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Timestamp: 2018-01-20 10:46:20+00:00

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Revolviendo la Sopa: La Mujer en el proceso de la Revolución Cubana: Artículo para la Fecha!
Mujeres y la Sexta (Del Movimiento Zapatista en México) comparte para nosotrxs ésta reflexión de Isabel Moya, desde el enfoque de género, sobre la situación y condición de la mujer en el proceso de la Revolución Cubana.
"Para un mejor amor”
La discusión comenzó cuando apenas caía la tarde y se prolongó hasta
la llegada de la madrugada. Durante siete horas, Fidel Castro,
Comandante en Jefe del Ejército Rebelde y de las Milicias, debatió con
su tropa la entrega de armas a un destacamento formado por mujeres.
Esa noche del 4 de septiembre de 1958 —en las inmediaciones del
hospital de La Plata, en la Sierra Maestra— los argumentos contra la
discriminación de la mujer, defendidos con vehemencia por Fidel,
germinaron en la creación del pelotón Mariana Grajales.
A estos hechos se refirió el líder de la Revolución Cubana en su
primera alocución al pueblo el 1ro. de enero de 1959, en Santiago de
Cuba, cuando enumeró los males a enfrentar para la consecución de una
sociedad justa: “yo quería demostrar que las mujeres podían ser tan
buenos soldados y que existían muchos prejuicios… en relación con la
mujer, y que la mujer es un sector de nuestro país que necesita
también ser redimido, porque es víctima de la discriminación en el
trabajo y en otros aspectos de la vida.” [2]
La anécdota ilustra, por una parte, la prioridad del tema en la agenda
de la Revolución Cubana, y por otra parte, apunta una de las
características que signa el proceso, de lo que se ha llamado, en el
contexto cubano “la batalla por la igualdad de la mujer”: la voluntad
política de equidad y las acciones para potenciar esta voluntad, se
han desarrollado en un devenir donde cohabitan la participación y el
protagonismo con la resistencia consciente y/o inconsciente, a nivel
individual y social, al cambio.
Mujer, Revolución y estudios de género en Cuba: ¿cómo le entra el agua
al coco?
El tema se ha investigado insuficientemente, aunque existe una
tendencia creciente en la última década a los estudios de género, se
ha creado el Centro de Estudios de la Mujer de la FMC, funcionan 30
Cátedras de la Mujer y la Familia, y hace algo más de dos años se
cursa la maestría en Estudios de Género en la Universidad de La Habana.
Pero las investigaciones realizadas desde múltiples disciplinas
—recomiendo a los que quieran profundizar el trabajo de la Doctora
Marta Núñez[3]— resultan parciales y no se ha logrado sistematizar las
particularidades del proceso cubano por una cultura de la igualdad de
derechos, oportunidades y posibilidades entre mujeres y hombres.
Apenas hay estudios longitudinales que permitan establecer
tendencias[4]. Mucha información se encuentra dispersa en informes y
discursos. Existe también una producción realizada por investigadoras
no cubanas, muchas de las cuales no se han publicado o dado a conocer
en la Isla, con las que sería interesante establecer un diálogo crítico.
Me propongo en estas páginas un acercamiento, desde el enfoque de
género, a la situación y condición de la mujer en el proceso de la
Revolución Cubana que intenta señalar algunos aspectos que considero
clave y me detengo en algunos controversiales.
Para ello me apoyo en la concepción que asume que el género [5]
remite a la desigualdad y la asimetría, que socialmente se plasma en
jerarquías, en dominación, en subordinación, en inclusiones o
exclusiones, y en su extremo en opresión. Remite, pues, a juegos de
poder que para materializarse requieren algo más que una lógica
binaria estructuradora.
Aunque el género alude a la relación dialéctica entre los sexos y, por
lo tanto, no solo al estudio de la mujer y lo femenino, sino de
hombres y mujeres en sus relaciones sociales, en este trabajo
circunscribiré mi análisis específicamente al tratamiento del tema de
la mujer dentro del ideario humanista de la Revolución Socialista en
Cuba. Un aspecto que en mi opinión ha marcado raigalmente y de manera
peculiar y novedosa el proceso de la Revolución Cubana.
Es precisamente la convivencia de viejos y nuevos paradigmas de
mujeres y hombres lo que tipifica las relaciones de género en la
sociedad cubana 50 años después de la mítica discusión para crear un
batallón de mujeres en la Sierra Maestra. Pudiera tipificarse como un
escenario paradójico y contradictorio cuyos márgenes no pueden apresarse.
La participación de la mujer en la vida económica, política y social
del país, y el crecimiento a nivel individual y social en el proceso
de reconceptualización y reconstrucción de lo considerado
tradicionalmente como masculino y femenino, muestra incuestionables avances.
Resulta imprescindible para entender la alta potenciación de las
mujeres en la sociedad cubana que según consta en el Plan de Acción de
la República de Cuba de seguimiento a Beijing el estado “en
concordancia con su proyecto de justicia social, de democracia
participativa y de lucha tenaz para eliminar toda forma de
discriminación y opresión por razones de clase, género y raza, ha
puesto en práctica desde 1959 su Estrategia Nacional de Desarrollo que
comprende la ejecución en forma articulada y armónica, de los
programas económicos y sociales en tal sentido ha impulsado la
creación y desarrollo de las bases económicas, jurídicas,
educacionales, culturales y sociales que garanticen la igualdad de
derechos, oportunidades y posibilidades a hombres y mujeres,
transformando la condición de discriminación y subordinación a que
secularmente había estado sometida la mujer cubana y promoviendo la
eliminación de estereotipos sexuales tradicionales y la
reconceptualización de su papel en la sociedad y en la familia”.[6]
He tratado de no dejarme seducir por las estadísticas para referirme a
los cambios acaecidos en la vida de las mujeres, y detenerme más allá
de las cifras, en una aproximación al análisis de los procesos que han
propiciado los cambios, por lo que pueden aportar como experiencia y
por lo que revelan en cuanto a los desafíos futuros. Sin embargo, la
tentación es enorme porque los datos son impactantes:[7]
Las mujeres constituían el 12 % de la fuerza laboral en 1953, hoy son
el 46 % del sector estatal civil.
Eran el 3 % de los graduados universitarios, y hoy son algo más del 60
% de los graduados y más del 62 de la matrícula.
Constituyen el 51 % de los trabajadores de la ciencia y el 48 de los
investigadores directos.
De 403 médicas en 1953, el 6,5 % de todos los médicos, en la
actualidad resultan el 56 % y el 51,7 de los colaboradores de la salud.
Las cubanas reciben igual salario, por trabajo de igual valor y con la
misma preparación.
Sin embargo, estos datos deben verse en un entramado de relaciones
socioculturales y no asumirlos como una realidad homogénea. Ello
permite una aproximación al tema en su complejidad y devela porque aún
queda un largo camino por recorrer para el logro de una verdadera
cultura de la igualdad entre hombres y mujeres.
Recordemos que, como bien señala Judith Butler, mujer no es un
significante estable sino un problemático término que puede contener
múltiples significados. [8] Una mirada a las cifras, a partir de una
caracterización realizada por la Doctora Patricia Arés[9] teniendo en
cuenta las últimas tendencias en la combinación entre capital
económico, cultural y social de la familia cubana permite esbozar tres
corrientes principales que ilustran que estos altos niveles de
participación se expresan de manera heterogénea. La Doctora Arés
tipifica tres grupos fundamentales:
Grupo de mujeres profesionales que tienen un capital económico tal vez
bajo, pero alto capital cultural donde las mujeres de la generación
del protagonismo están muy vinculadas a los proyectos sociales, y
donde las mujeres de la nueva generación han incorporado de forma
diferente a la pareja, han postergado su maternidad y a diferencia de
la generación anterior establecen más diálogo con la pareja. Las
profesionales jóvenes de estas familias se van posicionando desde la
jefatura del verdadero protagonismo, hay una reproducción del interés
por el estudio, la superación profesional.
Grupo de bajo nivel cultural, educacional y económico, caracterizado
por familias monoparentales, con mujeres o madres solas al frente de
ellas, estas mujeres ejercen un protagonismo pero desde la
precariedad, reproduciendo patrones de género que parecían superados.
En los grupos de la llamada mediocracia: poder económico considerable
y bajo potencial cultural y sin un compromiso social, la posición de
la mujer es la de tener un patriarca que la mantenga, es el paradigma
de la familia tradicional burguesa, no se ven adelantos en la posición
A esta caracterización debe sumarse que en muchas ocasiones la
participación en la vida pública se realiza en condiciones de dobles y
triples jornadas de trabajo para las mujeres. Siguen siendo ellas de
manera general las responsables de las tareas domésticas, la educación
de los hijos y el cuidado de los ancianos.
Si bien es en las relaciones de pareja y en el hogar donde más se
evidencian los rezagos de una ideología patriarcal esta se manifiesta
aún en los más variados aspectos de la vida social. El proceso de
cambios debemos contextualizarlo en el desafío que señalaba Rosa de
Luxemburgo: “Vincular la lucha cotidiana con el grandioso proyecto de
una reforma del mundo, este es el gran problema que se plantea para el
movimiento socialista”[10].
A nivel ideológico se superponen las tradicionales visiones de lo
considerado femenino y masculino con los nuevos modelos. Pudiéramos
hablar de un híbrido en el que se están gestando, tal vez, los nuevos
paradigmas. Me refiero, por supuesto, a tendencias, pues como en todo
proceso social el espectro abarca desde los sujetos más apegados a la
cultura patriarcal hasta los más transgresores de las asignaciones de género.
El Che escribía en su ya clásico El hombre y el Socialismo en Cuba:
“El cambio no se produce automáticamente en la conciencia, como no se
produce tampoco en la economía. Las variaciones son lentas y no son
rítmicas; hay períodos de aceleración, otros pausados e incluso, de
retroceso”.[11]
No se pueden, por tanto, simplificar los procesos ideológicos y
subjetivos que tienen su propia dinámica y que están condicionados por
factores psicológicos, de clase, raza, orientación sexual, éticos,
familiares, culturales y sociales. En este macrocontexto sociocultural
y político es que hay que situar las concepciones de hombres y mujeres
sobre masculinidad y feminidad y sus relaciones en Cuba.
El espacio no me permite escribir de las pioneras del pensamiento y la
práctica feminista en Cuba como Gertrudis Gómez de Avellaneda o Ana
Betancourt, ni de sus seguidoras como María Luisa Dolz, Mariblanca
Sabas Alomá, Camila Henríquez Ureña, Loló de la Torriente o Mirta
Aguirre[12]… Aunque sí es preciso señalar que desde mediados del siglo
XIX vinieron conformando un ideario donde se articuló lo más avanzado
del pensamiento feminista de su época.
Ahora bien, la concepción teórico-política sobre el tema de la
discriminación de la mujer en Cuba, si bien es expresión de ese
ideario, no parte específicamente de él, sino de una doctrina que
propone aunar el proceso emancipatorio de la nación con las
especificidades de formas de opresión por motivos de clase, raza y
sexo entre otras. Esta concepción se resume en la conocida frase de
1966: “Este fenómeno de la mujer en la Revolución es una Revolución
dentro de otra Revolución.” [13]
Un análisis con las actuales herramientas que ofrece la perspectiva de
género a la Revolución y su política para potenciar la igualdad de
derechos y oportunidades de las mujeres devela algunas de sus
características esenciales: el reconocimiento de la dimensión de
clase, raza y género en el análisis de la situación y condición de la
mujeres; la necesidad de políticas específicas y de formas de
organización que permitan la reivindicación de sus intereses
particulares; el necesario protagonismo femenino en su propia
liberación articulado con los cambios sociales generales; la
conciencia de la necesidad de realizar profundas transformaciones en
las relaciones y los roles al interior del hogar.
Precisamente, la particularidad y el aporte del pensamiento de Fidel y
de la práctica política cubana está dada en que —a diferencia de la
concepción llevada a cabo en la URSS, después de la muerte de Lenin, y
extrapolada luego al llamado campo socialista, donde se afirmaba que
el socialismo era tan liberador en sí mismo que en última instancia
eliminaría todas las desigualdades existentes— en nuestro país se
crearon políticas específicas para potenciar la igualdad de derechos y
Afirma Carolina Aguilar[14] que en 1970 en ocasión de celebrarse en
Moscú el Simposio Internacional para conmemorar el Centenario del
Natalicio de Lenin las participantes preguntaron a los funcionarios
del PCUS al frente del trabajo político ideológico las proyecciones
del Partido en relación con la discriminación de las mujeres y estos
dijeron que no eran necesarias, pues la liberación de la mujer
llegaría con el socialismo desarrollado, por lo que en esos momentos
la prioridad era el desarrollo del país.
Esta concepción ignora que ser mujer es una dimensión del ser humano
de sexo femenino, pero sin duda ser blanca o negra, obrera,
intelectual, clase media o indigente signa, marca, define a la manera
en que en ese ser humano se construye el ser mujer y que hay que
asumir esta diversidad.
Así que la desaparición de la explotación y la toma del poder
revolucionario por sí mismo, no significa que se hayan creado
inmediatamente y de forma automática las condiciones para que las
mujeres ocupen el lugar que les corresponde en la sociedad. La
igualdad de derechos y oportunidades entre los hombres y las mujeres
no pueden condicionarse a la creación de la base material, al
desarrollo económico y social, sino que deben acompañarse del
verdadero desarrollo de una cultura de la igualdad.
En el caso cubano Fidel afirmaba en el muy temprano 1962: “Las mujeres
dentro de la sociedad, tienen intereses que son comunes a todos los
miembros de la sociedad; pero tienen también intereses que son propios
de las mujeres. Sobre todo, cuando se trata de crear una sociedad
distinta, de organizar un mundo mejor para todos los seres humanos;
las mujeres tienen intereses muy grandes en ese esfuerzo, porque,
entre otras cosas, la mujer es un sector que en el mundo capitalista
en que vivíamos estaba discriminada. En el mundo que estamos
construyendo, es necesario que desaparezca todo vestigio de
discriminación de la mujer.” [15]
Aunque este es un tema sumamente debatido, pues hay quienes afirman
que la Revolución Cubana no tenía un interés particular en la
eliminación de la discriminación de la mujer, sino que necesitaba su
fuerza de trabajo y su participación en la defensa del proyecto
social; en mi opinión, es inconsistente establecer una relación
dicotómica y excluyente entre la participación y defensa de la
Revolución, por parte de las cubanas, y las reivindicaciones
Este tipo de análisis presupone que los procesos sociales pueden
estructurarse en un orden matemático e ignora que se realizan en un
proceso dialéctico y sistémico donde se presuponen y relacionan de
manera multidimensional.
La centralidad del asunto en la construcción de la sociedad socialista
en Cuba se evidencia en otra afirmación de Fidel: “cuando se juzgue a
nuestra Revolución en los años futuros, una de las cuestiones por las
cuales nos juzgarán será por la forma en que hayamos resuelto en
nuestra sociedad y en nuestra Patria los problemas de la mujer, aunque
se trate de uno de los problemas de la Revolución que requieren más
tenacidad, más firmeza, más constancia y más esfuerzo.”[16]
La aprobación de una Resolución sobre el pleno ejercicio de la
igualdad de la mujer en 1975 en el Primer Congreso del Partido
Comunista de Cuba es un indicador también de esta centralidad ya
mencionada. Por la riqueza que puede aportar al debate cito este
fragmento de dicha Resolución, que se refiere, aunque no lo nombra de
esa manera, a lo que los estudios feministas llaman la doble jornada:
“El primer Congreso del Partido Comunista de Cuba proclama que es
ineludible deber revolucionario, lograr la distribución equitativa
entre los miembros de la familia de las inevitables labores del hogar.
Es necesario que todos comprendan que esta es una cuestión que atañe
no solo a las nuevas generaciones, sino a todos los integrantes de
nuestra actual sociedad.” [17] Esta declaración de principios fue a su
vez plasmada en el Código de Familia aprobado ese mismo año.
Otro aspecto que tipifica el proceso cubano por la igualdad de
derechos, oportunidades y posibilidades entre mujeres y hombres, fue
la creación de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), presidida desde
su fundación por una combatiente del llano y de la sierra, Vilma Espín.
El nacimiento de la Federación de Mujeres Cubanas en el propio año ’59
—constituida oficialmente el 23 de agosto de 1960— es una expresión
del tratamiento particular, dentro de lo general, que se le brindó al
tema de la mujer.
Esta fue la primera organización de masas creada en Cuba. Tal vez la
frase del Che de que el ser humano es “el actor de ese extraño y
apasionante drama que es la construcción del socialismo, en su doble
existencia de ser único y miembro de la comunidad”[18], expresa mejor
que cualquier enumeración de tareas y acciones la complejidad de los
retos que ha tenido que asumir la Federación de Mujeres Cubanas en su
misión de potenciar la igualdad de derechos y oportunidades entre
Los aportes de Vilma y su pensamiento merecen una investigación en sí
misma, pero cabe mencionar desde la creación de los círculos
infantiles, la educación sexual, la labor por el respeto a la libre
orientación sexual, las relaciones nuevas en la pareja. “La mujer ha
encontrado la libertad en el socialismo, pero la libertad no solo
significa ausencia de presiones, sino libertad de decidir. El derecho
de hombres y mujeres a determinar su vida con libertad incluye el
reconocimiento del mismo derecho para todos los demás.” [19]
El amplio trabajo de base de la FMC, su labor en la elevación del
nivel educacional, cultural, político, ideológico de las mujeres y su
empeño por la incorporación de ellas a todos los ámbitos y niveles de
la sociedad cubana se expresa en múltiples acciones de salud,
educación, prevención y atención social, así como en las más diversas
labores de cada comunidad.
El prestigio por su labor como interlocutora del gobierno en los
asuntos relacionados con la mujer, su papel como propiciadora de la
introducción de los asuntos relacionados con el género en la agenda
institucional, junto al proceso de crecimiento individual de sus
integrantes y de la propia organización posibilitó que la Federación
de Mujeres Cubanas deviniera y fuera reconocida como Mecanismo
Nacional del Estado Cubano para el adelanto de la Mujer.
Posee reconocimiento constitucional, personalidad jurídica propia y
goza además de iniciativa legislativa. Su aval dentro de la sociedad
civil cubana la ha dotado de la autoridad que le permite actuar e
influenciar en las políticas, promulgación de leyes y decisiones
Sin embargo, a las puertas de su VIII Congreso y con más de cuatro
millones de afiliadas, la organización tiene el reto de asumir las
complejidades de formas más sutiles de discriminación que se expresan
hoy; de encontrar métodos para incidir de forma más específica en la
subjetividad de hombres y mujeres, y atraer a las mujeres jóvenes, que
ven como “natural” muchos derechos conquistados por sus madres y
abuelas, y que visibilizan la discriminación por motivo de género,
sobre todo, cuando se incorporan a la vida laboral y comienzan a
vivenciar las incompatibilidades que aún a nivel de la sociedad se
expresan entre la vida pública y la vida familiar.
El otro elemento clave potenciador del empoderamiento de las mujeres
en Cuba que me gustaría significar es la legislación. En la
Constitución de la República de Cuba, en su capítulo V, Igualdad, se proclama:
Artículo 41.- Todos los ciudadanos gozan de iguales derechos y están
Artículo 42.- La discriminación por motivo de raza, color de la piel,
sexo, origen nacional, creencias religiosas y cualquiera otra lesiva a
la dignidad humana esta proscrita y es sancionada por la ley. Las
instituciones del estado educan a todos, desde la más temprana edad,
en el principio de la igualdad de los seres humanos.
Artículo 43.- El estado consagra el derecho conquistado por la
-tienen acceso, según méritos y capacidades, a todos los cargos y
-ascienden a todas las jerarquías de las fuerzas armadas
-disfrutan de la enseñanza en todas las instituciones docentes del
-se domicilian en cualquier sector, zona o barrio de las ciudades y se
alojan en cualquier hotel;
-son atendidos en todos los restaurantes y demás establecimientos de
-usan, sin separaciones, los transportes marítimos, ferroviarios,
-disfrutan de los mismos balnearios, playas, parques, círculos
Artículo 44. - La mujer y el hombre gozan de iguales derechos en lo
económico, político, cultural, social y familiar.
El estado garantiza que se ofrezcan a la mujer las mismas
oportunidades y posibilidades que al hombre, a fin de lograr su plena
participación en el desarrollo del país.
El estado organiza instituciones tales como círculos infantiles,
seminternados e internados escolares, casas de atención a ancianos y
servicios que facilitan a la familia trabajadora el desempeño de sus
Al velar por su salud y por una sana descendencia, el estado concede a
la mujer trabajadora licencia retribuida por maternidad, antes y
después del parto, y opciones laborales temporales compatibles con su
El estado se esfuerza por crear todas las condiciones que propicien la
realización del principio de igualdad.
Se han dictado numerosas leyes y disposiciones jurídicas que
garantizan derechos humanos fundamentales para uno y otro sexo y
particularmente para la mujer tales como: La Ley de Maternidad (1974)
perfeccionada en varias ocasiones y que en la actualidad el decreto
ley 234 incluye el derecho a la licencia por paternidad, Código de la
Familia (1975), Ley de Protección e Higiene del Trabajo (1977), Ley de
Seguridad Social (1979), Código de la Niñez y la Juventud (1984),
Código del Trabajo (1985), Plan de Acción Nacional de Seguimiento a la
Conferencia de Beijing de la República de Cuba (l997) y la Ley 62 del
Código Penal (1987), que en su artículo 295 tipifica como delito la
violación del derecho de igualdad y la discriminación por cualquier motivo.
Entre los convenios jurídicos internacionales cabe destacar que Cuba
fue el primer país en firmar y el segundo en ratificar la Convención
De manera general podemos asegurar que desde el punto de vista
jurídico las cubanas tienen garantizados sus derechos civiles y
políticos, los derechos sexuales y reproductivos, el derecho al
empleo, el derecho al estudio y la capacitación. Sin embargo, la
legalidad no es suficiente para articular cambios que tienen que ver
con estereotipos sociales, tradiciones, juicios de valor, prejuicios,
roles asignados y asumidos.
Cuando los trozos del Muro de Berlín comenzaron a venderse como
souvenir y los analistas políticos de occidente proclamaron el fin de
la historia y las ideologías, en Cuba comenzó lo que eufemísticamente
hemos llamado período especial: enfrentar la pérdida del 80 % del
El impacto fue muy grande para las mujeres, pues la importante
contracción en los servicios, la escasez de alimentos, las
dificultades con el transporte, las interrupciones eléctricas, las
vicisitudes diarias exigían más esfuerzo, más sacrificio y más horas
dedicadas a las tareas domésticas. Sin embargo, la resistencia que se
expresó desde la vida cotidiana y que protagonizaron las mujeres fue
esencial para el sostenimiento de la Revolución.
No se produce, sin embargo, un proceso significativo de retorno al
hogar en este período. Varios son los factores que Marta Núñez[20]
aduce para ello: las categorías ocupacionales de las mujeres y su
vínculo con la biotecnología y otras industrias de punta que las hacía
imprescindibles, la necesidad económica de las jefas de hogar, la
tradición que ya existía entre las jóvenes hijas de trabajadoras, y yo
agregaría, la voluntad política de preservar el derecho de la
trabajadora y la creación de comisiones de empleo femenino para
proteger a las mujeres cuando había que cerrar un centro laboral.
En este período despegan los estudios de género fundamentalmente en
algunas disciplinas como historia, literatura y psicología.
Particularmente interesante resulta, a finales de la década, el
florecimiento de una literatura escrita por mujeres que va a penetrar
con una mirada inquisitiva en zonas poco tratadas como el erotismo
femenino, la violencia de género, los nuevos modelos de mujeres
trasgresoras de las asignaciones tradicionales de género, el
lesbianismo, entre otros.
Sin embargo, la percepción y autopercepción de la mujer como objeto
sexual se evidencia como un elemento del imaginario que no había
desaparecido, pues vuelve la prostitución —renombrada “jineterismo” —
con características muy diferentes a la que la Revolución eliminó en
Vuelve a evidenciarse, que en cada momento histórico, conviven los
viejos estereotipos que desde la práctica social y los símbolos
compartidos definen la feminidad, con formas nuevas y transgresoras.
En los 90 algunas de estas tendencias se polarizan a consecuencia de
Con frecuencia se ha cuestionado la obra de la Revolución Cubana en
relación con las mujeres por ciertos prejuicios e incomprensiones que
a finales de los 60 y principios de los 70 existían en nuestro país
sobre el movimiento feminista, sobre todo el radical.
La propia Vilma Espín, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas
y otras fundadoras de la FMC, han explicado la coyuntura en que estos
desencuentros se produjeron. En Cuba las mujeres se incorporaban
plenamente a los grandes cambios de la sociedad, se aprobaban tesis en
los Congresos del Partido y la Federación sobre la Igualdad de la
Mujer, las leyes evidenciaban una voluntad política para enfrentar la
discriminación por razones de sexo... se consideraba entonces que
aquel feminismo era propio del capitalismo, algo foráneo, ajeno a
Pero ya, desde principios de los 80 comenzó a asumirse la diversidad
del movimiento y la FMC participó activamente en los Encuentros
Feministas, y fue apropiándose teóricamente de las herramientas del
enfoque de género contextualizándolas al proceso cubano de
potenciación de una cultura de la igualdad.
Judith Astelarra, feminista argentina radicada en Barcelona, relata en
el prólogo a la edición cubana de su libro ¿Libres e iguales? “Durante
mucho tiempo las amigas cubanas no participaron en el feminismo
latinoamericano, recuerdo a lo largo de los años 80 en encuentros como
los de Naciones Unidas de la década de la mujer haber sido parte de
las feministas latinoamericanas que polemizábamos con las delegaciones
cubanas (…) Hoy ideas y propuestas feministas han adquirido presencia
en el debate académico y político cubano.”[21]
Aún hay una pobre apropiación de las herramientas del feminismo, de su
estudio y de las feministas marxistas y las polémicas entre los
feminismos. Urge articular en las investigaciones la dimensión de género.
Incluso cuando se realizan inventarios de los logros de la Revolución
Cubana se exalta la educación, la salud, el deporte y no se repara en
que lo alcanzado en materia de derechos y oportunidades para las
mujeres resulta una conquista social sin precedentes.
Para muchos marxistas esta era una problemática crucial en la lucha
proletaria, León Trotsky afirmaba: “Una revolución no es digna de
llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no
es capaz de ayudar a la mujer —doble o triplemente esclavizada, como
lo fue en el pasado— a salir a flote y avanzar por el camino del
progreso social e individual”.[22]
Rosa de Luxemburgo, por su parte, había señalado en una carta a Franz
Mehring en febrero de 1916: “El socialismo no es, precisamente, un
problema de cuchillo y tenedor, sino un movimiento de cultura, una
grande y poderosa concepción del mundo.”[23] Y en esa transformación
cultural incluía las concepciones acerca de la mujer en la sociedad
capitalista y en la socialista: “la moderna proletaria se presenta hoy
en la tribuna pública como la fuerza más avanzada de la clase obrera y
al mismo tiempo de todo el sexo femenino.”[24]
La pervivencia de machismo en la sociedad cubana actual tanto en
hombres, como en mujeres, es también un punto de debate para algunas
cubanólogas que lo consideran como un error de la construcción del
socialismo aduciendo que se le ha prestado poca atención a la subjetividad.
Pero el complejo proceso de construir relaciones sociales más
equitativas y justas implica no solo modificar la base económica y las
relaciones de producción sino una profunda revolución cultural que se
ha ido forjando en el día a día, sin recetas, descubriendo camino al andar.
Las formas en que el pensamiento patriarcal se reproduce son muy
variadas, pues se metamorfosea y se resiste a desaparecer anclado como
está en las tradiciones y la cultura. Se asoma en el currículo oculto,
en la letra de una canción de moda, en los juicios de valor de un
administrador que debe promover a una trabajadora, en los debates
sobre la propuesta de modificación del Código de Familia. Pero es un
proceso lógico que se debe asumir en su complejidad. Cincuenta años de
Revolución es apenas un suspiro en el tiempo si lo comparamos con 500
años de cultura judeo cristiana occidental que conformaron la nación cubana.
Los estereotipos, prejuicios, conductas y juicios de valor sexistas
arraigados en las tradiciones de la cultura patriarcal en Cuba se
modifican en un complejo proceso de reconceptualización en el que
inciden la voluntad política, la legislación, los medios de difusión,
la escuela, la familia, la subjetividad de cada individuo: la sociedad
· El reconocimiento de la propia discriminación y sus formas
· Desde las políticas públicas potenciar el Plan de Acción
Nacional de Seguimiento a Beijing.
· Incluir la perspectiva de género en las investigaciones
sociales como una categoría de análisis indispensable.
· El trabajo de sensibilización con los medios de comunicación
y otras instituciones socializadoras.
· Romper el llamado techo de cristal en cuanto el acceso de la
mujer en los puestos de toma de decisiones.
· Aprobación de las reformas propuestas al Código de Familia
donde se legitiman los tribunales de familia, las uniones legales
entre personas del mismo sexo y se perfecciona el tratamiento de
aspectos relacionados con la violencia de género.
La Revolución nueva que rompiera el yugo que sometía a las mujeres y
le desatara las alas[25], que reclamaba Ana Betancourt el 14 de abril
de 1869, en una callecita a un costado de la Plaza de Guáimaro, en
Camagüey, donde se constituía la primera República de Cuba en Armas,
está en marcha. De hombres y mujeres depende hasta dónde remontaremos vuelo.
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http://www.awtw.org/spanish/numero_anteriores/1998-24/leninMujeres16_2
4Span.htm
[1] Daltón, Roque. Para un mejor amor en
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=11820
[2] Castro Ruz, Fidel. Mujeres y Revolución. Editorial de la Mujer,
Ciudad de La Habana 2006. Pág.29
[4] Un esbozo de periodización puede encontrarse en la introducción a
Mujeres y Revolución realizada por Carolina Aguilar y Yolanda Ferrer.
[5] Gutiérrez Castañeda, Griselda. El Concepto de Género una
perspectiva para pensar
[7] Las cifras fueron tomadas del libro de estadísticas sobre la mujer
en Cuba en proceso de publicación por el Centro de Estudios de la
Mujer de la FMC y la Oficina Nacional de Estadísticas.
[8] Butler, Judith. El Género en disputa. El feminismo y la subversión
de la identidad. Paidós, Barcelona, 2001. Pág 33.
[9] Arés, Patricia. Familias y Mujeres: entre cambios y retrocesos.
Entrevista realizada por Sara Más. Revista Caminos. 7 de noviembre de 2007.
[10] Luxemburgo, Rosa. citada por Dario Rensi en Rosa de Luxemburgo el
embrión de otro marxismo en http//
www.herramienta.com.ar/varios/s/3-6.html
[12] Ver Gonzalez Pagés, Julio. En busca de un espacio: Historia de
[13] Castro Ruz, Fidel. Mujeres y Revolución. Editorial de la Mujer,
Ciudad de La Habana 2006. Pág.112.
[14] Aguilar Ayerra Carolina en Las cubanas de hoy: el destino y su
[18] Betto, Frei. Carta al Che Guevara. En La Jiribilla de Papel.
Número 10. Octubre 2003.
[19] Espín, Vilma. Sección A Debate. Periódico Juventud Rebelde. 23 de
en los noventa: un estudio con mujeres profesionales. Papers de
Sociología, Nº 63/64
[21] Astelarra Judith ¿Libres e iguales? Sociedad y política desde el
[22] Trosky, León citado por Andrea D’Atri en Feminismo y Marxismo:
Más de 30 años de controversia en http://www.espacioalternativo.org/taxonomy/term/40?from=60
[25] “Ciudadanos: la mujer en el rincón oscuro y tranquilo del hogar
esperaba paciente y resignada esta hora hermosa, en que una revolución
nueva rompe su yugo y le desata las alas”. “Ciudadanos: Aquí todo era
esclavo: la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la
esclavitud de la cuna peleando hasta morir. Habéis destruido la
esclavitud del color emancipando al siervo. Llegó el momento de
libertar a la mujer”. Citado por Borges Moya, Ester en Ana Betancourt:
Llegó el momento de libertar a la mujer.
* Algunas de las ideas que aparecen en este artículo, fueron esbozadas
por la autora en "Sobre una gorda sin sentimiento y otras hierbas en
Mirar de otra manera". Cátedra de la Mujer. Universidad de La Habana. (2008)
Intervención en el Seminario 50 Aniversario de la Revolución Cubana,
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