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Timestamp: 2018-09-22 17:24:13+00:00

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Revista Envío - De encrucijada en encrucijada
Número 250 | Enero 2003
De encrucijada en encrucijada
La encrucijada del desafuero de Alemán dio paso a la encrucijada del veto al presupuesto. Se acomodan y reacomodan las alianzas que caracterizaron el año 2002. Cortoplacismo y falta de autocrítica siguen limitando las salidas a todas nuestras encrucijadas.
Sin moverse un ápice de sus graves problemas estructurales, y sin nuevas caras ni nuevos discursos, mucho menos planteamientos, en su clase dirigente, el panorama de Nicaragua cambió algo en los últimos dos meses. La desaforación, el 12 de diciembre, de Arnoldo Alemán, su apresamiento, su comparecencia ante los tribunales de justicia, las sentencias de cárcel que en primera instancia recibió el 22 de diciembre, y su ausencia del escenario político a partir de ese día -hechos históricos, imágenes difícilmente borrables de la memoria colectiva- comenzaron a introducir cambios, reacomodando alianzas y alterando correlaciones de fuerzas que hasta antes de estos acontecimientos eran ya una rutina. Y muy pronto, de la encrucijada de la desaforación se pasó a otra encrucijada.
UN LOGRO DE MUCHOS SIN EL FESTEJO DE NADIE
El despojo de la inmunidad parlamentaria con la que el ex-Presidente Arnoldo Alemán se protegió para no enfrentar las acusaciones de corrupción en su contra, fue, sin duda, un hecho político y simbólico de primer orden. Un logro, en primer lugar, de los medios de comunicación social -que desde el inicio de la gestión de Alemán iniciaron una sostenida denuncia basada en una audaz investigación profesional-, y de la población, que tomando conciencia de que la corrupción nos empobrece a todos y enriquece sólo a unos pocos, fue creando el clima propicio para asestar semejante golpe a la cultura de impunidad.
Logro también de funcionarios públicos, desde quienes fueron pioneros en desenmascarar a Alemán -la concejal sandinista Mónica Baltodano cuando Alemán era Alcalde de Managua, y el Contralor socialcristiano Agustín Jarquín cuando Alemán llegó a la Presidencia- hasta el Presidente Bolaños, quien desde el supremo poder del país pudo culminar este proceso y regalarle al país un “castigo ejemplar” que necesitaba para comenzar a moralizarse y a recuperar credibilidad en el ámbito internacional.
Sin embargo, quienes en la concreta consumaron legal e institucionalmente el despojo de la inmunidad-impunidad en la que Alemán se atrincheró fueron 47 diputados de la Asamblea Nacional, personajes también protegidos por el escudo de la inmunidad-impunidad. Fue notable el desgaste que supusieron para esta causa justa las alianzas y arreglos para asegurar los 38 votos de los sandinistas, las maniobras y artimañas calculadas a diario para conseguir entre los liberales el famoso voto 47, que surgió finalmente de las filas del partido Camino Cristiano. Este traumático proceso, pleno de ambigüedades, deslució el resultado final. Y contribuyó a que la ciudadanía no celebrara de forma masiva o festiva la tan esperada desaforación el día en que ésta se consumó. Exhausta por un proceso muy contradictorio, la gente no pasó del comentario jocoso y del respiro de alivio en hogares u oficinas.
UNA BURLA MÁS EN UN MAR DE ESCEPTICISMO
Ciertamente, Nicaragua respiró aliviada con el desenlace de la “cacería” de votos para culminar la “cacería” del inmune en las vísperas de la Navidad. Tan cierta como el alivio fue la decepción cuando se conoció que el reo Alemán, sentenciado por dos causas en primera instancia, no iría a la cárcel sino que seguiría viviendo en su propia hacienda con arresto domiciliar. Y cuando posteriormente se escuchó a la jueza Juana Méndez justificar el privilegio de mantenerlo preso entre sus comodidades habituales en sus derechos humanos: Alemán necesita bañarse sentado por una prótesis en su pierna, o verla determinar, poco después, para limitar sus privilegios, que el reo sólo podría pasar dos horas al sol en el área de su piscina.
La condescendencia de las dos judiciales que juzgaron a Alemán decidiendo su arresto domiciliar fue experimentada por muchos como una burla cruel en el momento final de un proceso que nutrieron la ética y los anhelos justicieros. Daniel Ortega justificó así una condescendencia que carece de base legal: Los sandinistas hemos dicho que debemos ser implacables en el combate y generosos en la victoria, y no se trata de hacer leña del árbol caído. Bolaños evitó los comentarios. La decepción generalizada por el arresto domiciliar -¿acuerdo Bolaños-Ortega?- vino a acrecentar un cierto escepticismo que ya se venía extendiendo desde antes entre mucha gente, ganándo-le terreno a la convicción de que la lucha anticorrupción continúa y va en serio.
Excarcelaciones de todos menos uno de los implicados en el caso Canal 6, procesos de desaforación engavetados, silencio sobre casos ya denunciados y con acusaciones -IDR, “aduanazos”, Banco Central, becas, COPROSA-, densas oscuridades en el tema de las quiebras bancarias, declaraciones cada vez más ambiguas -y todo lo que no se ve, pero se imagina- han hecho que cunda una cierta decepción realista o un resignado y desmoralizador realismo: como que hasta ahí, hasta Alemán, llegó la lucha anticorrupción.
Como que ya “la película nos brindó no sólo sus mejores escenas, sino todas sus escenas”, como que ya no veremos más, como que no puede seguirse adelante, “porque el país no aguanta”, y como que el país no aguanta porque quedó claro en este año pasado que su clase dirigente -la política y la económica- está tan carcomida por la corrupción que seguir luchando contra corruptos concretos en altos cargos -y conocimos bastantes- sería arriesgar al país a un colapso.
UN “MUERTO” SIN ENTERRAR
Quienes conocen por dentro las estructuras del Partido Liberal Constitucionalista han reiterado, desde el arresto de su “líder máximo”, de quien hasta ese día fue su Presidente honorario, que Alemán continúa dirigiendo desde su hacienda-cárcel todas esas estructuras, que es él quien toma las decisiones que el núcleo duro del PLC arnoldista anuncia cada día. Aun cuando la jueza Méndez le prohibió al reo cualquier comunicación telefónica o electrónica, y dispuso controles sobre los teléfonos celulares que hay en la casa-cárcel o que pueden introducir en ella los continuos visitantes, es difícil creer, siquiera imaginar, que Alemán permanece descansando en su hamaca, sin escuchar noticias -como dice su esposa- y no hace uso de todo tipo de comunicaciones para conducir el PLC desde su enclaustramiento.
A pesar de este mando y comando a distancia, Alemán “murió políticamente” el 12 de diciembre. Y fue precisamente su resistencia a “morir” -empecinado en maniobras de todo tamaño para seguir gobernando y para no dejar gobernar a Bolaños- lo que aseguró su “defunción política” tras la desaforación.
Hoy, resulta imposible imaginarlo candidato en busca de la reelección en 2005, y resulta casi imposible imaginar su regreso al escenario político nacional después de todo lo ocurrido, aun cuando fuera sobreseído en el juicio definitivo o indultado o amnistiado en alguno de los surrealistas vaivenes de la política y la jurisprudencia criolla. O aun si lograra, apoyado por la decisión de la Corte Centroamericana de Justicia, salir al exilio en Guatemala para después volver, volver, volver... pretendiendo seguir siendo el rey.
“Muerto”, pero no enterrado, Alemán continuó siendo una decisiva ficha de negociación de los arnoldistas con los bolañistas. Y como, culminada la desaforación, la unificación de los liberales bajo la bandera del PLC es la prioridad política con la que Estados Unidos ha presionado a los bolañistas, los arnoldistas no dejarán de negociar nunca cómo paliarle a Alemán las consecuencias del “castigo ejemplar” que recibió, paliativos que ya comenzó a obtener con la decisión de mantenerlo preso, comiendo, bebiendo y durmiendo tranquilamente entre las más de cuatro paredes de su propia casa.
La tri-polarización vivida en el escenario político a lo largo del año 2002 -liberales arnoldistas, liberales bolañistas y sandinistas- tiende a terminar. O a reacomodarse bajo nuevos términos. La crisis de “los dos PLC” tiende a concluir, y el Consejo Supremo Electoral -institución arnoldista-danielista que debía haber resuelto el conflicto legal surgido con las dos directivas del PLC- ya no tendrá que “negociar” un pronunciamiento sobre tan delicada cuestión.
El PLC nacido el 23 de junio de 2002, promovido desde la Presidencia y Vicepresidencia -con el Vicepresidente Rizo al frente del esfuerzo- no cuajó nunca, en ninguna zona del territorio nacional alzó vuelo. Este amago o rezago de la tendencia Estado-Partido, tan presente en la cultura política nacional, constituyó un rotundo fracaso político de Enrique Bolaños, y ese fracaso le obliga a dialogar con los arnoldistas, y mueve a Rizo a viajar por todo el país buscando la que propone como unificación sin fisuras del PLC... y seguramente también su candidatura presidencial.
Las estructuras orgánicas del PLC demostraron estar conformadas a imagen y semejanza de Arnoldo Alemán. Y es que el caudillismo depende de los caudillos y también de la población. Si hay oferta es porque hay demanda. El caudillismo es un problema cultural.
UNA DESMOVILIZACIÓN GENERAL
Por su parte, el PLC arnoldista, que al ver a Alemán salir desaforado de la Asamblea el 12 de diciembre, anunció airado y seguro que estremecerían al país con manifestaciones masivas de protesta que culminarían con una gran marcha en Managua exigiendo la libertad de su líder, fracasó totalmente en este intento. Este fracaso político de los arnoldistas modera la ventaja que tienen hoy en el diálogo con los bolañistas.
Las bases liberales no se movilizaron. La desmovilización de la población nicaragüense, la de izquierda y la de derecha, está motivada por la desconfianza en los políticos, por el temor justificado al regreso de una violencia generalizada y, especialmente, por la ardua búsqueda del pan de cada día.
Hoy, la población “asiste” como espectadora a los acontecimientos políticos, pero cada vez se siente más ajena a participar en ellos. Y es que los políticos no participan en su vida, no viven en sus barrios, no pasan sus necesidades, no “pierden tiempo” con ellos. Y es porque los liderazgos políticos ya no se construyen desde procesos educativos en la base, siempre lentos y difíciles, sino ante las cámaras de televisión y desde cómodas oficinas de donde surgen proyectos-recetas elaborados en serie y totalmente predecibles en sus irrelevantes resultados.
UNA ALARMA ROJA Y UNAS ELECCIONES CERCANAS
Muchos resentimientos se han acumulado en estos meses entre bolañistas y arnoldistas como consecuencia de la “cacería” de votos para la “cacería” del inmune. Pero hay un cemento firme que une a ambos grupos y que todos comparten, empezando por el mismo Presidente Bolaños: el antisandinismo. Es general, unánime, la preocupación por el vuelo alcanzado por el FSLN en la segunda mitad del año 2002 a la sombra de la lucha anticorrupción, hasta convertir a Daniel Ortega en un árbitro que decidía y marcaba el rumbo por las necesarias alianzas que Bolaños tuvo que hacer con él para contar con sus disciplinados 38 votos pro-desaforación.
Se trata de una preocupación que se extiende al gobierno de los Estados Unidos, que desde que rodó la cabeza de Alemán, comenzó a presionar por la unificación de los liberales. ¿Y a pedir “otras cabezas”? ¿Será, como observan algunos, que cuando Bolaños no necesite ya de los votos del FSLN, el FSLN tiene sus días contados?
La preocupación la acentúa la cercanía del 2004, año de elecciones municipales. Esto acelerará la unificación de los dos sectores liberales y revivirá el cohesionador antisandinismo. Eduardo Urcuyo, dirigente del sector liberal bolañista, con una nada visceral oposición al sandinismo, lo advierte: El oxígeno electoral del Frente Sandinista es la división del liberalismo. Y Bolaños habló de una derrota rotunda del PLC a manos del FSLN si la crisis de liderazgo y de desunión en el PLC no se supera. Para enfrentar ambos problemas el sector liberal bolañista viene proponiendo la celebración de un plebiscito para elegir una nueva dirigencia partidaria, ya sin el “dedo” todopoderoso de Alemán.
En el proceso en marcha de la “unificación” liberal juegan muchos factores. Entre ellos, las maniobras de varios dirigentes del PLC que buscan la candidatura de ese partido en 2005, para disputarse la casa presidencial con Daniel Ortega, quien sigue proyectándose como el candidato del FSLN, lo que acentúa más el peso del antisandinismo.
¿Será iluso esperar que la “muerte política” de Alemán introduzca en el PLC dosis de visión nacional y reduzca las dosis de cortoplacismo? En el partido FSLN todo parece más estático e inamovible.
UNOS VOTOS CON MUCHO PODER
Desde la desaforación de Alemán, el sector arnoldista hizo, casi a diario, propuestas y contrapropuestas al sector bolañista, que recibieron prolongados silencios de parte de los bolañistas, alternados con rechazos públicos a propuestas que aparecían muy teñidas del propósito de mantener un arnoldismo sin Arnoldo. El núcleo duro de los arnoldistas considera a Bolaños un empresario oligarca que “ultraderechizo” al PLC y quieren “áreas de influencia” en el gobierno, considerando que Bolaños -de origen conservador- está rodeado de tecnócratas y empresarios afines al Partido Conservador. Pretenden romper la alianza de Bolaños con el FSLN, convencidos de que el FSLN le garantiza a Bolaños estar en el gobierno, pero no en el poder. Y para maniobrar en esta dirección cuentan con 45 votos en la Asamblea, “poder” que Bolaños necesita desesperadamente para seguir en el gobierno con poder.
¿UNA ALIANZA EFÍMERA?
En diciembre y enero, mientras la acusación contra Bolaños por delitos electorales se estancaba -o se negociaba su estancamiento-, se sucedieron continuos acercamientos y alejamientos, encuentros y desencuentros, diálogos con almuerzo y sin almuerzo, entre los dos sectores liberales. En relación a la elección el 9 de enero de la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional, ocasión en que los arnoldistas jugaron a “todo o nada” y perdieron todo. En relación a la elección de las presidencias de las diferentes comisiones legislativas, cuando repitieron la estrategia y perdieron nuevamente.
Tras la desaforación de Alemán, los diputados afines al Ejecutivo -los de la bancada Azul y Blanco- ratificaron su alianza estratégica con los diputados del FSLN, para limitar la influencia y acción de los diputados arnoldistas en la Asamblea Nacional. Esta decisión permitía prever que en el trabajo del Legislativo, y en sus relaciones con el Ejecutivo, se mantendría por unos meses más la correlación de fuerzas que se fue tejiendo con la meta de despojar de su inmunidad a Alemán.
UNA NUEVA ENCRUCIJADA NACIONAL
Cuando ya los arnoldistas denunciaban crispados una ruptura con el gobierno Bolaños y repudiaban la continuidad del que llaman cogobierno Bolaños-Ortega, y cuando hasta el propio Bolaños declaraba a un diario de Costa Rica que percibía entre los sandinistas una corriente de los más abiertos, más modernos, más comprensivos y más democráticos, en la que incluía a Daniel Ortega -aunque admitía que ante sus bases tiene que aparecer como ortodoxo y demagógico-; en este contexto en que el FSLN continuaba seguro y bien ubicado, una nueva encrucijada nacional vino a reacomodar las fichas en los tres polos de poder: el debate sobre el Presupuesto nacional para el año 2003.
PRESUPUESTO MODIFICADO: UNA CRISIS ANUNCIADA
El proyecto de Presupuesto para 2003 enviado por el Ejecutivo al Legislativo en octubre 2002 contenía un techo de déficit fiscal que ya había sido acordado por el gabinete económico de Bolaños con el FMI, ciertamente sin suficiente consulta con los diputados ni con los sectores sociales. Con este presupuesto, y después de nueve meses de negociaciones, el gobierno logró por fin firmar un acuerdo con el FMI para los próximos tres años.
El proyecto de presupuesto del Ejecutivo fue recibido, estudiado y debatido por los diputados en plena crisis de las sumas y restas de votos para la desaforación de Alemán, en el ambiente más caldeado y cortoplacista que se puede imaginar. Por fin, cuatro días después de la desaforación, el 16 de diciembre, todos los diputados, sin un solo voto en contra, aprobaron el presupuesto haciéndole sustanciales modificaciones al proyecto del Ejecutivo. Con gran habilidad, los del FSLN llevaron la iniciativa en estas modificaciones. Tan cercanos a Bolaños durante meses, buscaron acreditarse como “oposición”. Los arnoldistas querían “pasarle la cuenta” a Bolaños por lo hecho a Alemán. Y los de la bancada Azul y Blanco fueron arrastrados por los demás e invertían en ganarse la simpatía popular que necesitan.
Con mayor o menor conciencia en cada uno de los diputados que votaron esas modificaciones, parece evidente que sandinistas y arnoldistas sabían de sobra que crearían una crisis entre el gobierno y el FMI y que eso convertiría la “solución” de la encrucijada del presupuesto en importantísima ficha de negociación con Bolaños. Así, el conflicto provocado por la modificación hecha en diciembre 2002 por el Legislativo al Presupuesto, seguido del conflicto político causado por el veto que en enero 2003 hizo el Presidente a esas modificaciones fue una crisis anunciada. Y aun no solucionada al concluir este análisis.
DOS MODIFICACIONES CRUCIALES
Varias modificaciones hicieron los diputados al presupuesto. Las que más afectaban el acuerdo con el FMI fueron fundamentalmente dos. Una: trasladar 340 millones de córdobas destinados en el proyecto del Ejecutivo al pago de la deuda interna para todo tipo de proyectos sociales, incluidos aumentos a los salarios de maestras, enfermeras, policías, soldados y jueces, aumentos muy justos aunque relativamente pequeños. Y dos: dedicar el 3.5% del presupuesto a transferencias directas a las alcaldías, incluyendo en este porcentaje donaciones y préstamos por 645 millones de córdobas que estaban ya presupuestados para llegar a las alcaldías, pero a través de proyectos del Instituto de Fomento Municipal (INIFOM) y del Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) del gobierno central.
Como financieramente el pago de la deuda interna es “intocable” si no se renegocia previamente esa deuda, la primera modificación incrementaba el déficit fiscal establecido en el acuerdo firmado ya con el FMI. Y como los créditos para proyectos municipales que gestiona y ejecuta el INIFOM y el FISE son fruto de convenios con el Banco Mundial ya firmados, la segunda modificación también violaba leyes internacionales. La crisis anunciada estalló.
UNA DEUDA INTERNA QUE DEBE RENEGOCIARSE
Para la credibilidad de la economía de libre mercado en la que vivimos, resolver el problema de la deuda interna exigiría que los bancos la renegociaran o no la cobraran, pero no es permitido que el gobierno no la pague, tal como fue dispuesto por los diputados. Por eso, la estrategia de los diputados al modificar el Presupuesto en este rubro tuvo éxito porque puso en evidencia el problema de la deuda interna y la necesidad de renegociarla. Fue una estrategia política, pero como estrategia financiera no funcionaba. Y así, el conflicto creado por esta primera modificación, que inició con la consigna “no pagarle a los bancos” derivó pronto a “busquemos de dónde financiar los aumentos salariales”.
Fue positivo poner de manifiesto ante la opinión pública aspectos hasta ahora no comprendidos ni debatidos del problema de la deuda interna, impagable y cuestionable, ya que no sólo fue acordada a intereses excesivos, sino que proviene de actos ilícitos cometidos por los últimos tres gobiernos del país: confiscaciones y expropiaciones injustas, seguidas años después de una “piñata” con las propiedades estatales y de indemnizaciones otorgadas con discrecionalidad, y quiebras fraudulentas de varios bancos propiciadas por un ambiente de corrupción generalizada.
Está ahora más abonado el terreno para renegociar la deuda interna con los banqueros, acostumbrados a “privatizar sus ganancias y a socializar sus pérdidas”. Ahora ya se reconoce que en los últimos años los bancos han sido uno de los sectores de la economía con más privilegios fiscales, pues no han pagado desde 1997 el impuesto sobre la renta, acogiéndose a una “discrecionalidad legalizada” en tiempos de Alemán. Ahora, el Director General de Ingresos ya reconoció que los bancos no han pagado y que les van a cobrar, incluso retroactivamente, y según lo que descubran las auditorías que anunció se les harán. El pago de impuestos rezagados canjeado por una reestructuración favorable al país de la deuda interna es una nueva herramienta que el gobierno tiene ahora ante los banqueros. Es un resultado positivo del conflicto.
EL CONFLICTO CON LAS ALCALDÍAS
La otra polémica modificación al presupuesto fue el traslado directo a las alcaldías de montos ya presupuestados por instituciones del gobierno central. Quién canaliza, quién recibe los recursos y quién ejecuta los proyectos municipales -si el gobierno central, a través del INIFOM y el FISE, o si las alcaldías directamente- es el tema de fondo que está detrás de este aspecto del conflicto.
Y es de fondo porque el gobierno incluye en este debate la concepción que tiene y propone sobre el desarrollo del país. En su estrategia de desarrollo, el gobierno ha decidido re-dirigir el gasto público priorizando zonas y municipios desde el nivel central. La estrategia de clusters (ver de qué se trata con más detalle a partir de la página 15) requiere de centralización, de un control de los recursos en el gobierno central para impedir su dispersión. El gobierno ve inviable su concepción del desarrollo si los recursos se entregan directamente a las alcaldías. Sin embargo, una correcta descentralización debería ser complementaria de una correcta aplicación de la estrategia de clusters: unos municipios priorizados, pero todos los municipios con recursos.
En el debate, los alcaldes se mostraron divididos en sus posiciones. Algunos defienden las transferencias directas y cuestionan al FISE y al INIFOM por su abultada burocracia, que encarece proyectos que en manos de las alcaldías podrían abaratarse y hacerse más rápido. Otros, por estar ya en el último año de su gestión, prefieren seguir con los proyectos centralizados de INIFOM, porque significa contar con contrapartidas y recursos seguros del BM y del BID. Un cambio los obligaría a renegociar convenios, lo que significa tiempo, un tiempo del que ya no disponen.
LA DESCENTRALIZACIÓN COMIENZA A VALORARSE
Arnoldistas y danielistas propugnan hoy apasionadamente por la descentralización. Daniel Ortega llegó a proponer la desaparición del INIFOM y del FISE. El núcleo duro del arnoldismo habla de una reforma a fondo de estas dos instituciones. Cortoplacistamente, esta “pasión” puede explicarse porque en el año 2004 hay elecciones municipales, y las transferencias directas podrían garantizar recursos para las campañas electorales de ambos partidos. Con una mirada de más largo plazo, hay que señalar que, después de muchos años de una concepción centralista del desarrollo económico y de la política, el FSLN ha empezado a entender la importancia de los gobiernos locales y lo estratégico que puede resultar el poder municipal para que un partido sobreviva y llegue al poder nacional.
Experiencias latinoamericanas exitosas, como la de Brasil, donde la izquierda, manejando participativa y honestamente alcaldías de grandes y pequeñas ciudades, sumó muchos votos a Lula en la elección presidencial, han puesto al FSLN sobre la pista. En cualquier caso, un partido manejado tan centralistamente como se ha manejado siempre el FSLN difícilmente podrá promover alcaldías autónomas si no se democratiza. Queda mucho por hacer. No es sólo un problema de recursos financieros, sino de cultura política. Son ya numerosas las alcaldías que manejan alcaldes del FSLN, y en cuanto a participación y a transparencia, no se diferencian mucho de las manejadas por alcaldes del PLC.
UNA INSOLENCIA INNECESARIA
Después de que durante la mitad de diciembre y la mitad de enero el Ejecutivo guardara silencio sobre las modificaciones hechas por los diputados al presupuesto, y el país funcionara sin ningún presupuesto oficial, porque el Presidente no aprobaba lo modificado por los diputados ni lo vetaba -situación insólita que vuelve a revelar el lentísimo metabolismo político del gobierno-, el 16 de enero, una delegación del FMI del más alto nivel llegó al país, convocó a una rueda de prensa y conminó, de forma inadecuada, incluso insolente, a que el presupuesto retornara a la versión elaborada por el Ejecutivo.
La injerencia -¿quién decidió esta desafortunada comparecencia?- crispó a todos los sectores. E introdujo más ideología que análisis en el problema. Toda la izquierda se alineó contra el FMI, contra el neoliberalismo, contra el ALCA, contra el imperialismo... Y toda la derecha, contra el populismo, contra el sandinismo, contra Chávez... La mayoría, gente sin empleo, empleada en peligro de despido por causa del ajuste fiscal o con salarios congelados desde los años 90, se alineó, aunque pasivamente, reclamando una mejoría en su vida, sin saber si eso vendría de los de esta línea o de los de la otra.
UN VETO PARA NEGOCIAR
El 21 de enero, el Presidente, tras una expectativa desmesurada, creada artificialmente por los medios, anunció que vetaba parcialmente el presupuesto modificado: el país no tenía ingresos para financiar los aumentos salariales, el país no podía incumplir convenios internacionales para proyectos municipales, el país se arriesgaba a una deblacle...
El tema del rechazo o aprobación al veto presidencial se convirtió en ficha de oro con la que negociar la unificación en el PLC, para la revisión de alianzas, para acomodos y reacomodos entre bolañistas, arnoldistas y sandinistas, entre otras cosas porque la salida de esta encrucijada depende nuevamente del número de votos en la Asamblea Nacional. La necesidad que tiene Nicaragua de mantener el acuerdo con el FMI, dada la insostenibilidad de su economía, flexibilizará las posiciones de los tres grupos de poder político, orientará las negociaciones hacia el consenso y permitirá hallar alternativas. Y también afilará colmillos de los más hábiles negociadores del arnoldismo y del danielismo.
En esta nueva encrucijada, el gobierno, necesitado de un respaldo que sólo se puede expresar en el voto de los diputados -muchos de ellos escudados en inmunidad-impunidad- se negociarán seguramente uno, varios, muchos... o todos los casos de corrupción. ¿Hasta el de Arnoldo Alemán? Es ésa la pretensión del núcleo duro del arnoldismo: apoyo al veto y acuerdo con el FMI a cambio de su libertad.
LA “COINCIDENCIA” DE UNA RESOLUCIÓN
En medio del conflicto por el veto al presupuesto, la Corte Centroamericana de Justicia -instancia judicial creada en el marco de la integración centroamericana- con cuatro votos a favor y dos en contra -el de los dos magistrados nicaragüenses- aceptó dar trámite a la demanda que introdujo Alemán en contra del Estado de Nicaragua y del Presidente Bolaños al ser desaforado, por haberlo enjuiciado desconociendo su inmunidad como parlamentario centroamericano.
En base a esta demanda, la Corte Centroamericana emitió una resolución en la que establece que Nicaragua debe “suspender las restricciones personales” que le impidan a Alemán “el desempeño de sus funciones como diputado al Parlamento Centroamericano”.
Se trata de una resolución contradictoria, porque eso significaría que Alemán, como diputado, debe salir de la casa-cárcel y hasta del país para dirigirse a la sede del PARLACEN en Guatemala y participar en sus sesiones, conservando su inmunidad. Pero la resolución también establece que esto debe hacerse “sin perjuicio de que los jueces continúen con los juicios contra él incoados”, lo que supondría que no tiene inmunidad. De hecho, Alemán ha sido sentenciado en primera instancia por un delito -el lavado de dinero- que no permite ningún tipo de excarcelación o indulto según la legislación nicaragüense.
¿Vincula o no a Nicaragua una resolución de la Corte Centroamericana? ¿Será esta resolución el “pasaporte al exilio” que Alemán no aceptó mientras no creía que finalmente sería desaforado y despojado de su inmunidad? ¿Será una “salida jurídica” al problema político que significa la cercana presencia de Alemán para la unificación del liberalismo?
DOS ESCENARIOS EXTREMOS Y UNA SOLUCIÓN INTERMEDIA
Tras las modificaciones al presupuesto hechas por los diputados, el FMI dejó en suspenso el acuerdo firmado con el gobierno Bolaños en los primeros días de diciembre. Y como consecuencia, suspendió los desembolsos de ayuda líquida destinados al pago de la deuda externa, lo que hace caer al gobierno de Nicaragua en incumplimiento de pago. Igualmente, un préstamo concesional del Banco Mundial -a 40 años de plazo y a un 2% de interés anual, tratamiento especial que se le da a Nicaragua-, destinado a apoyar la balanza de pagos y que debía discutirse en el directorio del FMI el 28 de enero, fue también suspendido hasta no aclarar cómo quedará el presupuesto.
Los escenarios extremos ante la encrucijada son dos. Primero: Bolaños logra los votos suficientes para rechazar el rechazo al veto y el acuerdo ya firmado con el FMI se aplica tal como fue concebido. Segundo: Bolaños no logra los votos, los diputados le rechazan su veto y se rompe el acuerdo con el FMI. La solución tendrá intermedia, y ése será el terreno para negociar cualquier cosa.
NI APOCALIPSIS NI TRAGEDIA
Aunque no hubiera solución intermedia, en ninguno de esos dos escenarios extremos, las consecuencias serían tan apocalípticas como plantean los defensores o los opositores del veto. Con una administración menos corrupta y más ordenada en el manejo del flujo de ayuda externa, el acuerdo con el FMI podría aportar algunas mejorías. 2003 debería ser mejor económicamente que 2002. Porque el acuerdo con el FMI destraba recursos que van a mejorar la infraestructura y que permitirán proyectos de vivienda, lo que puede revitalizar la economía. Naturalmente, toda mejoría podría esfumarse si la guerra con Irak dispara excesiva y prolongadamente los precios internacionales del petróleo, lo que afectaría radicalmente nuestra endeble economía.
La ruptura con el FMI tampoco sería la tragedia que auguran Bolaños y su gabinete. Evidentemente, la credibilidad y seriedad de Nicaragua quedaría lastimada cuando empezaba a recuperarse tras el desprestigio al que nos condujo la hipercorrupción de Alemán. Pero el país no quedaría “abandonado a su suerte”. El FMI nunca va a romper totalmente con el gobierno de Enrique Bolaños, pase lo que pase con el veto. El FMI sabe que Bolaños respalda plenamente sus políticas, y en un momento tan crítico, no va a ser el promotor de la asfixia de un gobierno que tiene un voto de total confianza de Estados Unidos y de toda la comunidad internacional.
AUTOCRÍTICA COMO NACIÓN: UNA NECESIDAD
En estas encrucijadas, de las que parece nunca salimos, es cada vez más necesaria la autocrítica como nación. Porque muchos de los problemas que están en el fondo de la polémica en torno al presupuesto son resultado de la acción de los nacionales y no de las presiones internacionales. Responsabilizar de todo lo que nos ocurre a las presiones internacionales y escudarse en una retórica altisonante contra el FMI es siempre la tentación más fácil de seguir, e impide analizar los problemas cruciales de la nación con menos carga ideológica y polarización y con más honestidad y realismo. Es verdad que el FMI presiona e impone en Nicaragua y en todo el mundo, y es más verdad que existe un creciente consenso sobre el fracaso de sus políticas en Nicaragua y en todo el mundo. Es verdad que la rueda de prensa de los altos funcionarios del FMI con lenguaje de ultimátum resultó un atropello, una afrenta.
Es verdad que el FMI tiene mucha responsabilidad en la problemática nacional al imponerle al gobierno Bolaños un ajuste fiscal de la magnitud del que le impuso como condición para firmar el acuerdo trienal. Pero también es verdad que del peso de la deuda interna tienen responsabilidad muchos de los políticos que de ella abominan y que participaron en piñatas y en quiebras de bancos y muchísimos otros beneficiados con dobles indemnizaciones y con la corrupción institucionalizada. Y esa corrupción no nos fue impuesta desde fuera, es un producto netamente nacional.
CORTOPLACISMO: UN MAL ENDÉMICO
El cortoplacismo que ha dominado a todos nuestros gobiernos -también ahí germina la corrupción- explica muchos de los problemas que hoy se acumulan, pareciendo -y siendo- insolubles en el corto plazo. Las “soluciones” que los políticos buscan y encuentran a los problemas nacionales son siempre de corto plazo, no resuelven el problema de fondo y se toman sin visión de Estado, sin visión de nación.
En 2003, y especialmente en 2004, Nicaragua deberá pagar los bonos de indemnización que por concepto de propiedades confiscadas injustamente -y por otras, no tan injustas- otorgó el gobierno de doña Violeta buscando “solucionar” los problemas de propiedad, pero sin calcular suficientemente lo que eso iba a representar para nuestro país diez años después. Según el Presidente del Banco Central, la mitad de la deuda interna se debe a bonos de indemnización por propiedades confiscadas o “piñateadas”.
LAPSUS INEXPLICABLES
Es necesaria la autocrítica. Nicaragua la necesita como el enfermo requiere de la más dolorosa terapia para volver a erguirse y andar. En la Asamblea, al modificar el presupuesto, los diputados sólo recortaron algo los megasalarios de los altos funcionarios del Ejecutivo, recortándole también los gastos a la Presidencia -¿equidad o revanchismo?-, pero dejaron intocados los suyos y los del resto de la alta burocracia estatal aumentada por el pacto que tantos de ellos avalaron.
En el otro polo sucede lo mismo. En el sensato discurso del Presidente Bolaños, explicándonos pedagógicamente la difícil situación nacional, que se agravaría si se rechazaba su veto, la pensión vitalicia que él recibe por haber renunciado a ser Vicepresidente para ser Presidente, no apareció, siendo así que la más elemental pedagogía es la de predicar con el ejemplo. Resultan increíbles estos lapsus en quienes deciden la política del país, tanto en quienes hablan del “fondo del barril” en el que estamos o en quienes le echan toda la culpa de ese “fondo” al Fondo.
UNA EFICIENCIA DISCUTIBLE
La justificación que el gobierno Bolaños da -cuando la ha dado, porque habitualmente calla sobre el tema- para megasalarios que conducen en pocos años a megapensiones- es que en el gobierno hay que pagar muy bien para así captar para el gobierno a la gente más capaz y así garantizar la eficiencia. Pero la realidad es que la tan inequitativa estructura de salarios que existe en el gobierno lo único que ha generado es un grupo muy pequeño de altos funcionarios muy bien pagados y muchísimos funcionarios responsables de los servicios directos a la población muy mal pagados, quienes sin ningún estímulo lo único que garantizan es ineficiencia y desidia, y cuyas justas aspiraciones alimentan el populismo de los caudillos. Reducir los megasalarios de los ministros y su grupo debería orientarse a mejorar los minisalarios de los funcionarios que están a sus órdenes. Sólo así se garantizaría eficiencia y calidad en el funcionamiento de los servicios del Estado.
LA ÉTICA EN LAS ENCRUCIJADAS
Y aunque en términos económicos sobre el presupuesto el impacto de una sustancial reducción de los megasalarios para su redistribución entre los trabajadores estatales de menores ingresos no sería muy grande, el impacto simbólico sería extraordinario y estimulante.
Crecería la credibilidad en la austeridad del gobierno y en su voluntad de honestidad y crecería la capacidad de convocatoria del gobierno para seguir respaldando una lucha contra la corrupción que apenas comenzó y que el desarrollo del país demanda. Una lucha que, si va a continuar y va realmente en serio, nos colocará necesariamente ante nuevas encrucijadas. Es inevitable. Superarlas éticamente es aún una utopía lejana.
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