Source: http://www.slideshare.net/BBVAResearch/wp-1333
Timestamp: 2016-09-27 17:15:45+00:00

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Tras la crisis financiera internacional, el sistema bancario español tendrá que afrontar un nuevo
entorno, en el que las condiciones no serán tan benignas como lo eran antes de la crisis ni tan extremas como lo son en la actualidad. En este artículo se pasa revista a las principales tendencias que afectarán al panorama del sistema financiero español, que será más pequeño y
estará más concentrado, pero afrontará una mayor competencia por la integración europea.
Previsiblemente, la banca se hará más minorista, y proliferarán los servicios de banca de inversión en entidades que no serán bancos. Los bancos, tradicionalmente muy regulados, lo estarán aún más, y afrontarán un entorno de rentabilidad más exigente, con más dispersión entre entidades. Entre los riesgos de la banca del futuro estarán las pérdidas de eficiencia y las amenazas a la competencia que puede generar el que parte del sistema siga en manos públicas. En una mejor situación estarán los bancos internacionales, y aquellos que sepan aprovechar las enormes de ganancias de eficiencia que la tecnología brinda.
Documento de Trabajo Nº 13/33
Tendencias a medio plazo en la
13/33 Documento de Trabajo
Santiago Fernández de Lis y Ana Rubio.
entorno, en el que las condiciones no serán tan benignas como lo eran antes de la crisis ni tan
extremas como lo son en la actualidad. En este artículo se pasa revista a las principales
tendencias que afectarán al panorama del sistema financiero español, que será más pequeño y
Previsiblemente, la banca se hará más minorista, y proliferarán los servicios de banca de
inversión en entidades que no serán bancos. Los bancos, tradicionalmente muy regulados, lo
estarán aún más, y afrontarán un entorno de rentabilidad más exigente, con más dispersión
entre entidades. Entre los riesgos de la banca del futuro estarán las pérdidas de eficiencia y las
amenazas a la competencia que puede generar el que parte del sistema siga en manos
públicas. En una mejor situación estarán los bancos internacionales, y aquellos que sepan
aprovechar las enormes de ganancias de eficiencia que la tecnología brinda.
Palabras clave: Sistema financiero, unión bancaria, consolidación, rentabilidad, tecnología.
JEL: F330, F340, F360, G180, G210.
Seis años después del estallido de la crisis financiera internacional, allá por el verano de 2007,
una vez que las principales economías parecen estar encarando gradualmente la senda de la
recuperación y que la reestructuración de los sistemas financieros está en marcha cabe
preguntarse: Y ahora ¿qué? ¿Cómo operará el sistema financiero en los próximos años? ¿Cómo
debemos estar preparados para la banca que viene?
Parece claro que el “nuevo normal” no va a ser como era antes de la crisis, pues el entorno ha
cambiado de múltiples maneras. En primer lugar, la economía española no va a volver a
crecer a las elevadas tasas de principios de siglo sino más cerca de su crecimiento potencial,
que está en torno al 1,5-2% anual. Estos niveles son más coherentes con una economía
madura, que ha alcanzado un nivel de desarrollo considerable. En segundo lugar, los
mercados financieros no volverán a ofrecer una liquidez tan abundante y barata como en el
pasado, pues los agentes son ahora más conscientes de los riesgos que asumen. En tercer
lugar, también los agentes implicados variarán su comportamiento. Los reguladores y
supervisores incrementarán su presión sobre el sistema bancario, intentando evitar que se
repitan episodios como los de la reciente crisis. Los clientes tendrán un comportamiento más
en línea con un mercado maduro, donde los particulares no podrán seguir aumentando su
endeudamiento hipotecario a ritmos tan elevados, por haber alcanzado ya un nivel alto de
créditos, y donde las empresas optarán por vías de financiación alternativas, como la emisión
de deuda, como complemento al crédito bancario. En este contexto, los bancos
internacionales contarán con ventajas significativas. En cuarto lugar, todos los agentes tendrán
un cariz más europeo, desde los reguladores hasta los clientes, en el marco de la progresiva
integración que propiciará la unión bancaria. Por último, el avance tecnológico es imparable, y
ello cambiará radicalmente la manera en que las entidades financieras operan y se relacionan
con sus clientes. Por tanto, los próximos años nos deparan un entorno diferente para el
negocio bancario, donde las entidades que antes lo entiendan y se adapten tendrán una
En este artículo se intenta responder a la pregunta: ¿hacia dónde va la banca española? Para
ello, en las siguientes secciones se abordarán distintos aspectos, como el tamaño del sistema,
el foco minorista, la presión regulatoria y supervisora, la rentabilidad, la integración europea, la
posición de la banca internacional o el uso de las tecnologías. En la última sección se recogen
1. Un sistema más pequeño:
sobrecapacidad y concentración
En el futuro, el tamaño del sistema financiero español deberá ser menor, principalmente
porque también lo será el nuevo tamaño del mercado. En una economía que no crece tanto
como en el boom, donde los agentes ya han alcanzado un nivel de endeudamiento elevado, el
crecimiento de la banca en base a volumen ya no es una opción. Los agentes privados
españoles están entrando en una senda de desapalancamiento que debe continuar en los
próximos años, pues los niveles de deuda alcanzados son difícilmente sostenibles. En particular,
el que las empresas inmobiliarias y constructoras acaparen crédito vivo por el equivalente a
cerca del 25% del PIB incluso después de las transferencias a la Sareb es excesivo, dada la
reducida aportación futura del sector a la economía española. En 2012, el PIB sin construcción
hubiera crecido un +0,2%, frente al -1,4% que al final se registró. También es llamativo que el
endeudamiento para adquisición de vivienda siga siendo en España unos 20 puntos
porcentuales superior a la media de la zona euro en términos de PIB. Un sistema fiscal y una
regulación del alquiler que dejaba en mejor situación a la compra de vivienda y las políticas
comerciales activas de las entidades financieras para la concesión de hipotecas explican en
parte que la proporción de familias que viven en una vivienda de su propiedad sea cercana al
86% en España, frente al 43% de Alemania o al 57% de Francia y Holanda.
Crédito bancario al sector privado (%PIB)
Empresas Inmob.Const
Fuente: BCE, Banco de España y Eurostat
Por tanto, en el futuro no será necesaria la elevada capacidad instalada en el sistema financiero
español, tanto en términos de sucursales como de personal.
Sin embargo, para calcular el nivel óptimo de las redes, no basta con tomar como ejemplo la
capacidad instalada de otros sistemas financieros internacionales, pues los modelos de negocio
pueden ser muy diferentes. Por ejemplo, el sistema británico está basado en un número
reducido de oficinas, pero cada una de ellas dotadas de muchos empleados, mientras que en
España se ha optado por un modelo más atomizado, de pequeñas sucursales en pueblos (o
promociones inmobiliarias) con un número reducido de empleados. Cada uno de estos
sistemas tiene ventajas e inconvenientes, y deben adaptarse a la realidad de cada país
(población rural o más concentrada, frecuencia de operaciones realizadas en sucursal, peso de
banca minorista y mayorista, preferencia cultural por acudir frecuentemente a la oficina, etc.).
Capacidad instalada, 2011
Empleados/mil habitantes
Oficinas/mil habitantes
Fuente: BCE y FMI
Llama la atención la atomizada red de oficinas bancarias existente en España, con el máximo
ratio de oficinas por habitante de los países analizados. El grueso del crecimiento de las
oficinas se produjo en el periodo previo a la crisis, del año 2000 a 2008, y se concentró en el
sector de las cajas. La actividad de las cajas, tradicionalmente restringida por ley a ciertas
actividades y a sus regiones de origen se había liberalizado , y la fuerte competencia impulsó
la expansión de las redes por todo el territorio nacional. Frecuentemente, se instalaba una
oficina en cada promoción inmobiliaria en curso financiada por esa entidad, para conceder
hipotecas para la adquisición de las viviendas. Así, del año 2000 a 2008 el número de oficinas
de las cajas de ahorro aumentó en un 30%, mientras que el de bancos se redujo en un 1%.
Una evolución similar se observa en el caso de los empleados, con un aumento de los de las
cajas de un 33% frente a la caída del 6% de los de los bancos. Al final, a pesar de que bancos
y cajas se repartían la cuota de mercado al 50%, las cajas tenían una mayor proporción tanto
de oficinas (62% del total) como de empleados (54%).
A partir del estallido de la crisis todas las entidades han ido reduciendo sus redes, aunque las
caídas sólo se han acelerado en los últimos trimestres (gráficos 5 y 6).
Oficinas de bancos y cajas españoles
Empleados de bancos y cajas españoles
¿Cómo definir el tamaño óptimo de las redes? Una alternativa sería estimar el tamaño que
maximice la eficiencia. Añadir una oficina más está justificado si lo que aporta a la entidad es
más que el coste que supone.
Para estimar la eficiencia estricta se ha tomado el ratio de costes de explotación sobre margen
básico de cada entidad, estando el ratio promedio del sistema alrededor del 60%. Si todas las
entidades con ratios de eficiencia peores (más altos), redujeran sus redes hasta alcanzar esta
cifra, se llegaría a los niveles de equilibrio mostrados en los gráficos siguientes.
1: El Real Decreto 2290/1977, de 27 de agosto, permitió a las cajas realizar las mismas operaciones que la banca, como el descue nto
de efectos comerciales y el comercio exterior. En 1979, la Orden Ministerial de 20 de diciembre amplía el ámbito de las cajas a la
región y autoriza a las cajas de mayor tamaño a abrir hasta 12 oficinas entre Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza y Bilbao. En 1989
se liberalizó completamente la apertura de oficinas.
Oficinas de bancos, cajas
y cooperativas españolas
Empleados de bancos, cajas
Tras Planes Reestructuración
Fuente: BBVA Research a partir de Banco de España e informes
Para alcanzar estos niveles, una parte significativa del ajuste atañe a las entidades sujetas a un
plan de reestructuración por haber recibido capital público proveniente del Mecanismo
Europeo de Estabilidad (MEDE). Los planes aprobados por Bruselas imponen caídas en 20122017 del número de oficinas (-57% para el grupo 1 en media y -39% para el grupo 2) y de
empleados (-53% para el grupo 1 y -38% para el grupo 2). Con estas caídas, las oficinas y los
empleados quedarían cerca del equilibrio, aunque, haría falta un ajuste adicional,
especialmente por parte de aquellas entidades que tienen más presión para introducir
ganancias de eficiencia.
En este análisis no se ha mencionado el número de entidades, porque no tiene una
importancia determinante para la sobrecapacidad. El tamaño de las redes debe adaptarse al
tamaño del mercado, pero el tamaño de una misma red será el mismo independientemente
de que la gestionen diez o quince entidades. Sí es cierto que durante la crisis se ha reducido
de manera importante el número de actores en el sistema financiero español, aunque sus
redes no se han reducido en la misma proporción.
España (-57%)
Entidades de crédito (izq)
UE (-5%)
Bancos (dcha)
Cajas (dcha)
EEUU (-16%)
Cooperativas (dcha)
Fuente: Banco de España, BCE y FDIC
No es evidente que la reducción en el número de entidades reduzca la competencia, a menos
que se traspasen ciertos umbrales de los que el sistema financiero español está lejos. En otras
palabras, pasar de 60 a 10 bancos no tiene por qué disminuir la competencia. Pero, además,
existen otros factores que posiblemente van más que a contrarrestar esta tendencia a la
concentración aumentando las presiones competitivas, como la mayor transparencia, un
cliente más exigente y más consciente de los riesgos y, sobre todo, la unión bancaria europea,
que propiciará que los consumidores tengan acceso a un conjunto de entidades bancarias
mucho más amplio. En el medio plazo la unión bancaria conducirá a un mercado financiero
realmente europeo, con entidades transfronterizas que competirán en el segmento minorista
en varios países, aumentando de manera significativa la oferta y la capacidad de elección de
los consumidores. Para que esto ocurra sin cortapisas, serían necesarios cambios regulatorios
en Europa, de forma que se cumple realmente el objetivo de la licencia bancaria única y las
entidades puedan operar libremente en todo el mercado único europeo. Las entidades más
eficientes y más adaptadas a los cambios serán las triunfadoras en el nuevo paradigma.
2. Un sistema más minorista: back to
La crisis financiera internacional que azota al mundo desde 2007 nos ha dejado lecciones
importantes, como el riesgo ligado a ciertas actividades de banca mayorista. En el origen de la
crisis estuvieron las hipotecas subprime, un producto minorista. Sin embargo, la utilización de
este producto por la banca mayorista, que los titulizaba y vendía para transferir el riesgo a
otros agentes (dentro del modelo llamado “originar para distribuir”), dio incentivos para que las
prácticas de concesión no fueran adecuadas. Los mercados financieros internacionales fueron
por tanto la vía por la que el riesgo se distribuyó hacia un gran número de países, afectando a
todo tipo de entidades. Es cierto que tanto algunos bancos exclusivamente mayoristas como
otros minoristas se vieron afectados, pero la correa de transmisión fue mayorista. En cualquier
caso, el apalancamiento excesivo y la dependencia de la financiación mayorista a corto plazo
demostraron ser una combinación negativa. En el caso de España, las súbitas dificultades en la
renovación de la financiación mayorista asociadas a la crisis de la Eurozona aumentaron la
incertidumbre, y el mayor escrutinio por los mercados sacó a la luz los desequilibrios de las
carteras minoristas de los bancos.
La primera reacción de las entidades financieras a la crisis fue la de reducir sus posiciones
mayoristas, vendiendo todos los productos potencialmente relacionados con el subprime. De
hecho, los controles de los supervisores sobre el riesgo de mercado se incrementaron, y éste
ganó importancia dentro de los test de estrés que se hicieron a las entidades. Además, ante la
constatación de que la financiación mayorista puede reducirse súbitamente (como demostró el
caso de Northern Rock), aumentó la importancia de los depósitos minoristas, y las autoridades
europeas exigieron ratios máximos de crédito sobre depósitos a las entidades de países
Actualmente, la diferencia entre el crédito a la clientela y los depósitos a la clientela en los
grandes bancos europeos asciende a unos tres millones de millones de euros, mientras que en
los Estados Unidos la diferencia es negativa, alcanzando los 1,8 millones de millones de euros
(Le Leslé, 2012). En Europa existe una gran dispersión en cuanto al modelo de banca. En
países como Grecia, España o Portugal la banca es principalmente minorista, como queda
reflejado en la gran proporción de su pasivo dedicado a los préstamos al sector privado (otros
sectores residentes, OSR) o la de sus pasivos que corresponden a depósitos de los mismos
agentes. En cambio, en otros países como Irlanda o Francia el modelo es más mayorista,
como se refleja en la baja proporción de depósitos o créditos al sector privado en su balance.
A su vez, esto se traduce en que los activos ponderados por riesgo supongan una mayor
proporción del total de activos de las entidades, dado que las metodologías actuales suelen
imponer unos mayores pesos de riesgo a las actividades minoristas, si bien algunos desarrollos
recientes en el mundo regulatorio cuestionan este sesgo (véase Basel Committee on Banking
Supervision, 2013). En un futuro, los sistemas más minoristas, como el español, serán los
grandes beneficiados de los cambios que ha desencadenado la crisis.
Activos ponderados por riesgo como
porcentaje de activos (promedio, mar-13)
Préstamos OSR UEM/Activo
Fuente: BBVA Research a partir de BCE
Depósitos OSR UEM/Pasivo
Peso de las actividades minoristas, jul-13
Entidades: BARCL, BBVA, BNPP, CASA, CMZ, CS, DB, ISP,
HSBC, LBG, RBS, SAN, SG, UCI y UBS.
Fuente: BBVA Research a partir de informes de las entidades
La reacción regulatoria no se ha hecho esperar . Por una parte, una línea de opinión aboga
por la separación total de las actividades mayoristas y minoristas (véase Volcker 2010, Vickers
2011). Sin embargo, estas medidas podrían tener un coste muy elevado, especialmente al ser
impuestas a entidades internacionales y sistémicas (Viñals et al, 2013). Además, las actividades
mayoristas y minoristas necesitan las unas de las otras, por ejemplo siendo las primeras
proveedoras de coberturas para las segundas. Por otro lado, en la medida en que el marco de
resolución de bancos descansa de manera creciente en la absorción de pérdidas por los
acreedores (el llamado “bail in”), tal como se señala en la sección 3, es necesario mantener una
estructura de pasivo equilibrada entre depósitos y deuda senior, especialmente si se quiere
establecer la prelación de aquellos sobre ésta, y eso aconseja un equilibrio entre banca
mayorista y minorista. Por último, la separación no limita los riesgos sistémicos de contagio
entre ambos modelos de negocio.
En Europa existe también un debate sobre la conveniencia de establecer una separación entre
la banca minorista y la banca de inversión, a partir del informe del Grupo Liikanen (2012).
Francia y Alemania han adoptado versiones suaves de esta normativa, que no está claro si se
extenderá al ámbito europeo.
Otra línea de actuación ha introducido requisitos más estrictos sobre las actividades de banca
de inversión, afectando negativamente a su rentabilidad. La normativa de capital vigente en la
actualidad, Basilea 2.5, cambió en los compases iniciales de la crisis en este sentido,
penalizando así el modelo de transferencia total del riesgo vía titulizaciones u “originar para
distribuir”. Así, se obliga a que el originador retenga el 5% de lo titulizado, para que alinee sus
intereses con los de los inversores; y a que el inversor realice una due dilligence, lo que eleva
los costes. En caso contrario, establece penalizaciones en capital. Además, se duplicaron las
ponderaciones de riesgo de las retitulizaciones, y los requerimientos de capital de las
titulizaciones de la cartera de negociación se elevaron hasta igualarse con los del banking book.
Adicionalmente, en la normativa de Basilea III recientemente aprobada y aún no en vigor, se
han suavizado los requisitos para las exposiciones minoristas, lo que beneficia a este modelo
de negocio. Además, se introduce un ratio de apalancamiento de capital sobre exposición del
3%, que perjudica especialmente a la banca de inversión, tradicionalmente más apalancada.
2: Para más información sobre regulación, véase la sección 3 de este documento.
Otras regulaciones, como la Directiva sobre Mercados de Instrumentos Financieros (MiFID),
aunque anterior al estallido de la crisis, también intentan regular las actividades mayoristas. Su
objetivo es proteger a los inversores fomentando la equidad, la transparencia, la eficacia y la
integración de los mercados financieros, y su cumplimiento supondrá un coste importante
para los agentes del mercado mayorista.
En definitiva, en el medio plazo la banca será más minorista, bien sea a iniciativa de las
entidades o como resultado de la nueva regulación en vigor. Los modelos de negocio basados
en combinar la captación de depósitos con esquemas sofisticados de banca de inversión
tendrán dificultades crecientes para operar, bien porque la regulación pondrá trabas mayores,
bien porque las propias entidades, en su política de gestión de riesgos, tenderán a
especializarse. Las que se dediquen al negocio mayorista exclusivamente lo harán con
modelos de negocio no basados en la captación de depósitos. La confianza de miles de
depositantes cobrará una mayor importancia, y el modelo de negocio bancario de éxito será
más sencillo, más transparente y menos volátil.
3. Un sistema
La crisis financiera ha puesto de relieve profundas deficiencias en la regulación financiera, que
está sometida a una revisión en profundidad. Al ser la banca un negocio global, esta revisión
se está realizando bajo las directrices del G-20 y de su brazo técnico, el Consejo de Estabilidad
Financiera, con sede en Basilea, tradicional fuente de la regulación bancaria.
Los objetivos de la reforma son, por un lado, reducir la probabilidad de crisis, aumentando la
seguridad y solvencia de los bancos y mitigando el contagio entre entidades y el riesgo
sistémico y, por otro lado, en el caso de que – a pesar de lo anterior – se produzca una crisis,
minimizar el coste para el contribuyente. Para ello, se han puesto en marcha una serie de
Basilea III persigue reforzar la cantidad y calidad del capital, de manera que exista una
mayor capacidad de absorción de pérdidas en caso de crisis. Adicionalmente, se aumenta
la sensibilidad al riesgo de ciertas operaciones, se establece un ratio de apalancamiento
máximo para limitar el “ahorro” de consumo de capital mediante modelos internos y se
fijan ratios de liquidez mínimos tanto por el lado del activo (Liquidity Coverage Ratio, LCR)
como por el lado de la financiación (Net Stable Funding Ratio, NSFR).
Se establece un marco específico para las entidades sistémicas (Systemically Important
Financial Institutions, SIFIs), a través de un recargo de capital, una supervisión más
exigente y un marco de resolución que permita su caída ordenada y sin efectos
sistémicos, a lo que contribuirán los Planes de Recuperación y de Resolución.
Se encarece sensiblemente la creación y negociación descentralizada de los productos
derivados OTC, incentivando su contratación en mercados organizados a través de
Cámaras Centrales de Contrapartida.
Se intenta regular el llamado “sistema bancario en la sombra”, integrado por entidades que
ofrecen servicios de intermediación financiera en mayor o menor medida asimilables a los
de los bancos, pero que soportan una regulación más laxa.
Se refuerzan los mecanismos de supervisión de la actividad bancaria, de manera que la
estabilidad financiera no dependa solo de una regulación más o menos estricta sino de
mecanismos efectivos para asegurar su cumplimiento.
Se desarrollan las políticas “macroprudenciales”, entendidas como aquellas que se
encuentran en la frontera entre las políticas macro y las prudenciales, incluyendo aspectos
como las conexiones entre la política monetaria y la supervisión bancaria, la prevención de
burbujas en el precio de los activos, las herramientas para atenuar la prociclicidad del
crédito (como el colchón de capital anticíclico) y en general cualquier uso de instrumentos
prudenciales con fines de prevención de crisis sistémicas.
Se introducen medidas para regular de manera más eficaz las agencias de rating, ya que
de ellas depende en buena medida un funcionamiento correcto de la llamada disciplina de
mercado. El avance en este campo ha sido hasta ahora escaso.
Se refuerzan las herramientas de gestión de crisis bancarias, de manera dejen de ser
eventos traumáticos ante los que las autoridades apenas disponen de herramientas, más
allá del uso masivo de fondos públicos. En concreto, está en proceso en muchos países la
reforma de la resolución bancaria, de manera que la caída de una entidad, incluso de
tamaño grande, no arrastre el resto del sistema. Para ello, se establece el principio de que,
después de los accionistas, deben ser los acreedores bancarios, y no los contribuyentes,
los que soporten el coste de las crisis (bail in).
Están en discusión (como se ha señalado en el punto 2) las llamadas reformas
estructurales, consistentes en la prohibición de ciertas actividades arriesgadas a los bancos
que captan depósitos, o la separación entre la banca minorista y de inversión, todo ello
con el objetivo de evitar que la parte del sistema bancario que se beneficia del
aseguramiento de los depósitos asuma riesgos excesivos.
Por último, algunas reformas adoptadas o propuestas establecen impuestos sobre la
intermediación financiera que, aunque en general no tienen objetivos de estabilidad
financiera, sino más bien recaudatorios, tienen un posible efecto de encarecimiento de la
intermediación que conviene mencionar.
La lista anterior no es exhaustiva. Muchas de las medidas mencionadas tienden a solaparse, y
su impacto acumulado es imposible de estimar. Además, su aplicación no está siendo
uniforme por geografías: aunque inicialmente se hizo un esfuerzo de coordinación notable en
el G-20, las distintas condiciones iniciales, el diferente coste público de las ayudas y ritmo de
salida de la crisis y los diversos contextos de política económica están generando profundas
diferencias en la naturaleza y ritmo de las reformas.
En un sector tan globalizado como el financiero esta ampliación de las diferencias regulatorias,
junto con el retraimiento de los mercados financieros al interior de las fronteras nacionales,
está provocando una fragmentación de los mercados financieros que amenaza con revertir las
ganancias de eficiencia y de diversificación de riesgos de las décadas anteriores. Los sistemas
financieros se han re-nacionalizado, con las consiguientes distorsiones para el uso eficiente del
capital. El efecto de esta fragmentación ha sido especialmente distorsionador en Europa, como
se señala en el punto 5.
Una menor armonización internacional de la regulación puede inducir una reversión de la
globalización financiera, con potenciales costes en términos de una menor eficiencia en el uso
internacional del capital. Aunque la globalización financiera ha traído consigo excesos que es
preciso corregir, no debe olvidarse que ha permitido a las economías con necesidades de
capital tener acceso a un pool de ahorro mucho más amplio, y a las economías excedentarias
poder diversificar y optimizar sus inversiones. Uno de los equilibrios importantes de las
actuales reformas consiste en corregir los excesos sin pagar un precio excesivo en términos de
4. Un sistema a la búsqueda de la
La rentabilidad del negocio bancario se reducirá en media en los países desarrollados, entre
ellos España, y no de forma cíclica, sino estructural. Varias son las razones que apuntan en
En primer lugar, en una sección anterior se afirmó que el modelo de negocio va a tender a ser
más minorista, y estas actividades son tradicionalmente menos rentables (y más estables) que
En segundo lugar, el activo ya no aportará tanto a las cuentas de las entidades como en el
pasado. Por una parte, y a más corto plazo, la capacidad de repricing de las entidades en un
entorno económico débil y con poca demanda de crédito será limitada. Por otra parte algunas
economías desarrolladas, como la española, estarán sumidas en un desapalancamiento del
sector privado durante un periodo de tiempo más prolongado, hasta que se alcance un nivel
de deuda más sostenible y más similar al de los países de su entorno. Por tanto, es difícil que
vuelvan los grandes crecimientos de los márgenes vía volúmenes, al menos en un horizonte
de medio plazo. Sólo las entidades más sólidas podrán mantener o aumentar sus cuotas de
mercado a precios adecuados.
Por otra parte, las nuevas normativas de estabilidad financiera traerán importantes beneficios a
largo plazo, como una menor probabilidad de crisis bancarias, unas menores pérdidas en
términos de PIB y una menor volatilidad. Sin embargo, como efecto colateral se asistirá a la
restricción del crédito a medio plazo, que será más escaso y más caro. Un mayor periodo
transitorio de la nueva normativa podría mitigar esta tendencia, pero la competencia entre los
reguladores y la presión de los mercados está induciendo un adelantamiento de los
calendarios de implementación de la reforma, de manera que ésta está resultado
indebidamente pro-cíclica, aumentando las dificultades para la salida de la crisis.
En tercer lugar, tampoco el pasivo ayudará a mantener una rentabilidad robusta. Ya se ha
comentado que los depósitos minoristas cobrarán una mayor importancia en la banca del
futuro, y por tanto aumentará la competencia en este segmento fomentando una mayor
remuneración. Además, en un marco de mayor transparencia los depositantes serán más
exigentes, y confiarán sus fondos en una mayor proporción a las entidades más robustas.
Otros tipos de pasivo, como la deuda o el equity, se encarecerán. Los mercados financieros
no volverán a disponer de una liquidez tan abundante y barata como antes de la crisis, por lo
que aumentará el coste de las emisiones. Cuando se retiren las medidas excepcionales que
están abaratando la financiación mayorista, ésta será más cara que antes de la crisis en media,
aunque los mercados tendrán más información para diferenciar entre entidades y premiar a las
más sólidas. Adicionalmente, si los esquemas propuestos de bail in acaban aprobándose, la
preferencia de los depósitos (o al menos la de los minoristas) generará un encarecimiento de la
deuda, más expuesta a la absorción de pérdidas, especialmente en el caso de entidades más
vulnerables. Y ya se han comentado las diferentes regulaciones que pretenden restringir las
actividades mayoristas, por su mayor riesgo potencial.
Tampoco se reducirán otros costes, como las provisiones. De hecho, las regulaciones
mundiales se están endureciendo, y obligan a la dotación de un mayor nivel de provisiones
para cubrir las pérdidas esperadas. A esto se suma en el corto plazo que la Autoridad Bancaria
Europea (EBA) está preparando una definición unificada de la mora, que previsible aumentará
los ratios de mora de las entidades europeas y desencadenará un aumento de las provisiones.
En este sentido, la normativa de capital también se está haciendo más estricta. La futura
llegada de Basilea III impondrá requisitos adicionales que erosionarán la rentabilidad de las
entidades. Además, esta regulación incorpora la necesidad de mantener buffers adicionales de
capital, cuya calidad deberá también aumentar. La obtención de capital también será más cara,
especialmente para las entidades consideradas menos solventes, dada la mayor transparencia
y la necesidad de ganar la confianza de unos inversores mayoristas ahora más concienciados
por el riesgo. No se puede descartar que, dentro de la muy necesaria homogeneización de
definiciones que se está llevando a cabo (mora, ponderaciones de riesgo, tipos de capital…) se
opte por las opciones más estrictas de las que están actualmente en vigor en los distintos
Además, a las regulaciones de provisiones y capital se sumarán las de liquidez y protección al
consumidor. Así, atender a las nuevas regulaciones y adaptarse al nuevo esquema de
supervisión europeo tendrá unos costes para las entidades, algunos de los cuales tendrán un
impacto de una sola vez, pero otros previsiblemente se mantendrán durante las próximas
No se puede olvidar la tendencia a la desintermediación financiera, que permite a las empresas
obtener fondos crecientemente en los mercados internacionales sin necesidad de acudir a una
entidad tradicional, erosionando de nuevo la rentabilidad bancaria.
Por último, en el caso de las entidades españolas que recibieron inyecciones de capital público,
actualmente están sujetas a unos planes de reestructuración aprobados por Bruselas, que
limitan sus actividades y restringen su tamaño. Bajo estas restricciones, es difícil que mejore su
Así, la rentabilidad del sistema financiero español se resentirá en los próximos años. Medida
como la rentabilidad sobre el capital (Return on Equity o RoE), en el futuro será ligeramente
inferior en media a los niveles anteriores a la crisis, cuando se rondaba el 12%, y permanecerá
en la banda baja de los países desarrollados.
RoE (Bº antes de impuestos/Capital, %)
Fuente: BBVA Research en base a Banco de España y FMI
Sin embargo, esta menor rentabilidad promedio no significa que la de todas las entidades
tenga que reducirse. Previsiblemente, algunas de ellas se adaptarán mejor al nuevo entorno, y
potenciarán aquellas características que maximicen su rentabilidad, superando los niveles precrisis de RoE. En este contexto, la dispersión de la rentabilidad aumentará. Cuanto más
diversificada sea una entidad, más sostenible será su RoE, y esta mayor diversificación puede
entenderse en términos de geografías (países emergentes), sectores (el desapalancamiento en
la construcción debe ser compatible con el nuevo crédito para la demanda solvente) y
negocios (donde las nuevas tecnologías jugarán un papel fundamental).
5. Un sistema más integrado: unión
En ninguna parte ha sido la fragmentación financiera desencadenada por la crisis tan dañina
como en Europa, donde ha coincidido además con una grave crisis del euro, que ha sacudido
los cimientos de la moneda única. La aplicación en Europa de las líneas de reforma
mencionadas en el punto 3 se ha visto condicionada por la relevancia de asegurar que las
masivas ayudas públicas recibidas no pusieran en cuestión el marco de competencia del
mercado único de servicios financieros, en el que operan entidades que son aún, en buena
medida, nacionales.
La Comisión Europea ha desempeñado un papel importante en la resolución de las crisis
bancarias en Europa, al igual que el Banco Central Europeo en su tarea de provisión de
liquidez. Pero la crisis condujo a un círculo vicioso entre riesgo bancario y soberano que exige
ir más allá para garantizar un terreno de juego equilibrado entre las entidades financieras de
los países de la Eurozona, lo que explica el proyecto de unión bancaria.
En efecto, la fase peor de la crisis del euro ha quedado afortunadamente atrás, pero su
solución definitiva depende en parte de los avances hacia el objetivo de la unión bancaria. Éste
se asienta en cuatro pilares: una regulación bancaria plenamente armonizada, un supervisor
único, un marco común de resolución de crisis bancarias y un mecanismo único de
aseguramiento de depósitos.
La regulación armonizada se ha conseguido en gran medida a través de la Directiva de
Requisitos de Capital, CRD-4; la supervisión única será efectiva, en principio, en octubre de
2014, cuando se ponga en marcha en el BCE el Sistema de Supervisión Único (SSM); el marco
de resolución común viene dado en parte por la Directiva de Recuperación y Resolución de
bancos, actualmente en discusión en el Parlamento y en el Consejo Europeo – y de aplicación
para el conjunto de la UE— y en parte por el Mecanismo de Resolución Único (Single
Resolution Mechanism o SRM), pendiente de discusión, y de aplicación sólo en el Eurosistema
(más aquellos países que se adhieran libremente al SSM); y el Fondo de Garantía de Depósitos
único será un último eslabón que vendrá a poner su colofón cuando todos los demás pilares
estén operativos y se haya establecido sin lugar a dudas que están solucionados los problemas
heredados en los sistemas bancarios nacionales.
El sistema bancario español se verá, sin duda, profundamente afectado por todos estos
cambios ligados a la unión bancaria europea. El cambio más inminente es el establecimiento
de un supervisor único europeo, que traerá consigo una nueva cultura supervisora. Se
desconocen los detalles de cómo funcionará el BCE como nuevo supervisor europeo, pero
cabe hacer algunas conjeturas:
La responsabilidad final recaerá en el BCE, aunque las autoridades nacionales (en nuestro
caso el Banco de España) continuarán desempeñando un papel importante. Es lógico que
el BCE aproveche la experiencia técnica y la ventaja comparativa de los equipos
nacionales, pero eso no implica en absoluto que el BCE desempeñe un papel testimonial:
si es responsable último de las decisiones supervisoras, el BCE no puede comprometer su
reputación delegando indebidamente en las autoridades nacionales.
Es muy posible que el proceso de centralización de la supervisión sea gradual, de manera
que las autoridades nacionales jueguen un papel más importante en la fase inicial, dando
paso progresivamente a una supervisión más centralizada.
El BCE será un supervisor más distanciado de las entidades supervisadas, lo que por un
lado aumenta su neutralidad frente a los supervisados, equilibrando el terreno de juego en
Europa, pero por otro lado refuerza la necesidad de diálogo para asegurar una adecuada
comprensión de los modelos de negocio.
La supervisión tendrá un menor componente “in situ”. Aunque el modelo que aplicará el
BCE está por determinar, el esquema de supervisión español está en el extremo más
intrusivo dentro del espectro de los países del Eurosistema, por lo que es razonable
esperar que la convergencia se produzca en un punto intermedio.
El BCE será un supervisor más orientado a procedimientos y menos a la normativa
contable. España es en este sentido una excepción, porque el Banco de España combina
las funciones de supervisor con las de autoridad contable. En otros países europeos estas
funciones están separadas, de manera que el supervisor se ocupa de asegurar la solvencia
bancaria y la autoridad contable es responsable de la transparencia de cara a los
inversores en los mercados financieros. El caso de la banca española es peculiar, puesto
que el supervisor tiene cierta capacidad de ajustar la normativa contable, como ponen de
relieve por ejemplo las provisiones dinámicas, que intentan cubrir las pérdidas esperadas.
En ese sentido, la tendencia internacional parece apuntar hacia una mayor cobertura vía
capital (por ejemplo mediante el buffer contracíclico) que vía provisiones, por lo que es
previsible que el modelo español converja hacia el vigente en otros países europeos.
La supervisión descansará en mayor medida en los auditores externos, cuyo papel se verá
reforzado por un uso más exigente de sus funciones por parte del supervisor.
El marco de resolución bancaria actualmente en discusión en Bruselas implicará también
cambios profundos en el sistema financiero europeo y por ende el español. La exigencia de
una absorción de pérdidas mínima por parte de los acreedores antes de que sea posible el uso
de los Fondos de Resolución, la preferencia de los depósitos frente a la deuda senior y el
carácter privado de los Fondos de Resolución actualmente en discusión en Bruselas, entre
otros aspectos, producirán cambios de gran calado en los sistemas bancarios europeos.
Aunque las discusiones continúan en Bruselas y hay importantes cuestiones abiertas, cabe
vislumbrar algunos impactos como resultado de esta nueva regulación:
La deuda senior se encarecerá para las entidades en media, y terminará siendo
subordinada, bien de manera estatutaria, bien contractual (o posiblemente ambas).
Se producirá un proceso de colateralización de los pasivos bancarios (“encumbrance”), por
el cual una parte creciente de la financiación será garantizada y por tanto preferente frente
a los acreedores no garantizados, incluyendo los depósitos. Queda por ver cómo se hará
compatible esta tendencia con la necesidad de establecer un marco creíble de “bail in”.
Los Fondos de Resolución privados establecerán incentivos para que los bancos
monitoricen el riesgo de sus pares, lo que reforzará la disciplina de mercado. Las
contribuciones a los Fondos de Garantía de Depósitos y Fondos de Resolución se
establecerán, posiblemente, en función del riesgo de las entidades, lo que redundará en
una mayor transparencia, pero también en una mayor sensibilidad al riesgo de los
depósitos y otros pasivos.
Si el esquema tiene éxito, habrá menos ayuda pública a los bancos (y en el límite
ninguna). Esto disminuirá o eliminará la ventaja de las entidades sistémicas (demasiado
grandes para caer), lo que se traducirá en una mayor competencia y eficiencia. Sin
embargo, estas entidades seguirán teniendo que cumplir con los mayores requisitos
derivados de ser sistémicas.
Conviene tener presente, no obstante, que el punto de partida es que entidades bancarias
que gestionan un 40% del total de activos de la Unión Europea están sometidas a algún
tipo de procedimiento de ayudas públicas por parte de la Comisión, lo que es una
situación sin precedentes y que presenta riesgos desde el punto de vista de la
competencia y la eficiencia del sistema financiero europeo. Es importante acelerar la vuelta
a manos privadas de las entidades intervenidas, para evitar ineficiencias.
La presión regulatoria sobre la banca generará incentivos para la financiación a través de
canales alternativos, como los mercados financieros y otros intermediarios no bancarios. Este
proceso tiene elementos positivos, porque tenderá a corregir la excesiva dependencia de los
bancos que tradicionalmente ha aquejado a las economías europeas. Pero tiene también
riesgos, en la medida en que sea el resultado de un mero proceso de arbitraje regulatorio, por
el que los flujos financieros tienden a desplazarse hacia los canales más opacos o regulados de
manera más deficiente (el llamado sistema bancario en la sombra).
Aunque los reguladores han incluido la regulación de este “sistema bancario en la sombra” en
su hoja de ruta, los avances han sido tímidos y desiguales, entre otros motivos porque resulta
fácil identificar estos segmentos “ex post”, pero mucho más difícil “ex ante”, que es lo que se
necesita para evitar la generación de burbujas o la acumulación de riesgo.
En los próximos años asistiremos a la proliferación de intermediaros financieros de diversa
naturaleza, que proporcionarán crédito, servicios de pagos u otras funciones de intermediación
financiera, algunas de las cuales aportarán valor a los clientes, en tanto que otras serán el
resultado de la búsqueda de canales al margen de una intermediación bancaria tradicional
hiper-regulada y que deberá soportar por ello costes considerables. Este nuevo ecosistema
financiero se verá además favorecido por una tecnología que, gracias a los avances en internet,
telefonía móvil y redes sociales, cambiará la manera en la que se realizan muchas relaciones
financieras, como se analiza en el epígrafe 7.
6. Los bancos internacionales
Las entidades que ya son internacionales o tienen intención de serlo, se encontrarán en los
próximos años con fuerzas de signo contrapuesto. Por un lado, el nacionalismo regulatorio y la
tendencia a la reversión de la globalización que se originaron en la crisis dificultan la actividad o
la instalación de entidades extranjeras en muchos países. Por otra parte, las dificultades
descritas de operar en los países desarrollados hacen más necesario para las entidades
expandirse por otras áreas geográficas para diversificar sus carteras y fomentar su rentabilidad.
Como se ha afirmado en los capítulos anteriores, la banca del siglo XXI afrontará una
rentabilidad más reducida en los países desarrollados, y en particular en España. En ese
contexto, las entidades que ya están instaladas en países emergentes cuentan con importantes
ventajas. Sin embargo, no todas las diversificaciones geográficas son iguales, y la crisis
financiera internacional nos acaba de proporcionar información sobre qué modelos de negocio
de expansión internacional han resultado ser más exitosos. Es interesante en este sentido
comparar lo ocurrido en la última crisis en los bancos extranjeros implantados en Europa del
este y en América Latina (Kamil y Rai, 2010).
En Europa del Este mayoritariamente se instalaron filiales o sucursales de bancos extranjeros
dependientes de su matriz en términos de liquidez (con liquidez centralizada). Las monedas de
estos países se depreciaron fuertemente desde el otoño de 2008 a resultas de la crisis. Como
gran parte de los créditos concedidos estaban en moneda extranjera, sobre todo euros (y en
menor proporción en dólares, yenes y francos suizos), su devolución se volvió muy costosa.
Cuando los mercados interbancarios se colapsaron, en el verano de 2007, estas entidades
empezaron a tener problemas de liquidez que se agravaron con las dificultades de liquidez de
la eurozona, dada su alta dependencia de la financiación de las matrices. Finalmente, en enero
de 2009 los bancos afectados, coordinados por el FMI, firmaron un acuerdo (la Iniciativa de
Viena) por el que se comprometieron a mantener su exposición a la deuda de la zona,
mediante una prolongación voluntaria de los plazos de vencimiento de las líneas de crédito.
Por tanto, este modelo mostró sus vulnerabilidades durante la crisis.
En América Latina se tuvo una mejor experiencia, pues se optó mayoritariamente por las
filiales descentralizadas. En primer lugar, este modelo facilita una mejor gestión del riesgo,
dado que el capital y la liquidez se manejan a nivel local, con más auto-gestión. En segundo
lugar, se muestra una mayor resistencia durante la crisis (Kamil y Rai, 2013) en parte dada su
orientación hacia el largo plazo, que sacrifica unos mayores beneficios en el corto plazo por
una estabilidad mayor. Además, el modelo de filiales mitiga el contagio de los riesgos
sistémicos y permite gestionar los problemas de las entidades locales de forma ordenada. Los
bancos españoles internacionales mayoritariamente tienen exposiciones en América Latina, y
éstas se vieron reforzadas durante la crisis a pesar de las dificultades en España (Seshadri y
Mühleisen, 2011).
¿En qué medida afecta la forma legal de los bancos extranjeros a su modelo de negocio? Las
fronteras entre filiales y sucursales habían tendido a diluirse en los últimos años: la banca
norteamericana, por ejemplo, se ha implantado en numerosos países a través del modelo de
sucursales, pero estableciendo barreras (“ring fencing”) sobre la responsabilidad de la matriz.
Algunos bancos se han expandido en Europa del Este bajo la forma legal de filiales, pero con
una dependencia muy estrecha respecto de la financiación de la casa matriz. Las diferencias
entre filiales y sucursales han tendido a difuminarse también como resultado de la crisis, en la
medida en que los supervisores de destino han tendido a extremar el control de las entidades
que operan en su territorio, incluso las que se encuentran bajo la forma de sucursales.
Pero a medio plazo será necesaria una coherencia entre la forma legal y el modelo de negocio.
El modelo de filiales descentralizadas es coherente con la banca minorista, que descansa en
depósitos en moneda local, con escaso apoyo intragrupo y supervisión del país de destino,
mientras que el modelo de sucursales centralizadas es más coherente con la banca mayorista,
financiación al por mayor y apoyo intragrupo, supervisado por el país de origen. Los modelos
de sucursales con captación de depósitos y de filiales con fuerte financiación de la matriz son
difícilmente sostenibles a la luz de las tendencias regulatorias recientes.
¿Qué lecciones proporcionan estos modelos para la Unión Bancaria del futuro? Hacia dentro,
pocas. En una unión bancaria completa, no se puede olvidar que los bancos deberían tener un
marco de actuación equivalente a los que existen en los estados nacionales actualmente, pero
con un concepto de “nación” más amplio. La estabilidad financiera del área en su conjunto
deberá ser el objetivo fundamental, y las autoridades deberán asegurarse de que existe un
marco de competencia homogéneo que garantice el mercado único dentro de una unión
monetaria. En última instancia, un sistema de licencia bancaria única debería asegurar la
provisión de servicios financieros sin cortapisas desde cualquier país de la unión monetaria. En
definitiva, las ventajas del modelo descentralizado no son extensibles a la unión bancaria.
Hacia fuera, sí hay lecciones: en aras de contribución a la estabilidad financiera, el modelo
descentralizado parece ser el más eficiente para aquellas entidades de origen no europeo que
operen en Europa; y para aquellas entidades de la zona euro que operen en otras regiones
geográficas, aunque esto será matizable de acuerdo a cómo se asiente la nueva regulación,
especialmente en el terreno de la resolución bancaria.
El debate reciente sobre la resolución bancaria se ha centrado en las implicaciones de los
modelos centralizados o descentralizados. El Consejo de Estabilidad Financiera (Financial
Stability Borrad o FSB) define dos tipos de resolución para las entidades activas
internacionalmente con actividad cross-border: el punto múltiple de entrada (Multiple Point of
Entry, MPE) para modelos descentralizados y el punto único de entrada (Single Point of Entry,
SPE) para modelos centralizados. Las filiales descentralizadas serían por tanto más acordes con
un modelo MPE, donde la resolución de las diferentes partes del grupo se realizara donde
surgieran los problemas (en la matriz o la filial). En cambio, las sucursales centralizadas
deberían resolverse vía SPE, actuando desde la matriz. El modelo SPE requiere aplicar a las
filiales unos modelos de resolución armonizados y que exista un compromiso firme de
cooperación entre las autoridades de matriz y filial. Por otra parte, el MPE requiere la
separación operativa de las filiales frente a la matriz, acuerdos para que continúe la provisión
de servicios críticos al resto del grupo -- en caso de que se resuelva una parte -- y que no
existan apoyos intra-grupo.
7. Un sistema más tecnológico
En el contexto descrito más arriba las prioridades de las entidades financieras deberían ser tres.
En primer lugar la búsqueda de la eficiencia, donde la tecnología es un aliado fundamental.
Cualquier método para reducir los costes operativos y buscar canales de distribución más
eficientes supondrá un incremento de la productividad. En segundo lugar, es necesario buscar
el crecimiento, tanto en países como en sectores sólidos. Para gestionar las inversiones en el
extranjero o para conocer los sectores de futuro la tecnología es de nuevo imprescindible. En
tercer lugar, el desarrollo de nuevos modelos de negocio es de nuevo una prioridad.
En cuanto a este tercer punto, el ofrecer a los clientes un servicio integral, disponible cuando y
donde lo necesiten, será una ventaja diferencial. La sociedad está cambiando, y los bancos
deben adaptarse a esta nueva realidad y a un cliente más sofisticado. Por ejemplo, el l tiempo
que los clientes dedican a utilizar sus teléfonos móviles ha subido exponencialmente en los
últimos años, lo que es una señal inequívoca para que las entidades desarrollen nuevas
aplicaciones móviles que permitan a sus clientes acceder a los servicios financieros de forma
En este mundo, nuevos competidores de campos ajenos al financiero están proliferando, en
segmentos como los pagos por internet. Por ejemplo, se han creado “monederos virtuales”
(Google Wallet) que permiten guardar recursos para hacer compras online, unificando todas las
tarjetas de crédito, cupones descuento y tarjetas de fidelidad en el móvil. También se han
desarrollado mercados de cambio entre monedas reales y virtuales (Bitcoin). Incluso se han
establecido alianzas entre empresas de telefonía y de tarjetas de crédito (Wanda) para permitir
pagos por teléfono móvil. Este tipo de iniciativas son además muy interesantes en regiones
donde la inclusión financiera es reducida, y una parte significativa de la población no dispone
de cuenta corriente o acceso a una entidad bancaria tradicional, como muestra el despegue de
la banca móvil en algunos países emergentes.
También dentro de los pagos la innovación ha venido en la forma de los pagos de persona a
persona, que ofrece Paypal con el único requisito de tener una cuenta en esta plataforma y
una dirección de correo electrónico. Incluso es posible emitir cheques en base a estos
En otros casos, empresas ajenas a los servicios financieros han comenzado a hacer banca
“tradicional”, por ejemplo cuando Google y Amazon se lanzaron a la concesión de préstamos a
sus clientes. Si bien así consiguen dar salida a su stock de liquidez y atraer o retener a la
clientela, es importante que esas actividades estén adecuadamente reguladas, evitando que un
análisis incorrecto de los riesgos inherentes lleve a problemas de solvencia.
Otros avances se han producido en el campo de reducir la dependencia del canal oficina, y
han surgido diferentes iniciativas de banca online. Incluso las entidades financieras clásicas han
dedicado un volumen importante de recursos a reforzar sus canales online, en primer lugar
para un tipo determinado de cliente más sofisticado y en segundo lugar para un número
creciente de clientes. Esto requiere que la comunicación con el cliente no se interrumpa, que
las operaciones se realicen en tiempo real y que la tecnología utilizada sea suficientemente
fiable y resistente a ataques, en un negocio donde la confianza es básica.
Nuevos canales de acceso a los clientes, como las redes sociales, apenas están empezando a
explotarse por parte de la industria financiera. Pero el potencial es enorme: la banca es un
negocio que descansa en la información, y la información se ha abaratado enormemente. Y
cada es menos asimétrica, de manera que hay que idear maneras nuevas de extraer valor de
esa información. En el futuro, la ventaja competitiva de la banca no dependerá tanto de tener
mucha información no pública sobre su clientela, sino de saber gestionar eficientemente una
información cada vez más transparente y al alcance de todos.
En definitiva, la tecnología es ahora, más que nunca, fundamental para el negocio bancario.
Primero, porque los bancos deben adaptarse a un entorno que ha cambiado de forma radical
con las nuevas tecnologías, y segundo porque constituye la manera de seguir operando en la
banca del siglo XXI de la forma más eficiente posible.
La combinación, por una parte, de una regulación más exigente del negocio bancario
tradicional, basado en la creación de depósitos que sustentan el sistema de pagos minorista y
su transformación en crédito que alimenta el tejido productivo y, por otra parte, de una
tecnología que permite abaratar considerablemente servicios bancarios tradicionales, supone
un reto para los reguladores y para las entidades. Para los reguladores, porque les obliga a
calibrar cuidadosamente la carga regulatoria de los diversos modelos de negocio, de manera
que se permita el desarrollo de nuevas tecnologías generadoras de eficiencia, pero se impida
que los riesgos se trasladen indebidamente a los segmentos más opacos. Y para las entidades,
porque deberán adaptar las nuevas tecnologías y gestionar la transformación de su negocio
tradicional cumpliendo al mismo tiempo con una carga regulatoria creciente.
El entorno en el que deberá operar la banca en el siglo XXI no puede ser como el actual, ni
tampoco como el que imperaba antes de la crisis. En este artículo se ha pasado revista a las
principales tendencias del negocio bancario, a las que las entidades deben adaptarse para ser
capaces de competir en el futuro.
1. Vamos hacia un sistema financiero más pequeño y más concentrado, pero con más
competencia, por el efecto sobre todo de la integración europea. Para los clientes esto es
una ventaja, por cuanto la oferta de productos y servicios debe mejorar.
2. La banca se hará más minorista, y los servicios de banca de inversión se ofrecerán en
buena medida desde entidades que no serán bancos. La menor dependencia de los
bancos sería una buena noticia para la economía europea, que ha descansado
excesivamente en la financiación bancaria, siempre que no fomente la proliferación de
sectores poco regulados como el “shadow banking”.
3. Los bancos, tradicionalmente muy regulados, lo estarán aún más. A pesar de los esfuerzos
de los foros internacionales, la regulación estará posiblemente menos armonizada, con un
posible coste en términos de trabas a la libre provisión de servicios financieros y menos
eficiencia en el uso internacional del capital. A corto plazo, existe un trade-off entre
estabilidad financiera y pérdida de eficiencia de la banca que los reguladores no deberían
perder de vista. No obstante, a largo plazo sólo puede ser estable un sistema financiero
eficiente, luego ambos objetivos deben equilibrarse.
4. El entorno de rentabilidad será más exigente. Habrá una mayor recompensa para los que
lo hagan bien, pero un mayor castigo para los que lo hagan mal. Los bancos podrán
quebrar, como las empresas de otros sectores, sin arrastrar en su crisis al soberano y a la
economía en su conjunto, Eso será positivo para el sector, porque hará que funcione el
mecanismo de competencia que hace sobrevivir al más fuerte. Sólo las entidades que sean
capaces de anticipar los cambios de la industria y de adaptarse a ellos cuanto antes
podrán tener un modelo de negocio de éxito en la banca del futuro.
5. Después de la crisis partimos con una parte muy importante del sistema en manos
públicas o semipúblicas, sobre todo en Europa. Esto es un riesgo para la eficiencia y la
competencia equilibrada, como la historia de otras crisis bancarias nos muestra. La
devolución de estas entidades al sector privado o su liquidación cuando corresponda es
crucial para que los sistemas financieros puedan concentrarse en su labor fundamental en
estos momentos: apoyar la incipiente recuperación económica. La venta de estas
entidades es además una oportunidad para la creación de entidades trasnacionales
europeas, si los compradores vinieran de otros países de la Unión.
6. La banca internacional ha probado sus ventajas durante la reciente crisis. Aquellas
entidades que ya emprendieron hace tiempo la senda de la expansión están ahora en una
7. La tecnología abre posibilidades enormes de ganancias de eficiencia. La banca es un
negocio que descansa en la información como materia prima, y esa materia prima se ha
abaratado enormemente. Al mismo tiempo, la información es cada vez menos asimétrica,
de manera que hay que idear maneras nuevas de extraerle valor. La combinación de
tecnología disruptiva y abaratadora de costes, que favorece nuevos segmentos, productos
y negocios, con una regulación cada vez más pesada sobre la banca tradicional supone
también un riesgo de arbitraje regulatorio y sistema financiero en la sombra. Las
autoridades tendrán que mantenerse vigilantes. El objetivo debería ser que la clientela
recibiera el mejor servicio posible, pero con un riesgo limitado y con un terreno de
competencia equitativo.
En definitiva, el panorama del sistema bancario del futuro es desafiante, pero presenta también
oportunidades para las entidades que sean capaces de adaptarse mejor a los cambios
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References: Real Decreto 

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