Source: http://psicoterapiaintegra.com/las-etapas-de-la-vida-segun-erikson/
Timestamp: 2018-09-26 03:03:03+00:00

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ETAPAS DE LA VIDA. Creciendo en espiral. – Psicoterapia Integra
Psicoterapia Integra / Necesidades relacionales / ETAPAS DE LA VIDA. Creciendo en espiral.
Erik Erikson (1902 – 1994), fue un brillante psicoanalista cuya trayectoria como psicoanalista de niños y adultos, su experiencia como maestro, su interés por la antropología y su polifacética vida, hizo de este hombre una referencia aún vigente en la psicología actual.
De todas sus contribuciones, destacan especialmente las que, con la colaboración de Joan Mowat Erikson, aportó a la Psicología del Desarrollo, y en concreto, la definición de los Estadios Psicosociales del Desarrollo Humano, de gran utilidad tanto para la educación como para la comprensión de las tareas vitales pendientes que hay que abordar en un proceso terapéutico.
Como título de cada etapa, eligió las polaridades del resultado posible, el cual condiciona cómo se van a vivir las siguientes etapas, y constituye una base más o menos fiable sobre la que construir el siguiente estadio. Por ejemplo, sin una sensación de confianza interna no se logrará una buena autonomía, sin autonomía no habrá espacio para atreverse a hacer cosas, sin impulso e iniciativa habrá poca actividad creativa, etc.
Desde el nacimiento hasta los dieciocho meses.
En esta etapa está en juego la confianza básica, una sensación visceral de que no estoy en peligro. En ella se define el tipo de apego que condicionará los futuros modos de estar en relación. Su resolución, depende fundamentalmente del vínculo que hayan creado los cuidadores con el bebé, a partir de la calidad de los cuidados y primeras comunicaciones.
Hay que tener en cuenta que el bebé es en esta etapa muy receptivo, y vulnerable a las experiencias de frustración o sobreestimulación. Requiere de adultos sintonizados con sus necesidades y atentos a su bienestar.
La resolución positiva de esta etapa deriva en personas con una sensación interna de bienestar y seguridad.
Durante este estadio el niño realiza gran parte su desarrollo cognitivo y psicomotriz, comenzando a controlar su cuerpo y sus funciones, y desarrollando cierta autonomía. Necesita de adultos que acompañen y valoren sus logros, que le dejen espacio para experimentar con sus capacidades, y que respeten sus ritmos de aprendizaje, en el marco de una relación segura y respetuosa.
Debemos tener en cuenta que el yo se afirma muchas veces oponiéndose a los demás, de manera que el niño experimentará el poder que tiene de influir sobre su entorno. La respuesta adulta debe ir encaminada a entender la función de estas conductas y a darles espacio, aun siendo firmes en lo que consideremos importante.
La resolución positiva de esta etapa desemboca en una sensación de autonomía y de sentirse como un YO independiente.
El desarrollo físico e intelectual del niño en esta etapa continúa siendo muy rápido, y se suele contar con una inmensa energía que a veces desborda a los adultos que le rodean. Es la edad del juego, la imaginación, el lenguaje, el movimiento…
Crece el interés por relacionarse con otros niños, de poner a prueba sus habilidades y capacidades, y de, a través de la diferencia, conocerse.
La tarea de su entorno es reconocer el valor de sus actividades, preguntas, ocurrencias, juegos e iniciativas, procurando un espacio seguro y con límites claros, y respetar su autodefinición evitando comparaciones, juicios y etiquetas.
Una resolución positiva de esta etapa derivará en una autoestima sana y en un impulso a la iniciativa y la proactividad.
Desde los 6-7 años hasta los 12 años.
Los niños empiezan a mostrar un interés genuino por aprender, quieren entender cómo funcionan las cosas. Empiezan a llevar a cabo actividades que tienen un propósito, es decir, es la edad de embarcarse en proyectos, planificando y poniendo en juego sus conocimientos y habilidades. El grupo de iguales comienza a adquirir una relevancia trascendental, por lo que sería ideal que muchos de estos proyectos fueran grupales.
Es muy importante en esta etapa la sensación de logro, de poder hacer cosas y hacerlas bien, y de ser bien aceptado y reconocido por el grupo, por lo que deberemos estar atentos a cuáles son sus talentos y capacidades y proporcionarles espacios en los que desarrollarlas y sentirse valorados. Esto, en nuestro medio, es especialmente importante en niños en los que las habilidades “académicas” no son las más relevantes.
La resolución positiva de esta etapa derivará en personas implicadas, con proyectos y con habilidades para llevarlos a cabo.
Desde los 13 años hasta los 21 años.
En esta etapa cada persona trata de dar respuesta a una pregunta que se formula insistentemente: ¿quién soy?
Los adolescentes empiezan a tomar distancia de los padres, pasando más tiempo con su grupo de iguales, aunque aún les necesitan como un “lugar seguro” al que volver. Comienzan a hacer planes más o menos realistas sobre su futuro: qué estudiar, a qué dedicarse, dónde vivir, qué tipo de vida tener… Exploran sus posibilidades y comienzan a apuntalar su propia identidad basándose en las experiencias vividas fuera del núcleo familiar. Esta búsqueda conlleva necesariamente que en ocasiones se sentirán confusos y asustados.
Es algo común que a lo largo de esta verdadera “crisis de identidad” se reaviven los conflictos de cada una de las etapas anteriores, para desesperación de los adultos que les rodean, pero es en realidad una oportunidad para lograr lo que quedó pendiente y asentar las bases de una personalidad sana.
Una resolución positiva de esta etapa derivará en un adecuado autodescubrimiento, en un saber quién soy y qué quiero hacer en el mundo, y en personas capaces de soñar e ilusionarse con su vida.
Desde los 20 años hasta los 40 años.
La forma de relacionarse con otras personas se modifica, empezando a priorizar relaciones que ofrezcan y requieran de un compromiso recíproco, y una intimidad que genere una sensación de seguridad, de compañía, de confianza.
La resolución positiva de esta etapa conlleva personas capaces de establecer relaciones de intimidad, pudiendo estar cerca de otros sabiendo quiénes son, sin “perderse” a sí mismas ni funcionar de manera defensiva.
Desde los 40 años hasta los 60 años.
En esta etapa la persona suele dedicar gran parte de su tiempo a sus proyectos vitales (su trabajo, su familia y allegados…)
Suele ser una dificultad encontrar el equilibrio entre lo que hace para otros y para él mismo, entre la sobrecarga y la rutina, entre lo que hace para el futuro (suyo, de sus allegados, de otros) y lo que disfruta en el hoy.
Aparece la necesidad de ser y sentirse útil, y de alguna manera la motivación por hacer algo constructivo, lo cual puede lograrse a través de las diferentes formas que el individuo identifique como motivantes: la profesión, la crianza y educación de los hijos, la enseñanza, la inventiva, la ciencia, el arte, el activismo, las relaciones sociales…
Una resolución positiva de esta etapa deriva en personas que se implican y se sienten útiles, que encuentran un sentido a su vida y a lo que hacen con su tiempo, que quieren contribuir en algo a la sociedad y encuentran maneras de llevarlo a cabo.
Desde los 60 años hasta los 80-90 años.
Aparece aquí una necesidad de integrar, de aportar coherencia y dotar de significado a la vida, sintiendo que, con todo, ha merecido y merece la pena vivir. Es una etapa para aceptar lo que se ha vivido, y a lo que se ha renunciado, asumiendo que hay cosas que se podían haber hecho mejor, y afrontando los duelos que esto conlleva.
Si esta etapa se resuelve positivamente tendremos personas con un fuerte sentido vital, convencidas de que su vida ha tenido y tiene sentido y coherencia, conscientes de las elecciones que han ido tomando.
Después de la muerte de Erikson, en 1994, su mujer Joan añadió un noveno estadio para la vejez avanzada.
Este estadio, a partir de los 80-90 años, está acompañado de pérdida: de salud física, de amigos, de familiares, de independencia y de integración en la sociedad. Sin embargo, también aparece una necesidad de prestar atención a los aspectos más trascendentales de la existencia, como si la persona se sintiera más desligada de sí misma para fundirse con la globalidad.
En este estadio se hacen pequeñas regresiones a los anteriores, siendo la última oportunidad para integrar y dar un nuevo cierre a los aspectos que han quedado pendientes.
Si esta etapa se resuelve positivamente, la persona tendrá un fuerte sentido de trascendencia, a la vez que una sensación de “volverse libre”, de poder ir marchándose poco a poco, viendo la muerte como una realidad y con la sensación de haber vivido lo suficiente.
Necesidades relacionales (8)
Psicoterapia integrativa (12)

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