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Timestamp: 2020-05-29 21:22:13+00:00

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Excepciones autorizadas, seguridad jurídica y celo policial: a vueltas con la celebración de cultos y otras dudosas prohibiciones - Hay Derecho
17 abril, 2020 /7 Comentarios/en Blog /por Germán M. Teruel Lozano
El artículo 9.1 CE prescribe que ciudadanos y poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico. Ahora bien, a diferencia de los poderes públicos, para los ciudadanos rige lo que llamamos el principio de vinculación negativa, en virtud del cual tenemos libertad para realizar todo aquello que no esté prohibido. Ocurre que con la declaración del estado de alarma en nuestro país parece que se hubiera dado la vuelta al sentido de este principio: fuera de la alfombrilla de nuestras casas, sólo podemos hacer aquello que nos está expresamente permitido. E incluso aquello que podemos hacer se presenta borroso, con la consiguiente inseguridad jurídica. El tema no es baladí porque afecta al sentido profundo de la idea de libertad en un Estado constitucional, el cual lógicamente se puede ver matizado en circunstancias excepcionales como las que vivimos, pero, más en concreto, el mismo está generando dudas acerca de la legitimidad de ciertas intervenciones policiales.
Así las cosas, todos asumimos que estamos “confinados”. Con visual expresión decía el profesor Aragón Reyes que se ha ordenado una “especie de arresto domiciliario” –aquí-. Pero si uno bucea en el Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, por el que se declara el estado de alarma se encontrará con que el mismo no prohíbe salir de casa. Este decreto lo que prescribe es que “las personas únicamente podrán circular por las vías o espacios de uso público para la realización de las siguientes actividades” (art. 7.1), fijando entonces las causas que legitiman circular. Entonces, ¿podemos transitar o reunirnos en las azoteas de nuestros edificios? En la medida que estas sean zona común de una propiedad horizontal (privada) no tendría que haber impedimento normativo. Cuestión distinta es que sea prudente hacerlas. Sin embargo, la mayoría hemos recibido comunicaciones de los administradores de las comunidades de propietarios advirtiendo de las limitaciones de uso de tales espacios. Incluso, este Domingo de Ramos veíamos como la policía desalojaba la azotea –parece que de un convento- donde se estaba oficiando una misa –aquí-.
Un tema que merece particular atención porque según interpretan los responsables policiales –aquí– no se podrían celebrar este tipo de actos de culto y en consecuencia han procedido a ordenar el desalojo de distintas iglesias en nuestro país –así en Cádiz –aquí– o en Granada –aquí-. Ello contrasta con el art. 11 del Decreto del estado de alarma, que establece que “La asistencia a los lugares de culto y a las ceremonias civiles y religiosas, incluidas las fúnebres, se condicionan a la adopción de medidas organizativas consistentes en evitar aglomeraciones de personas, en función de las dimensiones y características de los lugares, de tal manera que se garantice a los asistentes la posibilidad de respetar la distancia entre ellos de, al menos, un metro”.
Centrándonos en las ceremonias católicas, es cierto que muchos Obispos de forma prudente han optado porque éstas se celebren a puerta cerrada y en la medida de lo posible se retransmiten por televisión o Internet. Pero, jurídicamente, parece claro que la celebración de las mismas no está prohibida, si bien de celebrarse tendrán que respetarse algunas condiciones para prevenir el riesgo de contagio. A lo que habría que hacer dos puntualizaciones adicionales. La primera trae causa de la Orden SND/298/2020, de 29 de marzo, que en su artículo 5º viene a prohibir (aunque la misma dice que se “pospondrá”) la celebración de cultos o ceremonias fúnebres mientras dure el estado de alarma, y limita la participación en el enterramiento o cremación. Pues bien, sin querer aquí apelar al dilema de Antígona, de acuerdo con el sistema de fuentes de nuestro ordenamiento sí que cabe plantearse si una orden ministerial puede terminar prohibiendo -no ya limitando o restringiendo-, lo que el Decreto del estado de alarma ha permitido que se realice aun con condiciones.
La segunda puntualización viene dada ante la ausencia de previsión de la asistencia a las ceremonias o cultos religiosos entre las causas que justifican circular de acuerdo con el art. 7 del Decreto del estado de alarma. ¿Pueden entonces salir los feligreses de sus casas para “asistir” a “los lugares de culto”? A tenor del art. 11 concluiría sin lugar a dudas que si, por lo que, aunque el art. 7 no lo diga, éste debe entenderse como uno de los supuestos análogos que admite para justificar salidas. No entenderlo así vaciaría de contenido el propio art. 11, cuyo objeto es precisamente circunscribir el ejercicio de un derecho fundamental para adecuarlo a la crisis sanitaria. Y precisamente por ello corresponde a los sacerdotes disponer las medidas organizativas necesarias, como ya se ha dicho. Pero en una Catedral como la de Granada que una veintena de personas mantengan la distancia de seguridad no parece muy difícil. O lo mismo en la Iglesia de Cádiz. Por lo que parece que en todos estos desalojos se ha dado un exceso en la intervención policial.
De igual forma se puede apreciar un cierto celo policial en algún caso donde se ha denunciado a una persona por salir a comprar unas coca-colas, chocolate y salchichas –aquí-. De hecho, aunque no ha sido reconocido oficialmente, se ha difundido un listado que maneja la Guardia Civil con aquellos productos alimenticios que justificarían salir a comprar –aquí y aquí-. Sin embargo, el artículo 7 del Decreto no hace distingos y se refiere genéricamente a que se podrá circular cuando el objeto sea adquirir “alimentos, productos farmacéuticos y de primera necesidad.”. De manera que carece de sentido que la policía pueda hacer un escrutinio de si lo comprado en un supermercado es más o menos de primera necesidad. De igual forma que tampoco está jurídicamente prescrito que uno tenga que ir al supermercado más cercano a su casa y, de hecho, en poblaciones dispersas puede tener sentido desplazarse a otras localidades para poder abastecerse por preferir un supermercado más lejano a otros más limitados de la aldea o pueblo en el que se resida. Esta situación se ha planteado cuando varias comunidades islámicas en pueblos de Cáceres han solicitado permiso para poder desplazarse a otras localidades para comprar alimentos en establecimientos autorizados por la Comisión Islámica de España –aquí-. Nuevamente lo que sorprende es que tenga que pedirse una autorización policial para poder hacer algo que, a priori, no está prohibido: ir a comprar.
De igual manera, se ha dicho que está prohibida toda actividad económica que no preste servicios esenciales. Pero tampoco aquí el Decreto del estado de alarma hace mención a la misma. Se refiere únicamente en su artículo 10 a las medidas de contención en el ámbito de la actividad comercial, equipamientos culturales, establecimientos y actividades recreativas, actividades de hostelería y restauración, y otras adicionales. Lo que ha hecho el Gobierno ha sido colar esta suspensión de la actividad económica por la puerta de atrás –si se me permite la expresión-, regulando un “permiso obligatorio” para los trabajadores en el Real Decreto-ley 10/2020, de 29 de marzo. Un Decreto-ley que se sitúa en la línea de fuera de juego porque, de acuerdo con el art. 86.1 CE, este tipo normativo no puede afectar con su regulación a derechos constitucionales –aunque es cierto que la jurisprudencia constitucional ha sido muy generosa a este respecto-. Y, sobre todo, porque soslaya lo que en buena lid debería haber sido una novación del estado de alarma o, de forma más correcta, de un estado de excepción, ya que estas medidas suponen una limitación –si no suspensión- del ejercicio de derechos y libertades constitucionales y, en todo caso, están previstas en la LO 4/1981, de 1 de junio, como medidas posibles en un estado de excepción (art. 26.1), no en el de alarma.
Así las cosas, de todo lo dicho se pueden extraer varias conclusiones. La primera de ellas es que al final las limitaciones a las libertades de los ciudadanos son mucho mayores de lo que la normativa del estado de alarma quiere “aparentar”, quizá para esconder así lo que algunos hemos venido sosteniendo, y es que los efectos del mismo son los que el artículo 55.1 CE y la propia Ley Orgánica prevén para un estado de excepción –en una entrada anterior así lo sostuve-. La aceptación generalizada de la necesidad de estas medidas no subsana este déficit constitucional. La segunda es que, aun siendo comprensivos en estos difíciles momentos que abocan a una inevitable improvisación, no deja de ser deseable una mayor seguridad jurídica a la hora de definir aquello que está o no prohibido. Y, por último, igual que es necesario pedir que las personas sean responsables y cumplan prudentemente no sólo con la letra, sino sobre todo con el espíritu de las restricciones que se han impuesto, por su parte los cuerpos policiales sí que deben ceñirse estrictamente a denunciar sólo aquello que está terminantemente prohibido. No pueden ir más allá, por mucho que parezca inapropiado que una persona vaya a una misa o salga de casa a comprar pipas a un súper distante. Ni siquiera en circunstancias como las que vivimos está justificado educar a golpe de multa.
Etiquetas: Constitución, Coronavirus, Derecho Constitucional, Estado de Alarma, Gobierno, Pandemia, Política, religión, Sanidad
17 abril, 2020 en 20:52
Todo ello unido a la inseguridad jurídica derivada del régimen sancionador aplicable a las infracciones derivadas de los posibles incumplimientos y a la inconcreta atribución de competencias entre autoridades estatales, autonómicas y locales como se trasluce en el informe de la Abogada General del Estado del 2 de abril.
Ciertamente en estos momentos de normas restrictivas su aplicación debiera ser especialmente prudente.
18 abril, 2020 en 09:51
El Real-Decreto es,en este punto,claro:prohibición de circular por vías o espacios públicos.Como norma excepcional y limitativa de derechos,entiendo que es de interpretación estricta.Sin embargo,los Colegios de Administradores de Fincas se han apresurado,como auténticos Torquemadas y arrogándose facultades de interpretación de las normas jurídicas que,en absoluto , tienen atribuidas, a dictar instrucciones extendiendo la prohibición de circular por los elementos comunes de la propiedad horizontal.
Por otro lado,el 24 de abril comienza la fiesta del Ramadán.Siento auténtica curiosidad por comprobar si en mi Ciudad, Melilla, el celo de la policia va a ser similar a la hora de controlar y prohibir el acceso a las mezquitas por parte de la nutrida población musulmana.
18 abril, 2020 en 12:41
Romanones: “que otros hagan las leyes que yo haré los reglamentos”
18 abril, 2020 en 14:26
Inseguridad jurídica en tiempos de virus pero, también arrastrada desde hace décadas en nuestro ordenamiento jurídico. Es el caldo de cultivo en que se mueve cualquier sistema totalitario que deja a sus funcionarios la libre interpretación de las normas confusas. ¿Es simple incompetencia en legislar o tiene detrás otras connotaciones de ingeniería y control social? Quienes suelen redactar las normas se suponen que son parte de esos cuerpos especiales del Estado (que no del gobierno) y están, no para decir “amén” al cargo de turno, sino para vigilar y controlar lo que haga, denunciando incluso sus extralimitaciones. ¿Es mucho pedir a todos esos cuerpos que su fidelidad es al Estado (a los ciudadanos) y no al gobierno de turno? ¿Es mucho pedir que las instituciones del Estado (que no del gobierno) no estén al servicio de los gobiernos sino del Estado? Los gobiernos son simples administradores ( AA.PP.) y los administradores deben ser vigilados continuamente por el Parlamento. Reflexionemos sobre la deriva que van tomando con rapidez los gobiernos (no sólo de la nación, sino también los autonómicos o municipales) Todo ello como consecuencia de actitudes “oficiosas” de quienes debían velar por la seguridad jurídica del Estado.
Manuela Lanuza Dice:
18 abril, 2020 en 23:07
Es verdaeramente sorprendente la “mansedumbre” que estamos manifestando. No es que pretenda que la poblacion se revele pero me sorprende que haya tán poco eco publico de los partidos, de los media….
Es de agradecer que al menos en estos foros sigamos despiertos
22 abril, 2020 en 19:25
Buenas tardes, por favor, ¿es legal entonces que se haya prohibido el uso de las zonas comunes de las comunidades de propietarios cerradas?. Recuerdo que alguien ha decidido que no se podían utilizar los jardines de una comunidad privada de varios propietarios. No parece claro y los administradores de fincas y las fuerzas del orden se refieren a la prohibición del RD, pero en ningún sitio, salvo error u omisión, se entiende que el jardín o las zonas comunes de una comunidad de propietarios es una vía pública o una zona pública. Por favor, ¿nos lo puede aclarar?
Otra pregunta adicionales sin en base a lo anterior, sería legal cerrar las piscinas de las comunidades de propietarios en verano.
22 abril, 2020 en 21:11
A falta de claridad jurídica o en la situación de inseguridad jurídica en que nos colocan, es lógico que exista el miedo de la población a quienes tienen el poder (no olvidemos que delegado) y a la interpretación un tanto arbitraria que cada cual pueda tener de la norma.
En mi modesta opinión en el estado de alarma sólo se puede operar en el espacio público urbano, vias de comunicación y espacios naturales (todo lo que tenga titularidad estatal), pero en ningún caso (salvo orden judicial o indicio de delito grave) se puede intervenir en espacios privados. Esto concierne a espacios comunes de comunidades de vecinos pero también en viviendas con jardín o parcela ( como en el caso del Sr. Iglesias que lo reconocía públicamente). Otra cosa es que dentro de esa convivencia se observen las normas genéricas de evitar contacto y mantener distancia prudencial entre los miembros de la familia o los propios vecinos. Si se dan cuenta nadie ha dicho nada con respecto a las relaciones afectivas o sexuales en el seno de las familias o entre las parejas, cuando en teoría habría un serio riesgo de contagio.
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References: artículo 9
 Real Decreto 
 artículo 5
 artículo 7
 artículo 10
 artículo 55