Source: https://www.sharing.org/information-centre/articles/la-verdadera-economia-del-compartir-inaugurando-una-era-del-corazon
Timestamp: 2018-12-13 19:23:35+00:00

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La verdadera economía del compartir: inaugurando una era del corazón | Share The World's Resources (STWR)
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La verdadera economía del compartir representa el fin de los viejos modos definidos por la búsqueda del lucro y el interés propio competitivo, mientras que una nueva era de compartir y cooperación intergubernamentales sólo puede comenzar a través del canal de acabar con el hambre en un mundo que tiene tanta abundancia de capital financiero y recursos disponibles. Es allí donde puede ser hallada la visión espiritual y transformadora del compartir, con implicancias de largo alcance más allá de lo que la mayoría de nosotros puede imaginar en la actualidad, escribe Mohammed Mesbahi.
Parte I: ¿Qué significa "compartir"?
Parte II: De la economía del compartir interna a la externa
Parte III: Una educación espiritual para el Arte de Ser
Parte 1: ¿Qué significa "compartir"?
"Cualquier acto que intente contribuir a terminar el sufrimiento prevaleciente causado por la pobreza absoluta es, en sí mismo, la expresión más pura de la economía del compartir vía el corazón, vía nuestra madurez y vía nuestro sentido común, especialmente si ese acto está enfocado en intentar persuadir a nuestros representantes políticos de comprometerse a compartir los recursos del mundo."
¿Qué es la economía del compartir, y cuál es su significado e importancia para el mundo en que vivimos hoy? Si intentan investigar esta cuestión a través de Internet, existen muchos debates y definiciones engañosas con las que se encontrarán rápidamente. La economía del compartir es comúnmente entendida como un fenómeno en ascenso del nuevo milenio que se vale de la tecnología de la información a través de plataformas entre iguales, empoderando a los individuos para compartir bienes y servicios mediante el trueque, el leasing o el intercambio de activos privados. Existe también un resurgimiento de iniciativas no monetarizadas bajo este ancho paraguas que permite a las comunidades compartir más en sus vidas diarias, sea esto a través de grupos informales que se reúnen con una meta y propósito comunes, o emprendimientos cooperativos que proveen acceso compartido a habilidades, tiempo, conocimiento y espacios productivos. Pese a algunas controversias que han perseguido a las iniciativas más populares en años recientes, muchos de sus principales defensores continúan teniendo una visión idealista de cómo la economía del compartir puede ayudar a catalizar una transición social hacia un mundo más igualitario, participativo y ambientalmente sustentable.
Pero estas innovaciones motivadas tecnológicamente y formas de intercambio principalmente mediatizadas por el mercado, ¿son realmente la suma total de lo que significa "compartir" en las sociedades modernas? ¿Y es verdad que la economía del compartir está en su infancia hoy, como es frecuentemente dicho por quienes comentan sobre esta tendencia en rápida expansión? El hecho es que la economía del compartir siempre ha estado con nosotros como una característica distintivamente humana, e incluso aplica a los reinos sub-humanos de la naturaleza así como a los reinos espirituales más elevados sobre los cuales mucho se ha hipotetizado en la filosofía esotérica. Siempre hemos compartido dentro de nuestros hogares y familias sin la necesidad de smartphones y alta tecnología, lo cual incluiría el compartir alimento, calefacción y otras necesidades básicas de la vida, así como el espacio de vida, la convivencia y el apoyo mutuo que es fundamental para nuestra salud y prosperidad. Compartimos los espacios públicos con nuestros vecinos y comunidades; compartimos los caminos, el transporte público, el aire y la naturaleza que nos rodean. La humanidad nunca habría sobrevivido desde la llegada del más temprano homínido a menos que hubiésemos practicado el compartir sobre una base interpersonal y comunitaria, lo cual es un rasgo evolutivo que nuestros científicos del comportamiento y antropólogos han reconocido hace tiempo como intrínseco a nuestra naturaleza esencial.
También es un rasgo que es necesariamente expresado, aunque incipiente o insuficientemente, a niveles nacional y global a través de las intervenciones gubernamentales apropiadas. El Imperio Romano es reconocido por institucionalizar muchas formas de compartir económico, por ejemplo, mientras que el estado de bienestar contemporáneo tiene sus raíces en el imperio germánico gobernado por Bismarck durante la década de 1880. El National Health Service creado por el Reino Unido en los '40 es tal vez un ejemplo primordial en la historia moderna de una economía del compartir doméstica que existe para proteger a todos los ciudadanos de las inseguridades de la vida, replicado a lo largo de Europa Occidental y otras naciones industrializadas en sus varias semblanzas. De los muchos niveles y modos de compartir dentro de las naciones, el ideal de la universalidad en la provisión de servicios y protección sociales a través de las políticas redistributivas es, probablemente, la expresión más práctica del compartir económico que la humanidad ha realizado hasta ahora.
Por supuesto, no todos estarían de acuerdo con esta simple observación, considerando que los principios fundacionales de tales sistemas financiados con fondos públicos - que conciernen a la igualdad de oportunidades, la distribución equitativa de la riqueza, y la responsabilidad colectiva por asegurar los derechos humanos básicos de todos - están siendo puestos en peligro por la creciente orientación al mercado de nuestras sociedades. De hecho por razones que elucidaremos ampliamente, la implementación mundial de estos principios a través de la cooperación intergubernamental está lejos de la realidad a comienzos del siglo 21, pese al rápido proceso de la integración internacional a lo largo de décadas recientes en términos de comercio transfronterizo, flujos migratorios, inversión extranjera y otras dimensiones de la globalización.
De todos modos, sigue siendo un hecho que la economía del compartir siempre ha estado con nosotros de una forma u otra, así que es un grave error creer que la práctica social de compartir está hoy todavía en su infancia. Debería ser obvio que el compartir ha desempeñado siempre su rol en nuestra vida cotidiana, sin importar cuánto hayamos logrado evitar su crucial manifestación como un principio que sustenta nuestro sistema económico global. Sólo ahora parece que nos hemos dado cuenta de repente de la importancia del compartir y la cooperación como una piedra angular de la vida económica, incluso si esa comprensión ha estado grandemente limitada a las formas emergentes de colaboración y co-producción en esferas comerciales. De seguro, estas actividades basadas en el acceso mutuo a productos y servicios están ciertamente en su infancia, pese a que son en realidad el renacimiento de antiguas prácticas de inter-relación social que están siendo ahora facilitadas por métodos de negocios modernos y avanzadas tecnologías de computación. El modo subyacente de interacción es comparable a civilizaciones humanas muy anteriores, excepto que todo está ahora sucediendo mucho más rápido que antes, y a través de técnicas tan innovadoras y sofisticadas, que da pie a la ilusión de ser completamente original.
Existe una curiosa relación entre las tecnologías avanzadas de décadas recientes y el aparentemente rápido paso del tiempo, que ha aumentado el sentido de que la sociedad está evolucionando muy rápidamente, y de que nos estamos aproximando a una nueva era en que el compartir podría volverse el modus operandi determinante en los asuntos económicos y sociales globales. Esa impresión bien podría ser correcta, pero ¿hemos comprendido adecuadamente lo que significa el compartir para el mundo como un todo, sin importar cuán honestamente podamos estar respondiendo a esta forma mental visionaria que está impregnando la conciencia humana en todas partes?
Antes de que agreguemos la palabra "economía" a la palabra "compartir", deberíamos primero de todo reflexionar sobre el valor humano del compartir per se en el contexto de este infortunado planeta en el cual las fuerzas de la comercialización están creando tales estragos y devastación. Si estamos interesados en serio en investigar lo que significa el compartir con relación a los problemas mundiales, debemos comenzar con una conciencia de que la comercialización rampante es el mayor peligro que afronta la humanidad hoy, basada como lo está en propensiones opuestas al compartir tanto en su significado teórico como literal.[1]
Esto podría sonar como otra observación muy básica, pero ¿cómo podemos tener una economía del compartir viable en un mundo que es tan desigual como resultado de siglos de colonialismo, imperialismo y globalización laissez faire, llevando a tantas discrepancias en los estándares de vida dentro y entre países distintos? Sin embargo pocos de los promotores de la economía del compartir parecen comenzar desde este punto de vista fundamental, que es percibir la urgente necesidad de compartir los recursos del mundo como antídoto para el crimen continuo de la penuria extendida en medio de la abundancia.
Tal vez crean que la situación de prevalencia de la pobreza está mejorando firmemente, y como tal ser un asunto que pueda ser dejado para que lo resuelvan los gobiernos. Después de todo, la mayoría de los políticos y ejecutivos de negocios líderes continúan propagando un mensaje así durante conferencia de alto perfil, como el Foro Económico Mundial anual en Davos. Incluso algunas organizaciones de ayuda y desarrollo han caído en la trampa de creer el mito de que la prosperidad creciente para unos pocos eventualmente beneficiará a la mayoría, sin importar la evidencia visible de la ampliación de desigualdades de riqueza e ingreso a una escala sin precedentes - incluyendo la actual desestabilización de Europa debido a un flujo indetenible de refugiados y migrantes pobres.
Los jefes de Estado pueden haber jurado erradicar la pobreza en todas sus formas para 2030, como recientemente se consagró en la Agenda de Desarrollo Post 2015 de las Naciones Unidas, pero no es difícil percibir la falacia de tales promesas mientras los gobiernos siguen sujetos al "paradigma de la comercialización", como hemos debatido antes[2]. Es decir, un contexto político prevaleciente en el cual la excesiva influencia de las grandes corporaciones sobre las decisiones de formulación de políticas gubernamentales hace casi imposible concebir estados que se comprometan con los arreglos internacionales necesarios para respetar, proteger y cumplir los derechos socioeconómicos establecidos de cada individuo. Al momento en que haya otra crisis financiera global, como se ha anticipado ampliamente, ¿realmente creemos que las graves penurias de los ciudadanos más pobres serán inmediatamente priorizadas por nuestras administraciones de gobierno existentes? ¿Y creemos que las nobles elites que se reúnen en Davos harán menos ganancias en sus negocios, incluso si aumenta drásticamente la tasa de pobreza extrema?
Uno podría presumir que éstas son la clase de preguntas políticas y morales para comenzar a hacernos, si estamos verdaderamente preocupados en ver al principio del compartir implementado como un proceso global que pueda satisfacer las necesidades comunes de todas las personas en muchos países. Pero, desafortunadamente, la economía del compartir tal como es comprendida en la actualidad no surge ni remotamente de la conciencia de que la humanidad debe compartir sus recursos más equitativamente en respuesta a las múltiples crisis convergentes, y sobre la base de una emergencia de civilización. Parece que la economía del compartir hoy está predominantemente relacionada con la actividad comercial, con una noción vagamente colectivista de acceder a comodidades uniformizadas, pero no con la conciencia de que debemos compartir la generosa producción de esta Tierra si es que la humanidad va a sobrevivir. Ciertamente no está relacionada con la idea de ayudar a los hambrientos y carenciados del mundo, los dos mil millones de personas o más que sufren de desnutrición y otras severas privaciones relacionadas con la pobreza.
Incluso aquellos que abrazan los beneficios ambientales de la economía del compartir no están correctamente preocupados por el significado del compartir con relación a la crítica situación mundial, como es evidenciado por argumentos tales como que el car sharing implicará que haya menos autos en la calle, o que la herramienta de las bibliotecas compartidas significará que haya menos productos nuevos comprados por individuos en comunidades pudientes. Un caso así sería validado empíricamente, pero si ése es el límite de nuestro pensamiento sobre el compartir entonces todavía estamos atrapados dentro del condicionamiento o "ismo" del consumismo, y limitando nuestra conciencia a la idea de "consumir menos", que no tiene nada que ver con la economía del compartir debidamente visionada y universalmente expresada. Deberíamos ser muy cuidadosos en percibir cómo la comercialización se oculta en aquellas nuevas tecnologías, y cómo nos ciega frente a las fuerzas nos condicionan a comprar y consumir sin fin costosa mercadería, mientras permanecemos indiferentes a los mayores problemas ambientales y sociales del mundo a nuestro alrededor.
Posiblemente el 90% de la supuesta economía del compartir esté asociado con la búsqueda del lucro y el interés propio comercial en algún grado, sin importar cualquier efecto social positivo que pueda resultar del uso de estas plataformas cooperativas de internet. ¿Estamos realmente convencidos de que es aquí donde se encuentra el verdadero significado del compartir, de acuerdo con sus implicancias filosóficas y espirituales más profundas?
Lo que hemos creado en realidad es un nuevo método de vida confortable, aunque el método está tan constreñido por incentivos de lucro que es mejor descripto como una forma más amable de comercialización. La mente humana ama crear nuevos métodos e "ismos", como el sacerdote que cree en una concepción particular de Dios, y luego va a estudiar a un seminario ese Dios que su propio pensamiento ha creado. Sin ser conscientes de nuestro condicionamiento mental y conformidad social, el promotor de la economía del compartir es tristemente el mismo en promover un modo de vida más conveniente y placentero dentro de una sociedad insustentable, groseramente injusta y crecientemente desigual que no tiene conexión significativa con la realidad espiritual interna de nuestras vidas interdependientes.
De esta manera, en lugar de orientar nuestra economía del compartir hacia una concepción emancipadora de justicia y derechos humanos, seguimos bajando al mismo nivel de conciencia que el mercader corporativo que nos convence de "compre uno y llévese otro gratis". Puede que no haya nada malo en promover ideas de consumo colaborativo o propiedad compartida para noveles emprendedores, pero no pretendamos que hemos reinventado el principio del compartir por el mayor bien para el mayor número. En términos psicológicos debería ser comprendido, en el mejor de los casos, como un modo de vida menos estresante para los más privilegiados.
Para observar la naturaleza del compartir en sus aspectos filosófico y espiritual más profundos, debería ser discernido si los términos arriba mencionados de compartir interpersonal están asociados con la personalidad o yo inferior, que es un magro reflejo del nivel más elevado del apercibimiento del alma que es consciente de la unidad inherente y la interconexión de la humanidad como un todo. Todos somos capaces de apercibir esta conciencia más elevada que yace latente y siempre presente dentro nuestro, sin importar cuánto esté suprimida en estos tiempos materialistas por enfocar nuestras energías solamente sobre lo que nos hace sentir cómodos y emocionalmente imperturbables dentro de las pequeñas cajas de nuestras vidas sociales.
Esto significa que si intentan y hablan con alguien cuyas energías estén preocupadas con las formas personales inferiores de compartir y colaboración, no estarán interesados en oír su demanda de compartir recursos entre los gobiernos de todas las naciones para acabar irrevocablemente con la pobreza, el conflicto y la destrucción ambiental. Pese a que esa conciencia más profunda de lo que significa compartir yace latente dentro de ellos, se negarán a verla y automáticamente rechazarán sus implicancias transformadoras, porque se sienten más cómodos con la fácil idea de compartir las pertenencias personales dentro de una comunidad local.
Sin embargo la implementación del principio del compartir en los asuntos globales es improbable que sea una experiencia cómoda al principio, porque hay tanto trabajo por hacer, y tantas fuerzas que deben ser confrontadas en las esferas de negocios y políticas. Sin duda, esas fuerzas acumuladas en última instancia nos perturbarán en nuestras vidas y emprendimientos absortos en nosotros mismos, y no pasará mucho antes de que seamos empujados a despertar a la necesidad de la transformación social conforme las muchas crisis del mundo se prolonguen y alcancen el clímax en los años venideros.
La verdadera economía del compartir representa el fin de los viejos modos definidos por la búsqueda del lucro y el interés propio competitivo, al tiempo que una nueva era de compartir y cooperación intergubernamental sólo puede comenzar a través del canal de acabar con el hambre en un mundo que tiene tal abundancia de capital financiero y recursos disponibles. Por ahora, la verdadera economía del compartir comienza con los pobres, pertenece a los pobres, y permanece contemplativa de los pobres desde cualquier perspectiva moral o del mundo real. Nunca comenzará de una mezquina noción de mejorar la conveniencia de nuestras vidas diarias, y hasta que la idea de compartir sea reducida a una comprensión tan complaciente y auto-referencial, inevitablemente colapsará y se volverá redundante en el largo plazo. En el ínterin, sin embargo, puede haber muchas oportunidades para hacer dinero bajo la bandera comercializada del compartir, si ése es nuestro principal interés. ¡Cuán conveniente en efecto!
No hay nada que nos detenga de capitalizar las nuevas tecnologías del compartir y los llamados modelos de negocios disruptivos, pero deberíamos al menos intentar ser conscientes y honestos acerca de nuestros motivos y actitudes psicológicas. ¿Realmente estamos pensando en los demás y en el estado del mundo mientras continuamos con nuestros comportamientos de compartir motivados por el consumo, o de nuevo todo se trata solamente de nosotros mismos? Por favor observen muy de cerca a las iniciativas de la economía del compartir que han surgido hasta ahora a lo largo del mundo occidental, y pregúntense si tienen algo que ver con las facultades internas de conciencia espiritual que ejemplifican el amor, las correctas relaciones y la inteligencia más elevada del hombre.
La mayoría de los promotores del compartir de hoy están siguiendo el modo más fácil y menos estresante de relaciones humanas dentro de una sociedad pudiente, comparados con los millones de marginados que están luchando por la justicia en países más pobres dando su sangre, su libertad, sus familias y frecuentemente sus vidas. Ése es el modo duro del compartir, el sendero real y fatigoso que es contemplado a través de las pugnas de los pueblos indígenas desposeídos en India, los palestinos en Gaza, los trabajadores sin tierra en Sudamérica, los habitantes de viviendas precarias y pequeños agricultores en el África subsahariana, los trabajadores textiles explotados en zonas económicas especiales a lo largo de Asia, y tantos otros más - todos los cuales están implícitamente demandando de sus gobiernos una economía del compartir que pueda cumplir sus derechos humanos más básicos.
Muchos levantamientos populares están también llamando indirectamente a que sea instituida una economía del compartir a través de políticas de gobierno más inclusivas y redistributivas, las cuales incluirían la oleada de manifestaciones de la Primavera Árabe que apuntaron a deponer regímenes políticos corruptos, así como las manifestaciones anti-austeridad y los movimientos Occupy que se han movilizado en nombre de una mayor igualdad social y económica. Podemos percibir por nosotros mismos cómo todas estas diversas actividades de protesta son la manifestación de un llamado creciente a compartir, incluso si ese llamado es expresado inconscientemente a través de una cruda respuesta a la injusticia que se deriva la imposición de un sistema económico injusto. Plantarse por justicia en un mundo que está caracterizado por crecientes desigualdades y precariedad económica para la mayoría es inevitablemente una empresa estresante, de ahí que sea comprensible que la palabra "compartir" no esté en los labios de aquellos activistas que se oponen a las grandes corporaciones con sus actividades explotadoras y con ánimo de lucro, junto con los gobiernos que sostienen los intereses de esos poderosos bastiones de privilegio y riqueza.
Observen también a los servidores de la primera línea de la humanidad dentro de grupos como la Cruz Roja y Médicos sin Fronteras, que juntos demuestran la más verdadera expresión de los términos "compartir" y "economía" trabajando incesantemente para asistir a los ciudadanos postergados en regiones empobrecidas y desgarradas por la guerra, sin importar casta, credo o raza. Existen muchos arquitectos de la incipiente y olvidada economía del compartir, en este sentido, que inadvertidamente definen el verdadero significado del compartir en su trabajo de defensa y en sus planes para la reconstrucción mundial. La lista es larga y familiar, comprendiendo como lo hace la miríada de investigadores progresistas, las organizaciones de la sociedad civil y las redes de campañas políticas que buscan una forma de desarrollo más justa y ecológicamente sustentable, para lo cual es central la política y los cambios institucionales necesarios para generar una distribución más justa de los asuntos mundiales. Estos fervientes pensadores y coaliciones de activistas pueden no reconocer abiertamente la interrelación de su lucha por la justicia con un llamado a implementar mundialmente el principio del compartir, pero la conexión es palpable y real para cualquiera que percibe el problema de nuestras sociedades disfuncionales sobre la base de una conciencia compasiva del todo.
Así es que, ¿cuán íntimamente creemos que las iniciativas de compartir comercializadas de hoy están alineadas con estas grandes luchas sociales y movimientos de ciudadanos que marcan el camino hacia una verdadera economía del compartir, una que sea apercibida a través de una transformación en las prioridades de gobierno en nombre de los pobres subyugados? Ninguno de los practicantes de la economía del compartir a nivel de movimientos comunitarios parece estar interesado en dedicar sus esfuerzos a instar a nuestros líderes políticos a compartir la riqueza y recursos excedentes de su país, ni siquiera para prevenir las muertes de cerca de 18 millones de personas que mueren prematuramente cada año de causas relacionadas con la pobreza, frecuentemente de desnutrición y enfermedades de la infancia que raramente son vistas en países más pudientes. Si ése es nuestro cordial y motivador interés, y no la comodidad o la conveniencia de nuestras vidas privilegiadas dentro de nuestras comunidades locales, entonces tal vez podamos identificarnos correctamente como un compartidor fundacional y un embajador de la humanidad. Pero si nuestra idea de compartir permanece limitada a los confines de nuestro propio vecindario o nuestro grupo social de pares, entonces claramente no tenemos idea de lo que puede lograr el compartir como el camino real hacia la sustentabilidad ambiental, la paz y la justicia.
Existen innumerables comunidades alrededor del mundo que han intentado compartir entre ellas y lograr un modo de vida más armonioso y sustentable, sin embargo es tiempo de preguntarnos qué pueden lograr tales comunidades cuando las crisis ecológicas están rápidamente alcanzando el punto de no retorno. Diversas comunidades espirituales y eco-villas han emergido hace rato y luego se han desbandado con el paso del tiempo, aunque las tendencias cada vez más intensas de la comercialización a lo largo de las décadas recientes pueden eventualmente acabar con todas las posibilidades de lograr al idilio de una comunidad autosustentable, en tanto y en cuanto estas tendencias sean dejadas sin control en un mundo que está rápidamente volviéndose irremediablemente dividido y ambientalmente degradado. Esto no es para denigrar a las incontables iniciativas de base que apuntan a reducir las huellas individuales de carbono dentro de las sociedades modernas conservando los recursos naturales de la Tierra, muchas de las cuales proveen invaluables modelos sobre cómo pasar a modos sustentables de producción de alimento, transporte, generación de energía y demás. La ética del compartir y la suficiencia a una escala pequeña y local podría pronto volverse el lema de nuestro tiempo, como ha sido reconocido hace tiempo por los practicantes de la sustentabilidad en variados campos, pese a que incluso esos pioneros de la resiliencia comunitaria frecuentemente cometen el error de no mencionar las palabras "pobreza" o "hambre" en su literatura e ideas.
¿Esto significa que están empoderados con una conciencia del todo, e inmersos en la realidad humana de la crítica situación mundial? Creer que podemos hallar la paz retirándonos a una comunidad remota es todavía una fantasía, sin importar cuán frugal o autosustentable sean nuestros estilos de vida, especialmente cuando consideramos que la crisis de civilización que enfrentamos es espiritual en sus orígenes y el resultado de milenios de comportamientos humanos destructivos, llevando a la repetición de groseras injusticias y divisiones en la que todos hemos jugado un rol a lo largo de nuestras numerosas encarnaciones pasadas. La presente idea de llevar un estilo de vida pacífico, aislado y sustentable en medio de todo el sufrimiento y la agitación de estos problemáticos tiempos es realmente dividirse de nuestra unidad espiritual interior, a menos que también contribuyamos con nuestras energías a crear un mundo más igual en el cual todos puedan tener sus necesidades básicas aseguradas de forma permanente. Esa comprensión espiritual, ese apercibimiento interior, y ese ideal motivador es la única paz real que podemos experienciar dentro de nosotros mismos en esta peligrosa coyuntura en la historia, tal como es apercibido al saber que no estamos solos en la lucha por un mundo que "comparte" en cualquier sentido significativo de ese término.
¿Qué hay entonces de los modernos evangelistas del compartir cuyas intenciones siguen estando a sabiendas o involuntariamente adumbradas por la comercialización, aquellos que ya han indignificado el principio del compartir con su ceguera mental e interés por hacer dinero? Estar interesado en la economía del compartir sin ninguna preocupación por el atroz sufrimiento de los demás significa que sus ideas son meramente creadas por pensamientos de hábito, sin conectarse con el apercibimiento interno del corazón. Aquí sólo tendrán éxito en reducir una concepción profundamente humana y espiritual en otro "ismo" que no tiene relación de ningún tipo con la naturaleza real de la justicia, el equilibrio o la unidad de la humanidad. De su deseo de crear y disfrutar un nuevo método de vida confortable, inadvertidamente abducen el principio del compartir para sus propias búsquedas de interés propio, hasta que el compartismo se vuelve la norma.
¿No es ya el caso, y los que proponen al compartir en sus muchas formas comercializadas no deberían estar avergonzados de sí mismos? Con el obvio conocimiento de que la pobreza extrema es todavía rampante en esta Tierra, ¿cómo es posible que la idea de compartir no esté dirigida a salvar a nuestros hermanos y hermanas que mueren incesantemente de enfermedades o hambre prevenibles, sino como resultado de la guerra o el cambio climático? ¿Qué hace al hombre tan ciego, tan pobre dentro e indiferente a la Vida Una que lo rodea? ¿Por qué limita su conciencia a su comunidad, a sus nuevas innovaciones y a su estilo de vida fragmentado estando continuamente apegado a su indiferencia - una indiferencia que descarta la sabiduría y los muchos gritos silentes de su corazón? ¿Qué hace al hombre tan pequeño, tan atrapado y confundido dentro del mecanismo de sus vanas ideaciones, cuando es tan libre, tan grande dentro de la presencia misma de su propia alma - un alma con un propósito divino que dice AMA TODO y SACRIFÍCATE POR TODO LO QUE VIVE…?
Seguir la idea y la praxis del compartir dentro del paradigma de la comercialización es fútil al final, porque los dos conceptos son antitéticos tanto en su expresión interna como externa. Como hemos observado previamente, uno es divisivo en su complejidad, mientras que el otro es unificador en su simplicidad.[3] Uno es manipulador, amoral y dañino tanto para el hombre como para los reinos inferiores de la naturaleza, mientras que el otro es predicado sobre la equidad, la inofensividad, la conciencia, el respeto y la voluntad al bien - incluso el amor y la comprensión más profunda de la compasión que nuestra cultura presente ha nuevamente degradado a su significado más bajo y frecuentemente sentimental. Seguramente la forma mental de una economía del compartir evolucionará a una idea más moral e inclusiva con el tiempo, pero hasta tanto no esté asentada en el significado político de justicia para los pobres del mundo, entonces es cierto que la visión transformadora de compartir recursos entre los gobiernos permanecerá en su infancia durante muchos, muchos años por venir.
Existe una creciente cantidad de intelectuales que están ahora comenzando a comprometerse con el auténtico significado del compartir como un nuevo paradigma económico y político, pero incluso estos inspirados análisis y propuestas generalmente omiten el hecho de que millones de vidas inocentes podrían ser salvadas cada año de la muerte por causas evitables relacionadas con la pobreza, si solamente fueran debidamente compartidos los abundantes recursos de este mundo. Mientras que es un signo alentador que muchos pensadores capaces estén examinando los conceptos del compartir, la solidaridad y los bienes comunes a través de un lente académico, vamos también a preguntarnos qué lograrán nuestras definiciones académicas por los pobres ciudadanos que está pidiendo desesperadamente a sus gobiernos compartir una mísera parte de la riqueza de la nación, apenas para que ellos y sus familias puedan comer una comida decente cada día.
La modesta petición de una persona empobrecida es realmente la encarnación de la economía del compartir en toda su pureza y esencia, así es que ¿cómo el teórico bien alimentado del compartir económico de alguna manera ignora esta simple verdad? El llamado a compartir en sus múltiples formas es invariablemente una expresión del sentido común, pese a que es posible responder al sentido común de una manera demasiado cerebral que pueda excluir a los ciudadanos menos educados y eventualmente nos confunda, mal oriente y enrede en interminables debates hipotéticos acerca del correcto camino hacia adelante. Por esta razón, cualquier investigación en el significado de una economía del compartir puede comenzar con una comprensión a priori de que la desnutrición crónica debe ser borrada de esta Tierra como prioridad social y política, desde cuya posición nuestros muchos planes y propuestas para implementar el principio del compartir en los asuntos globales no pueden extraviarse demasiado.
Consideren una analogía con los médicos que trabajan para Médicos sin Fronteras y quisieran ver un fin a la insania de la guerra, pero primero deben lidiar con la realidad de miles de personas en zonas de conflicto que son descuidados por sus gobiernos, y se ven así en necesidad de una atención médica que les salve la vida dolorosamente ausente en este doloroso mundo. En un sentido paralelo, la idea intelectual de compartir dentro de las sociedades modernas es importante para debatir e hipotetizar, pero primero debemos redirigir nuestra atención a los millones de personas en países más pobres que continúan sufriendo severas privaciones sin ninguna forma de asistencia del gobierno o apoyo público.
Intenten contemplar la relación interna que puedan tener entre sus preocupaciones diarias en un hogar relativamente privilegiado y confortable, y la realidad de la vida de una persona que está en este momento muriendo de una enfermedad o malnutrición prevenible. Su conciencia sensible a las vidas de aquellos que son menos afortunados que ustedes mismos, y su intención privada de hacer algo para ayudar a terminar con esta blasfemia espiritual en nuestro medio - esa conciencia es, en sí, una conciencia de la necesidad de que sea instituida en el mundo una economía del compartir. Cualquier acto que intente contribuir a acabar con el sufrimiento prevaleciente causado por la pobreza absoluta es, en sí, la expresión más pura de una economía del compartir vía el corazón, vía nuestra madurez y vía el sentido común, especialmente si ese acto está enfocado en intentar persuadir a nuestros representantes políticos de comprometerse a compartir los recursos del mundo.
¿Alguna vez han tenido en sus brazos a alguien que estuviese muriendo de desnutrición en una región pobre como el África subsahariana, sabiendo que en casa la familia y amigos son capaces de tener acceso a comida, cuidados de salud, refugio y saneamiento como un derecho humano básico? De esa experiencia profunda y trágica, es seguro que su comprensión de la economía del compartir asumirá una resonancia y significados diferentes dentro de su mente y su corazón, y es improbable que sea orientado solamente hacia uno mismo y hacia el grupo social más aventajado de uno.
Consideren también a la persona que pierde a un muy querido integrante de la familia de una enfermedad incurable o tragedia, que entonces transforma su propósito de vida dedicando su tiempo y energías a prevenir que otros caigan en un destino similar, tal como creando así una organización de caridad o haciendo campaña por el cambio social. Claramente como resultado de un evento triste en la vida de esa persona, la conciencia interior y la empatía se han expandido y redirigido marcadamente, mientras que su antigua complacencia sobre ese tema se ha desvanecido por completo. Tal es la esperanza de la idea de la economía del compartir, y en una escala que es inconcebible, si las millones de personas que disfrutan de un estándar de vida adecuado pueden expandir juntos su conciencia empática hasta incluir las innecesarias privaciones experimentadas por los dos tercios más pobres de la población mundial.
No estamos intentando contemplar el significado filosófico más profundo de la compasión en estas escasas analogías, sino simplemente intentando observar, en términos humanos directos, la necesidad de una mayor conciencia en nuestras sociedades a través del sentido común que surge de un corazón comprometido. No sólo concierne a las necesidades de acabar con la terrible realidad del hambre y la pobreza que amenaza a la vida; también se trata del amor en el sentido más general y pragmático, tal como es expresado en una actitud civil y moral hacia la vida que se preocupa del innecesario sufrimiento de los demás. El presente autor ha debatido antes el significado del amor desde una perspectiva básicamente espiritual y psicológica, lo cual es una energía motivadora que puede provocar la total reorientación de las búsquedas de la vida de una persona una vez que una conciencia del corazón determine las actitudes internas y los comportamientos[4].
Podemos observar la transformación psicológica y espiritual de un individuo vía el despertar del corazón en casi cada departamento de la actividad humana, y los mal orientados abogados de una forma de compartir económico comercializada o personalizada ciertamente no son excepción a esta regla. Todo lo que podemos esperar es que los auto-proclamados compartidores de hoy se harán conscientes de cómo están degradando los significados más elevados de este principio mal aplicado, y desde allí cambien sus rumbos uniéndose a los millones de otros que están luchando valientemente por un mundo justo que permita que nadie sufra o muera por falta de acceso a lo esencial para la vida.
Ahora vamos a llevar nuestra atención hacia el significado interno de una economía del compartir, teniendo en mente que no podemos proponer una definición de glosario desde una perspectiva espiritual o psicológica, ya que el significado del compartir dimana del corazón y no solamente de la actividad intelectual. Incluso en la comprensión más baja del compartir a un nivel personal y local, como ya hemos debatido hasta aquí, es improbable que comprendamos el significado real de su potencial hasta que nuestros pensamientos sean dirigidos por el corazón en todo momento.
Que el corazón sea el arquitecto de nuestra economía del compartir que construimos con conciencia y amor, de otro modo nunca generará el mundo mejor que anhelamos. Hemos intentado todo a lo largo de millones de años, por todas las épocas y civilizaciones que se han levantado orgullosamente y desaparecido hace mucho; ¡todo lo que nos queda es el amor y el corazón! ¿Pero cómo sabremos cuándo la humanidad esté abrazando el significado interno de una economía del compartir a través de la conciencia de un corazón comprometido? Vamos a afirmar, que no será hasta que una enorme parte de la población mundial se reúna y declare de alguna manera apasionada su sincera determinación de ver un fin a todas las formas de pobreza en cualquier lugar, de una vez por todas.
Tales palabras son fáciles de expresar pero mucho más difíciles de concebir como una realidad en la conciencia cotidiana de incontables millones de personas comunes. ¿Cómo entonces podemos percibir los aspectos interiormente transformadores de la economía del compartir, cuando nos requiere tener una visión holística del mundo que es raramente evidenciada en nuestras presentes ideaciones sociales y culturales? Podríamos comenzar contemplando el debate de arriba y luego yendo dentro de nosotros mismos para reflexionar en silencio acerca del significado más profundo del compartir en nuestro mundo dividido, y a través de nuestra intuición tal vez ambos percibiremos y sentiremos el significado emocional de lo que el autor está intentando transmitir.
La compasión en su sentido espiritual más elevado significa una conciencia del bien del todo, no sólo de lo particular; de ahí que no haya una compasión absoluta en una conciencia que esté limitada al bien de cualquier persona, familia, comunidad o nación individual. No es de ninguna manera malo si nuestra conciencia está generalmente preocupada por el bien de nuestro propio barrio o sociedad particular, pero si queremos percibir el significado holístico de una economía del compartir entonces debemos también expandir nuestras preocupaciones empáticas a las necesidades del mundo en su totalidad, lo cual requiere que abracemos una visión de la Humanidad Una con sinceridad, honestidad y madurez. Podemos cuidar de nuestras comunidades primero, aunque debemos también dirigir nuestra atención hacia afuera - como si, por ejemplo, soy llamado a alimentar a mi propio vecino que está hambriento, antes de mirar al mundo para ver si todos tienen sus necesidades básicas satisfechas.
Una comprensión spiritual y holística de la economía del compartir significa por lo tanto que ya no estamos dividiéndonos del resto de la humanidad, sea interna o externamente. Y en este sentido, el significado interno del compartir está muy fuera de cualquier método sistemático de intercambiar bienes o servicios hechos commodities; significa "estar con el otro" en todos los aspectos - compasivamente, moralmente, éticamente y amorosamente. Significa tener conciencia de la existencia del alma y su propósito, lo cual es una realidad esotérica que todavía tenemos que comprender con todas sus inmensas implicancias para nuestras culturas materialistas y comercializadas. También significa "no dañar", porque existe invariablemente nocividad en las propensiones opuestas al compartir que resultan en la división y el conflicto sociales, principalmente definidas por nuestra avaricia, egoísmo, odio, y sobre todo nuestras complacencia e indiferencia.
La mayoría de nosotros estamos tan condicionados por las normas culturales de nuestras sociedades disfuncionales que estamos completamente ciegos a estos significados superiores del compartir, dejándonos sin comprensión alguna de su extraordinaria versatilidad e importancia para nuestra evolución espiritual. De ahí que la idea de una economía del compartir sea mucho, mucho más grande de lo que la mayoría de nosotros podamos prever actualmente. Si empleamos una metáfora de un artesano que hace formas con sustancia material, los verdaderos innovadores de una economía del compartir están encargados de construir formas a través de la energía del amor; porque la connotación principal del compartir en términos humanos y espirituales es su evidencia de la existencia del amor - un amor que significa que dan y no buscan nada a cambio. Ahora imaginen que el artesano en nuestra metáfora quiere que su empresa sea reconocida mundialmente; podemos igualmente vernos trabajando para la empresa del amor a través del servicio desinteresado al género humano - y el único modo de importar y exportar ese amor a cada país es universalizando nuestra demanda para un fin irrevocable al hambre inducida por la pobreza.
Reflexionar sobre los pensamientos de arriba puede ayudarnos a aprehender mejor cómo la economía del compartir casi no tiene relación con las actividades sociales y las transacciones de mercado que actualmente definen su significado, en tanto debería más bien estar enraizada en una conciencia de la realidad del Yo interior, desde lo cual comprenderlo signifique la chispa de algo nuevo en esta Tierra que presagie una revolución psicológica dentro de la conciencia de la humanidad a un nivel grupal. También puede ser entendido que la idea moral o espiritual de una economía del compartir ha estado con nosotros por milenios, encarnada dentro de muchas doctrinas esotéricas y religiosas y reflejada en una interpretación simbólica del Principio Crístico. Para tomar prestada fraseología cristiana, tal interpretación del significado interno del compartir entre los individuos conduce a una conciencia de Cristo dentro de ustedes, en una contra distinción a la visión simplista de compartir en una sociedad moderna comercializada que lleva a ninguna parte y a nada excepto a los propios confort, conveniencia y satisfacción emocional temporaria.
Esto da una justificación espiritual a nuestra aserción de que el principio del compartir pertenece primeramente a los pobres y reside así en la conciencia interna del corazón que mora dentro de cada individuo, como ha sido variadamente expresado en todas las escrituras y enseñanzas antiguas sobre correctas relaciones humanas. Ciertamente, la idea espiritual del compartir nunca ha pertenecido a una noción auto-referencial de bienestar social que es perseguida hoy como si los millones de personas hambrientas a lo largo del mundo no existieran; como si los enormes excedentes de stocks de alimento y otros commodities esenciales no existieran; como si la tecnología y la mano de obra no existieran para transportar estos recursos indispensables adonde éstos son más críticamente necesitados.
Así es que hay una marcada diferencia entre el significado del compartir como una práctica consuetudinaria entre las personas en sus vidas diarias, y el principio divino del compartir que sólo puede ser comprendido a través de la inteligencia de un corazón despierto. Si fuésemos capaces de elevar nuestra conciencia en meditación y sintonizarnos apropiadamente con el principio del compartir como una concepción divina, todo lo que veríamos al abrir nuestros ojos al mundo es injusticia en todas las direcciones, y una indiferencia inconmensurable que deja que millones de personas mueran como moscas por el hambre mientras que al alimento se lo deja podrirse en alguna parte y es desperdiciado en cantidades colosales.
Sin embargo no podemos salvar a estas víctimas indefensas de nuestra indiferencia a menos que nuestros gobiernos implementen el principio del compartir a través de un masivo esfuerzo de alivio internacional que provea adecuadas vivienda, salud y cuidado médico, saneamiento, transferencias financieras y todo lo demás que los pobres en países menos desarrollados necesiten para vivir con dignidad y seguridad económica. Sólo entonces podemos hablar acerca de los verdaderos comienzos de una economía del compartir como la luz guía del desarrollo de la política social y el desarrollo internacional globales, y deberíamos referirnos al Informe de la Comisión Brandt de 1980 para tener una idea general de lo que significa compartir los recursos del mundo a través de un plan de acción multilateral comprensivo.
Es ahí donde debe ser encontrada la naturaleza amorosa, compasiva y madura de la economía del compartir, vía el concepto de un programa de emergencia para la erradicación de la pobreza y la reforma económica que debe ser estructurado mediante las Naciones Unidas, ya que las Naciones Unidas son la mejor esperanza que tenemos para administrar un sistema global de compartir recursos sobre una base permanente y estructural. Así como los gobiernos ven a las Naciones Unidas como un cuerpo internacional apropiado para decidir si van o no a la guerra, no importa cuán innobles fuesen sus motivos políticos, es la única institución global existente que puede representar viablemente los intereses comunes de todos sus Estados miembros en la reformulación mundial de las relaciones Norte-Sur. Después de todo, fue la fundación de las Naciones Unidas lo que creó la posibilidad y la esperanza de un mundo más equitativo luego de la Segunda Guerra Mundial. Y pese a la necesidad de una reforma y democratización considerables del sistema de Naciones Unidas, todavía es innegable su potencial para coordinar el inmenso proceso de redistribuir ayuda y recursos excedentes para previsiblemente acabar con la privación humana extrema dentro de un espectro de unos pocos años[5].
En suma, podemos concluir que la idea de la economía del compartir debe ser universal en su aplicación, y ser predicada sobre el interés por la correcta distribución en oposición al máximo lucro mediante la competencia económica, y debe incorporar el principio de dar sin buscar nada a cambio - todo lo cual debe ser imaginado en términos de una libre circulación de commodities esenciales entre naciones bajo un sistema democratizado de gobernanza global. Nada de esto guarda mucha relación con nuestras teorías y prácticas existentes de ayuda internacional, la cual es groseramente inadecuada en su presente forma y frecuentemente transferida con condicionalidades que benefician principalmente a las corporaciones multinacionales o los intereses competitivos de naciones donantes. Sólo secundariamente (y con frecuencia muy selectivamente) la asistencia de ultramar provee realmente los medios para que los países menos desarrollados redistribuyan la riqueza y mejoren las vidas de su mayoría pobre de ciudadanos, lo cual cualquier grupo de campaña político será capaz de corroborar en minucioso detalle.
¿Podemos en virtud de este acto estirar nuestra imaginación lo suficiente para imaginar un mundo en el cual los gobiernos cumplan sus responsabilidades para garantizar a todos los ciudadanos un estándar adecuado de vida, como ha sido consagrado hace tiempo en el derecho internacional de derechos humanos? ¿Un mundo en el cual el rol de las ONG y entidades de caridad en aliviar el sufrimiento humano sea eventualmente sobrepasado por las acciones coordinadas de nuestros gobiernos trabajando a través de las Naciones Unidas, en respuesta a la pobreza que amenaza la vida, conflictos, desastres naturales y migración forzada en cualquier forma? ¿Un mundo en el cual el Artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos sea finalmente garantizado para cualquier hombre, mujer o niño sin excepción, significando así los meros inicios de una economía del compartir que por fin se mueva en la dirección correcta hacia el bien común?[6]
La perspectiva de consumar esta visión podría no parecer demasiado radical o utópica, cuando consideramos también la cantidad pura de capital financiero y riqueza que está circulando en el mundo, y las sumas comparativamente insignificantes necesarias para sacar a todos de la pobreza. Sin embargo ninguna visión así puede ser realizada hasta que una mayoría del público global esté dedicado a esta causa de época, presionando desde allí a cada líder político para poner fin al sufrimiento relacionado a la pobreza como su primera y última preocupación. ¿Podemos esperar de otro modo que sea establecida una economía del compartir por las elites políticas que actúen por iniciativa propia, cuando las fuerzas de la comercialización están todavía dictando la agenda de cualquier político que llega al poder, e incluso cada día más? ¿O creemos que esos filántropos corporativos millonarios pueden resolver los problemas del mundo en nombre nuestro, sin necesidad de que las personas comunes se involucren en transformar a la sociedad comprometiéndose con los atributos de sus corazones?
Observen muy cuidadosamente las acciones e intenciones de los principales donantes a organizaciones de caridad y no gubernamentales, que frecuentemente pretenden ser los salvadores heroicos de los pobres destinando grandes sumas de dinero a su causa elegida. Incluso si el resultado de su contribución es lograr algún bien para esos afortunados receptores, todavía no guarda relación con el significado interno de una economía del compartir en términos de unidad y solidaridad espirituales, o con el significado externo de compartir los recursos del mundo que debe ser reestructurado por los gobiernos mediante nuevos arreglos económicos y un sistema de Naciones Unidas significativamente reformado y empoderado.
En adelante, si un filántropo se infunde con la conciencia compasiva de la necesidad de acabar con la existencia misma de la pobreza como si fuese una gran emergencia de civilización, tal vez ya no estarían motivados en hacer excesivas ganancias con sus actividades comerciales, comprometiendo en cambio su tiempo y riqueza personal con la causa de realizar una economía cooperativa del compartir entre la comunidad de naciones. Tal vez ayudarían a construir una red global de activistas apasionados y pacíficos, una vez que se reconozca que éste es el medio necesario para persuadir a nuestros gobiernos de reordenar sus prioridades y traer cierto grado de paz y justicia al mundo.
Dejemos que este pensamiento encienda nuestra imaginación sobre cómo podría lucir un apoyo mundial a una economía del compartir, construida sobre una alianza de cada organización de la sociedad civil concebible, y respaldada por la voluntad concertada de innumerables personas de cada sendero de la vida. Así será el movimiento social real del compartir en toda su gloria consumada, caracterizado y animado por una explosión de alegría a través del mundo, y reconocido por su servicio a los más des-empoderados y olvidados ciudadanos. Así será, y así sabremos que la divinidad se ha manifestado de nuevo en forma física, cuando millones y millones de personas sostengan al Artículo 25 como un faro brillante para la rehabilitación de nuestro mundo.
Hay mucho más para debatir y considerar conforme postulamos lo que significa una economía del compartir en los términos más amplios, y es importante reconocer que nuestra conciencia de su significado cambiará y evolucionará gradualmente conforme sea reestructurada toda la arquitectura del sistema económico global. Hemos contemplado cómo una primera etapa involucra que una enorme cantidad de personas llamen mundialmente a sus gobiernos a redistribuir los recursos hacia los hambrientos y los extremadamente pobres, aquellos que tienen acceso insuficiente a las necesidades básicas de la vida, lo cual puede ser considerado la expresión más fundamental del compartir como un proceso global que es gradualmente sistematizado a través de la construcción de un orden económico justo. Y es ahí que la verdadera economía del compartir comenzará a revelarse a través de nuevos modos de gobernanza global democrática y modos transformados de comercio y finanzas, mucho más allá de las recomendaciones propuestas por la Comisión Brandt en 1980 o el Informe Stiglitz en 2009, por ejemplo.
Sin embargo, no podemos delinear un sistema global alternativo que incorpore un proceso de compartir de recursos como su principio básico operativo, mientras continuemos sufriendo los efectos de un sistema corrupto, divisivo y desequilibrado que funciona en una dirección opuesta. Tal como el Consejo de Seguridad debe ser desmantelado antes de que podamos avizorar el gran destino futuro de la Asamblea de las Naciones, el actual sistema económico debe ser efectivamente desmantelado antes de que podamos vislumbrar las estructuras anticipadas basadas en la genuina cooperación y compartir. Las teorías y proyectos bien pueden existir, como es evidenciado en las propuestas de muchos pensadores y grupos de la sociedad civil de vanguardia, pero nadie puede predecir con exactitud la eventual aparición de un sistema de base común de distribución global de recursos en cuatro o cinco décadas.
Basta decir que a lo largo de los últimos dos mil años, la aspiración más elevada de los gobiernos pasó por la necesidad de organizar y hacer progresar la individualidad de cada nación sobre el competitivo escenario global, como fuera encapsulado en nociones convencionales de soberanía estatal. Pero a medida que la humanidad madura, la comunidad de naciones se ve con la tarea de expandir esa personalidad muy pronunciada al nivel internacional en apoyo del bien del todo, a través del compartir de recursos esenciales y una orientación cultural hacia ideales de servicio desinteresado.
De ahí la importancia de que las Naciones Unidas sean apercibidas como un nuevo modo de gobernanza económica global sobre la base de la confianza y el consenso, con cada nación contribuyendo en última instancia con sus recursos excedentes para formar una suerte de fondo global que sea equitativamente redistribuido en base a la necesidad y el bien común, como opuesto a las consideraciones puramente comerciales o los intereses nacionales estratégicos. Tal es la visión de quintaesencia de una economía del compartir que puede promover la interdependencia de todas las naciones como una aldea común, al tiempo que respetando y preservando las distintas identidades de diversas poblaciones con todas sus múltiples culturas, grupos raciales, y persuasiones religiosas y políticas.
Para el lector que encuentre esta visión demasiado vaga o carente de detalles técnicos, el principal punto sobre el cual reflexionar es que el significado externo de una economía del compartir pasará por muchas etapas de comprensión en nuestra conciencia, dado que su desarrollo está entrelazado con y es dependiente de la gradual expansión de la conciencia humana. Una vez más debemos retornar a las dimensiones internas del compartir en esta luz, en tanto la expresión externa o social de la economía del compartir es extremadamente vasta y está evolucionando interminablemente a lo largo del tiempo, y sus orígenes no yacen en los pensamientos o prescripciones de política, sino en la facultad humana latente de la conciencia espiritual.
Como hemos indicado antes, la expresión externa de la economía del compartir en su forma universal final es un reflejo de nuestra unidad espiritual interna que es una verdad básica en planos superiores del ser o de la conciencia, concretamente esa realidad a la que se hace referencia en las enseñanzas de la Sabiduría Antigua como el Reino de las Almas. Si podemos aceptar esta premisa incluso como una hipótesis de trabajo, entonces los pensamientos precedentes podrían volverse mucho más claros en nuestras mentes e inspirarnos más para indagar más profundamente en este asunto por nosotros mismos.
Estén atentos a la perspectiva de millones de personas llamando mundialmente a los gobiernos a prevenir inmediatamente la realidad descarada de las muertes innecesarias relacionadas con la pobreza; ese acontecimiento sin precedentes representará el primer gran reconocimiento de nuestra unidad espiritual interna en el plano físico externo, tal como es representado por enormes cantidades de personas comunes uniéndose en protesta pacífica en nombre del bien del todo - la Humanidad Una. Ese magnífico espectáculo también demostrará el hecho de que existe un consenso preliminar entre una parte significativa del público global que demanda un compartir más justo de los recursos planetarios, aquellos que se dan cuenta que es nuestra última esperanza de evitar más catástrofes sociales, económicas y ambientales. Mientras muchos podrán no estar de acuerdo, sin duda, y muchos permanecerán impasibles o no conmovidos por el empeoramiento de las tendencias de las crisis mundiales, el hecho de un consenso será reconocido tan pronto como los gobiernos sean compelidos a organizar una redistribución de emergencia de recursos esenciales para salvar a los pobres moribundos en sus muchos cientos de miles a medida que se pasa por los meses de júbilo.
Los corazones de los hombres y mujeres de todas partes están inconscientemente listos para que este consenso se revele a través de las actividades combinadas de aquellos que unen en un único asunto; los pobres oprimidos y olvidados, igualmente, siempre han estado listos para prestar su voz cuando llegue el momento. Entonces, y sólo entonces, el verdadero movimiento del compartir será reconocido como un fenómeno pacífico e implacable con el poder de determinar las políticas de los gobiernos del mundo. Entonces todo el mundo participará en esta causa de todas las causas, este movimiento de todos los movimientos, sabrá exactamente qué acciones debería tomar como un grupo subjetivamente unificado que está motivado por su propia inclaudicable preocupación por las necesidades críticas de los demás.
Lo que debería estar claro de estos pronósticos es que un sistema económico reformado y justamente redistributivo no puede ser estructurado sin que la conciencia de las personas comunes primero abrace, y luego sostenga su implementación duradera. Esto nos compele a mirarnos a nosotros mismos hacia adentro con una mente honesta si queremos percibir una respuesta a la pregunta que fastidia a cada pensador político progresista - que es cómo podemos generar una economía del compartir definitiva que opere a nivel internacional y satisfaga las necesidades básicas de todos, respetando al mismo tiempo las fronteras ambientales del planeta.
Porque no puede haber una economía del compartir que exista en el mundo entero, beneficiando a cada familia e individuo en igual medida, hasta que hayamos establecido un modo de vida más gozoso, participativo y confiable en nuestras respectivas sociedades. Y no puede haber un paradigma en evolución del compartir que existe dentro de un planeta constreñido por menores recursos y sobrepoblado, hasta que cada persona tenga la seguridad económica y la libertad que es necesaria para explorar su potencial creador innato. Y no puede haber una idea de la economía del compartir que persista en el futuro lejano, sin la habilidad ya mencionada de la mayoría de la población de abrazar una conciencia del todo, así como de lo particular. Una conciencia que comprenda cuán urgente es para la humanidad vivir junta con un sentido de unidad y aunamiento, libre de la pesadilla de la penuria y el conflicto. Una conciencia que guíe a cada individuo hacia un estándar de vida más simple y equitativo, considerando la severidad del cambio climático y la degradación ambiental que está actualmente lejos de las preocupaciones de la mayoría de las personas en sociedades sobre-consumistas.
Y si nosotros mismos podemos detectar los primeros indicios de esta nueva conciencia comenzando a desarrollarse dentro de la vanguardia del pensamiento y la experimentación progresistas, entonces podemos también comenzar a percibir el destino final adonde nos está llevando esta conciencia en expansión - hacia nuevos modos de intercambio económico y relaciones sociales basadas en el trueque. Ya la verdadera naturaleza de la economía del compartir a nivel local está intrínsecamente conectada con nociones contemporáneas de una economía de la generosidad, en la cual el rol del dinero como medio de intercambio es de-priorizado a favor de la tendencia social intrínseca hacia el dar y recibir voluntarios. Por lo tanto, permitan a su mente captar intuitivamente las ramificaciones sociales y culturales de implementar el principio del compartir sobre una base mundial, encapsulado en el razonamiento holístico que hemos enfatizado arriba:
Primeramente, a través de un programa de emergencia organizado por gobiernos que trabajen cooperativamente a través de las agencias internacionales pertinentes para redistribuir los recursos esenciales y ameliorar la prevalencia del hambre y la pobreza que amenaza la vida.
Y en segundo lugar, a través de una economía global reestructurada que incorpore un proceso sistémico de compartir los recursos naturales y commodities esenciales como su principio operativo fundamental, divorciado del fin de lucro y los intereses privados monopólicos.
¿Qué prevemos como resultado de acuerdos económicos así que progresivamente se desarrollen a lo largo de muchas décadas, donde el poder predominante de los grandes bancos y otras instituciones financieras sea transferido a un sistema de Naciones Unidas democráticamente reformado y al cual le sea dada confianza? Lógicamente, la idea y existencia de una economía del compartir evolucionará a algo muy diferente a lo largo del tiempo de lo que es concebible como un sistema avanzado de trueque e intercambio global, para lo cual podríamos necesitar un nuevo léxico de la economía política que lo describa. No será el trueque como lo pensamos hoy, como una forma primitiva de comercio recíproco que una vez caracterizó a las sociedades arcaicas. Intenten visualizar, en cambio, un sistema complejo de administración de recursos globales que es administrado con el uso de tecnologías de la información masiva y complejas redes de transporte, manteniendo ambos una circulación suficiente y sustentable de bienes y recursos de propiedad común entre todas las naciones.
Nuestra preocupación aquí no son los detalles específicos de cómo podrán funcionar estos futuros arreglos económicos, ya que existen interminables preguntas hipotéticas para ser respondidas sobre cómo podemos lograr la distribución universal y libre de los recursos esenciales, especialmente con relación a los grandes servicios públicos como la energía y el agua. Lo que es más importante considerar en este momento son los cambios internos que debe atravesar la humanidad si es que estos arreglos económicos externos se van a volver una realidad factible, desde cuya línea de indagación podemos percibir que la propensión humana a expresar buena voluntad, alegría, creatividad y frugalidad está encarnada dentro de cualquier sistema económico que integre el principio del trueque en sus mecanismos fundacionales y marco institucional.
Podemos comenzar pensando por nosotros mismos en términos simples cómo el trueque entre los individuos a una escala extendida, si no hay dinero o ganancia involucradas en absoluto, llevarán a la simplificación de deseos y necesidades, menos estrés y avaricia, y el desencadenamiento de mayores libertad y creatividad interior. Desde allí podemos captar una tenue precognición de cómo esta expresión recién descubierta de confianza y buena voluntad sobre una base de voluntad interpersonal facilitará, automáticamente, la introducción del trueque como un sistema económico dentro de distintas naciones, de acuerdo a los enfoque particulares apropiadas a las circunstancias, cultura y tradiciones de cada una. Y es este proceso de trueque dentro de las naciones lo que facilitará y sostendrá la introducción de un sistema global de trueque entre los gobiernos del mundo, como si la humanidad hubiese alcanzado una etapa en donde se asemeja a una gran colonia de hormigas que cooperan por el bien del todo, con las Naciones Unidas representando nuestra reina metafórica.
Un resultado así no tendría que marcar un retorno a modelos pre-capitalistas de comercio y consumo; por el contrario, es una economía guiada por las fuerzas desreguladas del mercado y los valores de la comercialización la que está frenando nuestra evolución, y predisponiendo a la juventud hacia la búsqueda de metas materialistas y ambiciones auto-centradas. No hay razón por la cual no podamos prever un orden mundial duraderamente pacífico, equitativo y sostenible que absorba todo lo bueno de los avances previos de la humanidad en tecnología y ciencia, sin embargo comprendiendo también un proceso de intercambio libre de commodities esenciales como base de las relaciones socioeconómicas. Y no hay razón para suponer que una civilización así no podría incluir un rol más relegado para la empresa privada y la competencia de mercado en aquellas áreas de la vida que no están relacionadas con la satisfacción de las necesidades humanas básicas, o la distribución sostenible de recursos no renovables.
Si podemos aceptar estas proposiciones generales, entonces podemos estar de acuerdo en que el modo del compartir y la simplicidad voluntaria están intrínsecamente conectados con la eventual introducción de un sistema avanzado de trueque e intercambio en la comunidad de naciones. Las acciones de los gobiernos que cooperan para instituir estos nuevos procesos económicos sobre una base internacional para beneficio de todos irán, necesariamente, de la mano de procesos similares que sean instituidos en naciones y dentro de municipios, comunidades y barrios. Y a través de la confluencia de estos cambios dictados tanto por los ciudadanos como por los estados por voluntad propia, podremos finalmente contemplar la prueba de que la humanidad puede vivir más simple y equitativamente dentro de los medios de esta generosa Tierra.
De este modo, el significado simbólico mayor de la economía del compartir puede ser resumido en los siguientes términos: representará un fin inminente a una era definida por la dominación de valores materiales y comerciales, y significará la resurrección del trueque como el principal modo de intercambio económico por primera vez en la historia moderna, si bien en una vuelta superior de la espiral que garantice la continua evolución espiritual de nuestra raza.
Aquí, sin embargo, debemos retornar una vez más a la premisa original de nuestra indagación, porque ninguna de estas transformaciones futuras es previsible sin la liberación a gran escala de compasión y conciencia por toda la población humana, lo cual debe ser nutrido e inspirado por una nueva educación basada en valores más espirituales. Sin importar cuán ardientemente abracemos la idea de implementar una economía del compartir en su forma más universal para la era venidera, se nos deja con la realidad de una era moderna caracterizada por la codicia y la indiferencia de incontables millones de individuos, y la injusticia sistémica de un orden mundial corrupto que difícilmente puede ser ignorado por visión alguna de un futuro sostenible.
Esto nos presenta un desafío que requiere mucho más que sólo una educación convencional enseñada en un sentido formal a través de escuelas y universidades. Porque existe una urgente necesidad de educación en términos de volvernos más espiritualmente conscientes de nosotros mismos, una conciencia que debe de alguna manera abarcar nuestro pensamiento divisivo que impide el involucramiento de nuestros corazones, y nuestro condicionamiento social inobservado que sirve para reproducir los modos separativos del pasado. La noción prevaleciente de una economía del compartir es un caso notable para señalar, en este sentido, porque ¿no se trata de nuevo todo acerca de nosotros mismos y nuestras actitudes egoístas, como si la humanidad en su totalidad no fuese parte de nuestros pensamiento y filosofía cotidianos?
La falta de correcta educación en nuestras sociedades remarca por lo tanto nuestro dilema subyacente, en que la economía del compartir es una idea viable, una idea potencialmente colosal y planetaria, si es realizada de un modo plenamente inclusivo y moral primero concentrando toda nuestra atención en las necesidades de la mayoría pobre en pugna del mundo. Como hemos fuertemente argumentado, ésa es la única esperanza de que una economía del compartir pueda ser debidamente sostenida y florecer establemente a lo largo del tiempo, aunque podamos meramente contemplar la crisis de refugiados global para ver cuán lejos se ha desviado nuestra educación de una simple comprensión de la correcta relación humana.
No hemos sido educados para compartir con aquellos menos afortunados que nosotros mismos, incluso en las sociedades democráticas más avanzadas de Europa Occidental; si todos estuvieran imbuidos con los valores del compartir y la cooperación de la cuna a la tumba, entonces la crisis del masivo desplazamiento humano y la inseguridad que es causada por conflictos regionales sin sentido - y a los cuales han contribuido grandemente las políticas externas occidentales - nunca habrían alcanzado esta etapa crítica. Pero dado que se ha manifestado como una dura ilustración de nuestro mundo desigual, no puede haber resolución a sus causas profundamente asentadas sin la implementación del principio del compartir en los asuntos mundiales, llevándonos así de regreso una vez más a nuestra premisa central.
Tenemos todavía tanto por descubrir respecto a la necesidad de una educación más holística o espiritual que sustente una economía del compartir, que para nuestros actuales propósitos sólo podemos dar un repaso general de su eventual forma e implicancias transformadoras. Sin duda, en última instancia la nueva educación debe ser vista en forma de lecciones de escuela para niños, a quienes se les puede enseñar el significado del compartir en términos políticos, económicos y sociales básicos, y explicado por qué este simple principio es tan importante para nuestro bienestar y nuestra supervivencia planetaria.
Pero también hemos remarcado cómo el principio del compartir es spiritual en su naturaleza, y requiere por consiguiente enseñanzas de un calibre superior que puedan inculcarnos una conciencia del Yo interior en cualquier niño o adulto, llevando al individuo a percibir por sí (a través de una comprensión consciente así como de un reconocimiento intuitivo) que la humanidad es una entidad única interdependiente, inherentemente igual y potencialmente divina en su miríada de expresiones de personalidad.
Por consiguiente, estudiar el significado interno de una economía del compartir es, al fin y al cabo, llegar a una comprensión de lo que muchas religiones y pensadores se refieren como el Arte de Vivir. Sin embargo, desafortunadamente, es difícil transmitir una explicación clara de este término en nuestro actual estado de desarrollo humano y espiritual, cuando estamos aparentemente tan lejos de la clase de educación y circunstancia sociales que permitirán una comprensión de la vida como una forma de arte. Necesitamos tener en mente que no se puede lograr una comprensión más profunda de esta materia sin un adecuado conocimiento de la constitución espiritual del hombre, para lo cual el lector necesitará consultar autoridades relevantes que provean información más detallada sobre nuevos métodos y metas educativas para el futuro, tal como los escritos de Alice Bailey.[7]
Sin embargo, podemos también descubrir mucho por nosotros mismos de manera independiente, a través de la contemplación del yo y el razonamiento lógico, acerca de cómo un nuevo sistema económico basado en el principio del compartir debe ir de la mano de cambios formidables en la vida interna del género humano, llevando a la rápida aceleración de nuestra evolución espiritual colectiva y una expansión nunca predicha de la conciencia humana.
Para ir más lejos en tal indagación, es beneficioso pensar a la expresión social y cultural de una economía del compartir en términos del Arte de Ser, lo cual está directamente relacionado al Arte de Vivir pero con un significado e implicancias muy distintas. No pueden tener uno sin el otro, ya que el Arte de Ser se relaciona con el lado interno de la vida que es expresado externamente en el mundo a través de nuestras relaciones humanas y variados modos de organización social. Podríamos simplificar diciendo que el Arte de Ser concierne a lo interno, mientras que el Arte de Vivir concierne a lo externo. En efecto es una trivialidad espiritual que el hombre tiene que cambiar desde dentro si es que el mundo va a cambiar, que es lo cual se refiere principalmente el Arte de Ser - a saber, el desenvolvimiento de la divinidad inherente que existe dentro de cada individuo y busca expresión a través de correctas relaciones humanas.
Por lo tanto, el Arte de Ser debería engrosar más nuestra atención en este momento, y no el Arte de Vivir tal como es frecuentemente descripto, porque es el primero lo que definirá grandemente la educación de la nueva era en sus sucesivas fases de evolución. Cómo podría lucir esa educación espiritual de mayor nivel está más allá del alcance de nuestra presente competencia, aunque podemos resumir diciendo que concierne a un apercibimiento del alma y su propósito a través de la meditación, estudios esotéricos y servicio a la humanidad. Tales son los eternos medios por los cuales somos finalmente llevados al apercibimiento del yo (o el Arte de Ser), como es atestiguado en enseñanzas de la Sabiduría Eterna que han sido dadas a la humanidad en diversas tradiciones a lo largo de los milenios. Pero incluso aquí debemos reconocer nuestra dificultad presente, porque no pueden practicar o apercibir el Arte de Ser a través de una mente condicionada, o intentar comprender su significado sólo intelectualmente. De hecho es el proceso mismo de buscar el significado del Arte de Ser lo que nos llevará gradualmente a des-condicionarnos y por lo tanto a movernos más conscientemente apercibidos e interiormente libres.
La declaración de arriba sola nos podría dar mucho para deliberar y conocer, aunque suene simple. Porque hasta tanto nos falte incluso una comprensión incoada de qué significa y representa el Arte de Ser a lo largo de estas líneas, es imposible expresar el Arte de Vivir sobre una base individual o bien grupal (especialmente dentro de nuestras sociedades inequitativas que fallan en proveer educación o espacio interior suficiente para que la persona promedio explore, aprehenda y demuestre su propósito del alma)[8].
Como mucho, podemos meramente involucrarnos en aquellas prácticas sociales y comportamientos altruistas que son el pálido reflejo del Arte de Vivir en nuestras frenéticas, distraídas vidas de hoy - tales como las actividades de reciclaje ambiental, emprendimientos de caridad, y de hecho los aspectos menos comercializados de la economía del compartir en sus formas localizadas. Valiosas y frecuentemente vitales como puedan ser estas actividades, no representan de ninguna manera una conciencia social prevaleciente de lo que significa vivir en inofensividad, simplicidad y correctas relaciones con respecto a la naturaleza y todos los seres sentientes. Por definición, no hay un "arte" de vivir a menos que vayamos hacia el interior para investigar la realidad del Yo interno, y busquemos manifestar esa conciencia en nuestra expresión del día a día.
Sin importar las dificultades de la elucidación verbal que comprometen este debate, es aún útil reflexionar sobre el Arte de Vivir conforme indagamos en el significado espiritual o interior de una economía del compartir. Para este propósito, el Arte de Vivir puede ser generalmente definido como la comprensión y conciencia intuitivas de las correctas relaciones humanas entre la totalidad de la población global, y sus medios individuales y sociales para ser establecido a perpetuidad. Pero en cualquier definición yace nuevamente nuestro problema, porque ¿cómo podemos hablar con claridad acerca de un nuevo modo de vida en esta Tierra basado en la correcta orientación del hombre hacia sí mismo, su ambiente social y natural, cuando todavía tenemos que implementar el principio del compartir en los asuntos del mundo?
Podría tomar muchas generaciones antes de que la práctica común del Arte de Vivir sea el sello de nuestras sociedades, con todas sus cualidades internas asociadas de humildad, honestidad, sinceridad, desapego e inofensividad. Asimismo, no puede haber Arte de Vivir que sea sustentado sin el florecimiento de la compasión por todo el mundo, porque es una precondición que la humanidad se vuelva gradualmente más consciente de la necesidad de que el Arte de Ser guíe nuestra evolución planetaria. En breve, somos incapaces de hablar con precisión o significado persuasivo sobre esta materia, en tanto es la nueva civilización la que exhibirá la conciencia prevaleciente del Arte de Ser o apercibimiento del Yo, y así será definido en sus modos externos de organización social.
Contemplando más este problema de conciencia en sustentar una economía del compartir, podríamos también descubrir el significado espiritual o esotérico de las Naciones Unidas, y la conexión indistinta que existe entre el futuro avance de esta gran organización internacional y el correspondiente avance de una nueva educación. Esto podrá parecer auto-evidente si aceptamos que las Naciones Unidas deben un día expresar el hecho de las correctas relaciones entre sus estados miembros con sus diferentes culturas y variados niveles de desarrollo material, lo cual debe ser primeramente logrado a través de su futura función supervisora en fiscalizar la redistribución de recursos para lograr un sistema económico global más equilibrado.
Si decimos correctamente que la verdadera y global economía del compartir está hoy en su infancia, entonces las Naciones Unidas están también en su etapa más embrionaria de demostrar su potencial como la autoridad internacional más elevada que representa la buena voluntad mundial. ¿Pero cómo lograrán las Naciones Unidas este exaltado rol, en el cual se vuelven mucho más significativas para la humanidad, hablando simbólicamente, que sólo una institución intergubernamental con su surtido de oficinas burocráticas y agencias especializadas?
Somos compelidos a involucrarnos más con nuestra inteligencia espiritual y nuestra intuición para responder a esta pregunta, porque la correcta relación humana está claramente asociada con la interacción de diversos grupos de personas, lo cual generalmente lo entendemos en términos de naciones soberanas, distintas culturas y razas. Y es la presencia y energía misma de unas Naciones Unidas reconstituidas las que pueden educar indirectamente a todos aquellos grupos a que eleven su conciencia más allá de una identidad nacional, cultural o racial, para reconocer así nuestra inter-relación y supra-identidad subjetivas como la Humanidad Una.
Por desgracia, la mayoría de las personas no tiene idea acerca de la significación espiritual futura de las Naciones Unidas, y de ahí que estas observaciones son pasibles de sonar como un vuelo indulgente de la imaginación. Por el momento, existen unos pocos que mantienen a las Naciones Unidas en alta estima debido a sus muchas deficiencias y compromisos, pero deberíamos ser cautelosos de descartar su relevancia antes de intentar aprehender lo que representa su existencia desde el lado interno de la vida. Para empezar, es necesario percibir cómo una economía del compartir plenamente operativa provee, en efecto, una estructura global o el vehículo externo para que la superalma lleve a cabo su propósito a través de grupos en servicio a la humanidad.
Desde esta perspectiva esotérica, el propósito espiritual de las Naciones Unidas es llevar la energía que está incorporada dentro del movimiento de una economía del compartir, y guiar esa energía - son sus cualidades del alma asociadas - a todos los grupos de personas y naciones. Esto nos lleva a una nueva interpretación de un programa de emergencia de redistribución de recursos y reforma económica global, que no sólo concierne a la correcta distribución de bienes y servicios para impedir la tragedia en curso de la muerte por inanición masiva o la extendida privación humana. Asimismo, significa la fase de inicio de la liberación de energía del alma por el mundo, con repercusiones que eventualmente darán nuevas resonancias y significado fáctico a palabras tales como "libertad", "paz", "confianza", "amor" y "justicia".
¿Nos ayuda esto a captar tentativamente cómo las Naciones Unidas pueden expresar el verdadero significado de la educación, de nuevo no específicamente en un sentido formal a través de la educación en escuela o agendas institucionales, sino a través de los cambios que serán generados en la conciencia humana a partir de su rol predestinado y propósito espiritual en evolución? Tal como el alma tiene un propósito espiritual que es servir a la humanidad en línea con el plan evolutivo, las Naciones Unidas tienen un propósito potencial que es en última instancia afirmar y expresar la realidad del Reino de las Almas como un hecho visible en la Tierra. La implementación de un programa de redistribución de emergencia significará por lo tanto que la humanidad está finalmente comenzando a expresar una conciencia de sí misma como un cuerpo interdependiente de almas encarnadas, por así decirlo, y en este sentido podemos ver un programa así como la inauguración de una nueva era, o lo que puede ser mejor entendido como una Era del Corazón.
Vamos a decirlo de este modo: una movilización insuperable de esfuerzo internacional para ameliorar nuestra crisis de civilización simbolizará que los corazones de la humanidad pondrán el significado de una "economía del compartir" en su debido lugar, simbolizando también la primera etapa de poner a las Naciones Unidas en su debido lugar a través de la manifestación dinámica de la buena voluntad mundial. Y esa efusión inicial y mundial de buena voluntad mundial podrá guiar a la humanidad a apercibir el significado mayor del propósito del alma y las correctas relaciones, las cuales, como hemos indicado, son para hacer avanzar el Plan Divino en cooperación consciente con la Jerarquía espiritual de nuestro planeta conforme se exterioriza en el plano físico.[9]
Así es que existen muchas maneras en las cuales las Naciones Unidas pueden sostener la expresión de las correctas relaciones humanas y, por este medio, servir a educar a la humanidad:
Supervisando la implementación del principio del compartir en los asuntos mundiales, generando justicia y equilibrio en la distribución de recursos entre las naciones.
Proveyendo una estructura global o vehículo externo que permita que la Jerarquía espiritual lleve a cabo el Plan Divino en cooperación consciente con la humanidad por primera vez en indecibles milenios, y por lo tanto con velocidad sin paralelo en nuestra evolución planetaria.
Afirmando la realidad del Reino de las Almas en la Tierra a través de la demostración de su propósito espiritual. Esto puede ser comprendido simbólicamente en términos del Principio Crístico constituyendo el centro del corazón de la humanidad, mientras que el centro de la cabeza es representado por la futura actividad de las Naciones Unidas en todas sus dimensiones.
Por todas estas razones, sin importar cuán exagerado o absurdo pueda parecer en el momento actual, es con suerte al menos claro que cualquier concepción genuina de una economía del compartir debería ser dirigida de aquí en más hacia la relación de las Naciones Unidas vis-à-vis con el resto del mundo, con una mente abierta hacia sus posibilidades espirituales más elevadas como una organización internacional empoderada.
Una simple metáfora podría ayudarnos en este sentido a pensar a la energía de Amor como fragmentada por esta Tierra, casi como un inmenso rompecabezas de proporciones universales. Y depende de cada nación resolver este rompecabezas planetario que es tan viejo como la humanidad misma, ya que todas las naciones del mundo representan una pieza igualmente vital y única. La manera de juntar las piezas otra vez es verdaderamente simple, involucrar como debe la agrupación cooperativa de todos los recursos financieros, capacidades y recursos excedentes disponibles de la comunidad de naciones, a fin de abordar la crisis culminante que amenaza la continuidad de nuestra evolución como raza.
A medida que los países más ricos comiencen a compartir genuinamente sus recursos con los países menos desarrollados y viceversa, y a medida que la idea de un programa de redistribución de emergencia comience a ser apoyada por los ciudadanos comunes en manifestaciones masivas y continuas, entonces el rompecabezas que llamamos Amor será gradualmente armado, paso a paso y pieza por pieza. De esta manera, tal vez podamos avizorar la importancia no anticipada de las Naciones Unidas en este período histórico de transición que estamos atravesando, el cual siempre será recordado como el tiempo en que la humanidad aplicó por primera vez el principio del compartir a nuestras prioridades globales más urgentes.
Volviendo nuestra atención a la actual situación mundial, uno es pasible de cuestionar la utilidad de estas reflexiones sobre el significado de una nueva educación espiritual antes de que la humanidad haya experienciado nada cercano a la paz o justicia reales por el mundo. Porque, ¿qué clase de educación completa es posible lograr sobre la naturaleza de la Vida Una que impregna el universo manifestado e inmanifestado, en un planeta que permite que millones de personas mueran en la miseria sin suficiente ayuda de los gobiernos o el público en general?
Bien podríamos aceptar, en un sentido teórico, que la implementación del principio del compartir en los asuntos mundiales está directamente conectado con la necesidad de una Asamblea de las Naciones Unidas revitalizada y, eventualmente, nuevos métodos educativos que puedan permitir el desenvolvimiento del Arte de Vivir. Pero ¿adónde nos llevan hoy estas reflexiones especulativas, sino de vuelta a un apercibimiento fundamental de que la verdadera educación debe comenzar con cada persona privilegiada atendiendo las necesidades de las vulnerables, los débiles y los desposeídos?
Siempre debemos retornar a esta comprensión central, porque si queremos reconstruir nuestra casa debemos comenzar desde sus cimientos, y el cimiento de nuestra miseria en el siglo XXI es el hecho de que se permite que siga persistiendo la avergonzante realidad de la penuria humana evitable. La educación espiritual per se también significa pensar claramente por uno mismo desde el corazón, así es que ¿cómo podemos educarnos de otro modo acerca de la conciencia del amor en este tiempo, sino tomando acción para detener el marginamiento y la explotación de los pobres, y finalmente terminar esta antigua injusticia?
Hay una pregunta restante que podría ocurrírsele a algunos lectores concerniente al potencial de las nuevas tecnologías para cambiar el mundo, en tanto el rápido crecimiento de Internet y los movimientos de fuente abierta pueden ser vistos como un signo de que la disposición de la humanidad para compartir. Pero vamos a preguntarnos una vez más si nuestras innovaciones tecnológicas modernas son el verdadero reflejo del compartir como un principio divino, si no están también dirigidas a mejorar las vidas de todos los que carecen de lo esencial necesario para una vida digna y saludable.
No estamos sugiriendo que haya nada malo con el ímpetu creativo hacia la innovación y el progreso, excepto preguntar: ¿no podemos trabajar en nuestros proyectos de vanguardia en conjunción con la conciencia del amor?, ello dado que el hecho de que el amor, tal como es expresado a través de una comprensión universal y espiritual, está resumido en la pregunta subyacente "¿qué hay de los demás?". Aparentemente hoy todo el mundo está preocupado por los nuevos descubrimientos digitales y los interminables dispositivos, muy especialmente entre las jóvenes nuevas generaciones, pero estamos lejos de estar preocupados por la injusticia de la pobreza que está definitivamente empeorando en la mayoría de los países (sin importar lo que es reportado en estadísticas globales aproximadas y constantemente revisadas).
Estén tranquilos de que la humanidad siempre estará fascinada por sus descubrimientos científicos y tecnológicos, lo cual continuará haya o no injusticia rampante por el mundo. La investigación científica y la innovación creativa son una extensión natural de la predisposición innata del hombre a explorar su propia constitución y las condiciones ambientales de la Tierra, y felizmente siempre permanecerá. Pero una línea más reveladora de indagación involucra la cuestión de cómo la tecnología cambiará su forma y orientación generales una vez que el principio del compartir sea implementado como un proceso económico en los asuntos mundiales, de conformidad con nuestro debate precedente. ¿Qué sucederá si una cantidad significativa de la humanidad abraza la conciencia de que todos somos uno en la creación, inherentemente iguales e interdependientes como un hecho de la naturaleza, lo cual significa que ya no podemos seguir psicológicamente separados como raza?
Seguramente todo el debate acerca de si la nueva tecnología es beneficiosa o dañina para la sociedad gradualmente se disolverá con el tiempo, para ser reemplazado por una preocupación prevaleciente por el correcto compartir de la tecnología con relación al desarrollo social, económico y espiritual del género humano. Los actuales dilemas sobre la tecnología son sólo relevantes en un mundo en el cual los corazones de la humanidad están generalmente suprimidos mediante la complacencia, la ignorancia o la indiferencia, mientras que los deseos materiales están dominando las normas culturales y actitudes del día. Podría decirse que los deseos y necesidades superficiales están atravesando una revolución social en todo nuestro mundo impulsado por el consumo, el cual es manifiestamente un mundo no sustentable e insanamente auto-destructivo en el que aún tiene que verse una revolución espiritual del corazón, o incluso aún tiene que ser concebida por la mayoría de las personas comunes.
Por consiguiente, la mayoría de las personas da la bienvenida entusiasmadamente a la creciente digitalización de nuestras economías y la incesante manufactura de bienes de alta tecnología que pretenden mejorar la calidad de nuestras vidas, asumiendo que tenemos los ingresos disponibles para permitírnoslos. Mientras tanto, otros denuncian los perniciosos efectos colaterales de aquellas tecnologías que afianzan la comercialización de la vida diaria, y frecuentemente van de la mano de la erosión de libertades civiles y derechos humanos básicos. Pero si los corazones de millones de personas fuesen despertados a las necesidades críticas de los demás, y si el propósito de la nueva tecnología fuese re-concebido dentro de un mundo que proveyese las necesidades materiales y educativas básicas de todos, ¿duraría mucho un debate así polarizado?
Las infortunadas víctimas de las actuales tendencias son los niños y la juventud incauta del mundo, que son un blanco fácil para las formas comercializadas de tecnología que pueden limitar la conciencia de un individuo a una obsesión con la forma material, impidiendo de este modo el crecimiento de la conciencia del Yo. Por supuesto, el problema no yace en la existencia de la tecnología moderna como medio para el progreso social, que en general ha mejorado los estándares de vida de la familia media en naciones económicamente avanzadas a un grado que habría sido inimaginable antes de la revolución industrial. El problema, como siempre, yace en la conciencia del hombre que acepta los beneficios de esos avances para una minoría de la población mundial, dejando poco a los millones de otros cuyas vidas quedan sin tocar por cualquier mejora de cualquier medio tecnológico.
Así es que vamos a cuestionar el significado de la tecnología si es verdaderamente utilizada para el bien común de todos, en lugar de estar cooptados por los intereses privados y conducidos en una dirección crecientemente comercial. Esto podría requerir un considerable salto de la imaginación, ver cómo el problema se origina en la conciencia interior y los motivos de cualquier individuo que descubre una nueva maravilla tecnológica, y luego se identifica con el objeto de su creación. Como resultado, el yo inferior o "yo" típicamente adumbra o se apropia del proceso de innovación, lo cual hace que una nueva tecnología sea explotada para ganancia personal o material en lugar de ser libremente compartida para beneficios de todos. Y así como el "yo" se mete con un motivo de búsqueda propia en el camino de compartir cualquier innovación particular que sea creada, por extensión la corporación multinacional con su preocupación por maximizar la ganancia se mete en el camino de compartir la tecnología del mundo para la elevación y el mejoramiento de la raza entera.
La capacidad de innovar podrá haber venido a la humanidad como resultado natural de nuestro impulso de comprender y crecer, pero es una aptitud instintiva que nunca se pretendió fuese monopolizada sólo por unos pocos, o usada como una herramienta de dominación y control. Así, uno tiene que preguntarse: ¿cuál es la relación que existe entre la evolución de la tecnología y el significado universal de la compasión? Porque si las formas correctas de tecnología fuesen compartidas con las personas más necesitadas a lo largo del mundo, seguramente ayudaría mucho a restablecer la salud y el bienestar de las multitudes empobrecidas. No olvidemos que los medicamentos para el SIDA y las muchas enfermedades de la pobreza son también parte de lo que llamamos tecnología. Sin embargo, las industrias farmacéuticas que desarrollan estas drogas patentadas obviamente no están impulsadas por un espíritu de compartir y bien común, pese a usar hierbas y plantas que son dadas libremente por la tierra para que todos las aprovechen. De ahí que si uno comienza a mirar a estos asuntos a través de una actitud básicamente compasiva hacia la vida, somos llevados a preguntar por qué cada avance en medicamentos y cuidados médicos no ha sido también dado libremente a la humanidad - con implicancias que van a la raíz de todo lo que está mal con nuestra doliente civilización.
Éstas son algunas de las consideraciones más preliminares antes de intentar comprender el rol futuro de la tecnología en un mundo en que haya establecido hace tiempo una economía del compartir viable, permitiendo a todas las personas gozar de los mismos e iguales derechos, oportunidades y libertades fundamentales. En un momento así y no antes, podríamos comenzar a prever el propósito superior de la tecnología que avance en sincronicidad con la evolución espiritual del género humano, conforme al cual el rápido desenvolvimiento del conocimiento científico esté intrínsecamente ligado a la rápida expansión de la conciencia humana. Actualmente estamos contemplando los meros indicios de esas posibilidades futuras con el ascenso de los robots y el automatismo, llevando a mucha ansiedad sobre la perspectiva del desempleo generalizado y las inequidades en espiral cuando los frutos de la riqueza producida por la máquina no sean equitativamente compartidos. De ahí la dificultad de contemplar un mundo más igualitario y pacífico en el tiempo por venir, cuando una era de súper-máquinas sirva a liberar al género humano a contemplar y estudiar la realidad del Yo interior, y en última instancia dar a cada individuo el espacio y la libertad para perseguir el Arte de Ser o apercibimiento del Yo.
Aquí debemos volver al debate sobre la necesidad de introducir un nuevo tipo de educación, lo cual llamará progresivamente a la introducción de escuelas espiritualmente orientadas que estén orientadas hacia el estudio de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna y la Ciencia del Alma. Mucho más ha sido escrito sobre esta materia en los ya mencionados escritos de Alice Bailey y otros, y yace fuera del alcance de nuestra presente discusión, excepto para notar un vínculo adicional entre la nueva educación y las futuras tecnologías que está enraizado en el despertar de la naturaleza espiritual del hombre. El hecho es que conforme las nuevas fuerzas y energías inunden el mundo, la tecnología tiene un gran rol que jugar en acelerar la evolución de la conciencia humana. Sin embargo la mayoría de los escritores contemporáneos sobre esta materia no son conscientes del significado espiritual e importancia más profunda del progreso tecnológico, que nunca puede ser comprendido, en toda simplicidad, a través de un análisis concreto de las formas materiales transitorias.
La significación esotérica de la tecnología está integrada en la frase "la mente sobre la materia", que concierne a la capacidad del hombre de controlar su ambiente y desbloquear las potencialidades ocultas de la naturaleza trabajando en armonía con fuerzas evolutivas actualmente invisibles y científicamente desconocidas. Nuestro desentrañamiento parcial del misterio de la electricidad, por ejemplo, es un pequeño indicio de los poderes no soñados inherentes en el universo que el hombre puede utilizar cuando sus actitudes están orientadas hacia el servicio de la raza, y sus motivos están predominantemente definidos por una inclusividad no obstaculizada por objetivos comerciales, nacionalistas o de interés propio. El lector puede ya saber que la invención del teléfono simboliza la capacidad innata del hombre para telepatizar; correspondientemente, la invención de Internet simboliza la conciencia del Mundo Uno o la conciencia omnisciente que es la debida herencia del Adepto apercibido del Yo.
Nuestros futuros desarrollos tecnológicos se acelerarán más allá de toda medida cuando el hombre descubra su capacidad latente de controlar la vida externa de la forma a través de las facultades inherentes de su mente dirigida, lo cual podrá resultar un día en el descubrimiento científico de la existencia del alma. Cuando la evolución de la tecnología finalmente se mueva en línea con una conciencia del Plan para la evolución espiritual de la humanidad, podremos también contemplar cómo la tecnología provee las complejas soluciones logísticas requeridas para que sea facilitado mundialmente un avanzado sistema de trueque, de conformidad con nuestras anteriores reflexiones. En general, estos comentarios intentaron meramente ayudarnos a captar cómo nuestras conceptualizaciones están severamente limitadas por nuestra actual falta de comprensión del propósito divino y las leyes superiores que condicionan todos los fenómenos. Porque la expansión de la tecnología está siempre entrelazada con la expansión de la conciencia humana - y ninguna puede avanzar en su correcto camino hasta que las arraigadas divisiones sociales, políticas, económicas, psicológicas y espirituales del mundo moderno estén en curso de ser revertidas.
Seamos o no capaces de sintonizarnos con estas reflexiones introductorias acerca del significado interior y holístico de una economía del compartir, se espera que el lector esté al menos convencido de la importancia capital de implementar el principio del compartir en los asuntos mundiales. Cuando más tecnología sea compartida, por ejemplo, más puede crecer nuestra comprensión de qué puede lograr la tecnología como una herramienta benéfica para la evolución espiritual del género humano. Y cuanto más la humanidad llame a compartir los recursos globales para acabar con la inseguridad económica y la explotación de la población masiva, más crecerá nuestra conciencia de qué significa la economía del compartir en sus formas y modos de expresión más abarcativos.
Lo más importante de todo para los que promueven una economía del compartir en sus actuales formas limitadas es darse cuenta de que estamos poniendo el carro delante del caballo si creemos que una visión comunitaria de compartir es una solución definitiva a los problemas de la humanidad, antes de que millones de personas se hayan levantado en protesta pacífica para que los gobiernos compartan los recursos del mundo a lo largo de las líneas indicadas arriba. ¿Estamos convencidos de que los métodos localizados de compartir sólo florecerán y se volverán integrales una vez que la economía del compartir esté en la etapa definitiva de ser implementada como un proceso global?
Cuando las naciones más ricas estén compartiendo genuinamente su riqueza y recursos con las regiones del mundo menos desarrolladas, y cuando el público más amplio esté dirigiendo la idea del compartir económico desde el corazón adonde más pertenece - ahí es cuando la práctica del compartir sobre una base comunitaria florecerá más allá de nuestros sueños más alocados. Porque entonces el mundo entero estará involucrado, incluyendo los varios miles de millones de personas cuyos derechos básicos a la vida y la libertad no fueron satisfechos de antemano. Y entonces la conciencia del corazón será despertada y liberada en medio de una vasta extensión de ciudadanos globales comunes, llevando a resultados que nunca hemos visto en esta Tierra, con todas sus implicancias transformadoras interna y externamente - una efusión de alegría y buena voluntad, un alivio perceptible del estrés y la tensión mundiales, un recién descubierto sentido de confianza y esperanza entre los ricos y los pobres por igual…
Dicho con simpleza, la situación mundial en clímax nos impele a poner en primer lugar las necesidades del mundo del mundo y los pobres, no nuestros bolsillos o nuestros intereses personales auto-centrados. De otro modo, nuestra idea de compartir a un nivel comunitario inevitablemente se tambaleará ante una tendencia creciente hacia un mundo siempre más dividido, comercializado e indiferente. Seremos como el político que promete una sociedad mejor a un electoral mayormente pasivo, lo cual podría de hecho parecer real y honesto en el momento, hasta que esas promesas se evaporan dentro de un gobierno recientemente elegido sometido a los dictados de la hegemonía corporativa. Del mismo modo, ¿qué puede venir de una visión de la economía del compartir que esté confinada en su expresión a las relativamente pocas personas pudientes en una cultura totalmente materialista y orientada al lucro? ¿Y cuándo la única clase de compartir significativa que es establecida a un nivel global y político entre gobiernos aliados - relativa según las limitaciones de la realpolitik - es el compartir de armamentos, información e inteligencia encubierta?
Hemos enfatizado cómo la economía del compartir concierne a la conducción de energía hacia su debido lugar, desde lo esencial físico de alimento, finanzas u otros recursos materiales básicos, a las cualidades intangibles de empatía y conciencia que deben ser expandidas para abarcar el bien del todo si es que vamos a poder inaugurar exitosamente una civilización sustentable. Y hemos razonado que las energías rampantes (o más bien, las fuerzas combinadas y maléficas) de la comercialización trabajan en contra de esta eventualidad esperada, donde la idea de la economía del compartir es entendida inclusiva y holísticamente como el medio de crear equilibrio y correctas relaciones humanas en esta Tierra. De ahí que incluso la frase "economía del compartir" haya sido malentendida y extraviada, y haya caído inevitablemente en las manos equivocadas. Incluso muchos de los que proponen el compartir con las mejores intenciones en este asunto son como un gato que juega con un ratón que ha capturado, antes de devorárselo lentamente pedazo a pedazo.
Una visión transformadora de la economía del compartir puede por lo tanto no ir a ninguna parte sin el corazón involucrado que la sustente y la mente inteligente que estructure su expresión en la sociedad. En ausencia de lo cual, vemos cuán rápidamente la idea del compartir puede ser degradada al lucro y la actividad de negocios. Pero cuando el centro cardíaco de la humanidad esté visiblemente involucrado, cuando llamamos juntos a una justa redistribución de recursos para salvar a nuestros hermanos que están muriendo innecesariamente, entonces veremos cómo la verdadera economía del compartir repentinamente comenzará a hablar por sí misma, y por primera vez.
¿Pueden recordar qué felices estaban las personas de todo el mundo cuando el Presidente Obama fue inicialmente electo en su cargo, al menos en aquellos tempranos días de expectativa de que las políticas externas estadounidenses serían dramáticamente redirigidas desde la búsqueda de la dominación imperial? Entonces estén seguros de que el día en que los gobiernos se comprometan a compartir los recursos del mundo se generará una alegría entre la humanidad que será muchas, muchas veces más poderosa y real. Porque hay otro tsunami que aún tenemos que experienciar en su más plena medida, uno que es benéfico y no maléfico como fuerza física - y es un tsunami de amor. Una fuerza tan grande que cuando los impacte, los pondrá de rodillas. Una fuerza que los elevará de sus varios esfuerzos con un nuevo tipo de energía, un nuevo tipo de claridad, un nuevo tipo de creatividad y fuerza. Es una fuerza a la que todos los promotores de la economía del compartir deberían mirar y abrazar, porque estará respaldada por millones de millones de otros adherentes dentro de cada país, desde los suburbios más ricos a las villas miseria más pobres que contienen un manantial de esperanza para transformar nuestro mundo.
Tal vez el lector serio aún busca algunos consejos pragmáticos en estos comentarios de cierre, para cuyo propósito son ofrecidos los siguientes sentimientos. El presente autor reconoce la inmensa dificultad de crear un movimiento mundial para una verdadera economía del compartir, hasta tanto la palabra "compartir" no haya entrado en el vocabulario o la imaginación del grueso de los activistas progresistas. Por el momento, debemos hacer lo que podemos uniéndonos a los movimientos existentes por la libertad y la justicia en sus variadas expresiones, muchos de los cuales surgen del problema de la distribución desigual de riqueza y recursos como hemos reconocido antes.
Al mismo tiempo, deberíamos también cavar más profundamente en nuestra comprensión del compartir y la cooperación en términos holísticos, y contemplar el potencial transformador de estos principios universales cuando son aplicados a las crisis interconectadas que enfrenta la humanidad. Que la idea política del compartir no se quede en un concepto intelectual, cuando el mundo necesita que este principio sea implementado como un proceso económico entre las naciones si es que la humanidad va a sobrevivir, porque la creciente brecha entre tener y no tener contiene dentro de sí las semillas de nuestra propia destrucción. Por lo tanto, es crucial que la idea de la economía del compartir sea expandida globalmente en nuestro pensar y emprendimientos, muy especialmente hacia los marginados y los desfavorecidos - lo cual es la premisa de frecuente recurrencia de nuestra indagación de arriba.
Podremos repetir hasta quedarnos roncos que el verdadero significado de una economía del compartir sólo se va a encontrar con relación a la mayoría empobrecida del mundo, pese a que significa poco a menos que esa conciencia sea trasladada en debates y acciones vívidas que estén enfocadas en acabar con la privación extrema dentro de un marco de tiempo inmediato. No hay nada que nos detenga de involucrarnos en estos debates en curso, o de formar grupos de promotores de economía del compartir que estén preocupados en expandir este concepto creativo a una nueva frontera. Ya hemos explicado lo que debe ser hecho, que es presionar a nuestros gobiernos para que compartan sus recursos excedentes a través de las Naciones Unidas y sus agencias relevantes, a fin de generar finalmente esa aspiración de larga data de los líderes mundiales de lograr la libertad de la necesidad de las personas de todas partes.
Así es que por todos los medios, vamos a seguir con nuestras actividades orientadas a la comunidad que encarnan el principio del compartir en alguna medida. Pero ¿no podemos también revertir la dirección de esas actividades al menos una vez a la semana, e instar a nuestros representantes políticos a emplear una economía del compartir para los hambrientos y los carenciados, tanto en casa como lejos en el exterior? Consideren la cantidad de personas que ya están comprometidas con las varias ideas e iniciativas de la economía del compartir, tal como es generalmente entendido y aplicado dentro de las partes predominantemente pudientes de la sociedad occidental. ¿Qué detiene a esos grupos bienintencionados de unirse con una única demanda sobre una base semanal, y peticionar a sus gobiernos a redistribuir el excedente de producción de la nación hacia esta honorable y elevadora causa de acabar irrevocablemente con el hambre y la pobreza absoluta?
Cuanto más fallemos en seguir un curso de acción tan simple, más nuestra idea del compartir se revelará como carente de alma, de propósito, y de futuro sin ningún significado. ¿Para qué sirve todo el propósito, de todos modos, si adherimos nuestras ideas de prosperidad y compartir sólo a nuestra propia comunidad, cultura o nación particular? En un mundo que está crecientemente dividido en dos entre aquellos que tienen más que suficiente y aquellos que no tienen nada en absoluto, nuestras ideas eventualmente se volverán inhumanas y destinadas al colapso, ¡a menos que pensemos también en las necesidades de los demás!
Podría ser malinterpretado que salvar a las masas pobres y hambrientas es la única razón para implementar el principio del compartir en los asuntos mundiales, lo cual está en realidad lejos de ser el caso. Con lo que estamos más preocupados es con la necesidad de traer conciencia, amor y sentido común a nuestros pensamientos y acciones diarias, y sucede que nuestra falta de pensamiento prevaleciente acerca del bienestar de los demás es lo que más abiertamente demuestra la ausencia de esos atributos humanos suprimidos. Necesitamos preguntarnos por qué estamos interesados en salvar a aquellos que están muriendo innecesariamente de causas relativas a la pobreza, si no los consideramos iguales a nosotros mismos con un derecho divino a evolucionar espiritualmente. ¿No es ésa la razón, por sobre todas, por lo cual ya no podemos permitir que ninguna persona muera como resultado de nuestra indiferencia colectiva, cuando hay más que suficiente alimento y otros recursos disponibles para todos en el mundo?
Del mismo modo, es erróneo creer que las Naciones Unidas son en última instancia la mayor esperanza que tenemos para sanar, reparar y transformar el mundo, cuando la única esperanza real yace en despertar el centro del corazón de la humanidad como un todo. ¿Cómo sino van a ser generados los cambios necesarios, sin la conciencia y la compasión que conduzcan a las correctas motivaciones para guiar a la energía a su debido lugar? Por favor mediten y reflexionen sobre esta última pregunta retórica, y podrá revelar mucho acerca de cómo podemos ser personalmente de utilidad para el gran trabajo de renovación planetaria que yace por delante.
[1] Para más sobre este tema, ver: Mohammed Mesbahi, Comercialización: la antítesis del compartir, Share The World’s Resources, 2014.
[2] cf. Mohammed Mesbahi, Proclamando el Artículo 25: una estrategia popular para la transformación mundial: http://www.sharing.org/information-centre/reports/proclamar-el-articulo-...
[3] cf. Mohammed Mesbahi, Comercialización: la antítesis del compartir, op cit; A dialogue on protest, sharing and justice, 2011.
[4] Por ejemplo, ver: Adam Parsons, The intersection of politics and spirituality in addressing the climate crisis: An interview with Mohammed Mesbahi, Share The World's Resources, junio de 2016, ver Parte II: El CO2 interno y externo.
[5] Mohammed Mesbahi, The United Nations and the principle of sharing, Share The World's Resources, 2007.
[6] El Artículo 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos reza: (1) "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez y otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad." (2) La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.
[7] Ver en particular: Educación en la Nueva Era; Cartas sobre Meditación Ocultista, Carta IX; Autobiografía Inconclusa, Apéndices.
[8] En este contexto, la concepción de "espacio interno" del autor puede ser entendida en términos del tiempo y los medios económicos, así como del apoyo social y el interés cultivado necesarios para que la persona promedio se dedique a practicar seriamente el Arte de Vivir. Esto tiene inmensas implicancias para nuestros actuales modos de educación y sistemas públicos de provisión de servicio y protección sociales, como se ha hecho referencia a lo largo del presente estudio.
[9] La Jerarquía espiritual es la suma de aquellos miembros de la humanidad que han, a través de la maestría personal, logrado maestría dentro de la totalidad del campo de evolución humana. Conocidos como los Maestros de Sabiduría, los miembros senior de la Jerarquía son los custodios del Plan Divino para este planeta, trabajando detrás de la escena a través de sus discípulos en cada campo principal de trabajo: político, religioso, educativo, científico, filosófico, psicológico y económico. La extraordinaria y dramática característica de la acción Jerárquica en la era actual es la preparación ya en curso para su regreso a la actividad en el plano externo. La emergencia de un nuevo reino de la naturaleza, el quinto reino o Reino de las Almas, está en este momento precipitándose en la Tierra, y distinguirá a una nueva era para la humanidad a medida que varios Ashramas de Maestros sean exteriorizados y se vuelvan conocidos públicamente. Para aprender más acerca de la naturaleza y el trabajo de nuestra Jerarquía planetaria, vean en particular las siguientes obras por el Maestro D.K. escritas a través de Alice Bailey y publicadas por Lucis Trust: Iniciación Humana y Solar; La Reaparición de Cristo; La Exteriorización de la Jerarquía.
Mohammed Mesbahi es el fundador de STWR.
Asistencia editorial: Adam Parsons.
Traducción: Martín Dieser.
Photo credit: Biggles1067, flickr creative commons
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References: Artículo 25
 Artículo 25
 resolución 
 Artículo 25
 Artículo 25
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