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Timestamp: 2018-06-18 13:06:37+00:00

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Análisis FAES: El Banco Popular y la Banca Italiana | APBPE - Asociación Perjudicados Banco Popular Español
Análisis FAES: El Banco Popular y la Banca Italiana
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En las últimas semanas hemos asistido a la resolución de varias entidades bancarias en la eurozona con enfoques, criterios y resultados muy diferentes. Tan diferentes que, de hecho, algún purista en Roma querrá convencer al mundo de que en su país no ha acaecido resolución alguna sino sencillamente un par de liquidaciones de bancos (como si de una cadena de pizzerías se tratase). Pero si levantamos el velo tecno-jurídico -que lo único que muestra es el elevado marco de discreción nacional que todavía existe en una unión bancaria europea incompleta, técnica, jurídica y políticamente, para aquellos con capacidad y necesidad de usarla-, lo que quizás sí podamos convenir todos -en Roma o en Madrid- es en que los efectos económicos y jurídicos de las susodichas “liquidaciones” son indistinguibles de los llamados rescates bancarios realizados en toda Europa bajo los marcos de resolución nacionales preexistentes a la adopción en 2014 de la Directiva Europea de Reestructuración y Resolución de Entidades; a saber, esquemas de protección de activos para los compradores, inyecciones de fondos presupuestarios, etc. Por el contrario, apenas unos días antes, en Madrid asomaba la cabeza el nuevo marco de resolución de la unión bancaria europea con la aplicación para el Banco Popular de los procedimientos establecidos en la referida directiva por las autoridades europeas y con el uso de la herramienta de recapitalización interna o bail in, que pone en el frontispicio la minimización del recurso al dinero de los contribuyentes.
Por contra, en el caso de los bancos del Véneto la aplicación de este nuevo régimen europeo de resolución parecía llevar inexorablemente a infligir pérdidas a tenedores de deuda senior, en muchos casos clientes minoristas, y eventualmente a depositantes, dado el mayor nivel relativo de pérdidas en estas entidades. Por ello, simplemente la percepción del riesgo de contagio no era comparable entre Madrid y Roma, y no tanto por la naturaleza o tamaño del banco -sin duda, mayor en el caso del Popular-, sino por el mayor riesgo de pánico y contagio en los pasivos potencialmente afectados por las pérdidas si el nuevo régimen de resolución europeo se hubiera aplicado a las entidades italianas. Esta parece ser la verdadera razón de fondo que ha permitido a las autoridades españolas aplicar de forma escrupulosa el nuevo marco de resolución europeo y forzado a las italianas a un nuevo ejercicio de escapismo y de florentinismo político a escala europea para hacer pasar por liquidación un rescate a la vieja usanza que ha librado a los acreedores del banco de unas pérdidas que han recaído sobre los contribuyentes.
Hasta el momento las decisiones en la construcción de la unión bancaria se han enfocado en demasía, quizás para romper con la inercia del pasado, en arbitrar mecanismos para la minimización del recurso al contribuyente, pero se ha desatendido el ineludible refuerzo de los mecanismos compensatorios que asienten la estabilidad del sistema en su conjunto. Simplemente, la unión bancaria está incompleta a día de hoy -y, por tanto, sesgada en exceso hacia la resolución y traslado de pérdidas hacia los financiadores (minoristas y depositantes incluidos)-, pero carece del complemento de un mecanismo creíble de garantía paneuropeo de los depósitos. Y este componente resulta imprescindible porque el contrapeso estabilizador al bail in no puede seguir recayendo en unos mecanismos de garantía nacionales agotados en el mejor de los casos, si no fuertemente endeudados, y que refuerzan directamente el vínculo entre crisis bancaria y soberana.
En suma, si la responsabilidad sobre la regulación y supervisión preventiva -así como sobre la decisión y mecanismos de resolución- descansa a nivel europeo, no es técnica ni políticamente sostenible que la responsabilidad estabilizadora de los depósitos sea nacional. De no avanzar decididamente en el establecimiento de un fondo paneuropeo que cuente con un respaldo fiscal mutualizado entre todos los países de la eurozona, la unión bancaria corre el grave riesgo de que la aplicación de sus mecanismos de resolución sea más la excepción que la norma, con el consiguiente debilitamiento de su credibilidad frente a los mercados internacionales. O que, en el mejor de los casos, se convierta en un mero sistema transitorio imperfecto incapaz de responder a la siguiente crisis bancaria y amenace de nuevo la propia existencia del euro. La garantía de los depósitos de los ciudadanos europeos en los que se materializa gran parte de su riqueza, no se merece menos que la mejor unión bancaria que podamos diseñar. Si queremos que los ciudadanos europeos valoren el proyecto de la Unión Europea, y lo apoyen activamente, este tipo de iniciativas prácticas son las que deben coadyuvar para elrelanzamiento del proyecto común europeo en su nueva etapa post-Brexit.

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