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Timestamp: 2019-02-15 22:09:35+00:00

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Salud mental para victimas de desastres - Manual para trabajadores: Capítulo 2. Contenido básico de salud mental: Respuesta ante la crisis y resolución de la misma
Periodo crucial o momento decisivo en la vida de una persona que tiene consecuencias físicas y emocionales. Una crisis es un periodo limitado de desequilibrio psicológico precipitado por un cambio súbito y significativo en la situación vital del individuo. Este cambio da lugar a la necesidad de ajustes internos y al uso de los mecanismos de adaptación externa que rebasan temporalmente la capacidad del individuo.
El modelo de crisis ha revestido importancia considerable para los trabajadores que atienden damnificados. Este modelo transmite el concepto de que ciertos eventos vitales originan la pérdida de las modalidades habituales de conducta, como resultado de la confusión personal, la tensión y perturbación emocional que acompañan al estrés. También plantea que existen periodos cruciales en que el individuo debe tomar decisiones que tendrán consecuencias a largo plazo en su modo de vida y grado de ajuste ulteriores.
Los individuos darán diferente significado a un evento según:
• Su percepción de lo que ha ocurrido.
• Su experiencia anterior en eventos peligrosos.
• El éxito o fracaso al manejar sus repercusiones.
Por consiguiente, una crisis variará según las personas o la sociedad afectadas. Hay grupos que definirán un evento determinado como generador de una crisis y otros no.
La fase final de la crisis incluye encontrar defensas y maneras apropiadas de dominar la sensación de aflicción durante un estado de conmoción. Este proceso de reconstitución consiste en destinar recursos personales y sociales a conseguir un equilibrio y funcionamiento eficaces. La activación de las aptitudes que la persona necesita para resolver la crisis emergen en esta fase final.
Al resolver una crisis, un individuo puede intentar:
• cambiar, disminuir o modificar un problema;
• devaluar un evento buscando satisfacción en otro sitio; o
• resignarse a lo que ha sucedido y luego tratar de controlar el estrés resultante.
El individuo en crisis puede considerarse como un sistema integral afectado por la acción recíproca de los cambios dinámicos, que, a su vez, están continuamente a merced de los mecanismos biopsíquicos naturales, cuya función es lograr un estado de estabilidad y equilibrio personal. Ésas son las entradas y salidas de información y energía en el sistema.
El punto esencial de crisis es que la intensidad de la energía exceda la capacidad del organismo para ajustarse y adaptarse a ella. El individuo se ve abrumado y el sistema entra en un estado de ritmos biológicos desequilibrados y desorganización temporal.
La fluctuación grave de un individuo frente a un evento crítico resulta de la desorganización de los sistemas psicológico y somático. Las consecuencias de esta fluctuación abarcan la tensión personal y el estrés graves. El desequilibrio puede depender de la muerte de un ser amado, la pérdida de ingresos o bienes materiales, enfermedades, mudanzas u otras vivencias personales importantes.
Los cambios en los papeles personales y en las conductas usuales o previstas suelen producir, como consecuencia secundaria, problemas en las relaciones interpersonales. En la medida en que ocurren esos cambios, el individuo tiende a presentar nuevos estilos de conducta cuya finalidad es manejar el estrés y, por consiguiente, disminuir el malestar y el dolor.
Es probable que si la respuesta de estrés es grave o prolongada, produzca una enfermedad mental. Si se combinan eventos prolongados o graves experimentados durante el desastre, el damnificado puede recurrir a mecanismos de adaptación, psicológicos o conductuales, problemáticos para enfrentar la situación.
La teoría de las crisis se basa en las siguientes hipótesis:
Los desastres son factores estresantes que tienen repercusiones en las víctimas, dando lugar a una situación de crisis, la cual afecta a los sistemas biológicos, psicológicos, sociales y conductuales.
La integración y síntesis de información fenomenológica compleja conlleva a una formulación integral que conceptúa la situación del damnificado en un momento determinado después del desastre. Esto le aclara la situación al trabajador de socorro y le ayuda a planear una intervención psicológica.
En el momento del impacto, la conducta de la víctima dependerá de factores previos de la vida y de la interpretación y definición que dé al evento amenazante.
A fin de comprender al individuo que padece de estrés, la situación específica debe incluir las quejas principales y el problema que éste presenta, la relación de dichos problemas con la precipitación de los factores y una descripción de los eventos vitales previos pertinentes como parte de la evaluación y las indicaciones para la intervención en crisis.
El impacto inicial de un factor estresante puede originar un nivel de estrés estimulado por:
• El tipo y duración del desastre.
• Las pérdidas sufridas.
• El papel social del damnificado, habilidades para la resolución de crisis y el sistema de apoyo.
• La percepción e interpretación que el sobreviviente da a la catástrofe.
Cada una de estas reacciones representa diferentes etapas de la resolución de crisis, paralelas a las etapas del desarrollo. Estas reacciones producidas por el desastre, a su vez, pueden sufrir la influencia de otros eventos ambientales de carácter traumático, un “segundo desastre”, producido por todo los problemas del entorno y fragmentación de los sistemas de la comunidad.
ORGANIZACIÓN DE LOS PRINCIPIOS PARA COMPRENDER LA CRISIS
Los damnificados, cuyas vidas se ven interrumpidas por un cataclismo y a los que se ofrece ayuda para que se recuperen de los traumatismos físicos, tienen que desarrollar una conducta de adaptación. Pueden utilizarse las técnicas de observación psicológica y entrevista para comprender estas conductas, a fin de evaluar el grado de aflicción y brindar la asistencia y apoyo necesarios.
A través de observaciones y entrevistas, el socorrista puede identificar las siguientes condiciones:
• Características de la personalidad.
• Tipo de eventos históricos que han llevado a la víctima a su nivel de desarrollo.
• Mecanismos de adaptación usuales y métodos de que dispone la victima para enfrentar las crisis frente a traumatismos físicos y traumas psicológicos.
• Historia del desastre y cómo afectó al individuo física y subjetivamente.
• Conducta reactiva y habilidades de personalidad para adaptarse a la nueva situación, posterior al desastre.
• Sistemas de apoyo social y comunitario al alcance de las víctimas y uso que hagan de estos recursos a favor de su recuperación.
• Nivel de apoyo disponible en la matriz social, tal y como se mide en función del grado de organización de la comunidad frente a la desorganización de la unidad de urgencia oficial y los organismos de socorro.
• Equilibrio social entre la disponibilidad de los recursos de los sistemas de apoyo e intensidad de los factores estresantes, los cuales aumentan la dificultad para obtener la ayuda adecuada para conseguir atención médica y psicológica.
Todas estas variables empiezan a presentar el equilibrio entre la conducta adaptativa y no adaptativa, y pueden manifestar la vulnerabilidad de los damnificados y sus necesidades especificas antes de poder recuperar el equilibrio psicológico. Estas variables identificarán el conjunto interactivo de respuestas que influye en el curso de la resolución de la crisis, a medida que interactúan con las condiciones de desastre.
Los damnificados recurren primero a sus propias habilidades de personalidad para adaptarse. Si no pueden resolver los múltiples eventos ocasionados por la catástrofe, a continuación tratarán de acceder a las fuentes de apoyo, intentando obtener asistencia del personal de atención en urgencias. Si estos recursos no están disponibles o son insuficientes para satisfacer las demandas de los eventos vitales producidos por el desastre, los damnificados pueden apelar a las creencias, valores y símbolos que se originan en su cultura. En la conducta posterior al desastre, muchos de ellos aprovechan todos los recursos disponibles simultáneamente y de manera complementaria.
Después del desastre y con el transcurso de las horas, algunos damnificados no son capaces de resolver sus problemas y siguen presentando ansiedad, apatía, ira, pesadillas, insomnio y dificultades en sus relaciones interpersonales. En algún momento en la conducta de resolución de crisis del damnificado, el socorrista encontrará una coyuntura que lleve a un punto final sano o patológico. El trabajador de socorro necesita adquirir las aptitudes y conocimientos con los cuales evaluar la situación y tomar en consideración los procedimientos de intervención terapéutica que apoyen y guíen a los damnificados hacia el logro del mejor resultado posible, dada la situación. Este objetivo requiere planificar la logística y capacitar al personal de orientación en crisis.
También en la etapa posterior al desastre, el personal de socorro puede estar expuesto al estrés del desastre y presentar problemas emocionales. Los familiares de los damnificados, los profesionales médicos y los socorristas son vulnerables a las consecuencias del estrés posterior al desastre. Los trabajadores de socorro pueden prever problemas emocionales como repercusión de un peligro natural, incluidas las reacciones como temor, choque, aturdimiento psíquico, ansiedad, depresión y quejas psicosomáticas.
Se han identificado varias etapas de la resolución de crisis después de un desastre. Estas etapas se superponen y los damnificados se regresan sin distinciones claras a otras etapas. Esta capacidad emocional es una reacción normal en los damnificados que experimentan respuestas de estrés, y su estado emocional puede fluctuar durante algún tiempo.
Al principio, el damnificado utiliza la negación de la realidad de la situación o de las repercusiones físicas del trauma. Un damnificado puede verbalizar aceptación de lo que ha sucedido o incluso admitir estar agradecido de que no sea peor. Esta falta de reacción emocional frente a la realidad de las molestias o cambio, señala una necesidad de defenderse de la asimilación plena de las consecuencias del trauma. El nivel de adaptación a las manipulaciones necesarias para la intervención médica puede variar de las quejas leves a las exageradas, a una falta de interés aparente.
Al integrarse en la conciencia la realidad de la nueva situación, puede aparecer en la víctima un conjunto nuevo de síntomas:
• Episodios de reacciones emocionales intensas que sobrecargarán la defensa de negación.
• Inquietud, manifestaciones de ansiedades, habla rápida o disminuida, resistencia pasiva al asesoramiento médico o episodios cortos súbitos de irritación, signos de frustración.
• Reacción desvalida e indecisa a las órdenes.
• Indicios de desorganización psíquica, con el transcurso del tiempo y según la intensidad del traumatismo somático.
• Episodios de temor, fluctuaciones del estado de ánimo sin episodios de llanto y resentimiento por pedidos insignificantes de los profesionales de socorro.
Necesita vigilarse un tipo importante de conducta, a la que se describe como la “culpa del superviviente”. Esta conducta se define como sentimientos ambivalentes de estar agradecido por estar vivo y, al mismo tiempo, sentirse culpable por estar vivo cuando otros han muerto o sufrido lesiones peores. Esta conducta puede anteceder sentimientos de depresión o ideación paranoide y puede ser precursora de depresión paranoide clínica.
El trauma psíquico es un proceso que se inicia con un evento catastrófico al que se enfrenta una persona y que es una amenaza abrumadora aguda para la supervivencia. Cuando ocurre el evento, el sistema nervioso central pierde la capacidad de controlar los efectos de desorganización que produce la experiencia y provoca un estado de desequilibrio. El evento sume a la persona en un estado traumático, que dura el tiempo que necesitan los sistemas del cerebro para regresar a un estado organizado. Existe una necesidad de comprender la nueva visión del mundo; o sea, el por qué, el cómo y el significado del hecho de que ocurriera el evento.
La constitución genética, física y de personalidad de un individuo, su estado mental cuando sucedió el evento, el nivel de desarrollo psicológico, los sistemas de apoyo existentes, y el contenido, intensidad y duración del evento, contribuyen a la gravedad del efecto traumático.
La característica central del trastorno por estrés postraumático es la aparición de síntomas típicos después de experimentar un evento psicológico traumático o eventos fuera de lo que por lo general se considera la gama normal de la experiencia humana.
• Reexperimentación del evento traumático.
• Aturdimiento de la capacidad para reaccionar hacia el mundo exterior o de participar en él.
• Síntomas del sistema nervioso autónomo de disforia o cognoscitivos.
Las reacciones frente a los efectos del desastre o de sus consecuencias pueden producir en el damnificado expresiones conductuales y emocionales diversas:
• Recuerdos de tipo obsesivo del evento que se repiten y preocuparse por ellos. Éstos pueden aparecer en sueños o pesadillas.
• Periodos en los que se sienta distante y aislado. Este aislamiento puede perturbar las relaciones sociales de manera intermitente.
• Síntomas de excitación del sistema nervioso autónomo y ser más sensible a ruidos fuertes o situaciones desconocidas que reaparecen varios meses después del trauma psíquico del desastre.
• Problemas de memoria y dificultades para realizar tareas cotidianas habituales.
Estos cambios sutiles en la personalidad y en la sensación de competencia social son difíciles de diferenciar de las características emocionales preexistentes de la persona o la respuesta aguda al impacto del desastre. No obstante, el socorrista debe tener en cuenta estos cambios en el funcionamiento al hacer la evaluación diagnóstica de la calidad de la reacción de estrés, el nivel del trauma psíquico y las secuelas de la resolución de la crisis psicológica.

References: resolución 
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