Source: http://legales.com/Tratados/e/edominio.htm
Timestamp: 2013-06-19 15:43:57+00:00

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Del dominio Doctrina Nacional C�digo Civil Art. 2503. Son derechos reales:
Así, dice Demolombe, la enfiteusis es una convención sui generis, un poco de arrendamiento, un poco de usufructo, un poco de propiedad; pero verdaderamente no es arrendamiento, ni usufructo, ni propiedad. Esto mismo ya lo decía la Ley Romana jus emphyteuticarium neque conductionis, neque alienationis, esse titulis adjiciendum, sed hoc jus tertium esse constituimus, L. 1, Cód. Romano, De jure emphyteutico (pag. 546). Instituta, § 3, De locatione et conductione. La singularidad de este derecho ha hecho que las leyes, la jurisprudencia y la doctrina estén llenas de incertidumbres y de controversias.
En virtud pues, de lo dispuesto en este artículo y en el anterior, la Comisión que proyectó el Código Civil para España, suprimió la enfiteusis y Goyena en la nota al artículo 1547 expone los males que ese contrato había causado en aquel reino. En casi todos los códigos modernos está prohibida la enfiteusis. En el Código Francés no hay la palabra enfiteusis. Si se hace pues, un contrato de enfiteusis, valdrá sólo como contrato de arrendamiento, y a que no puede valer como de usufructo, y durará sólo por el tiempo que puede durar la locación".
2506. El dominio es el derecho real en virtud del cual una cosa se encuentra sometida a la voluntad y a la acción de una persona.
Nota de V�lez al 2506: "L. 1,Tít. 28, Part. 3� define el dominio o la propiedad: poder que home ha en su cosa de facer de ella o en ella lo que quisiere, segun Dios e segun fuero; pero otra Ley dice: maguer el home haya poder de facer en lo suyo lo que quisiere, pero d�belo facer de manera que non faja da�o ni tuerto a otro. - L. 13,Tít. 32, Part. 3� - El C�d. Franc�s, art�culo 544, define la propiedad diciendo que: "la propiedad es el derecho de gozar y de disponer de las cosas de la manera m�s absoluta". Este art�culo, en lugar de dar una verdadera definici�n, hace m�s bien por una enumeraci�n de los principales atributos de la propiedad, una descripci�n de ese derecho. Los Romanos hac�an una definici�n emp�rica de la propiedad, jus utendi et abutendi, definici�n que no tiene relaci�n sino con los efectos y no con las causas, ni con los or�genes, porque ellos deb�an ocultar los or�genes de sus propiedades. propiedades.
La propiedad deb�a definirse mejor en sus relaciones econ�micas: el derecho de gozar del fruto de su trabajo, el derecho de trabajar y de ejercer sus facultades como cada uno lo encuentre mejor. Para la legislaci�n aceptamos la definici�n de los jurisconsultos Aubry y Rau, � 190".
Jurisprudencia: "Si el inmueble fue adquirido por la actora, el mismo queda sometido a su voluntad y acci�n, con car�cter exclusivo, pudiendo entonces disponer o servirse de la cosa, usarla y gozarla de acuerdo a su uso regular, percibiendo as� los frutos naturales o civiles (arts. 2506, 2508, 2513, 2514 y ccs. del C�d. Civil) y excluyendo a los terceros del uso o goce o disposici�n de la cosa cuando no exista alg�n negocio jur�dico que limite estos derechos (arts. 2515 y 2516 C�d. Civil)".
"El propietario, goza del "jus utendi et fruendi", es decir, puede aprovechar la cosa y explotarla en la forma que considere m�s conveniente, sacando de ella todas las ventajas y beneficios que es susceptible de producir (arts. 2513, 2514, 2515, 2516 y concds. del C�digo Civil), de alli que se encuentre asistido de derecho para obtener -adem�s de los frutos naturales e industriales- los frutos civiles de la cosa como ser�a disponer jur�dicamente de la misma cedi�ndola en locaci�n (art�culo 1493 del C�digo Civil)".
2507. El dominio se llama pleno o perfecto, cuando es perpetuo, y la cosa no está gravada con ningún derecho real hacia otras personas. Se llama menos pleno, o imperfecto, cuando debe resolverse al fin de un cierto tiempo o al advenimiento de una condición, o si la cosa que forma su objeto es un inmueble, gravado respecto de terceros con un derecho real, como servidumbre, usufructo, etcétera.
2508. El dominio es exclusivo. Dos personas no pueden tener cada una en el todo el dominio de una cosa; mas pueden ser propietarias en común de la misma cosa, por la parte que cada una pueda tener.
2509. El que una vez ha adquirido la propiedad de una cosa por un título, no puede en adelante adquirirla por otro, si no es por lo que faltase al título por el cual la había adquirido.
Nota de V�lez al 2509: "Siendo la propiedad la reunión de todos los derechos posibles sobre una cosa, un derecho completo, ninguna cosa nueva de adquisición puede agregárselo cuando él existe en su plenitud y perfección. L. 159, Digesto, De Regulis Juris (*) - L. 3, § 4, Digesto, De adq. vel amitt. possess. - Cód. de Luisiana, artículo 487 - Pothier, De la Propiedad, nº 18. Pero no hay impedimento para que una cosa que es debida a alguien por un titulo no pueda serle debida en adelante por otro título como cuando la cosa ha sido vendida, y en seguida la misma cosa ha sido legada a Ia misma persona por el propietario de ella".
Comentario: (*) Ley CXIX, para el Digesto Teórico Práctico, que remite a la L. 3, § 4, Tít. 2, Lib. 41. Véase "Extinción del dominio" del Dr. Horacio F. Caruso.
2510. El dominio es perpetuo, y subsiste independiente del ejercicio que se pueda hacer de él. El propietario no deja de serlo, aunque no ejerza ningún acto de propiedad, aunque esté en la imposibilidad de hacerlo, y aunque un tercero los ejerza con su voluntad o contra ella, a no ser que deje poseer la cosa por otro, durante el tiempo requerido para que éste pueda adquirir la propiedad por la prescripci�n.
Nota de V�lez al 2510: "Cód. de Luisiana, artículo 488 - L, 44, Digesto De adq, rer. dom. - Pothier, De la propiedad, nº 277 - Demolombe, tomo IX, nº 546 (*) - Aubry y Rau, § 191".
Comentario: (*) Demolombe, cita a Tiraqueau, en § 1, glosa 14, n° 88.
2511. Nadie puede ser privado de su propiedad sino por causa de utilidad pública, previa la desposesión y una justa indemnización. Se entiende por justa indemnización en este caso, no sólo el pago del valor real de la cosa, sino también del perjuicio directo que le venga de la privación de su propiedad.
Nota de V�lez al 2511: "L, 2,T�t. 1, Part. 2�, y L. 31,Tít. 18, Part. 3� - C�d. Franc�s, art�culo 545 - Holand�s, 544 - de Luisiana, artículo 489 - Demolombe tomo IX, desde el n� 556 trata extensamente la materia del art�culo. Lo mismo Toullier, tomo III, desde el n� 252.
Es preciso no tomar en cuenta, por ejemplo, el valor de una casa en sí misma, sino también la ventaja particular que ella ofrece por su situación para la industria del propietario. Recíprocamente, si de la ejecución de los trabajos que hacen necesaria la expropiaci�n, debe procurar un aumento de valor inmediato y especial a la porción no expropiada, este aumento debe tomarse en consideración para la avaluación del importe de la indemnización. La indemnización debe consistir exclusivamente en una suma de dinero: debe ser previa a la desposesión, y no puede subordinarse a una eventualidad. Tampoco la indemnización podrá nunca compensarse con el mayor valor que tome la parte no expropiada de la finca. V�ase Zachariae, � 277, nota 13. La expropiaci�n por utilidad p�blica no es tratada sino muy accesoriamente en las Leyes Romanas. La expropiaci�n por utilidad p�blica ten�a lugar, no s�lo respecto de los inmuebles, sino tambi�n respecto de los muebles de primera necesidad, por ejemplo, grano, aceite, etc. V�ase Maynz, � 292, nota 33". 2512. Cuando la urgencia de la expropiaci�n tenga un carácter de necesidad, de tal manera imperiosa que sea imposible ninguna forma de procedimiento, la autoridad pública puede disponer inmediatamente de la propiedad privada, bajo su responsabilidad.
Nota de V�lez al 2512: "Demolombe, tomo IX, n° 564 (*). As�, en una ciudad en estado de guerra, una orden del jefe del pueblo, y aun en caso de urgente necesidad, del jefe de las tropas, basta para autorizar la demolici�n de un edificio.
Comentario: (*) Demolombe, cita a P. A. Fenet, en tomo XI, pag. 102. 2513. Es inherente a la propiedad el derecho de poseer la cosa, disponer o servirse de ella, usarla y gozarla conforme a un ejercicio regular. (Ley 17.711). Nota de V�lez al 2513 original: "Pothier, De la propiedad, n° 5°. Demolombe, tomo IX, desde el n° 543. Zachariae, � 277. Importa, sin embargo, observar que los excesos en el ejercicio del dominio son en verdad la consecuencia inevitable del derecho absoluto de propiedad, pero no constituyen por s� mismos un modo del ejercicio de este derecho que las leyes reconocen y aprueban. La palabra abuti de los romanos expresaba solamente la idea de la disposici�n y no de la destrucci�n de la cosa. Dice la Instituta Expedit enim Reipublicae ne sua re quis male utatur (� 2, de his qui sui, vel alien.). Pero es preciso reconocer que siendo la propiedad absoluta, confiere el derecho de destruir la cosa. Toda restricci�n preventiva tendr�a m�s peligros que ventajas. Si el gobierno se constituye juez del abuso, ha dicho un fil�sofo, no tardar�a en constituirse juez del uso, y toda verdadera idea de propiedad y libertad ser�a perdida.
2514. El ejercicio de estas facultades no puede ser restringido en tanto no fuere abusivo, aunque privare a terceros de ventajas o comodidades. (Ley 17.711)
Nota de V�lez al 2514 original: "Demolombe, tomo X, n° 27. Zachariae, § 276 y § 277, nota 3. Duranton, tomo IV, n°s. 408 y sgtes. Pardessus, Servidumbres, tomo I, n°s. 80 y 81. La Ley Romana dice que puedo abrir un pozo en mi casa, aunque por eso se corten las aguas que filtran al fundo vecino, y le traiga el perjuicio de secar los pozos o las fuentes de la propiedad contigua. L. 24, § 12,Tít. 2, Lib. 39, Digesto. La Ley de Partida copió la Ley Romana, con una notable adición, dice: fueras ende si este que lo quisiese facer, non lo hubiese menester, mas se moviese maliciosamente por facer mal a otro. L. 19, Tít. 32, Part. 3ª, y véase L. 25 del mismo título.
La resolución del artículo no importa decir que el dueño de una finca pueda poner en ella establecimientos industriales que hagan desmerecer en sus valores y en sus alquileres los predios vecinos, como más adelante quedará establecido".
2515. El propietario tiene la facultad de ejecutar, respecto de la cosa, todos los actos jurídicos de que ella es legalmente susceptible; alquilarla o arrendarla, y enajenarla a título oneroso o gratuito, y si es inmueble, gravarla con servidumbres o hipotecas. Puede abdicar su propiedad, abandonar la cosa simplemente, sin transmitirla a otra persona.
2516. El propietario tiene la facultad de excluir a terceros del uso o goce, o disposición de la cosa, y de tomar a este respecto todas las medidas que encuentre convenientes. Puede prohibir que en sus inmuebles se ponga cualquier cosa ajena; que se entre o pase por ella. Puede encerrar sus heredades con paredes, fosos, o cercos, sujetándose a los reglamentos policiales.
2517. Poniéndose alguna cosa en terreno o predio ajeno, el dueño de éste tiene derecho para removerla sin previo aviso si no hubiese prestado su consentimiento. Si hubiese prestado consentimiento para un fin determinado, no tendrá derecho para removerla antes de llenado el fin.
2518. La propiedad del suelo se extiende a toda su profundidad, y al espacio aéreo sobre el suelo en líneas perpendiculares. Comprende todos los objetos que se encuentran bajo el suelo, como los tesoros y las minas, salvo las modificaciones dispuestas por las leyes especiales sobre ambos objetos. El propietario es dueño exclusivo del espacio aéreo; puede extender en él sus construcciones, aunque quiten al vecino la luz, las vistas u otras ventajas; y puede también demandar la demolición de las obras del vecino que a cualquiera altura avancen sobre ese espacio.
2519. Todas las construcciones, plantaciones y obras existentes en la superficie o en el interior de un terreno, se presumen hechas por el propietario del terreno, y que a él le pertenecen, si no se probare lo contrario. Esta prueba puede ser dada por testigos, cualquiera que sea el valor de los trabajos.
Nota de V�lez al 2519: "Cód. Francés, artículo 553, y sobre él Marcadé - Italiano, artículo 448 (ahora 934) - Demolombe, t. IX, n° 697 bis (*) - Aubry y Rau, § 192 - Zachariae, � 297. - Porque en el caso de la prueba, no se trata de un hecho jurídico, sino de un hecho puro y simple, al cual no se aplica lo dispuesto sobre la prueba de los actos jurídicos".
Comentario: (*) Véase, también, tomo IX, n° 697, donde Demolombe remite, a su vez, a Denizart, en v° Emphytéose, § 3, n° 4.
2520. La propiedad de una cosa comprende simultáneamente la de los accesorios que se encuentran en ella, natural o artificialmente unidos.
Nota de V�lez al 2520: "Zachari�, � 274". 2521. La propiedad de obras establecidas en el espacio aéreo que se encuentran sobre el terreno, no causa la presunci�n de la propiedad del terreno; ni la propiedad de obras bajo el suelo, como una cantera, bodega, etcétera, tampoco crea en favor del propietario de ellas una presunción de la propiedad del suelo.
Nota de V�lez al 2521: "Zachari�, � 277, nota 3 - Aubry y Rau, § 192 - Véanse los arts. 546, 552 y sgtes. del Cód. Francés".
2522. La propiedad de una cosa comprende virtualmente la de los objetos que es susceptible de producir, sea espontáneamente, sea con la ayuda del trabajo del hombre; como también de los emolumentos pecuniarios que pueden obtenerse de ella, salvo el caso que un tercero tenga el derecho de gozar de la cosa y la excepción relativa del poseedor de buena fe.
Nota de V�lez al 2522: "Cód. Francés, artículo 547". 2523. Cualquiera que reclame un derecho sobre la cosa de otro, debe probar su pretensión, y hasta que no se dé esa prueba, el propietario tiene la presunción de que su derecho es exclusivo e ilimitado.
Nota de V�lez al 2523: "Zachari�, � 276". 2524. El dominio se adquiere:
1°) Por la apropiación;
2°) Por la especificación;
3°) Por la accesión;
4°) Por la tradición;
5°) Por la percepción de los frutos;
6°) Por la sucesión en los derechos del propietario;
7°) Por la prescripción. Nota de V�lez al 2524: "De los modos de adquirir indicados en los n°s. 6 y 7, se tratará en el Libro IV. Habiendo ya tratado de la percepción de los frutos, sólo trataremos en este título de los modos de adquirir designados en los primeros cuatro números". De la apropiaci�n Doctrina Nacional
Derecho Romano 2525. La aprehensi�n de las cosas muebles sin due�o, o abandonadas por el due�o, hecha por persona capaz de adquirir con el �nimo de apropi�rselas, es un t�tulo para adquirir el dominio de ellas.
Nota de Vélez al 2525: "LL. 5 y 49,Tít. 28, Partida 3� - Instituta, L. 2,Tít. 1, � 12. Por la L. 50 del mismo Título y Partida, la invención comprende aún las cosas raíces. L. 3, Digesto de adq. rer. dom. - Pothier, De la propiedad, n° 20. Es preciso no confundir las cosas que no tienen dueño conocido, con las cosas que no tienen dueño. De las primeras trataremos más adelante. Es preciso también no confundir la ocupación con la posesión. La ocupación y por ella la aprehensión, no tiene lugar sino en las cosas sin dueño. La posesión, al contrario puede tener lugar en las cosas sin dueño y en las que tienen dueño, pero está subordinada a las condiciones determinadas en el Título De la posesión". 2526. Son cosas abandonadas por el due�o aquellas de cuya posesi�n se desprende materialmente, con la mira de no continuar en el dominio de ellas. Nota de Vélez al 2526: "L. 49,Tít. 28, Part. 3� - LL. 1 y 2, Digesto, Pro derelicto - Aubry y Rau, § 168 (*)". Comentario: (*) La Ley del Consumidor de Chile, N° 19.496, establece en su artículo 42. "Se entender�n abandonadas en favor del proveedor las especies que le sean entregadas en reparaci�n, cuando no sean retiradas en el plazo de un a�o contado desde la fecha en que se haya otorgado y suscrito el correspondiente documento de recepci�n del trabajo".
Por el artículo 4035, inc. 5°, del Código Civil Argentino, se prescribe al año la obligación de pagar a los oficiales mec�nicos, el precio de sus hechuras; por lo tanto, por correspondencia, se debería considerar abandonado, a favor del prestador del servicio, el bien mueble entregado en reparación y no retirado dentro de ese mismo plazo. Plazo que, vencido, haría caducar el derecho de retención del artículo 3939 del Cód. Civil.
Téngase presente que, para nuestro Código, no hay prescripción de cosas muebles salvo, para el de buena fe, de las robadas o perdidas, artículo 4016 bis; como tampoco se puede invocar presunción de propiedad en los casos previstos por el artículo 2414. 2527. Son susceptibles de apropiaci�n por la ocupaci�n, los animales de caza, los peces de los mares y r�os y de los lagos navegables; las cosas que se hallen en el fondo de los mares o r�os, como las conchas, corales, etc�tera, y otras sustancias que el mar o los r�os arrojan, siempre que no presenten se�ales de un dominio anterior; el dinero y cualesquiera otros objetos voluntariamente abandonados por sus due�os para que se los apropie el primer ocupante, los animales brav�os o salvajes y los domesticados que recuperen su antigua libertad. Nota de Vélez al 2527: "L. 5,Tít. 28, Part. 3� - Pothier, De la Propiedad, n°s. 58 y sgtes. - Zachari�, � 294 - Toullier, tomo IV, n°s. 37 y sgtes.".
2528. No son susceptibles de apropiaci�n las cosas inmuebles, los animales dom�sticos o domesticados, aunque huyan y se acojan en predios ajenos, las cosas perdidas, lo que sin la voluntad de los due�os cae al mar o a los r�os, ni las que se arrojan para salvar las embarcaciones, ni los despojos de los naufragios.
2529. Si las cosas abandonadas por sus due�os lo fueren para ciertas personas, esas personas �nicamente tendr�n derecho para apropi�rselas. Si otros las tomaren, el due�o que las abandon� tendr� derecho para reivindicarlas o para exigir su valor. 2530. En caso de duda, no se presume que la cosa ha sido abandonada por su due�o sino que ha sido perdida, si es cosa de alg�n valor. Las cosas perdidas Jurisprudencia Nacional 2531. El que hallare una cosa perdida, no est� obligado a tomarla; pero si lo hiciere, carga mientras la tuviere en su poder, con las obligaciones del depositario que recibe una recompensa por sus cuidados. 2532. Si el que halla la cosa conoce o hubiese podido conocer qui�n era el due�o, debe inmediatamente darle noticia de ella; y si no lo hiciere, no tiene derecho a ninguna recompensa, aunque hubiese sido ofrecida por el propietario, ni a ninguna compensaci�n por su trabajo, ni por los costos que hubiese hecho. 2533. El que hubiese hallado una cosa perdida, tiene derecho a ser pagado de los gastos hechos en ella, y a una recompensa por el hallazgo. El propietario de la cosa puede exonerarse de todo reclamo cedi�ndola al que la hall�. 2534. Si el que hallare la cosa no supiese qui�n era el due�o, debe entregarla al juez m�s inmediato, o a la polic�a del lugar, los que deber�n poner avisos de treinta en treinta d�as. 2535. Si en el t�rmino de seis meses desde el �ltimo aviso, no se presentare persona que justifique su dominio, se vender� la especie en p�blica subasta, y deduci�ndose del producto los gastos de la aprehensi�n, de la conservaci�n, y la recompensa debida al que la hubiese hallado, el remanente corresponde a la Municipalidad del lugar en que se hall� la cosa.
2538. Si la cosa fuese corruptible, o su custodia o conservaci�n dispendiosa, podr� anticiparse la subasta, y el due�o, present�ndose antes de expirar los seis meses del �ltimo aviso , tendr� derecho al precio, deducidos los gastos y el premio del hallazgo. Nota de Vélez al 2538: "Artículos desde el 26 hasta el 33, Cód. de Nueva York, §§ 938 y sgtes., y arts. 629 y sgtes. - L. 6, Tít. 22, Lib.10, Nov. Rec.".
2539. Comete hurto el que se apropiare las cosas que hallare, y no procediese seg�n las disposiciones de los art�culos anteriores; y tambi�n el que se apropiare los despojos de los naufragios y de las cosas echadas al mar o a los r�os para alijar los buques. 2543. Los animales que se cazaren en terrenos ajenos, cercados, o plantados, o cultivados, sin permiso del due�o, pertenecen al propietario del terreno, y el cazador est� obligado a pagar el da�o que hubiere causado.
2544. Mientras el que tuviere un animal domesticado que recobre su libertad, lo fuese persiguiendo, nadie puede tomarlo ni cazarlo.
2545. Las abejas que huyen de la colmena, y posan en �rbol que no sea del propietario de ella, enti�ndese que vuelven a su libertad natural, si el due�o no fuese en seguimiento de ellas, y s�lo en este caso pertenecer�n al que las tomare.
Nota de Vélez al 2545: "V�ase C�d. de Chile, artículo 620. L. 22, T�t. 28, Part. 3�". 2546. Si el enjambre posare en terreno ajeno, cercado o cultivado el due�o que lo persiguiese no podr� tomarlo sin consentimiento del propietario del terreno.
Nota de Vélez al 2546: "V�ase C�d. de Chile, artículo 620. L. 22,T�t. 28, Part. 3�"
2547. La pesca es tambi�n otra manera de apropiaci�n, cuando el pez fuere tomado por el pescador o hubiere ca�do en sus redes.
Nota de Vélez al 2547: "L. 17,T�t. 28, Part. 3�".
2548. Es libre pescar en aguas de uso p�blico. Cada uno de los ribere�os tiene el derecho de pescar por su lado hasta el medio del r�o o del arroyo.
2549. A m�s de las disposiciones anteriores, el derecho de cazar y de pescar est� sujeto a los reglamentos de las autoridades locales. Hallazgo de tesoros C�digo Civil 2550. El que hallare un tesoro ocultado o enterrado, en casa o fundo propio, adquiere el dominio de �l.
Nota de Vélez al 2550: "L. 45,Tít. 28, Part. 3� - V�ase la L. 2,T�t. 12, Lib. 8, Rec. de Indias. - C�d. Franc�s, artículo 716 - Zachariae, � 294, n° 4". 2551. Se entiende por tesoro todo objeto que no tiene due�o conocido, y que est� oculto o enterrado en un inmueble, sea de creaci�n antigua o reciente, con excepci�n de los objetos que se encuentren en los sepulcros, o en los lugares p�blicos, destinados a la sepultura de los muertos.
Nota de Vélez al 2551: "L. 45,Tít. 28, Part. 3� - Aubry y Rau, § 203 - Duranton, tomo IV, n° 311 - Proudhon, Dominio Privado, n° 398 - Zachariae y § 294 nota 7 - La Ley Romana es la fundamental en la materia, La Instituta dice: 'El Emperador Adriano, siguiendo la equidad natural, ha querido que los tesoros pertenezcan al que los hubiese encontrado en su fundo. Ha querido también que pertenezcan al que los hubiese encontrado en un lugar religioso o sagrado, pero respecto de aquellos tesoros que se encuentran en un fundo ajeno por casualidad, y sin haberlos buscado, los ha dividido entre el propietario del fundo y el que los hubiese encontrado. Ha ordenado que si alguien encuentra un tesoro en un fundo del dominio imperial, la mitad pertenezca al inventor y la otra mitad al Emperador; y por esto, si alguno encuentra un tesoro en un fundo perteneciente al fisco, al pueblo o una villa, la mitad ser� para el que la hubiese hallado, y la otra mitad pasar� al dominio del pueblo, o de la villa, al cual el fundo pertenezca". (Lib. 2,T�t. 1, � 39)". 2552. Es prohibido buscar tesoros en predios ajenos, sin licencia del due�o, o del que lo represente, aunque los posea como simple tenedor; pero el que fuere coposeedor del predio, o poseedor imperfecto, puede buscarlos, con tal que el predio sea restituido al estado en que se hallaba.
2553. Si alguno dijere que tiene un tesoro en predio ajeno, y quisiera buscarlo, puede hacerlo, sin consentimiento del due�o del predio designando el lugar en que se encuentra, y garantizando la indemnizaci�n de todo da�o al propietario.
2554. Rep�tase descubridor del tesoro al primero que lo haga visible, aunque sean en parte y aunque no tome posesi�n de �l ni reconozca que es un tesoro, y aunque haya otros que trabajen con �l.
Nota de Vélez al 2554: "Aubry y Rau, § 201, n° 3 - Zachariae, � 294, n° 4".
2555. Si en el mismo lugar, o inmediato a �l, hubiese otro tesoro, el descubridor ser� el que primero lo hiciere visible.
2556. El que halle un tesoro en predio ajeno, es due�o de la mitad de �l. La otra mitad corresponde al propietario del predio.
2557. Si s�lo es coposeedor, har� suyo por mitad el tesoro que hallare, y la otra mitad se dividir� entre todos los coposeedores, seg�n su porci�n en la posesi�n.
2558. Si es poseedor imperfecto, como usufructuario, usuario, con derecho real de habitaci�n, o acreedor anticresista, la mitad corresponder� al que hallare el tesoro, y la otra mitad al propietario.
2559. Si un tercero que no es poseedor imperfecto halla el tesoro, le corresponder� la mitad, y la otra mitad al propietario.
2560. El tesoro encontrado por el marido o la mujer en predio de uno o de otro, o la parte que correspondiese al propietario del tesoro hallado por un tercero en predio del marido o de la mujer, corresponde a ambos como ganancial.
2561. El derecho del descubridor del tesoro no puede ser invocado sino respecto de los tesoros encontrados casualmente. Tampoco puede ser invocado por el obrero al cual el propietario del predio le hubiese encargado hacer excavaciones buscando un tesoro, ni por otros que lo hicieren sin autorizaci�n del propietario. En estos casos, el tesoro hallado pertenece a este �ltimo.
Nota de Vélez al 2561: "L. 45,Tít. 28, Part. 3� - C�d. Franc�s, artículo 552 - Ley �nica, C�d.Romano, De Thesauris - Aubry y Rau � 201 - Pothier, De la Propiedad, n° 65 - Duranton, tomo IV, n°s. 316 y 317. - En contra, Toullier, tomo IV, n° 35".
2562. El obrero, que trabajando en un fundo ajeno encontrare un tesoro, tiene derecho a la mitad de �l, aunque el propietario le hubiere anunciado la posibilidad de hallar un tesoro.
Nota de Vélez al 2562: "Zachariae, § 294, n° 14 - L. 45,Tít. 28, Part. 3�".
2563. Tiene tambi�n derecho a la mitad del tesoro hallado, el que emprendiese trabajos en predio ajeno, sin consentimiento del propietario, con otro objeto que el de buscar un tesoro.
Nota de Vélez al 2563: "Aubry y Rau, § 201 - Zachariae, § 294, n° 13".
2564. Se puede justificar la propiedad del tesoro hallado por el que se dice due�o, por testigos, presunciones, o por cualquier otro g�nero de prueba.
Nota de Vélez al 2564: "Zachariae, § 294, n° 9 - L. 45, T�t. 28, Part. 3� vers. Mas".
2565. Se presume que los objetos de reciente origen pertenecen al due�o del lugar donde se encontraren, si �l hubiese fallecido en la casa que hac�a parte del predio.
2566. El tesoro hallado en un inmueble hipotecado, o dado en anticresis, no est� comprendido en la hipoteca, ni en la anticresis.
Nota de Vélez al 2566: "Proudhon, Dominio Privado, n° 404". De la especificación o transformación Doctrina Nacional
C�digo Civil 2567. Adqui�rese el dominio por la transformaci�n o especificaci�n, cuando alguien por su trabajo, hace un objeto nuevo con la materia de otro, con la intenci�n de apropi�rselo. 2568. Si la transformaci�n se hace de buena fe, ignorando el transformador que la cosa era ajena y no fuere posible reducirla a su forma anterior, el due�o de ella s�lo tendr� derecho a la indemnizaci�n correspondiente.
2569. Si la transformaci�n se hizo de mala fe, sabiendo o debiendo saber el transformador que la cosa era ajena, y fuere imposible reducirla a su forma anterior, el due�o de la materia tendr� derecho a ser indemnizado de todo da�o, y a la acci�n criminal a que hubiere lugar, si no prefiriese tener la cosa en su nueva forma, pagando al transformador el mayor valor que hubiese tomado por ella. 2570. Si la transformaci�n se hizo de buena fe y fuere posible reducir la cosa a su forma anterior, el due�o de la materia ser� due�o de la nueva especie, pagando al transformador su trabajo; pero puede s�lo exigir el valor de la materia, quedando la especie de propiedad del transformador
Nota de Vélez del 2567 al 2570: "Sobre los cuatro artículos anteriores Maynz, § 185 - L. 33,Tít. 28, Part. 3� - La razón de los dos primeros artículos la tomamos de las Leyes Romanas. La cosa transformada se juzga haber perecido, como cuando de las uvas ajenas se hace vino, y por consiguiente se ha extinguido el derecho de propiedad que se tenía en ella. El especificante, pues, hace un acto de ocupación. Una ley del Digesto dice: "Sed si meis tabulis navem fecisses, tuam navem esse, quia cupressus non maneret, sicuti nec lana vestimento facto". L. 26, Digesto, De adq. rer. dom. Otra ley dice: "nam mutata forma prope interimit substantiam rei" L. 9, § 3,Tít. 4, Lib. 10, Digesto. Pero siguiendo estrictamente estos principios se llegar�a en algunos casos a la injusticia. La equidad es la que debe dirigir la resoluci�n de los jueces. El Derecho Romano y el Derecho de las Partidas no daban ninguna indemnizaci�n al especificante de mala fe. Nosotros no le concedemos el derecho sino al mayor valor que hubiese adquirido la cosa por su trabajo, por el principio de moral que nadie debe enriquecerse con el trabajo ajeno.
Puede decirse que existe hasta hoy sobre la especificación, la controversia entre las escuelas de los Sabinianos y Proculeyanos. Estos últimos enseñaban que la materia era un accesorio de la forma, pues que la materia primera había perecido civilmente; y que el ser nuevo que el trabajo había producido, debía pertenecer al creador, al especificador. Los Sabinianos, al contrario, decían que la materia debía triunfar sobre la industria, ya porque la materia existía siempre, y la nueva forma que ella había afectado no había hecho más que modificarla sin destruir su sustancia, ya porque la materia era en todos los casos lo principal, o ya porque la forma no tenía una existencia propia e independiente.
Justiniano procuró resolver la cuestión, y no hizo sino crear otras nuevas. La Instituta dice que si el nuevo objeto puede tomar la primitiva forma de la materia, pertenece al dueño de la materia, lo que importa hacerle dueño contra su voluntad. Que si el objeto nuevo no puede tomar la primitiva forma, pertenece al especificante. En todo caso, vendrá éste a ser el propietario, si ha empleado parte de otra materia que le pertenecía, lo que destruye el principio general que acaba de establecer.
El C�d. Franc�s en los arts. 570 y 571 resuelve "que el dueño de la maeteria puede reclamar la nueva especie, satisfaciendo al otro el valor de su trabajo, a no ser que �ste sea muy superior al valor de la materia, en cuyo caso la materia accede al trabajo indemnizando al dueño de ella de su valor". Lo mismo dispone el Cód. de Nápoles, arts. 495 y 496 - el de Luisiana, arts. 517 y 518 - El Cód. de Holanda declara que el que ha empleado materia ajena en formar una cosa de una nueva especie puede apropi�rsela pagando el precio de la materia y los daños e intereses, artículo 661. Tal resoluci�n no distingue si ha habido buena o mala fe en el especificante.
Goyena en el artículo 424 proyecta así: "Si la materia es m�s preciosa que la obra en que se emplea, o superior en valor, el dueño de ella tendrá la elección de quedarse con la nueva especie indemnizando el valor de la obra o de pedir indemnizaciones por la materia. Si la especificaci�n se hizo de mala fe, el due�o de la materia tiene derecho de quedarse con la obra sin pagar nada al que la hizo, o de exigir de éste que le indemnice del valor de la materia y de los perjuicios que se le han seguido".
En la primera parte el art�culo de Goyena esta conforme con el nuestro, pero no en la segunda. Cuando la propiedad mueble de una persona se ha confundido con la de otra, o de ambas se ha hecho un solo cuerpo, o es el caso de especificación, la jurisdicci�n de la causa, en Inglaterra y en los Estados Unidos, corresponde a las cortes de equidad, las cuales, sin violar abiertamente las leyes disponen lo que sea debido al dueño de la materia empleada sin su consentimiento; y lo mismo respecto a las cosas mezcladas o confundidas (Story, Equity Jurisprudence, § 623). En nuestro país los jueces ordinarios tienen por las leyes las mismas facultades que las Cortes de equidad la tienen en los varios Estados de la Uni�n donde no hay establecidas Cortes de equidad". De la accesión (*)
C�digo Civil (*) Nota de Vélez al titulo de la accesión: "El C�digo Franc�s desde el artículo 552, comprende en el derecho de accesi�n todo aquello a que se extiende el derecho de dominio; y as� en ese C�digo, la accesi�n comprende igualmente los casos en que una persona es propietaria de una cosa a t�tulo de accesi�n, y aquellos en que viene a ser propietaria por efecto de la accesi�n. Hay en esto una confusi�n de principios que corresponden a un orden de ideas completamente diferentes. Son muy distintos los accesorios a los cuales se extiende virtualmente la propiedad, de los accesorios que vienen a aumentarla por efecto de una nueva adquisici�n. Hemos establecido que en un inmueble, por ejemplo, un terreno de cultivo, son accesorios de �l todas aquellas cosas muebles, como arados, animales, etc., sin las cuales el campo no podr�a cultivarse, o como dicen los escritores franceses, muebles inmovilizados por destino. Este g�nero de accesi�n no puede equivocarse con la accesi�n propiamente dicha, con el hecho de la icorporaci�n de una cosa a otra que nos pertenece".
2571. Se adquiere el dominio por accesi�n, cuando alguna cosa mueble o inmueble acreciere a otra por adherencia natural o artificial.
Nota de Vélez al 2571: "L. 35,Tít. 28, Part. 3ª y véase L. 16, Tít. 2, Part. 3ª. En los escritores del Derecho, y en casi todos los códigos, se encuentra como un principio, al tratar de la accesión, que pertenecen al dueño de la cosa por derecho de accesión los frutos naturales de ella, y todo lo que ella produce. Este es un grave error en los principios o una confusión de éstos. ¿En qué momento, pregunta Marcadé, adquiero yo por accesión los frutos o productos de la cosa que es mía? No es sin duda cuando ellos se separan de la cosa principal para tomar una existencia distinta, porque entonces habría contradicción en los términos. Sería absurdo decir que una cosa viene a ser mía por accesión, cuando ella se separa. Mis derechos sobre los productos separados de la cosa que los ha producido, no pueden ser sino la continuación del derecho que yo tenía antes de su separación, cuando estaban verdaderamente unidos a la cosa que los ha producido. No es ciertamente cuando las manzanas caen del árbol, cuando las adquiero por accesión; ellas ya me pertenecían. Los frutos, como las hojas, mientras están unidos, no son una cosa distinta del árbol. No puedo decir, que ante todo tengo la propiedad del árbol, y separadamente la propiedad de los frutos. Tengo simplemente la propiedad de un árbol cargado de hojas y de frutos. No puedo entonces decir que tengo primero un bien inmueble, el terreno en que está el árbol: un primer bien mueble, que sería el árbol y después otros tantos bienes muebles como frutos haya. No tengo sino un bien inmueble que es el suelo y el árbol con todos sus frutos, los cuales forman un solo todo, un solo y mismo objeto de mi propiedad. Pero pues que no tengo sino un solo bien inmueble, que comprende indivisiblemente, el suelo, el árbol y los frutos, y que después de la formación de estos frutos en ramas del árbol, no tengo un bien nuevo, no hay por qué hablar de adquisición alguna. Nada he adquirido, no tengo en mi patrimonio una cosa nueva. Conservo y continúo en tener lo único que tenía: luego no hay adquisición de propiedad (Sobre el artículo 546).
Pothier se empeña en sostener que hay dos cosas distintas, el terreno y los frutos (De la propiedad, n° 151). Del aluvión Doctrina Nacional
C�digo Civil 2572. Son accesorios de los terrenos confinantes con la ribera de los r�os, los acrecentamientos de tierra que reciban paulatina e insensiblemente por efecto de la corriente de las aguas, y pertenecen a los due�os de las heredades ribere�as. Siendo en las costas de mar o de r�os navegables, pertenecen al Estado. Nota de Vélez al 2572: "L. 26,Tít. 28, Part. 3� - C�d. Franc�s, art�culo 556 - Italiano, 453 (ahora 933) - Napolitano, 481 - Holand�s, 651 - de Luisiana, artículo 501 - La Ley Romana dice: quod per alluvionem agro tuo flumen adiecit, jure gentium tibi adquiritur est autem alluvio incrementum latens. Instituta, Lib. 2, Tít. 1, § 20. El lecho del agua corriente no tiene un l ímite invariable. Este límite, por el contrario es movible; avanza o se retira. Los terrenos, pues, que lindan con los ríos, pueden unas veces perder, y es justo que otras puedan por las mismas causas ganar para conservar su límite señalado. Por otra parte nadie puede justificar un derecho de propiedad sobre los sedimentos que las corrientes de las aguas ha puesto a las orillas del cauce del río, quae a nullo vindicare possunt, quia unde veniant, nescitur (*).
Comentario: (*) Texto de la obra de Hugo Grocio, "De jure belli et pacis", Libro II, Cap. VIII, § XI, basado en la L. 4, § 2,Tít. 1, Lib. 12, Digesto, L. 30, § 2,Tít. 1, Lib. 41, Digesto y L. 7, § 1,Tít. 1, Lib. 41, Digesto.
2573. Pertenecen tambi�n a los ribere�os, los terrenos que el curso de las aguas dejare a descubierto, retir�ndose insensiblemente de una de las riberas hacia la otra. Nota de Vélez al 2573: "Aubry y Rau, § 203".
2574. El derecho de aluvi�n no corresponde sino a los propietarios de tierras que tienen por l�mite la corriente del agua de los r�os o arroyos; pero no corresponde a los ribere�os de un r�o canalizado y cuyas m�rgenes son formadas por diques artificiales. Nota de Vélez al 2574: "Aubry y Rau, § 203 - Demolombe, tomo X, n° 45".
2575. Si lo que confina con el r�o fuere un camino p�blico el terreno de aluvi�n corresponder� al Estado, o a la Municipalidad del lugar, seg�n que el camino corresponda al municipio o al Estado. Nota de Vélez al 2575: "Proudhon, Dominio Privado, n° 598 - Demolombe, n° 46".
2576. La reuni�n de la tierra no constituye aluvi�n por inmediata que se encuentre a la ribera del r�o, cuando est� separada por una corriente de agua que haga parte del r�o y que no sea intermitente. Nota de Vélez al 2576: "Demolombe, tomo X, n° 54".
2577. Tampoco constituyen aluvi�n, las arenas o fango, que se encuentren comprendidas en los l�mites del lecho del r�o, determinado por la l�nea a que llegan las m�s altas aguas en su estado normal. Nota de Vélez al 2577: "En tal caso, no hay aumento de tierra. Las arenas o el fango están entre las riberas del río. La Ley Romana dice Ripa, ea putatur esse, quae plenissimum flumen continet L. 3, § 1,Tít, 12, Lib. 43, Digesto".
2578. Los due�os de los terrenos confinantes con aguas durmientes, como lagos, lagunas, etc�tera, no adquieren el terreno descubierto por cualquiera disminuci�n de las aguas, ni pierden el terreno que las aguas cubrieren en sus crecientes.
Nota de Vélez al 2578: "C�d. Franc�s, artículo 558, Italiano 455 (ahora 934 y sgtes.) - Holandés, 653. Proudhon, Dominio Privado, n° 594 - Demolombe, tomo X, n°s. 25 y sgtes. - La Ley Romana dice: Lacus et stagna licet interdum crescant, interdum exarescant, suos tamen terminos retinent ideoque in his ius alluvionis non adgnoscitur. (L. 12, Digesto, De adq. rer. dom.).
2579. El aumento de tierra no se reputar� efecto espont�neo de las aguas, cuando fuere a consecuencia de obras hechas por los ribere�os en perjuicio de otros ribere�os. Estos tienen derecho a pedir el restablecimiento de las aguas en su lecho; y si no fuere posible conseguirlo, pueden demandar la destrucci�n de esas obras.
Nota de Vélez al 2579: "Proudhon, Dominio Privado, n° 594 - Demolombe, desde el n° 65".
2580. Si los trabajos hechos por uno de los ribere�os no fueren simplemente defensivos, y avanzaren sobre la corriente del agua, el propietario de la otra ribera tendr� derecho a demandar la supresi�n de las obras. 2581. El terreno de aluvi�n no se adquiere sino cuando est� definitivamente formado, y no se considera tal, sino cuando est� adherido a la ribera y ha cesado de hacer parte del lecho del r�o. Nota de Vélez al 2581: "Véase Demolombe, tomo X, n°s. 49 y sgtes.".
2582. Cuando se forma un terreno de aluvi�n a lo largo de muchas heredades, la divisi�n se hace entre los propietarios que pueden tener derecho a ella, en proporci�n del ancho que cada una de las heredades presente sobre el antiguo r�o. Nota de Vélez al 2582: "La Instituta dice: Pro modo latitudinis cujusque fundi, quae latitudo prope ripam sit. (De rerum divisione § 22). Los escritores de derecho están completamente divididos sobre el modo de repartir el terreno de aluvión entre varios ribereños. - Véase Toullier, tomo III, n° 152. El Cód. de Chile establece lo siguiente: "Siempre que prolongadas las antedichas líneas de demarcación (de las heredades), se corten una a otra antes de llegar al agua, el triángulo formado por ellas y por el borde del agua accederá a las dos heredades laterales. Una línea recta que las divida en dos parles iguales, tirada desde el punto de intersección hasta el agua será la línea divisoria entre las dos heredades". (artículo 651)
Demolombe defiende con mucha razón el Cód. Francés de la crítica que se le ha hecho de haber guardado silencio sobre el modo de dividir entre los ribereños el terreno de aluvión. Las aguas corrientes, dice, son infinitamente caprichosas: nunca siguen una línea recta, ni una dirección regular: todo lo contrario, sea por la configuración natural de los terrenos ribereños, sea por la acción incesante de las aguas, sus corrientes forman figuras irregulares, sobre las cuales las teorías más racionales en apariencia, son en la práctica imposibles.
Nosotros nos reducimos a lo establecido por la Ley Romana. Las cuestiones sobre los terrenos de aluvión, islas, etc., son para nosotros más fáciles, desde que no reconocemos a los ribereños la propiedad de los terrenos sobre los cuales corren los ríos". De la avulsión Doctrina Nacional
C�digo Civil 2583. Cuando un río o un arroyo lleva por una fuerza súbita alguna cosa susceptible de adherencia natural, como tierra, arena o plantas, y las une, sea por adjunción, sea por superposición, a un campo inferior, o a un fundo situado en la ribera opuesta, el dueño de ella conserva su dominio para el solo efecto de llevársela. Nota de Vélez al 2583: "L. 26,Tít. 28, Part. 3ª - Cód. Francés, artículo 559; Italiano, 456; (ahora 944) - Napolitano, 484 - de Luisiana, artículo 503 - Instituta, Lib. 2,Tít. 1. § 21. Sobre los cinco artículos relativos a la avulsión, véase Demolombe, tomo X, desde el n° 98".
2584. Desde que las cosas desligadas por avulsión se adhieren naturalmente al terreno ribereño en que fueron a parar, su antiguo dueño no tendrá derecho para reivindicarlas.
2585. No queriendo reivindicarlas antes que se adhiriesen al terreno en que las aguas las dejaron, el dueño del terreno no tendrá derecho para exigir que sean removidas.
2586. Cuando la avulsión fuere de cosas no susceptibles de adherencia natural, es aplicable lo dispuesto sobre cosas perdidas.
Edificacion y Plantación C�digo Civil 2587. El que sembrare, plantare o edificare en finca propia con semillas, plantas o materiales ajenos, adquiere la propiedad de unos y otros; pero estará obligado a pagar su valor; y si hubiese procedido de mala fe, será además condenado al resarcimiento de los daños y perjuicios, y si hubiere lugar, a las consecuencias de la acusación criminal. El dueño de las semillas, plantas o materiales, podrá reivindicarlos si le conviniere, si ulteriormente se separasen.
Nota de Vélez al 2587: "LL. 38 y 43, Tít. 28, Partida 3ª - L. 16, Tít. 2, Part. 3ª. Instituta, Lib. 2, Tít. 1, §§ 29 y 32. Cód. Francés, artículo 554; Napolitano, 479; Holandés, 657; de Luisiana, artículo 499; Zachariae, § 297. Pothier, De la propiedad, n° 170. Marcadé, sobre el artículo 554. Demolombe, tomo IX, desde el n° 658. El Digesto dice: Ne aspectus urbis ruinis deformetur, vel aedificia sub hoc praetextu diruantur, vel vinearum cultura turbetur. L. 1, Digesto, De tigno juncto.
Muchos jurisconsultos enseñan la solución negativa de lo que dispone el artículo respecto al derecho de reivindicar las semillas, plantas, o materiales, si ulteriormente se separan, porque, dicen, que el propietario de los materiales ha perdido absolutamente su propiedad por el empleo que se había hecho de ellos (Duranton, tomo IV, n° 374). Cuando el artículo decide que el propietario de los materiales pierde la propiedad de ellos y la adquiere el que los empleó, supone que los materiales están incorporados al suelo. El derecho de propiedad debe revivir para el que no había consentido perderlos, pues podría tener motivos particulares para desear recuperarlos como se hallasen. Demante, tomo I, n° 559 (*). Marcadé, sobre el artículo 554. Demolombe, tomo IX, n° 661".
Comentario: (*) Demolombe, cita a Demante, también en cours II, n° 391 bis I. Cita, asimismo, a Du Caurroy, Bonnier y Roustaing, en t. II, art. 554, n° 109, a Chavot, tomo II, n° 531.
2588. Cuando de buena fe, se edificare, sembrare o plantare, con semillas o materiales propios en terreno ajeno, el dueño del terreno tendrá derecho para hacer suya la obra, siembra o plantación, previas las indemnizaciones correspondientes al edificante, sembrador o plantador de buena fe, sin que éste pueda destruir lo que hubiese edificado, sembrado o plantado, no consintiéndolo el dueño del terreno.
Nota de Vélez al 2588: "LL. 41 y 42,T�t. 28, Part. 3�. V�ase Instituta, Lib. 2, T�t. 1, � 30 - Zachariae, § 297 y notas 6 y sgtes".
2589. Si se ha edificado, sembrado o plantado de mala fe en terreno ajeno, el dueño del terreno puede pedir la demolición de la obra y la reposición de las cosas a su estado primitivo, a costa del edificante, sembrador o plantador. Pero si quisiere conservar lo hecho, debe el mayor valor adquirido por el inmueble. (Art. sustituido por Ley N° 17.711).
Nota de Vélez al 2589 original: "C�d. Franc�s, artículo. 555. Ortolán, sobre el � 25, T�t. 1, Lib. 2, Instituta, 2� cuesti�n. La L. 42, T�t. 28, Part. 3�, dice: Qualquier home que labrase edificio, � sembrase en heredad agena, habiendo mala fe, ...pierde todo quanto hi labr� � sembr�. La Ley Romana dispone lo mismo: Si quis in alieno solo sua materia aedificaverit...si scit, alienum solum esse, sua voluntate amississe propietatem materiae intelligitur, itaque, neque diructo quidem aedificio, vindicatio, ejus materiae competit. L. 7, § 12,T�t. 1, Lib. 41, Digesto. Esta disposici�n la confirm� Justiniano en la Instituta, Lib. 2, T�t. 1, � 30. Pothier la sostiene en el n° 277 de su obra Tratado Du douaire, sobreponi�ndose al principio: Neminem aequm est cum alterius danno locupletari, y la raz�n que da, es por haber en tal caso una donaci�n presunta. El C�d. Franc�s en el artículo citado se separa de ese falso antecedente de una donaci�n presunta. El C�digo ha querido, dice Marcadé, y ha sabido ser justo. Ha dicho que nadie debe jam�s enriquecerse a costa de otro, aunque �ste sea un hombre de mala fe. Declara que si las construcciones son hechas sobre nuestro terreno sabiendo el que las hac�a que el terreno no le pertenec�a, podemos hacerlas alzar, o reembolsarle todo lo que ha gastado. El due�o del terreno, teniendo el derecho de hacer destruir la obra, es claro que podr� ofrecer por ella mucho menos que lo que ha costado. V�ase Zachariae, § 297.
2590. Cuando haya habido mala fe, no sólo por parte del que edifica, siembra o planta en terreno ajeno, sino también por parte del dueño, se arreglarán los derechos de uno y otro según lo dispuesto respecto al edificante de buena fe. Se entiende haber mala fe por parte del dueño, siempre que el edificio, siembra o plantación, se hicieren a vista y ciencia del mismo y sin oposición suya. Nota de Vélez al 2590: "L. 25,Tít. 34, Part. 7�. L. 5, � 2,T�t. 4, Lib. 44, Digesto y regla 145, �dem".
2591. Si el dueño de la obra la hiciese con materiales ajenos, el dueño de los materiales ninguna acción tendrá contra el dueño del terreno, y sólo podrá exigir del dueño del terreno la indemnización que éste hubiere de pagar al dueño de la obra.
Nota de Vélez al 2591: "En cuanto a las relaciones de derecho que en el caso del art�culo se establecen, por el hecho de la construcci�n, entre el constructor y el propietario de los materiales, v�ase Marcadé sobre el art�culo 555, n° 7".
2592. Cuando los animales domesticados que gozan de su libertad, emigraren y contrajesen la costumbre de vivir en otro inmueble, el dueño de éste adquiere el dominio de ellos, con tal que no se haya valido de algún artificio para atraerlos. El antiguo dueño no tendrá acción alguna para reivindicarlos, ni para exigir ninguna indemnización.
Nota de Vélez al 2592: "C�d. Franc�s, artículo 564. Marcadé discute largamente este art�culo". 2593. Si hubo artificio para atraerlos, su dueño tendrá derecho para reivindicarlos, si puede conocer la identidad de ellos. En caso contrario, tendrá derecho a ser indemnizado de su pérdida.
De la adjunción Doctrina Nacional
C�digo Civil 2594. Cuando dos cosas muebles, pertenecientes a distintos dueños, se unen de tal manera que vienen a formar una sola, el propietario de la principal adquiere la accesoria, aun en el caso de ser posible la separación, pagando al dueño de la cosa accesoria lo que ella valiere.
Nota de Vélez al 2594: "L. 35,Tít. 28, Part. 3ª, menos cuando la unión de las dos cosas se ha hecho con diversa materia; por ejemplo, una mano de oro se ha unido con plomo a una estatua de oro. No es entonces un solo cuerpo, pues que una materia extraña separa las cosas unidas. En tal caso, cada uno retiene su propiedad. LL. 26 y 27, Tít. 1, Lib. 41, Digesto. El Cód. de Chile y el Proyecto de Goyena, artículo 416, exigen expresamente que la unión se haya hecho de buena fe, y lo mismo debe creerse de la disposición del Derecho Romano y de la ley citada de Partida, pues estos Códigos hacen perder la materia al que de mala fe la empleó al edificar en terreno ajeno. Pero nosotros, no exigimos la buena fe, porque en todo caso el dueño de una de las cosas no debe enriquecerse con la cosa del otro. Podrá exigir daños y perjuicios, y también la acción criminal, si hubiere lugar. Marcadé, por otra razón, supone que todo lo que se establece en el Cód. Francés es suponiendo que ha habido mala fe. "Es de necesidad, dice, penetrarse para la inteligencia de esta materia (de la accesión relativa a las cosas muebles), que las reglas de esta sección no se aplican sino cuando la unión, o transformación de la cosa ha sido hecha de mala fe, o sobre cosas perdidas o robadas. Cuando las cosas no son ni perdidas ni robadas, y han sido empleadas de buena fe, no hay que ocuparse de las reglas de la accesión. No hay que indagar cual cosa será, la principal para atribuir a su dueño la propiedad de la cosa accesoria. Todo está reglado por el artículo del Código que declara que en estos casos las dos cosas unidas pertenecen al que las posee. La posesión vale por el título...". A nuestro juicio, las observaciones de Marcadé son perfectamente fundadas.
En cuanto al artículo, el Cód. Francés, artículo 566, dispone aun en el caso de ser separables las cosas. Lo mismo el de Nápoles, artículo 491; de Luisiana, artículo 513 (*)".
Comentario: (*) Goyena cita, además, el 477 Sardo; arts. 661 al 664 del Holandés; L. 23, § 2,Tít. 1, Lib. 6 y L. 26, § 1,Tít 1, Lib. 41, Digesto.
2595. Cuando la cosa unida para el embellecimiento, o perfección de la otra, es por su especie mucho más preciosa que la principal, el dueño de ella puede pedir su separación, aunque no pueda verificarse sin algún deterioro de la cosa a que se ha incorporado.
Nota de Vélez al 2595: "L. 16, T�t. 2, Part. 3� - C�d. Franc�s, artículo 568; Italiano, 466 (ahora 939); Napolitano, 493; de Luisiana, artículo 515. Pothier, De la propiedad, n° 179".
2596. El dueño de la materia empleada de mala fe, puede pedir que se le devuelva en igual especie y forma, cantidad, peso, o medida que la que tenía, o que así se avalore la indemnización que se le debe.
Nota de Vélez al 2596: "C�d. Franc�s, artículo 576; Italiano, 474 (ahora 940); de Luisiana, artículo 523. Pothier, De la propiedad, n° 192".
2597. Cuando cosas secas o fluidas de diversos dueños se hubiesen confundido o mezclado, resultando una transformación, si una fuese la principal, el dueño de ella adquiere el dominio del todo, pagando al otro el valor de la materia accesoria.
Nota de Vélez al 2597: "L. 5, T�t. 1, Lib. 6, Digesto - Maynz, � 190, al fin".
2598. No habiendo cosa principal, y siendo las cosas separables la separación se hará a costa del que las unió sin consentimiento de la otra parte.
2599. Siendo inseparables y no habiendo resultado nueva especie de la confusión o mezcla, el dueño de la cosa unida sin su voluntad, puede pedir al que hizo la unión o mezcla, el valor que tenía su cosa antes de la unión.
2600. Si la confusión o mezcla resulta por un hecho casual, y siendo las cosas inseparables, y no habiendo cosa principal, cada propietario adquiere en el todo un derecho proporcional a la parte que le corresponda, atendido el valor de las cosas mezcladas o confundidas.
Nota de Vélez al 2600: "C�d. Franc�s, artículo 573; Italiano, 471 (ahora 939); Napolitano, 498; de Luisiana, artículo 520 - L. 34, T�t. 28, Part. 3� - Instituta, Lib. 2, T�t. 1, � 27 - L. 5, T�t. 1, Lib. 6, Digesto".
Tradici�n traslativa de dominio
Sistema Iberoamericano 2601. Para que la tradici�n traslativa de la posesi�n haga adquirir el dominio de la cosa que se entrega, debe ser hecha por el propietario que tenga capacidad para enajenar, y el que la reciba ser capaz adquirir. Nota de Vélez al 2601: "LL. del Tít. 30, Part 3�. Sobre la materia Maynz, � 192. Este autor trata de todas las condiciones que debe tener la tradición traslativa de dominio". 2602. La tradici�n debe ser por t�tulo suficiente para transferir el dominio.
Nota de Vélez al 2602: "L. 31,Tít. 1, Lib. 41, Digesto".
2603. Los �nicos derechos que pueden transmitirse por la tradici�n, son los que son propios del que la hace.
Nota de V�lez al 2603: "Regla 12,Tít. 34, Partida 7� - L. 54,T�t. 17, Lib. 50, Digesto - La L. 20,T�t. 1, Lib. 41, Digesto dice: Traditio nihil amplius transferre debet vel potest ad eum qui accipit, quam est apud eum qui tradit. Si igitur quis dominium in fundo habuit, in tradendo transfert: si non habuit, ad eum quid accipit nihil transfert". De la extinción del dominio
Sistema Iberoamericano 2604. El derecho de propiedad se extingue de una manera absoluta por la destrucción o consumo total de la cosa que estaba sometida a él, o cuando la cosa es puesta fuera del comercio.
Nota de Vélez al 2604: "Para el primer caso tenemos el ejemplo en el dinero que lo juzgamos consumido desde que lo entregamos a otro, aunque la materia exista. Para el segundo, cuando un r�o forma un nuevo lecho en un terreno de propiedad privada".
2605. La propiedad de los animales salvajes o domesticados se acaba cuando recuperan su antigua libertad, o pierden la costumbre de volver a la residencia de su dueño.
Nota de Vélez al 2605: "L. 3, Digesto, De adq. rer. dom.. - Pothier, De la propiedad, n° 278".
2606. El derecho de propiedad se pierde cuando la ley atribuye a una persona, a título de transformación, accesión, o prescripción, la propiedad de una cosa perteneciente a otra.
2607. Se pierde también desde que se abandone la cosa, aunque otro aún no se la hubiese apropiado. Mientras que otro no se apropie la cosa abandonada, es libre el que fue dueño de ella, de arrepentirse del abandono y adquirir de nuevo el dominio.
Nota de Vélez al 2607: " LL. 1 y 2, Digesto, Pro derelicto - LL. 49 y 50,T�t. 28, Part. 3�".
2608. El que no tiene sino la propiedad de una parte indivisa de la cosa, puede abandonarla por la parte que tiene; pero el que tiene el todo de la cosa, no puede abandonarla por una parte indivisa.
Nota de Vélez al 2608: "Pothier, De la propiedad, n° 268 - L. 3, Digesto, Pro derelicto".
2609. Se pierde igualmente el dominio por enajenación de la cosa, cuando otro adquiere el dominio de ella por la tradición en las cosas muebles, y en los inmuebles, después de firmado el instrumento público de enajenación, seguido de la tradición.
2610. Se pierde también por la transmisión judicial del dominio, cualquiera que sea su causa, ejecución de sentencia, expropiación por necesidad o utilidad pública; o por el efecto de los juicios que ordenasen la restitución de una cosa, cuya propiedad no hubiese sido transmitida sino en virtud de un título vicioso.
Doctrina Nacional Doctrina Nacional "Para que se produzca el abandono es necesario que el dueño se desprenda materialmente de la posesi�n con la intención de no continuar en el dominio de la cosa". "El hecho que el actor, de profesión comerciante, se dedique a la recuperación de vehículos como ello constituye una actividad lícita, no puede ser motivo para negarle el derecho a una recompensa frente al hallazgo de la cosa perdida". "El hallador no debe probar que encontró la cosa en la vía pública o que fue extraviada, correspondiendo a su dueño probar lo contrario para no pagar la recompensa". "La exigencia de un importe determinado por parte de quien encontró un objeto perdido, acarrea la pérdida del derecho a la gratificación conferido por la ley". "El dubitativo actuar del hallador que conociendo al dueño de las cosas encontradas optó por entregarlas a la autoridad policial, si bien no le hace perder el derecho a la recompensa, debe ser merituado para reducir sus pretensiones". "La inutilidad pr�ctica de la documentaci�n para quien la encuentra o para terceros, no exime al propietario del pago de una justa retribuci�n por las molestias y gastos, tanto los ocasionados al hallador, como los que le fueron ahorrados a aqu�l, a�n cuando no se autorice la concesi�n de una recompensa proporcional al monto nominal que contienen dichos documentos. Para fijar el monto de la recompensa que corresponde al hallador no se ha de tomar exclusivamente el valor de las cosas halladas, sino que debe apreciarse la totalidad de las circunstancias relevantes que el caso ofrece". "El artículo 2533 del Código Civil, no establece determinado porcentaje sobre el valor de la cosa hallada para fijar el importe de la recompensa, desde que la misma queda librada al prudente arbitrio judicial. Como la recompensa deberá ser proporcionada al valor o importancia de la cosa perdida, se la ha fijado judicialmente entre un 10 % o un 20 % de aquél". "Lo que interesa a los fines de establecer la viabilidad de la recompensa, es que el hallador encontr� la cosa que se hab�a perdido a ra�z del robo, y que obviamente la reclamaci�n no es hecha por el ladr�n, c�mplice o encubridor, quienes, va de suyo, no pueden solicitar la tutela jurisdiccional frente al il�cito que cometieron o del que participaron (art�culo 953, C�digo Civil)". Jurisprudencia Penal Defraudaci�n "Si de la descripci�n que la C�mara efectu� del hecho resulta que la apropiaci�n se produjo respecto de un automotor que hab�a sido sustra�do, es decir que existi� un apoderamiento ileg�timo de una cosa mueble totalmente ajena, no es aplicable el art�culo 175 inciso 1 pues concurren todos los elementos propios del hurto (calificado por el objeto), el que no es desplazado mediante la relaci�n de especialidad. Ello es as� porque el concepto de cosa perdida es, en el art�culo 175 inciso 1 del C�digo Penal, un elemento normativo del tipo -incluso en su �ltima parte aparece expl�cita la relaci�n con la ley civil- y equivale, aproximadamente, al concepto de cosa extraviada, de manera que es irrelevante lo que haya ocurrido a partir de la sustracci�n del automotor y hasta su hallazgo por el procesado". Derechos Reales

References: sui generis
 artículo 1547
 artículo 487
 artículo 488
 artículo 489
 resolución 
 artículo 553
 artículo 448
 artículo 547
 artículo 42
 artículo 4035
 artículo 3939
 artículo 4016
 artículo 2414
 artículo 620
 artículo 620
 artículo 716
 artículo 552
 artículo 661
 artículo 424
 artículo 552
 artículo 546
 artículo 501
 artículo 558
 artículo 559
 artículo 503
 artículo 554
 artículo 499
 artículo 554
 artículo 554
 artículo 564
 artículo 416
 artículo 566
 artículo 491
 artículo 513
 artículo 568
 artículo 515
 artículo 576
 artículo 523
 artículo 573
 artículo 520
 artículo 2533