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Timestamp: 2017-11-21 18:54:22+00:00

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Subida del nivel del mar y estrategia para la adaptación de la costa a los efectos del cambio climático
Publicado por Francisco Victoria Jumilla jueves, 25 de junio de 2015 Etiquetas: cambio climático 0 comentarios
El Quinto Informe del IPCC (septiembre de 2013), prevé una subida del nivel del mar de 26 a 98 centímetros[1] (frente al rango entre 18 y 59 del IV informe de 2007) hasta finales de este siglo[2].
En las predicciones para 2046-2065 del IPCC en su Quinto Informe (AR5), la subida del nivel del mar, se sitúa como media entre 24 y 30 centímetros.
No obstante, los cambios futuros en el nivel del mar, como ya ocurrió en el pasado, no serán geográficamente uniformes[3], produciéndose cambios regionales de ± 0,15 metros.
Una fuente de información de gran valor es la tendencia que se puede observar en los mareógrafos de la RED Estatal como los que se recogen a continuación. La información aportada permite ver una subida del nivel del mar de alrededor de 5 milímetros/año en los últimos 20 años en puertos como el de Barcelona (0,631 cm/año) y Valencia (0,550 cm/año).
Una de las consecuencias destacadas de la subida del nivel del mar es la pérdida de playas por el efecto más agresivo que van a tener los aumentos previstos sobre la dinámica litoral. Los temporales en invierno son mas agresivos con cada incremento del nivel del mar auque este sea milimétrico y la perdidas de arena se incrementan. Una subida del nivel del mar de 5 milímetros/año como las que como media se registra en muchas zonas de la costa mediterránea necesita aportaciones de arena de 1,5 m3/año por cada metro lineal de playas.
En este sentido, véase Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino: Tercera Comunicación Nacional de España. Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Secretaría General Técnica, Centro de Publicaciones, Madrid 2002. pág 123.
«Si la velocidad de subida del nivel del mar es de 5 milímetros/año se necesitarían 1,5 m3/año por cada metro lineal de playas (15000 m3 de arena por cada 10 Km. de playa cada año, solamente para compensar el efecto de la subida del nivel del mar). Si no se lleva a cabo esta alimentación de arena de forma periódica la playa sumergida adoptará un nuevo equilibrio erosionando esa cantidad de arena de la playa emergida y el resultado será un retroceso muy visible de la línea de contacto arena-agua, aún con subidas muy moderadas del nivel medio del mar».
En España la preocupación por los efectos del cambio climático sobre la costa se ha incorporado en diversos apartados de la Ley 2/2013, de 29 de mayo, de protección y uso sostenible del litoral y de modificación de la Ley 22/1988, de 28 de julio, de Costas (BOE nº 129 de 30 de mayo de 2013) exigiendo en su Disposición Adicional octava la aprobación antes del 30 de mayo de 2015 de una estrategia para la adaptación de la costa a los efectos del cambio climático[4]. Esta estrategia esta siendo sometida al procedimiento de evaluación ambiental[5].
El borrador de Estrategia define como horizonte temporal para los diagnósticos a medio plazo el año 2040.
[1] Previsiones de aumento del nivel del mar. Fuente: Quinto Informe IPCC. Documento del Grupo de Trabajo I (GTI): Bases Físicas, publicado el 27 de Septiembre de 2013, página 25
http://www.ipcc.ch/report/ar5/wg1/docs/WG1AR5_SPM_brochure_es.pdf
[2] Es probable que la elevación media mundial del nivel del mar para el período 2081-2100, en relación con el período 1986-2005, se sitúe en un rango de 0,26 a 0,55 metros para el escenario RCP2,6; de 0,32 a 0,63 metros, en el caso del escenario RCP4,5; de 0,33 a 0,63 metros, en el caso del escenario RCP6,0; y de 0,45 a 0,82 metros, en el caso del escenario RCP8,5 (nivel de confianza medio). Respecto del escenario RCP8,5, la elevación para el año 2100 será de 0,52 a 0,98 metros, con una tasa de elevación durante el período 2081-2100 de entre 8 y 16 milímetros anuales (nivel de confianza medio).
Quinto Informe IPCC. Documento del Grupo de Trabajo I (GTI): Bases Físicas, publicado el 27 de Septiembre de 2013, página 23
[3] El nivel del mar no sube uniformemente en todo el mundo. Esta variabilidad espacial en las tasas de elevación se debe sobre todo a los cambios en la temperatura y la salinidad y guarda relación con los cambios en la circulación oceánica.
[4] Disposición Adicional Octava
[5] http://www.magrama.gob.es/es/costas/temas/proteccion-costa/estrategia-adaptacion-cambio-climatico/default.aspx
El cambio climático en las evaluaciones de impacto ambiental de proyectos y en la evaluación ambiental de planes
Publicado por Francisco Victoria Jumilla Etiquetas: cambio climático, Huella de carbono, urbanismo 0 comentarios
La necesidad de ir contemplando los previsibles impactos que podría aportar el cambio climático sobre determinadas decisiones urbanísticas, territoriales o de infraestructuras que habitualmente se proyectan para una duración de décadas ocupa algunas de las recientes modificaciones de la legislación europea y nacional sobre evaluación ambiental de planes y evaluación de impacto ambiental de proyectos. Estas modificaciones arranca de la propuesta de realización de una evaluación del impacto climático[1] para este tipo de decisiones que formulo el Libro Blanco de la Unión Europea sobre adaptación al cambio climático.
En España la Ley 21/2013, de 9 de diciembre, de evaluación ambiental.(BOE nº 296 de 11 de diciembre de 2013) obliga a contemplar los efectos del cambio climático las evaluaciones de impacto ambiental de proyectos y en la evaluación ambiental[2]de planes.
En cuanto a la evaluación de planes, el anexo IV “Contenido del estudio ambiental estratégico” señala que La información que deberá contener el estudio ambiental estratégico previsto en el artículo 20 será, como mínimo, la siguiente:
3. Las características medioambientales de las zonas que puedan verse afectadas de manera significativa y su evolución teniendo en cuenta el cambio climático esperado en el plazo de vigencia del plan o programa;
5. Los objetivos de protección medioambiental fijados en los ámbitos internacional, comunitario o nacional que guarden relación con el plan o programa y la manera en que tales objetivos y cualquier aspecto medioambiental se han tenido en cuenta durante su elaboración;
6. Los probables efectos significativos en el medio ambiente, incluidos aspectos como la biodiversidad, la población, la salud humana, la fauna, la flora, la tierra, el agua, el aire, los factores climáticos, su incidencia en el cambio climático, en particular una evaluación adecuada de la huella de carbono asociada al plan o programa, ….
7. Las medidas previstas para prevenir, reducir y, en la medida de lo posible, compensar cualquier efecto negativo importante en el medio ambiente de la aplicación del plan o programa, incluyendo aquellas para mitigar su incidencia sobre el cambio climático y permitir su adaptación al mismo;
9. Un programa de vigilancia ambiental en el que se describan las medidas previstas para el seguimiento;
La revisión del planeamiento general en algunos municipios costeros podría ser una buena oportunidad para ir contemplando la adaptación, y la mitigación de manera que puedan tenerse en cuenta en futuras decisiones[3].
[1] El Libro Blanco señalaba que esta evaluación se integraría en el procedimiento de evaluación de impacto ambiental de proyectos. De la misma forma, el planeamiento urbanístico, a través del procedimiento de evaluación ambiental de planes, podría incorporar recomendaciones de utilidad para evaluar el diseño y disposición de los nuevos espacios urbanos, en relación con la necesidad de aguantar los incrementos previstos de temperatura y episodios atmosféricos anómalos, y otras necesidades derivadas de la mitigación y adaptación al cambio climático.
[2]http://www.magrama.gob.es/es/calidad-y-evaluacion-ambiental/temas/evaluacion-ambiental/Ley__21_2013_de_Evaluacion_Ambiental_tcm7-309722.pdf
[3] Victoria Jumilla, F.” Adaptación a los impactos del Cambio Climático” en Derecho Ambiental en la región de Murcia, Civitas, 2011. Pág. 767-788.
Cambio climático y planificación hidrológica
Publicado por Francisco Victoria Jumilla 0 comentarios
La adaptación a los impactos del cambio climático es una realidad en algunos ámbitos de intervención, basta poner como ejemplo que en España es obligatorio para elaborar la planificación hidrológica de cuenca incluir una previsión del impacto que ocasionará el cambio climático en las aportaciones de agua. Esta obligación se establece en el Real Decreto 907/2007, de 6 de julio, por el que se aprueba el Reglamento de la Planificación Hidrológica). La Orden ARM/2656/2008, de 10 de septiembre, por la que se aprueba la instrucción de planificación hidrológica, desarrolla el citado RD concretando, para los próximos 20 años, en un 11% la reducción de recursos hídricos como consecuencia del cambio climático para las cuencas hidrográficas del río Segura y del Guadiana, y un 9% y un 8 % para las cuenca del Júcar y del Guadalquivir respectivamente.
El Libro Blanco del Agua que acompañaba el Plan Hidrológico Nacional, a principios de la década pasada, barajó escenarios probables a medio plazo de reducción de aportaciones en la cuencas hidrográficas, escenario 1 (hipótesis de aumento de 1 grado) y escenario 2 (hipótesis de aumento de 1 grado y reducción de las precipitaciones en un 5%), escenarios que proyectaban una reducción de aportaciones en las cuencas hidrográficas que aunque variable llegaba hasta un 11% en el primer escenario y el 22% en el segundo.
Estos escenarios y trabajos técnicos han servido para que la normativa que regula la elaboración de la planificación hidrológica establezca cuantitativamente el impacto que por el cambio climático se debe contemplar en las previsiones de aportaciones a los cauces.
A modo de ejemplo en la cuenca del río Segura, según la información del Servicio de Planificación, las series temporales permitieron contemplar en el Plan Hidrológico de Cuenca de 1998, como media de las aportaciones naturales, la cifra de 1000 Hm3. En el vigente Plan Hidrológico de Cuenca la cifra ha pasado a 817 Hm3
Registro Nacional de huella de carbono de empresas.
Publicado por Francisco Victoria Jumilla lunes, 31 de diciembre de 2012 Etiquetas: cambio climático, Compensación emisiones, Huella de carbono 0 comentarios
Los conocidos como sectores difusos, es decir, transporte, comercio, sector residencial, actividades industriales no obligadas por la legislación al comercio de derechos de emisión, agricultura y ganadería, representan casi un 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero de este país. Las estrategias por ahora para impulsar la reducción de emisiones en estos sectores son de carácter voluntario. Por esta razón, los compromisos de comunicación de la huella de carbono y de reducción o compensación de esa huella son fundamentales.
El Ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente en su comparecencia en el Congreso de los Diputados el 8 de mayo de 2012 (Diario de Sesiones nº 90 de 2012) señaló entre los objetivos prioritarios en materia de cambio climático impulsar el cálculo de la huella de carbono e incluirla en la contratación pública como obligación para licitar con la Administración General del Estado.
Por otra parte, la Ley de Economía Sostenible en su artículo 90 había creado la posibilidad de que se pudieran compensar las emisiones, es decir, la huella de carbono, por absorciones en sumideros forestales o derivados de proyectos agrarios.
Uniendo todos estos elementos, el Ministerio tiene previsto para los primeros meses de 2013 un real decreto de desarrollo del artículo 90 de la Ley de Economía Sostenible. Este real decreto según lo anunciado en el Consejo nacional del Clima en su reunión del pasado 27 de diciembre creará, un registro nacional para todas las empresas u organizaciones que calculen su huella de carbono, un registro nacional de proyectos que supongan absorción de carbono y un registro público de los compromisos de compensación entre las empresas que quieran reducir su huella y las empresas y organizaciones que ofertan absorciones de CO2 con proyectos a desarrollar en el territorio nacional.
La huella de carbono a aportar para poder quedar inscrita en el registro público se podrá referir solo a las emisiones producidas con un alcance 1 y 2, de la empresa u organización tal como recomienda el GHG Protocol y la Norma ISO 14064. Es decir autocertificación de huella de carbono de organización de emisiones de alcance 1 y 2.
De manera voluntaria podrá presentarse la huella de carbono con emisiones de alcance 3, en cuyo caso habrán de estar verificadas por un organismo independiente.
Las empresas que registren su huella de carbono podrán utilizar un sello o marca identificativa y, en su caso, podrán compensar la totalidad o parte de su huella de carbono comprando créditos de compensación puestos a la venta por las empresas u organizaciones que registren proyectos de absorción o sumideros de carbono.
El registro público dará fe de las operaciones de compraventa de créditos de compensación que quedarán, de esta forma, registradas, consiguiendo con esto fomentar, por un lado, la reducción de gases de efecto invernadero de las empresas de los sectores difusos, transparencia en la compensación de emisiones y fomento de la creación de sumideros de carácter forestal y agrícola en el territorio nacional.
Financiación de proyectos de reducción de la huella de carbono en los sectores difusos.
Publicado por Francisco Victoria Jumilla sábado, 29 de diciembre de 2012 Etiquetas: cambio climático, Huella de carbono 0 comentarios
A diferencia de las actividades obligadas al comercio de derechos de emisión por la Ley 1/2005 (sectores regulados: sector eléctrico, cemento, vidrio, refino de petróleo), en los sectores difusos (sector servicios, otras industrias y agricultura), los esfuerzos en reducción de emisiones son totalmente voluntarios. No obstante, a corto y medio plazo la economía baja en carbono puede ir introduciéndose en forma de nuevas obligaciones legales. Para estos sectores difusos, que representan el 60% de las emisiones totales, el paquete energía y cambio climático fija para 2020 un objetivo que han de cumplir los países miembros de reducción del 10% del conjunto de las emisiones respecto a las de 2005.
Independientemente de obligaciones legales que puedan ir surgiendo, se van a encontrar con la exigencia creciente de los mercados, consumidores y sociedad en general que les reclamarán esfuerzos voluntarios en reducción de emisiones por instalación o por unidad de producto. Estos esfuerzos para los que previamente se ha de realizar la contabilidad de las emisiones o huella de carbono es ya una ventaja competitiva en muchos mercados europeos.
Los sectores difusos representan la mayor parte de las emisiones del país y de cualquier región y ciudad. De los 355,9 millones de toneladas de CO2 equivalente que emitió España en 2011, solo 132,6 correspondieron a las empresas obligadas al comercio de derechos y 223,3 a los sectores difusos. Entre los sectores difusos destaca el sector servicios y dentro de éste el subsector del transporte, que supone el 25,68% de las emisiones totales del país y en los sectores regulados, las industrias del sector energético que representan el 20,34%. La mayor parte de la producción de electricidad, a su vez, es consumida por los sectores difusos.
Para cumplir con los compromisos internacionales (las cuentas del cumplimiento del Protocolo de Kioto se han de entregar en 2014) la administración del Estado ha destinado ya importantes sumas de dinero a la compra de créditos de carbono en otros países. Durante los últimos 5 años se adquirieron 89 toneladas (750 millones de euros).
En este marco es de interés señalar que el artículo 91 de la Ley 2/2011, de 4 de marzo, de economía sostenible, crea un fondo que permite la compra de créditos de carbono generados por reducción de emisiones de sectores difusos en el territorio nacional.
En desarrollo del mandato contenido en la Ley de economía sostenible, el Gobierno aprobó el Real Decreto 1494/2011. Los Presupuestos Generales del Estado para 2012 destinaron una partida de 4,25 millones de euros para la compra por parte del Ministerio de reducciones verificadas de emisiones que resulten del desarrollo de proyectos en el territorio nacional.
Gracias a la habilitación legal de la Ley de economía sostenible y el Real Decreto 1494/2011, la convocatoria pública de proyectos lanzada, con carácter experimental con el capital disponible del fondo para 2012, por el Ministerio para la compra de créditos de carbono ha supuesto la adquisición de un millón de toneladas de CO2 o créditos de carbono
http://www.magrama.gob.es/es/cambio-climatico/temas/fondo-carbono/Con2012_proy_clima_piloto.aspx
Se crea con este fondo una vía de enorme interés para fomentar la reducción de emisiones en actividades pertenecientes al sector difuso en nuestro país. En los Presupuestos Generales del Estado para 2013 se han fijado para este concepto 10 millones de euros. Es previsible el incremento en otros 50 millones de euros como consecuencia de asignación al Fondo de Carbono de una parte de los recursos conseguidos con el sistema de subasta de derechos de emisión al que esta obligado el sector eléctrico desde 2013.
Esta figura de la adquisición estatal de reducciones de emisiones conseguidas con proyectos desarrollados en España, puede ser un instrumento de interés para incentivar la economía baja en carbono entre los sectores difusos y sobre todo para el ahorro en la factura de adquisición de créditos de carbono en el extranjero.
Para el postKioto es conocida la intención del Ministerio de reducir al máximo los recursos económicos que el Gobierno destina a la compra de créditos de carbono en otros países. Estos recursos si se utilizan, a través del Fondo de Carbono, en la financiación de proyectos de reducción de emisiones crearían puestos de trabajo y facilitaría la introducción de tecnologías bajas en carbono generando riqueza y Know How.
Huella de carbono y millas de alimentos
Publicado por Francisco Victoria Jumilla domingo, 11 de diciembre de 2011 Etiquetas: agricultura, alimentos, Huella de carbono, millas de alimentos 0 comentarios
Los alimentos son uno de los productos más transportados en un mundo globalizado. En Estados Unidos viajan una media de 1300-2000 millas (2100-3200 km) para llegar al consumidor (1). Las emisiones procedentes del transporte son, por tanto, un elemento más del conjunto de emisiones que compone la huella de carbono de un producto.
La generalización de la idea de que los alimentos a consumir cuando son producidos a nivel local tienen una menor huella de carbono ha propiciado durante dos décadas importantes debates y ha dado lugar a términos como el de “millas de alimentos”(2) y campañas de compras locales(3). Sin embargo, numerosos trabajos científicos demuestran que la eficiencia en términos de CO2 equivalente en algunas de las etapas que componen la cadena de suministro de un producto procedente de otro país puede ser mucho más importante y compensar con creces las emisiones asociadas con la etapa de transporte, sobre todo si el modo de transporte utilizado no es el avión.
Un trabajo destacado, en el que se recopilan numerosos trabajos científicos, en este sentido es “etiquetado de carbono en la exportación de los países con ingresos bajos: exposición de problemas”, realizado por Paul Brenton, Gareth Edwards-Jones, Michael Friis Jensen (4).
Un ejemplo que se señala en la Guía de las Naciones Unidas para la neutralidad climática son los tomates cultivados en España que se transportaban al Reino Unido, para los que se demostró que podrían tener una huella de carbono menor que los tomates cultivados en el mismo Reino Unido, debido a la energía que se requiere para calentar los invernaderos de este país (1).
Con independencia de la distancia, el elemento fundamental es el modo de transporte. Uno de los trabajos más recientes es el realizado por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias de Chile: “Huella de carbono en productos de exportación agropecuarios de Chile” (5). Este trabajo señala que la contribución a la huella de carbono del transporte marítimo entre países es relativamente baja, pero se transforma en el apartado más destacado de la huella cuando el transporte es aéreo (6).
El transporte puede tener un mayor peso en la huella de carbono, la cadena de suministro de frutas frescas y hortalizas y, en general, productos agrícolas que requieren poca transformación (7, 8, 9). El total de emisiones para dar lugar a los productos agrícolas es considerablemente bajo, así que por definición el transporte será una parte destacada (10), siendo necesario afianzar alternativas al transporte por carretera como el ferrocarril o las autopistas del mar. En cambio, en productos sometidos a procesamiento y refrigeración, como por ejemplo los productos lácteos, el transporte será una parte muy pequeña de las emisiones totales de la cadena de suministros.
(1) GRUPO GERENCIAL DE MEDIO AMBIENTE DE LAS NACIONES UNIDAS.: Guía de las Naciones Unidas para la neutralidad climática, PENUMA, 2008, pág 106.
(2)Tim Lang, profesor de política alimentaria de la City University en Londres, introdujo el término en 1991
(3) La segunda cadena de supermercados más grande de Suiza identificó con el símbolo de un avión los productos que habían viajado en este medio de transporte, con la intención de concienciar a los consumidores acerca de las emisiones de CO2 que dicho transporte implica.
(4) Paul Brenton, Gareth Edwards-Jones, Michael Friis Jensen.: Carbon Labelling and low-income Country Exports: A Review of the Development Issues. Development Policy Review, 2009, 27 (3): 243-267
(5) González Martineaux, S y Tapia Flores, F.: Huella de carbono en productos de exportación agropecuarios de Chile, Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Santiago – Chile, mayo, 2010, pág 11
(6)Tanto en términos relativos como absolutos, el aporte a la huella de carbono del transporte por mar, desde Chile, fluctuó entre 0,10 y 0,20 Kg CO2e por unidad funcional si el destino fue Norteamérica; entre 0,14 y 0,20 Kg CO2e por unidad funcional si el destino fue Europa, pero la contribución a la huella de carbono de los productos transportados por vía aérea excedió los 5 kg CO2e por unidad funcional.
(7) VICTORIA JUMILLA, F.: Eco-responsibility Initiative: “Murcian Agriculture as a CO2 Sink”. LessCO2 label, en Conference Presentantion “Murcian Agriculture as a CO2 Sink”. Berlín, 2010. Disponible en: www.lessco2.es
(8) VICTORIA JUMILLA F et al.: “Balance de carbono en cultivos de agricultura intensiva”, en Etiquetado de carbono en las explotaciones y productos agrícolas. La iniciativa agricultura murciana como sumidero de CO2. Consejería de Agricultura, Murcia, diciembre de 2010.
(9) VICTORIA JUMILLA, F., COSTA GÓMEZ, I y CASTRO CORBALÁN, T.: El etiquetado de carbono de los productos agrícolas para valorar los beneficios ambientales de la agricultura, en CONAMA, 2010.
(10) Si toda la producción de una hectárea de frutas u hortalizas se traslada por carretera a 2.000 kilómetros de distancia el transporte puede suponer entre el 30 y el 40% de la huella de carbono. Leer más!
Pero sin duda la opción más importante es que la Politica Agraria Comun (PAC) incluyera una compensación por la prestación de este tipo de servicios ambientales. Leer más!

References: artículo 20
 Real Decreto 
 artículo 90
 real decreto 
 artículo 90
 real decreto 
 artículo 91
 Real Decreto 
 Real Decreto