Source: https://cestay.wordpress.com/2013/04/12/un-planteamiento-semiotico-sistemico-en-proyectos-la-trayectoria-de-diagramas/
Timestamp: 2018-03-18 19:26:34+00:00

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Un planteamiento semiótico-sistémico en #proyectos: la #trayectoria de #diagramas (2000) -#semiótica #sistemas #Blasco #ingeniería | Christian A. Estay-Niculcar's research blog
This work makes a conceptual contribution to the study and use of diagrams. The study is based on a systemic approach to the phenomenon of projects, outlining that the diagrams exist like part of a trajectory that gives body to the mental resolution of the result of a project. On this trajectory a semiotic study of the diagrams takes place, where the trajectory visualises like a linking of diagrams. In short, the linking among diagrams is presented and it discussed from the Peirce’s semiotic perspective. The contributions of the work are: (a) a more completed understanding of the role of the diagrams in the resolution of a final product; and, (b) (b) a greater understanding about the form as to undertake the study of projects by means of diagrams.
Estay, Christian; y, Blasco, Jaume. (2000). Un planteamiento semiótico-sistémico en proyectos: la trayectoria de diagramas. En Proceedings V International Congress of Project Engineering. Lérida, España. 4-6 Octubre. AD-06 en CD ROM. ISBN. 84-8409-075-2.
Este trabajo mantiene la epistemología sistémica usada en proyectos (Estay y Blasco, 1998a, 1998b, 1998c, 2000) como una forma de sustentar que, tanto la ejecución del proyecto, el proyectar, como el resultado del proyecto, el proyectado, son sistemas reales artificiales vinculados por sus trayectorias. Comprender esta vinculación requiere tener presentes dos cosas: (i) el diagrama es un lenguaje, por tanto habilita o inhibe la expresión de lo que se quiere expresar (Maturana, 1988); y, (ii) los diagramas operan en una trayectoria.
Al considerar los diagramas como lenguajes, ellos interesan en varias partes de una operación de distinción (Maturana, 1991), tanto en el ‘habla interno’ como en el ´habla externo’ (Vygotsky, 1995). Lo anterior es un proceso cognoscitivo cuya comprensión, sugiere Blasco (2000b), se puede conseguir desde la semiótica. En tanto, la semiótica se usa como una forma de estudiar el significado de los símbolos de un diagrama, en nuestro caso, sirve para tratar el diagrama como un sólo signo, diagrama-signo, los cuales permiten generar diagramas-icono.
Los diagramas-icono conectan los estados de la trayectoria del sistema proyectar, constituyendo a su vez la trayectoria del sistema proyectado (Estay y Blasco, 1998b; Estay, 2000a, 2000b). En tanto proceso semiótico, los diagramas-icono son parte de una cadena o sucesión ‘peirciana’, tal que ella es: (i) la resolución mental del producto final (Blasco, 2000b); (ii) el paso del significante al referente (Blasco, 1966); (iii) la reificación de las ideas hacia una solución concreta (Estay y Blasco, 1998b); y/o, (iv) la ontogenia del proyectado como la historia de puntos de vista aceptados.
El objetivo de este trabajo es mostrar estas cuestiones. Para ello, el documento se organiza de la siguiente manera. Primero se repasa literatura relacionada. Luego se presenta la semiótica y se discute el trabajo de Peirce. Luego se presentamos la idea de trayectoria. Finalmente se entregan las conclusiones del trabajo realizado.
LA NOCIÓN DE SUCESIÓN DE DIAGRAMAS
Varios autores han planteado el problema de la sucesión de diagramas-icono desde diversas perspectivas. Algunos son ligados a la semiótica y otros provienen de la resolución mental conducente a la material.
Taxonomías semióticas
Los trabajos cercanos a la semiótica se basan en estudiar y clasificar los diagramas según su potencial de representación teórico o empírico.
Bertin (1983, 1988) realiza un acabado análisis sobre el significado y uso de diferentes tipos de graficos: diagramas (en este autor diagramas-icono), redes y mapas. El valor de este trabajo es esencialmente aclaratorio de la utilidad de las Representaciones visuales.
Blackwell y Engelhardt (1998, 2000; Blackwell, 1997) desarrollan una investigación sobre las dimensiones taxonómicas de los diagramas (aquí diagramas-signo). Para ello clasifican los diagramas según 6 dimensiones: (i) dominio gráfico; (ii) mensaje; (iii) la relación entre representación y mensaje; (iv) tareas y procesos; (v) contexto y convención; y, (vi) representación mental. Lo interesante del trabajo es el alcance que posee, donde lo semiótico cobra gran importancia.
Lohse et. al (1994) muestran una clasificación de diagramas-icono resultante de una encuesta realizada a estudiantes universitarios. El valor de tal trabajo, aparte del meramente estadístico, es mostrar que los individuos manifiestan diferentes percepciones respecto de lo que ven en un diagrama.
Resolución mental del artefacto
Los trabajos que aquí hemos considerado tienen que ver con autores que plantean explícitamente o implícitamente el empleo de diagramas para representar el conocimiento sobre lo que se diseña (particularizan y corporifican). Según las dimensiones de representación que consideran, les llamamos unidimensionales por considerar solamente niveles de abstracción, o multidimensionales por considerar que el producto se construye según varios niveles de conocimiento. Cada dimensión y sus relaciones con otras indican la necesidad de diagramas que les represente.
i. Unidimensional
Anderl (1997, p.115) propone que un sistema debe ser construido siguiendo tres niveles de abstracción, cada uno con su modelo. De mayor a menor nivel de abstracción tenemos: un modelo de procesos; el modelo del producto; y, y otro para fijar las necesidades de recursos concretos.
Hubka y Eder (1988, p.106) proponen varios niveles de concretización de un producto. Haciendo una interpretación de lo que persiguen en cada nivel, podemos encontrar necesidades de detalle y abstracción para cada uno de tales niveles. Tales niveles, y lo que persiguen describir, son: nivel del sistema máquina (sm); ‘phylium’ del sm; clase de sm; familia de sm; ‘genus’ de sm; y especie o tamaño de serie.
Eder (1987, p. 35) muestra un planteamiento más simple que el de Hubka y Eder (1988), sugiriendo el uso de un espectro morfológico. Tal espectro es un desglose sistémico de la estructura del producto. De menor a mayor detalle tenemos: un nivel de conceptos funcionales; un nivel de concepto estructural; y, un nivel de concepto jerárquico.
ii. Multidimensional
Tichem, et. al (1997, p.47) propone que el diseño de un producto debe estructurarse en: una descomposición orientada a la función; una configuración del producto usando elementos y relaciones entre ellos pre-definida; las necesidades del ciclo de vida del producto; y, diseñando las familias de productos.
David (1987, p. 62) presenta un espacio de diseño integrado en el cual un producto existe. Este espacio se constituye por cuatro ejes: Eje morfológico; Eje de definición; Eje estructural; y, Eje de resolución.
Andreasen (citado en Grothe-Møller, 1998) presenta su teoría del diseño como un planteamiento integrador donde convergen cuatro dominios de un producto: dominio del proceso; dominio de la función; dominio de los órganos; y, dominio de las partes.
Aunque todos estos trabajos son inspiradores y fuente de una rica base conceptual y teórica, ellos principalmente se han concentrado en comprender el potencial expresivo particular de los diagramas y sus signos, o por el contrario en proponer la semántica necesaria según determinados niveles, dominios o dimensiones de un producto. Demás está decir que en general hacen referencia a diagramas-icono.
Hace falta establecer, al menos en términos teóricos, la vinculación que permita pasar de un diagrama-icono hacia otro, conforme una solución requiera, tanto mayores niveles de abstracción, detalle y síntesis de características-propiedades ya introducidas, como la incorporación de otras nuevas, en el producto final, aspecto que en conclusión no aparece en ninguno de los trabajos analizados.
ACERCA DE SEMIÓTICA
La Semiótica es la teoría de los signos (Ullman, 1967). Ella provee de conceptos e ideas que permiten un análisis sistemático de los signos (sean palabras escritas, imágenes, textos completos, artefactos, gestos, posturas físicas, entre otros).
Lo que actualmente se conoce como semiótica ha sido marcado principalmente por dos escuelas de pensamiento (Carontini y Peraya, 1979, p.17): Saussure hablando de semiología (Saussure, 1980) y Peirce hablando de semiótica (Peirce, 1988). En el presente, según el RAE (1972), entre semiología y semiótica existe una definición idéntica: “estudio de los signos en la vida social”, como primera acepción en la semiología y como segunda acepción en la semiótica, reflejando el acercamiento que han conseguido ambas escuelas de pensamiento.
Por semiótica se entiende el estudio de los signos. Pero, además, ella analiza el medio en que se usan los signos y cómo sus significados son construidos. La construcción se basa en que: (i) los sistemas observadores humanos y sociales están suspendidos en redes de significaciones coparticipativamente producidas en el juego de las interacciones cotidianas (Blumer, 1982; Mead, 1953), las cuales son externaliza­das a través de un lenguaje; y, (ii) el uso en el lenguaje del signo permite comprender y saber su significado (Ullman, 1967, p. 73). Por otra parte comprende tres ramas de estudio (Ullman, 1967, p. 18): semántica, sintáctica y pragmática.
El signo presenta varios atributos (ver Ullman, 1967). Pero lo importante aquí es que como modo de comunicación, el signo, cual imagen material, transmite infor­mación y transforma el medio, lo cual requiere un marco interpretativo de análisis (Phillips y Brown, 1992). Esto ocurre porque el signo al entrar en contacto con la realidad produce nuevas comprensiones, añadiendo mitos y nuevos simbolismos, siendo por tanto un elemento ‘simbo-constructivo’ en sí mismo (Campbell, 1998). El signo-símbolo denota algo literal y connota un sentido, pudiendo conducir a comprender el porqué tal información es presentada así y por­que sigue tal o cual patrón. Se tiene entonces los significados son contextuales e intencionados (Grice, 1977, p. 18). El estudio del signo en Saussure plantea en una relación diádica entre un significante y un significado (Figura 1a).
El significado se asocia a la connotación, el concepto que representa, lo que el texto dice sobre el referente (lo que se indica o referencia). Es en sí mismo un concepto que como tal, o asociado con diversas connotaciones, se una al significante para constituir un signo.
El significante es la forma que el signo toma, relacionándose con la manifestación física, el sonido o la marca. Al asociarse con un significado constituyen un signo.
Para Peirce, el signo es una relación triádica, la cual discutiremos a continuación (Figura 1b).
Figura 1: El signo en (a) Saussure (1980, p. 162) y (b) Peirce (1980) – (c) Christian A. Estay-Niculcar
El trabajo de Peirce
Charles Sanders Peirce (1839-1914) considera que el signo existe en un proceso de ” ‘action of the sign,’ […] process in which the sign has a cognitive effect on its interpreters as semiosis. Strictly speaking, semiosis and not the sign, is thus the proper object of semiotic study” (Nöth, 1990, p. 42[1]).
Peirce en su obra define semiosis como “the process whereby something functions as a sign” (Oxford, 1991), en el cual el signo es el centro de una triada que considera:
el signo (‘representamen’) es la figura, el icono, el signo-vehículo (Nöth, 1990, p. 42);
el significado (‘interpretant’) es el sentido, la interpretación que le da y/o el significado que le asocia al signo un observador (Nöth, 1990, p. 43); y,
el referente (objeto) es la entidad del mundo real (Nöth, 1990, p. 42).
La idea es que un “signo o representamen es un Primero, que mantiene un Segundo, llamado su objeto, una relación tal verdaderamente triádica, que es capaz de determinar un tercero, llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación triádica con relación al llamado objeto que entre sí mantienen el objeto y el signo.” (Carontini y Peraya, 1979, p. 21)
La Figura 2 muestra diferentes conceptos empleados por otros dos relevantes estudiosos de la semiótica (Nöth, 1990), Ullman y Morris, en el contexto de la triada de Peirce.
Los conceptos de Ullman (1967), en cursiva en la Figura 2, destacan el tipo de relación dual entre cada elemento partícipe de la triada.
Los conceptos de Morris (Nöth, 1990), subrayados en la Figura 2, destacan de qué manera los elementos de la triada están asociados a las ramas de la semiótica.
Figura 2: Peirce, Ullman y Morris en contexto – (c) Christian A. Estay-Niculcar
La aplicación en cadena de tal triada permite configurar una cadena semiótica. La cadena se forma vinculando libremente los vértices de varias triadas (Figura 3). Este encadenamiento permite cambiar el significado de un signo según las idea simbo-constructiva y de intención del significado. Pero nosotros preferimos por dar otro sentido a este encadenamiento.
Figura 3: La cadena semiótica – (c) Christian A. Estay-Niculcar
Peirce propone que el signo puede clasificarse según las relaciones (Eco, 1989, p. 188): consigo mismo; en relación con el interpretando, y; en relación con el referente. De las tres relaciones han resultado de mayor interés, las relaciones con el referente (Eco, 1989, p. 188) distinguiéndose por tipo de vínculo que se le “se presume con el referente” (Eco, 1991, p. 56) diferentes clasificaciones de comunicación visual: icono, índice y símbolo.
El icono es “el signo que denota en virtud de sus características propias” (Carontini y Peraya, 1979, p. 24). Es el signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado (RAE, 1972; Eco, 1991, p. 57). Por ejemplo, el plano de una casa. En esta categoría distingue imagen, diagrama y metáfora (Haley, 1988).
El índice es “el signo que se refiere al objeto que denota en virtud del hecho de estar realmente delineado por éste” (Carontini y Peraya, 1979, p. 25). Es el signo que mantiene una conexión física con lo que indica (Eco, 1991, p. 57). Por ejemplo, el dedo apuntando.
El símbolo es un “signo constituido como signo fundamentalmente por el hecho de ser comprendido o utilizado como tal” (Carontini y Peraya, 1979, p. 26). Para Peirce el símbolo “is a sign which refers the Object that it denotes by virtue of a law, usually an associate of general ideas” (Nöth, 1990, p. 115). Para Eco (1991) el símbolo establece una semejanza “por ley” (ibid, p. 57) con un referente.
El diagrama-signo
A los diagramas en cuanto lenguajes les llamamos diagramas-signo por varias razones.
Los diagramas son sistemas sígnicos (Reznikov, 1970). Composiciones de signos cuya comprensión es diferente de la interpretación de sus signos constituyentes, a pesar que estos últimos le determinan.
El diagrama es un signo/sistema comunicacional (vehículo de mensajes), intencional (se le concede un fin, más allá del meramente ilustrativo), aparentemente sistemático (en general hay un orden), convencional (surgido preliminarmente de un acuerdo y luego por el uso en proyecto) y sustentado por el sentido de la vista (los diagramas se leen a través de sus figuras y sus relaciones).
El diagrama puede ser polisémico según el uso dado (Bertin, 1983, p. 2).
Los diagramas-signo formalmente son lenguajes por poseer un léxico formado con símbolos que poseen un significado y, reglas de producción que contienen las reglas de asociación de los símbolos. Las reglas de producción ayudan a construir los diagramas-icono. Como lenguaje le asociamos una sintaxis según las reglas de producción, una semántica gracias a los símbolos y a la relación entre símbolos y, una pragmática dependiendo del uso o impacto que tenga un diagrama-icono.
Los diagramas-signo son predictores de los sistemas artificiales reales en cuanto ya contienen anticipadamente las propiedades que interesarían de tales sistemas. En otras palabras, hacen conocido un sistema artificial real al tener definido signo y significado para las propiedades de estos sistemas.
El diagrama-icono
La literatura en general se refiere a los diagramas como la figura que describe, muestra o representa algo. Esta idea de diagrama la denominamos diagrama-icono según se desprende de la siguiente relación de ideas.
En Haley (1988) encontramos que Peirce habla de un diagrama-icono, el cual mantiene una relación de “analogical proportionality” (ibid, p. 39, fig. 2.2) con un objeto.
Para Carontini y Peraya (1979) los diagramas son “iconos de relaciones inteligibles” (ibid, p. 24) pues son análogos a la cosa representada.
En Hartshorne y Weiss (1933), aludiendo a Peirce nuevamente, aparece diagrama como “a representamen which is predominantly an icon of relations and is aided to be so by conventions” (ibid, p. 341).
Bertin (1983) señala que un “graphic is a diagram when the correspondence on the plane can be stablished among all the elements of one component and all the elements of another element” (ibid, p. 193[2]), o sea, un diagrama-icono es un gráfico que plantea correspondencias entre sus signos y relaciones con fenómenos de la realidad. Para Bertin (1983) los diagramas son entidades pasivas, cuyo forma de análisis se limita a determinar una forma de correspondencia con la realidad y registrando tales correspondencias.
Los diagramas-icono ayudan a simbolizar un pensamiento o referencia que a su vez se refiere al rasgo o acontecimiento sobre el que se está trabajando o hablando (parafraseando a Ullman, 1967).
Por último, Lange (1999) agrega que los diagramas en cuanto iconos de una realidad en construcción, son conjuntos de signos que sirven para (Lange, 1999): (i) ver la solución mediante la sintaxis de sus signos, (ii) leer la solución mediante su semántica de los signos y, (iii) comprender la solución mediante su pragmática.
Los diagramas-icono surgen de los diagramas-signo, como resultado de la trayectoria del proyectar, formando así una secuencia de diagramas-icono que forman parte de la historia o trayectoria del proyectado en su reificación. Esto se discutirá más adelante.
LA CADENA SEMIÓTICA DEL PROYECTADO
Recordando que tenemos anteriormente una trayectoria de diagramas-icono, podemos adoptar la cadena semiótica para formalizar la relación entre ellos. Si se observa la Figura 4, se muestra la sucesión de diagramas-icono.
Figura 4: El diagrama-icono en un primer instante – (c) Christian A. Estay-Niculcar
Esta sucesión surge de la resolución mental previa a la resolución material (Figura 5), en un continuo afinamiento del servicio y de la empatía estructural esperados. Por simplicidad se omiten las bifurcaciones derivadas de versiones, subproblemas, alternativas o cualquier otra cosa que genere subcadenas y/o cadenas paralelas, además de confluencias que puedan surgir entre tales cadenas.
Figura 5: Las cadenas semióticas en la resolución mental – (c) Christian A. Estay-Niculcar
Si vemos un diagrama-icono como una frase escrita, en cierta medida pasa a ser un referente de lo dicho en una solución, incluso para los propios proyectistas que le generaron.
a. La analogía lingüística
Si hacemos un acercamiento lingüístico, podemos comprender mejor el planteamiento semiótico previo. Esto no es raro, pues este acercamiento se basa en la aproximación desde la lingüística planteada por Saussure (Nöth, 1990, p. 58) y Vygotsky (Wertsch, 1988) que aprovechamos para considerar los diagramas-icono parte de la red de compromisos (Flores y Winograd, 1989, p. 201) entre proyectistas.
Como expresiones de una realidad y parte de los compromisos, los diagramas-icono son entes comunicacionales con un valor propositivo, manifestando intencionalidad según el emisor hacia el receptor. Este valor surge en dos instantes sucesivos ligados a los conceptos de acto ilocucionario y acto perlocucionario.
La diferencia entre ambos actos la podemos ver en el siguiente escrito. “Hay locución cuando alguien dice ‘Mátala’, y cuando por matar quiere decir matar y por el acusativo del pronombre personal ‘la’ quiere decir ella, hay ilocución cuando alguien me ordena matarla, y hay perlocución cuando alguien me persuade que la mate” (Ferrater, 1979[3]).
El 1er. instante. En un primer instante el diagrama-icono dice algo, expresa, dirige, ordena conforme dice/muestra. Siendo así, es ilocucionario y podemos encontrarle encontrarle diversas cualidades de fuerza: asertiva[4], al comprometer al proyectista a reconocer que el diagrama-icono es cierto y válido para la solución; expresiva,[5] pues expresa un estado anímico de los proyectistas sobre la solución, siendo una alabanza gráfica a su propia solución; declarativa[6], pues se considera una correspondencia entre lo que se desea expresar, el modelo y una solución (la realidad); comisiva[7], ya que obliga al proyectista a la refinación y materialización futura de lo que expresa el diagrama-icono; y, directiva[8], al forzar a los mismos u otros proyectistas a considerar el diagrama-icono como base de futura discusión.
El 2o. instante. En el siguiente instante el diagrama-icono es perlocucionario, pues sugiere el camino a seguir según la solución que se planteado en el primer instante. Ligando ambos instantes en una sucesión tenemos que un diagrama-icono tiene dos valores interpretativos, primero es el reflejo de una situación y la indicación de un proceder futuro. Luego, el diagrama-icono pasa a ser la base directriz para el siguiente avance en la resolución mental de la solución.
Proceder futuro porque los actos lingüísticos son una forma de generar compromisos en el proyectista, pues como dice Simon (1978) “la representación hace que varíen las circunstancias” futuras, lo cual “es cuestión sabida […] y evidente” (ibid, p. 118). Son la salida del segundo momento de distinción (Maturana 1991), por tanto respuesta a la perplejidad (Dewey, 1993) de un primer momento de distinción (Maturana, 1991), que busca controlar lo que rodea (Dennet, 1996).
Directriz en tanto los mensajes que surgen de lo representado en estado del proyectar, en el segundo instante son distinguidos por el proyectista como entradas al siguiente estado, pero también fenómenos recién percibidos como si se tratase de un primer momento de distinción (Maturana, 1991).
El planteamiento semiótico
Volviendo a nuestra idea de sucesión de diagramas-icono, ambos instantes interpretativos los releemos en términos semióticos.
El 1er. instante. Así, en el primer instante para un estado del proyectar, el diagrama-icono es el signo de la solución, entendida esta última como un referente concreto de lo conseguido como respuesta en un estado del proyectar. La solución debe verse como una imagen del esfuerzo conciliador de los proyectistas en conseguir una respuesta al problema. El modelo de la solución es su interpretación o significante, siendo la imagen mental, individual o colectiva, generada en el transcurso del proyectar. Lo anterior no es más que lo señalado por Simon (1978, p. 118): “resolver un problema significa sencillamente representarlo de forma que quede transparentada la solución.”
El 2o. instante. En el segundo instante, entre estados del proyectar, la vinculación entre diagramas-icono cambia (Figura 6). El diagrama-icono, como entrada al siguiente estado del proyectar, será un referente para la solución en ti+1. El diagrama-icono que se obtenga en ti+1 será el signo de la solución en ti+1, sin embargo ella es en sí misma la interpretación del diagrama-icono en ti. Esto es una extensión de lo lingüístico, pero que en palabras de Dewey (1993) es que los signos permiten construir u organizar significados futuros (ibid, p. 199). Esto permite dar cuerpo a un hilo argumental, el cual no necesariamente establece una cadena de diagramas-icono, sino que las soluciones como interpretaciones de diagramas-icono previos, están marcados o delineados por la influencia social y psicológica que se manifiesta en el estado del proyectar en ti+1.
Figura 6: El diagrama-icono en un segundo instante – (c) Christian A. Estay-Niculcar
En esta sucesión, los diagramas-signo ayudan a generar diagramas-icono como parte de la trayectoria. Así se tendrá que el diagrama-icono actúa como:
un medio, un mediador (Vygotsky, 1995) en la expresión del sistema;
un medio para dar cuenta de la intencionalidad de un proyecto (Estay y Blasco, 1998b);
una herramienta para pasar del significante al referente solución final en proyectos (Blasco, 1966);
una ayuda para conseguir artefactos (Blasco, 2000a); o,
un instrumento de la actividad de ‘estar en el mundo’ (Wertsch, 1988, Vygotsky, 1979).
Se ha mostrado la forma como los diagramas se conectan entre sí. Además se ha desarrollado un planteamiento semiótico que permite conceder a los diagramas su carácter arbitrario de uso, pero además como una forma de cimentar la conexión entre estadios de la trayectoria.
El trabajo ha permitido una comprensión más acabada del rol de los diagramas en la resolución de un producto final. En detalle, el trabajo ha permitido mostrar que un diagrama es un signo y un referente, dependiendo de cual sea el uso que de él se haga. En términos de una resolución mental, esto nos conduce y es la antesala para reconocer el rol de los diagramas en proyectos. Solamente falta fijar la intencionalidad de la cadena de diagramas.
Además, una mayor comprensión acerca de la forma como abordar el estudio de proyectos mediante diagramas. Destacando que no se trata de verlos como meras herramientas circunstanciales a problemas de comunicación, sino como activos de gran valor en la construcción de un producto o servicio.
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[1] Las cursivas son del original, las cremillas simples en el original son dobles.
[2] La cursiva es del original.
[3] Las cremillas simples en el original son dobles aludiendo a textos de Austin
[4] Comprometen “al orador (en grado diverso) a algo que afecta a la verdad de la proposición expresada” (Flores y Winograd, 1989, p. 92).
[5] Expresan “un estado psicológico acerca de un estado de cosas. Esta clase incluye actos tales como excusarse y alabar” (Flores y Winograd, 1989, p. 92).
[6] Ponen “la correspondencia entre el contenido proposicional del acto del habla y la realidad, tal como se ilustra en el ejemplo de declarar a una pareja que está casada” (Flores y Winograd, 1989, p. 92).
[7] Comprometen al orador ([…]en grado variable) a algún tipo de acción futura” (Flores y Winograd, 1989, p. 92)
[8] Intentan “(en grado variable) forzar al oyente que haga algo” (Flores y Winograd, 1989, p. 92).
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