Source: http://pordignidad.blogspot.com/2013/09/
Timestamp: 2018-02-22 12:50:32+00:00

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Prostitución NO: septiembre 2013
El concepto de dignidad nos interesa por varios motivos.
Uno de ellos es porque es el centro insustituible de los derechos humanos. Es el único principio que puede fundamentar los derechos, aún los básicos como son la libertad e igualdad.
Otro motivo es que resulta ser también el fundamento del rechazo a la prostitución y la trata de personas. Cuando se ven estos dos temas a la luz de la dignidad no quedan dudas, de inmediato aparecen nítidamente como violaciones a los derechos humanos.
Desde la dignidad, la palabrería tejida alrededor de estos temas y que busca impactar en la opinión pública y que nos habla de “derechos”, “libertad”, “elección”, “trabajo”, se muestra inconsistente al mismo tiempo que deja ver los intereses que esconde.
Esta relación no es nueva, ya en el Preámbulo del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena adoptado por Naciones Unidas en 1.949, con total claridad se dice:
”... que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana y ponen en peligro el bienestar del individuo, de la familia y de la comunidad..”
No hay dudas que el ser humano es un valor en sí mismo y que por lo tanto carece de precio alguno, que su integridad psico-física-social y en función de esto, sus derechos sexuales y reproductivos, su autonomía y su derecho a una vida saludable y con pleno desarrollo, deben ser respetados y este respeto es exigible universalmente. También resulta claro que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución dañan esta integridad, ponen en riesgo a la persona y a la comunidad toda.
Si la persona no puede ser sometida a intereses o fines ajenos a ella misma, ya sea en beneficio del gobierno, el estado, o una empresa o institución, también es cierto que la finalidad de un individuo no puede poner en riesgo a la comunidad. Es necesario en cada situación ir realizando este difícil equilibrio entre lo particular y lo general.
Estamos en momentos en que este principio central pretende ser dejado de lado, ser olvidado y considerado anacrónico. Esto tiene sus motivos interesados pues la dignidad es el único principio que iguala a todos las/os humano/as y no admite restricciones ni está sometido a condiciones, no es necesario hacer o dejar de hacer algo para ser merecedor porque es intrínseco a la condición humana. Es un límite firme ante el avance de los gobiernos y totalitarismos, por eso no es casual que su auge haya comenzado en el siglo pasado, en los años de dos guerras mundiales, de dos bombardeos atómicos, de los campos de concentración, de totalitarismos y genocidios.
Una fuerte presión se ejerce para poner en su lugar a la libertad, como si esta fuera original y no estuviera basada precisamente en la dignidad. Es un intento de llevar al individualismo a su extremo y avanzar en la destrucción de la idea de comunidad, del mismo modo que las de nacionalidad, territorialidad, de libre determinación, están siendo demolidas para imponer una globalización extrema.
Sabemos que la libertad no es absoluta, que esta sometida a diversas condiciones, que los humanos disponemos de diversos grados de libertad y que estos no son iguales entre unos y otros. También sabemos que los mismos que pregonan la libertad son los que cierran las fronteras, los que impiden la migración de aquellos que buscan un futuro que los libere del hambre y la muerte, son los mismos que incentivan la xenofobia y el racismo.
Entonces, ¿de qué libertad hablamos?
Es la libertad de la oferta y demanda, de los mercados, del libre tránsito de mercaderías y finanzas, de que todo aquello que proporcione dinero debe ser reconocido y regulado como legal. En definitiva, estamos hablando de consideraciones netamente económicas, del endiosamiento de la rentabilidad, de la ganancia y la acumulación del capital donde la persona humana queda reducida a mero instrumento para la creación de riqueza, la persona convertida en mercadería.
La anulación del principio de dignidad implicaría la caída de la igualdad, volveríamos a épocas en que algunos se creerían con superioridad, con mayor valor que otros, a que la esclavitud podría ser considerada como una herramienta más, a que la tortura y genocidios también fueran reconocidos y aceptados. Podría caber entonces, el absurdo, de que una persona pudiera decidir darse a otra en esclavitud.
La prostitución en cuanto reduce a la persona a un objeto para la satisfacción sexual de otro mediante un precio, encarna todos estos posibles males que he señalado, desconoce profundamente la dignidad al cosificar, ata a la persona al yugo de la rentabilidad y la vuelve una variable económica, una herramienta de producción y al cuerpo la maquinaria de esta fábrica.
El derecho a la dignidad. Ma. Laura Capurro
Hoy es muy común escuchar hablar de dignidad y ubicarla en distintas actividades o cosas, por ejemplo, se habla de un trabajo “digno”, de un sueldo digno, de vivienda, comida, educación digna, etc.
Muchas veces es un uso amplio y muy poco preciso del término, otras veces es claramente objeto de manipulación para beneficiar intereses particulares.
La conciencia que tengo de mi propia experiencia ya me anticipa el concepto de dignidad. La experiencia comienza en el reconocimiento de que “yo soy”, de mi diferenciación de los demás humanos y de los animales y cosas del universo, mi existencia es mía. Yo soy radicalmente otro, lo que me da una identidad definida, y el reconocimiento de mi subjetividad como mía e intransferible. Me poseo a mí mismo y por eso soy responsable, sólo yo puedo dar respuesta de mi propia conducta. Todo esto es lo que me constituye irrepetible, único.
La experiencia de ser origen y dueño de mis actos implica la experiencia íntima de mi libertad: soy dueño de mis actos de tal manera que puedo elegir llevarlos a cabo o no, por eso no acepto la imposición, el autoritarismo, cuando se me fuerza a hacer lo que no quiero. Esto implica tener la dirección de mi vida, aún cuando puedo decidir que otro la dirija por mí o aún cuando no me haga cargo de ella y atribuya a fuerzas externas mis propios actos. Todas estas capacidades trascienden la esfera puramente biológica. Esta trascendencia es la que explica la posibilidad de establecer relaciones intersubjetivas, de conocimiento de lo que me rodea. Es la capacidad de salir de mí mismo para contactar con las cosas, buscar penetrar sus características, apropiarme de esa intuición llevándola a mi interior para convertirla en palabras, en ideas que nuevamente me llevarán a esa realidad para comprobarlas. La persona humana posee esta intimidad por la que puede interiorizar el mundo y reflexionar, como un acto de libertad frente a ese mundo y a sí mismo.
Todo esto es lo que supone el concepto de “dignidad”, la capacidad que únicamente la humanidad tiene de crear su propio mundo, de conocerlo y actuar libremente, libertad que se manifiesta como poder.
La libertad no significa que sea completa y absoluta indeterminación, pues remite siempre al ser libre que le da sentido y límite, por lo tanto, a la dignidad. La afirmación de una libertad absoluta llevaría a la negación de la propia libertad. Los condicionamientos de la naturaleza y la presencia del otro como otras libertades constituyen sus límites externos.
¿Qué es esta dignidad de la que hablamos? ¿Qué entendemos por dignidad de la persona humana?
El concepto de dignidad no es fácilmente captable porque son distintas vertientes y tiempos los que le fueron dando forma. Desde religiones diferentes y culturas distintas; con el paso de los siglos ha recibido aportes y modificaciones, por lo que carga con el peso de una larguísima tradición en la historia del pensamiento. Hoy cuando hablamos de dignidad, sin darnos cuenta, estamos englobando todos estos sentidos.
Quizá en los primeros tiempos se ha intuido que la humanidad posee algo incondicional, un plus, que la hace diferente al resto de quienes habitan y forman el planeta y el universo. A la vez que es diferente, forma parte del mundo y lo trasciende. Muestra una singular capacidad, por su inteligencia y por su libertad, de establecer relaciones diferenciadas.
Debemos comprender que cada persona por estar y ser construida en la cultura excede el universo natural, por lo que solamente puede ser comprendida integralmente a partir de esta cultura. Su raciocinio, su habla, la capacidad de crear intelectual y artísticamente, le permiten configurar un mundo con características propias, una forma de vivir y hacer su historia. Esto es lo que lo diferencia de los otros individuos y también lo que tiene en común con ellos. Por esto cada persona es singular al mismo tiempo que universal y esto es lo que constituye su dignidad y por esto debe ser respetada.
La persona humana se siente impulsada a la acción con esta finalidad. Podemos aceptar por tanto que el valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos. Y a ese valor lo denominamos "dignidad humana".
Esta intuición de la que venimos hablando, se concretó en la historia en dos planos: el teórico y el práctico. El primero trata acerca de las elaboraciones que ha recibido el concepto, el segundo es la puesta en práctica del principio de dignidad y la abolición legal de prácticas inhumanas. Entre estos dos planos no hay relación de causa y efecto, el desarrolló teórico no necesariamente se tradujo y traduce en la realidad de la vida política.
Con el paso de los siglos se ha ido afirmando en la sociedad la idea de que todos los hombres, cualquiera sea su origen, sexo, condición social o edad, poseen una misma e igual dignidad.
La filosofía de los derechos humanos desarrollada por la Modernidad hunde sus raíces precisamente en esta misma intuición, ya que su tesis principal consiste en sostener que la dignidad y los derechos que de ella derivan corresponden al hombre por el sólo hecho de ser hombre.
En el "Preámbulo" de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) se afirma el
" reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”
El art. 1ro expresa:
El 2do precisa:
“sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.”
En estas pocas líneas queda plasmada la universalidad del concepto de identidad. Representa un carácter único perteneciente a la humanidad, insustituible e intransferible, independiente de cualquier condición, de la situación económica y social, de la edad, del sexo, de la religión, orientación sexual, etc.
Inmediatamente se relaciona con el respeto absoluto que se le debe a la persona humana.
Al referirnos a "dignidad humana" y "derechos humanos" estamos enunciando conceptos universales que trascienden a cualquier sistema político o social.
El concepto de dignidad en el pensamiento
El siguiente esquema solamente intenta dar algunos puntos acerca de lo contenido en el concepto de dignidad, en modo alguno busca dar razón de los distintos pensadores nombrados ni hacer un listado completo de quienes se han dedicado a este tema. Sobre todo porque estamos ante un concepto complejo no solamente por su historia sino por la diversidad de ideas que lo conforman, a punto tal que muchos pensadores contemporáneos tienden a rechazar cualquier explicación racional del fundamento de la dignidad considerándolo “vacío” pues cualquier explicación que se intente será subjetiva y sometida al momento histórico social. Sostienen que aunque no pueda ser definida, el concepto debe ser sostenido y defendido. Podemos preguntarnos si no puede ser enunciada claramente, ¿cómo nos daremos cuenta cuando la dignidad es violentada? Estos filósofos nos dicen que será la intuición la que advertirá de aquellos casos en que la dignidad es desconocida, por eso más que en definiciones se basan en situaciones concretas en los que pudiera ser puesta en cuestión.
La visión premoderna era teocéntrica, la moderna es antropocéntrica, ambas coinciden en considera a la especie humana como singular respecto de cualquier otra. A partir de la modernidad la humanidad ya no está al servicio de un dios ni tiene fines trascendentes, sino que es un fin en sí misma, no un medio.
A pesar de sus diferencias en cuanto al fundamento, estos dos puntos de vista acerca de la dignidad tienen en común que otorgan un valor absoluto, de excelencia, al ser humano.
Ya sea por su esencia divina o por su capacidad de razonamiento, autonomía, o la libertad de hacerse a sí mismo, aparece desgajado del mundo que lo rodea. Esto implica dos ejes, uno de ellos hace que la dignidad humana tenga un alcance vertical, su superioridad respecto del universo que lo rodea, y otro, horizontal dado por la igualdad de los seres humanos entre ellos.
La palabra latina "dignitas", de la raíz "dignus", significa una grandeza y excelencia por las que el portador de esta cualidad se distingue y destaca entre los demás, al mismo tiempo denota el merecimiento de cierto tipo de trato. Así la dignidad se puede definir como una excelencia que merece respeto o estima.
De este modo la dignidad implica no solamente una cualidad sino también un trato, una conducta determinada, por lo que este concepto antropológico nos sirve como base para elaborar una ética.
Al saber que la humanidad es así, sabemos también que debería ser tratada de una manera particular.
De aquí también resulta clara la relación entre la dignidad humana y los derechos. Si por su estatuto humano, la persona merece un trato especial, las características de este trato son las que se enuncian en los derechos humanos. Por este motivo, se le debe a la humanidad el acceso a los bienes que favorecen su realización integral como persona.
En vista de todo esto, es probable que no haya otro concepto de más importancia para el futuro cultural y moral que el concepto de la dignidad de la persona humana. Siendo la persona el centro y el punto de referencia de la sociedad, lo positivo o negativo de una cultura se mide precisamente por su actitud hacia la persona.
En las culturas antiguas este concepto estaba aplicado únicamente a aquellas personas sobresalientes y en muchos casos estaba ligado al cargo que ocupaba la persona. Aún hoy es usado con este significado: dignatario, la dignidad del cargo. Al mismo tiempo que se refería a su superioridad indicaba que se le debía un trato especial.
Es con los estoicos que el concepto de dignidad es extendido a todo ser humano, por estar dotado de racionalidad y, por ello, ser capaz de penetrar en el orden cósmico y lograr el dominio de sí mismo.
Ya distinguen entre aquello que tiene precio y lo que tiene valor o sea lo que tiene dignidad. Consideran que todo ser humano es un bien cuyo valor no puede cifrarse, porque no tiene precio. Este reconocimiento universal del valor, de la dignidad de todo ser humano se manifiesta políticamente en la crítica de los estoicos a cualquier forma de esclavitud.
Las perspectiva platónica, aristotélica y estoica, abrieron el camino que siguieron otros pensadores y convergen en que la dignidad está basada en que la humanidad posee un alma racional (este pensamiento implica dos tesis que hoy están puestas en discusión: la existencia del alma, y que el pensamiento sea exclusivamente humano).
Aristóteles (384-322) dio la primera definición de persona como “animal racional” o como “animal que posee razón”.
Fundamento religioso judeocristiano
El concepto de dignidad está profundamente ligado al de persona. A lo largo de los siglos ha ido enriqueciendo su significado. En el mundo griego, el hombre no se consideraba persona, en cuanto que estaba sometido al destino y no podía romper el círculo de la necesidad.
La noción de persona es un concepto cristiano que proviene del siglo 3 y toma su nombre del griego prosopon (máscara). Prosopon era el nombre de la máscara que usaban los actores en escena con la que tapaban su rostro y permitía que la voz resonara fuertemente, de ahí que también significara personaje (recordemos las dos máscaras que representan al teatro entre nosotros).
El concepto «persona» fue poco utilizado hasta los primeros siglos de la era cristiana, convirtiéndose luego en un concepto clave para la revelación con el dogma de un solo Dios en tres personas (Trinidad) y con el dogma de una persona divina en dos naturalezas (Cristo con una naturaleza divina y otra humana). Para explicar estos misterios los teólogos recurrieron a la voz griega “prosopon”.
En los primeros siglos de la Iglesia cristiana se aplicó el término persona para tratar de echar luz al misterio de la Trinidad. Los Padres griegos en vez del término persona (prosopón) usaron la expresión hypóstasis, traducida al latín por suppositum o subsistentia, por cuanto indica una realidad objetiva.
Expresan que en Dios hay tres maneras de poseer la misma naturaleza, estas formas serían la persona (Padre, Hijo y Espíritu Santo y una única naturaleza divina). En Jesús se da una única persona con dos naturalezas plenas: la divina y la humana (unio hypostatica).
San Agustín utiliza la palabra persona en el sentido de hypóstasis, desligándola del término prosopón (máscara). El término persona lo usa tanto para referirse a Dios como a los hombres.
Para los Padres de la iglesia la persona tiene las siguientes características:
1) es existente en sí
2) es sujeto activo con responsabilidades y derechos;
3) es una identidad, irrepetible, distinto.
El fundamento religioso judeocristiano de la dignidad de la humanidad es el hecho de haber sido creada a imagen y semejanza de Dios, está dotada de un alma espiritual e inmortal, posee entendimiento y voluntad, por lo que no es algo sino alguien. Se distingue del resto de la creación, esto le confiere un lugar especial y único que constituye su dignidad, ocupa un lugar privilegiado, desde el punto de vista ontológico y axiológico. No hay diferencia de grado entre la humanidad y el resto del universo, sino de cualidad; hay un salto cualitativo que es el que nos permite elaborar una ética referida a la humanidad.
La comprensión de la persona como centro de los valores morales pertenece a la cosmovisión bíblica.
Un hecho importante refuerza estas ideas y es que para esta religión cristiana Dios ha tomado la condición humana en su hijo, Jesús, o sea que la Segunda persona de la Santísima Trinidad ha tomado la naturaleza humana.
Otra idea muy importante es que por la gracia la humanidad adquiere la dignidad especial de hijo de Dios. Todo esto la caracteriza de manera muy especial en relación al resto de la creación.
Junto a esto hallamos el principio del libre albedrío como capacidad humana para autodirigirse, esta libertad forma parte del concepto de dignidad cristiano.
Para el catolicismo expresamente la dignidad tiene consecuencias, por ejemplo, respecto al cuerpo humano pues este participa de la dignidad de la persona y debe ser tratado con el respeto y cuidado correspondientes.
De los principios de respeto a la persona, reconocimiento de su fin en sí misma y no instrumentalidad, el cristianismo saca otras consecuencias como por ejemplo:
Principios de No-malevolencia y de benevolencia: exige que en cada conducta se evite dañar y, por el contrario, se busque el bienestar a los demás.
Principio de Doble Efecto: se debe asegurar que nuestra conducta no produzca efectos secundarios dañinos.
Principio de Integridad: actuar en todo momento con honestidad y el respeto debido a los demás y a uno mismo.
Principio de Justicia: tratar a cada uno de forma similar en circunstancias similares, lo que se aplica a los diversos tipos de justicia establecidos socialmente.
Principio de Utilidad: si se puede optar entre dos conductas moralmente equivalentes, se debe elegir aquella que produzca el mayor beneficio para el mayor número de personas.
Severino Boecio (480-525), influido por Aristóteles da una definición más precisa de persona, la que es retomada por Santo Tomás de Aquino y por toda la filosofía medieval y gran parte de la moderna:
“persona est naturae rationalis individua substancia”
la persona es una sustancia individual de naturaleza racional. ("De persona et duabus naturis")
Para Boecio entre todas las sustancias, solamente persona son aquellas substancias racionales, de este modo establece un principio de dignidad.
Santo Tomás retoma la definición de Boecio agregándole el atributo de relacionalidad. Para él las Personas divinas son relaciones subsistentes.
La persona es el centro del universo y lugar de los valores morales. La dignidad humana aparece fundada en la condición de la humanidad de ser imagen de Dios. Para Tomás cada individuo de naturaleza racional se llama persona en virtud de su dignidad.
El teólogo franciscano san Buenaventura presentaba la dignidad como rasgo distintivo de la persona.
Saltando los siglos y llegando al 20, hallamos que el Concilio Vaticano II en el documento llamado “Gaudium et Spes” resume lo que el catolicismo entiende por dignidad
“19. La razón más alta de la dignidad humana consiste en la vocación
del hombre a la unión con Dios. Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios.”
De este desarrollo ya se pueden obtener rasgos que se mantendrán a lo largo de los siglos.
Teniendo la sustancia como significado el ser-en-sí, o sea, no dependiendo de otro, podemos inferir que la persona es quien se pertenece a sí mismo, que existen en sí y por sí, con una unidad interna propia, o sea diferente de otros (individuo), por lo que cada persona es única e irrepetible. El decir “racional” indica no una acción sino todas las capacidades superiores de la humanidad (inteligencia, amor, sentimientos, moralidad, libertad).
Por todo esto podemos decir que ser persona pertenece al orden ontológico, por tanto, no es pasible de ser adquirida o disminuida como tampoco acepta graduaciones (más o menos persona).
La dignidad implica una diferencia en el orden del ser que lo convierte en persona y no en individuo.
El Renacimiento del siglo XV dirige el pensamiento hacia la humanidad, la individualidad, y con ello especialmente hacia la dignidad. Francisco Petrarca, Juan Luis Vives, Nicolás de Cusa, Marsilio Ficino, Erasmo de Rotterdam y otros pensadores van haciendo este camino. La expresión dignidad del hombre se puede hallar en las portadas de libros como el de Pico della Mirandola (1486) o el de Fernán Pérez de Oliva (1546).
La dignidad se apoya sobre la libertad y sobre la capacidad de la humanidad.
Para Pico della Mirandola ( De hominis dignitate - 1488), el hombre supera todo lo que hay en el mundo; mientras las otras criaturas sólo pueden desarrollarse a partir de lo que su propia especie les marca, la humanidades carece de estos límites, para ella todo es posible, no hay frontera insuperable, es ella misma la que fija sus propios límites y de esta manera crea su propio mundo. Por esto es capaz de las mayores bajezas como de las más altas virtudes. La humanidad es un conjunto de posibilidades que va seleccionando según su inteligencia, por eso la distingue la libertad. Es un ser racional, capaz de inventarse a sí mismo, de superar la naturaleza, de crear un mundo de arte y de cultura. Della Mirandola tiene una visión optimista y esperanzada.
(las filosofías de la finitud critican esta postura omnipotente de la humanidad, la aceptan para algunos individuos pero no para toda la humanidad. Ellas partes de una visión indigente y vulnerable. Otros discuten que el abismo entre la animalidad y la humanidad no es tal).
Para Descartes entre el cuerpo y el espíritu hay una unión puramente accidental: la persona se identifica a la res cogitans (cosa pensante), en oposición a la res extensa, que es el cuerpo. La persona queda reducida a su dimensión pensante y el cuerpo convertido en parte del mundo exterior, un objeto más entre los objetos, una especie de máquina movida por el pensamiento. Por esta razón, buena parte de la filosofía contemporánea, siguiendo el dualismo cartesiano, tiende a hablar ya no del hombre sino del "yo", del cual la corporeidad no es más que un elemento accidental. El dualismo es el que ha permitido considerar al cuerpo como una herramienta para la producción, como un elemento material que puede ser “usado” para producir beneficios, que puede ser pesado y medido y sometido a criterios de eficacia y utilidad, este cuerpo no es la persona, es un objeto más. Este criterio ha llevado a considerar que lo que se le hace al cuerpo o lo que sucede con este, es independiente de la persona.
La visión cartesiana de la persona fue desarrollada y radicalizada por algunos pensadores posteriores, especialmente anglosajones -Locke, Hume. La "conciencia de sí" o la "memoria" comenzaron a ser considerados como constitutivos de la persona.
Las distintas concepciones filosóficas fueron agregando características. La humanidad es autoconsciente, capaz de conocerse, es un ser racional, capaz de pensar y de amar, de poseerse y de darse libremente y entrar en comunión con otras personas; capaz de creatividad y de sentimientos, responsable. En el siglo XX, las filosofías personalistas destacarán el valor de la relación, de un yo abierto a un tú, del diálogo.
Lo distintivo es que hay un obrar específicamente humano que trasciende lo biológico, que es intencional, una apertura y eso será una característica de la persona.
El pensamiento de Immanuel Kant (1724-1804) constituye, indiscutiblemente, un hito en la reflexión ética sobre la noción de dignidad a tal punto que el concepto moderno de la dignidad humana está estrechamente unido a Kant y a su filosofía. Ha abordado explícitamente el concepto de dignidad humana y su interpretación sigue siendo relevante. Le da una entidad basada exclusivamente en las características de la humanidad, desgajándola de toda idea religiosa, lo que no significa necesariamente contraposición de conceptos, pues en la significación profunda ambas ideas tienden a la coincidencia al reconocer a la persona humana una excelencia que aparece indicada en la dignidad.
La dignidad ha de ser entendida de manera trascendental, o sea, no vinculada a las cualidades empíricas. Por eso dice una fórmula kantiana: «Respeta la humanidad de cada hombre».
Para Kant es por la unidad de la conciencia a través de todos los cambios como el hombre es una persona, la persona es identificada a la "posesión del yo", a la unidad del sujeto pensante.
Con Kant el desvanecimiento de la noción clásica de persona llega a su cúspide, la noción de "substancia" comienza a ser vista como cada vez menos apta para definir la persona. El ego de Descartes todavía era algo real y más aún, era la primera realidad. Con Kant el "yo" pierde esta última realidad, la persona es reducida al espíritu por lo que escapa totalmente a nuestro conocimiento.
Para este filósofo la dignidad es un valor intrínseco de la persona moral, sin equivalentes. No debe ser confundida con ninguna cosa, no es mercancía, algo útil, intercambiable o provechoso. La cosa, aquello que puede ser reemplazado y sustituido, comprado o vendido, no posee dignidad, sino precio. La dignidad es un tipo de valor invariable, «valor incondicional e incomparable», atribuido a las personas, mientras que el precio es un tipo de valor fluctuante que se atribuye a objetos materiales, es un valor condicionado y comparativo. Esto implica que la dignidad de una persona es independiente de su status social, de su popularidad, de sus bienes o conocimientos e incluso de su «utilidad» social, puesto que estos factores pueden variar si las circunstancias cambian. El valor de lo que tiene dignidad es superior a todo lo que tiene precio.
Cuando a una persona se le pone precio se la trata como a una cosa, un objeto, una mercancía. Por esto, la dignidad humana es una cuestión fundamentalmente moral.
Este autor se basa en la autonomía moral y de su calidad como sujeto, destacando la unicidad y la no-repetibilidad de cada individuo.
Esta autonomía tiene fundamento en la facultad de la voluntad de darse a sí misma las reglas, independientemente de las condiciones externas, lo que implica la capacidad de conciencia y de legalización. La humanidad en cuanto tiene razón y libertad, es capaz de hacerse preguntas, entre ellas las morales acerca de lo justo e injusto, el bien y el mal, y es capaz de elaborar principios, de distinguir entre conductas y obrar de manera responsable, por eso es imputable. Esta capacidad indica que las personas son autónomas, capaces de fijar sus propios fines, sus propias metas, por lo que son un fin en sí mismas, y por lo tanto no están sujetas a consideraciones exteriores. El valor de la persona no remite al mercado ni a apreciaciones subjetivas como podrían ser de conveniencia, de utilidad, satisfacción, etc. Esto significa que la dignidad exige que uno se pueda considerarse a sí mismo sometido a exigencias morales que sean razonables para todos y que sean sentidas interiormente.
La autonomía moral es el concepto central con que Kant caracteriza al ser humano y constituye el fundamento de la dignidad humana:
"La autonomía, es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional" (Fundamentación de la metafísica de las costumbres).
Kant dirá que la persona es un absoluto moral: la persona es un fin en sí misma y no puede ser tratada nunca como un medio.
«Si suponemos –dice Kant– que hay algo cuya existencia en sí misma posee un valor absoluto, algo que como fin en sí mismo puede ser fundamento de determinadas leyes, entonces en ello y sólo en ello estaría el fundamento de un posible imperativo categórico, es decir, de una ley práctica. Ahora, yo digo que el hombre y, en general, todo ser racional existe como fin en sí mismo y no sólo como medio para cualesquiera usos de esta o aquella voluntad... Los seres racionales se llaman personas, porque su naturaleza los distingue como fines en sí mismos, o sea, como algo que no puede ser usado meramente como medio.» (“Fundamentos de la metafísica de las costumbres”)
La consecuencia de todo este desarrollo es que toda persona merece respeto. Este respeto implica que debe ser tratado como fin y nunca como medio, y del mismo modo como quisiera ser tratado yo mismo. Siempre que las demás personas son tratadas como objetos o instrumentos se lesiona su dignidad.
Kant lo enuncia con el conocido imperativo categórico:
“Obra del tal modo que siempre tomes a la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como medio" (Kant “Fundamentación de la metafísica de las costumbres”)
Una persona puede perder su estatuto cívico o de ciudadano cometiendo delitos graves, pero aún en estos casos no puede privarse de su dignidad a ningún ser humano.
Como la dignidad debe ser comprendida como integrante de la humanidad toda, debe atribuirse a todos los agentes morales, inclusive a aquéllos que cometen acciones indignas. En tanto yo como el otro somos parte de la humanidad, gozamos de una misma dignidad, por eso en la medida en que la niego en mí también la niego en el otro, en la medida en que la lesiono en los demás también lo hago en mí.
La igualdad me obliga a que en cualquier circunstancia actúe conforme a lo que exige este respeto pero esto no aparece dado sino que es necesario irlo construyendo, ir independizándonos de los factores externos e ir adaptando nuestra conducta, mediante el autodominio, a lo que exige nuestra dignidad y la de los demás. Esto en definitiva es lo que separa a la humanidad del universo natural.
El concepto de dignidad humana es una expresión eminentemente ética pues quita al sujeto de lo estricto de la especie, de la especificidad genética, y lo lleva a la comunidad de seres morales. La autonomía moral es el concepto central con que Kant caracteriza al ser humano y constituye el fundamento de la dignidad humana: "La autonomía, es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional" (o.c.)
El concepto de dignidad implica los de igualdad y libertad. La igualdad exige paridad, o sea que excluye toda noción de superioridad o inferioridad, e impone el trato recíproco. Esto implica que al actuar debemos estar concientes que nuestra conducta se erige como modelo de lo que creemos corresponde hacer y que aceptamos que los demás actúen del mismo modo con nosotros.
La conducta no es un acto individual sino social, en cada una estamos diciendo que esa es la que consideramos la mejor manera de desempeñarse en una situación.
La libertad implica que si el hombre es un ser con fines propios, estos sólo pueden ser realizados por decisión personal, por lo tanto requiere estar exento de la coacción de otros individuos y de los poderes públicos.
Tenemos que tener en cuenta que ambos conceptos son relacionales, no se dan en abstracto sino en el intercambio social. La libertad implica falta de coacción y también, por reciprocidad, no coaccionar a los otros. Implica la posibilidad de elegir entre varias posibilidades, ahí donde no hay posibilidades de elección no hay libertad. Por este motivo el esclavo no es libre, no puede elegir entre ser o no una propiedad, si pudiera elegir, ya no sería esclavo. Del mismo modo si encaramos el tema de la igualdad, para que este sea posible es necesario que al menos exista una persona más que yo mismo.
Estas ideas implican la comunidad de los humanos, es inútil o sería imposible hablar de igualdad o de libertad en un mundo donde no existieran los otros.
Es común el error de reducir la dignidad a la libertad entendida como autonomía absoluta, lo cual imposibilita una recta comprensión de los derechos humanos y quita la posibilidad de distinguir entre verdaderos derechos y meras preferencias personales. La libertad no significa que sea completa y absoluta indeterminación pues remite siempre al ser libre y, por tanto, a la dignidad. La afirmación de una libertad absoluta llevaría a su propia negación. La libertad nos habla siempre del ser que le da su sentido y la posibilita, a la vez que la limita, un ser sometido a los condicionamientos que la naturaleza física impone y a la presencia de las demás libertades y el descubrimiento de la propia dignidad personal del sujeto que actúa y de los demás con los que se relaciona. La libertad si es un valor lo es por la dignidad pues esta exige independencia y autonomía.
Tal como lo estamos viendo, el concepto de dignidad se halla inscripto en la humanidad más allá de las situaciones individuales, o sea que no depende de capacidades particulares sino de su naturaleza, y por eso es común a todos los miembros de la familia humana. Del mismo modo que todo ser nacido humano participa igualmente de la humanidad, todos poseen una igual dignidad.
Este principio es la regla por la que puede medirse el grado de evolución cultural, el valor de una sociedad, y es la marca indicativa de lo que falta por avanzar para su logro.
La historia pasada y aún la actual nos muestran que todavía estamos lejos de aceptar la dignidad de los otros, de reconocerlos como iguales. Los nazis excluían a los judíos, homosexuales, comunistas y otros del estado de aquellos que decían tener una dignidad propia, durante siglos se negó la dignidad a las personas de piel color negra y por esto se sentían autorizados a someterlos a la esclavitud como seres inferiores, del mismo modo a los llamados pueblos originarios, el papel de la mujer ha avanzado en los últimos siglos, pero todavía no ha llegado a un pié de igualdad con el del hombre.
La humanidad es, según esta perspectiva, una realidad absoluta y no relativa. La persona no es un ser que se constituya por referencia a otro. Lo que genera la condición para que algo sea fin en sí mismo no tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor interno.
La dignidad debe ser considerada la piedra basal de los derechos humanos, estos adquieren sentido a partir de ella como instrumentos de su concreción. Por eso, los derechos humanos preceden al poder político e incluso a la sociedad, este, para ser legítimo, debe organizarse a partir y en función de ellos pues parten del ser mismo de la humanidad.
De este modo los derechos humanos basados en la dignidad son el límite al poder de los estados. Por lo tanto, aparecen como derechos inalienables e irrenunciables, en la medida que ningún hombre puede renunciar desde el punto de vista ético a su propia dignidad como persona.
La dignidad coloca a la humanidad en una situación única y especial. La persona no puede ser comparada, medida, reducida a alguna de sus circunstancias, por esto no puede ser intercambiada o rechazada aún con el pretexto que se hace en función de otra de igual o mayor dignidad. Las personas son irreemplazables, no tienen precio sino un valor inconmensurable en el sentido de que no se puede valorar su excelencia. La dignidad humana consiste en reconocer que cada hombre es irreemplazable.
(Algunos autores no aceptan la distinción entre el hombre nouménico y el hombre fenoménico, ni tampoco la argumentación según la cual el ser humano es un fin en sí mismo, mientras que todos los otros seres, incluidos los animales superiores, son medios al servicio de la humanidad. Consideran que Kant es también un exponente del antropocentrismo occidental de corte cristiano.)
Friederech Schiller
Posteriormente a Kant, el pensador romántico Friederich Schiller opone a la frialdad racionalista de las Luces el culto de las pasiones vehementes.
Publica “De la gracia y de la dignidad” (1793). En esta obra aparece la célebre figura del “alma bella”. El alma bella es la que, superando la antítesis kantiana entre inclinación sensible y deber moral, logra cumplir su deber con espontánea naturalidad, estimulada por la belleza. El alma bella es la que logra la síntesis, la que armoniza el instinto con la ley moral.
Relaciona la noción de dignidad con la idea de fuerza moral, con la capacidad de dominar la naturaleza instintiva y elevarse en la esfera espiritual. El hombre no es un animal fijado, ni determinado por la necesidad, sino que tiene capacidad para distanciarse de dicho mundo y actuar libremente. Esto le confiere la posibilidad de intervenir y actuar creando su propio destino, cambiando los acontecimientos y la naturaleza.
Esta capacidad de autodominio frente a los instintos que eleva la persona a un plano superior lo hace digno.
“Así como la gracia es la expresión de un alma bella, la dignidad lo es de un carácter sublime.”
“La dominación de los instintos por la fuerza moral es libertad de espíritu, y dignidad se llama su expresión en lo fenoménico”.
“En la dignidad el espíritu se conduce frente al cuerpo como soberano, porque tiene que afirmar su autonomía contra el instinto imperioso que, prescindiendo de él, obra directamente y trata de sustraerse a su yugo.”
De estas frases se desprende que para Schiller la dignidad es la expresión de un carácter sublime, y consiste en la supresión de las inclinaciones instintivas. Para él la inclinación y el deber no coinciden naturalmente, por eso el alma bella tiene que superar esta contradicción y convertirse en un alma sublime. Su expresión en el fenómeno es la dignidad. La dignidad despierta el sentimiento del respeto, impide que el amor se pervierta en deseo.
“La dignidad es expresión de la resistencia que el espíritu autónomo ofrece al instinto natural.”
Es interesante resaltar el papel de la libertad en el pensamiento de Schiller. Para este autor la libertad no es el libre albedrío, no es la capacidad de optar entre alternativas, es la posibilidad de liberarse de esas barreras que hay en la naturaleza humana. En este sentido la libertad es un esfuerzo, un resultado al que se llega y no la simple entrega a los deseos y pasiones, a la realización de los caprichos.
De este modo la dignidad también es un resultado, no es algo inherente a la humanidad, no tiene valor ontológico, no participa del ser, sino que se obtiene por medio del hacer, por eso admite gradaciones. El grado superior es el de aquel individuo capaz de controlar sus actos, de resistir con serenidad, de colocarse por encima de la necesidad y de las inclinaciones. Libertad y dignidad van unidas, el humano que alcanza la libertad del espíritu es el que alcanza la dignidad.
Su concepción de la dignidad humana está íntimamente relacionada con su filosofía del yo (Ich) concebido como principio de todo. El yo no es un simple observador de la realidad (el no-yo), sino un actor. Lo que dignifica al ser humano es el actuar en el mundo. Por lo tanto, el yo es el fundamento de la dignidad humana, lo que convierte al ser humano en un ser radicalmente distinto de la naturaleza (no-yo).
En este autor la contraposición es entre actuar e inercia o inactividad. La inactividad hace que la persona quede en el plano de la cosa, de la naturaleza, del «no-yo».
Esta actividad implica a los otros, la persona realiza en plenitud su dignidad cuando entra en relación con las demás personas.
El yo es un principio de orden, regularidad y armonía en la naturaleza, introduce orden en el caos.
Actúa en el mundo como demiurgo, como un principio ordenador y ahí es donde reside su dignidad especial en el conjunto del cosmos. De este principio se desprende que para Fichte la humanidad es totalmente independiente de la naturaleza, el humano es “simplemente para sí mismo”
Uno de los filósofos actuales que más ha ahondado en el concepto de dignidad
Se aleja del pensamiento metafísico y se ubica en el plano de la razón dialógica. Su modo de entender la dignidad se aleja de posturas teológico-religiosas y se aproxima a la noción de autonomía tal y como la manifiesta Immanuel Kant.
Parte de la idea de que es la comunidad de diálogo la que debe discernir el valor o la dignidad que tienen los seres humanos. No parte de una visión de la dignidad como un atributo intrínseco u ontológico, como algo que se diga del ser, sino como un valor que se atribuye a una vida en particular por determinadas razones.
Admite que la discusión en torno a la dignidad humana es una discusión abierta, donde no hay consenso explícito, pero, desde su punto de vista, toda vida humana es merecedora de respeto, es acreedora de dignidad.
Considera que sólo puede aplicarse a los seres morales, a los miembros de una comunidad de seres lingüística y comunicativamente competentes que buscan resolver sus conflictos de forma libre, racional y justa. Esta capacidad moral que es la base de la noción de dignidad humana, es inherente a la constitución lingüístico-comunicativa de los seres humanos, lo que permite comprender lo que es bueno no sólo para mí y para nosotros, sino también para toda la humanidad. Exige la simetría y respeto absolutos.
O sea que la moral consiste en
"tratar a los seres humanos como seres humanos"
Concuerda con Kant en que la vida humana debe ser tratada con un respeto especial, y tiene que ser considerada como indisponible e inviolable, o sea, no debe ser instrumentalizada.
En un sentido general llamamos “humanista” a toda teoría filosófica que coloca a la humanidad como centro, destaca su valor frente a otras realidades.
Este movimiento aparece en Italia a finales del siglo XIV y se extiende por Europa durante los siglos XV y XVI. Se caracteriza por la reivindicación de la libertad y la dignidad humana y del pensamiento libre de las ataduras de la religión.
Pico della Mirandola (1463-1494), Marsilio Ficino (1433-1499), Erasmo de Rotterdam (1466-1536), Luis Vives (1492-1540), son algunos de los autores más destacados de este humanismo renacentista.
A partir de este punto con el paso del tiempo surgieron otras formas como por ejemplo:
.el humanismo existencialista.
. humanismo marxista, entiende a la humanidad desde el ámbito de la finitud, y reivindica la dignidad y libertad humanas a partir de la crítica a la alienación.
. humanismo cristiano, que pone la dignidad humana en su dimensión espiritual y sobrenatural.
. humanismo “transhumano” que busca la superación de las limitaciones actuales (dolor, enfermedad, vejez, muerte, limitaciones físicas y psíquicas varias) y lograr así la creación de una nueva humanidad.
A continuación veremos un ejemplo de cada uno de estos humanismos.
Humanismo existencialista: Sartre
En primer lugar debemos entender que para Sartre "el existencialismo es un humanismo", y es precisamente este el título de uno de sus libros.
Para este pensador el humanismo implica que la humanidad está constantemente proyectándose y persiguiendo fines trascendentes y sólo así puede existir; pero esta trascendencia no es una relación a Dios (su negación de lo sobrenatural es absoluta) o a un plano suprapersonal, sino que es la misma subjetividad humana que sobrepasa los objetos, toda verdad y toda acción implica un medio y subjetividad humana.
La visión netamente humanista atraviesa toda su obra, no hay apelación a nada que este más allá de lo humano por eso puede afirmar que “la existencia precede a la esencia, o, si se prefiere, que hay que partir de la subjetividad”.
Da un paso más adelante al de aquellos pensadores que, aunque no buscaban fundamento en entidades o valores extrahumanos, sostenían el concepto de “naturaleza humana”, por ejemplo Kant. Para Sartre el hombre no posee una naturaleza, sino una condición humana. El hombre empieza por no ser nada, y se define después: “La existencia precede a la esencia”. O sea que la humanidad no puede ser definida por ningún concepto. No hay naturaleza, características, valores previos a la existencia a los que se puede recurrir: “no hay naturaleza, porque no hay Dios para concebirla”
El mundo escolástico y mecanicistas estipularon la idea de la esencia, de la naturaleza de manera estática, inmodificable, mecánica, afirmar que «la existencia precede a la esencia» significa terminar con estos puntos de partida que por sí implican también un desarrollo ya pautado, por otro que parte de la nada y la libertad.
El punto de partida del existencialismo de Sartre es que Dios no existe, es por ello que no hay absoluto. Tampoco hay una esencia del hombre, la cual supondría la presencia de lo absoluto en la dimensión de lo humano. De modo que la existencia debe preceder necesariamente a la esencia. El ser sólo aparece mucho después del "impulso" inicial hacia la existencia. Ese impulso es el propio querer del hombre, una especie de voluntad de existencia, pero que no tiene razón de ser, precisamente porque el ser arranca de la nada, y antes del ser no hay nada y, por consiguiente, no hay razón ni "fundamento". No hay naturaleza humana porque no hay un dios que la pueda concebir ni fijar anticipadamente. La afirmación de que la existencia precede a la esencia significa que lo humano empieza por existir, empieza por no ser nada, surge en el mundo y después se define. Es un proyecto, nada existe previamente, será, no lo que quiera ser, sino lo que habrá proyectado ser "porque lo que entendemos ordinariamente por querer es una decisión consciente que, para la mayoría de nosotros, es posterior a lo que el hombre ha hecho de sí mismo".
Sartre niega la existencia de Dios y como consecuencia rechaza la idea de valores presentes en algún cielo o espacio atemporal, por lo que la humanidad es la responsable en determinar tanto el bien como el mal, no hay moral general que pueda indicar lo que hay que hacer, no podemos decir a priori lo que hay que hacer.
Por todo esto Sartre dice que la humanidad esta “arrojada a la existencia”, no hay un plan, no estamos puestos para algo, no hay intención divina, no hay sentido previo a nuestra existencia, por esto la vida carece de sentido, es absurda. El tomar conciencia de esto genera la “nausea”, una sensación que nos impulsa a librarnos del sinsentido.
"Si considero que tal o cual acto es bueno, soy yo el que elegiré decir que este acto es bueno y no malo"
De este modo llega a identificar la existencia con la libertad.
Este pensamiento acepta que vivimos en unas circunstancias, una situación, pero niega la existencia de determinismos de todo tipo: teológico, biológico, psicológico o social, no hay poder interno o externo que nos obligue a actuar de una determinada manera. Somos lo que hemos querido ser y siempre podremos dejar de ser lo que somos.
Este proyecto se realiza mediante la elección libre, la persona es libertad. Sartre no entiende la libertad como una cualidad que se atribuye a la esencia del hombre, sino como la posibilidad de hacerse a sí mismo, no es una propiedad del hombre sino su raíz. Por esto la humanidad es libertad en la que siempre tiene que actuar. Por esto mismo la humanidad es angustia, porque nos damos cuenta que siempre estamos eligiendo ser y somos legisladores que al elegirnos elegimos a la humanidad entera, lo que nos lleva a un sentimiento de profunda responsabilidad. Los que tratan de rehuir esa angustia en el compromiso de realizar su vida en la libertad actúan de mala fe.
El reconocimiento de la propia libertad implica el reconocimiento de la libertad de los otros. La humanidad no es sólo subjetividad, un ente aislado, sino también intersubjetividad, no hay “yo” sin “tú”. La libertad de cada uno de nosotros se enfrenta a otras libertades.
La paradoja de estar «condenados a ser libres», significa que nuestra conciencia no está determinada, que el hombre no tiene una esencia, sino una conciencia relacional de la que no puede liberarse. La libertad no es algo que “tenemos” sino algo que “somos” porque nuestra conciencia es relacional. La humanidad está continuamente fuera de sí misma, proyectándose y perdiéndose fuera de sí es como llega a existir la humanidad.
La libertad sartriana no es la del racionalismo clásico, la capacidad de elegir lo que el entendimiento me presenta como algo bueno, sino que es la conciencia misma en “situación”.
La situación no es límite sino condición de la libertad.
La existencia, como la libertad, es transcendencia porque no se agota en una esencia cerrada y firme sino constante elección y creación, en un proyecto. Sólo la muerte transforma mi existencia en esencia.
Por esto mismo la filosofía de Sartre empuja a comprometerse en una situación concreta dejando de lado la pura abstracción conceptual; siempre estamos en una “situación” determinada y debemos ser responsables (responder a ) de ella. La neutralidad no es posible. Esto lleva al sentimiento de abandono, angustia, desesperación, pues no hay nada externo (valores, dioses) de los que agarrarse y por los que justificarse, todo depende de nosotros mismos.
Esta es la diferencia importante con la moral kantiana que está regida por la ley, por el imperativo categórico (“Obra de tal manera que la máxima de tu conducta sea válida para todos los hombres de todos los tiempos”), en “situación” no es posible resolver apelando a principios abstractos.
Si bien no existe una naturaleza o esencia humana, si hay una “condición humana” que sería la que limita nuestra conducta y nos permite relacionarnos, está constituida por:
Estamos arrojados en el mundo
Vivimos en y con los demás
No aceptar que constantemente estamos eligiendo y creándonos es renunciar a nuestra propia humanidad porque nos “cosificamos”, nos vemos como una simple cosa que las circunstancias u otros manejan. Pero Sartre nos recuerda que ya no hay excusas, que debemos asumir nuestra libertad, y la angustia y el desamparo que la acompañan porque con cada elección comprometemos a la humanidad entera.
"el existencialismo suele declarar que el hombre es angustia. Esto significa que el hombre que se compromete y que se da cuenta de que es no sólo el que elige el ser, sino también un legislador, que elige al mismo tiempo que a sí mismo a la humanidad entera, no puede escapar al sentimiento de su total y profunda responsabilidad".
Para este existencialismo es incómodo que Dios no exista porque entonces no se puede tener el bien “a priori”. Todo está permitido si Dios no existe, la humanidad está abandonada. No hay excusas, aunque se reniegue de ella, la humanidad es libre, es libertad, está condenada a la libertad. Esta libertad otorga al hombre una responsabilidad inmensa. No es posible no elegir. Siempre se elige, incluso cuando no se elige (entonces se elige el no elegir). La vida no tiene sentido “a priori”. Le corresponde al hombre darle un sentido. El valor es ese sentido que uno elige.
Por todo esto dice que la humanidad es angustia, desamparo, desesperación. La angustia es la ausencia total de justificación y la responsabilidad. El existencialismo hace recaer en la humanidad la responsabilidad total de su existencia.
Si no hay Dios, no hay tampoco esencias, valores objetivos: el hombre debe crear los valores; su "proyecto" los hace ser y en esto es enteramente responsable: se encuentra abandonado a sí mismo sin poder apoyarse en nada objetivo; si lo hiciera, sería de mala fe y dejaría de ser libre.
Esto es lo que constituye la dignidad humana: la persona empieza por existir y se lanza al porvenir, se proyecta de manera conciente, será, se construye, de acuerdo a lo que ha proyectado ser. La dignidad humana está en su libertad, que es la categoría antropológica fundamental, y gracias a la cual el hombre siempre trasciende de su situación concreta, aspira al futuro sin estar determinado por su pasado o por las circunstancias, se traza metas y a partir de ellas va construyendo su ser; de ahí que el existencialismo sea también una filosofía de la acción, las personas se definen por lo que hacen.
“Es también lo que se llama la subjetividad, que se nos echa en cara bajo ese nombre. Pero ¿qué queremos decir con esto sino que el hombre tiene una dignidad mayor que la piedra o la mesa? Pues queremos decir que el hombre empieza por existir, es decir, que empieza por ser algo que se lanza hacia un porvenir, y que es consciente de proyectarse hacia el porvenir. El hombre es ante todo un proyecto que se vive subjetivamente, en lugar de ser un musgo, una podredumbre o una coliflor; nada existe previamente a este proyecto; nada hay en el cielo inteligible, y el hombre será, ante todo, lo que habrá proyectado ser.”
Por esto la persona es responsable y no de sí misma solamente sino de toda la humanidad:
“cada uno de nosotros es elige….al elegirse elige a todos los hombres” “eligiéndome elijo al hombre”
La dignidad humana implica la superioridad sobre los objetos materiales porque está constituida
"por valores distintos del reino material, precisamente por esto el hombre no está encerrado en sí mismo, sino siempre presente en un universo humano". "No tiene otro legislador que él mismo…”
El hombre es angustia porque se sabe responsable de su elección: “estoy obligado a cada instante a hacer actos ejemplares”.
El camino de la persona como la moral son como obras artísticas dirigidas por la creación, a priori no se puede saber qué hay que hacer ni su resultado solamente pueden ser apreciadas una vez terminadas, es creación desde la nada a cada instante. La moral es una invención humana.
Humanismo marxista: Marx
Es importante tener en cuenta la relación conflictiva de Marx con la moral y con los derechos humanos y, en lo que hace a nuestro tema, vale resaltar que en esta controversia el tema de la dignidad aparece como un fondo estable del que el filósofo no ha renegado.
Quienes abordan la obra de Marx suelen oponerse y no concordar pues no existe un único Marx no solamente por las distintas épocas de su pensamiento sino también por la complejidad del mismo, por ejemplo, en el Manifiesto Comunista si bien descalifica a la moral como prejuicio burgués, por convertir a la “dignidad” en un valor de cambio, este enunciado mismo ya implica una postura moral. Y esto es lo resaltable en relación a nuestro tema, el filósofo puede echar por tierra toda la moral burguesa pero sostiene, rescata la idea de la dignidad humana.
Si crítica al capitalismo como el causante de los males sociales es para apuntar, praxis mediante, a una nueva sociedad en la que estos desaparezcan y la humanidad se libere de la opresión y explotación y se reencuentre con su dignidad.
El capitalismo enajena al trabajador y lo deshumaniza convirtiéndolo en simple objeto o mercancía sometido a la explotación que le impone el capitalista al forzarlo a vender su fuerza de trabajo y apropiarse de la plusvalía que crea.
Sin embargo, aunque a lo largo de la obra de Marx predominan los pasajes que permiten asegurar en ella un lugar a la moral, no puede negarse que existen otros que lo niegan, poniéndose así de manifiesto la contradicción señalada.
El centro de la cuestión acerca del marxismo y los DDHH estriba en que mientras que la visión marxista esta centrada en lo social o comunitario, la visión liberal de la que surgen nuestros derechos occidentales, esta basada en lo individual.
Cuando hablamos de derechos humanos nos estamos refiriendo a una clase especial de derechos que se caracterizan por ser preexistentes o anteriores a las leyes positivas. Esto implica el reconocimiento de una fuente previa y diferente a la legislación de los estados; este origen puede ser la dignidad humana, la naturaleza humana o Dios. En cualquiera de estas concepciones lo importante es que es una fuente distinta a la autoridad del estado, y al contrario, este es el que debe ajustarse, conformarse a esa base para no resultar injusto o arbitrario.
Marx en la “Cuestión Judía” dice que los llamados “derechos del hombre” deben diferenciarse de los derechos del ciudadano, aquellos
“…son los derechos del miembro de la sociedad civil, es decir, del hombre egoísta, del hombre separado del hombre y de la comunidad”
Considera que los derechos proclamados en la declaración francesa entienden a la persona replegada sobre sí misma como una mónada aislada, no reposan en la unión de la persona con la persona, no atienden al resto de la humanidad, por ello son el derecho al egoísmo, reducido a su interés privado y a su arbitrio particular, separado de la comunidad.
El verdadero hombre es el social, el hombre colectivo, por eso sólo transformándose en sociedad y desapareciendo como individuo, podrá el hombre emanciparse integralmente, y para esto es necesario romper con la división impuesta entre vida privada y vida social. Desde esta visión, los derechos humanos liberales al apuntar al individuo constituyen otra forma de alienación.
Desde el marxismo una postulación de DDHH sería imposible dado que el individuo no es una entidad autónoma y capaz de determinar libremente su conducta porque la unidad es la sociedad y no es libre pues está formado por relaciones sociales de las que no es responsable, por lo tanto, difícilmente puede ser sujeto de derechos.
Asimismo porque el marxismo tiene una visión positivista del derecho que niega la existencia de cualquier instancia no surgida del poder estatal, el que a su vez esta determinado por las relaciones de producción económica, no podrían existir unos derechos humanos previos a los que el estado debería ajustarse. Para el marxismo los DDHH liberales son una posición reformista que tratan de corregir o reformar las estructuras injustas, y por esto, en última instancia, sancionan lo ya existente.
A este resultado también lleva que el marxismo es una teoría y práctica revolucionaria que niega al derecho como elemento social permanente. Marx concibe a la sociedad futura sin clases sociales en la que el derecho ya no existirá dado que estará determinada por “cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”
No es menor el dato de que el derecho actual es netamente individualista y emergente de las condiciones sociales.
Al ser la sociedad el todo, desde el marxismo el concepto de responsabilidad personal y el de protección jurídica en tanto que individuo carece de sentido. Es modificando las condiciones sociales, cambiando la sociedad como los individuos, que pertenecen a la misma, lograrán su liberación.
El humanismo esta en el centro del pensamiento de Marx, a diferencia de la concepción teológica y formal, este pensador sienta sus bases y parte de las condiciones de vida de las personas en cuanto personas y no de abstracciones, por eso toma en cuenta el tipo de relaciones económicas, políticas y culturales que las determinan.
Estas condiciones de vida son siempre históricas, las sociedades humanas van evolucionando y esto genera que se den relaciones distintas entre los grupos.
El humanismo marxista está íntimamente ligado a la transformación social, a la construcción de una nueva sociedad, a la humanización de las relaciones entre las personas. Para Marx el papel de la filosofía es claro y se halla íntimamente ligado a este planteo de cambio social. La tarea filosófica ya no será la del pensar desgajado del medio social, sino que debe convertirse en práctica, ponerse al servicio del hombre concreto para liberarlo de las alienaciones a las que se ve sometido. Para eso debe ocuparse del mundo real, de la realidad empírica y material, para sentar las bases de la transformación activa de esa realidad. Por eso integra la praxis como elemento principal de la filosofía.
A la par que la humanidad va construyendo esta nueva sociedad, se va también construyendo a sí misma porque el individuo es un individuo social en medio de condiciones sociales. Es a partir de estas condiciones que se puede definir al individuo. De este modo Marx lo saca del encasillamiento biológico-naturalista y lo ubica como ser social, histórico, consciente, reflexivo y racional.
La visión que tiene Marx acerca de las personas la podemos dividir en tres aspectos principales: su condición netamente material, rechazo a los dualismos; su condición de trabajador que implica estar en contacto con el medio al que modifica; su carácter social, la persona es netamente social por eso más que el individuo lo que interesa es la agrupación, la clase social.
El concepto de material no implica algo inerte, sino por el contrario algo de gran movilidad y capacidad de modificación. Por eso para Marx la persona no está dada de manera definitiva sino que es una realidad abierta y dinámica, capaz de desarrollo. De aquí también a su rechazo de una “esencia” porque eso implica algo dado e inmutable. La humanidad es capaz de hacerse a sí misma al producir sus medios de subsistencia y modificar la sociedad en que se halla.
Esta historicidad de la persona tiene dos matices, el primero indica que la persona se hace en la historia o es hecha por ella, el segundo es que somos protagonistas y construimos esta historia.
Todo esto también implica que la persona siempre está en situación, en la historia, no es un ser abstracto ideal, sino concreto, en medio de un conjunto de relaciones sociales, lo que nos lleva a determinar que siempre estamos conectados a los otros, a nuestra sociedad.
Esto nos lleva a dos momentos que en la práctica deben ser uno, el pensamiento acerca de la realidad social y su transformación. Es en la praxis en que se hace el camino de autoconstrucción y de liberación de la opresión, de recuperación de la alienación.
En Marx la noción de trabajo es clave, el trabajador y sus condiciones son el centro de su desarrollo. La persona es, ante todo, un ser trabajador. El trabajo es la condición básica y esencial de la vida humana. Mediante él, el hombre transforma la naturaleza y se construye a sí mismo.
El trabajador no es un valor en sí mismo, sino que es la fuente creadora del valor. Desde este punto de vista el pensamiento marxista no es economicista sino que prevalece una concepción ética personalista profundamente antropológica.
Su dignidad es inseparable de su corporalidad e irreductible a lo estrictamente pensante o hablante, trasciende todo horizonte de comprensión o sentido históricamente determinado. La dignidad se halla a partir del propio cuerpo, más allá de la capacidad de pensar y pensarse, más allá de la palabra.
En el sistema capitalista la persona es convertida en objeto, en medio, instrumento del propietario de los medios para la producción de bienes. En el trabajo, el hombre es elienado, no es dueño de sus propia capacidad de creación ni de los objetos que resultan de su trabajo, que se convierten en ajenos y llegan a dominarlo. Su corporeidad, sus necesidad, deseos, placer y desarrollo personal, en definitiva, su dignidad, son ignoradas.
Al trabajador es negado como fuerza de trabajo y convertido en una mercancía más, sometida a la lógica capitalista que es la de la máxima obtención de plusvalía.
Esta fuerza de trabajo (entendida como el valor social promedio de los medios de subsistencia del trabajador, o sea, el trabajo promedio requerido socialmente para la reposición de las fuerzas vitales del trabajador, desgastadas en la jornada laboral) es una categoría perversa porque significa la cosificación, la cuantificación, de la persona, por lo tanto atenta contra su dignidad.
La plusvalía es trabajo objetivado, no retribuido bajo el capitalismo. El esfuerzo y desgaste físico es apropiado y por lo tanto enajenado de la corporalidad, por eso el trabajador es convertido en un abstracto, es despersonalizado, descarnalizado y enajenado de su propia humanidad. La despersonalización obedece a esta relación de dominio y, por ende, de enajenación de su corporalidad misma. Romper con este dominio significará la liberación de la persona, de la humanidad, de su sensibilidad- corporeidad
Al hablar de corporalidad Marx se aleja de esquemas idealistas y solipcistas, porque la sensibilidad, la necesidad y el placer nos remiten inmediatamente a otro/a, a la sociabilidad, lo que nos lleva inmediatamente a su visión interpersonal y comunitaria.
Para el capitalismo la relación fundamental es entre individuos considerados como mónadas aisladas, en el marco de una relación contractual. Se trata de un individuo abstracto, desligado de vínculos y que se relaciona mediante contratos en base a su libertad y voluntad libre y autónoma al margen de toda relación interpersonal. Esta relación entre individuos está marcada por la hostilidad de mercado, la rivalidad económica en la que los intereses netamente egoístas se contraponen tratando de obtener la mayor ganancia en detrimento del otro. De este modo se constituyen relaciones sociales perversas, de sometimiento que atentan contra la dignidad humana.
Al contrario, para Marx la persona siempre está situada en el interior de una comunidad. En el mundo socialista la comunidad estará fundada en el desarrollo del individuo y la consideración de la productividad en términos comunitarios.
¿Qué sería para Marx una relación que tuviera en cuenta la dignidad humana?
Serían relaciones dónde el dominio estaría ausente, las personas se reunirían para satisfacer sus necesidades sociales, consensuarían la producción de bienes, mantendrían armonía con el medio ambiente. Propendería a un hacer autodeterminado y con libre cooperación, en libertad, donde todos seríamos sujetos de lo que hacemos.
Estarían reducidas al mínimo las fuerzas de trabajo y en las mejores condiciones, donde existiría un reconocimiento ético interpersonal y a la vez de dependencia respecto de la naturaleza. Esto les permitiría trabajar lo necesario para cubrir sus necesidades y aumentar el tiempo destinado al desarrollo de sus facultades humanas.
La propuesta de Marx no es reducir la explotación, no es una cuestión cuantitativa sino cualitativa, es la desaparición de la alienación que lesiona a la dignidad humana y el logro de la autodeterminación.
Humanismo cristiano: Gabriel Marcel
Para Gabriel Marcel la persona y la dignidad no pueden ser objetos de pensamiento racional porque no pueden ser tomadas como objeto a analizar, porque ambas son un misterio.
Distingue entre misterio y problema.
“Distinción entre lo misterioso y lo problemático. El problema es algo que se encuentra, que obstaculiza el camino. Se halla enteramente ante mí. En cambio, el misterio es algo en lo que me hallo comprometido, a cuya esencia pertenece, por consiguiente, el no estar enteramente ante mí. Es como si en esta zona la distinción entre en mí y ante mí perdiera su significación”. ( Diario Metafisico, Editorial Guadarrama, Madrid, 1969)
La persona es parte en cuanto es misterio y a su vez el misterio la trasciende, por este motivo no puede pensarlo como un objeto más, no puede ser encarado y resuelto lógicamente como si fuera un problema.
Al misterio solamente se puede acceder mediante la experiencia la que necesariamente superará al lenguaje objetivo. Esta experiencia directa implica la abolición del yo frente y diferente del objeto; se trata de una captación directa que excede las clasificaciones y palabras y a la que se llega mediante el recogimiento. El recogimiento es una característica de la persona, aquella que le permite penetrar en su propio interior, a partir de la cual la persona es capaz de trascenderse.
Como consecuencia, la dignidad también queda en este ámbito del misterio
Para Marcel la persona es un ser encarnado, en el que se da la más estrecha unidad cuerpo-alma. Esto lo expresa con la frase: “yo soy mi cuerpo”.
No implica una visión materialista en que la persona se reduzca a su mera corporalidad, la parte espiritual sigue siendo la clave en este pensamiento. Es el cuerpo el que le posibilita estar en el mundo y en situación, lo que implica una íntima relación con las cosas y las otras personas. Para Marcel no es posible hacer filosofía sin llevar a cabo un examen fenomenológico de las situaciones.
En relación con la persona Marcel elabora una serie de conceptos que no buscan definirla sino que implican rasgos de lo que constituye a la persona: disponibilidad, dación o don, responsabilidad, compromiso, apertura, intersubjetividad, presencia, vocación, respuesta, llamada. Estas no son categorías separadas sino estrechamente vinculadas, relacionadas entre sí, de tal modo que una remite a la otra y solamente pueden ser entendidas en esta relación.
A partir de la “disponibilidad” se define a la persona como abierta, accesible, abierta, dispuesta a…Esta disponibilidad esta siempre dirigida a los otros, implica una relación yo-tú, y en última instancia implica la apertura a Dios como el Otro. Desde este punto de vista no acepta la definición de la persona como ser racional como definitoria, sino que debe ser completada por esta otra que implica la disponibilidad.
Para Marcel no existe una esencia, una persona dada, sino que se va construyendo juntamente con los otros, es concebida como algo donante que se tiene que hacer participando con las demás existencias que le rodean. Por esto, el sujeto no es completamente de sí mismo, sino que debe llevar una vida concreta que lo desborde y lo lleve al corazón de su ser y en última instancia al ser que lo trasciende, Dios.
En última instancia la persona solamente puede ser comprendida acabadamente en referencia a Dios pues es imago Dei.
Es a partir de esto que aparece el concepto de dignidad humana, la persona humana va más allá de sí misma, es una apertura a la trascendencia pues esta creada a imagen de Dios y, por lo tanto, está más allá de su utilización o cosificación. De este modo la persona es constituida en sagrada por esta posibilidad de abrirse, de estar disponible, a la experiencia de lo trascendente que es el mismo Dios.
En esto consiste ser persona, su dignidad y la base de los derechos humanos. Para Marcel sin este fundamento hablar de dignidad o de derechos humanos, es un simple juego de palabras.
Por este motivo para Marcel nuestro mundo tecnológico, en la medida en que vuelve a la persona esclava de su propia creación, que la convierte en un objeto manipulable capaz de ser usada y obtener de su trabajo utilidad, se opone a la dignidad humana. La integridad personal y la dignidad son inseparables.
El transhumanismo (H+)
El transhumanismo es un pensamiento surgido en la última década del siglo XX que postula la superación del ser humano actual, en sus capacidades físicas y psíquicas, lo que originará otra humanidad, la posthumana.
Todavía es muy temprano para hacer un análisis de esta propuesta porque todavía esta en pleno desarrollo, las corrientes internas son varias y los problemas que van surgiendo no están suficientemente delineados ni cuestionados en el propio pensamiento. De todos modos nos interesa bosquejarla porque tiene relación directa con la ideología que a partir del capitalismo neoliberal se impone: el individualismo, el racionalismo materialista que prescinde de ideas tales como los valores y reduce la creación espiritual o los sentimientos a simples efectos de la materia.
Cala de manera profunda en el tema que nos convoca en este artículo pues apunta a una concepción determinada de la naturaleza humana, la persona y de la dignidad.
Confirma la idea de que el concepto de “dignidad” molesta porque es un tope a los gobiernos, a los poderes y a la “libertad de mercado” para la que los negocios son la prioridad y única justificación de la conducta humana.
Representantes de este pensamiento son Nick Bostrom, J. Harris, R. Naan, G. Stocky J. Savulescu.
Hablar de transhumanismo (cuyo símbolo es H+) no es solamente decir de una etapa superadora de “lo humano”, sino de la constitución de un ser diferente. Es el camino hacia el logro de ese ser tan diferente que solamente podrá ser definido como posthumano por aquellos que obtengan esta posición, serán aquellos que romperán con esta etapa del desarrollo que nosotros somos.
Ya el perfeccionamiento humano no pasa por la profundización moral, por lo espiritual, por algún tipo de trascendencia, no importa a qué llamemos con ese nombre. Para esta línea de pensamiento el perfeccionamiento esta dado por las tecnologías.
El concepto “transhumanismo” fue introducido por Julian Huxley en 1927:
“la especie humana puede, si lo desea, trascenderse —no sólo esporádicamente, un individuo aquí de una manera, otro allí de otra forma— sino en su totalidad, como humanidad. Necesitamos un nombre para esta nueva creencia. Quizás Transhumanismo pueda servir: el hombre sigue siendo hombre pero transcendiéndose, a través de la realización de las nuevas posibilidades de y para su naturaleza humana”.
Quizá en inspirado en las ideas de su hermano, el escritor Aldoux Huxley publicó “Un mundo feliz” en el que se habla de una sociedad ideal en el que todos sus habitantes son felices. Para el logro de este objetivo se utilizan todos los medios de la ciencia y la técnica y también las drogas. En esta novela escrita en 1932 aparece la dependencia a lo externo, al consumo, pues los habitantes de este mundo feliz para serlo, deben recurrir necesariamente a una droga sintética: el Soma.
Para la Asociación Transhumanista Mundial (World Transhumanist Association) el transhumanismo es un modo de pensar sobre el futuro basado en la premisa de que la especie humana en su forma actual no representa el punto final de nuestro desarrollo, sino más bien una fase comparativamente temprana
Dado que su interés primordial es la superación de los seres humanos en general y de los individuos en particular, se consideran dentro del lineamiento humanista.
De esta idea transhumanista surgen dos puntos claros, el primero es que la trascendencia depende únicamente de la humanidad, es una tarea que se debe llevar a cabo, es un trabajo, no una dádiva de algún dios ni producto de la naturaleza; el segundo, que implica la realización de nuevas posibilidades. Es aquí donde el concepto deja de significar la superación de la humanidad en virtud de la gracia y la acción de Dios, del cumplimiento de determinadas normas morales, del ejercicio de la propia autonomía, de asumir la propia responsabilidad por los actos llevados a cabo, y pasa a ser la superación por medio de la tecnología como obra puramente humana. Su énfasis está centrado en el potencial de “llegar a ser” del que disponemos.
Uno de los exponentes más importantes del movimiento transhumanista contemporáneo, Nick Bostrom dice:
el transhumanismo es “el movimiento intelectual y cultural que afirma la posibilidad y el deseo de mejorar, en modo fundamental, la condición humana a través de la razón aplicada, especialmente por medio del desarrollo y la larga puesta a disposición de tecnologías para eliminar el envejecimiento y potenciar grandemente las capacidades humanas intelectuales, físicas y psicológicas”.
“un movimiento cultural, intelectual y científico, que afirma el deber moral de mejorar la capacidad física y cognitiva de la especie humana y de aplicar las nuevas tecnologías al hombre, de manera que se puedan eliminar los aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana como el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e incluso, el ser mortales”.
Es aquí donde aparece con total claridad la meta: “la superación de las limitaciones humanas a través de la razón, la ciencia y la tecnología”
Gracias a la tecnología el transhumano obtendrá capacidades físicas, intelectuales, psicológicas mejores que las de un ser humano normal, pero todavía será la transición, el camino hacia el posthumano. Este último es concebido como un ser tanto “natural” como artificial, con vida superior a 500 años sin deteriorarse, un cuerpo fabricado a medida, del que podrá hacerse copias, sus capacidades cognitivas duplicarán las capacidades máximas de un ser humano actual, tendrá el control de todos los estímulos sensoriales y no sufrirá a nivel psicológico pues ejercerá un control emocional total, tendrán una capacidad más grande para el placer, el amor, la apreciación del arte y la serenidad; experimentarán estados de conciencia que el cerebro del humano actual no puede siquiera sospechar.
Esta superioridad será de tal envergadura que eliminará cualquier cercanía entre el ser humano y el posthumano, este último será completamente distinto, más perfecto que el ser humano y el transhumano. El posthumano es un ser futuro cuyas capacidades básicas exceden radicalmente las de los humanos actuales hasta el punto de que no pueden ser calificados de ningún modo como humanos según nuestros criterios.
Por este motivo plantean la necesidad de desarrollar al máximo la investigación en nuevas tecnologías y rechazan cualquier limitación o prohibición de su uso o desarrollo. Sostienen el derecho moral de utilizar los métodos tecnológicos, por parte de aquellos que los deseen, para potenciar las capacidades físicas e intelectuales y para aumentar el nivel de control sobre su propia vida.
Se apoyan principalmente en las llamadas cuatro tecnologías identificadas por sus iniciales NBIC: nanotecnología, biotecnología, tecnologías de la información, tecnologías cognitivas.
Según estos pensadores nos encontramos en un momento especial en el cual ya estamos en condición de cambiar nuestra naturaleza por medio de las biotecnologías. Algunos de sus expositores dicen que ya estaríamos en el camino transhumano en la medida en que intervenimos en nuestra materialidad mediante los psicofármacos, los medicamentos para mejorar el tono muscular, la ingeniería genética, aplicaciones de la biónica (artefactos mecánicos que se integran en el cuerpo, por ejemplo para sustituir un miembro amputado). Esto podría ampliarse en la curación de enfermedades desde el interior del propio cuerpo con nanorobots.
Un ejemplo concreto de este pensamiento es el de la paternidad. El transhumanismo considera que los padres tienen el derecho de conseguir los mejores hijos posibles, esto se ha llamado eugenesia liberal.
Se logra mediante dos caminos:
1-eugenesia negativa: consiste en la eliminación de los embriones o fetos que presenten alteraciones genéticas o malformaciones. Su fundamento es obtener el mejor individuo capaz de alcanzar el mejor estándar de vida.
2- eugenesia positiva: consiste en la obtención del sujeto mejor logrado mediante la modificación genética de los embriones humanos para crear “bebes de diseño”.
Para estos autores la naturaleza humana está constituida por materia y la persona por conexiones neuronales.
De este modo, cuando seamos capaces de comprender los procesos materiales podremos controlarlos y de esa manera modificar según nuestra voluntad el funcionamiento cerebral, logrando así controlar a los seres humanos. Esta intervención implicará la modificación de la naturaleza humana, por este motivo ellos sostienen que carecemos actualmente de la posibilidad siquiera de imaginar cómo será el posthumano.
La manipulación de los procesos cerebrales permitirá una nueva psicología libre de malos recuerdos, traumas, frustraciones, abierta a la felicidad, incapaz de sentir dolor psíquico y libre de sentimientos negativos.
Este proceso mental podrá ser escaneado, captado y llevado a otro soporte, como puede ser una máquina, así el aparato se constituirá en un ser inteligente. La persona convertida en proceso se habrá independizado de la materialidad humana y podrá ser extensiva a animales o soportes no biológicos.
De este modo la persona no es el ser con capacidad subjetiva sino la subjetividad vuelta independiente de su soporte. Un punto importante en relación a nuestro desarrollo es que el transhumanismo no hace diferenciación entre seres humanos, inteligencias artificiales, animales o posibles seres extraterrestres.
Como puntos fundamentales de la teoría transhumanista se pueden considerar tres:
1) una gran confianza y optimismo en las posibilidades de la ciencia
2) la naturaleza humana, reducida a pura materia
3) la mente humana, reducida a simples conexiones neuronales.
El cuadro general presenta, por lo tanto, una idea de la ciencia como algo absoluto, en la cual los genes y las neuronas desempeñan toda actividad.
La visión antropológica que tienen es materialista, mecanicista, el cerebro y sus informaciones se pueden reducir a la sola materia. De este modo toda la subjetividad, la experiencia humana es concebida como proceso físico cerebral, de modo tal que si este puede ser por algún medio tecnológico captado y se lo pudiera trasladar por ejemplo a una computadora, se lograría crear una máquina con partes humanas, “máquinas superinteligentes” o distintas combinaciones entre una parte cibernética y otra parte orgánica, los llamados “cyborg” (cybernetics organism).
El hombre, es considerado como un mecanismo material complejo, que funciona como una máquina en base a conexiones neuronales, porque en definitiva, para estos autores el hombre es su cerebro. Por eso la importancia de entender su funcionamiento y poder intervenir en el mismo mediante la tecnología para producir los cambios que se quieran. De este modo se fija como principio un materialismo mecanicista.
A su vez lo fundamental del cerebro está dado por su capacidad racional, o sea que la racionalidad es lo que fundamenta el hecho de ser persona ( fetos, embriones, discapacitados privados del uso de razón, las personas en estado vegetativo o en coma no lo serían). O sea que la persona se define como aquella que efectivamente razona. De este modo, si se logran máquinas superinteligentes, también podrán ser consideradas personas.
Desde esta perspectiva es ilógico hablar de una “naturaleza humana”, o de establecer una ética.
La idea de dignidad en el transhumanismo sigue las líneas planteadas. Debemos tener en cuenta que para estos pensadores la persona esta dada por la racionalidad en funcionamiento, y esta responde a la materia, por lo que tenemos una misma base con el resto del universo, no habría, entonces, en el humano ningún tipo de diferenciación respecto de otros organismos y cosas. Desde esta postura no existe ninguna dignidad ontológica, intrínseca a todo ser humano en cuanto tal. Hasta este momento, la diferencia a su favor que tiene la humanidad es que cuantitativamente es más inteligente y compleja que los animales y máquinas, pero, siguiendo el hilo de los argumentos transhumanos, podrá llegar el momento en que esta diferencia a favor se pierda. Por este motivo se ha llegado a considerar que la idea de dignidad debería ser eliminada del todo la discusión por ser un concepto vacío e inútil.
La eliminación de esta idea desde un punto de vista lógico resulta, si se quiere, necesaria. Si se pretende hacer manipulación genética, “descartar” embriones o fetos que presentan anomalías, e incluso se ha llegado a hablar de infanticidio en casos similares de alteración, la “dignidad” complica el cuadro, sostenerla obligará a tener que argumentar y mucho, a determinar los parámetros que hacen que alguien sí sea digno o quién no. De este modo de ser un principio constitutivo de la humanidad pasaría a ser una calificación otorgable, algunos serán los que determinaran quien es digno.
En su lugar colocan conceptos como “calidad de vida”, entendida en sus propios términos, no enfermedad, control absoluto de las emociones, carencia de dolos psíquico, prolongación de la vida, desarrollo increíble de la inteligencia, control de los procesos cerebrales, lo que en el fondo nuevamente nos lleva a la racionalidad.
De este modo también el concepto de igualdad deberá ser eliminado, ya no tendrá sentido hablar de la igualdad de los derechos, si no hay un fundamento que nos hace intrínsecamente iguales, si no es posible reconocer que todos y todas tenemos un mismo valor independiente de cualquier condición.
En este sentido es interesante considerar la clasificación de posturas existentes en la bioética respecto de la dignidad que hace Ashcroft. Para él habría cuatro posiciones:
1-los que aducen que es incoherente e inútil como concepto.
2-los que la reducen a la idea de autonomía.
3-los que la toman como un término más para referirse a una capacidad, función o modalidad de relación social.
4-para los que es una propiedad metafísica poseída por todos los seres humanos.
Ahora bien, si debemos rastrear el concepto de dignidad en estos autores, sin contradecir lo que acabo de exponer, encontraremos que esta dado por la capacidad humana de no resignarse a las condiciones dadas, de buscar la solución de los problemas y la superación de las limitaciones, entendiendo que estas son: la enfermedad, la muerte, el dolor, la decadencia, o sea todo aquello en la naturaleza que resulta deficiente. Esto es lo que nos diferencia del resto de las especies, ellas van evolucionando al azar, el humano puede ir determinando su propia evolución. Acá juega un papel fundamental la inteligencia pues es por ella que el ser humano va logrando su perfeccionamiento, por ella se organiza el azar y el caos y es ella la que fija la meta a lograr.
La dignidad no tiene para ellos una cara moral, al contrario, debemos dejar de lado el aspecto moral y atenernos a los hechos y su modificación. Parten de que en la actualidad la humanidad está en situación de inferioridad y que su capacidad de no someterse a lo dado será la que la lleve a conquistar una nueva condición, la de posthumanidad. La dignidad transhumanista se fundamenta en la negación consciente de sí mismo, de este modo rompe con las conceptualizaciones de los pensadores que hemos visto en este artículo. No interesa la conducta moral de la persona, las que vale son aquellas que implican la no aceptación de lo dado y la búsqueda de una autosuperación. Nuevamente aparece acá la ruptura, la dignidad humana ya no implica que somos seres moralmente responsables, dignos de juzgar lo que otros hacen y de ser juzgados por lo que hacemos. De igual manera la idea del respeto debido, de no hacer aquello que no queremos que nos hagan, también cae. Como vemos la dignidad pierde su factor relacional y termina siendo un elemento de aislamiento, del individuo en total soledad y ajeno a su entorno.
Quizá resulte más clara la postura transhumanista comparada con la de quien es su ferviente opositor, Francis Fukuyama, quien también se opone a las intervenciones tecnológicas ya fueren genéticas o de cualquier otro tipo en el ser humano por considerar que atentan contra la dignidad. Este la considera una de las “ideas más peligrosas del mundo”. Considera que en toda persona existe aquello que llama “factor X”, aquello que es central e independiente de las condiciones externas y contingentes de las personas y que configura su humanidad y dignidad de las que surgen las exigencias de igualdad y respeto.
El concepto de dignidad fue construido a lo largo de los siglos con diversas significaciones religiosas y filosóficas. Si bien tiene su origen en la época pre-moderna, su alcance ha sido desarrollado en la modernidad, de este modo es deudor de aquella época en la medida que recupera esos rasgos humanos pero los reinterpreta de forma secularizada al considerar que la persona es valiosa en sí y no por su relación con lo divino.
En todos los casos indica una diferenciación, muestra una ruptura de continuidad, sintetiza una separación, diferencia humanidad-universo, o humanidad-resto de la creación, que constituye a la persona humana. Esta ruptura es una diferencia de cualidad, no cantidad, con el resto del universo.
Ser digno indica que estamos ante un ser en sí, ante un alguien no un algo, que no depende de otro perteneciéndose a sí mismo, con unidad interna que lo diferencia de los otros de manera única e irrepetible.
La persona pertenece al orden ontológico, por tanto, no es pasible de ser adquirida o disminuida como tampoco acepta graduaciones.
Mientras las otras criaturas sólo pueden desarrollarse a partir de lo que su propia especie les marca, la humanidad carece de estos límites, es ella la que mediante su libertad fija sus propios límites y de esta manera crea su propio mundo. Este mundo es trascendencia, ya sea en un proyecto o en la unión con el otro o con Dios.
Al no ser la persona un animal fijado ni determinado por la necesidad, sino que tiene capacidad para distanciarse de dicho mundo y actuar libremente, tiene la posibilidad de intervenir y actuar creando su propio destino, cambiando los acontecimientos y la naturaleza.
Esta capacidad de autodominio frente a los instintos y de modificar la naturaleza que eleva a la persona a un plano superior, es la dignidad.
Las distintas concepciones filosóficas fueron agregando características. La humanidad es autoconsciente, capaz de conocerse, racional, capaz de pensar y de amar, de poseerse y de darse libremente, de entrar en comunión con otras personas o con lo divino, de creatividad y de sentimientos, responsable. Lo distintivo es que hay un obrar específicamente humano que trasciende lo biológico, que es intencional, una apertura y eso será una característica de la persona.
Esto implica que la dignidad de una persona es independiente de su status social, de su popularidad, de sus bienes o conocimientos e incluso de su «utilidad» social, puesto que estos factores pueden variar si las circunstancias cambian.
La humanidad es, según esta perspectiva, una realidad absoluta y no relativa. No se constituye por referencia a otro. Al tener el fin en sí misma no tiene un valor relativo o precio, sino un valor interno. Como ser autónomo o sea que establece sus propios límites y finalidades, no admite ser usada, ser tratada como un objeto para la finalidad de algún otro, sea este una persona o la economía o el estado.
La dignidad no se reduce a la libertad sino que la contiene. La libertad no significa que sea completa y absoluta indeterminación pues remite siempre al ser libre y, por tanto, a la dignidad. La afirmación de una libertad absoluta llevaría a su propia negación. La libertad si es un valor lo es por la dignidad pues esta exige independencia y autonomía.
De la igualdad de los miembros que integran la humanidad se deduce la necesidad de un trato mutuo respetuoso el que resulta garantizado por las herramientas jurídicas que son los derechos humanos. De este modo, a partir de la dignidad se genera la igualdad jurídica y política de los individuos a pesar de sus posiciones sociales y desigualdades naturales.
La dignidad debe ser considerada la piedra basal de los derechos humanos, estos adquieren sentido a partir de ella como instrumentos de su concreción. Por eso, los derechos humanos preceden al poder político e incluso a la sociedad. Este poder, para ser legítimo, debe organizarse a partir y en función de ellos pues parten del ser mismo de la humanidad.
Vuelvo a uno de los filósofos enunciados porque es uno de los que pensaron la vinculación entre el concepto de dignidad humana y los derechos humanos, Jürgen Habermas.
Sus ideas, usando su terminología, nos servirán de portal para transitar desde las distintas posturas vistas y el derecho.
Habermas dice que si bien el concepto de dignidad existe desde la antigüedad, recién en las últimas décadas ha adquirido la importancia de la que ahora goza, mucho después de que los derechos humanos fueran enunciados. Lo expresa de esta manera:
“ resulta bastante llamativa la discontinuidad temporal que existe entre la historia de los derechos humanos—iniciada en el siglo XVII—y la relativamente reciente aparición —a mediados del siglo pasado— del concepto de dignidad humana en codificaciones nacionales, en el derecho internacional y la administración de la justicia.”
Si bien en lo evidente es así, este autor considera que siempre ha existido, aunque fuera de manera implícita, un vínculo conceptual interno entre los derechos humanos y la dignidad y que si bien explícitamente esta conexión aparece en nuestra época, desde un comienzo la dignidad constituye la fuente moral de la que todos los derechos fundamentales se sustentan.
“Nuestra intuición nos dice, en cualquier caso, que los derechos humanos han sido producto de la resistencia al despotismo, la opresión y la humillación…. La defensa de los derechos humanos se nutre de la indignación de los humillados por la violación de su dignidad humana.”
Esta íntima conexión es la que permite sostener la indivisibilidad de la totalidad de los DDHH. Es la
dignidad humana, que es una y la misma en todas partes y para toda persona humana, la que le da fundamento, la que hace de punto de unión original desde el cual la colaboración recíproca de todos los derechos les permite cumplir la promesa moral de respetar por igual la dignidad humana de cada persona.
Esta visión es la que permite medir las relaciones sociales horizontales entre individuos y grupos por esto la dignidad es la garante del orden democrático legal entre personas libres e iguales lo que constituye al ciudadano, o sea aquellos sujetos de iguales derechos y que tienen la facultad de exigir ser respetados en su dignidad humana.
La dignidad es la bisagra, o como dice el mismo Habermas, es “el portal” que comunica la moral con el derecho, de modo que los DDHH tienen dos caras, la que mira a la moral y la que mira al derecho. Considera que al desintegrarse el derecho natural cristiano la moral y el derecho siguen caminos opuestos, una anclada en la conciencia individual y el otro en las normas positivas y coercitivas. Es así que “El concepto de derechos humanos es el producto de una síntesis inverosímil entre estos dos elementos: la “dignidad humana” sirvió así como el eje conceptual que permitió establecer dicha conexión.”
Este “portal” permite el tránsito desde la moral como perspectivas simétricamente entrelazadas de respeto y estima por la autonomía del otro a la posibilidad de exigirle al otro el reconocimiento de la autonomía personal.
“la dignidad humana configura el portal a través del cual el sustrato igualitario y universalista de la moral se traslada al ámbito del derecho. La idea de la dignidad humana es el eje conceptual que conecta la moral del respeto igualitario de toda persona con el derecho positivo y el proceso de legislación democrático, de tal forma que su interacción puede dar origen a un orden político fundado en los derechos humanos.”
Por este motivo aunque su contenido sea exclusivamente moral, tienen la forma de derechos subjetivos exigibles que conceden libertad y pretensiones específicas. Es la legislación democrática la que debe traducirlos a las situaciones concretas de cada caso nombrando sus violaciones.
“ De modo que los derechos humanos se circunscriben de manera precisa sólo en aquella parte de la moral que puede ser traducida al ámbito de la ley coercitiva y transformarse en una realidad política mediante la fórmula robusta de derechos civiles efectivos.”
(Las citas pertenecen a: Habermas, Jürgen. “El concepto de dignidad humana y la utopía realista de los derechos humanos”
http://132.248.184.15/dianoia/files/7513/5846/7650/DIA64_Habermas.pdf )
El principio de la dignidad humana es necesario para otorgar universalidad a la totalidad de los Derechos Humanos dado que es la única base capaz de dar un punto de partida mínimo abarcativo de toda la humanidad, sin ningún otro tipo de consideración o distinción más que el hecho de haber nacido humano/a. Si este principio estuviera ausente se abriría un abanico de posibilidades arbitrarias respecto de a quién se podría considerar humana/o o quien pudiera ser digno.
Nuestra historia debe advertirnos acerca de no desandar el camino para no reiterar aquellos episodios aún muy cercanos en el tiempo, de masacres por motivos diversos.
A partir del principio de la dignidad los Derechos Humanos tienen sentido porque
a- Porque hay exigencias morales o jurídicas por las que la humanidad tiene derechos por ser persona.
b- Porque todos las personas tienen la misma naturaleza o condición.
Por esto se considera que los DDHH no son dados sino reconocidos pues ya parten de una situación previa y son constituidos, o sea tomados y formalizados socialmente por el derecho positivo, lo que significa que aún partiendo de una instancia superior, esta debe materializarse en un tiempo y espacio históricos.
La dignidad humana no es un derecho del hombre, es el fundamento de los derechos que se conceden al hombre.
Las disposiciones o normativas no otorgan o conceden una "dignidad humana" sino que se limitan a reconocerla como algo natural propio de la humanidad, y a partir de ese reconocimiento sí conceden, otorgan e imponen derechos y obligaciones que se derivan de esa dignidad previamente reconocida.
Por este motivo muchos derechos no tienen una relación directa con un valor determinado (justicia, libertad, vida) sino que hacen referencia a todos los valores y a su raíz común que es la dignidad.
Este principio ofrece una base universal para establecer comparaciones o grados de desarrollo de una sociedad pues es en la relación que se establece entre el principio superior y su realización histórica que una sociedad puede ser evaluada.
Toda norma jurídica tiene el mismo valor que cualquier otra similar, pero los bienes o valores que protegen no todos tienen la misma jerarquía sino que pueden ser ubicados en una escala de importancia, por ejemplo, el bien de la vida es superior a otros como puede ser el de comprar y vender.
En esta escala el primero es el de la dignidad humana (se puede discutir si esta en el mismo nivel o hay diferencia con respecto al valor vida, pero esto nos aleja de nuestro tema.).
A partir de este punto surgen todos los otros derechos que deben estar acordes con esta dignidad: trabajo, educación, salud, vivienda, medio ambiente, desarrollo personal, etc.
Inseparablemente unido a la ella se halla el principio de la autonomía personal, o sea la capacidad de autodeterminación que implica que el todo social o estatal es accesorio, instrumental, está al servicio de la persona pues la persona no debe ser tratada como un medio sino como un fin en sí misma. Autonomía significa regular sus conductas según sus propias normas, lo que implica la capacidad de discernir entre distintas posibilidades.
La voz griega (αὐτονομία) al igual que la latina, indica que la persona no es un súbdito, no está bajo la norma de otro, puede gobernarse a sí mismo, tiene como primer derecho su libertad, su posibilidad de autodeterminación; lo que también implica independencia respecto de las necesidades e imposiciones naturales o sociales.
A partir de esto se deduce que las condiciones juegan un papel importantísimo al momento de la elección y la autodeterminación. Si la persona, por ejemplo, no ha recibido lo requerido para su desarrollo, posibilidades educativas, capacitación, se halla en situación de indigencia, precariedad, ha sido vulnerada, aunque es digna en plenitud, se halla con variables grados de impedimento para completar su desarrollo, su horizonte de posibilidades entre las que elegir en base a una vida plena se halla reducido. Por esto, cuando las circunstancias circunscriben a las personas a la supervivencia, las atan a condiciones naturales o sociales elementales, no se puede hablar de autonomía o de libertad en el sentido pleno de las palabras.
Este es el principio de inviolabilidad pues impide usar a la persona para fines transpersonales, sean éstos del estado, de raza, de clase social, o de cualquier otro grupo o realidad sociales.
Tener la capacidad de autodeterminación y la libertad para elegir entre acciones significa que somos responsables de nuestros actos, que no podemos adjudicarlos a fuerzas externas, a las condiciones o aún internas que puedan determinarnos como los genes. Ya en la obligatoriedad del respeto a los demás está implícita la responsabilidad que nos cabe en el cumplimiento de ese acto.
Por esto mismo la dignidad es un derecho que también implica obligaciones.
Los DDHH son entonces la concreción y el desarrollo histórico de los valores de la persona, que los integran y unifican en el mundo jurídico moderno, por esto se hallan situados entre la moral y la política, constituyen la realización social -a nivel formal-jurídico- de la moral positiva por parte del poder. Por tanto, tienen un doble fundamento: están determinados por los valores; y por el constitutivo formal que permite que sean designados con el rótulo de "derechos humanos", o sea su asunción por la norma positiva, por el derecho válido.
Esto trae como consecuencia que el poder político para ser legítimo se debe organizar en función de los DDHH pues estos no surgen de la sociedad o del poder político, sino de una instancia lógica y ontológicamente anterior: la humanidad.
La dignidad y su índole personal son el fundamento de los derechos, que aparecen así como instrumentos de realización. Los derechos humanos fijan los límites al poder social en cumplimiento de su función organizadora constituyendo las libertades de que gozan los ciudadanos para concretar su desarrollo personal.
Este reconocimiento de la libertad emana del principio de dignidad. La dignidad exige el respeto de la persona como sujeto de una independencia y autonomía que hay que garantizar socialmente, puesto que la persona y los grupos humanos no se reducen a su presencia social o en el Estado; es más, la sociedad misma tiene como fin el desarrollo del ser personal.
Es a partir de estas consideraciones que podemos decir que los DDHH son inalienables e irrenunciables, puesto que son parte integrante de la propia humanidad. Por esto precisamente, la primera base del ordenamiento político es la dignidad de la persona y su libertad, y en segundo término están los valores instrumentales de justicia, igualdad, etc.
Como un claro ejemplo del aspecto fundante del principio de dignidad, copio a continuación un extracto del documento “Estudio preliminar sobre la promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales mediante un mejor entendimiento de los valores tradicionales de la humanidad” del Consejo de Derechos Humanos- Comité Asesor de las Naciones Unidas. Noveno período de sesiones. 6 a 10 de agosto de 2012
Reitero, en él aparece de manera clara la preponderancia del principio de dignidad humana y su carácter básico en relación a los Derechos Humanos:
“ B. Dignidad
12. En las normas de derechos humanos la dignidad es un aspecto inherente del ser humano. Está directamente vinculada con el concepto de igualdad y del respeto que cada ser humano merece.
13. La dignidad aparece mencionada por primera vez al principio de la Carta de las Naciones Unidas: "Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas...".
En el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos se afirma que "la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana". El artículo 1 de la Declaración Universal dispone que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".
14. En instrumentos posteriores, en particular, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Declaración y Programa de Acción de Viena, se hace referencia a esas declaraciones. En los preámbulos, tanto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos como del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, se declara que esos "derechos se derivan de la dignidad inherente a la persona humana". En esos usos de la palabra "dignidad", el concepto está relacionado con la igualdad y la idea de que la dignidad humana, que pertenece a todos por igual, es la fuente de todos los derechos7.
15. La dignidad no es solo una base de derechos, sino también un aspecto del contenido de ciertos derechos. La dignidad aparece en artículos específicos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, como los artículos 22 y 23, donde se conecta con los derechos económicos, incluido el derecho a la seguridad social y a una remuneración justa.
Está asociada con las condiciones de privación de libertad en el artículo 10 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que dispone que "toda persona privada de libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano"8. En la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad, la dignidad está vinculada a la autonomía9. Los órganos de tratados de las Naciones Unidas se refieren normalmente a la dignidad en relación con la prohibición de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes10, la discriminación11, las condiciones de la privación de libertad12 y el derecho a un nivel de vida adecuado13.
16. También aparecen referencias a la dignidad en muchos instrumentos regionales. Por ejemplo, en la Carta de la Organización para la Unidad Africana (ahora Unión Africana) se declara que "la libertad, la igualdad, la justicia y la dignidad son objetivos esenciales para la realización de las legítimas aspiraciones de los pueblos africanos". El artículo 5 de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos vincula el respeto de la dignidad con la prohibición de la esclavitud, la tortura, el castigo y el trato cruel, inhumano o degradante.
Un vínculo similar se establece en los artículos 5 (tortura) y 7 (trabajo forzoso) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Según la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el concepto de igualdad "es inseparable de la dignidad esencial de la persona"14.
17. La dignidad es uno de los principios fundamentales de las constituciones nacionales y la jurisprudencia en varias regiones, como el Canadá, la India, Polonia, Sudáfrica y Uganda. En particular, los tribunales del Canadá y Sudáfrica vinculan la dignidad con la idea de la igualdad15. Por ejemplo, el magistrado Ngcobo del Tribunal Constitucional de Sudáfrica considera en un escrito que "la protección de la diversidad es el sello distintivo de una sociedad libre y abierta. Es el reconocimiento de la dignidad intrínseca de todos los seres humanos. La libertad es un elemento indispensable de la dignidad humana"16. En Uganda, la Constitución dispone que "las leyes, culturas, costumbres o tradiciones que sean contrarias a la dignidad, bienestar o interés de la mujer o que mermen su condición quedan prohibidas por la presente Constitución". En la India, se asocia la dignidad con un nivel de vida adecuado17.”
( Ver las citas en el original. Texto completo en http://www.ohchr.org/Documents/HRBodies/HRCouncil/AdvisoryCom/Session9/A.HRC.AC.9.2_sp.pdf )
El concepto de dignidad es el fundamento mismo de la paz, la base universal que unifica sin ningún tipo de diferenciación a toda la humanidad.
Buscar su relativización o directamente su supresión abriría las puertas a las arbitrariedades y violencias, recordemos que para justificar la esclavitud se decía que el esclavo no era persona humana, sino un objeto, al igual que judíos, gitanos, comunistas y homosexuales durante el nazismo. En la época del colonialismo, se decía lo mismo de los pueblos originarios, que no tenían alma y por lo tanto no poseían dignidad humana.
La Dignidad en los Documentos Internacionales de Derechos Humanos
La dignidad aparece nombrada en diversos documentos internacionales de Derechos Humanos, lo que significa que desde un comienzo mismo del pensamiento acerca de ellos este principio estuvo presente como su fundamento.
Todas las declaraciones de Derechos Humanos desde el texto de la Declaración de 1948 hasta el presente, han establecido que el principio de la dignidad humana sea entendido como fundamento último del orden moral y legal.
Ya la Carta de las Naciones Unidas, firmada el 26 de junio de 1.945 en su Preámbulo expresa:
“reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres”
Citaré solamente algunos documentos:
.Declaración Universal de los Derechos Humanos cuando dice:
“Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca….
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana”
Artículo 1ro. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
.Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José), en su artículo 11, inc. 1ro bajo el título de “Protección de la honra y de la dignidad” (noviembre 1969) dice:
“1. Toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad. “
.Declaración Americana de los Derechos del Hombre (1948) en su Considerando expresa:
“Que los pueblos americanos han dignificado la persona humana y que sus constituciones nacionales reconocen que las instituciones jurídicas y políticas, rectoras de la vida en sociedad, tienen como fin principal la protección de los derechos esenciales del hombre y la creación de circunstancias que le permitan progresar espiritual y materialmente y alcanzar la felicidad;
Que, en repetidas ocasiones, los Estados americanos han reconocido que los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser nacional de determinado Estado que tienen como fundamento sino los atributos de la persona humana;”
.Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (dic. 1975) reconoce como primigenia la dignidad cuando expresamente dice:
Artículo 2: “Todo acto de tortura u otro trato o pena cruel, inhumano o degradante constituye una ofensa a la dignidad humana…”
.Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes (dic. 1984)
“Considerando que, de conformidad con los principios proclamados en la Carta de las Naciones Unidas, el reconocimiento de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana es la base de la libertad, la justicia y la paz en el mundo,
Reconociendo que estos derechos emanan de la dignidad inherente de la persona humana”
.Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza (dic. 1960), al hablar de discriminación dice:
Art. 1ro inc. d: “ Colocar a una persona o a un grupo en una situación incompatible con la dignidad humana.”
.Declaración de los Derechos del Niño (1.959)
.Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1.976) en su Preámbulo dice:
“Considerando que, conforme a los principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas, la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables, Reconociendo que estos derechos se derivan de la dignidad inherente a la persona humana,..”
. Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1.976) en el Art. 7 dice:
“condiciones de existencia digna para ellos y para sus familias”
. Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución Ajena (1949) en cuyo Preámbulo dice:
“... que la prostitución y el mal que la acompaña, la trata de personas para fines de prostitución, son incompatibles con la dignidad y el valor de la persona humana…”
.Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales (1.950)
. Carta Africana de los Derechos del Hombre y de los Pueblos (1.981)
.Declaración sobre la Eliminación de la Discriminación de la Mujer (nov. 1.967)
. Convención Internacional sobre la Represión y el Castigo del Crimen del Apartheid (oct 1973)
.Carta Social Europea (oct. 1961)
.Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial (dic. 1965)
.Convención sobre la Eliminación de Todas la Formas de Discriminación contra la Mujer (dic. 1979)
.Convención sobre Derechos del Niño (nov. 1989)
.Declaración y Programa de Acción de Viena (1.993) dice:
“Reconociendo y afirmando que todos los derechos humanos tienen su origen en la dignidad y el valor de la persona humana”
En otros documentos:
.Que los DDHH están por encima de las consideraciones culturales quedó de manera clara plasmado en la declaración "Human Rights are essential tools for an effective intercultural dialogue", de un grupo de expertos de las Naciones Unidas sobre el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, 21 de mayo de 2010, en la que se expresa:
“La diversidad cultural [...] solo puede prosperar en un entorno que salvaguarde las libertades fundamentales y los derechos humanos, que son universales, indivisibles e interdependientes y están interconectados. Nadie puede invocar la diversidad cultural como pretexto para violar los derechos humanos reconocidos por el derecho internacional o limitar su alcance, ni tampoco se debe utilizar para apoyar la segregación y las prácticas tradicionales nocivas que, en nombre de la cultura, tratan de santificar diferencias que van en contra de la universalidad, la indivisibilidad y la interdependencia de los derechos humanos.”
.La resolución 12/21 del Consejo de Derechos Humanos, de 2 de octubre de 2009, “Promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales mediante un mejor entendimiento de los valores tradicionales de la humanidad” expresa:
“Reafirmando la Declaración Universal de Derechos Humanos y que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esa Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición,
Reiterando que todos los derechos humanos son universales e indivisibles, están relacionados entre sí, son interdependientes y se refuerzan mutuamente, y que deben tratarse de manera justa y equitativa, en pie de igualdad y dándoles a todos el mismo peso, y que, si bien es necesario tener en cuenta la importancia de las peculiaridades nacionales y regionales y los diversos antecedentes históricos, culturales y religiosos, todos los Estados, independientemente de cuál sea su sistema político, económico y cultural, tienen la obligación de promover y proteger todos los derechos humanos y libertades fundamentales…”
. “Estudio preliminar sobre la promoción de los derechos humanos y las libertades fundamentales mediante un mejor entendimiento de los valores tradicionales de la humanidad” del Consejo de Derechos Humanos- Comité Asesor. Noveno período de sesiones. 6 a 10 de agosto de 2012
Publicado por Alberto B Ilieff en 23:09 No hay comentarios:
Etiquetas: concepto de dignidad, dignidad, dignidad en documentos de derechos humanos, dignidad fundamento judeocristiano, dignidad y derechos humanos, transhumanismo

References: artículo 1
 artículo 10
 artículo 5

Artículo 1
 artículo 11

Artículo 2
 resolución