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Aciertos y Debilidades de La Política Universitaria Del Gobierno de Chávez | Universidad | Democracia
Un intento de analisis y evaluacion de la politica universitaria durante el gobierno del fallecido presidente Hugo CHAVEZ.
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Columna Nacional 2012-Hora Universitaria
Contrucción de DFDA_2
Resolución Rectoral 44928
Rodríguez Rojas, Pedro; García Yépez, Janette Aciertos y debilidades de la política universitaria del gobierno de Chávez Compendium, vol. 16, núm. 30, enero-junio, 2013, pp. 71-94 Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado Barquisimeto, Venezuela
Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=88030768005
COMPENDIUM, NÚMERO 30. Julio, 2013.
ACIERTOS Y DEBILIDADES DE
DEL GOBIERNO DE CHÁVEZ
Pedro Rodríguez Rojas* Janette García Yépez**
*Sociólogo e Historiador. Universidad Central de Venezuela (UCV). Caracas. Venezuela Maestría en Educación y Economía Petrolera. UCV.
Doctor en Ciencias Sociales e Historia. UCV. Docente-Investigador de la Universidad Simón Rodríguez. Barquisimeto. Venezuela Coordinador del Doctorado en Educación Coordinador de la línea de investigación en ﬁ losofía y socio política de la educación Coordinador de la revista TERÉ en ﬁ losofía y socio política de la educación pedrorodriguezrojas@gmail.com
**Licenciada en Historia. UCV Magister en Educación. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Doctora en Historia. UCV. Docente del Decanato de Agronomía UCLA. Barquisimeto. Venezuela. jgarciayepez@yahoo.es
Es te artículo parte de un análisis de la propuesta de Ley de Universidades de Venezuela (2010) en comparación con la ley vigente de 1970, pero lo más
importante es hacer una reﬂ exión sobre los sitaria del gobierno de Chávez. A propósito
aciertos y debilidades de la política univer- de la aprobación y el consecuente veto de la
Ley Educación Universitaria (2010), se ha iniciado un debate mucho más importante y más amplio, sobre la política universitaria de este gobierno y como se inserta esta políti- ca en el contexto del proyecto socialista. De este contexto no escapa el tema de la auto- nomía y democratización universitaria. Si bien reconocemos que este gobierno comenzó
creando un Ministerio de Educación Superior (2002) y a partir del 2003 se iniciaron las
Misiones Educativas, la Universidad Bolivariana, las Aldeas Universitarias y una red de universidades territoriales, lo que ha representado una masiﬁ cación de los estudios universitarios, dando respuesta a los históricamente excluidos, consideramos que se han cometido fallas y demostrado un desconocimiento de la realidad universitaria, creando un sistema universitario paralelo y desconociendo el papel histórico de estas casas de es- tudios y en algunos casos evidenciando temor a la respuesta política, fundamentalmente de los sectores estudiantiles.
Palabras claves: política, educación, universidades, excluidos Recibido: 17-10-13 Aceptado: 18-03-14
analysis of the Venezuelan
OF THE UNIVERSITY POLICY OF
Universities Law proposed in 2010, in comparison with the existing law
of 1970, but the most important is to reﬂ ect on the strengths and weaknesses of the university policy of the Chavez government. Regarding the approval and subsequent veto of
the Higher Education Law (2010), by the President, it has started a debate much more important and broader on university policy of this government and how this policy is inserted in the context of the socialist project. While we recognize that this government began creating a Ministry of Higher Education (2002) and since 2003, it began the educational missions, Bolivarian University, the University Villages and a network of regional universities, which has been a mass of universities, responding to the historically excluded, we believe that there have been failures and it has demonstrated a lack of knowledge of the university reality, creating a parallel university system, the underestimation the historical role of these houses of study and in some cases showing fear to the political response, mainly from student sectors.
socialism, Venezuela.
A propósito de la aprobación por la Asamblea Nacional y el consecuente veto de la Ley de Universidades (Di- ciembre 2010), se ha iniciado un deba- te en torno a los postulados sobre los que pretende regular dicha ley. Consi- deramos apresurada la aprobación de dicha ley por parte de la Asamblea Na- cional, cuando ya existían desde hace años algunas propuestas que se venían discutiendo y madurando en el sector universitario y lo que se requería era ampliar esta discusión. Como es ló- gico, la aprobación de la Ley trajo la inmediata respuesta estudiantil(1), que en pleno días navideños produjeron importantes movilizaciones hasta que el Presidente de la República la vetó y llamó a la discusión abierta.
El debate en torno a la Ley de Edu- cación Universitaria (LEU) debe lle- var a una discusión más trascendental, como lo es la política universitaria de este gobierno y cómo se inserta esta política en el contexto del proyecto socialista. Es necesario comenzar por señalar que en el contexto neoliberal, ya desde 1984, se hicieron tres inten- tos fallidos de reforma de la ley (1984, 1988 y 1994), que perseguían, entre otras cosas:
“1) La aprobación de políticas de nuevo ingreso estudiantil con las pruebas internas, privile- giando a los estudiantes egresa- dos de los institutos privados, y establecer acuer dos federativos con los gremios universitarios para deﬁ nir normas de ingreso
a la universidad; 2) estimulan- do el crecimiento de la educa- ción privada con el incremento de la matrícula estudiantil y el aumento de nuevas institucio- nes de educación superior” (Moreno, 2008:252).
UNIVERSIDADES Y SOCIALISMO
Ya en anteriores trabajos(2), cuando la aprobación de la Ley de Educación (LOE), se señaló que ésta había sido un avance muy moderado con respecto a la Ley de Educación de 1980, pero más aún con respecto al proyecto de cons- truir una sociedad socialista, término que ni siquiera aparece reﬂ ejado en dicha Ley. Por el contrario, en la pro- puesta de Ley de Universidades en el Capítulo I, relacionado a los propósitos generales, aparece claramente la inten- ción de desconstruir el pensamiento y los paradigmas ﬁ losóﬁ cos propios del capitalismo y asumir los valores éticos y principios del socialismo, tal como lo expresa el Artículo 60:
“La educación universitaria debe contribuir a la construc- ción del modelo productivo socialista mediante la vincula- ción, articulación, inserción y participación de los estudiantes y trabajadores universitarios, conjuntamente con las comu- nidades, en el desarrollo de actividades de producción de bienes materiales, transferencia tecnológica y prestación de ser- vicios. Estas actividades se sus-
tentan en una relación horizon- tal y orgánicamente creciente, de intercambio y encuentro de saberes, conocimientos y expe- riencias, a partir del reconoci- miento mutuo, en el marco de la sociedad democrática y parti- cipativa” (Asamblea Nacional, 2010: 10).
En la introducción, aparece clara- mente marcado el papel de las universi- dades en el desarrollo de la conciencia e identidad nacional, el rescate de las culturas ancestrales, el dialogo de sa- beres. Se reconoce que la universidad no puede estar distante de la sociedad
a la que pertenece, que la universidad es de y para el pueblo, reivindicando el poder popular, pero como veremos, más adelante, en algunos principios fundamentales no queda claro cómo será esta participación popular. En el artículo 3 se deﬁ ne la educación uni- versitaria como:
“1. Un derecho humano uni- versal y un deber social funda- mental, que debe estar orienta- da al desarrollo del potencial creativo, y liberador del ser humano y de la sociedad.
2. Un bien irrevocablemente público, en función de la con- solidación de la soberanía, de- fensa integral e independencia nacional, el fortalecimiento del
Poder Popular y del diálogo de
saberes, el desarrollo territo- rial integral, el modelo produc- tivo endógeno y sustentable, la unión e integración de los pue-
blos de América Latina y El Ca- ribe de Nuestra América, la so-
lidaridad y la cooperación con los pueblos del Sur y del mundo, la preservación de los equili- brios ecológicos y de todas las formas de vida en el planeta, en el marco de la construcción de una sociedad socialista.
3. Un proceso de formación in-
tegral e integrado para la crea-
ción intelectual y la interacción con las comunidades.
4. Un proceso de construcción
de hegemonía cultural para la
superación de la sociedad ca- pitalista” (Asamblea Nacional, 2010:10) - Destacado del autor.
En esta propuesta de Ley se da continuidad a los principios emanados en la Constitución, como lo es la gratuidad de la educación hasta el pregrado universitario y la autonomía universitaria, que en la constitución de 1999 alcanzó por primera vez grado constitucional. Esta Ley de Universidades es una deuda pendiente, como ocurre como el sector cultural, los cuales están desprovisto de una Ley que regule y proteja su desempeño. La LEU busca garantizar el papel del estado docente, este es uno de los puntos más controversiales, porque colinda con el concepto tradicional de autonomía universitaria. En el artículo 9 queda consagrado el papel del estado en la educación universitaria.
“El Estado Docente es la expre- sión rectora del Estado en edu- cación y en la educación uni- versitaria la ejerce por órgano del Ministerio con competencia en la materia, en cumplimiento de su función indeclinable, de máximo interés y deber social fundamental, inalienable e irre- nunciable que se materializa mediante la formulación, plani- ﬁ cación, desarrollo, regulación, orientación, promoción, super- visión, seguimiento, control y evaluación de las políticas, es- trategias, planes, programas y proyectos, en el ámbito de apli- cación de la presente Ley(…)”
(Asamblea Nacional, 2010:11).
En Venezuela no existe un sistema universitario articulado, se ha produci- do un auge indiscutible en las últimas décadas, pero sin que se tenga un con- trol exhaustivo en lo administrativo y aún más importante una dirección, una
política universitaria uniﬁ cada, que responda a las prioridades de la nación. Álvarez y otros (2003:23) han hecho alusión a este tema, y aunque se ha masiﬁ cado el número de universidades en los últimos años el problema sigue siendo el mismo:
“La educación superior en Ve- nezuela está lejos de conformar un sistema bien articulado de instituciones con objetivos, po- líticas y normas bien deﬁ nidos, hasta el punto de que no ha sido posible aprobar una Ley gene- ral que la regule, a pesar de varios proyectos discutidos en
las últimas décadas. Lo que oﬁ - cialmente existe es un conjunto heterogéneo de unas 145 institu- ciones legalmente autorizadas, las cuales se rigen por diversas normativas oﬁ ciales. Esas ins- tituciones se pueden clasiﬁ car en tres grandes bloques, según el tipo de institución, la fuente principal de ﬁ nanciamiento y el grado de autonomía. Ellas son, para el 2001: (a) 21 uni- versidades oﬁ ciales (5 autóno- mas y 16 experimentales); (b) 20 universidades privadas (que por su naturaleza no gozan de autonomía); y, (c) 104 institu- ciones de educación superior que no son clasiﬁ cadas como universidades (43 oﬁ ciales y 61 privadas), entre las cuales hay colegios universitarios, institu- tos tecnológicos, institutos uni- versitarios, institutos pedagó- gicos y politécnicos y una gran variedad de escuelas (…) Para el 2001 las 145 instituciones venezolanas de educación supe- rior legalmente autorizadas (64 oﬁ ciales y 81 privadas) ofrecían 543 oportunidades de estudios en pregrado (355 en carreras cortas y 188 largas) y unas 200 especialidades en programas de postgrado (donde se puede op- tar a títulos de Especialización, de Maestría y de Doctorado) en 1487 programas que funcio- naban en 38 instituciones y 16 ciudades”.
Se ha criticado como históricamen- te las universidades se han comportado
como “un Estado dentro del Estado”, donde el Estado Nacional pareciera te- ner como única obligación garantizar los recursos, los cuales a veces carecen de mecanismos de control administra- tivo, el propio Estado no maneja con precisión cuántos alumnos hay por ca- rrera, cuántos egresaron, cuántos tra- bajadores, obreros, profesores, en qué condiciones de trabajo, cuál es la plan- ta física, laboratorios, beneﬁ cios estu- diantiles, convenios nacionales e inter- nacionales, actividades investigativas, tecnológicas y de producción, llegando en muchos casos a conocer solamente la partida de trabajadores a los cuales hay que pagarles un salario.
Este desligamiento entre Estado, sociedad y universidad, se produce por causas múltiples, por un lado, la deformación del Estado petrolero cuya renta ha hecho posible mantener a instituciones y sectores sociales sin responder a un plan estructurado de cuáles son las prioridades del país, cuál es el modelo de desarrollo económico, cuál es el modelo político y cultural que haga posible deﬁ nir una política educativa cuyo objetivo central sea contribuir en la formación del modelo societal que se desea.
LA POLÍTICA UNIVERSITARIA DE CHÁVEZ
Este gobierno comenzó con toda una intencionalidad a favor de abordar la política universitaria, comenzando por la creación en 1999 de la Universi- dad de las Fuerzas Armadas (UNEFA) al servicio de la población en general, la incorporación con rango constitu cional
de la autonomía universitaria, consa- grada en el Artícu lo 109 de la Consti- tución de la República Bolivariana de Venezuela, la creación del Ministerio de Educación Superior (2002), ya en el 2003 surge la primera propuesta de Ley de Educación Superior, en ese mis- mo año se crearon las Misiones Edu- cativas, la Universidad Bolivariana y una red de universidades territoriales, las Aldeas Universitarias en cada uno de los municipios, lo que ha represen- tado una masiﬁ cación de los estudios universitarios.
Esta política, además de una indiscu- tible posición ética y compromiso mo- ral hacia los históricamente excluidos, también tiene un componente político- electoral, además, no se puede ocultar, algunas de estas universidades carecen de ediﬁ caciones cónsonas, bibliotecas, laboratorios, personal administrativo y docentes, todo lo cual atenta contra la
calidad educativa(3), además de las de- ﬁ ciencias en control y evaluación, y sin negar el sesgo ideológico-partidista- más que político, lo cual sería deseable tener personas políticamente formadas –pero en la realidad escasamente tras- pasan del contenido propagandístico y comunicacional. Al decir de Pérez (2004: 14): “La universidad es el espa- cio ideológico que asume su función de extensión para indicar que su papel no es solamente en su dimensión académi- ca sino en su dimensión social, en su vinculación con los grandes problemas comunitarios”.
Este gobierno ha cometido fallas y ha demostrado un desconocimiento de la realidad universitaria, desde
subestimar a estas casas de estudios y en algunos casos, por el contrario, evidenciando temor a la respuesta política, fundamentalmente de los sectores estudiantiles.
Sistema universitario paralelo
Se ha constituido un sistema uni- versitario paralelo, por un lado las uni- versidades tradicionales, que durante estos 15 años de gobierno han seguido inmutables al nuevo proyecto de país, siguen los mismos privilegios, carreras y pensum, el sesgo ideológico político neoliberal, como si el país no hubiera cambiando, y al otro lado, las nuevas universidades y misiones que han ve-
nido siendo apoyadas ﬁ nancieramen- te desde su nacimiento por el Estado, pero que entre ambos no existe ningún tipo de interacción, como si se trataran de dos proyectos distintos o peor aún dos países distintos. Las Universidades Nacionales, son de la nación, las ﬁ nan- cia el Estado y es éste el que rige las normas para su funcionamiento.
En el 2004, Samuel Moncada, ex Ministro de Educación Superior, deja claro que la intención es marginar y sustituir a las universidades tradicio- nales:
“Las Universidades Autónomas lamentablemente han traicio- nado su destino histórico y sus tradiciones (caso Universidad Central de Venezuela) y obvia- mente serán superadas por el devenir. Esa es la razón de la Misión Alma Mater, la falta de integración de las Universida- des Autónomas ante el vendaval
social y político que barre el país hace necesario crear un sistema universitario nuevo, eﬁ ciente, de calidad y en eso consiste la Misión. Ya la UNEFA, Institu- ción de prestigio, pasó de 4.000 alumnos a más de 300.000 con un presupuesto muy inferior a una Universidad autónoma que tiene solo 50.000, la UBV crece cada día, y las 50 Universidades anunciadas por Chávez dejarán como una minoría irrelevante a las hasta ahora –insustituibles– Universidades de la cuarta re- pública que abandonaron su misión y sus ideales” (Monca- da, 2004: 2).
En esta misma ocasión, el ex ministro hizo referencia a las cifras de estudiantes que ha graduado la UCV en toda su historia: 230 mil personas, mientras que ya en la Misión Sucre existen en el territorio nacional 270 mil personas profesionalizándose. Como se evidencia en esta cita de Moncada y, en general, de lo que fue el eje central de su discurso y de los que lo prosiguieron, el problema universitario pareciera remitirse exclusivamente al asunto de la masiﬁ cación de la oferta estudiantil. Para nada se hace alusión y comparación entre ambos sistemas universitarios, por ejemplo, al número de investigadores, que para el 2008 la UNEFA solo tenía 3 profesores a nivel nacional en el Programa de Promoción al Investigador (PPI) y la UCV 1.500 (www.oncti.gob.ve), patentes, centros de investigación, laboratorios, revistas cientíﬁ cas, entre otros parámetros que deben medir la producción de
conocimiento y su pertinencia social, más allá de la necesaria, impostergable y justa política de dar respuesta a los históricamente excluídos.
En la LEU ésta la intención de
construir una política educativa úni- ca, donde el Estado docente a través del Ministerio de Educación Superior emana las directrices, en el artículo 9 está claramente estipulado: “El Esta- do Docente es la expresión rectora del
Estado en educación y en la educación universitaria la ejerce por órgano del Ministerio con competencia en la ma- teria”. Así mismo se establece el com- promiso para garantizar la vinculación entre las llamadas universidades tradi- cionales y las nuevas universidades.
“Artículo 8. El Subsistema de Educación Universitaria tiene como propósitos: Establecer mecanismos de articulación, coordinación, cooperación soli- daria y complementación entre las instituciones que lo consti- tuyen y de éstas con los otros niveles del Sistema Educativo, con los organismos y entes pú- blicos, con el sector privado, con las organizaciones del Po- der Popular y con el Sistema Nacional de Ciencia, Tecno- logía e Innovación, así como su conexión, correspondencia y sintonía con el plan nacio- nal de desarrollo Coordinar y compartir espacios, recursos y actividades con las misiones educativas” (Asamblea Nacio- nal, 2010: 13).
Democracia y Autonomía univer- sitaria
Los conceptos de autonomía y democratización universitaria siempre han sido controversiales, además de que no siempre –o mejor decir pocas veces– han ido a la par y han generado los más fuertes enfrentamientos entre el Estado y las universidades. No son precisamente las universidades autónomas un ejemplo de democracia, elecciones en las que los estudiantes tienen una mínima proporción de los votos válidos, en las que votan en segundo grado para elegir unos representantes que serán luego los que puedan elegir a las autoridades rectorales, en las que no participan ni empleados ni obreros, quienes han dedicado toda su vida a la universidad y conocen su realidad –más que los directivos de turno–, universidades en las que poco se ha tomado en cuenta a las comunidades, a veces solo para cumplir los requisitos de extensión y pasantías. Gobiernos universitarios conformados y cuyas decisiones recaen fundamentalmente en los profesores, marginando al resto de los miembros de la universidad y a la comunidad, son demostración de poca democracia.
A pesar que desde 1946 se estable- ció por primera vez la representación de los estudiantes en el Consejo Uni- versitario, los Consejos de Facultad y las Asambleas de Facultad, aun la par- ticipación estudiantil es limitada en los procesos universitarios. En la propues- ta de Ley de Universidades (2010) se amplía el concepto de democracia, ya que queda establecida la elección inter-
na de sus autoridades, de su gobierno, pero garantizando la participación de todos sus miembros en igualdad de de- rechos.
La autonomía universitaria ha sido el producto de un proceso de luchas históricas, de avances y retrocesos, en la pugna por quienes pretenden desde el Estado controlar política e ideológicamente a las universidades, ponerlas a sus servicios, y –del otro lado– de aquellos que han pretendido crear “un Estado dentro del Estado”, con una autonomía total, sin responder a las directrices del Estado nacional.
Dentro de los Estados nacionales toda autonomía es relativa, sino sería autarquía, todas las instituciones tienen que responder, por obligación, a la política de Estado, a las prioridades del país, al modelo de desarrollo, igualmente, tienen que responder sobre la utilización de los recursos, deben vincularse permanentemente, y no vía extensión o pasantía con las comunidades y así mismo tienen que garantizar la participación de estas comunidades en las decisiones que tengan impacto en la sociedad. Así lo expresó el rector Francisco De Venanzi en 1958, en el contexto de la promulgación de la Ley de universidades, de la cual fue uno de sus máximos propulsores:
La autonomía no es un privi- legio que recibe la institución para aislarse de los dolores del pueblo y convertirse en círculo de intereses creados, cerrado al llamado de la Nación. Es al
contrario instrumento de su- peración técnica para cumplir
con toda efectividad la tarea de convertir en el factor principal del progreso de la comunidad y en símbolo unitario esencial en la vertebración de una socie- dad pujante, aguijoneada por el hondo deseo de satisfacer plenamente sus grandes necesi- dades espirituales y materiales
(Universidad Central de Vene- zuela, 1959: 27).
Años después, en la misma tónica opinó el maestro Prieto Figueroa:
La autonomía universitaria no podría considerarse, como al- gunos piensan, situados en las almenas levantadas por fór- mulas de un liberalismo tras- nochado, una liberación de las grandes responsabilidades que corresponden a la universidad en la realización del plan de vida nacional, sino la libertad de acción para actuar en re- lación con aquellos ﬁ nes. Por otra parte, la autonomía inter- pretada como aislamiento de los otros ciclos de la educación haría imposible establecer las correlaciones indispensables con estos (Prieto, 1977: 278).
Solo para ubicar y contextualizar la discusión sobre la autonomía y la democratización universitaria, se hace alusión a algunos hechos históricos. El tema de la autonomía y democracia universitaria tiene una larga historia. Desde el nacimiento de la Universidad
de Caracas, en 1721, por Real Cédula del 4 de octubre de 1781, el rey Carlos IV le concede la autorización para dictar su propia constitución y sus reglamentos, y para elegir el rector por el Claustro universitario. Luego, en la etapa republicana, Bolívar mantiene el principio autonómico y le otorga en propiedad a la Universidad varios bienes económicos (haciendas) para su sustentación económica, única manera de garantizar la autonomía ﬁ nanciera.
En 1849, se produce la primera agresión contra la autonomía bajo la presidencia de José Tadeo Monagas, pero más violento fue bajo el gobierno de Guzmán Blanco, quien decretó el nombramiento de las autoridades universitarias por parte del gobierno, además les arrebató su patrimonio económico. La misma suerte iba a correr durante las dictaduras de Castro y Gómez, en las que fueron varias veces cerradas las casas de estudio.
En 1940, en el gobierno de López Contreras, una nueva Ley de Educación restituyó parcialmente la autonomía, pero en 1943, se restableció la facultad del Poder Ejecutivo de designar y remover libremente las autoridades universitarias. El reglamento de 1946 estableció, por primera vez en el país, la representación de los estudiantes en los cogobiernos universitarios y consagró la libertad de cátedra, pero reservó la libre designación y remoción de las autoridades universitarias a la Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt (Artículo 17). Durante la dictadura, además de auspiciar la creación de las primeras
universidades privadas, bajo el pretexto de las insuﬁ ciencias presupuestarias se clausuró las universidades por un más de un año, se destituyó a más de 140 catedráticos y se expulsó a 137 estudiante.
Siguiendo a Moreno (2008), vere- mos como la autonomía y democra- tización universitaria se consagra en Venezuela en la ley de universidades promulgada el 5 de diciembre de 1958, fecha que se adoptó como Día del Pro- fesor Universitario, en la que se des- taca lo siguiente:
“1. La declaración de las Uni- versidades como instituciones autónomas, establecida en el artículo 8.
2. La elección de los cuerpos
directivos, Rector, Vicerrector, Secretario y Decanos, por la propia comunidad universita- ria, profesores, estudiantes y egresados, y su participación en los órganos de cogobierno, Consejo Universitario y Con- sejos de Facultad, de acuerdo a lo establecido en los artículos 24,29,47 y 54.
3. La realización de los concur-
sos de oposición como sistema
de ingreso del personal docente e investigación, artículo 73.
4. Gratuidad de la enseñanza,
5. La reorganización académica
concebida en las seccio nes III, VII, VIII, IX, Capítulo II, y artículo 165, entre otros.
6. Asistencia social a los
estudiantes establecida en el ar tículo 109.
7. Vinculación con el sistema educativo nacional al esta- blecerse y concebirse en el Tí- tulo I, en las Disposiciones fun- damentales que las Universida- des son instituciones al servicio de la Nación, con una función rectora en la educación, la cul- tura y la ciencia, inspirada la enseñanza universitaria en la democracia, la justicia social y solidaridad humana, y abierta a todas las corrientes del pensa- miento universal.
8. La extensión universitaria con la creación de las Direc- ciones y Comisiones de Cultura y Deporte establecidas en los artículos 125 y 129.
9. Las Universidades Naciona- les tienen personalidad jurídica y patrimonio propio, distinto e independiente del Fisco Nacio- nal. Este patrimonio estará in-
tegrado por los bienes que les pertenezcan o que puedan ad- quirir por cualquier título legal (artículo 10)” (Moreno, 2008:
Luego, en el contexto internacional de los años 60, la revolución cubana, el Mayo Francés, y en el contexto particu- lar de Venezuela caracterizada por los movimientos sociales y la consecuente represión a la movilización popular, el surgimiento de la guerrilla, las luchas estudiantiles que llevaron y continua- ron después de los allanamientos a la
Universidad Central de Venezuela, y la violación total no solo de la autonomía universitaria sino al derecho a la pro- testa y a la propia vida, y dieron inicio a una época plagada de persecuciones, allanamientos y asesinatos contra los líderes sociales.
En 1969, en la UCV se inicia el mo- vimiento conocido como Renovación Académica, que perseguía: la revisión de los planes y programas de estudio, una auditoría académica y la amplia- ción de la representación estudiantil, lo que produjo el rechazo el gobierno y el pretexto para los respectivos alla- namientos al recinto universitario. En ese contexto se produce la reforma a la ley de universidades en 1970, ley que no fue a consulta y que perseguía mi- nimizar el régimen de autonomía y de- mocratización alcanzado, convirtién- dolas en instituciones subordinadas y dependientes del Consejo Nacional de Universidades, por lo que fue enfrenta- da pos los estudiantes y la población en general. Aplicando la nueva ley se des- tituyó al rector de la UCV Jesús María Bianco.
En la Ley vigente de 1970, (Ar- tículo 30) queda estipulado que para la elección del Rector, del Vicerrector Académico, del Vicerrector Adminis- trativo y del Secretario no podrían vo- tar ni los profesores en la categoría de instructores ni los contratados, solo los representantes de los alumnos de cada Escuela, elegidos respectivamente en forma directa y secreta por los alumnos regulares de ellas. El número de estos representantes será igual al 25 por cien- to de los miembros del personal docen-
te y de investigación que integran el Claustro
En cuanto a la comisión electoral, el Artículo 167 expresa que estará in- tegrada por tres (3) profesores desig- nados por el Consejo Universitario; un (1) alumno regular designado por los representantes de los alumnos ante los Consejos de Facultades; y un egresado designado por los representantes de los egresados ante los Consejos de Facul- tades. Es decir, mayoría de los miem- bros designados por el propio consejo universitario –cuyos miembros deben ser electos– y una mayoría a favor del sector profesoral, que a su vez y para- dójicamente, siendo numéricamente minoría, con respecto a los miembros de la comunidad universitaria, repre- sentaban la mayoría de los votos váli- dos.
Otro mecanismo utilizado en las últimas décadas para mermar las au- tonomías y el peso de las universida- des tradicionales fue la creación de las universidades experimentales, que
si bien ﬁ losóﬁ camente se ofrecieron como posibilidades para crear otro tipo de universidades, con currículos ﬂ exibles, que respondieran a contextos temporales y territoriales particulares y de carácter andragógico, en la práctica, con honradas excepciones, cayeron en los mismos vicios de las universidades tradicionales, y sin ningún signo de au- tonomía, democracia interna y depen- dientes del Ministerio de Educación. Además, los tres intentos fallidos de reforma de la ley (1984, 1988 y 1994) que perseguía insertar las universida- des en el proceso neoliberal, que se
manifestó en el apoyo desde el Estado al desarrollo de las universidades pri- vadas, la privatización de los espacios universitarios, el cobro de matrícula y la ocupación de las universidades por estudiantes provenientes de los sec- tores de la clase media y la burguesía nacional.
Paradójicamente, la ley de 1970, amplió y precisó el concepto de autonomía, que en el Artículo 9 hace referencia a los siguientes niveles de la autonomía universitaria:
2. Autonomía académica, para planiﬁ - car, organizar y realizar los progra- mas de investigación, docentes y de extensión que sean necesarios para el cumplimiento de sus ﬁ nes;
3. Autonomía administrativa, para elegir y nombrar sus autoridades y designar su personal docente, de in- vestigación y administrativo;
4. Autonomía económica y ﬁ nanciera, para organizar y administrar su patrimonio.
En la Constitución de 1999, queda consagrada la autonomía universitaria. En el artículo 109 expresa:
El Estado reconocerá la auto- nomía universitaria como prin- cipio y jerarquía que permite a los profesores, profesoras, estu- diantes, egresados y egresadas de su comunidad dedicarse a la búsqueda del conocimien-
to a través de la investigación cientíﬁ ca, humanística y tecno- lógica, para beneﬁ cio espiritual y material de la Nación. Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, funcionamiento y la administra-
ción eﬁ ciente de su patrimonio bajo el control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. Se consagra la autonomía uni- versitaria para planiﬁ car, orga- nizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, do- cencia y extensión. Se establece la inviolabilidad del recinto universitario. Las universida- des experimentales alcanzarán su autonomía de conformidad con la ley (Asamblea Constitu- yente, 1999:33).
En la Propuesta de Reforma Consti- tucional que el presidente Chávez pre- sentó al país en el año 2007 y que no fue aprobado en el Referéndum Consti- tucional del 2 de diciembre de ese año, se planteó modiﬁ car el Artículo 109 de la Carta Magna, relativo a la auto- nomía universitaria, en los siguientes términos:
“1-Se reconoce a los trabajadores y trabajadoras de las universidades como integrantes con plenos dere- chos de la comunidad universitaria, una vez cumplidos los requisitos de ingreso, permanencia y otros que paute la ley.
2- Las universidades autónomas se darán sus normas de gobierno, de acuerdo con los principios cons- titucionales de la democracia
partici pativa y protagónica, así como las de funcionamiento y ad- ministración eﬁ ciente de su patri- monio bajo control y vigilancia que a tales efectos establezca la ley. (Destacado del autor).
3- La ley garantizará el voto paritario de los y las estudiantes, los profe- sores y profesoras, trabajadores y trabajadoras para elegir las autori- dades universitarias; consagrará el derecho al sufragio a todos los y las docentes que hayan ingresado por concurso de oposición, desde la categoría de instructor o instructora hasta titular y establecerá las nor- mas para que las elecciones univer- sitarias se decidan en una sola vuel- ta” (Asamblea Nacional, 2007).
Si bien en la propuesta de Ley de 2010, queda claramente establecido que la autonomía universitaria está an- clada a las políticas del Estado-Nación:
“En plena correspondencia con los Planes de Desarrollo Nacional para el fortalecimiento, consolidación y defen- sa de la soberanía e independencia de la Patria y la unión de Nuestra Améri- ca” –con lo que se está de acuerdo– y se avanza plenamente en la participa- ción y democratización: “Mediante la democracia participativa y protagóni- ca ejercida en igualdad de condiciones, por estudiantes, trabajadoras y traba- jadores académicos, administrativos y obreros en la deﬁ nición de sus planes de gestión y programas de formación, creación intelectual e interacción con las comunidades”, no hay la menor duda de que se restringe la autonomía de las universidades.
En el Artículo 17, la libertad aca- démica queda restringida solo “para debatir las corrientes del pensamien-
to” y no como lo estipulaba la ley de 1970 y la constitución de 1999, en la que “se consagra la autonomía uni- versitaria para planiﬁ car, organizar, elaborar y actualizar los programas de investigación, docencia y extensión”.
En lo organizativo, fue disminuida la posibilidad de dictar sus normas in- ternas. Hay restricciones para elegir y nombrar sus autoridades y designar su personal docente, de investigación y administrativo, así como para orga- nizar y administrar su patrimonio, la
inviolabilidad del recinto universitario queda en entredicho. Y no se reaﬁ rma lo postulado en la constitución, sobre que las universidades nacionales expe- rimentales alcanzarán su autonomía.
¿Democracia universitaria o unos nuevos excluidos?
No hay la menor duda que al revi- sar la Ley de Universidades de 1970 y compararla con la propuesta actual, mientras que en la primera, en su Ar- tículo 1, deﬁ ne a la Universidad como una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y aﬁ anzar los valores trascendentales del hombre, en la LEU se amplía el concepto de comunidad universitaria, tal como lo señala el Artículo 61:
“La comunidad universitaria es el colectivo orgánico y corres- ponsable del desarrollo de los procesos de la educación uni- versitaria en cada institución.
Está compuesta por las y los estudiantes, las trabajadoras y los trabajadores académicos, administrativos y obreros, así como por las egresadas y los egresados”.
Concretamente sobre la participa- ción en los Gobiernos Universitarios, aunque pueda producir controversia, así como es injusto que los estudiantes no tengan la misma proporción en la participación electoral que los docen- tes, y que los empleados y obreros –sin los cuales no funciona la universidad y hacen toda su vida en ella– no puedan participar en las decisiones, igual de injusto es lo que le ocurrirá a la partici- pación de profesores si cada voto de es- tudiante vale lo mismo que un docente. La igualdad de condiciones, propuesta en la LEU, en la participación electoral de la comunidad universitaria, implica- rá la cuantiﬁ cación de un voto por cada votante para la determinación de los resultados electorales.
Por ejemplo, en una universidad donde hay 200.000 estudiantes qué sentido tendría que fueran a ejercer su derecho al voto 3.000 profesores, sería una participación simbólica –al igual que la de los empleados y obreros– sin ninguna capacidad real de decisión en el momento de elegir, esta situación acrecentaría el riesgo de que el docente convierta su aula de clases en una trinchera política e ideológica, para tratar de inﬂ uir en el voto estudiantil.
En cuanto a los gobiernos universi- tarios (Artículo 84):
“La Asamblea Legislativa
Universitaria es el órgano de gobierno de las universidades encargado de ejercer las fun- ciones normativas o reglamen- tarias. Estará integrada por voceros y voceras de las y los estudiantes, de las y los traba- jadores académicos, de las y los trabajadores administrativos, de las y los trabajadores obre- ros, de las y los egresadas, en el número y las proporciones que establezca el Reglamento. Estará integrado por el rector o rectora, quien lo presidirá, dos vicerrectores o vicerrectoras, un vocero o vocera de las y los estudiantes, un vocero de los trabajadores académicos, un vocero de los trabajadores ad- ministrativos, un vocero de los trabajadores obreros, un vocero de los egresados, y por un repre- sentante del Ministro o Ministra con competencia en materia de educación universitaria”.
En las disposiciones transitorias de la LEU se establece que en un lap- so no mayor de treinta días contados a partir de la entrada en vigencia del Re- glamento Electoral, se elegirá en cada universidad una Asamblea de Transfor- mación Universitaria, en la que estarán representados en la misma proporción, los sectores de: estudiantes, trabajado- res académicos, trabajadores adminis- trativos y trabajadores obreros. Pero contradictoriamente, en el Artículo 22, sobre el Consejo Nacional de Trans- formación Universitaria se señala que estará compuesto por: cinco voceros o voceras de las y los estudiantes de las
universidades oﬁ ciales, un vocero o vocera de las y los estudiantes de uni- versidades de gestión popular, un voce- ro o vocera de las y los estudiantes de universidades de gestión privada, tres voceros o voceras de las y los trabaja- dores académicos de las universidades oﬁ ciales. Es decir, siete representantes estudiantiles y tres de los trabajadores académicos, siendo una participación desproporcional.
En estas mismas disposiciones transitorias, en su cláusula diez, se se- ñala que el Consejo Nacional de Trans- formación Universitaria establecerá las condiciones y términos bajo los cuales las universidades que al momento de la entrada en vigencia de la presente Ley, no eligen a sus autoridades, puedan ha- cerlo democráticamente.
Ministerio, CNU y la OPSU
En teoría, el órgano rector de las políticas universitarias en Venezuela es el Estado, lo cierto es, como hemos explicado, esto ha sido una experiencia compleja y contradictoria, en algunos períodos las universidades han sido casi totalmente autónomas y en otros tiempos el Estado las ha controlado to- talmente. Desde 1958, antes la ausencia de un Ministerio de Educación Univer- sitaria (creado en el 2002), la máxima autoridad del sistema universitario ha recaído sobre el Consejo nacional de Universidades (CNU), creado en 1946, las Universidades Nacionales no están adscritas a un ministerio, sino que sus relaciones con el Ejecutivo Nacional se canalizan a través del Consejo Nacio- nal de Universidades y en la Ley de
1970 se establece sus ﬁ nes, tal como lo establece el artículo 18:
El Consejo Nacional de Uni- versidades es el organismo en- cargado de asegurar el cumpli- miento de la presente Ley por las Universidades, de coordinar las relaciones de ellas entre sí y con el resto del sistema edu- cativo, de armonizar sus planes docentes, culturales y cientíﬁ - cos y de planiﬁ car su desarrollo de acuerdo con las necesidades del país. Este Consejo, con sede en Caracas, tendrá un Secre- tario permanente y una Oﬁ ci- na de Planiﬁ cación del Sector Universitario, vinculada a los demás organismos de planiﬁ - cación educativa, que le servirá de asesoría técnica.
El CNU es un cuerpo colegiado que se reúnen una vez al mes para decidir sobre materias o propuestas de análisis elaboradas básicamente por la OPSU y por comisiones de su propio seno. Está integrado por el Ministro de Educación Superior, quien lo preside, los 37 recto- res de las universidades nacionales (17 oﬁ ciales y 20 privadas), 3 representan- tes profesorales (2 por universidades oﬁ ciales y 1 por las privadas), 3 repre- sentantes estudiantiles (2 por univer- sidades oﬁ ciales y 1 por las privadas), 3 profesores (elegidos cada uno por la Asamblea Nacional, por la Comisión Delegada y por el Consejo Nacional de Investigaciones Cientíﬁ cas y Tecnoló- gicas respectivamente). También for- man parte del CNU, pero solo con de- recho a voz, el Secretario del Consejo,
el Director de la OPSU, un represen- tante del Ministerio de Hacienda y un Decano por cada universidad nacional o privada. En total, el CNU está inte- grado por 87 personas (todas con de- recho a voz y 47 con derecho a voz y voto). Por cada nueva universidad este número se incrementaría en cinco (5) nuevos miembros.
En la práctica, ante las diﬁ cultades de lograr acuerdos en el CNU –por el número y la diversidad de interés de los miembros que lo conforman– la OPSU, en principio una oﬁ cina de asesoramiento y jerárquicamente dependiente del CNU, se convirtió en el órgano rector, dejando a las asambleas del CNU solo para la aprobación de sus políticas. Cuando se crea el Ministerio de Educación Superior, en el 2002, se establece una disputa entre este órgano –que pretendía dirigir la política universitaria– con el CNU y la OPSU, quienes lo venían haciendo, tal como lo establece la ley de universidades de 1970, “ya que el CNU no es un organismo jerárquicamente dependiente. La dirección del CNU no está en el organigrama del Ministerio, nunca ha estado, incluso el Ministerio no contaba con ﬁ nanzas propias, sino que dependía de las ﬁ nanzas que le otorgaba la OPSU” (Toro, 2006: 373).
El gobierno de Chávez, prime- ramente, en el año 2005, a través del decreto 3444, intento la instituciona- lización del Ministerio de Educación Superior, traspasando a este ministerio las atribuciones que hasta ese momen- to tenía el CNU. En el artículo 4, le da la potestad al ministro de “Evaluar
las credenciales académicas de los candidatos a autoridades de las Insti- tuciones Oﬁ ciales de Educación Supe- rior”. A través del artículo 14 estable- ce “como potestad del Viceministro la tramitación, evaluación y acreditación
de los proyectos de creación de pro- gramas e instituciones de educación superior, así como el seguimiento y rendición de cuentas”. Estas faculta- des también las contempla el Consejo Nacional de Universidades (CNU),
en la Ley de Universidades de 1970, artículo 20, que señala que el Conse- jo debe “ﬁ jar los requisitos generales indispensables para la creación, elimi- nación, modiﬁ cación y funcionamiento de Facultades, Escuelas, Institutos y demás divisiones equivalentes en las Universidades, y resolver, en cada caso, las solicitudes concretas que en ese sentido, previo el cumplimiento de los requisitos establecidos, sean some-
tidas a su consideración”. Pero como la Ley está por encima de un decreto, esto no tiene aplicación legal hasta que se reforme o se formule una nueva ley de universidades.
La LEU, elimina al CNU y la OPSU, dándole sus atribuciones al Mi- nisterio, y propone, en su Artículo 20, la creación de El Consejo Nacional de Transformación Universitaria, adscrito al Ministerio de Educación Universita- ria, que se deﬁ ne como:
Un cuerpo colegiado de par- ticipación, planiﬁ cación, ar- ticulación y coordinación de las instituciones de educación universitaria con el órgano rec- tor, y demás órganos y ente del
Estado vinculados a la materia de educación universitaria, así como las organizaciones del po- der popular, para el desarrollo de los propósitos del Subsiste- ma de Educación Universitaria a nivel nacional.
Así mismo, en el contexto de los planes de desarrollo endógeno y la Nueva Geometría el Poder, se propone, en el artículo 23, la conformación de los Consejos Territoriales de Transfor- mación Universitaria, “para la conse- cución de los propósitos del Subsiste- ma de Educación Universitaria, en los ejes de desarrollo territorial deﬁ nidos en el Plan de Desarrollo”.
El gobierno universitario: ¿Quién manda en las universidades?
La propuesta de la nueva Ley de Universidades concentra muchas deci- siones en el Ministerio de Educación, más concretamente aún, del Ministro o Ministra a cargo, desde los postulados políticos y ﬁ losóﬁ cos, las cuestiones administrativas y de control, en defen- sa del Estado docente. Pero los poderes ministeriales se involucran en diversos temas, tales como: la participación pro- tagónica en la gestión universitaria, el mejoramiento del desempeño, los ser- vicios de orientación, salud integral, deporte, recreación, cultura y bienestar de todos los sectores de la comunidad universitaria, La creación, autorización, modiﬁ cación y supresión de programas de formación de pregrado y postgrado. La organización de las estructuras aca- démicas y administrativas, la creación, organización, integración, agregación,
separación, supresión parcial o total de sedes, núcleos, extensiones, la ma- trícula estudiantil así como, la nómina de los miembros de las universidades. La carrera de los trabajadores y las tra- bajadoras académicos, lo cual incluye los procesos de ingreso, permanencia, desempeño, formación permanente, as- censo, promoción, régimen disciplina- rio, egreso y vinculación institucional orgánica del egresado y egresada. Los usos y ﬁ nes del patrimonio de las ins- tituciones de educación universitaria, así como, los ingresos obtenidos por la prestación de servicios, donaciones y demás actividades económicas. La creación de fundaciones, empresas y demás entidades regidas por el de- recho público y privado, por parte de las instituciones de educación univer- sitaria, conjuntamente con los órganos estatales competentes; así como, las condiciones de organización, funciona- miento, usos y ﬁ nes de los productos, ingresos, excedentes e inversiones de dichas entidades. La propiedad inte- lectual, conjuntamente con los órga- nos estatales competentes, sobre los productos, invenciones y patentes que fueren creadas en las instituciones de educación universitaria, por sus traba- jadores y trabajadoras, así como por sus estudiantes, a ﬁ n de garantizar el desarrollo soberano del país, como bie- nes públicos. El régimen de ﬁ jación del cobro de la matrícula, aranceles y ser- vicios administrativos
Según esta propuesta de ley, hasta problemas operativos del funciona- miento cotidiano, propios de la admi- nistración universitaria, que deben ser
regulados y controlados en lo interno de la institución universitaria, podrían pasar al control del Ministerio de Edu- cación Universitaria, lo que representa, una vulneración contra la autonomía, ya que limita el gobierno universitario y además atentaría contra el funcio- namiento eﬁ caz de la institución, por todas las trabas burocráticas que esto representaría.
Frente a unos consejos universi- tarios donde predomina el sector pro- fesoral, en minusvalía de los sectores estudiantiles, administrativos, obre- ros y comunitarios, hoy vemos una propuesta que otorga todo el poder al Ministro o Ministra de Educación. Es preocupante como a pesar de la mani- ﬁ esta intención de masiﬁ car la demo- cratización con la participación de to- dos los miembros de la universidad, en realidad hasta cuestiones estrictamente operativas pudieran estar en manos de entes externos a las universidades. Por ejemplo, de eliminarse los centros de ciencias y tecnologías (CDCHT) y entregarle estas atribuciones a los Ministerios respectivos, esto haría el trabajo mucho más burocrático y aten- taría contra la autonomía y el funcio- namiento y de esta manera la añorada democratización no sería más que un gesto populista para ganarse “el favor” de estudiantes, obreros y empleados, pero en realidad su participación en las Asambleas de Gobierno Universitario serviría más para legitimar decisiones, que al ﬁ n y al cabo serían atribuciones del Ministro de Educación.
Igualmente es preocupante como a pesar de que en el preámbulo, en el
capítulo introductorio y más concreta- mente en el artículo 78 de la LEU se declare que “Las organizaciones del Poder Popular deberán ejercer un pa- pel fundamental en el desarrollo de los procesos de la educación universita- ria” éste no aparezca claramente espe- ciﬁ cado en el capítulo VI, relacionado al Gobierno Universitario y la Consti- tución de las Asambleas Legislativas Universitarias y lo deja para un regla- mento especial.
En cuanto al ingreso universitario se ha generado una política de apertu- ra y masiﬁ cación, se ha eliminado la prueba de aptitud académica, y se han aumentado las posibilidades de estu- dio. Esto es algo que había que rever- tir y en efecto se está haciendo, pero aunque sea controversial, es necesario preguntarse: ¿Pueden y tienen que ser profesionales universitarios todos o la mayoría de los pobladores de un país? ¿Tienen todos los habitantes aptitudes y actitudes para ser profesionales uni- versitarios? ¿Si todos son profesionales universitarios quiénes harán otras tareas fundamentales para el funcionamiento de la sociedad, desde trabajos técnicos, de servicio, comercio, trabajo agrícola, desde los más rudimentarios hasta los más tecniﬁ cados? ¿Puede el Estado ga- rantizarles el estudio de calidad a todos los habitantes de una nación? ¿Puede el Estado y la sociedad garantizarles el empleo justo y digniﬁ cado a todos los profesionales egresados? ¿No se estaría legitimando con esta posición la criticada supremacía de los estudios universitarios y denigrando el trabajo manual y técnico?
Los intelectuales universitarios:
¿reaccionarios y enemigos?
Así como al principio el gobierno de Chávez reconoció en un sector de los intelectuales y académicos un papel signiﬁ cativo en la vanguardia revolu- cionaria y él ha sido promotor perma- nente del incentivo al estudio, al deba- te, a la lectura profunda, es contradic- torio observar como paralelamente se ataca a los universitarios colocándolos en la misma trinchera de la oposición, convirtiéndolos en enemigos, defenso- res del claustro académico, cuando esta no es la realidad de todas las universi- dades.
Martínez aﬁ rmaba en el 2001, que la Revolución Bolivariana tenía
como único intelectual a Chávez. Aun reconociendo la importancia de algunos de los intelectuales que se habrían sumado a la nómina del aparato cultural de la revolución, Martínez aﬁ rma que el rol desempeñado por ellos se aproxima al de funcionarios públicos preocupados por cosas de presupuesto más que por el debate de las ideas. Las ideas –dice Martínez– las discute públicamente sólo Chávez:
“los intelectuales bolivarianos han abdicado a favor de Chávez su papel de soñadores y pensadores públicos”.
Han sido fundamentalmente ex- tranjeros la lista de asesores, ideólogos o defensores del proceso bolivariano:
Norberto Ceresole, Ignacio Ramonet, Heinz Dieterich, Marta Harnecker, James Petras, Juan Carlos Monederu.
Michel Hardt, Antonio Negri “me doy cuenta de que el Presidente no tiene
demasiado interés en que la intelectua- lidad participe genuinamente en este proceso.(…) Primero por la descon- ﬁ anza natural de un líder en armas por lo que considera es el segmento más blandengue de la sociedad, que es el de los intelectuales. Eso se maniﬁ esta en la jerga de la izquierda cuando habla o de intelectuales comprometidos o de ratas que se han vendido al imperialis- mo” (Martínez, 2001:2).
Según Casique (2008), son nota- blemente escasas las apelaciones de Chávez a los intelectuales nacionales como sujetos activos en el proceso. El propio presidente reconoció “haberle entregado la clase media a la burgue- sía”, pues, entre estos sectores de la clase media están docentes e intelec- tuales, personas que han dedicado toda su vida a la formación, de las más es- pecializadas y formadas del país, con varios títulos universitarios, experien- cias dentro y fuera de la nación, con un pensamiento crítico.
Universidades y globalización:
¿nuevas tecnologías y nuevos para- digmas?
Tenemos una Ley Universitaria con más de 40 años, es decir, en el contexto de la Venezuela rentista y populista, ante el nuevo contexto de los cambios mundiales (globalización, sociedad del conocimiento) y lo más importante aún, frente a los cambios internos que se han venido produciendo durante los últimos años, que pretender llevar
A pesar de las críticas que perma- nentemente se le hacen a la dependen- cia económica y tecnológica, de los pa- radigmas epistemológicos occidenta- les, al pensamiento hegemónico, y en la
LEU (artículo 46) se exige que la crea- ción intelectual “tendrá que trascen- der el paradigma de la investigación
cientíﬁ ca positivista” (esta exigencia es contradictoria a la libertad de pen- samiento), sin embargo, paralelamente,
se maniﬁ esta profunda admiración y se reproduce paradigmas como los de “la complejidad”, que nada tienen que ver con nuestras realidades y mucho me- nos con el socialismo y por otro lado se subestime y margina el pensamiento marxista.
En la edu cación universitaria y en general se aprecia de manera evidente la asesoría permanente e inﬂ uencia de organismos internacionales como la UNESCO, tratando de vincular la edu- cación superior a criterios pragmáticos y de eﬁ cien cia. Así mismo, hay una constante exaltación y sobrestimación –tanto en el discurso como en el pre- supuesto educativo– de los recursos tecnológicos-informativos.
En el Capítulo III de la LEU, re- lacionada a los procesos educativos, se aborda la transformación ﬁ losóﬁ ca y teórica de las carreras universitarias –que ahora pasarían a llamarse Progra- mas de Formación– que trascurren por la transformación curricular, el recono- cimiento al saber popular y el dialogo
de saberes, romper con el disciplina- rismo y la búsqueda epistemológica de lo transdisciplinario, que permitan romper con la división del conocimien- to en parcelas y que formen a hombres integrales, con dominio de la totalidad. Pero se debe tener cuidado de no caer en las trampas ideológicas de algunas corrientes ﬁ losóﬁ cas de moda.
Al ﬁ nal de la Ley aparece reﬂ eja- do la obligatoriedad –apenas se aprue- be la Ley– de crear 19 Reglamentos, que permitan el funcionamiento de la misma, que van desde los reglamentos electorales, los de procedimientos ad- ministrativos, de pensum, entre otros, al mismo tiempo que deben haberse constituido las asambleas de Transfor- mación Universitaria, que a su vez debe crear los reglamentos internos de funcionamiento de cada una de las universidades. En el Artículo 105 de la LEU se indica que serán objeto de re- glamentación especial por el Ejecutivo Nacional las siguientes materias:
1. La organización de los sectores de la comunidad universitaria;
2. la participación de la comunidad universitaria y las organizaciones del poder popular en los ámbitos establecidos en esta Ley
3. la participación de los egresados y las egresadas de las instituciones de educación universitaria en los procesos electorales
4. el sistema de carrera de los traba- jadores y las trabajadoras adminis- trativos y obreros;
5. los procesos electorales;
los órganos de gobierno universi- tario;
las modalidades de la educación universitaria;
la creación, autorización y gestión de los programas de formación;
9. la organización y funcionamiento de los Consejos de Transformación Universitaria;
10. las condiciones y procedimientos para la creación de instituciones de educación universitaria;
11. los lineamientos para la formula- ción y elaboración de los Planes de Desarrollo Institucional de las uni- versidades;
12. sobre los estudios no conducentes a títulos o grados
13. y las condiciones de ingreso de los y las estudiantes a programas de formación conducentes a títulos o grados;
14. sobre las certiﬁ caciones profesio- nales;
15. sobre la vinculación de las institu- ciones de educación universitaria con el modelo productivo socialis- ta;
16. el ingreso en determinados progra- mas de personas que no tengan el título de bachiller;
17. las condiciones para la creación, organización, formas de ﬁ nancia- miento y funcionamiento de los ins- titutos universitarios de Estado, de las instituciones universitarias de
gestión popular y de gestión priva- da;
18. la revocatoria y suspensión de la autorización para el funcionamien- to de las instituciones de educación universitaria de gestión popular y de gestión privada.
Esta transición requiere de un pro- ceso largo de discusiones y acuerdos, porque se tiene que tener claro que las universidades no son una institu- ción o empresa cualquiera, allí se es-
tán formando las nuevas generaciones, en ellas se forman, se reproducen o se confrontan paradigmas ﬁ losóﬁ cos y el pensamiento cientíﬁ co, lo cultural de cada nación. Transformar las universi- dades es transformar todo el país.
Y no es que las universidades sean las dueñas del conocimiento, y que no pueda haber conocimiento en las empresas, en el taller comunal, en el campo, sin negar todo esto y aquello propio de las sociedades globalizadas y del discurso anti escolar “de que hoy se aprende en todos los lados”, no hay la menor duda de que las universida- des son las únicas instituciones cuya obligación máxima es la producción y reproducción del conocimiento para el bienestar social, no estamos hablando del conocimiento mercancía, de la tec- nología mercantilista, solo para disfru- te de minorías, sino del conocimiento social
(1) No hay la menor duda, el movimiento es- tudiantil venezolano que forma parte de las universidades tradicionales ha sido adverso al gobierno, cuyos miembros –entre esos militares– no han sabido es- tablecer mecanismos de comunicación e interrelación. Ha sido este movimiento el que, por un lado, le ha impedido triun- far en las elecciones universitarias, y lo más importante han sido los estudiantes los que han producido las principales movilizaciones y derrotas electorales al gobierno.
(2) Ver Rodríguez (2009a, 2009b). (3) Ver Rodríguez (2012).
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References: Resolución 
 Artículo 60
 artículo 3
 artículo 9
 artículo 9
 artículo 8
 artículo 73
 artículo 165
 Artículo 167
 Artículo 9
 artículo 109
 Artículo 109
 Artículo 17
 Artículo 61
 Artículo 22
 artículo 18
 artículo 4
 artículo 14
 artículo 20
 Artículo 20
 artículo 23
 artículo 78
 Artículo 105