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Timestamp: 2017-03-30 14:29:48+00:00

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Causas justificativas de la falta de uso de la marca - Almacén de Derecho
por Aurea Suñol | Ene 14, 2016 | Aurea Suñol, Derecho Mercantil | 8 Comentarios
Nota a la Sentencia de Tribunal Supremo de 22 de diciembre de 2015
La obligación de usar la marca
El titular de una marca está sometido a la obligación de usar la marca de manera efectiva y real en el Estado Miembro de que se trate (en nuestro caso, en España) “para los productos o servicios” para los que esté registrada en el plazo de cinco años desde la publicación de su concesión, y de no suspender ese uso por un plazo ininterrumpido de cinco años (artículo 16 de la nueva Directiva de Marcas “DM”, art. 39.1 de la Ley de Marcas (LM) y art. 15 del Reglamento sobre la Marca Comunitaria (RMC) recientemente modificado. Para un tratamiento amplio de este tema v. F. Palau, La obligación de uso de la marca, Valencia, 2005).
Como recordamos en otra ocasión, la racionalidad que subyace a esta obligación es clara: asegurar que se cumple uno de los objetivos de política legislativa que presiden la protección jurídica de las marcas a través de un sistema registral, esto es: incentivar la transparencia del mercado y evitar que puedan monopolizarse signos que no cumplen las funciones que justifican su tutela. En particular, la obligación de uso asegura que las marcas que no se usan y que, por ello mismo, su uso por terceros en la práctica no podría provocar riesgo de confusión alguno, puedan alzarse como barreras que amplíen el ámbito de protección de otras marcas que el titular sí utiliza o restrinjan artificialmente los signos disponibles para otros competidores.
De la obligación de uso que pesa sobre el titular de la marca y, en particular, sobre las causas que pueden llegar a justificar la ausencia de tal uso versa precisamente la sentencia de Tribunal Supremo de 22 de diciembre de 2015 objeto de este cometario cuyos hechos pueden resumirse brevemente así:
i) Alta Zapatería Balear, S.L presentó demanda contra “Yanko, S.A.” e “Internacional Yanko, S.A.” (en lo sucesivo, Yanko) en la que solicitaba se declarara la caducidad por falta de uso de una serie de marcas nacionales de las que eran titulares las demandadas, unas mixtas y otras denominativas, caracterizadas porque el elemento denominativo era “Pepe Albadalejo” o “Pepe Albadalejo Mallorca”.
ii) El Juzgado Mercantil desestimó la demanda al apreciar la falta de legitimación activa de Alta Zapatería Balear.
iii) Por el contrario, la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca consideró que Alta Zapatería Balear estaba legitimada activamente para ejercitar acción de caducidad por falta de uso respecto de las marcas objeto del litigio. Y concluyó que efectivamente no se había cumplido la obligación de uso respecto de las mismas ni existían causas que justificaran esa falta de uso. Por ello, estimó el recurso de apelación y declaró la caducidad de las marcas en litigio y ordenó la cancelación de su inscripción en el registro de la Oficina Española de Marcas y Patentes.
iv) El Tribunal Supremo en la sentencia comentada confirma el pronunciamiento de la Audiencia y desestima los recursos interpuestos por “Koyan 003, S.L.” sucesora procesal de “Yanko, S.A.”e “Internacional Yanko, S.A.” y a quien estas compañías le habían transmitido las marcas controvertidas, titularidad de Yanko, que se hallaba en concurso de acreedores.
De todas las cuestiones que Tribunal hubo de resolver en esta ocasión nuestra atención se centrará en una en particular: la existencia o no de motivos que justificaban la falta de uso de las marcas controvertidas. De acuerdo con las pruebas, se estima acreditado que la demandada no usó las marcas de forma real y efectiva en España para los productos o servicios para los cuales estaba registrada durante el plazo de cinco años contados desde la fecha de publicación de su concesión.
no se había probado que se hubieran comercializado productos distinguidos con esa marca ni que ésta hubiera sido objeto de las actividades de promoción; y
en las facturas que alegaba la parte ni siquiera no aparecía mención alguna a las marcas en cuestión.
Es doctrina generalizada que el uso que se exige para entender satisfecha esta obligación es el realizado de acuerdo con la función esencial de la marca, esto es, indicar la procedencia empresarial de los productos o servicios a los que se aplica (v. art. 51.1 c de la LM y art. 52. 1 a del RMC; y respecto del artículo 10.1 de la DM -análogo al artículo 39.1 de la LM- v. entre tantas, SSTJUE 28 de julio de 2013, asunto C 252/12, de 26 de septiembre de 2013, asunto C 609/11 P, de 15 de enero de 2009, asunto C-495/07, de 9 de diciembre de 2008, asunto C-442/07. En la jurisprudencia española, puede verse, ad ex. entre las últimas, SSTS 16 de junio de 2014, de 18 de junio de 2010 y SSAP Barcelona de 9 de abril de 2015, Madrid de 20 de marzo de 2015, Alicante de 19 de junio de 2015 ).
Ahora bien, pese a que el titular de la marca no haya cumplido con la obligación de usarla del modo y durante el plazo ya indicados, la legislación de marcas permite sortear la sanción de caducidad de las mismas si se acreditan “causas justificativas” de esa falta de uso. Idénticos términos manejan tanto el artículo 16.1 de la DM como el artículo 15.1 del RMC. En particular, y siguiendo el tenor del artículo 39.4 (que calca en este aspecto lo dispuesto en el artículo 19 del ADPIC) se reconocen como tales
“las circunstancias obstativas que sean independientes de la voluntad de su titular, como las restricciones a la importación u otros requisitos oficiales impuestos a los productos o servicios para los que esté registrada”.
De las diversas las causas justificativas que la recurrente alegó al efecto (esto es: haber entrado en concurso en 2005/2006; existencia de un periodo de tiempo insuficiente para que Koyan pudiera lanzar el producto pues adquirió las marcas en 2007 y, por tanto, con una antelación inferior a un año respecto de la interposición de la demanda; y existencia de un uso infractor de las marcas por la demandante que impidió a su nuevo titular su uso pacífico) el Tribunal Supremo concluyó que, al margen de carecer de fundamento, por apartarse del sustrato fáctico en que la Audiencia Provincial ha basado su resolución
“no están amparadas por el art. 39.4 de la Ley de Marcas, puesto que están relacionadas con el riesgo normal de la empresa, como es el caso de las razones comerciales (tiempo necesario para el lanzamiento de una línea de productos, exigencias del principal cliente) y económicas (concurso de la anterior titular de la marca), o no justifican la imposibilidad de utilizar la marca propia (existencia de un competidor que utiliza indebidamente la marca)”
Como es de ver, el Tribunal Supremo sigue en su sentencia la línea marcadamente restrictiva de las circunstancias que permiten justificar la falta de uso que tanto nuestra doctrina (v, por todo F. Palau, cit. supra con ulteriores referencias) como jurisprudencia han acogido por lo general hasta la fecha, como muestra el que el tribunal a quo considerara que las circunstancias esgrimidas por las demandadas: “no eran relevantes pues entraban dentro del riesgo normal de una empresa y no constituían causas objetivas de fuerza mayor”. Tampoco justifican la falta de uso, el embargo preventivo de la marca en el seno de un procedimiento judicial, (SAP Madrid 16-X-2015) o la existencia de una profunda crisis económica y de litigios entre las partes con ocasión del registro de los signos (SAP Barcelona 18-II-2013).
Además, los hechos impeditivos que puede invocarse como causa justificativa a los efectos de excluir la caducidad de la marca por falta de uso no pueden interpretarse de manera amplia. Esta idea no es sólo razonable, sino que está plenamente respaldada por las circunstancias obstativas que el artículo 19 del ADPIC y nuestra LM menciona de forma ejemplificativa (pese a que, a nuestro juicio, éstas son obvias, pues lo contrario supondría infringir la norma jurídica de que se trate) y por la interpretación que ha ofrecido el TJUE pues, como recuerda el tribunal en la sentencia comentada, en su sentencia de 14 de junio de 2007 (asunto C-246/05, Häupl) estableció que las «causas que justifican la falta de uso» de una marca han de
guardar una relación directa con la marca,
hacer imposible o no razonable el uso de ésta y
ser independientes de la voluntad de su titular.
De ahí que, a nuestro entender, el Tribunal Supremo en la sentencia comentada acertara seguramente al concluir que ni el poco tiempo del que dispuso el comprador de las marcas para poner en el mercado los productos marcados con el signo ni la existencia de un uso eventualmente ilícito de la marca por parte de un competidor eran causas relevantes a los efectos de justificar la ausencia de uso de las marcas cuya caducidad se solicitaba.
Ahora bien, más dudas nos suscita que la situación de concurso de acreedores no se entendiera como causa de justificación. De hecho, no faltan ejemplos en nuestra jurisprudencia que en caso de declaración de quiebra han estimado que, en tanto que ello impide el uso de la marca y la imposibilidad de usarla queda fuera del control del titular, esa circunstancia excluye la caducidad por falta de uso (v. SAP Bilbao 22.11.2012). La razón que adujo el Tribunal en el caso enjuiciado para rechazarla fue que
“el criterio que preside la regulación del concurso no es la paralización de la actividad de la empresa concursada sino, por el contrario, la continuación de tal actividad (art. 44 de la Ley Concursal), por lo que en ningún caso podría considerarse adecuada para justificar la falta de uso de la marca”.
Que la marca pueda seguir usándose pese a la existencia de una situación de concurso es, al menos, discutible, como muestra el artículo 44.4 de la Ley Concursal que, aunque sea por excepción, permite que el juez “pueda acordar mediante auto el cierre de la totalidad o de parte de las oficinas, establecimientos o explotaciones de que fuera titular el deudor, así como, cuando ejerciera una actividad empresarial, el cese o la suspensión, total o parcial, de ésta”. Pero lo que a nuestro juicio no lo es que, al menos en casos de concurso necesario, ese uso no depende y, por tanto, es independiente de la voluntad del titular de la marca y, desde luego, es hecho que guarda relación con la eventual falta de uso de la misma que son a la fin. Y, como hemos visto, esas son justamente las circunstancias que según la jurisprudencia comunitaria deben concurrir para que pueda apreciarse la presencia de una causa justificativa de la falta de uso. No es extraño, pues, que en los EE.UU. la situación de insolvencia o concurso del titular de la marca sea precisamente una de las razones que permiten excusar la falta de uso de la marca [v. ad. See Seidelmann Yachts, Inc. v. Pace Yacht Corp., 14 U.S.P.Q.2d 1497 (D. Md. 1989), aff’d, 898 F.2d 147 (4th Cir. 1990); Burgess vs. Gillman, 475 F. Supp.2d 1051 (D. Nev, 2007) y en la doctrina, por todos, McCarthy on Trademarks and Unfair Competition, 4th, s. 17:126].
antonio perdices	de 19 enero, 2016 a las 11:08 am	Pensando deprisa y en voz alta, my two cents: Desde luego, si el juez prohíbe a la administración concursal el uso o disposición de la marca, estaremos ante una causa justificativa de la falta de uso, sólo faltaría [ First Board of Appeal of 11 December 2007 in Case R 77/2006-1 MISS INTERCONTINENTAL]. Otra cosa es si los actos de la administración concursal, especialmente en supuestos de sustitución del concursado en la administración y disposición de la masa activa , son sin más y en todo caso imputables al deudor (a la Gestaltungswillen des Markenhinhabers). Desde luego parece que lo han de ser formalmente, porque la masa no tiene personalidad, y así, p.ej., las obligaciones de la masa asumidas por los administradores generan formalmente deudas del concursado; ahora bien, es cierto que el administrador, en tanto órgano del concurso, no es un representante del concursado y su función se verifica en interés del concurso, es decir, para la mejor satisfacción de los acreedores. Si eso es así, podría en efecto parecer excesivo desprender de la conducta de la administración concursal un ejercicio de dejación voluntaria en el uso de la marca por parte del concursado, que simple y llanamente no puede usarla porque ha sido desposeído de su facultad de disposición sobre la misma. No obstante, ante la posible injusticia de lo anterior surge como contrapeso la eventual responsabilidad de la administración concursal. En efecto, esa responsabilidad por incumplir -si es el caso- los deberes de diligente administración de la masa dejando de usar la marca vendrían a jugar como remedio del deudor. Así, si el administrador dejó de usar la marca de forma negligente, es decir, sin una causa justificada por el interés del concurso, el mismo deberá responder de ello frente al deudor y a los acreedores; por contra, si la falta de uso estaba justificada por motivos empresariales y la eventual caducidad fue en beneficio del concurso -por ejemplo, por el ahorro que supuso dejar de explotar esa línea de negocio deficitaria- parece que sí será imputable al deudor y titular de la marca el haber generado una situación de cuya salida razonablemente se pasaba por dejar de usar ese signo con la eventual pérdida de ese derecho. Y si el administrador ha hecho lo que tenía que hacer tal y como estaban las cosas, parece que el deudor tendrá que asumirlo.
Podríamos pensar en casos cercanos, como el menor de edad que sucede en la titularidad de la empresa (art. 5 C de C) y su tutor deja de usar la marca incluida en ella. En este caso el tutor, aunque persigue en exclusiva el interés del menor, será responsable frente al mismo si propiciando la caducidad por una falta de uso negligente ha producido un perjuicio al patrimonio del menor. un abrazo!
Responder	Aurea Suñol	de 19 enero, 2016 a las 11:59 am	Muchas gracias por tus observaciones, interesantes y valiosas. Las compro.
Responder	Nuria Bermejo Gutiérrez	de 20 enero, 2016 a las 11:00 am	Gracias por abrir este interesante debate.
A vuela pluma, no me convence mucho la “excepción concursal.” En la línea de lo que comenta Antonio, me parece que, en la mayoría de los casos – y dejando al margen supuestos excepcionales de interdicción de uso-, podríamos encontrarnos más ante un problema de “mala administración” del patrimonio insolvente que de verdaderas excepciones a la falta de uso del derecho de marca. La administración concursal tiene la obligación de conservar el valor del patrimonio insolvente en interés de sus propietarios formales y materiales (deudor y acreedores). En sus manos está asegurar, en interés de esos “propietarios”, que los activos no pierdan valor. Dejar de usar una marca y permitir que caduque puede provocar una devaluación en el patrimonio insolvente. Así pues, no usar una marca de modo que se produzca su caducidad es una actuación que podría dar lugar, según los casos, a la responsabilidad de los administradores concursales (bien porque permitieron que el deudor dejara caducar la marca, bien porque ellos mismos la dejaron caducar). Adiviértase, además, que conforme a la jurisprudencia reiterada del TG, en materia de marca comunitaria, el uso exigido se adapta a las circunstancias particulares del producto y la empresa. Como ha señalado el Tribunal General desde la sentencia de 8 de julio de 2004 (T-203/02), Sunrider v OAMI (Vitafruit), y se ha reiterado luego en otras muchas sentencias posteriores, las disposiciones que exigen el uso de la marca “no pretenden evaluar el éxito comercial ni controlar la estrategia económica de una empresa ni menos aún reservar la protección de las marcas únicamente a las explotaciones comerciales cuantitativamente importantes.” (apartado 38). Asimismo, el Tribunal nos indica (apartado 42) que, “Para poder examinar, en un caso concreto, el carácter efectivo del uso de una marca anterior, debe llevarse a cabo una apreciación global que tenga en cuenta todos los factores pertinentes del caso de autos” y precisa que “ni el volumen de negocios realizado ni la cantidad de las ventas de productos bajo la marca anterior pueden apreciarse en términos absolutos, sino que deben verse en relación con otros factores pertinentes, como el volumen de la actividad comercial, la capacidad de producción o de comercialización o el grado de diversificación de la empresa que explota la marca, así como las características de los productos o servicios en el mercado de que se trata”. Así pues, el hecho de que el volumen de ventas o el volumen de producto puesto en el mercado pudiera ser reducido a la vista de la situación concursal en la que se encuentra la empresa, no debería ser un obstáculo para considerar que la marca está o sigue siendo usada, eso sí, siempre que pueda considerarse un uso “real”.
Adviértase, igualmente, que, aun en situación concursal, la marca podría ser cedida por cierto tiempo a un tercero para asegurar su uso y generar, así, ciertos ingresos para el patrimonio insolvente (artículo 15.2 RMC, uso por tercero con consentimiento).
Por último, puede suceder que la marca (ya) no tenga valor para el patrimonio concursal y que sea razonable no invertir más recursos en mantenerla viva. Entonces, o bien se liquida, transmitiéndola a un tercero (quizás pueda tener más valor en manos de un tercero), o bien como ultima opción, en caso de valor negativo para el patrimonio insolvente, podría dejarse caducar.
Responder	Aurea Suñol	de 22 enero, 2016 a las 12:43 pm	Muchas gracias Nuria por tus interesantes observaciones. A mí me da más la sensación de que el hecho de que la administración concursal haga bien o no sus deberes nada tiene que ver con la voluntad del titular de la marca en usarla de la forma que la LM exige. Y la cesión para su uso por un tercero tiene algunos inconvenientes, especialmente desde la óptica del consumidor (v. ad, ex. Xuan-Thao N. Nguyen “Bankrupting Trademarks”, 37 U.C. Davis L. Rev. 1267 2003-2004 y aunque muy de pasada, Benjamin Howard “ Reconciling Trademark Law With Bankruptcy Law In License Rejection”, 2014 Colum. Bus. L. Rev. 172 2014
Responder	Aurea Suñol	de 22 enero, 2016 a las 12:50 pm	Un abrazo!
Responder	Nuria Bermejo Gutiérrez	de 25 enero, 2016 a las 9:30 pm	Muchas gracias, Aurea, por las interesantes referencias bibliográficas y por animar el debate. Ahí van mis contribuciones, para que no decaiga.
1) Los dos trabajos citados abordan los problemas que plantea la opción que tiene la administración concursal de aceptar o rechazar (“resolver”) de los contratos de licencia pendientes de ejecución cuando se declara el concurso. Sin embargo, -quizás no quedó claro en mi post anterior-, lo que yo planteaba era licenciar la marca una vez declarado el concurso, cuando el titular entienda que, a la vista de las circunstancias, no puede/no quiere explotarla por sí mismo y, sin embargo, la marca puede tener valor en manos de un tercero. Puesto que el contrato se celebraría una vez declarado el concurso y bajo la supervisión de la administración concursal, no podría considerarse pendiente de ejecución y sujeto a la opción aceptación/”resolución”. Entonces, la opción propuesta no debería dar lugar a los problemas examinados en esos trabajos (que, ciertamente, no son pocos y hacen entrar en juego la función de garantía de calidad de la marca, aceptada en determinados ordenamientos). 2) Estoy completamente de acuerdo contigo en que lo que cuenta, a efectos de uso de marca, es la voluntad de usar del titular de la marca. No obstante, no debemos pasar por alto que la situación de insolvencia, así como la entrada en escena de los administradores concursales pueden afectar a esa voluntad. Puesto que lo que se plantea es la existencia de una circunstancia “impeditiva” del uso, son ellos los que con su supervisión o su gestión del patrimonio podrían “dificultar” el uso de la marca querido por el titular insolvente o, al contrario, permitir que el titular, con su desidia, la “eche a perder”. Es por ello que, a mi juicio, la solución pasa más por exigir responsabilidad a quien impidió el uso efectivo (o favoreció el no uso), que por generar una excepción a la falta de uso durante la situación de insolvencia. Es más, puesto que en situación concursal se puede continuar con la actividad empresarial, no veo por qué razón habría que proporcionar, de manera general, una excusa al titular insolvente de la marca y hacerle de mejor condición frente a los titulares solventes de una marca, si, a fin de cuentas, puede seguir explotando su empresa y usando la marca. Como vimos, el uso que se le exigirá se adaptará a las circunstancias del caso, conforme a la jurisprudencia que señalaba en el post anterior.
3) Por descontado, y como apuntaba Antonio, a salvo quedan las situaciones de prohibición o imposibilidad de uso, que entiendo que serán excepcionales. Asimismo, la historia cambia cuando un tercero adquiere la marca de un titular concursado que, en razón de la insolvencia, ha dejado de usarla. En ese caso, ciertamente, la eventual responsabilidad de la administración concursal no soluciona el problema. Ahora bien, con independencia de lo que pasara en el concurso con la marca, corresponde al comprador controlar la situación de la marca con relación a su uso y descontar esta circunstancia del precio a pagar por ella. Así pues, la excepción a la obligación de uso tampoco es, a mi juicio, solución al problema.
Responder	Aurea Suñol	de 25 enero, 2016 a las 10:38 pm	Muchas gracias a ti, Nuria, por tus interesantes observaciones y por haber leído las lecturas sugeridas. En ningún momento he sugerido una excepción generalizada , creo, en caso de concurso. Sólo dije que tenía dudas de que no fuera una causa justificativa del uso de la marca en algunos casos. Desde luego en caso de concurso necesario me parece justificado. Y no me parece que la responsabilidad de la administración concursal solucione el problema. No así, naturalmente cuando el titular de la marca conserva plena disponibilidad sobre su patrimonio o empresa. Pero esto es precisamente el encanto de la academia: poder debatir opiniones distintas. En cuanto a la cesión, lo que quería significar es que puede causar confusión a los consumidores y, como se refleja en uno de los papers, dañar la reputación de la marca (y con ello los beneficios que pueden extraerse de ella) si los productos o servicios no tiene igual calidad, o prestigio o galmour o lo que sea…
Responder	Nuria Bermejo	de 26 enero, 2016 a las 11:01 am	Muchas gracias, Aurea por tus valiosos comentarios y muchas gracias por seguir animando el debate. Esto es lo que tiene la Academia, el placer de debatir y, en este caso concreto, de poder debatir contigo esta cuestión. Francamente enriquecedor. Si estuviéramos todos de acuerdo en todo, sería un tostón.
Y a lo mejor nuestras posiciones no están tan alejadas como pudiera a primera vista parecer…Yo creo que tenemos margen para el acuerdo en el núcleo duro de la argumentación (no hay excepción general) y que la discrepancia surge en el extremo. Pero como, bien dices, este es el encanto de nuestro oficio.
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