Source: http://eloftalmologobarcelona.com/search?updated-max=2012-02-08T17:13:00%2B01:00&max-results=5&reverse-paginate=true&start=3&by-date=false
Timestamp: 2017-06-29 14:18:20+00:00

Document:
COGNICIÓN Y VISIÓN XIII.- EL LENGUAJE.
“Al principio, solo había ideas verdes, incoloras que dormían furiosamente” (Noam Chomsky, 1957). Esta frase constituye un oxímoron, no tiene sentido en un mundo real pero, todos somos capaces de intuir el significado de la frase. El estudio del lenguaje ofrece una de las vías más precisas para conocer cómo pensamos. En este artículo hablaremos de:
Centros del lenguaje
Estructura del lenguaje. Árbol de frase
Procesos de comprensión del lenguaje
Representación del significado. Ambigüedad del lenguaje
Chomsky y la gramática transformacional Rutas de lectura. Lectura rápida
Procesos de producción del lenguaje
Lenguaje, pensamiento y bilinguismo
Siempre que leemos o escuchamos una frase nos centramos en su significado y lo relacionamos con la información que tenemos en nuestra memoria a largo plazo. La disciplina que estudia la comprensión, la producción y la adquisición del lenguaje es la Psicolingüística.
Una parte importante del lenguaje es la gramática y para los lingüistas y psicolingüistas, se trata de la suma de conocimientos que tiene cada uno acerca de la estructura de su propio lenguaje. Gran parte de este conocimiento es inconsciente pero en él se basa nuestra capacidad para hablar y comprender el lenguaje con facilidad. CENTROS DEL LENGUAJE.
Desde el punto de vista neuroanatómico, podemos definir una serie de áreas en el cerebro donde se localiza el lenguaje. El área de Wernicke que se sitúa siguiendo la cisura de Silvio, por debajo de la misma, ocupando la cara externa medial del lóbulo temporal. Su función principal es de tipo semasiológico, que consiste en la decodificación o desciframiento de la palabra hablada. Su lesión da lugar a la afasia comprensiva de Wernicke. El Centro de Broca, ubicado en la zona triangular y opercular de la tercera circunvolución frontal ascendente. Es importante en el lenguaje hablado y en la creación de melodías quinéticas. El centro de Broca es responsable de coordinar y secuenciar los movimientos ejecutores del habla. La lesión de esta región da lugar a la afasia motora de Broca.
Centro de Exner, que ocupa los dos tercios posteriores de la segunda circunvolución frontal. Su función es crear las melodías quinéticas necesarias para la escritura, la coordinación temporal de los movimientos mano-digitles, para escribir. Este centro está íntimamente relacionado con el sistema visual ya que recibe información de lo que escribimos para ayudar a la coordinación de los músculos de la mano y los dedos.
Centro de Luria Inferior. Se extiende por la parte inferior de la circunvolución parietal ascendente y del lóbulo parietal inferior. Su función es la de coordinar la musculatura relacionada con el habla e interviene en la formación de imágenes verbo-motrices.
Centro de Luria superior. Se sitúa en la parte superior de lóbulo parietal inferior. Se relaciona con la escritura, con la praxis mano-digital así como con las expresiones no verbales del cuerpo que acompaña a todo lenguaje hablado.
Centro de Dejèrine, rodea el extremo posterior del primer surco temporal y ocupa la zona de transición entre el lóbulo parietal y el occipital. Se considera que es el centro de integración simbólica de la lectura o de su trastorno, la alexia y de la integración simbólica de la escritura o de su trastorno, la agrafia. Se trata del centro más importante en la interpretación simbólica de los estímulos visuales y, en cuanto tal, nos permite entender el contenido de un mensaje escrito. Es el centro de la lecto-escritura. Desde la retina llega información al área 19 y al centro de Deérine, donde se producen los perceptos y las imágenes ópticas de los grafemas, que son fundamentales para la lectura.
Centros cerebrales del lenguaje
Desde el punto de vista de la visión, es interesante el centro de Dejérine, porque se encarga de analizar y percibir los grafemas , lo cual implica la síntesis de los rasgos elementales para formar una gestal óptica, reconocer ésta como un grafema y distinguir éste de otros grafemas. Esto se produce porque este centro envía conexiones a los centros de Wernicke y Broca, pasado del código visual al código fonológico. Posteriormente estas imágenes se unen a sus correspondientes significados y se produce la interpretación semántica del mensaje escrito.
Junto a estos centros específicos del lenguaje, cabe destacar el tálamo, especialmente el núcleo ventrolateral y el pulvinar, con un papel fundamental en la fluidez verbal. También se ha visto que las lesiones de distintas zonas de los ganglios basales, se relacionan con alteraciones del lenguaje, especialmente el habla. Los estudios recientes con técnicas neurofisiológicas y de neuroimagen, ponen de manifiesto que la concepción clásica de cómo entendíamos el lenguaje ha quedado defesada, ni siquiera se mantiene el hecho de que el lenguaje se localiza preferentemente en el hemisferio izquierdo. Lo que sabemos ahora es que el lenguaje es mucho más complejo y están involucradas diversas áreas del cerebro, muy dispares en su funcionalismo.
ESTRUCTURA DEL LENGUAJE. ARBOL DE FRASE.
El lenguaje se estructura en frases, en un discurso fluido y lógico que facilite su comprensión. El discurso se puede analizar de diversas maneras aunque el más utilizado es el que organiza las frases en niveles, es el “árbol de estructura de la frase”, tal como se muestra en la Figura 1, con el ejemplo de la frase: “el chef quemo los fideos” (más adelante veremos los problemas que presenta este tipo de análisis estructural y hablaremos de la propuesta de Chomsky con su gramática transformacional).
En el primer nivel de la representación del discurso, “Nivel del directorio”, va más allá del significado de cada una de las palabras, representa mentalmente el significado de la frase y lo relaciona con el contexto en el que se da y con la información que disponemos en la memoria a largo plazo. Esta ligazón nos permite relacionar la información contenida en la frase con un conocimiento anterior, por ejemplo: los fideos también estaban quemados la última vez que comí aquí y además, generar deducciones: debería probar otro restaurante. Debajo del nivel directorio, se sitúa el “Nivel de la sintaxis”, que especifica la relación entre los tipos de palabras de una frase. En este nivel se representan las estructuras de la frase, forman parte de la representación mental de ésta. Pacientes con lesiones en el área de Broca y en la región frontal izquierda del cerebro, manifestaron afasias con alteración en el nivel sintáctico, aparecen dificultades para relacionar el discurso y los niveles sintácticos de representación. Estos pacientes conocen el significado de las palabras, pero tienen problemas en la relación que guardan entre ellas dentro de la frase.
En el nivel subsiguiente, estarían los niveles de palabras y morfemas, que se encargan de codificar el significado de las palabras. Un morfema es la mínima unidad de significado en el lenguaje. La palabra quemado estaría formada por dos morfemas, quem (de quemar) y ado, que indica el tiempo pasado. Es característico que pacientes con afasia de Wernicke, tengan problemas en el nivel de palabras y morfemas.
En el nivel más bajo del diagrama encontramos los fonemas, que representan las unidades más pequeñas distinguibles del sonido del habla y que dan lugar a los morfemas en un lenguaje determinado. Los fonemas no pueden representarse con la ortografía ya que en muchos casos, palabras diferentes tienen la misma forma fonética y se escriben de forma diferente, como, aya, haya o halla, por ello es necesario un alfabeto fonético.
Una de las características del lenguaje humano es su capacidad generativa, es decir la capacidad de recombinar morfemas, palabras y frases para generar un número casi infinito de pensamientos. Por otro lado, la diferencia fundamental entre el lenguaje humano y el de los primates no humanos es que, a pesar que estos últimos pueden comunicarse, no entienden la capacidad de designar las palabras a los objetos, pueden presionar una tecla con la figura de una fresa para que caiga la fresa, pero no entienden que esta tecla designa específicamente a la fruta fresa. La recurrencia sintáctica sería la propiedad crucial que separa las capacidades del lenguaje humano respecto a otros sistemas de comunicación no humanos, entendiendo por recurrencia sintáctica a la capacidad de inclusión de fragmentos de una frase dentro de otros fragmentos o frases así, a la frase, el chef quemo los fideos, podríamos añadir otras frases como, … a los fideos que se hicieron con el trigo cultivado en la granja que está al lado de mi casa …. etc., alargándola todo lo que queramos.
PROCESOS DE COMPRENSIÓN DEL LENGUAJE.
Los investigadores del lenguaje utilizan el término “léxico” para referirse al conjunto completo de representaciones mentales de las palabras. Con frecuencia interpretamos el léxico como un diccionario mental, un depósito de lo que cada uno de nosotros conoce sobre las palabras, lo que representan y cómo se utilizan. Muchos investigadores han llegado a la idea de que la representación mental de las palabras se podría describir como redes que comprenden tres componentes principales: la ortografía, el sonido y el significado, es lo que se denomina “Modelo Triangular”, ya que se representan como un triangulo donde el significado esta en el vértice superior y la ortografía y el sonido, en los dos extremos de la base.
En este modelo, la percepción del habla implica la relación entre la representación del sonido, – la fonología –, y la representación de su significado, – la palabra -. La producción del lenguaje implica relacionar el significado de una palabra con la representación de su sonido, cuando se pronuncia en voz alta (cuando se habla), o con la ortografía, cuando se representa por escrito. Debido a que las relaciones entre sonido, significado y ortografía, suelen ser arbitrarias, la comprensión es un asunto complicado así, nada de lo relacionado con la ortografía o el sonido de la palabra “gato” es inherente a la realidad de felino. La comprensión de la palabra podría estar determinada por diferentes sistemas de procesamiento que van desde la propia discriminación acústica de los diferentes sonidos, la percepción categorial de los distintos fonemas y, por último, el significado propio de cada palabra en el contexto de la propia comunicación. Precisamente esta idea de la palabra en el contexto de la comunicación humana, abre el debate de entender el lenguaje como una serie de palabras individuales que se organizan de acuerdo con unas leyes y reglas específicas que dan lugar a las frases. Las palabras serán los “ladrillos” que se emplean para construir una casa, en función de cómo se organicen, darán lugar a uno u otro tipo de construcción. Este punto será el tema clave en el análisis linguistico de Chomsky y que mas adelante tocaremos.
En la percepción del habla se da un fenómeno que se denomina “restauración del fonema” y consiste en que a veces escuchamos una palabra, pero solo una parte de ella y, si el contexto es claro, en la mayoría de ocasiones somos capaces de “rellenar” la palabra, así en el ejemplo: “vieron un alón lleno de gente”, casi todos podemos inferir que alón corresponde a la palabra salón y aunque no la hayamos oído bien, no nos suele llevar a confusión, todos sobre-entendemos que quería decir salón. Este fenómeno de relleno de una palabra, de restauración del fonema, se debe a un mecanismo de arriba hacia abajo, a la integración de ambas informaciones, y se produce de forma muy rápida, casi automática.
REPRESENTACIÓN DEL SIGNIFICADO. AMBIGÜEDAD DEL LENGUAJE.
Al relacionar los diferentes niveles de las representaciones lingüísticas, aparece una de las mayores dificultades que presenta el lenguaje, la “ambigüedad”, responsable de que haya más de una interpretación en un sonido, palabra, frase u oración.
En la vida real, la ambigüedad es un hecho muy frecuente y debemos resolverlo para evitar malos entendidos. Una forma de resolver la ambigüedad es integrar la información de arriba a abajo con la de abajo a arriba. La segunda procede directamente de lo que percibimos y, en el modelo triangular se mueve desde la información ortográfica y fonológica, hacia el vértice superior donde se encuentra el significado, mientras que la información de arriba a abajo, procede de la información que tenemos cada uno de nosotros en la memoria a largo plazo y de la información del contexto en el que nos movemos. Esta integración de información tan dispar no es sencilla y constituye un motivo de debate en el ámbito de la psicolingüística actual. Un primer intento de interpretar la integración de información de arriba a abajo y de abajo a arriba, permitiría explicar cómo diferenciamos las palabras cuando oímos hablar. En un análisis fonológico no hay espacios en blanco entre las palabras, sin embargo sabemos cuando acaba y cuando empiezan cada una de ellas. La información de abajo arriba utiliza señales como los espacios que dejamos entre palabras cuando nos paramos a pensar o al respirar, mientras que la información de arriba a abajo, incluye el conocimiento sobre los patrones habituales de los fonemas así, si escuchamos la secuencia “rk”, como en español no hay palabras con esta secuencia de letras, es probable que “r” sea el final de una palabra y “k”, el inicio de otra palabra y esto se debe al conocimiento que tenemos de idioma. Las oraciones o frases pueden proporcionar contextos que pueden matizar el significado de las palabras individuales, aunque éstas tengan significado en sí mismas. Parte del significado de la frase depende del significado de las palabras y en gran parte de la sintaxis de la frase: no es lo mismo “un perro mordió a un hombre” que, “un hombre mordió a un perro”. Ante una frase escrita o hablada, el orador pretende trasferir un significado, generalmente único y para ello el oyente o lector debe figurarse cuál es, reconstruyéndolos a partir de la cadena de palabras. Es frecuente que se den errores de estructura, en la sintaxis pero, a pesar de ello, solemos resolver esa ambigüedad bastante bien. Generalmente la interpretación es muy diferente y el contexto pone de manifiesto el error en el significado de la frase y, en muchas ocasiones es motivo de broma, esto lo saben muy bien los humoristas.
La ambigüedad debida a errores estructurales se pone de manifiesto con la inmediatez de la comprensión. Cuando oímos una frase la vamos interpretando a medida que van entrando las palabras, por ello se recomienda no interpretar lo que nos dicen hasta que hemos oído toda la frase, de esta forma podemos reducir la ambigüedad. Los investigadores consideran que ante una frase temporalmente ambigua, se elige primero una estructura sintáctica con información de abajo arriba y solo más tarde se contrasta con información de arriba abajo. De acuerdo con esta hipótesis (ambigüedad sintáctica), existiría un sistema de comprensión del lenguaje, denominado “parser” (analizador sintáctico), que toma la señal de entrada hablada o escrita y construye una organización sintáctica para la frase entrante, de forma parecida a los árboles sintácticos. Cuando se encuentra una ambigüedad estructural, el árbol se puede construir de dos o más formas, de manera que el parser elegirá la opción más simple pero, si el significado no tiene sentido con la estructura elegida por el parser, nos damos cuenta que “nos hemos metido en un jardín”, forma en que se designa este tipo de errores (frases de jardín), o de ambigüedad de las oraciones, y buscamos otra opción.
En esta línea de estudio está el lenguaje figurativo, ambiguo en sí mismo y donde una palabra se le atribuye un significado diferente, bien por metáfora o por similitud. El lenguaje figurativo se suele utilizar en las descripciones de emociones y de conceptos abstractos. Los estudios de neuroimagen muestran como el lenguaje figurativo se da fundamentalmente en el hemisferio derecho, contrariamente a lo que ocurre en la comprensión del lenguaje, que se da en regiones del hemisferio izquierdo. Se ha visto que el lenguaje figurativo estaría más relacionado con el tono y la melodía de la frase, con la entonación de la frase, como elemento clave en su interpretación. Todos hemos visto como los cambios en el tono de voz en una frase, puede hacer cambiar el significado de ésta.
La ambigüedad en el lenguaje ha sido uno de los temas clave en la lingüística, para aquellos que quieran saber un poco más de este tema les propongo seguir el artículo en el punto siguiente, un pequeño análisis de la aportación de Noam Chomsky. Los que quieran ir avanzando, pueden saltarse este punto e ir directamente al que trata las rutas de lectura.
CHOMSKY Y LA GRAMÁTICA TRANSFORMACIONAL.
“Al principio, solo había ideas verdes, incoloras que dormían furiosamente”. Esta es una de las frases más famosas del siglo XX y la encontramos en la monografía de Noam Chomsky de 1957 (Syntactic Structures). Con esta frase inicia todo un corolario de argumentos para desmontar la concepción clásica estructuralista del lenguaje. Esta frase constituye un oxímoron, no tiene sentido en un mundo real, las ideas no tiene color, no duermen ni evidencian carácter furioso sin embargo, todos somos capaces de intuir el significado de la frase. Chomsky estudio la ambigüedad del lenguaje analizando pares de frases donde al cambiar la ubicación de sus términos, en unas no cambiaba el significado de la frase, mientras que en otras si lo hacia: “el gato atrapó al ratón” vs “el ratón fue atrapado por el gato”, donde no cambia el significado frente a: “muchos hombres leen pocos libros” vs “pocos libros son leídos por muchos hombres”, donde no se puede invertir las clausulas sin modificar el significado. De la misma forma Chomsky analizo frases que aunque similares en la construcción gramatical, tenían significados muy diferentes. Lingüistas anteriores a Chomsky ya habían puesto de relieve la ambigüedad de ciertas frases y habían propuesto una serie de reglas que permitiera a los individuos formular y crear todo tipo de frases, eliminando la ambigüedad que aparecía en su significado. Destacan nombres como Lewis Carrol o Edward Sapir, todos ellos con intentos que al final fueron infructuosos. La originalidad de Chomsky es su propuesta de que el hablante tiene una gramática innata que ira desarrollando en el transcurso de la vida, junto al aprendizaje cognitivo del significado de las palabras, de forma que le permitirá discriminar el significado de frases complejas incluso cuando no siguen una correcta estructura gramatical.
Con su gramática de estados finitos, desmonto la idea clásica estructuralista de cómo se pueden generar oraciones, de que las reglas hasta ahora propuestas no eran operativas para describir las posibles oraciones que puede construir un hablante de cualquier lengua, ni siquiera la gramática de estructura de frase, que suponía un nivel gramatical más avanzado, y con buenos resultados en el análisis de la lengua inglesa, resolvía muchas de las ambigüedades que podían generar ciertas frases construidas por un hablante cualquiera.
Para resolver el problema de la ambigüedad, Chomsky propuso el “análisis transformacional”, en el que se postulan una serie de reglas mediante las cuales las oraciones pueden relacionarse entre sí, de tal modo que una oración o, más exactamente, la representación abstracta de una oración, puede convertirse o transformarse en otra. La gramática transformacional opera a partir de reglas de estructura de frase, se generan únicamente los núcleos oracionales u oraciones básicas (kerned sentences), las cuales son enunciados breves en voz activa. Se generan siguiendo instrucciones para construir cadenas del tipo: Oración (O)= Frase Nominal (FN) + Frase Verbal (FV) o Frase Verbal (FV) = Verbo (V) + Frase Nominal (FN). A partir de un único símbolo O, y mediante una serie de reglas perfectamente especificadas, similares a las que utilizamos en las matemáticas, es posible generar una oración básica del tipo, “el libro muestra el grabado”, de forma que todas las oraciones gramaticales de una lengua puede generarse trasformando estas oraciones o estructuras básicas. Las transformaciones son un conjunto algorítmico de procedimientos que siguen un orden prestablecido y permiten convertir una cadena lingüística en otra, así podemos convertir una oración en voz activa en otra oración en voz pasiva o una afirmación en una negación. Para Chomsky era fundamental establecer unas reglas que permitieran entender el lenguaje ya que de esta forma podíamos acceder a una mejor comprensión del pensamiento. Sus postulados transformacionales fueron recogidos por otros investigadores de la psicología cognitiva (Miller, Fodor, Bever, Garret y Pinker, entre otros).
RUTAS DE LECTURA. LECTURA RÁPIDA.
Cuando leemos estamos traduciendo lo impreso a su significado, tarea que puede plantearse de dos formas diferentes, una que va directamente desde la ortografía hasta el significado y otra, que va desde la ortografía hacia la fonología y finalmente al significado. Cuando aprendemos a leer y nos ponen ejercicios de lectura en voz alta, claramente estamos utilizando la segunda vía, con el paso intermedio de la fonología. Para la mayoría de investigadores, el paso intermedio, el fonológico, solo se daría en la fase de aprendizaje de la lectura, mientras que en el adulto o en el lector experto, sucedería la primera opción, pasamos de la ortografía al significado, muchos más rápida y efectiva.
Los estudios más recientes ponen de manifiesto que eliminar el paso fonológico no es tan sencillo. Ante la palabra gato, las letras G,A,T,O, en ellas no hay nada que se parezca a lo que entendemos como un gato, mientras que la información ortográfica junto a la fonológica, permite construir una mapa cartográfico con pautas más regulares que hacen más fácil el cálculo mental sobre el significado de la palabra. Dependiendo de las palabras y del contexto, se podrían utilizar las dos vías, es decir, no son excluyentes, aunque en la mayor parte de la lectura se utiliza la vía larga, con la fonología como elemento clave para llegar al significado desde la ortografía.
Los estudios de neuroimagen corroboran esta hipótesis. Durante la lectura se activan dos regiones del hemisferio izquierdo, una en la zona temporoparietal, cerca de las áreas involucradas en el procesamiento del significado de las palabras y en la fonología. La otra área es el sistema occipitotemporal. La primera está más activa en la fases iniciales del proceso de aprendizaje de la lectura, o cuando leemos en voz alta, donde se involucra la fonología, mientras que la occipitotemporal se activa cada vez más en los lectores expertos, lo que se relaciona con una lectura más rápida, basada en la percepción visual de la palabra, que se complementaría con una interpretación del significado basado en un procesamiento de arriba hacia abajo.
Un tema interesante es el de la lectura rápida, que si bien tuvo su momento de gloria hace unos años, actualmente ha quedado desfasado ya que el intento de evitar el paso intermedio de la fonología, hemos señalado que no es tan sencillo y la propuesta de sacadas más rápidas de los ojos para incrementar la velocidad de lectura, tampoco ha dado resultado. Cuando leemos, necesitamos foveolizar las palabras y en la fóvea solo entra una o dos palabras, por la distribución de los conos en la retina, lo cual determina que la mera observación de las frases o los movimientos oculares más rápidos, no resulten en una lectura más rápida, únicamente hacemos una “ojeada” que no supone alcanzar el significado completo de todo el texto.
PROCESOS DE PRODUCCIÓN DEL LENGUAJE.
El lenguaje aparece como un proceso mediante el cual convertimos los pensamientos no lingüísticos en lenguaje y posteriormente desarrollamos un plan de expresión oral. Para estudiar cómo se produce el lenguaje se ha recurrido a los errores que se producen cuando hablamos (Fromkin 1971).
Los errores más frecuentes son los de intercambio de palabras, tal como: “escribí una madre a mi carta”, donde se han intercambiado el lugar de las palabras en la frase. Las palabras intercambiadas suelen pertenecer a la misma clase gramatical, como sustantivos con sustantivos, etc. Garret, 1975 y Levelt, 1989, propusieron un modelo de producción de lenguaje, basado en los errores en el habla, que contempla tres niveles diferentes antes de llegar a la articulación. El primero es el “nivel de mensaje”, donde el orador formula el mensaje que se ha de transmitir pero que todavía no es plenamente lingüístico. La siguiente fase es la “codificación gramatical”, con dos subprocesos, uno, que implica la elección de las palabras que utilizaremos para enviar el mensaje, y otro, que implica el desarrollo de la estructura sintáctica de la frase que se va a pronunciar. Toda esta información se pasa a un tercer nivel, el de la “codificación fonológica”, en la cual se desarrolla la representación fonológica de la pronunciación y por último se articula el mensaje.
La codificación gramatical es clave en la elección de las palabras, se relaciona la información semántica en el nivel del mensaje con palabras individuales contenidas en el léxico. Por ejemplo, si se nos cae un bolígrafo mientras estamos sentados en nuestro pupitre en clase e intentamos recuperarlo pidiéndole a nuestro compañero que está delante si nos lo puede alcanzar, podemos decirle tanto que se encuentra bajo el asiento, como bajo la silla que está frente a nosotros. Ambas opciones son elecciones razonables dado el tipo de muebles y el tipo de mensaje que estamos intentando transmitir.
Esto sugiere que el significado de nuestro mensaje activa en parte estas dos opciones posibles y, acabaremos eligiendo la que este más activada, aunque, puede ocurrir que mezclemos palabras de ambas opciones, como: “mi bolígrafo está bajo tu asentadera, perdón, tu asiento”, es lo que se conoce como lapsus y se debe a que en el proceso de elección de las palabras, se activan silla y asiento, bolígrafo o coger y dar, palabras que deben competir entre ellas. En general, las palabras se eligen primero y se sitúan al principio de la frase que se va a expresar, y la estructura semántica que se desarrolla es aquella que se puede acomodar a la elección de estas palabras. La accesibilidad léxica es lo que determina la elección de la estructura de la frase.
Según se seleccionan las palabras y se planifican partes de la frase, estos elementos de la expresión se van enviando hacia la siguiente fase de la producción del lenguaje, la codificación fonológica y de esta manera recuperamos la representación de la pronunciación que es necesaria para articular las palabras durante la expresión. La elección de la palabra y la recuperación de su pronunciación son fases diferentes y esto explica situaciones como la de, “lo tengo en la punta de la lengua”, situaciones donde pensamos en alguien, sabemos perfectamente quien es pero, no somos capaces de recordar el nombre en ese preciso instante. Hemos accedido al componente semántico de la palabra correctamente, pero por alguna razón, tenemos problemas para pasar de la representación semántica a la pronunciación, es una dificultad para acceder al nivel de la pronunciación de la palabra.
LENGUAJE, PENSAMIENTO Y BILINGUISMO.
Los lenguajes difieren en los términos sobre cómo describen el mundo. Para muchos los lenguajes perfilan fuertemente el modo en que sus hablantes perciben y conciben el mundo. La opinión actual es que “pensar” es un complejo conjunto de colaboraciones entre representaciones y procesos lingüísticos y no lingüísticos (Papafragou 2006).
El tema del bilingüismo también es interesante porque, a priori podría pensarse que hay un almacén léxico para cada idioma y en realidad se ha visto que en ocasiones son independientes pero, en otros muchos casos hay un léxico común que puede llegar a complementarse o a interferir. Una persona puede manejar dos idiomas en función de la edad en que los aprendieron y con qué frecuencia se practican. Para el aprendizaje de dos lenguas se debe constituir un doble almacén léxico, lo cual supone que tendrán menos vocabulario de cada lengua que un niño bilingüe, aunque la suma de los dos vocabularios dará un valor total similar al del bilingüe. En los adultos bilingües, como tiene que manejar los dos almacenes léxicos, se produce con mayor frecuencia el fenómeno de, “lo tengo en la punta de la lengua”. En los sujetos bilingües también se produce la necesidad de inhibir un lenguaje cuando se activa el otro, este proceso supone una ventaja sobre los monolingües en procesos como juegos, donde se precisa una buena retención de términos, tienen mejor memoria operativa, y que explica porque en muchos centros se propone el estudio de dos lenguas desde edades tempranas de la vida.
Dejo para un próximo artículo el estudio detallado de la Dislexia, una alteración de la lecto-escritura, que constituye uno de los temas de debate más interesantes en los sistemas educativos actuales.
El “ciclo de percepción y acción” lo definimos como el mecanismo de trasformación de las pautas percibidas, en modelos coordinados de movimientos. Cuando vamos a subir una escalera, nos fijamos en la altura de los escalones y levantamos el pie lo justo para no tropezar. Se establece un ciclo que se inicia con la percepción visual, como guía de la acción motora y está, el movimiento realizado, a su vez, condiciona la forma de percibir la escena en la que se desarrolla la acción y con ello, los movimientos subsiguientes. La percepción y la acción están mutuamente entrelazadas, son interdependientes, con vínculos neurofisiológicos relacionados con la “intención hacia algo”, vemos para actuar, se trata de un binomio de aspectos perceptivos y motores. Básicamente hay tres áreas motoras en el cerebro, ordenadas de forma jerárquica. En el nivel más bajo está el Área motora para los movimientos finos o M1, que manda aferencias directamente a los músculos y recibe fibras del segundo nivel o Área Premotora APM, encargada de la puesta a punto de programas para secuencias específicas de acciones que, a su vez recibe conexiones del tercer nivel, el Área Motora Suplementaria AMS, encargada de la puesta a punto y ejecución de planes de acción.
Cada vez son mayores las evidencias que apoyan la idea de que adquirimos nuevas competencias mediante la observación y la representación mental de esas acciones. Esto es lo que hacen muchos deportistas cuando repasan sus movimientos y los comparan con los de otros deportistas de nivel superior. Llegan a “visualizar” que son ellos mismos los que hacen el movimiento del otro deportista, por ejemplo un tenista se ve ejecutando el “banana shot” de Rafa Nadal, lo que hará que su rendimiento mejore, (yo lo he intentado y bueno, sin comentarios). Los que lo han estudiado aseguran que la repetición mental de un movimiento ayuda a su mejor ejecución (Feltz y Landers, 1983).
La simulación de una acción mediante la representación mental, activa las mismas estructuras cerebrales que se activan cuando la acción se produce realmente, hasta el punto que experiencias en las que se comparaba el desarrollo muscular con ejercicios isométricos respecto a personas que realizaban el ejerció mentalmente, se observó que en los dos casos se producía un incremento de la masa muscular, algo mayor en el grupo que realizó los ejercicios realmente, 30% respecto al grupo que los realizo mentalmente, 22% (Roth 1996). El programa motor mediante simulación es altamente efectivo, hasta el punto de que cuando se pone en marcha la anticipación de un movimiento, se activa un mecanismo de inhibición, a nivel de la medula espinal, que bloquea la activación prematura de los músculos implicados en ese movimiento, como si buscara la máxima eficacia en el momento adecuado, que no nos precipitemos en la ejecución de esa acción. IMITACIÓN Y NEURONAS ESPECULARES.
La simulación mental se nutre de la observación de una acción y su posterior imitación, algo muy diferente al concepto de mimetismo. La mimesis supone adoptar la conducta o postura de otra persona, pero de forma inconsciente o no intencionada. La imitación es la capacidad de “entender la intención” de una acción observada para después reproducirla. El mimetismo lo vemos con mucha frecuencia en la naturaleza, muchos animales lo tienen pero, la imitación parece ser algo más exclusivo de los primates y el ser humano. Los estudios actuales ponen de manifiesto que los mecanismos de imitación se inician inmediatamente tras el nacimiento.
Los estudios de neurofisiología muestran que la imitación sigue un proceso de arriba hacia abajo que recluta zonas del cerebro involucradas en la observación de acciones. En la secuencia de imitación de movimientos, se activa primero la AMS y se refleja en la circunvolución frontal media, en la corteza premotora, en la región anterior del cíngulo y en la región superior e inferior de la corteza parietal de ambos hemisferios. Esto pone de manifiesto que imitar, con la intención de aprender o repetir el movimiento, sirve para sintonizar regiones involucradas en la generación de la acción. El hemisferio izquierdo es el dominante en la tarea de imitación, tanto para el control de la acción como para el lenguaje. Con neuroimágenes se observó que la imitación seguía dos vías independientes, una vía que se relaciona con las representaciones en la memoria a largo plazo y por tanto con significado y otra vía, que puede utilizarse para imitar gestos y que carece de significado y proporciona un enlace directo desde la percepción hasta la producción del movimiento. En la primera vía se activan principalmente regiones frontales y temporales del hemisferio izquierdo, mientras que en la segunda vía se activa principalmente la vía occípito-parietal derecha.
La imitación se basa en el hecho de que contemplar una acción facilita la capacidad posterior para planificar y realizar esa acción. Quizás uno de los hallazgos recientes más significativos de la neurofisiología, es el hecho de que durante la imitación se disparan células específicas de la corteza premotora ventral, las mismas que se disparaban cuando realmente se realizaba el movimiento, incluso el simple hecho de observar atentamente un movimiento, la representación mental de ese movimiento, también dispara estas células que se han llamado “neuronas especulares”, descritas inicialmente por Rizzolatti en 1996. Las neuronas especulares son fundamentales para establecer puentes entre lo que se ve y lo que se planea realizar. Todo hace pensar que los planes para las acciones y la percepción de las acciones de otros, están conectados íntimamente y que constituyen la base del aprendizaje por imitación en la infancia y ahora en deportistas y cirujanos.
La capacidad de detectar el movimiento humano se inicia en épocas tempranas de la infancia, a los 3 meses. Los estudios con puntos de luz, conocido como pautas cinemáticas, evidencian que debe existir una red neural específica que permite agrupar esos puntos de una forma correcta. Los estudios con pacientes con patología cerebral, pusieron de manifiesto que la detección de movimiento biológico debía estar ubicada en la región parieto-occipiltal. Con la RMf se localizó más específicamente, en la parte posterior del Surco Temporal Posterior (STS), en la región anterior y superior del área visual V5, también llamada área TM, involucrada en la percepción del movimiento. También se identificó otra región en la parte anterior del surco intraparietal en el hemisferio izquierdo, que participa en la percepción de las acciones humanas reales (Perani, 2001).
En el siguiente artículo trataremos el tema del lenguaje, algunos aspectos de la Psicolingüística en el contexto cognitivo que, a buen seguro, nos ayudaran a comprender mejor el binomio, percepción sensorial y acción. Dr Carlos Verges
En este capítulo hablaremos de: Estructura de un problema
ESTRUCTURA DE UN PROBLEMA.Ante un problema, nuestra mente inicia un proceso de identificación, lo representa, muchas veces con una imagen y luego busca una línea de actuación que haga posible su resolución (visualizo el problema y veo cómo resolverlo). Esta forma de actuar racional y que para todos tiene sentido lógico, veremos como no siempre es la que sigue el ser humano, en ocasiones busca “atajos”, heurísticos, menos fiables pero con menor gasto de energía y de recursos.
Un problema se puede estructurar en tres partes: (1) estado objetivo o meta, (2) estado inicial o de partida y (3) operaciones que se pueden aplicar para su resolución. Un ejemplo de problema que sigue esta estructura clásica lo tenemos en la Torre de Hanoi, http://es.wikipedia.org/wiki/Torres_de_Han3i donde hay un estado objetivo de resolución del problema, una situación de partida y una serie de operaciones para pasar del estado inicial al estado final. A los problemas en los que el estado inicial y los objetivos finales son claros, se les denomina “problemas bien definidos”, la Torre de Hanoi o el ajedrez son ejemplos de este tipo. Cuando no sucede así, se denominan “problemas mal definidos” y en estos casos es importante encontrar las limitaciones, las restricciones de la solución o de los medios de que disponemos. Algunos problemas mal definidos se caracterizan por una resolución espontanea, encontramos la solución como una “luz que los pone de manifiesto”, lo vemos claro. Este fenómeno se conoce como “insight”, algo que también guarda relación con el sistema visual. Solo podemos imaginar visualmente aquello que tiene sentido, que es posible, representaciones mentales relacionadas con la información que guardamos en la memoria a largo plazo.
Aunque hay diferencias en las estrategias utilizadas para resolver problemas, hay una serie de pasos que son comunes a todas ellas. En el siguiente diagrama de flujo se muestran los pasos básicos. Primero nos debemos formar una representación del problema y seguidamente, planificar una solución y verificarla. Si la solución propuesta falla, hay que representar nuevamente el problema bajo otra perspectiva y buscar una solución que lo resuelva. Si la solución es exitosa, se ejecuta y se concluye el problema. En caso de no encontrar la solución, se plantea la duda de cuántas veces debemos replantear el problema, buscar nuevas representaciones y nuevas soluciones. No hay una respuesta clara pero, en lo que sí están de acuerdo la mayoría de investigadores, es en cambiar la estrategia de resolución, utilizando alguno de los caminos que a continuación exponemos. TEORÍA DEL “ESPACIO DEL PROBLEMA”.Actualmente se utiliza la “Teoría del espacio del problema” como estrategia más valorada para la resolución de problemas (Newell y Simon, 1972). Se trata de buscar en cada paso de la estructura del problema lo que denominamos, el “espacio del problema”, que es el conjunto de estados o de posibles alternativas a los que se enfrenta quien ha de resolver el problema. En la investigación científica, donde los problemas son generalmente complejos, se trabaja en varios espacios simultáneamente, el espacio de las hipótesis, para formular teorías, un espacio experimental y un espacio de datos para interpretar los resultados.
Algoritmos vs Heurísticos. En la mayoría de casos, ante un determinado tipo de problemas, se busca una forma segura de resolverlos, se intenta seguir una serie de pasos estandarizados, una formula, lo que conocemos como un algoritmo, que siempre, antes o después, dará lugar a la repuesta correcta. Las reglas para resolver una raíz cuadrada es un ejemplo de algoritmo. Los algoritmos son muy eficaces pero precisan de mucho tiempo y de muchos recursos, tanto de memoria operativa como a largo plazo, por ello se ha visto que la mayoría de la gente no utiliza algoritmos sino que prefiere aproximaciones más rápidas aunque menos seguras, son los heurísticos, que podríamos considerarlos como “atajos” para resolver problemas, por ello los heurísticos suelen enfocar la resolución del problema “moviéndonos” hacia el objetivo o, mediante una búsqueda aleatoria tipo ensayo-error.
RAZONAMIENTO ANALÓGICO.Es una de las estrategias más utilizadas para resolver problemas. No partimos de cero como en el caso anterior, se trata de pensar en un problema de características similares que haya sido resuelto con anterioridad y se utiliza o se adapta la solución al problema actual. Un ejemplo clásico del razonamiento analógico es el que utiliza el sistema solar para explicar la estructura del átomo o el caso del diseño de los antivirus que utilizamos en los ordenadores, donde se utilizan las experiencias con las vacunas antivíricas en animales y en seres humanos. El razonamiento analógico permite identificar y trasferir información estructural de un sistema conocido, los virus biológicos, almacenado en la memoria a largo plazo, a un sistema nuevo, los virus del computador, albergado en la memoria operativa, donde se procesa la información, se elaboran hipótesis y se evalúa si la analogía resulta útil para resolver el problema. Nuevamente se utilizan representaciones mentales de tipo visual en este tipo de razonamiento, lo cual es importante a la hora de trabajar con estos modelos en tareas de aprendizaje, tanto para niños como para adultos, por ejemplo para vencer una fobia o en deportistas que deben corregir ciertos errores en los movimientos.
Para explicar el razonamiento analógico se han propuesto dos teorías, la Teoría de la cartografía de la estructura, TCE, (Falkenhainer 1989) y la Teoría del aprendizaje y deducción con esquemas y analogías, ADEA, (Hummel 1997). El modelo TCE consta de dos etapas, en la primera se busca en la memoria a largo plazo posibles fuentes que tengan las características superficiales que figuran en el objetivo y en la segunda etapa, se da la evaluación de cuan bueno es el emparejamiento entre lo que se ha recuperado en la primera etapa y el objetivo. El modelo ADEA utiliza un mecanismo de cómputo diferente que se parece a las redes neurales. El objetivo se representa en términos de las activaciones de las características de la fuente: el virus del ordenador activará, por ejemplo, las características de mal funcionamiento, ser dañino y ser replicante. Esta activación simultanea de una serie de características similares en la memoria a largo plazo, es lo que conduce a la recuperación de una fuente análoga, como pudiera ser el virus de la gripe.
Una de las cuestiones que quedaban por determinar era la referente a sí el razonamiento analógico podía ser meramente un producto de la atención y de la memoria operativa o sería algo más. Mediante neuroimagen se demostró que en tareas donde se incrementaba la carga de la memoria operativa, se activaba la corteza parietal y la prefrontal dorsolateral, tal como se esperaba pero, la situación cambiaba cuando se incrementaba la complejidad estructural al tiempo que se mantenía constante la carga de la memoria operativa, en este caso se activaba de forma exclusiva la corteza prefrontal anterior izquierda. Con estos datos se deduce que el razonamiento analógico representa una capacidad cognitiva que recluta la actividad de tejido neural en mayor grado que la atención y la memoria operativa así que, en efecto, es algo más. RAZONAMIENTO INDUCTIVO.Lo podemos definir como, un proceso de pensamiento que utiliza nuestros conocimientos de circunstancias específicas, conocidas, para realizar una deducción sobre circunstancias desconocidas. La principal particularidad de este tipo de razonamientos es que no se pueden conocer todos los casos que existen así, estamos añadiendo nuevos conocimientos, que aunque posibles, pueden ser incorrectos. El razonamiento inductivo puede ser general o específico.
La inducción global o general, trata de generalizar desde circunstancias conocidas a todas las circunstancias posibles. Burner, 1956, fue uno de los que más estudio la inducción general, preocupándose en gran medida de la forma que introducimos las hipótesis en el problema. Una hipótesis es una idea o proposición que podemos evaluar o comprobar recopilando evidencias que la apoyen o la refuten. Esto que parece sencillo y evidente, no siempre es así. Cabe plantearse preguntas del tipo, ¿cómo puede un sujeto que ha deducido una regla mediante inducción general, descubrir si esa regla es incorrecta?. Un ejemplo clásico es el propuesto por Peter Watson: ante la triada de los números: 2, 4, 6, la mayoría de encuestados señala como regla que relaciona a los tres números, la de ser números pares con incrementos de dos unidades y, cuando se les dice que no es correcta, pasan a buscar nuevas reglas como, cualquier número con incremento de dos unidades y dan como ejemplos, 1-3-5 y, ante la nueva negativa de éxito, llegaran a reglas cada vez con menor sentido, se alejan cada vez más de la respuesta correcta, la más sencilla y la más lógica, en este caso, “números de magnitud creciente”. En este ejemplo de la inducción general, de la triada, vemos que se debe hacer una inducción general a partir de un conjunto de casos particulares pero, los sujetos suelen caer en lo que llamamos, “error del sesgo de confirmación”, que da peso a la información previa que tenemos, a las creencias preexistentes. Se encuentra una solución, aparentemente valida, y no se confirma si hay otras soluciones mejores y cuando se les dice que no es correcta, se vuelve mucho más difícil encontrar el error en la regla, descubrir que la regla que han propuesto era incorrecta.
Inducción específica, la podemos representar con el hecho de que, suponiendo que un miembro de una categoría tiene una característica particular, cualquier otro miembro de dicha categoría deberá tenerla también. Esto tiene una trampa obvia, la característica involucrada puede no ser común para todos los miembros de la categoría. Aunque esto es cierto, la inducción específica nos permite hacer deducciones útiles sobre un miembro nuevo o desconocido de esa categoría. El razonamiento inductivo nos permite poner al día nuestros conocimientos, no es necesairo tener que buscar caso a caso si aquella característica particular es cierta para todos los miembros de la categoría. En la medida que categorizamos un objeto en una determinada categoría, le adjudicamos las características de esa categoría.
Bases Neurofisiolóigicas. Buscando la red neural que pudiera explicar el razonamiento inductivo, se observó que los lóbulos frontales desempeñaban un papel fundamental. Cuando había una lesión en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda, los pacientes eran incapaces de ordenar cartas u otros objetos, aunque la regla a seguir fuera muy sencilla, como en la prueba de Wisconsin http://en.wikipedia.org/wiki/Wisconsin_card_sort (Monchi, 2001). Con estudios de neuroimagen se observó que junto a la activación de las áreas frontales, también había activación del hemisferio izquierdo, concretamente regiones temporales mediales y parahipocámpicas, lo cual indica que en este tipo de razonamiento interviene la memoria a largo plazo. La inducción requiere que se recupere activamente la información pertinente a la memoria a largo plazo y que se mantenga dicha información en la memoria operativa. Estos procesos demandan recursos mediados por los lóbulos frontal y temporal.
Fungelsang y Dunbar (2005) examinaron con RMf los mecanismos mediante los cuales integramos los datos cuando estamos comprobando hipótesis específicas. Encontraron que cuando los sujetos estaban examinando los datos de interés para una hipótesis verosímil, se activaba preferentemente regiones del núcleo caudado y de la circunvalación parahipocámpica. Por el contrario, cuando los sujetos examinaban datos relacionados con una hipótesis inverosímil, se activaba selectivamente regiones de la corteza cingular anterior, el precunens y la corteza prefrontal izquierda. En el caso de las hipótesis verosímiles, las regiones neurales activadas son las que intervienen en el aprendizaje, la memoria a largo plazo y el proceso de integración de la información. Con estos datos podemos inferir que el proceso de aprendizaje, de integrar nueva información, mejora si está en consonancia con una hipótesis verosímil. De la misma forma, la corteza cingulada anterior, activada en los casos de hipótesis inverosímiles, se ha visto implicada en gran medida en la detección de errores y situaciones de conflicto.
RAZONAMIENTO DEDUCTIVO.En este tipo de razonamiento vamos de arriba hacia abajo, partimos de unas premisas que las consideramos ciertas y por tanto, la conclusión no puede ser falsa (al contrario que en el razonamiento inductivo). Este tipo de razonamiento es el que con más fidelidad representa el pensamiento racional. El proceso mental está muy relacionado con los silogismos, un argumento que consiste en dos afirmaciones y una conclusión. La conclusión puede ser tanto cierta como falsa pero, si sigue las leyes de la lógica deductiva, siempre será una conclusión valida.
Dentro de los errores de forma, también tenemos lo que se conoce como “sesgo de emparejamiento”, muy frecuente en los razonamientos condicionales y en la que se acepta una conclusión como válida, si contiene la estructura sintáctica de las premisas o alguno de los términos de estás. Tanto el efecto de ambiente como el sesgo de emparejamiento, apuntan al fuerte impacto de la estructura sintáctica. En ambos casos estamos muy influenciados por los cuantificadores que se utilizan en las premisas. Parece que esto se debe a que ciertos objetos en las afirmaciones categóricas y condicionales, como los cuantificadores formales, captarían fuertemente nuestra atención. Siempre esperamos que la información que recibimos sea adecuada y por lo tanto, esperamos que el cuantificador sea crítico, por ello ante la preferencia de atender a las palabras del cuantificador en las premisas, y dar estas como válidas, al aparecer el mismo cuantificador en las conclusiones, también se las acepta como válidas.
Junto a los errores de forma están los errores de contenido que con frecuencia los cometemos cuando nos centramos en la certeza o falsedad de las afirmaciones individuales del silogismo, ignorando la conexión lógica entre las afirmaciones. Lo vemos en estudios que se presentan silogismos falsos cuyas conclusiones contenían, en ocasiones, afirmaciones ciertas. (Markovits 1989). Somos propensos a aceptar como válida, lógicamente, una conclusión si las premisas y la conclusión son afirmaciones ciertas. Junto a estos errores también encontramos los que se cometen cuando damos crédito a nuestras creencias. La tendencia a ser más propenso a aceptar una conclusión “creíble” que la que es “increíble”, es un hecho muy frecuente en la vida cotidiana y está fuertemente arraigado a nuestras creencias culturales.
Los estudios sobre las teorías del razonamiento deductivo, llevan a admitir que existe de forma natural, un proceso de análisis mental que evalúa la validez de las premisas y las conclusiones, que nacemos con este sustrato, con esta habilidad sin embargo, la limitación que marca la capacidad de la memoria operativa, hace que no siempre utilicemos las reglas de la lógica y nos vallamos hacia los heurísticos, atajos que ahorran energía y recursos pero que fácilmente nos hacen caer en errores, como los que hemos visto al describir los errores de ambiente, el de sesgo de emparejamiento y los basados en las creencias. Acabamos eligiendo lo que nos parece más creíble. Aspectos neurofisiológicos . Los estudios con neuroimagen durante el proceso de razonamiento deductivo, mostraron resultados inicialmente contradictorios. Se pensaba que se activarían áreas más relacionadas con una base lingüística pero se observó que también se activaban áreas relacionadas con modelos espaciales. La conclusión a la que se llego es que cuando el razonamiento deductivo se da con material que es familiar, se utilizan recursos neurales del hemisferio izquierdo, relacionado con los modelos lingüísticos, mientras que si el material es más complejo, se requieren modelos de construcción visuespacial y se activan las regiones del hemisferio derecho. La implicación de las bases lingüísticas en el razonamiento deductivo, en la generación de errores, es algo bien conocido y puesto de manifiesto por diversos autores, especialmente Chomsky en su gramática transformacional, cuando trata las frases ambiguas y su capacidad de generar errores de interpretación. Considero que el tema es tan importante como para hacer un artículo monográfico. Espero cumplir esta promesa más adelante.
Relación con el sistema visual. Ya hemos visto como los modelos de visión que van de arriba abajo, como los propuestos por los investigadores de la Gestalt, guardarían una cierta similitud con los modelos deductivos. La información que vamos almacenando en la memoria a largo plazo, el constructo que se genera fruto de la experiencia, la representación mental de los objetos que guardamos, ejerce la función de “guía” sobre la nueva información que va ingresando a cada instante. El modelo representacional interno ayuda a identificar los objetos que se presentan delante de nosotros. El filtrado de datos, bordes, colores y formas, supone una gran información que se debe integrar para identificar a los objetos y en ese proceso de constitución, de categorización, las representaciones internas marcan las reglas de agrupación para “deducir” de qué objetos se trata. Este mecanismo de visión de arriba abajo es fundamental porque requiere mucha menos energía y permite una identificación de los objetos mucho más rápida, casi de una forma automática. La importancia la vemos en ejemplos de la vida diaria como es el caso de plantear un adelantamiento en coche, identificamos los vehículos que circulan en ambas direccione, calculamos las trayectorias, las distancias y el tiempo que necesitamos para adelantar, de forma casi inmediata, lo cual supone ganar en eficacia y seguridad.
Una vez vistos los mecanismos mentales que utilizamos en la toma de decisiones y en la resolución de problemas, ya estamos en condiciones de abordar los procesos mentales que llevan a la acción, especialmente con la ayuda del sistema visual, algo que desarrollaremos en el próximo capítulo.Dr Carlos Verges

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución