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Timestamp: 2018-08-19 17:57:30+00:00

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MF0711_2 Seguridad, higiene y protección ambiental en hostelería by Ideaspropias Editorial - Issuu
Seguridad, higiene y protecciĂłn ambiental en hostelerĂ­a
Seguridad, higiene y protecciĂłn ambiental en hostelerĂ­a ManipulaciĂłn de alimentos
Autores Pedro Ignacio Benavente Jareño (Sabiñánigo [Huesca], 1950) es licenciado en Veterinaria por la Universidad de Oviedo. Se dedica a la inspección de industrias alimentarias, establecimientos de restauración y comercio minorista desde 1983, primero como veterinario titular y, desde 1994, como inspector veterinario de salud pública en la zona de Pontevedra. Es autor de la Guía de alimentación (Centro Ramón Piñeiro para a Investigación en Humanidades, 1995), de diversos artículos divulgativos en prensa relacionados con los alimentos y la alimentación, publicados bajo el título general de A cesta da compra, así como de la obra publicada por Ideaspropias Editorial Manipulador de alimentos en el sector hostelería. En 2011 se le concede el Premio Anual de la Academia de Ciencias Veterinarias de Galicia como reconocimiento a su labor de divulgación de la lengua y cultura gallega. En la misma línea de integración entre ciencia y lengua se le otorga, en 2012, el Premio Rosalía de Castro de Lengua y Cultura de la Diputación de A Coruña. Elena Benavente García (Valladolid, 1977) se licenció en Biología en 2002 por la Universidad de Vigo. Cuenta con formación especializada en seguridad alimentaria, diseño e implantación de sistemas de gestión de calidad (ISO 9000) y de gestión medioambiental (ISO 14000 + EMAS), y análisis microbiológico de productos del mar. Actualmente, se dedica a la elaboración de manuales de autocontrol basados en el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) en industrias alimentarias gallegas y es autora, junto con Pedro Ignacio Benavente, del manual publicado por Ideaspropias Editorial Manipulador de alimentos en el sector hostelería.
Ficha de catalogación bibliográfica Seguridad, higiene y protección ambiental en hostelería. Manipulación de alimentos 1.a edición Ideaspropias Editorial, Vigo, 2013 ISBN: 978-84-9839-390-3 Formato: 17 x 24 cm • Páginas: 264
SEGURIDAD, HIGIENE Y PROTECCIÓN AMBIENTAL EN HOSTELERÍA. MANIPULACIÓN DE ALIMENTOS. No está permitida la reproducción total o parcial de este libro, ni su tratamiento informático, ni la transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del Copyright. DERECHOS RESERVADOS 2013, respecto a la primera edición en español, por © Ideaspropias Editorial. ISBN: 978-84-9839-390-3 Depósito legal: VG 145-2013 Autores: Pedro Ignacio Benavente Jareño y Elena Benavente García Impreso en España - Printed in Spain Ideaspropias Editorial ha incorporado en la elaboración de este material didáctico citas y referencias de obras divulgadas y ha cumplido todos los requisitos establecidos por la Ley de Propiedad Intelectual. Por los posibles errores y omisiones, se excusa previamente y está dispuesta a introducir las correcciones pertinentes en próximas ediciones y reimpresiones.
1. Higiene alimentaria y manipulación de alimentos ......................... 1.1. Normativa general de higiene aplicable a la actividad ........... 1.2. Alteración y contaminación de los alimentos: conceptos, causas y factores contribuyentes ............................................. 1.3. Fuentes de contaminación de los alimentos: biológicas, químicas y físicas .................................................................... 1.4. Principales factores que contribuyen al crecimiento bacteriano ............................................................................... 1.5. Limpieza y desinfección: diferenciación de conceptos y aplicaciones ............................................................................ 1.6. Materiales en contacto con los alimentos: tipos y requisitos .. 1.7. Calidad higiénico-sanitaria: conceptos y aplicaciones ............ 1.8. Autocontrol: sistemas de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) ................................................. 1.9. Guías de Prácticas Correctas de Higiene (GPCH). Aplicaciones ........................................................................... 1.10. Alimentación y salud .............................................................. 1.10.1. Riesgos para la salud derivados de una incorrecta manipulación de alimentos .......................................... 1.10.2. Concepto y tipos de enfermedades transmitidas por alimentos ............................................................... 1.10.3. Responsabilidad de la empresa en la prevención de enfermedades de transmisión por alimentos ............... 1.11. Personal manipulador ............................................................. 1.11.1. Requisitos de los manipuladores de alimentos ............ 1.11.2. Legislación ................................................................... 1.11.3. Salud e higiene personal: factores, medidas, materiales y aplicaciones ............................................. 1.11.4. Vestimenta y equipo de trabajo autorizados. Heridas y su protección ............................................... 1.11.5. Asunción de actitudes, gestos y hábitos del manipulador de alimentos ........................................... 1.11.6. Importancia de las buenas prácticas en la manipulación de alimentos .......................................... CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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2. Limpieza de instalaciones y equipos de hostelería .......................... 2.1. Concepto y niveles de limpieza ................................................ 2.2. Requisitos higiénicos generales de instalaciones y equipos ..... 2.3. Procesos de Limpieza, Desinfección, Desinsectación y Desratización (L+DDD) ......................................................... 2.4. Productos de limpieza de uso común: tipos, clasificación y características principales ........................................................ 2.4.1. Medidas de seguridad y normas de almacenaje. Interpretación de las especificaciones ........................... 2.5. Métodos y equipos de limpieza: aplicaciones de los equipos y materiales básicos. Procedimientos habituales: tipos y ejecución ...................................................................... 2.5.1. Prevención de la legionelosis ......................................... 2.6. Técnicas de señalización y aislamiento de áreas o equipos ...... CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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3. Incidencia ambiental de la actividad de hostelería ......................... 3.1. Agentes y factores de impacto ambiental ................................ 3.2. Tipos de residuos generados .................................................... 3.2.1. Residuos sólidos y envases ............................................. 3.2.2. Emisiones a la atmósfera ............................................... 3.2.3. Vertidos líquidos ........................................................... 3.3. Tratamiento y manejo de residuos y desperdicios .................... 3.4. Normativa aplicable sobre protección ambiental .................... 3.5. Otras técnicas de prevención o protección ............................. 3.5.1. Desde un punto de vista ecológico ............................... 3.5.2. Desde un punto de vista económico ............................. 3.5.3. Desde un punto de vista sociocultural .......................... CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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4. Gestión del agua y de la energía en establecimientos de hostelería .................................................................................... 4.1. Consumo de agua .................................................................... 4.1.1. Buenas prácticas ambientales en el uso eficiente del agua ......................................................................... 4.2. Consumo de energía ................................................................ 4.2.1. Ahorro y alternativas energéticas .................................
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4.2.2. Buenas prácticas ambientales en el uso eficiente de la energía .................................................................. CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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5. Buenas prácticas ambientales en los procesos productivos de establecimientos de hostelería ........................................................ 5.1. Plan de gestión medioambiental .............................................. 5.2. Compras y aprovisionamiento ................................................. 5.3. Elaboración y servicio de alimentos y bebidas ......................... 5.4. Limpieza, lavandería y lencería ............................................... 5.5. Recepción y administración .................................................... 5.6. Operaciones de mantenimiento .............................................. 5.7. Buenas prácticas ambientales en otras áreas ........................... CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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6. Seguridad y situaciones de emergencia en la actividad de hostelería .................................................................................... 6.1. Aspectos generales sobre prevención de riesgos laborales ....... 6.2. Seguridad ................................................................................ 6.2.1. Factores y situaciones de riesgo más comunes ............... 6.2.2. Identificación e interpretación de las normas específicas de seguridad .................................................................. 6.2.3. Condiciones específicas de seguridad de los locales, las instalaciones, el mobiliario, los equipos, la maquinaria y el pequeño material característicos de la actividad de hostelería ....................................................................... 6.2.4. Medidas de prevención y protección por manipulación de cargas, en instalaciones y en la utilización de máquinas, equipos y utensilios ...................................... 6.2.5. Equipamiento personal de seguridad. Prendas de protección: tipos, adecuación y normativa .................... 6.3. Situaciones de emergencia ....................................................... 6.3.1. Procedimientos de actuación, aviso y alarmas .............. 6.3.2. Incendios ....................................................................... 6.3.3. Escapes de gases ............................................................ 6.3.4. Fugas de agua o inundaciones ....................................... 6.3.5. Planes de emergencia y evacuación ...............................
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6.3.6. Primeros auxilios ........................................................... CONCLUSIONES ......................................................................... AUTOEVALUACIÓN ................................................................... SOLUCIONES ...............................................................................
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GLOSARIO ....................................................................................... 237 EXAMEN .......................................................................................... 247 BIBLIOGRAFÍA ............................................................................... 253
Seguridad, higiene y protección ambiental en hostelería se ha desarrollado para obtener las capacidades a través de los contenidos especificados en el anexo I del Real decreto 1256/2009. Los contenidos que en esta obra se recogen se corresponden con una duración de 60 horas. El objetivo principal de este material didáctico es que el lector, en todas las situaciones de trabajo de la actividad hostelera, reconozca, aplique y controle el cumplimiento de las normas y medidas vigentes y necesarias que garanticen la seguridad, higiene y salud en las condiciones adecuadas para prevenir los riesgos personales, alimentarios y ambientales.
INTRODUCCIÓN Los responsables y trabajadores de las familias de hostelería, turismo y restauración no pueden limitarse a los conocimientos adquiridos por la experiencia en las diferentes formas de atención al cliente, aun siendo indiscutible esta experiencia. Procurar ofrecerle al cliente cuanto este necesite para su satisfacción y comodidad en lo que se refiere a calidad del servicio es, obviamente, imprescindible, pero no es suficiente. Es precisa una formación continuada que proporcione los conocimientos necesarios para completar aquella experiencia y, sobre todo, la adquisición de hábitos de trabajo correctos en áreas específicas como son la seguridad alimentaria, la corresponsabilidad medioambiental, y la seguridad y salud en el trabajo. Dando por sentado que la profesionalidad de los trabajadores de estos sectores va a garantizar la mejor calidad posible del servicio al cliente, hay que insistir en que la calidad de los alimentos y bebidas suministrados, junto con otros servicios de atención al cliente, abarca muchos otros aspectos que no se pueden descuidar nunca y cuya suma será lo que defina la categoría del local y la profesionalidad de su personal. Para ello, en el presente libro se desarrollarán los aspectos relacionados con la higiene (del trabajador y del establecimiento) y con la seguridad alimentaria, así como la posibilidad y necesidad de ofrecer este servicio de calidad de una forma respetuosa con el medioambiente y que garantice en todo momento la salud y seguridad de clientes y trabajadores. En muchos casos estas particularidades vienen, además, exigidas y reguladas por normas legales de obligado cumplimiento. Resulta evidente que los alimentos que se ofrecen han de satisfacer el paladar del cliente, pero han de hacerlo de una forma segura. Esto implica que la compra, almacenamiento y elaboración de las comidas debe gestionarse de tal modo que nunca representen el menor riesgo para la salud de las personas que los consuman. Para conseguirlo, el establecimiento elaborará un manual de autocontrol basado en el sistema de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) o una Guía de Prácticas Correctas de Higiene (GPCH) que prevean los posibles peligros sanitarios que se puedan presentar en la elaboración de los alimentos, eliminen la causa que pueda generarlos, y eviten la posibilidad de una intoxicación alimentaria. Los trabajadores deben extremar su higiene personal y cuidar de la limpieza e higiene del local, de todas sus instalaciones y equipos. Esta higiene es especialmente necesaria en aquellos trabajadores que manipulen alimentos, para 13
evitar cualquier posible contaminación de estos, a quienes se exigirá el cumplimiento de ciertas prácticas higiénicas. Por estas razones, dentro del plan de autocontrol cobra especial interés un plan específico de limpieza y desinfección que describa los procedimientos de limpieza, tanto general como específica de determinados equipos o zonas de trabajo; la necesidad de un mantenimiento continuo del correcto estado de suelos, paredes, equipos, utillaje, etc.; o los productos que se utilicen, teniendo siempre presentes los riesgos que estos puedan representar sobre el medioambiente o la propia seguridad del trabajador. Incluirá también los sistemas implantados para la lucha contra insectos y roedores, imprescindibles por su papel en la transmisión de enfermedades. El impacto medioambiental de las actividades de hostelería es otra faceta que ha de contemplarse en la gestión del negocio. Por un lado, debe conocerse la gestión adecuada de los residuos generados, algunos de ellos fuertemente contaminantes, por lo que se hace necesaria la separación de estos en contenedores específicos. Pero previamente ha de fijarse un programa de reducción en la producción de los residuos, lo que se puede lograr mediante buenas prácticas ambientales en la compra y la utilización de los distintos productos que se necesiten. Por otro lado y paralelamente a la mencionada reducción de residuos, el plan de gestión medioambiental del establecimiento contemplará todas las medidas posibles en la línea de reducción de consumos de bienes, especialmente en lo que se refiere al agua y energía, dentro del objetivo último de conseguir un turismo sostenible. Existen distintas medidas de ahorro como, por ejemplo, la elección de equipos energéticamente más eficientes, el aislamiento estructural o de las conducciones de agua caliente sanitaria, la iluminación por detectores de presencia, etc., cuya incorporación puede reducir significativamente el consumo sin merma alguna del nivel de comodidad ofrecido al cliente. Finalmente, se tendrán en cuenta las medidas que la empresa deberá adoptar para evitar que su personal pueda sufrir cualquier tipo de accidente de trabajo o enfermedad profesional, así como las medidas de prevención y protección que los trabajadores tendrán que cumplir. El plan de prevención de riesgos laborales diseñará las condiciones más seguras posibles, en cuanto a las estructuras, equipos, uso de productos peligrosos y a la propia organización del trabajo; y en cuanto a cada puesto de trabajo para prevenir en su origen cualquier factor de riesgo. Cuando sea imposible eliminar totalmente los riesgos, se tomarán las medidas de protección, colectivas o individuales, que sean oportunas en cada caso, incluyendo la correcta señalización del riesgo. Una parte importante de
este plan de prevención son los aspectos específicos relativos a las posibles situaciones de emergencia y evacuación, para las que se deben prever los procedimientos que se han de seguir en estos casos, teniendo muy en cuenta la presencia de los clientes, no preparados para responder a estas eventualidades. Este libro intentará cubrir todos los aspectos que pueden influir en la excelencia y calidad del servicio de hostelería mediante la suma de una buena formación personal, una alta motivación y un equipo profesional integrado desde la cabeza hasta el último eslabón. Estos aspectos incluyen tanto la seguridad alimentaria y la higiene del establecimiento como el asegurar una protección tanto del medio que nos rodea como del personal y del cliente que disfrutará de este servicio.
Seguridad, higiene y protección ambiental en hostelería 1
Objetivos - Identificar e interpretar las normas higiénico-sanitarias de obligado cumplimiento. - Determinar y aplicar las medidas de higiene personal y reconocer los comportamientos o actitudes susceptibles de producir una contaminación en cualquier tipo de alimentos. - Describir las principales alteraciones sufridas por los alimentos, identificando los agentes causantes de las mismas, su origen, mecanismos de transmisión y multiplicación. - Clasificar y explicar los riesgos y las principales toxiinfecciones de origen alimentario y sus consecuencias para la salud, y relacionarlas con las alteraciones y agentes causantes.
Contenidos 1. Higiene alimentaria y manipulación de alimentos 1.1. Normativa general de higiene aplicable a la actividad 1.2. Alteración y contaminación de los alimentos: conceptos, causas y factores contribuyentes 1.3. Fuentes de contaminación de los alimentos: biológicas, químicas y físicas 1.4. Principales factores que contribuyen al crecimiento bacteriano 1.5. Limpieza y desinfección: diferenciación de conceptos y aplicaciones 1.6. Materiales en contacto con los alimentos: tipos y requisitos 1.7. Calidad higiénico-sanitaria: conceptos y aplicaciones 1.8. Autocontrol: sistemas de Análisis de Peligros y Puntos de Control Crítico (APPCC) 1.9. Guías de Prácticas Correctas de Higiene (GPCH). Aplicaciones 1.10. Alimentación y salud 1.10.1. Riesgos para la salud derivados de una incorrecta manipulación de alimentos 1.10.2. Concepto y tipos de enfermedades transmitidas por alimentos 1.10.3. Responsabilidad de la empresa en la prevención de enfermedades de transmisión por alimentos 1.11. Personal manipulador 1.11.1. Requisitos de los manipuladores de alimentos 1.11.2. Legislación 1.11.3. Salud e higiene personal: factores, medidas, materiales y aplicaciones 1.11.4. Vestimenta y equipo de trabajo autorizados. Heridas y su protección 1.11.5. Asunción de actitudes, gestos y hábitos del manipulador de alimentos 1.11.6. Importancia de las buenas prácticas en la manipulación de alimentos
Dentro de la normativa vigente para asegurar la calidad higiénico-sanitaria de la actividad de hostelería, destacamos una serie de normas de obligado conocimiento y cumplimiento. El Código Alimentario Español (CAE) de 1967 tiene como finalidad, según el Decreto 2484/1967, de 21 de septiembre, por el que se aprueba el texto del Código Alimentario Español: «a) Definir qué ha de entenderse por alimentos, condimentos, estimulantes, bebidas y demás productos y materias a que alcanza esta codificación. b) Determinar las condiciones mínimas que han de reunir aquéllos. c) Establecer las condiciones básicas de los distintos procedimientos de preparación, conservación, envasado, distribución, transporte, publicidad y consumo de los alimentos.»
El CAE apenas dedica ocho artículos a la actividad de restauración colectiva, en un capítulo genérico que tiene un título tan indefinido como «Preparación culinaria». No fue hasta 1978, con la aprobación del primer reglamento sobre vigilancia, control e inspección sanitaria de comedores colectivos, cuando se definieron con cierto detalle los requisitos aplicables a este tipo de negocios. Pocos años después, en 1983, se publicó el Real decreto 2817/1983, de 13 de octubre, por el que se aprueba la Reglamentación técnico-sanitaria de los comedores colectivos, norma mucho más detallada y específica con la que nacieron buena parte de los actuales establecimientos de restauración colectiva. Hoy en día, esta actividad está regulada por el Real decreto 3484/2000, de 29 de diciembre, por el que se establecen las normas de higiene para la elaboración, distribución y comercio de comidas preparadas, además de otras normas de carácter horizontal de obligado cumplimiento para cualquier empresa alimentaria, especialmente por el Real decreto 640/2006, de 26 de mayo, por el que se regulan determinadas condiciones de aplicación de las disposiciones comunitarias en materia de higiene, de la producción y comercialización de los productos alimenticios. Este real decreto, aunque no es específico de la actividad de hostelería y restauración, tiene por objeto la fijación de determinadas medidas que contribuyen a la correcta aplicación en España del Reglamento (CE) n.° 852/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, relativo a la higiene de los productos alimenticios; el Reglamento (CE) n.° 853/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, por el que se establecen normas
específicas de higiene de los alimentos de origen animal; y el Reglamento (CE) n.° 854/2004 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 29 de abril de 2004, por el que se establecen normas específicas para la organización de controles oficiales de los productos de origen animal destinados al consumo humano. Además, el Real decreto 640/2006 fija normas de aplicación para otros aspectos que no se contemplan en los citados reglamentos. Asimismo, el Real decreto 3484/2000 establece una serie de requisitos mínimos sin entrar en diferencias según el volumen de trabajo, los tipos de platos que elabora o el tipo de consumidores, de mayor o menor riesgo, que acudan a ellos. Durante los años siguientes, algunas comunidades autónomas desarrollaron normas propias que fijaban diferentes categorías (que nada tienen que ver con las categorías al uso que utiliza el sector de restauración) y fueron definiendo un nivel progresivo de exigencia para, por ejemplo, bares y cafeterías, en un extremo, y grandes restaurantes y hoteles que sirven banquetes multitudinarios, en el otro. Es de prever que, próximamente, otras autonomías sigan este desarrollo normativo.
Todos los alimentos, con el paso del tiempo, sufren distintas alteraciones que determinan la pérdida de sus características hasta convertirlos en productos no aptos para el consumo humano. Esta situación puede ir unida o no a la aparición de manifestaciones externas y visibles que pongan en evidencia esa alteración, así como de la posibilidad de producir daños en el consumidor. A la hora de estudiar las causas, factores y consecuencias del deterioro de los alimentos conviene distinguir entre alteración y contaminación. Aunque ambos conceptos se puedan dar simultáneamente, tienen una trascendencia en la salubridad de los alimentos muy diferente.
La alteración de los alimentos se refiere a la aparición de cambios o modificaciones fácilmente apreciables por los órganos de los sentidos, que muestran en los alimentos una pérdida de sus características de calidad y frescura, y que cualquier persona mínimamente acostumbrada reconoce sin problemas.
Estas modificaciones consisten en formas o colores anormales, olores desagradables, consistencia inusual, etc. Algunos ejemplos son: un pescado con la piel seca, los ojos hundidos u olores pútridos; una carne con tonalidades verdosas o azuladas; un huevo con la cáscara resquebrajada; una lata de conservas abombada u oxidada; una leche ácida o grumosa; o una fruta mohosa.
La contaminación de los alimentos hace referencia a la presencia en los mismos de cualquier agente biológico, físico o químico, ajeno a la composición normal del alimento y no añadido intencionadamente, que pueda comprometer su inocuidad o su aptitud para el consumo, independientemente de que estos agentes contaminantes provoquen o no alteraciones visibles. De hecho, lo normal es que estos agentes no provoquen ninguna modificación apreciable en el alimento ni muestren ningún signo que advierta al consumidor de su presencia, salvo que se utilicen distintas técnicas analíticas, y precisamente es ahí donde radica su peligrosidad. Todas estas alteraciones suelen deberse al crecimiento de bacterias que provocan sustancias de color propio, olores anómalos o secreciones extrañas, pero que normalmente no son de carácter patógeno. Sin embargo, la presencia de estas bacterias refleja que no se han seguido las normas elementales de higiene, por lo que resulta más que probable que, junto a ellas, coexistan otras bacterias que sí son patógenas.
La observación de estas alteraciones en el alimento produce desagrado en el consumidor hasta el punto de que la reacción más lógica es rechazarlo directamente. Por ello, son sanitariamente poco peligrosos. Se trata de un mecanismo de defensa innato que evita, en muchas ocasiones, el consumo de 20
productos contaminados por gérmenes patógenos. Precisamente por esta razón están prohibidas las sustancias y prácticas que disimulen o enmascaren estas transformaciones, puesto que impiden que estos avisos sean apreciables. Las causas y factores contribuyentes que provocan esas modificaciones son varios y podemos clasificarlos en los siguientes grupos: - Contaminación del alimento por microorganismos, parásitos, toxinas, cuerpos extraños o diversas sustancias químicas. - Reacciones químicas ocasionadas por la acción del aire, material de envase u otros elementos sobre los componentes propios del alimento. - Reacciones enzimáticas producidas por sustancias propias del alimento que determinan la aparición de sustancias extrañas. La aparición y el desarrollo de cualquiera de estas causas alterantes y factores contribuyentes dependerán fundamentalmente de la temperatura y del tiempo transcurrido. En muchos productos, los diferentes sistemas de conservación de los alimentos detienen su acción (ese es el objetivo de la conservación de alimentos), por lo que si no se respetan las condiciones de conservación recomendadas, volverán a actuar provocando su rápida alteración como, por ejemplo, si se modifican, esto es, si se abre el envase que protege al alimento o si no se respetan las temperaturas de conservación.
Fuentes de contaminación de los alimentos: biológicas, químicas y físicas
Como ya hemos estudiado, las posibles formas de alteración y contaminación son muy diversas, por lo que el origen de los diferentes agentes contaminantes también va a serlo. En general, podemos diferenciar entre fuentes de contaminación biológicas (bióticas), químicas (abióticas) y físicas (abióticas). En la historia de la seguridad alimentaria nos hemos centrado siempre en las fuentes biológicas de contaminación, sin embargo, en los últimos tiempos se está dando también importancia a los posibles contaminantes de origen industrial y ambiental o derivados de tratamientos agronómicos o tecnológicos de los alimentos como consecuencia de las actividades del ser humano como, por ejemplo, pesticidas, metales pesados, etc.
Las fuentes de contaminación biológicas incluyen todo tipo de microorganismos, en particular bacterias, parásitos y virus que puedan ser patógenos para el ser humano. Cualquier ser organizado solo visible al microscopio se considera microorganismo. Entre los principales microorganismos que nos afectan en este estudio están las bacterias, organismos unicelulares que pueden llegar a causar enfermedades, fermentaciones o putrefacciones en los seres vivos o materias orgánicas. También debemos tener en cuenta los virus, organismos estructuralmente muy sencillos que solo pueden reproducirse empleando el metabolismo de otros seres vivos, y los parásitos, organismos que se alimentan de otros, en general, debilitándolos, pero sin llegar a ser mortales (aunque puede darse el caso). Hay que aclarar que en realidad los parásitos pueden ser microscópicos (como en el caso de protozoos o triquinas) o macroscópicos (como nematodos o anisakis). Todos estos elementos se consideran los principales agentes patógenos o gérmenes, entendiendo como tales aquellos organismos que puedan originar y desarrollar una enfermedad. De esta forma, las fuentes de contaminación biológicas se consideran la forma de contaminación más importante debido a la capacidad de reproducción de las bacterias sobre el alimento hasta cantidades que pueden dañar la salud del consumidor con facilidad. El agente contaminante biológico más frecuente es la salmonela, pero también diversas bacterias (Clostridium, Listeria, Staphylococcus, Escherichia coli, Vibrio parahaemolyticus, etc.), virus (norovirus y hepatitis A) y parásitos (triquinosis y anisakiasis).
Como hemos señalado, la principal causa de contaminación de los alimentos son los microorganismos y entre ellos el agente contaminante más conocido, por ser el más frecuente y el que normalmente se cita en las noticias (prensa, radio y televisión), es la salmonela, responsable del 50 % de los casos de intoxicación alimentaria. Otro microorganismo menos conocido y ya nombrado, pero no por ello menos importante, es el Staphylococcus, una bacteria que se localiza habitualmente en las vías respiratorias, por lo que simplemente hablando, tosiendo o estornudando se puede contaminar un alimento. Este microorganismo produce una toxina resistente al calor, con lo que la elaboración de la comida no la destruye y puede provocar una intoxicación. Respecto a la contaminación microbiológica nos interesa especialmente la figura del manipulador, pues este constituye la principal fuente de contaminación de los alimentos, directa o indirectamente, por acción u omisión (es decir, el manipulador provoca la contaminación o permite su supervivencia), y sus manos son el instrumento más habitual. Resumimos esta influencia en la siguiente tabla: Manipulador de alimentos como fuente de contaminación microbiológica Contaminación directa
Por vía cutánea, a través de manos sucias, uñas, heridas o abscesos
Contaminación cruzada por contacto entre alimentos crudos y elaborados, o por manipularlos sobre las mismas superficies
Por vía respiratoria, al toser o estornudar sobre los alimentos
Contaminación cruzada por ropa, anillos, pulseras, etc.
Por vía digestiva, al no lavarse las manos adecuadamente después de utilizar el servicio
Uso de equipos o utensilios contaminados Empleo de agua no potable
Por estar enfermo o ser portador asintomático de alguna enfermedad de transmisión alimentaria
Presencia de animales domésticos o indeseables
Un manipulador formado y responsable conseguirá evitar todas estas maneras de contaminación de los alimentos mediante el cumplimiento de unas Prácticas Correctas de Higiene (PCH).
La contaminación química suele ocurrir en el mismo lugar de producción primaria y se debe a sustancias como antibióticos utilizados en ganadería o por residuos tanto de tratamientos contra las plagas como de metales pesados. También puede producirse en otros momentos del proceso como, por ejemplo, en el transporte o en el almacenamiento si los alimentos están en contacto con sustancias tóxicas como detergentes, combustibles, lubricantes, pinturas, etc. En general, la contaminación química no es perceptible directamente en el alimento. Su detección por medios analíticos requiere otro tipo de técnicas que no están al alcance de un manipulador en hostelería, ni de muchos laboratorios. Además, se trata de sustancias muy persistentes en el ambiente, ya que pueden tardar años en desaparecer; son muy difíciles de metabolizar y eliminar por parte de los seres vivos. Incluso, una vez en los alimentos los contaminantes químicos no se eliminan con el proceso de elaboración de las comidas preparadas, como pasa en muchos casos de contaminación biológica. Los principales contaminantes químicos que pueden aparecer en los alimentos son los metales pesados (cadmio, plomo o mercurio) derivados de la actividad industrial y los alimentos en los que pueden aparecer son principalmente productos de la pesca; los insectidas (Dicloro Difenil Tricloroetano [DDT]) y otros plaguicidas, que aparecen en los alimentos, en su mayor parte vegetales, por aplicación directa de los mismos; los antibióticos, sobre todo los empleados en el tratamiento de enfermedades del ganado; y los Hidrocarburos Aromáticos Policíclicos (HAP), compuestos difíciles de eliminar que se forman por la combustión de materia orgánica. Las materias u objetos extraños no añadidos intencionadamente a los alimentos y que podrían comprometer su inocuidad, se pueden considerar contaminantes físicos y son parte de los peligros presentes en el proceso de elaboración, almacenamiento y servicio de comidas preparadas. Hasta los alimentos que se están preparando o que estén almacenados puede que lleguen partículas de metal desprendidas de utensilios y equipos, pedazos de vidrio o cristal por rotura de vasos o lámparas, o incluso anillos, pulseras o pendientes de los manipuladores pueden. Todos estos peligros físicos son factores potencialmente capaces de producir daños o heridas en el consumidor.
Si se trata de evitar el crecimiento bacteriano o microbiano sobre los alimentos (y, como consecuencia, su contaminación o alteración) cualquier medida que dificulte, del modo que sea, la llegada o el desarrollo de los gérmenes, aumentará su vida útil en mayor o menor grado. Los microorganismos, entre los cuales se encuentran las bacterias, son seres vivos que para su crecimiento necesitan los mismos requisitos que cualquier
otro ser vivo, es decir, unos nutrientes de los que alimentarse, unas condiciones ambientales adecuadas (temperatura y acidez, principalmente) y un grado de humedad suficiente. El objetivo de cualquier sistema de conservación de alimentos es modificar estas condiciones para impedir o, por lo menos, dificultar significativamente su presencia y desarrollo. La mayor parte de los alimentos poseen cantidades suficientes de nutrientes para ser aprovechados por los microorganismos y bacterias, aunque en función de las proporciones que presenten, propician o dificultan su aparición. Alimentos ricos en proteínas y relativamente pobres en azúcares (carne, pescado, huevos o leche) favorecen el crecimiento de la mayoría de los microorganismos. Por el contrario, los alimentos ricos en azúcares y agua (frutas, verduras o pasteles) son un buen campo de cultivo de mohos y levaduras. Además, existen ciertos alimentos que difícilmente colonizarán los gérmenes (aceite, mantequilla o azúcar). En cualquier caso, la industria alimentaria tiene muy poco margen de maniobra en este campo, ya que no puede reducir los nutrientes (imprescindibles para los humanos), aunque sí modificar la composición del alimento (adición de azúcar en la leche condensada o de aceite en la elaboración de queso y embutidos envasados en aceite). La mayoría de los gérmenes tienen una temperatura óptima de crecimiento, que está en torno a 37 °C (coincidiendo con la temperatura normal del cuerpo humano), pero son capaces de crecer sin grandes dificultades dentro de un amplio rango de temperaturas, entre 10 y 50 °C. En condiciones óptimas de temperatura una bacteria se reproduce, dividiéndose en dos, en unos 20 min, lo que nos llevaría a que al cabo de 7 h una sola bacteria llega a producir más de 2 millones de descendientes y en 12 h, 30 millones. A temperaturas inferiores a 10 °C el crecimiento microbiano se hace cada vez más lento hasta detenerse al alcanzar temperaturas de congelación. Los mohos y levaduras son menos sensibles a las bajas temperaturas y por eso no resulta extraño encontrar alimentos enmohecidos a pesar de haber sido conservados en el frigorífico (problema bastante común en las lonchas de queso o en conservas abiertas). 26
Mientras que temperaturas superiores a 65 °C provocan la inactivación o muerte de la mayoría de los microorganismos presentes (naturalmente, en función del tiempo de tratamiento), pero no podemos olvidar que muchos de ellos muestran formas de resistencia (esporas) que solamente se destruyen cuando se alcanzan los 100 °C.
La presencia de humedad es imprescindible para los microorganismos y por ello su crecimiento se detiene en alimentos pobres en agua (frutos secos, cereales o aceite) o ante tratamientos de conservación que reduzcan la humedad (leche en polvo o salazón). La acidez de los alimentos se mide por su pH, considerando neutro un alimento de pH igual a 7, básico si su pH es superior a esta cifra y ácido si es inferior. El crecimiento microbiano es óptimo cuando el pH está próximo a la neutralidad, reduciéndose cuanto más ácido sea el producto. Este es el principio que se utiliza en el escabeche, las coles fermentadas o los boquerones en vinagre. Los mohos pueden crecer fácilmente en alimentos ácidos, tal como puede observarse en limones o zumo de tomate. 27
Principales factores que afectan al crecimiento bacteriano
Teniendo en cuenta lo que acabamos de explicar, los principales factores que afectan al crecimiento bacteriano y, con ello, a la aparición de un brote de intoxicación alimentaria se pueden resumir como sigue:
- Presencia de microorganismos (en alimentos que no van a recibir un tratamiento térmico suficiente) Factores que contribuyen - Contaminación a partir del manipulador (factor a la contaminación más frecuente) - Contaminación cruzada a partir de superficies, utensilios, etc. Factores que contribuyen - Tratamiento térmico insuficiente (en tiempo o a la supervivencia de los temperatura) o desinfección incompleta microorganismos - Contaminación posterior al tratamiento térmico - Conservación a temperatura ambiente o en Factores que contribuyen refrigeración inadecuada a la multiplicación de los - Recalentamiento insuficiente (inferior a 65 °C) - Descongelación a temperatura ambiente o microorganismos mediante una fuente de calor
Limpieza y desinfección: diferenciación de conceptos y aplicaciones
Se distinguen cuatro operaciones diferentes dentro de la limpieza de las instalaciones: Limpieza, Desinfección, Desinsectación y Desratización (L+DDD). Estas cuatro operaciones persiguen objetivos distintos y se realizan con diversos medios, aunque las dos primeras suelen unirse en una misma actividad y las dos últimas, en una segunda actividad, para la que habitualmente se contrata a una empresa externa especializada. La limpieza elimina mecánicamente restos orgánicos presentes en suelos, paredes, equipos, superficies, menaje, etc., arrastrándolos con el agua de lavado e impidiendo que puedan servir de medio de cultivo para el crecimiento de las bacterias o de atractivo alimento para plagas de insectos o roedores. Las operaciones de limpieza deben realizarse cuanto antes, evitando que esos restos se sequen y se peguen a las superficies (lo cual no solo dificultaría su lavado posterior, sino que permitiría la multiplicación de las bacterias).
Sin embargo, la eliminación de los gérmenes se consigue gracias a la desinfección mediante el uso de distintos productos, solos o incorporados a los productos de limpieza, de acción desinfectante. De este modo, para eludir cualquier peligro de contaminación durante la estancia del alimento en los establecimientos de hostelería, es necesario un plan de limpieza y desinfección de todos los equipos e instalaciones que habrá que cumplir y, posteriormente, verificar1.
Los locales de hostelería, como cualquier otra empresa alimentaria, han de reunir una serie de condiciones estructurales que permitan que el trabajo se desarrolle con todas las garantías sanitarias (espacio de trabajo suficiente; suelos, paredes y techos adecuados; agua potable; iluminación y ventilación suficientes; etc.) y estar dotados de los equipos necesarios para su actividad (instalaciones de frío, lavamanos, ropa de trabajo, etc.). Además, deben construirse con materiales aptos para entrar en contacto con los alimentos y cuyas superficies sean fáciles de limpiar y desinfectar, y resistentes a las operaciones de limpieza. Solo a partir de estos requisitos estructurales se podrán aplicar eficazmente las buenas prácticas de manipulación, los planes de limpieza y desinfección, los programas de recepción de materias primas y de formación de manipuladores, así como las medidas preventivas necesarias para reducir o evitar los posibles peligros. Es inconcebible pretender aplicar todas estas medidas sin contar con los medios estructurales precisos. Se necesitarán también unos equipos y utensilios que, lógicamente, serán los primeros en entrar en contacto con los alimentos que se recepcionarán, elaborarán y almacenarán.
1 En el epígrafe 2.2. se identificarán los requisitos higiénico-sanitarios que deben cumplir las instalaciones y equipos de hostelería y se compararán los distintos productos y tratamientos de limpieza tales como la desinfección, esterilización, desinsectación y desratización, así como sus condiciones de uso.
Estos equipos y utensilios se clasifican en los siguientes tipos: • Equipos fijos: aquellos que por su instalación, tamaño o peso requieren que su situación sea fija; por ejemplo, planchas, parrillas, hornos, freidoras o lavavajillas. • Equipos semifijos: dado su tamaño y utilidad, estos equipos pueden desplazarse a otros lugares dentro las instalaciones. Ejemplos de ellos son batidoras, tostadores o microondas. • Utensilios mayores: aquellos que se precisan para transportar, guardar y elaborar bajo algún proceso las materias primas que se servirán; por ejemplo, ollas, cazos o sartenes. • Utensilios menores: los necesarios para todos los pequeños procesos de elaboración como cortar, pelar, remover, servir, medir o dosificar los diferentes productos alimenticios. Algunos ejemplos son jarras, cuchillos o peladores. Todos los equipos y utensilios empleados en las instalaciones de la cocina deberán ser de materiales resistentes, fáciles de limpiar y desinfectar, razones por las que han de evitarse superficies o útiles de madera. Además, es importante que se almacenen en un lugar específico, protegidos de la contaminación, evitando así que pueda producirse una contaminación cruzada con los productos que se van elaborar. Incluimos también aquí todo el mobiliario, superficies de trabajo, servicios y vestuarios, almacén, etc., que tendrán que estar limpios y en buen estado. Su construcción, composición y estado de conservación reducirán al mínimo el riesgo de contaminación de los productos alimenticios. Del mismo modo, deberán estar fabricados con materiales resistentes a la corrosión, y su composición y estado de conservación permitirán que se limpien perfectamente y, cuando sea necesario, se desinfecten adecuadamente para los fines perseguidos, a excepción de recipientes y envases no recuperables. Además, su instalación permitirá la limpieza adecuada de la zona circundante.
Manual transversal de formación de la familia profesional de Hostelería y Turismo.

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