Source: https://www.slideshare.net/escuelaelectoral/juventud-rural-indigena-y-afrodescendiente-estado-situacional
Timestamp: 2017-04-24 20:41:17+00:00

Document:
Perú: Estudio de la pobreza juvenil
JUVENTUD RURAL, INDÍGENA
Y AFRODESCENDIENTE:
JUVENTUD RURAL, INDÍGENA Y AFRODESCENDIENTE:
© Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju)
Página web: www.juventud.gob.pe
Álvaro Juanito Quispe Pérez
Equipo Técnico Senaju
Vanessa Espinar Carrasco
Directora de Asistencia Integral y Monitoreo
Elizabeth Maldonado Peceros
Alan Rodríguez Díaz
Heidi Rodrich Suarez de Freitas
Frida Rosa Coaquira Nina
Rocío Moscoso Blanco
Aracelly Tirado Ayllón
Esta publicación fue posible gracias al apoyo de la Organización Internacional de Trabajo (OIT)
Primera edición: Lima, agosto del 2011
Presentación........................................................................................................................................................07
Introducción.........................................................................................................................................................09
Capítulo 1: Aproximaciones teóricas y operativas a
la juventud rural, indígena y afroperuana.............................................................11
Capítulo 2: Legislación nacional e internacional
sobre la juventud rural, indígena y afroperuana.............................................17
2.1 Normativa internacional........................................................................................................................19	2.1.1 En materia de juventud........................................................................................................19	2.1.2 En materia de población indígena........................................................................................20	2.1.3 Normativa internacional dirigida a la población indígena y afrodescendiente............	........21	2.1.4 Año Internacional de los Afrodescendientes........................................................................22
2.2 Normativa nacional...............................................................................................................................22	2.2.1 En materia de población indígena y afroperuana................................................................24	2.2.2 En materia de juventud........................................................................................................25	2.2.3 Planes nacionales.................................................................................................................25	Capítulo 3: Situación de la juventud rural.......................................................................................27
3.1 Características poblacionales................................................................................................................30	3.2 Situación educativa...............................................................................................................................36	3.3 Situación de la salud..............................................................................................................................43	3.4 Condiciones de vivienda........................................................................................................................47	3.5 Condiciones de trabajo..........................................................................................................................48	Capítulo 4: Situación de la juventud indígena..............................................................................51	4.1 Características poblacionales................................................................................................................54	4.2 Situación educativa...............................................................................................................................84	4.3 Situación de la salud..............................................................................................................................85	4.4 Condiciones de vivienda........................................................................................................................96
4.5 Condiciones de trabajo..........................................................................................................................98
Capítulo 5: Situación de la juventud afroperuana....................................................................101	5.1 Referencias históricas..........................................................................................................................104	5.2 Características poblacionales...............................................................................................................105	5.3 Condiciones de vida de la población afroperuana...............................................................................111	5.4 Construcción de la identidad...............................................................................................................116	5.5 Relaciones familiares y comunitarias...................................................................................................117	Capítulo 6: Participación de la juventud rural, indígena y afroperuana para
el fortalecimiento de la democracia y la gobernabilidad..........................119
6.1 Participación........................................................................................................................................121
6.2 Democracia y gobernabilidad..............................................................................................................123 Capítulo 7: Avances del sector público en relación con las Políticas
Nacionales de Obligatorio Cumplimiento (PNOC)..........................................133
7.1 Las PNOC en materia de juventud rural, indígena y afroperuana.......................................................135	7.2 Avances del Estado peruano en el cumplimiento de las PNOC...........................................................137
Capítulo 8: Desafíos al 2021	.....................................................................................................................143
Bibliografía.........................................................................................................................................................149	Principales abreviaciones........................................................................................................................154
El estudio Juventud rural, indígena y afrodescendiente: estado situacional tiene como objetivo contribuir
al desarrollo integral de los jóvenes rurales, indígenas y afrodescendientes en sus espacios económicos,
políticos y sociales. Busca darles prioridad a aquellos jóvenes que están en situación de pobreza en los
ámbitos local, regional y nacional, en un marco de ejercicio de derechos, equidad de género e interculturalidad, y en cumplimiento de la política nacional establecida en el artículo 2, numeral 3.7, del D. S. 0272007-PCM, «Fortalecer las capacidades de los jóvenes rurales e indígenas en sus espacios sociales y políticos locales, así como su proyección hacia los ámbitos regional y nacional, reconociendo y promoviendo
sus culturas e identidades». Asimismo, este estudio servirá como herramienta para el diseño, el monitoreo
y la evaluación de las políticas públicas en materia de juventud.
Este estudio se constituye en un esfuerzo de la Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju) por presentar
un análisis de los principales indicadores cualitativos y cuantitativos que conforman el bagaje social, cultural, político y económico de los tres sectores más vulnerables de la juventud peruana: los jóvenes rurales
(que representan el 21,8% del total de la población nacional de 15 a 29 años), los jóvenes indígenas (el
15,7%) y los afrodescendientes (alrededor del 5,0%).
En este marco, es importante mencionar que la Senaju viene promoviendo iniciativas que han permitido
mejorar la cobertura, la calidad, la diversidad y la complementariedad de los programas y proyectos existentes orientados hacia los jóvenes rurales, indígenas y afrodescendientes. Asimismo, se ha impulsado
el protagonismo de los jóvenes, y también el fortalecimiento de sus competencias y capacidades para la
gestión del desarrollo sostenible en sus correspondientes poblaciones. De este modo, se viene liderando
el fortalecimiento de la Mesa Juventud Rural, Indígena y Afrodescendiente como un espacio de articulación interinstitucional a nivel nacional. Esta Mesa está conformada por entidades estatales, empresas
privadas y organizaciones de la sociedad civil con competencias en el desarrollo de iniciativas, programas
y proyectos que buscan mejorar las condiciones de vida de la juventud rural, indígena y afrodescendiente
en el marco de las políticas públicas nacionales.
En este contexto, el estudio que presentamos se constituye en una herramienta que ayudará a definir las
políticas locales, sectoriales y nacionales, orientando a los gobiernos regionales y locales, así como a la
sociedad civil, en su esfuerzo por incluir a los y las jóvenes dentro de los espacios de toma de decisiones
Del mismo modo, en la Encuesta Nacional de la Juventud (Enajuv) —realizada por el Instituto Nacional de
Estadística e Informática (INEI) por encargo de la Senaju, y cuyos primeros resultados se han presentado a
principios de agosto del 2011— se desarrollan por primera vez una serie de preguntas acerca de estos tres
sectores poblacionales. Los resultados de la Enajuv también contribuirán a generar conocimientos para la
mejor aplicación de las políticas públicas.
De esta manera, se establecen las condiciones que harán posible que todos los y las jóvenes accedan a
oportunidades que les permitirán desarrollarse y alcanzar niveles efectivos de equidad. Estas acciones se
realizarán en forma armoniosa con la visión cultural que ellas y ellos tienen acerca de su propio desarrollo
y el fomento de su identidad.
En el marco de una democracia social e inclusiva, el presente estudio constituye un instrumento que
contribuye a la visibilización de estos tres sectores poblacionales, con sus prioridades y necesidades, reconociendo su potencial como actores sociales, y ubicándolos como protagonistas de la agenda política y
del desarrollo de su propio entorno.
Este libro representa un esfuerzo por presentar un perfil de tres grupos poblacionales distintos entre sí
y heterogéneos en su interior, pero que comparten la característica de encontrarse aún en una situación
vulnerable respecto al ejercicio de sus derechos fundamentales: por un lado, aquellos vinculados al acceso
y la calidad de la educación, la salud, el trabajo y los servicios básicos; y por el otro, al respeto y al ejercicio
de sus identidades étnicas y culturales.
El texto ha sido organizado en ocho capítulos. En el primero se realiza una aproximación conceptual y operativa a la juventud rural, indígena y afroperuana, enfatizando el rol de los grupos juveniles vulnerables, así
como de cada uno de los y las jóvenes como actores estratégicos de su propio desarrollo y de la sociedad
en conjunto. Asimismo, se apuesta por re(valorar) a la juventud rural, indígena y afroperuana desde el
enfoque de los derechos ciudadanos y el paradigma de la interculturalidad. Reconociendo la diversidad
cultural y la influencia heterogénea entre las culturas, la interculturalidad busca el respeto y el (re)conocimiento de la diversidad, así como de las identidades étnicas y culturales
En el segundo capítulo se hace un repaso de una amplia legislación nacional e internacional, que incluye
instrumentos del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos y del Sistema Interamericano
de Protección de los Derechos Humanos suscritos por el Estado peruano, instrumentos jurídicos orientados hacia la juventud, y normativa específica para la población rural, indígena y/o afrodescendiente. Se
revisan declaraciones, leyes, ordenanzas y planes.
Los capítulos tercero y cuarto están dedicados a la juventud rural e indígena, respectivamente. En ambos
casos, el análisis de datos se realiza principalmente a partir de la información proporcionada por el XI Censo de Población y VI de Vivienda, realizado por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en el
2007. El análisis de la juventud indígena comprende, además, los resultados presentados por el INEI a partir del II Censo de Comunidades Indígenas de la Amazonía Peruana 2007. El análisis de la situación de los
y las jóvenes rurales e indígenas incluye una caracterización de ellos según departamento de residencia,
sexo, edad y lengua materna, así como indicadores sobre condiciones de vida: salud, educación, trabajo
y vivienda. En ambos capítulos, se pone énfasis en los avances más importantes de los últimos años, así
como en las principales vulnerabilidades y desafíos. Es necesario señalar que las situaciones heterogéneas
al interior de los grupos cobran especial complejidad entre los jóvenes indígenas, dada la gran diversidad
étnica y lingüística de la población. Por ello, la mayor parte de sus indicadores se presentan según lengua
El quinto capítulo consiste en una aproximación a las condiciones de vida de los jóvenes afroperuanos,
basada en estudios cualitativos e información cuantitativa tomada de modo referencial, en tanto aún no
se cuenta con estadísticas representativas a nivel nacional y según grupos etarios. Considerando que las
situaciones de vulnerabilidad y exclusión de la población afrodescendiente deben comprenderse en el
marco de los procesos de esclavitud y marginación ocurridos en el pasado (Defensoría del Pueblo 2011;
Benavides, Torero y Valdivia 2006; Aguirre 2004), se presentan algunas referencias históricas. Posteriormente, considerando las limitaciones asociadas a la falta de información estadística, se realiza una caracterización de la población y un análisis de sus condiciones de vida vinculadas a la educación, la salud, los
ingresos, la discriminación, las redes familiares y la construcción de la identidad juvenil.
En el capítulo sexto se presenta un breve análisis de la participación de la juventud rural, indígena y afroperuana en espacios sociales y políticos. Asimismo, apuntando a la necesidad de fortalecer la gobernabilidad democrática —entendida como resultado de interacciones y redes entre los distintos sectores que implican negociaciones y relaciones de poder para la toma de decisiones (Programa de las Naciones Unidas
para el Desarrollo 2008)—, se presentan algunos avances —y desafíos— en los espacios de concertación
y representación de la juventud rural, indígena y afroperuana.
En el séptimo capítulo se puntualizan algunos de los progresos del sector público en cuanto a las Políticas
Nacionales de Obligatorio Cumplimiento (PNOC) en materia de juventud rural, indígena y afroperuana. Se
destacan acciones concretas como la ejecución del programa ProJoven Rural, la labor del Centro Nacional
de Salud Intercultural y la de los Consejos Regionales de Participación Juvenil, entre otros.
En el último capítulo se desarrolla un conjunto de desafíos que abarcan la continuidad de planes y programas específicos en materia de juventud rural, indígena y afroperuana, y también un mayor fortalecimiento
de las políticas nacionales y sectoriales fundamentadas en los principios de descentralización, transversalidad e integralidad, equidad y participación e interculturalidad.
El desarrollo de este diagnóstico ha incorporado los puntos de vista de algunos actores clave, a partir de
una sesión de trabajo con los jóvenes participantes de la Mesa para el Fortalecimiento de la Juventud Rural,
Indígena y Afroperuana que se viene coordinando desde la Secretaría Nacional de la Juventud (Senaju).
Asimismo, se realizaron entrevistas con un líder indígena awajún-wampi y tres líderes afroperuanos. También se recogieron las opiniones de los participantes en el Taller Preparatorio de la Conmemoración del
Año Internacional de los Afrodescendientes. En dichos espacios surgieron valiosos aportes orientadores
del presente diagnóstico, referidos a las principales vulnerabilidades a las que deben hacer frente los y las
jóvenes rurales, indígenas y afroperuanos, y los desafíos en materia de políticas y programas de juventud.
Para aproximarnos a la situación de la juventud rural, indígena y afroperuana, es necesario especificar la
población a la que haremos referencia en cada uno de estos tres grupos.
Al hablar de juventud nos referimos al grupo etario que incluye a los adolescentes y jóvenes de 15 a 29
años de edad.� La juventud rural está compuesta por las personas de 15 a 29 años de edad que residen
en el área rural de nuestro país. El área rural, según lo establece el INEI, es «la parte del territorio de un
distrito integrada por los centros poblados rurales, que se extienden desde los linderos de los centros
poblados urbanos hasta los límites del distrito».� Para delimitar la ruralidad de manera operativa, el INEI
cuenta con más de una definición: así, en la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) y en la Encuesta Nacional de Salud Demográfica y de Salud Familiar (Endes) se clasifica como rurales a los centros poblados de
hasta 400 viviendas, mientras que en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2007 (en adelante, Censo
2007) se define como rurales «a los centros poblados de hasta 100 viviendas agrupadas contiguamente o
que teniendo más de 100 viviendas estas se encuentran dispersas».� Las capitales distritales se consideran
urbanas, aunque no cumplan con este requisito. Como veremos en el capítulo 5, la mayoría de los indicadores que utilizamos para presentar la situación de la juventud rural provienen del Censo 2007.
Las definiciones de juventud rural, indígena y afroperuana siguen criterios operativos distintos: mientras
la juventud rural se define de acuerdo con el área de residencia, la definición de población indígena considera la lengua con la que se aprendió a hablar (lengua materna). Por su parte, en los análisis cuantitativos
se define a la población afroperuana a partir de su autoadscripción étnica; y en los análisis cualitativos, a
partir de esta misma autoadscripción, pero también desde su color de piel, sus comunidades de residencia, sus ascendientes, sus costumbres, entre otros.
En el presente informe, al hablar de la juventud indígena nos referimos a los y las jóvenes que aprendieron
a hablar en lengua nativa, sea esta quechua, aimara, asháninka u otra originaria. Gran parte de los jóvenes
indígenas —cerca del 60%, según el Censo 2007— residen en zonas rurales del Perú, pero un porcentaje
elevado —alrededor del 40%— viven en zonas urbanas. Entre quienes residen en zonas rurales se encuentran aquellos jóvenes de las comunidades indígenas andinas y amazónicas. Esta operacionalización de lo
indígena es la que ha sido utilizada en el Censo 2007 y nos permite obtener indicadores para conocer las
situaciones de educación, salud, empleo y condiciones de vivienda de los y las jóvenes. Esta definición es
muy importante en tanto hace posible contar con los mencionados indicadores. Sin embargo, no incluye
a aquellos jóvenes que, a pesar de haber aprendido a hablar en castellano, tienen padres indígenas, fenómeno que pareciera ser creciente, particularmente en las áreas urbanas de nuestro país (Escobal y Ponce
La aproximación a la juventud afroperuana —y a la población en general— es una tarea compleja, en tanto
desde diversas investigaciones cualitativas se habla de la población afroperuana considerando distintas
variables como el color de la piel, la autoadscripción y la pertenencia a la diáspora africana —es decir, son
los descendientes de la población africana que fue esclavizada y embarcada hacia América—. Además,
aún se cuenta con escasa información cuantitativa. Esta proviene de datos recabados principalmente en
las encuestas nacionales a partir de preguntas de autoidentificación «racial» y étnica.
Entonces, al presentar el análisis de la juventud afroperuana nos basaremos en trabajos cualitativos, la
mayor parte de los cuales han sido desarrollados por organizaciones de afroperuanos. También utilizaremos la información estadística disponible.
� Tal como lo establece la Ley 27802 (22 de julio del 2002).
� Disponible en <http://www.inei.gob.pe/biblioineipub/bancopub/Est/Lib0017/ANEX2.htm>.
� Disponible en <http://censos.inei.gob.pe/Anexos/Libro.pdf>.
La aproximación teórica a las situaciones de la juventud rural, indígena y afroperuana, que es la orientadora de las políticas públicas, es bastante compleja. Además de la gran riqueza cultural de estos grupos,
como se verá en los capítulos 3, 4 y 5 existe una gran diversidad en su interior. Así, por ejemplo, se cuenta
con población indígena que reside en distintas zonas de nuestro país: áreas rurales y comunidades indígenas, del Ande y la Amazonía, y también en áreas urbanas, cada cual con su propia riqueza, lengua, cultura
y necesidades. Por ello, se habla de un país pluricultural, en el que las diversas culturas engloban sus propios conocimientos, arte, creencias, derechos, hábitos adquiridos, formas de expresión, etcétera. Además,
estas culturas no son estáticas, se encuentran en constante cambio, y se interrelacionan unas con otras
(Instituto Nacional de Desarrollo de Pueblos Andinos, Amazónico y Afroperuano 2010).
Para analizar la situación de los y las jóvenes rurales, indígenas y afroperuanos es crucial considerar que
en América Latina, tanto en materia de juventud como de población rural, indígena y afrodescendiente,
se han asumido distintos paradigmas interpretativos que, a su vez, han venido modificando la orientación
En lo referido a la juventud, a nivel latinoamericano los modelos clásicos más extendidos para comprenderla han sido los de «moratoria» o «suspensión social» y los de «etapa problema para la sociedad»
(Krauskopf 2004). El primero planteaba que los y las jóvenes tienen poca capacidad de actuar� y las políticas públicas basadas en este se orientaban a prepararlos para su vida futura, sin considerar sus necesidades, potencialidades e intereses cotidianos. Este modelo ha cambiado positivamente: hoy en día se
enfatiza el papel de la juventud como actor estratégico de su desarrollo y de la sociedad en su conjunto.
Por su parte, la temática étnica en nuestro país, principalmente vinculada a la población indígena y a las
comunidades campesinas y amazónicas, ha sido ampliamente debatida desde la Antropología, pasándose
de perspectivas que planteaban la absorción cultural de los grupos étnicos por parte de la cultura «occidental» o urbana hasta el paradigma actual, que apuesta por
[la] construcción de un Nosotros diverso, reivindicando el derecho de unos y otros a la igualdad y
a la diferencia: Igualdad ante la ley: ciudadanía, democracia, derechos humanos, justicia social.
Y a partir de esa igualdad, derecho a las diferencias que tiene que ver, entre otros temas, con
equidad de género, pluralismo e interculturalidad (Degregori 2000: 63).
A nivel latinoamericano, desde las ciencias sociales, los organismos internacionales y —cada vez más— las
políticas públicas se parte por considerar la vulnerabilidad a la que estas poblaciones se han encontrado
expuestas de manera histórica. Ello es importante porque, entre otros motivos, enfatiza la necesidad y
permite el planteamiento de políticas específicas y prioritarias.
En una publicación conjunta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA),
refiriéndose a la situación de la juventud de América Latina y el Caribe, Del Pololo, López, y Acuña (2009:
20) señalan:
[…] la juventud indígena constituye el grupo más vulnerable dentro de su pueblo, el que muestra
preocupación porque sus jóvenes se distancian de su propia cultura y a la vez sufren el rechazo
del resto de la sociedad. La situación no es muy diferente para la juventud afrodescendiente, en
cuanto a la exclusión y discriminación étnico-racial que padece.
� Este modelo señalaba que la juventud es un período de tránsito que comienza con la finalización de la niñez y se destina únicamente a preparar al púber, al adolescente y al
joven para que se incorpore de manera exitosa a la vida adulta (Caputo y Palau 2004).
En un sentido similar, la Cepal y la OIJ (2008: 50) refieren que la aún elevada magnitud de la pobreza juvenil «se correlaciona con la persistencia de grandes desigualdades de ingresos y de acceso a otros activos».
Como se señala en este libro, esta correlación suele ser más significativa al comparar a los jóvenes rurales
con los urbanos, a los hombres con las mujeres, y a los indígenas y afrodescendientes con el resto de
jóvenes. Como afirman la Cepal y la OIJ, estas brechas van en detrimento de la cohesión social, en tanto
«muchos jóvenes se sienten discriminados y segregados del progreso social, en un orden donde la meritocracia no les resulta evidente» (Cepal y OIJ 2008).
Los análisis de las situaciones de desventaja que ocupan la población, rural, indígena y afrodescendiente
en las sociedades latinoamericanas suelen —y deben— realizarse considerando sus identidades culturales, así como sus experiencias de discriminación y no discriminación, y de exclusión social e inclusión.
La interpretación de las condiciones de vida de estas poblaciones según el concepto de exclusión alude
a un proceso con diferentes niveles: exclusión más o menos fuerte, y más o menos difícil de cambiar. La
exclusión incluye la pobreza económica, pero engloba otros aspectos. Como señalan Valdivia, Benavides y
Torero (2007: 604) la exclusión es una categoría que alude a la «institucionalización de situaciones de desventajas económicas, políticas o culturales de grupos sociales vinculados a otros» (p. 604). Además, estos
autores señalan que la exclusión se refiere a los procesos individuales de empobrecimiento, pero también
a las dinámicas e interacciones que se van reforzando en el tiempo, poniendo énfasis en las instituciones
y procesos que generan la pobreza y no solo en los resultados mismos.
Siguiendo el planteamiento de Benavides (2007), las experiencias de exclusión juvenil se asocian a condiciones estructurales —pobreza, raza, clase—, pero involucran también dimensiones institucionales
—como el hogar, la escuela, el mercado de trabajo— y las formas particulares de cada joven de percibir y
experimentar su propia exclusión. Así, por ejemplo, los y las jóvenes forman parte de familias distintas en
las que se establecen relaciones, normas y expectativas que influyen sobre las maneras en las que ellos
y ellas construyen sus propias identidades, percepciones y expectativas, experimentan sus procesos de
exclusión y les hacen frente.
Por otro lado, siguiendo el planteamiento de Valdivia, Benavides y Torero (2007), más allá de diferencias
individuales, las poblaciones indígena y afroperuana experimentan la exclusión y la discriminación social y
«racial» de maneras distintas. Ello podría relacionarse con las diferentes experiencias y formas históricas
en las que estas poblaciones se han vinculado con el conjunto de la sociedad y con las élites durante las
épocas de la Colonia y la Independencia. A decir de los autores, frente a estas experiencias ambos grupos
construyen estrategias colectivas y configuran identidades étnicas distintas:
La estrategia de afrontamiento [de los indígenas] parece haber consistido en un doble proceso
de asimilación y resistencia cultural, simultáneamente. En el contexto de la modernización y las
masivas migraciones hacia las ciudades, tal parece que las poblaciones andinas optaron por el
abandono de ciertos marcadores étnicos (principalmente vestimenta y lengua), pero
mantuvieron un núcleo de costumbres y valores propios. Por su parte, frente a la discriminación,
los grupos afroperuanos han desarrollado una suerte de orgullo «negro» centrado en su «raza».
Esto ha contribuido a «racializar» aún más el contenido de su identificación grupal (Valdivia,
Benavides y Torero 2007: 645).
Como se ha señalado, los paradigmas trabajados desde las ciencias sociales han influido sobre las orientaciones de las políticas públicas. Actualmente, en nuestro país, las políticas en materia de poblaciones
rurales, indígenas y afroperuanas se enmarcan en los enfoques de derechos humanos y derechos ciudadanos, así como en el paradigma de la interculturalidad. Dejando a un lado visiones etnocéntricas previas,
la interculturalidad viene tomando fuerza planteándose como un principio rector, tanto en el ámbito de
las políticas generales como en el de las políticas y los planes nacionales de juventud. Este enfoque parte
por reconocer la diversidad cultural y la influencia inevitable y heterogénea entre las culturas, a partir de
lo cual busca el respeto y (re)conocimiento de la diversidad y de las identidades étnicas y culturales. Como
señala el Instituto Nacional de Desarrollo de Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos (2010: 31),
para relacionarnos de manera intercultural: «Se deberán buscar puntos coincidentes, de manera consciente, buscando objetivos comunes para así obtener ciertos logros, en forma más eficaz […] a fin de
obtener mejores calidades de vida a favor de los actores involucrados».
Además, y en el contexto de las oportunidades relacionadas con el bono demográfico, desde los planes
y políticas públicas se reconoce la capacidad de agencia de los y las jóvenes, asumiendo que son actores
claves de su propio desarrollo y del de la sociedad en su conjunto. Así, como se señala en el Plan Nacional
de Juventud (PNJ), las «políticas de juventudes reconocen a los jóvenes como personas, con capacidades
y fortalezas que el Estado debe impulsar para el beneficio presente y futuro de toda la sociedad» (Consejo Nacional de la Juventud 2006: 23).� Las políticas con enfoque de desarrollo asumen que el joven es
un agente dinámico y consciente de su propio desarrollo. Entonces, promueven todos los aspectos que
potencian las oportunidades y capacidades de la persona, buscando la cohesión social y la instaraución de
mecanismos pertinentes a las características de los grupos menos favorecidos del país; planteando el establecimiento de acciones orientadas a necesidades específicas y buscando actuar sobre el propio joven,
pero también sobre el contexto en el cual se desarrolla: la familia, las organizaciones, el mercado laboral,
los medios de comunicación, entre otros.
� Como se verá en el capítulo 7 del presente documento, estos mismos pilares sustentan las Políticas Nacionales de Obligatorio Cumplimiento (PNOC) establecidas según DS
027-2007-PCM.
2.1 Normativa internacional
Los derechos a la igualdad de oportunidades y a la no discriminación de los jóvenes que residen en zonas
rurales, así como de los indígenas y afroperuanos, se fundamentan en los instrumentos jurídicos del Sistema Universal de Protección de los Derechos Humanos y del Sistema Interamericano de Protección de
los Derechos Humanos, que han sido suscritos por el Estado peruano.� En estos sistemas se incluyen instrumentos contra la discriminación por motivos «raciales», origen nacional o étnico, como los siguientes:
El Convenio (111) Relativo a la Discriminación en Materia de Empleo y Ocupación.
Adoptado en 1958 por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y vigente en el Perú desde
1970, se refiere al acceso a medios de formación profesional, admisión al empleo y condiciones
La Convención Relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza, aprobada por la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (Unesco) en diciembre de 1960 y ratificada por el Estado peruano en 1966. Entre otros acuerdos, establece que la educación debe fomentar la tolerancia entre todos los grupos
«raciales» y que debe reconocerse el derecho de las minorías étnicas a mantener «las actividades
docentes que les sean propias (escuelas, lenguas, etcétera)».
adoptada en 1965 por la Asamblea General de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos
Humanos (OACDH). En esta se resalta que la «discriminación racial» afecta múltiples dimensiones:
[...] denotará toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza,
color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o
menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos
humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en
cualquier otra esfera de la vida pública (artículo 1).
2.1.1 En materia de juventud
Además, los derechos de los jóvenes residentes en zonas rurales, así como de los indígenas y afrodescendientes, se sustentan en los instrumentos jurídicos internacionales orientados hacia la juventud,� cuyo
primer hito es la Convención de los Derechos del Niño (20 de noviembre de 1989), ratificada por el Perú
el 14 de agosto de 1990.
La Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes (2005) establece el principio de no discriminación por motivos diversos, entre ellos la raza, el color, el origen nacional, la pertenencia a una minoría
étnica o cultural, el lugar donde se vive; y resalta que las discriminaciones afectan la igualdad de derechos
y las posibilidades de goce de estos. En el artículo 14 se establece el derecho de los jóvenes a adquirir su
propia identidad de acuerdo con sus características personales, entre estas el sexo, la etnia, las creencias
y la cultura. Entre los compromisos adquiridos por el Estado peruano al ratificar la Convención (8 de abril
del 2008) destacan:
� Entre los más importantes destacan la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948); el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966); el Pacto Internacional de Derechos Sociales, Económicos y Culturales (1966); y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (1969).
� Para mayor información, véase Secretaría Nacional de la Juventud (2011).
Impulsar y fortalecer procesos sociales que permitan efectivizar la participación de los jóvenes de
todos los sectores de la sociedad en organizaciones que generen su inclusión.
Fomentar, por medio de la educación, el diálogo intercultural, la vocación por la democracia, los
derechos humanos, la tolerancia, el respeto por la diversidad, entre otros.
En la Declaración de Guanajuato, adoptada en agosto del 2010, se establece prestar especial atención al
ingreso y permanencia en la educación secundaria, superior, técnica y vocacional de los jóvenes que viven
en la pobreza y situaciones de vulnerabilidad; en nuestro país, ambas son características de gran parte de
la población rural, indígena y afroperuana.
El Plan Iberoamericano de Cooperación e Integración de la Juventud 2009-2015, aprobado por los jefes
de los Estados iberoamericanos en el 2009, en el marco de la XVIII Cumbre Iberoamericana. En este plan
se enfatiza la atención a las necesidades específicas de las poblaciones indígena y afrodescendiente, y se
establecen los siguientes principios rectores: participación; coordinación; interculturalidad, no discriminación y solidaridad; e igualdad de género.
2.1.2 En materia de población indígena
Con carácter más reciente, se cuenta con normativa internacional en materia de población indígena y
afrodescendiente en la que se hacen algunas referencias específicas a la población joven.
Así, en 1989, la Conferencia General de la OIT adoptó el Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales
en Países Independientes, ratificado por el Estado peruano en febrero de 1994. En este instrumento se establece el respeto por la cultura, el idioma, la religión, la identidad y la organización socioeconómica como
condición para la «existencia perdurable de los pueblos indígenas y tribales» (Organización Internacional
del Trabajo 2007: 7. Mediante este convenio, el Estado peruano asume la responsabilidad de otorgar
protección y plenas garantías contra toda forma de discriminación o violencia. Asimismo, se compromete
a desarrollar acciones sistemáticas y coordinadas con los pueblos interesados, con el fin de garantizar
su identidad social y cultural, sus costumbres, tradiciones e instituciones. También debe asegurarles el
goce de los derechos humanos y libertades fundamentales, así como los mismos derechos ciudadanos,
sociales, económicos y culturales de los que goza el resto de la población. Y otorgarles las mismas oportunidades, atendiendo prioritariamente sus necesidades en los planes de desarrollo regional, sobre todo
el mejoramiento de sus condiciones de vida, trabajo, salud y educación. Para ello, como señala el artículo
2 del Convenio, el Gobierno peruano debe tomar medidas «Que ayuden a los miembros de los pueblos
interesados a eliminar las diferencias socioeconómicas que puedan existir entre los miembros indígenas y
los demás miembros de la comunidad nacional, de una manera compatible con sus aspiraciones y formas
de vida» (Organización Internacional del Trabajo 2007: 19).
Asimismo, y de acuerdo con los deseos expresados libremente por los pueblos interesados, el Gobierno
deberá adoptar las medidas eficaces —y cuando proceda, especiales— requeridas para salvaguardar a las
personas y sus bienes, así como a sus instituciones, cultura, trabajo y medioambiente. El Gobierno deberá
prestar particular atención a los derechos y necesidades especiales de los jóvenes indígenas, así como de
los ancianos, las mujeres, los niños y las personas con discapacidad. Siguiendo lo estipulado por el Convenio, los pueblos indígenas y tribales cuentan con el derecho de establecer sus prioridades y estrategias
de desarrollo económico, social y cultural, y de ser partícipes de la formulación, ejecución y evaluación de
los planes y programas de desarrollo que les afecten directamente, tanto a nivel nacional como regional
2.1.3 Normativa internacional dirigida a la población indígena y afrodescendiente
Legislaciones posteriores se orientan a las poblaciones indígenas y a otras «minorías étnicas», incluyendo
a las afrodescendientes. En 1992, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre
los Derechos de las Personas Pertenecientes a Minorías Nacionales o Étnicas, Religiosas y Lingüísticas. Así,
Establece que los Estados deberán proteger «la existencia y la identidad nacional o étnica, cultural,
religiosa y lingüística de las minorías dentro de sus territorios respectivos y fomentarán las condiciones para la promoción de esa identidad» (artículo 1).
Señala el derecho de las personas a disfrutar de su propia cultura y practicar su propia religión e
idioma, tanto en privado como en público, sin injerencias, discriminaciones ni desventajas.
Llama a los Estados a garantizar el derecho de las personas pertenecientes a minorías étnicas de
participar, de manera efectiva, en las medidas que se adopten a nivel nacional o regional respecto
a la minoría a la que pertenecen o a la región en la que viven.
En la Declaración y el Programa de Acción de la III Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia, adoptados en Durban en el 2001 y en los
que el Perú participó, se enfatiza la necesidad de superar la exclusión y discriminación «racial» de las que,
históricamente, han sido víctimas las poblaciones indígenas y afrodescendientes. Además, busca orientar
la adopción de medidas prácticas para erradicar el racismo y formula recomendaciones para la creación
de mecanismos que respondan a las particularidades de los diferentes grupos afectados por la discriminación, el racismo y otras formas de intolerancia; entre ellos, los indígenas y afrodescendientes. Se establece
como prioritaria la atención de los derechos de las mujeres, niños y jóvenes víctimas de estas prácticas.
Para combatir cualquier tipo de discriminación hacia los jóvenes:
Declara la función esencial de la educación orientada hacia el respeto y reconocimiento de la diversidad cultural y el idioma originario, y de la que aborda los derechos humanos.
Insta a la participación de los jóvenes en el desarrollo de estrategias y políticas nacionales e internacionales. De manera específica, llama a los Estados a reforzar sus medidas y políticas públicas
destinadas a la juventud afrodescendiente.�
Los avances y obstáculos para el cumplimiento de esta Declaración y Programa de Acción, fueron evaluados en la Conferencia de Examen de Durban, realizada en Ginebra en el año 2009.
Una delegación oficial de nuestro país estuvo presente en dicha conferencia, en la que se reafirmaron los
compromisos establecidos y se enfatizó la necesidad de combatir con mayor voluntad política todas las
manifestaciones de racismo, discriminación «racial», xenofobia y otras formas conexas de intolerancia.
� Se llama a los Estados a invertir recursos adicionales para mejorar la situación de toda la población afrodescendiente en materia de salud, educación, vivienda, electricidad,
agua potable, control del medioambiente, igualdad de oportunidades en el empleo y otras iniciativas de acción afirmativa; a facilitar la participación de los afrodescendientes en
todas las dimensiones de la sociedad; a promover el reconocimiento y el respeto por su cultura y patrimonio; a determinar los factores que impiden la presencia equitativa de
los afrodescendientes en el sector público. Asimismo, llama a los Estados a adoptar todas las medidas necesarias para proteger los derechos y la igualdad de oportunidades en
salud, educación, trabajo, economía y libertades de los pueblos indígenas; promover el respeto por sus culturas y patrimonio; garantizar su acceso a los medios de formación,
asistencia técnica, servicios de crédito, etcétera.
En julio del 2002, los presidentes del Perú, Bolivia, el Ecuador, Colombia y Venezuela firmaron la Carta
Andina para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos. En dicha carta se parte del reconocimiento de la diversidad de los territorios, pueblos, etnias y culturas de los países andinos como un eje de
la consolidación nacional de cada país y de la unidad andina; y se resalta que la democracia, el respeto por
y el desarrollo de los derechos humanos y libertades fundamentales tienen un carácter interdependiente
y se refuerzan mutuamente. Mediante este instrumento, los Estados reafirman su compromiso de hacer
respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales consagrados en la normativa internacional
y nacional, y enfatizan su compromiso de combatir cualquier tipo de discriminación o racismo. En materia
de pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes, los Estados reafirman el derecho a la preservación y desarrollo de sus identidades y la construcción de la unidad nacional sobre la base del reconocimiento de la diversidad y se comprometen a:
Promover programas a favor de la interculturalidad, incluyendo la generación de espacios de contacto y diálogo entre los pueblos indígenas, afrodescendientes y el resto de la sociedad.
Adoptar medidas efectivas para que los sistemas educativos, en todos sus niveles y modalidades,
incorporen contenidos y prácticas interculturales, y se desarrollen programas específicos de estudio sobre las culturas indígenas y afrodescendientes.
Asimismo, reconocen que los pueblos indígenas y comunidades de afrodescendientes:
Poseen, además de sus derechos ciudadanos de carácter individual, derechos colectivos, cuyo ejercicio promueve su continuidad histórica, la preservación de su identidad y su desarrollo futuro.
Tienen derecho a mantener su identidad y costumbres en lo cultural, social, económico, político,
jurídico y espiritual, así como a la propiedad y posesión de los territorios que tradicionalmente
2.1.4 Año Internacional de los Afrodescendientes
La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en su 65 sesión, ha proclamado el
2011 como el Año Internacional de los Afrodescendientes. De este modo se busca impulsar medidas a
nivel de Gobiernos y de la cooperación regional e internacional orientadas a que los ciudadanos afrodescendientes gocen plenamente de sus derechos económicos, sociales, civiles y políticos; participen y se
integren en todas las dimensiones de la sociedad; y a que exista un mayor conocimiento y respeto por su
diversidad, herencia y cultura.
La Constitución Política del Perú de 1993 garantiza los derechos de todas las personas, sin distinción alguna; y establece «la igualdad ante la ley. Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole» (artículo 2, inciso 2). Asimismo,
el Estado «reconoce y protege la pluralidad étnica y cultural de la Nación» (artículo 2, inciso 19), estableciendo el derecho a la identidad étnica y cultural. En materia de comunidades nativas, en el artículo 89 se
establece su existencia legal y personería jurídica, así como el respeto por su identidad cultural.
Sin ser específicas a las poblaciones rurales, indígenas y afroperuanas, las leyes antidiscriminatorias son
instrumentos importantes para la protección de sus derechos. Así, la Ley 26772 (17 de abril de 1997) actúa
contra los actos de discriminación en las ofertas de empleo y acceso a medios de formación educativa,
mientras que la Ley 27270 (29 de mayo del 2000) introduce en el Código Penal el delito de discriminación.
Posteriormente, con la promulgación de la Ley 28867 (8 de agosto del 2006) se establecen penas privativas
de libertad de entre dos y tres años, o hasta 120 sesiones de servicios comunitarios, para quien realiza o
promueve actos discriminatorios por motivos raciales¸ de factor genético, ascendencia nacional, idioma,
identidad étnica y cultural, indumentaria, entre otros.�
Asimismo, existen legislaciones en materia de salud y educación que toman en consideración la diversidad cultural de nuestro país y que resultan importantes para la población joven. Así, en el artículo 8 de la
Ley General de Educación (17 de julio del 2003) se establecen, entre otros, los siguientes principios de la
La inclusión, que incorpora a las personas con discapacidad y a las que pertenecen a grupos sociales excluidos, marginados y vulnerables, especialmente en el ámbito rural, sin distinción de etnia,
religión, sexo u otra causa de discriminación, contribuyendo así a la eliminación de la pobreza, la
exclusión y las desigualdades.
La interculturalidad, que asume como riqueza la diversidad cultural, étnica y lingüística del país, y
encuentra en el reconocimiento y respeto por las diferencias, así como en el mutuo conocimiento
y actitud de aprendizaje del otro, el sustento para la convivencia armónica y el intercambio entre
las diversas culturas del mundo.
Además, en el marco del proceso de descentralización, entre los años 2008 y 2009, más de 40 municipalidades distritales y 3 gobiernos regionales emitieron ordenanzas contra la discriminación. Como señala
Ardito (2009), estas ordenanzas pueden clasificarse de la siguiente manera:
Ordenanzas de protección a los consumidores: Aquellas que sancionan los comportamientos discriminatorios en establecimientos públicos, vinculados al ingreso o la atención a los clientes de
restaurantes, hoteles, discotecas, etcétera.
Ordenanzas integrales: Abordan el problema desde una perspectiva más amplia y se incorporan
nuevas causales, como por ejemplo la orientación sexual o las condiciones de salud. Además, inciden en la conducta de los propios funcionarios públicos, promoviendo políticas inclusivas. La mayoría de estas fomentan la presencia de funcionarios que puedan atender al público en su lengua
Entre las causales de discriminación reguladas por estas ordenanzas se encuentran la «racial», por sexo,
religión, posición o preferencia política, indumentaria, orientación sexual, actividad laboral, condición de
salud, lugar de origen y de residencia, idioma, identidad étnica, indocumentación y discapacidad.
Como refieren Reynoso, Oré y Carrillo (2010), son escasas las alusiones que estas ordenanzas realizan sobre el pueblo afroperuano. Entre ellas, destaca la ordenanza municipal del distrito de Lince, en la cual se
menciona al pueblo afroperuano y, además, se establecen políticas de acción afirmativa. En su artículo 3,
la Ordenanza 260-MDL se compromete a lo siguiente:
� También establece la inhabilitación y penas privativas de libertad de entre dos y cuatro años para los funcionarios públicos que ejerzan algún tipo de discriminación.
Promover la igualdad real entre los ciudadanos y ciudadanas del distrito de Lince, lo cual implica
establecer medidas concretas de corto y mediano plazo para atender a aquellas personas en condición de desigualdad, especialmente personas pobres, indígenas, afrodescendientes, personas de
la tercera edad y personas con discapacidad.
Implementar acciones afirmativas que buscan establecer condiciones de igualdad a todas las personas sin ningún tipo de discriminación, especialmente en los sectores históricamente excluidos,
como las mujeres, afrodescendientes, indígenas, los adultos mayores, las personas con discapacidad y las trabajadoras del hogar.
La emisión de estas ordenanzas constituye un paso importante que, como señala Ardito (2009), refleja
una mayor toma de conciencia de los gobiernos regionales y distritales sobre las prácticas discriminatorias
existentes, así como un trabajo más cercano entre estas municipalidades y las poblaciones vulnerables.
2.2.1 En materia de población indígena y afroperuana
En el país, la normativa en materia de población indígena y comunidades nativas es extensa�� y se vincula
a distintas dimensiones: diversidad cultural, identidad, territorialidad, medioambiente, salud, educación,
La problemática de la población afroperuana viene orientando la formulación de políticas públicas mucho
más recientemente. Como reconocimiento del aporte de la cultura afroperuana a la riqueza económica,
cultural, identitaria y artística del país, el 28 de julio del 2006 el Congreso de la República decretó la Ley
28761, que establece que el 4 de junio de cada año se celebrará el Día de la Cultura Afroperuana. Como
señala la Defensoría del Pueblo (2011), esta medida permite valorar la cultura de los afroperuanos y podría tener mayor contundencia si comprometiera al conjunto de la sociedad e integrara a diversas instituciones.
El 30 noviembre del 2009, mediante Resolución Suprema 010-2009-Mimdes, el Estado peruano expresó
su deseo de pedir «Perdón histórico al Pueblo Afroperuano por los abusos, exclusión y discriminación cometidos en su agravio y reconoce su esfuerzo en la afirmación de nuestra identidad nacional, difusión de
valores y defensa del suelo patrio».
En dicha resolución, el Estado reconoce y lamenta la existencia de agresiones hacia la población afroperuana, vinculadas a la discriminación racial, el racismo y la xenofobia que se mantienen como rezagos del
período colonial. Además, resaltó que dichas agresiones constituyen barreras para el desarrollo social,
económico, laboral y educativo de la población peruana, y particularmente del pueblo afroperuano. A
partir de ello, se resuelve el dictamen de políticas públicas específicas destinadas al desarrollo del pueblo
afroperuano. Como señala la Defensoría del Pueblo (2011: 102), el perdón histórico constituye «un primer
paso para desafiar las versiones prejuiciadas acerca de los grupos que han sido sistemáticamente desprotegidos», y refleja la voluntad política de clarificar la historia del Perú.
�� Para mayor información, véase Banco Interamericano de Desarrollo (2004).
2.2.2 En materia de juventud
Durante los últimos años, nuestro país ha avanzado en la aprobación de normas que legalizan el cumplimiento de los acuerdos internacionales y sustentan la protección de los derechos de los jóvenes peruanos.�� Destacamos aquellas que cobran importancia para resguardar los derechos y la igualdad de oportunidades de quienes viven en zonas rurales, son indígenas o afroperuanos:
La Ley 27802 (28 de julio del 2002) tiene por objeto establecer el marco normativo orientador de las
acciones del Estado y la sociedad que permitan impulsar las condiciones de participación y orientación
democrática de los jóvenes para su desarrollo integral. En el artículo 3 se establece:
La igualdad ante la ley para todos los jóvenes, sin discriminación alguna.
El derecho a la protección étnica y cultural
Que el Estado brindará trato preferente a los jóvenes que se encuentran en situación de vulnerabilidad manifiesta, con el fin de crear condiciones reales y efectivas de igualdad. Para ello, promoverá
y desarrollará programas «que creen condiciones de vida digna para los jóvenes, especialmente
para los que viven en extrema pobreza, comunidades campesinas, nativas, y para quienes se encuentran afectados por alguna discapacidad» (artículo 3).
Leyes más recientes promueven la participación y representación de los jóvenes en las listas de regidores
municipales y regionales. Así, la Ley del Concejal Joven (12 de agosto del 2006) establece que las lista de
candidatos a las elecciones municipales deben contar con no menos del 20% de personas menores de 29
años. Asimismo, la Ley 29470 del Consejero Joven (11 de diciembre del 2009) modifica el artículo 12 de la
Ley de Elecciones Regionales, señalando que como requisito para la inscripción de las listas de candidatos
se debe considerar que el 20% esté compuesto por jóvenes menores de 29 años. En esta ley también se
establece que las listas deben contar con un mínimo de 15% de representantes de comunidades nativas y
pueblos originarios en aquellas regiones donde los hubiera. Asimismo, indica una cuota de género y señala
que un candidato puede acreditar más de una de las cualidades, lo cual no implica que necesariamente
se contará con candidatos que sean jóvenes y que además pertenezcan a comunidades nativas o pueblos
2.2.3 Planes nacionales
Ante la necesidad de construir políticas y programas sectoriales e intersectoriales acordes con las necesidades y demandas de los jóvenes peruanos para garantizar sus derechos ciudadanos, y en el marco de la
legislación nacional e internacional, se desarrolló el Plan Nacional de Juventud (PNJ) 2006-2011.
Buscando aprovechar las oportunidades históricas que aporta el bono demográfico, y con la premisa de
que los jóvenes pueden y deben constituirse como actores estratégicos del desarrollo del país, el PNJ se
sustenta en cinco enfoques transversales: derechos humanos, intergeneracionalidad, equidad de género,
interculturalidad e inversión en capital humano, social y cultural para el desarrollo sostenible.
�� Para una información más amplia al respecto, pueden consultarse los documentos de la Senaju publicados en el 2010 y el 2011.
Asimismo, el PNJ se sustenta en los siguientes principios rectores:
Descentralización: Se reconoce a las regiones y localidades como espacios de diálogo y concertación para fortalecer los esquemas y prácticas existentes.
Transversalidad e integralidad: Busca incorporar el enfoque de juventud en todas las acciones del
Estado, con acciones sistémicas, intersectoriales y sinérgicas.
Equidad: Promueve el acceso universal y sin ningún tipo de discriminación a los servicios básicos
que presta el Estado, priorizando a aquellos que lo requieran debido a su estado de exclusión.
Participación: Se busca el involucramiento y compromiso de diversos actores públicos y privados,
adultos y jóvenes, desarrollando las capacidades y potencialidades de estos últimos.
Interculturalidad: Se reconoce, respeta y valora la gran diversidad cultural de nuestro país.
El Plan Nacional de Derechos Humanos (PNDDHH) fue aprobado por el DS 017-2005-JUS. En el año 2010,
mediante el DS 021-2010-JUS, el Poder Ejecutivo amplió la vigencia del PNDDHH 2006-2010 hasta el 31 de
diciembre del 2011. En el mismo decreto se establece que el Consejo Nacional de Derechos Humanos del
Ministerio de Justicia (CNDH) realice el seguimiento y monitoreo de los objetivos trazados en el PNDDHH
y presente un informe de estos.
En su Lineamiento Estratégico 4, el PNDDHH establece la implementación de políticas afirmativas a favor
del ejercicio de los derechos de la población más vulnerable, asegurando la igualdad de trato y la no discriminación.
En sus Objetivos Estratégicos 2 y 4, el PNDDHH plantea garantizar los derechos de los pueblos indígena y
afroperuano, así como los de la niñez y la adolescencia.
Asimismo, el PNDDHH llama la atención sobre la falta de políticas de Estado a favor de la población afroperuana, destacando, entre otros aspectos, que:
Aún faltan acciones en favor de los niños y jóvenes afroperuanos, que son los más vulnerables,
tanto en el trato, como en los aspectos de no discriminación y acceso a los recursos indispensables
para su desarrollo (Ministerio de Justicia 2005: 429).
Grupo 5 (64,3 - 65,0)
Grupo 4 (45,2 - 54,8)
Grupo 3 (28,3 - 38,7)
Grupo 2 (15,0 - 23,5)
Grupo 1 ( 1,7 - 10,7)
Históricamente, las poblaciones rurales se han encontrado en situaciones de vulnerabilidad respecto a sus
condiciones de vivienda y salud, educación, ejercicio de derechos, etcétera. Durante los últimos años, y
en parte en relación con los procesos de descentralización, estas situaciones han venido mejorando. Sin
embargo, aún son diversos los desafíos a los que debe hacerse frente para sentar las bases que permitan
el ejercicio de una ciudadanía plena de la población rural en general, y de los y las jóvenes en particular.
Para el diseño de políticas y programas orientados hacia la juventud rural es crucial considerar que sus
capacidades de agencia y vulnerabilidades encierran una gran heterogeneidad relacionada, por ejemplo,
con los distintos niveles educativos y características de las escuelas; la diversidad de lenguas originarias,
el mayor o menor acceso a servicios básicos, las condiciones laborales, etcétera. En las próximas líneas se
sintetizan varios de estos aspectos.
3.1 Características poblacionales
Distribución de la población rural
Como puede observarse en el cuadro 1, según datos del Censo 2007, la población total residente en áreas
rurales está compuesta por 6 601 869 personas. De esta población, 2 469 500 personas tienen entre 0 y 14
años de edad (37,8% de la población residente en áreas rurales), 3 659 841 (55,4%) tienen entre 15 y 64
años de edad, mientras que 445 528 (6,7%) se encuentran en el grupo de 65 o más años de edad.
Tanto en el ámbito urbano como en el rural se hace notorio el cambio en la estructura poblacional, lo cual
llama la atención sobre las oportunidades y desafíos generados por el bono demográfico. Así, en las zonas
rurales, el porcentaje de población que se constituye como fuerza laboral se ha venido incrementando,
pues ha pasado del 49,2 % en 1981 al 51% en 1993 y al 55,4% en el 2007.
Perú: población según área de residencia y grandes grupos de edad, 1981, 1993 y 2007
4 284 342
5 256 232
5 861 033
6 389 114
9 505 255
13 630 096
1 319 159
20 810 288
2 899 144
3 659 841
6 601 869
7 012 616
8 155 376
8 357 533
9 299 914
12 866 861
17 289 937
1 026 119
1 764 687
Fuente: INEI- Perfil sociodemográfico del Perú (Censos Nacionales de Población y Vivienda de 1981, 1993 y 2007)
Elaboración: Senaju
Analizando las pirámides de la población rural del país de 1993 y del 2007, el INEI�� señala una reducción
de alrededor del 2% en la base de la pirámide (grupos poblacionales de 0 a 4 y 5 a 9 años de edad), como
consecuencia de la disminución de las tasas de fecundidad. Además, se encuentra un leve incremento en
la población masculina y femenina de entre 30 y 49 años de edad.
INEI. Perfil sociodemográfico del Perú, censos nacionales de Población y Vivienda de 1993 y del 2007.
Distribución de la población joven según área de residencia, departamento y sexo
Según datos del Censo 2007, son 1 643 077 personas de 15 a 29 años de edad quienes residen en zonas
rurales y 5 911 127 quienes se ubican en zonas urbanas. Así, los jóvenes rurales representan el 21,8% del
total de jóvenes del Perú. Este porcentaje es algo menor que el correspondiente a la población total, donde el 24,1% reside en zonas rurales.��
Cuadro Perú: población por grupo de edad según área de residencia, 2007
(respecto a la población de 15 a 29 años de edad)
5 911 127
2 089 243
1 998 613
1 643 077
532 941
7 554 204
Fuente: INEI- Censo Nacional 2007: XI de Población y VI de Vivienda
De aquellos jóvenes que residen en zonas rurales, 856 663 (52,1%) son hombres y 786 414 (47,9%), mujeres, como se muestra en el cuadro 3.
Cuadro Perú rural: población por grupo de edad según sexo, 2007
�� Ibídem.
Esta composición por sexo es algo distinta de la juventud urbana y total nacional, donde el porcentaje de
mujeres es un poco más elevado que el de los hombres.
Tomando como base el total nacional, los departamentos de Cajamarca (14,4%) y Puno (9,5%) albergan
los mayores porcentajes de población joven rural. Por el contrario, el menor número de jóvenes rurales se
encuentra en los departamentos de Tumbes, Tacna y Moquegua.14
Perú rural: población por grupo de edad según departamento, 2007
�4 A excepción de la Provincia Constitucional del Callao, todos los departamentos del Perú cuentan con zonas rurales.
En las zonas rurales viven jóvenes que aprendieron a hablar en castellano y otros que lo hicieron en alguna
lengua indígena. Así, mientras 1 086 228 (66%) jóvenes que viven en zonas rurales aprendieron a hablar
en castellano, alrededor de 553 000 (34%) lo hicieron en quechua, aimara, asháninka u otra lengua originaria. Vale recalcar que el porcentaje de jóvenes rurales que aprendieron a hablar en lengua nativa es algo
menor que el 37,5% correspondiente a la población total residente en zonas rurales (Instituto Nacional
de Estadística e Informática 2008). Esta diferencia se vincula con la pérdida de la lengua materna indígena
que se experimenta de generación en generación.15
Perú rural: idioma o lengua en la que los jóvenes aprendieron a hablar, 2007
Alguna lengua nativa: 553 499
Castellano: 1 086 228
La categoría "alguna lengua nativa" engloba a los jóvenes que aprendieron a hablar en quechua, aimara, asháninka
u otra lengua originaria.
Fuente: INEI-Censo Nacional 2007: XI de Población y VI de Vivienda
El Censo 2007 indica que la gran mayoría de jóvenes rurales son solteros —910 970 (55%)— o convivientes
—552 538 (33,6%)—. Los que están casados son 141 975, que representan el 8,6% de los jóvenes residentes en zonas rurales. Los jóvenes separados, divorciados o viudos son 37 594.16
Perú rural: estado civil o conyugal, 2007
�5 En el próximo capítulo, «Situación de la juventud indígena», se analizará este tema con mayor profundidad.
�6 Como es lógico, el número de jóvenes convivientes y casados es más alto conforme aumenta la edad.
Al comparar el estado civil de los jóvenes rurales con el de la población total de zonas rurales se encuentra,
como es esperable, un menor porcentaje de personas solteras (34,9%) y un mayor porcentaje de casados
entre la población a nivel total (28,0%). Sin embargo, el porcentaje a nivel de población rural total de
quienes se encuentran conviviendo es de 29,2%, menor por más de 4 puntos porcentuales que el de la
juventud rural que se encuentra en la misma situación. Entre 1993 y el 2007, el porcentaje de la población
que se encontraba conviviendo se ha incrementado en el 6,8% en las zonas rurales y en más del 9% en las
zonas urbanas. Probablemente, ello esté vinculado a un menor compromiso de la juventud con la unión
matrimonial y a la ampliación de los derechos que se han venido otorgando a las uniones de facto.
En su mayoría, los jóvenes profesan la religión católica: 1 282 478, que representan al 78% de la juventud
rural. Quienes profesan la religión evangélica son 248 520 (15,1%), mientras que 50 868 (3,1%) profesan
otra y 61 211 (3,7%) no profesan ninguna religión.
Perú rural: religión que profesan los jóvenes, 2007
Tenencia de partida de nacimiento y documento nacional de identidad (DNI)
La tenencia de partida de nacimiento y de DNI resulta fundamental para el ejercicio de la identidad y los
derechos básicos. La carencia de estos documentos, además, dificulta el acceso a puestos de trabajo, servicios de salud y a diversos programas sociales.
El derecho al nombre rige desde el momento en el que cada persona obtiene su partida de nacimiento.
Casi el total de los jóvenes residentes en zonas rurales (99,7%) cuentan con partida de nacimiento. Sin
embargo, el 0,3% —que, según el Censo 2007, representa a 4961 jóvenes rurales— carecen de dicho
Cuadro Perú rural: población que cuenta con partida de nacimiento en el registro civil , 2007
(respecto a la población de 15 a 29 años)
Tiene partida de nacimiento
1 637 658
639 368
467 005
Se encuentran algunas desventajas en el acceso a la partida de nacimiento de los jóvenes rurales frente a
quienes residen en zonas urbanas. Así, mientras entre la juventud urbana quienes no cuentan con partida
de nacimiento representan el 3,9%, entre la juventud rural este porcentaje se incrementa al 7,9%.
Según datos del año 2007, 1 132 558 (92,1%) jóvenes rurales mayores de 18 años cuentan con DNI. Sin
embargo, cabe resaltar que alrededor de 97 199 (7,9%) de los jóvenes residentes en zonas rurales carecen
Perú rural: población que cuenta con DNI, 2007
(respecto a la población de 18 a 29 años de edad)
Sí: 1 132 558
No: 97 199
Resulta importante mencionar que este porcentaje es algo más elevado que el promedio nacional, en que
los jóvenes que no cuentan con DNI representan alrededor del 4,9% del total.
Estas brechas en la tenencia del DNI según zona de residencia urbano-rural se corresponden con las de
nivel nacional (para la población mayor de 18 años). Sin embargo, según el Censo 2007, los porcentajes de
jóvenes que no cuentan con DNI son algo más elevados que los de la población nacional, tanto en zonas
urbanas (2,4%) como en zonas rurales (6,4%).17
INEI-Perfil sociodemográfico del Perú (Censo 2007).
El menor acceso de la población rural joven —y adulta— al DNI se explica por la menor presencia histórica
que ha tenido el Estado en estas zonas, así como porque, en comparación con la población urbana, la rural
no se ve obligada a realizar tantos trámites que requieren DNI. Sin embargo, cabe recalcar que estos datos
corresponden al 2007, y que durante los últimos años, el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil
(Reniec), como parte de su política de proyección social dirigida a los sectores más vulnerables, ha realizado campañas para la entrega gratuita de este documento.18 Otro factor que puede haber generado que
un mayor número de personas de zonas rurales cuenten con DNI es que la tenencia de este documento es
un requisito para participar en el programa Juntos, que viene ejecutándose desde el 2006,19 así como para
acceder al Seguro Integral de Salud (SIS).
Cuadro Perú: población que cuenta con DNI por grupo de edad según área de residencia, 2007
4 475 829
735 881
De 18 a 19 años De 20 a 24 años De 25 a 29 años
1 945 290
4 669 250
1 229 757
5 608 387
918 181
5 899 007
1 075 588
Vale recalcar que, aunque reducida, existe una brecha de género en la tenencia del DNI: el porcentaje
promedio de varones que cuentan con este documento es tres puntos mayor que el de mujeres.
Es importante mencionar que estas cifras son del 2007, por lo que no incluyen a los jóvenes menores de
edad que actualmente cuentan con DNI.
3.2 Situación educativa
La situación educativa de los jóvenes rurales ha venido mejorando durante los últimos años. Sin embargo,
el avance de la cobertura de la educación secundaria rural, a la que asiste una cohorte importante de los
�� Para mayor información, véase <http://www.reniec.gob.pe/portal/ProyeccionSocial.jsp?id=9>.
�� Para mayor información, véase <http://www.juntos.gob.pe/>.
jóvenes rurales, ha sido menor que en el nivel primario. Existen, pues, desafíos pendientes en la educación
rural vinculados al acceso, la permanencia, los logros alcanzados y la calidad recibida, que debe involucrar
un verdadero (re)conocimiento de las diversidades e identidades culturales.
Según el Censo 2007, son 94 339 los jóvenes que no saben leer ni escribir. Ellos representan alrededor del
6% de los jóvenes rurales, porcentaje mayor que el 1,9% de promedio a nivel nacional. Vale recalcar que
estas cifras corresponden al año 2007 y que tras la ejecución del Programa Nacional de Movilización por la
Alfabetización (PRONAMA), entre el 2006 y el 2011 nuestro país ha sido declarado libre de analfabetismo,
lo que significa que el porcentaje de quienes no saben leer ni escribir se ha reducido a menos del 4%.20
Acceso a la Educación Básica Regular (EBR)
El número insuficiente de centros educativos en las áreas rurales, principalmente de nivel secundario, es
un problema de larga data. En razón de ello, según datos del 2006, los alumnos demoraban en promedio
una hora y 17 minutos en llegar a la escuela secundaria. Se encuentran bastantes diferencias en estos
tiempos según regiones: mientras en Tumbes los alumnos, en promedio, tardan 18 minutos en llegar a
la escuela secundaria, en San Martín el tiempo se incrementa a más de 3 horas. En muchos casos, estos
traslados se realizan caminando.
Perú rural: tiempo de traslado de la casa a la escuela, 2006
Este tema será retomado en el capítulo 7 del presente documento. Para mayor información, puede consultarse <http://alfa.minedu.gob.pe/>.
Fuente: MED (Censo Escolar)
n. a.: no aplica
Como puede verse en el cuadro 8, el número de centros educativos en las zonas rurales ha aumentado
durante los últimos años. Así, el déficit de centros ha disminuido de 515 a 318 entre el 2007 y el 2009.
Perú rural: déficit de centros educativos, 2007, 2008 y 2009
(número de centros)
Permanencia y conclusión de la educación básica regular (EBR)
En las áreas rurales, los años de escolaridad que se alcanzan en la EBR han venido incrementándose. Así,
en el 2000 la población de 25 a 34 años de edad cursaba un promedio de 7 años de escolaridad, mientras
que en el 2005 este promedio aumentó a 7,3 años; y en el 2009, a 7,9 años. Este promedio, sin embargo,
todavía se encuentra por debajo del total nacional, que es de 10 años. Además, aún existe una brecha entre el promedio de años de escolaridad alcanzado en las zonas rurales por los hombres (8,5) y las mujeres
Cuadro Perú: años promedio de escolaridad, según sexo y área de residencia, 2000-2009
(respecto a la población de 25 a 34 años de edad)
Fuente: MED-INEI (Encuestas Nacionales de Hogares)	Elaboración: Senaju
El menor número de años de escolaridad puede asociarse a una deserción temporal o permanente del
sistema escolar. Según datos del 2009, la causa principal de la deserción escolar de las adolescentes de 15
a 19 años de edad en las áreas rurales la constituyen los problemas económicos. Así, el 44% de las adolescentes señalan haber dejado de estudiar por problemas económicos, mientras el 19,4% refieren que no
querían estudiar; el 12,5%, que se casaron o unieron; y alrededor del 10%, que quedaron embarazadas.
Perú: razones de deserción escolar de las adolescentes según área de residencia, 2009
(% de población femenina que ha dejado de estudiar)	Área
Se casó o
Fuente: MED-INEI (Encuesta Demográfica y de Salud Familiar)	Elaboración: Senaju
En resultados previos de Alcázar (2007), a partir de una encuesta realizada con jóvenes desertores de ambos sexos de 416 centros poblados de 23 departamentos del Perú, se encontró que la mayor parte (56,8%)
señalan haber desertado de la EBR por problemas económicos o porque tuvieron que trabajar; el 11%
declaran no querer estudiar ni trabajar. Otros motivos referidos por los jóvenes según esta misma fuente
son carecer de dinero para la matrícula o los materiales, casarse o vivir en concubinato, los problemas familiares, las malas notas, los problemas de conducta, una decisión de los padres, o sufrir una enfermedad
La tasa de conclusión de la educación secundaria es la proporción de la población de un grupo de edad
que ha culminado dicho nivel. En los datos que se presentan en el cuadro 11, la tasa de conclusión de la
secundaria ha sido calculada para los jóvenes de 17 a 19 años de edad. Como puede observarse en el cuadro, tal como sucede con el indicador anterior, la tasa de conclusión en el nivel secundario para los jóvenes
rurales se ha venido incrementando durante los últimos años. Así, por ejemplo, se ha pasado de 30,3% en
el 2005 a 40,4% en el 2009. La brecha por sexo también se ha venido cerrando: así, mientras en el 2004 la
tasa de conclusión de los jóvenes varones era del 25,7% y la de las mujeres del 20,8%, en el 2005 la tasa de
conclusión de la secundaria de las mujeres y varones residentes en zonas rurales es la misma.
Cuadro Perú rural: tasa de conclusión de la educación secundaria según sexo, 1985-2009	(respecto a la población de 17 a 19 años de edad)
Fuente: MED-INEI (Enaho 1998-2009) - Instituto Cuánto (Enniv 1985 y 1994)	Elaboración: Senaju
Sin embargo, es crucial resaltar que la culminación de la educación secundaria aún constituye un reto
importante para la juventud rural.
Como puede notarse en el cuadro 12, otro de los retos fundamentales es el acceso a la educación superior
de los y las jóvenes rurales.
Perú rural: tasa bruta de matrícula en educación superior, 1985-2009
(respecto a la población de 17 a 21 años de edad)
La tasa bruta de matrícula en educación superior21 se ha venido incrementando, aunque en los últimos
años su crecimiento ha sido más lento. Este incremento puede vincularse a una mayor oferta educativa,
a la mayor importancia que podrían estarle otorgando las familias a la educación y a los mayores ingresos
con los que se cuenta en algunas zonas rurales del país.
Como se mencionó, el acceso a la educación superior es aún un desafío importante para esta población,
ya que según datos del 2009, solo alrededor de 18 de cada 100 jóvenes rurales ingresan a la educación
La diversificación curricular y la incorporación de los saberes previos22 en los procesos de enseñanzaaprendizaje se constituyen como pilares básicos de la educación intercultural. Según el Proyecto Educativo
Nacional (PEN) al 2021, la diversificación permite que el currículo de cada institución educativa sea acorde
con «su realidad sociocultural y las necesidades e intereses de sus estudiantes y la comunidad» (Consejo
Nacional de Educación 2007: 71).
Sin embargo, existen limitaciones en la forma en que los docentes de las escuelas rurales conciben e implementan la diversificación curricular. Dos de las formas que parecen ser las más extendidas para llevar
a cabo esta diversificación consisten en otorgarle un carácter «folclórico» y en reducir las expectativas y
exigencias a los estudiantes de zonas rurales (Ruiz Bravo, Rosales y Neira 2006). Para mejorar la calidad de
la educación rural e incrementar los logros es fundamental que el sistema educativo continúe adecuándose a los saberes previos y las situaciones de vida de las distintas poblaciones.
Como se enfatiza en el PEN al 2021:
Es indispensable contar con maestros formados en una perspectiva intercultural, es decir, con capacidad de relacionarse con diversas configuraciones socioculturales, pero no solo para comprenderlas y valorarlas, sino para organizar la enseñanza sobre la base del reconocimiento de esta diversidad en el aula, partiendo del capital cultural de los estudiantes y sus comunidades, propiciando el
diálogo entre distintas cosmovisiones, valores y representaciones (p. 45).
�� Número de matriculados en instituciones de educación superior, expresado como porcentaje de la población de su grupo de edad (en este caso, de 17 a 21 años).
Por saberes previos se entiende que «estos pueden ser conocimientos específicos pero también formas de proceder, gestionar, enseñar y aprender. Se trata de dinámicas
sociales en las cuales los y las niñas [y jóvenes] se encuentran en redes sociales e intercambios en los que permanentemente se producen y revisan saberes sobre las diferentes
dimensiones de la vida […]» (Ruiz Bravo, Rosales y Neira 2006: 113).
3.3 Situación de la salud
Contar con un seguro de salud es fundamental, en tanto permite a los y las jóvenes protegerse de una
eventual enfermedad o accidente. Según el Censo 2007, 1 173 343 jóvenes rurales no cuentan con ningún
tipo de seguro de salud, mientras que 469 734 sí lo tienen. Entre quienes cuentan con un seguro de salud,
394 737 están cubiertos por el SIS y 53 454 están asegurados en Essalud.
Perú rural: cobertura de seguro, 2007
Con seguro: 469 734
Sin seguro: 1 173 343
Cabe recalcar que durante los últimos años, la cobertura de los seguros de salud ha venido aumentando
en tanto se ha abierto la posibilidad de que las personas pobres y pobres extremas accedan gratuitamente
al SIS.23
Según los resultados del Censo 2007, el número de mujeres jóvenes rurales es de 786 414. Al relacionar
este número con el de hijos (nacidos vivos) que han tenido, se obtiene el promedio de hijos nacidos vivos
por mujer joven rural. En las zonas rurales, este promedio es de 0,2 entre las mujeres de 15 a 19 años de
edad, de 1,1 entre las de 20 a 24 años de edad y de 2,1 entre las de 25 a 29 años de edad.
Como señala el INEI (2008) a partir de una comparación con los datos del Censo de 1993, hay una tendencia a la disminución de la fecundidad que se da tanto en el ámbito rural como a nivel nacional.24 Así,
para todas las mujeres en edad fértil el promedio de hijos por mujer pasa de 3,2 en 1993 a 2,5 en 1997.
En las zonas urbanas, estos promedios han sido menores, pues han pasado de 1,9 a 1,5. Durante el 2010,
el Ministerio de Salud (Minsa) lanzó su campaña de planificación familiar con énfasis en las zonas rurales,
brindando acceso a información y a una amplia gama de métodos anticonceptivos.25 Estas acciones pueden haber reducido el promedio de hijos que las jóvenes rurales están teniendo.
�� Para mayor información, véase <http://www.sis.gob.pe/Portal/productos/sisgratuito/sis-gratuito/index.html>.
�� Sin embargo, el promedio de hijos por mujer en el grupo de 15 a 19 años de edad es el único que no ha disminuido entre 1993 y el 2007.
Disponible en <http://www.minsa.gob.pe/portada/Especiales/2010/pf/default.asp>.
Perú rural: promedio de hijos nacidos vivos por mujer joven, 2007
Es importante considerar que este número representa un promedio a nivel de juventud rural y que, como
puede verse en el cuadro 13, si bien la mayoría de mujeres jóvenes rurales tiene uno, dos o tres hijos,
algunas tienen hasta nueve hijos.
Perú rural: número total de hijos nacidos vivos por mujer jóven, 2007
01 hijo
03 hijos
05 hijos
06 hijos
07 hijos
08 hijos
09 hijos
En cuanto a la edad en la que las jóvenes rurales tienen a su primer hijo, según datos del Censo 2007 156
109 mujeres lo tuvieron entre los 18 y los 20 años; 121 477, entre los 15 y los 17 años; 61 568, entre los
21 y 23 años; 19 387, entre los 24 y 26 años; 10 347, entre los 12 y los 14 años; y 3 523, entre los 27 y los
Como puede apreciarse en el cuadro 14, el porcentaje de adolescentes que tienen a su primer hijo entre
los 12 y los 14, y entre los 15 y 17 años de edad, es algo mayor en las zonas rurales que a nivel nacional.
Perú: edad de la madre cuando nació su primer hijo(a) nacido vivo, según área de residencia, 2007
1 027 173
1 399 584
Al problema del embarazo adolescente, se suma que, según datos del INEI,25 el 31,3% de las madres
adolescentes de 12 a 14 años de edad son solteras, porcentaje que disminuye al 12,4% entre las madres
de 15 a 19 años de edad. Es importante mencionar, sin embargo, que estos porcentajes han venido disminuyendo desde 1993, cuando eran del 46,2% y el 16,1%, respectivamente.27 Esta disminución podría
estar vinculada a un mayor conocimiento y acceso a los métodos de planificación familiar por parte de la
Cuadro Perú: madres solteras de 12 y más años de edad por grupo de edad según área de residencia, 1993 y 2007
Total de madres
606 958
2 543 871
3 453 529
961 016
482 990
3 504 887
5 286 478
4 845 617
6 821 386
Fuente: Perfil Sociodemográfico del Perú – INEI (Censos Nacionales de Población y Vivienda 1993 y 2007)	Elaboración: Senaju
�� Perfil sociodemográfico del Perú-INEI, Censos Nacionales de Población y Vivienda 1993 y 2007.
Estos porcentajes son bastante más bajos que en las zonas urbanas, donde el problema parece ser más agudo.
3.4 Condiciones de vivienda
Acceso a servicios de agua potable y luz eléctrica
Las características de la vivienda se vinculan a las condiciones de vida de los hogares. En las zonas rurales,
según datos del Censo 2007, el acceso al alumbrado en el hogar es aún limitado. Así, solo 48 559 jóvenes
(30,0%) viven en hogares con alumbrado eléctrico; mientras 1 130 473 (70,0%) residen en viviendas que
no cuentan con este servicio. Estos porcentajes son bastantes distintos de los promedios nacionales, en
los que los jóvenes que habitan en viviendas que cuentan con alumbrado eléctrico representan el 77,7%,
mientras que los jóvenes que no cuentan con este servicio son el 22,3%. Estas brechas se vinculan a las
grandes diferencias que existen entre las poblaciones urbanas y rurales en el acceso a los servicios públicos.
Asimismo, solo el 25,3% de los jóvenes residentes en zonas rurales cuentan con agua potable. De ellos,
348 724 (85,3%) cuentan con este servicio toda la semana, mientras que 60 036 (14,7%) acceden a este
servicio solo algunos días. El 74,7% no acceden a este servicio.
Perú rural: servicios básicos (luz y agua), 2007
85,3%: tiene agua todos los días
14,7%: no tiene agua todos los días
Accesibilidad a servicios de comunicación e información
El grado de equipamiento del hogar y la accesibilidad a servicios de comunicación e información son indicadores del nivel de acceso de la población a los medios que le permiten elevar su nivel cultural (Instituto
Nacional de Estadística e Informática 2008). Según el Censo 2007, son 11 516 (0,7%) los jóvenes residentes
en viviendas que cuentan con teléfono fijo; 180 286 (11,2%) aquellos que cuentan con teléfono celular;
6576 (0,4%) quienes acceden a televisión por cable; y solo 805 quienes cuentan con acceso a Internet en
sus viviendas. El grupo mayoritario (1 424 932) está constituido por los jóvenes que, según el Censo 2007,
no cuentan con ninguno de estos servicios.
Cuadro Perú rural: servicios con los que cuenta el hogar, 2007
Servicios con los que cuenta el hogar
1 424 932
1 615 732
636 496
En el Perú, se considera que las personas mayores de 14 años se encuentran aptas para ejercer actividades
productivas, es decir constituyen la población en edad de trabajar (PET).
Esta población se subdivide entre la población económicamente activa (PEA) —constituida por las personas mayores de 14 años que tienen un empleo o lo están buscando— y la población económicamente inactiva (PEI), conformada por quienes, encontrándose en edad de trabajar, no realizan o no desean realizar
actividad económica alguna28 (Instituto Nacional de Estadística e Informática 2008). Como se aprecia en el
gráfico 8, según datos del Censo 2007, son 891 927 (alrededor del 54% del total) los jóvenes rurales que
forman parte de la PEI. Entre quienes conforman la PEA, 703 587 (42,8%) jóvenes rurales son económicamente ocupados y 47 563 (2,9%) se encuentran desocupados.
Perú rural: PEA, 2007	(respecto a la población de 15 a 29 años de edad)
PEA ocupada 703 587
PEA desocupada 47 563
No PEA 891 927
En este segundo grupo se incluye a quienes se dedican de manera exclusiva al cuidado del hogar, estudiantes que no trabajan, jubilados, pensionistas, etcétera (Instituto
Nacional de Estadística e Informática 2008).

References: artículo 2
 artículo 14
 artículo
2
 artículo 89
 artículo 8
 artículo 3
 Resolución 
 artículo 3
 artículo 12