Source: http://www.slideshare.net/hansmejia/5manual-de-atencin-al-alumnado-con-necesidades-especficas-de-apoyo-educativo-derivadas-de-trastornos-generales-del-desarrollo
Timestamp: 2016-07-25 18:02:13+00:00

Document:
5.Manual de atención al alumnado con necesidades específicas de ap…
Pilar Aguirre Barco Rosa Álvarez Pérez
rocio forner
¿De qué año es este libro?
DEPÓSITO LEGAL: SE-7537/08 - 5 de 10
ISBN: 978-84-691-8125-6
Presentación 1. ¿Quiénes son los alumnos y alumnas con Trastornos
l término Trastornos Generalizados
del Desarrollo (TGD) hace alusión a
una perturbación grave y generalizada de varias áreas del desarrollo:
trastornos de la relación social, trastorno de
la comunicación (expresión y comprensión
del lenguaje) y falta de flexibilidad mental
con comportamientos, intereses y actividades estereotipadas.
Se viene utilizando en la actualidad el término
Trastorno del Espectro Autista (TEA), ya que recoge un cuadro clínico que no es uniforme, que
oscila en un espectro de mayor a menor afectación; varía con el tiempo y se encuentra influido
por otros factores como el funcionamiento intelectual, el nivel comunicativo, las alteraciones de
conducta... El concepto de TEA trata de recoger
esta diversidad, reflejando la realidad que nos encontramos a nivel clínico, social y educativo.
educación (LOE), ha traído nuevas perspectivas
para el abordaje de la atención a la diversidad,
introduciendo como básicos los principios de
equidad, normalización, inclusión y el término
de necesidades específicas de apoyo educativo. La publicación de la Ley de Educación de
Andalucía (LEA), el 26 de diciembre de 2007,
continua las líneas establecidas en la LOE, partiendo del principio de equidad que garantiza
el acceso y la permanencia en el sistema edu-
cativo del alumnado con necesidad específica
Este Manual se publica para facilitar un primer acercamiento de toda la comunidad educativa a los Trastornos del Espectro Autista y
con la finalidad proporcionar pautas de intervención y estrategias a, profesionales y familias
que tienen contacto con este sector del alumnado; dando la oportunidad de profundizar a
través de la bibliografía, páginas web, direcciones de interés y difundiendo ejemplos de
La Administración Pública para satisfacer las demandas educativas pertinentes, y
en ese ejercicio de su responsabilidad, ha
creado los Equipos de Orientación Educativa Especializados y, en ellos, la figura de los
profesionales específicos para los Trastornos
Generalizados del Desarrollo, suponiendo un
paso adelante a la hora de abordar la evaluación, diagnóstico y la respuesta educativa
para este alumnado.
Tratamos de acercarnos a la definición de los
trastornos del espectro autista, sus características, su prevalencia, la importancia de su detección temprana, conoceremos cuestionarios
y pruebas de valoración que pueden ser muy
útiles para el profesorado y para las familias.
Para dar una ajustada y adecuada respuesta educativa partimos de la delimitación de las
necesidades educativas especiales que son comunes entre estos escolares, modalidades de
escolarización acordes a esas necesidades y
posibilidades de cada alumno y alumna, prioridades curriculares en las áreas de intervención,
los profesionales que intervienen, los recursos
necesarios en el aula y por último las necesidades, formación e información en todos estos
ámbitos, y la colaboración familiar.
Se pretende, en definitiva, que cada uno de
estos escolares consiga el mayor nivel de desarrollo posible y real de sus potencialidades,
dando a conocer medidas educativas y modelos organizativos que proporcionen la respuesta más adecuada a sus necesidades personales,
Por último, plasmamos nuestro reconocimiento y agradecimiento a la Federación Andaluza de padres y madres con hijos e hijas con
trastornos del espectro autista, “Autismo Andalucía”, por su gran colaboración en la elaboración de este trabajo.
ace años se introdujo el concepto de
Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) que proporciona un “paraguas terminológico” al autismo
y otros trastornos que incluyen similares alteraciones en habilidades sociales básicas, pero
diferentes niveles de severidad en la presencia
de retraso en la comunicación y conductas repetitivas. Como tal aparecen en las clasificaciones diagnósticas de mayor proyección internacional (DSM-IV-TR de la Asociación Psiquiátrica
Norteamericana, 2002 y CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud, 1992), abarcando
tanto el Autismo como Síndrome de Asperger,
trastorno generalizado del desarrollo no especificado y trastorno desintegrativo infantil.
Cabe señalar que esta denominación no
es, en realidad, estrictamente correcta, ya
que el desarrollo no está afectado de manera
“generalizada” en estas personas (Grupo de
Estudios de Trastornos del Espectro Autista,
GETEA, 2004).
A partir de los años 90 se utiliza también
el término Trastorno del Espectro autista (TEA
en adelante), que surgió a partir de la cons-
tatación de las investigaciones de Inglaterra
de Lorna Wing (Wing 1988, 1998; Wing y
Gould, 1979) de que todas las personas con
autismo o TGD presentan alteraciones en la
denominada «tríada de Wing» (déficits en la
interacción social, la comunicación verbal y no
verbal, y un patrón restringido de intereses o
comportamientos) pero que un considerable
número de personas tienen también, dificultades en diverso grado en estas dimensiones
pese a no cumplir los requisitos de diagnóstico
de los TGD. Este concepto, por tanto, engloba una amplia constelación de presentaciones
de dichos rasgos definitorios de los TEA, que
resultan claramente identificables en niños y
niñas pequeños por parte de profesionales experimentados y educadores. Pese a la unidad
de este concepto, esta diversidad clínica en niveles de desarrollo y afectación también “puso
de manifiesto la diversidad clínica del trastorno
en personas con distintos niveles de funcionamiento intelectual, y abrió numerosos interrogantes tanto sobre la subclasificación de los
TGD como sobre sus límites diagnósticos con
otras categorías (incluida la variación «normal»
de estilos de funcionamiento cognitivo y/o personalidad)”( Belinchón y Olivar, 2003).
El autismo es un trastorno presente desde el
nacimiento o los primeros años del desarrollo
que afecta a comportamientos esencialmente
humanos como la interacción social, la capacidad de comunicar ideas y sentimientos, la
imaginación y la capacidad de relacionarse con
otras personas. Tiene generalmente efectos de
por vida en la forma en que los niños y las niñas aprenden a ser seres sociales, a cuidar de
sí mismos y a participar en la comunidad. El
autismo es un trastorno del desarrollo de origen
neurobiológico que se define en base a rasgos
comportamentales y del desarrollo. Los mecanismos neurobiológicos afectados y sus vínculos
directos con la conducta no han sido aún establecidos, pese a que hay suficientes datos para
hablar de múltiples posibles causas de los mis-
mos: genética, metabólica, infecciosa... No obstante, aún no existe un tratamiento médico de
estas alteraciones, siendo el educativo el aceptado como más adecuado en la actualidad.
El autismo se caracteriza mejor como un espectro de trastornos que varían en la severidad
de síntomas, edad de inicio, y asociación con
otros desórdenes (p. ej., discapacidad intelectual, retraso específico del lenguaje, epilepsia).
Las manifestaciones del autismo varían bastante entre diferentes personas y en una misma
persona a lo largo de su vida. No hay ningún
comportamiento aislado que sea siempre y exclusivamente característico del autismo y ningún comportamiento que automáticamente
excluya a un niño o a una niña de un diagnóstico de autismo, aun cuando haya concordancias fuertes y constantes, sobre todo en relación con déficits sociales.
Las personas con TEA son diagnosticadas
en sus primeros años de vida por presentar una
serie de características en su conducta que los
diferencian del niño y de la niña con desarrollo “normal”. Estas alteraciones pueden oscilar
desde la conducta solitaria e indiferente, hasta una aceptación pasiva de los demás, aunque con importantes dificultades para iniciar y
mantener las relaciones, compartir intereses y
desarrollar interacciones recíprocas.
En el plano cognitivo, los alumnos y alumnas con trastornos del espectro autista presentan un importante deterioro en la capacidad
mundo social o mundo mental, llamada también cognición social y psicología intuitiva. Esto
es, dificultades para comunicarse y entender la
forma en que se establecen las relaciones interpersonales. Muchas personas con autismo
carecen de lenguaje y presentan problemas de
comprensión. Incluso aquellos que disponen
de capacidades verbales adecuadas no pueden
seguir correctamente una conversación.
A las personas con autismo les resulta especialmente complicado entender las normas
sociales que para el resto de las personas son
habituales (cómo comportarse, saludar, o hacer preguntas, esperar turnos...). Tampoco entienden las frases con doble sentido, bromas,
lenguaje metafórico o muchas de las expresiones emocionales (tristeza, odio, alegría, enfado...) y presentan dificultades para establecer
relaciones de amistad o amor.
Su pensamiento simbólico es muy limitado,
lo que supone grandes dificultades para imaginar y elaborar fantasías, organizar el tiempo o
desarrollar actividades de manera espontánea.
Por ello, pueden aparecer ciertos comportamientos obsesivos y rígidos (un afán exagerado por el orden de los objetos, movimientos
estereotipados, rutinas...).
visual, habilidad para el dibujo), de memoria mecánica y de motricidad. Un porcentaje importante
de estos alumnos y alumnas tienen discapacidad
intelectual asociada a su alteración autista, aunque
otros (especialmente los afectados de Síndrome
de Asperger) no presentan retraso en el desarrollo
cognitivo ni en el desarrollo del lenguaje aunque sí
un deterioro en las interacciones sociales con com-
portamientos estereotipados y restringidos (DSM
IV-TR). Estos alumnos y alumnas corren un alto
riesgo de ser detectados de forma muy tardía.
Generalmente, a medida que estas personas se acercan a la edad adulta, tienden a estabilizar su conducta, mejorando las relaciones
con los demás y desarrollando un mayor grado
de autonomía personal. Sin embargo, es muy
posible que ello no sea suficiente para que
puedan adaptarse a las demandas que plantea
nuestra sociedad, y precisarán apoyo a lo largo de toda su vida. Los programas de educación especializada, el desarrollo de habilidades
adaptativas y la coordinación entre profesionales, familias e instituciones públicas y privadas
para proporcionar los recursos adecuados para
una inserción social adecuada, son el camino
hacia la implantación de niveles de calidad de
vida en igualdad de condiciones al resto de los
Uno de los índices de prevalencia de los TEA
más consensuados entre los autores es el ofrecido por el Medical Research Council, que habla de
25 personas con TEA por cada 10.000 habitantes,
que aplicado a nuestra comunidad autónoma,
supone una prevalencia estimada de la población
con TEA en 19.218 personas (aplicado sobre cifras
poblacionales del Instituto Andaluz de Estadística
2005). El número de hombres con trastornos del
espectro autista es muy superior al de mujeres
(aproximadamente 4 por 1).
Podemos afirmar sin dudas, que se está
produciendo un incremento de la prevalencia
del trastorno en la población infantil en los
países desarrollados. Las hipótesis que se manejan en la actualidad son que además de la
influencia de los cambios en los criterios de
diagnóstico o definición, o los cambios metodológicos en los estudios realizados, resulta innegable el crecimiento espectacular de
diagnósticos de TEA en los últimos años, tanto comparando las cifras actuales de TEA con
las de 15 años atrás como, con otras discapacidades. Independientemente de ello, existe
una creciente preocupación a nivel nacional e
internacional en torno a la planificación futura de necesidades de servicios que se ajusten
a las necesidades de las personas con TEA,
puesto que la demanda de recursos y servicios
se incrementará exponencialmente.
La prevalencia exacta del síndrome de Asperger no se ha determinado, es particularmente
difícil de estimar y sólo se encuentran aproximaciones, pero es más frecuente en hombres.
Las ratios de prevalencia para el síndrome de
Asperger van de 0,3 a 48 por 10.000, con una
media de 36 por 10.000 niños.
unque se está avanzando en este
campo, en ocasiones pueden pasar varios años sin que el alumnado
con TEA sea diagnosticado y reciba la intervención adecuada, pese a que los
síntomas son detectables a los 18 meses de
edad en la mayoría de los niños y de las niñas.
Como en todas las alteraciones del desarrollo,
cuanto antes sea diagnosticado, mejor será su
Consecuencias de la detección tardía del
•• Desconcierto de las familias y del profesorado que ignoran por qué no responde como
los demás a sus esfuerzos educativos.
•• Respuesta inadecuada, por parte del profesorado, a las necesidades educativas
especiales de estos alumnos y estas alumnas que permanecen durante demasiado
tiempo sin atención especializada.
•• Aparición de conductas inadecuadas,
debido a la falta de respuesta a sus necesidades y características básicas. Estas
conductas dificultan mucho su participación en una escolarización integrada.
•• Dificultades para la enseñanza de habilidades básicas para la convivencia y el
aprendizaje, lo cual interfiere la educación posterior.
Así pues, la detección temprana de los
alumnos y alumnas con trastornos del espectro autista tendrá como objetivos los siguientes:
•• El inicio, lo antes posible, del tratamiento educativo más adecuado para cada
alumno o cada alumna, mediante la utilización temprana de técnicas y estrategias educativas específicas.
•• La formación inmediata de los y las responsables de su educación (familiares,
profesorado y otros profesionales en
general) para que puedan llevar a cabo
dichas técnicas y estrategias.
•• La prevención o el tratamiento educativo de las conductas inadecuadas que
pueda presentar el alumno o alumna
Para los niños y las niñas más pequeños,
(de 0 a 3 años) se han descrito ampliamente
en la literatura unas “señales de alerta” que
de aparecer, deberían suponer una inmediata derivación a un recurso especializado para
una evaluación diagnóstica (New York State
Department of Health Early Intervention Program, 1999):
•• Retraso o ausencia del habla
•• No presta atención a las otras personas
•• No responde a las expresiones faciales o
•• Falta de juego simbólico, ausencia de
•• No muestra interés por los compañeros
y las compañeras de su edad
•• No respeta la reciprocidad en las actividades de “toma y dame”
•• Incapaz de compartir placer
•• Alteración cualitativa en la comunicación no verbal
•• No señala objetos para dirigir la atención de otra persona
•• Falta de utilización social de la mirada
•• Falta de iniciativa en actividades o juego
•• Estereotipias o manierismos de manos y
•• Reacciones inusuales o falta de reacción
Para Filipeck y cols (1999) serían:
•• No balbucea, no hace gestos (señalar,
decir adiós con la mano) a los 12 meses
•• No dice palabras sencillas a los 18 meses
•• No dice frases espontáneas de dos palabras (no ecolálicas) a los 24 meses
•• Cualquier pérdida en lenguaje o habilidad social
Para asegurar una eficaz detección, es necesario valorar los parámetros del desarrollo
evolutivo del niño o de la niña, comparando
los déficits que presente con el patrón de desarrollo normativo. A continuación detalla-
mos los hitos evolutivos correspondientes al
periodo educativo, pero recomendamos, para
ampliar información, la consulta de la Guía de
buena práctica para la detección temprana de
los trastornos del espectro autista, elaborada
por el Grupo de Estudio de los Trastornos del
Espectro Autista del Instituto de Salud Carlos
III (GETEA, 2005), de donde se han tomado
los siguientes párrafos:
Se recomienda la derivación a un diagnóstico especializado ante la presencia de:
1.	“Alteraciones en la comunicación:
déficit en el desarrollo del lenguaje, especialmente en la comprensión; escaso
uso del lenguaje; pobre respuesta a su
nombre; deficiente comunicación no
verbal (por ejemplo, no señalar y tener
dificultad para compartir un “foco de
atención” con la mirada); fracaso en la
sonrisa social para compartir placer y
responder a la sonrisa de los otros.
2.	Alteraciones sociales: imitación limitada (por ejemplo, aplaudir) o ausencia de
acciones con juguetes o con otros objetos; no “muestra” objetos a los demás;
falta de interés o acercamientos extraños a los niños y a las niñas de su edad;
escaso reconocimiento o respuesta a la
felicidad o tristeza de otras personas; no
realiza juegos de ficción: no representa
–con objetos o sin ellos– situaciones, acciones, episodios, etc. (p. ej., no se une
a otros en juegos de imaginación compartidos); “en su propio mundo”; fracaso a la hora de iniciar juegos simples
con otros o participar en juegos sociales
sencillos; preferencia por actividades solitarias; relaciones extrañas con adultos
(que oscilan entre una excesiva intensidad y una llamativa indiferencia).
3.	Alteración de los intereses, actividades y conductas: insistencia en la
igualdad y/o resistencia a los cambios
en situaciones poco estructuradas; juegos repetitivos con juguetes (por ejemplo, alinear objetos, encender y apagar
luces, etc.). También puede manifestarse hipersensibilidad a los sonidos y al
tacto; inusual respuesta sensorial (visual, olfativa); manierismos motores;
morder, pegar, agredir a iguales; oposición al adulto; etc.”(GETEA, 2005).
Especialmente en niños o niñas con trastorno de Asperger, sus dificultades no se perciben
con claridad hasta que la demanda social de
su entorno no es mayor. Por eso es necesario
estar atentos a la presencia de rasgos como:
1.	“Alteraciones de la comunicación:
desarrollo deficiente del lenguaje, que
incluye mutismo, entonación rara o inapropiada, ecolalia, vocabulario inusual
para la edad del alumnado o grupo
social. Limitado uso del lenguaje para
comunicarse y tendencia a hablar espontáneamente sólo sobre temas específicos de su interés.
2.	Alteraciones sociales: dificultad para
unirse al juego de otros niños y otras
niñas o intentos inapropiados de jugar conjuntamente (puede manifestar
agresividad y conductas disruptivas).
•• Falta de cumplimiento de las normas
de la clase (criticar al profesorado, no
cooperar en las actividades de clase,
limitada habilidad para apreciar las
normas culturales, por ejemplo, la
moda en el vestir, el estilo del habla,
los intereses, etc.).
•• Los estímulos sociales le producen
confusión o desagrado.
•• Fracaso en la relación normal con
personas adultas (demasiado intensa o inexistente).
•• Muestra reacciones extremas ante
la invasión de su espacio personal o
mental (resistencia intensa cuando
se le presiona con consignas distintas a su foco de interés).
3.	Limitación de intereses, actividades
y conductas: ausencia de flexibilidad
y juego imaginativo y cooperativo,
aunque suela crear solo o sola ciertos
escenarios imaginarios (copiados de
los vídeos o dibujos animados).
•• Dificultad de organización en espacios poco estructurados.
•• Inhabilidad para desenvolverse en los
cambios o situaciones poco estructuradas, incluso en aquellas en las que
los niños y las niñas disfrutan, como
excursiones del colegio, cuando falta
un profesor o una profesora, etc.
4.	Otros rasgos: perfil inusual de habilidades y deficiencias (por ejemplo, habilidades sociales y motoras escasamente
desarrolladas, mientras que el conocimiento general, la lectura o el vocabulario pueden estar por encima de la
edad cronológica o mental). Cualquier
otra evidencia de conducta extraña (incluidas respuestas inusuales a los estímulos sensoriales –visual u olfativo–;
respuestas inusuales al movimiento y
cualquier historia significativa de pérdida de habilidades)” (GETEA, 2005).
Ofrecemos a continuación un listado de instrumentos que pueden ser útiles para identificar
la necesidad de una evaluación más detallada.
Están tomados de la Base de datos de pruebas
de evaluación y diagnóstico elaborada por la
Mesa de Trabajo de Evaluación y Diagnóstico
de la Asociación Española de Profesionales del
Autismo, (AETAPI, 2006), cuya consulta recomendamos, para un análisis más detallado:
a)	SCQ: Social Communication Questionnaire (antes Autism Screening
Questionnaire (ASQ)), Cuestionario de Comunicación Social. Evalúa
habilidades de comunicación y funcionamiento social y se utiliza como
prueba de “screening” ofreciendo una
descripción de la gravedad de los síntomas, que oriente para la derivación a
un diagnóstico formal. Permite además
una revisión de la evolución del tratamiento. Disponible en 2 formas: ciclo
vital y actual. Ambas formas pueden
ser contestadas directamente por los
familiares sin supervisión. Orientado a
niños y a niñas mayores de cuatro años
mientras su edad mental no exceda de
los 2 años. En niños o niñas menores de
4 años, su fiabilidad no ha sido probada.
Disponible en inglés: Western Psychological Services (WPS) (http://portal.wpspublish.com), así como en español: TEA
Ediciones (www.teaediciones.com).
b)	GARS: Gilliam Autism Rating Scale
(Escala de Evaluación del Autismo
de Gilliam). Diseñado para ser utilizado por el profesorado, los padres y madres y profesionales, sirve para el diagnóstico y para determinar la severidad
del problema. De los tres a los veintidós
años. Áreas: conducta estereotipada,
comunicación, interacción social y alteraciones del desarrollo (www.agsnet.
com / www.psymtec.com).
c)	CSBS: Communication and Symbolic
Behavior Scales. Prueba normativa de
“screening” y evaluación de la comunicación, que debe ser suministrada por
profesionales. Niños o niñas de 6 meses
a 6 años con una edad de comunicación
funcional entre 6 y 24 meses. Valora
las siguientes áreas: funciones, medios
comunicativos, sensibilidad socioemocional y desarrollo simbólico. Dispone
de estudios de fiabilidad y validez y se
aplica a personas no verbales. (www.
brookespublishing.com). Existe una versión en español en http://firstwords.fsu.
edu/pdf/infant-toddler_Spanish.pdf
PRUEBAS PARA DETECCIÓN
a)	CHAT: Checklist for Autism in Toddlers (Cuestionario para el Autismo en Niños Pequeños). Obtiene un
patrón de indicadores de riesgo específico del autismo con una probabilidad del 83,3%. 18 meses. Facilidad de
administración. Puede obtenerse en la
ya mencionada Guía de buena práctica
para la detección temprana de los trastornos del espectro autista. (2005) REV
NEUROL. Volume, 41 (4), 237-245.
www.revneurol.com.
b)	M-CHAT: Modified Checklist for Autism in Toddlers. Versión ampliada
del CHAT que los padres y las madres
de niños y niñas de 24 meses rellenan
por escrito en la sala de espera. Am-
plía los 9 ítems del CHAT a 23 ítems de
respuesta SI/NO. Tiene seis elementos
clave y cuando cualquier niño o niña
falle dos o más, se contacta con sus
familiares para realizar una exploración
especializada. Para utilizar con niños
y niñas a partir de los 18 meses. Puede obtenerse en www.firstsigns.org/
downloads/M-CHAT_SpanishREV.pdf
y en la ya mencionada Guía de buena
práctica para la detección temprana
(2005) REV NEUROL. Volumen 41 (4),
237-245. www.revneurol.com.
PRUEBAS PARA SÍNDROME
DE ASPERGER:
a)	CAST: Childhood Asperger Syndrome Test (El Test Infantil del Síndrome de Asperger). Cuestionario de 37
items, que se administra a las familias.
Descripciones de comportamientos
que sugieren el riesgo de espectro autista. Áreas que evalúa: socialización,
comunicación, juego, intereses y patrones de conducta repetitiva. Entre 4 y 11
años. Bastante útil en la identificación
temprana de niños y niñas. En: www.
autismresearchcentre.com y además en
Martín Borreguero (2004) El síndrome
de Asperger. ¿Excentricidad o discapacidad social?
b)	ASAS: Australian Scale for Asperger’s
Síndrome (Escala Australiana para
el Síndrome de Asperger). Escala
para aplicar a los padres y las madres o
profesorado de niños y niñas con mayor nivel de funcionamiento dentro del
espectro autista que aún no hayan sido
detectados en la edad escolar. Más de
6 años. Áreas que evalúa: habilidades
sociales y emocionales, comunicación,
habilidades cognitivas, intereses específicos, habilidades motoras y otras
características específicas. En inglés
en: www.udel.edu/bkirby/asperger/aspergerscaleAttwood.html. También en:
Atwood (2003). El síndrome de Asperger. Editorial Paidós. Guía para padres,
madres y profesionales.
c)	ASSQ: The High Functioning Autism
Spectrum Screening Questionnaire
(Cuestionario de exploración del espectro del autismo de alto funcionamiento). Escala para aplicar a los
padres y las madres o profesionales de
chicos y chicas con mayor nivel de funcionamiento. De 7 a 16 años. Valora
conductas. No permite una diferenciación clara entre autismo de alto funcionamiento y Síndrome de Asperger.
Diseñada para la detección de individuos con una capacidad intelectual alta
y trastorno social en el espectro autista.
(Originalmente publicado en 1999,
Disorders, 29, 129-141) www.springerlink.com/content/h26q7u2323251347
/?p=4ebe53d797cf4764b1aaf2cc1350
7a84&pi=1. También en: Martín Borre-
guero (2004) El síndrome de Asperger.
¿Excentricidad o discapacidad social?.
d)	ASDS: Asperger Syndrome Diagnostic Scale. Diseñado para identificar a niños y niñas con Síndrome de Asperger.
Entre 5 y 18 años. Áreas que evalúa:
cognitiva, conductas desadaptadas,
lenguaje, social y sensoriomotor. AGS
PUBLISHING. http://www.agsnet.com/
e)	ASDI: Asperger Syndrome Diagnostic Interview. A partir de 6 años. Valora alteraciones en la interacción social
recíproca, intereses restringidos, imposición de rutinas, peculiaridades del
habla y problemas de la comunicación
no verbal. No permite una diferenciación clara entre autismo de alto funcionamiento y S. de Asperger. Administrada por clínicos que requieren un
conocimiento del Síndrome de Asperger. En Gillberg C, Gillberg IC, Rastam
M, Wentz N. The Asperger syndrome
diagnostic interview (ASDI): a preliminary study of a new structured clinical
interview. Autism 2001; 5: 57-66.
f)	PDDST (Pervasive Developmental Disorder Screening Test). Siegel (1998).
Se administra en tres etapas. La primera corresponde al ámbito de la atención
pediátrica ambulatoria y sirve para detectar señales de alerta que orientarían
al niño o a la niña a la siguiente etapa
donde se evalúan trastornos del desarrollo en general y podrían detectarse
señales de autismo. La tercera etapa se
aplica en un contexto clínico especializado en diagnósticos de autismo. En
http://harcourtassessment.com/
g)	ASIEP-2 (Autism Screening Instrument for Educational Planning. 2ª
ed.). Puede aplicarse desde los 18 meses hasta la edad adulta, recoge datos
sobre la conducta lingüística, la comunicación, interacción social y el nivel educativo. Proporciona información en cinco áreas sobre aspectos relevantes para
la intervención educativa. En www.
proedinc.com.
Desde la Web de First Signs, Inc. (www.
firstsigns.org) recomiendan además, las siguientes pruebas:
a)	Ages and Stages Questionnaire: Social-Emotional (ASQ:SE) para niños
y niñas entre 6-60 meses. En: www.
brookespublishing.com/store/books/
bricker-asq/index.htm
b)	Brief-Infant-Toddler Social-Emotional Assessment (BITSEA) para niños
y niñas entre 12-36 meses. En www.
health.state.mn.us/divs/fh/mch/devscrn/instr/bitsea.html
c)	Child Development Inventory Entre
0 y 6 años. En www.childdevrev.com/
cdi.html
d)	Parents Evaluation of Developmental Status (PEDS). Para niños y niñas
entre 0-8 años. En: http://pedstest.com/
content.php?content=peds-intro.html
e)	Parents Evaluation of Developmental Status-Developmental Milestones (PEDS:DM) Para niños y niñas entre 0-8 años. En: http://pedstest.com/
dm/index.php
f)	Temperament and Atypical Behavior Scale (TABS). Entre 11-71 meses.
En: www.brookespublishing.com/store/
books/bagnato-tabs/index.htm
g)	The Functional Emotional Assessment Scale (FEAS). Para niños y niñas entre 0-42 meses. En:
h t t p : / / h a rc o u r t a s s e s s m e n t . c o m /
HAIWEB/Cultures/en-us/Productdetail.htm?Pid=015-8280-229&Mode=
detail&Leaf=accessory&dsrc=0158280245#ISBN2
CUESTIONARIO PARA LA DETECCIÓN DE ALUMNOS Y ALUMNAS CON TRASTORNOS
Por favor, indique si las siguientes afirmaciones se pueden atribuir al alumno o alumna que está observando. Rodee
con un círculo el nivel más adecuado en cada caso.
1. No atiende cuando se le llama. A veces parece sordo.
2. No señala para enseñar algo que ocurre o está viendo
3. No habla o ha dejado de hacerlo.
4. Su lenguaje es muy repetitivo y poco funcional
5. Utiliza a las personas como si fueran instrumentos para lograr lo que desea
6. Se comunica generalmente para pedir o rechazar, no para realizar comentarios
7. No reacciona ante lo que ocurre a su alrededor
8. No muestra interés por la relación con los demás, no pide su atención,
a veces los rechaza.
9. No mira a la cara o a los ojos, sonriendo a la vez
10. No se relaciona con los otros niño/as, no les imita
11. No mira hacia donde se le señala
12. Usa los juguetes de manera peculiar (girarlos, alinearlos, tirarlos ...)
13. Ausencia de juego social, simbólico e imaginativo (“hacer como si ...)
14. Sus juegos son repetitivos
15. Alinea u ordena las cosas innecesariamente
16. Es muy sensible a ciertas texturas, sonidos, olores o sabores.
17. Tiene movimientos extraños, repetitivos
18. Presenta rabietas o resistencia ante cambios ambientales
19. Tiene apego inusual a algunos objetos o a estímulos visuales concretos
21. Tiene buenas habilidades visoespaciales
En el caso de que el alumno o alumna haya puntuado F ó AM en más de 5 ítems, sería importante ponerse en contacto con el Equipo de Orientación Educativa de la zona, o con otras
instituciones (Salud Mental Infantil, Asociación de Autismo de la zona...).
Seleccione, rodeando con un círculo, la respuesta que le parece que refleja mejor cómo su hijo o hija actúa
NORMALMENTE. Si el comportamiento no es el habitual (por ejemplo, usted solamente se lo ha visto hacer una o
dos veces) conteste que el niño o niña NO lo hace. Por favor, conteste a todas las preguntas.
4. ¿Le gusta que el adulto juegue con él o ella al “cucú-tras” (taparse los ojos y luego descubrirlos;
jugar a esconderse y aparecer de repente)
5. ¿Alguna vez hace juegos imaginativos, por ejemplo haciendo como si hablara por teléfono, como si
estuviera dando de comer a una muñeca, como si estuviera conduciendo un coche o cosas así?
muñequitos o bloques de construcción) sin únicamente chuparlos, agitarlos o tirarlos?
10. ¿Suele mirarle a los ojos durante unos segundos?
13. ¿Puede imitar o repetir gestos o acciones que usted hace? (por ejemplo, si usted hace una
mueca él o ella también la hace)
15. Si usted señala con el dedo un juguete al otro lado de la habitación… ¿Dirige su hijo o hija la
mirada hacia ese juguete?
17. Si usted está mirando algo atentamente, ¿su hijo o hija se pone también a mirarlo?
18. ¿Hace su hijo o hija movimientos raros con los dedos, por ejemplo, acercándoselos a los ojos?
20. ¿Alguna vez ha pensado que su hijo o hija podría tener sordera?
21. ¿Entiende su hijo o hija lo que la gente dice?
23. Si su hijo o hija tiene que enfrentarse a una situación desconocida, ¿le mira primero a usted a la
cara para saber cómo reaccionar?
2.3. Diagnóstico, evaluación
El diagnóstico del autismo o del Síndrome de
Asperger es un proceso de carácter deductivo,
mediante el cual los profesionales o especialistas,
guiados por sus conocimientos y experiencia clínica, y mediante las categorías universalmente
aceptadas por la comunidad científica (DSM IVTR [APA, 2002] o CIE-10 [OMS, 1992]), clasifican
y caracterizan el comportamiento del individuo y
establecen un plan de intervención apropiado a
las características de la persona (GETEA, 2005).
La familia y la persona con TEA son piezas
clave en el proceso, como elemento activo. Debe
contarse con su participación e implicación, tanto en el proceso diagnóstico, como en la transmisión de información que realice el profesional
al acabar el mismo, que además de verbal y escrita, debe ser clara, comprensible y adaptada a
sus necesidades. El resultado diagnóstico debe ir
acompañado del plan de acción, que contenga
orientación sobre los recursos disponibles. El contenido del proceso de evaluación debe adaptarse
a las circunstancias personales incluyendo:
•• Exhaustiva historia clínica (amplia información sobre historia y antecedentes
médicos y familiares).
•• Evaluación médica (estudios psiquiátricos y biomédicos).
•• Evaluación psicopedagógica (nivel de
inteligencia, funciones neuropsicológicas, comunicación y lenguaje, habilidades adaptativas, comportamiento
e intereses y desarrollo simbólico).
Además, información detallada sobre
dificultades, capacidades, estilo de
aprendizaje, preferencias, intereses y
necesidades de la persona evaluada
con el objeto de establecer un programa de intervención, siempre en
función de la demanda y circunstancias familiares.
El plan de acción deberá contener programas de intervención educativos, psicológicos,
conductuales, farmacológicos, de apoyo familiar, etc. Un diagnóstico adecuado permitirá
que en posteriores revisiones se pueda valorar
la evolución del desarrollo de la persona, su calidad de vida (y la de su familia) así como los
tratamientos utilizados.
Los criterios mínimos del proceso exigibles por
una persona con TEA o su familia al recibir un
diagnóstico son los siguientes (AETAPI, 2004):
•• En lo relativo a los profesionales implicados deben tener formación específica
en TEA, así como experiencia demostrada el uso de pruebas y tests utilizados en
la evaluación de TEA.
•• En cuanto al procedimiento de cita, se
aportará a la familia o persona con TEA
toda la información sobre el procedimiento de evaluación: profesionales que la llevarán a cabo, lugar donde se realizará, tarifas (en su caso), horarios, duración de las
sesiones.... y se concertará la cita, una vez
recibida dicha información, con la mayor
brevedad, y con flexibilidad para adecuarse a las necesidades de la familia (desplazamientos largos, horarios laborales...)
•• La relación con la persona con TEA y/o
su familia, debe estar marcada por un
ambiente cálido y cercano, de confianza y colaboración, que facilite la comunicación, para lo cual se debe utilizar
en todo momento un lenguaje comprensible, claro y racional.
•• En cuanto al proceso de evaluación, debe
requerirse a la familia todos los informes
previos (médicos, neurológicos, psicopedagógicos, escolares...), determinar el
perfil de puntos fuertes y débiles y detectar las necesidades de apoyo (tipos de
apoyos, intensidad, frecuencia...), valorar
objetivamente la competencia intelectual
y las habilidades adaptativas, utilizando pruebas específicas para TEA y otras
estandarizadas, realizándose en equipo,
para posibilitar el contraste de opiniones
y el debate. Finalmente, el diagnóstico
debe ajustarse a los criterios y categorías
consensuadas internacionalmente.
•• El informe final debe cumplir los siguientes requisitos: realizarse dentro de los 20
días siguientes a la última sesión de evaluación, proporcionando una explicación
minuciosa y adaptada del diagnóstico y
ser claro, preciso, riguroso e inteligible.
Debe incluir siempre orientaciones para
la intervención, facilitando el acceso a recursos disponibles en la zona (distancia,
orientación, costes, etc.), servicios especializados y posibles apoyos de profesionales o personas relevantes, ofreciendo
toda la información pertinente al cliente
para que sea éste (o su representante
legal) quien decida finalmente entre las
opciones de tratamiento y/o apoyo que
se le puedan ofrecer en cada ocasión.
Ofrecemos a continuación un listado de
instrumentos utilizados para el diagnóstico de
los TEA. Están tomados de la Base de datos de
Pruebas de evaluación y diagnóstico elaborada
por la Mesa de Trabajo de Evaluación y diagnóstico de la Asociación Española de Profesionales del Autismo (AETAPI, 2006).
a)	ADI-R: Autism Diagnostic Interview
- Revised (Entrevista para el diagnóstico de autismo - Revisada). Se
trata de una entrevista semiestructurada para padres y madres, considerada
muy precisa. Requiere una edad mental
superior a los 18 meses. Áreas que evalúa: interacción social recíproca, comunicación y lenguaje, juego, conductas
ritualizadas o perseverantes. Requiere
formación especializada. Cursos de formación en FIPA: www.fipa.es . Disponible en www.wpspublish.com y en TEA
b)	DISCO: Diagnostic Interview for Social
and Communication Disorder. Entrevista semiestructurada dirigida a todas las
edades y niveles de habilidad. Áreas que
evalúa: desarrollo en los dos primeros años
de vida, habilidades actuales (comunicación, socialización, imitación, imaginación,
autonomía, académicas, visoespaciales…),
actividades repetitivas o alteraciones sensoriales, conductas desadaptativas, alteraciones del sueño, calidad de la interacción y perturbaciones psiquiátricas. Evalúa
también otras alteraciones del desarrollo.
Requiere formación. No está traducido.
En: Wing L, Leekham S, Gould J. The Diagnostic Interview for Social and Communication Disorders: background, inter-rater
reliability and clinical use. J Child Psychol
Psychiatry 2002; 43: 327-42.
c)	PIA: Entrevista sobre el autismo para
padres y madres. Es una entrevista estructurada diseñada para obtener, de los
padres y de las madres de niños y niñas de
corta edad cuando hay sospecha de autismo, información relevante para el diagnóstico. Apropiada entre 2 y 6 años. Áreas que
evalúa: conducta social, función comunicativa, actividades repetitivas y alteraciones
sensoriales. Permite medir el cambio en la
sintomatología a lo largo del tiempo. Buena validación. Ni traducida ni baremada.
PRUEBAS DE OBSERVACIÓN:
a)	ADOS-G: Autism Diagnostic Observation Schedule – Generis (Escala de
Observación Diagnóstica del Autismo - Genérica). Es una evaluación semiestructurada a través de la observación.
Evalúa la comunicación, la interacción
social recíproca, el juego, la conducta
estereotipada, los intereses restringidos y
otras conductas anormales. Abarca desde los niños y las niñas en edad preescolar no verbales hasta personas adultas
verbales. Se necesita formación especializada. Al igual que la ADI-R, la ADOS-G es
un instrumento de “patrón oro”, de referencia en todo protocolo apropiado de
investigación. En www.wpspublish.com
b)	CARS: Childhood Autism Rating Scale (Escala de Evaluación del Autismo
Infantil). Es una entrevista estructurada más un instrumento de observación.
Adecuada para usar con niños y niñas
de más de 24 meses de edad. Indica el
grado en el que la conducta del niño
o de la niña se desvía de una norma
de edad apropiada. Está ampliamente
reconocida y usada. En www.agsnet.
com y en www.wpspublish.com
c)	ACACIA. Consiste en una situación de
interacción estructurada, en la que el
evaluador actúa de acuerdo con un guión
previamente establecido. La población es
de una edad mental inferior a treinta y
seis meses y, en cualquier caso, para niños
y niñas con muy escasas o nulas competencias a nivel de lenguaje expresivo funcional. Se plantean diez situaciones que
se graban en vídeo. Se obtienen perfiles
específicos que facilitan el diagnóstico
diferencial, y aporta datos descriptivos
y explicativos del funcionamiento social
y comunicativo del alumnado, de cara
a planificar la intervención y evaluar los
resultados a lo largo del tiempo. Ofrece
datos para la diferenciación diagnóstica
entre autismo con discapacidad intelectual y discapacidad intelectual sin autismo. www.psymtec.com.
a)	ABC: Autism Behavior Checklist. Listado de preguntas sobre la conducta
del niño o de la niña. Está diseñado
para ser cumplimentado por un familiar
o cuidador del chico o de la chica y su
posterior puntuación e interpretación
será realizada por profesionales entrenados. Para niños y niñas de corta edad.
La puntuación total da un índice de alteración que refleja las dificultades del
sujeto para responder apropiadamente
en situaciones normales del día a día.
Áreas que evalúa: sensorial, relaciones,
uso del cuerpo y objetos, lenguaje, social y autocuidado. Los factores que se
proponen no están suficientemente validados. Altos porcentajes de falsos positivos y negativos. El punto de corte de
67 no detecta a los chicos y a las chicas
de alto funcionamiento.
b)	IDEA: Inventario de Espectro Autista. Inventario de sintomatología autista
que permite establecer una graduación
de la severidad y afectación dentro de
todo el espectro en torno a cuatro áreas
de afectación: trastornos del desarrollo
social, trastornos de la comunicación y
el lenguaje, trastornos de la flexibilidad
y anticipación y trastornos de la simbolización. Dirigido a todas las edades. No
está estandarizada. Se puede encontrar
en: Tratamiento y definición del espectro
autista I y II. (Rivière y Martos, 1997).
c)	GARS: Gilliam Autism Rating Scale
de Gilliam). Diseñado para ser utilizado por el profesorado, familias y profesionales, Se aplica desde los 3 a los
22 años para estimar la severidad de
los síntomas de autismo. Los ítems se
agrupan en 4 categorías (estereotipias,
comunicación, interacción social y alteraciones evolutivas). Está basada en el
DSM IV. Áreas: conducta estereotipada,
comunicación, interacción social y alteraciones del desarrollo: www.agsnet.
com / www.psymtec.com.
a)	DSM-IV TR: Manual Diagnósticos y
Estadístico de los Trastornos Mentales. No es una prueba diagnóstica ni
da pautas para la evaluación, sino que
sólo son los criterios diagnósticos de la
American Psychiatric Association. Todas
las edades. Publicado por MASSON.
b)	CIE-10: Clasificación Internacional de
las Enfermedades 10. No es una prueba diagnóstica ni da pautas para la evaluación, sino que sólo son criterios diagnósticos. Todas las edades. Publicado por
3.1. El concepto de necesidades
ste alumnado tiene necesidades educativas especiales porque presenta
dificultades mayores que el resto de
sus compañeros y compañeras para
acceder a los aprendizajes que se determinan
en el currículo que le corresponde por su edad,
requiriendo determinados apoyos y atenciones
3.2. Las necesidades educativas
del alumnado con TEA
La enseñanza explícita de las
funciones de humanización
En general, los objetivos de intervención en
niños y niñas con Trastornos Generales del Desarrollo deberían ser, como para el resto del alumnado, aquellos dirigidos a proporcionar oportunidades para la adquisición de conocimientos y
habilidades que permitan la independencia per-
sonal y la participación en el mundo social.
Pero hay muchos aprendizajes que el resto
de los niños y de las niñas realizan espontáneamente, sin necesidad de una enseñanza
específica de los mismos (Klin, 1992), pero
que es necesario enseñar a estos alumnos
y alumnas. Por ejemplo, un estudiante con
TEA puede tener excelentes habilidades informáticas, pero no ser capaz de decidir
cuándo debe lavarse el cabello. Están claramente recogidas en el currículo educativo las
funciones de relación con el propio cuerpo y
el mundo físico y social. El currículo además,
debe contemplar el desarrollo de las funciones cognitivas que permiten al niño y a la
niña acceder al mundo de las mentes, a las
funciones de humanización, denominadas
por Ángel Rivière como de tercer nivel: comunicación, especialmente la comunicación
social, mentalismo, o capacidad para “leer
las mentes”, juego e imaginación y flexibilidad y adaptación a los cambios.
Así, los programas de trabajo para este
alumnado deben incluir la enseñanza explícita de objetivos que impliquen el continuo
progreso evolutivo de capacidades sociales y
cognitivas, habilidades comunicativas verbales y no verbales, habilidades adaptativas, incremento de competencias motrices y mejora de dificultades conductuales que, normalmente, no son parte del currículo ordinario.
Además, será necesario el trabajo específico
en la espontaneidad y generalización de los
aprendizajes a través de múltiples ambientes
en todas estas áreas de modo explícito, ya
que de lo contrario no se desarrollarán o lo
harán escasamente.
Enseñanza estructurada y
Para situar adecuadamente a estos niños o
niñas en un aula es necesario conocer la influencia que tienen sus características individuales en la intervención educativa: ¿Cuánta
atención individual requiere el alumno o la
alumna para desenvolverse bien en clase? ¿En
qué nivel evolutivo se encuentran su lenguaje y otras destrezas cognitivas? ¿Cuáles de sus
conductas autistas son incompatibles con su
aprendizaje o perturban a otros niños o a otras
niñas? Este tipo de información es necesaria
para decidir el grado y el tipo de enseñanza
estructurada que el niño o la niña precisa.
Para elaborar el plan de estudios óptimo
para el alumnado, los profesionales de la edu-
cación también necesitan saber qué destrezas,
si el alumno las adquiere, le permitirán funcionar mejor, con independencia del ambiente en
que se encuentre. ¿Qué métodos educacionales le permitirán mejor adquirir estas nuevas
destrezas e informaciones?. El conocimiento
de su nivel intelectual y de sus hitos evolutivos
proporciona directrices útiles para determinar
las expectativas a largo plazo.
Los objetivos educativos a largo plazo deben concretarse posteriormente en conductas o habilidades específicas para los que se
diseña una intervención planificada. Algunas
conductas seleccionadas, como entrenamiento en el uso del aseo, proporcionan evidentes
e inmediatos beneficios al alumno o la alumna
y a su familia. Pero en otros casos, la conducta a enseñar será sólo un componente de una
serie de acciones. En muchos casos esta descomposición en pasos de una tarea facilitará el
aprendizaje. Otros aprendizajes se consideran
conductas básicas, cuya adquisición permitiría
al alumnado adquirir otras habilidades de forma más eficiente. Son capacidades como: imitación, mantenimiento de la proximidad con
iguales, comprensión del aplazamiento de la
gratificación (ej. primero haz esto, luego harás
lo otro), atención conjunta, juego simbólico…
Todos los objetivos en intervenciones deben
planificarse desde una cuidadosa y detallada
evaluación individual del alumnado. Mediante
esta evaluación podremos diseñar un plan de
actuación, en él se priorizarán los objetivos y la
estrategia de enseñanza siguiendo su proceso
evolutivo de desarrollo, sus puntos fuertes y
áreas de mejora y el contexto sociofamiliar en
el que se desenvuelve su vida.
Así, el plan de actuación debería ser el medio que permita planificar y poner en práctica
objetivos educativos. Debe contener los objetivos educativos para ese alumno o alumna
en concreto. Los objetivos apropiados deben
corresponder a comportamientos y habilidades observables y mensurables. Deben poder
alcanzarse en el periodo de 1 año e influir en la
participación de un alumno o una alumna en
la educación, la comunidad y la vida familiar.
Deberían incluir el desarrollo de:
a)	Habilidades sociales para mejorar su
participación en la escuela, familia y actividades comunitarias (p. ej., imitación,
iniciativas y respuesta social a adultos e
iguales, juego paralelo e interactivo con
iguales y hermanos y hermanas, etc.).
b)	Comunicación verbal expresiva y receptiva, y habilidades no verbales de comunicación.
c)	Un sistema de comunicación simbólico
d)	Incremento de participación y flexibilidad
en tareas y juego (apropiadas a su nivel
de desarrollo), incluyendo la capacidad
de atender al ambiente y responder a un
sistema apropiado de motivación.
e)	Habilidades motoras finas y gruesas utilizadas para el desarrollo de actividades
funcionales apropiadas a su edad.
f)	Habilidades cognitivas, incluyendo juego simbólico y conceptos básicos, así
como habilidades académicas.
g)	Modificación de conductas problemáticas
por comportamientos más adecuados.
h)	Habilidades de organización independiente y otros comportamientos que
son la base del éxito en aulas de educación ordinaria (p. ej., cumplimentar una
tarea de forma independiente, seguir
instrucciones grupales, pedir ayuda).
La adaptación del entorno a sus
El entorno que generalmente rodea a todo
alumno o alumna del sistema escolar tiene,
muy frecuentemente, una serie de características que dificultan su comprensión y adaptación
por parte de este alumnado, especialmente:
•• Presencia de estímulos sensoriales excesivos, en cantidad o intensidad, sobre
todo estímulos sonoros.
•• Bajo nivel de estructuración espaciotemporal del propio entorno físico y las actividades que en él se realizan.
•• Uso predominante de las instrucciones
verbales en la comunicación entre adultos y el alumnado.
Por tanto, la primera necesidad educativa
del alumno o alumna consiste en la adaptación
del entorno escolar (accesibilidad), en la medida de lo posible, mediante la eliminación o
reducción de estas características que impiden,
o dificultan gravemente, la adaptación.
Generalmente estos alumnos y alumnas,
tienen un desarrollo normal o incluso superior
de algunas funciones cognitivas, tales como
las capacidades visoespaciales, la motricidad
gruesa y fina, la memoria mecánica... Cuanto
mejor estén desarrolladas estas funciones, mayor será su competencia a la hora de desenvolverse en el mundo de lo físico y estructurado,
e incrementará la posibilidad de que, apoyados
en estas capacidades, logren comprender el
mundo de lo social y desenvolverse en él. Asimismo, un buen desarrollo de estos “puntos
fuertes” contribuye a la mejora de la autoestima e incluso a una mayor consideración por
parte del profesorado y de los compañeros y
La participación de las familias es el factor crítico para promover la generalización
de los aprendizajes desde el aula al hogar.
Se tratará con más profundidad en el apartado de familias.
a decisión sobre la modalidad de
escolarización y las diferentes medidas educativas para atender a la
diversidad debe partir de una determinación específica y concreta de las necesidades educativas especiales, teniendo presente
la heterogeneidad de los cuadros del TEA. La
mera identificación de una persona con TEA no
presupone las mismas necesidades ni la misma
respuesta educativa. Desde el Informe Warnock
(1987) las necesidades educativas especiales del
alumnado se determinan en función de los recursos y prestaciones que el sistema educativo
debe poner a su disposición para satisfacerlas.
Se hace necesario para ello, tener presente una
serie de factores que podríamos organizar en:
Factores centrados en el alumnado:
Con relación al alumno o alumna con TEA, el
objetivo de la valoración sería concretar el peso
de varios factores con el fin de objetivar al máxi-
mo posible la decisión sobre el tipo de escolarización más adecuado en cada momento:
•• Funcionamiento intelectual: la presencia
o no de discapacidad intelectual, grado
y nivel de desarrollo cognitivo.
•• Nivel comunicativo: grado de desarrollo
de capacidades declarativas y lenguaje
expresivo como criterios relevantes para
decidir la modalidad de escolarización.
•• Alteraciones de conducta: la presencia
de autolesiones, agresiones físicas y rabietas incontroladas.
•• Grado de inflexibilidad cognitiva y comportamental.
•• Nivel de desarrollo social: alumnado con
niveles de desarrollo social inferior a un
año, en los que la intersubjetividad está
bastante comprometida, tienen oportunidades reales de aprendizaje en las interacciones muy estructuradas y reguladas mediante profesionales expertos.
•• Edad.
•• Nivel de aprendizaje conseguido a lo largo de su escolarización.
Factores del entorno escolar:
En relación con el contexto, se debe priorizar
el entorno escolar menos restrictivo posible, es
decir la escolarización integrada (con apoyos) del
alumnado con TEA. Para la viabilidad de la misma, es necesario valorar no sólo las características del alumnado, sino también, tener presente
los factores y condiciones del entorno escolar:
•• Son preferibles centros “pequeños” que
no supongan unas exigencias complejas
•• Los centros con un ambiente estructurado que establezcan rutinas claramente definidas y que faciliten la anticipación de las actividades, suelen ser
•• Es conveniente que el profesorado especialista en Pedagogía Terapéutica y
Audición y Lenguaje, los monitores y las
monitoras o los educadores y la educadoras estén formados específicamente
en el tratamiento del TEA.
•• Se hace necesario proporcionar al profesorado que atiende al alumnado con
TEA y a sus compañeros y compañeras,
estrategias y claves para entenderle y
En general, sea cual sea la modalidad elegida, el alumno o la alumna con TEA debe contar con la presencia, durante toda la escolarización, de los recursos humanos y técnicos necesarios para sus necesidades. Especialmente
significativa resulta esta necesidad de apoyos
en la modalidad de integración en la que la
clave de una escolarización exitosa, está más
en la adecuada cobertura de recursos personales que de los materiales.
Todos estos factores son relativos, de tal
forma que la decisión de la escolarización tiene que fundamentarse en la identificación de
las necesidades educativas especiales, pioritariamente las relacionadas con la autonomía
personal, la comunicación e interacción social,
los posibles trastornos del comportamiento, su
grado de adaptación al entorno y la mayor o
menor necesidad de recibir apoyo personaliza-
do y especializado. Otra consideración de gran
importancia es la edad del alumnado, que influirá significativamente en la modalidad elegida. Para el alumnado en edad infantil, dada la
especial importancia en esta etapa del desarrollo
sociocomunicativo, se recomienda la modalidad
de integración con apoyos. Sólo para el alumnado cuyas características personales comprendan
simultáneamente dos o más de los factores personales anteriormente señalados en su valoración más negativa, incluso con los recursos necesarios de apoyo especializado, la opción elegida
sería la de la escolarización en aulas específicas
en centros ordinarios preferentemente o en centros específicos, pudiendo siempre reconsiderarse la escolarización en una modalidad más integradora. A partir de primaria, se recomendaría
la permanencia en la modalidad de integración
con apoyos para el alumnado que presente las
valoraciones más leves en los factores personales
señalados anteriormente, planteándose el paso
de un aula de integración a un aula específica
sólo para los casos más graves. Por último, en
educación secundaria, en los casos con más necesidades de apoyo la modalidad más apropiada
sería un aula específica o un centro específico y,
sólo para los alumnos y alumnas con menores
necesidades de apoyo sería adecuada la modalidad de integración con apoyos. En definitiva,
sopesar las ventajas e inconvenientes y valorar
no sólo las características del alumnado, sino
también, tener presente los factores y condiciones del entorno escolar y familiar.
Desarrollamos a continuación más detalladamente las modalidades de escolarización
planteadas para el alumnado con TEA en función de los factores señalados anteriormente.
Escolarización en grupo ordinario
con apoyo en períodos variables
•• No precisan de una estructura muy rígida de funcionamiento, pudiendo aceptar mejor los diferentes cambios en el
•• Sus dificultades de aprendizaje no son
especialmente severas y poseen competencias comunicativas y de interacción
social básicas.
•• No precisan de una atención constante
y dependiente por parte del educador o
•• Funcionamiento intelectual normal o
discapacidad intelectual leve moderada.
Escolarización en aulas específicas
o en centros específicos
•• Las necesidades severas de aprendizaje,
principalmente en el ámbito de la autonomía personal, interacción social y comunicación.
•• Cuando presentan graves trastornos de
la flexibilidad mental y comportamental,
manifestando severas resistencias frente a los cambios en el ambiente.
•• La necesidad constante de apoyo personal y supervisión para facilitar la comprensión de lo que ocurre en el entorno
y cómo interactuar con él.
•• La necesidad de una estructura rígida de
•• En los casos de severo aislamiento social y
funcionamiento intelectual muy afectado.
•• Siempre que sea posible se escolarizará
al alumnado en aulas específicas antes
que en centros específicos.
Esta opción sería recomendable para aquellos
alumnos y alumnas que puedan beneficiarse del
tratamiento muy especializado y personalizado
del centro específico, pero, a su vez, le sea positivo integrarse en el centro ordinario, posibilitando otros ambientes que favorezcan una mayor
flexibilidad y una mayor adaptación en los intercambios sociales, como al contrario, el alumnado
que estando escolarizado en el centro ordinario,
requiera de forma puntual y parcial algunas intervenciones específicas en el ámbito comportamental y la comunicación.
Los alumnos y alumnas con autismo con
nivel de funcionamiento intelectual, competencias comunicativas y sociales, relativamente
altas, y los alumnos y alumnas con síndromes
de Asperger pueden escolarizarse en esta modalidad, en la que los objetivos “académicos”
están al alcance de ellos y suponen una vía para
compensar sus limitaciones sociales y una forma de mejorar su desarrollo, parcialmente. Si
bien, será conveniente trabajar de forma más
específica programas de entrenamiento en habilidades sociales y enseñanza de emociones y
creencias, basadas en la teoría de la mente (ver
apartado 4.2.1.2) (el constructo de teoría de la
mente hace referencia a la capacidad de atribuir, inferir y, por lo tanto, comprender estados
mentales en los demás y en uno mismo: sentimientos, emociones, pensamientos, deseos,
4.1.2. La legislación ante la
escolarización del alumnado conTEA
La aprobación de la nueva ley de educación,
Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE) y la Ley 17/2007, de 10 de diciembre,
de Educación de Andalucía (LEA), a fin de garantizar la equidad, establece la atención educativa diferente a la ordinaria de los grupos de
alumnos y alumnas que presentan alguna necesidad específica de apoyo educativo y establece los recursos para acometer esta tarea con el
objetivo de lograr la plena inclusión y normalización. Se establecen los procedimientos y recursos precisos para identificar de manera temprana las necesidades educativas especiales de
este alumnado. La nueva ley también propone
medidas de flexibilización de las distintas etapas
educativas, planes de actuación, adaptaciones y
diversificaciones curriculares..., para garantizar
a estos niños y niñas la consecución de los fines
establecidos para todos y todas.
La escuela ante un alumno o
alumna con trastorno general
Para mayor información véase el “Manual
de apoyo educativo” en esta misma colección.
Cuando la escuela recibe a un escolar con
Trastorno General del Desarrollo o con cualquier otra necesidad educativa especial, se ponen en marcha una serie de actuaciones que
están encaminadas a ofrecer una respuesta
educativa lo más ajustada a sus posibilidades
En primer lugar se realizará una evaluación psicopedagógica del alumnado por los
Equipos de Orientación Educativa de zona
o los Departamentos de Orientación de los
Institutos de Educación Secundaria, emitiéndose el Dictamen de escolarización que propondrá la modalidad de escolarización acorde a sus necesidades educativas especiales.
Se establecen los Planes de Actuación para
el alumnado, que requiere un seguimiento,
evaluación y modificación siempre que se
La diversidad es una característica de la conducta y condición humana que se manifiesta
en el comportamiento y modo de vida de los
individuos, así como en sus modos y maneras
de pensar, circunstancia ésta que se da en todos los niveles evolutivos de la persona y en
todas las situaciones, aun sin dejar de tener en
cuenta que cada individuo presenta una estabilidad en su conducta. Esta diversidad tiene
amplia repercusión en las aulas, puesto que
en ese escenario educativo se dan de forma
continua manifestaciones de la misma en los
alumnos y alumnas que las conforman.
Como medidas de atención a la diversidad
generales, destacamos las siguientes (Grupo de
estudios de Trastornos del Espectro Autista. Instituto de Salud Carlos III (2004):
–– Atención temprana.
–– Educación intensiva: organizada, especializada y altamente estructurada.
–– Partir de los intereses del alumnado.
–– Participación de los padres y madres.
–– Integración apoyada en el medio escolar
ordinario: establecer puentes entre distintas
–– Educación continuada para posibilitar
una vida de calidad.
Hay una serie de rasgos comunes consensuados, en la actualidad, a tener en cuenta en
cualquier programa de intervención, sea cual
sea la metodología adoptada en la intervención (Lord, 2001; Rivière, 1997):
•• La incorporación a un programa de intervención debe realizarse tan pronto
como se considere seriamente la posibilidad de un Trastorno General del Desarrollo en un niño o niña.
•• La intervención educativa debería ser lo
más intensiva posible.
•• Debe basarse en un plan de acción completo acorde a las necesidades y “puntos
fuertes” de un niño o niña y su familia,
que varíe acorde a la edad cronológica
del alumnado y su nivel del desarrollo y
basado en un conjunto de objetivos individualizados que se implementan de
forma sistemática y compuesto por objetivos funcionales.
•• Deberían realizarse todas las adaptaciones necesarias para implantar el
plan de acción: el horario y el ambiente educativo (dentro y fuera del aula),
diseño de actividades educativas evolutivamente apropiadas y sistemáticamente planificadas, así como lugar de
desarrollo de estas actividades, el contenido de las mismas… Deben ofre-
cerse oportunidades de enseñanza
planificadas y repetidas organizadas
generalmente alrededor de períodos
de tiempo relativamente cortos para
los niños y las niñas de corta edad
(p. ej., intervalos de 15-20 minutos),
incluyendo la suficiente atención del
profesorado en instrucción uno a uno
y en muy pequeños grupos para alcanzar los objetivos individuales.
•• La ratio alumnado/profesorado debería
ser lo más baja posible (no más de tres/
cinco alumnos o alumnas con autismo
por profesor o profesora en el aula). Diariamente, el niño o niña deben recibir la
atención individualizada suficiente para
que los objetivos individuales puedan
ser puestos en práctica con eficacia.
•• Fomento de la participación de la familia, incluyendo formación a los padres y madres.
•• Mecanismos para evaluación del plan de
acción y evaluaciones del progreso del
niño o de la niña, cuyos resultados se
traduzcan en ajustes en la programación.
La ausencia de progresos objetivamente
documentables durante un periodo de 3
meses debería interpretarse como la necesidad de aumentar la intensidad de la
intervención ya sea disminuyendo la ratio
alumnado/profesorado, aumentando el
tiempo de intervención del programa, reformulando objetivos, o proporcionando
más apoyos y asesoramiento.
La introducción del alumnado con Trastorno
General del Desarrollo en el mundo social ha
de llevarse a cabo mediante su entrenamiento
en el reconocimiento de emociones y de la relación de éstas con las situaciones, los deseos
y las creencias, propias y ajenas. Debería proporcionarse instrucción social a lo largo del día
y en entornos variados, mediante actividades
específicas planificadas para el logro de objetivos individualizados y ajustados a la edad (p.
ej., respuesta a la imitación, actividades cooperativas con iguales, etc.).
Tras la evaluación detallada del área social, y
con especial consideración a sus capacidades y
habilidades, se establece la “Zona de desarrollo próximo” (Vygotsky, 2000), en función de
la cual se determinan los objetivos.
En alumnos y alumnas mayores con niveles
superiores de desarrollo social, será necesario
incluir en la programación, habilidades de comprensión de las mentes de los demás, es decir,
enseñanza explícita de Teoría de la Mente (Baron-Cohen, 1985) comenzando por la habilidad
para tomar la perspectiva visual de la otra persona y continuando por resolución de tarea de
falsa creencia de primer orden, interpretación,
inferencia y ambigüedad (comprender que las
personas pueden tener una interpretación diferente de una misma situación ambigua), comprensión del “doble farol” (Happé, 1994), etc.,
siempre acorde con los periodos evolutivos normativos para la adquisición de estas habilidades.
Para ello, podemos valernos de ayudas visuales
para comprender la mente de las otras personas (“los pensamientos son como imágenes en
la cabeza”, uso de bocadillos, “pensamientos
en forma de burbujas”), miniaturas, dibujos,
vídeos, role-play, etc., aprovechando situaciones naturales, enseñanza de “verdad-mentira”,
cómo “gastar bromas”, etc. Recomendamos la
lectura de “Estrategias de intervención en Autismo derivadas de la Teoría de la Mente” (León
y Gómez, 2001).
Para el desarrollo de la autoconciencia será
necesaria la adquisición de habilidades de metarrepresentación, desde el uso de espejo y la identificación en él, hasta habilidades de imitación,
descripción de sensaciones y estados internos,
deseos, emociones, posesiones personales, etc.
Las graves dificultades de comunicación
expresiva de los niños y las niñas con autismo
son factores que aumentan sus problemas de
interacción social y frecuentemente provocan
numerosas conductas inadecuadas en su interacción con el entorno. Es imprescindible
centrarse en el desarrollo de habilidades básicas de comunicación, así como en el uso cotidiano y adecuado de las que ya poseen. La
comunicación funcional, espontánea debería
ser la primera meta de la educación temprana. Para niños y niñas de corta edad, el programa debería orientarse inicialmente bajo la
suposición de que la mayoría de los niños y
de las niñas pueden aprender a hablar. Un papel destacado en el área es el uso de sistemas
alternativos y aumentativos de comunicación
(SAAC) o de habilidades instrumentales y
gestuales de comunicación, como el principal
medio para lograr el mayor desarrollo de esta
función. Deberían aplicarse, con las adaptaciones necesarias, todas las técnicas de probada eficacia, tanto de comunicación verbal
como de sistemas alternativos y aumentativos
de comunicación funcional.
Dentro de la amplia gama de manifestaciones podemos encontrar muy diversos problemas comunicativos, desde el mutismo absoluto
al habla idiosincrásica, siempre caracterizados
principalmente por dificultades en aspectos sociales o pragmáticos del leguaje y habilidades
cognitivas relacionadas. Uno de los aspectos más
característicos de estos niños y niñas es que no
compensan sus dificultades verbales con gestos
(que utilizan de forma limitada en cantidad y calidad), limitándose a la utilización de gestos naturales muy básicos (empujar, tirar de la mano,
etc.) en detrimento de gestos más complejos y
convencionales (como mostrar, señalar, mover
la cabeza o gestos simbólicos que representen
acciones) (Loveland and Landry, 1986; McHale
et al., 1980; Stone and Caro-Martinez, 1990;
Stone et al., 1997). Por otra parte las dificultades de comunicación verbal también tienen una
amplia variedad de presentaciones.
El objetivo, por tanto, será centrarse en el
significado comunicativo de los comportamientos y establecer objetivos que fomenten
la capacidad comunicativa de un niño o una
niña a lo largo de su desarrollo evolutivo (Lahey, 1988). Para orientar en la elaboración del
programa, recomendamos “Jerarquización de
objetivos para el inicio del desarrollo del lenguaje y la comunicación en personas con autismo y TGD” de Pedro Gortázar (1995), que
establece una serie de criterios y fases para la
definición de objetivos de intervención a medio y largo plazo en el área de lenguaje y comunicación. Así, y tras la pertinente evaluación
del área, podemos plantearnos los siguientes
objetivos iniciales (Gortázar, 2001) en los niños
y las niñas menores:
En el alumnado que aún carezca de competencias verbales, comenzaremos por fomentar la necesidad y motivación para la comunicación, mediante el desarrollo de conductas
comunicativas preverbales: uso de la mirada,
de gestos naturales y de vocalizaciones como
forma de comunicación, primero gestos instrumentales y de contacto y posteriormente gestos
más simbólicos. Los gestos naturales ofrecen
a la persona un repertorio variado de gestos
comunicativos que le dan recursos alternativos
en función de la situación, fomentando el desarrollo de habilidades comunicativas básicas a
través de vías ordinarias, facilitan la posterior
enseñanza de SAAC y la intervención en casos
de déficit cognitivo grave y, por tanto, con dificultad para manejar SAAC que impliquen una
capacidad simbólica mayor.
Autodeterminación, flexibilidad
Para Wehmeyer, Kelchener y Richards (1996)
las conductas autodeterminadas se definen según las siguientes características: autonomía,
autorregulación, desarrollo psicológico y autorrealización. Los componentes de la autodeterminación son: elección, toma de decisiones,
resolución de problemas, establecimiento de
metas, adquisición de habilidades, autoobservación, evaluación y autorrefuerzo, locus de control
interno, atribuciones positivas de autoeficacia y
expectativas de resultado, autoconocimiento y
conocimiento de sí mismo (Wehmeyer, 1996).
La intervención en el alumnado es especialmente importante en estas áreas específicas,
puesto que se ven afectadas de modo significativo en el trastorno. Por ejemplo, las habilidades de autorregulación (como componente de
la autodeterminación), implican el despliegue
de estrategias de autocontrol como: automonitorización, autoevaluación y autorrefuerzo,
establecer metas y conductas de logro; conductas de resolución de problemas; y estrategias de aprendizaje observacional. Estas estrategias están vinculadas a la función ejecutiva.
El concepto de función ejecutiva fue acuñado
por Luria (1966) en base a sus observaciones
clínicas en pacientes con lesiones en los lóbulos frontales, y lo define como: “la habilidad
de mantener un conjunto apropiado de estrategias de solución de problemas para alcanzar
una meta futura”. Según Oznoff, Pennington
et al. (1991) es “la capacidad para mantener-
se en un entorno de solución de problemas
con un objetivo futuro, incluyendo conductas
como formar planes, controlar impulsos en una
tarea, inhibir respuestas irrelevantes, mantener
la acción, buscar organizadamente y flexibilizar pensamiento y acción”.
Pese a las dificultades para operacionalizar el
término que genera este concepto, “paraguas
conceptual” (Happé, 1994; Ozonoff y Strayer,
1997) lo que nos interesa es la relación de los
déficits de la función ejecutiva y el alumnado
con TEA y sus posibles implicaciones educativas. Una serie de síntomas en los niños y en las
niñas con TEA podrían explicarse, o al menos
describirse, por un déficit en la función ejecutiva: conductas estereotipadas, intereses restringidos e idiosincrásicos, seguimiento de rutinas
y/o rituales detallados, falta de orientación hacia el futuro sin anticipación de consecuencias
a largo plazo de la conducta, incontrolabilidad
de impulsos, incapacidad para inhibir respuestas preestablecidas, comportamientos perseverantes, y en general rasgos de inflexibilidad y
rigidez del pensamiento y la acción.
Adaptación y estructuración
Ante la carencia, en el alumno o en la alumna con autismo, de “parámetros sociales” para
organizar su mundo, es imprescindible apoyarle mediante la introducción de claves sociales
significativas y accesibles a sus capacidades.
Se trata de organizar un mundo con un alto
grado de predictibilidad. La intervención debe
realizarse en ambientes estructurados, de com-
prensión lo más sencilla posible, tanto a nivel
físico, como en lo relativo a la comprensión de
contingencias y a las interacciones sociales. Por
lo tanto, es un área de intervención preferente
para poder empezar a trabajar con él o ella.
Es preciso la estructuración espaciotemporal
del entorno físico y la eliminación de estímulos
sensoriales excesivos y así como el uso predominante de las instrucciones verbales en la
Bases de un programa de atención temprana para TEA (Gortázar,
2006). Estrategias para facilitar la interacción social. El módulo 2 de la
serie EDUCAUTISME, Competencias e interacciones sociales (Jordan y
Powell,1994). Enseñar a los niños autistas a comprender a los demás.
Guía práctica para educadores (Howling y Baron-Cohen, 2006). En la
mente I y II (Monfort,2001).
SPC (Sistema Pictográfico de Comunicación).
y simbolización.
Ambientes estructurados. Apoyos visuales. Enseñanza de la elección.
Ampliación de intereses. Incorporación de la flexilbilidad. Sistemas de
anticipación (agendas personales).
•• Diseño de actividades lo más funcionales posible, de manera que el alumnado sea capaz de motivarse ante futuros
aprendizajes. Partir de sus intereses para
estructurar su aprendizaje, para así fomentar la motivación.
•• Uso de técnicas de aprendizaje sin error,
utilizando para ello las técnicas de moldeamiento o modelado, ofreciendo las
ayudas necesarias para la realización
de las tareas, para retirar después estas
ayudas a través de un procedimiento de
desvanecimiento progresivo.
•• Enseñanza incidental, teniendo en
cuenta y respetando las iniciativas de los
alumnos y las alumnas para construir a
partir de ahí su aprendizaje.
•• Uso de contextos naturales y normalizados para la enseñanza de las habilidades
necesarias para adquirir y generalizar los
objetivos educativos. Uso de los entornos donde se realiza de modo ordinario
la actividad social: polideportivos, centros comerciales, servicios médicos…
•• Trabajar de manera individualizada todos
aquellos aprendizajes que luego deberán
generalizarse en los contextos normalizados mencionados anteriormente.
•• Partir siempre de las habilidades preservadas en el alumnado para trabajar aquellas
que se encuentran más alteradas.
Existen numerosos programas y metodologías
de intervención. Para los niños y las niñas que se
encuentran en los niveles iniciales, recomendamos “Bases de un programa de atencion temprana para tea” (Gortázar, M. 2001) que propone, partiendo desde los niveles más elementales,
comenzar por el establecimiento de una relación
eficaz de apego e interacción recíproca (diádica y
de acción-atención conjunta, fomentar actos de
anticipación y/o de demanda...), comprender y
compartir estados atencionales (contacto ocular
ante demanda y uso comunicativo y conversacional, mirada alternativa, seguimiento de mirada,
etc.), el uso y comprensión de claves socio-emocionales, así como compartir-atribuir emociones
(contagio emocional, reconocimiento y expresión
de emociones básicas y más complejas, compartir emociones), atribuir-transmitir deseos e intenciones, imitación social, relaciones con sus pares
y funcionamiento en grupo de iguales, manejo
de impulsos, conciencia de las normas e inicios
de autocontrol conductual, etc.
También recomendamos “Estrategias para
facilitar la interacción social” (Klinger and
Dawson, 1992), que detalla un programa que
pretende promover una respuesta social temprana, que incluya comunicación verbal y no
verbal, contingencia, mirada social, toma de
turnos, imitación y atención conjunta.
Y, por último, el módulo 2 de la serie EDUCAUTISME, Competencias e interacciones sociales (Jordan and Powell, 1994), en el que,
además de describir el desarrollo normativo de
la compresión y capacidades sociales y demás
alteraciones presentes, dedica un capítulo a
la resolución de problemas concretos (captar
atención, reconocimiento de emociones, uso
de mirada, etc.) y otro a los problemas sociales
vinculados con la escolarización (relación educador o educadora-alumnado, dependencia
del educador o educadora, etc.).
En relación con el entrenamiento específico
en percepción social, percepción de elementos
de la comunicación no-verbales, atribución e
interpretación de estados mentales (intenciones, emociones, deseos, creencias...), podemos
partir del reconocimiento de la expresión facial
en una fotografía, para continuar con dibujos esquemáticos, identificación de emociones
basadas en situaciones, deseos, creencias, etc.
Howling y Baron-Cohen (2006), presentan un
programa ilustrado para estos objetivos en “Enseñar a los niños autistas a comprender a los
demás. Guía práctica para educadores.”
Otros recursos de gran utilidad para la enseñanza de atribución e interpretación de estados
mentales, son “En la Mente I” y”En la Mente
II” de Monfort (2001). A través de su material
ilustrado, podemos trabajar: el reconocimiento
de las causas en función del contexto, identificación de estados mentales a partir de una
misma situación, establecimiento de relaciones
entre estados mentales y conductas (ver y saber), interpretación de intenciones a partir del
contexto, de un mismo gesto en situaciones
distintas, de la falsa creencia de primer orden,
situaciones de engaño, comprensión y expresión de términos mentalistas: saber, creer,
engañar, mentir, juicios morales, interpretación
de la falsa creencia de segundo orden...
necesaria la adquisición de habilidades de metarrepresentación, desde el uso de espejo y la
identificación en él, hasta habilidades de imitación, descripción de sensaciones y estados
internos, deseos, emociones, posesiones per-
sonales, etc. Se pueden utilizar también diarios
y libros de vida (con apoyo visual), y para la
comunicación del diagnóstico recomendamos
un programa específico “Soy especial” de Peter Vermeulen (2000), muy estructurado, altamente visual y con definiciones claras.
Además, será necesario introducir en el programa habilidades de autoconciencia, entrenamiento en habilidades sociales básicas y habilidades socio-comunicativas básicas, resolución de problemas sociales y juego simbólico.
básicas se puede abordar primero fuera de
contexto, mediante instrucciones y debate,
modelado, role-playing y feedback, para ir introduciendo progresivamente la generalización
de los aprendizajes, al principio en contextos
anticipables, predecibles y estructurados con
los mínimos cambios en el ambiente.
Para la resolución de situaciones conflictivas, se puede implantar un programa de apoyo
para la resolución de problemas sociales y toma
de decisiones SOCEES (Smith-Myles y Simpson,
1998), compuesto por las siguientes fases:
•• Situación: descripción con ayuda de
•• Opciones: se plantean todas las posibilidades,
•• Consecuencias: para cada una de las
•• Elección y estrategia: diseñar un plan
de acción, y finalmente
•• Simulación: role playing
En el entrenamiento en habilidades sociocomunicativas básicas, será necesario, como
siempre, basarnos en la evaluación individual.
Como guía general, recomendamos Social Skills
for Children and adolescents with Asperger Síndrome and Social-Communication Problems
(Baker, 2003), y como ejemplo de posibles objetivos señalamos: respetar el espacio de los demás,
saber escuchar, empezar, mantener y terminar
una conversación, toma de turnos, no hablar demasiado (detectar el aburrimiento), elogiar a los
demás, saber perder y ganar, compartir, negociar un acuerdo, ser modesto, enfrentarse a los
rumores y a las habladurías, mantener la calma,
aceptar un no por respuesta, hacer y aceptar criticas, ser asertivo, etc.Para ello, podemos utilizar
un amplio repertorio de técnicas: normas sociales
(cuadernos de normas), listados de situaciones y
conductas, historias sociales, conversaciones en
forma de historieta “Comic Strip Conversations”
(Gray 1994), guiones sociales, role-playing, grupos de habilidades sociales...
Los cuadernos de normas sociales recogen de forma explícita los comportamientos
adecuados e inadecuados (conductas claras y
objetivas; evitar términos abstractos) siempre
en positivo, con elementos visuales de apoyo,
anticipación sistemática a las situaciones
problemáticas, incorporando programas de
economía de fichas, etc. Respecto a las historias sociales (Carol Gray, 1998), pretenden
enseñar de forma explícita todos los aspectos
que intervienen en un acto social a través de
información visual y prestando apoyo para
su generalización (“traducen los secretos que
rodean a las interacciones sociales en información social práctica y tangible”). Suponen
una guía sobre qué hacer y cómo comportarse
en una situación específica. Los guiones sociales, son descripciones explícitas de los pasos a
realizar en una situación concreta, que posteriormente se practicarán en situaciones estructuradas de aprendizaje. Por otra parte, en las
conversaciones con historietas, se trata de
“dibujar mientras se conversa”, representando
situaciones vividas utilizando símbolos y colores para representar conductas, emociones y
Por último, puede ser necesario incluir un
programa específico para situaciones que se
dan en la escuela, especialmente desestructuradas y socialmente complejas, como puede
ser el recreo. En esta situación, además del
desarrollo de juegos individuales y las habilidades lingüísticas para pedir ayuda y buscar
soluciones en situaciones conflictivas, es conveniente entrenar el desarrollo de juegos en
grupo. Para ello, empezaremos en situaciones
uno a uno con el adulto, en contexto controlados, con apoyos físicos, verbales o visuales
y con una clara definición de las normas básicas a cumplir, para, posteriormente incorporar
a otro niño u otra niña bajo la mediación del
profesional y finalmente generalizar con un
grupo mayor de compañeros y compañeras.
las necesidades comunicativas que el niño y la
niña van expresando.
El siguiente nivel a la enseñanza de gestos
naturales sería la introducción de SAAC:
El PECS (The Picture Exchange Communication System: www.pecs.com) de Frost y Bondy
(1996), es un programa que enseña, mediante
un proceso muy estructurado, a utilizar símbolos gráficos en función de petición, escogiéndolos de un panel y entregándoselos al maestro o maestra. Se divide en tres fases: intercambio físico, aumento de la espontaneidad y
discriminación de las figuras, cada una de ellas
secuenciada en subfases de menor a mayor dificultad y con diferentes niveles de apoyo. Es
un programa eminentemente visual y por tanto muy adecuado para este alumnado. Puede
encontrarse un manual en español en: www.
comunidad-autista.org/PECS-FASES.doc y un
artículo resumen (Sistema de Comunicación
con Intercambio de Imágenes [PECS], Marriner
[1981] ) en: www.astait.org/pecs.htm.
El SPC (Sistema Pictográfico de Comunicación), diseñado inicialmente para otras discapacidades, es un recurso muy útil para alumnos
y alumnas con TEA. Consiste en paneles de
comunicación formados por dibujos que llevan
impresa la palabra. El vocabulario se divide en
6 categorías, recomendándose un color diferente para cada categoría. Está especialmente
indicado para personas que tienen limitadas sus
competencias comunicativas, pero unas mínimas habilidades: un mínimo de necesidades de
comunicación (intencionalidad comunicativa),
agudeza visual y perceptiva y ciertas habilida-
des cognitivas. Para más información recomendamos consultar Mayer (1981): S.P.C. Símbolos
pictográficos para la Comunicación no vocal y
la página Web: www.mayer-johnson.com. En la
dirección www.tadega.net/Fotos/v/SPC/ existe
una galería de imágenes de SPC.
Y por último, el Programa de Comunicación
Total de B. Schaeffer (1994). Este sistema, engloba comunicación simultánea (las personas
que interactúan con el alumnado usan simultáneamente dos códigos diferentes: hablan y
signan simultáneamente) y habla signada (se
entrena al alumnado a producir habla y signo
de forma simultánea). Como principales ventajas: es flexible, enseña signos y estrategias
de interacción social, favorece la aparición del
lenguaje y el aumento del lenguaje verbal, se
enseña mediante ensayo sin error (los signos
se enseñan con ayuda total al principio, para ir
desvaneciendo el apoyo con encadenamiento
hacia atrás) y el vocabulario a aprender se basa
en las motivaciones y preferencias del alumno
y de la alumna. A diferencia del lenguaje de
signos, el habla signada no tiene estructura
propia de lenguaje ni consistencia lingüística,
sino que acompaña al lenguaje oral para facilitar la adquisición de éste. Es un programa
de enseñanza muy estructurado, en el que
tras la selección del signo se enseña mediante moldeamiento total y con la presencia de
un refuerzo inmediato. Posteriormente, y tras
múltiples ensayos y una realización exitosa en
otros contextos, se enseña un segundo signo,
así como a discriminar entre ellos. En www.tecnoneet.org/docs/2004/4-12004.pdf se descri-
be un material multimedia, de aprendizaje del
programa, elaborado por un equipo de profesionales de algunos centros educativos de la
región de Murcia y por el Servicio de Atención
a la Diversidad de la Consejería de Educación
En relación a la enseñanza del lenguaje oral,
si procede (según las características del niño y
de la niña) comenzaremos con un programa
de imitación-desarrollo vocálico incrementando la frecuencia de emisiones vocálicas espontáneas, favoreciendo la aceptación de turnos
“preconversacionales”, emisión/producción de
sonidos bajo consigna, imitación del primer y
sucesivos sonidos aislados, formación de sílabas, imitación de palabras...
Posteriormente, “se iniciará el empleo de primeras palabras, y después frases, para comunicar funcional y espontáneamente: comenzando
con expresión de deseos y función de rechazo.
En primer lugar, se enseñan palabras referidas
a la expresión de deseos: cuando el niño o la
niña emplea 10-12 emisiones, se le enseñan peticiones “quiero X”, posteriormente, o al mismo
tiempo, comenzamos a enseñar la función de
rechazo. Siempre que se enseña una nueva función, se simplifican al máximo los demás aspectos del lenguaje. Es importante no modificar o
expandir más de una dimensión cuando se establece un nuevo objetivo comunicativo. Después
de los primeros objetivos vamos simultaneando
objetivos centrados en las distintas dimensiones
del lenguaje: expansión de contenidos semánticos, expansión de estructuras gramaticales, enseñanza de nuevas funciones comunicativas o
incremento de frecuencia y espontaneidad. Se
sigue patrón de desarrollo normativo” (Gortázar, 2001). A medida que se van adquiriendo
competencias, se introducirán habilidades de
reciprocidad conversacional para participar en
interacciones por turnos.
Para aquellos alumnos y alumnas que se
sitúan en un nivel más alto de competencias
lingüísticas los objetivos serán: mejorar sus habilidades pragmáticas (iniciar conversaciones,
pedir aclaraciones, hacer comentarios que implican empatía...) apoyo a la interpretación de
los significados no literales y limitar anomalías
prosódicas (Rivière, 1997).
Para el desarrollo de habilidades pragmático/
conversacionales podemos señalar los siguientes
objetivos: tomar la palabra, reciprocidad-turnos
de palabra, mantenimiento del tema de conversación, producción de temas de conversación
adecuados al interlocutor y al contexto, producción de respuestas adecuadas a la conversación,
expresión adecuada de aspectos paralingüísticos, explicitación de los hechos de acuerdo a las
necesidades del interlocutor y contexto, función
referencial (¿me lo prestas?) etc.
Por otra parte, con este alumnado es tan
importante la expresión, como la comprensión
contextual, gestual y del lenguaje oral: respuesta a la comunicación de los demás. Remitimos
de nuevo al documento Bases de un programa
de atención temprana para trastornos del espectro autista (Gortázar, M. 2001).
La Universidad de Granada, a través del Centro de Iniciativas de Cooperación al Desarrollo
(CICODE) ha desarrollado el Proyecto Sc@ut.
El equipo humano de trabajo lo forman dos
Granada: de la escuela Superior de Informática y de la Facultad de Psicología. El paquete
de aplicaciones se engloba dentro de la tipología de software “de apoyo a la enseñanza”,
dentro de los que se denominan “Sistemas de
Comunicación Aumentativa”. El objetivo es
mejorar la capacidad comunicativa y favorecer
la integración social del colectivo de personas con necesidades educativas especiales. Se
trata de un comunicador personal basado en
tecnología PDA (Agendas Digitales Personales)
que permite la comunicación con el entorno
sociofamiliar y escolar a personas con ausencia
total o temporal del habla. Se han realizado
en ocasiones, convenios de colaboración entre la Consejería de Educación de la Junta de
Andalucía y la Universidad de Granada para el
desarrollo de este software.
Dada la abundante y excelente bibliografía
relativa a intervención en comunicación con
este alumnado, recomendamos consultar el
apartado de bibliografía para ampliar información. Existen en Internet, variados recursos y
ayudas técnicas que pueden utilizarse para la
intervención en comunicación.
4.2.2.4. Autodeterminación,
De nuevo será necesario seguir el desarrollo normativo, empezando como primer nivel
por habilidades para la identificación de metas
y determinación de criterios de meta (internas y
externas):¿qué quiero?, ¿qué debo hacer?, ¿qué
me mandan hacer? (percepción de contingencias, identificar fuentes de disfrute y de malestar
físico, acto de alcanzar objeto deseado–reaching,
expresión de deseos, elección: objeto- actividadorden o secuencia, habilidades de escucha y de
comprensión, representación de metas, desarrollo del yo, etc.), habilidades para la planificación
de la acción/solución de problemas: ¿cómo lo
voy a hacer?, ¿qué puedo hacer?… (Anticipación, desarrollo medios-fines o empleo de instrumentos para llegar a una meta simple, desarrollo
de la causalidad, flexibilidad, memoria de trabajo, entrenamiento en estrategias de resolución
de problemas: ensayo-error, imagen mental, razonamiento de alternativas, etc.), habilidades de
autocontrol personal y autoevaluación y autorefuerzo, etc. (Gortázar, 2001).
•• Como principio general básico a la hora
de planificar la intervención (Powell y
Jordan, 1996; Sainz y Adrover, en www.
usal.es/~inicio/investigación/jornadas/
jornadas2/simpos/s7.html) debe proporcionarse al alumnado una vida lo más
estructurada y previsible posible. Esto
permite aumentar la comprensión del
entorno y de los acontecimientos que
ocurren y, por tanto, reduce una importante fuente de ansiedad. Se trata de
proporcionar el máximo orden y explicitación a su mundo, sus tareas, etc. y
reducir en lo posible la incertidumbre

References: resolución 

resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución