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Timestamp: 2018-11-20 00:08:38+00:00

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El origen del revanchismo político
Columna de Daniel Ezcurra en “Arriba Quemando el Sol” por Radio A sobre el origen del revanchismo político a propósito de la persecución política que sufre Cristina Fernández de Kirchner.
Queríamos volver sobre la noción de revanchismo político, porque ese tipo de violencia ha ensombrecido la vida democrática de nuestro país. Y es necesario aislarlo evitando que se masifique por eso nuestro aporte para tener en claro que el origen del revanchismo político está a la vuelta de la esquina. Aquí les dejamos algunos ejemplos.
DECRETO LEY 479 DEL 7 DE OCTUBRE DE 1955:
Artículo 1º – Créase la Comisión Nacional de Investigaciones, la que tendrá por objeto investigar las irregularidades que se hubieran practicado en todas las ramas de la administración pública federal, provincial y municipal, durante la gestión del gobierno depuesto, cometidas por funcionarios o personas relacionadas con aquellos.
Artículo 2º – La citada comisión dependerá directamente del vicepresidente de la Nación y estará integrada por cinco miembros, uno de los cuales actuará como presidente, y entre los que habrá tres oficiales superiores, uno por cada fuerza armada.
Artículo 6º – La comisión nacional y las comisiones que ésta nombrare, tendrán las más amplias atribuciones para practicar las diligencias necesarias para la comprobación de los hechos que investiguen, facultándoseles especialmente para:
1º Hacer concurrir, incluso con el auxilio de la fuerza pública, y recibir indicaciones a las personas sospechosas o acusadas, como también a aquellas que deban comparecer como testigos.
2º Disponer y mantener incomunicaciones y/o detenciones cuando fuera necesario para el mejor éxito de la investigación.
3º Allanar domicilios particulares o establecimientos públicos con auxilio de la fuerza pública, si fuera necesario.
4º Recoger o secuestrar todas las pruebas relacionadas con la investigación, pudiendo incluso examinar y aprovechar, con el fin propuesto, papeles privados de los sospechosos.
5º Dictar medidas precaucionales necesarias para evitar la desaparición de los bienes lícitamente adquiridos.
6º Intervenir los libros y contabilidades de entidades privadas o públicas cuando tuvieren atinencia con los hechos investigados.
Decreto ley 6132 – Buenos Aires, 6 de abril de 1956.
Decreto ley 6.132, del Poder Ejecutivo, dando por finalizadas las funciones de la Comisión Nacional de Investigaciones
Que los trabajos realizados por la Comisión Nacional de Investigaciones y las de los estados provisionales de hallan en vías de llegar a su término y Que es una obligación ineludible destacar la fundamental, encomiable, patriótica y abnegada labor cumplida por sus miembros, que ha permitido descubrir y documentar la increíble cantidad de irregularidades y delitos cometidos por funcionarios, particulares y sociedades vinculadas a la degradada dictadura depuesta por la Revolución Libertadora, lo que merece, sin duda, el permanente reconocimiento y agradecimiento del Gobierno Provisional y del pueblo argentino;
DECRETA CON FUERZA DE LEY
Artículo 1º – A partir del 15 de abril de 1956 deberán dar por finalizadas sus funciones la Comisión Nacional de investigaciones y todas aquellas dependientes de la misma.
Artículo 2º – En todos aquellos casos en que surgiere de las investigaciones realizadas la presunción de la existencia de hechos delictuosos, las actuaciones deberán ser pasadas a la justicia competente.
Artículo 4º – Agradecense los ponderables, importantes y patrióticos servicios prestados por los miembros de la Comisión Nacional de Investigaciones y demás comisiones investigadoras dependientes de la misma.
Isaac F. Rojas. – Eduardo B. Busso. – Laureano Landaburu. – Arturo Ossorio Arana. – Teodoro Hartung. – Hugo César Krause.
Decreto ley 14.988, del 16 de Agosto de 1956
Visto que es necesario llevar a conocimiento del pueblo argentino, en forma ordenada y documentada, los hechos producidos durante el gobierno de la dictadura depuesta por la Revolución Libertadora, utilizando para ello el resultado de las actuaciones de la Comisión Nacional de Investigaciones y sus delegaciones en todo el territorio de la República, y CONSIDERANDO:
Que ello permitirá a la ciudadanía formarse un claro concepto de la extensión y profundidad de la corrupción administrativa que abarcaba todas las ramas del gobierno y las organizaciones del único partido político de actuación libre durante la década del despotismo, para que conscientemente pueda defenderse de los peligros del totalitarismo antidemocrático;
Por ello, El presidente de la Nación Argentina, en ejercicio del Poder Legislativo
Artículo 1º – Con la designación de “Libro Negro de la Segunda Tiranía”, dese a publicidad el resultado de las actuaciones practicadas por la Comisión Nacional de Investigaciones.
Artículo 7º – Previa a su publicación, ambos libros serán sometidos para su examen y aprobación a una comisión integrada por el señor vicealmirante (R. A.) Leonardo McLean; señor general de brigada (R. A.) Luis Rodolfo González; señor brigadier mayor (R. A.) Federico Fernando Antonio Ruiz y doctor Rodolfo Medina.
Isaac Rojas – Laureano landaburu – Carlos A. Adrogué – Teodoro Hartung – Julio C. Krause – Eugenio A. Planco.
PERÓN HABLABA A LOS TRABAJADORES Y DIVIDE A LA SOCIEDAD
Quedaban las masas laboriosas, los obreros de fábricas y talleres, los empleados de comercio, el servicio doméstico, los peones de campo y los trabajadores independientes. El coronel recibía a cuantos le fuera posible. Les hablaba; les hablaba interminablemente en in idioma simple y calculadamente chabacano. Atacaba a la “oligarquía entreguista”, a los “explotadores del trabajo ajeno”, al “capitalismo deshumanizado”, etcétera. Despertaba recelos, acentuaba enojos, provocaba el resentimiento, producía artificialmente la lucha de clases… Los trabajadores, después de oírle, volvían rebelados a sus lugares de labor. Se creían víctimas, y no querían serlo más. Los más jóvenes e inexpertos dominaron en cada taller o comercio a los más antiguos y capaces. Se quebró la disciplina, disminuyó la producción, comenzó el sabotaje, se trabajó a desgano y se provocaron graves hachos de violencia.
LA DEMAGOGIA SOCIAL DE LA SEÑORA PARA HACER CREER
La asistencia social tuvo, como todo lo que hizo la dictadura peronista, marcado propósito político. La gran dispensadora de sus beneficios fue “la Señora”.
Se vio entonces cómo el Estado que tendía a monopolizarlo todo, hacía excepción con una sola entidad privada, que desenvolvía su acción en forma independiente de aquél… Con recursos considerables –superiores a los de la mayoría de los organismos del Estado- la Fundación, manejada por la esposa del presidente sin intervención ni vigilancia de ningún órgano de aquel, pudo aparecer ante los trabajadores y empleados como algo excepcionalmente beneficioso, y servir de tal manera a la propaganda del régimen peronista.
DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA COMISIÓN CONTRAALMIRANTE LEONARDO MAC LEAN
hasta la fecha han sido elevados a la justicia 314 sumarios, puestos a su disposición 1.045 procesados. Mesa de entradas ha recibido 15.119 notas y expedientes. Como información complementaria debo agregar que han colaborado en la Comisión en la Capital 2.500 personas, habiéndose invertido en útiles de escritorio, comunicaciones, fletes, pasajes, servicio de té y comidas La suma de 1.230.110 pesos desde la iniciación de la Comisión. Suma que está ampliamente cubierta por los centenares que se recuperarán como resultado de las investigaciones.
El fuego sagrado que animó a la pléyade de hombres y mujeres que formaron nuestro equipo para entregarse afanosamente a la búsqueda y limpieza del barro amasado durante la dictadura, nos viene desde lejos; esa llama viva que no logró extinguir la atmósfera viciada del despotismo, que impulsó a la juventud civil a abandonar sus hogares y a las fuerzas armadas a salir de sus cuarteles y sus buques para ofrecer sus nobles pechos al sacrificio, nos viene de Mayo. Y por esa razón fue considerada como misión esencial de la Revolución Libertadora la que, inmediatamente después del triunfo, se confió a la Comisión Nacional de Investigaciones: descubrir, para su extirpación, hasta donde fuese posible, los gérmenes de esa traición.
MAC LEAN PIDE CONFIANZA A LA DICTADURA
Apenas extinguido el retumbar de los cañones, no faltaron quienes pretendieron encuadrarnos de inmediato en las normas rígidas del derecho común… Olvidaron aquéllos que si bien es cierto que la Revolución tuvo por miras reconquistar la libertad para volver a la Nación a la plenitud moral y jurídica, era inevitable el reconocimiento, durante un lapso prudencial de una potestad imperativa discrecional al gobierno surgido del movimiento triunfante.
Va implícito, el respeto de los derechos del hombre, de las garantías fundamentales del ciudadano, desconocidas por la dictadura. Pero todo ello está condicionado al cumplimiento de la misión reparadora. Si se considera que una tendencia netamente democrática inspiró la revolución, no es razonable temer que la discrecionalidad en el ejercicio del poder del Estado por el actual gobierno o sus órganos funcionales, vaya a actuar en contra de la dignidad y el respeto que merece el Poder Judicial y de su potestad jurisdiccional.
ISSAC ROJAS NOS EXPLICA LA NECESIDAD DE LA COMISIÓN ANTI-CONSTITUCIONAL
el pueblo argentino había sido y seguía siendo engañado, apartándolo de su digna y promisoria trayectoria histórica, para ponerlo al servicio de las desmedidas ambiciones personales de un hombre que no vaciló, para ello, en recurrir a procedimientos delictuosos e inmorales, hasta llegar a sofocar la opinión del pueblo para imponer su propio capricho, sacrificando los intereses nacionales en su provecho personal.
Nuestra Revolución Libertadora- ante la insólita situación de malversación de caudales públicos y violación de las normas de la moral, la ética y el derecho, debió, como uno de sus primeros objetivos, crear un organismo de auténtico cuño revolucionario, a fin de determinar con la celeridad y eficacia que el momento imponía, los latrocinios e impudicias que el país sufriera durante la tiranía; fue así que nació como una verdadera necesidad pública, la Comisión Nacional de Investigaciones.
…también se ha expresado que las investigaciones de este organismo intranquilizaban al pueblo y lo mantenían en continuo sobresalto. Nada más exacto si el pensamiento hubiera sido completado diciendo que tal sensación sólo la experimentaban los delincuentes y quienes deseaban el ocultamiento de su pasada actuación. La mayoría, la inmensa mayoría del pueblo argentino, jamás temió a la Comisión Nacional de Investigaciones, como no teme al juez el inocente y el honesto.
aún admitiendo la posibilidad de un escaso apartamiento de los lineamientos constitucionales vigentes en el momento de la revolución, no debemos olvidar que ésta no puede negarse a sí misma, como así tampoco puede dejar de tener presente que la letra de la ley no debe ni puede dificultar en emergencias supremas, la acción de quienes tiene por misión restablecer su propio imperio. No hubiera cabido otra actitud. La profundidad del mal causado, la honda inmoralidad existente, la desafiante actitud de los culpables, la implantación de una nueva era de corrección y el conocimiento por el pueblo de todo lo ocurrido, así lo exigieron.
La justicia ha de completar su trabajo en todos aquellos casos de carácter delictuoso y la Fiscalía de la Junta de Recuperación Patrimonial ha de tener en sus archivos los elementos necesarios para defender los intereses de la Nación y poder recuperar para la misma los bienes mal habidos.
Ello ha permitido reunir una importante y frondosa documentación, cuya verdadera magnitud recién habremos de ponderar al pensar que ha de servir para enseñar a las generaciones venideras la corrupción y la depravación que tuvo que soportar el país en manos de un tirano y demagogo, y habrá de constituirse en insoportable documento que sea valla infranqueable para que en el solar de los argentinos no exista alguna vez la posibilidad de implantar regímenes siniestros de ese género.
LOS CRÍMENES DE PERÓN Y EVITA
Daba para recibir –do ut des-, sin excluir a nadie. A legisladores, magistrados, funcionarios de cierto rango, agentes políticos, dirigentes obreros, estudiantes, les llegaron sus donativos más o menos valiosos, como él y su mujer recibieron de los poderosos: inmuebles, automóviles, joyas, etcétera. Solo que él, además, obtuvo la sumisión de sus beneficiados y benefactores.
Cuando tal ejemplo se daba en la primera magistratura del país, no es de extrañar que casi no hubiera grupo social que no se corrompiera. Sobornos, peculados, cohechos, prevaricatos, malversaciones de caudales públicos, exacciones ilegales, usurpaciones, daños, fueron delitos corrientes –y admitidos como una fatalidad- en esa época nefasta. Y también otros más graves: la intimidación pública, la instigación al crimen, los incendios y estragos, el abuso de autoridad, cometidos por los mas altos gobernantes ante el estupor de la ciudadanía.
EL MITO SOBRE LA OPORTUNIDAD PERDIDA
Observados en conjunto, los negociados han obedecido a dos propósitos principales: ante todo, el de enriquecer fabulosamente a algunos jerarcas de la dictadura peronista, y en segundo término, el de afianzar el régimen mediante el soborno y la complicidad de un reducido grupo de sus elementos.
Las dilapidaciones, mezcladas muchas veces con los negociados, derivaron de la necesidad de asombrar al pueblo con obras espectaculares, desproporcionadas con los recursos de la Nación.
Las irregularidades fueron consecuencia del sistema de corrupción y favoritismo generalizado en casi toda la administración pública, y de la violación de las normas dicadas para impedirlas.
Los cuantiosos recursos acumulados al finalizar la segunda guerra mundial, época coincidente con la de preparación e instauración de la dictadura peronista, han desaparecido para la Argentina, sin posibilidad de recuperarlos por mucho tiempo. Malgastados o llevados al exterior para provecho de unos cuantos aventureros de la política y los negocios, señalan la responsabilidad del gobierno más pernicioso sufrido por la Argentina en la época contemporánea.
Ezequiel Martinez Estrada:
“Era asimismo la Mazorca, pues salió de los frigoríficos como la otra salió de los saladeros. Eran las misma huestes de Rosas, ahora enroladas en la bandera de Perón, que a su vez era el sucesor de aquel tirano” “El 17 de Octubre salieron a pedir cuenta de su cautiverio, a exigir un lugar al sol, y aparecieron con sus cuchillos de matarifes en la cintura, amenazando con una San Bartolomé del barrio norte” “Sentimos escalofríos viéndolos desfilar” (EME, ¿Qué es esto?).
El odio a Eva es esencial para entender el golpe de 1955 y el odio que seguirá al mismo. Don Ezequiel se lanza exultante a la tarea: “Todo lo que le faltaba a Perón, o lo poseía en grado rudimentario (…) lo consumó ella o se lo hizo consumar a él. En este sentido, era también una ambiciosa irresponsable. En realidad, ella era la mujer y él el hombre. “Ella era una sublimación de lo torpe, ruin, abyecto, infame, vengativo, ofídico y el pueblo vio que encarnaba atributos de los dioses infernales” (Ibid., p. 245).
Eva Perón era portadora de un odio que Expresaba “el desprecio de toda cortesana por su cliente incógnito, del que no le queda después sino el recuerdo de unas monedas” (Ibid., p. 246).
se trata de Ezequiel Martínez Estrada y está expresando el odio de la entera sociedad de los machos argentinos (de ellos y de las mujeres que son tanto o más machistas que ellos, y que odian más y mejor y hasta insultan con mayor encono) por una mujer que, desde un gobierno, desde una posición de poder, encarnó intereses que los agraviaron, que pusieron en peligro sus fortunas, sus superganancias, que son la perdurabilidad de las mismas, ya que para el macho oligárquico perder diez pesos implica no ganar treinta, y ellos no están en el mundo para “no ganar dinero”, están para ganarlo, imaginen hasta qué punto podrán odiar a quien los entrega al contradestino de perderlo, ese contra-destino al que los entregó Eva Perón. Además, Martínez Estrada no es torpe ni está loco. A Eva Perón se le decía yegua, puta, perona, prostituta con una ligereza total.
El socialista Américo Ghioldi:
“En sus discursos incitó a la violencia y al crimen. Los diarios registran sus peroratas incendiarias que se suceden desde el comienzo de su actuación hasta un mes antes de morir, cuando desde las escalinatas de la Casa presidencial lanzó el incendiario evangelio de la destrucción: pidió encendamos la Argentina, pero defendamos a Perón; no he venido a traer paz sino a incendiar la tierra. No podría hablarse de imprecaciones, pues su vocabulario no alcanzó nunca dignidad formal. Pusieron en sus labios una oratoria exterminadora que ella, poseída, manejó gustosa. La ‘bellatrix’ del régimen sólo conocía palabras de furia y violencia” sigue: “En el poder reveló un amor desmesurado al lujo; en joyas y ropas debe haber invertido no menos de cien millones de pesos” ((Américo Ghioldi, El mito de Eva Duarte, Montevideo, octubre de 1952).
Escribe Ghioldi: “¿Este furioso e incontenible amor al lujo pone al descubierto el escondido móvil que condujo su vida azarosa?” (Ibid., p. 49).
Ernesto Sabato, El otro rostro del peronismo de 1956,
habla de “la insuperable corrupción del absolutismo peronista” (Ibid., p. 17). Compara a Perón con Hitler, pero encuentra a Hitler más sincero: “Porque, a diferencia de nuestro tirano aborigen que nunca dijo la verdad, el sombrío dictador alemán la dijo casi siempre”. Dadas las características personales de Perón, dice luego, su gobierno no podía concluir sino “en la tiranía más execrable, en la megalomanía y en la corrupción, en el peculado y la amoralidad”
Pero también supo desentrañar que los peronistas adhirieron con “genuino fervor espiritual, (con) una fe pararreligiosa (a) un líder que les hablaba como a seres humanos y no como a parias. Había en ese complejo movimiento –y lo sigue habiendo– algo mucho más profundo y potente que un mero deseo de bienes materiales: había una justificada ansia de justicia y de reconocimiento, frente a una sociedad egoísta y fría, que siempre los había tenido olvidados” (Ibid., p. 43).
“Porque es por lo menos sospechoso que la palabra libertad sea invocada por los grandes empresarios y los capitanes de las finanzas. Los obreros saben, amargamente, que para esas personas ‘libertad’ significa la libertad de sujetar al asalariado mediante la sola, dura ley de la oferta y la demanda, y la entrega de la riqueza nacional a los consorcios internacionales” (Ibid., p. 50).
El tercer punto se titula: Los sindicatos a los trabajadores. Y es un título muy antipático para los “libertadores”. “Los sindicatos deben ser entregados a los trabajadores. (…) Mientras la ardua cuestión de los sindicatos no se resuelva no habrá paz social y no existirá la más remota posibilidad de reconstruir la economía del país” (Ibid., p. 51).
“El fervor multitudinario que Perón aprovechó no será liquidado mediante medidas de fuerza ni apoyándose en políticos que malhumoradamente las solicitan. No se desmoronará así la maquinaria peronista: sólo se logrará reforzarla hasta convertirla en una tremenda, incontenible y trágica aplanadora” (Ibid., p. 61).
LOS SANTOS VARONES DE LA LIBERTADORA
El santo y seña de la revolución fue: Dios es justo.
La “Marcha de la libertad” se grabó en el sótano de la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro.
Córdoba, ciudad católica e hispánica si las hubo
fue el centro del movimiento.
Y célebre fue su radio rebelde: La Voz de la Libertad.
La consigna pintada en los aviones asesinos fue Cristo Vence.
Cierto día, Braden (un poco como J. C. Escribano con Kirchner) le dice abiertamente todo lo que tiene que hacer si quiere ser bien estimado en los Estados Unidos. Perón le contesta una frase que, con justicia, hizo historia: “Disculpe, embajador: pero yo no quiero ser bien estimado en su país al costo de haber sido un hijo de puta en el mío”. Perón tuvo grandes aciertos, cometió grandes errores y hasta grandes hijoputeces, pero se dio sus gustos. Haberle dicho eso a un embajador de los “Estados Unidos de América” debe ser un galardón que comparte con muy pocos.
¿Alguien imagina posible que se le cuestionara a Victoria Ocampo tener una casona tan opulenta en las Barrancas de San Isidro? ¿Alguien le dijo algo a Marcelo T. de Alvear por las joyas de su suntuosa mujer, Regina Pacini? Lo que suyace es lo siguiente: la oligarquía tiene lo que tiene porque tiene derecho a tenerlo. “Los campos no se compran, se heredan”, le dice Elina Colomer a Juan Duarte en Ay Juancito. Y no sólo derecho, también sabe cómo usarlo. A la oligarquía le cae bien ser rica, rumbosa. A los otros, a los que carecen de linaje, el lujo sólo sirve para revelar su ambición. Quieren ser lo que no son.
Hay un odio de clase tan profundo en este país. Hay un siempre renovado cholulismo por la gente bien, por la aristocracia, por los dueños de la tierra o por las señoras de clase. Y si acaso eso ha disminuido (se me dirá que la oligarquía no está en su apogeo y es cierto), lo que no disminuyó es el resentimiento contra el que vino de abajo, con el que usa lo que por naturaleza no le pertenece.
El libro de Mary Main, La mujer del látigo. Y es la autora de la primera biografía seria, documentada y bien escrita que se hizo sobre la mujer que los humildes amaron y lloraron. El libro se publica en Estados Unidos en 1952 y Main lo firma como María Flores, porque, dice, tenía miedo por sus amigos de Buenos Aires. Lo publica una editorial de Nueva York. Main escribió su libro antes de la muerte de Eva. Aquí, coherentemente, se edita en diciembre de 1955, a pocos días del golpe setembrino, como si hubieran estado esperando. Main ya no firma María Flores, sino que lo hace con su propio nombre. La editorial es La Reja. En 1956 dice haber editado ya cinco ediciones: 26.000 ejemplares, cifra que, para la época, era fenomenal. También lo sería hoy. En la tapa se lee el título y una leyenda propagandística: “Exito mundial, ahora en Argentina”. Main era argentina, de padres ingleses. Vivió muy poco tiempo en el país.
En cambio, Mary Main, la autora del libro que inspiró la ópera-rock que indignó al país, termina su libro diciendo: “Por otra parte, aquellos que inicien la tarea (de recuperar al país, no deberán subestimar la influencia que ‘Santa Evita’ ejerce en los corazones simples y las almas sencillas, influencia que puede ser fortalecida y no debilitada por la muerte y que desaparecerá, no por medio de leyes y decretos, sino con ilustración, esperanza y libertad” (Mary Main, Ibid., p. 199. Cursivas mías).
su “historia” es la historia de los temores y, por consiguiente, de los odios desmedidos y hasta de las injurias de las clases poseedoras. Que, según parece, sintieron que el peronismo les quitaba sus “bienes”. Lo cual, IAPI, mediante, era cierto. La paranoia se les confirmó. El peronismo les quitó ese 33% de la renta que deslizó hacia el proletariado. Durante estos días, otra vez la oligarquía siente que un gobierno “alienígena”, heredero de quienes en el pasado usurparon las mentes de muchos jóvenes con “ideologías extrañas a nuestro ser nacional”, les está “reteniendo” los ingresos para “distribuirlos” hacia las cocineras que ya no se conforman con ochenta pesos.
“Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta”. Cuando citamos este texto por primera vez (al ocuparnos de Discépolo) olvidamos esta simetría fascinante: El niño peronista iba “a la escuela con la vaca puesta”, tal como, antes del peronismo, se iba a Europa la familia oligárquica. El peronismo había logrado un traslado de la vaca (sin quitársela a la oligarquía, lo que habría significado “expropiarla”, hipótesis que ya tratamos) de la oligarquía viajera al niño que iba al colegio.
EVITA Y CFK: “llena de pequeños acontecimientos sociales y de diarios negocios o inversiones” el miedo tiene las cualidades temibles de lo próximo y real, en la intimidad se habla de actos de violencia, de revueltas futuras, y, por fin, todas las conversaciones giran en torno a “ella”, lo que revelaba el miedo que todos le tenían, “ella” estaba; “de la energía desplegada para disimular su influencia y su poderío no servía para otra cosa que para probar hasta qué punto se había transformado en una obsesión colectiva” (Mary Main, Ibid., p. 10).
Jorge Luis Garcia Venturini periodista de La Prensa sobre la Revolución Libertadora.
Es la decisión gorila de no integrar al peronismo a la democracia argentina. Algo que los gorilas no podían hacer sin dejar de ser gorilas. Este punto es sustancial. Los militares gorilas (y el establishment: la renta agraria que había sido afectada por el peronismo, al que no habrían de perdonar jamás la injuria del IAPI) no puede aceptar la legalización del peronismo salvo negando su identidad. Un gorila es un gorila (al menos durante los 18 años que van de 1955 a 1973) porque no puede aceptar que el peronismo forme parte de la vida político-democrática del país. No es sólo una actitud política. Es un hondo odio cultural, racial, político y económico. El peronismo es la barbarie. Es: 1) La negrada en lo racial; 2) Las zapatillas y no los libros en lo cultural; 3) El autoritarismo en lo político; 4) Es, en lo económico, la concentración de la economía en el Estado, la distribución del ingreso, el intervencionismo, el traslado de la renta agraria al sector industrial y el aumento de los jornales de los trabajadores. Es, también, la demagogia y el personalismo agraviante del líder del movimiento. Todo esto –para el gorilismo– conduce a una imposibilidad: integrar al peronismo y a Perón.
El inicio es el odio gorila. Atentado de la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953. El día del incendio del Jockey Club (del que nadie se olvida), a la tarde, en una pacífica concentración peronista, unos “comandos civiles”, esos niños conchetos de las familias agraviadas por la “incultura y la barbarie”, esos niños herederos de los de “La Liga Patriótica” de Manuel Carlés, pusieron una bomba en el subterráneo. ¿Nadie se acuerda? ¿Tan efectivo resultó lo del Jockey Club como bomba de humo? Sí, metieron una bomba en el subterráneo. Un acto terrorista.
La explosión tuvo lugar en la céntrica Plaza de Mayo de Buenos Aires y la línea A de subterráneos que corre por debajo de la misma, mientras el entonces presidente Juan Domingo Perón se dirigía a los presentes desde la Casa Rosada.
Los terroristas también habían colocado bombas sobre la azotea del edificio del Banco de la Nación, con la intención de que la mampostería se desplomara sobre la multitud apiñada en sus cercanías. Afortunadamente, estas bombas —que hubieran causado un número mucho mayor de víctimas— no estallaron. El grupo terrorista estuvo conformado por Roque Carranza, Carlos Alberto González Dogliotti, y los hermanos Alberto y Ernesto Lanusse, apoyados por el capitán Eduardo Thölke, que les proveyó los explosivos. El ataque terrorista provocó la reacción violenta de varios manifestantes que incendiaron locales de los grupos que asociaban con los terroristas. El jefe del operativo terrorista, Arturo Mathov, tuvo cierta notoriedad pública al llegar a ser diputado nacional por el radicalismo. Con respecto a las bombas, el historiador Félix Luna, citado por Galasso, sostiene que se trataba de un grupo de jóvenes, activistas habituales de la FUBA, que se habían adiestrado en el manejo de armas y explosivos, y ya habían intentado matar a Perón en uno de sus viajes. Casi todos pertenecían a familias tradicionales de buena posición económica.3​
Roque Carranza (1919-1986) ―quien más adelante fue ministro del presidente Raúl Alfonsín― y Carlos Alberto González Dogliotti fueron detenidos como autores materiales del atentado. Según Félix Luna, ambos confesaron su autoría en el hecho bajo torturas.4​ Con posterioridad, González Dogliotti reconoció haber puesto las bombas, pero sostuvo que las mismas solo eran bombas de estruendo y que los muertos y mutilados fueron consecuencia de la estampida de la multitud a causa del terror provocado por la explosión. Por su parte, Carranza negó luego haber colocado las bombas, aunque reconoció haber conocido el lugar donde las mismas se armaban, en tanto que los testimonios de sus conocidos son coincidentes en sostener que «la actividad de Carranza durante los nueve años de gobierno peronista fue un incesante trajinar por los laboratorios caseros, donde se fabricaban explosivos».5​
“Aquella noche de septiembre de 1955 mientras los doctores, hacendados y escritores festejábamos (la escena transcurre en la ciudad de Salta, lugar en que reside una oligarquía poderosa, J.P.F.) ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina vi cómo las dos indias que allí trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas. Y aunque en todos aquellos años yo había meditado en la trágica dualidad que escindía al pueblo argentino, en este momento se me apareció en su forma más conmovedora. Pues, ¿qué más nítida caracterización del drama de nuestra patria que aquella doble escena casi ejemplar? Muchos millones de desposeídos y de trabajadores derramaban lágrimas en aquellos instantes, para ellos duros y sombríos. Grandes multitudes de compatriotas humildes estaban simbolizadas en aquellas dos muchachas indígenas que lloraban en una cocina de Salta” (ver: Joseph A. Page, Perón, Segunda Parte, Javier Vergara, Buenos Aires, 1984, p. 84.
Volveremos sobre el texto de Sabato que es El otro rostro del peronismo.

References: Artículo 1

Artículo 2

Artículo 6

Artículo 1

Artículo 2

Artículo 4

Artículo 1

Artículo 7