Source: https://asturnatura.wordpress.com/2014/01/29/alegaciones-al-plan-del-lobo-diciembre-2013/
Timestamp: 2020-05-27 03:21:40+00:00

Document:
Alegaciones al Plan del Lobo. Diciembre 2013 | A.N.A. Asociación Asturiana d'Amigos de la Naturaleza
Subyace, pues, una manifestación de intenciones que, mucho más allá de la conservación de la especie y minimización del conflicto con algunos ganaderos mediante medios no cruentos, plantea una intención indiscutible de matar lobos, por más eufemismos, más o menos ridículos, que se utilicen de principio a fin del borrador (extracción de ejemplares, control, retirada, captura, etc. etc.)
Artículo 1.- Revisión del Plan de Gestión del Lobo:
Aprobar la revisión del Plan de Gestión del Lobo en Asturias, cuyo texto queda redactado como se expresa en el anexo de la presente disposición.
Artículo 2.- Observancia de su cumplimiento:
Las entidades, organismos o corporaciones que intervengan en el otorgamiento de licencias, concesiones administrativas o cualquier otra clase de autorizaciones o ejecuten obras en el ámbito del Plan aprobado, deberán observar el cumplimiento de sus directrices y disposiciones.
Artículo 3.- Infracciones y sanciones:
Las infracciones que se cometan contra el Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias contenido en el presente Decreto serán sancionadas de acuerdo con lo preceptuado en la Ley del Principado de Asturias 2/89, de 6 de junio, de Caza, en la Ley 42/2007, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, y en el resto de normas legales que las desarrollen o modifiquen.
Las infracciones que se comentan contra el Plan, son las que, con carácter genérico, recogen otras normas, sin aludir en ningún momento a la especificación de otras directamente asociada a la problemática que afecta al lobo, como es la manipulación y simulación de daños, el fraude en la duplicidad de solicitudes de indemnización o la manifiesta falta de atención al ganado cuando éste es susceptible de ser atacado o lo es reiteradamente.
Queda derogado el Decreto 155/2002, de 9 de diciembre, por el que se aprueba el Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias y cuantas disposiciones hayan sido dictadas a su amparo, exceptuando la Resolución de 30 de junio de 2003, modificada por la Resolución de 29 de octubre de 2003, de la Consejería de Medio Ambiente, por la que se determina la composición del Comité Consultivo del Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias.
Primera.- Se faculta a quien ostente la titularidad de la Consejería en la que recaigan las competencias en materia de conservación de los recursos naturales para dictar cuantas disposiciones sean precisas para el desarrollo del presente Decreto.
Segunda.- Este Decreto entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial del Principado de Asturias.
Dado en Oviedo, a xx de xxx de 2013.- El Presidente del Principado, Javier Fernández Fernández.- La Consejera de Agroganadería y Recursos Autóctonos, María Jesús Álvarez González.
Plan de Gestión del Lobo en el Principado de Asturias
1.­- Introducción:
La adecuada conservación de una especie silvestre como el lobo en un territorio complejo como Asturias requiere un marco normativo claro que permita una gestión basada en conocimientos actualizados, criterios técnicos y planteamientos de compatibilidad con el desarrollo de las explotaciones agrarias, evitando en lo posible los daños en las cabañas ganaderas, logrando la correcta compensación de los perjuicios a particulares y favoreciendo una valoración pública positiva de la especie como parte integrante de los ecosistemas regionales.
Después de una serie de consultas a especialistas en la especie y a los diferentes agentes sociales implicados en su conservación, la Administración del Principado de Asturias elaboró y aprobó en 2002 un Plan de Gestión que definía la situación legal del lobo en la Comunidad Autónoma, describía las últimas informaciones sobre su situación, establecía el ámbito territorial de aplicación y su zonificación, determinaba los objetivos que habían de regir su gestión y enumeraba las actuaciones y directrices de gestión y las normas para su ejecución, seguimiento y revisión. Sobrepasado el plazo que el propio Plan establecía para abordar su revisión en profundidad, y a la luz de experiencia de gestión acumulada desde su aprobación, de los avances en el conocimiento científico de la especie y de su medio, de las nuevas realidades de conservación, así como de las variaciones normativas y legislativas, se ha abordado su actualización que queda plasmada en el presente documento, en cuya elaboración y tramitación, en el marco de la legalidad aplicable, se ha procurado la participación pública a través de la consulta a personas o representantes de colectivos o entidades directamente relacionadas con la gestión de la especie.
ALEGACIONES AL ANEXO:
1. A LA INTRODUCCIÓN.
Se menciona en el segundo renglón que “…Asturias requiere un marco normativo claro…”, lo que es bien cierto, pero dicho marco, en manera alguna se refleja en este documento, ya que las únicas regulaciones absolutamente claras son las establecidas para matar ejemplares. Si ése es el único objetivo, en realidad podría el redactor haberse ahorrado el resto puntos del Plan, absolutamente farragosos, algunos incomprensibles y, otros no exentos –incluso- de faltas de ortografía.
Si para el Decreto 155/2002 se especificaban mínimamente las consultas previas a especialistas y “agentes sociales implicados en la conservación”, ahora sólo se alude vagamente a que “se ha procurado la participación pública”, siendo público y notorio lo sesgado y parcial de dicha participación en la redacción de la norma propuesta.
2.- Situación legal:
Para España, el lobo al norte del Duero está incluido en el anexo III (especies de fauna protegida) del Convenio de Berna, relativo a la conservación de la vida silvestre y el medio natural en Europa, por lo que deben establecerse medidas legislativas y reglamentarias que garanticen que la gestión de la especie, incluso su explotación si procediera, se realice de forma que se mantengan las poblaciones fuera de peligro. Una situación parecida se recoge en la Directiva 92/43/CEE, relativa a la conservación de los hábitats naturales, en la que la inclusión del lobo en el anexo V permite establecer medidas de gestión para su explotación o recolección. La transposición de esta Directiva, a través del Real Decreto 1997/1995 –que, igualmente, incluye el lobo en el anexo V, dedicado a las especies animales y vegetales de interés comunitario cuya recogida en la naturaleza y cuya explotación pueden ser objeto de medidas de gestión–, establece los procedimientos oportunos para hacer realidad estas disposiciones en nuestro país, de forma que traslada las competencias, de acuerdo con el marco jurídico que nos es propio, para la adopción de las medidas que sean pertinentes para la recogida en la naturaleza de especímenes, así como para la gestión de su explotación, a las Comunidades Autónomas, quienes en todo caso deben adoptarlas de forma que sean compatibles con un estado de conservación favorable.
Este marco legal general se ha trasladado a la Ley 42/2007, de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, en la que se establece que las Comunidades Autónomas deben adoptar las medidas para que la gestión de las especies de interés comunitario que se incluyen en su anexo VI, que sustituye al anexo V del Real Decreto 1997/1995, cuando contemple la recogida de especimenes en la naturaleza o su explotación sea compatible con el mantenimiento de un estado de conservación favorable. Igualmente, la prohibición genérica de dar muerte, molestar, dañar o inquietar a los animales silvestres que la Ley contiene, no es de aplicación cuando las especies no estén incluidas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, como es el caso del lobo, y gocen de una regulación específica (caza, pesca, agricultura u otras, como es este caso).
Las particulares características del territorio asturiano, de las explotaciones agrarias y de la administración de la actividad cinegética en la región, desaconsejan la declaración del lobo como especie cinegética y, en consecuencia no ha sido incluida entre las contempladas en el Decreto 24/91, por el que se aprueba el Reglamento de Caza de Asturias. De la misma forma la situación actual de la especie en la región y la necesidad de aplicación de medidas de control de la población retraen de su consideración en alguna de las categorías existentes en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas de la Fauna Vertebrada del Principado de Asturias. Atendiendo a estas circunstancias, el cumplimiento de los requisitos generales de gestión establecidos en la legislación vigente se realiza en Asturias a través del presente Plan de Gestión que, entre otras, establece las normas y la regulación específica que rige la extracción de ejemplares en la naturaleza y las actuaciones para que se realice en el contexto del mantenimiento de la población en un estado de conservación favorable y a la vez genere el mínimo impacto en la actividad agroganadera asturiana, para la que el lobo no puede representar un riesgo que comprometa su viabilidad.
2. A LA SITUACIÓN LEGAL.
Este apartado, donde se recoge normativa varia en la que se refiere a la caza de lobos con distintos y -como apuntábamos- ridículos eufemismos (recolección, extracción…), se remata con un argumento incongruente que el propio Plan contradice en varios puntos posteriores: se insiste en el subjetivo “mantenimiento de la población en un estado de conservación favorable” supeditado a que éste no pueda representar un riesgo que comprometa la viabilidad de la actividad ganadera asturiana. No reproducimos ahora lo que ya el propio redactor reconoce, que es la escasísima incidencia y repercusión de los ataques de lobo en el total de la cabaña ganadera y la evidencia de que no comprometen, en forma alguna, el sector.
La población de lobos asturiana forma parte de la población noroccidental de la Península Ibérica. Se estima que ésta última ha sufrido un notable proceso de expansión desde la década de los setenta del siglo pasado, momento en el que había alcanzado su mínimo histórico de distribución. En la actualidad, según expresa el conocimiento científico, esta población consta de más de 2.000 individuos y presenta una distribución continua en todo el cuadrante noroccidental peninsular, manteniéndose el proceso expansivo y de recolonización de nuevos territorios hacia el este y hacia el sur.
En el Principado de Asturias el área de distribución permanente se extiende por una gran parte del territorio, con la excepción de la rasa costera, la depresión central, los valles medios del Caudal y el Nalón y las sierras prelitorales del oriente. La mayor abundancia de la especie se presenta en las sierras occidentales y la Cordillera Cantábrica y sus estribaciones. Esta distribución no ha variado significativamente a lo largo de los últimos años, con la excepción de la colonización reciente en la zona oriental de los Picos de Europa, donde se han asentado poblaciones estables, y la aparición de ejemplares en la sierra del Cuera y en la zona baja del Nalón- Caudal.
La evaluación del nivel de efectivos de las poblaciones de lobos es de difícl precisión y no existe un método único que permita obtener una estimación absolutamente fiable y precisa del tamaño de la población. La individualización de grupos familiares mediante la localización de camadas, a partir de encuestas, esperas, estaciones de escucha o transectos de detección de indicios, es el método de estimación de abundancia más aceptado y utilizado por los especialistas en el estudio del lobo. Sin embargo, no es fácil estimar el número de individuos a partir del número de camadas o grupos familiares ya que se precisa información sobre el tamaño medio de los grupos y la importancia de la fracción de individuos flotantes no pertenecientes a ningún grupo familiar y característicos de la dinámica habitual de las poblaciones de lobos. Además, en poblaciones como las de gran parte de Asturias, el incremento puede producirse a expensas de los individuos flotantes no reproductores, que contribuyen a la expansión del área de distribución, no siendo posible su detección mediante la localización de camadas.
Aunque la comparación directa es complicada, por la diferente metodología y esfuerzo empleados en las distintas épocas, la serie histórica de datos de localización de camadas recogida por la Administración del Principado de Asturias desde el año 1986 parece indicar que en nuestra Comunidad se dio un proceso similar al que sufrió el conjunto de la población noroccidental peninsular, con una tendencia al alza en el número de manadas de lobos y en la ocupación del territorio por parte de las mismas. Este incremento se produjo principalmente a finales del siglo pasado y principios de éste. Desde 2003, año en que al amparo de las disposiciones del Plan de Gestión del Lobo en Asturias, se incrementaron notablemente los esfuerzos de prospección y seguimiento de la población, los datos reflejan una tendencia bastante estable en el número de manadas presentes en la región, cuyo número se sitúa en torno a los 30, aunque parece existir una ligera tendencia al alza.
La alimentación del lobo presenta una gran variación espacial, siendo los recursos más utilizados en Asturias el ganado doméstico y los ungulados silvestres. En algunas zonas del occidente las presas silvestres, sobre todo corzo y jabalí, constituyen más de las tres cuartas partes de la dieta. En otras zonas es el ganado doméstico, sobre todo el equino, el que constituye la parte principal de la alimentación. La Administración del Principado de Asturias abona a los titulares de las explotaciones agrarias los daños producidos por el lobo. La incidencia de los daños ocasionados por la especie en los últimos años se traduce en unas 3.000 cabezas de ganado/año muertas, lo que supone una cuantía que se sitúa en torno a 1.000.000 euros/año en indemnizaciones. En todo caso, los daños producidos por el lobo nunca han alcanzado el 1% del censo ganadero regional, el número de explotaciones afectadas se ha situado en una media del 5% en los últimos años y el importe de los daños es inferior al 0’4% de la renta agraria regional.
3. A LA SITUACIÓN ACTUAL.
Aún cuando no se analizan en absoluto –como resultaría obligado- los datos acumulados derivados del desarrollo del Plan vigente, reconociendo que la distribución actual no ha variado significativamente a lo largo de los últimos años (dando así, implícitamente, por aceptable, dicho primer Plan de Gestión, pese a las muchas variaciones sufridas), no tiene razón de ser un documento tan agresivo como éste contra el que alegamos, donde, en exclusiva, se trata de matar lobos de una u otra manera. Lobos, que, a tenor de la aseveración en este párrafo, no han de ser muy abundantes, ya que las estimaciones poblacionales son similares desde hace muchos años.
A continuación, volviendo a reconocer esta invariabilidad de la población, señalan a los primeros individuos objeto de caza, que son los conocidos como “flotantes” o “satélites”, suponiendo que un hipotético incremento de la población puede producirse debido a ellos. Pero la importancia de estos individuos en las poblaciones no es lo suficientemente conocida como para aventurar esa suposición. En cualquier caso, a la hora de seleccionar individuos a matar, es muy improbable que el tirador discierna si se trata de un especímen flotante o de uno alfa, y ya totalmente imposible si la muerte se le da mediante la modalidad de caza en batida.
Más adelante se recoge, por primera vez, la contradicción anteriormente señalada: el porcentaje de los daños atribuidos al lobo en relación al censo ganadero regional y al de las explotaciones afectadas, además del importe vinculado a la renta agraria regional.
Menciona, además, una serie de datos insuficientes, y desde luego sin actualizar, en lo referente a las presas, circunstancia ésta que puede dar pie, tanto a algunos ganaderos como a colectivos de cazadores, para seguir presionando de forma insistente y cerril, para cazar lobos.
Como colofón a este apartado, y a continuación de los datos que demuestran que la población de lobo no supone ningún problema real para el sector, se vuelve a repetir en el único párrafo del siguiente (4. FINALIDAD) la subjetiva idea del “nivel poblacional razonable” y su compatibilidad con la viabilidad de las explotaciones agrarias. Resulta inaceptable por demás hablar de una población silvestre como “elemento al servicio del desarrollo rural”.
El Plan de Gestión del Lobo en Asturias tiene como finalidad la conservación de la especie, manteniendo sus características genéticas y específicas y un nivel poblacional razonable, compatible con la viabilidad de las explotaciones agrarias; de modo que la especie pueda llegar a ser un elemento al servicio del desarrollo rural y aceptada por la sociedad en su conjunto.
5.- Ámbito de aplicación:
El ámbito de aplicación del Plan es la totalidad del territorio del Principado de Asturias.
Para una mayor eficacia en la consecución de los objetivos, basándose tanto en las características orográficas, socioeconómicas, ecológicas y etológicas del territorio del lobo, como en especial en aquellos que tienen que ver con el seguimiento de la población y la planificación de los controles a realizar, se establecen las zonas de gestión que quedan reflejadas en el mapa adjunto y se relacionan a continuación:
Palo-Esva.
Centroriental.
Estas zonas de gestión son consideradas, a efectos del presente plan, zonas en las que es habitual la presencia de grupos reproductores de lobo. Existen otras zonas en la región donde la aparición del lobo, incluyendo su posible reproducción, es esporádica. En ellas, atendiendo a su incompatibilidad con los sistemas ganaderos y a la poca idoneidad para albergar poblaciones estables, el presente plan pretende mantenerlas libres de ejemplares.
5. AL ÁMBITO DE APLICACIÓN.
Quizá éste sea el punto más disparatado y falaz de todos los que componen el Plan: declarar y mantener zonas libres de lobos asegurando que su presencia es incompatible con los sistemas ganaderos y que son poco idóneas para albergar poblaciones estables, no es sino párrafo balsámico para apaciguar y desviar las quejas de algunos sectores de ganaderos (y cazadores) que creen, a pesar de los datos objetivos, que el lobo les va a llevar a la ruina.
La poca idoneidad de ciertas zonas, que en la redacción se separa de la incompatibilidad con las explotaciones agrarias, es una apreciación carente de base científica y empírica. Si una población de una especie autóctona se instala y permanece en un área, es obvio que ésta es adecuada para la misma. En caso contrario, o no lograría establecerse o desaparecería tras el intento. Por lo tanto, es justamente la presencia del lobo la que indica cuáles son sus requerimientos ecológicos y qué áreas son o no propicias para su asentamiento.
Respecto a la incompatibilidad con los sistemas ganaderos, teniendo en cuenta que, grosso modo, son las mismas zonas “idóneas” para la existencia de lobos, e incluso con menos riesgo, ya que en zonas bajas no es tan frecuente la ganadería extensiva como en las de montaña, no procede ese pronunciamiento. Es en estas áreas, llegado el caso, donde debiera preverse la formación y ayudas precisas a los ganaderos para evitar o minimizar los ataques de lobo, que es lo que se propone en el punto 2 del apartado siguiente.
Los objetivos que se plantean para la consecución de la finalidad general del presente Plan de Gestión son los siguientes:
1. Establecer y aplicar medidas que permitan la conservación de las poblaciones de la especie.
2. Diseñar y aplicar programas tendentes a favorecer la coexistencia con las explotaciones agroganaderas y la población del medio rural, minimizando la incidencia sobre la cabaña ganadera y optimizando la política de compensación por daños.
3. Evitar y perseguir las actuaciones de caza ilegal y, en particular, el uso de trampas, venenos y otros procedimientos no selectivos.
4. Mantener un nivel actualizado de conocimientos sobre la situación de la especie en Asturias, con especial atención a la distribución, abundancia, parámetros demográficos, posibles problemas de hibridación y otros aspectos ecológicos que resulten de interés en las estrategias de conservación y control.
5. Establecer el marco para el desarrollo de las actuaciones de control poblacional.
6. Diseñar y aplicar programas tendentes a la sensibilización de los distintos grupos sociales implicados, especialmente de la población rural, favoreciendo posibles actividades turísticas o recreativas en torno a la especie, a fin de que la presencia del lobo sea percibida como una posibilidad de desarrollo de las zonas rurales y persiguiendo un consenso social en torno a la forma de gestión de la especie, buscando la valoración del lobo como una de las grandes singularidades del rico patrimonio natural asturiano.
7. Fomentar la coordinación y cooperación con otras administraciones, organizaciones no gubernamentales, agrupaciones de ganaderos y otros colectivos interesados en la gestión de la especie.
6. A LOS OBJETIVOS.
El punto 2 debe concretarse precisamente en las áreas donde más conflictividad social se produzca, lo que es mucho más razonable, respetuoso y útil que empeñarse en matar a cada lobo que aparezca. Probablemente sea también más barato.
En el punto 3, que parece dirigido a la caza ilegal, se hace mención a los métodos no selectivos, entre los cuales ha de incluirse también la caza en la modalidad de batida, pues en ella es imposible discernir si se mata un macho, una hembra, un cachorro o un lobo con una clara jerarquía en el grupo.
En el 5 se empeña el redactor en un control poblacional, dada la experiencia de los últimos años, sin duda ausente de parámetros científicos –y casi de cualquier otro que no sea la presión ejercida por algunos colectivos profesionales escasamente afectados por la presencia de lobos (ganaderos) o por aficionados (cazadores)-. Estos últimos, si bien no son expresamente mencionados aún, ya tienen cabida en punto 7, donde se prevé la cooperación, además de con otras Administraciones, profesionales y organizaciones no gubernamentales, con “otros colectivos interesados en la gestión de la especie”.
7.- Directrices y actuaciones:
1. Establecer y aplicar medidas que permitan la conservación de las poblaciones de la especie..
a) Considerar en los procedimientos de evaluación de planes y programas, de evaluación de impacto de proyectos y evaluación de repercusiones sobre la red Natura 2000 los efectos sobre la fragmentación y conservación de la población asturiana de lobo de aquellas actuaciones susceptibles de alterar de forma significativa las condiciones naturales del territorio, con especial atención a las vías de comunicación y a los parques eólicos.
b) Instar a los Ayuntamientos a la ordenación de la tenencia, venta, cría y control sanitario de perros y otros animales de compañía y de la recogida de animales abandonados o muertos mediante la aprobación, en caso de que no exista, de la correspondiente Ordenanza Municipal Reguladora de la Tenencia de Animales de Compañía.
c) Instar a los Ayuntamientos a la adopción de medidas para evitar que los perros vaguen descontrolados mediante la realización de un censo y control de animales domésticos y la imposición del marcaje obligatorio contemplado en la Ley de Tenencia de Animales, en cumplimiento de la correspondiente ordenanza o, en todo caso, de las competencias que tienen atribuidas.
d) Promover que se atienda de forma específica a la situación de los perros de pastoreo y vigilancia del ganado en el cumplimiento de los apartados anteriores, teniendo en cuenta tanto la singularidad e importancia de su labor como los posibles riesgos derivados de la falta de atención y cuidado por sus propietarios.
e) Favorecer actuaciones desarrolladas por los Ayuntamientos para la vigilancia, recogida y alojamiento de los perros asilvestrados por medios propios o mediante convenio con sociedades protectoras y otras organizaciones no gubernamentales.
f) Colaborar desde la Administración Regional en las labores de control, recogida o eliminación de perros asilvestrados cuando así sea requerido por los Ayuntamientos correspondientes.
7. A LAS DIRECTRICES Y ACTUACIONES.
7.1 a) La mención a los parques eólicos ya estaba recogida en el anterior Plan y, a no ser que exista algún estudio secreto, no se ha tenido en cuenta en absoluto, si bien hay indicios de que estas infraestructuras pueden haber modificado las áreas de campeo de los grupos estables que se encontraban en ellas, derivándose de este hecho una problemática social sobrevenidaque, sin dato alguno, pretende atribuirse a un exagerado aumento de la especie.
Por otro lado, dado que uno de los principales problemas para el lobo está estrechamente ligado a la coexistencia con ciertas explotaciones ganaderas de nueva implantación, particularmente las que pretendan desarrollarse en extensivo (y, sobre todo, con ganado menudo), deberían contar con unas medidas protectoras o disuasorias para evitar los ataques de lobo. El pago de daños debería condicionarse, aunque no fuera en su totalidad, a la utilización o no de estos medios.
7.1 c) La eliminación de perros asilvestrados que se insta a realizar a los ayuntamientos, ofreciéndose la Administración del Principado a colaborar, siempre y cuando éstos lo requieran, debería ser asumida en su totalidad por la Consejería competente en vida silvestre. Los ayuntamientos no disponen de personal (ni casi tampoco la Consejería) para diferenciar, de visu, algunos fenotipos perrunos de otros lobunos, y mucho menos en el caso de posibles cruces entre ambas especies.
b) Promover vías de subvención para potenciar la adopción de técnicas de manejo del ganado que favorezcan la reducción de daños de lobo (cierre de explotaciones, vigilancia del ganado, etc). Dichas subvenciones implicarán la obligatoriedad de actuaciones y actitudes respetuosas con la naturaleza.
c) Realizar experiencias piloto tendentes a la valoración de la eficacia de las técnicas de manejo referidas en el apartado anterior, con especial interés en el uso de pastores y perros en zonas de montaña, y promover la difusión de los resultados.
d) Impulsar campañas de divulgación de las metodologías de prevención de daños que resulten adecuadas a la casuística asturiana, y abordar su ejecución mediante los sistemas que resulten más oportunos en cada caso.
e) Continuar con la política de indemnizaciones por daños causados a la ganadería estableciendo los mecanismos necesarios para agilizar al máximo la tramitación, haciendo efectivo que el pago de las correspondientes indemnizaciones se realice en un periodo máximo de 15 días cuando exista acuerdo entra la Administración y el damnificado o que el expediente se resuelva en un plazo máximo de 45 días en caso contrario.
f) Hacer de la política de indemnización por daños uno de los principales instrumentos para la gestión de la especie, propiciando valoraciones adecuadas y favoreciendo la participación de las organizaciones profesionales agrarias en los procedimientos establecidos al efecto. En este sentido cuando los daños se produzcan dentro de los Espacios Naturales integrados en la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos y ya declarados, las indemnizaciones se incrementarán en un 10%.
g) Potenciar el conocimiento y caracterización de los daños mediante cursos especializados a los Guardas del Medio Natural del Principado de Asturias, incorporando metodologías que favorezcan la modernización de los procedimientos a favor de los afectados y las relaciones del personal de la Administración con los damnificados.
h) Promover cuando así sea posible la inspección sanitaria de los animales susceptibles de haber sido atacados por el lobo, mediante la presencia de técnicos veterinarios o la recogida y análisis de muestras.
7.2 a) Este punto es uno de los incomprensibles. Los ungulados, en Asturias, causan bastante más pérdidas económicas que el lobo, y sin tener en cuenta, por ejemplo, que los daños de corzo se reclaman en una proporción muy baja. Incluso para sus poblaciones, afectadas constantemente por la intervención humana (repoblaciones y caza), sería recomendable que pudieran recuperar cierto equilibrio ecológico, con la intervención del lobo.
Este “potenciar la recuperación de las poblaciones de ungulados silvestres” es un absoluto dislate, a no ser que lo que se persiga sea disminuir la presión cinegética sobre los lobos. Pero, ¿a que no es eso?
APARTADOS 7.2 b), c), d), e) y f): Estos puntos, dedicados a las indemnizaciones y subvenciones varias, no contemplan en ningún momento la reducción del pago de las indemnizaciones en el caso de que los titulares de las explotaciones se nieguen a ejercer un básico cuidado de los animales componentes de las mismas.
En el apartado referido a los plazos de tramitación, sería conveniente añadir que, en algún momento del mismo, se informe a los reclamantes de un protocolo (a crear) de cómo actuar cuando se detecta un ataque, sobre todo en lo referente a la manipulación del cadáver, cuando se trate de muertes. De igual forma, sugerimos la creación de un segundo baremo (o de una modificación del existente) para cuando las reclamaciones se efectúen sobre animales que llevan en el monte muertos suficiente tiempo como para complicar la identificación de la causa de la muerte, lo que, con frecuencia, denota una intencionalidad de que así sea o una deficiente atención al ganado por parte del propietario.
La modificación que apuntamos, debería servir además para determinar si el solicitante es ATP o no, pues resulta una diferencia muy importante a la hora de valorar la incidencia de los ataques de lobo en el sector.
Se insiste, como ya se hizo con anterioridad, en incrementar en un 10% la tasación del daño cuando éste ocurra dentro de un Espacio Natural Protegido, cuando, por otra parte, los más amplios e importantes de ellos van a ser escenario de muertes de lobos autorizadas a cazadores aficionados. La tasación ha de ser un justiprecio, quizá no haya razón para añadir un 10% y discriminar a ganaderos ante un mismo factor.
Dejando a un lado las experiencias piloto, que también se contemplaban en el anterior Plan, sería muy interesante estudiar las explotaciones con un bajo índice de ataques de lobo, pese a situarse en zonas de cría o campeo. Un caso muy interesante es el de El Gouño, finca propiedad del Banco de Tierras, cerrada perimetralmente, a lo largo de unos 8 kilómetros, con un vallado mixto, compuesto por malla ovejera y pastor eléctrico, dentro del cual jamás se han producido muertes achacables al lobo.
a) Perseguir las actividades de caza ilegal y, en particular por su incidencia en el campo asturiano, las que implican el uso de venenos, lazos, cepos y otros procedimientos no selectivos de captura, procurando la colaboración con el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil y la coordinación con aquellas organizaciones que trabajen en la defensa del medio ambiente y de la fauna; remitiendo a la Fiscalía de Medio Ambiente para su investigación, los datos relativos a actuaciones que pudieran resultar constitutivos de delito.
b) Potenciar particularmente la utilización de perros adiestrados en la detección de venenos en el campo como método preventivo.
c) Perseguir el comercio ilegal de veneno y de otros productos que puedan ser utilizados como artes ilegales de caza, dando también cuenta a la Fiscalía de Medio Ambiente para su investigación.
d) Impulsar, como instrumento fundamental de la estrategia regional de lucha contra el veneno, un “pacto asturiano contra el veneno en la naturaleza” con la implicación de todos los sectores: Administraciones regional, local y estatal; organizaciones profesionales agrarias; cazadores; conservacionistas y ecologistas;…
4. Mantener un nivel actualizado de conocimientos sobre la situación de la especie en Asturias, con especial atención a la distribución, parámetros demográficos, posibles problemas de hibridación y otros aspectos ecológicos que resulten de interés en las estrategias de conservación y control.
a) Mantener un programa de monitorización de la especie basado en el registro anual de grupos familiares y otros sin reproducción constatada en todo el territorio asturiano, tal y como se viene realizando desde hace años por parte de la Administración del Principado de Asturias.
b) Actualizar constantemente la base de datos regional sobre el lobo en la que tengan cabida todas las observaciones e informaciones recogidas en el Principado de Asturias estableciendo un protocolo eficaz para el registro y recogida de dicha información.
c) Continuar con el programa de toma de muestras de todos los ejemplares capturados o encontrados muertos para su análisis sanitario y genético, incluyendo los perros asilvestrados, recogiendo toda la información necesaria en fichas diseñadas al efecto. Posteriormente a dicho análisis se procederá a su destrucción en un centro autorizado, salvo en aquellos casos en que la Consejería competente en materia de conservación de la naturaleza autorice un uso diferente.
d) Continuar con el registro de material biológico de la especie y establecer protocolos de recogida de cadáveres, restos y diferentes muestras, así como de uso y acceso al material con fines científicos y de formación.
e) Promover la puesta en marcha de proyectos que permitan adquirir conocimientos sobre la ecología espacial y la dinámica poblacional de la especie en Asturias, atendiendo especialmente a aspectos prácticos como la eficacia de los métodos de seguimiento poblacional, la importancia de la fracción flotante en la población asturiana o el efecto de las medidas y actuaciones incluidas en el presente Plan de Gestión, impulsando con carácter general la investigación sobre la especie.
f) Establecer un registro de todos los lobos mantenidos en cautividad en Asturias.
g) Profundizar en el conocimiento de la existencia de posibles híbridos impulsando la recogida de muestras y la realización de análisis genéticos de lobos y perros asilvestrados o incontrolados.
7.4.b) La base de datos que aquí se menciona, en donde, previsiblemente se incluyan datos ofrecidos por personas poco familiarizadas con la especie o testimonios de terceros (en las cacerías en las RRC, a no ser que sea el Guarda el observador, son los cazadores quienes aportan estas citas), debería recoger también los datos de posibles lobos muertos ilegalmente en cacerías de jabalí, de lo que, con frecuencia, se obtienen más indicios que de su presencia en otros sitios insólitos.
7.4.e) Este apartado es un reconocimiento explícito del desconocimiento de la importancia de la llamada “población flotante”, la cual, en anteriores apartados, parece ser culpable de una expansión pavorosa de la especie.
a) Elaborar un programa anual de actuaciones de control que contemple para cada zona de gestión de presencia habitual y para el conjunto de la esporádica:
Los cupos de extracción estimados a partir del análisis de los datos poblacionales recogidos, la evolución del número de los daños y la evaluación del grado de conflictividad social existente.
Los métodos de extracción a emplear en cada caso, conforme a los siguientes criterios:
El método básico general de control será la realización de aguardos o recechos realizados por la guardería de la Administración o personal especializado con conocimientos suficientes sobre la especie o el territorio autorizado por la Administración regional.
En circunstancias excepcionales y elevado número de daños, podrá ser autorizado el uso de armas a la Guardería de los Cotos Regionales de Caza en sus territorios, para actuar conjuntamente con la Guardería de Medio Natural.
Con carácter más limitado, cuando las circunstancias o las razones de eficacia así lo aconsejen, y preferentemente en las zonas de presencia no permanente de la especie, podrán autorizarse batidas, siempre y cuando no impliquen riesgos para las especies amenazadas.
Igualmente, se contempla la posibilidad de uso de procedimientos de captura en vivo y retirada de camadas, de acuerdo con la legislación vigente, en áreas donde ello no de lugar a conflictos con la conservación de otras especies
Las épocas más apropiadas para ello, aunando criterios biológicos y de eficacia.
Este programa tendrá un carácter adaptativo a las circunstancias cambiantes que inciden sobre la gestión del lobo. Igualmente debe tener una orientación preventiva basada en la adopción de medidas y la aplicación de criterios técnicos, entendiendo que la minimización de los conflictos sociales redunda en el buen estado de conservación de las poblaciones.
b) Contemplar la posibilidad de actuaciones excepcionales fuera de programa motivadas por variaciones importantes en los daños producidos, que requieran una intervención urgente en razón de su gravedad. Igualmente podrán acordarse actuaciones extraordinarias por razones de seguridad, sanidad animal o investigación.
c) Eliminar los ejemplares afectados cuando se confirme la existencia de hibridación, aplicando la normativa correspondiente a perros asilvestrados o mediante autorización específica de acuerdo con las disposiciones legales vigentes.
7.5.a) En este borrador del Plan, con las puntualizaciones a las que aquí alegamos, no tienen sentido alguno los Programas Anuales, que sólo observan un cupo de muertes, como si de un Plan Técnico de Caza se tratara.
Dicho Plan Anual debería en cambio contemplar el estudio, en el lapso de tiempo entre uno y otro, los resultados obtenidos con la política de indemnizaciones, los métodos ahuyentadores y sistemas de protección varios, censos, etc. Sin embargo, este apartado a) parece el auténtico objetivo de este pseudo-plan de gestión: la muerte de lobos.
Mientras que casi la totalidad del resto de apartados sugieren vaguedades, aunque siempre tendentes a justificar la caza de lobos, este apartado ya concreta cómo, cuándo y quiénes han de realizar estas cacerías, mas no para asegurar una fiabilidad de los métodos o de los cazadores profesionales, sino abriendo claramente un amplio abanico en el que cualquier persona con una escopeta pueda participar en una cacería y dispararle al lobo.
Hay aspectos a los que es muy difícil aducir nada sin entrar en una discusión impropia de un documento técnico, como es el establecer las muertes en base a la evaluación del grado de conflictividad social existente.
Respecto a las cacerías, simplemente se autorizan durante todo el año y pueden ser ejecutadas por cualquier persona y método. La descripción que se hace, ociosa por demás, de quiénes, cómo y para qué las efectuarían resulta, además, bochornosa:
“[…] personal especializado con conocimientos suficientes sobre la especie o el territorio […]”
“[…] podrá ser autorizado el uso de armas a la Guardería de los Cotos Regionales de Caza […]”
“[…] para alcanzar los cupos asignados […], en las Reservas Regionales de Caza […] se podrán abatir ejemplares de lobo en las cacerías legalmente autorizadas de otras especies.”
El Plan se empeña por un lado, en fijar un número previo de ejemplares a abatir, y para ello autoriza cualquier método menos los delictivos (aunque ya no resultan tan superadas como creíamos las viejas Juntas de Extinción de Alimañas); además, y pese a ello, contempla tantas excepciones para sobrepasar tal número que en modo alguno puede hablarse de planificación.
El caso referido a las Reservas Regionales de Caza es absolutamente aberrante. Están en su totalidad (digamos que casi, por si algún metro cuadrado queda fuera) dentro de algún Espacio Protegido, es decir, lugares donde la tasación se incrementa en un 10%; coinciden, además, con los ecosistemas más amplios y mejor conservados, donde precisamente el lobo ocupa el lugar al que este borrador pretende relegarlo. Aún así, como decíamos, se fijan unos cupos que han de cumplirse, aunque sea con la colaboración de los cazadores, los cuales –parece olvidarlo el redactor- son simples aficionados, en general con muy escasos conocimientos fuanísticos fuera del estrecho ámbito que enmarca la caza de jabalí. Poner en sus manos la responsabilidad de matar lobos es un disparate. Téngase en cuenta que, además, la modalidad de batida no es en forma alguna un método selectivo, ya que no permite elegir al animal a abatir y, lo que no es raro, se maten varios a la vez por uno o más cazadores.
Los Guardas de los CRC, con independencia de la formación personal que individualmente puedan tener, tampoco son profesionales conocedores de la especie. Esto es una advertencia quizá huera, ya que, como vimos al principio de este apartado, se permitiría matar lobos a cualquiera que demostrara ser conocedor del terreno.
Y ya permitidas todas las formas de caza que pueden ser legales, se contempla la captura en vivo y la retirada de camadas, rematando con un aserto otra vez incomprensible, “[…] donde ello no dé lugar a conflictos con la conservación de otras especies […]”
El colofón, sin duda, lo pone el párrafo en el que menciona las épocas más apropiadas para ello (cacerías y retirada de camadas), aunando criterios biológicos y de eficacia. Las camadas, obviamente, se retirarán en el momento de crianza, y las cacerías se autorizan durante todo el año. No se aprecia, pues, regulación alguna en la materia, más que, como ya advertimos párrafos atrás, autorizar la muerte de lobos a manos y modos de cualquiera.
Es asombroso que, reconociendo los datos que desde hace años varias asociaciones conservacionistas, representadas en el órgano consultivo correspondiente aportan, se siga priorizando una incuantificable “conflictividad social existente” para elaborar este Plan.
7.5.c) Este apartado, que consta de un solo párrafo, se dedica escuetamente a declarar la eliminación de híbridos, ignorando varios matices que repercuten en la gestión del lobo.
La determinación de un cruce entre perro y lobo puede ser muy difícil, por no decir imposible de determinar visualmente. Aunque los lobos ibéricos sean, quizá, los de pelaje más homogéneo del mundo, existen variaciones individuales lo suficientemente marcadas como para imposibilitar el discernimiento entre un lobo o un cruce con perro. Esto, que sería un problema para un especialista, se pretende dejar en manos de cualquier persona que tenga escopeta.
Y, de momento, nos referimos a cruces de primera generación, ya que generaciones posteriores plantearían un serio problema sobre si estos cruces son perros o lobos. No obstante, en los casos conocidos en Asturias, a pesar de haberse preferido matar a algunos de estos ejemplares cruzados, los supervivientes, y otros, no han supuesto problema alguno para los grupos en que estaban integrados. En el caso de sucesivos cruces con lobo (si se produjeron), los caracteres perrunos parecen haber ido desapareciendo. Sea como fuere, insistimos, estos cruces no han supuesto una amenaza a la especie lobo. Es más, en el caso de Penouta (Boal), ni tan siquiera habían supuesto un incremento de daños al ganado ni alarma social alguna, que es lo que parece regir este borrador.
No obstante, análisis genéticos encargados por el Principado en ejemplares de lobo hallados muertos, a veces han dado como resultado un eximio porcentaje de genes perrunos. Dado que parece haber discrepancias entre genetistas, además de distintas metodologías para intentar discernir las especies, debe clarificarse a qué se le llama híbrido, al menos a los efectos de aplicación de este u otro plan de gestión que lo sustituya.
El apartado, además, ignora la responsabilidad de las indemnizaciones, ya que, en la actualidad, el Principado sólo se hace cargo de los daños causados por el lobo. Para más complicación, aceptando este vago concepto de hibridación, lo que sería cierto es que en el grupo, en un momento dado, ha habido uno o más perros (los progenitores), los cuales entrarían en la categoría de los llamados “perros asilvestrados”, que son responsabilidad municipal.
Dado que la percepción de parte de la sociedad rural es que estos animales son lobos, y que el descontento generado es lo que realmente le preocupa a la Administración, una solución sería asumir el pago de los daños en todos los casos: lobos, “híbridos” y perros asilvestrados. Los perros, siempre identificado por personal experto, deberían ser sacrificados. Sobre los denominados “híbridos”, dado su interés científico y que no hay precedentes que indiquen que son un problema para la especie lobo, convendría ejercer un seguimiento que, sin duda, aportarían datos de interés sobre estas inter-relaciones. Esto no es óbice para que, en caso de que sí supongan un problema, sean sacrificados.
En el caso en que las indemnizaciones correspondan a perros asilvestrados, al afectado debe comunicársele que los daños no fueron causados por el lobo.
De igual manera, cuando sean de lobo, debería informársele de un protocolo de actuación al encontrar un animal muerto o herido en sucesivas ocasiones, además de sugerirle que utilice algún sistema de protección, si es que no lo hace ya.
Sin duda asumir estas indemnizaciones (que, realmente, no han de ser muchas, pues los perros incontrolados tienen dueño, el cual es responsable de los daños causados por ellos) es otra carga para el erario público, pero mucho más responsable que dejar en manos de los ayuntamientos o de las sociedades de cazadores la solución del problema.
6. Diseñar y aplicar programas tendentes a la sensibilización de los distintos grupos sociales implicados, favoreciendo posibles actividades turísticas o recreativas en torno a la especie, a fin de que la presencia del lobo sea percibida como una posibilidad de desarrollo de las zonas rurales y como una de las riquezas patrimonio natural asturiano.
a) Favorecer la consideración de la presencia de lobo como un valor natural añadido que incrementa el interés ambiental de las zonas ocupadas por la especie, promoviendo su utilización como indicativo de calidad natural en la divulgación de los recursos turísticos o de los productos elaborados en dichas zonas. Asimismo se promoverá la recuperación y puesta en valor de las estructuras cinegéticas históricas (cousos, calechos, pozos lobales, chorcos y callejos) destinados tradicionalmente a la captura de lobos.
b) Promover con carácter experimental iniciativas con fines turísticos o recreativos relacionadas con el lobo, controlando los posibles riesgos derivados, evaluando su interés y eficacia, y dotándolos de las oportunas medidas de respeto hacia la especie.
c) Impulsar la constitución de un centro educativo y divulgativo dedicado al lobo, ubicado en el área de distribución de la especie que sirva además como dinamizador de las economías locales por su capacidad de atracción turística.
d) Fomentar desde el anterior centro o desde la propia Administración todo tipo de actividades de sensibilización y educación medioambiental relacionadas con la especie y su gestión, tales como:
Editar un texto comentado del presente Plan de Gestión y material divulgativo (tríptico, poster, etc.) con sus principales directrices su difusión entre los habitantes de las zonas incluidas en el ámbito de actuación y entre el público en general.
Promover y colaborar en todo tipo de actividades encaminadas a mejorar la percepción de la especie por la población rural de las zonas con presencia de la especie y por toda la población asturiana en general.
Fomentar especialmente las campañas informativas dirigidas a los habitantes de las zonas loberas, haciendo especial hincapié en los beneficios socioeconómicos que pudieran estar asociados a la existencia de lobo.
Favorecer el desarrollo de reuniones, jornadas, seminarios, etc. sobre el lobo en el que participen los distintos sectores implicados.
AL PUNTO 7.6:
Muy interesante, en general, pero para su desarrollo debe asignársele una dotación presupuestaria y, desde luego, contemplarse en los Planes Anuales, donde, como ya advertimos reiteradamente, sólo contemplan la caza de lobos.
a) Promover la incorporación, por parte de los representantes del Principado de Asturias en los órganos de gestión del Parque Nacional de los Picos de Europa, de las líneas de actuación del presente Decreto en las actuaciones o planes que sobre el lobo se dicten en el Parque Nacional de los Picos de Europa. En cualquier caso, en el territorio asturiano que forma parte del Parque Nacional, la gestión de la especie no podrá desviarse de las directrices que emanan de este Plan de Gestión.
b) Establecer mecanismos de coordinación con las Comunidades Autónomas cantábricas así como con los órganos de gestión del Parque Nacional de los Picos de Europa.
c) Impulsar la comunicación y coordinación con la Administración local, y en particular con los Ayuntamientos, dentro del área de distribución del lobo, atendiendo a la importancia de la Administración más cercana al territorio en la prevención y resolución de conflictos vinculados a la especie.
d) Coordinar a los servicios de vigilancia adscritos a la Administración del Principado de Asturias con el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil y con los servicios de vigilancia del Parque Nacional de los Picos de Europa y de las Comunidades Autónomas limítrofes.
e) Determinar los puntos de mayor riesgo de furtivismo o empleo de métodos no selectivos de caza en base a la abundancia de la especie y la conflictividad social generada y transmitir periódicamente esta información a todos los servicios de vigilancia citados en el apartado anterior.
f) Difundir los planteamientos del presente Plan de Gestión y los resultados que se vayan obteniendo de su ejecución en los círculos de técnicos y especialistas y entre diferentes organismos e instituciones relacionadas con la especie en el ámbito nacional, favoreciendo un intercambio de información y experiencias que contribuya a mejorar y enriquecer las estrategias de gestión.
g) Colaborar, si procede, mediante la cesión de ejemplares con programas de conservación de lobo promovidos o avalados por otras Instituciones de Comunidades Autónomas o países de la Unión Europea.
AL PUNTO 7.7:
7.7.g) La cesión de ejemplares a la que se alude no parece una postura, en principio, respetuosa ni ejemplar por parte del Principado de Asturias. Mantener cautivo un ejemplar adulto, sea donde fuere, es una crueldad, y lo mismo se puede decir de posibles camadas expoliadas.
Respecto a los programas a los que de una manera genérica se alude, no suelen ser más que uno: el destinado a mantener lobos cautivos en zoológicos o similares
8.- Ejecución y seguimiento:
La ejecución y seguimiento del presente Plan de Gestión corresponde a la Consejería competente en materia de conservación de la naturaleza y de la biodiversidad, quien igualmente será la responsable de la difusión de las directrices del Plan y la coordinación de actuaciones entre todos los órganos administrativos con competencia directa o indirecta en la especie, así como de la aprobación de los programas anuales de control
Para colaborar con la Consejería competente en la aplicación del plan existirá un Comité Consultivo del Plan de Gestión del Lobo en el que estarán representados la Administración Regional, los Ayuntamientos, las organizaciones agrarias, las sociedades de cazadores, los grupos conservacionistas y los especialistas o investigadores de la especie. El Comité Consultivo se reunirá al menos con carácter anual para informar el correspondiente programa anual de actuaciones de control y la revisión de resultados del año anterior, así como cuantas otras cuestiones someta a su consideración el titular de su presidencia.
Para mejor aplicación de las medidas técnicas previstas en el presente Plan de Gestión, así como para la resolución de los imprevistos que pudieran presentarse en dicha aplicación, será norma de procedimiento habitual realizar las consultas precisas a los especialistas adecuados.
La Consejería competente en materia de conservación de la naturaleza mantendrá un registro actualizado de todas las actuaciones de seguimiento y control poblacional realizadas en el marco del presente Plan de Gestión, en el que se recogerán los resultados obtenidos y la valoración de su eficacia.
En todo caso, a la conclusión de cada programa anual de actuaciones se elaborará un informe que contenga al menos los siguientes indicadores:
Censo anual de ganado en las zonas de gestión e incidencia del lobo sobre la cabaña ganadera.
Número de expedientes de daños tramitados, agilidad en la tramitación e importes abonados.
Número de controles de lobo efectuados: esfuerzo y resultados por modalidades y unidades de gestión.
AL APARTADO 8, EJECUCIÓN Y SEGUIMIENTO:
Se insiste con obstinación en centrar los programas anuales en el control (muertes) de lobos; y nosotros reiteramos que los planes anuales deben contemplar, primordialmente, otras medidas tendentes a minimizar los daños y a proyectar una imagen real de la incidencia de la especie en los bienes humanos y de su importancia en los ecosistemas.
También, de forma contumaz, vuelve a mencionarse a las sociedades de cazadores, cuando éstos no tienen nada que ver ni opinar al respecto. El lobo ni es una especie cinegética ni incide de manera destacable sobre las que sí lo son. Incluso, si así fuere, la caza es una actividad recreativa cuyo desarrollo debe supeditase a las condiciones ecológicas de los lugares donde tiene lugar. Ya la gestión de la caza en sí es bastante problemática como para pedirles opinión a los cazadores sobre lo que se debe o no hacer con el lobo.
El párrafo que contempla imprevistos, directamente atribuye a la Administración la potestad de actuar como le convenga. El borrador ya es lo suficientemente laxo como para que no haya imprevistos, así que, en este apartado, debería contemplarse una comunicación previa al Comité Consultivo.
9.- Duración y revisión:
El Plan de Gestión del Lobo en Asturias tendrá una duración indefinida, hasta lograr la consecución de los objetivos establecidos en el mismo.
Para evitar los efectos derivados del carácter indefinido, a los siete años de la entrada en vigor de este Plan, la Consejería competente en materia de conservación de la biodiversidad promoverá una revisión general del mismo, con participación de los organismos y colectivos implicados y en la que se revisará la información obtenida en el programa de monitorización y en los registros de actuaciones, se evaluará su eficacia y los logros alcanzados y se establecerán nuevos objetivos, adecuando en consecuencia las directrices y actuaciones.
No obstante, cualquier modificación sustancial de las condiciones de la población de lobo, de su hábitat o de cualquier actividad relacionada con la especie que afecte de forma notable a la estructura y desarrollo del presente Plan podrá ser tenida en cuenta mediante la revisión parcial, que será tramitada según el mismo procedimiento general de aprobación del Plan.
AL APARTADO 9, DURACIÓN Y REVISIÓN:
Este punto es el calamitoso colofón a un Plan de Gestión que no es más que una carta blanca para matar lobos en función de las presiones ganaderas (sobre todo) y/o cinegéticas.
Se le otorga una duración indefinida; a continuación, para evitar los efectos derivados de este carácter (se sobreentiende, pues, que no es lo adecuado), se prevé una revisión del Plan a los siete años; pero, y por si acaso, el último párrafo remata permitiendo una modificación en cualquier momento.
Los Planes de Gestión, tanto de los Espacios Naturales Protegidos como de las Especies Protegidas, suelen tener una duración de cuatro años. La especie que nos ocupa, evidentemente, podría tener otra, de seis, de siete o de diez, por ejemplo, pero tal excepción debiera requerir algún motivo para ello. Dotar a este Plan de Gestión de una duración indefinida y de una revisión que no implica obligación alguna de modificar nada, es simplemente una trampa para evitar enfrentarse a las complicaciones administrativas y jurídicas que pudieran dimanar de un nuevo Plan.
Por todo lo anterior, SOLICITAMOS LA RETIRADA del Borrador y la realización de otro más serio, fundamentado, contrastado y completo, cuyo objetivo no sea únicamente la muerte de lobos y el acorralamiento de la especie no se sabe dónde, pues en todos sitios se prevé que se puedan matar ejemplares. Prueba de ello es la vergonzosa intención de pedir la colaboración de los cazadores para “alcanzar el cupo”, como si fuera en ello la pervivencia de algún sector económico o la vida de las personas.
En Uviéu/Oviedo, a 6 de diciembre de 2013
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Artículo 3
 Resolución 
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 Real Decreto 
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