Source: https://www.slideshare.net/villamarcos/capital-social-y-estrategias-de-desarrollo-local-en-amrica-latina
Timestamp: 2017-10-22 01:55:53+00:00

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REVISIÓN Y APLICACIÓN DEL CONCEPTO ... by AndesBFP 6406 views
Texto coordinado por Ignacio Medina Nuñez publicado en julio de 2006 a través del Centro de Experimentación para el Desarrollo de la Formación Tecnológica (CEDeFT)
Aqui se encuentra mi primer capítulo publicado titulado: "Euskadi, un aliento de esperanza" Marcos Villa
1. 1CAPITAL SOCIALY ESTRATEGIASDE DESARROLLO LOCAL EN AMÉRICA LATINA IGNACIO MEDINA NÚÑEZ (COORDINADOR)
2. 2INTRODUCCIONPRIMERA PARTE: Concepciones teóricas sobre el desarrollo 1) Ignacio Medina Núñez. Cultura y capital social: Posibilidades para el combate a la pobreza y la construcción del desarrollo. 2) Alejandro Sánchez Gómez: El derecho al desarrollo: notas para su exigibilidad. 3) Alberto Enríquez Villacorta. Retos y perspectivas del desarrollo local y la descentralizacion en América Latina 4) Alejandro Allera Mercadillo. Cultura y capital social para el desarrollo. 5) Sonia G. Aguilar Morales: El desarrollo frente a la pobreza y la desigualdad.SEGUNDA PARTE: Experiencias y propuestas de desarrollolocal en México 6) Alejandro Castañeda Valdez. Migrantes mexicanos en Estados Unidos: radiografía de las remesas. 7) Mariana Calderón Mafud: Asistencia social y desarrollo local en Colima, México 8) Marcos Eduardo Villa Corrales: Euzkadi: un aliento de esperanza. 9) Ricardo Germán Ruiz González. Derecho humano a un medio ambiente sano: sobre el proyecto de construcción de la presa de Arcediano, en Guadalajara, México. 10) Angel Florido Alejo: Tapalpa y Sayula en México: dos espacios complejos para el desarrollo 11) Juan Ibarra González. La movilidad urbana y el transporte
3. 3 público: ingredientes necesarios para el desarrollo humano integral en la zona metropolitana de Guadalajara, México. 12) Mirta M. Villegas Montes, Alberto Arellano Ríos et al. El municipio de Atoyac, Jalisco: diagnóstico y potencialidades 13) Blanca Estela Kempis Robles. Integración de las mujeres indígenas tarahumaras de México en los programas de salud reproductiva.TERCERA PARTE: Otras experiencias y propuestas dedesarrollo en América Latina 14) Marcela Pizarro Inostroza. Etnodesarrollo: nuevas formas de desarrollo en espacios de relación multiétnica. 15) Alberto Enríquez Villacorta. Abriendo un espacio centroamericano para la descentralización y el desarrollo local. 16) María del Rosario Alfaro. Balance de la transición política en Guatemala: implicaciones en el desarrollo social y político. 17) David Felipe Maravilla Jones. Financiamiento para la pequeña y microempresa en Honduras
4. 4 INTRODUCCIÓNEl tema de la presente publicación ha surgido a través de fuertes discusionessobre el porvenir latinoamericano, las cuales se han expresado frecuentementeen ambientes de pesimismo y de optimismo. Esta parte del continente,¿seguirá en el presente y en los próximos siglos condenada al subdesarrollo o,a pesar de los desastroso de la situación en términos de producción, pobreza ydesigualdad, puede aspirar a un desarrollo integral y sustentable másequilibrado?Varios marcos de interpretación nos han condenado, como a Prometeoencadenado, a una situación permanente de atraso y crisis recurrentes,aduciendo tanto el poder imperialista del capitalismo de los centrosindustrializados del mundo como nuestra propia cultura tan poco emprendedoray ligada a la corrupción y al rompimiento de las leyes. Otros autores –muypocos- vislumbran una etapa halagadora para América Latina durante elpresente siglo XXIHay que reconocer que la situación actual de América Latina no es ciertamentemuy optimista. Ni los actuales países que son claros exponentes del modeloneoliberal como Chile o México, ni alternativas radicales como Cuba, nipropuestas intermedias con gobiernos progresistas como Brasil o Venezuela senos presentan como propuestas claras de desarrollo a nivel de paradigmasalternativos. Y mientras tanto, hay países como Honduras, Nicaragua o Haití,…que conservan los índices más bajos en términos macroeconómicos (ingresopromedio anual por habitante, por ejemplo, de unos 500 dólaresnorteamericanos) pero también catalogados en los más bajos índices dedesarrollo humano, según la ONU.Y, sin embargo, el recorrido por numerosos lugares del paisaje latinoamericanonos muestra una región que hierve en proyectos locales de desarrollo. En todasestas experiencias, no ha importado tanto el signo ideológico de los modelosque se quieran implantar sino, sobre todo, si responden a una preguntafundamental: estas actividades y proyectos, ¿son capaces de ayudar a mejorarel nivel de vida de la población local y su nivel de participación en lasdecisiones públicas?Es importante tomar en cuenta los procesos históricos en donde, frente agrandes desastres, han surgido alternativas exitosas. Las crisis, se ha dicho,más que ser ocasión de mayores caídas, se pueden convertir en oportunidadesde crecimiento. De esta manera, por ejemplo, en México, con ocasión delterrible terremoto ocurrido en la ciudad capital en 1985, se inició un proceso demayor participación de grupos organizados de la sociedad civil; también enNicaragua y Honduras, después de la terrible tragedia del huracán Mitch en1998, como una fiebre, se ha extendido el deseo de participación desde lo localen experiencias municipales.Las diversas experiencias, entonces, que dieron origen a esta publicación noquieren cerrar los ojos al terrible peso estructural, desde contextos internos e
5. 5internacionales, sobre la región latinoamericana, pero son analizadas, sobretodo, a través de las posibilidades positivas que existen de manera real en lascomunidades, en las localidades, contribuyendo, desde su propia perspectiva,al mejoramiento de las condiciones de vida.Sin embargo, la manera como se relatan las experiencias de la presentepublicación no tienen simplemente una intención descriptiva sino que seinsertan en la búsqueda de marcos analíticos explicativos a nivel científico y enpropuestas que buscan alternativas teóricas al modelo neoliberal actualmentepredominante. Esto se da porque los autores en este libro son académicos anivel de licenciatura, maestría y doctorado que, junto con la observación de losdatos empíricos de la realidad latinoamericana, pasaron gran tiempo dereflexión personal y discusión colectiva de sus propios manuscritos,comprometidos con los intereses de las comunidades de donde provienen.De manera particular, el programa de la Maestría en Planeación y Desarrollo,coordinado por el Centro de Experimentación para el Desarrollo de laFormación Tecnológica (CEDEFT), con sede en la ciudad de Cuernavaca,México, se convirtió, para varios de los participantes, en un espacio privilegiadodel análisis, puesto que dicho programa tiene estudiantes provenientes devarios países latinoamericanos y la sede de sus seminarios ha estado tanto enla misma ciudad de Cuernavaca como en Santiago de Chile, en Alajuela enCosta Rica, en Estelí en Nicaragua, y en Santa Rosa Copán en Honduras.De forma semejante, el programa de la Maestría en Política y Gestión Públicadel Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), launiversidad jesuita en la ciudad de Guadalajara, México, también se convirtióen un marco apropiado para nuestras investigaciones, debido a que variosparticipantes lograron expresar en sus manuscritos un análisis académicosobre varias experiencias de desarrollo con propuestas alternativas ante el malfuncionamiento de la sociedad. Una colaboración semejante también la tuvimosde varios estudiantes del programa de maestría en Estudios de la región, de ElColegio de Jalisco (en Guadalajara, México), y de estudiantes de la licenciaturaen filosofía y ciencias sociales del Departamento de Filosofía y Humanidadesdel propio ITESO. Contamos, finalmente, con una aportación especial de laFundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE) de El Salvador.Con todo este proceso, aunque los trabajos recopilados tienen sureconocimiento específico de forma individual o en coautoría, se quiereexpresar una búsqueda colectiva por alternativas de desarrollo en nuestrocontinente, que no estarán apareciendo de la nada sino precisamente de lasexperiencias de trabajo reales en numerosas comunidades y municipios.Esta publicación, en lo particular, está dividida en tres partes temáticas.la primera recoge trabajos relacionados con la discusión teórica. El Dr. IgnacioMedina Núñez (medina48@yahoo.com), profesor en el ITESO y en laUniversidad de Guadalajara y quien es el coordinador general de la presentepublicación, propone al principio una discusión conceptual en su escrito“Cultura y capital social: posibilidades para el combate a la pobreza y la
6. 6construcción del desarrollo”. Alejandro Sánchez Gómez (sangomez@iteso.mx),profesor y estudiante de la Maestría en Política y Gestión Pública del ITESO,desde su especialidad en derecho, nos plantea la discusión sobre “El derechoal desarrollo: notas para su exigibilidad”. Por su parte, Alberto EnríquezVillacorta (enriquez@telesal.net), desde su experiencia en los esfuerzos por eldesarrollo local en Centroamérica, a través de la Fundación Nacional delDesarrollo (FUNDE) de El Salvador, del cual es Director de DesarrolloRegional/local, plantea una visión latinoamericana sobre el tema en suponencia presentada en la I Cumbre Latinoamericana de Desarrollo Local yDescentralización del 2003, titulada “Retos y perspectivas del desarrollo local yla descentralización en América Latina”. Posteriormente, Alejandro AlleraMercadillo (aallera@jalisco.gob.mx), desde una óptica mixta, al habercolaborado tanto en el sector privado, académico, y quien ahora se desempeñacomo director del Instituto de Fomento al Comercio Exterior del estado deJalisco, nos ofrece sus reflexiones sobre la “Cultura y capital social para eldesarrollo”. Finalizando este primer apartado del libro, contamos con Sonia G.Aguilar Morales (guilleye@aol.com), profesora de la Universidad deGuadalajara, quien nos propone sus planteamientos sobre el tema de “Eldesarrollo frente a la pobreza y la desigualdad”.La segunda parte del libro está dedicada a mostrar ciertas experiencias ypropuestas de desarrollo local ocurridas en México, iniciando con la radiografíaque hace Alejandro Castañeda Valdez (alejandro.castaneda@mural.com),estudiante en el Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO, sobrelas remesas en dinero que envían a México los migrantes radicados enEstados Unidos, preguntándose en qué medida ello contribuye o no aldesarrollo regional: “Migrantes mexicanos en Estados Unidos: radiografía delas remesas”. Por su parte, Mariana Calderón Mafud (mafud21@yahoo.com),titulada en el programa de Maestría en Planeación y Desarrollo del Centro deExperimentación para el Desarrollo de la Formación Tecnológica (CEDEFT),nos muestra un diagnóstico del actuar de las organizaciones de la sociedadcivil en Colima, México, destacando en particular el caso de una organizaciónespecífica: “Asistencia social y desarrollo local en Colima”. Posteriormente,Marcos Eduardo Villa Corrales (villamarcos@iteso.mx), estudiante delDepartamento de Filosofía y Humanidades del ITESO e investigador en elCentro de Investigación y Formación Social (CIFS) de esta misma universidad,resalta una experiencia heroica en el mundo sindical mexicano, al mostrarcómo sobrevivieron y lograron un triunfo notable los trabajadores sindicalizadosde una compañía hulera trasnacional ubicada en El Salto, Jalisco: “Euzkadi: unaliento de esperanza”.En esta misma parte, Ricardo Ruiz González (ricardin@iteso.mx), estudiantede la Maestría en Política y Gestión Pública del ITESO discute el “Derechohumano a un medio ambiente sano: sobre el proyecto de construcción de lapresa de Arcediano, en Guadalajara, México”, mostrando cómo se está dandola discusión pública entre ciudadanía y gobierno sobre el proyecto deconstrucción de una presa que tiene el objetivo de abastecer de agua la ciudad.Por su parte, Angel Florido Alejo (angelf@mac.com), maestro en cienciassociales e investigador de la Universidad de Guadalajara en el Departamentode Estudios Ibéricos y Latinoamericanos, nos presenta la descripción y
7. 7posibilidades de dos municipios en el sur del Estado de Jalisco, México, en sutrabajo titulado “Tapalpa y Sayula: dos espacios complejos parra el desarrollo”.Juan Ibarra González (j_ibarra_g@terra.com.mx), por su parte, dirigiendoproyectos que pretenden mejorar el transporte público en Guadalajara, México,nos presenta su propuesta de “La movilidad urbana y el transporte público:ingredientes necesarios para el desarrollo humano integral en la zonametropolitana de Guadalajara, México”. Enseguida, un grupo de estudiantes deEl Colegio de Jalisco, con abundante trabajo de campo y discusión depropuestas específicas de desarrollo, a través de Mirta Villegas Montes(mirtavillegas@yahoo.com) y Alberto Arellano Ríos(betoarellano14@hotmail.com), quienes ordenaron las diversas partes delmanuscrito, nos describen y presentan las potencialidades de un municipioespecífico en el sur del Estado de Jalisco: “El municipio de Atoyac, Jalisco:diagnóstico y potencialidades”. Finalmente, en esta segunda parte del libro,Blanca Estela Kempis Robles (ekempis81@hotmail.com), titulada del programade Maestría en Planeación y Desarrollo del CEDEFT, como fruto de su propiaexperiencia con mujeres de la sierra tarahumara del norte de México, presentasu trabajo “Integración de las mujeres indígenas tarahumaras de México en losprogramas de salud reproductiva”.Continuando con la dinámica del segundo apartado, la tercera y última parte deeste libro está dedicada a mostrar ciertas experiencias y propuestas dedesarrollo local pero ubicadas en otras regiones de América Latina. IniciaMarcela Pizarro Inostroza (kallfuray@yahoo.es), estudiante de la Maestría enPolítica y Gestión Pública del ITESO, procedente de Chile, quien nos ofreceuna discusión teórica y dos experiencias locales en su trabajo sobre“Etnodesarrollo: nuevas formas de desarrollo en espacios de relaciónmultiétnica”. Posteriormente, Alberto Enríquez Villacorta(enriquez@telesal.net), como responsable de la Coordinación técnica de laConferencia Centroamericana por la Descentralización del Estado y elDesarrollo Local (CONFEDELCA), nos presenta la propuesta del espacio quecoordina, tratando de unir esfuerzos, experiencias y territorios en el áreacentroamericana, en su texto titulado: “CONFEDELCA: Abriendo un espaciocentroamericano para la descentralización y el desarrollo local”.En seguida, María del Rosario Alfaro (rositalfaro@yahoo.com), estudiante de laMaestría en Política y Gestión Pública del ITESO, nacida en Guatemala,plantea en su escrito una revisión del escenario histórico en su país desde laperspectiva del desarrollo; su texto se titula “Balance de la transición política enGuatemala: implicaciones en el desarrollo social y político”.Sobre la situación en Honduras, C.A., David Felipe Maravilla Jones(dmaravillahn@yahoo.com), nacido en Honduras y titulado en la Maestría enPlaneación y Desarrollo del CEDEFT, discute la problemática de las pequeñasy microempresas, que son la mayoría y que tienen un peso importante en laeconomía del país, pero están necesitadas de recursos para su operación ycrecimiento: “Financiamiento para la pequeña y microempresa en Honduras”.El tema explícito en el título de nuestra publicación ha sido muy ambicioso;sabemos que no podemos cumplir todas las expectativas del tema general,
8. 8pero solamente hemos querido ofrecer una pequeña muestra de los múltiplesesfuerzos que se están llevando a cabo en algunas regiones latinoamericanaspor elevar el nivel de vida de la población, desde la perspectiva de lascomunidades y municipios, teniendo en cuenta que uno de los ingredientesmás importantes del desarrollo tendrá que ser el capital social existente y laparticipación de las comunidades locales. Ignacio Medina Núñez Coordinador de la edición
9. 9 PRIMERA PARTE: CONCEPCIONESTEÓRICAS SOBRE EL DESARROLLO
10. 10 CULTURA Y CAPITAL SOCIAL: POSIBILIDADES PARA EL COMBATE A LA POBREZA Y LA CONSTRUCCIÓN DEL DESARROLLO Ignacio Medina NúñezIntroducciónQueremos centrar la discusión en los conceptos de cultura, identidad y elcapital social, como elementos de un marco teórico, a partir del cual se puedaelaborar una estrategia más eficaz de combate a la pobreza y construcción deun desarrollo integral. Partimos de una hipótesis central que consiste enconcebir el fortalecimiento del tejido social como una de las prioridades de lapolítica social en el combate contra la pobreza y la desigualdad.¿Pueden la cultura y la identidad ser consideradas alternativas para enfrentarlos desafíos del desarrollo humano en nuestra región latinoamericana? ¿Puedeel capital social latinoamericano ser una estrategia real para superar nuestrosproblemas de pobreza? La elaboración de una respuesta afirmativa a estaspreguntas es la hipótesis de este trabajo, entendiendo, primero, que cultura eidentidad pueden aportar elementos fundamentales a nuestros proyectos denuevas políticas sociales para combatir la pobreza, y considerando sobre todoel concepto de “capital social”, que ya es utilizado y aceptado por organismosinternacionales como el Banco Mundial y la propia Organización de NacionesUnidas (ONU).Transformación de la culturaEn el Diccionario de Política Cultural (Texeira Coelho, 2000), se apuntanclaramente varias de las maneras de mirar la cultura. Por un lado y atendiendoal sentido original que le dio Cicerón a este concepto, hay una tendencia aconcebirla como el proceso de cultivo de la mente o del espíritu, en donde unapolítica cultural puede definirse por la búsqueda del desarrollo espiritual de losindividuos para que se verifique el perfeccionamiento de las relaciones socialesen su conjunto. Para Cicerón, la cultura significaba el acto de incorporar “untesoro de conocimientos trasmitidos por la enseñanza...” “El hombre obtieneuna forma más elevada de identidad social e individual” (Thorn, 1976: 77). Estees el primer significado: acumulación de conocimientos de la historia que le danuna identidad a un ser humano a través de la educación cuando otrosciudadanos no los pueden tener al mismo nivel. Esta primera concepción serelaciona con el contenido del término “propuesto por Kant, para quien lafinalidad última de la especie humana, por lo tanto, la finalidad de la naturaleza,es la cultura: escenario de sabiduría suprema” (Texeira Coelho, 2000: 122).Sin embargo, posteriormente se amplió el concepto de cultura significando el
11. 11cultivo de la vida en general: “Es la denominación corriente de la medida enque un pueblo autorregula culturalmente sus formas de vida y con la cual lograuna pecualiaridad que la distingue de otras sociedades” (Thorn; 1976: 77). La“cultura nos remite a la idea de una forma que caracteriza al modo de vida deuna comunidad en su dimensión global, totalizante” (Texeira Coelho, 2000:120); estamos diciendo entonces que las comunidades, las sociedades vanrespondiendo en formas diferentes a sus propias necesidades o deseossimbólicos, y por ello hay una red de significaciones que se expresan desde lasartes (literatura, pintura, etc.) hasta el vestido, el comportamiento, las fiestas, elconsumo, la convivencia, etc. Podemos entender la cultura, así, “en el sentidode un sistema de significaciones relacionado con la representación simbólicade las condiciones de existencia de una comunidad” (Texeira Coelho 2000:121). Tal vez esta manera de entender la cultura es la que se ha hecho másconocida debido a la preferencia que han tenido por ella los antropólogosdesde el siglo XIX, al buscar los rasgos comunes en lo económico, político ysocial que podrían definir la vida de unas comunidades frente a otras. Con ello,cada nación tiene su propia cultura, y dentro de ella se pueden llegar aencontrar culturas regionales y aun locales y familiares.Podemos rastrear un tercer concepto de cultura, a partir del período de laIlustración en Europa en el siglo XVIII, cuando una serie de personajes “cultos”-como los que participaron en el proyecto de la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert- le quisieron imprimir a la cultura un fuerza emancipadora, alimprimirle un contenido al imaginario colectivo del nuevo liberalismo frente alpoder de la religión alienante y contra el pensamiento absolutista. Se acentúaentonces el aspecto social de la génesis de la cultura al conferirle posibilidadesemancipadoras frente a una situación determinada que se quiere cambiar. Nose puede separar la cultura individual, la sabiduría aprehendida del entornosocial.“El proceso cultural no puede desligarse del ámbito social dentro del cual serealiza... La discusión que surge al inicio de la Ilustración sobre lasposibilidades del ser humano de comprenderse como un ser activo yautónomo, y capaz por tanto de imponerse en la práctica, dominó el desarrolloulterior del concepto de cultura” (Thorn, 1976: 78). Se puede decir que elfenómeno de la Ilustración hizo avanzar el concepto de cultura hacia otrosámbitos, como lo describe Johan Christoph Adeling, en 1782, de la siguientemanera: “La cultura abarca el ennoblecimiento o refinamiento de la totalidad delas fuerzas vitales y espirituales de un ser humano o de todo un pueblo, demanera que esta palabra englobe tanto la ilustración, el ennoblecimiento delentendimiento mediante la liberación de prejuicios, como el pulimento, elennoblecimiento y el refinamiento de las costumbres” (Thorn, 1976: 82). Dehecho, el concepto adquirió dentro de la Ilustración el tinte de un proyectopolítico al enfatizar la cultura de los ciudadanos frente a los Estadosabsolutistas, sobre todo en el sentido de que la cultura no podía ser ordenadasimplemente por las autoridades. Se podría decir que “la cultura se convierteaquí en un concepto-meta, con acento político emancipatorio, que no logra aunimponerse, si bien se obstina prácticamente en ello! (Thorn, 1976: 82). Kantpudo decir que la cultura podría poseer un carácter ético normativo, porque setrataba de la cultura ideal a la que había que aspirar y por la que había que
12. 12luchar, anticipando desde entonces el tema del imaginario colectivo de unacomunidad, que contrasta con la realidad empírica del presente, pero que seconvierte en fuerza transformadora de la misma realidad.La cultura se convierte también entonces en un ideal comunitario al que hayque aspirar a través de las acciones humanas; esta era también la propuestade Friedrich Schiller 1759-1805, (en su texto “On the aesthetic education ofman”) debido a que la situación social siempre es un antagonismo de fuerzasen donde hay aproximaciones culturales insatisfactorias al ideal propuesto. “Lacultura... se encuentra entonces ante la tarea de reconciliar en el hombremismo esos poderes mutuamente hostiles, cegadores y disolventes” (Thorn,1976: 84). Las personas están condicionadas por las fuerzas contradictoriassociales, pero el intelecto (razón y sentimiento) puede tener una autonomía conuna fuerza autodeterminante para mover a los seres humanos de una situacióna otra; la cultura puede convertirse entonces en un proyecto político y,específicamente, en nuestro caso, en una estrategia para superar lascondiciones de pobreza.En este sentido puede interpretarse lo que Carlos Fuentes ha formulado aldecir que “la cultura es la respuesta a los desafíos de la existencia”, dentro desu libro El Espejo Enterrado, editado en ocasión de la conmemoración de los500 años del descubrimiento de América, y en donde quiere presentar toda lariqueza cultural de la que disponemos los latinoamericanos como una especiede capital colectivo que podemos utilizar para afrontar los grandes problemaseconómicos y políticos que padecemos. Este significado se relacionadirectamente con el concepto teórico del “capital social”, que se ha estadodiscutiendo en las ciencias sociales durante las últimas décadas,relacionándolo de manera directa con el tema del desarrollo, y que seconstituye en el hilo conductor de cualquier estrategia de bienestar, dotándolode una cualidad científica y considerándolo de una gran utilidad para ladefinición de políticas públicas.La complejidad del “capital social”Robert Putnam ha señalado que el primero que usó el concepto de capitalsocial fue un supervisor de escuelas rurales en West Virginia, L.J. Hanifan en1916, quien buscaba la participación activa de la comunidad con el objetivo detener escuelas exitosas. Hanifan refería el concepto a la buena voluntad, elcompañerismo, la simpatía, la relación social entre individuos y familias quehacen una comunidad; el individuo sólo no puede hacer casi nada, pero si entraen contacto con su vecino y otros vecinos hace una acumulación de capitalsocial, lo cual le satisface sus necesidades sociales pero también con unacarga potencial para mejorar las condiciones de vida de toda la comunidad;ésta se beneficia de la cooperación de todas sus partes mientras que elindividuo encuentra todas las ventajas de la relación social de sus vecinos. Sinembargo, nadie retomó el concepto en ese tiempo y desapareció hasta serretomado en la segunda mitad del siglo XX.El concepto actual tiene sus antecedentes en los trabajos antropológicos de
13. 13Raymond Firth (1961), George Foster (1961), Marcel Mauss (1966), Larissa deLommitz (1975), Lourdes Arispe (1979), y también en la urbanista Jane Jacobsy el economista Glenn Loury... quienes señalaron formas de sobrevivencia degrupos sociales a través de redes de reciprocidad, asistencia e intercambio,formas particulares de organización local que tienen lugar en numerososámbitos de la vida social, y que operan con base en la confianza y solidaridadde los grupos sociales. Pero el uso del concepto de capital social se profundizóy amplió de manera notable en las últimas dos décadas del siglo XX, en dondeencontramos a Pierre Bourdieu como uno de los principales creadores de sucontenido.Se trata de un recurso fundamentado en ciertas relaciones sociales de grupo,comúnmente aceptadas a través de un reconocimiento implícito y queproducen una red facilitadora de acciones más o menos permanente en elfuncionamiento de la comunidad. Dicha red cultural se convierte en elementoproductivo en la medida en que sin ella no se podrían realizar acciones desobrevivencia del grupo o simplemente no conseguirían determinados fineseconómicos y políticos. El capital social puede ser individual en el sentido deque un individuo tiene el know how para poder desenvolverse y adquirirnumerosos recursos en el ambiente específico de una comunidad o tambiénpuede ser colectivo en la medida de que determinados grupos se encuentrenorganizados para conseguir sus objetivos colectivos a través de dichas redesde solidaridad y reciprocidad. Es decir, con este capital –que no se aprende enla educación formal sino que es fruto de la historia particular de un individuo ogrupo- se puede mejorar la efectividad privada pero también se constituye enun bien colectivo.Bourdieu, a partir de la publicación de su artículo The Forms of capital en 1983,identificó con más precisión tres formas del capital: la económica, la cultural yla social, dándole una gran importancia a las dos últimas debido a que en lasociedad no todo puede medirse de manera inmediata por la ganancia empíricade dinero. Bourdieu define el capital social como "el agregado de los recursosactuales o potenciales que están ligados a la posesión de una red durable derelaciones más o menos institucionalizadas de mutuo reconocimiento”(Bourdieu, 1986: 248), y esto puede ser de un individuo, de una familia o de ungrupo interconectado. El capital social, entonces, puede estar empotrado en elindividuo (y llega a ser su habitus); puede estar plasmado en bienes culturalesdel grupo (libros, textos, pinturas, instrumentos,...), y también puede llegar aestar institucionalizado con credenciales académicas reconocidas por lacomunidad. Con Bourdieu, entonces, se expande la noción de capital, desde loeconómico (la perspectiva tradicional de Marx) hasta lo no económico (lopolítico, lo cultural, lo social) en el intercambio de bienes inmateriales,utilizando también el término de capital simbólico. Los tres niveles pueden serobjeto de múltiples intercambios, aunque en los dos últimos no haya siempretransacciones minuciosamente contabilizadas.Otro autor que intentó definir explícitamente este concepto fue el sociólogoJames S. Coleman (1990), quien se refirió con ello a los recursos culturales deun individuo o grupo, sin los cuales no se lograba la supervivencia o laconsecusión de determinados objetivos; se trata de la integración social de un
14. 14individuo o grupo que a través de sus contactos sociales generacomportamientos que son reconocidos, para poder realizar determinadasacciones que luego exigen también reciprocidad. En el caso del capital socialde un grupo, hay que tener en cuenta que se comparten intereses comunes enalgún grado y también valores sociales. Para “Coleman, el capital social sepresenta tanto en el plano individual como en el colectivo. En el primero tieneque ver con el grado de integración social de un individuo, su red de contactossociales, implica relaciones, expectativas de reciprocidad, comportamientosconfiables. Mejora la efectividad privada. pero también es un bien colectivo. Porejemplo, si todos en un vecindario siguen normas tácitas de cuidar por el otro yde no-agresión, los niños podrán caminar a la escuela con seguridad, y elcapital social estará produciendo orden público” (Kliksberg, 2000: 9).“Tanto Bordieu como Coleman se refieren al capital social como un atributo degrupos sociales, colectividades y comunidades, teniendo en cuenta que el rolde las instituciones sociales en su creación es importante. Por ello, puededecirse que ambos autores son los que expresaron por vez primera –y deforma relativamente detallada y completa- el concepto de capital social; pueslos trabajos antropológicos que les antecedieron si bien aportaron elementospara la construcción del concepto, no lo introdujeron en los términosactualmente conocidos” (Mota Díaz, 2002: 42)Sin embargo, también es necesario reconocer el importante aporte de RobertPutnam en esta discusión, particularmente cuando se liga el tema del capitalsocial con la problemática del desarrollo. El ofrece la siguiente definición: setrata de los “rasgos de la organización social, tales como las redes, las normasy la confianza, que facilitan la acción y la cooperación para el mutuo beneficio...Trabajar juntos es más fácil en una comunidad bendecida con una derramasustancial de capital social” (Putnam, 1993: 67). Existe en esta concepción uncierto grado de confianza entre los grupos sociales que puede transitar desdelos ámbitos locales hasta el nivel nacional, en donde las redes entre losciudadanos posibilitan el logro de numerosos objetivos a través de laparticipación constante. De manera preocupante, Putnam, al analizar lasociedad estadounidense, observa un cierto colapso en el capital social de esanación (desintegración de las redes familiares, de amigos, de vecinos y de lasestructuras democráticas), que encuentra muy preocupante hacia el futuro. Dehecho, su libro “Bowling alone” (Putnam, 2000) quiere presentar una luchadeterminante en el ámbito cultural cuando ofrece de hecho la alternativa derevivir dicho capital como una de las salidas al colapso de la civilizaciónnorteamericana; las claves de la alternativa para la sociedad estarán en laparticipación civil, política y religiosa de los ciudadanos, en la red deconexiones formales e informales en el lugar de trabajo, en el altruismo, en lafilantropía, en la reciprocidad, la honestidad y la confianza entre los miembrosde las comunidades. El énfasis fundamental se encuentra en la afirmación deque los lazos sociales en la comunidad son el indicador más importante paraun desarrollo humano.Esto nos lleva también a la tesis de Kliksberg, para quien el capital social y lacultura son las claves olvidadas del desarrollo, despegándose del pensamientoeconómico tradicional en donde el principal indicador se encontraba en el
15. 15crecimiento económico de una nación y en la disposición de recursosmateriales de los individuos. En la cultura, encontramos una serie de valores,costumbres, ideas,... que forman la identidad de los grupos sociales, lo cual seconvierte en el factor decisivo del capital social. Se trata de ver cómo “diversoscomponentes no visibles del funcionamiento cotidiano de una sociedad, quetienen que ver con la situación de su tejido social básico incidensilenciosamente en las posibilidades de crecimiento y desarrollo” (Kliksberg,2000: 6). Dichos componentes pueden ser la cooperación, la confianza, laetnicidad, la identidad, la amistad, etc. dentro de diversos grupos sociales, loscuales devienen no solamente elementos adicionales a considerar en elmodelo de desarrollo sino que se convierten en determinantes respecto de lasmetas finales.Estamos concluyendo entonces que el capital social y la cultura se hanconvertido en un factor fundamental en el debate sobre el desarrollo. “Laspersonas, las familias, los grupos, son capital social y cultura por esencia. Sonportadores de actitudes de cooperación, valores, tradiciones, visiones de larealidad, que son su identidad misma. Si ello es ignorado, salteado,deteriorado, se inutilizarán importantes capacidades aplicables al desarrollo, yse desatarán poderosas resistencias. Si, por el contrario, se reconoce, explora,valora y potencia su aporte, puede ser muy relevante y propiciar círculosvirtuosos con las otras dimensiones del desarrollo” (Kliksberg, 2000: 8).De hecho, el Banco Mundial ha incorporado explícitamente el concepto cuandohabla de las formas reconocidas de capital: existe primero el capital natural,que son los recursos materiales de un país; existe el capital construido, que esel generado o construido por los seres humanos al producirse la infraestructuray el comercio; existe el capital humano, que está determinado por los nivelesde nutrición, salud y educación de una población específica; y se encuentratambién el capital social concebido como las formas de asociabilidad ycomportamiento propias de una comunidad. Sobre este último, se ha admitidosu potencial tanto para evitar posibles conflictos como para la consecusión deobjetivos ligados al desarrollo de una región. Por su parte, Adela Cortina, enuna conferencia en la ciudad de Puebla, México, el 8 de octubre de 2003,retomaba esta misma clasificación de cuatro categorías de capital, enfatizandoel papel fundamental del social en el mundo contemporáneo a nivel de laconfianza, el comportamiento cívico, las redes asociativas, los valores, etc. conel objeto de construir “una anticipación contrafáctica” del proyecto quequeremos para el mundo.Lo que hay que tener en cuenta en una perspectiva cronológica es que elcapital social puede ser reducido, destruido, fortalecido o ampliado, y con elloes necesario plantear estrategias para su cuidado y evolución. De algunamanera, las preguntas fundamentales de Putnam sobre el capital social deNorteamérica son muy preocupantes porque se refieren a un proceso dedeclinación y deterioro: ¿por qué está declinando el capital social? ¿Por qué enlas últimas dos o tres décadas se puede advertir una disminución delcomportamiento solidario de los norteamericanos y de su sentido grupal deconectividad? ¿Por qué los norteamericanos han disminuido la socializacióncon sus vecinos? Con ello, si aplicamos el concepto a cualquier otra
16. 16comunidad, tendríamos que hacer una análisis del contexto histórico de unaidentidad comunitaria que tiene raíces en su propia historia, que se ha idomodificando con el tiempo (positiva o negativamente), y sobre la cual se puedeplantear un imaginario colectivo a futuro a partir de una lucha ideológico-cultural.Conceptualmente habría que admitir que el capital social, entendido a lamanera de Putnam (cualidades históricas individuales o grupales que seexpresan en redes sociales y normas de reciprocidad y confianza), no siemprepuede ser mirado de manera positiva, debido a que su uso puede seraprovechado no solamente para el desarrollo de una comunidad sino para elinterés particular de individuos y grupos. Es decir, en la práctica, existen redessociales de confianza y reciprocidad que son aprovechadas por gruposdedicados a la delincuencia, corrupción o el narcotráfico, actividades que a suvez minan las tendencias del desarrollo. La actividad de numerosas mafias endiversos países se basan fundamentalmente en estos tipos de redes, en lascuales son precisamente su capital social lo que les otorga efectividad a susacciones. Entonces, como cualquier forma de capital, el social también puedetener un uso antisocial y anticomunitario, que es precisamente a lo que serrefiere el mismo Putnam al hablar de “the dark side of the social capital”(Putnam, 2000: chapter 22), y que en gran manera ha sido ocasión paracriticarle su optimismo sobre la posible contribución al desarrollo puesto quetambién tiene su parte negativa y además puede ser un elemento de controlsocial (Cfr. Putzel, 1997; Portes, 1996) por parte de nuevos grupos dirigentes.Identidades en movimientoInterrogado sobre su creencia acerca de una identidad latinoamericana alcomienzo del siglo XXI, Gilberto Giménez respondió en la ciudad de Puebla,México, el 7 de octubre del 2003, que tal identidad no existía, que tal conceptoestaba tan diluido que lo que importaba en ese momento era más bien buscarla fortaleza de las identidades regionales en toda la riqueza de su diversidad.Por otro lado, Néstor García Canclini en su reciente libro con el título“Latinoamericanos buscando lugar en este siglo” (García Canclini, 2003)comienza afirmando que “al explorar posibles rasgos comunes entre estospaíses, sobresalen las divergencias” (Idem:11). Y lo reafirma en otros espaciosde su mismo publicación: “aun cuando unos y otros estén en el mismo avión,las cortinas son más rotundas que las afinidades” (Idem: 24), concluyendo que“esta multidiversidad, más compleja, exige hablar de otro modo sobre lo quepuede agruparnos” (idem: 25). Podemos citar un tercer ejemplo con la posiciónde Alain Touraine, quien, en una entrevista en la ciudad de Guadalajara, enjunio del 2004, afirmó: “América Latina como tal no existe, porque tiene un grandéficit de actores sociales”, refiriéndose a que estamos ante un espaciogeográfico pero con carencia de movimientos sociales que apunten hacia unproyecto regional en el mundo.Estos autores pueden tener razón cuando llaman la atención sobre la falsapretensión de una homogeneidad al hablar de la identidad latinoamericana ycuando experimentamos que la fortaleza de nuestra cultura no ha sido capazde producir un nivel aceptable de desarrollo para las mayorías de la población y
17. 17mucho menos un proyecto hacia el futuro. Sin embargo, todos corren el riesgode poner en duda un capital social existente en nuestra región y que puede serconsiderado también en el momento presente, como dice Bernardo Kliksberg,una de las claves olvidadas del desarrollo.Ciertamente hay que rescatar que tanto Giménez como García Canclini y AlainTouraine siguen teniendo una profunda mirada apasionada sobre lo que puedesignificar ese espacio geográfico común en donde se aglutinan tantasdiversidades: la América Latina. Se preguntan también, aunque con ciertopesimismo, por un proyecto en el futuro en donde no sea lo negativo (envueltosen la pobreza, en la deuda, en la migración, etc.) lo que nos defina sino larealidad de un proyecto que en este momento solamente podríamos anticipar.Sin embargo, todos ellos necesitan ciertamente ser diferenciados, por ejemplo,de la posición extremista de Guillermo Cabrera Infante, para quien el nombrede Latinoamérica representa un ridículo extraordinario debido a que no haynada en común entre cubanos y mexicanos, entre venezolanos y chilenos, etc.(Cabrera, en Marras 1992:69); podría caber en esta misma línea la posición deJuan Carlos Onetti, quien asegura que el nombre de América Latina no pasa deser una simple cuestión geográfica pero que no refleja ningún tipo de identidadni proyecto.En contraste, hay que mencionar a un gran número de pensadores, paraquienes el nombre mismo refleja una honda tradición histórica, una expresiónde rasgos comunes y la posibilidad de un proyecto propio. Así, por ejemplo,Mario Vargas Llosa habla de América Latina como un nombre que “responde auna realidad de tipo histórico, de tipo cultural, de tipo geográfico, una realidadmuy compleja, muy diversa, la de un mosaico en el que la diversidad es tanimportante como el común denominador" (Vargas Llosa, en Marras, 1992:99).Octavio Paz señaló también algo parecido: América Latina es “una sociedad desociedades en un territorio enorme rodeado de otras sociedades, todas enmovimiento. Una sociedad es una cultura: un conjunto de individuos, cosas,instituciones, ideas, tradiciones e imágenes. Una realidad sui generis, pues noes enteramente material ni ideal. América Latina es una cultura” (Paz enMarras, 1992:467-8).Se nos presentan entonces una serie de problemas conceptuales muycomplejos cuando queremos abordar la cultura y la identidad de Latinoamérica,y mucho más cuando queremos relacionarlos con la situación de subdesarrolloque corroe nuestra historia desde que nacimos en el siglo XIX como nacionesindependientes pero aceptando la conveniencia de llamarnos todoslatinoamericanos, tal como empezaron a utilizar el concepto José María TorresCaicedo y Eugenio María de Hostos en el siglo XIX. La gran heterogeneidad denuestra región, las aspiraciones por la unidad y la integración, y la persistenciade condiciones deplorables en gran parte de nuestra población atravesarontodo el siglo XX y han cobrado mucha fuerza en el tránsito al siglo XXI.Al principio anotábamos el debate todavía existente sobre la identidadlatinoamericana en donde Gilberto Giménez y Néstor García Canclinidesconfían actualmente mucho del concepto señalando que lo que existe esmás bien un espacio geográfico donde coexisten numerosas identidades. Pero
18. 18el temor de que al hablar de identidad común se quiere homogeneizar unmundo diverso es exagerado; simplemente hay que recordar el trabajo deSergio Marras (1992), quien realizó numerosas entrevistas cualitativas aliteratos (Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Adolfo Bioy Cásares, RenéDepestre, Arturo Uslar Pietri...), los cuales mayoritariamente reconocían queAmérica Latina como concepto, a pesar de ser un invento francés, ya se habíaconvertido en la historia del siglo XIX y XX en una marca registrada paranuestra región. En la literatura, por lo menos, podemos comenzar diciendo queexiste empíricamente un reconocimiento interno y externo sobre la identidadlatinoamericana. Si acudimos al mundo de la política y la economía, también esevidente que partimos de la definición de un conjunto de pueblos que esreconocido con ese nombre, y por ello hay caracterizaciones entre losgobiernos para designar delegados oficiales de y para la región; hayencuentros oficiales, por ejemplo, entre Europa y América Latina; hayindicadores económicos periódicos de la ONU a través de la CEPAL para todala región. Específicamente en el mundo académico existen numerosos centrosde estudios latinoamericanos tanto en América como en Europa;particularmente dentro de los Estados Unidos se pueden encontrar vinculadoscon las universidades unos 700 centros dedicados a analizar la problemáticaeconómica, política y cultural de esta parte de América. En este sentido,estamos hablando ciertamente de un espacio geográfico donde convivenmuchas identidades regionales y locales, reconociendo una identidad común apartir de la conquista española, a partir de un lenguaje predominante en lamayoría de los países, a partir de rasgos culturales.Si reconocemos la identidad como la expresión (con rasgos subjetivos yobjetivos) de una cultura común, indiscutiblemente tenemos que partir de quelo latinoamericano existe; ello no quiere decir que la cultura es homogénea nique desaparezcan las diferencias locales y regionales, ni que Latinoaméricaesté reducida exclusivamente al espacio geográfico, porque el concepto yadesborda las fronteras de nuestros países.Gilberto Giménez, a pesar de que reconoce lo delicado del concepto deidentidad en las ciencias sociales y de su uso políticamente peligroso debido alos nacionalismos fundamentalistas, afirma que “pese a todo, sigue siendo unanoción imprescindible en las ciencias sociales, no sólo porque ha venido apotenciar la teoría del actor, de la acción social y, particularmente, de la accióncomunicativa, sino también porque permite recuperar, un poco por la puertatrasera, la noción de cultura” (Giménez, 2000: 28). Con esta aclaración,propone una definición que podemos compartir: “entiendo aquí por identidad elconjunto de repertorios culturales interiorizados (representaciones, valores,símbolos...) a través de los cuales los actores sociales (individuales ocolectivos) demarcan simbólicamente sus fronteras y se distinguen de losdemás actores en una situación determinada, todo ello en contextoshistóricamente específicos y socialmente estructurados” (Idem: 28).Estos repertorios culturales –es importante remarcarlo- pueden darse a nivellocal, regional, nacional o trasnacional, y el hecho de poseer uno más ampliono necesariamente significa homogeneizar o desaparecer las diferencias alinterior. Se trata de un sentido de pertenencia colectiva a una comunidad
19. 19imaginada en donde lo latinoamericano no impide que sea chileno o mexicano,en donde lo mexicano no impide que sea jaliciense o zacatecano, en donde lojaliciense no impide que sea tapatío o costeño, etc. Bajo esta perspectiva,pueden perfectamente convivir diferentes identidades, y en nuestro casoparticular, la pregunta particular sería sobre la importancia que reviste lolatinoamericano dentro de la gran diversidad de países, regiones y localidades.¿Tenemos entonces todavía un repertorio simbólico-cultural como capital socialque nos pueda impulsar a superar las situaciones de subdesarrollo queexperimentamos? Nuestra respuesta es afirmativa. Porque estamos hablandode una historia común que nos brinda un enorme capital social para laconstrucción de un proyecto histórico propio. Una estrategia adecuada seríafortalecerlo.Dentro del proceso de nuestras sociedades, también podemos partir de que“las identidades son inevitables y concomitantes a la misma existencia del serhumano” (Valenzuela, 2000:17), y parten de las prácticas de la vida diaria endonde se entremezcla la familia, el lugar de vivienda, el lugar de trabajo, lascondiciones históricas del lugar, el acceso a los medios de comunicación, etc.Los grupos sociales en una urbe están delimitados por sus identidadesgrupales que les ayudan en la supervivencia y en el enfrentamiento con otrosgrupos sociales. Pero también hay que enfatizar que las identidades varían enla historia de un individuo o de un grupo; no son monolíticas; el tiempo puedellevar a olvidar los antiguos repertorios culturales y a familiarizarse y asimilarotros para devenir en otro tipo de personalidades. Por ello, es posible construirun abanico de posibilidades en identidades imaginarias, que se puedenconvertir en pactos simbólicos del individuo o grupo para que, a través de unapráctica social, se elaboren y articulen proyectos culturales y políticos. “De lamanga mágica de las identidades colectivas han nacido grupos, etnias,nacionalidades, Estados-nación, movimientos sociales, culturas alternativas,etc.” (Valenzuela, 2000: 18).El imaginario colectivo, entonces, puede ser capaz de construir un nuevo tipode sociedad, porque produce un compromiso de lucha: “Esta idea nos vuelve aubicar en el campo de la prefiguración y en la posibilidad de imaginar proyectosalternativos de sociedad. El compromiso es un proyecto de vida; se apuesta enel presente a la posibilidad de construir un futuro imaginado: una nuevarealidad” (Cfr. Fronçois Dubet, citado en Valenzuela, 2000:19).Finalmente tenemos que enfatizar el sentido que le damos a la identidad comoalgo colectivo. Es cierto que el tratamiento de este concepto puede serindividual, pero su vinculación con el capital social solamente lo encontramoscuando hablamos de identidades de grupo, con redes formales e informalesbasadas sobre todo en la confianza.Las alternativas para América LatinaHablando sobre los escenarios posibles para nuestra región, cuando NéstorGarcía Canclini habla de los latinoamericanos que buscan lugar en este siglo,no es optimista al respecto: señala que la situación actual es casi explosiva. Yes que ello coincide con diversos diagnósticos en donde América Latina está
20. 20claramente calificada como una situación en riesgo (Cfr. Kliksberg Bernardo,2002). Somos alrededor de 540 millones de latinoamericanos en donde unos220 millones sobreviven con menos de dos dólares diarios, en donde elpromedio de años estudiados es solamente de 5.2, en donde la deuda externaglobal de la región sobrepasa los 700 mil millones de dólares. Incluso lasegunda Cumbre de las Américas realizada en Santiago de Chile en 1998 yconvocada por los Estados Unidos y una declaración final aprobada por todoslos jefes de gobierno estableció que “superar la pobreza continúa siendo elmayor desafío confrontado por nuestro Hemisferio”. Bernardo Kliksberg,hablando de América Latina como una situación en riesgo afirma: “Haydisensiones metodológicas significativas sobre cómo medir la pobreza. Sinembargo, la mayor parte de las fuentes internacionales coinciden en unaconstatación básica respecto a la región: la pobreza ha crecidoconsiderablemente en ella en las dos últimas décadas” (Kliksberg, 2002).Lo que no sabemos es cuáles son las estrategias efectivas para combatir estegran problema que atañe sobre todo a África, a América Latina, a numerosospaíses de Asia e incluso a diversas regiones dentro de los mismos países delprimer mundo. Una constatación, como resultado del largo estudio del BancoMundial realizado en la década de los 90s y coordinado por Deepa Nerayan, esque la políticas sociales de los Estados han sido ineficaces para sacar a lospobres de su condición tan vulnerable, a pesar de que se dedican inmensosrecursos para combatir la pobreza; ni siquiera las actividades de las numerosasorganizaciones de la sociedad civil han sido eficaces por la granheterogeneidad de objetivos que tienen y lo limitado de su accionar.Sin embargo, se pueden resaltar dos conclusiones de este estudio del BancoMundial realizado en más de 50 países del planeta y a partir de entrevistas ydiscusiones con más de 40 mil mujeres y hombres en situación de pobreza. Laprimera de ellas se refiere a la construcción de una nueva relación entre lasociedad y el gobierno en donde cualquier estrategia debe partir de lasrealidades de las personas pobres: sus propios diagnósticos y, especialmente,con un enfoque de género; la segunda se refiere al tema de nuestra hipótesis,en donde la línea principal de acción debe ser la inversión en la capacidad deorganización de los pobres, es decir en el fortalecimiento del capital social delas comunidades, a través de una cultura de asociación.Reconociendo que la pobreza es un fenómeno multidimensional y multifacético,y sabiendo que para atacarlo pueden existir diferentes estrategias de abordaje,el énfasis en la cultura, en la identidad y en el fortalecimiento del tejido socialno pueden ser vistos como una panacea pero sí cómo una línea de acciónprioritaria, en el entendido que la población en pobreza no debe serconsiderada como un objeto de ayuda sino como un sujeto de transformación.En este sentido, el mismo Néstor García Canclini afirma que “explorar lapotencialidad conjunta de nuestras prácticas culturales puede ayudarnos aimaginar otro modo de globalizarnos” (García C., 2002: 106). Sin embargo,también añade: “No se trata de creer que vamos a salvarnos por la cultura. Espreciso escribir esta palabra –lo mismo que latinoamericano- con modestasminúsculas” (Idem, 2002: 107). García Canclini quiere ser realista al hablar dela cultura como una de las diversas estrategias que pueden fortificar nuestro
21. 21capital natural, acrecentar el capital adquirido, elevar nuestro capital humano ysobre todo el capital social, pero a éste último no se le puede desdeñar toda lapotencialidad que tiene para el desarrollo de los pueblos y que frecuentementeolvidamos.Como dice Edgar Morin: “La cultura es, en suma, lo que ayuda al espíritu acontextualizar, globalizar y anticipar” (Morin, 1995: 47); ello podría ser, en otraspalabras, la posibilidad de nunca aceptar como un hecho dado la realidadempírica que estamos experimentando, y por tanto la necesidad deimaginarnos, más allá de las protestas comunes contra los efectos delneoliberalismo, las mejores propuestas de salida en proyectos específicos quemejoren los índices del desarrollo humano de la población. Nuestra conclusiónfinal enfatiza la misma estrategia de Amartya Sen cuando habla no solamentede dar y transferir “cosas” a los pobres sino del fortalecimiento de suscapacidades como sujetos en mejores posibilidades de tomar sus propiasdecisiones con mayor libertad; en este ámbito es donde debe incidir la políticasocial de los gobiernos y de la sociedad civil.BibliografíaBourdieu Pierre, 1986The forms of capital. En Richardson J.G. (ed.), Handbook of theory andresearch for the sociology of education. Páginas 241-258. Greenwood Press.Westport, CT.Caminotti Mariana, Casullo Esperanza, et al. 2002.El capital social en el marco de las nuevas estrategias del Banco Mundial parala reducción de la pobreza. Revista Pensamiento Propio, no. 16. Julio-Diciembre 2002. Editorial CRIES. Buenos Aires, Argentina.Durston John, 2000.¿Qué es el capital social comunitario? CEPAL: Serie Políticas Sociales, No. 38.Santiago de Chile.Fuentes, Carlos 1992.El espejo enterrado, México, FCE.Giménez Gilberto, 2000.Identidades en la globalización. En Revista Espiral, Estudios sobre Estado ySociedad, del CUCSH de la Universidad de Guadalajara. No. 19.Septiembre/Diciembre 2000. Pags. 27-48. Guadalajara, Jal., México.Grootert Christiaan & Thierry van Bastelaer, 2001.Understanding and measuring social capital: a synthesis of findings andrecommendations from the social capital initiative. En World Bank Social,Capital Initiative. Documento de trabajo no. 24. Abril de 2001.Ianni Octavio, 2002.Teorías de la globalización. Siglo XXI editores. México.
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24. 24 “Deben adoptarse medidas para asegurar el pleno ejercicio y la consolidación progresiva del derecho al desarrollo, inclusive la formulación, adopción y aplicación de medidas políticas, legislativas y de otra índole en el plano nacional e internacional”. 1 [Declaración sobre el Derecho al Desarrollo, art.10]IntroducciónEl tema de los derechos humanos es de alta complejidad por los elementosideológicos, culturales y normativos que lo conforman2. Esta complejidadaumenta cuando la Organización de Naciones Unidas (ONU) en 1986reconoció y le atribuyó el estatus de derecho humano al Desarrollo “en virtuddel cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participaren un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedanrealizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales,a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar del él3”.Uno de los problemas más graves en nuestros países de Latinoamérica es que,por un lado, se RECONOCE en las distintas Constituciones un catálogo dederechos fundamentales; sin embargo, por otro lado, no hemos dado el pasopráctico para garantizar su CUMPLIMIENTO de manera efectiva, haciéndolosexigibles y justiciables.En la tradición constitucional se habla de “derechos sociales”, y en la tradicióndel derecho internacional de los humanos se habla de derechos “económicos,sociales y culturales”. Para efectos de este trabajo emplearemosindistintamente las dos expresiones.No podemos ni debemos concebir de manera aislada El Derecho al Desarrollo;es imperante una visión integral e interdependiente: “todos los derechoshumanos y las libertades fundamentales son indivisibles e interdependientes;debe darse igual atención y urgente consideración a la aplicación, promoción y1 Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Adoptada por la Asamblea General de laOrganización de las Naciones Unidas, mediante Resolución 41/128. Fecha de adopción: 4 dediciembre de 1986. Art. 10.2 Herrera Flores, Joaquín. et al. El vuelo de Anteo. Derechos humanos y crítica de la razónliberal. Desclée de Brouwer. Bilbao. 2000. pp.19-78. El autor sostiene que “los derechoshumanos son un tema de alta complejidad. Por un lado, en ellos se da una confluenciaestrecha entre elementos ideológicos y culturales. Por otro, su naturaleza normativa estaestrechamente imbricada en la vida concreta de las personas. No podemos comprender de queestamos hablando sin un análisis que no parta de dicha complejidad teórica y dichocompromiso humano” (p.19).3 Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Art.1.1
25. 25protección de los derechos civiles, políticos, económicos, sociales yculturales”4.De lo anterior se despende que al hacer un análisis de la exigibilidad de losderechos sociales, podremos ver realizado el “derecho al desarrollo y[garantizar], entre otras cosas, la igualdad de oportunidades para todos encuanto al acceso a los recursos básicos, la educación, los servicios de salud,los alimentos, la vivienda, el empleo y la justa distribución de los ingresos”5.Es ineludible que la pobreza externa constituye una violación generalizada atodos los derechos humanos, incluyendo el Derecho al Desarrollo.1. El Derecho al Desarrollo: su evolución y contenido.1.1 EvoluciónEl Derecho al Desarrollo tiene sus primeros antecedentes en al ámbitouniversal en instrumentos como la Carta de Naciones Unidas de 1945 (enparticular su artículo 55, incisos a, b y c), la declaración Universal de DerechosHumanos de 1948 y posteriormente en el Pacto Internacional de DerechosCiviles y Políticos y el Pacto de Derechos Económicos, sociales y Culturales de1966.En 1969, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Declaraciónsobre Progreso Social y Desarrollo, sentando las bases para tratar de formularel Derecho al Desarrollo como un verdadero derecho humano6. Posteriormente,en 1977, la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas buscó laelaboración de un estudio que permitiera definir las dimensionesinternacionales del derecho al desarrollo, sobre la base de un análisisestructural que vinculara temas globales como, por ejemplo, las relacioneseconómicas internacionales entre países y las violaciones de los derechoshumanos.Tras un arduo proceso preparatorio, la Asamblea General de Naciones Unidasproclamó, en el año 1986, la Declaración sobre el Desarrollo, por votación de146 a favor, uno en contra y 8 abstenciones7. A pesar de que la Declaración noes vinculante y que, por esa razón, no ha generado obligatoriedad ni instanciade tipicidad y justiciabilidad internacional, lo cierto es que sirvió para que setomaran en años posteriores, medidas y actividades que han contribuido a ir4 Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Art.6.25 Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Art.8.16 Resolución de la Asamblea General 2542 (XXIV) de diciembre 11, 1969.7 Asamblea General, Resolución 41-128 de diciembre 4, 1986. El voto en contra fue de losEstados Unidos. Las abstenciones fueron de los países escandinavos (con excepción deNoruega que voto a favor) y también las abstenciones de Alemania, Israel, Japón y el ReinoUnidos. La razón de la oposición de los Estados Unidos y la abstención de los paísesindustrializados parece encontrarse en los compromisos de cooperación internacional implícitosen el texto de la Declaración, a pesar de su vaguedad y generalidad de algunos artículos.
26. 26formulando con mayor profundidad el carácter jurídico del Derecho alDesarrollo8 .Desde el año 1981, ya la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidashabía establecido el grupo de trabajo de Expertos Gubernamentales enDerecho al Desarrollo9. Este grupo contribuyó a impulsar la Declaración de1986 y reuniones de seguimiento de la misma; incluso, en cierta forma, sentólas bases de trabajo para la Consulta Global sobre Derecho al Desarrollode1990 en Ginebra10Tras la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993, se logró elconsenso de incluir el Derecho al Desarrollo en la declaración de Viena y elPrograma de Acción y, con esto, se marcó el momento a partir del cual todoslos Estados –incluso aquellos que no apoyaron inicialmente el concepto-aceptaran la inclusión del Derecho al Desarrollo como concepto oficial en elcontexto de Naciones Unidas11. A partir de ese momento, se constituyeron dosgrupos de trabajo conformados por expertos: el de 199312, al que se leasignaba la tarea de identificar un conjunto de medidas tendientes a eliminarlos obstáculos para la instrumentación de la Declaración del Derecho alDesarrollo, y el de 199613, al cual se le otorgaba el mandato de elaborar unaestrategia para la instrumentación y promoción del Derecho al Desarrollo deforma integrada y multidimensional, basándose en las conclusiones del Grupode Trabajo anterior y en las conclusiones de las Conferencias Mundiales14.Cabe destacar, asimismo, que, en 1993, con la creación de la Oficina del AltoComisionado para los Derechos Humanos, la Asamblea General de NacionesUnidas otorgó el mandato al Alto Comisionado, entre otras cosas, de guiarseen su quehacer por un reconocimiento de los derechos humanos comouniversales, indivisibles, interdependientes e interrelacionados y laresponsabilidad especial de asegurar el Derecho al Desarrollo15.Consecuentemente, con esta responsabilidad asignada, la Oficina de la AltaComisionada, ha puesto en práctica una estrategia de promoción del derechoal Desarrollo en América Latina, con especial énfasis en los derechoseconómico, sociales y culturales.8 Para una relación de las actividades desarrolladas entre 1986 y 1993, ver el reporte del Grupode Trabajo sobre el Derecho al Desarrollo, Primera sección. Documentos ONU E-CN.4-1994,21, p.3-5.9 Resolución de la Comisión de Derechos Humanos Nº 6 (XXXVII), de marzo 11, 1981.10 Ver documento de Naciones Unidas E-CN.-1990-Rev.1.11 Ver documento de Naciones Unidas E/CN.4/1994/SR.46, P.812 Grupo de Trabajo constituido por resolución de la Comisión de Derechos Humanos deNaciones Unidas 1993/22 del 4 de marzo de 1993.13 Grupo de Trabajo Intergubernamental constituido por resolución de la Comisión de DerechosHumanos de Naciones Unidas 1996/15 de 11 de abril de 1996.14 La Conferencia Mundial de Derechos Humanos (Viena, 1993), la Conferencia Mundial sobreMedio Ambiente y Desarrollo (Río de Janeiro, 1992), la Cumbre Mundial para el DesarrolloSocial (Copenhague, 1995) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer: Acción para laigualdad, el Desarrollo y la Paz (Beijín, 1995)15 Resolución de la Asamblea General 48/141 de diciembre 1993.
27. 27En el plano de Naciones Unidas (sistema universal de protección a losderechos humanos), el Derecho al Desarrollo viene a rescatar la integralidad einterdependencia de los derechos humanos –los civiles y políticos y loseconómico, sociales y culturales- cuya separación artificial –que respondía mása una cuestión pedagógica y de método para su enseñanza y comprensión- halimitado la realización plana de los principios y propósitos de los derechoshumanos plasmados en la Carta de las Naciones Unidas.Por otra parte, dentro del sistema interamericano (OEA) de protección a losderechos humanos, el artículo 26 de la Convención Americana sobre DerechosHumanos (Pacto de San José de Costa Rica) consagra también un elementoconsustancial del Derecho al Desarrollo: los derechos económicos, sociales yculturales. La implementación de estos derechos quedó destinada a la vigenciadel llamado Protocolo de San Salvador o Protocolo adicional a la ConvenciónAmericana sobre Derechos Humanos en materia de Derechos Económicos,Sociales y Culturales, impulsando así su plena vigencia y exigibilidad. Todoesto constituye un avance definitivo para la promoción del Derecho alDesarrollo en el Continente Americano.1.2 ContenidoLa Declaración del Derecho al Desarrollo de 1986 establece en su artículoprimero, párrafo primero: “El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable, en virtud del cual todo ser humano y todos los pueblos están facultados para participar en un desarrollo económico, social, cultural y político en el que puedan realizarse plenamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales, a contribuir a ese desarrollo y a disfrutar del él”16.Con este primer enunciado, se establecen claramente varios aspectos delcontenido del derecho al desarrollo, que se desarrollan a lo largo de laDeclaración, y los cuales son importantes de resaltar:Primero, que el derecho al desarrollo no engloba únicamente aspectoseconómicos y sociales, sino que también proclama el derecho a disfrutar dedesarrollo económico, político, social y cultural. Con esto, se pone el acento enla naturaleza indivisible e interdependiente de los derechos humanos.Segundo, la Declaración enfatiza la importancia de la participación. La personahumana es el sujeto central del desarrollo, como participante y comobeneficiario del mismo. Se resalta asimismo, la participación de la mujer con unrol activo en el proceso de generación de oportunidades de desarrollo, elmejoramiento de las condiciones de vida de la población y de los individuossobre la base no sólo de su amplia participación en la generación deldesarrollo, sino también en el proceso de distribución equitativa de sus frutos;se resalta, además, el rol de los Estados de promover la participación popularcomo un elemento importante para el desarrollo y realización de los derechos16 Declaración sobre el Derecho al Desarrollo. Art.1.1
28. 28humanos.Tercero, la Declaración relaciona el derecho al desarrollo con la igualdad deoportunidades y el concepto de no-discriminación, al establecer el derecho detodos a participar en la obtención del desarrollo, sus frutos, así como laigualdad de oportunidades para acceder a la educación, la salud, laalimentación, la vivienda, empleo y la distribución equitativa del ingreso.Cuarto, la Declaración establece la relación entre el derecho al desarrollo y elderecho a la autodeterminación. El derecho al desarrollo es un derechohumano del individuo y de los pueblos, es decir, los Estados no son sujetos delderecho al desarrollo, son simplemente sujetos de obligaciones mientras que lapersona humana es el sujeto central, beneficiario y participante del desarrollo.Por lo anterior, la Declaración establece la obligación de los Estados deformular políticas públicas y programas para el mejoramiento de lascondiciones de vida de la población y los individuos, y el derecho de losindividuos (autodeterminación-interna) a ejercitar actividades económicas,sociales y culturales independientemente de las políticas gubernamentales. Ensu dimensión externa, la autodeterminación se manifiesta como el derecho delos individuos y los pueblos a tener independencia y a la no-interferencia porparte de otros Estados. Este último aspecto tiene gran relevancia con respectoa un elemento bastante controversial, que es el derecho inalienable de lospueblos a la soberanía sobre sus riquezas y recursos naturales.Por último, cabe destacar lo progresivo que es la Declaración de 1986 encuanto a establecer no sólo la obligación de los Estados de formular políticaspúblicas y programas orientadas hacia el desarrollo de las personas y lospueblos, sino también la obligación individual y colectiva de los Estados –através de la cooperación internacional- de asegurar el ejercicio del derecho aldesarrollo.El contenido del derecho al desarrollo es realmente muy amplio y hasta generaly un poco vaga la forma de su articulado. Por ello, algunas voces afirman quees una especie de concepto sombrilla (un concepto semejante al desarrollohumano sostenible), en la medida en que no se establezcan instancias detipicidad y mecanismos de exigibilidad del derecho. Sin embargo, ya sea comoderecho humano, como principio del derecho internacional de los derechoshumanos, o como concepto sombrilla, juega un papel relevante en el procesode diseño e instrumentación de políticas y programas para el desarrollo.Asimismo, tiene gran importancia como concepto jurídico-político en constanteevolución y como marco conceptual orientador en un trabajo que pretende larealización del derecho al desarrollo.2. Vinculación entre el Derecho al Desarrollo y los Derechos Económico,Sociales y Culturales (DESC).El Derecho al Desarrollo y los derechos sociales están íntimamente ligados, detal manera que por ser “derechos humanos [ambos] no se pueden aplazar,hipotecar, disimular, escamotear, distorsionar, mutilar ni pervertir”.1717
29. 29El Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales de 1966establece lo siguiente:Estos derechos son el rostro del Derecho al Desarrollo, por lo que esimportante interpretarlos de manera más amplia, ya que su violación traeaparejada una violación a los derechos civiles y políticos, y por su integralidade interdependencia, una violación al Derecho al Desarrollo.Un ejemplo de esta interdependencia lo encontramos en cómo el derecho a lasalud y la alimentación está profundamente vinculado con el derecho a la vida;sin ella, no podríamos disfrutar el derecho al trabajo, a la educación, y sin ésteúltimo podríamos ver mermado nuestro derecho a la participación política, y endefinitiva nuestro Derecho al Desarrollo.Lo anterior nos lleva a establecer que a menor disfrute de los derechos socialesmenor disfrute del Derecho al Desarrollo.En palabras de Shakespeare: You take my life when you do take the jeans the jeans whereby I live (Me quitas la vida, si me quitas los medios por los cuales vivo18.La Corte Interamericana también se ha pronunciado respecto a lainterdependencia e integralidad de los derechos: “El derecho a la vida es un derecho humano fundamental, cuyo goce es un prerrequisito para el disfrute de todos los demás derechos humanos. De no ser respetado, todos los derechos carecen de sentido. En razón del carácter fundamental del derecho a la vida, no son admisibles enfoques restrictivos del mismo. En esencia, el derecho fundamental a la vida comprende, no sólo el derecho de todo ser humano de no ser privado de la vida arbitrariamente, sino también el derecho a que no se le impida el acceso a las condiciones que le garanticen una existencia digna. Los Estados tienen la obligación de garantizar la creación de las condiciones que se requieran para que no se produzcan violaciones de ese derecho básico y, en particular, el deber de impedir que sus agentes atenten contra él”19.En este sentido el derecho internacional de los Derechos Humanos nos ofrecemuchas luces para lograr la exigibilidad de estos derechos.A este respecto, el Juez Cançado Trindade explica muy claramente la función Garzón, Baltasar. Un mundo sin miedo. Plaza Janés. España. Febrero 2005. p. 397.18 Hinkelammert, Franz J. “La inversión de los derechos humanos: el caso de John Locke”. En:Herrera Flores, Joaquín. et al. El vuelo de Anteo. Derechos humanos y crítica de la razónliberal. Desclée de Brouwer. Bilbao. 2000.p. 79.19 Corte IDH. Caso Villagrán Morales y otros (caso de los “niños de la calle”). Sentencia de 19de noviembre de 1999. Serie C. N’63, párrafo 144. El resaltado es nuestro.
30. 30del Derecho Internacional, horizonte legítimo que no hay que perder de vista alexigir el cumplimiento de los derechos económicos, sociales y culturales ennuestro continente: “El Derecho internacional no se reduce, en absoluto, a un instrumental al servicio del poder; su destinatario final es el ser humano, debiendo atender a sus necesidades, entre las cuales está la realización de la justicia”.20Así, es posible afirmar que en la medida en que hagamos efectivos y exigibleslos derechos sociales, y por ende el Derecho al Desarrollo, estaremoscontribuyendo al fin último del derecho: la justicia.Naturalmente, esta concepción tiene que estar relacionada con nuestra nociónde Estado de Derecho y Estado social, entendiéndolos como los espaciosdonde los derechos económicos, sociales y culturales juegan un papelimportante, ya que “El futuro del Estado de derecho, así como el del Estado Social, están en suma enlazados en el sentido de que la supervivencia de ambos está ligada no ya a una simplificación, sino a una mayor diferenciación interna de su estructura jurídico-institucional, que sólo puede provenir de la fundación de un Estado social de derecho capaz de asegurar: a) la reducción de los espacios de direccionalidad y de arbitrariedad desarrollados en forma más o menos oculta en los aparatos burocráticos, por medio de la programación jurídica y por vía de leyes generales y abstractas, de formas, contenidos, presupuestos y criterios vinculantes para toda la actividad estatal b) la conexa rehabilitación de las funciones legislativas como funciones directivas centrales y la restitución de las decisiones discrecionales que le son inherentes a las sedes político-representativas; c) la reactivación de los controles políticos y legales y, con ese fin, de la transparencia de los aparatos institucionales de la publicidad, no sólo de los actos sino también de la actividad administrativa, así como de su impugnabilidad judicial por parte de los interesados; d) la multiplicación, en suma, y en muchos casos la institución, de garantías jurídicas de tutela no sólo de los derechos y de las libertades individuales tradicionales sino también de los derechos sociales, desconocidas para el viejo ordenamiento liberal y que se trata de estabilizar, de generalizar y de tornar exigibles y justiciables procesalmente”.213. Exigibilidad de los DESC: pleno ejercicio del Derecho al Desarrollo.Antes de entrar de lleno a este apartado, es preciso contextualizar y recordarque “el neoliberalismo opta por el establecimiento de un Estado mínimo y por la20 Cançado Trindade, Antonio. Las nuevas necesidades de protección al ser humano en elinicio del siglo XXI. 3ª edición. Corte Interamericana de Derechos Humanos. Costa Rica.2004.p. 7221 Ferrajoli, Luigi. Estado “Social y Estado de Derecho”. En: Abramovich Víctor et al. DerechosSociales. Instrucciones de uso. Colección doctrina Jurídica Contemporánea Nº 14.Distribuciones Fontamara. México. 2003. p. 20. El resaltado es nuestro.
31. 31desregulación. Para el neoliberalismo, el Estado mínimo deseable sería aquelque sólo se ocupase de las obras públicas, la defensa exterior y el ordenpúblico y no se entrometiera en la garantía de las libertades y la igualdad”22.Al respecto, el gran jurista italiano Luigi Ferrajoli es muy claro al confrontar alneoliberalismo y aseverar que “el objetivo, en suma, en la fase de crisis del derecho que atravesamos, es un garantismo de los derechos sociales casi completamente por fundar, y un garantismo de las libertades individuales en gran medida por restaurar. Es evidente que una perspectiva garantista como la aquí delineada es diametralmente opuesta a la perseguida por las estrategias neoliberales”.23De lo anterior se desprenden las grandes dificultades para hacer exigibles losderechos sociales, incluso el reto es mayor al intentar hacerlos justiciables enlos tribunales, por lo que “Sin perjuicio de los muy reales problemas de ausencia de independencia, imparcialidad y eficiencia, lo que más falta hace hoy en América latina es una visión despejada de lo que se necesitará para hacer de la justicia una realidad para los marginados, los desfavorecidos y los exclusivos entre nosotros. El verdadero problema es que mujeres, niños, pueblos indígenas, campesinos sin tierra, presos y otros sectores similarmente carecientes de nuestras sociedades simplemente no tienen acceso a la justicia”.24Si bien, la exigibilidad de los derechos sociales será fundamental para el plenoejercicio del Derecho al Desarrollo, nos damos cuenta que estamos muy lejosde que esto sea una realidad plena en nuestros países de América. Eldesprestigio social del tema de los derechos humanos no lo ha permitido.Carlos Villan Duran es claro al señalar que “La invocación y aplicación de este sector del Derecho Internacional [Derecho Internacional de los Derechos Humanos] se hace con grandes dificultades pues a menudo pasa desapercibido a los jueces y otros profesionistas del derecho nacionales, así como a las propias organizaciones no gubernamentales (ONGs) nacionales en materia de Derechos Humanos”.2522 Prado Galán, Javier. Salomón en la encrucijada. Calima Ediciones. Madrid. Marzo 2005. p.109.23 Ferrajoli, Luigi. Estado “Social y Estado de Derecho”.p. 2124 Méndez, Juan E. “Reforma Institucional. El acceso a la justicia. Una introducción.” En:Méndez, Juan E. et al. La (in)efectividad de la ley y la exclusión en American Latina. SerieLatinoamérica Nº 9 .Buenos Aires. Paidós. 2002. p. 226.25 Villan Duran, Carlos. “La protección internacional de los derechos humanos en el sistema delas Naciones Unidas y de sus organismos especializados”. En: Los instrumentos de protecciónregional e internacional de los derechos humanos. Programa México-Comisión Europea.Secretaría de Relaciones Exteriores. México. p. 30.
32. 32Autores como Héctor Rodríguez Espinoza expresan abiertamente estosobstáculos para concebir el Derecho al Desarrollo como derecho humano,donde la cultura y formación jurídica en los abogados tiene un peso importante;al respecto, señala que “como practicantes de los derechos humanos en nuestros países, debemos entender qué significa el Derecho al desarrollo. Es muy difícil para muchos de nosotros, porque somos abogados. Analizamos los derechos humanos en términos de los derechos políticos y civiles. Pero en Australia, por ejemplo, las violaciones más serias en derechos humanos son a los derechos económicos y sociales”.26Incluso, es evidente que esta formación jurídica no ha ayudado a buscaralternativas para la exigibilidad de los derechos sociales “porque como abogados del occidente hemos cometido un error al asumir que hablar de derechos humanos es hablar de los civiles y políticos y que no es tan importante considerar los derechos sociales y económicos de estos grupos vulnerables”.27A pesar de lo anterior, a nivel internacional nos encontramos con algunoscasos que pretenden llegar a la exigibilidad de los derechos sociales, y que sonun testimonio de que sí es posible hacerlos efectivos.La posibilidad de analizar algunos casos que se han ventilado en los órganosinternacionales de protección a los derechos humanos, nos brindan opcionesde cumplimiento y de exigibilidad en el ámbito local en cualquiera de losórganos internos del Estado, ya que “El Derecho Internacional y el Derecho interno […] se muestran efectivamente en constante interacción, debiendo formar un todo armónico, en la realización del propósito convergente y común de asegurar y fortalecer la salvaguardia de los derechos del ser humano. El cumplimiento de todas las obligaciones internacionales de protección requieren el concurso de los órganos internos de los Estados, llamados que son a aplicar las normas internacionales de protección. Con esa interacción, el propio derecho se enriquece –y se justifica- en la medida en que cumple su misión de hacer justicia”.2826 Rodríguez Espinoza, Héctor. “El derecho al desarrollo”. En: Méndez Silva Ricardo. DerechoInternacional de los Derechos Humanos. Memoria del VII Congreso Iberoamericano deDerecho Constitucional. Jurídicas UNAM. Serie Doctrina Jurídica, Nº 98. México. 2002. p. 53027 Rodríguez Espinoza, p.532.28 Cançado Trindade, Antonio. “Las cláusulas pétreas de la protección internacional del serhumano: el acceso directo a los individuos a la justicia a nivel internacional y la intangibilidad dela jurisdicción obligatoria de los tribunales internacionales de Derechos Humanos”. En: Elsistema interamericano de Derechos Humanos en el umbral del siglo XXI. Memoria delSeminario. Noviembre 1999. Corte Interamericana de Derechos Humanos. Tomo I. 2ª edición.2003. El resaltado es nuestro.
33. 331) CASO ALOEBOETOE Y OTROS VS SURINAME (derecho a la salud yeducación)En la demanda, la Comisión interamericana solicitaba a la Corte “Que la Ilustrísima Corte decida que el Estado de Suriname es responsable de la muerte de los señores Aloeboetoe, Daison; Aloeboetoe, Dedemanu; Aloeboetoe, Mikuwendje; Amoida, John; Voola, Richenel, alias Aside [o] Ameikanbuka (encontrado vivo); Banai, Martin Indisie, y Tiopo, Beri, mientras se encontraban detenidos, y que dicha muerte es una violación de los artículos 1(1) (2), 4 (1), 5 (1) (2), 7 (1) (2) (3) y 25 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos”.29Es decir, son violaciones a derechos civiles, por la ejecución de Aloeboetoe yotros al obligarlos a cavar su tumba y después darles muerte. Surinamereconoce su responsabilidad internacional, allanándose a la demanda.Sin embargo, en este juicio, la sentencia de reparaciones de la Corteestableció: “En la indemnización fijada para los herederos de las víctimas se ha previsto una suma para que los menores puedan estudiar hasta una determinada edad. Sin embargo, estos objetivos no se logran sólo otorgando una indemnización, sino que es preciso también que se ofrezca a los niños una escuela donde puedan recibir una enseñanza adecuada y una asistencia médica básica. En el momento actual, ello no ocurre en varias aldeas saramacas”. “Los hijos de las víctimas viven, en su mayoría, en Gujaba, donde la escuela y el dispensario están cerrados. La Corte considera que, como parte de la indemnización, Suriname está obligado a reabrir la escuela de Gujaba y a dotarla de personal docente y administrativo para que funcione permanentemente a partir de 1994. Igualmente, se ordenará que el dispensario allí existente sea puesto en condiciones operativas y reabierto en el curso de ese año”.30El reconocimiento de estas necesidades y la ordenación de tomar medidas fuemuy clara para la república de Suriname en relación a los derechos a laeducación y a la vida como un avance importantísimo en la jurisprudencia de laCorte.2) CASO JORGE ODIR MIRANDA VS EL SALVADOR (derecho a la salud)La Comisión Interamericana de Derechos Humanos declaró admisible el caso29 Corte IDH. Caso Aloeboetoe y otros. Reparaciones.(artículo 63 .1 Convención Americanasobre Derechos Humanos). Sentencia de 10 de septiembre de 1993. Serie C. N’15, párrafo 96.30 Corte IDH. Caso Aloeboetoe y otros. párrafo 96. El resaltado es nuestro.
34. 3412.249, Jorge Odir Miranda y otros en contra del Estado del Salvador. Se tratade una denuncia de la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho(FESPAD) respecto de 27 personas portadoras de virus de síndrome deinmunodeficiencia adquirida.Cuando el caso fue admitido ya habían fallecidos tres de las presuntasvíctimas. Los peticionarios alegaron la violación al derecho a la vida (artículo 4),a la integridad personal (artículo 5), igualdad ante la ley (artículo 24),protección judicial (artículo 25) y a los derechos económicos, sociales yculturales (artículo 26) en concordancia con la obligación general del artículo1.1 y el deber previsto en el artículo 2, todos referidos a la ConvenciónAmericana. También alegaron violación del artículo 10 del protocolo de SanSalvador.Los peticionarios sostenían que la Comisión Interamericana de DerechosHumanos debía establecer la responsabilidad internacional del Estadosalvadoreño por el retardo en suministrar a estas personas los medicamentos ytratamiento adecuado y por la discriminación de la que habrían sido objeto lospacientes.Agregaban que se violó su derecho a la protección judicial, debido a la falta dedecisión de la Corte Suprema de Justicia de El Salvador en la demanda deamparo que presentaron para reclamar sus derechos. Solicitaron medidascautelares en favor de las víctimas, las cuales fueron otorgadas al iniciar eltrámite del caso en el año 2000.Invocando sus limitaciones de recursos, en un principio, el Gobierno de ElSalvador anunció que no podía cumplir con la medida cautelar. Lospeticionarios, entonces, solicitaron a la Comisión que pidiera una medidaprovisional a la Corte Interamericana. Sin embargo, antes de cumplirse el plazofijado por la comisión, el gobierno cambió de posición y anunció quecomenzaría a dar tratamiento antirretroviral a las personas nombradas en lamedida cautelar.Durante el trámite de fondo, en 2002, el ministro de salud de El Salvadorconcurrió a una audiencia ante la Comisión Interamericana de DerechosHumanos e informó que su dependencia estatal estaba en condiciones deadministrar tests a todos los pacientes de VIH-SIDA que lo requirieran, y desuministrar tratamiento antirretroviral a todos aquellos para quienes el resultadodel test lo hallaran indicado.En el informe de admisibilidad, la Comisión Interamericana señaló: “No escapa a la percepción de la CIDH que la población de El Salvador está atravesando un momento sumamente difícil debido a una cadena de desastres naturales, que han mantenido excepcionalmente ocupadas a las autoridades y funcionarios de la salud. En este contexto, la Comisión Interamericana valora los esfuerzos desplegados por las autoridades salvadoreñas para atender a las personas infectadas con el VIH/SIDA en ese país. El suministro de los medicamentos
35. 35 antirretrovirales se ha venido ampliando de manera sostenida en los últimos meses, y el Estado ha anunciado que seguirá adoptando las medidas necesarias a tal efecto”.313) CASO TESTIGOS DE JEHOVÁ VS ARGENTINA (derecho a la educación)Antecedentes:La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recibe comunicación el 9de noviembre de 1976, donde se denuncia: “Desearía ponerlo a usted en antecedentes de una situación que se ha desarrollado en la Argentina, con respecto al culto de los Testigos de Jehová aquí. Los Testigos de Jehová son conocidos en todo el mundo por su reputación de ciudadanos respetuosos de la ley y que tienen un alto concepto de los principios de la Biblia.” “El 31 de agosto de 1976 este decreto oficial, firmado por Jorge Rafael Videla, Presidente de la Argentina, ordenó que se cerraran la oficina distrital y todas las Salas del Reino de los Testigos de Jehová. El decreto oficial número 1867 dice: “La secta en cuestión sostiene principios contrarios al carácter nacional, a las instituciones básicas del Estado y a los preceptos fundamentales de esta legislación. La libertad de cultos consagrada en los Artículos 14 y 20 de la Constitución Nacional, por supuesto, se ve a sí misma limitada en el sentido de que las ideas religiosas no deben implicar la violación de las leyes o el atentado contra el orden público, la seguridad nacional, la moral o las buenas costumbres.” “La prohibición incluye toda actividad de los Testigos de Jehová, toda literatura y la clausura de sus Salas del Reino y la Oficina Distrital. Actualmente hay 31,140 testigos de Jehová en la Argentina y 604 congregaciones. El 17 de septiembre había veintiún Testigos de Jehová encarcelados.”32Interesante resulta la conclusión a la que llega la Comisión Interamericana,pues advierte que al restringir el estado Argentino las actividadesdesarrolladas por la Asociación Religiosa Testigos de Jehová, se violaron los31 CIDH. Informe Nº 29/01, de 7 marzo de 2001. párrafo 48http://www.cidh.oas.org/annualrep/2000sp/CapituloIII/Admisible/ElSalvador12.249.htm32 CIDH, “Testigos de Jehová”, caso 2137, del 18 de noviembre de 1978.http://www.cidh.oas.org/annualrep/78sp/Argentina2137.htm

References: sui generis
 Resolución 
 artículo 55
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución 
 resolución 
 resolución 
 Resolución 
 artículo 26
 artículo1
 artículo 2
 artículo 10