Source: http://legales.com/tratados/e/eprivilegios.htm
Timestamp: 2013-05-26 02:35:08+00:00

Document:
De la preferencia de los cr�ditos
De la preferencia de los cr�ditos Doctrina Nacional
Jurisprudencia Nacional C�digo Civil Art. 3875. El derecho dado por la ley a un acreedor para ser pagado con preferencia a otro, se llama en este C�digo privilegio.
Art. 3876. El privilegio no puede resultar, sino de una disposici�n de la ley. El deudor no puede crear privilegio a favor de ninguno de los acreedores.
Puede convenirse la postergaci�n de los derechos del acreedor hasta el pago total o parcial de otras deudas presentes o futuras del deudor. (Incorporado por Ley 24.441) Art. 3877. Los privilegios se transmiten como accesorios de los cr�ditos a los cesionarios y sucesores de los acreedores, quienes pueden ejercerlos como los mismos cedentes.
Art. 3878. Los privilegios son sobre los muebles y los inmuebles, o s�lo sobre los muebles, o s�lo sobre los inmuebles. Los privilegios sobre los muebles son generales o particulares. Los privilegios sobre los inmuebles son todos particulares, con excepci�n de los que se designan en el art�culo siguiente, y s�lo se ejercen sobre inmuebles determinados, a no ser que los privilegios generales sobre los muebles no alcancen a cubrir los cr�ditos privilegiados.
Cualquiera sea el privilegio del acreedor, no podr� ejercerse sobre el lecho cotidiano del deudor y de su familia, las ropas y muebles de su indispensable uso y los instrumentos necesarios para su profesi�n, arte u oficio. Sobre estos bienes tampoco podr� ejercerse el derecho de retenci�n. (Párrafo agregado por Ley 12.296). Nota de V�lez al 3878 "El privilegio no grava los muebles con tanta energ�a como los inmuebles. Si se trata de estos �ltimos, el car�cter eminente de la carga que los grava es de seguirlos por cualesquiera transmisiones que pasen. La duraci�n de la posesi�n por el deudor es, al contrario, la medida general de la eficacia del privilegio sobre los muebles. El principio de que, en cuanto a muebles, la posesi�n vale por t�tulo, impide que el acreedor privilegiado los persiga en las manos de un tercer tenedor, con s�lo las excepciones expresas en las leyes".
Art. 3879. Tienen privilegio sobre la generalidad de los bienes del deudor, sean muebles o inmuebles:
1 - Los gastos de justicia hechos en el inter�s com�n de los acreedores, y los que cause la administraci�n durante el concurso; 2 - Los cr�ditos del fisco y de las municipalidades, por impuestos p�blicos, directos o indirectos. Nota de V�lez al 3879 "N° 1. Ley de Bélgica de 16 de diciembre de 1851, artículo 17 - Martou, Privil., n°s. 313 y sgtes. - Zachariae, � 790, nota 1. - Aubry y Rau, � 260, n° 1. - Pont, Privil, n�s. 66 y 69. Dando privilegio a los gastos de Justicia se evita a cada acreedor la lentitud y dificultad de una repartici�n, a prorrata, a que todos son obligados en proporci�n a la importancia de las sumas que deben corresponderles en el activo del deudor. Este privilegio no es en realidad sino un pago anticipado y necesario, hecho del conjunto de los valores destinados a los acreedores. Con este car�cter aparece en el Derecho Romano. - Voet, Ad Pandectas, Lib. 35, T�t. 2, n� 26. El art�culo dice que los gastos de justicia tienen privilegio sobre la generalidad de los bienes del deudor. El privilegio tendr� este car�cter de generalidad toda vez que los gastos hayan sido hechos en inter�s com�n de los acreedores; pero, si han tenido por objeto s�lo una fracci�n del patrimonio del deudor, el privilegio no deber� extenderse m�s all� de esa fracci�n. No es, pues, en un sentido absoluto que debe admitirse la idea de que los gastos de justicia constituyen un privilegio general. El privilegio ser� general si los gastos han procurado una ventaja general; en el caso inverso, y si la ventaja alcanzada es parcial, el privilegio ser� s�lo parcial. Si los gastos han sido hechos en el inter�s individual del acreedor quo los ha pagado, o si hubiesen s�lo aprovechado a alguno de los acreedores y no a todos, la causa de preferencia faltar�a, o no existir�a sino respecto a los acreedores a quienes esos gastos hubiesen aprovechado, y el cr�dito para ellos no ser�a privilegiado, o s�lo lo ser�a limitativamente. Por gastos de justicia se entienden los gastos ocasionados por los actos que tengan por objeto poner los bienes del deudor y sus derechos bajo la mano de la ,justicia. El privilegio es establecido para todos los gastos que los acreedores, a efecto de gozar de sus derechos, no habr�an podido dispensarse de pagar, si otros no hubiesen hecho la anticipaci�n o los trabajos indispensables a eso fin. As�, son gastos de justicia los de inventario, conservaci�n, liquidaci�n y realizaci�n ele los bienes del deudor; los de los pleitos seguidos por los administradores para repeler las pretensiones de terceros, o para demandar las condenaciones de los deudores, y los que cause la administraci�n durante el concurso. Se consideran tambi�n como gastos de justicia todos los que se hagan en inter�s com�n de los acreedores para los fines designados, aunque sean relativos a hechos u operaciones extrajudiciales. Un ejemplo de los gastos hechos judicialmente, pero que no son privilegiados, es el de los de un acreedor en su inter�s particular, para adquirir un t�tulo, o para hacer ejecutivo su cr�dito. Persil, sobre el artículo 2101 - Duranton, tomo XIX, n° 40. - Los gastos a cargo de la parte vencida en el juicio, si no es el administrador, no conciernen m�s que al acreedor que ha litigado. Sin embargo, Duranton, tomo XIX, n� 42, y Persil, sobre el artículo 2101, n° 1, ense�an que estos gastos deben colocarse en el mismo grado que el cr�dito; de modo que siendo �ste privilegiado, ellos deb�an serlo tambi�n. Esta opini�n no ataca en verdad nuestra proposici�n, porque no es como un derecho absoluto, como un cr�dito independiente, colocado en el grado superior de la prioridad de los gastos de justicia propiamente dichos, que esos gastos gozar�an de un privilegio, sino como un accesorio ligado a la suerte del principal, y ocupando una clase variable seg�n la naturaleza distinta y los efectos desemejantes de los diversos cr�ditos privilegiados. Los intereses opuestos de los acreedores llamados a dividir las sumas realizadas pueden hacer nacer pretensiones mal fundadas o exageradas: uno reclama lo que no le es debido; otro, m�s de lo que se le debe, y otro, una causa de preferencia que no le corresponde. La fiscalizaci�n que los diversos pretendientes ejercen mutuamente da lugar a dificultades que crean una categor�a distinta de gastos.
Pongamos algunas hip�tesis. El acreedor cuyo cr�dito se ha contestado, o que se ha querido hacer descender a una clase inferior gana la causa, y pretende el pago de los gastos hechos en el pleito, ya sobre la graduaci�n de su adversario, o cobr�ndolos directamente de la masa de los bienes. Algunos escritores, como lo hemos dicho, consideran estos gastos como accesorios del cr�dito, y les dan el mismo privilegio que al principal. Pero siendo los privilegios de derecho estricto, no son susceptibles de extenderse, ¿No se infringir� esta regla fundamental en la materia, extendiendo el privilegio a cr�ditos que nacen ulteriormente, y que no tienen con �l sino una correlaci�n accidental? Todos los cr�ditos causan pleitos si hay quienes los provoquen. ¿C�mo admitir jur�dicamente que los terceros acreedores que tienen que sufrir la preferencia del cr�dito primitivo deban adem�s sufrir les cr�ditos posteriores, a. los cuales en las condiciones normales no deb�an esperar y que pueden aumentar considerablemente el cr�dito privilegiado?
Otro caso: el debate se empeña entre los acreedores ordinarios; cada uno obra en su inter�s individual; ninguno litiga por la causa com�n. El uno al otro se dir�n; por los gastos que hab�is hecho, ninguna ventaja me resulta, pues que yo he hecho por mi parte lo que correspond�a a mi inter�s. Mas el que ha contestado el cr�dito no queda limitado al recurso contra su adversario, si el resultado de la contestaci�n aprovecha a los otros acreedores. Distingamos las hip�tesis. El privilegio de un acreedor es disputado por un privilegio de una clase menos elevada, o por un acreedor quirografario. El que ha contestado el pretendido cr�dito privilegiado y ha obtenido su reducci�n , o que lo ha hecho descender da un grado, a t�rmino de regalarlo a la masa de los acreedores comunes, ha hecho gastos que pueden llamarse de justicia, puesto que los acreedores aprovechan el resultado adquirido. Supongamos que el cr�dito de un acreedor ordinario es contestado por otro acreedor ordinario. Mientras menos cr�ditos haya cr�ditos haya y sea menor la cantidad de cada cr�dito, mayor ser� la parte con que se contribuir� a los cr�ditos quirografarios. El que ha contestado el cr�dito vencido colocar� con raz�n sus gastos en una clase privilegiada sobre la masa partible, despu�s que los privilegiados est�n satisfechos. Otro ramo de los gastos de justicia es el que so refiero a los actos, procedimientos, cuentas, liquidaci�n, partici�n o licitaci�n en una sucesi�n, sociedad o comunidad cualquiera. Entonces es preciso aplicar las disposiciones para la conservaci�n, liquidaci�n y distribuci�n de los bienes del deudor común. Su car�cter privilegiado no sufre alteraci�n alguna por la circunstancia de haber sido hechos con ocasi�n de una indivisi�n; todos los que han aprovechado como part�cipes o acreedores no pueden oponerse a su pago con preferencia". Art. 3880. Los cr�ditos privilegiados sobre la generalidad de los muebles, son los siguientes:
1 - Los gastos funerarios, hechos seg�n la condici�n y fortuna del deudor. Estos comprenden, los gastos necesarios para la muerte y entierro del deudor y sufragios de costumbre; los gastos funerarios de los hijos que viv�an con �l y los del luto de la viuda e hijos, cuando no tengan bienes propios para hacerlo; 2 - Los gastos de la �ltima enfermedad durante seis meses; 3 - Los salarios de la gente de servicio y de los dependientes, por seis meses, y el de los trabajadores a jornal por tres meses; 4 - Los alimentos suministrados al deudor y su familia durante los �ltimos seis meses. Las �pocas designadas en los n�meros anteriores son las que preceden a la muerte, o embargo de los bienes muebles del deudor; 5 - Los cr�ditos a favor del fisco, y de las municipalidades por impuestos p�blicos. Nota de V�lez al 3880 "N° 1. L. 12,T�t. 13, Part. 1� - L. 45, T�t. 7, Lib. 11, Digesto, De relig. et sumpt. - Marcadé, desde el n° 355 - Troplong, Privil., n° 130. - Zachariae, � 790. - Aubry y Rau, � 260 y nota 11. - Duranton, tomo XIX, n° 50. - Pont, Privil., n° 71. - En Roma los gastos funerarios eran preferidos a todos los cr�ditos, aunque �stos estuviesen garantizados con acciones sobre los bienes. Dice la ley Quidquid in funus erogatur, inter aes alienum primo loco deducitur. Pero no todo lo que se gastaba en el entierro, o por ocasi�n de entierro, era privilegiado. Varios textos del Derecho Romano niegan el privilegio a todos los gastos de lujo, aun cuando el difunto los hubiese ordenado. L. 12, � 5. - L. 14, �� 3 a 6. - L. 32, Digesto De relig. et sumpt. fun. Conviene, pues, hacer una reserva a la regla general, tanto más cuanto que en definitiva se trata menos del inter�s de los herederos que del de los acreedores de la sucesi�n. Esta reserva est� indicada por la Ley Romana, sumptus funeris arbitrantur pro facultatibus et dignitate defuncti. As�, los gastos funerarios comprenden todos los gastos necesarios ocasionados por la muerte y el entierro, salvo, en caso de exageraci�n, la facultad del juez para limitar el privilegio y no concederlo sino por los gastos que correspondan a la condici�n y fortuna del difunto. C�d. de Luisiana, articulo 3160. Seg�n varios jurisconsultos, el lote de la viuda y familia debe ser garantizado con el privilegio de los gastos funerarios. - Duranton, tomo XIX, n° 48 - Persil, Quest., Lib. 1, Cap. 2, � 2. Pero la opini�n contraria es sostenida por autoridades tambi�n muy respetables. Martou, n° 357 - Troplong, n° 136 - Merlin, verb. Deuil, � 2, n° 8 - Nosotros seguimos a Pont, porque tales gastos tienen su causa en las necesidades consiguientes a la muerte de un padre de familia, y el luto es una de esas necesidades que imponen las costumbres. Cargamos con los gastos del luto a los acreedores cuando la viuda o hijos no tengan bienes propios con qu� costearlos. Si un tercero ha hecho los gastos funerarios en su propio nombre, Persil enseña que goza del privilegio si ha tenido cuidado de hacerse subrogar por los herederos o albaceas; pero que si no ha tomado esta precaución ser� un acreedor ordinario que tendr�, s�lo contra la sucesión, la acci�n negotiorum gestorum. Martou combate esta opini�n distinguiendo dos hip�tesis que demandan soluciones diferentes Si el tercero ha ordenado los funerales en su propio nombre, él es, respecto de la sucesi�n, el acreedor directo de las sumas que ha gastado, y no tiene necesidad de subrogaci�n alguna, pues es quien ha hecho realmente los gastos funerarios, y los que han suministrado los objetos necesarios a los funerales, no tienen relaci�n alguna de derecho con la sucesión: ellos eran mandatarios de terceros, y deben ser pagados por el mandante. Esta es tambi�n la opini�n de Voet, Lib. 11, Tít. 7, n°s. VII y VIII.
Hagamos la segunda hip�tesis, el tercero paga con su dinero los cr�ditos de los gastos funerarios, ordenados por el representante de la sucesión. Como la ley no atribuye el privilegio a una categor�a determinada de personas, cualquiera que hubiera ordenado y pagado los gastos funerarios goce de derecho de preferencia. Mas en el caso de la hip�tesis, el que los ha pagado es un simple prestador de fondos; no es acreedor por gastos funerarios, pues que este cr�dito est� extinguido por el pago: sus derechos no se diferencian de los de cualquier otro prestador: si él quiere ejercer el privilegio debe hacerse subrogar. Véase Mourlon, tomo I, desde la página 203. N� 2. Martou, Privil., desde el n� 362 - Pont, Privil., n� 75 - Persil, sobre el artículo 2101, � 3 - Aubry y Rau, � 260, n� 3 - Zachariae, � 790. Por gastos de la �ltima enfermedad entiende todo lo que es debido por el tratamiento de la enfermedad, y principalmente los honorarios de los m�dicos o cirujanos, el valor de los remedios y el salario de los asistentes. En algunos C�digos se determina por �ltima enfermedad aquella de que el deudor ha muerto. Troplong dice lo mismo fund�ndose en que, si el enfermo ha sanado, el m�dico o cirujano tiene s�lo una acci�n personal contra el deudor. Pero nuestro art�culo comprende tambi�n la �ltima enfermedad de que hubiese curado el deudor. Que se diga que la deuda del m�dico que ha perdido su enfermo no es menos favorable que la del que lo ha curado, se concibe; pero preferir el primero al segundo, rehusar a �ste una recompensa que se concede a aqu�l, es faltar a la l�gica y a la justicia - V�ase Mourlon, n� 73 - Seg�n Duranton, no se deben declarar privilegiados los gastos de la �ltima enfermedad, sino aquellos que son hechos seg�n la condici�n y fortuna del deudor, como est� prescripto respecto a los gastos funerarios. Puedo haber lujo en estos �ltimos gastos, pero basta decir que regularmente no hay ostentaci�n de remedios. Los gastos de la �ltima enfermedad son sin duda privilegiados cuando la quiebra ha sido declarada despu�s de la muerte del deudor, pero si la quiebra ha precedido a la enfermedad, muera o sane el enfermo, los gastos posteriores a la quiebra no son privilegiados, porque las deudas que el fallido ha contra�do cuando ya est� desapoderado de sus bienes no pueden tener esos bienes por garant�a. N� 3. Aubry y Rau, � citado, n� 4. - Zachariae, � citado, nota 8. - Pont, n� 79 - Martou, n� 371. N� 4. Zachariae � citado - Martou, n� 376. - Troplong y otros jurisconsultos entienden por alimentos lo que los Romanos llamaban cibaria, los comestibles. Nosotros entendemos todo lo que es necesario al consumo diario de una casa o de la persona, como el vestido, el alumbrado, etc.". Art. 3881. Cuando el valor de los inmuebles no hubiese sido absorbido por los acreedores privilegiados o hipotecarios, la porci�n del precio que quede debida, es afectada con preferencia al pago de los cr�ditos designados en el art�culo anterior.
Art. 3882. Los cr�ditos privilegiados sobre los bienes muebles se ejercen seg�n el n�mero que indica su clasificaci�n. Los de un mismo n�mero concurren a prorrata, si fuesen de igual condici�n.
Nota de Vélez al 3882: "En general, los privilegios que la ley abraza en el mismo n�mero son de la misma condici�n, aunque nacidos en �pocas diferentes; y as� deben concurrir juntos, no obstante la diferencia do sus techas. Esto tiene lugar, por ejemplo, en los gastos mortuorios, en los de lee �ltimos �ltima enfermedad, etc. Mas respecto a los privilegios, fundados sobre consideraciones de otra naturaleza, se puede decir en general que es la regla inversa la que los rige. - En el mayor n�mero de casos la clasificaci�n se hace teniendo en consideraci�n su fecha. La prioridad del tiempo da ya la prioridad o impone la inferioridad del orden. As�, cuando un bien ha sido vendido sucesivamente por muchas personas y que ninguna do ellas ha sido pagada, la anterioridad en la fecha da be prioridad en el orden, el primer vendedor es preferido al segundo y �ste al tercero. Pero si al contrario, muchos obreros hubiesen hecho en diversas �pocas reparaciones sobre el mismo objeto, la prioridad del tiempo causa la inferioridad en el orden para el pago. El acreedor m�s reciente es preferido al acreedor m�s antiguo. La diferencia de fechas en este caso es esencial: imprime a los acreedores m�s recientes un car�cter particular que los hace hu�s privilegiados que los que preceden en tiempo. - La equidad exige que los acreedores que, por su trabajo o por sus gastos, han conservarlo la garant�a o prenda de los cr�ditos de los otros, sean pagados antes que ellos. Cuando los obreros han sido en diferentes tiempos llamados a reparar la misma cosa, hay entre ellos la diferencia decisiva que los obreros llamados �ltimamente han conservado por su trabajo el privilegio de los obreros que les han precedido, mientras que ellos no obtienen ning�n provecho de los trabajos anteriores. Esta diferencia constituye por su naturaleza non causa leg�tima de preferencia. Si las condiciones de los cr�ditos difieren: si no son do la misma calidad; si la una es m�s favorable que la otra, no puede, decirlo que he circunstancia de hallarse en el mismo n�mero hace que los cr�ditos sean de la misma condici�n. Siendo imposible que la ley designe las condiciones todas de los cr�ditos que se hallan en el mismo n�mero, el orden de ellas para el pago queda librado a los jueces. - V�ase Mourlon, Examen cr�tico, desde el n� 32". Art. 3883. Gozan de privilegio los cr�ditos por alquileres o arrendamientos de fincas urbanas o rurales, sean los acreedores los propietarios de ellas, o sean los usufructuarios o locatarios principales, a saber: por dos a�os vencidos, si se trata de una casa; por tres a�os vencidos, si se trata de una hacienda de campo. Las cosas sobre que se ejerce este privilegio son todos los muebles que se encuentran en la casa, o que sirven para la explotaci�n de la hacienda rural, salvo las excepciones consagradas por este C�digo, aunque no pertenezcan al locatario, introducidos all� de una manera permanente o para ser vendidos o consumidos. El dinero, los t�tulos de cr�dito que se encuentren en la casa, y las cosas muebles que s�lo accidentalmente est�n all�, de donde deben ser sacadas, no est�n afectadas al privilegio del locador, cuando �l ha sido instruido de su destino, o cuando �ste le ha sido conocido por la profesi�n del locatario, por la naturaleza de la cosa o por cualquier otra circunstancia, como tambi�n los muebles que el locador sab�a que no pertenec�an al locatario, y las cosas robadas o perdidas, que no son comprendidas en este privilegio. Nota de Vélez al 3883: "Aunque no se pueden adquirir derechos sino sobre los bienes de las personas con quienes se contrata, sin embargo, todos los bienes introducidos en la casa alquilada, están comprendidos en el privilegio del locador, pertenezcan o no al locatario, con tal que el locador, en el último caso, ignore que pertenecen a un tercero. Por lo tanto, la reivindicación de los objetos que el locatario tiene a título de locación o de prenda, no puede dañar al propietario de la casa donde ellas se encuentran. El tiene sobre esas cosas una clase de posesión de garantía, que le permite oponer la regla de que respecto de los muebles la posesión vale por título. El propietario de ellas, que las ha entregado o que las ha prestado al locatario, ha confiado en su buena fe, que se las devolvería o pagaría su valor, si directa o indirectamente disponía de ellas, o las sujetaba a derechos preferentes. El locador que las ha visto en su casa, ha debido creer que pertenecían a su locatario, y ha contado con ellas como una garantía del contrato. Es preciso decir del propietario locador, que cuenta adquirir un derecho de prenda sobre los muebles introducidos en su casa, lo que se dice del comprador que trata de adquirir la propiedad; su posesión de la cosa, unida a su buena fe, da al poseedor, por una especie de prescripción instantánea, el derecho, cualquiera que sea, que ha creído adquirir.
El Cód. Francés disponía que las cosas sobre que se ejercía el privilegio del locador, eran los muebles que adornaban la casa, y esto ha traído mil cuestiones entre los jurisconsultos sobre la clasificación de los muebles que adornan una casa. Nosotros, después de la ilustrada discusión sobre la materia en que entra Mourlon desde desde el n° 83, decimos en el artículo que se encuentran en la casa, lo cual es conforme a las leyes romanas, y a la ley de Partida. Las excepciones que ponemos se justifican por sí mismas. Así, cuando plantas de árboles han sido accidentalmente puestas en una casa alquilada, cuando el equipaje de un viajero se ha puesto en una posada, o cuando los relojes se han confiado a un relojero para componerlos, el locador sabe, o debe saber que tales objetos no están en su casa sino de paso, para ser pronto sacados de allí; él no ha debido contar con ellos: se comprende entonces que escapan a su privilegio; mas cuando la profesión de su locatario o la naturaleza misma de las cosas introducidas en su casa no indican que ellas no están sino accidentalmente: cuando su destino ordinario y habitual debe más bien hacerle creer que han sido llevadas para permanecer allí; como cuando los instrumentos del cultivo de una hacienda se introducen en ella, el locador puede entonces contar con esas cosas para su seguridad. Si no se le instruye por una declaración formal, ¿cómo podría saber que sólo estaban en su casa accidentalmente y de paso?, ¿qué signo le habría revelado su destino? El hombre más cuidadoso de su derecho habría tenido la misma creencia que él. En este punto no hay que juzgar sino una mera cuestión de buena fe: que los muebles estén en la casa para permanecer en ella, o que no estén sino de paso, ¿qué importa si el locador ha creído y ha podido creer legítimamente que eran introducidos para permanecer allí?
La excepción no puede aplicarse a las mercaderías. Aunque no estén para permanecer en los almacenes o tiendas, están obligadas al pago de los alquileres, como que el alquiler ha tenido por fin conservarlas allí para venderlas, y regularmente para reponerlas con otros efectos.
La excepción comprende el dinero, cuyo destino es gastarlo fuera de la casa; los títulos de crédito, porque ellos no son parte de las cosas que estén en la casa, sino simples instrumentos que sirven para probar la existencia de los créditos; y los muebles que el locador sabía que no pertenecían al locatario.
La razón del privilegio no existe cuando el locador hubiese sabido que las cosas introducidas en la casa pertenecían a otro. En tal caso, habría podido exigir otras garantías. El conocimiento que se debe dar al locador de los derechos de los terceros, en las cosas introducidas en la casa, debe ser en el momento de la introducción de las cosas en la casa alquilada. Un conocimiento adquirido posteriormente, le sería ineficaz pues él ha podido considerar como garantía de los alquileres las cosas introducidas por el locatario. Martou, desde el n° 412. Hay, sin embargo, ciertos casos en que la naturaleza de los muebles unida al destino de los lugares a que han sido conducidos, basta para que el locador sepa que no son del locatario, como por ejemplo, los muebles que según el uso de las casas de educación o colegios, llevan los pensionistas. Martou, desde el n� 407, combate la generalidad de la doctrina que forma nuestro artículo; pero lo hace fundado únicamente en el texto del Cód. Francés, que limita la garantía del locador a los muebles que adornan la casa.
La excepción que ponemos comprende las cosas robadas o perdidas. El que preste cosas muebles a un locatario, o que por otra causa las coloca en casa de él, consiente tácitamente en que quedan afectadas al locador, pero cuando se trata de un mueble robado o perdido, no puede decirse que su dueño lo ha afectado a la seguridad del crédito del locador, pues ignora en qué casa se encuentra, o si el que lo ha robado o hallado, ocupa o no una casa alquilada. En tal caso, el derecho de prenda del locador no puede ser más protegido que el derecho de propiedad. Y, pues, que el comprador de un mueble robado o perdido no puede conservar el derecho de propiedad que ha creído adquirir, es evidente que el locador no podrá, con más razón, estar autorizado a conservar la prenda de su crédito, sobre la cual había contado. V�ase Pothier, Louage, n� 243 - Persil, sobre el art�culo 2102 - Duranton, tomo XIX, n� 81". Art. 3884. El privilegio del locador garantiza, no s�lo los alquileres que se deban, sino tambi�n todas las otras obligaciones del locatario, que se derivan del contrato de arrendamiento.
Nota de Vélez al 3884: "Sobre todo lo comprendido en los dos art�culos anteriores L, 9. Tit. 17, Lib. 3, Fuero Real - L. 5,T�t. 8, Part. 5� - L. 6,T�t. 11, Lib. 10, Nov. Rec. - Cód. Francés, art�culo 2102 - Artículo 20 de la Ley de Bélgica, de 16 de diciembre de 1851- LL. 2 y 4, T�t. 2, Lib. 20, Digesto - Martou, Privil., desde el n� 385.- Mourlon, Examen cr�tico, desde el n� 83 - Zachariae, � 791, nota 9 ´- Pont, Privil., desde el n� 117, - Aubry y Rau, � 261 - Troplong, Privileg. n� 152. Señalamos dos y tres años para el ejercicio del privilegio, porque el locador que sufre dos o tres años de atraso en los alquileres o arrendamiento es culpable de una negligencia que no sería justo que sufriesen los otros acreedores". Art. 3885. Si los muebles gravados con el privilegio hubiesen sido sustra�dos de la casa alquilada, el propietario de ella puede, durante un mes, hacerlos embargar para hacer efectivo el privilegio, aunque el poseedor de ellos sea de buena fe.
Nota de Vélez al 3885: "V�ase L. 5,T�t. 8, Part. 5� - Martou, desde el n° 432 - Aubry y Rau, � 261 - Zachariae, � 791 - Pont., Privileg. n° 130 y sgtes. El consentimiento del locador para que los muebles se saquen de la casa puede ser expreso o t�cito, y en ambos casos no puede reclamarlos. La cuesti�n de saber si hay consentimiento tácito depende del examen de las circunstancias. Los Tribunales apreciar�n si los hechos alegados importan un consentimiento t�cito. Obsérvese que hay una clase de mudanza de los muebles a otra casa o lugar, que desde el origen del alquiler, supone necesariamente el consentimiento tácito del locador, y son los que éste a podido prever por razón de los lugares alquilados o de la profesión del locatario. Cuando un propietario alquila una tienda a un negociante o arrienda a un agricultor una heredad rural, la enajenaci�n o mudanza a otro lugar de los efectos son operaciones legítimas, porque son inevitables y de la esencia de las cosas. No puede decirse así si el transporte de los efectos fuese extraño al ejercicio regular de la profesión del locatario y al movimiento normal de sus negocios. La presunción del consentimiento falta entonces".
Art. 3886. El posadero goza del privilegio del locador, bajo las mismas condiciones y excepciones, sobre los efectos introducidos en la posada, mientras permanezcan en ella, y hasta la concurrencia de lo que se le deba por alojamiento y suministros habituales de los posaderos a los viajeros. El privilegio no comprende los pr�stamos de dinero, ni se da por obligaciones que no sean las comunes de los viajeros. Nota de Vélez al 3886: "Martou, Privileg., desde el n° 498 - Persil, sobre el artículo 2102, � 5. - Pont, Privileg., n°s. 163 y sgtes. - Troplong, Privileg. n° 204". Art. 3887. Goza de igual privilegio, el acarreador sobre los efectos transportados que tenga en su poder o en el de sus agentes, y durante los quince d�as que sigan a la entrega que hubiese hecho al propietario, por el importe del transporte y gastos accesorios. Nota de Vélez al 3887: "Ley de Bélgica de 1851, artículo 20, n° 7 - Aubry y Rau, � 261 - Duranton, tomo XIX, n° 134 - Persil, sobre el art�culo 2102 - Martou, n° 509. - Pont, Privileg., n° 708 - Las consideraciones que legitiman este privilegio reposan sobre los servicios que el acarreador hace a la sociedad facilitando las relaciones de negocios: sobre la necesidad en que lo pone su ejercicio de estar a la disposici�n de personas cuya solvencia no puede apreciar, y en fin, sobre �l pesa el grave cargo de la conservaci�n do las cosas confiadas a su cuidado. La Ley y los autores franceses citados s�lo dan veinte y cuatro horas al acarreador para reclamar su privilegio, despu�s de entregar los efectos conducidos. Mourlon, desde el n° 45, ha criticado esa resoluci�n con los mejores fundamentos, y siguiendo su opini�n extendemos el t�rmino a quince d�as. El privilegio sobre la cosa conducida no se extiende a las sumas debidas por transportes precedentes. Es necesario considerar los viajes del mismo acarreador como hechos por acarreadores diferentes. El privilegio no puede extenderse de un transporte a otro cuando las cosas conducidas han sido el objeto de contratos distintos; pero otra cosa ser� cuando se trate en globo de cosas determinadas que sean el objeto de un solo contrato y formen bajo un solo precio una sola operaci�n; entonces es indiferente que el transporte se efectúe o no por viajes repetidos. El modo de la ejecuci�n de una operaci�n indivisible no altera su car�cter de indivisibilidad. El acarreador puede, pues, reclamar sobre los objetos del �ltimo viaje todo lo que sea debido par el todo de los transportes. Pero la unidad de la operaci�n para legitimar la extensi�n del privilegio a gastos de conducciones anteriores no resultar�a de la simple consideraci�n que los transportes sucesivos hubiesen tenido lugar bajo condiciones id�nticas". Art. 3888. Son privilegiadas las sumas debidas por las semillas y por los gastos de la cosecha, sobre el precio de esa cosecha. Nota de Vélez al 3888: "Martou, n° 440. Porque no hay frutos sino deducidos los gastos. El privilegio comprende s�lo las semillas vendidas y los trabajos de la cosecha del año, y no la de los años anteriores". Art. 3889. La prenda da al acreedor el derecho de hacerse pagar con preferencia a los otros acreedores, salvo las excepciones que en este t�tulo se establecen. El privilegio no subsiste, cuando la prenda ha salido del poder del acreedor. Nota de Vélez al 3889: "L. 41 y ss.T�t. 13, Part. 5� - C�d. Francés, artículo 2073 y sgtes.- Pont, n° 137 - Martou, n° 449 - V�anse los arts. 3204 al 3238 de este C�digo. La posesi�n, fundamento del privilegio del pignoraticio, no debe tener nada de incierto ni de equ�voco. Si los terceros han podido ser inducidos en error sobre la disposici�n del deudor, si ellos han podido creer que el mueble empeñado estaba en su poder libre de toda obligaci�n, el derecho de preferencia cesar�a de pertenecer al acreedor. Sobre la naturaleza del derecho de prenda ha nacido una dif�cil cuesti�n entre los jurisconsultos. Unos enseñan que cuando la Ley, o nuestro artículo 3218 dispuso que si existiese por parte del deudor que ha dado la prenda, otra deuda al mismo acreedor contraída posteriormente, que viniese a ser exigible antes del pago de la primera, el acreedor no est� obligado a volver la prenda antes de ser pagado de una y otra deuda: ella se refiere sólo al deudor que pagando la primera deuda quisiese que se le devolviese el objeto dado en prenda, y no a terceros. Mourlon, n° 227, sostiene de una manera general que en tal caso, si hay un derecho, ser� sobre la prenda por la segunda deuda, lo mismo que por la primera con el cual puede resistirse la acci�n de terceros. Martou, desde el n° 453, expone los fundamentos de una y otra opini�n". Art. 3890. Si el acreedor ha sido despose�do de la prenda contra su voluntad, puede reivindicarla durante tres a�os.
Nota de Vélez al 3890: "C�d. Franc�s, artículo 2279 - Martou, n° 452 - Mourlon, Examen crítico, n° 112 - Persil, Privil., sobre el art�culo 2102 - Duranton, tomo XIX, n° 105". Art. 3891. El cr�dito del obrero o artesano tiene privilegio por el precio de la obra de mano, sobre la cosa mueble que ha reparado o fabricado, mientras la cosa permanezca en su poder. Nota de Vélez al 3891: "C�d. de Luisiana, artículo 3184, n° 2".
Art. 3892. Los gastos de conservaci�n de una cosa mueble, sin los cuales �sta hubiese perecido en todo o en parte, deben ser pagados con privilegio sobre el precio de ella, est� la cosa o no en poder del que ha hecho los gastos. Los simples gastos de mejoras que no tengan otro objeto que aumentar la utilidad y el valor de la cosa, no gozan de privilegio. Nota de Vélez al 3892: "Martou, n�s. 455 y sgtes. - Aubry y Rau, � 261, n° 4 - Pont, Privil., n°s 140 y sgtes. - Troplong, n° 176 - Persil, sobre el art�culo 2102 - V�ase Zachariae, � 791. Este privilegio era admitido por las Leyes Romanas, LL. 5 y 6, Tít. 4, Lib. 20, Digesto, por la raz�n de que el conservador hab�a salvado la cosa com�n a todos. Salvam fecit totius pignoris causam. El privilegio no reposa sobre un derecho de prenda, y es independiente de la detenci�n de la cosa por el acreedor. Basta que el mueble conservado est� en poder del deudor; pero si sale del poder de �ste por una enajenaci�n que hiciere, el privilegio se pierde, porque la posesi�n equivale al t�tulo, y por privilegio no se puedo ir contra el tercer poseedor. El privilegio existe en el caso de una conservaci�n parcial de la cosa, como en el de una conservaci�n total. Varios jurisconsultos, entre ellos Zachariae, 791, n° 3. - Battur, Privil., n° 49, y principalmente Troplong y Grenier, sostienen que el privilegio dado al que ha conservado la cosa, deber�a extenderse al que la hubiese mejorado, en cuanto la mejora hubiera aumentado el valor de ella. - Mourlon, desde el n° 14, combate extensamente la doctrina de Troplong. Es verdad que bajo cierto punto de. vista hay m�s mérito en mejorar una cosa que en conservarla, pues que el mejorante aumenta con un valor nuevo el patrimonio del deudor, mientras que el conservador no hace sino mantener lo que encuentra. Pero obsérvese que el privilegio del conservador se establece sin dificultad, sobre el valor �ntegro de la cosa, sin que sea necesario una estimaci�n previa. Lo contrario suceder�a respecto a los gastos de mejora, que ser�a necesario separarlos del valor de la cosa. Ser�a preciso proscribir formalidades costosas, complicadas y muchas veces impracticables, para calcular el valor primitivo y separarlo con precisi�n del valor adquirido. Al mejorante le bastar� el derecho de retenci�n, si la cosa est� en su poder. Art. 3893. El vendedor de cosas muebles no pagadas, goza de privilegio por el precio sobre el valor de la cosa vendida, que se halle en poder del deudor, haya sido la venta al contado o a plazo. Si la cosa ha sido revendida y se debiese el precio, el privilegio se ejerce sobre el precio. Nota de Vélez al 3893:. "Mourlon, Examen cr�tico, n� 119 - Aubry y Rau, � 261, n° 5. - Duranton, tomo XIX, n° 126 - Pont, n° 147 - Martou combate la resoluci�n de la �ltima parte del art�culo, desde el n° 475, pero nos han parecido superiores las consideraciones de Mourlon, en el lugar citado, para resolver que el privilegio se ejerce sobre el precio cuando la cosa ha sido revendida".
Art. 3894. El privilegio del vendedor no puede ser ejercido cuando la cosa vendida y no pagada ha sido dada en prenda, ignorando el acreedor los derechos del vendedor. El privilegio de �ste subsiste s�lo en el valor restante de la cosa, pagado que sea el acreedor pignoraticio. Pero el privilegio del vendedor no se extingue cuando el acreedor pignoraticio sab�a que la cosa recibida en prenda no estaba pagada. Nota de Vélez al 3894:. "Martou, n° 478 - Mourlon, n° 118 - Aubry y Rau, � 261 - Pont. n°s. 151 y sgtes.". Art. 3895. Tampoco puede ejercerse el privilegio del vendedor, cuando las cosas vendidas y no pagadas han sido puestas en una casa alquilada, hasta quedar pagado el locador de lo que se le debe por alquileres, desde que se introdujeron las cosas vendidas y no pagadas, a no ser que el vendedor pruebe que el locador sab�a que no estaban pagadas. Pero el cr�dito del locador por alquileres vencidos anteriores a la introducci�n en la casa de las cosas vendidas y no pagadas, cede al privilegio del vendedor, si �ste intentase la reivindicaci�n de ellas en el t�rmino de un mes desde la venta que hizo.
Nota de Vélez al 3895:. "Pongamos el caso del arrendamiento de una casa por tres años; y el inquilino, debiendo ya un año de alquileres, introduce en la casa un costoso amueblamiento que a�n no ha pagado. El vendedor de los muebles no pudiendo cobrar del inquilino el valor de ellos, quiere reivindicarlos, y el dueño de la casa le opone su privilegio para ser pagado con el precio de todos los muebles que existen en la casa alquilada. ¿Qu� decidir? Si no se hace lugar a la pretensi�n del locador, su condici�n quedar� despu�s de sacados los muebles tal como era antes de la introducción de ellos en la casa: �l s�lo hab�a dejado de mejorarla y de aumentar su garant�a, Mourlon, n° 138. Supongamos la soluci�n inversa. La fortuna del vendedor pasa entonces al patrimonio del locador, se arruina al uno para enriquecer al otro, tan s�lo porque los muebles vendidos han tocado el suelo de la casa alquilada. El locador no puede decir que le ha dado cr�dito al locatario, en consideraci�n de los muebles que actualmente se encuentran en su casa, puesto que a la �poca del alquiler estos muebles no se llevaron all�. No se le engaña, por lo tanto, en sus leg�timas esperanzas, permitiendo al vendedor que los reivindique. Si los muebles sobre que quiere asentar su privilegio se encuentran en su casa, es s�lo por un accidente. Pothier opina por la reivindicaci�n del vendedor en el caso que tratamos. "Si una persona, dice, vende muebles a mi locatario, a pagarlos al contado, y deja llevarlos a la casa que el locatario ocupa, ¿podr� impedir que los reivindique por falta de pago? Yo crea que no, porque el vendedor, vendiendo al contado, no ha querido deshacerse de ellos sino cuando se le pagasen, y no puede decirse que ha consentido en quedar obligado a los alquileres. Se nos puede arg�ir con la resolución que antes hemos dado, por la cual preferimos el pignoraticio al vendedor no pagado de la cosa dada en prenda: lo mismo debería resolverse sobre la prenda tácita que recibe el locador de los muebles que se introducen en la casa. Pero téngase presente que limitamos la reivindicación a solo un mes, tiempo que no puede causar un mal grave al locador. la p�rdida de un mes de alquileres, y que tiene todav�a la garant�a de los muebles introducidos en la casa al tiempo del arrendamiento. Si prefiri�semos el vendedor al pignoraticio, �ste perder�a todo el capital dado con garantía de la prenda: la deuda toda constituida a su favor desde el principio del contrato". Art. 3896. El privilegio del vendedor subsiste aunque la cosa, estando en poder del comprador, hubiese sufrido cambio, siempre que la identidad de ella pueda establecerse. Nota de Vélez al 3896: "Los muebles est�n sujetos a transformaciones que modifican su naturaleza. ¿Qu� influencia tienen sus transformaciones sobre la suerte del privilegio del vendedor? Troplong, Privileg., n°s. 109 a 116, adopta la teor�a de Cujas. Si la cosa ha cesado de ser lo que era para transformarse en una una especie diferente, el privilegio se ha o perdido, a no ser que el cambio no sea definitivo, y que la materia pueda volver a la especie primitiva. Si la cosa no ha recibido sino mejoras o disminuciones que no impiden que conserve que su primitiva especie, el privilegio continúa.
Algunos encuentran muy rigurosa la resoluci�n de Cujas. Mourlon, Examen crítico, desde el n° 64, sostiene extensamente que el privilegio del vendedor debe conservarse, siempre que los cambios hechos en la cosa no impidan comprobar su identidad; que el privilegio no se pierde sino cuando la cosa est� completa y absolutamente destruida, cuando no exista ninguna parte visible de ella, ni se la puede reconocer, como se resuelve en el artículo. Martou, desde el n° 479, ha tratado de las diversas opiniones sobre la materia". Art. 3897. Si el depositario ha abusado del dep�sito, enajenando la cosa que ha sido confiada a su cuidado; o si su heredero la vende, ignorando que la cosa que hallaba depositada, el depositante tiene privilegio sobre el precio que se debiese. Nota de Vélez al 3897: "C�d. de Luisiana, artículo 3190". Privilegios sobre los bienes muebles (*) C�digo Civil (*) Nota de Vélez al Capitulo III: "Los jurisconsultos se han dividido sobre la cuesti�n de si los privilegios especiales deb�an se preferidos a los privilegios generales, o si �stos a aqu�llos. Algunos opinan que el favor acordado a los privilegios generales da alertar la totalidad do los muebles o inmuebles, y aun s�lo la totalidad do los muebles, los colocar�a necesariamente en primera l�nea. Parece quo deb�a favorecerse en primer lugar, a los que hab�an asegurado al deudor insolvente sus alimentos, los cuidados en su enfermedad y una sepultura decente. Debe suponerse que no habr�a acreedor que se negara a que su deudor fuese auxiliado en su miseria, curado estando enfermo, y enterrado cuando muriese. Tales gastos, pues, se juzgan hechos con el consentimiento de todos, y tienen por cansa servicios de primer orden que no pueden olvidarse, por deudas contra�das en las transacciones de la vida com�n. Troplong, Privil., n� 73. - Grenier, n� 298. Otros autores hacen prevalecer el privilegio especial sobre el privilegio general, porque el primero crea, por raz�n de la causa a que debe su origen, una clase de derecho a la cosa misma, derecho en perjuicio del cual los privilegios generales no pueden apropiarse esa parte del patrimonio del deudor, porque el acreedor de privilegio especial no ha con-sentido en ser tal acreedor, sino bajo la condici�n de una obligaci�n particular. Los privilegios generales no pueden tomar el conjunto de los bienes, sino en el estado en que cada uno se encuentre; es decir, respetando las obligaciones especiales de que han sido el objeto individual. - Persil, sobre el artículo 2101. - Duranton, Privil., n° 203. - Mourlon, n° 198. Un tercer sistema combina los privilegios generales con los privilegios especiales, seg�n la apreciaci�n de sus causas respectivas. Pretender que cada privilegio pueda hallarse en la primera o segunda clase, seg�n sea general o especial, es atacar el principio dominante en la materia, pues que el car�cter de generalidad o especialidad, no es la consecuencia del grado de favor de que el privilegio goce a los ojos de la ley, sino s�lo el resultado de la naturaleza misma del cr�dito, por cuya raz�n el privilegio se ha establecido. - Aubry, � 289, y nota 2. - V�ase Martou, n� 518. Nosotros seguiremos este �ltimo sistema, al reglar el orden en que los diversos cr�ditos deben ser pagados". Art. 3898. Si los muebles no afectados a privilegios especiales son suficientes para pagar las deudas que tienen un privilegio general sobre los muebles, �stos se pagar�n en el orden en que est�n colocados en el art�culo 3880. Art. 3899. Cuando una parte de los muebles est� afectada a privilegios especiales, y lo restante del valor de ellos no baste para el pago de los cr�ditos privilegiados sobre la generalidad de los muebles, o si hay concurrencia entre los privilegios especiales, se estar� a las disposiciones de los art�culos siguientes. Art. 3900.. Los gastos de justicia son preferidos a todos los cr�ditos, en el inter�s de los cuales se han causado.
Art. 3901. Los gastos hechos para la conservaci�n de la cosa son preferidos a todos los cr�ditos, en el inter�s de los cuales han sido tambi�n hechos. Son preferidos a los gastos de la �ltima enfermedad, a los sueldos o salarios de la gente de servicio, a los alimentos del deudor y su familia, y a las deudas al Fisco y Municipalidades; pero el privilegio del conservador es preferido por los gastos funerarios, y por los causados para la venta de la cosa conservada. Nota de Vélez al 3901: "Martou, Privil., n° 521. El conservador de la cosa ha trabajado en el interés de todos los acreedores anteriores. Sin él, la cosa afectada hubiera perecido. No puede decirse lo mismo de los cr�ditos posteriores. A la verdad, sin los gastos y trabajos del conservador de la cosa, las acreedores posteriores no habr�an podido asentar en ella la garant�a de sus cr�ditos. Pero faltando la cosa conservada, o no habr�an tratado con el deudor, o habr�an establecido su garant�a sobre otro objeto. Nada les importa que se hubiesen hecho o no los gastos de conservaci�n, pues la cosa no habr�a sido afecta al cr�dito de ellos".
Art. 3902. Si los gastos de conservaci�n han precedido a la obligaci�n de la cosa al cr�dito del locador, del pignoraticio, del posadero y del acarreador, estos �ltimos gozan de preferencia, si al momento de la constituci�n expresa o t�cita de la prenda en garant�a, no ten�an conocimiento del cr�dito del conservador de la cosa. Nota de Vélez al 3902: "Martou, desde el n� 521 - Los privilegios generales posteriores no son preferidos a los gastos de conservaci�n, como lo son los privilegios especiales posteriores". Art. 3903. Si muchas personas han conservado la misma cosa sucesivamente, el conservador m�s reciente es preferido a los m�s antiguos; y as�, los cr�ditos de los que han conservado la cosa, cuando cada uno de ellos ha hecho una operaci�n de conservaci�n distinta, los �ltimos son preferidos a los primeros; pero si varias personas han trabajado o hechos gastos en diferentes operaciones, ligadas por la comunidad de su fin, sus cr�ditos ser�n pagados por concurrencia entre ellos.
Art. 3904. Los gastos de la venta de los muebles afectos al privilegio del locador, los gastos funerarios y los de la �ltima enfermedad, gozan de preferencia al privilegio del locador sobre el precio de los muebles que se hallan en la casa; mas el locador es preferido sobre el precio de dichos muebles a todas las otras deudas privilegiadas del deudor. Art. 3905. Si entre los muebles que se hallen en la casa o en la heredad, se encuentran algunos objetos que han sido depositados por un tercero, el locador ser� preferido al depositante sobre las cosas depositadas, si no existiesen otros muebles afectos a su privilegio, o si ellos no fuesen suficientes; a menos que se pruebe que el locador sab�a que las cosas depositadas no pertenec�an al locatario. Art. 3906. A excepci�n del caso del art�culo anterior, el privilegio del depositante no es preferido por ning�n otro cr�dito privilegiado; pero est� obligado a contribuir a los gastos necesarios al inventario y conservaci�n de la cosa depositada. Art. 3907. El acreedor pignoraticio, el posadero y el acarreador son preferidos al vendedor del objeto mueble que le sirve de garant�a, a no ser que al recibirlo supieran que el precio no estaba aun pagado. Nota de Vélez al 3907: "Ley Belga de 1851, artículo 23 - Martou, n° 528".
Art. 3908. El privilegio del vendedor no se ejercita sino despu�s de los gastos de justicia y de los funerarios; y cede tambi�n al del propietario de la casa o heredad, a no ser que cuando se transportaron los muebles a los lugares alquilados, el locador sab�a la existencia del cr�dito del vendedor. Art. 3909. El privilegio del locador, concurriendo con el prendario sobre los frutos de la cosecha del año, cede a éste si es de buena fe. Nota de V�lez al 3909: "Martou, nº 532. - Parece a primera vista que el privilegio del locador sobre los muebles que se hallan en la casa, no puede concurrir con el del pignoraticio, pero sí cuando se trata de los frutos de la cosecha. Basta para la existencia del privilegio, que estos frutos estén en la posesión del locatario, y ellos no cesan de estarlo por haber sido dados en prenda, porque la posesión jure pignoris del pignoraticio no es incompatible con la posesión jure domini del locatario. En el caso del artículo debe aplicarse la regla de que la posesión vale por el título".
Art. 3910. El privilegio del acarreador por los costos del transporte y gastos accesorios, no cede sino a los gastos funerarios, y a los que se hagan para la venta de las cosas transportadas.
Nota de V�lez al 3910: "Si el acarreador no hubiese hecho los gastos del transporte, el locador, por ejemplo, de la casa en que se han puesto los muebles, no hubiera tenido derecho alguno sobre los muebles conducidos, y lo mismo podemos decir respecto del pignoraticio y del posadero.
Art. 3911. Las sumas debidas por semillas o por gastos de la cosecha son preferidas al crédito del locador o arrendador de la heredad, sobre el precio de la cosecha.
Nota de V�lez al 3911: "Ley de Bélgica de 1851, artículo 24. - Martou, nº 536. - Los que han costeado las semillas, o han hecho los trabajos para la cosecha, han puesto en el patrimonio del locatario los frutos sobre los cuales se establece el privilegio del locador. Es justo, pues, que éste no pretenda un derecho sino después de la extinción del crédito de los que han producido su garantía".
Art. 3912. Los acreedores por semillas y los acreedores por gastos de cosecha concurren igualmente.
Nota de V�lez al 3912: "Los unos y los otros han concurrido a una obra común: la producción de la cosecha, que se les asigna corno una garantía también común.
Art. 3913. El privilegio del acreedor pignoraticio sobre la prenda que tiene en su poder, cede al privilegio de los gastos funerarios y a los de la �ltima enfermedad del deudor, debi�ndose tambi�n satisfacer con preferencia, los gastos por la venta de la cosa tenida en prenda.
Nota de V�lez al 3913: "Muchos escritores sostienen que por el derecho de retención que tiene el pignoraticio debe ser preferido sobre la prenda a todos los acreedores privilegiados. El derecho de retención es bueno sólo para oponerlo al deudor: es una excepción contra éste, a fin de ponerse a cubierto de su mala fe; pero cuando se trata de acreedores que tienen también un privilegio sobre el objeto dado en prenda, ellos sin duda no son de igual condición al deudor, pues no hay que temer su dolo o mala fe. Véase Troplong, Privileges, n° 256".
Art. 3914. El privilegio del posadero sobre los objetos introducidos en la posada, cede a los gastos de justicia y a los gastos funerarios; mas él, es preferido sobre el precio de esos efectos, a todos los otros créditos privilegiados
Art. 3915. Si los muebles del deudor, en razón de los privilegios especiales que los afecten, no bastaren para el pago de las deudas que son privilegiadas sobre la generalidad de los muebles, lo que falte se tomará de los bienes inmuebles del deudor.
Art. 3916. Si los muebles del deudor están afectos al privilegio del vendedor, o si se trata de una casa o de otra obra, que esté afecta al privilegio de los obreros que la han construido, o reparado, o al de los individuos que han suministrado los materiales, el vendedor, los obreros y los que han suministrado los materiales, serán pagados sobre el precio del objeto que les está afecto con preferencia a los otros acreedores privilegiados; con excepción de los acreedores hipotecarios en el inmueble, que serán pagados primero, y de los gastos funerarios y de justicia que han sido necesarios para la venta de ese objeto.
Art. 3917. Cuando el vendedor de un terreno, se encuentre en concurrencia con los obreros por el pago del edificio, u otra obra que hubiesen construido sobre el terreno, se evalúan separadamente el valor del terreno y el del edificio. El vendedor es pagado sobre el terreno, hasta la concurrencia de la cantidad en que el terreno se hubiese estimado, y los obreros hasta la concurrencia de la estimación de la obra. Si la venta de ésta no alcanzare a cubrir esos créditos, se pagarán en proporción de la estimación hecha del terreno y de la obra.
Art. 3918. A excepción de los privilegios especiales que existen sobre los inmuebles en favor del vendedor, del hipotecario, de los obreros, y de los que han suministrado los materiales, los acreedores privilegiados sobre la generalidad de los muebles y de los inmuebles deben ser pagados, en caso de insuficiencia de los muebles, sobre el producto de los inmuebles, con preferencia a todos los otros acreedores del deudor.
Art. 3919. Cuando los créditos privilegiados sobre los muebles e inmuebles no pudiesen ser pagados en su totalidad, porque los inmuebles son de poco valor o están afectos a privilegios especiales que deben ser preferidos, o sea porque los muebles y los inmuebles no bastan para satisfacerlos, el déficit que exista no es soportado concurrentemente entre ellos, sino que estos acreedores deben ser pagados en el orden en que están colocados en el artículo 3880, y la pérdida recaerá sobre los créditos de clase inferior. Si los créditos concurrentes se hallan comprendidos en un mismo número, serán pagados a prorrata.
Art. 3920. Los créditos privilegiados que están en la misma clase, serán pagados por concurrencia entre ellos como los simples quirografarios.
Nota de V�lez al 3920: "Cód. Francés, artículo 2097 - Martou, Privil., n°s 304 y sgtes.".
Art. 3921. Los créditos privilegiados que no puedan cubrirse en su totalidad por los medios indicados en los artículos anteriores, pasarán por el déficit entre los créditos no privilegiados.
Art. 3922. Los créditos no privilegiados se cubrirán a prorrata sobre el sobrante de la masa concursada. Privilegio sobre los inmuebles C�digo Civil Art. 3923. El vendedor de cosas inmuebles que no ha dado término para el pago, puede reivindicarlo del comprador, o de terceros poseedores.
Art. 3924. El vendedor de un inmueble no pagado, aunque hubiese hecho tradición de él, haya dado término para el pago o fiádose de otra manera en el comprador, tiene privilegio por el precio que le es debido, y puede ejercerlo sobre el valor del inmueble, mientras se halle en poder de deudor; pero los administradores de los bienes concursados están autorizados para retener el inmueble, pagando inmediatamente el precio de la venta y los intereses que se debiesen.
Nota de V�lez al 3924: "Ley de Bélgica de 1851, artículo 27 - Martou, n° 545 y sgtes.- Aubry y Rau, � 263 - Zachariae, � 793 - Duranton, tomo XIX, n° 159. - Pont, desde el n° 186. El vendedor ha puesto el inmueble en el patrimonio del comprador antes de recibir su valor. Si fuese preferido sobre el precio por otro acreedor, éste se enriquecería a su costa.
Poco importa que sea el vendedor mismo o un tercero a quien el comprador esté obligado respecto a las prestaciones estipuladas. El tercero no puede, para obtener el pago, ejercer el privilegio en su nombre personal, pero no se le priva obrar a nombre del vendedor y usar el privilegio de éste".
Art. 3925. El privilegio comprende además del precio de la venta, los intereses vencidos de un año, todas las cargas y prestaciones impuestas al adquirente, a beneficio personal del vendedor o de un tercero designado por él; pero no comprende los daños y perjuicios, aunque por cláusula especial del contrato hubiesen sido fijados.
Nota de V�lez al 3925: "Mourlon, Examen crítico, n° 156 - Martou, n°s 553 y sgtes. - Troplong, Privil., n° 369 - Aubry y Rau, � 263 - Duranton, tomo XIX, n° 163 - Pont, n° 193".
Art. 3926. En caso de varias ventas sucesivas, cuyo precio sea debido en todo o en parte, el primer vendedor es preferido al segundo, éste al tercero, y así sucesivamente.
Art. 3927. El que ha dado dinero para la adquisición de un inmueble, goza de privilegio sobre el inmueble para el reembolso del dinero dado, con tal que por la escritura de adquisición, conste que el inmueble ha sido pagado con el dinero prestado, aunque no haya subrogación expresa.
Nota de V�lez al 3927: "Aubry y Rau, � 263 - Persil, sobre el artículo 2103 - Pont, desde el n° 221 - Zachariae, � 793, n° 2".
Art. 3928. Los coherederos y todos los copartícipes que han dividido una masa de bienes compuesta de muebles e inmuebles, o de varios muebles determinados, tienen privilegio por la garantía de la participación sobre los bienes antes indivisos, y también por el precio de la licitación del inmueble, adjudicado a alguno de ellos.
Nota de V�lez al 3928: "Cód. Francés, artículo 2103 - Mourlon, desde el n° 170 - Martou, desde el n° 574 - Aubry y Rau, � 263 - Zachariae, � 793 - Pont, n° 199 - En las Leyes Romanas no se conocía este privilegio. Los copartícipes estaban obligados a la evicción como los vendedores, pero no tenían ningún privilegio sobre los bienes que se hubiesen dividido.
El privilegio establecido en el artículo tiene su razón en la naturaleza íntima de las cosas. Cada copartícipe no consiente en desprenderse de su derecho indiviso sobre el conjunto de los inmuebles comunes, sino con la condición de obtener una parte equivalente a la de los otros. Faltando esta condición la igualdad se rompe, y es justo reconocer al perjudicado un derecho real, sobre los bienes a los cuales no había sido renunciado condicionalmente".
Art. 3929. Si uno de los herederos ha perdido su lote y ha quedado insolvente, la porción por la que estaba obligado se divide entre el garantizado y todos los copartícipes solventes.
Art. 3930. El donante tiene privilegio sobre el inmueble donado por las cargas pecuniarias, u otras prestaciones líquidas, impuestas al donatario en el acto que comprueba la donación.
Nota de V�lez al 3930: "En el caso del art�culo, la donaci�n no conserva su car�cter propio de ser gratuita, y viene a ser un contrato a t�tulo oneroso que se aproxima a la venta. ¿Por qu� entonces no conceder el privilegio hasta la concurrencia de las cargas que convierten al donante en un enajenante a t�tulo oneroso? Troplong, n� 216, y Grenier, n� 391, dicen: "Que a pesar de las cargas que lleva la donaci�n, conserva el car�cter de una liberalidad, y concluyen que extender el privilegio del vendedor al donante es faltar a la regla de que los privilegios son de derecho estricto, y que no pueden extenderse por analog�a. Pero se ha cre�do justo proteger al que, haciendo una liberalidad, ha puesto para ella como condici�n, ciertas prestaciones que debe llenar el donatario. A m�s, el donante tiene un derecho m�s en�rgico que el privilegio, la acci�n para revocar la donaci�n, y desde entonces, ¿por qu� negarle el privilegio por las cargas pecuniarias impuestas al donatario?" Art. 3931. Los arquitectos, empresarios, albañiles y otros obreros que han sido empleados por el propietario para edificar, reconstruir, o reparar los edificios u otras obras, gozan por las sumas que les son debidas, de privilegio sobre el valor del inmueble en que sus trabajos han sido ejecutados. Los subempresarios y los obreros empleados, no por el propietario sino por el empresario que ha contratado con ello, no gozan de este privilegio.
Nota de V�lez al 3931: "Mourlon, Examen cr�tico, n� 175 - Martou, desde el n� 590 - Aubry y Rau, � 263, n° 4. - Zachariae, � 793, n� 4. - Persil, sobre el artículo 2103. - Pont, desde el n° 210". Art. 3932. Las personas que han prestado dinero para pagar a los arquitectos, empresarios u obreros, gozan del mismo privilegio que éstos, siempre que conste el empleo, del dinero prestado por el acto del empréstito, y por los recibos de los acreedores primitivos.
Nota de V�lez al 3932: "Mourlon, n� 163 - Aubry y Rau, � 263, n� 5 - Troplong, Privileg. n� 243 - Zachariae, � 793, n� 5".
Art. 3933. Los que han suministrado los materiales necesarios para la construcción o reparación de un edificio, u otra obra que el propietario ha hecho construir, o reparar con esos materiales, tienen privilegio sobre el edificio, o sobre la obra que ha sido construida o reparada.
Nota de V�lez al 3933: "Cód. de Luisiana, 3216".
Art. 3934. Los hipotecarios son preferidos sobre los bienes gravados con la hipoteca. El privilegio se cuenta desde el día que se tomó razón de la hipoteca. Las inscripciones del mismo día concurren a prorrata.
Nota de V�lez al 3934: "Véase el Título de la hipoteca".
Art. 3935. La inscripci�n renovada no valdr� sino como inscripci�n primera, si no contiene la indicaci�n precisa de la inscripci�n renovada; pero no es necesario que se refieran las inscripciones precedentes. Nota de V�lez al 3935: "Martou, n� 1137". Art. 3936. La hipoteca garantiza a m�s del principal, los intereses o rentas debidas de dos a�os, y los que corran durante el juicio de ejecuci�n hasta el efectivo pago. Las legislaciones locales dispondr�n el r�gimen procesal de la ejecuci�n judicial de la garant�a hipotecaria, conforme a las siguientes pautas: (P�rr. incorp. por Ley 24.441) a) El procedimiento ser� el del juicio ejecutivo; b) El tr�mite informativo sobre las condiciones de dominio y sobre impuestos, tasas, contribuciones y expensas podr� tramitarse de manera extrajudicial, y el estado de ocupaci�n podr� constatarse por acta notarial; c) No proceder� la compra en comisi�n; d) En ning�n caso podr� declararse la indisponibilidad de los fondos producidos en el remate, si bien el juez podr� exigir cauci�n suficiente al acreedor; e) Si fuera solicitado por el acreedor, el juez decretar� el desalojo del inmueble antes del remate. Nota de V�lez al 3936: "Ley de Bélgica de 1851, artículo 49 - Troplong, Privil., desde el n� 696 - Aubry y Rau, � 285, n° 3. En el artículo 3136 de este C�digo se dispone, que la hipoteca registrada en el t�rmino legal no es preferida por la hipoteca posterior registrada primero, cuando el registro se ha hecho sabiendo el acreedor que hab�a otra hipoteca constituida que a�n estaba en tiempo para ser registrada. Art. 3937. A cada finca gravada con hipoteca podr� abrirse a solicitud de los acreedores, un concurso particular para que se les pague inmediatamente con ella. En este concurso se pagar�n primeramente las costas judiciales que en �l se causaren. Nota de V�lez al 3937: "C�d. de Chile, artículo 2477". Art. 3938. Los acreedores hipotecarios no est�n obligados a esperar las resultas del concurso general para proceder a ejercer sus acciones contra las respectivas fincas: bastar� que consignen o afiancen una cantidad que se juzgue suficiente para el pago de los cr�ditos que sean privilegiados a los de ellos, y que restituyan a la masa concursada, lo que sobrare despu�s de cubiertas sus acciones.
Nota de V�lez al 3938: "C�d. de Chile, artículo 2479". Derecho de retenci�n Doctrina Nacional Doctrina Nacional C�digo Holand�s Art. 3939. El derecho de retenci�n es la facultad que corresponde al tenedor de una cosa ajena, para conservar la posesi�n de ella hasta el pago de lo que le es debido por raz�n de esa misma cosa.
Nota de V�lez al 3939: "Mourlon, Privileges n° 214. Este autor en el apéndice que ha puesto en su obra, Examen Crítico al Comentario de Troplong sobre los privilegios, ha tratado extensamente la materia desde el n�mero citado. El jurisconsulto Rauter public� tambi�n un extenso y notable escrito sobre el derecho de retenci�n, que se encuentra en la Revista de Foelix, a�os de 1841, tomo VIII, p�g. 769, y 1844, p�g. 565.
Es preciso, como lo dispone el art�culo, que haya una deuda por raz�n de la misma cosa. En cualquiera otra circunstancia, los principios se oponen al ejercicio del derecho de retenci�n, porque el acreedor no puede sin convenci�n, o sin el auxilio de una ley arrogarse sobre la cosa ajena un derecho real. La retenci�n es el ejercicio del derecho natural que nos permite mantenernos en el estado en que leg�timamente nos encontramos. No basta que el poseedor de la cosa de otro tenga un cr�dito contra el propietario de esta cosa, para que goce el derecho de retenerla; es preciso, adem�s, que su cr�dito se refiera a la relaci�n existente entre �l y el propietario; es decir, que la obligaci�n de �ste haya nacido por ocasi�n de la cosa: que ella sea correlativa a la obligaci�n que tiene el poseedor de restituir la cosa que detiene. As�, tres condiciones son necesarias para el derecho de retenci�n: 1°, posesi�n de la cosa de otro por un tercero: 2°, obligaci�n de parte del propietario respecto del poseedor; 3°, conexi�n entre la cosa retenida y el cr�dito del que la retiene. El derecho de retenci�n no es propiamente un privilegio, pero bajo algunas relaciones, como una afectaci�n especial de una cosa del deudor, es una causa de preferencia a beneficio de un acreedor contra los otros acreedores. Existe entre la retenci�n y el privilegio una diferencia muy notable. El derecho de preferencia tiene lugar en todos los casos, es decir, aunque la cosa gravada con el privilegio se haya convertido en dinero. Que haya sido vendida a instancia de otros acreedores del deudor, o por el acreedor privilegiado: en uno y otro caso, el privilegio produce su efecto ordinario. Pero no as� el derecho de retenci�n. El propietario puede disponer de la cosa retenida, mas como no puede transferir sino su derecho. tal corno lo tiene, si la enajena, el que adquiere la cosa, siendo sucesor singular del propietario, est� obligado como �ste a entregar al tenedor de ella el importe de su cr�dito, lo que verdaderamente le constituye un derecho de preferencia sobre los otros acreedores. Lo que se dice de la enajenaci�n voluntaria debe tambi�n decirse de la enajenaci�n judicial, pues ella no es sino el ejercicio, por parte de los acreedores, del derecho de enajenaci�n que tiene su deudor, y la adjudicaci�n, aunque tenga lugar a instancia de los acreedores, en definitiva se hace en nombre del deudor. - Mourlon, n� 219. Mas cuando �l mismo procede a la venta, sucede un efecto diverso: �l no tiene sobre el precio preferencia sobre los otros acreedores, pues que carece de privilegio; y ciertamente que no pretende retener la cosa hasta ser pagado, desde que ha procurado su venta y ha consentido en la enajenaci�n, lo que importa una renuncia t�cita de su derecho de retenci�n. - Mourlon, obra citada, número 219. En resumen, constituyendo la retenci�n un derecho directamente establecido sobre la cosa misma que tiene por objeto, modifica al mismo tiempo el derecho de propiedad del deudor, y por consecuencia la garant�a de sus acreedores. El deudor, aunque propietario de la cosa retenida y aunque tenga el derecho de disponer de ella, no puede, sin embargo, enajenarla v�lidamente, sino a condici�n de respetar el derecho del que la retiene. Si la vende, la cosa pasa con la carga que la grava, al adquirente, que no podr� obtener su entrega sino satisfaciendo previamente al acreedor que la retiene". Art. 3940. Se tendr� el derecho de retenci�n siempre que la deuda ajena a la cosa detenida, haya nacido por ocasi�n de un contrato, o de un hecho que produzca obligaciones respecto al tenedor de ella.
Nota de Vélez al 3940: "Mourlon, nº 230 - Aubry y Rau, � 256 bis. - Y as�, el acreedor pignoraticio y el acreedor anticresista tienen el derecho de retenci�n de la cosa dada en prenda o anticresis, hasta ser pagados de sus cr�ditos - Arts. 3213 y 3245 de este C�digo. El depositario tiene el derecho de retener la cosa depositada hasta el completo pago de lo que se lo deba por raz�n del dep�sito - Arículo 2218 de este C�digo. El nudo propietario que haga en la cosa sometida al usufructo, las reparaciones que son a cargo del usufructuario, puede retener la cosa fructuaria hasta que esos gastos le sean pagados - Artículo 2891 de este C�digo. El propietario que hubiese, hecho los gastos de conservaci�n o reparaci�n de la cosa com�n, puede retenerla hasta que los cond�minos le paguen los gastos hechos en proporci�n del condominio que tenga en la cosa - Artículo 2686 de este C�digo. El transformador o especificante que hizo, de buena fe una obra con materia ajena, tiene el derecho de retenci�n de la nueva especie, hasta ser pagado de su trabajo. - Artículo 2570 de este C�digo. El comprador bajo un pacto de retroventa, aunque se le ofrezca el precio de la reventa, puede retener la cosa comprada, hasta ser pagado de las reparaciones necesarias que hubiese hecho en ella, y de los gastos que hubiesen aumentado el valor de la cosa - C�d. Franc�s, artículo 1673. El fabricante u obrero a quien se hubiese entregado materiales para hacer una obra o cosas, en las cuales debiere hacer reparaciones, tiene el derecho de retenci�n sobre la obra hecha, o sobre la cosa reparada, hasta ser pagado de su trabajo - Aubry y Rau, � 256 bis. - Troplong, Privileges, n° 176.
Y en general, el que hace mejoras �tiles o impensas necesarias en una cosa ajena, que est� en su poder, tiene el derecho de retenci�n hasta ser pagado de las impensas �tiles y necesarias - Artículo 2428 de este C�digo (*). Resulta, por lo tanto, que siempre que el que hace gastos en una cosa ajena, Ia mejora, o pone su trabajo y adquiere el derecho de que esas impensas se le paguen, tendr� el derecho de retenci�n; pero no lo tendr� cuando la ley no lo autoriza a cobrarlos. Por ejemplo, el usufructuario que hace mejoras en la cosa que tiene en usufructo - Artículo 2874 de este C�digo, o el que tiene la posesi�n viciosa de una cosa, o el tercer poseedor do un inmueble hipotecado que hubiese hecho mejoras en �l - Artículo 3168 del mismo. Han nacido graves controversias sobre el punto de saber si el derecho de retenci�n debe ser admitido solamente en los casos en que est� formalmente reconocido por la ley o, si, por el contrario, debe extenderse a todos los casos en que el tenedor de la cosa sea acreedor por raz�n de impensas necesarias o �tiles, hechos en la cosa misma, cuya restituci�n se le demande, y donde existe por consiguiente lo que en doctrina se llama un debibum cum re junctum. - Mourlon, desde el número 229 - Troplong, Privileges, nºs. 258 y sgtes. - Demolombe, tomo IX, n� 682 - Zachariae, � 281. Nosotros adoptamos la opini�n de los jurisconsultos Aubry y Rau, � 256 bis. - Las opiniones que se han pronunciado por el uno o por el otro de estos sistemas nos parecen demasiado absolutas. El derecho de retenci�n no debe ser restringido a las hip�tesis previstas por los art�culos del C�digo, pero tambi�n puede ser admitido tan s�lo porque existe un cr�dito unido a la cosa. En nuestra opini�n basta para justificar por analog�a la extensi�n del derecho de retenci�n, que la detenci�n se refiera a una convenci�n, o a lo menos, a un cuasi-contrato, y que la deuda aneja a la cosa retenida haya nacido por ocasi�n de esa convenci�n, o de ese cuasi-contrato. Cuando las condiciones indicadas en los textos de las leyes aparecen reunidas, la posici�n respectiva de las partes presenta una analog�a perfecta con la situaci�n que se encuentra, en los casos en que el derecho de retenci�n est� formalmente admitido por la ley; y la extensión de ese derecho se justifica entonces por el principio de que el que reclama la ejecución de una convención no puede hacerlo sino a condición de llenar por su parte las obligaciones que ha contratado o que han nacido por ocasión de esa convención. Pero fuera de las condiciones indicadas en los textos de las leyes, y faltando toda la relación convencional, o de un cuasi-contrato entre las partes, la analogía desaparece y la inducción que se querría sacar de las disposiciones legales que reconocen el derecho de retención, no tendría base legítima".
Comentario: (*) Por el artículo 1547 del Cód. Civil, también se le reconoce el derecho de retención al locatario, hasta que sea pagado del valor de las mejoras y gastos realizados.
Art. 3941. El derecho de retenci�n es indivisible. Puede ser ejercido por la totalidad del cr�dito sobre cada parte de la cosa que forma el objeto.
Art. 3942. El derecho de retenci�n no impide que otros acreedores embarguen la casa retenida, y hagan la venta judicial de ella; pero el adjudicatario, para obtener los objetos comprados, debe entregar el precio al tenedor de ellos, hasta la concurrencia de la suma por la que �ste sea acreedor.
Nota de Vélez al 3942: "Mourlon, extensamente, desde el número 219 - Aubry y Rau, lugar citado".
Art. 3943. El derecho de retenci�n se extingue por la entrega o abandono voluntario de la cosa sobre que pod�a ejercerse, y no renace aunque la misma cosa volviese por otro t�tulo a entrar en su poder.
El juez podr� autorizar que se sustituya el derecho de retenci�n por una garant�a suficiente.
Art. 3944. Cuando el que retiene la cosa ha sido despose�do de ella contra su voluntad por el propietario o por un tercero, puede reclamar la restituci�n por las acciones concedidas en este c�digo al poseedor despose�do.
Art. 3945. Cuando la cosa mueble afectada al derecho de retenci�n ha pasado a poder de un tercero, poseedor de buena fe, la restituci�n de ella no puede ser demandada sino en el caso de haber sido perdida o robada.
Art. 3946. El derecho de retenci�n no impide el ejercicio de los privilegios generales.
El derecho de retenci�n prevalece sobre los privilegios especiales, inclusive el hipotecario, si ha comenzado a ejercerse desde antes de nacer los cr�ditos privilegiados. El derecho de retenci�n o la garant�a otorgada en sustituci�n, subsiste en caso de concurso o quiebra.
Nota de Vélez al 3946: "Véase el articulo 3913 y su nota". Retenciones Bancarias - ARBA
El acreedor privilegiado en el Derecho Concursal Ley N� 24.522

References: artículo 17
 artículo 2101
 artículo 2101
 artículo 2101
 Artículo 20
 artículo 2102
 artículo 20
 artículo 2073
 artículo 3218
 artículo 2279
 artículo 3184
 resolución 
 artículo 3190
 artículo 2101
 artículo 23
 artículo 24
 artículo 3880
 artículo 2097
 artículo 27
 artículo 2103
 artículo 2103
 artículo 2103
 artículo 49
 artículo 3136
 artículo 2477
 artículo 2479
 Artículo 2891
 Artículo 2686
 Artículo 2570
 artículo 1673
 Artículo 2428
 Artículo 2874
 Artículo 3168
 artículo 1547