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Timestamp: 2018-01-18 19:38:22+00:00

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Segunda parte de la sesion del 3 de febrero de 1915, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Primera parte de la sesión del 3 de febrero de 1915
SESIÓN DEL 3 DE FEBRERO DE 1915 CELEBRADA EN CUERNAVACA, MORELOS
Hasta ahora el señor Soto y Gama no se concretó al dictamen, el señor Nieto tampoco, sino que se extendieron demasiado en otras consideraciones e hicieron a un lado el dictamen. Yo suplico a los señores oradores que se concreten al punto a discusión, y que no nos echen tantas teorias, porque sencillamente estamos perdiendo el tiempo. (Risas y aplausos)
Ya se hizo una moción de orden.
Dígame usted por qué razón ha de haber solamente una moción de orden, cuando puede haber varias. (Risas y aplausos)
Tiene usted la palabra, señor Marines, para una moción de orden.
El señor Soto y Gama acaba de hablar en pro; deseo que hable otro en contra, para que después use de la palabra el señor Pérez Taylor, que va a hablar en pro; ésta es mi moción de orden.
Se pregunta a los ciudadanos delegados si hay alguno que quiera hablar en contra.
Yo quiero hablar en contra. (Aplausos)
Yo estoy de acuerdo con lo que dice el dictamen en la parte que se refiere a esto, con la salvedad de que deben ponerse los ejidos que pertenecieron a los pueblos; es decir, estoy de acuerdo en principio, en que se devuelvan los ejidos a los pueblos cuando se puedan establecer en nuestra República comisiones o autoridades que puedan hacer justicia, porque en estos momentos no creo, y tengo muchas razones y muchos hechos con que probar que si se van a devolver los ejidos a los pueblos, sucederá lo mismo que sucede ahora con los jefes que tienen en su poder los terrenos, y que se viene haciendo desde hace muchos años, porque hasta aquí la justicia la hace aquel cacique de pueblo que dice: me vendes el terreno en $15.00 o te meto a la cárcel, y, naturalmente, se lo dan en $15.00. Yo creo que en estos momentos debemos ponernos a la altura de la situación y reconocer que hay mucho podrido en Dinamarca.
Indudablemente que no podrian hacer debidamente justicia los hombres que están con las armas en la mano; para esto necesitamos hombres íntegros, hombres que no tengan en sus manos el poder del absolutismo; debemos procurar justicia para los que la reclaman de aquellos caciques; y si es verdad que para más tarde deben devolverse esos ejidos a los pueblos, no debe hacerse ahora, yo creo que no debe hacerse; en buena hora que esas tierras no vuelvan a poder de sus antiguos poseedores, pero tampoco que se queden en poder de las autoridades militares, por aquello de la uña. (Risas)
Que se busque con la linterna de Diógenes a los hombres honrados y que tengan el valor de seguirlo siendo, para que repartan temporalmente las tierras de los pueblos, y digo que las repartan, porque he visto que cada pobre, aunque sea con un fierro se pone a fabricar un arado o aun con un palo hace una coa y se pone a trabajar la tierra, y ya sea a partido con la autoridad o con esa comisión que se nombre, y de esa manera, ni vuelven los pobres a servir a los ricos, ni se quedan esas tierras en poder de las autoridades militares, que ya hemos visto cuán afectos son a lo ajeno, y esto en términos generales y sin aludir a nadie; por esas razones creo que debemos desechar el dictamen a debate.
Antiguamente los diputados que trataban de discutir la salvación de la Patria, discutían sobre la virtud y discutían sobre la moral política de los pueblos.
Actualmente, y viciados por las diferentes dictaduras, todos los cuerpos colegiados discuten siempre sobre la cuestión de dinero y discuten siempre sobre la cuestión de valores.
La Asamblea Revolucionaria reacciona notablemente, y viene a tratar, como dice Juan Jacobo Rousseau, sobre la sagrada ley de la naturaleza; y el cuerpo colegiado de la Convención Revolucionaria trata ahora sobre los asuntos de verdad y sobre los grandes asuntos de moral, basados en devolver a cada quien lo que le pertenece por ley humanitaria y por ley de naturaleza.
Hemos visto, señores delegados, en las diferentes épocas revolucionarias y en las diversas etapas de las edades, que el cristianismo fue completamente un fracaso; hemos visto también que las revoluciones políticas, no obstante preconizar las palabras: Ley, Justicia, Constitución y Reformas, han sido hasta la fecha un completo fracaso. Se ha tratado de derrocar dictaduras para elevar a nuevos dictadores. Las revoluciones políticas, como las revoluciones cristianas, han sido hasta el siglo veinte perfectos fracasos; así, pues, no queda en la actualidad más que una revolución: la revolución social, única que arrancará de cuajo la propiedad de manos de los grandes latifundistas para dividirla y repartirla entre aquellos a quienes pertenece por ley de naturaleza, porque la tierra debe ser de quien la trabaja y la explota; y, entiéndase, señores delegados, el cristianismo y las revoluciones políticas y los movimientos de toda clase de dogmas religiosos y la paz del mundo entero serán un hecho, porque estará sencillamente basada en las reformas económicas del momento. (Voces: Que se concrete al punto a discusión)
Vamos, pues, señores delegados, a tratar el asunto del dictamen que está a discusión.
Se nos pregunta por los oradores del contra cómo queremos nosotros basar en un principio la cuestión agraria, y la respuesta es muy fácil: por encima de todos los intereses creados; por encima de todas las ambiciones personales; por encima de los partidarismos políticos, se impone solamente una ley, ley única: la ley de la naturaleza; y todo aquel individuo que se opone a la ley de la naturaleza es un individuo perfectamente amoral; será un individuo que tarde o temprano tendrá que llevar sobre sus espaldas toda la fuerza de lo que se hace en contra de la naturaleza y será un individuo degenerado.
Aquí se ha discutido la cuestión sobre si deben o no repartirse las tierras. Las tierras, por ley natural, deben ser de aquellos que las trabajan; ése es el fundamento, es la base sobre la cual debe dirigirse toda clase de discusión. El dictamen anterior, y el cual yo fundé, no perfectamente identificado con el tema sofístico y antirrevolucionario, decía que las tierras deberían ser devueltas a los antiguos poseedores, con este tema sofístico y antirrevolucionario, las tierras deben ser devueltas a los antiguos latifundistas, y si Gambetta dijo: He ahí al enemigo, el licenciado Soto y Gama ha dicho: Voila l'ennemi. Según el dictamen, los revolucionarios deben ser los latifundistas, y he ahí al enemigo, y nosotros debemos trabajar con todo tesón para arrancarles de cuajo la cabeza a los latifundistas, que son los principales causantes de los trastornos. (Aplausos)
Nosotros, basándonos en esos detalles, devolvemos las tierras a los que les hayan pertenecido, vuelven a sus antiguos poseedores, ¿y quiénes han sido, señores delegados, los antiguos poseedores? Sencillamente revisad toda la colección de El Imparcial, toda la colección de El Mundo, preguntad a cualquier ferrocarrilero, cuando pasaba sobre la línea férrea por determinados puntos, ¿a quién pertenece esta estación? Pues al señor Terrazas. ¿Y aquella hacienda? Pues al señor Creel. ¿Y aquella hacienda tan inmensa y tan rica? Pues al señor Alarcón. Y, en suma, podríamos ver que toda la extensión de la República estaba en manos de cuatro o seis de los grandes latifundistas, y si aceptásemos el pensamiento de devolverles los terrenos que poseían, entonces habrá que renegar de la Revolución, porque sólo habrá servido para darle atole con el dedo al pueblo mexicano.
Se ha hablado de la riqueza de la tierra, la riqueza de la tierra es grande, la riqueza de la tierra es exuberante, la riqueza de la tierra es frondosa; ¿qué importa que no haya implementos de agricultura? Yo conozco infinidad de rancherías y haciendas donde no se conocen los implementos de agricultura, y, sin embargo, se cosecha frijol, papa, chile e infinidad de productos vegetarianos. Si los implementos agricolas son traídos por los grandes hacendados para que los peones cultiven la tierra por su cuenta, entonces sí, ¡bien venidos sean esos implementos! Pero, repito, los instrumentos de agricultura no son necesarios para que la tierra pueda producir; allí están Egipto, Atenas, Esparta, Roma; entonces no se conocían las máquinas de vapor, los grandes arados, ninguno de esos importantes implementos agricolas, y, sin embargo, los atenienses, los romanos, los egipcios y los espartanos cultivaban y obtenían grandes rendimientos de la tierra, y eran hombres perfectamente felices. La tierra debe ser de aquel que la trabaja. (Aplausos)
El C. Manuel López
Tiene la palabra para una moción de orden el ciudadano López.
Suplico al orador que se sujete al punto a debate.
La única observación que yo haría al dictamen, sería. la siguiente: la situación agríco!a de la República es perfectamente difícil, pero perfectamente conocida; no es necesario que nosotros vengamos con grandes ampulosidades, con grandes aspavientos; se nos dice que el asunto económico y agrícola lo tienen perfectamente definido y, sin embargo, aquí, en el Estado de Morelos, netamente productor de azúcar, el kilo de ese artículo vale más que en el Distrito Federal; y esos señores no han podido definir o encontrar la manera de poder abaratar ese artículo, no obstante, repito, que aquí se produce. No vengamos con grandes pretensiones a decir que hemos resuelto todos los problemas. La única observación a que voy a referirme es que se pidan al general Buelna mayores detalles sobre la situación agrícola en el t€rritorio de Tepic, para caminar con mayor cordura y no basar nuestros acuerdos en un simple telegrama, porque debemos considerar que pudiera suceder que por querer ahorrar palabras en el telegrama, no se expresara claramente la idea, o bien que el telegrafista tergiverse el asunto, y por poner agrícola, ponga agricultores, y cuyos datos no son suficientes para poder definir con claridad el criterio de esta Asamblea, y para poder llevarla a dictar una resolución apropiada. Todas estas cuestiones están comprendidas dentro del artículo sexto del Plan de Ayala, aunque no con la claridad que debieran tener, y por eso se necesita que todos los asuntos agrícolas sean motivo de discusiones, perfectamente amplias y concretas, sobre la situación agrícola del país; asimismo, es necesario que los peticionarios o gobernadores de las distintas entidades federativas proporcionen todos los datos y hagan todas las aclaraciones necesarias con relación a la zona que gobiernan, porque indudablemente que cada una de esas zonas es perfectamente diferente de las otras.
Desde el Bravo hasta el Suchiate, todo el que viaje habrá visto que, efectivamente, todas las zonas de nuestra República son riquísimas, pero que son perfectamente distintas las condiciones climatéricas y de otro orden en cada una.
Es innegable que en toda nuestra República existen los grandes latifundios, existen también los abusos, existen soldados, y generales, y coroneles, que dominan ahora y tienen intervenidos esos grandes latifundios, y existen aún científicos, que por medio de apoderados siguen manejando sus grandes haciendas. Cada Estado, cada entidad federativa, es una situación y un problema distinto, cada latifundio es una cuestión que debemos discutir aquí, y no debemos dictar un acuerdo basados en un telegrama; así, pues, señores delegados, yo pido que se diga al señor general Buelna, que mande un oficio amplio sobre la situación del territorio de Tepic.
El señor pidió la palabra en pro y habló en contra. Yo pido que lo inscriban en el contra.
Como miembro de la Comisión Dictaminadora, he pedido la palabra. La peroración del señor Nieto fue de tal manera sugestiva que me obligó a perder mucho tiempo y muchas palabras para atacar la cuestión primordial. Olvidó la cuestión primordial, está atacando la cuestión a ciegas, se está bordando en el vacío. Se concretó a esto: que es menos malo la no intervención de las fincas, que dejarlas en manos de los militares; que se pongan en mejores manos o que se dejen en las de los militares, pero con las mayores economías posibles, o el absurdo que parece derivarse de sus ideas, que consiste en que se devuelvan los terrenos a los hacendados, es decir, así, de golpe y porrazo, entregar las tierras, ganados y aperos a los ricos y dejar a los jornaleros que se mueran de hambre; pues, señores, la única consecuencia que encuentro a las palabras del señor Nieto es que está hablando en pro de las ideas de Venustiano Carranza, y de un verdadero revolucionario que yo lo creía, resulta ser un agente de Venustiano Carranza, como por ejemplo, Luis Cabrera, y todavía peor, porque Luis Cabrera es un verdadero revolucionario de ideas.
El señor Nieto nos dijo que el Gobierno es un pésimo administrador, y yo contesto que es mejor administrador que el hambre. Indudablemente que si ahora pudiéramos decir al pueblo: aquí está la semilla, aquí el arado, aquí está el ganado, ponte a trabajar; si se pudiera realizar esta idea, si se pudiera dar la tierra con todo lo que la hace producir, entonces se habría solucionado definitivamente la cuestión; pero si ahora suprimimos la intervención, produciremos el hambre; del otro modo, se producirá el robo, pero éste es menos malo que el hambre. Y me llama mucho la atención que personas que se dicen revolucionarios olviden que toda revolución trae consigo las ambiciones; y olviden también que en la gran revolución francesa hubo una gran cantidad de bandidos, tan grande, que producida por ello vino la reacción napoleónica.
No debemos olvidar, señores, que las revoluciones son océanos, y en los océanos hay fango, hay tiburones, hay pescados bonitos y hay ballenas, hay algas y escollos y rocas. De manera que lo que propone la Comisión es mínimo de males; y si los señores que han hablado en contra propusieran otra solución mejor en vez de concretarse a criticar el dictamen, los subscritos, y yo el primero de ellos, aceptaríamos esa solución; pero no nos vengan a decir que nuestro dictamen es malo, sin aconsejarnos lo que es mejor. (Aplausos)
Pido la palabra en contra, señor presidente. (Varias voces: Pido la palabra)
Después del señor Marines, señor Nieto.
He pedido la palabra para refutar a usted la opinión que acaba de expresar; yo no creo que el pueblo no esté en condiciones de sembrar. Naturalmente que yo no soy gran orador, y por eso voy a dar al grano, y voy a presentar argumentos: no creo que los agricultores no estén en condiciones de sembrar, pOr las condiciones siguientes: no hay ningún hombre que esté, por infeliz que se le suponga ...
No concedo la palabra para interrumpir al orador.
Es para una moción de orden. (Varias voces: Pido la palabra, para una moción de orden)
Tiene usted la palabra, señor Marines.
... que no pueda comprar un azadón; me refiero a los hombres que yo conozco, los hombres del Norte; esos hombres, a pesar de que están en sus trabajos, ese hombre a pesar de como está en su trabajo, lo hace sin estipendio alguno; pero la semilla cuesta; quiero suponer que un hombre no alcanza a sembrar más que diez litros de maíz, y nadie me negará que no existe ningún hombre, por infeliz que se le suponga, que no pueda comprar diez litros de maíz, y entonces allí tenemos a un hombre que puede sembrar una cantidad aunque sea pequeña. Ahora: esa cantidad pequeña multiplicada por los miles de individuos que tienen hambre y sed de justicia, viene a dar como producto, y digo producto porque hay una multiplicación, y ese producto puede ser igual a la cantidad que puede sembrar un rico con todos esos implementos de agricultura y con todos esos lujos de vanidad.
Es verdad también que habrá sobrantes de terrenos que los pobres no podrán cultivar, y para esos sobrantes bien cabe la proposición o el procedimiento que usted indica de que qUeden en manos, bien sea de una comisión o bien sea en manos de persona especialmente nombrada, para que esa comisión o esa persona los ponga en manos de una persona que pueda cultivarlos; pero no creo que sea imposible, así, en general, que los pobres puedan sembrar, y el mejor modo de comprobar lo que digo, es el siguiente: vamos a regar un pedazo de terreno y vamos a darlo a los pobres, y veremos, aquí en el Estado de Morelos, que los pobres se ingenian de mil maneras, y veremos cómo los pobres venderán hasta las enaguas de su mujer, y digo enaguas en el sentido recto, cuidado con que se vaya a entender en el sentido figurado. (Risas)
Y venderán cuanto tengan para poder sembrar. Yo conozco las aficiones de mi pueblo, a quien amo, y con quien he trabajado, y yo aseguro a ustedes que sembrarán todos esos terrenos; y si quieren verlo, comisiónenme a mí, sin pagarme un centavo, y verán si hago que se cultiven esos terrenos; yo llamaré al peón y le diré: Cultiva este terreno, y si te distingues por lo honrado, si te distingues por lo trabajador, y si, en una palabra, demuestras que eres capaz de cultivarlo, te lo doy. Yo aseguro a ustedes que todas esas familias, que todo ese pueblo, que toda esa gente que ya apesta en la plaza de Cuernavaca (risas), ... todos se irán a los campos y quedará resuelto el problema. Y esto que se puede hacer en Morelos se hace también en Coahuila, en Tepic y en todas partes, especialmente en la frontera.
Así es que no creo que toda la tierra debe ir al Gobierno, porque aun en el Gobierno hay mucho podrido. (Aplausos)
Aunque ya no tiene objeto mi moción de orden, voy a hacerla. La Mesa es perfectamente tiránica, porque la moción de orden es con el objeto de que el orador se concrete al punto a discusión y no nos suelte un culebrón, como nos lo echa cada uno ... (Risas)
En eso estribaba mi moción de orden. (Risas y aplausos)
Creo yo que para el futuro, cuando se trate de una moción de orden encaminada a sujetar al orador al debate, debe concederse. Eso creo, aun cuando desconozco las fórmulas parlamentarias. Si mal no recuerdo, en la Convención de 1911, cuando el señor Soto y Gama era orador del Partido Liberal, él mismo pidió en aquella Asamblea se concedieran mociones de orden.
Voy a contestar al ciudadano Casta.
Debo decirle que la Presidencia cree tener el suficiente criterio para saber si el orador se concreta al debate; y en mi concepto, el debate no puede ser otro que el que se ha estado sosteníendo, esto es, decidir si es mejor la división de las tierras y su reparto a los trabajadores, o la intervención directa del Gobierno. Como el señor Marines estaba discutiendo lo que en su concepto era mejor, esto es, el trabajo directo, la Presidencia, sí hubiera sido tiránica, si por dar gusto al señor Casta le hubiera quitado la palabra al señor Marines, para satisfacer el criterio muy especial del señor Casta.
De manera que, después de esta aclaración, pido al señor Casta que haga una verdadera moción de orden, porque, repito, en concepto de la Presidencia, no se han apartado los oradores del punto a discusión.
No me refiero al hecho particular del señor Marines; en mi concepto, el debate no ha estado encarrilado; porque está a discusión un dictamen, y todo lo que se ha discutido ha sido fuera de los puntos que encierra ese dictamen.
Ese es el criterio de usted, señor Casta; la presidencia está en mis manos y soy yo quien debe juzgar si los oradores se han apartado del punto a discusión. En este caso no ha sucedido así. Hay en la Asamblea muchas personas que sólo se ocupan de obstruir las discusiones y tienen la mala costumbre de interrumpir a los oradores con el famoso pretexto de las mociones de orden.
Algunos de mis compañeros dicen que mis ideas son reaccionarias, porque pretendo que es mejor entregar las tierras al Gobierno o a los latifundistas, que al pueblo; seguramente que no han sido entendidas mis palabras; yo no he sostenido tesis tan absurda, ni he impugnado el dictamen en su fondo, sino en su forma, porque no nos dice: respétense las intervenciones, pero entréguense esas tierras en manos de una Junta Agraria que las administre; así sí estaría conforme, para que esos administradores pusieran las tierras en manos de los peones para que las trabajen; pero dándoles los elementos necesarios para ello; ¿cómo vamos a repartir esos terrenos, que en las condiciones actuales de nada servirían a los trabajadores, por falta absoluta de elementos? Por eso me opongo al dictamen.
Siento estar en la presidencia, pues no puedo contestar al señor Nieto; pero seguramente que el señor Montaño lo podrá hacer perfectamente.
Pues ocuparé la presidencia, para que usted pueda contestar al ciudadano Nieto.
Estoy de acuerdo en algunos de los puntos que se han tocado por los oradores del contra; pero naturalmente yo lo aceptaría en esta forma: diciendo al general Buelna que debe introducir en las fincas intervenidas todas las reformas y economías, para que haya utilidades; pero no soy tan testarudo ni tengo la pretensión de suponer que el dictamen está perfectamente bien. Está bien que se fijen en una Junta Agraria; pero me temo que no sólo sean los militares los amos de la Revolución; sin embargo, no tengo inconveniente en reformarlo, y la Asamblea puede perfectamente conceder el permiso para modificar el dictamen, y si los demás compañeros están de acuerdo, soy el primero en apoyarlo. El señor general Montaño está de acuerdo en que se diga que la intervención quede a cargo de una Junta Agraria de civiles, con el nombre de X; pero que se exprese cómo entran los elementos civiles; es la idea de los señores; el señor Castro, ignoro si estará de acuerdo.
Que siga la discusión.
Yo, en esta mañana, decía que de una vez se repartieran las tierras, pero se dice que por lo pronto va a quedar en esa forma; resulta que a la pregunta del señor general Buelna, se le va a contestar que quedan en sus manos las tierras, mientras que esta Convención nombra una comisión agraria u ordena un género de cosas para que se repartan esas tierras. Y ya que tomo la palabra, me refiero a lo que decía mi compañero, el señor Nieto; qué ridículo sería, señores delegados, que de Cuernavaca, donde está el alma del zapatismo, fuera saliendo aquello de devolución de las tierras a los hacendados, creo que hasta los cadáveres que han muerto por la tierra (risas, escándalo, desorden) ... decía, señores delegados, que hasta los cadáveres rugirían de ira, si las tierras se devolvieran a los latifundistas; y ya que se me pregunta, manifiesto que mi opinión respecto al dictamen, no la modifico en ningún sentido.
Yo quiero asentar una cosa, en que creo que todos estamos conformes: ninguno de los individuos que han hablado, en pro o en contra, ha sostenido que se devuelvan las tierras a los hacendados, han opinado respecto de la forma en que se debe intervenir; pero nadie ha dicho que se devuelvan esas tierras a los hacendados, y como esto parece dominar ya como una idea de un grupo determinado, quiero que se deseche, por lo que a mi respecta.
He escuchado distintas opiniones en el sentido del dictamen, y me permito humildemente expresar mis conceptos. Creo que todos vosotros estáis conformes en cuanto al fondo, pero no en cuanto a la forma que nosotros,proponemos, respecto de que, desde luego, se repartan los ejidos a los pueblos a los que les corresponden.
En cuanto a la junta de civiles que se propone, tengo la conciencia de que la mayor parte de los civiles no merecen el calificativo honroso de revolucionarios, ni merecen tampoco manejar los bienes de la Revolución. En ese concepto, yo creo que los que han permanecido neutrales, indiferentes, los que no se han preocupado por los intereses del pueblo, no tienen derecho a manejar los intereses de la Revolución, los intereses del pueblo.
En mi concepto, esos intereses deben ser manejados por una Junta revolucionaria, que es la que debe manejarlos.
También se ha hablado de justicia, y debo manifestar que los latifundistas no merecen esa justicia de que se nos habla. La idea general de todos nosotros, los verdaderamente revolucionarios, es que los grandes latifundios, esas grandes propiedades hacendarias, han tenido por origen la usurpación. El que don Hernán Cortés repartiera a manos llenas las propiedades adquiridas por medio de sus armas y por medio de la fuerza, no creo que pueda tener el nombre de justicia. En ese concepto, cree que el pueblo debe recobrar por la fuerza de las armas y la justicia, lo que en derecho le corresponde.
Hasta estos momentos, no se ha discutido la solución del problema agrario; y es, en mi concepto, el momento propicio para ajustar esa resolución a los preceptos del Plan de Ayala; creo que lo sentado en él es lo que debemos acatar y a lo que debemos sujetarnos.
En cuanto a lo demás, creo que mientras no resolvamos la forma de cómo se Va a solucionar el problema agrario, debemos dejar a los interventores tal como están; y una vez definida la manera de hacer el reparto, proceder a efectuar esa repartición tal como corresponde, con método y orden, hasta cumplir los ofrecimientos que se han hecho al pueblo y darle lo que le corresponde.
Señores delegados, es por demás que estemos discutiendo un asunto tan claro y tan sencillo; indudablemente que nos tendremos que ocupar de esos asuntos, porque para eso venimos: para solucionar todos los problemas que sean necesarios, en el seno de esta H. Asamblea. Por lo pronto, creo procedente que se apruebe el dictamen en la forma en que está, es decir, que se apruebe esta solución provisional mientras se da una resolución definitiva y racional, discutida ampliamente por esta Asamblea.
Por estas razones, apoyo el dictamen en la forma en que está presentado, a fin de que los pueblos tengan lo que se les ha ofrecido, naturalmente, previa presentación de los títulos con que acrediten que tienen derecho a esos ejidos, y de tal manera, el derecho de los pueblos y los principios revolucionarios no habrán sufrido la menor lesión.
En ese concepto, vengo a hablar a la H. Asamblea, para que se sirva votar en favor del presente dictamen, mientras se dicta de una manera definitiva la solución que corresponde al problema agrario.
He estado siguiendo el hilo de esta discusión punto por punto para llegar a un fin. El general Buelna no tiene derecho para tomar parte en ningún asunto de Tepic, porque no es de Tepic. Tenemos aprobado en el artículo 13 del Plan de Ayala, y principalmente para este caso tan interesantísimo, que el jefe político del territorio o gobernador del Estado, debe ser un revolucionario, y aquí debe ser un revolucionario del territorio de Tepic, que esté interesado por su pueblo, por ser de allí; pero el general Buelna no es de Tepic, es del Guamúchil, de Culiacán; pero no es de Tepic. Así, creo yo que será muy buena la contestación al señor general Buelna, de que haya una Junta de revolucionarios netamente del territorio, y que de entre ellos salga el que deba ser jefe político de allí, dándole detalles sobre el asunto de que se trata.
Vamos a entrar en materia como se debe entrar, y la Asamblea no cometerá un error como el que está cometiendo; ésa es mi opinión. Buelna no es de Tepic, y no tiene derecho para tratar estos asuntos.
Yo creo que estamos perdiendo el tiempo. En México, por una declaración que hizo el señor general Palafox, dijo que el problema agrario estaba resuelto, pues que lo entregue a la Comisión de Agricultura de la Asamblea Revolucionaria, con objeto de que se discuta.
Pido la .palabra, para una interpelación. No interpelo al señor presidente, sino al señor Soto y Gama, delegado. Hace poco, decía usted que estaba dispuesto a reformar el dictamen; yo le suplicaría me hiciera el favor de decirme si tiene la autorización necesaria para reformarlo.
El señor general Montaño no está de acuerdo en reformarlo, y el señor Lecona me ha expresado una idea que va a desarrollar en este momento.
En primer lugar suplicaría aplazar esta discusión, por haberse retirado ya una gran parte de los delegados que estuvieron al principio de esta sesión; por otra parte, me permito proponer a ustedes que la reforma a este dictamen sea en el sentido de que las tierras las recojan los pueblos y las administren los municipios, y se les repartan las semillas que muchos necesitarán para los primeros trabajos.
Tomen esto en consideración y pidan se aplace la discusión para mañana, en que con el cerebro mejor tonificado podamos dar una solución a este negocio. (Aplausos, siseos, campanilla)
Tiene que explicar la presidencia que se trata de una simple proposición; pero el señor licenciado Zubiría pide la palabra sobre este mismo asunto. (Voces: Ya no hay quórum)
Me he inscrito desde hace mucho rato en contra.
La presidencia se permite rogar a los señores delegados se sirvan esperar un poco, puesto que se está tratando la cuestión fundamental, y no puede haber ningún tiempo mejor empleado que éste. La Asamblea, y todos nosotros, no estamos capacitados para resolver el problema agrario sin amplias discusiones, y nosotros que nos llamamos revolucionarios, llamamos perder el tiempo a la tarea de estar unificando el criterio de la Asamblea para que pueda dar una resolución satisfactoria, de cuya resolución depende el porvenir del país; de manera que yo excito a los revolucionarios para que permanezcan en su puesto, ya que estamos procurando con nuestro propio entendimiento conocer todos los detalles del problema, para poder después resolverlo lo mejor posible.
Tiene la palabra el señor delegado Piña.
Señores delegados: los argumentos que en el pro y en el contra se han esgrimido acerca del dictamen a discusión, han hecho que yo me forme un criterio más preciso acerca de asunto que nos ocupa; creo que puede ponerse término a esta discusión, satisfaciendo así los anhelos de los ardientes partidarios de que se resuelva el problema agrario y, asimismo, las exigencias de la comunidad de Tepic, que expresa por conducto del general Buelna, que materialmente, en la forma que hasta hoy se han estado administrando las fincas en esta región, es imposible obtener entendimientos, y ni siquiera conseguir que aquellos negocios que son cuantiosos se conserven bien.
Además, viene en mi auxilio la experiencia que prácticamente he adquirido en el Estado de Sonora acerca de las dificultades con que se tropieza por parte del Gobierno, cuando él tiene la pretensión de hacerse cargo de estos asuntos, convirtiéndose en administrador de tierras o de fábricas o de negocios semejantes. Como lo ha dicho muy bien más de uno de los delegados, el Gobierno es un perfecto mal administrador, el Gobierno tropieza con muchas dificultades para conseguir que un negocio, que una empresa cualquiera se administre con ventajas, para que ese negocio vaya siempre en progreso, y la razón es muy sencilla: si el Gobierno encomienda un negocio a los cuidados de un individuo que no es el dueño y que no tiene un interés directo en que aquel negocio progrese, se desarrolle y se conserve bien, aquel negocio, sea que se trate de un rancho, de un campo agrícola o de un comercio, va siempre al fracaso; si aun tratándose de sus propios dueños, vemos que por circunstancias mil el dueño de ese negocio fracasa, teniendo como resultado de sus gestiones pérdidas, que dan por resultado su ruina absoluta; pues bien, yo creo que la manera de poner término feliz a esta discusión es contestando al general Buelna en el sentido de que debe continuarse la intervención de las fincas, pero que se nombre una Comisión de Intervención, o como quiera llamársele, encargada de la administración de esos negocios, y autorizándolo, ya sea a él o a la comisión respectiva, para que puedan arrendar o subarrendar esos terrenos, pues debo decir a ustedes que en Sonora, en un principio, se quiso que el Gobierno administrara los diversos negocios que pertenecían a los enemigos de la Revolución, y muy poco tardamos para darnos cuenta de que aquello era desastroso, tanto porque las vías férreas, que en un tiempo estuvieron administradas por el Gobierno, exigían dinero y más dinero, y atenciones y más atenciones pOr parte del Gobierno, sin que se lograra, siquiera, que las vías funcionaran siquiera con regularidad y produjesen algo en favor de la Revolución. Respecto de unas haciendas pasaba exactamente lo mismo, cosa que ante la dificultad que se presentó al Gobierno, optó por arrendar los terrenos o las vías férreas, y determinó, especialmente, respecto de éstas, que por pertenecer a una compañía extranjera, fueran devueltas dichas vías, por cierto convenio, a la del Sud pacífico; pero con respecto a las tierras, por conducto de una sección especial, el Gobierno las administra; pero no invirtiendo el dinero, sino arrendando a los que las cultivan, y en esa forma, sin hacer el Gobierno ninguna inversión, logra rendimientos que ascienden a muchos miles de pesos, que se aprovechan en el fomento de la Revolución.
Creo que en el caso particular de Tepic debía hacerse lo mismo, que se autorizase al jefe político de aquel territorio para que por medio de un procedimiento semejante, ya indicado por mí, se administren esas fincas, reservándonos para mejor época la solución del problema agrario, sobre bases más equitativas y verdaderamente científicas, porque eso de disponer a ojo de buen cubero, dése al pueblo lo que reclama, es sencillamente un disparate, porque muchos pueblos reclamarían, sin justicia de ningún género, y, sobre todo, quién les va a repartir a esos pueblos, en qué forma se les va a dar, sobre qué bases, mientras no establezcamos bases y digamos: bajo esta forma, bajo estos procedimientos se van a repartir los terrenos para dárselos a las comunidades, a los ayuntamientos; me parece muy aventurado y temerario de parte de la Comisión Dictaminadora, que consulte la solución del conflicto en los términos como lo hizo.
Creo que la mejor manera de salir de este paso es la indicada por mí, toda vez que ya tenemos la indicación de lo que pasa en Sonora y en Chihuahua y en parte de La Laguna; allí hay una comisión encargada de administrar los terrenos de los enemigos; esa comisión dará títulos a las compañías que quieran explotar una finca, y en Coahuila hay muchas fábricas de artículos de primera necesidad, de alcohol y no sé qué otras cosas.
Yo me permitiría, para terminar, excitar a la Comisión Dictaminadora que retire, previo permiso de la Convención, su dictamen, y lo reforme en este sentido; creo que de esa manera podremos ponerle término a esta discusión, que si bien en este asunto debemos fijar toda nuestra atención y todos nuestros conocimientos, hagámoslo en orden y por sistema, sobre bases más substanciales; no así tan aventuradamente. He dicho, señor presidente.
Las ideas que acaba de exponer el señor Piña son las más aceptables; la idea que propuso el señor Marines de que los Ayuntamientos fueran los administradores, no es del todo aceptable, porque casi en todas partes faltan los Ayuntamientos. De manera que el personal no está formado y no podrían funcionar debidamente. La idea del señor Piña es la que ha sido la mejor; a mí me consta, principalmente en Durango, y, sobre todo, en la Laguna, que existe una Comisión Agraria, donde se han incautado todas las haciendas de los enemigos de la Revolución, arrendándolas a varias personas, mientras se resuelve la ley de repartición; así es que yo acepto ese dictamen; pero que no se devuelvan las haciendas a los antiguos propietarios, sino que pediría que se modificara la proposición en los siguientes términos:
Dígase al mismo ciudadano general que debe crearse una Comisión Agraria de bienes intervenidos, que se encargue de atender a dichas haciendas, mientras se resuelve lo del reparto de tierras de los enemigos de la Revolución.
Yo propongo que en esos términos quede la segunda proposición, y si la Comisión Dictaminadora acepta los términos de esta reforma, que se sujete a votación. (Voces: pido la palabra)
Antes de conceder la palabra, la Presidencia quiere explicar que se han presentado cinco o seis proposiciones sobre el mismo asunto, que dan soluciones diversas y son dignas de estudio; se está estudiando el problema agrario, no sólo para el caso de Tepic, sino para toda la República; pero éste es un caso especial que debemos discutir ampliamente, de tal suerte, que la Presidencia va a preguntar a la Asamblea si continúa la discusión o se aplaza para mañana.
Yo excitaría a los señores delegados que forman la Comisión de Programa de Gobierno, y a los que integran la Comisión de Gobernación, que son los facultados para presentar el Programa de Gobierno, lo hagan cuanto antes.
Evidentemente que ellos pueden presentar el programa agrario; pero como hay muchas personas que piden la palabra, y muchos asuntos pendientes, se va a preguntar si continúa la discusión o se suspende para mañana. (Voces: pido la palabra; todavía no está suficientemente discutido; no está agotado el debate)
Hay muchas personas que dicen que el debate no está agotado; por eso la Secretaria va a preguntar.
La Mesa Directiva, por conducto de la Secretaría, pregunta a la Asamblea si está conforme en que se suspenda el debate para continuarlo mañana.
Las personas que estén por la afirmativa, sírvanse poner de pie.
La orden del día para mañana, es la siguiente. (Leyó)

References: resolución 
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 artículo 13
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