Source: http://www.scielo.edu.uy/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2301-16292020000100025&lng=en&nrm=iso&tlng=en
Timestamp: 2020-08-12 12:27:18+00:00

Document:
Humanidades (Montevideo. En línea) no.7 Montevideo 2020 Epub June 24, 2020
http://dx.doi.org/10.25185/7.2
http://orcid.org/0000-0002-7184-1670
1 Universidad de Santiago de Chile, Chile hugo.harvey@gmail.com
Palabras clave: Crisis; Intervención; Guerra Fría; República Dominicana; Estados Unidos; Organización de Estados Americanos.
Keywords: Crisis; Intervention; Cold War; Dominican Republic; United States; Organization of American States.
Palavras-chave: Crise; intervenção; guerra fria; República Dominicana; Estados Unidos; Organização dos Estados Americanos.
Concluida la Guerra Fría el mundo académico -desde diversas disciplinas- ha reconocido la necesidad de analizarla, bajo el prisma de los conflictos locales desarrollados en la «periferia», por lo cual su historia ha adquirido una mayor gama interpretativa, rompiendo las barreras de los análisis e historiografías dominadas por las superpotencias.1 Este despertar historiográfico, ha permitido analizar el conflicto mediante una mirada desde los países considerados secundarios,2 lo que complementado con la masiva desclasificación de archivos de Estados Unidos y la Unión Soviética, posibilitaron reinterpretar los acontecimientos, junto con coadyuvar al «revisionismo histórico», iniciado en la academia estadounidense e irradiado paulatinamente hacia Latinoamérica.3
Mediante lo expuesto es posible contar con una perspectiva latinoamericana, que muestra una región -participante y autónoma- de una política mundial desde su origen republicano.4 A su vez, al volver a analizar la efectividad y modalidad de las prácticas intervencionistas de las potencias, se logra visualizar que no siempre lograban sus cometidos, en el sentido de modificar las tendencias de los desarrollos políticos internos.5
Es así como surgió una nueva generación de investigadores, provenientes de diversas instituciones, quienes examinaron de manera más enérgica el ascendiente del continente latinoamericano en la tumultuosa geopolítica de la segunda mitad del siglo XX.6 Principalmente se han visto estimulados por un especial interés en estudiar operaciones encubiertas, ejecutadas por Estados Unidos en apoyo a su política exterior. Tal es el caso de PB SUCCES en Guatemala, donde los esfuerzos norteamericanos apoyaron al coronel Castillo Armas en sus planes para destituir al presidente Jacobo Árbenz.7 También, Track I y II, donde las voluntades y acciones desarrolladas en Chile, entre 1963 y 1973, se desplegaron para contener la llegada del comunismo a través de las urnas.8
Lo anterior representa una omisión o un vacío historiográfico -que comenzó a gestarse luego de sucedidos los hechos-, a raíz de una serie de factores. Estos transitan desde aspectos de la disputa global hasta las políticas domésticas, tanto estadounidenses como latinoamericanas, a raíz de las presiones ejercidas por Estados Unidos buscando apoyo político a su intervención y el interés de los gobiernos locales por mantener los planes de ayuda económica. A esto se suma el incipiente desarrollo de la disciplina de las Relaciones Internacionales, que se vivía en los años sesenta en la región.9 Los antecedentes expuestos permiten afirmar que la historia y los análisis de esta intervención, deberían abordarse con un interés -o ímpetu- similar al de los otros casos señalados. Considerando que el vacío señalado ha soslayado la importancia de este episodio, la propuesta se orienta a rescatarlo y revisitarlo, situándolo en la historia del Sistema Interamericano durante la Guerra Fría, junto con posicionarlo dentro del contexto más amplio de la política internacional del período.
En 1965 República Dominicana se encontraba gobernada por un triunvirato, el cual había llegado al poder luego de un golpe de Estado que derrocó a Juan Bosch, primer presidente elegido en forma democrática, después de la era de Rafael Trujillo. Este gobierno de facto fue encabezado en un principio por Emilio de los Santos, desde el 26 de septiembre al 23 de diciembre de 1963, y más tarde por el coronel Donald Reid Cabral. Estos acontecimientos eran de preocupación para Estados Unidos y su presidente John F. Kennedy, quien -a pesar de poner énfasis en el desarrollo socio-económico de Latinoamérica- dispuso analizar una incursión militar armada para «solucionar» las circunstancias.10 No obstante, los desasosiegos estadounidenses no comienzaban ni terminaban con estos hechos en República Dominicana, producto de la acción militar trujillista en contra de Bosch, encabezada por el coronel Elías Wessin y Wessin.
En efecto, República Dominicana no se presentaba de manera repentina a Estados Unidos, por el contrario -junto con las repercusiones de la revolución cubana- ocupaba un papel preponderante en la agenda norteamericana para América Latina, siendo su principal interés la salida de Trujillo. John Kennedy comenzó a aplicar una serie de medidas tendientes a debilitarlo, entendiendo la nueva realidad de la amenaza comunista en la región. Esto a pesar del irrestricto apoyo brindado durante los cincuenta, por considerarle un garante de la estabilidad política, la alternativa más plausible a una revolución y mejor opción que sus enemigos internos o externos.11
Cabe destacar el hecho de dejar a República Dominicana fuera de la Alianza para el Progreso, por cuanto la democracia representativa era el marco político indispensable para su cumplimiento.12 A su vez, en mayo de 1961, Kennedy envió a Santo Domingo a su asesor Robert Murphy, con la finalidad de sugerir a Trujillo que preparase su retiro y visualizara las repercusiones que se sucederían en el país al momento de su muerte. En el informe de esta comisión, Murphy recomendó en el mismo sentido de la resolución adoptada y señaló que «la Alianza para el Progreso podría verse ensombrecida ante los ojos de los latinoamericanos si nos acercamos a cualquier cosa parecida a una política amistosa hacia Trujillo».13
Ante la ausencia del soporte económico y político de Estados Unidos, Trujillo fue objeto de una serie de conspiraciones, algunas de las cuales contaron con el apoyo de los servicios de inteligencia norteamericanos, hasta que el 30 de mayo de 1961, fue ultimado en un ataque cuando se dirigía a su hacienda Fundación en San Cristóbal.14 No obstante, su desaparición física no significó un fin de era, puesto que su vicepresidente Joaquín Balaguer continuó ejerciendo formalmente la primera magistratura, acompañado de su hijo Ramfis, quien regresó a Santo Domingo desde París poniéndose de inmediato al frente de la situación. Los repercusiones del atentado harían despertar las energías sociales y políticas, que se manifestarían en el triunfo de Juan Bosch en las elecciones del 20 de diciembre de 1962 y se coronarían con su asunción al gobierno el 27 de febrero de 1963.15
Respecto a las primeras medidas ejecutadas por Bosch, existen dos visiones contrapuestas. Desde quienes apoyaron su gobierno, se sostiene que comenzó a cumplir sus promesas de campaña.16 Sin embargo, otra aproximación afirma que dio inicio a una máquina reformista social, económica y valórica, afectando una serie de intereses nacionales e internacionales.17 La tesis de una maniobra refundacional fue la que primó, al punto que fue derrocado por un grupo militar pro-Trujillo, instalando un trinvirato que carecía de una base sociopolítica sólida, al haber sido producto de un golpe de Estado. A este panorama se sumaba la persistencia de altos niveles de corrupción en la administración pública, más el carácter represivo del gobierno tripartito. Frente a este escenario de crisis, el 24 de abril de 1965 se produjo un contra golpe, con la intención de restituir a Bosch en el poder, quien se encontraba relegado en Puerto Rico. Este levantamiento militar, protagonizado por oficiales jóvenes del ejército, autodenominados «constitucionalistas» y, paradójicamente, liderado por dos coroneles quienes eran hijos de generales que habían servido en el gobierno de Trujillo, Rafael Fernández Domínguez y Francisco Caamaño Deñó.18 Este movimiento provocó la fragmentación de las fuerzas armadas dominicanas, produciéndose enfrentamientos con victorias parciales para cada bando, con lo cual no quedaban dudas que se había originado una guerra civil.
El gobierno estadounidense enfrentado a esta dinámica revolucionaria incontrolable, decidió intervenir militarmente en la zona oriental de La Española. El 27 de abril de 1965 una patrulla de infantería de marina desembarcó en la capital de República Dominicana, con la finalidad de evacuar alrededor de mil compatriotas, desde la base naval de Haina, cuya seguridad estaba amenazada producto de los enfrentamientos entre «constitucionalistas» y «protrujillistas».19 Al día siguiente se dispuso un incremento en el contingente, a raíz de los informes de la embajada de Estados Unidos que reflejaban una situación de caos total y ante las solicitudes del embajador William T. Bennett.20 El presidente Lyndon B. Johnson fundamentó su resolución: «acabo de terminar una reunión con líderes del Congreso y les informé sobre la grave situación. Informé sobre las decisiones que este gobierno considera necesarias en esta situación a fin de proteger vidas norteamericanas».21 Para luego exponer los términos prácticos de su decisión:
He ordenado al Secretario de Defensa que ponga en tierra las tropas norteamericanas necesarias para brindar protección a los centenares de norteamericanos que todavía están en la República Dominicana y escoltarlos en seguida hasta este país. La misma asistencia estará a disposición de ciudadanos de otros países, algunos de los cuales ya han solicitado nuestra ayuda. En cumplimiento de mis instrucciones, han desembarcado 400 infantes de marina.22
Posteriormente, el 1 de mayo, se ordenó aumentar los marines, más el refuerzo de gran parte de la 82va división aerotransportada del ejército, esta vez con una misión más compleja que implicaba entrar en combate, con el propósito de permitir a las fuerzas leales al triunvirato romper contacto con los «constitucionalistas».23 Estos últimos, de acuerdo a los informes de inteligencia y las aprensiones de Johnson, podrían terminar siendo dirigidos por elementos comunistas.24 Las modificaciones a la tarea de la fuerza quedaron plasmadas en una segunda alocución, pronunciada por el presidente el 2 de mayo, en la que denunció que líderes comunistas dominicanos, muchos de ellos entrenados en Cuba, se habían plegado a la revolución viendo una oportunidad para aumentar el desorden y que estaban ganando control.25
Por lo anterior, desde la academia estadounidense, la crisis se divide en dos fases cada una con su propia justificación. Para Pope Atkins y Larman C. Wilson, la primera mediante el desembarco de los infantes de marina con la finalidad de proteger las vidas de sus compatriotas y una segunda desde el incremento de las fuerzas de ocupación para prevenir una revuelta comunista.26 De cualquier forma, Charles Zorgbibe considera que la decisión de intervenir demuestra que Estados Unidos no estaba dispuesto a tolerar otra deserción en su propia zona de influencia.27
Según el comandante de las tropas, general Bruce Palmer, desde un comienzo el objetivo de la invasión fue frenar cualquier tipo de injerencia comunista en la pugna interna de República Dominicana. En su recuento de la operación indicó que su «misión asignada era proteger las vidas y propiedades norteamericanas, la misión “no asignada” era impedir otra Cuba y, al mismo tiempo, evitar otra situación como la de Vietnam».28 La premura de Johnson lo forzó a asumir la decisión de intervenir unilateralmente en la isla y demorar veinticuatro horas en informar su decisión al consejo de seguridad de las Naciones Unidas, a través del embajador Adlai Stevenson.29
Producto de esta crisis la OEA debió asumir una serie de roles y de responsabilidades desconocidas hasta la fecha, al enfrentarse a hechos consumados y presiones diplomáticas de Estados Unidos, por lo cual las dinámicas vividas se alejan de la división asumida en los análisis académicos estadounidenses y muestran dinámicas particulares. En efecto, desde el inicio de los hechos derivados de la situación dominicana, la diplomacia norteamericana transfirió la responsabilidad a la OEA, con la intención de revertir las repercusiones internacionales de su incursión.30 A su vez, citó a una reunión de emergencia del consejo, a través de su embajador Ellsworth Bunker, para justificar la intervención y el no haber informado en forma previa, junto con buscar el apoyo de los demás miembros del organismo, en cumplimiento a las instrucciones del presidente Johnson.31
En consecuencia, el embajador Bunker notificó «vagamente sobre circunstancias del desembarco y repitió la declaración de Johnson según la cual el Consejo había sido informado previamente».32 Asimismo, «señaló que un grupo mixto de rebeldes civiles y militares controlaban Santo Domingo y que el movimiento se encontraba en manos de la extrema izquierda, posiblemente comunistas».33 Mediante estas aseveraciones se comenzaba a esbozar el motivo que tendría Estados Unidos para incrementar su contingente en la isla. Básicamente Bunker, durante toda la reunión, «destacó la gravedad de la situación interna dominicana y minimizó la importancia del desembarco de los marines».34
Cabe señalar, que en el consejo de la OEA se encontraba como representante dominicano el embajador José Bonilla Atiles, designado por el triunvirato depuesto el 24 de abril, por lo cual debía confirmar o aumentar lo manifestado por Bunker, confirmando su apego a la intervención y que «apoyaría toda medida cualquiera ella fuese para evitar que República Dominicana se convirtiese en una segunda Cuba».35 De la misma forma, insistió:
en que la violencia y el terrorismo eran obra del comunismo, asegurando la presencia de 6.000 milicianos con armas cubanas. Que Bosch y el PRD eran cómplices de un complot comunista. Pero por otro lado afirmó el PRD estaba consciente de las garras en que había caído y repudia a Bosch. Se trata de barrer los comunistas lo antes posible no por medio de tratados si no qué utilizando sus mismas armas.36
Posteriormente, a raíz de las contradicciones de los informes desde República Dominicana, el consejo aprobó la constitución de una «comisión investigadora y pacificadora», con la misión de verificar los hechos en terreno, la cual quedó compuesta por Argentina, Brasil, Guatemala, Colombia y Panamá. Como presidente y vicepresidente fueron electos los embajadores Alfredo Vázquez Carrizosa y Ricardo M. Colombo, delegados de Colombia y Argentina.37 Este hecho constituye un hito clave en el desarrollo de la crisis, puesto que, las maniobras diplomáticas norteamericanas y la exposición de una situación de caos en la isla, significaba que Estados Unidos reforzaba su esfera de influencia en América Latina. Esto al informar al consejo de seguridad de Naciones Unidas, que la intervención representaba un accionar colectivo de la OEA, basándose en el artículo 52° de la Carta de la ONU: «Ninguna disposición de esta Carta se opone a la existencia de acuerdos u organismos regionales cuyo fin sea entender en los asuntos relativos al mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales y susceptibles de acción regional, siempre que dichos acuerdos u organismos, y sus actividades, sean compatibles con los Propósitos y Principios de las Naciones Unidas».38
El 4 de mayo, luego de dos días de trabajo en Santo Domingo, se dio a conocer al consejo de la OEA el informe de la comisión investigadora, el cual señalaba que sus gestiones de pacificación y conciliación estaban bien encaminadas, junto con solicitar la formación de una fuerza interamericana.39 Siguiendo las recomendaciones, el 6 de mayo la OEA aprobó la conformación de la «Fuerza Interamericana de la Paz», lo que en terminos prácticos significaba: «ipso facto, la transformación de las fuerzas presentes en territorio dominicano en otra fuerza que no sería de un Estado ni de un grupo de Estados, sino de un organismo interestatal, como es la Organización de Estados Americanos, encargado precisamente de interpretar la voluntad democrática de sus miembros».40
La resolución correspondiente fue patrocinada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica y Venezuela, siendo aprobada por un estrecho margen de 14 a 5 votos. Es preciso destacar que, dentro de las delegaciones que avalaron el refuerzo de tropas, se encontraba la de República Dominicana, en representación de uno de los dos bandos oponentes en la crisis. México, Uruguay, Ecuador, Perú y Chile votaron por el rechazo de la propuesta, mientras Venezuela se abstuvo.41
Finalmente, la intervención de Estados Unidos quedaba legitimada por la OEA, representando un éxito diplomático. En palabras del embajador Bunker «lo primero que teníamos que hacer era tratar de convertir la intervención en una FIP, y fue lo que hicimos».42 De esta forma, las tropas estadounidenses desplegadas en la isla, se vieron incrementadas por contingentes de seis países: Brasil, Honduras, Paraguay, Nicaragua, Costa Rica y El Salvador.43
Ante la incursión de Estados Unidos en la crisis dominicana, se generaron una serie de reacciones en los países de la región, en su mayoría rechazando estos hechos consumados y el apoyo de la OEA, generándose diversas protestas, dictámenes legislativos y declaraciones de gobiernos.44 Según los analistas estadounidenses de prensa extranjera, las editoriales de rechazo fueron diez contra uno, incluso de los medios más conservadores. Casi la totalidad de las capitales latinoamericanas, a principios de mayo, fueron escenario de violentos disturbios.45 En Argentina, por ejemplo, algunas organizaciones anticomunistas vitorearon el desembarco, mientras las agrupaciones de estudiantes se movilizaron en contra. La Universidad de La Plata y la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires fueron tomadas y se organizaron diversas expresiones de repudio.46 De la misma forma, en Uruguay, el comité de juventud del Movimiento Popular Divisa Blanca manifestó su solidaridad con quienes luchaban en la «hermana República Dominicana por el establecimiento de un gobierno constitucional», junto con acusar a Estados Unidos de acciones «violatorias de claras normas internacionales, expresamente contraídas por las naciones americanas», suscribiendo la política exterior de su gobierno, como «único modo de salvaguardar la soberanía de las medianas y pequeñas naciones».47
En Chile la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile se presentó como la primera organización social en expresar su condena a la invasión norteamericana,48 manifestándose con alrededor de doscientos integrantes frente al consulado de Estados Unidos.49 Asimismo el partido de gobierno, la Democracia Cristiana, dio a conocer una declaración de repudio a lo acontecido, en términos más duros que los universitarios y que la cancillería.50 Igualmente, confirmando las aprehensiones de la CIA,51 el día del trabajador de 1965 giró en torno a condenar las acciones en Santo Domingo, al menos así se refleja en la proclama de la Central Única de Trabajadores, titulada «Fuera de Santo Domingo los yanquis asesinos».52 La prensa también plasmó las diversas visiones presentes en la sociedad, por un lado, la izquierda desde El Siglo titulaba «Masacre Yanqui en Santo Domingo»53 y a través de El Clarín publicaba en portada «Fuera los Yanquis»,54 mientras en la vereda del frente El Mercurio consignaba «Confusa Situación Dominicana - Se Pide Reunión de Emergencia de OEA - Desembarcan en Santo Domingo 400 Infantes De Marina de Estados Unidos»,55 relegando a un lugar secundario la intervención, y La Tercera de la Hora noticiaba en primera plana «USA interviene en revolución de Sto. Domingo».56
Desde el mundo de las artes, las críticas a la intervención fueron dirigidas a Johnson, culpándolo de destruir el andamiaje cultural interamericano -construido hace veinte años, básicamente representado por la División de Artes Visuales de la Unión Panamericana-, a las cuales se sumaban otras, a raíz de su política en Vietnam.57 Como una medida para contrarrestar los ataques, los asesores presidenciales organizaron un encuentro denominado «Festival de las Artes de la Casa Blanca», el 14 de junio de 1965, el cual resultó un desastre y terminó por distanciar definitivamente al presidente estadounidense de la «izquierda no comunista».58
Sin embargo, las principales reprimendas apuntaron a la OEA al ser un mecanismo de legitimación de las intervenciones de Estados Unidos y de romper el trato original de su fundación, las que se vieron reflejadas en una verdadera deserción de los intelectuales latinoamericanos hacia la CEPAL y otras organizaciones de la ONU, proceso que ya venía en desarrollo desde la revolución cubana.59 El historiador colombiano, Germán Arciniegas, director de Cuadernos, propuso la creación de una «Organización de Estados Latinoamericanos» asentada en la unidad de destino y similitud de sus componentes, fundamentó que la OEA había sido barrida por los estadounidenses y se encontraba fenecida de facto. Asimismo, reflejó su temor de una escalada bélica en América Latina, al sostener que «habrá veinte nuevos escenarios en donde podrá representarse el drama de la Guerra Fría entre los Estados Unidos y Rusia».60 Sin embargo, evitaba enemistarse con el país del norte, agregó «no hay otro continente de la tierra que nos vaya a ofrecer, por ejemplo, lo que Kennedy, no solo como abierto deseo de impulsarnos por las vías del progreso, sino como comprensión humana, generosa y sin reservas. Todo nos mueve a estar cerca de los Estados Unidos, menos la seguridad en la igualdad del trato».61
Santo Domingo: ataúd de la OEA / aquí está ya la autopsia de la sucia... / la higiénica asquerosa, / celestina sin pueblo que vende nuestros pueblos. / Mi pequeño país / solo / solitario, / ha tenido el honor / de enterrar enterito ese cadáver.62 Sin embargo, / los huesos de la / O, / la / E, / la / A, / tranquilos y orgullosos / llegaron a un acuerdo... / ¿A cuál? / A que no ha pasado nada... / Pero los muertos de mi pequeño país / hicieron un esfuerzo, / se levantaron / y están con ellos discutiendo.63
Cuarenta y cinco mil hijos de perra / bajaron con sus armas y sus cuentos, / con ametralladoras y napalm, / con objetivos claros y concretos: / «poner en libertad a los ladrones! / y a los demás hay que meterlos presos!» / Y allí están disparando cada día / contra dominicanos indefensos. / Como en Vietnam, el asesino es fuerte, / pero a la larga vencerán los pueblos. / La moraleja de este cuento amargo / se la voy a decir en un momento / (no se lo vayan a contar a nadie: / soy pacifista por fuera y por dentro!): / Ahí va: Me gusta en Nueva York el yanqui vivo / y sus lindas muchachas, por supuesto, / pero en Santo Domingo y en Vietnam / prefiero norteamericanos muertos.64
La actuación de Estados Unidos y la OEA también generó repercusiones globales, materializadas en el consejo de seguridad de Naciones Unidas, el cual sostuvo veintiocho reuniones sobre esta crisis durante los meses de mayo, junio y julio. La primera se desarrolló el 3 de mayo, a solicitud de la Unión Soviética,65 en respuesta a la carta donde el representante estadounidense informaba la intervención.66 El representante soviético, Nikolai Fedorenko, expuso una extensa acusación sobre la intervención dominicana, en la cual imputó a Estados Unidos de violar el derecho internacional, exigiendo el retiro de sus tropas. Mientras su contraparte estadounidense, Adlai Stevenson, luego de una amplia introducción histórica, realizó una justificación de las dos fases de la operación.67 Las denuncias soviéticas fueron apoyadas por el representante cubano y el uruguayo, siendo más severo el segundo, quien centró sus críticas en la «Doctrina Johnson» y el deber del consejo de seguridad de intervenir en la crisis dominicana.68 Otros debates se basaron en clarificar las facultades de este organismo y de la OEA en la crisis, en los cuales Estados Unidos desplegó una serie de esfuerzos por mantener a la ONU alejada del asunto. Finalmente, Naciones Unidas desestimó otorgar libertad de acción a la OEA, designando un representante especial y un asesor militar para dirigirse a Santo Domingo e informar al Consejo de Seguridad.69
Por lo expuesto, resulta extraño que en abril de 2015 al cumplirse los cincuenta años de la intervención estadounidense en la crisis dominicana, este asunto haya pasado desapercibido, permaneciendo ausente de cualquier tipo de análisis histórico o político. Aún menos se evidenció alguna crítica al sistema interamericano o a una alicaída OEA, desafiada constantemente por organismos que intentan sustituirla.70 Tampoco se generaron escrutinios a las políticas exteriores de los Estados americanos, de los que apoyaron la invasión o de aquellos que se opusieron a Estados Unidos. Para reforzar esta omisión, se debe considerar que ni siquiera se rescató el hecho a modo de juicio en contra del -tan impopular- «Imperialismo». A pesar de la VII Cumbre de Las Américas, antesala propicia para debatir sobre la política exterior norteamericana y su interacción con la región. Incluso el expresidente Barak Obama, horas previas al encuentro, afirmó que «los días en los cuales Estados Unidos intervenía en la región con impunidad habían acabado».71
Cabe señalar que el tema de la intervención norteamericana en la crisis de República Dominicana surgió de manera inesperada al analizar la política exterior del presidente Frei Montalva, desde 1964 a 1970. De este modo, las corrientes historiográficas revisionistas y el análisis crítico de la documentación, refleja que la ocurrencia de este hecho explica el distanciamiento entre Chile y Estados Unidos, desde un apoyo irrestricto -económico, político y encubierto-72 al proyecto de la Democracia Cristiana hasta un divorcio absoluto y niveles de cooperación casi nulos.73
Las primeras aproximaciones a la problemática fueron desde las dos teorías clásicas de la disciplina de las Relaciones Internacionales, realismo e idealismo, complementadas con paradigmas que se han elaborado con posterioridad, como el neorrealismo y el transnacionalismo. Hedley Bull,74 Hans Morgenthau75 y Kenneth Waltz76 posibilitaron comprender el rol de Estados Unidos, luego los postulados Inmanuel Kant77 y Hugo Grocio78 resultaron necesarios para analizar el sistema internacional, las estructuras interamericanas y los principios de no intervención y autodeterminación. Asimismo, la «interdependencia compleja» de Robert O. Keohane y Joseph Nye facilitaron apreciar cómo una crisis civil en El Caribe terminaba por impactar en todo el mundo.79
Sin embargo, la revisión de documentación desclasificada y las entrevistas con actores de los acontecimientos hicieron evidente que esta crisis y sus implicancias habían permanecido en el olvido o ausentes en los análisis de las políticas exteriores o los asuntos internacionales, e incluso de los recuerdos o memorias de sus protagonistas.80 Por lo tanto, fue posible constatar un vacío historiográfico generado por una suerte de divorcio entre la Historia y las Relaciones Internacionales, lo que representaba una complejidad en sí, terminando por forzar un giro en la investigación, puesto que resultaba imposible analizar algo que no estaba «contado». De esta forma, se produjo un tránsito por un camino de tensiones disciplinarias, las que se fueron morigerando mediante el establecimiento de diálogos constantes y generación de puentes entre ambas disciplinas.
Estados Unidos se une al secretario general, Almagro, y a otros integrantes de la comunidad internacional para pedir al gobierno de Venezuela la liberación de los presos políticos, el respeto por la libertad de expresión y de reunión, el alivio de la escasez de alimentos y medicinas, y que cumpla con sus propios mecanismos constitucionales, incluyendo un referéndum revocatorio justo y oportuno que es parte de ese proceso constitucional.81
pruebas diarias tenemos de cómo el secretario general de esta organización se parcializa a favor de sectores opositores de Venezuela que pretenden derrocar al gobierno legítimo y constitucional del presidente Nicolás Maduro, pruebas irrebatibles de cómo el secretario general tiene una posición intervencionista sobre los asuntos internos de Venezuela, mal datado ya veo por Washington, sirviendo de agente a Washington. Estás en la nómina de Washington para intervenir en los asuntos internos de Venezuela. Los asuntos internos de Venezuela los dirimen los venezolanos.82
Por otra parte, la ministra de exteriores argentina, Susana Malcorra, reiteró la solicitud a los Estados miembros de la OEA de continuar apoyando el llamado a la reanudación de las negociaciones sobre la cuestión de las Malvinas: «mi país ha expresado reiteradamente su posición a dialogar con el Reino Unido de todos los temas relacionadas con las Malvinas teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de la isla y respetando su modo de vida».83
Bolivia representada por su canciller David Choquehuanca, continuando su conducta de utilización del foro interamericano para su reivindicación marítima, manipuló el espacio para referirse a dos conflictos con Chile: el uso arbitrario de las aguas del río Silala y la demanda por una salida al Pacífico, y solicitó a la OEA «mantenerse informada hasta que las partes alcancen una solución definitiva sobre el acceso soberano de Bolivia al océano Pacifico tal y como lo establece la resolución de esta organización de 1979».84 Ante lo cual, el ministro de relaciones exteriores chileno, Heraldo Muñoz, acusó a su par de perturbar la agenda de la OEA, en el sentido de estimar que sus declaraciones representaban «una desconsideración hacia la Corte de La Haya, ante la decisión de Bolivia de exponer en este foro sus problemas con Chile después de haber optado por la vía jurídica de ese tribunal internacional».85
No obstante, el país anfitrión -en su justo derecho- guardaba una esperanza, contenida hace años y reflejada en diversos ámbitos -políticos y académicos-, como lo declaró Mariñez, embajador de República Dominicana en Chile: «a la OEA le corresponde pedir los perdones correspondientes por lo realizado hace cincuenta años».86 Ese espíritu se plasmó en el discurso inaugural del presidente dominicano, Danilo Medina, del cual resulta necesario reproducir los pasajes más representativos. Así, se dejará «hablar la fuente», con la finalidad de aquilatar los sentimientos de gran parte de ese país y la oportunidad que visualizaron en esa instancia. El mandatario dominicano sorprendió a los representantes de las 34 delegaciones americanas, los conminó a «volver la vista con actitud reflexiva y autocrítica hacia el pasado de la propia OEA» y propuso una «resolución de desagravio a la República Dominicana por el rol desempeñado por la OEA durante la revolución de abril de 1965». Luego, utilizando un término que refleja lo vivido por su país, afirmó haber sufrido una «“invasión” que en aquel momento fue legitimada por uno de los mecanismos de la OEA», la cual:
abortó el proceso democrático que se había iniciado con la elección como presidente de nuestro admirado líder, el profesor Juan Bosch, impidiendo así el retorno al orden constitucional, legítimamente establecido en el 1963. Esta nefasta violación de la soberanía legítima de los dominicanos, producida en 1965 causó muerte, dolor e indignación en nuestro pueblo. Es una herida aún abierta para muchos y que solo podrá sanar mediante el reconocimiento de lo sucedido por parte de la OEA y la petición de perdón que merece nuestra ciudadanía. Conocemos bien el contexto histórico en el que se dio la invasión. Eran los años de enfrentamiento entre bloques. Eran los años en los que las relaciones entre Estados Unidos y Cuba eran prácticamente de guerra. Eran los años en los que el conflicto interno de Colombia apenas comenzaba. Estamos seguros que la Organización de Estados Americanos está en las mejores condiciones para asumir esa responsabilidad. Propongo, por tanto, que enviemos un mensaje a todos los pueblos de la región. Reconozcamos los errores del pasado y señalemos nuestro compromiso renovado y total con los principios que dieron origen a la OEA.87
Expresar al pueblo dominicano su pesar por haber respaldado, en 1965, la invasión de su territorio y el atropello de su soberanía, solicitar su comprensión, pedir disculpas por el error histórico cometido y a la vez condolerse por las víctimas ocasionadas, asumiendo el compromiso de trabajar en procura de que acciones semejantes no se repitan en el futuro.88
3. Reafirmar los principios del derecho internacional, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Organización de los Estados Americanos.
Como es posible apreciar, el texto aprobado por la asamblea sufrió sustantivas modificaciones con relación al propuesto por sus autores, terminando en una declaración neutra que solo se refería a «acontecimientos», eludiendo términos tales como «intervención» e «invasión». Asimismo, queda de manifiesto que la OEA no reconocía responsabilidad ni participación en la crisis que aquejó al país caribeño. Ya fuera por impericia diplomática o por presiones de Estados Unidos, finalmente se renunciaba a una oportunidad única de poder resarcir el daño generado
Como se ha señalado, han surgido corrientes historiográficas que posicionan los conflictos periféricos en la lógica internacional de la Guerra Fría, giro iniciado por Odd Arne Westad. Este historiador, a raíz de la desclasificación de los archivos de las potencias, consideró necesario volver a investigar sus políticas hacia el Tercer Mundo. Así también, refuerza la idea sobre la irradiación de las pugnas intraestatales y sus efectos desestabilizadores zonas geográficas completas, aprensiones que influyeron en la conformación de alianzas políticas y militares. 90
No obstante, Westad no establece conexiones entre conflictos geográficamente alejados, enlace que sí realiza Herbert Mc Master en su detallado análisis de la política exterior de Lyndon Johnson en Vietnam, vinculando los sucesos en Asia con la crisis en República Dominicana, y como esta se aprovechó como una forma de opacar las críticas del Congreso y de la oposición. Para fundamentar este planteamiento cita a William Bundy, quien recordaba que la intervención dominicana «y su justificación estuvieron bajo gran volumen de fuego en los mismos cuarteles, tanto domésticos como extranjeros, los que ya eran escépticos u hostiles a las acciones en Vietnam, por lo que el presidente respondió a la presión del Congreso por lo que solo puede describirse como un truco».91
no es una asignación de rutina. Por cada miembro del Congreso que apoya esta solicitud, también se vota para persistir en nuestro esfuerzo por detener la agresión comunista en Vietnam del Sur. Cada uno dice que el Congreso y el presidente están unidos ante el mundo en una determinación conjunta de que se preservará la independencia de Vietnam del Sur y que el ataque comunista no tendrá éxito.92
b. La cooperación civil - militar
Siguiendo en la línea de las conexiones con la guerra de Vietnam, cabe señalar que la experiencia estadounidense en República Dominicana generó conocimientos sobre la cooperación civil - militar, específicamente respecto al rol de la fuerza militar en apoyo a las labores diplomáticas. A pesar de esto, las aproximaciones desde este punto de vista son limitadas y escacean estudios independientes, ya que en su totalidad se han producido desde el ámbito de la defensa estadounidense.
El trabajo más detallado fue realizado por el general Bruce Palmer, comandante de las fuerzas de ocupación y segundo comandante de la FIP, quien llamó la atención sobre el exiguo interés -y consecuente desconocimiento- de los aspectos militares de la «Operación Power Pack». Sin embargo, para estos efectos, su mayor aporte se basa en las acciones de la fuerza militar en beneficio de la política, en este caso contribuyendo a las gestiones del embajador de Estados Unidos ante la OEA, Ellsworth Bunker, quien en todo momento mantuvo el control de la situación.93 Lawrence Yates concuerda sobre el eficiente trabajo del contingente militar como refuerzo a las negociaciones, junto con evaluar la intervención como «exitosa», al evitar la captura del gobierno por parte de elementos comunistas y por lograr un acuerdo político entre las facciones opositoras.94
En los mismos términos, Howard Shaffer en su biografía del embajador Bunker -denominada Global Troubleshooter-, concuerda en el éxito político de las operaciones, definiendo como notable su trabajo diplomático, al identificar un presidente provisional en 1965 que estuviera en la línea de las intenciones de Estados Unidos y mantenerlo hasta las elecciones de 1966. Llamó a la crisis dominicana como «probablemente el mejor momento diplomático de Bunker».95
Evitando profundizar en los niveles de triunfalismo del accionar estadounidense -lo que aún es fuente de controversias-, es un hecho que la crisis incrementó el prestigio político de Bunker, la reputación del general Palmer y, por consiguiente, el reconocimiento a su desempeño en conjunto. Así lo visualizó el militar quien señaló -aún en Santo Domingo- que la calidad de su coordinada labor los haría reencontrarse en Vietnam, escenario que a la sazón representaba el principal teatro de operaciones para Estados Unidos. Casualidad o causalidad, lo cierto es que el oficial fue destinado a comandar la principal fuerza estadounidense en el país asiático en marzo de 1967 y dos meses después Bunker fue designado embajador en Saigón.96
Las evaluaciones más críticas, junto con la gran mayoría de los estudios de la intervención en República Dominicana, se han ocupado en mayor medida en el análisis de las motivaciones de Johnson para enviar una fuerza militar. Luego de sobrepasar una suerte de parálisis académica,97 generada por la perplejidad de la realidad superando la ficción, historiadores y académicos se han ocupado del tema. En general la mayor parte de los académicos analizan los hechos a modo de condena.98 Sin embargo, existen otros que justifican la intervención, entendiendo el panorama que se visualizaba desde Washington, por lo cual algunos intentan comprender el proceso de toma decisiones, junto con profundizar en la veracidad de un posible control comunista de la revolución. 99
Tal como se señaló, una vez realizadas las evacuaciones de connacionales norteamericanos desde la zona de conflicto, Johnson modificó la motivación principal para mantener fuerzas en la isla, la que fue televisada el 2 de mayo: «lo que comenzó como una revolución democrática popular, comprometida con la democracia y la justicia social, a muy poco andar se transformó y ha sido tomada, y realmente capturada y entregada a en manos de una banda de conspiradores comunistas».100 Este punto genera controversias respecto si las apreciaciones conformaban una imagen preconcebida de Johnson, o si bien se fundamentan en la información proporcionada. Respecto a la primera idea, cabe señalar que el 28 de abril de 1965 la CIA estrenaba un nuevo director, el almirante William Raborn,101 quien -según Jonathan Colman- se encontraba «presto a entregar a su jefe lo que quería escuchae».102 Por esto resulta pertinente revisar el «President’s Daily Brief» de aquel día, recientemente desclasificado:
Comunistas armados y otros elementos de extrema izquierda han resistido con éxito los ataques de hoy de las tropas leales de Wessin y Wessin. No está claro cuánto el éxito de la izquierda deriva de la confusión y la falta de coordinación y cuánto de la fuerza inesperada es parte de los comunistas. Como mínimo, Wessin enfrenta una amarga lucha «casa a casa» para limpiar Santo Domingo. Como máximo, podría enfrentar un colapso repentino de sus propias fuerzas. En el último informe, las fuerzas leales estaban exhaustas y podrían «tirar la esponja» antes de esta lectura. En cualquier caso, durante el día se ha hecho cada vez más claro que el liderazgo de los rebeldes ha pasado a la izquierda con algunos militares mezclados entre ellos, y los partidarios de Juan Bosch han perdido el control. Como ha señalado el embajador Bennett, «una victoria para los rebeldes en esta situación significará que el país sea tomado por la extrema izquierda».103
En la misma línea, dos marxistas dominicanos, José Israel Cuello y Narciso Isa Conde, reconocieron su intención de asumir el control de la revolución, una vez que los leales al gobierno fueran derrotados, lo que confirmaría los reportes de la CIA.104 Sin embargo, las versiones de los dos periodistas más preponderantes en terreno, Tad Szulc y Dan Kurzman, desacreditaban las versiones sobre el caos generalizado, los riesgos para las vidas estadounidenses e influencia castrista.105 Asimismo, Theodore Draper y Abraham Lowenthal, se mostraron escépticos sobre las motivaciones de LBJ.106 En cambio, Jerome Slater justificó la intervención y enfrentó de manera directa las afirmaciones de Draper, en el sentido de sostener que no existía «la menor duda que el factor preponderante»107 en los informes de la embajada de Estados Unidos y el Departamento de Estado era «que la aparente inminente victoria constitucionalista representaría un riesgo inaceptable de una toma de posesión comunista»,108 lo que fundamentaba la operación. Aún más, señaló que los críticos ignoraban «la evidencia incontrovertible del considerable papel comunista entre civiles armados y jerarquizados, que pronto superaban la cantidad de los participantes militares originales en casi cuatro a uno».109
Dentro del mencionado despertar académico, es destacable la obra de Piero Gleijeses, quien -luego de un riguroso trabajo de campo y de entrevistas a actores dominicanos- argumentó que los temores de la administración Johnson no provenían de una captura inmediata del movimiento por parte de La Habana o Moscú. Las preocupaciones se basaban en las consecuencias a largo plazo de otro régimen de Bosch, lo que significaría una paulatina cooptación de su reformismo por parte de una revolución de tipo castrista, la consecuente alineación con los postulados soviéticos y la eliminación de las inversiones e influencia de Estados Unidos.110
De las investigaciones en terreno, realizadas por el autor del presente artículo, resultó imposible hallar evidencias respecto al real poder comunista de asumir el liderazgo del movimiento. No obstante, se constató que el coronel Caamaño no contaba con capacidad para planificar operaciones, ni menos para ejercer el mando y control del movimiento revolucionario. En primer lugar, no existía el equipamiento de telecomunicaciones que le permitiera el enlace radial con de los «comandos», pequeñas agrupaciones paramilitares disgregadas por todo Santo Domingo. De la misma forma fue posible evidenciar nulas competencias para realizar un trabajo de «estado mayor».111 A lo que se suma la exigua comunicación con sus asesores, a quienes no les transmitía las gestiones o reuniones que sostenía con la comisión de la OEA y con embajadores de diversos países. Este punto resulta clave, ya que el cuartel general constitucionalista se constituyó en el centro de la ciudad, dentro el edificio Copello, por lo que no accedían a la información de lo que ocurría en terreno.112
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Nota: Para citar este artículo / To reference this article / Para citar este artigo Harvey, Hugo. “Revisitando el punto de inflexión interamericano en la Guerra Fría: la crisis dominicana de 1965, la intervención de Estados Unidos y la Fuerza Interamericana de la Paz”. Humanidades: revista de la Universidad de Montevideo, nº 7, (2020): 25-63.https://doi.org/10.25185/7.2
Nota: Editores responsables: Ángel Soto: angelsoto@uandes.cl; Carolina Cerrano: ccerrano@um.edu.uy
1La mayoría de los trabajos que se refieren a la Guerra Fría han sido concebidos desde la perspectiva de las superpotencias, dejando en un segundo plano las dinámicas de los países de lo denominado Tercer Mundo. Para comprender el fenómeno desde las RRII remitirse a: Celestino del Arenal, Etnocentrismo y teoría de las relaciones internacionales: una visión crítica (Madrid: Tecnos, 2014). Desde la historiografía remitirse a: Gilbert M. Joseph y Daniela Spenser, eds., In from the Cold. Latin America’s new encounter with the Cold War (Durham: Duke University Press, 2008).
2Esta corriente historiográfica comenzó con: Odd Arne Westad, “Rethinking Revolutions: The Cold War in the Third World”, Journal of Peace Research 29:4 (1992): 455-464; Reviewing the Cold War. Approaches, Interpretations, Theory (Londres: Frank Cass Publishers, 2000); The Global Cold War. Third world interventions and the making of our times (Cambridge: Cambridge University Press, 2005). Desde una visión latinoamericana: Vanni Pettiná, Historia Mínima de la Guerra Fría en América Latina (Ciudad de México: El Colegio de México, 2017); Hal Brands, Latin America’s Cold War (Cambridge: Harvard University Press, 2010).
3“Read Bain The Wisdom of Hindsight”, Rampart Journal of Individualist Thought 1, n° 1 (1966): 1; Willard L. Hogeboom, “The Cold War and Revisionist Historiography”, The Social Studies 61:7 (1970): 314-318; Luis G. De Mussy, El orden del discurso y el giro crítico actual (Santiago: Universidad Finis Terrae, 2007), 29.
4 Joaquín Fermandois, “La internacionalización de la Historia Internacional”, en Ampliando miradas. Chile y su historia en un tiempo global, eds. Fernando Purcell y Alfredo Riquelme (Santiago: RIL Editores, 2009), 39.
5 Olga Ulianova, “Algunas reflexiones sobre la Guerra Fría” en Ampliando miradas, Purcell y Riquelme, 255.
6 Rafael Pedemonte, “Desafiando la bipolaridad: la independencia diplomática del gobierno democratacristiano en Chile y su acercamiento con el ‘mundo socialista’ (1964-1970)”, Estudios Ibero-Americanos 44, n° 1 (enero - abril 2018): 186-199.
7 Nick Cullather, Secret History. The CIA´s classified account of its Operations in Guatemala (1952 - 1954) (California: Standford University Press, 1999).
8 U.S. Senate Select Committee, Covert Action in Chile 1963-73. Study governmental operations with respect to intelligence activities (Washington: U.S. Government Printing Office, 1975); Kristian Gustafson, Hostile Intent: U.S. Covert Operations in Chile, 1964-1974 (Dulles: Potomac Books, 2007); Sebastián Hurtado Torres, “Chile y Estados Unidos, 1964-1973”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos 16 (2016).
9 Heraldo Muñoz, “Las causas del auge y la declinación del Sistema Interamericano de Seguridad: una perspectiva latinoamericana”, Estudios Internacionales 20, n° 77 (enero - marzo 1987): 102-113; Gustavo Lagos y Alberto van Klaveren, “Las relaciones interamericanas en perspectiva global”, Estudios Internacionales 12, n° 48 (1979): 393.
10 Foreign Relations of the United States (en adelante FRUS), Memorandum from President Kennedy to Secretary of Defense McNamara, October 4, 1963,https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1961-63v12/d358.
11 Lars Schoultz, Beneath the United States (USA: Harvard University Press, 1988), 349-351; Leslie Bethell, Historia de América Latina. 13. México y el Caribe desde 1930 (Cambridge: Cambridge University Press, 1990), 229.
12 Robert Holden y Eric Zolov, Latin America and the United States, a documentary history (New York: Oxford University Press, 2000), 228.
13 FRUS, Memorandum from the President’s Special Assistant for National Security Affairs (Bundy) to President Kennedy, May 2, 1961, http://history.state.gov/historicaldocuments/frus1961-63v12/d306.
14 Bethell, Historia de América Latina, 238.
15 Frank Moya Pons, Breve Historia Contemporánea de la República Dominicana (México: Fondo de Cultura Económica, 1999), 176.
16 Piero Gleijeses, La Esperanza Desgarrada: La rebelión dominicana de 1965 y la invasión norteamericana (República Dominicana: Editora Búho, 2011), 160-165.
17 FRUS, President Bosch and internal security in the Dominican Republic, Memorandum Prepared in the CIA, OCI N° 1564/63, June 14, 1963, https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1961-63v12/d356.
18 Arlette Fernández (Viuda del coronel Rafael Fernández, principal ideólogo de la revolución) y Milagros Caamaño (Hermana del coronel Francisco Caamaño, presidente constitucionalista) en entrevista con el autor, 16 de julio de 2014.
19 Leo J. Daugherty III, The Marine Corps and the State Department. Enduring Partners in United States Foreign Policy, 1798-2007 (North Carolina: McFarland & Company Publishers, 2008), 189.
20 FRUS, Telegram from the Embassy in the Dominican Republic, N° 1128 03:16 zulu, N° 1146 17:18 zulu, N° 1149 19:00 zulu, Critic 4 20:15 zulu, Critic 5 20:40 zulu, Critic 6 23:02 zulu, N° 1155 23:27 zulu, April 28, 1965, https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1964-68v32.
21 Lyndon B. Johnson, “Statement on Sending Troops to the Dominican Republic”, Miller Center - Universiy of Virginia, 28 de abril de 1965, https://millercenter.org/the-presidency/presidential-speeches/april-28-1965-statement-sending-troops-dominican-republic.
22 Johnson, “Statement on Sending Troops to the Dominican Republic”.
23 Bruce Palmer, Intervention in the Caribbean: The Dominican Crisis of 1965 (Lexington: University Press of Kentucky, 1989), 6.
24 National Security Archive, Telephone conversation LBJ and Abe Fortas, WH6504.07-7388 Tape No. 7, April 29, 1965https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB513.
25 Lyndon B. Johnson, “Report on the Situation in the Dominican Republic”, Miller Center - Universiy of Virginia, 2 de mayo de 1965, https://millercenter.org/the-presidency/presidential-speeches/may-2-1965-report-situation-dominican-republic.
26 Pope Atkins y Larman C. Wilson, The Dominican Republic and the United States (Athens: University of Georgia Press, 1998), 135.
27 Charles Zorgbibe, Historia de las Relaciones Internacionales vol. 2 (Madrid: Alianza Editorial, 1997), 434.
28 Palmer, Intervention in the Caribbean, 5.
29Letter dated 29 april 1965 from the Permanent Representative of the United States of America addressed to the President of the Security Council.
30 Zorgbibe, Historia de las Relaciones Internacionales, 433.
31 Dean Rusk (Secretario de Estado en 1965), entrevistado por Paige E. Mulhollan, 01 de febrero de 1970, Lyndon Baines Johnson Library Oral History Collection, transcripción, http://www.lbjlibrary.net/assets/documents/archives/oral_histories/rusk/rusk03.pdf.
32 Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (en adelante AMRE), DELCHILE OEA a MINREL, Telex 102, 29 abril 1965.
33 AMRE, Telex 102.
34 AMRE, Telex 102.
35 U.S. Department of State, Department of State Bulletin (Washington D.C., 1965), 739.
36 Department of State, Bulletin, 740.
37 Organización de Estados Americanos (en adelante OEA), Acta Final de Décima Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores (Washington D.C., 1970), 11.
38 Carta de las Naciones Unidas, Capítulo VIII, Artículo N° 52.
39 AMRE, DELCHILE OEA a MINREL, N° 114, 04 mayo 1965.
40 OEA, Acta Final, 13.
41 OEA, Acta de la Tercera Sesión plenaria.
42 Ellsworth Bunker (Representante en la OEA en 1965), entrevistado por Michael L. Gillette, 10 de diciembre de 1983, Lyndon Baines Johnson Library Oral History Collection, transcripción, http://www.lbjlibrary.net/assets/documents/archives/oral_histories/bunker_e/bunker3.pdf.
43 Lawrence A. Yates, Power Pack: U.S. Intervention in the Dominican Republic 1965-1966 (Ft. Leavenwoth: Combat Studies Institute, 1988),147.
44 Atkins y Wilson, The Dominican Republic and the United States, 137.
45Foreign Broadcast Information Service, Foreign Radio and Press Reaction to U.S. Involvement in the Dominican Revolt, 4 May 1965, folder ND 19/CO62 1/1/65-5/5/65, box 201 citado en Alan McPherson, Yankee No! Anti-Americanism in U.S.-Latin American Relations (Cambridge: Harvard University Press, 2003), 138.
46 María Cecilia Miguez, “Illia y Santo Domingo: de las columnas de Primera Plana al golpe de Estado”, Ciclos en la historia, la economía y la sociedad 20, n° 40 (2012): 4.
47 El País (Uruguay), “Declaración de la Juventud de la 400 sobre Sucesos en Santo Domingo”, 2 de mayo de 1965, 2.
48 Senado de Chile, Diario de Sesiones Especial, 5 de mayo de 1965, 2270-2271.
49 Central Intelligence Agency (en Adelante CIA), The President´s Daily Brief, 30 de abril de 1965.
50 El Clarín (Chile), 1 de mayo de 1965; El Mercurio (Chile), 1 de mayo de 1965.
51 CIA, The President´s Daily Brief.
52 Senado. Diario, 2269-2270.
53 El Siglo (Chile), 30 de abril de 1965.
54 El Clarín (Chile), 1 de mayo de 1965.
55 El Mercurio (Chile), 29 de abril de 1965.
56 La Tercera de la Hora (Chile), 30 de abril de 1965.
57 Claire F. Fox, Making Art Panamerican. Cultural Policy and the Cold War (Minneapolis: University of Minnesota Press, 2013), 178.
58 Frances Stonor Saunders, The Cultural Cold War. The CIA and the World of Arts and Letters (New York: The New York Press, 2000), 400-401.
59 John C. Dreier, The Organization of American States and the Hemisphere Crisis (New York: Harper and Row, 1962), 81.
60 Germán Arciniegas, “¿Hacia una Organización de Estados Latinoamericanos?”, Cuadernos del Congreso por la Libertad de la Cultura 100, (septiembre 1965): 7, citado en: Germán Alburquerque, La trinchera letrada: intelectuales latinoamericanos y Guerra Fría (Santiago: LOM Editores, 2011), 159.
61 Alburquerque, La trinchera letrada, 160.
62 Manuel Del Cabral, La Isla Ofendida (Santiago: Horizonte, 1965), 13.
63 Del Cabral, La Isla Ofendida, 14.
64 Pablo Neruda, “Versainograma a Santo Domingo”, El Siglo (Chile), 1 de marzo de 1966.
65Letter dated 1 may 1965 from the Permanent Representative of the Union of Soviet Socialist Republics addressed to the President of the Security Council.
66Letter dated 29 april 1965 from the Permanent Representative of the United States of America addressed to the President of the Security Council.
67 Department of State, Bulletin, 869 - 875.
68 Estal Joseph Fette, Uruguayan Policy in Respect to the United States Intervention in the Dominican Republic, april, 1965 (Washington, D. C.: The American University, 1966), 76.
69 Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, Resolución 203 (Nueva York, 1965).
70 Christopher Sabatini, “Meaningless multilateralism in international diplomacy, South America chooses quantity over quality”, Foreign Affairs (Agosto 2014), https://www.foreignaffairs.com/articles/south-america/2014-08-08/meaningless-multilateralism.
71 BBC News (Reino Unido), “Obama says ‘days of meddling’ in Latin America are past”, 11 de abril de 2015, http://www.bbc.com/news/world-latin-america-32261550.
72 U.S. Senate, Covert Action in Chile 1963-73.
73 Joaquín Fermandois, “De una inserción a otra: política exterior de Chile, 1966-1991”,Estudios Internacionales 24, n° 96 (enero 1991): 434-435; Hurtado, “Chile y Estados Unidos”.
74 Hedley Bull, The Anarchical Society: A Study of Order in World Politics (London: Macmillan, 1977).
75 Hans Morgenthau, Politics among Nations (New York: Alfred A. Knopf, 1960).
76 Kenneth Waltz, Theory of International Politics (Illinois: Waveland Press, 1979).
77 Immanuel Kant, Sobre la Paz Perpetua (Madrid: Tecnos, 2005).
78 Hugo Grocio, De Iure Belli ac Pacis (Amsterdam: Apud, 1631).
79 Robert Keohane y Joseph Nye, Poder e Interdependencia. La política mundial en transición (Buenos Aires: Grupo Editor Latinoamericano, 1977).
80 Sergio Molina (ministro de hacienda del gobierno de Eduardo Frei Montalva) en entrevista con el autor, 04 de diciembre de 2014; Gabriel Valdés (canciller de Eduardo Frei Montalva) en entrevista con el autor, 15 de junio de 2009; Gabriel Valdés, Gabriel Valdés. Sueños y Memorias (Santiago de Chile: Taurus, 2009), 131; Dean Rusk, As I saw It (New York: W. W. Norton Company, 1990).
81 US State Department, “Remarks at the 46th Organization of American States General Assembly”, https://2009-2017.state.gov/secretary/remarks/2016/06/258461.htm.
82 Gobierno Bolivariano de Venezuela, “Discurso de la canciller Delcy Rodríguez ante la 46 Asamblea General de la OEA”, 15 de junio de 2016, http://www.venez.pl/discurso-de-la-canciller-delcy-rodriguez-ante-la-46-asamblea-general-de-la-oea/.
83 El Economista (España), “La canciller argentina pide a la OEA continuar apoyando el reclamo sobre las Malvinas”, 15 de junio de 2016, www.eleconomistaamerica.com/politica-eAm/noticias/7639938/06/16/La-canciller-argentina-pide-a-la-OEA-continuar-apoyando-el-reclamo-sobre-las-Malvinas.html.
84 Opinión (Bolivia), “Bolivia reivindica acceso al mar y nombra a su agente para el Silala”, 15 de junio de 2016, https:www.opinion.com.bo/content/print/bolivia-reivindica-acceso-mar-nombra-agente-silala/20160615000100552761.
85 La Segunda (Chile), “Bolivia reivindica en la OEA su salida al mar y dice que se ‘hará justicia’”, 14 de junio de 2016, http://www.lasegunda.com/Noticias/Internacional/2016/06/1041475/Bolivia-reivindica-en-la-OEA-su-salida-al-mar-y-dice-que-se-hara-justicia.
86Universidad de Santiago de Chile, “Mesa redonda ‘Reflexiones a 50 años de la intervención de Estados Unidos en República Dominicana’”, 27 de abril de 2015.
87 OEA, Acto Inaugural 46 Asamblea General Ordinaria.
88 Presidencia de la República Dominicana, “Propuesta declaración de desagravio”, 15 de junio de 2016, https://presidencia.gob.do/noticias/republica-dominicana-presenta-en-oea-propuesta-declaracion-de-desagravio.
90 Westad, The Global Cold War.
91 William Bundy, Manuscrito inédito, 17 citado en Herbert R. Mc Master, Dereliction of Duty: Lyndon Johnson, Robert McNamara, the Joint Chiefs of Staff, and the Lies That Led to Vietnam (New York: Harper Perennial, 1998), 282.
92 The Public Papers of the Presidents, “Lyndon B. Johnson, 1965”, 494, https://quod.lib.umich.edu/p/ppotpus/4730960.1965.001/570?rgn=full+text;view=image.
93 Palmer, Intervention in the Caribbean, xi-1.
94 Yates, Power Pack, 73.
95 Howard B. Shaffer, Ellsworth Bunker: Global Troubleshooter. Vietnam Hawk (Chapel Hill: The University of North Carolina Press, 2003), 159.
96 Bruce Palmer, The 25-Year War: America’s Military Role in Vietnam (Lexington: University of Kentucky Press, 1984), 47.
97Los estudios de esta intervención demoraron entre dos y tres años en publicarse.
98 Theodore Draper, The Dominican Revolt: A Case Study in American Policy (New York: Commentary, 1968); Abraham F. Lowenthal, The Dominican Intervention (Cambridge, Harvard University Press, 1972).
99 Jerome Slater, Intervention and Negotiation: The United States and the Dominican Revolution (New York: Harper & Row, 1970); Randall B. Woods, “Conflicted Hegemon: LBJ and the Dominican Republic”, Diplomatic History 32, n° 5 (2008): 749-766.
100 Johnson, Report on the Situation in the Dominican Republic.
101 CIA, Delivering Intelligence to Kennedy, Johnson, Nixon, & Ford (Washington: Center for the study of intelligence, 2015), 13.
102 Jonathan Colman, The Foreign Policy of Lyndon B. Johnson. The United States and the World 1963-69 (Edinburgh: Edinburgh University Press, 2010), 178.
103 CIA. Daily Brief.
104 J. I. Quello y Narciso Isa Conde, “Revolutionary Struggle in the Dominican Republic and Its Lessons”, World Marxist Review 8 (1965): 92-103.
105 Dan Kurzman, Santo Domingo: Revolt of the Damned (New York: Putnam, 1965); Tad Szulc, Dominican Diary (New York: Delacorte Press, 1965); John Bartlow Martin, Overtaken by Events: The Dominican Crisis from the fall of Trujillo to the civil war (New York: Doubleday & Company Inc, 1966); Marcelino Zapico, Revolución en Hispanoamérica: lo que ví en Santo Domingo (Madrid: Escelicer, 1966); Marcel Niedergang, La révolution de Saint-Domingue (Paris: Le Cercle Du Nouveau Livre D’histoire, 1966).
106 Draper, The Dominican Revolt.; Lowenthal, The Dominican Intervention.
107 Jerome Slater, Intervention and Negotiation, 31.
108 Jerome Slater, Intervention and Negotiation, 33.
109 Jerome Slater, Intervention and Negotiation, 38.
110 Piero Gleijeses, The Dominican Crisis: The 1965 Constitutionalist Revolt and American Intervention, trans. Lawrence Lipson (Baltimore: Johns Hopkins University, 1978).
111En términos militares se refiere a la capacidad de una fuerza militar de contar con asesores experimentados en la planificación y conducción de las operaciones, mediante un trabajo colaborativo de las «funciones primarias” de personal, inteligencia, operaciones y logística.
112 Bonaparte Gautreaux Piñeyro (jefe de estado mayor constitucionalista y asesor de prensa del coronel Caamaño) en entrevista con el autor, 15 de julio de 2014.
89 OEA, Cuadragésimo sexto período ordinario de sesiones, 47.
Received: November 15, 2019; Accepted: December 09, 2019

References: resolución 
 artículo 52
 resolución 
 resolución 

Resolución 
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