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Timestamp: 2017-11-21 15:22:08+00:00

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Cátedra de Patología y Clínica Infantiles
1. La Cátedra de Patología y Clínica Infantiles en el plan de estudios de 1899. La asignatura Patología y Clínica Infantiles en los planes de estudio de 1900 y 1919. La Cátedra de Patología y Clínica Infantiles en los planes de estudio de 1923, 1928, 1934, 1937 y 1940. La Cátedra de Patología y Clínica de las Enfermedades de la Infancia en el plan de estudios de 1959. El Departamento de Pediatría en el plan de estudios de 1962. 2 Locales en los que se impartieron. 3. Frecuencia y horarios de clases. 4. Profesores titulares. 5. Profesores auxiliares. 6. Ayudantes graduados y profesores agregados. 7. Alumnos ayudantes. 8. Adscriptos, instructores y asociados. 9. Servicios anexos a la cátedra. 10. Escuela de Pediatría y cursos de posgrado. 11. Sociedad Cubana de Pediatría y su revista. 12. Investigaciones en la cátedra. 13. Cambios de profesores de 1959 a 1962. 14. Programas de la asignatura. 15. Libros de texto y de consulta extranjeros recomendados en la cátedra. 16. Bibliografía docente producida por los profesores de la cátedra. 17. Consideraciones finales y testimonios. Referencias bibliográficas y documentales.
1. La asignatura Curso Especial de Enfermedades de la Infancia, que había sido creada como cátedra independiente por el plan de estudios de 1887, se impartía en el cuarto año del período de la licenciatura con extensión de un curso. Al ponerse en práctica el Plan Lanuza (1899) se mantuvo como cátedra independiente pero cambió su nombre por el de Patología y Clínica Infantiles y se explicó en el quinto año del período de la licenciatura.
El Plan Varona (1900) le suprimió su categoría de cátedra y como asignatura la unió a la Cátedra No. 6 de Clínica Médica, un curso, y Patología y Clínica Infantiles, un curso y se impartió en el quinto año de la carrera.
Por acuerdo de 19 de julio de 1901, la Junta de Profesores de la Facultad de Medicina solicitó a la Universidad que desde el próximo año académico quedara la asignatura Patología y Clínica Infantiles reducida a medio curso. El Decano Dr. Gabriel Casuso Roque recomendó al Rector que se hiciera lo anterior y es curiosa su justificación, escrita debajo del acuerdo y que textualmente dice:
En efecto la extensión de la Patología Infantil, que no es, en último término, más que el estudio de determinadas modalidades que en el niño presentan las enfermedades ya estudiadas en Patología Médica y Quirúrgica, no amerita más que un medio curso.1
Para el año académico de 1901-1902 y sucesivos quedó reducida la enseñanza de la asignatura al tiempo que se pedía.
Por Decreto No. 88 del Gobierno Provisional Norteamericano de 26 de enero de 1909, la cátedra No. 6 pasó a ser la No. 7. En 1919, al ponerse en vigor un nuevo plan de estudios, que aumentó a 6 los años de la carrera, la asignatura Patología y Clínica Infantiles con la misma extensión de medio curso se impartió en el sexto año.
La reforma universitaria de 1923 convirtió la asignatura, en 1924, en la Cátedra No. 21 con su mismo nombre, pero ahora con la extensión de un curso, explicada igualmente en el sexto año de la carrera.
El plan de estudios de 1928 bajó la enseñanza de Patología y Clínica Infantiles, un curso, al quinto año de la carrera y allí la mantuvieron los planes de 1934 y 1937.
Los estudios de medicina fueron aumentados a 7 años por el plan de 1941 y la enseñanza de la cátedra se llevó, con la misma extensión, al séptimo.
Por acuerdo del claustro de la Facultad de Medicina, de 25 de mayo de 1959, aprobado por el Consejo Universitario el 18 de junio de ese año, fue modificado el plan de estudios anterior, pero la enseñanza de la cátedra, ahora con el nombre de Patología y Clínica de las Enfermedades de la Infancia, se mantuvo en el séptimo año y conservó su número 21.
La reforma universitaria puesta en vigor el 10 de enero de 1962 convirtió oficialmente la cátedra en Departamento de Pediatría y en el nuevo plan de estudios se impartía la materia de la antigua cátedra en los 2 semestres del quinto año de la carrera como Pediatría 1 y Pediatría 2, con 12 horas semanales de docencia.
Los alumnos que cursaran el sexto año (Internado) en la modalidad "Rotatorio" debían pasar 3 meses en los servicios docentes de pediatría bajo la supervisión de profesores y los que cursaran la modalidad "especializado" (Vertical) durante 12 meses, también en servicios docentes de pediatría y bajo la supervisión, igualmente de profesores.
2. Desde la creación del Curso Especial de las Enfermedades de la Infancia, en 1887, este no contó con servicio clínico para la enseñanza práctica y solo se explicaba teóricamente en las aulas del antiguo convento de San Juan de Letrán, sede de la Universidad de La Habana.
Por Orden Militar No. 106 de 14 de marzo de 1900 se crearon en el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", salas de enseñanza oficial de la Facultad de Medicina, con el carácter de permanentes y una de ellas se destinó a la entonces Cátedra de Patología y Clínica Infantiles, situada en el corredor de la derecha, al final, con el nombre de "San Vicente", casi frente a la Sala "Santa Magdalena" destinada a la enseñanza de la ginecología, que contaba con 20 camas.2
Unos años más tarde, en 1906, se le agregó un servicio de consulta externa al que también asistían los alumnos. En algunas ocasiones eran llevados al Servicio de Maternidad o al Hospital "Las Ánimas", pues realmente se disponía de un escaso número de pacientes y, muy especialmente, para el estudio de las fiebres eruptivas y afecciones infectocontagiosas, las que no eran permitidas en el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes".3
Al producirse la reforma universitaria de 1923 y gracias a las incansables gestiones del profesor Ángel A. Aballí y Arellano se le construyó un nuevo local para Dispensario de Consultas Externas, inaugurado en el propio año 1923 y se le unió al servicio de clínica, en 1925, un laboratorio en el que se llegó a realizar una fructífera labor.
Por nuevas gestiones del profesor Aballí y Arellano, esta vez ante la Comisión Nacional de Protección a la Infancia, se construyó, y fue inaugurada en 1926, una sala de lactantes con el nombre de "Manuel de la Cruz",(*) de 20 camas y sistema celular. A partir de este año la cátedra contó también con un aula de clases propia o anfiteatro.4
Con la inauguración del Hospital Municipal de la Infancia, actual Hospital Infantil "Pedro Borrás", en 1935, la cátedra lleva su docencia hasta él. En su salón de actos se impartían clases teóricas y en sus diferentes salas, enseñanza práctica, principalmente en la sala C, para niños mayores de 2 años, a cargo del profesor Aballí y Arellano y se continuó la labor docente en los servicios del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes".5
Al demolerse esta última institución hospitalaria e inaugurarse su nuevo edificio en la calle D, esquina a Zapata, barriada del Vedado, en enero de 1958, la cátedra contó, como servicio clínico, con la sala 6A, sexta planta, ala derecha y con consultas externas en la planta baja.
3. Al comienzo del período estudiado, las clases teórico-prácticas eran los lunes, miércoles y viernes de 7:30 a 8:30 a.m.6
A partir de 1906, cuando la enseñanza la impartía el doctor Aballí y Arellano, el medio curso comenzaba el 1 de octubre y terminaba el 30 de mayo del siguiente año. Las clases eran teórico-prácticas, en días alternos y el profesor explicaba durante la primera media hora una lección de patología infantil y la segunda media hora la dedicaba a pasar visita a los enfermos en la sala y a dar explicaciones prácticas sobre los pacientes en observación.7
Después de la reforma universitaria de 1923 en la que se extendió a un curso completo la enseñanza de la cátedra, las lecciones eran diarias, alternando las teóricas de patología infantil con las prácticas de clínica infantil siempre en horas de la mañana.8
Al inaugurarse el Hospital Municipal de la Infancia, los alumnos de la cátedra se dividieron en 2 grupos: uno para este hospital y otro para "Nuestra Señora de las Mercedes", donde recibían las clases 3 días a la semana de 10 a.m. a 12 m., por lo tanto 6 horas semanales.
Estas horas estaban distribuidas de la siguiente manera. La primera, dedicada a los trabajos prácticos en las salas, consultas externas y departamentos especiales, en los cuales los alumnos, bajo la dirección de profesores, instructores y adscriptos, hacían historias clínicas, consultas, transfusiones sanguíneas y otras actividades que el profesor correspondiente acreditaba debidamente, en el carné que para su efecto se entregaba a cada alumno al comenzar el curso. La segunda hora era teórico-práctica y se explicaba en ella la materia correspondiente al programa de la asignatura en presencia de uno o varios casos de la sala que servían de ejemplo demostrativo.9
4. Al ponerse en vigor el Plan Lanuza, por Orden Militar del Gobernador General de Cuba de 28 de diciembre de 1899, se nombra Profesor Numerario de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles al Dr. José Rafael Montalvo y Covarrubias,10 el que toma posesión el 1 de enero de 1900.
El doctor Montalvo Covarrubias provenía de 4 de las familias más aristocráticas de la colonia, los Montalvo, O'Farril, Calvo de la Puerta y Peñalver. Graduado de Licenciado en Medicina en la Universidad de La Habana, el 29 de mayo de 1867, poco tiempo después viajó a París donde se especializó en enfermedades de los ojos en la clínica del célebre profesor Xavier Galezowski.
De regreso a la Isla ejerció dicha rama de la medicina en La Habana con gran éxito y fueron famosos los debates que sostuvo en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana con el eminente oftalmólogo Dr. Juan Santos Fernández y Hernández. Igualmente, poseía una sólida formación en medicina interna lo que le permitió realizar notables oposiciones a la Cátedra de Clínica Médica en 1882, frente a los doctores Raimundo de Castro y Allo y Antonio Jover Puig y aunque no la obtuvo, demostró públicamente sus conocimientos. La preparación de que también hizo gala en el campo de las enfermedades de la infancia la adquirió en un largo ejercicio como médico en la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana.
Miembro fundador de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba era considerado en el país como el segundo en competencia en esta importante ciencia del hombre, solo precedido por el doctor Luis Montané Dardé, creador de la Cátedra de Antropología en la Universidad de La Habana. Miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, fue vicepresidente y en 2 ocasiones ocupó su presidencia. Académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.11
A pesar de su origen aristocrático era un hombre de arraigada ideología independentista por lo que a finales de 1896 fue encarcelado y deportado a las prisiones de Ceuta, donde fue compañero de galera de los doctores José A. González Lanuza y Alfredo Zayas Alfonso y del pedagogo José María Reposo López. Al ser detenido, las autoridades coloniales le echaron en cara que sus hijos Rafael y Juan se encontraran alzados en armas contra el gobierno de Su Majestad el Rey de España, a lo que respondió lleno de orgullo: "Yo les enseñé el camino".
Rafael alcanzó el grado de general de brigada del Ejército Libertador de Cuba.12 Terminada la guerra independentista y puesto en libertad regresa a la Isla para graduarse de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, el 24 de agosto de 1899.
La puesta en práctica de un nuevo plan de estudios (Plan Varona), 5 meses después de implantado el Plan Lanuza, determina que la Patología y Clínicas Infantiles pase de cátedra propia a constituir una de las 2 asignaturas de la Cátedra No. 6 y que el doctor Montalvo y Covarrubias sea cesanteado el 5 de julio de 1900.
Por Orden Militar No. 280 de 12 de julio siguiente se nombra al Dr. Raimundo de Castro y Allo Profesor Titular del grupo o Cátedra No. 6. Este ilustre profesor siempre desempeñó la asignatura de Clínica Médica, un curso, pero nunca la de Patología y Clínica Infantiles.
Por esa misma orden fue nombrado el doctor Montalvo Covarrubias Profesor Auxiliar B para el grupo 6, encargado de la asignatura de Patología y Clínica Infantiles.
Mientras la asignatura formó cátedra con la de Clínica Médica, los profesores titulares únicamente impartieron clases de esta última materia. Así fue con los doctores Manuel García-Lavín y Chappotin, que sustituyó al doctor Castro y Allo el 10 de noviembre de 1902, y Enrique Saladrigas Lunar, que reemplazó al doctor García-Lavín, el 20 de julio de 1906.
Tan independiente fue la enseñanza de esta asignatura dentro de la cátedra desde que comenzó el doctor Aballí y Arellano a impartirla, que por acuerdo de la Junta de Profesores de la Facultad de Medicina, de 24 de septiembre de 1914, y a propuesta del Profesor Titular doctor Saladrigas Lunar se le cedió a dicho Profesor Auxiliar el medio curso de Patología y Clínica Infantiles, aunque se mantuvo la asignatura dentro de la misma Cátedra No. 6 y el profesor Aballí continuó con su categoría de auxiliar.
Por Ley de 15 de octubre de 1923 se estableció un nuevo plan de estudios cuya estructura definitiva no entró en vigor hasta el 11 de octubre de 1924; según esta nueva estructura quedó independiente la asignatura de Patología y Clínica Infantiles como Cátedra No. 21. Por Decreto Presidencial de 24 de octubre de 1923 fue nombrado Profesor Titular, por ascenso, el Dr. Ángel Arturo Aballí y Arellano.13
El doctor Aballí y Arellano, junto a los doctores Ricardo Núñez Portuondo y Pedro A. Castillo Martínez, constituyó una de las 3 figuras fascinantes de la medicina cubana en su época. Fue, sin lugar a dudas, el médico que más muestras de reconocimiento a su talento recibió en vida en nuestro país.
Nació en Matanzas el 30 de septiembre de 1880. Cuando aún no había cumplido los 14 años, el 13 de junio de 1894, se graduó de bachiller en el Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas y ya cumplidos, ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Le tocó realizar sus estudios en la difícil etapa de la Guerra Independentista de 1895 a 1898 y de la primera ocupación militar norteamericana en Cuba, pero ello no le impidió obtener sobresaliente en las 28 asignaturas de la carrera, con 10 premios ordinarios, 4 menciones honoríficas, ser declarado Alumno Eminente al graduarse de Doctor en Medicina, el 1 de julio de 1901 y estrenar la primera Beca de Viaje que otorgara la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana.14
Con fuerte vocación por la enseñanza, en 1896 obtuvo por oposición la plaza de Alumno Ayudante de Disección Anatómica junto al profesor José L. Yarini Ponce de León. Ocupó este cargo hasta enero de 1900 cuando fue nombrado Alumno Ayudante en la Cátedra de Medicina Legal y Toxicología con el profesor Antonio de Gordon y Acosta. Por Resolución Rectoral de 18 de julio de 1900 y a propuesta del Claustro de Medicina fue nombrado Alumno Ayudante del laboratorio de la Cátedra de Bacteriología y Patología Experimental, cargo que ocupó solamente un mes pues el 21 de agosto de ese año fue propuesto como Alumno Ayudante del laboratorio de la Cátedra de Fisiología y Física Médica con el profesor Miguel Sánchez-Toledo Hernández y en dicha plaza estuvo hasta el 1 de octubre de 1901, en que cesó por haberse graduado de médico, 3 meses antes.
Los 2 años de la Beca de Viaje los empleó, primero en un breve recorrido de estudios por hospitales de Boston, Washington, Chicago y New York y, después, en una estancia más prolongada en París y Berlín.
Aunque su primera intención fue la de seguir estudios sobre oftalmología, fascinado por las enseñanzas de los 2 grandes Maestros de la pediatría francesa Bernard Jean Marfan y Pierre Nobécourt, se inclinó definitivamente a esta especialidad para llegar a ser, en unión del profesor uruguayo Luis Morquio, su amigo, las 2 figuras más grandes de la pediatría latinoamericana. Pero es en la capital teutónica, al lado del célebre médico del zarevich ruso, profesor Adolf Baginski, según propio testimonio, que consolida su formación en las enfermedades infantiles.15,16
De regreso a La Habana, por Resolución Rectoral de 5 de mayo de 1904, previos ejercicios de oposición, es nombrado Ayudante Graduado de la Cátedra de Histología Normal y Anatomía e Histología Patológicas. En el laboratorio de la citada cátedra trabaja intensamente junto al notable profesor Julio San Martín Carriere y al fallecer éste, prematuramente, el 18 de enero de 1905, 7 días después, es nombrado Profesor Auxiliar Interino de la cátedra y tras nuevas oposiciones, por Resolución Rectoral de 21 de septiembre de ese año, es ratificado en su cargo. A pesar de que se le abrían grandes facilidades en esta especialidad, para la cual poseía innegables cualidades, su profunda vocación por la pediatría lo decidió a concurrir a los ejercicios de oposición para cubrir la plaza de Profesor Auxiliar, encargado de la enseñanza de Patología y Clínica Infantiles con la que daría comienzo a una de las más brillantes carreras docentes de la medicina en nuestro país.
Fue médico de niños del Dispensario "Tamayo" desde 1904; Presidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana durante 2 períodos (1920-1924); Académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana (1918-1952); Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana (1936-1940); Vicepresidente del IV Congreso Médico Nacional (1917); Presidente del VI Congreso Médico Nacional (1924); Presidente del V Congreso Panamericano del Niño (1927); miembro correspondiente o de honor de casi todas las sociedades pediátricas de América y Europa; miembro del Consejo Nacional de Tuberculosis (1941-1944); Hijo Adoptivo de la Ciudad de La Habana; Gran Oficial de la Orden Finlay y ostentó otros muchos cargos y honores.
Pero no solo fue el doctor Aballí y Arellano un científico eminentemente convencido de la importancia social de la práctica médica, sino también un gran luchador por las conquistas gremiales de los de su profesión. Así, al constituirse la Federación Médica de Cuba en la célebre asamblea magna del Teatro Payret en La Habana, el 24 de octubre de 1925, unánimemente, más de 2 000 médicos cubanos presentes en ella lo eligieron primer presidente de su Comité Ejecutivo y al concluir su mandato, 2 años después, se le rindió un homenaje de reconocimiento a su incansable labor, que reunió nuevamente a más de 2 000 médicos en el propio Teatro Payret.17
Se enfrentó a las sociedades mutualistas, en cuyas casas de salud se explotaba el trabajo del médico y, después, a la dictadura del General Gerardo Machado Morales (1925-1933), desde las páginas de la revista Tribuna Médica, órgano de la Federación. Al ser clausurada la revista, fundó el periódico "El Cubano Libre", también bajo su dirección, y en él sus editoriales hicieron época. Basta recordar el primero, que tituló "Todos a bordo", en el que llamaba a la unidad y el último, "Consumatum est", que produjo la clausura del periódico el 22 de septiembre de 1928.
Reconocido como símbolo del médico cubano de su época, al inaugurarse el 8 de mayo de 1940 el nuevo local central de la Facultad de Medicina, en la calle 25 entre J e I, barriada del Vedado, el voto unánime de sus compañeros de claustro le dio al edificio su ilustre nombre.
Al frente de la cátedra estaría tan eminente Maestro de la pediatría cubana y latinoamericana hasta que el Consejo Universitario, en sesión extraordinaria de 29 de octubre de 1949, lo declaró por votación unánime Profesor Emeritus de la Facultad de Medicina.
Por Decreto del Decano, de 30 de enero de 1950, fue designado el Dr. Félix Hurtado Galtés,18 Profesor Titular por ascenso, pero por no estar dotado todavía con sueldo el cargo de Profesor Emeritus del doctor Aballí y Arellano, el doctor Hurtado Galtés continuó cobrando como Profesor Auxiliar. Esta situación se mantuvo durante 5 meses, hasta que por Decreto Rectoral de 1 de julio de 1950 fue nombrado el doctor Hurtado, Profesor Titular en propiedad, con sueldo, al ser dotado de presupuesto el cargo de Profesor Emeritus.
Dos años más tarde, el 22 de julio de 1952, mientras le recetaba a un niño a quien acababa de examinar en su consulta privada, fallecía el doctor Aballí y Arellano, la más eminente personalidad de la pediatría cubana de todos los tiempos.
5. Al instaurarse el Plan Lanuza, a propuesta de la Facultad de Medicina, el 26 de febrero de 1900 fue nombrado el Dr. Cecilio Reol y Ferrera,19 Jefe de Clínica, equivalente a Profesor Auxiliar de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles y tomó posesión el próximo 1 de marzo.
El doctor Reol Ferrera era médico muy laborioso aunque sin cualidades para la docencia. Nació en Guanajay, el 7 de abril de 1851, y se graduó de Licenciado en Medicina en la Universidad de La Habana el 8 de mayo de 1883. Aunque aprobó el año del doctorado en el curso de 1882-1883 y presentó su tesis sobre "Tratamiento de la eclampsia", que le fue aprobada, al igual que el ejercicio de grado, el 15 de agosto de 1883, no se le expidió su título hasta el 24 de abril de 1899.20 Fue profesor de Patología Quirúrgica de la Escuela Práctica de Medicina de La Habana (1894-1896).
Como consecuencia de ponerse en práctica un nuevo plan de estudios (Plan Varona) y unirse las 2 cátedras de Clínica Médica y Patología y Clínica Infantiles, el 5 de julio de 1900 fueron cesanteados los 2 profesores de esta última, los doctores Montalvo Covarrubias y Reol Ferrera.
Por Orden Militar No. 280 de 12 de julio de 1900 fue nombrado el doctor Montalvo Covarrubias, Profesor Auxiliar B para la nueva cátedra o grupo 6, encargado de la asignatura de Patología y Clínica Infantiles y por disposición de la Secretaría de Instrucción Pública de 16 de julio de 1900 fue nombrado el doctor Reol Ferrera, Profesor Auxiliar Interino Especial B Jefe de Clínica de la propia asignatura, hasta que por la Orden No. 403 de 3 de octubre de 1900 fue ratificado en dicho cargo, del que tomó posesión 3 días más tarde.
El 21 de junio de 1901 fallece en La Habana el doctor Montalvo Covarrubias y desde esa fecha desempeña el doctor Reol Ferrera los cargos de Profesor Auxiliar y Jefe de Clínica en los que es confirmado por ejercicios de concurso-oposición poco después.
En estos 2 puestos trabajará el doctor Reol Ferrera hasta que por la Orden No. 233 de 29 de octubre de 1901, que modificó la agrupación de cátedras de la Escuela de Medicina, se determinó que a la Cátedra No. 6 correspondían: un Profesor (Titular), un Profesor Auxiliar Jefe de Clínica Médica y un Profesor Auxiliar Jefe de Clínica Infantil y con esta última denominación desempeñó su cargo el doctor Reol Ferrera hasta su fallecimiento en La Habana el 24 de mayo de 1906.
Para cubrir la plaza vacante, por Resolución del Secretario de Instrucción Pública fue nombrado el doctor Ángel A. Aballí y Arellano, interinamente, el 21 de julio de 1906 y tomó posesión 2 días más tarde.
Sacada a concurso-oposición, en ejercicios de tal brillantez que hicieron época, la obtuvo el propio doctor Aballí y Arellano. Concurrió también a dicha célebre justa académica el doctor Armando de Córdoba y de Quesada, unos años más tarde notable profesor de la Cátedra de Patología y Clínica de Enfermedades Nerviosas y Mentales. El doctor Aballí fue nombrado en el cargo por Decreto del Gobernador Provisional de Cuba de 16 de noviembre de 1906.
Durante más de 3 lustros desempeñará el profesor Aballí, él solo, la asignatura de Patología y Clínica Infantiles, hasta unos meses antes de separarse esta como cátedra independiente, cuando el Consejo Universitario en sesión de 25 de abril de 1923 aprobó el nombramiento del Dr. Félix Hurtado Galtés, quien era ayudante graduado de la Cátedra de Trabajos de Análisis de Microscopia y Química Clínica, como profesor Interino de Patología y Clínica Infantiles, sin sueldo y tomó posesión el 30 de abril siguiente.
Creada la cátedra y ascendido a Profesor Titular el doctor Aballí y Arellano, por Decreto Presidencial de 31 de diciembre de 1923, fue nombrado el doctor Hurtado Galtés Profesor Auxiliar Interino, con sueldo, cargo del que tomó posesión el 18 de enero del siguiente año. Sacada a concurso-oposición la plaza, la obtuvo el propio doctor Hurtado y fue nombrado por Decreto Presidencial de 14 de junio de 1924.
El doctor Hurtado Galtés, al igual que el profesor Aballí, al graduarse de Doctor en Medicina, el 19 de julio de 1918, fue declarado alumno eminente y se le otorgó la Beca de Viaje. Esto, sin embargo, por un hecho que tuvo mucho de excepcional en estos casos, pues el que había quedado en primer lugar por su expediente, el Dr. Eugenio Torroella Mata, que años después fue un eminente profesor de la Cátedra de Clínica Quirúrgica, por razones económicas renunció a la beca para dedicarse inmediatamente al ejercicio de la profesión. Y recalcamos en este hecho porque llama la atención la diferencia tan grande que había entre estos 2 primeros expedientes. El doctor Torroella Mata21 había logrado 28 sobresalientes y 20 premios ordinarios en 32 asignaturas y el doctor Hurtado Galtés,22 18 sobresalientes y 13 premios, en igual número de asignaturas.
Cuando cursaba el cuarto año de la carrera, el doctor Hurtado fue nombrado, por oposición, Alumno Interno del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", al siguiente año, también por oposición, se le ratificó en el cargo y por concurso alcanzó la plaza de Alumno Ayudante Honorario del laboratorio de la Cátedra de Terapéutica y Farmacología. Al graduarse se le nombró, por oposición, Médico Interno del mismo hospital docente.
Con gran vocación por los estudios de las enfermedades de la infancia durante los 2 años de su beca asistió provechosamente a los servicios de clínica pediátrica de los profesores Bernard J. Marfan y Pierre Nobécourt, en París, Albert L. Louz, en Bruselas, Carl Mayer y Heinrich Finkelstein, en Berlín y Clement F. von Pirkuet, en Viena.23 Fue Médico Interno del Sanatorio "Nuestra Señora de la Covadonga"; Jefe del Servicio de Niños del Dispensario "Tamayo"; Jefe del Servicio de Niños de la Policlínica Nacional; Director del Instituto del Niño; Secretario y Vicepresidente de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana; Presidente de la Sociedad Cubana de Pediatría; Secretario General de la Federación Médica de Cuba; Secretario General del V Congreso Panamericano del Niño (1927); miembro de la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina (1944-1952); Profesor Honoris Causa de la Escuela de Medicina de Port au Prince, Haití; miembro de todas las sociedades pediátricas de Latinoamérica y de numerosas de América del Norte y Europa; Subsecretario de Salubridad y Asistencia Social (primero en ocupar el cargo en 1940) y Delegado Permanente del Gobierno de Cuba ante la Organización Mundial de la Salud.24
Orador de gran elocuencia, se destacó siempre en la cátedra como conferencista consumado y por su capacidad organizativa y dinamismo fue de gran ayuda al profesor Aballí y Arellano en sus empeños por el desarrollo de los servicios de la cátedra. Su compromiso político, sin embargo, con las 2 etapas de gobierno del dictador Fulgencio Batista Saldívar (1933-1944, 1952-1958) empañó grandemente su imagen pública.
Como habíamos dejado escrito en el acápite anterior, al ser exaltado el doctor Aballí y Arellano al cargo de Profesor Emeritus, el doctor Hurtado Galtés ascendió a Profesor Titular, aunque continuó devengando el sueldo de Auxiliar, por no estar todavía dotado el de Profesor Emeritus. Por Decreto del Decano de 3 de febrero de 1950 fue designado, también por ascenso, el Dr. Teodosio Valledor Campo25 como Profesor Auxiliar con la misma condicional de cobrar como Agregado.
Al ser dotado de presupuesto el cargo de Profesor Emeritus y ser nombrado en propiedad, con sueldo, Profesor Titular el doctor Hurtado Galtés, por Decreto Rectoral de 15 de agosto de 1950, fue nombrado en propiedad, con sueldo, Profesor Auxiliar el doctor Valledor Campo.
Hombre en extremo laborioso, el profesor Valledor se graduó de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, el 24 de julio de 1923.26 Un año después, con sus propios recursos económicos, viajó a París donde asistió a los servicios de clínica pediátrica de los profesores Marfán y Nobécourt.
Fue médico interno del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes"; médico del Servicio de Niños del Dispensario "Tamayo"; Subdirector del Instituto del Niño; Presidente de la Sociedad Cubana de Pediatría; Presidente de la Sociedad de Neumología; Director del Hospital-Sanatorio Antituberculoso Infantil "Ángel Arturo Aballí"; miembro de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana y miembro de sociedades de pediatría de Estados Unidos, Perú, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Venezuela y España.27
6. La reforma universitaria de 1923 creó, en la recién independizada Cátedra No. 21, 2 cargos de Ayudante Graduado. Por Resolución Rectoral de 31 de enero de 1924 fueron nombrados en ellos, por pruebas de oposición, los doctores Gustavo García-Montes Hernández, cuñado del profesor Aballí y Benito Vilá Gómez,28 para los cursos comprendidos de 1923-1925. El 30 de septiembre de 1925 tomaron posesión nuevamente, por pruebas de oposición, los doctores García-Montes y Vilá Gómez para los cursos de 1925-1927.
Otros docentes cubrirán estas plazas cuando por Resolución Rectoral de 1 de octubre de 1927 fueron nombrados, siempre por oposición, los doctores Teodosio Valledor Campo, que lo era desde 1924 en la Cátedra No.16 Terapéutica con aplicación a la Clínica y Agustín Castellanos González,29 para los cursos de 1927-1929. Estos mismos docentes fueron ratificados en sus cargos, por oposición, por Resolución Rectoral de 1 de octubre de 1929 para los cursos de 1929-1931.
Clausurada la Universidad de La Habana por Decreto Presidencial de 15 de diciembre de 1930 y reabierta después de la caída del dictador General Gerardo Machado, el 12 de agosto de 1933, continuaron los doctores Valledor Campo y Castellanos González en sus cargos, sin nuevas oposiciones, hasta que por Ley Docente de 8 de enero de 1937 se transformaron estas plazas en las de profesores agregados y las ocuparon interinamente ambos docentes.
Por Resolución Rectoral de 25 de julio de 1939 se ratificó al doctor Valledor Campo como Profesor Agregado en Propiedad y por acuerdo del Consejo Universitario, en sesión de 8 de diciembre de 1944, se le reconoció derecho de ascenso.
Por Decreto Rectoral de 21 de junio de 1949 se ratifica como Profesor Agregado en Propiedad al doctor Castellanos González. En su expediente administrativo No. 9135 no aparece cuándo le reconocieron el derecho de ascenso, ni tampoco en el Boletín Oficial de la Universidad de La Habana, pero seguramente no lo tenía cuando el 3 de febrero de 1950 ascendió el doctor Valledor Campo a Profesor Auxiliar, sin necesidad de sacarse la plaza a ejercicios de concurso-oposición, por ser, de los 2 profesores agregados, el que poseía tal derecho. Por comunicación personal del Dr. José R. Jordán Rodríguez conocemos que al doctor Castellanos le molestó la aplicación del derecho de ascenso del doctor Valledor Campo, aunque no realizó ninguna gestión legal de protesta, como era frecuente en la época.30
Nieto de chino, el doctor Castellanos González es el primer médico con tal origen que llegó al profesorado de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. Su hermano Israel fue un eminente médico policiólogo, de prestigio internacional, autor de una extensa bibliografía científica.
De brillante expediente de estudios, el profesor Castellanos González alcanzó 30 sobresalientes y 21 premios ordinarios en 32 asignaturas, solo superado por el Dr. Pedro Kourí Esmeja, después eminente Profesor Titular de la Cátedra de Parasitología y Medicina Tropical. Se graduó de Doctor en Medicina el 14 de julio de 1925.31
Estudiante del cuarto año de medicina, en 1923, se sintió inclinado a la obstetricia junto al eminente profesor Eusebio Hernández Pérez, sin embargo, poco después, convencido por los profesores Aballí y Hurtado, pasó a laborar en el laboratorio recién fundado de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles, en el cual, al graduarse, ocupó la dirección y llegó a desarrollar, años más tarde, una labor investigativa, que ampliada en otros servicios de la cátedra, le ganó prestigio internacional, sobre todo en el campo de la exploración intracardíaca. Fue miembro de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, Presidente de la Sociedad Cubana de Pediatría y miembro correspondiente de casi todas las sociedades de pediatría de América y Europa.32
La plaza de Profesor Agregado dejada vacante por el doctor Valledor Campo fue convocada a ejercicios de concurso-oposición y se presentaron como aspirantes los doctores Gustavo Cardelle Penichet y Arturo José Aballí García-Montes. El primero era, desde 1928, Instructor de la cátedra y el segundo, había pasado por las categorías de Adscripto e Instructor y era en esos momentos asociado a los servicios de la cátedra. El tribunal quedó integrado por: Presidente, el doctor Hurtado Galtés; Secretario, el doctor Valledor Campo y vocales, los doctores Castellanos González, Antonio M. Valdés Dapena, Profesor Titular de Terapéutica con aplicación a la Clínica y Domingo F. Ramos Delgado, Profesor Titular de una de las cátedras de Patología General con su Clínica.
El doctor Cardelle Penichet obtuvo ventaja en el concurso, con 11,5 puntos sobre 30 y el doctor Aballí García-Montes, 8,65. Pero el doctor Cardelle descendió mucho en los 4 ejercicios de oposición para obtener 60 puntos en total otorgados por cada uno de los 3 profesores de la cátedra; 57,5 por el doctor Ramos Delgado y 59,5 por el doctor Valdés Dapena. El doctor Aballí ganó por unanimidad pues los profesores de la cátedra le otorgaron cada uno en total 71,65 puntos; el doctor Ramos Delgado 70,65 y el doctor Valdés Dapena 73,65. Por Decreto Rectoral de marzo 2 de 1951 fue nombrado Profesor Agregado, por oposición, con derecho de ascenso.33
El doctor Aballí García-Montes es hijo del profesor Aballí y Arellano; nieto del licenciado José María García-Montes, abogado notable, patriota y primer Secretario de Hacienda al instaurarse la República el 20 de mayo de 1902 y sobrino del Dr. Oscar García-Montes Hernández, economista notable, Profesor Emeritus de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de La Habana y Ministro de Hacienda.
Casi toda su formación cultural y científica la recibió el doctor Aballí García-Montes en los Estados Unidos. La segunda enseñanza la cursó (1924-1928) en The Mercesburg Academy, Pennsylvania. La carrera de medicina la comenzó en La Habana donde estudió la pre-médica y el primer año con gran aprovechamiento. Clausurada la Universidad de La Habana en diciembre de 1930 por el Gobierno del General Gerardo Machado, continuó sus estudios en la Universidad Georgetown, Washington, para graduarse de Doctor en Medicina en 1935. De regreso a Cuba realizó los ejercicios de reválida el 1 de octubre de 1937 y se le expidió el título 6 días después.34
Fue miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, de la Sociedad Cubana de Pediatría y de numerosas sociedades pediátricas de toda América.
7. Por la reforma universitaria de 1923 se crearon plazas de alumnos ayudantes en diferentes cátedras de la Facultad de Medicina y a la de Patología y Clínica Infantiles le correspondió una, la que sin embargo, permaneció vacante casi todo el tiempo de su existencia. Los únicos estudiantes que hemos encontrado que la desempeñaron fueron el señor Antonio Oscar Pérez Ara,35 desde 1925 hasta su graduación de Doctor en Medicina el 17 de julio de 1926 y la señorita Esperanza S. Costa y Martínez,36 desde 1926 igualmente hasta su graduación, el 25 de agosto de 1927.
8. Al establecerse la carrera profesoral, el Claustro Pleno de la Facultad de Medicina en sesión de 6 de octubre de 1938, a propuesta de la Comisión Permanente de Adscripción, acordó el ingreso en el período de adscripción del Dr. Arturo J. Aballí García-Montes.37
La Junta de Gobierno, en sesión de 22 de octubre de 1941, aprobó, a propuesta de la Comisión Permanente de Adscripción, el ingreso en la carrera profesoral como adscriptos de los doctores Argelio García López, Alberto Mata Lavín, Jorge Beato Núñez, René Montero de la Pedraja, Arturo Escobar Aces y Rafael de la Portilla Lavastida.38
El Claustro Pleno de la Facultad de Medicina, en sesión de 27 de abril de 1944, aprobó el ingreso como adscriptos de los doctores Joaquín Pascual Gispert, Máximo Gómez Vila, José R. Montalvo Urrutibascoa, Diego Sosa Bens, Manuel Pérez-Stable Carreño y Cristina M. Álvarez Pujols.39 En sesión de 14 de agosto de 1946, de los doctores José Onelio Fleites Díaz, Otto L. García Díaz, Caridad Mas Portuondo, Francisco Ducassi López-Doriga y Celerina N. Herrera Pérez.40 En sesión de 25 de noviembre de 1948, de los doctores José R. del C. Jordán Rodríguez, Mario Fernández Alonso, Alberto C. Calderín Gómez, Sergio Martín Fantony de la Vega y Dagoberto Rodríguez Molina.41 En sesión de 3 de noviembre de 1950, de los doctores Francisco Venegas Muiñas, Edmond Rodríguez Salinas, Alberto B. de Córdova y Cordovés, Juan J. Villa Campos, Clara Satanowsky Cohen y Jorge A. de las M. Naya Pujol.42 En sesión de 5 de febrero de 1953, de los doctores Olimpo de J. Moreno Vázquez, Liané Borbolla y Vacher, Rafael L. Cepero Rodríguez, Rolando A. Rodríguez y Fernández y Ceferino J. Catá Lage43 y en sesión de 20 de marzo de 1956, de los doctores Sergio A. de Lamerens de Zayas, Waldo M. Martínez García, Rory A. Marín y Cuétara, Luis C. Blanco Fernández y Veresimo F. Sánchez Barrio.44
Sin precisar fechas, también fueron adscriptos los doctores Lorenzo Expósito Martínez, Argelio de Feria Santiesteban, José F. Corral Almonte, Esther Prieto Vázquez y Juan L. Suárez Murias.
Al crearse en 1928 los cargos de instructores, fueron nombrados en la Cátedra No .21 Patología y Clínica Infantiles, por Decreto del Decano de 31 de octubre de 1928, a propuesta del Profesor Titular, los doctores Gustavo García-Montes Hernández, Gustavo Cardelle Penichet, Julio Cabrera Calderín, Gabriel Gómez del Río y Carlos Hernández-Miyares Marty.45
La Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina, en sesión de 5 de octubre de 1938, reconoció el trabajo total de los antiguos instructores, anteriormente relacionados, los cuales por Decreto Rectoral de 31 de octubre siguiente fueron nombrados nuevamente en sus cargos.46
El Decano de la Facultad de Medicina, a propuesta de la Comisión Permanente de Adscripción, el 30 de abril de 1942 nombró Instructor al doctor Arturo J. Aballí García-Montes.
Por acuerdo del Claustro de la Facultad de Medicina, de 14 de agosto de 1946, se le otorgó certificado de aptitud a los instructores doctores Manuel M. Ramos Ramírez, María T. Estrada Sansón, Emilio Soto Pradera, Arturo J. Aballí García-Montes, Domingo Gómez Tejera, Víctor Santamarina Salanueva, Enrique Galán Conesa, Saturnino Martínez Leyro, René Montero de la Pedraja, Argelio García López y Jorge Beato Núñez.47
Por acuerdo del Claustro de igual fecha permanecieron como instructores indefinidos, hasta que se determinara su cesación, los doctores Julio Cabrera Calderín, Gustavo Cardelle Penichet, Carlos Hernández-Miyares Marty, Gabriel Gómez del Río y Gustavo García-Montes Hernández.48
El Claustro, en sesión de 30 de mayo de 1949, acordó otorgar certificado de aptitud como Instructor al Dr. José R. Montalvo Urrutibascoa.49 En sesión de 3 de noviembre de 1950, al Dr. Manuel Pérez-Stable Carreño.50 En sesión de 30 de agosto de 1952, a la Dra. Caridad Mas Portuondo.51 En sesión de 4 de marzo de 1954, a los doctores José R. Jordán Rodríguez y Sergio Martín Fantony de la Vega52 y en sesión de 23 de octubre de 1959, a la Dra. Liané Borbolla y Vacher.53
Sin precisar fecha, fueron instructores los doctores Emilio Alemán Vázquez, Nicolás Bello Gil, Dagoberto Rodríguez Molina y Eliseo Prado González.
Aunque muchos de estos docentes al finalizar las etapas de adscriptos e instructores permanecieron como asociados a los servicios de la cátedra, solamente tenemos documentalmente como tales a los doctores Arturo J. Aballí García-Montes, Julián F. Araña Florido y José R. Jordán Rodríguez.
9. A partir de la reforma universitaria de 1923 comienza para la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles una etapa de innegable crecimiento en calidad y diversidad de servicios anexos. Hasta ese momento contaba solamente con una sala de 20 camas para niños mayores ("San Vicente"), desde 1900 y una pequeña consulta externa, desde 1906.
Gracias a las gestiones del doctor Aballí y Arellano ante la Comisión Nacional de Protección a la Infancia se construyó, en 1926, unida a su cátedra, la sala de lactantes "Manuel de la Cruz", con 20 camas distribuidas en sistema celular, con un Laboratorio de Leche, donde se llevaba a cabo la enseñanza práctica del alimento del niño. Durante años, el profesor Aballí y Arellano luchó porque esta sección, con el nombre de "Gota de leche", pudiera aumentar sus recursos para ampliar la distribución de tan vital alimento a los niños lactantes de familias sin posibilidades económicas de obtenerlo regularmente.54
En 1938 se creó, adjunto a esta sección, el Seminario Dietético para las prácticas obligatorias de alimentación infantil, bajo la tutela de los profesores de la cátedra y dirigido por la Dra. María Teresa Estrada Sansón, con una Exposición Permanente de Alimentos, de carácter privado, anexa al seminario, en que figuraban los distintos tipos o modelos de leche comerciales, cereales, legumbres y otros y todo lo que en materia alimenticia infantil la industria elaboraba, para facilitar al médico su mejor aplicación y la más amplia garantía que la dietética del niño imponía en el momento. Esta exposición estaba dedicada exclusivamente a los alumnos y médicos, que en grupos limitados, realizaban su aprendizaje en el Seminario.55
En 1925 se crea un Laboratorio Clínico, bajo la dirección del Dr. Agustín Castellanos González, con secciones de Bacteriología y Química Clínica. Este laboratorio, unos años después, se dividió en un Departamento de Investigaciones Especiales para el control de nuevas técnicas y la realización de trabajos científicos a cargo del propio doctor Castellanos González, en el que se completaron importantes investigaciones y en un Departamento General, para los análisis ordinarios de la práctica médica diaria, en cuya realización colaboraban los alumnos en sus ejercicios prácticos, bajo la estrecha vigilancia de los instructores especializados en análisis clínicos, dentro de la pediatría. Al frente de este segundo laboratorio, al que se le unió un Departamento de Transfusiones Sanguíneas, estuvieron los doctores Emilio García Pérez y Vivino García Remedios, el último de los cuales ocupó los cargos docentes de Ayudante Graduado y Profesor Agregado de la Cátedra de Trabajos de Análisis de Microscopía y Química Clínica.56
Además de los laboratorios citados se organizó otro destinado a Anatomía Patológica y el Departamento de Rayos X, Fisioterapia y Electroterapia. Este último inaugurado en 1929, estaba dirigido por el Dr. José Prats García.
A partir de 1923, la Consulta Externa fue ampliada para constituir un Dispensario, integrado por consultas de pediatría y de otras especialidades en relación con las enfermedades de la infancia. Así, junto a las Consultas de Lactantes y Niños Mayores, atendidas por los doctores Castellanos González, Vilá Gómez, García-Montes, Cardelle Penichet, Gómez del Río, Cabrera Calderín y Hernández-Miyares, se establecieron las de Lues y Enfermedades de la Piel, ofrecidas por el Dr. Alberto Oteiza Setien y de Tuberculosis y Vías Respiratorias, a cargo del doctor Valledor Campo. En estas 2 consultas de especialidades se lograron incorporar rápidamente nuevos avances médicos como la aplicación de los arsenicales por vía endovenosa (seno longitudinal superior) y el estudio del líquido cefalorraquídeo en la heredosífilis, especialmente con referencias a las reacciones coloidales del tipo Lange, en la primera y el uso rutinario del pneumotórax, la lipoterapia endovenosa, broncografía y otros en la segunda.57
El servicio de Consultas Antituberculosas estuvo en sus inicios bajo la égida de la Liga Nacional contra la Tuberculosis Infantil y más tarde se transformó en el Dispensario "Calmette", que por Ley del Congreso de la República quedó bajo control del Consejo Nacional de Tuberculosis, al crearse este.
La Liga Nacional contra la Tuberculosis Infantil fue una institución no estatal, presidida por la señora Corina García-Montes Hernández, esposa del doctor Aballí y Arellano, creada por iniciativa de éste y que tuvo su sede en la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles. Se gestionó, y obtuvo después, por iniciativa de los profesores de la cátedra, la creación en el Sanatorio "La Esperanza" de una sala de niños, para la que fue designada la Dra. Rita Shelton Villalón, primero y el Dr. René García Mendoza, después, ambos miembros del grupo médico de trabajo de la cátedra. Más tarde, bajo los auspicios de la Liga Nacional contra la Tuberculosis Infantil y a iniciativa también de la cátedra se organizó el Asilo de Lactantes "Rafael María de Cárdenas", bajo la dirección del Dr. Carlos Hernández-Miyares Marty, Instructor de Patología y Clínica Infantiles.58
Asimismo, se crearon en el Dispensario de la cátedra las consultas de Garganta, Nariz y Oídos, a cargo del Dr. Abelardo Codinach Segura; de Enfermedades de los Ojos ofrecida por el Dr. Miguel A. Branly Grenet, Profesor Auxiliar de la Cátedra de Enfermedades de los Ojos con su Clínica y la de Cirugía Ortopédica Infantil, en colaboración con la Cátedra de Ortopedia, bajo la dirección del Profesor Titular de la misma, Dr. Alberto Inclán Costa.
Poco tiempo después, el servicio de la sala "San Antonio" del Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" se anexó a la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles, en este hospital quedó instalado también el Servicio de Cirugía Ortopédica Infantil, con su correspondiente Solarium a cargo del Dr. Alberto Inclán Costa. En esta sala trabajaron los doctores José Pérez Lorie, Pedro Sánchez Toledo e Isidoro Pascau Pérez, Instructor, Profesor Auxiliar y Agregado, respectivamente, de la Cátedra de Ortopedia.
Por iniciativa de los profesores de la cátedra se constituyó una comisión para el estudio de la poliomielitis, integrada por los doctores Aballí y Arellano, Hurtado Galtés, Clemente y Alberto Inclán Costa y Gabriel Gómez del Río, lo que favoreció la instalación, en la sala "San Juan de Dios" del propio Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", de un servicio con 20 camas, destinado a los niños enfermos de poliomielitis. Al frente de la clínica infantil estaba el doctor Gómez del Río, auxiliado por el Dr. Nicolás Bello Gil.59
De acuerdo con las posibilidades del momento, en el dispensario de la cátedra se creó el servicio de Enfermedades del Corazón, con sección anexa de electrocardiografía, bajo la dirección del doctor Castellanos González. Este servicio fue dirigido años después, al pasar el doctor Castellanos al Hospital Municipal de la Infancia, por el Dr. Ramón Aixala Álvarez y laboró también en él, el Dr. Sidney Orrett Bagshow.
Igualmente se creó el Servicio de Nutrición con sección anexa de metabolismo basal, al cuidado del Dr. Vicente Legañoa Arrebola, Profesor Auxiliar de la Cátedra de Física Biológica y, años más tarde, el Departamento de Neuro-psiquiatría Infantil bajo la dirección del Dr. Víctor Santamarina Salanueva, a quien sustituyó mucho después el Dr. Jorge Picaza Benítez. Antes de la fundación de tan importante departamento ya la cátedra había contado por largo tiempo con la colaboración, en estos estudios, del Dr. Carlos Ramírez Corría, eminente neuro-cirujano y Profesor Agregado de la Cátedra de Anatomía e Histología Patológicas.
Dirigido al campo de la psico-pedagogía, el nuevo departamento solicitó y obtuvo la colaboración de los doctores José M. Gutiérrez Hernández, Profesor Titular de Mediciones Mentales y Decano de la Facultad de Educación de la Universidad de La Habana y Aurora García Herrera, Profesora Titular de Psicología e Higiene Escolar de la propia Facultad, los que con un grupo de jóvenes doctores en pedagogía constituyeron en la cátedra, bajo la inmediata dirección del doctor Santamarina Salanueva y dentro del Departamento de Neuro-psiquiatría Infantil, la sección de Psico-pedagogía, con un aula especial al efecto y se proyectó el establecimiento de la Clínica de Conducta para una verdadera profilaxis educacional del niño.60
Al crearse un Servicio Especializado de Endocrinología en el Dispensario, se incorporó a él como médico asociado el Dr. Luis Viamonte Cuervo, más tarde Profesor Agregado de la Cátedra de Patología y Clínica de las Enfermedades Nerviosas y Mentales. Durante muchos años fue consultante de cirugía de la cátedra del Dr. Amador Guerra Sánchez, Profesor Auxiliar de Clínica Terapéutica Quirúrgica y Técnica Operatoria. También se organizó un Servicio de Alergias bajo la dirección del Dr. José J. Pedrera Rodríguez y, desde 1926, contó la cátedra con su propio anfiteatro de clases.
A principios de 1935 y a través del Dr. Gabriel Gómez del Río, Instructor de Patología y Clínica Infantiles, fue presentado a la Secretaría de Sanidad y Beneficencia un proyecto de los doctores Aballí y Arellano y Hurtado Galtés contentivo de un memorándum documentado y un anteproyecto de presupuesto, en el que se consideraban las normas posibles y fundamentos que aconsejaban la creación del Hospital Nacional de Infancia "Joaquín L. Dueñas", se tomó como base el Servicio de Niños existente en el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes", perteneciente a la cátedra.
En julio de ese mismo año se inauguraba el Hospital Municipal de la Infancia bajo la asesoría directa del profesor Aballí y Arellano y los profesores de la cátedra, se adoptaron las normas de organización propuestas para el Hospital Nacional. Encargada de su puesta en marcha se creó una Comisión Técnica integrada por los profesores Aballí y Arellano, Clemente y Alberto Inclán Costa, Hurtado Galtés y Castellanos González, la cual nombró directamente al personal médico y técnico, se cubrieron al mismo tiempo otras plazas, como las de técnicos medios, por ejercicios de concurso-oposición. Su director fundador fue el doctor Castellanos González, a quien sustituyó a finales de año el doctor Aballí y Arellano. En 1946 abandonaba el cargo el Maestro de la Pediatría Cubana y nuevamente lo ocupaba el doctor Castellanos González, hasta 1959.61
Al nuevo hospital se llevó la enseñanza de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles con los profesores Aballí y Castellanos, auxiliados por gran parte de los instructores, adscriptos y asociados, que pasaron a ser médicos de la institución y al frente de los servicios docentes e investigativos de la cátedra en el Hospital "Nuestra Señora de las Mercedes" quedaron los profesores Hurtado y Valledor, desde entonces sin la gran plétora de alumnos que venían atendiendo desde las últimas décadas.
Al producirse el fallecimiento del profesor Aballí y Arellano y ascender a titular jefe de la cátedra el doctor Hurtado Galtés, este docente pasó a radicar en el Hospital Municipal de la Infancia y el doctor Valledor Campo quedó al frente de la cátedra en el "Hospital Nuestra Señora de las Mercedes" con el doctor Aballí García-Montes, quien sin embargo dedicaba la mayor parte de su tiempo al Servicio de Recién Nacidos de la Maternidad del Hospital Docente "General Calixto García".
Otra institución de atención hospitalaria cuya fundación está estrechamente unida a la actividad de los profesores de la cátedra, aunque no fue docente hasta después de 1962, es el Hospital Sanatorio Anti-tuberculoso "Ángel Arturo Aballí".
Durante muchos años el profesor Aballí y Arellano había luchado incansablemente por la creación de una institución de tal naturaleza y su colaboración en el estudio del proyecto de construcción y su posterior fiscalización de la ejecución de la obra fueron tan determinantes que, al inaugurarse en julio de 1944 fue opinión unánime que llevara su ilustre nombre, a pesar de que algunas influyentes figuras del gobierno de la República habían pretendido ponerle el de la primera esposa del dictador Fulgencio Batista.
Un año después, el profesor Aballí y Arellano donaba al hospital-sanatorio gran parte de su bien nutrida biblioteca especializada en pediatría. El primer director de la institución fue el doctor Valledor Campo, quien desempeñó el cargo durante 4 años.
10. Al independizarse como cátedra la asignatura de Patología y Clínica Infantiles se lleva a cabo algo que no tenía precedentes en la enseñanza superior cubana y que no tuvo similar hasta la oficialización de las especialidades médicas en 1961 y fue la creación de la Escuela de Pediatría, anexa a la cátedra en 1926.
Con reglamento propio, su programa de estudios comprendía 3 años de labores prácticas distribuidas en 6 semestres. En el primer semestre los graduados de doctores en medicina matriculados pasaban por el Laboratorio Clínico, donde realizaban prácticas tanto de microscopia y química clínica como de anatomía e histología patológicas; en el segundo trabajaban como asistentes en la Sala de Niños Mayores ("San Vicente");en el tercero en la Sala de Lactantes ("Manuel de la Cruz"); en el cuarto y quinto, como asistentes en las consultas externas especializadas, y en el último, como médicos del propio Dispensario de la cátedra, dividido el semestre en 2 estancias, una de 3 meses en la consulta de niños mayores y otra de 3 en la de lactantes, guiados y aconsejados siempre por el personal docente.62
En esta escuela de posgrado se graduaron hasta 1936 los médicos especialistas siguientes: doctores Teodosio Valledor Campo, Agustín Castellanos González, Gustavo García-Montes Hernández y Benito Vilá Gómez, en enero de 1927; Gustavo Cardelle Penichet, Julio Cabrera Calderín, Gabriel Gómez del Río y Carlos Hernández-Miyares Marty en junio 1 de 1929; María Luisa Cubiña Rodríguez, Domingo Gómez Tejera y René García Mendoza, en septiembre de 1930; Emilio Alemán Vázquez, Julián F. Araña Florido, José M. Mir del Junco, Julián M. Castelló Hernández, Julio Fernández de la Arena Fernández, Carlos Camejo y Quijano, Serafín Falcón López, Antonio Vázquez Paussa, Saturnino Martínez Leyro y Vicente Legañoa Arrebola, en mayo de 1934; Esperanza S. Costa Martínez, Juan Marcos Labourdette Scull, Cesar Fuentes Maldomingo, Ernesto Fernández del Moral, Vivino García Remedios, Domingo Padrón Ferrer, William Aballes Real, Ellis J. Artola Labrada, Estanislao Cartañá Sánchez y Federico Miranda Rodríguez, en julio 31 de 1935 y Marino Ramos Ramírez, José Prats García y Daniel Mac Donald Montoso, en mayo de 1936.63
Cada graduado recibía un certificado de la cátedra firmado por los profesores titular y auxiliar. Uno de los primeros expedidos, literalmente dice lo siguiente:
El profesor titular Dr. Ángel A. Aballí y el profesor auxiliar Dr. Félix Hurtado
que suscriben: extienden el presente
a favor de Dr. Gustavo García Montes.
Haciendo constar que ha hecho las prácticas señaladas
en el Reglamento de la Cátedra que lo habilitan como
Médico Especialista en Enfermedades de la Infancia
Y para su constancia firman en La Habana a 1 de Enero de 1927
Dr. A. Aballí
Dr. F. Hurtado
Profesor Auxiliar64
También se extendían diplomas acreditativos de servicios prestados en las distintas especialidades dentro de la pediatría. Así se otorgaron en el mismo período a los siguientes especialistas: doctores Abelardo Codinach y Segura, otorrinolaringólogo; Emilio García Pérez, laboratorista clínico; José Prats García, radiólogo; Alberto Oteiza Setien, dermatólogo; Pedro Sánchez Toledo y José Pérez Lorie, ortopédicos; Amador Guerra Sánchez, cirujano general y Carlos Ramírez Corría, neurocirujano.
Uno de esos diplomas copiado literalmente dice:
Escuela de Medicina y Farmacia
Dr. Ángel A. Aballí Arellano
Extienden el presente Diploma a favor de
Dr. Abelardo Codinach y Segura
en reconocimiento a sus trabajos prestados en este servicio como
Especialista en Enfermedades de la Garganta, Nariz y Oídos
Durante los años 1929 a 1935
La Habana, Julio 31 de 1935
Dr. F. Hurtado65
Desconocemos hasta qué fecha estuvo en funciones la Escuela de Pediatría anexa a la cátedra (estaba todavía en 1943), pero sin lugar a dudas fue un ensayo muy meritorio ya que constituyó un primer paso para lograr en el país el establecimiento legal de las especialidades médicas.
Independientes de la Escuela de Pediatría, en la cátedra se impartían también cursos cortos de posgrado que auspició unos años después, conjuntamente con la Sociedad Cubana de Pediatría.
De los primeros en brindarse fue el "Curso de Pediatría Integral e Intensiva", de 6 semanas de duración, en 1937 organizado por el profesor Hurtado Galtés con la colaboración de los demás profesores e instructores.
Entre otros cursos citaremos: "Preparación de alimentos y sus indicaciones", febrero de 1943; "Curso de Pediatría Práctica para médicos", septiembre de 1949; "Neuropsiquiatría infantil", mayo de 1950; "Dietética de la Infancia para médicos generales", mayo de 1951; "Cursillo intensivo de neuropediatría", julio de 1952; "Curso práctico de Terapéutica en la Infancia", en las postrimerías de 1952, este curso no pudo ser desarrollado en los locales de clases de la cátedra, en los hospitales "Nuestra Señora de las Mercedes" y Municipal de la Infancia, por la gran matrícula que alcanzó, 253 médicos de Cuba y de otros países, y tuvo que brindarse en el salón de actos del Instituto de Cirugía Ortopédica, actual Hospital Ortopédico "Fructuoso Rodríguez" y "La maduración del sistema nervioso desde el punto de vista de la clínica pediátrica" impartido por el profesor invitado Dr. Florencio Escardó de la Universidad de Buenos Aires, octubre de 1953.
11. En Cuba faltaba una institución que agrupara a todos los médicos que se dedicaban a la práctica de la especialidad de enfermedades en la infancia y tocó también a la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles que en su seno se fundara la Sociedad Cubana de Pediatría.
Bajo la presidencia del Dr. Félix Hurtado Galtés y actuando como secretario el Dr. Carlos Hernández-Miyares Marty, se reunieron el 7 de octubre de 1928, en el anfiteatro de clases de la cátedra con el objetivo de constituir la Sociedad, los doctores Teodosio Valledor Campo, Agustín Castellanos González, Benito Vila Gómez, Gustavo Cardelle Penichet, Julio Cabrera Calderín, Gustavo García-Montes Hernández, Gabriel Gómez del Río, Bernardo Cardelle Penichet, Emilio Alemán Vázquez, Emilio García Pérez, María L. Cubiña Rodríguez, José Prats García, Hipólito Dumois Cárdenas, Roberto Céspedes Le Batard, Domingo Gómez Tejera, Pedro Sánchez Toledo, Abelardo Codinach y Segura, Evelio Molinero Cañas, Gustavo E. González Sastre y Felipe Casas Lajochere, en su totalidad profesores, instructores y médicos de los servicios de la cátedra.66
Ese día quedó constituida la Sociedad Cubana de Pediatría como homenaje especial de profundo reconocimiento al profesor Aballí y Arellano y quedaron designados todos los presentes como socios fundadores. Al aprobarse el Reglamento ante el gobierno civil de la provincia La Habana, se eligió la primera junta directiva integrada por: presidente, el doctor Aballí y Arellano; vicepresidente, el doctor Hurtado Galtés; secretario-contador, el doctor Hernández-Miyares y vocales, los doctores Valledor Campo y Castellanos González. En la primera sesión de gobierno fueron designados socios de honor los profesores Luis Morquio, de Uruguay; Pierre Nobécourt, de Francia y Clemente Inclán Costa, de Cuba.67
En enero de 1929 veía la luz el primer número del Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría como órgano oficial de la Sociedad y de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles. Sus directores eran los doctores Aballí y Arellano y Hurtado Galtés; jefes de redacción, doctores Valledor Campo y Castellanos González; secretario de redacción, Dr. Carlos Hernández-Miyares y administrador, Dr. Vivino García Remedios. A la muerte del doctor Aballí y Arellano lo sustituyó el doctor Valledor Campo y el doctor Aballí García-Montes ocupó uno de los cargos de jefe de redacción. En 1946, el boletín cambió su nombre por el de Revista Cubana de Pediatría con el que se mantiene en la actualidad.
Con periodicidad mensual esta importante publicación recoge toda la bibliografía científica producida en la cátedra en el período estudiado, gran parte de la cual fue antes presentada y discutida en las sesiones científicas de la Sociedad Cubana de Pediatría o en las numerosas Jornadas Pediátricas auspiciadas por la Cátedra y la Sociedad y celebradas en diferentes ciudades del país.68
12. La diversidad y la calidad de los servicios anexos a la cátedra permitieron mejorar gradualmente las investigaciones que se llevaban a cabo en ella.
Durante muchos años, el profesor Aballí y Arellano había estudiado las diarreas infantiles en su servicio de clínica de la sala "San Vicente", cuando no se contaba con laboratorio en su cátedra. Producto de ello escribió su monografía "Tratamiento de los trastornos gastrointestinales de la pequeña infancia", publicada en Actas y Trabajos del IV Congreso Médico Nacional, La Habana, 1918, pero no fue hasta 1936 que todas sus observaciones sobre la posibilidad de la existencia de la disentería bacilar en Cuba, conocidas como Doctrina de La Habana, son confirmadas bacteriológicamente en el laboratorio del Hospital Municipal de la Infancia por los doctores Arturo Curbelo Hernández y Juan A. Martínez Cruz, el primero entonces Profesor Auxiliar de la Cátedra de Bacteriología y Consultante del laboratorio y el segundo, médico bacteriólogo responsable de la sección de bacteriología de dicho laboratorio.
Los resultados de tan importantes investigaciones fueron recogidos en los siguientes trabajos: "Disentería bacilar en Cuba" (1936) por los doctores Curbelo Hernández y Martínez Cruz, primer informe del descubrimiento de la shigellosis en nuestro país; "Sobre la disentería bacilar en la infancia" (1936) del doctor Aballí y Arellano y "Salmonellosis del recién nacido" (1937) de los doctores Aballí y Arellano, Serafín Falcón López, Fernando Sala Panicello, Curbelo Hernández y Martínez Cruz.
El doctor Valledor Campo, de una extensa bibliografía científica, más de 200 trabajos publicados, dio prestigio a la cátedra con sus diversas investigaciones, entre otras, sobre heredosífilis, de las que citaremos las publicadas con los títulos: "Las modificaciones de la reacción de Lange bajo la acción del tratamiento arsenical y su importancia como medio diagnóstico de la heredosífilis" (1931), "El síndrome de apnea con cianosis de aparición tardía en el recién nacido afecto de sífilis hereditaria" (1931), "Consideraciones sobre 200 casos de heredosífilis" (1931) y "Profilaxis de la sífilis congénita" (1934).
Pero de mayor importancia son sus estudios sobre diferentes formas clínicas de la tuberculosis en la infancia, de los que solo nombraremos: "El síndrome cavitario en el lactante" (1929), "El síndrome cavitario en la tuberculosis ulcero-caseosa del lactante", "Estudio anátomo-clínico sobre 26 casos" (1936), "Lobitis tuberculosa primaria del lóbulo medio en el niño", "Importancia de la placa lateral para el diagnóstico", "Consideraciones sobre 2 casos clínicos" (1939), "Elementos del diagnóstico de la tuberculosis del lactante" (1939), "La sulfanilamida en el tratamiento de las infecciones secundarias propias de las formas distróficas graves de la tuberculosis del lactante o del niño pequeño" (1941),"Tuberculosis primaria de la piel en la infancia. Sobre 2 casos clínicos" (1941),"Tuberculosis pápulo-necrótica en la infancia. Sobre 3 observaciones" (1941), "Orquiepididimitis tuberculosa en un lactante de 12 meses, afecto de granulia generalizada. Acción de la sulfanilamida a pequeñas dosis repetidas, en la supervivencia prolongada del caso" (1941), "Tubérculos encefálicos en el curso de las formas diseminadas de la primo-infección del niño pequeño" (1943) y "Las cérvico-adenitis tuberculosas primarias del tipo tumoral en el niño" (1943).
A punto de partida de los resultados de sus investigaciones, el profesor Valledor Campo publicó obras con las que obtuvo diferentes galardones científicos: en 1938, el Premio de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana; en 1939, el Premio "Diego Tamayo"; en 1940, el Primer Premio Nacional de Investigaciones Científicas otorgado por el Ministerio de Educación por su libro "Tuberculosis del lactante. Formas anátomo-clínicas", P. Fernández y Cía., La Habana, 1939, tomo de 380 páginas y 139 ilustraciones; este mismo lauro lo conquistó también en 1945 con su monografía "Avitaminosis C en la infancia y determinación de la vitamina C en las frutas de Cuba", P. Fernández y Cía., La Habana,1945 y en 1949, con su monografía "Obstrucción bronquial en la patología respiratoria del niño", Molina y Cía., La Habana, 1949 y, por último, el Premio "Pedro L. Fariñas" en 1954 con la monografía "Tuberculosis primaria cutánea en la infancia", Molina y Cía., La Habana, 1955.
Pero, sin lugar a dudas, las investigaciones más importantes llevadas a cabo por un profesor de la cátedra, fueron las realizadas en la exploración intracardíaca por el doctor Castellanos González y sus colaboradores principales los doctores Raúl Pereiras Valdés, Adscripto de la Cátedra de Radiologías y Fisioterapia y Argelio García López, quienes en 1937 emplearon por primera vez las palabras angiocardiografía radio-opaca y en 1938 crearon, los 2 primeros, el método de la aortografía torácica retrograda, por cuyo aporte el doctor Castellanos González recibió reconocimiento mundial.
Algunos de sus trabajos más importantes en este campo son: "La angiocardiografía radio-opaca" (1937), "Ingurgitación permanente de la yugular externa izquierda en el niño. La angiocardiografía en los síndromes mediastinales" (1937), "La angiocardiografía en el niño" (1938), "Sobre el diagnóstico angiocardiográfico de la comunicación interventricular" (1938), "On special automatic device for angio-cardiography" (1938), "La cavografía inferior" (1938), "On factors intervening in obtention of perfect angiocardiography" (1938), "Angiocardiographies in new born" (1938), "On diagnosis of solitary inter-auricular comunication, by means of post-morten angio-cardiography" (1938), "La angiocardiografía" (1938), "La cavografía superior" (1938), "Tronco arterial común persistente. Su diagnóstico intravitam por la angiocardiografía" (1938), "The actual state of angiocardiography" (1939), "Counter-current aortography" (1940), "Lung agenesia.(With angiocardiographies studies)" (1942), "Arco aórtico a la derecha. Estado general. Valor de la angiocardiografía" (1945), "Sobre la radio-opacificación de las cavidades izquierdas del corazón, de la aorta y sus ramas. Levo-angiocardiograma. Su importancia práctica" (1945), "Un nuevo signo radiológico indirecto en el diagnóstico de la coartación de la aorta por la aortografía retrógrada superior" (1945) y "A critical analysis of the practical value of the angiocardiography and retrograde aortography" (1950).
La Sociedad Interamericana de Cardiología tomó el acuerdo de que el profesor Castellanos González apareciera en el mural sobre historia de la cardiología, junto a las más importantes figuras de esta especialidad de todo el mundo, que pintaría el genial muralista mexicano Diego Rivera en el Instituto Nacional de Cardiología de México. En mayo de 1944, durante la inauguración del I Congreso de la Sociedad Interamericana de Cardiología, celebrado en la capital azteca, se develó el célebre mural.
El 15 de noviembre de 1951 quedó constituida la Fundación "Agustín Castellanos" en el segundo piso del Hospital Municipal de la Infancia de La Habana, en un local especialmente construido para ella, con una sala anexa. Esta institución fue fundada con el aporte de $ 60 000 donados por el doctor Castellanos González producto de los honorarios profesionales que había logrado cobrar tras ruidoso pleito con los herederos del fallecido Senador de la República Dr. José M. Alemán Cacharo, tristemente célebre por sus malversaciones millonarias desde su cargo de Ministro de Educación. A esta suma se habían unido $ 10 000 donados, también por el profesor Castellanos de sus ingresos particulares y otros $ 10 000 donados por su clientela privada.69
El objetivo principal de la Fundación era el estudio de las cardiopatías congénitas y en ella continuaron el doctor Castellanos y colaboradores sus investigaciones hasta 1960, cuando cerró sus puertas al abandonar el país su fundador. La institución estaba regida por una Junta de Patronos integrada por los siguientes miembros: director, doctor Castellanos González; vicedirector, Dr. Antonio Rodríguez Díaz; tesorero, Dr. Carlos Hernández-Miyares; secretario, Dr. José T. Bravo Quintanó; vocales, doctores Rodolfo Pérez de los Reyes, Otto García Díaz y la señora Ángela Sánchez de Castellanos. La dirección del Departamento de Investigaciones Cardiovasculares, estaba a cargo del Dr. Otto García Díaz, la subdirección, del Dr. Alberto Hernández Cañero y como auxiliares, las doctoras Eloína González Vega y Gloria Varela Puente.70
En 1956 fueron honrados con el Premio Nóbel de Medicina y Filosofía del Real Instituto Medicoquirúrgico, Carolino de Estocolmo, Suecia, 3 de los iniciadores de los métodos angiocardiográficos: el doctor Werner Forsmann, urólogo de Berlín, que en 1929 comenzó estas exploraciones en su propia persona y los profesores Andre F. Cournand, francés y David W. Richarson, norteamericano, ambos de la Universidad de Columbia, New York, quienes demostraron el valor de dichos métodos en el estudio de los defectos cardiovasculares. El doctor Castellanos González fue nominado entre los candidatos a elegir, como uno de los fundadores de la angiocardiografía mundial.
El doctor Aballí García-Montes organizó un magnifico Servicio de Recién Nacidos y Prematuros en la Maternidad del Hospital Universitario "General Calixto García", segundo piso del pabellón "Enrique Núñez", en el que con la colaboración de un grupo de entonces jóvenes pediatras como los doctores Olimpo J. Moreno Vázquez, Héctor Duyos Gato, Zenaida Prendes Puentes, Waldo Martínez García, Sergio de Lamerens de Zayas y otros llevó a cabo importantes estudios sobre hematología en general y trastornos de la coagulación sanguínea, en particular, en recién nacidos y prematuros, de los que citaremos: "Eritoblastosis fetalis en los mellizos. Estudio comparativo entre la exsanguíneo transfusión y el ACTH cortisona" (1952), "La hemorragia pulmonar en el recién nacido" (1955), "Eritroblastosis fetalis: estudio clínico de 20 casos" (1955), "Hemorragia interna por rupturas de hematomas subcapsulares hepáticos en el recién nacido" (1955), "Trastornos hemorrágicos en el prematuro" (1956), "Estudio electroforético de las proteínas séricas en el recién nacido a termino y en el prematuro" (1957), "La transaminasa oxalacética y pirúvica en el recién nacido a término y en el prematuro. Valores normales" (1957), "Estudio sobre la coagulación sanguínea en el recién nacido. Peculiaridades de la actividad tromboplástica del suero" (1958) y "La enfermedad hemolítica por incompatibilidad ABO" (1959). Por sus primeras investigaciones en la cátedra recibió el profesor Aballí García-Montes el Premio "Diego Tamayo" de 1944.
De importancia también fueron las investigaciones sobre nefropatías en la infancia realizadas por el Dr. Enrique Galán Conesa, algunos de cuyos trabajos citamos a continuación: "Nefropatías del niño. Estadísticas del Hospital Municipal de la Infancia de La Habana, desde el año 1935 al año 1941. Reporte de 219 casos" (1942), "Nefropatías del niño. Estudio del sedimento urinario por el método de Addis" (1942), "Nefropatías del niño. La prueba de rojo congo en las nefritis y nefrosis, en las enfermedades del hígado y del sistema retículo endotelial" (1942), "Nefropatías del niño. Anatomía patológica de las nefritis" (1942), "Insuficiencia renal aguda" (1957), "La biopsia renal en niños con nefrosis. Un estudio del daño glomerular y del efecto de los esteroides" (1958) y "Tratamiento de la nefrosis del niño con esteroides corticales" (1966).
13. Al reiniciar sus actividades la Universidad de La Habana, con el triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959, el profesorado de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles estaba integrado por: Profesor Titular, Dr. Félix Hurtado Galtés; Profesor Auxiliar, Dr. Teodosio Valledor Campo y profesores agregados, los doctores Agustín Castellanos González y Arturo J. Aballí García-Montes.
El doctor Hurtado Galtés, que había sido un fervoroso colaborador de la dictadura batistiana en su cargo de Embajador de Cuba ante la Organización Mundial de la Salud, desde la ciudad de San Salvador, República de El Salvador, donde se encontraba, envió la renuncia a su cargo de Profesor Titular para evitar su segura depuración del mismo. Textualmente la carta dice:
San Salvador, El Salvador, Febrero 5 de 1959 (Hotel Astoria)
Señores Miembros del Consejo Universitario
Por el presente escrito vengo a ratificar mi cable de Febrero 4, presentando la renuncia de mi cargo de Profesor Titular de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles de la Escuela de Medicina de esa Universidad, que venía profesando en calidad de Auxiliar por oposición, desde el año 1923 y después Titular por ascenso estatutario desde 1948.
Haciendo votos por el mayor auge de la Universidad, me es grato presentar mis respetos a ese honorable Consejo Universitario.
Dr. Félix Hurtado Galtés71
El Consejo Universitario, en sesión de 11 de febrero de 1959 le aceptó la renuncia de su cátedra sin someterlo a proceso de depuración.
El doctor Valledor Campo elevó escrito a la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina haciendo saber su derecho de ascenso al cargo de Profesor Titular, que fue conocido por ésta el 1 de abril de 1959. Por Decreto Rectoral de 10 de abril siguiente se le nombró Profesor Titular, por ascenso y tomó posesión ese día.
El 28 de junio de 1959 pidió el doctor Aballí García-Montes al Decano de la Facultad de Medicina se le concediera el año sabático, al que ya tenía derecho, pues desde hacía 5 años estaba realizando estudios sobre defectos en la coagulación sanguínea del recién nacido en el Servicio de Recién Nacidos de la Maternidad del Hospital Clínico Quirúrgico Docente "General Calixto García" con cuyos resultados que "tienden a aclarar muchos aspectos del problema" había interesado a la Universidad de Tennessee, la que le ofrecía que continuara en ella tales investigaciones, para lo cual aportaba los recursos necesarios.
Con fecha 14 de julio de 1959, el Consejo Universitario le concedió, con sueldo, el año sabático. Poco tiempo antes de terminar éste, la Junta de Gobierno de la Facultad de Medicina, el 24 de mayo de 1960, aprobó que se le prolongara su estancia en la Universidad de Tennessee por 60 días más, ahora con licencia sin sueldo, lo que fue aprobado por el Consejo Universitario el 6 de junio de 1960.
El 22 de noviembre de 1959 pide licencia el doctor Castellanos González por haberse sometido a una colecistectomía de urgencias y se reintegra a la cátedra el 14 de diciembre próximo. Llama la atención que este profesor no hubiera sido ascendido inmediatamente a Profesor Auxiliar al dejar vacante la plaza el doctor Valledor Campo y seguramente se debió a que el doctor Castellanos no tenía reconocido su derecho de ascenso, por lo que solo fue nombrado por Resolución del Decano de 1 de marzo de 1960 Profesor Auxiliar Interino. Llama así mismo la atención que el doctor Aballí García-Montes, que sí tenía derecho de ascenso por sus oposiciones de 1951, no hubiera solicitado la plaza, lo que hace pensar que le interesaban mucho más sus investigaciones en la universidad norteamericana.
Para ocupar la plaza dejada vacante por el doctor Castellanos González fue nombrado, mediante concurso, por Resolución del Decano de 22 de abril de 1960, el Dr. Enrique Galán Conesa, graduado de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana en 1934, con estudios de posgrado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard y antiguo Instructor de la cátedra.
Por haber votado en la reunión del claustro de medicina de 29 de julio de 1960 a favor de la moción en la que se rechazaba a la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de La Habana, que había sustituido al disuelto Consejo Universitario, y haberse declarado en rebeldía contrarrevolucionaria fueron suspendidos de empleo y sueldo e iniciado expediente disciplinario por acuerdo de dicha Junta Superior de Gobierno de 1 de agosto siguiente, los doctores Valledor Campo y Galán Conesa.
Veinticinco días después, desde los Estados Unidos, envió la siguiente carta renuncia el doctor Aballí García-Montes:
Agosto 26 de 1960
Por medio de la presente ruego a ustedes aceptar con carácter irrevocable mi renuncia al cargo de Profesor Agregado de la Cátedra de Patología y Clínica Infantiles de esa Universidad.
Dr. Arturo J. Aballí72
La Junta Superior de Gobierno de la Universidad se la aceptó en sesión de 5 de septiembre de 1960.
El doctor Castellanos González, que había colaborado con la dictadura del general Batista desde la dirección de la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI), también se solidarizó con los profesores en rebeldía desde los Estados Unidos donde se encontraba después de asistir a un congreso internacional de cardiología, por lo que fue suspendido de empleo y sueldo y se le siguió expediente de separación por acuerdo de la Junta Superior de Gobierno de la Universidad de 19 de diciembre de 1960.
El propio organismo universitario, por acuerdo de 13 de enero de 1961, separó definitivamente de sus cargos a los doctores Valledor Campo, Castellanos González y Galán Conesa.
Para sustituir a los profesores suspendidos de empleo y sueldo y renunciante, la Junta Superior de Gobierno de la Universidad nombró por contratación, mediante concurso, el 13 de septiembre de 1960, como profesores agregados Interinos a los doctores José R. Jordán Rodríguez, que había pasado por las etapas de Adscripto, Instructor y Asociado dentro de la cátedra; Eliseo Prado González, por la de Instructor y Olimpo de J. Moreno Vázquez, por la de Adscripto.73
Al ponerse oficialmente en práctica la reforma de estudios universitarios el 10 de enero de 1962, el nuevo Departamento de Pediatría de la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas estaba integrado por los siguientes docentes: profesores (equivalentes a titulares), los doctores José R. Jordán Rodríguez, Eliseo Prado González, Joaquín Pascual Gispert y Liané Borbolla Vacher y profesores auxiliares, los doctores Olimpo J. Moreno Vázquez, Eladio Blanco Rabassa, Gloria Varela Puente, José M. Mir del Junco, Ramón Casanova Arzola, David Cazañas Aldama, Ramón J. Consuegra Núñez, Ernesto de la Torre Montejo, Manuel Rojo Concepción, Santiago Valdés Martín y Jesús Perea Corral.
Los doctores Mir del Junco y Cazañas Aldama fallecieron en sus funciones docentes y el resto se mantienen hasta la actualidad, todos como profesores titulares en diferentes facultades de medicina del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, así como ostentan los grados científicos de doctores o candidatos a doctores en ciencias médicas, algunos de ellos han recibido la Orden "Carlos J. Finlay", la más alta condecoración científica de nuestro país y los doctores Jordán Rodríguez y Borbolla Vacher, el Premio Anual al Mejor Trabajo Científico.
Sobre los hombros de este grupo de profesores, a los que se han unido muchos de sus mejores alumnos, ha recaído la gran responsabilidad histórica, durante las últimas 4 décadas, de formar las nuevas generaciones de pediatras cubanos herederas y engrandecedoras de la Escuela Cubana de Pediatría fundada por el profesor Ángel A. Aballí y Arellano.
14. El programa de Patología y Clínica Infantiles en las etapas de los profesores Montalvo Covarrubias y Reol Ferrera comprendía el estudio de las siguientes materias: nociones preliminares de fisiología e higiene infantiles, enfermedades infecciosas, distrofias hereditarias, distrofias adquiridas, enfermedades de la boca, enfermedades de la faringe, del esófago, del estómago, intestinos, peritoneo, hígado, bazo, fosas nasales, laringe, bronquios, pulmones, pleuras, menínges, cerebro, médula espinal, nervios, pericardio, corazón, riñones, vejiga, vulva, vagina, testículos, prepucio, oídos, ojos y de la piel.
La enseñanza práctica consistía en hacer el diagnóstico, pronóstico e imponer tratamiento a las enfermedades de los niños que ingresaban en la Sala "San Vicente"; hacer las necropsias a los que fallecían; redactar historias clínicas, poner aparatos de fracturas y ortopédicos y servir de ayudantes en las operaciones.74
A partir de 1906, el profesor Aballí y Arellano sigue el mismo programa, pero hace la enseñanza más práctica. Sobre ella se lee lo siguiente en la Memoria Anuario de la Universidad de La Habana de 1907:
Las historias clínicas de los enfermos son llevadas escrupulosamente y con observaciones diarias, por grupos de alumnos; después de terminadas son inspeccionadas por el Jefe de Clínica y [discutidas]. Las que son terminadas por la muerte del enfermo, se acompañan del protocolo de la autopsia que el Jefe de Clínica [que lo es el profesor auxiliar] práctica en presencia de los alumnos, y la que consta en el libro especial que para este objeto se lleva en la Clínica Infantil [.....]
El Jefe de Clínica practica las operaciones quirúrgicas en presencia y asistido por los alumnos y ejerce la inspección y asistencia de los enfermos.
Presta material científico a la Clínica la consulta externa establecida en el Hospital y que tiene a su cargo el Jefe de Clínica, a la que concurren los alumnos. Accidentalmente son llevados éstos a la Maternidad o al Hospital "Las Animas" por ser realmente escaso el material de que se dispone y muy especialmente para el estudio de las fiebres eruptivas y afecciones infecto contagiosas, las que no son permitidas en el Hospital Mercedes".75
Después de independizarse como cátedra la asignatura de Patología y Clínica Infantiles, el profesor Aballí escribía:
El programa comprende actualmente 88 lecciones de Pediatría distribuidas conforme el Calendario Universitario. Las 25 primeras lecciones son de Anatomía, Fisiología, Higiene y Reglas de Semiotecnia peculiares de esta época de la vida. Las restantes las integran el estudio de la patología propia de la infancia.
Las lecciones prácticas consisten en la exposición de casos clínicos con demostración del examen físico del enfermo y de las investigaciones de Laboratorio que éste requiere con discusión de su diagnóstico, pronóstico y tratamiento. Los alumnos siguen después la observación de la evolución de los casos en la visita a la sala que se practica diariamente después de la hora de clase.
La enseñanza clínica se realiza igualmente en el Dispensario anexo al servicio al que se hacen asistir obligatoriamente a los alumnos por grupos en que cada curso queda distribuido al comenzar el año escolar.
Tenemos en proyecto la utilización de los propios alumnos en la protección a la infancia por medio de una institución semejante al `Social Work` que está funcionando en relación con los Dispensarios y Hospitales de Niños en los Estados Unidos e Inglaterra.
Esto les hará tener la experiencia del trato con los enfermos y familiares, enseñanza importante para su ejercicio profesional.
La cátedra igualmente tiene establecido como labor anexa a las funciones de la misma la investigación científica, dentro de los límites que nos permiten los escasos recursos que poseemos y tanto en el Dispensario como en el Laboratorio anexo y en la Clínica se utiliza el material existente no solo en provecho de la enseñanza sino en el progreso científico de nuestro país.76
Un especial cuidado se daba a la enseñanza de la alimentación y además de las lecciones teóricas que llevaban a un conocimiento exacto del alimento del niño, se impartía en el Departamento de Dietética a grupos de alumnos, enseñanza práctica en la preparación del alimento.
El programa del profesor Aballí y Arellano en 1927 comprendía 160 lecciones que abarcaban las materias siguientes:77
1. Definición y objeto de la asignatura.
2. División de la infancia en períodos y carácter de los mismos desde el punto de vista anátomo-fisiológico y patológico.
3. Peculiaridades anatómicas y fisiológicas del recién nacido, estudio de su hábito exterior y del esqueleto normal.
4. Estudio del resto del esqueleto, de la dentición y sus caracteres.
5. Peculiaridades del aparato digestivo, desde el punto de vista anatómico y fisiológico.
6. La digestión en el niño especialmente en el lactante.
7. Estudio del pañal y bacteriología del tubo intestinal del niño.
8. El aparato respiratorio desde el punto de vista anatómico. Peculiaridades de la respiración del niño.
9. El aparato circulatorio: comparación entre la circulación fetal y la del recién nacido. Peculiaridades del corazón y grandes vasos.
10. Estudio de la sangre durante los primeros períodos de la infancia. Propiedades físicas, químicas y biológicas. Estado de los órganos hematopoyéticos, durante la infancia.
11. Aparato genito-urinario del niño. Estudio de los caracteres de la orina y métodos utilizables en las pruebas de suficiencia renal.
12. Peculiaridades del sistema nervioso en la infancia. Desarrollo psíquico- fisiológico en sus tres períodos.
13. Estudio de las glándulas de secreción interna desde el punto de vista anátomo-fisiológico.
14. Estudio de la nutrición.
15. Crecimiento y desarrollo.
16. Metabolismo basal en la infancia: estudio de los cambios metabólicos.
17. Reglas de semiotecnia y detalles propios de la historia clínica del niño.
18. La higiene del recién nacido (primeros cuidados). Higiene de la alimentación.
19. Estudio de la leche. Propiedades físicas y químicas. Composición de la leche.
20. Propiedades biológicas de la leche y bacteriología de la misma.
21. Indicaciones y contraindicaciones de la lactancia natural y reglas para la elección de las nodrizas.
22. Lactancia artificial: principales métodos de modificación y conservación. Conservación de la leche empleada en la alimentación.
23. Estudio de la composición de los diversos preparados de leche empleados en la alimentación de los niños.
24. Reglas especiales para la alimentación por la leche de vacas y cálculo de la ración alimenticia del niño.
25. El prematuro y sus cuidados.
26. Las diátesis en la infancia.
27. Enfermedades del recién nacido (septicemias)
28. La hemorragia intracraneal de los recién nacidos.
29. Parálisis obstétricas.
30. De los vicios de conformación congénita más frecuentes.
31. Etiología de las enfermedades del aparato digestivo.
32. Clasificación de las enfermedades del aparato digestivo.
33. Dispepsias.
34. Del tratamiento de las dispepsias y estudio del catarro dispéptico.
35. Gastroenteritis.
36. Distintas formas clínicas de gastroenteritis y sus complicaciones (acidosis).
37. Tratamiento de la gastroenteritis.
38. De las afecciones digestivas de origen paraenteral y anafilaxia digestiva.
39. Atrepsia.
40. Tratamiento del vómito en el niño y estudio del síndrome pilórico del recién nacido.
41. Constipación y síndrome de Hirchsprung.
42. Invaginación intestinal.
43. Abdomen agudo en el niño.
44. Afecciones digestivas de la segunda infancia.
45. Afecciones gástricas.
46. Enterocolitis aguda y crónica de la segunda infancia.
47. Enfermedades por carencia alimenticia.
48. Raquitismo.
49. Diabetes infantil.
50. Trastornos de la función tiroidea en el niño.
51. Otros trastornos endocrinos en la infancia.
52. Tuberculosis en el lactante. Concepto etiológico y vías de infección.
53. La infección tuberculosa hematógena. Evolución clínica.
54. Evolución de la infección linfógena.
55. Evolución de la infección broncógena.
56. Formas latentes, larvadas y enmascaradas de la tuberculosis del lactante.
57. Sífilis hereditaria precoz.
58. Bronquitis en la infancia.
59. Bronconeumonía.
60. Neumonía lobar y congestión pulmonar.
61. Broncoectasia y esclerosis pulmonar.
62. Pleuritis en la infancia.
63. Asma infantil.
64. Meningitis en general y semiótica del líquido cefalo-raquídeo.
65. Meningitis tuberculosa.
66. Eclampsia infantil.
67. Espasmofilia.
68. Encefalopatía crónica de la infancia.
69. Hidrocefalia.
70. Atrofias musculares progresivas en la infancia.
71. Corea de Sydenham.
72. Enfermedad de Haine-Medin.
73. Encefalitis epidémica.
74. Vicios de conformación congénita del corazón.
75. Leucemia.
76. Esplenomegalias en la infancia.
77. Hemofilia y púrpuras.
78. Nefropatías infantiles.
79. Tratamiento de las nefropatías infantiles.
80. Pielitis.
81. Difteria.
82. Escarlatina.
83. Sarampión.
84. Otras enfermedades exantemáticas.
85. Tosferina.
86. Fiebre tifoidea en el niño.
87. Reumatismo articular agudo.
A partir de 1937, el programa de la asignatura, a grandes rasgos, comprendía: generalidades (anatomía y fisiología propias del lactante, lactancia, semiología especial y otras), enfermedades del aparato digestivo y de la nutrición, tuberculosis infantil, sífilis hereditaria, afecciones no tuberculosas de las vías respiratorias, cardiopatías, hemopatías, enfermedad de Hodgkins, enfermedades del sistema nervioso, nefropatías, fiebres eruptivas, difteria, coqueluche, síndromes endocrinos de la infancia y diabetes infantil. Al final del curso se hacía una semana de seminario de dietética infantil.78
15. El doctor Reol Ferrera, recomendaba como obras de texto extranjeras el "Tratado de enfermedades de la infancia" de Jules Comby y el de igual título de Louis Unger.
El doctor Aballí y Arellano, en 1907 indicaba, junto a la obra del doctor Comby, el "Tratado de enfermedades de la infancia" del profesor Jacques Joseph Grancher, célebre tisiólogo y pediatra de París, casado con la villaclareña Rosa Beatriz Abreu Arencibia y muy unido a los médicos cubanos de la segunda mitad del siglo XIX. También recomendaba los libros "Prognosis, Diagnosis and Treatment of the Disease of Children" de Tomas M. Rotch y "The Diseases of Infancy and Childhood" de Luther E. Holt, aunque aclaraba que las obras de texto de esta asignatura resultaban poco ajustadas a la índole de la enseñanza y que por eso realmente no se seguía una determinada.
Después de la reforma de estudios de 1923, el doctor Aballí y Arellano indicaba como libros de texto: "Tratado de las Enfermedades de los niños" de E. Feer, "Enfermedades de la Infancia" de Enrique Suñer Ordóñes, "Tratado de Medicina Infantil" de E. Weil y las obras de Jules Comby.
Sin lugar a dudas, fueron estas últimas las más utilizadas por los estudiantes cubanos durante el primer cuarto del presente siglo. El doctor Comby, médico del Hospital des Enfants-malade de París, fue muy popular entre los médicos y estudiantes del país por sus libros: "Tratado de las Enfermedades de la infancia" en sus 5 ediciones francesas y 3 españolas y "Tratado de Terapéutica Clínica y Profilaxis de las Enfermedades de los Niños" en sus 4 ediciones francesas y la española.
Como obras de consulta recomendaba el profesor Aballí: "Pediatrics", en 8 tomos, de Isaack A. Abt; "Les Malades des Enfants" de Jean Hutinel; "Enciclopedia de las Enfermedades de la Infancia" de Phaundler y Schoessmann; "Fisiología Infantil y Patológica" de Aguilar Jordán; "Alimentación y trastornos nutritivos del lactante" de Schweizer, pero sobre todas, "Los desarreglos gastrointestinales del lactante" del profesor uruguayo Luis Morquio y dada su formación pediátrica francesa, insistía en las 2 importantes obras del profesor Bernard J. Marfan "Traite de l' Allaitement et de l' Alimentation des Enfants du premier age" y "Afecciones de las vías digestivas en la primera infancia", así como en la monumental obra del profesor Pierre Nobécourt "Clinique medicale des enfants".
Esta importante obra era muy conocida por los pedíatras cubanos de la época y contaba de 12 tomos en los cuales se repartía la materia de la forma siguiente: "Afecciones del aparato respiratorio", 2 tomos; "Enfermedades infecciosas", 2 tomos y un tomo para cada una de las demás partes: "Afecciones del aparato circulatorio", "Trastornos de la nutrición y del crecimiento", "Afecciones del aparato urinario", "Afecciones del sistema nervioso", "La tuberculosis", "Afecciones de los órganos hemolinfopoyéticos y de la sangre", "Afecciones del aparato digestivo y del abdomen" y "La sífilis en la infancia".
En 1937, los profesores Aballí y Arellano y Hurtado Galtés recomendaban como obras de texto y de consultas extranjeros: "Textbook of Diseases of Infancy" de Heinrich Finkelstein, "Clínica Infantil" de Luis Morquio, "Clinique des Malades de la Premiere Enfance" de Bernard J. Marfan, "Tratado de Medicina Infantil", en 5 tomos, de Pierre Nobécourt, León Babonneix, Jean Cathala y Jean Hutinel, "Enciclopedia de las Enfermedades de la Infancia" de Phaundler y Schoessmann, " Medicina Infantil" de Juan P. Garraham, "Lecciones de Clínica Infantil" de Carvini e "Infant Nutrition" de William M. Marriot.
A partir de 1940, se recomendaron: "The Diseases of Infancy and Childhood", 2 tomos, de Luther E. Holt y John Howland; "Alimentación del niño de pecho" de E. Meyer y E. Nassau; "Practice of Pediatrics", 4 tomos, del famoso pediatra norteamericano Dr. Joseph Brennemann, en edición actualizada bajo la dirección del Dr. Irving Mc. Quarry, profesor de Pediatría de la Universidad de Minessota, pero el texto más utilizado desde entonces es "Tratado de Pediatría", 2 tomos, de los profesores A. Graeme Mitchell y Waldo E. Nelson.
Esta importante obra de texto en su primera edición fue dirigida por el Dr. Joseph P. Griffith, al que se le unió, en la segunda, el doctor A. Graeme Mitchell de la Universidad de Cincinnati. Después de la muerte de ambos, en1941, quedó en su dirección, en las 12 siguientes ediciones, el Dr. Waldo E. Nelson, profesor jefe del Departamento de Pediatría de la Universidad de Temple a quien se le han unido en la última los profesores Richard E. Behrman y Víctor C. Vaughan. De esta obra se han hecho 9 ediciones españolas y varias reimpresiones y 2 ediciones cubanas en 1961 y 1988.
16. A solo 6 años de haberse inaugurado el Curso Especial de Enfermedades de la Infancia; publicó el Dr. Antonio Jover Puig, su primer profesor en propiedad por oposición, el libro "Lecciones de Enfermedades de los Niños", Imp. Heinrich y Cía., en C., Barcelona, 1893, 391 páginas, primera obra de texto de pediatría escrita por un profesor de la Universidad de La Habana.
El tomo está dividido en unos prolegómenos y 2 secciones, los prolegómenos comprenden 5 lecciones en las que se explican la anatomía, fisiología e higiene del recién nacido y la pedotrofia. La primera sección corresponde a la patología general de la infancia y en su capítulo único se estudia la materia en 10 lecciones.
La sección segunda abarca la casi totalidad del libro pues en ella se trata la patología especial de la infancia expuesta en 13 capítulos y 125 lecciones, cuya materia corresponde a: las deformidades congénitas, las afecciones del recién nacido, las afecciones digestivas, urogenitales, respiratorias, circulatorias, nerviosas, óseas y articulares, oculares, auditivas, las dermatitis parasitarias, las fiebres y las diátesis. El libro lo cierra un índice de materias y un índice alfabético de nombres.
Las principales características de la obra son la brevedad en la exposición de las materias y su claridad didáctica. Sus defectos capitales, la falta de ilustraciones y que, a pesar de que se recomendaban las obras de Baginski, Smith, Descroizilles, Owen, Henoch, Saint-Germann, Barthez y Sanne, Parrot y Codet de Gassicourt, no se citan las bibliografías utilizadas en la redacción de los temas.
Treinta años debían esperarse para que se produjera una segunda obra de texto en la cátedra. El profesor Aballí y Arellano poseía cualidades notables que le permitían haber escrito una obra de texto fundamental, que se esperaba impacientemente en Cuba y en el extranjero, que sin embargo, como ocurrió con otras grandes figuras médicas cubanas, nunca escribió.
Al revisar su expedientes de estudios en la Universidad de La Habana (Exped. Est. Ant. No.4) hemos tenido la oportunidad de leer los manuscritos de sus trabajos de premios y menciones honoríficas, en los cuales se pone de manifiesto, tempranamente, la gran facilidad que siempre poseyó para la redacción de un artículo científico. Estos trabajos, completamente desconocidos, son: "Microscopio" (1896), "La laringe" (1896), "Antropometría" (1896), "Bagaje que al terreno de la fisiología ha aportado Claude Bernard" (1897), "Técnica de la vacuna de ternera" (1897), "Centros nerviosos de los vertebrados. Su génesis y desarrollo" (1897), "Pústula maligna. Sus caracteres. Etiología. Síntomas. Marchas. Tratamiento" (1899), "Indicaciones de la sinfisiotomía" (1899), "Atrepsia en el recién nacido" (1899), "Cálculos vesicales. Paralelo entre la talla y la litotricia" (1900), "Endometriosis: variedades, tratamiento y pronóstico" (1900) y "Relaciones del estómago: operaciones que se practican sobre este órgano" (1900).
Mientras disfrutaba de la Beca de Viaje en Europa escribió interesantes trabajos que se publicaron en Cuba: "Sobre el método de coloración de Goldhern" (El Progreso Médico, 1902), "Contribución al estudio de las hemoconias" (Revista de Medicina y Cirugía de La Habana, 1903), "Contribución al estudio de la atrofia infantil. Aparato digestivo y anexos en el atrófico" (3 artículos en Revista de Medicina y Cirugía de La Habana, 1903) y 2 artículos que envió a la Facultad de Medicina en 1903: "Nota experimental sobre la descapsulación del riñón" y "Sobre la anemia experimental y la médula ósea".
Una vez de regreso en La Habana escribe, en colaboración con el eminente tropicalista cubano profesor Juan Guiteras Gener, el artículo "Yelow fever: symptomatology, morbid anatomy, treatment" que se publica en el libro "Handbook of the Medical Sciences", New York, 1904 y al siguiente año aparecen sus artículos "Fiebre amarilla" y "Lepra" en la importante "Enciclopedia de las Enfermedades de la Infancia" de Phaundler y Schoessmann, Tomo I, edición española.
A partir de 1906, en que comienza su intensa actividad docente al frente de la asignatura Patología y Clínica Infantiles y seguramente también por la fuerte presión asistencial de su ejercicio profesional privado, cada día en aumento por la aureola de su prestigio médico, su producción científica decae y así de 1906 a 1923 solamente publica 13 artículos en la prensa especializada y una monografía científica.
El bibliógrafo Carlos M. Trelles Govín en su libro "Bibliografía de la Universidad de La Habana", Imp. Bouza y Cía., La Habana, 1938, página 109, cita unas "Lecciones de Patología Infantil" del profesor Aballí y Arellano, aparecidas en 1922. Esta obra no la hemos podido encontrar nunca y la primera edición que conocemos de su libro de texto es "Lecciones de Patología y Clínica Infantil", Librería José Albela, La Habana, 1924, 263 páginas, que sin embargo no cita Trelles.
En el prólogo de este libro escribe el profesor Aballí: "He decidido publicar estas lecciones de Pediatría, por el deseo de poseerlas que han mostrado de modo constante mis alumnos; y por el propósito de romper con nuestra mala costumbre de mantener inédito nuestro trabajo; pensando de este modo estimular y estimularnos para poder realizar obras más perfectas".
La obra esta dividida en 2 partes. La primera comprende 17 capítulos y en ellos se tratan las materias siguientes: definición y objeto de estudio, división de la infancia en períodos, peculiaridades anatómicas y fisiológicas del recién nacido, hábito externo, esqueleto, cabeza, frontal, temporal, parietales, etmoides y esfenoides, hueso de la cara, dentición, columna vertebral, tórax, pelvis, extremidades, aparato digestivo, boca, faringe, esófago, estómago, intestino, anexos del aparato digestivo, hígado, bilis, pigmentos biliares, sales biliares, bazo, páncreas, bacteriología del tubo digestivo y defecación, flora bacteriana del estómago, flora bacteriana del intestino y materias fecales, defecación, caracteres, composición, aparato respiratorio, aparato circulatorio, peculiaridades de la sangre del recién nacido, propiedades biológicas de la sangre del niño, órganos hematopoyéticos, aparato genito-urinario, órganos genitales, riñón, pruebas de suficiencia renal en el niño, sistema nervioso, desarrollo psico-fisiológico del niño, crecimiento y desarrollo, mantenimiento de los standards normales de metabolismo basal del niño, glándulas de secreción interna, glándulas supra-renales, los para-ganglios, cuerpos tiroides y para-tiroides, timo, hipófisis, epífisis, glándula pineal, glándulas genitales, semiótica infantil: como se examina un niño, embarazo, parto, puerperio, examen de los aparatos y sistemas: vías respiratorias, aparato circulatorio, la sangre, tensión sanguínea, examen del aparato digestivo, abdomen, bazo, orina y exploración del sistema nervioso.
La segunda parte comprende 11 capítulos en los que se exponen las materias siguientes: estudio de la higiene infantil, leche, propiedades de la leche, principios vitales de la leche, fermentos solubles, propiedades protectoras de la leche, estudio de la leche de mujer, bacteriología de la leche, bacterias patógenas, modo de alimentación y sus distintos métodos, maneras de administrar el pecho, higiene de la nodriza, alimentación artificial, modificaciones de la leche, distintas leches, sopas y harinas, reglas especiales para la alimentación por la leche y nutrición del niño.
Más que una verdadera obra de texto, el libro constituye unos apuntes tomados en clase de parte del programa de la asignatura, donde se excluye la patología especial de la infancia. El no poseer ilustraciones y no incluirse la bibliografía consultada, que muy superficialmente se cita, limitan el valor de este texto, que por otra parte nos muestra la palabra autorizada del profesor Aballí y Arellano en la semiótica infantil y muchas de sus ideas propias en el campo de la dietética del niño.
Otra edición de sus lecciones, mimeografiada, que abarca 2 tomos, apareció en los años de la década de 1940. El resto de su obra escrita lo integran, además, 30 artículos científicos, numerosos discursos en congresos médicos, editoriales en la Revista Cubana de Pediatría, informes ante la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, trabajos sobre médicos cubanos y extranjeros como los doctores Raimundo G. Menocal y G. Menocal, Raimundo de Castro y Allo, José A. Valdés Anciano, Carlos J. Finlay Barrés, Joaquín L. Dueñas Pinto, John A. Fortes y Frederick A. Schultz; 2 ensayos importantes: "La evolución de la clínica infantil en Cuba" (1929) y "El niño: futuro de la humanidad" (1945), numerosos prólogos, notas en libros-memorias de graduados, artículos, discursos y editoriales en la revista Tribuna Médica y el periódico El Cubano Libre y su folleto sobre pedagogía médica, "Organización y extensión que debe dárseles a las enseñanzas universitarias para que el alumno pueda cooperar con el máximum de sus energías e iniciativas a los trabajos de investigación", La Habana, 1930.
En los comienzos de su ejercicio docente, el profesor Hurtado Galtés publicó el libro "Síndrome Acidosis", Imp. y Librería Albela, La Habana,1926, 289 págs., con la colaboración de los estudiantes de medicina y después notables profesores José A. González Rubiera y Jesús L. Cornide Salvá y prólogo del profesor Aballí y Arellano.
La obra está dividida en 4 partes y en ella se estudian, en la primera, elementos de físico-química indispensables para el conocimiento del síndrome acidosis; en la segunda, elementos del metabolismo necesarios para el estudio del síndrome acidosis; en la tercera, equilibrio ácido básico y en la cuarta, acidosis. Sobre este libro escribió el profesor Aballí en el prólogo: "Asumiendo la responsabilidad de lo que expongo, me atrevo a considerarlo, sin ambages, como el más completo de los trabajos que conozco sobre esta materia".
Una obra producida en la cátedra fue el libro del Dr. Benito Vila Gómez "Anorexia (Falta de apetito)", Cultural S.A., La Habana, 1936, 132 páginas. Esta monografía, que constituye una magnífica revisión del tema, bien escrita, muy amena, por la que hemos sentido siempre una gran predilección, estudia las causas físicas o falsas anorexias, causas mentales o psicológicas, profilaxis y tratamiento de la anorexia infantil. El libro del laborioso y competente antiguo ayudante graduado y asociado a los servicios de la cátedra, rebasa con mucho su objetivo principal que fue el de la divulgación.
Con el título de "Temas de Clínica Infantil", volumen impreso por Isidro Hernández, La Habana, sin fecha, 599 págs., reunió el profesor Valledor Campo un grupo de sus trabajos más importantes con el fin de que sirvieran de consulta para los alumnos de la cátedra. Estos trabajos son: "Formas de aparición de la enfermedad tuberculosa en la infancia", "La estreptomicina en el tratamiento de la tuberculosis infantil", "Localizaciones lobares y segmentarias de la tuberculosis de primo-infección en el niño (Neumonitis obstructivas)", "Las bronquiectasias secundarias a la tuberculosis de primo-infección en la infancia", "Perforación ganglio bronquial en la tuberculosis primaria de la infancia", "Factor bronquial y tuberculosis de primo-infección en el niño. Las broncoestenosis: sus modalidades y secuelas. Formas atelectásicas e infiltrativas. Sus relaciones con la epituberculosis", "Broncografía en los niños pequeños", "La bronquiectasia en la tuberculosis de primo-infección de la infancia", "El factor bronquial en la patología respiratoria del niño. Las atelectasias y sus secuelas", "Nuevos conceptos sobre la patogenia y evolución de la meningitis tuberculosa en el lactante", "Enfermedad quística del pulmón en la infancia. Estudio anátomo-clínico y radiológico sobre 17 observaciones", "La avitaminosis C en la infancia. Estudio clínico y radiológico", "Hipovitaminosis. Forma subclínica o escorbuto latente", "Escorbuto experimental", "La cifra 'standard' de vitamina C en la sangre", "La determinación de las cifras `standard' en vitamina C de diversos tipos de leche en nuestro medio" y "Determinación de la vitamina C en las frutas de Cuba".
Fueron colaboradores del profesor Valledor Campo, en los trabajos que integran este importante libro, los doctores Carlos Hernández-Miyares Marty, Antonio Fernández Baltrons, Argelio de Feria Santiesteban, Julio Cornejo González, José M. Mir del Junco, David Cazañas Aldama, José M. Rouco Aja, B. Cantlon, Antonio Guernica de Roux, J. C. Mérida, Rogelio Barata Rivero, Eduardo Rivero Valdés-Castro, Gonzalo Elizondo Martell, Ricardo Fusté Amieba, Juan López Junquera, E. Fernández Flores y Ángel A. Sainz de la Peña Nodarse.
En el curso 1947-1948, el profesor Aballí y Arellano encargó al profesor Castellanos González la explicación de algunas conferencias sobre cardiopatías infantiles que fueron tomadas taquigráficamente por el entonces alumno doctor L. A. Cabrera. Entusiasmado con los apuntes del estudiante, el autor amplió y mejoró las notas para formar un libro de gran importancia didáctica y científica.
El volumen "Cardiopatías congénitas de la infancia", M. V. Fresneda, Editor, La Habana, 1948, 406 páginas, está dividido en 3 partes:
La primera comprende 37 capítulos y trata sobre: embriología del corazón, desarrollo de los arcos aórticos, desarrollo y evolución de las grandes venas cardíacas, circulación fetal, cambios circulatorios en el momento del nacimiento, peculiaridades anatómicas del aparato cardiovascular del niño, sobre la exploración de la región precordial en el niño, el fonocardiograma en los recién nacidos y lactantes normales, el electrocardiograma en los recién nacidos normales, eje eléctrico del corazón en recién nacidos y lactantes normales, derivaciones precordiales en el niño, precordiales en el electrodo terminal, clasificación de las cardiopatías congénitas, patogenia de las cardiopatías congénitas, semiología cardiovascular, métodos de investigación de las cardiopatías congénitas, cateterismo de las cavidades cardíacas, manometría arterial, presión venosa, tiempo de velocidad circulatoria, cardiograma, flebograma, neumocardiograma, electrocardiograma, fonocardiograma, estudios fonocardiográficos en sujetos normales, valor de la fonocardiografía, gasometría sanguínea, radiografía simple, telecardiografía, ortodiascopía, radiokimografía, angiocardiografía, dextro y angiocardiogramas normales, técnica angiocardiográfica, aortografía torácica retrógrada, esofagograma y tomografía.
La segunda parte comprende 2 capítulos y en ella se tratan los grandes síndromes: cianosis y enfermedad azul.
La tercera parte está dedicada al estudio descriptivo de las cardiopatías congénitas (32 capítulos): microcardia, hipertrofia cardíaca congénita, dextrocardia, bloqueo cardíaco congénito, anomalías de las válvulas semilunares, anomalías de los vasos coronarios, agenesia de una de las ramas de la arteria pulmonar, anomalías de las venas cavas, de la aorta, de los grandes vasos que nacen del cayado aórtico y de la aorta en su origen, coartación de la aorta, anomalías del cayado aórtico: dextroposición del cayado aórtico, conducto arteriovenoso, insuficiencia aórtica, comunicación inter-auricular, enfermedad de Lutenbacher, comunicación interventricular, estenosis o atresia pulmonar con comunicación interventricular, grado de estrechez pulmonar, tetralogía de Fallot, enfermedad de Corvisart, tetralogía o complejo de Eisenmenger, trilogía de Fallot, tronco arterial persistente, transposición total de los grandes vasos, corazón bilocular, corazones triloculares, insuficiencia congénita de la válvula tricúspide, estrechez y agenesia tricuspídea, endocarditis y endoarteritis y tratamiento quirúrgico de las cardiopatías congénitas.
La obra está ilustrada con 63 diagramas y se incluye un atlas con 20 placas radiográficas y sus correspondientes esquemas. Cierran el volumen una lista de 97 referencias bibliográficas de las que 58 son cubanas y un índice alfabético de nombres y materias. En el prólogo, el autor anuncia una obra más extensa con el título de "Cardiopatías Infantiles", en la que ya colaboraban los doctores Rodolfo Pérez de los Reyes, Argelio García López, Horacio de la Torre Campos, Juan J. Jiménez y Raúl Pereiras Valdés, la que sin embargo no llegó a ser publicada nunca.
En 1949 publicó, el profesor Castellanos González, en colaboración con el Dr. José R. Jordán Rodríguez, el libro "Lecciones de Dietética Infantil", Ed. León. La Habana, obra muy utilizada por los estudiantes de la época.
Las conferencias impartidas en el "Curso práctico de Terapéutica en la Infancia", 1952, fueron reunidas en un volumen y editadas por la Sociedad Cubana de Pediatría con el título de "Conferencias de Terapéutica en la Infancia", M. V. Fresneda, La Habana, 1953, 341 pág., dirigida la labor editorial por el Dr. Carlos Hernández-Miyares, Instructor de la cátedra y secretario de la Sociedad.
El volumen recoge las conferencias siguientes: "Palabras de inauguración en el Curso de Terapéutica de la Infancia", profesor Hurtado Galtés; "Conducta actual en el tratamiento de la tuberculosis primaria del niño y de sus complicaciones", profesor Valledor Campo; "Qué hacer y qué no hacer en el cuidado del recién nacido", profesor Aballí García-Montes; "La anorexia del niño. Su tratamiento", Dr. Álvaro Silva y López del Rincón; "Aspectos más importante de la dieta en las enfermedades de la infancia", Dr. José R. Jordán Rodríguez; "Terapéutica del insomnio, la enuresis y otros estados afines", Dr. Gustavo L. Arias Alvariño; "Afecciones de la nasofaringe y de la orofaringe en la infancia. Nociones generales de tratamiento", Dr. Abelardo Codinach Segura; "Tratamiento de las laringo-traqueo-bronquitis aguda", Dr. Rafael de la Portilla Lavastida ; "Tratamiento de la constipación en el niño", Dr. Lorenzo Expósito Martínez; "Tratamiento de las hepatitis virales", Dr. René Montero de la Pedraja; "Conducta del pediatra frente a la fase aguda de la poliomielitis", Dr. José R. Montalvo Urrutibascoa; "Tratamiento de la sífilis congénita", Dr. Roberto Valdés Díaz; "Tratamiento del paludismo en el niño", Dr. Mario Fernández Alonso; "Hipotermia-algidez", Dr. Julio Cabrera Calderín; "El coma en la infancia", Dr. Jorge Beato Núñez; "Tratamiento de las meningitis purulentas en el niño", profesor Castellanos González; "Conducta terapéutica ante las enfermedades infecto-contagiosas del tifo exantemático", Dr. Diego Sosa Bens; "Diagnóstico y tratamiento de las incompatibilidades sanguíneas materno-fetales", Dr. Federico de Miranda Rodríguez; "Estado actual del tratamiento de las leucemias y otras afecciones malignas de la sangre y del sistema retículo endotelial", Dr. Luis Barreras Areu; "Qué debe hacer el médico práctico en los casos de aspiración o ingestión accidental de cuerpos extraños y en cuerpos extraños de oídos y fosas nasales", Dr. Roberto Machado Ortega y "El uso del ACTH y de la Cortisona", profesor Aballí García-Montes y Dr. Fernando Costales Sainz
La obra, de gran importancia médica, fue libro de consulta obligada para los alumnos de la cátedra y para todos los pediatras y médicos generales del país.
Impreso por Isidro Hernández en papel gaceta, apareció en la década de los años 1950, en La Habana, un volumen con el escueto título de "Resumen de Niño", sin fecha, 413 pág., que fue muy utilizada por los estudiantes sin que estuviera autorizado oficialmente por la cátedra.
Sin prólogos ni palabras introductorias, el volumen se inicia con el largo estudio "Las diarreas agudas del lactante" de los profesores Hurtado Galtés y Aballí García-Montes, ilustrado con 10 figuras y 9 cuadros y una versión inglesa. Le siguen: "Las diarreas agudas del lactante. Síndrome diarreico" por el profesor nicaragüense Dr. Germán Castillo; "Etiología de las diarreas agudas infantiles" de los pediatras uruguayos profesora María L. Saldum de Rodríguez y Dr. José M. Portillo; "Patogenia de las diarreas agudas del lactante" del médico chileno Dr. Aníbal Ariztía y "El tratamiento sintomático y dietético de las diarreas agudas del lactante" del eminente profesor de Clínica Pediátrica y Puericultura de la Universidad Central de Caracas, Venezuela, Dr. Pastor Oropeza. Estos 5 trabajos fueron presentados en el II Congreso Panamericano de Pediatría, México, noviembre de 1949 y publicados en la Revista Cubana de Pediatría. El resto del volumen (297 páginas) lo ocupan, al parecer, apuntes de clases tomados a los profesores de cátedra, que comprenden, en síntesis, todo el programa de la asignatura, impreso en mimeógrafo.
17. Muy pocas cátedras en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana, durante el período estudiado, llegaron a realizar tan importante labor como la de Patología y Clínica Infantiles.
Desde su inicio en 1887 como una enseñanza teórica, en 1900 se le une un servicio de clínica, pero pierde en esa misma fecha su condición de cátedra al ponerse en vigor el Plan Varona. Seis años más tarde logra el profesor Aballí y Arellano adscribirle una consulta externa y se mantendrá hasta la reforma universitaria de 1923 con un solo docente encargado de la enseñanza teórica y práctica y la atención de sus servicios de clínica y de consulta externa.
El prestigio científico y pedagógico logrado por el profesor Aballí y Arellano en esos años le permite, al ascender a la categoría superior de Titular en su asignatura, convertida en cátedra por la mencionada reforma universitaria, desarrollar una increíble labor de ensanchamiento y creación de servicios en ella, que le darán la oportunidad de rodearse de gran número de jóvenes médicos, ya como instructores, adscriptos o asociados, los que se formarán a su lado como pediatras y docentes de alto rigor científico, con los que establece un verdadero sistema de trabajo de grupo multidisciplinario en la cátedra, que se traduce rápidamente en gran incremento en el número y calidad de las investigaciones y de la bibliografía pediátricas nacionales.
Pero, sobre todo, logra fundar el profesor Aballí una Escuela Cubana de Pediatría que sentaría pautas principalmente en las ramas de la dietética, las enteropatías, la tuberculosis y las cardiopatías de la infancia, lo que le ganaría a esta especialidad médica en Cuba prestigio internacional.
No hubo conquista alguna en la pediatría de nuestro país en toda esta época cuya iniciativa no partiera de la cátedra y que incansablemente no se calorizara desde ella. Así, la creación de la Sociedad Cubana de Pediatría, el Boletín de la Sociedad Cubana de Pediatría, el intento de oficializar la formación de especialistas desde una escuela de posgrado unida a la cátedra, la celebración de jornadas pediátricas en las principales ciudades de la República, la fundación de una sala de niños en el Sanatorio "La Esperanza", el Dispensario "Calmette", el Hospital Municipal de la Infancia, el Hospital Infantil Antituberculoso "Ángel Arturo Aballí", La Liga Nacional contra la tuberculosis Infantil, los servicios de "Gota de Leche" o la Fundación "Castellanos" para el estudio de las cardiopatías en la infancia, demuestran no solo la preocupación, principalmente del profesor Aballí y Arellano, por la superación científica de la cátedra y del médico pediatra cubano, sino también por los grandes problemas sociales del niño en nuestro país, abandonado en gran parte a una suerte incierta en la república burguesa y a quien el Maestro Aballí, en un luminoso ensayo, llamara futuro de la humanidad.
Muchos discípulos y contemporáneos dejaron constancia en sus testimonios, de los rasgos personales y de la obra científica y docente de los profesores que dirigieron la cátedra de Patología y Clínica Infantiles durante las algo más de 6 décadas del período estudiado. El Dr. Bernardo Escobar Laredo, que conoció y estimó mucho al doctor Montalvo y Covarrubias, se lamentaba en 1893 que éste no desempeñara el Curso Especial de Enfermedades de la Infancia, para cuyas funciones docentes se le reconocían aptitudes muy meritorias. Sobre él dejó escrito:
Figuraos un hombre bajito [...], casi rechoncho, hermosa la cabeza, ancha la frente [...], bigote entrecano, rosada tez, fisonomía viva e inteligente, manos finas, sonrosadas, aristocráticas; que anda con paso firme, ligero y tendrán una idea casi exacta del doctor Montalvo [...].
Lo que encanta en él es su cultura intelectual; es de esos médicos que se multiplican. Conoce la política, tiene ribetes de literato; asiste a la Junta Central del Partido Autonomista, y va luego a la Academia, a la Sociedad de Estudios Clínicos, donde consume turnos con incansable y pasmosa frecuencia [...] se muestra siempre pulcro; vivo, buen polemista, aunque a veces se apasiona un tanto y tornase demoledor [...] concedemos al doctor Montalvo sus dotes de oculista, pediatra y médico talentoso. Y es más le creemos una personalidad médica de talla [...] si este no fuera el país de los vice-versas el estaría explicando 'Enfermedades de la Infancia' en la Universidad y Jover, Patología Médica. Porque Montalvo sabe, sabe explicar, y sabe conservar alto su prestigio. El y Jover cabrían bien en el Claustro.
Deploramos su ausencia en un punto merecido y compadezcamos el destino, que tiene sus crueldades con los hombres de saber y buena voluntad.79
Y en verdad, fue cruel el destino con el doctor Montalvo Covarrubias, pues cuando al fin, 7 años más tarde llegó a la cátedra, solo pudo desempeñarla apenas 2 cursos. Su sustituto, el doctor Reol Ferrera no poseía las cualidades docentes y científicas de su predecesor. De él diría su discípulo el Dr. José A. Martínez-Fortún y Foyo:
Reol es un hombre muy alto, flaco, feo, desgarbado, que usa ropa negra de paño en forma de chaquet y con los pantalones también de ese color y bastante cortos. Su llegada recuerda a la figura de D. Quijote con un paraguas negro bajo el brazo y su 'Biblia', la obra de Comby, en la mano. Entra en la sala, se despoja de parte de su estrafalaria ropa y se enfunda en una gran bata blanca. Pasamos la visita, vemos los casos nuevos y los viejos (casi todos crónicos, osteomielitis, atrepsias, afección de Litlle, etc.) y después nos sentamos a su alrededor casi todos en las sillitas de los propios enfermitos. Sus explicaciones son ligeras pero prácticas. Le gusta mucho preguntar y tenemos que contestarle al pie de la letra por el libro de Patología Infantil de Jules Comby pues no admite otro. Un día presté mi libro a un compañero que lo retuvo más de la cuenta y tuve la poca suerte que me preguntase la 'Bronconeumonía'. Le respondí bien por Collet, pero al terminar me dijo con una cara seria: 'Está bien pero como no ha respondido por el texto solo le pongo Aprovechado'. Le di mis razones, el extravío del libro, etc., pero solo las aceptó a regañadientes. La clase parecía una 'escuelita' de primeras letras [...] Por lo demás nuestro Profesor es una excelente persona, trabajador, práctico, etc., pero no tiene la talla para tan alto cargo. Nos dio todo lo que buenamente pudo. Conservo grato recuerdo del antiestético Profesor de noble corazón.80
La llegada del profesor Aballí y Arellano a la cátedra constituiría un verdadero acontecimiento histórico para el desarrollo de la pediatría cubana. Sobre este hecho escribiría el profesor Clemente Inclán Costa, sin lugar a dudas, el otro gran puntal de la Escuela Cubana de Pediatría desde la jefatura de su servicio en el Hospital "General Calixto García":
El doctor Aballí, ya en posesión de esta Cátedra, la transforma de una manera sorprendente en poco tiempo [...] comienza desde ese momento la verdadera enseñanza clínica [y se] vislumbra un amplio panorama para el engrandecimiento de la medicina infantil en Cuba [...] Es aquí, señores, a mi entender, cuando comienza la brillante perspectiva de nuestra pediatría, donde se intensifica, continuándose así la huella de nuestros médicos especialistas del pasado.81
Pero la mejor semblanza sobre la personalidad médica y docente del Maestro Aballí y Arellano se la debemos a su discípulo, el Dr. Daniel Alonso Menéndez, destacado pediatra y uno de los fundadores de la Salud Pública Revolucionaria Cubana. El dejó escrito:
Conocimos al Profesor Aballí en 1940 cuando comenzamos a trabajar en el Hospital Municipal de la Infancia. El respeto y la admiración que posteriormente sentimos por él creemos que comenzó desde la primera vez que lo vimos. Aballí en esa época era ya un hombre de 60 años de edad, de estatura mediana y complexión fuerte, de pecho y hombros anchos. Llamaba la atención su cabeza grande, la frente amplia, los ojos redondos y un poco saltones que miraban vivaces e inquietos, la piel muy blanca que enrojecía fácilmente. La voz grave y pausada en la conversación personal, se transformaba en rápida y de elevado tono en sus discursos y exposiciones. Las manos expresivas parecían ser un complemento de la voz. Su sola presencia irradiaba energía. Diariamente llegaba muy temprano al Hospital. Su servicio era la sala C para niños mayores de 2 años de edad. La sala la dirigía el doctor Juan Marcos Labourdette Scull.
En el pase de visita las intervenciones del Profesor eran siempre una lección sabia y erudita. Por primera vez oíamos junto a las cuestiones de diagnóstico y tratamiento, el aspecto social de la Pediatría, conceptos integrales de prevención y asistencia, la utilidad de la presencia de la madre junto al niño y la imposibilidad de hacerlo en aquel hospital. Nos impresionaba a todos la ternura, el respeto que sentía y demostraba a los niños ingresados, los diálogos que establecía con ellos. En estas visitas insistía mucho el Profesor en la necesidad de la observación minuciosa durante el examen físico, en la importancia del interrogatorio a los familiares, y al niño de ser posible, en la valoración y síntesis de los signos y síntomas, en las ventajas de la Hoja Clínica cuidadosamente elaborada. Recordamos que era la época en que comenzaba a usarse las sulfas y ya se hablaba de los antibióticos. Alertó sobre la utilización de las nuevas drogas y cuando aún no se expresaban esos conceptos y no circulaba el término de 'iatrogenia', repetía enfáticamente el daño de una terapéutica incorrecta o abusiva.
Sus conversaciones intercaladas eran coloquios de propedéutica, patología clínica y terapéutica.
En algunas ocasiones, después del pase de visita, en un local situado a la entrada de la Sala, el Profesor se sentaba, el grupo permanecía de pie alrededor y comenzaba a hablar sobre temas de medicina y de otra índole. Ahí pudimos apreciar la vasta cultura de Aballí. Charlaba con profundo conocimiento sobre arte, historia, política. Poseía un fino sentido del humor, introducía inesperadamente una frase llena de hilaridad o de sus labios salía un chiste dicho con gracia y picardía.
Cuando abandonaba la sala para dirigirse a la dirección, nunca lo hacía por el elevador, bajaba por la escalera que daba al vestíbulo del Hospital pues allí lo esperaban siempre con ansiedad, familiares de los niños ingresados. La paciencia, la delicadeza, la atención que prestaba a las preguntas, y responderlas adecuadamente ocupaban un buen tiempo de su trabajo. Esta forma de relacionarse con los familiares de los enfermos constituyó un modelo de conducta que imitaron los médicos del Hospital.
Los viernes, a las once de la mañana, se celebraban las reuniones científicas del cuerpo médico. Cualesquiera que fueran los temas tratados, las conclusiones las hacía el Profesor. Su sola presencia movía el interés no solo del personal del hospital sino además, de profesionales de otros lugares.
A fines de 1946 cesa en sus funciones de Director Técnico del Hospital. A partir de entonces sus visitas se hicieron menos frecuentes, pero siempre concurría al Hospital, ofrecía algunas conferencias o clases magistrales, no faltaba a las reuniones de los viernes y continuaba presidiendo los Tribunales de Exámenes. Ese año le confieren el Diploma de Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Pediatría y lo designan Presidente de Honor de la VIII Jornada Nacional de Pediatría. En esta VIII Jornada se reprochaba a si mismo Aballí por no haber publicado más y por no haber cumplido la promesa de elaborar un libro de texto para la especialidad. No trató de justificarse pero explicó los motivos y razones que lo impidieron [...] En cuanto al libro de texto, en dos ocasiones, después de tenerlo adelantado, entregó los originales a fin de que fueran reproducidos en forma de conferencias para que los alumnos dispusieran de ese material de estudio.82
Sobre el profesor Hurtado Galtés escribió el Dr. Gabriel Gómez del Río, quien fue su alumno en el curso de 1926 a 1927 y después colaborador:
Hurtado nos deleitaba con sus lecciones de un sabor didáctico extraordinario, fundamentado en una natural actitud para la docencia. Siempre claro, preciso, con el raro poder de mantener la atención constante; hábilmente atraída por el ejemplo intercalado en la casuística convenientemente seleccionada. La oportuna referencia impedía toda posibilidad de cansancio mental en el alumno, que se mantenía, por el contrario, atraído con deleite, por el sólido ordenamiento académico y a la vez clínico de este profeso".83
El Dr. Vivino García Remedios, que fue de los primeros alumnos del profesor Hurtado Galtés escribió sobre éste y sobre el ambiente de entusiasmo por la enseñanza que existía en la cátedra en los años posteriores a la reforma universitaria de 1923:
[...] al lado de las sabias enseñanzas del Maestro Aballí, de su gran experiencia, del dominio absoluto en todos sus aspectos, así teóricos como prácticos de la ciencia de curar, se destacaba apenas nacida a la vida profesional, la figura brillante del más aventajado de sus discípulos, que en plena primavera de la vida con el esplendor de su palabra mágica, nos deleitaba en aquellas alegres y amorosas mañanas de clínica. Este joven profesor era Félix Hurtado.
Se caracterizaba su clase, por ser lo más objetiva posible, siempre ilustrada de la manera más exacta, cabal y completa, con profusión de datos, esquemas, ejemplos, casos clínicos, de acuerdo con su tendencia a la enseñanza eminentemente práctica, que tanto ha defendido siempre en el seno de nuestro claustro, día a día, a fin de que al salir de las aulas, el médico pueda deber manejar los numerosos recursos de la ciencia moderna en su eterna lucha con la enfermedad y la muerte.
Al terminar aquel curso memorable interrumpido por la Revolución Universitaria del 23, un grupo de nosotros, entre los que se destacaba ya Teodosio Valledor, por su laboriosidad y preparación, continuamos asistiendo al Servicio, que nos brindaba todas las posibilidades para aumentar nuestros conocimientos, todavía preparatorios de nuestra futura vida profesional.
Durante el verano del mismo año (1923) asistimos, deleitados, a un cursillo de perfeccionamiento, en la sala 'San Felipe', que el profesor Hurtado Galtés organizó y atendió personalmente y donde la exploración clínica e instrumental alcanzó su mayor apogeo, realizándose con caracteres de cosa rutinaria, las punciones lumbares, pleurales y pericardíacas, así como las punciones endovenosas con fines diagnósticos y terapéuticos en el pequeño lactante, abordando todas las venas posibles: codo, cuello, seno longitudinal, venas del cráneo. En aquellas tardes algunos de nuestros grandes pedíatras de hoy, realizaron por primera vez una punción lumbar, guiados por la mano experta del profesor Hurtado.84
Sobre su elocuencia resumiría el Dr. Amador Guerra Sánchez, Profesor Titular de Clínica Terapéutica Quirúrgica y Operaciones y colaborador de la cátedra:
La palabra de Hurtado es firme, serena y convincente; hecha para la exactitud del trabajo académico, para la 'castidad científica' de la cátedra.85
1. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 360.
2. Martínez-Fortún Foyo JA. La enseñanza de la medicina en la Universidad de La Habana a finales del siglo XIX y principios del XX, La Habana, 1949:30.
3. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al Curso Académico de 1905 a 1906. Imp. y Pap. Manuel Ruiz S. En C. La Habana, 1907:199.
4. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al Curso Académico de 1924 a 1925. Imp. y Pap. Rambla, Bouza y Cía. La Habana, 1926:313
5. Reglamento de la cátedra de Patología y Clínica Infantiles. En: Universidad de La Habana, Escuela de Medicina. Carnet correspondiente al Séptimo Año. Imp. Univ. de La Habana. 1950:17.
6. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al Curso Académico de 1902 a 1903. Imp. y Pap. M. Ruiz y Cía. La Habana. 1904:120.
7. Loc. cit. en (3).
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20. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. Antig. No. 11242.
21. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 5297.
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23. Valledor Campo T. Biografía sintética [del doctor Félix Hurtado]. En "Veinticinco años después..." por autores varios. La Habana. 1943:73-81.
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25. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Adm. No. 9143.
26. Universidad de La Habana. Archivo Histórico. Exped. Est. No. 6317.
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36. Universidad de La Habana. Memoria Anuario correspondiente al Curso Académico de 1925 a 1926. Imp. y Pap. Rambla, Bouza y Cía. La Habana. 1927:55.
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38. Bol. Ofic. Univ. 8 (17). Noviembre 15 de 1941.
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48. Loc. cit. en (47).
49. Bol. Ofic. Univ. 16 (9). Agosto 15 de 1949.
50. Bol. Ofic. Univ. 17 (18). Diciembre 31 de 1950.
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53. Bol. Ofic. Univ. 26 (17). Noviembre 16 de 1959.
54. Hurtado Galtés F. Desarrollo y organización de la cátedra de Patología y Clínica Infantiles de la Facultad de Medicina de nuestra Universidad. Anal. Fac. Med. Farm. La Habana. 1927;1(1):79-89.
55. García Remedios V. Dr. Félix Hurtado el organizador. En: "Veinticinco años después..." por autores varios. La Habana. 1943:53-54.
56. Ibidem. p. 48.
57. Ibidem. pp. 48-49.
58. Ibidem. p. 50.
59. Ibidem. pp. 50-51.
60. Ibidem. p. 55.
61. Ibidem. p. 52.
62. Ibidem. p. 49.
63. La Sociedad Cubana de Pediatría. En: "Jornada Pediátrica de Santiago de Cuba del 10 al 12 de abril de 1936. Actas y Trabajos". Imp. Molina y Cía. La Habana. 1937: VII.
64. Ibidem. p. XXII.
65. Ibidem. p. XXII.
66. Ibidem. p. V.
67. Ibidem. p. VI.
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71. Loc. cit. en (18).
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(*) Manuel de la Cruz Fernández (1861-1896). Ilustre escritor y patriota cubano, uno de los mejores críticos literarios del país.

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