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Timestamp: 2020-07-13 12:26:54+00:00

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Caducidad de La Accion de Enriquecimiento Sin Causa.
7. Diez Picazo y Guillon, Sistema de Derecho Civil El Enriquecimiento Sin Causa
DERECHO CIVIL / Artículos
Héctor MARTÍNEZ FLORES ( * )
El enriquecimiento injustificado:
¿indemnización o restitución?
1. Introducción. 2. Naturaleza y fundamento. 3. Elementos y presu-
puesto. 4. Evolución. 5. Derecho comparado. 6. El enriquecimiento
injustificado en el sistema jurídico peruano. 7. ¿Indemnización o
En el presente artículo el autor analiza la figura del enriquecimiento
injustificado y si esta permite al perjudicado solicitar una indemniza-
ción, restitución o, en todo caso, ambas; para esto examina su
naturaleza y fundamento jurídico, sus elementos y presupuesto, su
evolución y el tratamiento legislativo que ha recibido en el Derecho
comparado para, finalmente, analizar nuestra normativa pertinente y
exponer su opinión al respecto.
El enriquecimiento injustificado o sin causa se consagra como un
principio general del derecho (1) : nadie puede enriquecerse a expensas del
patrimonio de otro, sin ningún motivo legítimo. El empobrecido en su
patrimonio está legitimado para pretender la correspondiente restitución.
El antecedente corresponde a la condictio romana.
Profesor asociado de la Facultad de Derecho y Ciencia Política de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Maestría en Derecho Civil y Comercial de la misma Facultad.
(1) ÁLVAREZ CAPEROCHIPI, José Antonio, Curso de Derecho de obligaciones, Civitas, Madrid, 2000, Vol. I, pp. 228 y 229; BORDA, Guillermo A., Tratado de Derecho civil. Obligaciones, 7ª ed., Editorial Emilio Perrot, Buenos Aires, 1994, T. II, p. 515. En los países que no se regula el enriquecimiento sin causa, como en Francia, España y Argentina, se acepta como un principio general del Derecho. En el Perú, el Código Civil de 1936 no regulaba el concubinato, sin embargo, el juez no podía dejar de administrar justicia por vacío de la ley, entonces el magistrado tuvo que acudir a la integración (analogía) de las normas que regulaban el principio del enriquecimiento sin causa.
Doctrina & Práctica 2/2008
El artículo 1954º del Código Civil peruano prescribe: “Aquel que se enriquece indebidamente a expensas de otro está obligado a indemnizarlo”.
Delia Revoredo indica que la mencionada norma legal “equivale al artículo 1149º del Código Civil de 1936, del cual difiere única- mente en que confiere al desposeído un dere- cho indemnizatorio, mientras que el código anterior le concedía un derecho restitutorio” (2) .
El efecto jurídico de la indemnización ac- tualmente regulado no tiene un sustento histó- rico, ni menos es acorde con el Derecho com- parado. En efecto, la solución en el enriqueci- miento indebido no es la indemnización, sino la restitución (in rem verso), conforme lo desa- rrollaremos más adelante.
El enriquecimiento sin causa tiene una aplica- ción subsidiaria, no siendo procedente cuando el empobrecido pueda ejercitar otra pretensión, se- gún lo precisa el artículo 1955º del Código Civil.
En el sistema jurídico patrio, es una fuente de las obligaciones de origen legal (Sección IV del Libro VII del código precitado); su causa efi- ciente no proviene de la voluntad de las partes.
Dentro de la perspectiva de la microcom- paración (parte del Derecho comparado que estudia las instituciones o los problemas jurídi- cos específicos), el enriquecimiento injustifi- cado o sin causa rige tanto en la familia jurídi- ca del civil law como del common law (3) .
Siempre subyace la idea romana de la equidad, sin embargo, para tratar de explicar
la naturaleza jurídica del enriquecimiento sin causa existen divergencias.
a. La doctrina del hecho ilícito es una pro- puesta de Planiol, quien refiere que el en- riquecido incurre en un hecho ilícito al quedarse con un bien a costa de otro y sin un motivo legítimo que justifique el tras- paso. Desde hace muchos siglos, la doc- trina distingue la indemnización del efec- to restitutorio del enriquecimiento sin cau- sa. Así, en la indemnización prevalece la reparación integral del daño, en cambio, la restitución se limita a reponer las cosas al estado anterior del enriquecimiento.
b. La doctrina de la gestión de negocios im- propia o anormal es sostenida por Deme- lombe, Laurent y Larombierre; esta también es una posición que inexplicablemente se aparta de las fuentes. En la gestión de ne- gocios, además de que el gestor carece de facultades de representación y actúa ani- mus aliena negotia gerandi, la gestión debe ser provechosa para el dominis negotii.
c. La doctrina del provecho creado es ex- puesta por Ripert y Tesseire. Para ellos esta teoría propone que quien crea el riesgo debe soportarlo; quien crea el beneficio debe aprovecharse de él. “La teoría pare- ce más brillante que sólida. Pone con ex- ceso el acento en el enriquecimiento; en tanto que lo medular de esta acción es el empobrecimiento” (4) .
Las propuestas anteriormente reseñadas no son aceptadas en la comunidad jurídica. En el
REVOREDO DE DEBAKEY, Delia, Código Civil. Exposición de motivos y comentarios, Okura Editores, Lima, 1985, T. IV, p. 775.
ZWEIGERT, Konrad y KÖTZ, Hein, Introducción al Derecho comparado, trad. Arturo Aparicio Vásquez, Oxford University Press, México D.F., 2002, pp. 38-39.
BORDA, Tratado de Derecho civil. Obligaciones, cit., T. II, p. 517.
enriquecimiento injustificado prevalecen las ideas primigenias de la equidad, siendo consi- derada esta como una de las fuentes de origen legal de las obligaciones. Sus elementos y efec- tos jurídicos justifican su autonomía.
3. Elementos y presupuesto
Los elementos del enriquecimiento sin causa, previstos en el artículo 1954º del Códi- go Civil, son: una ventaja, así como un detri- mento patrimonial correlativo y la falta de jus- tificación. El presupuesto es la subsidiaridad.
En el Perú, la consecuencia legal es la indemnización (realmente corresponde la restitución).
El enriquecimiento debe entenderse en sentido amplio. La situación jurídica del enri- quecido puede tratarse de la adquisición de un derecho, la obtención de la posesión (condic- tio possessionis) o el ahorro de un gasto. Este enriquecimiento debe ser actual, es decir, “no debe computarse el enriquecimiento a la fecha en que se hizo el gasto, sino al momento de iniciarse la demanda” (5) . La jurisprudencia ar- gentina descarta el enriquecimiento futuro o de una simple esperanza. En el enriquecimiento siempre hay un “acto jurídicamente perfecto, o una disposición legal como razón de traspaso o variación realizados” (6) . En sentido amplio, el empobrecimiento implica toda disminución del patrimonio del demandante. Así, debe mediar
una relación de causalidad entre el enriqueci- miento y el empobrecimiento. Por último, no debe existir motivo o justificación de aquel des- plazamiento patrimonial. Enneccerus señala que esto no puede zanjarse mediante una fórmula unitaria, sino que los hechos en que puede ba- sarse el desplazamiento patrimonial son tan dis- tintos unos de otros que igualmente la cuestión de cuándo constituyen una causa justificativa del desplazamiento patrimonial y cuándo, a la in- versa el enriquecimiento es injustificado, tiene que resolverse en sentido distinto según las ca- tegorías principales (7) . Según este jurista alemán son tres las categorías principales:
a. Cuando el enriquecido haya obtenido algo por la voluntad del perjudicado, es decir, en virtud de una prestación; por ejemplo, posteriormente se declara nulo el contrato (por una causa que no afecte la validez de la prestación).
b. Cuando el enriquecido haya obtenido algo sin la voluntad del perjudicado; por ejem- plo, el caso de disposición de uno de los bienes de la sociedad de gananciales, de parte de uno de los cónyuges.
c. Cuando el enriquecido haya obtenido algo como consecuencia de una disposición le- gal. Aquí, es necesario distinguir: si el fun- damento y fin de la norma legal se propo- nía no solo un desplazamiento del dere- cho sino provocar también un desplaza- miento del valor patrimonial, se excluye
Ibídem, p. 519. Por su parte, Delia Revoredo dice que una de las características del enriquecimiento es que exista al momento de la demanda, “es decir, no debe haber sido eliminado antes” (REVOREDO DE DEBAKEY, Código Civil. Exposición de motivos y comentarios, cit., T. IV, p. 776).
VV.AA., “Enriquecimiento sin causa. Contribución a su estudio”, en Seminario de Derecho civil (1928) a cargo del doctor Enrique Torino, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Buenos Aires, 1929, p. 36.
ENNECCERUS, Ludwig, Tratado de Derecho civil. Derecho de obligaciones, 2ª ed., trads. Blas Pérez Gonzáles y José Alguer, Bosch, Barcelona, 1950, T. II, Vol. II, pp. 598 y 606.
la condictio, como en el caso de la adqui- sición originaria de la propiedad median- te la usucapión. “Por el contrario, si el fun- damento y finalidad de la disposición solo justifican un desplazamiento del derecho, pero no un desplazamiento patrimonial, se hará de conceder la condictio” (8) .
El presupuesto del enriquecimiento sin causa es la subsidiariedad, según el artículo 1955º del Código Civil: “La acción a que se refiere el artículo 1954º no es procedente cuan- do la persona que ha sufrido el perjuicio puede ejercitar otra acción para obtener la respectiva indemnización”.
Desde luego, los juristas romanos, tan re- nuentes a edificar teorías, no establecieron esta regla de manera expresa. Sin embargo, no pue- de entenderse que si existe una solución plena- mente regulada se tenga que acudir a la condic- tio, tal como ocurre en uno de los tipos de la accesión como es la implantio (plantación). Por lo demás, la tendencia actual de la codificación en la materia es considerarla como subsidiaria.
En la Casación Nº 3710-2001-Lima (9) , se aborda el presupuesto de la subsidiariedad:
“Que, si los recurrentes consideraban que el valor del terreno, objeto de la venta, no era el que le correspondía al momento de la compra- venta, estuvieron facultados para interponer la
acción de rescisoria por lesión, de acuerdo a lo establecido por el artículo 1447º del Código Civil”; que “más aún podían haber ejercido su derecho como vendedores de solicitar el aumen- to del precio conforme lo señala el artículo 1579º del código sustantivo”.
Asimismo en la Casación Nº 215-2005- Lima (10) , se ha establecido el término “otra ac- ción” referida en el artículo 1955º del Código Civil. Esta acción tiene que entenderse como aquella proveniente de una relación contractual,
otro vínculo que genere alguna obligación,
no a cualquier otra acción, como la de in-
demnización, pues esta se reserva para repa- rar daños ocasionados por el incumplimiento de obligaciones, que como se ha establecido, no existen; o por daño proveniente de actos tipificados en normas precisas del Código Ci- vil, incluyendo delitos, pues de otro modo el ejercicio de tal acción resultaría ilusoria. Esta casación sigue expresamente la jurispruden-
cia francesa expresada por Josserand.
Los orígenes de la institución en el civil law se remontan a los cuasicontratos del Dere- cho romano (11) , específicamente a través de la condictio (12) , que comprendía cinco supuestos:
a. La condictio indebiti: es el pago indebi- do, esto es, cuando uno paga por error y la
En las notas de esta obra, se propone el siguiente supuesto: si al final de la comunidad de gananciales, los bienes aportados por uno de los cónyuges se enriquece a expensas de los bienes comunes o, a la inversa, estos a expensas de aquellos, se da lugar a la condictio (Ibídem, pp. 603 y 604).
Publicada en el diario oficial El Peruano, el 31 de julio de 2002.
Publicada en el diario oficial El Peruano, el 1 de agosto de 2006.
Los cuasicontratos se asemejan a los contratos por ser lícitos y producir obligaciones, pero su causa eficiente (fuente), no proviene de la voluntad, sino de la ley. En general, esta fuente de las obligaciones estaba constituida por la gestión de negocios, el enriquecimiento sin causa y la comunidad incidental.
Resulta obvio no confundir la condictio con la condicio (condición), correspondiendo esta actualmente a los negocios jurídicos modales.
otra parte recibe sin derecho a ello y, por tanto, se debe restituir lo indebidamente cobrado. No procedía esta condictio cuan- do provenía de una obligación natural. Para que se configure la condictio indebiti se requería: “a) un pago efectivo, el cual primitivamente, habría de consistir en la entrega transmisora de dominio (datio) de cosas fungibles o de una res certa. Solo con el tiempo la jurisprudencia procuró la aplicación de la condictio indebiti a pres- taciones inciertas, como las operae inde- bidamente prestadas a un patronus; b) inexistencia de la deuda, entendiéndose que se da este requisito no solo cuando en absoluto hubiera deuda, sino cuando, aun existiendo la deuda, el deudor disponía de una excepción perpetua, contra la deman- da del acreedor; y c) error en el que paga, pues si lo hace a sabiendas de que no era deudor no procede la condictio: error que ha de ser de hecho, no de derecho” (13) .
b. La condictio ob causam datorum: se re- clamaba la devolución de lo que una per- sona hubiese recibido en atención a una causa lícita que se esperaba y que no ha- bía tenido lugar, como en el caso del ma- trimonio no celebrado.
c. La condictio ob turpem: proveniente de una causa torpe. Así, un sujeto se presen- taba “amenazando con realizar algún acto ilícito o inmoral, como matar a un hijo del
otro, o exhibirse desnudo delante de la hija núbil de este. Si el amedrentado cedía y pagaba lo exigido por el matón, podía re- cuperarlo con esta acción” (14) .
d. La condictio ex causa finita: la obligación debía de carecer de causa actual (15) , aun- que efectivamente lo hubiera tenido antes.
e. La condictio sine causa: se aplicaba a to- dos los casos de enriquecimiento que care- cieran de una propia acción o que no fue- ran ubicadas en las anteriores condictiones. Por ejemplo, el del vendedor en cuyo po- der continúa, después de ejecutarse el con- trato y recibir todo el precio, lo que recibió como señal o arras confirmatoria” (16) .
En el Digesto (Libro 50, Título 17, Ley Nº 206), Pomponio sostiene: jure naturae aequum est neminem cum alterius detrimento et injurie fieri locupletiorem (por derecho na- tural es equitativo que nadie se haga más rico con detrimento e injuria de otro).
Desde luego, en Roma, el efecto jurídico del enriquecimiento sin causa no era la indem- nización, sino la restitución.
También se conoció la acción in rem ver- so, “particularizada al caso en que el filius o servus realizara un negocio con intención de obligar al padre o dueño, y que redundase en utilidad para aquellos; siendo el negocio invá- lido, el tercero tenía derecho a reclamar por el
ARIAS RAMOS, J. y ARIAS BONET, Juan Antonio, Derecho romano, 18ª ed., Editoriales de Derecho Reunidas, Ma- drid, 1996, T. II, p. 672.
Según Rabinovich-Berkman, la “causa torpe no podía ser compartida (“juntos hemos matado a Cayo, te pagaré para que no me denuncies”), pues habría de parte del actor propia torpeza. En caso de duda, la repetición debía ser rechazada” (RABINOVICH-BERKMAN, Ricardo D., Derecho romano, Astrea, Buenos Aires, 2001, p. 620).
“Máximo Quiritario pagaba cada mes a Nauta Ventoso una moneda de plata, a cambio de que en todos los viajes del Mercurio a Alejandría, tanto él como Amosis el Egipcio, pudieran enviarse a bordo correspondencia. Acaba de pagar la moneda de este mes sin saber que a fines del mes pasado Nauta ha vendido el barco a Leoncio”. Para recuperarla, si el marino le niega la devolución, tiene expedita la condictio ex causa finita (Ibídem, pp. 620-621).
A RIAS R AMOS y A RIAS B ONET, Derecho romano, cit., T. II, p. 673.
LA NATURALEZA JURÍDICA DEL ENRIQUECIMIENTO SIN CAUSA
La doctrina del hecho ilícito. (Propuesta por Planiol). Se- gún esta teoría, el enriquecido incurre en un hecho ilícito al quedarse con un bien a costa de otro y sin un motivo legítimo que justifique el traspaso. Desde hace muchos
siglos, la doctrina distingue la indemnización del efecto restitutorio del enriquecimiento sin causa. Así, en la in- demnización prevalece la reparación integral del daño, en cambio, la restitución se limita a reponer las cosas al estado anterior del enriquecimiento.
La doctrina de la gestión de negocios impropia o anor- mal (sostenida por Demelombe, Laurent y Larombierre). Esta también es una posición que inexplicablemente se
aparta de las fuentes. En la gestión de negocios, ade- más que el gestor carece de facultades de representa- ción y actúa animus aliena negotia gerandi, la gestión debe ser provechosa para el dominis negotii.
La doctrina del provecho creado (expuesta por Ripert y Tesseire). Esta teoría propone que quien crea el ries- go debe soportarlo; quien crea el beneficio debe apro-
vecharse de él. «La teoría parece más brillante que sólida. Pone con exceso el acento en el enriquecimien- to; en tanto que lo medular de esta acción es el empo- brecimiento.
beneficio que hubiera resultado en el patrimo- nio de este” (17) . En puridad, cabe subrayar que en Roma, si bien es cierto que la acción in rem verso se restringía al supuesto acotado, en la ac- tualidad la doctrina prefiere emplearla para to- dos los casos de enriquecimiento injustificado.
La idea de subsidiariedad del enriqueci- miento sin causa subyace en el Derecho roma-
no. Así, en el caso de la implantio (plantación), un “adquirente de buena fe, compraba un árbol hurtado y lo plantaba en su propio terreno. En tal supuesto, adquiría la propiedad del árbol, adquisición que constituía un enriquecimiento a expensas del verdadero propietario, por tanto enriquecimiento injusto a todas luces. No obstante, el adquirente no estaba obligado a
ALTERINI, Atilio Aníbal/AMEAL, Óscar José/LÓPEZ CABANA, Roberto M., Derecho de obligaciones civiles y comer- ciales, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1997, p. 726.
restituir este enriquecimiento al primitivo pro- pietario de la planta” (18) . La solución se daba dentro de la institución de la implantio, no en el enriquecimiento injustificado.
Shultz advierte que los compiladores “im- prudentemente extendieron la finalidad de es- tas acciones y modificaron de modo desdicha- do su contenido, mediante interpolaciones nu- merosas que oscurecieron y confundieron las claras líneas del Derecho clásico sin que, por otra parte, nos permitan conocer cumplida- mente lo que fue el Derecho bizantino. Este Derecho constituye una de las partes más in- felices del Derecho creado por Justiniano, parte, que ha provocado la irritación de mu- chas generaciones de juristas e influido lamen- tablemente en el movimiento codificador con- tinental hasta nuestros tiempos. El Código Civil alemán (BGB) constituye en tal sentido un elocuente ejemplo” (19) .
Mediante las condictiones no se discutía el “fundamento jurídico de la traslación patri- monial operada, porque bajo este punto de vis-
ta no cabía discusión alguna; se cuestionaba la justicia del enriquecimiento en sí. No la vali- dez del acto, sino de sus resultados. De acá que el objeto de la condictio no estuviese en la cosa cuya adquisición se reputaba sin causa, sino en lo que se retenía injustamente” (20) .
Las Partidas siguieron este principio: nin- guno non deue enriqueszer tortizeramente con el daño de otro (Partida 7, Título 34, Ley Nº 17). Quizá nuestro codificador ha tomado li- teralmente el término “daño” de las Partidas, pero sin verificar rigurosamente las fuentes históricas, ni menos ha tomado en cuenta el Derecho comparado.
5.1. El Code y su influencia
El Código Civil francés de 1804 regula también los cuasicontratos: el pago indebido y la gestión de negocios. El artículo 1235º ab initio del Code establece que: “Todo pago su- pondrá una deuda: todo aquel que fuera paga- do sin ser debido, estará sujeto a repetición” (21) .
SCHULZ, Fritz, Derecho romano clásico, trad. José Santa Cruz Teigeiro, Bosch, Barcelona, 1960, pp. 584-585.
Ibídem, p. 585.
VV.AA., “Enriquecimiento sin causa. Contribución a su estudio”, cit., p. 9.
Otras normas sobre el pago indebido en el Code:
“Artículo 1376º.- Quien reciba por error o conscientemente aquello que no le fuera debido, estará obligado a restituirlo a aquel de quien lo que hubiera indebidamente recibido”.
“Artículo 1377º.- Cuando una persona que, por error, se crea deudora y pague una deuda, tendrá el derecho de repetición contra el acreedor.
Sin embargo, este derecho cesará en el caso en que el acreedor hubiera suprimido su título como consecuencia del pago, sin perjuicio del recurso de aquel que hubiera pagado contra el verdadero deudor”.
“Artículo 1378º.- Si hubiera existido mala fe por parte de quien hubiera recibido, estará obligado a restituir, tanto el capital como los intereses o los frutos, desde el día del pago”.
“Artículo 1379º.- Si la cosa indebidamente recibida fuera un inmueble o un mueble corporal, aquel que la hubiera recibido estará obligado a restituirla en naturaleza si existiera, o en su valor si hubiera perecido o se hubiera deteriorado por su culpa; será igualmente garante de su pérdida por caso fortuito si la hubiera recibido de mala fe”.
“Artículo 1380º.- Si quien hubiera recibido de buena fe vendiera la cosa, solo deberá restituir el precio de la venta”.
“Artículo 1381º.- Aquel a quien la cosa sea restituida, deberá tener en cuenta, incluso con respecto al poseedor de mala fe, todos los gastos necesarios y útiles en que se hubiera incurrido para la conservación de la cosa”.
Como se aprecia, el Code no ha estipula- do una norma expresa que consagre expresa- mente el enriquecimiento sin causa, como sí lo hacen los diferentes códigos civiles chileno (Código de Andrés Bello), alemán (BGB), ita- liano, peruano, brasileño, etc. Sin embargo, es uniforme el criterio de la doctrina y jurispru- dencia francesa de considerarla como un prin- cipio general del derecho.
En el caso de Argentina, Borda (22) advierte que el jurista Vélez Sarsfield, siguiendo la técni- ca, por cierto deficiente, del código francés, no creyó necesario el principio general de que nadie puede enriquecerse a costa de otro; pero es obvio que la institución ha tenido acogida en el código, en el cual se hacen numerosas aplicaciones particulares del principio. Estas aplicaciones obedecen a una teoría general sobre el punto, que el codificador enunció en la nota del artículo 784º, en la cual dice que “el principio de equidad, que siempre es prin- cipio en nuestro Derecho civil, no permite enriquecerse con lo ajeno”.
Cabe subrayar que en otros ordenamientos jurídicos, como en el nuestro, el pago indebido tiene un tratamiento distinto, habiendo adquirido autonomía respecto al enriquecimiento sin causa.
Una de las características del ordenamien- to civil alemán es la minuciosidad en el trata- miento del enriquecimiento injustificado, re- sultando aún un tema polémico y que se refleja en los prolijos trabajos doctrinarios. No se encuen-
tra en discusión los efectos del enriquecimien- to injustificado que tiene una índole restitutoria.
El § 812 del BGB prescribe:
“1. La persona que sin justificación legal obtiene algo de otra persona a expensas de esta, ya sea por trans- ferencia o por otro medio, está obli- gada a restituir dicho objeto. Esta obligación subsiste aunque después desaparezca la causa jurídica o si en una prestación no se produce el resultado propuesto con arreglo al contenido del negocio jurídico.
2. Como prestación vale también el reconocimiento de la existencia o inexistencia de una relación obliga- cional efectuada por contrato”.
Enneccerus expone que la precitada nor- ma legal establece una “condictio general que indudablemente abarca también el ámbito de la condictio indebiti (por inexistencia de deu- da) y de la condictio ob causam datorum (por falta de resultados)” (23) .
Medicus examinando el citado § 812 ad- vierte que la doctrina alemana aborda el “pro- blema de si todos los grupos de casos pueden comprenderse en un supuesto unitario de en- riquecimiento o si son necesarias diferencia- ciones o por lo menos aconsejables” (24) .
El BGB, en realidad, regula todas la condictiones romanas (25) , incluido el pago
BORDA, Tratado de Derecho civil. Obligaciones, cit., T. II, p. 515.
E NNECCERUS, Tratado de Derecho civil. Derecho de obligaciones, cit., T. II, Vol. II, p. 584.
MEDICUS, Dieter, Tratado de las relaciones obligacionales, Bosch, Barcelona, 1995, Vol. I, p. 675.
VV.AA., “Enriquecimiento sin causa. Contribución a su estudio”, cit., pp. 31-51. En este trabajo se estudia los motivos del proyecto del Código Civil para el Imperio alemán (1888), empleándose la traducción inédita de Ludovico Carcavallo.
indebido. Además, del referido § 812, trascri- bimos las otras normas.
§ 813:
“1. Lo entregado con la finalidad del cumplimiento de una obligación pue- de asimismo repetirse si a la preten- sión se opone una excepción por la que se excluye permanentemente el hacer valer aquella. La disposición del § 222, párrafo 2, no queda afectada.
2. Si una obligación prefijada se cum- ple anticipadamente, se excluye la re- petición; la devolución de los intere- ses intermedios no puede reclamarse”.
§ 814:
“Lo entregado con la finalidad de cum- plimiento de una obligación no puede ser repetido, si el que realiza la entre- ga, sabía que no estaba obligado a la prestación o si la prestación correspon- día a un deber moral o a una conside- ración a tomar por decoro”.
§ 815:
“La repetición en razón a la no pro- ducción del resultado propuesto con una prestación se excluye, si la con- secución del resultado era imposible desde el principio y esto lo sabía el que realiza la prestación o si el que realiza la prestación ha impedido la producción del resultado contraria- mente a buena fe y equidad”.
§ 816:
“1. Si un no titular adopta sobre un objeto una disposición que es eficaz
frente al titular, está obligado a la entrega al titular de lo obtenido por la disposición. Si la disposición se realiza gratuitamente, incumbe la misma obligación a aquel que en base
a la disposición obtiene directamen- te una ventaja jurídica.
2. Si se efectúa a un no titular una
prestación, que es eficaz frente al ti-
tular, está obligado el no titular a la entrega de lo recibido al titular”.
§ 817:
“Si la finalidad de una prestación es- taba determinada de manera que el receptor con la aceptación ha infrin- gido una prohibición legal o las buenas costumbres, el receptor está obligado a la restitución. Se exclu- ye la repetición si tal infracción es igualmente imputable al que reali- za la prestación, a no ser que la prestación consistiese en contraer una obligación; lo entregado para el cumplimiento de tal obligación no puede repetirse”.
§ 818:
“1. La obligación a la restitución se extiende a los aprovechamientos ob- tenidos así como a aquello que ad- quiere el receptor en base a un dere- cho obtenido o como resarcimiento por la destrucción, deterioro o sus- tracción del objeto conseguido.
2. Si no es posible la restitución a
causa de la naturaleza de lo obtenido
o si el receptor no está en condicio-
nes para la restitución por otra causa, ha de resarcir el valor.
3. La obligación a la restitución o al
resarcimiento del valor está exclui- da, en cuanto el receptor ya no esté enriquecido.
4. Desde la producción de la litispen-
dencia, responde el receptor con arre- glo a las disposiciones generales”.
llega a saber, que no se ha producido el resultado o que la causa jurídica ha dejado de existir; no está obliga- do a la restitución de los beneficios, siempre que en este momento ya no resulte enriquecido”.
§ 821:
§ 819:
“1. Si el receptor conoce la falta de causa jurídica en la recepción o lo lle- ga a saber después, está obligado a la restitución por la recepción o desde la obtención del conocimiento, como si la pretensión para la restitución en este tiempo hubiese llegado a estar en litispendencia.
2. Si el receptor por la aceptación de
la prestación infringe una prohibición legal o viola las buenas costumbres, desde la aceptación de la prestación queda obligado en análoga forma”.
“El que sin causa jurídica contrae una obligación, puede negar el cumpli- miento aunque haya prescrito la pre- tensión de liberación de la obligación”.
§ 822:
“Si el receptor asigna gratuitamente lo obtenido a un tercero, está obliga- do este a la restitución, como si él hubiese recibido la asignación del acreedor sin causa jurídica, en tanto que a consecuencia de ello esté ex- cluida la obligación del receptor a la restitución del enriquecimiento”.
“1. Si con la prestación se perseguía un resultado, cuya producción, con arreglo al negocio jurídico, se consi- deraría como incierta, el receptor, en caso de que no produzca el resulta- do, está obligado a la restitución, como si la pretensión para la restitu- ción hubiese llegado a ser litigiosa, al tiempo de la recepción. Lo mismo rige si la prestación se realiza por una causa jurídica cuya cesación con arre- glo al contenido del negocio jurídi- co, se estimaba como posible y la causa jurídica deja de existir.
2. El receptor solo ha de satisfacer
intereses desde el momento, en que
5.3. Brasil
El novísimo Código Civil brasileño, apro- bado mediante la Ley Nº 10,406, del 10 de enero de 2002 –vigente al año siguiente de su publi- cación–, regula el enriquecimiento injustifica- do en su artículo 884º, en donde literalmente se indica que: “Aquele que, sem justa causa, se enriquecer à custa de outrem, será obrigado a restituir o indevidamente auferido, feita a atua- lização dos valores monetários.
Parágrafo único. Se o enriquecimento ti- ver por objeto coisa determinada, quem a rece- beu é obrigado a restituí-la, e, se a coisa não mais subsistir, a restituição se fará pelo valor do bem na época em que foi exigido”.
Como se colige, el Código brasileño posee como características: la concisión de las normas
y el haber logrado la unificación de las obliga-
ciones civiles y comerciales, también considera que una de las consecuencias jurídicas del enri- quecimiento sin causa es la restitución e incide en la teoría valorista de las obligaciones.
5.4. Common law
En el common law el enriquecimiento in-
justificado originalmente fue desarrollado por
la jurisprudencia inglesa a partir del siglo XIV,
a través de la denominada acción de apremio,
que se limitaba a recuperar sumas dinerarias.
En los siglos XVI y XVII se consagra la institución del indebitatus assumpsit. Ahora, se emplea el término law of restitution (26) .
En esencia, el enriquecimiento injustifica- do tanto en el civil law como en el common law comparten los mismos elementos (27) .
Así, los juristas Goff y Jones señalan que el enriquecimiento injusto presupone tres co- sas. Primero, el demandado debe haberse enri- quecido por la percepción de un beneficio. Se- gundo, este beneficio debe haberse obtenido a expensas del demandante. Tercero, resultaría injusto permitir que el demandado conserve dicho beneficio.
En el año 1937 se reformula la Ley de Restitución en los Estados Unidos de Nortea- mérica, sintetizando los precedentes judiciales.
6. El enriquecimiento injustificado en el sistema jurídico peruano
Establecido el carácter subsidiario que tie- ne el enriquecimiento sin causa, y regulado de
manera autónoma el pago indebido (artículos 1267º y 1276º del Código Civil), nuestro orde- namiento jurídico regula dos situaciones.
6.1. Concubinato impropio
Además de los artículos 1954º y 1955º del Código Civil, se aplica el enriquecimiento in- justificado al concubinato impropio (28) , según el artículo 326º in fine del precitado código.
El concubinato impropio se configura cuando no se cumplen los requisitos del concu- binato propio. En este último, uno de los más importantes requisitos es el no tener impedi- mentos matrimoniales; por ejemplo, que el va- rón se encuentre casado. En este caso, no se aplican los efectos de la sociedad de ganancia- les, sino del enriquecimiento injustificado.
El Perú, en materia de concubinato, se encuentra rezagado respecto a los diversos có- digos de familia de Latinoamérica.
El Código de Familia boliviano, destina el Título V a las uniones conyugales libres o de hecho, estableciendo en su artículo 158º ab initio que: “Se entiende haber unión conyugal libre o unión de hecho cuando el varón y la mujer, voluntariamente constituyen hogar y hacen vida en común en forma estable y singu- lar con la concurrencia de los requisitos esta- blecidos en los artículos 44º y 46º al 50º” (refe- ridos a los requisitos del matrimonio).
En cuanto a las consecuencias jurídicas, estas uniones producen efectos similares al matrimonio, tanto en las relaciones personales como patrimoniales de los convivientes, pudiendo
En el common law destacan los siguientes autores: BURROWS, Andrew y BUROWS, A.S., The Law of restitution, 2ª ed., Butterworths UK, 2002, BIRKS, Peter, Unjust Enrichment, OUP, 2003; JONES, G., Goff and Jones on the Law of restitution, 6ª ed., Sweet & Maxwell, 2002.
ZWEIGERT y KÖTZ, Introducción al Derecho comparado, cit., pp. 585-596.
En el Derecho comparado al concubinato impropio también se le denomina unión irregular o no singular.
aplicarse a ellas las normas que gobiernan el acto jurídico matrimonial, en la medida com- patible con su naturaleza, sin perjuicio de las normas particulares que señala la ley, como se encarga de expresarlo el artículo 159º del Código de Familia.
Puede suceder que la unión libre no revis- ta las condiciones prescritas en el artículo 158º, para cuyos efectos el citado código boliviano reglamentó los efectos de las uniones sucesi- vas, (artículos 171º y 172º), las relaciones con infracción a los artículos 44º y 46º al 50º, las que denomina irregulares.
En el primer caso, cuando hay uniones sucesivas dotadas de estabilidad y singulari- dad, se puede determinar el periodo de dura- ción de cada una de ellas y se les puede atri- buir los efectos que correspondan, como lo establece el artículo 171º.
En el segundo caso, de las uniones irre- gulares no se producen los efectos reconoci- dos para la unión libre o de hecho, aunque sean estables y singulares. El artículo 172º precisa que en este último caso pueden ser invocados dichos efectos por los convivientes, cuando ambos estuvieron de buena fe, y aun por uno de ellos, si solo hubo buena fe de su parte, pero no por el otro. Queda siempre a salvo el derecho de los hijos.
Solución similar sobre el concubinato im- propio aparece en el artículo 18º del Código de Familia cubano y el artículo 46º del Códi- go de Familia hondureño. Entonces, en el De- recho comparado no se aprecia el carácter sub- sidiario del enriquecimiento injustificado en este tipo de concubinato.
6.2. El enriquecimiento injustificado en la Ley de Títulos Valores
El artículo 20º de la Ley Nº 27287, Ley de Títulos Valores, prescribe que extinguidas las “acciones derivadas de los títulos valores, sin tener acción causal contra el emisor o los otros obligados, el tenedor podrá accionar contra los que se hubieren enriquecido sin causa en detri- mento suyo, por la vía procesal respectiva”.
Según Beaumont y Castellares, el enrique- cimiento sin causa en esta materia es residual, “pues tiene como presupuesto, tanto que el tene- dor haya perdido la acción cambiaria contra to- dos los obligados, por ejemplo por haber ocurri- do la prescripción y/o caducidad; como que no puede ejercitar las acciones causales contra ellos porque no tuvo ni tiene relaciones jurídicas de esa naturaleza en las que pueda ampararse” (29) .
El artículo 62º de la ley argentina sobre el Régimen de la Letra de cambio y el Pagaré esta- blece que la acción (pretensión) debe dirigir- se contra el “librador o el aceptante o el endo- sante”. Al respecto, Beaumont y Castellares advierten que “nosotros hemos preferido de- jar que sea el juez quien finalmente determine la conexión jurídica dejando el derecho al te- nedor para accionar contra los que se hubie- ren enriquecido si causa en detrimento suyo” (30) . Acotan que el legislador argentino no permite, en sentido estricto, la acción con- tra avalistas no contra colibradores o coacep- tantes, pues ha sido cuidadoso en referir, como ya se ha dicho, solamente, al librador o al acep- tante o al endosante.
Montoya acorde con la jurisprudencia se- ñala que la acción de enriquecimiento indebido
BEAUMONT CALLIRGOS, Ricardo y CASTELLARES AGUILAR, Rolando, Comentarios a la nueva Ley de Títulos Valores, Gaceta Jurídica, Lima, 2000, p. 151.
debe probarse por medios distintos de la letra de cambio (31) . También, precisa que esta pre- tensión no puede plantearse acumulativamente con la causal, pues solo procede cuando el te- nedor no tiene contra el emitente del título, la acción ex causa (32) .
El artículo 99º de la precitada ley estable- ce que la “acción de enriquecimiento sin causa a la que se refiere el artículo 20º prescribe a los dos años de extinguida la correspondiente ac- ción cambiaria derivada del título valor”.
7. ¿Indemnización o restitución?
El artículo 1954º del Código Civil presenta un problema de interpretación. Si hiciéramos una interpretación gramatical pareciera que el efecto del enriquecimiento sin causa es la in- demnización; sin embargo, ello no es así.
Delia Revoredo indica que la indemniza- ción prevista en dicho artículo consiste, en principio, en la restitución de la cosa objeto del enriquecimiento, aun si esta se encuentra en poder del enriquecido, o en el valor de la cosa (si el enriquecido dispuso “causadamen- te” de ella) y, además, en el monto del mayor perjuicio ocasionado por una eventual mala fe del enriquecido (33) . Esta fórmula es similar al artículo 1270º del Código Civil, referido a la enajenación del bien recibido como pago in- debido de mala fe.
La profesora Revoredo (34) manifiesta que la restitución difiere de la reivindicación y de la indemnización por daños y perjuicios. Con
respecto a la primera lo que se reclama es más un valor que una cosa. Por eso cabe reclamar por servicios prestados o por el dinero que el enriquecido obtuvo al vender el objeto inicial del enriquecimiento.
Por otro lado, difiere de la indemnización por daños y perjuicios, porque no cabe culpa o dolo contractual ni extracontractual, pues falta necesariamente la causa jurídica en la transmi- sión de valores. Sin embargo, concluye Revo- redo que “cabe indemnización si ha habido mala fe en el enriquecido”. Así expuesto se adopta una posición ambigua.
Resulta confuso atribuir el efecto indem- nizatorio al enriquecimiento sin causa. No existe un sustento histórico, como tampoco del Dere- cho comparado, para arribar a esa conclusión. La razón es elemental: la indemnización tiene otra fuente de las obligaciones y, consiguiente- mente, otros presupuestos.
En puridad, la pretensión de enriqueci- miento injustificado tiene como efecto jurídico la restitución (in rem verso). Si no fuera posi- ble la restitución del objeto, ella se entenderá por su valor equivalente. Con ello se trata de equilibrar los patrimonios.
Asimismo, Castañeda (35) expone con clari- dad y concisión lo siguiente: “Así como el dere- cho de propiedad es el fundamento de la acción reivindicatoria, la posesión, el fundamento de los interdictos, el daño, el fundamento de la repara- ción por acto ilícito, el enriquecimiento sin cau- sa es el fundamento de la restitución”.
MONTOYA ALBERTI, Ulises, Comentarios a la Ley de Títulos Valores, 5ª ed., Editorial San Marcos, Lima, 1997, p. 104.
Ibídem, p. 105.
R EVOREDO DE D EBAKEY, Código Civil. Exposición de motivos y comentarios, cit., T. IV, p. 778.
Ibídem, pp. 777-778.
CASTAÑEDA, Jorge Eugenio, Código Civil. Concordancia y jurisprudencia de la Corte Suprema al día, 6ª ed., Talleres Gráficos P. L. Villanueva, Lima, 1978, T. II, p. 47.
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References: artículo 1954
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