Source: http://iusport.com/not/32455/-p-i-el-caso-de-cesc-fabregas-de-ldquo-jerry-maguire-rdquo-a-ldquo-oblivion-rdquo-i-p-/
Timestamp: 2017-03-29 03:19:14+00:00

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El caso de Cesc Fàbregas: de “Jerry Maguire” a “Oblivion” — IUSPORT: EL OTRO LADO DEL DEPORTE
Agustín Amorós 10 de marzo de 2017
I.- Unas líneas para calentar la banda.
La reciente Sentencia 127/2017 de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, de 24 de febrero de 2017, publicada hace pocas fechas, al desestimar los recursos presentados ante el mismo por todas las partes, ha venido a confirmar Sentencia de la Audiencia Provincial de Bizkaia de fecha 17 de enero de 2014, que condenó al jugador Francesc Fàbregas y a la sociedad de imagen de éste a abonar a la mercantil de su antiguo agente, Joseba Díaz, honorarios como consecuencia de la intervención profesional de éste en las contrataciones laborales de aquél con el ARSENAL FC en los años 2005 y 2006.
Este pleito -en que nuestro bufete asistió al agente- y su resolución judicial ofrecen diversos aspectos jurídico-prácticos muy interesantes para el ámbito de relaciones entre futbolistas y sus agentes/intermediarios, y que por ello merecen dedicarles las líneas que siguen.
Dicho mayor interés deriva del pronunciamiento sobre determinados aspectos que suelen presentar singular dificultad a la hora de sustanciar una reclamación de honorarios por parte de un agente a un jugador, y de los que, por ello, podemos extraer alguna enseñanza.
En síntesis, dichos aspectos son los siguientes:
la existencia y trascendencia jurídica de contratos parcialmente simulados dirigidos a retribuir cantidades por parte de los Clubes a los agentes pero por cuenta de los jugadores por ellos representados;
la posibilidad de reclamar directamente a las sociedades de imagen de los jugadores la parte de los salarios negociados por los agentes que finalmente se abonan a aquéllas por los Clubes en concepto de contraprestación por la cesión de la explotación de dicha imagen; y
el alcance y extensión con que deben contemplarse las retribuciones de los jugadores, derivadas de contratos negociados por su agente, a la hora de computarlas como base de la comisión de éste, en los supuestos en que aquellos contratos son objeto de novación o prórroga con el mismo Club pero ya sin la intervención del mismo agente, o, simplemente, se extinguen o resuelven porque el jugador cambia de Club.
A dichas consideraciones jurídicas dedicamos las siguientes líneas, sin entrar a valorar otras llamativas cuestiones que surgen del caso, de orden socio-deportivo o estrictamente ético, y cuya respuesta dejamos al lector, como, por ejemplo, ¿por qué un jugador tan extraordinariamente retribuido recurre a la estrategia de negar la mayor, y con ello toda intervención y trabajo a quien todo el mundillo futbolístico sabe que fue el agente que lo llevó al ÁRSENAL y negoció allí sus primeros contratos profesionales? ¿Por qué alguien que dedica una foto suya enfundado en la camiseta del Arsenal con la leyenda “a mi mejor agente y amigo”, dice luego que ese “agente y amigo” no le representó en ningún contrato profesional?
Sólo diremos sobre el particular que la Sala de apelación llegó a afirmar: “no tenemos ninguna duda de la intervención del Agente de la demandante en la negociación de los contratos que el Sr. Fàbregas suscribió con el Arsenal, actuando en los mismos representando los intereses del Sr. Fàbregas y no del Arsenal FC”.
Estas y otras pequeñas (o grandes) miserias hallan un campo abonado para su perpetración en una relación tan absolutamente basada en la confianza como la de agente-jugador, lo que obliga al agente prudente a tomar determinadas cautelas en la certeza ontológica de que en su profesión la confianza, al contrario que el amor, no salta por la ventana cuando el dinero sale por la puerta sino cuando empieza a entrar en la casa del jugador en cantidades importantes.
Dicho de otra forma, se pasa con una facilidad pasmosa del “show me the money” al “si te he visto no me acuerdo”.
A desgranar dichos aspectos prácticos y perfilar estas precauciones dedicamos los siguientes apartados:
II.- La simulación utilizada para disimular pagos realizados al agente por el Club por cuenta del jugador: un problema de prueba de ida y vuelta.
En el proceso resuelto por la Sentencia comentada se presentaba un interesante supuesto de simulación, que sintéticamente exponemos a continuación por referencia a las posiciones respectivas de las partes, la decisión de primera instancia y la sentencia de apelación, así como unas breves conclusiones al respecto.
A) La posición del agente demandante se fundaba, sobre este particular, en los siguientes extremos:
que es costumbre que los Clubes paguen cantidades a los agentes de los jugadores por cuenta de los honorarios profesionales derivados de la intervención, en esa misma condición, en la negociación y conclusión de las contrataciones entre el Club y el jugador en cuestión,
que las normas FIFA impedían, antes de 2008, que el Club pudiera pagar al agente del jugador; y
que, por tal motivo, era habitual que, para dar cobertura a los pagos antedichos, se celebraran contratos total o parcialmente simulados; y
que, por todo ello, en la demanda, ateniendo a la realidad de lo acaecido, se deducía del cálculo de la comisión pactada con el jugador la cantidad total abonada por el ARSENAL por cuenta de las comisiones devengadas por la intervención profesional del agente en las contrataciones profesionales del jugador.
B) Por su parte, la posición del jugador se limitó a reproducir la literalidad de los contratos simulados sobre el particular de la intervención del agente.
Mantenía así el jugador demandado en su contestación que “el Sr. Díaz siempre actuó como agente del Club en los contratos suscritos entre el Sr. Fàbregas y el ARSENAL en los años 2004, 2005 y 2006” y que “nunca le ha abonado ninguna comisión en los contratos como jugador profesional de 2004, 2005 y 2006. Y ello por la sencilla razón de que el Sr. Díaz siempre actuó por mandato del Arsenal”.
C) La Sentencia de primera instancia: ausencia de análisis de la simulación alegada.
Dicha estrategia le dio buen resultado al jugador en primera instancia, toda vez que la Sentencia dictada el día 19 de diciembre de 2011 por el Juzgado de Primera Instancia nº 8 de Bilbao desestimó íntegramente la demanda.
En efecto, la ratio decidendi de la Sentencia partía exclusivamente de la literalidad de los contratos profesionales con el ARSENAL, sin atender a otros elementos probatorios o indicios, concluyendo en su FUNDAMENTO DE DERECHO SEGUNDO que la prueba documental practicada acreditaba que “en ninguno de los contratos que celebró el Sr. Fàbregas con el ARSENAL FC, por los que reclama el demandante, intervino como Agente mediador del Jugador, D. Joseba Díaz Lalinde, haciéndolo en los contratos de 12 de agosto de 2005 y 18 de octubre de 2006, como Agente del ARSENAL”.
D) La Sentencia de apelación: cuando los contratos y la realidad se separan.
Gozando de determinados elementos probatorios que no pudieron practicarse en primera instancia y sí fueron vistos en la alzada –en especial, una muy elocuente testifical del Manager del ARSENAL, Arsène Wenger-, la Audiencia Provincial de Bizkaia brinda un interesante análisis de la cuestión, señalando:
“En definitiva, los contratos que firmó el Sr. Fàbregas con el Arsenal se realizaron con la intervención del Sr. Díaz, defendiendo sus intereses, sin que tal conclusión quede desvirtuada por el hecho de que el Sr. Díaz aparezca como representante del Arsenal y no del jugador en la firma de los contratos, pues es habitual en la contratación de futbolistas, que el Club asuma total o parcialmente el pago de las comisiones del Agente, ya que fiscalmente resulta favorable a todos los intervinientes, siendo necesario dar cobertura formal a dichos pagos, obligándose el Club frente al mediador del jugador, y para ello dicho mediador deberá aparecer como su agente, y en tal condición acordar las condiciones de pago que se reflejan en los contratos aportados por el demandado, suscritos entre el Arsenal y el Sr. Díaz.
La existencia de tal práctica ha sido acreditada a través de la prueba testifical del Sr. Milles, Secretario general del Arsenal, (folio 1582) al reconocer que si el Club quería pagar al Agente del jugador debe aparecer que estaba trabajando para el club; por la prueba testifical del Sr. Cagicao (ojeador del Arsenal), que admitió la práctica habitual de que un club pague los honorarios del Agente del jugador; además, dicha práctica ha tenido su reflejo en distintas resoluciones judiciales, que cita la parte recurrente.
Por tanto, si el Agente cumplió con las obligaciones contraídas en el contrato de mediación, surge para el Jugador la obligación de pago de las comisiones acordadas, sin que el hecho de que el Arsenal se obligue al pago al Agente de determinadas comisiones, exonere al jugador de su obligación, pues ya hemos dicho cuál es el motivo de la suscripción de tales contratos, sin que en ningún caso, ni de tal suscripción, ni de las manifestaciones del Jugador, y de su madre, afirmando que el Sr. Díaz les comunicó que el Arsenal se hará cargo de todo, pudiera entenderse producida una novación subjetiva de la obligación de pago, que es lo que parece sostenerse, pues no se dan los requisitos para ello.”
E) Conclusiones a la vista del Reglamento 2008 y del actual Reglamento de Intermediarios RFEF.
Como hemos mencionado, el Reglamento aprobado por el Comité Ejecutivo de la FIFA en su sesión del 29 de octubre de 2007 excluyó la prohibición anteriormente mantenida en dicho Reglamento respecto de los pagos realizados por los Clubes a favor de los agentes que representen a los jugadores.
El vigente Reglamento de Intermediarios de la RFEF ha introducido una disposición análogamente permisiva en su art. 10.5, señalando que “tras la firma de la transacción y supeditado a la conformidad del Club, el jugador podrá dar su consentimiento para que el Club remunere al intermediario en su nombre. Esta remuneración se hará de acuerdo con las condiciones de pago pactadas entre el jugador y el intermediario”.
Esta disposición (y su deficiente redacción) es tributaria de una norma idéntica ubicada en el art. 7.6 del Reglamento sobre las relaciones con intermediarios de FIFA, aprobado el 21 de marzo de 2014.
No obstante, el hecho de la desaparición de la prohibición absoluta no priva de causa y razón a las eventuales simulaciones contractuales, que se producen y seguirán produciendo, pues una cosa es que el Club reconozca abiertamente hacer el pago por cuenta (y “en su nombre”, como dice el actual reglamento) del jugador, con lo que evidentemente la cantidad correspondiente se debe considerar parte del salario y tributar como rendimiento del trabajo, y otra muy distinta hacer ese pago aparentando responder a la contraprestación pactada por la prestación de determinados servicios al Club por parte del agente.
Distinto sería el caso en que realmente se retribuyan por el mismo Club gestiones del agente material y sustancialmente distintas de las propias de la contratación laboral del jugador, como, por ejemplo, cuando, con independencia de las condiciones laborales ya negociadas con el nuevo Club, se obtiene una rebaja negociada en el precio de la transferencia o la salida a coste cero del Club anterior.
Salvado lo anterior –con no pocas y graves posibles repercusiones tributarias-, y centrándonos en la perspectiva civil de estos asuntos, cuando la intervención del agente venga referida a la propia contratación del jugador por él representado, resultará fundamental poder acreditar que dicho jugador conocía y aceptaba dicha forma de actuar, como fórmula más beneficiosa para él mismo.
Siendo así, sigue teniendo plena vigencia la recomendación de conservar la mayor cantidad de rastros documentales de las operaciones en que se ha intervenido, toda vez que:
Desde la óptica del agente, en caso de no obtenerse íntegramente el pago a través del Club de los honorarios pactados con el jugador (por establecer el Club, por ejemplo, que los pagos cesarán cuando el agente deje de serlo del jugador –caso del Sr. Díaz respecto del Arsenal- o cuando éste concluya la relación laboral con dicho Club), una eventual reclamación contra el ex representado por la diferencia pendiente de dichos honorarios se encontrará con el muro prácticamente infranqueable de la propia simulación, en la que puede tratar de ampararse el Jugador (como hizo Cesc), pese a que quienes realmente resultan beneficiados por dicha apariencia son el propio Jugador, que de momento no paga nada o ve satisfecha por cuenta suya una parte sustancial de los honorarios devengados por su agente, y el Club, por las razones fiscales ya dichas. Resultará fundamental para el agente, pues, tener constancia (o inducirla oportunamente) de que el Jugador conoce y consiente esta dinámica y sus consecuencias, reconociéndose deudor de la eventual diferencia de honorarios que pueda quedar pendientes por cualquier eventualidad que acaezca en relación con los pagos comprometidos por el Club (incluida la declaración de concurso, posibilidad nada desdeñable en la historia reciente de nuestro deporte profesional).
Desde la óptica del jugador, resulta indispensable tratar de conocer –aunque a veces no le resulte fácil- qué retribuciones ha percibido su agente del Club por conceptos relacionados con su contratación. Esto le permitirá oponer, en su caso, el descuento de las cantidades ya percibidas o pactadas por el Agente con su propio Club, en la medida en que pueda establecerse que no responden a servicios distintos de su propia contratación, incluyendo incluso las labores de scouting, pues éstas vienen a coincidir esencialmente con la ordinaria labor de promoción que al agente corresponde respecto de su representado.
III.- Posibilidad de reclamar directamente a las sociedades de imagen de los jugadores la parte de los salarios negociados por los agentes que finalmente se abonan a aquéllas por los Clubes en concepto de contraprestación por la cesión de la explotación de dicha imagen.
Es relativamente habitual que, después de las primeras contrataciones profesionales, la elevación del nivel retributivo del jugador venga acompañada de la cesión de sus derechos de imagen a una sociedad tenedora de los mismos, al efecto de que sea ésta la que los ceda, a su vez, al Club, y todo ello con el objetivo de extraer de la renta personal del jugador el 15% de las retribuciones totales a abonar por el Club, tal y como permite el artículo 92.2 de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre.
Tal circunstancia, que acontece en muchos casos con el asesoramiento del propio agente del jugador, puede conducir inadvertidamente, en el contexto de una relación de confianza continuada entre ambos, a la consecuencia de que, una vez perdida esa confianza, la reclamación contra la sociedad de imagen del jugador puede resultar complicada, pese a haber intervenido el propio agente en la negociación de las retribuciones totales del jugador, que, como es obvio, se pactan como un todo, por la simple razón de que no tiene suscrito contrato de representación o mandato con la sociedad.
De esta forma, el 15% de dichas retribuciones corren el riesgo de quedar excluidas de la reclamación del agente pese a haber intervenido de modo efectivo en su negociación.
El interés de la Sentencia de apelación ahora confirmada sobre este particular radica en la acertada forma en que aprecia la situación, entendiendo incluso que no resultaría necesario recurrir a la figura del levantamiento del velo.
Razona así:
“Como quiera que este Tribunal ha considerado acreditada la labor de mediación del Agente de la actora en la contratación del Sr. Fàbregas por el Arsenal, éste debe abonar las remuneraciones devengadas por todos los conceptos, incluidos por tanto los de derechos de imagen, y como quiera que se ha producido una cesión de dichos derechos, siendo la cesionaria la que ha percibido los importes del salario del jugador destinados a remunerarlos, será dicha cesionaria perceptora la que deba abonarlos.
No resulta necesario acudir a la doctrina del levantamiento del velo, en cualquier caso también a través de esta vía, se podría estimar la acción ejercitada frente a Zirrintza, pues es evidente que se trata de una sociedad instrumental, meramente patrimonial, creada para encauzar a través de la misma la explotación de los derechos de imagen del jugador, para así obtener ventajas fiscales, siendo de hecho el jugador el único dueño de la misma (así lo reconoce su madre), siendo su único activo los importes obtenidos por el jugador, y sin que conste que tenga otra actividad que la mera tenencia de esos activos.”
La elocuencia de las circunstancias de la sociedad en este caso hacía ciertamente poco verosímil su oposición en la contestación a la demanda, alegando cosas tales como que “no ha mantenido relación alguna –ni contractual ni extracontractual- con EUSARA SERVICIOS DEPORTIVOS”, que “no le prestado servicios ni realizado ninguna actividad” o que “no existe relación de mandato, ni expresa ni tácita, con mi mandante”.
En este caso, no solo la sociedad estaba controlada y dirigida por Cesc y su familia, sino que, por contrato de 1 de julio de 2006, el jugador cedió gratuitamente a ZIRRINTZA por cinco años prorrogables tácitamente la utilización y gestión de los derechos de su imagen deportiva, lo que suponía directamente (sin tomar en cuenta otros ingresos directamente relacionados con la imagen del jugador) la explotación de las 500.000 libras anuales por ocho temporadas (hasta el 30 de junio de 2014) pactadas en el contrato de licencia de derechos de imagen para su uso en internet de octubre de 2006; es decir, 4 millones de libras a coste cero.
Con independencia de la evidencia de este caso, puede ser recomendable plantear la acción frente a la sociedad con fundamentos alternativos, partiendo del presupuesto único de que la negociación de ambos contratos, el profesional y el de imagen, no pueden concebirse de modo separado, toda vez que, por la trascendencia y finalidad puramente fiscal del segundo, la legislación tributaria pone en relación directa los montantes de las retribuciones que se establezcan en uno y otro tipo de contratos. Así:
Puede traerse a colación la citada doctrina del levantamiento del velo, para poder así impedir que la autonomía patrimonial consustancial a la personalidad jurídica sea utilizada, en estos casos, como una ficción con el fin abusivo de eludir la responsabilidad contractual del jugador, al apreciarse tras las cesiones interpuestas la figura el propio jugador y sus padres como partícipes y administradores de la sociedad cesionaria.
Subsidiariamente, y para el caso de no apreciarse que la aparición y existencia misma de sociedad de imagen del jugador responde a un mero uso instrumental de su autonomía patrimonial formal, tampoco cabría dudar de que, al haber intervenido el agente profesionalmente y por mandato siquiera tácito de dicha sociedad en la negociación y firma del correspondiente contrato de cesión de derechos de imagen, habría devengado los honorarios profesionales correspondientes a dicha intervención, debiendo estarse al artículo 1.711 del Código Civil, presumiendo así la obligación de la sociedad mandante de retribuirlo, al tener el mandatario por ocupación el desempeño de servicios de la especie a que se refería el mandato. Otra cosa será determinar el precio cierto de dicha remuneración. No obstante, difícilmente puede dudarse que la retribución de dichos servicios es la misma pactada con el jugador, por la evidente conexión entre su contrato profesional y el contrato de imagen suscrito por él mismo y su sociedad con el Club, así como por la relación meramente instrumental mantenida con dicha mercantil.
IV.- El alcance y extensión con que deben contemplarse las retribuciones de los jugadores, derivadas de contratos negociados por el agente, a la hora de computarlas como base de la comisión de éste en los supuestos en que aquellos contratos son objeto de novación o prórroga con el mismo Club, o simplemente se extinguen o resuelven porque el jugador cambia de Club.
Este aspecto también resulta ciertamente controvertido, habiendo optado aquí la Audiencia de Bizkaia por una solución que no nos parece la más acertada, y que el TS ha mantenido pese al recurso de casación planteado al respecto, con una argumentación que no podemos compartir.
La razón esencial es que la Sala de apelación, al haber suscrito el jugador un nuevo contrato profesional con mismo club inmediatamente después de resolver la relación contractual con su anterior agente, entiende que las cantidades establecidas en dicho nuevo contrato sin su intervención no deben ser tenidas en cuenta para calcular los honorarios del agente, pese a que en buena parte ya habían sido pactadas y establecidas en contratos anteriores en los que sí intervino como agente del jugador.
En efecto, la Sentencia, en su FUNDAMENTO DE DERECHO SÉPTIMO, dedicado a “determinar las cantidades recibidas por cada uno de los demandados, que originan obligación de abonar las retribuciones pactadas a la parte demandante”, concluye que:
“Por tanto, la reclamación de la demandante debe limitarse a las retribuciones del jugador que tengan su origen en los contratos realizados con su mediación (agosto de 2005 y Octubre de 2006), contratos que extienden sus efectos hasta el 12 de mayo de 2008, fecha en la que el demandado realiza nuevo contrato con el Arsenal, sin la mediación de la demandante, sin que a partir de dicha fecha tenga derecho a percibir remuneración alguna, pues la retribución que desde entonces recibe el jugador no tiene su origen en la actividad del agente de la demandante, sino que tiene su origen en lo acordado en el contrato de Mayo de 2008 en el que ninguna intervención tuvo la demandante”.
Dicha apreciación resulta, a nuestro entender, claramente incorrecta, y ello por razones de diverso orden:
1ª.- En primer lugar, porque, desde un plano puramente material, la retribución que desde el 12 de mayo de 2008 recibe el jugador tiene en parte su origen en la actividad del antiguo agente, por tratarse dicho contrato de 12 de mayo de 2008 de una simple mejora contractual y adición de una temporada más a la duración ya pactada.
En estos casos, muy frecuentes en la práctica, mediante un razonamiento lógico se comprueba que, suprimido in mente el contrato posterior, el jugador hubiera tenido derecho a percibir las cantidades ya establecidas en el anterior contrato de octubre de 2006, sin necesidad de ningún factor material ni hecho concurrente adicional relacionado con la suscripción del siguiente contrato profesional; es decir, que dichas cantidades, por toda la duración fijada en el mismo, ya traían causa del contrato de octubre 2006.
2ª.- En segundo lugar, desde la óptica del principio de la relatividad de los contratos, la conclusión a que llega la Sentencia analizada vendría a reconocer al contrato entre Cesc y el Arsenal FC de 12 de mayo de 2008, suscrito inmediatamente después de haber resuelto la relación contractual con el anterior agente en el mes de marzo y sin intervención alguna del mismo, la capacidad de afectar mediante eliminación los efectos jurídicos y materiales ya nacidos al amparo de la relación sinalagmática mantenida con el agente, de forma que reconoce como ajustado a Derecho que el cumplimiento de las obligaciones respecto de los honorarios ya devengados asumidas por el jugador en los contratos con su agente queden al puro arbitrio del jugador, a quien bastaba suscribir cualquier contrato ulterior con el Arsenal FC, aunque fuera, como es el caso, enteramente beneficioso para el mismo, al tratarse de una mejora salarial, para dejar sin efecto y desconocer la obligación ya nacida respecto del anterior agente de abonar el porcentaje pactado “de la cuantía total del contrato firmado con cualquier Club por mediación del agente”.
Este mismo aspecto viene ratificado por el Tribunal Supremo en la Sentencia de 24 de febrero de 2017 al razonar: “sería razonable pensar que la opción del Tribunal de instancia no es lógica por propiciar fraudes de ley, ya que bastaría que el jugador resolviese con el club el contrato que suscribió con intervención del mediador y suscribirse otro, con intervención de otro mediador, para que aquél viese mermada considerablemente su retribución, cuando posiblemente el peso primigenio en la negociación haya recaído sustancialmente sobre él” (FUNDAMENTO DE DERECHO QUINTO, 3).
Sin embargo, tras esta primera acertada afirmación, se adentra el TS en una serie argumentaciones que, con el debido respeto, nos parecen ciertamente confusas y le llevan a aceptar lo que no deja de ser absurdo se mire por donde se mire.
Así, acude a la invocación de disposiciones del entonces vigente Reglamento de agentes FIFA, como si de normas del ordenamiento jurídico se tratare, con el efecto de suplantar lo expresamente pactado entre las partes, y entendiendo así reforzada una interpretación que no por ello deja de ser manifiestamente absurda. Señala en tal sentido:
“En lo que es relevante para el recurso la reforma del reglamento llevada a cabo el 29 de octubre de 2007, que entró en vigor el 1º de enero de 2008, reitera en el artículo 20.3 que «si el agente de jugadores y el jugador no optan por un pago único y el contrato de trabajo del jugador negociado por el agente de jugadores en su nombre durase más que el contrato de representación suscrito entre el agente de jugadores y el jugador, el agente de jugadores tendrá derecho a su remuneración anual incluso después de haber vencido el contrato de representación. Este derecho durará hasta que el contrato de trabajo objeto del contrato de representación venza o hasta que el jugador firme un nuevo contrato de trabajo sin la intervención del mismo agente de jugadores»
Si se atiende a este último inciso, idéntico en ambos reglamentos, la opción interpretativa del contrato, en concreto de la cláusula segunda sobre retribuciones, que hace la sentencia recurrida, aunque pudiese no ser la única, sin embargo no peca de ilógica o arbitraria.”
Dicha norma federativa, ya de por sí tan absurda como groseramente intervencionista en el ámbito de la contratación civil, únicamente podría interpretarse, si de algún modo debía entenderse aplicable al supuesto en presencia, como referida a la extinción de un contrato profesional con un club y posterior suscripción de uno nuevo con un club distinto, que deberá ser íntegramente negociado en todos sus términos. Sin embargo, cuando de una renovación o mejora contractual con el mismo club se trata –como era el caso-, siempre existirá una parte de temporadas y retribuciones del jugador que ya estaban negociadas y pactadas y que, por ello, deben su existencia a la labor del anterior agente, quien ya devengó sobre todas ellas sus honorarios, por más que el pago, en beneficio del jugador, se acompase a la percepción de las mismas durante la vida del contrato laboral.
Pero dicha facilidad de pago no puede volverse en contra del intermediario para negarle el derecho a meritar honorarios de aquellas retribuciones salariales que ya fueron negociadas por él y que el jugador percibiría en todo caso abstracción hecha de la renovación, que resulta en consecuencia una experiencia doblemente gratificante: aumenta sus retribuciones y, al tiempo, se libra de pagar a su antiguo agente por aquello que le negoció. Maniobra genial…
¿Acaso el nuevo agente sí tiene derecho a reclamar honorarios del íntegro contrato pese a que sólo ha negociado la mejora salarial y/o, en su caso, una extensión de la duración contractual?
Tal interpretación es absurda e ilógica, se mire desde el prisma que se mire, y no alcanzamos a entender cómo el Tribunal Supremo mantiene semejante disparate.
3ª.- Es más, esta comprensión, y la aplicación correlativa del artículo 1.257 CC, lleva a nuestro juicio a poder incluir, a efectos de cómputo de honorarios, incluso otros supuestos en que el contrato anterior, negociado por el agente, no es mejorado sino resuelto o extinguido por cualquier otra causa imputable al jugador. Así, nos parece más adecuada la aproximación y mejor argumentada la Sentencia núm. 106/2011 de la Audiencia Provincial de Almería (Sección 1ª), de 27 julio (JUR\2012\53686), al señalar:
“Entendemos, por tanto, que el actor tuvo pleno conocimiento de la resolución, del primer contrato, pero ello no le impide que pueda pretender el cobro de las comisiones correspondientes a todas las temporadas que abarcaba la duración del mismo.
En efecto, su labor consistía en llevar a cabo la negociación previa para la concertación y reclamación del contrato de servicios futbolísticos, en defensa de los intereses del demandado. Esa labor se materializó en el contrato concertado el 25 de junio de 2003, que suscribió Don Indalecio con la Unión Deportiva Las Palmas S.A.D. La suerte que dicha relación jurídica tuviera con posterioridad resulta totalmente ajena a las obligaciones del agente, que cumplió puntualmente con el cometido que se le asignó. El hecho de que el precio de la comisión se fraccionase por temporadas, no es más que la concesión de una forma de pago. Pero no deja de ser un precio único que se corresponde con la gestión unitaria llevada a cabo.”
Finalmente, y como corolario respecto de este apartado, solo restaría señalar que resulta altamente recomendable especificar en los contratos de representación deportiva qué retribuciones del jugador se tienen en cuenta a efectos de aplicar el porcentaje de comisión del agente, aclarando las siguientes posibles dudas:
Si se devengan en el momento de la conclusión del contrato profesional o de patrocinio –que es lo normal- y no en el de efectivo percibo de las cantidades por el jugador, con independencia de que el pago pueda diferirse o fraccionarse bajo parámetros temporales paralelos a las percepciones del jugador.
Si resultan exigibles los honorarios devengados más allá de la resolución o extinción del contrato de representación deportiva.
Conexo a la primera cuestión, si son computables las cantidades totales pactadas en el contrato profesional o de patrocinio, con independencia de que dichos contratos sean resueltos, novados o extinguidos por cualquier causa imputable (despido disciplinario) o no al jugador. Y si, en caso afirmativo, los eventuales aplazamientos o fraccionamientos de pago antes dichos se mantienen o se produce un vencimiento anticipado de las cantidades pendientes.
A nuestro juicio, no puede obviarse que cuando un jugador extingue su contrato profesional ante tempus para ser contratado por otro Club suele deberse a que se le ha ofrecido aumentar sus retribuciones y/o la duración de su contrato, o, en general, mejorar sus condiciones profesionales y/o deportivas.
De ello se deduce que tales actos derivados de la voluntad del jugador no debieran repercutir negativamente en el devengo de aquellos honorarios debidos como consecuencia de la intervención de su agente en la negociación de unas condiciones que el jugador, por su propio interés, prefiere no disfrutar en toda su extensión, opción que, a nuestro juicio, nunca puede perjudicar a un tercero.
Agustín Amorós, de Ruiz-Huerta & Crespo Sports Lawyers
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References: resolución 
 artículo 92
 artículo 1
 artículo 20
 artículo 1
 resolución