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Timestamp: 2018-08-15 13:19:22+00:00

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Filosofía II. Tema 1. El nacimiento de la Filosofía. Los Presocráticos. | Los ojos de la filosofía
Los pensadores presocráticos fueron numerosos y defendían una multitud de doctrinas diferentes tanto por sus métodos como por sus contenidos, de entre los cuales, no obstante, encontramos elementos comunes que bien nos pueden servir como referencia para trazar las líneas fundamentales que marcan el pensamiento filosófico de estos primeros tiempos:
-Se sustituye la narración de tipo mítico-poética (mitos), en virtud de la cual los hechos son representaos metafóricamente mediante la simbolización de dioses y personajes ficticios, por una forma de discurso racional en que se intenta narrar conceptualmente el curso necesario de la naturaleza y el conjunto de fenómenos que la integran.
-El elemento central de esta filosofía es la Physis (naturaleza o totalidad) constituida y condicionada en su origen por un principio absoluto e inquebrantable (arché) y en torno al cual gira la gran pregunta filosófica.
-La sabiduría consistirá pues en poner de manifiesto lo que está oculto mediante un proceso de desvelamiento (alétheia) que muestra la Verdad.
-El sistema de contrarios en permanente pujanza y dinamismo representa la forma esencial del pensamiento presocrático que recibirá el nombre de Tragedia y es puesto en escena a través de diferentes formas expresivas en que se va a encarnar el origen del teatro entre otras cosas.
φLos físicos milesios
Fueron los primeros en proporcionar un conjunto de explicaciones objetivas al “por qué” de las cosas y lo hicieron utilizando para ello elementos de la naturaleza (Physis), reconociéndose así como los primeros conceptualizadores de la realidad y superando con ello el discurso mitológico.
φThales de Mileto: Fue matemático, astrónomo y legislador, reconocido a su vez como primer filósofo griego propiamente dicho y uno de los llamados “siete sabios”. No se conserva ningún fragmento suyo, pero sobre todo a través de Aristóteles se dieron a conocer sus grandes ideas, que se englobarían en dos grandes tesis, a saber: 1) Que el Agua constituye el Arché o primer principio del cual todo surge por emanación y 2) que “todo está lleno de dioses”, lo que nos remite claramente a la primera formulación metafísica de la realidad, que fácilmente puede traducirse como que “todo es”.
φAnaxímenes de Mileto: de este se conserva un breve fragmento que dice así: “Al igual que nuestra alma es Aire, el Aire envuelve el mundo entero“. Una vez más se sostiene que todo es, común denominador del pensamiento presocrático el cual ni por asomo se plantea la cuestión del vacío o la nada, pero en este caso el elemento consustancial a ese todo es más abstracto e ilimitado. Todo lo que hay emerge pues del Aire por condensación y rarefacción y así se constituye la naturaleza en ciclos que van del aire a las nubes, al agua y a la tierra.
φAnaximandro de Mileto: Finalmente con él se completa el proceso de abstracción en virtud del cual se define el primer principio de la naturalez. Es autor del texto de filosofía más antiguo que se conoce, pues se sabe que escribió una obra en prosa a la que tituló Acerca de la naturaleza y en la cual explica el “sistema de contrarios” que constituye un factor común entre los presocráticos, de la siguiente forma: Todo lo que aparece, la totalidad de los fenómenos, la Physis, es derterminado en tanto constituye algo concreto y susceptible de definición, de tal modo que la procedencia, la fuente de donde emerge y que por tanto determina la totalidad, no puede ser determinado (un elemento concreto de la naturaleza como ya sostenían Thales y Anaxímenes), por el contrario, debe ser lo puramente indeterminado. A este no-elemento, a esa pura indeterminación, la denomina Ápeiron, cuyo dinamismo consiste en la permanente lucha de contrarios en función de la que toda cosa concreta es determinada. Es decir, lo blando surge por oposición a lo duro, lo claro por oposición a lo oscuro, lo frío contra lo caliente… de tal modo que para que las cosas sean deben coexistir con su contrario en permanente tensión, pues si lo frío por ejemplo se superpusiera a lo cálido hasta hacerlo desaparecer, desaparecería también. En fin, los contrarios se necesitan y esa lucha necesaria es la que define el arché como un sistema de equilibrio que mantienen estos pares de contrarios en continua pujanza y que es traducido como Justicia. El esfuerzo teórico de Anaximandro por dar una explicación científica a la realidad, va a sentar las bases de las primeras teorías de la Justicia.
φLa matematización de la Physis: Los Pitagóricos.
Constituyeron una de las primeras escuelas filosóficas, cuyo fundador fue Pitágoras de Samos, interventor durante un corto período de tiempo en la vida política, aristócrata y matemático. Para estos filósofos, son los Números los que constituyen la esencia de la naturaleza, pero debe distinguirse esta concepción matemática del mundo de aquella que mucho después van a emplear los filósofos modernos (Descartes, Galileo, Spinoza) para cuantificar los fenómenos. Para Pitágoras, los números tienen una “naturaleza cualitativa”, no cuantitativa, siendo que cada uno de ellos encierra una cualidad específica que lo diferencia radicalmente de los otros, quedando estructurados todos en una jerarquía cuya disposición obedece a la Unidad como principio determinante. Es decir, todo lo que es, en tanto que es está determinado por la Unidad. No obstante esta unidad solo puede ser Unidad en tanto es determinada de algún modo. ¿Cómo surge lo Uno, entonces? Por oposicióna lo Otro, aquello que no es unidad y que constituyendo su contrario, es definido como Dualidad, de ahí que todo número sea algo en tanto está determinado por la tensión entre Unidad y Dualidad, teniendo como base a alguna de las dos. Así, de dicha oposición se desprenden todo tipo de oposiciones, siendo que la Unidad constituye la esencia de todo lo impar, mientras que la Dualidad es la de todo lo par. En este sentido Pitágoras categoriza la realidad corforme a esta dialéctica, quedando agrupadas en una lista de pares de contrarios las esencias de todas las cosas:
Límitado – ilimitado
Quieto – Móvil
Cuadriculado – No cuadriculado
La Espacialidad constituye otra cualidad fundamental del Número-Arché, en cuanto el Uno es representado
en el punto, el Dos en la recta, el Tres en el plano y con el Cuatro se alcanza la máxima determinación en el Tiempo. El Diez se deduce como el número divino o perfecto, porque resulta de la suma de los cuatro números esenciales (1, 2, 3, 4). También la Musicalidad es consustancial a número, por que se refiere a la relación entre la longitud de una cuerda y el tono producido, siendo que si se reduce a la mitad la longitud el tono resultará una octava más alto, de lo que se deduce que la matemática es de gran utilidad para el desarrollo de la música.
φHeráclito de Éfeso (aprox. 544 – 484 A. C.)
Miembro de la nobleza reinante en Éfeso, renunció al cargo de basileus (cargo religioso) a favor de su hermano, para encargarse exclusivamente al pensamiento filosófico y la sabiduría. Escribió su famosa obra Acerca de la naturaleza, compuesta por aforismos y sentencias breves en tono cortante y lapidario, a veces difíciles de interpretar, por lo que Heráclito era llamado “el oscuro”. En dicha obra, arremete contra Homero, Hesíodo, Anaximandro y Pitágoras, entre otros, hablando de ellos en todo despectivo.
La tesis fundamental de Heráclito suele presentarse como aquella que afirma que el mundo está en un permanete cambio o devenir. Se le atribuyen las sentencias siguientes, aunque realmente son de un discípulo suyo (Cratilo):
“no te bañarás dos veces en el mismo río”
“todo fluye (panta rhei)”
Para comprender el devenir tenemos que recordar una de las características esenciales de los presocráticos, pues Heráclito es su máxima expresión: el pensamiento trágico, basado en que las cosas se dan en un sistema de oposiciones:
“La guerra es padre de todo, de todo es rey, y a unos hace aparecer como dioses,
a otros como hombres, a unos hace esclavos, a otros libres”.
Hay que interpretar esta sentencia teniendo en cuenta que cada cosa prevalece sobre su contrario, pero por eso mismo, cada cosa necesita de de él: el calor surge imponiéndose al frío, aunque la imposición no destruye al frío, sino que lo oculta por un momento determinado; es necesario contar con el frío para que el calor sea calor, no se pueden entender uno sin el otro. Los contrarios se necesitan mutuamente, por lo que el mundo (cosmos) es unidad de contrarios:
“…[algunos] no comprenden que lo diferente coincide consigo mismo; armonía de lo que retorna sobre sí mismo, como la del arco y la lira”.
Es esta “tensión”, esta “lucha” la que constituye la physis, es su arkhé, al que Heráclito simboliza como fuego.
El fuego, el cosmos y el logos
El universo, el mundo, es un cosmos (orden) concebido como lucha de contrarios, donde lo que surge lo hace a costa del ocultamiento de su contrario. Heráclito lo simboliza con la metáfora del fuego viviente:
“Este cosmos de todo … ni alguno de los dioses ni de los hombres lo hizo, sino que era y es y será, fuego siempre viviente, encendiéndose según medida y apagándose según medida”.
El fuego brilla, se manifiesta, surge y crece, a partir de aquello que consume, ocultándolo. Por eso la metáfora es perfecta para entender cómo el cosmos es también un fuego viviente, un continuo crecer a costa de lo que se oculta. Pero este proceso no es ilimitado, pues si no el cosmos acabaría consumido por el fuego en algún momento, por lo que dicho proceso debe producirse según medida. La función de la medida parece asignarse al logos, que a veces Heráclito equipara al fuego y otras a una ley universal que gobierna todo:
“Siempre se quedan los hombres sin comprender que el logos es así como yo
lo describo, lo mismo antes de haberlo oido que una vez que lo han oído; pues
aunque todas las cosas acontecen según este logos, se parecen los hombres
a gentes sin experiencia, incluso cuando experimentan palabras y acciones
como las que que explico”.
“Tras haber oído al logos y no a mi es sabio convenir que todas las cosas son una”.
“[Aun] recorriendo todo camino, no llegarás a encontrar, en tu marcha, los límites
del alma, tan profundo logos tiene”.
En resumen: la physis es un permanente devenir que se manifiesta a través de una lucha de contrarios (lucha en que unas cosas se manifiestan ocultando momentáneamente a sus contrarios). Pero este devenir no es caótico, sino que está sujeto a una ley o norma que lo rige todo: el logos.
φParménides de Elea (aprox. 510 – 440 a. C.)
Contemporáneo de Heráclito, nació en Elea, en la Magna Grecia (Italia). Al parecer fue discípulo del pitagórico Aminias, por lo que conocía las doctrinas pitagóricas y las de Anaxímenes. Desarrolla su pensamiento en un Poema escrito en tono oracular del que se conservan algunos fragmentos (en él narra cómo Parménides, transportado en un carro celeste por las hijas del sol, es llevado a la presencia de la Diosa que le muestra los dos caminos que pueden elegir los mortales: el de la verdad –alétheia-, que conduce al conocimiento del ser, y el de la opinión –doxa-.
La vía de la verdad y la vía de la opinión
La verdad como alétheia era entendida por los griegos como desocultamiento. La “palabra verdadera”, que tiene valor y poder, es aquélla que nos muestra lo que estaba oculto, es por tanto descubrimiento. Esta función, antes de la filosofía, estaba en manos de los oráculos y los poetas: en los oráculos porque el sacerdote interpreta las palabras de la pitia (Pitonisa o Sibila, mujer que tiene el don de la profecía, inspirado por el dios Apolo) que va a revelar lo que depara el destino (la moira); en los poetas porque el poeta al cantar trae a la memoria lo que estaba olvidado.
Cuando la moira es desplazada por la physis, la función pasa a ser realizada por el sabio, por el filósofo, que a su manera también muestra lo oculto, nos enseña el arkhé oculto detrás del mundo manifiesto en el que estamos.
El comienzo del Poema nos incita a abandonar el camino del no-ser, porque es impracticable: no puede conocerse ni pronunciarse lo que no es. Así pues, solo nos quedan dos caminos, el de la verdad, vía que elige el sabio, y el de la opinión, vía del común de los mortales.
La vía de la opinión consiste en el camino donde las cosas ahora son, y ahora ya no son; estamos en el mundo cambiante en el que nos movemos, el mundo de los entes (las cosas que son). En cambio, la vía de la verdad nos lleva a lo que siempre es: el ser. Los entes están en permanente cambio, se transforman de unos en otros y desaparecen, mientras que el ser no cambia. Por ejemplo, un árbol, ahora es árbol, luego puede ser madera o ceniza, pero siempre es algo. En el mundo de la opinión vemos una multitud de cosas: árboles, casas, imágenes, números, etc., pero todas las cosas tienen algo en común: todas son.
El descubrimiento fundamental de la vía de la verdad es:
“el ser es, lo que es, es, y no puede no ser”
“el no ser no es, lo que no es, no es, y no puede ser”
El sabio separa el ser del no ser, sin dejarse llevar por la opinión, que mezcla el ser con el no-ser.
A partir de lo anterior, Parménides describe los rasgos que caracterizan el ser:
1. Es eterno: no nace ni perece, puesto que si naciera vendría de algo que no es, y si muriera, ¡dejaría de ser!
2. Es uno: es decir, único, porque si hubiera dos se diferenciarían en algo. ¿En qué? O bien en ser o en no-ser. Pero si se diferencian en el ser, la diferencia no existe, pues ser y ser son lo mismo. Y si se diferencian en el no-ser, se admitiría que el no-ser tiene ser, y esto es imposible.
3. Es indivisible: para que se pudiera dividir tendría que estar compuesto de partes, lo que significa que habría más de un ser, y antes hemos visto que eso no puede ser.
4. Es inmutable: no cambia, pues si admitimos el cambio tendríamos que admitir también el paso del ser al no ser y viceversa.
5. Es limitado: no lo es todo, por ejemplo no es el mundo cambiante mezcla de ser y no-ser, por lo que limita con este mundo. Al limitar no es infinito, sino limitado.
(6. Es redondo, ya que el círculo cerrado representaba para los griegos la perfección de lo limitado)
A pesar de todo, el sabio no puede prescindir de la vía de la opinión, pues Parménides no dice en ningún momento que la vía de la verdad sea la única o la correcta, o que la de la opinión deba rechazarse. De hecho, en la segunda parte del Poema, Parménides describe el mundo de la opinión, del mundo de los entes individuales y cambiantes.
φLos pluralistas
Los pluralistas son una serie de pensadores que se caracterizan por:
1. Conciben el arkhé como elemento (estoikheion). Lo que diferencia esta concepción del arkhé de los anteriores es que para estos es concebido como un “sustrato”, algo que está por debajo de la realidad que se aparece, que da lugar a ésta y adónde va a parar. El elemento en cambio no está por debajo, sino que es aquello de lo que “están hechas” las cosas, es decir, que las cosas están compuestas de una combinación de elementos, entendidos como las partes más simples de que se componen las cosas.
2. Los elementos, cada uno en sí mismos, tienen las características del ser de Parménides: eternidad, unicidad (aunque son varios, de ahí que hablemos de pluralistas), indivisibilidad, inmutabilidad, indivisibilidad y limitación.
3. La razón de que hablen de la multiplicidad de elementos es la de explicar dos cosas: 1) Cómo es posible el cambio y 2) cómo se puede explicar la existencia de un mundo compuesto de multitud de cosas.
φEmpédocles de Agrigento (Sicilia aprox. 492 – 423 a. C.)
El mundo que se nos aparece con su multiplicidad está constituido a partir de cuatro raíces: tierra, agua, aire y fuego. Cada una tiene las mismas características del ser de Parménides. Mezcladas surgen las cosas, separadas, mueren. Las mezclas y separaciones se explican a partir de dos principios, el amor que une y el odio que separa.
φAnaxágoras de Clazomene (Jonia, aprox. 499 – 428 a. C.)
Alrededor del 453 se traslada a Atenas, siendo el primer filósofo de dicha polis. Fue amigo del legislador y defensor de la democracia ateniense Pericles, hecho que aprovecharon los enemigos políticos de este para atacerle indirectamente en la persona de Anaxágoras, que fue acusado de impiedad ante la asamblea, utilizando como pretexto que había dicho que el sol es una masa de fuego y la luna de tierra. Fue condenado al destierro.
Los elementos primeros y originarios son las semillas –spermata– llamadas luego por Aristóteles homeomerías –partes iguales–. Pero las semillas son infinitamente divisibles y cualitativamente distintas. Es como si el ser de Parménides se rompiera en infinitas partes iguales que se pueden dividir en infinitas partes iguales. Por esto no pueden encontrarse nunca en estado puro: no podemos encontrar nunca semillas absolutamente simples que sean de agua solamente; el que algo aparezca como agua se debe a que en ese algo predominan las semillas de agua.
Ejemplo: la hierba está compuesta de multitud de semillas distintas, el que aparezca como hierba se debe a que la mayoría de semillas que la componen son semillas de hierba, pero también tiene semillas de agua, carne, hueso, tierra, etc. Por eso cuando una vaca come hierba, selecciona las semillas de carne y hueso y las incorpora a su organismo, deshaciéndose del resto. Esto explica que los herbívoros, comiendo hierba, produzcan carne, huesos…
Separándose y uniéndose las semillas surgen las cosas. Al principio hay una mezcla absoluta de la que van separándose las cosas diferentes, gracias al nous –inteligencia ordenadora–, un principio de separación por el que surge la diversidad de cosas. El nous de Anaxágoras tiene la misma finalidad que el logos de Heráclito.
φAtomistas: Demócrito de Abdera (Jonia, aprox. 460 – 370 a. C.)
El fundador de la escuela atomista fue Leucipo, un personaje contemporáneo de los sofistas y Sócrates, pero del que no se sabe casi nada, por lo que conocemos la filosofía atomista por su discípulo Demócrito.
Para los atomistas el mundo está compuesto de infinitos átomos – a-toma, in-divisible –, que son eternos y cualitativamente iguales (aunque se diferencias por su forma) y se mueven en un vacío eterno.
La combinación de átomos no se explica por ningún logos o nous, sino por ellos mismos, los cuales al chocar se unen, generando las cosas compuestas. Aristóteles explica este proceso diciendo que los átomos son como las letras del alfabeto que se distinguen en su forma y al combinarse crean las palabras y las oraciones. Los átomos tienen las características del ser parmenídeo, pero para su movimiento necesitan un espacio vacío que Demócrito identifica con el no-ser.
Los atomistas son antifinalistas y mecanicistas, lo que quiere decir:
1. La formación de las cosas se produce por el chocque fortuito de los átomos, es decir, se produce por mero azar, lo que significa que el cosmos –mundo– no tiene ningún tipo de “finalidad”, ningún orden en el sentido del logos o el nous.
2. Al explicar todo desde la “materia” (los átomos) y el “movimiento”, el cosmos es concebido como una máquina o un mecanismo.
-AGUSTÍN RIVAS, Apuntes de clase para Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato
-G. S. KIRK, J. E. RAVEN y M. SCHOFIELD, Los filósofos presocráticos, Madrid, Gredos, 1987
-G. REALE y D. ANTISERI, Historia del pensamiento filosófico y científico, Tomo I, Barcelona, Herder, 2001
-A. BUGARÍN, Filosofía II, León, Everest, 2003
-La Escuela de Atenas, bitácora de Filosofía Clásica: http://laescueladeateanas.wordpress.com/
-Carl Sagan, Cosmos, capítulo VII, El espinazo del cielo: http://es.youtube.com/watch?v=_G7JQ88JvO0
-Aula de Filosofía, por Eugenio Sánchez Bravo: http://www.auladefilosofia.com
-David Pastor Vico, El paso del mito al logos, en el programa de Canal 2 Andalucía “Colga2 con Manu”, http://es.youtube.com/watch?v=2lNSDFU0OW
~ por losojosdelafilosofia en octubre 15, 2008.

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