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LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS
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Lorenzo Rico Castellanos
1 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS PONENTES: D. Fernando Curiel Lorente Registrador de la Propiedad COPONENTES: D.ª María Ángeles Parra Lucán Catedrático de Derecho Civil D. Juan Antonio Yuste González de Rueda Notario MODERADOR: D. Francisco Javier Hernández Puértolas Decano del R. e I. Colegio de Abogados de Zaragoza
2 Francisco Javier Hernández Puértolas. Decano del R. e I. Colegio de Abogados de Zaragoza Buenas tardes a todos, vamos a dar comienzo a esta segunda sesión de los XI Encuentros del Foro que se destina a la sucesión en la empresa familiar en el derecho civil aragonés, aspectos sustantivos. Es para este Colegio, y para este Decano, un motivo de especial satisfacción el que el Foro, en las sesiones que celebra en Zaragoza, haya elegido esta casa como sede. Agradecemos mucho a las autoridades y entidades organizadoras y sabéis que nos tenéis, como siempre, a vuestra entera disposición. En este foro de juristas, profesionales y estudiosos del derecho, es absolutamente innecesario presentar a los ponentes. Todo el mundo conoce su personalidad y su competencia profesional y jurídica. Solamente a efectos de acta: D. Fernando Curiel Lorente, Registrador de la Propiedad desde hace muchos años, actualmente en Lérida; a sus mucho títulos diré uno que me es especialmente grato: su condición de profesor colaborador en el centro de formación para la abogacía del Colegio de Abogados. D. Juan Antonio Yuste González, estudió derecho en Zaragoza, es notario también desde hace muchos años, en la actualidad y desde hace tiempo también, notario de Zuera; y todos sus destinos han estado en Aragón. Y, excusa su presencia, por razones de lejanía, Doña María Ángeles Parra Lucán, actualmente catedrático en La Laguna; sus obligaciones familiares le han impedido desplazarse hasta nosotros. No obstante, ha enviado su trabajo y lo incorporaremos a las actas. Doy muchas gracias también en nombre de los organizadores a los ponentes por dedicarnos su trabajo y su tiempo. El procedimiento será el tradicional también en estas sesiones del foro. En primer lugar, los ponentes harán su exposición y, a continuación, destinaremos un tiempo al debate y al coloquio. En consecuencia, doy la palabra al ponente D. Fernando Curiel para que inicie su exposición. 87
3 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS por Fernando CURIEL LORENTE (Ponente) María Ángeles PARRA LUCÁN y Juan Antonio YUSTE GONZÁLEZ DE RUEDA (Coponentes) Intervención de D. Fernando Curiel Lorente SUMARIO: I. Aproximación al concepto de empresa familiar. II. La problemática de la sucesión del empresario. III. La empresa familiar y el régimen matrimonial consorcial. La empresa familiar en el seno de una comunidad conyugal continuada. IV. La transmisión de la titularidad de la empresa: la legítima como límite de la voluntad del empresario. V. Las deudas y relaciones jurídicas del empresario tras la sucesión: ámbito de autonomía de la voluntad del causante. VI. La viudedad en relación con la empresa familiar. VII. La empresa en la herencia yacente: continuidad de la actividad empresarial. VIII. La fiducia sucesoria y la empresa familiar. IX. Conclusiones. I. APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE EMPRESA FAMILIAR Durante los últimos meses se han sucedido múltiples noticias sobre los problemas de subsistencia, de gestión o de sucesión de la empresa familiar, congresos nacionales y autonómicos, promesas electorales de beneficios fiscales para los empresarios familiares, manuales difundidos a través de la prensa y reivindicaciones al Gobierno, que han culminado con el anuncio por parte del Vicepresidente segundo del Gobierno de la formación de una comisión mixta de los Ministerios de Economía y Justicia sobre la empresa familiar, que trabajará sobre la ponencia que ha de elaborar una comisión del Senado. 89
4 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS Me preguntaba si estaría justificado el interés que parecían despertar las empresas familiares y los datos difundidos obligaban a responder afirmativamente: Se estima en un millón y medio el número de empresas familiares en España. Un 20% de las empresas mayores de España son de carácter familiar. Las empresas familiares representan el 80% de las empresas españolas, producen el 60% del PIB y generan el 80% del empleo privado de España (65% de la población activa). Quise, entontes, saber qué era exactamente una empresa familiar, pero, conforme fui leyendo obras sobre la materia, fuí convenciéndome de que mi empeño por encontrar un concepto de empresa familiar iba a resultar inútil. El de empresa familiar es un concepto de esos que llamamos indeterminados, que no admiten una definición universalmente válida. Cualquier persona se atreve a afirmar que pertenecen a tal o cual familia algunas conocidas empresas como la Banca March, el Grupo Planeta o Pikolín, pero difícilmente podrá precisar los elementos concretos que deben concurrir para que una empresa sea o deje de ser familiar. Parece claro que la titularidad de la empresa debe pertenecer a personas vinculadas por parentesco, pero no hay conformidad a la hora de señalar qué participación es suficiente cuando no es la totalidad, ni tampoco el grado de parentesco admisible. Suele añadirse la necesidad de que miembros del grupo familiar participen en la dirección de la empresa, pero tampoco llega a definirse el grado de participación exigible, y ni siquiera se considera ya imprescindible, hasta el punto de considerarse hoy beneficioso que la gestión de la empresa se profesionalice encomendándola a expertos extraños a la familia. Hay quien va un poco más allá, al entender que el único criterio válido para calificar una empresa como familiar es el reconocimiento de la existencia de un nexo cultural en la concepción de la empresa compartido de forma permanente por los familiares integrados en la empresa. Es decir, que se compartan valores y pautas de conducta en el desarrollo de la actividad empresarial, como si el aire de familia se extendiera también por la empresa (GALLO). En el mismo sentido, GARCÍA CANTERO, citando a COURET, entiende que la peculiaridad de la empresa familiar es la existencia de una cultura familiar de la empresa que se manifiesta en un particular ejercicio del poder, vinculado al respeto y a la autoridad reconocida al líder familiar, una singular percepción del riesgo, habida cuenta de que en muchos casos se invierte en la empresa el propio patrimonio de la familia, y una especial asunción de responsabilidad. Por otra parte, se considera algo consustancial a la empresa familiar una cierta vocación de permanencia, manifestada en la incorporación a la empresa de, al menos, una segunda generación, lo que deja planteada la cuestión de si la empresa perteneciente a un empresario individual, que es la que más problemas presenta en cuanto a la sucesión, puede o no ser conceptuada como familiar. La escasas normas que aluden a la empresa familiar para otorgar al empresario determinados beneficios fiscales o ayudas financieras reflejan esta misma discrepancia, al exigir diferente participación en la propiedad y diferente grado de parentesco, como ocurre en la 90
5 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS normativa estatal y en las autonómicas de Cataluña, Valencia o Aragón de los Impuestos de Patrimonio, Sucesiones y Transmisiones. La L. 9/85, de 24 de mayo, de Cataluña, de modernización de la empresa familiar agraria prefiere hablar de la titularidad del disfrute en lugar de la titularidad del dominio; consiente que dicha titularidad corresponda a una sola persona física o a varias personas sin más vínculo que el de ser sucesores de una misma persona y acepta la separación entre titularidad y gestión, para exigir, finalmente, que los ingresos que obtengan de la empresa los miembros de la familia que trabajan en ella sean iguales o superiores a los que se obtengan de actividades ajenas a la empresa. Un criterio parecido, de dependencia de la familia respecto de la empresa, que ha de constituir su principal fuente de ingresos, es el que utiliza la Compilación de Derecho Aragonés, al regular la continuidad de la comunidad conyugal al fallecimiento de uno de los cónyuges, al poner como condición que los principales ingresos de la sociedad conyugal provengan de una explotación agrícola, ganadera, industrial o comercial. Un documento de trabajo del Ministerio de Economía (2001) considera familiares las sociedades y empresas individuales que desarrollan actividades económicas industriales y de producción de bienes y servicios o administren y gestionen participaciones directas o indirectas de sociedades que desarrollen tales actividades en las que concurran estas circunstancias: participación significativa de un grupo familiar en la propiedad, vocación de continuidad,unidad de decisión y dirección, participación en la gestión de un miembro, al menos, del grupo familiar, con capacidad de decisión en aspectos relevantes, circunstancias, como puede verse, tan concretas como imprecisas. Lo único claro es que no es decisivo el tamaño de la empresa y que debe huirse de la ligereza de identificar empresa familiar con empresa modesta, tanto como de la de calificar de empresa cualquier negocio individual o artesanal autosuficiente para atender las necesidades familiares carente de intencionalidad de ulterior desarrollo o continuidad. Las empresas familiares, como el resto de las empresas pueden ser pequeñas y medianas, que son las más, y grandes o muy grandes, que también las hay. Quizás, por ello, la ponencia del Senado, a que antes aludía, no sea partidaria de crear un estatuto específico de la empresa familiar, entendiendo que muchos de los problemas de esta empresas no difieren de los del resto de las empresas. Hay coincidencia también al afirmar que tampoco resulta determinante la forma jurídico-económica bajo la que se configura la empresa. Así podemos encontrarnos con empresas familiares individuales, sin forma específica alguna, y empresas que adoptan alguna de las formas societarias civiles o mercantiles típicas, particularmente, la de sociedad de responsabilidad limitada, con mayor frecuencia, y la de sociedad anónima, en el caso de grandes empresas que prevén una financiación pública y una salida a mercados bursátiles. Algunas de estas sociedades tienen carácter unipersonal. La adopción de una forma societaria somete la empresa al Derecho mercantil y facilita la solución de algunos de los obstáculos que el Derecho civil ofrece al problema de la sucesión, que es del que hoy debemos ocuparnos. En términos muy generales, suele decirse que la microempresa, de carácter individual, queda sometida en su integridad al Derecho Civil, mientras que la sociedad familiar se somete, preferentemente, al Derecho mercantil. Aún en este caso, la necesidad de tomar en consideración las disposiciones civiles que regulan el fenómeno sucesorio es evidente, aun cuando las normas mercantiles contemplen también el supuesto del fallecimiento del socio. 91
6 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS A falta de un concepto generalmente admitido de empresa familiar, habrá que estar en cada caso a los requisitos que la norma a aplicar o la situación a analizar exijan. En este caso vamos a ocuparnos de la sucesión del empresario al frente de la empresa, fundamentalmente al tiempo de su fallecimiento. II. LA PROBLEMÁTICA DE LA SUCESIÓN DEL EMPRESARIO Los problemas relativos a la sucesión del empresario, como titular de la empresa, se desenvuelven en diferentes ámbitos: algunos se refieren a los costes inherentes a la transmisión, especialmente los fiscales o los derivados de la necesidad de compensar económicamente a sucesores legales no elegidos por el empresario (legítimas, en su caso); otros, a los riesgos que la sustitución del empresario comporta para la subsistencia de la empresa. Hay que precisar, con Vicente SANTOS, que el Derecho puede dar solución al problema de la transmisión de la titularidad de la empresa, pero no al de la sucesión en la condición de empresario, para lo cual, además de adquirir la titularidad de la empresa, es preciso ejercer habitualmente la actividad empresarial y esto depende absolutamente de la voluntad del titular de la empresa. A este respecto, los datos conocidos llaman la atención sobre la elevada tasa de mortalidad de las empresas familiares. Según el Instituto de Empresa Familiar no más de un 20% de las empresas familiares superan la tercera generación, y cerca de un 60% no pasan de la segunda. Evidentemente, la desaparición de una empresa familiar no siempre es debida a problemas derivados de la sucesión. Como señala GALLO a la empresa familiar le afectan las causas propias de toda empresa y, además, algunas específicas. Entre éstas cabe citar la falta de diversificación del negocio, la inadaptación a la estructura globalizada de la economía, la inexistente profesionalización de la gestión y la inadecuada estructura de las relaciones internas entre propiedad, familia y trabajo. En realidad, familia y empresa, siendo instituciones básicas del tejido social, son absolutamente antagónicas: la empresa debe guiarse por el ánimo de lucro y por criterios de productividad y eficiencia, mientras que en la familia prevalece el servicio desinteresado y nunca se prescinde de las personas, por poco productivas o eficientes que resulten. Este antagonismo está, precisamente, en la raíz de alguno de los problemas de la empresa familiar. Es verdad que la armonía y la dedicación propias de la relación familiar son puntos fuertes de la empresa de este carácter, pero una defectuosa implicación de ambas relaciones puede propiciar su desaparición. En concreto perjudica la buena marcha de una empresa familiar la confusión entre la propiedad y la capacidad de dirección (pensar que todo familiar propietario está capacitado por el hecho de serlo para dirigir la empresa) y la inadecuación de los flujos económicos internos (retribuir la propiedad, la dirección y el trabajo de forma diferente a familiares y no familiares, al alza o a la baja, no dejando que sea el mercado el que determine la retribución). Si, además, existe una pluralidad de grupos familiares pueden establecerse estructuras organizativas erróneas que no favorecen, en absoluto, la continuidad, bien porque incrementan innecesariamente los costes de gestión, bien porque dificultan considerablemente la toma de decisiones. Tales son: la duplicación (todas las familias controlan todos los depar- 92
7 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS tamentos en lugar de diversificar responsabilidades), la de la querencia (cada uno se coloca donde más le gusta y se estructura la empresa en función de los apetencias), la de la ordenación genealógica (copiando en la empresa el árbol genealógico de la familia), la tribal (distribuyendo las responsabilidades por familias), la policial (organizando múltiples y recíprocos sistemas de control) o la de suplencias (cada miembro familiar es acompañado por un suplente no familiar). Por ello es tan decisivo el proceso de sucesión del empresario, ya que a través de una sucesión no controlada puede favorecerse que la propiedad de la empresa pase a manos de familiares que no decidieron en su día colocar su patrimonio en la empresa, y/o que tienen como patrimonio principal su participación en la empresa y/o que han conseguido esta participación de forma gratuita. Todo ello puede contribuir, según los casos, a una pérdida del carácter familiar, si se presentan ofertas económicas ventajosas, o a un deterioro progresivo de la empresa misma hasta su desaparición, por falta de interés o dificultades en su gestión. Aunque el problema afecta tanto a las empresas individuales como a las sociedades familiares no se presenta de la misma forma, ni se presta a idénticas soluciones. En el caso de la empresa individual la posible sustitución de un empresario único por una pluralidad de sucesores pone en peligro la subsistencia misma de la empresa por la posibilidad de que se imponga una indeseable liquidación o venta para entregar a cada sucesor su derecho. En la sociedad familiar, más consolidada, el riesgo es la diversificación de la dirección de la empresa a través de la diversificación de su titularidad, pero no su desintegración al ser factible la distribución de títulos de participación del capital en proporción a los derechos de los sucesores. En el primer caso, por tanto, importa conocer las posibilidades de actuación que el Derecho vigente deja al empresario individual que, de cara a su sucesión, quiere evitar la dispersión de la titularidad. En el caso de las sociedades familiares, se trata de compaginar la sucesión en la propiedad con las necesarias previsiones acerca de la participación en la dirección de la sociedad. Mi exposición se referirá a la aplicación del Derecho civil aragonés en la sucesión del empresario individual. Es el propio empresario el más capacitado para tomar la decisión sobre su sucesión. Sólo él puede saber si la empresa debe ser dejada en manos de uno u otro posible sucesor. La Ley no tomará nunca esta decisión por él, sino que acudirá, preferentemente, a sistemas de distribución igualitaria de la herencia con el consiguiente riesgo de desintegración de la empresa al tiempo de la partición. La sucesión está, por tanto, en manos del propio empresario, que se verá, probablemente, en la dificultad de tener que elegir un sucesor y tener o querer, a la vez, no perjudicar económicamente a los no elegidos. La Ley fijará en estos casos el ámbito que deja a la autonomía del empresario. A estos efectos habrá que tomar en consideración diferentes factores. En primer término, la vecindad civil del causante, que determinará la ley personal aplicable. En este punto, es de todos conocido que los derechos civiles tradicionalmente denominados forales, pero que propiamente constituyen el derecho común del territorio al que se aplican, suelen ofrecer un ámbito de autonomía mayor que el del Código civil, debido precisamente al deseo de favorecer el mantenimiento de la integridad del patrimonio familiar. El Derecho sucesorio aragonés, recientemente reformado por la L. 1/1999, de 24 de febrero, es un vivo ejemplo de libertad de disposición del causante a la hora de regular su sucesión. Por otro lado, el tratamiento de la empresa familiar vendrá también condicionado por el régimen económico del matrimonio, que determinará la titularidad privativa o común de la empresa, cuando se hubiera establecido alguno de los regímenes de comunidad o 93
8 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS cuando en los de separación o participación fuesen de aplicación alguna de las presunciones legales de pertenencia de bienes cuya titularidad no resulte probada. Aquí tambien el Derecho aragonés ofrece peculiaridades como la continuación de la sociedad conyugal al fallecimiento de uno de los cónyuges, que puede resultar útil al empresario, o el carácter gerencial del usufructo vidual, que se regula como institución de Derecho familiar y no sucesorio. Finalmente, el hecho de que la sucesión vaya a producirse al fallecimiento del fundador o, por el contrario, aunque es poco frecuente, en vida de éste. La legislación aragonesa permite adoptar decisiones sobre la propia sucesión en vida del causante, que, en todo caso, obviarían siempre los problemas relativos a la continuidad de la empresa. El Código Civil impone límites muy estrechos a la libertad del empresario, por razón del sistema legitimario, amplio y poco flexible, y la imposibilidad de pactos sucesorios o de delegación fiduciaria. Llama la atención la previsión del artículo C.c., otorgando al padre la facultad de evitar la desintegración de una explotación industrial, agrícola o fabril adjudicándola indivisa y disponiendo el pago en metálico a los legitimarios no favorecidos, facultad que se generaliza en el artículo 841 haciéndola extensiva al contador-partidor. En ese marco se han propuesto diversas previsiones al testamento del empresario para procurar la mejor solución a los problemas de su sucesión (GARCÍA CANTERO): la mejora del legitimario en cosa determinada (art. 829) o el legado de empresa (art. 821 C.c.), el usufructo universal a favor del cónyuge viudo (art. 820 C.c.) o la imposición de la prohibición de pedir la partición, subordinada siempre a la no concurrencia de alguna de las causas por la que se extingue la sociedad (art C.c.). En el Derecho aragonés no se encuentra un tratamiento específico de la sucesión de la empresa, ni mucho menos de la empresa familiar. No obstante, es bien sabido que la sucesión aragonesa ha girado tradicionalmente en torno a la institución de la «casa», que no es sino una manifestación de la empresa agraria, aunque con importantes matizaciones. Por ello, es fácil encontrar en el Derecho aragonés, recientemente reformado en esta materia por la L. 1/1999, de 24 de febrero, instrumentos eficaces para abordar con éxito la doble problemática que la sucesión del empresario plantea: la mejor atribución definitiva de la titularidad y la no interrupción de la explotación, lo que se ha llamado la conservación y la continuidad de la empresa. Antes de entrar en el análisis del propio derecho sucesorio, y por lo antes expuesto, conviene referirse al derecho de familia y, en concreto, a las relaciones del régimen económico matrimonial con la empresa familiar. III. LA EMPRESA FAMILIAR Y EL RÉGIMEN MATRIMONIAL CONSORCIAL. LA EMPRESA FAMILIAR EN EL SENO DE UNA COMUNIDAD CONYUGAL CONTINUADA Contrasta el silencio de la L. 1/1999 acerca de la empresa familiar con las frecuentes referencias a ella que contiene la Compilación en materia de régimen económico consorcial, de las que nos interesan, especialmente, las que contemplan algún supuesto de transmisión de la titularidad de una empresa de carácter consorcial: 1. Presunción de aportación de la empresa como sitio: se consideran aportadas a la comunidad como sitios por tanto, no se hacen comunes salvo pacto en contrario 94
9 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS las explotaciones agrícolas, ganaderas, mercantiles e industriales, con cuantos elementos estén afectos a unas y otras (art. 39). 2. Responsabilidad de los bienes comunes por deudas del empresario: cada cónyuge obliga a los bienes comunes frente a terceros en la explotación regular de sus negocios (art. 42). 3. Gestión individual de la empresa consorcial: la administración y disposición de los bienes comunes y, en general, las decisiones sobre la economía familiar corresponden a ambos cónyuges conjuntamente o a uno con el consentimiento del otro, pero cada cónyuge está legitimado individualmente para los actos de administración ordinaria, así como para los de administración y disposición incluidos en el tráfico habitual de su profesión, arte u oficio (art. 48, 2.1.º). 4. Disolución de la comunidad: administración de los negocios comunes: a) disuelta la comunidad por muerte de uno de los cónyuges, administra los bienes hasta la liquidación el cónyuge supérstite, quien atiende al normal desarrollo de los negocios comunes y a la conservación de los bienes, además de hacer frente al pago de las deudas y los alimentos (art. 53). b) disuelta la comunidad por otra causa, la administración provisional se regulará por acuerdo de ambos cónyuges y, en su defecto, por decisión del Juez (art. 54). 5. Atribución de la empresa consorcial en la liquidación de la comunidad: en la liquidación de la comunidad, el cónyuge sobreviviente tiene derecho a pedir que se le adjudique la explotación industrial, comercial o agrícola que dirigiera, sin perjuicio de las compensaciones correspondientes (art. 58). No podemos entrar ahora a analizar estas normas ligadas a la liquidación de una sociedad conyugal. Baste tener en cuenta que ya en ese momento puede producirse una transmisión de titularidad de la empresa, del patrimonio común al privativo de uno de los cónyuges, no por herencia, sino en pago del haber consorcial o común, y que la Ley favorece la continuidad del empresario al frente de la empresa al otorgar al cónyuge que la dirigiera el derecho a pedir que se le adjudique en pago de su haber. Al producirse con ocasión de la liquidación de todo el patrimonio común, en el mismo acto debe darse solución a la subrogación en las deudas, sin perjuicio de las disposiciones que en beneficio de los acreedores regulan la responsabilidad de los bienes que fueron anteriormente comunes. En ningún caso se producirán problemas de gestión ordinaria de la empresa, dado que la propia Ley encomienda la administración del patrimonio común al cónyuge sobreviviente o a ambos de común acuerdo, teniendo en cuenta, además, que la empresa puede ser adjudicada al cónyuge que viniera dirigiéndola. No debe olvidarse, sin embargo, que pueden entrar en juego las reglas de la viudedad, extensiva a la empresa privativa del cónyuge premuerto, y, en su caso, las de la continuación de la comunidad conyugal que evitan la liquidación de la sociedad en los términos que veremos a continuación. La empresa familiar en el seno de una comunidad conyugal continuada La posibilidad de prolongar la comunidad conyugal más allá de la vida de uno de los cónyuges ha sido señalada como una peculiaridad típicamente aragonesa. Se ha dicho a este 95
10 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS respecto que, aun cuando la continuidad se produce especialmente en aspectos económicos, la finalidad de la institución es mantener no tanto la indivisión de un patrimonio como la cohesión del grupo familiar en torno a su principal medio de subsistencia. Es, por otro, lado la referencia más específica de la legislación aragonesa a la empresa familiar, centrando este carácter en el hecho de la dependencia de la familia respecto de la empresa. Tenemos entendido que la comisión que prepara la reforma de la Compilación aragonesa en materia de Derecho de familia se cuestiona la conveniencia de mantener la vigencia de esta institución. Sin embargo, no puede olvidarse que cuando se aprobaba la Compilación no sólo se aplaudió esta figura, sino que, incluso, se defendía su extensión a otras legislaciones civiles españolas. No obstante, existen importantes dudas en el alcance de la comunidad continuada. La primera es la relativa a qué bienes ingresan en la comunidad y, en concreto, en lo que aquí nos interesa, si la empresa privativa de uno de los cónyuges forma parte y de qué modo de la comunidad. La generalidad entiende que la dependencia familiar respecto de la empresa no impone, además, como condición que la empresa fuese común o consorcial y que, por tanto, la continuación se produce aun cuando la empresa fuese privativa. Esto es así. Ahora bien, una cosa es que la comunidad conyugal deba prolongarse y otra muy diferente que la titularidad de la empresa forme parte del patrimonio de la comunidad. Lo cierto es que la comunidad sólo asume el activo y pasivo consorciales ( art. 62 C.A.), por lo que no ingresará en su activo una empresa privativa, aun cuando sus rendimientos sí deban imputarse al patrimonio común (art. 63 C.A.). En tal situación, si la titularidad de la empresa privativa pasa a los herederos del cónyuge premuerto, no se extenderán a ella las atribuciones del cónyuge supérstite en cuanto gestor de la comunidad, sino solo a los rendimientos que deriven de la actividad empresarial que son recursos de la comunidad. Por otro lado, nada impedirá a los herederos de la empresa privativa decidir libremente sobre su enajenación, lo que supondrá la pérdida de una fuente de ingresos de la comunidad. La previsión legal de que quedarán subrogados los bienes o caudales procedentes de la enajenación (art. 63 C.A.) parece insuficiente y hubiera sido deseable imponer alguna limitación a esta facultad de disposición. En todo caso, ha de tenerse en cuenta la posibilidad de que exista usufructo de viudedad, cuyo régimen alteraría la anterior afirmación, aun cuando se tratase de un empresa privativa del causante. En todo caso, es indudable la utilidad de la continuación de la comunidad conyugal para la continuidad en la empresa familiar que tuviera carácter consorcial. La continuación se hace depender, como queda expuesto, de la existencia de una empresa de carácter familiar y su consecuencia es el aplazamiento de la liquidación del patrimonio conyugal, lo que conlleva la continuidad de la actividad de la empresa sin interrupción. Aun cuando la continuación de la comunidad económico-conyugal entre el cónyuge supérstite y los herederos del premuerto se presenta como una facultad ofrecida por el legislador a los cónyuges, en algún caso, la función tuitiva de menores de edad lleva a imponer la continuación con carácter obligatorio. Dispone, en efecto, el artículo 60 C.A. que al fallecimiento de uno los cónyuges continúa la comunidad entre el sobreviviente y los herederos del premuerto siempre que los ingresos de la comunidad procedan fundamentalmente de una explotación agrícola, ganadera, mercantil o industrial y se dé alguna de las siguientes situaciones (arts C.A.). 96
11 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS a) Pacto de los cónyuges en capitulaciones matrimoniales. b) Disposición de ambos en testamento mancomunado. c) Acuerdo entre el cónyuge supérstite y los herederos del premuerto. d) Tácito consentimiento: si ninguno de los interesados notifica a los demás su voluntad en contrario en término de un año desde el fallecimiento. e) Continuación forzosa: si, no habiendo descendientes de uno solo de los cónyuges, hubiera menores de edad, en cuyo caso no surte efecto la voluntad en contrario. De estos supuestos, la previsión en capitulaciones o testamento mancomunado y la continuación forzosa permiten, en lo que a la empresa familiar se refiere, la continuidad de su actividad sin interrupción; el supuesto de tácito consentimiento, también implicará la continuidad en tanto no se manifieste una voluntad en contrario; en cambio, la continuación por acuerdo puede implicar un período de vacío de poder en tanto el acuerdo no se produzca. El empresario habrá de tener en cuenta que la ley atribuye la gestión y administración de la comunidad, comprendiendo la de la empresa misma, al cónyuge viudo, aun cuando éste puede exigir la colaboración de los partícipes que reciban alimentos o sean atendidos con cargo a la comunidad. Nada impide que el cónyuge administrador nombre factor a cualquiera de los partícipes que viniera ya colaborando en la dirección de la empresa. Tampoco debe existir inconveniente para que de común acuerdo los partícipes adopten las decisiones que estimen oportunas en torno a la dirección de la empresa. En todo caso, la ley impone al gestor administrador la necesidad de recabar el acuerdo unánime de los partícipes o la autorización judicial supletoria para la realización de actos dispositivos. Obviamente, entre estos actos dispositivos no pueden estar comprendidos los que constituyan el objeto propio del giro o tráfico de la empresa, sino sólo aquéllos que impliquen la enajenación de la propia empresa o de elementos de la misma indispensables para la realización de su actividad o que influyan de modo determinante en su rendimiento. Por otra parte, el dolo o negligencia en la administración es causa que permite pedir la extinción de la comunidad que se producirá siempre que de aquélla conducta derive grave perjuicio para los intereses familiares (art. 68 C.A.). También se extinguirá la comunidad por muerte o renuncia del cónyuge a su participación; por la voluntad del cónyuge supérstite o de la mayoría de los partícipes, con mayor motivo por el acuerdo unánime de todos los interesados; en cambio, la muerte o la separación de uno de los herederos partícipes no produce por sí misma la disolución de la comunidad, previéndose la posibilidad de la adquisición de su parte por otro de los partícipes o por la comunidad, con reajuste de las cuotas, cuando no recayera en descendientes del fallecido. Lo que interesa poner de manifiesto es que en el momento de la extinción se reproducirán las cuestiones relativas a la sucesión en la empresa. Será en ese momento cuando se harán efectivas las previsiones voluntarias del empresario o las legales supletorias acerca de la transmisión de la titularidad de la empresa. La continuación de la comunidad no hace sino aplazar en el tiempo el fenómeno de la sucesión. Una particular consecuencia derivada de la continuación de la comunidad conyugal es su compatibilidad con el usufructo del cónyuge viudo, expresamente declarada por el 97
12 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS artículo 60 C.A. La doctrina interpreta unánimemente esta compatibilidad como la coexistencia de la comunidad y del usufructo, si bien quedando éste temporalmente reducido en cuanto a las facultades del usufructuario, tanto en la gestión de los bienes como en la percepción de frutos y rendimientos, al ser preferentes las normas de gestión y atribución de frutos de la comunidad conyugal continuada: ingresan en el patrimonio común los frutos y rendimientos de explotación de los bienes de la comunidad y de los que eran privativos de cada cónyuge, así como las ganancias de cualquier clase obtenidas con ellas. El usufructo de viudedad recobrará su contenido normal en caso de extinción de la comunidad por causa que no produzca al propio tiempo la extinción de aquél (muerte del usufructuario, dolo o negligencia en la administración, etc.). Qué ocurre con las deudas y los créditos, así como con los contratos en vigor, en relación con la empresa? La Compilación ha establecido una regla general de continuidad: son cargas de la comunidad continuada las deudas y responsabilidades de la anterior comunidad conyugal (art. 64) y durante la continuación regirá en materia de deudas de gestión las mismas normas que durante la comunidad conyugal (art. 66 C.A.). La comunidad, y al frente de ella, el cónyuge administrador deberá responder frente a los acreedores de las deudas anteriores que fueran responsabilidad de los bienes comunes; el administrador obligará siempre a estos bienes en el ejercicio de sus funciones y responderá, en defecto de bienes comunes, con los suyos propios, sin perjuicio de poder exigir a los partícipes la parte proporcional correspondiente (art. 66 C.A.). Se ha planteado la posibilidad de que cuando participen en la gestión de la empresa el cónyuge viudo y otros partícipes se constituya de hecho una sociedad irregular. En tal caso, la responsabilidad frente a los acreedores sería solidaria de todos los que participan en la gestión. Y esta responsabilidad se extenderá, a falta de bienes comunes, a los propios de los partícipes. IV. LA TRANSMISIÓN DE LA TITULARIDAD DE LA EMPRESA: LA LEGÍTIMA COMO LÍMITE DE LA VOLUNTAD DEL EMPRESARIO A falta de normas específicas para la sucesión en la titularidad de la empresa, habrá que acudir a las normas sucesorias generales, en las que se encuentran mecanismos para esos objetivos perseguidos por el empresario: elegir un sucesor para asegurar la conservación de la empresa, compensar económicamente a los no elegidos, y garantizar la subsistencia definitiva de la empresa y, desde el primer momento, la continuidad de la explotación. El Derecho aragonés se muestra extraordinariamente espléndido con la voluntad individual para decidir el destino de los bienes después de la muerte: el causante no tiene más límites, ajenos a su voluntad, que los derivados del régimen legitimario. Los generales del standum est chartae a que también alude el artículo 3.º L. 1/99 no son extraños totalmente a su voluntad. Confirma el artículo 149 de la nueva Ley que «quien no tenga legitimarios puede disponer, por pacto o testamento, de todos sus bienes o de parte de ellos, a favor de cualquier persona que tenga capacidad para suceder», mientras que «el que tenga legitimarios sólo puede disponer de sus bienes con las limitaciones que se establecen en esta Ley». El régimen legitimario es, por tanto, un límite a la libertad de decisión del empresario, 98
13 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS pero no es el único. Fuera de la autonomía de su voluntad, total o parcialmente y coartándola, se encuentra también el régimen aplicable a las relaciones jurídicas en vigor, particularmente, la responsabilidad por las deudas pendientes, y, en su caso, la viudedad que el causante debe también respetar. Me referiré ahora al sistema legitimario aragonés. La Ley impone que una mitad del caudal hereditario ha de ser para los descendientes y que ha de ser pagada, en principio, con bienes del caudal relicto; la lesión, cuantitativa o cualitativa, se repara mediante la reducción de liberalidades hechas a favor de no legitimarios. Ahora bien, la legítima puede ser distribuida entre los descendientes en la forma que disponga libremente el causante sólo en defecto de su voluntad, se impone la distribución igualitaria (art. 171 L. 1/99). Además, el causante es también libre a la hora de elegir la forma en que realice la atribución de la legítima: puede asignarla por cualquier título lucrativo, herencia, legado, donación inter vivos. Cabe, por tanto, dejar la empresa a un legitimario, cualquiera que sea su valor, por cualquier título. Si se deja a quien no sea legitimario, la disposición puede verse expuesta a reducción si se produce una lesión, cuantitativa o cualitativa, a la legítima, por absorber la empresa el mayor valor del caudal relicto. El legislador, sin embargo, ha previsto una medida correctora de los efectos de la reducción cuando pudiera afectar a un «bien o conjunto de bienes que no admite cómoda división», que puede ser utilizada para el caso de la empresa: la reducción puede ser evitada por el beneficiario mediante una compensación en metálico a los legitimarios. Ahora bien, hay una posibilidad de que la previsión del empresario quede ineficaz: si el beneficiario y el legitimario no se ponen de acuerdo sobre la compensación y el importe de la reducción a realizar absorbe la mitad del valor de la empresa, la titularidad de la empresa no sería para el sucesor elegido por el empresario, sino para el legitimario. Sólo el cónyuge viudo ostenta siempre el derecho a evitar la reducción de las liberalidades a su favor compensando en metálico la legítima (arts. 181 L. 1/99). La misma posibilidad de evitar la reducción de la disposición inoficiosa de la empresa a favor de un no legitimario existe en caso de lesión cualitativa de la legítima, es decir, cuando se incumpla el deber de atribuir en bienes relictos lo que falte para completar la cuantía de la legítima colectiva, computadas las donaciones imputables (art. 182 L. 1/99). La Ley ofrece otros mecanismos que pueden ser útiles al empresario. Por ejemplo, la L. 1/99 permite al causante utilizar cautelas de opción compensatoria, es decir, ofrecer a un legitimario la opción entre una atribución mayor sujeta a gravamen o menor libre de él, lo que puede resultar de interés si se quiere dejar la empresa a un legitimario con la carga de atender a otros legitimarios, cuando el valor de la empresa absorba la mayor parte del caudal relicto (arts. 185, 186 L. 1/99). En el mismo sentido, hay que tener en cuenta que la ley permite al causante imponer toda clase de condiciones al heredero o legatario, las cuales serás válidas si no son imposibles o contrarias a las leyes o a las buenas costumbres, citando como válida, entre otras, la condición de que el heredero o legatario haga alguna disposición mortis causa a favor del disponente o de otra persona (art. 161 L.1/99). Así pues, puede el empresario designar como sucesor a una persona sin límite alguno, si se trata de un descendiente, y con respeto a la legítima, en otro caso, con posibilidad de imponer al heredero o legatario la carga de atender o hacer disposiciones a favor de los legitimarios no elegidos. 99
14 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS La disposición puede hacerse a título de herencia o de legado; en el primer caso, cabe la modalidad del heredero «ex re certa», al que se equipara la institución en usufructo; en el segundo, puede el legatario coexistir con heredero o sólo con otros legatarios si toda la herencia se distribuye en legados. Nada impide que, respetando la legítima, sea designado heredero un extraño. Si el causante se decide por la elección de varios sucesores será conveniente, no obstante, que utilice fórmulas legales para impedir la división de la empresa y facilitar su gestión. Puede, en primer término, con respeto a la legítima, hacer él mismo la partición de toda o parte de la herencia y, por tanto, adjudicar la empresa de la forma que estime más conveniente, o establecer normas vinculantes para su realización (art. 53 L. 1/99). Puede, asimismo, prohibir la división de la empresa por un tiempo determinado, que no puede exceder de quince años o de la duración del usufructo vidual, en su caso. Los partícipes pueden también imponerse la indivisión por un plazo de 15 años. En ambos casos podrá prorrogarse la indivisión por plazos de 15 años. La medida es, relativamente, útil, ya que cabe pedir la división judicial por justa causa en cualquier momento (art. 50 L. 1/99). En este caso, parece imprescindible adoptar alguna medida en torno a la administración, a que después nos referiremos, por los inconvenientes que para la ordinaria gestión puede representar la existencia de una comunidad de titulares. No parece posible, y hubiera sido deseable que la L. 1/99 lo hubiera previsto favorablemente, aplicar a la empresa adquirida en proindiviso las reglas del consorcio foral (art. 58). La explícita mención de bienes inmuebles concretos no lo permite, pese a la evidente identidad de razón y el interés mayor en este caso de la conservación unitaria del patrimonio empresarial (SÁNCHEZ-FRIERA). No obstante, el carácter plenamente facultativo, no sólo para el disponente, sino también para los partícipes, le hace perder utilidad a los efectos que examinamos. Otra cosa es que el propio causante impusiera un régimen similar al del consorcio, excluyendo, al menos temporalmente, la posibilidad de disolución. En cambio, entiendo aplicable y sumamente interesante la posibilidad de que el causante pueda realizar una atribución a favor de una persona jurídica que él mismo cree u ordene crear: aunque sólo quede constituida legalmente después de la apertura de la sucesión, tendrá capacidad para adquirir la atribución patrimonial ordenada por el causante desde que tenga personalidad, pero los efectos se retrotraerán al momento de la delación (art. 12). Los amplios términos del precepto permiten al empresario, que deja una pluralidad de sucesores, imponer la constitución de una sociedad mercantil como titular de la empresa y predeterminar su régimen mediante un protocolo familiar incorporado, en su caso, al testamento. Todas estas posibilidades de sucesión, única o plural, a título universal o particular, pueden darse en el Derecho aragonés sin esperar al fallecimiento del empresario, mediante los pactos sucesorios, que permiten al empresario anticipar su sucesión cuando así lo considere conveniente o preverla con la ventaja del carácter vinculante del pacto, que dificulta tanto la revocación por el instituyente como la renuncia del instituido, una vez fallecido el instituyente. Los pactos sucesorios en sus múltiples modalidades, incluida la donación universal o particular, que equivale a pacto sucesorio, permiten la incorporación del elegido a las actividades de la empresa, si se opta por la entrega actual de bienes (institución de presente, 100
15 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS arts ), o simplemente un mayor compromiso, si se opta por demorar la entrega al tiempo del fallecimiento (institución para después de los días, arts L. 1/99). Particularmente, la coparticipación del elegido puede hacerse efectiva en la institución con reserva para el instituyente del usufructo y señorío mayor, que la ley (art. 73) preve en el heredamiento de la casa y que es aplicable, por analogía, a la empresa familiar. Para ambos supuestos preve la nueva Ley el régimen de responsabilidad por las deudas del instituyente: en la institución de presente, los acreedores del instituyente por deudas anteriores a la transmisión gozan de preferencia sobre los bienes transmitidos respecto de los acreedores del instituido; en la institución para después de los días, a falta de transmisión actual, los bienes objeto de la institución siguen respondiendo de las deudas contraidas por el instituyente. Asimismo se establece un diferente régimen de disposición: en la institución de presente, el poder de disposición corresponde al instituido, mientras que en la institución para después de los días, es el instituyente el que puede disponer, si bien precisa del consentimiento del instituido en actos a título lucrativo. El título de atribución de la empresa, universal o particular, herencia o legado, no es indiferente puesto que influye en el régimen de las relaciones jurídicas en vigor y en la responsabilidad por las deudas del causante, que juega, como antes decía, como un segundo límite de la voluntad. El disponente no puede alterar relaciones jurídicas que afectan a tercero, ni puede convertir en heredero o legatario a quien no asuma los efectos propios de la respectiva condición (GARCÍA ALMAZOR). Examinemos detenidamente esta cuestión. V. LAS DEUDAS Y RELACIONES JURÍDICAS DEL EMPRESARIO TRAS LA SUCESIÓN: ÁMBITO DE AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD DEL CAUSANTE A) Responsabilidad por las deudas de la empresa La empresa no es sujeto sino objeto de derecho: por tanto, no es titular de créditos o deudas, y no asume la responsabilidad de éstas, que corresponde, exclusivamente, a la persona del empresario. Cuando el empresario adopta la forma de persona jurídica, sea o no sociedad mercantil, existe entonces un sujeto distinto del propio empresario que unifica las relaciones jurídicas derivadas de la actividad empresarial. Aun cuando se trate de una sociedad unipersonal, la falta del empresario no determina cambio alguno en esas relaciones jurídicas. Caso distinto es el del empresario individual. La empresa es un conjunto de bienes y derechos, cargas y obligaciones, unificadas por la organización, pero integradas aisladamente en el patrimonio del empresario. Es éste su único titular. Faltando éste, quedan, como el resto de sus bienes, sin titular. No goza de una absoluta libertad el empresario para determinar el destino de sus deudas, como antes decía, por cuanto afectan a terceras personas para las que no es indiferente la persona del deudor. La previsión del empresario-causante puede tener efectos internos, entre sus herederos y el adquirente de la empresa, pero no vinculará a sus acreedores. La Ley no quiere, ni puede dejar a la voluntad del deudor el destino de los derechos del acreedor. Es el heredero, por ministerio de la ley, quien adquiere los bienes y derechos dejados 101
16 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS por el causante, quien se subroga en sus obligaciones y quien debe cumplir sus cargas (art. 7 L. 1/99). El heredero paga a los acreedores, cobra los créditos y cumple, en su caso, los legados dispuestos por el testador (art. 45 L. 1/99) Por tradición, esta responsabilidad del heredero está limitada en Aragón al caudal heredado, sin necesidad de que se otorgue expresamente la aceptación a beneficio de inventario. Los acreedores no pueden, en principio, perseguir los bienes propios del heredero. Únicamente, podrán hacerlo si el heredero hubiera enajenado o consumido bienes heredados o los hubiera empleado en pagar créditos no vencidos o se hubieran deteriorado o perdido por su culpa y no pudieran los acreedores ser satisfechos con los bienes restantes de la herencia: en este caso el acreedor puede perseguir bienes propios del heredero, si bien la responsabilidad de éste queda limitada también al valor de lo recibido en herencia de lo que hubiera dispuesto o que, por su culpa, se hubiera perdido o deteriorado (art. 40 L. 1/99). El heredero puede defenderse de la agresión no permitida de sus bienes propios mediante la tercería de dominio prevista en el artículo 43 L. 1/99, medida concorde con la no confusión de patrimonios establecida en el artículo 42. Por otro lado, los acreedores de la herencia tienen sobre los bienes heredados preferencia de cobro respecto de los legatarios y de los acreedores particulares del heredero, pero no sobre los bienes propios del heredero, para los que, en caso de concurrencia de acreedores de la herencia y del heredero, regirá lo establecido en el Código Civil (art. 44 L. 1/99). Existiendo varios herederos, estos responden de forma conjunta mientras no se ha efectuado la partición y de forma solidaria, una vez efectuada ésta, hasta el límite de su participación (arts. 54 y 56.1 L. 1/99). A tal efecto, el demandado puede hacer llamar al proceso a sus coherederos, salvo que por disposición del causante o su fiduciario o a consecuencia de la partición hubiere quedado él solo obligado al pago de la deuda (art L. 1/99). Éste es, por tanto, el único efecto de una atribución de responsabilidad por el disponente: impedir que sean llamados a juicio los coherederos no demandados, pero no excluye la posibilidad de que el acreedor accione directamente contra todos o cualquiera de ellos, según los casos. Teniendo en cuenta esta normativa, se plantearán problemas cuando el sucesor del empresario no lo sea en concepto de heredero universal, ya sea como legatario, ya como heredero «ex re certa». El heredero «ex re certa» responde de las deudas, de todas las de la herencia, en proporción al valor de lo recibido (arts. 152 L. 1/99). Al heredero «ex re certa» se equipara el instituido en usufructo de toda o parte de la herencia, posibilidad ésta que puede ser útil para diversificar los papeles en cuanto a la dirección de la empresa familiar y la atribución de sus rendimientos, al menos temporalmente, designando herederos en nuda propiedad y usufructo a personas diferentes. En cambio el legatario, aun siéndolo de parte alícuota, no responde, al menos frente a terceros, de las deudas del causante, que son asumidas por el heredero, salvo cuando toda la herencia se distribuye en legados. Señala el artículo 153 L. 1/99 que «si es voluntad del disponente que el llamado a parte alícuota de la herencia sea legatario, no será deudor de las obligaciones y cargas de la herencia.» Por ello, si el empresario opta por disponer de la empresa a título de legado, será el heredero y no el legatario el que responda con sus bienes frente a los acreedores, sin perjuicio de que, si así se hubiera previsto, pueda repetir contra el legatario cuando se trate de 102
17 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS deudas derivadas de la actividad empresarial. Lo mismo cabe decir de los créditos, que deberán ser hechos efectivos por el heredero, con igual obligación. Todo ello, claro está, salvo que los acreedores o deudores presten sus consentimiento a la asunción de la deuda o del crédito por parte del legatario. Excepcionalmente, puede ocurrir que el legatario sí se vea afectado por las deudas existentes cuando los bienes restantes no sean suficientes para satisfacer a los acreedores ya que éstos tienen preferencia sobre los legatarios y los legados no se entregan sino después de haber sido satisfechos los acreedores del causante (artículo 44 y 45 L. 1/99). Además, el legatario asumirá la responsabilidad proporcional de las deudas del causante si toda la herencia se distribuye en legados. Señala el artículo 154 L. 1/99 que «si la voluntad del disponente ha sido distribuir toda la herencia en legados, se prorratearán las deudas y cargas entre los legatarios en proporción a sus cuotas, a no ser que se hubiera previsto otra cosa» y esta responsabilidad se mantendrá aunque concurrieran con herederos legales sobrevenidos por aparecer nuevos bienes no adjudicados por el causante. Cabe tambien en este caso que el empresario disponga de la empresa a título de legado imponiendo al legatario la responsabilidad sólo de las deudas de la empresa. Por otro lado, baste recordar aquí que los acreedores de la herencia pueden oponerse a la partición hereditaria hasta tanto se les pague o garantice el pago del crédito y que los acreedores particulares de un heredero pueden intervenir, a su costa, en la partición (art. 55 L 1/99). B) Relaciones jurídicas en vigor Aun cuando lo deseable y lo razonable es que el adquirente de la empresa por cualquier título quede subrogado en lugar del empresario-transmitente en todas las relaciones jurídicas en vigor, la falta de tratamiento unitario de la sucesión en la empresa impide aceptar incondicionadamente esta afirmación. Sólo el adquirente a título de heredero puede quedar subrogado con carácter general en las relaciones jurídicas en vigor. La determinación en contrario del empresario no vinculará a la otra parte contratante sino cuando una norma legal así lo imponga (p.ej., art. 33 L.A.U.) o cuando voluntariamente acepte la cesión del contrato. Señala DÍEZ-PICAZO, en relación con el legado de empresa, que escindir los contratos pendientes de ejecución de los demás elementos de la empresa es amputar gravemente no sólo el legado, sino la propia empresa. En la voluntad del causante que dispone el legado está, sin duda, que en el legado se comprendan los contratos en vigor, y esa voluntad vincula desde luego al heredero, y también al legatario, estando ambos obligados a formalizar una cesión de contratos. En cambio, no obliga a la otra parte contratante, que deberá consentir la sustitución, bien expresamente, bien tácitamente (continuando la ejecución o, al menos, no denunciando la sustitución una vez conocida la transmisión de la empresa). Esta solución puede ser, sin embargo, matizada en contratos directamente relacionados con la actividad de la empresa, como el arrendamiento del local en que la empresa esté establecida. La subrogación, en este caso, por ministerio de la ley, corresponde al legatario como sucesor en la titularidad de la empresa (artículo 33 L.A.U.). Particular relevancia tendrá la solución a adoptar si se trata de un arrendamiento financiero, en el que la condición de arrendatario lleva inherente el derecho de adquisición del 103
18 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS local a un precio inferior (valor residual) por razón de las cantidades ya satisfechas por el causante. Parece claro que el ejercicio del derecho de opción inherente al contrato deberá ser ejercitado por quien se subrogue en él, que será, según lo expuesto, el legatario, siendo dudoso si debería imputarse a la herencia la parte de las cuotas satisfechas hasta la muerte del empresario correspondiente a financiación de la adquisición para reducir el valor residual a efectos del ejercicio del derecho de opción. VI. LA VIUDEDAD EN RELACIÓN CON LA EMPRESA FAMILIAR No hay duda de que la empresa familiar se ve afectada por este derecho del cónyuge viudo, que tiene en el Derecho aragonés una particular significación. Como todos sabemos, el Derecho aragonés lo configura como de carácter familiar, más que sucesorio, por razón de su finalidad: la conservación de la unidad de la familia en torno a la unidad del patrimonio familiar. No obstante, el que sus efectos se manifiesten, en gran parte, al fallecimiento de uno de los cónyuges justifica su tratamiento en este lugar. La viudedad nace como transformación en usufructo del expectante derecho que pesa sobre todos los bienes pertenecientes a uno de los cónyuges durante el matrimonio. Respecto de los bienes muebles se limita a los que pertenezcan al causante al tiempo de su muerte, mientras que respecto de los inmuebles se extiende también a aquéllos que hubieran sido enajenados por su titular sin haber obtenido la renuncia del cónyuge a su expectante derecho de viudedad. Varias observaciones impone la existencia de una empresa familiar a este respecto: 1.ª La empresa es uno de los bienes a los que siempre se extiende la viudedad, cuando uno de los cónyuges quiere reducir el derecho de viudedad del otro, conforme a lo indicado por el artículo 72 C.A. 2.ª A estos efectos la Compilación contempla la empresa de una forma unitaria, al referirse a las explotaciones agrícolas, ganaderas, mercantiles o industriales con cuantos elementos estén afectos a unas y otras, de modo que, como entiende de forma unánime la doctrina, la viudedad se extenderá no sólo al inmovilizado (edificios, fábricas, oficinas, etc..), sino también a los muebles (materias primas, mercaderías, mobiliario, etc.. ) y a los bienes inmateriales (derechos de propiedad intelectual e industrial). El único requisito es su afección a la actividad empresarial (art. 39 C.A.). 3.ª No preve la Compilación la posibilidad de conmutación del usufructo de viudedad por un capital, una renta o unos bienes concretos. No puede imponerla, por tanto, el causante. Dada la posibilidad de renuncia reconocida al viudo, es admisible que pacte con los herederos una renuncia al usufructo a cambio o no de una contraprestación. Por tanto, producido el fallecimiento del empresario, su cónyuge va a adquirir el usufructo de la empresa, si no concurre alguna de las causas de pérdida de la viudedad. Y esto ocurrirá no sólo respecto de la empresa todavía perteneciente al causante, sino también respecto de la que éste hubiera transmitido en vida sin contar con la renuncia del cónyuge a su expectante derecho de viudedad. La disociación del usufructo y la nuda propiedad, que corresponderá a quien haya determinado el causante o prevea la ley, plantea, en cuanto a la empresa se refiere, el problema de la atribución de su administración. Contemplamos el supuesto de empresa indi- 104
19 LA SUCESIÓN DE LA EMPRESA FAMILIAR EN EL DERECHO CIVIL ARAGONÉS. ASPECTOS SUSTANTIVOS vidual, puesto que la empresa con titularidad societaria tiene ya previsto su régimen de administración y el fallecimiento del empresario no debe provocar alteraciones en el mismo. Suele distinguirse a estos efectos entre el usufructo no gerencial, que daría derecho a percibir los beneficios derivados de la actividad empresarial sin intervención en su dirección, y el usufructo gerencial, que atribuye, además, a su titular las facultades de administración. La normativa aragonesa no deja lugar a dudas sobre el carácter gerencial del usufructo de viudedad, si bien se atribuye al nudo propietario una facultad de control o supervisión, que puede llegar a convertir el usufructo gerencial en una mera renta vitalicia. Así lo deduce Vicente SANTOS de las normas relativas al inventario y la fianza (art. 80 C.A.), de la posibilidad de adoptar las medidas cautelares previstas en el artículo 81 y la sanción del artículo 82, y de las previsiones sobre frutos, gastos, expensas, mejoras y reparaciones del artículo 84. Pero, sobre todo, existen referencias bastantes explícitas en los artículos 85 y 87 en materia de administración. En efecto, el artículo 85 C.A. reconoce implícitamente la condición de administrador al viudo usufructuario cuando permite a los nudo-propietarios acudir al Juez o a la Junta de Parientes si el viudo no hace caso de las indicaciones que le hicieran sobre la administración, debiendo entenderse que por implicar la actuación negligente del viudo un riesgo de pérdida o disminución del valor de los bienes. Por su parte, el artículo 87 C.A. añade que, si el usufructuario no cumpliera lo acordado por el Juez o la Junta de Parientes, podrán aquéllos pedir la entrega de los bienes y la sustitución del usufructo por una renta vitalicia. La entrega de los bienes y la conversión de la viudedad, sin dejar de serlo, en el derecho a una renta vitalicia provocará que pase la administración de la empresa a los nudopropietarios, convertidos ya, por la extinción del usufructo, en plenos propietarios. Y en este momento es cuando se producirá, en su caso, la sustitución del empresario único por una pluralidad de titulares si eran más de uno los nudo-propietarios. Es pensando en este momento como debe el empresario adoptar las decisiones acerca de su sucesión. No debe olvidarse, por otro lado, que esta misma situación podrá darse tambien cuando se produzca la extinción de la viudedad misma, sin derecho a renta vitalicia, por las causas previstas en el artículo 86 C.A. Entre ellas, por cierto, se menciona el incumplimiento con negligencia grave o malicia de las obligaciones inherentes al disfrute de la viudedad. Cuándo se estará en el caso del artículo 86 y cuándo en el del artículo 87? Parece que la gravedad de la negligencia determinará una u otra sanción, correspondiendo la decisión, según los casos, a la Junta de Parientes o al Juez. La facultad de administrar la empresa atribuida al viudo por su condición de usufructuario plantea la problemática del alcance de sus facultades, particularmente por el límite natural del usufructo expresado en el principio «salva rerum substantia». Las dificultades que puedan plantearse en cada caso concreto quedan obviadas por ese derecho de control de los nudo-propietarios. Parece claro que el usufructuario debe organizar la empresa de modo que se produzca de forma ordinaria el aprovisionamiento de materias primas o productos y la enajenación de los objetos que constituye el giro o tráfico de la empresa. De no hacerlo así, incurriría en la negligencia que puede producir, como hemos visto, la sustitución o extinción del usufructo. Entre esos productos se encontrarán, en su caso, bienes inmuebles, si éstos constituyen el objeto sobre el que recae la actividad 105
20 UNDÉCIMOS ENCUENTROS DEL FORO ARAGONÉS. ACTAS empresarial (empresas promotoras o constructoras). Y, si embargo, mucho me temo que para la enajenación de bienes inmuebles, que, al no ostentar la empresa condición de persona jurídica, serán de la propiedad de los nudo-propietarios con el gravamen del usufructo, será necesario que concurra en cada caso el consentimiento de ambos: así lo preve expresamente el artículo 83 L. 1/99. De ahí la conveniencia del nombramiento de un factor o representante, al que se otorgue poder suficiente por parte de aquéllos. Lo que sí es claro es que la disposición de los productos del giro o tráfico de la empresa no implica, por sí sola, vulneración del criterio «salva rerum substancia». Obviamente, las facultades del usufructuario en ningún caso le autorizarán a disponer de la empresa en sí, ni de los elementos indispensables para el ejercicio de su actividad, para lo que requeriría siempre el consentimiento de los nudo-propietarios, pero sí cabrá que la ceda en arrendamiento, incluso a los propios nudopropietarios. En cuanto al régimen de los créditos y las deudas del empresario y los contratos en vigor es aplicable la regla general de que, no siendo el usufructuario heredero, no asumirá la titularidad que correspondía al causante sin consentimiento de la otra parte, sino que ésta pasará al nudo-propietario heredero. Entiendo, no obstante, que las consecuencias de los créditos, deudas y contratos que afecten directamente a la actividad de la empresa deberán repercutir finalmente en el usufructuario, si bien sólo en la relación interna entre heredero y usufructuario. En resumen, cabe decir que la viudedad es una garantía para la continuidad de la empresa, puesto que desde el primer momento existe una persona autorizada para tomar decisiones sobre la misma. Ahora bien, a la vez, es un límite para la libre determinación del empresario, que no puede prescindir del cónyuge viudo, y no resuelve, sino que aplaza, la problemática sobre la continuidad en la titularidad y dirección definitiva de la empresa. Qué ocurrirá si el cónyuge viudo no se considera capacitado para la administración de la empresa? Cabe pactar una transformación del usufructo? Creo que dada la posibilidad de renunciar total o parcialmente al usufructo (artículo 74 C.A.) (artículo 44 L. 1/99) y la de pactar con los herederos lo que estime oportuno respetando las cargas del usufructo siempre que no haya descendencia del cónyuge premuerto (art. 83 C.A.), no veo inconveniente para que pueda pactarse la conmutación del usufructo sobre la empresa en una renta o en un capital siempre que no haya descendientes o habiéndolos sean todos ellos los nudo-propietarios, que quedarían dueños de aquélla en pleno dominio. VII. LA EMPRESA EN LA HERENCIA YACENTE: CONTINUIDAD DE LA ACTIVIDAD EMPRESARIAL Uno de los problemas que plantea la sucesión es, como queda dicho, el de evitar la interrupción de la normal actividad de la empresa por la imprevista falta del empresario. El fallecimiento de una persona determina la apertura de su sucesión y quien llega a ser heredero lo es desde ese mismo momento, pero hasta tanto se presta la aceptación la herencia carece de titular (art. 9 L. 1/99). Es necesario, por tanto, determinar quién asume la capacidad de decisión en esa situación. Una empresa no tolera la falta de dirección. Indudablemente, lo mejor es que el empresario tenga designada la persona que lo sustituye o puede hacer sus veces, incluso estando él mismo en activo. El Código de Comercio, atento a las exigencias del tráfico mercantil, preve que esa persona pueda continuar en 106

References: artículo 841
 artículo 60
 artículo 60
 artículo 3
 artículo 149
 artículo 43
 artículo 42
 artículo 153
 artículo 154
 artículo 72
 artículo 81
 artículo 82
 artículo 84
 artículo 85
 artículo 87
 artículo 86
 artículo 86
 artículo 87
 artículo 83