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Timestamp: 2020-07-04 12:03:22+00:00

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Entrevista con Carlos SARTI - Irénées
Carlos Sarti, Guatemala, octubre 2008
Entrevista con Carlos SARTI
Carlos Sarti :
Mi nombre es Carlos Alberto Sarti Castañeda, soy centroamericano nacido en Guatemala, antropólogo y cientista político. Actualmente soy director de la Fundación Propaz, en Guatemala.
¿Cuáles son las principales razones de su compromiso por la paz?
Mis valores, encaminados al respeto de los derechos humanos en todas sus categorías. También, vivir en un país con una historia tan conflictiva, polarizada e intolerante, me motiva a coadyuvar, en lo personal, y desde la Fundación Propaz, a transformarlo, por caminos no violentos, armónicos e interdependientes. Por eso estoy de tiempo completo contribuyendo a la construcción de la paz en todas sus manifestaciones, personales, sociales y mundiales.
Hablemos un poco de la Fundación que usted dirige: ¿cómo nació? ¿Cuáles son las actividades más importantes que desarrolla actualmente, sobre qué temas trabajan prioritariamente, cuáles sus orientaciones y sus objetivos finales?
Entre 1996 y 2003 la OEA implementó en Guatemala el programa Cultura de Diálogo: Desarrollo de Recursos para la Construcción de la Paz (OEA-PROPAZ). Dicho programa tuvo como prioridad dejar capacidad instalada guatemalteca que diera continuidad a los esfuerzos desplegados, una vez la OEA lo diera por concluido.
Para ello, OEA creó un espacio de dialogo cuatripartito (OEA, Donantes, Gobierno de Guatemala y representantes de la sociedad civil). Este espacio se reúne por más de un año y tienen a su cargo el diseño de la entidad guatemalteca que continuaría la labor de OEA. Así nace la Fundación Propaz a principios de 2003.
Para nosotros todas las actividades que desarrollamos son importantes; tienen sentido dentro de un proceso de cambio social y construcción de paz de largo plazo. Las actividades se desarrollan a través de tres áreas operativas de la Fundación:
Área de Capacitación;
Área de Facilitación;
Área de Sensibilización Ciudadana.
Al respecto del Área de Capacitación, nos sentimos muy satisfechos con el desarrollo de 3 diplomados intersectoriales (estudiantes del sector gubernamental, sociedad civil, organizaciones sociales) los cuales nos permiten dejar capacidad instalada en diversas instituciones del Estado y la sociedad.
También han tenido un impacto importante los cafés ciudadanos, conversatorios públicos y diálogos comprensivos que implementa el Área de Sensibilización.
Por último, la creación e institucionalización de instancias de prevención y resolución de conflictos a nivel municipal que desarrolla el Área de Facilitación nos ha permitido dejar capacidad instalada a nivel local.
Por medio de las actividades desarrolladas y las sinergias que desarrollan tratamos de generar cambios y transformaciones en actitudes, habilidades, procesos y estructuras.
En cuanto a temas prioritarios, podemos mencionar: Pueblos Indígenas, Relaciones Estado-Sociedad (Esfera Pública), lo Psicosocial, Posconflicto y Construcción de Paz y su articulación con el proceso de democratización del país. Y las sensibilidades sobre Género y Multi/interculturalidad que asumimos en todas nuestras actividades.
La Fundación a su cargo trabaja fuertemente en la construcción de paz en Guatemala después del conflicto armado: ¿cómo explica usted este conflicto guatemalteco y, sobre todo, el fin de este conflicto por medio de la firma de acuerdos de paz?
De todos es conocido que la historia de Guatemala se ha caracterizado por una situación altamente desigual en términos estructurales (violencia estructural, según Galtung). La exclusión y racismo contra los pueblos indígenas, la alta concentración de la tierra en pocas personas y el cierre de espacios políticos de participación ciudadana y otros factores generaron las condiciones para el surgimiento de la lucha armada revolucionaria, la cual duró 35 años.
Con todo, al finalizar la Guerra Fría, a principios de los noventa y por condiciones internas (empate militar estratégico, mayor autonomía social y política con respecto a los adversarios armados y una sociedad harta de la violencia armada), se fueron creando condiciones para una salida negociada al conflicto armado. Negociaciones que duraron varios años e involucró a cuatro gobiernos y el Ejército, por un lado; y a la URNG, por el otro.
Como proceso podemos señalar que la negociación se inaugura como una táctica de la guerra; luego, al avanzar, la guerra se convierte en táctica de la negociación y al final la negociación desplazó por completo a la guerra y se abre la etapa del posconflicto.
De cara a los proceso de construcción de paz es importante no olvidar que el conflicto armado interno (1960-1996) tuvo consecuencias trágicas en las personas, en las comunidades y en el cuerpo social en su conjunto. La guerra desgarró el tejido social y cultural, la comunicación, la solidaridad y la aceptación mutua entre los guatemaltecos. Es más, su duración a lo largo de tres décadas produjo daños en el cuerpo, la mente y el espíritu, dando lugar a un trauma colectivo que influye, aún, en todo nuestro relacionamiento económico, social, político y cultural.
Entre los avances podemos destacar la finalización del conflicto armado interno. Al respecto, cabe señalar que después de 12 años no se ha vuelto a la tentación de reeditar el enfrentamiento armado como salida política a la conflictividad creciente del país. Por lo demás se crean instituciones, mecanismos y espacio nuevos que permiten más participación ciudadana y de pluralidad ideológica; se creó una nueva institucionalidad gubernamental para velar por el cumplimiento de algunos compromisos de los Acuerdos de Paz y el Estado ha puesto más atención al tema de los Pueblos Indígenas.
Sin embargo, la oportunidad de modificar el fondo histórico de la conflictividad guatemalteca no fue posible con los Acuerdos de Paz. Entre otras razones condicionantes de la limitación que han tenido los Acuerdos de Paz, podemos señalar las siguientes:
Los Acuerdos nacen en un contexto adverso, pues coinciden con el fortalecimiento del neoliberalismo como política orientadora del Estado. Así, mientras los Acuerdos de Paz planteaban el fortalecimiento del Estado y una política pública orientada hacia el gasto social, los cánones neoliberales que han sustentado todos los gobiernos posconflicto tratan de reducir el Estado y restringir el gasto social. Por lo demás, al plantear los Acuerdos que las reformas se harían en el marco del estado de derecho prevaleciente, la única opción de profundizarlos pasaba por reformas constitucionales; sin embargo esta opción fue derrotada. Recuérdese que, en 1999, se convocó a una consulta popular para ratificar los cambios constitucionales que permitieran un contexto legal más favorable al cumplimiento de los Acuerdos de Paz, pero por diversas razones, ganó el No, perdiéndose así la posibilidad de profundizar los Acuerdos.
La correlación de fuerzas que permitió la negociación del conflicto armado y el planteamiento de un proceso de reformas estructurales no tuvo la fuerza necesaria para mantener dicho balance en el marco del posconflicto. Los Acuerdos de Paz no tienen el soporte político necesario para su profundización. Así, pierden su potencial transformador y son acomodados a los vaivenes de la política tradicional.
De tal manera, el posconflicto se convierte en un híbrido en el cual se articulan propuestas y posibilidades nuevas con la contundente inercia del trasfondo histórico que lo determina. Este escenario exacerba las contradicciones políticas, sociales e interculturales y por ende, las conflictividades y los conflictos. En efecto, la violencia ha crecido en forma exponencial y, además, ha diversificado sus formas de manifestación. Es decir, la violencia es cada vez más profunda y generalizada, protagonizando aberrantes episodios que lastiman y vulneran fuertemente la dignidad humana. Entre las formas diferentes de manifestación de la violencia destacan la violencia juvenil (fenómeno de maras y pandillas), la violencia asociada al narcotráfico, la violencia de la delincuencia común, los linchamientos y los femicidios.
Por eso podemos decir, a pesar de los avances, algunos muy importantes, que éstos no tienen la capacidad de calificar el posconflicto, pues la conflictividad es más densa, compleja y multifacética.
Los desafíos son enormes, pues tienen que ver con la totalidad de las relaciones intersectoriales, las del Estado con la Sociedad, la inequidad económica y con la condicionalidad externa. También con la necesidad de cambiar la mentalidad polarizada y fomentar la interdependencia y la reconciliación.
Propaz trabaja para facilitar procesos de diálogo y de negociación que contribuyan a la construcción de acuerdos: en un país que viene de salir de un conflicto armado interno sumamente grave, y que sigue utilizando la violencia: ¿cómo implementar esta cultura del diálogo y de la creación de acuerdos?
En efecto, la polarización, el recurrir fácilmente a las salidas violentas y la intransigencia, son comportamientos cotidianos en las relaciones interpersonales, sociales y entre el Estado y la sociedad. De tal manera, tratar de transformar estos patrones de relacionamiento conflictivo es una tarea difícil, compleja y de largo plazo.
Por medio del accionar de nuestras áreas tratamos de generar una gama de opciones para trabajar en el sentido de la transformación. Por ejemplo, en una sociedad bastante más acostumbrada a la discusión, una opción es el fomento del diálogo entre ciudadanas(os) de todos los sectores por medio de los Cafés Ciudadanos, que tienen como lema: “conversación, no conversión”, porque, precisamente, se trata de generar las condiciones para que la gente dialogue y no solo discuta sin verdaderamente oírse. Otra opción es la facilitación imparcial de espacios de dialogo o negociación orientados a la formulación de políticas públicas o a llegar a acuerdos sobre diferendos. También procesos de diálogos comprensivos e interculturales.
Irenees ;
¿Cuáles son los mecanismos de prevención y de resolución de conflitos que ustedes desarrollan?
Consideramos que todas las actividades que realiza la Fundación y las sinergias que desatan están orientadas, y logran resultados, en la prevención, resolución y transformación de conflictos, pues van dejando semillas de actitudes y comportamientos proclives al diálogo y a la prevención de las expresiones violentas del conflicto, no así del conflicto per se. Es decir, se generan condiciones para que los recipiendarios fortalezcan actitudes “pro-paz”; al mismo tiempo se les ayuda a fortalecer habilidades y competencias comunicativas, negociadoras, mediadoras y de construcción de consensos.
Uno de los mecanismos concretos en prevención y resolución de conflictos a nivel municipal-local es la institucionalización de sistemas de atención a conflictos, orientados no tanto a la prevención del conflicto, ya que éstos seguirán estando presentes, pero sí, como ya mencionamos, orientados a la prevención de las expresiones violentas y las escaladas del conflicto. Por ejemplo, en San Matero Ixtatán, un municipio del departamento de Huehuetenango, ayudamos a construir comisiones locales de prevención y resolución de conflictos articuladas a la Alcaldía y al Consejo Municipal de Desarrollo. En otro contexto, en el municipio de Santa María Cahabón, en el departamento de Alta Verapaz, dadas sus características coadyuvamos a la formación de una red de facilitadores comunitarios, orientada también a la prevención, resolución y transformación de conflictos.
El sentido último de los esfuerzos por prevenir, resolver y transformar relaciones conflictivas se basa en el fomento de la interdependencia, la tolerancia y la reconciliación. Así caminaremos en el sentido de la paz.
Ustedes realizan un trabajo de formación y de capacitación al desarrollo de conocimientos y destrezas que favorezcan la consolidación de la paz: ¿cuáles son los resultados más interesantes que han obtenido?
Concebimos la capacitación como un proceso, o ciclo de talleres, de diversa temporalidad, que permiten incidir en cambios de actitudes y aprendizaje de habilidades propensas al dialogo en operadores políticos del Estado y de la sociedad. Asumimos que las personas capacitadas tendrán una mejor comprensión de la conflictividad guatemalteca y sus diversas expresiones; además una actitud nueva para relacionarse con los otros sectores y al interior de su propio sector. Por formación entendemos aquellas capacitaciones que son más intensivas y de más larga duración. Durante los últimos tres años hemos implementado tres diplomados, de entre 120 y 240 horas de capacitación efectiva.
Dichos procesos de aprendizaje, auténticas comunidades de intercambio colectivo, se han caracterizado por ser espacios de esfera pública; esto es, se han juntado allí actores estratégicos del Estado (Gobierno) y de la sociedad civil. Incluso hemos tenido participación de un miembro del Ejército y varios oficiales de la Policía Nacional Civil, conviviendo con actores indígenas, campesinos, técnicos y activistas de ONG.
Los diplomados se inician siempre con un taller de sensibilización, orientado a una homologación en el ámbito de los valores propios de los constructores de paz y a dimensionar los aspectos psicológicos y no solo técnicos del facilitador de paz. Esta sensibilización inicial ha contribuido, también, a formar un espíritu de equipo entre las personas participantes. Se logra la camaradería, aunada a la visión conjunta y colectiva de valores. Así, como un sistema, van surgiendo nuevas propiedades emergentes, como la sinergia y la co-inteligencia, que potencian la formación integral de los recipiendarios. Los diplomados, también, se han especializado, de acuerdo a ciertos “sistemas de conflictividad” más específicos que azotan al país. Este es el caso del último diplomado, que tuvo como tema sustantivo el abordaje de la conflictividad agraria en Alta Verapaz, uno de los departamentos con más alta conflictividad en asuntos de tierra en el país. Contó con la presencia de mediadores agrarios, varios de ellos indígenas, quienes, en compañía de mujeres, líderes campesinos y algunos funcionarios de Gobierno, contaron con más de 120 horas de formación para analizar y formular propuestas para el abordaje de dicha conflictividad.
En cuanto a la capacitación, hemos ampliando el abanico de temas en nuestra oferta educativa. A la fecha capacitamos en los siguientes temas:
Construcción de la paz;
Análisis y transformación de conflictos;
Comunicación constructiva;
Toma de decisiones y construcción de consensos;
Incidencia y cabildeo;
Introducción al pensamiento sistémico;
Análisis de coyuntura;
Rasgos del sujeto social guatemalteco.
Cuáles son los principios teóricos que usted maneja para la construcción de la paz? Ante unos que afirman la necesidad de “suprimir las causas” de los conflictos y otros que afirman la necesidad de la “gestion” de conflictos, usted prefiere hablar en términos de “transformación” de conflictos en varias dimensiones y en varios ámbitos: ¿por qué?
En efecto, nosotros consideramos, siguiendo a Lederach, que los conflictos no hay solo que resolverlos, sino tratarlos y esto quiere tratar los patrones de relacionamiento conflictivo hacia patrones de relacionamiento constructivo, basados en la interdependencia, el respeto y con un horizonte de reconciliación.
El enfoque de transformación fue desarrollado más ampliamente por John Paul Lederach, quien fue asesor de OEA-PROPAZ, nuestro antecedente programático con la OEA. Lederach propone cuatro dimensiones o ámbitos en los cuales el conflicto genera cambios o transformaciones. Las dimensiones de persona y relación proponen cambios a nivel individual, interpersonal y comunitario, de un alcance más inmediato y local. Las dimensiones de estructura y cultura comprenden procesos que impactan instituciones y patrones sociales, políticos o económicos más amplios; usualmente implican impactos y alcances a más largo plazo.
Ahora bien, la construcción de la paz entendida como un proceso de transformación total de las relaciones societales no puede ser ajena a una comprensión de las relaciones de poder y a la necesidad de incidir en transformaciones estructurales que fortalezcan los cambios en las relaciones societales. Por eso, también trabajamos en “suprimir las causas” del conflicto, pero de manera pacífica, dialogada y a largo plazo. No se trata, entonces, de solo cambiar las relaciones conflictivas, sino las causas que las provocan.
¿Cómo ve usted la construcción de paz en el contexto actual del mundo?
Lo analizaré en dos dimensiones, primero en lo que corresponde a nuestras tareas como constructores de paz (aunque en lo personal prefiero hablar de “facilitadores de la paz”), y en segundo término a las condiciones actuales del mundo.
Como facilitadores de la paz debemos insistir en el enfoque de transformación, que va más allá del cambio sociopolítico que privilegian otras disciplinas de las ciencias sociales.
Por eso, la visión de transformación que estamos elaborando en Fundación Propaz es una mirada holistica, integral y con una orientación prospectiva. No es, entonces, “una caja de herramientas” lo que nos orienta, sino una concepción del cambio social, la cual, por supuesto, se expresa de manera diferente en los distintos contextos en los cuales actuamos. Es, precisamente, en el marco de la contextualización que las distintas metodologías que podemos usar cobran importancia. Como decimos en Fundación Propaz, “no podemos imponer modelos”, sino adecuar y contextualizar nuestra teoría y metodología a cada caso de intervención.
En lo que respecta a nuestro trabajo a nivel mundial global es necesario comprender el momento estratégico que vive el mundo actualmente. Desde la lógica de las grandes corporaciones, los organismos financieros internacionales y los Gobiernos de los países más desarrollados, la especulación financiera y la guerra son los dos carriles a través de los cuales se impulsa la dinámica mundial.
Al respecto, Humberto Ecco en su obra: A paso de Cangrejo, al tratar el tema de la paz y la guerra considera que actualmente la situación mundial puede ser vista desde la óptica de lo que él llama las “Neoguerras” en las cuales, a diferencia de las guerras del pasado, “la lógica de los estados en conflicto están sometidos a la lógica industrial de las multinacionales y a las exigencias de la industria de la información”. Las “neoguerras” no enfrentan dos patrias, sino infinitos poderes.
Por su parte, Heric Hoswam considera que “Podemos aventurarnos a esbozar una predicción; en el siglo XXI, la guerra no será tan sangrienta como lo fue en el siglo XX, pero la violencia armada, que dará lugar a un grado de sufrimiento y a una perdida desproporcionada, continuará omnipresente será un mal endémico, y epidémico, por momentos, en gran parte del mundo”.
A esta tendencia dominante se opone un proceso de mayor presencia y movilización de diversos sectores nacionales y mundiales (ecologistas, campesinos, migrantes, anti-neoliberales, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, etc.), que buscan, desde diversas aproximaciones, el desarrollo humano integral, la plena vigencia de los derechos humanos, la democracia y la justicia social. Algunos son incipientes, otros más maduros que otros, pero todos son fuente de resistencia hacia el modelo hegemónico actual. Desde el punto de vista de los facilitadores de la paz estas búsquedas no llegan, aun, a conformar un movimiento mundial por la paz.
Por tanto, nos corresponde a las personas, organizaciones, espacios de intercambio y redes por la construcción de la paz, fortalecer una corriente de opinión mundial por la paz y la no violencia, ustedes en IRENESE son pioneros en esta ruta.
Nosotros, en Fundación Propaz, estamos profundamente convencidos de que la paz florecerá de la realidad a que nos llevan las guerras actuales y de una mayor conciencia ciudadana y de especie sobre nuestra responsabilidad universal como seres humanos.

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