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Timestamp: 2020-07-12 20:43:05+00:00

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EVALUACIÓN DEL FUNCIONAMIENTO COGNITIVO EN EL TEST DE RORSCHACH
Universidad Nacional de San Luis Rector: Dr. Félix Daniel Nieto Quintas Vicerrector: Dr. José Roberto Saad
Secretario de Coordinación y Planificación Institucional:
CPN Víctor Moriñigo
Nueva Editorial Universitaria Avda. Ejército de los Andres 950 - Subsuelo Rectorado Tel. (+54) 0266-4424027 Int. 5110 www.neu.unsl.edu.ar E mail: neu@unsl.edu.ar
Doctorado en Psicología Tesis de Doctorado Evaluación del Funcionamiento cognitivo en el Test de Rorschach
Tesista: Lic. Isidro Andrés Esteban Sanz Directora: Dra. Carla Sacchi Co-directora: Dra. Claribel Morales Año 2016
Este trabajo de tesis ha sido distinguido por
Prohibida la reproducción total o parcial de este material sin permiso expreso de NEU
Isidro Andrés Esteban Sanz
Saez, Isidro Andres Esteban Evaluación del funcionamiento cognitivo en el test de Rorschach / Isidro Andres Esteban Saez. - 1a ed. - San Luis : Nueva Editorial Universitaria - U.N.S.L., 2017. 307 p. ; 24 x 17 cm.
ISBN 978-987-733-096-0
1. Psicología. 2. Test de Rorschach. I. Título. CDD 153.93
Dirección Administrativa Omar Quinteros
ISBN 978-987-733-096-0 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 © 2017 Nueva Editorial Universitaria Avda. Ejército de los Andes 950 - 5700 San Luis
El presente libro edita mi tesis de doctorado realizado con la dirección de la Dra. Carla Sacchi y la Dra. Claribel Barbenza. El largo y complejo trabajo implicado ha sido posible de llevar adelante gracias a las múltiples ayudas recibidas desde el comienzo de la investigación. En cuanto a instituciones académicas, haber contado con el acompañamiento de la Universidad Nacional de San Luis y con el apoyo económico e institucional de la Universidad de Buenos Aires, que me ha otorgado becas de Ciencia y Técnica, ha sido fundamental. Quiero manifestar mi gratitud hacia las autoridades de pabellones de internación de los hospitales psiquiátricos Braulio Moyano y José Borda y del servicio de Psiquiatría del Hospital Italiano, la Lic. Mónica Braude,
coordinadora de Psicodiagnóstico del Htal. Italiano, los centros privados de atención en salud mental de San Miguel y San Martín a cargo del Dr. Juan C. Zuccotti, el Lic. Gabriel Miravalles, el Lic. Walter Delembert, y la Asociación Civil Valorarte. Todos ellos han posibilitado la concreción de los muestreos clínicos que formaron parte fundamental de este trabajo desde sus inicios. La Lic. Alicia Passalacqua, las colegas del equipo de psicodiagnóstico del Hospital Italiano de Buenos Aires, la Ps. Elida Noceti, la Prof. Etel Kacero, la Lic. Fabiana D’Acunto, la Lic. Laura Smud, la Dra. Vera Campo (España), el Dr. Irving Weiner (USA), el Dr. Philip Erdberg (USA), el Dr. Thomas Shafer (USA),
el Dr. J. E. Exner (USA), el Dr. David Ephraim (Canadá), el Dr. Gérald Lajoie
(Canadá), el Dr. Piero Porcelli (Italia), la Psic. Eugenia Vinet (Chile), la Psic. Pamela Jimenez (Chile), y el Dr. Gregory Meyer (USA), entre otros profesionales
y académicos, han contribuido de diversas maneras –con su colaboración,
consejos, o críticas- a que este tesista alcanzara los objetivos de la investigación y superara su propio rendimiento. Quedo muy especialmente en deuda con mis asesoras de tesis, la Dra. Carla Sacchi y la Dra. Claribel Morales de Barbenza, por la excelente disposición y contención demostradas con este doctorando que tantas veces les ha puesto a prueba la paciencia. También deseo expresar mi beneplácito por haber recibido el apoyo sostenido de mi esposa Julieta, sin el cual esta tesis aún quedaría a medio escribir. Sirva finalmente este trabajo como tributo y señal de altísimo respeto a la memoria de cuatro de estas grandes personas mencionadas, cuya presencia física no se encuentra más entre nosotros, la Ps. Elida Noceti, el Dr. John Exner, la Prof. Etel Kacero y la Lic. Alicia Passalacqua, dejándonos empero un legado científico y personal invaluable.
Isidro A. E. Sanz
PRIMERA PARTE EL TEST DE RORSCHACH Y LA EVALUACIÓN DEL FUNCIONAMIENTO COGNITIVO
CAPÍTULO 1 Introducción al Test de Rorschach
¿Qué es el Test de Rorschach? Naturaleza del Test de Rorschach
CAPÍTULO 2 Funcionamiento cognitivo: Generalidades, patología, y exploración
Los procesos cognitivos La implicancia clínica de la evaluación de procesos cognitivos El problema de los trastornos de pensamiento Técnicas desarrolladas para evaluar trastornos de pensamiento
CAPÍTULO 3 El Rorschach y las funciones cognitivas
Una perspectiva cognitiva: el Rorschach como resolución de problemas El enfoque cognitivo en la explicación del proceso de respuesta La tríada del Sistema Comprehensivo Variables atencionales Variables perceptuales e ideacionales La integración de las variables cognitivas
SEGUNDA PARTE UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA EVALUACIÓN RORSCHACH DE NIVELES SUPERIORES DE PROCESAMIENTO
CAPÍTULO 4 Antecedentes: revisión crítica y nuevas propuestas
Antecedentes en investigación sobre DQ y Z Antecedentes sobre Calidad Evolutiva Antecedentes sobre Actividad organizativa Primeros enfoques Métodos de puntuación para la Actividad Organizativa
Actividad organizativa e inteligencia Actividad organizativa y psicopatología La actividad organizativa y los estilos de incorporación de datos Revisión crítica de los antecedentes Consideraciones conceptuales La Calidad Organizativa: Nuevas propuestas de sistematización Descripción de la investigación sobre Calidad Organizativa Objetivos e hipótesis Objetivo general Objetivos específicos Hipótesis Panorama metodológico general del trabajo
CAPÍTULO 5 ESTUDIO 1 - Validación de la Calidad Organizativa: Confiabilidad
MÉTODO Participantes Diseño Instrumentos Procedimiento RESULTADOS DISCUSIÓN PRELIMINAR
CAPÍTULO 6 ESTUDIO 2 - Validación de la Calidad Organizativa:
Concurrencia con rendimiento cognitivo en pruebas de inteligencia
CAPÍTULO 7 ESTUDIO 3 - Validación de la Calidad Organizativa:
Discriminación de trastornos del pensamiento
Complejidad del pensamiento en el Rorschach Distorsiones del pensamiento en el Rorschach Complejidad y distorsiones en la solución del problema Rorschach La Calidad Organizativa como predictor de trastornos de pensamiento
Instrumentos Procedimiento RESULTADOS DISCUSIÓN PRELIMINAR
CAPÍTULO 8 ESTUDIO 4 - Validación de la Calidad Organizativa: Estabilidad (I)
MÉTODO Participantes Diseño Instrumentos Procedimiento RESULTADOS Tendencias estadísticas de distribución de las variables estudiadas Estabilidad temporal comparativa entre pacientes y no pacientes Varianza del intervalo intertest para pacientes y no pacientes Interrelación de las mediciones obtenidas: Rorschach, autoinformes, observación clínica y estresores
CAPÍTULO 9 ESTUDIO 5 - Validación de la Calidad Organizativa: Estabilidad (II)
MÉTODO Participantes Diseño Instrumentos Procedimiento RESULTADOS Tendencias estadísticas de las variables estudiadas Estabilidad temporal comparativa entre sujetos con y sin consigna alterada
Varianza del intervalo intertest DISCUSIÓN PRELIMINAR
TERCERA PARTE DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Discusión integral de los cinco estudios
Cumplimiento de los objetivos Hipótesis 1: Confiabilidad de la Calidad Organizativa Hipótesis 2: Estabilidad de la Calidad Organizativa ante cambios de condiciones externas
Hipótesis 3: Validez convergente y discriminante de la Calidad Organizativa
Hipótesis 4: Combinación de Calidad Organizativa y Evolutiva Organizaciones VS y VB y otras variables Rorschach
CAPÍTULO 11 Conclusiones
Procesos cognitivos y Rorschach: fases y estrategias de solución de problemas Reflexiones finales acerca de la distinción de niveles de procesamiento y el aporte de la ZQ Líneas futuras de investigación
2 Ficha biográfica
3 Escala Schwartz-10
4 Encuesta de Observación de Mejoras Clínicas (EOMC)
5 Cuestionario de reclutamiento para grupo experimental + PERI
6 Consentimiento informado para no pacientes
Resulta difícil pronunciar palabras que calmen el dolor de una pérdida pero al mismo tiempo posibilita metabolizar la angustia y fortalecer el espacio del recuerdo de la presencia.
Desde la Nueva Editorial Universitaria de la Universidad Nacional de San Luis en conjunción con la Asociación Argentina de Estudio e Investigación en Psicodiagnóstico (ADEIP), deseamos acompañar y avalar la iniciativa de difundir su trabajo final de tesis doctoral, elaborada en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de San Luis, haciéndonos eco del invalorable aporte que ello implica.
Isidro Sanz comenzó tempranamente a formarse en el Test de Rorschach – Sistema Comprehensivo (SC) tuvo la oportunidad de capacitarse con su creador en los Estados Unidos, el Dr. John Exner. Ya en aquellos primeros años se encontraba interesado en la exploración del rendimiento cognitivo a través de variables específicas del SC. Realizó cruzamientos con el MMPI-II -otra de sus pasiones- proponiendo creativas y rigurosas miradas de análisis e interpretación. Parte de la semilla de su tesis ya se gestaba, también, en su apasionado estudio sobre la Calidad Evolutiva (DQ) y la Actividad Organizativa (Z) del SC. En los últimos años, se interesó además en la propuesta del Dr. Gregory Meyer y equipo sobre el Test de Rorschach, el R-PAS, que le permitió profundizar sus investigaciones en los procesos cognitivos y la posibilidad de diferenciar la eficacia de los niveles de procesamiento mental de la información.
Su tesis finalizada que aquí se presenta, y que se encontraba próxima a defender titulada “Evaluación del Funcionamiento Cognitivo en el Test de Rorschach”, es entonces, el punto de llegada de años de investigación en el SC y, específicamente, en la tríada cognitiva (procesamiento – mediación - ideación). En su propuesta, siguiendo la línea de pensamiento de Exner, ubica al test como una prueba de resolución de problemas y se interesa en refinar la interpretación de las variables cognitivas. Se centra en la valoración diferencial de la calidad cognitiva de las respuestas de alta complejidad. A los fines de indagar la conveniencia de afinar el estudio del funcionamiento cognitivo y
Lic.SilvinaLisGarcía
No aceptar las cosas tal y como están, sino entenderlas, intuirlas, examinarlas, con el corazón, con la mente, con todo el ser, para encontrar una manera diferente de vida. Pero depende de ti y de nadie más. Porque en esto no hay docente, ni alumno. No hay líder, ni gurú. No hay maestro ni salvador. Tú mismo eres el maestro, el alumno, el gurú, el líder. ¡Tú lo eres todo! Y entender es transformar lo que existe. Jiddu Krishnamurti
Todos los psicólogos, en algún momento, han escuchado o leído algo acerca del test de Rorschach. Al hacerlo, habrán comprobado que los textos suelen enfatizar las virtudes de esta técnica, caracterizada como uno de los pilares de la evaluación psicológica y del psicodiagnóstico. La presente tesis doctoral no es la primera –y, seguramente, tampoco será la última- en dedicarse al Rorschach, y apenas pretende sumar una contribución más a la extensa literatura sobre el tema. Este trabajo responde a una inquietud formulada por el tesista en artículos y presentaciones previas, en referencia a la posibilidad de diferenciar, por medio del test de Rorschach, la eficacia de los niveles de procesamiento mental de la información. Desde la aparición y el desarrollo del Sistema Comprehensivo del Rorschach, se ha ido acentuando su papel como una tarea de resolución de problemas y, por lo tanto, un estímulo para activar diversas funciones cognitivas. Esta concepción de la técnica se diferenció, en cierto modo, del enfoque tradicional del Rorschach como un test esencialmente proyectivo. En este sentido, cabe recordar las reiteradas argumentaciones de Exner (1980, 1993, 1996) según las cuales el test no fue concebido por Hermann Rorschach (1921/1979) como proyectivo, destacando el hecho de que la hipótesis
proyectiva de Frank (1939) fue postulada 17 años después de la muerte de Rorschach. Irving Weiner (2002), por su parte, realizó una pormenorizada revisión de ese tema, concluyendo que, si bien en sí mismo el test de Rorschach tiene todo el potencial como instrumento proyectivo, a la vez permite hacer un análisis del desempeño (performance) del sujeto a partir de criterios de codificación y valoraciones que le confieren la base para un abordaje psicométrico. Este tema será analizado en detalle en la primera parte, en la discusión sobre la naturaleza del test. Más allá de las distintas perspectivas, debe concederse que parece imposible responder a la consigna del test de Rorschach sin apelar al funcionamiento cognitivo. Considerando que se debe escudriñar un campo de estímulos visuales y contestar a la pregunta “¿Qué podría ser esto?”, es palmario que necesariamente van a intervenir los procesos cognitivos. Y si alguna alteración hubiera en ellos, tal alteración podría perfectamente manifestarse en la producción del sujeto. De hecho, en el Sistema Comprehensivo (Exner, 2000; Exner y Erdberg, 2005), se cuenta con criterios de evaluación que ofrecen variables que representan distintos aspectos del funcionamiento cognitivo. Tales variables se reúnen en tres agrupaciones denominadas Procesamiento, Mediación e Ideación. Están propuestas para operacionalizar, respectivamente, los aspectos relativos a la atención, la percepción, y el pensamiento. El conjunto de estas agrupaciones se llama Tríada Cognitiva. Dentro de la agrupación de procesamiento, es decir, la relativa a tareas de atención y organización de la experiencia, se destaca la Actividad Organizativa. Esta variable identifica a las respuestas del sujeto que han sido conformadas a partir de esfuerzos de elaboración. Los criterios para reconocer tales esfuerzos se apoyan en la localización de las respuestas (específicamente las globales y las de integración fondo/figura) y su complejidad de componentes (presencia de síntesis de elementos). Dentro de la agrupación de mediación, es decir, lo que corresponde a características de la percepción, sobresale la variable Calidad Formal. Su papel en la evaluación es ponderar el nivel de convencionalidad del ajuste entre las respuestas del sujeto y las formas del estímulo. En el Sistema
Comprehensivo, a diferencia de enfoques anteriores del test, los criterios de evaluación de esta variable se basan mayormente en tablas estadísticas para garantizar un tratamiento más objetivo. Por su parte, entre los componentes de la agrupación de ideación, la relacionada con pensamiento y resolución de problemas, tienen especial peso los seis Códigos Especiales Críticos (también llamados Códigos Cognitivos). Estos códigos, en conjunto, arrojan una valoración de dificultades y distorsiones en los procesos de pensamiento, lo cual va desde leves descuidos hasta delirios bizarros. Los criterios para el uso de estos códigos se sustentan en la aparición de errores o rarezas comunicacionales o transgresiones conceptuales. Resumiendo, para la interpretación del funcionamiento cognitivo, la técnica ofrece variables que permiten explorar la calidad de la performance del sujeto en cuanto a su esfuerzo atencional, su convencionalidad perceptual y su pensamiento. Partiendo de la observación de que las respuestas de un sujeto pueden diferenciarse por su esfuerzo atencional (a través de la actividad organizativa) y que la calidad final de su producción puede ser ponderada (a través de la calidad formal y los códigos críticos), en el presente trabajo de investigación se ha planteado la conveniencia de afinar el estudio del funcionamiento cognitivo en el Rorschach, discriminando la calidad de las respuestas representativas de procesos superiores. Por consiguiente, aquí se expondrán los resultados de estudiar la probable utilidad de diferenciar la valoración de los niveles de procesamiento proponiendo una nueva variable para el test de Rorschach, denominada Calidad Organizativa, así como aproximar una identificación más precisa de variables psicológicas cognitivas involucradas en los códigos del test relacionados con el procesamiento de la información. La Calidad Organizativa tiene la forma de una proporción y ha sido desarrollada con expectativas de integrarla a los cómputos de la Tríada Cognitiva en el Sistema Comprehensivo del Rorschach. Como dichos cómputos ponderan otros aspectos de la Actividad Organizativa, pero no la calidad, se propone aquí una fórmula y criterios de puntuación para evaluar esa variable y enriquecer el potencial psicométrico del Rorschach. Adicionalmente, para identificar con más precisión las variables cognitivas, la
posibilidad de discriminar alteraciones originadas en procesamiento abajo- arriba o en el procesamiento arriba-abajo también será abordada como objetivo secundario en esta investigación. El trabajo de investigación que aquí se presenta se ha desenvuelto a través de cinco estudios distintos orientados al objetivo de poner a prueba las principales propiedades psicométricas de la variable Calidad Organizativa:
confiabilidad, estabilidad y validez. Tres estudios (de confiabilidad y de validez discriminante y convergente) fueron encarados a partir de un diseño descriptivo correlacional y con grupos contrastados. El cuarto y quinto estudio (de estabilidad) utilizaron sendos procedimientos con test-retest que respectivamente se basaron en contrastación de grupos y en un diseño cuasi- experimental con el formato clásico “antes/después”. Alrededor de 250 personas fueron examinadas para la realización de estos estudios y casi la mitad de esa población recibió una doble administración del test de Rorschach. En la mayoría de los casos, se administraron otras pruebas, siempre contando con información demográfica de cada individuo. La selección previa a partir de una población de cientos de sujetos, el registro de tantos protocolos y la necesidad de efectuar retests a intervalos variables llevaron a que el trabajo empírico en sí se extendiera en el tiempo por varios años, más aún considerando que cada individuo fue encuestado y examinado únicamente por el mismo tesista, sin auxiliares. En la primera parte de este escrito, se presentará una introducción al test de Rorschach, protagonista de la investigación, se discutirá su naturaleza como prueba y luego se detallarán cuestiones acerca de la evaluación de las funciones cognitivas y el papel de las variables del Sistema Comprehensivo de Exner para ayudar en dicha evaluación, particularmente en el ámbito clínico. En la segunda parte, se comenzará con una revisión de las investigaciones acerca de la actividad organizativa y variables afines en el test y se discutirá la conveniencia de refinar la exploración cognitiva a partir de esas variables. A continuación, se delimitarán los problemas a los que se pretende responder con esta investigación, ofreciendo luego un detalle de cada uno de los cinco estudios emprendidos, incluyendo descripciones de los avatares para la realización de cada uno, los cambios propuestos en el plan conforme
progresaba, las características del diseño, y el análisis de los resultados. En la tercera parte, se expondrá una discusión global de los hallazgos y se aproximará una conclusión, ofreciendo también sugerencias para futuros proyectos.
EL TEST DE RORSCHACH Y LA EVALUACIÓN DEL FUNCIONAMIENTO COGNITIVO
Aproximadamente un siglo atrás, un particular “experimento psicológico” (así lo denominó su autor) fue conducido por un médico residente en psiquiatría llamado Hermann Rorschach. Consistía en hacer unas pruebas mostrando manchas de tinta a los pacientes del Hospital Mental Kronbach en Herisau, Suiza. El trabajo le llevó cerca de diez años y culminó en la publicación en 1921 de su famoso libro, Psicodiagnóstico 1 : un test diagnóstico basado en la percepción (1921/1979). Posteriormente a la temprana muerte de este brillante psiquiatra, su legado continuó con la estandarización y desarrollo de un instrumento de evaluación de la personalidad que se tornó mundialmente conocido para los profesionales y el público en general. Hasta nuestros días, se han generado miles de publicaciones científicas sobre este célebre test, que ha sido administrado en diversos contextos –clínicos, forenses, educacionales, laborales- a cientos de miles de personas. En la actualidad, el Rorschach es una de las más conocidas y empleadas técnicas de exploración y diagnóstico psicológicos en todo el mundo, junto con el MMPI/MMPI-2/MMPI-A y el WAIS/WAIS-R/WAIS-III (Archer, Buffington- Vollum, Vauter Stredny y Handel, 2006; Butcher, 2010; Greene, 2011; Piotrowski y Keller, 1992; Watkins, 1991; Watkins, Campbell, Nieberding, y Hallmark, 1995). Butcher y Rouse (1996) reportaron que, entre los métodos de evaluación psicológica para adultos, el Rorschach y el MMPI involucran el mayor número de artículos de investigación publicados entre 1974 y 1994, con 1.969 publicaciones dedicadas al Rorschach. Rapaport (1946/1971), en su reconocida obra Diagnostic Psychological
1 En esa publicación apareció por vez primera la palabra psicodiagnóstico, actualmente muy difundida y asociada a la evaluación clínica.
Testing, donde estudiaba perfiles de una extensa batería, afirmaba que el Rorschach era el instrumento de diagnóstico más poderoso de que disponía el psicólogo clínico. En las siguientes décadas se fueron sumado los desarrollos en inventarios de personalidad, probablemente originados en el Personal Data Sheet diseñado en 1918 por Woodworth (Nunnaly, 1987). Sin embargo, el tipo de exploración que efectúa el Rorschach parece ser lo bastante diferente y rica como para justificar su plena vigencia (Cf. Acklin, 1993; Ganellen, 1996; Meyer, 1997) y, guardando concienzudamente los actuales procedimientos de administración (investigados experimentalmente), se consigue una estandarización de los datos difícilmente posible en otros tests no autoadministrables. Del mismo modo, se han revisado en los últimos cuarenta años los métodos empleados para probar su validez, advirtiendo que muchos estudios con resultados negativos se basaban en diseños anticuados o incluso inapropiados para el tipo de test (Exner, 1993, 1995, 2003; Weiner, 1995a, 1995b, 1996, 2002). En la actualidad, la amplitud de las muestras de referencia y la realización de investigaciones depuradas han consolidado las elevadas validez y confiabilidad de esta técnica. Al test de Rorschach se lo puede definir como una prueba perceptual de personalidad basada en el desempeño, que consiste en la presentación de diez láminas con imágenes impresas simétricas y relativamente ambiguas, y a las cuales el sujeto debe interpretar para responder a la consigna “¿Qué podría ser esto?”. Las respuestas así obtenidas son luego indagadas para recabar datos que permitirán codificar cada una según diversas variables. Finalmente, el total de las codificaciones es procesado e integrado en un sistema de cómputos –que incluye porcentajes, cocientes y proporciones- dando como resultado el Perfil, Hoja de Cómputos o Sumario Estructural del test. A partir de la distribución de los datos en el Sumario Estructural, se pueden interpretar las principales características que conforman el complejo patrón de la personalidad. De este modo, una rica serie de hipótesis sobre afectividad, control y tolerancia al estrés, funcionamiento cognitivo, autoconcepto, y tendencias interpersonales es generada e integrada para describir globalmente la estructura y funcionamiento de la personalidad del examinado (Exner, 2000: Exner y Erdberg, 2005; Weiner, 2002).
Durante sus más de 90 años de desarrollo, se han constituido múltiples criterios para sistematizar el registro verbal y conductual del sujeto (Beck, Beck, Levitt y Molish, 1961; Exner, 1969; Klopfer y Kelley, 1942; Piotrowsli, 1957; Rapaport, 1946/1971). Independientemente de sus diferencias, todos estos criterios buscan categorizar cada respuesta de acuerdo con cinco campos principales: (a) su localización en la mancha; (b) el o los determinante/s que motiva/n la visión de la respuesta; (c) la calidad del ajuste entre la forma de la mancha y el concepto percibido; (d) el o los contenido/s;
y (e) la frecuencia estadística de ese contenido en esa determinada
localización. Un sexto componente se agrega en algunos casos y consiste en la identificación de verbalizaciones y comportamientos inusuales o no computables, bajo el título genérico de fenómenos o códigos especiales. De los principales sistematizadores clásicos del test, sólo dos –Hertz y Beck- han añadido aún una séptima categoría: la Actividad Organizativa, que es de especial importancia para este proyecto y que fue reincorporada posteriormente por Exner (1974) en su sistema hasta la actualidad. Durante los años sesenta, la vida de la técnica inició un considerable viraje cuando el estadounidense John E. Exner (1969, 1980, 1993) se abocó a estudiar la fragmentada historia del test. Advirtiendo que la obra de cada autor tenía sus méritos y que todos, a su vez, enriquecían la técnica, se propuso un enorme emprendimiento: investigar las posibilidades de integrar los aportes previos en un sistema único. Después de años de trabajo y contando con la colaboración de un gran equipo de especialistas, logró
seleccionar los elementos más ventajosos de cada uno de los cinco grandes sistemas del Rorschach de los Estados Unidos, sometiendo cada procedimiento a meticulosas revisiones empíricas. Tal vez, por esa razón,
alcanzó una alta difusión en las últimas tres décadas, habiéndose realizado a
la fecha miles de investigaciones bajo las reglas de su sistema, el Sistema
Comprehensivo (en adelante, SC). El alcance del emprendimiento de Exner hizo reflexionar a Anastasi y Urbina (1997), quienes admitieron que, gracias
al SC, el test de Rorschach –otrora cuestionado- había sido científicamente
Naturaleza del Test de Rorschach
A pesar de su gran notoriedad y amplio reconocimiento como técnica de evaluación, el Rorschach no ha sido siempre adecuadamente conceptualizado con respecto al tipo de instrumento que es y a cómo pueden ser mejor interpretados sus datos. Del mismo modo, tampoco puede decirse que exista un elevado consenso entre todos los autores con respecto a este tema. La polémica se hizo particularmente palmaria en los últimos años si se considera la reiterada clasificación del test como proyectivo y se la compara con la conceptualización más reciente promovida por Exner (1989), Weiner (2002) y Meyer (2000), entre otros, según la cual, lo proyectivo del Rorschach es apenas un aspecto de la técnica. Seguidamente, se expone esto más en detalle. Se define a la proyección como la atribución de las propias características internas a estímulos externos cuando su ambigüedad lo permite, y de manera inconsciente (Weiner, 2002). Rorschach no hizo referencia a la proyección en su libro, incluso a pesar de que él conocía la propuesta de Freud (1911/1981) sobre el mecanismo de la proyección en el análisis del caso Schreber. La proyección fue ligada por vez primera con el Rorschach en 1939, cuando L. K. Frank sugirió que los tests de personalidad en los cuales hay relativamente escasa estructura inducen al sujeto a proyectar sobre aquel campo estimular su mundo íntimo de significados y sentimientos personales. Posteriormente, David Rapaport (1946/1971) denominó “hipótesis proyectiva” al hecho de aplicar este principio en las técnicas de evaluación. Esto condujo a la denominación de “tests proyectivos” a los métodos de evaluación que implicaran alguna ambigüedad. A pesar de la raíz freudiana y clínica de la idea de proyección, este concepto era –al menos en parte- consistente con la corriente de la psicología de la percepción conocida como New Look, que explicaba al mecanismo perceptual como un proceso de apertura y cierre de un “diafragma” a partir de mínimos datos iniciales y de las expectativas (hipótesis) del sujeto perceptor (Bruner, 1957). De acuerdo con esta conceptualización, la percepción es dialéctica, en tanto se construye sobre el interjuego entre las hipótesis generadas por el perceptor acerca del estímulo y los datos del estímulo en sí. Si el perceptor se hallara
condicionado por alguna necesidad de “confirmar” la presencia de tal o cual percepto, esto tendrá impacto en sus hipótesis y, por ende, en el proceso perceptual, más aún si el estímulo es lo suficientemente ambiguo. En otros términos, el sujeto perceptor es activo, no sólo ve, sino que también mira, buscando información que confirme sus hipótesis. La importancia de la proyección en el Rorschach fue discutida por varios autores, especialmente por Schachtel (1966), que asoció la proyección a las atribuciones que el sujeto hace de sus propias cualidades y vivencias sobre su producción, especialmente en los casos de respuestas de movimiento y con malas calidades formales. Esta última posición, más cauta, donde lo proyectivo se interpreta acotado a una porción de la producción en la técnica (e. g., calidades negativas y movimientos), es adoptada por el Sistema Comprehensivo en su tercera y cuarta edición (Exner, 1993, 2003). Si bien el concepto del Rorschach como test proyectivo, siguiendo los argumentos de Rapaport, parece tener sentido, también ocurre que no toda la producción del sujeto en el test reúne características que sugieran aspectos psicológicos propios del sujeto adjudicados a las láminas. De hecho, el mismo Schachtel (1966) ya señalaba que sólo una pequeña fracción de un protocolo es proyectiva. Por otro lado, como indica Weiner (2002), encasillar al Rorschach como test esencialmente proyectivo es engañoso, dado que implica la suposición de que la proyección es necesaria e inevitable para generar respuestas en el test, lo cual es, por lo menos, muy discutible. Más recientemente, Bornstein (2007) sugiere una clasificación de instrumentos de evaluación de personalidad acorde con las teorías contemporáneas y, utilizando el concepto de atribución, distingue a los tests de auto-atribución de los tests de atribución al estímulo, entre los cuales estaría el Rorschach. Bornstein sostiene que la atribución es un fenómeno psicológico más amplio en espectro que la proyección, a la cual absorbe. En este trabajo se adopta la posición defendida por Exner (1980, 1993, 2000, 2003), que considera a la técnica de Rorschach como una prueba de resolución de problemas y tomas de decisiones, que favorece (pero no se limita a) la proyección. Tal postura no niega la hipótesis proyectiva de Frank aplicada al test, sino que la restringe, en tanto señala que muchas respuestas en las
manchas de tinta sugieren ser producto de percepciones convencionales. En consecuencia, la rotulación del Rorschach como test proyectivo parece cierta sólo en un sentido parcial. Otro aspecto relevante de la naturaleza de esta técnica se origina en el modo en que fue elaborado el material estímulo. A pesar de que se lo suele considerar el test de las manchas de tinta, lo cierto es que su creador no concibió las láminas simplemente de ese modo. A través de recientes traducciones de sus manuscritos inéditos, pudo demostrarse que el Dr. Rorschach dibujó y terminó de definir mediante pincel deliberadamente sus figuras, que inicialmente sí habían sido manchas de tinta (J. E. Exner, comunicación en el taller de actualización de la European Rorschach Association, París, agosto 31 de 2000). Este dato, aparentemente de valor apenas anecdótico, no lo es tanto si se lo confronta con la tradicional visión del Rorschach como un test proyectivo. Ciertamente, Rorschach tuvo una intención muy clara al dibujar sus figuras, y esa intención fue propiciar el reconocimiento perceptual de características formales para facilitar algunas respuestas. Por ejemplo, una mirada atenta a los detalles laterales rosados de la lámina VIII (D1, en la nomenclatura del Sistema Comprehensivo) lleva a nueve de cada diez personas a identificar esos contornos con los de animales cuadrúpedos, generalmente osos o felinos (Exner, 1993). Para la producción de dicha respuesta, el sujeto debe apoyarse fundamentalmente en los aspectos relevantes del estímulo y no necesita hacer un gran esfuerzo. Tales aspectos relevantes corresponden con lo que se denomina “critical bits” 2 del estímulo (Exner, 1996). En diversos estudios, Exner (1996) puso a prueba el papel que cumplen determinados detalles de las figuras en la producción de ciertas respuestas, aún cuando fueran detalles menores. Por ejemplo, administrando una versión de la lámina I sin las puntas laterales (identificadas en el Sistema Comprehensivo como los Dd 34), observó que la frecuencia de respuestas de animales voladores (murciélago, mariposa, etc.) caía significativamente en comparación con lo obtenido usando la lámina estándar. La relevancia de los critical bits da cuenta de la fuerza del estímulo en el interjuego de la formación
2 Podría traducirse como “pequeñeces críticas”, entendiéndose como detalles pequeños del estímulo con valor crítico en el proceso de identificación perceptual.
de respuestas. A este respecto, Irving Weiner (2002) ofrece una impecable descripción del proceso, haciendo énfasis en una dialéctica entre la fuerza de la lámina (card pull) y las tendencias del sujeto (lo básicamente proyectivo). Tal como se entiende desde la óptica de dicha dialéctica, toda respuesta puede estar formulada sobre la base de una composición de ambas variables: por una parte, el sujeto puede tener ciertas expectativas que condicionan su producción y, por otra parte, el estímulo puede reunir características que acotan las posibilidades de interpretación. Según cuál prevalezca, se da lugar a una respuesta más o menos proyectiva. Por ejemplo, considérese lo que ocurre si un examinado responde en Lámina V: “Podría ser un murciélago negro”. La Lámina V tiene rasgos formales que le dan un contorno gestálticamente parecido a un murciélago, a juzgar por la elevada frecuencia estadística de tal respuesta, y es de color negro. Esta respuesta no atribuye al estímulo características que no le fueran propias, y en consecuencia no implica una alta proyección. Si bien es cierto que la lámina no es una fotografía exacta de un murciélago y que, por lo tanto, el sujeto debe estar mínimamente interesado en identificar la figura con ese animal, el peso de este interés (o tendencia proyectiva) es sin dudas muy bajo. Dialécticamente, esa respuesta se compone más de la influencia del estímulo que de las tendencias del sujeto. En cambio, si la respuesta fuera “un pterodáctilo de vistosos colores volando y buscando a alguien para picotear”, se vería que incluye un contenido infrecuente, asignación de colores que no están allí y un movimiento y una intención que no se advierten objetivamente en la lámina. En ese caso, se trataría de una respuesta notablemente cargada de proyección y se diría que las actitudes y preocupaciones del sujeto la componen en mayor medida que la fuerza del estímulo, aún cuando muchas características de la figura son usadas para generar esa respuesta. Según Weiner (2002), una cualidad distintiva del Rorschach, que favoreció su caracterización como un test proyectivo, es la ambigüedad de sus figuras. Numerosas áreas de las diez láminas admiten diversos modos de mirarlas e interpretarlas, y no cuentan con algún tipo de respuesta particularmente frecuente, por lo cual se las puede calificar como ambiguas. Asimismo, en la consigna no se establecen reglas restrictivas con respecto a
varias posibles acciones (por ejemplo, si se pueden girar las láminas, si hay un número específico de respuestas, etc.) y eso también deja lugar a cierta ambigüedad. No obstante, Weiner señala que muchos otros elementos de la técnica están bastante definidos. Por ejemplo, siempre se trata de las mismas diez láminas en el mismo orden, con formas simétricas y colores reconocibles, hay sectores en ellas bastante bien delimitados (comúnmente llamados detalles usuales), hay contornos fáciles de reconocer (con respuestas frecuentes), y la consigna establece que debe responderse qué podría ser eso (y no qué es), así como tampoco se aceptan fracasos o producciones demasiado breves. Como argumentara Weiner, el estímulo más ambiguo de las técnicas de evaluación más usadas y el que más probablemente genere respuestas basadas solamente en la proyección es la lámina 16 del Test de Apercepción Temática (TAT), que es una lámina totalmente en blanco donde hay que responder con una historia. Como se entenderá, esto está muy lejos de lo que ocurre con el Rorschach. Sin embargo, la estructuración de las láminas y consiga del Rorschach no impiden la posibilidad de que el examinado proyecte características autodescriptivas en sus respuestas. Ahora bien, si se tomara la simplista y cuestionada (Meyer y Kurtz, 2006) clasificación de las técnicas de evaluación entre proyectivas y objetivas, se diría que encasillar al Rorschach implicaría tener una perspectiva empobrecida del valor de la técnica. A la luz de los argumentos revisados, se puede entender que el Rorschach reúne propiedades de ambas categorías. Se puede decir, por un lado, que es una prueba de evaluación objetiva, en tanto consiste en una serie de estímulos específicos, con una administración estandarizada, y pautas claras de codificación e interpretación. Si bien muchas respuestas al Rorschach no pueden codificarse con tanta certeza como una respuesta verdadero/falso en un inventario autoadministrable, los criterios del Sistema Comprehensivo permiten alcanzar elevados niveles de confiabilidad interjueces, a menudo entre 80% y 90% (Exner, 1993; McDowell y Acklin, 1996; Meyer, 1999). De hecho, pruebas como las escalas Vocabulario, Comprensión, y Analogías del Wechsler, típicos ejemplos de tests psicométricos, tampoco son 100% confiables en cuanto a la aplicación de criterios de puntuación. Por ejemplo, una respuesta
determinada a un ítem de Comprensión puede ser valorada con dos puntos por un examinador y con un punto según otro examinador. Asimismo, hay ejemplos de escalas clínicas, como la de depresión de Hamilton (Hamilton, 1960) o la PANSS de síntomas esquizofrénicos positivos y negativos (Kay, Flszbein y Opfer, 1987), que requieren del examinador que asigne valores a los ítems de acuerdo con su juicio clínico. En este sentido, el Rorschach no es diferente a esas escalas, e incluso en algunos casos se podría aseverar que es más preciso. Siguiendo a Nunnaly (1987), tales instrumentos con estándares definidos de puntuación pero con cierto margen de diferencia interjueces deberían considerarse semi-objetivos. Posiblemente ésa sea una mejor caracterización del Rorschach, desde este ángulo. Además, revisando los requisitos necesarios para catalogar un test como psicométricamente válido, el Rorschach Sistema Comprehensivo los cumple holgadamente. Los tests intentan medir el grado en el cual se presenta algún fenómeno (Nunnaly, 1987). El Rorschach, en particular, incluye numerosas variables numéricas que funcionan como tests en sí mismas porque miden diversas características psicológicas (por ej., nivel de egocentrismo, fluidez de respuesta emocional, aislamiento interpersonal, etc.). Exner (1993, 2003) y Weiner (2002) señalaron insistentemente que el Rorschach satisface completamente los criterios estándares para ser considerado un test, atendiendo a la definición de “test” de los Standars for Educational and Psychological Testing de la American Educational Research Association (1999): “un conjunto de tareas o preguntas con el propósito de elicitar tipos particulares de conducta al ser presentados bajo condiciones estándar y de arrojar puntajes que tendrán propiedades psicométricas deseables tales como alta confiabilidad y alta validez” (p. 2) (Traducción del autor). La mencionada validez psicométrica de un test se juzga a partir de si (a) distintos usuarios pueden alcanzar un razonable acuerdo en la codificación de sus variables; (b) proporciona información con valores que tienen una mínima variancia de error y se aproximan estrechamente a los valores reales; (c) se ha demostrado que sus resultados son adecuadamente sensibles a las conductas o procesos que pretenden evaluar; y (d) hay estadísticas descriptivas de varias poblaciones (Anastasi y Urbina, 1997). Tal como lo demuestran los estudios metaanalíticos de Hiller, Rosenthal,
Bornstein, Berry y Brunell-Neuleib (1999), Grønnerød C. (2003, 2004), Mihura, Meyer, Dumitrascu y Bombel (2013), Shontz y Green (1992) y las revisiones exhaustivas de Weiner (2002), cuando el Rorschach es aplicado de acuerdo con el Sistema Comprehensivo, satisface cada uno de estos cuatro requisitos psicométricos. Ahora bien, desde otro ángulo, se puede considerar que las manchas de tinta ambiguas son también un estímulo para las asociaciones ligadas con fantasías íntimas del examinado. Klopfer (1954) y Schafer (1954) fueron, probablemente, los clásicos propulsores norteamericanos de la interpretación psicoanalítica en el contenido de las respuestas. En nuestro medio, las propuestas teóricas de rorschachistas como Kacero (2009), Orlando (1976) y Passalacqua (2000) han hecho un especial énfasis en un abordaje subjetivo de las producciones de la fantasía contenidas potencialmente en las respuestas al test. Ciertamente, existen verbalizaciones en muchos sujetos que difícilmente no sean portadoras de fantasías muy personales, como por ejemplo esta respuesta en Lámina X: “protozoarios, tipo los generadores del mundo, como si fueran amebas, unidos unos con otros, como que se parasitaran unos a otros”. No hace falta una gran intuición para suponer que las fantasías sobre las relaciones sociales para esta persona están teñidas de tendencias primitivas, simbióticas y ambivalentes. Mirado desde esta otra perspectiva, entonces, el Rorschach es también una técnica proyectiva. En definitiva, la técnica protagonista de este trabajo de investigación es polifacética en cuanto a su naturaleza, con un gran potencial para evaluar varios atributos psicológicos al mismo tiempo. Por lo tanto, en adelante se tendrá en cuenta al Rorschach como un instrumento semi-objetivo de evaluación multidimensional de la personalidad, que funciona como una tarea de resolución de problemas y que permite recabar material proyectivo. Este trabajo se concentra sobre el papel del test en la evaluación del funcionamiento cognitivo.
CAPÍTULO 2 Funcionamiento cognitivo:
Generalidades, patología y exploración
Al hablar de procesos cognitivos se hace inevitable recordar los albores de la psicología científica, cuando Wundt se propuso estudiar las sensaciones como elementos de la conciencia por medio de la introspección experimental. Si bien ya han pasado 130 años del inicio del laboratorio de Leipzig, el estudio de los procesos mentales básicos todavía entraña grandes interrogantes y
fuertes debates. El desarrollo de la psicología estructuralista (Titchener, 1913)
y funcionalista (James, 1890) hasta mediados del siglo pasado estuvo muy
centrado en dar respuesta a cuestiones acerca de la percepción y de la memoria y, en algunos casos, del pensamiento y del lenguaje. Se podría situar un momento clave que posibilitó el estado del arte actual del tema de los procesos básicos en el encuentro protagonizado por G. Miller, A. Newell, H. Simon, N. Chomsky, D. Green, y J. Swets en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en 1956, en una época en la que las computadoras comenzaban a insinuarse como un ejemplo artificial de la naturaleza de la mente en el ser humano (Duarte, 1996; Lindsay y Norman, 1983; Rivière,
Desde entonces, el abordaje de la mente humana entendida como un sistema lógico de procesamiento de información se fue haciendo más aceptado
y enriqueciendo con múltiples investigaciones. Tales fueron las raíces de lo
que se dio en llamar el paradigma de la Psicología Cognitiva. Desde este enfoque, basado en un dualismo funcionalista, la mente puede ser estudiada en sí misma como parte de la descripción de un fenómeno más complejo y abarcativo, que también admite explicaciones biológicas y sociales (Duarte,
1996). La famosa analogía con la computadora provino de la facilidad con que se deslinda en esas máquinas el soporte físico (hardware) del lógico (software)
y así se pudo ilustrar la idea de que la mente equivale en el ser humano al
sistema lógico (es decir, los programas o software) que ordena la información. En la actualidad, se habla de procesos cognitivos cuando se describen las funciones y estructuras que permiten a la mente humana ingresar y reconocer datos (percepción), seleccionarlos y filtrarlos (atención), almacenarlos y recuperarlos posteriormente (memoria), integrarlos de diversos modos (pensamiento) y comunicarlos mediante símbolos gráficos y sonoros (lenguaje). Algunos de estos procesos se consideran jerárquicamente más complejos o superiores, fundamentalmente por el hecho de implicar la acción de otros. Por ejemplo, el pensamiento necesita de la existencia previa de memoria, atención y percepción. Es importante aclarar que estructuras y procesos son términos que aluden a aspectos diferentes del fenónemo mental (Sternberg, Mio y Mio, 2009). Se hace referencia con la palabra estructuras a los componentes básicamente estables del sistema mental, que conforman un “esqueleto” siempre presente. Si bien hay discusiones aún en ese tópico, como, por ejemplo, el tema de la modularidad (o distribución estructural de funciones encapsuladas) de la mente (Fodor, 1983), existe un acuerdo general en considerar que la mente humana está estructuralmente organizada en subsistemas relacionados. Tal organización implica al menos: (a) una unidad multicomponente de memoria (memoria sensorial + memoria de corto plazo + memoria de largo plazo), (b) mecanismos de flujo y selección de información y (c) una unidad de procesamiento (que comprende funciones superiores). Por otra parte, se entiende por procesos a la actividad que se da en el sistema, ya sea que involucre o no a todos los componentes estructurales. Por ejemplo, el almacenamiento de datos en la memoria y su posterior recuperación es un proceso. También es cierto que hay debates en torno a la mecánica de los diversos procesos e, incluso, a la existencia o no de algunos de ellos (Adrover y Duarte, 2000; Rivière, 1991; Lindsay y Norman, 1983), así como se discute acerca del tamaño y especificidad del rol de la conciencia en dichos procesos (Miravalles y Sanz, 2001) y de la forma (secuencial o en paralelo) en que se distribuyen (Fodor y Pylyshyn, 1988, von Stein, Chiang y Konig 2000). Sin embargo, hay bastante acuerdo en cuanto a que existen múltiples procesos cognitivos ejecutándose simultáneamente tanto a nivel conciente o explícito
como a nivel inconciente o implícito, y que involucran, al menos: ingreso, selección, pérdida, almacenamiento, retención, recodificación, asociación y recuperación de información (Sternberg, Mio y Mio, 2009). Dentro de los mayores aportes de lo que algunos llamaron revolución cognitiva (Holdstock, 1994), se pueden distinguir dos grandes conceptos que tienen particular importancia para la comprensión del proceso de respuesta en el test de Rorschach. Uno es el concepto de esquema, propuesto inicialmente por Bartlett (1932), y el otro consiste en la noción de procesamiento y sus variantes. Lo que se denomina esquema, desde la temprana época de Bartlett, es una estructura de conocimiento genérico que se construye a partir de la experiencia vivida en distintas situaciones y se mantiene en memoria, activándose cuando situaciones similares emergen (Sternberg, Mio y Mio, 2009). Esto es, se trata de un tipo de representación mental que se reconstruye para cada ocasión combinando experiencias pasadas con la activación producida por la experiencia actual y su contexto. Así, el esquema sirve como un prototipo organizador de la percepción, del pensamiento, de las emociones y de las acciones, siendo disparado por factores situacionales. Esto tiene efecto en la mayoría de las situaciones, incluso en la vida social (Baumeister y Finkel, 2010). La noción de esquema, por su caracterización como una pequeña red dinámica de elementos mentales que se ajusta continuamente a las experiencias del sujeto, dista mucho del antiguo concepto estático de engramas, propio de la época de H. Rorschach. Los esquemas disparados por una situación dada forman modelos de trabajo sobre los cuales se interpreta y responde ante dicha situación. Esos modelos de trabajo buscan ajustarse lo mejor posible a la experiencia del momento. Los procesos de los esquemas funcionan inconcientemente y construyen el modelo de trabajo de modo paralelo, de suerte que es perfectamente posible que numerosos esquemas sean activados simultáneamente por una misma situación (Johnson-Laird, 1983, Minervino, 2007). El tema del procesamiento es otro punto de énfasis a tener en cuenta. Se entiende que si un estado mental específico deriva en otro estado mental posterior, he allí un proceso. La Psicología Cognitiva se ha caracterizado por
representar los pasajes de un estado mental a otro con gráficos de cajas (ilustrando los estados) y flechas (ilustrando los procesos de pasaje de un estado al otro). Entre las cualidades del funcionamiento de la mente –y a partir de diferenciarse niveles de procesamiento (lo que se entiende como una mente jerárquica)– se destaca una clásica distinción entre dos vías de procesamiento. Se las conoce como procesamiento guiado por los datos (PGD) y procesamiento guiado conceptualmente (PGC) (Carretero, 1996; Lindsay y Norman, 1983; Sternberg, Mio y Mio, 2009). El primero se refiere a la secuencia de procesos que se da en un orden abajo-arriba 3 , es decir, desde el ingreso de los datos iniciales (inputs) hasta su almacenamiento en la Memoria de Largo Plazo (MLP). Inversamente, el PGC refleja el mecanicismo en orden arriba-abajo que se activa desde los sistemas centrales hasta los periféricos, esto es, los procesos que se inician desde nuestro conocimiento previo y nuestro sistema de creencias y que se dirigen a actuar sobre la información presente en la conciencia. El recorrido que efectúan los datos en el sistema cognitivo ocurre normalmente en ambos sentidos. Tanto en memoria como en percepción es imposible explicar un proceso sin considerar esta doble vía de circulación de información. Por ejemplo, cuando se lee una palabra, el PGD opera en el ingreso de los rasgos físicos de la palabra, las formas, tamaños relativos y colores de sus letras, en tanto que el PGC consiste en los mecanismos por los cuales la información almacenada previamente en la MLP permite reconocer ese estímulo visual como una palabra y asignarle un significado. El flujo de datos en ambos sentidos se da simultáneamente y en forma permanente. Dentro de las funciones cognitivas y, en particular, como función superior, se destaca el pensamiento por su amplio rol en la vida cotidiana. El pensamiento ha recibido una dedicación relativamente tardía en el mundo de la investigación cognitiva, probablemente debido a la complejidad del tema (González, 1987). Los primeros estudios relacionados con pensamiento tendían a circunscribirse a la resolución de problemas (Botía y Orozco, 2009;
3 La metafórica expresión de abajo-arriba o arriba-abajo alude a una representación jerárquica de los procesos mentales. El puro análisis de los datos sensoriales se considera una actividad primitiva, también presente en animales inferiores y metafóricamente se dice que viene de “abajo”. La integración de la información con conocimientos o creencias previas, en cambio, implica un camino que viene desde la unidad de procesamiento más compleja, superior, y metafóricamente se expresa que viene de “arriba”.
Davidson y Sternberg, 2003), pero aportes posteriores (Neisser, 1967/1981; Rivière, 1986; González, 1986) remarcaron la importancia de entender al pensamiento como una actividad mental multifacética que, si bien involucra los procesos de resolución de problemas y razonamiento, también incluye actividad mental menos dirigida o deliberada, como el fantaseo, el sueño, la inspiración artística, y las preocupaciones. En suma, hoy se considera al pensamiento como un proceso cognitivo interno complejo que puede aparecer como más o menos controlado, y que usualmente genera la conducta inmediata, ya sea en toma de decisiones, solución de problemas, u otras situaciones en que distintos datos sean relacionados. A lo largo de este trabajo se harán reiteradas referencias al funcionamiento cognitivo y, en especial, al pensamiento. El marco teórico es el del paradigma del procesamiento de la información, que nació simbólicamente en aquel encuentro del MIT de 1956. En la actualidad existen controversias que separan lo que podría llamarse paradigma PI (Procesamiento de Información) y paradigma C-R (Cómputos sobre Representaciones) (Rivière, 1991), controversias que provienen de las viejas versiones débil y fuerte –respectivamente- de la analogía mente-computadora. No obstante lo irresuelto de esa polémica, las sutilezas de tales discusiones no son relevantes (al menos por ahora) para los fines de este estudio.
La implicancia clínica de la evaluación de procesos cognitivos
Posiblemente, desde la época en que Beck, Rush, Shaw y Emery (1979) publicaron su trabajo sobre el tratamiento cognitivo en las depresiones, el interés por aplicar los conocimientos modernos sobre procesos básicos en la clínica psicopatológica pareció aumentar. De hecho, Aaron Beck definió a la psicoterapia cognitiva como la utilización práctica de la psicología cognitiva en la clínica terapéutica (Beck et al., 1979; Beck, Freeman, Davis y asociados, 2004; Fernández Alvarez, 2006). Las psicoterapias cognitivas y comportamentales han adquirido una expansión y desarrollo muy importantes en los últimos treinta años, reconociendo su origen en la obra de
Wolpe (1958), Psychotherapy by reciprocal inhibition (Beck et al., 2004; Ladouceur, Fontaine y Cottraux, 1994). En particular el desarrollo de la psicoterapia cognitiva de hoy se propulsó con los trabajos de A. Beck y sus colaboradores. El centrarse en el problema planteado por el paciente y la búsqueda de patrones mentales desadaptados (pensamiento catastrófico, absolutismo, generalización excesiva, etc.) son características nucleares de este tipo de enfoque terapéutico. Algunas peculiaridades de estos procesos fueron identificadas como desadaptaciones de la cognición que propugnan comportamientos desadaptados y el tratamiento cognitivo busca modificar esos procesos. Pero el tema no se inicia ni se agota con la psicoterapia cognitiva. Antes bien, el examen de procesos cognitivos en la clínica psicopatológica es probablemente tan viejo como el estudio de la psicopatología. Las antiguas descripciones de enfermedades mentales de fines del siglo XVIII, en 1768 por Sauvages de la Croix y, en 1769, por Cullen (citados por Ban y Ucha Udabe, 1995), incluían referencias a alteraciones del estado “normal” de la mente. Aunque rudimentarios, los métodos médicos de observación de esa época registraban no sólo la conducta alterada sino los trastornos de la llamada “experiencia subjetiva”. Precisamente esta experiencia subjetiva era el acontecer cognitivo del paciente, por ejemplo, las alucinaciones y los delirios. Del mismo modo, a los sujetos catalogados como “débiles mentales” u oligofrénicos se los juzgaba como tales por tener bajo nivel de eficacia en los procesos cognitivos superiores (pensamiento y lenguaje) (Ban y Ucha Udabe,
Con los avances del siglo XX en psicología básica, psicometría y psiquiatría, las descripciones y conceptos relacionados con procesos cognitivos patológicos fueron refinándose paulatinamente, aunque todavía resta mucho por hacer. En la actualidad, la nomenclatura del manual de enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM- IV-TR (2000) frecuentemente incluye entre sus criterios diagnósticos alguna necesidad de examinar funciones cognitivas. Siete de los diez trastornos de inicio temprano, todos los trastornos asociados con demencias y deterioro, casi todos los trastornos inducidos por sustancias, todos los trastornos del
espectro psicótico, todos los trastornos del ánimo, todos los trastornos de ansiedad, los trastornos disociativos, cinco de los diez trastornos de personalidad y tres de los códigos adicionales del DSM-IV-TR tienen directas especificaciones, dentro de sus criterios diagnósticos, acerca de alteraciones en uno o más procesos cognitivos. Por lo tanto, en la clínica psicopatológica contemporánea, el examen cuidadoso y diferenciado de estas funciones es crucial en la asignación no sólo de diagnósticos, sino también de estrategias de tratamiento. Dentro de este último objetivo, Aaron Beck, Arhtur Freeman, Denise Davis y otros colaboradores (Beck et al., 2004) se destacaron en el señalamiento de las distorsiones y sesgos cognitivos de los principales trastornos de personalidad para proponer programas tera-péuticos acordes al caso.
En el campo clínico actual, distinguir problemas de atención de problemas de memoria, problemas de lenguaje de problemas de pensamiento, y problemas de inteligencia de problemas de comportamiento son tareas de importancia diagnóstica que inciden en la elección de un psicofármaco, de un plan de tratamiento psicológico, o de una internación. Para lograr hacerlo con razonable éxito, muchas veces se requiere la aplicación de pruebas, dado que la observación no sistemática de la conducta y la entrevista psiquiátrica son poco precisas para esos fines (Kleiger, 1999; Meyer, 2002; Meyer et al., 2001). De hecho, en casos especiales, el manual DSM-IV-TR exige la aplicación de alguna técnica de evaluación estandarizada. Un ejemplo es el diagnóstico de retraso mental (F70.x, en la nomenclatura de códigos DSM) que requiere los resultados de un test de cociente intelectual (CI). Dentro de las funciones cognitivas cuyo status debe ser frecuentemente evaluado con detalle en las admisiones psiquiátricas está el pensamiento. Al tratarse de una función polifacética y compleja, la variedad de trastornos posibles y de formas de presentación dificulta su examen a través de la mera observación clínica. El pensamiento, sin embargo, cuando está alterado, ya sea por subdesarrollo (como en los retardos mentales), por desorden (como en las esquizofrenias), o por deterioro (como en las demencias), suele ser clínicamente evidente por su impacto en la conducta. Por ejemplo, un sujeto con retraso del desarrollo puede mostrar incapacidad para resolver
situaciones simples, un esquizofrénico puede sorprender con comportamientos bizarros basados en explicaciones extrañas e incomprensibles sobre su vida, y a un anciano demente pueden ocurrirle ambas cosas. Se pasará, entonces, a revisar el tema de los trastornos del pensamiento por su gran impacto en la clínica psicológica.
El problema de los trastornos de pensamiento
¿En qué consiste el pensamiento? Muchos autores lo han conceptualizado de diversas maneras. Una síntesis general de los distintos aportes supone que el pensamiento es un proceso cognitivo superior y multifacético, ejecutado tanto a nivel conciente como inconciente, que implica la acción previa de mecanismos perceptivos y de la memoria, que involucra la manipulación de representaciones de eventos y objetos no presentes en la realidad inmediata,
que puede presentarse o bien como un proceso controlado y dirigido a metas
bien como un proceso descontrolado y sin metas aparentes (Botía y Orozco,
2009; Bourne, Ekstrand y Dominowski, 1996; Davidson y Sternberg, 2003; González, 1987). Esta última distinción corresponde con lo que se conoce como el pensamiento aplicado a resolución de problemas –por un lado- y el pensamiento que simplemente discurre por la conciencia –por otro lado. Este último se da cuando el sujeto se deja llevar por intuiciones, preocupaciones súbitas, fantasías, o inspiraciones artísticas. En este tipo de pensamiento se
permiten libertades o se imponen ideas que no ocurren, al menos necesariamente, al resolver problemas. Los trastornos del pensamiento, en la tradición psiquiátrica, hacen referencia a perturbaciones que tienen especial impacto en el pensamiento como resolución de problemas. La descripción psiquiátrica de los trastornos del pensamiento implica una asociación de ideas incoherente (también llamada “descarrilamiento”) asociada con una pérdida de contacto con la realidad. Esto se diferencia de las obsesiones y las preocupaciones que, en cambio, son experimentadas por el sujeto como intrusivas y fuera de su foco de atención y, por lo tanto, estarían más asociadas al pensamiento como
discurrir de la conciencia. Cuando Bleuler (1911) desarrollaba sus estudios sobre la esquizofrenia, consideraba al trastorno del pensamiento como un síntoma fundamental de esta enfermedad. No obstante, hoy se sabe que el pensamiento puede aparecer igualmente perturbado en otros cuadros psiquiátricos, en particular en otras formas de psicosis, en episodios maníacos y en cuadros causados por sustancias psicoactivas o lesiones neurológicas (véase los criterios correspondientes en el DSM-IV-TR). Se ha intentado identificar factores componentes de este fenómeno – i.
e., si es o no multidimensional- y, aunque los hallazgos todavía no son concluyentes, al menos un factor parece ser clave. Dicho factor se denomina “perspectiva deteriorada” (Harrow y Quinlan, 1985) y consiste en la incapacidad del sujeto para juzgar la adecuación social de sus producciones. Por ejemplo, un paciente esquizofrénico puede generar una explicación delirante acerca del hospital donde está internado, diciendo que en verdad se trata de un centro de refugiados extraterrestres desde donde se envían mensajes telepáticos a la humanidad. Cualquier otra persona con un poco de imaginación también podría crear una explicación similarmente bizarra, pero
a su vez sabría que socialmente tal explicación es inaceptable y la
desestimaría, en tanto el paciente esquizofrénico no puede hacer eso. Otro aspecto importante es la continuidad del fenómeno. Si bien en un principio muchos autores consideraron al trastorno de pensamiento como un fenómeno discreto, estudios posteriores dieron fuerte apoyo a la idea de que
se trata más bien de un continuo que nace en el extremo del pensamiento
normal y termina en el caso de los delirios más bizarros (Harrow y Quinlan, 1985; Andreasen y Grove, 1986; Kleiger, 1999). En consecuencia, el trastorno
del pensamiento encontraría su máxima expresión en la esquizofrenia, en los trastornos esquizoafectivos y en los episodios maníacos, pero no sería privativo de éstos.
Técnicas desarrolladas para evaluar trastornos de pensamiento
La presencia de trastornos de pensamiento se puede examinar con diversos
medios. Usualmente, la entrevista clínica es el modo con que se diagnostican
y describen estos trastornos en la práctica hospitalaria (Meyer, 2002). A través
de la entrevista, también se pueden observar detalles de la conducta verbal del examinado para usar escalas, como, por ejemplo, la Escala de Andreasen para la Evaluación del Pensamiento, el Lenguaje y la Comunicación (TLC; Andreasen, 1986). En cuanto a técnicas autoadministrables, los inventarios clínicos, como el sólido Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota (MMPI-2; Butcher, Dahlstrom, Graham, Tellegen y Kaemmer, 1989; Butcher
y Williams, 2000) y los más recientes Inventario Clínico Multiaxial de Millon
(MCMI-III; Millon y Davis, 1998) e Inventario de Evaluación de Personalidad (PAI; Morey, 1996), también incorporan escalas sensibles a la presencia de trastornos de pensamiento. Incluso, hay escalas específicas, como la escala Venables (Venables, Wilkins, Mitchell, Raine y Bailes, 1990) y las Psychosis Proneness Scales (Chapman, Chapman y Miller, 1982). Si bien las pruebas de este tipo pueden ser buenas predictoras del fenómeno, su mayor limitación es la imposibilidad de ponderar la gravedad y las características cualitativas del trastorno. Sin una muestra de conducta verbal directa, esto último no sería factible. Precisamente, las técnicas de expresión o performance (por oposición
a las autodescriptivas y a las listas de chequeo) suelen propiciar el campo fértil para que el sujeto despliegue su producción de pensamiento y ofrezca una demostración del fenómeno in vivo (Kleiger, 1999). Dentro de estas técnicas se halla el Rorschach. En el siguiente capítulo se abordarán en detalle sus ventajas en esta área.
Una perspectiva cognitiva: el Rorschach como resolución de problemas.
Hermann Rorschach intuyó que en la producción de interpretaciones posibles a una imagen de tinta ambigua se verían involucrados los mismos procesos mentales que están alterados en los enfermos psiquiátricos, y pensó que debía ser interesante observar las características de sus respuestas en comparación con las de sujetos normales. Si bien Rorschach subrayaba el carácter empírico de su obra (Rorschach, 1921/1979), aclarando que reclamaba un marco teórico, puede vislumbrarse en su idea original una posición teórica. Esta posición teórica podría, tal vez, sintetizarse como sigue: Los pacientes psiquiátricos son sujetos cuya conducta está alterada por trastornos originados en estados mentales específicos y que, como tales, pueden ponerse en marcha a partir del acto cognitivo más básico, que es la percepción; luego, si se estimula de un modo ambiguo el aparato perceptivo del sujeto, éste es forzado a desplegar un sinnúmero de procesos mentales movilizados a partir del ingreso de datos sensoriales. Esto es, se trata de un ejercicio perceptivo donde el carácter indefinido del campo estimular ralentiza, por así decirlo, los pasos cotidianos del proceso perceptivo y activa, por consiguiente, funciones superiores. La percepción, como indicaba Neisser (1967/1981), es el acto cognitivo más importante, en tanto antecede a los procesos ulteriores más complejos y, sin ella, no habría cognición. La característica fundamental del test de Rorschach es la configuración ambigua de los estímulos sumada a una consigna donde se indica que el sujeto desidentifique a la mancha como tal y ofrezca interpretaciones alternativas. Esta situación obliga al examinado a seguir complicados procedimientos de selección y codificación del campo estimular, para finalizar en una toma de decisiones. De ahí que pueda
conceptualizarse al Rorschach como una prueba de resolución de problemas. En sucesivas y pormenorizadas investigaciones que apoyan esta idea, Exner (1993) pudo identificar tres fases en la producción de las respuestas al test:
1. Admisión y codificación del input, seguida por una ordenación de respuestas potenciales.
2. Eliminación de respuestas potenciales por ser últimas en el orden y por
acción de la censura.
3. Selección de algunas respuestas por estilos personales y por factores de
Estos pasos son muy veloces e implican que el proceso de formación, selección
y emisión de respuestas en el test moviliza desde las funciones más simples
hasta las más complejas. Resumidamente, las tres fases se desenvuelven como sigue. En la primera, el sujeto explora visualmente el estímulo completo (la figura) en un lapso inferior a un segundo, selecciona porciones y genera numerosas interpretaciones posibles, la mayoría de las cuales aparecen en los primeros segundos. En la segunda fase, las respuestas posibles que el sujeto juzga perceptualmente menos adecuadas son desechadas y luego se suprimen aquellas cuyo contenido se supone censurable socialmente (generalmente, ocurre con las respuestas de contenido sexual o agresivo). Finalmente, en la fase tres, de entre las respuestas potenciales que quedaron, elige emitir aquellas acordes con sus preferencias o estilos personales estables (por ej., las más simples o las más complejas, las más afectivas o las más intelectuales) y las respuestas que estén más motivadas por operaciones psicológicas
transitorias (por ej., estrés, fluctuaciones anímicas). 4 A la luz de este enfoque, y con los hallazgos disponibles, se puede pensar que el funcionamiento cognitivo del sujeto se ve necesariamente expuesto en
esta técnica y, si bien la Psicología Cognitiva se ha dirigido fundamentalmente
a la explicación de mecanismos universales de procesamiento, ofrece un sólido
marco referencial para comenzar a comprender los fundamentos del test. Mientras tanto, en el transcurso de la historia, los principales desarrolladores
4 Para una profundización sobre los estudios que justifican la propuesta de estas fases, véase el capítulo 2 de Exner, J. (1993) The Rorschach: A Comprehensive System. Vol. 1. Basic Foundations. 3rd Ed., N.Y., Wiley y Son, o su traducción al español El Rorschach: Un Sistema Comprehensivo. Fundamentos Básicos. de la Editorial Psimática, de Madrid.
de la técnica fueron haciendo a su manera las bases del enlace entre los observables de un protocolo y las operaciones cognitivas, aunque sin apoyarse en el paradigma cognitivo (Acklin y Wu-Holt, 1996; Sanz, 1997a). Durante la evolución de los sistemas de aplicación del Rorschach, fueron proponiéndose distintos criterios de codificación y de interpretación para los aspectos de las respuestas que implicaran peculiaridades o desórdenes en la atención, de la percepción y del pensamiento. Actualmente, el Sistema Comprehensivo contiene numerosas variables del test que darían cuenta de estos aspectos del funcionamiento cognitivo. Como se indicaba más arriba, el test de Rorschach ha sido definido habitualmente como un test proyectivo. Según lo discutido en el primer capítulo, esta definición es muy simplista y no representa la compleja naturaleza de la técnica. Desde una perspectiva cognitiva, parece más apropiado entenderla como una prueba de resolución de problemas y toma de decisiones, que favorece la proyección pero que no se restringe a ella y, en sentido más genérico, un método para recoger información sobre características psicológicas (Weiner, 2002). Ciertamente, si se considera la consigna y el material estímulo del test, sin dudas se trata de un problema a resolver. Un test como el Rorschach es –a diferencia de los inventarios autoadministrables de personalidad- una prueba de performance. Esto es, su potencial para explorar los procesos y trastornos cognitivos proviene del hecho de que ofrece una muestra directa de conducta resolutiva. Observar sistemáticamente cómo un sujeto soluciona el problema del Rorschach sirve para capturar un ejemplo concreto de esos procesos y evaluarlos en su cualidad y, en caso de existir patología, ponderar su gravedad. Esto no es posible con los instrumentos de respuesta cerrada, como los inventarios autoadministrables, y le otorga al Rorschach una ventaja en la exploración fina de las disfunciones cognitivas (Kleiger, 1999). En otras palabras, el sujeto no reporta si es verdad o no que tiene problemas para pensar con claridad, sino que directamente ilustra, ipso facto, cómo piensa. El Rorschach, como problema a resolver, puede categorizarse –según los criterios de Bourne, Ekstrand y Dominowski (1996)- como mal definido (en contraposición a los problemas bien definidos), de presentación visual con
respuesta verbal, con múltiples respuestas posibles (a diferencia de los problemas de respuesta única), y de producción de soluciones (en oposición a los problemas con selección de soluciones). El grado de definición de un problema es de considerable importancia. Los problemas mal definidos, como el Rorschach, no tienen una explícita descripción de todos los procedimientos (lo que se puede o no hacer, cuántas variables se pueden tener en cuenta, etc.) ni de la meta (no queda establecido cuál o cuáles son los estados finales satisfactorios), lo que obliga al sujeto a adoptar una estrategia heurística 5 . Al ser un problema mal definido, no es posible decir que haya una lista limitada de respuestas correctas: las hay más o menos creativas, más o menos complejas, más o menos extrañas. El criterio que se considera para valorar de algún modo la solución (respuesta) al problema que el Rorschach le plantea al sujeto, entonces, es la convencionalidad. En el Sistema Comprehensivo de Exner se entiende por convencional una respuesta dada por, al menos, 2% de la población no psicótica. Este criterio de convencionalidad sugiere una estrecha relación con el factor clave de los trastornos del pensamiento, mencionado más arriba, esto es, el juicio del sujeto sobre la adecuación social de su producción. En definitiva, los sujetos con mayor perturbación del pensamiento suelen ofrecer respuestas al Rorschach que la mayoría de la gente también podría llegar a dar. Pero las personas no perturbadas no comunican esas respuestas al examinador por juzgarlas inadecuadas socialmente. Esas respuestas son eliminadas durante la segunda o la tercera fase del proceso. Si se mira al Rorschach desde la perspectiva de un problema a resolver, toda actividad cognitiva previa a la emisión de una respuesta será pensamiento. Sin embargo, las láminas contienen, en muchos casos, fuertes condiciones estimulares que promueven un fácil reconocimiento de imágenes. Por ejemplo, la figura completa de la Lámina V es reconocida habitualmente como un murciélago o una mariposa. En esos casos, el papel de la percepción
5 Las estrategias heurísticas, por contraposición a las algorítmicas, consisten en enfocar al problema sin analizar exhaustivamente todas las vías posibles de solución. El análisis exhaustivo (algorítmico) solamente es factible cuando las variables y componentes del problema son limitados. En el Rorschach, los posibles datos a combinar para elegir respuestas son, potencialmente, infinitos. Por eso únicamente puede ser abordado desde una estrategia sesgada y heurística.
es más determinante. A su vez, algunas respuestas resultan especialmente impregnadas por intensos procesos de pensamiento. Esas respuestas son las que involucran movimiento y las que incluyen los llamados códigos cognitivos críticos 6 . Cuando tales respuestas se acompañan de pérdidas de convencionalidad, entonces, representan momentos en los que el pensamiento dirigido a resolución de problemas está perturbado. La sola presencia de códigos cognitivos críticos implica dificultades en mantener una secuencia de asociaciones coherente y comprensible para otros. En resumidas cuentas, se puede suponer que un enfoque cognitivo del Rorschach como prueba problema implica al menos dos cuestiones: (a) asumir que es una situación inicial de la que el sujeto debe partir para llegar a un estado final siguiendo estrategias heurísticas por medio de sus funciones mentales, y (b) que la valoración de las soluciones que ofrezca el sujeto se hacen sobre la base de una convencionalidad intersubjetiva.
El enfoque cognitivo en la explicación del proceso de respuesta
Si bien los trabajos impulsados por la Rorschach Research Foundation (RRF) 7 desde sus inicios han dado fruto en validar las muchas variables que componen el sistema, quedan por investigar varios aspectos. En principio, si bien la técnica ha recopilado un gran conocimiento sobre su validez predictiva, todavía reclama más desarrollos que le otorguen validez de constructo, a pesar de los encomiables esfuerzos que se han hecho por vincular sus variables con términos dinámicos. Estos últimos suelen involucrar serios problemas de operacionalización, con lo cual existe un abismo epistemológico difícil de franquear. Por otra parte, las investigaciones básicas en Psicología Cognitiva se apoyan permanentemente en la experimentación, buscando con mayor énfasis la descripción empírica de los términos teóricos. Este aspecto facilita su enlace con el Rorschach. No obstante, sería sesgado pretender que todo lo
6 Más adelante en este capítulo se ofrece una descripción de estos códigos. 7 Institución fundada por John E. Exner en 1969 para investigar y enseñar el Rorschach. Fue cerrada en 2006, luego de su fallecimiento.
que el Rorschach aporta es información sobre el funcionamiento cognitivo del sujeto. Lo que sí parece plausible es que un enfoque hacia los mecanismos de procesamiento constituye la primera puerta de entrada segura hacia la integración entre lo teórico y lo empírico del test de Rorschach. La explicación de qué es lo que ocurre psicológicamente entre el momento en que se le entrega la primera lámina al sujeto y el momento en que éste emite su respuesta es el núcleo conceptual de cómo funciona el test. Como se vio más arriba, la óptica sobre tal funcionamiento no ha sido siempre la misma y el propio Hermann Rorschach se mostró cauteloso a ese respecto
y se aferró más a una postura empirista. También se ha expuesto aquí que el
test plantea una resolución de problemas y que elicita necesariamente procesos cognitivos, de los cuales se podría dar cuenta con los aportes de la psicología cognitiva moderna. Las tres fases en la producción de la respuesta señaladas por Exner ayudan a describir el proceso, pero no terminan de explicarlo.
¿Sería posible encontrar una explicación cognitiva a este fenómeno? Posiblemente los primeros autores en intentar establecer una fundamentación
cognitiva del proceso de respuesta en el test de Rorschach sean Acklin (1994)
y Wu-Holt (Acklin y Wu-Holt, 1996). Basándose en los conceptos clave de
esquema y procesamiento (secuencial y en paralelo), proponen una explicación teóricamente más rica que la tradicional y escueta basada en la psicología asociacionista representada por Rapaport (1946). De acuerdo con Acklin y Wu-Holt, el contexto de la evaluación misma (el momento de estar frente al test respondiendo a la consigna ¿Qué podría ser esto?, las características del examinador y los motivos de dicha evaluación) lleva a formarse un esquema de la situación en el que se consideran numerosas posibilidades de percepciones y conductas. Este esquema es dinámico y está muy relacionado con variables como el motivo del examen, el género del examinador, etc. A su vez, la consigna misma agrega elementos al esquema en tanto introduce una situación del estilo “como si” (recuérdese que la pregunta no es ¿Qué es esto? sino ¿Qué podría ser esto?). Luego de la generación de este esquema,
sobreviene todo un proceso de análisis de los datos que transcurre en milésimos de segundo. Con esa información disponible en la memoria de corto
plazo, se producirían activaciones de múltiples esquemas almacenados en la memoria de largo plazo. Es factible considerar que estas activaciones se darían en simultáneo a través de un procesamiento distribuido en paralelo. Según Acklin (1994), esta activación y selección múltiple de esquemas constituye el corazón del proceso de respuesta. Los esquemas activados se manipulan por medio de procesos de control defensivo (tradicionalmente denominados mecanismos de defensa) y que intentan hacer predominar los esquemas deseados por sobre los indeseados. El resultado de la lucha entre estos esquemas en conflicto y su ajuste con los rasgos del estímulo desemboca en
la respuesta verbal emitida por el sujeto. Cuando dos o más esquemas quedan
compitiendo entre sí, la respuesta del sujeto revelará un estado de alteración por medio de pensamientos o emociones intrusivos, comentarios al margen, o problemas de concentración. La respuesta verbal, en términos de procesamiento en paralelo, refleja la convergencia de una red neural activada hacia un estado que maximiza una medida global del ajuste.
El resultado de la etapa final de todo el proceso generalmente va a quedar capturado en la codificación que el examinador haga de la respuesta del sujeto. Por ese motivo, es tan importante la adecuada codificación de las respuestas del test, así como aplicar un sistema de codificación con criterios sólidamente fundados. Como se ha indicado más arriba, el Sistema Comprehensivo cumple con este requisito, superando problemas de sistemas anteriores. La siguiente cuestión a considerar es cómo se desmenuzan las funciones cognitivas a través de este sistema de Rorschach.
La tríada del Sistema Comprehensivo
A partir de los desarrollos de John Exner en el test de Rorschach, nació en
1974 el Sistema Comprehensivo. En su versión inicial, si bien distinguía en la interpretación a aquellas variables más directamente relacionadas con operaciones cognitivas, la organización de los datos estructurales del test en el sumario no reflejaba esta discriminación. Con el tiempo, la necesidad de establecer un orden metódico en la lectura interpretativa de los datos de cada protocolo condujo a Exner a rediseñar el sumario y agrupar por áreas
psicológicas las variables en juego (Exner, 1986, 1991, 2000). Así, la lectura de un protocolo Rorschach desde el Sistema Comprehensivo permite distinguir las variables que exploran (a) control de los impulsos y tolerancia al estrés, (b) experiencia y expresión de lo emocional, (c) autopercepción, (d) tendencias interpersonales y (e) funcionamiento cognitivo. Este último aspecto se desglosa en tres agrupaciones de variables: procesamiento, mediación, e ideación. Tales agrupaciones, en conjunto, conforman lo que se llama la tríada cognitiva. Respectivamente, cada una de ellas brinda información sobre características de la atención, la percepción y el pensamiento. A continuación, se verá un repaso a las principales variables más representativas de estas agrupaciones y, en el capítulo ulterior, se profundizará sobre aquellas de mayor interés para esta investigación.
Variables atencionales
Dentro de la agrupación de las variables de procesamiento en el Sistema Comprehensivo, es decir, las ligadas con la evaluación de la atención, se destacan el índice Lambda, la Calidad Evolutiva y la Actividad Organizativa.
El índice Lambda y el F%. La cantidad de respuestas cuyo determinante único es la forma (en lugar de tener movimiento, color, tercera dimensión, etc.) constituye un dato importante en el análisis cognitivo de un protocolo. El índice Lambda (L) se obtiene dividiendo el total de respuestas determinadas exclusivamente por la forma (F), por el resto de las respuestas del protocolo. Este cociente fue propuesto originalmente por Samuel Beck (1945) y retomado por Exner en el Sistema Comprehensivo. Ya Rorschach (1921/1979) suponía que las respuestas F indican la capacidad de atención/concentración del sujeto. Por su parte, Beck (1945) y Klopfer (1954) pensaban que las respuestas F implican procesos de demora en la respuesta afectiva, pero eran cautelosos con respecto a los excesos de F, argumentando que en esos casos podía delatarse un mecanismo de defensa o constricción. Con el tiempo, Exner (1991, 2000; véase también Weiner, 2002) asoció el incremento de F con un estilo cognitivo de evitación de la complejidad
estimular y, en algunos casos, como un índice de resistencia a la evaluación en sí.
Cuando el índice L supera el valor de 0.99 –es decir, cuando la cantidad
de respuestas F es igual o mayor a la mitad del total de respuestas del protocolo- se considera que la atención del sujeto está notablemente limitada
y que opera con restricciones sobre la complejidad del estímulo. Los filtros
atencionales en la gente que tiene este índice elevado son excesivos y hacen que el tratamiento de la información sea desmedidamente simplificado (Exner, 2000; Weiner, 2002). En la actualidad, dada su desventaja psicométrica por ausencia de valor matemático máximo, se lo tiende a sustituir en las investigaciones por la fórmula F% , basada en la proporción de respuestas F sobre el total de respuestas (R), lo que garantiza un valor máximo posible fijo (Meyer, Viglione y Exner, 2001).
La Calidad Evolutiva. Una variable estrechamente ligada a la complejidad cognitiva es la Calidad Evolutiva de las localizaciones o DQ (Developmental Quality). La DQ identifica el grado de elaboración requerido para formular la respuesta, que va desde la ambigüedad hasta la síntesis de varios elementos. En el Sistema Comprehensivo existen cuatro códigos posibles de DQ: (a) la DQv, o vaga, que se aplica a contenidos vagos o amorfos (por ej., un charco); (b) la DQo, u ordinaria, que identifica respuestas con una o más formas específicas sin relación entre sí (por ej., dos personas); (c) la DQv/+, o vaga de síntesis, que se aplica a respuestas donde hay más de un elemento y sus formas son vagas, pero se vinculan entre sí (por ej., humo saliendo de un fuego); y (d) la DQ+, o sintética, con que se codifican las respuestas donde dos
o más elementos se relacionan y al menos uno tiene forma específica (por ej.,
un pez atravesando unos corales). La frecuencia con que cada uno de los cuatro códigos aparece en un protocolo indica el nivel de trabajo cognitivo involucrado, siendo las más esperadas en adultos las DQo y DQ+. Esta última indica el mayor nivel de integración de datos y en general una frecuencia alta de respuestas de síntesis se asocia con un buen desarrollo intelectual (Exner, 2000, Weiner, 1998).
La Actividad Organizativa. Tomando fundamentalmente los criterios de Beck, el Sistema Comprehensivo incluye la categoría de Actividad Organizativa en la que se tiene en cuenta el grado de organización significativa de unidades de la mancha que alcanza un percepto. Su codificación se realiza por medio de puntuaciones denominadas puntaje Z y varía según el tipo de respuesta y la lámina en que se presenta. El rango de puntuaciones va desde 1.0 hasta 6.5. Empíricamente, Z consiste en el establecimiento de relaciones entre los elementos del campo de estímulos y por consiguiente representa un importante esfuerzo atencional (Exner, 1993, 2003). Una respuesta se computa como organizativa (Z), si cumple al menos uno de los siguientes criterios:
a) Es una respuesta de localización global (W) que implica uso definido de la
forma. Se la representa como ZW.
b) Establece una relación significativa entre detalles adyacentes o distantes.
Si los detalles relacionados son adyacentes, se la representa como ZA, y si son
distantes, como ZD.
c) Integra el espacio en blanco con otras áreas de la mancha en una respuesta
con uso definido de la forma. Se la representa como ZS. (Exner, 2001). La puntuación a asignar se elige de acuerdo con el tipo de organización y la lámina en que aparece. Por ejemplo, una respuesta que fusione el espacio en blanco con la mancha (ZS) en la lámina I vale 3.5 puntos, en tanto que ese
mismo tipo de respuesta vale 6.5 puntos en la lámina VI. Las puntuaciones para cada tipo de respuesta organizativa (ZW, ZA, ZD, o ZS) en cada lámina fueron adaptadas por Exner (2001) del manual de Beck et al. (1961) y se exponen en la tabla 3.1.
Tabla 3.1: Puntuaciones de Actividad Organizativa (Z) para cada lámina Rorschach.
Fuente: Exner (2001).
El Sistema Comprehensivo incorpora los siguientes cuatro cómputos en relación a la Actividad Organizativa:
Zf: Es la cantidad total, en unidades discretas, de respuestas organizativas presentes en el protocolo. SumZ: Es la suma de los valores ponderados Z asignados a las respuestas organizativas del protocolo. Existe una estimación del SumZ esperable para cada valor de Zf, lo cual figura en los manuales en una tabla denominada de predicción óptima. Zest: Es la SumZ estimada correspondiente al Zf del sujeto según la tabla de predicción óptima. Por ejemplo, si una persona dio diez respuestas Z, su Zf = 10, y el Zest, según dicha tabla, es de 31.0 (Exner, 2001, p 91). Zd: Es la diferencia entre SumZ y Zest, que lleva signo positivo si el primero es mayor, y signo negativo si el Zest es más alto. La lógica interpretativa es que Zf representa el esfuerzo o iniciativa del individuo y Zd, el nivel del logro alcanzado, es decir, si el ingreso de los datos
al sistema cognitivo del sujeto se lleva a cabo fácilmente y sin perder información esencial o no. Un valor Zd > +3, sugiere un exceso de incorporación de información y una consecuente dificultad para discriminar lo principal de lo secundario, en tanto que un valor Zd < -3, por su parte, revela una pérdida de información importante y por consiguiente un análisis precipitado de los datos (Exner, 2000).
Variables perceptuales e ideacionales
Entre las variables que exploran las características de la percepción y del pensamiento, son de particular importancia las Calidades Formales y su fórmulas derivadas, por lo que toca a lo perceptual, y las respuestas de Movimiento Humano con sus implicancias de estilo, los Códigos Especiales Críticos, y los índices SCZI y PTI, en relación con el pensamiento.
La Calidad Formal. Un elemento de importancia desde la antigua tradición del test de Rorschach es la variable de Calidad Formal (FQ, por Form Quality). En términos generales, la FQ se relaciona con la visibilidad o convencionalidad perceptual de la respuesta. Si el percepto que el sujeto menciona es fácilmente visto por otros sujetos en esa lámina, se dice que su FQ es buena; en caso contrario, es pobre o distorsionada. Hermann Rorschach tenía un criterio de codificación dicotómica para esta variable: las respuestas podían estar “bien vistas” y recibir el código de calidad + (más), o “mal vistas” y recibir el código de calidad – (menos). Los sucesores de Rorschach continuaron aplicando este criterio, aunque se reservaban el recaudo de que estaban apelando a la subjetividad del examinador (Beck, 1945; Klopfer, 1946/1972). A fin de zanjar esta desventaja, Exner (1993) realizó minuciosos estudios estadísticos de frecuencia e introdujo para el Sistema Comprehensivo una tabla de respuestas para cada lámina, según la cual puede asignarse la FQ que corresponda a una respuesta dada en una determinada localización. En dicha tabla figuran destacadas las respuestas que aparecieron al menos en un 2% de una muestra de 9.500 casos de sujetos no psicóticos. Esas respuestas reciben el código FQo (calidad ordinaria), y en el caso de estar muy
detalladamente descriptas, llevan el código FQ+ (calidad sobreelaborada). Aquellas respuestas cuya frecuencia sea inferior al 2%, son codificadas de dos maneras posibles: como FQu (únicas o inusuales) si son rápidamente visibles para el examinador; o bien como FQ- (menos o negativas) si no al examinador le cuesta verlas. La proporción total de respuestas con calidad FQ+ y FQo sobre el total de respuestas arroja lo que se llama el X+%, que se interpreta como un índice de convencionalidad, en tanto que la suma de respuestas con FQ- dividida por el total de respuestas da el valor del X-%, un cociente que evalúa el nivel de distorsión perceptual (Exner, 2003; Weiner, 2002).
Las respuestas M y los estilos cognitivos. Las respuestas de Movimiento Humano (M) son aquellas en las que el sujeto asigna actividad motriz, fisiológica o emocional a una figura humana o bien a un ser incongruente con dicha actividad. Ejemplos de M son: personas conversando, un ángel volando, sapos tocando la guitarra. La frecuencia con que aparecen estas respuestas en un protocolo suele variar entre 2 y 6 en la mayoría de las muestras (Exner, 2003; Sanz, 2000, 2001). Rorschach (1921/1979) prestó mucha atención a este tipo de respuestas por relacionarlas con un fenómeno de internalización. Es uno de los aspectos más investigados del test y, en general, se lo ha vinculado con pensamiento, funciones corticales, fantasía, nivel intelectual y creatividad (Frank, 1993). A Rorschach particularmente le interesó comparar su frecuencia con la de las respuestas motivadas por el color de la lámina (por ej., sangre por lo rojo, flores azules). A esta comparación la denominó Erlebnistypus, lo que se ha traducido usualmente como Tipo de Vivencia o Equilibrio Experiencial. En inglés se traduce como Experience Balance y su abreviatura, EB, es la que se usa en el Sistema Comprehensivo. Interpretativamente, en la actual convención del Sistema Comprehensivo, el EB claramente orientado a los movimientos humanos por sobre los colores indica un estilo cognitivo reflexivo, proclive a encarar problemas bien definidos y a usar estrategias algorítmicas. Este estilo es denominado introversivo, en la jerga del Rorschach. Cuando el desequilibrio se inclina hacia las respuestas de color, en cambio, se interpreta como un estilo donde la intuición y los estados emocionales juegan un rol importante en la solución de problemas,
hay preferencia por problemas poco definidos y se adoptan estrategias de ensayo y error con asiduidad. A este estilo se lo llama extratensivo. Si el EB no revela ninguna de estas tendencias y ambos valores se aproximan mucho, se considera que el estilo es ambitendente, lo cual implica impredictibilidad y baja eficiencia en la solución de problemas (Exner, 2003; Weiner, 2002).
Los Códigos Especiales críticos. Desde la época de Hermann Rorschach, ciertas verbalizaciones o conductas de los examinados llamaban la atención como potenciales índices de alguna característica psicológica. Dentro de estas observaciones, se han destacado aquellas que parecen revelar una falla en el funcionamiento cognitivo superior. En el Sistema Comprehensivo existen seis códigos críticos que son sensibles a perturbaciones del pensamiento y remiten a tres grupos de fenómenos: (a) rarezas comunicacionales, (b) combinaciones conceptuales inverosímiles, y (c) ilogicidad. Las primeras se identifican con los códigos DV (palabras mal utilizadas) y DR (comentarios inadecuados). Las combinaciones inverosímiles en o entre conceptos, a su vez, corresponden a los códigos INCOM (concepto con propiedades incongruentes), FABCOM (relación irreal o improbable entre conceptos), y CONTAM (superposición espacial imposible entre conceptos). La ilogicidad o arbitrariedad del razonamiento se captura con el código ALOG. Cada código en sí mismo tiene una ponderación numérica, lo que permite cuantificar la presencia del trastorno. Por ej., una DV puede ser el resultado de un mero lapsus, factible de ocurrir incluso en personas normales, y tiene un valor de un punto. En cambio, una CONTAM es extremadamente inusual, casi exclusiva de sujetos psicóticos, y su valor es de siete puntos. Así, en el recuento final de un protocolo, puede computarse no sólo cuántos códigos cognitivos críticos hubo, sino también cuáles y con qué gravedad. La suma bruta de los códigos críticos del protocolo (Sum6) y, más aún, la suma de las ponderaciones de ellos (WSum6), constituyen variables muy sensibles al trastorno del pensamiento (Exner, 2000, 2003; Kleiger, 1999; Weiner, 2002).
Índices y constelaciones percepto-ideativos. Desde Hermman Rorschach en adelante, siempre se buscó el modo de sistematizar la identificación de
perturbaciones cognitivas. Luego de la muerte de Rorschach, probablemente los autores más influyentes en el tema fueron Böhm (1968) y Rapaport et al. (1946/1971), quienes propusieron varios códigos para capturar las extravagancias o transgresiones lógicas de un protocolo. Los investigadores que les siguieron buscaron reunir en un conjunto o índice las variables más significativas. De entre todos los desarrollos posteriores, descollaron el Primary Process System (PRIPRO) de Holt (1977), el Thought Disorder Index (TDI) de Johnston y Holzman (1979), y el Schizophrenia Index (SCZI) de Exner (1986, 1991) reemplazado posteriormente por el Perceptual Thinking Index (PTI) (Exner, 2000). Todos estos índices involucran múltiples criterios de codificación para elaborar una escala que cuantifique el fenómeno. El PRIPRO es raramente usado, y el TDI –aunque menos raro- requiere una cuidada capacitación para su aplicación. En el Sistema Comprehensivo, el PTI es un descendiente del Índice de Esquizofrenia (SCZI) e incluye, al igual que éste, la suma ponderada de los códigos críticos (WSum6) pero con un ajuste en función de la cantidad total de respuestas. Este nuevo índice fue incorporado por su aparente mayor precisión (Exner, 2000) y se lo puede utilizar como una escala, a la vez que con umbrales de corte. El SCZI tiene 6 ítems, y si cuatro o más de ellos resultan positivos delata un importante desorden en el funcionamiento cognitivo (Exner, 1993), en tanto que el PTI es una escala de cinco ítems, indicando serios disturbios cognitivos cuando supera tres chequeos positivos (Exner, 2003). En una exhaustiva revisión reciente de los coeficientes de validez de cada variable del SC, Meyer, Viglione, Mihura, Erard y Erdberg (2010, 2011) introdujeron una serie de propuestas sustantivas de mejoras psicométricas para la técnica. Dentro de sus propuestas presentaron una escala basada en el PTI, denominada Compuesto Ideativo-Perceptivo (TP- Comp), que también funciona como una escala de chequeo pero con componentes ponderados, arrojando un valor continuo con puntuaciones transformadas y normalizadas. Según sus estudios, tendría mayor poder de discriminación que el PTI. El TP-Comp se basa además en una codificación diferente de la FQ, con tablas de construcción internacional.
La integración de las variables cognitivas
En todo análisis de un protocolo, las variables hasta aquí expuestas son integradas para una interpretación global del funcionamiento cognitivo del sujeto. Se entiende que las variables atencionales revelan el nivel de esfuerzo, apertura y riqueza con que el sujeto atiende a la experiencia y aborda los problemas, las variables perceptuales hablan del grado de convencionalidad con que categoriza aquello a lo que presta atención, y las variables ideacionales son sensibles a la riqueza y adecuación con que los datos categorizados son relacionados entre sí (Weiner, 2002). A continuación, en la segunda parte de este trabajo, serán revisados en especial los antecedentes de investigaciones en torno a la Calidad Evolutiva y la Actividad Organizativa, y se propondrá un modo de integrar más sistemáticamente estas variables con las perceptuales e ideacionales, a fin de agudizar su potencial y poder discriminar la eficacia cognitiva a diferentes niveles de procesamiento.
UNA INVESTIGACIÓN SOBRE LA EVALUACIÓN DE NIVELES SUPERIORES DE PROCESAMIENTO CON EL RORSCHACH
Hasta aquí se repasaron los aspectos principales de las variables cognitivas del Rorschach. En este capítulo se detallarán los antecedentes de estudios sobre la elaboración cognitiva de las respuestas, es decir, sobre la Calidad Evolutiva (DQ) y la Actividad Organizativa (Z). Seguidamente, serán puestas en relieve la importancia de tales variables para la evaluación del test y la necesidad de revisión de su tratamiento. Finalmente, se plantearán los fundamentos y objetivos de la investigación sobre Calidad Organizativa. Como se dijo más arriba, el Rorschach no sólo explora aspectos proyectivos. Estudios que revelan la importancia de las características estimulares por encima de las proyecciones posibles han sido reportados y discutidos por Exner (1996), basándose en la teoría de los critical bits. Los sucesivos procedimientos del sujeto consistentes en la admisión de los inputs, la identificación de los datos ingresados y la conceptualización de los datos identificados se representan respectivamente, en el SC, con las tres agrupaciones de variables: Procesamiento, Mediación e Ideación (Exner, 1993). En lo que respecta al procesamiento inicial de la información, los principales elementos del Rorschach que permiten evaluarlo son derivados del tipo de localización y nivel de complejidad en la articulación de las respuestas. Rorschach (1921) y luego Beck (1933, 1945) ya habían recalcado la importancia de las respuestas globales (W), es decir, las dadas a la totalidad de la mancha, como indicadores de complejas operaciones intelectuales. Si bien estos autores no empleaban un marco teórico informacional, se puede entender que concebían que el sistema cognitivo del sujeto estaba preparado para explorar y admitir el estímulo en toda su complejidad y, por consiguiente, debía estar habituado a procesar los datos con alto grado de sofisticación. Beck (1933) fue, probablemente, el primero en revisar con más cuidado estas afirmaciones, en tanto observó que no todas las W implicaban esfuerzos,
especialmente cuando eran sumamente frecuentes y hasta aparecían en protocolos de débiles mentales. También estudió la frecuencia con que se presentaban otras clases de respuestas que, según él, representaban esfuerzos intelectuales similares a los que producían las W. Estas respuestas eran las combinaciones de detalles (adyacentes o lejanos) y las integraciones del espacio en blanco con porciones sólidas de la figura. A partir de la frecuencia con que cada tipo de respuesta se daba en cada una de las láminas, elaboró un esquema de puntuaciones que asignaban mayor valor a las más raras y menor peso a las más usuales. Así, por ejemplo, una W en Lámina V (donde habitualmente se ve “un murciélago” en toda la mancha) vale 1.0, en tanto que una combinación de detalles lejanos en la misma lámina (como “Dos cocodrilos escapando uno de otro” en las puntas laterales) alcanza un puntaje de 5.0 por ser una clase de respuesta demasiado infrecuente en esta lámina. Esta variable creada por Beck se denominó Actividad Organizativa y se la representó con el Puntaje Z. Dicho autor formulaba la hipótesis de que la suma de todos los valores Z de un protocolo variaba directamente con la inteligencia del sujeto. Varios estudios ulteriores dieron cierto apoyo a esta propuesta, como se verá más abajo. Otra variable importante en la evaluación del procesamiento inicial es la Calidad Evolutiva (DQ) de las respuestas. Es un componente que está implícito en la Actividad Organizativa, en tanto las respuestas de mayor nivel de DQ se reconocen como Z, junto con las W y las integraciones de espacio en blanco. Los estudios con DQ se iniciaron con Meili-Dworetzki (1939) y fueron finalmente retomados por Exner (1993). En su última edición, el SC utiliza cuatro categorías de DQ: las DQv (vagas) para identificar respuestas sin elaboración formal (como “Mancha”, “Charco”), las DQo (ordinarias) para designar las respuestas que implican algún percepto con forma específica (como “Personas”), las DQv/+ (vagas sintéticas) para aquellas respuestas donde se establece una relación entre dos conceptos de formas ambiguas (como “Humo saliendo de una fogata”) y las DQ+ (sintéticas) para las elaboraciones que sintetizan elementos donde por lo menos uno de ellos tiene forma específica (como “Dos personas conversando”, “Dos osos tirando de un cuero”). Los trabajos de investigación al respecto muestran, como se detallará
más abajo, que las DQ sintéticas aumentan con la edad (entre la infancia y la adolescencia), mientras paulatinamente disminuyen las DQ vagas. Una revisión de los conceptos aquí tratados con respecto a las variables del procesamiento permitiría suponer que la Actividad Organizativa (Z) constituiría una operacionalización de un nivel de procesos cognitivos superior al de las otras variedades de respuesta. En consecuencia, la valoración de la eficacia de las respuestas Z debería hablar de una eficacia diferente a la de las respuestas más simples. Habitualmente, se mide en el Rorschach la eficacia con las variables de mediación e ideación, por suponer momentos posteriores al ingreso del input. En otras palabras, el potencial se representaría con el procesamiento atencional, mientras que el rendimiento real se vería con la mediación y la ideación (Exner y Sendín, 1999). En esta técnica, la eficacia de la mediación se operacionaliza con las Calidades Formales, en tanto que la adecuación de la ideación lo hace con los Códigos Especiales Críticos. Las Calidades Formales constituyen, desde el origen del Rorschach, un dato axial en el análisis interpretativo. En el SC, la Calidad Formal (FQ) admite cinco posibilidades: FQo (respuesta con una tasa de al menos 2% en la población no-psicótica), FQ+ (respuesta FQo con muy detallada descripción), FQu (respuesta con tasa de prevalencia menor pero fácil de ver), FQ- (respuesta con tasa de prevalencia menor pero difícil de ver), y sin FQ (respuestas vagas con determinantes puros). Lo convencional o adecuado de la percepción del sujeto queda registrado a través de los códigos de la Calidad Formal. En cuanto a los procesos de ideación o pensamiento, es decir, la actividad superior con que se integran y construyen las respuestas en el Rorschach, en el SC se identifican los mayores fallas de la ideación con los 6 Códigos Especiales Críticos o Cognitivos, a saber: DV (error lingüístico), DR (frase confusa o comentario desajustado), INCOM (mezcla incongruente de propiedades en un concepto único), FABCOM (relación inverosímil entre conceptos diferenciados), CONTAM, (superposición imposible de dos o más conceptos en un mismo sector de la lámina), y ALOG (aplicación de lógica causal arbitraria). La suma total de estos códigos en un protocolo se denomina
Suma6CCEE (Suma bruta de los 6 Códigos Especiales Críticos, Sum6 en inglés). Cada uno de tales códigos recibe una puntuación específica de acuerdo con su gravedad, y la suma de todas esas ponderaciones se llama SumaPond6CCEE (Suma ponderada de los 6 Códigos Especiales Críticos, WSum6 en inglés). Ambas sumas sintetizan, en un protocolo, la gravedad de los problemas ideacionales. En los apartados siguientes se analizará en profundidad cada uno de los mencionados componentes del test.
Antecedentes en investigación sobre DQ y Z
La Calidad Evolutiva y la Actividad Organizativa son componentes del test que –en comparación con otros- no han recibido la merecida atención de parte de la mayoría de los autores e investigadores tradicionales. En este apartado se resumirán las observaciones y conclusiones hechas al respecto de cada una de ellas.
Antecedentes sobre Calidad Evolutiva
El estudio de la Calidad Evolutiva (DQ) empezó con Meili-Dworetzki (1939, 1956) y con Rapaport (1946/1971), que implementaron algún tipo de codificación para diferenciar el nivel de complejidad en la articulación de las respuestas. Más completo fue el que desarrolló Friedman (1960), según el cual se discriminan seis niveles: Analítico-sintético en láminas unitarias, Sintético, Mediocre, Vago, Amorfo y Negativo. Similarmente, Holtzman (1971) estableció cinco niveles en una variable que denominó Forma Definida (FD) para su famoso test de manchas de tinta. Las investigaciones al respecto apoyan la hipótesis de la relación de esta variable con el desarrollo cognitivo. Así, Hemmendinger (1953, 1960) encontró que las respuestas indiferenciadas y difusas (de menor DQ) disminuyen al aumentar la edad de los niños. Frank (citado por Exner, 1993), Siegel (1953) y Lebowitz (1963) han vinculado las distintas DQ con ciertas psicopatologías. Goldfried, Stricker y Weiner (1971) observaron que la DQ diferencia etapas
evolutivas infantiles, así como discrimina adultos normales de neuróticos, ancianos, lesionados cerebrales y esquizofrénicos. Ridley y Bayton (1983) compararon la DQ del sistema Exner con el método de puntuación de Friedman y concluyeron que correlacionan con CI y con la edad, y también entre sí. Ridley (1987) halló los mismos resultados usando el WISC-R con sujetos de 5 a 16 años. Agregó que parece más discriminativo el método de Exner. Acklin y Fechner (1989) exploraron la relación de DQ con el rendimiento en el WAIS-R y con la teoría del desarrollo de la diferenciación perceptual de Werner. La primera resultó positiva, pero sobre la teoría de Werner concluyeron que no está operacionalizada con DQ. En su trabajo muy conocido sobre el Rorschach infantil, C. Beizman (1968) proporciona los siguientes datos consistentes con lo expuesto hasta aquí: entre los tres y los diez años, las respuestas globales combinatorias de buena calidad son excepcionales, aumentando su aparición a lo largo del crecimiento. Entre los 5 y 7 años se dan los primeros ensayos de combinación, pero sin alcanzar buena calidad. También hay trabajos con adultos que merecen mencionarse aquí dado el carácter sugerente de sus resultados. Framo (citado por Rausch de Traubenberg, 1977), en su disertación doctoral no publicada, se refirió a la incidencia del tiempo de exposición de las láminas de Rorschach por taquistoscopio en el tipo y cantidad de respuestas globales. Concretamente, este autor halló una disminución del W% con el aumento del tiempo de presentación –como también disminuye con la edad en la niñez- y un aumento de la cantidad de respuestas organizadas (DQ superior) en correspondencia con un mayor tiempo de exposición. Es notorio que Framo también encontrara que, a diferencia de los sujetos no pacientes, los esquizofrénicos no aumentaban sus respuestas de DQ superior con mayor tiempo de presentación del estímulo. Una observación ya comunicada por Sanz (1997a) pone a la vista que, si se revisan los datos normativos brindados por Exner (1993) acerca de las muestras infantiles, se advierte una tendencia inversa entre las variables DQ+ y FABCOM. Esto es, en tanto la frecuencia de DQ+ aumenta con la edad, las FABCOM tienden a desaparecer. Si se considera que las FABCOM son respuestas DQ+ con mala calidad organizativa, la tendencia
indicaría un incremento de la proporción relativa de DQ+ buenas sobre el total de DQ+ a lo largo del crecimiento del niño. Dicho en otras palabras, los niños generan menos y peores síntesis que los adultos. El dato es consistente con lo informado por Beizman en el trabajo citado líneas arriba. Considerando estos antecedentes, es posible entender que el aumento de DQ con la edad durante la infancia se vincula con la maduración cognitiva; en tanto que en adultos, la generación de una respuesta con DQ sofisticada requiere un tiempo de elaboración más prolongado que las respuestas de forma simple, lo que permite conjeturar una mayor complejidad del procesamiento de la información.
Antecedentes sobre Actividad organizativa
Por su parte, la Actividad Organizativa (Z) ha sido tal vez otro de los componentes más descuidados en la historia de la técnica. Cabe preguntarse en qué se diferencia una Z de una respuesta simple. A este respecto, es preciso diferenciar los tres grandes tipos de respuestas Z: los que abarcan la figura entera (ZW), los de combinación o síntesis (ZA y ZD) y los de integración de espacio en blanco (ZS). En referencia a las ZA y ZD, Hertz (1960) declaraba que, aunque en las respuestas simples de localización D con DQo también se organizan diversas partes de la mancha para configurar un percepto, no se trata de la misma clase de organización, ya que en las organizativas con DQ+ las formas son discriminadas y vistas en combinación, y la respuesta final da un nuevo significado a causa de la relación percibida entre las partes. En el caso de las respuestas ZW, puede decirse que el esfuerzo consiste en explorar el campo completo y dar una interpretación que integre todas sus porciones. En cuanto a las respuestas ZS, el desafío está en la dificultad visual para salvar la diferencia entre fondo y figura, desafiando en cierto sentido a las leyes gestálticas de articulación figura-fondo. Siguiendo este criterio, pueden suponerse dos niveles diferentes de organización: las respuestas de DQo no globales y sin integración de espacio blanco, y las respuestas Z, siendo estas últimas producto de un nivel superior de trabajo cognitivo, dado que implican la organización de otras organizaciones.
Probablemente, el primero en hablar de Actividad Organizativa, aunque sin darle ese nombre, fue el mismo Hermann Rorschach en su obra
Psicodiagnóstico cuando se refirió a las respuestas globales combinatorias de
este modo: "
caracterizan al individuo
dotado de imaginación
luego entre sí las distintas interpretaciones [
sujeto interpreta primero algunos detalles, para vincular
(Rorschach, 1921/1979, p. 55)
Rorschach prestó especial atención a las respuestas globales (W), es
decir, aquellas que se localizan en la totalidad de la mancha, y las relacionó "
directamente con "
expresión "
rendimientos, tales como los que involucran procesos de abstracción o
" (Rorschach, 1921/1979, p. 48). Además, el número de W
constituía, para él, un índice del nivel de inteligencia. Esto llevó a Beck (1933) a realizar un estudio para determinar con mayor precisión el alcance de estas afirmaciones. Partió del hecho de cuestionar el valor como signo de inteligencia de ciertas respuestas W que se dan con elevada frecuencia y
consideró que, siendo la frecuencia un índice de dificultad, el valor de la W como signo de nivel de energía asociativa varía en las respectivas láminas. El aporte de Beck consistió en relacionar con la energía (o actividad) organizativa a otras respuestas, además de las W. Al respecto, decía:
Al examinar el material que forma la base de este informe, se dispuso de hallazgos cuantitativos que posibilitaron algunas conclusiones tentativas sobre esta ‘energía organizacional’, no solamente en lo que concierne a la producción de respuestas globales, sino también en la asociación de varios detalles dentro de combinaciones mayores y significativas (Beck, 1933, p. 441). En el citado trabajo, Beck examinó la frecuencia con que se presentaba, en un grupo de 39 sujetos de inteligencia superior, cada uno de siete tipos de respuestas consideradas por él como “organizativas”. Estableció valores de desviación típica para cada tipo de organización en cada lámina, de acuerdo
energía disposicional de la actividad asociativa
de la voluntad conciente o inconciente de alcanzar complicados
con su frecuencia de aparición. Ello le permitió diseñar un sistema de puntuación para las respuestas organizativas en función de su grado de dificultad (basado en un criterio de infrecuencia). Así, Beck (1945) fue el primero en introducir una valoración organizativa, incorporando un esquema para estimar las respuestas según la clase de organización y la complejidad del estímulo. Dado que las valoraciones provenían de las desviaciones estadísticas, denominó Puntaje Z a la suma de los créditos ponderados para cada respuesta organizativa. Otro antecedente lo constituye la valoración g de Hertz (1960) que en 1940 asignaba el mismo puntaje a todas las respuestas Z. Años después, dicha autora cambió su sistema por otro mucho más complejo, donde variaba la puntuación según diversas variables, como ser la calidad formal, la popularidad, la calidad de la combinación. El sistema de Hertz discriminaba, dentro de las respuestas organizativas, las g+, donde las formas y combinaciones son realistas, las g-, donde ambas son irrealistas, y las comb!g- O- donde las combinaciones son originales, irrealistas e inapropiadas, fueran buenas o no las formas combinadas. Esta última categoría era considerada por Hertz un indicador patológico que refleja juicio inferior y falta de razonamiento, y que sugiere posibilidad de trastornos delirantes. En el trabajo ya citado, dicha autora presentó una tabla con frecuencias estadísticas de las distintas categorías en varios grupos. Las respuestas comb!g-O- aparecían en una proporción marcadamente mayor dentro del grupo esquizofrénico, lo que apoyaría la hipótesis de Hertz. A su vez, Guirdham (1935) llamaba “respuestas de incorporación” a aquellas en las que se combinaban secciones de distinto color para producir una respuesta de forma. Vernon (1935), también inspirado en Beck, clasificaba con una g las respuestas organizativas no populares y de buena forma. Ninguno de estos dos autores estableció criterios diferenciales de puntuación para esas respuestas. Por otro lado, Ford (citado por Exner, 1974) desarrolló criterios para codificar lo que llamaba enlaces organizacionales, los que identificó con el código OL, representando el número de conexiones lógicas dentro de la respuesta. Desde otra perspectiva, Klopfer (1972) consideró la Z como parte
de su criterio para calificar el nivel formal, pero no como valoración por separado. Klopfer agregaba 0.5 puntos más al nivel formal de una respuesta si mostraba un eficaz esfuerzo en la organización del material de la mancha. En el mismo trabajo criticaba el método de Beck por limitarse a evaluar la organización sin tomar en cuenta la precisión formal; y concluía: " toda evaluación del nivel formal que separa la exactitud de la organización ha de ser inadecuada y artificiosa. La exactitud y la organización son mutuamente interdependientes." (Klopfer, 1972, p 144). En su tesis doctoral, Janoff (citado por Exner, 1974) también incluyó la Z como dato adicional para la calidad formal. En la sistematización de su propio test de manchas, W. Holtzman (1961) incluyó una variable que denominó integración (I), derivada de la Z de Beck, pero que identificaba únicamente la presencia de conceptos relacionados. La I se coloca siempre bajo la condición de que la respuesta involucre un mínimo de precisión formal, adecuación formal y baja puntuación en Verbalización Patognomónica. Esta condición lo acerca al criterio de Klopfer.
Métodos de puntuación para la Actividad Organizativa
Otros trabajos de investigación se volcaron a explorar la utilidad de la ponderación de las respuestas Z de Beck. Wilson y Blake (1950) compararon los puntajes ponderados con las cantidades de respuestas organizativas de los protocolos de 104 sujetos. Encontraron una correlación de .98 entre ambas mediciones, por lo cual concluyeron que es muy poco lo que contribuye la ponderación de créditos frente al simple número de respuestas Z. En el mismo informe presentaron una tabla de predicción de la suma de Z ponderada para cada cantidad de respuestas organizativas. Sisson y Taulbee (1955) reportaron los resultados de una investigación similar aún más completa, con 235 sujetos agrupados en cinco categorías. Las correlaciones que hallaron entre Puntaje Z y frecuencia de respuestas Z en cada grupo fueron igualmente elevadas. Kropp (1955), en el trabajo ya citado, concluyó que el Puntaje Z es prescindible para la evaluación.
En los trabajos preliminares para la elaboración de esta tesis, también se efectuó un estudio correlacional entre suma ponderada Z (SumZ) y cantidad de respuestas Z (Zf) sobre la base de una muestra de 115 argentinos adultos no pacientes. Coincidiendo con lo advertido por Wilson y Blake, y Sisson y Taulbee, se encontraron valores r y rho de .96. Cuando debió seleccionar un criterio para medir la Z, J. Exner (1974) tuvo en cuenta lo indicado por Wilson
y Blake, y Sisson y Taulbee y emprendió un estudio con dos grupos de 60
protocolos, uno psiquiátrico y otro control. Encontró en este último que la correlación entre suma ponderada Z y cantidad de respuestas Z era consistente con los hallazgos de aquellos autores. Pero en el grupo psiquiátrico la correlación fue mucho más baja (.71). Revisando los casos que más se desviaban, halló que un tercio del grupo obtuvo un puntaje ponderado Z superior o inferior en tres puntos o más al esperable según la tabla de predicción. Entre ellos, los depresivos mostraban una dirección negativa de la diferencia, al contrario que los esquizofrénicos paranoides, los hipomaníacos,
los compulsivos y los psicopáticos. El conjunto de estos datos condujo a Exner
a incluir el método de valoración Z de Beck y la tabla de predicción óptima en
su Sistema Comprehensivo. En este sistema, la sumatoria ponderada de Z constituye una medida del grado de organización del campo de estímulos, y su comparación con la predicción óptima de la tabla de Beck, Beck, Levitt y Molish hablaría de la eficacia del esfuerzo (Exner, 1993, 2000). Dicha comparación se calcula como la diferencia entre la SumZ y la suma estimada (Zest) según esa tabla de
predicción; a esa diferencia se la denomina técnicamente Zd. Por ejemplo, de acuerdo con la tabla de predicción, en un protocolo con diez respuestas Z,
cabe esperar una SumZ igual a 31.0, o lo que es lo mismo, su Zest es de 31.0. Ahora bien, si en ese protocolo la suma de los puntajes Z otorgados a esas diez respuestas da un total de 33.5, la resta entre este valor y el estimado es igual
a +2.5, o lo que es lo mismo, su Zd es +2.5.
Actividad organizativa e inteligencia
Probablemente, las hipótesis fuertes de Rorschach y de Beck, condujeron a
varios investigadores a explorar las correlaciones entre Z e inteligencia. En general, las variables de procesamiento son sensibles a desajustes del caudal de información a procesar. Un patrón de funcionamiento con tendencia a restringir y simplificar el ingreso de datos al sistema (por ejemplo, una memoria de trabajo con lentitud de procesamiento o bien con limitada capacidad en chunking) disminuirá los valores de Z, W y DQ+, y elevará el F%. Sistemas mentales con propensión a saturarse de datos podrán producir efectos inversos. El volumen de información a procesar, en principio, condiciona el rendimiento intelectual ulterior. Por tal motivo, se ha esperado que estas variables, especialmente la Z, se asociaran con inteligencia. Adviértase que antes de que la Psicología Cognitiva avanzara sobre estos conceptos, investigadores del Rorschach intuían algo al respecto. Ya Vernon (1935) informaba que las respuestas organizativas (calificadas por él con una g) se hallan con mayor proporción en los grupos de inteligencia superior que en los promedios. Goldfarb (1945) interpretó la Z de Beck como medida de aspectos volitivos e individuales de la actividad abstracta, de habilidad e impulso para organizar la experiencia y generalizar. Hipotetizó una relación entre el Puntaje Z y puntajes de tests de formación de conceptos, de los subtests Cubos y Semejanzas de la escala Wechsler- Bellevue, del Weigh Color Form Test y del Test Vigotsky de abstracción. En un grupo de 30 adolescentes normales, con una media de edad de 12.3 años, no encontró relación entre Z y los resultados de esos tests, ni aún seleccionando las respuestas Z con buena calidad formal (F+). Jolles (1947), estudiando protocolos de niños con retraso mental, concluyó que la Z alta en conjunción con otras condiciones (W+, M+, contenidos, y X+% altos) contraindicaría retraso mental. No obstante, encontró que la suma de Z por sí sola no correlaciona significativamente con el CI del Binet y del Wechsler-Bellevue. Por su parte, Sloan (1947) estudió la diferencia entre un grupo de niños con retraso mental y otro de niños con problemas emocionales que fueron erróneamente diagnosticados con retraso mental. El Puntaje Z fue uno de los cinco componentes del test donde más se desviaron los sujetos con retraso mental. Wishner (1948) halló una correlación de .54 entre Z y el CI total del Wechsler-Bellevue de un grupo de pacientes ambulatorios adultos, obteniendo
la más alta (r = .61) con el subtest de Vocabulario. Mc Candless (1949) no pudo diferenciar con el Puntaje Z un grupo de alto éxito académico de otro de bajo rendimiento entre candidatos a oficiales de la marina norteamericana. Beck et al. (1950) estudió la suma de Z junto con otros componentes, en relación a grupos vocacionales. Descubrió efectivamente una relación positiva entre el nivel educativo al que aspiraban los sujetos y el Puntaje Z. En el mismo año, Sarason (1950) buscó sin éxito la relación entre edad mental y Z en dos grupos de deficientes mentales. Sin embargo, usando la medida Z-%, constituida por la cantidad de respuestas Z de mala calidad sobre el total de respuestas Z, encontró correlaciones altas y negativas con la edad mental, asociando así la Z- con baja inteligencia. Thetford et al. (1951) presentaron normas etarias para tres grupos de niños normales, de 6 a 9 años, de 10 a 13
y de 14 a 17 respectivamente. Los hallazgos demostraron una diferencia
significativamente confiable entre los Puntajes Z del grupo mayor y los de los otros dos. Se concluyó que hay un incremento en la habilidad para organizar
relaciones durante el desarrollo infantil, siendo más pronunciada en adolescentes. Blatt (citado por Exner, 1974) informó haber encontrado correlaciones significativas de .49 y .46 entre sumas de Z y las pruebas verbal y de razonamiento del test de Aptitudes Mentales Primarias en un grupo de 32 estudiantes secundarios normales. Consideró, entonces, que Z refleja la capacidad para comprender ideas expresadas en palabras, para resolver problemas lógicos, para prever y planificar. En ese mismo año, también en una disertación doctoral no publicada, Taulbee (citado por Exner, 1974) reportó un estudio en el que usó el Rorschach para evaluar el funcionamiento
intelectual en 60 esquizofrénicos. Las correlaciones que descubrió entre las sumas de Z y los CI de la escala completa Wechsler-Bellevue fueron positivas y significativas, así como las que obtuvo con los subtests Dígitos, Semejanzas
y Vocabulario. Infirió que Z en esquizofrénicos indica su habilidad para
construir abstracciones verbales y formar conceptos. Sisson y Yager (citados por Sisson y Taulbee, 1955), testeando a un grupo de 50 pacientes psiquiátricos, hallaron correlaciones de .43 (p < .01) y .45 entre Puntaje Z ponderado y no ponderado respectivamente, con el CI de la escala completa
Wechsler-Bellevue. Kropp (1955), revisando los protocolos dados por Beck, encontró que el Puntaje Z correlaciona con W (globales), M (movimientos humanos), R (Nº de respuestas), y F (respuestas de forma) pero no con la inteligencia tal como está operacionalizada en los tests de inteligencia. También reportó que Z no se distribuye normalmente en la población. Hertz (1960) presentó un trabajo en donde investigó el componente organizacional desarrollado por ella como Puntaje g. Su criterio de valoración difiere mucho del de Beck, en tanto distingue y pondera a las respuestas organizativas según su calidad formal, originalidad, popularidad, vaguedad y realismo de las combinaciones. A pesar de ello, encontró una muy elevada correlación con el Puntaje Z de Beck. Explorando su validez como índice de inteligencia, no obtuvo relación significativa entre la variable g o la suma de Z y la E.M. o el CI de los tests Figuer Otis y Standford-Binet, cuando examinó los protocolos de 75 sujetos de doce años. En otro grupo de 57 adolescentes, las correlaciones de la suma de Z y el Puntaje g con la E.M. y el CI del Binet también fueron bajas. El mismo infructuoso resultado logró usando sólo las respuestas Z con buena calidad formal. Sin embargo, discriminando grupos de niños de inteligencia superior y subnormal, observó que los primeros tendían a dar más respuestas que involucran formas y combinaciones realistas, al igual que las mujeres adultas estudiantes. También señaló que la mediana del grupo subnormal era mucho más baja que en los de mayor inteligencia. Kissel (1965), Gerstein, Brodzinsky y Reiskind (1976), y Greenberg y Cardwell (1978) reportaron correlaciones desde .40 hasta .60 entre CI y un puntaje de nivel evolutivo de integración perceptual en el Rorschach. Erlemeier, Monikes y Wirtz (1974) examinaron la relación de los puntajes Z de Beck y de nivel formal (FLR) de Klopfer con el total de la escala Wechsler de Hamburgo, hallando respectivos r de .31 y .38. Años después, Saziouk (1983) publicó una investigación sobre indicadores Rorschach de inteligencia fluida, tal como la define la teoría de Cattell. Administró el Test Otis-Ottawa a dos grupos de 23 sujetos; aquellas variables que correlacionaron significativamente con el cociente de inteligencia fluida (QIf) fueron las respuestas globales combinatorias, las respuestas Z y las de movimiento humano (M). Es interesante acotar que las organizativas
correlacionaban siempre significativamente, tanto cuando sólo consideraban las globales de buena calidad formal (Gz+) y las Z de buena calidad (Zf+) como cuando contaban a todas. Concepción Sendín y García Alba (1995) comunicaron que una constelación que incluye Suma de Z >30, respuestas de síntesis (DQ+) >4, respuestas vagas (DQv) =0, y globales (W) >12 les permitió discriminar significativamente niños con CI superior (M= 123) de otros con CI medio o medio bajo (M= 87) evaluados con las escalas WISC. En el capítulo 6 se revisarán éstos y otros antecedentes para introducir uno de los estudios de este trabajo, enfocado en especial en medición de inteligencia y Rorschach.
Actividad organizativa y psicopatología
Vinculando la Z con la actividad ideacional en los diferentes cuadros psicopatológicos, otras investigaciones se dirigieron a explorar la utilidad del Puntaje Z (o similares) como discriminador de grupos clínicos. Guirdham (1935) ya había informado que sus respuestas de “incorporación” eran notablemente menos frecuentes (casi ausentes) en los epilépticos que en sujetos normales. Varvel (1941), investigando el Rorschach en distintas depresiones, observó una marcada disminución del Puntaje Z de Beck en depresiones maníaco-depresivas y depresiones agitadas, pero no así en las de tipo neurótico y reactivo. También señaló una clara tendencia a dar baja Z en sujetos socialmente normales con personalidad constrictiva. Schmidt (1945) comparó los protocolos de miembros de la fuerza aérea normales con otros que tuvieron dificultades para adaptarse a la situación militar. El grupo desviado obtuvo un Puntaje Z inferior al promedio. Hertz (1960) también reportó baja actividad Z en pacientes deprimidos, señalando que en gran proporción son respuestas de F+. En esquizofrénicos, en cambio, notó una mayor actividad Z con mala calidad formal y organizativa. En relación a otros cuadros (obsesivo-compulsivos, excitables, impulsivos, y maníacos) declaró que la Z es sumamente variable. Thiesen (1952) identificó cinco patrones
Rorschach que discriminan grupos normales de esquizofrénicos. En uno de ellos, incluía baja Z asociada con baja calidad formal como índice de bajo impulso mental con inadecuación perceptiva. En el mismo año, Beck (1952) halló alta suma de Z en psicóticos con delirio sistematizado. Schmidt y Fonda (1953) compararon 42 maníacos con 42 esquizofrénicos, alcanzando los primeros un Puntaje Z significativamente superior al grupo esquizofrénico y a la media normal. Investigando seis tipos de esquizofrenia, S. Beck (1954) identificó patrones Rorschach relacionados con distintos procesos psicopatológicos. Alto Puntaje Z en conjunción con otros componentes del test se asocia con la “proyección”. Baja Z integra los patrones de actitudes “restrictivas” y “defensas aisladas”, y las Z con relaciones peculiares y extravagantes constituyen parte de la agrupación del 'proceso de pensamiento accidental y tangencial'. Molish (1955) luego de estudiar varios tipos de reacción esquizofrénica en un hospital naval, observó, igual que Beck, una alta suma de Z en los pacientes con delirio sistematizado. Mandel et al. (1984), testeando pacientes maníaco-depresivos, señalaron que la actividad Z en estos grupos se desvía más de un DS de la media del grupo control. Di Nuovo, Laicardi y Tobino (1988) examinaron protocolos de distintos tipos de esquizofrénicos, encontrando que los de tipo florido tienen mayor actividad Z inadecuada. Utilizando la puntuación Zd de Exner (la diferencia entre el Puntaje Z del sujeto y el esperable estadístico), Cipolli y Galliani (1990) estudiaron su comportamiento en dos grupos de adictos a la heroína, advirtiendo que su valor es significativamente inferior en los adictos con mayor tiempo de consumo. Shapiro, Leifer y otros (1990) investigando la presencia de estados depresivos en 53 niñas negras que sufrieron abuso sexual, encontraron que la Actividad Z era una de las principales variables del test (junto con la EA) que diferenciaba ese grupo de una muestra control. Alpher, Perfetto y otros (1990) señalaron que Z era una de las cinco variables que correlacionaban con una escala autoadministrable de evaluación de capacidad para comprometerse en una psicoterapia. En el capítulo 7 se elaborarán reflexiones sobre estos antecedentes como introducción a uno de los estudios que componen esta investigación, orientado a la discriminación de grupos con distintos niveles de trastorno de
La actividad organizativa y los estilos de incorporación de datos
Los estudios sobre la Zd son los más recientes en el tema y dieron origen al concepto de los estilos de incorporación. Estos trabajos surgieron en el seno de la Rorschach Research Foundation y muchos de sus resultados no fueron publicados fuera de dicha institución. De acuerdo con los datos normativos estadounidenses de la citada fundación (Exner, 2001), el 76% de los adultos no pacientes alcanzan un Zd que se ubica entre los valores +3.0 y -3.0 y en las muestras de niños menores de 9 años predominan las puntuaciones inferiores a 0 e incluso a -3.0, a la vez que son extremadamente raros los que obtienen valores mayores a +3.0. Asimismo se observa que en los grupos de esquizofrénicos y depresivos hay importantes proporciones de casos con valor Zd mayor a +3.0 o menor a -3.0. Tomando como valor crítico (empíricamente) el margen mencionado, se considera hiperincorporador a aquel que obtenga un Zd > 3.0, e inversamente, hipoincorporador a quien puntúe por debajo de -3.0 (Exner, 1993). La mayoría de las investigaciones al respecto provienen de la fundación y no fueron publicadas en medios externos, pero están citadas en la obra básica de Exner (1993). Exner y Leura (Exner, 1993) encontraron una interesante asociación entre los estilos de incorporación y la precisión en la transmisión y recepción de mensajes entre niños en un juego infantil, cometiendo los hipoincorporadores más errores que el resto, al contrario que los hiperincorporadores. También observaron un predominio de hipoincorporadores entre niños hiperactivos con EEG anormal. Exner (1993) advirtió que los valores Zd > +3.0 se dan con frecuencia en sujetos de rasgos obsesivos y perfeccionistas, al punto que debió incluirlo en la constelación OBS de estilo obsesivo; en tanto que la hipoincorporación surge más en personas impulsivas en sus decisiones. Caraway y Exner (Exner, 1993) señalaron que los hiperincorporadores son más reticentes que los hipoincorporadores a adivinar refranes con fragmentos de palabras. Bryant y Exner (Exner, 1993), usando el Minnesota Paper Form Board, hallaron que los hipoincorporadores solucionaron más problemas pero cometieron más errores
trabajando bajo presión de tiempos. En cambio, los hiperincorporadores fueron más eficaces operando sin límite de tiempo. Los mismos autores, en 1975 (Exner, 1993) reportaron una mejor performance de los
hiperincorporadores para la memorización de listados. En 1978, Bryant, Kline
y Exner (Exner, 1993) observaron un aumento significativo del tiempo de
ejecución del test Trials B de la batería neuropsicológica Halstead-Reitan en los hipoincorporadores. Luego de un estudio de memoria y reconocimiento de rostros, Exner, Bryant y Armbruster (Exner, 1993) informaron que los
hiperincorporadores, al explorar los estímulos, realizaban el doble de barridos oculares que los hipoincorporadores y tendían a hacer más barridos verticales que aquellos cuyo Zd era < +3.0. En un trabajo de seguimiento durante 27 meses con 279 pacientes ambulatorios, Weiner y Exner (1991) encontraron que la hipoincorporación tiende a corregirse a lo largo del tratamiento psicoterapéutico, al contrario que la hiperincorporación, que no sólo se conserva sino que parece ser favorecida por el tratamiento. La hiperincorporación estaría probablemente asociada también con dificultades en la estimación del tiempo, de acuerdo con lo reportado por Exner y Stanley (Exner, 1993). Sentados en un cuarto oscuro por diferentes intervalos de varios minutos, los hiperincorporadores mostraron inclinación por subestimar
el tiempo trascurrido. La investigación ya mencionada más arriba de Cipolli y
Galliani (1990) también había informado de un Zd disminuido en heroinómanos con consumo de largo plazo. Sanz (1997b) reportó una diferencia significativa en el Zd entre dos muestras de pacientes psiquiátricos agudos y crónicos, predominado significativamente la hiperincorporación en los agudos. Es importante destacar que mediante múltiples análisis estadísticos la Rorschach Research Foundation logró construir varias constelaciones de variables fuertemente relacionadas con síndromes clínicos o rasgos estilísticos particulares (Exner, 1993). De las seis constelaciones, tres incluyen un ítem referido a la actividad Z: el índice de Hipervigilancia (HVI), el índice de Estilo Obsesivo (OBS), y la Constelación del Suicidio (S-CON). En los
primeros dos, se puntúa el ítem si el sujeto tiene un estilo hiperincorporador definido. En cambio, en la S-CON es tan significativo el desvío del Zd hacia abajo como hacia arriba de lo esperable. No hay muchas explicaciones
planteadas para dar cuenta de la composición de estas constelaciones, especialmente de la última, aunque empíricamente son representativas de las muestras empleadas. Se considera que los sujetos hipervigilantes consumen una elevada energía mental en mantener un estado de alerta; por su parte, los individuos con estilo perfeccionista también se caracterizan por destinar gran nivel de energía en sus procesos cognitivos. En resumidas cuentas, la producción de respuestas Z, y en especial el tipo de respuesta Z en cada lámina, parece asociada con un esfuerzo atencional dirigido a la tarea, durante el cual los procesos cognitivos superiores son puestos en marcha. La tendencia a producir los tipos de respuesta Z más comunes (y fáciles) para cada lámina conduce a bajar la SumaZ y por tanto a hacer caer el Zd en el lado negativo, lo que se entiende por hipoincorporación. Los sujetos hipoincorporadores, al ejecutar tareas complejas, prestan una atención deficitaria, en tanto pierden datos relevantes. La hiperincorporación representa una modalidad opuesta, en tanto implica la propensión a elaborar el tipo de respuesta Z menos usual (y más difícil) para cada estímulo. Los hiperincorporadores, contrariamente a los anteriores, son los que más energía concentran en la tarea y mayor cantidad de información intentan procesar. En el muestreo preliminar de 115 adultos no pacientes aquí presentado, el 49.6% obtuvo un valor Zd entre –3.0 y +3.0, un 22.6% cayó en la categoría hiperincorporador, y un 27.8% en la de hipoincorporador, por lo que el Zd parece tener mayor dispersión en la muestra argentina que en la población estadounidense. Este dato no es menor, si se considera que aproximadamente la mitad de la muestra arroja un Zd significativamente desviado. Pero esta observación ya se ha hecho en otros países. En el simposio internacional de estadísticas mundiales Rorschach de no pacientes celebrado por la Society for Personality Assessment en 2001, en Philadelphia (USA), se reportaron tendencias similares a la argentina. En la tabla 4.1 se indican las proporciones de hiperincorporadores e hipoincorporadores observadas en las muestras de los otros países de ese simposio. Es notable que, en todos los casos, el total de sujetos con Zd desviada fue de al menos el 40% y, en particular, en las muestras de Dinamarca, Japón, e Italia superó la mitad. En definitiva, el concepto de la incorporación y sus desviaciones parece ser suficientemente
importante como para prestarle atención, más aún advirtiendo la frecuencia con que aparecen casos con desviaciones significativas en Argentina y en otros países.
Tabla 4.1. Porcentajes de hiperincorporadores e hipoincorporadores reportados en el Simposio internacional de estadísticas mundiales Rorschach de no pacientes (Society for Personality Assessment meeting, 2001, Philadelphia, USA). Nota: Los datos corresponden a muestras de adultos.
Hiperincorporadores
Hipoincorporadores
Bélgica (Mormont et al.) Chile (Vinet) Dinamarca (Ivanow) España (Campo) Finlandia (Mattlar) Italia (Lis) Japón (Nakamura) Portugal (Pires)
Más recientemente, la amplia revisión realizada por Meyer et al. (2010, 2011) y el metaanálisis de los estudios publicados con variables del SC de Exner (Mihura et al., 2013) concluían que la Zd como variable aislada mostraba apoyo empírico insuficiente o negativo. Al respecto, cuestionaron tanto la base empírica como los argumentos teóricos de Beck y concluyeron que será de utilidad reconstruir la tabla de valores de referencia antes de continuar con su aplicación.
Revisión crítica de los antecedentes
Ahora bien, haciendo un repaso de los distintos resultados obtenidos, se pueden realizar algunas observaciones relevantes. La mayoría de las investigaciones que asociaron Z con funciones intelectuales encontraron relaciones positivas, aunque en grupos de bajo rango etario (con excepción de
Sendín y García Alba, 1995) los hallazgos fueron menos consistentes. Considerando que las estadísticas actuales dan cuenta de un predominio del estilo hipoincorporador en las muestras infantiles, es probable que lo observado por Thetford et al y otros autores previos al desarrollo del Sistema Comprehensivo de Exner (que aún no usaban la tabla de predicción óptima de la Suma de Z) habría arrojado otro resultado de haber incluido al Zd dentro de las variables en cuenta. Otro tema que merece atención es el de la medición de calidades formales y organizativas. Varios autores –especialmente Hertz y Klopfer- hicieron énfasis en puntuar la calidad además de la organización. El problema parece residir en que no han separado convenientemente la calificación formal de la organizativa, así como tampoco lo hicieron entre el esfuerzo organizativo (Zf y Suma Z) y la calidad del producto de ese esfuerzo. En efecto, más allá de lo importante de los respectivos sistemas de estos autores, los puntajes que le asignaban a las respuestas se sumaban para obtener una valoración final donde se reunían en un mismo valor las calidades formales y las calidades organizativas. La suma total de valores ponderados, al incluir puntajes por calidad formal, originalidad y calidad organizativa, solapaba todos esos aspectos entre sí, impidiendo discriminar la incidencia de cada uno. Lo mismo puede decirse del nivel formal de Klopfer, que si bien recompensaba a las buenas formas cuando estaban combinadas, de ningún modo puntuaba la organización por separado. Diferenciar Calidad Formal de Calidad Organizativa resulta ser importante, en tanto mediciones de distintas funciones cognitivas. Más arriba se mencionaba que Hertz reconoce que las respuestas simples no vagas también son organizativas, pero de otro tipo. Y se decía que pueden considerarse como representantes de una organización inferior que las Z. Ello también está apoyado empíricamente por el carácter evolutivo que parece tener la Actividad Organizativa de acuerdo con el citado trabajo de Thetford et al. y los hallazgos concernientes a la DQ. Además, diferenciar el esfuerzo de procesamiento (representado por las respuestas Z) del logro obtenido es otro elemento interpretativo clave. Equivale a preguntarse cuánto se esfuerza el sujeto y cuán bueno es su resultado. Por otro lado, existe abundante evidencia
clínica que justifica puntuar la calidad de las combinaciones. Además de los descubrimientos de Hertz ya mencionados, en muchas ocasiones se ha puesto de relieve el tinte patológico de las combinaciones inadecuadas –llamadas combinaciones fabuladas o FABCOM, en el Sistema Comprehensivo. Ya el mismo Rorschach (1979) reportaba que dichas respuestas, aún con F+, eran frecuentes en psicóticos, débiles mentales y sujetos poco inteligentes. Casi no hubo autor sobre el test que no haya confirmado esta relación. En el medio local, Pagola (1969) dedicó un artículo al tema, donde señalaba las sutiles diferencias entre las conductas de los orgánicos, los psicópatas, los histéricos y los esquizoides ante sus respuestas de combinación inadecuada. En general, este tipo de respuestas ha sido clasificado como fenómeno especial y sometido a análisis cualitativo en los distintos sistemas del Rorschach, incluyendo la escuela argentina actual (Passalacqua y Gravenhorst, 2001). También dentro del área local, Orlando (1976) reservaba una valoración, la Z-, para codificar estas respuestas en la tabulación del protocolo, al lado del nivel formal. En el Sistema Comprehensivo, se las discrimina con un código especial, el FABCOM (combinación fabulada), y se les asigna una ponderación en función de su gravedad (niveles 1 y 2). Este código incluye toda respuesta donde se da una relación inverosímil entre dos o más objetos, y las respuestas de trasparencia imposible. Para dicho sistema, son elementos importantes para el estudio de las fallas cognitivas. Las FABCOM de nivel 2 están incluidas dentro del Índice de Esquizofrenia (SCZI) y en su sucesor, el Índice Percepto Ideativo (PTI) en el Sistema Comprehensivo, precisamente por su frecuencia significativa en la población esquizofrénica. El código FAB (i. e., FABCOM) se conserva en la actualización propuesta por Meyer et al. (2010) por haber confirmado su validación empírica. Las otras respuestas representantes de la Actividad Organizativa son las globales ordinarias (Wo), es decir las que se interpretan como un único concepto, y las de integración de espacio en blanco con la mancha o parte de ella (ZS). A diferencia de las combinatorias o sintéticas, las Wo y las ZS son respuestas cuya calidad organizativa se superpone con la calidad formal, por tratarse justamente de un concepto o más de uno sin relación. En tal sentido, se-ría prudente evaluar si realmente involucran los mismos procesos cognitivos.
Ahora bien, además de los datos que avalan una relación entre pobre calidad organizativa y psicopatología, existen razones para vincular dicho aspecto con la eficacia de ciertas funciones cognitivas superiores. Por ejemplo, en su grupo de escolares superiores, Hertz (1960) halló muchas más respuestas de calidad organizativa buena y original que en los normales, y más aún que en los subnormales. En tanto muchas investigaciones se han realizado relacionando Z con nivel intelectual, en muy pocas se ha tenido en cuenta la calidad, y dentro de ellas se ha superpuesto la calidad formal con la organizativa. Otra importante omisión fue no considerar un valor que representara la proporción de respuestas Z buenas sobre el total de respuestas Z, es decir, un cociente de calidad organizativa. El único trabajo donde se implementó algo similar (la Z- de Sarason) no fue ulteriormente retomado por otros investigadores. Sin embargo, en dicho estudio, la Z- sí correlacionaba con debilidad mental. Recorriendo rápidamente el tema de la Actividad Organizativa en el test de Rorschach y la bibliografía al respecto, se encuentran varios aspectos para destacar. En principio, es notable la escasez de investigaciones volcadas a aportar algún enriquecimiento teórico y/o empírico de lo que se sabe de esta variable. El número se reduce aún más drásticamente si se consideran sólo los trabajos que introdujeron una ponderación de la calidad de las organizaciones. Por otro lado, hay una sorprendente ausencia de estudios que hayan explorado los diferentes tipos de respuestas Z en función de arrojar alguna luz sobre las diferencias (si existen) entre sus mecanismos subyacentes. Otras variables del Rorschach –como ser los determinantes y las fórmulas vivenciales- han despertado mayor interés entre los investigadores y la bibliografía es abundante.
De acuerdo con lo expuesto en las páginas precedentes, a continuación se resumirá la importancia de la actividad Z. Tomando los criterios teóricos de Exner (1993, 2003) se podrían formular los siguientes supuestos. Cuando el sujeto se propone integrar todos los datos estimulares en un percepto unitario (respuesta global ordinaria o Wo), así como cuando establece relaciones entre fragmentos del campo de estímulos, como perceptos distintos pero vinculados (respuesta combinatoria o sintética, DQ+), y también cuando integra o vincula el fondo blanco con la figura de color (WS, DS y DdS), debe tener en cuenta diversas variables. Ya no se trata simplemente de seleccionar una porción de la mancha fácilmente comparable con alguna imagen recuperada de la memoria. El sujeto va más lejos: busca activamente en su memoria configuraciones perceptuales que coincidan con todos los rasgos principales de la mancha (en las W), o rompe la separación figura-fondo por contraste existente entre la mancha y el fondo (en las S integradas), o combina perceptos diferenciados, tejiendo relaciones que no existen intrínsecamente en el estímulo (en las DQ+ y DQv/+). En el caso de las W, el reconocimiento de cada fragmento de la mancha como porción del concepto debe ser acompañado de una articulación espacial coincidente con la articulación de las mismas porciones en dicho concepto. Si alguno de los mayores fragmentos no se asemeja a la porción correspondiente del concepto, se resiente la organización general de la respuesta. De igual modo, si los fragmentos coinciden por separado con las partes del concepto, pero su distribución espacial es diferente, la respuesta está mal organizada. En la respuesta DQ+, el sujeto debe organizar cada forma y ligarlas entre sí. La combinación establecida debe basarse en las relaciones espaciales concretas de los estímulos, y a la vez, en las posibilidades de que los conceptos percibidos se vinculen en la realidad de esa manera. Cuando esta última condición es descuidada, aparecen las denominadas combinaciones fabuladas o FABCOM. En toda respuesta Z, la calidad final de su producción puede decaer (a) o bien por la presencia de una distorsión perceptual (FQ menos y Código crítico CONTAM); (b) o bien por la existencia de problemas conceptuales (otros Códigos especiales críticos,
especialmente INCOM, y FABCOM, pero también DR y ALOG). Si se e-xamina cada falla que puede disminuir la calidad organizativa de las respuestas Z, se encuentra que son clasificables en dos grupos. Las respuestas con mala FQ y las CONTAM responden a un fracaso en la organización que es predominantemente de orden visoespacial (VS), en tanto que las que no tengan ni FQ- ni CONTAM pero que se acompañen de otros códigos críticos (DR, INCOM, FABCOM, ALOG) son transgresiones verbales de carácter conceptual (VB). Lógicamente, también hay tipos mixtos. Pero lo importante aquí parece ser que es dudoso que ambos grupos reflejen los mismos errores cognitivos. Probablemente, los procesos fallidos en uno y en otro han de ser diversos. En tal sentido, debería explorarse en detalle la frecuencia de aparición de cada uno y su correlación con otras variables que permitan aproximarse a hipótesis precisas sobre sus respectivos determinantes psíquicos. En lo concerniente a la relación entre las respuestas Z y las respuestas simples de detalle, cabe consignar algunas conjeturas de acuerdo con lo visto hasta aquí. Al ser la Z un esfuerzo superior de trabajo cognitivo, sería esperable que guarde una relación con las respuestas simples en proporción a la diferencia de dificultad. Dicho de otro modo, debería ser más fácil para un sujeto dar una buena respuesta simple que una buena Z. La comparación de uno y otro tipo de respuesta podría ser útil para evaluar ambos niveles. Ahora bien, la proporción habitual de respuestas simples (i. e., no Z) en un protocolo suele ser lo bastante baja como para intentar comparaciones entre la eficacia cognitiva de unas y otras. Sin embargo, las respuestas de DQv pueden considerarse en sí mismas el más bajo rendimiento cognitivo en el test. Por tal motivo su aparición es escasa en población general y más alta en grupos clínicos. Entre las respuestas de actividad organizativa, lo que permite evaluar su adecuación son variables de tipo visoespacial (FQ y el código especial crítico CONTAM) y variables conceptuales (los códigos especiales críticos DR, INC, FAB, ALOG). Si un sujeto produjera todas sus respuestas Z sin problemas de FQ ni códigos críticos, el resultado sería el de haber solucionado el problema Rorschach a altos niveles de procesamiento con buenos resultados. Por su parte, las respuestas de DQv, como ya se ha señalado páginas atrás, son pobres en elaboración, por el hecho de quedarse
dentro de la ambigüedad de la figura. Si un sujeto no die-ra respuestas de DQv en su protocolo, habría resuelto el problema Rorschach al menos al mínimo nivel de requerimiento procedural, esto es, superando la ambigüedad. En términos teóricos, sería esperable que un sujeto produzca respuestas de máximo esfuerzo con resultados buenos en la mayoría de ellas
y que casi no genere respuestas sin organización. La relación entre la cantidad
de respuestas Z de baja Calidad Organizativa y las respuestas de DQv serviría
de referencia para evaluar el rendimiento cognitivo del sujeto a distintos niveles de procesamiento. Alguien que tuviera pocas respuestas de baja ZQ y menos de 2 respuestas DQv mostraría un adecuado funcionamiento cognitivo; alguien que produjera muchas respuestas de baja ZQ pero menos de 2 DQv, tendría un funcionamiento deficitario al pretender alcanzar los mayores niveles de procesamiento pero se manejaría bien a niveles bajos; alguien que generara mayormente buenas respuestas Z pero más de una respuesta DQv, daría a sospechar un funcionamiento cognitivo errático, con caídas por debajo de su potencial; y por último, alguien que diera muchas respuestas de baja
ZQ y más de una DQv, develaría un pobre rendimiento general. Un tema que cobró relevancia en los antecedentes de investigación sobre la variable actividad organizativa es el de su relación con inteligencia. La Calidad Organizativa (en adelante, ZQ) mide otra dimensión de Z, más específicamente ligada a la faceta de la inteligencia que Wechsler (1940/1973) definió como capacidad para habérselas efectivamente en el medio, concepto
a menudo asimilable al de adaptación. Para que una respuesta Z lleve una ZQ
buena (Z+), su formulación debe ajustarse a la posibilidad real de que tal integración se dé y/o de que la combinación espacial de los elementos de la lámina se adecue a la combinación verbalizada. Ello implicaría haber resuelto eficazmente el problema propuesto en la prueba de Rorschach, al nivel más alto posible. ¿Puede entonces la ZQ mostrar variaciones en función de la inteligencia? De acuerdo con la clásica conceptualización de Wechsler (1973), la inteligencia es un agregado de habilidades, cada una de las cuales tiene un factor específico y comparte con el resto un factor general –factores s y g de Spearman (1927/1955), respectivamente. La distinción de órdenes o niveles
de habilidades se ha mantenido hasta la actualidad, enriquecida en lo que se dio en llamar la teoría CHC o de los tres estratos (Keith y Reynolds, 2010; McGrew, 2009). Otros modelos contemporáneos también apoyan la organización jerárquica de la inteligencia (Johnson y Bouchard, 2005; Sternberg, 1999). Teóricamente, no es posible asociar con certeza ZQ con algún factor s en particular, o incluso con el factor g, pero puede suponerse que el trabajo cognitivo que requiere construir una Z involucra manipulación de imágenes y descripción verbal de aquellas. El sujeto debe considerar los perceptos y además el modo en que ellos pueden conectarse. Tal conexión puede ser fundamentalmente espacial (como en la respuesta "dos osos apoyados sobre una roca") o predominantemente verbal-conceptual (como en la respuesta "Dos mujeres conversando"). Es probable que quien da estas respuestas movilice los mecanismos cognitivos que usa para resolver otros problemas. Por ejemplo, puede encontrarse cierta similitud con los procesos necesarios para razonar. Johnson-Laird (1983) postula el razonamiento como una habilidad que se adquiere y que varía entre los individuos de acuerdo con la ejercitación que hayan tenido. Según él, tal habilidad depende principalmente de la capacidad para imaginar eventos, relacionarlos y traducirlos en palabras. Ya se ha visto que varios autores habían asociado Z con razonamiento. Muchas pruebas de correlación con las escalas Wechsler empero, adolecían de un desacierto, a saber, pretendían cotejar los resultados de pruebas que miden eficacia (en puntajes de escala y CI) con el Puntaje Z, que justamente omite la valoración de la eficacia y sólo habla de la complejidad del esfuerzo. Aquí, ZQ permitiría reconocer si esta relación de imágenes verbalizada toma en cuenta la información proveniente del estímulo y/o de las experiencias recuperadas de la memoria de largo plazo. Las distorsiones mostrarían en ese caso un descuido (sesgo) en el examen de las posibles combinaciones; esta misma falta de procesamiento de información (i. e., cómputos incompletos) ocurre en los razonamientos fallidos, tal como lo señalaran expertos del área (Davidson y Sternberg, 2003; González, 1986, 1987 Johnson-Laird, 1983; Wason y Johnson-Laird, 1980). Por lo tanto, es factible que ZQ se altere en función de cierta/s habilidad/es intelectual/es,
independientemente del Puntaje Z 8 . Siguiendo este criterio, ZQ debería reflejar también la presencia de perturbaciones patológicas del pensamiento cuando éstas inciden en los procesos que ZQ operacionalizaría. De hecho, Hertz (1960) relaciona las Z- con patología y posibilidad de delirios. Así, es posible que ZQ tienda a disminuir en poblaciones con importantes trastornos ideacionales, como las esquizofrénicas, independientemente del Puntaje Z. Con respecto a las Z- representadas por las FQ- y las CONTAM, se hizo aquí hincapié en una factible diferenciación con respecto a las que sólo se deben a Códigos DR, INC, FAB, o ALOG. A la luz de un marco teórico informacional, sería plausible relacionar ambas formas de falla cognitiva con problemas en distintos momentos del procesamiento. Es vieja y conocida en la Ciencia Cognitiva la discriminación entre procesamiento guiado por los datos (PGD) y procesamiento guiado conceptualmente (PGC) (Lindsay y Norman, 1983). El primero se refiere a la secuencia de procesos que se da en un orden abajo- arriba (down-top), es decir, desde el ingreso de los inputs hasta su almacenamiento en la memoria de largo plazo; inversamente, el PGC refleja el mecanicismo que se activa desde los sistemas centrales hasta los periféricos (arriba-abajo, o top-down). El recorrido que efectúan los datos en el sistema cognitivo ocurre normalmente en ambos sentidos. Ahora bien, las Z- VS sugieren un descuido en el examen de los datos visuales en comparación con conocimientos previos. Por ejemplo, el sujeto que responde, en la figura completa de la L VIII, “Una araña” ingresa en su sistema una determinada configuración de imágenes. Lo cierto es que los contornos de esa figura nunca o casi nunca son reconocidos como coincidentes con los de una araña, y la respuesta aparece como de FQ negativa en la tabla de Calidad Formal (Exner, 2001). Es de suponer que entre los conocimientos previos del sujeto se encuentra una descripción sobre las propiedades configuracionales del concepto “araña”. De realizar una adecuada confrontación entre la información ingresada y los conocimientos previos –lo que implicaría hacer un correcto feedback-, el sujeto debería descartar esa respuesta. Los datos
8 Es cierto, no obstante, que la creatividad es una variable reñida en algún sentido con la convencionalidad y que se debería contemplar la posibilidad de que algunas Z- reflejen actos creativos muy idiosincrásicos antes que déficits cognitivos. Este es un problema lejos de estar resuelto en relación al Rorschach (véase Kleiger, 1999).
ingresados al sistema por las vías sensoriales (imagen de la lámina VIII) entran en colisión con los esquemas almacenados en la memoria de largo plazo (características formales de la araña). En otras palabras, el PGD no interactúa correctamente con el PGC. En cambio, los datos estimulares pueden ser respetados en las Z- VB. En ellas, la pérdida de calidad proviene de una trasgresión dentro del conocimiento previo. Por ejemplo, en la respuesta a la L III: “Un hombre prehistórico conversando con un astronauta (D9)” la imagen visual no parece mal procesada. Sin embargo, la respuesta viola una imposibilidad conceptual que presumiblemente debe estar almacenada en la memoria del sujeto, como ser que dos personas de épocas distintas no podrían encontrarse para conversar. El sujeto no necesita hacer un feedback con la imagen ingresada para corregir este descuido, sino que el mismo ya viene producido desde las operaciones en la memoria de trabajo con los conocimientos previamente almacenados. Dicho de otra forma, el PGC es el responsable del descuido, y no un conflicto con el PGD. He aquí, entonces, una diferenciación psicológica que tal vez nos acercaría a profundizar en la comprensión de algunos fracasos organizativos. Ahora bien, se puede suponer que el sujeto que cumple la consigna se encuentra ocupado en la utilización de estrategias cognitivas, y que estas estrategias pudieran ser empleadas en otras tareas, diferentes al Rorschach. Cada respuesta al test, tomada aisladamente, ofrece una pequeña muestra de la estrategia adoptada; y el conjunto del protocolo, atendiendo a las proporciones de los distintos tipos de respuestas, daría una muestra de un estilo donde predominan ciertas estrategias sobre otras. Un sujeto que se halla en situación de resolver la consigna del Rorschach puede adoptar, en cada decisión de respuesta, una de cinco alternativas: a) Permanecer en la ambigüedad del estímulo y categorizarlo imprecisamente; por ejemplo: “Un lago”; b) Organizar ligeramente dicha ambigüedad, asignándole una forma unitaria a una porción seleccionada del campo de estímulos; por ejemplo: “Dos personas” (vistas en el área gris de la Lámina III); c) Organizar la ambigüedad, articulando todo el campo de estímulos en un concepto único; por ejemplo:
“Todo esto tiene la forma de una mariposa”; d) Incluir en la articulación de la respuesta el espacio blanco junto con la figura en un concepto unitario; por
ejemplo: “Podría ser una mariposa con manchas blancas”; y e) Identificar más de un concepto en diferentes porciones del estímulo y combinarlos, incluyendo o no el espacio en blanco; por ejemplo: “dos personas saludándose”. La alternativa a es la que implica menor esfuerzo en las operaciones cognitivas, técnicamente corresponde a la DQv y su aparición, más frecuente en los niños, tiende a desaparecer con la edad. Puede señalársela como un nivel de ausencia organizativa (Nivel 0). La alternativa b es la más común en la mayoría de los protocolos, corresponde a los D y Dd con DQo, y contiene un primer intento de superar la ambigüedad estimular, pero de un modo económico. Se la puede identificar como de un nivel discreto de organización (Nivel 1). Finalmente, las tres últimas opciones muestran el funcionamiento cognitivo más complejo, ya por organizar todos los datos del campo de estímulos en un percepto con exigencia de forma, ya por integrar el fondo con la figura, o ya por introducir relaciones entre fragmentos del campo estimular. Son las respuestas W con DQo, las WS, DS y DdS con DQo, y las respuestas con DQ+ o DQv/+, respectivamente. Estas últimas constituyen, entonces, el nivel de procesamiento más elevado (Nivel 2) y son las que se denominan respuestas Z. En población estadounidense se estima una media de 11,84 (DE = 2,78) y una tendencia central entre 9 y 13 respuestas Z por protocolo en adultos (Exner, 2001, 2003), algo más bajo que lo encontrado en el estudio preliminar para este trabajo con la muestra de 115 no pacientes adultos argentinos: M = 15,10; DE = 5,65. Siendo entonces las Z una porción importante del total del protocolo, parece fructífero elaborar un cociente de las Z eficaces sobre el total, es decir, un cociente de Calidad Organizativa (ZQ). Sintéticamente, puede suponerse que la ZQ subirá en los casos de mayor nivel intelectual (o mayor nivel de alguna habilidad específica) y libres de dimensiones patológicas del pensamiento, en tanto bajará en los casos que presenten menor nivel de inteligencia (o de alguna aptitud específica) y/o alteraciones patológicas del pensamiento. De este modo, una cifra que represente la proporción de Z+ sobre el total de respuestas Z, podría brindar un índice de la medida en que el sujeto funciona apropiadamente en un nivel cognitivo superior. A dicho cociente se lo llamará en adelante ZQ. La ventaja de utilizar un cociente antes que valores directos ya había sido señalada por
Sultan y Meyer (2009) con respecto al número total de respuestas y su efecto sobre la validez de los índices basados en frecuencias brutas. Por otra parte, la comparación entre este cociente y el número de respuestas DQv enriquecería ampliamente el abordaje interpretativo del test, al brindar un panorama del rendimiento eficaz del sujeto en dos niveles. En tercer lugar, la discriminación entre Z- visoespaciales y verbales permitirá arrojar alguna luz sobre la complejidad de este tipo de fallas, ayudando a hacer una relación diferencial con respectivas habilidades. Es probable que alguna de ellas se encuentre con mayor frecuencia en grupos psicopatológicos, y que la otra no sea discriminante. También cabe plantearse que los fracasos visoespaciales se vinculen con las habilidades visomotrices (tal como se operacionalizan en el WAIS) más que con las verbales, y a la inversa, que las Z- verbales se asocien con menor habilidad verbal. Finalmente, en vista de las razones teóricas y empíricas expuestas, se torna plausible la necesidad de investigar esta variable descuidada del Rorschach, que es la Actividad Organizativa y su calidad, su relación con otros componentes del test, su comportamiento en correlación con medidas de la inteligencia, su valor discriminante entre grupos clínicos, y la evaluación diferencial entre dos formas de fracaso organizativo –las Z- VS y VB-. Este enriquecimiento deseable para el Rorschach apunta a dotar al test de la mayor robustez psicométrica posible para su aplicación en las distintas áreas. En atención a todo lo expuesto, se puede extraer en conclusión que parece conveniente considerar cuatro procedimientos en relación a las respuestas organizativas del Rorschach:
1) Distinguir, en el examen de la Actividad Organizativa, su calidad, a los fines de conseguir una valoración más precisa del funcionamiento cognitivo que representa. 2) Incorporar al perfil del test un componente que arroje la medida en la que la Actividad Organizativa del sujeto muestra adecuación a la realidad, y simultáneamente, la medida en que la distorsiona. Esto es, un valor que indique qué proporción del conjunto de respuestas Z representan las Z de buena calidad. 3) Incluir una comparación entre dicha proporción de ZQ y la cantidad de
respuestas DQv, como índice de homogeneidad o dispersión entre rendimientos de distintos niveles de funcionamiento psicológico. 4) Diferenciar, dentro de las respuestas Z con mala calidad organizativa, las visoespaciales (VS) de las verbales (VB), para una exploración más adecuada de sus mecanismos subyacentes.
La Calidad Organizativa: Nuevas propuestas de sistematización
Ya expuestos los detalles y observaciones sobre los antecedentes, se resumirá el problema y se propondrá una solución técnica. El problema observado consiste en la escasa atención que se le ha prestado a una de las variables más significativas del test de Rorschach, y el consecuente desaprovechamiento de su potencial para el empleo cotidiano de la técnica en los diversos ámbitos. Dicha variable se conoce como Actividad Organizativa y, a pesar de haber sido enunciada primeramente por Beck en la década del treinta, los investigadores del Rorschach han quedado en deuda con ella. Concretamente, la mayor omisión ha sido la de criterios para medir la calidad de las organizaciones y combinar este aspecto con otros de manera tal que se pueda obtener un panorama psicométrico más rico y amplio de cada protocolo. Este déficit no sería importante si se tratara de una variable secundaria en la evaluación del test, pero lo cierto es que constituye un aspecto vital, y un determinante omnipresente del esqueleto de toda producción ante el Rorschach. Su falta o su pobreza en un protocolo son tan importantes como su abundancia o su riqueza, a la hora de interpretar. Por tales motivos, y a los fines de dar inicio a un abordaje definitorio del tema, aquí se propone un criterio para estimar la Calidad Organizativa o ZQ de cada respuesta organizativa y una fórmula para representar, en un solo valor, la proporción de calidad del total de respuestas Z. Complementariamente, también se propone aplicar una comparación entre frecuencia de DQv y ZQ, con la intención de vincular dos variables probablemente representativas de distintos niveles de procesamiento.
Finalmente, también se plantea un criterio de codificación discriminada entre dos tipos de organizaciones fallidas (las VS y VB) para su exploración más rigurosa. A continuación se enuncian los criterios a utilizar, siempre basados en la codificación del Sistema Comprehensivo (Exner, 2001).
Criterios para calificar ZQ
Toda respuesta organizativa Z obtendrá una valoración Z+ igual a 1 (un) punto si cumple con los siguientes requisitos:
a) Recibe una FQ más (+), ordinaria (o), o única (u)
b) No lleva Código Especial DR, ALOG, INCOM, FABCOM, ni CONTAM.
Toda respuesta Z que quede fuera de cualquiera de estas dos condiciones, obtendrá una valoración Z- igual a 0 (cero) puntos.
Fórmula de la Proporción de Calidad Organizativa
Una vez efectuada la puntuación ZQ de cada respuesta Z, se aplica la siguiente fórmula:
 Z+
.00 a 1.00
= Proporción de Calidad Organizativa
= Sumatoria de respuestas valoradas Z+
= Frecuencia de respuestas Z en el protocolo
Criterios para discriminar los subtipos visoespacial y verbal de Z-
a) Se codificarán como Z- visoespaciales (VS) a las que se den por presencia
de FQ- o bien por el Código Especial CONTAM.
b) Se codificarán como Z- verbales (VB) a las que se deban exclusivamente a
la presencia de uno o más de los Códigos Especiales DR, ALOG, INCOM y FABCOM.
Descripción de la investigación sobre Calidad Organizativa
El trabajo de investigación que aquí se presenta intenta contribuir a la comprensión del papel de los niveles de procesamiento cognitivo en las respuestas al Rorschach y su evaluación a través de la Calidad Evolutiva y la Actividad organizativa. El núcleo de esta investigación reside en la suposición de que, siendo las respuestas Z representativas de un alto esfuerzo atencional, la evaluación de la adecuación perceptiva e ideacional de tales respuestas arrojaría una valoración del rendimiento cognitivo superior del sujeto en sus momentos de máximo procesamiento. A fin de operacionalizar dicha ponderación, aquí se aplican criterios de codificación para asignar a cada respuesta Z una de dos categorías: buena (Z+) o mala (Z-). En dicho algoritmo se usan como variables clave las calidades formales y la presencia de códigos cognitivos críticos del Sistema Comprehensivo. Por otra parte, las respuestas con baja calidad evolutiva (DQv) son consideradas la manifestación de un procesamiento inmaduro y pobre nivel atencional. Su comparación con la frecuencia de Z+ y Z- ayudaría a estimar el rendimiento cognitivo del sujeto a diferentes niveles de procesamiento. En definitiva, las principales preguntas que motorizan este trabajo son:
a) ¿Permite la ponderación de calidades de respuestas Z (ZQ) evaluar el rendimiento cognitivo a niveles superiores de procesamiento? b) ¿El uso de la ZQ y su comparación con las DQv enriquece a la exploración de funciones cognitivas en el Rorschach? Para dar respuesta a estos interrogantes, se hace necesario encarar un estudio de validación. Tal estudio requiere abordar el tema desde distintos ángulos. En principio, debe determinarse la confiabilidad de las variables involucradas, lo cual es un requisito de la validez. Aquí se presentarán los resultados de un estudio de estabilidad temporal, donde una muestra de
sujetos no pacientes fue examinada dos veces con un intervalo medio/largo
para establecer las correlaciones test-retest, lo cual sirve como estimación de
la confiabilidad. Paralelamente, se expondrán los resultados del análisis de
acuerdo interjueces para la codificación de los aspectos cognitivos de las respuestas en una muestra de los protocolos de ese estudio. Una vez aceptada la confiabilidad, debe comprobarse que las variables se comportan asociadas
a las condiciones psicológicas que pretenden evaluar. Para ello, dos
comparaciones relevantes pueden ser abordadas. Una, la relación entre la ZQ y puntuaciones de tests conocidos que evalúen rendimiento cognitivo a alto nivel de procesamiento. En este caso, se hará con un estudio correlacional entre las variables Rorschach y puntuaciones de las escalas Wechsler para adultos. Otra comparación útil cabe hacerse entre la ZQ de sujetos sin alteraciones clínicas de los procesos cognitivos superiores y sujetos con tales alteraciones, lo que se conoce como trastornos del pensamiento. Aquí se expondrá el contraste entre tres muestras: una de no-pacientes, otra de pacientes ambulatorios no-psicóticos y la tercera, de pacientes psicóticos. Finalmente, la determinación de la estabilidad temporal de la variable ZQ contribuiría a describir el carácter de rasgo o estado de la variable que operacionaliza. Para ello, otros dos estudios pueden proponerse. Por un lado,
observar los efectos de una psicoterapia en el intervalo test-retest. Si se trata
de una variable rasgo, es de esperar que se mantenga relativamente estable
en períodos no muy prolongados, aún mediando una psicoterapia. En este caso, se presentarán los resultados de un estudio de test-retest con pacientes
externos no-psicóticos en tratamiento. El otro trabajo propuesto es el de sondear la estabilidad de la variable ZQ cuando existe una presión externa y un mayor esfuerzo. Aquí se presentará un diseño antes/después donde cada sujeto es deliberadamente presionado para generar más respuestas organizativas. Por consiguiente, la validación de la variable propuesta ha conllevado a la realización de cinco estudios diferentes y ha involucrado el testeo de cientos de sujetos provenientes de diversas poblaciones. Cada estudio en sí tuvo un objetivo específico y todos en conjunto contribuyen a comprender la validez de la variable propuesta. Se revisarán a continuación las mencionadas propuestas de
investigación sobre estos conceptos, comenzando por definir objetivos e hipótesis.
El objetivo general del trabajo consiste en establecer la validez de constructo de la variable Calidad Organizativa (ZQ) como medida útil para la diferenciación de eficacia cognitiva en niveles superiores de procesamiento.
En función de los antecedentes revisados, los objetivos específicos del actual trabajo pueden agruparse en dos niveles de prioridad. Los objetivos prioritarios tienen relación con requisitos psicométricos que permitirán dar una base para abordar los objetivos subsiguientes. Estos últimos se refieren a aspectos que arrojarían más luz a la cuestión de la validez empírica (e incluso de constructo) de las dos principales variables de este trabajo: la Calidad Organizativa (ZQ) y la diferenciación entre las Z- VS y VB.
Objetivos prioritarios 1. Analizar la confiabilidad de la variable ZQ mediante diseños de retest. 2. Explorar la estabilidad de la variable ZQ frente a la influencia de condiciones externas. 3. Poner a prueba la validez de la variable ZQ relacionándola con habilidades cognitivas y trastornos del pensamiento. 4. Indagar la utilidad de la comparación entre ZQ y DQv como medidas de adecuación de distintos niveles de procesamiento.
Objetivos secundarios 5. Explorar la utilidad de la discriminación entre fracasos organizacionales VB
y VS. 6. Examinar el comportamiento de otras variables clave de evaluación cognitiva del Rorschach a los fines comparativos.
1. La ZQ representa una variable confiable.
2. La ZQ operacionaliza atributos psicológicos estables.
3. La ZQ presenta una variación concomitante con rendimiento cognitivo de nivel superior y trastornos patológicos del pensamiento.
4. El uso conjunto de la ZQ y la codificación DQv permite refinar la predicción de la hipótesis #3.
Panorama metodológico general del trabajo
En los capítulos que siguen, se expondrán en detalle individualmente los cinco estudios que abordan este problema desde diversos ángulos. El primero consiste en un trabajo de test-retest en una muestra de sujetos adultos no-pacientes en intervalos temporales medianos y largos, con miras a evaluar la confiabilidad de las variables de interés. El segundo estudio se centra en determinar el grado de correlación entre Calidad Organizativa y puntuaciones de la batería Wechsler para adultos, a fin de probar la relación entre aquella variable del Rorschach y otras mediciones de habilidades cognitivas. El tercer trabajo encara el tema del poder discriminante de las variables Rorschach seleccionadas para distinguir pacientes con trastornos del pensamiento, basándose en una contrastación de dos grupos clínicos y un grupo no clínico. La cuarta investigación intenta examinar la estabilidad temporal de la variable por medio de un procedimiento test-retest en pacientes bajo tratamiento psicoterapéutico. El quinto y último estudio complementa el objetivo del anterior, buscando poner a prueba la estabilidad de la variable frente a presiones externas de esfuerzo y rendimiento, con otro diseño test- retest. Una vez considerados todos estos estudios en conjunto, se podrá hacer
algunas elaboraciones con respecto a la confiabilidad de la variable, su validez discriminante y convergente, y su estabilidad temporal.
ESTUDIO 1 - Validación de la Calidad Organizativa:
Para evaluar la validez de una variable cuantitativa como la que se aborda en este escrito, es necesario en primer lugar estimar su confiabilidad.
Teóricamente, se entiende por confiabilidad (reliability, en los textos en inglés)
a la propiedad de una medición de tener un bajo error debido al azar
(Nunnally, 1987). Por lo tanto, una variable mide confiablemente si puede
mantener lo más pequeño posible el error de medición causado por variables extrañas a la que operacionaliza, y así arrojar un valor preciso. La técnica estadística normalmente aplicada para estudiar la confiabilidad de un test es
la correlación producto-momento (PM), también llamada r de Pearson, y sus
derivados. Empíricamente, la confiabilidad se observa en la consistencia de los valores obtenidos por un sujeto en un determinado test en diferentes repeticiones de la administración de ese mismo test, o entre versiones equivalentes del instrumento (Anastasi y Urbina, 1997). En los casos necesarios, dependiendo de las características del instrumento, también se analiza el acuerdo inter-jueces y la consistencia interna. La consistencia interna es un estadístico no recomendable para el Rorschach porque es más apto para escalas con cantidad fija de ítems y homogéneos en su medida, ocurriendo en el Rorschach una sustancial diferencia entre los diez reactivos, tanto por sus características como por el variado rango potencial de respuestas a cada uno (Meyer y Viglione, 2008). Además, cuando se trata de una medición compuesta, puede ser más deseable una baja homogeneidad para que los ítems cubran diversos aspectos de la variable evaluada y así conjuntamente logren alcanzar una mayor validez (Streiner, 2003). Por lo que concierne a la confiabilidad inter-jueces o inter- examinadores, en cambio, tal medida deviene de importancia crucial en el Rorschach. Los procedimientos por los cuales se pasa de la administración de
la técnica y la obtención de respuestas crudas hasta el cálculo de las variables
que componen el sumario estructural y la elaboración de las consecuentes inferencias interpretativas son complejos y están basados en el entrenamiento
y las destrezas del psicólogo evaluador. Si bien estos procedimientos están
cada vez más finamente pautados (véase Viglione, 2003), siempre existe un margen de error humano. Por cierto, el Rorschach no es la única técnica psicológica conocida que cumple con esta condición de semi-objetividad. También es algo presente en otras técnicas de performance no computarizadas, tales como algunas escalas de inteligencia y de coordinación visomotriz (e.g., escalas Vocabulario y Com- prensión del Wechsler, test de Bender, Figura Compleja de Rey). La confiabili- dad inter-jueces para el Rorschach se ha analizado repetidamente, en particu- lar desde los años 90, posiblemente en respuesta a la editorial firmada por Weiner (1991) al inicio de esa década para la revista Journal of Personality Assessment, donde indicaba el requisito de incluir información sobre el acuerdo entre examinadores de los protocolos usados en la investigación del artículo para ser admitida su publicación en ese medio. Una vez convenida esta conveniencia metodológica para las investigaciones con Rorschach, el siguiente paso en las discusiones del ámbito fue acerca de la mejor fórmula a aplicar. Si bien Exner (2003) defendía la utilidad del porcentaje de acuerdo (%A), el cual se basa en la frecuencia de acuerdos entre dos jueces sobre la asignación o no de determinado código en cada respuesta del protocolo, esta fórmula fue cuestionada por no contemplar la probabilidad de acuerdo por azar (Wood et al., 1997). En respuesta a estas consideraciones, otras medidas más exigentes fue- ron propuestas, comenzando por el coeficiente kappa (Meyer, 1997a) que in- cluye corrección de la medición de acuerdos por azar. Posteriormente, el ICC (Correlación Intra-Clase) y el iota se sumaron a las medidas elegidas para ana- lizar la confiabilidad inter-jueces (Shaffer, Erdberg, y Haroian, 1999), llegándose a diferenciar a cada uno por su mayor aprovechamiento según el aspecto del test a revisar. Dentro de las conclusiones al respecto, se ha recomendado usar el kappa y el iota para acuerdo de codificaciones y el ICC
especialmente para variables continuas, índices y constelaciones del sumario
estructural (Meyer y Viglione, 2008). Existen revisiones que compilan y ofrecen información muy sólida sobre esta medida de confiabilidad del Rorschach (Meyer et al., 2002), sugiriendo que los procedimientos aplicados desde el SC son altamente confiables. Una vez establecida la confiabilidad inter-jueces y descartada la medida de consistencia interna, en el Rorschach también debe analizarse la precisión por medio de alguna de las tres modalidades clásicas de estudios correlaciona- les: (a) correlación entre pruebas paralelas, (b) correlación entre mitades de la misma prueba y (c) correlación entre sucesivas aplicaciones de la misma prueba (Anastasi y Urbina, 1997). Por sus especificidades técnicas, en el Rors- chach sólo se recomienda emplear la última (Meyer y Viglione, 2008). Por una parte, no existe prueba paralela que exactamente refleje en todos sus reactivos lo mismo que el Rorschach, aunque se han hecho intentos (Parisi y Pes, 1997; Passalacqua et al, 2001). Por otra parte, cada lámina del Rorschach es estruc- turalmente distinta al resto y eso descarta la conveniencia de dividir la prueba en mitades. Aún así, en los inicios históricos del tema, Vernon (1933), Hertz (1934), Ford (1946), y Orange (1953) eligieron esta modalidad, logrando significativas aunque moderadas correlaciones. El procedimiento test-retest, o de consistencia temporal, en cambio, es perfectamente factible y aconsejable para este instrumento. A pesar de las críticas que ha recibido (Holzberg, 1960; Nunnally, 1987), la medición de confiabilidad por estabilidad temporal ha sido defendida y aplicada

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