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Timestamp: 2018-04-26 00:08:17+00:00

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imágenes – Ilustración Médica
11 agosto, 2014 21 diciembre, 2016 congresos, diseño, ilustraciones, presentaciones 4 comentarios comunicación científicadiseño gráficoformatosfotografíailustraciónimágenes
Formatos de imagen para comunicaciones científicas
¿Por qué tiene que haber tantos formatos de imagen digital? ¿No basta con usar JPG para todo? ¿Da igual si la foto va a un journal o es para un póster electrónico? ¿Para qué nos lían?
Obviamente, si todos los formatos multimedia (sea de imagen, vídeo o sonido) tuvieran similares prestaciones no tendría sentido la proliferación de formatos. Pero cada uno tiene propiedades que resultan útiles según las circunstancias y que conviene conocer. Hoy hablaremos de las características de los archivos de imagen y cómo aplicarlos a los diferentes tipos de comunicaciones científicas.
El tipo de compresión
Lo primero que nos decantará por un formato u otro es cómo está comprimida la información. Hay formatos que funcionan sin compresión (BMP, TIF, RAW), lo que se traduce en ficheros de mayor peso. Los formatos comprimidos pueden ser de dos tipos: con o sin pérdida de información.
Compresión con pérdida: el algoritmo de compresión elimina píxeles de la imagen de modo que la pérdida pase desapercibida al ojo. A medida que aumenta la compresión la imagen pierde calidad por la pérdida de información. El ejemplo típico es el formato JPG.
Compresión sin pérdida: en vez de eliminar píxeles el algoritmo preserva toda la información, como quien dobla un folio para que ocupe menos espacio. Los archivos así procesados son más pequeños que el original no comprimido, pero más grandes que al aplicar compresión con pérdida. Un ejemplo es PNG.
La compresión de una imagen funciona como cuando se dobla un folio para que ocupe menos espacio (perdón, informáticos, es solo una metáfora). En la compresión sin pérdida, como en PNG, se mantiene toda la información. En la compresión con pérdida además de plegar el folio, éste se acribilla con un sacabocados para aligerar aún más el peso; la información eliminada (píxeles) no puede recuperarse. Es como se comprime JPG.
El espacio y la profundidad de color
El espacio de color se refiere al modo en que se obtienen los colores: mezcla aditiva o mezcla sustractiva. La aditiva se basa en la superposición de luces y sus colores básicos son rojo, verde y azul. La síntesis sustractiva se basa en la mezcla de pigmentos y sus colores básicos son cian, magenta y amarillo.
Así se establecen los dos espacios de color RGB y CMYK. El espacio RGB (de Red, Green, Blue) usa síntesis aditiva y por ello se emplea en dispositivos electrónicos que generan los colores mediante emisión de luz, como pantallas de ordenador, TV, dispositivos móviles, sistemas de vídeo y proyectores. El espacio CMYK (de Cyan, Magenta, Yellow, Black) es el usado en medios impresos, pues genera los colores al mezclar tintes de estos cuatro colores (como se puede comprobar en una impresora doméstica).
Los dos sistemas de síntesis cromática determinan cada uno un espacio de color diferente: la mezcla aditiva para RGB y la sustractiva para CMYK. Los colores primarios del modelo aditivo son los secundarios del sustractivo, y viceversa.
La profundidad de color es la cantidad de colores que se pueden aplicar a cada píxel de la imagen. La profundidad se mide en bits, así una imagen de 1 bit es monocromática, una de 2 bit tiene cuatro tonos de color y así sucesivamente. Lo mas usado son 8, 16, 24 o 32 bit. Una profundidad de 8 bit significa una paleta de 256 tonos, mientras una de 24 bit supera los 16 millones de colores. Para enredar un poco más, la profundidad se aplica a cada canal de color (rojo, verde y azul), de modo que una imagen de 8 bit tiene 256 tonos para cada canal, es decir, en realidad se generan 256 x 256 x 256 = 16.777.216 colores, más de los que el ojo es capaz de discernir. Que haya profundidades mayores a 8 bit es porque ofrecen mayores posibilidades de manipulación y edición sin pérdida de calidad.
Hablando de los canales de una imagen, aparte de los tres del RGB algunos formatos permiten usar un canal alfa para determinar la opacidad de cada píxel, con lo que se consiguen útiles efectos de transparencia.
El primer formato que comentaremos es poco usado por los no profesionales de la fotografía. RAW es el formato nativo de las cámaras, que guarda la imagen con toda la información tal cual la capta el dispositivo. La mayoría de las cámaras no profesionales están fijadas para convertir directamente a JPG, perdiendo información, pero almacenar las fotos tomadas en su formato RAW permite tener los originales sobre los que se puede hacer trabajo de edición posteriormente. Cada marca de cámara tiene su propia extensión de ficheros RAW.
Es quizás el más difundido y práctico. Fue creado por el Joint Photographic Experts Group, de donde viene su nombre, y se presenta con las extensiones .jpeg o .jpg. Las imágenes JPG tienen compresión con pérdida variable de acuerdo con el % de reducción de peso. Al guardar una foto como JPG se puede determinar la calidad final de la misma, pues a mayor compresión menor calidad; lo mejor es no bajar de 70-75%.
JPG no es buen formato para editar fotos, pues con cada cambio que se guarda se vuelve a aplicar el algoritmo de compresión y la imagen se va degradando a cada paso. Cuidadín con esto. Otra limitación de JPG es la ausencia de canal alfa, es decir, de efectos de transparencia.
Este formato es el más habitual en web y dispositivos móviles, y también sirve para insertar imágenes en diapositivas. Trabaja tanto en RGB como en CMYK, aunque no suele ser la mejor opción para enviar a imprenta. Funciona muy bien con fotografías, pero mal con ilustraciones esquemáticas, dibujos lineales y figuras con texto.
Degradación de una imagen en JPG a medida que aumenta su compresión. Se observa la pérdida de detalles de la foto cuando se pasa de una calidad alta (A) a una media (B) y una baja (C). Clic para aumentar.
Fue un formato creado por CompuServe para su uso específico en Internet. GIF (Graphics Interchange Format) tiene como principal característica la limitación de la paleta cromática a sólo 256 colores indexados, lo que no lo hace buena opción para fotografía, pero se adapta bien a elementos gráficos sencillos como iconos o logos para usar en web. No sirve para enviar a imprenta.
Al guardar en GIF no ocurre pérdida de información por la compresión, pero sí por la limitación de la paleta de colores. GIF tiene otras dos características relevantes: primero, permite transparencia, la cual funciona bien en figuras de contornos definidos pero mal si se trata de un borde o sombra difuminados, pues deja una “rebaba” blanca en el contorno; segundo, GIF admite el apilamiento de imágenes consecutivas para crear un GIF animado.
Dadas las limitaciones de GIF se desarrolló PNG (Portable Network Graphics) como alternativa mejorada para usar en web. Este formato comprime sin pérdida y logra muy buena calidad de imagen (a costa de archivos más pesados que con GIF o JPG) y admite una transparencia que funciona perfectamente con los contornos difuminados. Hay dos versiones según la profundidad de color: PNG-8, parecido a GIF en que se limita a 256 colores (8 bit), y PNG-24 que admite color verdadero (24 bit).
Es un formato excelente para fotos, ilustraciones, dibujo lineal u otros diseños gráficos que serán reproducidos electrónicamente, como páginas web, libros epub y presentaciones con diapositivas. No trabaja en espacio CMYK y, por tanto, no sirve para impresión de calidad.
Comportamiento diferente de JPG, GIF y PNG cuando se insertan en una diapositiva. JPG no maneja transparencia y por ello mantiene su fondo blanco. GIF permite transparencia del fondo, pero deja una rebaba blanca en la zona de sombreado; además la limitación de colores reduce mucho la calidad de los degradados. PNG permite la integración ideal con el fondo de la diapositiva, mediante una transparencia perfecta que respeta la sombra difuminada y manteniendo la calidad de la imagen.
El Tagged Image File Format es versátil y de alta calidad, perfecto para guardar y editar originales en máxima resolución y enviar imágenes para impresión profesional (de hecho es uno de los estándares editoriales). Dado el peso de los archivos .tif este formato no es nada útil en Internet y tampoco aporta ventajas sobre JPG o PNG para presentaciones o libros electrónicos.
TIFF puede guardarse sin compresión, con compresión sin pérdida usando algoritmos LZW o ZIP, o compresión con pérdida usando algoritmo tipo JPEG. Admite transparencias perfectas y la posibilidad de guardar las capas que forman el archivo original, además de funcionar en espacios RGB y CMYK.
Todos los formatos comentados hasta ahora (y otros menos usados o directamente obsoletos como BMP o TARGA) son para imágenes de mapa de bits o ráster, es decir, aquellas formadas por un mosaico de píxeles. Existe otro modo de generar figuras sin usar píxeles, sino mediante líneas vectoriales.
Este sistema vectorial basado en curvas de Bézier es muy útil en ilustración y diseño gráfico, pues se crean formas que pueden cambiarse de tamaño sin afectar su resolución. Si se amplía una foto ráster se notará el pixelado, mientras una figura vectorial mantendrá sus contornos lisos. Por ejemplo, PowerPoint y Keynote permiten crear trazos vectoriales: todas las líneas, flechas, conectores o formas geométricas generados en estos programas son vectores.
Los dibujos vectoriales profesionales se crean mediante programas como Adobe Illustrator o Corel Draw y se guardan con las extensiones SVG o EPS.
Son las siglas de Portable Document Format. Esta invención de Adobe es casi una auténtica panacea en lo que a compatibilidad y universalidad se refiere. No es un formato de imagen, sino que está diseñado para documentos de texto con o sin imágenes, aunque también sirve para guardar ilustraciones y otras imágenes procesadas (como planos o mapas). No es práctico para guardar fotos individualmente. Es posible extraer una imagen incrustada en un documento PDF para utilizarla en otro trabajo, por ejemplo una presentación con diapositivas.
Formato de imagen según formato de comunicación
Vamos a resumir ahora qué formatos son los más indicados según la comunicación científica sea un artículo, un póster, una charla, etc.
Libro o artículo de revista: el estándar debería ser TIFF, en CMYK y al menos a 300 ppp de resolución (sobre resolución comenté algo en un post anterior). También valen las ilustraciones en formato PDF, que se pueden incrustar en la maqueta del libro. Para gráficos vectoriales va bien el EPS. Eventualmente se podría emplear imágenes en JPG, pero si tienen la resolución apropiada y están en CMYK. A los editores se les caen los calzoncillos cuando un colega médico/científico remite unas fotos cutres en jpg pixelado con calidad de WhatsApp. ¡Eso no se puede imprimir decentemente, leches!
Póster impreso: se mantienen los criterios de imagen para impresión, es decir, TIFF en CMYK. La resolución recomendada es 300 ppp, pero como los pósteres suelen tener impresión menos profesional, se admiten fotos a 150 ppp (menos de eso ya se corre riesgo) y también el uso de JPG. El archivo del póster se suele guardar como PDF, y hay que procurar que las propiedades globales del documento sean adecuadas para impresión.
Presentación con diapositivas: independientemente del programa usado, los formatos que mejor funcionan en diapositiva son JPG y PNG, según se quiera o no transparencia (aunque se pueden generar transparencias en el propio software de presentación) y según sea fotografía o dibujo. La resolución basta que sea de 72 ppp, aunque es preferible más, hasta 150 ppp (mayor resolución no aporta mejor calidad en pantalla), y todo en espacio RGB. Las imágenes GIF también se pueden insertar en diapos, pero son poco útiles. Los archivos vectoriales EPS son incrustables en presentaciones. PowerPoint y Keynote permiten copiar y pegar directamente en la diapo imágenes de otros orígenes, como PDF.
Póster electrónico: este tipo de pósteres no se diferencian en nada de una diapositiva, así que vale lo dicho anteriormente.
Libro electrónico: como trabaja en pantalla las imágenes estarán en RGB y con resolución de 72-150 ppp. Los ebook admiten JPG, PNG, GIF, SVG y EPS.
Página web: imágenes en RGB y 72 ppp, formatos JPG, PNG y GIF. Interesa que el tamaño del archivo sea el menor posible, sin afectar la calidad, para que cargue rápidamente en pantalla.
Pues eso, amiguitos, que no todo el monte es orégano, cada tipo de imagen debe ajustarse al propósito de su uso.
24 agosto, 2013 21 diciembre, 2016 presentaciones 4 comentarios clipartdiapositivasimágenespresentaciones
Las modas cambian, para todo, y lo que fue una sensación en los años 90 ahora puede resultar infame. Eso ocurre con las imágenes prediseñadas para presentaciones incrustadas en la suite Office y que tanto se usaron. El concepto de clipart proviene del diseño gráfico, refiriéndose a aquellas figuras ya impresas y recortadas que usaba el diseñador para componer sus ilustraciones. Se podían comprar cuadernos de imágenes prediseñadas de variados temas, para recortar y fijar con pegamento o cinta en el trabajo gráfico; luego no se notaba en la reproducción.
En los años 80 se desarrollaron los primeros softwares de procesamiento de imágenes, diseño de presentaciones y maquetación de textos. Era obvio pasar los clipart a soporte informático y comenzó la expansión de colecciones de imágenes prediseñadas en mapa de bits y luego en formato vectorial, que se distribuían en diskette y a partir de los 90 en CD. En esta década también Microsoft incorporó cliparts para PowerPoint, la verdad bastante escasos y cutres, pero era lo que había, era gratis y todos los usábamos.
Uno de los Screen Bean más malditos y cansinos.
Un prototipo de estos clipart es la serie de monigotes “Screen Beans” que a muchos nos traen recuerdos: esos peleles negros presentados en distintas posiciones y circunstancias para incluirlos en las diapos según correspondiera (el más socorrido sin duda era el que se rasca la cabeza, con un signo de interrogación, o quizás el de la bombilla de “idea”). Aún hay valientes y/o nostálgicos que se atreven a colocar un screen bean en sus diapos… Bit Better Corporation, la empresa que comercializaba los screen beans cerró a finales de 2011.
Actualmente se dispone a través de internet de una cantidad ingente de imágenes prediseñadas y gratuitas, con sitios enteros dedicados a distribuirlas. Los monigotes han evolucionado, ahora son más modernos y animados, pero no menos cutres y repetitivos. Y justo cuando tenemos a disposición cliparts como nunca, vienen los enteradillos del diseño a decir que no es buen asunto usarlos en presentaciones. Y tienen razón los enteradillos, pues estas imágenes prediseñadas suelen ser simplonas, feas, ordinarias, poco profesionales y aportan estos mismos atributos a las presentaciones que las usan. Se podría decir que actualmente el clipart tiene su sitio en los trabajos escolares, en los flyers de sindicatos de enfermería y en los anuncios de estudiantes de medicina promocionando actividades para recoger fondos para viaje de fin de curso, por poner unos ejemplos.
¿Qué se debe usar entonces? Lo recomendable es emplear fotografías o ilustraciones profesionales. Si se quiere poner, por ejemplo, un fonendo o una jeringuilla en una diapo es preferible emplear una foto de calidad, incluso artística, en vez de un garabato prediseñado de estos objetos. La mejor opción es usar fotografías propias, aunque se entiende que esto supone un esfuerzo adicional. Existen en internet bancos de imágenes más o menos gratuitas y de pago (iStockphoto, GettyImages) de donde sacar fotos de calidad. Incluso el clipart de Microsoft Office ahora incluye un buen puñado de fotos que pueden sacarlo a uno de un apuro.
El problema que veo a estas imágenes de banco es que no son más que la versión elaborada de los antiguos clipart, es decir, son tan ideales y photoshopeadas que terminan pareciendo todas iguales y cansan. Por ello hay que buscar y escoger bien.
En cuanto a ilustraciones científicas también se pueden conseguir por internet, pero con frecuencia son escaneados de libros o material de algún journal con derechos de autor. Para cosas serias y bien hechas no hay como solicitar ilustraciones a medida como las de www.ilustracionmedica.es (ejem, dejo colar la propaganda…)
En cualquier caso, las imágenes incluidas en diapositivas deben servir para comunicar y no solo para adornar. Deben demostrar o reforzar la idea presentada. De lo contrario solo serían ruido y lo más conveniente es no usarlas.
La verdad es que el uso de clipart lo tenemos metido en la cabeza a una profundidad que no nos damos cuenta: a diario tiramos de ellas en forma de emoticonos en Whatsapp y otras redes sociales y, dentro de sus limitaciones, les sabemos sacar partido como elemento comunicativo.
He aquí una presentación donde muestro lo planteado en este post. Lo inserto desde slideshare, aunque cada vez me toca más la moral su infame formato 4:3 y la mala calidad de conversión de imágenes a flash, en especial cuando hay texto en forma de imagen. Esta presentación también se puede ver desde Calaméo y desde SlideServe, que tienen algo de mejor calidad de imagen pero es un lío para insertarlos en wordpress.
Adenda: he abierto cuenta en authorstream.com y me parece que es la plataforma con mejor calidad de reproducción. Vuelvo a insertar la misma presentación para que comparéis, sobre todo en pantalla completa.
18 mayo, 2013 21 diciembre, 2016 congresos, presentaciones 3 comentarios ilustraciónimágenesinternetpresentaciones
Selección de imágenes para PowerPoint
Acojona que el ponente no tenga vergüenza para ahorrarnos una proyección de fotos pixeladas, fusiladas de internet sin misericordia, o pilladas de libros sin buen contraste ni legibilidad. Escucho a uno sentado detrás que murmura: “¡Pero si ese caso es mío! ¿De dónde ha sacado este impresentable mis fotos?” Estas cosas deben evitarse al hacer una presentación seria para una conferencia. Aquí dejo unas diapos que ilustran cómo seleccionar imágenes para presentaciones en PowerPoint:
Refiriéndose a imágenes, se llama resolución a la mínima separación que puede distinguirse entre dos puntos. La cantidad de estos puntos por unidad de superficie determina el nivel de resolución. Habitualmente se usan medidas anglosajonas por pulgada, bien sea en puntos por pulgada (dots per inch, dpi) cuando se trata de impresión en papel, o de píxeles por pulgada (ppi) cuando se trata de imagen digital en pantalla. En castellano ocurre que ppp significa tanto punto como pixel por pulgada, lo que se genera confusión, aunque para hacer PowerPiont no nos afecta. Mientras más dpi o ppi o ppp tenga una imagen mejor será su resolución.
Al preparar ilustraciones trabajamos básicamente con cuatro niveles de resolución: 300 ppp para impresión óptima en impresoras profesionales, 150 ppp para impresión de calidad relativamente buena en la impresora de casa, 96 ppp para impresión regulera doméstica o visualización en pantalla con buena calidad, y 72 ppp que es el estándar de visualización de imágenes en pantalla. El común de imágenes que flotan en internet están en esta resolución y por ello no suelen quedar bien al imprimirlas a menos que sean muy grandes.
Como PowerPoint trabaja proyectado en pantalla basta usar una resolución de 72 ppp cuando se elabora una ilustración, aunque yo particularmente prefiero prepararlas a 150 ppp, lo que me da mayor rango para escalar sin pérdida de calidad.
Sin embargo, cuando se habla de resolución de pantalla la cosa cambia: ya no se habla de píxeles por pulgada, sino que se expresa como las dimensiones totales en ancho y alto de la pantalla medidas en píxeles. Por ejemplo, mi pantalla está a 1440×900 px. Las resoluciones más frecuentes para monitor son 1024×768 y 1280×800 px. Obviamente, los notebooks, tablets y smartphones tienen otras medidas. Para saber la resolución de nuestra pantalla en windows basta hacer clic con botón derecho sobre el escritorio y se despliega un menú con la opción “Resolución de pantalla”. ¿Y los proyectores? Básicamente usan resoluciones similares a las de los monitores, así que aunque se proyecte en tamaño cine la resolución no será muy diferente a la de la pantalla del PC.
Ahora bien, para decidir si una imagen tiene buen tamaño para nuestra presentación hay que relacionarla con la resolución de la pantalla donde se proyectará. Si tomamos una imagen de 300×150 px, por ejemplo, y pretendemos ponerla a tamaño de pantalla completa obtendremos un churro pixelado de vómito y convulsión. Para usar imágenes sangradas a margen (que ocupan toda la pantalla o página) se necesitan imágenes superiores a 800×600 px, lo más similar a la resolución de nuestra pantalla. Las imágenes de menor tamaño no deberían escalarse a mayor tamaño para que no pierdan calidad.
Como que somos profesionales serios con título universitario, lo suyo es que la mayoría de las imágenes clínicas que usemos en una conferencia sean de nuestra propia cosecha o cedidas por colegas próximos. Si vas a hablar de tratamiento de la sarna y todas las fotos son bajadas de internet, una de dos: o no sueles ver pacientes con sarna (¿entonces pa qué hablas, chatín?) o no has tenido suficiente interés en hacer un banco propio de imágenes clínicas.
La siguiente fuente de la que hay que echar mano son las imágenes publicadas en revistas y textos científicos. Actualmente se pueden tener los artículos en pdf y es fácil extraer las imágenes de allí, pero de nuevo hay que vigilar la resolución que tienen. Y por último están los bancos de imágenes de internet y los buscadores tipo Google Images, donde es fácil determinar el tamaño en px de las fotos e incluso filtrar la búsqueda por tamaño, color y otros atributos.
Siempre hay que tener elegancia a la hora de usar imágenes ajenas. Si son de un colega, agradecerlo y darle el crédito que le corresponde, si son de bibliografía o de internet hay que especificar el origen. Y cuidadín con la protección de derechos de autor y royalties, en especial si la presentación va a rular por la red.
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