Source: https://www.slideshare.net/cext/protagonismo-de-la-mujer-en-las-corrientes-migratorias-espaolas
Timestamp: 2017-05-23 09:31:44+00:00

Document:
Protagonismo de la mujer en las corrientes migratorias españolas
inmigracion en argentina 1880-1930
by micamavi
Globalizacion cultural -_cesar_ruiz
by Monica Alahe
Cultura, desarrollo y globalización
by Jose Pablo Quiros A
Consolidacion del castellano
by LIZETH2013
Como cualquier fenómeno, las migraciones también pueden mirarse de cerca. Este estudio pone el ojo en la figura de la mujer y habla de ella como protagonista directa de la emigración (en el caso de aquellas que se marcharon) y también como participante indirecta (por todas aquellas que guardaron el hogar mientras la familia cruzó la frontera).
José BABIANO MORA
E S PA Ñ A
Manuel BARROS / Pilar CAGIAO VILA
Luís M. CALVO SALGADO
Victoria CASTRO / Pilar DOMÍNGUEZ PRATS
Ana FERNÁNDEZ ASPERILLA
Mª Pilar FREIRE ESPARÍS
Manuel LÓPEZ FARALDO
José C. MOYA / Nancy PÉREZ REY
María Xosé RODRÍGUEZ GALDO
Raúl SOUTELO VÁZQUEZ / Leonardo VELLÉS españolas
VISIBILIDAD. DATOS. HOMENAJE. En el comienzo y
en la matriz de estas páginas, tres palabras escritas con letras
mayúsculas. Son tres vocablos para reivindicar en la panoplia de
un nuevo libro, con el que el Grupo España Exterior quiere
incluir a tantas y tantas mujeres españolas que movieron la rueda
de la Historia de la Emigración. Su director y editor, el periodis-
ta Francisco Gómez-Soto, manifestaba con clarividencia la inten-
ción de su iniciativa en la “Descripción del proyecto” y “Objeto
del estudio” que me hizo llegar para emprender las labores de su
redacción, coordinación y materialización:
La realidad migratoria entendida como un aspecto natural de los dife-
rentes pueblos y naciones ha tenido siempre, y sigue teniendo todavía
a día de hoy, interés desde el punto de vista social. Este fenómeno lleva
implícitas una serie e derivaciones sociológicas que sin duda requieren
un tratamiento especial desde el punto de vista de la investigación
social que pueden aportar conclusiones interesantes al análisis de la
emigración en su conjunto. Analizar la emigración en España, a partir
de la Revolución Industrial, desde la perspectiva femenina es el propó-
sito de este trabajo de investigación. Porque el papel desarrollado por
la mujer española en la diáspora merece una atención especial como
reconoce la propia Ley 40/2006, de 14 de diciembre, del Estatuto de la
ciudadanía española en el exterior (...).
Uno de los aspectos que el Grupo España Exterior, con su amplia tra-
yectoria informativa y experiencia contrastada también en el sector de
la edición de libros especializados en temática de emigración (como el
reciente Ciudadanos Españoles en el mundo. Situación actual y reco -
rrido histórico) ha considerado interesante destacar, dentro de los
movimientos migratorios españoles, es el papel que la mujer ha repre-
sentado tanto directa como indirectamente; directamente, siendo ellas
las protagonistas de la emigración, al desplazarse profesionalmente a
otros países o bien acompañando a sus respectivas familias e indirecta-
mente, considerando la cuestión femenina desde la perspectiva de la
permanencia en su domicilio mientras era su familia la que tenía que
desplazarse a otros países.
Puesto que los estudios específicos que le dan protagonismo a la mujer
en el fenómeno migratorio son escasos, el contenido innovador de este
estudio de investigación justifica su realización por entender que el
papel de la mujer en la emigración española requiere un tratamiento
específico, un protagonismo y un reconocimiento del que ha carecido
Bajo criterios así se construyó este volumen que titulamos
–con pleno acuerdo entre editor y coordinador–, El protagonismo
de la mujer en las corrientes migratorias españolas.
VISIBILIDAD. DATOS
Voici mon secret. Il est très simple: on ne voit bien qu’avec le coeur.
[He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón.
Lo esencial es invisible a los ojos].
(Antoine de Saint-Exupéry, Le Petit Prince / El Principito, 1943)
El protagonismo de la mujer en las
corrientes migratorias españolas
Según las cifras ofrecidas por la ONU, algunas fuentes
hablan de una tasa del 49% para fijar la proporción de mujeres
emigrantes en los tiempos más recientes. Durante el quinquenio
2000–2005, el conjunto de los migrantes internacionales pasaría
de 175 a 191 millones de personas a nivel mundial1. De este últi-
mo total, 94,5 millones (49,6%) son mujeres. Y la autora mexica-
na Martha Luz Rojas escribe que “a pesar de esta revelación esta-
dística, en la mayor parte de los casos, la participación de las
mujeres en los movimientos migratorios permanece invisible, en UNITED NATIONS,
particular cuando se trata de analizar dicha participación en los Trends in Total Migrants
Stock: Revision 2005,
flujos migratorios”2. Si los datos son así de reveladores a escala New York, Department
planetaria, con seguridad que también merecen atención en el Affairs, United Nations,
caso de España en el período contemporáneo, desde el último ter- 2006.
cio del siglo XIX y hasta las postrimerías del XX, cuando varios (2)
ROJAS WIESNER, M. L.,
centenares de miles de féminas transitaron asimismo los caminos “Mujeres y emigración
y mares del éxodo, convirtiéndose en emigrantes plenas. en la frontera sur de
México”, en Amérique
A esta realidad se dirigen las reflexiones iniciales de dos Latine Histoire et
Mémoire. Les Cahiers
profesores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), ALHIM, 14, 2007 [en
en las áreas de Historia Económica –María Xosé Rodríguez línea]. Consulta
8/1/2009. Se trata de un
Galdo– y Geografía –Francisco Durán Villa–. En este frontis- número monográfico de
los Cahiers ALHIM dedi-
picio literario ella alude al lugar y la presencia de las mujeres cado al estudio de las
españolas en la emigración, y él a lo que califica como “exporta- mujeres latinoamerica-
nas y las migraciones
ción invisible”, la de las mujeres españolas emigrantes. Ambos [Femmes latino-américai -
nes et migrations], publi-
artículos nos muestran consideraciones genéricas y de género, cado por un grupo de
prestando atención al debate historiográfico sobre el tema, la investigación sobre
América Latina de la
legislación y las estadísticas en la emigración femenina. Universidad Paris VIII.
Es una propuesta histo-
Intentar reconstruir la Historia y la Memoria de la emigra- riográfica –que compar-
ción de las mujeres españolas es una labor ardua, como coinciden timos–, la cual intenta
conjugar el binomio
en afirmar varios de los colaboradores de este libro, y las ausen- Memoria – Historia.
cias son mayores en el campo del asociacionismo femenino. Esto
no es óbice para que contemos con el fruto de las investigaciones
de Pilar Cagiao Vila sobre asociacionismo de mujeres españolas
en el extranjero y de José Babiano Mora, quien en coautoría con
Ana Fernández Asperilla nos ofrece datos sobre las mujeres
emigrantes en Europa. La presencia de la mujer en otros espacios
americanos, del norte y del sur del continente, se recogen en las
aportaciones de Pilar Cagiao con Nancy Pérez Rey (Estados
Unidos) y José Carlos Moya (Argentina).
De vuelta a Galicia, al medio ru ral y a la Histori a
Económica, Mª Pilar Freire Esparís dedica su estudio a la femi-
nización de las explotaciones agrarias familiares, como consecuen-
cia de la circunstancia migrat o ria. Y desde las Islas Canarias –otro
espacio con plus emigrante– nos han llegado los trabajos de Teresa
González Pérez (Te n e ri fe ) y Pilar Domínguez Prats (Las
Palmas). Son dos contri buciones muy diferentes, p e ro muy ade-
cuadas para su inclusión en un libro misceláneo como éste. La pri-
mera se centra en la emigración de la mujer canaria a A m é rica (“el
sueño americano”) –con referencias además a la Historia de la
Educación de las emigrantes isleñas–, y la segunda incide en un
aspecto que no puede obviarse al tratar las temáticas migrat o rias:
la emigración política, el exilio de las mujeres rep u blicanas espa-
ñolas tras la Guerra Civil de 1936–1939, con una atención especí-
fica al caso de México como país receptor de estas transterradas.
Para mostrar aquí un sencillo pero sentido homenaje a las
migraciones femeninas –a todas luces bien merecido–, incluimos
un amplio capítulo de Testimonios, que reflejan historias de vida
de mujeres emigrantes / inmigrantes, recogidas de la memoria
Se inicia con la aportación de Raúl Soutelo Vázquez,
quien ha priorizado en sus líneas de investigación el papel de la
correspondencia epistolar. Durante muchos años fueron las cartas
privadas, en el ámbito de las redes familiares, el medio de comu-
nicación por excelencia para acortar las distancias, y estas útiles
fuentes epistolares son ahora objeto de estudio por parte de los
historiadores. He aquí un buen ejemplo de ello.
Además, la incorporación de esta colectánea de testimo-
nios ha hecho brotar en estas páginas otras ramas de las
Humanidades y de las Ciencias Sociales. A la Economía, la
Geografía y la Historia se han sumado la especificidad de la
Historia oral, el Periodismo y quizá un modus operandi más cer-
cano a las pesquisas antropológicas. Buena muestra de lo que
decimos es, en primer lugar, la contribución de Luís M. Calvo
Salgado cuando nos cuenta las experiencias de una trabajadora
en el mercado laboral suizo. Y ya a continuación las entrevistas
realizados por tres delegados del semanario España Exterior en
otras tantas capitales de países americanos: Leonardo Vellés
(Buenos Aires – Argentina), Manuel Barros (La Habana –
Cuba) y Manuel López Faraldo (Montevideo – Uruguay). Han
hablado y recogido los relatos de nueve mujeres, naturales de
varias Comunidades Autónomas españolas –Castilla y León,
Galicia, Andalucía, Asturias, Canarias, Valencia, Madrid–, pero
con una dilatada vida familiar y laboral en la América del Plata y
de la Gran Antilla, sus territorios de acogida. Para completar esta
sucinta panorámica, la periodista Victoria Castro ha recogido en
A Coruña las experiencias vitales de cuatro mujeres gallegas que
han protagonizado en primera persona la marcha a Europa
(Reino Unido, Suiza) o América (Venezuela, Uruguay) y que
ahora ya son emigrantes retornadas a la tierra matricial.
Como última temática de esta obra, una contribución de
Amancio Liñares que también busca el reconocimiento público
de las mujeres migrantes, a través de la reseña de la exposición
As mulleres tamén emigran (Las mujeres también emigran), que
se muestra en Galicia desde su inauguración en el pasado marzo
de 2008. El artículo saluda, además, la reciente aparición del
libro Mujer y emigración. Una perspectiva plural.
Escribí en la Guía de Lectura del libro Ciudadanos españo -
les en el mundo que “como sabemos, por muchas razones de peso,
le sienta bien el acento gallego a una obra que analiza, desde dis-
tintas ópticas, la emigración española durante los siglos XIX y
XX”. Y ahora lo re a firmo: un libro que también busca contribuir a
c o rregir tantas ausencias y ostracismos en el sístole / diástole
migrat o rio de las mujeres españolas va muy bien acompañado con
t i l d e, ritmo y cadencia gallegas. No es mera casualidad que varias
de las colab o ra d o ras y colaboradores de este volumen echen mano
de la feliz ex p resión rosaliana “viudas de vivos” (feliz por tan bien
lograda; ominosa por su significado más profundo), con la que
Rosalía de Castro (1837–1885), nuestra escritora gallega más uni-
versal, ha definido tan certeramente la condición de las mujeres
e m i grantes en sus versos “¡Pra Habana!”, en el poemario Follas
Nova s, 1880. Como sostienen recientemente los pro fesores galle-
gos J. Hernández Borge y D. González Lopo, las “viudas de vivos”
de Rosalía conforman una nueva “categoría” en el estado civil: al
h e cho de la emigración se le suma el verse obligadas a desarrollar
un papel fundamental en el lugar de origen, como consecuencia de
la marcha de los hombres. En este sentido, C. Brettell destaca que
en el área minhota del norte de Portugal las mujeres de los emi-
grantes solían vestir de oscuro , y por eso se les llamaba también
allí “viudas de vivos”3.
En el párrafo dedicado a los agradecimientos, siempre
necesarios en estos laboríos colectivos, deseo mencionar en pri-
mer término al director general del Grupo España Exterior y edi-
tor de esta obra, Francisco Gómez-Soto, que ha vuelto a depo-
sitar su confianza en mí y en mis capacidades para la elaboración
de este libro con tantas diásporas y en género femenino. Pero la
culminación de este encaje de bolillos analítico y bibliográfico,
en el que han trabajado manos femeninas y masculinas, debe
incluir otros nombres más: singularmente, los de los profesores
de la USC, Pilar Cagiao y Xosé M. Núñez Seixas –por regalarme
su tiempo una vez más, por sus aportaciones y sugerencias, en un
diálogo fructífero–; el del historiador Víctor Santidrián y la
Fundación 10 de marzo –por sus facilidades en la preparación de
mi contribución más específica al volumen–; el del filólogo HERNÁNDEZ BORGE, J.
Antonio Puentes, siempre atento a enriquecer la calidad lingüís- y GONZÁLEZ LOPO, D.
L., Mujer y emigración.
tica de mis textos. Y en plural, agradecimiento también al esfuer- Una perspectiva plural.
zo creativo de la nómina de profesionales que ha aceptado parti- Internacional, Santiago
cipar en la redacción de este libro, cumpliendo cortésmente los de Compostela, 23-24 de
noviembre de 2006, pro-
plazos y condiciones previstas. movido por la Cátedra
UNESCO 226 sobre
En fin, en El protagonismo de la mujer en las corrientes Migraciones, USC,
migratorias españolas “son todas las [mujeres] que están y no Santiago, 2008, p. 12;
BRETTELL, C., Homems
están todas las [mujeres] que son”. Creo que con este libro hemos que parten, mulheres
que esperan: consequên -
conseguido orquestar armónicamente el rigor académico, la cias da emigração numa
divulgación y la cosecha de testimonios, en aras a incrementar freguesia minhota,
Lisboa, Dom Quixote,
esa visibilidad de las féminas migrantes. Se ha trabajado en equi- 1991, p. 113.
po con un género de calidad. Y hemos diseñado, cortado y con-
feccionado un vestido femenino con todo el esmero y detalle de
los talleres de costura de las modistas clásicas. Esperamos que el
conjunto resultante posea una buena talla y caída; que esta estam-
pada pieza bibliográfica contribuya a vestir con utilidad y elegan-
cia el mundo tan común y tan disímil de la Historia de la
Emigración de la mujer en los solares hispánicos.
Lugar y presencia de las
mujeres españolas en la RODRÍGUEZ GALDO.
Una de sus líneas de investiga-
ción son los estudios migrato-
emigración exterior rios desde una perspectiva de
género. Sus publicaciones más
sobresalientes en este campo
comprenden libros como
Galicia, país de emigración
María Xosé RODRÍGUEZ GALDO (1993); O fluxo migratorio
galego dos séculos XVIII ó XX
Catedrática de Historia e Instituciones Económicas (1995); Galegos en México.
de la Universidad de Santiago de Compostela. Pasado e presente (2004); y de
otros libros en colaboración
como Retorno e inmigración
en Galicia (1991-2007). Unha
perspectiva demográfica
(2008); así como de, entre
otros artículos: “Emigración y
frenos maltusianos. Una lectu-
l estudio de las mujeres en los movimientos ra desde el análisis de las pri-
migratorios revela de forma especialmente clari fi- meras fases de la transición
demográfica en Galicia” en
cadora, como no podía ser menos por la amplitud Miscel.lània Ernest Lluch i
Martín. Vol.1 (2006); “Xénero
de los temas que concita, las limitaciones del paradigma e migracións. Unha lectura
androcéntrico, dominante por tanto tiempo en las ciencias dende a historia da mobilidade
da poboación em Galicia”
sociales. Interpretaciones inherentes al “discurso de la (2008). Fue editora de Galicia-
América. Cinco siglos de histo -
domesticidad”, forjado en los inicios de la implantación ria (1992), Galicia-América.
de las sociedades liberal-burguesas, aún permea las socie- Unha contribución bibliográfi -
ca (1992), O patrimonio cultu -
dades occidentales de nu e s t ros días. Y ello a pesar de los ral galego na emigración
(1995), Base bibliográfica da
notables avances legislativos, y de todo orden, que cono- emigración galega (1997),
cemos en las actuales sociedades democráticas. Esa per- Textos para a historia das
mulleres en Galicia (1999) y
vivencia fue posible también por su progresiva capacidad Crecimiento natural, cambio
demográfico y migraciones
de adaptación a una realidad cambiante, con las sucesi- (1999). También fue editora de
vas reelaboraciones del mismo que conocemos. Desde la revista Estudios Migratorios
(1995-1999), así como funda-
esta perspectiva, no sorprende tampoco que el discurso
María Xosé Lugar y presencia de las mujeres
RODRÍGUEZ GALDO españolas en la emigración exterior
... androcéntrico se proyecte con tanta frecuencia en las investiga-
dora y directora del
Arquivo da Emigración
ciones de estudiosos y estudiosas de nu e s t ra realidad migrat o-
Galega (1992-1999). ria. De la invisibilidad se ha pasado, en ocasiones, a la contem-
Además, dirigió el
Curso de Post-Grado en plación de la presencia femenina; pero no se trata de incluir
Estudios Migratorios y
mujeres donde antes no se constat aban –fase necesaria y mere-
(1999-2001), las cedora de reconocimiento historiogr á fico–, sino ante todo de
Exposiciones Galicia y
América. Cinco Siglos interp retar las razones de tal ex clusión.
de Historia (1992) y
Galicia y Australia.
Los estudios de género, reivindicando primero la necesi-
Viejos amigos (1999) y dad de una historia de las mujeres que permitiera rescatarlas de
es directora del Centro
de Estudios de su invisibilidad permanente para poder incorporarlas a la historia,
Población y Análisis de
única y por lo tanto global, de la humanidad, supusieron un pode-
(CEPAM) y de la revista roso salto adelante por su poder de cuestionar los sólidos funda-
virtual Migratio.
mentos de las sociedades actuales. No sorprende por ello que
altos organismos internacionales, como la Organización de
Naciones Unidas dediquen esfuerzos a recordar esta realidad, a
investigarla y a implementar acciones para poder erradicar efi-
cazmente las causas que la sustentan. En el tema más concreto de
las migraciones, OCDE, Cumbres de jefes de Estado y de gobier-
no de países iberoamericanos, por citar otros relevantes organis-
mos internacionales, se vienen ocupando también de la creciente
feminización de los flujos migratorios internacionales de la era
presente, lo que sin duda constituye un poderoso aliciente para
remover obstáculos intelectuales y conceptuales que dificultaban
La incorporación de la perspectiva de género en los estu-
dios migratorios ha permitido desentrañar el fundamento de la
habitual “invisibilidad” de las mujeres en dicho campo. Mayores
retrasos se acumularon en el estudio de la relación entre mujeres
y emigración mientras se mantuvo vigente la sociedad agraria
tradicional. Hecho más sobresaliente en países como Galicia, en
los que la repetición de la imagen de “viudas de vivos”, subscri-
ta por Rosalía de Castro en un famoso poema, parecería otorgar-
le otra preeminencia a la hora de interpretar la realidad migrato-
ria de Galicia.
1.-LAS MUJERES COMO “SUJETOS MIGRATORIOS”
EN LOS ESTUDIOS DE LA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA
Las mujeres como “sujetos migratorios” han permanecido
al margen en la mayoría de los estudios de la emigración españo-
la, de manera particular en la emigración que tiene como destino
América en el período que, en líneas generales, se corresponde
con la “emigración masiva”, o de la “gran emigración”, protago- De la invisibili-
nizada entre 1870 y 1930 fundamentalmente por gentes de la dad se ha pasa-
Europa del sur. En la emigración europea posbélica la atención do, en ocasiones,
prestada a la presencia de mujeres españolas en la misma ha sido, a la contempla-
sin embargo, algo mayor, como lo mismo se podría decir de las ción de la pre-
migraciones interiores, pero en la mayoría de los casos con un sencia femenina;
alcance también bastante limitado. pero no se trata
De ahí la necesidad de empezar insistiendo en este hech o de incluir muje-
res donde antes
fundamental, por las implicaciones que de ello se derivan, que
no se constata-
obligan a revisar cat egorías como “emigración familiar” ( ep í gra-
ban –fase necesa-
fe bajo el que mu chas veces se ha re l egado la presencia de las mis-
ria y merecedora
mas), y contraponer esta cat egoría con la de emigración lab o ral.
de reconocimien-
Desde una contemplación de la composición de los actua- to historiográfi-
les flujos migratorios internacionales –recordemos que según los co–, sino ante
datos aportados por el Fondo de Población de Naciones Unidas todo de interpre-
casi el 50% de las migraciones de principios de los años 90 fue- tar las razones
ron femeninas y su representación no ha dejado de aumentar– de tal exclusión.
puede sorprender la necesidad de reivindicar y hacer visibles a
las mujeres en relación con la emigración española. En una doble
perspectiva además. En cuanto protagonistas directas de los des-
plazamientos, y aquí nos detendremos especialmente en los ultra-
marinos, y en su papel de sostenedoras de la economía familiar
en ausencia del cabeza de familia, circunstancia que, en el con-
texto de una agricultura tradicional, se traduce en una feminiza-
ción de la explotación campesina, como está estudiado para casos
representativos de vigencia de agriculturas basadas en la peque-
ña explotación familiar (Mª. X. Rodríguez Galdo, Mª P. Freire y
A. Prada, 1999).
Con todo, la entidad alcanzada por los desplazamientos
laborales de las mujeres en las dos últimas décadas del pasado
siglo XX no era un fenómeno nuevo. Está bien estudiado como
ya desde los años 30 de ese mismo siglo las mujeres conforma-
ban en los EE. UU. de Norteamérica el grupo mayoritario de
inmigrantes. La escasa relevancia otorgada a los sistemas de
género en el estudio de las migraciones también se relaciona con
el predominio que han tenido en su análisis aquellos factores que
más ignoran las diferencias estructurales, como el estudio de las
causas que originan las migraciones internacionales o la compo-
sición socio-estructural de los grupos que emigran.
Pero tampoco podemos olvidar que la preponderancia de
los análisis macro estructurales en detrimento de los análisis
micro, tiene una explicación parcial en las características de las
fuentes documentales. Mucho más imprecisas éstas a la hora de
suministrar datos esenciales para el estudio de la composición del
flujo migratorio, de las redes y cadenas migratorias, característi-
cas de la inserción en el mercado de trabajo de los países de aco-
Socios del Centro
Balear Santa Clara
gida etc. Los datos que apuntan a cuestiones sociales y las refe-
ridas, en general, a relaciones humanas, apenas tienen cabida,
como es sabido, en las estadísticas oficiales impropiamente lla-
madas de emigración, que no aportan información específica
referida a la forma en que se ha realizado la migración, y todavía
menos a la manera de abordar los problemas cotidianos o inclu-
so a las percepciones personales, por lo que se hace obligado el
recurso a otras fuentes de historia oral, literarias, hemerográficas,
correspondencia etc. que reúnan un grado significativo de repre-
sentación. Cabe añadir que el recurso a las estadísticas, de diver-
sa índole, del país de destino está resultando una valiosa ayuda
para acercarnos al papel de las mujeres en la corriente migratoria
española (Mª. X. Rodríguez Galdo y X. Cordero 2002 y 2008).
Conviene tener presente que en la opción migratoria se
entremezclan elementos muy complejos, que conectan los cono-
cidos factores del modelo expulsión-atracción (pull-push), con
atavismos y vivencias culturales hondamente arraigadas en la
vida de la comunidad. No podemos olvidar que la emigración no
sólo afecta a la persona individual, sino al conjunto de la familia,
No podemos al mercado de trabajo, y a todo un conjunto de elementos de la
olvidar que la reproducción social. Sin ignorar asimismo que, especialmente en
emigración no el marco de las economías familiares, con gran presencia en la
sólo afecta a la
España anterior a 1960, la emigración tiene una serie de impor-
persona indivi-
tantes repercusiones sobre los que permanecen en la explotación
dual, sino al con-
agraria familiar.
junto de la fami-
Por otra parte, sabemos que no siempre emigran las perso-
lia, al mercado
de trabajo, y a nas que tienen, desde una perspectiva de los factores de atracción-
todo un conjunto expulsión, más razones para emprender el camino del éxodo. La
de elementos de e m i gración se revela más bien como un proceso selectivo comple-
la reproducción jo, que escoge a sus pro t agonistas no sólo por factores de precarie-
social. Sin igno- dad económica, pues, generalmente, no son los más pobres los que
rar asimismo e m i gran, debido a la imposibilidad de financiar los costes de la
que, especial- e m i gración. Y aquí, a la hora de hablar de costes, hay que conside-
mente en el rar no sólo los gastos del viaje (desplazamiento hasta el punto de
marco de las embarque, gastos de comida y alojamiento en la ciudad portuaria,
economías fami- p ago del pasaje etc.), sino también el tiempo de búsqueda de tra-
liares, con gran bajo en el nuevo país que, en la mayoría de los casos, la familia
tenía que afrontar de algún modo, ya fuera en términos pecuniarios
España anterior a
ya mediante los llamados “recursos sociales” –entre los que se
1960, la emigra-
encuentra el acceso a la info rmación sobre las expectativas de tra-
ción tiene una
bajo en otros lugares y el contacto con familiares y vecinos en la
serie de impor-
tantes repercu- e m i gración, que pudieran acoger y aconsejar a los recién incorpo-
siones sobre los rados en la búsqueda de trabajo y en las peculiaridades del país de
que permanecen re c epción– de que podía echar mano.
en la explotación Precisamente los más pobres (y no olvidemos aspectos
agraria familiar. como el de la feminización de la pobreza) carecían, y esta es una
circunstancia altamente discriminatoria a la hora de emigrar, de
estos recursos sociales tan necesarios para emprender con ciertas
garantías una nueva vida.
Las asociaciones de emigrantes se constituyen en un pode-
roso “recurso social”, que, antes que un apoyo para la incorp o ra-
ción de mujeres a la emigración, tendieron más bien a hacer desis-
tir a aquellas con proyecto propio. Y en cuanto a la inclusión pos-
terior de mujeres en las entidades asociat ivas, siempre se sitúan en
una posición subordinada, relegadas al segundo plano de la repre-
sentación familiar, que ostenta el cabeza de familia emigrado, y a
las que se les reserva, en la emigración ultramarina, en el mejor de
los casos, el reducto de las llamadas asociación de damas.
Las breves refl exiones anteriores encuentran su fi e l
correspondencia en los estudios de caso sobre emigrantes espa-
ñoles en América, que coinciden en subrayar, a la hora de ana-
lizar la decisión de emigrar, la importancia de conocer las
oportunidades que existían más allá del lugar de origen.
Siempre el acceso a la información se convierte en un elemen-
to fundamental. Una información que dependía, en primera
instancia, de los propios vínculos sociales con la emigración,
a través de familiares y vecinos emigrados. Estos se conve rti-
rían, en efecto, en la pieza fundamental en la formación de las
cadenas migratorias, ya directamente en sus viajes de retorno,
ya mediante la correspondencia (y aquí cabe señalar el valor de
la fotografía así como del llamado cine de correspondencia), o
ya por las remesas, tangibles e intangibles, suministradas por
En el tema más concreto de la participación de las mujeres
españolas en el flujo migratorio hacia el continente americano en
los siglos XIX y XX, la naturaleza de los datos de que dispone-
mos nos obliga, como señalaba, a fijar más la atención en la com-
posición de la corriente migratoria, posponiendo, de momento,
otros aspectos fundamentales del tema, que empiezan ahora a ser
mejor conocidos, como es su inserción en los mercados de traba-
jo latinoamericanos. Una corriente migratoria, como sabemos,
cambiante en intensidad y destinos desde sus mismos albores y
que adquiere su máxima representación, con marcadas connota-
ciones de género, en el período llamado de la “emigración masi-
va” (1870-1930) –en lo que respecta, claro está, a la protagoniza-
da por europeos– reactivándose, según los países, a finales de la
década de 1940 y manteniéndose en España, y particularmente en
Galicia, hasta iniciados los 70, con prolongación en algunos terri-
torios hasta finales de los 80, como sería el caso de México o
La representación alcanzada por varones o mujeres en esa
corriente responde a complejos entramados sociales que asignan
papeles bien diferenciados a los individuos de uno y otro sexo.
En este contexto, interesa situar el estudio de las mujeres emi-
grantes en una triple perspectiva. La primera, y la que se ha des-
cuidado con más frecuencia, la de las mujeres que sufren, sin pro-
tagonismo directo, la emigración, en tanto que asumen en las
explotaciones familiares, además de su propio y ancestral traba-
jo, el desempeñado por los varones ausentes; las conocidas como
“viudas de vivos” en la publicística del siglo XIX y que reivindi-
ca Rosalía de Castro en un magnífico y conocido poema.
Recordemos de nuevo que para algunos estudiosos de las econo-
mías campesinas en España el tema de la feminización del traba-
jo en las explotaciones familiares, debido a la elevada represen-
Extremeña Argentina
tación de la emigración masculina, ha estado ausente durante
mucho tiempo de sus propias investigaciones, con las consiguien-
tes limitaciones metodológicas e interpretativas que de ello se
derivan.
La segunda perspectiva hace referencia, al igual que la ter-
cera, más propiamente a las mujeres como sujetos migratorios.
Conviene distinguir, por sus implicaciones metodológicas y de
todo orden, entre la inclusión de las mujeres en la esfera de la
emigración familiar de aquellas otras emigrantes, generalmente
solteras, que de manera “autónoma” (entendido, en este contex-
to, el concepto autonomía de manera restrictiva, en tanto que
carentes aquí de “acompañamiento familiar”) se incorporan al
flujo migratorio en una proporción creciente. La consideración
de estas primeras que emigran en familia implica, de manera par-
ticular, no limitar una vez más la vida de las mujeres al ámbito de
lo doméstico, ignorando la globalidad de su experiencia laboral
en la emigración, tanto dentro como fuera del hogar.
La contraposición de las dos figuras anteriores (es decir,
las que emigran en “solitario” o en “familia”) sirve inicialmente
para llamar la atención sobre la acentuada tendencia de inclusión
y catalogación de las mujeres, en los estudios sobre la emigración
española, en una no definida categoría de “emigración familiar”
a la hora de abordar la composición de dicho flujo. Una asigna-
ción que, por otra parte, todo lo más se señala, sin entrar a defi-
nir el término “familia” y, mucho menos, conceptos como econo-
mía familiar o estrategias familiares; cuando, en realidad, el estu-
dio de la familia, de sus componentes, o de las estrategias defini-
das en su seno cuenta con una ya sólida tradición historiográfica.
2.-LAS MUJERES EN LA EMIGRACIÓN TRASATLÁNTI-
Con las precauciones que aconseja el conocimiento de las,
impropiamente llamadas, estadísticas españolas de emigración
exterior (A. Losada y P. Viso, 1997), podemos extraer una prime-
ra conclusión, aceptada por la generalidad de investigadores: la
composición del flujo migratorio en España fue durante mucho
tiempo eminentemente masculina. Descendiendo más, es de
resaltar la elevada masculinidad del colectivo emigrante oriundo
de determinadas regiones históricas españolas, como Galicia o
Asturias; si bien, el protagonismo de los varones resulta un rasgo
común al conjunto de la emigración española, aunque en desigual
medida, y que ya había sido señalada para el período “preestadís-
tico”. Por ejemplo, en 1859 partía de Galicia con destino a Cuba
tan sólo una mujer por cada veinticuatro emigrantes varones, y
proporciones similares arroja la emigración a los países del Plata
(Mª. X. Rodríguez Galdo, 1993).
A finales del siglo XIX, según los datos aportados por A.
Eiras Roel (1993) con base en las estadísticas comentadas
(Estadísticas de Pasajeros por Mar), empieza a tener una cierta
relevancia el porcentaje de emigración femenina dentro del total
de la emigración española. Así, en el período 1885-1895 las
mujeres representan el 23,2 por ciento. Sin embargo, será a par-
tir de mediados de la década de 1920 cuando la participación de
las mujeres en los movimientos migratorios supere el 30% (en el
período 1916-1930 la participación femenina se sitúa en 30,4%).
La participación femenina en el flujo migratorio se duplicó,
según la misma fuente documental, entre 1887 y 1930, pasando
de representar el 18% a algo más del 40% (41,5%) entre las dos
fechas. La tardía incorporación de las mujeres la explica Eiras
Roel por la “ausencia de emigración familiar, y la emigración de
varones solteros o casados con idea de retorno” (1993:191).
Ausencia de emigración familiar que difiere de la interpretación
que ofrece B. Sánchez Alonso en su estudio sobre la composición
de la inmigración española en Buenos Aires, en el que se pone de
manifiesto la importancia de la emigración familiar.
Bajo la cat egoría de “emigración familiar” empleada en el
anterior contexto se ha considerado de manera prácticamente
exclusiva la presencia de las mujeres en los movimientos migrat o-
rios españoles con destino a América. Una consideración que, a d e-
más de limitar la vida de las mujeres al ámbito de lo doméstico,
ignorando la globalidad de su experiencia lab o ral, tanto dentro
como fuera del hogar, las excluía tácitamente de la emigración lla-
mada lab o ra l , que era exclusiva de varones y, en todo caso, de sol-
teras. En la medida en que dicha interpretación es heredera de
aquella que pro p u g n aba la existencia de una división tradicional
entre una esfe ra productiva (reservada a los varones) frente a otra
reproductiva, que limitaba el universo femenino al ámbito de la
institución familiar, la inserción de las mujeres en el flujo migrato-
rio revestía la característica de emigración de acompañamiento. El
binomio “mujeres-emigración familiar” así planteado guarda rela-
ción, en una parte muy sustantiva, con el tema más general de
“mujeres y trabajo”. Un tema que cuenta con una ya notable tra d i-
ción en el ámbito académico de los Estudios de las Mujeres desde
las investigaciones pioneras de L. Tilly y J. Scott (1978).
Como señalaba, disponemos ahora del vaciado de los
registros de pasajeros desembarcados en el puerto de Buenos
Aires entre 1882 y 1926 (Mª. X. Rodríguez Galdo y X. Cordero,
2003). En una primera lectura, los datos relativos a la presencia
de mujeres emigrantes muestran una tendencia a incrementarse a
medida que se avanza en el período de observación. Si, por un
momento, fijamos la atención en las mujeres que salen de puer-
tos gallegos en 1882, vemos que representan el 14,75% de los
pasajeros desembarcados en Buenos Aires, y que en 1926 su
representación se eleva al 45,21%. Con respecto a su estado civil,
se pone de manifiesto un dato especialmente relevante, como es
el mayor peso de la soltería en la emigración femenina frente a la
masculina (67,2% frente al 64,6% de los varones).
Pero también a nivel micro, en los limitados ejemplos con
que contamos hasta el momento, se apunta (en este caso para
Galicia) el predominio del número de mujeres emigrantes solte-
ras. Elementos como la organización del trabajo en la explota-
ción campesina, la composición familiar, la vigencia de los siste-
mas hereditarios tradicionales, elevada presencia de jornaleras
(llamadas generalmente en Galicia “caseteiras”) además de los
factores ya señalados, sin olvidar tampoco la importancia de un
factor como la alfabetización, habrían contribuido a retrasar la
plena incorporación de las mujeres al éxodo migratorio, como
veíamos en el caso de los datos agregados.
Las Estadísticas españolas recogen que, a largo plazo, la
incorporación de las mujeres en el flujo migratorio define una ten-
dencia progresiva, sin que las denuncias sobre los abusos a que se
podían ver sometidas, ampliamente recogidas por la prensa y por
las mismas publicaciones oficiales, como el Boletín del Consejo
Superior de Emigración (Madrid. Tomo I. Nº 1, 1909, p. 167),
hayan servido para frenar su incorporación al flujo migratorio.
Cabe resaltar el hecho de que una vez que las mujeres se
incorporan a la emigración, ésta reviste un carácter definitivo en Cabe resaltar el
mayor medida que la de los varones, aspecto que ya había sido hecho de que
señalado en diversos prólogos de las Estadísticas de Emigración una vez que las
e Inmigración. Así, en el libro correspondiente a los años 1882 a mujeres se incor-
1890, después de dejar sentado que “la emigración española a los poran a la emi-
países extranjeros de América es en gran parte definitiva”, pre- gración, ésta
senta un cuadro donde aparece la diferencia entre entradas y sali- reviste un carác-
das con distinción de sexo, que fundamenta la conclusión de que ter definitivo en
“de los varones regresa el 30 por 100, y de las hembras, cuya tras- mayor medida
lación es síntoma de un cambio definitivo de residencia en las que la de los
varones, aspecto
familias, sólo vuelven 16 de cada 100”.
que ya había sido
3.-LOS DATOS RELATIVOS A LAS MIGRANTES ESPA-
diversos prólogos
ÑOLAS EN LAS LISTAS DE PASAJEROS ARGENTINAS de las
A propósito de la fuente, retengamos tan sólo –puesto que Estadísticas de
fue ya comentada– que se trata de una base nominativa homogé- Emigración e
nea, que cubre ámbitos geográficos muy amplios, por lo que per- Inmigración.
mite afinar aspectos imposibles de abordar con la documentación
normalmente utilizada en los estudios del conjunto de la migra-
ción española.
De los 949.596 pasajeros regi s t ra de nacionalidad espa-
ñola, un total de 316.974 son mujeres, lo que rep resenta un 33,38%
del contingente español; una pro p o rción significativamente más
elevada que la regi s t ra por las Estadísticas de Pasajeros por Mar
p a ra el conjunto de la emigración exterior española, como veíamos
en páginas anteri o res. A este respecto, recordemos que las mujeres
españolas emigra ron con pre ferencia a Argentina frente a otro s
destinos exteriores y frente también a la mayor diversificación geo-
gráfica de sus congéneres varones (B. Sánchez Alonso, 1992). En
el caso de Cuba, por poner un ejemplo de otro de los destinos
m ayori t a rios de la emigración exterior española, en el período
comprendido entre los años 1907 y 1927 las mujeres no represen-
t a ron más del 15,5 % de media (B. Sánchez Alonso,1992). Por otra
parte, y si, como ejemplo de datos desagregados, utilizamos los de
los pasajeros salidos por puertos gallegos (que sabemos incorporan
también, y en una elevada proporción, migrantes procedentes de
A s t u rias y Castilla-León), la rep resentación de las mujeres ascien-
de a un 35,22%; un dato de especial interés si tenemos en cuenta
la fuerte raiga m b re de las economías agrarias fa m i l i a res en esta
p a rte de España, y que, en principio, parecerían menos pro clives a
enviar a las mujeres a la emigración.
El protagonismo de la emigración masculina en la compo-
sición del flujo migratorio español es manifiesto (el índice de
masculinidad alcanza una media de 1,95 hombres por mujer). Y
se mantuvo a lo largo de los cuarenta y cuatro años registrados en
la llamada “Lista de pasajeros” argentina, si bien con oscilacio-
En el puerto de
Buenos Aires, espe-
rando la llegada de un
barco con emigrantes.
nes, y compatible también con un marcado proceso de conver-
gencia con la emigración femenina. En 1913 se alcanzan los
valores mínimos de las tasas de masculinidad; aunque, previa-
mente, en los años 1889, 1890 y 1892 se había producido un
cambio de tendencia coyuntural, que hay que relacionar con la
mayor incidencia de una migración conjunta de familias (M. S.
Ospital, 1985); y en la que destaca la emigración con origen en
Málaga que, sumida en la grave crisis provocada por la filoxera,
se vio muy favorecida en el reparto de pasajes subsidiados del
bienio 1888-1889 (B. Sánchez Alonso, 1992). Los índices de
masculinidad de la corriente española que se dirige a Argentina
son muy bajos en relación con otros destinos; y de nuevo la com-
paración con Cuba es obligada, con valores como: 4,92 en 1899;
4,52 en 1907; 3,20 en 1919 y 2,43 en 1931 (J. Maluquer de
Motes, 1992, y A. Losada, 1999).
Y si descendemos por un momento de escala y adoptamos
la perspectiva que se puede extraer de los datos de inmigrantes
salidos por puertos gallegos, otra vez nos toparíamos con un
comportamiento que se aleja del observado para el conjunto. El
índice de masculinidad baja ahora a 1,83, por lo que es indiscu-
tible la preeminencia de los varones dentro de la corriente migra-
toria aquí analizada. Pero también hay que señalar que se están
produciendo importantes alteraciones: la representación femeni-
na se habría elevado desde un nivel de apenas un 14,75% en 1882
a un 45,21% en 1926. En términos porcentuales, los pasajeros de
sexo femenino adquieren una mayor representación en las eda-
des que no se corresponden con la edad laboral: el 24,7 % de las
mujeres tienen o menos de 15 años o más de 60, mientras que en
los hombres esta cifra se reduce al 18,06%.
El tramo de edades que ocupa a un mayor número de pasa-
jeros de sexo masculino no se corresponde con el femenino. En
el primer caso, sobresale el tramo de 15 a 20 años, mientras que
en las mujeres el tramo más destacado es el de 20 a 25. Por otra
parte, la soltería predomina en ambos: representa el 62,23% del
total de pasajeros, seguido, a notable distancia, de los casados,
que apenas superan el 30%. Sin embargo, también se comprueba
que la soltería afecta en menor proporción a las pasajeras y que,
además, existen unas claras diferencias en la viudedad.
La contraposición nos la ofrece la muestra elegida, la de
los pasajeros salidos por puertos gallegos. En este caso, la solte-
ría afecta en mayor proporción a las mujeres (con una represen-
tación del 67,25% sobre el total de pasajeros) frente a un 64,6%
de los pasajeros varones. Las cifras de pasajeros casados de
ambos sexos se sitúan claramente por debajo del anterior umbral
del 30% (el de la media española en tránsito hacia Argentina);
con una desproporción más acusada para las mujeres, pues las
casadas representan el 26,15% del total frente a un 29,7 de los
Es necesario retener que las mujeres, en esta etapa precisa,
emigran a Argentina en una elevada proporción. Y mayoritaria-
mente parten solteras. De este hecho se derivan implicaciones de
todo orden. Para el país de origen pueden provocar un cierto ree-
quilibrio en el “mercado matrimonial” cuando este es muy res-
tringido, debido a los altos niveles de soltería y a una edad media
al matrimonio también elevada (B. Cachinero, 1982). A este res-
pecto, es muy significativo el caso de aquellas que parten de
puertos gallegos: son más numerosas las solteras, en una propor-
ción además superior a la media española; hecho que cabría rela-
cionar con los elevados porcentajes de soltería femenina en
Galicia y en general con las dificultades del “mercado matrimo-
nial”, a lo que cabe añadir el elevado porcentaje de madres solte-
ras (Mª. X. Rodríguez Galdo,1993).
Pero tampoco nos pueden sorprender los datos anteriores,
pues conocemos bien la función de la emigración en economías tra-
dicionales que se enfrentan a un fuerte proceso de adaptación (Mª.
X. Rodríguez Galdo,1985; C. Sarasúa, 1994; M. Arbaiza, 1996; R.
Domínguez, 1996) y el papel que desempeñan las formas de coope-
ración establecidas en estas economías a la hora de retrasar la incor-
poración de las mujeres casadas a la emigración. Y sin que se pueda
desligar de lo anterior la percepción social (que tan bien se palpa en
la Galicia de la época, como en ge n e ral en toda la cornisa cantábri-
ca con prolongación hasta Navarra) del valor, o más propiamente de
la relevancia económica del trabajo de las mujeres en la agricultu-
ra, que hace inaplicable, por otra parte, toda teoría del determinis-
mo biológico a la hora de explicar su papel subordinado.
Cabría preguntarse finalmente si el 33,38% de las mujeres
que integraron la corriente migratoria hacia Argentina (a pesar de
las distintas trabas legales y sociales que se interponían a su tras-
lado al exterior (J. M. Pérez-Prendes y Muñoz de Arraco, 1993 y
J. Hernández Borge, 1998), desplazándose, en su inmensa mayo-
ría, con billetes de tercera clase) no constituían una emigración
laboral cuando estaban casadas, o cuando se incluyen dentro de
un grupo familiar determinado. ¿Habría que excluirlas del mer-
cado de trabajo y considerar, en todo caso, tan sólo la inclusión
de las solteras (posiblemente también de las viudas) en el
mismo? ¿Se puede contraponer emigración laboral a emigración
familiar, en un contexto, además, en el que a la emigración de
europeos se le asigna un carácter “civilizador”, de colonización y
asentamiento en nuevas tierras, en las que tiene que aplicarse,
por lo tanto, toda la fuerza de trabajo familiar? No parece que su
papel dentro de los grupos familiares se pueda acomodar, de
forma mayoritaria, al de los “ángeles hogareños” estudiados por
F. Masiello (1989); más bien, su inmersión tanto en el mundo
rural como en el urbano les reservaba otras funciones.
Distinguir si las mujeres se desplazan a Argentina solas o
en familia, así como su número, edad, estado civil, nivel de ins-
trucción... son elementos que pueden ayudar a interpretar el fenó-
meno general de la emigración española, cada vez (y desde
fechas relativamente recientes) mejor conocido y estudiado pero
que deja importantes flancos al descubierto a la hora de interpre-
tar la emigración femenina.
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invisible: mujeres Francisco R. DURÁN VILLA.
Alcanza el grado de doctor
españolas emigrantes con la tesis titulada La emigra -
ción española al Reino Unido.
Calificada con Apto cum
Laude, le fue concedido el
Premio Extraordinario de
Francisco R. DURÁN VILLA Doctorado en el curso 1996-
Licenciado en Geografía e Historia. Doctor en Director del Departamento de
Geografía y profesor titular de Análisis Geográfico Geografía. Miembro del
Regional en el Departamento de Geografía de la USC. Arquivo da Emigración Galega
(Consello da Cultura Galega).
Su línea de investigación prin-
cipal es la dedicada al estudio
de los movimientos migratorios
El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres hacia Europa tras la Segunda
Simone de Beauvoir Guerra Mundial.
Publicaciones: La emigración
gallega al Reino Unido,
l carácter laboral que llevan asociados los desplaza- Santiago, 1985; Veintiséis años
de emigración gallega a
mientos de población por motivos económicos y la Europa: de la Estabilización a
división tradicional de los roles en la sociedad, la integración en la CEE (1959-
1986), Santiago, 1989; Guía
basada en una presunta condición natural que asocia al bibliográfica de emigración
galega, Santiago, 1992; La emi -
varón con la esfera productiva y a las féminas con la repro- gración y su reglamentación
ductiva, han sido los responsables de que la emigración jurídica en España, Santiago,
2003; A Real Sociedade
haya sido considerada tradicionalmente como un fenóme- Económica de Amigos do País
ante o problema social da emi -
no masculino. Por consiguiente, la percepción que la socie- gración en Galicia, Santiago,
dad suele tener al respecto es que son ellos los que emigran 2006; Soas e á aventura: as
galegas en Londres, Santiago
mientras que las mujeres tienden a permanecer en los luga- 2007.
res de origen, o bien se hacen presentes en los procesos
migratorios como acompañantes de sus esposos, padres o
tutores. Esta apreciación social andrógina está avalada y
refrendada además por unas estadísticas de emigración ofi-
ciales que han subestimado –y siguen subestimando– el
Francisco R. La exportación invisible:
DURÁN VILLA mujeres españolas emigrantes
cómputo total de las emigrantes desde su creación en 1882, en
virtud de una prolija normativa legal que es deudora de prejuicios
irracionales asociados a la condición femenina, que no han hecho
más que perpetuar en el tiempo las estructuras sexistas de nues-
tra sociedad. En cierto modo se puede afirmar que la movilidad
de las mujeres ha permanecido silenciada y oculta. Su escasa
visibilidad social ha hecho que este proceso sea casi invisible
hasta fechas relativamente recientes y al mismo tiempo ha contri-
buido a que sean más susceptibles de ser víctimas de la discrimi-
En cierto modo nación y de la explotación.
se puede afirmar A pesar de las limitaciones de los recuentos de las sali-
que la movilidad das de las emigrantes, a medida que transcurre el siglo XX los
de las mujeres ha volúmenes de participación oficializados mantuvieron –salvo en
permanecido coyunturas muy adversas para marcharse– una tendencia al alza,
silenciada y ocul- lo que ha llevado a casi todos los autores a hablar de la existen-
ta. Su escasa visi- cia de un proceso creciente de feminización de la emigración
bilidad social ha española, y de un modo especial a partir del inicio de la etapa
hecho que este europea después de la Segunda Guerra Mundial. Paulatinamente
proceso sea casi y en el marco de la renovación conceptual y metodológica de la
invisible hasta investigación sobre emigración que tiene lugar a partir de la déca-
fechas relativa-
da de los años setenta del siglo pasado, los desplazamientos de
mente recientes
mujeres comenzaron a tener una mayor visibilidad, aunque por
y al mismo tiem-
regla general siguen estando construidos sobre el modelo del
po ha contribui-
emigrante varón y con el arquetipo de mujer dependiente o des-
do a que sean
más susceptibles plazada por motivos de reagrupación familiar. Por norma general,
de ser víctimas salvo honrosas excepciones que les reconocen la capacidad de
de la discrimina- emigrar con proyecto propio, los trabajos ahondan en el análisis
ción y de la desagregado por sexo, en la procedencia y en el destino geográ-
explotación. fico, pero limitándola a factores económicos y con la lógica de
mantener un mismo patrón para ambos sexos, en vez de desentra-
ñar las causas específicas para cada uno de ellos.
La ausencia de una perspectiva de género en los trabajos,
en los que se analizaran las necesidades concretas de las emigran-
tes, el porqué de su partida y su contribución al progreso perso-
nal, familiar y social, retrasó en el tiempo los debates intelectual
y político al respecto, y sus repercusiones se dejaron sentir en el
diseño y en la elaboración los modelos y normativas emigratorias
en general y en las leyes españolas en particular. Curiosamente,
la movilidad femenina se tiene en cuenta en la legislación, pero
con efectos discriminadores (Juliano, 2000).
A medida que nos acercamos al final del siglo XX, el
cambio de signo de la corriente emigratoria en España, que nos
convierte en un claro país receptor de mano de obra, coincide en
el tiempo con el agotamiento de los modelos explicativos asocia-
dos al paradigma de la modernidad1 para interpretar los nuevos
flujos internacionales de personas por el énfasis excesivo que
mantienen en las motivaciones económicas en detrimento de
otros factores sociales, como, por ejemplo, la división sexual del
trabajo (Gregorio, 1998), a pesar de que fueron capaces –y de ahí
su valía– de presentar de un modo más personalizado a los pro-
tagonistas de la emigración y de introducir nuevos temas a partir
de los años setenta. La aplicación de la teoría de la articulación,
que concibe las migraciones como procesos complejos de rela- (1)
ciones, de vínculos y redes –individuales o familiares– entre las Entre los modelos rela-
cionados con este para-
áreas emisoras y receptoras (Morokvasic, 1984 y Kearney, 1986) digma destacan el de Lee
por su amplia difusión y
y combina los factores macro y micro en sus análisis desde una aceptación y en menor
perspectiva de género, además de explicarnos el nuevo escenario medida el de Todaro,
publicados en 1969 y
mundial de los movimientos de mano de obra en el ámbito de la 1976 respectivamente.
globalización2, nos permite replantear muchos de los estudios e
interpretaciones realizados hasta el presente sobre el éxodo secu-
lar de las españolas.
1.- UNAS NORMATIVAS MIGRATORIAS SEXUADAS
El derecho migratorio, tanto las leyes de emigración
como las de extranjería, se ha codificado a partir del principio de
que las mujeres y los hombres desempeñan diferentes roles en la
sociedad y como tal el papel que le corresponde a cada uno de
ellos en las migraciones es también desigual. Por ello, las dispo-
siciones legales tendentes al control y a la reglamentación de los
movimientos de población no son asexuadas como en ocasiones
se interpreta (Hernández, 1998), pues están cargadas de connota-
ciones de género, ni tampoco han sido redactadas en un lenguaje
de género neutro. Si en las sociedades occidentales la identidad
masculina se ha forjado en torno al trabajo, la legislación migra-
toria pensada y redactada por y para los hombres tiene que otor-
garle por imperativo al varón emigrante el papel de proveedor. Su
expatriación es por motivos trabajo y está guiada por un noble
El impacto de la emigra - afán de superación económica, personal y familiar, motivo heroi-
ción –en las áreas emiso-
ras– va a depender de la
co que no sólo está reconocido socialmente sino que es además
articulación que se pro - encomiable. El carácter laboral lo hace visible en la esfera públi-
duzca entre la economía
doméstica y el sistema ca y productiva, lo convierte, en definitiva, en un sujeto de dere-
económico capitalista, a
partir de mecanismos
chos, porque la participación en el mercado de trabajo está liga-
como el trasvase de da al imaginario de la ciudadanía social.
mano de obra de un
modo de producción a Por el contrario, la emigración femenina –y también la
otro; por tanto, sus efec -
tos se medirán desde
inmigración consiguiente– no se suele contemplar como un
dentro de la propia uni - movimiento mano de obra sensu strictu, sino como un desplaza-
dad doméstica
(Gregorio, 1998). miento por acompañamiento o reagrupación familiar, es decir,
El Rey Don Juan
Carlos saludando a
madrinas de los cen-
tros españoles de
como dependiente, protegida o subordinada. Cuando existe un
proyecto migratorio propio se relaciona generalmente con facto-
res procedentes del medio social y con sus normas, como, por (3)
ejemplo, la viudez, una separación matrimonial o divorcio, una Ley de Emigración de 21
de diciembre de 1907.
maternidad de soltera o, simplemente, por romper con roles tra- Gaceta de Madrid de 22
dicionales buscando su propia identidad. Las protagonistas no La acción tutelar defen-
son héroes, son víctimas de un supuesto destino adverso, tildado dida paladinamente en
todas las normas, fue
de fatal cuando se las hace directamente responsables del mismo. objeto de controversia
social por ser utilizada
Su mérito como muy bien señala metafóricamente Dolores como instrumento para
Juliano (1998) se asemeja más a la palma del martirio que a la limitar la emigración. De
la polémica el legislador
coronación de la victoria. El estereotipo del victimismo justifica no fue ajeno y en la
Circular relativa a los
la conmiseración del legislador español en su empeño por regu- delitos de emigración de
lar y tutelar la emigración femenina y le sirve de argumento para 11 de octubre de 1960
relacionando la falaz
implementar medidas restrictivas en las condiciones de salida, creencia de que la expre -
sada acción tutelar se
aduciendo la necesidad de protegerlas contra todas las formas de debe al deseo de obsta -
explotación y de manera particular, cuando se sospeche que pue - culizar la emigración,
facilita la labor des-
den ser objeto de tráfico que el Código penal castiga3. aprensiva de los agentes.
Los países de acogida también suelen perpetuar los patrones
del sistema patriarcal y por ello han dirigido secularmente a las
inmigrantes hacia las tareas más bajas en la escala social, y de modo
especial hacia el volumen creciente de empleos asalariados para rea-
lizar las labores domésticas reproductivas, que son por norma gene-
ral las menos regularizadas por un contrato laboral y por ello justa-
mente son más proclives a toda clase de abusos. Los procedimientos
administrativos propios de las leyes de extranjería son los encarga-
dos de canalizar a la población recién llegada hacia esos nichos labo-
rales de difícil captación, ayudados por las dinámicas propias de las
redes migratorias que contribuyen a acentuar este proceso de polari-
zación de las trabajadoras de una misma procedencia.
Los problemas asociados a esta concentración se agravan
cuando se le agregan prejuicios étnicos a un colectivo que ya está
discriminado por ser mujer, emigrante/inmigrante y trabajadora, pre-
juicios que suelen crear unos estereotipos étnicos caricaturescos y
Gallega. Antillas, discriminatorios, que acaban por convertirse en imágenes reales y
Argentina, Colombia y
Uruguay. Dicho de una
objetivas en el imaginario social de los estados receptores. Cándida,
persona: nacida en la gallega emigrada en Buenos Aires, protagonista entre otras de la
España o de ascendencia
española. Diccionario de película homónima interpretada por Niní Marshall y dirigida por
la Lengua Española ( v i g é-
sima segunda edición)
Luís Bayón Herrera en 1939, es un ejemplo visible de la etnización
(2001), Madrid, RAE. de las tareas de reproducción social en la Argentina de entre guerras
Nuestra legislación siem - y de la estigmatización del colectivo de las españolas4 en general y
pre reconoció y reconoce
el derecho de emigrar,
del de las naturales de Galicia en particular (Folgar, 2009).
bien que estableciendo Nuestras leyes no siempre reconocieron el derecho a
limitaciones y garantías
con carácter tutelar. emigrar, aunque los legisladores del franquismo tienen que igno-
Circular 11 de octubre
1960 (Mº de Justicia).
rarlo5 para justificar la política tuitiva de un Gobierno que se
MINISTERIO FISCAL empeña en que la población española lo ejerza, desde la creación
Directrices sobre los deli -
tos de emigración. del Instituto Español de Emigración por Ley de 17 de julio de
1956. El argumento esgrimido es que por medio de este nuevo
organismo, encargado de asistir y representar los trabajadores –y
a las trabajadoras que parten con su asistencia pero que el texto
legal ignora6–, la acción pública se ensancha más allá de las tra-
dicionales medidas precautorias y benéficas y se impregna de
sentido social al considerar la emigración como un amplio
campo de posibilidades abiertas a la libertad del individuo… y
como fuente poderosa de vínculos y relaciones entre pueblos,
como se recoge en el preámbulo de la Ley sobre bases de orde-
nación de la emigración de 22 de diciembre de 1960.
Muchas veces se ha insistido en que fueron los constitucio-
nalistas de 1812 los que suprimieron la confiscación de bienes
impuesta por Felipe IV a quienes abandonasen la residencia en
España el 10 de febrero de 1623 (Durán, 1997). Un castigo en cier-
to modo ineficaz, pues el que parte no suele tener bienes o bien pro-
cura no dejar nada si no obtiene una dispensa regia antes de la sali-
da (González-Trevijano, 1991). No obstante, la supresión de esta
pena pecuniaria no supuso de inmediato el reconocimiento del dere- (6)
cho a emigrar, aunque no por ello se dejó de ejercitar, y por consi- La prensa deja constancia
de la emigración femeni-
guiente tampoco se garantizaron los derechos de la mano de obra na con cierta asiduidad.
Así puede servirnos de
emigrante y de sus familias. La Constitución democrática de 1869 ejemplo la noticia que
lo hizo por primera vez efectivo en su artículo 26 y a partir de ahora aparece en La Voz de
Galicia el 8 de diciembre
los españoles podrán emigrar sin sufrir la pérdida de la nacionali- de 1960: Hoy saldrá para
Alemania una expedición
dad ni de la ciudadanía, pues deja constancia expresa de la obliga- de mujeres obreras coru -
ción que tienen de contribuir al servicio militar y al mantenimien - ñesas. Simultáneamente
con esta expedición, sal -
to de las cargas públicas, cargas de las que no estaban exentas las drán de Vigo y Madrid
otros grupos de mujeres
mujeres, a pesar de que no se reconoce el principio de igualdad obreras que se unirán al
entre los sexos en virtud del principio patriarcal que ri ge nu e s t ra de La Coruña en Venta de
Baños, para seguir el viaje
sociedad. No sólo eso, sino que es muy elocuente que en pleno pro- juntas hasta su destino.
ceso de construcción de la ciudadanía en España, por medio del
artículo 25.3º se suspenden los derechos ciudadanos a los varones
por el estado de sirviente doméstico.
A partir de su reconocimiento, el legislador comenzó a
c u b rir todo un vacío legal re l ativo al ordenamiento y flexibiliza-
ción de las salidas y a evitar en lo posible los abusos de navieros y
ganchos en el desplazamiento de los emigrantes hacia el exterior.
Conviene, sin embargo, dejar constancia expresa de que el texto
constitucional de 1876 sólo hace re ferencia en su artículo segundo
a la libertad de inmigración, lo que ha llevado a algunos autores a
interpretarlo como una negación o una vuelta a la etapa anterior a
1869. Parece lógico, al igual que ocurre en el de 1978, que una vez
reconocido y asumido socialmente no es necesario explicitarlo.
Además, en el momento en que fue redactada los pasap o rtes esta-
ban suprimidos en virtud de un Real Decreto de 17 de diciembre
de 1862. Distinto es el que atañe a la inmigración, en consonancia
con el reconocimiento y desarrollo de los derechos y garantías de
la extranjeros residentes en nu e s t ro país (Durán, 2006).
La política poblacionista y de fomento a la inmigración
adoptada por alguno de los gobiernos de las nuevas repúblicas
ultramarinas, en correspondencia con los problemas estructurales
y también con el proceso de modernización de la economía espa-
ñola, generaron un éxodo masivo que asciende nada menos que a
123.825 salidas en 1907, año en el que se promulga la primera
ley de emigración en España. La Ley y su consiguiente regla-
mento de 1907 y la posterior de diciembre de 1924, en vigor
hasta principios de los años sesenta, hacen invisibles a las muje-
res, pues se consideran emigrantes a efectos de estas leyes sólo
a los españoles…, pero, por el contrario, no ocultan el trato dis-
Importante participa-
ción de la colectivi-
dad española en el
la Mujer en Beverwijk
(Holanda) en 1998.
criminatorio que reciben en el desarrollo de la norma, en corres-
pondencia con los Códigos penal, de comercio y civil publicados
en 1850, 1885 y 1889 respectivamente.
Reconocida la libertad de todo español para emigrar, el
Gobierno limita con carácter tutelar a los varones sujetos a las
obligaciones del servicio militar –obligaciones que pueden eva-
dir legalmente desde 1836 por medio del sistema de redención y
luego de sustitución consignado un depósito de 2.000 pesetas– y
a las mujeres en virtud de su edad y estado civil. Así, el artículo
5 de las leyes de 1907 y 1924 establece que la mujer casada
necesitará para emigrar la previa autorización de su marido, en
consonancia con el artículo 57 del Código civil vigente, que con-
sagra al mismo tiempo la autoridad del varón en la unidad fami-
liar, obligando a la mujer a obedecerlo, y la eterna minoría de
edad a las que optaran por el matrimonio, paradójicamente en
ocasiones guiadas de un afán emancipador. Después de la boda el
marido se convierte en su representante legal, en el administrador
de los bienes conyugales y también ostenta el ejercicio de la
patria potestad de la descendencia. La práctica totalidad de los
derechos reconocidos a las solteras desaparecen para siempre en
el momento de contraer nupcias. No obstante, la licencia a la que
se hacía mención sólo será necesaria en el supuesto de que via-
jen sin la compañía de cónyuge o para reunirse con él, pues por
mandato del artículo 58 del Código civil la mujer está obligada
a seguir a su marido donde quiera que fije su residencia, aunque
los Tribunales, podrán con justa causa eximirla de está obliga -
ción cuando el marido traslade su residencia a Ultramar o un
país extranjero. De no contemplarse esta causa eximente, el pro-
blema de las viudas de vivos muy probablemente no hubiese
alcanzado las dimensiones que tuvo, por ejemplo, en Galicia. No
se puede olvidar que una vez desaparecido el marido en la emi-
gración, hecho no tan infrecuente, la mujer tenía que esperar
treinta años para poder solicitar judicialmente la presunción de
muerte, una presunción que de ser concedida no la autorizaba a
contraer segundas nupcias, según lo establecido por la Ley de
enjuiciamiento civil de 1888 y la base 6ª del Código civil. Un
código que, al igual que el napoleónico que lo inspira, parte como
estamos viendo de la incapacidad de la mujer casada.
La autorización para salir es también preceptiva, pero en
este caso con toda lógica, para los menores de ambos sexos, pero
en el caso de ellas, las solteras menores de veintitrés años no
sujetas a la patria potestad, tutela o guarda de personas que
legalmente las representan no podrán abandonar España si por
no ir acompañadas de sus padres, parientes o personas respeta -
bles, se sospeche fundamentalmente que pueden ser objeto de
tráfico. Por el contrario, las solteras mayores de veinticinco años,
micamavi
Monica Alahe
LIZETH2013
ProfeNathaly
francismsf

References: artículo 26

artículo 25
 Real Decreto 
 artículo
5
 artículo 57
 artículo 58