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Timestamp: 2018-07-20 21:44:36+00:00

Document:
Word - Critica social
Sacado del sitio web de Etcetera
La edición francesa del periódico Izvestia de Kronstadt (14
números, del 3 al 16 de marzo 1921), realizada en París
en 1987 por ediciones Anda Jaleo, se puede solicitar a
ediciones del Naufragio en la siguiente dirección: criticasocial.cl
Colección con.otros
Ateneo Libertario Al Margen. Valencia
Pepitas de Calabaza. Logroño
Likiniano Elhurtea. Bilbao
Traficantes de sueños. Madrid
Ateneu Llibertari Poble Sec. Barcelona
Etcétera. Barcelona
Fundació d’Estudis Llibertaris i Anarcosindicalistes. Barna
(Kronstadt, de Alexander Berkman, está sacado del folleto que se editó en 1938 en Barcelona a partir de la edición
castellana que en los años 20 hizo el Comité Pro Libertad
de los anarquistas presos en Rusia.
(Fondo cubierta: kronstadianos refugiados en Finlandia)
(de los editores)
LAS INSURRECCIONES que a lo largo del pasado siglo
nos dieron la confianza de que una sociedad sin clases,
sin explotación ni dominación, organizada según las necesidades y las posibilidades de cada uno, era, no una utopía, sino algo a conseguir, se alejan hoy de nuestro universo conceptual y emocional. La poca distancia de unos
años es multiplicada por el medio en el que nos movemos
y por los media que nos mueven, y así aquellas insurrecciones tan próximas y tan modernas se ven relegadas al
olvido, sino a la manipulación y al rechazo. Acostumbrados a una cotidianidad sometida al trabajo y al consumo
impuestos –nada que ver con una actividad concreta y
deseante-, auspiciado nuestro razonamiento y nuestro
sentimiento por los programas escrupulosamente calculados de los media, reducido el ámbito de nuestro pensamiento y de nuestro lenguaje por el poder económico y
cultural, dirigida nuestra mirada por las redes mediáticas,
no llegamos a ver esta insurrección, que está aquí al lado.
Pero aquí están, y asoman, cabezonas, y desbaratan la
historia objetiva que desde los vencedores se quiere escribir, y dan aliento a los que en ellas, a pesar de vestir
trajes bien distintos, nos reconocemos. La insurrección de
Kronstadt fue de las primeras, justo después de la revolución de los consejos en Alemania durante los años 19181920, quizás la más olvidada y ocultada, la más amplia, la
más resolutiva (en pocos días abatió la monarquía y el II
Reich) y, justo antes de la revolución española, quizás la
más corta, sólo unas semanas (todos estaban en su contra), pero la más bella.
Kronstadt es la primera denuncia de la gran mentira bolchevique, a la vez que la demostración de que una organización social a través de los soviets es posible. Luego ha
habido otras denuncias de aquella gran mentira o de la
mentira desconcertante que dirá Cíliga, pero siempre calladas y criminalizadas por la impostura del poder intelectual en Europa: Antón Cíliga, escapado de su periplo por
Rusia y Siberia, no logrará, ya en París, que su libro “Au
pais du grand mensonge” contenga el capítulo “Lenin tambien”; Panaït Istrati, a la vuelta de la URSS, y con su “Vers
l’autre flamme” se ganará la enemistad de toda la intelectualidad europea y será tratado de reaccionario; George
Orwell tendrá serias dificultades para conseguir que un
editor inglés publique su testimonio de la guerra de España y su denuncia del stalinismo en “Homenaje a Cataluña”;
igual suerte correrán Ignazio Sillone, Alexander Berkman,
...Pero Kronstadt es la más genuina y la que las contiene
La insurrección de los marinos de Kronstadt tiene lugar
durante la revolución rusa, en marzo de 1921, cuando el
pueblo ve que su poder real, los soviets, está siendo desmantelado y sustituido por la policía política (cheka), que
el hambre, el racionamiento,...forman parte de su vida
diaria, y, tomando el relevo de la Ukrania Machnovista,
continúan la lucha, ahora contra la burocracia comunista,
por el poder de los soviets. Ante una escalada de huelgas
en varias partes de Rusia y especialmente en Petrogrado,
la guarnición de Kronstadt toma partido por los obreros
contra el partido bolchevique. En su inicio lo que plantean
es el poder de los soviets, el funcionamiento real de la
democracia obrera amenazada por la burocracia bolchevique. La respuesta del partido, que consiste en la aniquilación total del movimiento insurrecto radicalizará el movimiento que se pondrá como objetivo la tercera revolución
soviética, ahora contra el Estado. En su propia carne, los
ciudadanos de Kronstadt, han aprendido que “la existencia
del Estado y la existencia de la esclavitud” son inseparables.
Durante tres semanas la democracia obrera y el poder de
los soviets se hace realidad en Kronstadt. Pero Kronstadt
está aislado del resto de Rusia y no llega a conectar con
los obreros del país. Así se impone la mentira del Estado
comunista que trata a los insurrectos de Kronstadt de contrarevolucionarios. Los insurrectos resistirán a las mentiras
y a las armas del gobierno bolchevique, hasta que el ejército rojo, a las órdenes de Trotsky, los masacrará.
DESÓRDENES OBREROS EN PETROGRADO
Era al comienzo de 1921. Los largos años de guerra mundial, de revolución y de guerra civil debilitaron a Rusia
hasta el extremo [de la extenuación y pusieron al pueblo
en la pendiente de la desesperación. Pero, en fin, la guerra civil terminó: los numerosos frentes fueron liquidados, y
Wrangel -la última carta de la Entente intervencionista y de
la contrarrevolución rusa- fue derrotado, concluyendo su
actividad militar en Rusia. El pueblo esperaba ahora con
confianza una mitigación del severo régimen bolchevique.
Se esperaba que los comunistas, terminada la guerra civil,
aligerarían las pesadas cargas, abolirían las restricciones
introducidas durante la guerra, instaurarían ciertas libertades fundamentales y comenzarían la organización normal
de la vida. Lejos de ser popular, el gobierno bolchevique
era, por el contrario, soportado por los obreros debido a su
plan, frecuentemente anunciado, de emprender la reconstrucción económica del país tan pronto cesaran las operaciones militares. El pueblo estaba lleno de celo para
cooperar, para prestar su iniciativa y su esfuerzo creador
en la obra de reconstrucción del país arruinado.
Desgraciadamente, estas esperanzas fueron pronto
frustradas. El Estado comunista no evidenció, de ningún
modo, tener la intención de debilitar el yugo. Continuaba la
misma política. La militarización del trabajo esclavizaba
aún más al pueblo, y éste se exacerbaba mas y más por la
opresión creciente y por la tiranía. Tal estado de cosas
paralizaba toda posibilidad de un renacimiento industrial.
Desaparecía la última esperanza y se reforzaba la convicción de que el partido comunista estaba más interesado
en conservar el poder político que en salvar la revolución.
El elemento más revolucionario de Rusia, el proletariado
de Petrogrado, fue el primero en protestar. Lanzó la acusación de que, entre otras causas, la centralización bolchevique, la burocracia y la actitud autocrática con los
campesinos y obreros eran directamente responsables, en
gran parte, de la miseria y de los sufrimientos del pueblo.
Gran número de talleres y fábricas de Petrogrado debieron
cerrar sus puertas; los obreros se morían literalmente de
hambre. Organizaron reuniones para considerar la situación, y fueron dispersados por el gobierno. El proletariado
de Petrogrado, que soportó todo el peso de las luchas
revolucionarias, y cuyos enormes sacrificios y heroísmo
salvaron la ciudad contra Yudenich, se irritó ante los manejos del gobierno. La animosidad contra los métodos
empleados por los bolcheviques continuaba creciendo.
Los comunistas rehusaban las menores concesiones al
proletariado, ofreciendo al mismo tiempo entenderse con
los capitalistas de Europa y de América. Los obreros se
indignaron. Con el fin de forzar al gobierno a examinar sus
exigencias, se declararon huelgas en la fábrica de municiones («Patronny»), en las fábricas del Báltico y de Trubochny, en la fábrica de Laferni. Pero en lugar de discutir
la cuestión con los obreros descontentos, el gobierno de
los obreros y campesinos creó un Comité de defensa como en período de guerra, con Zinoviev -el hombre más
odiado de Petrogrado- como presidente. El fin manifiesto
de este Comité era el de estrangular el movimiento huelguista.
El 24 de febrero se declararon las huelgas. El mismo
día los bolcheviques enviaron los «kursanty» -los estudiantes comunistas de la academia militar que se preparaban
para los grados de oficiales del ejército y de la marinapara dispersar a los trabajadores que se habían reunido
en Vasilievsky Ostrov, el barrio obrero de Petrogrado. Al
día siguiente, el 25 de febrero, indignados, los huelguistas
de Vasilievsky Ostrov visitaron los astilleros del Almirantazgo y los docks de la Galernaya y persuadieron a los
obreros a asociarse contra la actitud autocrática del gobierno. La demostración intentada en las calles de la ciudad por los huelguistas, fue dispersada por los soldados.
El 26 de febrero, en la reunión del Soviet de Petrogrado,
un conocido comunista, Laskevich, miembro del Comité
de defensa y del Consejo militar revolucionario de la república, denunció el movimiento huelguista en los términos
más acerbos. Acusó a los obreros de la fábrica de Trubochny de haber incitado al descontento y de ser «hombres que no pensaban más que en su provecho personal y
que eran contrarrevolucionarios»; fríamente propuso cerrar la fábrica de Trubochny, proposición aceptada por el
Comité ejecutivo del Soviet de Petrogrado, del que Zinoviev era presidente. Los huelguistas de Trubochny fueron,
pues, lock-outados y privados automáticamente, por consecuencia, de su ración de víveres.
Las medidas del gobierno bolchevique sirvieron para
agriar más el antagonismo de los obreros.
En las calles de Petrogrado comenzaron a aparecer
proclamas de huelga. Algunas de ellas llevaban ya un
carácter francamente político; el más característico de
estos manifiestos, fijado en los muros de la ciudad el 27
de febrero, decía:
«Se ha hecho necesario un cambio completo en la política del gobierno. En primer lugar, los obreros y los campesinos tienen necesidad de libertad. No quieren vivir según los decretos de los bolcheviques: ¡quieren controlar
sus propios destinos!
»¡Camaradas, mantened el orden revolucionario! Exigid
de un modo organizado y decidido:
»La liberación de todos los socialistas y de los obreros
sin partido encarcelados;
»La abolición del estado de sitio; la libertad de palabra,
de prensa y de reunión para todos los que trabajan;
»La elección libre de los Comités de fábrica y de los
representantes a los sindicatos y a los soviets;
»¡Organizad reuniones, adoptad resoluciones, enviad
vuestros delegados a las autoridades y trabajad en la realización de vuestras exigencias.»
El gobierno respondió efectuando numerosos arrestos y
suprimiendo varias organizaciones obreras. Esta medida
aumentó aun más la efervescencia de las masas; las peticiones reaccionarías comenzaron a aparecer. Así, una
proclama de los «obreros socialistas del distrito de
Nevsky» apareció el 28 de febrero, terminando con un
llamamiento en favor de la Asamblea Constituyente:
«Sabemos quién tiene miedo de la Asamblea Constituyente. Son los que no podrán robar al pueblo entonces.
Tendrán, al contrario, que responder ante los representantes del pueblo por sus mistificaciones, sus robos y sus
“¡Abajo los comunistas odiados!
“¡Abajo el gobierno sovietista!
“¡Viva la Asamblea Constituyente!”
Durante este tiempo, los bolcheviques concentraron en
Petrogrado considerables fuerzas militares llevadas de la
provincia, y mandaban a la capital del norte, desde la línea
del frente, los regimientos comunistas más fieles. Petrogrado fue declarado en estado extraordinario de guerra».
EL MOVIMIENTO DE KRONSTADT
Los marineros de Kronstadt se alarmaron visiblemente
ante los acontecimientos de Petrogrado. Su actitud frente
a las medidas tomadas por el gobierno contra los huelguistas estaba lejos de ser amistosa. Sabían lo que tuvo
que soportar el proletariado revolucionario de la capital
durante los primeros días de la revolución, su heroica lucha contra Yudenich, la paciencia con que toleró las privaciones y la miseria. Pero Kronstadt estaba lejos también
de favorecer la Asamblea Constituyente, o la experiencia
del comercio libre de que se hablaba en Petrogrado. Los
marinos eran, tanto espiritualmente como en la acción,
ante todo, revolucionarios. Eran los partidarios más decididos del sistema de los soviets, pero se oponían a la dictadura de un partido político cualquiera.
El movimiento de simpatía hacia los obreros huelguistas
de Petrogrado, comenzó primeramente entre los marinos
de los barcos de guerra Petropavlovsk y Sebastopol, los
mismos navíos que en 1917 fueron el apoyo principal de
los bolcheviques. El movimiento se extendió a toda la flota
de Kronstadt, y después a los regimientos estacionados
allí. El 28 de febrero la tripulación del Petropavlovsk adoptó una resolución que obtuvo también el consentimiento de
los marinos del Sebastopol. La resolución pedía, entre
otras cosas, reelecciones libres del Soviet de Kronstadt,
cuyo mandato iba pronto a expirar. Al mismo tiempo fue
enviada a Petrogrado una comisión de marinos para obtener informaciones sobre la situación.
El 1º de marzo se celebró una reunión pública en la
plaza del Ancla, en Kronstadt; fue convocada oficialmente
por las tripulaciones de la primera y la segunda escuadra
de la flota del Báltico. Dieciséis mil marineros, soldados
rojos y trabajadores acudieron a ella; la presidió el presi-
dente del Comité ejecutivo del Soviet de Kronstadt, el comunista Vasiliev. El presidente de la República socialista
federativa de los Soviets, Kalinin, y el comisario de la flota
del Báltico, Kuzmin, estaban presentes, y tomaron la palabra. Debe hacerse notar aquí, como indicación de la actitud amistosa de los marinos hacia el gobierno bolchevique, que Kalinin, a su llegada a Kronstadt, fue recibido con
los honores militares, con música y con banderas desplegadas.
La comisión de marinos que había sido enviada a Petrogrado presentó su informe en el mitin. Este informe
confirmó las peores aprensiones de Kronstadt. La reunión
expresó abiertamente su indignación contra los métodos
empleados por los comunistas para sofocar las aspiraciones de los obreros de Petrogrado. La resolución adoptada
por el Petropavlovsk el 28 de febrero fue entonces presentada a los reunidos. El presidente de la República, Kalinin,
y el comisario Kuzmin atacaron ferozmente la resolución, a
los huelguistas de Petrogrado y a los marinos de Kronstadt. Pero sus argumentos no impresionaron a los asistentes y la resolución del Petropavlovsk fue adoptada por
unanimidad. He aquí el documento histórico:
«Resolución de la reunión general de la primera y segunda escuadra de la flota del Báltico, celebrada el 1.º de
Habiendo oído el informe de los representantes enviados a Petrogrado por la reunión general de las tripulaciones para examinar allí la situación,
1) dado que los soviets actuales no expresan la voluntad de los obreros y de los campesinos, celebrar inmediatamente las nuevas elecciones por voto secreto, teniendo
completa libertad de agitación entre los obreros y campesinos la campaña electoral;
2) establecer la libertad de palabra y de prensa para
todos los obreros y campesinos, para los anarquistas y
para los partidos socialistas de la izquierda;
3) asegurar la libertad de reunión para los sindicatos y
para las organizaciones campesinas;
4) convocar una conferencia independiente de los obreros, soldados rojos y marinos de Petrogrado, antes del 10
de marzo de 1921;
5) liberación de todos los presos políticos socialistas y
también de todos los obreros, campesinos, soldados y
marinos encarcelados por el delito de participación en los
movimientos obreros y campesinos;
6) elegir una comisión de examen de los casos de
aquellos que se encuentran en las prisiones y en los campos de concentración;
7) abolir las oficinas políticas, porque ningún partido
debe tener privilegios para la propaganda de sus ideas, ni
recibir la ayuda financiera del gobierno para tales fines. En
su lugar será necesario instituir comisiones de educación y
de cultura social, elegidas localmente y sostenidas materialmente por el gobierno;
8) abolir inmediatamente los «destacamentos de portazgo»1;
9) igualación de las raciones para todos aquellos que
trabajan en oficios peligrosos para la salud;
10) abolición de los destacamentos comunistas de guerra en todas las secciones del ejército, lo mismo que de la
guardia comunista apostada en los talleres y en las fábricas; en caso de necesidad, estos destacamentos o pelotones de guardia deberán ser designados en el ejército,
desde las filas mismas, y en las fábricas según los deseos
de los obreros;
11) dar a los campesinos plena libertad de acción en lo
que concierne a sus tierras y también el derecho a poseer
ganado, a condición de que se arreglen los campesinos
mismos sin tener que recurrir a la explotación ajena;
12) pedir a todas las secciones del ejército y a nuestros
camaradas los kursanty militares que acepten nuestras
Zagraaditelnye otriady, destacamentos armados organizados por los bolcheviques para suprimir el comercio ilícito
y para confiscar los víveres y otros productos. La irresponsabilidad y la arbitrariedad de estos métodos se han hecho
proverbiales en toda la extensión del país. El gobierno
suprimió estos destacamentos en la provincia de Petrogrado la víspera de su ataque a Kronstadt -una jugarreta al
proletariado de Petrogrado.
La resolución es adoptada por unanimidad por la
reunión de la brigada, absteniéndose de votar sólo dos
Resolución adoptada por aplastante mayoría por la
guarnición de Kronstadt.
Presidente.»
Esta resolución que, como hemos dicho ya, fue combatida ardientemente por Kalinin, fue adoptada a pesar de su
protesta. Después de la reunión, Kalinin pudo volver a
Petrogrado sin ser inquietado.
En esta misma reunión se resolvió enviar a Petrogrado
un comité que explicaría a los obreros y a la guarnición de
la capital las peticiones de Kronstadt y pediría que delegados independientes (no pertenecientes a ningún partido)
fuesen enviados por ellos a esta ciudad para informarse
sobre el estado verídico de las cosas y sobre las peticiones de los marinos. Este comité, compuesto de treinta
miembros, fue detenido en Petrogrado por los bolcheviques; su suerte ha quedado siempre en el misterio.
Como la existencia legal del Soviet de Kronstadt llegaba
a su término, la reunión de la brigada decidió convocar
una conferencia de delegados para el 2 de marzo, a fin de
discutir el modo de celebrar las elecciones. En la conferencia tomaban parte representantes de los navíos de
guerra, de la guarnición, de las diferentes instituciones
soviéticas, de los sindicatos y de los talleres. Cada organización estaba representada por dos delegados.
Celebróse la conferencia el 2 de marzo en la Casa de
Educación (anteriormente Escuela de Ingenieros de
Kronstadt), asistiendo a ella trescientos delegados, entre
los que se encontraban también comunistas.
La reunión, abierta por el marino Petrichenko, eligió una
presidencia de cinco miembros. La cuestión principal a
resolver por los delegados concernía a las nuevas elecciones del Soviet de Kronstadt, que debían verificarse
pronto, y establecer los principios sobre los cuales deberían celebrarse. La reunión tenía también que poner en
práctica las resoluciones adoptadas la víspera y acordar
los mejores medios para ayudar al país a salir de las con-
diciones lamentables creadas por el hambre y por la falta
El espíritu de la conferencia era claramente sovietista;
Kronstadt exigía los Soviets libres de toda intervención y
de todo partido político, Soviets independientes que fueran
el reflejo de las aspiraciones de los obreros y campesinos
y expresaran su voluntad. La actitud de los delegados era
antagónica al régimen arbitrario de los comisarios burocráticos, pero simpática a la orientación del partido comunista
como tal. Eran partidarios abnegados del sistema de los
Soviets y sinceros en su deseo de encontrar amistosa y
pacíficamente una solución a estos problemas apremiantes.
El comisario de la flota del Báltico, Kuzmin, fue el primero
en usar de la palabra. Hombre más bien de energía que
de juicio, no se dio cuenta de la gran importancia del movimiento. No supo ponerse a la altura de la situación;
atraerse los corazones y cerebros de estos hombres tan
sencillos, marinos y trabajadores, que habían hecho tantos
sacrificios por la revolución y estaban extenuados y desesperados. Los delegados se habían reunido para entenderse con los representantes del gobierno. Pero en lugar
de ese espíritu conciliador, el discurso de Kuzmin fue una
antorcha encendida lanzada sobre pólvora. Indignó a todos por su arrogancia y su insolencia. Negó los tumultos
obreros de Petrogrado, diciendo que la ciudad estaba
tranquila y los obreros satisfechos. Alabó el trabajo de los
comisarios, puso en duda los motivos revolucionarios de
Kronstadt y habló de los peligros que amenazaban por la
parte de Polonia. Llegó hasta proferir insinuaciones indignas y a rugir amenazas. «Si queréis la guerra abierta, concluyó Kuzmin, la tendréis, porque los comunistas no aflojarán las riendas del gobierno. Lucharemos hasta el fin.»
El discurso provocativo y desprovisto de tacto del comisario de la flota del Báltico fue un insulto a los delegados.
El discurso del presidente del Soviet de Kronstadt, el comunista Vasiliev, que habló después de Kuzmin, no causó
ninguna impresión; fue impreciso y sin mérito. Cuanto más
se desarrollaba el mitin, más francamente antibolchevique
se tornaba la actitud general. Y, sin embargo, les delegados esperaban llegar todavía a entenderse con los representantes del gobierno. Pero se advirtió en seguida, decía
el informe, oficial2, que «no podíamos tener confianza en
nuestros camaradas Kuzmin y Vasiliev, y que se había
hecho necesario aislarnos temporalmente, sobre todo
porque los comunistas están en posesión de las armas y
nosotros no tenemos acceso a los teléfonos. Los soldados
tienen miedo a los comisarios, de lo cual tenemos la prueba en la carta leída en la reunión de la guarnición».
Kuzmin y Vasiliev fueron entonces alejados de la
reunión y arrestados. Un rasgo característico del espíritu
de la conferencia está en el hecho de que una moción que
pedía el arresto de los demás comunistas presentes fue
rechazada por inmensa mayoría, Los delegados sostenían
que los comunistas debían ser considerados igualmente
que los representantes de las otras organizaciones y debían gozar de los mismos derechos y respetos. Kronstadt
estaba siempre resuelta a hallar una base de reconciliación con el partido comunista y con el gobierno bolchevique.
Las resoluciones del 1.º de marzo fueron leídas y adoptadas con entusiasmo. En ese momento la reunión se
animó y excitó vivamente al declarar un delegado que
quince camiones de soldados y de comunistas armados
de fusiles y de ametralladoras habían sido enviados por
los bolcheviques con orden de atacar a los reunidos. «Esta
información -continúa el informe del Izvestia- promovió un
profundo resentimiento entre los delegados.» La investigación hecha demostró que el informe carecía de todo
fundamento, pero persistían los rumores de que un destacamento de kursanty, con el famoso chekista Dukin a la
cabeza, marchaba ya en dirección al fuerte de Krasnaya
Gorka. En vista de estos nuevos acontecimientos y de las
amenazas de Kuzmin y de Kalinin, la conferencia se dedicó inmediatamente a organizar la defensa de Kronstadt
contra el ataque bolchevique. El tiempo apremiaba y se
decidió transformar la presidencia de la conferencia en un
Comité revolucionario provisional, que tenía por deber
mantener el orden y la salvaguardia de la ciudad, El Comité debía emprender también los preparativos necesarios
para celebrar las nuevas elecciones del Soviet de Kronstadt..
Izvestia, del Comité Revolucionario provisorio de Kronstadt, número 9; 11 de marzo de 1921.
LA CAMPAÑA BOLCHEVIQUE CONTRA KRONSTADT
Reinaba en Petrogrado gran tensión nerviosa. Estallaban
nuevas huelgas y se difundían persistentes rumores sobre
tumultos obreros ocurridos en Moscú y de rebeliones agrarias surgidas en el este y en Siberia. La falta de prensa en
la que se hubiera podido confiar hacía que la población
prestase oído a los rumores más exagerados y más transparentemente falsos. Todas las miradas se habían vuelto
hacia Kronstadt, en espera de importantes sucesos.
Los bolcheviques no perdieron un instante en organizar
su ataque a Kronstadt. Ya el 2 de marzo el gobierno había
publicado una orden, firmada por Lenin y Trotzky, denunciando el movimiento de Kronstadt como un motín, una
rebelión contra las autoridades comunistas. En ese documento, los marinos fueron acusados de ser «instrumentos
de antiguos generales zaristas que, junto con los socialrevolucionarios traidores han preparado una conspiración
contrarrevolucionaria contra la república proletaria».
El movimiento de Kronstadt fue calificado por Lenin y
Trotzky como «obra de los intervencionistas de la Entente
y de espías franceses». -«El 28 de febrero, dice la orden,
los marinos del Petropavlovsk han aprobado resoluciones
que exaltan el espíritu de la reacción más negra. Después
apareció en escena el grupo del antiguo general
Kozlovzky. Él y tres de sus oficiales, cuyos nombres nos
son todavía desconocidos, han asumido abiertamente la
dirección de la revuelta. La explicación de los últimos
acontecimientos, por tanto, se hace coincidente. Detrás de
los socialistas revolucionarios; se encuentra de nuevo un
general zarista. Tomando todo esto en consideración, el
Consejo del Trabajo y de la Defensa ordena: 1) declarar al
antiguo general Kozlovzky y a sus partidarios fuera de la
ley; 2) promulgar el estado de guerra en la ciudad y en la
provincia de Petrogrado; 3) poner el poder supremo de
todo el distrito de Petrogrado en manos del Comité de
defensa de Petrogrado.
Había, en efecto, en Kronstadt, un ex general
Kozlovzky, Fue Trotzky el que lo estableció allí como especialista artillero. No desempeñó, en absoluto, ningún
papel en los acontecimientos de Kronstadt; pero los bolcheviques explotaron con habilidad su nombre para denunciar a los marinos como enemigos de la república sovietista, y su movimiento, como contrarrevolucionario. La
prensa oficial bolchevique comenzó entonces su campaña
de calumnias y de difamación contra Kronstadt como «el
nido de la conspiraron blanca dirigida por el general
Kozlovzky»; los agitadores comunistas fueron enviados a
los obreros de las fábricas y de los talleres. de Petrogrado
y de Moscú a fin de llamar al proletariado a «asociarse al
soporte y a la defensa del gobierno de los obreros y campesinos contra la rebelión contrarrevolucionaria de Kronstadt».
Lejos de tener el menor contacto con generales y contrarrevolucionarios, los marinos de Kronstadt rehusaron la
ayuda del propio partido socialista revolucionario. El jefe
del partido, Víctor Chernov, que estaba entonces en Reval, intentó inclinar a los marinos en favor de su partido y
de sus reivindicaciones, pero no recibió ningún aliento del
Comité revolucionario provisional. Chernov transmitió a
Kronstadt el radiograma siguiente3:
«El presidente de la Asamblea Constituyente, Víctor
Chernov, envía sus saludos fraternales a los camaradas
marinos heroicos, los soldados rojos y a los obreros que,
por tercera vez después de 1905, rompen el yugo de la
tiranía. Les ofrece su ayuda para el envío de refuerzos y
de aprovisionamientos a Kronstadt por intermedio de las
cooperativas rusas en el extranjero. Informadnos de lo que
os hace falta y de la cantidad necesaria. Estoy dispuesto a
ir en persona a poner mis energías y mi autoridad al servicio de la revolución del pueblo. Tengo fe en la victoria final
de las masas laboriosas... ¡Honor a los que son los primeros en levantar la bandera de la liberación del pueblo!
¡Abajo el despotismo de la izquierda y de la derecha!»
El partido socialista revolucionario envió, al mismo tiempo,
el siguiente mensaje a Kronstadt:
Publicado en Revoliutsionnaya Rosia (órgano socialista
revolucionario para el extranjero), núm. 8; marzo de 1921.
Ver también Izvestia, de Moscú (órgano comunista), núm.
154; 13 de junio de 1922.
«La delegación socialista revolucionaria en el extranjero..., ahora que la copa del pueblo encolerizado desborda,
ofrece ayudaros por todos los medios a su disposición en
la lucha por la libertad y por el gobierno popular. Informadnos de la ayuda que necesitáis. ¡Viva la revolución del
pueblo! ¡Vivan los Soviets libres y la Asamblea Constituyente!»
El Comité revolucionario de Kronstadt expresa a todos
sus hermanos del extranjero su profunda gratitud por su
simpatía. El Comité revolucionario provisional agradece al
camarada Chernov su ofrecimiento, pero se abstiene de
aceptarlo por el momento, es decir, hasta que los próximos acontecimientos aclaren más la situación. En tanto
todo será tomado en consideración.
Presidente del Comité provisional revolucionario.»
La campaña de insinuaciones continuó, no obstante, en
Moscú, cuya estación T. S. F. envió el 3 de marzo el siguiente mensaje al mundo (algunos pasajes son indescifrables a causa de la intervención de otra estación): «La
revuelta armada del ex general Kozlovzky ha sido organizada por los espías de la Entente, como sucedió, en numerosos complots precedentes, se hace evidente por e!
periódico burgués francés Le Matin, que, dos semanas
antes de la revuelta, publicó el siguiente telegrama de
Helsingfòrs: «Como resultado de la reciente rebelión de
Kronstadt. las autoridades militares bolcheviques han tomado medidas a fin de aislar a Kronstadt e impedir que los
soldados y marinos de Kronstadt se acerquen a Petrogrado.» - «Es evidente que el motín de Kronstadt ha sido
preparado en París y organizado por el servicio secreto
francés. Los socialistas revolucionarios, controlados y
dirigidos también desde París, tramaron estas rebeliones
contra el gobierno sovietista, y apenas sus preparativos
fueron completados, el verdadero amo -el general zaristahizo su aparición.»
«Petrogrado está tranquilo y en calma, y aun las fábricas en que habían sido últimamente lanzadas acusaciones contra el gobierno sovietista comprenden ahora que
todo era obra de provocadores. Comprenden adonde les
llevaron los agentes de la Entente y de la contrarrevolución.
»Justamente en el momento en que en América asume
de nuevo las riendas del gobierno el partido republicano y
se muestra inclinado a reanudar las relaciones comerciales con la Rusia sovietista, la difusión de falsos rumores y
la organización de desórdenes en Kronstadt tienen por
único objeto impresionar al nuevo presidente americano
para que cambie su táctica hacia Rusia. La Conferencia
de Londres se celebró en este mismo período y la diseminación de semejantes rumores influyó en la delegación
turca y la hizo apta para ceder a las exigencias de la Entente. La revuelta de la tripulación del Petropavlovsk es,
sin duda alguna, un punto de la gran conspiración para
crear dificultades en el interior de la Rusia soviética y para
desacreditar nuestra situación internacional. Este plan es
puesto en ejecución en la Rusia misma por un general
zarista y por ex oficiales, y sus actividades reciben el apoyo de los mencheviques y de los socialrevolucionarios.»
El Comité de defensa de Petrogrado, dirigido por su
presidente, Zinoviev, asumió el control completo de la
ciudad y de la provincia de Petrogrado. Todo el distrito
norte fue declarado en estado de guerra y todas las
reuniones quedaron prohibidas. Se tomaron precauciones
extraordinarias para proteger las instituciones gubernamentales y se colocaron ametralladoras en el hotel Astoria, ocupado por Zinoviev y otros altos funcionarios bolcheviques. Proclamas pegadas en los muros ordenaban la
vuelta inmediata de los huelguistas a sus fábricas, prohibiendo la suspensión del trabajo y previniendo a la población para que no se reuniese en las calles. «En casos
semejantes -se decía en el ukase- los soldados recurrirán
a las armas. En caso de resistencia, la orden es fusilar
sumariamente.»
El Comité de defensa tomó medidas sistemáticas «para
limpiar la ciudad». Numerosos obreros, soldados y marinos en los que se sospechaban simpatías por Kronstadt,
fueron encarcelados. Todos los marinos de Petrogrado y
varios regimientos del ejército, considerados «políticamen-
te sospechosos», fueron enviados a puntos lejanos, en
tanto que las familias de los marinos de Kronstadt, que
vivían en Petrogrado, fueron detenidas en calidad de
rehenes. El Comité de defensa notificó a Kronstadt su
decisión por medio de una proclama difundida en la ciudad
el 4 de marzo por un aeroplano y en la cual se decía: «El
Comité de defensa declara que los encarcelados son retenidos como rehenes por el comisario de la flota del Báltico,
N. N. Kuzmin, por el presidente del Soviet de Kronstadt, T.
Vasiliev, y otros comunistas. Al menor daño que sufran
nuestros camaradas arrestados, los rehenes pagarán con
su vida.»
«No queremos efusión de sangre. Ni un solo comunista
ha sido fusilado por nosotros», fue la respuesta de Kronstadt.
LAS ASPIRACIONES DE KRONSTADT
Una nueva vida reanimó a Kronstadt. El entusiasmo revolucionario igualaba al de las jornadas de octubre, cuando
el heroísmo y la decisión de los marinos jugaron un papel
decisivo. Por primera vez, después dé haber tomado el
partido comunista en sus manos el control exclusivo de la
revolución y de los destinos de Rusia, Kronstadt se sentía
libre. Un nuevo espíritu de solidaridad y fraternidad había
reunido a los marinos, a los soldados de la guarnición, a
los obreros de las fábricas y a los elementos destacados
que no pertenecían a ningún partido, en un esfuerzo común por la causa de todos. Hasta los mismos comunistas
se contagiaron de la fraternidad de toda la ciudad y participaron en los preparativos para las elecciones del Soviet
Entre las primeras medidas tomadas por el Comité revolucionario provisional, hay que mencionar las referentes
a la conservación del orden revolucionario en Kronstadt y
la de hacer aparecer un órgano oficial del Comité, Izvestia,
cotidiano. Su primer llamamiento al pueblo de Kronstadt
(núm. 1, marzo 3 de 1921), caracterizaba completamente
la actitud y el espíritu de los marinos: «El Comité revolucionario, se dice allí, se preocupa sobre todo de que no
haya efusión de sangre. Ha dedicado todos sus esfuerzos
a mantener el orden revolucionario en la ciudad, en la
fortaleza y en los fuertes. ¡Camaradas y ciudadanos, no
detengáis el trabajo! ¡Obreros, permaneced en vuestros
establecimientos! ¡Marinos y soldados, no abandonéis
vuestros puestos! Todos los empleados, todas las instituciones sovietistas deben continuar su trabajo. El Comité
revolucionario provisional os exhorta, camaradas y ciudadanos, a prestarle ayuda. Su misión es organizar, en
cooperación fraternal con vosotros, las condiciones necesarias para las elecciones justas y honestas del nuevo
Soviet.»
Las páginas del Izvestia traen pruebas abundantes de la
profunda fe del Comité revolucionario en el pueblo de
Kronstadt y en sus aspiraciones hacia los soviets libres
como el verdadero camino de la emancipación del yugo
opresivo de la burocracia comunista. En su diario y en los
radiogramas, el Comité revolucionario tomaba en serio,
con indignación, la campaña de calumnias, y se dirigió
nuevamente al proletariado de Rusia y del mundo en de-
manda de su simpatía y de su ayuda. El radiograma del 6
de marzo daba la idea fundamental del llamado de Kronstadt:
«Nuestra causa es justa. Estamos por el poder de los
Soviets y no de los partidos. Estamos por la elección libre
de los representante de las masas laboriosas. Los sucedáneos de los soviets, manipulados por el partido comunista, fueron siempre sordos a nuestras necesidades y a
nuestras peticiones; la única respuesta que hemos recibido siempre fue la bala asesina. ¡Camaradas! No sólo os
engañan; desnaturalizan deliberadamente la verdad y se
rebajan hasta la difamación más vil. En Kronstadt todo el
poder está exclusivamente en manos de los marinos, de
los soldados y de los obreros revolucionarios, y no en las
de los contrarrevolucionarios dirigidos por un Kozlovsky,
como trata de haceros creer el radio embustero de Moscú.
¡No tardéis, camaradas! Uníos a nosotros, entrad en contacto con nosotros; exigid la admisión de vuestros delegados en Kronstadt. Ellos solos podrán deciros toda la verdad, y desenmascararán la calumnia cruel sobre el pan
finlandés y los ofrecimientos de la Entente.
»¡Viva el proletariado revolucionario de la ciudad y de
»¡Viva el poder de los Soviets libremente elegidos!»
El Comité revolucionario provisional tenía al principio su
sede a bordo del barco insignia, el Petropavlovsk; pero
después de algunos días se trasladó a la Casa del Pueblo,
en el centro de Kronstadt, de modo que estuviera, como
escribe el Izvestia, «en contacto más continuo con la población y fuera más fácil el acceso al Comité que cuando
estaba a bordo del navío». A pesar de que la demencia
virulenta continuaba en la prensa comunista contra Kronstadt, calificada de «rebelión contrarrevolucionaria del general Kozlovsky», la verdad es que el Comité revolucionario era exclusivamente proletario, estando compuesto, en
su mayor parte, de obreros de un pasado revolucionario.
El Comité estaba compuesto de los quince miembros siguientes:
1. Petrichenko, primer escribiente, pabellón Petropavlovsk.
2. Yakovenko, telefonista, distrito de Kronstadt.
3. Ososov, mecánico del «Sebastopol».
4. Arjipof, mecánico.
5. Perepelkin, mecánico del «Sebastopol».
6. Petruchev, jefe mecánico del «Petropavlovsk».
7. Kupolov, primer ayudante mecánico.
8. Verchinin, marinero del «Sebastopol».
9. Tiukin, electricista.
10. Romanenko, guarda de los docks de aviación.
11. Orechin, administrador de la Tercera Escuela Técnica.
12. Valk, carpintero.
13. Pavlov, obrero de las minas marinas.
14. Baikov, carretero.
15. Kilgast, marinero.
Izvestia, de Kronstadt, comentó como sigue esta lista:
«He aquí nuestros generales, señores Trotzky y Zinoviev,
en tanto que los Brusilov, los Kamenev, los Tujachevski y
otras celebridades del régimen zarista están en vuestras
filas».
El Comité revolucionario provisional gozaba de la confianza de toda la población de Kronstadt. Se conquistó el
respeto general estableciendo el principio de «derechos
iguales para todos, privilegios para nadie», y manteniéndolo rigurosamente. La ración de víveres (paiok) fue nivelada, Los marinos, que, ba¡o el régimen bolchevique, recibían raciones mucho más elevadas que las establecidas
para los obreros, decidieron no aceptar más de lo que se
daba al ciudadano o al obrero. Las raciones especiales y
las mejores se distribuyeron solamente en los hospitales y
La actitud generosa y equitativa del Comité revolucionario hacia los miembros del partido comunista en Kronstadt
-sólo algunos de ellos fueron arrestados, a pesar de las
represiones bolcheviques y de la detención de las familias
de los marinos como rehenes- ganó el respeto de los comunistas mismos. Las páginas del Izvestia contienen comunicaciones numerosas de agrupaciones y organizaciones comunistas de Kronstadt, que condenan la actitud del
gobierno central y apoyan la línea de conducta y las medidas tomadas por el Comité revolucionario provisional.
Gran número de comunistas de Kronstadt habían anunciado públicamente su salida del partido en señal de protesta contra su despotismo y su corrupción burocrática. En
diversos números del Izvestia se publicaron centenares de
nombres de comunistas a quienes su conciencia hacía
imposible «la permanencia en el partido del verdugo Trotzky», como se expresaban algunos. Las dimisiones del
partido comunista fueron pronto tan numerosas, que da-
ban la impresión de un éxodo general4. Las cartas siguientes, tomadas al azar de entre un montón, dan una característica suficiente del sentimiento de los comunistas de
«He comprendido al fin que la política del partido comunista llevó al país a un abismo. El partido se ha hecho
burocrático. No aprendió nada y nada quiere aprender.
Rehusa escuchar la voz de 115 millones de campesinos, y
no quiere comprender que únicamente la libertad de palabra y la posibilidad de participar en la reconstrucción del
país por medio de métodos diferentes de elecciones pueden despertar a la nación de su letargo.
»Rehuso de aquí en adelante considerarme miembro
del partido comunista ruso. Apruebo completamente la
resolución adoptada en la reunión de toda la población el
1.º de marzo y pongo, por consiguiente, mis energías y
mis aptitudes a disposición del Comité revolucionario provisional.
»Herman Kanev, oficial del ejército rojo.»
Hijo de un desterrado del proceso de los 1935.»
«A mis alumnos de las Escuelas industrial, militar roja y
«¡Camaradas!
«He vivido casi treinta años con el amor profundo al
pueblo y he llevado la luz y la ciencia, en la medida de mis
fuerzas, a todos los que estaban ávidos de ellas, y esto
«La revolución de 1917 dio más ímpetu a mi trabajo,
aumentando mi actividad, y me dediqué más que nunca a
servir a mi ideal. «La consigna comunista «todo para el
pueblo» me inspiró con su nobleza y su belleza, y en fe4
El Comité central del partido comunista consideró su
sección de Kronstadt de tal modo «democratizada» que,
después de la derrota de Kronstadt, ordenó un nuevo registro completo de todos los comunistas de esa ciudad.
5 El proceso célebre de los 193 en el primer período del
movimiento revolucionario ruso. Comenzó hacia fines de
1877 y acabó en los primeros meses de 1878.
brero del año 1920 fui candidato del partido comunista.
Pero el primer tiro de fusil disparado contra un pueblo
pacífico, sobre mis hijos queridos, cuyo número asciende
a siete mil en Kronstadt, me llenó de horror al poder ser
considerada como cómplice de la responsabilidad en la
efusión de sangre de estos inocentes. Siento que no puedo creer ya ni propagar la idea que ha caído en desgracia
por un acto criminal. Así, pues, desde el primer disparo de
fusil ceso de considerarme miembro del partido comunista.
»María Nicolaevna Schatel, maestra.»
Declaraciones semejantes aparecen casi en cada número del Izvestia. La declaración más interesante fue la
del Bureau provisional de la sección de Kronstadt del partido comunista; su manifiesto a los miembros de la sección
fue publicado en el Izvestia (núm. 2, del 4 de marzo):
«Que cada camarada de nuestro partido esté a la altura
de la importancia del momento.
»No deis ningún crédito a los falsos rumores de que han
fusilados comunistas y de que los comunistas de Kronstadt tienen la intención de rebelarse con las armas en la
mano. Esos rumores son difundidos con el propósito de
provocar la efusión de sangre.
»Declararnos que nuestro partido ha defendido siempre
las conquistas de la clase obrera contra todos los enemigos conocidos y desconocidos del poder de los Soviets
obreros y campesinos y continuará defendiéndolos.
»El Bureau provisional del partido comunista de Kronstadt reconoce la necesidad de las nuevas elecciones del
Soviet y pide a los miembros del partido comunista que
»El Bureau provisional ordena a los miembros del partido permanezcan en sus puestos y no impidan ni obstaculicen las medidas del Comité revolucionario provisional.
»¡Viva el poder de los Soviets!
»¡Viva la unión internacional de los trabajadores!
»Bureau provisional de la sección de Kronstadt del partido
comunista ruso, F. Pervuchin, I. Ilin, A. Kabanov.»
Otras diversas secciones civiles y militares expresaron
en términos análogos su oposición al régimen de Moscú y
su asentimiento a las peticiones de los marinos de Kronstadt. Un gran número de resoluciones en ese sentido fueron también adoptadas por los regimientos del ejército rojo
de guarnición en Kronstadt. La siguiente resolución da una
idea del espíritu y de la tendencia que reinaba en todas
«Nosotros, soldados del ejército rojo del fuerte de Krasnoarmeets, estamos en cuerpo y alma con el Comité revolucionario provisional y defenderemos hasta el último momento al Comité revolucionario, a los obreros y a los campesinos.
»Que nadie crea en las mentiras de las proclamas comunistas diseminadas por los aeroplanos. No tenemos
aquí ni generales ni oficiales zaristas. Kronstadt fue siempre la ciudad de los obreros y de los campesinos, y lo seguirá siendo. Los generales están al servicio de los comunistas.
»En el momento actual, cuando la suerte del país está
en la balanza, nosotros, que hemos tomado el poder en
nuestras manos, y que hemos entregado el mando supremo al Comité revolucionario, declaramos a la guarnición entera y a todos los trabajadores que estamos dispuestos a morir por la libertad de las clases laboriosas.
»Libertados del yugo comunista de estos tres años y del
terror, preferimos morir antes que retroceder un solo paso.
¡Viva la Rusia libre del pueblo obrero!
»El destacamento del fuerte de Krasnoarmeets.»
Kronstadt fue inspirado por el amor apasionado hacia la
Rusia libre y por la fe ilimitada en los Soviets verdaderos.
Era seguro ganar la ayuda de toda Rusia, de Petrogrado
sobre todo, realizando así la liberación completa del país,
El Izvestia de Kronstadt vuelve siempre sobre esta esperanza y esta actitud, y en numerosos artículos y manifiestos trata de hacer lícita su posición ante los bolcheviques y
sus aspiraciones hacia la fundación de una nueva vida
libre para Kronstadt, para el resto de Rusia. Este gran
ideal, la pureza de los motivos y la esperanza ferviente de
la liberación próxima, son puestas de relieve de un modo
notable en las páginas del órgano oficial del Comité revolucionario provisional de Kronstadt, y expresan integralmente el espíritu de los soldados, de los marinos y de los
obreros. A los ataques feroces de la prensa bolchevique, a
las mentiras infames sembradas por la radio de Moscú
que acusaba a Kronstadt de contrarrevolucionario y de
conspirador blanco, el Comité revolucionario respondía
con dignidad. Reproducía a menudo en, su órgano las
proclamas de Moscú, de modo que la población de Kronstadt se diera cuenta de en qué bajezas eran capaces de
caer los bolcheviques. De tanto en tanto, los métodos
comunistas eran expuestos y caracterizados por el Izvestia
con una indignación legítima. Así leemos en el número 6,
del 8 de marzo, bajo el título «Nosotros y ellos»:
«No sabiendo cómo retener el poder que se les va de
las manos, los comunistas emplean las más villanas provocaciones. La prensa despreciable ha movilizado todas
las fuerzas para incitar a las masas y para hacer aparecer
el movimiento de Kronstadt como una conspiración de los
guardias blancos. En este momento, un camarilla de bellacos desvergonzados envió al mundo la infame noticia de
que Kronstadt se había vendido a Finlandia. Sus periódicos vomitan fuego y veneno; habiendo fracasado en la
tarea de persuadir al proletariado de que Kronstadt está en
manos de los contrarrevolucionarios, tratan ahora de apelar a los sentimientos nacionalistas.
»Todos los países saben ya, por nuestros radiogramas,
por qué luchan la guarnición de Kronstadt y los obreros.
Pero los comunistas tratan de desnaturalizar la importancia de los acontecimientos, esperando de este modo inducir a error a nuestros hermanos de Petrogrado.
»Petrogrado está cercado por las bayonetas de los kursanty y de los «guardias» del partido, y Maliuta Schuratov Trotzky- no permite a los delegados de los obreros y de
los soldados independientes venir a Kronstadt. Teme que
averigüen toda la verdad, y que la verdad barra inmediatamente a los comunistas, dando a las masas obreras
instruidas la posibilidad de tomar el poder en sus manos
callosas.
Esta es la razón por la cual el Soviet de Petrogrado no
respondió a nuestro radio en que pedíamos fuesen enviados a Kronstadt camaradas verdaderamente imparciales.
»Asustados por su propio miedo, los jefes comunistas
estrangularon la verdad y defienden la mentira de que los
guardias blancos obran en Kronstadt, de que el proletariado de Kronstadt se ha vendido a Finlandia y a los espías
franceses, de que los finlandeses han organizado ya su
ejército para atacar a Petrogrado con la ayuda de los rebeldes de Kronstadt, y así sucesivamente.
»A todo esto no tenemos más que una sola cosa que
responder: ¡Todo el poder a los Soviets! ¡Quitad vuestras
manos de ellos, esas manos rojas con la sangre de los
mártires de la libertad, que murieron luchando contra los
guardias blancos, contra los propietarios y contra la burguesía!»
En un lenguaje sencillo y franco, Kronstadt trataba de
expresar la voluntad del pueblo, que aspiraba a la libertad
y a la posibilidad de determinar su propio destino. Sentía
que era la vanguardia, por decirlo así, del proletariado de
Rusia, dispuesto a levantarse para defender el gran ideal
por el cual el pueblo había luchado y sufrido en la revolución de octubre. La fe de Kronstadt en el sistema de los
soviets era profunda y persistente: su consigna universal:
¡Todo el poder a los Soviets y no a los partidos!, era su
programa; no había tiempo de desarrollarlo ni de ocuparse
en teorías. Los esfuerzos convergían hacia la emancipación del pueblo del yugo comunista. Este yugo, ya insoportable, hizo necesaria una nueva, una tercera revolución.
La ruta hacia la libertad y la paz pasaba por los Soviets
libremente elegidos; esta era la piedra fundamental de la
nueva revolución». Las páginas del Izvestia testimonian
ampliamente la rectitud incorruptible y la abnegación sin
límites de los obreros y de los marinos de Kronstadt, la fe
conmovedora que tenían en su misión de iniciadores de la
tercera revolución. Estas aspiraciones y estas esperanzas
están claramente expuestas en el número 6 del Izvestia
del 9 de marzo, en el artículo de fondo titulado «Por qué
finalidad combatimos»:
«Por la revolución de octubre había esperado alcanzar
su emancipación. Pero una esclavitud todavía más grande
de la individualidad humana resultó de ella.
»El poder de la monarquía policíaca cayó en manos de
los usurpadores -los comunistas- que, en lugar de dar al
pueblo la libertad, le han inspirado solamente un miedo
terrible a la checa, la cual, por sus horrores, supera al
régimen policíaco del zarismo... Pero lo que es peor y más
criminal es la cábala espiritual de los comunistas; han
puesto también su mano sobre el mundo interior de las
masas laboriosas, obligando a cada uno a pensar según la
fórmula comunista.
»La Rusia de los trabajadores, la primera que levantó la
bandera roja de la emancipación del trabajo, está anegada
en la sangre de los martirizados para mayor gloria de la
dominación comunista. Los comunistas ahogan en ese
mar de sangre todas las bellas promesas y posibilidades
de la revolución proletaria. Es evidente, en la actualidad,
que el partido comunista ruso no es el defensor de las
masas obreras, como lo pretende. Los intereses de la
clase obrera le son extraños. Una vez obtenido el poder,
no tiene más que un solo temor el de perderle. Considera,
por tanto, aplicables todos los medios de difamación, violencia, decepción, asesinato y venganza sobre las familias
»Pero el fin de esta paciencia de mártir está próximo; el
país está iluminado aquí y allá por el incendio de la rebelión en la lucha contra la opresión y la violencia. Las huelgas de obreros se multiplican, pero el régimen policíaco de
los bolcheviques ha tomado todas sus precauciones contra la conflagración de la inevitable tercera revolución.
»Pero, pese a todo esto, ha llegado y es realizada por
las masas obreras. Los generales del comunismo saben
bien que es el pueblo el que se ha levantado, que es el
pueblo el que se ha convencido de la traición de los comunistas a las ideas del socialismo. Temiendo por su piel
y sabiendo que no podrán ocultarse en ninguna parte para
escapar a la cólera de los trabajadores, los comunistas
tratan aún de aterrorizar a los rebeldes con la prisión, con
la ejecución y con otras barbaridades. Pero la vida bajo la
dictadura comunista es peor que la muerte...
»No existe un camino intermedio. ¡Es preciso vencer o
morir! ejemplo lo ha dado Kronstadt, el terror de la contrarrevolución de la derecha como de la izquierda. Es aquí
donde el gran acto revolucionario fue realizado. Es aquí
donde fue enarbolada la bandera de la rebelión contra la
tiranía de estos tres años y contra la opresión de la autocracia comunista que hicieron palidecer el despotismo
monárquico de los últimos tres años. Es aquí, en Kronstadt, donde se colocó la piedra fundamental de la tercera
revolución que romperá las últimas cadenas del trabajador
y le abrirá la nueva y amplia ruta de la edificación socialista.
»Esta nueva revolución sublevará las grandes masas
del Oriente y Occidente y servirá de ejemplo al nuevo socialismo constructor, en oposición a la «construcción»
comunista mecánica y gubernamental. Las masas obreras
sabrán que todo lo que ha sido hecho hasta aquí en nombre de los obreros y campesinos, no era el socialismo.
»El primer paso se ha dado sin un solo disparo de fusil,
sin la efusión de una sola gota de sangre. No la verterán
más que en caso de defensa. Los obreros y campesinos
avanzan: dejan tras sí a la Constituyente con su régimen
burgués y la dictadura del partido comunista con su checa
y su capitalismo de Estado que han estrechado el nudo en
tomo al cuello de los trabajadores y amenazan estrangularlos.
»El cambio que acaba de tener lugar ofrece a las masas
laboriosas la posibilidad de asegurarse, por fin, los Soviets
libremente elegidos y que podrán ser perfeccionados sin
temor al látigo del partido; pueden reorganizarse ahora los
sindicatos estatizados en asociaciones voluntarias de
obreros, de campesinos y de trabajadores intelectuales.
La máquina policíaca de la autocracia, por fin, ha sido
quebrantada.»
Así estaba concebido el programa; estas fueron las
peticiones inmediatas en respuesta de las cuales el gobierno bolchevique comenzó el ataque a Kronstadt el 7 de
marzo de 1921, a las 6'45 de la tarde.
ULTIMÁTUM BOLCHEVIQUE A KRONSTADT
Kronstadt era generoso. Ni una gota de sangre comunista
fue vertida, a pesar de todas las provocaciones, del bloqueo de la ciudad y de las medidas represivas del gobierno bolchevique. Desdeñaba imitar el ejemplo comunista de venganza y llegaba hasta vigilar la población contra
todo exceso de que pudieran ser objeto los miembros del
partido comunista. El Comité revolucionario provisional
publicó en este sentido un manifiesto a la población de
Kronstadt, justamente después que el gobierno bolchevique hubo rechazado la petición de los marinos para la
liberación de los rehenes detenidos en Petrogrado. La
petición de Kronstadt, enviada radiotelegráficamente al
Soviet de Petrogrado, y el manifiesto del Comité revolu-
cionario fueron publicados el mismo día, 7 de marzo. Los
«En nombre de la guarnición de Kronstadt, el Comité
revolucionario de Kronstadt exige que las familias de los
marinos, obreros y soldados rojos detenidas como rehenes por el Soviet de Petrogrado sean puestas en libertad
en el plazo de veinticuatro horas.
»La guarnición de Kronstadt declara que los comunistas
gozan de plena libertad en Kronstadt y que sus familias
están absolutamente fuera de todo peligro. El ejemplo del
Soviet de Petrogrado no será seguido aquí, porque consideramos esos métodos (la toma de rehenes) como los
más ignominiosos y bárbaros, aunque sean provocados
por la desesperación. La historia no conoce una infamia
»Marino Petrichenko, presidente del Comité revolucionario provisional. - Kilgast, secretario.»
En el manifiesto a la población de Kronstadt se dice,
entre, otras cosas:
«La opresión constante de las masas laboriosas por la
dictadura comunista, produjo una indignación y un resentimiento completamente natural en la población. A consecuencia de este estado de cosas, algunas personas, emparentadas con los comunistas, fueron maltratadas y boicoteadas. Esto no debe suceder. Nosotros no buscamos
la venganza, defendemos nuestros intereses obreros.»
Kronstadt vivía en el espíritu de su santa cruzada, tenía
fe completa en la justicia de su causa y se consideraba el
verdadero defensor de la revolución.
Penetrados de esta idea, los marinos no querían creer
que el gobierno los atacaría con las armas en la mano. En
estos hijos del sol y del mar, persistía semiconscientemente la idea de que la victoria no puede ganarse solamente
con la violencia. La psicología eslava parece inducir que la
justicia de su causa y la fuerza del espíritu revolucionario
bastan para que esa causa triunfe. En todo caso, Kronstadt rehusó tomar la iniciativa.
El Comité revolucionario no quiso escuchar la opinión
persuasiva de los peritos militares en favor de un ataque
inmediato contra Oranienbaum, fortaleza de gran valor
estratégico. Los soldados y los marinos de Kronstadt tenían por fin el establecimiento de los Soviets libres, y estaban dispuestos a defender sus derechos contra todo
ataque, pero se negaban a convertirse en agresores.
En Petrogrado circulaban rumores persistentes de que
el gobierno se preparaba a operar militarmente contra
Kronstadt. Pero la población no creía en esos rumores; la
cosa parecía de tal modo repugnante, que se la consideraba ridícula. Como se dijo anteriormente, el Comité de
defensa (llamado oficialmente Consejo de Trabajo y de
Defensa) declaró la capital en «estado extraordinario de
sitio». Las reuniones, las más insignificantes aglomeraciones en las calles, fueron prohibidas. Los obreros de Petrogrado no sabían nada de lo que pasaba en Kronstadt; las
únicas informaciones, procedentes de la prensa comunista, y los frecuentes boletines hablaban siempre del «general zarista Kozlovsky, que había organizado la rebelión
contrarrevolucionaria en Kronstadt». La población esperaba con ansiedad la sesión convocada por el Soviet de
Petrogrado y que debía decidir sobre la actitud frente a
El Soviet de Petrogrado se reunió el 4 de marzo; no
podían asistir a esa reunión más que los invitados, y estos,
generalmente, eran los comunistas. El autor del presente
trabajo -entonces en buenas relaciones con los bolcheviques y sobre todo con Zinoviev- estuvo presente en esa
reunión. Como presidente del Soviet de Petrogrado, Zínoviev declaró abierta la sesión y pronunció un largo discurso sobre la situación de Kronstadt. Yo confieso que había
ido a la reunión más bien dispuesto a favor del punto de
vista de Zinoviev; estaba alerta contra el menor indicio de
una tentativa contrarrevolucionaria en Kronstadt. Pero el
discurso de Zinoviev bastó para convencerme de que las
acusaciones comunistas contra los marinos eran una pura
invención sin la menor sombra de veracidad. Oí hablar a
Zinoviev en varias ocasiones. Tenía el don de convencer,
una vez aceptadas sus premisas, pero en esa reunión
todo su aspecto, su argumentación, su tono, sus modales,
todo reflejaba la falsedad, la insinceridad de sus palabras.
Me parecía patentizar la protesta de su propia conciencia.
La única «pieza de convicción» presentada contra Kronstadt era la famosa resolución del 1.º de marzo, cuyas peticiones eran justas y hasta moderadas. Sólo a base de ese
documento y de la denuncia vehemente y casi histórica de
Kalinin contra los marinos, se decidió el paso fatal. La
resolución contra Kronstadt, preparada de antemano y
presentada por conducto de Yevdokimo -la mano derecha
de Zinoviev- fue aceptada por los delegados sobreexcitados a un alto grado de intolerancia y de ferocidad sanguinaria; la aceptación de esta moción tuvo efecto en pleno
tumulto y en medio de las protestas de varios delegados
de las fábricas de Petrogrado y del representante de los
marinos. La resolución declaró a Kronstadt culpable de un
motín contrarrevolucionario contra el poder sovietista, y
exigía su rendición inmediata.
Eso era una declaración de guerra. Gran número de los
comunistas mismos se negaban a creer que se llegara a
poner en ejecución la resolución; era monstruoso atacar
con fuerza armada «el orgullo y la gloria de la revolución
rusa», como había bautizado Trotzky a los marinos de
Kronstadt. En círculo íntimo de amigos, gran número de
comunistas sensatos amenazaban con separarse del partido si se consumaba un acto tan sanguinario.
Trotzky debía dirigir el Soviet de Petrogrado; su ausencia era interpretada por algunos como señal de que la
gravedad de la situación era exagerada. No obstante, llegó
a Petrogrado durante la noche, y al día siguiente, 5 de
marzo, publicó su ultimátum a Kronstadt:
«El gobierno de los obreros y campesinos ha decretado
que Kronstadt y los navíos en rebelión deben someterse
inmediatamente a la autoridad de la república sovietista.
Ordeno, por consiguiente a todos los que levantaron su
mano contra la patria socialista que rindan de inmediato
las armas. Los recalcitrantes deberán ser desarmados y,
remitidos a las autoridades sovietistas. Los comisarios y
otros representantes del gobierno que se encuentren
arrestados deben ser puestos en libertad inmediatamente.
Sólo aquellos que se rindan incondicionalmente pueden
contar con el perdón de la república sovietista.
»Publico simultáneamente las órdenes de preparar la
represión de la revuelta y la sumisión de los amotinados
por la fuerza armada. Toda la responsabilidad de los daños que la población pacífica tenga que sufrir, recaerá
enteramente sobre la cabeza dé los insurrectos contrarrevolucionarios.
»Esta advertencia es definitiva.
»Trotzky, presidente del Consejo revolucionario de la
República. - Kamenev, comandante en jefe.»
La situación empeoraba. Considerables fuerzas militares afluían a Petrogrado y a sus alrededores. El ultimátum
de Trotzky fue seguido de una orden que contenía la amenaza histórica: “Os abatiré como perdices». Varios anarquistas, entonces en Petrogrado, intentaron un último esfuerzo para inducir a los bolcheviques a que desistieran de
atacar a Kronstadt. Consideraban de su deber, ante la
revolución, el intento de ese esfuerzo, aunque desesperado, para impedir la masacre inminente de la flor revolucionaria de Rusia, los marinos y los obreros de Kronstadt.
Enviaron el 5 de marzo una protesta al Comité de Defensa, indicando las intenciones pacíficas y las justas peticiones de Kronstadt, recordando a los comunistas la historia
revolucionaria heroica de los marinos y proponiendo un
medio de resolver el conflicto, propio de camaradas y de
revolucionarios. He aquí el documento:
«Al Consejo de Trabajo y de Defensa de Petrogrado,
»Al presidente Zinoviev.
»Guardar silencio ahora es imposible, es hasta criminal.
Los acontecimientos que acaban de producirse nos obligan, como anarquistas, a hablar francamente y a declarar
nuestra actitud en la situación actual.
»El espíritu de descontento y de inquietud presente
entre los obreros y marinos es el resultado de causas que
exigen nuestra más seria atención. El frío y el hambre han
engendrado el descontento, y la ausencia de la menor
posibilidad de discusión y de crítica obliga a los marinos y
a los obreros a declarar abiertamente sus agravios.
»Las bandas de guardias blancos quieren y podrán
explotar ese intento en beneficio de sus propios intereses
de clase. Ocultándose tras los nombres de los marinos
reclaman la Asamblea Constituyente, el comercio libre y
otras peticiones del mismo género.
»Nosotros, anarquistas, hemos expuesto desde hace
mucho tiempo el fondo engañoso de esas exigencias y
declaramos ante todos que lucharemos con las armas en
la mano contra toda tentativa contrarrevolucionaria, en
común con todos los amigos de la revolución social y al
lado de los bolcheviques.
»Respecto al conflicto entre el gobierno sovietista y los
obreros y los marinos, somos de opinión que debería ser
liquidado, no por las armas, sino por medio de un acuerdo
revolucionario fraternal y con espíritu de camaradería.
Recurrir a la efusión de sangre de parte del gobierno sovietista, en la situación actual, ni intimidaría ni apaciguaría
a los obreros; al contrario, serviría sólo para agravar la
crisis y para reforzar los manejos de la Entente y de la
contrarrevolución interior.
»Y lo que es aun más importante, el empleo de la fuerza por el gobierno de los obreros y los campesinos contra
obreros y campesinos, tendrá un efecto reaccionario en el
movimiento revolucionario internacional y resultará en
todas partes un daño y un mal incalculable para la revolución social.
»¡Camaradas bolcheviques, reflexionad antes que sea
demasiado tarde! No juguéis con fuego; estáis en la víspera de dar un paso decisivo.
»Os sometemos la proposición siguiente: elegir una
comisión de cinco miembros, entre ellos algunos anarquistas. La comisión irá a Kronstadt para arreglar el conflicto
por medios pacíficos. En la situación presente es ese el
método más radical. Tendrá una importancia revolucionaria internacional.
»Alejandro Berkman, Emma Goldman, Perkus, Petrovsky.
»Petrogrado, 5 de mayo de 1921.»
Zinoviev, que había sido informado de que debía ser
sometido un documento sobre Kronstadt al Consejo de
Defensa, envió a buscarlo a un representante personal. Si
fue o no discutida la carta por este Consejo, no lo sé. Lo
cierto es que no se decidió nada al respecto.
Kronstadt, heroico y generoso, soñaba con la liberación de
Rusia por la tercera revolución, que estaba orgulloso de
haber iniciado. Libertad y fraternidad universal eran su
lema. Consideraba la tercera revolución como un desenvolvimiento gradual de la emancipación, cuyo primer paso
era la acción libre de los Soviets independientes, sin el
control de un partido político cualquiera y que cristalizase
la voluntad y los intereses del pueblo. Estos marinos sinceros y cándidos proclamaban a los obreros del mundo su
gran ideal, y apelaban al proletariado para que uniese sus
fuerzas a las suyas en la lucha, con plena confianza de
que su causa hallaría un apoyo entusiasta y de que, sobre
todo y ante todo, los obreros de Petrogrado se apresurarían a ir en su ayuda.
En el intervalo, Trotzky reunía sus fuerzas. Las divisiones más fieles de todos los frentes, los regimientos de los
kursanty, los destacamentos de la Checa y las unidades
militares más exclusivamente compuestas de comunistas,
se habían reunido en los fuertes de Sestroretsk, Lisy Nos,
Krasnaia Gorka y en las posiciones vecinas fortificadas.
Los mejores técnicos militares rusos fueron enviados al
teatro de operaciones para trazar los planes del bloqueo y
del ataque a Kronstadt, mientras el famoso Tujachevsky
fue designado comandante en jefe durante el asedio de
El 7 de marzo, a las 6'45 de la tarde, las baterías de
Sestroretsk y de Lisy Nos descargaron sus primeros tiros
sobre Kronstadt. Era el aniversario del día de los obreros.
Kronstadt, asediado y atacado, no olvidó esa gran fiesta.
Bajo el fuego de numerosas baterías, los bravos marinos
enviaron un radio de congratulación a los obreros del
mundo, acto característico del estado de espíritu de la
ciudad rebelde. He aquí el mensaje:
«Hoy es una fiesta universal, el día del obrero. Nosotros
los kronstadinos enviamos -en medio del estruendo de los
cañones- nuestros saludos fraternales a los trabajadores
del mundo. Os deseamos que realicéis pronto vuestra
emancipación de toda forma violencia y de opresión. ¡Vivan los obreros libres revolucionarios! ¡Viva la revolución
mundial!»
No menos característico fue el grito de angustia de
Kronstadt -«Que el mundo sepa»-publicado después del
primer disparo de cañón en el número 6 del Izvestia del 8
«Ha sonado el primer disparo. El mariscal Trotzky,
manchado hasta las rodillas en la sangre de los obreros,
fue el primero en disparar sobre el Kronstadt revolucionario que se levantó contra la autocracia de los comunistas
para establecer el verdadero poder de los Soviets.
»Sin haber derramado una sola gota de sangre, nosotros nos hemos libertado, nosotros, soldados rojos, marinos y obreros de Kronstadt, del yugo de los comunistas y
hemos conservado sus vidas. Con la amenaza de los cañones quieren subyugamos ahora, otra vez, a su tiranía.
»No queriendo ninguna efusión de sangre, hemos pedido que fueran enviados ante nosotros delegados independientes del proletariado de Petrogrado, para ver que
Kronstadt combate por el poder de los Soviets. Pero los
comunistas ocultaron nuestra petición a los obreros de
Petrogrado, y abrieron el fuego -la respuesta ordinaria del
sedicente gobierno de los obreros y campesinos a las
demandas de las masas laboriosas.
»Que los obreros del mundo entero sepan que nosotros, los defensores del poder de los Soviets, velamos por
las conquistas de la revolución social.
El bombardeo de Kronstadt por la artillería, comenzado la
tarde del 7 de marzo, fue seguido de una tentativa de tomar por asalto la fortaleza. El ataque se llevó desde el
norte y desde el sur por la flor y nata de las tropas comunistas vestidas con lienzos blancos cuyo color se confundía con la nieve que cubría el golfo helado de Finlandia.
Estas primeras tentativas terribles para tomar la fortaleza
por asalto mediante un sacrificio inconsiderado de seres
humanos, fueron profundamente deploradas por los marinos en condolencias conmovedoras hacia sus hermanos
de armas engañados para que considerasen a Kronstadt
como contrarrevolucionario. El 8 de mayo decía el Izvestia
de Kronátadt:
«No queríamos verter sangre de nuestros hermanos, y
rehusábamos hacer fuego a menos que se nos obligara a
ello. Debíamos defender la justa causa del pueblo obrero y
nos vimos forzados a disparar sobre nuestros propios
hermanos enviados a la muerte segura por los comunistas, que han engordado a expensas del pueblo.
»Desgraciadamente para vosotros, se produjo un terrible torbellino de nieve y todo fue envuelto en las tinieblas
de una noche negra. Los verdugos comunistas os empujaron a todo precio, sin embargo, sobre el hielo, amenazándoos desde la retaguardia con sus ametralladoras manejadas por destacamentos comunistas.
»Muchos de vosotros perecisteis esta noche en la vasta
extensión helada del golfo de Finlandia. Y cuando llegó el
alba y se apaciguó el huracán, sólo los restos míseros de
vuestros destacamentos, agotados y hambrientos, casi
incapaces de marchar, vinieron a nosotros con sus blancos sudarios.
»Se contaba un millar de vosotros hacia el alba, y en el
curso del día no se os pudo contar ya. Habéis pagado a
costa de vuestra sangre esta aventura, y después de
vuestra derrota, Trotzky fue a Petrogrado para traer más
víctimas a la masacre, ¡porque la sangre de nuestros
obreros y de nuestros campesinos le cuesta poco!...»
Kronstadt vivió en la fe profunda de que el proletariado
de Petrogrado acudiría en su ayuda. Pero los obreros de
la capital fueron aterrorizados y Kronstadt efectivamente
bloqueada y aislada, de modo que en realidad no era posible socorro de ninguna parte.
La guarnición de Kronstadt estaba compuesta de menos de 14.000 hombres, de los cuales 10.000 eran marinos. Esta guarnición tenía que defender un frente extenso
y gran número de fuertes y baterías diseminados en la
extensión del golfo. Los ataques continuos de los bolcheviques, que recibían sin cesar refuerzos del gobierno central; la falta de aprovisionamiento de la ciudad asediada;
las largas noches de frío, todo esto aminoraba la vitalidad
de Kronstadt. Y, a pesar de todo, los marinos fueron de
una perseverancia heroica, confiando hasta en el último
momento en que su noble ejemplo de liberación sería
seguido por todo el país y les llevaría, así, ayuda y refuerzos.
En su «Manifiesto a los camaradas obreros y campesinos», el Comité revolucionario provisional declaró (Izvestia, n.º 9, marzo 11):
«Camaradas obreros: Kronstadt lucha por vosotros, por
los hambrientos, por los transidos de frío, por los sin albergue. Kronstadt ha levantado la bandera de la revuelta,
confiando que decenas de millones de obreros y campesinos responderán a su llamada. Es preciso que el alba que
acaba de despuntar en Kronstadt se convierta en el sol
brillante de toda Rusia. Es preciso que la explosión de
Kronstadt reanime a Rusia entera, y en primer lugar a
Petrogrado.»
Pero la ayuda no acudía, y cada día que pasaba dejaba
a Kronstadt más agotado. Los bolcheviques continuaban
reuniendo tropas frescas contra la fortaleza asediada y la
debilitaban con ataques constantes. Los comunistas iban
consiguiendo ventaja tras ventaja. Kronstadt no ha sido
construida para sostener un asalto desde atrás. Los bolcheviques difundieron el rumor de que los marinos querían
bombardear a Petrogrado, y esto es de una falsedad
transparente. La famosa fortaleza ha sido construida con
el único fin de servir de defensa a Petrogrado contra los
enemigos del exterior que se acercasen por el mar. Además, en caso de que cayese en poder del enemigo exterior, las baterías de la costa y los fuertes de Krasnaya
Gorka están combinados para una batalla contra Kronstadt. Previendo esta posibilidad, los constructores no reforzaron expresamente la parte trasera de Kronstadt.
Los bolcheviques continuaron sus ataques casi cada
Toda la jornada del 10 de marzo la artillería de los comunistas bombardeó sin cesar desde las costas del sur y
del norte. En la noche del 12 al 13 los comunistas atacaron por el sur, habiendo recurrido nuevamente a los blancos sudarios y sacrificando varios centenares de kursanty.
Kronstadt se batía con encarnizamiento, a pesar de las
numerosas noches en vela y de la falta de hombres y de
víveres. Luchaba con un heroísmo extraordinario contra
los asaltos simultáneos del norte, del este y del sur, en
tanto que las baterías de Kronstadt no servían más que
para defender la fortaleza por el lado occidental. Los marinos no tenían ni un rompehielos para imposibilitar la aproximación de las fuerzas comunistas.
El 16 de marzo los bolcheviques dirigieron un ataque
concentrado por tres sectores a la vez: norte, sur y este.
«El plan de ataque -describió más tarde Dibenko, excomisario bolchevique de la flota, y más tarde dictador de
Kronstadt- fue elaborado en sus detalles más minuciosos
según las directivas del comandante en jefe, Tujachevsky
y del estado mayor del ejército del sur. Al llegar la noche
se inició el ataque a los fuertes. Los blancos sudarios y el
valor de los kursanty nos dieron la posibilidad de avanzar
en columnas.»
La mañana del 17 habían sido tomados ya varios fuertes. Por la puerta de Petrogrado, el punto más débil de
Kronstadt; los bolcheviques forzaron su entrada en la ciudad; entonces comenzó la masacre brutal. Los comunistas, cuyas vidas habían sido salvadas por los marinos, los
traicionaban ahora, atacándolos por la espalda. El comisario de la flota del Báltico, Kuzmin, y el presidente del Soviet
de Kronstadt, Vasiliev, libertados de la prisión por los comunistas, se lanzaron al combate fratricida. La lucha desesperada de los marinos y soldados de Kronstadt continuó hasta avanzada la noche contra fuerzas de una superioridad aplastante. La ciudad, que durante quince días no
había hecho mal alguno a los comunistas, estaba inundada ahora por la sangre de hombres, mujeres y niños de
Nombrado comisario de Kronstadt, Dibenko fue investido con plenos poderes para «limpiar la ciudad rebelde».
Siguió una orgía de venganza, y la Checa contaba las
numerosas víctimas de sus ejecuciones nocturnas en
El 18 de marzo, el gobierno bolchevique y el partido
comunista festejaban públicamente la Comuna de París
de 1871, ahogada en, la sangre de los obreros franceses
por Gallifet y Thiers. Celebraron al mismo tiempo la victoria de Kronstadt.
Durante las semanas que siguieron, las prisiones de
Petrogrado estuvieron repletas de centenares de prisioneros de Kronstadt. Cada noche, pequeños grupos de estos
prisioneros eran sacados por orden de la Checa y fusilados; entre ellos, Perepelkin, miembro del Comité revolucionario provisional de Kronstadt.
En las prisiones y campos de concentración de la región
glacial de Arkangelsk y en los desiertos del lejano Turquestán, mueren lentamente hombres de Kronstadt que
se levantaron contra la burocracia bolchevique y proclamaron, en marzo de 1921, la consigna de la revolución de
noviembre de 1917: «¡Todo el poder a los Soviets!»
Dándose bien cuenta del carácter general de los bolcheviques, Kronstadt, no obstante, creía en la posibilidad
de una solución amistosa. Creía que el gobierno comunista entraría en razón; le prestaba un cierto espíritu de justicia y de libertad.
La experiencia de Kronstadt prueba una vez más que
Gobierno o Estado -cualesquiera que sea su nombre y
forma- es siempre el enemigo mortal de la libertad y de la
independencia del pueblo.
El Estado no tiene ni alma ni principios. No tiene más
que un objetivo: asegurarse el poder y conservarlo a todo
precio. Esta es la lección política de Kronstadt.
Otra lección, una lección estratégica, nos ha sido dada
por esta rebelión.
El éxito de una revuelta depende de su determinación,
de su energía y de su fuerza agresiva. Los insurrectos
tienen siempre la simpatía de las masas. Esta simpatía se
acelera con la ola creciente de la insurrección. El apaciguamiento no debe permitirse jamás; no debe nunca debilitarse por una vuelta a la monotonía normal.
Por otro lado, toda revolución tiene en contra el aparato
omnipotente del Estado. El gobierno puede concentrar
fácilmente en sus manos las fuentes de aprovisionamiento
y los medios de comunicación. No hay que permitir al gobierno que haga uso de sus poderes. La rebelión debe ser
vigorosa, sus golpes deben ser dirigidos de improviso y
resueltamente. No debe quedar localizada; ello significaría
un estancamiento. Debe propagarse y desarrollarse. Una
rebelión que queda localizada, que emplea la política de la
espera o que se coloca a la defensiva, está inevitablemente condenada a la derrota.
Sobre todo, en esto Kronstadt repitió los errores estratégicos fatales de los comunistas de París. Estos últimos
no quisieron seguir la opinión de los que proponían un
ataque inmediato a Versalles, cuando el gobierno de
Thiers estaba desorganizado. No extendieron la revolución
a todo el país. Ni los obreros de París, en 1871, ni los
marineros de Kronstadt, tenían por objeto la abolición del
gobierno. Los comunalistas no querían, en suma, más que
ciertas libertades republicanas, y cuando el gobierno intentó desarmarlos expulsaron a los ministros de Thiers de
París, establecieron sus libertades se prepararon a defenderlas y nada más. Kronstadt exigió sólo elecciones libres
a los Soviets. Habiendo arrestado a varios comunistas, los
marineros se dispusieron a defenderse contra el ataque.
Kronstadt rehusó seguir la opinión de los peritos militares
d apoderarse inmediatamente de Oranienbaum. Este fuerte era de la mayor importancia militar y tenía además
50.000 puds6 de harina perteneciente a Kronstadt. La toma de Oranienbaum era fácil, dado que los bolcheviques,
sorprendidos, no tenían tiempo de enviar refuerzos. Pero
los marinos rehusaron tomar la ofensiva; así se perdió el
momento psicológico. Algunos días después, cuando las
declaraciones y los actos del gobierno bolchevique debieron convencer a Kronstadt de que era arrastrada a una
lucha a vida o muerte, era demasiado tarde para corregir
el error7. Lo mismo pasó en 1871. Cuando la lógica de la
El pud es igual a 16'4 kilos.
La negativa a apoderarse de Oranienbaum dió al gobierno la posibilidad de re!orzar la fortaleza con sus regimientos fieles, de eliminar las partes «infectadas» de la
guarnición y de fusilar a los jefes de la escuadra aérea que
iban justamente a unirse a los rebeldes de Kronstadt. Más
lucha a que fueron llevados demostró a los comunalistas
la necesidad de abolir el régimen de Thiers, no sólo en
París sino en toda la extensión del país, era ya demasiado
tarde. En París, como en Kronstadt, la tendencia hacia la
táctica pasiva y defensiva fue fatal.
Kronstadt cayó. El movimiento de Kronstadt por los
Soviets libres fue ahogado en sangre, en el mismo momento que el gobierno bolchevique hacía concesiones a
los capitalistas europeos, firmaba la paz de Riga, gracias a
la cual una población de doce millones fue arrojada a merced de Polonia y ayudaba al imperialismo turco a estrangular las repúblicas del Cáucaso.
Pero el «triunfo» de los bolcheviques en Kronstadt llevaba en sus entrañas la derrota del bolcheviquismo. Expuso el carácter verdadero de la dictadura comunista. Los
comunistas mostraron que estaban dispuestos a sacrificar
el comunismo, a sellar cualquier compromiso con el capitalismo internacional; y por tanto rehusaron las justas peticiones de su propio pueblo, peticiones que repetían las
consignas de 1917, lanzadas por los bolcheviques mismos: Soviets elegidos por el voto directo y secreto, según
la constitución de la R. S. F. S. R.; y la libertad de palabra
y de prensa para los partidos revolucionarios.
El segundo congreso panruso del partido comunista se
reunía en Moscú en el momento de la rebelión de Kronstadt. En ese congreso, toda la política económica bolchevique cambió de color debido a los acontecimientos de
Kronstadt y a la actitud amenazante de las masas trabajadoras de las distintas partes de Rusia y de Siberia. Los
bolcheviques han preferido liquidar su política fundamental, abolir la requisa obligatoria, introducir la libertad de
comercio, hacer concesiones a los capitalistas y deshacerse del comunismo -del comunismo por el cual fue proclamada la revolución
tarde, los bolcheviques hicieron uso de la fortaleza como
de un punto ventajoso de ataque contra Kronstadt.
Entre los fusilados en Oranienbaum se enconiraban: Kolosov, jefe de la división de los aviadores de la flota roja y
presidente del Comité revolucionario provisional que acababa de organizarse en Oranienbaum; Balabanov, secretario de ese Comité; Romanov, Vladimirov, etc.
de noviembre, por el cual se derramaron mares de sangre
y por el cual fue llevada Rusia a la ruina y a la desesperación- antes que permitir la elección de los Soviets libres.
¿Hay alguno, en la hora actual, que pueda dudar de las
intenciones reales de los bolcheviques? ¿Han perseguido
el ideal comunista o el ideal estatista?
Kronstadt es de una gran importancia histórica. Tocó la
campana fúnebre del bolcheviquismo con su dictadura de
partido, su centralización insensata, su terrorismo chequista y sus castas burocráticas. Desencantó al mismo tiempo
a los espíritus inteligentes y honrados de Europa y de
América, y los obligó a examinar las teorías y los hechos
bolcheviques. Deshizo el mito bolchevique del Estado
comunista «como gobierno de los obreros y campesinos».
Demostró que la dictadura del partido comunista y la revolución rusa eran dos fenómenos opuestos, contradictorios,
que se excluían recíprocamente. Demostró que el régimen
bolchevique es una tiranía y una reacción implacables, y
que el Estado comunista es la contrarrevolución más poderosa y peligrosa.
Kronstadt cayó. Pero cayó victorioso en su idealismo y
su fuerza moral, en su generosidad y su humanidad superiores. Kronstadt estaba orgulloso. Estaba orgulloso con
razón de no haber derramado la sangre de sus enemigos,
los comunistas que se encontraban en su seno. Los marinos ineducados e incultos, toscos en sus modales y en su
lenguaje, eran demasiado nobles para seguir el ejemplo
bolchevique de la venganza: no fusilaron ni a los odiosos
comisarios. Kronstadt encarna el espíritu generoso y clemente del alma eslava y del movimiento emancipador
secular de Rusia.
Kronstadt fue la primera tentativa popular y enteramente
independiente para libertarse del yugo del socialismo de
Estado, una tentativa hecha directamente por el pueblo,
por los obreros, soldados y marinos mismos. Era el primer
paso hacia la tercera revolución, que es inevitable y que,
así lo esperamos, llevará a la desdichada Rusia la libertad
permanente y la paz.
Los anarquistas y los soviets, Barcelona, 1977, 125 págs.
Anweiler, Oskar, Los soviets en Rusia, 1905-1921, Madrid,
1975, 333 págs.
Avrich, Paul, Kronstadt 1921, Buenos Aires, 1973, 249 págs.
Documentos de la revolución mundial: II. Kronstadt, Madrid,
1971, 255 págs. (En nota 1 de la introducción, págs. 23 y siguientes, se incluye una bibliografía comentada muy interesante)
Mett, Ida, La Commune de Kronstadt: Crepuscule sanglant des
Soviets, París, 1949
Skirda, Alexandre, Kronstadt 1921. Proletariat contre bolchévisme, París, 1971
Yarchuck, E., Cronstadt. Su significación en la revolución rusa,
Barcelona, s.a., 172 págs.
Volin, La revolución desconocida, Madrid, 1977, 2 volúmenes.
A. Ciliga L’insurrection de Kronstadt et la destinée de la Révolution russe. (Révolution Prolétarienne, nº278, 10 sept. 1938)
LA REVOLUCIÃ N RUSA: 1917 Sistema zarista
Revolución de Octubre • Sistema Zarista • Revolución febrero • Historia contemporánea • Stalinismo
Revolución Rusa UN GIGANTE CON PIES DE BARRO
Paz de Brest Litovsk • Historia universal • Caída del Zarismo • Nacimiento de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas)
Obreros • Reivindicación • Países • Desfines • Jornada laboral • Fecha
Kairos – HISTORIA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO: La Segunda
Â¿QuÃ© efectos tuvo la revoluciÃ³n Rusa?
URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) • Consecuencias • Gobierno bolchevique • Decreto de Paz
Historia universal • Crecimiento urbano • Comercio local • Industrialización • Innovaciones tecnológicas
Influencias de potencias mundiales • Historia colombiana siglo XX • Intereses políticos, sociales, políticos • Guerrillas • Conflictos

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