Source: https://www.mediate.com/articles/BastardC1.cfm
Timestamp: 2018-10-17 13:24:52+00:00

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III Congreso Internacional de abordaje de conflictos: “ Caminos Hacia la Paz"
by Carolina Bastard
Ponencia: Construir paz empezando por uno mismo.
1) Conocernos: Nuestros hechos son más convincentes que nuestras palabras. Está comprobado que el lenguaje no verbal tiene un mayor impacto en las personas que reciben un mensaje. Necesitamos ser conscientes de nuestras “inteligencias” y de aquellas que se requiere reforzar, encauzar o aprender. El autoconocimiento o inteligencia intrapersonal es el primer paso para conectarnos con nuestro ser interior, para gestionar constructivamente las emociones, valorarnos, cuidarnos y así relacionarnos y comunicarnos de manera asertiva con los demás.
2) Solo quien siente paz puede transmitirla. Para construir la paz debemos desearla y trabajar por ella. Es un proceso con dos facetas: a) una interior: que seguramente nos lleve toda la vida, de conocimiento, aceptación, cambios y cuidado. b) otra exterior: mi relación con las personas que me rodean. Cuanto más conciencia tengo de mis metas, de mis fortalezas y limitaciones tendré mayor apertura para aceptar las diferencias, los modos diversos de ser de los demás y los límites dentro de los cuáles estoy dispuesto a vivir. La apertura, la reflexión y la curiosidad son excelentes aliados.
La paz es una meta pero también es un proceso que se construye día a día con la sumatoria de convicciones y acciones orientadas a posibilitar el desarrollo pleno de todas y cada una de las personas de este planeta en equilibrio con su medio ambiente.
En coincidencia con la visión de J. Galtung existe una íntima relación entre paz y violencia. Todos los tipos de violencia a nivel relacional, institucional y cultural constituyen obstáculos para que las personas concreten sus potencialidades y puedan ser felices.
Hablar de paz es hablar de lo humano, hablar de las potencialidades del ser humano, hablar de disminuir vulnerabilidades e impulsar vidas hacia aquello que a cada uno lo hace sentirse pleno y feliz.
Para que ese desarrollo sea integral la persona necesita las condiciones necesarias, el apoyo y contención de un referente válido y la atención a todas las dimensiones de su ser.
El Profesor Chaiwat en su clase sobre la no violencia, en marzo 2013 en la Universidad de Chulalongkorn, Tailandia, planteó un interesante ejercicio hipotético sobre cómo sería el entrenamiento de un grupo de personas para convertirlas en asesinos. La estrategia consistiría en elegir a los aspirantes para integrar los comandos asesinos teniendo en cuenta ciertas características de la personalidad de las mismas. La conveniencia era empezar con niños/as que tuvieran conductas muy agresivas pero también con aquellos que fueran sumamente pasivos ante estas situaciones de agresión. Se los separaría de sus familias y luego se comenzaría con un trabajo de desensibilización haciéndoles vivir situaciones que poco a poco los llevaran a no sentir empatía e irían perdiendo el valor de la vida en sus distintas formas, así se comenzaría matando animales, mascotas hasta llegar a matar personas. Y por último la deshumanización de su cultura a través de la aceptación y legitimación de actos degradantes y violentos. Todo ello incentivado con el hambre de venganza que se presentaría como la única manera de vivir y que debería excluir a los “otros” enemigos persiguiéndolos y matándolos.( Chaiwat, 2013)
En conclusión el objetivo sería el olvido de ser personas, capaces de amar y ser amados y convertirlos en máquinas de muerte.
Esta idea hipotética y macabra no escapa a ciertas situaciones reales que viven las personas en zonas de guerras y luchas prolongadas donde la muerte, las violaciones, la pérdida de seres queridos son moneda corriente y donde muchas veces los niños son “reclutados” por las fuerzas oficiales o rebeldes para convertirse en “niños soldados”.
Sin embargo, no es necesario ir a estos casos extremos, también en los países llamados desarrollados y subdesarrollados, en los cuales existe legislación que condena la violencia en sus diferentes formas la misma en muchas de sus formas se ha naturalizado. Casos de bullying, violencia familiar, agravios entre funcionarios y personas públicas, maltratos entre deportistas y entre gente en general se puede observar en la vida cotidiana, en las redes sociales y en televisión.
¿ A qué nos referimos cuando hablamos de violencia ? A todo acto u omisión deliberada, manifiesto u oculto, que se inserte en una relación mayormente de poder –sumisión, que incluso puede configurarse en relaciones simétricas, que cause o tenga la capacidad de causar daño físico, psicológico, emocional y/o sexual en una persona o varias y/ o coartar su/s libertad/es.
Las muertes y los golpes impactan porque se ven y son fácilmente detectables, pero la violencia psicológica va dejando cicatrices internas y se va incorporando como “modo relacional” incluyendo manipulación, presión, subestimación, agravios que poco a poco se van incorporando como parte del “idioma” de nuestra cultura y sin darnos cuenta queda legitimada. El acostumbramiento adormece, resigna y la violencia así se cuela en las familias, en las escuelas y demás instituciones de nuestra sociedad ganando terreno para poco a poco crear una cultura contraria a la paz.
Esto refuerza la idea de la necesidad de educar para la paz, de conectar a la persona con todas sus dimensiones que harán posible su desarrollo como ser plenamente humano, capaz de amar y amarse, tolerar, respetar, comprender, crear, soñar, compartir, equivocarse, recuperarse, pensar, disfrutar y ser feliz.
Prevenir la violencia no es solo hablar de lo que no debemos hacer o no aceptar en nuestras vidas, es hablar de todo lo que podemos hacer en ella.
Trabajar por la paz entonces no es algo abstracto. Es cada día en lo cotidiano, en la familia, en la profesión, en la relación con el otro. Ese “otro” en palabras de Maturana, igual a mí en dignidad pero diferente en intereses, percepciones, ideas, experiencias, valores y necesidades.
Esta aceptación de la diversidad tan declamada no es tan fácil de llevar a la práctica. Los prejuicios, los miedos, la ignorancia y el egoísmo se entremezclan entre las buenas intenciones y las malas también. Y esto se reproduce en una mesa de mediación, en el trato con el vecino, en la asistencia a una víctima de violencia e incluso en las intervenciones internacionales a países en crisis en donde se intentan poner en práctica “soluciones” totalmente ajenas a su cultura y su gente.
Diversidad que implica como punto de partida la aceptación de una característica común entre las personas: la dignidad y el maravilloso misterio que cada persona es y puede ser, luego a ello se adicionan la especialidad y particularidad de cada uno: cultura, vivencias, preferencias, estilos e infinidad de características y variantes.
Los operadores de conflictos (comprendiendo con amplitud a las personas que trabajan con otras para ayudarlas y/o guiarlas en situaciones conflictivas) podemos ser constructores de paz. Educando en el diálogo, en la aceptación de la diversidad, el respeto, la tolerancia, empoderando a las personas para que sean protagonistas de sus vidas, enseñando alternativas a la violencia para la resolución de sus conflictos.
Para ello nos preocupamos por capacitarnos y actualizarnos en técnicas, herramientas y tecnología, en estar atentos a todos los cambios y avances relativos a nuestra profesión para dar un mejor servicio y optimizar los recursos que tenemos. Sin embargo, muchas veces descuidamos la necesidad de lo simple: la coherencia y el autocuidado.
Coherencia entre lo que predicamos y lo que hacemos en cada momento de nuestra vida cotidiana y profesional; y autocuidado para ayudar y servir en nuestra profesión estando atentos a nuestras respuestas y a nuestro estado de salud en general para prevenir el estrés (entendido como “el resultado de la relación entre el individuo y el entorno evaluado por aquel como amenazante, que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar.”R. Lazarus), o darnos cuenta que lo estamos sufriendo y tomar las medidas necesarias para evitar caer en el Síndrome de estar quemado o burnout, (definido por Maslach y Jackson como un “síndrome de agotamiento emocional, despersonalización y reducida realización personal que puede ocurrir en individuos que hacen algún trabajo con la gente”) del que luego nos será mucho más difícil salir.
Un operador de conflictos que no intente tener registro de cómo su discurso y su accionar impactan en los otros, pero también cómo esas situaciones lo hacen en sí mismo, probablemente mezclará sus marcos de referencia y sus “soluciones intentadas” con las de los demás y pondrá en peligro su salud (entendiéndose como un estado de bienestar físico, emocional y social según la OMS) y sus intervenciones dejarán de ser las adecuadas.
Para construir paz, tenemos que intentar vivir la paz y ejercitarnos en prácticas de paz, elegirla a cada instante y esforzarnos para ello, por eso necesitamos saber con qué recursos contamos en este camino.
“… los hombres se vuelven constructores construyendo, y ejecutantes de la lira tocando la lira, también nos volvemos justos ejecutando actos justos, moderados ejecutando actos moderados.”( Aristóteles, 1957 citado por Barylko, 1998, p.219)
Gardner en los años ochenta comenzó a investigar en la Universidad de Harvard el potencial humano y su realización convencido de la necesidad de encontrar un enfoque más amplio del pensamiento humano. Así en su libro “Frames of mind” fundamenta la existencia de múltiples inteligencias y maneras de conocer y por lo tanto aprender.( Gardner, 1983 citado por Brites y Almoño, 2008)
Estas múltiples inteligencias configuraran diferentes maneras de abordar la realidad, de observar de diferentes ópticas y de resolver problemas a través de diferentes caminos. (Brites y Almoño 2008) Mostrar y educar en nuevos caminos no adversariales para afrontar y resolver conflictos es un aporte concreto a la paz.
El enfoque de las inteligencias múltiples resulta alentador y realza la “especialidad y unicidad” de cada persona, dando por sentado que tenemos talentos, capacidades naturales pero también muchas que podemos aprender. Las oportunidades son increíbles de esta manera y dependerá de cada uno de nosotros tomarlas, y de buenos maestros potenciarlas.
Conocernos nos habilitará a tener mejores relaciones con los demás, nos permitirá ser mejores operadores de conflictos pues podremos distinguir entre el relato, la situación presentada por las personas y nuestra percepción y las cuerdas que resuenan en nuestro interior y que muchas veces nos confunden, nos hacen perder objetividad, o nos impiden ver con claridad. Gestionar nuestras emociones nos permitirá cuidar nuestras relaciones, encauzar las emociones hacia nuestros objetivos, entender lo que otros sienten, tomar decisiones más prudentes.
Detectar las actividades que nos causan placer tanto físicas como intelectuales nos abren un mundo para que nuestra mente y corazón permanezcan equilibrados, se carguen de energía y creatividad y descarguen la impotencia y otras emociones negativas que nuestro trabajo muchas veces nos hace experimentar. Reconocer nuestro ser espiritual, de la manera que elijamos, nos permitirá estar en camino de alcanzar esa paz interior que toda persona anhela.
Parte de la inteligencia intrapersonal es tener conciencia de quién somos, con nuestras luces y sombras, para poder trabajar en lo que queramos mejorar, a dónde queremos ir o llegar y cuál es nuestra vocación, aquello que nos hace sentirnos plenos y felices.
El encuentro con uno mismo nos fortalecerá para tener verdaderos encuentros con los demás y poder ser así constructores e instrumentos de paz.
1) Alzate, R. (s.f.). Materiales de la asignatura Teoría del Conflicto I y II. Máster en Resolución de Conflictos y Mediación. Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER).
2) Alzate, R. (s.f.). Materiales de la asignatura Procesos de Resolución /Transformación de conflictos I y II. Máster en Resolución de Conflictos y Mediación. Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER).
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Carolina Bastard es una Abogada Mediadora.
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