Source: http://www.envio.org.ni/articulo/4083
Timestamp: 2017-12-14 19:00:46+00:00

Document:
Revista Envío - Viento en popa y a toda vela
A Daniel Ortega las cosas le están saliendo muy bien. En este mes superó dos de los escollos que amenazaban el proyecto que se ha trazado la nave que dirige y que se debate, por frágil, en el agitado mar de la crisis nacional e internacional. Después de meses de tensiones, fracasos y dilaciones, ya Ortega quedó habilitado para ser candidato presidencial en 2011 y ya el FMI dio un veredicto positivo a su programa económico neoliberal.
Hace dos meses analizábamos la singladura gubernamental y especulábamos sobre la posibilidad de que el barco que conduce Daniel Ortega y su grupo navegara al garete y llegara incluso a encallar. Por ahora no pasará. La embarcación va viento en popa. Hace un mes especulábamos sobre las sorpresas que traería el fin del trienio de Ortega en el gobierno. Y ciertamente, en octubre comenzaron las sorpresas. Y fueron favorables para el Presidente y los suyos.
NI 56 VOTOS NI 47 VOTOS
Al caer la tarde del lunes 19 de octubre seis magistrados del FSLN en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) dieron a conocer al país una voluminosa sentencia, en la que, con una intrincada armazón de argumentos, declararon “inaplicable” el artículo 147 de la Constitución de la República, que prohíbe a Daniel Ortega la reelección por dos razones: porque es inconstitucional una tercera reelección y él ya se reeligió una vez, y porque lo es también que alguien se reelija en dos períodos consecutivos. La sentencia fue acatada en cuestión de minutos por el Consejo Supremo Electoral (CSE), que anunció que quedaba “grabada en piedra”. Mientras en la calle, muchos opinaban que era “otra metida de pata”, bastantes quedaron estupefactos.
Que en la Asamblea Legislativa 56 diputados votaran por reformar el artículo 147 fue una prioridad que Ortega no resolvió a lo largo de todo el año 2008. En 2009 los esfuerzos fueron mayores, pero terminaba el año y se olía el fracaso. El FSLN tiene 38 votos y, aunque cosechar algunos de los restantes 18 era fácil entre los diputados que venden literalmente su voto en el Parlamento -al que han convertido en un mercado-, Ortega necesitaba también los votos de algunos liberales del PLC de Alemán.
Eso no era tan sencillo. El fraude electoral de noviembre 2008 -del que Alemán fue cómplice- ha disminuido la capacidad de maniobra del caudillo liberal entre los suyos: diputados, dirigentes y bases. Ya no lo obedecen ni lo siguen tan ciegamente y con más libertad le exigen posiciones firmes ante Ortega. Nada sería más sano para el país, para su partido y para él mismo que Alemán se apartara del camino, de la política, pero es algo difícil siquiera de imaginar.
Como no aparecían los 56 votos, el gobierno se inventó un atajo: reformar la ley de la Corte Suprema de Justicia en lo relativo al quórum para Corte plena. Así bastaría el voto de los 8 magistrados colocados por Ortega en la Corte. Ellos elaborarían una sentencia favorable a la reelección, que es la que ahora anunciaron. Pero para reformar el quórum de ley en la Corte hacía falta tiempo y 47 votos, y no era claro poder comprarlos antes de que cayera el telón del año 2009.
ILEGAL, ILEGÍTIMA,
Por eso, sin tener los 56 votos, temiendo no tener los 47, el proyecto se aceleró: a Ortega le bastó con 6 votos y unas 24 horas hábiles en los tribunales. El viernes 16 de octubre, el Presidente y 109 alcaldes del FSLN -tampoco se le permite reelección consecutiva a los alcaldes- presentaron -en total secreto, evitando cualquier debate público- un recurso ante el CSE pidiendo aclaración sobre el artículo 147. En minutos, el CSE se declaró incompetente para aclarar y pasó el recurso al Tribunal de Apelaciones, que en minutos tampoco aclaró, pero amparó al “desamparado” Ortega y envió su recurso a la Sala Constitucional de la CSJ que “resolvió” de inmediato.
Amparado en la obsecuencia de sus magistrados, Ortega puso en marcha un mecanismo que supera aquel dicho maquiavélico de Kissinger: “Lo ilegal lo hacemos de inmediato. Lo inconstitucional tarda más tiempo”. Aquí, lo ilegal y lo inconstitucional lo hicieron a la vez y de un solo golpe.
En horas no laborales y sin convocar, como manda la ley, a los magistrados liberales, seis magistrados del FSLN resolvieron que el artículo 147 es “inaplicable” a Ortega y a sus alcaldes. La ilegalidad es absoluta: los seis magistrados que obedecen a Ortega reformaron de hecho la Carta Magna, atribución que es exclusiva competencia del Poder Legislativo. La ilegitimidad es obvia: al menos 40 de los 109 alcaldes que pidieron “amparo” ocupan hoy esos cargos como consecuencia de un bien documentado fraude y, a pesar de que no fueron electos, fueron habilitados para reelegirse. Ilegítima también la sentencia, porque, aunque desde hace más de un año todas las encuestas vienen expresando que una mayoría de la población está contra la reelección de Ortega, nunca se tomó en cuenta hacer un referéndum. Ortega se salió con la suya.
Entre los espesos argumentos que enredaron los seis magistrados de Ortega para habilitarlo está la “contradicción” que hallaron entre el artículo 27, que establece la igualdad de todos los nicaragüenses ante la ley, y el artículo 147, que establece limitaciones a la reelección presidencial. Una falacia: la igualdad ante la ley siempre tiene límites y todos los derechos políticos consignados constitucionalmente también los tienen.
En declaraciones posteriores, voceros de Ortega aludieron a la reelección en Estados Unidos y en varios países europeos, a que Oscar Arias también se valió de una sentencia de la Corte para reelegirse, a que Uribe se reelige…Un grave olvido: las reelecciones de los Somoza trajeron mucha sangre en Nicaragua y fue recordando aquellas tragedias que se limitó el derecho a la reelección en la Constitución de 1995.
El habilitado Presidente Ortega ha defendido ardorosamente la resolución como la devolución al “pueblo soberano” del derecho a elegir a quien le plazca todas las veces que quiera, calificando la limitación constitucional como una “medida dictatorial”.
Han sobreabundado los análisis jurídicos sobre la sentencia de la Corte, que ha venido a dar un giro importante a la coyuntura nacional, una coyuntura que gira como tiovivo: se mueve veloz, no avanza nunca. La sentencia ha sido calificada de “inexistente”, de “golpe de estado”, “mamotreto”, “aberración”, “obscenidad jurídica”, de ser “el mayor atentado contra la paz social desde que Anastasio Somoza Debayle hizo lo propio cuando finalizaba su primer período”. Y con optimismo, de ser “un parteaguas de la crisis nacional”, la oportunidad de gestar una verdadera y duradera unidad opositora.
Ortega y sus magistrados son conscientes de la ilegalidad y de la ilegitimidad de esta grosera violación a la Constitución. Saben también que algunos representantes de la comunidad internacional, los más atentos a la falta de gobernabilidad y de respeto a la institucionalidad que se promueven hoy en Nicaragua, específicamente los europeos integrados al Grupo de Apoyo Presupuestario (GAP), apuntan “una más” en el debe del gobierno. No parece importarles.
De los casi 100 millones comprometidos por la Unión Europea para 2009 sólo se desembolsaron 14 millones y medio. “La cooperación europea permanecerá congelada porque no vemos ninguna razón para cambiar”, dijo el embajador de Holanda, representante del GAP en Nicaragua, tras la resolución de la Corte.
Recelan todos, los internacionales y los nacionales, y con fundamento, que si Ortega será el candidato lo será para ganar, nunca para perder. La sombra de un próximo fraude electoral -con el excelente entrenamiento alcanzado en el anterior- acecha tras la sentencia judicial. Sin embargo, a pesar del alto costo político, Ortega lo hizo y se salió con la suya. Tenía prisa, había motivos políticos que aconsejaban hacerlo cuanto antes.
LA MESA DEL JUEGO
El momento de la sentencia tiene que ver con la evolución, capítulo tras capítulo, del pacto Ortega-Alemán, que ha conducido a Nicaragua a una funesta involución, determinando la cada vez más impresentable vida política del país.
En el primer semestre de 2009 la Asamblea Nacional deberá elegir, con 56 votos, a unos 30 cargos, unos 20 de ellos altos cargos (magistrados, contralores, fiscales, procuradores) para ocupar sillones donde se han apoltronado desde hace diez años incondicionales de uno y otro caudillo. Alemán venía condicionando el colocar en esos cargos a algunas de sus más leales fichas a cambio de darle a Ortega los votos que borraran de la Constitución el obstáculo en su carrera reeleccionista. El estira y afloja se prolongaba.
Sacando el tema de la reelección de la mesa de apuestas de los dos dueños del pacto, Alemán queda ahora en una posición aún más débil. Aunque era cómplice para permitirle a Ortega la reelección, no esperaba que eso sucediera ni tan pronto ni como sucedió. Seguramente por la sorpresa, se desgañitaba esa noche tras conocer la sentencia, frustrado por la puñalada trapera.
“Daba gritos de mona tirada”: así lo describió Ortega días después, riéndose cínicamente de su socio en el pacto. Sin embargo, es sólo teatro: para el 2011 Alemán sueña con ser rival del candidato Ortega y ése es el mismo sueño con el que fantasea Ortega.
El momento de esta sentencia tiene que ver también con las intrigas que atraviesan el centro del poder del país. En septiembre, un mes antes de que la Corte amparara a Daniel Ortega, apareció sorpresivamente Humberto Ortega en el escenario político. Como siempre, como protagonista y con voz autorizada, seleccionando los medios a los que concedió entrevistas, todos afines al sandinismo, aunque críticos del danielismo.
Entre sus directísimos mensajes -hubo fraude, hay que cambiar las autoridades electorales, es necesaria más tolerancia, la protesta en las calles es un camino opositor-, habló muy críticamente de la reelección, aunque sin mencionar a su hermano. Temía que el cambio constitucional se quisiera lograr sólo con “ropaje de legalidad”, pero sin consenso y sin legitimidad, tal como se intentaba ya en el Poder Legislativo y como al final se logró retorciendo la legalidad en el Poder Judicial.
Se refirió también el ex-jefe del Ejército Popular Sandinista al contexto nicaragüense, con las dolorosas experiencias de las reelecciones somocistas: “Debe examinarse seriamente este asunto apelando al pasado, para que no se caiga en los daños que la reelección en otros momentos y circunstancias provocó. La reelección por sí misma no es el problema, el problema reside en que la misma se utilice como un mecanismo sin consenso político nacional, que se alcanza más para apuntalar el poder que para fortalecer la libertad y la democracia”.
Pero Humberto Ortega no se limitó a lo que se limita la oposición: a dar declaraciones y entrevistas. Valiéndose de su poder económico y de su influencia política, comenzó a sondear opciones de candidaturas alternativas a la de su hermano en el FSLN para 2011. Esto alborotó el avispero. La conducción autoritaria que del gobierno hace la pareja presidencial ha convertido en un dédalo de conspiraciones lo que queda de aquel partido que en los años 80 condujo una revolución que asombró al mundo.
La prisa en obtener la resolución para cambiarle la mesa de apuestas a Alemán y calmar el avispero rojinegro pudo también tener que ver con la difícil situación económica que atraviesa el país y que no se resolverá pronto.
Las cifras oficiales -siempre más optimistas que la realidad- dicen que 2009 termina con un decrecimiento del -1% y anuncian que el crecimiento para el próximo año no superará el 1%. Cuanto antes se habilitara a Daniel Ortega para ser, por quinta vez consecutiva, candidato presidencial y se saliera de ese “clavo” político, mucho mejor.
De todas formas, el gobierno enfrentará el 2010 en mucho mejores circunstancias, tras un oxigenante respiro financiero. Una semana después de salirse con la suya Ortega, su equipo económico logró lo que esperaba desde hacía diez meses: el FMI calificó y certificó positivamente la segunda y tercera revisión del programa económico del gobierno. Para esto, el FMI revisó el presupuesto para 2010 y la reforma tributaria que el gobierno anunció en agosto, provocando a todos los sectores económicos y generando una polémica nacional.
Para el FMI y para el BID la reforma tributaria es técnicamente correcta y los balances fiscales del presupuesto para el próximo año encajan adecuadamente con los resultados esperados de la recaudación de impuestos. El aval del FMI le garantiza al gobierno los recursos que necesitaba desde hace meses.
El gobierno envió, como pedían la ley y el FMI, el presupuesto y la reforma tributaria a la Asamblea Nacional el 15 de octubre. La aprobación de ambos antes del 15 de diciembre con 47 votos, tendrá que superar la decisión de una mayoría de diputados opositores, que amenazaron con no dar sus votos hasta que no quede anulada la resolución de la Corte a favor de la reelección de Ortega.
Nicaragua necesita, si quiere desarrollarse, una reforma tributaria equitativa y no regresiva. Pero no la nueva ley fiscal que el gobierno pretende ahora, basada en un diseño irreal. Han sido tantas las críticas recibidas, tanta la presión de todos los sectores y tanta la confusión provocada por el gobierno -desde el Presidente a los diputados, contradiciéndose diariamente sobre aspectos de la reforma-, además de una nula explicación a la población, que parece imperativo que la nueva ley sufra una modificación sustancial en manos del equipo económico del gobierno. Afinando las aristas más antitécnicas y más anti-populares de la nueva ley, daría así muestras de flexibilidad y señales de capacidad de concertación con sus adversarios.
LA RAZÓN GEOPOLÍTICA
Garantizarle a Ortega su reelección está también estrechamente vinculado a los intereses del Presidente venezolano Hugo Chávez, quien, además de tener en Nicaragua el aliado más incondicional de todos en su proyecto geopolítico del ALBA, viene invirtiendo millones de dólares en sostener a Ortega desde el mismo día en que llegó al gobierno. ¿Con cuánto dinero? Imposible saberlo.
Lo derivado del acuerdo petrolero puede estarle dejando al Estado-Partido que controla Daniel Ortega unos 200 millones de dólares anuales. ¿Más, cuánto más? Imposible saberlo. Con la actual recuperación de los precios internacionales del petróleo, y controlando ya desde hace dos meses el grupo de Ortega el 100% del almacenaje de los combustibles, estas cantidades tenderán a crecer.
Además del negocio petrolero y de las empresas privadas que ya funcionan en nuestro país con recursos venezolanos -todas en manos de la familia de Ortega o de su grupo-, cada día aparecen o se anuncian nuevos negocios que el Estado venezolano inicia o va a iniciar en un abanico de áreas: alimentos, medicinas, riego, construcciones, telecomunicaciones, turismo, madera, minería, transporte… Nada de esto tendría ni sentido ni sería duradero si Daniel Ortega no se reelige.
Nicaragua funciona hoy con dos presupuestos paralelos. En el Estado formal, en el oficial e institucional, la crisis se revela en los recortes en el presupuesto (tres recortes en 2009 y un presupuesto aún más recortado en salud, educación e inversión pública para 2010).
Hay que recortar porque ha disminuido drásticamente la recaudación de impuestos y el Grupo de Apoyo Presupuestario de los países cooperantes cortó ese apoyo tras el fraude de noviembre de 2008. Sin embargo, con los nuevos impuestos que se recaudarán con la reforma tributaria y con el aval del FMI y los recursos financieros de las instituciones multilaterales que se derivarán de ese aval, el gobierno cerrará el agujero de las finanzas en el Estado formal. Y así, el timonel Ortega seguirá navegando con buen viento. Según el economista José Luis Medal, en el presupuesto oficial la lógica ha sido y sigue siendo fondomonetarista.
Hay otro Estado paralelo, el que funciona con el presupuesto que nutre el dinero venezolano. En él coinciden -o se confrontan- dos metas: recursos para mantener el proyecto político con programas asistencialistas, con clientelismo, con prebendas, compra y venta de voluntades y otras herramientas de varios calibres para la extorsión y la intimidación. Y recursos para los negocios de la familia presidencial y para consolidar el grupo económico que están creando en su entorno.
El propio Presidente Ortega reconoció la bipolaridad de la economía nicaragüense en un encuentro con el ministro venezolano de agricultura Elías Jaua: Nicaragua -dijo- se encuentra entre dos lógicas: la que impone el capitalismo global, donde se dictan reglas. Y otra lógica en el nuevo espacio del ALBA, que no nos pone condiciones.
En el presupuesto nacional -donde existe cierto control institucional y empieza a haber cierto control social, en algunos municipios- manda el FMI. Se mueve en la primera lógica. En el otro presupuesto no existen condiciones y no hay ningún control. Grave riesgo, porque si la incondicionalidad total es desaconsejada, aun en el amor entre las personas porque puede dañarlas a veces irreversiblemente, en la total falta de condiciones en la cooperación se cocina el mejor caldo para la corrupción, la discrecionalidad y la arbitrariedad de quienes manejan el poder.
Pero la navegación a toda vela no sólo la asegura la incondicional cooperación de la Venezuela de Chávez. También la oposición de Nicaragua facilita las cosas. El proyecto de Ortega está claro, es más claro cada día. La oposición no parece tener más proyecto que vociferar contra el autoritarismo de Ortega y proponer la unión de todos contra el “dictador”. Nadie reflexiona seriamente sobre los obstáculos para esa unidad, y quienes añaden a este limitado proyecto otras temáticas no logran darles suficiente relieve.
¿Y después de Ortega, qué, quiénes? Ante estas preguntas el horizonte se ensombrece. Alemán, aún vivo y siempre activo -“mal menor” para algunos-, no se aparta de esa línea que traza la distancia. Su liderazgo está desgastado, pero ahí sigue este hombre, uno de los más gruesos obstáculos para empezar a pensar en alguna forma de unidad. Y todos los demás liderazgos opositores o van en declive o no levantan vuelo o no logran representar adecuadamente las incertidumbres y el descontento que bulle en buena parte de la población.
En la encuesta más reciente de M&R (23 septiembre-2 octubre) sobre simpatías políticas, nunca había quedado tan mal parada la oposición. Por primera vez en este tipo de encuestas, que la encuestadora realiza desde hace años la mitad de los entrevistados (50.3%) dice no simpatizar con ningún partido. El FSLN no queda mal: el 32.8% del total dice simpatizar con los rojinegros y el 43.6% dice tener una opinión positiva de Daniel Ortega.
¿CREAR OTRA UNO?
Desesperadas al ver navegar el barco a toda vela, varias voces se levantan proponiendo como la mejor y única salida al actual gobierno una coalición opositora como la UNO que derrotó a Daniel Ortega en las elecciones de febrero de 1990, poniendo fin al proceso revolucionario. Pero las circunstancias de Nicaragua son hoy diametralmente distintas a aquellas. No hay guerra ni servicio militar obligatorio y nadie está pensando en guerra, pues guerra es lo que más teme la mayoría de la población nicaragüense. No hay racionamiento ni la escasez económica de aquellos años de hiperinflación desbocada. No hay una sociedad de rasgos tan homogéneos como la que los horrores de la guerra cincelaron entonces. Hoy somos más plurales.
No hay tampoco nadie con la capacidad simbólica que tuvo doña Violeta para aglutinar, al menos durante unos meses, a aquellos 14 partidos. Ni siquiera hay partidos. Contra dos de ellos -verdadera oposición fuera del pacto: conservadores y renovadores sandinistas-, el PLC y el FSLN se aliaron para cancelarles su personería jurídica. Temían que obstaculizaran el bipartidismo pactado entre Ortega y Alemán en los comicios municipales de hace un año. Y los liberales independizados de Alemán en torno a Montealegre, en el movimiento “Vamos con Eduardo”, no tienen personería y seguramente no la tendrán nunca.
¿Unidad? Los opositores no logran ocultar sus rivalidades. El gobierno encuentra en los egos y los “traídos” que existen entre ellos suficiente materia prima para profundizar aún más sus contradicciones. Y, además, les conoce las muchas cosas que tienen que esconder, lo que aumenta la posibilidad de actuar contra ellos. Una “novedad” después del impacto político provocado por la resolución reeleccionista es el acercamiento cada vez más frecuente y cordial entre Montealegre y Alemán.
UN DESCONTENTO CRECIENTE
Según las encuestas, el FSLN mantiene la simpatía de su minoría electoral, ese 38% que llevó al gobierno a Ortega. Pero el descontento entre quienes no votaron por el FSLN ni en las nacionales ni en las municipales está creciendo. La crisis económica se siente por todos lados y el gobierno no parece estar afrontándola adecuadamente.
La tragedia de la sequía en varias zonas del país, provocada un año más por el fenómeno climático de la corriente de El Niño, no ha tenido las respuestas que ameritaba. “Deberíamos de estar coordinándonos con el sector público de forma acelerada para hacerle frente a este fenómeno, y no lo estamos haciendo, no existe ningún plan contingente”, reclamó Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas del país, que agrupa a miles de productores, a mediados de octubre.
Los recursos estatales para uno de los logros más aplaudidos del gobierno de Ortega en 2007 y 2008 -la buena y gratuita atención en los hospitales públicos, incluidos medicamentos gratis- se están reduciendo sensiblemente y ya la atención no es tan buena y faltan las medicinas.
¿DESCONTENTO = OPOSICIÓN?
¿Esos descontentos son oposición? Es obvio que no son ni organización ni movilización. Esos descontentos no salen a las calles a reclamar nada ni siguen a los dirigentes opositores que los llaman a manifestarse desde los medios y los hoteles. Por miedo, por las urgencias de la sobrevivencia, porque no perciben un liderazgo creíble en la oposición…
Según Germán Zeledón, uno de los liberales a los que el FSLN le robó la alcaldía de Jinotega en uno de las fraudes más groseros de las elecciones municipales, esa gente que está descontenta, y más que descontenta, indignada, no pasa “del apoyo verbal, no actúa. ¿Por qué? En primer lugar, porque hay gente que tiene su negocio y le teme al terrorismo fiscal. Hay otros que trabajan para empresas públicas y saben que los pueden correr. Y hay otros que no trabajan para nadie, pero tiene familia”.
Hay otros factores que influyen en el respaldo que mantiene Ortega y en la pasividad de quienes ni votaron por él ni nunca lo harían.
Hay nicaragüenses pobres, simpatizantes o no del FSLN votantes o no por el FSLN, que se han visto favorecidos con alguno de los programas sociales del gobierno, que aunque llevan el sello inconfundible del asistencialismo y del clientelismo, les “llegan”y les hacen sentirse beneficiados con algo al menos. Y lo que pesa aún más: les hacen sentirse importantes. Este gobierno “se ocupa de ellos”. El gobierno previo al de Ortega, el de Enrique Bolaños, pecaba de un elitis¬mo distante de la gente. Y la gente compara.
Toda esta gente sabe que Daniel Ortega no cumple las leyes, pero como no tiene cultura legal y siempre ha creído que “el que manda puede hacer lo que quiere, para eso manda”, no se va a movilizar contra una sentencia judicial que le resulta incomprensible. Toda esta gente conoce de la buena vida de la familia presidencial, pero siempre ha pensado que quien manda merece vivir mejor que el resto.
Toda esta gente sabe también que hay ya muchos abusos de poder, incluso represión: grupos fanatizados que apedrean y garrotean a los opositores, arbitrariedades de la policía que les garantiza impunidad, pero aunque no justifican esos errores -“eso sí no me gusta, eso no está bien”- sí los disculpan, como se disculpan los traspiés de un buen patrón. Disculpada queda la represión selectiva y en ascenso porque en su vida diaria pesa más el zinc que recibieron, la vaca que le dieron los de Hambre Cero, el préstamo a bajo interés que nunca devolverán… Entre derechos ciudadanos y comida, buena parte de la población eligirá la comida.
Y entre los descontentos que tal vez no disculpan tan fácilmente el autoritarismo gubernamental, y critican un poquito más la doble moral de quienes se dicen representantes de los pobres viviendo como los más ricos, entre aquellos que tienen un poco más de cultura legal, lo que pesa es la resignación. Una resignación de raíz religiosa. El mensaje bíblico, escrito hace unos dos mil años por Pablo de Tarso en su carta a los romanos (13, 1-7) afirmando categóricamente que “toda autoridad es puesta por Dios” y que hay que “someterse” a la autoridad, pesa más en la población de lo que queremos creer. Y esa creencia frena cualquier organización.
Nicaragua es un país invadido por mensajes bíblicos leídos fuera de contexto como verdades reveladas e inmutables, como guías imprescindibles para normar nuestra vida actual. Las contradicciones y los contextos en que escribió Pablo, y en los que se escribieron todos los textos de todos los más de setenta libros de la Biblia, exigen tomar distancia, demandan una “hermenéutica de la sospecha”, actitudes muy lejanas de los mensajes simplificadores, literalistas, fanatizantes, resignados, con que son nutridas y bombardeadas a diario grandes masas de la población nicaragüense, dispuestas a ser sumisas, a aceptar como “prueba divina” lo que nos pasa y a esperar que un milagro o una “intervención divina” nos libre de un gobierno que en muchos casos califican de “diabólico”.
Diputados hay que analizan la realidad nicaragüense como “la batalla entre el Bien y el Mal” y opositores hay que diariamente desde los micrófonos caracterizan la lucha contra Ortega con palabras de Pablo: “Revístanse de la armadura de Dios porque nuestra lucha es contra principados, contra potestades, contra el maligno…” Bien sabe todo esto la pareja presidencial que tiñe de mensajes y símbolos religiosos todos sus discursos, actos y proyectos.
¿POR DÓNDE SE HUNDIRÁ?
Sin embargo, y a pesar de todo, cualquier embarcación que se lanza a la mar puede hundirse, incluso los titanics. ¿Por dónde puede horadarse esta nave? Tal vez dos realidades pueden perforar su quilla. La de la crisis económica, que a pesar de los recursos del FMI afectará de forma creciente a todos los programas sociales en el Estado oficial. El discurso triunfalista del gobierno ha dado paso a un mayor realismo y así lo demuestran las limitadas metas que plantea el Plan Nacional de Desarrollo que el gobierno ha presentado hasta 2011.
En la medida en que los disculpadores y los resignados empiecen el próximo año a sentir con mayor fuerza la crisis podrían organizarse y movilizarse, si no por razones políticas, por acuciantes razones económicas.
EL AGUJERO MAYOR
El principal potencial agujero está en el mismo modelo que se trata de imponer, basado en la exclusión, en el control y en la discrecionalidad. En ese “sólo ellos” que la gente, mucha gente, empieza a sentir por muchos lados como una atmósfera atosigante. Ya está claro que el modelo ha planteado una guerra abierta contra el pensamiento crítico y mantiene la voluntad de excluir a quien no se alinee con el pensamiento único de “ellos solos”.
El Premio Nóbel de Economía de este año lo recibió una mujer estadounidense, Elinor Ostrom, por “su análisis del gobierno económico, especialmente de los recursos compartidos”. Ostrom ha demostrado la importancia que tiene para el desarrollo la confianza que cada individuo tenga en todos los demás, el incluir a todos los miembros de las comunidades, el agruparlos en torno a intereses y propuestas acordadas desde abajo, evitando siempre la polarización y los conflictos que se resuelven “desde arriba”, desde el gobierno, y por la fuerza. Todo lo contrario de lo que el actual modelo trata de imponer.
HAY FANTASMAS A BORDO
El modelo que Daniel Ortega trata de imponer a Nicaragua es digno de estudio. No alcanza del todo en el concepto “dictadura”, que tanto utiliza la oposición. No es comparable al somocismo, porque las circunstancias nacionales e internacionales impiden que lo llegue a ser, que la historia se repita así no más.
En este país, los fantasmas de la revolución y de la contrarrevolución están todavía vivos y circulan entre las generaciones que conducen el barco y en las que le ponen escollos. “Están haciendo la primera comunión los que nos llevarán a otra orilla mejor”, decía uno. Es cuestión de tiempo que esos fantasmas vayan esfumándose.
La mezcla de coerción represiva y de consenso populista que mantiene a flote el barco de Ortega es digna de estudio, de reflexión y de debate, actitudes escasas en nuestra sociedad, lo que hace más compleja la realidad en la que nadamos, más de lo que la oposición y los medios nos dicen de ella. Es esa complejidad lo que nos dificulta nadar.

References: artículo 147
 artículo 147
 artículo 147
 artículo 147
 artículo 27
 artículo 147
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución