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Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social
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José Ramón Belmonte Jiménez
1 Or ientaciones Técnicas Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social D e p a r t a m e n t o d e D e r e c h o s y R e s p o n s a b i l i d a d J u v e n i l / D i c i e m b r e
3 ÍNDICE I. Antecedentes Introducción La intervención en contexto privativo de libertad 12 II. Marco jurídico de la sanción Definición de la sanción Sujeto de atención Vías de ingreso al centro Vías de egreso del centro 15 III. Objetivos del sistema cerrado Objetivo general Objetivos específicos 16 IV. Enfoques para la intervención socioeducativa Enfoque comprensivo Enfoque evolutivo Enfoque ecosistémico Enfoque de competencias Enfoque de factores de riesgos y factores protección Enfoque diferenciador Enfoque de género Enfoque de calidad 23 V. Estrategias para la intervención socioeducativa Características de la intervención socioeducativa Aprendizaje mediado Aprendizaje en contextos normados Características del vínculo en la intervención Motivación del adolescente Participación activa del adolescente Responsabilización y desarrollo de la autonomía progresiva Normalidad y apertura Prácticas restaurativas Adolescente y familia Modelos de intervención Intervención y práctica de red 36
4 VI. Metodología de intervención Primera etapa: inicio de la intervención 38 a.- Inicio de la intervención y acogida 39 b.- Encuadre y comprensión de la sanción 39 c.- Desarrollo vínculo socioeducativo 40 d.- Elaboración del Plan Intervención Individual (PII) 41 e.- Simultaneidad de sanciones 41 f.- Elaboración de Programa Individual Especializado (PIE) 42 g.- Acciones administrativas Segunda etapa: desarrollo de la intervención 44 a.- Ejecución de PIE 45 b.- Acompañamiento del adolescente en su proceso de adaptación 45 c.- Resolución no violenta de conflictos 46 d.- Trabajo con familia 46 e.- Desarrollo de competencias y habilidades 46 f.- Integración a la oferta programática 47 g.- Desarrollo de acciones para la responsabilización 48 h.- Desarrollo de acciones para la reparación 49 i.- Proceso penal y salidas anticipadas 49 j.- Preparación para el egreso 50 k.- Acciones administrativas Tercera etapa: término de la intervención 51 a.- Acompañamiento para la integración social 52 b.- Ritual de Cierre y evaluación de PIE 52 c.- Acciones administrativas 53 VII. Gestión Organización y funcionamiento del equipo Plan de trabajo anual Trabajo en Equipo Complementariedad de la oferta programática Autocuidado de los equipos Condiciones: Seguridad e Infraestructura 62 VIII. Bibliografía 65
5 I. ANTECEDENTES 1. INTRODUCCIÓN El año 2007, entra en vigencia en Chile la Ley , sobre responsabilidad penal adolescente, en adelante LRPA, iniciativa que se enmarca en un proceso de reforma integral y de modernización del sistema de justicia para menores de edad, que abandona el paradigma tutelar para asumir los mandatos de la Convención Internacional sobre Derechos del Niño, a quienes ahora se les concibe como sujetos de derechos, que requieren de protección integral. Nuestra ley, como todas las legislaciones modernas, ha reconocido la necesidad de tener una justicia juvenil claramente diferenciada de la justicia penal adulta, asumiendo la necesidad de dar una respuesta especializada, que reconozca que el adolescente se encuentra en una fase particular de su desarrollo como ser humano y que la forma en que sea tratado al ingresar al sistema de justicia tendrá un alto significado para su futuro. Se trata de leyes que, siguiendo el mandato de la Convención, han asumido las garantías del debido proceso, así como garantías especiales por tratarse de adolescentes. En este sentido, resulta relevante que sean normas cuyo principio orientador es educativo, por cuanto no sólo se trata de que el adolescente asuma la responsabilidad por sus actos, sino que, al mismo tiempo, reciba una intervención susceptible de educarlo respecto de la responsabilidad y orientada al logro de su integración social (artículo 20 de la LRPA). Aunque entendemos que este es un tema en discusión para juristas y académicos, consideramos que el sentido educativo de la ley es lo que permite que sea el aspecto rehabilitador o social el que prime, minimizando el carácter retributivo y penalizador y ampliando su sentido garantista, el que no se limita sólo a las cauciones básicas y procesales sino que, además, demanda responder a las necesidades de un desarrollo integral del adolescente. Para hacer prevaler el interés superior del adolescente, consideramos necesario que el enfoque del minimalismo penal se complemente con acciones e intervenciones que apunten a favorecer el mencionado desarrollo prosocial del adolescente. Alcanzar la autonomía digna de un ciudadano responsable es un largo proceso, que sólo se hace posible cuando es mediado por adultos debidamente capacitados, que se apoyan en modelos psico y socioeducativos validados. Es lo que el profesor Carlos Tiffer llama educación para la responsabilidad. Sin embargo, mucho queda aún por hacer para superar los déficit que impiden cumplir cabalmente el mandato de la Convención y dificultan avanzar con más celeridad en el cumplimiento efectivo del componente educativo de la ley. Entre ellos, constituye un importante desafío intensificar esfuerzos para que la privación de libertad sea efectivamente un último recurso. Ello nos impulsa a dar una alta prioridad y apoyo al trabajo que se realiza en las medidas y sanciones de medio libre y también en los centros semicerrados, ya que si ellos alcanzan mayores estándares de eficiencia y calidad, lograremos que sean de mayor utilidad para el sistema judicial.
6 Avanzar hacia un enfoque restaurativo de la justicia juvenil, que implica potenciar el acuerdo entre víctima y victimario, consiguiendo compromisos prejudiciales válidos ante la ley, es también un desafío, exigiéndonos impulsar su aplicación a través de debates con los actores judiciales, usando los espacios que nos permite la legislación y las experiencias desarrolladas en Europa y otros países de Latinoamérica. Sename y la ley penal juvenil La LRPA le permite al juez disponer de un variado repertorio de medidas y sanciones, tanto en medio libre como en centros cerrados y semicerrados. Y es el Servicio Nacional de Menores, institución dependiente del Ministerio de Justicia, quien tiene la responsabilidad de ejecutar el mandato que de ella emana. Para ello, hoy disponemos de 17 centros cerrados (al menos uno por región), donde se ingresa tanto por Internación Provisoria como por Sanción; 17 centros semicerrados y 194 programas en medio libre (Medidas Cautelares, Libertad Asistida y Libertad Asistida Especial; Reparación del Daño y Beneficio a la Comunidad y Suspensión Condicional del Procedimiento). A pesar de que la demanda de los jueces superó las proyecciones de plazas estimadas, podemos decir que, en general, las derivaciones de los tribunales son atendidas por el Servicio, a pesar de los problemas generados en la mayoría de los actuales centros, que fueron diseñados en otra época y para otras funciones, por lo que existe sobrepoblación y no podemos brindar aún los estándares óptimos a los que aspiramos. Pero hay avances significativos. Tenemos listos los diseños definitivos de diez nuevos centros cerrados, compromiso de la Presidenta Michelle Bachelet, que contarán con estándares muy superiores a los actuales, el primero de los cuales será inaugurado en los primeros meses del próximo año. Además, resulta de gran utilidad el que exista por ley una comisión de alto nivel que visita periódicamente los centros cerrados y evacua un informe, que se suma a los informes de los jueces y de nuestra propia auditoría interna. Amén de los frecuentes reportes solicitados desde el Parlamento. Todo ello nos exige estar permanentemente preocupados de las condiciones de funcionamiento de los actuales centros, a fin de mejorar permanentemente tanto su infraestructura como su gestión administrativa. Transcurridos más de dos años del inicio de la LRPA, adolescentes han estado sometidos a medidas cautelares y/o a sanciones. Al comparar la aplicación de las diferentes sanciones, constatamos que si bien las medidas y sanciones en medio libre son 9 veces más que las privativas de libertad, el uso de los centros cerrados sigue siendo demasiado elevado. Sin duda, lo más grave, es la sobre utilización de la medida cautelar privativa de libertad y su prolongación más allá de lo inicialmente previsto por Fiscalía. La ansiedad e incertidumbre que suscita esta práctica en el adolescente, así como las limitaciones para desplegar intervenciones más integrales por tratarse de imputados, hace que este periodo sea especialmente riesgoso para la salud mental y provoque comportamientos disruptivos y de alto riesgo para el propio adolescente. De la información obtenida de la base de datos del Sename (Senainfo) podemos decir que del total de adolescentes que cometen infracciones, el 92% son varones y la mayoría tiene entre 16 y 17 años. Con
7 relación al tipo de delito, es el robo y robo con sorpresa o intimidación lo más predominante. Los delitos de mayor gravedad, como violaciones o lesiones graves, representan una muy baja proporción del conjunto. Aún no contamos con estudios que nos permitan conocer las características prevalentes de los adolescentes ingresados, a fin de ordenar perfiles psicosociales y de complejidad respecto a reincidencia en el delito. Ahora bien, los datos con que contamos revelan que la mayoría de estos adolescentes corresponden a aquellos que viven en condiciones de vulnerabilidad social y que han realizado su proceso de desarrollo en condiciones especialmente desfavorables, por la acumulación de factores de riesgo delictivo, graves vulneraciones de derechos y falta de oportunidades para desarrollar sus capacidades y necesidades en un sentido prosocial. En este sentido, el dato más significativo es el de escolaridad, por cuanto el porcentaje de adolescentes que se encuentran fuera del sistema educativo está por sobre el 50% (59,2% en cerrado; 54,4% en semicerrado; 47,9% en medio libre); y el nivel de escolaridad es de 55% en enseñanza básica y sólo 25% en enseñanza media. Un segundo indicador relevante es el relacionado con el consumo problemático de drogas (marihuana, pasta base), prevalerte en el 50% de quienes llegan a privación de libertad y sobre el 30% en medio libre. La trascendencia de la información específica sobre los infractores pone de relieve el claro y urgente desafío de contar con una línea de trabajo que permita un completo registro de los datos emanados de la casuística, para su posterior análisis. A nuestro juicio, así lo exige el mandato de cumplir con eficiencia y calidad un trabajo que busca ser de alta especialización. En relación con el sistema judicial, la mayor urgencia surge de la necesidad de contar con un circuito especializado con el que dialogar y construir visiones mucho más comunes, tanto respecto a la sanción más idónea, como en relación al proceso rehabilitador del adolescente, que debe convertirse en lo central a considerar en la determinación y ejecución de la sanción correspondiente. Si bien es cierto que la LRPA se define como una normativa especial, distinta al sistema penal adulto, la realidad es que la especialización se encuentra atenuada por considerarse que todo fiscal, defensor o juez con competencia en materias criminales está habilitado para intervenir. Por ello el desafío es profundizar el trabajo con los actores judiciales, a fin de cumplir la aspiración de justicia especializada, uniformando criterios y resolviendo dificultades al momento de aplicar la ley. Tarea educativa: complementariedad y compromiso En Chile, el Estado es quien financia la totalidad de los programas de medidas y sanciones requeridas en la LRPA, correspondiéndole por ley su ejecución al Sename, ya sea atendiendo directamente a los adolescentes o a través de instituciones colaboradoras. Además de entregar los lineamientos técnicos, nuestra institución supervisa y recoge la experiencia de centros y proyectos, promoviendo la coordinación y el trabajo colectivo, en un espíritu de trabajo de circuito.
8 La amplia y compleja tarea mandatada por la ley, desborda ampliamente los equipos que llamamos de base, sean estos de una institución colaboradora o funcionarios del Sename. Son ellos, junto al equipo directivo del centro o proyecto, quienes tienen la responsabilidad directa del adolescente, debiendo establecer el diagnóstico, el plan de intervención y todo lo relativo a la intervención psico y socioeducativa más directa y constante. Son el eje central del proceso de cambio propuesto al joven en vistas a su reinserción social. Sin embargo, resulta evidente que actividades centrales del plan como son la capacitación laboral y la educación, así como otros recursos complementarios igualmente relevantes, como el deporte y la cultura, implican necesariamente recursos externos específicos, que exigen un trabajo interdisciplinario e intersectorial de complementariedad. Esto implica un activo esfuerzo de trabajo coordinado y dialogante con otros sectores del aparato del Estado. Mucho hemos aprendido de cómo avanzar con coherencia con otros equipos para hablar un mismo lenguaje, compartir la misma visión y dialogar en una complementariedad centrada en la búsqueda de la mejor respuesta posible a las necesidades de desarrollo de los adolescentes. La incorporación a la educación formal en el medio libre es un punto particularmente débil, pues no se logra el nivel de retención deseado. Necesitamos alternativas escolares específicas para jóvenes cuya relación con el colegio es problemática desde un comienzo, influida por un alto porcentaje de jóvenes con déficit atencional y falta de entrenamiento de funciones cognitivas. También es un desafío alcanzar la cobertura necesaria y brindar mejores respuestas para adolescentes con problemas complejos de salud mental, manteniendo el trabajo coordinado con el Ministerio de Salud y Conace para contar en todas las regiones con Unidades de Corta Estadía (para desintoxicación y otros problemas graves de salud mental) y perfeccionando la complementariedad con el trabajo que realizan los equipos especializados de Conace en el tratamiento del consumo problemático de drogas. A pesar de los importantes avances en la línea de capacitación laboral, con talleres y becas que preparan a nuestros jóvenes para el mundo del trabajo e incluso para continuar hacia un nivel de formación técnico superior, aún estamos lejos de contar con la cobertura necesaria en esta materia. Importante de destacar ha resultado la experiencia de lo que hemos llamado actividades complementarias o innovadoras, realizadas por grupos externos al Servicio, lo que lamentablemente es inestable e insuficiente en el tiempo. El teatro testimonial en el centro San Bernardo, la hipoterapia en el centro semicerrado de Calera de Tango o los Casteller en La Cisterna y Talca han sido acciones de gran impacto entre los adolescentes. De allí la necesidad de avanzar en el trabajo y coordinación con los recursos disponibles en el territorio, tanto los ligados a los municipios como aquellos de la propia comunidad local (juntas de vecinos, organizaciones juveniles, organismos deportivos, culturales y otros). Dicha vinculación puede jugar un papel de enorme importancia durante el desarrollo del proceso socioeducativo de los adolescentes, especialmente en las medidas y sanciones en medio libre. En esta perspectiva, es sin duda el enfoque restaurativo el que puede facilitar la búsqueda activa del diálogo y la aceptación de la comunidad, en la medida que facilita que quien provocó un daño experimente
9 responsabilización y empatía hacia lo ocurrido a la víctima, y exprese su voluntad de reparar tal situación. Esto implica orientar un trabajo activo en los proyectos de servicio en beneficio de la comunidad o en las salidas alternativas de esta línea restaurativa, en la que participe o se implique también la comunidad. La importancia de los otros actores no sólo se justifica durante el periodo de la intervención, sino que tiene directa relación con el gran objetivo de la reinserción social del adolescente, que constituye la contraparte de prevenir y detener la reincidencia. Lineamientos para la intervención socioeducativa del adolescente La orientación central que nos guió el año 2008 fue elevar la calidad de la intervención, al mismo tiempo que asegurar los distintos aspectos de la etapa de instalación de la ley. Durante 2009 nuestro énfasis apuntó a la especialización, asumiendo con claridad que el Sename no es mero ejecutor de sanciones, sino que debe convertirse en un especialista en la rehabilitación del adolescente que delinque. La experiencia reflexionada de estos dos años y medio de implementación de la LRPA nos muestra determinados aspectos que debemos considerar en la intervención con un joven infractor. En primer término, las áreas o componentes que son parte del proceso socioeducativo. a) Responsabilización, entendida como el desarrollo de la capacidad de responder por la vulneración de derechos de terceros. Exige experimentar la empatía y asumir el respeto al orden normativo que rige la sociedad. Es vivir el sentimiento de responsabilidad por el daño cometido y la sanción recibida y es también una actitud permanente de responder a las normas que ha aceptado y los compromisos que ha contraído el adolescente. b) Reparación, entendida como experiencias emocionales correctoras que reparan heridas de rechazos, abandono, estigmas y fracasos del adolescente en lo prosocial. Esto posibilita la asimilación de logros y valoraciones de terceros significativos, junto con el reconocimiento de habilidades y competencias propias. En graves vulneraciones de derechos, la reparación requerirá intervención específica y especializada. c) Habilitación, constituye el conjunto de acciones y ofertas necesarias para el cumplimiento de las tareas de desarrollo y el avance hacia la autonomía responsable. Abordan tanto el plano de lo formativo (destrezas educativas y laborales) como en las habilidades sociales, desarrollo cognitivo, autocontrol emocional y descubrimiento de nuevos intereses y motivaciones. d) Reinserción social, requiere que junto a la motivación del adolescente de ser parte del mundo educacional o laboral así como de otros programas y beneficios sociales, reciba los apoyos y acogida necesarios desde las instituciones, su familia y la sociedad en su conjunto. Estos cuatro componentes constituyen un todo sistémico: no puede haber habilitación sin reparación, y habilitando se prepara al adolescente a la reinserción. De la misma manera, la responsabilización, como proceso de toma de conciencia del daño causado, es esencial en el proceso de readaptación social del adolescente. Consecuentemente, afirmamos la necesidad de avanzar en modelos de intervención cada vez más integrados, multidisciplinarios e intersectoriales.
10 10 Entendemos además que el alcance de los objetivos de responsabilización e integración social de los adolescentes demanda criterios de calidad y acciones que se relacionan con determinados tópicos, que se describen a continuación. a) Consideración de los adolescentes al centro de las intervenciones. Como sujetos de derechos, con participación activa en su proceso. b) Enfoque diferenciado. Desarrollo de una evaluación que permita la definición de perfiles de complejidad o niveles de riesgo delictual y a la vez distinga las necesidades y recursos particulares de cada adolescente. c) Orientación progresiva del proceso. La estructuración del tiempo y del espacio con un orden basado en lo que el adolescente puede avanzar, que vaya reflejando sus logros y refuerce con estímulos y mejores condiciones los progresos realizados. d) Calidad del recurso humano. Significa equipos con clara definición de roles y competencias. Que posean capacidad de vínculo significativo, con manejo de estrategias de motivación para el cambio y con herramientas especializadas para enfrentar necesidades específicas de atención. e) Trabajo en equipo. Se requiere de miradas integrales e interdisciplinarias, donde cada miembro del equipo aporte su experiencia en espacios planificados de complementariedad al interior de los programas, para construir un enfoque compartido y coherente en la relación con los adolescentes. f) Acompañamiento post sanción. Los tiempos judiciales no son los mismos que los procesos de desarrollo y responsabilización del adolescente y la ley (a diferencia de lo que ocurre en otros países) no indica el acompañamiento post sanción. Todas las experiencias internacionales conocidas apuntan a esta etapa como de gran significado para lograr la efectiva integración del adolescente en su familia, su barrio y los espacios de formación y participación social, por lo que el acompañamiento post egreso es uno de los grandes desafíos que se encuentra pendiente. h) La exigencia de evaluar. El desarrollo de una intervención empírica y científicamente fundada nos demanda enfatizar las tareas de seguimiento, evaluación y sistematización, lo que no debe ceñirse exclusivamente al nivel central, sino que en los propios equipos, a fin de recoger el valioso saber que se genera en las prácticas cotidianas. Un exitoso cumplimiento de los objetivos de la ley no sólo implica alejar al adolescente de la práctica delictual y su potencial reincidencia, sino también y fundamentalmente permitirle una efectiva integración a la sociedad. Esto lo entendemos como un proceso dinámico y bidireccional, donde no se trata sólo de los cambios y la voluntad que logre el adolescente, sino que se requiere contar con una sociedad que acoja al que tiene la voluntad de integrarse y aspira a sentirse parte de ella. Por una parte, se trata del adolescente que demanda sus derechos, al mismo tiempo que respeta los derechos y las normas que ordenan la vida colectiva; y por otra, de una sociedad (un conglomerado de agencias
11 11 públicas, privadas y sociedad civil) que facilita dicho proceso, porque se sabe corresponsable y, por tanto, está comprometida en la tarea de acoger sin discriminar y ofrecer nuevas oportunidades de integración al colectivo social. Interesante también es concebir a la reinserción como la interacción de una situación subjetiva, en la que se requiere vivenciar positivamente el entorno (sociedad y relaciones significativas), es decir, como algo cercano, coherente y confiable; al mismo tiempo que una situación fáctica de mantención de vínculos familiares, educativos, laborales e interpersonales. Confiamos en avanzar en los distintos desafíos que se desprenden de nuestra aspiración de especializar esta tarea. Una tarea resocializadora y preventiva que nos mandata la ley; la que junto a su gran complejidad es también poseedora de un profundo sentido ético y democrático. Fanny Pollarolo Villa Jefa Departamento de Derechos y Responsabilidad Juvenil
12 12 2. LA INTERVENCIÓN DENTRO DEL CONTEXTO PRIVATIVO DE LIBERTAD El ingreso de un adolescente a un centro de privación de libertad a cumplir una pena puede representar para él y su familia una experiencia muy deteriorante por verse restringidas sus libertades esenciales y sus posibilidades de desplazamiento, y por el alejamiento físico -al menos- de su familia y de su entorno social más cercano. Los efectos psicológicos y socioculturales que pueden presentarse en las personas como consecuencia de la privación de libertad son múltiples, pero son especialmente relevantes de considerar cuando se trabaja con adolescentes, es decir, con personas en pleno proceso de formación y desarrollo. La privación de libertad tiene una gran incidencia en estos jóvenes, ya que para adaptarse a las condiciones intramuros suelen desarrollar estrategias identificadas con los códigos de la subcultura carcelaria, integrando aprendizajes y comportamientos que colisionan con las formas de convivencia democrática socialmente aceptadas y valoradas en el medio libre. Algunos estudios señalan que la vida cotidiana de las personas privadas de libertad se caracteriza por una organización bastante rígida, carente de elementos motivadores y en la que prevalece el control normativo institucionalizado y permanente. Esta condición representa un aspecto especialmente desafiante en la intervención socioeducativa con los adolescentes y jóvenes en reclusión. Algunas consideraciones sobre el impacto de la privación de libertad Se pueden distinguir posibles consecuencias inmediatas o mediatas a través de distintos momentos de la privación de la libertad. Algunas de ellas son: Desproporción emocional reactiva: cuestiones que en otro contexto carecerían de importancia son vivenciadas con una desproporcionada resonancia emocional y cognitiva. Dualidad adaptativa: se puede producir una autoafirmación agresiva con fuerte hostilidad hacia todo lo que provenga de la autoridad o la sumisión frente a la institución como vía adaptativa. Presentismo galopante: incapacidad para controlar las contingencias del ambiente, de manera que se actúa bajo el mandato del inmediatismo, lo que en situaciones de privación de libertad se traduce en vivir sólo el presente, con ausencia de planificación y visión de futuro. Síndrome amotivacional: se caracteriza por la pérdida de interés, por la percepción de la incapacidad de transformar o dirigir su vida, delegándose la responsabilidad y creatividad en el entorno institucional del que depende. Incluso, puede llegar a presentar episodios depresivos que involucran conductas auto atentatorias. Disminución de la autonomía personal y grupal: esto se genera por un contexto de excesiva regulación y dependencia en todos los ámbitos.
13 13 Desarrollo de relaciones basadas en expresiones de poder y control: se reproducen estos modelos de conductas para la aceptación grupal. Tendencia a la configuración de identidad marginal: esto es provocado por la separación radical del entorno. La permanencia de un adolescente en un centro privativo de libertad requiere, por los tanto, centrar esfuerzos en desarrollar una programa estructurado y a la vez flexible que responda a sus necesidades particulares y oriente el acompañamiento durante la reclusión, considerando su evolución en las distintas etapas que enfrenta durante la intervención. Lo anterior obliga a plantearse estrategias que, por una parte, estructuren rutina y hábitos de convivencia y, por otra, sean capaces de instalar prácticas educativas que favorezcan el protagonismo, la participación, la responsabilización y la autonomía progresiva del joven, con el foco puesto siempre en la preparación para el egreso y su reinserción social.
14 14 II. MARCO JURÍDICO DE LA SANCIÓN 1. DEFINICIÓN DE LA SANCIÓN De acuerdo con lo señalado en el Artículo 17 de la Ley Nº , la internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social importará la privación de libertad en un centro especializado para adolescentes, bajo un régimen orientado al cumplimiento de los objetivos previstos en el Artículo 20 de esta ley que señala: Las sanciones y consecuencias que esta ley establece tienen por objeto hacer efectiva la responsabilidad de los adolescentes por los hechos delictivos que cometan, de tal manera que la sanción forme parte de una intervención socioeducativa amplia y orientada a la plena integración social. En virtud de ello, dicho régimen considerará necesariamente la plena garantía de la continuidad de sus estudios básicos, medios y especializados, incluyendo su reinserción escolar, en el caso de haber desertado del sistema escolar formal, y la participación en actividades de carácter socioeducativo, de formación, de preparación para la vida laboral y de desarrollo personal. Además, deberá asegurar el tratamiento y rehabilitación del consumo de drogas para quienes lo requieran y accedan a ello (Artículo 17). Una indicación respecto a la edad y el tiempo de duración de las penas privativas de libertad se menciona en el Artículo 18, que dice: Las penas de internación en Régimen Cerrado y Semicerrado, ambas con Programa de Reinserción Social, que se impongan a los adolescentes no podrán exceder de cinco años si el infractor tuviere menos de dieciséis años, o de diez años si tuviere más de esa edad SUJETO DE ATENCIÓN Será aquel o aquella adolescente que, en virtud de una sentencia definitiva firme dictada por un tribunal competente, hubiere sido condenado por haber cometido, entre los 14 y los 18 años de edad, uno o más delitos. Sin perjuicio de lo anterior, es factible que en el momento de ingresar a cumplir la sanción de Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social, la persona sea mayor de 18 años. 3. VÍAS DE INGRESO AL CENTRO Ingresarán a los centros cerrados aquellos adolescentes que, en virtud de una orden dictada por un tribunal competente deban: a. Cumplir la sanción de Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social al que hubiere sido condenado por sentencia definitiva firme. La duración de la sanción puede ser desde 3 años y un día a 10 años (Artículos 17 y 23 de la Ley ). 1 La Ley , en su Artículo 42 entregó al Sename la responsabilidad de la administración de esta sanción en forma directa y permanente dentro de un marco de derechos y garantías de la ejecución expresadas en el párrafo 2, Art. 49.
15 15 b. Cumplir, en el caso la sanción mixta, la parte que corresponda a Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social al que hubiere sido condenado por sentencia definitiva firme y, una vez cumplida ésta, continuar (obviamente en el medio libre) con el Régimen de Libertad Asistida o Asistida Especial al que hubiere sido condenado de manera complementaria (Artículo 19, Inciso 2º, Letra a). c. Cumplir la sanción de Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social en virtud de haberse decretado el quebrantamiento de la sanción de Internación en Régimen Semicerrado. En este caso, el juez podrá decretar un máximo de 90 días a cumplir en Régimen Cerrado, sin perjuicio de cumplirse la sanción originalmente impuesta por el tiempo que restare (Artículo 52, Nº 6, Primera parte). d. Cumplir, la sanción de Internación en Régimen Cerrado con Programa de Reinserción Social a modo de sustitución y en forma definitiva por incumplimiento reiterado, en virtud de haberse decretado el quebrantamiento de la sanción de Internación en Régimen Semicerrado. En este caso, el juez fijará un tiempo prudencial a cumplir en Régimen Cerrado, tiempo que en ningún caso será superior a la condena inicialmente impuesta. (Artículo 52, Nº 6, Segunda parte.) e. Cumplir, en el caso la sanción mixta, la sanción en Régimen Cerrado decretada a modo de sustitución y en forma definitiva por incumplimiento del régimen de Libertad Asistida en cualquiera de sus formas al que hubiere sido sometido el adolescente, en virtud de lo dispuesto en el Artículo 19 de la ley (Artículo 52, Nº 7). 4. VÍAS DE EGRESO DEL CENTRO Deberán egresar del centro los jóvenes que se encuentren en alguno de los siguientes casos: a. Por cumplimiento efectivo del tiempo de condena establecido en la sentencia definitiva que hubiere sido dictada por el juez competente, sea que la sanción hubiere sido impuesta en forma única o complementaria (artículos 19 y 52). b. Por cumplimiento de la sanción impuesta a modo de sustitución en el caso señalado en el Artículo 52, Nº 6, Segunda parte. c. Por haberse dado lugar, mediante resolución ejecutoriada, a la solicitud de sustitución de la sanción de Internación en Régimen Cerrado por una menos gravosa (Artículo 53). e. Por haberse dado lugar, mediante resolución ejecutoriada o firme, a la solicitud de remisión del saldo de condena (Artículo 55).
16 16 III. OBJETIVOS DE LA INTERVENCIÓN SOCIOEDUCATIVA EN CEN- TROS CERRADOS 1. OBJETIVO GENERAL Facilitar la integración social y la responsabilización de los adolescentes condenados a régimen cerrado a través de una intervención socioeducativa con programa de reinserción social que garantice el derecho a su desarrollo integral dentro del marco del respeto a sus derechos humanos. 2. OBJETIVOS ESPECÍFICOS a. Favorecer que el adolescente comprenda el sentido de las acciones del proceso socioeducativo y participe activamente en ellas. b. Reducir los impactos nocivos de la privación de libertad desarrollando acciones coherentes con esta necesidad. c. Promover en el adolescente la responsabilización frente al delito, la toma de conciencia de sus actos y las consecuencias de éstos, así como normas de convivencia social y respeto por el otro. d. Garantizar los derechos del adolescente durante el cumplimiento de la sanción, asegurando el acceso a los servicios (educación, salud, trabajo, recreación, cultura y otros) como ciudadano en desarrollo. e. Favorecer el desarrollo de la autonomía y la vinculación del adolescente con el medio exterior a través de salidas programadas según los avances en su proceso de intervención. f. Desarrollar estrategias y acciones destinadas a abordar las vulneraciones de derechos. g. Favorecer la inclusión social del adolescente a través del desarrollo de competencias que le permitan abordar los factores de riesgo, desarrollar estrategias de autocuidado y potenciar los factores protectores que faciliten el proceso de reinserción. h. Favorecer la integración del adolescente o joven a los programas sociales y redes comunitarias en el territorio en que se encuentra inserto el centro y en aquel en que el adolescente presente mayor potencial para su reinserción
17 17 IV. ENFOQUES PARA LA INTERVENCIÓN SOCIOEDUCATIVA El programa socioeducativo se orienta a una intervención que considera a otros actores de la vida del adolescente, como su familia, el entorno barrial (pares, escuela, comunidad local) y la comunidad en general. Esta última debe ser capaz de acoger al adolescente y no discriminarlo al egreso para asegurar su integración social, asumiendo corresponsablemente la consecución de este objetivo. El desafío se sitúa en el equipo, que en forma coordinada focaliza los aspectos claves de la intervención que promuevan la inserción social del adolescente. Las acciones tendrán efectividad si ellas responden a una mirada personalizada y acorde con la situación particular del adolescente. Para los equipos de intervención, lo anterior implica tener criterios de flexibilidad para adaptar de manera transversal y longitudinal la intervención, rescatando la calidad de sujeto de derechos y condición ciudadana del adolescente. Los enfoques corresponden a distintas perspectivas orientadas a la práctica. Éstos se centran en las relaciones que, en el caso de la intervención, se refiere a la relación entre el profesional o educador y el adolescente, la que ha sido tradicionalmente definida como una relación educativa e incluso pedagógica. Estos lineamientos o enfoques sustentan de manera transversal la intervención en función de la integración social, permiten que sobre esta base cada equipo de intervención elija y adopte una metodología propia acorde con su postura teórica, capacidad técnica, experiencia práctica y tiempo de la sanción. A continuación se presentan distintos enfoques que orientan la intervención con adolescentes con conducta infractora, de manera de proporcionar una aproximación pertinente a la especificidad que demanda nuestro sujeto de atención. Entendiendo que los equipos sustentan y se nutren de diferentes modelos teóricos tales como el Modelo familiar sistémico (análisis de pautas de interacción), Modelo biográfico (la construcción de relatos de vida), el Modelo cognitivo conductual (técnicas de refuerzo positivo, modeling), el Modelo construccionista (coconstrucción y resignificación de las diversas experiencias de vida), el modelo psicodinámico (explorando bajo transferencia significaciones, traumas y actuaciones que puedan poner en riesgo a la/el adolescente), cada equipo podrá utilizar los modelos que más se ajusten a su tarea y que consideren que facilita la consecución de los objetivos de los programas de intervención. 1. ENFOQUE COMPRENSIVO El enfoque comprensivo supone considerar para la intervención la diversidad de características propias de los adolescentes (evolutivas, históricas, socioculturales). En lo evolutivo entenderemos la adolescencia como un período normativo de transformaciones a nivel físico, psicológico y social, en que la constante pareciera ser lo transitorio y complejo. El joven transita de manera ambivalente entre la dependencia infantil y la autonomía de la edad adulta, lo que enmarca una etapa fundamental en la definición de su propia identidad. Por otra parte, el enfoque comprensivo considera la diversidad de la trayectoria del adolescente en relación con el delito, las significaciones que da a éste y como ellas forman o no parte de su construcción de identidad.
18 18 También toma en cuenta LOS intereses, expectativas y características que demanda su etapa evolutiva y las distintas subetapas de la adolescencia y juventud. Por otra parte, considera las diferencias individuales, los cambios, necesidades y evolución del adolescente durante el transcurso de la condena respecto a la percepción y responsabilidad frente al delito. El enfoque comprensivo toma en consideración a otros actores, como la familia, el entorno barrial (pares, escuela, comunidad local) y la comunidad en general como elementos significativos y fundamentales para comprender y orientar la intervención. También considera y reconoce el carácter de proceso inherente a toda intervención que se traduce en ciclos de acción que deben ser coherentes, graduales, continuos y sincrónicos en favor del progreso y/o retroceso que va mostrando el adolescente. Las etapas de intervención como la acogida, diagnóstico, intervención y monitoreo no son estáticas ni rígidas, sino integrales y dinámicas. Éstas permiten conocer y relacionar los factores que pueden estar incidiendo en el proceso de intervención para su integración social. 2. ENFOQUE EVOLUTIVO El enfoque de ciclo vital o de desarrollo debe ser considerado en la intervención, ya que permite visualizar al adolescente en un continuo, en el que la satisfacción de sus necesidades específicas y tareas propias de la edad le permite potenciar su desarrollo. Ahora bien, si se prescinde de este enfoque, se corre el riego de debilitar una intervención integral al no adecuarse a las características desarrolladas por el adolescente durante su reclusión. El desarrollo psíquico es central en la vida del niño y del adolescente, ya que trae aparejado el despliegue de las funciones cognitivas, psicomotoras, afectivas y sociales. En condiciones favorables, en el transcurso de la infancia y adolescencia éstas se van complejizando, diferenciando, articulando e integrando, de tal modo que modifica cualitativa y cuantitativamente la comprensión, la percepción y la adaptación a su entorno. Los adolescentes con conducta infractora por lo general se han desarrollado en condiciones desfavorables, lo que ha dificultado este proceso. Por otra parte, es importante destacar desde este enfoque que existe un grupo de adolescentes con trayectorias delictivas disímiles, cuyos delitos en la mayoría de los casos se circunscriben a la etapa adolescente, sin haber presentado historias infraccionales en su infancia. El otro grupo que, según diversos estudios 2, representa al 5% de la población infractora juvenil se caracteriza por comenzar con conductas infractoras de ley en la infancia y persisten en ellas hasta la adultez, atribuyéndose como posibles causas déficit neuropsicológicos y factores ambientales. Dado lo anterior, es crucial que cada intervención considere la etapa evolutiva cronológica y psicológica del adolescente, tomando en cuenta siempre sus redes de apoyo familiares y comunitarias. 2 Moffitt (1993); Patterson DeBaryshe & Ramsey (1989), citado en documento de trabajo interno. Grupo de tarea Enfoque diferenciador. Dederej, Sename
19 19 En términos concretos, al realizar el conocimiento diagnóstico del adolescente se debe considerar su desarrollo cognitivo, moral, afectivo y social. Especial atención requiere evaluar los grados de identificación con la conducta infractora, la experiencia con el sistema penal y su proyecto de vida 3. ENFOQUE ECOSISTÉMICO Actualmente el Modelo Ecológico goza de una amplia aceptación en el desarrollo de políticas de intervención relacionado con el abordaje de problemáticas sociales. Esto se deriva de que ningún modelo, desde los individuales hasta los socio-culturales, pueden explicar por sí solos la complejidad del entramado social. Bronfenbrenner (1987) indica que la realidad social, familiar y cultural está organizada como un todo articulado; como un sistema compuesto por diferentes subsistemas que se articulan entre si de manera dinámica. Este modelo permite aclarar los distintos niveles involucrados, constituyendo un mapa de las dimensiones y elementos que se retroalimentan entre sí, para la generación y mantención del problema. Asimismo, señala caminos para su intervención en esos distintos niveles y estructuras. El Modelo Ecosistémico describe la interacción recíproca de cuatro niveles: el macrosistema, el ecosistema, el mesosistema y el microsistema. Esta mirada multidimensional que proporciona el Modelo Ecológico permite reconocer la diversidad de aportes desde los cuales es posible explicar algunas problemáticas sociales y reconoce la diversidad de actores llamados a intervenir. Este elemento es relevante, ya que su adscripción desde los distintos agentes siempre implica que todos tienen un lugar en la mirada y en la acción, desde los distintos niveles anteriormente señalados: la sociedad (referida a los factores generales relativos a la estructura de la sociedad, como las políticas sociales, sanitarias, económicas, etc.), la comunidad (que considera los contextos comunitarios donde se desarrollan las relaciones sociales (escuelas, lugar de trabajo, vecindario, etc.), las relaciones afectivas (representa vínculos cercanos o vínculos significativos del adolescente, como familia, amigos, pareja, etc.) y el individuo (considera factores biológicos, características demográficas, trastornos de la salud mental, toxicomanías, antecedentes de conducta agresiva, de haber sufrido maltrato u otros). Uno de los aspectos más interesantes de este esquema tiene que ver con que da lugar a varias entradas en el circuito, y desde una perspectiva de sistemas, se puede plantear que un cambio en cualquiera de estas variables, generará una perturbación en el circuito completo. 4. ENFOQUE DE COMPETENCIAS La intervención se focaliza en los recursos internos y externos, rescatando las capacidades, competencias y fortalezas del adolescente, las que pueden constituirse en importantes motivaciones prosociales para ser trabajadas y que potencian su desarrollo. Esto demanda que en las intervenciones se integren acciones que contribuyan a reforzar los recursos y desarrollar sus potencialidades. También se consideran las dificultades más estrechamente ligadas con la conducta infractora, como las motivaciones, historias relacionadas con los actos delictivos, la evaluación de aspectos psicoafectivos y
20 20 funciones cognitivas. En la mayoría de los sujetos de atención los dos últimos aspectos se han desarrollado en condiciones desfavorables, lo que interfiere u obstaculiza su inclusión social, por lo que en la intervención se debe considerar una mirada ecológica, que potencie los recursos propios del individuo y su familia, y articule los de la comunidad local y de la sociedad en general. El desafío se sitúa en el equipo, quien en forma coordinada focaliza los aspectos claves de la intervención que promuevan la inserción social del adolescente. Las acciones tendrán efectividad si responden a una mirada personalizada y acorde con la situación particular del adolescente. 5. ENFOQUE FACTORES DE RIESGO - FACTORES PROTECTORES El llamado enfoque de factores de riesgo/factores protectores señala que existe una serie de factores y condiciones, ya sea a nivel individual, familiar y socio-cultural que, actuando de manera conjunta e interrelacionada, incrementan la posibilidad o probabilidad de que una conducta determinada se inicie y se mantenga en el tiempo. Este conjunto de variables se ha denominado factores de riesgo 3. Los factores de riesgo se entremezclan de forma muy dinámica. Su fuerza puede variar de un grupo a otro, o de un individuo a otro. De igual manera, y actuando complementariamente, en una situación particular se pueden distinguir varios factores, circunstancias o eventos que disminuyen la probabilidad de ocurrencia de un fenómeno particular y permiten un desarrollo adaptativo, contrarrestando el impacto negativo de los factores de riesgo. A estos se les ha denominado factores protectores 4. Este enfoque aporta una mirada personalizada para comprender la situación actual de un adolescente, llegando a definir que una conducta presente dependerá de la historia particular de interacciones de los factores de riesgo y de protección. La utilización de este modelo, considerando la interacción del joven con su medio familiar y social, enriquecerá las posibilidades de análisis, ya sea a través de la identificación e intervención de los factores de riesgo y potenciando los factores protectores que el joven posee. La manera como operan los factores de protección y de riesgo no es estable, ni constante; su interacción es dinámica y se modifican de manera interactiva durante el curso de la vida. Esta situación permite que en el proceso de profundización diagnóstica se logre identificar estos dos tipos de factores, con el fin de diseñar la intervención que contribuya a potenciar los factores de protección y minimizar los factores de riesgo. 6. ENFOQUE DIFERENCIADOR Actualmente no hay un criterio unificado para hablar de diferenciación que pueda orientar la intervención. Hasta el momento existen en desarrollo evaluaciones y estudios contextualizados en nuestro país y, al mismo tiempo, se conoce la diversidad de criterios en tribunales al dictaminar una pena. 3 Guía para la detección temprana con menores en riesgo (2004). 4 Drogas. Tratamiento y rehabilitación de niños, niñas y adolescentes. Área Técnica en Tratamiento y Rehabilitación. Conace

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 Artículo 20
 Artículo 18
 Artículo 42
 Artículo 19
 Artículo 52
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