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Timestamp: 2017-01-18 09:46:34+00:00

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Huracán a la vista_julio2012 by Argoteca - issuu
64 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, julio 2012
El desarrollo de técnicas que permitan advertir tornados y huracanes
con mayor antelación podría salvar cada año centenares de vidas
Jane Lubchenco y John L. Hayes
Ĉ÷ĉûĂûĉĊĈċûĄúąúûĂ÷ĊąĈăûĄĊ÷ĉûÿăĆąĄûċĄÿĄquietante silencio. En el cielo negro de Joplin, en
Missouri, se desvanecen los tentáculos de un tornado descomunal y feroz de múltiples vórtices. Los
vientos, que superan los 320 kilómetros por hora y
abarcan una anchura de más de un kilómetro, se
abren paso por la ciudad a lo largo de casi 10 kilómetros y destruyen colegios, un hospital, comercios y viviendas, y se llevan por delante la vida de unos 160 habitantes.
Aquella tarde de domingo, el 22 de mayo de 2011, los especialistas en predicción habían emitido una advertencia unos
20 minutos antes del suceso. La alerta de un tornado se había
activado unas horas atrás y desde hacía días se realizaban pronósticos meteorológicos exhaustivos.
Los avisos habían llegado antes de lo habitual pero aparentemente no lo hicieron con la antelación necesaria. Aunque los
responsables de situaciones de emergencia se hallaban en alerta máxima, gran parte de la población no lo estaba.
El tornado que arrasó Joplin fue una de las numerosas catástrofes del mismo tipo acaecidas en primavera de 2011. Un
mes antes, un enjambre de tornados sin precedentes había devastado otras áreas del sur y había causado la muerte de
300 personas. El mes de abril registró la mayor actividad hasta la fecha: unos 750 tornados.
Con una cifra de 550 víctimas
mortales, 2011 pasó a la historia
de EE.UU. como el cuarto año con
mayor número de muertes causadas por tornados. Por otra parte,
el catastrófico año supuso unos
altos costes económicos. Se produjeron catorce eventos meteorológicos de carácter extremo —desde
el tornado de Joplin hasta inundaciones debidas a huracanes y tormentas de nieve— y los daños asociados a cada uno de ellos se estimaron en más de mil millones de dólares. La intensa actividad
prosiguió a comienzos de 2012: el 2 de marzo, los tornados causaron la muerte a 40 personas en 11 estados del medio oeste y
Las técnicas utilizadas en la predicción de fenómenos meteorológicos extremos han avanzado a lo largo de los últimos
Z[Y[d_ei"f[hebeiY_[djÐYeiZ[bW7Zc_d_ijhWY_dDWY_edWbZ[
la Atmósfera y el Océano (NOAA) continúan trabajando en la
mejora de radares, satélites y superordenadores para pronosticar tornados y tormentas con mayor antelación, determinar la
intensidad de los huracanes y predecir inundaciones. Si los esfuerzos dan resultado, dentro de una década la población podrá recibir, por ejemplo, la alerta de un tornado importante y
Z_ifed[hZ[bj_[cfeikÐY_[dj[fWhWWikc_hbWdej_Y_W"h[kd_hi[
con sus familiares y resguardarse.
El cambio climático probablemente conllevará una
mayor intensidad y frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, con lluvias más torrenciales
y huracanes más devastadores.
Los avances en la predicción meteorológica serán
cruciales para que la población disponga de mayor
tiempo de reacción ante tormentas peligrosas, lo que
salvará vidas y mitigará daños en infraestructuras.
Las nuevas técnicas en radares y satélites, junto
con modelos informáticos ejecutados por superordenadores más potentes, mejorarán la detección de los fenómenos meteorológicos extremos.
Una mayor antelación en la emisión de avisos solo
resultará eficaz si se acompaña de una mejor estrategia para lograr que los ciudadanos reaccionen y se movilicen. Ambos esfuerzos se aúnan con
el fin de aumentar la preparación de la población
ante las catástrofes meteorológicas.
Julio 2012, InvestigacionyCiencia.es 65
El meteorólogo Doug Forsyth dirige los planes de mejora del
radar, técnica empleada en el pronóstico de gran parte de los
fenómenos meteorológicos. Forsyth es director de la Unidad de
Investigación y Desarrollo de Radares del Laboratorio Nacional de Tormentas Intensas de la NOAA en Norman, en Oklahoma. Aspira a que se emitan los avisos de tornado con mayor
Wdj[bWY_d"oWgk[Wb]kdeiZ[beic|iYWjWijhÐYeifk[Z[deh_ginarse en poco tiempo y el radar constituye la herramienta
fundamental para detectarlos cuando se forman.
El funcionamiento de un radar se basa en la emisión de onZWiZ[hWZ_egk[iedh[Ñ[`WZWifehfWhjYkbWiWjcei\h_YWi"Yece
gotas de lluvia, partículas de hielo o incluso insectos y polvo.
Los expertos en predicción meteorológica pueden conocer la localización y la importancia de las precipitaciones midiendo la
_dj[di_ZWZZ[bWiedZWih[Ñ[`WZWio[bj_[cfegk[jWhZWd[dh[gresar al radar. Los radares Doppler que utiliza actualmente el
Servicio Meteorológico Nacional de EE.UU. calculan las variaY_ed[iZ[\h[Yk[dY_W[dbWiedZWih[Ñ[`WZWi"Z[begk[i[Z[Zkce la dirección y velocidad a la que se mueven las precipitaciones. Estos dos últimos parámetros permiten observar si cualquier movimiento rotatorio en el interior de una tormenta
pudiera derivar en la formación de un tornado.
En 1973, los meteorólogos de la NOAA Rodger Brown, Les
Lemon y Don Burgess descubrieron el alcance predictivo de dichos parámetros al analizar los datos procedentes del tornado
que azotó Union City, en Oklahoma. Las imágenes por radar
mostraban velocidades de alejamiento y acercamiento muy
próximas entre sí. El aspecto visual de los resultados era tan
extraordinario que al principio no supieron interpretarlo. Sin
embargo, una vez que correlacionaron los datos con la ubicación del tornado, los bautizaron como «indicadores de vórtice de tornado». Hoy constituyen el parámetro predictivo más
extendido; indica una elevada probabilidad de que se esté produciendo un tornado o de que lo haga en un futuro inmediato. Los resultados permitieron anticipar la advertencia de tornado desde una media de 3,5 minutos en 1987 hasta los actuales 14 minutos.
A pesar de que el radar Doppler ha supuesto un gran avance, no se trata de una técnica perfecta, ya que no permite a los
meteorólogos como Forsyth distinguir entre distintas formas de
partículas y, por tanto, pueden llegar a confundir una tormenta de lluvia con una de polvo. Irónicamente, la carrera profesional de Forsyth cambió de rumbo al no superar un examen ocular que relegó sus ambiciones como piloto de las fuerzas aéreas
estadounidenses a una carrera como meteorólogo. Desde entonces, se ha dedicado a la mejora de los radares para obtener una
imagen más precisa de la atmósfera.
La polarización dual constituye uno de los avances fundamentales. Gracias a esta técnica, los meteorólogos pueden diferenciar con mayor precisión distintos tipos y volúmenes de
precipitación. En ocasiones las partículas de lluvia y granizo
presentan la misma dimensión horizontal —por lo que el radar
Doppler registra imágenes idénticas—, pero las primeras son
más aplanadas. El reconocimiento de la forma de las partículas
i_cfb_ÐYWbWbWXeh_eiWjWh[WZ[_Z[dj_ÐYWhYWhWYj[hij_YWiZ_ij_dtivas en los registros del radar. La información permite elaborar pronósticos más exactos, de modo que la población puede
prepararse ante una tormenta de granizo y no de lluvia.
Los datos relativos al tamaño de las partículas ayudan tamX_dW_Z[dj_ÐYWhcejWiZ[h[i_Zkeib[lWdjWZWifehjehdWZeio
tormentas fuertes. Con ello se localizan las tormentas destruc-
66 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, julio 2012
Jane Lubchenco dirige la NOAA desde 2009.
Experta en ecología marina y medioambiente,
está especializada en océanos, cambio climático
y la interacción entre ambiente y bienestar
John L. Hayes es director del Servicio Meteorológico
Nacional de la NOAA. Es responsable de la elaboraciónn
y la comunicación de alertas y predicciones meteorológicas al Gobierno, la industria y la población.
tivas que ocurren en un momento dado, lo que resulta de especial relevancia, por ejemplo, cuando los camioneros atraviesan
un tornado invisible para el ojo humano. Aunque un tornado
se halle enmascarado por las lluvias o se produzca durante la
noche, la polarización dual sigue detectando las partículas de
residuos en el aire.
En la actualidad, el Servicio Meteorológico Nacional de
EE.UU. está integrando la polarización dual (que también permite el seguimiento de las precipitaciones durante huracanes
y tormentas de nieve) en 160 radares Doppler de todo el país y
espera completar su misión a mediados de 2013. En paralelo, la
NOAA está formando a los meteorólogos para que aprendan a
_dj[hfh[jWhbWidk[lWi_c|][d[i$BWEÐY_dWZ[Fh[Z_YY_dC[teorológica de Newport/Ciudad de Morehead, en Carolina del
Norte, fue la primera en aplicar la técnica a un ciclón tropical
cuando el huracán Irene se aproximaba al estado en 2011. En el
transcurso de la tormenta, los radares de polarización dual resultaron más exactos en el cálculo de la tasa de precipitación
—y, por tanto, en la predicción de inundaciones— que los radares clásicos ubicados más al norte. Sin duda, los nuevos dispositivos lograron salvar vidas en ambos estados de Carolina. Más
al norte, donde no se aplicó dicha técnica, el huracán Irene provocó daños más graves, a pesar de las advertencias, y causó la
muerte de 30 personas.
Pam Heinselman, meteoróloga de la NOAA, asegura que los
pronósticos meteorológicos también podrían mejorar si se implantara una técnica de radar avanzada que aplica la Armada
de EE.UU. para detectar y controlar la posición de misiles y barcos enemigos. Heinselman dirige un equipo de investigación
formado por ingenieros eléctricos, meteorólogos y sociólogos
en el Banco Nacional de Pruebas de Radares Meteorológicos en
Norman (Oklahoma) que se centra en esa técnica, los «radares
de antenas en fase».
Los actuales radares Doppler disponen de una antena parabólica giratoria que realiza barridos sucesivos bajo distintos ángulos de elevación. Tras completar un giro de 360o, la antena se
inclina hacia arriba para barrer otra pequeña porción de la atmósfera. Una vez terminado el muestreo desde cada ángulo, lo
que en condiciones meteorológicas graves equivale a 14 giros,
el radar regresa a su posición inferior y comienza de nuevo el
proceso. Un radar Doppler tarda de cuatro a seis minutos en
examinar por completo la atmósfera.
Por el contrario, los radares de antenas en fase emiten más
de un pulso a la vez, de modo que se suprime la necesidad de inclinar las antenas; en consecuencia, el tiempo que tarda en explorar la atmósfera durante una tormenta se reduce a un minuje$;bWlWdY[WokZWh|W_Z[dj_ÐYWhYedhWf_Z[pfei_Xb[iYWcX_ei
en la circulación interna de una tormenta y, en última instancia,
detectar con mayor antelación las situaciones que pudieran dar
origen a un tornado. El equipo de Heinselman ha demostrado
que un radar de antenas en fase puede además suministrar ciertos datos de los que hoy todavía no se dispone, como los cambios rápidos en los campos de vientos, que pueden preceder a
variaciones bruscas en la intensidad de una tormenta.
Heinselman y otros estiman que el simple uso de antenas
en fase podría ampliar el tiempo de emisión de los avisos de
tornado en más de 18 minutos, aunque todavía hay que perfeccionar el método. Idealmente, los sistemas de antenas en fase
contarán con cuatro paneles que emitirán y recibirán ondas de
radio y ofrecerán una visión de la atmósfera de 360o (cada panel estará orientado hacia un sector concreto: norte, sur, este
y oeste). Por el momento, los meteorólogos de Norman han habilitado sistemas de un solo panel para la vigilancia meteorológica, y todavía deberá transcurrir al menos una década antes
de que las antenas en fase se extiendan por todo el país.
Evidentemente, ni los mejores radares pueden barrer aquellas
secciones del cielo que quedan al otro lado de una montaña o
mar adentro en los océanos, donde se originan los huracanes.
En esos casos se recurre a los satélites, también utilizados para
obtener datos que complementen la información local proporcionada por un radar. Los satélites meteorológicos de la NOAA
facilitan más del 90 por ciento de los datos en los que se basan
las predicciones diarias y a largo plazo. Resultan imprescindibles para dar alertas de condiciones meteorológicas extremas
YedlWh_eiZWiZ[Wdj[bWY_d$7ÐdZ[c[`ehWhbeih[ikbjWZeiZ[
tan valiosa información, la NOAA pretende habilitar una serie
de nuevas técnicas en los próximos cinco años.
Si no aumenta el detalle de observación de los satélites, la
predicción del tiempo a más largo plazo (sobre todo en el caso
Z[[l[djeiYWjWijhÐYeiYecebei^khWYWd[ii[l[h|dejWXb[mente restringida. La vigilancia meteorológica requiere dos tipos de satélite: geoestacionarios y polares. Los primeros se manj_[d[d[dkdWfei_Y_dÐ`WWkdei)+$&&&a_bc[jheiZ[WbjkhWo
jhWdic_j[d_c|][d[iYWi_Yedj_dkWiZ[bWikf[hÐY_[j[hh[ijh[$
Gracias a las fotografías que suministran cada 15 minutos, se
pueden seguir las tormentas que crecen con rapidez o detectar
cambios en los huracanes (aunque no en los tornados).
Los satélites polares, que orbitan alrededor de la Tierra pasando por los polos a una altitud de unos 830 kilómetros, registran datos más precisos de temperatura y humedad en diferentes capas de la atmósfera. Estos satélites de órbita baja (LEO,
por sus siglas en inglés) se distribuyen en una red que obtiene
información de todo el planeta cada 12 horas.
A lo largo del presente decenio, la NOAA planea lanzar una
nueva serie de satélites LEO, el Sistema Conjunto de Satélites
C I E N C I A Y S O C I E DA D
Una alarma eficaz
AP PHOTO/FOTOGRAFÍAS AÉREAS CORTESÍA DE M. J. HARDEN, COMPAÑÍA GEOEYE
En mayo de 2011, la ciudad de Joplin, en
Missouri, fue asolada por una serie de tornados de tal virulencia que causó numerosas víctimas mortales. El número de fallecidos se hubiera reducido si una mayor
parte de la población hubiera hallado antes
un lugar donde ponerse a salvo. La socióloga de la NOAA, Vankita Brown, colaboró
con los equipos de investigación del Servicio Nacional de Meteorología para analizar
las medidas que se podrían haber tomado
para lograr una respuesta más adecuada de
la población. Sus investigaciones concluyeron que muchos habitantes no reaccionaron enseguida al oír la primera sirena o
alarma de tornado, sino que esperaron
DäîDßx`Uß§D`¸³ß­D`¹³lx¸îßDäøx³tes, como las amistades. Otras personas
Joplin (Missouri), agosto de 2009
ä­Ç§x­x³îx³¸lxß¸³D§Dþä¸§Däø`x³îx
Según Brown, la población suele pensar
que nunca se verá afectada por eventos
`DîDäîß¹`¸ä³ßx`øx³îxäj`¸­¸î¸ß³Dl¸ä
y huracanes. Pero tal percepción de seguridad cambia justo después de un desastre.
Fue en ese contexto, tras el tornado de
Joplin, cuando la NOAA hizo un llamamiento al diálogo nacional con el objetivo
de construir un país que estuviera preparado ante las catástrofes meteorológicas.
Las conclusiones de los encuentros cienî`¸älxäîD`D³ø³DäxßxlxÇDä¸äDäxøß
para persuadir a la población de que actúe
ante las alarmas. Los meteorólogos que aparecen en la radio y la televisión pueden mostrar la localización exacta de una tormenta
que está a punto de desatarse. Dado que es
más probable que una persona reaccione si
ve actuar a otros miembros de su familia o
a sus amigos, aquellos que se están preparando ante una tormenta pueden utilizar
Facebook o Twitter para motivar a otros.
Por su parte, la NOAA puede incentivar la
reacción actualizando sus propias páginas
de Facebook y Twitter —método en fase de
prueba— y destacando las alertas en Google Maps. La Agencia Federal de Gestión de
Emergencias y la Comisión Federal de Comunicación también han comenzado a enviar mensajes desde cada estación de radio
base a cada teléfono móvil que se halle a su
alcance. Dichas medidas, junto con una
mayor antelación en los avisos, podrían
Tras el tornado de mayo de 2011
Julio 2012, InvestigacionyCiencia.es 67
imágenes continuas
myåmyù´DD¨ïùàD¦D
de 35.000 km.
La predicción de tormentas
ha avanzado de forma notable.
pueden alertar a la población
estadounidense de la inminencia de un tornado con una
antelación media de 14 minutos. Además, las nuevas
técnicas que desarrolla la
permitirían ampliar el tiempo
de los avisos ante cualquier
Resolución geoestacionaria actual
Polares, que dispondrán de un equipo informáticoactualiza
do y de los instrumentos más avanzados. Los datos que proporcionen se introducirán en modelos computacionales para mejorar la predicción de algunos parámetros, como la intensidad
y la trayectoria de los huracanes, y la previsión de tormentas intensas e inundaciones. Los nuevos sensores de microondas e
infrarrojos mejorarán la calidad de los datos tridimensionales
relativos a la temperatura, presión y humedad de la atmósfera,
variables de especial relevancia si se tiene en cuenta que los
cambios rápidos de temperatura y humedad combinados con
bajas presiones indican una tormenta fuerte. Los sensores de
infrarrojos obtienen datos sobre dichos parámetros en áreas sin
nubosidad, mientras que los de microondas pueden hacerlo a
pesar de la existencia de nubes.
En abril de 2011, cinco días antes de que un intenso sistema
de tormentas se abriera paso por seis estados, los datos de los
actuales satélites polares de la NOAA se incorporaron en los modelos; el consiguiente resultado permitió al Centro de Predicción de Tormentas de la NOAA prever un «tornado de posibles
dimensiones históricas». La medianoche anterior al evento, el
centro le adjudicó el máximo nivel de riesgo. Tal nivel se reserva a los casos más extremos en los que la incertidumbre es mínima y se detecta la posibilidad de una tormenta explosiva. Los
nuevos satélites LEO deberían permitir dichas predicciones hasta cinco o siete días antes de una tormenta.
También se realizarán mejoras en los satélites geoestacionarios. En la serie de satélites GOES-R que se lanzará en 2015 se
incorporarán instrumentos muy modernos que obtendrán fotografías de la Tierra cada cinco minutos tanto en longitudes de
onda del espectro visible como en el infrarrojo. Gracias a ello,
la frecuencia de las observaciones aumentará de 15 a 5 minutos, o menos, con lo que se podrán advertir las tormentas fuerj[igk[i[_dj[di_ÐYWd[dfeYej_[cfe$7Z[c|i"beiiWjb_j[i
GOES-R ofrecerán las primeras imágenes espaciales de rayos en
el hemisferio occidental. Mediante un generador de mapas de
rayos se detectarán cambios en la frecuencia de las descargas
68 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, julio 2012
Resolución geoestacionaria futura
La NOAA prevé el lanzamiento de nuevos satélites geoestacionarios y polares de mayor resolución que permitirán predecir
®y¦¹à¨D´ïy´åmDmĂ¨DïàDĂy`ï¹àDmyù´Dï¹à®y´ïD´`Èy´ïyÎ
Los datos contribuirán a avanzar la alerta de huracanes en varios
días y anticipar otros eventos de carácter extremo.
entre las nubes o entre las nubes y la tierra. Los estudios apuntan que tales variaciones tienen lugar 20 minutos, o más, antes
de la formación de granizo, vientos fuertes o incluso tornados.
Las nuevas técnicas implementadas en radares y satélites contribuirán a adelantar varios minutos la emisión de advertencias.
Pero si se introdujeran los datos en los modelos informáticos de
predicción meteorológica se podría ganar incluso más tiempo.
Los avisos de tornado, por ejemplo, podrían darse con una hora
de antelación. La situación en Joplin habría cambiado por completo de haber contado con un plazo de tiempo similar.
Los modelos de predicción se basan en las leyes físicas que
gobiernan la dinámica atmosférica, las reacciones químicas y
otros procesos interdependientes. Para funcionar necesitan incorporar millones de cifras que describen las variables relacionadas con las condiciones meteorológicas y ambientales, como
la temperatura, la presión o el viento. Imaginemos una malla
ieXh[bWikf[hÐY_[j[hh[ijh[1i_jk[ceiejhWkdeiY_[dc[jheifeh
encima de la primera, y así sucesivamente hasta alcanzar el límite superior de la estratosfera, a unos 50 kilómetros de altitud. Se requieren millones de líneas de código para traducir los
miles de millones de puntos de malla en observación.
En la actualidad, un modelo clásico de predicción meteorológica utiliza mallas divididas en cuadrados de unos 15 a 80 kilómetros cuadrados. Cuanto más pequeños son los cuadrados,
mayor es la resolución del modelo y más precisa la detección de
aquellos cambios atmosféricos a pequeña escala que puedan
desatar tormentas. Sin embargo, el procesado de un número
creciente de datos exige superordenadores más rápidos.
FWhWc[`ehWhbeiceZ[beii[d[Y[i_jWdWZ[c|iY_[djÐYei
que sepan integrar e interpretar todos los datos. Bill Lapenta,
director del Centro de Modelización Ambiental de la NOAA, dirige dicha labor y genera continuas predicciones numéricas con
antelaciones de 12, 24, 36, 48 y 72 horas y más. Los meteorólogos contrastan los modelos de la NOAA con los de otros centros
CORTESÍA DE NOAA (mapas); JAMESON SIMPSON (ilustraciones)
orbitan a 830 km de
altura y barren la
totalidad del planeta
El ascenso vigoroso de una masa de aire
caliente y húmedo contribuye a formar un
tornado en el que se concentran intensos
vientos rotacionales.
Al incorporar los datos procedentes de satélites
ĂàDmDàyåDÿD´ĆDm¹åy´®¹my¨¹åy¦y`ùïDm¹åÈ¹à
ordenadores más rápidos, los meteorólogos
podrán emitir alertas incluso antes de iniciarse
un evento de carácter extremo.
permiten utilizar mallas de
mayor resolución (abajo).
La polarización dual
detectará tornados
incluso cuando resulten invisibles para el
¹¦¹ù®D´¹Î
Los períodos de alerta podrán ampliarse gracias
a dos nuevas formas de radar. La polarización
dual (izquierda), que actualmente se está insta¨D´m¹y´¨¹åàDmDàyåyåïDm¹ù´my´åyåj®y¦¹àDàE¨D¨¹`D¨ĆD`º´my
las regiones donde se producen precipitaciones intensas. Los
radares de antenas en fase, cuyo uso generalizado no se implantará
hasta al menos dentro de un decenio, permitirán examinar con
mayor rapidez y detalle una determinada sección del cielo, con lo
que se detectarán antes los fenómenos meteorológicos extremos.
Área de precipitación
internacionales para elaborar la predicción que aparece en Internet o en el telediario.
Los superordenadores de la NOAA en Fairmont (Virginia Occidental) procesan 71,3 billones de cálculos por segundo. Sin embargo, Lapenta estima que pueden alcanzarse velocidades superiores que permitan aplicar los modelos a escalas todavía menores. Por ejemplo, con una malla de 2,5 kilómetros cuadrados se
simularían los procesos de pequeña escala que pudieran transforcWhkd^khWY|dejehc[djWYej_Z_WdW[d\[dc[deiYWjWijhÐcos. La NOAA planea acceder a algunos de los últimos superordenadores del Observatorio Nacional de Oak Ridge para comenzar
a diseñar modelos de este tipo. Lapenta espera que los modelos
de alta resolución empiecen a funcionar en 2020.
También prevé que algún día en la próxima década, los nuevos radares y satélites de mayor capacidad convivirán con una
generación de modelos meteorológicos de alta resolución, ejecutados a tiempo real por ordenadores cuyas velocidades superen
el trillón de cálculos por segundo. Para hacerlos realidad, se están estudiando en profundidad las relaciones matemáticas, físiYWioX_e][egkc_YWigk[Z[X[dYeZ_ÐYWhi[fWhWgk[[bceZ[be
Si las inversiones de la NOAA en este esfuerzo dan sus frutos,
los meteorólogos ya no necesitarán esperar hasta obtener una
imagen de radar para detectar una tormenta y emitir un aviso
con 14 o 18 minutos de antelación. Por el contrario, podrán advertir sobre la inminencia de tornados, tormentas intensas e inun-
ZWY_ed[iYWjWijhÐYWickY^eWdj[i"XWi|dZei[[dfhedij_YeiZ[
alta precisión elaborados por modelos, lo que concederá a la población de 30 a 60 minutos para tomar medidas de seguridad.
MEJOR CIENCIA, MEJORES DECISIONES
Gracias a todos esos progresos, los meteorólogos como Gary
9edj["Z[bWEÐY_dWZ[Fh[Z_YY_dC[j[eheb]_YWZ[bW9_kZWZ
de Nueva York, podrán predecir con mayor precisión y antelación los eventos que pudieran paralizar la ciudad, como tormentas de nieve y hielo. Los fenómenos extremos podrán preverse con cinco días de tiempo, los huracanes con siete días, y
la amenaza de inundaciones primaverales con semanas. Esta
visión de una nación preparada contra las inclemencias del
tiempo nace en el deseo de evitar los desastres que no fueron
mitigados en 2011.
El objetivo es que en 2021 la ciudad de Joplin, reconstruida
y en pleno desarrollo, reciba los avisos de tornado más de una
hora antes de que sucedan. De ser así, las familias contarían
con más tiempo para reunirse y resguardarse. Las residencias
de ancianos y los hospitales podrían transferir residentes y pacientes a un lugar seguro. Los comerciantes tendrían tiempo
para poner a salvo a sus trabajadores y cerrar sus negocios. Los
teléfonos móviles recibirían mensajes de alarma para que las
personas buscaran refugio y los meteorólogos emitirían alertas similares por televisión o radio. Las sirenas tocarían a rebato para reforzar la urgencia de los avisos. Como resultado,
aun el tornado más feroz de la naturaleza atravesaría la ciudad
sin cobrarse ni una sola vida.
Centro de predicción de tormentas de la NOAA: www.spc.noaa.gov
Servicio meteorológico de la NOAA: weather.gov
Managing the risks of extreme events and disasters to advance climate change adaptation. Special IPCC report. Dirigido por C. B. Field et al. Cambridge University Press, 2012.
Julio 2012, InvestigacionyCiencia.es 69
Huracán a la vista_julio2012
64 INVESTIGACIÓN Y CIENCIA, julio 2012 Jane Lubchenco y John L. Hayes METEOROLOGÍA El cambio climático probablemente conllevará una mayor intensidad y frecuencia de fenómenos me- teorológicos extremos, con lluvias más torrenciales y huracanes más devastadores. Los avances en la predicción meteorológica serán cruciales para que la población disponga de mayor EN SÍNTESIS Julio 2012, InvestigacionyCiencia.es 65 DAV ID M AY H E W Published on issuu

References: Resolución 

Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución