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Timestamp: 2018-07-17 13:22:18+00:00

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El Frente Amplio en Defensa de la Industria Petrolera (FADIP), presente en la manifestación en defensa del petróleo y contra las reformas a los artículos 27 y 28 constitucionales, llevada a cabo el pasado 27 de octubre en el Zócalo y encabezada por Andrés Manuel López Obrador.
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A partir de mañana sábado 26 de octubre, a las 17:00 horas, el Frente Amplio en Defensa de la Industria Petrolera (FADIP) inicia su ciclo de conferencias sobre las consecuencias que tendría para nuestro país la Reforma Energética que propone Peña Nieto. En esta ocasión el ponente será el Lic. Jorge Gandarilla.
La cita es en Av. Álvaro Obregón 182, colonia Roma, México, D.F. (a sólo una calle del cruce que forman las avenidas Insurgentes y Álvaro Obregón).
Desde hace ya más de 30 años, la educación pública ha sufrido un proceso permanente de privatización y deterioro en su calidad, producto de las políticas neoliberales que en los ámbitos económico, político y social han aplicado los gobiernos priistas y panistas, y no debido a la falta de preparación o de vocación del magisterio, como se pretende hacer creer al pueblo mexicano.
Disminución real del presupuesto para la educación pública; contrarreformas al artículo 3º constitucional y a las leyes educativas en general; deficiente aplicación de los principios de dicho artículo en el sistema educativo nacional, en los planes y programas de estudio, y en los libros de texto, así como en la formación del educando; abandono intencional de la educación pública a todos sus niveles y, al mismo tiempo, apoyo y fomento de la educación privada, y, por último, corrupción al interior del sistema educativo público y campañas de desprestigio contra éste impulsadas desde el interior del mismo Gobierno Federal, etc., son algunos de los verdaderos y principales factores que han contribuido al deterioro de la educación pública, todos atribuibles a los neoliberales en el poder.
México necesita una Reforma Educativa que, en primer lugar, contribuya al fortalecimiento de nuestra independencia económica y política respecto a la economía y gobierno norteamericanos, lo que implica el desarrollo de la investigación científica y tecnológica, el impulso al sector estatal de la economía, y a la pequeña y mediana industria nacional.
En segundo lugar, se requiere de una reforma que favorezca la elevación constante del nivel de vida del pueblo y la construcción de un verdadero régimen democrático en el que la clase trabajadora (que en su concepto más amplio la constituimos más de 100 millones de mexicanos), esté verdaderamente representada en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación.
Y por último, pero no menos importante, urge una Reforma Educativa que fomente los sentimientos y acciones nacionalistas y patrióticas de los ciudadanos, así como valores cívicos como la solidaridad entre los propios mexicanos y con todos los pueblos del mundo, así como el espíritu de servicio, entre otros.
Seis aspectos fundamentales de una Reforma Educativa progresista
Aplicar de manera estricta el artículo 3º constitucional.
Una Reforma Educativa de carácter progresista debe exigir la aplicación estricta de la letra, el espíritu y los principios contenidos en el artículo 3º de la Constitución de la República, propuesto y redactado por las mentes más avanzadas que participaron en la etapa armada de la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y en los años en los que ésta tuvo su mayor impulso, principalmente durante el gobierno del general Lázaro Cárdenas del Río.
Por tanto, los principios de dicho artículo deben reflejarse, tanto en las acciones que emprendan los funcionarios educativos a todos los niveles, incluidos maestros y directores de escuela, como en los programas y planes de estudio, y, finalmente, en el salón de clases, para formar los técnicos, profesionales y científicos que requiere el desarrollo independiente del país, y no los que necesitan, en su afán de lucro y explotación, los monopolios trasnacionales, la oligarquía nacional y el gobierno neoliberal.
Incrementar el presupuesto destinado a la educación pública.
En segundo lugar es fundamental que ´por ley se incremente de manera sustancial el presupuesto destinado a la educación pública a todos los niveles, así como a la investigación científica, y asegurarse de que los recursos lleguen íntegros a las escuelas, desde las básicas hasta las universidades, y a los centros de investigación públicos y a los de las instituciones de educación superior, castigando cualquier acto de corrupción que contravenga este propósito.
Asegurar el empleo a los egresados de las escuelas públicas.
En tercer término se debe legislar para asegurar el empleo a los egresados de las escuelas públicas, primero en las propias empresas e instituciones del Estado, como Petróleos Mexicanos (PEMEX), la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), en las escuelas de todos los niveles y en el propio aparato administrativo del Estado, porque resulta una contradicción absurda que el dinero del pueblo mexicano se invierta en la educación de sus hijos para que estos finalmente no tengan trabajo, laboren en áreas muy distintas a su profesión, tengan que salir del país para conseguir empleo o simplemente terminen en el sector informal de la economía.
Derogar las contrarreformas realizadas a las leyes educativas.
Es fundamental y urgente abrogar la contrarreforma educativa aprobada recientemente por el Poder Legislativo a propuesta de Peña Nieto, así como las modificaciones a la Ley General de Educación y la Ley del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, porque atentan contra la gratuidad de la educación y contra los derechos laborales del magisterio nacional, lo que ha provocado tal descontento popular que está en peligro la paz social y la pacífica convivencia entre los mexicanos pues en cualquier momento podría desatarse una represión generalizada y sistemática en contra de los inconformes, lo que a nadie conviene.
Se deben derogar igualmente las contrarreformas que se han realizado al artículo 3º constitucional, como las aprobadas el 28 de diciembre de 1992 y el 5 de marzo de 1993, bajo el régimen de Salinas de Gortari, así como rectificar en cuanto a la llamada descentralización educativa, todo ello para regresarle a dicho precepto constitucional, y a las leyes educativas, toda su fuerza y contenido progresista.
No subsidiar a la educación privada.
Es importante también poner un alto a la política nefasta de subsidiar a la educación privada con recursos públicos, lo que se hace a través de becas y otros mecanismos, porque esto, junto con otras medidas gubernamentales por el estilo, ha contribuido a crear en nuestro país dos sistemas educativos paralelos, uno público y otro privado, con objetivos y propósitos totalmente distintos y muchas veces opuestos.
Sacar las manos del SNTE.
Por último, urge que el gobierno y su partido dejen de intervenir en la vida interna de las organizaciones obreras, en este caso especialmente en la del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), porque esto sí perjudica el adecuado desarrollo y preparación de los maestros, y anula de hecho la democracia sindical.
Por un gobierno de nuevo tipo
¿Pero será capaz el gobierno que hoy tenemos de proponer, impulsar y aprobar una reforma educativa progresista como la ya descrita en sus rasgos generales? Definitivamente no.
Por ello, para lograr la Reforma Educativa que México necesita para caminar por el rumbo de la independencia nacional, la democracia y el progreso del pueblo, es necesaria la unidad de todas las fuerzas progresistas del país, obreros, campesinos, estudiantes, mujeres, profesionistas, etcétera, sin menospreciar a ninguna, para sacar del poder a los neoliberales por la vía pacífica, mediante la movilización y lucha popular, la organización y el voto, y de esta manera constituir un gobierno de nuevo tipo en el que no tengan cabida los neoliberales.
Sin embargo, lo anterior no quiere decir que no se puedan echar para atrás las contrarreformas que ya se han aprobado, como la educativa y la laboral, e impedir la energética, porque la unidad y la conciencia del pueblo se fortalece cada día más, y es un objetivo a corto plazo que puede alcanzarse.
Durante el nacimiento de un hijo
Las familias, cuando nace un niño
lo quieren inteligente.
Yo, que con la inteligencia
arruiné mi vida entera,
sólo puedo desear que mi hijo,
sea ignorante y perezoso de pensamiento.
Así tendrá una vida apacible
como ministro en el gabinete.
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“Es necesario ponerse en pie,
para que no pase lo que se puede evitar.”
Los mexicanos somos cada día más conscientes de que para Peña Nieto, para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido (de) Acción Nacional (PAN), la gran burguesía nacional, el clero político y para grupos de derecha como “Los Chuchos”, aliados del imperialismo norteamericano y de las empresas trasnacionales, hablar de “reformas estructurales”, particularmente en materia energética, significa continuar con la privatización de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), ahora mediante contrarreformas a los artículos 27 y 28 constitucionales para hacerlo de manera “legal”, y eliminar de paso los derechos y conquistas de los trabajadores de estas industrias plasmados en el artículo 123 Constitucional y en la Ley Federal del Trabajo (LFT).
Cuando los neoliberales hablan de “reformas estructurales” no piensan, pues, en el pueblo de México, desean únicamente asegurar las inversiones e incrementar las ganancias de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, porque a ellos sirven.
La Reforma Energética desde una perspectiva progresista
En primer lugar, para que una Reforma Energética sea verdaderamente progresista y de beneficio para el pueblo y la Nación, se debe aplicar estrictamente el espíritu del artículo 27 Constitucional en relación a nuestros recursos naturales, y al funcionamiento y manejo de las empresas e instituciones del Estado para los fines que de nuestra propia Ley Suprema emanan, que son el lograr la independencia económica y política para nuestro país, elevar de manera permanente el nivel de vida del pueblo y ampliar nuestro régimen democrático de acuerdo a lo que define como democracia el artículo 3º de nuestra propia Constitución.
Para las fuerzas progresistas y democráticas, una Reforma Energética no requiere cambios a los artículos 27 y 28 constitucionales, al menos no en el sentido en el que los plantea Peña Nieto y la derecha, implica más bien rescatar a Petróleos Mexicanos (PEMEX) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que, lejos de seguirse privatizando, se fortalezcan y refuercen su sentido original, que es el de estar al servicio de la nación y del pueblo mexicano, y castigar cualquier acto de corrupción que cometan sus funcionarios y trabajadores a cualquier nivel.
Incluye igualmente anular todos aquellos contratos que hayan realizado o aprobado los funcionarios de PEMEX y de la CFE con la gran burguesía nacional y los monopolios extranjeros, y que contravengan el espíritu y la letra de la Constitución de la República, o que vayan en perjuicio del pueblo y de la Nación.
Una Reforma Energética progresista implica encontrar para PEMEX el equilibrio entre no abandonar el impulso que le da al desarrollo de la economía del país y a la elevación del nivel de vida del pueblo, a través de obras y recursos que entrega a los estados y a la Federación, y tener los medios necesarios para modernizarse, invirtiendo en su mantenimiento y expansión constante en los rubros que más convengan al país, y que más ganancias y divisas nos dejen, como la petroquímica, lo que finalmente redundará en beneficio de la nación y del pueblo.
Paralelamente, es necesario impulsar a todos los centros de investigación nacionales y a las instituciones de educación superior, como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), vinculándolas al desarrollo de la industria petrolera, y a la industria mexicana en general, para que nos permita generar los cuadros necesarios para el manejo y generación de tecnología de punta que es indispensable para nuestro desarrollo.
Así, la solución a nuestros problemas económicos, y el desarrollo y modernización de PEMEX, no lo debemos buscar solamente en las profundidades del mar, sino en una profunda transformación de nuestra industria petrolera, pero con sentido nacionalista y popular.
Asimismo, es fundamental que el Estado se encargue directamente de la comercialización y venta de las gasolinas porque, además de los ingresos que le puedan generar, esto bajaría sus precios con el consiguiente beneficio para la industria y comercio nacional, y para todos los mexicanos.
Significa también, en un acto de elemental justicia, reconocer la existencia legítima del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y restituir en sus puestos de trabajo a todos los afiliados al mismo, ya sea mediante el rescate de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC) o a través de su integración plena a la CFE.
Por último, dada la trascendencia de la expropiación petrolera realizada por el general Lázaro Cárdenas del Río, y para fortalecer las convicciones nacionalistas y patrióticas de nuestro pueblo, se debe reformar la Ley Federal del Trabajo para que el 18 de marzo sea declarado como Día de la Independencia Económica y la Soberanía Nacional, otorgándole la misma importancia que a otras fechas históricas, como el 16 de septiembre, el 20 de noviembre o el primero de mayo.
Consecuencias que tendría la Reforma Energética propuesta por Peña Nieto
Lejos de mejorar la economía del país y la situación deplorable de 80 millones de mexicanos, la propuesta de Peña Nieto, cuyo objetivo principal es profundizar la privatización de PEMEX y de la CFE, traerá como consecuencias despidos masivos de sus trabajadores; encarecimiento de sus servicios y productos; la pérdida de los enormes recursos que aporta PEMEX (cerca del 40% del presupuesto anual), que aún hoy, de una u otra manera son utilizados en beneficio del pueblo y nos permiten gozar, como país, de cierta estabilidad económica y social, y de independencia respecto al exterior, que, claro, no es aprovechada por los neoliberales en el poder en beneficio de la Nación, sino para sus propios intereses.
En consecuencia, el incremento de los precios de las gasolinas y de las tarifas eléctricas repercutiría de manera grave en la inflación y en la carestía de la vida porque es completamente falso que la “competencia” entre monopolios genere una disminución en los precios de los productos y servicios, como lo presume el Gobierno Federal.
Por otro lado, una industria eléctrica en manos de extranjeros afectaría a la pequeña y mediana industria nacional e iría dejando a miles de pequeñas comunidades del país a oscuras, sin este importante servicio, porque a los monopolios no les resultaría económicamente atractivo ni redituable.
Por último debemos mencionar que la consecuencia más grave sería que por muchos años se cerraría la posibilidad para nuestro país de alcanzar realmente un desarrollo económico con independencia y progreso social pues PEMEX y la CFE son imprescindibles para lograrlo, por eso deben permanecer y fortalecerse como empresas estatales.
Unidad para defender a PEMEX y a la CFE
La unidad, organización y movilización de la clase trabajadora, de los campesinos, de los estudiantes, de las mujeres, de los hombres y de todas las fuerzas progresistas fue fundamental en el logro de la Expropiación Petrolera el 18 de marzo de 1938.
Esta misma unidad, organización y movilización se requieren hoy para defender con éxito a PEMEX y a la CFE, sin excluir a ninguna persona, grupo u organización por muy pequeña o insignificante que parezca, porque las Reformas Estructurales impulsadas por el Peña Nieto, y en particular la propuesta de Reforma Energética y su ya aprobada Reforma Educativa, ponen en verdadero riesgo el futuro del país, el progreso de los mexicanos, están generando cada vez más inconformidad y, por tanto, el peligro de que el Estado desate una represión generalizada y muy violenta, que a nadie conviene.
Recordemos y aprendamos de la historia de México: en la lucha por nuestra independencia respecto a España, en la Reforma y en la Revolución Mexicana iniciada en 1910, por poner tres ejemplos, la violencia armada no fue impuesta por Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Villa o Zapata, les fue impuesta por los colonizadores, por imperios o potencias extranjeras, y por una dictadura sangrienta de cerca de 30 años.
El pueblo mexicano no es violento, nunca lo ha sido, nunca eligió la violencia como estrategia para cambiar su realidad por otra mejor, la violencia siempre le ha sido impuesta por el Poder, por quienes lo han reprimido y se han opuesto al verdadero progreso y a la independencia de la Nación.
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References: artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 123
 artículo 27
 artículo 3