeso, que, como se ha visto nuevamente ayer, saben lo que quieren y cómo lo quieren hacer. Acaso esta vez no puedan, pero como no hay contrapeso inteligente en el sentido que propone su “post” (o Muñoz Machado en su reciente libro sobre estos y otros asuntos similares) verá Ud. como vamos mal. Ya defendí aquí en dos posts que habría que haber aplicado, como dice el Sr. Oquendo, el Derecho positivo hace tiempo, pero falta un plan político posterior a su aplicación. Dicen por ahí que el Sr. Rajoy tiene un plan pero curiosamente no podemos saberlo (ni siquiera la transparente Sra. Díez, que se mostró satisfecha tras su entrevista con el Presidente del Gobierno, nos lo cuenta). Está muy bien que digan que no hay que mezclar razón y emociones pero miren, si hay un músico en España que sepa producirlas a quien suscribe es el Sr. Savall, su Capella Reial y su Hesperión XXI, pero ya hace tiempo que no adquiero un solo disco suyo (y menos desde anteayer, claro), aunque sea tirar piedras contra mi tejado, porque es la única manera que tengo de ser consecuente conmigo mismo, aunque tire piedras contra mi tejado. Una auténtica fractura emocional es lo que se ha venido fraguando mientras todo el mundo callaba, menos unos pocos de los que nadie se acuerda ahora. Yo estoy conforme con lo que Ud. indica, con dos preguntas: ¿cómo lo hacemos?¿no es ya tarde?
12 septiembre, 2014 en 12:12
Me hace mucha gracia que cuando los postulados de ciertos “opinadores” no coinciden con su prejuicios, entonces el pueblo catalán está “adoctrinado”, mientras que si fueran coincidentes, todo sería “seny” y “sentido común”.
Yo soy el primero en aceptar cualquier resultado que eventualmente pueda producirse el 9-N, y por el simple hecho de que salga la opción por la que yo no voto, no diré que son unos “descerebrados” o “españolistas adoctrinados”. Recordemos que el Frente Popular ganó las elecciones por muy poco en 1936, ya que el CEDA quedó a uno o dos puntos. Me hace gracias que eso se use por determinados personajes como argumento a favor de la demostración de que el pueblo estaba dividido (¿qué porcentaje de votantes del CEDA, ante la eventual pregunta “¿Quiere usted tomar el poder por las armas ante los traidores izquierdistas del Frente Popular?” hubiera estado a favor? Hemos de tener en cuenta que en Cataluña ya hace AÑOS que en las encuestas la opción independentista se mueve entre el 45-60% y la unionista entre el 25-35%… Que las urnas hablen es la expresión que la democracia liberal nos ha dado, nos guste o no.
Por otro lado, el argumento histórico/historicista, si bien puede tener su peso, ya no es (si lo fue) uno de los pilares argumentativos en los que se sustenta la opción política por la independencia de Cataluña, pues la idea principal más potente es la de “comunidad política”, como ente que decide su futuro.
Tampoco está de más apuntar, por ejemplo, que hay mapas medievales donde Aragón no existe mientras que Cataluña sí:
http://cartotecadigital.icc.cat/cdm/singleitem/collection/espanya/id/815/rec/6
12 septiembre, 2014 en 14:05
Lo siento, pero sigo sin ver en todo esto más que un impresionante aparato de propaganda a favor de unas tesis soberanistas financiado por los presupuestos públicos que es tanto como decir con los impuestos de todos los españoles (Cataluña incluída). Porque Cataluña es España como es Andalucía o Galicia o el Pais vasco o cualquier otra región. El Gobierno de Cataluña es una delegación del Estado Español y no existe la pureza de raza catalana, como no existen otras. La identidad “nacionalista” nace del mantenimiento (cada vez menor) en un mundo globalizado de algunas costumbres o una lengua que son patrimonio histórico y por tanto protegibles pero no a costa de destruir otras partes importantes de ese patrimonio. ¿Que este asunto viene bien para reflexionar conjuntamente todos los españoles sobre si queremos “estados autonómicos” (con su correspondiente coste) o un simple sistema de descentralización de gestión pública? Hagámoslo con cifras y números pero, si hay que tomar una decisión, esta debe ser conjunta a iniciativa del Gobierno de España, del Estado Español en todos los territorios. Se trata pura y simplemente de si queremos pagar más burocracias administrativas y políticas o por el contrario adelgazar todo el entramado montado sobre nuestras espaldas.
12 septiembre, 2014 en 15:27
La cuestión es sencilla ¿es malo consultar a los ciudadanos? o ¿es bueno consultar a los ciudadanos?
Discutir sobre nacionalismo, origen, evolución, detección, etcétera es en balde; sobre todo con creyentes que tienen solidificada su idea.
Sebastia Mayol Dice:
12 septiembre, 2014 en 18:52
Interesantísimo el enfoque desde la mediación. Criticable que se parta de “resolución alternativa de conflictos” y no de “abordaje de conflictos” . (Muchos conflictos no se resuelven, pero el solo echo de abordarlos reconcilia a las partes). El dilema: el mdiador es neutral, imparcial…? La frase ” el sentido común…. la amenaza soberanista…” me ha parecido que resuelve el enigma y en mi opinión destruye la calidad del artículo. Làstima porque la perspectiva del abordaje de los derechos democraticos desde la mediación era un avance.
12 septiembre, 2014 en 20:30
Francamente, Sebastián, ¿qué tiene de democrático excluir de una decisión a la inmensa mayoría de los afectados por ella que, además, están en el ejercicio legal de sus derechos precisamente en dicha decisión?
¿Qué pensaría usted de encontrarse en tal situación? ¿No vería nítidamente que le intentan estafar de la forma más burda y chulesca?
14 septiembre, 2014 en 19:29
Bueno, Sebastià, “resolución alternativa de conflictos” es un término técnico y acuñado.
Por otro lado, el mediador ha de ser neutral e imparcial, en efecto, pero es que yo no me ofrezco de mediador (a pesar de mi condición de notario en Gerona durante 8 años y 3 en Hernani); el post es un simple ejercicio intelectual con el objeto de enfocar los problemas de una manera nueva, quitando prejuicios, emociones y mentiras.
Desde luego estoy contaminado y soy parcial con una idea: las normas legales han de cumplirse aunque no gusten: lo que está ocurriendo con la consulta y la conducta de Generalitat en general no se debe aceptar en modo alguno; otra cosa es que haya abogar por resolver una cuestión que lleva tiempo sobre la mesa, en lo que estoy de acuerdo; y una tercera, es que el momento en que haya que hacerlo y lo que haya de discutirse no es una cuestión que vaya a imponer uno sólo de los interesados.
14 septiembre, 2014 en 12:39
No se si usted tiene experiencia directa de eso que dice, pero yo sí y no me parece una respuesta adecuada ni argumento mínimamente serio para oponer a los que en este asunto ofrece Oquendo.
El abuso de los Decretos-Leyes en el ámbito administrativo sancionador Emilio Botín: la necrológica que no va a leer en ninguna otra parte

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