Source: http://www.libertadidioma.com/2007/20071101.htm
Timestamp: 2018-11-18 09:59:51+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Jueves 1 Noviembre 2007
Otra sentencia con la X por despejar
EDITORIAL Libertad Digital 1 Noviembre 2007
La sentencia del Tribunal de la Audiencia Nacional presidido por el juez Javier Gómez Bermúdez sobre los brutales atentados cometidos en Madrid en marzo de 2004 no ha estado a la altura que merece el caso, ni del supuesto celo garantista del que hacía gala el presidente del Tribunal.
Estamos hablando del atentado terrorista más sangriento de los cometidos en Europa, de la explosión simultánea de varias bombas en medios de transporte muy concurridos a esas horas y con el resultado de 191 muertos y miles de heridos. Unos crímenes que tuvieron una intención política muy evidente y que resultó, con la colaboración mediática precisa, muy efectiva. Los atentados del 11 de marzo de 2004 fueron un ataque a nuestra nación y a nuestra democracia de proporciones desconocidas desde la instauración de la Constitución. Las víctimas de este acto criminal, los españoles todos y nuestras instituciones merecían que el sistema judicial recogiera y demostrara los hechos esenciales de los atentados, identificara con claridad a sus autores intelectuales y materiales y dictara una sentencia que dejase pocas dudas al respecto. Por desgracia, la sentencia dictada por la Audiencia Nacional lo único que produce es una enorme decepción.
Porque poco de lo que cabría exigir del Tribunal concuerda con la resolución de este miércoles. Las personas que la Fiscalía había señalado como autores intelectuales han quedado absueltas de esos cargos, por lo que seguimos sin saber quién concibió y planeó los crímenes. Falta el cerebro de la operación, pero es que tampoco se conoce el arma homicida, ya que, según se desprende de la lectura de los fundamentos de la sentencia, no se conoce la marca comercial del explosivo, pese a lo cual concluye que "todo o gran parte procedía de Mina Conchita". Por si esto resultara poco chocante, la supuesta célula islamista está compuesta por un asturiano confidente de la Policía y un magrebí con la capacidad de ubicuidad, ya que se le reconoció nada menos que en cuatro sitios al mismo tiempo.
Pero si se desciende un poco más al detalle, aunque a cuestiones de enorme relevancia, nos encontramos con que una de las principales pruebas de la Fiscalía, el Skoda Fabia, desaparece de la sentencia del mismo modo en que apareció en su momento tres meses después de los atentados, como por ensalmo. Del otro vehículo, la Renault Kangoo, dice el Tribunal en los hechos probados que tres terroristas se desplazaron en ella con mochilas que contenían explosivos, mientras que en los fundamentos se declara que no lo hicieron. Esta grave contradicción no sólo podría motivar un recurso de casación, sino que nos obliga a preguntarnos si el tribunal ha prestado a la sentencia siquiera la mínima reflexión que cabría exigirle.
El texto merece aún más lecturas del máximo interés. Había 28 acusados, ocho de ellos principales, de los cuales sólo a cuatro se les ha impuesto una pena superior a los 20 años, lo que rebaja en gran medida las pretensiones de la Fiscalía. No aparece ETA, pero tampoco Al Qaeda, ni tampoco se hace mención a la guerra de Irak como motivación de los atentados. Todo esto es muy cierto, y muy relevante políticamente, ya que esos fueron los términos que se utilizaron para manipular a los españoles, abocados a la concurrencia en las elecciones generales. Se nos dijo que Aznar era el culpable de haber incitado a los terroristas a actuar por su apoyo al esfuerzo aliado por pacificar Irak. Según los jueces, nos encontramos con algo muy distinto.
Como ya afirmamos ayer, acatamos la sentencia, como no podría ser de otro modo y como es nuestra obligación y nuestra vocación. Pero también lo es examinar la realidad con racionalidad y con criterio, formarnos un juicio sobre los principales asuntos de la actualidad y ofrecérselo a nuestros lectores. Y, por desgracia, el que nos merece la sentencia de la Audiencia Nacional sobre los atentados del 11 de marzo no puede ser positivo. Porque no aclara lo que ocurrió ni por qué. Porque no precisa quién ideó los atentados ni qué arma se utilizó para cometerlos. Porque nos encontramos de nuevo con que la Justicia vuelve a marcar una X en la cúspide de una trama. Y porque el asesino anda suelto. Sea quien fuere quien ideó los atentados y quien colaboró en la estrategia con su asesoramiento y aliento, esta sentencia no lo ha incluido entre los condenados. Nada de ello resulta tranquilizador.
Cristina Losada Libertad Digital 1 Noviembre 2007
El partido en el Gobierno sigue en marzo de 2004. En apariencia, las cosas continuaron su curso variado y desastroso desde entonces, pero eran sólo visos. Tras la sentencia por la masacre de Atocha, el PSOE de Zapatero ha querido regresar a los orígenes, a la raíz de una llegada al poder inextricablemente unida al dolor de un atentado abominable y al modo en que lo transformaría en trampolín electoral. De tal manera ha vuelto a los tres días de marzo que aquel griterío histérico, aquella culpabilización y aquel acoso al partido que ocupaba el Gobierno acaba de rebrotar. Fuera de las calles en las que entonces irrumpía, pero con la ferocidad de un virus que se ha hecho inmune a los antibióticos. Y ello al tiempo que el presidente del Gobierno, serio por una vez, instaba a "mirar hacia adelante" y llamaba a "trabajar unidos" contra la amenaza terrorista.
Si esa era la mejor lección que, según sus palabras, puede extraerse de la sentencia que media hora antes se conocía, el primero que la ha ignorado es su partido. Es decir, él. De nuevo, Zapatero decía y hacía simultáneamente una cosa y la contraria.
Mientras el presidente ponía la cara "buena", conciliadora e institucional, el portavoz de su partido se despachaba como si el juicio que ha presidido Gómez Bermúdez hubiera sentado en el banquillo al Gobierno de Aznar y, curiosamente, también a la ETA. A los que hay que añadir otro acusado por la amplia y ruidosa claque que acompaña al socialismo gobernante: las teorías conspirativas o, como dicen los pedantes, conspiratorias. Según estos sutiles intérpretes de la sentencia, han sido declarados culpables todos esos malhechores, menos ETA, que, a tenor de sus valoraciones, ha salido del proceso mucho más absuelta y limpia de culpa que el último "cerebro" que le quedaba a la masacre. El hecho de que esa "exculpación" de la banda terrorista haya sido recibida con alborozo apenas contenido por esas personas plantea la inquietante pregunta de si, en caso contrario, se hubieran llevado un gran disgusto.
Y el caso es que la respuesta, me temo, sería afirmativa. Toda vez que, por encima del interés por conocer a los autores y cómplices del atentado, ha primado en el PSOE y en otros partidos y grupos, el deseo de revalidar la traslación de culpa que se verificó entre el 11 y el 14 de marzo y de la cual forma parte la acusación al Gobierno de Aznar de mentir al atribuírselo a ETA. La declaración del partido en el Gobierno, por boca de López Garrido, expresa ese interés, que viene ligado a una necesidad de volver a utilizar el 11-M contra el PP y de intentar revivir, de cara a marzo de 2008, el tema y el clima que volcó las urnas a su favor cuatro años antes. La "verdad judicial" queda así ensombrecida por su instrumentalización política. Y lo que es peor, se vindica el peor momento de nuestra historia reciente: aquel en el que, ante un ataque terrorista, la sociedad española no sólo no se unió, sino que una parte de ella aceptó la lógica perversa del terror y culpó al Gobierno de la masacre. Una sumisión al terrorismo que Zapatero culminaba al ordenar de inmediato la retirada de unas tropas que habían ido a Irak a hacer lo mismo que hacían y hacen ahora en Afganistán. Y que proseguiría en su negociación con la ETA.
José María Marco Libertad Digital 1 Noviembre 2007
Otro enigma para la historia de España
Lorenzo Contreras Estrella Digital 1 Noviembre 2007
Confirmado. El PSOE, a través de los “conductos” pertinentes, o impertinentes, sabía de antemano que la decisión judicial más favorable para sus intereses políticos iba a tomarse en la Casa de Campo, donde el tribunal allí reunido ha liquidado la tesis de la conspiración en los atentados del 11M. A partir de ahora, la batalla política queda reabierta e intensificada, con independencia de que los líderes de los partidos hegemónicos procuren moderar sus actitudes personales. La lucha electoralista, más allá de la solidaridad con las víctimas de la barbarie, proseguirá por vía subalterna. Probablemente, ni Zapatero ni Rajoy se arriesgarán a convertirse en polemistas pro domo sua, lo cual no evitará que deleguen en sus lugartenientes o entornos respectivos la conservación del “fuego sagrado”. Con todo lo dramáticamente importante que es el asunto del 11M, parece, por doloroso que resulta, que lo apremiante para los actores del combate político es el asalto ventajoso a las urnas. Los socialistas parten, en el nuevo tramo de esta historia, con la renta que les proporciona una sentencia que podrían haber elaborado ellos mismos. Los populares intentarán poner de relieve los lunares del cuadro pintado por el tribunal, retocando las zonas oscuras para que el dibujo de fondo, como en algunas obras de arte, emerja y salga más o menos a la superficie.
Ya ha sido significativo que tanto Zapatero como Rajoy, en sus comparecencias de primera hora, una vez conocida la sentencia en su parte dispositiva, hayan mostrado la naturaleza de los intereses que ellos mismos representan. El presidente del Gobierno no ha sabido disimular su satisfacción. Todo perfecto. Se ha hecho justicia, justicia plena. Las instituciones, en este caso el poder judicial, han mostrado un funcionamiento modélico. La instrucción ha sido perfecta, en consonancia con las aportaciones de las Fuerzas de Seguridad del Estado, presentadas como ejemplares a pesar de ciertas irregularidades denunciadas. En definitiva, todo bien. España, dice Zapatero, ha demostrado ser un “país fuerte”.
Mariano Rajoy ha reflejado bastante en sus palabras la parte soterrada de sus pensamientos. Respeto a los jueces, por supuesto. Ahora bien, según lo manifestado por el líder del PP, su partido apoyará cualquier iniciativa que contribuya a enriquecer el conocimiento del asunto. “Hasta el fondo”. Seguramente en busca del rastro no explicitado de la “autoría intelectual” de la tragedia. A fin de cuentas ha quedado flotando en la indefinición el porqué del 11M y su auténtica inspiración.
ETA ha resultado “absuelta”, en inversa medida que Trashorras, el vendedor o traficante de explosivos, ha pagado terriblemente según los términos de la sentencia. Desde Italia, donde rinde cuentas a la justicia por motivos ajenos a nuestra historia, “El Egipcio”, que ha quedado limpio de responsabilidades, ha podido llorar de alegría. Zougam, antiguo confidente de la Policía, ha compartido en cambio con Trashorras el peso principal de la condena dictada.
Al Qaeda ha quedado al margen de los análisis inculpatorios. Y el suicidio colectivo de Leganés, con su misterioso fugado del edificio momentos antes de la explosión, ha sido presentado como un modelo de autoejecución. Paralelamente, no se ha sabido, ni por lo remoto, la marca de los explosivos utilizados. Eso sí, todo “tipo goma”, sin apellidos. Sólo se ha identificado la procedencia: mina Conchita, allá en un rincón de Asturias.
En definitiva, un nuevo enigma para la historia de la España trágica. Pasto para los historiadores, como en su día ocurriera con el asesinato del general Prim. Se escribirán libros, proliferarán las investigaciones conjeturales y, en último término, la justicia, como en el soneto de Cervantes, “miró al soslayo, fuése y no hubo nada”. Es decir, casi nada. Lo suficiente para salir del paso.
Florencio Domínguez El Correo 1 Noviembre 2007
Los magistrados optaron en la sentencia por utilizar la misma técnica con la que hay que observar los cuadros impresionistas: mantener una mínima distancia con la pintura para poder ver la imagen en su conjunto en vez de ponerse tan cerca de cada uno de los puntos del dibujo que impidan tener una perspectiva global. Y consiguieron el objetivo de darnos una imagen suficiente de lo que ocurrió, aunque los que se han empeñado en examinar cada punto con lupa no se quedarán satisfechos. Los argumentos del tribunal, en coherencia con lo que ya se había visto durante el desarrollo de la vista, han desmontado las teorías más peregrinas que se habían desarrollado en torno a ese atentado, ratificando la validez de la mayoría de las pruebas.
En esa tarea de ordenar el caos, los miembros del tribunal han eludido entrar en la descripción y encuadramiento de las tramas islamistas que operaban en España y de aquellas que llevaron a cabo el atentado. Ha sido la gran diferencia entre la sentencia y el auto de procesamiento dictado por el juez instructor el 10 de abril de 2006. En aquella resolución de 1.471 páginas, el juez Del Olmo se extendía en la descripción de las diferentes redes del terrorismo islamista (los de Al Qaida, las tramas sirias, las norteafricanas, los que carecían de vinculaciones orgánicas, pero compartían lazos religiosos y de sentimientos, etc.), dibujaba vinculaciones y se explayaba en las motivaciones de los terroristas. Aquel contexto permitía afirmar que el 11-M había sido una consecuencia de la intervención militar en Irak -porque así lo mencionaban los autores del atentado en sus reivindicaciones-, pero también que las amenazas terroristas continuaban porque se había reforzado la presencia de las tropas españolas en Afganistán.
La sentencia, sin embargo, elude intencionadamente recorrer ese camino, un camino que lleva a la bronca política. «La existencia o no de un grupo terrorista -dice la resolución judicial conocida ayer- no depende de que se le pueda asignar o no un nombre, una determinada adscripción geográfica -local, regional, nacional o internacional- o de que tengan un tamaño determinado y una división interna en células, grupos o cuadrillas(...)». Es decir, el juez Gómez Bermúdez y sus compañeros rehusan intentar determinar si los autores del 11-M son o no son de Al Qaida, pertenecen al Grupo Islamista Combatiente Marroquí o a cualquier otra sigla. Penalmente, lo relevante es que eran un grupo terrorista y a eso se ajustan.
El resultado de esa decisión judicial son las críticas de no haber esclarecido la denominada «autoría intelectual» del atentado. En realidad sólo han cambiado el tipo de críticas: si hubieran sostenido la tesis de que el atentado fue respuesta a la presencia española en Irak hubieran recibido también reproches y si hubieran mantenido que Irak sólo fue la excusa, pero que el terrorismo islamista estaba presente en España mucho antes del 11-M e, incluso, del 11-S, entonces se hubieran llevado otra ración diferente de reproches.
Célula con contactos
En todo caso, la sentencia de ayer, aunque no entra en la clarificación de las tramas del terrorismo islamista, tampoco permanece ciega ante el fenómeno. Siguiendo la trayectoria personal que se describe de algunos de los terroristas encartados en el sumario, se puede ver la profundidad y extensión de esas redes por media Europa y por los países árabes. La resolución nos muestra a terroristas como Hassan El Haski, miembro de la cúpula del Grupo Islámico Combatiente Marroquí, moviéndose por España, Francia, Bélgica o Holanda, participando en reuniones de alto nivel de este grupo que en los últimos tiempos está en camino de convertirse en una filial oficial de Al Qaida, como ha hecho otro grupo terrorista argelino.
Los terroristas que estaban alrededor de la célula que llevó a cabo el 11-M tienen contactos, relaciones y complicidades con otros islamistas radicales del norte de Africa, de los países citados anteriormente, además de Italia, Siria o Irak. El dibujo fragmentario que ofrece la sentencia sobre los autores del 11-M y los terroristas conexos no es el de una célula local aislada, el de un grupo de islamistas madrileños que deciden pasar a la acción por su cuenta, sino el de un foco con no pocos contactos en otros países y en otras redes yihadistas. Este dibujo es mucho más preocupante que la teoría de un núcleo local radicalizado.
La posible presencia formal de Al Qaida en el atentado de Madrid -más allá de la atracción religiosa e ideológica que este grupo y sus líderes pudieron ejercer sobre los autores de la masacre- no aparece confirmada en la sentencia, pese a que la resolución judicial tiene alguna contradicción al respecto. En el hecho probado número 11, la sentencia afirma que Yousef Belhadj «es miembro de uno de los grupos que forman la red de Al Qaida» y se describen sus actividades como financiero y reclutador de yihadistas en Bruselas, pero en los fundamentos jurídicos se sostiene que no está probado que el acusado sea dirigente «de uno de los grupos que se engloban bajo la denominación cada vez más genérica de Al Qaida».
En cualquier caso, la sentencia no trata de hacer la historia del terrorismo yihadista, sino de aclarar la autoría directa del 11-M y eso lo ha conseguido.
Una sentencia salomónica a la medida exacta de Mariano Rajoy (11-M, toma dos)
@Federico Quevedo El Confidencial1 Noviembre 2007
Estaba pletórico el líder del PP ayer por la mañana, y esa sensación de haberse quitado una pesada losa de encima fue creciendo a lo largo del día. Mariano Rajoy era ayer, sin duda, uno de los hombres más felices del mundo y desde el minuto siguiente a la conclusión de la lectura de la sentencia puede decirse que tiene un poco más cerca la posibilidad de ganar las elecciones generales. Y todo ello gracias a una sentencia modélica, ejemplar y, sobre todo... salomónica. Una sentencia que es todo un canto a la moderación y a la equidistancia de los extremos, es decir, justo lo que representa Mariano Rajoy y lo que él siempre ha querido que fuera todo lo relacionado con el 11-M, aunque por si acaso había dejado una puerta abierta –y a Zaplana de portero- a la posibilidad de que triunfaran las tesis de los ‘conspiradores’. Puerta que el propio Zaplana cerró momentos antes de conocerse la decisión del Tribunal.
Y es que la sentencia no puede ser más propicia a los intereses de Mariano Rajoy. ¿Por qué digo que es una sentencia salomónica? Porque si de un plumazo el Tribunal se lleva por delante toda la ‘teoría de la conspiración’ y hunde en la miseria los argumentos de un sector mediático del entorno del PP empeñado en mantener viva la llama de la venganza por lo que la izquierda hizo en los tres días siguientes al 11-M, de otro plumazo deja sin argumentos a quienes habían levantado sobre los cimientos de la acusación a Rabaei Osman El Egipcio, Hassan el Haski y Youssef Belhadj el edifico de la implicación de Al Qaeda en los atentados como consecuencia de la guerra de Iraq. Es decir, que el responsable último de los atentados era un señor de bigote llamado José María Aznar. Pues bien. Ni ETA -que es lo que se empeñaron en demostrar los primeros para tapar la boca de los que acusaron al PP de mentir en esos días-, está detrás de los atentados, ni lo está Al Qaeda, o al menos no existen pruebas que lo demuestren.
Supongo que a Pepiño Blanco se le habrá venido el mundo encima. Ni Gaspar Llamazares era ayer capaz de encontrar un argumento sólido para atacar al PP con una sentencia en la mano que ni siquiera dice nada de la guerra de Iraq. A la izquierda tabernaria y tumultuosa se le acabaron los eslóganes de un amén. ¿Y ahora qué? Esto, en mi opinión, tiene pinta de durar dos telediarios, salvo que alguien se saque un conejo de la chistera y nos ofrezca una prueba irrefutable que Josu Ternera se reunió con El Tunecino un mes antes de la masacre en la casa de Trashorras para preparar los atentados mientras mantenían una entrevista por videoconferencia con Bin Laden. Pero, como eso no va a pasar, nos tendremos que conformar con saber que todos los delincuentes implicados en esta masacre a los que detuvo el PP y sobre los que el PP puso pruebas más que suficientes de su implicación en este atentado están ya condenados. Y que los que el PSOE se empeñó en meter en la cárcel como autores intelectuales para demostrar la vinculación de la masacre con la guerra contra Sadam Husein, esos han salido absueltos o con condenas irrisorias.
Hace tiempo que me bajé del tren de la ‘teoría de la conspiración’ y reconozco que algunas de las cosas que he escrito, a la luz de esta sentencia, no hay por donde cogerlas. Perdónen los lectores a este humilde servidor. Yo, al menos, no voy a intentar defender contra viento y marea lo indefendible, no como otros. Pero, sin embargo, en cierta ocasión dije, tras los atentados de Londres, que lo único que tenía claro es que el 11-M no había sido obra de Al Qaeda, y en eso el Tribunal me da la razón. Supongo que, como decía hace unos días mi compañero Antonio Casado, los paladines de la ‘teoría de la conspiración’ buscarán cualquier resquicio en la sentencia para mantener viva la llama que les ha aportado tantos ingresos durante todo este tiempo, aunque supongo que no va a ser fácil que la tensión informativa tenga la misma intensidad que ha tenido hasta ahora, y su credibilidad ha bajado muchos enteros. Pero lo mismo ocurre con los baluartes de la ‘verdad oficial’ y, sobre todo, con quienes querían que esta sentencia fuera una lección para el PP y para Aznar. Ni un extremo, ni el otro, y por eso digo que la sentencia está dictada a la medida de un hombre que, de cara a las generales, busca el espacio de la moderación y el equilibrio como si fuera el néctar de la felicidad.
Desde hace tiempo, el PP venía buscando ese espacio equidistante entre el entorno mediático más a la derecha y los del No a la Guerra, entre quienes han instrumentalizado a una parte de la opinión pública haciéndoles creer que la autora de los atentados era una ETA a la que el Gobierno –eso si es verdad- trataba con especial cariño, y quienes manipularon la conciencia colectiva aquellos tres días de marzo contra un gobierno democrática y legítimamente constituido, haciendo saltar por los aires todos los puentes de concordia y consenso que habíamos levantado desde la Transición. Mientras el 11-M siguera ahí, como una espada de Damocles sobre la cabeza de Rajoy, el PP parecía no ser capaz de escapar a un destino de infortunio. Pero, desde ayer, ese peso ha desaparecido, la espada ya no cuelga de un hilo, y ahora Rajoy ya puede encarar la recta final hasta marzo sabiendo que del 11-M no tiene que volver a preocuparse, salvo en aquello que el PSOE le obligue a responder ahora ya sin complejos. Mañana, más.
Buen trabajo, señor Bermúdez, pero la 'mano negra' sigue sin aparecer
Jesús Cacho El Confidencial1 Noviembre 2007
El juez Bermúdez obsequió ayer a los españoles con un maravilloso pastel coronado de almíbar para el Gobierno de Rodríguez Zapatero y de amarga hiel para los paladines de la conspiración pedrojotista, que a estas horas deben seguir preguntándose por dónde les ha entrado el balón, por qué confiaron tanto en SuperBer, quién les llevó a tamaño burladero, y qué explicación coherente van a dar ahora a sus lectores, a quienes han machacado durante meses, años incluso, con todo tipo de versiones y teorías.
El juez ha asumido casi en su integridad las tesis oficiales sobre la masacre, fiándose a pies juntillas de las pruebas que le han sido presentadas por el aparato policial, sin interrogantes ni conjeturas. Todo, o casi, lo que le han expuesto ha resultado verosímil para sus señorías, que, en base a ese material, han repartido condenas a discreción. Si hubiera que encuadrar ideológicamente a los integrantes del tribunal juzgador habría que decir que los magistrados Guevara y García Nicolás son más bien de derechas, y otro tanto puede afirmarse, con matices, de Gómez Bermúdez.
Siempre se ha dicho -yo personalmente he dicho, y nadie me ha desmentido-, que la promoción desde Almería de un desconocido Gómez Bermúdez fue maniobra del Gobierno Aznar, pilotada personalmente por Ignacio Astarloa. Un juez ascendido al estrellato a toda prisa –su elección como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional ha merecido varias recusaciones-, para hacerse cargo de los casos que amenazaban con el banquillo al banquero Emilio Botín, particularmente el espinoso asunto de las cesiones de crédito, de modo que es muy probable que Bermúdez, consciente de ese estigma que conoce bien el Gobierno Zapatero, haya querido columpiarse en sentido contrario, que los jueces son humanos y algunos más que otros.
También se dice que Bermúdez, llegado en ascensor al Hall of Fame de la Justicia española, es muy capaz de sonreírle al poder de turno, pinte éste del color que ustedes quieran. “Humano, demasiado humano”, como reza el título del famoso libro del filósofo alemán. Ahí puede estar una de las claves de una sentencia que le viene al señor Zapatero como bálsamo reparador de los desastres ferroviarios que le acompañan en los últimos días, de la infausta negociación con ETA, y de tantas otras desgracias como jalonan su presidencia.
La contundencia del juez y sus colegas deja a los brujos de la ‘conspiración’ con el culo al aire. Va a ser divertido asistir a las piruetas de cierto famoso director de periódico saliendo por la tangente del digo donde dije Diego, o argumentando sin morderse la lengua que el tribunal le ha dado plenamente la razón. Volteretas más escandalosas hemos visto. Ya hemos vendido los periódicos que queríamos vender, y ahora a otra cosa, mariposa. Junto al gran chamán de la ‘conspiración’ salen también trasquilados los personajes del PP -cuyos nombres no citaré por piedad- que le han alentando en la sombra, haciéndole el juego y bailándole el agua.
Dicho lo cual, el juez Bermúdez no despeja la incógnita de la autoría intelectual, deja abiertas todas las puertas al misterio de la identidad de esa mano negra que diseñó y dirigió unos atentados que han cambiado de raíz la Historia de España, sin duda porque se ha limitado a juzgar de acuerdo con el material probatorio aportado por un sumario mal instruido, y no está en la naturaleza del trabajo de Bermúdez y sus compañeros de terna realizar una investigación que era competencia del patético Del Olmo.
Por fortuna, ayer se mostró conciliador y no aprovechó la coyuntura para sacar la navaja barbera y agredir a la oposición, aunque mucho me temo que en la distribución de tareas del Ejecutivo y el partido que lo sustenta ese trabajo, más bien sucio, corresponde a otros. Conciliador se mostró también Mariano Rajoy, un hombre obligado a no dejarse enredar un minuto más en la teoría de la conspiración y sus conspiradores. Un paso en falso en este terreno podría resultar letal para la derecha. El Partido Popular ya perdió unas elecciones como consecuencia de los atentados del 11-M, y tendría gracia, es un decir, que volviera a perder otras por la sentencia del 11-M.
El 11-M tiene su veredicto, pero los atentados no están explicados
Editorial Elsemanaldigital.com 1 Noviembre 2007
Ayer miércoles se hizo pública la sentencia en la causa seguida por los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004. El presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, leyó el veredicto ante las partes y ante los medios de comunicación que lo contaron en directo a un país expectante. El resultado, denso y extenso, da una explicación razonable de los hechos que el tribunal tenía ante sí al juzgar, pero deja abiertas las puertas a una explicación completa de los atentados, que no se da.
Sería esencialmente injusto haber pedido a Gómez Bermúdez que hiciese otra cosa, porque su profesionalidad lo impide. Los magistrados han absuelto a Rabei Osman, conocido como El Egipcio y presentado por la Fiscalía y por la investigación oficial como mandante de una conspiración islamista. No hay pruebas de una conspiración de esa naturaleza, porque las presentadas no prueban nada según la sentencia. Ésta, igualmente en función de las pruebas presentadas, descarta vincular a la banda terrorista ETA con el 11-M. De esta manera, Gómez Bermúdez y sus compañeros han condenado a algunos acusados como autores materiales, colaboradores o cómplices en los atentados, pero quedan pendientes de otra investigación aspectos esenciales, como sería saber quién ordenó, organizó y financió una operación compleja y de alta envergadura tanto técnica como política.
La mejor noticia de la jornada de ayer fue la condena por los 191 asesinatos de Jamal Zougam, Otman el Ganoui y José Emilio Suárez Trashorras, que fueron según la sentencia autores materiales, colaboradores necesarios y suministradores de explosivos. La Justicia ha conseguido probar la culpabilidad de estas personas, y los españoles sin duda están satisfechos de que así sea. No se considera probado sin embargo que fuesen los únicos implicados, y nada se sabe sobre los ideólogos de los atentados aparte de la certeza de que fueron otras personas.
La sentencia acusa los problemas y lagunas de la instrucción, llevada a cabo por el juez Juan del Olmo, y de la acción de la Fiscalía, a cargo de Olga Sánchez. Aunque ninguna prueba se ha anulado en esta instancia, Gómez Bermúdez ha dejado constancia de las dificultades con las que se ha tocado, al no saberse si además de la dinamita robada Mina Conchita se utilizaron otros explosivos, y cuáles fueron éstos, y al no definirse con precisión el uso de los vehículos supuestamente empleados por los terroristas.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se felicitó ayer públicamente por el fallo judicial, e hizo bien porque la tarea de Gómez Bermúdez y de Fernando García Nicolás y Alfonso Guevara ha sido muy difícil, y ha demostrado hasta el momento que las instituciones de nuestro Estado de Derecho pueden funcionar. Sin embargo, Zapatero no puede extraer de esta "verdad judicial" un veredicto político, porque si bien ha quedado en buena medida explicada la colocación de las bombas no se sabe aún quién las mandó colocar ni con qué fin, y los magistrados han evitado escrupulosamente la cuestión.
La única conclusión política de la sentencia del 11-M es, precisamente, que habrá que seguir investigando si la Justicia quiere dar a los ciudadanos una explicación completa de lo sucedido. Dar por liquidada la cuestión sin entrar en el fondo de los hechos dejaría esa tarea a los políticos y a los medios de comunicación, mientras que es la Justicia la que debe terminar su tarea sobre unos atentados que cambiaron la historia de España.
¿Es esa la Justicia que se esperaba?
Vicente A. C. M. Periodista Digital 1 Noviembre 2007
No me cabe duda de la dificultad de redactar una sentencia sobre el mayor atentado terrorista de la Historia de España. La complejidad de hilvanar algo coherente basado en las pruebas y acusados reflejados en el Sumario y las múltiples contradicciones observadas durante el desarrollo del juicio. Pero mi impresión es que se ha quedado bastante descafeinada y no ha cubierto las espectativas, salvo la de dar una compensación económica a las víctimas.
Otros aspectos evidenciados y denunciados tanto durante la realización del Sumario, como durante el transcurso del juicio, han quedado sin valoración e incluso, en algunos casos, sin mención. Muchos testimonios contradictorios y pruebas de dudosa validez, han sido finalmente aceptados para sobre ellos, construir la base argumental de la sentencia.
Ha sido una tercera vía en la que no se ha condenado a ninguno de los teóricos inductores y cerebros del atentado. No se ha podido determinar cual ha sido el tipo de explosivo usado en las mochilas o bolsas que estallaron en los trenes, pero aún así, se deduce que debió ser en todo o en su mayoría procedente de mina Conchita. Y ese, que fue el hilo argumental del Sumario, ha sido el que ha llevado a aceptar testimonios que avalaran esa teoría y, por tanto, a las condenas de los implicados en esa trama de suministro.
En cuanto a los ejecutores materiales, se culpa a los suicidas en la casa de Leganés y a otros dos más además del confidente policial, Suárez Trashorras, todo siguiendo el otro hilo argumental basado en unas tarjetas de teléfono,detectadas por la casual aparición de una mochila con explosivos en el IFEMA con un móvil y una tarjeta. Se ha defendido que la custodia empieza cuando la policía detecta la prueba, admitiendo que en el tiempo anterior lo que pasara con esa mochila no es relevante para el caso. Eso que carece de toda lógica, deja en una total indefensión a cualquiera.
La verdad judicial de este Tribunal ya ha sido explicada. Ahora viene el turno de los recursos. Solo hay dos caminos y volvemos a encontrarnos en la jornada del 13M. Mientras el Sr. Zapatero proclama que hay que pasar página y que se ha hecho Justicia, el Sr. Rajoy opina que no se ha concluido quienes fueron los autores intelectuales (también podría haber puesto en duda los materiales, aunque no se atrevió a decirlo públicamente)y que por tanto el PP seguirá investigando hasta que se averigüe. Como se ve, han cambiado los papales de aquél 13M cuando el PSOE con el Sr. Rubalcaba reclamaba airado el "Queremos saber y no nos merecemos un Gobierno que nos mienta", con la salvedad de que en esta ocasión, no se asaltan las sedes del PSOE, ni ha habido manifestaciones frente al Sala de la Audiencia.
Pues ahora también muchos queremos saber, porque esta sentencia no nos ha resuelto las dudas y sí nos ha dejado con una intranquilidad por la nueva doctrina que se deduce de la misma.
11M, ZP pido perdón (e pur si muove)
11M, la sentencia dice que Zapatero mintió en el Congreso.
Como decía ayer, ocurrió un hecho fantástico, la sentencia que leyó el juez Bermúdez era casi calcaita a la que había impartido unas horas antes el diario El País. Este hecho me lleva a pensar una de dos cosas, o alguien le pasó el pen drive de Bermúdez a El País durante un rato para que lo copiase, o bien alguien le pasó a Bermúdez una copia de la sentencia de El País para que la copiase. Sea cual sea la verdad la realidad es que hay sentencia dictada y con ella nuestra progresía roja de izquierdas solidaria nos ha impuesto a los conspiranóicos una penitencia que yo al menos pienso cumplir. Nos exigen que pidamos perdón por nuestros pecados. Yo lo hago.
ZP, como cabeza visible de la progresía, te pido perdón por mi conspiranoia en el asunto del 11M, pero te digo lo que Galileo al final de su juicio “e pur si muove”, y ahora digo porqué se mueve.
De la sentencia solo comento un aspecto, la elegante forma que tuvo Bermúdez para resumir lo que había indicado El País poco antes respecto al tipo de explosivo utilizado.
“Como se expresa literalmente en el punto 5 del hecho probado la convicción a la que llega el Tribunal es que toda o gran parte de la dinamita de los artefactos que explosionaron en los trenes el día 11 de marzo y toda la que fue detonada en el piso de Leganés, más la hallada en el desescombro posterior, procedía de mina Conchita.”
Debo felicitar a El País por su gran labor de investigación (no oso a decir instigación).
Es cierto que la famosa dinamita o bien vino toda de mina Conchita o bien vino en parte de mina Conchita, ambas cosas no pueden ser ciertas a la vez. Ya que el tribunal así lo dice yo me quedo con el dato de que no toda la dinamita vino de mina Conchita. Como la sentencia también establece que no se conoce el tipo exacto de explosivo que estalló en los trenes, dato este coincidente con lo anticipado por El País, deduzco que la dinamita que no vino de mina Conchita fue justo la dinamita que estalló en los trenes.
Hecha esta deducción y adquirida esta convicción me permito decir que esta sentencia ha quedado coja ya que no ha establecido cual fue el arma empleada para matar a casi 200 personas. Y lógicamente este hecho debe hacer que desde ya mismo nuestras fuerzas y cuerpos de la seguridad del Estado se pongan a buscar con lupa y microscopio cual fue el explosivo de los trenes, de donde vino, y sobre todo quien ordenó el atentado y lo organizó, no hablo de autoría intelectual porque al parecer los progres se ponen nerviosos.
Otro detalle importantísimo es que la sentencia dice que Zapatero mintió en el Congreso cuando dijo que ya se sabía todo lo que había que saber sobre los atentados, pues la sentencia dice que ni se conocen los autores jefes inductores y organizadores ni el tipo de explosivo. No es mala cosa que alguien desmienta así de contundentemente a ZP.
Si hay algo que reprocho a esta sentencia es el hecho de que me obligue, a pesar mío, a seguir siendo conspiranóico, no es justo que no le dejen a uno tranquilo.
IGNACIO CAMACHO ABC 1 Noviembre 2007
SI no remata otra vez contra su propia portería, el PP puede salir razonablemente indemne del envite diabólico que suponía el juicio del 11-M. Salió vivo, gracias a la encomiable y rocosa fortaleza de Aznar y Acebes, de la comisión de investigación en el Congreso, que era una trampa para revolcarlos en la tragedia. Puede sacar pecho ante la evidencia de que los principales condenados fueran detenidos bajo su mandato provisional. La sentencia respalda en líneas generales la actuación de los cuerpos de seguridad que estaban a sus órdenes, disipando con tajante resolución las sospechas sobre actuaciones espurias. Y los socialistas saben que, más allá del griterío de jauría que puedan armar para satisfacción de sus «hooligans», no pueden presentarse a las elecciones con el mismo argumentario de hace cuatro años sobre las mentiras y la guerra de Irak, porque quedaría en solfa la indigencia de esta legislatura baldía. Si el Gobierno gestionó mal la crisis del atentado al empecinarse en la hipótesis etarra más de lo sensato, la manipulación interesada que efectuó el PSOE fue tan burda que pasará a la Historia de la infamia política. Así, pues, el PP ha ganado en lo positivo y empatado en lo negativo. Lo único que Rajoy y los suyos han de hacer es no perjudicarse a sí mismos enredándose en un debate estéril, que inevitablemente les conduce hacia una situación de dramatismo de la que ya han escapado.
Al descartar la sombra de ETA y validar las actuaciones policiales, el tribunal sitúa el único ámbito de autoría intelectual posible en el integrismo islámico, aunque no haya podido encontrar un plus probatorio para condenar al Egipcio y sus colegas. Hay aún varios sumarios abiertos en la Audiencia sobre tramas islámicas, y lo que procede es dejar que la justicia vaya encajando las piezas que pueda en ese rompecabezas siniestro. Si eso era lo que quiso decir ayer Rajoy, le faltó finura de matices o le sobró precipitación. Si iba por otro camino, el de los «desiertos lejanos» y las dudas eternas, se va a pillar los dedos en una puerta que ya ha franqueado con éxito.
La tragedia del 11-M y sus consecuencias provocaron tal «calentamiento global» en la sociedad española que tres años después casi nadie es capaz de apearse de sus prejuicios. Sólo el tribunal ha ponderado el asunto con la necesaria frialdad: los fundamentos, las pruebas y el Código Penal. Su veredicto no va a disipar los recelos de quienes no aceptan otra verdad que la que previamente han decidido, en un sentido u otro, pero en todo caso hace tiempo que la política tenía que haber superado ese debate tóxico y visceral que sustituye las certezas por las presuposiciones.
Porque las responsabilidades políticas, si las hubo, quedaron depuradas en 2004. Y las penales han sido establecidas ahora, si bien con menos contundencia de la que a la mayoría nos habría gustado. El resto es ruido y furia, alharaca y aspaviento, conjetura y presagio. Cualquiera es libre de enredarse en ese turbión, pero sería lamentable que algunos lo hiciesen por segunda vez después de haberse librado de la primera.
ADN de la masacre de Atocha
VALENTÍ PUIG ABC 1 Noviembre 2007
LA desgarradura que el 11-M dejó en la sociedad española no podrá ser compensada por la diligencia que ha demostrado el sistema institucional en su conjunto, pero también es cierto que, más allá de la consideración explícita a las víctimas, la eficacia del tribunal y la pronta sentencia son un logro categórico de la justicia española. Ahora está por ver hasta qué punto querrán extraviarse los dos principales políticos en el uso interesado de esta sentencia. Lo mejor para todos sería que estuvieran a la altura de las circunstancias y de las instituciones que han ido aportando luz tras la masacre de Atocha. En fechas previas a la sentencia, el PSOE anduvo apretando tuercas y el PP buscó zafarse de la tenaza. Sería una buena oportunidad para marcar una inflexión en la precampaña electoral, de modo que el ciudadano tuviese la oportunidad de ver en qué justa medida hay ocasiones para el consenso y ocasiones para el conflicto. Y mucho más cuando la sentencia despeja cortinas de humo, tesis de conspiración y procacidades mediáticas.
En las páginas de la Historia, no abundan ni mucho menos casos de gobiernos que, pocos días antes de unas elecciones generales, tengan que reaccionar ante un macroatentado como el 11-M, dando información en tiempo real al tiempo que la oposición político-mediática instrumenta un ventajismo alternativo que no se perfilaba en las encuestas preelectorales. En los primeros momentos, nadie dudaba de que la autoría del atentado correspondiese al terrorismo de ETA, ni existía otra hipótesis en los circuitos internacionales de servicios de inteligencia. La siniestra asiduidad criminal de ETA había requerido casi todas las energías del Estado. De algún modo, el riesgo jihadista no había sido atendido con la misma intensidad y dedicación. También es postulable que alguien informase sesgadamente al gobierno. Sea como sea, una sociedad se protege preferentemente de los riesgos acuciantes, y hay que decir que España en aquellos días estaba acosando a ETA de forma sin precedentes. La matanza de Atocha -dicen los jueces- no fue uno de los crímenes de ETA, pero desde entonces ETA ha actuado, ha seguido matando e incluso ha aparentado negociar.
Todavía hoy no sabríamos concretar qué códigos de conducta política fallaron, ni qué gestos institucionales pudieron haberse hecho el 12-M para que a la tragedia de las muertes y heridos no se sumase la psicosis de una sociedad dividida, incluso enfrentada. Eso afloró en las jornadas posteriores al atentado, y algo tuvo que ver con que Rodríguez Zapatero esté hoy en La Moncloa. Desde la farándula, tan adicta al zapaterismo, Almodóvar habló de golpe de Estado del PP, y también lo dijo la consejera de Interior de la Generalitat. Hubo incumplimiento de la ley electoral. Fueron reconocibles los motores de la movilización por SMS y el tam-tam mediático. Aquella estrategia improvisada sobre la marcha lleva huellas dactilares.
Por su parte, el PP iba a tardar demasiado en asumir que había perdido las elecciones y que estaba en la oposición después de haber dado por sentado que las urnas le darían una mayoría suficiente para un tercer mandato, con Rajoy al frente. Algún sector del PP se sumó a las refriegas menos diáfanas. Entre el 11-M y la sentencia leída ayer por el juez Gómez Bermúdez -un juez notable, flanqueado por dos magistrados de solvencia- los ventiladores embocados a esparcir material excrementicio lo han querido remover todo: víctimas, pruebas, modos parlamentarios, respeto institucional, pudor intelectual, mesura y sentido equitativo del interés nacional. Por fortuna, lo que quedará como mejor homenaje a la memoria de las víctimas y antídoto frente al fraccionamiento de la sociedad es una sentencia que, en la medida de lo razonable, esclarece circunstancias, adjudica culpas y castiga a los ejecutores materiales del atentado, aunque puedan existir algunos cabos sueltos. Afán de justicia y pasión de libertad son el mejor espíritu de la ley. En tiempos de politización judicial, que el bien común y la verdad aparezcan como «última ratio» indudablemente es una buena noticia. El ritual y la autoridad de las togas refuerzan la confianza del ciudadano en el Estado de Derecho. Esta vez, de ser posible, contribuyen a cicatrizar aquella embestida pavorosa del terror jihadista.
JULIO BANACLOCHE ABC 1 Noviembre 2007
SE acaba de conocer el contenido de la sentencia del proceso por los atentados cometidos el 11 de marzo de 2004. Como era previsible, dado que el tribunal no ordenó la excarcelación de ninguno de los acusados cuando finalizó la deliberación y votación de la causa, se ha condenado a la mayoría de ellos, aunque no por todos los delitos de los que se les acusaba y no siempre con imposición de penas muy altas. Tiempo habrá para hacer una valoración jurídica detenida del texto de la sentencia. Lo que ahora resulta interesante analizar es el panorama procesal que se abre a la vista de lo decidido por el tribunal.
Para empezar, hay que señalar que la citada sentencia no es firme, puesto que las resoluciones de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional son recurribles en casación ante el Tribunal Supremo. Por tanto, aún debe esperarse a que se pronuncie ese Tribunal para zanjar definitivamente las responsabilidades penales existentes. Porque, en el presente caso, lo más normal -y así ha sido ya anunciado- será que todas las partes, acusadores y acusados, presenten recurso de casación (excepción hecha de los absueltos, lógicamente): las acusaciones (Ministerio Fiscal y representantes de las víctimas), porque no se ha condenado a los acusados por todos los delitos de los que se les acusaba; y los condenados, porque entenderán que no hay prueba suficiente para desvirtuar su presunción de inocencia.
Los motivos en que puede fundarse un recurso de casación son muy variados: unos se refieren al fondo del asunto, como sería la incorrecta aplicación de los preceptos penales por los que se absuelve o condena a los acusados; otros, a cuestiones procesales, bien relativas a lo sucedido durante el juicio (por ejemplo, la denegación de pruebas que se consideran fundamentales), bien que se contienen en la propia sentencia (como la contradicción en los hechos declarados probados, o la condena por delito distinto al que se acusa). También se puede basar el recurso en vulneración de un derecho fundamental: lo más frecuente es alegar infracción del derecho a la presunción de inocencia de los acusados (es decir, que no existe prueba de cargo suficiente para condenar a una persona).
Es de prever que en este caso los motivos de casación se multipliquen, no tanto por los posibles defectos en que haya podido incurrir la sentencia dictada cuanto por el número de recurrentes y la complejidad y variedad de la causa. De nuevo veremos, pues, miles de folios de unos y otros que hablarán de numerosas infracciones legales y procesales cometidas durante el proceso. Como es obvio, eso no significa que realmente dichas vulneraciones se hayan producido, ni que el Tribunal Supremo deba considerarlas existentes.
En cualquier caso, debe saberse que los hechos declarados probados por el tribunal de instancia (aquí, la Audiencia Nacional) son inamovibles. El Tribunal Supremo no puede alterar el relato de hechos probados, salvo que entienda que se ha producido un error de apreciación en una prueba documental, lo que no parece muy probable en el presente caso. La casación no supone, pues, que se repita el juicio ante un nuevo tribunal: éste sencillamente debe limitarse a comprobar la corrección del razonamiento de la sala sentenciadora, de acuerdo siempre con lo que ésta ha considerado que son hechos probados. De ahí que el índice de modificaciones de sentencias de instancia por el Tribunal Supremo sea más bien pequeño.
En relación con el ámbito de decisión del Tribunal Supremo, resulta interesante aventurar una respuesta a una pregunta que probablemente mucha gente se estará haciendo, relativa a si el citado Tribunal se pronunciará o no en su sentencia sobre la cuestión de los explosivos utilizados en el atentado, esencial para determinar la responsabilidad de los acusados. Si bien, conforme a la ley, la valoración de los dictámenes periciales queda fuera de la casación, excepcionalmente se ha procedido a enjuiciar sobre ellos cuando, siendo la única prueba de un hecho, la sentencia se aparta de sus conclusiones o las recoge de forma fragmentaria. Parece claro que habrá partes que aleguen esa circunstancia, por lo que resulta razonable pensar que el Tribunal Supremo tratará de nuevo en su sentencia la cuestión de los explosivos que estallaron en los trenes.
En cuanto a la duración de lo que queda de proceso, es de prever que la nueva y definitiva sentencia del Tribunal Supremo sobre este caso se dicte en un año, o año y medio a lo sumo, dado que la Sala Segunda es de las que mejor funciona a la hora de resolver asuntos pendientes. Y tras esa segunda sentencia, los que resulten perjudicados podrían intentar acudir al Tribunal Constitucional en amparo, o incluso en última instancia al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Sin embargo, tras la reforma restrictiva del recurso de amparo aprobada en mayo de este año, en virtud de la cual sólo se entra a discutir de un asunto si se demuestra su «trascendencia constitucional» (que vendría dada no por su relevancia mediática, o por la importancia de la pena para los afectados, sino por la existencia de aspectos generales sobre los que aún no se ha pronunciado el Tribunal Constitucional), no parece probable que el Tribunal Constitucional llegara siquiera a admitir el recurso de amparo en el caso que nos ocupa. Y en cuanto al recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, además de resultar extraordinariamente difícil que pase el filtro de admisión y dé lugar a un pronunciamiento, su interposición no suspendería en ningún caso el cumplimiento de las penas impuestas, por lo que su eficacia y virtualidad práctica resultan más que discutibles.
Por otra parte, mientras se dilucidan los recursos de casación que se presenten ante el Tribunal Supremo, los condenados seguirán en prisión provisional hasta que cumplan la mitad de la pena impuesta por la sentencia. Esta circunstancia de seguro impulsará la diligencia en la tramitación de los citados recursos, con el fin de evitar que una demora en esta fase pueda originar que los condenados terminen siendo puestos en libertad anticipadamente, por cumplirse el tiempo máximo de prisión provisional previsto por la ley.
En definitiva, se puede decir que aún queda mucho camino por recorrer en el proceso del 11-M -sin olvidar que aún existen varios procesos pendientes sobre cuestiones con él relacionadas-, aunque es indudable que ayer, con la publicación de la sentencia de instancia, se dio un paso muy importante para la impartición de justicia, algo de lo que todos nos debemos felicitar.
Pío Moa Libertad Digital 1 Noviembre 2007
No sólo es la vida política; también la cultura enferma con esta alergia a la verdad que padece un país encharcado en la telebasura o en el botellón, por poner dos síntomas sobresalientes entre tantos citables. Al presentar Años de hierro, y en el mismo libro, he señalado el hecho asombroso de que en estos años se venga mencionando con desprecio el "páramo cultural de los años 40", cuando el nivel cultural de hoy, en cuanto a creatividad y originalidad, está ciertamente muy por debajo del de entonces. No, claro está, en cantidad, pues hoy se produce mucha más literatura, más cine, más música, más pintura, más pensamiento o más ciencia que entonces; hay más "oferta cultural", como dicen los trivializadotes, pero una "oferta", con pocas excepciones, de una hiriente mediocridad, por no decir chabacanería. Me parece obvia, aunque podría desarrollarse el tema, la relación entre este penoso panorama y el clima de embuste tan extendido durante largos años, tantas veces denunciado por Julián Marías, y que ahora pretenden oficializar los falsarios.
Xoán Xulio Alfaya Periodista Digital 1 Noviembre 2007
El 1º de octubre del presente año tuvo lugar un cambio muy importante en mi vida privada que ha hecho que lo personal ocupe ahora el primer plano, pasando lo político a un segundo o tercer plano, aunque sin perder del todo su importancia, pues de la política dependen aspectos fundamentales de nuestras vidas. Lo que antes me motivaba a escribir sobre ciertos temas en los que llevo insistiendo con machaconería desde hace años, ahora constato que han dejado de preocuparme con la misma intensidad. Además del cambio en mi vida privada al que me he referido, existen otros factores que me invitan a tomarme un descanso sabático.
En primer lugar, creo que los nacionalismos coactivos tienen menos futuro que los celotes. Estos nacionalistas judíos, tremendamente integristas y violentos, que nacieron como grupo organizado poco después del nacimiento de Jesucristo, fueron fundados por Judas el Galileo, según relata Flavio Josefo en “La guerra de los judíos” (Libro II, Capítulo 8) y en las “Antigüedades judías” (Libro XVIII), ofreciendo una feroz resistencia frente a los romanos en la guerra del 66 al 73 d.C. en la fortaleza de Masada. Tras la destrucción del Templo de Jerusalén y la caída de Masada, desaparecieron para siempre, no así sus métodos violentos y coactivos tan opuestos al auténtico mensaje evangélico, pues algunos historiadores consideran a los celotes como uno de los primeros grupos terroristas de la historia ya que utilizaban el homicidio de civiles que, a su entender, colaboraban con el gobierno romano, para aterrorizar y así disuadir a otros de hacer lo mismo.
El caso es que el nacionalismo puede luchar contra lo que ellos llaman el “colonialismo español”, pero no contra la demografía (que juega claramente en su contra), la economía, la globalización, el fenómeno inmigratorio y los profundos cambios sociales derivados del mismo, así como la tremenda fuerza expansiva del castellano o la simple voluntad de la mayoría de los ciudadanos a quienes los hechos diferenciales y todas esas monsergas neoclericales y trasnochadas no nos dicen nada.
En segundo lugar, como respuesta al nacionalismo coactivo que trata de echar raíces en Galicia, han surgido numerosas asociaciones que trabajan de forma inteligente, organizada y pacífica con mucha más eficacia de lo que yo pueda hacer en solitario. Mi modesta aportación a esta lucha por la libertad de idioma en Galicia creo que está siendo ampliamente superada tanto por personas mucho más jóvenes y mejor preparadas que yo, como por grupos pobres en medios económicos, pero bien organizados y con las ideas muy claras.
Teniendo en cuenta lo dicho, me despido “sine die” de ustedes hasta que madure la idea de un nuevo blog que responda más a lo que estoy viviendo actualmente. De salir adelante, mi proyecto tendrá, por supuesto, un carácter más personal que político y estará aderezado con una buena dosis de ese humor benévolo que tanta falta nos hace a todos.
El cerebro del 11-M anda suelto y el arma homicida sigue sin ser identificada
Guevara adelantaba que habría “sorpresas” pero no que serían tantas. Sobre el explosivo, la sentencia dice que no importa cuál fuera pero que “todo o gran parte procedía de Mina Conchita”. De la autoría intelectual no hay más rastro que la absolución de El Egipcio. De la autoría material, que los muertos de Leganés, Otman El Gnaoui y Jamal Zougam colocaron las bombas de no importa qué explosivo. De la trama asturiana se absuelve a los hermanos Toro y se condena a Trashorras –la más alta después de la de Zougam–. En cuanto a las pruebas, todas valen menos el Skoda, que ha desaparecido con tanta facilidad como apareció. La Kangoo dará que hablar por una evidente incongruencia en el razonamiento. Vea dentro la sentencia completa.
Libertad Digital 1 Noviembre 2007
La sentencia más esperada de la Historia de España ha comenzado a leerse pasadas las 11 de la mañana. El juez, Javier Gómez Bermúdez, ha sido el encargado de dar a conocer el fallo. En primer lugar, ha dicho que desestima la causa de nulidad pedida por las defensas: el tiempo en que estuvo secreto el sumario provocó indefensión en los acusados.
* No hay autores intelectuales ni se ha identificado el arma homicida
* Un asturiano confidente y un marroquí reconocido en cuatro sitios a la vez aparecen como máximos responsables (por la condena recibida) de un atentado realizado, a juzgar por las manifestaciones de los muertos de Leganés con intenciones yihadistas para "derrocar los regímenes democráticos y eliminar la cultura de tradición cristiano-occidental sustituyéndolos por un Estado islámico bajo el imperio de la sharia o ley islámica en su interpretación más radical, extrema y minoritaria".
* La propia sentencia arroja contradicciones respecto a la Kangoo entre los "Fundamentos" y los "Hechos probados", contradicciones que podrían derivar en recurso de casación.
* Todo o gran parte del explosivo procede de Mina Conchita. Luego, queda explosivo sin identificar. No importa lo que estalló en los trenes ni la ausencia en el sumario de un informe químico de los focos de explosión. Se añadió después y se acepta.
* Sólo cuatro de los 28 acusados superan los 20 años de cárcel
* Las Deducciones de testimonio se podrán solicitar cuando la sentencia sea firme.
Los datos de la Fiscalía "no aportan, con la certeza eigida por el derecho penal, prueba de la intervención como autor o partícipe del acusado". "Los escasos datos que hay", continúa señalando la Sentencia, "son ambiguos y equívocos y, a lo sumo, acreditan que tenía información general sobre la posible producción de los atentados, no que los ordenara, coordinara o dirigiera, por lo que procede la absolución de Rabei Osman El Sayed Ahmed por los delitos de homicidio terrorista, estragos y conexos".
"Ninguna de estas afirmaciones", dice el Tribunal, "está probada con la certeza exigida por el derecho penal", lo que lleva a los magistrados a concluir que "la imputación a Youssef Belhadj como inductor (partícipe) en los atentados del 11 de marzo de 2004 tampoco está probada". "No está probado que Youssef Beljhadj sea dirigente de uno de los grupos terroristas que se engloban bajo la denominación, cada vez más genérica, de Al Qaeda", señala la sentencia.
Tampoco ha condenado como inductores del atentado a los otros dos procesados por ello, Hassan el Haski, condenado sólo como miembro de organización terrorista. El Tribunal, únicamente, sólo le ha condenado a 15 años de prisión. De El Haski, se concluye su condena como "autor de un delito de pertenencia a banda armada, organización o grupo terrorista, en grado de dirigente y como partícipe -inductor- de los delitos de homicidio terroristas, consumados e intentados, estragos y aborto".
"El Tribunal estima probado el primer delito, pertenencia a organización terrorista con la condición de dirigente, pero no el resto", dice la sentencia en su parte dispositiva y añade que "en el caso del procesado Hassan El Haski se ha producido prueba directa suficiente que, junto a otra de carácter indirecto, conducen a la afirmación de que es dirigente de una organización terrorista". "No se estima suficiente la prueba para reputar partícipe en los atentados del 11 de marzo, en calidad de inductor, a Hassan EL HASKI", se indica.
Las penas más altas para Zougam, El Gnaoui y Trashorras. Sobre Zougam, "el Tribunal, valorando la prueba en su conjunto, ha llegado a la convicción" de su integración "en la célula terrorista de tipo yihadista y su intervención, como autor en los atentados del 11 de marzo de 2004, pero no en los hechos acaecidos el 3 de abril del mismo año en Leganés".
De Othman El Gnaoui, al que la Fiscalía acusaba como "cooperador necesario", el Trbiunal concluye su "pertenencia a banda armada" (...) "a título de mero integrante" y como coautor de los atentados de los atentados del 11 de marzo de 2004. En los hechos, El Gnaoui "desempeña un rol o papel concreto, conforme a criterios organizativos y jerárquicos", dice la Sentencia.
Trashorras también es "responsable como cooperador necesario". Sobre su participación, el Tribunal considera probado que Suárez Trashorras "fue quien puso a disposición del grupo terrorista la dinamita usada para montar los artilugios que explosionaron en los trenes de cercanías el día 11 de marzo de 2004 en Madrid y en Leganés el 3 de abril del mismo año".
RESUMEN DE UN FALLO JUDICIAL HISTÓRICO
ETA, Irak, Zougam, el explosivo... y otras claves de la sentencia del 11-M
* El atentado queda sin autoría intelectual
* Zougam colocó una de las 13 bombas junto a los siete suicidas y otro desconocido
* La dinamita, 'toda o gran parte', salió de Mina Conchita
* La mochila de Vallecas es una prueba válida y la cadena de custodia fue correcta
* Aplaza la decisión de deducir testimonio a los testigos policiales que pudieron mentir
PALOMA DÍAZ SOTERO El Mundo 1 Noviembre 2007
MADRID.- El tribunal del 11-M, presidido por Javier Gómez Bermúdez e integrado, además, por los magistrados Alfonso Guevara y Fernando García Nicolás, ha pasado de puntillas por los aspectos más farragosos que asomaron en los cuatro meses y medio de juicio. Salvo lo que concierne a los acusados, la sentencia deja sin respuesta algunas cuestiones cruciales. El histórico fallo, público casi cuatro años después del atentado, puede resumirse en los siguientes puntos:
Sin autoría intelectual
Los magistrados no han encontrado pruebas que acrediten la autoría intelectual que la Fiscalía y las acusaciones atribuían a los procesados Rabei Osman el Sayed 'Mohamed el Egipcio', Youssef Belhadj y Hassan el Haski. Sólo los encuentran culpables de pertenencia a organización terrorista. Como 'El Egipcio' ya cumple condena por ese delito en Italia, ha salido absuelto en el proceso del 11-M, pese a haberse convertido en los últimos años en uno de los 'culpables oficiales'.
El tribunal ha encontrado dudas razonables en la transcripción de las conversaciones atribuidas a 'El Egipcio' y en las que parecía arrogarse el plan de ataque. Por ello, no las ha considerado probatorias de autoría intelectual. Al final, 'El Egipcio' ha quedado como el fanfarrón que pareció ser en las declaraciones de los testigos. Por otro lado, el tribunal ha considerado que saber que se va a cometer un atentado no lo convierte a uno en inductor del mismo. [Más información]
Sorpresas y previsiones
Además de 'El Egipcio', han quedado libres de cargos otros siete procesados, sorprendiendo, sobre todo, las absoluciones de Antonio y Carmen Toro, y el vigilante de Mina Conchita, Emilio Llano.
Más ha sorprendido la absolución como autor material de Abdelmajid Bouchar, el acusado que huyó del piso de Leganés antes de la explosión, pero que, según el tribunal, no presenta ningún vinculo probado con la ejecución del atentado. No ocurre así con Otman el Gnaoui, condenado como autor por haberse demostrado su presencia en varios momentos de la preparación del atentado, como el transporte de explosivos junto a 'El Chino' y la realización del zulo donde se guardaron.
Como era previsible, Jamal Zougam ha salido condenado como autor de la masacre al haber proporcionado los teléfonos de los artefactos explosivos y haber colocado una de las bombas en los trenes. Tampoco ha sorprendido la condena a Emilio Suárez Trashorras por su responsabilidad como "cooperador necesario" del atentado, al habérsele encontrado autor del suministro de explosivos a personas que sabía que eran islamistas radicales. [Resumen de condenas]
El tribunal se ha referido a todas las pruebas que buscaban probar o descartar la participación de etarras en el atentado pedidas por la acusación de Jamal Zougam y Basel Ghalyoun. Y zanja: "Ninguna de estas pruebas, sometidas a contradicción en el plenario, avala la tesis alternativa de la defensa". [Más información]
Cuántos terroristas en los trenes
El tribunal considera que los siete suicidas de Leganés, el procesado Jamal Zougam y una persona "que no ha sido identificada" colocaron las 13 bombas en los trenes en la mañana del 11 de marzo de 2004. No explica cómo se repartieron el trabajo ni cuántas bombas pudo colocar cada uno.
Sólo repara en que únicamente una de las tres personas que fueron vistas en la Renault Kangoo aparcada en la estación de Alcalá de Henares se dirigió a la estación, por lo que supone que, de esas tres personas, sólo una subió al tren.
El vehículo Skoda Fabia descubierto tres meses después no lo tiene en cuenta al no haber podido acreditarse que sus ocupantes, desconocidos, subieron a los trenes.
Los magistrados consideran que Jamal Zougam colocó la "última" bomba, la que estalló en la estación de Santa Eugenia. Lo consideran probado, sobre todo, por la declaración de tres testigos que dijeron verlo en ese tren, uno de ellos, un ciudadano rumano que declaró ante la policía en la misma tarde del día 11 de marzo, pero que no acudió al juicio a ratificar su testimonio. También tiene en cuenta la testigo que dijo verlo en la estación de Entrevías (varias estaciones más adelante de Santa Eugenia) preguntándole si la próxima estación era Atocha. No importa que los testigos dijeran haberlo visto en lugares diferentes.
En cualquier caso, fuentes jurídicas señalan que la aportación de los testigos "cuadra con el resto de la prueba". La "prueba" principal de su participación en el atentado es que la tarjeta del teléfono móvil hallada en el artefacto explosivo que no estalló fue vendida a los terroristas en la tienda de Zougam, junto a otras 29 tarjetas. Además, el tribunal tampoco ha dado credibilidad a los testimonios de la madre y el hermano de Zougam sobre la mañana del 11 de marzo. Desde luego, apuntan fuentes jurídicas, el hermano, Mohamed Chaoui, no ha tratado de encubrir, o defender, a Zougam hasta la celebración del juicio.
Por otro lado, también se tiene en cuenta la comisión rogatoria francesa sobre Hassan el Haski en la que el islamista Attila Turk declaró que El Haski le había dicho que el atentado del 11-M lo había hecho su "gente" y citaba expresamente a un tal "Jamel Zougam".
El tipo y el origen del explosivo
El tribunal reconoce que ignora cuál es el tipo de dinamita que estalló en los trenes, pero está seguro de que "toda o gran parte" de ella "procedía de Mina Conchita", la mina asturiana en la que trabajaron los procesados Emilio Suárez Trashorras, finalmente condenado como cooperador necesario de la masacre a 34.000 años de prisión, Raúl González, condenado a cinco años por suministro de explosivos, y el vigilante Emilio Llano, absuelto.
Reconoce entonces que pudo haber explosivo que procedía de otro lugar, pero considera que no eso no resta ni un ápice de valor probatorio en su fallo.
También considera probado que toda la dinamita hallada en el piso de Leganés y en el desescombro del mismo procedía de Mina Conchita.
El tribunal considera probado que la dinamita que estalló en los trenes fue Goma 2 ECO y Goma 2 EC. Tiene en cuenta que en Mina Conchita había explosivo de los dos tipos y que Trashorras pudo suministrar ambos a los terroristas. También que en los análisis de todas las muestras tomadas se descubrió dinitrotolueno (DNT), componente de la Goma 2 EC, y ftalato de dibutilo, componente de la ECO. "La Goma 2 EC seguía circulando en 2004", ha recordado el presidente del tribunal en la lectura del resumen de la sentencia.
La Policía y los confidentes
El tribunal no entra a valorar la actuación de las Fuerzas de Seguridad que quedó en evidencia en el juicio: las relaciones con confidentes, los seguimientos previos a varios implicados, la consecución de pruebas, la capacidad para tomar, conservar y analizar restos de explosivo...
Sobre la probada y reconocida relación de determinados policías con algunos acusados como Rafa Zouhier o Emilio Suárez Trashorras (hoy condenados) o con algunos confidentes cercanos a los suicidas de Leganés en el año previo al atentado, los magistrados no han hecho ni una sola mención argumentando que "no les corresponde" a ellos valorar la actuación policial en esos aspectos. Sólo dejan caer, en la página 610 de su escrito, un comentario sobre "el poco control de los controladores sobre el controlado" al aludir al confidente de la Guardia Civil Rafa Zouhier, pero puntualizan lo dicho, que no les corresponde valorarlo. Sí admiten que Zouhier avisó a la Guardia Civil de que Toro y Trashorras ofrecían explosivos en 2003.
Ni rastro de las declaraciones del confidente 'Cartagena', colaborador de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE). Ni rastro de la colaboración de Trashorras con 'Manolón', el inspector jefe de Estupefacientes de Avilés.
Sí que se refieren a la actuación policial cuando interesa señalar que fue correcta y que tiene valor probatorio, como en lo que se refiere a la cadena de custodia de los objetos rescatados de los trenes y llevados a la comisaría de Puente de Vallecas. Allí, entre los objetos, fue donde apareció la mochila bomba que resultó clave en la investigación y que facilitó la detención de Jamal Zougam 48 horas después del atentado. El tribunal ha hecho marcados esfuerzos por acreditar la validez de esta prueba.
"No existe ruptura de la cadena de custodia. La prueba es auténtica", remarcó Gómez Bermúdez en referencia a la mochila durante la lectura del fallo. Y añadió: "Los tribunales no pueden atender a tribulaciones e hipótesis"
Además, el presidente fue implacable con las acusaciones y las defensas que insinuaron que la mochila era una prueba falsa y denunciaron que había fallado la cadena de custodia. Según el tribunal, por defender ambas tesis, han entrado en contradicción y no han aportado ninguna prueba de la falsedad de la mochila, "limitándose a insinuar que pudo ser puesta ahí en tiempo y modo indeterminado por persona desconocida".
Por otro lado, la sentencia sale a defender a los responsables del desastroso traslado de objetos. "Cuestión diferente, aunque sin consecuencias -señala-, es el extravagante periplo de los efectos". Se trata, dice, de "un caso de descoordinación y mala transmisión" de la información "comprensible" por la prioridad absoluta que se le dio a la identificación de los cadáveres.
El tribunal no ha querido identificar a los autores del atentado con Al Qaeda, si bien los identifica como "miembros de células o grupos terroristas de tipo 'yihadista'". Fuentes cercanas al tribunal defendieron el empeño del mismo en no contribuir a la etiqueta indefinida de Al Qaeda que se le pone a este tipo de terrorismo.
Define a los suicidas y los condenados como "miembros de células o grupos terroristas de tipo 'yihadista' que, mediante el uso de la violencia en todas sus manifestaciones, pretenden derrocar los regímenes democráticos y eliminar la cultura de tradición cristiano-occidental sustituyéndolos por un Estado islámico bajo el imperio de la sharia o ley islámica en su interpretación más radical, extrema y minoritaria".
Igual que el tribunal ha considerado que no es tarea suya valorar el trabajo de las fuerzas de seguridad, sostiene, fuera de sentencia, que "jamás justifica el porqué de un criminal" a la hora de cometer un delito. Por ello, en ningún momento aborda el origen ideológico del atentado, máxime cuando los tres acusados de ser autores intelectuales han sido absueltos.
Deducciones de testimonio
Las acusaciones de la AVT y de la Asociación Ayuda a las Víctimas del 11-M pidieron al tribunal deducción de testimonio (abrir una investigación por haber mentido en el juicio) de varios testigos policiales, entre ellos, el ex jefe de los Tedax de la Policía, Juan Jesús Sánchez Manzano, la responsable de los análisis practicados a las muestras tomadas en los trenes y el inspector de la UCIE que instruyó las diligencias del 11-M.
El tribunal no se ha pronunciado al respecto porque no lo considera adecuado hasta que la sentencia sea firme, hasta que el Tribunal Supremo ratifique o modifique las condenas. Después de eso, quizá dentro de un año, asegura no tener inconveniente en conceder todas las que las partes les pidan.
Las opciones gallegas de UPyD
Fernando González Macías La Opinión 1 Noviembre 2007
Rosa Díez sabe que tiene en Galicia un buen caladero. La han convencido de que hay aquí una considerable clientela potencial para una oferta como la suya. Por eso, la gallega será una de las primeras organizaciones territoriales de Unión Progreso y Democracia (UPyD) en constituirse como tal. De hecho, las bases ya están firmemente sentadas a partir de un grupo, con epicentro en A Coruña, de entusiastas activistas, casi todos inéditos en política, pero decididos a implicarse en un proyecto de nuevo cuño, que se define no como una opción más, sino como una alternativa a lo que hay.
La deriva nacionalista en la que ha entrado la vida institucional gallega a partir de las grandes cuotas de poder alcanzadas por el Bloque en la Xunta y en los ayuntamientos ha espoleado a determinados sectores que hasta ahora actuaban en el llamado movimiento cívico a dar un paso adelante. Es probable que les acompañen en la aventura gentes desencantadas de las dos grandes fuerzas políticas, PP y PSOE, a quienes ha descolocado, y mucho, la anuencia, cuando no directamente la connnivencia, de unos y otros con ciertos planteamientos del Benegá, en especial en política lingüística, con una acelerada galleguización de la enseñanza, que puede situar al castellano en una posición residual, al menos en las aulas.
También esperan pescar en el mar blanco de la abstención activa, sobre todo la de la papeleta vacía, una opción que llegó a ser, no ha mucho, la cuarta fuerza de Galicia y que podría volver a serlo a juzgar por el rechazo que, entre personas democráticamente comprometidas, genera la política de pactos y componendas que se ha impuesto en la vida pública Galicia, agravada por un distanciamiento de los políticos respecto de las auténticas inquietudes ciudadanas.
Por descontado que no lo tienen fácil los de Rosa Díez. Les va a costar lo suyo conseguir una mínima presencia mediática, sobre todo por la ausencia de fichajes sonados y porque hay que romper inercias informativas muy asentadas, que juegan a la contra de lo novedoso. Y además el sistema electoral les resulta, como a todas las minorías, muy desfavorable, al menos de entrada.
Con todo, en UPyD lo tienen mejor que quienes se han propuesto, por enésima vez, resucitar el centro de matiz galleguista, a pesar que éstos no parten de cero, sino del pequeño capital que supone una constelación de personas y grupos, restos de sucesivos naufragios, esparcidos por media Galicia, con implantación y hasta algún poder local. Pero, precisamente por eso, el de Terra Galega y compañía no es producto nuevo; puede ser una oferta renovada, pero ya estuvo en el escaparate, en lugar preeminente, y se dejó arrebatar su mercado natural, su espacio político, ese que ahora quiere reconquistar. Es como mercancía de segunda e incluso de tercera mano.
Todo es cuestión de que UPyD sea capaz de construir un discurso político que, a partir de ese mensaje de regeneración de la política española desde una perspectiva humanista, tenga en cuenta que hay una forma gallega de ser español. Muy nuestra. Que Galicia tiene su peculiar forma de entender España, pero también anhela, y tiene derecho, a que España la entienda y la atienda. Vamos, que esto no es Extremadura.
Presentación de UPD en La Coruña
Nicomedes Pastor Díaz Periodista Digital 1 Noviembre 2007
Por Sarastro http://www.corunaliberal.es/content/view/803/1/
Excelente su crítica de la llamada “normalización lingüística”. La denuncia del mecanismo liberticida por el que una reivindicación nacionalista más o menos tribal se convierte en irrefutable fuente de supuestos derechos de las cosas contra los ciudadanos.
La canallesca actitud por la que los nacionalistas nos consienten que vivamos en “sus” territorios siempre que nos hagamos nacionalistas o nos callemos...
Ayer, 31 de octubre, víspera de la festividad de todos los Santos, y en la tradición teatral española día para la recreación de amoríos y arrepentimientos, se presentó en el Palexco de La Coruña el partido nuevo de Rosa Díez, ex dirigente del PSOE en las Vascongadas. El acto, que casi recordó una reunión semi clandestina propia de otros tiempos, reunió a un centenar de personas, incluidos algunos periodistas con los que Rosa Díez estuvo hablando unos minutos por lo que empezó con retraso.
La socialista vasca subrayó que no se podía seguir así, pero que no era tiempo de sólo hacer diagnósticos sino también de presentar soluciones. Ligó el nacimiento del nuevo partido, “un partido nuevo, no un nuevo partido”, a la trayectoria de Basta Ya.
Calificó a la actual de “legislatura maldita, en la que todo está roto”.
Criticó especialmente al PSOE de ZP que se ha empeñado en pactar y revisar el modelo territorial de Estado con los que no creen en él y en perjuicio de los ciudadanos españoles. “El PSOE ha renunciado a vertebrar a España”. Y carece de un proyecto común para toda España. Luego se permitió unas notas de nostalgia personal recordando que con su admirado Felipe vivíamos mejor y que el gran estadista sevillano estaba muy preocupado porque entonces no había oposición para desarrollar la democracia y la alternancia con el socialismo ¿?.
De vuelta al momento actual, dio un pescozón al PP al que considera “lleno de complejos e hipotecas”, que no detalló.
La canallesca actitud por la que los nacionalistas nos consienten que vivamos en “sus” territorios siempre que nos hagamos nacionalistas o nos callemos.
Por último, Rosa Díez explicó que en UPD existen dos corrientes políticas históricas: “la izquierda crítica y la de los liberales de Cádiz que querían cambiar las cosas”. Y que su objetivo es lograr un grupo parlamentario propio influyente.
Rosa Díez califica de "maldita" la actual legislatura de Zapatero
Medio centenar de personas asistieron en Palexco a la presentación del partido Unión, Progreso y Democracia, que lidera Rosa Díez. La política definió la actual legislatura como "maldita" y "prescindible", y pidió el voto para su partido por ser una "alternativa para regenerar la democracia".
REDACCIóN > A CORUñA El Ideal 1 Noviembre 2007
La política vasca fue acogida en A Coruña por medio centenar de simpatizantes JAVIER ALBORéS
En su discurso Rosa Díez no hizo ninguna alusión concreta a los problemas de Galicia, aunque dijo que en esta comunidad su partido está recibiendo una buena acogida "como en el resto de España". "En Galicia hay organización en las cuatro provincias y uno de los colectivos más dinamizados es el de la enseñanza", aseguró Díez.
Unión, Progreso y Democracia nació hace un mes, fruto del movimiento ¡Basta ya!, y sus cabezas más visibles, además de la ex socialista Rosa Díez, son el filósofo Fernando Savater y el filósofo Mario Vargas Llosa. A pesar de la juventud del partido, suma ya unos 5.000 afiliados en toda España.
Constitución > Entre las principales propuestas de este partido destaca la reforma de la Constitución en puntos tan importantes como la Ley Electoral o el cierre del modelo territorial. Unión, Progreso y Democracia aboga porque no se deleguen aspectos como la educación o la fiscalidad, ya que las considera competencias fundamentales para el Estado. "La educación es una competencia que el Estado debe recuperar, porque ahora en España hay 17 leyes educativas y eso explica por qué el índice de fracaso escolar en España es el más alto de Europa", explicaba ayer Rosa Díez.
Respecto a otro de los puntos en que el nuevo partido hará más hincapié en su programa electoral con el que se presentará a las próximas elecciones generales de marzo de 2008 es en la reforma de la Ley Electoral. "Somos un partido nacional y las propuestas abordan a todo el Estado. Creemos que el peso del voto de cada ciudadano sea igual, al margen de que sea una opción nacionalista o de Estado. También hay que reformar la Constitución en los aspectos relativos a las competencias", resumió Rosa Díez.
La candidata por Unión, Progreso y Democracia calificó de "maldita" y "prescindible" la actual legislatura, en la que, dijo, "se han roto todos los consensos básicos, todos los consensos de Estado". Díez apuntó que "esta legislatura empezó con una tragedia y está acabando con continuos enfrentamientos entre los dos grandes partidos políticos". Para Díez, los ciudadanos están "hartos" de esa forma de hacer política, por lo que "hace falta una fuerza política que defienda sin fisuras el Estado", haciéndolo más fuerte.
Miserias selectivas
Roberto Esteban Duque Redacción Minuto Digital 1 Noviembre 2007
Una nación está siempre o haciéndose o deshaciéndose. Según Renan, la nación consiste en un plebiscito cotidiano, un excelente programa para mañana. El Parlamento de Cataluña ha aprobado la ley de creación del Memorial Democrático, un organismo dedicado a recuperar la memoria histórica de Cataluña entre 1931 y 1980. De esta forma, el gobierno catalán ha decidido que el futuro consista en una memoria infame, por sectaria, un nefasto proyecto de futuro; se ha adelantado al Estado, evidenciando así su debilidad. En lugar de buscar glorias comunes, Cataluña procura airear miserias selectivas; frente a la idea de pensar juntos grandes cosas, se vuelve al resentimiento y se proyecta un porvenir más conflictivo para la nación española. Definitivamente, Cataluña es diferente; sus gobernantes (los peores de toda la democracia española) son quienes más y mejor se empeñan en hacer visible la diferencia catalana.
Es un fraude estar gobernado por quien no se ha elegido para mandar, por un gobierno aldeano que desintegra la convivencia de cualquier proyecto nacional común. Aguantar la vileza y miseria de la tropa de cuartel no haría sino envilecernos; obedecer sus leyes, contribuir y ser cómplice de su perversidad. No es posible que una nación quede asimilada por cuatro secesionistas a quienes la coyuntura política ha ofrecido la oportunidad de mandar. Aceptar ese modo de gobierno es encanallarse; sería como aceptar que lo habitual esté constituido por la mentira y la manipulación constante. No vale el camouflage, mostrar una realidad aparente y accidental, condenar la dictadura franquista, y pretender sepultar la realidad profunda, sustancial y efectiva, como es el profundo resentimiento. Cuando el poder se ve arrastrado a adoptar una actitud beligerante contra el pasado a través de la imposición de leyes, la sociedad de divide sin esperar ningún porvenir sereno fuera del enfrentamiento.
Si como pensaba Ortega, y la misma democracia patentiza, la opinión pública es quien realmente ejerce el mando y la autoridad en una nación, los secesionistas deberían estar lejos de la autoridad, no sólo por la ausencia de ejemplaridad o excelencia, sino porque no producen una situación de sana convivencia humana. Si se pretende cambiar la historia, hacerla gravitar y que se desplace, háganse leyes desde la verdad de los hechos, y no desde la más espuria parcialidad y sectarismo. Vivir entregados a proyectos que pretenden desmembrar la sociedad y hacer resonar el pasado con instrumentos escogidos desde el puro arbitrio sólo invitan a la más penosa confrontación. Lo que el pueblo español había asimilado de un modo noble y maduro; lo que en tiempos de pacífica transición era fácilmente soportado, se convierte ahora en un enojo para un sector crecido por la favorable circunstancia política.
Aquí está el verdadero problema. El auténtico fraude, el fraude inicial, es bien distinto al que parece ser. No se encuentra el mal en la clase gobernante catalana - la peor de las posibles -, sino en quien pretende ampliar su musculatura ofreciéndole más poder. El nacionalismo sólo es un artificio, fuego fatuo. El mal está en la descomposición en que ha caído el desgobierno de la nación. Las leyes que se vienen aprobando, y que se aprobarán en un futuro inmediato, expresan un desorden primero del que todos somos víctimas. Si el gobierno catalán se muestra fuerte es porque el Gobierno de la Nación adolece no ya de debilidad, sino de una perfecta deshumanización cuya fealdad máxima consiste en hender la sociedad en vencidos ahora vencedores y vencedores ahora vencidos.

References: resolución 
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