Source: https://luisalejandre.menorca.info/2011/03
Timestamp: 2018-12-13 18:04:16+00:00

Document:
marzo, 2011 | Entre dos islas
Guerras contrapuestas
Anteayer martes, el Congreso ratificó con mayoría absoluta, la decisión del Gobierno de intervenir en Libia. Gesto positivo para las Fuerzas Armadas, especialmente para quienes desde barcos o aviones arriesgan sus esfuerzos y su disponibilidad. Nunca ha sido cómodo emprender acciones de este tipo entre pancartas de «no a la guerra» y «gobierno asesino», entre broncas parlamentarias o entre incendiarias soflamas de medios de comunicación escritos o televisivos. A evitar a toda costa la palabra «guerra» –pobres «negros» que preparan los discursos– ya estamos acostumbrados. Nos la quitaron incluso de nuestras Ordenanzas Militares. ¡Siempre somos humanitarios! Elegante la oposición, evitando revanchas. Alguno de sus diputados había sacado 150 copias de la Resolución 14/83 de 22 de Mayo de 2003 sobre Irak y, según me dicen, el buen embajador Chencho Arias tenía otras tantas de la 15/11 también de 2003 que le costó su puesto de representante de España ante NN.UU. a los tres días del cambio de Gobierno en mayo de 2004. No les dejaron.
Pero hay otras guerras contrapuestas. Son las que obligaron a declarar al almirante Mike Mullen, el Jefe de Estado Mayor norteamericano, cuando fue interrogado sobre el futuro de la operación bajo el punto de vista político: «Simplemente, no lo sé». No seré yo quien sepa más que él. Incertidumbre sobre el papel de la OTAN. Sobre la presión de Turquía, que por una parte rompe el consenso y por otra justifica un deseable segundo plano. Como el norteamericano, que si ha buscado un teórico bajo perfil, pero sabe que tiene que poner los «Tomahawks», unos misiles que España no pudo pagar para sus fragatas F-100. Incertidumbres electorales en Alemania que ya le obligaron a abstenerse en el Consejo de Seguridad en la votación de la Resolución 1973. Pero no olviden las circunstancias francesas, donde Sarkozy teme ser desbordado por la derecha de Marie Le Pen. De ahí que haya optado por la opción «grandeur» del general De Gaulle. ¡El primer avión que vuele sobre cielo libanés será francés! «¡Voilà!» (La costosa munición, que la pongan los sajones, como siempre) Incertidumbre sobre Rusia y sobre el silencio chino. Ahora habla Putin de «cruzadas».¿Por qué se abstuvo su representante en la votación del Consejo de Seguridad? Quien se abstiene teniendo el poder del veto, acepta. ¿A qué vienen estos discursos después? Me impactó una reciente y enriquecedora reflexión de Victoria Prego. Resulta que quienes legitiman nuestra intervención en Libia, quienes nos «permiten» intervenir en apoyo de una población masacrada, son dos países como Rusia y China, que no se distinguen precisamente por sus excesos democráticos. Con el veto de Rusia, no obstante, y sin Resolución de NN.UU. se actuó en Kosovo. Ahora parece que nadie se acuerda.
Guerras contrapuestas dentro de casa. Temo que la carrera sucesoria en el partido del Gobierno, nos arrastre. En conflictos anteriores –ya se me ha contagiado el «no» a la guerra– Defensa transparentaba la información preparando unos equipos de uniformados que sin salirse del guión oficial, se abrían e informaban a todos los medios. El veto actual, imagino que por miedo a que alguien meta la pata y estropee una valoración en la opinión publica, es negativo y obliga a cuatro viejos generales o almirantes a dar la cara. ¡Y suerte que los F-18 y los «Tomahawks» son de nuestra época! Ya no podríamos hablar de los Eurofighters, por ejemplo. Pero, ¿qué miedo tienen? ¡Dejen que los aspectos técnicos los expliquen los uniformados! ¡Pero si nunca habíamos tenido tan buenos especialistas en Moncloa, en Vitruvio, en Nápoles o en Bruselas! Sirva un ejemplo: Atentado en el metro de Londres. Informa, serio, responsable, técnico, el jefe de Policía: «No les puedo decir más; después de atender a los heridos, debo detener prioritariamente a los asesinos». Todo se asume. Atentado en Madrid el 11-M. Informa un político, el ministro Ángel Acebes. Se desata enseguida la guerra electoral. Como es honesto, pierde la partida jugando con los de las cartas marcadas. Aún buscamos a los asesinos.
Segundo efecto negativo. A falta de presencia de uniformados, la titular de Defensa aparece bien flanqueada por sus incondicionales políticos. Como tiene indiscutible atractivo informativo, a su alrededor, formando una corona, figuran una serie de rostros a modo de ángeles alrededor de la Virgen de Fátima. Temo por alguno de ellos, porque ya no puede alargar mas el cuello y esto puede provocarle una distensión grave. Sería otro de los daños colaterales que inexorablemente acarreará el conflicto libio. Ahora habrá que esperar cómo reacciona la opinión pública. Qué guerra de fotografías y reportajes se cruzarán. Cuántos niños heridos en sus colegios. Cómo interpretarán ambas partes, la caída del F-15 norteamericano. Cuál es el papel y dónde está el «enviado especial» del secretario general de NN.UU, Abdel-Elah Al-Khatib. y de dónde sacarán los ocho expertos previstos en la Resolución 1973.
Cuando sigo preguntándome por qué la prensa escrita no ha reproducido en su totalidad esta Resolución –ya tenemos una opinión adulta y es bueno que cada uno saque sus conclusiones– sigo pensando en la eterna esencia de la guerra: ¡siempre fuerzas contrapuestas!
Artículo publicado en “La Razón” el 24/03/2011
Así aparecía ayer en Paris el Presidente de la República francesa, Nicolas Sarkozy. De la mano de la Resolución 1973 del Consejo de Seguridad, que su diplomacia había contribuido a diseñar , aunaba esfuerzos para lanzar una verdadera maniobra de “injerencia humanitaria” en un país miembro de pleno derecho de la Organización de Naciones Unidas. Mitterrand le hubiera aplaudido. Bernard Kouchner —Médicos sin fronteras- lo hizo, a pesar de no ser ya su Ministro de Asuntos Exteriores. “Ningún gobernante es dueño del dolor y sufrimiento de sus súbditos” pregona su doctrina, que bebe también en las teorías de Mario Betatti. Quedan para otras guerras ciertos artículos de la Carta de Naciones Unidas (ver el 2.7), cimentada sobre el respeto a la soberanía de cada uno de sus miembros.
Pero también aparecía el recuerdo de su otro antecesor Charles de Gaulle. Rodeado de mandatarios, llevando la iniciativa del encuentro, apareció la “grandeur” francesa. Los alemanes se habían apartado ya en Nueva York, al abstenerse en la votación de la Resolución 1973. Tampoco es cuestión de estropear unas complejas elecciones internas. Los norteamericanos no tenían demasiadas ganas de abrir otro frente. Para los ingleses el Mediterráneo ya no es su coto de caza como en el siglos anteriores, cuando dominaban Menorca, Gibraltar, Malta o el propio Canal de Suez. Francia desea recuperar su papel de potencia regional mediterránea y la ocasión es ideal.”El primer avión que ha surcado el cielo libanés , es francés” ¡Chapeau!¡ Objetivo alcanzado! Luego el más de centenar de misiles “tomahawk”, que cuestan un pastón, los pondrán los norteamericanos. Pero Paris bien vale la misa del discurso grandilocuente, de la foto de todos alrededor. Aquí aparecen las dotes de seducción del Presidente galo, ya demostradas en otros frentes. ¡Conseguir hacer comulgar con las ruedas de molino de la guerra al Presidente Zapatero ya tiene mérito!. ¡Seguro que Berlusconi, más prudente por la cercanía física del frente abierto, siente envidia! ¿Cómo lo haces Nicolas? ¿Qué les das?
Puro De Gaulle y su “grandeur” Yo nunca he llegado a saber si el arsenal nuclear que decía tener, era real. Pero vendía prestigio. Conminaba. Disuadía. ¡Como el primer avión francés sobre Bengasi que salía en todos los telediarios del mundo un sábado por la noche, mientras los mandatarios cenaban en sus respectivas embajadas a punto de iniciar el vuelo de retorno a sus capitales!
Todo lo demás según el guión. Continuarán las presiones diplomáticas. Las ofertas de mediaciones. El Gobierno libio nos mostrará fotos de niños masacrados por la aviación aliada en un colegio o de enfermos evacuados de un hospital. Las opiniones públicas nacionales se dividirán y en más de un parlamento surgirán las dudas.
Las comparaciones con Iraq, están servidas. A más de un político le haría copiar cien veces la Resolución 1483 de 22 de mayo de 2003 que apelaba a la “voluntad de los estados Miembros (de la Organización), para contribuir a la estabilidad y seguridad de Iraq, mediante la aportación de personal, equipo y otros recursos”, al declarar que la “situación sigue constituyendo una amenaza para la paz y seguridad internacionales” por lo que “insiste en que se ayude a reformar sus instituciones, reconstruir el país y contribuir a que existan condiciones de seguridad y estabilidad en la región”. ¿A que fuimos si no?
Resulta que la lealtad con nuestros Aliados que no tuvimos ayer, si la tenemos hoy. Ya sé lo que me dirán en otros ámbitos: la legitimidad no era la misma. Lean ,por favor, las más de cuarenta Resoluciones del Consejo de Seguridad, referidas a Iraq , aprobadas antes de 2003. A Libia ,sólo la Resolución 1970 del pasado mes de Febrero ha servido de antecedente para el presente “coup de frappe”.
Hoy, sabemos cómo ha empezado la aventura Libia. Quiero entender que se ha acertado, porque la situación era grave ciertamente. Lo que si me pregunto es el por qué nadie supo prever y pilotar el problema antes de que se desencadenase. Ya es tarde.
Espero que haya suerte. Que el mensaje pasado al dictador libio tenga eficacia, que nuestros — y todos- los soldados y marineros regresen a sus bases y que el Mediterráneo recupere su calma. ¡Demasiados siglos de conflictos en la zona!
Artículo publicado en “El imparcial” el 20/03/2011
Todo debe quedar claro. Sobre la mesa , la documentación “solana” de 1999, el texto de la Resolución 1970 —“no podemos salirnos un milímetro”- y la enésima edición de unas Reglas de Enfrentamiento(ROE,s) adaptadas a la situación y pendientes de consenso político. ¿Cómo distinguimos en una línea indeterminada a gubernamentales y levantados?¿De noche? ¿Podemos correr el riesgo de bombardear un colegio?¿Utilizará escudos humanos el dictador libio?¿Quien colapsa parcialmente líneas y redes de comunicaciones?¿Que opinan los pilotos desertores, sobre las capacidades reales de su aviación ?¿Que fabricante occidental seguía suministrándoles repuestos?.
Artículo publicado en “El imparcial”
Por definición, su raíz latina –temperantia– parece referirse al tiempo meteorológico, a la benignidad del aire o del clima. Su interpretación cristiana nos lleva a una de las cuatro virtudes cardinales, la que invita a la moderación de los apetitos y uso de los sentidos, sujetándolos a la razón. Similares consideraciones encontramos en otras religiones monoteístas. Pero me interesa la templanza social, la de la ciudadanía, la de la opinión, la que nos orienta hacia la moderación, la sobriedad y la continencia, en definición de nuestra Real Academia de la Lengua. La templanza que estamos abandonando en manos del engaño, del egoísmo, del atesoramiento, de la ostentación, cuando no del “sálvese quien pueda”. Porque vivimos claramente tiempos de destemplanza. La corrupción política brota por los cuatro costados de nuestra vida; los conceptos de patria y patriotismo, que entrañan bien común, generosidad y sacrificio, se presentan como atributos de la extrema derecha; se prostituye el derecho de un reo a no declarar en juicio público, ofreciéndole a continuación las cámaras de una televisión privada, en las que sí declara, a cambio de dinero, por supuesto.
En estos tiempos de destemplanza, nos ha sorprendido un trascendente movimiento social que se está produciendo en la ribera sur de nuestro Mediterráneo y que nos preocupa por los flujos migratorios que pueda producir o por el alza de los productos petrolíferos que ya notamos. Hace tiempo que sabíamos como estaban. Conocíamos sus pirámides demográficas, sus PIB, sus índices culturales y sanitarios y el tiempo que llevaban sus dirigentes ostentando el poder. ¿De qué nos sorprendemos entonces?
Ahora abrimos informativos y periódicos con las crónicas de los enviados especiales, “este género inquieto que revolotea por los puntos problemáticos del mundo con su pluma y su cámara, que llevan la libertad de expresión en las entrañas, las protestas en masa les dan vida, subestiman sistemáticamente el deseo de ley y orden de la gente”, como los define Robert Skidelsky, miembro de la Cámara de los Lores, profesor de la Universidad de Warwick. ¿Cómo explicamos, si no, la longevidad de estas dictaduras?¿O nos hemos olvidado del 44% de votos que obtuvo en 1990 Pinochet en Chile? Nos falta templar las opiniones. ¿Qué dicen nuestros embajadores “in situ”? ¿Qué opinan nuestros catedráticos? ¿Somos conscientes de que la combinación de libertad y orden de nuestras democracias occidentales son el producto de una larga trayectoria histórica que no puede reproducirse a corto plazo? Hace pocos meses en el parlamento marroquí de Rabat era testigo de una asamblea de la Unión Parlamentaria Mediterránea, que a partir de aquel día presidiría un diplomático egipcio. Hoy, me cuesta retener e interpretar lo que escuché allí. Si paso frente al Palacio de Pedralbes en Barcelona veo ondear decenas de banderas mediterráneas y me pregunto: ¿Es que tampoco se ha podido prever nada aquí? Y pienso en nuestra aireada –y costosa– Alianza de Civilizaciones o en aquella Unión para el Mediterráneo que Sarkozy y Hosni Mubarak, fundadores y copresidentes, sellaron en un abrazo que todos aplaudimos.
¡Hoy se necesita una verdadera unión para el mediterráneo! Pero intuyo que los instrumentos existentes no sirven. Porque tenemos Mediterráneo no sólo en las ya famosas plazas de El Cairo o de Túnez –pronto seguramente en la de Trípoli–, tenemos Mediterráneo en las callejas del Raval barcelonés, en la del Tribulete de Madrid y en tantas y tantas de París, Bruselas, Roma, Milán, Atenas o Almería. Deberíamos ser capaces de transmitir templanza. De no remover más ríos revueltos, de recordar experiencias recientes como la de Irán, porque son tiempos de oportunidades y de ilusiones, pero también de peligros. Los que quieren comparar el momento con el 1989 de Berlín olvidan que los países del Este europeo tenían un referente próximo al otro lado del muro, que les estimulaba. Era entrar en la Europa comunitaria, y/o cobijarse bajo el manto de seguridad de la OTAN. ¿Qué tienen en Túnez como referente? ¿Y en Libia?
Deberíamos acordarnos de lo que los militares llamamos “lecciones aprendidas”: las trágicas consecuencias de la desmembración del Imperio Otomano tras la primera Gran Guerra o el derrocamiento de Faruk por parte de Nasser en 1952. Deberíamos pensar en lo que hicimos en 1979 cuando el ayatollah Khomeini derrotó al Sha de Irán. Las dos guerras más recientes de Israel –contra Hezbolah en el Líbano en 2006 y contra Hamas en Gaza en 2009– se libraron contra grupos patrocinados, abastecidos y entrenados precisamente por aquel Irán.
Tiempos de destemplanza.
Acudo al poeta cuando me falta la contundencia necesaria para abordar el tema que me preocupa. Rudyar Kipling (1856-1936) nos dejaría escrito: “Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo. Si tropiezas con el triunfo, si llega tu derrota. Y a los dos impostores tratas de igual manera. Si puedes escuchar la verdad que has hablado. Hecha trampa de pícaros para engañar a incautos”. Sueños, trampas, derrotas, esclavos, impostores, pícaros e incautos. ¡Todo, todo en estos levantamientos mediterráneos! ¡Todo debería ser tratado y considerado en el crisol de la templanza, cuando parece que solo estamos pendientes de los movimientos de la VI Flota norteamericana!

References: Resolución 
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