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Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación de sucesos lesivos a conductas lícitas
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Jesús Quiroga Herrera
1 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación de sucesos lesivos a conductas lícitas JACOBO DOPICO aómez-aller Doctor en Derecho. Profesor de Derecho Penal Universidad Carlos III de Madrid SUMARIO: l. Introducción.-2. Explicaciones doctrinales y jurisprudenciales: A) La explicación causal; B) Un criterio descriptivo: la proximidad social con el desamparado; C) «Solidaridad intensificada»: las consecuencias previsibles de un hecho fortuito.-3. La imputación del daño a una conducta lícita y la prohibición de lesión (Neminem laedere): A) Presupuestos. El término «accidente». La omisión del artículo como conducta posterior a un «accidente»; B) Imputación y libertad de organización; C) Fundamento material de la agravación del artículo 195.3, 1.0 inciso: imputación de un suceso lesivo a una conducta lícita; d) «Ocasionar un accidente fortuito» y las consecuencias objetivamente imputables a una conducta lícita; e) Aproximación casuística a los riesgos típicos de una actividad permitida. En especial: los casos de «culpa de la víctima» o de un tercero.-4. Bibliografía. 1. INTRODUCCIÓN En el estudio de la omisión de socorro a la víctima del propio accidente (art ) se entremezclan demasiadas cuestiones, que vienen a confluir en la perplejidad de la doctrina española ante el llamado «principio de injerencia» (l), eje de gran parte de la evolución de la dogmática de la omisión delictiva. (1) La perplejidad es tal que no existe siquiera consenso ortográfico sobre el vocablo <<injerencia». Un relevante sector de la doctrina española viene proponiendo desde hace tiempo la grafía ingerencia. LUZÓN PEÑA sostiene esta posición [<<lnge-
2 236 acabo Dopico GÓmez Aller Bajo la vigencia del derogado CP, el delito de omisión de socorro a la víctima fue objeto de un intenso debate. Su artículo 489 bis (luego ter) agravaba la pena de la omisión de socorro si la persona desamparada estaba en peligro manifiesto y grave «por accidente ocasionado por quien omitió el socorro debido». Con la introducción de esta modalidad agravada en 1967 nuestro ordenamiento acogió el llamado «pensamiento de la injerencia» (2), y sin mucha tardanza comenzó la doctrina española a recorrer con precisión los pasos de una polémica ya largamente debatida desde el siglo anterior en la doctrina alemana, de donde proviene el argumento de la injerencia en su recepción habitual: la relativa a las características que debe reunir la acción precedente para que surja un deber de evitar el resultado (y, en concreto, qué tipo de deber de evitación). Así, una línea que cabe denominar «expansiva» afirmaba que el término «accidente» debía entenderse como «intervención sin dolo ni culpa»: sólo esas «injerencias fortuitas» darían lugar a la aplicación del tipo del artículo 489 ter; por el contrario, de mediar imprudencia o rencia, comisión por omisión y omisión de socorro (Comentario a la STS de 24 de abril de 1974»>, en Derecho penal de la circulación, 2." ed., Barcelona, 1990, pp ; es versión ampliada de «Comentario a la STS (Sala 2.") 24 de abril dei974», en RevDCirc 1974, pp. 269 Y ss.] apelando al origen etimológico del término (del latín ingerere, con ulterior contaminación del término inserere, de donde proceden también términos como insertar e injertar: COROMINAS, Joan; PASCUAL, José A., Diccio nario crítico etimológico castellano e hispánico, t. n, G-MA, Madrid, 1980, pp ; CARO Y CUERVO, Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, pp. 578 Y ss.). Debe concederse que existe un cierto fondo de autoridades que recogen la grafía «ingerencia» e «ingerirse» (si bien muy escasas desde inicios del siglo xx frente a la mayoritaria adopción de la grafía «injerencia» e «injerirse»); no obstante, seguiremos aquí la ortografía de la Real Academia Española «<injerencia»). En sí, el retorno a la pureza etimológica no es sino garantía de mayor cercanía al idioma de origen, pero, por lo demás, nada aporta. No supondría mejora alguna, por ejemplo, escribir «avogado» por abogado (étimo: advocatus), ni «voda» por boda (cuyo étimo es el plural vota). El español ha evolucionado en este punto, con sus peculiaridades fonéticas y ortográficas, desviándose del canon de la mayoría de los de su entorno, que suelen conservar la «g» latina (ingerence, ingerencia, ingérence, Ingerenz); y entiendo sumamente improbable, tras progresivas fijaciones académicas del término, un retorno a la grafía originaria. En el uso culto moderno del término (y también en el específicamente jurídico, como cuando los internacionalistas hablan del «principio de no-injerencia en asuntos internos») está ya consolidada la grafía que recoge el Diccionario de la R.A.E. (2) RODRÍGUEZ MOURULLO, «El delito de omisión de auxilio a la víctima y el pensamiento de la ingerencia», en ADPCP 1973, pp. 501 Y ss., pp El autor refiere sus comentarios al artículo 489 bis CP, que posteriormente pasó a ser el artículo 489 ter.
3 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación dolo en la injerencia, la omisa evitación ulterior pasaría a ser una omisión comisiva de un delito de resultado (por lo general, un homicidio doloso por omisión) (3). Otra línea, que denominaremos «restrictiva», sostenía que el término «accidente» del artículo 489 ter debía interpretarse en el sentido de una intervención imprudente y nunca fortuita, ya que no existiría legitimidad para imputar una responsabilidad mayor que la del quivis ex populo a aquél cuya única relación con el resultado es una conexión fortuita, es decir, imprevisible (4). Entre estos dos polos del debate se movieron otras soluciones que afirmaban que el término «accidente» abarcaba tanto la «injerencia» imprudente como la fortuita (5). Como es frecuente, fueron estas soluciones intermedias las que hallaron un pronto y masivo respaldo jurisprudencial (6). (3) En esta línea, vid. HUERTA TOCILDO, «Injerencia y artículo 489 bis, 3., CP», en Problemas fundamentales de los delitos de omisión, Madrid, 1987, pp. 253 Y ss., 265 y ss., 277 (publicado inicialmente en ADPCP 1985, pp. 37 Y ss.); LA MISMA, «Las posiciones de garantía en el tipo de comisión por omisión», en Problemas fundamentales, pp. 17 Y ss., p. 178 (si bien sosteniendo de lege ferenda una posición alternativa); esta misma posición adoptaban en un inicio COBO DEL ROSAL/CARBO NELL MATEU, en Cobo del RosaUVives Antón, Derecho Penal. Parte Especial, 2." ed., Valencia, 1988 (si bien CARBONELL MATEU ha variado notablemente su posición con la entrada en vigor del CP 1995; vid. CARBONELL MATEu/GONzÁLEZ CUSSAC, en Vives Antón (dir.) Comentarios al Código Penal de 1995, vol. 1, Valencia, 1996, pp ; Y su última reformulación, en Los mismos, en VIVES ANTÓN et al., Derecho penal. Parte especial, 3." ed., Valencia, 1999, p ); similar, con respecto al CP argentino, BACIGALUPO ZAPATER, «Conducta precedente y posición de garante en el Derecho penai», en ADPCP 1970, pp. 35 Y ss., pp En la jurisprudencia española cabe citar, de modo absolutamente minoritario, un obiter dictum de la STS 28 de mayo de (4) En esta línea es fundamental el trabajo de ZUGALDÍA ESPINAR, «Omisión e injerencia con relación al supuesto agravado del párrafo 3 del artículo 489 bis del Código Penai», en CPC 1984, pp. 571 Y ss.; GÓMEZ BENÍTEZ, Teoría Jurídica del Delito. Derecho penal. Parte General, Madrid, 1984, pp (5) Vid., por ejemplo, RODRÍGUEZ MOURULLO, ADPCP 1973, p. 514; LuzÓN PEÑA, <<Ingerencia...»; p. 174; SILVA SÁNCHEZ, «Problemas del tipo de omisión del deber de socorro (Comentario a la STS de 27 de abril de 1987, ponente Sr. Díaz Palos»>, en ADPCP 1988, pp. 561 y ss., pp. 573 Y ss.; GÓMEZ RIVERO, «La producción del resultado muerte o lesiones en relación al supuesto agravado del artículo 489 ter», en La Ley , pp. 787 Y ss. (6) Sobre esta polémica vid., por todos, SILVA SÁNCHEZ, ADPCP 1988, pp. 571 y SS.; CARBONELL MATEU/GONZÁLEZ CUSSAC, Comentarios, pp ; Los MIS MOS, Derecho Penal. Parte Especial, p. 276; DEL ROSAL BLAsco, Bernardo, en Compendio de Derecho Penal Español (Parte Especial) (M. Cobo del Rosal dir.), Madrid, 2000, p. 262; LAMARcA PÉREZ, en Manual de Derecho Penal. Parte Especial (C. Lamarca Pérez coord.), Madrid, 2001, p. 162.
4 238 Jacobo Dopico Gómez-Aller El legislador de 1995 ha resuelto la mayor parte de este debate, al regular la materia con más concreción. El actual artículo recoge, como modalidades agravadas de la omisión de socorro, la omisión de socorro a la víctima del propio accidente tanto si éste ha sido «ocasionado fortuitamente» (pena de prisión de seis meses a un año y multa de seis a doce meses), como si se ha debido a imprudencia (prisión de seis meses a dos años y multa de seis a veinticuatro meses). Para entender la estructura del artículo en profundidad y su coordinación con el artículo 11, regulador de la comisión por omisión, es necesario entender antes el juego del argumento de la injerencia en el Derecho Penal español. Ello obligaría a un estudio notablemente más extenso (7). El objetivo de estas páginas es, por el contrario, mucho más modesto: me limitaré tan sólo a estudiar un concreto problema de definición típica. De quién cabe decir que ha ocasionado un accidente? Para responder a ello, será necesario afrontar otras cuestiones previas: qué legitimación existe para sancionar con una pena mayor que la de la omisión de socorro a quien no ha incurrido en imprudencia, es decir, quien se ha comportado conforme a Derecho? A tal efecto, propongo posponer las líneas fundamentales del debate general sobre el juego del llamado «principio de injerencia» en el CP vigente, y partir de una premisa que hoyes aceptada de modo mayoritario por la doctrina española: sea cual sea el fundamento de la agravación plasmada en el artículo 195.3, 1.0 inciso, queda claro que, según el programa político-criminal del ep, los omisos salvamentos tras accidente «ocasionado fortuitamente» no son considerados casos de comisión por omisión dolosa de homicidio o lesiones, sino que se les debe aplicar una tipo penal con una pena mucho más reducida (8) [en terminología de Silva Sánchez, una omisión de gravedad intermedia (9)]. Este punto de partida requerirá una cierta acotación más ade- (7) Al estudio del principio de injerencia y su juego en el Derecho Penal español he dedicado mi tesis doctoral, Fundamentos de la responsabilidad por injerencia. De su segunda parte proceden las consideraciones reflejadas en estas páginas. (8) Así lo admite incluso el minoritario sector de la doctrina española que cabe calificar como expansivo en materia de injerencia, es decir, el que entiende que el omiso salvamento doloso tras accidente imprudente puede calificarse como un delito doloso de homicidio (vid. recientemente HUERTA TOCILDO, Principales novedades de los delitos de omisión en el Código penal de 1995, Valencia, 1997, p. 41). (9) Sobre esta categoría, vid. SILVA SÁNCHEz, El delito de omisión. Concepto y sistema, Barcelona, 1986, pp. 341 Y ss.; EL MISMO, «Entre la omisión de socorro y la comisión por omisión. Las estructuras de los artículos y 196 del Código Penal», en Problemas específicos de la aplicación del Código Penal, Madrid, 1999, p. 153 Y ss. (passim). ADPep. VOL. LV. 2002
5 Omisión de socorro tras accidente fonuito. La imputación lante, pero permite soslayar los puntos más controvertidos del debate de la injerencia para centrarnos en una concreta cuestión: qué sentido debe darse a la expresión «ocasionar fortuitamente un accidente»? 2. EXPLICACIONES DOCTRINALES Y JURISPRUDENCIALES A) La explicación causal Es mayoritaria en nuestra jurisprudencia la definición del supuesto de hecho del 1.0 inciso del artículo como la omisión de socorro por parte de quien previamente entabló mera relación causal con el accidente, es decir, de quien interpuso alguna condición causal de su acaecimiento. Así, «no se precisa una previa conducta, culposa por supuesto, del agente productor del peligro (... ) bastando la abrazadera de una relación de causalidad entre unos y otro» (10); entendida ésta como «una mera relación de causalidad material y no jurídica» (11). A extremos llamativos llega la STS de 6 de octubre de 1989 ahondando en esta línea. Así, ante la alegación del omitente de que en el accidente había concurrido culpa exclusiva de la víctima [se trataba del atropello del conductor de un ciclomotor que derrapó inesperadamente ante el conductor (12)] responde el Tribunal Supremo: «No importa el que la víctima fuera o no culpable en el accidente, ni (10) STS de 27 de noviembre de Esta sentencia cita, como apoyo de su tesis, cinco resoluciones previas. De entre ellas, ciertamente la STS de puede considerarse como un apoyo argumental; despierta algunas dudas que otras, como las SSTS de 28 de septiembre de 1981 y 23 de octubre de 1981, puedan aducirse en ese sentido (dado que se refieren a accidentes previos imprudentes, y no llegan a hacer afirmaciones tan tajantes como las contenidas en la STS de 21 de noviembre de 1983). Sin embargo, bajo ningún concepto cabe encontrar similitud alguna con la argumentación de la STS de 9 de junio de 1982, también citada como antecedente jurisprudencial, ni en la interesante STS de 5 de abril de 1983, a cuya argumentación aludiremos más adelante. (11) STS de 26 de marzo de Emplea la misma expresión la SAP Barcelona (Sección 8. a ) 5 de diciembre de Vid. también las SSTS de 28 de mayo de 1990, 23 de septiembre de 1991 y 20 de mayo de 1994 (<<el caso más grave de antijuridicidad por la relación causal entre actuación propia del omitente del auxilio y la situación que lo requiere»). (12) Puede surgir la duda de si el conductor del automóvil guardaba la distancia de seguridad debida (deber de cuidado) en el momento previo al atropello; sin embargo, en las instancias previas no recayó condena por delito imprudente.
6 240 Jacobo Dopico Gómez-Aller siquiera que ella tuviera incluso voluntad de autolesionarse o de quitarse la vida. Ninguna de estas circunstancias puede eximir a quien produce el suceso causante de esos daños respecto de su deber de auxilio inmediato con todos los medios a su alcance. (... ) Precisamente, para huir de tales implicaciones relativas al concepto de culpa con referencia al suceso inicial la Ley utiliza unos términos totalmente asépticos en este sentido cuando habla de "accidente ocasionado por el que omitió el auxilio debido"» (13). Esta definición del elemento cualificador del artículo 195.3, 1.0 inciso basada en la mera causalidad ha sido también acogida por parte de nuestra doctrina (14). Es llamativa esta divergencia entre los principios estudiados en la Parte General y las conclusiones alcanzadas en la Parte Especial. Es prácticamente unánime en la doctrina moderna la afirmación de que ni la mera causalidad, ni ningún otro dato desnudo de la naturaleza pueden fundamentar responsabilidad alguna (15). Sin una regla juódica que otorgue significado, que codifique el suceso en términos juó- (13) Las cursivas son añadidas. (14) MOLlNA BLÁZQUEZ «El artículo del Código Penal de 1995: problemas de aplicación», en RDPC (2." época) n.o 4, 1999, pp. 555 Y ss., p. 578 (<<el mayor disvalor de acción que se da cuando el que ha causado naturalísticamente el peligro se desentiende de las posibles consecuencias»); quizá en este sentido, HUERTA TOCILDO, <<Injerencia...», p. 277 (<<todo supuesto de causación fortuita de una situación de peligro inmediato para la vida o la integridad personal de otro»), aunque por la polisemia del término «causación», no me atrevo a afirmarlo con seguridad (en ambas citas las cursivas son añadidas). (15) Vid., tan sólo a título ejemplificativo, en la doctrina española, RODRÍGUEZ MOURULLO, Derecho Penal. Parte General, Madrid, 1977, p. 302; GÓMEZ BENÍTEZ, PG p. 56, pp. 91, 92, (reduciendo la causalidad a mero presupuesto de lo que en sí es relevante, el juicio penal de imputación); EL MISMO, Causalidad, imputación y cualificación por el resultado, Madrid, 1988, p. 15, nota 2, p. 18; SILVA SÁNCHEZ, El delito..., p. 13; LUZÓN PEÑA, Curso de Derecho Penal. Parte General. 1, Madrid, 1996, pp. 357, ; BACIGALUPO ZAPATER, Principios de Derecho Penal, 5." ed., Madrid, 1998, p. 173; MIR PUlG, Derecho Penal. Parte General, 6." ed., Barcelona, 2003, n.m. 10/8, 10/37; MuÑoz CONDElGARCÍA ARÁN, Derecho Penal. Parte General, 5." ed., Valencia, 2002, pp y ; QUINTERO OLlVARES/MORALES PRATsJPRATS CANUT, Manual de Derecho Penal. Parte General, 2." ed., Pamplona, 1999, pp. 321, 323; y, en la alemana, FRISCH, Tatbestandsmiif3iges Verhalten und Zurechnung des Erfolgs, Heidelberg, 1988, pp. 33 y ss., 69 y ss.; RUDOLPHI, en Systematischer Kommentar, 6." ed., Frankfurt a.m., 1992, comentario previo al 13, n. m. 57; FREUND, Erfolgsdelikt und Unterlassen. Zu den Legitimationsbedingungen von Schuldspruch und Strafe, KOln et al., 1992, p. 23 (negando que los datos ontológicos puedan decidir nada sobre la desaprobación jurídica de una conducta); JESCHECK!WEIGEND, Lehrbuch des Strafrechts. Allgemeiner Tej[, 5.' ed., Berlin, 1996, pp ; JAKOBS, <~I concepto jurídico-penal de acción» (trad. M. Cancio), en ADPCP. VOL. LV, 2002
7 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación dicos, la mera interposición de condiciones causales de un resultado es un acontecimiento meramente físico «que nadie ve ni oye (... ) El sistema jurídico-penal oye sólo lo que puede oír mediante su código jurídico»; esto significa que los datos físicos como tales quedan fuera del sistema (16). Y, se pretende aquí demostrar, no es posible interpretar que el artículo 195.3, 1.0 inciso, al referirse a ocasionar un accidente, pretenda otorgar significado al omiso salvamento con base en la mera relación mecánica de causalidad entre un hecho previo del omitente y el resultado que se debe evitar. El debate doctrinal sobre el concepto de accidente se centró desde un origen en un solo criterio (conducta precedente infractora / no infractora), sin atender a otras posibilidades. Mas, como agudamente señala Mir Puig (17), lo relevante de la conducta precedente en estos supuestos no es el rasgo de su carácter imprudente en tanto infracción, sino en tanto base para imputar el suceso al autor. Por ello, si los casos de «conducta no imprudente» se reducen a la mera causación en sentido mecánico, sin determinar base alguna para imputar el suceso al autor, se llegará necesariamente a conclusiones absurdas. Quizá la decidida intervención del legislador de 1995 haya errado al asumir los términos de una polémica, en mi opinión, mal planteada (18). Estudios de Derecho penal (trads. y estudio preliminar E. Peñaranda, C. J. Suárez, M. Cancio), Madrid, 1997, pp. 111 Y SS.; ROXIN, Strafrecht. Allgemeiner Teil, t. 1, 3." ed., München, 1997, 1114 (donde duda de que «a partir de las leyes causales se puedan juzgar las manifestaciones del mundo jurídico»). (16) SÁNCHEZ-VERA GÓMEZ-TRELLES, Delitos de infracción de deber y participación delictiva, Madrid; Barcelona, 2002, p. 73, recogiendo la doctrina de N. Luhmann. Con esto no sólo se excluyen los datos procedentes de la observación de la naturaleza, sino también todos aquellos que sean codificados o procesados conforme a códigos distintos de los que reconoce el sistema penal. (17) MlR PUlO, PG 12/60. (18) Y no es ese el único error. El principal problema de técnica legislativa de esta regulación es, si bien lo entiendo, la opción de establecer una distinción entre los dos tipos del artículo a modo de interferencia (mutua exclusión) y no con una regla simple de especialidad, frecuente error que ha estudiado agudamente PEÑA RANDA RAMOS (Concurso de leyes, error y participación en el delito, Madrid, 1991, pp. 100 y ss., con abundante referencia doctrinal). Imaginemos que tras un accidente, uno de los implicados, creyendo firmemente que se ha producido por una imprudencia suya, omite socorrer al otro. Sin embargo, luego se demuestra que el omitente estaba equivocado, y que el accidente se debió a un fallo mecánico de su vehículo. En principio, no sería posible sancionar por un delito consumado de omisión de socorro a la víctima de un accidente imprudente (que era el contenido del dolo del sujeto), ya que no existió tal accidente; ni por uno de omisión de socorro tras accidente fortuito,
8 242 Jacobo Dopico Gómez-Aller No es razonable definir una responsabilidad por el omiso socorro distinta a la de cualquier capaz de salvar, basándola en el mero hecho de haber interpuesto previamente una condición que «inopinada y casualmente» (19) conduce a un resultado dañoso. Se trataría ya no de una rechazable responsabilidad por la mera causalidad, sino de una «responsabilidad por la casualidad» (permítaseme: un sorprendente «Kasualdogma»), no menos inaceptable que una imaginaria «responsabilidad por sorteo» (20), que añadiría a la pena del tipo básico (multa) otra de prisión de hasta un año; y que entronca con las menos evolucionadas de las teorías decimonónicas de la injerencia. Qué legitimación existe para agravar la pena de la omisión de socorro a quien, comportándose conforme a Derecho, interpone una condición causal de un curso imprevisible (21)? Basten tan solo unos ejemplos para demostrar lo inviable de la pretensión: porque el dolo del sujeto no abarcó el carácter fortuito del accidente; ni, seguramente, por una tentativa in idónea de omiso socorro a la víctima de accidente imprudente, pues más bien se trata de un delito putativo (ya que el elemento erróneamente supuesto es su carácter de autor idóneo del delito en cuestión). Por ello, habría que optar por aplicar el tipo básico de omisión de socorro (sobre los intentos de superar problemas de estas características por vía interpretativa, vid. PEÑARANDA RAMOS, pp. 109 y ss.). Todo ello se resolvería si se prestase atención a las consideraciones formuladas en la citada obra, introduciendo el elemento distintivo tan solo en uno de los tipos. Así: : «Si la víctima lo fuera por accidente ocasionado por el que omitió el auxilio...» (es decir: eliminando el término «fortuito»). Artículo : «Si el accidente se debiere a imprudencia...» y (o, simplemente, volviendo a una regulación unificada de ambos supuestos, como en el CP derogado, especificando, para no revivir pasadas polémicas que el accidente puede imputarse tanto a conducta imprudente como a conducta fortuita). (19) Dicc. R.A.E. 22." ed., voz «fortuito, a»; una definición similar se halla en la entrada «caso fortuito» (<<suceso, por lo común dañoso, que acontece inesperadamente»). (20) Tomo la expresión de P ANTA LEÓN PRIETO, «Cómo repensar la responsabilidad civil extracontractual (También la de las Administraciones públicas)>>, en AFDUAM n.o 4, 2000 (monográfico La responsabilidad en el Derecho, F. Pantaleón ed.), pp. 167 Y ss., p. 176 (la cita, por el particular estilo del autor, debe ser reproducida íntegramente: al criticar a los autores que fundamentan ciertos tipos de responsabilidad en la «posibilidad de tomar un seguro», contesta el autor que se trata de una «bobada iuris del mismo calibre que la "responsabilidad por la causalidad" o que una imaginaria "responsabilidad por sorteo entre dañante y dañado"»). (21) Aparte de los citados con respecto al CP derogado, vid., ya referidos al vigente CP, MOLINA FERNÁNDEZ, en Compendio de Derecho penal. Parte especial, vol. II (M. Bajo dir.), Madrid, 1998, pp ; PÉREZ DEL VALLElLÓPEZ BARJA DE QUIROGA, en Código penal. Doctrina y jurisprudencia, t. n, Madrid, 1997, pp Y ss., p
9 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación l. X regala un caramelo a un niño. El caramelo se le cae al niño, quien salta inopinadamente a la calzada para recogerlo, por lo que el conductor Y ha de desviar súbitamente su coche para no atropellarlo, chocando con otro conductor (Z), que estaba en ese momento aparcando. Tanto Z como Y sufren graves lesiones. Ni X ni su amigo W, que casualmente pasaba por allí, les socorren. Nótese que la acción de donar el caramelo contribuyó causal y fortuitamente al suceso. 2. X, operario del ayuntamiento, termina de asfaltar una calzada el viernes, varios días antes de lo previsto. El domingo da un paseo por esa misma calzada y contempla cómo un coche, por un fallo en sus frenos, choca contra un árbol; su conductor necesita auxilio urgente, pero X no le socorre. Si X no hubiese terminado el asfaltado tan pronto, la calzada no habría sido abierta al tráfico y el accidente no habría tenido lugar. 3. X, que lleva un llamativo peinado punk, se dirige a saludar a un amigo por la calle. Un conductor se le queda mirando y sufre por ello un accidente, quedando desamparado y en peligro manifiesto y grave. Tanto X como su amigo omiten socorrerle (22). 4. X pasea con su amiga W cuando es asaltada por la espalda por el torpísimo asesino Z. Sin saber que Z se dispone a apuñalarla, X se mueve súbitamente, con lo que el puñal de Z resbala sobre el bolso de X y termina alojado en el propio vientre de Z, que comienza a desangrarse. Ni X ni W prestan auxilio a Z. 5. X porta por la calle una estatuilla que le acaban de regalar. De repente, el ladrido de un perro desde un balcón cercano sobresalta a Z, que paseaba cerca de allí, da un salto hacia atrás, tropieza con X, que se movía en dirección contraria (acción que contribuye fortuita- (22) El ejemplo es una ligera modificación del de HAUPTMANN/JERABEK, Comentario a los 94 Y 95, en Wiener Kommentar zum Strafgesetzbuch (eds. F. Hopfel y E. Ratz), 2." ed., Wien, 2001, n. m. 14. A su vez, según cabe deducir de ciertas similitudes en los términos empleados, parece una re\ectura políticamente correcta del «caso de la minifalda» que propone KIENAPFEL, Grundrif3 des osterreichischen Strafrechts. Besonderer Teil. l. Delikte gegen Personenwerte, 2." ed., Wien, 1984, 94/16. Es llamativa la preterición que la doctrina española ha hecho en este punto de la austríaca, máxime cuando el Código Penal austríaco (ostgb) contiene en su 94 (lmstichlassen eines Verletzten, abandono de un herido) un precepto sumamente similar al del artículo CP; lo mismo puede decirse de la doctrina italiana, que tanta influencia tuvo en su día sobre la española, si bien el precepto correspondiente italiano se refiere directamente al tráfico vial; vid., por todos, FIANDACA, II reato commisivo mediante omissione, Milano, 1979, pp ; Y GRASSO, II reato omissivo improprio. La struttura obiettiva dellafattispecie, Milano, 1983, pp (si bien con una solución más discutible para los supuestos ajenos al tráfico vial: pp. 287, ).
10 244 Jacobo Dopico Gómez-Aller mente al suceso), le tira la estatuilla y cae al suelo, con tan mala suerte que se da un golpe en la cabeza, quedando en peligro manifiesto y grave. X, también víctima del suceso (pues ha sufrido un daño patrimonial por culpa de Z), omite socorrer a Z (23), como también hace un testigo de los hechos. 6. (Suceso producto de la conducta dolosa de un tercero) Z le pide prestada su navaja de bolsillo a X, quien está pelando una manzana con ella. De modo totalmente imprevisible, Z la usa para herir mortalmente a W, se la devuelve a X y se va. Temiendo que le impliquen en los hechos, X omite socorrer a W, quien tampoco recibe auxilio de otros testigos (24). 7. (Aportación causal temporalmente separada del suceso lesivo) X aparca su coche correctamente. Cuando va a recogerlo, se encuentra con que un niño, jugando, se ha golpeado fuertemente contra la ventanilla del coche de X, produciéndose unas heridas que determinan una situación de grave peligro para su vida. X decide no (23) No está de más recordar, como hace PANTALEÓN «Cómo repensar...», p. 175, que, desde el puro prisma naturalístico, «la simple causación es siempre común a dañante y dañado»; ya que si éste no hubiese llegado en el lugar del daño, no lo habría sufrido. (24) Este caso de la navaja de bolsillo o Taschenmesser-Fall ha sido motivo de intensa discusión por la doctrina alemana. En primera instancia se condenó a X como partícipe por omisión en un delito doloso contra la vida. El Tribunal Supremo Federal alemán, en sentencia de 1 de abril de 1958 (BGHSt 11/353) casó la condena, por entender que no estaba probada la causalidad de la omisión con respecto a la muerte de la víctima (por cierto: comparar con la argumentación de la STS de 23 de marzo de 1988, F. D. 1.0 in fine, tímidamente avanzada en un obiter dictum de la STS de 28 de mayo de 1990, que habla de la posibilidad de admitir una comisión omisiva por injerencia pero la excepciona en los casos de «creación culposa del riesgo, pero sin que la omisión haya causado el resultado más grave»). La doctrina alemana ha sido enormemente crítica, con razón, con el defectuoso planteamiento de la sentencia del BGH. Vid., por todos, WELZEL, «Zur Problematik der Unterlassungsdelikte», en JZ, 1958, pp. 494 Y ss.; RUDOLPHI, Die Gleichstellungsproblematik der unechten Unterlassungsdelikte und der Gedanke der Ingerenz. Gottingen, 1966, pp. 81, 123, ; PFLEIDERER, Die Garantestellung aus vorangegangenem Tun, Berlín, 1968, pp ; OTTO/BRAMMsEN, «Die Grundlagen der strafrechtlichen Haftung des Garanten wegen Unterlassens», en Jura 1985 (publicado en tres entregas: pp. 530 Y ss., 592 Y SS., pp 646 Y ss.), pp ; FRISCH, Tatbestandsmiij3iges Verhalten, p. 363, nota 490; STREE, en Schonke/Schriider Strafgesetzbuch: Kommentar, 26." ed., München, 2001, 13/39; SEELMANN, Nomos Kommentar zum Strafgesetzbuch (Gesamtred. U. Neumann u. W. Schild), Baden-Baden, 1995, 13/134; FREUND, Münchener Kommentar zum StGB (en prensa), 13/130 Y ss. Una curiosa reinterpretación del caso ofrece SCHÜNEMANN, Grund und Grenzen der unechten Unterlassungsdelikte. Zugleich ein Beitrag zur strafrechtlichen Methodenlehre, Gottingen, 1971, pp. 299 Y ss.
11 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación usar su coche y se retira sin auxiliar al niño herido. Z, vecino de X, contempla la situación y tampoco presta auxilio. En mi opinión, parece obvio que no existe legitimidad alguna para una hipotética norma que sancionase a quien hace la «aportación causal a un suceso imprevisible» de modo distinto a los demás capaces de auxilio. Ya hace siglo y medio alertaba la doctrina contra las construcciones más toscas de la teoría de la injerencia, basadas en los puros datos naturalísticos de la causalidad, y que por ello no podían resolver la cuestión de imputación moral (en el sentido de «normativa») que aquí se debate (25). En gráfica expresión de Rodríguez Mourullo, «cada acción es un factor causal que dispara una cadena de efectos que tiende virtualmente al infinito» (26). Ninguna norma racional puede hacemos responder por hechos con los que sólo nos une la mera vinculación causal-mecánica: dado que la causalidad no halla límites en su desarrollo, ello sería tanto como hacemos esclavos de nuestra primera conducta (27). (25) La crítica es, pues, temprana: vid. MERKEL, A., Kriminalistische Abhandlungen I. Zur Lehre von den Grundeinheilungen des Unrechts und seiner Rechtsfolgen, Leipzig, 1867, p. 84, donde critica las teorías de la injerencia puramente causales. De entre ellas, la fundamental es la de Julius GLASER (Abhandlungen aus dem Osterreichischen Strafrecht. Erster Band, Wien, reimpr. Aalen, 1978-, pp. 301, , 425), para quien el dolo podía surgir en cualquier momento de la acción, entendida ésta como todo un proceso desde el momento en que el sujeto activo entra en relación material o «mecánico-causal>, con el objeto de la lesión, hasta aquel en el que éste ya no puede impedir su acaecimiento. Así, y aunque quepa encontrar algunos antecedentes en las obras de STÜBEL, LUDEN o TEMME, es GLASER quien sienta las bases teóricas de una teoría causal de la injerencia, ya que para él, en los delitos de resultado, basta haber entablado relación causal con un suceso para que su omisa evitación, mediando dolo, pase a ser una acción dolosa causal del resultado. (26) RODRÍGUEZ MOURULLO, PG, p (27) Tomo el argumento de RUDOLPHI, Gleichstellungsproblematik, p. 49. Precisamente en el dato de la ausencia o presencia de límites es donde KELSEN establece una de las diferencias fundamentales entre los conceptos de causalidad e imputación: «El encadenamiento de causas y efectos -según la esencia de la causalidad- aparece como infinito en ambas direcciones (00.). Enteramente diferente es la situación en el caso de la imputación. La condición a la que se imputa (... ) la consecuencia, como a la muerte por la patria, las honras a la memoria; a la beneficencia, el agradecimiento (oo.) y al delito, la sanción, son todas condiciones que no constituyen necesaria y simultáneamente consecuencias que deban ser imputadas a otras condiciones. Y las consecuencias (oo.) tampoco tienen que ser necesaria y simultáneamente condiciones a las que corresponda imputar nuevas consecuencias. El número de miembros en una serie de imputaciones no es ilimitado, como el número de miembros de una serie causal, sino limitado. Existe un término final de la imputación» (KELSEN, Teoría pura del derecho, 2." ed., trad. R. J. Vernengo, México, 1981, pp ; las cursivas son añadidas).
12 246 Jacobo Dopico Gómez-Aller Algunas resoluciones judiciales y parte de la doctrina ya habían percibido hace tiempo que «no es lo mismo causar un accidente que verse involucrado en él o que el causante sea quien requiera auxilio» (28). Y si bien es escasa la jurisprudencia que se ha ocupado del fundamento teórico de este tipo agravado, no lo es la que, pese a encontrarse con un supuesto de omisión tras indudable contribución causal previa a un accidente, aplica al omitente el tipo básico de omisión de socorro y no el agravado de omiso socorro a la víctima del propio accidente. Así, la STS de 23 de julio de 2002, confirmando la STSJ Cataluña de 30 de noviembre de 2000, se enfrentó a un caso lamentablemente no infrecuente: el acusado A llevó en su automóvil a dos conocidos, B y C, hasta un descampado, para que pudieran inyectarse una dosis de heroína tranquilamente y sin ser molestados. Primero lo hizo B, entrando en estado de semiinconsciencia por reacción a la citada sustancia. Con ayuda de C, A sacó a B del vehículo. Posteriormente, C imitó a su compañero, sufriendo las mismas consecuencias; nuevamente A sacó a B del coche y lo dejó en el mismo descampado, marchándose en su coche. Finalmente, debido a la calidad de la sustancia inyectada, B cayó en estado de coma y C falleció. Tomando por probado el muy discutible conocimiento de la situación típica (peligro manifiesto y grave para B y C) por parte de A, que no debatiremos aquí, 10 que no cabe dudar es que A interpuso una condición causal que favoreció la intoxicación de B y e, cual fue la de transportarles a una zona despoblada donde poder inyectarse la heroína. Sin embargo -y, en mi opinión, correctamente-, A no fue condenado por la modalidad agravada de omisión de socorro, sino por el tipo básico del artículo (29). (28) Aparte de las poco atendidas resoluciones STS de 5 de abril de 1983 y SAP Barcelona de 3 de noviembre de 1995 (de las que hablaremos más adelante), vid. tan sólo MOLINA FERNÁNDEZ, Compendio JI, pp. 164 Y ss.; Y QUERALT JIMÉNEZ, Joan, Derecho penal español. Parte especial, 4." ed, Barcelona, 2002, p. 150, de quien tomo la expresión entrecomillada. (29) Compárese con los casos de los «Zechkumpanen» de la jurisprudencia alemana de los años cincuenta y sesenta (por todos, vid. la sentencia del BGH de 25 de marzo de 1954, publicada en JR 1954, pp , con recensión de HEINITZ). Se trata de varios supuestos, que tienen en común el hecho de que dos o más personas beben alcohol en compañía y, posteriormente, uno de ellos realiza una conducta peligrosa, como la conducción de un automóvil o una motocicleta, acaeciendo un hecho dañoso para terceros (atropello) o para el propio conductor (accidente lesivo o mortal; tal fue el caso de la sentencia citada, en la que se dirime el caso, en la que, además, el acusado se encontraba dentro del vehículo y, pese a considerarse probado que
13 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación Otra resolución interesante a estos efectos es la STS de 13 de mayo de 1981, que conoció de un caso en el que el acusado X conducía su coche cuando fue adelantado de modo tan inadecuado por el vehículo de MB, que alcanzó al coche de X en su costado izquierdo; como consecuencia del contacto, el coche de MB se salió de la calzada y cayó por un desnivel, dando varias vueltas de campana, resultando lesionados tanto MB como los otros cuatro ocupantes que le acompañaban. X omitió socorrerles. El TS aplicó el tipo básico de omisión de socorro, y no el agravado, argumentando que «no se ve la posibilidad de penarla en su párr. 3. o [scil. en el tipo agravado de omisión de socorro a la víctima], so pena de una interpretación extensiva y desajustada de los preceptos penales, pues ni el procesado ocasiona, ni es causa del accidente, muy por el contrario se expuso, por causa ajena a ser víctima del mismo, y se limitó a presenciarlo, por lo que se ven razones legales para encajar el supuesto, como se pretende, en el párr. 3. o del precepto invocado por el M. o Fiscal; y la frase del Considerando "participa pasivamente en el accidente" ni tiene la relevancia jurídica que se pretende, ni es determinante de la causalidad del accidente; razones que conducen a su desestimación». La solución alcanzada es correcta, aunque la motivación que la sostiene debe ser seriamente matizada. Desde la teoría de la equivalencia de las condiciones, es absolutamente imposible negar la aportación causal del acusado al accidente. Si el acusado no hubiese estado conduciendo, el accidente no habría tenido lugar (30): no cabe negar la relación naturalística de causalidad en este punto. y, sin embargo, le había pedido a su amigo que condujese más despacio, fue sancionado en instancias anteriores por un delito de homicidio imprudente por omisión); esta jurisprudencia hiperpunitivista consideraba que, por la conducta precedente de beber conjuntamente, la no-evitación de la conducta de riesgo (no impedir que el amigo condujese en el estado de ebriedad en el que se hallaba) equivalía a haberla causado activa y delictivamente. En la sentencia citada, el BGH aceptó plenamente la fundamentación del tribunal de instancia, que consideraba que el amigo del accidentado había entrado en posición de garante por haber bebido con él; pero casó la sentencia condenatoria y retrotrajo las actuaciones por problemas de prueba. Resulta llamativa la tendencia del BGH a admitir en sede de principios un «principio de injerencia» sumamente indefinido, pero a impedir con frecuencia su aplicación con base en objeciones procesales. Nótese que algo similar viene haciendo el TS: las escasas sentencias (SSTS de 23 de marzo de 1988 y de 28 de mayo de 1990) que consideran de algún modo aplicable la comisión por omisión tras injerencia a los casos de atropello y posterior huida, lo hacen en obiter dicta que no llegan a aplicar al caso. (30) O, para quienes no gusten de los juicios hipotéticos, en presente de indicativo: la conducción del acusado fue una condición más de las que llevaron al acaecimiento del accidente.
14 248 Jacaba Dopica Gómez-Aller la argumentación del TS en esta sentencia no resulta irrazonable. En lenguaje común es aceptable (es más: quizá es lo único aceptable) decir que el acusado no ocasionó el accidente ( incluso: que no causó el accidente!; esto plantea la posibilidad de que «causar» sea un término polisémico). Sobre ello volveremos más adelante. Sin embargo, debe ya constatarse algo: que la mención a haber ocasionado un accidente no puede entenderse como la mera previa interposición de una condición causal de aquél; y que la jurisprudencia española, con todas las contradicciones terminológicas que se quieran ver, así lo asume en su praxis. B) Un criterio descriptivo: la proximidad social con el desamparado La aportación de Nikolaos K. Androulakis ha tenido una gran influencia en la doctrina de la omisión delictiva, «incluso cuando no sea siempre citado expresamente» (31). En su obra Studien zur Problematik der unechten Unterlassungsdelikte (1963) (32), el autor caracterizaba las «omisiones impropias» como aquellas que mediante las que el autor puede optar por realizar, del mismo modo que las acciones causales, para infligir un daño. Ello ocurre, en su opinión, cuando el omitente estaba previamente próximo (<<schon vorher Daneben-sein»), ya a la fuente de peligro, ya al titular del bien jurídico en peligro (33). Se trata de una proximidad que no ha de entenderse en sentido espacial, sino en uno «íntimo, social, en tanto prójimo (mitmenschlich)>> (34). Con respecto a la injerencia, Androulakis entiende (31) SCHÜNEMANN, Grund und Grenzen, pp (32) Una interesante exposición crítica de esta obra la hallamos en SCHÜNE MANN, Grund und Grenzen, pp ; en mayor o menor medida se adhieren a la lectura de Schünemann, SCHONE, Unterlassene Eifolgsabwendungen und Strafgesetz, KOIn, 1974, pp. 11 Y ss.; SANGENSTEDT, und Garantenpflicht van Amtstragern. Zugleich eine Untersuchung zu den Grundlagen der strafrechtliche Garantenhaftung, Frankfurt a. M. et al., 1989, pp ; en la española, HUERTA TOCILDO, «Las posiciones de garantía...», pp (33) ANDROULAKIS, Studien zur Problematik der unechten Unterlassungsdelikte, München; Berlin, 1963, pp. 159, 162,205 Y ss., 272. (34) ANDROULAKIS, Studien, p HUERTA TOCILDO (<<Las posiciones de garantía...», pp. 86 y ss.) califica este concepto de «proximidad social» (similar, PERDOMO TORRES, La problemática de la posición de garante en lo delitos de comisión por omisión, Bogotá, 2001, p. 44). Pese a estar de acuerdo con estos autores en que esa proximidad no puede sino reconducirse a lo social, no estoy tan seguro de que el calificativo abarque el hondo matiz existencialista de la postura de este autor, que no la reduce únicamente a la vertiente social en su comprensión habitual. Esa pers- ADPCP, VOL. LV, 2002
15 Omisión de socorro Iras accidente fortuito. La imputación que el «injerente» en efecto está previamente próximo al desamparado (35). En 1988 Silva Sánchez desarrolla su primera toma de posición sobre el delito de omisión de socorro a la víctima; y, pese a considerar que los casos tradicionales de injerencia no generan una comisión por omisión, se remite expresamente al argumento de Androulakis para interpretar por qué estos casos de injerencia permiten aplicar una «omisión de gravedad intermedia». Silva Sánchez expone que aquí la conducta precedente (fortuita o imprudente) genera «una especie de "proximidad social", en virtud de la cual se deduce que quien crea el peligro, incluso fortuitamente, es más que un simple tercero, ha "entrado" en la esfera jurídico-social de bienes de la víctima y tiene, por ello, un deber intensificado de evitar la producción de la lesión» (36). Esta primera posición de Silva Sánchez ha hallado un relevante eco en nuestra doctrina (37). En efecto, la afirmación es intachable: en los supuestos en que es aplicable el artículo 195.3, l. er inciso, el sujeto está más vinculado con el suceso dañoso y con su víctima (está más próximo) que las personas no implicadas. Sin embargo, esta consideración no supera el plano de lo meramente descriptivo, por lo que no proporciona claves para resolver el problema que nos ocupa: quién tiene un deber específico por haber ocasionado fortuitamente un accidente? pectiva existencialista contempla el fenómeno convivencial desde una cierta impotencia expresiva, pues busca explicarlo desde la (inefable, en cierto modo solipsista) experiencia personal del contacto con el otro, que a su vez nos revela un eco de nuestra propia identidad. ANDROULAKIS es, permítaseme la expresión, un solipsista que no se resigna, que acude, para superar lo que percibe como la barrera de la absoluta otredad, a términos sumamente emotivos como, por ejemplo, una visión muy connotada de los pronombres personales (así, dirá que para el garante el desamparado es «un "Tú" frente a todos los demás "otros en tercera persona"»: ibidem p. 214), las expresiones preposicionales (el fundamento de la comisión omisiva es un «estar junto a alguien y para alguien», «en tanto prójimo»: ibidem, p. 159), etc. Se busca así que el oyente identifique en las expresiones «connotadas» sus propias y profundas vivencias personalísimas como principal camino para aprehender el núcleo del contacto social, donde se encuentra lo inefable de la identidad y la otredad, en vez de acudir a cánones socialmente objetivados, que diluyen ese elemento personalista. (35) Entendiendo ese previamente como «antes del fin del desarrollo del peligro», es decir: mientras la evitación es aún posible (y no como «antes del inicio del peligro»): ANDROULAKIS, Studien, pp (36) SILVA SÁNCHEZ, ADPCP 1988, pp (37) Se adhieren a esta posición OÓMEZ RIVERO, In Ley , pp. 787 Y ss., p. 789; LA MISMA, «La regulación de los delitos de omisión del deber de socorro», en In Ley, 5 de junio de 1996, pp. l Y ss., p. 2 (aunque deduciendo de ello otras conclusiones muy diversas en lo relativo a la comisión por omisión); y OARCÍA ALBERO, Comentarios a la Parte Especial del Derecho penal, 2." ed. (O. Quintero dir.; F. Morales coord.), Pamplona: 1999, p. 316.
16 250 Jacobo Dopico Gómez-Al/er No es posible aplicar el criterio «proximidad social» para determinar quién, de entre los implicados en un accidente sin ser culpables, está afectado por un deber de socorro específico. La relación de proximidad es relativa en varios sentidos, y para su concreción se requiere en cada uno de ellos un referente material. Veamos las siguientes afirmaciones: 1. La campaña electoral tendrá lugar en las semanas próximas. 2. Son parientes próximos. 3. Vigo está próximo a Pontevedra. 4. Mi fisioterapeuta insiste en que ponga la mesa más cerca del ordenador. La La afirmación usa la relación de proximidad en el plano temporal. La 2. a, en el de las relaciones de parentesco. La 3. a y la 4. a se refieren a uno geográfico o espacial; sin embargo, la escala (<<grado de proximidad») empleada en ellas es, obviamente, distinta. Volvamos al ejemplo del parentesco: cuando decimos que sólo hay deber de alimentos entre parientes próximos, y que sólo pueden heredar ah intestato parientes próximos, el plano es obviamente el mismo (las relaciones de parentesco), pero la escala no, pues son llamados a heredar ab intestato parientes menos próximos que los que integran el reducido círculo de los obligados alimentarios. Lo mismo ocurre en las afirmaciones 3. a y 4. a : al hablar con mi fisioterapeuta, el contexto le libera de tener que expresar la escala a la que se refiere al prescribirme que aproxime la silla y el ordenador; y sería absurdo entender que mis problemas de espalda mejorarían si pusiese me~a y ordenador en la relación de proximidad que media entre Vigo y Pontevedra. Por lo expuesto, cabe afirmar que la alusión al plano «social» de modo general no resuelve el problema, ya que en una sociedad pluralista (artículo 1.1 CE), la variedad de criterios (<<planos») sociales para enjuiciar un suceso es inabarcable; y dentro de cada uno de ellos son adoptables diferentes escalas. Obviamente, los autores que sostienen este concepto de «proximidad social» hacen referencia tan solo a uno de ellos: precisamente el que está plasmado en el artículo , por lo que cualquier ulterior concreción requiere de nuevos criterios. Asimismo, al ser la «proximidad» un concepto gradual, sería necesario conocer la intensidad requerida para poder aplicar el precepto (38). (38) En la década siguiente, y como veremos en el siguiente epígrafe, SILVA SÁNCHEZ sigue ahondando en el estudio de este precepto, matizando sensiblemente sus posiciones. Precisamente de esa época proviene una interesante crítica relacio-
17 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación Como indicaba en el título de este epígrafe, con esta argumentación no se llega más allá del nivel descriptivo, algo que sin duda puede ser útil y necesario, pero que no nos sirve de ayuda en nuestra tarea: la determinación de los supuestos abarcados por la expresión ocasionar fortuitamente un accidente. C) «Solidaridad intensificada»: las consecuencias previsibles de un hecho fortuito Silva Sánchez es uno de los autores que más ha tratado la cuestión del fundamento del delito de omisión de socorro a la víctima. En un trabajos más recientes, este autor hace dos afirmaciones sumamente interesantes. En lo relativo al fundamento de la agravación en el tipo del artículo 195.3, sostiene Silva Sánchez que el vínculo entre el «injerente» y el accidente tiene un origen solidarístico o institucional, y que por ello no se trata de una derivación del principio «neminem laedere» (39). Esta afirmación debe explicarse algo más, en concreto en lo relativo a esta acepción del término solidaridad, ya que se distancia del habitual uso del término (que lo restringe a la solidaridad mínima, es decir: la que fundamenta la omisión de socorro general). Entiendo que esta moderna concepción de Silva Sánchez parece influida en cierta medida por la postura de Baldó Lavilla (quien, a su vez, se adhiere en gran medida a la primera posición de Silva Sánchez, en un juego de mutuas influencias en sucesivas obras). En opinión de este autor, dos son los principios básicos en el establecimiento de deberes penales: la responsabilidad por organización (neminem laedere) y los deberes de solidaridad. La responsabilidad por organización atiende al principio de separación de esferas organizativas, con lo que todo tipo de daño a una esfera ajena imputable a la esfera propia incurre en este tipo de responsabilidad. Los deberes de solidaridad pueden ser de solidaridad mínima (como la omisión de socorro) o de solidaridad cualificada; en este último caso, el ordenamiento establece, para la realización de determinados fines, una serie de concretas vinculacionada con lo aquí expuesto: al referirse a las doctrinas que aceptan una posición de garante por «estrecha vinculación familiaf», se pregunta irónicamente el autor: «hasta qué punto de "estrechez"?» [SILVA SÁNCHEZ, «Artículo 11», en Comentarios al Código Penal (M. Cobo dir.), t. 1, Madrid, 1999, pp. 441 Y ss., p. 471]. Claramente critica el autor una referencia de «proximidad» insuficientemente definida, pues concreta el plano, pero no la escala. (39) SILVA SÁNCHEZ, «Entre la omisión de socorro...», pp. 154 Y ss.
18 252 Jacobo Dopico Gómez-Aller nes entre esferas personales (en el sentido de la responsabilidad institucional de Jakobs) (40), como la que media entre padres e hijos, la que ostentan los funcionarios sobre sus competencias, etc. Así, y en resumen, la competencia «organizativa» o derivada del neminem laedere consiste en mantener las esferas personales separadas; mientras que la competencia solidarística, por el contrario, consiste en una vinculación entre esferas en virtud de una especial determinación del legislador. En resumen: con lo expuesto, sostiene Silva Sánchez que en el artículo no se trata de un deber derivado del principio neminem laedere, es decir, que no se trata de responder por los daños que otros sufren como consecuencia de nuestro ejercicio de libertad. Más adelante se tomará posición respecto del fundamento de la específica responsabilidad de quien ocasiona un accidente fortuito; mas ya cabe adelantar que parece difícil hallar un fundamento distinto al de la responsabilidad por las consecuencias del propio ejercicio de libertad; por lo que parece difícil excluirlo de entre las consecuencias del neminem laedere o «competencia por la propia organización» (41). (40) BALDÓ LAVILLA, Estado de necesidad y legítima defensa. Un estudio sobre las «situaciones de necesidad" de las que derivan facultades y deberes de salvaguarda, Barcelona, 1994, pp. 47 Y SS., 53 Y SS., 57 Y ss. No obstante, para este autor (ibidem, p. 56) los casos de injerencia son casos indubitados de responsabilidad por organización. Para el autor, este fundamento abarca dos clases de deberes de acción: deberes especiales de aseguramiento activo de fuentes de peligro «propias" (que constituyen comisión por omisión) y lo que llama «deberes generales de aseguramiento activo defuentes de peligro "propias"" (como el subyacente al antiguo artículo 489 ter, que, recuérdese, no hacía distinción entre accidente <<imprudente» y «fortuito»), consistentes en un «deber cualificado de auxilio en una situación intermedia entre la omisión pura y la comisión por omisión (... ) fundado en que el sujeto en cuestión es "algo más" que un sujeto con "status de tercero al peligro" -ausencia de competencia por el peligro- y "algo menos" que un sujeto con competencia plena por aquél. A este sujeto lo consideraremos "preferentemente competente" por dicho peligro, porque su "propio" comportamiento organizador origina objetivamente el peligro, si bien no de forma subjetivamente imputable a título doloso». BALDÓ LAVI LLA (ibidem, p. 71, nota 105 y texto correspondiente; pp. 170, , nota 389 y texto correspondiente, p. 174) sostiene que debe armonizarse la interpretación de la «competencia por el riesgo» que ostenta el sujeto pasivo de la acción en estado de necesidad defensivo (quien es en parte competente por el riesgo, mas no plenamente, como sí lo es quien agrede ilegítimamente) y la de la «competencia por el riesgo» ostentada por el omiten te en el antiguo artículo 489 ter. 3.. (41) No es infrecuente en la doctrina la afirmación de que en este precepto concurre un fundamento mixto, derivado tanto de la solidaridad como de la responsabilidad por las consecuencias de los propios hechos (vid. por ejemplo MUÑoz CONDE,
19 Omisión de socorro tras accidente fortuito. La imputación También en estos últimos trabajos ha realizado Silva Sánchez dos matices importantes: por una parte, a los efectos del artículo 195.3, el accidente fortuito debe reunir los requisitos de previsibilidad y evitabilidad del daño (42). Obviamente, el autor refiere ambos requisitos al propio momento del ocasionamiento fortuito del accidente, y no al de la omisión (ya que en tal caso no se estaría operando restricción alguna, ya que si no hay previsibilidad ni evitabilidad del curso lesivo ya desencadenado, no cabe hablar de omisión). La solución parece, en principio, problemática, pues en los casos que nos interesan, estos dos requisitos convertirían a la conducta precedente fortuita, cuando menos, en un delito imprudente, vaciando de contenido el primer tipo del artículo e integrando sus supuestos en el ámbito del segundo tipo (accidente imprudente). Esto sólo puede soslayarse si se entienden ambos requisitos no en sentido normativo (lo que se debe prever y evitar), sino en un puro sentido fáctico (lo que se puede prever y evitar). Muy resumidamente: la llamada «previsibilidad objetiva» de la que se habla en el delito imprudente no debe entenderse como un mero pronóstico fáctico «posibilidades de que el sujeto X llegue a prever el suceso y». Previsible es casi todo suceso lesivo en la vida: basta una suficiente dosis de mal agüero. Pero cuando en el delito imprudente se habla de la previsibilidad objetiva no nos referimos a cualquier representación que pueda llegar a tener un sujeto, sino a la posibilidad de anticipar en una concreta situación ciertas posibilidades de daño: aquellas que el Derecho nos obliga a precaver (43). Derecho Penal. Parte Especial, 14." ed., Valencia, 2002, p. 323). Por supuesto, todo esto depende de qué se entienda por solidaridad. Si bien lo entiendo, parece que SILVA SÁNCHEZ reserva el concepto de competencia organizativa para los deberes de mantener separadas las esferas de autonomía de las personas (es decir: los deberes de no lesionar, mediante acción u omiso control de un foco de peligro); mientras que considera que los deberes de salvamento (consistentes en reparar los efectos de no haber mantenido separadas dichas esferas) los juzga deberes de base solidarística. (42) SILVA SÁNCHEZ, «Entre la omisión de socorro...», p.161. (43) Si al día siguiente de revisar los frenos, un conductor atropella a alguien por un fallo imprevisto en ellos, diremos que el desgraciado suceso era imprevisible (por mucho que alguien con suficiente mal agüero pudiese haberlo previsto). Sin embargo, en el supuesto de un avión cuyo tren de aterrizaje, con base en la normativa del tráfico aéreo, hubiese que verificar antes de cada despegue, pero que debido a una revisión omitida realiza un aterrizaje defectuoso y se estrella contra otra aeronave, hablaríamos de un suceso previsible y lamentablemente imprevisto: aquí, permítaseme la expresión, el legislador impone su mal agüero como deber de previsión (y por la vía de la actio libera in causa, sancionará a quien realiza un acto lesivo, por mucho que el peligro fuese imprevisible en el momento de la lesión, siempre que esa
20 254 Jacobo Dopico Gómez-Aller Pues bien: interpretando estas referencias a la previsibilidad y a la evitabilidad en clave meramente fáctica se evita, en efecto, la interpretatio abrogans del artículo , ya que existe un ámbito de supuestos donde la conducta precedente es evitable y el resultado es tácticamente previsible sin que quepa hablar de imprudencia. Pero con ello no se logra una definición satisfactoria. Variemos un poco uno de los ejemplos citados supra: unos niños pequeños juegan siempre a la pelota entre los coches estacionados; en el barrio ya ha habido problemas, pues los niños rayan los coches y, en alguna ocasión, se han hecho daño tropezando con ellos. Un conductor, pese a saberlo, aparca allí su vehículo. Cuando ya está en casa, oye un estruendo, se asoma al balcón y ve a un niño gravemente herido, pues al corretear entre los coches, chocó con el suyo, cayendo de espaldas y golpeándose la cabeza. Sabedor de todo ello, omite llamar a una ambulancia (como también otro vecino suyo, que estaba asomado a la ventana): el pequeño muere desangrado horas después. Teniendo en cuenta que el dueño del coche interpuso una condición que se reveló causal del daño; y que ésta era previsible y evitable, cabe tratar de modo distinto a los dos omitentes? Existe, desde un punto de vista normativo, alguna diferencia? Entiendo que la respuesta es negativa; y que ilustra suficientemente que el añadido de los requisitos de previsibilidad y evitabilidad no logra concretar de modo suficiente el ámbito de los casos de «injerencia fortuita». Sin embargo, y como se verá más adelante, el problema es de (excesiva) extensión del ámbito definido. En efecto, existe una relación imprevisibilidad se debiese a la previa infracción de un deber previo de investigación). Si todo esto se manejase en un nivel meramente fáctico, las consecuencias serían radicalmente opuestas. Imaginemos que un suicida se echa bajo las ruedas de un conductor, muriendo aplastado por el coche. Era previsible el suceso? Por supuesto que sí: conduciendo a 2 km/h, el conductor hubiese podido mantenerse capaz de prever un suceso que fue imprevisible conduciendo a 50 km/h (habría visto cómo el suicida se aproximaba, se lanzaba, y hubiese podido frenar -evitabilidad-). Sin embargo, el Derecho no obliga a los conductores a mantenerse capaces de prever y evitar sucesos lesivos por la vía de conducir a 2 km/h. En resumen: todo lo imaginable es, precisamente en tanto tal, fácticamente previsible (FREUND, «Fundamentos de la imprudencia punible. Una contribución desde la regulación alemana» -trad. J. Dopico y L. Pozuelo-, en Revista de Derecho Penal-Buenos Aires , pp. 79 Y ss., pp ); pero sólo con respecto a un limitado número de posibilidades de lesión hay deberes de investigar [concepto que hallamos en los textos más antiguos: vid., por todos, FEUERBACH, Lehrbuch des gemeinen in Deutschland gültigen peinlichen Rechts, 14.' ed. (ed. y adiciones de MllTERMAIER), Giessen, 1847 (reimpr. Aalen, 1973), 57]. Sobre todo lo aquí expuesto, más en extenso, vid. GÓMEZ BENÍTEz, El ejercicio legítimo del cargo (discrecionalidad administrativa y error en Derecho penal), Madrid, 1980, pp. 205 Y ss.

References: artículo 195
 artículo 489
 artículo 489
 artículo 489
 artículo 489
 artículo 489
 artículo 489
de lege ferenda
 artículo 489
 artículo 489
 artículo 11
 artículo 195
 artículo 195
 artículo 195
in fine
 resolución 
 artículo 195
 artículo 195
 artículo 489
 artículo 489
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