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Timestamp: 2019-12-10 04:30:44+00:00

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UN ANÁLISIS DEL PROBLEMA ÉTICO Y LEGAL DEL TRATAMIENTO DEL CÁNCER CERVICOUTERINO EN MUJERES EMBARAZADAS – SOCHOG
Alejandra Urra P., Mikel Urquiza R., Ricardo Mewes A., Marcelo González V., Juan Pablo Beca I.
DRA.URRA0 1.pdf
Authors analyze the ethical and legal problem about the treatment of cervical cancer in pregnant women. A review of the Chilean laws and European regulations was made in order to analyze the application of the principles of Non maleficence, Beneficence, Autonomy and the Double Effect. The subject generates a difficult discussion and interpretation since both, law and principles, are guiding but do not give an explicit answer to choose the more appropriate behavior in each case. The goal is to preserve maternal and fetal life, but there are cases in which it is necessary to prioritize one over the other. A consensus between medical staff, the mother, the father, the family and society is necessary for a more responsible and fair decision.
KEY WORDS: cancer, pregnancy, chilean jurisdiction, therapeutic abortion, ethic
El cáncer cervicouterino (CaCu) es la neoplasia maligna ginecológica que se diagnostica con mayor frecuencia en el mundo, con 500.000 casos nuevos y 280.000 muertes cada año de las cuales aproximadamente el 80% ocurre en países en desarrollo (1). En Chile este cáncer representa la segunda causa de muerte después de las enfermedades cardiovasculares (2), siendo el CaCu, el quinto más frecuente en mujeres (3). La mortalidad por este cáncer se presenta mayoritariamente en el grupo de mujeres entre 25 y 64 años (61,6%) seguido del grupo mayor de 64 años (38,2%). Analizando el subgrupo de mujeres de edad fértil entre 15 y 54 años se encontró una predominancia de la mortalidad en el subgrupo de 50 a 54 años (10,3%) seguido en segundo lugar por el subgrupo entre 45 y 49 años (10,2%) y en tercer lugar se encuentra el subgrupo entre 40 y 44 años (8,8%). En todos los grupos etarios existe una tendencia descendente y significativa de la mortalidad, con excepción del rango de mujeres entre 20 y 24 años (2). En Europa y Norteamérica, su incidencia y mortalidad han disminuido en las últimas décadas, debido a la detección precoz de lesiones preinvasoras en mujeres asintomáticas usando la técnica de citología exfoliativa (Papanicolaou). El tamizaje realizado con pruebas más sensibles para detectar lesiones en el cuello uterino usando PCR y captura híbrida, son conocidos como el “Human Papiloma Virus Test” (HPV TEST) el cual logra una sensibilidad de 99% (4,5). Sin embargo, de acuerdo a los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tasas de mortalidad por CaCu son mucho mayores en países en desarrollo (6).
El manejo del cáncer cervicouterino después del primer trimestre y con el feto no viable se recomienda el tratamiento inmediato y definitivo en aquellas mujeres con tumores de células escamosas poco diferenciados, localmente avanzados o con adenocarcimonas, así como todas las que demuestren progresión de la enfermedad durante el embarazo. Las opciones de tratamiento en etapas IA, IB y IIA antes de las 20 semanas de gestación son la histerectomía radical con el feto in situ o terapia de radiación, lo cual implica interrumpir el embarazo (17). Luego de las 20 semanas de gestación se evacúa al feto antes de la histerectomía y linfadenectomía, produciéndose su muerte indeseada a causa de su inviabilidad (18). El retraso del tratamiento con estrecha vigilancia para alcanzar la madurez pulmonar fetal puede ser planteado en aquellos casos que se detecta después de las 20 semanas. En casos seleccionados el retraso del tratamiento puede ser complementado con la administración de quimioterapia neoadyuvante en carcinomas localmente avanzados en un esfuerzo por permitir llegar a la viabilidad fetal (18). Sin embargo, los quimioterápicos no son inocuos, actualmente hay evidencia de que se puede utilizar el cisplatino durante el segundo y tercer trimestre, pero aún no existe información suficiente como para asegurar que es un fármaco seguro (19). El grado en que el feto es afectado depende de la droga de elección que se ocupe, su momento de aplicación, duración, dosis y farmacocinética de la droga. En cuanto a la exposición del feto a la quimioterapia, lo predispone a tener un retardo del crecimiento intrauterino, prematuridad, bajo peso al nacer, riesgo de malformaciones fetales y supresión hematopoyética (17).
Las normativas legales en muchos países establecen condiciones y procedimientos para aceptar legalmente el “aborto terapéutico” (20). La mayoría se rige por las siguientes consideraciones, bajo las cuales un aborto se consideraría terapéutico: 1) que la vida materna estuviera en peligro, 2) para preservar la integridad física y mental de la mujer, y 3) para disminuir el riesgo de los embarazos múltiples mediante la reducción selectiva del número de fetos. En base a estos criterios cada país tiene diferentes procedimientos para implementar la decisión, como ocurre en Inglaterra donde es necesaria la aprobación de dos médicos que evalúen independientemente la necesidad del aborto (20).
En Chile no existe ninguna de estas normativas específicas y sólo hay consideraciones generales como las de la Constitución Política que establece en su Artículo 19: “La Constitución asegura a todas las personas: 1º El derecho a la vida así como a la integridad física y psíquica de la persona” (21). Por otra parte el Código Civil establece en el Artículo 75: “La ley protege la vida del que está por nacer”. El juez, en consecuencia, tomará a petición de cualquier persona todas las providencias que le parezcan convenientes para proteger la existencia del no nacido, siempre que crea que de algún modo peligra. Todo castigo de la madre, por el cual pudiera peligrar la vida o la salud de la criatura que tiene en su seno, deberá diferirse hasta después del nacimiento” (22). El Código sanitario en su Artículo 119 expresa “No podrá ejecutarse ninguna acción cuyo fin sea provocar un aborto” (23). Finalmente el Código Penal deja en claro la ilegalidad del aborto sin hacer distinción alguna sobre las circunstancias, sancionando tanto a la madre como al profesional que lo lleve a cabo señalando en el Artículo 342: “El que maliciosamente causare un aborto será castigado” (24).
La ley chilena explicita las penas a aplicar a toda persona que interrumpa un embarazo con acciones directas contra el feto, pero no queda claro qué sucede en los casos en los cuales el aborto constituye un efecto indirecto no deseado de un procedimiento médico. El Artículo 19 de la constitución refleja los acuerdos de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos, que en su Artículo 4º se refiere al derecho a la vida. Las garantías que establece no especifican cual es la prioridad y los códigos tampoco son lo suficientemente claros en establecer cuáles son los criterios a seguir cuando se hace necesario priorizar una vida sobre otra. Si bien no corresponde a la Constitución tratar estas materias de manera específica, en ella se basan las leyes de una nación, por lo que es fundamental que exista una interpretación clara y con bases científicas que dirijan y protejan este tipo de decisiones. Por otra parte, la elección libre que haga la mujer embarazada, con su familia y los profesionales a cargo, debería ser respetada y protegida por la ley. Cabe mencionar la postura jurídica que señala que para permitir el aborto terapéutico no es necesario modificar la ley sino considerar que el médico que realice una acción destinada a proteger la salud y la vida de la madre, aunque implique la muerte no buscada del feto, no atenta contra la vida fetal, sino que realiza una acción sanadora conforme a la Lex Artis (25, 26).
Hay dos premisas de referencia moral que se deben considerar: la ontológica y la ética. La primera señala que “el hombre es persona y en cuanto tal tiene dignidad y no precio”, y la segunda afirma que “en cuanto a las personas, todos los hombres son iguales y merecen igual consideración y respeto” (27). El dilema es considerar si una de estas vidas tiene mayor valor o, en otras palabras, a cuál se debería privilegiar. Las teorías acerca del inicio de la vida humana son complejas, y su aplicación es difícil en relación a las conductas con el feto que es un ser humano aún no nacido. Si se piensa desde el concepto de la dignidad intrínseca de la vida humana desde su inicio, se debería concluir que el feto se debe tratar con la misma consideración y respeto que a un ser humano ya nacido. Algunos estiman que el embrión debe ser siempre respetado y protegido de manera absoluta, mientras que otros consideran que su estatuto o valoración moral es gradual y progresivo a lo largo del periodo preimplantacional o aún hasta semanas después de implantado (28). Este concepto considera el “proceso epigenético” en el cual, en parte por medio del intercambio con el medio materno y luego con el ambiente, durante la vida intrauterina y después de nacer, se definirá su fenotipo final constituyendo su identidad definitiva (29). Si se considera esta visión, no se estaría afectando a una persona humana sino a una vida aún no plenamente constituida, por lo cual nuestra obligación con ella sería menor que nuestro deber de tratar a la madre.
En la situación en análisis es muy atingente la discusión del “Principio del doble efecto” que se define como un principio de razonamiento práctico que sirve para determinar la licitud o ilicitud de una acción que produce o puede producir dos efectos, de los cuales uno es moralmente bueno y el otro es malo (30). En otros países se justifica como, terapia de elección la histerectomía, aplicando esta doctrina: buscar la curación del cáncer y aceptar la muerte embrionaria como efecto no buscado, aunque predecible. En otras palabras es aceptar el “mal menor”. Esta teoría se defiende porque hay dos efectos: la curación de la mujer con cáncer cervicouterino y la muerte inevitable del embrión o feto, ambos causados por la histerectomía. La posibilidad de curación no se busca como efecto de la muerte del feto sino de la histerectomía, como parte necesaria del tratamiento. Un caso homologable es el de la resección tubaria del embarazo ectópico, situación que no es considerada un aborto.
Algunos filósofos señalan que el mal no tiene entidad propia, porque sólo es ausencia de bien, y el “mal menor” sería sólo carencia de bien (31). Esta doctrina exige procurar siempre el mayor bien posible y, en lo posible, evitar el mal. Esto se plantea en casos en que haya que optar por una conducta en desmedro de otra. En el caso de una neoplasia en estadio avanzado del embarazo, salvaguardar la vida materna realizando el tratamiento indicado, aceptando la consecuencia de óbito fetal, sería una aceptación moral del mal menor.
Desde la “ética de la responsabilidad” se señala que el hombre, como ser racional debe hacerse responsable de las consecuencias de sus acciones (32). La responsabilidad exige confrontar los medios con los fines. No todos los medios son lícitos, aunque se tenga la convicción de la conveniencia del fin. Pero es necesario reflexionar acerca de cuál es el fin “correcto” y luego pensar si los medios con sus efectos indeseados son adecuados o no, pues para cada acción, se debe actuar con la responsabilidad que el caso particular amerite.
AGRADECIMIENTOS. Los autores agradecen a la Dra Sofía Salas por su valiosa revisión del manuscrito.
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32. De Siquiera JE. El Principio de Responsabilidad de Hans Jonas. Acta Bioeth 2001;7:371-2.

References: Artículo 19
 Artículo 75
 Artículo 119
 Artículo 342
 Artículo 19
 Artículo 4