Source: http://ezequieleiben.blogspot.com/2010/01/
Timestamp: 2017-11-20 04:06:07+00:00

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Ezequiel Eiben: enero 2010
Dilemas de la Meguilat Haatzmaut
En el Diccionario Sionista de Jewish Agency for Israel figura la siguiente definición: “Meguilat Haatzmaut - Pergamino sobre el cual está escrita la Declaración de la Independencia del Estado de Israel, proclamada en Tel Aviv el 5 de Iyar de 5708 (15 de mayo de 1948)”.
La Meguilat Haatzmaut (Declaración de la Independencia del Estado de Israel) es un texto que presenta varios puntos de los cuales se pueden extraer temas para el análisis y el debate, a los fines de aclarar lineamientos básicos acordados en la época del nacimiento del Estado, y enfocar dilemas que tienen peso en la realidad judía e israelí (y, por que no, de los no judíos que opinan sobre estos temas) de nuestros días. Vamos ahora a sumergirnos en sus párrafos y en el contexto histórico de su redacción para abrir un foco de debate sobre ciertos aspectos e intentar esbozar conclusiones sobre otros.
Análisis del contenido de la Meguilat
En este párrafo está la consagración de Eretz Israel como el lugar al que pertenecemos los judíos. Al ser la cuna del pueblo judío, aquí se ha producido el nacimiento y renacimiento de la cultura y civilización judía en distintos momentos históricos. Soberanos fuimos cuando salimos de Egipto y llegamos a la Tierra Prometida, cuando nos gobernamos por los reyes como David, cuando nos separamos en dos países (Judea e Israel), y lo somos por medio del sionismo y el retorno a nuestro lugar al establecer el moderno Estado de Israel.
Al referirse a la identidad espiritual, religiosa y nacional, se está abarcando a cada miembro del pueblo judío para que nadie se quede afuera. Israel tiene un significado tanto para un laico como para un religioso, que lo hace un lugar irremplazable en la fe y cultura judías. Y del espíritu judío emanaron los valores que han embellecido y regido la vida humana principalmente en el pensamiento occidental. Valores específicamente puestos en práctica por el pueblo judío, y valores que por su universalismo y por ser atemporales sirven para todos los pueblos en todas las épocas, porque están inscriptos en la naturaleza del mundo. El pueblo judío los ha sabido descubrir y consagrar.
Los 10 Mandamientos son la base para el desarrollo de un pensamiento moral que tenga en cuenta lo humano, la conciencia social, el otro como persona, y todo lo que de ellos se puede desprender. La Torá, entendida como libro sagrado, de historia, de leyes o de geografía, ha marcado al resto de los pueblos de la humanidad por la sabiduría contenida y la herramienta que significa para la educación de las personas.
De las afirmaciones arriba señaladas en ambos segmentos, es que se desprende el tan aclamado, defendido y a todas luces legítimo derecho histórico del pueblo judío sobre la Tierra de Israel. Ahí pertenecemos, donde fuimos libres, y ahí aspirábamos a regresar, para volver a ser libres. Un pueblo libre en su tierra. La tierra en la cual vivimos, retornamos tras expulsiones, y nunca fue olvidada, sino que por el contrario estuvo constantemente presente en las manifestaciones creativas y existenciales de nuestro pueblo. Por eso es en Israel que apoyándonos en nuestro derecho queremos restaurar nuestra libertad política, y no en cualquier otro lado que no tiene vinculación con nuestra historia e identidad nacional.
"Si te olvidare, oh Jerusalén, olvídeseme mi diestra. Péguese mi lengua al paladar si no te recordare, si no alzare a Jerusalén a la cabeza de mis alegrías" (137, 5-7). Es clara en el salmo la añoranza del pueblo judío por su tierra ancestral, de la que fue exiliado y a la que nunca renunció en su corazón. Otro poderoso ejemplo lo encontramos en la Hagadá de Pesaj: “El año próximo en Jerusalén”. “A la representación de la añoranza por Sión solía acompañar la de Jerusalén como ciudad de la esperanza” (“"Si te olvidare..."
Añoranza de Jerusalén en el arte popular judío de la Europa Oriental” publicado en ARIEL - Revista de Artes y Letras de Israel).
Desde 1882 empezamos a observar este retorno en masa de los judíos a Eretz Israel. La Primera, Segunda, Tercera, Cuarta y Quinta Aliá, y luego la Aliá Bet, implicaron la llegada de cientos de miles de judíos, de distintos países del mundo, con disímiles características, pero un sueño en común: llevar una vida judía, a su manera, en el lugar del cual se consideraban parte. Hasta 1948 observamos este proceso que trajo a los inmigrantes judíos y que posibilitó la edificación del país. Los jalutzim y todos los que llegaron trabajaron la tierra y con el sudor de su frente se levantaron ciudades, defendieron al ishuv de los ataques judeófobicos y con su sangre impidieron el exterminio de los judíos que habían prometido líderes árabes.
En este período se levantan los primeros asentamientos, se desarrolla la actividad agrícola y posteriormente la industrial, se crean las instituciones del ishuv como la histadrut, y surgen los grupos de autodefensa: Haganá, Etzel y Leji.
Incluso luego del año del estableciemiento del Estado, hemos presenciado la llegada de miles de inmigrantes de lugares como Yemen, Etiopía y la URSS.
El sionismo, movimiento de liberación nacional del pueblo judío, empezó con dedicación y esfuerzo a desarrollar toda la actividad que con el apoyo de las kehilot diaspóricas culminaría en el establecimiento del Estado de Israel. Herzl, el fundador del sionismo político, abocó su trabajo a conseguir un reconocimiento internacional, especialmente de las potencias mundiales, del derecho que tenía el pueblo judío a retornar a Eretz Israel para establecerse allí en un Hogar Nacional. El sionismo político se movió en pos de este reconocimiento para así ver oficialmente legitimada su aspiración y poder continuar la actividad asentadora en Eretz Israel sin entrar en colisión con cuestiones legales.
La Declaración Balfour, emitida por Arthur James Balfour como Secretario de Relaciones Exteriores británico en época del Mandato Británico sobre Palestina, año 1917, expresa: “El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío y hará uso de sus mejores esfuerzos para facilitar la realización de este objetivo…”. La declaración es invocada como muestra del apoyo que recibió el sionismo de parte del Mandato Británico que controlaba Palestina para llevar adelante su causa, aunque lamentablemente más adelante se constataría que tal apoyo no fue brindado de la forma que se esperaba, y directamente llegó a retirarse, asumiendo los británicos una posición en contra del sionismo y de traición a sus ideales.
Lo importante es resaltar que ese año preciso el movimiento sionista vio legitimadas sus aspiraciones y continuó su tarea sintiéndose apoyado por la potencia colonial que dominaba el territorio en el cual quería ejecutar su plan.
Se hace mención a la Shoá, contexto ineludible en los últimos tramos de esta historia, en el cual el pueblo judío masacrado sufrió la pérdida de seis millones de sus miembros, y que el sionismo entendió como un indicador de que la misión de establecer una autonomía judía en Eretz Israel para autogobernarse era de carácter urgente. No malinterpretar: el derecho judío al autogobierno en Israel no provenía de la Shoá, sino que el sionismo lo consideraba un derecho natural e histórico perteneciente al pueblo judío y lo había subrayado mucho antes de que la Shoá ocurriese La judeofobia europea arrastró a cientos de miles de judíos fuera de sus hogares, y de los que lograron sobrevivir, muchos encontraron su refugio en Israel. Se organizaron aliot ilegales para burlar las restricciones de los británicos con respecto al acceso a Israel y tratar de salvar a la mayor cantidad de judíos posibles de las garras nazis. Y verdad es el aporte judío a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, ya que más de 30000 judíos de Eretz Israel se enrolaron en el ejército británico para luchar en contra del nazismo asesino.
El Plan de Partición de Palestina contenido en la resolución 181 de la ONU determinó que el territorio se dividiría para la creación de un estado judío y un estado árabe. La resolución fue acatada por el sionismo, y rechazada completamente por los árabes.
Basándose en este reconocimiento de la ONU sobre una determinada porción de territorio para crear un estado judío, es que se llega con una legitimación internacional más a 1948 para declarar la independencia del Estado de Israel.
Es derecho natural del pueblo judío autogobernarse en su propio Estado establecido en su tierra. Israel es la patria histórica del pueblo judío, en la cual ejerce su derecho a la autodeterminación, a tener un país soberano en el cual la nación judía vive con autonomía.
POR CONSIGUIENTE NOSOTROS, MIEMBROS DEL CONSEJO DEL PUEBLO, REPRESENTANTES DE LA COMUNIDAD JUDÍA DE ERETZ ISRAEL Y DEL MOVIMIENTO SIONISTA, ESTAMOS REUNIDOS AQUÍ EN EL DÍA DE LA TERMINACIÓN DEL MANDATO BRITÁNICO SOBRE ERETZ ISRAEL Y, EN VIRTUD DE NUESTRO DERECHO NATURAL E HISTÓRICO Y BASADOS EN LA RESOLUCIÓN DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS, PROCLAMAMOS EL ESTABLECIMIENTO DE UN ESTADO JUDÍO EN ERETZ ISRAEL, QUE SERÁ CONOCIDO COMO EL ESTADO DE ISRAEL.
Esta es la declaración formal, en sentido expreso, de la fundación del Estado de Israel, en Eretz Israel, como un Estado Judío, realizada por las autoridades mencionadas. Se invoca el derecho natural e histórico perteneciente al pueblo judío, y se vuelve a mencionar la resolución 181 de la ONU como base de reconocimiento y legitimación internacional para la creación del Estado. Así, ya finalizado el Mandato Británico, nace y se reconoce el Estado de Israel.
Como podemos constatar, la idea original tras la Declaración era redactar una constitución, lo que finalmente no se hizo. Hoy Israel es un país sin constitución formal, que se rige por leyes que mantienen coherencia entre sí y que componen lo que conceptualmente se conoce como constitución material.
Se apunta a seguir favoreciendo las inmigraciones de los judíos de todo el mundo, y hasta el día de hoy el Estado sigue adoptando y manteniendo políticas claras al respecto. Hay una marcada tendencia pro-inmigratoria en el gobierno israelí, para atraer, y una vez en territorio israelí, asentar a los judíos que llegan de otras partes del globo. Las instituciones sionistas en la diáspora continúan trabajando y educando a favor de la aliá. El nexo entre Israel y la diáspora debe continuar por la senda de la mutua cooperación y el apoyo recíproco, siendo Israel el centro del judaísmo mundial.
Israel es un Estado Judío y Democrático que tiene en el valor de la libertad a un fiel exponente de su esencia, y la evolución de su sistema jurídico, inspirado en las enseñanzas de los textos bíblicos, de los profetas, de la cultura desarrollada por el pueblo judío a lo largo de su historia, y de sus brillantes modernos pensadores, debe seguir aspirando a mejorar en pos de una sociedad justa para todos. Los ciudadanos de hoy con derechos individuales reconocidos que viven en esta democracia, deben ser sucedidos por otra generación de ciudadanos que vivan en una democracia aún mejor, que supere los actuales conflictos y que siga por el buen camino de la rectitud moral.
Desde el inicio, queda al descubierto para los ojos del mundo, la vocación de paz del naciente Estado Judío. Desafortunadamente solo la guerra genocida estaba en las mentes de sus vecinos, y los países árabes optaron por el no reconocimiento y la agresión extrema a Israel. Con valentía y a costa de enormes pérdidas humanas y materiales, Israel se sobrepuso a las tantas guerras lanzadas en su contra, y tiene que mantenerse fuerte en su posición para dejar definitivamente en claro que nadie logrará moverlo o expulsarlo de donde se encuentra. Ya logró firmar acuerdos de paz con quienes se decidieron a reconocerlo, y derrotar en sendas guerras a quienes se niegan a aceptar su lugar.
PONIENDO NUESTRA FE EN LA ROCA DE ISRAEL, COLOCAMOS NUESTRAS FIRMAS A ESTA PROCLAMACIÓN EN ESTA SESIÓN DEL CONSEJO PROVISIONAL DEL ESTADO, SOBRE EL SUELO DE LA PATRIA, EN LA CIUDAD DE TEL AVIV, EN ESTA VÍSPERA DE SÁBADO, EL QUINTO DÍA DE IYAR DE 5708 (14 DE MAYO DE 1948).
Rajel Cohen
David Zvi Pinkás
Mordejai Bentov
Rabí Wolf Gold
Rabí Yitzjak Meir Levin
Feliz Rosenblueth
Yitzjak Gruenbaum
Mordejai Shattner
Ben Zión Sternberg
Eliahu Dobkin
David Najum Nir
Zeraj Wahrhaftig
Rabí Yehudá Leib
Hacohén Fishman
“La Roca de Israel” es empleada, según se dice, para no mencionar a D-os en un texto político (ciertas traducciones, incluso oficiales del gobierno, colocan la palabra “Todopoderoso”. En la Meguilat en hebreo leemos “Tzur Israel”). Elías Ventura (en Apuntes Sionistas, No. 20) explica la inclusión de dichas palabras de la siguiente manera: “D¨s no fue mencionado en la proclamación del estado, choqueando a muchos como algo muy difícil de entender, debido a que la mayor contribución judía a la humanidad fue la noción monoteísta de D¨s. Algunos de los líderes seculares amenazaron a Ben Gurión con no firmar el documento si se mencionaba a la divinidad; por otra parte, los líderes religiosos no lo firmarían si se ignoraba a D¨s. Al final se llegó a un compromiso que concilió las dos posiciones mediante una frase ambigua .El párrafo final de la proclamación habla de “la confianza en la Roca de Israel”, un término que los delegados religiosos entendieron como una referencia a D¨s, y los seculares entendieron sabe D¨s que…..”.
El carácter de la Declaración es laico, como eran varios de los líderes políticos judíos de aquellos años. Sin embargo no debe desconocerce u olvidar la influencia que la religión ha tenido y tiene en el seno del pueblo judío. Como bien se dijo, un aporte extraordinario del judaísmo a la humanidad es el monoteísmo. Más aún, el monoteísmo ético. De ahí la importancia de la mención, porque como opina James Parkes al referirse a tantos siglos de existencia judía, hasta cierta época la historia del pueblo judío es inescindible de la religión
Dilemas que se desprenden
Habiendo visto ya la parte histórica y la parte formal de la Declaración de la Independencia, pasamos a los dilemas que se desprenden de ella, o que pueden extraerse de situaciones históricas a las cuales se refiere y que mantienen cierta connotación en algunos ámbitos del pensamiento actual. Seguidas a los dilemas, mis respuestas al respecto.
-Sionismo
-Shoá
¿El Estado de Israel se creó gracias al movimiento sionista, o porque sucedió la Shoá? En todo caso, ¿tuvo la Shoá influencia directa en la creación del Estado? O si no hubiera habido Shoá, ¿no existiría Israel?
Afirmar que si no hubiese ocurrido la Shoá, no existiría Israel; o lo que apunta a la misma idea, que Israel se creó solo porque la Shoá aconteció, es un error garrafal. Empecemos porque es una falta de respeto y de consideración para con la existencia y trabajo del movimiento sionista. Implica desconocer los esfuerzos realizados, la legitimidad internacional obtenida, las declaraciones gubernamentales emitidas en su favor, en fin, obviar toda la parte previa de la historia. El cliché “tuvieron la Shoá, que tengan su estado” puede apelar únicamente a una determinada sensibilidad de corazón ante un drama ocurrido, pero deja de lado las cuestiones más elementales. Éstas son: el logro sionista como movimiento de liberación nacional, es decir, el verdadero protagonista y responsable del surgimiento del Estado; y el aclamado y ejercido derecho natural e histórico a la autodeterminación en Eretz Israel, un derecho preexistente a la Shoá, y que se hubiera ejercido de todas formas aunque ésta no hubiese tenido lugar.
La Shoá no es para nada causa directa de la creación del Estado de Israel. Esto no significa, sin embargo, que no pueda haber tenido cierta incidencia como factor secundario o incluso terciario. Lo que sí puede arriesgarse a decir, es que a lo mejor contribuyó a que las demás naciones tomaran finalmente conciencia de los dramas a los que estuvo sometido el pueblo judío. Puede que haya sensibilizado corazones y haberlos motivado de alguna forma a votar positivamente al Plan de Partición. Pero bien puede afirmarse que es lo moral reconocer los derechos de un pueblo, que no hace falta una catástrofe para que el pueblo los pueda ejercer. En este sentido, las naciones igualmente podrían haber votado a favor del establecimiento de un Estado Judío. La causa directa de la creación es el sionismo, tesis que es ampliamente compartida por la mayoría, y más en vista de los hechos históricos innegables que solidifican esta posición. Se trata de una historia en la cual el movimiento de liberación nacional cumplió con liberar a su nación, más allá de lo que tuvo o que no tuvo que atravesar.
La idea de la Shoá como causa originaria de Israel es sostenida en su mayoría por judeófobos, especialmente dentro del mundo árabe. Al ver a Israel como un premio por piedad de las naciones para los judíos por la Shoá, negar las atrocidades del régimen nazi conduciría a restarle legitimidad a Israel. Es decir, negar la Shoá quitaría la supuesta base sobre la cual se edificó el Estado. De ahí los incesantes esfuerzos de estos judeófobos por negar la Shoá.
La relación que si se establece entre la Shoá y la creación de Israel, es el carácter de urgencia que las matanzas nazis imprimieron en la actividad sionista por lograr cuanto antes sus objetivos. Salvar judíos y ofrecerles refugio en Eretz Israel, y apurarse en la creación de un Estado o un Hogar Nacional para instalarse allí y poder defenderse, se dio en un clima de desesperación durante el período en que Hitler estuvo en el poder.
Vladimir Jabotinsky predice explícitamente la Shoá en su famosa frase “Terminen con la diáspora, antes de que ella termine con ustedes”. Es el pensador sionista en cuyos discursos el tono de urgencia era más notorio. Funda el Sionismo Revisionista, separado de la Organización Sionista, para desempeñar un papel mucho más activo en la consecución de las metas, entendiendo mejor que nadie el peligro que corrían los judíos en Europa ante la creciente y alarmante judeofobia. No duda en aclarar que el objetivo del Sionismo Revisionista es establecer un Estado Judío en Eretz Israel, mientras que los demás sionistas se seguían refiriendo al Hogar Nacional por precauciones diplomáticas. Al respecto, escribe Gabriel Ben-Tasgal en “El Libro Azul de los Betarim”: “Betar (movimiento juvenil creado por Jabotinsky) declaró desde su creación sus intenciones independentistas. En cambio, el movimiento sionista liderado por los partidos socialistas se “animaron” a declarar sus aspiraciones nacionales recién en 1946 (Programa Biltmore). ¿Qué hubiese sucedido si el movimiento sionista hubiese concentrado todos sus esfuerzos concretos y declarativos en efectivizar un estado nacional independiente? ¿Hubiésemos podido declarar nuestra independencia antes de la Segunda Guerra Mundial? ¿Hubiésemos podido salvar a seis millones de nuestros hermanos? Son preguntas cuya respuesta nadie posee”.
En definitiva, la Shoá moldeó un carácter de urgencia en la misión de establecer el Estado de Israel, pero no es la causa eficiente, directa, de su creación. El sionismo, que como movimiento logró reconocimiento, consiguió fondos, ejerció derechos y aplicó políticas, es el responsable de que hoy gocemos de Israel. La autodeterminación judía no existe porque ocurrió una catástrofe, sino en virtud de un derecho natural e histórico.
-Eretz Israel
-Medinat Israel
¿Eretz Israel bíblico o el moderno Estado de Israel? ¿Se trata de la Tierra Prometida, o solamente de la patria histórica? En definitiva, ¿la tierra fue concedida por D-os o nosotros forjamos nuestro derecho histórico?
Para los judíos religiosos, Eretz Israel es la Tierra Prometida, D-os se la prometió a Abraham y al pueblo judío. "Y te dará a ti, y tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua, y seré el Dios de ellos" (Bereshit 17:8). “El concepto de la tierra es tema central en la fe judía. Por su parte la fe -Emuna- en hebreo, es la aceptación de Dios y la obligación atender a su llamado. La historia judía se inicia con la promesa divina de Dios hacia Abraham y Sarah, de convertirlos en una comunidad con un sentido histórico, un pueblo identificado con un lugar específico en el planeta, con una Tierra Prometida” (“El judaísmo y la Tierra Prometida” en http://jinuj.net/articulos_ver.php?id=157).
“Este lazo entre el pueblo de Israel y su tierra fue reafirmado para las generaciones posteriores a través de su hijo Isaac y su nieto Jacob: La tierra que he dado a Abraham y a Isaac, te la daré a ti, y a tu descendencia después de ti (Bereshit 35:12).” (Tierra de Promisión - El pacto de Abraham, en http://www.mfa.gov.il).
Es así que en la visión religiosa, los judíos estamos en posesión de la Tierra de Israel porque D-os nos la prometió, y es el lugar terrenal en el cual vivimos de acuerdo a la ley judía y en el cual realizamos nuestras aspiraciones como Pueblo Elegido. El sionismo es el regreso a la Tierra Prometida, tras el exilio forzoso al que nos condenaron, y la vuelta a la vida judía en nuestro lugar sagrado, al cual pertenecemos y que nos pertenece.
Esto no aplica obviamente a los judíos laicos, quienes ven en Eretz Israel la tierra de nuestros antepasados, que nos pertenece por derecho histórico y no por mandato divino. No nos fue entregada por un Ser Supremo, pero es nuestra en virtud de la posesión histórica que hemos tenido sobre ella. Porque en Eretz Israel se forjó nuestra identidad como pueblo, porque nuestra historia allí transcurre, porque la cultura que forjamos está en evidente vinculación con nuestro lugar de pertenencia, es que podemos afirmar que el pueblo judío tiene derechos sobre la tierra. De esta manera el sionismo es la vuelta a nuestra histórica patria, donde están las raíces de la cultura judía en su totalidad, de la cual la religión es solo una parte. Se puede ser un judío laico no religioso, y sentir fuertemente a la Tierra de Israel como el hogar de todos los judíos, porque de allí venimos y allí queremos retornar. Es en Israel que queremos ejercer el derecho a la autodeterminación.
Vemos que hay distintos focos desde los cuales se visualiza a Israel como el hogar de todos los judíos. Ahora bien, una cuestión que no es menor en las vertientes que se desprenden de las diferentes posturas es la territorial. ¿Qué territorios comprenden el Israel que queremos, necesitamos, o nos corresponde? ¿Qué factores entran en juego? ¿Bíblicos, históricos, actuales, conveniencia o necesidad? Para decidir el Israel que corresponde, se debate mayoritariamente sobre el territorio del Estado de Israel luego de la Guerra de los Seís Días en 1967 , sobre un Israel sin Judea y Samaria ni Gaza, o sobre Sheti Guedot La –Iarden (Estado a ambos márgenes del río Jordán). Desde una visión bíblica y una histórica, al pueblo judío le pertenecen por derecho los territorios comprendidos a ambos márgenes del río Jordán. Ya sea por ser Tierra Prometida, por la historia desarrollada en dichos lugares, o por la Declaración Balfour que se refería a la Palestina a ambas márgenes del Jordán. El derecho histórico del Pueblo Judío lo es tanto sobre Jerusalén como sobre lo que hoy se conoce como el reino Hashemita de Jordania. Fueron los británicos quienes partieron Palestina a ambas márgenes del río y dictaminaron que la Declaración Balfour ya no regiría en el suelo del lado este del río. En definitiva, este acto constituyó una división por presiones políticas para satisfacer demandas árabes. Ahora es importante aclarar que por más que exista el derecho histórico del pueblo judío sobre el este del Jordán, dicho derecho no se ejerce para intentar recuperarlo. El Estado de Israel firmó la paz con Jordania, lo que incluye mutuo reconocimiento y no agresión. Es decir, Jordania se decidió a reconocer al Estado Judío, e Israel reconoce el derecho Jordano sobre el este del río. Por lo que queda demostrado que Israel, en aras de conseguir paz con su vecino, renuncia al ejercicio de su derecho histórico (no al derecho en sí) sobre ese territorio y reconoce de forma efectiva el derecho de existencia de Jordania.
Ya considerando la actualidad del Estado de Israel, con las tierras que efectivamente le corresponden y domina, en virtud de la Partición y de lo conquistado en guerras de autodefensa, resta debatir acerca de los territorios en disputa. El conflicto con los palestinos, en su más probable resolución final en el futuro, desembocará en la creación de un estado palestino. Por lo tanto, Israel nuevamente deberá ceder territorios que históricamente le pertenecen al pueblo judío, como Judea y Samaria, nada menos que las ciudades de dos de sus reinados bíblicos. Pero esto, si en realidad se quiere la creación de un estado palestino, deberá hacerse, ya que no se puede fundar un estado en el aire. Israel volverá a ceder tierras históricas, y además conquistadas en guerras de autodefensa, para lograr paz con su vecino. Es decir, Israel en este sentido regresará en parte a las fronteras de antes de la guerra en 1967, en la cual se apoderó de las tierras repeliendo las agresiones en su contra de los árabes.
Por lo tanto, podemos concluir que el derecho histórico sobre territorios que el Estado de Israel hoy ya no posee y dejará de poseer en el futuro, existe; pero reconociendo a los estados árabes vecinos que ya existen y al que existirá, y poniendo énfasis en lograr y mantener la paz con ellos, decide no ejercerlo de manera efectiva recuperando las tierras. Prefiere paz y reconocimiento mutuo. Lo cual es mucho más entendible desde una posición pragmática y no tanto histórica.
Todo lo aquí desarrollado resulta suficiente para rebatir argumentos judeofóbicos como el empleado por Eduardo Galeano (escritor de indiscutible intelectualidad, mas en temas sobre Israel y el Medio Oriente evidencia un desconocimiento y judeofobia galopantes), que sostiene que Israel roba las tierras de Palestina en nombre de D-os: “En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho”. Esta persona no considera la existencia judía por miles de años en Israel, la labor sionista, la compra y el trabajo de las tierras, la legalidad internacional, el derecho a la autodefensa de Israel contra sus enemigos, los territorios en disputa conquistados en guerras de autodefensa lanzadas no por Israel sino por genocidas que (como explica Julián Schvindlerman con excelente criterio) son legítimo objeto de negociación. No considera nada. Solo cree, y con esto excluye y borra el sentimiento y el derecho de un judío laico, que Israel es un Estado constituido únicamente por títulos de propiedad que otorga la Biblia. Acusa a los judíos (religiosos o no) de empezar y continuar una guerra santa para robar tierras que no les corresponden. Insinúa que los judíos hoy en día en Israel, por la religión toman las armas para ir a guerrear y apropiarse de más lugares (cuando en realidad, si bien la Biblia da derecho al pueblo judío sobre la Tierra Prometida, no hay un ejército de la religión compuesto por extremistas que se dediquen a asesinar palestinos, sino que en el contexto de las guerras, luchó Tzahal como ejército del Estado Judío y Democrático para defender al pueblo judío de atacantes genocidas, no en nombre de la Biblia). No hay que pasar por alto que mete en la misma bolsa del mal a judíos laicos y religiosos, lo que es doblemente malo y desacertado: primero porque no hay de parte del Estado de Israel, ni desde una visión religiosa ni desde una laica, voluntad de “robar” tierras a los palestinos. Segundo porque los laicos, que tienen legítimo derecho a vivir en Israel en su Estado, nunca podrían hacer la guerra en nombre de D-os. Demás está aclarar que el judío religioso tiene también su derecho auténtico a vivir en Israel, el Estado de su pueblo.
Galeano provocativamente quiere aducir que Israel es un Estado expansionista por voluntad propia que quiere comerse a los palestinos, a quienes para él, en verdad les corresponde la tierra. Con esto si que quiere herir el honor de todos nosotros, judíos y sionistas. No robamos tierras que no son nuestras. No se puede robar lo que es propio. Tenemos un Estado donde nos corresponde.
-D-os
-Roca de Israel
¿Es Israel un Estado democrático laico o un Estado con influencia religiosa? ¿Debe haber o no separación entre Estado y religión? ¿Se puede o no se puede tener un Estado Judío y Democrático? ¿La religión choca contra la democracia?
Israel es un Estado democrático. Es la única democracia en Medio Oriente. Posee las instituciones típicas, unas formas de estado y de gobierno afines, el reconocimiento de los derechos individuales fundamentales de toda persona, y los valores de justicia y libertad en lo alto. La vida en el país se rige según leyes democráticas. Hay intervención de la religión, en temas como casamientos, conversiones y reconocimiento de conversiones. Sin embargo, en este status presente en el que la religión tiene control sobre ciertos aspectos, es por una decisión democrática del gobierno el que así sea. Israel no es una teocracia como los fundamentalismos islámicos que buscan su destrucción. La ley democrática secular y la religiosa coexisten en los espacios delimitados para cada una. Esto es un status que libremente se decidió.
Viviendo en Israel una población religiosa y una secular, se apunta nuevamente a la Meguilat. ¿Nombramos a D-os, no lo nombramos, mencionamos la Roca para que queden todos contentos? ¿Evocamos o no a D-os a la hora de actuar y tomar decisiones políticas? Netanyahu es un político que nombra a D-os en algunos de sus discursos (“Con la ayuda del Todopoderoso, no tendremos más guerras, conoceremos la paz”, pronunciación en la Universidad de Bar Ilán), mientras que Lieberman que pertenece a su coalición gubernamental no lo hace y no manifiesta apego a la religión. Rabin no era un judío religioso ortodoxo pero utilizó una bendición judía para expresar su anhelo al recibir el Premio Nobel de la Paz ("El Señor dará fuerza a su pueblo; el Señor bendecirá a su pueblo, y a todos nosotros, en paz"). Judíos más o menos practicantes, han invocado a D-os para transmitir sus mensajes al pueblo y a la humanidad.
Como estos ejemplos dentro de la política, abundan en la sociedad en general, en la cual hay personas religiosas y laicas, creyentes y no creyentes. Israel ha intentado darle cabida a todos ellos, para que sientan en pleno su identificación con el Estado Judío. ¿Es el componente judío un impedimento para la democracia? No lo es. Se puede perfectamente establecer un Estado Judío y Democrático, y hoy tenemos el ejemplo viviente que es Israel.
Muchos vemos en Israel a un Estado con el cual nos identificamos. Es nuestro, diferente a cualquier otro estado, porque es judío y nosotros somos judíos. Como lo explica Gabriel Ben-Tasgal desde su posición, no queremos que Israel sea otra democracia occidental más. Es un Estado democrático, si, pero con componentes judíos. Esos componentes se dan por toques culturales que están presentes en la idiosincrasia. Así es que los jaguim clásicos forman parte del calendario del Estado, que se respeta Shabat por ley, que los símbolos nacionales expresan la cultura e historia del pueblo judío. Desde una visión laica o religiosa, el judaísmo se encuentra en la esencia del Estado. Israel es un Estado Judío y Democrático.
-Estado Judío
-Estado de los judíos
Un dilema que se suscitó últimamente en la sociedad israelí es acerca de si se debería tener en cuenta el carácter del Estado, o el carácter de quienes lo habitan, para definir “lo judío” de Israel. O dicho de otra manera, si “lo judío” en Israel viene desde el Estado mismo o por sus ciudadanos. El dilema es si Israel es un Estado Judío, o es el Estado de los judíos.
Andy Faur desarrolla el tema de forma clara y sintética en el texto “Del Estado Judío hasta nuestros días, más de un siglo de controversia…”: “…Al ser un Estado con tinte Judío, el grupo judío está priorizado y, el resto de los grupos étnico-nacionales, están diferenciados y sub-representados dentro del mismo. No estoy hablando, por supuesto, de una discriminación étnica o racial, sino de una preferencia de un grupo sobre otro y sus manifestaciones prácticas (legales presupuestarias, culturales, etc.).
Aquellos que están de acuerdo con esta concepción, dicen que el resurgimiento de un Estado para el pueblo judío luego de dos mil años de dispersión, conlleva en forma integral e intrínseca su carácter judío, con el respectivo cuidado de normas culturales y religiosas judías: el hebreo como idioma nacional, el cuidado del shabat, kashrut, jaguim, etc., amén de que la bandera y el himno nacional representan casi exclusivamente a la nacionalidad judía.
…Aquellos que proponen esta segunda concepción (el Estado de los judíos) opinan que el Estado (como cualquier Estado occidental, moderno y liberal) debe cumplir un rol neutral y equivalente con todos sus ciudadanos y promover la igualdad entre los mismos, sin distinción de raza, nacionalidad o religión.
Esta concepción entiende que el Estado de Israel, no debe tener un carácter particular, sino que la naturaleza judía del mismo estará dada por la mayoría de la población que lo habite, en este caso judía.
Esta concepción entra rápidamente en contradicción (o por lo menos después de un período de tiempo determinado), ya que también propone la anulación de la Ley del Retorno (ley que reconoce automáticamente como ciudadano a todo judío que inmigra a Israel) y entonces la mayoría judía del Estado desaparecería en una generación o dos.
…Tenemos una tercera opción… la llamada Estado del pueblo judío y de todos sus ciudadanos; esta concepción toma elementos de la primera como ser: idioma, bandera, himno, Ley del Retorno, etc. y también de la segunda: igualdad frente a la ley y en la representación en los órganos gubernamentales, paridad entre los presupuestos oficiales, etc. O sea que Israel mantenga su carácter judío sionista, pero que esto no implique la discriminación de otros grupos étnicos-nacionales”.
Planteadas las dos opciones, con la inclusión de una tercera mediadora, se focalizan las perspectivas desde las cuales se puede entender a Israel como país. El judaísmo desde el Estado, la democracia, la población judía mayoritaria, todos factores que se han tenido en cuenta a la hora de elaborar el análisis.
No caben dudas de que hoy Israel es un Estado Judío desde los mismísimos órganos estatales, de que es Estado de los judíos porque la mayoría poblacional es judía, y de que es el Estado del pueblo judío y de todos los habitantes, ya que hay minorías no judías viviendo en el país que son consideradas por la ley con garantías frente a ella y con derechos para ejercer.
No considero adecuada la visión de Israel sólo como Estado de los judíos, ya que si los judíos pasaran a ser minoría, se perdería el carácter judío del Estado y la esencia del país. No sería un hogar nacional con la implicancia que ostenta en la actualidad y desde su creación. Obviamente afianzando la igualdad de los habitantes ante la ley como un principio democrático fundamental, defiendo a Israel como un Estado Judío y Democrático, es decir, preservando la identidad judía, y conservando y fomentando la cultura y tradición judías, y que mantenga una mayoría poblacional judía.
El cierre de los dilemas
El pueblo judío, y basta con un repaso de su historia para comprobarlo, nunca se cansará de debatir cuestiones que hacen a su misma esencia, y en este caso, a su país. Es importante que se mantengan los debates en aras de continuar desarrollando el pensamiento colectivo e ir renovando posiciones para dar respuestas modernas a los desafíos que va planteando el mundo en rápida evolución. Sin embargo, pareciera ser la hora de ir cerrando definitivamente cuestiones que no aportan en nada provechoso a la actualidad y futuro del pueblo judío, y por el contrario, lo hacen retroceder y retrasarse.
El dilema sobre la creación de Israel tiene que estar definitivamente resuelto; no podemos seguir cuestionándonos acerca de si Israel no hubiera nacido de no ser por la Shoá. Afiancemos de manera incondicional nuestro apoyo al movimiento de liberación nacional del pueblo judío, el sionismo, y al pionerismo de todos aquellos que fueron protagonistas en el surgimiento de la espectacular obra judía. No fue la Shoá como evento; fue el sionismo, y los judíos y sionistas vivos y los que dieron su vida, quienes crearon al Estado de Israel.
Eretz Israel es la patria histórica del pueblo judío, aquí y en ningún otro lugar tiene que estar establecido nuestro Estado. Los territorios que hoy legalmente nos corresponden, son menos que los que históricamente deberían ser, sin embargo Israel respeta las fronteras y el suelo del país Jordania que ha sido levantado y con el cual tiene paz. Y busca encausarse en negociaciones definitivas de paz con el pueblo palestino, que de crearse su Estado, deberá vivir en paz en territorio vecino al de nuestro Israel. Pero Israel no andará por ahí cediendo cualquier territorio que le corresponde en busca de paz. Apuntará a mantener sus fronteras seguras y su población protegida. La paz deberá ser real, y no mentirosa, como lamentables ejemplos se han plasmado en los últimos años, en los cuales en medio de un proceso de paz, los palestinos continuaban con su violenta campaña terrorista. Es decir, Israel debe negociar con quien sea un socio legítimo y auténtico para la paz, y no con promotores, auspiciantes y hacedores del terrorismo que pretenden su destrucción. Gustavo Perednik se expresa con elocuente ironía sobre este punto: “Después nos frustramos cuando los “planes de paz” terminan estrellándose contra una ubicua pared: nuestros pacíficos vecinos anhelan borrarnos del mapa”.
Llegado el tercer punto, Israel es un país en el cual convive población religiosa y laica. Todos deben ser respetados en su forma de vivir y ver la vida. Lamentables casos de discriminación y prejuicios se sufren, lo cual debe ser superado en pos de la armonía entre los mismos judíos. La religión y el pueblo judío han sido uno solo en momentos determinados de la historia; ahora hay personas religiosas y no religiosas con costumbres diferentes, pero no debemos perder de vista que todos pertenecen al mismo pueblo, que es y seguirá siendo uno solo: el pueblo judío. Pueblo Elegido por D-os, o pueblo autoelegido en base a su experiencia para que con su gran inteligencia sea luz y ejemplo de los demás, lleva el estandarte de los más preciados valores universales y la moral humana.
Y por último, Israel es el Estado Judío, en el cual el pueblo judío ve realizada su aspiración a la autodeterminación, concreta el sueño milenario de volver a su tierra, y vive de acuerdo a su ley. La libertad del pueblo judío en su país es un derecho. Sin discriminación racial, promoviendo igualdad con las minorías, plasmando la democracia, Israel mantiene el componente judío que se encuentra en su esencia. Es Estado Judío por su misma naturaleza.
Con temas cerrados, y nuevos desafíos a plantearse, debemos dejar de lado las discusiones que no aportan a la legitimación de Israel, ponernos firmes en los puntos innegociables, y defender los valores a los cuales dedicamos nuestras vidas.
Herzl visualizaba a Israel como “or la goyim”, una luz entre las naciones. La Meguilat nos plantea el camino, el que recorrieron los padres de nuestro Estado y que los hijos seguiremos para resolver las cuestiones a las que nos enfrentemos. La visión de un Estado ejemplar y defensor de la libertad, de un hogar para el pueblo judío, está plasmada en ese pergamino.
Superando las posturas descalificadoras, y afianzando nuestro lugar, el desarrollo en el presente y el crecimiento de Israel en el futuro será consumado sin dudas, por el enérgico trabajo y la constante dedicación del Pueblo Judío.
Publicado por Ezequiel Eiben en 14:48 No hay comentarios:
Etiquetas: Israel, Judaismo, judeofobia, Sionismo
Entre las acusaciones que buscan quitar legitimidad al Estado de Israel y borrar el vínculo histórico existente entre los judíos y su tierra, Eretz Israel, está la demonización de la empresa sionista, ver a los judíos sionistas como invasores, modernos y malignos colonizadores que llegaron a Palestina y expulsaron al pueblo palestino.
Tantas falacias contenidas en un solo argumento resultan desesperantes e irritantes, y es deber de quien se molesta en conocer la historia contrarrestar el peso de semejante ignorancia.
Al tiempo de comenzar el sionismo como movimiento de liberación nacional del pueblo judío, y llegado ya el año de creación del Estado de Israel en 1948, no existía un pueblo palestino. Palestina no estaba inmensamente habitada, y los que allí residían en desparramadas comunidades no tenían una unión como pueblo ni conciencia nacional. Eran árabes cuyo idioma y cultura no se diferenciaban del de los demás árabes de otros países. No constituían una unidad nacional con un elaborado sistema legal propio, ni desarrolladas instituciones que hicieran a una soberanía sobre el territorio. Nunca había existido un estado palestino, ni se pueden encontrar intenciones de establecerlo antes de que se levantara el Estado Judío.
Incluso el Plan de Partición de Palestina en la Resolución 181 de la ONU de 1947 recomienda dividir el territorio en un estado árabe y un estado judío. La resolución no menciona un estado palestino, puesto que no existía la noción de un pueblo palestino. Es más, la noción Palestina en los mapas del mundo y más específicamente de la región de Medio Oriente, fue introducida gracias a los judíos, que negociaban con los británicos en 1918 para que éstos establecieran una unidad territorial independiente, sobre la cual los sionistas levantarían el tan ansiado Hogar Nacional para el Pueblo Judío.
Ni los árabes de Palestina tenían conciencia de sí mismos como pueblo. Hasta eran considerados por los demás árabes y por muchos entre ellos mismos, como una provincia de Siria. Bien se expresa sobre el particular tema Julián Schvindlerman en su libro “Tierras por paz, tierras por guerra”: “Al contrario de los judíos, que establecieron reinados en el bíblico Eretz Israel, nunca en la historia de la humanidad hubo un estado palestino independiente gobernado por musulmanes en la región hoy comúnmente referida como Palestina… Nunca antes del advenimiento del sionismo hubo un interés árabe, ni siquiera moderado, por Palestina”.
La falta de una autodeterminación de los árabes que residían en Palestina, como salta a simple vista, es histórica y por falta de iniciativa propia o sometimiento de los demás países árabes luego, y no culpa del sionismo que llegó para establecer un Estado Judío en la parte del territorio que le correspondía pidiendo por la convivencia pacífica con los vecinos árabes.
Es recién en 1967, año de la desastrosa derrota de las naciones árabes en la Guerra de los Seis Días desatada contra Israel, que los palestinos comienzan a verse a sí mismos como palestinos, y a tener una noción propia como pueblo. Una prueba que afianza el recién allí creado autoreconocimiento como una entidad con identidad propia palestina, es que en 1964, y no antes, se crea la OLP, la Organización para la Liberación de Palestina. Y encima es nacida en Egipto como un instrumento títere para la consecución de los designios de Nasser, quien era el presidente en El Cairo por aquella época.
Luego de analizar el surgimiento del pueblo palestino en 1967, y no antes, destruimos parte de la argumentación antiisraelí acerca de la expulsión de un pueblo. Ahora es necesario hacer hincapié en el hecho de que el sionismo no es responsable de la expulsión de las comunidades árabes que residían en Palestina. El terrorismo árabe y las campañas bélicas contra objetivos judíos en Israel se hicieron una constante antes y a partir de la creación del Estado Judío. El no reconocimiento de las naciones árabes al derecho de autodeterminación del pueblo judío en un Estado propio, fue materializado en una guerra de exterminio contra Israel en la que participaron Egipto, Siria, Jordania, Líbano, Arabia Saudita e Irak, enviando también Yemen combatientes antiisraelíes. Los propios líderes árabes insistieron a los habitantes árabes de Palestina para que abandonaran sus hogares y no se interpusieran en lo que sería la inexorable marcha a una aplastante victoria que terminaría cumpliendo el objetivo final de “arrojar a todos los judíos al mar”. Son los líderes árabes los que generaron y perpetuaron el problema de los refugiados. Si bien es cierto que habitantes árabes fueron desplazados por fuerzas judías, esto debe entenderse que fue en el marco de una guerra no librada por los judíos, sino por los árabes, con intenciones genocidas, y los acontecimientos se dieron en el fragor de las batallas, decisiones durante combates, y no como política premeditada de los judíos antes de la guerra. Si los judíos no se defendían, no serían desplazados, sino más bien aniquilados en su totalidad.
Se podrá también escuchar por ahí que el sionismo es el quebrantador de la paz en Palestina mientras que el Islam que gobernaba Medio Oriente era muestra de tolerancia y respeto para las minorías existentes. Ni lo uno ni lo otro.
Schvindlerman cita al propio Karl Marx, que no era nada apegado al judaísmo a pesar de su ascendencia judía, quien describe la vida de los judíos bajo dominio de los árabes en Palestina como una vida de perros. El sionismo, por su parte, trajo el innegable progreso del trabajo y la tecnología, y en conjunto con la creación del Estado una sincera propuesta de convivencia pacífica con los vecinos árabes. Israel ofrecía igualdad de derechos para todos sus habitantes. El liderazgo árabe de la época, lo único que ofrecía a los judíos era muerte y destrucción. Basta solo recordar las acciones y discursos del Mufti de Jerusalén Husseini, quien prometía una guerra de exterminio, creyéndose responsable de terminar la tarea que Hitler había comenzado. No es necesario entrar aquí en el detalle de todas las guerras que Israel debió soportar desde su nacimiento; lo que sí no hay que cansarse de resaltar es que Israel es el agredido y no el agresor. Los judíos, claro está, no son los que impusieron los combates, sino la ciega ambición de aniquilación que dominaba la mentalidad árabe.
Un caso de especial injusticia es hacerlo a Israel responsable de la Guerra de los Seis Días, una de las barbaridades que me ha tocado escuchar en ese discurso antiisraelí como sea. Israel bombardeó los aviones de Egipto en su base, es verdad, pero tras rigurosos informes e inconfundibles señales que apuntaban a un ataque egipcio. Y mientras, Jordania y Siria atacaban desde otros frentes. Para comprender mejor el contexto del conflicto y la situación previa que coloreaba el inminente estallido del combate, cabe aquí citar las palabras de Alan Futerman: “Y las tropas sobre el Sinaí de Egipto, la retórica asesina de Nasser, la expulsión de las tropas de la ONU, las bases sirias atacando en el Golán, etc. ¿Qué sería eso, gestos de paz?”
Y lo último que veremos aquí, es el tema “central”, para muchos, de los asentamientos israelíes en los territorios en disputa. Esto está tan mal enfocado, con un antijudaísmo galopante, que opiniones de las más desagradables y desacertadas se aprecian en círculos de los cuales uno podría esperar un razonamiento un poco más elaborado, mas que la judeofobia obstaculiza impidiendo pensamientos de mayor elaboración. Incluso muchos judíos e israelíes han caído bajo paradigmas engañosos de la opinión islámica y europea, y se muestran en contra de la construcción de asentamientos con justificativos que demuestran incomprensión del real alcance del asunto.
Con el freno a la construcción de asentamientos no se detendrá el terrorismo. Terrorismo había antes de que existiese un solo asentamiento, y continuara por más que se congelen. Ahora bien, ante ese sucio argumento de que “Israel sufre terrorismo porque construye asentamientos, invadiendo territorios, y si frenara y desmantelara los mismos se acabaría el conflicto” que ya ha sido descalificado fácilmente al demostrar que incluso antes de construcciones los árabes ya atacaban, cabe preguntarse: ¿Qué clase de moral retorcida puede equiparar asentamientos con terrorismo? ¿Qué especie de cinismo, con tintes altamente judeofóbicos, puede poner en la misma balanza el terrorismo palestino demoledor y destructor, con la construcción de asentamientos que se encuentran como mucho entre un 3% y 5% de territorios en disputa? Y hay judíos que han caído dentro de este razonamiento malvado y rechazan a los asentamientos por creerlos un justificativo del terrorismo palestino. Vemos hasta qué punto una moral altruista asume un durísimo sufrimiento, en detrimento de intereses propios o de su propio país, justificando accionares violentos e incongruentes de la parte de enfrente. Este síndrome es sufrido por parte de la izquierda israelí actual. De aquí que tiene que quedar bien en claro que Israel no tiene por qué soportar terrorismo, y debe ejercer su derecho a la autodefensa contra los enemigos que lo acechan. El mensaje es claro: no hay terrorismo para desmantelar asentamientos, hay terrorismo para hacer desaparecer al Estado Judío. No hay que minimizar las intenciones terroristas ni el alcance del problema.
El estado palestino se creará algún día, pero esto no quiere decir que los asentamientos israelíes deban desaparecer. Por el contrario, Israel debe pelear por mantener el control de los mismos y en un futuro acuerdo seguir con la soberanía sobre ellos. Desmantelar asentamientos a causa de un pedido palestino por medio del terror, es darles un premio a los enemigos de Israel, alentándolos a seguir con la violencia, porque se demuestra que por esos medios pueden conseguir sus objetivos. Israel no debe dar la imagen de la debilidad realizando concesiones cuando se lo agrede violentamente. La política de asentamientos no debe frenarse por chantajes terroristas. Esta postura es defendida por seguidores de Jabotinsky, el pensador sionista que mejor entendió el problema con los árabes antes de la creación del Estado de Israel. En La Muralla de Hierro, texto publicado en 1923, Jabotinsky escribió: “Mientras exista una mínima esperanza de que puedan expulsarnos, no negociarán esas esperanzas…”. Israel sabe que no debe darles a sus enemigos esperanzas de que puedan exterminarlo, por lo tanto no sería sensato ceder y traducir en concesiones por presiones terroristas dichos anhelos de limpieza étnica de los terroristas.
Los que piden el desmantelamiento de los asentamientos y el traslado de su gente, ¿sugieren que el estado palestino debería ser judenrein? ¿Qué opinarían al respecto si por el contrario, cuando el estado palestino fuese creado, las autoridades israelíes decidieran deportar a todos los árabes israelíes fuera de Israel? Seguramente con la velocidad de la luz se levantarían de sus sillas para gritar al unísono “¡racistas!”. Y además, de paso, lo llamarían racista a Lieberman cuando su plan de intercambio de territorios justamente propone que los asentamientos judíos en Judea y Samaria queden bajo soberanía israelí, y los pobladores de Wadi Ara bajo soberanía de la Autoridad Palestina. Si lo llaman racista, entonces que no sea por este plan.
Cuando estos fuertes críticos sean superados en el tema asentamientos con respecto al racismo, discutirán por la ilegalidad. “Los asentamientos son ilegales”, exclamarán con la furia de una tormenta. Vale preguntarles en este momento, bajo qué ley son ilegales. La IV Convención de Ginebra, que es el documento al que se alude, se refiere a territorios total o parcialmente ocupados de otro estado. En Palestina no había otro estado. Estuvo el Mandato Británico antes de 1948, y las ocupaciones ilegales de Jordania y Egipto previas a la Guerra de los Seis Días. Israel se apoderó de los territorios en una guerra de autodefensa; territorios que no pertenecían a otro estado. Así que la Convención es inaplicable en este tema. Y por si llegaran a recurrir a los Acuerdos de Oslo para intentar descalificar a los asentamientos, solo hay que contestar que los Acuerdos no contenían ninguna previsión sobre los asentamientos, y que éstos serían tratados en el Status Final, por lo que según la letra de los mismos no se consideraban ilegales y la soberanía israelí sobre los asentamientos se mantenía. De yapa se puede agregar que las negociaciones de paz se derrumbaron con la negativa de Arafat a la propuesta de Barak en Camp David en el año 2000 y el lanzamiento de la violenta Intifada palestina contra Israel. Los mismos palestinos no respetaron y quebraron Oslo.
A esta gente contraria a los asentamientos solo le faltaría plantear que Israel debe salir de Judea y Samaria así nomás y abandonar a sus ciudadanos asentadores para que los maten porque piensan distinto a ellos, dejarlos a merced del terrorismo, y más aún, premiar al terrorismo por su violencia para la consecución de objetivos políticos cediendo ante su presión y realizando concesiones. Desde la legalidad y la moralidad, la postura no puede sostenerse.
El antijudaísmo preponderante en las políticas e imperante en los discursos de los enemigos antiisraelíes o en los críticos injustificados, y que lamentablemente ha absorbido a algunos propios judíos, no debe distorsionar la imagen verdadera que tiene el Estado de Israel, que goza del status de un país legítimo, y sus posturas a la hora de defender su obrar político son las más acertadas, respecto de aquellas opiniones malintencionadas que solo buscan menoscabar sus auténticos derechos. Atención contra las falacias antisionistas que buscan dar vuelta la historia.
El sionismo no es responsable de las guerras ni promotor de un racismo invasor y despiadado; Israel no es el agresor en esta contienda. Sus enemigos sí lo son.
Publicado por Ezequiel Eiben en 13:32 2 comentarios:
Etiquetas: Israel, judeofobia
El 27 de diciembre de 2009 se cumplió un año de que comenzó la Operación Plomo Fundido en la franja de Gaza, lanzada por las Fuerzas de Defensa de Israel contra el régimen fundamentalista islámico de Hamas.
Para contextualizar un poco, repasemos brevemente sucesos importantes que precedieron este desenlace en la lucha contra el terrorismo.
Israel, bajo el gobierno de Ariel Sharon, se desconectó unilateralmente de la franja de Gaza en el 2005, debiendo trasladar 8000 almas judías que allí vivían. Israel controlaba Gaza desde la Guerra de los Seis Días, luego de la cual ni siquiera Egipto quiso quedársela. Los asentadores judíos desarrollaron la región con un gran crecimiento cultural y tecnológico. Luego de la retirada, escuelas, invernaderos, sinagogas y demás edificios quedaron en Gaza a merced de sus futuras autoridades. En vez de utilizar esto para sacar un buen provecho, los fanáticos de Hamas destruyeron todo, profanando las sinagogas, demoliendo las construcciones.
En enero de 2006 tuvieron lugar elecciones palestinas, en las cuales triunfó Hamas. Luego de un enfrentamiento con los miembros de Fatah, a quienes expulsó de Gaza, terminó asumiendo Hamas mediante un golpe de estado. Ismael Haniye fue elegido líder del grupo terrorista.
Los continuos atentados de Hamas desde la franja de Gaza provocaron muchas víctimas en Israel, principalmente civiles, debido a esta política declarada de Hamas de atacar población civil. Hasta que Israel dijo basta en diciembre de 2008 y decidió al fin ejercer su derecho a la autodefensa y atacar las instalaciones de Hamas en Gaza. Ahí comenzó Plomo Fundido.
Datos aportados por Sal Emergui en Guysen International News: “Israel… cifra los muertos palestinos en 1.116, siendo 709 milicianos y 295 civiles. En las filas israelíes, 13 muertos (diez soldados y tres civiles)”.
La alta cantidad de terroristas aniquilados y las pocas bajas israelíes denotan una gran ejecución del plan por parte de Tzahal. Destaco todas las precauciones que el ejército tomó para reducir al mínimo posible las bajas civiles palestinas, repartiendo panfletos con los horarios de ataque así los residentes en Gaza podían alejarse, alertando mediante llamadas telefónicas para abandonar lugares que iban a ser blanco de ataque. Y lamento la muerte de civiles inocentes, tanto israelíes como palestinos. Israelíes, al ser atacados directamente por Hamas; y palestinos, que fueron alcanzados desafortunadamente por disparos de Tzahal, o los que son usados contra su voluntad impunemente como escudos humanos por los terroristas de Hamas. Vemos como en los dos casos, israelíes como palestinos, el terrorismo es responsable por las muertes.
Durante ocho años, de forma constante, casi ininterrumpida, se lanzaron cohetes contra población civil israelí. Ocho años. Ocho años Israel esperó hasta que se decidió a realizar su ofensiva contra el régimen integrista de Hamas. Gaza, desde hace largo rato convertida en Hamastán, recién en 2008 fue atacada. Mientras que el terrorismo volaba diariamente por los aires y aterrizaba violentamente matando israelíes durante tanto tiempo. Ocho años en los cuales a Israel le dispararon más de 10000 cohetes.
Tendríamos que estar conmemorando nueve años de la Operación Plomo Fundido. Hace mucho que Israel debería haber interrumpido los ataques de Hamas. Recién estamos recordando un año. Por fin, con toda justicia, en buena ley, Israel se defendió, protegió a sus ciudadanos que viven bajo la amenaza incesante del terrorismo.
Ciudades israelíes que sufrieron los cohetes qassam y grad lanzados por los terroristas son Ashkelon, Ashdod, Beer Sheva y Sderot principalmente. Tuve la oportunidad de escuchar frente a frente a ciudadanos en Sderot relatando terribles episodios provocados por los misiles. El terror bajo el cual vivían, las muertes de víctimas inocentes provocadas por fanáticos islamistas. Y pude constatar el apoyo que recibió Tzahal por parte de los ciudadanos. Así como en su momento, la gente apoyó la retirada unilateral, luego se apoyó al gobierno nacional en su decisión de enfrentar a Hamas. Tal como lo demuestran las estadísticas de encuestas realizadas.
Por lo tanto, en ejercicio del derecho a la autodefensa contra aquellos que pretenden el exterminio del Estado de Israel (como públicamente han prometido sus enemigos que seguirán hasta lograrlo), apoyo la Operación Plomo Fundido ejecutada por Tzahal. Es derecho de Israel vivir en paz y seguridad, y tal como lo avala la ley internacional, defenderse de quienes lo agreden.
Publicado por Ezequiel Eiben en 21:38 No hay comentarios:

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