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Timestamp: 2020-07-15 11:00:01+00:00

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STS 526/2013, 25 de Junio de 2013 - Jurisprudencia - VLEX 447622566
STS 526/2013, 25 de Junio de 2013
Número de Recurso: 2312/2012
Número de Resolución: 526/2013
En los recursos de casación por quebrantamiento de forma, e infracción de Ley que ante Nos penden, interpuestos por Carmelo , Germán y Narciso , contra sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Alicante Sección 10ª, que condenó a los acusados como autores penalmente responsables de un delito contra la salud pública; los componentes de la Sala Segunda del Tribunal Supremo que al margen se expresan se han constituido para la deliberación y Fallo, bajo la Presidencia del Primero de los indicados y Ponencia del Excmo. Sr. D. Juan Ramon Berdugo Gomez de la Torre, siendo también parte el Ministerio Fiscal, y dichos recurrentes representados por los Procuradores Sres. Luis de Villanueva, Mª Jesús Sanz y Mª Angeles Fernández Aguado respectivamente.
El Juzgado de Instrucción número 2 de Villajoyosa, incoó Procedimiento Abreviado con el número 24 de 2011, contra Carmelo , Germán y Narciso , y otro, y una vez concluso lo remitió a la Audiencia Provincial de Alicante, cuya Sección 10ª, con fecha 3 de septiembre de 2012, dictó sentencia , que contiene los siguientes:
HECHOS PROBADOS: Son -y así expresa y terminantemente se declaran- los siguientes: A mediados de julio de 2008, compareció en las dependencias de la Guardia Civil de Villajoyosa, una testigo, luego declarada protegida, manifestando que, en la localidad de Villajoyosa y en ese año, Carmelo , mayor de edad y con antecedentes penales no computables, vendía cocaína y que la adquiría de otro al que identificó como " Chato " en la localidad de Callosa D'en Sarriá proporcionando los números de teléfonos de ambos desde los cuales concertaban las ventas de la referida sustancia.
Con los citados datos, la Guardia Civil procedió a la vigilancia y seguimiento de ambos, identificándolos, así como sus respectivos domicilios. Tras esto, la Guardia Civil solicitó y obtuvo, por auto de 25-7-2008, la intervención del teléfono NUM000 de Carmelo y del teléfono NUM001 de Adolfo , " Chato ", mayor de edad y sin antecedentes penales. El contenido de las conversaciones telefónicas intervenidas confirmó que el primero, Carmelo , se dedicaba a la venta a terceros al menudeo, en su domicilio y alrededores, de cocaína y que el segundo, Adolfo , mantiene conversaciones con otros en concreto con un tal " Pelosblancos " con teléfonos NUM002 y NUM003 , conversaciones que versaban sobre la pérdida (cambio) de un paquete de cocaína, por el que pagó 30.000 euros y le engañaron y concertaban, así mismo, la adquisición de una cantidad indeterminada de cocaína ya que Pelosblancos se había desplazado a Madrid. " Pelosblancos " fue identificado como Germán , mayor de edad y sin antecedentes penales. Por auto de 5-9-2008, se solicitó y obtuvo la intervención de las comunicaciones telefónicas de este último.
Con fecha 6-10-2008, se procedió a la detención de Carmelo ocupando en su domicilio un envoltorio con 2'32 gramos de cocaína con una pureza media del 71'3% y un valor de venta a terceros de 143'1euros, 639'66 euros, procedentes de su ilícita actividad, dos móviles, una bolsa de plástico con recortes para hacer dosis, un rollo de alambre con plástico, para anudar las dosis, y una balanza de precisión.
Paralelamente, el contenido de las conversaciones mantenidas entre Adolfo y Germán reveló la entrega de este último al primero de un paquete de cocaína, por lo que se procedió a la detención de los mismos el día 9-10- 2008. Una vez detenido Adolfo , el mismo reveló a la fuerza actuante el lugar exacto de ocultación del paquete de cocaína, sito en la carretera de Callosa d'en Sarriá a Altea, escondido en un huerto de nísperos bajo tierra, que resultó contener 924 gramos de cocaína con una pureza media expresada en base del 23'7% y un valor de venta a terceros de 31.221'03 euros. El citado paquete de cocaína había sido proporcionado por el acusado Narciso (primo de Germán ) a Adolfo quien pagó el precio de 15.000 euros, transacción y cobro en el que participó Germán .
Adolfo padece una adicción grave al consumo de cocaína que ha disminuido levemente sus facultades intelectivas y volitivas.
FALLO: FALLAMOS: Que debemos condenar y CONDENAMOS a los acusados en esta causa Carmelo , Germán , Narciso y Adolfo como autores responsables de un delito contra la salud publica previsto y penado en el articulo 368 del C. P . con la concurrencia de las atenuantes de drogadicción del articulo 21.2 y analógica de confesión del articulo 21.7 en relación con el articulo 21.4, respecto de Adolfo , a las siguientes penas: TRES AÑOS DE PRISION e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de condena Y MULTA DE 143 EUROS, con un día de arresto sustitutorio en caso de impago o insolvencia a Carmelo ; TRES AÑOS DE PRISION e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de condena Y MULTA DE 31.221 EUROS, con 156 días de arresto sustitutorio en caso de impago o insolvencia a Germán y a Narciso ; y DOS AÑOS DE PRISION e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, Y MULTA DE 20.000 EUROS , con 100 días de arresto sustitutorio en caso de impago o insolvencia a Adolfo y condena en costas proporcionalmente.
Se decreta el comiso del dinero y efectos intervenidos, y el comiso y detrucción de la sustancia intervenida.
Abonamos a los acusados todo el tiempo de privación de libertad sufrida por esta causa para el cumplimiento de la expresada pena de privación de libertad.
Requiérase al condenado al abono, en plazo de QUINCE DIAS de la multa impuesta; caso de impago y de ser insolvente, cumpla el mismo la correspondiente responsabilidad personal subsidiaria del artículo 53 del Código Penal .
Tercero.- Notificada la sentencia a las partes, se prepararon recursos de casación por quebrantamiento de forma e infracción de Ley, por Carmelo , Germán y Narciso que se tuvieron por anunciados, remitiéndose a esta Sala Segunda del Tribunal Supremo las certificaciones necesarias para su substanciación y resolución, formándose el correspondiente rollo y formalizándose los recursos.
RECURSO INTERPUESTO POR Carmelo
PRIMERO .- Al amparo del art. 849.1 LECrim ., por aplicación indebida del art. 368 CP .
SEGUNDO .- Al amparo del art. 849.2 LECrim . por inaplicación del art. 21.6 CP .
RECURSO INTERPUESTO POR Germán
PRIMERO .- Al amparo del art. 849.1 LECrim . por inaplicación del art. 21.6 CP .
SEGUNDO .- Al amparo del art. 849.1 LECrim . por inaplicación del art. 21.4 CP .
RECURSO INTERPUESTO POR Narciso
PRIMERO .-Al amparo del art. 849.1 LECrim . y art. 5.4 LOPJ . por vulneración del art. 24.2 CE .
SEGUNDO .- Al amparo del art. 849.1 LECrim . por infracción de los arts. 368, 27 , 29 y 63 CP .
CUARTO .- Al amparo del art. 849.1 LECrim . por inaplicación del art. 21.6 CP .
QUINTO .- Al amparo del art. 850.1 LECrim . por denegación de prueba.
Sexto.- Hecho el señalamiento se celebró la deliberación prevenida el día once de junio de dos mil trece.
Conforme a lo establecido en el art. 849.1 LECrim , el motivo primero por aplicación indebida del art. 368.1 y en su caso la no aplicación del art. 368.2 CP .
1) Se sostiene en el motivo la atipicidad de la conducta del acusado, toda vez que la sustancia intervenida iba a ser destinada a su propio consumo.
El recurrente equivoca la vía casación al elegida por cuanto el motivo por infracción de Ley obliga a respetar el relato de hechos probados, pues en este caso sólo se discuten problemas de aplicación de la norma jurídica y tales problemas han de plantearse y resolverse sobre unos hechos predeterminados, que han de ser los fijados al efecto por el Tribunal de instancia, salvo que hayan sido corregidos previamente por estimación de algún motivo fundado en el art. 849.2 LECrim . - error en la apreciación de la prueba, o en el art. 852 LECrim - vulneración del derecho a la presunción de inocencia.
En efecto, como se dice en STS. 121/2008 de 26.2 , el recurso de casación cuando se articula por la vía del art. 849.1 LECrim . ha de partir de las precisiones fácticas que haya establecido el Tribunal de instancia por no constituir una apelación ni una revisión de la prueba. Se trata de un motivo de carácter sustantivo penal cuyo objeto exclusivo es el enfoque jurídico que a unos hechos dados, ya inalterables, se pretende aplicar, en discordancia con el Tribunal sentenciador. La técnica de la casación penal exige que en los recursos de esta naturaleza se guarde el mas absoluto respeto a los hechos que se declaren probados en la sentencia recurrida, ya que el ámbito propio de este recurso queda limitado al control de la juridicidad, o sea, que lo único que en él se puede discutir es si la subsunción que de los hechos hubiese hecho el Tribunal de instancia en el precepto penal de derecho sustantivo aplicado es o no correcta jurídicamente, de modo que la tesis del recurrente no puede salirse del contenido del hecho probado.
Y en el caso presente en el factum la sentencia tras consignar que el contenido de las conversaciones telefónicas intervenidas confirmó que Carmelo "se dedicaba a la venta a terceros al menudeo, en su domicilio y alrededores, de cocaína", considera probado que "con fecha 6.10.2008, se procedió a la detención de Carmelo ocupando en su domicilio un envoltorio con 2,32 gramos de cocaína con una pureza media del 71,3% y un valor de venta a terceros de 143,1 E, 639,66 euros procedentes de su ilícita actividad, dos móviles, una bolsa de plástico con recortes para hacer dosis, un rollo de alambre con plástico para anudar las dosis, y una balanza de precisión"
Por ello lo que el recurrente viene a cuestionar no es la posesión de la cocaína, sino que manifiesta que era para su propio consumo, dada su condición de consumidor, cuestiona, por tanto, el elemento interno o psíquico, cuya concurrencia se exige para considerar delictiva la posesión de la droga y cuya probanza, puede venir, como decíamos en SSTS. 609/2008 de 10.10 , 484/2012 de 12.6 , de la mano de la prueba directa, como sucede en los casos de confesión del propio sujeto, o testigos que compraron la sustancia prohibida o la vieron ofrecer en venta o de como conocieron tal intención de entrega a terceros y así lo declaran. Sin embargo, lo más frecuente es que tales pruebas no existan y se acuda al mecanismo de la prueba indirecta o de indicios, por medio de la cual, a través de ciertos hechos básicos plenamente acreditados, a través de determinadas circunstancias objetivas que concurran en el hecho que se enjuicia, se infiera la existencia de aquel elemento subjetivo.
Así los criterios que se manejan para deducir el fin de traficar con la droga son: la cantidad, pureza y variedad de la droga; las modalidades de la posesión o forma de presentarse la droga, el lugar en que se encuentra la droga; la tenencia de útiles, materiales o instrumentación para la propagación, elaboración o comercialización; la capacidad adquisitiva del acusado en relación con el valor de la droga; la ocupación de dinero en moneda fraccionada; la falta de acreditamiento de la previa dependencia, entendiendo como de lo más significativo la no constancia de la adicción al consumo de drogas.
En el caso presente con independencia de que la condición de consumidor del recurrente está huérfana de sustento probatorio, y de que la jurisprudencia tenga declarado que el ser consumidor no excluye de manera absoluta el propósito de traficar ( SSTS. 384/2005 de 11.3 , 38/2013 de 31.1 ), y de que el propio recurrente en sus sucesivas declaraciones en la Guardia Civil (folios 395 y 396), ante el juzgado instructor (folio 460), y en el plenario, admite que siendo consumidor habitual, vendía parte de la droga, la sentencia recurrida, fundamento derecho primero, destaca la concurrencia de prueba de cargo suficiente para considerar que la sustancia incautada no era para su consumo sino a su venta al menudeo, como es que al acusado se le interviene, además de la sustancia que se le ocupa, 2,32 gramos cocaína, pureza 71,3% -cantidad que ciertamente estaría en los limites del autoconsumo de conformidad con el Pleno jurisprudencial de 10.10.2001- utensilios y objetos utilizados de forma habitual en el tráfico de este tipo de sustancias, alambres, bolsas de plástico con recortes y una balanza de precisión, y una no despreciable cantidad de dinero -639,66 euros-, así como el contenido de las conversaciones telefónicas y mensajes remitidos y recibidos, folios 90 a 130, 237 a 274, transcripciones de los días 28.7, 16.8.2008 y 17 a 26.8.2008, respectivamente que evidencian actividades de tráfico realizadas con diversas personas de las que obtiene sustancia estupefaciente y a las que vende.
Pruebas que llevan al tribunal a inferir que la droga hallada en su domicilio estaba destinada a su venta al menudeo a terceros. Inferencia de la Sala que debe considerarse lógica y racional con la consiguiente desestimación de la impugnación del recurrente.
2) Con carácter alternativo y subsidiario se plantea la incardinación de su conducta en el nuevo párrafo 2º del art. 368 CP , dado que la propia sentencia hace un distingo entre la conducta ilícita de Carmelo como vendedor al menudeo de sustancias estupefacientes y la de otros tres acusados, en un estadio superior de la estructura criminal de este tipo de delincuencia dedicados a la venta en mayores cantidades, en la que se incardinan los 924 gramos de cocaína intervenidos, y no obstante ese distingo -que es corroborador por la aprehensión en su vivienda de únicamente 2,32 gramos de cocaína, condena por igual pena a r es años prisión que a dos de los restantes acusados ( Germán y Narciso ).
En cuanto a la posibilidad de aplicar el subtipo atenuado, como hemos explicitado en SSTS. 821/2012 de 31.10 , 484/2012 de 12.6 , 107/2012 de 28-02 , 821/2011 de 21-7 , 451/2011, de 21-5 ; 241/2011, de 11-4 es doctrina del Tribunal Constitucional que se recoge desde sus primeras Sentencias, como es exponente la 65/1986, de 22 de mayo , que en principio, el juicio sobre proporcionalidad de la pena, prevista por la Ley con carácter general, con relación a un hecho punible que es presupuesto de la misma, es de competencia del legislador. A los Tribunales de justicia sólo les corresponde, según la Constitución, la aplicación de las Leyes y no verificar si los medios adoptados por el legislador para la protección de los bienes jurídicos son o no adecuados a dicha finalidad, o si son o no proporcionados en abstracto.
Esta Sala, en un pleno no jurisdiccional celebrado el día 25 de octubre de 2005, acatando el mandato del artículo 117 de la Constitución , tomó como Acuerdo la conveniencia de que por el legislador se modificara la redacción del artículo 368 del Código Penal en el sentido de reducir la pena cuando se trate de cantidades módicas de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas y como alternativa se proponía añadir un segundo párrafo a dicho precepto con el siguiente texto: "No obstante lo dispuesto en el párrafo anterior, los Tribunales podrán imponer la pena inferior en grado atendiendo a la gravedad del hecho y a las circunstancias personales del culpable".
Así, se modifica el artículo 368, que queda redactado como sigue: «Los que ejecuten actos de cultivo, elaboración o tráfico, o de otro modo promuevan, favorezcan o faciliten el consumo ilegal de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas, o las posean con aquellos fines, serán castigados con las penas de prisión de tres a seis años y multa del tanto al triplo del valor de la droga objeto del delito si se tratare de sustancias o productos que causen grave daño a la salud, y de prisión de uno a tres años y multa del tanto al duplo en los demás casos.
Varios preceptos del Código Penal ya habían atribuido al Juzgador parecidas facultades discrecionales en la individualización de las penas.
Así en la regla 6ª del artículo 66.1 se dispone que cuando no concurran atenuantes ni agravantes aplicarán la pena establecida por la ley para el delito cometido, en la extensión que estimen adecuada, en atención a las circunstancias personales del delincuente y a la mayor o menor gravedad del hecho; en el delito de lesiones, el apartado segundo del artículo 147 contiene también un subtipo atenuado en el que se dispone que no obstante, el hecho descrito en el apartado anterior será castigado con la pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a doce meses, cuando sea de menor gravedad, atendidos el medio empleado o el resultado producido; el apartado cuarto del artículo 153, en las lesiones relacionadas con la violencia de género, expresa que no obstante lo previsto en los apartados anteriores, el Juez o Tribunal, razonándolo en sentencia, en atención a las circunstancias personales del autor y las concurrentes en la realización del hecho, podrá imponer la pena inferior en grado; el apartado sexto del artículo 171 que regula las amenazas en relación a la violencia de género dispone que no obstante lo previsto en los apartados 4 y 5, el Juez o Tribunal, razonándolo en sentencia, en atención a las circunstancias personales del autor y a las concurrentes en la realización del hecho, podrá imponer la pena inferior en grado; el apartado cuarto del artículo 242, en el delito de robo, se dispone que en atención a la menor entidad de la violencia o intimidación ejercidas y valorando además las restantes circunstancias del hecho, podrá imponerse la pena inferior en grado a la prevista en los apartados anteriores; el artículo 318, apartado sexto (ahora quinto por Ley Orgánica 5/2010 ) dispone que los Tribunales, teniendo en cuenta la gravedad del hecho y sus circunstancias, las condiciones del culpable y la finalidad perseguida por éste, podrá imponer la pena inferior en un grado a la respectivamente señalada; el artículo 565, en el delito de tenencia ilícita de armas, establece que los Jueces o Tribunales podrán rebajar en un grado las penas señaladas en los artículos anteriores, siempre que por las circunstancias del hecho y del culpable se evidencie la falta de intención de usar las armas con fines ilícitos.
La jurisprudencia de esta Sala, sobre los mencionados subtipos atenuados, viene estableciendo una doctrina cuyos aspectos más significativos son los siguientes: necesidad de motivar el uso de esa discrecionalidad reglada (Cfr. Sentencia 233/2003, de 21 de febrero ); las expresiones "circunstancias personales del delincuente" no se limitan a las condenas penales previas, que sólo pueden entrar en consideración respecto de la agravante de reincidencia, en todo caso dentro de los límites del principio de culpabilidad por el hecho. Es claro que las circunstancias personales del autor del delito no se limitan a la reincidencia en el sentido del artículo. 20 CP (Cfr. Sentencia 233/2003 de 21 de febrero ); los Jueces son soberanos, en principio, para imponer las penas en la cuantía que procede según su arbitrio, facultad eminentemente potestativa, que no es absoluta, precisamente porque ha de supeditarse a determinados condicionamientos, como son la personalidad del acusado y la gravedad del hecho en función de los medios modos o formas con que lo realizó y también las circunstancias de todo tipo concurrentes; la motivación de la individualización de la pena requiere desde un punto de vista general, que el Tribunal determine, en primer lugar, la gravedad de la culpabilidad del autor expresando las circunstancias que toma en cuenta para determinar una mayor o menor reprochabilidad de los hechos.(Cfr. Sentencias 1426/2005 de 7 de diciembre y 145/2005 de 7 de febrero ); la gravedad del hecho a que se refiere este precepto no es la gravedad del delito, toda vez que esta "gravedad" habrá sido ya contemplada por el legislador para fijar la banda cuantitativa penal que atribuye a tal infracción. Se refiere la ley a aquellas circunstancias fácticas que el Juzgador ha de valorar para determinar la pena y que sean concomitantes del supuesto concreto que está juzgando; estos elementos serán de todo orden, marcando el concreto reproche penal que se estima adecuado imponer. Las circunstancias personales del delincuente son aquellos rasgos de su personalidad delictiva que configuran igualmente esos elementos diferenciales para efectuar tal individualización penológica. Ni en uno ni en otro caso se trata de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, ya que, en tal caso, su integración penológica se produce no como consecuencia de esta regla 6ª (antigua) regla primera del art. 66, sino de las restantes reglas (Cfr. Sentencia 480/2009, de 22 de mayo ); en relación al delito de tráfico de drogas, tiene declarado que se produce esa menor gravedad cuando se trata de la venta de alguna o algunas papelinas de sustancias tóxicas llevada a cabo por un drogodependiente (Cfr. Sentencia 927/2004, de 14 de julio ; cuando se refiere a las circunstancias personales del delincuente, está pensando, como es lógico, en situaciones, datos o elementos que configuran el entorno social y el componente individual de cada sujeto, la edad de la persona, su grado de formación intelectual y cultural, su madurez psicológica, su entorno familiar y social, sus actividades laborales, su comportamiento posterior al hecho delictivo y sus posibilidades de integración en el cuerpo social, son factores que no sólo permiten sino que exigen modular la pena ajustándola a las circunstancias personales del autor, sin olvidar la incidencia que, por su cuenta, puedan tener, además, la mayor o menor gravedad del hecho, que debe ser medida no sólo con criterios cuantitativos sino también cualitativos (Cfr. Sentencia 927/2004, de 14 de julio ).
Estos subtipos atenuados responden a la necesidad de facilitar a los jueces y tribunales mecanismos que puedan servir para una correcta respuesta con el principio de culpabilidad permitiendo la adopción de penas que se consideran más adecuadas y proporcionadas a las circunstancias de los hechos y a la personales del acusado.
Otra de las características del subtipo atenuado - decíamos en STS 60/2012 de 8.2 - es la utilización de la conjunción copulativa "y" en lugar de la disyuntiva "o". Desde luego la utilización de la conjunción copulativa permite afirmar que cuando cualquier de los dos parámetros desaconseje la apreciación del precepto, por no ser menos la culpabilidad o la antijuricidad, el párrafo 2º del art. 368 CP no podría aplicarse. Por ejemplo, en el caso de un adicto que se costease su adicción cometiendo un delito contra la salud pública en cantidad de notoria importancia, no podría aplicarse el precepto estudiado, pues la culpabilidad podría ser menor, pero no la antijuricidad del hecho.
Ahora bien, el problema se suscita en aquellos casos en que simplemente es menor la culpabilidad o la antijuricidad, pero no ambas a la vez, y además el parámetro no concurrente se revelase como inespecífico.
Serían supuestos en que concurre claramente uno de los parámetros, pero el otro, sin ser negativo, resulta simplemente neutro. Entendemos que, en ese caso, el tribunal podría apreciar la atenuación pues el precepto solo exige que atienda a la "escasa entidad del hecho y a las circunstancias personales del autor", realizando una ponderación completa y conjunta de ambos parámetros, pero sin exigir que concurran ambos, bastando con la concurrencia de uno de ellos y la inoperatividad del otro por resultar inexpresivo.
En el caso presente la cantidad total de cocaína que le fue intervenida, ciertamente no resulta especialmente relevante, pero tal como se destaca en el factum el acusado, según denuncia anónima se venia dedicando a la venta de cocaína, lo que fue corroborado por el contenido de las conversaciones y mensajes telefónicos y por los utensilios hallados en su domicilio que revelan que no nos encontramos ante un acto aislado de venta, sino de una dedicación con cierta habitualidad, que no denota esa menor entidad del hecho, y la no concurrencia de especiales circunstancias en el caso que hagan la conducta menos responsable.
Respecto a la falta de proporcionalidad de la pena en relación a los otros tres acusados, la impuesta como privativa de libertad es la mínima del tipo penal art. 368 sustancias que causan grave daño a la salud, y la Sala de instancia si tiene en cuenta la diferente actuación de cada acusado en cuanto a la pena de multa y correspondiente arresto sustitutorio -143 E y 1 día al recurrente, 31.221 E y 156 días a Germán y Narciso ; y 20.000 E y 100 días a Adolfo .
El motivo segundo por infracción de Ley, art. 849.1 LECrim , ante la ausencia de apreciación de la atenuante 21.6 CP. dilaciones indebidas.
Como hemos dicho en SSTS 60/2012, de 8.2 ; 1376/2011 de 19.12 ; 39/2011 de 14.7; la reforma introducida por L .O. 5/2010, de 22.6 ha añadido una nueva circunstancia en el art. 21 CP , que es la de "dilación extraordinaria e indebida en la tramitación del procedimiento, siempre que no sea atribuibles al propio inculpado y que ya no guarde proporción con la complejidad de la causa".
Asimismo se ha exigido en ocasiones que quien denuncia las dilaciones haya procedido a denunciarlas previamente en momento oportuno, pues la vulneración del derecho -como se recordaba- en STS 1151/2002, de 19-6 , "no puedo ser apreciada si previamente no se ha a dado oportunidad al órgano jurisdiccional de reparar la lesión o evitar que se produzca, ya que esta denuncia previa constituye una colaboración del interesado en la tarea judicial de la eficaz tutela a la que obliga el art. 24-2 CE mediante la cual poniendo la parte al órgano jurisdiccional de manifiesto en inactividad, se le da oportunidad y ocasión para remediar la violación que se acusa.
En este sentido la S Tribunal Constitucional 5/2010, de 7-4 , recuerda que para apreciarse la queja basada en la vulneración del derecho a un proceso sin dilaciones indebidas es requisito indispensable que el recurrente les haya invocado en el procedimiento judicial previo, mediante el requerimiento expreso al órgano judicial supuestamente causante de tales dilaciones para que cese en la misma. Esta exigencia, lejos de ser un mero formalismo, tiene por finalidad ofrecer a los órganos judiciales la oportunidad de pronunciarse sobre la violación constitucional invocada, haciendo posible su reparación al poner remedio al retraso o a la paralización en la tramitación del proceso con lo que se presiona el carácter subsidiario del recurso de amparo. De ahí que sólo en aquellos supuestos de los que, tras la denuncia del interesado -carga procesal que le viene impuesta como un deber de colaboración de la parte con el órgano judicial en el desarrollo del proceso-, el órgano judicial no haya adoptado las medias pertinentes para poner fin a la dilación en un plazo prudencial o razonable, podrá entenderse que la vulneración constitucional no ha sido reparada en la vía judicial ordinaria, pudiendo entonces ser examinada por este tribunal.
En el caso presente, tal como destaca el Ministerio Fiscal en su escrito de impugnación, el Tribunal resuelve adecuadamente esta cuestión en el fundamento de derecho tercero in fine. Primero porque no ha habido dilaciones indebidas -el procedimiento en su integridad se ha tramitado en cuatro años hasta sentencia, lo que no es el termino ideal, pero tampoco supone un retraso fuera de lo normal-, la causa no ha estado detenida en ningún momento, y la única demora producida en la tramitación ha derivado de una incidencia procesal que no puede considerarse indebida ni anormal, consistente en apreciar el Juzgado de Instrucción que las diligencias debían tramitarse como Sumario al estimar la cantidad aprehendida a los otros acusados como de notoria importancia, acordando seguidamente remitirlo a la Sala, quien lo devolvió a solicitud del fiscal para la practica de nuevas diligencias y su tramitación como procedimiento abreviado, vista la menor pureza de la droga incautada -924 gramos, pero de 23,7% de principio activo-, considerando el tribunal sentenciador igualmente relevante para la no apreciación de la atenuante el hecho de que tal incidencia procesal, supuestamente indebida por la incoación de Sumario, no fue señalada en su momento por ninguno de los inculpados, lo que hubiera permitido remediarla en el acto evitando así la demora padecida, pues ninguno de ellos recurrió el auto del juzgado en cuestión.
El motivo primero al amparo del art. 849.1 LECrim , por indebida aplicación del art. 21.6 CP .
El motivo carece de cualquier argumentación al remitirse a la propia sentencia impugnada, por lo que debe ser desestimado por las mismas razones expuestas en el motivo segundo del anterior recurrente.
El motivo segundo al amparo del art. 849.1 LECrim , por infracción de Ley, por indebida aplicación del art. 21.4, analógica de confesión del CP .
En relación a la atenuante de confesión del art. 21.4 CP , hemos puesto de relieve, SSTS. 116/2013 de 21.12 , 1126/2011 de 2.11 , 246/2011 de 14.4 , 6/2010 , entre otras, que la razón de la misma no estriba en el factor subjetivo de pesar y contrición, sino en el dato objetivo de la realización de actos de colaboración a la investigación del delito. Se destaca como elemento integrante de la atenuante, el cronológico, consistente en que el reconocimiento de los hechos se verifique antes de que el inculpado conozca que es investigado procesal o judicialmente por los mismos. En el concepto de procedimiento judicial se incluye la actuación policial ( SSTS. 21.3.97 y 22.6.2001 ), que no basta con que se haya abierto, como se decía en la regulación anterior, para impedir el efecto atenuatorio a la confesión, sino que la misma tendrá la virtualidad si aún no se había dirigido el procedimiento contra el culpable, lo que ha de entenderse en el sentido de que su identidad aún no se conociera. La razón de ser del requisito es que la confesión prestada, cuando ya la Autoridad conoce el delito y la intervención en el mismo del inculpado, carece de valor auxiliar a la investigación. Otro requisito de la atenuante es el de la veracidad sustancial de las manifestaciones del confesante, sólo puede verse favorecido con la atenuante la declaración sincera, ajustada a la realidad, sin desfiguraciones o falacias que perturben la investigación, rechazándose la atenuante cuando se ofrece una versión distinta de la luego comprobada y reflejada en el "factum", introduciendo elementos distorsionantes de lo realmente acaecido ( SSTS. 22.1.97 , 31.1.2001 ). Tal exigencia de veracidad en nada contradice los derechos constitucionales "a no declarar contra si mismo" y "a no confesarse culpable" puesto que ligar un efecto beneficioso o la confesión voluntariamente prestada, no es privar del derecho fundamental a no confesar si no se quiere ( STC. 75/87 de 25.5 ).
Expuestos estos requisitos necesarios en orden a la concurrencia de la atenuante 4 art. 21, para la estimación de la analogía 21.6 (actual art. 21.7), en relación a aquella, hemos de partir de que para que una atenuante pueda ser estimada como analógica de alguna de las expresamente recogidas en el texto del Código Penal , dice la Sentencia de esta Sala de 20 de diciembre de 2000 , ha de atenderse a la existencia de una semejanza del sentido intrínseco entre la conducta apreciada y la definida en el texto legal, desdeñando a tal fin meras similitudes formales y utilizándolo como un instrumento para la individualización de las penas, acercándolas así al nivel de culpabilidad que en los delincuentes se aprecie, pero cuidando también de no abrir un indeseable portillo que permita, cuando falten requisitos básicos de una atenuante reconocida expresamente, la creación de atenuantes incompletas que no han merecido ser recogidas legalmente ( sentencias de 3 de febrero de 1996 y 6 de octubre de 1998 ).
En principio no cabria aplicar la atenuante de confesión por vía analógica a los casos en los que falta el requisito cronológico, en cuanto la analogía no puede considerarse como expediente que sirva para crear atenuantes incompletas, haciendo irrelevante la ausencia de un requisito exigido por la Ley para su valoración como atenuante ( STS. 1672/2002 de 3.10 ), será necesario que la colaboración proporcionada por las manifestaciones del inculpado sea de gran relevancia a efectos de la investigación de los hechos ( SSTS. 1009/2006 de 18.10 , 527/2008 de 31.7 , 537/2008 de 12.9 ).
Por tanto, lo verdaderamente importante no es el requisito temporal, sino la relevancia de la declaración prestada ( SSTS. 1266/2006 de 20.12 , 159/2007 de 21.2 , 213/2007 de 15.3 ).
Esta atenuante analógica se fundamenta en una cooperación del acusado con la autoridad judicial tras la detención de aquél en orden al más completo esclarecimiento de los hechos investigados, reveladora de una voluntad de coadyuvar a los fines del ordenamiento jurídico que contrarresten la anterior voluntad antijurídica mostrada al cometer la infracción.
Junto al objetivo de política criminal, se considera una dimensión de menor culpabilidad, se atenúa porque el sujeto que confiesa desde esa premisa incurre en un reproche menor. En consecuencia no se rompe el todo la analogía en ausencia del presupuesto cronológico, ya que la confesión puede afectar a datos referidos a hechos, o sujetos diferentes, que, de otra suerte, no podrían ser conocidos, si se mantiene la razón de aminorar el reproche por mor de la colaboración prestada ( STS. 679/2008 de 4.11 ).
Por ello, la admisión de hechos e identificación de otras personas fundamentan una atenuación analógica, pues qué duda cabe de que quien en un ejercicio de autocrítica reconoce su implicación, está patentizando una actitud que puede tenerse en cuenta para atenuarle la pena ( STS. 397/2008 de 1.7 ).
Por tanto en aquellos casos en los que el reconocimiento tardío de los hechos va acompañado de la aportación de datos de objetiva y relevante utilidad para el integro esclarecimiento de los hechos, el fundamento de la atenuación no desaparece, admitiéndose esta modalidad de atenuación analógica ( SSTS. 1063/2009 de 29.10 ).
En el caso presente la sentencia de instancia no aplica la atenuante de colaboración analógica a este acusado, por cuanto si bien reconoció su participación, lo hizo exonerándose de parte de la responsabilidad, haciendo recaer la mayor parte sobre su primo Narciso , lo que no se correspondía con las escuchas telefónicas.
El motivo por lo expuesto deviene improsperable, debe ser desestimado y no estimarse concurrente la atenuante postulada- que carecería de efectos prácticos dado que la pena de prisión que le ha sido impuesta, es la mínima correspondiente al tipo penal.
El motivo primero por infracción de Ley por infracción de la presunción de inocencia del art. 24.2 CE y 5.4 LOPJ , al basarse la condena en las manifestaciones efectuadas por el otro condenado Adolfo quien manifestó a la policía que había escondido un paquete proporcionado por este recurrente y había pagado 15.000 euros.
Debemos recordar, SSTS. 484/2012 de 12.6 , 97/2010 de 10.2 , 1322/2009 de 30.12 , 728/2008 de 18.11 , que nuestro sistema casación al no queda limitado al análisis de cuestiones jurídicas y formales y a la revisión de las pruebas por el restringido cauce que ofrece el art. 849.2 LECrim . pues como señala la STC. 136/2006 de 8.5 ; en virtud del art. 852 LECrim , el recurso de casación puede interponerse, en todo caso, fundándose en la infracción de un precepto constitucional, de modo que a través de la invocación del 24.2 CE (fundamentalmente, en cuanto se refiere al derecho a la presunción de inocencia), es posible que el Tribunal Supremo controle tanto la licitud de la prueba practicada en la que se fundamenta el fallo, como su suficiencia para desvirtuar la presunción de inocencia y la razonabilidad de las inferencias realizadas (por todas STC. 60/2008 de 26.5 ).
Así pues, al tribunal de casación debe comprobar que el tribunal ha dispuesto de la precisa actividad probatoria para la afirmación fáctica contenida en la sentencia, lo que supone constatar que existió porque se realiza con observancia de la legalidad en su obtención y se practica en el juicio oral bajo la vigencia de los principios de inmediación, oralidad, contradicción efectiva y publicidad, y que el razonamiento de la convicción obedece a criterios lógicos y razonables que permitan su consideración de prueba de cargo. Pero no acaba aquí la función casación al en las impugnaciones referidas a la vulneración del derecho fundamental a la presunción de inocencia, pues la ausencia en nuestro ordenamiento de una segunda instancia revisora de la condena impuesta en la instancia obliga al tribunal de casación a realizar una función valorativa de la actividad probatoria, actividad que desarrolla en los aspectos no comprometidos con la inmediación de la que carece, pero que se extiende a los aspectos referidos a la racionalidad de la inferencia realizada y a la suficiencia de la actividad probatoria. Es decir, el control casación al de la presunción de inocencia se extenderá a la constatación de la existencia de una actividad probatoria sobre todos y cada uno de los elementos del tipo penal, con examen de la denominada disciplina de garantía de la prueba, y del proceso de formación de la prueba, por su obtención de acuerdo a los principios de inmediación, oralidad, contradicción efectiva y publicidad. Además, el proceso racional, expresado en la sentencia, a través del que de la prueba practicada resulta la acreditación de un hecho y la participación en el mismo de una persona a la que se imputa la comisión de un hecho delictivo ( STS. 209/2004 de 4.3 ). Esta estructura racional del discurso valorativo si puede ser revisada en casación, censurando aquellas fundamentaciones que resulten ilógicas, irracionales, absurdas o, en definitiva arbitrarias ( art. 9.1 CE ), o bien que sean contradictorias con los principios constitucionales, por ejemplo, con las reglas valorativas derivadas del principio de presunción de inocencia o del principio "nemo tenetur" ( STS. 1030/2006 de 25.10 ).
En definitiva, en cuanto al ámbito del control en relación a las pruebas de cargo de carácter personal que han sido valoradas por el tribunal de instancia en virtud de la inmediación de que se dispuso -y de la que carece como es obvio esta Sala casación al- se puede decir con la STS. 90/2007 de 23.1 , que aborda precisamente esta cuestión, que en el momento actual, con independencia de la introducción de la segunda instancia, es lo cierto que reiterada jurisprudencia de esta Sala y del Tribunal Constitucional han declarado la naturaleza efectiva del recurso de casación penal en el doble aspecto del reexamen de la culpabilidad y pena impuesta por el Tribunal de instancia al condenado por la flexibilización y amplitud con que se está interpretando el recurso de casación desposeído de toda rigidez formalista y por la ampliación de su ámbito a través del cauce de la vulneración de derechos constitucionales, singularmente por vulneración del derecho a la presunción de inocencia que exige un reexamen de la prueba de cargo tenida en cuenta por el Tribunal sentenciador desde el triple aspecto de verificar la existencia de prueba válida, prueba suficiente y prueba debidamente razonada y motivada, todo ello en garantía de la efectividad de la interdicción de toda decisión arbitraria --art. 9-3º--, de la que esta Sala debe ser especialmente garante, lo que exige verificar la razonabilidad de la argumentación del Tribunal sentenciador a fin de que las conclusiones sean acordes a las máximas de experiencia, reglas de la lógica y principios científicos.
En el caso presente no puede entenderse que el juicio del tribunal de instancia sea arbitrario e irracional por haber infringido las leyes de la lógica o apartado de las máximas de experiencia o de conocimientos científicos, desde el momento en que la Sala razona cómo obtiene su convicción a partir de las primeras manifestaciones del hoy recurrente, quien tanto ante la Guardia Civil como a presencia judicial reconoció ser conocedor del contenido del paquete que entregó a Adolfo por encargo de su primo Germán y que como contraprestación a la ilícita transacción recibió 15.000 euros, aunque posteriormente y en juicio oral y retractarse reconociendo solo haber entregado el paquete pero desconociendo el contenido del mismo y que se tratara de una venta de cocaína.
Posibilidad procesal prevista en el art. 714 LECrim , que es aplicable no solo a los testigos sino también a los acusados ( SSTS. 12.12.89 , 11.12.90 , 10.9.92 , 11.3.93 , 12.9.2003 , 15.2.2005 , 21.10.2005 , 30.12.2009 .
En efecto una reiterada jurisprudencia, por todas la STS 510/2008, de 21 de julio , nos recuerda la validez de la convicción judicial pueda ser formada sobre las declaraciones testificales producidas en el sumario cuando el testigo se retracta de ellas en el juicio oral, procediendo de conformidad con el art. 714 de la Ley Procesal penal , esto es, reproduciéndolas en el juicio oral e indagando sobre la retractación, actividad que se realiza en el juicio oral y con vigencia de los principios básicos de la regularidad de la prueba. En ese sentido, la jurisprudencia de esta Sala destaca que "como ya hemos declarado en otras ocasiones (entre otras, STS 1187/2005, de 21 de octubre ), de lo que se trata es de la aplicación del art. 714 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal , que dispone lo siguiente: "cuando la declaración del testigo en el juicio oral no sea conforme en lo sustancial con la prestada en el sumario podrá pedirse la lectura de ésta por cualquiera de las partes. Después de leída, el Presidente invitará al testigo a que explique la diferencia o contradicción que entre sus declaraciones se observe".
Una reiterada doctrina jurisprudencial, tanto del Tribunal Constitucional ( STC 8/2003 ) como de esta Sala casaciónal, ha declarado que el Tribunal de instancia puede otorgar prevalencia para fundar su convicción a la prueba practicada en la fase de instrucción sobre la practicada en el plenario, caso de discordancia entre ambas, siempre que aquélla se halla practicado judicialmente con las debidas garantías y se haya sometido a efectiva contradicción en el acto del juicio oral. Concretamente en el caso de testimonios contradictorios previstos en el artículo 714 de la LECrim , la doctrina constitucional y de esta Sala (STC 137/1988 , SSTS 14-4-1989 , 22-1-1990 , 14-2-1991 o 1 de diciembre de 1995, sentencia núm. 1207/95 ), admite que el Tribunal pondere la mayor o menor verosimilitud de las versiones contrapuestas, contrastándolas con los datos deducidos de otras pruebas practicadas y con la credibilidad de las razones expuestas para justificar las contradicciones, correspondiendo al Tribunal de instancia dicha valoración, conforme a lo dispuesto en el artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal .
En este sentido, y como precisa la STS 12.9.2003 : "cuando un acusado o un testigo declara en el juicio oral y antes lo ha hecho en otra fase del procedimiento, bien ante la policía o ante la autoridad judicial, el Tribunal que conoce de la causa y ha de dictar sentencia tiene la facultad de conceder su credibilidad a unas u otras de tales declaraciones, en todo o en parte, como una manifestación más de los principios de inmediación y de apreciación conjunta de la prueba, de modo que puede redactar en su sentencia los hechos probados tomando datos de unas o de otras de tales declaraciones, conforme a la verosimilitud que les merezcan según su propio criterio ( art. 741 LECrim .), siempre que se cumplan dos requisitos de carácter formal: 1º que aquellas manifestaciones de las que se toman los datos de cargo hayan sido practicadas con observancias de las correspondientes normas procesales aplicables a la misma; y 2º que, genéricamente consideradas (es decir, no en sus detalles específicos), hayan sido incorporadas al debate del plenario, de modo que las partes hayan tenido oportunidad de interrogar sobre estos extremos".
Con relación a ésta última exigencia formal, cuando el dato de cargo no ha sido afirmado en el acto del juicio sino en alguna manifestación anterior, debe actuarse conforme al procedimiento referido en el art. 714, esto es, mediante la lectura de las declaraciones anteriores e invitando al interrogado a que explique las diferencias o contradicciones existentes, aplicable este artículo no solo a la prueba testifical a la que literalmente se refiere, sino también a las declaraciones de los acusados y no solo a las practicadas a instancia de parte, sino también a las acordadas de oficio.
Sin embargo, esta última exigencia no debe interpretarse de manera formalista (como dice la STS 155/2005, de 15 de febrero ), en el sentido de que, incumplido este trámite del art. 714 ya no cabría tomar circunstancias de hecho de las manifestaciones anteriores al acto de la vista oral para construir el relato de hechos probados, puesto que, de cualquier modo, esas declaraciones primeras hayan sido tenidas en cuenta en el acto solemne del plenario, lo que puede aparecer acreditado por el contenido de las preguntas o respuestas. Lo que no puede hacerse es traer sorpresivamente desde el sumario a la sentencia, sin antes haber pasado por la posibilidad de ser debatido en el juicio oral (principios de oralidad, publicidad, contradicción e inmediación) ese dato, que se incorpora a la narración de hechos probados.
El tribunal de instancia ha fundado su convicción en la declaración de la víctima y ha destacado que la retractación de su incriminación en el juicio oral no resulta lógica realizando una valoración racional de su testimonio, la corroboración de las iniciales declaraciones de este testigo con otros elementos de acreditación y la justificación dada a la retractación. Fruto de esa presencia inmediata en la práctica de la prueba es la valoración que de la misma se realiza es la cuidada motivación, racional conforme al art. 717 de la Ley procesal , de la testifical oída en el juicio oral, incluidas las contradicciones a sus declaraciones anteriores, en las que el testigo trata de justificar el cambio en el sentido incriminatorio de sus declaraciones anteriores en una desorientación y cansancio que, como el tribunal explica, pudiera motivar algún olvido en la narración de los hechos pero no el cambio en la dirección impugnativa, máxime cuando a esa versión incriminatoria se añaden las corroboraciones expresadas.
No cabe duda de que, con carácter general, los Tribunales pueden dar más valor a las declaraciones vertidas en la instrucción que a las realizadas en el juicio oral. En tal sentido, en lo que se refiere a las manifestaciones prestadas en fase sumarial cuyo resultado se pretenda integrar en la valoración probatoria, el Tribunal Constitucional al analizar la aplicación judicial de lo previsto en los arts. 714 y 730 LECrim ., ha resaltado la necesidad de que en estos supuestos el contenido de la diligencia practicada en el sumario se reproduzca en el juicio oral mediante la lectura del acta en que se documentó o introduciendo su contenido a través de los interrogatorios ( SSTC 2/2002, de 14 de enero ; 190/2003 de 27 de octubre ). En tales condiciones, el resultado de la diligencia accede al debate procesal público ante el Tribunal, cumpliendo así la triple exigencia constitucional de toda actividad probatoria: publicidad, inmediación y contradicción ( SSTC 155/2002, de 22 de julio , y 195/2002, de 28 de octubre ).
Por tanto, de acuerdo con el contenido del art. 714 LECrim ., en el caso de que en el acto del juicio oral un testigo modifique o se retracte de anteriores manifestaciones, se le podrá leer la declaración sumarial invitándole a que explique la diferencia o contradicción que se observe con la practicada en el juicio oral. Este interrogatorio, subsiguiente, realizado en presencia y con el protagonismo de las partes, hemos considerado que satisface las exigencias de contradicción precisas para desvirtuar la presunción de inocencia, que, en tales casos, el órgano judicial, podrá fundar la condena en una u otra versión de los hechos optando por la que, a su juicio, tenga mayor credibilidad. Dicho de otro modo, si se cumplen las exigencias reseñadas el órgano sentenciador se encuentra ante pruebas válidas, y puede dar credibilidad a uno u otro testimonio y fundar sobre él la condena, ya que la defensa puede impugnar su contenido haciendo a su respecto las alegaciones que tenga por oportunas.
Ahora bien incorporada al juicio oral la declaración sumarial del testigo o, en su caso del acusado o de un coimputado, se deben analizar -decíamos en STS. 1241/2005 de 27.10 - las exigencias que deben concurrir en la sentencia que las valora para comprobar, desde la perspectiva del control casación al de la presunción de inocencia, la correcta valoración de la prueba y la correcta enervación del derecho.
En primer lugar, por la falta de inmediación de aquélla, la hipotética mayor credibilidad frente a la declaración en Juicio Oral ha de apoyarse en su verosimilitud objetiva lo que significa que en ese plano debe estar corroborada por otras circunstancias periféricas u otros medios probatorios ( SSTC. 153/97, de 29 de septiembre ; 115/98, de 1 de junio ; y SSTS. de 13 de julio de 1998 y 14 de mayo de 1999 ).
En segundo término, y como consecuencia del anterior requisito, es necesario que el Tribunal de instancia exprese las razones por las que se inclina por versión distinta de la que ha aflorado en el Juicio Oral ( Sentencias de 22 de diciembre de 1997 y 14 de mayo de 1999 ) , pues no habiendo presenciado la declaración sumarial se hace especialmente necesario razonar la causa de concederle mayor credibilidad, a la vista de lo declarado contradictoriamente a su presencia, rectificando sus manifestaciones anteriores, y de las explicaciones dadas al respecto por el declarante.
Situación que concurre en el caso analizado, dado que las anteriores declaraciones coinciden con las del coimputado Adolfo y existe una relación de parentesco con otro de los acusados Germán y la sentencia razona la mayor credibilidad de las primeras declaraciones, descartando la versión del plenario de que su declaración ante la Guardia Civil estaba ya escrita por los agentes, y él se limitó a firmar porque así se lo indicaron, al igual que la ratificación de aquella declaración ante el juzgado, a la vista del testimonio en el plenario del agente instructor del atestado y de la letrada de oficio que le asistió en las dos declaraciones, en el sentido de que no hubo irregularidad alguna.
El motivo segundo por infracción de Ley al amparo del art. 849.1 LECrim , por infracción arts. 368, 27 , 29 y 63 CP , dado que la actuación del recurrente se limitó a una colaboración ocasional y excepcional que debería ser calificada de complicidad.
Como hemos dicho en SSTS. 821/2012 de 31.10 , 561/2012 de 3.7 , 960/2009 de 16.10 , 120/2008 de 27.2 , en la cooperación la determinación de cuando es meramente eficaz, calificada de complicidad y cuando, además, es necesaria, considerada como autoría, se oponen una concepción abstracta y una concreta. Para la primera, ha de determinarse si el delito se habría podido efectuar o no sin la cooperación del participe, en tanto para la segunda por la jurisprudencia ha de investigarse si, en ese caso concreto, ha contribuido necesariamente a la producción del resultado como condición sine qua non, formulándose en la doctrina, para determinar tal necesidad, la teoría de los bienes escasos, tanto en las contribuciones que consisten en la entrega de una cosa, como en las que son de un mero hacer, y la del dominio del hecho ( STS. 89/2006 de 22.9 ).
Tiene declarado este Tribunal que el cómplice no es ni más ni menos que un auxiliar eficaz y consciente de los planes y actos del ejecutor material, del inductor o del cooperador esencial que contribuye a la producción del fenómeno punitivo mediante el empleo anterior o simultáneo de medios conducentes a la realización del propósito que a aquéllos anima, y del que participa prestando su colaboración voluntaria para el éxito de la empresa criminal en el que todos están interesados. Se trata, no obstante, como acabamos de exponer, de una participación accidental y de carácter secundario. El dolo del cómplice radica en la conciencia y voluntad de coadyuvar a la ejecución del hecho punible. Quiere ello decir, por tanto, que para que exista complicidad han de concurrir dos elementos: uno objetivo, consistente en la realización de unos actos relacionados con los ejecutados por el autor del hecho delictivo, que reúnan los caracteres ya expuestos, de mera accesoriedad o periféricos; y otro subjetivo, consistente en el necesario conocimiento del propósito criminal del autor y en la voluntad de contribuir con sus hechos de un modo consciente y eficaz a la realización de aquél, ( SSTS. 5.2.98 , 24.4.2000 ).
Conductas estas que no pueden equipararse a la descrita en el relato fáctico llevada a cabo por el recurrente, que debe calificarse de principal y no accesoria al recoger el paquete con la droga de su primo para transportarla y entregarla al comprador, recibiendo de este el precio de 15.000 euros, supuesto de favorecimiento del tráfico, incardinable como autoría en el art. 368 CP .
El motivo tercero por infracción de Ley, al amparo del art. 849.2 LECrim , al haber un error en la apreciación de la prueba, en concreto del informe forense que obra en las actuaciones sobre la situación de drogodependencia del recurrente.
Se señala en el motivo que obra en autos un informe del medico forense adscrito al Instituto de Medicina Legal de Valencia, Dª Macarena que reconoció a este acusado y a la que éste adjuntó informes de la UCA de Villajoyosa del año 2009, análisis realizados en fecha 24.3.2009, en donde se aprecia el resultado positivo a cocaína, y quedando acreditado que en marzo-abril de ese año, el acusado se encontraba en tratamiento por su adicción.
Por ello esta vía casación al, recuerda la STS. 1952/2002 de 26.11 , es la única que permite la revisión de los hechos por el Tribunal de Casación. De ahí que el error de hecho sólo pueda prosperar cuando, a través de documentos denominados " literosuficientes " o " autosuficientes ", se acredita de manera indubitada la existencia de una equivocación en la valoración de la prueba siempre y cuando el supuesto error no resulte contradicho por otros documentos o pruebas, porque la Ley no concede preferencia a ninguna prueba documental sobre otra igual o diferente, sino que cuando existen varias sobre el mismo punto el Tribunal que conoció de la causa en la instancia, presidió la practica de todas ellas y escuchó las alegaciones de las partes, tiene facultades para sopesar unas y otras y apreciar su resultado con la libertad de criterio que le reconoce el art. 741 LECrim . como expone la S.T.S. de 14/10/99 , lo propio del presente motivo es que suscita la oposición existente entre un dato objetivo incorporado, u omitido, en el relato fáctico de la sentencia y aquél que un verdadero documento casación al prueba por si mismo, es decir, directamente y por su propia y " literosuficiente " capacidad demostrativa, de forma que si se hubiesen llevado a cabo otras pruebas, similares o distintas, con resultado diferente, se reconoce al Tribunal la facultad de llegar a una conjunta valoración que permite estimar que la verdad del hecho no es la que aparece en el documento, sino la que ofrecen los otros medios probatorios. La razón de ello es que el Tribunal de Casación debe tener la misma perspectiva que el de instancia para valorar dicho documento, o dicho de otra forma, si la valoración es inseparable de la inmediación en la práctica de la prueba que corresponde al Tribunal de instancia, el de Casación no podrá apreciar dicha prueba porque ha carecido de la necesaria inmediación.
En el caso presente la referencia que hace el recurrente al documento -informe médico forense sobre analisis efectuado al mismo el 24.3.2009- que dan positivo a cocaina, no evidencia el error denunciado. No solo es de fecha posterior a los hechos 9.10.2008, sino, porque en todo caso la atenuante del art. 21.2 CP . se configura por la incidencia en la motivación de la coducta criminal en cuanto es realizada a causa de aquella. El beneficio de la atenuación sólo tiene aplicación cuando exista una relación entre el delito cometido y la carencia de drogas que padece el sujeto.
Y asimismo es doctrina reiterada de esa Sala SS. 27.9.99 y 5.5.98 , que el consumo de sustancias estupefacientes, aunque sea habitual, no permite por sí solo la aplicación de una atenuación, no se puede, pues solicitar la modificación de la responsabilidad criminal por el simple hábito de consumo de drogas, ni basta con ser drogadicto en una u otra escala, de uno u otro orden para pretender la aplicación de circunstancias atenuantes, porque la exclusión total o parcial o la simple atenuación de estos toxicómanos, ha de resolverse en función de la imputabilidad, o sea de la evidencia de la influencia de la droga en las facultades intelectivas y volitivas del Sujeto. En consecuencia, los supuestos de adicción a las drogas que puedan ser calificados como menos graves o leves no constituyen atenuación, ya que la adición grave es el supuesto límite para la atenuación de la pena por la dependencia de drogas.
En el caso presente lo único que podía considerarse acreditado es que José Pelosblancos podía ser consumidor, incluso, si se quiere, habitual en la fecha del informe, pero sin embargo no se conoce respecto del mismo su consumo real ni la incidencia en sus capacidades volitivas y cognoscitivas referido todo ello a la fecha de los hechos.
Por tanto la ofensa al bien jurídico no es el resultado de un acto irreflexivo, impulsado por la adicción a las drogas o el deterioro psicosomático asociado al consumo prolongado de estupefacientes. Es cierto que la jurisprudencia del SSTS. 201/2008 , de 28 - 4 , y 457/2007, de 12-6 , ha llevado a cabo una renovada interpretación del régimen jurídico-penal de las toxicomanías adaptada a la verdadera influencia de aquellas en la capacidad de culpabilidad de quien la padece ( STS 28/2004, de 1-3 ). Pero por más flexibilidad que quiera atribuirse a la aplicación, no ya de la inviable eximente incompleta, sino de la atenuante de drogodependencia, su marco jurídico no puede desconectarse de una exigencia clave que se desprende del art. 21.2 CP , a saber su significación causal, su perturbadora influencia en la voluntad del acusado.
Por todo ello, todo apunta a que la aplicación de la atenuación de Narciso supondría conferir a aquélla un carácter puramente objetivo, ligado a la simple constatación de la presencia de droga en el organismo, al margen de su verdadera influencia en la capacidad de culpabilidad, propugnándose así una concepción de la atenuación de aplicación aritmética, ligada al segmento de la población que en uno u otro momento ha podido tener contacto con alguna sustancia estupefaciente. Y ello implica, desde luego, apartar la atenuación del fundamento que le es propio.
El motivo cuarto por infracción de Ley, art. 849.1 LECrim , por inaplicación indebida del art. 21.6 CP , y del derecho a un proceso sin dilaciones indebidas, art. 24.2 CE .
El motivo se limita a consignar la duración del procedimiento se inició en julio 2008 y no fue hasta el 3.9.2012 cuando se dictó la sentencia por lo que debe ser desestimado, dando por reproducido lo ya expuesto en el motivo segundo del primer recurrente.
El motivo quinto por quebrantamiento de forma, art. 850.1 LECrim , por inadmision de la prueba pericial médica temporalmente pedida a fin de que se pudiese determinar la adicción al consumo de drogas que pudiera tener el recurrente.
El motivo carece de fundamento alguno.
Un examen de la causa permite constatar que el recurrente en su escrito de conclusiones provisionales (folio 994), solicitó la pericial para que "por facultativo adscrito al órgano policial "se evaluase su grado de adicción a estupefacientes" con anterioridad a la fecha de acaecer los hechos. La audiencia por auto de 8.3.2012 declaró pertinentes todas las pruebas. El 2.4.2012 se libró exhorto al Juzgado de Mislata para la práctica de las pruebas. Citándose al recurrente para que compareciera el 9.5.2012, lo que se le notificó el 26.4.2012. Acudió en la fecha prevista y reconocido pro el Medico Forense, éste emitió informe que tuvo entrada en el juzgado el 28.4.2012, y obra unido al Rollo de la Sala, en el que no se aprecia afectación alguna de las facultades volitivas o cognoscitivas.
Consecuentemente no ha habido denegación alguna de prueba a los efectos del art. 850.1 LECrim .
Que debemos declarar y declaramos no haber lugar a los recursos de casación, interpuestos por Carmelo , Germán y Narciso , contra sentencia de 3 de septiembre de 2012, dictada por la Audiencia Provincial de Alicante, Sección 10 ª, que les condenó como autores de un delito contra la salud pública; y condenamos a los recurrentes al pago de las costas causadas en la tramitación de sus respectivos recursos.
Así por esta nuestra sentencia, que se publicará en la Colección Legislativa lo pronunciamos, mandamos y firmamosD. Andres Martinez Arrieta D. Jose Ramon Soriano Soriano D. Miguel Colmenero Menendez de Luarca D. Juan Ramon Berdugo Gomez de la Torre D. Manuel Marchena Gomez
STS 927/2000, 9 de Octubre de 2000
STS, 25 de Junio de 1987

References: artículo 53
 artículo 117
 artículo 368
 artículo 368
 artículo 66
 artículo 147
 artículo 153
 artículo 171
 artículo 242
 artículo 318
 artículo 565
in fine
 artículo 714
 artículo 741