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Timestamp: 2019-11-20 12:11:11+00:00

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elblogdesilviamirtavalori. Bienvenidos/as!: 2013
Para poder llegar a determinar lo más claramente posible el por qué de la ausencia en la participación política –y, en consecuencia, en lugares jerárquicos del gobierno– de las personas con discapacidad y, especialmente, de las mujeres con discapacidad, es necesario percibir la situación como un problema por que para quiénes tenemos interés en transformar la realidad, los problemas representan una discordancia entre la situación tal cuál se presenta y aquello que sería “lo ideal” o “cómo las cosas debieran ser”.
Existen problemas que para ser resueltos exigen poder político, recursos económicos y humanos, conocimientos y capacidades (1)
Trataré, entonces, de establecer los recursos que harán falta para, de alguna manera y a mediano plazo, subsanar el problema presentado.
Y mientras voy discurriendo entre lo que sucede actualmente y lo que sería “lo ideal”, analizaré el valor político del problema para la sociedad en general, para los partidos políticos y para la población afectada (mujeres y varones con discapacidad)
Para comenzar a solucionar el problema presentado, es imprescindible contar con voluntad política y poder para que la temática de género y discapacidad forme parte de la agenda pública y con el propósito de fundamentar lo que escribo me remito al Artículo 6 de la CDPD. Mujeres y discapacidad que textualmente expresa: 1. Los Estados Partes reconocen que las mujeres y niñas con discapacidad están sujetas a múltiples formas de discriminación y, a ese respecto, adoptarán medidas para asegurar que puedan disfrutar plenamente y en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales. 2. Los Estados Partes tomarán todas las medidas pertinentes para asegurar el pleno desarrollo, adelanto y potenciación de la mujer, con el propósito de garantizarle el ejercicio y goce de los derechos humanos y las libertades fundamentales establecidos en la presente Convención. (2)
Es preciso, por lo tanto, tomar como asunto de Estado la inclusión de las mujeres con discapacidad en todos los ámbitos, potenciando su empoderamiento, ya que además de establecerlo claramente la Convención, estamos inmersas/os en nuestro país –lo cuál me alegra enormemente – en un Proyecto de Gobierno Nacional y Popular en el que fundamentalmente se conocen, difunden, propician y ejercen nuestros derechos humanos fundamentales, por lo que creo también que es tiempo ya que las personas con discapacidad sean educadas en escuelas comunes, que la educación se brinde a todos los niños y niñas sin distinciones de ningún tipo y de ninguna clase. “Una tarea esencial será procurar que la amplia visión de la Educación para Todos, como concepto integrador, se refleje en las políticas de cada país y de los organismos de financiación. La Educación para Todos deberá [...] tener en cuenta las necesidades de los pobres y más desfavorecidos, comprendidos los niños que trabajan; los habitantes de zonas remotas; los nómadas; las minorías étnicas y lingüísticas; los niños, jóvenes y adultos afectados por conflictos, el VIH/SIDA, el hambre o la mala salud; y los que tienen necesidades especiales de aprendizaje” (Comentario detallado del Marco de Acción de Dakar, párr. 19.) y Artículo 24, Educación, de la Convención Internacional sobre los Derechos de las personas con discapacidad (3)
Que se impulse el empoderamiento y el protagonismo de las/os niñas/os y de las/os jóvenes con discapacidad, otorgándoles un rol activo y promoviendo las capacidades, para lograr tomar conciencia –justamente, otro de los artículos de la Convención (3) es el Artículo 8, la Toma de Conciencia— en el que están enumerados algunos de los ítems imprescindibles para que este propósito no siga siendo un mero enunciado y llene de palabras vacías de significado el discurso de algunas personas, y que son: sensibilizar a la sociedad, incluso a nivel familiar, para que tome mayor conciencia respecto de las personas con discapacidad y se fomente el respeto de los derechos y la dignidad de estas personas; así como también luchar contra los estereotipos, los prejuicios y las prácticas nocivas respecto de las personas con discapacidad, incluidos los que se basan en el género o la edad, en todos los ámbitos de la vida y promover la toma de conciencia respecto de las capacidades y aportaciones de las personas con discapacidad.
En tanto que las medidas ineludibles para lograr estas metas incluyen: a) Poner en marcha y mantener campañas efectivas de sensibilización pública destinadas a: i) Fomentar actitudes receptivas respecto de los derechos de las personas con discapacidad; ii) Promover percepciones positivas y una mayor conciencia social respecto de las personas con discapacidad; iii) Promover el reconocimiento de las capacidades, los méritos y las habilidades de las personas con discapacidad y de sus aportaciones en relación con el lugar de trabajo y el mercado laboral; b) Fomentar en todos los niveles del sistema educativo, incluso entre todos los niños y las niñas desde una edad temprana, una actitud de respeto de los derechos de las personas con discapacidad; c) Alentar a todos los órganos de los medios de comunicación a que difundan una imagen de las personas con discapacidad que sea compatible con el propósito de la presente Convención; d) Promover programas de formación sobre sensibilización que tengan en cuenta a las personas con discapacidad y los derechos de estas personas.
Sin esta toma de conciencia, no será posible lograr la inclusión equitativa e igualitaria en la sociedad, ya que desde hace mucho tiempo atrás venimos enmarcadas dentro de un “modelo” de personas enfermas y dependientes, por el cuál nuestros/as semejantes piensan o creen que vivimos “del aire” o que “alguien nos mantiene” o de la caridad y la limosna, siendo en muchos casos, subvaloradas y subordinadas a teorías y prácticas que no permiten el protagonismo ni la autonomía ni el empoderamiento. Y quiénes se salen de este modelo, son consideradas “súper personas” o “personas excepcionales”. No existe un término medio, la sociedad no considera hasta el día de hoy a las personas con discapacidad dentro de la media o de la “gente común” ni como lo que verdaderamente somos: ciudadanas, votantes, electoras, clientas y consumidoras, en consecuencia, ciudadanas como todas las demás. Por ello es que creo fundamental lograr consenso para realizar esta toma de conciencia, esta concientización en todo el país, y así dar cumplimiento al artículo 8 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las personas con discapacidad que Argentina ha ratificado mediante ley Nº 26378.
Analizando el caso de las mujeres con discapacidad y las causas de su exclusión social es preciso tener en cuenta el proceso de socialización al que estamos sometidas desde pequeñas y que es transmitido por las familias, las escuelas, las iglesias y los medios de comunicación, y aunque este proceso afecta tanto a mujeres como a varones, es principalmente a ellas a quiénes se las coloca en una posición subordinada e infravalorada en la que son eternamente niñas, eternamente ingenuas, eternamente dependientes. Casi todas las mujeres con discapacidad trabajan en sus casas, son muchas veces cuidadoras de niños y niñas (sobrinos/as y/o familiares de otras mujeres que tienen empleos remunerados), realizan tareas domésticas, cocinan, compran alimentos, cosen, bordan, tejen, entre otras actividades consideradas “femeninas”, pero no obtienen dinero por su trabajo ni son reconocidas como trabajadoras y aportantes; y en el imaginario colectivo no se las considera protagonistas ni que pueden tener su propia casa y sus propios/as hijos/as, de alguna manera entonces, podemos decir que no se les permite vivir su propia vida, ni se las piensa como personas activas y autónomas, entonces, ¿cómo se les va a permitir participar en política? ¿Si cuando las mujeres sin discapacidad están pensando en abandonar (por decirlo de alguna manera) el rol tradicional de “mujer cuidadora, madre, ama de casa”, a la mujer con discapacidad ni siquiera se le reconoce socialmente que puede ocupar esos roles aunque los realiza todos los días y perfectamente? (4)
Además, en varias ocasiones, las mujeres con discapacidad se convierten en cuidadoras de sus madres y padres, cuando estos llegan a una edad en la que necesitan ser atendidos/as, ya que estas mujeres continúan viviendo en la misma casa y no han formado su propia familia, por lo cuál son las más indicadas para atenderlos/as y dispensarles los cuidados que necesitan.
Para cambiar estas ideas estereotipadas hace falta el poder político, más la firme decisión de transformar costumbres y pensamientos arraigados en la sociedad y que los medios de comunicación difundan y transmitan ideas más reales y positivas del trabajo y el aporte que realizan a la sociedad las mujeres con discapacidad.
También hacen falta recursos tanto económicos como humanos. Los recursos económicos que se necesitan para subsanar el problema que representa la ausencia en la participación en todos los ámbitos de las mujeres con discapacidad, pero especialmente en el político, son aquellos que contribuirán a poner en vigencia medidas de acción positiva, como por ejemplo, que el Estado, las Obras Sociales y/o alguna entidad relacionada se haga cargo del pago a los/as Acompañantes y Asistentes personales de aquellas personas que no pueden salir y andar solas, sin asistencia, para que participen en cursos, jornadas y capacitaciones, y/o concurran a la Universidad y a los Institutos de Formación, otorgándoles becas y traslados pagos hasta los sitios ya que uno de los impedimentos más grandes que tienen las mujeres con discapacidad –y todas las personas con diversidad funcional— para la participación son las barreras tanto del transporte como las arquitectónicas en calles, veredas y edificios en general, las denominadas “barreras del entorno” que se han construido por que dentro de cada uno de nosotros y de nosotras no pensamos, antes de hacer, que podemos llegar a tener una discapacidad, nuestra imaginación no sospecha siquiera que la discapacidad puede sobrevenir en cualquier momento de nuestras vidas, no importa la edad. Eso no se piensa, los/as Arquitectos/as se resisten a dejar de diseñar edificios con escaleras, escalones y desniveles, pasillos angostos y puertas demasiado estrechas y así se continúa construyendo como si las personas nacieran y pudieran mantener un estado físico excelente durante toda la vida, y esto, lamento decirles, no ocurre en la mayoría de los casos. Quiero significar que la inmensa mayoría de personas necesitarán o usarán un elemento ortopédico para trasladarse en alguna etapa de sus vidas –aunque sea de manera transitoria— o tendrán una disminución visual, auditiva y/o del habla, y esto, puede ocurrir por varios motivos como pueden ser los accidentes, enfermedades, excesos en la alimentación y, en consecuencia obesidad o sobrepeso, o por el contrario, carencia de nutrientes esenciales y discapacidades por mal nutrición, etc y etc. Actualmente las personas llegan a vivir más de ochenta años y casi todas las personas que tienen esa edad, usan anteojos, dientes postizos y han soportado alguna intervención quirúrgica que les ha dejado como consecuencia “menos capacidad para…” y algún aparato insertado dentro de su cuerpo o bien externo como son los bastones, muletas, sillas de ruedas, audífonos, etc.
Es necesario también contar con recursos económicos para transformar los edificios y que sean todos ellos (o la mayoría al menos) accesibles, con salones donde se puedan utilizar los baños y que estos salones cuenten con la accesibilidad necesaria para personas sordas, personas ciegas, personas con movilidad reducida, personas que utilizan la comunicación alternativa y aumentativa, que nadie quede afuera, por que todas las personas somos importantes y por que todas las personas pueden realizar esos aportes tan necesarios para colaborar con el cambio social en esta época de transición que nos ha tocado vivir.
Pero no crean que hacen falta millones de pesos para transformar esta arquitectura y el transporte que tenemos; si bien para hacer accesibles los edificios y el transporte hace falta dinero, por supuesto, no es tanto, es solamente y más precisamente, como escribí al principio, ganas y voluntad política de que realmente estemos todos y todas presentes, mujeres y varones, personas con y sin discapacidad, en todos los ámbitos, con voz, siendo escuchadas, tenidas en cuenta y que los proyectos que presentan las personas con discapacidad sean analizados y valorados de la misma forma que los que presentan personas que no tienen discapacidad. Por que el “ninguneo” también forma parte de algunos organismos de Gobierno y de algunas personas que trabajan en ellos y no existe nada tan limitante y perjudicial para el avance de las sociedades como este ninguneo y el “hacer como si”. Me pregunto qué se gana con esto y les pido que se formulen esta pregunta quiénes lo soportan o quiénes tienden a hacerlo, a ver si tienen una respuesta lógica.
Además de los recursos económicos tenemos que contar con recursos humanos, con gente perfectamente capacitada en los diversos temas relacionados con las personas con discapacidad desde una perspectiva de género, para investigar, analizar, escribir, instruir e instalar estas nuevas perspectivas en los/as Dirigentes de los partidos políticos y de los Organismos de gobierno. Especialmente, en los lugares jerárquicos, que llegue la información y la capacitación –y se concienticen— “los Jefes y las Jefas”, por que poco podemos lograr si se mantiene el “techo” que existe actualmente para una persona que tiene discapacidad en los Organismos públicos de gobierno y que consiste en desempeñarse como Cadete/a, Empleada/o administrativa/o y/o Asesor/a (cargo máximo)
Asimismo, es necesario que en las listas de partidos políticos se establezca un cupo, que así como existe un cupo de mujeres, haya un cupo de personas con discapacidad.
Lo ideal sería constituir las listas para las elecciones partidarias con el 40 por ciento de mujeres sin discapacidad (aumentar el cupo en un diez por ciento es válido, ya que sería más equitativo, creo que ya hay algunos proyectos de ley para subir el cupo), el otro 40 por ciento para varones sin discapacidad y luego, un diez por ciento de mujeres con discapacidad y un 10 por ciento de varones con discapacidad, así estaríamos representados en el Congreso y en la Cámara de Diputados por un 20 por ciento de personas con discapacidad (y además, seríamos representados/as por un 50 por ciento de mujeres –sin y con discapacidad— y un 50 por ciento de varones— sin y con discapacidad). Y algunos cargos jerárquicos serían ocupados también por personas con discapacidad, perfectamente instruidas y aptas para tales cargos, especialmente aquellos que están directamente relacionados con la discapacidad.
Escribí al principio que trataría de idear una solución al problema que representa la ausencia de personas con discapacidad en la participación política, y creo que estoy arribando a la misma ya que tendríamos casi resuelto el problema, por que el hecho de instalar conocimientos y capacidades se resolvería mediante las medidas de acción positiva, potenciando el saber de las personas con discapacidad, especialmente de las mujeres, otorgando becas y facilitando su concurrencia a jornadas, cursos, capacitaciones, a los Institutos de Formación y a las Universidades.
Además, se instalarían conocimientos y capacidades en las personas dirigentes de partidos políticos y de gobierno, instruyéndoles sobre equiparación de oportunidades y trato, perspectiva de discapacidad, perspectiva de género, Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) (5), Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad (CDPD) y otros Tratados que a nivel internacional se han aprobado, llegando a obtener de esa manera todos y todas, una formación comprometida con el respeto y la valorización de la diversidad, logrando conformar una sociedad “A partir de las diferencias” y No “A pesar de las diferencias” dándonos cuenta que lo que nos enriquece como seres humanos son, precisamente, esas diferencias.
Por los motivos que he mencionado y para visibilizar a gran parte de la población, que permanece en sus casas o internadas en hospitales, hogares, geriátricos y otros, sin reconocimiento y muchas veces, sin poder vivir su propia vida, sin ejercer sus derechos, sin participar socialmente, es que creo necesario plantear el cambio de paradigma a nivel político y a nivel país, y llegar a tener la suficiente amplitud mental para reconocer que si bien es cierto que sería prácticamente imposible que todos los grupos excluidos estén representados en los partidos políticos y entre la clase dirigente es Sí posible incluir a un veinte por ciento de personas con discapacidad que además, pertenecen y son parte de todos estos grupos, ya que la discapacidad atraviesa todas las edades, todas las clases, todas las etnias, todos los géneros, todas las nacionalidades, todos los grupos.
Estimo que es indispensable contar con los conocimientos, ideas y experiencias de tantas personas que día a día atraviesan por situaciones que exigen cambiar el paradigma, que exigen ver y hacer las cosas de otra forma, desde otra perspectiva. Por que como decía Albert Einstein la mejor manera de resolver un problema que no tiene solución es cambiando el paradigma para lo cuál es necesario tener amplitud mental y verdaderas ganas de mejorar el mundo y nuestro entorno día a día.
A la Argentina, a nuestro país, a mi país, la integramos todos y todas, mujeres y varones, con y sin discapacidad, y todos y todas merecemos estar y vivir mejor cada día, vivir con y en dignidad, merecemos que se respeten nuestros derechos para que podamos cumplir con nuestras obligaciones, para que un día no tan lejano, podamos gozar de una sociedad en la cuál la solidaridad, la amistad, el amor, la armonía y el bienestar sean realidades y no sólo quimeras, para que podamos seguir soñando con una patria integrada por ciudadanos y ciudadanas de primera, no de segunda ni de tercera como hoy todavía existen, ciudadanas y ciudadanos nobles, solidarios/as y afectuosos, donde la palabra Amor y Fraternidad reemplacen al Desamor y a la Violencia, donde los medios de comunicación difundan ideas e imágenes positivas y reales de las personas con discapacidad, donde todos los niños y niñas sean educados de manera tal que, cuando sean mayores puedan disfrutar de la diversidad y no mirar al otro o a la otra “diferente” como a un/a extraño/a que viene de otro planeta.
Donde las personas gobiernen, decidan, elijan y sean respetadas por sus conocimientos, aptitudes, saberes y experiencias. Donde “ser diferente” sea considerado “lo normal”.
Por último, quiero dejarles esta frase de Mariano Moreno que comparto y a la que adhiero convencida que así efectivamente es, sólo que le cambiaría la palabra “hombre” por la de “persona”:
"En vano se harán grandes esfuerzos por el bien público, en vano provocarán congresos, promoverán arreglos, y atacarán las reliquias del despotismo, si los pueblos no se ilustran, sino se vulgarizan sus derechos, si cada hombre (persona) no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe. El derecho no nace de la letra sino de la acción que lo lleva a la práctica"
Fuentes citadas y bibliografía consultada.
(1) Manual de Capacidades Técnicas y de Gestión. Consejo Nacional de la Mujer del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, 2003.
(2) y (3) CDPD, en adelante, la Convención: Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad sancionada por la ONU en Diciembre de 2006 y ratificada por Argentina en Mayo de 2008 mediante Ley Nacional Nº 26.378.
La Convención se concibió como un instrumento de derechos humanos con una dimensión explícita de desarrollo social. En ella se adopta una amplia clasificación de las personas con discapacidad y se reafirma que todas las personas con todos los tipos de discapacidad deben poder gozar de todos los derechos humanos y libertades fundamentales. Se aclara y precisa cómo se aplican a las personas con discapacidad todas las categorías de derechos y se indican las esferas en las que es necesario introducir adaptaciones para que las personas con discapacidad puedan ejercer en forma efectiva sus derechos y las esferas en las que se han vulnerado esos derechos y en las que debe reforzarse la protección de los derechos. Disponible en: http://www.un.org/spanish/disabilities/default.asp?id=497.
(3) Artículo 24 de la CDPD - Educación
(3) “Superar la exclusión mediante planteamientos integradores en la educación. Un desafío, una visión”. Documento Conceptual. UNESCO, 2003.
(4) Según estimación de la EDDES (España) Encuesta sobre Discapacidad, deficiencias y estados de salud, INE, IMSERSO, ONCE, 1999, casi medio millón de mujeres con discapacidad permanecen invisibles en sus casas, con una escasísima participación social, y muchas de ellas, no son conscientes de los derechos que pueden y deben ejercitar.
En Argentina no existen estadísticas desagregadas sobre género, discapacidad y trabajo remunerado, específicamente, aunque la ENDI
(Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad), complementaria del Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2001, fue realizada en las principales localidades del país entre noviembre 2002 y el primer semestre de 2003 y reportó la siguiente información:
Total: 2.176.123 personas con discapacidad de las cuáles 1.010.572 son varones y 1.165.551 son mujeres.
Aclaración de la autora: considero que esta cifra es bastante más elevada, ya que no se tuvo en cuenta la población de hogares, geriátricos, hospitales y pueblos de menos de 5000 habitantes.
”La Encuesta Nacional de Personas con Discapacidad (ENDI) constituye el documento oficial con base estadística más importante que se haya elaborado para conocer la prevalencia de personas con discapacidad en nuestro país y su situación educativa, laboral, de inserción social, de acceso a servicios de salud, etc. Como tal, es empleada para la definición de políticas públicas y para la asignación de recursos.
Sin embargo, los resultados que arroja no se condicen con estudios realizados en otros países ni con la realidad que enfrentan a diario no sólo las personas con discapacidad sino las organizaciones que las nuclean y representan. Esto obliga a un análisis critico de la ENDI”
Lo citado entre comillas ha sido escrito y expuesto por Eduardo Joly, Sociólogo, en las Jornadas sobre Discapacidad y Universidad “Reconocer la diferencia para proteger la igualdad”, en el año 2006. Disponible en: http://www.rumbos.org.ar/podemos-confiar-en-la-endi
(5) CEDAW: Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer. Aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en Diciembre de 1979. Ratificada por Argentina en el año 1985 mediante Ley Nº 23.179.
La Convención tiene como finalidad eliminar efectivamente todas las formas de discriminación contra la mujer, obligando a los estados a reformar las leyes con tal fin y discutir sobre la discriminación en el mundo. En su artículo 1, la CEDAW (por sus siglas en inglés) define la discriminación contra la mujer como:
Cualquier distinción, exclusión o restricción hecha en base al sexo que tenga el efecto o propósito de disminuir o nulificar el reconocimiento, goce y ejercicio por parte de las mujeres, independientemente de su estado civil, sobre la base de igualdad del hombre y la mujer, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural, civil o en cualquier otra esfera. También establece un programa de acción para poner fin a la discriminación por razón de sexo: los Estados que ratifican el Convenio tienen la obligación de consagrar la igualdad de género en su legislación nacional, derogar todas las disposiciones discriminatorias en sus leyes, y promulgar nuevas disposiciones para proteger contra la discriminación contra la mujer. También deben establecer tribunales y las instituciones públicas para garantizar a las mujeres una protección eficaz contra la discriminación, y adoptar medidas para eliminar todas las formas de discriminación contra la mujer practicada por personas, organizaciones y empresas. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Convenci%C3%B3n_sobre_la_eliminaci%C3%B3n_de_todas_las_formas_de_discriminaci%C3%B3n_contra_la_mujer
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Revista Vivir Triunfando
http://www.revistavivirtriunfando.com/vivirtriunfando/contenido/74
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Pobreza. Género y Cambio Climático
Ponencia presentada en el II Foro Iberoamericano de Desarrollo Sostenible Rosario 2013
Recientemente la CEPAL ha definido a la pobreza tomando en consideración sus diversas dimensiones y, además de entenderla como una expresión de la carencia de recursos económicos o de condiciones de vida que la sociedad considera básicos, ha destacado la importancia de enfoques como el de la exclusión social, el de las capacidades y el participativo, por lo que actualmente la considera un fenómeno de múltiples facetas y causas.
Sumando estas dimensiones, y analizándolas profundamente, es preciso darse cuenta por qué podemos hablar de “feminización” de la pobreza, por qué las mujeres son la mayoría de los/as pobres del mundo y por qué la pobreza tiene género.
Hoy ya nadie discute que la pobreza afecta de forma diferente a mujeres y hombres. Que la división sexual del trabajo, en la que la mujer está destinada al espacio doméstico realizando tareas no remuneradas, y participando en ámbitos comunitarios, donde tampoco recibe retribución alguna por su trabajo reduce de manera significativa sus posibilidades de acceder al espacio público, así como también limita y coarta las posibilidades de las mujeres de tener una vida abundante y económicamente próspera.
La desigualdad de oportunidades que afecta a las mujeres para acceder al trabajo remunerado perjudica sus posibilidades de tener autonomía económica.
“… La división del trabajo por sexo, al asignar a las mujeres el espacio doméstico, determina la “desigualdad en las oportunidades que ellas tienen como género para acceder a los recursos materiales y sociales (propiedad de capital productivo, trabajo remunerado, educación y capacitación), así como a participar en la toma de las principales decisiones políticas, económicas y sociales”. Bravo, 1998 p.63...”
Para continuar analizando la correlación que existe entre pobreza, género y sus consecuencias es preciso definir qué es el sexo, qué es el género y qué significa la perspectiva de género, y llegar a precisar más sucintamente de qué forma las relaciones inequitativas que se establecen en la sociedad contribuyen a perpetuar la desigualdad y la pobreza.
El sexo se refiere a las características biológicas que traemos al nacer y que nos definen como un macho o una hembra. Pertenece al orden de la naturaleza.
El género es un sistema de normas y conductas que regula las actividades de las personas y establece qué es lo propio de “la mujer” y qué “del varón”. Dentro de este sistema se coloca a los varones en una posición dominante y activa, mientras que las mujeres adoptan una posición subordinada y pasiva en la que se desvalorizan y/o negativizan las prácticas y proyectos femeninos.
El género es, además, una construcción cultural que se aprende e internaliza mediante el proceso de socialización al que estamos sometidos todas y todos, desde que nacemos y que se da en las familias, las escuelas, las iglesias, los clubes, los medios de comunicación.
La perspectiva de género es un instrumento de análisis que nos permite desentrañar cómo estas relaciones jerárquicas e inequitativas afectan el desarrollo personal y la vida de las mujeres que deberán soportar hasta el encierro y la violencia, en ocasiones, por depender económicamente de un hombre para su subsistencia.
“… El enfoque de la exclusión social estudia las características estructurales de la sociedad que generan procesos y dinámicas que excluyen a los individuos o a los grupos de la participación social plena. Hace especial referencia a la distribución de las oportunidades y los recursos para la superación de la exclusión, y al fomento de la inclusión tanto en los mercados de trabajo como en los procesos sociales…” (*)
Sin duda alguna vivimos en una sociedad aún hoy y a pesar de todos los avances, que destina a una mayoría de mujeres al espacio doméstico, impidiendo de esta manera su participación en ámbitos productivos como lo son el político, económico y público.
Si bien una importante cantidad de mujeres ha logrado salir, avanzar significativamente y lograr su independencia financiera, es bien cierto que existe el denominado “techo de cristal” por lo que aún les resulta dificultoso llegar a espacios en los que pueden usar su poder de decisión y, en muchos casos, aún teniendo poder de decisión, están rodeadas de hombres que no les permiten y/o que les ponen trabas cuando deciden trabajar por el progreso de sus congéneres.
Por su parte, en el enfoque participativo los/as pobres definen a la pobreza a partir del análisis que ellos/as mismos/as hacen de su realidad e incluyen los aspectos que consideran significativos. Desde este punto de vista, la superación de la pobreza pasa por el empoderamiento de los/as pobres. (Ruggeri, Saith y Stewart, 2003; Arriagada, 2003).
Así como la superación de la pobreza pasa por el empoderamiento de los/as pobres, el adelanto y progreso de las mujeres, pasa por el empoderamiento de las propias mujeres, entendiendo (y tanto ellas como ellos) que es realmente utópico pretender que las sociedades avancen y tengan un nivel de vida realmente cómodo, encaminado a un estado de bienestar, si la mayoría de la población aún no ha logrado insertarse satisfactoriamente en el mercado laboral y no percibe remuneración económica alguna por su trabajo cotidiano.
Es como pretender que en una casa de diez personas prosperen económicamente sólo con el trabajo y aporte de tres o cuatro personas. A menos que hayan logrado adquirir una industria o empresa sumamente rentable, no será posible, siempre resultará que lo que ingresa es menor que lo que egresa en gastos, alimentación y otros.
Un capítulo aparte merece la situación en la que se encuentran las mujeres rurales, quiénes realizan aportes día a día a la economía del hogar y a la sociedad, sin recibir reconocimiento ni mención alguna, ni remuneración acorde a su trabajo y a sus contribuciones para el desarrollo de la comunidad toda.
En este sentido, se encuentran casi en el mismo nivel que las mujeres con discapacidad, que son relegadas a la condición de no-mujeres o de medio-mujeres y una importante cantidad de personas –que no tienen relación y conocimiento directo de la discapacidad— suponen que viven “del aire” o de la caridad y la limosna y no tienen en cuenta los aportes que día a día realizan con su trabajo, muchas veces no remunerado y otras, mal remunerado y por el cuál tampoco obtienen reconocimiento alguno.
Relación entre cambio climático, pobreza y género.
La correspondencia entre estos tres factores es directa y hay mecanismos de transmisión que van a influir en la vida de las personas, y especialmente en la de las mujeres. Uno de ellos será la baja de la productividad agrícola que podría sumar 600 millones más de personas en riesgo de malnutrición. El segundo tiene estrecha relación con el agua, que es un vector que atraviesa todos los niveles de bienestar. Es aún considerable la cantidad de personas que no tienen acceso al agua potable y utilizan agua contaminada para beber, cocinar e higienizarse, y que ni conocen ni alcanzan a comprender los riesgos a los que se exponen con este uso.
Si bien el primer objetivo ante catástrofes naturales es la supervivencia, no podemos desentendernos de los efectos que a mediano y largo plazo tienen estos sucesos en el desarrollo de las personas. Se calcula que niños y niñas que han nacido en lugares donde ha habido sequías e inundaciones tienen entre un 35 y un 50 por ciento de tener problemas de malnutrición al llegar al quinto año de vida. Y este es un efecto en cadena, pues cuando un niño o niña tiene problemas de malnutrición a los cinco años, tiene comprometida su capacidad cognitiva, motriz y verá limitada su posibilidad de tener un ingreso en el mercado laboral con igualdad de oportunidades.
Y, una vez más serán las mujeres, las que, en su mayoría tendrán que hacerse cargo de estos niños y niñas, así como de su alimentación, vestido, atención y educación. Por lo que verán retrasadas –una vez más– sus posibilidades de acceder a una vida independiente económicamente.
Por último, quiero que observen que los países más vulnerables son los que tienen menos recursos para brindar el auxilio necesario a la población en caso de emergencia. Y son también, los que en mayor medida dependen de la cooperación internacional.
Y los países más vulnerables son quiénes menos han contaminado y quiénes menos contaminan al Planeta. Son a quiénes les ha sido y les son explotados sus recursos naturales y poblaciones durante años y años por los países que denominamos “desarrollados”.
Por eso es que hoy, más que nunca, trabajar por los derechos humanos y la justicia social es trabajar por la equidad e igualdad entre los géneros, entre personas con y sin discapacidad, entre las etnias, las religiones, las clases y superar las divisiones por que sólo con el conocimiento, entendimiento y apoyo de toda la sociedad estaremos en condiciones de afrontar y poder sobrellevar las emergencias climáticas a las que el Planeta nos someterá, como devolución por no dispensarle el cuidado apropiado en el momento justo, como devolución por haber conformado sociedades en las que sólo impera el culto al consumismo, al egocentrismo, al “Sálvese quién pueda” y el “a mí no me va a pasar”. Y el total desconocimiento e indeferencia por lo que es la ecología, el cuidado del medio ambiente y lo que significa trabajar por el respeto y la observación de conductas que no lo afecten.
Cambio climático y Derechos Humanos. Algunas cifras…
n 1400 millones de personas en el mundo viven bajo la línea de pobreza. Un 70% de ellas son mujeres.
n Diariamente mueren 5000 niños y niñas por enfermedades relacionadas con la falta de agua potable y saneamiento.
n El riesgo de sufrir un evento climático extremo se incrementa notablemente en los países en desarrollo donde una de cada 19 personas se verá afectada, mientras que la cifra es de una en 1500 en los países desarrollados. Es decir que un/a ciudadano/a de un país en desarrollo tiene 80 veces más probabilidades de verse afectado/a que un/a de un país desarrollado.
n El 80% de la población mundial vive en países cuyas diferencias de ingresos siguen aumentando.
Como conclusión, quiero dejarles esta reflexión:
Sólo será posible la liberación de los pueblos, su progreso y su desarrollo democrático cuando la equidad y la igualdad inter-géneros sea una realidad.
Ni siquiera en las situaciones de más grave crisis puede posponerse el actuar en favor del respeto por la equidad y la igualdad entre mujeres y varones.
La Causa de la Mujer tiene que ser la causa de toda la Humanidad.
(*) Cuadernillo “Entender la pobreza desde la perspectiva de género”
Unidad Mujer y Desarrollo – CEPAL - UNIFEM - República de Italia - Santiago de Chile, enero de 2004.
Publicado por El Blog de Silvia Mirta Valori en 19:38 No hay comentarios:
RESPONSABILIDAD SOCIAL Y EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE
RESPONSABILIDAD SOCIAL Y EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE: UN TEMA QUE NOS INCUMBE Y AFECTA A TODOS Y TODAS.
Ponencia presentada en el II Foro Iberoamericano de Desarrollo Sostenible. Rosario 2013
“No tenemos otro mundo al que nos podemos mudar” dijo hace ya algunos años el Escritor Gabriel García Marquez.
“No hay mundo B” pregonan y difunden en grandes letras escritas sobre pancartas los grupos de personas activistas y trabajadoras por el respeto al medio ambiente en la Cumbre de Copenhague y en otros sitios.
Continuamente se realizan conferencias, debates, congresos y actividades para concientizar y tratar de atenuar los efectos que ya está produciendo el calentamiento global; se habla mucho del cambio climático aún hoy, como si fuera algo lejano y que está fuera de nosotros y de nosotras, de nuestro país y de nuestra casa.
Aún no hemos tomado conciencia que el problema está aquí y es ahora, que nos afecta o nos puede afectar en cualquier momento. Que es un hecho que puede cambiar dramáticamente nuestras vidas para siempre. Que es algo que le puede ocurrir a cualquiera de los aquí presentes y ausentes también.
Estimo que es algo muy similar a lo que pasa con la discapacidad. Cuando se habla y se trata de sensibilizar y concientizar sobre esta temática, las personas se refieren a ella como algo que no les pertenece, que no les afecta y que “quién sabe” si algún día las afectará, por lo tanto, hablan, hablan, pregonan y, tal vez escuchan, pero nada más, ningún cambio se produce realmente luego.
Son dos temas semejantes y paralelos, que observamos como “lejanos” y “ajenos” y que aún sabiendo que podría llegar a afectarnos, hacemos lo mínimo posible por reducir los riesgos y sus efectos.
Les pregunto: alguno de los/as aquí presentes hace algo para reducir los efectos del calentamiento global? Sensibilizamos a nuestros/as allegados/as o seguimos dejando que hagan y piensen lo que quieran? Somos conscientes que de los actos de cada uno/a también depende el hecho o la posibilidad de contaminar menos? Que separar la basura entre orgánica e inorgánica es algo que podemos hacer hoy y ya, y que además, es imprescindible para no producir tanta basura? Que cuidar el agua, utilizándola racionalmente es algo que contribuirá a que se utilicen menos químicos dañinos para purificarla y volverla apta para el consumo? Nos damos cuenta que los niños, niñas y adolescentes son los que tienen que conocer y observar todo aquello que está relacionado con el cuidado del medio ambiente por que serán los/as adultos/as del mañana, un mañana que se presenta incierto en cuanto a todo, pero especialmente en cuanto al clima? Conocemos y nos interiorizamos acerca del uso y abuso de agroquímicos en las plantaciones de soja, de tabaco y otras, y también en las de verduras, hortalizas y frutas? Sabemos que cualquiera de estos pesticidas, plaguicidas, fertilizantes, y etc. son venenos a los que comemos y metemos en nuestro cuerpo junto con las verduras, frutas y granos?
Qué sabemos sobre el mal que causa al organismo consumir productos transgénicos? Hemos puesto atención en que los cánceres, malformaciones y leucemias que sufre una importante cantidad de personas están o pueden estar directamente relacionados con el uso y abuso de agroquímicos, tanto por su utilización en huertas y parcelas como en los campos en los que hacen “llover” desde las avionetas sobre los cultivos y sobre todo animal, planta y persona que estén ubicados/as a menos de mil metros a la redonda?
Voy a establecer un paralelismo para que comprendan y comparen el uso del RAID/ FUYÍ (venenos en aerosol) contra las moscas y mosquitos con aquellos que “caen” desde las avionetas. Así como las moscas y mosquitos perecen a causa de este veneno, las personas, animales y plantas no perecen de una vez o a causa de una sola vez que las rocían, sino que van acumulando ese veneno en sus células hasta que estas se degeneran y empiezan a mutar, para de alguna manera resistir y no morir y a causa de esta mutación aparecen los tumores, enfermedades del sistema inmunológico y las denominadas “malformaciones” o “degeneraciones” del organismo que ocasionan discapacidades.
Y, si todos los días sumamos a nuestro cuerpo una gota minúscula de veneno, sea por que está en el aire, en el agua o en los alimentos, con el paso de los años desencadenará en el organismo algún malestar. Y si una mujer embarazada es rociada por agroquímicos o vive en lugar donde hay venenos en el aire (que penetran por la piel), y/o bebe agua intoxicada y/ o come alimentos contaminados será su bebé o beba quién sufra las consecuencias, por la sencilla razón que es un organismo pequeño, de poco peso y puede llegar a tener dificultades – como la están teniendo hoy varias mujeres – para tener al bebé, o hará un aborto espontáneo y/o el niño/niña nacerá con algún problema congénito.
(Fuente: “El uso inadecuado de los Venenos Agroquímicos en los cultivares de soja y sus efectos sobre la Salud humana. Autor: Dr. Darío Roque Gianfelicci. Disponible en: http://www.monografias.com/trabajos28/uso-inadecuado-venenos-agroquimicos-cultivares-soja/uso-inadecuado-venenos-agroquimicos-cultivares-soja.shtml
Además, si cualquiera de nosotros y de nosotras, tuviéramos el peso de un mosquito, mosca, a estos venenos les bastaría una sola vez para matarnos.
Son VENENOS, No son agroquímicos, llamemos a las cosas por su nombre y son tan poderosos, que existe una docena de ellos que están prohibidos en el mundo desarrollado por los trastornos infinitos, impredecibles y en cadena que desenvuelven, mientras que acá, en toda la Argentina y en América Latina los utilizan sin ningún tipo de precaución. Y son tan peligrosos y contaminantes que Estados Unidos no permite ni que se fabriquen en todo su territorio, y es así que se fabrican en Panamá. Esto ocurre, por ejemplo, con un derivado del tristemente célebre “Agente naranja” que se utilizó en la guerra de Vietnam y por el que varias personas quedaron con trastornos neurológicos severos.
Acá se está usando ese veneno derivado del agente naranja en los campos para plantar soja, es una denuncia que se viene haciendo desde los grupos ambientalistas y no se logra detener el uso de este agroquímico que compromete gravemente la vida, toda la vida.
Ahora bien, la mayoría de las personas que acá estamos conocemos y sabemos de todo esto. Y qué hacemos? Presentamos Recursos de amparo y solicitamos a los/as Abogados/as que presenten Recursos de amparo para que dejen de fumigar los campos y de rociar las verduras, hortalizas y frutas con estos químicos venenosos?
Exigimos comprar comida sana sin agregados químicos? Sabemos que podemos hacerlo? Conocemos nuestro derecho a vivir en un ambiente sano y descontaminado?
Claro que lo sabemos! Claro que conocemos nuestros derechos! Por que estamos suficientemente sensibilizados/as y concientizados/as sobre todo esto! Pero qué hacemos? Las veces que intenté que en mi pueblo, Villa Clara en Entre Ríos (Departamento Villaguay) se interpusiera un Recurso de amparo me cansé de buscar un/a Abogado/a que lo hiciera. Nadie quiere “meterse” en esto. Nadie, ningún abogado quiere ni “se arriesga” a ir en contra de los intereses económicos del o la Intendente, y de los/as que, supuestamente son “los que dan trabajo” en el lugar, los que compran y manejan, por ello, la vida y el destino de las personas que viven allí.
Hasta estuve hablando con el abogado de la Municipalidad de Villaguay, para que él interpusiera el Recurso de amparo y nunca lo logré, por más que le envié suficiente información vía correo electrónico de la que nunca recibí respuesta.
Yo soy una privilegiada que pudo irse del lugar, y tratar de hacer algo desde otro sitio, pero muchos/as de los/as que allí viven no se pueden ir, no tienen los recursos económicos ni tampoco quieren irse de allí y tampoco tienen por qué irse. En realidad, quiénes deben retirarse o dejar de contaminar son quiénes utilizan estos venenos.
Esto es lo mismo que si en mi casa yo dejo que entre todos los días un señor o señora a echar RAID o FUYI y no hago nada, con el tiempo, todo el lugar estará envenenado y yo estaré sufriendo las consecuencias, y soy yo quién ha permitido que entre esta persona a envenenar el ambiente. La tierra, el campo, la ciudad, el pueblo, es mi casa, es la Casa de Todos y Todas, NO hay Otra CASA. Es la única que tenemos, NO podemos seguir dejando que contaminen el ambiente impunemente. No podemos seguir dejando que inconscientemente y arbitrariamente envenenen el aire, la tierra, el agua unas pocas personas en detrimento de otras muchas.
Sólo por ganar más dinero. Hay que ver qué van a hacer con el dinero cuando no tengan dónde usarlo…
O no lo piensan? O no se dan cuenta?
También es necesario mencionar aquí a las personas que REALMENTE NO SABEN lo que viene ocurriendo desde hace unos 20 años o un poco más. Pero que notan que se ha incrementado notablemente el número de personas enfermas con cáncer, leucemias (y de niños y niñas) y que nacen con problemas congénitos y creen que esto ocurre sin causa, así como así o que hay un Dios que castiga, que es malo y permite que ocurran tales problemas.
Señoras y Señores Presentes y también va para los/as Ausentes, es mucho más lo que hoy podría decirles acerca de la contaminación y sus graves consecuencias, pero me interesa remarcar especialmente algunos puntos:
n Que les quede claro que los efectos de la contaminación es un problema que afecta y concierne a todos y todas, y que podemos contribuir para que contaminen menos, fumiguen menos, dañen y nos dañen menos…
n Que es preciso crear conciencia de derechos, que mi lugar, mi casa, mi pueblo, mi río, mi arroyo, mi agua, mi aire, no debe ser fumigado/a, envenenada ni contaminada por que tengo derecho a vivir en un medio ambiente sano y libre de contaminación…
n Que en las familias, escuelas, colegios, universidades, iglesias y medios de comunicación es menester hablar, educar y enseñar sobre todo aquello que afecta al medio ambiente y que todo lo que afecta al Medio Ambiente Afecta y Daña a la Vida, al Hombre, a la Mujer, al Niño, a la Niña, al Animal, a la Planta, etc, etc, etc.
n Que se formulen y sancionen leyes de protección de las personas en contra de los que fumigan y contaminan aire, suelo, agua, campos y alimentos y que sean SANCIONADOS con penas de PRISIÓN Y MULTAS EN EFECTIVO.
n Que trabajar hoy por los Derechos Humanos es trabajar, sensibilizar, concientizar por el Derecho a vivir en un ambiente sano y libre de contaminación.
n Que todos y todas pensemos y nos demos cuenta que La Tierra es Nuestra Casa y que si no la cuidamos ¿adónde vamos a vivir?
Publicado por El Blog de Silvia Mirta Valori en 19:33 No hay comentarios:
Publicación en el Blog de Infobae.com
En el día de ayer salió publicada mi experiencia personal con el Teletrabajo en el Blog de Infobae, por lo que les paso el enlace y agradezco a Sonia Boiarov que siempre está investigando y trabajando por incluir la temática que relacionan a las personas con discapacidad, el trabajo y el teletrabajo
http://blogs.infobae.com/teletrabajo/
Publicado por El Blog de Silvia Mirta Valori en 9:50 No hay comentarios:
Género, discapacidad y acceso al empleo decente
"Mujer, discapacidad y acceso al empleo decente"
Mujeres, condicionamientos de género y pobreza.
* Según investigaciones, si se contabiliza el trabajo doméstico, las mujeres constituyen el 66% de la mano de obra mundial, y poseen el 1% de la riqueza producida.
* Las mujeres configuran el 70% de los pobres y más del 65% de los analfabetos del planeta.
* 1.500 millones de personas en todo el mundo viven con un dólar o menos por día: la mayoría son mujeres.
* En todo el mundo, las mujeres ganan –en promedio – sólo un poco más de la mitad de lo que ganan los hombres. (1)
He comenzado mi análisis colocando el resultado de estas investigaciones con la idea de llamar la atención sobre las excesivas desigualdades que aún persisten, y reflexionar acerca de los roles subvalorados y subordinados que soportan las mujeres –y que perpetúan la discriminación de género-- no sólo en Argentina y en América Latina, sino también en la mayoría de los países del mundo.
Es quizás ésta, la repuesta a una educación regida por un modelo patriarcal y, ¿porqué no también? por una supuesta “objetividad científica” que con su discurso de racionalidad, imparcialidad y universalidad ha logrado imponerse desde épocas remotas.
Ha sido la propiedad privada el eje conductor del surgimiento y el sostén de la estructura de poder patriarcal y esto ha permitido la consolidación de relaciones jerárquicas rígidas que limitan las potencialidades y derechos del sexo femenino, cuyo “poder” fue reducido al área privada, más específicamente a la doméstica, a lo maternal y a los afectos, privándola del disfrute de la vida social, sexual, laboral, intelectual, entre otras restricciones. De esta manera, se impone en la historia de la humanidad una nueva forma de discriminación social.
Es esta estructura de poder patriarcal que limita el compromiso y la acción política de las mujeres y trae como consecuencia, que las pocas veces que se comprometen y actúan (o que lo han hecho – y que consiguieron llegar a puestos de conducción y mando—) se hayan comportado como hombres y convertido en “mujeres masculinas” y, cuando se equivocaron, fueron tratadas con el mayor rigor y despiadadamente, como si los hombres no fallaran nunca, como si hubieran errado o actuado desatinadamente por el sólo hecho de ser mujeres.
La escasa participación y ocupación por parte de las mujeres de los lugares de poder –y, en consecuencia, de los sitios donde se toman las decisiones— da como resultado que no existan casi programas, ni planes ni proyectos para lograr revertir esta situación discriminatoria.
Además, la mayoría de las mujeres que acceden a puestos de poder y/ o de autoridad no son conscientes de la discriminación de género y, habitualmente se comportan como hombres o dicho de otra manera son “mujeres masculinas” y, en ocasiones, más sexistas aún que los hombres mismos.
Esto debería hacernos reflexionar acerca de cómo tendríamos que ubicarnos dentro de las tensiones que surgen entre poder patriarcal, objetivismo científico y compromiso político.
Traemos un bagaje cultural que es pesado y gigantesco, que a lo largo de miles de años de subordinación y de ocupar esferas diferentes –las mujeres, el ámbito privado; los hombres, el ámbito público—ha permitido la subordinación al pensamiento científico de “objetividad” así como también al sistema patriarcal dominante, por lo que hará falta mucha pericia y paciencia para revertir esta situación y para que las mujeres emerjan sanas y salvas de ella y que accedan a los puestos de poder, allí donde se toman las decisiones importantes.
Hay que ocupar los ámbitos jerárquicos para influir de manera drástica sobre los medios de socialización y explorar, denunciar y trabajar para que se eliminen los sesgos de género y la discriminación que a causa de ello, soportan las mujeres.
Se tienen que ocupar aquellos sitios desde donde se instrumentan las reformas en salud, desarrollo, producción y seguridad social, y, especialmente, desde donde se plantean y se adoptan los modelos que regirán la educación, en todos los niveles.
La clave es la Educación. Está perfecto que la teoría feminista del conocimiento enfatice acerca del estudio, la formación y que comunique sobre la igualdad, la diferencia, la imparcialidad, la subjetividad moral, la autonomía y la epistemología, pero más que nada, tiene que difundir y lograr que todo esto llegue a la mayoría de mujeres, porque lo teórico, sin la practica y sin la acción, pierde valor; o sea, si existe en los libros, pero a esos libros casi nadie tiene acceso o pocas los leen, por desconocimiento o por la causa que sea, por más que pensemos, escribamos y teoricemos al respecto, las mujeres –y todos los demás grupos oprimidos—continuarán ocupando los lugares que “los poderosos” las/os han destinado desde siempre.
Si la mayoría de personas subordinadas del mundo pertenecen al sexo femenino, si el trabajo de las mujeres casi no se tiene en cuenta en los PBI nacionales ni mundiales, si la mayoría de los trabajos de la mujer son invisibles, si la mayor parte de las pobres del mundo son mujeres y si sólo poseen el 1% del capital mundial, habría que preguntarse si no sólo están mal las relaciones de género, si no que es todo el sistema lo que no funciona.
Rorty sostiene que “la solidaridad humana no depende de una noción metafísica rara de “humanidad” ni de “naturaleza humana”. Más bien se presenta en esas ondas cada vez más amplias de simpatía que vuelven “más difícil marginar a las personas diferentes de nosotros”. (2)
Podríamos apelar a la “solidaridad humana” para dejar de marginar e infravalorar a las personas “diferentes”, sean del sexo que sean.
Estimo que hay que concientizar acerca del tema a las propias mujeres y preguntarles a esas mujeres dominadas, subordinadas, si son conscientes de la situación. Y también si desean salir de ella, y pasar a ser “protagonistas” “ciudadanas”, “electoras”, “votantes”, “usuarias”, “vendedoras”, “productoras”, “consumidoras” o si, en cambio, desean seguir con sus costumbres y tradiciones.
Creo que las mujeres no somos tan “iguales” y aquello que consideramos “ideal” para unas, no lo es para otras. Las diferencias intrasexos son a veces mucho más fuertes y están aún más marcadas que las intersexos. Cierto es que conspiran los medios de socialización para mantener las desigualdades, pero no es menos cierto que los movimientos de mujeres vienen “luchando” desde hace bastante tiempo y que aún no se han obtenido resultados significativos.
Esto me lleva a cuestionar lo siguiente ¿es que las mujeres se sienten bien así, en la situación de sumisión que están o es que ni siquiera suponen, desean o se plantean que les corresponde ocupar un lugar mejor?
Estimo que es imprescindible educar y formar a las personas e incluirlas en las discusiones sobre ciudadanía, igualdad, equidad, libertad y derechos, porque la mujer sigue estando sometida al hombre tanto en la esfera pública, como en la privada y se mantiene intacta la división sexual del trabajo en casi todas las esferas sociales.
Obligar a examinar y analizar las tradiciones, las costumbres y las instituciones desde todos los puntos de vista.
Corregir todos los sesgos de género.
Establecer los principios en los que se debe inspirar la legislación en materia de igualdad, y, en particular, cualquier legislación para lograr la equidad en los puestos de trabajo y en los haberes que se perciben.
Lo que Eisenstein sostiene acerca de que “la igualdad debe abarcar la generalización, la abstracción y la homogeneidad, así como la individualidad, la especificidad y la heterogeneidad” es lo más acertado y es lo que tendría que ponerse en práctica en todos los ámbitos, así como también que “seguiremos necesitando alguna forma de distinguir entre las diferencias inevitables, las elegidas y las que sencillamente nos han sido impuestas”. (3)
Asimismo, se debe eliminar por completo la idea de que la política es un asunto para individuos/as abstractos/as, para personas cuyo sexo es lo de menos. Y saber que la justicia social significa tener en cuenta la posición de desventaja que ocupan los grupos oprimidos y conocer los planes y programas que se ponen en marcha para solucionar esa situación.
Por último, y en cuanto a la igualdad, la representación y la justicia, resulta mucho más convincente no oponer lo particular a lo general, ni lo sexualmente específico a lo universal, sino subrayar el juego existente entre ambos.
Es con la educación que se forma y se transmiten comportamientos correctos y actitudes hacia las personas en virtud de su sexo biológico, y nos enseñan a tener conductas y sentimientos “de mujeres” o “de varones” y, lo que resulta bueno y permitido para uno de los sexos no lo es ni lo está para el otro, lo cuál hoy se conoce y se difunde con el nombre de sexismo.
Es imposible hablar de feminismo sin hablar de sexismo.
“… Al sexismo, practicado tanto por mujeres como por varones, lo entendemos como la supremacía de lo masculino, a través de la invisibilización y la exclusión de la mujer. Si nos remitimos al lenguaje, que también tiene un contenido sexista, en varias ocasiones la desigualdad radica en el "orden de las palabras", otras en el contenido semántico de los vocablos. De cualquier manera, el principal escollo deriva de la pertenencia del castellano a las lenguas con género, categoría gramatical que afecta no sólo a la determinación de los nombres sino a la de los artículos, adjetivos o participios en régimen de concordancia con el sustantivo.
Por lo tanto, se considera al masculino como término genérico y válido en consecuencia para uno y otro sexo, que tiene, desde el punto de vista social, un claro efecto de exclusión, de reforzamiento de estereotipos…” (4)
Así tenemos que “el gobierno, el estado, el comercio” aparecen como ámbitos de varones, en el que no sólo los que autorizan, certifican, adjudican, compran, pagan son los varones sino también los que declaran, solicitan, apelan, los denunciados, los propietarios de inmuebles, los infractores de tránsito. Pero no sólo lo administrativo y comercial, por su lenguaje, está enmarcado o se lo percibe como un mundo de varones sino también el mundo de las noticias, de la cobertura periodística y de los medios. Cientos de investigaciones han exhibido cómo las mujeres son ignoradas, trivializadas y despreciadas por las palabras que se usan para describirlas. A las mujeres se les niega una existencia autónoma al adjudicarles títulos que las distinguen sobre su estado conyugal (“Señora vs. Señorita” y “Señora de…”). Y son definidas además por su rol familiar, mientras que los varones son definidos por sus roles ocupacionales. Por otra parte, muchas adjetivaciones vinculadas a las mujeres tienden a tornarse peyorativas a lo largo del tiempo. Por ejemplo "mujer pública” no representa lo mismo que “hombre público", y si “atrevido” significa osado, valiente; “atrevida” significa insolente, mal educada. La palabra “aventurero” alude a un individuo audaz, arriesgado, pero no sucede lo mismo con la expresión “aventurera” que nos representa simbólicamente a aquella mujer que le gustan los festines, las orgías y cosas por el estilo y así podría seguir con otros varios ejemplos. Es necesario reflexionar que los términos y el lenguaje son muy importantes, como ya lo han establecido varias investigaciones, debido a que las palabras generan y transmiten pensamientos, tanto es así que hoy podemos darnos cuenta de dónde provienen nuestras ideas, prejuicios y limitaciones según el género al cuál pertenecemos.
La pobreza y las mujeres
Hace un tiempo atrás leí el libro “El banquero de los pobres” de Muhammad Yunus – al que recomiendo expresamente que lean quiénes aún no han entendido el porqué de la pobreza, el por qué vivimos en un mundo que está poblado por pobres, y por qué las más pobres entre las pobres son mujeres –
“Tres semanas después de que el comité Nóbel noruego anunciase que el economista Muhammad Yunus de Bangladesh y el banco que él fundó hace 30 años ganasen el premio Nobel de la Paz, la Cumbre del Microcrédito anuncia que más de 113 millones de familias recibieron pequeños préstamos el año pasado para comenzar o ampliar pequeñas empresas, 83 millones de las cuales eran de las más pobres del mundo. (5) El informe 2006 incluye los datos compilados de más de 3.100 instituciones de todo el mundo y declara que de los 82 millones de beneficiarios, los más pobres, el 84% son mujeres”. (6)
El libro de Yunus nos indica que hay que hacer algo ya y ahora para eliminar el flagelo de la pobreza entre las mujeres en el mundo y para ello hay que impulsar y facilitar su acceso y permanencia en dos ámbitos esenciales: el comercial y el público.
Estimo que para llegar a revertir, en gran parte, esta pobreza que está cimentada en la subordinación y los roles que adoptan las mujeres –que fueron, son y siguen siendo subvalorados, postergados y negativizados– es necesario entender y comprender y que toda la sociedad, también, entienda y comprenda al género, como un sistema de normas sociales que regula la actividad y las conductas de las personas según su sexo biológico, en el que a las mujeres se las sitúa en una posición de desventaja y que en este sistema existe una valoración negativa de las prácticas y proyectos femeninos;
que el género es una variable y no una constante, puesto que las normas de género varían no sólo entre las culturas, sino también dentro de ellas en función de dimensiones como la clase, la raza, la edad, el estado civil, la preferencia sexual, la religión, etc., por lo tanto, el género no es una variable independiente. Dicho de otra forma, “no existe un concepto de género puro o abstracto, que se pueda aislar teóricamente y estudiar independientemente de la clase, la raza, la edad, el estado civil”; (7)
que cultural y socialmente vivimos inmersas y condicionadas por la educación que recibimos y que imparten las familias, instituciones, escuelas, religiones y medios de difusión que son los responsables y encargados de la transmisión de los “mandatos sociales” que nos son inculcados durante todo el proceso de socialización.
Las condiciones de pobreza y de analfabetismo en las cuáles una gran mayoría de mujeres sobrevive sólo podrán ser cambiadas si estas mismas mujeres se comprometen políticamente, por lo que “una aproximación feminista a la ética debe ofrecer una guía para la acción que tienda a subvertir y no a reforzar dicha subordinación. Por tanto, dicha aproximación debe ser práctica, no utópica ni transicional, y por ello, una extensión de la política y no un abandono de la misma. (8)
Sólo cuando las mujeres y los varones, todas las mujeres y todos los varones, entiendan y comprendan al género y los condicionamientos que establece el género, estaremos en condiciones de acceder a la verdadera igualdad, porque seremos consideradas y nos consideraremos todas y todos dentro de la categoría de “personas”, sujetas de derechos.
Aún así, y a partir del panorama descrito, sabemos que en las últimas décadas ha aumentado considerablemente la actuación, el número y la permanencia de mujeres en todos los ámbitos sociales. Resulta imperioso analizar, entonces, por qué no ha ocurrido lo mismo con la inclusión de las mujeres con discapacidad que aún hoy permanecen invisibilizadas y forman parte de un sector social que se ignora, que no forma parte de la agenda pública ni tampoco está incluido en los planes y políticas sociales.
Los datos estadísticos reflejan una realidad en la que muchas personas por ser mujeres y tener una discapacidad tienen escasas posibilidades de desempeñar un trabajo digno, viven con una pensión mínima, recluidas en el hogar cuidando a otros miembros de la familia y sin reconocimiento, consideradas con una visión infantilizadora y victimista como personas incapaces. Todo ello las hace más susceptibles de sufrir malos tratos psicológicos y físicos…” (9)
El modelo social de la discapacidad, legitimado por la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con discapacidad que Argentina ratificó en 2008, pone de manifiesto que la discapacidad de una persona es mayor o menor según el entorno social en el que se desenvuelve y las ayudas técnicas y personales a las que tiene acceso, es decir, una persona es menos discapacitada o más discapacitada según el lugar en el que vive y desarrolla sus actividades y según la tecnología, ayudas, adaptaciones y apoyos personales de los que dispone. Este es un cambio de paradigma por que la discapacidad se sitúa en el exterior de los/as individuos/as, no en el interior, como venía sucediendo.
Además, es necesario pensar y considerar a la “discapacidad” como una manera u otra forma más de vivir sin que esta manera o forma de vivir implique ni angustia ni sufrimiento. Nadie “sufre por la discapacidad” (a menos que tenga dolores o malestares, pero eso le puede ocurrir a cualquier persona, tenga o no discapacidad) lo que realmente “se sufren” y “se padecen” son las barreras arquitectónicas, actitudinales, del transporte y las limitaciones en cuanto al acceso a los diversos ámbitos, y especialmente, al ámbito laboral.
Porque para disfrutar de autonomía y vivir de manera independiente hay que acceder a una buena educación, tener un empleo digno y percibir un haber que posibilite tal independencia.
En el año 2001, la Organización Mundial de la Salud (OMS), junto con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aprobó la Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la Salud (CIF), que enfatiza el funcionamiento (factor positivo) y no la discapacidad (factor negativo).
“Se abandona el modelo lineal de interpretación (deficiencia - discapacidad - minusvalía) para pasar a un modelo multifactorial en la relación entre el funcionamiento humano y los estados de salud. Los factores contextuales cobran fuerza (personales y ambientales). El funcionamiento humano es un continuo que no puede ser dividido entre lo que es normal y lo que no lo es. Es importante destacar que los factores ambientales pueden ser considerados como facilitadores o barreras, en función de cómo se relacionen con la realidad funcional de la persona, la realización de una actividad o el desempeño de un rol social. Entre los factores ambientales están el diseño de los entornos, servicios y productos en general, y de tecnologías de apoyo, en particular”. (10)
Es por eso que hoy podemos definir a la discapacidad (o diversidad funcional) como:
“el resultado de la interacción entre una persona que tiene una determinada condición de salud y el contexto ambiental en el que se desenvuelve…” (11)
Se ha instalado ya en algunos sitios el cambio de paradigma en la discapacidad el cuál implica pasar del modelo médico hegemónico, con una concepción individualista, que concibe a la discapacidad como consecuencia de una enfermedad, a un modelo social, integrador e inclusivo. Así, el modelo médico promueve la dependencia de las personas y desvaloriza sus potencialidades, y oculta también la diferencia de trato que soportan las mujeres respecto de los varones con discapacidad. En este viejo modelo, no existirían varones y/ o mujeres, sino discapacitados.
Por el contrario, el nuevo paradigma es aquel que concibe a la discapacidad como temática sociocultural, donde es la sociedad la que define y discrimina al "diferente" o a “la diferente”. Lo que señala la responsabilidad del conjunto para evitar la vulneración de los derechos y para promover la incorporación de las personas en igualdad de condiciones a las de toda la población.
Tradicionalmente, la sociedad ha tendido a aislar y a segregar a las mujeres con discapacidad, y a pesar de los logros y avances obtenidos en los últimos años, este tipo de discriminación sigue representando un problema grave y alarmante.
Se habla de doble discriminación cuando en realidad se las somete a una discriminación múltiple. Conocido es que ser mujer y tener discapacidad son dos factores que, aliados, aumentan el sexismo, la precariedad laboral, el analfabetismo y la violencia.
Las mujeres con discapacidad en la Argentina y en el mundo se encuentran con un alto nivel de desempleo, salarios inferiores, menor acceso a los servicios de salud, mayores carencias educativas, escaso o nulo acceso a los programas y servicios dirigidos a mujeres en general, mayor riesgo de padecer situaciones de violencia y todo tipo de abusos; y esta realidad se agrava por las dificultades para lograr modificaciones y/o cambios culturales tales como los hábitos, las creencias y los estereotipos a nivel familiar y social.
Es significativo destacar, asimismo, la importancia de la imagen social de la mujer con discapacidad y su autopercepción. Puedo decir que forman parte de un grupo social que soporta la invisibilidad y el aislamiento – quién no es visible = no existe –
Y, cuando los medios de difusión intervienen en la construcción de la imagen de la mujer con discapacidad, la elaboran no ajustada a los cánones de belleza femeninos generales, lo que contribuye a distorsionarla y a disminuir su autoestima.
Además, en las asociaciones o grupos o reuniones de mujeres, las mujeres con discapacidad son vistas, todavía hoy, como personas dignas de lástima o consideradas “inferiores” o “sufrientes” y no se las percibe “como mujeres”, es decir, no entran en la categoría de lo que es “ser mujer” ni para la mujer misma.
En las asociaciones o grupos de varones (llámense empresas, organizaciones) tampoco son consideradas ni incluidas, por lo que dije más arriba: no han sido preparadas ni formadas y, lo más importante, no cumplen con el estereotipo de “mujer adorno” ni con “la buena presencia”.
En las asociaciones de personas con discapacidad no llegan a ocupar puestos jerárquicos, por lo general, y son vistas en un nivel inferior o como "esposas", o sea, se las llama para preparar y servir el café, atender el teléfono o enviar cartas, pero no a la hora de tomar las decisiones.
“… El vínculo de la perspectiva de género con el modelo social de la discapacidad brinda facetas inexploradas que nos conducen a un nuevo campo para la comprensión de la discriminación en nuestras sociedades, y a la elaboración de estrategias para redefinir relaciones sociales en términos más justos y equitativos con una noción de ciudadanía que incluya a todas y todos.
Incorporar la perspectiva de género en forma transversal en la temática de la discapacidad tiene como objetivo promover la sensibilización, difusión y concientización con relación al tema de la doble o múltiple discriminación que soportan las mujeres con discapacidad por ser mujeres y por ser personas con discapacidad. Sensibilización como una condición para mejorar la calidad de nuestra vida y de nuestras relaciones…” (12)
Discapacidad y derecho al empleo decente.
Aún cuando sindicatos, empresas, organismos públicos, profesionales de la rehabilitación y personas con discapacidad poseen, a veces, perspectivas diversas deben unirse y exigir puestos de trabajo dignos y con sueldos acordes a la tarea desarrollada.
Los sindicatos se encuentran en un lugar de privilegio para unir a estos grupos sociales y consolidar ambientes de trabajo en el que estén incluidas las mujeres con discapacidad, en un empleo digno y desempeñándose junto a todas las demás personas.
“… La Oficina Internacional del Trabajo (OIT) celebró la adopción unánime de una nueva Convención para las personas con discapacidad en las Naciones Unidas, por considerar que es un tratado sin precedentes que beneficiará a millones de personas cuya dificultad para encontrar empleo debido a su exclusión social genera un costo estimado de 1.9 billones de dólares anuales.
La OIT destacó que las disposiciones sobre trabajo y empleo incluidas en la nueva Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad producirán un cambio importante y podrán beneficiar a unas 470 millones de personas en edad de trabajar que son discapacitadas. El nuevo instrumento surge como el primer tratado importante de derechos humanos que se suscribe en el siglo XXI.
La Convención representa un cambio sin precedentes en la forma en que la legislación internacional aborda los temas de discapacidad. Cuando promovemos los derechos y la dignidad de las personas con discapacidad estamos potenciando a los individuos, fortaleciendo a las economías y enriqueciendo a las sociedades en general. Este tratado indica el camino hacia la independencia y la dignidad del trabajo decente…" (13)
Mujer con “discapacidad” y acceso al Empleo decente y bien remunerado.
Es tarea de la educación concientizar que la discapacidad o la diversidad funcional es parte de la humanidad y, por lo tanto, no puede ser mal vista y combatida como si fuese un mal o un estorbo para la sociedad.
“... discapacidad implica mucho más que problemas físicos... Reducir el abordaje y el estudio de la discapacidad a la rehabilitación médica es como confundir el problema de la mujer en la sociedad con la ginecología o encarar el problema del racismo desde la dermatología...” (14)
Partamos de concebir a la discapacidad como una forma más de vida, una diversidad más dentro de la biodiversidad, incluyendo en todos los ámbitos sociales a las personas que tienen discapacidad, “... disolviendo rótulos que separan y definen: “normal” de “anormal”, “standard” de “especial”...” (15)
La inclusión de las mujeres con “discapacidad” debe iniciarse durante el proceso de sociabilización en las familias, en las iglesias y en los medios de comunicación, seguir con la educación y continuar con el empleo porque no puede ni debe separarse la ecuación:
{educación + empleo bien remunerado + buenas relaciones sociales + vivienda decente + atención y cuidado de la salud + confianza en sí misma = vida digna y autónoma}
Es interesante reflexionar que la inserción laboral de las mujeres con discapacidad resulta favorable para el Estado en la medida que éste no tiene que hacerse cargo de cuestiones asistenciales. Aunque para lograr la independencia y el auto valimiento es indispensable contar con asistencia personal, de la que sí el Estado tiene que hacerse responsable y pagarle a los/as asistentes personales de aquellas mujeres que los/as necesiten, porque esto es lo que posibilitará definitivamente la inclusión con equidad de todos y todas, sin importar el grado de limitación física y/ o sensorial que tengan.
Hoy en día no estamos en condiciones de pedirle a una mujer con discapacidad que tiene 40 ó más años, y que nunca ha realizado tareas fuera de su hogar, que depende casi completamente de la asistencia familiar que vaya a buscar un empleo o que salga de su casa y estudie. Como tampoco estamos en condiciones de decirle a una mujer accidentada y que ha quedado con –por ejemplo—una hemiplejía que continúe con las actividades habituales, porque la rehabilitación no cumple con esta singularidad, antes bien, fomenta la dependencia y la subvaloración.
Esta nueva manera de pensar y de concebir a la discapacidad tiene que integrar la currícula de las/os docentes, ser transmitida por la educación y formar parte de la cultura porque así se beneficiarán a más personas con discapacidad (y a la sociedad toda, en consecuencia) logrando, en un futuro no tan lejano que puedan acceder al empleo o que continúen en sus puestos –quizás realizando otro tipo de trabajo—para el caso de que tengan un accidente y el efecto les impida, por alguna razón, desempeñar el anterior—
Resulta imprescindible la introducción en la enseñanza del nuevo paradigma si queremos educar para un Estado de bienestar y de igualdad.
Hay que reformar la educación por completo, desde la base y desde el principio, instruyendo a las personas en derechos y en deberes y formarlas para que sean patrones y no sólo peones.
Una Educación que nos enseñe cómo se gana el dinero y no sólo cómo gastarlo.
Educar a las personas para que no les provoque vergüenza y/o cobardía el acto de vender, y educar a quiénes compran a respetar a quiénes venden, así como también a la inversa. Tener una educación en la que se dignifique el acto de vender y no sólo el acto de comprar y que las mujeres y todas las personas observen y se den cuenta que vender, vendemos siempre, ya sea nuestra profesión, nuestro trabajo, nuestras ideas, artículos, objetos, etc. Y que esa es la forma de ganar dinero, de poder vivir y mantenerse de manera independiente y, por ahora, no existe otra.
Por que la educación mediante el currículo oculto y subliminalmente nos enseña a mantener las desigualdades, a comprar sí y a vender no, a ser empleadas y nunca dueñas ni patronas, ni dirigentes.
Prejuicios, mitos y estereotipos acerca de las mujeres con “discapacidad”
Los prejuicios pueden definirse como actitudes hostiles y/ o negativas hacia un grupo particular basadas en las generalizaciones derivadas de información imperfecta o incompleta.
Todas las formas de prejuicio tienen su raíz en la negativa a identificarse con la realidad de una persona; de esta manera se la deja aparte de la comunidad humana (se coloca a un lado aquello que no se quiere ni para sí, ni para los/as demás)
Además, en general se tiende a pasar por alto la información que va en contra de los propios prejuicios.
Se puede decir que los prejuicios tienen tres partes: la afectiva, la cognitiva y la del comportamiento.
- Afectiva: prejuicio: “No me gusta esta persona, no me gusta esta situación”. Ante las personas que hay prejuicios se generan emociones negativas, y este puede ser el motivo por el cual, en algunas ocasiones, se producen situaciones negativas.
- Parte cognitiva: Son las creencias, los valores y las expectativas que asumimos con el grupo por el que tenemos el prejuicio.
- Parte del comportamiento: tendencia a actuar, a tener un comportamiento hacia el grupo o hacia las personas acerca de quiénes se tienen prejuicios.
“… De tal manera que las mujeres con discapacidad son las primeras que realizan anticipaciones estereotipadas –o prejuiciosas—en sus relaciones con personas sin discapacidad, lo que les disminuye y les limita su desarrollo “normal” como personas adultas, ya que ellas mismas son portadoras de absurdos prejuicios que, aunque injustificados saben que están firmemente arraigados en las cabezas de las personas que las rodean y que, por tanto, condicionan --pudiendo incluso llegar a determinar-- la percepción que hacen de ellas…” (16)
Las mujeres con discapacidad de nuestro país, son vistas (y se perciben algunas de ellas) como “medio-mujeres” o como “no-mujeres”, determinando de esta manera su invisibilización ya que no es común ni corriente verlas ni en las calles ni en los centros comerciales, ni en los lugares de diversión, deportes y/ o cultura ni en las zonas donde, habitualmente, las demás personas participan de la vida social.
Así, forman parte de un grupo social invisible, acallados sus reclamos entre los de las mujeres sin discapacidad y los de los varones con discapacidad. Y limitada su presencia a aquellos lugares donde sí hay otras personas con discapacidad, a los que son llamadas o en los que son aceptadas por su condición de “mujeres”, “hembras”, o sea, “sujetas deseantes o deseadas” por quiénes se consideran “sus pares” (varones con discapacidad) y no por otra característica.
La invisibilidad es violenta y no es democrática, y no es democrática porque casi siempre recae sobre los sectores más postergados como lo son las mujeres, las/os ancianas/os y los/as niños/as.
Se puede afirmar que hay una discriminación en la invisibilización que siempre recae sobre aquellos sectores que en el imaginario social no existen – por que no se los ve – y ni siquiera se llega a pensar en ellos como destinatarios de planes, programas y políticas sociales.
Estereotipos acerca de las mujeres con “discapacidad”:
Los estereotipos son modelos que, generalmente, están cargados de características negativas y que implican los conocimientos y las creencias que se tienen respecto a alguna cosa y/ o persona. Es una creencia pero funciona como un esquema, con un marco conceptual que nos ayuda en nuestra comunicación y a relacionarnos con los/as demás.
Se puede afirmar que los estereotipos son una forma de categorizar al mundo. No son fijos, no son inmutables, sino que son una expresión directa del cambio en el sistema de valores de una sociedad. Generalmente se piensa mediante estereotipos.
Los estereotipos existen en todos los lugares y en todas las culturas y conocerlos es bueno para saber cómo actuar en determinados sitios.
“Los estereotipos son fórmulas receta que nos permiten catalogar sin esforzarnos a una persona o situación “...Cuando los estereotipos son aplicados a las personas convierten a todas las personas con algún atributo determinado en clones unas de otras; existe una tendencia a la igualación o equiparación. Los sujetos parecidos son, en cierto sentido, intercambiables. Así, las estimaciones: “musulmán-terrorista” “empresario-millonario” “inmigrante sin papeles-delincuente” “mujer con discapacidad-medio mujer” son fórmulas sociales que generan categorías sociales basadas en un solo atributo. Para ello es imprescindible que el estigma, el atributo, homogenice a todos los afectados, impidiendo cualquier matiz que obligaría al abandono del estereotipo, por ejemplo: musulmán y pacifista, inmigrante y empresario. Ésta es una estructura de pensamiento que atrapa incluso a las propias mujeres con discapacidad que también son portadoras de los estereotipos más comunes sobre la discapacidad física.” (17)
¿Qué son los mitos?:
“… Los mitos son construcciones o narraciones transmitidas a través de los años, que prescriben pautas de conductas que sirven para pensar la realidad y actuar aceptadas por la mayoría de una comunidad. El mito, que es una creación cultural, se presenta como un configurador de valores e impone un modelo dado. Se va conformando, de este modo, un sistema de creencias que se expresa en pensamientos y conductas.
Se podría decir, en una primera aproximación, que la existencia de mitos en la sociedad actual tiene mucho que ver con la imagen que cada uno/a posee de sí mismo/a y de los/as demás. Una de las claves de nuestra cultura es, precisamente, la idea de imagen, de mensaje, de manipulación de las personas por medio de un conocimiento de sus motivaciones más profundas.
Por ejemplo, y en cuanto a los mitos sobre la violencia familiar es muy común escuchar: “A las mujeres objeto de violencia les debe gustar, de lo contrario no se quedarían entrampadas en esa situación”. Se dice que si ellas quisieran detener el abuso buscarían ayuda externa o abandonarían y acusarían a sus agresores. Sin embargo, las mujeres víctimas de violencia no presentan, por lo general, características masoquistas...” (18)
Algunos prejuicios sobre las mujeres con discapacidad
- Son “anormales”, raras, defectuosas.
¿Y qué es la “normalidad”? ¿Lo relativo a la “norma”? ¿Quién establece la “norma” o el modelo o la regla? ¿En base a qué pautas y medidas?
Es interesante reflexionar al respecto que la diversidad es la condición humana como “norma” o, dicho de otra manera que “ser diferente” es –ó tendría que ser— “lo normal”.
Además las “normas” nos han sido impuestas en el siglo XIX por hombres, de género masculino, blancos, europeos, de clase media y sin discapacidades. Es tiempo de dejar de observar tales pautas que incluyen a una porción pequeña de la población mundial total y dejan afuera a la mayoría.
- Están enfermas – “pobrecitas”—y merecen compasión.
Este mito viene del “modelo médico” en el cuál se enfatiza “la enfermedad” que ha producido la discapacidad y aquello “que no se tiene” o lo que “se padece”, concibiendo a la “discapacidad” como una característica objeto de curación y/ o de reparación y en la que se coloca a las personas en situaciones de subordinación y dependencia sometiéndolas a largos tratamientos con el afán de lograr la “normalidad” y junto con ella poder alcanzar la felicidad o la vida plena.
Podría seguir enumerando mitos, estereotipos y/ o prejuicios, pero estimo que estos dos ejemplos son muy ilustrativos.
Lo que se propaga, circula y se cree, en la mayoría de las ocasiones respecto a las personas que tienen discapacidad no es real, forma parte del imaginario social, de ideas que se han difundido y han sido tomadas como ciertas sin serlo.
Es imperioso desmitificar la temática para que todas las personas que son portadoras de una diversidad funcional puedan vivir dignamente.
Desestabilizar la teoría y desterrar los mitos, estereotipos y prejuicios para que las mujeres con discapacidad sean formadas y tengan acceso al empleo decente es responsabilidad de los hombres y mujeres con y sin discapacidad del Mundo entero.
Trabajo – Teletrabajo – Género – Discapacidad. Nuevos conceptos. Nuevos paradigmas. Nuevas posibilidades.
En la antigüedad, el mundo de las ideas era lo más importante (no como hoy, que es el mundo económico) y el trabajo físico era denigrado y relacionado con actividades penosas. La palabra trabajo deriva de Tripalium (en latín) que es un instrumento de tortura, lo cuál quiere decir que el trabajo estaba relacionado con lo penoso, lo denigrante, lo que tortura.
Que tienen que ver con que la mayor cantidad posible de personas tengan acceso a estas tecnologías y al conocimiento, pero también, tiene que ver con que la mayor cantidad posible de empleadores y empleadoras, de pequeñas y grandes empresas conozcan y pongan en práctica esta importante y nueva modalidad de trabajo.
Se habla de un cambio de paradigmas y de un verdadero cambio cultural, y es interesante destacar que por el momento sólo se puede afirmar: que se habla por que todavía falta para que llegue el momento que no se tendrá en cuenta ni el género, ni la apariencia física ni el color, ni la orientación sexual ni la discapacidad de las personas ni otras características. Vamos rumbo a un nuevo mundo en el que las personas serán valoradas por lo que son: personas, seres humanos que día a día realizan infinitos aportes a la sociedad en la que viven y se desenvuelven. Es necesario que un número crítico de individuos/as acepte estos principios para que se conviertan en nuevos modelos, para que se instalen estas transformaciones culturales. Será algo así como la gota que colma el vaso lo que hará posible un cambio de paradigmas, el fin del patriarcado y la conciencia universal que las cosas así como están no pueden seguir.
Recién estamos saliendo de un modelo mercantilista de trabajo en el que un gran número de personas, y especialmente las mujeres y las personas con discapacidad no son reconocidas como trabajadoras y no reciben pago por su contribución para que las sociedades crezcan y mejoren.
Sólo será posible la liberación de los pueblos, su progreso y su desarrollo democrático cuando la equidad y la igualdad entre los géneros sea una realidad.
(1) Notas Informativas de la Asamblea General de Naciones Unidas. Junio, 2000. Manual del Consejo Nacional de la Mujer para Facilitadoras/es. “Mujer, Equidad y Trabajo”. Nueva edición, 2007.
(2) RORTY, Richard. Contingence, Irony and Solidarity, Pp XVI.
(3) EISENSTEIN, Zillah. The Female Body and the Law. Berkeley: University of California Press, 1989.
(4) SERAFINI, Mirta. “Sexismo” – Análisis redactado para el Consejo Nacional de la Mujer del cuál fue Directora de Comunicación.
(5) Informe de la Fundación Un Sol Mon de la Obra Social Caixa Catalunya, España, disponible en: http://obrasocial.caixacatalunya.es/osocial/idiomes/2/fitxers/solidaritat/campaign06_cas.pdf
(6) Informe 2006, disponible en www.microcreditsummit.org
(7) SPELMAN, Elizabeth. 1989.
(8) JAGGAR, Alison M. “Ética Feminista: algunos temas para los años noventa”. (El subrayado es mío)
(9) BLANCO ENGIDO, Encarnación. Mesa Redonda “Mujer, discapacidad y justicia”. I Congreso Internacional sobre Mujer y Discapacidad. Valencia, España, 2003.
(10) LLORIA, Mariano; en Revista Minusval, IMSERSO (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales de España) y Asociación Valenciana de Ayuda a la Parálisis Cerebral, 2006.
(11) Fundación PAR “La discapacidad en la Argentina”, Buenos Aires, 2006, página 175.
(12) Cuadernillo de Género y Discapacidad del Equipo Interinstitucional. Serie “Cuadernillos” Consejo Nacional de la Mujer del Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales.
(13) Disponible en:
http://www.ilo.org/global/About_the_ILO/Media_and_public_information/Press_releases/lang--es/WCMS_080639/index.htm
(14) y (15) CORIAT, Silvia Aurora. “Lo urbano y lo humano. Hábitat y discapacidad”
Fundación Rumbos. Librería Técnica CP67 S.A. Universidad de Palermo. Madrid, 2003.
(16) y (17) ZARCO, Juan y GARCÍA DE LA CRUZ, Juan José. “El espejo social de la mujer con gran discapacidad” Editorial Fundamentos, Madrid, 2004.
(18) Manual de Capacitación. Serie “La violencia contra las mujeres en el ámbito de las relaciones familiares” Consejo Nacional de la Mujer.
Publicado por El Blog de Silvia Mirta Valori en 19:20 No hay comentarios:
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