Source: http://casa-de-israel.blogspot.com.es/2011/02/
Timestamp: 2017-06-29 03:46:13+00:00

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EL egocentrismo del ser humano parece irremediable. También su tendencia a enjuiciar las reacciones, objetivos y conflictos ajenos a través del prisma de los propios. Cierto que la información, la experiencia y, a veces, el choque con realidades demasiado testarudas modifican o atemperan tal propensión, pero esto requiere tiempo, contactos y una actitud de curiosidad intelectual y búsqueda no siempre exigibles al hombre moderno, por debajo de las apariencias del momento. Sencillamente, no hay ocasión ni medios. Viene esta reflexión elemental al hilo de lo que está sucediendo en los países árabes desde hace tres meses. A la vista de los comentarios y expectativas levantados por las revueltas en ocho países (con muy diversos resultados), diríase que demiurgos de cámara y micrófono han agarrado un transportador geométrico y se han aplicado a recrear y reproducir miméticamente ángulos y grados hasta el último milímetro. Se ha llegado a hablar de nueva Revolución Francesa con turbante, sin hacer mucho hincapié en este último aspecto, que va más allá de la indumentaria o el folclore. Y, sin embargo, ni los resultados ni el panorama general permiten tales alegrías. La querencia de ver a los árabes como un todo homogéneo —fomentada retóricamente por los mismos afectados, como pancarta de unidad política de continuo traicionada— ha contribuido a reforzar imágenes y juicios que nos parecen, al menos, aventurados y prematuros. La épica, que tanto gusta a los humanos que viven sin ella, ha hecho el resto. No importa que en Siria y Jordania el poder haya abortado el más mínimo conato de rebelión, aunque puede volver; ni que en Argelia, Marruecos y Yemen las protestas, más fuertes que en los antedichos países, estén en vías de deglución por el durísimo aparato digestivo de regímenes despiadados con sus súbditos; ni siquiera se ha tenido la paciencia de esperar y analizar qué ha cambiado en la práctica en Túnez y Egipto, a los cuales Francia por un lado y Estados Unidos por otro podían presionar (y, de hecho, presionaron) para ceder la pieza que convenía en la gran partida de ajedrez. Las presiones de orden económico general, de inversiones, tecnología, venta de armas, apoyo diplomático exterior, inclinaron la balanza en contra de alfiles ya muy gastados y con ínfulas absurdas sólo útiles para acicatear el descontento de sus gentes. Por ejemplo, la veleidad, casi cómica, de Mubarak de dejar a su hijo Gamal como heredero, promesa demasiado visible de perpetuidad del régimen. Pero eso había hecho Hafez al-Asad en Siria con su vástago Bashar y sin contratiempos; y lo propio pretendía Saddam Husein, hasta que su megalomanía y desconocimiento de la realidad acabó costándole la vida, a él y a sus dos hijos. Y Libia. Cuando escribimos aún se combate en las calles de Trípoli, Cirenaica se ha liberado del payaso trágico (hacia dónde y hasta cuándo no se sabe) y la confusión es lo único seguro. A Qaddafi no había forma de presionarle, porque su economía no depende de Francia ni Estados Unidos, sino de las ventas de petróleo a Europa, España incluida; sus obsoletas armas son de origen ruso y la amenaza de dar rienda suelta a la emigración clandestina (chantaje utilizado con éxito por Fidel Castro frente a Estados Unidos y por Marruecos siempre contra nosotros) no se topa con una respuesta europea contundente que disuada al chantajista. Así pues, la pretensión de Qaddafi de eternizar su dinastía entre masas chillonas que enarbolen su hilarante Libro Verde, era asunto menor. De ahí su resistencia a dejarse desplazar. A sangre y fuego. Pero ¿de dónde viene esta insurrección general? Un primer factor de insumisión reside en la composición humana de casi todos estos países: con la excepción de Egipto que sí constituye una nación homogénea y bien trabada (los coptos, a los que se pretende erradicar, serían los más egipcios de todos), el resto de los estados árabes son conglomerados de tribus yuxtapuestas, etnias frecuentemente enfrentadas, clanes familiares que tienden a perpetuarse (Asad, Saddam, Qaddafi), con dos nexos de unión: la lengua árabe y el recuerdo de la gran cultura medieval que allá floreció, si bien no en todos; y no es poco, pero aun esto precisaría matices importantes. El otro factor de unificación, éste sí en verdad arrasador de cualquier oposición desde hace muchos siglos, es el islam. En nuestra opinión, yerran gravemente, como sucede con el terrorismo islámico, quienes achacan de manera mecánica las rebeliones a la pobreza, el subdesarrollo, el desastre económico generalizado. Claro que todo eso es real y coadyuva a incrementar el malestar, pero así ha sido desde que se tiene memoria, del mismo modo que han sido recurrentes, puntuales a la cita, cruentas las sediciones, los tumultos, las guerras incluso, producto de hambrunas, carestías, migraciones. Según circunstancias y momentos imposibles de detallar en estas líneas. Pero raramente, o nunca, se ha puesto en duda o se ha intentado subvertir el orden general, yugular las formas de relación entre los súbditos y el poder que, en definitiva, procede de Allah. Y no olvidemos que hasta la Revolución Francesa tuvo su Napoleón y su imperio. Pero, ¿qué hay de nuevo? Cuando oigo mencionar Twitter, Facebook y La Red en general no puedo evitar acordarme de David y Goliat, la simpatía ingenua que siempre despierta el mozalbete de la honda frente al gigantón bien armado. Y claro que una comunicación mayor difunde ideas, expectativas, deseos de tener y ser otra cosa. Mas sólo formularemos unas pocas preguntas: ¿Hasta qué punto se quiere el cambio? ¿Cuántos egipcios, libios, saudíes tienen acceso a La Red, eso cuando la censura no lo corta? ¿Cuántos amigos de la tecla no son también islamistas? ¿Cuáles son los objetivos comunes de todos ellos? En Midán et-Tahrir se gritaba hurriyya(libertad), ¿significaba lo mismo esa palabra para los barbudos allí dominantes que para una conocida mía que se jugaba el tipo luciendo su cabellera al aire? Lo dudo. En Occidente, poderes y opinión pública no se han enterado hasta el 11 de setiembre de 2001 de lo que venía ocurriendo, aproximadamente, desde la muerte de Abd en-Naser: una reislamización brutal de sociedades que nunca han dejado de estar profundamente islamizadas. Derecho, usos sociales, omnipresencia en la calle, todo se ha saturado de Islam, por obra y cesión de los luego muertos o desplazados (Sadat, Mubarak, Ibn Ali). Los beneficiarios del dislate reclaman ahora su auténtico papel en la obra. Por mucho que se valgan de la tecnología. SERAFÍN FANJUL ES CATEDRÁTICO DE ESTUDIOS ÁRABESFuente:abc.es Publicado por
Lo único claro es que las acusaciones sobre la connivencia de la FINUL con Hezbolah se han repetido, y han alcanzado de lleno a las operaciones de nuestras tropas allí. La retirada de las tropas españolas de Irak supuso un duro golpe, tanto para nuestro país como para nuestras Fuerzas Armadas: el oprobio de la huída podemos hacerlo recaer en nuestro país sobre Zapatero y José Bono, pero lo cierto es que tanto España como su ejército fueron las víctimas en términos de imagen y de relaciones diplomáticas y militares. En vez de apoyar la democratización de Oriente Medio con nuestros aliados, la España de Zapatero pasó a defender la Alianza de Civilizaciones, la cesión ante regímenes y grupos poco recomendables. Y nuestras tropas pasaron de participar en misiones de apuntalamiento de la democracia a buscar meterse en los menores líos posibles y escurrir el bulto. En el Líbano, se sustanciaron ambas cosas. Kofi Annan apoyó en nombre de la ONU la estrafalaria Alianza de Civilizaciones de Zapatero. Dio publicidad e impulsó algo que hasta entonces sólo había interesado a dictaduras árabes y africanas. A cambio, Zapatero enviaba tropas para la restaurada en 2006 misión de la ONU en el país, para la que tras la guerra entre las milicias islamistas e Israel no encontraba voluntarios. Para hacer cumplir la resolución 1701 del Consejo de Seguridad, que en su punto octavo exige "el desarme de todos los grupos armados del Líbano para que, de conformidad con la decisión del Gobierno del Líbano de fecha 27 de julio de 2006, no haya más armas ni autoridad en el Líbano que las del Estado libanés". En verdad, la inestabilidad y la guerra con el vecino del sur la había iniciado Hezbolah, pero como siempre poco preocupaba a la ONU esto si no era achacable a Israel. En el fondo, Hezbolah no quería desarmarse, el Gobierno del Líbano ni podía ni quería obligarle, y la ONU ni se atrevía ni se atreve, ni desea hacerlo. Para Israel algo era algo, porque las patrullas de los cascos azules, por ineficientes que fuesen para desarrollar la misión, al menos entorpecían el rearme de Hezbolah hasta la próxima vez. El ataque islamista contra España en de junio de 2007 en el que murieron seis soldados españoles, dejaba claro quien mandaba realmente en el sur del país, y a qué estaba dispuesto a llegar. Como es de bien nacidos ser agradecidos, el general Alberto Asarta ha denunciado desde entonces en alguna ocasión la violación por parte de Israel de la resolución 1701, pero se ha guardado bien en hacer lo propio con Hezbolah, cuyas milicias callejeras han metido en ocasiones en buenos líos a sus hombres, hostigándoles e impidiendo que realicen la misión que supuestamente deben realizar, y por la que él mismo ha sido condecorado. Lo único claro es que las acusaciones sobre la connivencia de la FINUL con Hezbolah se han repetido, y han alcanzado de lleno a las operaciones de nuestras tropas allí. A cambio de no ser atacados, se evitan encontronazos con Hezbolah pasando por alto las violaciones explícitas de la resolución 1701, y las tropas se concentran en labores secundarias, desde ayuda humanitaria a apertura de caminos a labores de desminado y de desactivación de proyectiles sin explotar. Más allá de estas banalidades, los roces con Hezbolah se solucionan siempre dando los españoles media vuelta y evitando cualquier enfrentamiento, actitud apuntalada por la acción del CNI en la zona. El resultado de la aventura libanesa es que Hezbolah sigue rearmándose, que la Resolución 1701 sigue sin cumplirse, y que una nueva guerra con Israel está más cerca que cuando Zapatero envió allí a las tropas. Gran éxito el de Líbano, Líbano, Líbano que ha repetido Chacón esta semana. GEES, Grupo de Estudios Estratégicos. Publicado por
22 de febrero de 2011 Presidente del Congreso, Señor José Bono,Señores Diputados,Señoras y Señores,Buenos días y Shalom a todos Traigo conmigo bendiciones desde Jerusalén, desde Tierra Santa, para España, un país de gran riqueza histórica y cultural.España ha conocido la opresión y el aislamiento, las guerras, una guerra civil, pero a final de cuentas ha sido capaz de unirse, liberarse, construir un impresionante mercado, volver a producir una cultura y un arte sin parangón.En la historia de todos los pueblos hay altibajos. La historia de España ha vivido una Edad de Oro, doscientos años que iluminaron las relaciones entre españoles, árabes y judíos, doscientos años de diálogo entre las tres culturas: el cristianismo, el islam y el judaísmo. En palabras de Su Majestad el Rey: “España está vinculada históricamente a los judíos y a los árabes por lazos de sangre, cultura y civilización”.La expulsión de los judíos de España inició una era de ruptura entre los dos pueblos, que duró cuatrocientos años.Y hoy por hoy, España es una sociedad libre, moderada, igualitaria y abierta.En mi visita de hoy, en esta ilustre cámara, deseo expresar mi profundo aprecio al Reino de España, por el apogeo de su cultura, la magnificencia de su arte, el esplendor de su creatividad, que ha brindado al mundo entero.La cultura española ha contribuido al mundo con tres gigantes de las humanidades: Cervantes, Picasso y para nosotros, Maimónides.Quisiera expresar mi gratitud al pueblo español por haber dado la oportunidad de florecer a los mayores pensadores y filósofos judíos .No hay nadie en el mundo que no conozca las obras de Goya o de Dalí, los fascinantes edificios de Gaudí, los poemas de Lorca. “Don Quijote” nos acompaña en nuestra vida como alternativa que despierta la imaginación.Con esta visita quisiera profundizar en nuestra amistad y enriquecer las relaciones entre nosotros.Resulta difícil imaginar la historia de España sin tener en cuenta su profunda implicación en la historia de Oriente Próximo. Asimismo, no se puede entender la historia de Oriente Próximo sin el papel fundamental desempeñado por España.Desde que recibí la invitación para esta visita hasta hoy, han cambiado las prioridades de Oriente Próximo.Estamos siendo testigos oculares de fenómenos que no hemos sido capaces de predecir. Quizá estuvieran allí anteriormente, pero no se veían a simple vista.Se trata de fenómenos más espontáneos que organizados, sin precedentes. No los ha organizado el ejército. Tampoco la religión. Ni un partido. Han explotado como un geiser de las profundidades de la tierra.Internet, Twitter y Facebook han abierto unos ojos enormes. Y supongo que no permitirán que se vuelva a cerrar los ojos del pueblo, tapar los oídos del mundo.Estas nuevas tecnologías llegaron en primer lugar a las manos de los jóvenes en el mundo. Y ahora han llegado también a los jóvenes de Oriente Próximo.Ahora pueden comparar su situación con la de los jóvenes de otros lugares.El mundo ha sido expuesto. Se puede ver la riqueza y se puede ver la pobreza en las pantallas.Los nuevos medios de comunicación se han convertido en una fuerza social. Los jóvenes de la región se han asombrado con la falta de libertad, la falta de empleo, la falta de una visión.Y ya no se puede responder a las expectativas que se han despertado con una mera sustitución de personalidades o cambiando los gobiernos.Se exige una verdadera solución para salir de la pobreza, para deshacerse de la opresión.Si no cambia la situación, la pobreza seguirá creciendo y con ella el sufrimiento y la ignorancia, dando lugar al levantamiento de las masas.Es difícil ser dictador cuando hay transparencia.La pobreza se genera cuando el crecimiento demográfico natural no va acompañado de un crecimiento económico.Las fuentes de agua tampoco crecen a medida que crece la población. Egipto, por ejemplo, ha pasado de tener una población de dieciocho millones de habitantes a unos ochenta y uno en 2010. Es decir, su población se ha multiplicado por siete en cincuenta años.Sin embargo, el Nilo, la fuente de ingresos principal de Egipto, no ha visto su caudal aumentar ni en una gota.La única forma comprobada de responder al reto que representa el crecimiento demográfico natural es el crecimiento procedente de la ciencia y la tecnología, que proporciona rentas mayores que la labranza de la tierra.La tierra tiene límitesLa ciencia no los tiene.La ciencia y la tecnología han convertido al planeta en un mundo global.La economía clásica está acabada.Hoy por hoy hay que optar entre la pobreza nacional y la prosperidad global.La riqueza no procede actualmente de la acumulación de bienes sino del descubrimiento de nuevas oportunidades.El número de patentes de un país es más determinante que el número de kilómetros cuadrados.Si la economía es global, el crecimiento tecnológico es individual.Dos jóvenes crearon Google. Otro joven creó Microsoft. Y el más joven de todos creó Facebook.No se aprovecharon de nadie. No engañaron a nadie. No robaron a nadie.Sencillamente inventaron.Su iniciativa permitió la creación de empresas gigantes globales cuya riqueza es superior a la de muchos países.Los ejecutivos de las empresas globales son sensibles a la opinión pública y actúan por iniciativa propia a favor de la sociedad.Las fundaciones que han creado tienen más recursos que la ayuda a la cooperación oficial de muchos gobiernos.Probablemente los países en dificultades no tienen la posibilidad de cambiar su situación por sí mismos, sin ayuda del exterior.La mayor parte de los gobiernos se enfrentan a déficits presupuestarios y brechas sociales. Probablemente no sean capaces de ayudar por sí solas.L a globalización ha creado una capacidad paralela. Como la que se encuentra en manos de las empresas comerciales.Las empresas tienen medios. Pueden ayudar y están dispuestas a hacerlo.Están destinados a las personas enfermas en países enfermos.Es preferible curar a los países para que éstos a su vez puedan curar a sus enfermos.Estoy convencido de que hay que hacer un llamamiento a las grandes empresas globales para que contribuyan a esta misión. Pueden crear redes económicas modernas basadas en la ciencia y la tecnología casi en cualquier lugar del mundo. Pueden crear filiales de alta tecnología y dar respuesta a los jóvenes desempleados y esperanza a todo el pueblo.Hablo apoyándome en la experiencia israelí.En Israel escasea la tierra y escasea el agua. Y sin embargo tiene una agricultura excelente que comercializa zanahorias en Moscú, aguacates en París y flores en Londres.El secreto israelí radica en la innovación y el desarrollo tecnológico avanzado. El 95% de la agricultura israelí está construida sobre la base de la alta tecnología.Estamos más que dispuestos a compartir la experiencia y los conocimientos israelíes con nuestros vecinos. Lo hemos hecho con éxito en China y en la India.Señores Diputados,En España se inició el Proceso de Barcelona y hoy podemos adaptarlo a las nuevas circunstancias.Quizá podamos intentar juntos atraer a empresas españolas, palestinas e israelíes para que convertir esta visión en una realidad.Israel es un país democrático. Cree en la democracia. La democracia de nuestros vecinos es el mejor garante de la paz. La ciencia y la tecnología abren camino a la democracia. Precisamente ahora es el momento de reanudar las negociaciones entre los palestinos y nosotros.No debemos limitarnos a la expresión de dos estados para dos pueblos sino hablar explícitamente de dos estados democráticos, basados en la tecnología que representen un nuevo modelo para Oriente Próximo.Me dirijo a nuestros vecinos palestinos y les digo: volvamos inmediatamente a la mesa de negociaciones. Con un esfuerzo concentrado podremos deshacernos del largo conflicto para dejar en herencia a nuestros hijos lo que nos fue negado a nosotros.Yo sé que hay escepticismo con respecto a la paz debido a la desconfianza entre las partes. La desconfianza no es inamovible. Hemos visto cómo en el pasado los palestinos desconfiaban de que un gobierno de derechas israelí pudiera aceptar una solución de dos estados. Se equivocaban.Israel dio por supuesto que los palestinos exigirían el regreso de cinco millones de refugiados. Nos equivocamos.A pesar del escepticismo, Israel respeta los esfuerzos del liderazgo de la Autoridad Palestina, encabezado por Abbas y Farash y su gobierno para construir una infraestructura para un estado palestino en ciernes.La situación en Cisjordania ya ha mejorado de forma significativa con un 7% de crecimiento el año pasado.Si Gaza se calma, también podrá disfrutar de los frutos del crecimiento. Para ello debe liberarse de la dudosa creencia de que con el terrorismo se consigue más que con la negociación. Son los propios habitantes de Gaza los que se beneficiarían de invertir sus esfuerzos en la construcción de casas en lugar de misiles. La paz y la libertad de Gaza están en manos de sus propios habitantes.Nosotros nos retiramos de Gaza y no tenemos la intención de volver a entrar. Nuestra única aspiración es que las madres, todas las madres, puedan dormir sin el ruido de las explosiones. Para nosotros la promesa de seguridad traerá la paz verdadera.Las negociaciones se inician con grandes brechas proclamadas, con posiciones de partida maximalistas. Se pueden superar no con martillos ni con tambores sino con creatividad, con inteligencia, con paciencia y con un perfil bajo.La negociación para la paz es un proceso. Cada parte intenta conseguir inicialmente el máximo. Más adelante ambas partes comprenden que hay que sustituir las posiciones de partida proclamadas por posiciones de conclusión pragmáticas y acordadas.La paz traerá consigo un impulso del turismo, la apertura de industrias modernas e iniciativas empresariales conjuntas en el campo de la energía, el agua, la conservación de la naturaleza, el libre comercio, en realidad en todos los ámbitos y para todos.Señoras y señores,Aspiramos a una paz duradera con todos nuestros vecinos, incluidos Siria y el Líbano.Me dirijo a nuestros vecinos sirios para que no se conviertan en rehenes de Irán. Irán no persigue la paz. Vengan a la mesa de negociaciones sin condiciones previas para que podamos alcanzar un acuerdo.Al pueblo libanés le digo: no permitáis que Hizbolá convierta vuestra tierra en un campo de batalla. Líbano está destinada a ser un campo de paz. No hay razón alguna para que estemos enfrentados. Y hay muchas y buenas razones para que haya paz entre nosotros.Oriente Próximo está hoy dividido entre los países moderados que aspiran a la paz y a la libertad, y los países fanáticos que confían en resolver sus problemas utilizando uranio enriquecido y actos de terrorismo.El fanatismo es un poder destructivo, no contiene un mensaje de esperanza ni para ella ni para los demás.El terrorismo puede llegar a todas partes, tal y como se verificó en los atentados de los trenes de viajeros.Irán alimenta a Hizbolá en el Líbano y a Hamás en Gaza con terrorismo y armas. Está crenado células terroristas visibles y ocultas en otros países.Irán está desarrollando armas nucleares y es una amenaza para los países moderados. La central nuclear iraní representa un peligro para la paz del mundo entero.Estoy convencido de que el mundo no se arrodillará antes el odio que emana de un líder extremista y fanático como Hamenei, el mayor líder del fanatismo, la incitación y los actos terroristas.Estoy convencido de que llegará el día en que los líderes de Irán que amenazan a sus compatriotas descubrirán que ellos mismo están amenazados por su pueblo.Apreciamos enormemente la posición decidida de España sobre la cuestión iraní.He vivido lo suficiente, tengo suficiente experiencia como para saber que no hay mayor fuerza que la de la buena voluntad.Éste es el momento para la buena voluntad.Éste es el momento para la paz.Terminaré con una frase de Juan Luis Vives: “la primera condición para la paz es la voluntad de alcanzarla”. Muchas gracias.Fuente: Embajada de Israel en España
La fragata de la armada iraní IS Alvand atraviesa el Canal de Suez en Ismailia, Egipto, este martes A las 5.45 de esta madrugada, hora local, dos barcos iraníes han entrado en el Canal de Suez por primera vez en 30 años para inquietud de Israel, cuya Marina vigila de cerca en colaboración con oficiales norteamericanos el convoy, que se dirigirá a Siria. Aunque el primer ministro judío, Benjamin Netanyahu, tachó este acercamiento de “provocación”, el diario Maariv informaba citando fuentes militares anónimas que las dos naves -una fragata y un carguero- no constituyen “una amenaza para Israel”. Los barcos llegarán al Mediterráneo en 12 a 14 horas a través de la salida norte del canal de Port Said, situada a 60 millas (100 kilómetros) de las costas israelíes, y previsiblemente viajarán por aguas internacionales hasta su destino. Siempre de acuerdo con el Maariv, un oficial judío ha declarado que “mientras se mantengan fuera de las aguas territoriales de Israel y no hagan movimientos agresivos, no habrá confrontación”. Según la agencia oficial iraní Fars, los dos navíos son el "Kharg", barco de reabastecimiento y apoyo de 33.000 toneladas y 250 tripulantes, y la fragata de patrulla "Alvand", dotada con torpedos y misiles de fabricación china. La oportunidad de Teherán En noviembre e 2009, la Marina de Israel ya interceptó un barco con bandera de Antigua que transportaba cientos de toneladas de armas, presuntamente iraníes y destinadas a la milicia chií Hizbolá en el Líbano. La nave, llamada Francop fue abordada a unos 160 kilómetros de la costa de Israel, cerca de Chipre y trasladada al puerto de Ashdod sin hacer uso de la fuerza, puesto que el capitán no opuso resistencia. El Ejército egipcio al mando del país tras la caída de Hosni Mubarak autorizaba el cruce de los navíos el pasado viernes. A juicio del Gobierno israelí, Teherán está aprovechando la convulsa situación en la región para tomar ventaja e incrementar su presión sobre Israel, país al que el líder iraní, Mahmmud Ahmadineyad, ha amenazado repetidas veces con “borrar del mapa”.Fuente:abc.es Publicado por
IRÁN tiene un pie en el Mediterráneo. Ahora. Es la única novedad tras la caída de Mubarak. Desde 1979, cuando los ayatollahs tomaron el poder y mutaron el humano despotismo del Shah por el divino de la teocracia, el paso de Suez estaba vetado a los navíos militares iraníes. Ha dejado de estarlo. Primer gesto internacional del gobierno de Omar Suleimán: dos barcos de guerra de Ahmadineyad han sido autorizados a cruzar Suez, camino de Siria por la ruta naval más corta. Como era de esperar, los egipcios aseguran que los barcos no son portadores «de armas químicas ni nucleares». Uno de ellos transporta, eso sí, misiles y torpedos. El otro carga 33 toneladas de armas para Hizbulà, que, en el sur del Líbano, hace mucho que dejó de ser una convencional guerrilla, para trocarse en disciplinada unidad de choque del ejército iraní en la frontera con Israel. Entre tanto, aquí, en Europa, afinamos los matices acerca de la imaginaria democracia que deseamos ver avanzar en el mundo islámico. Como si democracia islámica fuera menos oxímoron que círculo cuadrado. Así andaban los teólogos bizantinos, cuando ya los bárbaros estaban a las puertas de Constantinopla: meditando sutilmente acerca del peso de la pluma desprendida del ala de un ángel. Constantinopla cayó. Y ellos ni se enteraron. Hasta que estuvieron muertos y su biblioteca destruida. Aquí pasará lo mismo. Aunque sin aquel esplendor de grandiosa teología. Nos iremos extinguiendo en el silencio de los resignados. Sin épica. Sin dolor siquiera. Nuestra anestesia es profunda. Porque, a decir verdad, no se requieren grandes teologías para sumar los datos y sacar conclusiones. Ni se exige una excelsa lucidez para sentir el escalofrío de la amenaza en curso. Sumar los datos. Sumemos. Irán posee tecnología nuclear. En buena parte, aportada por los mismos técnicos que pusieron en pie —con la loca aquiescencia internacional— la potencia de un Pakistán nuclear, siempre a un paso de la guerra abierta con la nuclear India. Es más que verosímil que la bomba atómica iraní exista ya o esté a punto de ser montada. Irán posee misiles con radio de alcance suficiente para bombardear Israel; lo cual quiere decir, para bombardear el sur de Europa. Posee una unidad de élite que controla, ante la pasividad de las fuerzas internacionales, todo el sur de un Líbano cuya hegemonía se ha repartido amigablemente con la dictadura siria de Al Assad. Posee, a partir de ayer, paso libre por el Canal de Suez. Lo que es lo mismo: plataforma para sus misiles en el Mediterráneo. Puede que a Europa le dé igual. Europa hace ya mucho que, como la Sybila de Cumas, a cuya trágica imagen da voz el Satiricónde Petronio, sólo desea morir. Y qué más le da que sea sin combate ni gloria. Israel, no. Israel tiene el mal gusto —que tanto nos embaraza a los europeos— de negarse a ser pasivamente degollado. De demasiados degüellos está hecha la historia del pueblo judío, como para que ningún europeo venga a predicar la resignación a quienes en Israel han puesto su última esperanza de supervivencia. Ese Israel es lo último que queda de Europa. De aquello que fue la Europa que ya no es: certeza moral de que sólo en la lucha por la libertad somos hombres libres.Fuente:abc.es
La caída de Mubarak. Esa muchedumbre desarmada que arriesga la vida para derribar un régimen mortífero. Esa demostración de fuerza por parte de unos hombres y mujeres que prueban, una vez más, que solo hay una superpotencia en este mundo: la del pueblo unido. La grandeza de esas gentes que han encontrado en la "fusión" (Sartre) la fuente de una energía inimaginable; y en la esperanza (el otro Juan Pablo: Wojtyla), una invitación a dejar atrás el "miedo". La aparición, surgida de la nada o, más exactamente, de un espacio que creíamos virtual y es el de las redes sociales de la web, de esa nueva ágora que fue durante 18 días la plaza de Tahrir de El Cairo. Esas reivindicaciones republicanas y responsables, moderadas y a escala humana. Esa ausencia de ilusión lírica. Esa alucinante madurez política que también parece surgida de la nada. La discreción, más sorprendente aún, de los agitadores islamistas, que primero callaron, luego se sumaron al movimiento de mala gana y en el último minuto, y de común acuerdo con Suleimán, el policía supremo, intentaron parchear un régimen que se desmoronaba. El hecho de que, por primera vez en la historia del mundo árabe moderno, todo esto haya acaecido sin una sola consigna antiamericana o antioccidental, sin que haya ardido una sola bandera israelí y sin los consabidos eslóganes sobre el origen "sionista" de todas las plagas de Egipto. El increíble espectáculo de esos manifestantes que, tras derrocar al tirano, tuvieron el reflejo cívico de limpiar la plaza que habían tomado y de decir de algún modo al mundo: "Barrer el antiguo régimen no es una consigna abstracta; el barrido comienza aquí, en la vida y en la cabeza de cada uno"... Todo esto constituye una de las secuencias políticas más emocionantes que me ha tocado vivir. Pase lo que pase, me ha proporcionado una reserva de imágenes indelebles que vienen a reunirse en mi memoria con las de las revoluciones del año de gracia de 1989, y es el signo de eso que Maurice Clavel llamaba "acontecimiento" y que, por ahora, ningún temor, ninguna reserva, ningún sombrío presentimiento deberían disuadirnos de aplaudir. Es preciso saber si los Hermanos Musulmanes han renunciado a imponer la 'sharía' Dicho esto, una cosa es saludar, celebrar o incluso abrazar el amanecer veraniego de esta primavera egipcia en invierno; una cosa es decir una y otra vez, como vengo haciendo desde hace semanas, que estamos pasando una página de la historia de la región y, por tanto, del mundo, y que debemos alegrarnos de ello sin reservas, y otra muy distinta es hacer nuestro trabajo intentando ser no cómplices del acontecimiento, como dicen algunos medios de comunicación, sino testigos exigentes que se hacen las mismas preguntas que se están haciendo, en el momento en que escribo, los demócratas egipcios más lúcidos y sagaces.La primera de estas preguntas tiene que ver con las consecuencias del movimiento. Para continuar en una vena sartreana, ¿qué ocurre con un grupo en fusión que recae en la inercia? ¿Qué ocurre con ese orden en la Tierra que, como decía otro revolucionario -chino, en este caso-, siempre termina sucediendo al desorden en la Tierra? ¿Y el precio de esa sucesión? ¿Venganza o no de la realidad y de su prosa? ¿Astucia o no de una historia que, como decía Marx, tiene más imaginación que los hombres? ¿Y qué pensar, por ejemplo, de las declaraciones de Ayman Nur, líder de Al Ghad (partido laico liberal) y figura histórica de la oposición, que, cuando el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas anunciaba que "los tratados y pactos internacionales" serían respetados, se pronunciaba en cambio a favor de la revisión del tratado con Israel?La segunda tiene que ver con esos Hermanos Musulmanes que, lo repito, han sido los grandes ausentes del levantamiento, pero nada permite descartar que vayan a intentar, como el zorro de la fábula de La Fontaine, hacerse con su control después. Y, sobre todo, nada permite afirmar que hayan cambiado tan profundamente como explican esos distinguidos islamólogos que vienen encadenando patinazos y errores de análisis durante los últimos 30 años. Porque ¿qué dice exactamente la dirección de la hermandad? ¿Qué nos revela no tanto la decisión táctica de ceder provisionalmente el turno, sino su ideología profunda y su proyecto de sociedad? ¿Ha renunciado a la sharía? ¿Se ha alejado de Hamás? ¿Y de Sayyid Qutb, teórico moderno de la yihad y, mientras no se demuestre lo contrario, su principal guía intelectual?Finalmente, la tercera pregunta concierne a ese Ejército que, tras la caída del rais, ha asumido la dirección de las operaciones y cuyas profesiones de fe democráticas parece creer todo el mundo a pies juntillas. ¿Hace falta precisar que es el mismo Ejército, y comandado por los mismos generales, que durante los últimos 58 años ha sido la columna vertebral de un régimen aborrecible? ¿Hay que recordar que las grandes ONG, como Amnistía Internacional, llevan décadas denunciando su brutalidad y sus repetidas violaciones de los derechos humanos? ¿Estamos seguros de estar tratando con un Ejército como el de Ataturk o como el de la Revolución de los Claveles portuguesa? ¿Debemos descartar completamente la hipótesis de un Egipto que al final caiga en manos de un Gobierno, civil o no, que no sea sino una variante del régimen instaurado antaño por Nasser y cuyas bases no cambien sustancialmente?Plantear estas preguntas no es pretender aguarle la fiesta a nadie ni, aún menos, insultar al futuro. Es aportar una modesta contribución a una revolución que está solo en su primer acto y cuyas repercusiones no afectarán solo a Egipto, sino al mundo. Traducción de José Luis Sánchez-Silva.Fuente:elpais.com Publicado por
IU llama a Casa Sefarad "brazo propagandístico del sionismo"Izquierda Unida, el partido que se muestra encantado en la compañía de grupos terroristas como las FARC o dictaduras como la cubana, ha registrado una pregunta en el Congreso en la que insta al Gobierno a decir si apoya la "propaganda sionista" que, a su entender, hace la Casa Sefarad en España. Según informa Efe, Gaspar Llamazares ha registrado esta pregunta con motivo de la visita oficial que inicia este lunes el presidente israelí, Simón Peres, durante la cual se inaugurará la sede de esta institución. Casa Sefarad-Israel es un consorcio institucional creado en 2006 con la pretensión de profundizar en el estudio de la cultura sefardí, impulsar la cooperación entre la sociedad española y la israelí y fomentar un mayor conocimiento de la cultura judía. Se creó en virtud de un acuerdo entre el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. Tiene un programa de actos y trabajo de perfil eminentemente cultural y social y perfectamente equiparable al de instituciones similares como la Casa Árabe o Casa Asia, ambas también en Madrid. Sin embargo, para Llamazares "en muchas ocasiones da la sensación que esta institución actúa como simple brazo propagandístico del sionismo". Así, Llamazares pregunta al Gobierno si "sigue apoyando a Casa Sefarad-Israel en su difusión de los puntos de vista sionistas, aceptando con normalidad la presentación de vulneraciones del Derecho internacional, las acciones de conquista militar y las vulneraciones de las Convenciones de Ginebra?". También quiere saber si en los programas de intercambio con alumnos españoles se transmite información "sobre las leyes racistas que tiene Israel en ciudadanía, matrimonio (...)". Por supuesto, el diputado comunista no especifica cuáles son esas leyes racistas (probablemente porque no existen) ni pregunta por la legislación contra los palestinos que tienen todos los países de la zona.Fuente:libertaddigital.com
Fue una paz distorsionada desde el momento en que se firmó hace más de 30 años. La estratagia de "paz" de Egipto sólo tenía por objeto recuperar el Sinaí y obtener el apoyo generoso de los EEUU. Desde sus inicios estuvo llena de hostilidad y desconfianza hacia nosotros. Aparte de la suspensión de la beligerancia, los egipcios no impregnaron al tratado con cualquier elemento que conllevara a una paz plena y sincera con su antiguo enemigo.Los sentimientos de hostilidad popular hacia Israel, el sionismo y el pueblo judío todavía están muy extendidas entre el pueblo egipcio. Los creadores de opinión pública, incluidos los intelectuales liberales y los medios de comunicación, que hasta ahora estaban controlados por las autoridades, desde hace años no dudan en demonizar a Israel y a sus dirigentes, demonizando de manera antisemita a los judíos e incitando al odio de Israel, todo ello desafiando el espíritu del tratado de paz. Egipto contempló el acuerdo de paz en el sentido más limitado posible. Sus dirigentes y responsables políticos, de Anwar Sadat en adelante, vieron sobre todo el proceso de paz con Israel como un medio de reducirlo a su "tamaño natural", es decir a las fronteras anteriores a 1967, privando a Israel de activos estratégicos.Egipto, bajo el gobierno de Hosni Mubarak, prefirió retrasar el proceso de paz y la normalización entre Israel y el resto del mundo árabe tanto como fuera posible, a fin de preservar su legitimidad y liderazgo entre los países árabes en lo que respecta a las actividades diplomáticas, presentándose como el único e inevitable mediador regional.Mubarak desempeñó un papel importante a la hora de frustrar las conversaciones entre israelíes y palestinos en Camp David en 2000. Con el apoyo de los medios de comunicación egipcios y de los clérigos musulmanes, advirtió a Yasser Arafat de que sería considerado un traidor si aceptaba las propuestas planteadas en dichas conversaciones, negándole la legitimidad que tenía para tomar decisiones sobre Jerusalén.Egipto, por lo tanto, contribuyó al estallido de la segunda intifada, que le proporcionó una especie de guerra de desgaste contra Israel a través de los palestinos. Ese fue el paradigma egipcio de una paz con Israel: el control indirecto de un enfrentamiento de baja intensidad.La combinación de sombría realidad nacional diaria en Egipto y su política de paz mínima con Israel a largo de los años, nos proporciona un pronóstico sombrío para el futuro de las relaciones entre los dos países. En las negociaciones con la oposición egipcia sobre el futuro del régimen, el ejército podría tener que mostrarse más tolerante con las fuerzas islamistas, aunque sólo fuera para preservar su condición de árbitro y de estabilizador.La hostilidad hacia Israel, que está profundamente arraigado en la conciencia egipcia, y el apoyo de una creciente identificación con el Islam, podría convertirse en un vínculo entre los diversos elementos de la oposición y el ejército. Si la Hermandad Musulmana forma parte del próximo gobierno, se podría acelerar el deterioro de las relaciones con Israel, hasta el punto de que se deroge el tratado de paz, a pesar de las recientes declaraciones de los jefes del ejército.El ejército egipcio, que no es necesariamente fiel a una ética laica como el ejército turco, podría cambiar su orientación hacia el tratado de paz con Israel. Su programa de entrenamiento aún considera a Israel como la amenaza principal. El deslizamiento hacia un ambiente de ruido de sables podría proceder gradualmente a partir de una estridente retórica anti-Israel por parte de los partidos de la oposición legal a través de demandas en los foros de las Naciones Unidas para que se realicen cambios en los acuerdos de desmilitarización en el Sinaí, junto con las demandas de inspecciones de las armas nucleares que Egipto afirma que posee Israel.La política de Israel hacia Egipto, de la izquierda y la derecha por igual, ajustada en los últimos años a los parámetros de la paz fría y al distorsionamiento dictado por el régimen de Mubarak, aun mantiene una evaluación exagerada de la importancia regional de Egipto. Ahora, con la eliminación de Mubarak, parece que ha llegado el momento de actualizar esta política y preparar todas las herramientas diplomáticas y de seguridad a disposición de Israel para la posibilidad de una evolución negativa en el sur.Fuente:safed-tzfat.blogspot.com
El hombre que lucha por la paz en LíbanoHay gente que nace acojonada, pero yo no me encuentro entre ellos", asegura con su proverbial aplomo el general Asarta. "Cuando España me ha requerido, nunca he dado un paso atrás. Cumplo órdenes y las hago cumplir. En este país soy el responsable de una misión de mantenimiento de la paz y exijo que mis cascos azules tengan tan claras sus obligaciones como yo las tengo. Que sean escrupulosos con las reglas de enfrentamiento, respeten las tradiciones y religiones de los libaneses, sean ejemplares. Estamos en Líbano para solucionar problemas, no para crearlos. Hemos venido a colaborar, no a combatir. Y si se tiene que montar un lío... se montará. Pero mientras, hay que seguir trabajando duro y sin arrugarse para evitarlo. La historia nos dice que en Líbano no vale la pena vivir acojonado". "No podemos ir contra Hezbolá por la sencilla razón de que es una formación legal y que forma parte del Gobierno" Alberto Asarta es un aragonés directo, echado para delante y con un físico poderoso producto de quinientos saltos en paracaídas, años de servicio en la Legión y kilómetros de maratones. A punto de cumplir los 60, aún sale a correr de madrugada rodeado de escoltas entre las alambradas que protegen esta base militar perdida en Naqoura, en el sur de Líbano. Proyecta la imagen del perfecto soldado. Le gusta cultivarla. Lleva las mangas de su uniforme de campaña arremangadas sobre los bíceps, las botas como espejos y la boina azul soldada al cráneo. Disfruta cuando se le define como un líder: "Para eso me he preparado toda mi vida". Hijo y hermano de militares, tiene a gala haber sido formado en torno a valores que hoy suenan a trasnochados: disciplina, valentía, compañerismo, espíritu de sacrificio. Son su manual de estilo. Asarta es un conservador. Pero no un espadón nostálgico. Está más en la línea de los nuevos generales mediáticos estadounidenses. Diplomado en Estado Mayor, es un militar culto que se maneja en un buen inglés y francés y se define apolítico. "Como militar, represento el fiel de la balanza". En ese sentido es difícil pillarle en un renuncio. Cuando le muestro el Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados del 7 de septiembre de 2006, donde queda escrito para la historia cómo Mariano Rajoy criticó la participación del Ejército español en esta misión en Líbano con reflexiones como la siguiente: "Hay que admitir con toda honestidad que las operaciones bajo mando de la ONU han sido un fracaso y en algún caso un desastre total", y le pido su opinión al respecto, rechaza comentar esas palabras: "De política no hablo". -Pero usted es el responsable político de esta misión de Naciones Unidas...-Mis cometidos implican estar en el nivel político, pero no soy un político. Soy un militar. Y cualquier cosa que diga se puede interpretar mal. Mi misión es dirigir la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para Líbano (Unifil) y aplicar la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de agosto de 2006: monitorizar el cese de hostilidades con Israel, evitar acciones hostiles en nuestra área, ayudar a la población civil, apoyar el despliegue de las fuerzas armadas libanesas en esta zona del país hasta que se valgan por sí solas y establezcan una zona libre de armas entre la Línea Azul (la línea de retirada del Ejército israelí que funciona como límite con Israel y estamos demarcando) y el río Litani; desminar, reconstruir, auxiliar al Gobierno libanés (si nos lo pide) para que no entren armas en este territorio, intentar que las partes dialoguen... Debemos crear un entorno de seguridad y estabilidad que permita que se avance hacia un cese del fuego definitivo y poder comenzar un proceso de paz. Y para ello me relaciono con políticos. Les escucho e intento convencer de la necesidad de la paz. Nuestro papel es mediar. Las partes en conflicto nos han pedido que vengamos a ayudarles. Esa es nuestra legitimidad.El momento donde es más palpable el trabajo de mediación de Asarta es en las reuniones del llamado Tripartito, que comparte cada mes con altos mandos israelíes y libaneses. Se trata del único canal de comunicación que estos dos países (que carecen de relaciones diplomáticas y nunca han rubricado el fin de las hostilidades que les han enfrentado 30 años) mantienen abierto. Los encuentros se celebran en tierra de nadie, en la Posición 1-32A de Naciones Unidas. Un lugar desolado, irreal y defendido por cañones del Ejército italiano, en el que no hay más señal de vida que un pequeño edificio desnudo cuyo tejado está guardado por tiradores de élite. Para llegar hasta aquí hay que franquear varios controles. El primero en llegar es Asarta. Su todoterreno avanza precedido por blindados del Ejército indonesio erizados de ametralladoras. Cuando desciende de su vehículo le rodea su equipo de protección personal, una docena de soldados de élite españoles. A continuación llegan los generales hebreos: jóvenes, uniformados con desenfado y con el subfusil al hombro; después, los libaneses, más maduros y hieráticos; mostacho árabe y boina negra. Asarta los recibe por separado. Se instalan en una mesa cuadrada en el interior de la casamata desnuda. Ni se miran. Asarta oficia de anfitrión. El ambiente adquiere la tensión de una cuerda de piano. Asarta define este foro como "militar y técnico; tratamos cuestiones como la demarcación de la Línea Azul y los posibles incidentes armados que se hayan producido en la zona y se ponen sobre la mesa los agravios. Este foro tiene un papel básico en la promoción del diálogo y la confianza entre las dos partes. Si están dispuestos a arreglar algunas de sus diferencias mediante el diálogo, habremos dado un paso hacia la normalización".Las deliberaciones del Tripartito tienen carácter secreto. Los generales libaneses exigen que abandonemos la reunión. Salimos. En ese momento surca el cielo como un relámpago un avión de combate israelí. Según Unifil, los reactores del Ejército hebreo violan a diario el espacio aéreo libanés en misión de reconocimiento. Los israelíes afirman que seguirán realizando esos vuelos mientras las milicias de Hezbolá no entreguen las armas. Y viceversa. "Los dos bandos tienen razón; las dos son violaciones de la 1.701", reflexiona Asarta. "Ambas partes están obligadas a cumplir los acuerdos; somos testigos y árbitros, pero no podemos hacerles cumplir la resolución por la fuerza. No podemos evitar los vuelos israelíes ni podemos registrar las casas de los libaneses. Yo no he visto esos arsenales de Hezbolá de los que habla Israel. De lo que sí tengo constancia es de las violaciones aéreas. Y en el asunto de desarmar a las milicias, la responsabilidad no es nuestra, sino del Ejército libanés, y estamos dispuestos a ayudarles si lo solicitan".Alberto Asarta es el primer español al frente de una operación de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas desde que se iniciaron en 1948 para observar el alto el fuego entre Israel y los países árabes. La comunidad internacional le ha investido con plenos poderes. Es jefe de la misión, representante del secretario general de la ONU y comandante de la fuerza. Mientras se desarrolla una misión de este tipo, los contingentes de cada país están bajo mando de Naciones Unidas a través del Force commander. Asarta (cuya candidatura fue propuesta por el Gobierno español y al que cada año Naciones Unidas debe confirmar al frente de la misión) está obligado a ser una mezcla de soldado, diplomático y árbitro. Un hombre bueno que aplique el palo o la zanahoria para evitar que la herida nunca cicatrizada entre Líbano e Israel se vuelva a abrir. Para lograrlo tiene a sus órdenes más de 12.000 soldados de 35 países. Una fuerza que incluye blindados, artillería, misiles, radares, fragatas y helicópteros. España cuenta con más de 1.000 hombres y mujeres en el Sector Este del país. Además, Asarta cuenta con un equipo de 1.000 civiles de 80 países y de una eficaz maquinaria de cooperación internacional para reconstruir las infraestructuras del sur de Líbano y reactivar su economía a través de proyectos de impacto rápido y microcréditos. Una estrategia ya practicada en otros países en conflicto, como Afganistán, para ganarse los corazones y las mentes de la población. La clave es que los libaneses no perciban a los cascos azules como un ejército de ocupación, sino como un ejército de paz. Lo explica Asarta: "No podemos ir contra Hezbolá por la sencilla razón de que es una formación legalizada, que forma parte del Gobierno y está reconocida por el propio presidente libanés como uno de los pilares de la defensa del país. Son una parte importante de la población entre la cual vivimos, tenemos que convivir con ellos, no podemos ir a contracorriente. Hay que lograr la confianza de la gente y que al mismo tiempo el Ejército libanés se vaya haciendo cargo de la situación".Asarta forma parte de la primera generación de oficiales españoles que salieron al mundo tras permanecer cuatro décadas encerrados por la dictadura franquista a cargo de la vigilancia del país. A comienzos de los noventa, cuando era un joven comandante, ya participó en la misión de pacificación de El Salvador. Después ocuparía destinos en rincones tan dispares como Bosnia, Estrasburgo, Argentina o Irak. En este último país, en abril de 2004, entraría en combate contra los islamistas del Ejército de Mahdi, que intentaban asaltar la base española que mandaba en Nayaf. La refriega se saldó con decenas de bajas iraquíes. Las imágenes de aquellos días muestran al zurdo Asarta, cubierto con casco y chaleco antibalas, abriendo fuego entre sacos terreros contra un enemigo invisible. Por aquella acción de guerra, el presidente Zapatero le premió, junto a cinco de sus soldados, con la Cruz al Mérito Militar con Distintivo Rojo. Cuando a lo largo de la conversación le recuerdo aquellas escenas terribles, zigzaguea entre el orgullo del soldado que ha ganado una batalla y la tristeza del que ha visto morir en el campo de batalla. "Nunca olvidaré aquellos días; los ataques de la insurgencia... Llamaba a mi mujer en España y le decía: 'Nos están atacando de nuevo'. Y ella escuchaba las explosiones... Aguantamos bien. Era mi obligación. De vuelta a España estuve fastidiado. Son cosas que no te gusta ver. Que marcan. Creo que hicimos lo que teníamos que hacer y volvimos todos vivos. No tengo de qué arrepentirme. No fuimos a Irak a hacer la guerra. Pero al final las cosas se torcieron. Actuamos de acuerdo a unas reglas de enfrentamiento que eran muy restrictivas en el uso de la fuerza. Durante la batalla no disparábamos contra las ambulancias, aunque nos constara que estaban trasladando a combatientes; no disparábamos contra los que fingían estar muertos; no destruíamos edificios donde podía haber población civil aunque hubiera tiradores emboscados. Mis órdenes fueron defensivas. Teníamos unas reglas. Y si nos las saltábamos, podíamos acabar ante un tribunal".-¿Mató usted a alguien?-Prefiero no pensarlo.Suena la llamada a la oración desde una mezquita vecina al cuartel general de Unifil y se cuela al despacho del jefe, amplio, convencional y pobremente amueblado, como todo este complejo de Naciones Unidas que ha crecido desde unas tiendas de campaña en mitad de la nada hasta convertirse en un enorme complejo militar y logístico que cubre las necesidades de los 12.000 soldados desplegados al sur del Litani. El recinto está amurallado con bloques de hormigón. Frente al escritorio del Force commander, una fotografía de él mismo arrojándose en paracaídas en 1978 ocupa un lugar preferente. "Así no me olvido de dónde vengo. Que dios me libre de las moquetas. Los despachos pueden hacerte perder la cabeza".Asarta insiste en que es un hombre de acción. Feliz sobre el terreno. Ante una bota de tinto. O compartiendo un narguile, esa pipa oriental a la que se ha aficionado en Líbano. Le gusta mezclarse con sus soldados. Lo comprobaremos durante una visita a la zona de Marwahim, en el límite con Israel, donde un equipo de zapadores italianos limpia de minas el campo. Hay miles sembradas por el Ejército israelí tras su retirada. Deben localizarlas y destruirlas. Son pequeñas cajas de un plástico parduzco que se confunde con el terreno y ochenta gramos de explosivo en su interior. Su objetivo es mutilar. Retirarlas es un trabajo de alto riesgo. Asarta desciende de un salto de su helicóptero y los trata con afecto. Repite el mensaje que acostumbra: "Soy uno de los vuestros".En las distancias cortas, el general resulta un tipo sobrado, empático, campechano; con un abrazo de oso y una gran sonrisa, elementos que le son útiles en su relación con los jefes tribales. Sabe que debe ganarse su confianza. Cualquier paso en falso de las tropas de Unifil podría herir las susceptibilidades de los libaneses, enojar a las milicias y causar un estallido de violencia. Ese escenario de conflicto se produjo a comienzos del pasado mes de julio cuando el contingente militar francés (poco dado a las sutilezas) se extralimitó en sus funciones de vigilancia registrando domicilios con perros y tomando fotografías. Llovía sobre mojado. En esos mismos días, los partidarios de Hezbolá comenzaban a movilizarse en todo el país en contra de las investigaciones del Tribunal Especial de la ONU para Líbano, encargado de procesar y juzgar a los responsables del asesinato en 2005 del primer ministro sunita, Rafiq Hariri, en Beirut. Las investigaciones del tribunal sitúan a Hezbolá como responsable. Un revés contra la imagen que ha cultivado de ser la resistencia del Estado libanés contra el sionismo. De ser un valor nacional. La organización chiita no estaba dispuesta a beber el cáliz del descrédito. Y comenzó a desestabilizar todo el país. Hasta derribar al Gobierno el pasado enero. Por eso, cuando los soldados franceses se comportaron al sur del Litani más como guerreros que como guardianes de la paz, la respuesta de los lugareños fue inmovilizar sus patrullas, apedrear sus vehículos, herir a uno de sus hombres y sustraerle las armas. La situación se le estaba escapando a Unifil de las manos. Tres días después, Asarta se vio obligado a aplacar los ánimos durante una reunión con los líderes locales, a los que pidió disculpas. Iría aún más allá al día siguiente con una carta pública de dolor de los pecados por el comportamiento de sus soldados. La iniciaba con este sentido párrafo: "Como un hombre de paz; como una persona que ama profundamente a este pueblo, os dirijo estas palabras en un espíritu de total sinceridad desde lo más profundo de mi corazón". Encaje de bolillos.Hace un año, tras ser nombrado jefe de Unifil, un grupo de amigos regaló a Asarta un capote de matador con sus estrellas de general bordadas en la esclavina. Era una forma castiza de desearle suerte. La iba a necesitar. En este pequeño país atrapado entre Oriente y Occidente, entre los petrodólares saudíes y los iraníes, que se debate para mantener un precario equilibrio entre las 17 confesiones religiosas que lo forman, alberga a miles de refugiados palestinos y está a tiro de las posiciones israelíes de la División Galilea, han muerto desde 1975 más de 200.000 personas víctimas de los enfrentamientos. En 2006, durante los 34 días de guerra no declarada entre Hezbolá y el Ejército hebreo, murieron 1.500 libaneses y 120 judíos. Barrios enteros en los suburbios chiitas del sur de Beirut fueron arrasados por los ataques aéreos de Israel y 100.000 viviendas quedaron destruidas en el sur del país. En su campaña contra Hezbolá, el rodillo militar israelí borró del mapa puentes y carreteras, aeropuertos y centrales eléctricas. En Beirut son evidentes las huellas de los bombardeos en Dahiya, el suburbio chiita de la capital donde Hezbolá dirige hasta el tráfico. Y aún más aquí, en el sur, un territorio que sufrió durante dos décadas la ocupación por parte de Israel. Hezbolá, el Partido de Dios, monopolizó durante ese periodo la resistencia, el poder político y religioso y los servicios sociales. Esta formación sigue gobernando de facto este territorio de 2.500 kilómetros cuadrados y 700.000 habitantes rodeado por una precaria frontera de 121 kilómetros con Israel. Su población recibió el pasado octubre al presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, como a su líder natural. "Este es un tablero con blancas y negras, pero al mismo tiempo hay otros jugadores que juegan en el mismo tablero partidas simultáneas", analiza Asarta. "Y su juego influye y confluye en este territorio. Hoy se puede iniciar un conflicto en Líbano al margen de los dos países que juegan la partida principal y por eso nuestra misión se desarrolla en un contexto más amplio que el área de operaciones sobre el que tenemos autoridad. Lo que ocurra en Palestina, Egipto, Irán, puede afectar a la frágil situación de Líbano. Y esa coyuntura crea una enorme inestabilidad en nuestra misión. Aquí se dilucidan intereses que no son precisamente los del pueblo libanés".Cruzar el sur de Líbano desde Naqoura hasta Marjayoun, donde está localizada la base Cervantes, que concentra al contingente español, permite sumergirse en el feudo de Hezbolá. Cada pueblo que atravesamos fue machacado por los bombardeos israelíes en 2006. Los aún visibles impactos de la artillería contrastan con nuevos palacetes y pequeños negocios financiados por las remesas del exterior y la cooperación internacional que han surgido en estos cuatro años de paz. A la entrada de cada poblado nos reciben enjambres de banderas amarillas de Hezbolá adornadas con Kaláshnikov, los retratos de los jóvenes kamikazes islámicos y las imágenes de Jomeini; las plazas de Tibnin, Tulin, Markaba o Ett Taibe están decoradas con piezas de armamento sustraído al invasor israelí. Todo remite a la guerra. Es imposible tomar imágenes. Hezbolá no lo permite. En los puntos estratégicos de nuestro recorrido se distinguen grupos de jóvenes barbudos con motocicletas y móviles vigilando los movimientos de los vehículos. Muchas mujeres visten chador. En El Adeisseh todavía se aprecian las ruinas de un puesto del ejército bombardeado por los israelíes en agosto tras un enfrentamiento en la Línea Azul que se saldó con cuatro muertos. Pero donde mejor se escenifica la tensión entre Líbano e Israel es en Kafer Kela, a unos pocos metros de la localidad israelí de Metulla. Aquí los soldados de ambos bandos se ven las caras a diario; se escupen, insultan, apuntan con sus armas. "Un detalle absurdo puede provocar un tiroteo, y eso puede llevar a una guerra", describe Asarta. "Hay que prestar muchísima atención a la Blue Line. Una de nuestras preocupaciones es evitar esos incidentes que pueden desembocar en miles de muertos".Unos pocos kilómetros antes de llegar a Marjayoun, un humilde monolito en una carretera sin nombre recuerda a los seis soldados españoles que murieron en este punto a causa de un atentado el 24 de junio de 2007. Sigue sin conocerse la autoría. Fue reivindicado por Fatah al Islam, un grupo terrorista suní vinculado a la red Al Qaeda y enemigo de Hezbolá. ¿Quién mató a los españoles? Nadie parece saberlo. En Líbano todo es posible. La guerra está enquistada. Y muchos piensan que el trabajo de Unifil es otro parche de la comunidad internacional. Asarta no es de esa opinión. Inveterado optimista, ha acuñado un reclamo publicitario para este territorio martirizado por 30 años de guerra y que él cree que algún día podrá vivir en concordia: "Si buscas la paz, vente al sur".Fuente:elpais.com

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