Source: http://luisdallanegra.bravehost.com/Ordimper/cap5o03.htm
Timestamp: 2017-03-25 05:46:41+00:00

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Capítulo V VISION DE EUA DEL ORDEN MUNDIAL
En el mundo de la Antigüedad, orden significaba imperio. Aquellos que estabandentro del imperio tenían orden, cultura y civilización.Fuera de él estaban situados los bárbaros, el caos y el desorden.
Después del fin del bipolarismo, hay dos corrientes de configuración del orden mundial: 1) La europea, que plantea el sistema posmoderno en el cual no se enfatiza la soberanía o la separación de los asuntos domésticos e internacionales. La UE ha devenido en un sistema altamente desarrollado para la interferencia mutua en los asuntos domésticos de cada uno de los otros. Los miembros del mundo posmoderno no consideran invadirse el uno al otro. 2) La de EUA, que continúa con conductas basadas en la “seguridad nacional” y en la necesidad de “expansión preventiva”, donde no se admite el “balance de poderes”. Dentro de ese marco, hay una gran mayoría de Estadospremodernos -alrededor de los dos tercios de los miembros del sistema-. Estos pertenecen a una categoría de Estados frustrados, que han perdido el monopolio de o la legitimidad para el uso de la fuerza, o ambos. Esta incapacidad está dada por causas nacionales: corrupción, ineficacia e ineficiencia de los gobiernos, “cipayismo” [106], etc.; por causas transnacionales: empresas, banca, actores espurios como el narcotráfico o los que lavan dinero por la corrupción; o por causas internacionales: otros Estados que les imponen conductas, ideología, manejan su economía e incluso sus sistemas de defensa, de manera directa o indirecta. La forma histórica de tratar con los países “problema” o carentes de capacidad propia de desempeño, ha sido la colonización. Hoy EUA propone una forma de establecimiento de orden y organización a través de su construcción imperial. Desde el punto de vista económico, en la actualidad, hay una forma imperial de tratamiento de la economía global a través de instituciones como el FMI o el Banco Mundial. Estas instituciones multilaterales proveen ayuda a los Estados deseosos de encontrar su camino en la economía global y en el considerado por la ideología liberal, “círculo virtuoso” de la inversión y la prosperidad. En respuesta las instituciones formulan demandas que, esperan, encarrilen las fallas políticas y económicas que han contribuido a la necesidad de asistencia. Desde el punto de vista del rol del Estado, el gobierno de George W. Bush opera exigiendo a los países de la periferia conductas económicas que no está dispuesto a llevar a cabo. Aumentó a mediados del 2002, un 70% los subsidios agrícolas elevando a 180.000 millones de dólares los beneficios para una década. La medida ya votada por el Senado configura una barrera de tamaño oceánico al libre comercio sumándose a los 350.000 millones que los países más poderosos del planeta gastan cada año en protección agrícola y que se añade a otros pasos en igual sentido proteccionista como los incrementos de hasta 50% del arancel al acero que impuso en marzo del 2002 para amparar a la industria acerera norteamericana [107]. Otra forma de expresión imperial, está vinculada a la “inestabilidad” generada por el mal gobierno, la violencia étnica y el crimen en los Balcanes. La respuesta ha sido crear algo similar a un protectorado de la ONU voluntario en Bosnia y en Kosovo. La “comunidad internacional” provee no sólo soldados sino policías, jueces, funcionarios penitenciarios, banqueros y otros, así como el monitoreo y la organización de las elecciones [108]. Esta forma se puede extender a situaciones como la de Colombia, con el “Plan Colombia” establecido por EUA. Dado el alto índice de transnacionalización existente, en el que este tipo de actores de diverso tipo, en su gran mayoría, han dejado de ser meros grupos de presión, para transformarse en “factor de poder”, se podría hablar de una versión inédita de conformación imperial, como un conjunto de fuerzas que no se identifican con ningún centro de poder [109], aunque en algunos casos, especialmente en lo estratégico-militar, están vinculados a EUA; su gobierno responde principalmente al complejo militar-industrial y a grandes corporaciones petroleras; mientras que en otras áreas como la económico-financiera e industrial hay actores transnacionales, más que estatales operando. Una forma más actualizada se da a partir del 11 de Septiembre del 2001, en la que EUA pone al resto del mundo a luchar contra el terrorismo y establece una calificación de Estados que son buenos o malos, que contribuyen o no con el terrorismo. Con el trasfondo de la campaña antiterrorista y de la lucha contra los denominados Estados “malhechores” (rogue states), el presidente republicano de EUA, George W. Bush, avanza sobre los derechos civiles, se involucra en la independencia judicial e incluso puede modificar el destino de la guerra. EUA es considerado la primera “hiperpotencia” de la historia, de acuerdo con el Canciller francés Hubert Vedrine. Ejerce un “nuevo unilateralismo” sin restricciones visibles. George W. Bush ha reinaugurado la guerra fría bajo diferentes circunstancias, planteando alternativas tales como: “el bien contra el mal”, “con nosotros o contra nosotros”. Está generando una división en el mundo, más allá de negativas verbales, al llevar a cabo una guerra contra el Islam y su cultura. La fuerza de este ataque se siente en los foros internacionales, en especial en la ONU, cuyo CS, único de sus órganos con atribuciones ejecutivas, quedó reducido a una disciplinada caja de resonancia de EUA. La aprobación de la Resolución CS 1368 del 12 de septiembre del 2001, legitimó la represalia y la guerra en Afganistán, y pone fin a la posibilidad de emprender acciones de seguridad que sean el producto de la voluntad colectiva de la comunidad mundial. Su texto introduce la novedosa lógica de una guerra de un Estado contra un individuo, en este caso Osama Bin Laden. Al aceptar la calificación norteamericana de los atentados terroristas en Nueva York y Washington como “actos de guerra”, sin citarlo de modo explícito, la ONU le concede a Bush una juridicidad anticipada a cualquier respuesta militar que conciba. Los lugares que hoy ocupan los terroristas los pueden ocupar mañana los disidentes, los críticos, de cualquier sistema político, económico y social. ¿EL PODER SIN LIMITES?
El colapso de la URSS y el fin del sistema bipolar, dejó a EUA en la posición de un poder sin correspondencia. Ha habido mucha discusión sobre cómo este poder debería ser usado, o sobre cómo podría abusarse de él. La mayoría de los teóricos describen la situación en términos de “hegemonía global”. Se utiliza la idea de que los intereses norteamericanos sirven al interés del mundo debido a los altos ideales de EUA. Bush lo dijo a su manera, cuando llamó a su país “el único modelo sobreviviente del progreso humano” [110].
La Doctrina que George W. Bush estableció en su estrategia de seguridad nacional [111], promueve un “único modelo sostenible para el éxito” a través de guerras ilimitadas y unilaterales y ofensivas “preventivas”. Aunque expresada en el lenguaje de la “defensa” y la “libertad”, la Doctrina Bush es una desviación de la doctrina de “contención” de Truman: “limitar la influencia soviética” y aún de la Doctrina Reagan: “revertir la influencia soviética”, yendo para atrás, en una quasi reinstalación de la Doctrina Truman.
La Doctrina Bush está basada en enemigos indefinidos que son “redes de individuos en las sombras” que se “superponen” con Estados enemigos, que están planeando ataques “inminentes” con tecnologías peligrosas. Las amenazas para Bush, alcanzan al mundo entero. El documento establece que “no dudaremos en actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la defensa propia actuando preventivamente”. El gobierno norteamericano prevé una política que “obligue a Estados” a detener acciones que la Casa Blanca considere de ayuda a terroristas. Además procura prevenir cualquier posibilidad de que otros Estados alcancen niveles similares a los de EUA en materia de capacidad militar: “Nuestras fuerzas serán lo suficientemente poderosas como para disuadir a adversarios potenciales de acumular un arsenal militar con la esperanza de superar o igualar el poder de EUA”. Bush plantea en el documento que “La estrategia de seguridad se basará en un internacionalismo típicamente americano que refleja la unión de nuestros valores y nuestros intereses nacionales”. El texto establece, de forma oficial, que EUA está por encima de instituciones internacionales como la ONU. Trabajará con ellas, pero sin sentirse obligado a seguir sus instrucciones ni a respetar sus acuerdos, que sí rigen para el resto de los países. Ante la ausencia de otras potencias comparables a EUA, busca acabar con la doctrina de la “no proliferación” de armamento, vigente desde la segunda guerra mundial y basada en tratados, y pasar a la “contra-proliferación”, doctrina que combina elementos pasivos y activos, desde la creación de defensas como el “escudo antimisiles” sobre territorio estadounidense, al desmantelamiento forzoso de presuntos arsenales enemigos, como el que, según el gobierno de EUA, justifica la invasión de Irak. También abandona el concepto de “disuasión”. En adelante, frente a organizaciones terroristas y países enemigos, el objetivo consistirá en “identificar y destruir la amenaza antes de que se acerque (...) incluso si hay dudas sobre el lugar y momento del ataque enemigo”. El documento plantea el derecho a la autodefensa. “No dudaremos en actuar solos, si es necesario, para ejercer nuestro derecho a la autodefensa con una operación preventiva (...) Las razones de nuestras acciones serán claras; la fuerza, medida, y la causa, justa (...) Las naciones no deben utilizar la prevención como pretexto para la agresión”. Este último comentario es para justificar, “injustificablemente”, la intervención preventiva, como si fuera “legítima defensa”, en el marco del artículo 51 de la Carta de la ONU. En el ámbito de la economía y el medio ambiente, Bush eleva sus preferencias personales al rango de doctrina planetaria. Anuncia que utilizará su poder para promover en todo el planeta medidas que “generen crecimiento económico”. Coherente con su rechazo del acuerdo de Kyoto, afirma que la reducción en la emisión de gases que provocan el efecto invernadero debe ser un acto voluntario de empresas y gobiernos, sin que les obligue ningún tratado [112]. DOCTRINA BUSH Y SOBERANIA
El discurso del presidente George W. Bush ante la AG de la ONU, en Septiembre del 2002, expuso la política estadounidense hacia Irak en tres puntos:
1) una consideración de la amenaza que plantean los arsenales de armas de destrucción masiva de Irak; 2) una descripción de la forma en que Irak ha violado las resoluciones de la ONU al construir estas armas [113]; y 3) la idea de que ninguna solución es practicable a menos que se la acompañe con la remoción de Saddam Hussein. Según los dichos del presidente norteamericano, para EUA, la “acción común” es la estrategia deseada y la “acción unilateral” es un “último recurso”; más allá de que tiende cada vez más hacia ésta última. Un sistema internacional que, históricamente, estuvo preparado para la lucha entre Estados, ahora debe adaptarse a las implicaciones del terrorismo. Dentro de este nuevo marco, es que el gobierno de EUA procura establecer las reglas y que el resto de la comunidad internacional las siga. En el fondo, se trata de un debate entre la noción tradicional de soberanía del Estado-Nación según se expresa en el Tratado de Westfalia de 1648 y las modificaciones que, por un lado, la tecnología moderna le establecen, y por el otro, la naturaleza de la amenaza terrorista y el poder de muy pocos Estados que, si bien sufren estas amenazas, también son capaces de imponer conductas al resto de los Estados de la comunicad internacional. El Estado-Nación soberano, que ya venía siendo modificado por los grandes cambios tecnológicos y por la evolución civilizatoria [114], ahora también está siendo transformado por una amenaza transnacional que debe ser combatida en el territorio soberano de otros países por cuestiones que trascienden al Estado-Nación. A diferencia de lo que ocurría en la época del Tratado de Westfalia, cuando el movimiento de ejércitos anticipaba la amenaza, la actividad terrorista no da aviso, y sus responsables desaparecen en el momento de cometer el acto. Al no tener un territorio, los terroristas no están sometidos a las amenazas disuasivas de la Guerra Fría. Críticos europeos con conceptos más tradicionales han acusado a EUA de reaccionar exageradamente por ser el terrorismo un problema nuevo para los estadounidenses; un problema que los europeos solucionaron en las décadas de los ‘70 y ‘80 sin emprender cruzadas mundiales. El gobierno de EUA hace una diferencia entre el terrorismo que operó u opera en Europa, dado que participaban en sus filas ciudadanos del país donde se desarrollaban los actos terroristas [115] y el que operó el 11 de setiembre del 2001 en Washington y Nueva York, que estarían motivados por diferentes causas que el nacionalismo [116]. Para el gobierno norteamericano, “los países que albergan bases terroristas o centros de adiestramiento de terroristas” no pueden refugiarse tras las nociones tradicionales de soberanía. Para EUA estos países son los islámicos. Esto significaría que existiría un derecho a intervenir en aquellos Estados que reúnan estos requisitos, de la misma manera que sería lícito intervenir por razones humanitarias, motivo esgrimido para intervenir en Serbia. Esto modificaría el concepto de legítima defensa establecido en la Carta de la ONU agregándose o reemplazándolo por el de “intervención preventiva”. Si bien el D.I. permite una reacción violenta e inmediata contra agresiones antijurídicas actuales o inminentes, el Art. 51 de la Carta de la ONU no admite la “autodefensa preventiva” [117]. Tampoco admite la “autoprotección”. Esta se ejerce en caso de que otro Estado no pueda defender a ciudadanos o súbditos extranjeros residentes temporal o definitivamente en éste; el país de origen ejerce la autoprotección en defensa de sus ciudadanos, agentes diplomáticos o consulares, etc. Es una extensión del derecho de autodefensa del Estado. Es de carácter preventivo, no retributivo. La Carta de la ONU no lo reconoce, por lo que cae dentro del concepto del uso ilegítimo de la fuerza ya que viola el principio de igualdad [118]. El otro tema planteado por el gobierno de EUA es el de la proliferación de Estados que tienen y producen armas de destrucción masiva. Durante la etapa bipolar, EUA o la URSS no admitían que otros Estados, salvo ellos, desarrollaran este tipo de armamentos. Esto generó conductas contestatarias. Las más significativas han sido la de China de Mao Tsé Tung y la de Francia en la etapa de De Gaulle. Hoy hay una cantidad importante de Estados que pueden producir este tipo de armamento. ¿Es legítimo que Estados como EUA las tenga y las genere y otros Estados no? Eso es algo que sólo una organización internacional con verdadera capacidad de ejercer poder de policía puede hacer -hasta el momento no la hay, ya que la ONU carece de esa posibilidad y viene delegando hace tiempo en EUA el poder militar de sanción [119]-. Este problema, planteado por el gobierno de EUA como una causal de intervención, ¿puede ser tratado de esta manera, o debe quedar en manos de organismos internacionales como la ONU? ¿Cuál es el derecho a la proliferación? ¿Qué Estados tienen este derecho y cuáles no? ¿Quién decide esto? Si bien el gobierno de EUA lo trata como el gran desafío para la comunidad internacional, queda por verse el desafío que constituye en el eje económico, temas como pobreza, desempleo, subdesarrollo, carencia de agua potable, etc. ¿No debería ocuparse la comunidad internacional, al menos en pie de igualdad de un desafío y del otro? Cuando muchos Estados se amenazan unos a otros con fines incongruentes, ¿quién debe hacerse cargo de la disuasión, y ante qué provocación? Al definir el desafío como poseedor de una magnitud que requiere acción cooperativa de la comunidad mundial, el presidente George W. Bush afirmó el compromiso de EUA con un nuevo orden mundial. Por ser el país más poderoso del mundo, EUA tiene una capacidad unilateral especial para implementar sus convicciones. Pero también tiene la obligación especial de justificar sus acciones por medio de principios que trasciendan la afirmación de un poder preponderante. No puede ser beneficioso para los intereses de EUA, ni para los del mundo, desarrollar principios que le den a cada país el derecho ilimitado de encarar acciones preventivas contra su propia definición de amenazas a su seguridad. Por eso, definir los fundamentos que autorizan a hacer valer ese derecho debe ser la primera medida de un esfuerzo serio de consulta para desarrollar principios generales que los demás países puedan evaluar en beneficio del interés general. En consecuencia, a la ONU se le ha planteado el desafío de proponer un sistema de control para eliminar las armas de destrucción masiva en Irak junto con los procedimientos destinados a impedir que se las volviera a construir. El sistema de control debía ser mucho más que el invalidado por las evasiones y violaciones de Saddam Hussein. Debía contar con autoridad para eliminar cualquier obstáculo a la transparencia. EUA, como cualquier súper-potencia, se ha reservado el derecho de actuar solo [120]. Una pregunta, tal vez ingenua: ¿Posee EUA armas de destrucción masiva? ¿Hubo allí ya alguna inspección de los observadores de la ONU? [121] No cabe duda, que el poder supremo es el que define el orden y la justicia. Y la ONU no tiene ese “poder supremo”. LEGITIMIDAD DEL ORDEN INTERNACIONAL
Desde la terminación de la segunda guerra mundial, EUA desarrolló una estrategia de expansión basada en tres pasos sucesivos:
1) La acción cívico-militar de un “procónsul” al comando de la fuerza de ocupación, cuya figura fue el general Douglas McArthur en el Japón, rendido incondicionalmente a partir de 1945. 2) El desarrollo de un proceso de democratización para instaurar en los pueblos derrotados el ejercicio de la soberanía popular y del gobierno representativo. 3) El establecimiento de bases militares que sirvieran de muro de contención frente a otros enemigos; las naciones comunistas durante la Guerra Fría. Si en Alemania Occidental, Italia y Japón la democratización se plasmó en el breve lapso que transcurrió entre 1945 y 1949; en los casos de dos países asiáticos: Taiwan y Corea del Sur, EUA sostuvo regímenes autoritarios anticomunistas. No obstante estas diferencias, la presencia militar, por medio de alianzas defensivas y de instalación de bases, fue indiscutible. Esa es la estrategia que EUA implementa en Irak y probablemente otros países en los que decida intervenir. Las reacciones de grandes franjas de la población iraquí van señalando los límites que podría enfrentar ese curso de acción, sobre todo si Bush quiere emprenderlo con prescindencia de las organizaciones internacionales y de antiguos países aliados. Estas restricciones provienen de la fragmentación étnica y religiosa y, en especial, de una serie de movilizaciones populares impulsadas por la idea de implantar en Irak alguna forma de gobierno de inspiración teocrática. En estos tres ejemplos históricos siempre se buscó recrear un orden internacional que tuviese algún fundamento de legitimidad. La legitimidad de un orden internacional es diferente de la que invoca, en el plano interno, un Estado nacional. En este último, la legitimidad depende, en grado variable, de creencias compartidas en torno del monopolio de la fuerza, de la distribución del poder y de las reglas de sucesión de los gobernantes. En el plano internacional la cosa es más complicada, porque, en ausencia de una autoridad común acatada por las naciones, la legitimidad proviene de la calidad de un acuerdo internacional, capaz de morigerar el conflicto y la insatisfacción de uno o más Estados y, por sobre todo, del poder de policía supremo para lograr esto más allá de la voluntad de los poderosos; o del poder supremo que tiene una potencia por sobre el resto y la imposición, por la fuerza, de su idea de orden y justicia. Lo que hoy tenemos es una potencia hegemónica, sólidamente respaldada por el pueblo norteamericano, fundamentalmente por la necesidad de seguridad frente a futuros ataques al estilo del 11 de septiembre del 2001, a la cual no acompaña, salvo excepciones, la opinión mundial, al menos en la metodología adoptada por el gobierno de George W. Bush para luchar contra el terrorismo [122]. ¿En nombre de qué interviene EUA? ¿Sólo para expandir el ámbito territorial del imperio, o para rediseñar el mundo inspirado en su misión civilizadora, al estilo de lo que pretendía Woodrow Wilson? ¿EL FIN DE LA ONU?
El presidente de EUA reclamó a la “ONU” que demuestre “su relevancia” para afrontar el conflicto con Irak, mostrando que todo aquél miembro que no esté de acuerdo con sus ideas y/o propuestas, no será escuchado, como si la ONU fuera un interlocutor que debe responder y no operara a través de sus miembros -la comunidad internacional-. Sobre el caso, advirtió que: “La ONU merece otra chance para demostrar su relevancia. Esta es una oportunidad para que demuestre alguna fibra, debe demostrar que cuenta con eso. Pero si nosotros tenemos que lidiar solos con el problema, lo haremos” [123].
EUA puso en tela de juicio la capacidad de la ONU a sus propios efectos de generar pautas de orden global, tratando de reemplazarla por la OTAN. Con el caso de la intervención de EUA a Irak, ha puesto en peligro también la unidad de esta organización.
La OTAN ha entrado en una crisis de identidad por el marginamiento que le impuso EUA a partir del 11 de setiembre del 2001, convirtiéndola en una organización de “asistencia militar”. ¿Por qué el hecho de que Irak no esté cumpliendo, presuntamente, con las resoluciones de la ONU produce tanta controversia desde la perspectiva del gobierno de EUA? No cabe duda que lo utiliza como instrumento para su construcción imperial, como lo hizo con la invasión a Afganistán, en una región clave desde el punto de vista de la energía. EUA buscó la aprobación de la ONU para el desarme de Irak, basado en la expectativa de que Saddam Hussein resultaría inequívocamente recalcitrante para el resto de los miembros del CS. El modo en que EUA definió su “guerra contra el terrorismo” está mucho más cerca de los fines políticos imperiales que de la necesidad de construir un orden. Con su objetivo de intervenir Irak logró generar divisiones en Europa, alcanzando el doble objetivo de desarticular a la OTAN y a la UE, al menos en su capacidad de construir una política internacional común frente a un contexto internacional en crisis. EUA se orientaría no sólo a reemplazar a la ONU, sino también a la OTAN, generando un gran realineamiento estratégico y generando una coalición de países hostiles hacia el mundo islámico [124]. Como si ya no existiera el espacio interior y el exterior correspondiente a las soberanías, en nombre de la lucha antiterrorista, el gobierno de EUA ha comenzado a desarrollar un sistema de vigilancia de computadoras que le permitirá el acceso a la información personal de miles de ciudadanos no sólo de EUA sino del mundo entero e incluso se podrán interferir conversaciones telefónicas sin el permiso de un juez o detener a sospechosos de terrorismo por tiempo indefinido. Creó un súper-ministerio de Seguridad Interior, cuyo nacimiento fue aprobado por el Senado por una mayoría de 90 votos a favor y 9 en contra. El Departamento de Seguridad Interna, tiene 22 agencias y 170.000 empleados. Los defensores de las libertades civiles critican duramente este nuevo ministerio, nacido de la visión republicana de la guerra antiterrorista, porque, tendrá el poder de violar la privacidad de los ciudadanos en EUA y en el exterior. Está previsto que para impedir que los terroristas tengan acceso a la información, el súper ministerio no pueda ser objeto del llamado “Freedom of Information Act”, mediante el que todo ciudadano tiene derecho, después de determinado tiempo, a acceder a la información [125]. SOLIDARIDAD E INCONDICIONALIDAD EN LAS ALIANZAS
La solidaridad incondicional para con EUA y los parientes de las víctimas del ataque del 11 de septiembre del 2001, resulta comprensible, pero esta solidaridad no puede confundirse con la incondicionalidad por parte de los aliados, respecto de las iniciativas del gobierno de Bush en su campaña de lucha contra el terrorismo. Incluso, la sumisión es incompatible con la amistad, porque niega la posibilidad de ayudar, de manera relevante, a conseguir el objetivo que se pretende; aunque esto es lo que pretende el gobierno norteamericano de toda la comunidad internacional, particularmente de aquellos -que son mas de los dos tercios- que son los más débiles y sobre los que puede ejercer algún tipo de presión económico-financiera o de otra categoría, dependiendo del caso.
El gobierno norteamericano se maneja con criterios tales como: “el que no está conmigo está contra mí”, o trata de transferir la responsabilidad a aquellos que no lo apoyan en sus objetivos diciéndoles que “aquellos que no concuerden con mis posiciones serán los responsables de todo lo malo que pase”. Hay que evitar la confusión entre mundo árabe e Islam, y la más peligrosa aún, entre Islam y amenaza terrorista. Sólo la cuarta parte del Islam está representada por el mundo árabe. Los árabes son considerados extranjeros en Afganistán, incluido Bin Laden. En las zonas más delicadas de los conflictos abiertos, se trate de la India y Pakistán con la cuestión de Cachemira, o del conflicto ruso con Chechenia, no se trata de árabes, como tampoco en el caso de Irán. La UE aparece ya fracturada en su posición respecto de las políticas que impone unilateralmente la administración de George W. Bush, con lo que su pérdida de relevancia en el nuevo escenario internacional puede tender a aumentar. La fractura de posiciones en un tema clave de definición del futuro orden mundial retrasará indefinidamente cualquier avance en una política exterior y de seguridad común. No puede haber unión política sin una política exterior común y mucho menos, sin una política de defensa común, de la que se está mucho más lejos. Esta es una forma más de ver que no hay una globalización igualitaria, sino una crisis de la globalización, tanto en sus aspectos políticos y de seguridad frente al terrorismo, como en los aspectos económicos [126]. El gobierno norteamericano de George W. Bush muestra una creciente política “anti-atlantista”. En el año 2002 planteó una meta de gastos de defensa sin precedentes en la historia de su país, desde la expansión militar de Ronald Reagan. Una cifra global de 451.000 millones de dólares hasta el año 2007, que implica un incremento del 36 por ciento sobre los niveles que existían hasta el 2001. Sólo en Defensa, el presupuesto detalla un aumento de 40.000 millones de dólares por encima de los 331.000 millones que se había fijado para el año 2002. George Robertson, Secretario General de la OTAN, admitió en la Cumbre de Defensa celebrada en Berlín en Febrero del 2002, la urgencia de evitar que EUA se desplace hacia el unilateralismo apoyado en un poderío militar que supera holgadamente a Europa pese a los 140.000 millones de dólares anuales con que Europa contribuye en la Alianza Atlántica. Adicionalmente, EUA se niega a transferir tecnología militar a sus socios europeos para evitar la existencia de un equilibrio que también se mediría en influencia política. Esa tendencia rupturista se agudiza aún más a partir del conflicto de puntos de vista entre los dos espacios atlánticos respecto de las tendencias mundiales y la lucha contra el terrorismo [127]. Por otra parte, ha fragmentado a Europa tras su objetivo. El Reino Unido se resignó tras la segunda guerra mundial a ser el “socio menor” de EUA, hecho que le conviene más que unirse a Europa y ser un país del montón. España al igual que Italia se acercan por oportunismo. Prefieren posicionarse al lado del que “manda más” que hacer caso al 85 por ciento de su población. Es una elección sencilla: o se alinean con el poder o con la democracia y han elegido el poder [128]. ¿BUSH RESPONDE AL ESTADO O A LAS EMPRESAS?
La mezcla de negocios privados de los Bush con el ilimitado poder de EUA, ponen al mundo en riesgo de autodestrucción. Halliburton ha sido dirigida por el vicepresidente de George W. Bush, Richard Cheney; el Secretario de Ejército, Thomas E. White, dirigía las operaciones de comercialización de energía de Enron [129].
El Premio Nobel de Literatura en el 2001, André Gunter Grass, ve en este desafío bélico un gesto ambicioso que queda circunscripto a los intereses de una poderosa familia norteamericana vinculada al negocio del petróleo. Para Gunter Grass, la actitud de George W. Bush le hace acordar a uno de los personajes de las obras históricas de Shakespeare cuya única ambición era pararse frente a su padre, el viejo rey depuesto, y decirle: “... terminé con la tarea que dejaste inconclusa”. Bush hijo, estaba decidido a poner fin a la primera Guerra del Golfo lanzando una nueva. E inspirado en razones privadas y familiares. Los intereses económicos de la familia Bush constituirían una segunda razón. La familia está muy involucrada en el negocio petrolero. Los intereses políticos y las aspiraciones económicas, estaban profundamente arraigadas en su interés por ir a una guerra contra Irak. La tercera razón, es el hecho de que EUA es la única superpotencia todopoderosa en el mundo. EUA quiere controlar y dirigir al resto del planeta. Esta peligrosa combinación de intereses familiares, económicos y políticos en un único líder lo han convertido en un verdadero peligro. Una cuarta razón, es que después de la caída de la URSS, el capitalismo, y particularmente EUA, se quedó sin rival. En esta situación extraordinaria, surgió como una fuerza sin límites que considera que puede controlarlo todo [130]. Más allá de las discusiones que hay sobre las causas de la intervención de EUA a Irak, no cabe duda que no ocupó Irak exclusivamente para apoderarse de su petróleo. Ese es un objetivo importante, pero la magnitud y los alcances de la operación iniciada en el Golfo van aún más allá, con el crudo sólo como el disparador de una cadena de eventos políticos que lo exceden. Se trata de un primer paso que se corresponde con una estrategia hegemónica del gobierno de EUA. La región del Golfo cuenta con el 65% de las reservas del mundo y aporta el 30% del crudo consumido a un costo de producción muy bajo (2-3 dólares por barril). Arabia Saudita es el mayor productor mundial individual con una cuarta parte de las reservas conocidas. Pero Irak, pese a su situación de paria mundial desde la Guerra del Golfo de 1991, sigue siendo un país importante: con una producción a media máquina de 112.000 millones de barriles, sus reservas conocidas, las segundas en el planeta, solo superadas por las sauditas. Como una parte de su territorio que no se ha explorado por completo, algunos expertos no descartan la posibilidad de que las reservas reales sean más grandes, superando incluso a las del reino saudita. En un documento titulado “Principios para la Política de EUA post Conflicto en Irak”, producido por el Consejo de Relaciones Externas, en un texto atribuido al conservador Elliot Abrams, figura clave del Consejo de Seguridad Nacional y ex Subsecretario para Asuntos Latinoamericanos de Ronald Reagan, sostiene que son las empresas estadounidenses, y no los órganos técnicos de la ONU, los que deben controlar y dirigir los campos petroleros iraquíes tras la caída de Saddam Hussein. Hasta el 11 de setiembre del 2001, Arabia Saudita era considerada un fiel proveedor de crudo a cambio de seguridad. Pero esa garantía caducó a los ojos de la Casa Blanca cuando se determinó que 15 de los 21 terroristas de Nueva York y Washington eran de origen saudita. La Casa Blanca advirtió que necesitaba otra fuente alternativa de energía pero sin los problemas que significaban la dinastía Wahabita que, a su vez, estaba en la mira de Osama Bin Laden. EUA utiliza 20 millones de los 77 millones que se producen a diario, de los cuales se autoabastece en 10 millones. Si la Casa Blanca termina privatizando el crudo iraquí, ese hecho alteraría la industria del sector. Por un lado, si Irak privatiza sus recursos, eso llevaría al país a abandonar la OPEP, que exige que cada miembro regule su producción y sus exportaciones. Si Irak deja el organismo, eso significaría que dos de los mayores productores (el otro no miembro es Rusia) disminuirían la fuerza del cartel para regular los precios. La secuencia se completaría con una baja del valor del crudo y un debilitamiento notorio del poder político y financiero saudita. Esto es un capítulo de un proyecto aun mas vasto que tiende a sustentar, ampliándola, la preponderancia hegemónica global de EUA, incluso aun a costa de sus socios europeos. Una prueba de ello son los contratos que Irak negociaba con petroleras de Francia, Rusia y China, cuyos gobiernos, tal vez por este motivo, fueron el principal escollo para la guerra en el CS de la ONU. Al margen de estas incidencias, cabría suponer que la idea de EUA a partir de la finalización de la guerra en Irak buscaría reforzar la dependencia de la economía mundial con el petróleo y su paradigma energético cuyo garante es el propio poder norteamericano. Haría más lento el desarrollo de tecnologías sustitutivas del crudo que se desarrollan en Europa, especialmente con el hidrógeno. Conquistar Irak y su petróleo implica la prolongación de un paradigma energético del que depende no sólo la industria petrolera de EUA, sino casi toda su estructura productiva, pero también los países europeos y el Asia del Sudeste [131]. Sería la forma que tendría EUA de fragmentar y debilitar a toda oposición a su proyecto imperial, que había quedado detenido durante 50 años con la existencia de la opositora URSS. ¿FIN DE LA SOBERANIA?
¿Puede haber alguna causa por la que no se respete la soberanía de un Estado? ¿En qué condiciones? ¿Quién puede hacerlo? ¿En nombre de qué principios y de quién?
El presidente norteamericano George W. Bush, bajo un manejo totalmente imperial pidió el 19 de septiembre del 2002, autorización especial al Congreso de EUA y no al CS de la ONU, para utilizar la fuerza militar para desarmar a Irak y derrocar a su gobierno incluso de forma unilateral si es necesario [132]. En el pedido se destaca la necesidad de “respaldar el uso de los mecanismos necesarios para alcanzar los objetivos establecidos en la Resolución 687 (1991) del CS de la ONU, consistente con la autorización del uso de la fuerza militar contra Irak”. En un discurso pronunciado el 19 de Septiembre del 2002 Bush dijo: “El CS de la ONU debe trabajar con EUA, Gran Bretaña y otras partes involucradas para enviar el mensaje claro de que esperamos que Saddam Hussein se desarme. Y si el CS no se ocupa del problema, EUA y algunos de nuestros amigos sí lo harán” [133]. Bush habla del CS de la ONU como si fuera algo alternativo a EUA o a la inversa, como si EUA resolviera los problemas de inoperancia de ese órgano de la ONU. La Resolución 687 hace expresa mención al CS de la ONU y no a EUA, por lo que este último país no podía esgrimirla para invadir unilateralmente a Irak. Además, hasta el momento de la invasión, los inspectores de armas de la ONU no habían encontrado armas de destrucción masiva ni armas químicas [134], de acuerdo con sus propios dichos, por lo que la Resolución 687 no es aplicable al caso. En ningún tratado internacional ni Carta constitutiva de organismo internacional está contemplado esto. Bush intenta escribir, haciendo uso de la fuerza, el “derecho imperial”. © DALLANEGRA
[106] Originalmente, el “cipayo” era el soldado de la India que operaba al servicio de la potencia dominante. Luego, por extensión, se denominó despectivamente al criollo que servía al ejército español. Igualmente se utiliza para los gobiernos que “racionalmente” sirven a los intereses de otras potencias o actores transnacionales, sean empresas o banca, traicionando los intereses nacionales.
[107] Ver Cantelmi, Marcelo, “Bush, la Era del Doble Discurso y el Unilateralismo”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 12 de Mayo del 2002.
[108] Ver Cooper, Robert, (diplomático británico, asesor en política exterior del Primer Ministro Tony Blair) “Por Qué Todavía Necesitamos Imperios”, en “The Guardian”, Londres, 18 de Abril del 2002.
[109] Michael Hardt y Antonio Negri, en “Imperio”, (Cambridge, Massachussets, Harvard University Press, 2000), hablan en estos términos.
[110] Ver Pfaff, William, del International Herald Tribune de EUA, “Bush, Tras una Visión que Justifique la Guerra”, en Diario La Nación, 16 de Septiembre del 2002. Traducción: María Elena Rey.
[111] Discurso de Bush sobre “La estrategia de Seguridad Nacional de EUA”, 20 de septiembre del 2002, en el que hace referencia al documento presentado por pedido del Congreso de EUA.
[112] Ver “Bush Convierte el Ataque Preventivo en la Doctrina Estratégica de EUA”, en Diario El País, Madrid, 21 de Septiembre del 2002. También, “Bush Anuncia una Nueva Estrategia de Seguridad Nacional”, en CNN en español, www.cnnenespanol.com 22 de Septiembre del 2002.
[113] Se hace referencia a la Resolución del CS de la ONU N° 687, a la que según los inspectores de la ONU Irak no había violado hasta el momento en que estuvieron.
[114] Ver “Los Cambios en el Estado-Nación”, en DALLANEGRA PEDRAZA, Luis, Tendencias del Orden Mundial: Régimen Internacional, (Buenos Aires, Edición del Autor, 2001), Caps. II y III.
[115] Casos IRA en Gran Bretaña o ETA en España.
[116] Ver Kissinger, Henry, (ex Secretario de Estado de EUA), “Contra Irak, Mejor no Actuar Solos”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 30 de Septiembre del 2002. Reproducido de Los Angeles Times Syndicate, 2002. Traducción: Elisa Carnelli.
[117] Ver Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963), pág. 25.
[118] Ver Verdross, Alfred, Derecho Internacional Público, (Madrid, Aguilar, 1963).
[119] Caso de la Guerra del Golfo de 1991, en la que el CS de la ONU al no disponer de medios propios pide al gobierno de EUA que utilice los suyos.
[120] Ver Kissinger, Henry, (ex Secretario de Estado de EUA), “Contra Irak, Mejor no Actuar Solos”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 30 de Septiembre del 2002. Reproducido de Los Angeles Times Syndicate, 2002. Traducción: Elisa Carnelli.
[121] Alto Riesgo para la Democracia Mundial, en Diario Clarín, Buenos Aires, 27 de Abril del 2003.
[122] Botana, Natalio, La Legitimidad del Orden Internacional, en Diario La Nación, Buenos Aires, 27 de Abril del 2003.
[123] Ver “Bush Desafió a la ONU y Advirtió que Atacará a Irak por las Suyas”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 15 de Septiembre del 2002.
[124] Brzezinski, Zbigniew, ex Consejero de Seguridad Nacional del Presidente Jimmy Carter, “Un Alto Costo Para el Liderazgo Global de EUA”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 20 de Febrero del 2003.
[125] Ver Barón, Ana, “El Senado Votó la Creación del Ministerio de Espionaje”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 20 de Noviembre del 2002.
[126] González, Felipe, ex Presidente del Gobierno español, “Amistad no Significa Sumisión”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 18 de Septiembre del 2002.
[127] Ver Cantelmi, Marcelo, “EUA Dinamita Alianzas”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 9 de Febrero del 2002. También, Cantelmi, Marcelo, “Bush, la Era del Doble Discurso y el Unilateralismo”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 12 de Mayo del 2002.
[128] Ver Chomsky, Noam, (Universidad de Harvard), “EUA Quiere Dominar el Mundo”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 16 de Marzo del 2003.
[129] Ver DeLong, J. Bradford, (ex Secretario Adjunto del Tesoro de EUA, Profesor de Economía en la Universidad de California, Berkeley), “EUA Necesita Algunas Lecciones”, en Diario La Nación, 29 de Julio del 2002.
[130] Ver “Bush es una Amenaza para la Paz Mundial”, reportaje a Gunter Grass, en Diario Clarín, Buenos Aires, 29 de Diciembre del 2002. Traducción: Claudia Martínez.
[131] Ver Aliscioni, Mario, “El Petróleo, Objetivo Clave Aunque no la Unica Razón”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 23 de Marzo del 2003.
[132] Ver Barón, Ana, “La Guerra que Viene: La ONU Propone que los Inspectores Lleguen Recién a Mediados de Octubre”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 20 de Septiembre del 2002.
[133] Ver Rosales, Jorge, “Bush Pidió el Aval del Congreso para Atacar”, en Diario La Nación, Buenos Aires, 20 de Septiembre del 2002.
[134] Ver por ejemplo: “Hans Blix Afirma que Irak Realiza un Verdadero Desarme”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 5 de Marzo del 2003. También “Armas no hay, pero la Guerra Continúa”, en Diario La Nación, Buenos Aires, 12 de Enero del 2003. Igualmente, “Bush: se Acerca la ‘Hora Cero’ para Irak”, en Diario Clarín, Buenos Aires, 3 de Enero del 2003.

References: Resolución 
 artículo 51
 Resolución 
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