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Timestamp: 2017-09-22 08:43:17+00:00

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LA CIRCULAR NÚMERO 1.171/2008 DE LA FIFA SOBRE REQUISITOS MÍNIMOS PARA CONTRATOS ESTÁNDAR DE JUGADORES EN EL FÚTBOL PROFESIONAL - PDF
LA CIRCULAR NÚMERO 1.171/2008 DE LA FIFA SOBRE REQUISITOS MÍNIMOS PARA CONTRATOS ESTÁNDAR DE JUGADORES EN EL FÚTBOL PROFESIONAL
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Roberto Herrera Márquez
1 LA CIRCULAR NÚMERO 1.171/2008 DE LA FIFA SOBRE REQUISITOS MÍNIMOS PARA CONTRATOS ESTÁNDAR DE JUGADORES EN EL FÚTBOL PROFESIONAL Ignacio García-Perrote Escartín, Catedrático de Derecho del Trabajo y abogado Sergio Ponce Rodríguez, abogado Álvaro Navarro Cuéllar, abogado SUMARIO 1. NATURALEZA, OBJETIVOS Y APLICABILIDAD DE LA CIRCULAR EN ESPAÑA 2. ANÁLISIS DEL CONTENIDO SUSTANTIVO DE LA CIRCULAR 2.1. Contrato y contratantes Número de ejemplares Duración del contrato Contrato de los menores 2.2. Definiciones 2.3. Relación de las partes contratantes 2.4. Obligaciones del club 2.5. Obligaciones del jugador 2.6. Derechos de imagen 2.7. Contratos de cesión 2.8. Normas disciplinarias / protesta 2.9. Dopaje Arbitraje Disposiciones legalmente vinculantes de los órganos futbolísticos Convenio colectivo Disposiciones finales El derecho aplicable La jurisdicción de los tribunales Versión oficial del contrato Confidencialidad del contrato 1
2 Permanencia en vigor del contrato en caso de sobrevenir la nulidad de alguna de sus previsiones Interpretación de las estipulaciones del contrato La mención a los anexos que formen parte íntegra del contrato y que se entregan al jugador La forma escrita de todas las modificaciones, suplementos o supresiones de partes del contrato 3. CONCLUSIÓN 4. ANEXO. CIRCULAR NÚMERO 1.171/2008 DE LA FIFA 1. NATURALEZA, OBJETIVOS Y APLICABILIDAD DE LA CIRCULAR EN ESPAÑA El pasado 24 de noviembre de 2008 el Secretario General de la Féderation Internationale de Football Association (en adelante, la FIFA ) dirigió a los miembros de esta asociación la Circular nº 1.171/2008, de requisitos mínimos para contratos estándar de jugadores en el fútbol profesional (en adelante, la Circular ). Por su interés y quizás limitada difusión, el texto íntegro de la Circular se adjunta como Anexo al final del presente artículo. Se trata de una norma interna de la FIFA, dirigida a sus asociaciones miembros, en la que se enumeran y detallan, con más o menos acierto (como analizaremos posteriormente), las condiciones mínimas que, según la FIFA, deben incluirse en los contratos de trabajo que rijan las relaciones contractuales entre clubes de fútbol y futbolistas profesionales. Como señala el propio Secretario General de la FIFA en la comunicación enviada a sus asociados, la Circular recoge directrices o directivas con el fin de cubrir los derechos y deberes más importantes de las partes involucradas en un contrato en el fútbol profesional. Continúa el Secretario General afirmando que la Circular tiene como fin crear un estándar mínimo y debe tomarse como base para discusiones posteriores en el seno de cada asociación miembro de la FIFA. Es decir, nos encontramos ante lo que la FIFA pretende que sea el mínimo obligatorio a partir del cual las partes firmantes de un contrato entre un futbolista profesional y su club puedan regular su relación contractual. 2
3 No cabe duda de que el fin de la Circular es loable: fijar y armonizar el contenido mínimo que deben incluir todos los contratos de fútbol profesional entre clubes de fútbol y futbolistas profesionales que pertenezcan a federaciones asociadas a la FIFA. Parece incluso un objetivo más plausible si pensamos en aquellos países con federaciones asociadas a la FIFA que carezcan de un régimen normativo desarrollado o incluso en las contrataciones de futbolistas extranjeros en donde entren en conflicto las normas de más de un régimen legal. Pese a ser éste su fin último, la Circular incluye algunos epígrafes que parecen exceder este cometido. A modo de ejemplo y, como se podrá analizar con mucho más detalle en el apartado segundo de este artículo, la Circular incluye epígrafes que, lejos de regular un contenido o unos requisitos mínimos para los contratos de fútbol profesional, contienen meras recomendaciones o consejos de buena praxis o incluso previsiones que pretenden calificar la naturaleza jurídica de la relación entre un club de fútbol y un futbolista profesional. Por otro lado y, como se detallará a continuación, la eficacia directa de la Circular resulta reducida en países como el nuestro en los que existe un sistema legal de fuentes determinado y en el que el legislador, por una parte, y los representantes de clubes y futbolistas, por otra, ya han establecido y acordado las condiciones mínimas que deben regir las relaciones contractuales entre clubes de fútbol y futbolistas profesionales a través de la negociación colectiva. Recordemos que en España estas condiciones mínimas vienen reguladas en el Real Decreto 1006/1985, de 26 de junio, por el que se regula la relación laboral especial de los deportistas profesionales (en adelante, el Real Decreto 1006/1985 ), en el Real Decreto Legislativo 1/1995, de 24 de marzo, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley del Estatuto de los Trabajadores (en adelante, el Estatuto de los Trabajadores ), norma supletoria del Real Decreto 1006/1985 y en el Convenio Colectivo para la Actividad de Fútbol Profesional, publicado en el Boletín Oficial del Estado el 4 de noviembre de 2008 (en adelante, el Convenio Colectivo ), suscrito entre la Liga Nacional de Fútbol Profesional (en adelante, la LNFP ) y la Asociación de Futbolistas Españoles (en adelante, la AFE ). De hecho, pese a la voluntad de la FIFA de crear algunas disposiciones de carácter vinculante entre clubes de fútbol y futbolistas profesionales (como así se desprende de la redacción de algunos preceptos de la Circular y de expresiones tales como el contrato deberá contener, 3
4 el contrato deberá fijar, el contrato garantiza ), el propio prólogo de la Circular menciona que, al elaborar un contrato de fútbol profesional, las partes firmantes deben tener en cuenta y respetar tanto la legislación nacional en la materia como los convenios colectivos, si existiesen. Literalmente el prólogo afirma que al elaborar un contrato individual ambas partes deberán tomar en cuenta los siguientes puntos: (a) la legislación nacional y especialmente las preceptivas cláusulas contractuales; (b) los convenios colectivos (CC), si existen; (c) las disposiciones legalmente vinculantes de los órganos futbolísticos (FIFA, incluso el Código Ético, Confederaciones, federaciones miembros y ligas profesionales, donde existan.), esto es los estatutos, los reglamentos o las decisiones de estos órganos (...). Así, consciente de que el contenido de la Circular tiene limitada fuerza vinculante entre las partes firmantes de un contrato de fútbol profesional, esto es, los clubes y los futbolistas, el propio Secretario General de la FIFA insta a sus asociaciones miembros a asegurarse de que estos requisitos mínimos respaldados por el Comité Ejecutivo de la FIFA sean regulados y acordados como mínimo. Es decir, la FIFA solicita a sus miembros (en España, la Real Federación Española de Fútbol) que hagan lo posible para que los contratos que regulan las relaciones entre sus clubes de fútbol y futbolistas profesionales incluyan el contenido mínimo desarrollado por la Circular y que ésta no termine siendo una mera declaración de intenciones, por muy loable que sea. En todo caso, lo que parece poco discutible es que la FIFA, una asociación internacional de carácter privado, no tiene posibilidad alguna de establecer de forma directa obligaciones para los clubes y los futbolistas profesionales por lo que al contenido y características de su relación laboral se refiere. Otra cosa es que la FIFA, consciente de que las asociaciones miembro pueden tener capacidad de incidir, en sus ordenamiento jurídicos nacionales, en la determinación de un modelo de contrato de trabajo estándar, pretenda establecer en esta Circular, quizás con cuestionable acierto, aquellas previsiones y materias respecto de las cuales la asociación o federación correspondiente tiene que prestar una mayor atención a la hora de preparar un modelo estándar de contrato de trabajo. En otras palabras, la Circular supondría una especie de guía u hoja de ruta que las federaciones nacionales deben utilizar a la hora de determinar (bien unilateralmente en 4
5 aquellas jurisdicciones en las que tengan esa posibilidad, bien por vía de la negociación colectiva en aquellos ordenamientos en los que puedan participar en ella) el contenido del contrato de trabajo. Centrándonos en el caso español, parece que la Real Federación Española de Fútbol (en adelante, la RFEF ) carece de potestad normativa respecto de las condiciones laborales de los futbolistas profesionales. Igualmente, no tiene una participación directa en la negociación colectiva, en la medida en que la misma, en la actualidad, corresponde a la LNFP, por lo que a la parte empresarial se refiere, y a la AFE, en cuanto que representación social. No obstante, no puede negarse la interrelación existente entre la RFEF, la LNFP y los propios futbolistas, por lo que el hecho de que la RFEF carezca de potestad o legitimación directa para crear o establecer el contenido mínimo del contrato de trabajo, no significa que, de hecho y por razones obvias, pueda incidir en la creación de ese contrato de trabajo estándar o modelo, así como en la misma negociación colectiva. Por lo tanto, como anteriormente se ha mencionado y para el caso español, la Circular ha de interpretarse como una guía o recomendación de la FIFA a sus miembros para que, en la medida en que les sea posible y de acuerdo con los ordenamientos jurídicos nacionales, intenten que se incluyan determinados aspectos en los contratos de trabajo de los futbolistas profesionales. Como consecuencia de lo anterior y a modo de conclusión, para que la Circular fuera directamente aplicable en España tendría que seguir una de las siguientes vías, previo respeto de la normativa aplicable en nuestro país (e.g., Constitución Española, Estatuto de los Trabajadores, Real Decreto 1006/1985, Convenio Colectivo, etc.): (i) que el legislador español decidiera implantar su contenido a través de una norma; (ii) que en sede de negociación colectiva su contenido fuera negociado y su inclusión acordada (por ejemplo, en el clausulado del próximo Convenio Colectivo) y; (iii) que los clubes y los jugadores pactaran de forma individual la sujeción del contrato de trabajo a los contenidos de la Circular, libre y voluntariamente. 5
6 2. ANÁLISIS DEL CONTENIDO SUSTANTIVO DE LA CIRCULAR Una vez realizado el análisis acerca de la aplicabilidad de la Circular a los contratos de trabajo de los futbolistas profesionales, en este apartado se realizará un análisis del contenido sustantivo de la Circular. En concreto se analizarán los requisitos mínimos que la Circular considera que deben cumplir todos los contratos de trabajo de los futbolistas profesionales, a la luz del ordenamiento jurídico español, con especial referencia a aquellos aspectos que podrían considerarse incompatibles con éste. Como se ha comentado anteriormente, la norma fundamental que regula la relación laboral de los deportistas profesionales con sus clubes empleadores es el Real Decreto 1006/1985. Esta norma se ve complementada, por un lado y en primer lugar, por el propio Estatuto de los Trabajadores, en cuanto que derecho supletorio del Real Decreto 1006/1985 (como establece su artículo 21), así como por el Convenio Colectivo. No obstante, debe tenerse en cuenta que el Convenio Colectivo es aplicable, como establece en su artículo 1, a los Futbolistas Profesionales que prestan sus servicios en los equipos de los Clubes de Fútbol o Sociedades Anónimas Deportivas adscritos a la Liga Nacional de Fútbol Profesional. Por ello, el Convenio Colectivo no es de aplicación a los futbolistas profesionales que no estén empleados por un club de fútbol perteneciente a la LNFP (es decir, de la Primera y Segunda División españolas). En concreto, y sin entrar ahora a analizar esta cuestión que excede ampliamente del objeto del presente trabajo, se deberán considerar futbolistas profesionales, en virtud de lo establecido en el artículo 1.2 del Real Decreto 1006/1985, aquellos futbolistas que, en virtud de una relación de carácter regular, reciban una retribución por dedicarse a la práctica del fútbol por cuenta y dentro del ámbito de organización y dirección de un club o entidad deportiva, siempre que dicha retribución exceda de la mera compensación de los gastos incurridos por la práctica del fútbol. Por lo tanto, al margen de la complejidad que en la práctica pueda presentar la anterior definición, lo que sí que parece claro es que existen ejemplos evidentes de futbolistas que, no participando ni en la Primera ni Segunda división, deben ser considerados futbolistas profesionales a los efectos del ordenamiento jurídico español y de la propia Circular, aunque no les sea de aplicación el Convenio Colectivo. 6
7 Sentado lo anterior, a continuación se realizará el análisis del contenido material de la Circular a la luz de las disposiciones normativas aplicables en España, para así poder concluir en qué medida sería posible incorporar al contrato de trabajo el contenido mínimo establecido en la Circular Contrato y contratantes Tras un pequeño prólogo, transcrito en el apartado anterior, la Circular enuncia en su primer apartado una serie de requisitos o condiciones relacionadas, principalmente, con la forma del contrato de trabajo o los requisitos que desde un punto de vista formal debe reunir el contrato de trabajo de un futbolista profesional. Al contrario de lo que sucederá en los sucesivos apartados de la Circular, como tendremos oportunidad de comentar, la redacción de este primer apartado es coherente con la finalidad, al menos teórica, de esta Circular, es decir, el establecimiento o enumeración de los requisitos mínimos que debe cumplir el contrato de trabajo. Así, en este primer epígrafe se utilizan expresiones como el contrato debe formalizarse por escrito o el contrato deberá contener claramente los datos, etc. Como veremos, según se avanza en la lectura de la Circular, la redacción parece ir separándose del objetivo inicial y las expresiones utilizadas dejan de ser totalmente coherentes con su finalidad. Así, de formulaciones de carácter imperativo como las que se acaban de mencionar, se pasa a definir términos que poco o nada tienen que ver con un requisito o contenido mínimo (por ejemplo, cuando en el apartado 9 se establece que el dopaje es el uso de sustancias y/o métodos prohibidos ). Podría pensarse que nos encontramos ante problemas de traducción, pero debe recordarse que el español es uno de los idiomas oficiales de la FIFA. No obstante, como decimos, en este primer apartado relativo a la forma del contrato, la redacción se mantiene fiel al objetivo inicial y se establecen una serie de requisitos y formalidades que deberá reunir el contrato de trabajo del futbolista profesional. Así, en su párrafo 1.1 se establece que el contrato debe formalizarse por escrito y contener la firma válida de ambas partes. Deben indicarse el lugar y la fecha de la firma del contrato. 7
8 Comenzaremos analizando a este respecto el ordenamiento jurídico español aplicable en esta materia, para determinar hasta qué punto las previsiones normativas ya prevén estos requisitos como mínimos o si, por el contrario, esto no es así y pueden existir determinadas fricciones. En primer lugar, debemos acudir al artículo 3 del Real Decreto 1006/1985 que regula precisamente la forma y el contenido del contrato. El primero de los requisitos que allí se establece es coincidente con el referido por la Circular, que no es otro que la obligación de que el contrato de trabajo del futbolista profesional sea formalizado por escrito. Esta previsión expresa es importante porque el artículo 8 del Estatuto de los Trabajadores no exige, con carácter general, que los contratos de trabajo deban formalizarse por escrito. No obstante, el propio artículo 8 del Estatuto de los Trabajadores establece que será necesario formalizar el contrato por escrito cuando así lo establezca una disposición legal. Entendemos, precisamente, que esto es lo que lleva a cabo el artículo 3 del Real Decreto 1006/1985, en la medida en que esa referencia a disposición legal que realiza el Estatuto de los Trabajadores debe entenderse referida a cualquier disposición normativa, sin que sea necesario que dicha norma ostente el rango de ley. A continuación, el artículo 3 del Real Decreto 1006/1985, en su apartado 2 y tras hacer referencia al número de ejemplares en los que debe formalizarse el contrato, sobre lo que volveremos posteriormente, simplemente menciona que el contrato deberá incluir la identificación de las partes, sin realizar mayores referencias al respecto. Por el contrario, como se ha mencionado, la Circular es mucho más exhaustiva. En primer lugar, exige que el contrato contenga la firma válida de ambas partes. Esta exigencia y el tenor literal de la misma puede hacernos pensar que es necesario que el propio futbolista, en tanto que una de las partes, debe firmar necesariamente el contrato de forma personal (al hablar de firma válida), sin que sea posible la firma por parte de agentes o representantes. Igualmente, en sus párrafos 1.3 y 1.4, la Circular menciona de forma detallada cómo ha de identificarse a las partes, estableciendo, por ejemplo, que deberá incluirse la fecha de nacimiento y dirección completa del jugador o que, respecto del club, deberá hacerse constar el nombre completo y registrado del club, nombre y dirección de la persona física que representa a la entidad deportiva, etc. 8
9 Asimismo, la Circular establece una información de carácter adicional a incluir en el contrato, en concreto, el lugar y la fecha en la que se firma el contrato. Esta exigencia, sin embargo, no existe en el Real Decreto 1006/1985. A primera vista puede pensarse que se trata de una cuestión menor o poco significativa. Sin embargo, el cumplimiento de este tipo de requisitos formales puede adquirir una relevancia significativa en los casos en los que pueda producirse una duplicidad de documentos contractuales con distintos clubes, o incluso con el mismo club, que arroje dudas acerca del contrato que ha de considerarse válido o al menos preferente. La inclusión de la fecha y el lugar en el que se firma el contrato puede ser una información relevante a estos efectos y puede esclarecer el desarrollo de los acontecimientos, permitiendo así una más rápida y sencilla solución del conflicto. Por lo tanto, por lo que se refiere a la identificación de las partes y del lugar y fecha en la que se ejecuta el contrato, podemos concluir que la Circular es más exigente que el Real Decreto 1006/1985. No obstante, el Convenio Colectivo (que hemos de recordar que no sería de aplicación a todos los futbolistas profesionales), vendría a solventar esta falta de exhaustividad del Real Decreto 1006/1985, en la medida en que, si bien es cierto que en su artículo 12.1 se limita a mencionar que el contrato que se suscriba deberá ajustarse a las prescripciones del artículo 3 del Real Decreto 1006/1985 ya analizado, posteriormente incorpora, como Anexo I al Convenio Colectivo, el modelo de contrato en el cual, entre otros aspectos, se incluye la fecha y el lugar de celebración del contrato, así como una completa identificación de las partes. En todo caso, parece que el Convenio Colectivo no establece la obligación de realizar los contratos siguiendo dicho modelo, sino que lo incluye como una mera guía o recomendación al respecto Número de ejemplares El párrafo 1.2 de la Circular establece que a cada uno de los contratantes se le entregará una copia del contrato. Se enviará otro ejemplar a la liga profesional y/o a la federación miembro, que registrará el contrato según las normas del órgano futbolístico correspondiente. 9
10 En primer lugar, hemos de mencionar quizás lo que es la primera manifestación de la deriva de la Circular respecto de su objetivo, ya que, como puede observarse en este párrafo, la Circular no establece un requisito del contrato, sino que establece obligaciones de depósito y comunicación, referidas, no sólo a las partes contratantes, sino al propio órgano futbolístico que recibe dicha comunicación, al exigir que éste registre el contrato suscrito. A este respecto, el artículo 3.1 del Real Decreto 1006/1985 dispone que el contrato deberá realizarse en tres ejemplares, especificando que dos de ellos serán para cada una de las partes y el tercero para el INEM, actualmente el servicio público de empleo que corresponda. Comprobamos, por tanto, que mientras que la Circular olvida al INEM o al servicio público de empleo, el Real Decreto 1006/1985 hace lo propio con los órganos futbolísticos correspondientes. De nuevo el Convenio Colectivo es más especifico sobre la materia y en su artículo 12.2 establece que los contratos se formalizarán por sextuplicado ejemplar, de los cuales, un ejemplar será para cada una de las partes, un tercero para la LNFP, un cuarto para la AFE, el quinto para la RFEF y el sexto para el INEM Duración del contrato El artículo 3.2 del Real Decreto 1006/1985 establece, en su apartado d), que el contrato deberá incluir su duración, sin establecer mayores detalles, si bien es cierto que el Real Decreto 1006/1985 dedica su artículo 6 por completo a esta materia. Por el contrario, el párrafo 1.5 de la Circular establece que el contrato deberá contener claramente los datos (día/mes/año) relativos al inicio y a la expiración del contrato. Definirá además los derechos del club y del jugador respecto de una posible prórroga del contrato y/o terminación anticipada del mismo. Puede observarse que la Circular deja un amplio margen de negociación a las partes para establecer la duración del contrato y el régimen de las posibles prórrogas. No obstante, el artículo 6 del Real Decreto establece previsiones específicas en materia de duración que deberán ser respetadas en todo caso por las partes. Así, en primer lugar, el Real Decreto 1006/1985 establece que los contratos de los deportistas profesionales han de ser necesariamente de duración determinada. Por lo tanto, apartándose 10
11 de la regla general aplicable a las relaciones laborales, el Real Decreto excluye expresamente la posibilidad de pactar un contrato de trabajo indefinido con el futbolista profesional, lo cual es perfectamente lógico si tenemos en cuenta que, por razones evidentes, no es posible la práctica del deporte profesional de forma vitalicia. En segundo lugar, el artículo 6 del Real Decreto 1006/1985, por lo que se refiere a las prórrogas, dispone que, también con una duración determinada, podrán pactarse sucesivos acuerdos al vencimiento del término originalmente pactado. Esta redacción parece excluir la posibilidad de pactar prórrogas en el propio contrato de trabajo, por ejemplo, dejando al club la posibilidad de decidir unilateralmente prorrogar el contrato una vez finalizado el término inicial. Por lo tanto, esta previsión normativa podría suponer una limitación del poder de decisión que la Circular deja a las partes a la hora de pactar el régimen de prórrogas. A este respecto, cabe mencionar que el Convenio Colectivo se remite al propio Real Decreto 1006/1985 a la hora de establecer el régimen de posibles prórrogas del contrato Contrato de los menores La Circular prevé expresamente que en el caso de los contratos celebrados por menores de edad deberá figurar en el contrato la firma del padre o de lo que se denomina en la Circular titular de los derechos de educación del menor, que probablemente podríamos asimilar a la figura del tutor. El Real Decreto 1006/1985 no recoge ninguna previsión específica al respecto, por lo que debe acudirse al régimen general del Estatuto de los Trabajadores, en concreto a su artículo 6. Existe una prohibición genérica e incondicionada del trabajo de los menores de 16 años. Por lo tanto, no cabría la suscripción de contratos de trabajo de futbolistas profesionales con un menor de 16 años. Evidentemente, en la realidad de las cosas cada vez es menos infrecuente encontrarse casos de menores de 16 años participando en actividades deportivas profesionales, supuestos éstos en los que cabría plantearse en qué medida la relación entre el menor deportista y el club o entidad deportiva es posible que fuera calificada como una relación de trabajo y, por ello, ilegal. En todo caso, ésta es una cuestión distinta que requeriría un análisis exhaustivo y detallado (por ejemplo, si se podría considerar aplicable el apartado 4 del artículo 6 del Real Decreto 1006/1985). 11
12 En caso de los mayores de 16 y menores de 18, el artículo 7 del Estatuto de los Trabajadores les reconoce capacidad para contratar siempre que se encuentren emancipados o se cuente con el consentimiento de sus padres o tutores. Por lo tanto, de acuerdo con la legislación española y al contrario de lo exigido por la Circular, la firma o participación de los padres o tutores en el contrato de trabajo celebrado por un menor tan sólo será necesaria en el caso de que éste no se encuentre legalmente emancipado. Por otro lado, no puede dejar de hacerse referencia a que, si bien es lícita la contratación de menores de 18 años en los términos que se acaban de exponer, existen una serie de limitaciones, entre las que se encuentra la imposibilidad de que desarrollen trabajos nocturnos o que realicen horas extraordinarias, lo cual puede tener relevancia y plantear algún problema, al menos teórico, sobre todo respecto de la primera de las limitaciones mencionadas. Por último, se debe hacer referencia a que el párrafo 1.6 de la Circular establece la necesidad de que en caso de que participen en las negociaciones personas distintas de las partes en sentido estricto (por ejemplo, los padres, pero también agentes, representantes o incluso un intérprete) tal circunstancia debe mencionarse expresamente, requisito éste no impuesto por las normas españolas Definiciones El segundo y breve apartado de la Circular está referido a las definiciones del contrato y, más concretamente, a la obligación de definir los conceptos clave. Es complicado determinar a qué se puede estar refiriendo la Circular por conceptos clave y en qué términos o con qué nivel de detalle se exige una definición. Parece evidente que nos encontramos ante una mera recomendación o consejo de buena praxis, más que a un requisito mínimo indispensable. Más interés tiene el segundo apartado de este segundo apartado, ya que en él se establece que los conceptos que no se definan expresamente en el contrato tendrán el significado que tengan en los estatutos o reglamentos de la FIFA e incluso en el Código Ético. Parece establecerse, en definitiva, una especie de aplicación supletoria de los textos que se acaban de mencionar a efectos interpretativos del significado o intención de las partes a la hora de incluir un término en el contrato. Esta previsión, que parece por otro lado lógica, deberá siempre aplicarse teniendo en cuenta el significado que esos mismos términos o conceptos puedan tener en la 12
13 legislación y normativa aplicable, incluyendo el Convenio Colectivo (por ejemplo, deportista profesional, prórroga, extinción del contrato, salario, etc.) Relación de las partes contratantes Quizás sea en este epígrafe en el que por primera vez se pone de manifiesto una divergencia significativa entre el objetivo original de la Circular (establecer el contenido mínimo del contrato de trabajo) y la realidad de la redacción y tenor literal de lo establecido efectivamente en la Circular. Así, el párrafo 3.1 de la Circular, lejos de establecer un requisito del contrato de trabajo, procede a calificar su naturaleza jurídica, lo cual no deja de ser sorprendente si tenemos en cuenta que se trata de una Circular con ánimo de ser aplicada, virtualmente, en todo el mundo y que, como ella misma declara desde el inicio, habrá de estar sometida a la legislación nacional o local aplicable. En concreto, en el mencionado párrafo, la Circular determina que el contrato entre futbolista profesional y club debe considerase un contrato laboral. Es decir, determina que, necesariamente, el vínculo que debe existir entre un futbolista profesional y el club para el que presta servicios debe ser de índole laboral. En el caso de España, esta calificación realizada por la Circular coincide con la que el ordenamiento jurídico ha decidido adoptar, es decir, considerar a los futbolistas, en tanto que deportistas profesionales, trabajadores, si bien que con una relación laboral especial. Sin embargo, no es difícil imaginar la existencia de ordenamientos jurídicos en los que, legítimamente, se haya decidido excluir del ámbito laboral a los deportistas profesionales y en los que, por tanto, la calificación realizada por la Circular carezca de toda aplicabilidad. Se debe tener en cuenta que es posible establecer unos requisitos o contenidos mínimos para un contrato, independientemente de su naturaleza, sin perjuicio de que dicha naturaleza pueda limitar o modular determinadas cuestiones. En todo caso, lo que parece evidente es que la Circular ha excedido claramente su objetivo o finalidad estableciendo una calificación jurídica predeterminada de la relación que ha de vincular al futbolista con su club. La misma o similar reflexión cabe realizar respecto del siguiente inciso de este mismo párrafo 3.1, cuando se afirma que, siempre que no se acuerde otra cosa, se aplicará la legislación 13
14 nacional del país en el que esté registrado el club. Como se comentará más adelante, parece que la Circular, al margen de los tratados y convenios internacionales existentes en materia de legislación aplicable, establece un criterio independiente respecto al derecho por el que ha de regirse el contrato de trabajo. Entendemos que, nuevamente, la Circular olvida su objetivo y propia naturaleza y excede de forma manifiesta el cometido y la finalidad para la que, en principio, habría sido redactada, independientemente de que el criterio adoptado pueda ser más o menos lógico. A continuación, el párrafo 3.2 de la Circular establece la obligación de que exista un único contrato que regule todas y cada una de las obligaciones y derechos de la relación entre las partes. Aunque, efectivamente, esta práctica puede ser muy recomendable a efectos de evitar equívocos y contradicciones, parece evidente que desde el prisma del derecho español nada impediría que se contara con distintos documentos que recogieran las condiciones aplicables a la relación laboral, a modo de anexo o complemento a lo que pudiera haberse establecido en el contrato Obligaciones del club El apartado cuarto de la Circular está dedicado a las obligaciones del club frente al jugador que deberían recogerse en el contrato. Sin embargo, este apartado comienza de forma algo confusa al declarar en su párrafo 4.1 que el contrato establece las siguientes obligaciones del club frente al jugador. Lo lógico sería pensar que a continuación nos encontraríamos con una lista de obligaciones para el club empleador y que, necesariamente, habrían de incluirse en el contrato (aunque en ese caso hubiera sido más afortunado utilizar el futuro establecerá, en lugar del presente establece ). Por el contrario, lo que nos encontramos a continuación son una serie de párrafos en los que se entremezclan, por un lado, directrices sobre los pactos que deben incluirse en el contrato (que sería lo lógico y coherente con el objetivo primigenio de la Circular) y, por otro, obligaciones directas o no disponibles para el club. Así, el segundo párrafo comienza, con una redacción algo tortuosa, afirmando que el contrato regula todas las obligaciones económicas del club, para pasar a enumerar una serie de materias (salario, otras retribuciones dinerarias y en especie, seguro de enfermedad, seguro de pensiones, etc.). No queda ni mucho menos claro si la Circular entiende que es necesario 14
15 incluir todas las materias que enumera (por ejemplo, si es obligatorio contar con un plan de pensiones) o si se trata simplemente de un lista enunciativa o ejemplificativa. A continuación, en el párrafo 4.3 (aunque no se alcanza a entender por qué no se incluye en el párrafo relativo a las obligaciones económicas) se menciona la necesidad de pactar la divisa y la forma y el momento en el que deberá realizarse el pago del salario. En todo caso, respecto de las obligaciones económicas del club, se debe tener en cuenta el capítulo IV del Convenio Colectivo que regula la mayoría de los aspectos que se mencionan en la propia Circular y que, por lo tanto, será redundante incluir en el contrato individual de trabajo y que, en caso de incluirse, deberán respetar lo dispuesto en el Convenio Colectivo en caso de ser aplicable. El párrafo 4.4 incluye una previsión respecto de la que resulta complicado comprender su alcance. En este párrafo se establece, de nuevo utilizando la forma verbal en presente, que el contrato regula también las consecuencias económicas en caso de modificaciones sustanciales respecto de la situación de los ingresos del club. Parece que la Circular viene a dar cabida a la posibilidad de pactar entre jugador y club que la retribución del primero varíe en función de los ingresos del segundo. Lo cierto es que una previsión de este tipo sería muy relevante, aunque no estaría exenta de dificultades de aplicación práctica en cuanto a la forma de objetivizar el nivel de ingresos que habría que tomar como referencia a efectos de modular la retribución del futbolista, aunque no es complicado encontrar un supuesto interesante (por ejemplo, el cambio de categoría en la que el club participa). Tampoco puede descartarse que esta previsión esté en la línea de lo establecido en el Convenio Colectivo, en su Anexo III en relación con el Fondo de Garantía Salarial, Anexo VI sobre clubes en situación concursal y el Anexo VII sobre los clubes en difícil situación económica. El párrafo 4.5 pasa a establecer, al contrario que los párrafos anteriores, no ya una área o materia sobre la que jugador y club han de ponerse de acuerdo en el contrato, sino lo que parece ser una obligación de aplicación directa e incondicionada para el club, al afirmar que el contrato garantiza a los jugadores jóvenes que podrán proseguir sus estudios no 15
16 relacionados con el fútbol (enseñanza escolar obligatoria). Ello es también de aplicable a una formación con vistas a una segunda carrera después del fútbol. Las dudas que plantea este precepto son numerosas y de diversa naturaleza. Por un lado habría que analizar qué significa jugador joven. En segundo lugar, la propia redacción crea confusión respecto del objeto de la garantía, es decir, cuáles son los estudios que se debe permitir cursar al jugador, dado que, si bien es cierto que el precepto comienza con una referencia genérica a los estudios no relacionados con el fútbol, posteriormente tales estudios parecen quedar limitados a la enseñanza obligatoria, lo cual sería ciertamente restrictivo. Por último, el inciso final tampoco goza de claridad, aunque podría pensarse que tiene por objetivo ampliar la garantía a una pretendida carrera o formación no obligatoria y que le serviría al jugador para poder ganarse la vida una vez finalice su actividad como futbolista profesional. Sin embargo, también podría entenderse que lo que se pretende incluir son estudios relacionados con el fútbol (por ejemplo, el de entrenador), pero que se realizan a los efectos de poder ganarse la vida una vez finalice su carrera deportiva. En todo caso, quizás la duda de mayor calado que plantea esta previsión es en qué ha de consistir esa garantía, es decir, qué se puede exigir al club por parte del jugador en relación con su formación académica ( debe permitir que se ausente de entrenamientos, partidos, etc.? se deben sufragar al jugador los costes en los que pueda incurrir?). El párrafo 4.6 de nuevo retoma la cuestión económica al recordar que el contrato debe recoger la cuestión relativa al pago de los impuestos que, en resumen, se traduciría en la necesidad de establecer en el contrato expresamente si la retribución pactada lo es en términos brutos o netos de impuestos. Por regla general y en ausencia de pacto, se viene entendiendo que la retribución pactada lo es en términos brutos. El párrafo 4.7 dispone la necesidad de pactar las condiciones en las que el jugador podrá disfrutar de descansos retribuidos o vacaciones. En este sentido ha de tenerse en cuenta lo previsto en los artículos 9 y 10 del Real Decreto 1006/1985 que regula esta cuestión específicamente, así como el Capítulo III del Convenio Colectivo que aborda de forma más amplia y detallada las cuestiones relativas a jornada, horario, descansos y vacaciones de los futbolistas profesionales. 16
17 El párrafo 4.8 establece que el contrato debe incluir las medidas necesarias para proteger los derechos humanos de los jugadores, con especial mención a la libertad de expresión y a la no discriminación. Aunque resulta evidente que no es necesario establecer pactos concretos en un contrato individual de trabajo para la protección de los derechos humanos, en la medida en que el jugador se encuentra protegido por el propio ordenamiento jurídico, sí que puede destacarse que el artículo 39 del Convenio Colectivo hace expresa mención a la libertad de expresión de los jugadores. Por último, parece que la Circular ha querido omitir toda referencia a los posibles derechos sindicales de los jugadores, dado que no se realiza ninguna mención a ellos. Por el contrario, el artículo 40 del Convenio Colectivo regula expresamente esta cuestión. Los párrafos 4.9 y 4.10 están referidos a la obligación por parte del club de vigilar y cuidar de la salud de sus jugadores, estableciendo la necesidad de suscribir un seguro obligatorio de enfermedad y accidente, así como la obligación de realizar revisiones médicas de forma regular, todo ello complementado por la creación de una especie de historial médico que facilite el control de la salud del futbolista. El ordenamiento jurídico español no establece estas obligaciones de forma expresa, aunque creemos que debe concluirse que, en lo referido a la existencia de un seguro de enfermedad y accidente, la existencia de un sistema público de Seguridad Social eximiría de esta obligación a los clubes. Asimismo, la necesidad de vigilar y cuidar la salud de los jugadores, además de por el propio interés del club, vendría exigida por la normativa en prevención de riesgos laborales. Por último el párrafo 4.11 establece la obligación de que el club cumpla con la normativa, reglamentos e incluso el Código Ético de la FIFA y de la confederación o federación correspondiente. A este respecto nos remitimos a nuestro apartado 2.11 en el que se reflexiona sobre esta cuestión Obligaciones del jugador El quinto apartado de la Circular está referido a las obligaciones del jugador frente al club empleador. No obstante, es fácilmente comprobable que, mientras que el apartado cuarto, relativo a las obligaciones del club la Circular establecía, con carácter general, áreas o 17
18 materias sobre las que las partes debían ponerse de acuerdo, en el caso de las obligaciones del jugador no se deja prácticamente margen a la negociación, sino que se enumeran una serie de obligaciones directas que el jugador debe cumplir y que, aunque de forma no del todo clara, parece que deberían incluirse expresamente en el contrato de trabajo. Parece evidente que, en este caso y en la medida en que nos referimos a un trabajador, ciertamente especial, pero trabajador al fin y al cabo, las obligaciones que se mencionan en este apartado e incluso en el caso de que se incluyan expresamente en el contrato de trabajo, sólo serán válidas y exigibles en la medida en que no excedan de las impuestas en el ordenamiento jurídico español o, al menos, no contravengan frontalmente lo dispuesto en él. Se incluye un listado ciertamente detallado de las distintas obligaciones exigibles para el jugador, la mayoría de ellas, por otro lado, derivadas del propio sentido común y que no presentan mayores problemas, (por ejemplo, dar lo mejor de sí mismo en los partidos, participar en los entrenamientos, mantener una buena forma física, respetar las normas internas, etc.). Cabe detenerse, no obstante, en alguna de estas obligaciones cuya efectividad o exigencia en la práctica pueden ser más dudosas. En primer lugar, la Circular establece en este apartado la obligación de estar presente en los acontecimientos (deportivos y también comerciales) del club. Cabría preguntarse hasta qué punto es exigible a un jugador que participe en los actos comerciales del club, teniendo en cuenta que el objeto del contrato es la práctica del fútbol profesional, pero no así el de la promoción o marketing del club para el que se prestan servicios. Por ello, cabe preguntarse hasta qué punto, incluso si se prevé expresamente en el contrato de trabajo, serían exigibles este tipo de actuaciones por parte del deportista, sobre todo si no se ha pactado una remuneración específica por tales actuaciones. Por lo tanto, consideramos que podría ser de utilidad pactar expresamente la disponibilidad del jugador para participar en los actos comerciales del club, así como, en su caso, qué parte de la retribución pactada está dirigida a compensar ese esfuerzo adicional. Por curiosa, cabe hacer mención a la última de las obligaciones que se mencionan, relativa a la imposibilidad de participar en apuestas relacionadas con el mundo del fútbol. Al margen de que más de una vez se ha tenido conocimiento de jugadores o grupos de jugadores que han realizado una quiniela en la que precisamente no confiaban en la victoria de su equipo, 18
19 parece más o menos lógico que los futbolistas o los deportistas en general se abstengan de participar en apuestas respecto de eventos o competiciones en las que participen para evitar cualquier tipo de suspicacias. Más dudas presenta la prohibición de participar en cualquier tipo de apuesta relacionada con el fútbol, pero sin su participación directa, dado que en la medida en que se trate de una actividad lícita de juego no parece que existan razones suficientes para establecer esta limitación a la libertad de los jugadores. Finalmente y tras incluir la obligación del jugador de cumplir con la normativa y estatutos de la FIFA, confederación y federación correspondiente, se incluye, con un dudoso sentido de la sistemática, un última párrafo en el que, a pesar de hablar de las obligaciones del jugador, en realidad lo que se establece es un derecho para él, es decir, una obligación para el club. En concreto, se establece el derecho del futbolista de recabar la opinión de un segundo médico independiente en caso de que tenga dudas acerca del diagnóstico del club, así como que, en caso de discrepancias, se deberá solicitar una tercera opinión vinculante. En primer lugar, parece claro que salvo que se pacte expresamente esta circunstancia en el contrato, no existiría obligación por parte del club a este respecto. Y en todo caso, la Circular no especifica quién debe asumir el coste de esas segundas opiniones y, sobre todo, cómo se designa a ese tercer médico cuya opinión será vinculante. Por último, también cabe preguntarse por los efectos de esa opinión vinculante, en la medida en que es claro que el jugador, en cuanto que estamos hablando de su integridad física y de su salud, solo puede ser sometido a un determinado tratamiento en caso de que voluntariamente lo acepte, sin perjuicio de las posibles acciones del club en caso de una negativa injustificada Derechos de imagen Aunque podría haberse incluido en alguno de los párrafos referidos a los derechos y obligaciones de carácter económico, lo cierto es que la Circular ha decidido establecer un párrafo expresamente referido al tratamiento de los derechos de imagen. La estructura de este apartado es curiosa, dado que, en el primer párrafo se limita a establecer que las partes deberán pactar cómo se explotarán los derechos de imagen, para en el segundo limitarse a establecer lo que expresamente la Circular considera una mera recomendación. En concreto, se recomienda que el jugador pueda explotar los derechos por sí mismo (siempre 19
20 que no haya conflicto de intereses), pero dejando al club la posibilidad de explotar la imagen del jugador como parte del equipo. A este respecto habrá de tomarse en consideración, en todo caso y en primer lugar, el artículo 7.3 del Real Decreto 1006/1985 que establece que en lo relativo a la participación en los beneficios que se derivan de la explotación comercial de la imagen de los deportistas se estará a lo que en su caso pudiera determinarse por convenio colectivo o pacto individual. Igualmente, y por remisión expresa del propio Real Decreto 1006/1985, debe tenerse en cuenta lo establecido en el artículo 28 del Convenio Colectivo, el cual establece que en caso de que sea el propio jugador el que explota sus derechos de imagen, la cantidad que se abone por tal concepto será considerada salario y la cuantía a satisfacer deberá constar por escrito Contratos de cesión El apartado séptimo de la Circular tiene un objeto muy concreto referido a la cesión de los jugadores, limitándose a establecer que el contrato deberá determinar si un jugador puede ser cedido o no a otro club. A este respecto, se debe tomar en consideración lo establecido en el artículo 11 del Real Decreto 1006/1985 que regula la cesión temporal de jugadores, exigiendo siempre el consentimiento del jugador. Cabe preguntarse, por ello, si es posible que ese consentimiento se preste, como parece pretender la Circular, de forma anticipada en la firma del contrato o si, por el contrario, es necesario que el consentimiento sea expreso e individualizado para el caso concreto, dado que en función del destino y las condiciones de la cesión el jugador puede variar su opinión. Creemos que esta segundo opción sería la correcta, dado que en caso contrario estaríamos probablemente contraviniendo el artículo 1256 del Código Civil, que prohíbe dejar al arbitrio de una sola de las partes (en este caso el club) el cumplimiento de los contratos. Igualmente, el Real Decreto 1006/1985 establece un supuesto concreto en el que el club estaría obligado a aceptar la cesión que le propusiera el jugador: si el jugador no ha participado en una competición oficial durante toda una temporada puede exigir al club ser cedido independientemente de que éste se negara. 20

References: Real Decreto 
 Real Decreto 
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 artículo 21
 artículo 1
 artículo 1
 Real Decreto 
 artículo 3
 Real Decreto 
 artículo 8
 artículo 8
 artículo 3
 Real Decreto 
 artículo 3
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 12
 artículo 3
 Real Decreto 
 artículo 3
 Real Decreto 
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 artículo 12
 artículo 3
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 6
 artículo 6
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 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 6
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 Real Decreto 
 artículo 6
 artículo 6
 Real Decreto 
 artículo 7
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 artículo 39
 artículo 40
 artículo 7
 Real Decreto 
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 artículo 28
 artículo 11
 Real Decreto 
 artículo 1256
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