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⭐BOLETÍN INFORMATIVO SEMANAL DE SEGUROS
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1 BOLETÍN INFORMATIVO SEMANAL DE SEGUROS ENERO 2010 Redactor Jefe: Juan Manuel Blanco Coordinación: David Leonor Secretaria de Redacción: Ana Gutiérrez Publicidad: Laura Palao y Aída Rodríguez Redacción, Administración: Albarracín, 34-4º MADRID Telf Fax: ISSN: Es una publicación exclusiva para los suscriptores de SOCIOS CLUB Copyright INESE S.L.U. Queda prohibida la reproducción total o parcial de los artículos incluidos en esta publicación, su tratamiento informático y la transmisión por cualquier forma o medio, sin el previo permiso por escrito del titular del Copyright. BISS no comparte necesariamente las opiniones vertidas en los artículos firmados o expresadas por terceros aspectos JURÍDICO-CONTABLES DE LA CESIÓN DE CARTERA Monografía de José Luis Maestro Martínez Editado por: Sus datos personales serán registrados en un fichero automatizado propiedad de Reed Business Information, S.A. Unipersonal, domiciliada en Bilbao, calle Zancoeta, nº 9. Vd. nos autoriza a su tratamiento para el mantenimiento de la relación comercial, así como para recibir publicidad, a través de correo, fax y/o correo electrónico, de otros servicios de empresas del grupo de RBI y/o de terceras empresas siempre que puedan ser de interés profesional para su área de actividad empresarial. Caso de no recibir respuesta negativa a lo anterior en el plazo de 1 mes, Vd. nos autoriza a remitirle estas informaciones y/o publicidad por parte de empresas del Grupo Reed Business o terceros. No obstante, en cualquier momento Vd podrá ejercitar sus derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición dirigiéndose por escrito a RBI, S.A. Unipersonal, en la dirección arriba indicada.2 ASPECTOS JURÍDICO-CONTABLES DE LA CESIÓN DE CARTERA Por José Luis Maestro Martínez Inspector de Seguros del Estado (excedente) Socio-director de la consultora IDEAS, S.A. La cesión de cartera es una operación societaria propia y específica de las entidades aseguradoras, que presenta analogías con determinadas modificaciones estructurales de las sociedades mercantiles, pero que se diferencia de ellas en que en la cesión no tiene por qué haber transmisión de patrimonio, o de partes de él, de unas sociedades a otras, sino sólo transferencia de contratos de seguro. Este concepto, como analiza José Luis Maestro en la siguiente monografía, adolece de falta de un contorno claro en cuanto a su contenido, pero, en todo caso, implica la transmisión, de cedente a cesionario, de las obligaciones de aquél por los contratos de seguro que son objeto de cesión y, por lo general, la simultánea transferencia de determinados activos afectos a dichas obligaciones.3 ASPECTOS JURÍDICO-CONTABLES DE LA CESIÓN DE CARTERA Por José Luis Maestro Martínez 1 RESUMEN La cesión de cartera es una operación societaria propia y específica de las entidades aseguradoras, que presenta analogías con determinadas modificaciones estructurales de las sociedades mercantiles, pero que se diferencia de ellas en que en la cesión no tiene por qué haber transmisión de patrimonio, o de partes de él, de unas sociedades a otras, sino sólo transferencia de contratos de seguro; concepto éste que adolece de falta de un contorno claro en cuanto a su contenido, pero que, en todo caso, implica la transmisión, de cedente a cesionario, de las obligaciones de aquél por los contratos de seguro que son objeto de cesión y, por lo general, la simultánea transferencia de determinados activos afectos a dichas obligaciones. La normativa aplicable a las cesiones de cartera se inspira en la reguladora de las fusiones entre empresas, dando lugar a paralelismos entre una y otra regulación que no siempre son adecuados a la problemática de la cesión. Además, el hecho de que se trate de una operación propia de las entidades aseguradoras determina que en el procedimiento a seguir tenga un papel decisivo la intervención de la autoridad supervisora, cuya aprobación es necesaria para que la cesión pueda llegar a producirse y juega, con ciertos matices, a modo de condición suspensiva de la eficacia del convenio de cesión; aprobación para cuya concesión intervienen consideraciones de índole financiera, como las relativas al margen de solvencia y al cálculo y cobertura de provisiones técnicas, que requieren de ciertas precisiones en cuanto a su alcance y contenido. Por otra parte, el régimen contable aplicable a las cesiones de cartera debe tener en cuenta lo dispuesto en la normativa sobre las denominadas combinaciones de negocio, que viene a ser, con alguna adaptación terminológica, mera reproducción de lo dispuesto en el Plan General de Contabilidad. Pero, al ser la cesión de cartera una operación específica de la actividad aseguradora, surgen cuestiones que dificultan la aplicación de lo dispuesto en el Plan contable para operaciones societarias que son ajenas a esta figura; lo que da lugar a que puedan sugerirse otras alternativas para el registro de la operación. 1. José Luis Maestro, Inspector de Seguros del Estado (excedente) y Socio-Director de la consultora IDEAS, S.A.4 SUMARIO 1. Concepto y finalidad de la cesión de cartera. 2. Naturaleza jurídica. 3. La cesión de cartera parcial. 4. Supuestos de cesión de cartera parcial. 5. El convenio de cesión: génesis, alcance y contenido. 6. El inventario de activos y pasivos. 7. Fecha de toma de efectos de la cesión. 8. Sentido de la expresión adquisición del control. 9. Fecha de efectos y fecha de ejecución. 10. Alcance limitado del control adquirido. 11. Implicaciones contables de la toma de control. El enfoque del Plan Contable. 12. Enfoque alternativo para el registro contable de la operación. 13. El precio de la cesión. 14. Efectos condicionados a la autorización administrativa. 15. Necesidad de cuentas auditadas. 16. Estados de cobertura y de margen de solvencia. 17. El trámite de información pública. 18. La ejecución del convenio de cesión.5 1. Concepto y finalidad de la cesión de cartera La cesión de cartera es la operación mediante la cual una entidad aseguradora cede a otra la totalidad o parte de los contratos de seguro. El hecho de que en la cesión intervengan dos partes, cedente y cesionario, hace que el origen de la misma sea un acuerdo de voluntades entre ambas partes, el cual constituye el convenio de cesión, conforme a la nomenclatura utilizada por la normativa reguladora de esta materia. En todo caso, de lo que se trata en las cesiones de cartera es de sustituir al asegurador cedente por el cesionario en relación con los contratos de seguro que son objeto de las mismas; sustitución cuyo contenido es necesario precisar, ante la indefinición que se encierra en la referencia legal a cesión de contratos de seguro; pues, en realidad, qué significa y qué alcance tiene este concepto? Es lo que trataremos de analizar en los párrafos siguientes. A esta figura se refiere el artículo 23 del Texto Refundido de la Ley de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados (TRLOSSP), cuando dispone que las entidades aseguradoras españolas podrán ceder entre sí el conjunto de los contratos de seguro que integran la cartera de uno o más de los ramos en los que operen; supuesto éste que constituye la denominada cesión total de la cartera, que, a pesar de este calificativo, no se circunscribe a los contratos que integran la totalidad de los contratos de seguro celebrados por la entidad cedente, sino que puede limitarse a los que integran un solo ramo. Es decir, bajo la denominación de cesión total se comprende tanto la totalidad de las pólizas de una entidad como aquéllas que corresponden a un determinado ramo; si bien la Ley también reconoce la posibilidad de cesiones parciales de cartera, que se refieren a sólo una parte de los contratos de seguro que integran un determinado ramo. El desarrollo de esta posibilidad de cesión parcial y los requisitos que deben concurrir para su admisibilidad será objeto de tratamiento más adelante. Una primera observación que ya cabe formular es que, a pesar de la similitud en su denominación, la cesión de cartera por parte de una entidad aseguradora nada, o muy poco, tiene que ver con la escisión de la misma; comentario éste que podría resultar ocioso, pero que quizá no venga mal traer a colación, porque en alguna ocasión se ha pretendido equiparar la cesión de cartera con una modalidad específica de escisión de la entidad aseguradora. La diferencia que hace a ambos conceptos incompatibles entre sí y elimina la posibilidad de equiparación entre ellos, es que la escisión de una entidad aseguradora consiste en la división de su patrimonio en dos o más partes, o en la segregación de una o varias partes del mismo, para su traspaso en bloque, por sucesión universal, a otra u otras sociedades, ya sean de nueva creación, ya se trate de sociedades preexistentes. En cambio, en la cesión de cartera no hay segregación ni traspaso del patrimonio de la sociedad cedente; lo único que hay es traspaso de contratos de seguro, por el que, además, se puede cobrar un precio; o incluso pagar, cuando lo que se traspasa es una cartera respecto de la que resulte previsible inferir que va a causar un perjuicio económico al cesionario, si es que así se acuerda entre las partes. Por ello, a diferencia de lo que ocurre con la escisión, sólo con matices puede decirse que la cesión de cartera constituya una modificación estructural de la entidad aseguradora. El meollo de la cuestión consiste, no obstante, en perfilar el concepto de qué se entiende por traspaso o cesión de contratos de seguro; cuál es el exacto significado y alcance de esta expresión, y qué consecuencias tiene para cedente y para cesionario. Mas antes se hace preciso indicar que el negocio jurídico en cuya virtud se lleva a cabo la cesión, y que da lugar al correspondiente convenio en el que se plasma el acuerdo de voluntades de las partes, no participa de una clara naturaleza jurídica; razón por la cual dicha naturaleza ha sido6 bastante discutida en la doctrina. La cesión tiene como presupuesto la relación jurídica entre asegurador y tomador, en cuya virtud, una vez que éste ha pagado su prima, se convierte en acreedor de aquél: bien porque ya se haya producido el siniestro, bien porque éste aún pueda producirse durante el periodo de cobertura de la póliza. En el primer caso, esto es, cuando ya se ha producido el siniestro, el asegurador se halla obligado a realizar una prestación, generalmente de dar, en beneficio del asegurado; aunque también puede suceder que la obligación del asegurador tras el acaecimiento del siniestro consista en una prestación de hacer, como es el caso cuando el contrato lo permite y el asegurado lo consiente, de la sustitución de la indemnización por la reparación o reposición del objeto asegurado, contemplada como posibilidad en la Ley de Contrato de Seguro; o el de los contratos de seguro en los que la prestación del asegurador se traduce en la prestación de un servicio, cual ocurre en los seguros de asistencia, en sus diversas modalidades. Y, en el caso de que el siniestro aún no se haya producido, pero aún pueda producirse en lo que quede del periodo de cobertura, el asegurador se halla obligado a una prestación de hacer, consistente en lo que, genéricamente y en abstracto, puede denominarse de cobertura del riesgo ; la cual consiste en el mantenimiento de unos recursos financieros y de una estructura administrativa que permitan garantizar que, si se produce el siniestro, el asegurador va a poder hacer frente a las consecuencias del mismo: tanto a la tramitación del correspondiente expediente de siniestro como al cumplimiento de la obligación de indemnizar en los términos antes examinados, una vez que la tramitación haya llegado a su fin. En ambos casos, el asegurado ostenta frente al asegurador la condición de acreedor en la relación surgida del contrato de seguro. Pero, siendo esto así, es decir, si el asegurado se convierte en acreedor del asegurador tras el pago de la prima, la cesión de cartera supone que un nuevo asegurador, el cesionario, sustituye al primitivo en la posición jurídica de deudor; lo que no deja de ser un caso de novación modificativa del contrato original por cambio de deudor. Pero ello, según el artículo del Código civil, requeriría necesariamente del consentimiento del acreedor; lo que, por otra parte, resulta de toda lógica, porque así como la novación subjetiva por cambio de acreedor, que da lugar a los supuestos de subrogación previstos en el Código civil, no requiere, en general, el consentimiento del deudor (la Ley sólo pide que se ponga en su conocimiento, aunque sólo sea para que éste sepa a quién tiene ahora que pagar), en la novación por cambio de deudor la necesidad de aquiescencia del acreedor tiene su fundamento en que a éste no le es indiferente la calidad del nuevo deudor. Así, si éste es insolvente, es más que razonable conceder al acreedor la oportunidad de oponerse a una transferencia que perjudica la calidad del crédito que ostentaba contra el deudor original. Ahora bien, una vez que el acreedor ha dado su conformidad a dicha transferencia, es igualmente lógico que la insolvencia del nuevo deudor no haga revivir la acción que aquél tuviera contra el deudor primitivo, como también dice el Código. Esto sucede en el caso de que haya un solo acreedor y un solo deudor; pero, en el caso de la cesión de cartera lo que se produce es una transferencia global de todos los contratos de seguro integrantes de la misma de un asegurador (cedente) a otro (cesionario); y esa transferencia implica que quienes ocupan la posición de asegurados en los contratos transferidos, que eran acreedores del cedente, pasan a serlo ahora del cesionario, para lo que, de aplicarse el régimen general para la novación por cambio de deudor que establece el Código civil, sería preciso el consentimiento de todos y cada uno de los asegurados. Es claro que, en la práctica, esto resulta poco menos que imposible. Por eso la Ley atiende a los intereses en juego, que se orientan, sobre todo, a la conservación de la cartera como conjunto homogéneo de riesgos susceptibles de un tratamiento similar desde el punto de vista técnico, que es la base de la operación de seguro; y, a estos efectos, arbitra un procedimiento para permitir la transferencia global de los contratos, por el que se obvia la necesidad de consentimiento del acreedor, y se sustituye por la aprobación administrativa, teniendo en cuenta que la función del órgano de control del que dicha aprobación7 emana (aunque sea por vía indirecta, como luego se verá, ya que la autorización para la cesión no la otorga la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, sino su superior jerárquico) es, principalmente, la tutela de los intereses de los asegurados. Parece lógico que así sea, no sólo por evitar el inconveniente casi insalvable de tener que recabar el consentimiento individual de todos y cada uno de los asegurados, sino porque, siendo la razón principal de dicha exigencia de consentimiento la de otorgar al acreedor un mecanismo de defensa ante una disminución de la calidad del deudor, tratándose de entidades aseguradoras el órgano de control de la actividad se halla en mucho mejores condiciones que los asegurados para apreciar el grado de solvencia y, por tanto, la capacidad del nuevo asegurador para cumplir las obligaciones que le corresponden por razón de los contratos que son objeto de cesión. Así pues, la cesión de cartera podría definirse como la transmisión, por ministerio de la ley, y en virtud de un acuerdo de voluntades (convenio de cesión) entre un asegurador, denominado cedente, a otro asegurador, denominado cesionario, de las obligaciones 2 que correspondían al cedente frente a los asegurados, beneficiarios o terceros perjudicados por razón de los contratos de seguro suscritos por el primero. La cesión de cartera se halla regulada en el artículo 23 del Texto Refundido de la Ley de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados, conforme a la cual las entidades aseguradoras (españolas) podrán ceder entre sí el conjunto de los contratos de seguro que integren la cartera de uno o más ramos en los que operen. Dispone el mencionado precepto legal que la cesión de cartera no será causa de resolución de los contratos de seguro cedidos, siempre que la entidad aseguradora cesionaria quede subrogada en todos los derechos y obligaciones que incumbían a la cedente en cada uno de los contratos, salvo que se trate de mutuas y cooperativas a prima variable o de mutualidades de previsión social. Es decir, salvo en el caso de que la cesión sea entre entidades de las citadas en último lugar, la cesión no autoriza a la resolución de los contratos de seguro, pero sí implica su novación por cambio de deudor, con tal de que se produzca la subrogación del cesionario en la posición jurídica del cedente; mención ésta que deberá constar de manera expresa en el convenio de cesión, puesto que, de otro modo, dicha subrogación no podrá presumirse, toda vez que los supuestos de presunción de la existencia de subrogación se hallan tasados por la ley (artículo 1210 del código civil); y, además, dichos supuestos se refieren sólo a la subrogación por cambio de acreedor. Pero, precisamente, esa subrogación del cesionario en los derechos y obligaciones del cedente es un elemento del contrato en que consiste el convenio de cesión, que, si bien no puede calificarse de esencial, en el sentido de que sin la concurrencia del mismo el contrato sería nulo, sí es un elemento de importancia muy relevante para la conclusión del negocio jurídico en que la cesión consiste, pues de lo contrario ésta podría verse privada de verdadero contenido económico. De ahí que en los convenios de cesión sea frecuente estipular la subrogación del cesionario en los derechos 3 y obligaciones del cedente. Pero tal subrogación suele pactarse, no sólo en los derechos y obligaciones derivados del contrato de seguro, sino en otros relacionados con la cartera cedida; para lo cual, no sólo se conviene en que el cesionario asuma la titularidad de los activos vinculados a las obligaciones derivadas de los contratos que se ceden, sino que se obliga a facilitar la transición ordenada de las relaciones contractuales relacionadas con la cartera cedida. Esto es importante, porque la mera declaración 2. La cesión, únicamente, de las obligaciones derivadas del contrato de seguro sería el supuesto más extremo, por su simplicidad, de lo que, normalmente, es un negocio complejo, como se desarrolla más adelante. 3. Así como la subrogación en las obligaciones es consecuencia necesaria de la cesión, la subrogación en los derechos derivados del contrato de seguro debe establecerse con claridad en el convenio de cesión (artículo 1209 del Código civil).8 de voluntad de subrogación en la persona del cesionario no es suficiente para que éste llegue a sustituir al cedente en los contratos celebrados con terceros; algunos de ellos tan significativos con vistas a la continuación del negocio cedido como los mediadores de seguros o los reaseguradores, con quienes el cesionario deberá celebrar nuevos contratos tendentes, por regla general, a la novación, por cambio de uno de sus elementos personales de los contratos que hubiese celebrado el cedente. Sólo por lo que se refiere a las relaciones laborales con el personal vinculado a la cesión se produce la subrogación automática del cesionario en los derechos y obligaciones del cedente, en virtud de la remisión que el artículo 23 del TRLOSSP efectúa al artículo 44 del Estatuto de los Trabajadores y, por tanto, a la regulación contenida en éste para el supuesto de sucesión de empresa. El mencionado artículo 23 del TRLOSSP dispone, asimismo, que la cesión deberá ser autorizada por el Ministerio de Economía y Hacienda, pues, como ya hemos indicado, el requisito de la autorización administrativa obra a modo de acto sustitutorio del consentimiento individual que deberían prestar todos y cada uno de los tomadores de seguros para que pudiera producirse la novación consistente en sustituirse un nuevo deudor (cesionario) en lugar del primitivo (cedente). En garantía de los derechos de los asegurados, dispone, asimismo, el artículo 23 TRLOSSP que después de la cesión el cesionario deberá tener provisiones técnicas suficientes y habrá de superar el margen de solvencia legalmente exigible, así como que las relaciones laborales existentes en el momento de la cesión se rijan por lo dispuesto en el Estatuto de los Trabajadores. En todo caso, sobre los efectos de la autorización administrativa volveremos a hablar más adelante. 109 2. Naturaleza jurídica Lo antes indicado en relación con la novación modificativa por cambio deudor sólo explica una parte de la problemática jurídica de la operación, pues con ello hemos hecho referencia, exclusivamente, al dato de que el consentimiento del acreedor (el tomador o, en su caso, el asegurado) para la transmisión de las obligaciones que corresponden al deudor (cedente) queda sustituido, merced al procedimiento establecido legalmente para la cesión, por la autorización administrativa, simplificando así un trámite cuyo cumplimiento sería imposible para una gran masa de contratos. Pero, por lo general, la cesión de cartera no sólo entraña la transmisión de obligaciones, sino también la de activos relacionados con el cumplimiento de las mismas. Normalmente, como luego se verá, la cesión de cartera se refiere a la transmisión al cesionario de las obligaciones por razón de contrato de seguro que correspondían al cedente, cuya expresión contable son las provisiones técnicas; y el traspaso de esas provisiones técnicas suele venir acompañado por el de activos que cubren, total o parcialmente, dichas provisiones. El supuesto de cesión de cartera mediante la simple transmisión de obligaciones, sin el correlativo traspaso de activos que contribuyan a la cobertura de las provisiones que representan el valor económico de esas obligaciones es un supuesto excepcional, que, aunque posible, raramente se da en la práctica. Si éste fuera el caso, sí que sería válido todo lo dicho anteriormente y, en consecuencia, no se trataría sino de la simple novación subjetiva, por sustitución de un nuevo deudor en lugar del primitivo 4, para la cual, en lugar de exigirse los requisitos que impone la normativa general en materia de obligaciones y contratos, se aplicaría lo dispuesto por la legislación específica de control de la actividad aseguradora. Pero, como decimos, éste es un supuesto casi de laboratorio, ya que lo normal es que en la cesión de cartera se transmitan activos y pasivos: éstos son las provisiones técnicas, y los activos, los bienes y derechos que contribuyen a la cobertura de aquéllas. Es más, lo normal es que en el convenio de cesión se pacte que los activos a ceder cubran totalmente el valor de las provisiones correspondientes a la cartera cedida, aunque, como también señalaremos más adelante, la completa cobertura de las provisiones cedidas no es un requisito necesario para la cesión. El hecho de que la cesión de cartera suponga la transmisión de activos y pasivos hace que la operación implique la realización de un negocio complejo, asimilable al supuesto más general de transmisión inter vivos de una empresa. Pero, como advierte la doctrina mercantil sobre la materia, una de las características de la transmisión de una empresa comercial es que ésta no se transmite como universalidad, es decir, como un objeto único, sometido a reglas unitarias, sino como un conjunto heterogéneo de cosas, derechos, obligaciones y relaciones de puro hecho, cuya respectiva transferencia se halla sometida a sus respectivas reglas singulares. Así pues, en la transmisión de un negocio se produce la transferencia de los singulares elementos conexos al mismo, para lo cual habrán de observarse las formas que la ley establece para cada uno de ellos. En el caso particular de la cesión de cartera, entre los elementos integrantes de la misma se hallan, en virtud de lo acordado en el convenio de cesión, no sólo obligaciones para con los tomadores, asegurados o perjudicados, sino que pueden verse también comprendidos derechos de crédito, bienes inmuebles, derechos de arrendamiento, etc., en relación con cada uno de los cuales sería necesaria la observancia de la forma legalmente establecida para sus respectivas transmisiones, así como la subrogación del cesionario en los contratos laborales suscritos por el 4. A primera vista, la sola transferencia de obligaciones, sin la de activos relacionados con las mismas, podría entenderse como constitutiva de una liberalidad por parte del cesionario; pero, como luego se comentará al tratar del precio de la cesión, ésta puede obedecer a intereses económicos del cedente o del cesionario, distintos de los que pudieran corresponder al simple recibo o pago de un precio. 1110 cedente, en relación con los trabajadores a que afecte el convenio de cesión. De este modo, la cesión constituye un negocio único, que, teniendo como precedente el acuerdo de voluntades en que consiste en el convenio de cesión, y como requisito necesario para su eficacia la preceptiva autorización administrativa, produce efectos traslativos de derechos y obligaciones incluso frente a terceros que no han prestado su consentimiento, y a los que sólo se ha dado la oportunidad de tener conocimiento de la misma mediante el trámite de información pública previsto en la normativa reguladora de la actividad aseguradora. Asimismo, la asimilación de la cesión de cartera a la transmisión inter vivos de una empresa permite aplicar a la primera principios propios de esta última, tales como la obligación del transmitente de no realizar actos que puedan perjudicar la conservación de la clientela, o de evitar la competencia con el beneficiario de la transmisión en relación con el negocio cedido; razón por la cual en los convenios de cesión son también frecuentes los pactos en ese sentido. Así pues, la cesión de cartera se configura como un negocio complejo, que participa de las notas propias de la novación subjetiva, por lo que se refiere a la sustitución de la persona del deudor, y de las características de las transmisiones inter vivos, por lo que a los activos vinculados a la operación se refiere; y, además, de las transmisiones a título oneroso, no sólo porque suele estipularse un precio para la cesión, sino porque en estas operaciones concurre una nota distintiva de los contratos bilaterales a título oneroso, que es la de que, dando lugar al nacimiento de obligaciones para ambas partes, la prestación a cargo de cada una de ellas es, o, al menos, es considerada por la misma, como equivalente de la prestación que incumbe a la otra parte en el contrato. En todo caso, el hecho de que la cesión de cartera suponga la transmisión de activos a cambio de un precio hace que le resulte aplicable, en términos generales, el régimen jurídico de la compraventa, que es el prototipo de los contratos traslativos de la propiedad a título oneroso. En efecto, y por lo que a los activos relacionados con la cesión se refiere, hay un acuerdo de voluntades por el que uno de los contratantes se obliga a entregar una cosa o cosas determinadas y el otro a pagar un precio. La determinación de la cosa o cosas a entregar se lleva a cabo mediante el convenio de cesión, al cual debe acompañar un inventario de los activos a ceder. Y, aunque, como luego veremos, entre la fecha del convenio de cesión y la ejecución del mismo transcurre un periodo, a veces bastante largo, durante el cual el inventario es objeto de modificaciones, de modo que lo que finalmente se entregará al cesionario diferirá del inventario inicialmente elaborado, ello no obsta para que pueda hablarse de objeto determinado, ya que, como establece el Código civil, la indeterminación en la cantidad no será obstáculo para la existencia del contrato, siempre que sea posible determinarla sin necesidad de nuevo convenio entre los contratantes. En definitiva, aunque el Código civil requiera que la compraventa tenga por objeto una cosa determinada, la determinación está referida al momento de la entrega de la misma, no al de la perfección de contrato; de modo que el requisito en cuestión es necesario para la consumación del contrato, pero no para la validez del mismo. El inventario de bienes y derechos a ceder se refiere a una pluralidad de activos que son objeto de transmisión en bloque, y que suelen consistir tanto en valores negociables como en bienes inmuebles de los que es titular el cedente; pero, junto a ellos, aparece, en virtud del propio procedimiento de cesión, como también se verá luego, otra categoría de activos constituidos por los derechos de crédito contra los tomadores de seguro por razón de los recibos de prima pendientes de cobro derivados de la continuidad en la emisión de pólizas por parte del cedente, que acabarán por integrarse en la cartera cedida cuando la cesión adquiera plena eficacia, pero cuya titularidad, de momento, continúa correspondiendo al cedente. Por lo que a estos derechos se refiere, y como parte del negocio complejo en que la cesión consiste, nos encontramos ante un supuesto de cesión de créditos, que, en razón de que se trata de una pluralidad de ellos, nos sitúa en el entorno de la venta alzada o en globo a que se refiere el artículo 1532 del Código civil; en todo caso, siempre del ámbito de la compraventa. 1211 3. La cesión de cartera parcial Aunque, en principio, el tenor del texto legal se refiere a la cesión del conjunto de los contratos de seguro que integren la cartera de uno o más ramos de una entidad aseguradora, luego se precisa que también serán admisibles cesiones parciales en los supuestos que se determinen reglamentariamente, con la salvedad de que en tal caso los tomadores podrán resolver los contratos de seguro. Es decir, aunque, sustancialmente, no haya diferencia entre la cesión total de cartera y la cesión parcial, pueden establecerse entre ambas dos elementos diferenciales: uno, en cuanto al ámbito objetivo, y otra en cuanto a las consecuencias de la cesión en la relación contractual entre asegurador y tomador. En cuanto al ámbito objetivo, en la cesión total éste se refiere a la totalidad de los contratos que integran un ramo determinado; pero puede también extenderse a la totalidad de los contratos que integran la cartera de la entidad, que es el supuesto a que se refiere el TRLOSSP bajo la denominación de cesión general de la cartera de contratos de seguro, cuando afecte a todos los ramos en que opera la entidad, y que se configura como causa de disolución, específica de las entidades aseguradoras, en el artículo 27 del mencionada texto legal. En ambos casos podría hablarse de cesión total, siendo la denominada cesión general de todos los ramos un caso particular de la misma. Junto a ella, se encuentra el supuesto de cesión parcial, que se configura como excepción al caso general y que se limita a sólo una parte de los contratos integrantes de un determinado ramo. La cesión parcial se diferencia de la cesión total, no sólo por su ámbito objetivo (más reducido, por definición), sino también por las consecuencias de la misma en lo que afecta a las relaciones entre tomadores y entidad aseguradora y, más particularmente, al mantenimiento de la relación aseguradora nacida de los contratos suscritos entre ésta y aquéllos. Así, en el caso de la cesión total, ya vimos cómo ésta no es oponible por los tomadores, o más, exactamente, la oposición de los tomadores a la cesión no es óbice para el mantenimiento de la relación aseguradora surgida del contrato; aunque, como luego veremos, dicha oposición, caso de que se formule, no es totalmente inocua, por cuanto puede influir en la decisión que adopte el órgano administrativo a quien compete la aprobación de la operación; aprobación que, como también vimos, sustituye de hecho a la necesidad de consentimiento del acreedor (en este caso del tomador) para que pueda producirse la novación contractual por cambio en la persona del deudor, cuando éste consiste en la sustitución del deudor primitivo por uno nuevo. Sin embargo, en el caso de las cesiones parciales, la oposición del tomador, en su condición de acreedor en la relación contractual, opera de modo, hasta cierto punto, similar a como lo hace en el marco de la novación por cambio de deudor, en el sentido de que la oposición del tomador a la cesión determina la resolución del contrato de seguro suscrito con el mismo. Sin embargo, la similitud entre ambos supuestos no es total, porque en el caso de la novación por cambio de deudor lo que se requiere es que haya consentimiento del acreedor, y si éste no se produce la novación no se lleva a cabo y el contrato queda como estaba. Sin embargo, en el caso de la cesión parcial de cartera, aunque también se requiere, implícitamente, el consentimiento del acreedor (tomador), la oposición de éste, que, lógicamente, equivale a la falta de consentimiento, no trae como única e inevitable consecuencia la frustración de la operación de cesión, sino que se traduce en que el tomador puede pedir la resolución de contrato, en cuyo caso tendrá derecho a la devolución de la parte de prima no consumida, siguiéndose en esto lo establecido en el régimen general de resolución de los contratos, conforme al cual los contratantes deberán devolverse las cosas percibidas o el precio de las mismas. 1312 Ahora bien, la resolución del contrato es un derecho que la Ley concede al tomador, al cual puede renunciar; de modo que es posible que el tomador se oponga a la cesión, pero que no vaya más allá en sus actuaciones, en cuyo caso el contrato seguirá en vigor. De manera que, cuando los tomadores manifiesten su oposición a la cesión, en unos casos los contratos habrán quedado resueltos a petición de aquéllos y, en otros, habiendo faltado ésta, los contratos en cuestión continuarán en vigor, aun cuando la oposición manifestada se tendrá en cuenta por el órgano de control en la tramitación del expediente, a efectos de conceder o no la autorización para la cesión. Así pues, aunque la cesión parcial de cartera pueda ser causa de resolución de los contratos de seguro, ésta, como se acaba de indicar, deberá ser instada por el tomador; de modo que la resolución de los contratos no se produce por el mero hecho de la cesión, sino que precisa de que el tomador del contrato tome la iniciativa en tal sentido, solicitándoselo así al asegurador, quien, en tal caso, se hallará obligado a resolver el contrato. Aunque, al menos formalmente, no es este el único supuesto de resolución del contrato en caso de cesión, pues, según el artículo 23 del TR- LOSSP, ésta también procederá en el caso de cesión total, a menos que la entidad cesionaria se subrogue en todos los derechos y obligaciones de la entidad cedente. Ocurre, sin embargo, que la cesión de cartera sin subrogación del cesionario en los derechos y obligaciones del cedente en relación con los contratos de seguro que son objeto de la misma parece incompatible con la finalidad objetiva del negocio en que la cesión consiste, por lo que el supuesto a que la Ley hace referencia parece una posibilidad más teórica que real. 1413 4. Supuestos de cesión de cartera parcial. El Reglamento de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados (ROSSP) dedica a esta figura el artículo 70.5, conforme al cual serán admisibles las cesiones parciales de cartera de un ramo en los siguientes casos: a) Cuando comprenda la totalidad de las pólizas de una parte de los riesgos incluidos en un ramo. b) Cuando comprenda la totalidad de las pólizas que, perteneciendo a un ramo, correspondan a una determinada zona geográfica. c) Cuando comprenda la totalidad de las pólizas que, dentro de un ramo, puedan agruparse atendiendo a un criterio objetivo, que habrá de determinarse claramente en el convenio de cesión. En relación con cada uno de esos supuestos cabe formular los respectivos comentarios, con el fin de tratar de clarificar su alcance y contenido. Por lo que se refiere a los supuestos comprendidos en el supuesto a) anterior, su enunciado dista de ser preciso, ya que es difícil entender qué quiere decir totalidad de las pólizas de una parte de los riesgos. La totalidad de una parte sugiere que todas las pólizas de esa parte han de ser objeto de la cesión; pero con ello nada se resuelve si no se especifican los criterios para definir cómo se forma esa parte. Hay que entender que lo indicado en ese apartado se limita a reflejar el hecho de que se trata de una cesión parcial, puesto que se refiere a una parte de las pólizas del ramo, ya que si se tratara de todas las pólizas del ramo ya no cabría hablara de cesión parcial. Por tanto, el citado apartado a) constituye el presupuesto necesario de lo prevenido en cualquiera de los dos apartados siguientes, en cada uno de los cuales se formula un criterio para la definición de la parte de pólizas de un ramo cuya totalidad constituye el objeto de la cesión parcial. El apartado b) permite que el objeto de la cesión lo constituya la totalidad de las pólizas que, perteneciendo a un ramo, correspondan a una determinada zona geográfica. Aquí sí se da un criterio relativamente claro para la definición de la parte de pólizas de un ramo que deben ser objeto de cesión en su totalidad: deberán ser objeto de cesión la totalidad de las pólizas de la parte de riesgos incluidos en un ramo que correspondan a una zona geográfica; es decir, la parte de riesgos en cuestión viene definida por su correspondencia con una zona geográfica determinada, y las pólizas agrupadas según dicho criterio habrá de ser objeto de cesión en su totalidad. La zona geográfica vendrá, normalmente, definida por una o varias ciudades, provincias o comunidades autónomas, si bien es preciso disponer de un criterio claro para el establecimiento de la correspondencia que exige el Reglamento entre dichas zonas geográficas y las pólizas que se ceden. Como el Reglamento, a pesar de esa exigencia de correspondencia entre pólizas y zonas geográficas, no proporciona un criterio para definir cuándo dicha correspondencia se produce, la cuestión queda un tanto en el aire. Un posible criterio para definir esa correspondencia entre pólizas y zona geográfica podría ser el de emisión de la póliza, pero cuando la entidad tiene su emisión centralizada ese criterio de agrupación de las pólizas no parece responder al espíritu de la cesión parcial, ya que todas las pólizas se habrían emitido en las oficinas centrales. Más adecuado parece el lugar de situación del riesgo, o de localización del compromiso, tomando como referencia para la definición de cuáles sean ésos lo dispuesto sobre la materia en el artículo 1 del TRLOSSP. El apartado c) se refiere a la totalidad de las pólizas que, dentro de un ramo, puedan agruparse atendiendo a un criterio objetivo, que habrá de quedar claramente determinado en el convenio de cesión. Aclara el texto reglamentario que en ningún caso se considerará un criterio objetivo la 1514 cesión de pólizas de seguros de las reguladas en el Real Decreto 1588/1999, de 15 de octubre, por el que se aprueba el Reglamento de instrumentación de los compromisos por pensiones de las empresas con los trabajadores y beneficiarios, correspondientes a una empresa o grupos de empresas ; pero, fuera de esos supuestos, la parte de riesgos incluidos en un ramo cuya totalidad, según el apartado a) anterior, debe constituir el objeto material de la cesión parcial, puede venir definida por cualquier criterio objetivo, entendiendo por tal aquél que pueda ser establecido en función de alguna característica común a las pólizas que se ceden, y que no dependa, por tanto, de la simple voluntad de las partes. Así, un criterio objetivo relativamente común en las cesiones parciales de cartera será el de la pertenencia de las pólizas cedidas a una modalidad determinada, entendiendo por modalidad (aunque no sea ésta la única posibilidad de definirla) el conjunto de pólizas de un ramo que viene amparado por una misma base técnica 5. Por ejemplo, una modalidad podría ser la de multirriesgo del hogar, aunque el producto a que la modalidad se refiere incluya coberturas que corresponden a diversos ramos. En algunos casos, se ha considerado también como criterio objetivo de agrupación, con vistas a una cesión parcial de cartera, el conjunto de pólizas que han sido intermediadas por un mismo mediador. Como antes se ha indicado, en los supuestos de cesión parcial de cartera los tomadores podrán resolver sus contratos de seguro, pero, en tal caso, la entidad cedente deberá comunicarles individualmente tal derecho; de modo que, en atención a los derechos de los tomadores de seguro, y aunque la Ley no haga referencia a este deber, el Reglamento ha entendido necesario establecerlo a fin de garantizar la posibilidad de ejercicio de su derecho por parte de aquéllos. Si el contrato se resuelve por iniciativa del tomador, el efecto de la resolución es el propio de tal situación conforme al régimen general de las obligaciones recíprocas, consistente en la devolución de prestaciones entre las partes. En este caso, y por lo que al tomador respecta, la obligación del asegurador consiste en la devolución de la parte de prima no consumida, que correspondería a la correspondiente provisión portadora del mismo nombre. En principio, esto no debería revestir especial dificultad, habida cuenta de que la provisión de primas no consumidas se calcula póliza a póliza, por lo que, aunque el cálculo de la provisión se realice con periodicidad mensual o trimestral, la entidad debería estar en condiciones de efectuar dicho cálculo en la fecha en que el tomador manifieste su voluntad de resolver el contrato. Por su parte, el asegurador, que habrá cubierto el riesgo hasta el momento de la resolución, quedara liberado de su obligación a partir de dicho momento, habiendo recibido como contraprestación por el periodo de seguro durante el cual ha cubierto el riesgo la diferencia entre la prima devengada y la parte de prima no consumida, que restituye al tomador. A este respecto, hay que indicar que la devolución de la parte de prima no consumida constituye una notable excepción al principio de indivisibilidad de la prima consagrado en el artículo 76.6 del ROSSP. 5. El ROSSP no define qué deba entenderse por modalidad, sino el que denomina producto comercial, entendiendo por tal la garantía concreta o el conjunto agrupado de garantías conectadas entre sí, que puedan referirse a los riesgos derivados de una misma clase de objeto asegurado (art. 31.2). 1615 5. El convenio de cesión: génesis, alcance y contenido. La cesión de cartera se halla sometida al cumplimiento de un procedimiento administrativo, que culmina con la autorización del Ministro de Economía y Hacienda, tal como dispone el artículo 23 del TRLOSSP y el 70 del ROSSP. El precepto reglamentario citado en último lugar exige que, para la autorización por parte del Ministro, se aporte determinada documentación, entre la que se encuentra, en primer lugar, la certificación de los acuerdos adoptados por los órganos sociales competentes de las entidades, aprobando el convenio de cesión y, en su caso, la disolución de la cedente o cedentes, o la modificación del objeto social. Como antes se ha indicado, la cesión de cartera tiene su base en un negocio jurídico, que es el convenio de cesión, por el cual se manifiesta la voluntad de las entidades interesadas de llevar a cabo la operación. Por lo general, en las operaciones que implican modificaciones estructurales de las sociedades mercantiles, se requiere el acuerdo de la junta general y, en particular, en el caso de la fusión es el acuerdo de dicho órgano social el vehículo obligado para la declaración de la voluntad social que contribuye a la formación del consentimiento como elemento esencial del contrato en cuya virtud la fusión se lleva a cabo. Algo similar sucede en relación con la cesión de cartera, en la que el convenio de cesión nace como consecuencia del consentimiento prestado por cedente y cesionario. Normalmente, el convenio será un acuerdo, fruto de tratos previos celebrados entre uno y otro, en el que aparezcan regulados todos los aspectos relacionados con la cesión. Pero ese acuerdo no tiene, en sí mismo, valor de declaración de voluntad social: ésta se produce como consecuencia de su aprobación por el órgano social competente. Ahora bien, a diferencia de lo que sucede en la fusión, no está claro que ese órgano competente para aprobar el convenio sea la junta general, tanto de la entidad cesionaria como de la entidad cedente. De hecho, el ROSSP se refiere a que debe aportarse certificación del acuerdo adoptado por el órgano social competente, pero sin indicar cuál deba ser éste. La referencia a órgano social excluye que la aprobación del convenio pueda considerarse como un simple acto de administración ordinaria, de los que caen dentro del ámbito de competencia de la dirección de la entidad, y parece que con ella se hace mención a que la competencia para esa aprobación queda reservada al consejo de administración o a la junta general, que sí son órganos sociales. Pero sin que ello suponga que la aprobación del convenio de cesión se halle reservada en exclusiva a la junta general 6. En este sentido, cabe decir que una consecuencia de la cesión total de cartera referida a un ramo es la revocación de la autorización de la autorización administrativa a la entidad cedente para operar en dicho ramo. Ahora bien, si para conseguir la autorización para extender la actividad de una entidad aseguradora a un determinado ramo no es necesario el acuerdo de la junta general, parece lógico concluir que tampoco lo será para una operación que supone la revocación de dicha autorización, que es el efecto de la cesión general de cartera correspondiente a un ramo. No obstante, aun cuando falta en el ROSSP una referencia de carácter general a que la aprobación del convenio de cesión deba tratarse de una competencia reservada en exclusiva a la junta general, y de que la referencia a los órganos sociales competentes pudiera entenderse que abarca también al consejo de administración, en el artículo 16 se hace una explícita mención a que, para las mutuas de seguros, resulta preceptivo el acuerdo de la asamblea general para aprobar la cesión de cartera, entre otras operaciones societarias; de donde parece apropiado concluir que, aunque no se diga expresamente, otro tanto será necesario en el caso de las sociedades anóni- 6. Otra cosa sería si, como sucede en algunas entidades aseguradoras, sus estatutos previeran los ramos en que actúan, pues en tal caso se trataría de una modificación estatutaria, que sí es competencia indudable de la junta general. 1716 mas. De hecho, en los expedientes tramitados ante la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones se viene exigiendo ese acuerdo, aunque hubiera sido deseable que, en lugar de la referencia genérica a los órganos sociales competentes, el artículo 70 del ROSSP hubiera hecho explícita mención a la junta general. Por otra parte, la referencia que se hace en este apartado a que los acuerdos de los órganos sociales competentes deben incluir, en su caso, la disolución de la cedente o la modificación de su objeto social, trae su causa de que, en el caso de cesión general de cartera correspondiente a todos los ramos de seguro, ésta implica la revocación de la autorización administrativa y, cuando ésta afecte a todos los ramos, ello será causa de disolución, a tenor de lo dispuesto en el artículo 27.1 del TRLOSSP. Ahora bien, la revocación de la autorización administrativa no será causa de disolución cuando la entidad cedente manifieste su voluntad de modificar su objeto social para desarrollar una actividad distinta de la aseguradora. Dispone el apartado b) del número 1 del artículo 70 del ROSSP que un elemento integrante de la documentación que hay que presentar a la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones para la tramitación del expediente administrativo de autorización de la operación es el convenio de cesión, que deberá estar suscrito por los representantes de las entidades interesadas. En la normativa reguladora de la cesión de cartera se ha seguido un esquema similar al establecido para las fusiones de las sociedades anónimas, bien que tratando de adaptarlo a las particularidades de la operación. No obstante, en esa adaptación se han producido algunas simplificaciones que no sólo hacen imperfecto el establecimiento de paralelismos entre la regulación de ambos procesos, sino que plantean dificultades de orden práctico, que es preciso resolver por vía interpretativa. En el caso de las fusiones, dispone la Ley 3/2009 7, sobre modificaciones estructurales de las sociedades mercantiles, que los administradores de cada una de las sociedades que participen en la fusión habrán de redactar y suscribir un proyecto común de fusión. En el mismo sentido se expresaba el derogado artículo 234 de la Ley de Sociedades Anónimas. Pues bien, a ese proyecto común de fusión se equipara el convenio de cesión, que también deberá ser suscrito por los representantes de las entidades interesadas. Evidentemente, el convenio de cesión es un elemento de decisiva importancia, no sólo para las entidades interesadas en la misma, ya que es en él en donde se plasman los acuerdos adoptados para llevarla a cabo, sino también para que el órgano de control, que es quien tiene que analizar y tramitar el expediente administrativo que se inicia con la solicitud de autorización por las entidades interesadas, conozca el alcance y los términos del acuerdo alcanzado entre cedente y cesionario. La firma del convenio por parte de los representantes de las entidades interesadas es un requisito formal, que pone de manifiesto el hecho antes mencionado de que el acuerdo de las juntas generales aprobando el convenio tiene como necesario precedente una serie de negociaciones entre cedente y cesionario, que, lógicamente, habrán sido llevadas a cabo por sus representantes legales. A diferencia de lo que se hace en la regulación de las fusiones entre sociedades, conforme a la cual, una vez suscrito el proyecto común de fusión, los administradores de las sociedades que se fusionen se abstendrán de realizar cualquier clase de acto o de concluir cualquier contrato que pudiera comprometer la aprobación del proyecto, la normativa aseguradora no contiene ninguna previsión al respecto, aun cuando dicho deber de abstención parezca exigible en aras de la buena fe contractual. Tampoco se prevé en dicha normativa, a diferencia de lo prevenido en el régimen jurídico de las fusiones, que el convenio de cesión quede sin efecto si no hubiera sido aprobado 7. En esta materia, la ley aplicable es la ley 3/2009, de 3 de abril, sobre modificaciones estructurales de las sociedades mercantiles, que deroga, entre otros, los artículos 223 a 259 de la LSA. 1817 por las juntas de socios de las sociedades que participan en la misma dentro de los seis meses siguientes a su fecha. Ante la ausencia de esas referencias normativas a aspectos como los indicados, que contribuyen a dar seguridad al proceso, lo más normal es que las partes suplan esa omisión incorporando al convenio cláusulas del estilo de las disposiciones legales citadas. Pero, en todo caso, tanto por lo que se refiere al proyecto de fusión como al convenio de cesión parece razonable afirmar que el requisito de que haya de ser suscrito por las personas indicadas no debe hacer olvidar que lo decisivo es que ese acuerdo haya sido ratificado por la junta general. Cabe decir que el convenio que se somete a aprobación de las juntas generales de cedente y cesionario juega un papel análogo al del proyecto común de fusión, y es un precedente necesario para la emisión de las correspondientes declaraciones de voluntad por parte de los respectivos órganos sociales, y que la firma de los representantes de las entidades en cuestión no es sino un medio de acreditar ante las respectivas juntas generales que existe un compromiso previo que no precisa sino del consentimiento del órgano soberano de la entidad para convertirse en definitivo. Pero ese compromiso previo tiene ya efectos vinculantes, pues, en definitiva, se trata de una manifestación del consentimiento prestado por los representantes legales de las entidades interesadas, que, como tal, da lugar a la perfección de un contrato que, desde entonces, obliga a quienes lo han suscrito. De modo que si se incumpliesen los términos acordados por cualquiera de las partes, la otra podrá pedir su cumplimiento o reclamar la correspondiente indemnización por daños y perjuicios. En este sentido, puede decirse que el acuerdo previo al convenio de cesión no produce el efecto de que ésta se lleve a cabo, pero sí obliga a dar los pasos necesarios para que esto suceda, entre los cuales se encuentra el sometimiento de dicho convenio a la aprobación de las respectivas juntas generales. El artículo 70.1.a) del ROSSP recoge las menciones que, como mínimo, ha de incluir el convenio de cesión, sin perjuicio de que puedan (lo que es usual) pactarse otras estipulaciones en garantía de los derechos de las partes; en especial, del cesionario, que es quien a partir de que el convenio de cesión cobre plena eficacia se subrogará en las obligaciones que anteriormente correspondían al cedente; siendo, por tanto, una estipulación muy típica de los convenios de cesión la relativa a la garantía por parte del cedente de la suficiencia de las provisiones técnicas incluidas en el inventario. A este respecto, las indicadas provisiones suelen tener un carácter provisional, en el sentido de que si la experiencia posterior al convenio de cesión muestra que las provisiones en cuestión no se hallaban adecuadamente dotadas, suele imponerse al cedente la obligación de hacer frente a las consecuencias de dicha insuficiencia, indemnizando al cesionario de los perjuicios que esta circunstancia pudiera inferirle. A este tipo de estipulaciones complementarias nos referiremos más adelante, en especial, con ocasión de la cuestión relativa a la toma de control del negocio por el cesionario. Pero ahora conviene hacer algunas precisiones sobre las menciones que necesariamente ha de contener el convenio, porque alguna de ellas presenta serias dificultades de interpretación, derivadas del hecho inevitable de que entre la aprobación del convenio de cesión y la culminación del procedimiento de cesión de cartera transcurre un tiempo, que, en vista de los trámites de que se compone el procedimiento en cuestión, puede ser de varios meses. Las especificaciones que, conforme a lo dispuesto por el mencionado artículo 70.1ª) del ROSSP, debe contener necesariamente el convenio de cesión son las siguientes: 1º. Inventario detallado de los elementos patrimoniales de activo y pasivo que se ceden. 2º. Fecha de toma de efectos de la cesión. 3º. Precio de la cesión. 4º. Efecto condicionado a la autorización administrativa de la cesión. 1918 6. El inventario de activos y pasivos Aunque la referencia que se hace al inventario sólo contempla como parte integrante de éste los elementos patrimoniales de activo y pasivo que se ceden, es indudable que, antes que nada, lo que se ceden son contratos de seguro. Por ello, parece lógico que, a pesar del silencio reglamentario sobre la cuestión, la primera partida de dicho inventario sea la relativa a las pólizas que son objeto de cesión. Ahora bien, como se ha apuntado más arriba, entre la fecha de aprobación del convenio y la de plena eficacia de la cesión, a la que denominaremos fecha de ejecución, transcurre un periodo que, conforme a lo dispuesto en el ROSSP, se extiende a lo largo de varios meses; durante los cuales han de producirse, inevitablemente, modificaciones en el inventario inicialmente propuesto. Así, por lo que se refiere a las pólizas, podrán producirse anulaciones, modificaciones o renovaciones; y estas circunstancias deberán tenerse en cuenta por la partes, de modo que el inventario inicialmente confeccionado deberá ser actualizado y puesto al día en la fecha de ejecución. Otro tanto ocurre con los activos y pasivos que se ceden. En principio, la cesión de pólizas implica la sustitución del cesionario en la posición deudora que tenía el cedente, y la expresión numérica de las obligaciones inherentes a dichas obligaciones son las provisiones técnicas correspondientes a las pólizas cedidas. De este modo, el inventario deberá contener, póliza a póliza, la provisión de primas no consumidas; lo que, por facilidad de cálculo, aconseja hacer coincidir la fecha a que el inventario se refiere con un cierre mensual o trimestral. Y otro tanto cabe decir de la provisión técnica para prestaciones, lo que, al igual que sucede con la provisión de primas no consumidas, tampoco debe presentar especiales dificultades, toda vez que, en principio, se calcula expediente a expediente, y todos los expedientes de siniestro se hallan relacionados con una póliza. Tampoco debería presentar dificultad la provisión para riesgos en curso, como complementaria de la de primas no consumidas, en el caso de insuficiencia de esta última, ya que la provisión de riesgos en curso se calcula por ramos o modalidades, si bien la cuestión puede complicarse en determinados supuestos de cesiones parciales de cartera (por ejemplo, cuando el criterio objetivo de delimitación de la cartera cedida es de corresponder a una determinada zona geográfica). Por la misma razón, pueden presentarse dificultades en relación con provisiones que no sean objeto de cálculo ramo a ramo, sino de manera global para todo el negocio. Normalmente, deberá incluirse en el convenio alguna previsión específica para cubrir esta eventualidad, considerando, por ejemplo, una cifra provisional en el inventario, que luego deberá actualizarse en función de la experiencia posterior. Normalmente, el inventario comprenderá también los activos que cubren las provisiones técnicas correspondientes; pero ello no debería llevar a la conclusión de que una condición necesaria haya de ser la de que las provisiones técnicas correspondientes a la cartera cedida se hallen cubiertas mediante activos incluidos en el inventario que debe formar parte del convenio, como una de las especificaciones que el mismo ha de contener. Es ésta una cuestión a la que luego nos referiremos, al comentar otro de los documentos que preceptivamente deben acompañar al convenio de cesión, cual es el estado de cobertura de provisiones técnicas correspondientes a la cartera cedida, referido a la fecha en que se suscribe el convenio de cesión, en relación con el cual cabe formular ciertas reservas en cuanto a su utilidad en orden a la finalidad que se persigue con esta operación. En todo caso, una circunstancia que afecta por igual a todos los elementos comprendidos en el inventario es la derivada del hecho de que el convenio de cesión se suscribe en una fecha que puede ser muy anterior a la fecha en la que se consuma el proceso, de manera que, entretanto, pueden producirse importantes variaciones respecto de la situación inicial. De ello se deriva que la relevancia del inventario con vistas tanto a la conclusión del convenio de cesión como a la au- 2019 torización administrativa de la operación es sólo relativa. Aunque no por ello pueda decirse que carece totalmente de eficacia: desde el momento en que el inventario forma parte del convenio de cesión, cualquier modificación que no resulte del curso ordinario de los negocios debería ser decidida por común acuerdo de las partes contratantes. Así, si se producen entradas o salidas de tesorería derivadas del cobro de primas o del pago de siniestros, parece obvio que esto obedece al desarrollo normal de las operaciones, y que las modificaciones que unas u otras puedan suponer al saldo de tesorería que figurara en el inventario original no precisarían de ulterior acuerdo entre las partes; pero si fuera necesario realizar algún activo para conseguir tesorería, sí que debería intervenir el acuerdo de voluntades entre cedente y cesionario para decidir qué activo de los incluidos en el inventario debería convertirse en liquidez; y lo mismo sucede en cuanto al cambio unos activos por otros: el cedente, que hasta la consumación de la operación continúa manteniendo la titularidad de los activos relacionados con la cesión, no es libre para realizar cambio alguno en los activos integrantes del inventario inicial sin el consentimiento del cesionario. Por la misma razón, en lo que se refiere a los pasivos éstos se irán modificando en razón del curso normal de las operaciones; por ejemplo, las provisiones para prestaciones pendientes de liquidación o pago. Y, en tanto se trate de pasivos de esta clase, tampoco parece lógico que se requiera el consentimiento de las partes. Pero lo que no podrá hacerse es asumir nuevos pasivos, de tipo diferente, sin que intervenga el consentimiento de ambos contratantes. En todo caso, sería conveniente que el convenio de cesión regulara con detalle este tipo de incidencias, a fin de evitar controversias sobre la ejecución del contrato. Como ya se indicó antes, en la regulación de la cesión de cartera se ha seguido un esquema conceptual que pretende replicar en paralelo el establecido para la fusión de sociedades; y, en esta línea, el inventario de los activos y pasivos que se ceden viene a ser el equivalente del balance de fusión. Pero ese paralelismo apenas es posible, como no sea desde el punto de vista puramente procedimental, porque, en relación con el tema que ahora nos ocupa, no existe similitud entre el balance de fusión y el inventario de activos y pasivos a que se refiere la normativa sobre cesión de cartera. El balance de fusión es el balance de cada una de las sociedades que intervienen en la fusión, que sirve de base para el establecimiento de la relación de canje de las acciones de cada una de dichas sociedades, teniendo en cuenta el tipo de fusión de que se trate; y aunque, a estos efectos, lo realmente relevante es el patrimonio neto de cada sociedad, éste no deja de ser la diferencia entre el valor de los activos y los pasivos que en dicho balance figuran; activos y pasivos que podrían equipararse a un inventario de los elementos patrimoniales que intervienen en el proceso de fusión. Pero no es esto lo que ocurre en la cesión de cartera, ya que la esencia de ésta consiste, como se ha visto, en la cesión de los contratos, la cual, a su vez, implica, fundamentalmente, la cesión de las obligaciones derivadas de los mismos, cuya expresión numérica la constituyen las provisiones técnicas, que, por ello, deberán formar parte del inventario en cuestión. Y puede suceder y, de hecho es lo normal, aunque, como luego veremos, no es indispensable, que en el convenio de cesión se pacte que dichas provisiones se hallen adecuadamente cubiertas con activos aptos para esa finalidad según la normativa reguladora de los seguros privados. Pero, así como en la fusión el balance que se utiliza a estos efectos tiene un carácter prácticamente definitivo, y es con base en él como se determina la ecuación de canje de las acciones, el inventario que forma parte del convenio de cesión tiene, necesariamente, un carácter provisional, si bien resulta útil a efectos de emitir un juicio sobre si las obligaciones correspondientes a la cartera cedida se hallan o no adecuadamente cubiertas a la fecha del convenio de cesión y, si en vis- 2120 ta de esa circunstancia, resulta o no procedente celebrar aquél, según lo aconsejen los intereses de las partes, los cuales vendrán influidos notablemente por el precio estipulado para la cesión. Por lo demás, ese inventario se halla destinado, inevitablemente, a sufrir modificaciones hasta la fecha de ejecución. Así, es probable que determinados activos financieros sean sustituidos por otros, bien porque han llegado a su vencimiento, bien porque han debido ser realizados para pagar siniestros; o que su valor haya cambiado y en la fecha de ejecución sea diferente al que tenían a la fecha de firma del convenio; y, en especial, se suscita la problemática de un determinado tipo de activos, que surgen constantemente en el tráfico de las entidades aseguradoras, como son los recibos de primas pendientes de cobro, pues a pesar de que según el Plan de Contabilidad dichos activos deberán ser contabilizados por la entidad adquirente (cesionaria) desde la fecha de adquisición, lo cierto es que hasta la cesión sea plenamente eficaz los recibos son emitidos por la cedente, y a ella corresponde tanto el derecho de cobro como la eventual obligación frente al asegurado a cambio de las primas a que dichos recibos corresponden; cuestión ésta sobre la que volveremos al hablar de los efectos contables de la cesión, pues la solución que proporciona el mencionado Plan contable presenta problemas prácticos que conviene analizar. Por lo tanto, aunque el inventario a que el Reglamento se refiere forme parte necesaria del convenio de cesión, no cabe desconocer que adolece de la nota de provisionalidad, y que lo que realmente será relevante con vistas a aquélla será el inventario definitivo que habrá que elaborar cuando la cesión se lleve efectivamente a cabo. De ahí que sea normal introducir en el convenio alguna cláusula relativa a que el inventario allí incluido deberá actualizarse en la fecha de efectiva ejecución. 22 Mostrar más
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