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Timestamp: 2019-08-18 06:36:00+00:00

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Created on Monday, 12 August 2019 14:36
Por medio de sus santos, Dios hace brillar de mil maneras la fortaleza católica. En San Ezequiel Moreno y Díaz esa virtud reluce de un modo relevante, por su voluntad resoluta en cumplir la voluntad divina, dispuesto a los más grandes sacrificios.
El santo de la gran resolución
Me mandaron un cuadro de un Bienaventurado colombiano, famoso por su antiliberalismo, Ezequiel Moreno y Díaz1. Su fisionomía me agrada mucho.
Batallador intrépido contra el liberalismo
La expresión fisionómica es digna, fuerte y noble, dentro de una gran serenidad. Se nota una determinación y una resolución que no necesita fogonazos para afirmarse. Él es calmo, tranquilo, pero lo que resolvió, lo resolvió.
Me parece una fisonomía que, a su modo, puede emular, ser colocada a la altura del semblante de Monseñor Vital Maria Gonçalves de Oliveira, Obispo de Olinda y Recife2 en el tiempo del Imperio. Con la diferencia de que el Beato Ezequiel es español, lo cual se percibe considerando algo en el rostro que da esa idea. Monseñor Vital es típicamente brasilero, inclusive la vivacidad en la mirada tiene el estilo de la vivacidad brasilera.
Me hicieron un pequeño relato sobre ese Bienaventurado, que paso a leer.
El Bienaventurado Ezequiel Moreno y Díaz fue Obispo de la ciudad de Pasto, cerca de la frontera con Ecuador, donde está el Santuario de Nuestra Señora de Las Lajas. Fue un gran devoto de Ella e importante promotor de la construcción del actual santuario.
Un dato que llama especialmente la atención es su combate al liberalismo, que en esa época – a fines del siglo XIX –, tanto en Colombia como en Ecuador, estaba atacando fuertemente a la Iglesia, confiscando los bienes eclesiásticos y persiguiendo al clero.
Él llevó la lucha contra el liberalismo hasta el punto de escribir Pastorales en las cuales llamaba a los católicos a levantarse en armas contra el liberalismo, inclusive citándoles el ejemplo de los Macabeos: Más vale morir que vivir en una tierra devastada y sin honra (cf. I Mac 3, 59).
La prédica de ese prelado dio calor a los católicos, especialmente durante una guerra que sucedió en Colombia, entre ejércitos católicos y liberales, que se desarrolló a lo largo de tres años, intitulada la “Guerra de los Mil Días”.
Otro trazo de la firmeza de este Bienaventurado fue el hecho de él haber lanzado una excomunión contra todos los padres de familia que enviasen sus hijos a un colegio, cuyo director era una persona de doctrinas liberales. Ese tal director se trasladó al otro lado de la frontera y, con la anuencia de un obispo ecuatoriano de ideología liberal, comenzó a hacer funcionar allí una escuela.
Algunos padres colombianos enviaron sus hijos a ese colegio en Ecuador. Entonces, el Beato Ezequiel renovó la excomunión, lo cual llevó al obispo ecuatoriano a quejarse ante la Santa Sede. Como resultado, la Sagrada Congregación para los Obispos desautorizó al Bienaventurado. Este fue a Roma – viaje que en aquella época duraba varios meses –, hizo revisar todos los documentos en el Vaticano y obtuvo que León XIII levantase la condenación que había recibido.
La correa de Santo Tomás, característica de los agustinos
¡Eso es saber luchar bien! Noten la analogía con Monseñor Vital que, desautorizado por una carta de Pío IX, inspirada por el Cardenal Antonelli, fue a Roma, obtuvo el juzgamiento de su caso y la afirmación de Pío IX de que él había andado bien. Por lo tanto, la intriga había subido incluso dentro del Vaticano.
Paso a comentar el cuadro. Estamos en presencia de un religioso de la Orden de San Agustín. Se notan las insignias episcopales: el solideo púrpura, la cruz pectoral y el anillo pastoral. En su hábito lleva una correa característica de los agustinos, la cual, según me dijeron, es una reminiscencia del cinturón que Nuestra Señora llevaba consigo y que le lanzó a Santo Tomás, mientras Ella subía al Cielo.
Como sabemos, Santo Tomás fue el único Apóstol que no asistió a la dormición y Asunción de la Santísima Virgen, en lo cual se podría ver cierta severidad por causa de la duda de él con respecto a la Resurrección de Nuestro Señor. Y lo que Nuestro Señor dijo a Él: “Tú creíste, Tomás, porque me viste; bienaventurados los que no vieron y creyeron.” (Jn 20, 29); es una censura. San Agustín dice sobre esa censura una cosa extraordinaria: que la fe de millones de hombres en el futuro pendió del dedo de Santo Tomás, porque como hay mucha gente con la mentalidad que Santo Tomás tenía antes de tocar las Llagas de Jesús, esas personas se sienten tranquilizadas con dicha narración.
Una vez más entran los designios ocultos, misteriosos y superiores de la Providencia. En último análisis, Santo Tomás tuvo un momento de duda, pero la Providencia sacó una ventaja tan grande de esa duda, que nos preguntamos cómo Ella se las habría arreglado para producir ese efecto, si Santo Tomás no hubiese dudado. Tal es la complejidad de los hechos considerados desde el punto de vista de la Providencia.
Santo Tomás llegó atrasado, cuando Nuestra Señora ya iba subiendo, y se quedó en aquel encantamiento al verla. Donde entran, una vez más, los tales designios de la Providencia. El único Apóstol que no estuvo presente fue él; sin embargo, por lo que consta, el único que recibió un recuerdo de Ella, cuando ya se destacaba de la vida terrena e iba subiendo al Cielo, fue él. Se tiene el deseo de decir: “¡Bienaventurado Tomás!”.
Distensión de las grandes resoluciones tomadas
Pero, volviendo al cuadro, la mirada del Bienaventurado Ezequiel Moreno se está fijando alto en el horizonte. Esta actitud de la mirada no la tiene una persona romántica. Porque él está mirando hacia un punto fijo, y al romántico no le gusta mirar nada fijo, es una mirada “melada” que no se clava en nada, porque se fija en sueños interiores.
Su rostro está totalmente distendido, no se nota en él la menor contracción. Sin embargo, no es la distensión común del hombre que duerme, sino aquella forma de distensión que no tienen los irresolutos. Estos poseen la distensión de la pereza, parecen carnudos aun cuando sean delgados. Aquí él tiene la distensión de las grandes resoluciones tomadas, del hombre que resolvió todo, entró duro en el camino por donde tenía que entrar y dijo: “¡Vi, decidí y entré! ¡Pase lo que pase, venga lo que venga y cueste lo que cueste, yo resolví, y hago aquello!”
Alguien podría preguntarme: “¿Cómo nota Ud. eso?”
Como notaría en una fisionomía viva. Cuando un hombre tomó una gran resolución, algo queda marcado en el rostro, en donde la musculatura es definida y dura, y al mismo tiempo distendida, porque las dudas quedaron atrás y todos los sacrificios que ese camino traiga consigo, se ve que de algún modo él los midió, los aceptó y pide a Nuestra Señora que lo ayude a no retroceder.
Resolución absoluta del Redentor y de su Madre Santísima durante la Pasión
Creo que el modelo trascendental e infinito de esa resolución se debió haber estampado en el rostro de Nuestro Señor después de que el Ángel lo consoló, considerando etimológicamente el término, o sea, le dio fuerzas. En el Huerto de los Olivos, Él pidió: “Padre mío, si quieres, aparta de Mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya.” (Mt 26, 39). Vino el ángel y lo fortaleció (cfr. Lc 22, 43). Él, que nunca había estado irresoluto, estaba sin embargo con toda su naturaleza humana puesta delante de la previsión terrible de la Pasión, pero con la determinación: “Dios, ayúdame, Yo aguanto, ahora voy.”
Podemos notar esa resolución de un modo divino en el Santo Sudario. Una de las notas que la Sagrada Faz da, es precisamente de una resolución absoluta: está golpeada, escupida, se nota que la nariz sufrió un golpe. Nuestro Señor murió en el auge de todos los dolores, pero Él deliberó rescatar el género humano y lo rescató.
Algo de eso se debería notar también en Nuestra Señora, en el momento y después del Consummatum est3: “Yo resolví, Él es mi Hijo, Yo lo ofrecí al Padre Eterno para esto. Aconteció que mi ofrecimiento fue aceptado y Él murió. Era lo que Yo quería. ¡Sigamos adelante!” Eso es indecible, pero es así. Esta es una de las razones por las cuales, sin tener ni de lejos el atrevimiento de negar el valor artístico de la Pietà de Miguel Ángel, niego el valor religioso. La Pietà es un conjunto lindo. Sin embargo, el modo en que Nuestra Señora está mirándolo no es aquella compasión de quien contempla el fruto doloroso de su propia resolución. Hay algo de muelle, que no corresponde a quien acaba de beber la última gota de hiel y de ver la última consecuencia de la resolución tomada: “¡Es terrible, es trágico, sin embargo, es lo que Yo quería!” Compasión es tener dolor, sin duda, pero es participar de la intención sacrificial de él.
Diversidades de brillo de la gracia en las almas de los santos
En la fisionomía del Beato Ezequiel Moreno y Díaz notamos algo que yo podría decir que está a la altura de alguien que adoró y se embebió profundamente del Consummatum est. Se ve que él está más allá de los sacrificios, de las resoluciones y de las dudas. La actitud de él es como de quien dice: “Ya sufrí mucho y tal vez tenga mucho por padecer, pero resolví sufrir eso para atender la voluntad de Dios. Nuestra Señora obtuvo de Él esta fuerza, y yo sigo hasta el fin.”
Se percibe eso en la postura del cuerpo. La cabeza no está en lo más mínimo en una actitud de gallo de pelea; es una posición normal, pero alta, no tiene la cabeza de un “herejía blanca”4, de ningún modo. El cuerpo no está arqueado ni es perezoso, sino que tiene algo de quien dice: “Ni siquiera estoy haciendo fuerza, porque todas las fuerzas fueron hechas. Está todo consumado, llegaré hasta el fin.”
Él podría llamarse “el Bienaventurado de la gran resolución”.
Es bonito comparar un santo con otro, no para saber cuál es más grande, sino para ver las diversidades del brillo de la gracia conforme al alma. Consideren este santo frente a sus adversarios.
Su actitud es: “¡Yo os combato, pero estoy mucho más allá de vosotros! Mis ojos posan en otros horizontes y mi alma ama otras grandezas.”
Monseñor Vital Maria Gonçalves de Oliveira, Obispo de Olinda y Recife, es diferente. Él mira al adversario como quien dice: “Atrevido, que osaste levantarte contra el Señor Dios de los Ejércitos y contra la Inmaculada Concepción de María. ¡Yo te enfrento! Te estoy combatiendo y tengo la alegría de estar derrotándote.”
El Beato Ezequiel polemiza, pero sobrevuela por encima de las polémicas. Monseñor Vital no. Él entra en polémica como un huracán que lleva todo consigo. Es otro modo de ser.
La Iglesia se expresa así, y aún de muchos otros modos. Por ejemplo, el rostro triste, firme, resoluto y angelical de San Pío X; la fisionomía batalladora, desconfiada, férrea y dulcísima de Santa Bernardita Soubirous. Y así podríamos ir comparando las mil maneras de brillar la fortaleza católica. La del Bienaventurado Ezequiel Moreno y Díaz es una manera altamente relevante.
1) Canonizado el 11 de octubre de 1992.
2) Antigua y actual capital del Estado de Pernambuco, respectivamente, situadas en la costa del océano Atlántico, en el noroeste de Brasil.
3) “Todo está cumplido” (Cf Jn 19, 30), últimas palabras de Cristo en la cruz.
4) Expresión metafórica creada por el Dr. Plinio para designar la mentalidad sentimental que se manifiesta en la piedad, en el arte y en la cultura en general. Las personas por ella afectadas se vuelven muelles, mediocres, poco inclinadas a la fortaleza, así como a todo lo que signifique esplendor.
(Revista Dr. Plinio, No. 257, agosto de 2019, pp. 26-29, Editora Retornarei Ltda., São Paulo – Extraído de una conferencia del 14.11.1980).
Last Updated on Tuesday, 13 August 2019 13:01

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