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El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia. Renán Piedrahita Jaramillo
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Rafael Montes Rivas
1 El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia Renán Piedrahita Jaramillo Trabajo de Grado presentado como requisito para optar al título de Magister en Derecho Penal Modalidad: Profundización Director: Profesor Juan Carlos Alvarez UNIVERSIDAD EAFIT Escuela de Derecho Medellín
2 Contenido Introducción 3 1. El delito tráfico de influencias en la legislación colombiana 5 2. El bien jurídico protegido 2.1. En la doctrina En la jurisprudencia de la Corte.9 3. La estructura típica del delito de tráfico de influencias según la doctrina Colombiana 3.1. Sujeto activo Sujeto pasivo Objeto material Conducta El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de Corte Suprema de Justicia: estructura típica El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de Corte Suprema de Justicia: algunos problemas relevantes 5.1. Los miembros de corporaciones públicas y el tráfico de influencias El tráfico de influencias y la ausencia de lesividad en el bien jurídico de la Administración Pública Tráfico de influencias y el concurso de delitos Tráfico de influencias y la estafa Tráfico de influencias y celebración ilícita de contratos Tráfico de influencias y la concusión Tráfico de influencias y la extorsión Tráfico de influencias y abuso de autoridad por acto arbitrario e injusto Conclusión Bibliografía
3 Introducción El presente ensayo está dirigido al estudio desde la jurisprudencia del delito de tráfico de influencias (arts. 411 y 411 A). La justificación del estudio propuesto está dada por la necesidad de mirar la parte especial del Código Penal, en tanto que la mayoría de la doctrina nacional se ha interesado por el estudio de su parte general, recabando en los institutos que conforman el injusto penal y el tipo subjetivo, entre otros temas, sin mirar la necesidad de sentar las bases de interpretación y entendimiento de los delitos en particular, contenidos en la parte especial del Código Penal. El estudio del tráfico de influencias tiene como motivación indagar si se trata de un delito que puede realmente tener aplicación práctica o si en realidad se trata de un tipo destinado a cumplir, como tantas veces ocurre en el derecho penal, una función simbólica, lo que en parte es coadyuvado, en muchas ocasiones por la falta de precisión de la descripción típica y la inseguridad que ello implica para el operador judicial ante la ambivalencia de su contenido, como podría ser el caso del delito de tráfico de influencias. No obstante, y paradójicamente, como se mostrará en el desarrollo del trabajo, este delito está siendo utilizado en no pocas ocasiones, como una herramienta jurídica por el fiscal y juez para acomodar los comportamientos non sanctos de los servidores públicos de altas esferas del poder, que a pesar de incurrir en conductas que podrían merecer reproche social, no encuentran eco en adecuaciones típicas concretas. Para abordar el estudio del tráfico de influencias, conviene señalar que viene consagrado desde tiempo atrás en la legislación colombiana, variando su contenido en diversos aspectos, tal como se desprende, por ejemplo un rápido vistazo a los artículos referidos a este delito a partir del código penal de 1936, del decreto ley 100 de 1980, la ley 190 de 1995, la ley 599 de 2000 y de la ley 1474 de Para lograr el cometido y dado que se trata de un análisis del desarrollo de la figura en la jurisprudencia a partir de la vigencia de la ley 599 de 2000, se tendrán en cuenta, sin una pretensión exhaustiva, algunas de las opiniones de la doctrina nacional, para con base en ello y por supuesto, en el texto legal, adentrarnos en el 3
4 análisis de la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, y concretamente para establecer hasta qué punto este delito se ha convertido en verdad en un tipo subsidiario porque muchas veces la conducta de traficar influencias es tratada como un medio comisivo de otros delitos más graves contra la administración pública o incluso, en algunas ocasiones, no es más que uno de los medios artificiosos utilizados para consumar el delito de estafa, que es como se sabe, un delito contra el patrimonio económico individual y no un delito contra la administración pública. 4
5 1. El delito tráfico de influencias en la legislación colombiana La primera definición del delito objeto de estudio, con elementos muy distintos a los enunciados que le preceden, puede encontrarse en el artículo 198 del Código Penal de 1936, ubicado dentro del título IV, de los delitos contra la Administración de Justicia, capítulo III, De la colusión y otras infracciones cometidas por los apoderados y consejeros 1, y decía: Artículo 198. El que reciba o haga dar o prometer para sí o para un tercero dinero u otro provecho indebido, con el fin de obtener favor de autoridad que esté conociendo de algún asunto, o de un testigo, perito o intérprete, invocando las influencias reales o simuladas que ante ellos pueda desarrollar, incurrirá en arresto de 15 días a 1 año y multa de 50 a pesos. Por su parte, en el Decreto-Ley 100, título III, capítulo V, artículo 147, se tipificó así: Artículo 147. Tráfico de influencias para obtener favor de empleado oficial o testigo. El que invocando influencias reales o simuladas, reciba o haga dar o prometer para sí o para un tercero, dinero o dádiva, con el fin de obtener favor de un empleado que esté conociendo o haya de conocer de un asunto, o de algún testigo, incurrirá en prisión de 6 meses a 4 años y multa de a pesos. Luego, en la Ley 190 de 1995 se reguló el tráfico de influencias de la siguiente manera: Artículo 25. El artículo 147 del Código Penal quedará así: Artículo 147. Tráfico de influencias para obtener favor de servidor público. El que invocando influencias reales o simuladas reciba, haga dar o prometer para sí o para un tercero dinero o dádiva, con el fin de obtener cualquier beneficio de parte de servidor público en asunto que éste se encuentre conociendo o haya de conocer, incurrirá en prisión de cuatro (4) a seis (6) años, multa de cincuenta (50) a cien (100) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e interdicción de derechos y funciones públicas por el mismo término de la pena principal. 1 Cfr. Ortega Torres, Jorge, Decreto 2300 de 1936 (septiembre 14), Código Penal y Código de Procedimiento Penal, décimosexta Edición, Actualizada, Editorial TEMIS, Bogotá, 1978, pág Se observa que para el año 1936 los artículos del código penal carecen de título, en tanto que para 1971 los artículos del código penal y de procedimiento penal vienen intitulados. 5
6 El tipo penal vigente es el consagrado en la ley 599 de 2000, modificada en lo pertinente por la ley 1474 de 2011, en la cual se tipifican dos modalidades del delito de tráfico de influencias, a saber: Artículo 411, tráfico de influencias de servidor público. El servidor público que utilice indebidamente, en provecho propio o de un tercero, influencias derivadas del ejercicio del cargo o de la función, con el fin de obtener cualquier beneficio de parte de servidor público en asunto que éste se encuentre conociendo o haya de conocer, incurrirá en prisión de 64 a 144 meses, multa de a 300 salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de 80 a 144 meses. Parágrafo- Adicionado. Ley 1474 de 2011, art Los miembros de corporaciones públicas no incurrirán en este delito cuando intervengan ante servidor público o entidad estatal a favor de la comunidad o región 2. Artículo 411 A, Tráfico de influencias de particular. El particular que ejerza indebidamente influencias sobre un servidor público en asunto que este se encuentre conociendo o haya de conocer, con el fin de obtener cualquier beneficio económico, incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años y multa de cien (100) a doscientos (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes. Como puede observarse se han producido cambios notorios en la tipificación de la conducta a lo largo de esta breve reseña legislativa, así por ejemplo, vemos que en algunas ocasiones el sujeto activo del delito no era cualificado, es decir, se tipificaba como un delito común, mientras que en otras casos se exige una calidad especial en el sujeto activo, eso es, la de servidor público o como ocurre en la actualidad en la que se prevé la posibilidad en la que existe un tipo especial con sujeto calificado y otra en la que puede ser sujeto activo cualquier persona, sin necesidad de una cualificación especial. En lo referente al verbo rector también han sido notables los cambios, en la actualidad consiste en utilizar indebidamente influencias sobre servidor público, con el fin de obtener cualquier beneficio o provecho; mientras que antes, esto es, en el decreto 100 de 1980 y en el código penal de 1936 la conducta consistía recibir o hacer dar o prometer dinero o dádiva, invocando influencias reales o simuladas. 2 Se denominan corporaciones públicas en Colombia el Congreso de la República, las Asambleas Departamentales y los Concejos Municipales (Cfr. Artículos 133, 299 y 312 de la Constitución Política), sus miembros elegidos mediante el voto popular son considerados servidores públicos para el derecho penal, véase, artículo 20/Ley 599 de
7 No obstante las diferencias en la tipificación, puede advertirse que todas convergen en que la conducta típica se dirige a ejercer influencias respecto de un servidor público en la denominación actual o empleado oficial en la legislación anterior- que está conociendo de un asunto en el que aquél que utiliza las influencias, reales o simuladas, tiene interés. 2. El bien jurídico protegido 2.1. En la doctrina El código penal, en el título XV, de los delitos contra la administración pública, sanciona una serie de comportamientos que afectan la actividad estatal en sus distintas manifestaciones. Se ha considerado que: El ejercicio de la función pública debe estar sometido en un Estado Social de Derecho a ciertos criterios rectores que tienen que ver, entre otros, con la legalidad, la eficiencia y la honestidad en el desempeño mismo de la actividad de los órganos del poder público. 3 Y es que, cuando de Administración Pública se habla, resulta obligado remitirse al artículo 209 de la Constitución Política de Colombia, el que prescribe lo siguiente: La función administrativa está al servicio de los intereses generales y se desarrolla con fundamento en los principios de igualdad, moralidad, eficacia, economía, celeridad, imparcialidad y publicidad, mediante la descentralización, la delegación y la desconcentración de funciones. Las autoridades administrativas deben coordinar sus actuaciones para el adecuado cumplimiento de los fines del Estado. La administración pública, en todos sus órdenes tendrá un control interno que se ejercerá en los términos que señala la ley. Sin entrar en matizaciones y discusiones más de fondo que superan el interés de este trabajo podemos afirmar que el bien jurídico protegido por los delitos contra 3 Gómez Méndez, Alfonso, y Gómez Pavajeau, Carlos Arturo. Delitos contra la administración pública, 2ª Edición, Editora Universidad Externado de Colombia, julio 2004, pág
8 la administración pública, entre ellos el delito de tráfico de influencias, lo es el correcto funcionamiento de la administración pública. Gómez Méndez y Gómez Pavajeau destacan: Se busca proteger el instituto funcional 4 en orden a garantizar el cumplimiento en debida forma de las funciones estatales. Ello debe realizarse bajo estrictos parámetros guiados por los fines estatales y el interés general. 5 Molina Arrubla por su parte, considera que el bien jurídico en el delito de tráfico de influencias se materializa en: La buena imagen de la Administración y su buena marcha, las mismas que se verían afectadas y entrabadas si no se sancionará la conducta de aquellos que, ante terceros, crean la idea de venalidad, deshonestidad y corrupción en la Administración Pública 6. A su turno, Peña Ossa, señala: En concreto, el interés protegido mediante la incriminación en estudio es el correcto funcionamiento de la administración pública, en cuanto a su prestigio y dignidad en la actuación de sus mismos representantes, quienes con su conducta de invocar influencias ante otro servidor público, hacen difundir la creencia de que esta se mueve a través de la presión, de intrigas y favorecimientos. 7 En la doctrina española se ha dicho que el bien jurídico específicamente protegido en el tráfico de influencias puede ser: a) el cumplimiento de los deberes del cargo; b) imparcialidad y el honor (prestigio de la administración); c) objetividad e imparcialidad de la administración. 8 4 En la obra citada: Delitos contra la administración pública de los autores Gómez Méndez y Gómez Pavajeau, págs. 59 a 67, explican que la afectación al bien jurídico como la deformación del correcto funcionamiento de la administración pública se traduce en la deformación del instituto funcional, deformación al instituto personal, deformación al instituto jurídico y deformación al instituto real, ahora bien, en lo que respecta al tráfico de influencias deforma el instituto funcional porque afecta los fines estatales y al interés general, en cuanto desvía la finalidad pública hacia intereses privados o particulares. 5 Gómez Méndez, Alfonso y Gómez Pavajeau, Carlos Arturo. Delitos contra la administración pública, 2ª Edición, Editora Universidad Externado de Colombia, julio 2004, pág Molina Arrubla, Carlos Mario. Delitos contra la administración pública. Grupo Editorial Leyer. Bogotá, Pág Peña Ossa, Delitos contra la administración pública, Bogotá, Grupo Editorial Ibáñez, 2005, p Ver por todos Cugat Mauri, Miriam, La desviación general y el tráfico de influencias, Barcelona, Cedes Editorial, 1997, pp
9 2.2. En la jurisprudencia de la Corte La Corte Suprema de Justicia considera que con el comportamiento enunciado y sancionado en el artículo 411 del código penal, tráfico de influencias, se lesiona la buena imagen de la administración pública aparte de cualquiera motivación del sujeto activo, véase lo dicho: c) El uso de la indebida influencia puede darse bien en provecho del mismo servidor que la ejerce, o bien en provecho de un tercero. Con una u otra forma de actuar es claro que la administración sufre ante la comunidad un desmedro en su imagen 9. De otra parte, la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, alude al bien jurídico tutelado por el título XV del Código Penal de la forma siguiente: El bien jurídico protegido, de acuerdo con la prescripción legal, es la Administración pública. Se trata de un interés funcional o institucional porque la salvaguardia apunta directamente a las vías o procedimientos que facilitan la relación entre los individuos o el ejercicio de sus derechos en la comunidad 10 Sobre el bien jurídico de la administración pública también ha dicho la Corte Suprema: En consecuencia, la Corte aborda el análisis de la conducta en el punto de la motivación de la decisión, de acuerdo con las disposiciones constitucionales y legales, pero destaca que, el análisis jurídico penal, se contraerá al acto concreto de haber accedido y consentido comprometer una decisión que debía ser libre y orientada por el íntimo convencimiento, para que se produjera de una determinada manera a cambio de recibir ciertas utilidades, con lo cual se menoscabó el bien jurídico de la administración pública Ese interés jurídico como concepto que sintetiza el contenido material de los tipos penales, se entiende como manifestación de los principios constitucionales, no solamente en cuanto a constituirse en límite de la intervención penal sino también en cuanto a que a través de ellos adquiere su real dimensión como bien jurídico 9 Corte Suprema de Justicia. Auto del 2 de marzo de 2005, Radicado N , MP. Mauro Solarte Portilla 10 Corte Suprema de Justicia. Sentencia de Casación 13922, 19 de mayo de 1999, M.P.: Jorge Aníbal Gómez Gallego, disponible en consultado 24 agosto de
10 funcional, nutrido de valores que honran el ejercicio de la democracia y la igualdad de oportunidades que la ley otorga a los particulares para acceder a la administración, englobando atributos de moralidad, integridad, transparencia, igualdad y eficacia, que conforman los derroteros que deben regir las relaciones entre servidores estatales y asociados en procura de la materialización de un orden justo, como lo proclama e impone la carta. 11 Como puede verse, la Corte Suprema de Justicia insiste en que los delitos contra la administración pública tutelan el correcto funcionamiento de esta administración, pero cada uno de ellos salvaguarda un objeto particular de ella y como se dijo en principio de este acápite, en el delito de tráfico de influencias corresponde a la tutela de la buena imagen del Estado. De acuerdo con el libro segundo, titulo III - hoy, titulo XV- del C. P., el bien jurídico protegido en el delito examinado es el correcto funcionamiento de la administración pública. La distribución de los tipos legales en capítulos, con sus respectivas denominaciones, significa que en cada caso se tutela una dimensión distinta de la administración pública, pues sería diverso el amparo según se trate del peculado, o la concusión, el cohecho, la celebración indebida de contratos, el tráfico de influencias, el enriquecimiento ilícito, el prevaricato, el abuso de autoridad y otras infracciones, la usurpación y abuso de funciones públicas, o los delitos contra servidores públicos. Y es distinto el ámbito de protección, siempre dentro de la administración pública, no sólo por la variedad existencial de las conductas y los modos de comisión, sino también por los sujetos que en cada caso se ven involucrados. Ahora bien, la misma definición de los tipos legales, como conductas prohibidas, delimita el ámbito de protección penal del bien jurídico de la administración pública, que de otra manera quedaría expuesto a interpretaciones amplias y extrajurídicas nocivas a los principios de seguridad jurídica y legalidad Corte Suprema de Justicia. Sala Penal, Sentencia de Única Instancia, radicado , del 26 de junio de 2008, disponible en consultado 24 agosto de Corte Suprema de Justicia. Sala Penal, Sentencia del 8 de febrero 2001, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego, tomado del Manual de Derecho Penal, parte especial, tomo ii, Coordinador de colaboradores Carlos G. Castro Cuenca, colaborador Jaime Lombana Villalba, Editorial Temis, 2011, Bógota, página
11 3. La estructura típica del delito de tráfico de influencias según la doctrina Colombiana 3.1. Sujeto activo Puede ser el servidor público, como también el particular. El tráfico de influencias se comete por un servidor público cuando utiliza indebidamente influencias derivadas del ejercicio del cargo o de la función (artículo 411); en tanto que, lo comete el particular cuando ejerce indebidamente influencias sobre un servidor público en asunto que este se encuentre conociendo o haya de conocer, con el fin de obtener cualquier beneficio económico (artículo 411 A). En lo que respecta al servidor público como sujeto activo de la conducta ilícita de tráfico de influencias se le exige: Cierto y real poder de influencia, esto es, combate los verdaderos abusos del poder, toda vez que el tipo antiguo reprimía conductas que en la gran mayoría de las veces son llevadas a cabo por sujetos sin mayor capacidad de daño, lo que indicaba que sus destinatarios era los de ruana 13. Respecto del servidor público en los delitos especiales ha dicho la Corte Suprema de Justicia: Tal expresión constituye un ingrediente normativo del tipo, predicado en este caso del sujeto activo, cuyo significado y alcance debe ser precisado por el intérprete mediante un juicio de valor, elemento de contenido jurídico, es decir, es un concepto que se debe precisar acudiendo a una sustentación en derecho. 14 También habrá de tenerse en cuenta que se deja por fuera, en algunos eventos, a los miembros de corporaciones públicas como potenciales autores del delito de tráfico de influencias, pues la última modificación al título de los delitos contra la administración pública adiciona un parágrafo al artículo 411 que exime de 13 Gómez Méndez, Alfonso y Gómez Pavajeau, Carlos Arturo. Delitos contra la administración pública, 2ª Edición, Editora Universidad Externado de Colombia, julio 2004, pág Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal, 3 diciembre 1991, M.P. Ricardo Calvete Rangel.- No obstante cabe precisar que el artículo 20 de la ley 599 de 2000 delimita, sin perjuicio de que el juez de todas formas debe precisarlo en el caso concreto, el concepto de servidor público, Véase además la noción de servidor público contenida en la sentencia de la Corte Constitucional C-299 de
12 imputación por tal conducta a los concejales, diputados y congresistas (ley 1474/2011, art. 134), siempre y cuando intervengan ante servidor público o entidad estatal a favor de la comunidad o región. En lo atinente al particular que ejerce tráfico de influencias (art. 411 A), resulta claro que el sujeto activo puede ser cualquier persona a quien se le reprocha el comportamiento con el cual busca esquilmar el patrimonio de quien atiende el artificio de presumir relaciones non sanctas con servidores públicos, sin que éstos tengan conocimiento del asunto. Dada la redacción de la norma (art. 411 A), resulta atípica la conducta por carencia de relevancia penal en los casos en los que el sujeto activo que simula amistad con un servidor público le ofrece al particular sus influencias a cambio de dádivas o favores sin contenido patrimonial, drástica tal apreciación pero así lo dispone el contenido de la norma en cita; ahora bien, en caso de que el sujeto activo cuente con reales influencias y las utiliza de manera efectiva a cambio de dádivas o favores de contenido patrimonial incurre en atentado contra la administración pública (capítulo 3, titulo XV, libro II del código penal). La calidad especial requerida para ser sujeto activo de un delito contra la Administración Pública es la de servidor público a quien se le reprocha: La violación de la confianza dispensada por el Estado a su funcionario y en la trasgresión de la consiguiente lealtad por éste debida, relación recíproca que impone un deber irreductible al servidor público respecto de las funciones que concreta y específicamente le ha encomendado el poder público 15 La Constitución Política, que en su artículo 123, define el concepto de servidor público como la persona que está al servicio del Estado y la comunidad; ejercerán sus funciones en la forma prevista por la Constitución, la ley y el reglamento 16. La misma norma los ha clasificado en tanto que en el inciso primero refiere que son servidores públicos los miembros de las corporaciones públicas, los empleados y los trabajadores del Estado y de sus entidades descentralizadas territorialmente y por servicios; y los particulares que en algunos casos desempeñen funciones públicas. 15 Salazar Marín, Mario. Autor y partícipe del injusto penal, Bogotá, Editorial Temis, 1992, pág Gómez Sierra, Francisco, Constitución Política de Colombia, Decimonovena edición, Editorial LEYER,
13 Clasificación que retoma la legislación penal en el artículo 63 del Decreto 100 de 1980, para aquella época se definía como empleado oficial al agente que prestaba sus servicios a la administración pública, nominación que mutó a la de servidor público con el artículo 18 de la Ley 190 del año 1995 y sigue vigente con la Ley 599 el 2000: Articulo 20. Servidores públicos. Para todos los efectos de la ley penal, son servidores públicos los miembros de las corporaciones públicas, los empleados y trabajadores del Estado y de sus entidades descentralizadas territorialmente y por servicios. Para los mismos efectos se consideran servidores públicos los miembros de la fuerza pública, los particulares que ejerzan funciones públicas en forma permanente o transitoria, los funcionarios y trabajadores del Banco de la República, los integrantes de la Comisión Nacional Ciudadana para la Lucha contra la Corrupción y las personas que administren los recursos de que trata el artículo 338 de la Constitución Política. Para Peña Ossa, el sujeto activo además de ser cualificado, debe influir en el funcionario que tiene a cargo el asunto que le interesa, veamos: Habría que especificar que el servidor público ante quien otro ejerce las influencias debe tener poder de decisión en relación con el asunto, pues de otra manera no puede decirse que éste se encuentra bajo su conocimiento o lo pueda estar Sujeto Pasivo En principio, el Estado es el sujeto pasivo del delito de tráfico de influencias, la doctrina así lo explica: El Estado, persona jurídica titular del bien jurídico tutelado en forma prevalente. La acción en apariencia recae sobre particulares, por cuanto puede verse afectado su patrimonio por la acción del agente (servidor público y particular), pero ellos no 17 Peña Ossa, Delitos contra la administración pública, Bogotá, Grupo Editorial Ibáñez, 2005, p
14 asumirán la calidad de sujetos pasivos si no de perjudicados, ya que su patrimonio económico no es el bien jurídico primordial 18. Sin embargo, otros autores 19 consideran que la conducta es pluriofensiva, por tanto, el sujeto pasivo no sólo es el Estado (título XV), sino también, el patrimonio económico (título VII) de quien paga por la influencia. Evidentemente, cuando se trata de analizar al particular afectado con este comportamiento delictual, en tanto sujeto pasivo de esta infracción a la ley penal, habrá de decirse que él aparece como un sujeto pasivo secundario, no esencial, de esta forma delictual 20 Para Peña Ossa, el sujeto pasivo es: El Estado, como titular del bien jurídico de la administración pública y como afectado con la conducta de su representante que trafica con la influencia de otro, es el sujeto pasivo de este delito Objeto material El objeto material inmediato de las dos infracciones (arts. 411 y 411 A) es de carácter personal, porque es el otro servidor público hacía el cual se dirigen las indebidas influencias y de quien se espera la obtención del beneficio para sí o para otro. Se trata de un objeto material de naturaleza personal, empero, lo que se pretende por el sujeto activo debe tener relación con el cargo o función pública que ejerce el sujeto pasivo. En asunto que éste se encuentre conociendo o haya de conocer Pabón Parra, Pedro Alfonso. Manual del Derecho Penal. Ediciones doctrina y ley Ltda. Bogotá, 2005, en el mismo sentido Peña Ossa, Erleans, Delitos contra la administración pública, Bogotá, Ediciones jurídicas Gustavo Ibáñez, pág Molina Arrubla, Carlos Mario. Delitos contra la administración pública. Grupo Editorial Leyer. Bogotá, 1995; Gómez Méndez, Alfonso. Delitos contra la administración pública en Derecho Penal Especial de autores varios. Universidad Externado de Colombia, Bogotá. 1985, Pág. 20; Ortiz Rodríguez, Alfonso. Manual de derecho penal especial. Departamento de publicaciones Universidad de Medellín. Medellín, 1985, 2ª Ed. Pág Molina Arrubla, Carlos Mario. Delitos contra la administración pública. Grupo Editorial Leyer. Bogotá, Peña Ossa, Delitos contra la administración pública, Bogotá, Grupo Editorial Ibáñez, 2005, p Gómez Méndez, Alfonso y Gómez Pavajeau, Carlos Arturo. Op. Cit. pág En el mismo sentido, Gómez Méndez, Alfonso. Delitos contra la administración pública en Derecho Penal Especial de autores varios. Universidad Externado de Colombia, Bogotá. 1985, Pág. 14
15 Agregase como objeto material mediato el patrimonio económico de quien ha resultado esquilmado por el particular que ha ejercido influencias reales o simuladas sobre servidor público para la obtención de tal provecho. Una vez referida la conducta del agente delictual al interesado, ante quien expone o invoca sus influencias para ante el servidor público que tiene a su cargo resolver o atender el pedimento o asunto que le atañe a aquél, se tiene que la conducta del primero se orienta hacia el patrimonio económico del segundo, toda vez que, al fin de cuentas, lo que persigue con su actuar es obtener un provecho de tal índole, representado en dinero o en cualquier dádiva, con lo que el Objeto Material Mediato de este comportamiento delictual, será de carácter Real, en la medida en que se refiere al provecho económico pretendido Conducta Consiste en utilizar indebidamente las influencias derivadas del cargo o de la función pública que se ejerce. Utilizar es un verbo transitivo que significa aprovecharse de algo. 24 Pero el particular lo que hace es ejercer indebidamente la influencia sobre servidor público para obtener provecho de contenido patrimonial. Ejercer es un verbo transitivo que significa realizar sobre alguien o algo una acción, influjo, etc. Realizó presión sobre las autoridades. 25 Ambas influencias (arts. 411 y 411 A) deben tener relación con el cargo o la función del servidor público receptor, no se trata de influencias por razones personales, profesionales o gremiales, en estos casos, no se estaría abusando del buen nombre de la administración pública; por ello, además de tener relación con el cargo o la función, las influencias tienen que ser indebidas. 20 Ortiz Rodríguez, Alfonso. Manual de derecho penal especial. Departamento de publicaciones Universidad de Medellín. Medellín, 1985, 2ª Ed. Pág Molina Arrubla, Carlos Mario. Delitos contra la administración pública. Grupo Editorial Leyer. Bogotá, Pág Real Academia Española. consultado el 24 de agosto de Real Academia española. 15
16 Lo indebido, como elemento normativo del tipo, es aquello que no está conforme con los parámetros de conducta de los servidores públicos diseñados por la Constitución, la ley o los reglamentos a través de regulaciones concretas o los que imponen los principios que gobiernan la Administración Pública. 26 Cancino, por su parte señala que: La conducta consiste en utilizar indebidamente en provecho propio o de u n tercero lo que nos permite predicar que existió una redundancia por parte del legislador, ya que el término en provecho propio o de un tercero es actitud indebida por lo cual hubiera bastado la segunda de las expresiones. 27 Como las influencias tienen que ser indebidas, tienden a torcer el correcto funcionamiento de la administración pública, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, expone: Pero no toda influencia puede ser punible, sino aquella que sea indebida; se entiende por indebido aquella que está por fuera del deber; y el deber, en el servidor público está centrado, como ya se decía, en el servicio a la comunidad. Ese es su norte y su esencia 28. De otra parte, Henao Cardona y Castro Cuenca consideran que, siguiendo a Muñoz Conde, la conducta típica común a los delitos de tráfico de influencias es la de influir. Verbo rector cuya definición ha sido explicada de múltiples maneras: Orts lo define como una presión, Mir Puig y Cugat Mauri la entiende como una forma de inducción; Campos Navas la identifican como la sugestión, inclinación, invitación o una instigación que una persona lleva a cabo sobre otra para alterar el proceso motivador de esta; Garcia Planas la entiende como un poder, valimiento, autoridad de una persona para con otra u otras, o para intervenir en un negocio, y Berdugo Gómez de la Torre como el ejercicio del predominio o fuerza moral en ánimo del otro Gómez Méndez, Alfonso y Gómez Pavajeau, Carlos Arturo. Op. Cit. pág Cancino, Antonio José, Delitos contra la administración pública en AA.VV., Lecciones de Derecho Penal. Parte Especial, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, pág Corte Suprema de Justicia, Auto del 2 de marzo de 2005, Radicado N , M.P. Mauro Solarte Portilla 29 Henao Cardona, Luis F, y Castro Cuenca, Carlos G, Urbanización Ilegal y otros delitos relacionados con la corrupción, en AA.VV., Manual de Derecho Penal, parte especial, tomo ii, Bogotá, Universidad El Rosario y Editorial Temis, 2011, paginas 408 y 409, citan a pie de página la bibliografía de las obras de cada uno de los autores citados. 16
17 4. El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de Corte Suprema de Justicia: estructura típica Una vez explicada la estructura típica del delito de tráfico de influencias en forma breve con apoyo de la doctrina nacional, se pretende ahora constatar qué tratamiento le ha dado la jurisprudencia de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia al delito de tráfico de influencias en la vigencia de la ley 599 de 2000 y derivar de ello algunas conclusiones, que más que respuestas son preguntas que podrían orientar nuevas líneas de investigación sobre este delito. Los elementos del tipo penal de tráfico de influencias (art. 411 de la ley 599 de 2000), según la jurisprudencia de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia 30, son los siguientes: En efecto, debe partirse por precisar que el delito de tráfico de influencias se encuentra descrito en el artículo 411 del Código Penal en los siguientes términos: Tráfico de influencias de servidor público. El servidor público que utilice indebidamente, en provecho propio o de un tercero, influencias derivadas del ejercicio del cargo o de la función, con el fin de obtener cualquier beneficio de parte de servidor público en asunto que éste se encuentre conociendo o haya de conocer, incurrirá en prisión de cuatro (4) a ocho (8) años, multa de cien (100) a doscientos (200) salarios mínimos legales mensuales vigentes, e inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas de cinco (5) a ocho (8) años. Conducta punible respecto de la cual, en lo que atañe a su configuración, tiene dicho la Sala que se requieren los siguientes elementos: a) Que el agente sea un servidor público, esto es, una persona que esté vinculada con el Estado en forma permanente, provisional o transitoria. b) Que dicho servidor haga uso indebido de influencias derivadas del ejercicio de su cargo o función. Es decir, que aprovechando la autoridad de que está investido, por su calidad de servidor público, ejerza unas determinadas influencias. 30 Véase auto rad de marzo 2 del año 2.005, M.P. Mauro Solarte Portilla, y también la sentencia número de julio 21 del año 2.011, M. P. Sigifredo Espinosa Pérez. 17
18 Pero no toda influencia puede ser punible, sino aquella que sea indebida; se entiende por indebido aquella que está por fuera del deber; y el deber, en el servidor público está centrado, como ya se decía, en el servicio a la comunidad. Ese es su norte y su esencia. c) El uso de la indebida influencia puede darse bien en provecho del mismo servidor que la ejerce, o bien en provecho de un tercero. Con una u otra forma de actuar es claro que la administración sufre ante la comunidad un desmedro en su imagen. d) La utilización indebida de la influencia, debe tener como propósito el obtener un beneficio de parte de otro servidor público, sobre un asunto que éste conozca o vaya a conocer. O lo que es lo mismo, la influencia mal utilizada, para estructurar el punible, debe ejercerse para que otro servidor del Estado haga u omita un acto propio de sus funciones, esto es, que esté dentro del resorte de su cargo 31. En un caso en el que se juzgó un congresista, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia en el presente año ( ), explicó y desarrolló algunos de los anteriores elementos del tipo en los siguientes términos: Los hechos que originan la investigación por parte de la Sala Penal de la Corte Suprema se deben a que se le atribuye a (la) representante a la Cámara, periodos y , la acción de presionar al magistrado de la Sala Disciplinaria del Consejo Seccional de la Judicatura, por intermedio de sus superiores del Consejo Superior de la Judicatura (tres magistrados), para sancionar disciplinariamente a un abogado litigante, dentro del proceso adelantado a raíz de la queja instaurada por el esposo de la congresista. Consideró la Corte Suprema que el comportamiento atribuido a la Representante a la Cámara encaja con la descripción típica del artículo 411 de la Ley 599 de 2000 (modificado por el artículo 14 de la Ley 890 de 2004 en cuanto a los límites punitivos), porque la servidora pública (representante a la Cámara) actuó en provecho de su marido y en detrimento de un enemigo de éste. Su conducta consistió en aprovecharse de sus relaciones públicas y de su posición como congresista para ejercer de manera indebida influencias en el magistrado encargado de decidir la suerte del abogado. Lo hizo por intermedio de los superiores funcionales y jueces en materia disciplinaria de este último, todos ellos de la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura. Y la acción se 31 El ya citado Auto del 2 de marzo de 2005, Radicado N , M.P. Mauro Solarte Portilla 32 Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, Sentencia rad del 23 de mayo de 2012, M.P. Dr. Julio E. Socha Salamanca. 18
19 tradujo en las exigencias o sugerencias que tales personas le hicieron al funcionario de inferior rango para sancionar al abogado. El tipo penal, como se deriva de lo transcrito en el capítulo de la imputación jurídica, cuenta como ingrediente subjetivo el de obtener cualquier beneficio derivado del ejercicio de parte de servidor público. La conducta de tráfico de influencias de servidor público puede tener como fin último un acto, decisión o reconocimiento que podría reputarse acorde con el ordenamiento jurídico, pero también una acción de carácter ilegal o incluso delictiva. Por lo tanto, si se le pidió emitir un fallo de condena dentro de un asunto cuya acción disciplinaria ya prescribió, habría un mayor grado de reproche, pues sería una conducta relacionada con la comisión de otros delitos. En este caso, el menoscabo a los principios que rigen a la administración pública en general, y a la de justicia en particular, tendría más intensidad. De otra parte, la demostración de los elementos subjetivos del tipo no se prueban con el recaudo de pruebas alusivas a hechos psíquicos, sino de la valoración de los datos objetivos con los que cuenta la actuación. Y, en este caso, es posible afirmar que la procesada sí ejerció influencias indebidas para que (los tres altos magistrados) presionaran a su inferior, independientemente de que no se adviertan los intereses, motivaciones o mecanismos psicológicos que los hayan impulsado a obrar de esa manera y no a comportarse como la majestad o elevada responsabilidad de su función pública lo requería. Como que el argumento defensivo se circunscribe a supuestas teorías conspirativas para desprestigiar a la congresista, pero, la Sala reitera que el tipo de tráfico de influencias de servidor público puede ser cometido por cualquiera que cumpla la calidad del sujeto activo e influya indebidamente en otro servidor público en razón del ejercicio de su cargo, circunstancia independiente al reconocimiento de la relevancia social de este último. Por último, concluye la providencia que dado que en el comportamiento típico de la congresista no medió cumplimiento de deber jurídico alguno, ni cualquier otra circunstancia o precepto permisivo que justifique o devengue en lícita la conducta, aunado a que es persona imputable, quien al momento de vulnerar el bien jurídico tuvo capacidad para comprender la ilicitud de su acto y determinarse de acuerdo con esa compresión, la Sala declarará que es responsable del delito de tráfico de influencias de servidor público, de conformidad con lo establecido en el artículo 411 de la Ley 599 de 2000 y agravado por los numerales 9 y 10 del artículo 58 del Código Penal. 19
20 5. El delito de tráfico de influencias en la jurisprudencia de Corte Suprema de Justicia: algunos problemas relevantes 5.1. Los miembros de corporaciones públicas y el tráfico de influencias La ley 1474 de 2011 adicionó una eximente de responsabilidad específica para el delito de tráfico de influencias a favor de los miembros de las Corporaciones Públicas del siguiente tenor: Parágrafo- Adicionado. Ley 1474 de 2011, art Los miembros de corporaciones públicas no incurrirán en este delito cuando intervengan ante servidor público o entidad estatal a favor de la comunidad o región. No obstante la anotada previsión legislativa, ya en el año 2005, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia 33, había dicho que los congresistas a pesar de incurrir en tráfico de influencias se eximen de persecución penal. Según la Corte, si bien, para el caso sometido a estudio se cuenta con una correcta adecuación típica dentro del artículo 411 del Código Penal, que no es otro que el delito de tráfico de influencias: Resulta ser el modelo legal a partir del cual deba examinarse la conducta imputada a los Parlamentarios como quiera que, desde diferentes perspectivas se sostiene, que la aprobación preferente de los proyectos por ellos gestionados ante el DRI, aunada al incumplimiento de una serie de requerimientos de orden legal y técnico por parte de los directivos de dicho fondo, dan lugar a inferir que los Congresistas, valiéndose de su investidura, hicieron que la balanza se inclinara en torno a sus propuestas. Desde esta óptica, preciso es señalar que en términos del tipo penal en comento, la conducta prohibida está condicionada a que el servidor haga uso indebido de la influencia derivada del cargo, lo que supone, por sustracción de materia, que quedan por fuera de tal prohibición los eventos en que la intervención por parte del servidor público ante otro servidor público, demandando de él algún tipo de actuación, hace parte de las funciones o facultades del primero y, por ende, no corresponde a un desbordamiento de la investidura, sino al ejercicio legítimo de ella. 33 Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, Sent. Rad del 16 de febrero de 2.005, M. P. Marina Pulido Barón. 20

References: artículo 198
 Artículo 198
 artículo 147
 Artículo 147
 Artículo 25
 artículo 147
 Artículo 147
 Artículo 411
 Artículo 411
 artículo 20
 artículo 209
 artículo 411
 artículo 411
 artículo 20
 artículo 123
 artículo 63
 artículo 18
 artículo 338
 artículo 411
 artículo 411
 artículo 14
 artículo 411
 artículo 58
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