Source: http://www.iustitiae.tomas-moro.org/derecho-a-la-vida/articulos-derecho-a-la-vida
Timestamp: 2017-03-28 06:08:36+00:00

Document:
Artículos derecho a la vida - IUSTITIAE SACERDOS
Derecho a la vida‎ > ‎
Artículos derecho a la vida
publicado a la‎(s)‎ 11 jun. 2012 12:33 por Tomás Moro
actualizado el 11 jun. 2012 12:35
Vida| Estudio chileno expone fallas básicas en investigación sobre salud maternaSusan Yoshihara (Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano)Nueva York, 1 de junio de 2012.- Un investigador médico chileno publicó un estudio clave sobre la conexión entre la disponibilidad del aborto y la salud materna. Descubrió que el aborto legal no contribuye con esta última y lo demostró utilizando una enorme cantidad de datos del amplio historial médico de Chile. El Alan Guttmacher Institute, fundado por Planned Parenthood, intentó desacreditar el estudio y algunos dicen que, al hacerlo, dañó su propia credibilidad. El estudio chileno comprobó que tras que el aborto fue prohibido en 1989, la tasa de mortalidad materna disminuyó en casi el 70 % en ese país Guttmacher afirma que el artículo chileno no es consecuente con la mayor parte del material publicado en revistas médicas revisadas por pares. El investigador, el dr. Elard Koch, epidemiólogo de la facultad de medicina de la Universidad de Chile, respondió que los estudios revisados por pares son en sí defectuosos porque se basan en gran medida en datos no científicos, como ser encuestas. En cambio, Koch dijo que su propio estudio se basa exclusivamente en métodos científicos e información nacional de calidad excepcionalmente alta. La réplica de Koch a las afirmaciones del Instituto Guttmacher también revelan cuán poco familiarizados están los investigadores del Instituto con los hechos en torno al aborto y a la mortalidad materna no sólo en Chile, sino en muchos países. Por ejemplo, el Instituto reiteró la suposición de base de que las mujeres habitualmente mienten sobre el hecho de haber abortado y no procuran la atención postaborto en países donde la práctica es ilegal. Koch mencionó los registros impecables de Chile en este sentido y calificó el ataque del Guttmacher de «inconsistente y sesgado», señalando que la falta de «estricto rigor científico» llevó a Guttmacher a obtener con mucha frecuencia cifras de aborto erróneas en América Latina. El estudio chileno comprobó que tras que el aborto fue prohibido en 1989, la tasa de mortalidad materna disminuyó en casi el 70 % en ese país. Lo llamativo del estudio chileno es que pudo analizar registros detallados del período previo y posterior a la restricción legal, algo que ningún otro estudio ha podido utilizar. La crítica del Guttmacher no dice nada sobre este punto. El análisis del Instituto esquivó completamente el principal hallazgo del estudio. Durante un período de 50 años que se extiende entre 1957 y 2007, la tasa chilena de mortalidad materna disminuyó en un 93,8%. Se descubrió que lo más importante fueron las mejoras en el nivel educativo de las mujeres. Esto las ayudó a sacar ventaja de otros avances, como ser mejores programas de atención prenatal, más partos asistidos por personal calificado, agua potable y acceso al alcantarillado. El estudio advirtió que la educación de las mujeres es tan importante que puede tener un efecto modulador sobre otros factores que antes se concebían como los más importantes al proyectar las tasas de mortalidad materna, como ser la tasa total de fertilidad del país. Este es el segundo indicador de la existencia de grietas en el rigor del sector de la investigación internacional sobre salud materna. El informe recientemente publicado de la Organización Mundial de la Salud sobre la materia reconoció tácitamente la primacía metodológica de otro grupo de investigadores independientes, de la Universidad de Washington, por sobre los investigadores de la ONU respecto a las tendencias globales en mortalidad materna. ¿Si no aplicamos la pena de muerte a los violadores por qué sí al fruto de la violación?
publicado a la‎(s)‎ 27 feb. 2012 12:23 por Tomás Moro
actualizado el 27 feb. 2012 12:43
“Es necesaria una reforma constitucional que proteja la vida de todas las personas concebidas y abolir todas las leyes, normas, códigos deontológicos y costumbres que los violenten” Hace unos días el diario ABC publicaba en su edición dominical una amplia entrevista al ministro de justicia ,en la que, entre otros temas,hacia referencia al aborto y la necesidad de "defender al concebido". A la pregunta del citado medio: —Volverán a establecer el consentimiento paterno para las menores que aborten. ¿Qué otras modificaciones van a introducir en la ley? , Gallardón ha respondido:—El compromiso que hemos adquirido es que los padres no podrán quedar al margen de cualquier decisión de interrupción del embarazo en las menores. Recuperamos así el criterio que marcó en su momento el Constitucional, que ya ha estudiado la colisión de derechos que existe cada vez que se produce una interrupción del embarazo. Como anticipo diré que, en todo caso, el concebido será titular de derechos, y solo se podrá interrumpir el embarazo cuando la colisión de esos derechos con otros distintos no constituya una conducta penal; pero en ningún caso iremos a un sistema en que en razón del tiempo de la concepción, el concebido pierde el derecho a ser protegido por los poderes públicos. Sin duda es un paso muy positivo restaurar el derecho a la patria potestad, también violado por el anterior gobierno socialista, y que del aborto se encargue el ministerio de justicia y no el de sanidad, porque destruir vidas mediante un aborto no es un acto médico". Esperemos que Ana Mato no tenga la intención de seguir encargando a los médicos la destrucción de vidas humanas pagadas por todos con nuestros impuestos. Seria muy importante tener claro que ante un conflicto de intereses entre padres e hijos en desarrollo siempre deben primar los derechos que tienen el rango fundamental, como el derecho a la vida o la libertad de conciencia del médico. En este sentido, la deontología médica, la salud y los derechos de las mujeres estarán mejor protegidos si lo está el derecho a vivir de nuestros hijos y para ello la mejor forma de garantizarlo es es en la Carta Magna en sintonía con las Constituciones europeas más modernas y avanzadas como la de Hungría”.La Constitución húngara, la más nueva de toda Europa, establece la protección de la vida desde la concepción y prohíbe la tortura, el tráfico de personas, la eugenesia y la clonación humana. Es importante recordar que a efectos civiles (art 29 CC) el concebido se tiene por nacido para todos los efectos que le sean favorables y que el derecho a nacer le es sin duda "favorable". Hace unos días hice unas declaraciones en las que recordaba el art 3 de la DUDH que establece que todo ser humano tiene derecho, en todas partes, a que le sea reconocida su personalidad jurídica. En este sentido es muy importante tener en cuenta que el concebido ya es biológicamente un organismo de la especie humana y por tanto tiene derecho a que las leyes le reconozcan, en todas partes, su personalidad, su cualidad de persona y que ello se haga juridicamente, incluyendo aquellos que pueden ser destruidos con una PDD un DIU, mediante la contracepcción, una FIV o un experimento clínico de investigación.Recientemente el fallo de la Corte de Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo emitia una sentencia en este sentido en el caso de Greenpeace contra un investigador que pretendia registrar una patente sobre una técnica para extaer material genetico de los embriones de persona que causaba su muerte. Cuando el embarazo se interrumpe con intención homicida son los médicos- no las mujeres- los que cometen el crimen contra el concebido que muere y ello sería legítimo y ético para un médico sólo cuando estuviesen en conflicto derechos de igual rango; lo cual solo se da si de manera cierta y real la vida de la madre estuviera en riesgo de muerte y el concebido no tuviera posibilidades de supervivencia tras la interrrupción del embarazo, situación altamente infrecuente gracias a los avances de la Medicina” Un verdadero progreso social en defensa de los derechos humanos se daría si nuestra Constitución reconociera la personalidad jurídica de todo ser humano sin discriminación por razones de edad, sexo o salud, incluidos los niños que deberian nacer con Sd de Down o cualquier otra anomalía
publicado a la‎(s)‎ 25 feb. 2012 13:30 por Tomás Moro
actualizado el 25 feb. 2012 13:31
publicado a la‎(s)‎ 11 ene. 2011 12:23 por Tomás Moro
actualizado el 11 ene. 2011 13:09
publicado a la‎(s)‎ 9 ene. 2011 13:23 por Tomás Moro
actualizado el 9 ene. 2011 13:29
Como siempre, el reflotamiento del aborto terapéutico en Chile ha abierto una honda polémica. En efecto, como es sabido, dos senadores, uno de oposición y otro de gobierno, han presentado un proyecto en tal sentido, para “casos acotados”, como por ejemplo, cuando el feto no sea viable, o cuando por el uso de diversos fármacos o de intervenciones quirúrgicas consideradas indispensables para salvar la vida de la madre, se produzca la muerte del concebido. En ambos casos debe existir, además, una certificación de tres especialistas. Ahora bien, al margen de algunos aspectos terminológicos que pueden dar origen a malos entendidos, en virtud de las denominadas “acciones de doble efecto” (como por ejemplo, llamar “aborto” a la muerte del feto provocada por acciones inevitables ejercidas sobre la madre que como consecuencia –no como medio ni como fin buscado– también inevitable, producen el deceso del no nacido), al menos hay que hacer dos observaciones. La primera –basta observar lo que ha ocurrido en tantos países–, es que pese a todas las amarras y prevenciones que se prometen para introducir la así llamada “interrupción del embarazo”, a la postre, inevitablemente la noción de “salud” de la madre se va haciendo cada vez más laxa, al punto que al final, prácticamente cualquier aborto termina siendo considerado “terapéutico”. La segunda es más grave: que en muchos casos, tal como pretende este proyecto, la decisión de poner fin a la vida del concebido depende del simple “deseo” de su madre, aunque se requieran ciertos requisitos para poder justificar dicho “deseo”. Lo anterior es grave, se insiste, porque en el fondo, equivale a hacer depender el valor de la vida de alguien no de una cualidad propia o intrínseca suya (su sola pertenencia a la especie humana), sino de los deseos o sentimientos de otros. Es decir, se pasa desde un criterio objetivo (algo tan evidente como la calidad de ser humano del no nacido), a una consideración absolutamente subjetiva (el malestar o “violencia” que puede sentir la madre del niño inviable), sin darnos cuenta de lo peligroso e injusto que resulta un criterio semejante. En efecto, este mismo criterio es el que subyace muchas veces en la eutanasia (“¿para qué seguir con el tratamiento si va a morir igual?”), con lo cual se introduce un poder de decisión ilegítimo de unos sobre otros; ilegítimo, porque equivale a cosificar a esa persona, que deja de valer por sí misma y pasa a depender de lo que sus semejantes consideren a su respecto. No otra cosa explica, por ejemplo, los aberrantes casos de eutanasia infantil que ya se registran en Holanda, puesto que si la vida depende de su “apreciación” por otros, ¿por qué limitar su disponibilidad sólo a los no nacidos? Por eso, ¿hemos pensado realmente a dónde podríamos llegar por este camino?
publicado a la‎(s)‎ 5 dic. 2010 10:00 por Tomás Moro
actualizado el 5 dic. 2010 10:17
El pasado 7 de octubre, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE, Estrasburgo) se pronunció sobre un texto referente a la objeción de conciencia del personal sanitario que se titulaba: “El acceso de las mujeres a una asistencia médica legal: el problema del uso no regulado de la objeción de conciencia”. Este texto, contra el que se han enfrentado con éxito numerosas organizaciones, contemplaba inicialmente restringir la facultad de objeción de conciencia con el fin de facilitar el ejercicio del derecho al aborto. Según su autora, es preciso establecer “un equilibrio, por una parte, entre la objeción de conciencia de un individuo que se niega a cumplir un acto médico dado y, por otra, la responsabilidad profesional y el derecho de cada paciente a recibir un tratamiento legal en un plazo apropiado”. Para proceder a este reequilibrio, el texto pretendía echar por tierra la facultad de ejercer la objeción de conciencia, llegando incluso a denegar a las clínicas privadas confesionales el derecho a no practicar el aborto. Tal y como ocurrió en algunos regímenes totalitarios, el informe intentaba, de la misma manera, obligar al personal sanitario a participar en la realización de un aborto e incluso obligar a los propios médicos a practicar abortos a petición, con sus propias manos, especialmente cuando no hubiera otro médico disponible “a una distancia razonable”. Incluso contemplaba la creación de un “mecanismo de recuso efectivo” contra los objetores. La autora de este texto, la británica Christine McCafferty, recibía el apoyo de los partidos de izquierda y liberales, así como el de la mayoría de los miembros de las Comisiones de Asuntos Sociales y de Igualdad de la Asamblea. Dicho proyecto que, afortunadamente ha sido totalmente destruido, se fundaba en un giro de perspectiva. En efecto, afirmaba substancialmente la existencia de un derecho al aborto, cuando tan sólo se trata de una facultad e, inversamente, reducía el derecho a la libertad de conciencia del personal sanitario a una simple facultad de objeción. Saber más:- Comentarios a la Resolución del Consejo de Europa.
- Resolución del Consejo de Europa.Fundamentalmente, el mayor objetivo de McCafferty no se limitaba tan sólo a la práctica, sino que era además profundamente simbólico. En efecto, se encauzaba hacia la calificación moral del aborto y del ejercicio de la conciencia. Bajo la óptica promovida por McCafferty, el derecho al aborto se convertía en la regla y la objeción de conciencia, en la excepción. Reducir el derecho fundamental de la objeción moral a una simple excepción pasa a invertir la relación de moralidad existente entre el aborto y la objeción de conciencia. La objeción de conciencia es la que se transforma de alguna manera en injusta e inmoral, puesto que se opone al derecho al aborto. Esta excepción no estaría fundada, en absoluto, en la injusticia objetiva, por el hecho de establecer voluntariamente un plazo a una vida humana, sino meramente en la subjetividad individual del médico; es decir, en su opinión, religión o convicciones individuales. La autora del texto ha intentado rebajar la cuestión de la objeción de conciencia a una mera cuestión de opinión. Sin embargo, antes de ser un derecho, la objeción de conciencia es, primeramente y ante todo, un deber. La objeción de conciencia es un deber de naturaleza moral que impone a la persona negarse a cumplir una orden considerada injusta. Por tanto, la objeción de conciencia stricto sensu no podrá ser un derecho positivo, puesto que existe, por naturaleza, al margen del derecho; encuentra su origen y legitimidad en la norma moral supra-jurídica, percibida e impuesta por la conciencia. Dado que la objeción de conciencia se ejerce con respecto al derecho positivo en virtud de la ley moral, el derecho positivo no puede ser, por naturaleza, la fuente jurídica de la facultad de ejercer la objeción de conciencia. Cabe, por tanto, comprender la expresión derecho a la objeción de conciencia como el reconocimiento, mediante el derecho positivo, de la legitimidad de la denegación a ejecutar un acto considerado opuesto a la justicia, tal y como lo reconoce la conciencia.
Al instituir un derecho a la objeción de conciencia, el derecho positivo reconoce su propia imperfección moral, la injusticia y limita las consecuencias. Al reconocer esta imperfección, pero ante la incapacidad de enmendarla totalmente, el legislador puede renunciar de antemano, caso por caso, a sancionar a aquellos que se nieguen a someterse a órdenes o a colaborar en acciones, por ser injustas. El derecho a la objeción de conciencia no se dirige, estrictamente, al ejercicio de la objeción de conciencia, sino a su sanción; ya que el derecho a la objeción de conciencia protege al objetor de las presiones y eventuales sanciones que pudieran coaccionarle a actuar de forma legal pero injusta. De este modo, la cuestión de la objeción de conciencia no se sitúa en el ámbito del respeto de la autonomía subjetiva individual, esto es, de la opinión individual, sino en el ámbito, más objetivo, del bien común, tal y como lo percibe la conciencia recta. Es importante entender bien que el derecho a negarse a practicar un aborto o una eutanasia no se trata de una cuestión de opinión o de elección religiosa, sino de una cuestión de justicia. Si sólo se tratase de una cuestión de opinión, el objetor no pediría a la sociedad que respetase su opinión subjetiva individual, carente de vínculo con el bien y la justicia. Ahora bien, la objeción de conciencia no pone en entredicho la opinión del objetor, sino la justicia del orden, sin la cual cualquiera podría objetar contra cualquier cosa en nombre de sus opiniones. De esta manera, querer limitar la cuestión de la objeción de conciencia al ámbito de la libertad de opinión es limitar la justicia al relativismo. Semejante concepción de la objeción de conciencia separa a la conciencia de su vínculo con el bien común y con lo que es justo. Finalmente, garantiza la primacía de la ley civil, que emerge sola por encima del pluralismo. Si las cláusulas de conciencia existen en la mayoría de legislaciones de países occidentales, es porque los actos médicos no terapéuticos a los que se aplican dichas cláusulas -es decir, al aborto, la eutanasia o la esterilización anticonceptiva- siempre se consideran como ataques consentidos a la dignidad humana, esto es, como injusticias consentidas. Al instituir semejantes cláusulas de conciencia, el legislador reconoce la imperfección moral de sus leyes y limita su carácter intransigente, puesto que sería injusto coaccionar al personal sanitario a colaborar en una violación de la dignidad. Finalmente, si se ataca cada vez más a la objeción de conciencia, no es únicamente porque se conciba como la expresión de un juicio moral, sino también porque constituye, por su vínculo con la justicia, un replanteamiento del consenso de amoralidad que establece la sociedad pluralista. Directamente implicados- Comentario a la Resolución del Consejo de Europa, sobre Objeción de Conciencia al aborto-
publicado a la‎(s)‎ 17 oct. 2010 14:31 por Tomás Moro
actualizado el 17 oct. 2010 14:50
Por tanto, ¿qué ley debe incumplir un médico, la del Estatuto Marco de Personal Sanitario que le obliga a ser fiel a la deontología o la de aborto que lo obliga a infringirla? ¿Supone la ley de aborto la derogación de la vigencia del código deontológico de la profesión médica? ¿Prima el derecho de la mujer al libre desarrollo de personalidad, a la integridad física y moral, a la libertad ideológica y a la no discriminación sobre los idénticos derechos de un ciudadano funcionario de la administración pública? ¿Tiene la administración la patria potestad sobre la conciencia de los administrados? ¿Se ajusta a derecho que un gobierno invente derechos para algunos y que para ello restrinja derechos de otros que tienen el rango de fundamentales?Ver Resolución del Consejo de Europa del 7 de octubre de 2010
El Aborto y los ordenamientos materialistas.
publicado a la‎(s)‎ 15 sept. 2010 14:26 por Tomás Moro
actualizado el 16 sept. 2010 12:15
Autor: Juan M. Palao. Doctor en Derecho. Abogado
El presente artículo indaga los argumentos aducidos por el legislador para la promulgación de la Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo que despenaliza el aborto. Tras analizar dichos argumentos y constatar que no fundamentan la norma, el artículo se adentra en sus causas reales que atienden a una ideología materialista, así como en las consecuencias lesivas que previsiblemente provocará. Por último se compara la despenalización del aborto con las situaciones acontecidas en los ordenamientos esclavista y nacional socialista alemán, advirtiendo importantes similitudes.
Contenidos1 Panorama a partir de la entrada en vigor de la LO 2/2010 (LO 2/2010) – 4 de julio de 2010.2 Análisis causal de la norma.2.1 Argumentos del legislador (<<ad hominem>>) justificativos de esta norma2.2 Causas <<ad rem>> o las que verdaderamente han justificado el nacimiento de esta norma3 Consecuencias de esta normativa3.1 Relativización de la vida.3.2 Desnaturalización de la mujer4 Ejemplos vividos de esta ideología materialista5 Extrapolación de estos ejemplos a la legislación en materia de aborto en España6 El camino hacia la extirpación de todo humanismo; el adoctrinamiento ideológico.
<<¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.>> (Isaías 49,15)
Un ordenamiento constituye un conjunto de preceptos que protegen bienes jurídicos, haciendo primar los más importantes. Así, por ejemplo, a través del castigo previsto para el robo, el derecho a la total libertad del hombre se limita por el derecho a la propiedad, en el castigo establecido para la violación, el derecho a la libertad y autodeterminación del hombre, cede ante la dignidad y libertad sexual de la mujer...
Así un ordenamiento, ordena la realidad amparando e imponiendo la primacía de aquellos derechos que son más dignos de tutela frente a aquellos que merecen un amparo menor. De ahí que la justicia haya sido siempre representada como una balanza en cuyos platillos han de colocarse los intereses contrapuestos para determinar cual tiene mayor peso.
Tal y como el Tribunal Constitucional (TC) en abundantes resoluciones ha puesto de manifiesto, los derechos fundamentales nucleares, base de todos los demás, son el derecho a la vida y la dignidad humana. En efecto sin vida (o dignidad), no se puede proteger el derecho a la libertad, educación del hombre... En su sentencia 53/1985 de 11 de abril (STC 53/1985) se expresa así:
<<Dicho derecho a la vida, reconocido y garantizado en su doble significación física y moral por el artículo 15 de la Constitución, es la proyección de un valor superior jurídico constitucional – la vida humana – y constituye el derecho fundamental esencial y troncal en cuanto es el supuesto ontológico sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible. Indisolublemente relacionado con el derecho a la vida en su dimensión humana se encuentra el valor jurídico fundamental de la dignidad de la persona...>>
Si no consideramos nuestra vida y la de los demás como el principal valor, ¿qué otra cosa podría tener importancia? Pues bien, en la nueva Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo (LO 2/2010), que recientemente ha entrado en vigor y despenaliza el aborto, el legislador se ve obligado, para justificar dicha vulneración del derecho a la vida del bebe gestante, a contraponer también unos pretendidos derechos fundamentales de la mujer a los del concebido y hace primar los primeros sobre los segundos, la pregunta es ¿esto lo hace fundada o infundadamente? Panorama a partir de la entrada en vigor de la LO 2/2010 (LO 2/2010) – 4 de julio de 2010.
En la LO 2/2010 se desenmascara el ataque frontal a la vida de forma más resuelta que en el anterior sistema al establecer una conclusión del embarazo totalmente libre para la mujer. Ahora, ya no se establecen casos tasados para legitimar el aborto como en la L.O. de 9/1985, del 5 de julio sino que, simplemente, la vida del concebido se abandona totalmente en las manos de la mujer hasta las 14 primeras semanas de gestación [1]. En efecto se trata de la potestad de conceder la vida u ordenar la muerte del hijo por su simple decisión[2]. Esta es la mayor novedad de la Ley en materia de aborto. No obstante, según el ordenamiento, no se puede dejar de considerar al bebe gestante como a un ser humano, aunque no se le quiera otorgar la categoría de persona, y su protección sigue incluida dentro de la protección del derecho a la vida del art. 15 Constitución Española (CE)[3]. Así <<...el Estado tiene la obligación de garantizar la vida incluida la del nasciturus (art. 15 CE)...>>[4].
En tanto no se puede sujetar la protección del derecho a la vida del bebe gestante a la libre decisión humana, pues está protegido por el ordenamiento constitucional y penal, se disfraza dicha ingerencia como la exaltación de un prioritario derecho a la <<autodeterminación individual>>[5] de la mujer. Así mismo, para entenebrecer realmente la cuestión, también la ley justifica la muerte del bebe gestante con otros supuestos derechos fundamentales de la mujer superiores que justifican el aborto tales como el <<derecho al libre desarrollo de la personalidad, a la integridad física y moral, a la intimidad, a la libertad ideológica y a la no discriminación>> (art. 12 LO 2/2010). Por otro lado, un ataque tan frontal a la vida justificaría verdaderas carnicerías con los bebes que incluso se podrían extender a los niños nacidos. Debido a esto el legislador decide cuales son los bebes con mayor valor, esto es, a partir de las 14 semanas, pasadas las cuales el bebe gestante no puede ser eliminado por el simple consentimiento materno (art. 14 LO 2/2010). Para otros dos supuestos ni siquiera opera es límite ya que parece que se puede realizar el aborto hasta momentos antes de que la mujer dé a luz[6].
Análisis causal de la norma.
Para el análisis de una norma lo primero que hay que hacer es determinar sus causas, esto es, que necesidad apremiante cubre, la justifica y la originó. De esta manera se determina igualmente el fin que persigue y si éste es beneficioso o pernicioso. En esta materia diacrítica vamos a encarar la cuestión a través de dos vías. En primer lugar vamos a tratar las causas <<ad hominem>>, esto es, aquellas que alega el legislador para justificar la promulgación de esta Ley. Por otro lado, veremos los argumentos <<ad rem>>, esto es, yendo al fondo de las cosas y considerando que causas reales, incluso ignoradas por el propio legislador, son las que subyacen verdaderamente bajo la creación de esta norma.
Argumentos del legislador (<<ad hominem>>) justificativos de esta norma
Primeramente decir que hablamos de una despenalización del aborto. Esto es, no se trata de una legitimación, sino que, ponderada la presunta colisión de derechos existentes según el criterio del legislador, éste considera que no ha de penarse un hecho que el ordenamiento sigue considerando reprobable. Ya que, al menos, se reconoce la naturaleza humana del gestante, abortar es atacar su derecho a la vida, algo que es pernicioso e inmoral aunque dicho acto no tuviera consecuencias penales. Incluso la propia LO 2/2010 no puede evitar hablar de <<prevenir... los abortos>> a través de la prevención de la preñez[7]. Para vencer la barrera de la protección de la vida, la norma esgrime un conjunto de derechos aparentemente más vitales. 1.- Derecho a la autodeterminación de la madre (LO 2/2010 – Pto. II del Preámbulo). La asignación de este derecho es errónea. La STC 53/1985 (Pto. 5) afirma que <<..la gestación ha generado un tertium existencialmente distinto de la madre, aunque alojado en el seno de ésta.>> Al considerarse el hijo concebido como un tercero, la pretendida autodeterminación no existe frente al bebe gestante. Estamos hablando de matar al bebe, el derecho a la vida de otro, no la vida de la propia madre, por lo que tal derecho no puede emplearse como salvoconducto para atacar su vida.
Aún en el imposible caso de haber consentido el propio bebe gestante su propia muerte, provocada con la anuencia de la madre, este acto estaría penado por el Código Penal, ya que la asistencia al suicidio está contemplada como un delito en nuestro ordenamiento punitivo (art. 143 del Código Penal).
2.- Integridad física y moral (art. 12 LO 2/2010). Otro de los supuestos derechos que se esgrimen por la ley para justificar la muerte del bebe, es el derecho a la integridad física de la madre. Llama casi al sin sentido considerar que no hablamos de la integridad física de la madre sino del propio niño, de forma que no sería disponible por aquélla, tal y como argumentábamos en el punto anterior. Es más. Aún considerándose, por una nueva construcción hipotética, que este derecho a la integridad física pertenece a la madre, con la violencia que se ejerce sobre el cuerpo de la mujer durante el aborto y en su siquis posteriormente, no parece que comulgue mucho este derecho con la ejecución de un aborto. Hay que tener en cuenta que, para realizar el aborto, hay que abrir la cavidad del útero y extraer el organismo del gestante que está adherido al de la madre, por lo que constituye una operación muy severa y agresiva en la que, necesariamente, se extraen un sin número de vasos y tejidos de la propia madre. Por lo que al contrario de lo que se defiende, dicha operación, menoscaba su integridad física y violenta su fisiología. Además el aborto puede desencadenar un conjunto muy amplio de afecciones físicas (infección de la pelvis, laceración del útero, partos prematuros y abortos espontáneos ulteriores,...) y, como decimos, otras secuelas más frecuentes y permanentes como son las psíquicas. Entender el aborto dentro del derecho a la “integridad” física y moral de la madre es como decir que ese derecho se ejercita a través de laceraciones y autolesiones intencionadas o experiencias traumáticas.
3.- Derecho al libre desarrollo de la personalidad. En este caso si que sería un derecho que, en principio, parecería otorgado correctamente por el ordenamiento a la madre, esto es, la toma de decisiones en su vida y su evolución como persona. Pero consideremos una circunstancia. Si una ley materializara el derecho al libre desarrollo de la personalidad permitiendo dar puntapiés en el culo a otro hombre para permitir la autoafirmación propia, lo reprobaríamos y nos parecería pantagruelesco. Más aún porque esa forma de afirmación personal es altamente destructiva y perjudica también al propio sujeto que la protagoniza. Si eso pensamos de un simple puntapié ¿cuanto más si contraponemos el derecho al libre desarrollo de la personalidad frente derecho a la vida y supervivencia de un bebe concebido y no nacido? No se puede amparar dentro del derecho al libre desarrollo de la personalidad una lesión o vulneración de los derechos de otro sujeto. Esto auspicia las inclinaciones más crueles y violentas de los ciudadanos, creando una sociedad corrompida y depravada, en permanente combate y desorden. ¿Qué podríamos decir de un país donde las madres matan a sus hijos?
El preámbulo de la LO 2/2010[8] llega a decir que, no permitir la libre decisión para abortar <<limita innecesariamente la personalidad de la mujer>>. De esta forma trata de desnaturalizar el concepto humano de mujer, haciéndola creer que su realización personal pasa también por suprimir la vida de sus hijos en su propio seno. ¿Acaso el sentido común no nos dice que es antinatural ese acto? Así, trata el legislador de implantar un nuevo y antinatural concepto de mujer y madre, en donde el desarrollo de su personalidad pasa por poder considerar al fruto de su seno como despreciable, espurio, cosa extraña, odiarlo y acabar con su vida, para realizarse plenamente. Muy al contrario, el libre desarrollo de la personalidad de la madre se encuentra en permitir el natural nacimiento de su hijo, realizarse en la maternidad y no huir de la situación que más desarrolla y hace crecer a la mujer. El Estado debe proteger la vida y amparar la maternidad. El aborto, frustrando el advenimiento de un hijo, cercenando la natural inclinación de la mujer a la maternidad, la genera y provoca, en cambio, a la larga, graves perturbaciones psíquicas por la antinatural aniquilación del fruto de sus entrañas, en el llamado síndrome post-parto.
Esta norma quiere extirpar la dadivosa, entregada y tierna maternidad de las mujeres que tanto las embellece y sustituirla por el materialismo, su egocentrismo, su frialdad,... que, a la larga, repercutirá inexorablemente en la sociedad toda. 4.- Salud sexual y reproductiva comprendida en la Exposición de Motivos Pto I y art. 2 b) y c) de la ley. Otro de los derechos enunciados por la norma es la salud sexual y reproductiva de la madre, a la que, sin ningún género de dudas, debe tener acceso la mujer si interpretamos dichos derechos dentro de su derecho a la vida y la dignidad personal.
Aunque vienen definidas en la propia ley, asaz de claro está que la práctica del aborto, en ninguna forma favorece la salud reproductiva de la mujer. Es más, la contravienen. Arrancar de su seno a los hijos concebidos no es una práctica <<salubre>> por mucho que se quiera ocultar la realidad. Por ende, algunos abortos mal practicados, han ocasionado serios problemas a las mujeres e incluso la esterilidad. Ese término se expresa en la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo (1994) para referirse a muchos derechos como atención al embarazo, asistencia prenatal y posnatal adecuada... que realmente coinciden con esos conceptos. Tratando de extender ese derecho de tener una maternidad sana y con las debidas asistencias a los casos de aborto, nos encontramos con una “contradictio in adiecto”. No comulgan con el significado de esos dos términos precisamente por las consecuencias lesivas para la salud psíquica como física que tiene el aborto. Hemos visto pues que se elimina la protección de la vida del bebe intrauterino por derechos mal entendidos que son un simple afeite para disfrazar una vulneración de derechos fundamentales sin razón y arbitrariamente que, igualmente, perjudican en gran medida a la mujer. El niño y la madre están unidos en una indisoluble comunidad vital que trata de ser entenebrecida y oscurecida por una artificiosa y engañosa ideología contemporánea.
Por tanto, visto desde una perspectiva estrictamente legal, el legislador se engaña a si mismo, pues la norma es contradictoria y confusa, otorgando derechos del niño a la madre y enunciando otros derechos que tienen un sentido totalmente contrario al postulado. Entonces nos preguntamos ¿dónde se encuentra su origen real, su causa cierta? ¿Por qué se ha sancionado esta norma? Causas <<ad rem>> o las que verdaderamente han justificado el nacimiento de esta norma
Las verdaderas causas y fundamentos que sostienen dicha normativa se encuentran en la destructiva ideología materialista que enseñorea nuestra sociedad.
Nuestro mundo consumista y altamente materializado rinde una encarecida adoración y extrema sumisión al materialismo; el desarrollo profesional, la capacidad adquisitiva, las comodidades, bienes y servicios, en suma, el individualismo... Esto ha producido un giro en nuestra concepción social desde el natural eje antropocéntrico, hasta una cultura basada en intereses o valores materiales. Lo expresado ha desencadenado una peligrosa represión de los valores humanos que transcienden la materia y no son tangibles, tales como la dignidad humana. Todo ello ha desembocado en una inclinación a reducir las responsabilidades y obligaciones hacia los demás, los cuales ya no son tan importantes
Este discurso materialista, ha cuajado en la presente ley. Se pretende implantar pues una total desatención a la vida humana en tanto ésta interfiera con nuestra comodidad, finanzas, proyectos o esfera personal. Nos encontramos en una sociedad hedonista que huye de los compromisos y rinde ciego culto al beneficio y al placer acendrado de toda responsabilidad pero que no es feliz. Nos utilizamos los unos a los otros por interés económico, placer sexual,... a la manera que empleamos un insensible mueble o una fría herramienta. ¿Por qué no desprendernos de nuestros hijos si estorban? Cada vez hay menos hijos porque la vida está empezando a dejar de ser un valor ya que exige responsabilidades, esfuerzos, cuidados, gastos... y están siendo priorizadas las comodidades, la holgura económica, el individualismo egoísta... que no dejan espacio a ninguna atención o responsabilidad frente a los demás. Ocupados en nuestros negocios no hay tiempo para tener niños.
La presente ley ha proliferado en esta enrarecida y asfixiante atmósfera actual y somete la propia vida humana a la retórica del interés. Así, a veces, nos llegamos a preguntar ¿qué ventaja o provecho me brinda a mi un niño? Y en ocasiones a los niños se los cosifica y se los tiene como un producto necesario para completar el hogar, casi como una parte del mobiliario. Sin embargo esta cruel ideología materialista que se oculta tras la norma creemos que hasta el propio legislador la ignora y realmente cree que esta ley generará bienestar. Está tan engañado que no se da cuenta que está reduciendo la vida humana (del hijo concebido) a pura materia desechable si produce incomodidad. Así la subordina a los intereses materiales (profesionales, financieros, reconocimiento social...) y a los miedos, temores y recelos auspiciados por una presión social deshumanizada.
En efecto dicho materialismo es totalmente contrario a la naturaleza y sentimientos humanos y su acatamiento comenzará a descarnar cada vez más al hombre y, esencialmente, a la mujer. Nos hace ser bruscos en perseguir nuestros fines incluso pisoteando a las personas o los bebes.
A diferencia del código penal anterior a 1986, es la mujer la que está desprotegida y entregada a presiones, amenazas...[9] y esta ideología destructiva compromete su equilibrio psíquico y físico así como la vida del niño. La debilidad y el desamparo de algunas mujeres frente a la presión de su entorno le fuerzan a ejecutar tan descaminado acto por pura desesperación y a enajenarlas de sí.
Consecuencias de esta normativa El problema de toda normativa nueva es que, en el momento de entrar vigor, no pueden sentirse sus consecuencias y solo a la larga, se van mostrando. El legislador, en su precipitación, ignora los efectos de una norma que se volverá contra todos nosotros, él mismo incluido. Los resultados inmediatos previsibles serán los siguientes.
Relativización de la vida.
Abierta una brecha en el ordenamiento jurídico en base a tal atentado contra el derecho a la vida, se abre el camino a toda clase de ataques y lesiones contra ese derecho
En efecto el legislador ha tenido que tomar una base o criterio para considerar que es vida humana digna de protección y que no. De otra forma se hubiera visto con el problema de que se pueden matar a los bebes incluso después del parto, lo que desencadenaría un escándalo, puesto que el bebe ya si se ve y el asesinato se tiene que hacer a la luz del mundo, no encubierto por el seno de la madre. Un seno antes protector del bebe y que ahora se quiere hacer escenario de su muerte.
El arbitrario criterio que se ha tenido en cuenta parece ser el umbral de viabilidad fetal fuera de la madre, establecido en 14 semanas. Sentencia pues el hombre, en un acto de increíble audacia, lo que puede ser considerado ser humano y lo que no. También se incluye una total libertad de abortar en los casos de enfermedades <<graves e incurables>> creando aún más incertidumbre acerca del concepto de hombre y dejando dicha apreciación a un comité médico, introduciendo más ambigüedad e incertidumbre sobre lo que es verdadera vida humana y lo que no lo es. Abierta la caja de Pandora y relativizada la vida, incluso la existencia del que escribe este artículo o la persona que lee el mismo está en peligro en el futuro.
En el fondo la retórica materialista de la ley parece proclamar que la vida es una carga para la madre por lo que ella debe decidir sobre la misma. Así no se considera la maternidad como el lugar donde puede crecer interior y exteriormente, madurar y superarse a sí misma en una dimensión afectiva más profunda de su vida.
Si por causas emocionales, financieras, profesionales o materiales de cualquier clase se permite abortar a una mujer, ¿porqué no poner fin a la vida de un anciano o enfermo crónico (físico o mental) que precisa de un caro tratamiento y constituye igualmente una carga económica y material para el Estado, su familia...?
Tal es el caso de Holanda que, tras la legalización del aborto y, posteriormente de la eutanasia, causando la destrucción del valor de la vida, se han creado asociaciones de pacientes para protegerse frente a la eutanasia por la presión del entorno que, al considerarles una carga, puede sufrir un inválido, anciano... para que permita voluntariamente que le maten. Los no natos, sin embargo, no pueden agruparse ni asociarse para proteger sus derechos por lo que son más vulnerables. Y, esa cultura de muerte, entrando con sigilo por la puerta de atrás, disfrazada por un pretendido aumento de derechos de la mujer, engañando a ésta que es la portadora de vida y esperanza, empezará a relativizar la importancia de nuestra vida, ponderando todo por el provecho e interés material que nos brinde. Todos seremos o hemos sido, hijos, padres, abuelos, tíos, sobrinos... con este disfrazado pensamiento materialista se yugulan y desprecian los valores humanos. Ya que se irá adueñando paulatinamente del común sentir, pocos de nosotros no sufriremos directa o indirectamente sus consecuencias. Unos hijos o nietos ingratos que nos dan la espalda cuando somos un estorbo, necesitamos ayuda o no nos valemos por nosotros mismos; unos padres desentendidos de sus hijos, de su educación y suerte, absorbidos por sus intereses, por tener mayores ingresos o por su realización profesional; unos hermanos individualistas concentrados en su vida y quehaceres e indiferentes ante nuestros problemas... El sistema antropocéntrico predicado por la constitución va dejando paso a un sistema de intereses materiales, donde la vida humana ya no es un valor absoluto sino relativo y postergado. La paulatina reducción del número de hijos en las familias, nos hace ver que ya éstos empiezan a no tener sitio en los hogares, siendo sustituidos por mobiliario, mayores comodidades... Se proscribe la fecundidad.
Desnaturalización de la mujer
Por otro lado, esta normativa mermará o escindirá la relación materno-filial que se establece entre la madre y el hijo, ya en el vientre de la madre. Ya que, como hemos visto, los lazos entre ambos son tan estrechos y la suerte de ambos está tan ligada, lo primero es romper este vínculo natural.
Por tanto, el legislador defiende la existencia de dos intereses disociados. Como dijimos, para eso implanta unos supuestos derechos fundamentales de la mujer que se contraponen al verdadero derecho fundamental a la vida del bebe gestante. Como hemos visto no existe tal dualidad. Los derechos de la madre y del niño siguen caminos muy próximos. Pero en segundo lugar, no solo erigirá dos individualidades con derechos antagónicos sino que fomenta el endurecimiento del corazón de la madre, la aliena de su naturaleza maternal y la empuja a odiar el fruto de sus entrañas, de manera que ésta se sienta libre para acabar con la vida de su bebe.
Para este último paso la ley, nacida de la confusión y la oscuridad, llevará a la mujer a que rompa consigo misma, con su ser natural y, verdaderamente, desarrolle en su corazón sentimientos de animadversión y odio, de superioridad y distanciamiento frente a su bebe, llegándole a considerar un amasijo de carne y hueso sin valor que obstaculiza su vida. En suma, el efecto será que mude y cambie su ser de madre y se deshumanice.
Esta consecuencia que la ley provocará es de las más perniciosas para la propia mujer, pues, pasado el tiempo, la luz de la verdad resplandece y lo que un día había calificado de saco de “simple materia” orgánica sin identidad que mató, se da cuenta que era, ciertamente, su hijo.
Ejemplos vividos de esta ideología materialista
Pero el materialismo no es la primera vez que aparece en el escenario histórico, sino que, en tiempos pasados ya había justificado toda clase de vejaciones y matanzas.
Para el materialista el hombre no se distingue de los demás animales sino porque, en lugar de uñas o veneno para defenderse en el medio, tiene razón; pero ésta no deja de ser la conjunción de células neuronales entrelazadas. Así, la ideología materialista, tanto de corte marxista como capitalista, al considerar la vida humana como pura materia, permite disponer de ella tal y como se dispone de la carne de un cerdo o de un ave. El legislador materialista, sin embargo, para no caer el mismo en esta degradación o animalización del hombre, hace una distinción injustificable entre su clase a la que da mas valor, de la clase reprimida o atacada.
En la institución de la esclavitud o en el sistema jurídico nazi, se postulaba la necesidad de someter cruel e inhumanamente a colectivos determinados de hombres para la plena realización de los otros, para su comodidad o bienestar[10].
Así se logra implantar la demagogia o el dominio tiránico del pueblo, creando derechos y prerrogativas nuevas frente a una masa cruelmente reprimida y dándoles carta de naturaleza[11]. La nación, totalmente engañada y confundida interiormente, se somete voluntariamente a dicha tiranía y cree firmemente en que el tirano les muestra la verdad, cuando el mismo está confundido.
Por ejemplo la “Orden sobre la administración de la justicia penal contra Polacos y Judíos en las tierras orientales anexionadas de 4 de Diciembre de 1941”[12], rezaba: <<Polacos y judíos, tienen que dejar de hacer todo aquello que daña la Supremacía y la reputación del Imperio alemán>>[13] y penaba con la muerte cualquier acto de violencia o fuerza contra un alemán y establecía penas inhumanas para estos dos pueblos.
Pero esta extensión y exacerbamiento de los derechos de los alemanes de sangre que, a primera vista, podría parecer beneficiosa para los mismos, fue tremendamente destructora para ellos. En efecto, las vejaciones, los tratos degradantes, los asesinatos... que empujados por ese ordenamiento cometieron muchos alemanes, les robaron su dignidad de hombres y, llevados por ese pérfido engaño, algunos se tornaron verdaderas criaturas inhumanas sin corazón ni entrañas, protagonizando actos bestiales.
Luego, ante la consideración de tamañas aberraciones y brutalidades, ellos mismos, casi incrédulos, se espantaban de sus propios actos. Algunos oficiales y soldados llegaron a suicidarse. Actualmente los alemanes se avergüenzan de ese pasado de confusión y tinieblas en que fueron sumidos.
Fueron pues víctimas de un régimen que les desnaturalizó y separó de su ser y humanidad, fomentando pautas de comportamiento violentas, de desprecio y de dominación. En suma constituyó una extrema pero encubierta tiranía. Para ello disfrazó su furibundo yugo, con una apariencia beneficiosa y provechosa de concesión de nuevos derechos sobre una clase inferior[14] (judíos, polacos, sacerdotes...). Pero, para jugar a redefinir la naturaleza humana, al objeto de dominarnos, hay que borrar el verdadero concepto de hombre y reformularlo, oscureciendo el sentido común, la razón y la verdad[15]. Por desgracia nuestra falibilidad ha permitido que estos errores se implantaran en diversos momentos históricos y naciones. Extrapolación de estos ejemplos a la legislación en materia de aborto en España
La despenalización del aborto en España sigue una dinámica similar. El legislador trata de implantar la absoluta naturalidad de eliminar a los retoños en la misma entraña maternal, a desprenderse de sus hijos concebidos y esto lo considera como una verdadera “conquista” para la mujer moderna.
Pero previamente tiene que excluir a los bebes gestantes de la categoría de personas para poder disponer de sus vidas, tal como ocurrió durante la esclavitud o el nazismo. Aquí, al igual que en el ejemplo del nazismo anteriormente expuesto, hay dos redefiniones importantes. Primero la que le priva al gestante de la categoría de persona, como antes ocurría con los esclavos, los judíos o los polacos y, segundo, la que considera los actos violentos como el ejercicio de un verdadero derecho natural, para la otra clase. En efecto, se trata de considerar como lícitos actos de autoafirmación y libre desarrollo de la personalidad; el matar a los hijos concebidos y, en el caso nazi, el exterminar a los judíos, polacos y sacerdotes.
a) La primera redefinición, esto es, la relativización de la vida del gestante conduce a un peligro para todos los colectivos. Aunque, en un principio, como en las anteriores épocas, el colectivo más débil (esclavos, judíos, polacos...) o totalmente indefenso (bebes gestantes), es al que se dirigen los ataques, éstos no tardan extenderse a muchos otros grupos.
Así, las leyes promulgadas contra los judíos y los polacos, no tardaron en volverse contra muchos alemanes con antepasados de estos dos pueblos e incluso contra otros colectivos (sacerdotes...). Igualmente muchos murieron por proteger a los pueblos perseguidos u oponerse a este cruel sistema, o simplemente por el capricho de un soldado.
Es decir, desde el momento en que relativizamos la vida humana nadie está a salvo. El ordenamiento legal se convierte en un verdadero caos, puesto que incluso nuestra propia vida puede llegar a ser dispuesta tal y como el amo disponía de su esclavo.
Ante el aborto, si no consideramos persona al hombre desde los mismos instantes de su concepción hasta su muerte natural y no anteponemos la vida a los intereses materiales, profesionales, emocionales... estamos abriendo una brecha en la urdimbre legal que nos puede alcanzar a nosotros.
Como hemos dicho, si los intereses materiales priman sobre la vida en determinados estadios primarios, ¿por qué no ha de primar sobre otros estadios del hombre como personas mayores con alta dependencia, enfermos crónicos físicos o mentales...?
En efecto, una vez relativizado el valor de la vida cualquier nuevo ataque es previsible incluso para el mismo legislador que envejecerá o enfermará. Lo peor es que esta minusvaloración del hombre llega a implantarse generalizadamente.
b) Por otro lado la segunda redefinición atañe al concepto de mujer y madre. Al igual que los alemanes instituyeron el concepto de <<hombre ario>> que justificaba el ejercicio de la violencia y la fuerza frente a los demás pueblos, en el ejercicio de esos derechos “nuevos”, la <<madre moderna>> goza de una extensión de sus derechos que le permite disponer de la vida de sus hijos.
En efecto, en ambos casos es una falacia esa nueva concesión de derechos que realmente deshumaniza. Pero éste es el fementido barniz con que se disfraza esta imposición encubierta, convenciendo y logrando la aquiescencia de los tiranizados.
Así la madre tiene la potestad de decidir sobre la vida o muerte del hijo concebido y no nacido como antes tenía el soldado alemán la elección de matar o dejar vivir a un judío, polaco o sacerdote.
Durante el nacional socialismo, los soldados y la policía nazi protagonizaban todo género de vejaciones inhumanas, antinaturales... Sin embargo, en un momento de soledad y de reflexión, se sentían mal, como verdaderos asesinos y animales desbocados y hasta ponía término a sus vidas. Otros en cambio terminaban justificándose ante sí mismos durante toda su vida en una dolorosa negación de la verdad o enloqueciendo... Actualmente los alemanes se avergüenzan de su tenebroso pasado.
Igualmente, la madre, persuadida por el ordenamiento de que el único camino para el <<libre desarrollo de su personalidad>>, su <<autodeterminación>>... es acabar con la vida de su bebe, permite que le saquen ese estorbo de su cuerpo. Así vemos que se revuelve contra el natural vínculo con su hijo, dejando anidar en su pecho sentimientos de animadversión y odio frente al fruto de su vientre.
Este nuevo concepto de <<madre moderna>> es igual de pernicioso y denigrador que el de <<hombre ario>>, porque aquellas son las portadoras de vida. Si ellas se vuelven contra la vida, posponiéndola ante falsas ideologías, todo acabaría.
Pasado el tiempo, tras el aborto del hijo concebido y no nacido, el síndrome post parto surge con toda crudeza, al percatarse de su iniquidad, llenándose de arrepentimiento y sentimiento de culpa.
Por ello decimos que, al igual que el propio pueblo alemán en la época nacional socialista, las mujeres también son víctimas en ésta ley. El camino hacia la extirpación de todo humanismo; el adoctrinamiento ideológico.
Pero al igual que el sistema totalitario nazi o comunista, entenebrecer la verdad pretende un adoctrinamiento ideológico precoz que confunda y siembre el relativismo desde edad temprana.
Así, el efecto más pernicioso de la ley es tratar de inculcar este menosprecio a la vida desde los colegios, institutos e universidades a niños y jóvenes, logrando que esta reformulación del hombre se enseñe prematuramente, creando el campo de cultivo idóneo para nuevos ataques a la vida. Así el art. 9 de la LO 2/2010 reza:
<<El sistema educativo contemplará la formación en salud sexual y reproductiva, como parte del desarrollo integral de la personalidad y de la formación en valores...>>
A su vez el art. 8. de la LO 2/2010 dice:
<<Formación de profesionales de la salud.
La formación de profesionales de la salud se abordará con perspectiva de género e incluirá: a) La incorporación de la salud sexual y reproductiva en los programas curriculares de las carreras relacionadas con la medicina y las ciencias de la salud, incluyendo la investigación y formación en la práctica clínica de la interrupción voluntaria del embarazo. b) La formación de profesionales en salud sexual y salud reproductiva, incluida la práctica de la interrupción del embarazo.>>
Vemos como la ley utiliza términos eufemísticos como <<interrupción>>[16] del embarazo o <<salud reproductiva>> o <<formación en valores>> que, como hemos dicho, tratan de disfrazar la aberrante realidad de la norma y sus efectos.
Como buena imposición ideológica que trata de degradar la condición humana redefiniendo sus parámetros como antes hemos mentado, el legislador prevé una inculcación generalizada de sus máximas, para anegarnos en la frívola cultura de muerte antes mentada. En efecto el materialismo, emplea el adoctrinamiento masivo, tratando a las personas como robots y buscando reprogramar y redefinir la conducta humana aún en sus actos más íntimos, al desentenderse de la dignidad humana.
Cuando este sistema tome su lugar y veamos su radical oposición al hombre no nos quedará más que repetirnos <<Quam temere in nosmet legem sancimus iniquam>> (¡Cuanto tememos en nosotros las leyes que sancionamos injustamente!). El sistema inicuo que hemos autorizado se volverá contra nosotros mismos sin contemplaciones.
Cuando el parlamento o el gobierno son los que determinan el bien y el mal por encima del hombre, se puede matar millones de rusos en la extinta Unión Soviética y morir el instigador de los mismos, el propio Stalin, sin castigo penal alguno en su lecho. Pero como digo el propio legislador español también se ha engañado sobre la conveniencia de esta ley. Su juicio esta oscurecido y no prevé el mal que irrogará a nuestra sociedad si no se remedia. El mayor peligro se encuentra en el oscurecimiento de la luz de la verdad hasta tal extremo que nos parezcan absolutamente normales las leyes que atenten contra la vida humana. Así sucedió en el nazismo. Arendt describe la aceptación de la brutal realidad impuesta por el nazismo con total naturalidad:
<<No son tanto las alambradas como la irrealidad expertamente manufacturada de aquellos a quienes cercan lo que provoca tan enormes crueldades y, en definitiva, hace parecer al exterminio una medida perfectamente normal... El resultado es que se ha establecido un lugar donde los hombres pueden ser torturados y asesinados y, sin embargo, ni los atormentadores ni los atormentados, y menos aún los que se hallan fuera, pueden ser conscientes de que lo que está sucediendo...>>[17]
Con el ordenamiento actual, una madre soltera, joven o sin recursos podrá sentarse un día junto a su hijo y decirle: <<- Cuando te engendré, una sociedad perdida me pedía que te matara, que eras una carga, que me perjudicaría tenerte. Yo sentía miedo. La lucha y las presiones fueron continuas pero al final venció mi amor por ti, hijo. Ya sabes cuanto te quiero.>>
[1] <<Art. 14 Podrá interrumpirse el embarazo dentro de las primeras catorce semanas de gestación a petición de la embarazada, siempre que concurran los requisitos siguientes: A) Que se haya informado a la mujer embarazada sobre los derechos, prestaciones y ayudas públicas de apoyo a la maternidad, en los términos que se establecen en los apartados 2 y 4 del artículo 17 de esta Ley. B) Que haya transcurrido un plazo de al menos tres días, desde la información mencionada en el párrafo anterior y la realización de la intervención.>>
[2] El problema no es solo que el juicio de la mujer las más de las veces esta traspasado por la el miedo, la ansiedad... y por tanto por la falibilidad y el error humano, sino que es comúnmente objeto de presiones más o menos explícitas que oscurecen la verdad de la vida humana y le inclinan a cometer un acto antinatural y contrario a su naturaleza de mujer y madre, haciéndole cargar a ella sola con la responsabilidad de la muerte del bebe gestante y dejándole cicatrices indelebles. [3] STC 53/1985 de 11 de abril, Fundamento V. <<...el nasciturus está protegido por el art. 15 de la CE, aún cuando no permite afirmar que sea titular del derecho fundamental.>> [4] Ibidem.
[5] LO 2/2010, de 3 de marzo. Preámbulo I. <<La decisión de tener hijos y cuándo tenerlos constituye uno de los asuntos más íntimos y personales que las personas afrontan a lo largo de sus vidas, que integra un ámbito esencial de la autodeterminación individual.>>
[6] Cuando se detecte una enfermedad grave e incurable o anomalías incompatibles con la vida del gestante. (art. 15 LO 2/2010). El problema es determinar que es una enfermedad grave.
[7] Preámbulo I. [8] Preámbulo II.
[9] Ya no se pena a los que alientan y mueven a la mujer a abortar.
[10] Juan Manuel de Prada habla sobre la necesidad de antaño de mantener la esclavitud a fin de poder mantener el nivel de vida de los demás. (ABC. 08/09/2008)
[11] Arendt, Hannah. Los Orígenes del Totalitarismo. [Trad.] Solana, G. Madrid: Taurus Ediciones, S.A., 1974. Pág. 543.- <<El primer paso esencial en el camino hacia la dominación total es matar en el hombre a la persona jurídica. Ello se logra, por un lado, colocando a ciertas categorías de personas fuera de la protección de la ley...>>
[12] Verordnung über die Strafrechtpflege gegen Polen und Juden in den eingegliederten Ostgebieten vom 4. Dezember 1941 (Reichsgesetzblatt I S. 759)
[13] 1. Sachliches Strafrecht. I (1).
[14] Este comportamiento se reproduce también en la violencia en las parejas, llamada violencia de género. El maltratador, es una persona que basa su autoestima en la humillación de su pareja, empleando insultos y violencia física. Esto causa en el un progresivo envilecimiento, del cual él también es la víctima. Necesita, para recuperar su amor propio, sentirse por encima y ser dominador al menos de la persona que está a su lado.
Un día la pareja le abandona por los continuos abusos y su única fuente de autoestima, de autoafirmación se desvanece. Entonces su vida pierde todo sentido, mata a la persona que le ha abandonado y se suicida.
Vemos que en ambos casos su actuación es fruto de un engaño revestido con el barniz del provecho propio pero que, paulatinamente, nos va privando de nuestro ser y naturaleza.
[15] En el libro “La nueva tiranía” de Juan Manuel de Prada, el autor describe como se intenta tiranizarnos debilitándonos a través de las comodidades, exaltando unos pretendidos derechos de nueva creación y reformulando el concepto de hombre.
[16] Algo que se <<interrumpe>> tiene vocación de continuar. Realmente se trata de una finalización o supresión del embarazo
[17] Arendt, Hannah. op. cit.. Pág. 541-542
publicado a la‎(s)‎ 31 ago. 2010 14:39 por Tomás Moro
actualizado el 31 ago. 2010 15:08

References: Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 artículo 15
e contrario
e contrario
 artículo 17