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Timestamp: 2019-02-17 20:39:47+00:00

Document:
SENTENCIA 2002-00215 DE 13 DE MAYO DE 2015
CONTENIDO:EMPRESAS SOCIALES DEL ESTADO- RESOLUCIÓN 5261 DEL DE 1994. LOS SERVICIOS QUE PRESTAN LAS EMPRESAS SOCIALES DEL ESTADO, SEGÚN EL NIVEL DE ATENCIÓN EN QUE ESTÁN CLASIFICADAS, SE ENCUENTRAN DETERMINADOS EN LA RESOLUCIÓN 5261 DEL 5 DE AGOSTO DE 1994, POR LA CUAL EL MINISTERIO DE SALUD ESTABLECIÓ EL MANUAL DE ACTIVIDADES, INTERVENCIONES Y PROCEDIMIENTOS DEL PLAN OBLIGATORIO DE SALUD EN EL SISTEMA GENERAL DE SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD, DISPOSICIÓN EXPEDIDA EN DESARROLLO DE ARTÍCULO 187 DE LA LEY 100 DEL 23 DE DICIEMBRE DE 1993, QUE CREÓ EL SISTEMA DE SEGURIDAD SOCIAL INTEGRAL, DEFINIÓ EL NIVEL SOCIOECONÓMICO DE LOS USUARIOS Y DE LOS SERVICIOS QUE LES SON APLICABLES, Y SEÑALÓ QUE TALES NIVELES SERÍAN DEFINIDOS POR EL GOBIERNO NACIONAL. DE TAL MANERA, QUE A TODAS LAS EMPRESAS SOCIALES DEL ESTADO LES ASISTE EL DEBER DE CONOCER LAS DISPOSICIONES CONTENIDAS EN LA RESOLUCIÓN EN COMENTO, EN CUANTO A TRAVÉS DE LA MISMA SE ESTABLECIÓ LA CLASIFICACIÓN DE LOS SERVICIOS DE SALUD QUE CADA UNA DE ELLAS ESTÁ LLAMADA A DISPENSAR, LO CUAL COMPRENDE DESDE LOS SERVICIOS DE DIAGNÓSTICO (EXÁMENES), HASTA EL TRATAMIENTO QUE SE DEBE OFRECER (DIFERENTES ESPECIALIDADES DE LA MEDICINA), DE MANERA QUE SOLO A TRAVÉS DE SU CONOCIMIENTO RESULTA POSIBLE ESTABLECER SI DETERMINADA INSTITUCIÓN HOSPITALARIA ESTÁ O NO EN CAPACIDAD DE BRINDAR EL SERVICIO QUE, SEGÚN EL CUADRO CLÍNICO PRESENTADO, REQUIERE EL PACIENTE.
TEMAS ESPECÍFICOS:ACCIÓN DE REPARACIÓN DIRECTA, EMPRESA SOCIAL DEL ESTADO, RESPONSABILIDAD DEL ESTADO, MINISTERIO DE SALUD Y PROTECCIÓN SOCIAL
Sentencia 2002-00215/33114 de mayo 13 de 2015
Dra. Hernán Andrade Rincón
Rad.: 660012331000200200215 01
Exp.: 33.114
Actor: S.L.M. y otras.
Demandado: Hospital San Bernabé ESE de Bugalagrande y otros.
Ref.: Apelación sentencia. Acción de reparación directa.
2.1.1. La Sala es competente para conocer del asunto en segunda instancia, en razón del recurso de apelación interpuesto por las partes contra de la sentencia proferida el Tribunal Administrativo de Risaralda el 18 de mayo de 2006 comoquiera que la demanda se presentó el 23 de enero de 2002 y la pretensión mayor se estimó en la suma de 1000 salarios mínimos mensuales legales vigentes por concepto de daño moral a favor de cada una de las demandantes, la cual supera el monto exigido para que un proceso adelantado en ejercicio de la acción de reparación directa tuviera vocación de doble instancia ante esta corporación para aquella época, esto es 500 salarios mínimos mensuales legales vigentes(16).
2.1.2. De otra parte, en cuanto a la oportunidad para formular la presente acción indemnizatoria, advierte la Sala que ésta se presentó dentro de los dos (2) años que establece el numeral 8 del artículo 136 del Código Contencioso Administrativo, toda vez que el daño por cuya indemnización se demandó, esto es la muerte del señor L.M.R.A. ocurrió el 14 de marzo del 2000, razón por la cual, por haberse interpuesto la demanda el 23 de enero de 2002, se impone concluir que la misma se formuló oportunamente.
2.2. De la falta de admisión del recurso de apelación adhesiva.
Como se consignó en los antecedentes procesales, la parte actora formuló recurso de apelación adhesiva contra la sentencia de primera instancia, el cual fue presentado y sustentado dentro de la oportunidad prevista en el artículo 353 del Código de Procedimiento Civil. Sin embargo, se advierte por la Sala que la admisión de dicha alzada no fue materia de pronunciamiento por parte de esta corporación, pues en lo sucesivo se continuó el trámite de la actuación sin hacer alusión a dicho recurso.
En efecto, la Sala evidencia que con posterioridad a la presentación del recurso de apelación adhesiva se profirió el auto del 24 de agosto de 2007 en el cual, a petición del Ministerio Público, se fijó fecha para audiencia de conciliación, pero nada se dijo en relación con la impugnación.
En dicha oportunidad, asistió únicamente el apoderado de la parte demandada, Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, quien manifestó no asistirle ánimo conciliatorio. Sn embargo, en ninguna de las dos actuaciones señaladas la parte actora advirtió acerca de la falta de pronunciamiento en relación con la admisión de la apelación adhesiva.
Al respecto, esta corporación ha considerado que en estos casos en los que las partes guardan silencio frente a alguna irregularidad procesal que les corresponde advertir, se presenta una pasividad que en cierta medida convalida la actuación surtida en adelante.
A propósito de este tema, la Sección Tercera del Consejo de Estado ha considerado:
“Ciertamente, según se dejó expuesto en precedencia, el auto de fecha 22 de noviembre de 2002, por medio del cual se admitió la impugnación —no sustentada— interpuesta por la parte demandante, no fue impugnada por dicha parte, con el propósito de advertir tal irregularidad y, por ende, pretender su revocatoria para efectos de que se le concediere la oportunidad prevista en el artículo 212 del Código Contencioso Administrativo, para llevar a cabo la tantas veces aludida sustentación, pero guardó silencio respecto de tal situación, como también lo hizo frente al proveído que, posteriormente, dio traslado para alegar de conclusión, habida consideración de que la parte impugnante nada dijo en relación con ese aspecto y mucho menos realizó una intervención a título de alegaciones finales, por cuya virtud, eventualmente, pudiere tenerse por parte del Consejo de Estado una argumentación u oposición concreta del fallo de primera instancia.”(17)
Y como sustento de la anterior decisión y a propósito del principio de convalidación, el Consejo de Estado —tanto en su Sala Plena de lo Contencioso Administrativo(18) como en su Sección Tercera(19)— ha sostenido:
“A propósito del régimen legal de las nulidades procesales, importa destacar que el mismo se encuentra orientado, entre otros, por los principios de i) taxatividad o especificidad y de ii) convalidación o saneamiento, con sujeción a los cuales se tiene, en virtud del primero, que no será posible invocar y menos aplicar causales de nulidad que no hubieren sido expresamente consagradas por el legislador —única autoridad, junto con el constituyente claro está, con facultades para establecer y definir las causales de nulidad-, y, por razón del segundo, que las causales de nulidad que no se propongan o no se aleguen en la oportunidad prevista en la ley para el efecto, desaparecen por razón de su saneamiento.
Esos aspectos generales que se dejan expuestos en relación con la estructura del régimen relativo a las nulidades procesales encuentran complemento necesario en el señalamiento igualmente exacto y concreto que la propia ley realiza acerca de los únicos eventos en los cuales no es posible sanear los vicios que están llamados a afectar la validez de las actuaciones procesales (CPC, art. 144, inc. final), cuestión que, como excepción a la regla de la convalidación, sólo puede predicarse respecto de las causales comprendidas en los numerales 1, 2, 3 y 4 del artículo 140 del estatuto procesal civil, las cuales dicen relación con: a) La falta de jurisdicción (art. 140-1); b) La falta de competencia funcional (art. 140-2); c) El desconocimiento de providencia ejecutoriada proveniente del superior, la reanudación de un proceso legalmente concluido o la pretermisión íntegra de la respectiva instancia (art. 140-3), y d) La tramitación de la demanda por proceso diferente al que corresponde (art. 140-4).
Las demás causales de nulidad procesal, esto es las que se encuentran consagradas dentro de los numerales 5 a 9 del citado artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, son subsanables, cuestión que debe tenerse por cumplida ‘Cuando la parte que podía alegarla no lo hizo oportunamente’ (CPC, art. 144-1), hipótesis que guarda total armonía con la norma procesal, igualmente imperativa, de orden público y de derecho público (CPC, art. 6º), en virtud de la cual se niega categóricamente la posibilidad de alegar cualesquiera de la causales de nulidad saneables ‘… [a] quien haya actuado en el proceso después de ocurrida la respectiva causal sin proponerla’ (CPC, art. 143, inc. 6), amén de la disposición procesal que determina que las demás irregularidades que se configuren dentro del proceso, distintas de las consagradas en los numerales 1 a 9 del citado artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, ‘… se tendrán por subsanadas, si no se impugnan oportunamente por medio de los recursos que este código establece’ (CPC, art. 140, par.).
Así las cosas resulta igualmente claro entonces que si en el curso de una determinada actuación procesal se llega a configurar la causal de nulidad prevista en el numeral 2º del artículo 140 del Código de Procedimiento Civil, en la modalidad de falta de competencia por razón del territorio y la misma no se propone o no se alega dentro de los términos establecidos en las mismas leyes procesales para el efecto, tanto en virtud del mencionado principio de convalidación como en cumplimiento de los dictados explícitos que al respecto contiene el también mencionado artículo 144 del Estatuto Procesal Civil, ha de concluirse necesariamente que esa nulidad inicialmente registrada se ha saneado, esto es que —según el sentido natural y obvio de dicha expresión (C.C. art. 28)—, tal vicio se ha reparado o remediado(20) de suerte que ha desaparecido y, por ello mismo, ya no será susceptible de ser declarado”.
Ahora bien, sin perjuicio de lo expuesto y no obstante que la parte actora no advirtió acerca de la falta de admisión del recurso de apelación adhesiva por ella impetrado, comoquiera que dicha alzada fue interpuesta y sustentada dentro de la oportunidad legal, ciertamente, en observancia del principio constitucional de la prevalencia de la sustancia sobre la forma y con el propósito de garantizar la efectividad del derecho fundamental de acceso a la administración de justicia, la Sala abordará el examen de los argumentos del recurso de apelación adhesiva presentado por la parte actora a efectos de determinar si los mismos cuentan o no con vocación de prosperidad.
— Registro civil de defunción del señor L.M.R.A. mediante el cual se indicó que falleció el 14 de marzo del 2000 en el municipio de Pereira a las 6:00 a.m. y, como causa se estableció que esta fue: “violenta”(fl. 10 cdno. 1).
— Registro civil de matrimonio contraído entre L.M.R.A. y S.L.L.M. (fl. 5 cdno. 1).
— Registros civiles de nacimiento de D. y E.R.L. (fl. 6-7 cdno. 1).
— Historia clínica del paciente L.M.R.A. diligenciada por la ESE Hospital San Bernabé de Bugalandre (fls. 14 cdno. 1).
— Historia clínica de L.M.R.A. diligenciada por el Hospital Tomás Uribe Uribe de Pereira (fls. 69-76 cdno. 3).
— Historia clínica de L.M.R.A. diligenciada por el Hospital San Jorge de Pereira (fls. 15-296 cdno. 1).
— Oficio C.T.I. 3233 del 24 de marzo de 2004 por el cual los investigadores judiciales del C.T.I. rindieron informe ante la Fiscalía 03 Seccional de Tuluá en cumplimiento de misión de trabajo y consignaron que según el protocolo de necropsia No. 221-00 del 14 de marzo de 2000 el señor L.M.R.A. falleció debido a una insuficiencia respiratoria aguda, secundaria a bronco aspiración alimentaria asociada a tromboembolismo pulmonar secundarios a secuelas neurológicas de daño axonal difuso por trauma contundente de cráneo.” (fl. 124-125 cdno. 3).
— Testimonio del médico neurocirujano Luis Edgardo Sanz Suárez quien sobre la atención brindada al señor L.M.R.A. señaló:
“Como consta en la historia fui informado de la llegada a urgencias del paciente del 28 de enero del 2000 por un trauma severo de cráneo al cual se le ordenaron exámenes. Preguntado: Diga cuáles eran las condiciones generales de salud que presentaba el señor L.M.R. al momento de su valoración realizada el 28 de enero del 2000, su estado neurológico, los hallazgos del TAC simple realizado, el procedimiento quirúrgico efectuado el 28 de enero del 2000 (craneotomía), su importancia y el tratamiento a seguir en su evaluación clínica. Contestó: Paciente que llega en malas condiciones con un trauma de cráneo severo con 4 en la escala de Glasgow y una focalización dada por una midriasis del ojo derecho, se ordena la escanografía de la cual no encuentro el reporte en la historia pero el paciente es llevado a cirugía el mismo día con un diagnóstico de hematoma epidural temporoparietal izquierdo y una contusión temporoparietal derecha, en cirugía se practica una craneotomía drenaje de hematoma subdural agudo derecho, contusión cerebral y drenaje de un hematoma epidural agudo izquierdo. A pesar del bajo Glasgow en el paciente indicativo de la gravedad de su cuadro, se consideró llevar a cirugía para drenar los hematomas y la contusión que estaban aumentando severamente la presión intracraneana, también se tuvo en cuenta que era un paciente joven cuyo reflejos de tallo estaban presentes, después de la cirugía fue enviado a la UCI donde continuó su tratamiento. Preguntado: Diga la importancia que tiene y en que consiste, la traqueostomía y la gastrostomía realizada al paciente. Contestó: estos son procedimientos que se realizan en pacientes que tienen dificultad respiratoria e infección, lo cual facilita el manejo en secreciones y que la respiración mejore, en cuanto la gastrostomía se utiliza en pacientes que básicamente no toleran la vía oral y por este medio pueden alimentarse. Preguntado: Diga si el tratamiento efectuado al paciente es el que se acostumbra cada que se presentan este tipo de eventos. Contestó: Este es el protocolo a seguir en los pacientes que llegan con esta patología. Preguntado: Diga cuál es la causa real de la muerte del señor L.M.R. (se le pone de presente la historia clínica original, que se encuentra en poder del apoderado del Hospital San Jorge de Pereira) Contestó: A pesar de la patología del paciente, hematoma subdural agudo, epidural agudo y contusión cerebral severa, vamos por la evolución en la historia que el paciente tuvo buen pronóstico ya que logró salir del hospital en más o menos buenas condiciones, en su reingreso por los datos que hay en la historia se puede deducir que hizo un cuadro respiratorio agudo que lo llevó a la muerte, que tipo exactamente no lo podría decir. Preguntado: Sírvase manifestar a la Sala que expectativas de vida podía tener un paciente con una escala neurológica de glasgo (sic) 4/15, además con un trauma severo, un hematoma subdural izquierdo y un hematoma subdural izquierdo y que efectos secundarios podría tener frente a ese cuadro clínico. Contestó: Para empezar tenemos que aclarar que de por sí un paciente con un diagnóstico de hematoma subdural agudo y en bajo Glasgow tiene de por si mal pronóstico, con una morbi mortalidad muy alta, si a esto agregamos el hematoma epidural y la contusión cerebral su cuadro es más grave y el pronóstico reservado. Preguntado: Sírvase explicar al despacho en qué consistió el tratamiento activo neurológico brindado al señor L.M.R. en la unidad de cuidados intensivos el hospital San Jorge. Contestó: el paciente se traslada a la unidad de cuidados intensivos para un control monitorizado de sus signos vitales y para control de la hipertensión endocraneana, que es la que en ultimas va a definir la suerte del paciente; a más de esto con el cuidado que se da a nivel pulmonar y cardiovascular, se previenen muchas complicaciones. Preguntado: Según tengo entendido dentro del expediente reposa el resultado de la necropsia que define la causa de la muerte del paciente por un daño axonal difuso. Sírvase explicar cómo neurocirujano cuales son las causas de haberse presentado el daño axonal difuso y que repercusiones puede tener en la evolución de un paciente con ese tipo de trauma. Contesto: el trauma axonal difuso es producido directamente por el trauma de cráneo y las consecuencias que puede traer son múltiples, desde déficit neurológico motor o sensitivo, hasta problemas de tipo cognoscitivo. Preguntado: El cuadro que presentó el paciente cuando ingreso nuevamente el 13 de marzo del año 2000, pudo haber sido una consecuencia de ese daño axonal difuso o independiente de ese daño. Contesto: Confiero que todo está correlacionado, hay que recordar que el paciente tuvo una traqueostomía y pudo haber tenido en su segunda entrada al hospital un cuadro de neumonía severa, bronco aspiración o cualquier patología. Preguntado: esa neumonía o bronco aspiración de la que usted presume, es un cuadro ajeno al tratamiento que se le brindó al paciente cuando estuvo en la unidad de cuidados intensivos. Contestó: es una patología diferente que se puede adquirir estando el paciente ambulatorio. Preguntado: Dentro del testimonio que ha rendido manifiesta que el paciente a pesar de haber llegado con u (sic) trauma severo en las regiones temporoparietal izquierdo y derecho es factible que en estas condiciones en un término de 2 o 3 meses se puede determinar que está más o menos bien según la historia clínica. Contestó: la mortalidad en un paciente con hematoma subdural agudo es muy alta y por consiguiente la morbilidad también, se dan casos de pacientes que ‘quedan bien’.”(21)
— Declaración rendida por el médico neurocirujano Pablo Fernando Vela de los Ríos quien manifestó lo siguiente:
“Preguntado: Diga las condiciones de salud del señor L.M.R. durante la hospitalización en el servicio de neurocirugía, la evolución de su cuadro clínico, las condiciones de salud al momento de su ingreso el 28 de enero del 2000, el manejo de la gastrocrisis por parte de la familia en su residencia, las complicaciones posteriores a un tec cerebral, sepsis pulmonar y la bronco aspiración. Contestó: lo primero que quiero aclarar es que no fui el médico tratante directo del paciente en mentón (sic), pero como estuve en el servicio de neurocirugía del hospital San Jorge lo atendí, según la historia clínica es un paciente que tuvo un trauma tce en la ciudad de Tuluá, donde al parecer ingresó con Glasgow 14/15 y luego tuvo un deterioro rápido y veo que llegó al hospital San Jorge con Glasgow 3/15, esta evolución hace que el diagnóstico sea de un trauma severo y de entrada el pronóstico para la vida y el pronóstico neurológico sea malo. Una vez el paciente salió de la UCI tenía secuelas severas y hubo necesidad de manejarlo con gastrostomía y traqueostomía, esto quiere decir que el paciente no era independiente y por tanto requería ayuda en todas sus actividades. La gastrostomía y la traqueostomía son procedimientos que hacen mucho más fácil el manejo de estos individuos, sin embargo como es obvio no son exentos de complicaciones, es frecuente en la práctica neuroquirúrgica que estos pacientes después de una hospitalización usualmente prolongada se les de salida para continuar el manejo en su hogar por parte de sus familiares, puesto que usualmente las secuelas sino son definitivas por lo menos requieren una rehabilitación mayor a un año. El paciente reingresó al parecer por una complicación infecciosa según tengo entendido por una neumonía que seguramente fue secundaria a bronco aspiración o a dificultad de las secreciones traqueo bronquiales. Como dije anteriormente la familia aprende a manejar estos pacientes en forma ambulatoria, puesto que no se requiere entrenamiento grande para esto. Es probable que esto no sea lo ideal, pero en nuestro sistema se salud no existen instituciones estatales para manejar a estos pacientes que no requieren estar en un hospital general. Preguntado: Sírvase explicarle al despacho cuales eran las condiciones neurológicas del señor L.M.R. al momento del egreso del hospital San Jorge el 7 de marzo del año 2000, tal como lo registra a fl.136 vto. del cdno. 1. Contestó: Según la nota el paciente estaba en una escala de Glasgow de 11/15 con cuadriparesia, esto quiere decir, estaba con dificultad para relacionarse con el medio que requiere ayuda en sus actividades diarias, pero que a favor ya ha salido de su estado de coma y que seguramente las secuelas neurológicas estaban estables y podía ser manejado ambulatoriamente. Preguntado: Indique de acuerdo al estado del paciente para el momento en que usted lo atendiese si era predecible o no el final que tuvo (muerte) teniendo en cuenta la lesión craneoencefálica que presentaba. Contestó: En ese momento no se puede prever ese tipo de desenlace, lo único que puedo agregar es de acuerdo a la literatura un paciente que ingresa con Glasgow de 3/15 con hematoma subdural agudo y que se opera más de 4 horas después del trauma la mortalidad en las mejores manos supera el 95%”(22).
— Testimonio del médico intensivista Jaime Antonio Romero Díaz quien al preguntársele por las condiciones del paciente declaró:
“El paciente a la unidad (sic) de cuidado intensivo en malas condiciones generales después de haber sido intervenido quirúrgicamente, en estado de coma con una escala de Glasgow 4/15. Se realiza el tratamiento tendiente a disminuir la hipertensión endocraneana secundaria a edema cerebral, presentando una pobre evolución neurológica, ya que en ningún momento durante su hospitalización en cuidado intensivo logró recuperar sus funciones neurológicas normales, persistiendo en un estado de alerta pero sin capacidad para relacionarse con el medio o con las personas a su alrededor, motivo por el cual se le realizó traqueostomía para poder realizar la retirada del ventilador mecánico el cual estaba conectado y así poder manejar la producción de secreciones y la vía aérea superior. Una vez logrado este objetivo se realizó el respectivo traslado del servicio ya que la atención que requería era fundamentalmente cuidados generales a cargo de enfermería, terapia respiratoria y física, no necesitando ya ninguno de los soportes vitales que ofrecemos en la unidad de cuidado intensivo. Preguntado: Diga por qué razón se recomendó la gastrostomía al señor L.M.R. y hacia que iba destinado dicho procedimiento quirúrgico. Contestó: Cuando un paciente tiene las secuelas neurológicas presentadas como las del paciente en la cual y como dije antes a pesar de estar en un estado de alerta no tienen las capacidades cognitivas superiores que permiten un manejo autónomo y adecuado de nuestras actividades básicas como comer, hablar, entender, al salir de la unidad de cuidado intensivo era necesario asegurarte no solo una buena capacidad para respirar adecuadamente sin que se obstruyera con sus propias secreciones, por lo cual se le realizó traqueostomía, sino también asegurar una vía para su alimentación, motivo por el cual se solicitó la gastrostomía evitando con esto una mayor desnutrición y por ende unas menores probabilidades de sobrevivir. Preguntado: Qué clase de complicaciones se le pueden generar o derivar a un paciente con una entubación prolongada, y si en el caso del señor R.Á. estas se presentaron. Contestó: Las complicaciones más frecuentes son las infecciosas de senos paranasales y pulmones, las cuales evidentemente se presentaron en el paciente pero que en su debido momento fueron tratadas adecuadamente. Otras complicaciones que se presentan pueden ser el daño de las cuerdas vocales o de la tráquea, que en este caso no se dieron. Preguntado: Sírvase señalar cuál fue el diagnóstico de egreso de la UCI del señor L.M.R. del día 19 de febrero del año 2000. Contestó: el diagnóstico de egreso fue secuelas de tec (trauma craneoencefálico) severo, basado en al pobre recuperación neurológica de las funciones corticales o cognitivas. Preguntado: diga cuáles fueron las recomendaciones dadas por la UCI para el traslado del paciente al servicio de neurocirugía. Contestó: Además de las generales de cuidados de enfermería estaban las de terapia física y terapia respiratoria en conjunto con un adecuado control de su alimentación por parte del grupo de soporte nutricional, dando por descontado aquellas medidas o manejo médico neurológico por los especialistas del servicio. Preguntado: Estando ya en la unidad de cuidados intensivos el paciente y solucionándole su problema de respiración y alimentación, que otra alternativa le podía quedar al paciente para mejorarlo neurológicamente o si dentro del protocolo las que se le estaban suministrando eran las necesarias. Contestó: Tenemos que partir de que en la medicina actuamos bajo supuestos a su vez basados en los conocimientos fisiológicos y patológicos aprendidos de las enfermedades, pero que al manejar personas, seres vivos no podemos de manera fehaciente aseverar un resultado positivo o negativo y más cuando el sistema nervioso central hablamos con la información clínica, exámenes diagnósticos y hallazgos quirúrgicos, ya presumíamos que este paciente podría tener graves secuelas neurológicas y que su recuperación iba a ser muy lenta, mas no a un estado de completa normalidad. Nosotros en cuidado intensivo damos el soporte vital, mantenemos vivo al paciente mientras el organismo se autorregula manejamos las complicaciones inherentes a la enfermedad o a la condición clínica con la que ingresa , y al egreso damos unas recomendaciones de tipo general para el mantenimiento de las funciones vitales y solicitamos la valoración de otras especialidades o de otros grupos de apoyo encargados de la rehabilitación, en el caso que nos compete el manejo considero que fue el adecuado, ya que independientemente del tratamiento ofrecido el daño neurológico era de tal magnitud que presumíamos que el paciente no iba a recuperar su estado previo de salud. Preguntado: Se afirma en la demanda que existe anotación en la historia clínica del 28 de enero del 2000, en la que se advierte que al momento del neurocirujano advertir que este paciente debe manejarse en la UCI no hay cama disponible, de ser ello cierto indique si de acuerdo con la sintomatología se podía esperar a que se solucionara dicha falencia. Contestó: Nuestra institución es la única de tercer nivel en la región, cuenta con 10 camas en la unidad de cuidado intensivo, tiene un porcentaje ocupacional mayor del 90%, obviamente todos los pacientes son críticos y por ende la rotación de camas no es tan rápida como quisiéramos para poder atender a todos los pacientes que requieren nuestro servicio. En el caso específico la urgencia era quirúrgica y fue prontamente atendida, en el momento en que existió la posibilidad, fue trasladado al servicio lo más rápidamente posible y según veo en la historia clínica transcurrieron unas pocas horas después de haber sido drenados los hematomas. La unidad de cuidado intensivo como ya lo dije antes, soporta la vida más no la salva necesariamente, hacemos nuestro mayor esfuerzo y esto nos lleva a que cuando se presentan estas situaciones de no disponibilidad de cama, hacemos todo lo posible por mantener clínicamente en sus signos vitales en el servicio en el cual se encuentre manejándolo en conjunto con los médicos de dicha área, y en este caso específico con los médicos anestesiólogos de la sala de recuperación en donde estuvo antes de su ingreso a la unidad. Preguntado: Sírvase concretar cuáles eran las secuelas neurológicas que presentaba este paciente para el momento del egreso el 7 de marzo del 2000 cuando fue entregado a sus familiares. Contestó: No sé por qué no trabajo en el servicio del cual fue egresado el paciente. Preguntado: Al momento de salir de la UCI cuales fueron las secuelas neurológicas del paciente. Contestado: El paciente estaba alerta, eso quiere decir que permanecía con los ojos abiertos, más al tratar de entablar cualquier tipo de comunicación auditiva, visual y táctil no se obtenía respuesta, además presentaba una marcada disminución de la fuerza muscular en sus extremidades lo que le impedía no solo la capacidad de moverse en la cama sino la deambulación, o sea caminar, no tosía, ni deglutía adecuadamente, siendo esta una de las razones de la traqueostomía, ya que estas dos acciones son las que permiten impedir la obstrucción de la vía aérea superior, función neurológica alterada”(23)
De la revisión de las historias clínicas que reposan en el plenario, la Sala encuentra demostrados los siguientes hechos.
— El 27 de enero de 2000 el señor L.M.R.A. ingresó al servicio de urgencias de la ESE San Bernabé de Bugalagrande, tras sufrir accidente en motocicleta. Al examen se halló consiente, obnubilado, alerta, con náuseas, presentó otorragia izquierda, epistaxis derecha, hematoma temporoparietal, diaforesis, trauma cerrado de tórax, fractura de reja costal izquierda, con Glasgow 14/15. En esa oportunidad, se diagnosticó politrauma, TEC, con fractura de base de cráneo izquierdo, fractura costal izquierda, politrauma de tejidos blandos y el plan adoptado consistió en remitirlo a otra institución para valoración y manejo por neurocirugía y cirugía. (fl. 14 cdno. 1).
— El paciente L.M.R.A., quien fue remitido por el Hospital San Bernabé de Bugalandre, ingresó al servicio de urgencias del Hospital Tomás Uribe Uribe a las 12:55 del día, del 27 de enero de 2000, con diagnóstico politraumatismo, trauma craneoencefálico moderado, fractura de cráneo con una hora y media de evolución. Al examen físico se halló con tensión arterial de 130/80, frecuencia cardiaca de 80, Glasgow 14/15 hematoma parieto occipital. Con base en el cuadro clínico presentado se dispuso practicar radiografía de tórax, implantación de sonda vesical, hemoclasificación y continuar en observación.
— A las 15:00 se consignó que el paciente se encontraba con politraumatismo hacia las 11:30, con contusión cerebral. En las notas de enfermería se registró que el paciente continuaba en iguales condiciones. Fue valorado por el médico, quien sugirió continuar en observación y ser valorado por neurólogo.
— En las notas evolución de las 15:25 horas se registró que el paciente no focalizaba y presentaba una rigidez generalizada Ta: 130/80, Fc 80, fractura epidural, paciente mal. Paciente que no posee…. (ilegible) no posibilidad de TAC urgente no tiene SOAT. A las 3:25 el paciente se observó pálido.
— A las 15:35 se comentó con neurocirugía que no existía posibilidad de manejo en UCI y de practicar TAC. Se consideró necesario remitirlo a institución de III nivel urgente.
— En las notas de enfermería de las 3:45 p.m. se anotó que presentó signos de descoordinación y que la escala de Glasgow empeoró, circunstancia que le fue comunicada telefónicamente al neurólogo quien ordenó remitirlo a Cali. El médico tratante consideró necesario intubar al paciente, por lo que a las 4:15 ingresó a sala de cirugía para practicar el procedimiento de intubación bajo anestesia general. Se observó nuevamente otorragia.
A las 16:30 el paciente intubado ingresa al servicio de urgencias… indica clima de muerte cerebral.
— En las notas de neurocirugía se señaló que el paciente se encontraba en coma, intubado en pésimo estado, no había familiar y no había posibilidad de TAC.
— En la anotación de enfermería consignada a las 4:50 p.m. se indicó que el paciente se encontraba en delicadas condiciones de salud con tubo endotraqueal y lev permeables.
— A las 6:50 p.m se señaló que el paciente continuaba en delicadas condiciones de salud, con otorragia de oído izquierdo.
— Finalmente a las 12:00 se consignó que el paciente seguía en malas condiciones generales y que se decidió llevarlo a Pereira. En el resumen de la historia clínica realizado a esa hora se registró que no se tomó TAC cerebral, pues no contaban con ese servicio.
— Al día siguiente, el 28 de enero de 2000 a las 3:20 am el paciente L.M.R.A. ingresó al servicio de urgencias del Hospital Universitario San Jorge de Pereira, remitido del por el Hospital Tomas Uribe Uribe de Tuluá con 15 horas de evolución de politraumatismo sufrido en accidente de tránsito.
Como recuento de la evolución clínica consignada en la historia diligenciada por el Hospital Tomás Uribe Uribe, la institución a donde se remitió relató que el paciente había Ingresado al ente prestador del servicio médico en Tuluá obnubilado con 14/15 Glasgow y que a las 15:25 hizo focalización por midriasis derecha y rigidez. Se le suministró monitol y finalmente que a las 12 el Glasgow estuvo en 3/15, momento en que fue remitido a Pereira.
— Al examen físico de ingreso el paciente se encontró en muy mal estado general, con un Glasgow de 3/15 y se le impartió diagnóstico de trauma craneoencefálico severo, fractura de clavícula izquierda. A las 3:45 p.m. fue atendido por neurocirugía servicio que estimó necesario estabilizar al paciente y practicarle TAC cerebral (fl. 15-16 cdno. 1)
— En las notas de evolución de las 3:20 se consignó que el paciente se encontraba inconsciente en muy malas condiciones generales, fue valorado por el médico de planta quien ordenó hospitalizar. Así mismo se impartieron las siguientes órdenes médicas: toma de radiografía, tomar TAC, control de líquidos y valoración por ortopedia. (fl. 220 cdno. 1).
— A las 6:00 am del mismo día se registró que el paciente se hallaba en regular estado de salud con pupilas anisocorticas con reactivas, con tubo orotraqueal por el cual recibía O2. Con equimosis y edema palpebral izquierdo, sin otorragia con edema y equimosis clavicular izquierdo. Con Glasgow 5/15. Se tomó TAC, pendiente de informe. (fl. 220 vto cdno. 1).
— A las 6:15 am se consideró la necesidad de trasladarlo a la unidad de cuidados intensivos pero en el momento no había disponibilidad de cama (fl. 195 cdno. 1).
— A las 8:30 am se refirió que el paciente continuaba en malas condiciones con Glasgow 6/15, valorado por neurocirujano de turno quien considera necesidad de remitirlo a la Unidad de Cuidados Intensivos, con lev permeables. El plan adoptado consistió en trasladarlo a la UCI, manejo por neurología, aspirar secreciones. Se obtuvo placa de TAC.
— El resultado del TAC reveló hematoma epidural temporoparietal izquierdo; contusión temporoparietal derecha, lo que motivó la necesidad de practicar un procedimiento quirúrgico de drenaje.
— Según el informe de anestesia (fl. 95 vto.), el 28 de enero de 2000 a las 10:45 a.m, el paciente L.M.R. fue sometido a un procedimiento quirúrgico de craneotomía con el propósito de drenar el hematoma subdural derecho y el hematoma epidural izquierdo. El procedimiento se llevó a cabo sin complicaciones.
— A las 13:00 del 28 de enero de 2000, luego de la cirugía, el paciente fue ingresado a UCI, traído por el anestesiólogo. Fue conectado al ventilador, presentó tendencia taquicardica e hipertensión. Se le tomaron gases arteriovenosos. Se tomaron muestras para laboratorio y aspiran secreciones mucosas. Se observó sangrado digestivo y se le dejó drenaje (fl. 219 cdno. 1). Se indicó el suministro de ranitidina, midazotan, manitol, dipirona, sulfato de magnesio, pentotal, glucotrix y se ordenó tomar radiografía de tórax y control neurológico permanente (fl. 124 cdno. 1).
— A las 19h el paciente se encontraba en la UCI en estado inconsciente, con herida quirúrgica en cuero cabelludo con catéter subclavio (dren) izquierdo por el cual le estaba pasando SSN 500+, taquicárdico.
— En las notas registradas a las 21:40 del 28 de enero, por el servicio de medicina critica, se indicó que el paciente se encontraba en muy malas condiciones generales con Glasgow persistentemente bajo de 4/15, con anisocoria izquierda y reflejo de tallo conservados, presentando crisis diencefálica por taquicardia, hipertensión, sudoración. Pronóstico pobre continúa manejo, evolución tórpida. (fl. 193 cdno. 1).
— Al día siguiente, 29 de enero de 2000, a las 7:00 am se registró que el paciente amaneció en regulares condiciones, inconsciente, conectado a soporte ventilatorio, con Glasgow 4/15. Durante el resto del día continuó en las mismas condiciones (fls. 217-219 cdno. 1).
— El 30 de enero de 2000 el paciente se encontraba en malas condiciones, bajo sedación, en ocasiones taquicárdico, con Glasgow de 4/15 se le hizo baño general, lavado oral, cuidado de la piel, se le practicaron movimientos musculares, monitor cardiaco muy arrítmico en ocasiones. (fl. 216-217 cdno. 1).
— El 31 de enero de 2000, el señor L.M.R.A. continuaba en iguales condiciones, estuporoso, con Glasgow 4/15, se aspiraron secreciones mucoides escasas, se realizaron cuidados en piel, presentó episodio febril. (fl. 215- 216 cdno. 1).
— El 1º de febrero de 2000, el paciente se encontraba en estado similar, inconsciente, conectado a ventilación mecánica, ritmo sinusual cardíaco, presentó movimientos de extensión. En la tarde presentó episodio febril, se informó a médico y se administró medicamento. Se le realizó cambio de postura. Continuaba con Glasgow de 4/15.
— El 2 de febrero el paciente seguía en las mismas condiciones, inconsciente, afebril, normo tenso, con Glasgow 4/15. Se le realizó baño en cama, cuidado de la piel, leve tendencia a la hipertermia, presentó otorragia izquierda en regular cantidad (fl. 213 A 214 cdno. 1).
— Durante los días 3, 4, 5, 6, 7, 8, y 9 de febrero el paciente continuó en similares condiciones, inconsciente, conectado a ventilación, con otorragia izquierda, ritmo cardiáco sinusual, afebril, con leve tendencia a la hipertensión, con Glasgow de 4/15 , estuporoso, con enrojecimiento de la piel y zona genital, diaforético, se sometió a terapia respiratoria, con soporte respiratorio, se le practicó baño en cama, con sonda nasogástrica recibiendo nutrición con tolerancia, sonda vesical, sin mejoría neurológica, movilizando abundante cantidad de secreciones, con síndrome de hipertensión endocraneana, presentó sepsis urinaria que se resolvió con antibiótico, cuadro de neumonía nosocomial que mejoró con tratamiento antibiótico (cetriaxona + gentamicina), hemodinámicamente estable.
— El 10 de febrero, el servicio de medicina crítica decidió practicar procedimientos de gastrostomía y traqueotomía (fl. 207 cdno. 1). Presentó apertura ocular espontánea, con respuesta a estímulos dolorosos.
— El 11 de febrero seguía en las mismas condiciones, con igual Glasgow y sin dificultad respiratoria, con ventilación. Hizo deposición abundante (fl.100 cdno. 1).
— El 12 de febrero de 2000 el paciente R.A., en horas de la tarde, fue sometido a un procedimiento quirúrgico de traqueostomía que se llevó a cabo bajo anestesia general, sin complicaciones. Regresó de cirugía estable a la UCI (fl. 174 – 175 cdno. 1). Ese día registró aumento de Glasgow a 7/15, retiraba sus cuatro extremidades al dolor, sin apertura ocular. (fl. 225 cdno. 1).
— El13 de febrero se observó sangre por el orificio de la traqueostomía, se practicó limpieza con gasa, se bañó y realizó deposición semiblanda en abundante cantidad. Estuvo hipertenso. Se le realizó terapia respiratoria. Continuó con Glasgow de 7/15 (fl. 225-226 cdno. 1).
— Entre los días 14 y 15 de febrero el paciente siguió con escala d Glasgow 7/15, en condiciones hemodinámicamente estables, taquicárdico, hipertenso, hipertérmico, polineico, aligúrico, realizó apertura ocular al llamado, movilizó hemicuerpo derecho. (fl. 221-223 cdno. 1). Al día siguiente 16 de febrero aumentó el Glasgow a 10/15 (fl. 112 cdno. 1).
— Los días siguientes 17 y18 de febrero, el paciente continuó en iguales condiciones con apertura ocular espontánea, y Glasgow de 10/15, afebril, normotenso, diaforético, taquicárdico (fls. 110-111 cdno. 1).
— El 19 de enero de 2000, el paciente salió de la unidad de cuidados intensivos por lograr estabilidad hemodinámica y fue traslado a piso en donde siguió siendo tratado por medicina interna y neurocirugía.
— Entre los días 19, 20, 21 y 22 de febrero disminuyó la escala Glasgow a 9/15, estuporoso, con apertura ocular espontánea al llamado, con hemiplejia derecha (fls. 106- 109 cdno. 1).
— El 23 de febrero de 2000 se le practicó al paciente un procedimiento quirúrgico de gastrostomía, sin complicaciones y aumento de Glasgow a 10/15 (fl. 96, 106 cdno. 1).
— Los días 24, 25 y 26 de febrero de 2000, el paciente continuaba consciente con respuesta al llamado, afásico, con Glasgow de 10/15 (fl. 104-105 cdno. 1).
— El 27 de febrero el paciente presentó un aumento en la escala Glasgow de 11/15. El 28 de febrero continuaba con respuesta ocular espontánea al llamado, se observó estable pero en iguales condiciones. (fl. 104-105 cdno. 1).
— En la nota de neurología del 29 de febrero de 2000 se consignó que el paciente, tenía un Glasgow de 11/15 por cuanto en relación con la respuesta motora localizaba el estímulo doloroso, tenía respuesta ocular al llamado verbal y respuesta verbal (sonidos incomprensibles) era de 2 puntos (fl. 103 cdno. 1).
— Durante los días 1, 2, 3 de marzo de 2000 el paciente se observó pálido consciente, orientado, afebril, caudriparético sin signos de dificultad respiratoria, con Glasgow de 10/15 (fl. 102 cdno. 1).
— El 4 de marzo presentó un Glasgow de 7/15, que aumentó a 8/15 el día 6 de marzo de 2000. Durante esos días, lo sentaron en silla. Continuó consciente, estable sin presentar cambios, tolerando adecuadamente nutrición a través de gastrostomía. (fl. 100-101 cdno. 1).
— El 7 de marzo de 2000 a la 1:00 pm fue dado alto del Hospital San Jorge de Pereira, en silla de ruedas y compañía de familiares (fl. 100 cdno. 1).
— El 13 de marzo de 2000 a las 10:20 pm, el paciente L.M.R. reingresó nuevamente al servicio de urgencias del Hospital San Jorge de Pereira por presentar infección respiratoria, fue examinado, se practicaron exámenes de laboratorio fue y hospitalizado en muy malas condiciones. Se inició manejo antibiótico. Al día siguiente, en la mañana, continuaba en pésimas condiciones, presentó paro cardio respiratorio y falleció.
2.5. Régimen de responsabilidad aplicable al presente asunto. Precisiones respecto del régimen de responsabilidad aplicable al presente asunto:
Esta Sala, en sentencia de 19 de abril de 2012(24), unificó su posición en el sentido de indicar que, en lo que se refiere al derecho de daños, el modelo de responsabilidad estatal que adoptó la Constitución de 1991 no privilegió ningún régimen en particular, sino que dejó en manos del juez definir, frente a cada caso concreto, la construcción de una motivación que consulte las razones, tanto fácticas como jurídicas, que den sustento a la decisión que habrá de adoptar.
Por ello, la jurisdicción de lo contencioso administrativo ha dado cabida a la utilización de diversos títulos de imputación, para la solución de los casos propuestos a su consideración, sin que esa circunstancia pueda entenderse como la existencia de un mandato que imponga la obligación al juez de utilizar, frente a determinadas situaciones fácticas, un específico título de imputación; por ello, se concluyó en la mencionada sentencia:
“En consecuencia, el uso de tales títulos por parte del juez debe hallarse en consonancia con la realidad probatoria que se le ponga de presente en cada evento, de manera que la solución obtenida consulte realmente los principios constitucionales que rigen la materia de la responsabilidad extracontractual del Estado, tal y como se explicó previamente en esta providencia”(25)
Es así como del recuento de los hechos probados, la Sala considera que el presente análisis debe analizarse desde la óptica de la falla del servicio concretada en la falta de remisión oportuna del paciente a un centro de atención de III nivel de complejidad.
Siguiendo esa línea y teniendo en cuenta que en este caso se discute la responsabilidad de tres empresas sociales del Estado, clasificadas todas en distintos niveles de atención, la Sala conviene necesario referirse a las obligaciones que atendiendo al nivel de complejidad en que se encuentran ubicadas les resulta exigible a cada una de ellas, para lo cual se ha de apoyar en el pronunciamiento jurisprudencial que a continuación se cita en cuyo contenido se abordó el estudio de la materia de manera muy detallada, y, por lo tanto, resulta de gran ilustración para el presente debate:
“Si bien en principio, la salud es un derecho social, lo cierto es que, cuando se trata de menores de edad y en los eventos en que se torna en una extensión del derecho a la vida, la salud adquiere el carácter de fundamental; es un derecho constitucionalmente protegido, cuya prestación es exigible al Estado. Del contenido de las anteriores (C.P. art. 44, 49) disposiciones, es dable concluir que constitucionalmente se procura la protección del derecho a la salud frente a los detrimentos que pueda sufrir por parte del Estado, que está obligado a su prestación a través de establecimientos de salud, entidades que encuentran su fundamento en la solidaridad social y en la necesidad de prestar un servicio esencial. Se advierte igualmente que el Estado debe prestar los servicios de salud, con base en los niveles de atención. Al respecto, la Ley 100 del 23 de diciembre de 1993, por la cual se creó el sistema de seguridad social integral, definió el nivel socioeconómico de los usuarios y de los servicios que les son aplicables, y señaló que tales niveles serían definidos por el Gobierno Nacional (art. 187). En desarrollo del anterior mandato, el Ministerio de Salud expidió la Resolución 5261 del 5 de agosto de 1994, por la cual estableció el Manual de actividades, intervenciones y procedimientos del plan obligatorio de salud en el sistema general de seguridad social en salud. Señaló que el servicio de salud se presta en las IPS con que cada EPS establezca convenios y que, en todo caso, la prestación de dichos servicios está sujeta al nivel de complejidad de cada establecimiento y su acceso siempre se hará por el primer nivel o por urgencias; en los eventos en que se requiera algún servicio con el que no cuente el establecimiento de salud, el paciente podrá ser remitido a la centro más cercano. La anterior clasificación por niveles se refiere al tipo de actividad, intervención y procedimiento, así como el personal idóneo para su ejecución, mas no a las instituciones como tal, es decir, dicha información cobra mayor relevancia si se estudia la responsabilidad personal y no la institucional. Para ésta último tipo de responsabilidad, se debe tener en cuenta el nivel de complejidad del centro de salud. Aquellos que están clasificados en el nivel II, están obligados a prestar, directamente o través de convenio, la atención médica general y especializada, los exámenes de laboratorio señalados en el artículo 106 de la Resolución, los exámenes radiológicos contenidos en el artículo 107 ibídem, los medios diagnósticos indicados en el artículo 108 (electroencefalograma simple y anatomía patológica), y otros procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos que, en los casos médicos neurológicos, se limitan al encefalograma simple y a la punción lumbar. Al revisar las obligaciones exigidas a las entidades clasificadas en el Nivel III de complejidad, se advierte que deben prestar, directamente o a través de convenio, entre otros exámenes radiológicos, todas las tomografías axiales computarizadas. Como se advierte del contenido de las anteriores disposiciones, es evidente que las entidades clasificadas en el nivel II de atención no están obligadas a prestar directamente o a través de convenio los exámenes de tomografía axial computarizada, puesto que dicho servicio solo es exigible a las entidades de Nivel III. En este caso, la Clínica Carlos Hugo Estrada Castro pertenece al segundo nivel de complejidad (certificación del gerente de la clínica, fl. 211 cdno. 1) y por consiguiente, no está obligada a prestar, directamente o a través de convenio, el examen TAC.”(26)
Teniendo en cuenta que en el caso se demanda la declaratoria de la falla del servicio médico respecto de tres instituciones diferentes, que dos de ellas apelaron para ser absueltas de responsabilidad (Hospital San Bernabé de Bugalandre y Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá) y que la parte actora presentó impugnación para que la tercera de ellas que no fue condenada en primera instancia (Hospital San Jorge de Pereira), fuera declarada responsable por esta corporación, procede la Sala a abordar el análisis de la actuación desplegada por cada una de ellas, a efectos de esclarecer si se encuentran configuradas las alegadas irregularidades.
2.6.1. De la falla del servicio de la ESE Hospital San Bernabé de Bugalagrande.
Al respecto, se recuerda que el tribunal de primera instancia consideró que el mencionado establecimiento hospitalario había incurrido en una tardanza injustificada en la remisión del paciente a una entidad de mayor nivel de complejidad, mora que en su sentir, contribuyó al deterioro neurológico del paciente y posterior deceso.
Del recuento probatorio que se acaba de dejar transcrito la Sala evidencia que entre el momento en que el paciente ingresó al centro asistencial Hospital San Bernabé de Bugalandre, empresa social del Estado de nivel I de complejidad(27), a donde fue llevado inmediatamente después de sufrir el accidente, y la hora en que arribó al Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, no transcurrieron más de 90 minutos.
Frente a este aspecto debe tenerse en cuenta que aun cuando no reposa en la historia clínica del Hospital San Bernabé el registro respectivo a la hora de ingreso del paciente al servicio de urgencias de esa institución así como el de su egreso, dicha información puede extraerse de los demás documentos clínicos, en los cuales figura que la ocurrencia del accidente que motivó el traslado del señor L.M. al Hospital se produjo a las 11:30 am; de igual manera se advierte que la hora de ingreso del paciente al servicio de urgencias del Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, adonde fue remitido por el Hospital San Bernabé, fue las 12:55 del día. De allí que el lapso transcurrido entre el accidente y el ingreso del paciente al segundo centro Hospitalario al que lo trasladaron no fue superior a un hora y media, circunstancia a partir de la cual es ajustado concluir que el tiempo que permaneció el paciente en el Hospital San Bernabé de Bugalandre y se llevaron a cabo los trámites de su remisión, no fue superior a ese interregno al que además vale descontarse la duración del traslado de una ciudad a otra.
Dicho lo anterior, la Sala considera que, de cara al escaso tiempo que permaneció el paciente en el Hospital San Bernabé de Bugalandre, no puede afirmarse que esta institución hubiese incurrido en una tardanza injustificada en su remisión a un centro de mayor de nivel de complejidad.
Sin embargo, lo anotado no constituye una razón suficiente para relevar de responsabilidad al Hospital San Bernabé de Bugalandre, pues si bien el traslado del paciente a uno de segundo nivel de complejidad se efectuó en un período corto de tiempo, ciertamente la Sala advierte que la decisión de remitirlo a un hospital de ese grado de complejidad, como lo era el Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, no resultó acertada, desde el punto de vista médico, en la medida en que, como se profundizará posteriormente, allí no habrían de ofrecer los servicios de diagnósticos y tratamiento que dé inicio requirió el paciente tras presentar síntomas que evidenciaban la presencia de un trauma craneoencéfalico.
En efecto, el personal médico que lo atendió en el Hospital San Bernabé fue acucioso en examinarlo, al punto de determinar la existencia del trauma craneoencefálico que padecía.
No obstante, a pesar de esa evidencia clínica, cuyo tratamiento de entrada determinaba la necesidad de practicarle un TAC para conocer el estado real de la lesión cerebral, la Sala desconoce las razones por las cuales se trasladó el paciente a una institución de II nivel de atención, a sabiendas de que en dicha categoría de hospitales no se manejaba ese tipo de examen, por cuanto la normativa(28) que estableció las obligaciones de las Empresas Sociales del Estado según su nivel de complejidad y determinó los servicios que allí se prestarían no estableció dentro de los mismos la práctica de tomografías axiales computarizadas, pues esa obligación se estableció únicamente para las entidades de tercer nivel.
En este punto, resulta de capital importancia destacar que los servicios que prestan las empresas sociales del Estado, según el nivel de atención en que están clasificadas, se encuentran determinados en la Resolución 5261 del 5 de agosto de 1994, por la cual el Ministerio de Salud estableció el Manual de Actividades, Intervenciones y Procedimientos del plan obligatorio de salud en el sistema general de seguridad social en salud, disposición expedida en desarrollo de artículo 187 de la Ley 100 del 23 de diciembre de 1993, que creó el sistema de seguridad social integral, definió el nivel socioeconómico de los usuarios y de los servicios que les son aplicables, y señaló que tales niveles serían definidos por el Gobierno Nacional (art. 187).
En este orden de ideas, se impone concluir que a todas las empresas sociales del Estado les asiste el deber de conocer las disposiciones contenidas en la resolución en comento, en cuanto a través de la misma se estableció la clasificación de los servicios de salud que cada una de ellas está llamada a dispensar, lo cual comprende desde los servicios de diagnóstico (exámenes), hasta el tratamiento que se debe ofrecer (diferentes especialidades de la medicina), de manera que solo a través de su conocimiento resulta posible establecer si determinada institución hospitalaria está o no en capacidad de brindar el servicio que, según el cuadro clínico presentado, requiere el paciente.
Lo anterior aplicado al caso concreto, se traduce en la obligación que le asistía al hospital San Bernabé de indagar previamente si el hospital de destino se encontraba en capacidad de practicar la tomografía axial computarizada que requería con urgencia el paciente, circunstancia que bien podía establecerse a partir del cumplimiento del deber acerca del conocimiento de las normas que regulaban la materia. Es con sustento en ello que en este caso, el Hospital San Bernabé debía saber que siendo el Hospital Tomás Uribe Uribe una institución que pertenecía al segundo nivel de complejidad, por consiguiente, dentro sus servicios no se incluía la práctica del TAC(29), pues los mismos están reservados, según la norma, para las entidades de III nivel de complejidad(30).
De ahí se concluye que la decisión de remitirlo a un Hospital del II Nivel, al parecer no consultó la necesidad real de atención que requería el paciente y, por lo tanto, su remisión al Hospital Tomás Uribe Uribe, aunque pronta, a la postre resultó ser infructuosa para atender el cuadro clínico presentado por el señor R., pues este último hospital al igual que el primero, tampoco estaba en capacidad de practicar los exámenes especializados de imágenes que con urgencia requería y, por ende, se encontraba en imposibilidad de prescribir y menos de practicar el procedimiento quirúrgico que correspondía.
Aclarado lo anterior, es importante añadir que si bien en el período transcurrido entre la llegada al Hospital San Bernabé de Bugalandre y su arribo al centro asistencial a donde fue remitido, Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, el paciente no sufrió deterioro neurológico, pues, según se evidencia de las historias clínicas, en armonía con los testimonios técnicos que reposan en el plenario, la escala Glasgow(31) no había variado, ya que en ambas oportunidades, esto es, al ingreso al servicio de urgencias de ambas instituciones, el paciente reportó 14/15 de tal escala, por lo que hasta entonces no pasaba de ser un trauma craneoencefálico moderado, no es menos cierto de haber sido remitido directamente a un hospital de III nivel por parte del remitente primario, sus probabilidades de recuperar su estado de salud, el cual se vio seriamente deteriorado por el transcurrir del tiempo, habrían aumentado. Con todo frente a este aspecto, la Sala volverá más adelante.
En síntesis, la Sala concluye que existió una falla del servicio del Hospital San Bernabé de Bugalandre, concretada en la irregularidad en que incurrió al disponer el traslado del paciente al Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, pues no obstante haberse efectuado con prontitud, ciertamente la búsqueda del centro de destino no se efectuó de acuerdo a las necesidades que demandaban de su estado de salud. En relación con este aspecto vale anotar que, de cara a la presencia del trauma craneoencefálico diagnosticado en el Hospital San Bernabé, no bastaba con buscar su remisión a una institución de mayor nivel de atención, sino que el centro de destino contara con la disponibilidad de practicar los exámenes especializados requeridos para confirmar el estado de la lesión, lo cual no ocurrió.
2.6.2. De la falla del servicio del Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá.
La historia clínica da cuenta de que el paciente ingresó al servicio de urgencias del Hospital Tomás Uribe Uribe, Empresa Social del Estado de II nivel de atención(32), a la 1:00 p.m., con diagnóstico de trauma craneoencefálico moderado de una hora y media de evolución.
Al ingreso al servicio de urgencias, la escala Glasgow del paciente fue de 14/15; se concluyó que el paciente tenía contusión cerebral y se decidió dejar en observación. Sin embargo, aproximadamente a las 3:30, dos horas y media después de ingresar allí, el paciente presentó marcados signos de deterioro neurológico, tales como disminución de Glasgow a 3/15 descoordinación, no focalización, midriasis derecha, rigidez generalizada(33). Desde ese entonces, el médico tratante del servicio de urgencias consideró la necesidad de practicar con urgencia un TAC.
Con todo, dado que esa institución era de II nivel de complejidad, y por lo tanto, atendiendo a la órbita normativa que determinó su funcionamiento, dentro de los exámenes de diagnóstico no contaba con el servicio de tomografía axial computarizada, estimaron mandatorio remitirlo a un centro de III nivel que prestara ese servicio, así como el de manejo en unidad de cuidados intensivos.
Sin embargo, no existen registros en la historia clínica que den cuenta de los trámites adelantados con el fin de lograr la remisión del paciente a una institución de mayor grado de complejidad, pues solo se sabe que a las 3:20 de la mañana del día siguiente —28 de enero de 2000—, el paciente ingresó al Hospital Universitario San Jorge de Pereira, en muy malas condiciones.
En estas circunstancias, se desconoce por la Sala a qué obedeció la tardanza del Hospital Tomás Uribe Uribe en la remisión del paciente, pues no hay formatos o reportes del sistema de referencia y contrarreferencia que permitieran inferir que se debió a la falta de disponibilidad en otras instituciones.
Tampoco está demostrado lo sostenido por la entidad demandada al afirmar que los familiares se negaron a la remisión del paciente a la ciudad de Cali, por lo menos no que conste de una manera clara y legible en la historia clínica. Por el contrario, se indicó en los registros de evolución que el paciente no se encontraba acompañado o asistido por familiares, lo que denota una contradicción entre lo afirmado por el apelante y lo consignado en la historia clínica.
En este punto, es preciso referirse al argumento del recurso de apelación formulado por el Hospital Tomás Uribe Uribe, de conformidad con el cual, la práctica del TAC no se requería para darle manejo al paciente ya que el estado clínico que presentaba permitía conocer su diagnóstico y brindarle la atención requerida en ese hospital.
Para la Sala, la anterior afirmación resulta ser un contrasentido si se tiene en consideración que el recuento de lo acontecido con posterioridad en el Hospital San Jorge de Pereira, a donde finalmente fue remitido el paciente 12 horas después, permite evidenciar en primer lugar que la práctica del TAC era absolutamente indispensable, a tal extremo que fue sólo a partir de su resultado que se pudo establecer la existencia del hematoma subdural y epidural que, en efecto, causó el deterioro neurológico del paciente y que, a su turno, motivó la intervención quirúrgica orientada precisamente a drenar dicho hematoma y a impedir que el daño neurológico se continuara expandiendo.
En segundo término, no se compadece con la realidad el dicho del apelante según el cual con el solo estado clínico del paciente era posible darle el tratamiento requerido en el Hospital Tomás Uribe Uribe, pues ni siquiera era posible determinar a ciencia cierta en esa institución el estado y ubicación de la lesión cerebral.
Por el contrario, se consignó que en el mencionado Hospital no era posible practicar la tomografía axial computarizada indicada y tampoco brindarle atención en una unidad de cuidados intensivos, siendo con sustento en esa imposibilidad que, en efecto, tiempo después, fue remitido al III nivel, momento para el cual ya se había hecho evidente el marcado deterioro neurológico del paciente, pues pasó de reportar un Glasgow de 14/15 a 3/15, a tal punto que dejó de ser un trauma craneoencefálico moderado para ser catalogado como un trauma severo. Así pues, no se explica la Sala la razón por la cual si desde un comienzo el cuadro clínico del paciente a su ingreso al Hospital Tomás Uribe Uribe estuvo determinado por la existencia de una lesión a nivel craneoencefálico, circunstancia que hacía evidente la necesidad de practicar un TAC con urgencia, examen cuya práctica, por demás, no era posible de realizarse en ese lugar, su remisión al Hospital de III nivel se llevó a cabo 12 horas después de su ingreso.
Siguiendo el orden trazado, no era posible tener al paciente con el simple diagnóstico de trauma craneoencefálico moderado impartido a su arribo, sin practicar exámenes de imágenes que reflejaran el estado real de la lesión, máxime cuando, de conformidad con el testimonio del médico neurocirujano Pablo Fernando Vela, para tratar este tipo de traumas debía intervenirse quirúrgicamente el paciente dentro de las 4 horas siguientes al hecho causante del mismo, pues de lo contrario la mortalidad superaría el 95%.
En estas condiciones, no resultaba viable sencillamente esperar a que por la misma evolución tórpida del paciente se determinara la gravedad y la necesidad de remitirlo a una institución de mayor nivel, pues lo que en un principio, por la sintomatología, apareció como un cuadro clínico moderado, en todo caso debía confirmarse a riesgo de que el paso del tiempo corroborara un estado de gravedad mayor, como en efecto ocurrió al empeorar su estado de salud, pues para entonces se habría reducido notablemente la oportunidad de sobrevivir del paciente.
De ahí que la anotación de la historia clínica, “de no tener TAC” que según el apelante era una nota de índole simplemente preventiva, en criterio de la Sala, indicaba que su práctica precisamente era necesaria y, por lo tanto, inminente resultaba agilizar los trámites de remisión y no esperar a que fuera el progreso del deterioro del estado neurológico de la víctima lo que determinara su remisión “urgente”.
En los términos consignados, para la Sala se encuentra demostrada la falla del servicio médico asistencial de la Empresa Social del Estado Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá concretada en la tardanza injustificada en que incurrió al remitir al paciente L.M.R.A. a un centro de mayor nivel de complejidad 12 horas después de su ingreso al servicio de urgencias.
2.6.3. De la falla del servicio del Hospital Universitario San Jorge de Pereira.
Recuerda la Sala que la parte demandante formuló recurso de apelación con el objeto de que se declarara igualmente responsable al Hospital Universitario San Jorge de Pereira por la falla del servicio en que incurrió al retardar la práctica de la cirugía de craneotomía, por más de 6 horas desde el ingreso del paciente a ese Hospital.
Para resolver la alzada, la Sala precisa que el paciente ingresó al Hospital Universitario San Jorge de Pereira a las 3:20 de la mañana del 28 de enero de 2000, en muy mal estado, procedente el Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, con 15 horas de evolución de politraumatismo sufrido en accidente de tránsito. Según la historia clínica, a los 15 minutos de su arribo fue atendido por el servicio de neurocirugía, encontrándolo con una escala Glasgow de 3/15, por lo que ordenó practicarle TAC cerebral.
El examen se practicó a las 6:00 am y el resultado del mismo se obtuvo a las 8:30 am. Seguidamente se observa que aun cuando no existe constancia de la hora de ingreso a cirugía de craneotomía para drenaje, del reporte de anestesia en el que se consignó que la hora de prestación de ese servicio fue las 10:40 am se infiere que la intervención quirúrgica se llevó a cabo entre las 10:40 am y la 1 de la tarde, momento en que ingresó a la UCI.
Ahora bien, de lo expuesto la Sala no puede extraer elementos de juicio suficientes para afirmar que existió una tardanza injustificada en la intervención quirúrgica por parte del Hospital San Jorge y, menos, para concluir que su supuesta práctica tardía se hubiere debido a la falta de diligencia del personal médico de neurocirugía, como lo sostiene el libelista.
Sobre el particular, en primer lugar no puede perderse de vista que la práctica de la operación indefectiblemente debía estar precedida de la toma de la tomografía ordenada, pues solo a partir de su resultado podría establecerse la ubicación exacta de la lesión cerebral y su estado, de manera tal que era necesario previamente contar con la correcta lectura del examen para luego sí determinar la conducta procedente.
En esas condiciones del recuento de lo acontecido debe decirse que la cirugía se llevó a cabo dentro de las dos horas siguientes a obtener el resultado del TAC, lapso que en criterio de la Sala no deja de ser razonable.
En segundo lugar, no existe en el expediente evidencia científica indicativa de que durante el tiempo transcurrido entre el momento en que ingresó el paciente al Hospital San Jorge de Pereira y aquél en que se llevó a cabo la craneotomía hubiese aumentado el deterioro neurológico sufrido durante el lapso en que permaneció el señor L.M.R. en el Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá. Por el contrario, se insiste en que la escala Glasgow con la que arribó al Hospital de Pereira fue de 3/15, igual a la que reportó en el postoperatorio y en los días subsiguientes hasta a mediados de febrero, cuando empezó a mostrar cierta recuperación de su estado de salud.
Por lo demás, una vez salió el paciente de cirugía, lo trasladaron a la Unidad de Cuidados Intensivos en donde permaneció por espacio de tres semanas hasta el 19 de febrero de 2000, día en que fue traslado a una habitación del hospital por cuanto ya el paciente no necesitaba más soporte ventilatorio artificial debido a la mejoría que presentó su estado clínico, como respuesta a lo distintitos tratamientos quirúrgicos, farmacológicos y terapéuticos dispensados en ese centro asistencial.
Durante el tiempo de su hospitalización el paciente, estuvo asistido de manera continua por los servicios de cuidado intensivo, medicina crítica, medicina interna, neurocirugía, terapia respiratoria, ortopedia. Adicionalmente, fue sometido a dos procedimientos quirúrgicos consistentes en traqueostomía y gastrostomía practicados con el fin de procurar el mejor desenvolvimiento de su función respiratoria y nutricional.
De igual forma, se evidencia que durante su estadía en el Hospital San Jorge de Pereira el paciente logró aumentar su escala Glasgow a 11/15, lo cual mostró una franca mejoría de su estado neurológico. Sin embargo las secuelas del daño cerebral impedían que hasta el momento en que le dieron de alta de la institución (mar. 7/2000), pudiera relacionarse con su entorno, pues dada la cuadriparesia que presentaba no podía caminar, hablar, comer por sí solo o manejar las secreciones que producía su sistema respiratorio y respondía a impulsos y llamado verbal en mínima proporción.
Finalmente, el 13 de marzo de 2000, cuando al paciente reingresó al servicio de urgencias del Hospital, acudió con una complicación respiratoria inherente a las secuelas neurológicas de la lesión cerebral, pero a pesar de ser hospitalizado nuevamente y sometido al tratamiento antibiótico dispensado, no superó el estado séptico en que se hallaba, sufriendo un paro cardiorrespiratorio que le causó la muerte en la mañana del día siguiente.
Todo lo anterior, revela que el Hospital Universitario San Jorge de Pereira desde el momento del ingreso del paciente al servicio de urgencias hasta el día en que se le dio de alta por mejoría de su cuadro clínico, y durante la época de su reingreso y posterior fallecimiento, le prestó una atención médica de diagnóstico y tratamiento integral, oportuna y pertinente conforme la patología que presentaba y, por lo tanto, la Sala no encuentra configurada la falla del servicio médico que se le imputa.
2.6.4. De la relación de causalidad existente entre el daño y la falla del servicio atribuida a los Hospitales San Bernabé de Bugalandre y Tomás Uribe Uribe de Tuluá.
Ahora bien, en cuanto a la existencia de la relación de causalidad que existe entre la falla de servicio en que incurrieron los Hospitales San Bernabé de Bugalandre y Tomás Uribe Uribe de Tuluá y el posterior deceso del señor L.M.R.A., la Sala considera necesario precisar lo siguiente:
Al respecto debe recodarse que según el documento contentivo del informe de trabajo realizado por el CIT ante la Fiscalía en el cual se refiere a lo concluido en el protocolo de necropsia del paciente, se desprende que el fallecimiento del causante se debió a una insuficiencia respiratoria aguda, secundaria a bronco aspiración alimentaria asociada a tromboembolismo pulmonar secundarios a secuelas neurológicas de daño axonal difuso por trauma contundente de cráneo.
En consonancia con lo anterior, debe tenerse de presente que, como viene de exponerse, durante el tiempo en que el paciente estuvo hospitalizado en el Hospital Universitario San Jorge de Pereira fue sometido, a varios procedimientos quirúrgicos, entre ellos, a una traquesotomía y a una gastrostomía con el fin de impedir la dificultad respiratoria y viabilizar la nutrición, intervenciones que en ambos casos se practicaron a consecuencia del deterioro neurológico que le impedía el manejo voluntario de las secreciones y la deglución, según quedó consignado en los testimonios del neurocirujano Luis Edgardo Sanz Suárez y del médico intensivista Jaime Antonio Romero Díaz. A los pocos días, 14 de marzo, el paciente reingresó al Hospital San Jorge de Pereira con un cuadro respiratorio agudo que a su turno provocó una broncoaspiración, episodio que, según el testimonio del mismo médico y del neurocirujano Pablo Fernando Vela de los Ríos, se encontraba correlacionado con el trauma axonal difuso por lesión cerebral, lo cual guarda coincidencia con lo consignado en el protocolo de necropsia al que se hizo mención.
Así pues, las complicaciones respiratorias que condujeron al deceso del paciente, según los testimonios técnicos y el protocolo de necropsia fueron consecuencia de las secuelas neurológicas producidas por causa de la lesión cerebral, lesión que, como se dejó consignado en procedencia, alcanzó su mayor extensión y estado de gravedad durante el lapso en que el señor L.M.R.A. permaneció en las instalaciones del Hospital Tomás Uribe Uribe, en espera de ser remitido a una institución de tercer nivel para ser sometido a exámenes especializados de diagnóstico y a la intervención quirúrgica requerida.
En este punto ha de advertirse que aun cuando al ingresar al Hospital San Jorge fue operado y permaneció allí hospitalizado por más de un mes hasta lograr una estabilización, lo cierto es que la tardanza en la remisión al centro del III nivel —la que en gran parte fue propiciada por el Hospital San Bernabé de Bugalandre por no disponer su remisión a esa categoría de centro hospitalario como su cuadro clínico lo demandaba sino a uno de II nivel—, sin que se le dispensara la atención oportuna al paciente, causó las secuelas neurológicas que no pudieron superarse a pesar de los sendos tratamientos quirúrgicos y terapéuticos a los que se sometió.
Con todo, la situación que se ha advertido, en punto a la falla médica evidenciada, a juicio de la Sala no puede catalogarse como constitutiva de la causa directa del daño, toda vez que no existe certeza alguna en el proceso para sostener que mediante la remisión inmediata al centro asistencial y el tratamiento oportuno de la lesión cerebral se hubiere logrado salvar la vida del paciente, máxime si se tiene en cuenta el nivel de gravedad de los hallazgos que reportó el TAC.
Sin embargo, ello no conduce a exonerar de responsabilidad a los Hospitales San Bernabé de Bugalandre y Tomás Uribe Uribe de Tuluá, pues su responsabilidad resulta comprometida con fundamento en la pérdida de oportunidad o pérdida de chance que significó para el paciente la pérdida de tiempo en que se tardó su remisión a un centro de III Nivel de atención, frente a la cual la Sección Tercera del Consejo de Estado, mediante sentencia de agosto 11 de 2010(34) —reiterada por esta misma Subsección en sentencia de 7 de julio de 2011(35)—, elaboró importantes precisiones acerca de su noción, aplicación e indemnización como un rubro autónomo del daño.
Es así como la Subsección A de la Sección Tercera del Consejo de Estado se ha referido a la pérdida de oportunidad como un perjuicio de naturaleza autónoma, en los siguientes términos: “(…) la Sala considera que la pérdida de oportunidad se ubica en el campo del daño, sin desconocer que por elementales razones guarda estrecho vínculo con la relación de causalidad, —la causalidad existente entre el hecho imputable y el daño para estructurar la responsabilidad— y por lo mismo, resulta ser un perjuicio autónomo que, no obstante, es indemnizable, diferente al daño final padecido por el paciente”(36). (se destaca).
Con sujeción a la posición jurisprudencial en referencia, la Sala advierte que si bien, en el caso concreto, no existe una absoluta certeza acerca de si la falta de remisión oportuna del señor L.M.R.A. pudiere corresponder a la causa determinante del deceso del paciente, no es menos verídico que dicha omisión excluye la diligencia y cuidado con que debieron actuar las entidades para dispensar una eficaz prestación del servicio público y, aunque tampoco existe certeza de que aún si la administración hubiere actuado con la mencionada diligencia la víctima hubiere recuperado su salud, sí resulta ajustado concluir que si los hospitales San Bernabé de Bugalandre y Tomás Uribe Uribe de Tuluá hubiesen obrado de esa manera, no le habrían hecho perder al paciente el chance de ser sometido al tratamiento quirúrgico indicado para tratar su cuadro clínico en procura de su recuperación.
Es así como la Subsección A de la Sección Tercera del Consejo de Estado se ha referido a la pérdida de oportunidad como un perjuicio de naturaleza autónoma, en los siguientes términos: “(…) la Sala considera que la pérdida de oportunidad se ubica en el campo del daño, sin desconocer que por elementales razones guarda estrecho vínculo con la relación de causalidad, —la causalidad existente entre el hecho imputable y el daño para estructurar la responsabilidad— y por lo mismo, resulta ser un perjuicio autónomo que, no obstante, es indemnizable, diferente al daño final padecido por el paciente”(37). (se destaca).
En consecuencia, teniendo en cuenta que la falta de remisión oportuna al centro asistencial de III Nivel le mermó oportunidades de ser tratado oportunamente al paciente L.M.R.A. y, con ello, de obtener el restablecimiento de su salud, la Sala declarará solidariamente responsables a los Hospitales San Bernabé de Bugalandre y Tomás Uribe Uribe de Tuluá Tomás Uribe Uribe por la pérdida de la oportunidad de continuar con vida.
Teniendo en consideración que el perjuicio por pérdida de oportunidad tiene un carácter autónomo, por cuanto no se deriva directamente de la muerte del señor L.M.R.A., sino de la pérdida de oportunidad de ser oportunamente remitido a una institución de mayor nivel de complejidad para ser sometido al tratamiento quirúrgico indicado para tratar el trauma craneoencefálico, la Sala revocará el reconocimiento de perjuicios materiales en la modalidad de lucro cesante, comoquiera que ellos, por el contrario, emanan de su fallecimiento.
En el orden de ideas expuesto, con fundamento en el principio de equidad, se reconocerá una suma genérica a cada una de las demandantes(38), por cuanto todos ellas demostraron su legitimación en la causa por activa por cuenta de la acreditación de su calidad de cónyuge e hijas del causante.
Precisado lo anterior, se advierte que el grupo familiar demandante está integrado por la esposa e hijas del señor L.M.R.A. para cuya muestra de parentesco allegaron copia auténtica del registro civil de matrimonio contraído entre L.M.R.A. y S.L.L.M. (fl. 5 cdno. 1) y copia auténtica de los registros civiles de nacimiento de D.R.L. R.L. (fls. 6-7 cdno. 1), hijas de la víctima. Por consiguiente, se reconocerá para cada una de ellos la suma equivalente a 30 smlmv, por concepto del daño consistente en la pérdida de la oportunidad.
La procedencia del reconocimiento de este tipo de perjuicio fue materia de pronunciamiento por la Sección Tercera del Consejo de Estado en el plurimencionado fallo de agosto 11 de 2010 y también por la Subsección A de dicha Sección en decisión del 7 de julio de 2011(39), en los siguientes términos:
“En cuanto corresponde a esta clase perjuicios, dado que ninguna incompatibilidad existe entre el reconocimiento de los perjuicios ocasionados por el daño autónomo consistente en la pérdida de oportunidad que aquí se ha detallado y la aflicción, angustia y congoja que en el plano puramente moral o inmaterial les generó la mencionada pérdida de oportunidad —que no los perjuicios morales por la muerte de la víctima directa— se hará un reconocimiento por este específico concepto (…)”.
Sin embargo, se reitera que como quiera que en este caso el perjuicio no emana de la muerte del paciente R.A., sino de la pérdida de oportunidad, la Sala rebajará la condena proferida en primera instancia por este concepto para en su lugar reconocer a cada uno de los demandantes, la indemnización por este rubro, en cuantía equivalente a treinta (30) smlmv para cada uno de ellas.
MODIFICAR la sentencia proferida por el Tribunal Administrativo de Risaralda el 18 de mayo de 2006, y en su lugar se dispone:
1. DECLÁRASE patrimonial y administrativamente responsables, de manera solidaria, a la ESE Hospital San Bernabé de Bugalagrande y a la ESE Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá por la pérdida de oportunidad de la recuperación de la salud del señor L.M.R.A., de conformidad con lo expuesto anteriormente.
2. CONDÉNASE solidariamente a la ESE Hospital San Bernabé de Bugalagrande y a la ESE Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, a pagar a las demandantes S.L.L.M., D.R.L. y E.R.L., la suma equivalente a treinta (30) smlmv, para cada una de ellas, a título de pérdida de la oportunidad de la recuperación de la salud de su esposo y padre.
3. CONDÉNASE solidariamente a la ESE Hospital San Bernabé de Bugalagrande y a la a la ESE Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá, a pagar a las demandantes S.L.L.M., D.R.L. y E.R.L., la suma equivalente a treinta (30) smlmv, para cada uno de ellos, a título de perjuicios morales.
5. Se absuelve de responsabilidad por los hechos descritos en esta demanda a la ESE Hospital San Jorge de Pereira.
Ejecutoriada esta providencia, DEVOLVER el expediente al tribunal de origen para su cumplimiento.
(15) Folios 665-683 cdno. ppal.
(17) Subsección A, Sección Tercera del Consejo de Estado, 23.860, 14 de mayo de 2012, M.P. Mauricio Fajardo Gómez.
(18) Auto de 22 de abril de 2008, exp. C-110010315000200800180 00.
(19) Sentencia de 20 de septiembre de 2007, exp. 15.779, reiterada por esta Subsección en sentencia de 21 de febrero de 2011, exp. 17.721.
(20) Las acepciones pertinentes que de las expresiones aquí referidas contiene el “Diccionario de la Lengua Española” de la Real Academia Española, publicado en Madrid en 1992, son las siguientes:
“sanear. (De sano). … // 2. Reparar o remediar una cosa”.
(21) Folios 49 – 52 cdno. 2 pruebas
(22) Folios 53 – 55 cdno. 2 pruebas
(23) Folios 56 – 59 cdno. 2 pruebas.
(24) Consejo de Estado. Sala Plena de la Sección Tercera, sentencia de 19 de abril de 2012. Exp. 21.515.
(26) Sección Tercera del Consejo de Estado, 11 de febrero de 2009, expediente 19.358, C.P. Ramiro Saavedra Becerra.
(27) El Hospital San Bernabé de Bugalandre se convirtió en Empresa Social del Estado de I nivel de atención, a través de Acuerdo Municipal 17 del 14 de junio de 1994.
(28) Articulo 106 y 107 de la Resolución 5261 de 1994.
(29) ART. 109.—Otros procedimientos diagnósticos y/o terapéuticos. Se considerarán para el nivel II de complejidad los siguientes procedimientos: (…)
Neurología: Electroencefalograma (ya descrito) - Punción lumbar
(30) ART. 113.—Radiología. Para el nivel III de complejidad serán considerados todas las tomografías axiales computarizadas, así como cualquiera de las gammagrafías o estudios de Medicina Nuclear y las ecografías no consideradas en los niveles I y II.
(31) De los testimonios técnicos de los médicos neurocirujanos que reposan en el plenario se desprende que la escala de Glasgow es el método empleado para determinar la mejoría o deterioro del estado neurológico del paciente, según aumente o disminuya, respectivamente.
(32) El Hospital Tomás Uribe Uribe de Tuluá fue creado como Empresa Social del Estado mediante Ordenanza 5 del 12 de enero de 1996.
(33) Esta información se desprende del recuento clínico realizado por el servicio de Medicina Crítica del Hospital San Jorge de Pereira, consignado a folio 194 del cdno. 1.
(34 Expediente 18.593.
(35) Expediente 20.139.
(36) Sentencia de 27 de abril de 2011, exp. 18.714, M.P. Gladys Agudelo Ordóñez; en ese mismo sentido, puede consultarse la sentencia dictada el pasado 8 de junio del presente año, exp. 19.360.
(37) Sentencia de 27 de abril de 2011, exp. 18.714, M.P. Gladys Agudelo Ordóñez; en ese mismo sentido, puede consultarse la sentencia dictada el pasado 8 de junio del presente año, exp. 19.360.
(38) Así lo determinó la Sala, dentro del mencionado fallo de agosto 11 de 2010, acogida y reiterada por esta Subsección, mediante sentencia de 7 de julio de 2011, exp. 20.139.
(39) Consultar sentencia de 11 de agosto de 2010, Exp. 050012326000199500082 – 01 (18.593); sentencia de 25 de agosto de 2011, Exp. 250002326000199703994 – 01 (19.718); sentencia de 7 de julio de 2011, Exp. 520012331000199708974 – 01 (20.139). Consejo de Estado, Sección Tercera, Subsección A, reiterado en sentencia del 21 de marzo de 2012, expediente: 22.017, C.P. Mauricio Fajardo Gómez.

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 RESOLUCIÓN 
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 artículo 212
 artículo 140
 artículo 140
 artículo 140
 artículo 140
 artículo 144
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