Source: http://www.ujaen.es/huesped/pidoceps/telap/telyriesnat.htm
Timestamp: 2018-03-17 20:33:18+00:00

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TELEDETECCIÓN Y RIESGOS NATURALE
TELEDETECCIÓN Y RIESGOS NATURALES
CARACTERISTICAS DE LAS TECNICAS DE TELEDETECCIÓN.
CÓMO ESTUDIA LA TELEDETECCIÓN LOS RIESGOS NATURALES.
RIESGOS NATURALES Y SU APLICACIÓN CON TELEDETECCIÓN.
Cada tipo de riesgo natural (terremoto, erupción volcánica, tsunami, huracán, inundación, sequía, incendio forestal, epidemia…) tiene diferentes características que afectan a la capacidad humana de predecirlo y alertar convenientemente a la población. La posibilidad de las imágenes de satélite de ciclones tropicales permite alertar anticipadamente a la población que se vería afectada por los mismos; no sucede lo mismo con la capacidad de alertar anticipadamente sobre un terremoto.
El seguimiento y la predicción de los riesgos son función de un lugar y de un instante de tiempo específicos, por ello, un sistema de alerta debe combinar el análisis de ambas variables -espacio/tiempo-. Como vamos a exponer, las técnicas de teledetección facilitan una información indirecta que permite, en muchos casos y siempre tras un tratamiento de la misma, determinar una cierta probabilidad de que un fenómeno peligroso se dé en un lugar y en un momento determinado.
Mientras algunos riesgos pueden ser considerados exclusivamente de origen natural cada día aumentan más los riegos debidos a la intervención humana en relación con el medio natural. Prácticas tales como la modificación del curso de un río de los usos del suelo en los terrenos próximos al mismo, o al aumento de extracción de aguas subterráneas llegan a identificar como generadoras de riesgos naturales, incluidos los terremotos. Cabría añadir a los ejemplos anteriores otros riesgos naturales como los efectos de la deforestación y la desertización provocados por un desarrollo urbano incontrolado, tala masiva de árboles, provocación de incendios o prácticas inadecuadas de determinados cultivos. Todas estas actuaciones del hombre, ya sea a escala local o global, pueden ser detectadas desde plataformas aerotransportadas y desde satélites de observación de la tierra. Para creer que ello puede ser así, no olvidemos que algunos conocidos episodios de desastres tecnológicos, como la explosión del reactor nuclear de Chernobil (Ucrania) y el desmoronamiento de la balsa de aguas residuales en Aznalcollar (España) han sido observados mediante imágenes de satélite.
Otro aspecto considerable cuando se trata de reconocer un determinado riesgo en un territorio especifico, ya sean con las técnicas tradicionales o con las derivadas de la teledetección, es la posibilidad de que se dé un enmascaramiento entre diversos tipos de riesgos, ya hemos dicho, que la intervención humana puede modificar las características de un determinado riesgo, su distribución espacial, su intensidad y frecuencia, llegando incluso a poder originar uno nuevo. Así como por ejemplo, los 227 desastres que se produjeron en Ecuador, entre 1990 y 1995 llegaron a ser agrupados hasta en 18 diferentes tipos de riesgo (La Red, 1996). En este mismo sentido, aun cuando los terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis son los riesgos naturales que producen desastres de forma regular.
Para preparar y reducir los impactos de los desastres naturales, cada día se hace más uso de la teledetección espacial. De una forma amplia, el nombre de Teledetección o percepción remota, comprende el conjunto de procesos, técnicas y aplicaciones que intervienen en la configuración o análisis de las imágenes y otros datos registrados desde el espacio, tanto sea mediante aviones o satélites.
Para aprovechar al máximo la información de satélite, deberá seguirse una estrategia que incluya las siguientes actuaciones (Scout, 1997):
· Prevención de los desastres:
o Análisis del riesgo
o Análisis de vulnerabilidad
o Planificación de los usos del suelo y legislación específica
· Estado de alerta:
o Previsión del riesgo y sistema de alerta a la población
· Mitigación del desastre:
o Valoración de los daños inmediatamente después de que ocurra el desastre
o Definición de áreas no afectadas que puedan ser utilizadas.
o Conocimiento del estado de las infraestructuras para asegurar el suministro de ayuda.
CARACTERÍSTICAS DE LAS TÉCNICAS DE TELEDETECCIÓN
El territorio visto desde el espacio mediante los sensores multiespectrales de los satélites constituye una información con características sorprendentes en relación con las visiones que se tenían años atrás. Las técnicas de teledetección facilitan la recolección y seguimiento de datos sobre las condiciones atmosféricas y las características de la superficie terrestre que reflejan riesgos inminentes, a la vez que permiten evaluar los desastres provocados por ellos. Esta información incluye dos categorías de datos:
a) valores numéricos de los parámetros geofísicos detectados o medidas relativas
b) imágenes captadas en varias bandas del espectro electromagnético.
Los sistemas en teledetección y sus características, hacen idóneas las imágenes de satélite para la observación y estudio del planeta y su atmósfera, donde las más importantes:
Las imágenes ofrecen visiones sinópticas y casi instantáneas del terreno (áreas de 60 Km.de lado para SPOT, captadas en 9 segundos y de 180 Km. Para el satélite LANDSAT, registradas en menos de medio minuto).
Esta capacidad de captar el estado del territorio en un momento dado permite obtener información integrada y poner en evidencia las interdependencias e interfases entre diferentes medios, fenómenos o actividades que se producen. Permiten, comparar diferencias fenológicas entre las cubiertas vegetales de una zona, bajo unas mismas condiciones climáticas. También permiten eliminar los problemas de instantaneidad (oceanografía).
Se puede plantear proyectos internacionales por el hecho de que las imágenes ofrecen datos homogéneos que pueden ser sometidos a tratamientos idénticos. (CORINE)
El tratamiento de los datos es abordado de manera diversa por las diferentes disciplinas de las ciencias de la Tierra, permite obtener una aproximación integrada y multidisciplinar del conocimiento de grandes extensiones.
Las imágenes proporcionan información multiespectral del territorio.
Los sensores de los satélites construyen las imágenes a partir de la respuesta radiométrica de la superficie terrestre en diversas franjas o bandas concretas de longitud de onda, o frecuencias, del espectro electromagnético. El comportamiento radiactivo de un determinado objeto en el conjunto del espectro es el que se conoce con el nombre de firma espectral.
El espectro visible corresponde a una parte reducida del espectro global electromagnético y con nuestros ojos sólo nos podemos dar cuenta de una parte de la realidad. Es destacable el hecho de que otros sensores a bordo de satélites pueden captar la radiación infrarroja y ello los hace ideales para conocer la actividad fotosintética de la vegetación. También puede captar la radiación térmica que permite detectar, anomalías térmicas en el agua: islas de calor tanto sobre determinados sistemas naturales como sobre las grandes ciudades, los puntos calientes de un incendio o el desplazamiento de la lava de un volcán.
La resolución espectral es la capacidad de los sensores de captar en diferentes bandas del espectro. El sensor Thematic Mapper (TM) del satélite LANDSAT recoge información en 7 bandas, y por tanto, tiene mas resolución espectral que el sensor multiespectral Scanner (MSS) del mismo satélite, que solo tiene cuatro.
La resolución espacial viene definida por el píxel que es la superficie mínima detectada sobre el terreno. Ver Figura 1.
La resolución radiométrica es la capacidad de discriminar variaciones de la intensidad de la radiancia que llega en una determinada banda espectral.
Los satélites registran la información periódicamente. Este hecho permite usar datos multiespectrales, es decir, captados en días diferentes, sobre una misma área. Ejemplo: 16 días para LANDSAT, 26 DÍAS PARA spot. Abre muchas posibilidades a la hora de plantear estudios dinámicos sobre el territorio y estudios de actualización por comparación de datos. Ahora bien, para determinados riesgos naturales, como el seguimiento de la trayectoria de un huracán, es preciso una observación constante del fenómeno; para ello se utilizan los llamados satélites geoestacionarios (METEOSAT, GOES-E, GOES-W, GMS....) que observan en todo momento la misma zona terrestre y que llegan a transmitir la información a las estaciones receptoras en tierra cada treinta minutos, o menos si es conveniente.
Las imágenes son convertidas a datos digitales, aptos para ser tratados con técnicas informáticas.
Se puede definir una imagen como un conjunto de matrices de números, una por cada banda del sensor. Cada matriz está compuesta por tantos elementos como píxeles tenga la imagen, cada uno caracterizado por un número (nivel de gris) que representa la intensidad de radiancia del terreno dentro del píxel y dentro de la banda correspondiente del espectro.
Esta característica cuantitativa de los datos permite realizar procesos de tipo estadístico, mejora y corrección radiométrica, clasificación, cartografía automática.... un proceso interesante es la incorporación de los datos a un sistema de información geográfica (SIG).
Así la información derivada de estudios sobre imágenes georreferenciadas, es decir corregidas geométricamente, una ve integrada en los bancos de datos de un SIG se puede entrecruzar con otras capas de información y obtener nuevos datos cartográficos o cuantitativos del terreno.
CÓMO ESTUDIA LA TELEDETECCIÓN LOS RIESGOS NATURALES
Las aplicaciones de la teledetección cubren un amplio conjunto de disciplinas y de la misma forma como vamos a indicar para el estudio de los riesgos naturales, debe comprenderse que los datos captados por los satélites no son substitutos e los obtenidos mediante técnicas utilizadas hasta el momento. Esta nueva información debe ser utilizada conjuntamente con la procedente de los métodos clásicos, de forma que se considere complementaria y más aún podamos aprovechar la sinergia de las mismas.
El valor de la teledetección para analizar, advertir, y evaluar los daños relacionados con los desastres naturales está aumentando cada vez más. Las imágenes de satélite contribuyen a minimizar los efectos derivados d e un evento de este tipo cuando se utilizan, como ya se ha indicado en la introducción del capítulo, para:
i) Analizar el riesgo de que se produzca un riesgo natural en un área determinada. (por ejemplo, identificar las fallas que potencialmente tienen más probabilidad de producir terremotos, o detectar los volcanes que son potencialmente susceptibles de experimentar una próxima erupción. Además del conocimiento, el análisis de riesgos incluye la definición de las áreas que pueden resultar afectadas graduándose el daño que pueden causar manipulándose toda la información en un SIG).
ii) Alertar antes de que se produzca un determinado riesgo natural. (por desgracia no es igual de factible para todos los tipos de desastre. Si que se puede, por ejemplo, mediante imágenes de satélite, reconocer el terreno, y la posibilidad de que sea anegado, o también la observación desde el espacio permite alertar de las situaciones metereológicas extremas, las cuales pueden originar o no inundaciones. En estos casos, su predicción puede disminuir el desastre resultante. Algunas erupciones volcánicas en Hawai fueron predichas sobre la base de movimientos del suelo detectados mediante imágenes radar con la metodología que se comenta más adelante.
iii) Evaluar el daño causado por un riesgo natural. (una evaluación temprana del daño causado por una inundación o un terremoto es esencial para las tareas de rescate, y la disminución de los esfuerzos a realizar).
Si bien la previsión de los terremotos es imposible con las técnicas actuales, sí que se hacen análisis de riesgo sísmico. Para ello, se necesita conocer la distribución geográfica, la frecuencia y la intensidad de la actividad sísmica desde el punto de vista histórico. Se sabe que las zonas afectadas por terremotos son extensas, generalmente, pero que la generación de los mismos está restringida a la zona de contacto entre las placas tectónicas que forman la corteza terrestre, especialmente los más frecuentes y los de máxima Intensidad, con tiempos de recurrencia que varían de décadas a siglos. El reconocimiento de que todos los grandes terremotos han sido el resultado de rupturas a lo largo de fallas, con alguna excepción –falla oculta bajo cubierta de rocas sedimentarias en el terremoto de Northridge 1994- se ha venido realizado durante mucho tiempo mediante el trabajo de campo de lo geólogos.
Los terremotos al ser causados por la liberación abrupta de tensiones que se producen en la corteza terrestre, suelen tener una manifestación en la superficie, anterior y posteriormente al suceso, que puede ser detectada mediante imágenes de satélite. Las características observables asociadas a los terremotos incluyen las fallas, los dos daños ocasionados por el temblor del suelo, avalanchas, incendios e inundaciones. Todas estas consecuencias se han observado mediante teledetección y se han podido relacionar con aspectos tan importantes como la distancia a fallas activas, la estructura geológica, los tipos de suelo, el nivel freático, la topografía y los tipos constructivos de los edificios.
Algunos de los aspectos anteriores tienen su reflejo en las imágenes de satélite. Se pueden elaborar mapas de localización de fallas activas mediante estudios neotectónicos y el uso de imágenes de alta resolución óptica –LANDSAT Y SPOT generalmente- o de RADAR. Las medidas de los desplazamientos de las fallas se hacen con alguna de las siguientes técnicas:
-Satellite Láser Ranging (SLR), sistemas de posicionamiento global (GPS), o por interferometría diferencial de radar (DInSAR).
Alguna de estas técnicas trabaja bien sólo si el núcleo del terremoto es poco profundo y el terreno está libre de poblaciones, árboles, nieve.... ya que estos tipos de cubierta añaden ruido a la información. Actualmente, las imágenes de teledetección están facilitando el reconocimiento y el análisis continuo de fallas activas en California, China y en los océanos.
La técnica mas llamativa del uso de imágenes de satélite es el estudio de los terremotos es la llamada DInSAR. Esta técnica consiste en combinar dos imágenes radar adquiridas una antes del terremoto y la otra después del mismo. Comparando el interferograma resultante, llamado interferograma residual, se puede determinar el campo de desplazamientos causado por un terremoto –desplazamientos horizontales y verticales del terreno, no rupturas en las fallas-. Cada ciclo de gris en el interferograma representa una diferencia de 28 mm, según el sensor, entre las dos fechas. (Figura 2).
A partir de un modelo digital del terreno, datos de campo posteriores a un terremoto y un modelo de dislocación han reproducido estreogramas artificiales muy parecidos a los obtenidos mediante imágenes de satélite. (Massonnet et al., 1993). La disponibilidad de sensores interferométricos en satélites de las series ERS y JERS hacen el método interferométrico muy útil para analizar los efectos de los terremotos y de los volcanes.
Las fallas activas en el océano se detectan mediante sonar, pero este tipo de sensor no viaja en satélites. No obstante, los sensores altimétricos a bordo de satélites como TOPEX-POSEIDON permiten detectar de forma indirecta a través de la altura de la superficie del mar las fallas submarinas y la línea de contacto entre las placas tectónicas.
Las avalanchas ocurren en zonas de montaña generalmente pequeñas y con una cierta frecuencia. Existe una amplia variedad de avalanchas dependiendo del tipo de movimiento –deslizamiento, escurrimiento, caída-, la velocidad del mismo –mm/año, mm/s-, los materiales involucrados –rocas, suelo- y se dan diferentes mecanismos de activación o disparo, tales como terremotos, lluvia o distintos tipos de intervención humana.
La predicción de este tipo de riesgo es difícil, por no decir imposible, mediante teledetección o cualquier otro método. No obstante hay ciertos indicadores que ayudan a detectar lo puntos con mayor probabilidad; así un fuerte contenido de humedad en el suelo es un factor importante en la producción de avalanchas y puede ser4 observado mediante imágenes infrarrojas, ya que la evaporación de la humedad enfría el suelo emitiéndose menor radiación en el infrarrojo térmico –Blanchard, Greely y Goettleman, 1974-. También se aplica el radar para detectar las zonas húmedas debido a la diferente señal que provoca el agua respecto a otros materiales, dada su alta conductividad.
Hay otras aplicaciones de las imágenes satelitales en el estudio de este tipo de suceso. Mediante imágenes de alta resolución espacial y con capacidad estereográfica (SPOT) se puede hacer un inventario de avalanchas y obtener datos acerca de parámetros relevantes para su análisis como son: el tipo de suelo, las pendientes, la geomorfología de la zona, los usos del suelo, aspectos hidrológicos, la presencia de falla.. en el caso de desplazamientos lentos se puede hacer un seguimiento de los mismos mediante la misma interferometría radar que se ha indicado para los terremotos.
De todas formas lo más efectivo que puede hacerse para disminuir los daños derivados de las avalanchas es identificar las zonas inestables y evitar la construcción de edificios e infraestructuras en ellas.
Para comprender la utilidad de las imágenes satelitales en el estudio de los desastres de origen volcánico cabe recordar qué productos procedentes de un volcán suelen originar más daños. Recordemos que pueden producirse erupciones explosivas –Krakatoa, Monte Santa Elena- que dan lugar a nubes de cenizas y partículas, de diferentes tamaños. Son particularmente peligrosas las avalanchas nubosas sobre la población vecina y las columnas de cenizas para los aviones que las cruzan.
A veces el volcán sufre una ruptura por su ladera y se origina una avalancha de lava por la misma a partir del punto de ruptura –Hawai, Etna-. Las imágenes térmicas consiguen detectar las fisuras tanto de día como de noche, y la dirección de propagación de la lava incandescente. Las imágenes visibles permiten, además, analizar diferentes erupciones al detectarse en ellas los dominios espaciales de las lavas solidificadas. (Figura 3). El principal problema que se tiene para hacer el seguimiento de un volcán desde el espacio es que los satélites de mayor resolución espacial no están continuamente mirando al volcán.
Los ríos de lodo, o labras, resultante de las acumulaciones de cenizas que se combinan con lluvia o nieve derretida, bajan por las laderas de los volcanes a gran velocidad y se observan en las imágenes radar como manchas oscuras debido a su alto contenido en humedad. El aumento de las cenizas expulsadas es observado visualmente y mediante imágenes.
La alerta de estos tipos de sucesos volcánicos se hace de forma diferente según el mismo, así, los terremotos causados por expansión del magma en la cámara son detectados mediante sismómetros, los cambios en la forma de un volcán debidos a la expansión o contracción de la cámara magmática son registrados mediante inclinómetros y GPS, aunque cada día más se está aplicando la interferometría radar.
En las regiones tropicales es imposible hacer el seguimiento de los volcanes con longitudes de onda visibles debido a la presencia casi persistente de nubes, y deben utilizarse las imágenes radar –banda X- ya que este tipo de radiación electromagnética penetra no solo a través de las nubes sino también a través de los humos y las cenizas volcánicas. No obstante las imágenes LANDSAT TM Y SPOT han sido utilizadas para estudiar la morfología, estructura y distribución de volcanes. De Silva y Francis 1991, compilaron un atlas de volcanes en los Andes centrales que incluye 90 imágenes en color.
Las variaciones de las emisiones térmicas y de gas en las fracturas, o fumarolas, pueden ser detectadas mediante imágenes térmicas en el infrarrojo (8-14 micrómetros) desde avión o satélite. Las imágenes de este tipo son procesadas para dar más énfasis a temperaturas mayores de algún valor fijado –Ej. 12ºC- de forma que se vean mas brillantes los píxeles correspondientes y en algunos casos la aplicación de filtros digitales han permitido detectar temperaturas de alrededor de 400ºC a profundidades de 40 m, las cuales han sido asociadas a intensas circulaciones hidrotérmicas –Kieffer, Frank y Friedman, 1981-
Las columnas de humo son detectadas en las imágenes de satélite por su forma de distribución y orientación relativa al volcán. Las imágenes NOAA-AVHRR son particularmente útiles, dada su cobertura diaria de todo el mundo con imágenes de día y de noche, en el visible y el infrarrojo –Kienle et al., 1990- y permiten hacer un seguimiento de los ríos de lava y de cenizas. Ahora bien, las imágenes de los penachos volcánicos incluyen nubes meteorológicas que tienen el mismo rango de temperaturas que aquéllas, por lo que a veces es difícil diferenciarlas. No obstante, las columnas de humo volcánicas contienen gotas de ácido sulfúrico formado por la hidratación del gas dióxido de azufre, y dichas gotas absorben energía para las longitudes de onda más pequeñas de AVHRR banda 4 (10.3-11.3 micrómetros) mas intensamente que para las longitudes de onda mas largas de la banda 5 (11.5-12.5 micrómetros). Por ello la combinación banda 4 menos banda 5 da un valor negativo para los píxeles donde se localizan los penachos volcánicos –Prata, 1989-. Las gotas de agua no absorben las longitudes de onda mas cortas, por lo que la banda 4 menos banda 5 es cero o toma valores positivos para el agua. Mediante esta combinación de bandas se llega a estimar mediante un modelo – Wen y Rose, 1994- la masa total y el tamaño de las partículas de las columnas de humo.
A partir de las imágenes en el visible, de la distancia entre la columna de humo y su sombra y del ángulo de elevación del Sol se llega a estimar la altura de la misma.
Cada año se produce un centenar de ciclones tropicales, llamados huracanes en la región de Estados Unidos de América y en el Caribe. La resolución espacial de los análisis numéricos del tiempo metereológico es insuficiente para predecir la posición de los huracanes y otros detalles del mismo. Las imágenes visibles e infrarrojas ayudan a la localización de las tormentas asociadas a un huracán pero no revelan su intensidad. Solo los sensores activos de microondas, en particular el dispersómetro –Scatterometer- tiene la capacidad de medir tanto la velocidad del viento como la dirección del mismo bajo un gran número de condiciones con una elevada resolución espacial.
Desde el lanzamiento del ERS-1 en 1991 se han estado obteniendo campos de viento mediante el dispersómetro y se ha medido la altura de las olas y su distribución espectral, información que proporciona el radar altimétrico que transporta el mismo satélite, cada 3 horas, transmitiéndose la información a todas las organizaciones nacionales e internacionales relacionadas con la meteorología y la oceanografía.
Ya en el año 1973 se monitorizaron las inundaciones del río Mississippi mediante imágenes LANDSAT MSS (Deutsch y Ruggles, 1974). Diez años mas tarde se hizo lo mismo con imágenes LANDSAT TM (Sabins, 1987) y en 1993 las inundaciones fueron analizadas con imágenes de radar el ERS-1 y procesadas junto a información digital del terreno en un sistema de información geográfica (Brakenridge et al., 1994).
Recordemos que las inundaciones ocurren durante o inmediatamente después de periodos de precipitación intensa, cuando todavía hay nubes que las radiaciones ópticas son incapaces de atravesar. Por ello, para el estudio de este riesgo es recomendado el uso de las imágenes radar (Badji y Dautrebande, 1997; Delmeire, 1997).
En las imágenes radar, las firmas mas oscuras corresponden a superficies suaves tal como agua en calma, carreteras y aeropuertos. El viento que ondula la superficie hace que en las imágenes radar se vea la superficie gris. Las superficies urbanas se ven blandas debido a la rugosidad del terreno. Las superficies vegetales, antes de ser anegadas presentan unos niveles grises y cuando están inundadas, aunque no cubiertas, brillan más.
Si se combina el mapa resultante de la extensión de la zona inundada, obtenido utilizando imágenes SAR, y un MDT de alta resolución (con una resolución vertical de 10 cm y una resolución horizontal de 50 m), se puede llegar a evaluar la profundidad de la inundación y ello permite evaluar el daño ocasionado. La realidad indica que en muy pocos casos se dispone de la precisión requerida y la construcción del MDT necesario mediante altimetría láser es muy costosa económicamente.
Todo lo dicho hasta ahora tiene relación cuando la inundación es una realidad y la pregunta es si podemos prevenirla, ayudados con la información desde el satélite. En este sentido, una previsión se obtiene de la aplicación de unos modelos, como el LISFLOOD (De Roo, 1998), basados en el análisis de los mecanismos asociados a las inundaciones, algunos de los cuales son determinados por teledetección como los mapas del tipo de cubierta del suelo, los mapas del índice de área foliar (indicadores de la intercepción de la lluvia por parte de la vegetación, así como de su evapotranspiración) y los mapas del contenido de humedad en el suelo (sólo de la capa más superficial, unos 10 cm).
La teledetección y los SIG son herramientas importantes para la gestión de bosques y otros recursos, incluyendo la lucha contra los incendios. Las imágenes antes, durante y después del incendio permiten actuar más adecuadamente y minimizar los daños.
El índice de vegetación NDVI construido a partir de algún sensor óptico (los americanos NOAA-AVHRR o LANDSAT-TM, el ruso RESURS MSU-E, el francés SPOT HVR, el indio IRS-1C LISS-3,...) combinando las señales del infrarrojo próximo y del rojo, se puede convertir e un índice de verdor, que representa el estado del combustible y es combinado con la información meteorológica diaria para elaborar mapas de riesgo de incendio.
Durante el incendio:
Una vez que el incendio se ha iniciado, su progreso debe ser monitorizado para organizar el material y el personal que realiza las tareas de extinción.
Normalmente se hace con sensores IR a bordo de aviones, a pesar del riesgo que supone el denso humo. En algunos casos, no obstante se han utilizado imágenes diarias de la banda 3 (3.55-3.93 µm, IR térmico) del AVHRR, ya que las columnas de humo son atravesadas por la radiación de dicha banda, permitiendo registrar las altas temperaturas de los incendios. Imágenes en falso color, por ejemplo combinando las bandas 1, 2 y 4 del AVHRR, permiten distinguir el humo, las nubes, el agua y la vegetación quemada de la no quemada. La resolución espacial puede llegar a ser un problema como lo es procesar toda la información en un breve intervalo de tiempo.
Una vez es extinguido el fuego, el área debe ser vigilada para evaluar el daño y las tareas de rehabilitación, así como el seguimiento de la regeneración o repoblación del bosque. Para estas acciones se utiliza el mismo tipo de imágenes que para conocer el estado del combustible antes del incendio. La distribución espacial de estas clases espectrales es contrastada con las bases de daños existentes para clasificar las áreas quemadas.
La relación de riesgos naturales es mucho más larga de la que se ha explicitado con más detalle. Podríamos intentar detectar mediante teledetección y ya hay casos estudiados, el impacto de meteoritos, la evolución de las sequías, las plagas de langostas, la propagación de epidemias,... pero en todos los casos, lo que podríamos hacer es constatar la realidad, nunca predecir cuándo el riesgo tiene lugar ni el desastre que puede provocar. El interés por avanzar en la predicción de estos fenómenos naturales debe llevar al reconocimiento que se debe trabajar interdisciplinariamente y aprovechar la sinergia de los campos del conocimiento implicados.

References: resolución 
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