Source: http://doczz.net/doc/46761/un-marco-de-referencia-luterano-para-tratar-los-problemas
Timestamp: 2020-03-30 04:07:23+00:00

Document:
Un marco de referencia luterano para tratar los problemas - mexico and central america
Un informe de la Comisión en Teología y Relaciones Eclesiásticas
luterano para tratar
78777 07672
la Iglesia Luterana del Sínodo de Missouri
Un informe de la Comisión en
Teología y Relaciones Eclesiásticas
Este documento también está disponible en inglés de Concordia Publishing
House (CPH item 09-2625) y en línea en www.lcms.org/ctcr
Los inmigrantes entre nosotros: abreviaciones
Decl. Sól. Ep
La Apología de la Confesión de Augsburgo
Declaración Sólida de la Fórmula de la Concordia
Epítome de la Fórmula de la Concordia
Libro de Concordia: Las Confesiones de la Iglesia Evangélica
Luterana. Editado por Andrés A. Meléndez (St. Louis: Concordia
Publishing House, 1989)
Las Obras de Martín Lutero. 10 vols. Buenos Aires: Publicaciones
El Escudo, 1967-1985
Copyright © 2013 The Lutheran Church—Missouri Synod
1333 South Kirkwood Road, St. Louis, MO 63122-7295
Derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada en un sistema de recuperación, o trasmitida en alguna
forma, o por algún medio electrónico, mecánico, fotográfico, grabado o de
otra forma, sin previo permiso escrito de la Iglesia Luterana del Sínodo de
A no ser que se indique lo contrario, las citas de las Sagradas Escrituras son
de Reina Valera Contemporánea® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011.
Los tipos Symbol Greek II y New Jerusalem utilizados para imprimir este
trabajo están disponibles en Linguist’s Software, Inc., PO Box 580, Edmonds,
WA 98020-0580, USA; teléfono (425) 775-1130; www.linguistsoftware.com.
Los inmigrantes entre nosotros
Un marco de referencia luterano para tratar los
problemas relacionados con la inmigración
Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
Propósito del estudio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4
I. Los prójimos inmigrantes del pasado y los actuales:
¿Cómo debe la Escritura guiar las actitudes hacia
los inmigrantes?. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
II. La ley de Dios, la ley civil y el prójimo:
Sobre la obediencia cristiana a los mandamientos de Dios . . . . . 20
III. La vida en los dos reinos: Sobre la actividad
de los cristianos como iglesia y como ciudadanos
del mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
IV. ¿Quién es mi prójimo? El lugar de la vocación
del cristiano en el debate sobre la inmigración. . . . . . . . . . . . . . . . 36
Últimas observaciones y exhortación final . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
V. Respuestas a los problemas que presenta la inmigración:
algunas pautas para los obreros de la iglesia. . . . . . . . . . . . . . . . . 48
Apéndice I: Un marco de referencia para considerar
los problemas que presenta la inmigración:
Casos de estudio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 51
Apéndice II: Glosario. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
El siguiente informe no es ni más ni menos que lo que el subtítulo sugiere:
un marco de referencia luterano para considerar el complejo y desafiante tema
de la inmigración en los Estados Unidos. Para ser claros, este documento no
presenta la “posición oficial” de la Iglesia Luterana del Sínodo de Missouri
(LCMS) entorno a los debates actuales en los Estados Unidos con respecto a
la inmigración. Esto se debe a varias razones: (1) La Comisión en Teología y
Relaciones Eclesiásticas (CTCR) no determina la posición oficial del Sínodo.
Nuestros informes son publicados con el propósito de estudiar y discutir,
y no como una declaración final sobre doctrina y práctica. (2) El Sínodo no
solicitó una perspectiva sobre inmigración que tratara de solucionar todas las
discusiones o finalizar el debate en la LCMS (¡mucho menos en los Estados
Unidos!). (3) Al emprender una tarea del Sínodo, la CTCR trata de encarar el
tema asignado en base a las verdades escriturales y confesionales que no están
limitadas por las realidades constantemente cambiantes de ciertas circunstancias sociales, políticas, legales o culturales. Un documento que intentara ser,
por sobre todas las cosas, “relevante” a los debates actuales sobre este tema,
rápidamente se convertiría en irrelevante. (4) Como el documento mismo
trata de explicar, hay temas sociales, políticos y legales que no son tratados
específicamente en la Palabra de Dios y acerca de los cuales, por lo tanto, los
cristianos comprometidos a la misma comprensión de la autoridad de la Escritura pueden discrepar.
Al mismo tiempo, la Comisión busca proveer aquí un recurso útil para
que los cristianos—especialmente luteranos—consideren el tan desafiante
tema de la inmigración. Uno de los objetivos es ayudar a quienes tienen
fuertes opiniones a considerar cómo y por qué cristianos conscientes y serios
llegan a conclusiones diferentes sobre la inmigración. Más que nada, la Comisión desea recordar a los lectores que tanto el inmigrante como el ciudadano
son nuestros prójimos, o sea, personas a quienes hemos sido llamados a amar.
Por lo tanto, el siguiente informe incluye no sólo una discusión teológica de
algunas de las preguntas que los cristianos hacen con respecto a la inmigración, sino también dos Apéndices. El Apéndice I provee una serie de casos
de estudio. El Apéndice II es un glosario con dos breves listas de términos:
la primera contiene términos legales y la segunda términos teológicos, y se
explica cómo son utilizados esos términos en este documento. Los “términos
de inmigración” son los que se utilizan frecuentemente en los debates nacionales, mientras que los “términos teológicos” son importantes para comprender
la perspectiva teológica de este documento. Quizás sea bueno que, antes de
leer este informe, lea el Apéndice II.
La creciente migración de personas a través de las fronteras internacionales es una realidad global de nuestros tiempos que ha impactado
significativamente a los Estados Unidos en años recientes. En términos generales, la creciente presencia de inmigrantes entre nosotros ha aumentado la
conciencia de la iglesia en cuanto a la necesidad de dar testimonio entre personas de todas las naciones a través de ministerios de misión y misericordia.
La iglesia también ha tenido que considerar su actitud hacia los inmigrantes:
cómo debe responder a sus necesidades, trato, luchas, bienestar y esperanzas.1
En particular, la presencia de inmigrantes que viven en los Estados Unidos
ilegalmente o sin la documentación legal adecuada, ha levantado más cuestionamientos para obreros y congregaciones de la Iglesia Luterana—Sínodo
de Missouri (LCMS) con respecto a la respuesta de la iglesia a los problemas
actuales de inmigración.
En junio del 2006, el Presidente de la LCMS y el Director Ejecutivo del
Departamento de Asistencia Mundial y Ayuda Humanitaria de la LCMS
emitieron en conjunto un memorándum titulado Una declaración sobre la
inmigración (SRIC por sus siglas en inglés), donde afirmaron “el derecho, la
responsabilidad y la autoridad del gobierno de actuar como agente de Dios, de
acuerdo a lo que es razonable y justo, en la creación e implementación de leyes
(Romanos 13:1-7).”2 Este documento también recordó al Sínodo, que cuenta con
raíces inmigrantes que, a pesar de la complejidad del debate nacional sobre la
inmigración, y de las diversas posturas que los luteranos pueden tomar sobre
este tema, “Dios, en su Palabra, muestra consistentemente su amorosa compasión por ‘el extranjero en medio de nosotros’, y dirige a su pueblo a hacer lo
mismo.”3 Más aún, la declaración dice que: “Para cumplir nuestra obligación
cristiana, también pedimos que el acto caritativo de proveer asistencia a los
extranjeros indocumentados que no participen de actividades ilegales, no sea
criminalizado ipso facto.”4 En resumen, la SRIC defiende la necesidad de que
los cristianos seamos obedientes a las autoridades del gobierno con respecto a
la inmigración, a la vez que compasivos hacia nuestros prójimos inmigrantes.
Varios grupos cristianos han hecho declaraciones sobre el tema de la inmigración. Aquí sólo
mencionamos dos: (1) Strangers No Longer, una carta pastoral conjunta de los obispos de México
y Estados Unidos del 2003, y (2) “Evangelical Statement of Principles for Immigration Reform”,
un documento preparado por un grupo de líderes evangélicos prominentes en 2012.
Dr. Gerald B. Kieschnick y Rev. Matthew Harrison, A Statement Regarding Immigration Concerns [Nota: de ahora en más SRIC], (Junio 2, 2006).
Ibíd. En el 2007, la convención de la LCMS agradeció por la SRIC en la Res. 6-04A (“To Encourage and Assist Congregations to Respond to the Ministry Needs of the Immigrants in their
Midst”), y alentó a los oficiales gubernamentales a ejercitar “misericordia compasiva” hacia el
inmigrante. Para un breve sumario de resoluciones y declaraciones Sinodales sobre temas de
inmigración desde el año 1965, ver “Immigration”, in This We Believe: Selected Topics of Faith and
Practice in The Lutheran Church—Missouri Synod [Nota: de ahora en más This We Believe], 28-29.
En el 2007, el Comité Cinta Azul sobre los Ministerios Hispanos de la
LCMS (BRTFHM), nombrado en el 2006 por el Presidente de la LCMS “para
estudiar y determinar la mejor metodología para que el Sínodo avance agresivamente en su misión hacia los hispanos (latinos)”5, concordó con el endorso
de la SRIC de tener en cuenta “tanto la autoridad gubernamental como la
responsabilidad cristiana” al tratar los temas de inmigración. 6El informe
del BRTFHM también dice que “los obreros profesionales de la iglesia y los
laicos necesitan una pauta teológica para responder como individuos y a través de sus congregaciones” a los problemas de inmigración y, en una de sus
recomendaciones finales, solicitan que la Comisión en Teología y Relaciones
Eclesiásticas (CTCR) de la LCMS “prepare un documento sobre la postura
entorno a la inmigración” que trate con “las responsabilidades legales y bíblicas del cristiano de ‘recibir al extranjero’”7
Como resultado de los esfuerzos mencionados, en el año 2007 se preparó
la Resolución 6-05, titulada: “Pedir a la CTCR que provea pautas con respecto
a la inmigración y al ministerio a los inmigrantes”,para ser considerada por la
63 Convención Regular de la LCMS. La resolución pidió a la LCMS en convención que “dirigiera a la CTCR a investigar profundamente las bases históricas
y teológicas relevantes a esta crisis que afecta a las congregaciones de la LCMS
en este país, a las que asisten muchos inmigrantes”, para “encarar los temas
de iglesia y estado que impactan la respuesta cristiana hacia los prójimos que
se encuentran en circunstancias legales ambiguas”, y presentar las “pautas
y direcciones teológicas y prácticas del estudio” a la convención del 2010. A
pesar que la falta de tiempo no permitió que dicha resolución fuera considerada durante la convención, en el 2008 un memorándum del Presidente de la
LCMS solicitó formalmente que la CTCR completara el estudio.8
Informe del Comité Cinta Azul sobre los Ministerios Hispanos: Una Misión, Un Mensaje, Un
Pueblo (2007), 2. Este documento está disponible en línea en http://www.google.com/url?s
a=t&rct=j&q=&esrc=s&frm=1&source=web&cd=2&cad=rja&sqi=2&ved=0CDcQFjAB&url=
http%3A%2F%2Fseminary.csl.edu%2Ffacultypubs%2FLinkClick.aspx%3Flink%3DBRTFHMEn%2BEspanol%2Brevc.doc%26tabid%3D155%26mid%3D685&ei=sfCkUPTuDIe69QTwiYCABA&usg=AFQjCNGSCVE7WW2Cx1r12la2dAsXMurXnA&sig2=cUwWwd-bYyYVs5djWOtO
Ibíd., 12
Ibíd., 12-13. Si bien el BRTFHM incluyó, como correspondía, un grupo representativo de
trabajadores y líderes laicos de iglesias luteranas hispanas de los Estados Unidos, debe notarse
que también tuvo un número significativo de participantes de varios comités de la LCMS de
ese momento, así como también obreros y líderes laicos de varias iglesias anglosajonas y de
otros grupos étnicos del Sínodo que también contribuyeron a las deliberaciones del Comité que
llevaron a sus recomendaciones finales a la LCMS.
Dr. Gerald B. Kieschnick, Memorándum “Pedir a la CTCR que provea una guía con respecto
a la inmigración y el ministerio a los inmigrantes” (Marzo 10, 2008). El presente informe de la
CTCR se enfoca primordialmente en temas relacionados con la realidad particular de la inmigración hacia los Estados Unidos por parte de personas de países latinoamericanos. Al mismo
tiempo, las preocupaciones teológicas del informe tienen una implicación más amplia, ya que
en él se discute la idea general de inmigración sobre la base de las enseñanzas de la Escritura.
La CTCR quiere dejar en claro que el énfasis teológico del informe tiene validez para la inmigración en general, y no está limitado a la inmigración de América Latina solamente.
Dar una respuesta luterana a los problemas de la inmigración desde la
perspectiva histórica de los Estados Unidos o a la luz de la compleja y siempre cambiante naturaleza de los factores políticos y legales en el panorama
inmigratorio contemporáneo, es una tarea demasiado amplia para poder
ser abarcada. El objetivo de este documento, por lo tanto, no es ofrecer una
historia comprensiva de las vidas, luchas, y receptividad de los inmigrantes
luteranos en los Estados Unidos, ni tampoco un relato histórico detallado de
las diversas actitudes luteranas hacia otros grupos inmigrantes en este país a
través de los años.9 Basta con decir que, en el último siglo, la LCMS ha mostrado un significativo interés en los temas relacionados con la inmigración.
Unas cuantas resoluciones de la LCMS han instado a sus miembros a estudiar
y considerar el endorso de propuestas migratorias que proponen proteger a
“la familia”, permitir el asentamiento de un “número adecuado” de refugiados, promover la entrada de inmigrantes con “mano de obra especializada”,
atender y servir “todas las necesidades” de los obreros migrantes, y apadrinar
familias refugiadas.10
El presente estudio no busca promover o endorsar una política de
inmigración o legislación a la cual todos los luteranos de la LCMS deberían adherirse o apoyar, ni tampoco ofrecer consejería legal sobre temas de
inmigración a cristianos particulares o congregaciones. Más bien, el objetivo
principal del presente estudio es ofrecer algunos principios y pautas bíblicas y confesionales a los laicos, congregaciones y pastores de la LCMS para
su reflexión—tanto individual como corporativa, sea como miembros de la
iglesia o como ciudadanos o residentes11 de la nación—sobre las responsabilidades cristianas hacia sus prójimos inmigrantes. Este estudio está dirigido
en forma especial, aunque no exclusivamente, a los luteranos que preguntan
Para un breve relato histórico ver They Are Us: Lutherans and Immigration, Stephen Bouman y
Ralston Deffenbaugh, (Minneapolis: Augsburg Fortress, 2009), 24-53; si bien sería bueno hacer
un estudio histórico profundo, la SRIC capta tanto las luchas de los inmigrantes luteranos como
la receptividad de otros inmigrantes a través del tiempo, recordándonos que: “… nuestros padres fundadores fueron inmigrantes. Muchos de ellos vinieron a este país para escapar de la
opresión religiosa, con la esperanza de vivir en una tierra donde pudieran tener libertad de
adorar según sus convicciones. Muchos otros vinieron a estas costas para mejorar la situación
económica de sus familias. Con esto como parte de su historia, la LCMS ha sido sensible a las
necesidades de los inmigrantes a través de sus 159 años de historia. En las primeras décadas,
la LCMS recibió muchos inmigrantes, la mayoría de descendencia europea, en sus congregaciones… A través de organizaciones de acción social y de Lutheran Immigration and Refugee
Service [Nota: de ahora en más: LIRS], muchas comunidades de inmigrantes y refugiados han
sido, y continúan siendo, servidas… africanos, asiáticos, hispanos, y otros ministerios de inmigrantes están naciendo y floreciendo en nuestro medio.”
Dichas resoluciones son: 1965 Res. 9-20, “To Urge Our People to Study Immigration Proposals Before Congress”; 1969 Res. 9-20, “To Give Attention to Plight of Migrant Farm Workers”;
y 1977 Res. 8-15, “To Encourage Congregations to Sponsor Refugee Families”, siguiendo con
resoluciones similares sobre padrinazgos en 1979 (Res. 8-02), 1981 (Res. 8-01), 1983 (Res. 1-11A),
1986 (Res. 7-13A), 1989 (Res. 7-01), 1992 (Res. 7-15, Res. 7-16), 2001 (Res. 6-11), and 2004 (Res.
6-06). Ver: “Inmigración,” en This We Believe, 28.
A través del documento, el término “residente” es utilizado para referirse a un “residente
permanente legal” (ver Apéndice II A.3).
cómo pueden hacer misión, obras de caridad, y dar cuidado espiritual a los
inmigrantes que viven en su medio—documentados o no—y cumplir con
su responsabilidad de obedecer a las autoridades gubernamentales y las
leyes de inmigración.12 Dado que este estudio se enfoca en respuestas teológicas y pastorales a problemas inmigratorios, incluyendo el tema particular de
la inmigración ilegal, sólo se hacen referencias a factores históricos, políticos,
legales y otros, cuando es estrictamente necesario.
Este estudio plantea una respuesta teológica y pastoral en siete partes a
los problemas que presenta la inmigración. Cada una de las primeras cuatro
partes presenta una aproximación teológica, o marco de referencia, luterano,
para llegar a los problemas de inmigración, que incluye algunas consecuencias
prácticas para tratar con los prójimos inmigrantes. Las Partes I y II tratan la
doble responsabilidad del cristiano de amar al prójimo y obedecer las autoridades civiles, resaltando la tensión entre estas dos demandas igualmente
válidas de la ley del amor en la vida del cristiano. Las Partes III y IV tratan
sobre la obra de preservación de Dios en el mundo a través de los dos reinos,
concentrándose en cómo los cristianos encaran sus responsabilidades en
ambos reinos a través del ejercicio de vocaciones particulares en nombre de
prójimos específicos que Dios pone en sus vidas. La discusión sobre la vocación termina con una breve exhortación sobre la necesidad de arrepentimiento
y perdón entre los cristianos quienes, a la vez que buscan servir fielmente a sus
prójimos con las vocaciones que Dios les ha dado, a menudo están en lados
opuestos de un acalorado debate.
Las tres últimas partes del documento tratan de temas prácticos. Si bien
no contesta todas las preguntas ni presenta todos los casos posibles, la Parte
V ofrece guías para los obreros de la iglesia. Estas guías tratan de clarificar
algunos temas relacionados con la respuesta de la iglesia a los inmigrantes
indocumentados en ciertas circunstancias, o dirigirlos a otros recursos de
consulta. Sin embargo, estas guías en particular, y todo el documento en general, no deberían ser tomados como, ni remplazar, el asesoramiento legal. Este
documento concluye con dos apéndices. El Apéndice I contiene una aplicación
del marco teológico y pastoral presentado a través de casos de estudio acerca
de situaciones sobre temas de inmigración. El Apéndice II provee definiciones
básicas de algunos términos inmigratorios y teológicos, muchos de los cuales
son utilizados a través de este documento.
Este documento no está dirigido específicamente a miembros inmigrantes de congregaciones de la LCMS, sea que vivan en los Estados Unidos en forma legal o ilegal. Este estudio está
dirigido a los obreros profesionales de la LCMS y miembros de congregaciones—algunos de
los cuales, por supuesto, quizás sean inmigrantes—que buscan guía en su reflexión sobre los
temas referentes a la inmigración. Por lo tanto, se espera que los obreros y congregaciones de
la LCMS que trabajan entre y con los inmigrantes, sean quienes más se beneficien de la lectura
y estudio de este documento.
I. Prójimos inmigrantes del pasado y actuales:
¿Cómo debe la Escritura guiar las actitudes hacia los inmigrantes?
Cuando tratamos el tema específico de la inmigración ilegal, debemos
reconocer que hay un problema básico de interpretación: la Escritura no trata
específicamente la pregunta de cuál debe ser la actitud de la iglesia hacia los
inmigrantes “ilegales” o “indocumentados”. La Escritura trata de la actitud
básica de la iglesia hacia los inmigrantes (extranjeros, residentes temporales o
peregrinos, forasteros) que viven en medio del pueblo de Dios, sin hacer que
sus enseñanzas dependan del estatus de legalidad de esos inmigrantes. Si bien
en un principio este problema puede dejarnos perplejos, el reconocerlo nos
permite, por un lado, evitar dar respuestas bíblicas a un tema sobre el que la
Escritura no habla directamente y, por otro, apreciar en su totalidad los valores
bíblicos fundamentales que deben informar como punto de partida las acciones de la iglesia entre los inmigrantes, más allá de su estatus en la sociedad.
Los inmigrantes son, simplemente dicho, prójimos. Como prójimos, los
inmigrantes deben ser vistos bajo la ley de Dios que nos llama a amar a nuestro
prójimo como a nosotros mismos. Mientras que la palabra hebrea rea (‫ ֵ)רַע‬en
el mandato de Dios de amar al “prójimo” se aplica primero y más inmediatamente al pueblo de Israel, el término también incluye a quienes están fuera de
la comunidad del pacto—incluyendo el ger (‫ ּ)ֵגר‬o extranjero.13
“No opriman a los extranjeros que habiten entre ustedes. Trátenlos como si fueran sus compatriotas, y ámenlos como a
ustedes mismos, porque también ustedes fueron extranjeros
en Egipto. Yo soy el Señor su Dios” (Lv. 19:33-34, cf. Lv. 19:18,
itálicas agregadas).
Este texto representativo ofrece la narrativa y guía básica del Antiguo Testamento para establecer un consenso bíblico sobre las actitudes que agradan
a Dios hacia los inmigrantes, los extranjeros o quienes están de paso, como
“prójimos” a quienes debemos amar como a nosotros mismos. El Nuevo Testamento asume las enseñanzas y valores del Antiguo Testamento a este respecto,
resaltando el uso amplio del término plesion (πλησίον) para incluir las relaciones
caracterizadas por una preocupación por el bienestar de quienes están fuera
de los lazos religiosos, políticos y étnicos que unen al pueblo de Israel entre sí
(por ejemplo: enemigos, samaritanos).14
“De acuerdo a Lv. 19:18, el mandamiento de amar a nuestro prójimo se aplica inequívocamente hacia los miembros del pacto de Jehová, pero no evidentemente hacia todos los hombres.
Es cierto… que Lev. 19:34 también impone una obligación hacia el ger que vive en la tierra (cf.
Dt. 10:19), y las mismas palabras son usadas en esta conexión así como Lv. 19:18 las utiliza
con referencia a los israelitas… El mandamiento, por lo tanto, tiene una extensión decisiva.”
Johannes Fichtner, πλησίον, en Theological Dictionary of the New Testament [Nota: de ahora en más
TDNT], vol. 6 (Grand Rapids, Mich.: Eerdmans, 1968), 315.
En Mt. 22:39 y Mc. 12:31 (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”), Jesús hace referencia a Lv.
19:18. Haciendo πλησίον un término que incluye el amor a nuestros enemigos y perseguidores
La palabra hebrea ger puede ser traducida de muchas maneras: extranjero,
extraño, inmigrante, forastero, peregrino o alguien que está de paso.15 Al mirar
el llamado que estos textos hacen de amar al extranjero, sin embargo, debemos
tener cuidado de no transferir una interpretación contemporánea, o leerlos de
manera anacrónica. Una aproximación común a dichos textos de la Escritura
hoy tendería a argumentar que el amor por el prójimo inmigrante en la Escritura ignora los problemas importantes relacionados con las leyes actuales
inmigración.16 Sin embargo, debe notarse que los inmigrantes del Antiguo Testamento no vivieron en nuestra era moderna de naciones y estados soberanos
donde la inmigración está mucho más regulada por las leyes.17
Si bien el mandato bíblico de amar y recibir al extranjero en nuestro medio
como a nuestro prójimo es ley de Dios, no podemos ignorar las demandas que
las leyes civiles imponen a los ciudadanos e inmigrantes por igual en los Estados Unidos de hoy día y en otros países. Más aún, debemos afirmar el derecho
del estado de establecer leyes y normas con respecto a la inmigración, incluyendo leyes que limitan la inmigración de diversas maneras para la protección
y el bienestar de sus ciudadanos. Temas como la seguridad nacional y el tráfico
humano, por ejemplo, son áreas que necesitan ser legítimamente gobernadas
para frenar el mal y promover el bien (Ro. 13:3-4).
(Mt. 5:43-48), o un judío siendo ayudado por un buen samaritano (Lc. 10:25-37), Jesús define al
“prójimo” más universalmente o de una manera que trasciende las relaciones entre el pueblo de
Israel—como un pueblo que comparte una religión o una identidad política—para incluir todas
las clases de prójimos que necesitan nuestras oraciones y ayuda. Ver Heinrich Greeven, πλησίον,
ein TDNT, vol. 6 (1968), 316-317; Fichtner nota que, ya en la elección del Antiguo Testamento
griego (Septuaginta) de traducir ‫ ַעֵר‬como πλησίον, tenemos el uso de “un término tan amplio y
general y que de ninguna manera está restringido a los miembros del pacto.” Ibíd., 315.
Ver también Ex. 22:21, 23:9, Dt. 10:18-19, 24:14-15, 24:17-22, Sal. 146:9, Jer. 7:5-7, Zac. 7:8-10,
Mal. 3:5.
Amstutz y Meilander dicen que las declaraciones públicas sobre inmigración hechas
por muchas iglesias prominentes que hacen más énfasis en el amor por el inmigrante que en la
aplicación de la ley, por lo general no tratan correctamente otros factores como “los propósitos
de la política, las relaciones entre los de adentro y los de afuera, y las bases de orden internacional.” Mark Amstutz y Peter Meilander, “Public Policy & the Church: Spiritual Priorities”,
The City (Primavera 2011), 13. Los autores ofrecen como ejemplos de una postura “unilateral”
la resolución del 2009 sobre temas de inmigración de la Asociación Nacional de Evangélicos
(NAE), la carta pastoral conjunta del 2003 emitida por los Obispos Católicos de México y de los
Estados Unidos en referencia a la migración, y la resolución sobre normas sociales del 2009 de
la Iglesia Evangélica Luterana en América (ELCA) sobre la reforma migratoria (pp. 4-5).
“Al contrario del mundo de Éxodo y Levítico, o del que José y María tuvieron que huir a
Egipto, el mundo contemporáneo está formado por naciones-estados independientes, reconocidos como entidades soberanas por las leyes internacionales, entre las cuales se encuentran los
derechos (y obligaciones) soberanos de controlar el pasaje de personas a través de las fronteras
internacionales y regular la distribución de ciudadanía nacional.” “Public Policy & the Church”,
8-9; Hoffmeier argumenta, por otro lado, que las “naciones y estados, grandes y pequeños, en
el mundo bíblico estaban delineados por fronteras y a menudo eran defendidos por grandes
fuertes y destacamentos militares.” Ver James K. Hoffmeier, The Immigration Crisis: Immigrants,
Aliens, and the Bible, (Wheaton, IL.: Crossway, 2009), 153. Su argumento está expuesto en el
segundo capítulo de su libro (pp. 39-57).
También debe reconocerse que, en los tiempos del Antiguo Testamento,
la ley de Dios gobernaba tanto los asuntos espirituales del pueblo de Israel,
como los temporales. En tales circunstancias, los extranjeros no eran ipso facto
o automáticamente receptores de los beneficios espirituales y temporales del
pueblo Dios. Un estudio más comprensivo del uso de ger en Deuteronomio
muestra un panorama más complejo con respecto a la relación de los extranjeros con Israel. Mientras que el texto representativo de Levítico 19:33-34 y otros
similares muestran el llamado consistente de Dios a Israel a amar y cuidar a
los extranjeros en su medio, otros textos pueden ser leídos como si no todos los
extranjeros tuvieran el mismo estatus que los israelitas.18
Esta situación, en donde los extranjeros no reciben todos los beneficios
temporales que reciben los miembros de un grupo establecido se debe, en
parte, a la relación entre el parentesco y la herencia y propiedad de la tierra
que caracterizó a la sociedad israelita y a otras del cercano oriente—una red
que ya no estaba disponible para los inmigrantes que se mudaban a Israel y
dependían, en parte, de la misericordia del pueblo de Dios.19 Y otra razón por
la cual a veces no incorporaban extranjeros en los beneficios temporales (e
incluso espirituales) del pueblo de Dios puede simplemente encontrarse en la
dureza del corazón de Israel hacia los prójimos vulnerables y desfavorecidos
incluso entre su propio pueblo—un problema conocido en la historia del pueblo de Dios y condenado por la Escritura.20
Aun en el Antiguo Testamento, el llamado de Dios a Israel de recibir y
amar al extranjero no se traduce necesariamente en darles los mismos privile-
Ver Luis R. Rivera Rodríguez para un ejemplo de un autor que exagera el significado de la
distinción bíblica en el estatus entre los israelitas y los extranjeros. Él ve las leyes de Deuteronomio como parciales y perjudiciales para el extranjero. “Immigration and the Bible: Comments
by a Diasporic Theologian”, Perspectivas: Occasional Papers 10 (2009): 23-36, especialmente 31.
Para una aproximación más positiva en general a la forma en que Israel trataba a los extranjeros en su medio, comparar el comentario de M. Daniel Caroll R.: “La ayuda para el necesitado
tenía que ocurrir a varios niveles: familias individuales (daban descanso el sábado, incluyendo
a los extranjeros en las celebraciones), la comunidad (ley de recoger el sobrante), lugares de
trabajo de cualquier clase (pago de salarios), centros religiosos (recolección del diezmo), y en
las puertas de la ciudad con los ancianos u otras reuniones legales (imparcialidad en asuntos
legales). Ver Cristianos en la frontera: La inmigración, la Iglesia y la Biblia (Lake Mary, Florida: Casa
Creación, 2009), 96.
“El desafío que los extranjeros —aquellos inmigrantes o refugiados que se habían mudado
a Israel—enfrentaban cuando llegaban a la tierra consistía en que ellos habían dejado su línea
de parentesco. Por consiguiente, quedaban sin la ayuda que sólo una familia ampliada podía
ofrecer. Como extranjeros, ellos también fueron excluidos del sistema de tenencia de tierra. Los
extranjeros, por lo tanto, podrían en particular ser vulnerables a lo inesperado y a las ásperas
pruebas de la vida. Sin tierra ni parientes, muchos extranjeros dependían de los israelitas para
trabajar, tener provisión y protección… Por lo visto, unos cuantos tuvieron éxito, pero parecían
ser la excepción a la regla (Lv. 25:47).” Cristianos en la frontera, 93-94.
“Los profetas protestaron contra aquellos israelitas que no aceptaban la responsabilidad
de tener cuidado por esa gente. Eso era una violación a su fe en el Señor, que no toleraría tal
desobediencia (Jer 22:3; Ez 22:7, 29; Mal 3:5; cf. Sal 94:6). La religión verdadera era inseparable
de la ética caritativa con los que estaban en desventaja (Jer 7:4-8; Zac 7:8-10).” Cristianos en la
frontera, 94.
gios temporales bajo las leyes que gobiernan los asuntos del pueblo de Dios.
De la misma forma, en el contexto actual de naciones-estados, en donde las
responsabilidades del estadio hacia los ciudadanos tienen prioridad sobre las
responsabilidades hacia los extranjeros, se asume una falta de igualdad en lo
que a estatus ante la ley se refiere.21 Por ejemplo, sabemos que a un extranjero
con visa de turista se le permite visitar los Estados Unidos por un tiempo
limitado, pero no se le permite trabajar en el país. Más aún, un residente permanente legal22 de los Estados Unidos tiene el privilegio de trabajar y ganarse
la vida en el país, pero no puede votar en las elecciones estatales y nacionales,
ni servir en jurados. Sin embargo, ¿debemos asumir que estas distinciones
hechas en la actualidad entre ciudadanos y extranjeros encuentran su base
bíblica en las distinciones del Antiguo Testamento entre Israel y los extranjeros
en su medio? Así como es peligroso utilizar la información del Antiguo Testamento anacrónicamente para argumentar a favor del amor por el extranjero
sin tener en cuenta la ley civil hoy, también es peligroso utilizar distinciones
entre Israel y extranjeros en el Antiguo Testamento para defender distinciones
similares en la ley actual de inmigración y seguridad de las fronteras.
Dado el contexto de la era del Nuevo Testamento, donde “Israel” se refiere
a la iglesia y no a una entidad política particular, debemos ser cuidadosos
de no usar las leyes temporales y políticas de Israel como “un” o “el” plano
bíblico para defender o diseñar las normas o leyes modernas de la naciónestado.23 En la era del Nuevo Testamento, por ejemplo, es posible hablar de
cristianos inmigrantes como pertenecientes al “Israel” espiritual y, por lo
tanto, como nuestros hermanos en Cristo y herederos de todos los derechos
y beneficios espirituales de los hijos de Dios. Al mismo tiempo, en términos
del estado temporal de la actualidad, podemos decir que estos mismos inmigrantes pueden residir en la nación en forma legal o ilegal. Por un lado, como
el Israel espiritual, los cristianos inmigrantes participan de todas las bendiciones espirituales del pueblo de Dios a través de la fe en Cristo. Pero al mismo
tiempo se puede admitir que, bajo el gobierno temporal y sus leyes, estos
mismos hermanos no comparten con los ciudadanos cristianos los mismos
derechos y privilegios temporales bajo la ley civil en todos los casos.24
Mark Amstutz y Peter Meilaender argumentan que, en una democracia representativa, la
existencia misma de leyes de inmigración asume “una preferencia por los intereses de nuestros
compañeros ciudadanos antes que por los forasteros”; “Public Policy & the Church”, The City,
4 (2011): 8.
Ver Apéndice II para una definición legal de este término.
Para un ejemplo representativo de una discusión con respecto al Israel del Antiguo Testamento como tipo de Jesús (el Nuevo Israel reducido a uno), y de la iglesia cristiana (el Nuevo Israel a través de la fe en Cristo), así como de la naturaleza espiritual (y por tanto no temporal) de
la iglesia en el Nuevo Testamento, ver CTCR, Los “Últimos Tiempos”: Un estudio sobre escatología
y milenialismo (1989); en http://www.lcms.org/page.aspx?pid=683.
Partiendo de la distinción entre los dos reinos, Amstutz y Meilaender ofrecen ejemplos
donde la ética bíblica y las normas estatales no son sinónimos: “Todas las personas, por ejemplo, llevan la imagen de Dios y, por lo tanto, poseen la misma innata dignidad humana. Pero esta
dignidad equitativa no provee automáticamente derechos de membresía. Las universidades
Como se dijo más arriba, cuando en la iglesia se usan los mandatos bíblicos de amar y recibir al extranjero, no podemos ignorar la distinción entre el
reino espiritual y temporal. También es cierto que, al hacer distinciones entre
Israel y extranjeros, el Antiguo Testamento no ofrece posturas o normas sobre
leyes de inmigración, hablando en general, o inmigración “ilegal”, hablando
en particular. Algunas aproximaciones a los textos bíblicos que tratan sobre los
inmigrantes tratan de utilizar la información bíblica para defender o justificar
ciertas formas de leyes migratorias actuales.25 Pero los cristianos no deberían
usar el Antiguo Testamento como excusa para amar al inmigrante en formas
que disminuyen el significado de la validez de la ley según funciona hoy en las
naciones-estados. De la misma manera, los cristianos deben ser cautelosos en
utilizar ciertas distinciones entre Israel y los extranjeros hechas en el Antiguo
Testamento para abogar por ciertas formas de ley de inmigración o de aplicación de la ley, o argumentar que tales distinciones bíblicas antiguas pueden o
deben ser replicadas en términos de la relación entre ciudadanos y extranjeros
nacionales en naciones-estados contemporáneos.
¿Cuál es, entonces, la actitud que debemos tener hoy hacia los inmigrantes
según las Escrituras? La Escritura nos dice qué es lo que motiva el amor de
Israel por su prójimo inmigrante, y lo que tal amor significa en términos concretos en tal o cual momento de la historia del pueblo de Dios. Por ejemplo: el
pueblo de Dios debe amar al extranjero porque ellos también fueron extrandonde enseñamos admiten sólo algunos estudiantes de entre un gran número de solicitantes.
Una persona puede desear trabajar para una empresa particular, pero la decisión de ofrecerle
un puesto reside en el empleador, no en el solicitante. La membresía en las naciones es regulada
cuidadosamente, requiriendo pasaportes, visas y otra documentación antes de que un extranjero pueda cruzar la frontera nacional” (“Public Policy & the Church,” 11-12).
Esta es la idea general de James K. Hoffmeier, The Immigration Crisis, donde el autor utiliza
la información del Antiguo Testamento para argumentar a favor de la regulación de la frontera hoy día. Lo que dice es apoyado por el argumento que el único sentido del sustantivo ger
del Antiguo Testamento “corresponde a un extranjero legal actual” y, por lo tanto, debe ser
distinguido del significado del término “forastero” (nekhar y zar), que supuestamente correspondería hoy al “inmigrante ilegal” (p. 156, cf. p. 57); Carroll, sin embargo, critica a Hoffmeier
por “agregar” a su estudio de ger “un elemento que creo es imposible de probar”, que es que
ger “’era una persona que había entrado a Israel y seguido los procedimientos legales para obtener
el reconocimiento como extranjero residente’(p. 52, énfasis mío).” Carroll dice que, si bien esto
puede ser cierto en algunos casos, el reclamo absoluto de Hoffmeier dice más de lo que la información bíblica permite sostener: “La Ley nunca menciona algún tipo de requerimiento para
entrar legalmente. Lo que sí se espera es que estos individuos obedezcan las leyes y participen
en la vida religiosa de Israel; a cambio, la Ley era generoso con ellos.” Más aún, Carroll señala el
caso de Rut, cuya “entrada y proceso de asimilación” en la comunidad de Israel “no trata para
nada con ‘procedimientos legales’”, sino más bien con “procedimientos culturales” (cf. Capítulos 1 y 4), y de Jacob, cuando compra la tierra de Siquén (Gn. 33) como una instancia donde en el
texto no se hace mención explícita de permiso legal de entrada en la tierra antes de comprarla—
una suposición hecha por Hoffmeier—sino “sólo que la compró luego de mudarse a esa región
(Gn. 33:18-20). Carroll concluye su crítica de Hoffmeier diciendo que “el verbo gwr [ger] tiene
el significado amplio de ‘residir’, independientemente del estado legal (por ejemplo, Jue. 5:17;
Sal. 15:1; Jer. 49:18, 33; 50:4).” Ver M. Daniel Carroll R., Recensión de James K. Hoffmeier, “The
Immigration Crisis: Immigrants, Aliens, and the Bible”, The Denver Journal: An Online Review of
Current Biblical and Theological Studies 13 (January 2010). Online: http://www.denverseminary.
edu/article/the-immigration-crisis-immigrants-aliens-and-the-bible/.
jeros en Egipto (Ex. 22:21, 23:9, Lv. 19:34, Dt. 10:19, 24:17-22), porque “ustedes
conocen los sentimientos del extranjero” tan bien, que naturalmente deben
sentir compasión por ellos (Ex. 23:9). Por sobre todo, el pueblo de Dios debe
amar al extranjero porque esa es la voluntad del Señor, quien ama, provee,
protege y escucha en el cielo el gemir del extranjero (Sal. 146:9, Dt. 24:15). El
mandamiento de Dios a Israel de amar a los extranjeros como “a sí mismos”,
también puede ser visto como un llamado divino a practicar la justicia hacia
quienes a menudo son víctimas de la opresión y la maldad o confabulaciones
maléficas de quienes quieren aprovecharse de ellos (Lv. 19:33-34, Jer. 7:5-7,
Zac. 7:8-10).
Tal amor por los extranjeros se vuelve concreto, entre otras cosas, al proveer por sus necesidades básicas de alimento y vestimenta (Dt. 10:18-19), al ser
justo en el pago a los obreros (Dt. 24:14-15, Mal. 3:5), y al dar generosamente
de lo que uno tiene en abundancia (Dt. 24:19-22). Aquellos en Israel que son
tentados a no seguir el mandamiento de Dios de amar al prójimo extranjero
“como a sí mismos”, son advertidos de “no pervertir la justicia que el extranjero merece”, para no convertirse en “culpables de pecado” (Dt. 24:15, 17)
y objetos… “contra los que niegan el derecho del extranjero” (Mal. 3:5). La
preocupación de Dios por el bienestar de los extranjeros generalmente se sitúa
junto a textos que hablan de su compasión por las viudas, los huérfanos, y
los pobres (Dt. 10:18, 24:17, 19-21, Sal. 146:9, Jer. 7:6, Zac. 7:10, Mal. 3:5). Por lo
tanto, los extranjeros en medio de Israel son vistos como prójimos quienes, en
su mayor parte, se encuentran entre los miembros más vulnerables y desfavorecidos de la sociedad.
El Nuevo Testamento asume el mandamiento del Antiguo Testamento de
amar a nuestros prójimos como a nosotros mismos, sean quienes sean. Pero el
Nuevo Testamento también asume el testimonio del Antiguo Testamento de
la compasión de Jehová por el forastero en la auto identificación de nuestro
Señor Jesucristo con el forastero y en su inclusión de quienes no pertenecían a
la casa de Israel durante su ministerio, fueran o no extranjeros en un sentido
político. En la escena del juicio final, el Hijo del Hombre recibe en el reino de
su Padre a quienes le mostraron amor ayudando a “uno de los más pequeños”.
Nuestro Señor quiere identificarse con el forastero para que podamos verle a él
en el forastero: “Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed,
y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron” (Mt. 25:35, itálicas agregadas
por el autor). A pesar de las varias interpretaciones de la identidad de “uno de
los más pequeños” en Mateo 25,26 Martín Lutero utiliza el texto en su explicación del quinto mandamiento en su Catecismo Mayor para identificar a Cristo
“De cierto les digo que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos más pequeños, por
mí lo hicieron” (Mateo 25:40, cf. 45). Sobre la diversidad de opciones de interpretación sobre
este punto, ver W. D. Davies y Dale C. Allison, The Gospel According to Saint Matthew, vol. 3
(Edinburgh: T & T Clark, 1997), 428-30, cf. 421-23.
con “quienes están en necesidad y en peligro en cuerpo y vida.”27 Si bien la
enseñanza bíblica puede servir específicamente como una advertencia contra
el rechazo de los discípulos (“uno de los más pequeños de estos, mis hermanos”), y por lo tanto del Señor que los envió al mundo,28 tal enseñanza también
ha sido utilizada en forma más amplia dentro de la catequesis luterana para
promover el mandamiento de Dios de ocuparnos por el bienestar del prójimo.
En ambos casos, las enseñanzas bíblicas y catequéticas presuponen la afirmación más amplia y fundamental de dar la bienvenida al extranjero en medio
La compasión de nuestro Señor por el extranjero, por quienes no pertenecían a la casa de Israel, que es evidente en su ministerio, es consistente con
la preocupación de Jehová por los extranjeros que rodeaban y vivían entre el
pueblo de Israel. En el Antiguo Testamento, tal preocupación por los extranjeros no sólo incluía un llamado a la justicia en su nombre, sino también el deseo
de incorporarlos a la casa de Israel para que compartieran en las bendiciones
que los hijos de Dios recibían.29
De la misma manera, nuestro Señor extiende su misericordia a la hija
endemoniada de una mujer cananea o sirofenicia (Mt. 15:21-28, Mr. 7:24-30),
haciendo partícipes a tales gentiles de las bendiciones del reino de su Padre.
Jesús alaba la fe de la mujer cananea, afirmando implícitamente que los gentiles también están espiritualmente hambrientos, que también pueden confiar
en el Hijo que Dios ha enviado, y que también pueden ser hijos de Dios el
“Con razón Dios llama asesinos a todos aquellos que no aconsejan ni ayudan en las calamidades y peligros corporales y de la vida en general. Y en el día del juicio pronunciará Dios horrible sentencia contra los mismos, como Cristo anuncia, diciendo: ‘Tuve hambre, y no me disteis
de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo,
y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis’, lo cual es como si dijera: Habéis
dejado que yo y los míos pereciésemos de hambre, sed y frío; que las fieras nos desgarrasen;
que nos pudriésemos en una celda y feneciésemos en la miseria.’” El Catecismo Mayor [Nota:
de ahora en más CMa), Los Diez Mandamientos, 191, en el Libro de Concordia: Las Confesiones de
la Iglesia Evangélica Luterana editado por Andrés A. Meléndez (St. Louis: Concordia Publishing
House, 1989), p. 413 [Notaa: de ahora en más LC].
Ver Jeffrey A. Gibbs, Jerusalem and Parousia: Jesus’ Eschatological Discourse in Matthew’s Gospel
(Jerusalén y Parousia: El discurso escatológico de Jesús en el Evangelio de Mateo), (St. Louis:
Concordia Publishing House, 2000).
Aun cuando Carroll y Hoffmeier difieren significativamente en el enfoque con que leen
la información del Antiguo Testamento con respecto a los extranjeros, ambos hablan sobre la
posibilidad de que, de acuerdo con el Antiguo Testamento, los extranjeros participaran de las
bendiciones espirituales del pueblo de Israel. Sin embargo, Hoffmeier dice que tal participación
espiritual dependía de su previa aceptación como “inmigrantes legales” en la tierra de Israel.
Ver Hoffmeier, The Immigration Crisis, 89-96; Carroll cree que el punto de vista de Hoffmeier, el
cual se basa en una interpretación limitada de ger y grw como términos que se refieren exclusivamente a extranjeros “legales”, es problemático cuando se aplica en una manera absoluta (ver
su crítica de Hoffmeier en n. 25 arriba).
No obstante estas lecturas de la información del Antiguo Testamento, en la era del Nuevo
Testamento todavía sigue siendo problemático decir que, para que los inmigrantes puedan
participar de las bendiciones de la iglesia o del Israel espiritual en los Estados Unidos hoy,
primero deben ser residentes o ciudadanos legales de la nación-estado temporal. El Nuevo
Testamento no impone tales condiciones temporales para convertirse en hijos de Dios a través
de la fe en Cristo.
Padre. Más aún, Jesús atiende la necesidad física de la hija de esa mujer gentil
y la libera de la esclavitud de Satanás. Él atiende las necesidades espirituales
y físicas de los extranjeros.
La compasión de nuestro Señor por quienes estaban fuera de la casa de
Israel también se hace evidente en su encuentro con la mujer samaritana (Jn.
4:3-43) a quien hace, a través de una promesa, heredera del “don de Dios” y
“del agua viva” (referencias ambas al don del Espíritu que viene del Hijo, cf.
Jn. 7:37-39). El alcance de la compasión de nuestro Señor por una samaritana—
despreciada por los judíos—nos enseña que el don del Espíritu, el acceso a
Dios a través de la adoración “en espíritu y en verdad”, y el privilegio de ser
un testigo del Mesías, están a disposición incluso para los de afuera de la casa
de Israel y, a través de su testimonio, para sus ciudades y comunidades. En el
ministerio de proclamación y sanidad de Jesús, por lo tanto, vemos la continuación de la preocupación de Jehová por los extranjeros, ocupándose de sus
necesidades temporales (físicas) y espirituales, y extendiendo su misericordia
a los miembros de sus familias y comunidades.30
El testimonio del Antiguo Testamento a la compasión de Jehová por el
extranjero también lo vemos en la enseñanza apostólica de San Pablo acerca
de la hospitalidad.31 La preocupación de los primeros cristianos por el prójimo
necesitado iba más allá de los confines de la comunidad de fe. Al llamar a la
iglesia en Galacia a “hacer bien a todos”, el apóstol enseña que la iglesia sirve
“especialmente”, aunque no exclusivamente, “a los de la familia de la fe” (Gál.
6:10). El apóstol instruye a la iglesia cristiana en Roma a “ayudar a los hermanos necesitados y practicar la hospitalidad [a los extranjeros]” (Ro. 12:13).
Estas exhortaciones apostólicas a las iglesias cristianas de mostrar hospitalidad con todos los extranjeros, reflejan y son consistentes con el mandamiento
de Jehová a Israel de reflejar su amor a los extranjeros.
Para resumir debemos reconocer que, si bien las Escrituras proféticas y
apostólicas presentan amplia evidencia de la voluntad de Jehová de que su
pueblo ame a los forasteros y extranjeros ocupándose de sus necesidades
Reconocemos, por supuesto, que nuestro Señor también da cierta prioridad a la casa de
Israel (Mt 15:24), y que el dictado bíblico de preocuparse por el bienestar de los demás siempre
debe comenzar con aquéllos a quienes Dios ha puesto más cerca nuestro en nuestra vida terrenal (Mc. 7:10-12; Gál. 6:10).
Para un intento contemporáneo de describir la vida moral utilizando el valor bíblico de
hospitalidad al extranjero como una “metáfora global”, ver Thomas W. Ogletree, Hospitality
to the Stranger: Dimensions of Moral Understanding (Louisville: Westminster/John Knox, 2003).
Basándose en parte en Resident Alien, por Stanley Hauerwas y William H. Willimon (Nashville:
Abingdon, 1989), Castelo dice que muchos hispanos en los Estados Unidos son “dos veces
extranjeros”, tanto como cristianos en un país hostil al Evangelio, y como extranjeros ilegales
en el campo político. Esta realidad es un recordatorio constante a la iglesia de su obligación de
discernir críticamente lo que significa ser cristiano en tierra extranjera. Esto implica, en parte,
la obligación de los cristianos de discernir si las leyes civiles y las entidades políticas actuales
promueven una situación justa, y de extender hospitalidad a los extranjeros. Ver Daniel Castelo, “Resident and Illegal Aliens,” Apuntes: Reflexiones teológicas desde el margen hispano 23/2
(Verano 2003): 65-77.
físicas y espirituales, las mismas no hablan directamente acerca de cómo la
iglesia de hoy debe pensar o actuar con respecto a la ley de inmigración en
general, o a la “inmigración ilegal” en particular. Por lo tanto, la enseñanza de
la Escritura con respecto a los inmigrantes no puede traducirse directamente
a las leyes o políticas migratorias actuales.
Mientras que las Escrituras no proveen “textos comprobados” que den
respuestas simples o directas a todas las preguntas legales y políticas actuales
relacionadas con la inmigración, sí proveen un marco de interpretación que
nos ayuda a reflexionar y tratar tales preguntas. Más aún, no se nos ocurra
atrevernos a minimizar la evidencia bíblica presentada hasta ahora con respecto al llamado de Dios a que la iglesia refleje en su vida el amor de Dios por
los extranjeros en su medio. Este llamado no puede ser visto como una simple
obligación cultural, sino más concretamente como la voluntad y mandamiento
de Dios para su pueblo de todos los tiempos y en todos los lugares. La Escritura nos obliga a amar a nuestro prójimo, incluyendo al inmigrante en nuestro
medio. Por lo tanto, aun cuando los cristianos luchen con preguntas difíciles
con respecto a los asuntos legales y políticos sobre la legalidad, la enseñanza
bíblica más amplia y consistente del amor de Dios por los extranjeros que
viven y se mueven entre su pueblo debe ser tomada con la mayor seriedad.
Dicho de otra forma, la Escritura nos ofrece un consenso sobre los valores
básicos que, como punto de partida, deberían guiar las actitudes del pueblo
de Dios hacia todos los inmigrantes o extranjeros, más allá de su estatus legal
en la sociedad. A pesar que los inmigrantes no siempre recibieron las mismas
bendiciones temporales y espirituales que el pueblo de Dios en el Antiguo
Testamento, el mandato divino de amar al extranjero como a nuestro prójimo
continúa siendo válido y no está fundamentalmente atado al cumplimiento de
ninguna obligación específica por parte del extranjero. Esto sugiere que el estatus legal o ilegal no puede ser un prerrequisito para que la iglesia se preocupe
y ocupe por la dignidad básica de los extranjeros y sus familias como criaturas
de Dios, o por sus necesidades de alimento y vestido y una vida más rica para
sus familias, de su tratamiento bueno y justo en la sociedad, y de su necesidad
de escuchar el Evangelio y recibir los sacramentos.
Así como el amor a Dios y al prójimo dirige toda la reflexión moral cristiana, también lo hacen los Diez Mandamientos al dar forma y sustancia a ese
amor. Las preocupaciones antes mencionadas con respecto a las necesidades
físicas, sociales, económicas y espirituales de nuestros prójimos inmigrantes,
son ejemplos de la forma que toma el amor guiado por los mandamientos.
Del amor de Dios fluye el amor cristiano por nuestros prójimos que busca
su bienestar espiritual y trata de ayudarles y hacerles prosperar en todas las
necesidades de su vida, mejorar y conservar sus bienes y medios de vida, e
interpretar todo en el mejor sentido.32
Ver las explicaciones al quinto, séptimo y octavo mandamiento del Catecismo Menor de
Como veremos en la próxima sección, el cuarto mandamiento—“Honra
a tu padre y a tu madre”—también es directamente pertinente, ya que no sólo
habla de la forma que toma el amor en el hogar cuando los hijos “honran,
sirve, aman y respetan” a sus padres, sino también de lo que Lutero llama de
otra “categoría de ‘paternidad’”, que es la autoridad civil.33 El amor cristiano
reconoce como obligación el honrar y apoyar a las autoridades gobernantes,
para que así nuestra vida diaria pueda ser respetable y ordenada y se evite el
caos (ver 1 Tim. 2:2).
Sirviendo como punto de partida para dar forma a la actitud básica de la
iglesia hacia los inmigrantes de hoy día, las enseñanzas bíblicas de amar al
prójimo inmigrante como a nosotros mismos, y de mostrar hospitalidad a los
forasteros en nuestro medio, también sirven como buen elemento disuasivo
contra el desarrollo de cualquier actitud contra los extranjeros, sean o no documentados, que no sea la de una preocupación legítima por la ley y el prójimo.
La fe y la caridad impulsan a todos los cristianos a no formar un juicio final con
respecto a los extranjeros en base a opiniones alimentadas por temores o mitos
infundados con respecto a los inmigrantes, y/o actitudes racistas o discriminatorias contra personas de otros grupos étnicos o nacionalidades.34 El recordar
el pasado inmigrante de la LCMS, incluyendo los temores y prejuicios sufridos por muchos de nuestros padres y madres luteranos en la fe al llegar a los
Estados Unidos, debería ayudarnos a tener una disposición caritativa hacia
los inmigrantes hoy. Sin embargo, más allá de nuestra identidad inmigrante
histórica, se encuentra la clara y eterna voluntad y mandato de Dios en las
Escrituras con respecto a la necesidad de la iglesia de recordar y ocuparse por
el prójimo inmigrante.
Ver CMa, 150 (LC, 407). “Pues Dios, mediante ella [la autoridad secular], como mediante
nuestros padres nos da y nos conserva nuestro alimento, nuestro hogar, nuestra hacienda y la
protección y la seguridad. Es por el hecho de que la autoridad secular lleva nombre y títulos
tales, como su más preciada loa con todos los honores, que estamos también obligados a honrarla y a estimarla en grado sumo, como si fuera el mayor tesoro y más preciosa joya en este
Ver, por ejemplo, Patricia Fernández-Kelly: “To Welcome the Stranger: The Myths and Realities of Illegal Immigration”, Perspectivas: Occasional Papers 10 (2006): 9-22; ver también LIRS:
“Mitos y realidades de la inmigración”. En línea:
http://lirs.org/wp-content/uploads/2012/06/NoTemasFactSheetMythbuster.pdf. Para un
ejemplo de un folleto con frases discriminatorias contra nuevos inmigrantes, ver John C. Vinson, Immigration and Nation, a Biblical View (Monterey, Virginia: American Immigration Control
Foundation, 1997), donde argumenta que la división de las naciones hecha por Dios desde
Babel, y la distinción de Israel de las naciones que le rodeaban, apoyan el control migratorio
para poder mantener la tradicional raza blanca de ascendencia europea en los Estados Unidos.
II. La Ley de Dios, la ley Civil35 y el prójimo:
Sobre la obediencia cristiana a los Mandamientos de Dios
Si bien por un lado las Escrituras consistentemente enseñan a la iglesia
a amar a los extranjeros en su medio como un valor básico para todos los
tiempos y lugares, por otro lado también instruyen a los cristianos a obedecer
o someterse a las autoridades que Dios ha enviado, instituido y designado
para nuestro bien (Ro. 13:1-7, 1 Pe. 2:13-17). El representante de la autoridad
debe ser honrado y temido como “siervo de Dios” y ministro, ya que lleva la
“espada” que “castiga a quienes hacen el mal y elogia a quienes hacen el bien.”
Someterse a las autoridades significa, en concreto, obedecer las leyes que esos
siervos y ministros son llamados a crear, implementar, y poner en práctica
(por ejemplo, pagar los impuestos, cf. Ro. 13:6-7). Si bien la Escritura no toma
una posición específica sobre leyes migratorias, sí establece que los cristianos
deben obedecer a las autoridades civiles, incluyendo las leyes migratorias.36
Si bien bajo el quinto mandamiento (“No matarás”) Martín Lutero incluye
la promoción de la vida de nuestro prójimo (incluyendo la del extranjero),
también enseña claramente bajo el cuarto mandamiento (“Honra a tu padre
y a tu madre”),37 la sumisión a las autoridades que Dios ha puesto en medio
nuestro (incluyendo los servidores civiles). Ambos son la voluntad de Dios y,
por lo tanto, deben ser cumplidos. Esto significa, concretamente, que debemos
amar a los inmigrantes, debemos ser justos con ellos, y debemos ayudarles
para que estén bien, sea cual sea su situación legal en la sociedad y, al mismo
tiempo, debemos someternos a las autoridades temporales y obedecer las
leyes civiles que ellos establecen, promueven, y ponen en práctica en la sociedad (incluyendo las relacionadas con los inmigrantes y su situación legal).
Dados estos dos mandatos igualmente válidos que los mandamientos de Dios
dan a los cristianos, no es infrecuente que los hermanos en Cristo tengan problemas y hasta discutan entre ellos con respecto a cuál es la mejor manera de
ser fiel a lo que Dios desea y espera de su pueblo.
El debate popular sobre si los inmigrantes que no tienen el beneficio de
una visa válida deberían ser catalogados como “ilegales” o “indocumentados”, ilustra lo que sucede cuando tratamos de resolver la tensión inherente
entre la demanda de preservar el bienestar de los inmigrantes más allá de su
En este documento, la “ley civil” se utiliza en un sentido teológico para referirse a toda
ley instituida y puesta en práctica por los hombres con la intención de mantener el orden y la
justicia. (Ver Apéndice II B.2.).
Queremos enfatizar que la ley de inmigración, como tal, no es mala en sí misma. Los esfuerzos que un gobierno haga para proveer fronteras seguras y prácticas claras para manejar la
inmigración, son parte de su responsabilidad de velar por el bienestar de sus ciudadanos—esta
es precisamente la misma vocación que Dios da a las autoridades civiles. Ver Amstutz y Meilaender, Public Policy & the Church , 4-17.
CMa, Los Diez Mandamientos, 141-142, 150-151 (LC, 405-407).
estatus legal, y la demanda de obedecer las leyes que regulan su estatus legal.38 Por
un lado, los cristianos que prefieren hablar de inmigrantes “indocumentados”,
pueden querer afirmar la dignidad básica de los inmigrantes (siguiendo la línea
del quinto y octavo mandamiento), siendo sensibles a sus problemas y necesidad de bienestar. Como resultado, puede parecer que, en su uso del lenguaje,
dan menos valor a las demandas de la ley civil con respecto a la legalidad o
ilegalidad, pero sin negar la necesidad de la ejecución de la ley. Estos hermanos
en Cristo generalmente tienden a estar en desacuerdo con aquellos aspectos de
la ley de inmigración actual que, consideran, tratan en forma inadecuada a los
inmigrantes. Por otro lado, los cristianos que hablan de inmigrantes “ilegales”,
generalmente se basan en la necesidad de obedecer la ley civil (una preocupación del cuarto mandamiento), según se aplica a la ley de inmigración actual,
pero al hacerlo aparecen como insensibles a los problemas de los inmigrantes y
hasta permisivos de algunos aspectos potencialmente problemáticos de la ley
de inmigración actual que quizás no resuelva en forma adecuada el trato justo
Estos usos populares de lenguaje para referirse a los inmigrantes en medio
nuestro, incluso dentro de los círculos de la iglesia, son instructivos pues revelan, hasta cierto punto, cómo el diálogo cristiano sobre este tema puede ser
significativamente, o al menos en parte, moldeado por las actitudes y prioridades cristianas sobre lo que significa ser fiel a los mandamientos de Dios.39 El
tener en cuenta algunas de las suposiciones en las que basamos las conversaciones acerca de los inmigrantes nos ayuda a reconocer que, aun siendo hermanos
en Cristo, y a pesar de tener el mismo deseo de ser fieles a los mandamientos
de Dios, podemos estar en desacuerdo en lo que concierne a la mejor manera
de actuar con respecto al prójimo inmigrante.
El reconocimiento de los desacuerdos cristianos genuinos y legítimos en la
aplicación de los mandamientos de Dios en torno a la reflexión y a las actitudes hacia los extranjeros también actúa como freno contra las críticas injustas
acerca de las diferentes posiciones en este tema tan delicado. Por un lado, los
Sobre el uso de los modificadores “ilegal” e “indocumentado”, ver Leopoldo Sánchez, “Immigrants Among Us: What Are Confessional Lutherans to Do”, LOGIA 19/1 (2010): 57-58.
Es interesante notar, por ejemplo, dentro de la tradición evangélica, cómo los diferentes puntos de partida de Hoffmeier y Carroll en sus estudios sobre inmigrantes en la Biblia dan, a sus
estimaciones de la inmigración ilegal actual, un tono diferente. Hoffmeier toma, como punto de
partida y marco general de referencia, la obediencia a la ley que lo lleva a resaltar la distinción
entre un extranjero legal y un extraño, y por lo tanto la necesidad actual de reforzar las fronteras.
Esto lleva a un fuerte énfasis en la obediencia a la ley, con una preocupación mínima sobre la
justicia o no de la ley migratoria actual de los Estados Unidos para nuestros prójimos inmigrantes. Ver The Immigration Crisis, 29-57, 153-160. Carroll, por otro lado, comienza con el inmigrante
como un ser humano creado a imagen de Dios, y luego resalta su identidad como un extraño
con quien se debe ser hospitalario. Esto lleva a un fuerte enfoque en la disposición del cristiano
de ver al inmigrante como un prójimo en necesidad y, si bien el mandamiento de obedecer la ley
es reafirmado, el enfoque se dirige a la obligación del cristiano de ser un ciudadano responsable
y bien informado sobre la ley migratoria y las formas de injusticia que quizás promueve. Ver
Cristianos en la frontera.
cristianos que tienden a dar prioridad a la obediencia a las autoridades civiles
(cuarto mandamiento) con respecto a la inmigración, no son necesariamente
insensibles a las necesidades de los inmigrantes y sus familias. Por otro lado,
los cristianos que tienden a dar mayor prioridad al bienestar y tratamiento
justo de los inmigrantes y sus familias (quinto mandamiento) que a su situación migratoria, tampoco son necesariamente insensibles a la necesidad de
obedecer las autoridades civiles y las leyes del país.
A pesar de que ciertos adjetivos como “ilegal” e “indocumentado”,
cuando se refieren a inmigrantes, asumen y manifiestan hasta cierto punto
actitudes cristianas diferentes pero a la vez legítimas sobre lo que significa ser
fiel a los mandamientos de Dios con respecto a los inmigrantes, los cristianos
también deben recordar que el uso de tales términos tiene limitaciones. Dado
que la Escritura no prohíbe ni ordena tales adjetivos, los cristianos son libres
de utilizarlos. Pero, si bien son libres de usarlos, deben hacerlo con caridad.
Por ejemplo, al hacerlo delante de inmigrantes que luchan por ser tratados
con justicia, el adjetivo “ilegal” seguramente va a ser visto como insensible, y
se convertirá en un obstáculo innecesario para la proclamación del Evangelio
al inmigrante o para dialogar con aquellos cuya vocación es abogar por ellos.
De la misma manera, cuando se usa en presencia de legisladores, agentes de
frontera, o ciudadanos que quieren honrar la ley del país, el término “indocumentado” puede ser interpretado como una falta de respeto por la ley o de
apreciación del trabajo de quienes la hacen cumplir.
Más aún, los cristianos deben ejercitar su buen juicio en el uso de términos
no bíblicos, como “ilegal” e “indocumentado”, porque estos adjetivos también
son limitados en su alcance. Tales términos operan claramente dentro de los
estrechos confines de la legalidad. Y precisamente por causa de ese enfoque
único en lo legal, es que no ofrecen un cuadro completo de nuestros prójimos
inmigrantes ni un retrato acertado de la complejidad del problema migratorio.
Por un lado, el reconocer el alcance de estos términos populares previene
a los cristianos de reducir al prójimo extranjero, o inmigrante, a una categoría
legal, etiqueta, o problema. Los inmigrantes son, mucho más básicamente,
seres humanos, criaturas de Dios, y pecadores igual que cada uno de nosotros.
Al menos sus necesidades físicas y espirituales deben ser tomadas en cuenta
en toda discusión que se realice sobre el rol del cristiano individual y la iglesia
con respecto a ellos. Cuando se aplica al extranjero, por ejemplo, el término
“ilegal” fracasa en distinguir apropiadamente entre la persona inmigrante y
el acto específico que esa persona ha cometido contra la ley.
Por otro lado, y no menos importante, el reconocer la limitación del
alcance legal de los términos “ilegal” e “indocumentado” permite a los cristianos considerar seriamente una gama más amplia y comprensiva de factores
relacionados con la ley civil referentes al tema de inmigración. Tales factores
pueden incluir, pero no están limitados, a la unificación de la familia, demanda
de mano de obra, necesidad económica, cumplimiento de la ley, seguridad
fronteriza o nacional, derechos de los trabajadores, derechos humanos, y for-
mas de obtener la legalización.40 Al tratar ciertos aspectos de la ley civil, que
para algunos pueden resultar inadecuados o injustos, “los cristianos tienen el
derecho y la obligación de trabajar para derogar las leyes injustas y para que se
pongan en práctica leyes justas a través del debido proceso de la ley.”41
Al mismo tiempo, como no siempre está en claro cuándo se ha agotado
ese debido proceso en un caso particular, seguramente los cristianos van a
diferir en el grado en el cual una legislación más adecuada parece necesaria
o no, dentro de un clima político particular. Por lo tanto, van a responder en
forma diferente a los casos en los que creen que un aspecto particular de la
ley civil es injusto o inadecuado. Como conscientes ciudadanos y residentes
de su país, por ejemplo, algunos cristianos quizás decidan que la actual ley
de inmigración, si bien no es perfecta, al menos es suficientemente justa y
razonable. Otros cristianos conscientes, si bien reconocen que generalmente
“los derechos de los individuos y los estándares de justicia adecuados deben
ser establecidos por el gobierno a través de procesos legislativos”, pueden,
“ante la evidente falla del debido proceso… con buenas intenciones participar
en demostraciones públicas para dramatizar la injusticia” que creen que una
ley en particular promueve.42 Y otros, que no están contentos con el estado
actual de la ley, quizás decidan no hacer lo que podrían hacer, o sea, protestar
públicamente, eligiendo en cambio “no ejercitar este privilegio por el peligro
de anarquía.”43
SRIC dice: “Como ciudadanos corporativos de esta nación, reconocemos que las soluciones al problema de la inmigración ilegal son complejas. Hay muchos factores que deben ser
considerados, cada uno de los cuales tiene valor en sí mismo. Fronteras seguras, seguridad
nacional, aplicación de las leyes, estabilidad nacional, mano de obra barata, salarios decentes,
presupuesto limitado, derechos humanos y oportunidades de trabajo son sólo el comienzo de
una larga lista.”
CTCR, Civil Obedience and Disobedience (1966), B, p. 4. Dado que el documento aplica el lenguaje del debido proceso específicamente a situaciones “cuando los derechos legales de uno son
violados, pero también y especialmente cuando uno se une a otros privados de sus derechos
legales”, uno puede concluir que, técnicamente, la afirmación no se aplica a los inmigrantes
que están en el país ilegalmente porque no tienen “derechos legales”. Sin embargo, aun si ese
fuera el caso, el principio más amplio de esforzarnos por abolir las leyes injustas o poner en
práctica leyes justas se aplica a los cristianos como ciudadanos de la nación-estado quienes, de
buena conciencia, están convencidos que ciertos aspectos de la ley de inmigración son injustos.
Ibíd. La declaración de la CTCR alienta al cristiano que considera que una ley en particular
está en conflicto con la “suprema ley de Dios”, a “asegurarse que todos los medios legales para
cambiar esa ley han sido agotados”, “consultar con personas de buena conciencia para probar
la validez de su juicio”, y “dirigir su acto de desobediencia tan precisamente como sea posible
contra la ley o práctica específica que viola su conciencia.” Ibíd., C.1-2, 4, p. 5.
Ibíd., C.5, p. 5. Este argumento en particular está seguido inmediatamente por una preocupación por evitar asociaciones de cristianos “con grupos e individuos que puedan estar protestando contra la misma ley por motivos aparentemente equivocados y quienes puedan estar
buscando unirse a un movimiento para sus propios fines.”
Ibíd., 5-6. El mismo principio se aplica a los cristianos que sienten que deberían protestar
contra la inmigración ilegal pero se abstienen de hacerlo, junto con otros que sienten lo mismo
“por motivos aparentemente equivocados”—por ejemplo, motivos que son incompatibles con
la ley de amor de Dios, u hostiles a la fe cristiana (por ejemplo, la idea de que Dios quiere que
La Escritura requiere que los cristianos obedezcan a Dios antes que a los
hombres cuando la autoridad civil y sus leyes se oponen a la ley de Dios. Los
cristianos obedecen a Dios antes que al hombre (Hechos 5:29) “cuando una ley
civil contradice un claro precepto de Dios.”44 Pero, ¿cuándo sucede eso en la ley
actual de inmigración? La mayoría de los cristianos no están en contra de la ley
de inmigración en general, pero algunos (o quizás muchos) cuestionan cuán
justos y razonables son algunos de sus aspectos. ¿Cuál es la respuesta apropiada, entonces, cuando no hay un consenso claro y amplio entre los cristianos
sobre la forma en que la ley de inmigración específicamente entra en conflicto
con la ley de Dios?
Si un cristiano considera que una ley civil está en conflicto “con la
suprema ley de Dios”, y por lo tanto decide involucrarse en algún tipo de desobediencia civil, se le alienta a que “realice su acto de desobediencia en forma
pacífica”, y a que “dirija su acto de desobediencia tan precisamente como sea
posible contra la ley o práctica específica que viola su conciencia.”45 Tal cristiano también debe estar dispuesto a cargar la cruz y a sufrir las potenciales
“consecuencias punitivas” de sus acciones.46 Por ejemplo, un cristiano puede
ayudar a un padre que está tratando de evitar (¿o evadir?) la deportación para
no separarse de su familia. Pero también debe estar preparado para aceptar la
posibilidad de castigos impuestos por su acción.47
De la misma forma, si un estado fuera a penalizar el cuidado pastoral,
como por ejemplo proveer transporte a inmigrantes indocumentados a servicios de adoración u otras actividades en la iglesia, los pastores y otros líderes
cristianos se enfrentarían con el dilema de obedecer a Dios o al hombre, y una
vez más deberían estar dispuestos a aceptar los posibles castigos legales por
sus acciones.48 Más aún, dado que no siempre está claro entre los cristianos
cuándo las leyes de inmigración realmente contradicen la voluntad de Dios,
se espera que el desacuerdo legítimo y enardecido ocurra entre cristianos con
respecto a la piedad y la justicia de las leyes específicas de inmigración. “Dado
Estados Unidos sea un país de blancos europeos, o que los mexicanos están más predispuesto
a conductas criminales que las personas de otros grupos étnicos).
Ibíd., C, p. 5.
Ibíd., C.3-4, p. 5.
Si bien un cristiano puede, en buena conciencia, asistir a un inmigrante indocumentado que
necesita ayuda desesperada, el ofrecerle asilo prolongado para evitar lidiar con una orden de
deportación puede ser tomado como encubrimiento o amparo de un inmigrante ilegal, a la vez
que mentir a oficiales del gobierno. Esto es especialmente problemático si el inmigrante tiene
antecedentes criminales. Si los cristianos creen que pueden llegar a encontrarse en tal situación,
deben proceder con cautela y consultar con un abogado lo antes posible (ver n.90 más abajo).
SRIC menciona brevemente cómo, si tal legislación fuera aprobada, haría que muchos cristianos dejaran de realizar obras de caridad. SRIC dice: “Mientras tanto, para cumplir con nuestra obligación cristiana, también solicitamos que el acto de caridad de proveer asistencia a los
extranjeros indocumentados que no participan de actividades ilegales, no sea castigado ipso
facto.”
que en el campo ético no siempre vemos las cosas de la misma manera”, la
LCMS debería “alentar a sus miembros a ejercitar el mayor cuidado posible
al juzgar al otro en sus diferentes respuestas individuales a los complejos problemas sociales, ya que cada uno trata de aplicar el principio divino del amor
cristiano a la situación humana específica.”49 Mientras que “el quebrantar
una ley injusta, que a veces es definido como desobediencia civil, no necesariamente refleja un espíritu de anarquía, intención criminal, o menosprecio
general por las leyes”, y puede ser interpretado como un “reflejo de un deseo
sincero de respetar el estado de derecho y de probar la validez de una ley
específica para proveer una mayor medida de justicia”, los cristianos deben
evitar un individualismo exagerado que crea desdén por la ley y por el estado
de derecho”, y “la reivindicación de derechos individuales a costo de los derechos de los demás.”50
Los mandamientos de amar a nuestro prójimo (incluyendo al extranjero)
y de obedecer a la autoridad civil, están ambos incluidos en la ley de Dios y,
por lo tanto, los cristianos deben cumplir con sus demandas. Dado que ambos
mandatos están incluidos en la ley divina, el cumplirlos es, en sí mismo, una
cuestión de amor. En este sentido, el amar al prójimo inmigrante (quinto mandamiento) y el obedecer a los servidores civiles (cuarto mandamiento), no son
éticamente contradictorios entre sí, ya que el inmigrante no es el único prójimo
a quien los cristianos son llamados a amar. También está el prójimo ciudadano
o residente de una nación, quien puede estar o no tan vulnerable o necesitado como el prójimo inmigrante, pero cuyo bienestar también es motivo de
preocupación tanto para el gobierno como para los ciudadanos cristianos.
Los cristianos residentes o ciudadanos de una nación son legítimamente
llamados a amar a ese o esos prójimos con quienes comparten una misma
identidad nacional o la misma nacionalidad. Es cierto que hay veces en que se
presenta un dilema moral con respecto a la obediencia a dos demandas igualmente válidas hechas por la ley del amor de Dios y, por lo tanto, algún tipo de
prioridad lógica se debe dar a un prójimo sobre otro en determinada situación.
En tales casos, uno inevitablemente peca con determinación por el bien de un
prójimo y sufre las consecuencias de sus acciones. Se puede argumentar, por
ejemplo, que un ciudadano tiene la obligación de cuidar primero de un conciudadano.51 Esta actitud va, inevitablemente, a ubicar al prójimo inmigrante
CTCR, Civil Obedience and Disobedience, D, p. 6; SRIC nota que “cristianos igualmente comprometidos con la Palabra de Dios pueden razonablemente llegar a conclusiones diferentes en
aspectos específicos de estos temas y su resolución.”
CTCR, Civil Obedience and Disobedience, G.2, G.3.a, c, p. 6. El documento también advierte a
los cristianos contra “el espíritu anárquico que pone a un segmento de la población contra otro”
(G.3.b); cf. CTCR, Guidelines for Crucial Issues in Christian Citizenship (1968), Sección Dos, VI,
En “Immigration: Citizens & Strangers” (11), Meilaender dice: “Somos llamados a reconocer
la imagen de Dios en cada ser humano, y debemos algo a cada persona simplemente en virtud
de su humanidad. Pero también tenemos relaciones particulares con algunas personas, hacia
las cuales tenemos responsabilidades especiales: hijos, hermanos, amigos y vecinos, conciu-
más abajo en la escala de prioridades. Sin embargo, también se puede argumentar que un extranjero que ha vivido suficiente tiempo en el país sin poder
acceder a la documentación apropiada ya no es más un extranjero cualquiera,
sino alguien que comparte el estilo de vida de los ciudadanos y residentes del
país y, por lo tanto, los ciudadanos deberían tener ahora obligaciones morales
hacia él.52 ¿Cómo puede, esa posición hacia ciertos inmigrantes, afectar, tanto
negativa como positivamente, el bienestar de los ciudadanos y de la sociedad?
En un mundo que dista mucho de ser perfecto, la ley civil (incluyendo la
ley de inmigración) nunca va a ser siempre equitativa y justa, o adecuada en
todos sus aspectos y para cada prójimo. Los cristianos que están comprometidos a obedecer por igual a las autoridades civiles van a diferir en su forma de
responder a leyes específicas de inmigración. En la búsqueda por cumplir las
demandas de la ley de Dios, que nos ordena obedecer a las autoridades civiles
y amar a nuestro prójimo (incluyendo al inmigrante), como pecadores que
somos inevitablemente vamos a fallar en ayudar o abogar por algún prójimo.
Dado que no podemos cumplir a la perfección la ley de Dios cada vez que cada
prójimo sufre, siempre vamos a necesitar confesar nuestros pecados, recibir el
perdón de Cristo, y esforzarnos por mejorar.
dadanos. Estas relaciones especiales determinan nuestras obligaciones potencialmente infinitas, y las hacen factibles.” First Things (Mayo 2007):10-12.
“Quienes han vivido en este país por un período largo, estableciendo familias y echando
raíces, en algún momento ya no pueden ser más vistos como extranjeros. De facto, si no de jure,
ya son uno de nosotros. Nuestras obligaciones para con ellos gradualmente comienzan a reflejar las que debemos a nuestros conciudadanos, siendo una básica el rehusarse a expulsarlos del
país. Diferentes condiciones—como el pago de impuestos atrasados o el ser fluido en inglés—
deberían ser parte de una propuesta de amnistía para subrayar la importancia del derecho de
estado y la necesidad de una genuina integración. Pero para quienes que ya son, nos guste
o no, miembros del pueblo estadounidense, nuestras obligaciones son tan sólidas como para
prohibir completamente la deportación.” Ibíd.
III. La vida en los dos Reinos de Dios:
Sobre la actividad de los cristianos como iglesia y como ciudadanos
Al tratar el tema de la inmigración ilegal, de la tensión inherente que existe
entre el cumplir los mandamientos de amar al extranjero en nuestro medio
más allá de su condición legal, y de someterse a las autoridades y sus leyes que
regulan el estatus legal de los inmigrantes, entre los cristianos surge una diversidad genuina de opiniones. Tal tensión también puede verse como un intento
de ser fiel al llamado de Dios de ser tanto ciudadano de la ciudad celestial (o
sea, un miembro fiel de la iglesia que apoya su misión) y un ciudadano de la
ciudad terrenal (o sea, un ciudadano o residente responsable que cumple la ley
civil). Las actitudes cristianas con respecto a la inmigración ilegal a menudo
están marcadas por un deseo genuino de vivir fielmente en los dos reinos o
gobiernos de Dios—a saber, el espiritual y el temporal.
La enseñanza con respecto a los dos reinos de Dios ocupa un lugar honorable en la catequesis luterana bíblica y confesional.53 Esta enseñanza trata
sobre la correcta distinción y relación entre la obra de Dios en el mundo a
través de la iglesia y a través del gobierno civil y, por lo tanto, también trata
sobre la actividad de los cristianos en el mundo como miembros de la iglesia y
como ciudadanos o residentes del país. Por lo tanto, sirve como un promisorio
marco interpretativo para tratar las preguntas acerca de qué forma podría
tomar, en el contexto contemporáneo, la respuesta luterana a los temas de
inmigración en general, y de inmigración ilegal en particular.
La doctrina de los dos reinos está basada en la suposición y reconocimiento que Dios quiere preservar su creación caída de dos formas
diferentes, para obtener dos objetivos también diferentes. Los confesores luteranos enseñan “la distinción entre el poder espiritual y el poder y la autoridad
temporales”, y que, “a causa del mandamiento de Dios, se deben honrar con
toda reverencia ambos poderes y autoridades y que deben estimarse como
los dos dones divinos más nobles en este mundo.”54 En el reino espiritual
(también conocido como el reino de la derecha), Dios preserva a su creación
caída perdonando a los pecadores a través de Cristo. Los confesores dicen: “De
acuerdo con el evangelio, el poder de las llaves o de los obispos es un poder y
mandato divino de predicar el evangelio, de perdonar y retener los pecados
y de distribuir y administrar los sacramentos.”55 Por lo tanto, Dios utiliza a
la iglesia y sus ministros para reconciliar a los pecadores consigo mismo a
través de la predicación del Evangelio y la administración de los sacramentos
(medios de gracia). El sacerdocio de todos los creyentes, que incluye a cada
Ver el tratado clásico de Martín Lutero: “La autoridad secular”, ODML 2:129-162; CA XVI y
Ap. XVI; FC, Ep. XII, 12-16 (LC, 537) y Decl. Sól. XII, 17-23 (LC, 692).
CA XXVIII, 4 (LC, 54).
CA XXVIII, 5-6 (LC, 54), (citando a Juan 20:21-23).
cristiano en el contexto de su vocación, también participa de “la conversación
y consolación mutua de los hermanos” cuando los cristianos comparten el
Evangelio entre ellos y con quienes están fuera de la comunidad de fe, cuando
las oportunidades se presentan.56
En el reino temporal (también conocido como el reino de la izquierda),
Dios preserva a su creación caída promoviendo la paz y la justicia en la
sociedad. A través de la “espada”, o la “autoridad secular”, Dios usa a los
servidores del gobierno para impedir que los pecadores cometan manifestaciones groseras del mal, y para premiar la buena conducta en la sociedad. Los
confesores dicen: “El poder temporal no protege el alma, sino que mediante la
espada y penas temporales, protege el cuerpo y los bienes contra la violencia
externa.”57 Bajo la autoridad temporal cada persona, y por supuesto cada cristiano, como residente o ciudadano, tiene el rol de obedecer a las autoridades
y cumplir con las leyes del país. Cada uno de nosotros también—y particularmente en el contexto actual de una democracia representativa en los Estados
Unidos, donde los gobernados tienen voz en el establecimiento de leyes a
través de sus oficiales gubernamentales elegidos—tenemos la oportunidad
y responsabilidad de trabajar dentro de nuestra vocación en particular por
la promoción, decreto y puesta en práctica de leyes que son buenas, justas y
Por lo tanto, la distinción entre “las dos autoridades: la espiritual y la
temporal”, debe ser mantenida para que ningún poder usurpe el deber
del otro.58 En el reino espiritual, la iglesia está involucrada en aquellas actividades centradas en el mensaje de justificación por gracia a través de la fe en
Cristo. La iglesia trata nuestra condición espiritual y relación delante de Dios
a través de la “palabra” del Evangelio. Por otro lado, en el reino temporal, el
gobierno civil se encarga de aquellas actividades que promueven la justicia,
la paz y el orden en la sociedad civil. El gobierno civil trata nuestra relación
y responsabilidades con los demás a través de la “espada”. Como miembros
de la iglesia y ciudadanos o residentes del país, los cristianos tratan de vivir y
trabajar fielmente en los dos reinos de Dios.
La distinción luterana entre los dos tipos de autoridad nos recuerda que
no debemos confundir las actividades y propósitos que Dios quiere lograr
a través de cada reino. Por un lado, la responsabilidad de la iglesia en el
gobierno espiritual no consiste en la formulación, decreto e implementación
“Volvamos a tratar sobre el evangelio que nos ofrece consejo y ayuda no sólo de una manera
única contra el pecado, pues Dios es superabundante en dar su gracia. Primero, por la palabra
oral, en la cual es predicada la remisión de los pecados en todo el mundo, lo cual constituye
el oficio propio del evangelio. En segundo término, mediante el bautismo. En tercer lugar, por
medio del santo sacramento del altar. En cuarto, por medio del poder de las llaves y también
por medio de la conversación y consolación mutua entre los hermanos”. Esmalcalda, Tercera
Parte, Sobre el Evangelio, p. 321.
CA XXVIII, 10 (LC, 54).
CA XXVIII, 11 (LC, 54).
y puesta en práctica de leyes de inmigración. Bajo el poder espiritual, la iglesia está llamada a proclamar el Evangelio y administrar los sacramentos de
acuerdo con la institución de Cristo.59 Por otro lado, la responsabilidad del
gobierno civil o de la autoridad temporal no consiste en la proclamación del
Evangelio, la administración de los sacramentos, o la promoción de las obras
de caridad que resultan del Evangelio. El gobierno puede decretar e implementar leyes sobre la inmigración ilegal, pero eso no enseña a la iglesia cómo
o si debe llevar su ministerio de la Palabra y Sacramentos a los inmigrantes
La confusión de los dos reinos sucede cuando la obediencia al gobierno
y a la ley civil con respecto a la situación legal de los inmigrantes interfiere
con la responsabilidad de la iglesia de proclamarles el Evangelio y de realizar
entre ellos las obras de caridad que fluyen del Evangelio, sin tener en cuenta su
estatus legal. Por ejemplo, un caso de dicha interferencia ocurriría si, hablando
hipotéticamente, la legislación civil penalizara con multas o hasta cárcel a los
cristianos laicos u obreros profesionales de la iglesia, por proclamar el Evangelio o por hacer obras de caridad entre inmigrantes indocumentados. De la
misma manera, una legislación civil, aplicación de la ley o regulaciones que
hipotéticamente prevengan a los fieles de hacer obras de caridad visitando a
personas en centros de detención de inmigración, también podrían ser vistas
como ejemplos de tal interferencia. En un escenario más realista, imaginemos
la oposición vocal pública a la inmigración ilegal por parte de un ciudadano
entusiasta, quien también es miembro de la congregación, en el contexto particular de actividades misionales auspiciadas por la iglesia en un vecindario
donde cada vez hay más inmigrantes. Esto puede ser visto como un ejemplo
de la interferencia descrita más arriba, ya que tal oposición muy probablemente se convertiría en un obstáculo para la proclamación del Evangelio en
la comunidad.60
Los dos reinos también se confunden cuando el celo de la iglesia por
proclamar el Evangelio entre las naciones en su medio interfiere con la responsabilidad del gobierno de regular y hacer cumplir las leyes de inmigración de
acuerdo a lo que es justo y razonable. Por ejemplo, los avances misionales y las
obras de caridad entre los inmigrantes que viven ilegalmente en los Estados
Unidos no deberían, por norma, evitar tratar de encontrar formas concretas
de ayudarles con su situación legal. En particular, los líderes del Sínodo, los
obreros de la iglesia y las congregaciones que identifican en las comunidades
“Por esta razón las dos autoridades, la espiritual y la temporal, no deben confundirse ni
mezclarse, pues el poder espiritual tiene su mandato de predicar el evangelio y de administrar
los sacramentos. Por lo tanto, no debe usurpar otras funciones; no debe poner ni deponer a los
reyes, no debe anular o socavar la ley civil y la obediencia al gobierno; no debe hacer ni prescribir a la autoridad temporal leyes relacionadas con asuntos profanos, tal como Cristo mismo dijo
[Juan 18:36]: ‘Mi reino no es de este mundo’.” CA XXVIII, 11-13 (LC, 54).
Leopoldo A. Sánchez M., “Misión e inmigración: Pedagogía para trabajar entre los inmigrantes,” Missio Apostolica 16/1 (2008): 72, 74.
de inmigrantes personas con potencial de líderes para servir en la iglesia,
deberían estar preparados para hacer todo lo que esté a su alcance para conseguirles la legalidad (por ejemplo, obtener o facilitar la obtención de una visa de
trabajador religioso). Tal inversión de tiempo, esfuerzo y recursos financieros
puede ser vista como un testimonio del amor sacrificial de la iglesia por el
extranjero. A la larga, probablemente también prevenga la invisibilidad y marginalidad de obreros inmigrantes en la iglesia y en la sociedad, manteniendo al
mismo tiempo la proclamación constante del Evangelio sin una posible interferencia de las autoridades civiles por causa de asuntos legales irresueltos.
Una forma relacionada de confusión de los dos reinos sucedería si una
iglesia da empleo, y por lo tanto salario, a un inmigrante indocumentado
basándose en que “digno es el obrero de su salario” (1 Tim. 5:18). Si bien bajo
el reino espiritual es posible que los inmigrantes sirvan como voluntarios en
las actividades de la iglesia—incluyendo tareas relacionadas con el ministerio
del Evangelio—sin tener una tarjeta verde o una visa especial que les permita
trabajar legalmente en los Estados Unidos, la ley laboral todavía es un área
regulada por el Estado. La iglesia, como entidad legal, debe adherirse a dichas
leyes y reglas del reino temporal.
La distinción luterana entre los dos reinos también nos recuerda que la
unidad de la iglesia está basada en y nutrida por el Evangelio y los Sacramentos. Esto significa que tal unidad no depende ni está determinada por una
posición particular en torno a la ley de inmigración actual.61Los desacuerdos
entre los cristianos con respecto a la ley civil no deben, en principio, impedir
que compartan la Cena del Señor.62 Tales desacuerdos surgen, en parte, de
las diferentes posturas acerca de hasta qué punto la ley de inmigración—ya
sea en su totalidad o, más a menudo, en ciertos aspectos—puede ser considerada justa y razonable. Algunos cristianos sienten que pueden obedecer
la ley actual con buena conciencia. Otros sienten que no lo pueden hacer. Si
bien todos los cristianos concuerdan en que, por norma, deben someterse a
las autoridades civiles en todas las cosas, algunos encuentran que hay ciertas
situaciones en las que creen que no pueden hacerlo “sin pecado”.63 Estos reconocen que “el mandato de la autoridad civil” a veces puede ir en contra de un
mandamiento divino.64 Dicho de otra manera, los cristianos pueden reconocer
que hay veces en que la legislación civil puede no estar de acuerdo con la ley
de Dios en algún aspecto.
Las respuestas entre los ciudadanos cristianos fieles ante tal incongruencia
varían desde expresar sus preocupaciones a través del poder del voto, hasta
actuar según su conciencia a través de formas temporales de desobedien-
Sánchez, “Los inmigrantes entre nosotros,” 58.
Sánchez, “Misión e inmigración,” 72, 74.
CA, XVI, 6-7 (LC, 33).
CA, XVI, 7 (LC, 33).
cia pacífica o no-violenta. Más allá de dramatizar las injusticias a través de
demostraciones públicas, algunos ciudadanos y residentes cristianos del país
pacientemente permiten que los inmigrantes que están en los Estados Unidos
ilegalmente, pero que no son malintencionados o que no presentan un peligro inminente para la sociedad, coexistan entre ellos hasta que la actual ley
de inmigración pueda tratar más adecuadamente la complejidad de algunas
situaciones particulares de las que surgen preguntas morales importantes.
Pensemos, por ejemplo, en los niños que, sin tener culpa alguna, fueron
traídos por sus padres a este país en forma ilegal, pero que el único país que
conocen como propio es los Estados Unidos. ¿Cómo debe tratar la sociedad a
estos prójimos a quienes la ley no da ninguna protección (por ejemplo, constantemente enfrentan la posibilidad de ser deportados, no tienen permiso para
trabajar), y sin embargo no tienen otra identidad que la de ser “americanos”
(es decir, “estadounidenses”)? Una cantidad de ciudadanos y residentes cristianos (y no cristianos) ha estado demostrando una gran medida de paciencia
hacia esos niños, esperando que aparezca algún remedio del gobierno civil.65
Es importante notar que los cristianos que, siendo fieles a sus conciencias
practican tales formas temporales de desobediencia o resistencia pacífica, no
están “a favor” de la inmigración ilegal, sino más bien “en contra” de ciertos
aspectos de la ley actual que creen no tratan justamente a sus prójimos inmigrantes. Más aún, sea que uno concuerde totalmente con el estado actual de
la ley de inmigración o no, los cristianos responsables en ambos lados del
debate deben también reconocer que tienen que vivir con, y asumir toda la
responsabilidad por el impacto de las decisiones y las acciones que toman en
las vidas de las personas. Esto incluye especialmente, pero no exclusivamente,
consecuencias para los inmigrantes y sus familias (por ejemplo, en algunos
casos una deportación puede dividir una familia o poner en riesgo la vida de
La distinción luterana entre los dos reinos nos recuerda que los desacuerdos entre los cristianos sobre la ley de inmigración no deberían infringir en la
unidad que tienen en Cristo que sólo los medios de gracia dan y preservan.
Una vez más, entonces, podemos reconocer libremente que, entre los luteranos que sinceramente quieren ser caritativos con sus prójimos inmigrantes a la
vez que desean obedecer la autoridad civil, puede haber un espectro razonable
En el momento de publicar el presente documento, hay un remedio disponible. El 15 de
agosto del 2012, el U.S Citizenship and Immigration Services (USCIS) comenzó a aceptar solicitudes para “Consideración de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia”, que permite
que ciertos niños, que vinieron a los Estados Unidos antes de tener 16 años, soliciten una extensión o cese de deportación. El razonamiento para esta acción diferida del USCIS es que desea
“concentrar sus recursos en remover a los individuos que plantean un peligro a la seguridad
nacional o un riesgo a la seguridad pública”, y no “en casos de baja prioridad como los individuos que vinieron a los Estados Unidos como niños y cumplen con otros requerimientos.” En
línea: http://www.uscis.gov/portal/site/uscis-es/menuitem.e693c9cf3c2f7d18d52fae1074a19
1a0/?vgnextoid=1df868d1cd508310VgnVCM100000082ca60aRCRD&vgnextchannel=1df868d
1cd508310VgnVCM100000082ca60aRCRD
de opiniones y diferentes posiciones con respecto a lo que es—y lo que no es—
justo, bueno, razonable, ordenado, y promotor de la paz para la sociedad enla
ley actual de inmigración.66Los cristianos deben comportarse civilmente
al tratar los asuntos que pertenecen al estado de la ley civil, de tal forma que
sus palabras no se conviertan en causa de división y conflicto dentro de la
Hay espacio para que los cristianos que discrepan entre ellos hablen
libremente el uno con el otro en amor y con respeto sobre los puntos civiles
difíciles y complejos, sin miedo de perder la justificación delante de Dios a
través de la fe en Jesucristo que establece sólo el Evangelio aparte de nuestras
acciones y elecciones. Un cristiano que actúa de buena conciencia de acuerdo
a su vocación dada por Dios en el reino temporal, lo hace de acuerdo con la
ley de Dios y, más aún, puede ser salvo en el reino espiritual sin que su justificación delante de Dios dependa del cumplimiento de la ley.67 Por lo tanto,
los cristianos deben ejercer sus vocaciones en el reino de la izquierda con
alegría y responsabilidad, sin temer perder su salvación en Cristo, que es un
don del Evangelio. Podemos discordar vehementemente en temas del reino de
la izquierda, e incluso criticar por sus acciones a nuestros propios hermanos
que ocupan puestos en el gobierno, pero debemos tener cuidado de no condenar a los cristianos cuando ejercitan su vocación por el bien de su prójimo.
También es cierto que los cristianos no deben tratar de usar su libertad
en el Evangelio para opinar irresponsablemente o mantener una posición
absoluta sobre tal o cual ley sólo en nombre de esa libertad. Al contrario, los
cristianos deben utilizar su libertad para servir a los demás y para el bien de
sus prójimos. Los cristianos deben reconocer que sus opiniones sobre las leyes
pueden tener consecuencias para personas reales: sus prójimos. Por lo tanto,
no deben tomar decisiones sobre leyes civiles que afecten a otros, sin antes
evaluar cuidadosa y responsablemente lo que ellas podrán significar para
prójimos concretos.
Los dos reinos deben ser distinguidos y no confundidos, pero entre ellos
existe una relación. Si bien el estado no debe restringir la proclamación del
Evangelio y el cuidado pastoral a todas las personas más allá de su condición
legal por parte de la iglesia, el gobierno sí tiene un rol en regular la obra de
la iglesia como institución en el reino de la izquierda. Por ejemplo, como ya
se ha mencionado antes, bajo la ley civil la iglesia no puede emplear y pagar
salario a un obrero indocumentado. De manera similar, mientras que la iglesia no legisla o le dice al gobierno civil exactamente cómo legislar, se puede
argumentar que los cristianos como iglesia, ya sea en forma individual o corporativa, como parte de su obligación de enseñar la ley (por ejemplo, lo que es
Los confesores enseñan que el cristiano que ejercita un puesto bajo el gobierno civil hace
una tarea que agrada a Dios, y puede hacerlo “con conciencia limpia e ilesa”. FC, Decl. Sól. XII,
17-18 (LC, 692).
agradable a Dios de acuerdo a su voluntad revelada) cuando el gobierno no
actúa de manera justa, pueden tener algún rol en señalar el pecado y la injusticia a las autoridades civiles.68 Pero, ¿cómo y cuándo debe la iglesia cumplir con
La LCMS ha señalado oficialmente que el aborto es un pecado, pues constituye un caso claro en el cual una práctica moral protegida por la ley civil es
contraria a la ley de Dios (más específicamente el quinto mandamiento). No
sólo como individuos, sino también como cuerpo eclesiástico (y por lo tanto
corporativamente), el Sínodo ha señalado que el aborto es un pecado, dando
así su posición oficial al respecto.69 Pero, ¿cómo y cuándo se puede hacer lo
mismo en el caso de la ley de inmigración? ¿Podría o debería ser hecho públicamente como Sínodo en el caso de ciertas leyes de inmigración? ¿O sería
mejor que la LCMS, quizás de manera más humilde, presente los problemas y
ofrezca las herramientas necesarias para su análisis e interpretación desde una
perspectiva luterana, ayudando así a discernir cuáles son los marcos y límites
teológicos que han de considerarse en la toma responsable de decisiones por
parte de cada cristiano?
Esta última estrategia permitiría que los cristianos individuales tomaran
sus propias decisiones a conciencia con alguna guía de la iglesia como Sínodo,
con respecto a lo que es justo y razonable cuando no hay un claro consenso
entre los cristianos respecto a la falla moral de ciertos aspectos de la ley de
inmigración. Tradicionalmente, la LCMS ha optado por este camino más privado e individual en temas sociales y políticos, donde no es fácil establecer de
manera contundente lo que es pecado o no. Esta estrategia tiene la intención
de enseñar no con un mandato directo e irrefutable, sino a través de pautas y
principios bíblicos y teológicos sobre los cuales el cristiano debe reflexionar, y
que debe contextualizar la situación.70 También da espacio para que los cristianos, especialmente como ciudadanos y residentes del país, discrepen y traten
“Incluso al concordar, por ejemplo, en que la iglesia no tiene una responsabilidad basada
en el Evangelio de promover la transformación del reino civil, teólogos luteranos y cuerpos
eclesiásticos han discrepado sobre si la iglesia corporativa (y no sólo el cristiano individual)
tiene la responsabilidad basada en la Ley de enseñar al Estado principio éticos. Los teólogos y
los cuerpos eclesiásticos también han discrepado en cuanto a los medios más prudentes y efectivos por los cuales la iglesia pueda en realidad enseñar tales principios éticos en una sociedad
pluralista y democrática.” CTCR, Render Unto Caesar…and unto God: A Lutheran View of Church
and State (1994), 53.
La resolución más reciente de la LCMS que reitera esto (y que utiliza la palabra “pecado”)
es la Res. 6-02A, “To Reiterate Synod’s Stance on Abortion” (2001). Ver “Abortion,” en This We
Believe, 1.
CTCR, Render Unto Caesar…and unto God, 51-52. Para ilustrar la “postura luterana más
tradicional”, el documento cita un “catecismo” de 1983 sobre la propuesta de legislación de
crédito a los impuestos sobre los estudios: “En otros casos pueden surgir preguntas sensibles
para debate público para las cuales la Palabra de Dios provee menos guía todavía… En estos
casos puede ser bueno que el Sínodo, a la vez de reconocer que cristianos luteranos igualmente
comprometidos a seguir la voluntad de Dios revelada en la Sagrada Escritura pueden llegar a
diferentes conclusiones, mantenga informados a sus miembros y les ofrezca una guía que les
ayude a determinar sus posiciones” (p. 51).
de persuadirse entre ellos con respecto a los asuntos del reino de la izquierda a
través de uso de la razón. Más aún, llama a todas las partes al arrepentimiento
cuando sus posturas están motivadas por propósitos malos o egoístas, y evita
que el cristiano sienta que su justificación ante Dios depende de su concordancia general o específica con la ley de inmigración.
IV. ¿Quién es mi prójimo?
El lugar de la vocación del cristiano en el debate sobre la inmigración
¿Qué significa cumplir la ley de Dios? Los cristianos conocen la ley de
Dios como los Diez Mandamientos. Pero, ¿cómo se cumple o se aplica el
Decálogo en sus vidas cotidianas? Esta pregunta es algo abstracta hasta que
miramos más de cerca a las vocaciones concretas que Dios nos ha dado, y a
los prójimos o grupos de prójimos específicos que Dios ha puesto en nuestras
vidas.71 La vocación es el llamado que Dios le hace a cada cristiano a cumplir
su ley sirviendo a algún prójimo(s) a través del ejercicio de ciertas tareas y
responsabilidades. Cuando un cristiano sirve a su prójimo en el contexto
de la vocación o “estado de vida” que Dios le ha dado, está concretamente
cumpliendo el “mandamiento del amor” de Dios y, por lo tanto, su voluntad
de que amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos.72 Dado que los
cristianos se relacionan con muchos prójimos, típicamente tienen más de una
vocación. Por lo tanto, también tienen más de un prójimo a quien asistir en
Tener una vocación no es un accidente sino un propósito creado por Dios
para nosotros. Las vocaciones pueden ser comprendidas correctamente como
parte del orden de la creación de Dios. Las vocaciones derivan, de una u otra
forma, del mandamiento e institución de Dios del trabajo como parte de su
creación. Incluso antes de la caída en pecado Dios creó al hombre para que
cuidara y cultivara el jardín (Gn. 2:15). A pesar que después de la caída el
trabajo a menudo se ve y se siente como una maldición divina (cf. Gn. 3:1719), los cristianos no deben perder de vista que el trabajo es, en realidad, un
medio temporal instituido por el Creador a través del cual él bendice, provee,
protege, y sostiene su creación.73 “El trabajo es la ‘máscara’ detrás de la cual
el Dios escondido hace todo y da a los hombres todo lo que necesitan para
Esta sección desarrolla un argumento hecho por Leopoldo A. Sánchez M. en: “Arizona
Neighbor On My Mind” (El prójimo de Arizona en mi mente), ConcordiaTheology.Org (Mayo
3, 2010). En línea: http://concordiatheology.org/2010/05/arizona-neighbor-on-my-mind. Para
una explicación del término “vocación”, según es utilizado en este informe, ver el Apéndice II.
“Este mandamiento de amar, válido en todo lugar para todas las personas, se vuelve específico para nosotros como individuos en el contexto del estado de vida en el cual Dios nos ha
puesto. A través de nuestro estado de vida somos puestos en una relación definida y particular
con los demás. Y nuestra obligación de servirnos mutuamente, por lo tanto, toma una forma
muy específica.” Paul Althaus, The Ethics of Martin Luther (Minneapolis: Fortress, 1972), 36.
“El mundo sólo ve la carga tediosa del trabajo y, por lo tanto, le huye y lo rechaza. Hacer eso,
sin embargo, significa mirar al trabajo con los ‘ojos de la carne’ que sólo pueden ver el esfuerzo
y los problemas del trabajo… Sin embargo, los cristianos ven el trabajo con los ojos del Espíritu
Santo… Dios ha endulzado la amargura del trabajo con la miel de buen agrado y la promesa
de su bendición… Por lo tanto el trabajo, si bien está bajo una maldición, también está bajo la
bendición de Dios.” Ibíd., 102.
vivir.”74 Dios ha provisto al mundo con trabajadores y gobernantes de todo tipo
quienes, a través de su labor, contribuyen al bienestar de muchos prójimos.75
Más aún, Dios creó al hombre y a la mujer a su propia imagen y, por lo
tanto, en perfecta justicia—esto es, para vivir en una relación recta ante Dios
y ante los otros seres humanos. Si bien decimos que nuestra relación con Dios
después de la caída ha sido corrompida por el pecado, debemos recordar que,
desde el principio, Dios ha deseado vivir en comunión con sus criaturas y—en
vez de destruir su creación caída—elige restaurarla a través de la obra redentora de Cristo y de la proclamación del Evangelio por parte de la iglesia en la
tierra a través de la guía del Espíritu Santo. Dios instituyó la iglesia ya desde el
principio al crear a nuestros primeros padres para que vivieran en comunión
con él en el Jardín. Luego de la caída, él se encarga de restaurar la comunión de
sus criaturas con él a través de Cristo. Dios ha provisto al mundo con la iglesia,
sus ministros y miembros, para proclamar el Evangelio de redención en Cristo
y, así, contribuir al bienestar espiritual de muchos prójimos.
Dios nos creó para vivir en justicia entre nosotros. Adán y Eva, nuestros
primeros padres, no fueron creados sólo para vivir como seres aislados y tratar
de saciar sus propias necesidades y deseos individuales. Al contrario, Dios
creó al hombre y a la mujer el uno para el otro, para que se cuiden y apoyen
mutuamente en el contexto de la unión matrimonial. En este mundo caído,
en donde las personas a menudo hablan de los desafíos, fracasos e inconveniencias del matrimonio y la vida familiar, los cristianos somos llamados a
recordar que Dios instituyó el matrimonio, y por lo tanto la familia, como un
medio para bendecir, cuidar y proteger su creación.76 Los padres proveen para
las necesidades temporales y espirituales de los niños. El hogar cristiano es el
primer lugar donde los niños aprenden de sus padres el valor del trabajo, del
matrimonio, de la autoridad y de la Palabra de Dios. Es la primera economía,
gobierno, e iglesia.
Dios ya instituyó el gobierno secular “en el paraíso” con el mandato de
gobernar la tierra. El gobierno está basado en la realidad que, como resultado
de la institución del matrimonio, “la vida terrenal requiere de relaciones en las
cuales algunos son superiores y otros son dependientes, en las cuales algunos
Ibíd., 101. “En vez de venir en majestad descubierta cuando le da un don a un hombre, Dios
se pone una máscara en la cara. Se viste de hombre común que realiza su obra en la tierra. Los
seres humanos deben trabajar ‘cada uno de acuerdo a su vocación y oficio’; a través de esto sirven como máscaras, detrás de las cuales Dios puede ocultarse para repartir sus dones.” Gustaf
Wingren, Luther on Vocation (Evansville, Indiana: Ballast Press, 1994), 138 (cf. 123-143).
“Quien no trabaja es un ladrón que roba a su prójimo de dos maneras. Primero, permite que
otros trabajen para él y se nutre de su ‘sangre y sudor’. Segundo, retiene lo que debería darle a su
prójimo.”Althaus, The Ethics of Martin Luther, 102 (itálicas agregadas).
“En la tierra, y en relación a su prójimo, él [el hombre] ocupa un ‘puesto’; allí el punto principal es que la creación es sustentada; por ejemplo: que los niños reciben alimento, vestido y cuidado. Dios efectúa esta obra de amor en la tierra a través de ‘órdenes’—el orden del matrimonio,
de maestro y alumnos, del gobierno, etc.” Wingren, Luther on Vocation, 6-7.
mandan y otros obedecen.”77 Por lo tanto, el gobierno secular, hablando en
forma general, incluye “el matrimonio, el hogar, la propiedad, la relación entre
el amo y el sirviente”, incluso si, luego de la caída, el gobierno secular es definido más estrictamente como el medio que Dios utiliza para aplacar el pecado
externo a través de la “espada” empuñada por las autoridades políticas.78
En resumen, todas las vocaciones, estados de vida y oficios a través de
los cuales nos relacionamos y servimos a nuestro prójimo en el mundo actual,
derivan del diseño y la palabra de Dios.79 Ser una criatura significa tener vocaciones y prójimos a quienes cuidar. Pero, ¿quién es mi prójimo? Sin lugar a
dudas, mi prójimo es cualquiera que necesita mi ayuda. Sin embargo, si todas
las personas son mi prójimo en forma general, corro el riesgo de que ninguno
sea mi prójimo en forma concreta. Cuando se habla de los inmigrantes que
están en los Estados Unidos ilegalmente, uno debe recordar que cada persona
tiene una historia y experiencia diferente.80 Algunos son víctimas del tráfico
de personas.81 Algunos no tienen condición legal debido a la violencia y
explotación de otros. Muchos entraron legalmente a los Estados Unidos pero
se quedaron más tiempo del permitido por sus visas por diferentes razones,
incluyendo situaciones de reunificación de familia, miedo de persecución, o
el deseo de proveer a sus hijos una vida más digna. También debemos admitir
que un cierto número ha venido o se ha quedado en este país para cometer
actos criminales. La inmigración no plantea un problema acerca de la ley en
un sentido general, sino acerca de las personas que son nuestros prójimos.
Dicho de otra manera, la vocación nos permite poner un rostro humano en los
debates sobre la ley en general, y la ley migratoria en particular.
Así como la enseñanza luterana sobre la vocación evita la idea de que
la ley puede ser cumplida abstractamente sin tener a un prójimo concreto
en mente, esta enseñanza también nos ayuda a evitar el peligro de pensar
en nuestro prójimo como un objeto abstracto, dirigiéndonos a abogar por
prójimos específicos en sus situaciones particulares y dentro de un contexto
Althaus, The Ethics of Martin Luther, 48.
Ibíd., 47-48.
“Dios ha establecido estados entre los hombres—Lutero también habla de órdenes, instituciones, oficios o jerarquías. En la vida hay muchos y variados estados, ya que ‘Dios es un
gran señor y tiene muchos siervos buenos’… A veces Lutero los resume en tres estados básicos: ministerio, matrimonio (o la familia, incluyendo todo lo relacionado a los negocios y la
economía), y autoridad secular… Todos estos son ‘estados y órdenes divinos’ porque Dios los
ha establecido en su Palabra, y deben ser honrados como instituciones sagradas.” Ibíd., 36-37.
SRIC dice: “Millones de personas indocumentadas han venido a los Estados Unidos por
variadas razones. Han venido escapando de diversas formas de opresión, incluyendo la pobreza extrema y el hambre. Han venido para proveer para sus seres queridos. Han venido para
terminar de vivir separados de sus seres queridos. Han venido ilegalmente porque se han dado
cuenta que la vía legal es casi imposible de manejar. Han venido porque aquí pueden trabajar y
encontrar dignidad en su labor. Reconocemos también que, un pequeño porcentaje, ha venido
por razones maléficas.”
Ver Res. 6-07A “To Support Efforts to End Human Trafficking/Slavery”, en The Lutheran
Church—Missouri Synod, Convention Proceedings (2010), 144.
de servicio real, desde un oficio o estado concreto en la vida. Cuando se trata
del debate sobre inmigración, el argumento crítico no es si uno está a favor
o en contra de la inmigración “ilegal”. Todo lo que es “ilegal” de acuerdo a
tal o cual ley actual es, estrictamente hablando, “ilegal”. Aquí no hay ningún
argumento. Los desacuerdos sobre la ley civil tienen que ver, en cambio, con
si la ley de inmigración, ya sea en forma general o en ciertos aspectos, trata
en forma adecuada, buena, justa, o razonable, a ciertos prójimos o grupos de
prójimos. Por lo tanto, es natural que las respuestas particulares a la inmigración ilegal vayan a depender, nos demos cuenta o no, de nuestras prioridades
vocacionales y de los prójimos correspondientes a quienes somos llamados a
defender, y por quienes abogamos.
La vocación nos permite argumentar firme y persuasivamente por ciertos
prójimos, y nos alienta a defender a las personas a quienes debemos servir. Por
ejemplo, el gobernador de un estado puede decir, como oficial de la ley en el
reino de la izquierda que, con el fin de proteger a los residentes—por quienes
él es responsable—contra ciertos problemas como violencia, secuestros, tráfico
humano, y otros crímenes, va a poner en práctica medidas más fuertes contra
los inmigrantes que viven en su estado en forma ilegal. Al hacer esto, el oficial
cumple con su obligación desde una vocación en particular—en este caso,
abogando por la seguridad y calidad de vida de los residentes de su estado.
Con respecto a la puesta en práctica de la ley, los agentes de control de la frontera también cumplen sus vocaciones al detener a los inmigrantes que quieren
cruzar a los Estados Unidos sin tener visa. Esa es la principal tarea a través
de la cual esos agentes promueven la seguridad nacional en nombre de los
ciudadanos del país—sus prójimos. Dado que son muchos los prójimos que
merecen nuestra atención, la vocación define quién es mi prójimo más cercano,
cuál de sus necesidades debería atender primero, y cómo hacerlo.
Cuando debatimos sobre la obligación de amar a nuestro prójimo en las
complejidades de la vida diaria, a menudo se produce una tensión significativa. Porque así como somos llamados a “hacer el bien a todos”, también se
nos alienta a hacer el bien mayormente a “los de la familia de la fe” (Gál. 6:10).
Nuestro Señor reprendió a los fariseos por su “ética” retorcida que resultaba
en la negligencia de miembros de la familia en nombre de algún grupo de prioridades religiosas (Mc. 7:10-12). Tales referencias nos recuerdan que el amor
por nuestro prójimo siempre involucra personas específicas, y que nuestro
Señor espera que el amor por nuestro prójimo comience en nuestras familias
y entre los otros prójimos que están más cerca de nosotros. Por lo tanto, que
el padre no se atreva a descuidar el amor por su familia en nombre del amor
por otros que están más alejados. De la misma manera, es adecuado que una
comunidad cristiana dé prioridad a los prójimos en su medio, como dice Pablo
en Gálatas 6. Y, siguiendo este mismo principio, es moralmente adecuado que
las entidades civiles y las autoridades gobernantes den prioridad al bienestar
de sus ciudadanos.82
Peter C. Meilaender ha enfatizado el tema de la proximidad como un factor importante en
el debate migratorio. Ver “Immigration: Citizens and Strangers”, 10-12.
Al mismo tiempo, esta preocupación por el “prójimo más cercano” no
da permiso para negar que la persona que está más alejada sea mi prójimo.
Cuando el abogado en la parábola del buen samaritano pregunta: “¿quién es
mi prójimo?”, está tratando de “desviar de él la atención” para evitar el mandamiento de amar. Su pregunta “implica que hay algunas personas que no son
mi prójimo”. Pero tal conclusión no es permitida por el Señor, cuyo ministerio
muestra que “absolutamente ninguna persona está excluida de su amor” (ver
Mt. 5:43-44).83 Mientras que ningún cristiano es capaz de hacer el bien en igual
medida a cada prójimo, nunca deberíamos asumir que Dios nos haría excluir
a alguien de recibir el amor de prójimo al que hemos sido llamados a darle.
Inevitablemente, en un mundo que dista mucho de ser perfecto, abogar
por un prójimo también puede significar no defender a otro prójimo. Por lo
tanto, no debería sorprendernos que haya ciudadanos y residentes conscientes
y justos que vayan a abogar por inmigrantes dedicados a sus trabajos cuya
condición legal es cuestionable o difícil de regularizar pero que, a través de los
años, han contribuido a la vitalidad económica del país, y cuyos hijos nacieron
o fueron criados en este país y no conocen otro país que no sea esta tierra de
libertad y oportunidad, y cuyas familias son un complejo conglomerado de
ciudadanos, residentes y extranjeros indocumentados, todos viviendo bajo un
mismo techo. Hablando en forma generalizada, quienes los defiendan seguramente presentarán iniciativas en pro de programas de visas de trabajo, una
implementación más humana o justa de las leyes de inmigración, protección
y acceso a la educación pública para los hijos de extranjeros indocumentados,
unificación de familias, y formas de obtener la legalización. Tales defensores
del prójimo inmigrante incluyen, pero no están limitados, a familiares y amigos de los indocumentados, abogados de inmigración pro bono, activistas
de derechos humanos, cristianos y obreros eclesiásticos que trabajan muy de
cerca o exclusivamente con inmigrantes, así como también otros grupos o instituciones de más alcance como Lutheran Immigration and Refugee Services
(LIRS).84
En un mundo pecador, donde hay tantas cosas que demandan nuestra
atención y tantas clases de prójimos que piden nuestra ayuda, es inevitable
que haya una cierta medida de conflicto. Nuestros prójimos—en un sentido
bueno y real—son las cargas y cruces que debemos cargar. Dios nos ha dado
a nuestros prójimos. Es correcto, entonces, que debatamos sobre a quién debemos servir primero, y cómo hacemos para servirles mejor.85 No podemos evadir
Arthur A. Just, Jr. Luke 9:51-24:53 (St. Louis: Concordia Publishing House, 1997), 451-452.
Aquí hablamos de defensa en el sentido amplio de promover el bienestar de los inmigrantes
a través de diversos medios. Cuando se la define más específicamente como un medio para
lograr un cambio sistémico en la ley migratoria, defensa representa sólo un 1% o menos de los
servicios ofrecidos por LIRS. LIRS es un ministerio o servicio social motivado por la fe luterana,
cuya misión es proteger refugiados y emigrantes en riesgo, y asistir con su reasentamiento en
Sánchez, “Misión e inmigración,” 71, 73. Con respecto a este tema, pero ya fuera del alcance
de este documento, se podrían hacer otras preguntas, como la responsabilidad del gobierno
esa intención divina fundamental para nuestras vidas. Es parte de ser creaturas, de estar unidos o relacionados con las personas específicas que Dios nos
ha dado para que sirvamos. Al tomar decisiones por tal o cual prójimo en el
contexto de las vocaciones que Dios nos ha dado, a veces los cristianos vamos
a experimentar una cierta medida de ambigüedad, y encontrar un cierto nivel
de paradoja.
Tal paradoja surge cuando un cristiano considera su oficio, donde el prójimo a quien ha sido llamado a servir desde un estado particular en su vida
depende de él, en relación a su propia relación individual o privada como
cristiano hacia algún otro prójimo. Este estado paradójico de existencia en
la vida del cristiano implica que “se debe hacer una distinción entre por un
lado actuar (y sufrir) por mí mismo en una relación privada con mi prójimo, y
actuar (y sufrir) en mi oficio, esto es, en la responsabilidad por otros inherente
a mi estado.”86 Como cristiano individual, por ejemplo, “en lo que respecta a ti
y lo tuyo” quizás en privado ponga la otra mejilla y hasta sufra personalmente
alguna injusticia a manos de un prójimo. 87 Dicho en forma positiva, como
cristiano individual en forma privada puedo ser capaz, en caso de necesidad,
de asistir hasta a mis propios enemigos.88 Sin embargo, cuando soy llamado a
un oficio y vocación específico para cuidar de ciertos prójimos en particular,
ya no puedo actuar más como individuo, sino que debo dar prioridad y salir
a la defensa de esos prójimos a los cuales fui llamado a defender en mi oficio
y estado. En tal situación, ya no puedo simplemente “poner la otra mejilla” o
ayudar a mis enemigos, si ello significa que esos prójimos a quienes he sido
para con sus ciudadanos, la responsabilidad del inmigrante de obedecer a las autoridades
gobernantes en su nuevo país así como en su país de origen, etc.
Althaus, The Ethics of Martin Luther, 68. Lutero escribe: Lutero escribe: “El cristiano debe
ser de tal naturaleza que sufra todo mal e injusticia; que no tome venganza; que tampoco se
proteja por medio de los tribunales, sino que en todas las cosas no necesite de la autoridad y
del derecho seculares para sí mismo. Mas para otros puede buscar venganza, derecho, amparo
y auxilio, y debe ayudar en cuanto pueda” (itálicas agregadas). Ver “La autoridad secular”,
ODML 2:142; Lohse habla de la distinción entre el cristiano como una “persona cristiana”, y
como una “persona mundana”. “Para aclarar la doble obligación del cristiano, [Lutero] habló
del cristiano como ‘dos personas’: una persona cristiana y una persona del mundo.” Bernard
Lohse, Martin Luther’s Theology: Its Historical and Systematic Development (Minneapolis: Fortress,
1999), 321.
Comentando sobre las palabras de Cristo “no resistas al mal” (Mt. 5), Lutero muestra la
tensión que existe al dar “satisfacción simultáneamente al reino de Dios y al reino del mundo,
externa e internamente”, como sigue: “Porque con lo uno cuidas de ti y de lo tuyo, y con lo otro,
al prójimo y lo suyo. En lo que respecta a ti y lo tuyo, te atienes al evangelio y sufres injusticia
como buen cristiano. En cuanto al otro y a lo suyo, te riges por el amor y no toleras injusticia
contra el prójimo”. Ver “La autoridad secular” ODML 2:138. 88
“Como cristiano, cuando se trata de su bienestar personal, éste no busca otra cosa que servir
a su prójimo, incluso si su prójimo es su enemigo. Está preparado a sufrir injusticia sin protegerse ni resistir al malo, sin buscar ayuda de las autoridades y del poder judicial, sin buscar
venganza…” Althaus, The Ethics of Martin Luther, 69.
llamado a servir en mi oficio van a sufrir como resultado de mis decisiones y
acciones individuales o privadas.89
Apliquemos más aún la distinción entre el cristiano que actúa como
individuo y el cristiano que actúa en un puesto u oficio particular. Pensemos,
por ejemplo, en un agente fronterizo. Como cristiano individual, tal agente
puede no estar de acuerdo con la ley migratoria actual y considerar injusto
al sistema actual porque le puede parecer que no toma en consideración las
necesidades económicas y las demandas de trabajo que tienen los más pobres
en los Estados Unidos. Como cristiano individual, tal agente puede también
mostrar compasión al inmigrante que viene a los Estados Unidos en forma
ilegal y ayudarle en sus necesidades básicas, incluyendo a veces el proveerle
protección de los “coyotes” y otros que puedan querer hacerle daño. Como
cristiano individual, actuando fuera de su trabajo u oficio particular, quizás
también comparta el Evangelio con inmigrantes—estén aquí en forma legal
o ilegal—en su vecindario y provea para sus necesidades a través de los programas de caridad de su congregación en la comunidad. Y sin embargo, en su
vocación como agente de control de frontera en el reino de la izquierda, está
obligado a parar el cruce de la frontera hacia los Estados Unidos hasta del
prójimo más necesitado que busca una vida mejor para sus hijos. Al hacerlo, el
agente fronterizo pone a su oficio, y el prójimo a quien ha sido llamado a servir
a través de ese oficio, por encima de sus relaciones personales o privadas con
ciertos prójimos inmigrantes.
Del otro lado de la frontera, consideremos a un padre mexicano que, además de vivir en un vecindario donde los narcotraficantes son una amenaza
en el diario vivir, ha tratado desesperadamente, sin suerte, de encontrar un
trabajo decente en su país. Como cristiano, más allá del llamado particular que
Dios le ha hecho como esposo y padre, puede estar dispuesto a sufrir hambre,
ansiedad y muerte—o sea, de “poner la otra mejilla”, y sufrir la injusticia a
manos de algún prójimo, confiando en la liberación final que Dios le dará. Sin
embargo, en su vocación recibida de Dios como esposo y padre, el hombre
debe defender y proveer por su esposa e hijos. Por lo tanto, lo que una persona
puede estar dispuesta a sufrir como individuo, es diferente de lo que ha sido
llamada a hacer por el bien de otros cuyo sufrimiento ha sido llamada a aliviar.
Por ejemplo, aun cuando el esposo y padre sabe que cruzar la frontera sin la
visa adecuada es un acto ilegal, y que al hacerlo puede afectar a otros prójimos, su vocación de padre puede llevarlo a elegir cruzar a los Estados Unidos
para encontrar seguridad, trabajo y paz para sus seres queridos, simplemente
porque tiene la obligación de cuidar de aquéllos a quienes Dios ha puesto en
“Sin embargo, como persona secular, cumpliendo con su tarea de proteger a quienes fueron
confiados a su cuidado, y actuando en asuntos que afectan el bienestar de su prójimo, debe, en
todas las circunstancias, cumplir con su obligación de protegerles, oponerse al mal, frenarlo,
castigarlo, y utilizar la fuerza para resistirlo.” Ibíd.
A pesar que uno no puede tratar de cumplir la ley de Dios en un sentido
abstracto sin tener en mente a un prójimo concreto, Lutero también nos enseña
que la ley de Dios está por encima de tal o cual vocación, trabajo, oficio y prójimo en particular.90 Esto agrega otra capa de complejidad al debate migratorio
y evita que tomemos una postura exclusivista con respecto a nuestra vocación
y oficio que convenientemente deje afuera algunos prójimos importantes que
no caben dentro de nuestros estados. Sin lugar a dudas, a pesar de la distinción antes hecha entre el cristiano que actúa por sí mismo y el cristiano que
actúa desde su oficio, los cristianos siempre deben buscar la forma, en tanto
y en cuanto sea posible, de tratar con el prójimo sufriente aun cuando éste se
encuentre fuera del ámbito de su vocación particular.
Si bien uno debe luchar por cierto prójimo en particular, uno no puede
utilizar esa lucha para justificar el dejar a otro prójimo sufriendo. Desafortunadamente, la vocación puede ser practicada de tal forma que algunos
prójimos quedan automáticamente excluidos. Sin embargo, la ley de Dios nos
llama a servir a cada prójimo—incluyendo a nuestros enemigos—cuando se
presenta la oportunidad (Lc. 6:27-28). ¡Qué gran llamado! Da que pensar que
Dios demande tanto de nosotros. Por un lado, debemos alegrarnos en nuestras
vocaciones y asistir primero a los prójimos a quienes hemos sido llamados a
servir. Por otro lado, cuando surge la oportunidad de servirles, debemos tener
en mente las necesidades de todos nuestros prójimos—incluso de aquellos
que viven entre nosotros sin documentación legal. Debemos estar prontos a
servirles, y no podemos usar la vocación como una excusa para no hacerlo.
Algunos cristianos, que no pueden hacerlo desde su oficio en particular (por
ejemplo, el agente de frontera anteriormente mencionado), lo hacen en forma
individual. Otros cristianos, cuya primera vocación los pone en una posición
en la cual están llamados a cuidar de sus prójimos inmigrantes, también van
a poder ofrecer tal servicio desde su oficio en particular (por ejemplo, un abogado de inmigración pro-bono).
En el debate migratorio también debemos hablar sobre la necesidad de
servir a los prójimos más necesitados y vulnerables en nuestro medio al decidir a cuál “prójimo” servir primero. Los inmigrantes se encuentran entre los
prójimos más pobres y más vulnerables de todos. La prioridad de amar al más
necesitado debe ser seriamente considerada.91 Habiendo dicho esto, algunos
“El ‘orden común del amor cristiano’ está por encima de ‘los estados’. Al mismo tiempo,
sólo los llamados a una vocación particular son responsables por las obras especiales de esa
vocación. Las mismas obras no son requeridas para todos; más bien, cada uno tiene diferentes
obras de acuerdo con su estado y vocación. Sin embargo, todos son igualmente llamados a
amar de la misma manera; a través del amor, ‘uno sirve no sólo los tres órdenes, sino también a
cada persona necesitada en general, con toda clase de buenas obras.’ Por lo tanto, el servicio del
cristiano para con su prójimo va mucho más allá de las obligaciones regulares de su vocación…
La ética de Lutero es una ética de estado y vocación, pero no en un sentido exclusivo.” Althaus,
The Ethics of Martin Luther, 40-41.
La prioridad de amar al más necesitado no debería confundirse con la expresión “opción
preferencial por el pobre”, si con este último término se quiere decir que el pobre está más cerca
dirán que otros prójimos, que no son inmigrantes pobres, también son muy
vulnerables y necesitados en lo que se refiere a ciertas protecciones que la ley
debe implementar a su favor y proveerles. En tales casos las prioridades se han
argumentado desde una vocación en particular y abogando por algún prójimo
o grupo de prójimos en particular. Y aún así, en todas sus discusiones sobre
la ley civil, los cristianos son llamados a considerar no sólo sus vocaciones
particulares y sus prójimos específicos, sino también la voluntad y mandatos
claros y eternos de Dios dados en la Escritura de recordar, cuidar, y tratar justamente a los prójimos inmigrantes en su medio. Es cierto que los cristianos
van a discrepar en cuanto a cómo tratar todos los temas y demandas que hemos
mencionado, pero que deben hacerlo no es negociable.
Últimas observaciones y exhortación final
Al reflexionar sobre nuestra respuesta a los problemas migratorios hasta
ahora, es tiempo de resumir algunas observaciones. La teología luterana
contribuye con un número de pautas y principios escriturales y confesionales
para encarar el debate migratorio actual, y deja lugar para desacuerdos entre
los cristianos sobre temas del reino de la izquierda, sin disturbar la unidad en
Cristo basada en el reino de la derecha, en donde el Evangelio salva. Mientras
que la teología luterana afirma la responsabilidad de los cristianos de obedecer a las autoridades civiles, también deja espacio para que los cristianos
juzguen el nivel de justicia y rectitud de ciertos aspectos de la ley migratoria.
Tales juicios y respuestas dependerán del prójimo a quien han sido llamados
a defender, y proteger y, por lo tanto, de su vocación y oficio. Por lo tanto, la
teología luterana nos fuerza a considerar las leyes civiles no sólo en forma
abstracta sino también en forma concreta, abogando por prójimos o grupos de
prójimos particulares. En el debate migratorio siempre hay un rostro humano.
Cuando los cristianos debaten sobre un tema complejo por el bien de su
prójimo en el espíritu cristiano de amor y humildad, deben hacerlo no sólo
apelando al uso de la razón y la persuasión, sino también pensando lo mejor
del prójimo con quien y acerca de quién están hablando.
También debemos advertir contra el mal uso de la teología luterana para
justificar una posición desequilibrada. Por un lado, el deseo de proclamar el
Evangelio y hacer obras de caridad puede crear un rechazo a tratar el tema
de las leyes migratorias. Al considerar lo que la Biblia dice acerca del mandamiento de Dios de amar a los extranjeros entre nosotros, debemos también
tomar seriamente el mandamiento de Dios de obedecer a las autoridades. Por
otro lado, el deseo de promover la ley puede fomentar una actitud pasiva y
de ganar el favor de Dios basado en su condición de vida y, por lo tanto, aparte de su fe en
Cristo. Por lo tanto, en un marco de referencia luterano, el término “prioridad de amor” debería
ser utilizado sólo en la esfera de la justicia de la ley, que trata con nuestra relación delante de
los seres humanos o nuestros prójimos. No pertenece al artículo de justicia de la fe, que trata
con nuestra relación delante de Dios a través de la fe en Cristo. Para una distinción entre las dos
clases de justicia, ver Ap. IV, 21-26 (LC, 81-82).
hasta idólatra hacia el gobierno y la ley civil que no lleva a una consideración
seria de una situación potencialmente injusta. En este caso, el cristiano debería
tomar seriamente el mandamiento de Dios de amar al prójimo inmigrante,
pero también debería tratar de estar bien informado acerca del estado de la
ley migratoria civil y sus potenciales problemas e injusticias, precisamente
por respeto a la ley de Dios en general y por la ley en particular. La teología
luterana nos ayuda a evitar extremos.
También debemos ser conscientes que la teología luterana puede ser
utilizada incorrectamente, de tal forma que ninguna persona es llevada al
arrepentimiento o a tratar con las consecuencias de sus acciones o actitudes
hacia su prójimo. Los cristianos que correctamente defienden la ley pueden
equivocadamente pensar que no necesitan arrepentirse si violan el octavo
mandamiento al presentar las acciones de sus prójimos inmigrantes de forma
negativa. Tales cristianos pueden estar tan enojados por los fracasos en el control de la inmigración, que excusan su falta de compasión por los inmigrantes
sufrientes. Otros cristianos, que abogan por mostrar misericordia y compasión
al inmigrante en nombre del Evangelio, quizás se consideren más justos que
otros y difamen a los gobernantes o agentes fronterizos que tratan de cumplir
sus vocaciones en forma piadosa protegiendo a sus conciudadanos y a su país.
Los cristianos que vehementemente apoyan los derechos de los inmigrantes
pueden creerse justificados de vilificar a quienes no están de acuerdo con ellos.
Los inmigrantes indocumentados pueden creer que no necesitan arrepentirse
de desobedecer la ley o de negarse a reconocer la necesidad de un proceso de
gobierno aceptable y ordenado.
Finalmente, la teología luterana puede ser utilizada para oscurecer el
Evangelio. Una postura legalista sin una preocupación por la proclamación
del Evangelio y por las obras de caridad entre los inmigrantes puede llevar a
los inmigrantes a ver a los luteranos como cristianos que no practican lo que
predican. Más aún, una insistencia persistente sobre la necesidad de que los
inmigrantes indocumentados se arrepientan de su pecado de quebrantar la
ley, sin una insistencia similar sobre la necesidad de arrepentimiento de todos
los que directa o indirectamente se benefician de sus labores, hace que la iglesia aparezca como hipócrita y como una iglesia a la cual no se le puede confiar
el mensaje del Evangelio que predica.
Todo esto nos recuerda la lucha de la vida cristiana en un mundo caído.
Nuestro pecado está siempre delante de nosotros (Sal. 51:3), y toda nuestra
vida es una de arrepentimiento.92 La absolución del Evangelio es constantemente necesaria tanto para nuestros pecados obvios, como para todas las
veces en que no vemos otra salida que elegir lo que parece ser “el menor de
dos males”. Pero nada de esto sacude nuestra confianza en la palabra de perdón de Dios, aun cuando siempre tratamos, una y otra vez, de actuar mejor.
Martín Lutero, “1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: ‘Haced penitencia…’,
ha querido que toda la vida de los creyentes fuera penitencia.” Ver “Las 95 Tesis,” ODML 1:7.
Debemos reconocer que fallamos en ayudar a algún prójimo y que no
cumplimos con todo lo que la ley nos demanda. Todos pecamos de varias
maneras cuando tratamos de cumplir con nuestras vocaciones en los reinos de
la derecha y de la izquierda.93 Por lo tanto, en lo que es uno de los temas más
complejos y debatidos de nuestro tiempo, el Evangelio, por medio de la confesión y absolución, debe ser siempre tenido en cuenta cuando los cristianos
se involucran en conversaciones sobre lo que es mejor para ciertos prójimos,
y tratan de ejercer sus vocaciones en forma responsable y a conciencia por el
bien de esos prójimos—incluyendo a los inmigrantes que hay entre nosotros.
Althaus dice: “…no podemos cumplir con ninguna vocación sin involucrarnos en el pecado.
Aquí otra vez es muy importante que todo el etos cristiano ha de verse como etos bajo la justificación. Esto es particularmente cierto de nuestra vocación, sea cual sea. Por lo tanto, la obra
que hacemos en nuestra vocación no puede ser aceptable aparte de la certeza de que nuestros
pecados son perdonados. Sin embargo, más allá de lo imposible que es evitar pecar en nuestro
estado y vocación por causa de nuestra naturaleza pecadora, nuestro estado se mantiene puro
y santo porque es establecido a través de la palabra de Dios.” Althaus, The Ethics of Martin
Luther, 41.
V. Respuestas a los problemas de la inmigración:
Algunas pautas para los obreros de la iglesia
Estas pautas tratan sólo algunas de las muchas preguntas que pueden
surgir entre los obreros de la iglesia y otras personas involucradas en ministerios entre poblaciones inmigrantes. Al momento de escribir este trabajo,
las pautas parecen ser consistentes con la ley migratoria actual. Sin embargo,
dada la naturaleza rápidamente cambiante de la ley migratoria, el lector no
debe tomar estas pautas como un consejo legal. A los obreros de la iglesia se
los alienta siempre a buscar consejería legal en su propio estado.
1. El obrero de la iglesia puede proclamar el Evangelio y enseñar
la Palabra de Dios a los inmigrantes, independientemente de
su condición o estatus legal, y puede incorporarlos en la vida y
membrecía de la congregación.
2. También puede incorporar inmigrantes en la escuela parroquial.
Puede dar a los inmigrantes indocumentados, y a sus hijos, acceso
a educación cristiana en las escuelas luteranas, universidades
y seminarios de la iglesia. No hay una ley federal que prohíba la
admisión de inmigrantes indocumentados en las instituciones
educacionales privadas sin fines de lucro de la iglesia.
3. Se puede dar asistencia a los inmigrantes a través de los ministerios
de ayuda humanitaria de la iglesia, independientemente de su
estatus legal.94 Se puede ayudar al necesitado con comida, vestido,
albergue, asistencia médica, y cuidado de niños. Se puede ayudar
a las iglesias luteranas de los países de las que provienen los
inmigrantes indocumentados, para que sus líderes lleguen a ellos
con el Evangelio y los atiendan a través de sus ministerios de ayuda
humanitaria para que puedan encontrar trabajos remunerados y
dignos para mantener a sus familias.
4. Se puede ayudar a que los inmigrantes obtengan su legalidad en el
país. Se puede consultar y buscar la ayuda de abogados y grupos
que abogan para reunir a familias separadas a través de la puesta en
práctica de leyes migratorias, o se puede buscar asilo para aquéllos
individuos o familias por los cuales hay una sospecha razonable de
muerte o persecución si regresan a su país de origen.
5. Un obrero de la iglesia no tiene obligación de investigar el estatus
legal de los inmigrantes que participan de la congregación local o
de la escuela parroquial. Tampoco tiene obligación de informar a las
autoridades estatales acerca de los participantes indocumentados.95
Algunas situaciones, como las siguientes, pueden constituir una
“Es legal proveer cuidado humano a una persona que no tiene documentación.” LIRS, del
estudio bíblico No Temas: Recursos para las congregaciones y las familias de inmigrantes fracturadas
por el temor, disponible en http://lirs.org/no-temas/
“No está obligado a denunciar a alguien que no tiene documentación.” Ibíd.
intrusión del gobierno en el trabajo de cuidado espiritual de la
iglesia: la presencia en los servicios de adoración de agentes de
inmigración en busca de personas indocumentadas; el uso de
la iglesia por parte de agentes de inmigración para realizar una
redada; una demanda de parte de agentes de inmigración para
que el clérigo dé a conocer información acerca de los miembros
cuyo estado legal ha sido compartido con el pastor en el contexto
de la confesión y absolución. La iglesia no es el gobierno, por lo
que no debe esperarse que se dedique a implementar las leyes
de inmigración. Al mismo tiempo, se debe alentar y ayudar a los
miembros indocumentados del cuerpo de Cristo a cumplir la ley en
toda forma posible. Al asistirlos, uno también debe estar preparado
para ejercitar una buena medida de paciencia en lo que puede llegar
a ser un proceso largo, complejo y caro hacia la legalización.96
6. No se puede dar un empleo pago en la iglesia o escuela a los
inmigrantes indocumentados, a menos que estén legalmente
autorizados para ser empleados en los Estados Unidos. Se los
puede involucrar legítimamente en la vida de la congregación en
forma voluntaria (por ejemplo, sirviendo como ancianos, músicos,
asistentes litúrgicos, o evangelizando en la comunidad).
7. Un pastor no debe compartir con las autoridades civiles información
privilegiada y confidencial que ha recibido de un miembro
inmigrante indocumentado de la congregación en el contexto de la
confesión y absolución o consejería pastoral. Esto incluye el estado
migratorio de la persona. Se aplica el principio general de que un
pastor no debe divulgar los pecados que le han sido confesados para
no romper el voto de la ordenación. Más aún, en el contexto amplio
del cuidado pastoral en el reino de la derecha se aplica el mismo
principio general de la confidencialidad, dado que el miembro
indocumentado no ve o se acerca a su pastor como cualquier
ciudadano del reino de la izquierda, sino específicamente como a su
pastor en el reino de la derecha.97 El alcance del privilegio clérigo/
penitente varía de estado a estado, por lo que, si hay duda con
respecto a si este privilegio se aplica a una comunicación particular,
es importante buscar consejo legal.
8.Si un inmigrante indocumentado participa de actividades
criminales que ponen en peligro la vida de personas, es causa
probable para llamar a las autoridades. Sin embargo, en tales
situaciones el tema inmediato no es la condición migratoria legal en
sí, sino las actividades peligrosas de la persona. Algunas situaciones
“No es legal ayudar a alguien a evitar cumplir con la ley migratoria, como por ejemplo una
orden de deportación.” Ibíd. (Ver nota 41).
Ver CTCR, The Pastor–Penitent Relationship: Privileged Communications, (1999); en línea en
http://www.lcms.org/Document.fdoc?src=lcm&id=412.
que pueden requerir contactar a las autoridades incluyen el
conocimiento de actividades criminales como terrorismo, tráfico de
dinero, crímenes financieros, tráfico humano, crímenes relacionados
con pandillas, tráfico de armas, explotación de niños/pornografía,
tráficos de drogas, tráfico humano (trabajos forzados/esclavitud),
y empleo/explotación de trabajadores ilegales.98 En los casos en los
que el compartir información sea vital para ayudar a salvar vidas, se
aplica el principio de amor cristiano por el prójimo más necesitado.
9. Al proveer ayuda humanitaria a inmigrantes indocumentados,
uno debe ser cuidadoso de no transportarlos a través de
la frontera hacia los Estados Unidos. No se debe tratar con
“coyotes” u otros elementos criminales que piden ayuda para
traer personas a través de la frontera. Uno tampoco debe ocultar
información de las autoridades gubernamentales con respecto a los
inmigrantes que están ilegalmente en los Estados Unidos cuando
las autoridades investigadoras le preguntan específicamente tal
información. Encubrir información de las autoridades civiles es
algo particularmente problemático si, sea que uno lo sabe o no,
un inmigrante tiene un récord criminal. Uno siempre debe buscar
consejo legal, especialmente cuando se encuentra en situaciones
legales potencialmente ambiguas.
Para más ejemplos de actividad criminal o violaciones que pueden poner las vidas de otros
en riesgo, ver http://www.ice.gov/exec/forms/hsi-tips/tips.asp.
Un marco de referencia para considerar los problemas
migratorios: Casos de estudio
Más que proveer “respuestas correctas y respuestas equivocadas”, los
siguientes casos de estudio tienen la intención de estimular la reflexión y
discusión. En cada caso se alienta a que las personas piensen y discutan las
situaciones que se presentan utilizando el marco de referencia bíblico y luterano delineado en este documento. Tal marco de referencia incluye temas
importantes como: la misión de la iglesia de compartir el Evangelio con todas
las naciones, el llamado de amar al prójimo, la importancia de la unidad de la
iglesia, el respeto por la ley, la vocación, los dos reinos, etcétera.
Caso de estudio 1 – La vocación, los dos reinos, y la misión de la
iglesia99
Usted ha sido llamado a servir en una parroquia predominantemente
anglosajona que funciona en un vecindario cada vez más latino. Un prominente miembro anglosajón de su congregación, que sirve en el concejo
municipal, ha expresado abiertamente no sólo afuera, sino también dentro
dela iglesia, su posición con respecto a la inmigración ilegal. Repetidamente
insiste, basándose en Romanos 13:1-7, que debemos obedecer y poner en
práctica nuestras leyes migratorias. Algunos miembros de la comunidad
latina, cuya situación legal es desconocida pero seguramente incluye algunas
personas indocumentadas, cada vez se sienten más reacios a participar de las
actividades evangelísticas de la iglesia porque temen que este celoso ciudadano en particular, u otros como él en la iglesia, puedan llamar la atención de
“la migra” (los oficiales de inmigración) para hacer una redada en sus hogares
o lugares de empleo, o puedan hacer sospechar tanto a la policía sobre su
situación legal, como para que decidan chequear sus papeles. Como resultado,
los intentos evangelísticos y humanitarios de la congregación en la comunidad
no inspiran confianza, y el Evangelio no está siendo proclamado entre esos
prójimos latinos tan cercanos.
1. Como alguien que trabaja en el reino de la derecha, ¿qué le diría
a este querido miembro anglosajón? En particular, ¿qué le diría
teniendo en cuenta que él vive y actúa según su vocación como
miembro del concejo municipal y como ciudadano consciente en el
reino de la izquierda?
2. Por otro lado, ¿cómo le hablaría al hermano anglosajón como
miembro de la iglesia que también vive de acuerdo a su vocación
Los casos 1 y 2 son versiones brevemente revisadas de un caso de estudio publicado en
Sánchez, “Misión e inmigración,” 73.
en el reino de la derecha como hijo bautizado de Dios? ¿Qué
responsabilidades tiene este hermano como cristiano, en relación
a la obra de misión y misericordia de la iglesia en ese vecindario
predominantemente latino?
3. ¿Cuáles pueden ser algunas de las consecuencias de las acciones
vocales de oposición de ese miembro a la inmigración ilegal, tanto
para la iglesia como para el prójimo latino? ¿Cree que hay cosas que
el cristiano puede decir pero no debería decir en ciertos contextos?
4. ¿Cree que la apelación que este miembro del concejo hace del
texto de Romanos 13 es totalmente válida? ¿Cómo le ayudaría
usted a considerar también el mandato bíblico de amar a su
prójimo inmigrante como a sí mismo (por ejemplo: Lv. 19:33-34)?
¿En qué formas podría este miembro de la congregación cumplir
razonablemente con ambas enseñanzas bíblicas?
Caso de estudio 2 – La vocación, los dos reinos, y la unidad
Una hispana, miembro de la congregación citada en el caso de estudio 1,
que trabaja pro bono como abogada de inmigración, ha ofrecido muchos de sus
servicios a los latinos en la comunidad. Como resultado de su trabajo incansable y de su consejo legal, algo que realiza en una oficina en la iglesia como
parte del ministerio de caridad, muchos hispanos en la comunidad han estado
haciendo preguntas acerca de la iglesia. Como abogada, esta persona respeta
la ley. Pero a través de su práctica se ha convencido que la ley migratoria actual
no trata adecuadamente a algunos prójimos. Su trabajo pro bono está inspirado
por su deseo de utilizar la ley para ayudar a las personas que se encuentran
en situaciones difíciles. Como cristiana toma muy seriamente el mandamiento
de Dios de amar al prójimo extranjero como a nosotros mismos (Lv. 19:33-34).
Está tan desilusionada con la verbalización que el miembro anglosajón hace
de su oposición a la inmigración ilegal—a veces delante de latinos que buscan consejo legal—que no comulga con él en la mesa del Señor. La abogada
pro bono le explica al pastor que está frustrada y hasta enojada por la falta de
sensibilidad del hermano ante el sufrimiento de esos inmigrantes, sus luchas
legales, los aspectos injustos y las fallas del actual sistema migratorio, y la
importancia de la obra de caridad de la iglesia entre ellos.
1. Como obrero de la iglesia en esta congregación, usted tiene que
hablar con esta querida hermana latina miembro de la congregación
que resiente las acciones de su hermano anglosajón. ¿Es posible que
ella tenga razón, o incluso hasta una base bíblica, con respecto a
su falta de sensibilidad hacia el prójimo extranjero, o será que está
2. ¿Cómo hace para reconocer el valor de la vocación de esta hermana
como el contexto concreto en el cual se cumple la ley de Dios y su
prójimo es servido? Es evidente que la perspectiva vocacional de la
abogada influye sus prioridades. ¿De qué manera el contexto o la
perspectiva vocacional ayuda al ciudadano o residente cristiano a
evaluar los diferentes aspectos de la ley migratoria?
3. ¿Cómo le explica a esa hermana el valor de saber distinguir entre la
obra de Dios en el reino temporal y su obra en el reino espiritual?
¿Cuándo se convierte en problema la perspectiva vocacional?
¿Cuáles son las posibles consecuencias para la unidad de la iglesia,
e incluso para la misión de la iglesia entre los hispanos en el
vecindario, cuando se confunden los dos reinos?
Caso de estudio 3 – La vocación, los dos reinos y el prójimo
Del lado mexicano de la frontera, un padre de tres niños que viven en la
pobreza trata de cruzar a los Estados Unidos para encontrar trabajo. Del lado
estadounidense de la frontera, un miembro de la patrulla fronteriza—un mexicano americano—impide, por segunda vez el mismo año, que el desesperado
padre logre cruzar. A través de las conversaciones mantenidas en tan extrañas
circunstancias, descubren que son parientes lejanos.
Mientras conversan, el padre comparte los problemas que tiene y dice que
desearía no tener arriesgarse a cruzar sin una visa (que, de todas formas, son
casi imposibles de obtener). Sin embargo, dice que siente que es lo que debe
hacer para poder alimentar y para procurar una vida mejor para sus hijos. El
oficial comparte con él su frustración con respecto a algunos aspectos de la ley
migratoria actual, pero le explica que su obligación es ponerla en práctica y
que, desafortunadamente, tiene que asegurarse que regrese a México.
El oficial se asegura que el padre coma algo antes de emprender el viaje.
El padre le dice que no lo juzga por lo que hace, y que comprende que está
cumpliendo con su trabajo. El oficial comprende las luchas del padre y le dice
que respeta su deseo de proveer para sus hijos. Se dan la mano, se sonríen
mutuamente, y se despiden con buenos deseos, sabiendo que probablemente
se volverán a ver en las mismas circunstancias.
1. ¿De qué manera estos dos hombres viven correctamente en el
mundo? ¿De qué manera(s) sirven ambos a algún prójimo a través
de sus vocaciones, cumpliendo así la ley de Dios? ¿Qué obligación
está cada uno de ellos tratando de cumplir en su vocación en
2. ¿De qué manera la ley civil, específicamente la referente a la
inmigración ilegal, entra en conflicto, hasta cierto punto, con las
vocaciones de estos dos hombres y con los mandamientos específicos
que están tratando de obedecer? ¿Cómo reconocen o verbalizan ese
conflicto? ¿Cómo resuelven ese conflicto a la vez que se mantienen
fieles a sus vocaciones?
3. ¿De qué manera estos hombres respetan la vocación del otro? En el
encuentro entre estos dos hombres, ¿cómo se muestra la compasión
por el prójimo? Dado que son parientes lejanos, ¿tienen otras
obligaciones mutuas, más allá de las circunstancias específicas de
4. ¿Qué papel juega en este escenario la distinción o paradoja entre un
cristiano que actúa en forma individual o “privada” en relación a un
prójimo, y un cristiano que actúa “según su oficio”?
Caso de estudio 4 – La ley, el cuidado humano, y el prójimo100
Tomás acaba de ser detenido. Se pregunta cómo estarán su esposa y
sus dos hijos. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) tuvo
una redada hoy en su trabajo, y arrestó a todos los empleados que no tenían
documentos. Tomás se culpa por lo que sucedió. Sabía los riesgos que corría
si se quedaba a vivir aquí más tiempo que el que le permitía la visa. Hubiera
querido encontrar una manera legal de quedarse, pero el riesgo de exponerse
Los miembros de su familia casi nunca salen de la casa porque tienen
miedo. Su esposa Raquel observa con mucha ansiedad a los niños, que
nacieron en los Estados Unidos y por lo tanto son ciudadanos, cuando van
a la escuela en la mañana y cuando regresan a la casa cada tarde. Hasta el
ir a la iglesia es causa de temor para la familia, pero esa ha sido una de las
pocas cosas positivas que han tenido en la vida: crecer en la fe y mejorar su
conocimiento del inglés. Otra cosa positiva ha sido el poder enviar dinero, las
llamadas remesas, al hermano de Tomás para ayudar así a su familia. Pero
ahora todo se ha terminado. Seguramente lo van a deportar.
¿Qué puede hacer Tomás para asegurarse que su esposa e hijos regresen
con él a su país? Dado que los niños son ciudadanos estadounidenses, para
poder viajar van a necesitar pasaportes, asumiendo que su país les permita
entrar. Hasta que todas estas cosas se aclaren, Tomás se pregunta cómo va a
hacer su esposa para pagar el alquiler y comprar comida. Y si a ella también la
arrestan, ¿quién va a cuidar de los niños?
1. ¿Qué aspectos de esta historia podrían ser tratados con un mejor
control de la frontera y una mejor ley migratoria?
2. ¿Qué aspectos de esta historia podrían ser tratados por las iglesias
tanto en los Estados Unidos como en el país de origen de Tomás?
3. ¿De qué forma alentaría a este padre detenido? ¿Cuál es su oración
por las personas que se encuentran en una situación así?
4. A veces, cuando nos enteramos de los problemas de alguien,
quisiéramos dejar de lado la ley; y a veces, cuando sabemos
Este caso y preguntas aparece en LIRS, http://lirs.org/no-temas/
que alguien ha quebrantado la ley, quisiéramos dejar de lado la
compasión. ¿Cómo evitamos caer en ambos extremos? ¿Cuál es la
respuesta fiel?
Caso de estudio 5 – La vocación, los dos reinos y el prójimo
Juanita es un agente de control de frontera para el ICE y segunda generación de ciudadanos norteamericanos, cuya familia viene de México. Ella y
su familia son miembros de una congregación LCMS. Juanita toma muy en
serio su ciudadanía y su vocación como cristiana, tratando siempre de vivir
una vida agradable a Dios. Ella reconoce la necesidad de la seguridad de las
fronteras, y especialmente el peligro del tráfico ilegal de drogas a través de la
frontera del sur de los Estados Unidos. Aun así, tiene problemas de consciencia cuando tiene que apoyar las leyes migratorias que considera favorecen a
las personas con mucha educación y preparación técnica, mientras que hacen
prácticamente imposible que las personas honestas, pero con poca educación,
entren legalmente a los Estados Unidos, aun cuando haya demanda de tales
trabajadores en la agricultura y otras industrias. Juanita y su esposo tienen
parientes en ambos lados de la frontera. Ellos sufren por las circunstancias
alarmantes que enfrentan en México, y simpatizan con el deseo de tantos de
emigrar a los Estados Unidos en busca de seguridad y bienestar.
1. ¿Cómo aconsejaría a Juanita si ella le confiara sus remordimientos?
2. De qué formas pueden estar en conflicto sus vocaciones como
ciudadana, agente de control fronterizo y miembro de familia?
¿De qué manera nuestras experiencias y trasfondo afectan y a
veces confunden nuestra visión y actitudes? ¿Cómo cree que esas
responsabilidades deberían ser priorizadas?
3. ¿Bajo qué circunstancias—si hay algunas—un oficial de gobierno
podría criticar o cuestionar las funciones que ella debe cumplir?
4. ¿Existe un conflicto entre la compasión y la ley? ¿Cómo alentaría a
Juanita a mantener tanto el respeto por el gobierno y por quienes
tienen autoridad, como la compasión por su familia y por otros
inmigrantes en situaciones similares?
Caso de estudio 6 – La vocación, los dos reinos y el prójimo
James también es un agente de control de frontera. Luego de haber visto
a personas lastimadas abandonadas a su propia suerte y corriendo peligro de
muerte, y de haber pasado por situaciones en las que tanto él como sus colegas se han enfrentado en tiroteos, ha desarrollado una cierta antipatía hacia
los “coyotes” que trafican personas y drogas hacia los Estados Unidos. James
sabe que el problema migratorio es complejo, pero no tiene ninguna simpatía
por quienes cruzan ilegalmente porque cada caso pone en peligro vidas, incluyendo la de él.
Cuando su pastor alentó a la congregación a ser compasivos con todos
los inmigrantes, tanto legales como ilegales, sin poder dejar de pensar en su
trabajo diario James se sintió incómodo. Pensó que el pastor había fallado en
reconocer tanto los peligros inmediatos de la inmigración ilegal, como los
problemas que acarrea a largo plazo cuando un número cada vez mayor de
inmigrantes pobres se inscribe en las escuelas y requiere atención médica.
1. ¿Cómo trataría la legitimidad de las actitudes y preocupaciones de
James desde una perspectiva cristiana?
2. ¿Qué le diría si él compartiera con usted su angustia por los
comentarios del pastor? ¿Qué le diría a su pastor?
3. ¿De qué manera se aplican las enseñanzas cristianas—como el amor
por el prójimo, la sumisión a la autoridad, el pecado y la gracia—a
4. ¿De qué manera nuestra vocación particular por un lado nos
presenta oportunidades para servir a nuestro prójimo, y por otro
nos tienta a ser parciales?
Caso de estudio 7 – La vocación, el prójimo, y el ministerio
El pastor de una congregación cercana a un puerto de entrada a los
Estados Unidos se ha enterado que una de sus miembros es una trabajadora
indocumentada. Ella se lo ha confiado porque teme que no va a poder seguir
trabajando y que quizás sea deportada. Su esposo e hijos son ciudadanos de
los Estados Unidos. Luego de pedirle permiso, el pastor discutió el tema con
los ancianos de la congregación. Cada uno tuvo su opinión. Uno cree que esta
señora debería ser obligada a entregarse a las autoridades o ser excomulgada,
otro que la iglesia debería proveer apoyo legal para la familia, mientras que
otros no están seguros de lo que debería hacerse.
1. ¿Cómo le aconsejaría a este pastor que ministrara a esta señora y su
familia? ¿Cuáles deberían ser sus prioridades como su pastor?
2. ¿Hasta qué punto la iglesia—esta congregación en particular—
tiene una obligación corporativa para con sus miembros? ¿Tiene
una obligación corporativa hacia el gobierno? ¿Cómo deberían ser
3. ¿Qué importancia se le debe dar a la responsabilidad de mantener
la unidad familiar, en relación a la responsabilidad de obedecer a la
autoridad gubernamental?
4. ¿De qué maneras puede nuestra teología ayudar a que los ancianos
lleguen a un consenso piadoso y a una mayor unidad al tratar con
situaciones de este tipo?
Caso de estudio 8 – La confesión, la absolución y el cuidado pastoral
Una señora comienza a participar regularmente de la iglesia y expresa
interés en ser miembro de la misma. En la clase para miembros nuevos,
mientras discuten el cuarto mandamiento y su significado, el pastor ve que la
mujer está llorando. Hablando con ella en forma privada le pregunta si puede
ayudarla en algo, a lo que ella le confiesa que hace varios años que está ilegalmente en los Estados Unidos, por lo que se siente culpable y avergonzada.
La señora tiene dos hijos en la escuela que son residentes legales. El pastor
escucha su confesión y la absuelve. Luego se ponen de acuerdo en ir a juntos
a ver a una abogada de inmigración. Lo que la abogada les dice no es muy
optimista, pero dice que es posible para esta señora obtener la legalidad, por
lo que inician el proceso. La señora y sus hijos completan la clase en la iglesia,
y el pastor y la congregación los reciben como miembros. Sin embargo, como
el caso legal se extiende, la mujer continúa luchando espiritualmente y busca
el alivio del perdón del pastor.
1. ¿Cómo deben guiar al pastor, en este caso, sus llamados como siervo
de la Palabra y también como ciudadano?
2. ¿Cómo debe tomar en consideración el pastor la vocación de madre
dada por Dios a esta mujer cuando la aconseja?
3. ¿Fue correcto que el pastor la absolviera la primera vez? ¿Debe
seguir dándole de comulgar? ¿Debe seguir absolviéndola si ella
sigue luchando con la culpa y la vergüenza? ¿En qué basa sus
4. ¿Se debe informar a la congregación acerca de la situación legal de
esta señora en los Estados Unidos? ¿Cuáles serían las ventajas, y
cuáles las desventajas?
5. Si el pastor compartiera aspectos generales de este caso con sus
colegas la reunión de circuito, ¿qué consejo esperaría que le dieran
otros pastores del circuito?
6. En la consejería que el pastor hace con esta señora, ¿qué diferencia
haría, si alguna, si la señora en este caso de estudio fuera soltera y
sin familia en los Estados Unidos?
A. Términos de inmigración:101
1. Personas que buscan asilo: Personas que han sido forzadas a escapar
de su país natal sin tener acceso al proceso de reasentamiento de
refugiados. Para poder ser consideradas elegibles, estas personas
deben solicitar asilo dentro del año de entrada en los Estados
Unidos, a menos que se apliquen ciertas limitadas excepciones. A
los que reciben asilo se les denomina asilados.
2. Inmigrantes: Las personas a quienes se les ha admitido para vivir
permanentemente en Estados Unidos como residentes permanentes
3.Residentes permanentes legales: las personas que tienen
autorización legal (una “tarjeta verde”) para vivir y trabajar en los
Estados Unidos por un período indefinido de tiempo, pero que
no son ciudadanos y no tienen derecho a voto. Generalmente, las
personas nacidas en el extranjero intentan convertirse en residentes
permanentes legales en una de tres formas:
• Patrocinio familiar. Los ciudadanos estadounidenses adultos pueden patrocinar a sus cónyuges, padres, hijos, hermanos y hermanas nacidos en el extranjero. Los residentes permanentes legales
pueden patrocinar a sus cónyuges, hijos menores de 21 años e hijos adultos solteros.
•Patrocinio laboral. Las empresas estadounidenses pueden patrocinar a personas para puestos específicos si demuestran que hay
escasez de trabajadores altamente calificados.
•Lotería de diversidad. Los inmigrantes de ciertos países pueden registrarse para obtener una de 50.000 visas disponibles cada año.
4. Familias de estado mixto: Las familias de estado mixto tienen uno
o más miembros que no son ciudadanos estadounidenses. Los
miembros familiares que no son ciudadanos pueden o no tener
documentos. Por ejemplo, una familia de estado mixto podría
ser un ciudadano estadounidenses casado con un inmigrante
indocumentado con hijos ciudadanos nacidos en Estados Unidos.
5. Ciudadanos naturalizados: Los residentes permanentes legales
son elegibles para solicitar la ciudadanía estadounidense mediante
un proceso denominado naturalización. Para calificar para la
La definición básica de los términos de inmigración en este Apéndice proviene, con pequeñas alteraciones, de No Temas, 18-19, 21-22, LIRS, en línea http://lirs.org/wp-content/uploads/2012/06/NoTemasManualWorship.pdf
naturalización, los solicitantes deben satisfacer los siguientes
•Deben haber vivido en Estados Unidos por cinco años, o tres años
si están casados con ciudadanos estadounidenses, sin haber cometido ningún delito grave.
•Deben demostrar que han pagado sus impuestos y que son de
“buen carácter moral”.
•Deben demostrar que conocen la historia y el gobierno de Estados
Unidos, así como la habilidad de entender, hablar y escribir el inglés básico.
6. No inmigrantes: Las personas que tienen permiso para entrar
a Estados Unidos por un período limitado. La mayoría de los no
inmigrantes deben solicitar una visa antes de entrar. Los que tienen
visa también deben pasar por una inspección de inmigración a su
7. Refugiados: Personas que escaparon de sus países natales debido
al acoso o miedo al acoso debido a su raza, religión, nacionalidad,
participación en un grupo social u opinión política. Generalmente,
antes de ser reasentados en otro país, los refugiados se quedan en
campamentos en un país más seguro. El proceso usualmente lleva
8. Inmigrantes indocumentados: Personas que están en los Estados
Unidos sin el permiso del gobierno de los Estados Unidos. Los
inmigrantes indocumentados entran a los Estados Unidos sin que
los oficiales de inmigración los inspeccionen, o usando documentos
falsos. Una persona nacida en el extranjero que entró al país con
permiso del gobierno de Estados Unidos se puede convertir en
indocumentada al quedarse “más tiempo” después que su condición
de temporario expira.
9. Visa: Un documento de viaje otorgado por funcionarios consulares.
Las visas no garantizan la entrada a los Estados Unidos.
B. Términos teológicos:
1. Ley: La voluntad de Dios escrita en el corazón de cada criatura
humana (ley natural), y específicamente revelada al pueblo de Dios
en los Diez Mandamientos.
2. Ley civil: En contraste con la manera en que el término “ley civil”
es utilizado en la jurisprudencia estadounidense (refiriéndose a
relaciones privadas entre miembros de una comunidad, más que a
asuntos criminales), este documento utiliza el término en un sentido
teológico que incluye todas las leyes de la sociedad (o sea: civil,
criminal, etc.). En este sentido teológico tal ley civil, que es formulada
a través del uso de la razón, es establecida e implementada por el
gobierno temporal (las autoridades civiles), por lo cual es falible.
No obstante, y dado que la ley civil trae y mantiene un cierto orden
de acuerdo con la voluntad y diseño de Dios, debe ser reconocida
y obedecida como un don de Dios, a menos que sea directamente
contraria a su voluntad, según está expresada en la Sagrada
Prójimo: Traducción del hebreo rea (‫ ֵ)ר ַע‬y del griego plesion (πλησίον).
En el Antiguo Testamento el término se refiere, en su acepción más
literal, a un miembro de la casa de Israel. Por lo tanto, las obligaciones
morales bajo la ley de Dios comienzan con aquéllos que viven
dentro de la relación del pacto con Dios y entre ellos (por ejemplo:
Lv. 19:18), pero tal “amor por el prójimo” se extiende también hasta
el extranjero en su medio (cf. Lv. 19:33-34). Jesús habla del “prójimo”
de una forma que trasciende las relaciones que incluyen sólo al
pueblo de Israel—los que compartían una misma religión—para
incluir a toda clase de personas que necesitan nuestra ayuda (Mt.
22:39). Sin lugar a dudas, deja claro que el amar a nuestro prójimo
incluye amar a nuestros enemigos (Mt. 5:43-48)—diciendo cómo un
judío fue ayudado por un improbable buen samaritano (Lc. 10:2537). En su explicación del quinto mandamiento en El Catecismo
Mayor, Martín Lutero habla de los prójimos en sentido amplio como
“quienes están en necesidad y peligro físico y de vida.”
Inmigrante: Una de las muchas posibles traducciones de la palabra
hebrea ger (‫)גֵּ ר‬, que también puede traducirse como residente
temporal, peregrino o extranjero. En contraste con el uso técnico del
término (ver “Inmigrantes” más arriba), el presente estudio utiliza
el término en forma más amplia para referirse a quienes no son
ciudadanos estadounidenses pero viven, estudian y/o trabajan en
los Estados Unidos legalmente o sin documentación apropiada (ver
“Inmigrantes indocumentados” más arriba).
Dos reinos (dos reinos, dos gobiernos): la doble obra, reinado
o gobierno de Dios en el mundo para lograr la redención de los
pecadores a través del perdón de los pecados (reino de la derecha), y
establecer paz y justicia en la sociedad civil a través del uso de la ley
para castigar el mal y recompensar el bien (reino de la izquierda).
Vocación: el llamado que Dios hace a cada cristiano a cumplir su
ley o mandamientos a través del servicio concreto a cierto prójimo
en el ejercicio de un oficio o estado particular en la vida. Los oficios
o estados incluyen padre y madre, hijo o hija, cónyuge, maestro,
estudiante, granjero, trabajador, gobernador, policía, agente de
frontera, abogado de inmigración, trabajador social, ciudadano,
anciano de la iglesia, diaconisa, y pastor.
CRISIS E INMIGRACIÓN MARROQUÍ EN ESPAÑA.
LA SOMBRA DEL MURO - Center for Latin American Studies
Rompiendo el Silencio - Futures Without Violence
Democracia: un desafío para Europa
Salud Global de Inmigrantes
24 - La Noticia - The Spanish
Obtiene visa por ser víctima de asalto - La Noticia
modelos a seguir cristianos

References: Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
in fine