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Timestamp: 2017-06-28 03:42:50+00:00

Document:
Jules Abbott regresa al pueblo de su infancia tras el aparente
suicidio de su hermana Nel, en el agua, como varias mujeres antes que ella.
«Escrito en el agua» está narrada desde el punto de vista de
varios personajes, desde la protagonista, Jules, su sobrina Lena, un par de
policías (la recién llegada Erin Morgan, y el del pueblo, Townsend), Louise,
madre de una joven supuesta suicida y su profesor, Mark, la médium Nickie y
algunos más, lo que se utiliza para mostrar lo que sabe (o cree) cada uno, sus
traumas, miedos, sugerencias de secretos etc, lo que les convierte en sospechosos
al tiempo que hace avanzar la historia.
Si bien la idea funciona durante parte de la novela, pronto
se perciben curiosos cambios en los tiempos verbales, estilos muy similares que
podrían ocasionar dudas acerca de quién «habla» si no fuera porque la autora
anuncia quien lo hace al principio de cada capítulo. Destaca, sin embargo, el
relato de Jules, dirigido siempre a su difunta hermana, en el que conviven el
rencor por algo sucedido en el pasado, los recuerdos de adolescencia, las
dudas, miedos, el amor hacia Nel.
Aunque se apunta la posibilidad de algo en cierto modo «sobrenatural»
(el relato de la médium, con sus excéntricos comentarios, y la inclusión de
otras mujeres fallecidas en el agua, en la misma Poza de las Ahogadas, a lo
largo de los siglos), no es difícil deducir que el misterio se centra en las
tres más recientes: Lauren, Katie y Nel, quien, además, estaba escribiendo un
libro acerca de estos sucesos antes de ahogarse.
La resolución, si bien algo previsible, diversifica lo suficiente
para que sea difícil deducir todo lo sucedido, quién ha hecho qué, y porqué. La
narración de los distintos personajes, lo que cuentan o lo que ocultan, lo que
se percibe que subyace tras sus pensamientos y reflexiones, permite especular
mientras se avanza en una novela de interés desigual, en la que por momentos
pesa la cantidad de personajes con voz propia y a ratos puede hacerse demasiado
larga para lo que cuenta.
En resumen, «Escrito en el agua» es una novela correcta
(necesitada de revisión formal), que permite empatizar con algunos de sus
personajes (Jules, Lena…), de lectura sencilla y ágil, con un misterio resuelto
con eficacia y pocas sorpresas. Tan entretenida mientras se lee como olvidable
en cuanto se acaba la lectura.
tardan un poco en salir. El blog no se hace responsable de los spoilers que
puedan aparecer en los comentarios, ya que Blogger no permite editarlos. Se
ruega que se ponga un aviso si se van a mencionar. Gracias por tu opinión)
Editorial: Roca, 2017 480 paginas
Helena Guerrero investiga la historia de su familia para
intentar averiguar quién asesinó a su hermana Alicia cincuenta años atrás.
«El color del dinero» tiene algunas de las características de
las sagas familiares, desde la ambientación en lugares «exóticos» (Rabat,
Australia) y fechas significativas (la Guerra Civil española) o los misterios
sin resolver (el asesinato de Alicia no es el único) hasta el protagonismo de
varias mujeres (Blanca en los años treinta, Alicia en 1969 y Helena en la
actualidad), cuyas vivencias se alternan según conviene a la autora para
relatar los que pretende.
Si bien es de suponer que los hechos reales estarán bien documentados,
la ambientación destaca en la descripción de la casa familiar, La Mora, en
Rabat, símbolo de una época que la protagonista recuerda feliz y triste a la
En cuanto a los personajes, la mayoría están al servicio de
la trama, algunos incluso sin un rol concreto más allá de destacar la poco agradable
personalidad de Helena, una protagonista con quien resulta difícil empatizar
aun comprendiendo que su forma de ser (seca, distante, a veces insensible) es,
de alguna manera, producto de lo sucedido en 1969. La redacción, distante, y una cuestionable elección de escenas,
poco representativas y, a veces, superficiales (largas cartas cuya redacción
poco natural se nota destinada a informar a quien lee), tampoco contribuyen a
identificarse con Blanca o Alicia, cuyas personalidades y reacciones recuerdan
a las habituales en este tipo de novelas, sin algo especial que las haga
destacar. El misterio sobre lo sucedido a Alicia, parte central de la
historia (al que se suman uno relacionado con Gregorio Herrero y otro con
Alicia, este último muy evidente y previsible tanto en su desarrollo como
resolución para quien tenga costumbre de leer entre líneas), es lo que mantiene
el interés en la lectura, aunque en muchas ocasiones se notan demasiado los
pasajes en los que la autora cambia de tema o acude a justificaciones poco
convincentes para posponer la revelación de datos de distinta importancia e
Que algunos personajes tengan información que resolvería varios
de los misterios y no lo digan hasta que se ha realizado la mayor parte de la
investigación y conocido casi todos los secretos (la carta de Blanca que Amparo
entrega a Helena durante una boda o la que le da Jean Paul a Carlos, especialmente absurda) puede resultar
frustrante y producir una sensación de «engaño».
En resumen, «El color del silencio» es una novela
correctamente escrita, que puede hacerse demasiado larga, debido a la inclusión
de datos irrelevantes y escenas y conversaciones poco representativas, que aportan
poco o nada a la trama principal. Además, el interés por la resolución de los
varios misterios familiares es desigual y errático, y algunas cosas se intuyen
Delphine Despero, editora de la editorial Grasset, y su pareja,
el autor fracasado Frédéric Koskas visitan la biblioteca de Crozon, un pueblo
de Bretaña, donde encuentran un manuscrito que deciden publicar, alcanzando un éxito inesperado.
En «La biblioteca de los libros rechazados» se encuentran dos
historias, una de misterio y otra metaliteraria, engarzadas entre sí,
sustentándose mutuamente, cada una protagonista de la mitad de la obra.
Tras la publicación, y posterior éxito, de la novela, se
inicia una pesquisa en la que esta, «Las últimas horas de una historia de amor»,
sería la «víctima», y su autor, supuestamente Henri Pick, un pizzero fallecido
un par de años antes, el «criminal». Jean-Michel Rouche, un crítico literario
en horas bajas, sería el detective que, creyendo en la «inocencia» de Pick,
decide averiguar quién es el verdadero «culpable».
La investigación de Rouche, emprendida por su cuenta,
desconfiado de la versión oficial, incluye entrevistarse con diversos
«testigos», encontrar pruebas que cree concluyentes, e incluso pensar que ha
resuelto el caso y verse impelido a tomar una decisión, más o menos moral, sobre
qué hacer con lo que sabe. La resolución del caso, con un giro final hasta
cierto punto inesperado (elige entre las dos posibilidades más creíbles), es la
lógica y pertinente con la intención de la novela.
La aparición del «cadáver» («Las últimas horas de una
historia de amor») se usa además para analizar la influencia que ejerce un hecho
inesperado tanto en un público lector ansioso de saber más como en las personas
cercanas al supuesto autor, siendo la viuda de Pick, Madeleine, una de las
principales afectadas. La mujer pasa de la incredulidad a la duda y a la
asunción de que su marido escribió una novela, basándose en una anécdota de
juventud, cuando estuvieron temporalmente separados:
« Pocos minutos después se dijo
incluso que era posible. Improbable, sí, pero posible. Y además, debía tener en
cuenta otro elemento: a ella le agradaba aquella manifestación del pasado. Le
apetecía creer en cualquier cosa que le permitiese volver a entrar en contacto
con Henri, de la misma forma que otros se dedican al espiritismo. A lo mejor
había dejado esa novela para ella. Para regresar por sorpresa. Para decirle que
todavía estaba allí; esa novela era para cuchichearle al oído su presencia; era
para que el pasado de ambos pudiera seguir vivo. Y entonces preguntó: —¿Puedo
leer su libro?»
La parte metaliteraria de la novela incluye desde un
recorrido superficial por las costumbres
literarias francesas, hasta menciones de programas dedicados a la literatura, o
autores y libros famosos: Houellebecq («Sumisión
es su mayor éxito. Más que el Goncourt. Pero es su peor libro. Se me cayó de
las manos. La verdad, para cualquiera a quien le guste Houellebecq, es muy
inferior a todo lo demás que ha escrito. Tiene un sentido excepcional de lo
novelesco, pero aquí la verdad es que no hay argumento. Y las pocas páginas
buenas sobre la sexualidad o la soledad son repeticiones de lo que ya había
escrito, pero en peor.»), Marcel Proust, John Kennedy Toole y, en especial,
Richard Brautigan, en cuya novela «The Abortion» está el origen de esa
Biblioteca de libros rechazados que inaugura Jean-Pierre Gourvec en Grozon.
En general, durante buena parte de la narración, se mantiene
el equilibrio entre las menciones literarias y la trama de misterio, si bien en
la segunda mitad, cuando se centra en la investigación sobre quién escribió en
realidad la obra, comienzan las digresiones, desde el relato pormenorizado de
la vida de personajes secundarios hasta el exceso de romances, dejando algunas
de las subtramas sin una conclusión satisfactoria.
En resumen, «La biblioteca de los libros rechazados» es una novela
sobre el amor a la literatura, con algunos, breves, baches de ritmo e interés debidos a digresiones
innecesarias y a la tendencia del autor a contar más que a mostrar, aderezada con un misterio cuya resolución mantiene
la intriga hasta el último momento.
Editorial: Amazon, 2017
Fabiola es contratada para escribir una biografía. Cuando
llega al pueblo donde tiene que hacer su trabajo empiezan a suceder cosas extrañas.
Alguien que haya leído alguna de las novelas anteriores de la autora podría
pensar, tras la lectura de los dos o tres primeros capítulos de «Y si fuera
cierto», que, al menos en lo formal, tiene muchas similitudes con estas:
narración en primera persona de protagonista femenina en crisis, frases entre
lo melodramático, lo superficial y lo
incomprensible, repetitivas, con menos contenido del que aparentan, desorden
narrativo (comienza con el viaje y vuelve a un acontecimiento anterior),
ausencia de fecha o lugar en el que se desarrolla la historia, palabras usadas
fuera de contexto, erratas, puntuación caótica en la que faltan tildes y comas,
Por fortuna, poco después de la llegada de Fabiola a su
destino, algunas de estas características empiezan a diluirse. La autora
abandona durante la mayor parte de la novela el tono exagerado y las frases tan
grandilocuentes como vacías para adoptar una narración sencilla y eficaz, en
algunos momentos emotiva, sobre todo en el relato, bastante tópico y por tanto susceptible
de despertar empatía, de la vida matrimonial de la protagonista y su ex marido,
Ezequiel, o la breve escena que esta comparte con su madre enferma.
También se nota que, además de mejorar la comprensión y
facilitar la lectura, la drástica disminución de este tipo de frases permite distinguir
la historia bajo la superficie, y el trabajo realizado para dotarla de
estructura y coherencia, y de una profundidad ausente en varias de las obras
anteriores de la autora, más centradas en el relato de generalidades
emocionales que en contar algo con sentido, como sí ocurre en «Y si fuera
cierto», obra más «novelada», con escenas, diálogos y un mensaje claro, directo
Como ejemplo de estructura destaca la relación entre lo que
sucede en la primera parte de la novela y en la segunda (se explica incluso el
ruido que hace el tren camino del pueblo), la sutileza con la que a media
novela cambia un escenario por otro, o la muy eficaz revelación de los
misterios, con un toque fantástico, que rodean el lugar y a sus habitantes, en
un crescendo de intriga y curiosidad. Que haya quien pueda deducir lo que
sucede en realidad (no es tan difícil) no resta interés a la lectura, ni
tampoco la relativa previsibilidad de lo que ocurre tras la revelación, si bien
la autora consigue dar un par de sorpresas sin perder la credibilidad (dentro
de lo fantástico) de la historia.
La elección de la primera persona (habitual en la obra de la
autora) cobra significado y sentido en la historia de Fabiola, en la
subjetividad de lo que experimenta. Aunque la definición del personaje no es
muy profunda, si está lo bastante caracterizada para mostrar a una mujer en
crisis: separada de su marido, con un amante, la madre enferma y una novela que
lleva años escribiendo sin ser capaz de terminarla. La estancia en el pueblo,
lo que allí vive y las consecuencias, que cambian su vida, son una suerte de
viaje iniciático (de nueve meses, como un embarazo) que ordena sus prioridades
y le hace tomar decisiones que cambian su vida. El resto de los personajes
(Santos, Jacinta, Margaret, Ezequiel, Torcuato…) y sus actos están al servicio
En el aspecto fantástico, destaca la recreación del pueblo y
sus circunstancias: la sabiduría de Jacinta, los colores, el simbolismo de la
hoja de arce roja (en novelas anteriores fue un paraguas rojo o una jirafa
albina), a modo de contacto con la realidad, recordatorio de la vida de Fabiola
antes de llegar al pueblo, objeto «mágico» que actúa como nexo de unión entre
un lugar y otro.
En resumen, pese a las evidentes similitudes entre «Y si fuera
cierto» y otras de sus novelas (mujeres heridas, «fantasía», símbolos, cambios,
amistad femenina, viajes iniciáticos, relaciones románticas difíciles...), se percibe
en esta una evolución (sería mayor con una revisión formal más profunda para
«limpiar» la prosa), que la convierte en la que mejor consigue transmitir las
inquietudes de su autora. ***T***
No sé muy bien en qué género encuadrar la novela que nos ocupa. Podría ser fantástico o terror o incluso un thriller con elementos psicológicos y sobrenaturales, en los que tienen mucho peso los mitos propios de la nación islandesa, con sus duendes y demás. Lo que sí tengo seguro es que no me ha gustado nada. Para ser tan corta, me ha aburrido. Y no sé muy bien por qué. Supongo que detectar la falta de dirección de la historia ayudó bastante a mi tedio.
Tenemos dos parejas de islandeses acomodados pero que han sufrido (todo lo que puede sufrir un islandés) con la crisis económica e inmobiliaria, lanzados a la aventura de recorrer en todoterreno las tierras altas de Islandia, un lugar desolado, según la descripción que hace el autor, casi un desierto, donde no parece haber ni cobertura para los teléfonos... Los protas tienen un accidente y empiezan a ocurrir cosas extrañas. Se refugian en una cabaña con unos viejos que también dan mala espina. Hay apariciones y desapariciones, huesos y cosas cada vez más raras. En todo esto, el autor nos intercala flashbacks con las muy aburridas vidas de los protagonistas, los cuales para mí son casi indistinguibles unos de otros. La forma tan sosa de contarlas no logró hacérmelas interesantes al menos. Algunos capítulos parecen crítica social (leve); otros, terror de la más rancia escuela, con toques de absurdo y surrealismo estilo "Lost" (qué daño hizo esta serie), para terminar con un final ambiguo pero cuyas posibles explicaciones son todas estúpidas y te hacen desear no haber leído el libro. La prosa tampoco es nada del otro mundo, más bien lo contrario. Quizás lo mejor sea la ambientación, el aire sobrenatural y mágico que confiere al paisaje donde se desarrolla la acción, pero en líneas generales deja un poso de vacío al final, porque no sabes muy bien qué se nos quiere transmitir con esa novela. ¿Hay algún tipo de simbolismo? ¿Va de la crisis y bancarrota que sufrió Islandia? ¿Los duendes son reales o alucinaciones? El final es de esos que tanto odian los lectores, así que no digo más... El que quiera arriesgarse a perder valiosas horas de vida está en su derecho, pero no digan que no están advertidos.
La teniente Valentina Redondo se enfrenta a un extraño caso: aparece muerta una joven vestida con ropas medievales en un lugar llamado Mota de Trespalacios, y en posesión de una moneda antigua. Poco después, ya son dos los cadáveres con moneda. Paralelamente, su novio Oliver realiza gestiones para encontrar a su hermano desaparecido. Comentario:
Una escritora aparece asesinada, devorada por ratas, y solo
es la primera víctima.
Desde los primeros capítulos (un prólogo situado en 1976 y un
presente en 2011) se nota que la autora sabe escribir, con una prosa sumamente
visual, intensa y bien medida, con la que no duda en describir escenas de gran
crudeza no aptas para personas sensibles a lo gore (bebés, ratas, cadáveres) y
presentar a personajes poco convencionales, como lo es Lucrecia Vázquez, una
joven de 27 años, no muy atractiva, negra literaria, que sufre el síndrome de
Gilles de Tourette. («Ahora se llevan las novelas policíacas con protagonistas femeninas raras —le había dicho su editor—.)
Si bien al principio parece que se trata de la protagonista,
pronto se ve que su papel es el de principal sospechosa e interés romántico del
policía, Gerard Castillo, desde cuyo punto de vista, subjetivo, se cuenta casi
todo lo que pasa. Esto permite conocer lo que sabe, sospecha o intuye, influido
por sus propios prejuicios, deseos o temores, aunque la inclusión del prólogo propicia
que, al menos en buena parte de la novela, se vaya por delante de él en cuanto
al posible motivo de los crímenes etc…
Como fondo de la trama policial está la literaria, en la que
la autora, por medio de Lucrecia y los otros personajes relacionados con la
literatura (la difunta Dana Green, el autor de libros de autoayuda Alejandro
Paz, el editor Ramón Aparicio), hace una crítica tan certera como implacable, y
poco sutil, de varios géneros y los métodos utilizados para publicitarlos,
incluido el de la propia novela.
En lo formal, destaca una redacción cuidada en la que apenas
se pueden «reprochar» detalles como la repetición de información en una o dos
ocasiones, la breve incursión de Lucrecia en el pov de Gerard o algunas
digresiones, en especial durante el viaje a Galicia, minucias que no desmerecen
los aciertos, desde la adecuada progresión del misterio y las revelaciones, la
elección de punto de vista, o el tono melodramático (lo que ocurre en el pasado
y sus consecuencias), que no tiene duda en utilizar algunos de los tópicos que
En resumen, «La escritora» es una novela bien redactada, visual, con personajes complejos,
alguno poco convencional (Lucrecia), crítica a varios géneros literarios, humor
e ingenio, desarrollo en el que las revelaciones, dudas y posibilidades incrementan
el interés y la intriga, exceso de escenas gore (demasiadas ratas), cierta
previsibilidad al final (lo que relata el prólogo y la escasez de personajes
acotan bastante las posibilidades) y un último tercio de los que «enganchan».
«Lucrecia se había fogueado creando decenas de
novelas eróticas de argumentos clónicos y demenciales que desembocaban
implacablemente en multitud de coitos entre la pareja protagonista, que
incluían sexo oral, anal y vaginal en varias posturas distintas, una de ellas
digna de contorsionistas experimentados, más una escena estelar con
participación de mucha más gente, animales, hortalizas y objetos de diversa
índole.»
«Cuando Ramón Aparicio le explicó qué tenían
pensado, ella casi se desmayó de la alegría. Por fin podía liberarse de los
tríos, del sexo anal, de las lluvias doradas, de la zoofilia y de todas esas
cosas de las que todo el mundo habla con naturalidad, pero que casi nadie
practica. Por fin podría pasar por delante de un quiosco sin ver aquellas portadas
infames y el nombre de Shayla Deveraux en letras doradas, y no temer que
alguien, algún día, llegase a descubrir que Shayla Deveraux era ella.»
«—¿Qué quieres? Es el mundo que nos da de comer.
Así que si Alejandro consigue concluir su novela, la publicaremos con un
seudónimo bien raro, que suene a escandinavo. Un seudónimo impronunciable y
repleto de ø, æ, ä, y ö. Luego, en la contracubierta nos inventaremos varias
reseñas extraídas de tres o cuatro prestigiosos y conocidísimos diarios, como
por ejemplo The Bananas Republic, The Sri Lanka Independent o The Sebastopol
Publishers. Diremos que el autor es un tejedor de intrigas sensacional, que es
la nueva voz de la novela negra, o que es un narrador superlativo. Y por si no
fuese suficiente, adornaremos el libro con una faja verde chillón que diga que
ha vendido un millón de ejemplares en Bután y que ha sido traducido a ochenta y
siete idiomas, incluyendo el kikuyu y el arameo clásico... Antes de que nadie
se dé cuenta de que es un pedazo truño, ya habremos vendido los cinco mil
ejemplares de la primera edición, lo suficiente para recuperar gastos y para
que a Alejandro se le caiga la cara de vergüenza cuando comiencen a lloverle
las críticas en los blogs literarios, que las habrá. Tú puedes comprar a un par
de periodistas y conseguir que te hagan una buena reseña en su diario, pero no
a cinco mil lectores. Y los lectores no son idiotas, por mucho que a nosotros
nos gustaría que lo fueran.»
«—Entiéndalo, sargento. Yo no
le tenía ningún afecto, pero me siento obligado a defenderla. Piense que entre
las presentaciones, las entrevistas y los congresos, Dana Green tenía un
programa más apretado que Lady Gaga, y cumplía a rajatabla con él. En ese
sentido era toda una profesional.—Yo pensé que los escritores
se dedicaban a escribir.—Eso era antes, cuando no
existía el ordenador. Ahora cualquier imbécil se baja cuatro informaciones de
Google y teclea trescientas páginas que vende a peso y que compiten en las
estanterías de los supermercados al lado de Muérdeme, vampiro y de Fóllame,
vizconde. Por poner un ejemplo.—Veo que no es muy optimista.Ramón Aparicio se encogió de
hombros.—No sé si me creerá, pero el
mundo editorial cada día se parece más a la televisión. Antes se decía que eran
mundos antagónicos, que la televisión era un medio de masas, de consumo pasivo
y superficial y que la literatura era de consumo activo y con aspiración a
trascendencia. Bla, bla, bla. Hoy en día, si la televisión está sometida al
share, nosotros también lo estamos a la maldita lista Nielsen, así que tampoco
podemos ofrecer calidad si queremos salir en la lista de los libros más
vendidos. ¡Mírelo usted mismo! Salvo gloriosas excepciones, el pastel se lo
reparten entre cuatro, y los cuatro hablan de lo mismo. Cuando iba de thrillers
religiosos, todos se dedicaron a sacarle novias e hijos secretos a Jesucristo,
o a los apóstoles, o a construir catedrales entre violación y violación, que
mire que es morboso el personal. Ahora parece que triunfan los psicópatas, y se
trata de inventar crímenes espeluznantes, cuanto más espeluznantes mejor. Que
si desollado con un cortaúñas suizo, que si asfixiado con sus propias cuerdas
vocales... ¡Qué asco! Es lamentable, pero hay que seguir estas estúpidas modas
si se pretende sobrevivir. Y eso sin contar con que el pirateo en internet nos
va a quitar el pan de la boca a más de uno...»
El club de los mejores, de Arthur Gunn Editorial: Ediciones B, 2016
Tras el reencuentro con un amigo de la infancia, Walter Millar se ve envuelto en una investigación
que le lleva de vuelta a su niñez y a su pueblo.
«El club de los mejores» pretende ser un thriller lleno de
acción, misterio, giros imprevisibles y sorprendentes que se
queda en el intento.
Desde el principio, con ese flashback en cursiva, situado en
la niñez del protagonista y sus amigos, se intuye que el pasado tendrá una
parte importante en la historia, será el origen y motivo de todo lo que ocurre
en la actualidad (utilizar este recurso, repetido en varias ocasiones a lo largo de la obra, con
mayor o menor relevancia, sería absurdo si no tuviera un motivo y finalidad).
Toda la primera parte, desde la llegada de Cormac hasta su
desaparición, está llena de tópicos
vistos y leídos en innumerables ocasiones por cualquiera que le guste el
género, alargada de forma artificiosa por escenas de acción, digresiones y el
creciente convencimiento de Millar de que las cosas no son lo que parecen, algo
que se deduce desde el comienzo.
Esta colección de tópicos, por la que se puede adivinar casi
todo lo que pasará mucho antes de que suceda (hay pequeños detalles imposibles
de adivinar, alguno propiciado por escenas un tanto «engañosas»), está presente durante toda la novela, aderezada
además con giros argumentales que se ven venir de lejos, cliffhangers utilizados
de forma casi melodramática para anunciar situaciones que, en varias ocasiones,
son anticlimáticas, absurdas y no merecedoras de tal «entusiasmo» («me llevó
hasta algo que me dejó sin aliento», «lo que vi dentro me cortó la
respiración»).
La narración en primera persona de un protagonista, Walter
Millar, que puede resultar poco atractivo debido a las características con las
que se le ha dotado (egoísta, egocéntrico, carente de empatía, al menos con
Martha, su esposa, cuyos deseos y necesidades le son indiferentes), logra que
el resto de los personajes queden desdibujados, meros comparsas al servicio de
la trama (la de misterio, no la personal, que apenas tiene cabida en la obra),
ya sea como amigos, enemigos, sospechosos o interés romántico.
La historia, que transcurre en Estados Unidos, cuenta con una
ambientación que recuerda a otras novelas y películas del género, sin algo que
destaque o llame la atención. Crosby es el clásico pueblo en el que nada parece
cambiar con el paso del tiempo, ni las calles, ni el bar, el hotel o las
personas que se dejaron atrás, a quienes se presenta, de alguna manera, como
Lamentablemente, la parte más «profunda» de la historia (las
consecuencias de los actos, la culpa, el remordimiento, la amistad fraguada en
la infancia, el retorno al hogar del que se huyó etc) queda muy desdibujada,
otro recurso utilizado al servicio de la acción y el misterio, lo que da como
resultado una novela llena de tópicos, previsible, tan entretenida y «adictiva»
como fácil de olvidar cuando se acaba la lectura. ***T***
El jardín de las mentiras, de Amanda Quick T.O.: Garden of Lies, 2015
Ursula Kern, dueña de una agencia de secretarias, sospecha
que han asesinado a una de sus empleadas y decide investigar.
Como es habitual en las obras de la autora, a la trama
romántica se une otra de misterio, y cada una contribuye al desarrollo y avance
de la otra, siendo la segunda la que tiene mayor protagonismo en esta ocasión.
Alternando distintos puntos de vista (a los de Ursula y
Slater se unen ocasionalmente los de varios secundarios, relacionados con el
crimen), la novela incide desde el principio en el empeño de la protagonista en
averiguar si su empleada y amiga, Anne Clifton fue asesinada, lo que da lugar a
entrevistas con personajes sospechosos, escenas de acción y espionaje,
persecuciones etc, con pequeñas incursiones en el creciente romance.
La descompensación entre el espacio que ocupan las diferentes
tramas puede ocasionar decepción a quienes prefieran la romántica, muy leve,
sin apenas tropiezos o impedimentos para su desarrollo, basada en diálogos y
atracción física, resuelta con la eficacia habitual en la autora.
En cuanto al crimen, investigación y resolución, siendo poco
original y hasta previsible, se desarrolla con habilidad, tiene momentos de
interés y destaca por la independencia de Ursula, capaz de meterse en líos, y
resolverlos, sin ayuda de un Slater que aparece justo cuando ella se las ha
arreglado para salvarse de determinadas situaciones.
Los personajes son típicos de la autora, una protagonista
independiente, de cierta edad, en este caso viuda, capaz de hacerse cargo de su
vida y un héroe atormentado y misterioso a la par que sensible a los que no
dota de más matices para definir sus personalidades. Igualmente los
secundarios, muchos de ellos relacionados con el teatro, antiguos actores y
actrices al servicio de Slater Roxton debido a que su madre, Lilly Lafontaine,
es una ex actriz reconvertida en escritora de melodramas, apenas tienen
matices, dotados de leves excentricidades, entre lo dramático y lo humorístico,
se limitan a cumplir su cometido, al igual que los bastante tópicos villanos.
En resumen, «El jardín de las mentiras» es una novela
correcta y entretenida, que puede gustar a incondicionales de la autora, más a
quienes les interese el misterio que a quienes prefieran el romance.
Tannie María van Harten comienza a escribir una columna de
recetas y consejos para la Klein Karoo Gazette. Poco después una mujer aparece
asesinada, ella cree que es una de las que le han escrito y decide averiguar lo
Entre lo más importante de una novela de misterio están tanto
el planteamiento y resolución del mismo como la personalidad de su
protagonista, en especial si, como es el caso de «Recetas de amor y muerte», está
redactada en primera persona y es, además, el inició de una serie (la autora ya
ha escrito una segunda entrega).
En cuanto al personaje principal, María está dotada de una
complejidad mayor de lo habitual, con
características poco convencionales, tanto en lo físico (se describe como mayor
de cincuenta años, baja, rellenita y con pasión por cocinar y comer) como en la
personalidad: viuda de un hombre que la maltrataba, refugiada en la comida como
consuelo, empática, decidida…
La forma de ser de la protagonista se une a una narración en
la que una larga y detallada (excesiva) selección de recetas, tanto
particulares como recomendadas a quienes escriben a su consultorio, convive con
(repetitivas) descripciones de paisajes y, sobre todo, con las emociones y
pensamientos de María, capaz de decir y creer algo y al tiempo, mediante un
sutil subtexto, dejar ver una realidad diferente (el desarrollo de la relación
con el teniente Henk Kannemeyer).
El resto de los personajes, vistos a través de sus ojos,
están lo suficiente caracterizados como para ser reconocibles por sus diálogos
y acciones, desde las compañeras de trabajo en la Klein Karoo Gazette, Hattie y Jessie, hasta algunos de los
sospechosos. Destacan en especial Dirk van Schalwyk (viudo de la asesinada
Martine) y Anna Pretorius, amiga y enamorada de la fallecida, cuya intensa
relación (empiezan enfrentados y acaban aliados) da un toque de humor
surrealista a la novela.
La ambientación consiste principalmente en la descripción del
entorno (paisajes, lluvia, calor, color), un resumen de la historia de Nelson
Mandela (que fallece durante el desarrollo de la historia) y la utilización de
palabras en afrikáans (se puede consultar un glosario al final de la novela,
aunque en muchas ocasiones hay significados que se pueden deducir del contexto
o conocer el significado es irrelevante).
Aun con ciertos excesos (las mencionadas recetas), los dos
primeros tercios de la novela se leen con agrado y facilidad, desde la
investigación del crimen hasta la
evolución de las relaciones entre los personajes, siendo sin embargo la última
parte, cuando María descubre quién ha asesinado a Martine y por qué, la menos
satisfactoria, quizá porque se opta por una resolución tópica, convencional y
exagerada (la «cacería»).
A ello contribuyen largas escenas de «acción», que incluyen la
larga charla entre la protagonista y el personaje que ha cometido el crimen, la
confesión pormenorizada y posterior persecución a María, la búsqueda de Jessie
(amiga de María y periodista de la Klein Karoo Gazette). La cantidad de páginas
que se utilizan para resolver (más o menos) la trama romántica también «ayudan»
a dar esa sensación de texto excesivo.
En resumen, «Recetas de amor y muerte» destaca por la «voz»
de su narradora, el humor surrealista y unos métodos de investigación poco
convencionales, y ni siquiera «defectos» como la tópica resolución del crimen
logran empañar una lectura agradable y entretenida que deja con ganas de continuar
leyendo los casos de Tannie María. (Por cierto, la lectura de las recetas que
se incluyen al final es opcional).

References: resolución 
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