Source: http://joaquinortegaarenas.blogspot.mx/2011/05/
Timestamp: 2017-06-24 08:42:52+00:00

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Joaquín Ortega Arenas. “…corrupción. (Del lat. corruptĭo, -ōnis).1. f. Acción y efecto de corromper. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores….” La definición que nos proporciona el Diccionario de la Lengua Castellana es clara y diáfana, Pero a esta sufrida Patria en que vivimos, ¿cuando y como es que llegó, tal parece que para quedarse por siempre? En nuestros pueblos originarios, a pesar del horripilante sistema empleado por nuestros “evangelizadores españoles” para aniquilar toda huella o resquicio de lo que fueron los habitante de Mesoamérica, es evidente que la corrupción nunca existió. De cierto, todos los delitos emanados de ese sistema europeo de vida eran drásticamente castigados. En los escasos datos históricos que pudieron salvarse de la destrucción, casi no aparecen. Es evidente que este fenómeno se inició cuando Hernán Cortés, casi inmediatamente después de su desembarco en Chalchiuecan, simuló el nombramiento de un Ayuntamiento para que legalizara la serie interminable de abusos, raterías y asesinatos que habría de cometer. Tomó posesión de todas estas tierras en nombre de Su Majestad del Rey de España y, de inmediato empezó a disponer de ellas. Nuestros Pueblos originarios no conocían la propiedad privada y el aprovechamiento privado de los medios de producción para negocios particulares que a partir de ese momento se convirtió, en manos de “la Corona”, en el terrible saqueo de esas tierras, que aun no termina, a cargo, desde luego, de “las organizaciones públicas, la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores….”. Llegó la “evangelización” y con ella la encomienda, el quinto real, el diezmo y la primicia que, de golpe y porrazo, acabaron con el sistema basado en la honradez que se practicaba en los ”calpulli” y en todos los órdenes públicos. Las minas, las grandes haciendas agrícolas productoras de azúcar, de maíz, de arroz, etc., se convirtieron en mercancía obtenida al mejor postor ante las organizaciones públicas. (desgraciadamente ese sistema se ha desarrollado en el México actual desde hace setenta y seis años, en los que se han incluido las fuentes de todo tipo de energía). El pueblo mesoamericano perdedor ante la conquista y la evangelización, considerado desde le primer momento de la llegada de nuestros “salvadores” como simples bestias, se vio hundido en ese sistema a partir del 19 de agosto de 1519, con las solas excepciones de los gobiernos coloniales de Antonio María Bucareli, del Segundo Conde de Revillagigedo y de Bernardo de Gálvez . La “independencia” no significó mayor cambio que el de los titulares de la corrupción, criollos todos ellos, Brigadieres del Ejercito Español ascendidos a la Presidencia de la República como dueños y señores de todos los bienes de la Nación. Esta situación prevaleció hasta el año de 1855 en que Benito Juárez suprimió los fueros del clero y del ejército y declaró a todos los ciudadanos iguales ante la ley; siguieron la Ley Lerdo: De 1856, que obligó a las corporaciones civiles y eclesiásticas a vender casas y terrenos ,creada por Miguel Lerdo de Tejada; Ley Iglesias, en 1857, que prohibió el cobro de derechos y obvenciones parroquiales, el diezmo, promulgada por José María Iglesias. Una vez Presidente la República Juárez promulgó la Ley de la nacionalización de los bienes eclesiásticos, complementaria de la Ley Lerdo de desamortización de los bienes de la iglesia, con un cambio importante: los bienes ya no pasaban a manos de los rentistas (1859); Ley del matrimonio civil: Estableció que el matrimonio religioso no tiene validez oficial y establece el matrimonio como un contrato civil con el Estado (1859); Ley orgánica del registro civil: Se declararon los nacimientos y defunciones como un contrato civil con el Estado (1859); Ley de exclaustración de monjas y frailes: Se prohibió la existencia de claustros o conventos, y se decretó la salida de las religiosas y religiosos que ahí vivían; Ley de libertad de Cultos: Esta ley permitió que cada persona fuera libre de practicar y elegir el culto que desee. Esta ley también prohibió la realización de ceremonias fuera de las iglesias o templos. Como es de suponerse, al prohibirse legalmente la posible corrupción en perjuicio de la Nación las cosas cambiaron radicalmente. Por desgracia esa situación, que podemos considerar un oasis en la vida de México, sin corrupción, no podía durar. A un distinguido militar defensor de la República, pero sin raíces ( Porfirio Díaz, criollo hijo de español, José Faustino Díaz e italiana, Petrona Mori) se le despertó la codicia por el poder y por el dinero; Se levantó en armas en contra de Juárez en el año de 1871; A mediados de 1872, estuvo a punto de entrar a la Ciudad de México pero fue derrotado por el General Guanajuatense Sóstenes Rocha. El 18 de julio de ese mismo año Juárez murió, y el presidente de la Suprema Corte de Justicia, Sebastián Lerdo de Tejada, se convirtió en presidente y le concedió amnistía. Díaz, despojado del mando militar, se retiró a Tlacotalpan, donde vivió hasta 1876; se levantó en armas contra la reelección de Lerdo, proclamando el Plan de Tuxtepec. Tras su triunfo tomo posesión como Presidente de la República el 29 de noviembre de 1876, en un mandato apenas “interrumpido” de 1880 a 1884, en el que siguió gobernando, pero en el que el Presidente legalmente era su compadre el General Manuel González. A partir del año de 1876, Díaz fue volviendo a pasos agigantados a la situación de la corrupción que había persistido en la Colonia y en el “México Independiente” hasta la llegada del lapso conocido como “La Reforma”. Los principios fundamentales que en verdad rigen hoy en día a los Estados Unidos Mexicanos, emanan de la forma arbitraría y corrupta de gobernar heredada del Virreinato; de “Don” Antonio de Padua María Severino López de Santa Ana y Pérez de Leblón, Su Alteza Serenísima, creador a ultranza de la “Dictadura Perfecta” que describiera hace algunos años el escritor Mario Vargas Llosa y del “sistema impositivo” mas voraz e inequitativo que existe en el mundo entero; y de “Don” Porfirio Díaz Mori, añorado y venerado dictador creador a su vez de los sistemas de seguridad y control mas adelantados y aun vigentes, ( “mátenlos en caliente” ) situación que analizaremos en el siguiente Blog.
Joaquín Ortega Arenas. Del libro de mi autoría, “20 de noviembre de 1910, ¡LA BOLA ! he entresacado el episodio de la muerte de Venustiano Carranza que ofrezco hoy, a mis lectores: “…A principios del año de 1920, se celebrarían elecciones, en las que se presentaría el general Álvaro Obregón como candidato del Partido Laborista, y un candidato civil elegido por el Presidente Carranza que pretendió el cambio del militarismo al civilismo en el poder y sugirió la candidatura del Ingeniero Ignacio Bonillas . Tal vez influyó en esa decisión un mensaje en que Woodrow Wilson Presidente de los Estados Unidos de América por conducto del Secretario de Estado, Bainbridge Colby, responde a Carranza sobre los intereses petroleros norteamericanos, así como de la diplomacia a seguir en México. La elección del Presidente causó un gran disgusto a los generales sonorenses Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, Secretario de Industria Comercio y Trabajo en funciones en ese momento, que para evitar la “maniobra” de Carranza, se levantaron en armas con el “Plan de Agua Prieta”, lugar de nacimiento de Plutarco Elías Calles, en el que sin ningún contenido social, solamente se desconocía a Carranza con un pretexto invalido y hasta tonto pero que fue suficiente para iniciar una nueva asonada, contando con las armas que Carranza había entregado a Obregón para “la defensa de las Instituciones”, lo que obligó al Presidente a abandonar la Capital de la República y dirigirse hacia el Puerto de Veracruz, otra vez. En la estación de Guadalupe Hidalgo, (La Villa) se encontraban ya formados los trenes en los que se conduciría a una regular fuerza militar que acompañaría al Presidente. Vale la pena comentar los avatares que se produjeron con esa huída. El Presidente ordenó al Tesorero General de la Nación entregara a el subsecretario de Gobernación y éste, al General Juan Barragán, persona de su absoluta confianza, los SESENTA MILLONES DE PESOS, ORO que se encontraban en ese momento en las arcas nacionales y los condujera al Tren Dorado, el tren exclusivo para el uso de señor presidente, orden que fue cabalmente cumplida. Otra catástrofe imposible de prevenir se abatió sobre el Presidente, una “maquina loca” cargada de dinamita se estrelló en contra de los convoyes que transportarían la tropa encargada de proteger al vagón Presidencial momentos antes de la salida, inutilizándolos, por lo que el Presidente se vió obligado a prescindir de su escolta militar, quedando sólo con una escolta formada por cadetes del Colegio Militar que estaban apostados junto al Tren Dorado y uno cuantos soldados más, a las ordenes del General Francisco de P. Mariel. A la llegada a la estación de Aljibes, en plena sierra norte del Estado de Puebla, el tren fue atacado haciendo imposible que siguiera avanzando pues la vía de ferrocarril había sido levantada. En forma providencial, se pensó en ese momento, se presentó con una regular fuerza armada, Rodolfo Herrero poniéndose a las órdenes del Presidente. Fue allí donde Carranza supo que el Jefe de la Guarnición de Veracruz ya se había unido a los sublevados, por lo que con la “protección” de Herrero y la pequeña fuerza del General Francisco de P. Mariel, en caballos proporcionados por Herrero, se internó en la Sierra en compañía de algunos de sus principales colaboradores, el Lic. Luis Cabrera, Francisco Murguía, Manuel Aguirre Berlanga, su candidato a la Presidencial Ignacio Bonillas, y otros más, El día 20 de mayo, llegaron al pequeño pueblo de Tlaxcalantongo, Puebla. Ahí pretendieron pasar la noche. Herrero se retiró al poco tiempo poniendo un pretexto y en las primeras horas del 21 de mayo de 1920, la gente de Rodolfo Herrero atacó los jacales donde dormían Carranza y sus fieles seguidores, casi apiladas cinco personas en la choza que correspondió a éste. Entre gritos y disparos según la versión oficial, hirieron de muerte al Presidente Carranza y afortunadamente no lastimaron a ninguno de los demás ocupantes. Una versión diferente, relatada al que esto escribe personalmente por don Luis Cabrera, testigo presencial, es ésta: Llegaron sí, como se ha relatado, hasta el caserío de Tlaxcalantogo; fueron llevados por Herrero a diversas chozas, y en una de ellas alojaron al Presidente y otras personas, entre otras el autor del relato. A la media noche, fueron despertados por gritos de ¡Muera Carranza! y balazos disparados al aire. El Licenciado Cabrera pretendió levantarse y el Presidente, casi en tinieblas se puso de pie y sereno pero firme, dijo: “Calmados, esto solo es conmigo” y se dirigió a la puerta de la choza, y al momento de abrirla recibió primero, un balazo en un muslo de que le rompió el fémur por lo que su cuerpo giró y antes de caer recibió varios balazos más en la espalda, Los atacantes, quizá en medio de la oscuridad reinante y entre la copiosa lluvia identificaron al Presidente por su blanca barba y cuando lo vieron caer, se retiraron a todo galope. Llegaron varias personas de la comitiva que estaban alojadas en otras chozas y procedieron a levantar el ya cadáver del Presidente. Mi ilustre informante y otras personas más, en cuanto volvió la calma, fueron conducidos por el Lic Cabrera hacia el Pueblo de Zacatlán, del que era oriundo. Los relatos oficiales del suceso, no concuerdan de ninguna manera con los hechos evidentes que constan en documentos celosamente guardados en el Acervo Histórico Condumex, en el que existe un telegrama enviado por Plutarco Elías Calles, Secretario de Industria, Comercio y Trabajo en el gabinete de Carranza dirigido al Teniente Coronel de Caballería Lázaro Cárdenas de Río, Jefe de la Zona Militar de Tuxpan, a la que correspondía Tlaxcalantongo, en el que escuetamente le ordena: “El señor Presidente va hacia su zona. No debe salir de ella.” Comunicación que indudablemente originó el que el Teniente Coronel de caballería Lázaro Cárdenas del Río, enviara a Rodolfo Herrero a Villa Juárez, Puebla, la comunicación que textualmente señala: “…Lo saludo afectuosamente y le ordeno que inmediatamente organice a su gente y proceda a atacar a la propia comitiva , procurando que en el ataque que efectúe sobre esos contingentes, muera Carranza en la refriega , entendido de que de antemano todo está arreglado con los altos jefes del Movimiento y, por lo tanto cuente Ud. conmigo para posteriores cosas que averiguar…..como siempre , me repito su atento amigo, compañero y S.S. Lázaro Cárdenas….” Ambos documentos, celosamente guardados en el poblado serrano de Patla, estuvieron en las manos de quién esto escribe por haber sido llamado profesionalmente a la operación de venta realizada por su hasta entonces tenedor, del que me reservo dato alguno por obligarme a ello el secreto profesional que se realizó con el Acervo Histórico Condumex; Se me permitió tomar fotostáticas de ambos documentos que desgraciadamente presté al Lic. Franco Carreño García y jamás me devolvió, pero que gracias a investigaciones actuales de Juan Ramón Jiménez de León profesor de Posgrado de la F.C.A. UNAM, han sido “hallados”, consultados y fotocopiados en los Archivos del Acervo Histórico Condumex. Rodolfo Herrero, perteneció durante muchos años a las “Guardias Blancas” que las compañías petroleras tenían desplazados en toda la zona, a ciencia y paciencia de las autoridades mexicanas, para la protección de “sus bienes” capitaneados por el “General” Manuel Peláez. Eran mas de 15 000 hombres perfectamente armados y pertrechados en mejores condiciones que la tropa del Gobierno. Tras el asesinato, Herrero fue conducido por Cárdenas a la Ciudad de México en compañía del General Juan Barragán y ( ¡ojo por favor! ) devolvieron los TREINTA MILLONES DE PESOS, ORO, que Carranza llevaba en el Tren Dorado, encontrados varios días después del asesinato. Tras breve investigación, Herrero fue liberado…” Los periódicos de la Ciudad de México dieron la noticia de que el Presidente se había suicidado. Publicadas por
Joaquín Ortega Arenas. El “día de las madres”, en verdad debía ser todos y cada uno de los que componen nuestra vida. Desgraciadamente la humanidad ha confundido desde siempre, la fuerza con la verdad y la razón. Somos “machistas” por que tenemos la fuerza y la razón y ¡basta! Hemos estado equivocados y no lo reconocemos. Despreciamos a la mujer porque no tiene la fuerza, y al no tener la fuerza, ¡no tiene la razón! No importa que a ella debamos nuestra existencia y… por que no, nuestra razón. Está perdida la visión sobre los verdaderos valores de la vida. Creo, sin temor a equivocarme, que la mujer, la madre, es el eje de toda la vida y de toda la historia a pesar de su debilidad física, siempre compensada con su solidez de pensamiento, su abnegación, su ternura y sobre todas las cosas, su enorme paciencia y resignación para cumplir el cometido que la vida le ha deparado, a pesar de la ceguera y la necedad del hombre. Sometida siempre a la fuerza y a la voluntad del hombre año tras año, siglo tras siglo la madre ha perdonado todo sin pensar siquiera en una compensación, un premio. Tiene además la mayor de las cualidades posibles, el desinterés en sus sacrificios y penalidades y nosotros, los “machistas”, ¡felices! En la antigüedad se veneraba a la “Madre de los Dioses” y esa práctica se siguió por el Cristianismo con la veneración a la “Madre de Dios”. Allá por el año 1870 en Inglaterra Julia Ward Howe tuvo la idea de festejar a las madres comunes, y en 1880, en Alemania, un hombre honrado y sincero pensó que, al menos, se merecían un homenaje anual y promovió ese homenaje para el primer domingo del mes de mayo. “Muttertag” le llamaron y poco a poco, llegó esa idea a México. A iniciativa si no mal recuerdo (era yo un niño), del Diario “Excelsior” se dedicó al efecto el 10 de mayo de 1932 y se convocó a un concurso para la mejor canción dedicada a las madres. Llovieron las composiciones alusivas, firmadas con pseudónimos y al fin llegada la fecha se declaró vencedor del concurso a quién había enviado su composición firmada como “JAROCHO”. Al abrir el sobre, Don Manuel Bernal, maestro de ceremonias en esa oportunidad y recitador emérito y aun no superado en nuestro México, perdió la respiración… Poco después reveló el nombre: AGUSTÍN LARA. Preguntarás querido lector, por que esa momentánea turbación de Don Manuel, y sin empacho te la relataré. Desde el año de 1928 la música de Agustín Lara se había apoderado del gusto de los mexicanos. Sin embargo, sus temas y letras de las canciones pronto fueron censuradas primero, por la Liga de la Decencia, y después por los mismísima Secretaría de Educación Pública, y prohibidas. “Aventurera, Pervertida, el hermosísimo vals Cortesana, etc., “canciones que hoy darían risa a cualquier infante de cinco años que vea la televisión y sus tremendos programas recargados de sexo de todo tipo. La canción se denomina “Cabellera Blanca”, y como un homenaje eterno a las madres, me tomo la libertad de trascribirla. Cabellera Blanca. Junto a la chimenea, Donde hay feria de lumbre, Reza la viejecita, Sus cosas de costumbre. Escarcha de leyenda Que brilla en mis pesares, Incienso del recuerdo Quemado en mis altares. Y surge de la hoguera, Entre rojos destellos, La cadena de duendes Que peina sus cabellos. Cabellera de plata, Cabellera de nieve: Ovillo de ternuras donde un rizo se atreve. Cabellera bendita, Bañada de tristeza, Incienso hecho de llanto, Cuajado en tu cabeza. Cabellera nevada, Madeja de oraciones, Para ti es la más blanca De todas mis canciones. Al escribir este homenaje a mi madre, a la madre de mis hijos y a todas las madres del mundo, no he querido omitir a Agustín Lara. Su hermosísima canción, hoy totalmente olvidada merece un recuerdo….
Joaquín Ortega Arenas. Los últimos acontecimientos ocurridos en México y en el mundo entero, me tienen perplejo ¿Para qué sirven la leyes Internacionales aprobadas en todos los tratados existentes, como la Declaración Universal de los Derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas, adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General 217 A (III) del 10 de diciembre de 1948 que señala sin lugar a dudas, Artículo 3.- Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona. Artículo 5.- Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. Artículo 6.- Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica. Artículo 7.- Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación. Artículo 8.- Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley. Artículo 9.- Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado. Artículo 10.- Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal. Artículo 11.- Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa. ¿Para qué sirven las leyes constitucionales de los Países, v.gr. los Estados Unidos de América, como los artículos V y VI de la misma que determinan: ARTICULO V.- Ninguna persona será obligada a responder por delito capital o infamante, sino en virtud de denuncia o acusación por un gran jurado, salvo en los casos que ocurran en las fuerzas de mar y tierra, o en la milicia, cuando se hallen en servicio activo en tiempos de guerra o de peligro público; ni podrá nadie ser sometido por el mismo delito dos veces a un juicio que pueda ocasionarle la pérdida de la vida o la integridad corporal; ni será compelido en ningún caso criminal a declarar contra sí mismo, ni será privado de su vida, de su libertad o de su propiedad, sin el debido procedimiento de ley; ni se podrá tomar propiedad privada para uso público, sin justa compensación. ARTICULO VI .- En todas las causas criminales, el acusado gozará del derecho a un juicio rápido y público, ante un jurado imparcial del estado y distrito en que el delito haya sido cometido, distrito que será previamente fijado por ley; a ser informado de la naturaleza y causa de la acusación; a carearse con los testigos en su contra; a que se adopten medidas compulsivas para la comparecencia de los testigos que cite a su favor y a la asistencia de abogado para su defensa. En México, al menos, tenemos excusa. El artículo 14 Constitucional fue modificado y publicada esa modificación en Diario Oficial de 9 de diciembre de 2005 para que el Derecho a la Vida, no fuese materia de protección Constitucional. Los muertos en la “Guerra contra la Delincuencia Organizada” sean los que sean, ya carecían constitucionalmente del derecho a la vida, a pesar de que nuestro País fue el primero en suscribir la Carta de las Naciones Unidas. Tal vez es que no estamos enterados de ello. Sin embardo, los Estados Unidos de América, el País garante de las libertades y el cumplimiento de la Ley en todo el orbe, ¿cómo es posible que haya olvidado los artículos 3, 10 y 11 de la Declaración de los Derechos Humanos y los numerales VI y VII de su propia Constitución? Y lo que me parece más extraño ¿Cómo tanto México como los Estados Unidos, pueden haber hecho escarnio (escarnio.del ant. escarnir, mofarse, y este del germ. *skernjan).1. m. “…Burla tenaz que se hace con el propósito de afrentar.a, o en,…”), de la cacería y muerte de Osama Bin Laden. No fue muerto en delito flagrante, ya que se le imputó la responsabilidad del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York, hace ya casi once años; “…por asalto…”, en forma clandestina fue asesinado, según se dice, en un rincón de Paquistán, en el que vivía, desarmado. Se difundieron las imágenes del Gabinete presidencial contemplando la acción por televisión. No se aplicó el artículo VI de la Constitución de los Estados Unidos, ni los numerales 1, 19 y 11 del Declaración Universal de los Derechos Humanos; a pesar de presumirse “inocente” conforme a las leyes, no se llegó a determinar si lo era o no lo era. Murió sin ser llevado a juicio “…rápido y público, ante un jurado imparcial del estado y distrito en que el delito haya sido cometido, distrito que será previamente fijado por ley; a ser informado de la naturaleza y causa de la acusación; a carearse con los testigos en su contra; a que se adopten medidas compulsivas para la comparecencia de los testigos que cite a su favor y a la asistencia de abogado para su defensa…” Mala suerte del señor Laden . Como señalé, en México es probable que no estemos obligados a respetar las normas señaladas en la “Declaración de los Derechos Humanos”. Ya no es una garantía constitucional el derecho a la vida, lo que equivale a un permiso para matar, pero no deja de ser extraño el escarnio que se hace de los que mueren violentamente fuera de todo derecho. En Cuernavaca murió víctima de numerosos balazos, un “presunto narcotraficante” y digo presunto, porque nuestras sacrosantas leyes también señalan la presunción de inocencia y a ese difunto, no hubo juez alguno que lo condenara por los delitos que presumiblemente determinaron su fallecimiento. Los heroicos matadores del sujeto, eran infantes de marina. Poco tiempo transcurrió para que en Guadalajara, soldados del ejército, ultimaran a otro “presunto narcotraficante”, un tal Nacho Coronel. Otra vez ese fallecimiento fue objeto del escarnio oficial. De tantos, tantos muertos que han habido en la señalada “guerra”, no se lleva nota que señale cuándo, quién y cómo se determinó que eran culpables como para que la justicia decretara su muerte violenta. Es decir de los cuarenta y tantos mil muertos mas los que se acumulen día a día, la privación de la vida ha sido ilícita, impune, los autores materiales, gozan de inmunidad. ¡Es lo que no alcanzo a comprender! Agradeceré infinito la explicación viable que cualquiera de mis lectores proponga. Publicadas por

References: Resolución 
 Artículo 3
 Artículo 5
 Artículo 6
 Artículo 7
 Artículo 8
 Artículo 9
 Artículo 10
 Artículo 11
 artículo 14