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Timestamp: 2018-07-21 15:40:42+00:00

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LA HISTORIA DEL PARAGUAY DESDE LA COLONIA HASTA NUESTROS DÍAS: R. ANTONIO RAMOS - EL CONGRESO DE 1811 / Fuente: LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY Y EL IMPERIO DEL BRASIL
R. ANTONIO RAMOS - EL CONGRESO DE 1811 / Fuente: LA INDEPENDENCIA DEL PARAGUAY Y EL IMPERIO DEL BRASIL
Al estallar la revolución emancipadora de los dominios españoles en América, el Paraguay reunía todas las condiciones para constituir un Estado libre y soberano. (1) Un fuerte sentido autonómico dominaba el ámbito provincial, que se manifestó frente a la acefalía de la corona española y a las pretensiones hegemónicas de Buenos Aires.
La Junta porteña, formada como consecuencia de los sucesos del mes de mayo de 1810, buscó proyectarse en el interior. Una de sus primeras medidas fue solicitar de las provincias el reconocimiento de su autoridad y el envío de diputados a la capital, a los efectos de fijar el destino político del Río de la Plata. El Cabildo, en extensa circular, dio cuenta al gobernador Velasco de la deposición del virrey Cisneros y la formación, en consecuencia, de la «Junta Superior de Gobierno», presidida por Cornelio de Saavedra. «El pueblo de Buenos Aires – declaraba – no pretende usurpar los derechos de los demás del Virreinato, pretende, sí, sostenerlos contra los usurpadores», pero comprendía que la unión era el único medio de conservación del gobierno provisional constituido. El mismo pueblo ha pedido convocar a «todos sus hermanos para el nombramiento de diputados de las ciudades y villas», que reunidos en la capital debían establecer al gobierno definitivo. El cabildo esperaba que se produjera, lo más pronto posible, el nombramiento de diputados. Por su parte «La Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata, a nombre del señor don Fernando VII» remitía a Velasco los impresos relativos a su instalación. «V.S. conoce muy bien – decía – los males que son consiguientes a una desunión, que abriendo la puerta, a consideraciones dirigidas por el interés momentáneo de cada pueblo, produzca al fin, una recíproca debilidad que haga inevitable la ruina de todos, y ésta debería esperarse más de cerca, si la potencia vecina que acecha, pudiese calcular sobre la disolución de la unidad de estas provincias. Los derechos del Rey, se sostendrán, si firmes los pueblos en el arbitrio de la general convocación que se propone, entran de acuerdo en una discusión práctica, bajo la mira fundamental de fidelidad y constante adhesión de nuestro augusto monarca; y la Junta se lisonjea que de este modo se consolidará la suerte de esta Provincia, presentando una barrera a las ambiciosas empresas de sus enemigos, y un teatro estable a la vigilancia y celo de sus antiguos magistrados». (2)
La Junta de Buenos Aires no olvidó a la «potencia vecina», Portugal, la que podría aprovecharse de la debilidad, derivada de la desunión. La referencia era hábil, ya que la política de la Corte de Río de Janeiro constituía un peligro común para estas regiones.
La comunicación para el Paraguay, fechada el 27 de mayo de 1810, fue remitida por intermedio del coronel José de Espínola y Peña. El enviado, sin prestigio alguno en la provincia, cometió una serie de desaciertos e imprudencias, que provocaron la reacción del gobernador Velasco. Espínola y Peña tuvo que escapar precipitadamente para no caer preso. Una vez en Buenos Aires cometió el error de recomendar la invasión de la provincia «asegurando a la Junta que tenía muchos partidarios en el Paraguay» (3) Velasco y los españoles no recibieron con simpatía la deposición del virrey Cisneros y la instalación consiguiente de la Junta. Apreciaron cabalmente el cambio producido. Comprendieron que imitar su ejemplo era minar la propia autoridad, atentando contra el poder soberano de la metrópoli. «En cambio la revolución recibió favorable acogida en el elemento criollo. Muchos de éstos estaban unidos con los hombres de Buenos Aires por vínculos de amistad y negocios. Desde el primer momento la revolución tuvo ardientes partidarios en Asunción, en Villa Real de la Concepción y en otras poblaciones. Otro sector importante era el de los criollos, partidarios en principio de la independencia, pero que recelaban de los designios de Buenos Aires. Graves cuestiones políticas y económicas separaban al Paraguay de su capital. Vejámenes pasados y conflictos presentes llenaban de recelo el alma nacional. Los criollos paraguayos que veían con alborozo la nueva revolución presentían, sin embargo, que podían caer bajo el despotismo aun mucho más duro que el de España. Y estaban decididos a no mudar de amo: el antiguo o ninguno. Adoptaron por eso una posición de expectativa viendo venir con serenidad los acontecimientos». (4) Este elemento criollo fue el que dio el golpe en la noche del 14 de mayo y después consolidó la independencia de todo poder extraño. (5)
Dada la gravedad de la comunicación de la Junta de Buenos Aires, el gobernador, de acuerdo con el cabildo, resolvió llamar a una Junta de notables que se reunió en el Real Colegio de San Carlos, el 24 de julio de 1810. El congreso general de más de doscientos diputados, luego de escuchar el manifiesto del cabildo, resolvió por «unánime aclamación»; I – El reconocimiento inmediato y la jura del Supremo Consejo de Regencia, legítimo representante del Señor Don Fernando VII; II – guardar armoniosa correspondencia y fraternal amistad con la Junta Provisional de Buenos Aires, sin reconocerle superioridad, hasta tanto Su Majestad resolviese lo que sea de su soberano agrado; III – la constitución a la mayor brevedad de una junta de guerra «en atención a estarnos acechando la potencia vecina», Portugal, cuya corte se encontraba en Río de Janeiro; IV – dar cuenta al Supremo Consejo de Regencia y contestar a la Junta de Buenos Aires de acuerdo con lo resuelto. (6)
Si bien la decisión tomada por el congreso general era un triunfo del españolismo no puede negarse que el sentimiento de autonomía no ocultaba su fuerza al manifestarse categóricamente con respecto a la tendencia absorbente de la antigua capital del virreinato. Mantener con ella armoniosa correspondencia y una fraternal amistad no significaba reconocerle superioridad ni quedar supeditada a su voluntad. Con Buenos Aires había que tratar de igual a igual, No fue otra la línea de conducta que desde entonces adoptó el Paraguay frente a los designios de la metrópoli del Río de la Plata. De la asamblea participaron no solamente los españoles sino también muchos criollos que posteriormente figuraron en la resistencia contra Buenos Aires y en la revolución de la independencia como Manuel Atanacio Cavañas, Juan Manuel Gamarra, Fulgencio Yegros, Sebastían Martínez Sáenz, Mariano Larios Galván, Luis Cavallero, Antonio Tomás Yegros, José Gabriel Téllez, Fernando de la Mora, Blas José de Rojas y otros. Además, no faltó quien proclamase la caducidad del poder español. Esa voz fue la del criollo José Gaspar Rodríguez de Francia. (7)
La amenaza de Portugal consideró el congreso, entre otras cuestiones. Velasco sin pérdida de tiempo organizó la junta de guerra, aparentemente para defenderse del peligro portugués, pero que en realidad estaba dirigida a precautelarse de las pretensiones de Buenos Aires, y comunicó a la Junta de esta ciudad las resoluciones adoptadas el 24 de julio.
Buenos Aires no se conformó con la actitud del Paraguay y recurrió a diversas medidas para hostilizarlo, sin descuidar los medios conciliatorios. A éstos respondían las misiones confiadas al capitán Juan Francisco Arias y al Doctor Juan Francisco Agüero. Ambos debían dar a conocer las ideas y las bondades de la instalación de la Junta del Río de la Plata y mostrar los beneficios de la unión de las provincias, para salvar los derechos del amado Fernando VII. Pero en uno y otro caso la Junta bonaerense no olvidó el peligro portugués. En las instrucciones de Arias imputó a los jefes españoles que preferían sujetar a las provincias a una potencia extranjera antes que ver a los criollos en el goce de sus derechos. (8) Indudablemente que esa potencia extranjera era Portugal y el cargo tendía a provocar la defensa contra las pretensiones lusitanas. En el nombramiento de Agüero se instruía a éste que recomendase a los paraguayos las ventajas de la unión y les llamase la atención sobre los peligros de la división, porque aislada la provincia «y sin comercio sufrirá ruina sin otro término que caer en la dominación de los portugueses que se aprovechará de su indefensión». (8)
Tanto el Paraguay como Buenos Aires continuarán invocando el peligro portugués en sus relaciones, que no favorecerá la unión sino la división.
Al mismo tiempo que la Junta porteña enviaba la misión Agüero, resolvió someter por la fuerza a la provincia rebelde, para cuyo efecto destacó un ejército bajo el mando del general Manuel Belgrano. La expedición fracasó. Belgrano fue derrotado primeramente en Paraguarí y luego en Tacuarí, donde, gracias a la generosidad del jefe de las fuerzas paraguayas, Manuel Atanasio Cavañas, se le permitió una honrosa capitulación.
Pero si bien Belgrano no tuvo éxito en el terreno militar, buscó contacto con los criollos paraguayos que formaban el ejército organizado por Velasco. Actuó con más eficacia como diplomático. A Antonio Tomás Yegros, «quien le visitó como parlamentario, le aseguró que no había venido a conquistar al Paraguay sino a auxiliarlo y que le repugnada derramar sangre de los paraguayos. Vino a sacar al Paraguay de las cadenas, suprimir el inicuo servicio de milicias, darle comercio franco, quitar el estanco de tabaco. Esta negociación prosiguió en secreto durante varios días». (9) Esto ocurrió después de Paraguarí.
Las conversaciones con los criollos paraguayos continuaron luego de la capitulación de Tacuarí. Belgrano conferenció de esta vez con Fulgencio Yegros y nuevamente con Antonio Tomás, Vicente Ignacio Iturbe y el Padre José Agustín Molas. El general argentino formuló estas proposiciones:
1º) Habrá desde hoy paz, unión, entera confianza, franco y liberal comercio de todos los frutos de las provincias, incluso el tabaco, con las demás del Río de la Plata, y particularmente con la capital de Buenos Aires.
2º) Respecto a que la falta de unión que ha habido hasta ahora, consiste en que la Provincia ignora el deplorable estado de la España, como el que las antedichas provincias del Río de la Plata, están ya unidas, y en obediencia a la capital, y que sólo ella falta con su diputado, y la ciudad de Montevideo; podrán ir tres o cuatro individuos, que ella misma nombre, a la capital, a cerciorarse por sí mismos, para que instruidos de la casi total pérdida de la España, elija el diputado que le corresponde, se una, y guarde el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana.
3º) Elegido el diputado, deberá la ciudad de Asunción formar su Junta de gobierno, según previene el reglamento de 10 de febrero último, que acompaño en la Gaceta de Buenos Aires del 14, siendo su presidente, d gobernador Bernardo Velasco.
4º) Para que se cerciore más la provincia del Paraguay, de que no he venido a conquistarla, sino a auxiliarla; sin embargo de que nada se me dice de los ganados que he consumido, perteneciente a aquellos vecinos, y de las caballadas, que acaso se habrán perdido por mi ejército, también correspondientes a los mismos; me ofrezco a volver las mismas especies, o un equivalente en dinero, según convenio que celebremos.
5º) Pido que no se siga perjuicio alguno a las familias de esta provincia, que siendo de la causa sagrada de la Patria y del amado Fernando 7º, se ha constituido a vivir con el ejército auxiliador de mi mando, ni se les tenga en menos.
6º) Respecto a que los prisioneros hechos por usted y en Paraguarí, así oficiales como soldados, son verdaderos hijos de la Patria y sus defensores, lo que tanto interesa a la provincia del Paraguay, siendo la puerta Buenos Aires, por donde pueda ser invadida por los franceses, pido que se les de libertad, para que vayan a sus Regimientos, y se me entreguen las armas con el mismo fin.
7º) En atención a que cesan ya todas las hostilidades, pido a usted se ponga en libertad a mi oficial parlamentario don Ignacio Warnes.
8º) Que igual favor merezcan todos los prisioneros que se hallan en Borbón, y demás presidios, por haber sido de la causa de la Excelentísima Junta de las Provincias del Río de la Plata. (10)
Belgrano quería borrar la impresión causada por las acciones guerreras y probar las generosas intenciones de la Junta de Buenos Aires. Por un lado daba a conocer la situación crítica en que se encontraba la metrópoli y por otro buscaba el pronunciamiento de la provincia a favor de la capital del Plata. Producido este pronunciamiento el Paraguay debía enviar un diputado a Buenos Aires y organizar también su junta con la presidencia de Velasco. Esto último estaba encaminado a neutralizar la suspicacia de los españoles. En esta forma el jefe del ejército bonaerense intentaba obtener por medio de negociaciones lo que no puedo alcanzar por las armas; la sujeción de la provincia. A la violencia sucedieron los recursos diplomáticos. Belgrano no sólo prometió liberar al Paraguay de las trabas económicas que pesaban sobre su comercio sino que se comprometió a resarcir los perjuicios causados por la campaña. Era una manera tentadora y hábil de dorar la píldora porque esas trabas no podían favorecer la unión ambicionada por Buenos Aires. La provincia no se dejó seducir.
Cavañas contestó a Belgrano que su autoridad era limitada y que por tanto no podía tomar resolución acerca de las proposiciones formuladas; que su patria merecía una satisfacción por los males que sufrieron sus hijos, «habiendo dado leche a los ajenos y a cuantos la gustan»; que repetidas veces ha prestado auxilios con tropas y armas al Río de la Plata; que no se ha tenido en consideración sus méritos; que se le recompensaba con un ejército auxiliador que no había pedido; que el gobierno de Buenos Aires, por las razones señaladas, debía dar satisfacción a la provincia arreglada a las leyes y costumbres del pasado y restituir los perjuicios sufridos por la misma provincia; que accedía a los artículos 5º y 6º de las proposiciones «siempre que se sepulte toda invasión particular y general entre las dos provincias, cuyo proceder no dudo suavizará la justicia que algunos merecen». (11)
Velasco comprendió el sentido y la importancia de las conversaciones de Belgrano con los vencedores de Paraguarí y Tacuarí. Tomó sus medidas, pero los acontecimientos escaparán a su control. El movimiento emancipador no se detuvo. La provincia entró en la recta de las conspiraciones y los criollos no tardarían en prender la mecha de la revolución libertadora.
De las conversaciones con Belgrano merece recordar la conferencia que mantuvo con el capellán del ejército paraguayo, José Agustín Molas, el 10 de mayo de 1811 en las márgenes del «Arroyo Taquarí», al día siguiente de la batalla de este nombre. Belgrano comenzó declarando que no había venido a conquistar al Paraguay sino a auxiliarlo, para que valiéndose sus hijos de las fuerzas de su mando, «recobrasen sus derechos obtenidos por los Españoles Europeos violentamente, y para que hagan un Congreso general libremente, y elijan un Diputado». Molas contestó manifestando que sus paisanos habían tenido «toda libertad quando el Congreso general del 24 de Julio», que «Cuatro Europeos» no eran capaces de violentarlos y que sabrían defenderse de ellos como el mismo Belgrano había visto en la batalla de Paraguarí. Por su parte el general argentino agregó que esos pocos europeos habían alucinado a los paraguayos para no hacerles comprender la esclavitud que sufrían. El capellán respondió con énfasis; «También hay en mi Patria sugetos de luzes, y dirección que puedan discernir esa ilusión, y esclavitud que supone V.E.». Molas se refirió luego a los perjuicios ocasionados por las tropas argentinas y al «furor» que causaron en el ejército paraguayo. Belgrano ofreció pagarlos en especie o en dinero y agregó que España estaba perdida, que Elío era enemigo de los americanos, que Velasco les engañaba ocultando la realidad; «estan todos ciegos, amigo mío y hermano», aseguró a su interlocutor. (12)
El diálogo prosiguió con mayor interés en estos términos:
Belgrano: Hermano mío: nosotros tenemos los mismos derechos de representar a nuestro Soberano, como tienen los Pueblos de España, según declaró la Junta Central: pues si tenemos los mismos derechos porqué no gobernamos nosotros mismos a nuestra Patria, quando tenemos hombres tan doctos en nuestro propio País, y no admitir ya a los Europeos, que el mas atrazado, y miserable quiere vejarnos?
Convengo con V.E. que nosotros tenemos los mismos derechos que los Pueblos de España; por esta razón se instalaron juntas en todos los Reynos de ella; pero con dependencia siempre de la Central, o Regencia; pero no para representar por sí mismos sin referencia a esta, como quiere Buenos-Ayres.
¿Cómo haremos, que esta Provincia quede unida a la Capital, y olvidar los resentimientos que hasta aquí hemos experimentado tan infelizmente?
Esta Provincia propuso a la Capital una correspondencia fraternal, y armoniosa quando la resolución del 2d de Julio; suspendiendo así todo reconocimiento de superioridad hasta la aprobación de la Regencia legítimamente establecida, reconocida, y obedecida por las Potencias Aliadas, y hasta en este mismo Continente, y la Junta de Buenos-Ayres, desentendiéndose de los motivos, y razones de aquella, respondió con amenazas.
Por que el Pueblo de Buenos-Ayres no tiene autoridad por Capital de subyugar a los demás Provincias, sino únicamente representar sus derechos peculiares, como cada Provincia los tiene, y la autoridad del virrey, que se tomo el Pueblo, no debe extenderse a las demás Provincias, porque ya cesaba ésta.
Del mismo modo quedaría Buenos Ayres respecto de la Regencia.
Después veremos(13)
Hasta aquí la conferencia del 10 de marzo, que quedó terminada por sobrevenir una furiosa lluvia con rayos y relámpagos.
La entrevista tenía su importancia, tanto por su transcendencia como por reflejar las orientaciones de Buenos Aires y del Paraguay. Belgrano al expresar los fundamentos de la formación de la Junta en la capital virreinal no dejó de abogar por la unión de los dos territorios, bajo la dependencia u obediencia de Buenos Aires. La unión era para la formación de un solo Estado. Esta política fue la que siguió Buenos Aires posteriormente, no obstante haber reconocido por diversos actos públicos y expresos la segregación del Paraguay. No se le escapó a Belgrano los resentimientos de esta provincia contra la capital del Plata, los cuales aumentaron con las tropelías cometidas por las tropas argentinas y buscó disiparlos con promesas, buscando sacar ventajas en favor de la unión que propugnaba.
El presbítero Molas, por su parte, afirmó, sin dejar lugar a equivocaciones, la decisión firme de la provincia de mantener su autonomía, como consecuencia de la desaparición de la monarquía española, expresando con claridad lo que Cardozo llama «el concepto de autodeterminación». Este principio cardinal fue la base de la independencia de los dominios hispánicos en América y por consiguiente, el que fundamentó la separación definitiva del Paraguay no sólo de España sino también de Buenos Aires. El lenguaje de Molas, no obstante la defensa de Velasco, reflejaba la opinión de los criollos, cuyo vocero fue su hermano Mariano Antonio en el congreso de 1811. El presbítero también figuró como diputado en esa asamblea, votando por la autonomía propuesta por el aludido Mariano Antonio y apoyada por abrumadora mayoría.
En el diálogo, Belgrano empleando un tono fraternal y generalizando los conceptos para favorecer el principio de la unión, hablaba de «nuestra Patria». Molas, en cambio, concretando su sentimiento localista, manifestación de la autonomía provincial, al referirse al Paraguay, usaba la expresión «mi Patria», que excluía toda dependencia de cualquiera de las otras provincias del Río de la Plata. Además, la palabra libertad no fue ajena a su vocabulario.
El 14 de mayo de 1811, el capitán Pedro Juan Cavallero, apremiado por la presencia del enviado portugués, teniente José de Abreu, y la noticia que Velasco tenía del movimiento revolucionario, asumió la jefatura del golpe contra el gobernador español. El 15 triunfó la causa de los patriotas y el l6 juró el nuevo gobierno formado por el mismo Velasco, el criollo Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia y Capitán español Juan Baleriano de Zevallos, adicto a la revolución.
Los autores del movimiento estaban decididos a romper las cadenas de la opresión, a liberarse de toda dependencia y, por lo tanto, a no mudar de amo. Cavallero en su intimación a Velasco en la madrugada del 15 de mayo, decía: «En atención a qe. la Provª esta sierta de qe. habiendola defendido a costa de su sangre, de sus vidas y de sus Haberes del Enemigo qe. la ataco: ahora se va a entregar a una potencia Extranjera, qe. no la defendio con el más pequeño Auxilio, qe. es la Potencia Portugueza; Este Quartel de acuerdo con los Oficiales Patricios, y demás saldados no pueden menos qe. defenderla con los mayores esfuerzos...» (14)
Esta declaración era de por sí elocuente y hablaba nítidamente de los propósitos de independencia que impulsaron a los «oficiales patricios y demás soldados» a precipitar el golpe revolucionario. Así como defendieron a la provincia de la invasión de Belgrano, ante la nueva amenaza de la absorción por Portugal, también la defenderían con firmeza. Ni Buenos Aires ni Portugal, antes la autodeterminación, la autonomía sin presiones extrañas, acatando la voluntad popular.
El 17 de mayo el triunvirato dio a conocer un bando, que El paraguayo Independiente califico de notable, en el cual Velasco declaró, que habiendo convenido con el comandante y oficiales del «Quartel general» de la plaza, atender el despacho del gobierno con el Dr. Francia y el capitán Zeballos, «hasta tanto que en unión con los demás vecinos de la Provincia se establezca el régimen y forma de Govierno que debe permanecer y observarse en lo sucesivo», se ha acordado manifestar y prevenir a1 pueblo:
«Lo primero: Que siendo tan beneficas como pacificas las miras e intenciones del Presente Govierno y sus consocios del mismo modo que las del expresado Comandante y Tropas aquarteladas dirigidas solamente a promover la mayor felicidad de la Provincia, no han tenido por causa y por objeto en la presente determinación el entregar. o dexar esta Provincia al mando autoridad o disposición de la de Buenos Ayres ni de otra alguna y mucho menos el sujetarla a ninguna Potencia extraña y que todos los nominados muy distantes de semejantes ideas no han tenido ni tienen otra que la de continuar con todo esfuerzo haciendo los sacrificios que sean posibles a fin de sostener y conserbar los fueros, libertad, y dignidad de esta provincia reconociendo siempre al desgraciado soberano baxo cuyos auspicios vivimos uniendo y confederándose con la misma ciudad de Buenos Ayres para la defensa común y para procurar la felicidad de ambas Provincias y las demás del Continente baxo un sistema de mutua unión, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de Derechos». (15)
Por primera vez, según Cardozo, se lanzaba en e1 Río de la Plata la palabra «Confederación». Así surgió, agrega el mismo historiador, «esa palabra motriz de la historia argentina, de las selvas paraguayas. » Pero esta interpretación no reflejaba «fielmente el sentimiento paraguayo».(16)
El sentimiento paraguayo estaba por la autonomía, lo que categóricamente declaraba el bando al expresar que tanto el gobierno como el ejército al tomar la determinación del 14 y 15 de mayo, sólo buscaban la felicidad de la provincia y no entregarla a la de Buenos Aires ni a ninguna otra y mucho menos someterla a la dominación de una «Potencia extraña», y que por lo tanto harían todos los sacrificios para salvar los fueros, libertad y dignidad de la provincia. Este lenguaje era claro y rechazaba toda dependencia u opresión, ya sea de la ex capital del virreinato o de países, como Portugal y Francia, que podían dominar estos territorios. La referencia que hacía el documento «al desgraciado soberano baxo cuyos auspicios vivimos» era una manera de dar satisfacción a los españoles y contener sus reacciones ante el nuevo estado de cosas, tal como ocurrió en otras regiones americanas.
La confederación con la «misma Buenos Aires», es decir, en última instancia, no significaba propiciar la integración política en un solo Estado, sino la unión de esfuerzos para la defensa común frente a los peligros también comunes, que en aquel entonces constituían Portugal, Francia y el absolutismo hispano. En esta forma el triunvirato buscaba igualmente contener las miras expansionistas de la metrópoli del Plata. Esta unión o alianza no sólo se encaminaba a propender a la felicidad del Paraguay y Buenos Aires sino también a la de las demás provincias del continente, pero sobre la base de «la igualdad de Derechos». Esta manifestación evidente de autonomía presidió el movimiento emancipador que culminó con la declaración del congreso de 1813. Llama la atención el sentido americanista de la unión y amistad proclamadas con el propósito de alcanzar la común felicidad, unión y amistad de los pueblos, que continúa siendo la base de la solidaridad del hemisferio para la defensa de las amenazas foráneas y la lucha constante por la consolidación de un mundo mejor y más venturoso para el hombre de estas regiones. (17)
Este sentido americanista se manifestó también en las otras provincias españolas, al iniciarse la revolución. La Suprema Junta Conservadora de los Derechos de Fernando VII formada en Venezuela el 19 de abril de 1810 se dirigió el 27 del mismo mes a los cabildos de las capitales del continente. El documento expresaba que Caracas debía «encontrar imitadores en todos los habitantes de América, en quienes el largo hábito de la esclavitud no haya relajado todos los muelles morales; y su resolución debe ser aplaudida por todos los pueblos que conservan alguna estimación a la virtud y al patriotismo ilustrado. V. S. es lo órgano más propio para difundir estas ideas por los pueblos a cuyo frente se hallará, para despertar su energía, y para contribuir a la grande obra de la confederación americana española. Esta persuación nos ha animado a escribirle, exhortándole encarecidamente, a nombre de la patria común, que no prostituya su voz y su carácter a los injustos designios de la arbitrariedad. Una es nuestra causa, una debe ser nuestra divisa; fidelidad a nuestro desgraciado Monarca; guerra a su tirano opresor; fraternidad y constancia». (18)
Caracas reasumió la soberanía del pueblo al igual que los españoles de la península, desaparecido el poder del rey. Si bien el nuevo gobierno se constituía para conservar los derechos de Fernando VII, su tendencia era de «autonomía absoluta». La «fidelidad al desgraciado monarca» era sólo una ficción, buscando neutralizar la reacción hispana. (19) Y América debía ligarse para expulsar a los opresores.
La confederación era, por lo tanto, la unión para la defensa de la causa común, la independencia. No otra cosa buscaban los tratados firmados por la Gran Colombia con Perú, Chile, México y Centro América, inspirados por Bolívar y negociados con instrucciones redactadas por Pedro Gual, canciller del gobierno de Bogotá. Cada uno de estos convenios era un «pacto de unión, liga y confederación perpetua», y el acuerdo subscrito en Panamá igualmente un «tratado de unión, liga y confederación perpetua». Este tenía por objeto primordial constituir una confederación americana para mantener la paz, «promover a la defensa solidaria de los derechos de los confederados» y «defender muy particularmente la soberanía e independencia política y la integridad territorial de los Estados miembros». (20) De acuerdo con el pensamiento de Bolívar el congreso de Panamá estaba «destinado a formar una liga más vasta, o más extraordinaria o más fuerte que ha aparecido hasta el día sobre la tierra». El Libertador perseguía «exaltar el poder del Nuevo Mundo» como un medio de establecer lo que él llamaba el equilibrio del universo. Y el Nuevo Mundo estaría formado por naciones independientes ligados por una ley común en sus relaciones exteriores. Los. Estados tendrían nuevas garantías y ninguno sería más débil ni más fuerte con respecto de los otros. Un equilibrio perfecto se establecería en el nuevo orden de cosas y la reforma social se alcanzaría con los auspicios de la libertad y la paz. (21) De ahí la expresión de Bolívar en carta a O’Higgins, que el «Pacto Social» debía formar de América «una Nación de Repúblicas». (22). En otros términos, la confederación era la unión de Estados soberanos para defender en común su independencia y libertad.
El Paraguay no obstante su decisión de sostener su autonomía e independencia deseaba mantener amistosas relaciones con Buenos Aires. No era prudente provocar nuevamente la hostilidad de esta capital, teniendo en cuenta el peligro portugués, porque le sería difícil defenderse en dos frentes, dada la escasez de armas y municiones en la provincia. Con ese propósito ordenó la evacuación de Corrientes, cuya ocupación, por razones de seguridad, había dispuesto el gobernador Velasco en el mes de abril.
La importante medida fue anunciada por bando del 30 de mayo. Los cuidados y atenciones del gobierno tenían por objeto «conservar la tranquilidad interior, y la paz, unión y buena armonía con la ciudad de Buenos Aires y las demás del continente, siempre que pueda efectuarse de un modo digno y compatible con el decoro y libertad de esta antigua, vasta, y respetable provincia de Asunción», por eso ha juzgado conveniente ordenar la evacuación de la ciudad de Corrientes, «considerando que el ilustrado pueblo de Buenos Aires y todo el mundo imparcial», con esta prueba de «moderación y generosidad», se convencerán de las sinceras intenciones del Paraguay, que «nada más ha deseado, sino el que se respete su libertad; que no se trate de usurpar los más preciosos e inmutables derechos naturales de los hombres: y finalmente que así como no se entromete, ni se entrometerá jamás en el régimen interior de otras provincias, en la forma de su gobierno, o administración, en la provisión de sus cargos, ni menos en disponer de su debilidad, o de sus fuerzas; tampoco consentirá que sin la asistencia, influjo, y cooperación de sus representantes legítimos, y sin la precisa igualdad de derechos por las miras mal entendidas del interés común, o solamente por la prepotencia y ambición, o tomando ocasión de las convulsiones de una anarquía, intente someterla, o disponer de su suerte, o hacerse el árbitro de su felicidad, despojándola anticipadamente de la verdadera libertad civil, inconciliable con semejante sujeción, que no la autoriza, ni puede autorizarla la ley, especialmente sin haber precedido algún pacto de sociedad...» (23)
Este bando venía a ratificar el del 17 de mayo. El Paraguay declaraba nuevamente, y de esta vez con mayor énfasis, su autonomía e independencia. La paz, armonía y unión con Buenos Aires debía mantenerse con la dignidad compatible con el decoro y la libertad de la provincia, libertad que no le permitía someterse a la capital del Plata sin el previo consentimiento de sus «representantes legítimos», porque este sometimiento o dependencia eran incompatibles con la «verdadera libertad civil», ya que al respecto no existía ningún «pacto de sociedad». La unión «con la ciudad de Buenos Aires y las demás del continente» era sólo a los efectos de conservar la paz y la armonía para la defensa común, como expresó más categóricamente el bando del 17 de mayo. Por un lado había que neutralizar las pretensiones de Buenos Aires, y por otro asegurar el movimiento emancipador de la provincia, sin descuidar el sentido americanista de ese mismo movimiento. El bando era claro al considerar estos aspectos de la conducta paraguaya. Buenos Aires no podía llamarse a engaño después de estas explícitas declaraciones. Además, el triunvirato se pronunciaba por «el principio de no intervención». (24) bajo la influencia indudable del doctor Francia. Esta política, ratificada por el consulado, fue rigurosamente observada durante el largo gobierno del Supremo Dictador y ella puede afirmarse que constituyó una de las expresiones positivas de la autonomía del Paraguay frente a la tendencia dominadora de Buenos Aires.
Velasco siguió sus comunicaciones con los portugueses, lo que motivó su separación definitiva del gobierno, el 9 de junio de 1811. Los oficiales del cuartel de la Unión habían adoptado esta determinación al tener conocimiento de una carta dirigida al mismo Velasco por Carlos Genovés, en la que éste decía, entre otras cosas; «Mi Genl. por lo que pueda suceder, sírvase V.S. doblar sus contestaciones con los Portugueses: que estos cubran inmediatamte. la Costa Oriental del Paraná; Que los del N. caigan, si es posible sobre el Paraguay inmediatamte. y que las fuerzas de mar cubran aquel Punto. – La Gloriosa Batalla Naval de 2 de marzo nos libró de indecibles males: Ya somos dueños de todo el Río, y teniendo otra la Costa Occidental somos los Reyes de la América del Sur... Quisiera decir mas; pero no hay tpo: La contestaon. conlos Portugs. es muy importante; muy util, utilisima. El Paraguay será el restaurador dela America del Sur: Unión con esta Corte y no necesitamos mas: Si es posible sostengamos a Corrientes: Dispenseme V.S. este modo de explicarme: Soy muy interesado pr. mi Rey, pr. mi Genl., y pr. la Patria de mi Muger y mi hijo...» (25)
Las combinaciones de Velasco fracasaron. La prueba de sus maquinaciones era evidente. Dada la orientación seguida por la revolución no podía continuar formando parte del gobierno. (26)
Desde entonces la influencia política de los españoles cesó en el Paraguay y se cortó de raíz el intento de penetración de los portugueses. El Paraguay al separarse de España y al no avenirse con las asechanzas de la Corte de Río de Janeiro, prestó un importante servicio a la causa de la emancipación americana, al detener con energía la reacción que se pretendía introducir por ese flanco. (27)
El comandante y oficiales del cuartel de la Unión dieron a conocer por bando la deposición de Velasco. El documento firmado por los autores del movimiento del 14 y 15 de mayo confirmó la decisión autonómica de la provincia, cuyos vecinos se vieron obligados «a tomar la generosa determinación de arrojar el pesado yugo que la tenía oprimida y tiranizada» porque «los depositarios de la autoridad y sus viles secuaces maquinaban el detestable proyecto de someterla a una dominación extranjera, o valerse de sus fuerzas para sorprenderla con el simulado aparato de auxilio, tenerla en una dura y rigurosa sujeción; y de este modo formar y asegurar una especie de señorío y posesión para ellos mismos, sacrificando a su orgullo, ambición y codicia, la libertad de la Provincia, los derechos más esenciales de sus naturales y los vínculos que la unen con las demás de la Nación». El manifiesto se refería después «a la aproximación de las tropas portuguesas» en Coimbra y en San Borja; a la llegada de José de Abreu y a «la misteriosa reserva con que se disfrazaba el verdadero objeto de la comisión; a la resolución de enviar un oficial a Matto Grosso para buscar «auxilio de dinero»; todo lo cual daba «sobrado fundamento a los temores»; a la contestación a Diego de Souza; a la partida de Abreu anunciada para el mismo día del triunfo del golpe; a la «fuga precipitada del coronel don Pedro Gracia» hacia «los establecimientos portugueses del norte». «Pero lo que remueve toda duda en el particular es la carta interceptada por el jefe de nuestras tropas patrióticas, don Blas José de Rojas, escrita de la Bajada al propio don Bernardo Velasco, por don Carlos Genovés, que como es notorio iba enviado por él a Montevideo». No por eso creían ni recelaban que se ejecutasen órdenes con semejantes fines. Una cosa es la oferta voluntaria de los Jefes portugueses y otra muy diversa que con la fuerza de las armas intenten invadir «nuestro domicilio» con «relutancia y oposición de la provincia y de su gobierno». S.A.R. el Príncipe Regente está «mui distante de tomar semejantes medidas violentas con los pueblos que reconocen al señor don Fernando VII» tal como expresó el conde de Linhares a la Junta de Buenos Aires. S.A.R. «se limitará únicamente a elevar sus votos para que las disensiones intestinas, entre vasallos de un mismo príncipe, tengan una pronta y feliz solución, y a disponer lo conveniente para que el fuego de la guerra civil no se encienda en las fronteras de sus propios Estados». Las tropas portuguesas de San Borja se retiraron hacia Montevideo. Esto es lo que el manifiesto llamó «los justos y magnánimos pensamientos de Su Alteza el Príncipe Regente de Portugal». Los militares se expresaban con habilidad diplomática, no cargaban el peso de la responsabilidad del peligro luso a S.A.R. sino a los «Jefes o comandantes portugueses» que se prestaban «a una oferta voluntaria». (28)
Con anterioridad se remitieron oficios al capitán general de Río Grande del Sur y al comandante de Coimbra, significándoles la adhesión a Fernando VII y los sinceros deseos de terminar pacíficamente las diferencias con Buenos Aires y de «continuar al propio tiempo conservando amistad, buena armonía y correspondencia con todos los jefes y países de la dominación de S.M. Fidelísima». Los jefes y oficiales del cuartel de la Unión respondían a los temores con sus votos de amistad y armonía con Portugal. Era la política aconsejada por las circunstancias. Romper con este inquietante vecino sería crear un peligro grave sobre la estabilidad del nuevo régimen. Pero estos sentimientos no significaban una manifestación de debilidad ni de sometimiento a la acción de la fuerza. Por eso el manifiesto agregaba categóricamente: «pero si contra toda justicia violando la paz en que nos hallamos, y el mismo derecho de gentes por las ocultas tramas y maquinaciones de los tiranos opresores de nuestra patria, y de nuestros derechos, llegase el caso de ponerse en planta sus amenazas, conocerán muy a su costa nuestros invasores, sean los que fuesen, cuál es la constancia, cuál los esfuerzos y cuáles los recursos de un pueblo grande que ha tenido valor para recobrar su libertad, y está empeñado en defenderla a expensas de su propia vida». Por eso han tomado a su cargo y de sus tropas «poner en libertad» a la «amada Patria» y a los conciudadanos para que éstos puedan deliberar y resolver lo más conveniente a la provincia, porque faltarían a su «principal obligación» si no adoptasen las oportunas medidas contra los autores y cómplices que pretendían «valerse de fuerzas extrañas para oprimirla». De ahí la separación de Velasco y miembros del cabildo, quedando los «dos consocios», Francia y Zeballos, en el ejercicio interino del gobierno hasta la reunión de la Junta General a celebrarse próximamente. (29)
Como en el golpe del 14 de mayo la causa ocasional de la sepa ración de Velasco fue la «perniciosa influencia» de los portugueses, que de esta vez quedó anulada radicalmente. El peligro portugués constituyó también posteriormente uno de los motivos de divergencia entre el Paraguay y Buenos Aires, que consolidó la disgregación definitiva de la provincia de la capital del Río de la Plata.
La importancia histórica del bando no era precisamente el haber certificado la deposición de Velasco sino la declaración de que el Paraguay había recobrado su libertad y estaba decidida a defenderla con la vida, «sean los que fuesen», quienes pretendiesen invadirlo. Esta advertencia se dirigía no solamente a la Corte de Río de Janeiro sino también al gobierno de Buenos Aires. El sentimiento de patria y de autodeterminación afloraba sin reticencias en el documento, acaso uno de los más transcendentes de aquellos días augurales. Ni España, ni Portugal, ni Buenos Aires, sólo la voluntad del pueblo decidiría del destino de la provincia. La invocación a Fernando VII continuaba siendo una ficción como lo sería en las deliberaciones del congreso del 17 de junio. El movimiento revolucionario seguía su marcha hacia la independencia absoluta. Asimismo cabe destacar la política de buena vecindad proclamada, que venía a ratificar declaraciones anteriores, y que continuará presidiendo la conducta internacional del Paraguay como lógica consecuencia de la adopción del principio de no intervención en las querellas de los Estados vecinos.
Francia y Zevallos, que quedaron como titulares del gobierno, convocaron a un congreso general con el objeto de fijar la orientación política de la provincia y las relaciones con Buenos Aires; para que el pueblo «procediese con conocimiento de causa por el órgano de representantes a deliberar y determinar la forma de Gobierno, régimen y administración que más le conviniese para su defensa, seguridad y prosperidad», en el lenguaje de Molas. (30)
El mismo Molas informa que la convocatoria se hizo por «esquelas». Estas eran del tenor siguiente: «Los Consocios del Govierno tienen el honor de citar a Vmd para la Junta General que se hade celebrar en esta Capital el diez y siete del corriente para el establecimiento del Govierno y fixar las relaciones de esta Provincia con la de Buenos Aires y demas del Continente.» (31) El sentido americanista continuaba preocupando a los autores de la revolución. No sólo había que regular las relaciones con la capital del Plata sino también con las de las otras provincias españolas del hemisferio. El Paraguay, en estos días iniciales de su vida libre, no buscaba aislarse de sus hermanos americanos sino establecer con ellos vínculos para defender la causa común: la independencia. Esta política de fraternidad y solidaridad cambió con la adoptada posteriormente por el Dr. Francia.
A medida que se aproximaba la fecha de la reunión fueron llegando a Asunción los diputados del interior. «Con este motivo – anota Wisner de Morgenstern – y teniendo conocimiento la Junta que el doctor Somellera pregonaba entre los congresales la necesidad de ponerse de acuerdo con el gobierno de Buenos Aires, éste ordenó la detención, no sólo del doctor Somellera, sino que también la de su hermano Benigno y la de varios otros porteños», El mismo Somellera confirmó la versión en sus notas a la obra de Rengger y Longchamp. (32) En esta forma quedaba sin jefatura la tendencia porteñista de la revolución. Además, según el aludido Wisner de Morgenstern, «los miembros de la Junta y sobre todo el doctor Francia, les tenían un odio profundo tanto a los españoles como a los porteños; y a estos últimos por haber desde el principio intentado dominar al Paraguay». (33) El sentimiento antiporteñista tenía hondas raíces, habiéndose fortalecido con los errores y las violencias de Buenos Aires al pretender dominar a la provincia. En estos errores insistirá la metrópoli del Plata sin comprender que la disgregación del Paraguay era definitiva y que ella misma la había reconocido.
El Congreso general se reunió solemnemente en la fecha aludida, 17 de junio de 1811. Era la primera vez que una asamblea surgida del pueblo se celebraba en el país sin el patrocinio de las autoridades españolas. De ahí su importancia fundamental en la historia de la nación. En ella, el sentido paraguayo de la revolución manifestose con espontaneidad y firmeza, y en ella la aureola inmortalizó a los próceres que encarnaron la independencia de la república.
Al congreso presidido por Francia, Zevallos y Pedro Juan Cavallero, asistieron «las diferentes corporaciones, como los vecinos y moradores dela Ciudad y de Campaña, juntamte. con los seis Diputados delas tres Villas y tres Poblaciones de esta Jurisdiccion», con un total de 262. (34) contándose entre ellos lo más representativo, distinguido y selecto de la provincia. Sólo cuatro de los diputados eran españoles europeos. (35) lo cual evidencia el sentido netamente paraguayo de la reunión. Abiertas las deliberaciones, los presidentes ordenaron la lectura de los bandos del 17 y 30 de mayo, y del 9 de junio, y «la carta original de Dn. Carlos Genoves citada en el ultimo de ellos.» (36)
El Dr. Francia leyó después el mensaje del gobierno. «Al fin han pasado esos desgraciados tiempos de opresión y tiranía. La obscuridad en que yacíamos há desaparecido, – expresaba en uno de sus párrafos – y una brillante Aurora empieza a descubrirse sobre nuestro Orisonte. La Provincia del Paraguay volviendo del letargo de la esclavitud, ha reconocido y recobrado sus Derechos, y se halla hoy en plena libertad, para cuidar y disponer de si misma y de su propia felicidad. Este ha sido y no otro el objeto de nuestras Tropas Patrioticas y de los generosos vecinos que tomaron parte en la dichosa revolucion del dia catorce de Mayo, dia memorable y que hará la mas señalada Epoca en los Fastos de nuestra Provincia». (37) Estas palabras significaban un inequívoco sentimiento de independencia. Tal fue la aspiración de los patriotas el 14 de mayo y tal era la de la mayoría de los representantes del pueblo, y la tendencia que triunfó en la asamblea.
El documento afirmaba que los hombres nacen naturalmente iguales y libres, y que, si han admitido someterse a jefes y magistrados dentro de una sociedad organizada, ha sido buscando la felicidad y la seguridad. «La soberania há desaparecido en la Nación. No hay un Tribunal que cierta é indubitablemente pueda considerarse como el organo ó representacion de la autoridad Suprema», agregaba, refiriéndose a la acefalía de la monarquía española. Esa soberanía revertió en el pueblo, su fuente originaria. «Por eso muchas y grandes provincias han tomado el arbitrio de constituirse y governarse par si mismas.» (38) Era lo que el Paraguay iba a hacer, iniciando la trayectoria gloriosa de su independencia política. Estos principios de autodeterminación, de vigencia de la soberanía popular, la Junta Gubernativa comunicó a la de Buenos Aires en la famosa nata del 20 de julio.
La asamblea debía establecer: I – La forma de gobierno y el régimen a observarse en lo sucesivo; II – las relaciones a mantenerse con Buenos Aires y las demás provincias; y III – el destino de los funcionarios españoles «suspensos en justa precaucion de qualquier influencia, ó disposición con la libertad de la Patria por los antecedentes y causas de que se há dado satisfaccion al Publico.» (39)
Por respeto a la representación de la provincia, el gobierno se abstuvo de adelantar opinión y presentar proyectos de resolución; deseaba que ella expresase «libremente su voluntad»; cada uno de los componentes de la «respetable Asamblea» debía «considerarse en la mas plena, perfecta y absoluta libertad de explicar, declarar y manifestar francamente sus pensamientos, sus conceptos y sus votos. Las resoluciones aceleradas no siempre son las mas acertadas, y asi puede aun esta junta tomar el tiempo que estimase conveniente para proceder a la votación con todo el conocimiento y plena deliberación que se desea. En todo caso estamos pronto y resignados a conformarnos con la voluntad general, – terminaba declarando el gobierno – lisongeandonos que esta junta dará un exemplo de cordura y circunspección haciendo un uso justo, moderado y prudente de esta preciosa libertad en que se le constituye, pero de tal modo que puesta la Patria a cubierto de toda oculta asechanza y delos tiros dela arbitrariedad y despotismo, se ponga en estado de ser verdadera y perpetuamente feliz». (40) El lenguaje era revolucionario. La «preciosa libertad», la «Patria», la determinación de someterse a la «voluntad general» constituían una renovación en la vida pública de la provincia y una manifestación inequívoca de la tendencia hacia la emancipación definitiva.
El congreso escuchó con atención el mensaje de Francia y Zevallos y los diputados «manifestaban la más tierna y dulce sensación al contemplarse libres y con plena facultad de votar, según su conciencia, sobre la forma de gobierno que los había de regir en adelante; estaban firmemente persuadidos que el supremo árbitro del universo favorecería su causa, y el ángel tutelar del Paraguay velaba sobre ellos... », según el testimonio de uno de los más calificados asistentes. (41) El espíritu dominante de la asamblea era favorable a la libertad y a la independencia, la mayoría de los diputados estaba decidida a sancionar esta aspiración del pueblo.
La votación comenzó con Mariano Antonio Molas, joven abogado de ideas liberales, formado en Buenos Aires junto a Juan José Castelli, uno de los próceres de la independencia argentina.
Molas expresó; 1º) que don Bernardo de Velasco por haber abandonado el ejército en Paraguarí debía quedar privado de todo mando, y que una Junta de cinco miembros debía sustituirle, integrada por Fulgencio Yegros, como presidente, y como vocales por el Doctor José Gaspar de Francia, el capitán Pedro Juan Cavallero, el Doctor Francisco Javier Bogarín y don Fernando de la Mora; 2º) que los miembros del cabildo quedasen igualmente cesantes, debiendo la Junta nombrar a los reemplazantes; 3º) que los empleos públicos «se provean en los Naturales, ó nacidos en esta Provª sin que nunca puedan ocuparse por los Españoles Europeos», con excepción del capitán Juan Baleriano de Zeballos, que ha «ofrecido sus servicios a la Patria», pudiendo también ejercerlos «todo Americano» una vez «que uniforme sus ideas con las de este Pueblo»; 4º) que Bernardo y Benito Velasco, Pedro de Ozcaris y José de Elizalde fuesen mancomunadamente responsables del importe del tabaco remitido a Montevideo y perteneciente a la real hacienda, en el caso de que aquella ciudad no devolviese dicho importe; 5º) que el comandante Blas José de Rojas fuese designado subdelegado del departamento de Santiago con inclusión de los pueblos de Itapúa, Trinidad y Jesús, en consideración a su mérito y servicio «en favor dela libertad dela Patria.» (42)
«En sexto lugar – prosiguió exponiendo Molas – que esta Provª no solo tenga amistad, buena armonia, y correspondencia con la Ciudad de Buenos Aires y demas Provª confederadas, sino también que se una con ellas para el efecto de formar una sociedad fundada en principios de Justicia de equidad y de igualdad bajo las declaraciones sigtes. Primera qe. mientras no se forme el Congreso Gral., esga Provª se governará por si misma sin qe. la Excelentísima Junta de Buenos Aires pueda disponer y exercer jurisdiccion sobre su forma de Govierno, regimen, administracian, ni otra alguna causa correspondte. a esta misma Provª. Segunda qe. restablecido el Comercio dejará de cobrarse el peso de plata qe. anteriormente se exigia por cada tercio de yerva con nombre de Sisa y Arbitrio, respecto a que hallandose esta Provª como fronteriza alos Portuguezes en urgente necesidad de mantener alguna Tropa por las circunstancias del dia y tambien de cubrir los Presidios delas Costas del Río contra la imbasion de los Infieles, aboliendo la insoportable pension de hacer los vecinos a su costa este servicio: es indispensable a falta de otros recursos cargar al Ramo de la Yerva aquel ú otro impuesto semejante. Tercera que quedará extinguido el Estanco del Tabaco quedando de libre Comercio como otros cualesquier frutos y producciones de esta Provª, y que la partida de Tabaco existente en la Factoría de esta Ciudad comprada con el dinero qe. antermte. era dela RHl. Hazda. se expenderá de cuenta de esta Provª para el mantenimiento de su Tropa, y dela que ha servido en la Guerra pasada, y aun se halla mucha parte de ellas sin pagarse. Cuarta que para los fines convenientes de arreglar el exercicio de la autoridad Suprema, ó Superior y formar la constitución que sea necesaria, irá de esta Provª un Diputado con voto en el Congreso gral. en la inteligencia de que cualquier reglamento, forma de Govierno, ó constitución que se dispusiese no deberá obligar a esta Provª hasta tanto se ratifique en Junta plena y gral. de sus habitantes y moradores. A este efecto se nombra desde ahora por tal Diputado al Dor. Dn. José Gaspar de Francia, respecto a que ya anteriormente, lo había sido por el Ylte. Cavdo, para qe. con una regular dotacion se ponga en camino a Buenos Aires, luego que por parte dela Exma. Junta y generoso Pueblo en aquella Ciudad no se ponga reparo como se espera en estas proposiciones que a este fin sele remitirán por la Junta de Govierno con todo lo demas acordado en esta Acta; advirtiendose que en este caso y por sola esta vez la Junta de Govierno de esta Provª antes dela separación de dho. diputado nombrará el vocal que deba quedar en su lugar. En septimo lugar se previene que los oficios de Presidente, vocales y Secretario de la Junta de Gov.no de esta Provª no deben ser vitalicios, ni durar por mas tiempo que el de cinco años, y que en lo sucesivo deberán ser provistos por el Pueblo en Junta Gral. como la presente todo en la inteligencia que no se disponga otra cosa por el Congreso Gral, Y se ratifique por esta Provª. En octavo lugar respecto a que queda abolido el Estanco de Tabaco no deberá haber mas que un Ministro Tesorero de Rl. Hazda. que será nombrado por la Junta de Govno. con los dependientes precisos, el qual no será removido sin causa quedando extinguido el empleo de Ministro Factor y Administrador de Rentas asi como el de Tente. Letrado por no conceptuarse necesario. En noveno lugar se declara que la Junta qe. se crea de Govierno será en calidad de Superior de Provª tendrá tratamiento de Usia, y del mismo modo el Presidente como cabeza, pero los Vocales no tendrán otro que el de merced, quedará encargada de crear y mantener la Tropa necesaria a la seguridad de la Provª segun los casos ocurrentes; el Presidente suplirá las veces de Juez de Alzada para las causas mercantiles, cuyos Diputados serán electos por los Individuos de Comercio de cada lugar donde al presente los hay, Por ultimo – agregó Molas – y consiguientem. te que quede suspendido por ahora todo reconocimiento delas Cortes Consejo de Regencia y toda otra Representacion dela Autoridad Suprema, ó Superior dela Nacion en estas Provas. hasta la Suprema decision del Congreso gral que se halla proximo a celebrarse en Buenos Aires; y en conclusion los Individuos de esta Junta de Govierno dela Provª antes de entrar al exercicio de sus oficios harán juramento a continuación dela presenta Acta y ante Escribano de no reconocer otro Soberano qe. al Sor Dn. Fernando Sepmo., de proceder fiel y legalmte. en los cargos que se les confian, y de sostener los Dros., libertad, defenza, y seguridad dela Provincia. Añadiendo en este estado que igualmente era su parecer que la Junta de Govierno señale un moderado impuesto sobre el Ramo de Tabaco y maderas que se exportasen de esta Provincia para el mismo efecto de mantener y pagar la Tropa necesaria a la custodia y defenza de esta Provª con lo que dijo que concluia su voto». (43)
El juez de comercio Francisco de Haedo representó al españolismo, quien expuso «que el modo de Gov. no que se debe promover en esta Provª en las actuales circunstancias para restablecer la paz y tranquilidad, union y fraternidad, será poner en el uso de su govierno al Sor. Dr. Bernardo de Velasco asociado de dos personas de talento experiencia y virtud. Que esta Provª jamas se ha negado a la buena armonia correspondencia, comercio y toda afable sociedad a la de Buenos Aires y a todas las demas del continente; que esta se continue y jamás novedad acerca de ella, menos en mandar Diputados a Buenos Aires porque esto seria faltar a la fidelidad del juramento que en el primer Concurso Gral solemnem.te prometió esta Provª al Consejo de Regencia de España q.e inmediatamente representa en toda su plenitud la autoridad Real a Dn. Fernando Sep.mo a quien Dios restituya a su Trono. Que el Ilt.e Cav.do de esta capital que se halla recluido en el Quartel se ponga en libertad y que sus Individuos congregados en esta Sala Capitular hagan sus elecciones de nuevos Alcaldes y Regidores en la forma acostumbrada. Sobre estos tres puntos asi referidos, yo juntaría si hubiere lugar sin separarme de lo que nras leyes nos prescriben poniendo nro Gov.no sobre un pie respetable y conforme al gral Sistema reformar los abusos que en que en el se hallaren estableciendo nras. relaciones con Buenos Aires, Montevideo y demas Prov.as del continente sin perjuicio ni agravio de ellas, y lo que es mas aplaudirian nra conducta no solam.te estas, sino las potencias extrangeras que tal vez observen nras operaciones».(44)
Este voto fue la única voz que se levantó en la asamblea en favor del retorno al régimen español. No tuvo eco en el recinto. Los diputados estaban dominados por un espíritu revolucionario que reclamaba un nuevo orden político de acuerdo con las aspiraciones populares, tal como también ocurría en las otras regiones hispanas de América.
Los religiosos en su mayoría votaron en una misma línea de acuerdo con la exposición del presbítero Sebastián Patiño, quien en el fondo no discordaba con Molas, si bien que se manifestó con mayor énfasis. Pero más radical fue el presbítero Manuel Antonio Corvalán. Luego de mostrarse favorable a la formación de la junta propuesta por Molas, agregó «que por los medios mas politicos y suaves se procure entablar amistosa correspondencia y libre comercio con Buenos Aires y demas Prov.as del continente esten ó nó unidas; suspendiendo la remisión de Diputado exigido, ó propuesto por la Exma. Junta de Buenos Aires hasta que nos conste con toda certeza que se conforma con la instalación de nra Junta independiente, y de ninguna manera subordinada a aquella; si solo enteram.te sugeta a la magestad del Sor Dn. Fernando Sep.mo que Dios gue. Tercero y ultimo que á esta Junta se transmita el conocimiento de la causa del Sor Gov.or é Individuos del Ilt.e Cav.do que se hallan suspensos; pues esta sabia justa y respetable Junta sabra muy bien castigar al Delinquente y absolver al Inocente.» (45)
Corvalán habló sin reticencias. La instalación de la «Junta Independiente» no era una mera frase sin sentido político sino la expresión de un estado del espíritu público, que aspiraba a la autonomía absoluta. De ahí su oposición al envío del diputado a Buenos Aires. La amistad y comercio con esta capital y las demás del continente eran necesarias pero no dependían de que las distintas circunscripciones estuviesen unidas o no. Fray Felipe Santomé presidente del convento de la Observancia de San Francisco, votó de acuerdo con el presbítero Corvalán. (46)
El último en votar fue el chantre y vicario general del obispado, doctor José Baltazar de Casajús, quien se conformó con la exposición del presbítero Patiño, agregando que no obstaba a dicho parecer y al de Molas «el juramento que se prestó en el Congreso de veinte y cuatro de julio último del Consejo de Regencia que se estableció por la Suprema Junta Central al tiempo de su disolución, ni al que se hizo ultimam.te a favor delas cortes q.e se dice haberse congregado en la Isla de Leon»; y que la Junta a formarse comunique al cabildo de Montevideo la determinación de la provincia pidiéndole uniformar opinión «en quanto a aceptar y concurrir con su Diputado a la celebración del gral Congreso en la Capital; y cese de toda hostilidad contra esta, para q.e asi se logre la general tranquilidad y el restablecimiento dela union fraternidad y comercio entre vasallos del mejor delos Soberanos.» (47)
Así llegó a su término la asamblea. El voto de Molas «había sido casi unanime y gralmte. adoptado». Los presidentes aceptaron esta «disposicion y voluntad gral como lo habian prometido», y, en consecuencia, dispusieron que se tuviese por resolución del congreso «el mencionado voto de Dn. Mariano Antonio Molas con sus últimas declaraciones» y que para constancia, solemnidad y seguridad firmasen el acta los que hubiesen convenido en hacerlo. Subscribieron el documento, uno de los más importantes de la historia paraguaya, 205 diputados. Era el 20 de junio de 1811. (48)
Por Molas habló el sentimiento dominante de la asamblea. La unión con Buenos Aires estaba supeditada a la concertación de un pacto, que para tener vigencia debía ser aprobado previamente por la provincia. Mientras tanto el Paraguay se gobernará con sus propios medios, sin intervención alguna de la antigua capital del virreinato. Y como prueba de ello, la provincia, de acuerdo con el voto del mismo Molas, adoptaba disposiciones inherentes a la soberanía como las relativas a impuestos, al comercio, a la designación de funcionarios, a la creación de fuerzas militares y al tratamiento de su propio gobierno. No otra cosa había hecho la Junta de Caracas después del 19 de Abril. Estas medidas significaban la independencia, la autonomía con relación a España y a Buenos Aires.
El congreso, aprobando el voto de Mariano Antonio Molas, estableció que los cargos públicos podían ser ejercidos por todo americano una vez que uniformase sus ideas «con las de este pueblo.» Concepción de amplio americanismo que se adelantó al Congreso de Panamá.
La generosa resolución de la asamblea de Asunción recuerda los artículos 23 y 24 del «tratado de unión, liga y confederación perpetua» sobre lo que se ha dado en llamar la ciudadanía continental. (49) También la concepción americanista era patente cuando estatuía que la confederación con el Río de la Plata debía constituirse para formar una sociedad «fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad», principios que luego fueron proclamados por los acuerdos del Istmo y por la actual carta de la Organización de los Estados Americanos. (50) Desde el punto de vista económico las reivindicaciones contempladas tendían a liberar a la provincia de las cargas que entorpecían su progreso.
Molas sintetizó con elocuencia la aspiración de los patriotas. La unión con Buenos Aires no era una unión lisa y llana sino sometida a condiciones taxativamente enumeradas, las cuales constituían una manifestación positiva de autonomía. La independencia era la preocupación fundamental. Es que el Paraguay estaba resuelto a no cambiar de amo y a decidir por sí mismo su felicidad.
El congreso de 1811 se desenvolvió sin restricción alguna. Cada diputado expresó libremente su opinión. En este sentido, la magna asamblea constituyó un ejemplo digno de imitarse en esta era de tan pregonada democracia. Ella no sólo creó el primer gobierno nacional sino que sentó las bases de la autonomía absoluta del Paraguay, inauguró la libre emisión del pensamiento y proclamó principios de avanzado americanismo.
Como el congreso sancionó las normas por las cuales debían regirse las relaciones con Buenos Aires, la Junta Gubernativa comunicó aquellas resoluciones a la de esta capital en la nota del 20 de julio de 1811.
El famoso documento comenzó afirmando que la provincia opuso sus fuerzas a las de Buenos Aires con el objeto de su natural defensa; que desaparecido el poder supremo, éste recaía naturalmente en la nación. Los pueblos participaban entonces de los atributos de la soberanía y reasumiendo el ejercicio de sus derechos, se encontraban en igualdad de condiciones para velar por su propia conservación. La confederación de la provincia con las demás de América y principalmente con las del antiguo virreinato, era de un interés inmediato y natural, tratándose de pueblos de un mismo origen, ligados por recíprocos intereses y destinados por la naturaleza a vivir y conservarse unidos. «No faltaban verdaderos Patriotas, que deseasen esta dichosa unión en términos justos y razonables; pero las grandes empresas requieren tiempo, y convinaciones, y el ascendiente del Govierno, y desgraciadas circunstancias que ocurrieron por parte de esa y de esta Ciudad de que ya no conviene hacer memoria, la habían dificultado. Al fin las cosas de la Provincia llegaron a tal estado, que fue preciso que ella se resolviese seriamente a recobrar sus derechos usurpados, para salir de la antigua opresión en que se mantenía agravada con nuevos males de un régimen sin concierto, y para ponerse al mismo tiempo a cubierto del rigor de una nueva esclavitud de que se sentía amenasada». No fueron necesarios grandes esfuerzos para alcanzar este propósito. El 14 y 15 de mayo las tropas impusieron al gobernador las aspiraciones del pueblo, que no hizo otra cosa que «allanar el paso pª que reconociendo la Provincia sus Dros., libre del influjo, y poderio de sus opresores, deliberase francamente el partido que juzgase conveniente». Con ese objeto se convocó a un congreso general que se celebró felizmente. La asamblea creó la Junta Gubernativa y tomó otras providencias relativas a la seguridad y conservación de los derechos de la provincia. Para el mejor conocimiento de la Junta de Buenos Aires se remitían los autos de la revolución. (51)
La provincia «por si misma y á esfuerzos de su propia resolucion, se ha constituído en libertad, y en el pleno goce de sus derechos; pero se engañaria qualquiera que llegase a imajinar, que su intención había sido entregarse al arbitrio ageno, y hacer dependiente su suerte de otra voluntad. En tal caso nada mas habría adelantado, ni reportado otro fruto de su sacrificio, que el cambiar unas cadenas por otras, y mudar de Amo. V.E. ni ningun apreciador justo y equitativo estrañará que en el estado a que han llegado los negocios de la Nacion, sin poderse aun divisar el éxito que puedan tener, el pueblo del Paraguay desde ahora se muestra zeloso de su naciente livertad, despues que ha tenido valor para recobrarla. Sabe muy bien, que si la livertad puede á veces adquirirse ó conquistarse, una vez perdida no es igualmente facil recuperarla. Ni esto es recelar que V.E. sea capas de abrigar en su corazón intenciones menos justas, menos rectas, y equitativas; muy lexos de esto, quando la Provincia no hace mas que sostener su livertad y sus Derechos; se lisonjea esta Junta, que V.E. aplaudirá estos nobles sentimientos, considerando quanto en favor de nuestra causa común pueda esperarse de un Pueblo grande que piensa, y habla con esta franqueza y magnanimidad». (52)
El Paraguay, en esta primera comunicación a la Junta de Buenos Aires, hablaba indudablemente con «franqueza», en un lenguaje terminante que no daba lugar a equivocas interpretaciones. Su decisión era nítida. Al constituirse en libertad y en el pleno goce de sus derechos lo hacía con el firme propósito de no cambiar de cadenas ni mudar de amo, mostrándose celoso de su libertad. Semejante manifestación reflejaba fielmente el sentimiento popular, cuyo norte era la autonomía absoluta, es decir, la independencia. No puede darse otro sentido a esta declaración, no obstante la proposición formulada seguidamente a Buenos Aires. «La Provincia del Paraguay Exmo. Sr. – proseguía la Junta gubernativa – reconoce sus derechos no pretende perjudicar aun levemente los de ningun otro Pueblo, y tampoco se niega a todo lo que es regular y justo. Los Autos mismos manifestarán a V.E. que su voluntad decidida es unirse con esa Ciudad, y demas confederadas no solo para conservar una reciproca amistad, buena armonia, comercio y correspondencia, sino también para formar una sociedad fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad. A este fin ha nombrado ya su Diputado para que asista al Congreso de las Provincias, suspendiendo como desde luego queda aquí suspendido hasta su celebración y suprema dicisión el reconocimiento de las Cortes, y consejo de Regencia de España, y de toda otra qualquiera representación de la autoridad suprema, ó Superior de la Nacion, vajo las declaraciones siguientes. – Primera: Que mientras no se forme el Congreso general esta Provincia se gobernará por si misma, sin que la Exma. Junta de esa Ciudad pueda disponer, ni exercer jurisdicción sobre su forma de Govierno, regímen, administración ni otra causa alguna correspondiente a ella. Segunda: que restablecido el comercio, dejará de cobrarse el peso de plata que anteriormente se exigia en esa Ciudad, aunque a beneficio de otra, por cada tercio de yerva con nombre de Sisa y Arbitrio respecto a que hallandose esta Provincia como Fronterisa a los Portugueses en urgente necesidad de mantener alguna tropa por las circunstancias del día, y también de cubrir los Presidios de las Costas del Río contra la Invasión de los Infieles aboliendo la insoportable pensión de hacer los vecinos a su costa este servicio: es indispensable a falta de otros recursos cargar al ramo de la Yerva aquel ú otro impuesto semejante. Tercera, que se extinguirá el Estanco del Tabaco, quedando de libre comercio como otros cualesquiera frutos y producciones de esta Provincia; y que la partida deesta especie existente en la Factoria de esta Ciudad comprada con el dinero perteneciente a la Rl. Hacienda se expenderá de cuenta de la misma Provincia para el mantenimiento de su tropa, y de la que ha servido en la guerra pasada y aun se halla mucha parte de ella sin pagarse. Quarta; que cualquier reglamento, forma de govierno, ó constitución que se dispusiese en dho. Congreso gral. no deberá obligar a esta Provincia hasta tanto se ratifique en Junta plena, y general de sus habitantes, y moradores. Algunas otras providencias relativas al régimen interior han sido puramente provisionales hasta la disposición, del mismo Congreso». (53)
Tal fue la voluntad del congreso general expresada sin el concurso del gobernador Velasco. El Paraguay olvidaba los daños causados por la guerra pasada «por el amor del bien y prosperidad gral.». De la Junta de Buenos Aires dependía dar la mano a la revolución Paraguaya, prestando su «adhesión y conformidad a las modificaciones propuestas» por la de Asunción, a fin de que unidas por vínculos estrechos e indisolubles «se proceda á cimentar el Edificio de la felicidad común que es el de la libertad». Por último la Junta Gubernativa informaba la evacuación de Corrientes y el auxilio enviado para la defensa de esta ciudad de los «Buques armados de Montevideo». (54)
La nota del 20 de julio mereció desde el siglo pasado diversos y elogiosos juicios de los historiadores. Mitre la reputa célebre y la considera «como la primera acta de la confederación levantada en el Río de la Plata», sin perjuicio de afirmar que fue «artificiosamente redactada». (55) Para Cardozo «es un documento notable, de precisión lógica extraordinaria. La doctrina de la revolución paraguaya está allí explicada con brillo y claridad». (56) Por su parte Chaves escribe; «Magistral documento salido de la pluma del doctor Francia: redacción sobria, elevación de conceptos, honda vena americanista, caracterizan esta nota... No es posible pedir documento más claro, ni más preciso ni más sincero. Los ideales y las esperanzas de las provincias vibran en esa nota que debió ser vértebra de la primera constitución de las Provincias Unidas del Río de la Plata». (57) También para Mitre y Cardozo la nota del 20 de julio se debió a la pluma o a la inspiración de Francia. Los tres coinciden en que fue la primera iniciativa concreta a favor del principio político de la federación en el Río de la Plata. Cardozo y Chaves, a su vez, concuerdan en que el plan federal lanzado tiene afinidades con el sistema federal de los Estados Unidos de América. (58) Chaves señala igualmente las analogías de las también célebres instrucciones del año XIII de Artigas con la nota del 20 de julio. (59)
La comunicación desarrolló brillantemente «la doctrina de la revolución paraguaya» al sostener que desaparecido el poder supremo del rey la soberanía revertía en el pueblo, su fuente originaria. Los pueblos reasumieron, en consecuencia, sus derechos, encontrándose, cada uno de ellos, en igualdad de condiciones para propender a su libertad y bienestar. Esta misma doctrina sostuvo Mariano Moreno en la Gazeta de Buenos Ayres. «La autoridad de los pueblos – escribía el secretario de la Junta porteña – en la presente crisis se deriva de la reasunción del poder supremo que por cautiverio del rey ha retrovertido al origen de que el monarca lo derivaba, y el ejercicio de éste es susceptible de las nuevas formas que libremente quieran dársele. Disueltos los vínculos que ligaban a los pueblos con el monarca, cada provincia es dueña de sí misma, por cuanto el pacto social no establecía relaciones entre ellos directamente, sino entre el rey y los pueblos». (60) Cornelio de Saavedra se había expresado en parecidos términos ante el virrey Cisneros. (61) También la Junta de Caracas, en el acta de su instalación, el 19 de abril de 1810, sostenía que ante el cautiverio de Fernando VII, la disolución de la junta que suplía su ausencia y la constitución de un «gobierno con el título de Regencia» que «no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción sobre estos países... el derecho natural y todos los demás dictan la necesidad de procurar los medios de su conservación y defensa; y de erigir en el seno mismo de estos países un sistema de gobierno que supla las enunciadas faltas, ejerciendo los derechos de la soberanía, que por el mismo hecho ha recaído en el pueblo, conforme a los mismos principios de la sabia constitución primitiva de España, y a las máximas que ha enseñado y publicado en innumerables papeles la junta suprema extinguida». (62) El mismo principio alegaron los que el 18 de setiembre de 1810, desde el cabildo de Santiago de Chile, impusieron una Junta de Gobierno. (63) Una expresión elocuente de la doctrina fue en este país el pasquín intitulado Catecismo Político Cristiano, aparecido en aquellos días de agitación popular y cuyo autor se escudó en el seudónimo José Amor de la Patria. Para justificar el derecho de los criollos a formar juntas provinciales, sostenía: «Los gobernadores de América, así como los gobernadores de España, perdieron su autoridad y jurisdicción luego que faltó el príncipe que les delegó; en este caso la autoridad para nombrarlos o para formar el gobierno provisional más adaptado a la felicidad común, se ha devuelto a los habitantes, a los pueblos y provincias de América, como en España a los suyos y las suyas». (64)
Este principio de la reversión de la soberanía fue la base sobre la cual construyeron el edificio de la independencia las provincias españolas de América. El Paraguay lo invocó en la nota del 20 de julio y con él fundamentó y consolidó su independencia. Según Mitre este documento fue también la base de la negociación entablada posteriormente por Belgrano en Asunción y el «punto de apoyo de los grandes partidos de centralización y descentralización que han trabajado a la República Argentina». (65) La negociación aludida afirmó la independencia del Paraguay con relación a Buenos Aires.
La confederación o federación con Buenos Aires fue sólo un arbitrio circunstancial propuesto por el Paraguay con el fin de neutralizar las pretensiones de la capital del Río de la Plata y evitar el peligro de una nueva invasión. Pero la Junta porteña no concordaba con la solución política planteada. La federación no tenía arraigo en Buenos Aires, desde los días iniciales de mayo. Moreno y Rivadavia, con influencia preponderante en los primeros gobiernos, se pronunciaron en favor del centralismo bonaerense, que provocaría la larga lucha argentina entre unitarios y federales, y consolidaría la segregación del Paraguay. Buenos Aires buscaba la unión pero bajo su influencia y hegemonía.
El Paraguay nunca aceptó este sometimiento porque se sentía celoso de su naciente libertad y estaba resuelto a defenderla a costa de los mayores sacrificios. La unión, federación, confederación o como quiera llamarse a la liga propuesta a Buenos Aires, estaba taxativamente condicionada a puntos de capital importancia, que, por cierto, no constituían un reconocimiento de superioridad a la Junta del Río de la Plata. Por el contrario, exteriorizaban el poderoso sentimiento de autonomía que dominaba la provincia, manifestado con nítida franqueza en las declaraciones primera y cuarta por las cuales el Paraguay fijaba su posición al dejar consignado que se gobernará por sí mismo sin que la Junta de Buenos Aires pueda ejercer jurisdicción alguna sobre su gobierno, régimen o administración, y que cualquier forma de gobierno o constitución que adoptase el congreso general, no obligará a la provincia mientras no fuese ratificada en junta plena de sus habitantes. Las otras declaraciones, la segunda y la tercera, que completaban a las ya mencionadas, eran manifestaciones expresas de soberanía. La aceptación de estas declaraciones por parte de Buenos Aires consideró el Paraguay como un triunfo de su aspiración suprema: la independencia, y no como un triunfo de la federación, que significaba la coexistencia de las provincias con autonomía en lo interno bajo la dirección de un gobierno general.
El único paso dado por el Paraguay en el sentido de una federación para formar una unidad política con las provincias del Río de la Plata, de acuerdo con la interpretación antes aludida, fue la nota del 20 de julio y no podía ser de otro modo ya que la federación no interpretaba fielmente el sentimiento paraguayo, al decir de Cardozo. (66) «La diplomacia de la Revolución se apoyaba en la firme resolución de conservar la independencia», afirma, por su parte, Sánchez Quell. (67) No se conoce ninguna providencia posterior acerca de la mencionada federación que hubiese partido del gobierno de Asunción. El Paraguay persiguió sólo su emancipación hasta obtenerla de todo poder extraño, ya fuese éste el de España, o el de Buenos Aires, o el de cualquier otro. Distinta fue la actitud de Artigas, el célebre Protector de los Pueblos Libres, quien, tomando como base el antiguo virreinato, no sólo envió a sus representantes al congreso general de 1813 reunido en Buenos Aires, con instrucciones expresas y precisas sobre el sistema federal, sino que rechazados esos diputados por la incomprensión bonaerense, siguió entablando negociaciones y luchando en los campos de batalla por el establecimiento de la federación, hasta caer vencido en 1820 por sus propios subalternos apoyados por la oligarquía porteña.
El congreso de 1811 había designado al Dr. Francia para representar al Paraguay en el congreso general de las provincias del Río de la Plata. La nota del 20 de julio no mencionó este nombramiento, se refirió simplemente a la designación de un diputado para asistir a dicha asamblea. Tampoco el Paraguay dio un solo paso para que el representante nombrado se trasladase a Buenos Aires. No se conoce ningún documento que certifique lo contrario. Y el Dr. Francia, a quien se atribuye la inspiración y redacción de la nota del 20 de julio, nunca mostró después la más mínima disposición en favor de la federación con Buenos Aires, ni en la Junta Gubernativa, ni durante el consulado, ni en el prolongado lapso de su dictadura personal. Su política internacional tenía por base la independencia absoluta. Los demás miembros de la Junta Gubernativa, en las ausencias del Dr. Francia, igualmente no hicieron cuestión sobre la tan mentada confederación o federación, defendieron sí con energía los derechos y la emancipación de la provincia.
La confederación o federación propuesta en la nota del 20 de julio fue sólo un medio para neutralizar la reacción de Buenos Aires y ganar tiempo. El Paraguay sólo perseguía su independencia. Los hechos posteriores no desmintieron esta aserción. Buenos Aires contribuyo también con sus errores e incomprensiones a fortalecer la segregación del Paraguay y después la del Uruguay.
El Paraguayo Independiente al comentar el famoso documento llega a una conclusión semejante. «Se manifiesta evidentemente de esta nota – dice el hebdomadario – que el Paraguay desde los primeros pasos de su revolución se declaró independiente, no sólo de España, sino también de Buenos Aires. Que le intimó categóricamente su resolución, y que para la única federación y alianza que adoptaba, imponía condiciones tales que resalvaban y mantenían plena y soberanamente su independencia, pues que sujetaban hasta los actos del congreso general de las provincias confederadas al examen y aprobación del congreso paraguayo para que pudiesen obligarle». (68)
1. Efraím Cardozo. El plan federal del Dr. Francia. Buenos Aires, 1941, págs. 5 y 6.
El Paraguayo Independiente. Barcelona, Madrid, Buenos Aires, México, Río de Janeiro, 1949, págs, 1. 2 y 3.
Chaves. Historia de las relaciones entre Buenos Aires y el Paraguay 1810-1813. Asunción-Buenos, 1959, pág. 128.
2. Molas, ob. cit., págs. 92 a 96.
3. Chaves, El Supremo Dictador, cit., pág. 86.
La revolución del 14 y 15 de Mayo. Asunción-Buenos Aires, 1957, pág. 9.
R. Antonio Ramos. El reconocimiento de la independencia del Paraguay por Venezuela. La revolución paraguaya. Academia Nacional de la Historia. El movimiento emancipador de Hispanoamérica. Actas y ponencias. Tomo IV, Caracas, 1961, pág. 413.
4. Chaves. La revolución..., cit., págs. 9 y 10.
5. Ramos, ob. cit., pág. 414.
6. El original del acta del congreso del 24 de julio de 1810 obra en la C.R.B. de la B.N.R.J. – I-29, 22, 1-2. Los firmantes fueron 225. En el mismo legajo se encuentran la proclama del gobernador Velasco y el Cabildo, leída al iniciarse el congreso; la convocatoria de la asamblea; y la nota original de la Junta de Buenos Aires al cabildo de Asunción.
Chaves. La revolución..., cit., págs. 11 y sgtes.
El Supremo Dictador, cit., págs. 86 y 87.
Historia de las relaciones..., cit., págs. 38, 39 y 40.
Molas, ob. cit., págs. 98 a 104.
Ramos. La política del Brasil..., cit., pág. 15.
El reconocimiento de la independencia..., cit., pág. 415 y 416.
7. Cecilio Báez. Historia diplomática del Paraguay. Tomo I. Asunción, 1931, págs. 123 y 124.
Chaves. El Supremo..., cit., págs. 87 y 88.
Historia de las relaciones..., cit., pág. 40.
Ramos. El reconocimiento de la independencia..., cit., pág. 415.
8; Chaves. Historia de las relaciones..., cit., págs. 43 y 44.
9. Ib. Ib., págs. 59 y 60.
10. Molas, ob. cit., págs. 113 y 114.
11. Ib. Ib., págs. 115 y 116. Cavañas a Belgrano. Campo de batalla Tacuarí, 10 de marzo de 1811.
12. Efraím Cardozo. Una conferencia inédita en Tacuarí.
Historia Paraguaya, Anuario del Instituto Paraguayo de Investigaciones Históricas, 1956, págs. 57 a 65.
Chaves, Historia de las relaciones..., cit., págs. 89 a 92.
13. Ib. Ib. Ib.
14. A. N. A. Vol. 213 S.H. Cavallero a Velasco. Original. En el mismo volumen se encuentra toda la correspondencia cambiada entre los mismos en los días del 15 y 16 de mayo.
Báez. Ob. cit., pág. 134. Este historiador fue el primero en publicar la citada correspondencia.
Chaves. Historia de las relaciones..., cit., pág. 112.
15. El Paraguayo Independiente Nº 1
Chaves. La revolución..., cit., Apéndice A, págs. 69 a 72.
Historia de las relaciones..., cit., pág. 120.
Cardozo. El Plan federal..., cit. pág. 12.
El Paraguayo Independiente. cit., pág. 16.
Ramos, ob. cit., pág. 421 y 422.
16. Cardozo. El plan federal..., cit., págs. 12 y 13.
El Paraguayo Independiente, cit., 16.
17. Ramos, ob. cit., pág. 422.
18. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 1. Textos Oficiales de la Primera República de Venezuela I. Caracas, MCMLIX [1959], págs. 117, 118 y 119.
19 J. A. Cova. El Superhombre. Tercera Edición. Caracas, 1943, págs. 62 y 63.
J. M. Siso Martínez. Historia de Venezuela. Quinta Edición. Venezuela – México 1957, pág. 269.
Manuel Villaverde escribe: «Claro está que la invocación del nombre del monarca por parte de los criollos no era otra cosa que un ardid para atraer a los irresolutos y a los leales a Fernando VII. La Junta Nacional Revolucionaria de Méjico, en carta dirigida al cabecilla Morelos, expone sin ambages ni disimulo que si ha tomado el nombre del rey ha sido por conveniencia política, a pesar de la finalidad de sus planes: «Nuestros planes, en efecto, son de independencia; pero creemos que no nos ha de dañar el nombre de Fernando, que en suma viene a ser un ente de razón». Causas y Caracteres de la Independencia Hispanoamericana, Madrid, MCMLIII [1953], pág 246.
20. J. M. Yepes. Del Congreso de Panamá a la Conferencia de Caracas – 1826 – 1954. I. Caracas, 1955, pág. 90.
21. Simón Bolívar. Obras Completas. Compilación de Vicente Lecuna. Vol. III. La Habana, 1950, págs. 149 y 150. Un pensamiento sobre el Congreso de Panamá.
R. Antonio Ramos. El Congreso de Panamá, origen y antecedente fundamental de la unidad de América, en Memoria del Primer Congreso Internacional de Sociedades Bolivarianas. Caracas, 1962, pág. 241.
22. Yepes, ob. cit., pág. 41.
23. El Paraguayo Independiente Nº 1. El subrayado es del texto.
Chaves. Historia de las relaciones..., cit., págs. 123 y 124.
Cardozo. El plan federal..., cit., pág. 14 y 15.
El Paraguayo Independiente, cit., pág. 17.
24. Chaves, ob. cit., págs. 123 y 124.
25. A. N. A. Vol. 213. S. H. Genovés a Velasco. Falucho San Martín, 27 de abril de 1811. Original.
Cardozo. Revista de Indias, cit., pág. 381.
Chaves. La revolución..., págs. 59, 60 y 61.
El Supremo..., cit., pág. 107.
Historia de las relaciones..., cit., págs. 125 y 126.
Genovés fue comisionado a conducir a Montevideo los prisioneros tomados en Paraguarí y Tacuarí.
26. Ramos. La política del Paraguay..., cit., pág. 20.
27. Ramos. El reconocimiento de la independencia..., cit., pág. 423.
28. Molas, ob. cit., pág. 123 a 129. «El Comandante y Oficiales del Cuartel General de la Unión a los habitantes del Paraguay. Fecho en el Cuartel General de la Asunción del Paraguay, a nueve de junio de mil ochocientos once». Firman el importante documento: Pedro Juan Cavallero, Fulgencio Yegros, Antonio Tomás Yegros, Mauricio José Troche, Vicente Iturbe, Juan Bautista Rivarola, Manuel Iturbe, Francisco Antonio González, José Joaquín León, Mariano del Pilar Mallada, Blas Domingo Franco, Agustin Yegros y Pedro Alcántara Estigarribia. Los hermanos Iturbe y Rivarola subscribieron también el acta de constitución del triunvirato juntamente con Francia, Zevallos, Carlos Argüello y Juan Bautista Acosta. Todos eran los auténticos autores del movimiento emancipador iniciado el 14 de mayo. Chaves también reproduce este bando en La revolución del 14 y 15 de mayo. Apéndice B, págs. 73 a 80.
El 9 de junio el comandante de Villa Real informaba al gobierno que «los portuqueses van reuniendo sus tropas a las Fronteras; y Establecimientos de Coimbra y Miranda... con miras de auxiliar al Sor Intendente en el caso que los porteños imbadiesen esta Provincia».
Ramos, ob. cit., pág. 20.
29. Ib. Ib. Ib.
30. Ob. cit., pág. 130.
31. A.N.A. Vol. 213. S.H. Copia con medias firmas de Francia y Zevallos, «como exemplar delas Esquelas de citacion».
32. Wisner, ob. cit., pág. 38.
33. Wisner, ob. cit., pág. 38.
34. Esta es la cifra que nosotros hemos verificado en el original del acta del congreso, que obra en el cit. Vol. 213 S.H. del A.N.A. Cardozo encuentra 261 concurrentes. El Plan Federal, cit., pág. 15. Paraguay Independiente, cit., pág. 18. Chaves estima que asistieron «más de 300 diputados». El Supremo..., cit., pág. 110, y Wisner de Morgenstern dice que sólo concurrieron 170 congresales. Ob. cit., pág. 38. En total los concurrentes, incluyendo a Francia, Zevallos y Cavallero, fueron 265.
35. Nota del 20 de julio de la Junta de Asunción a la de Buenos Aires. Cardozo. El Paraguayo Independiente, cit., pág. 18.
El acta del congreso dice que eran «quatro Ancianos Españoles Europeos».
36. Acta cit.
Carlos R. Centurión. Precursores y actores de la independencia del Paraguay. Asunción, 1962. El autor reproduce el Acta de apertura y el del 18 de junio con el voto de Molas, págs. 43 a 48.
37. Ib. Ib.
Molas, ob. cit., págs. 130 a 134.
Báez, ob. cit., págs. 151 a 153.
38. Ib. Ib.
39. Ib. Ib.
40. Ib. Ib.
41. Molas, ob. cit., pág. 134.
42. Acta cit.
Molas, ob. cit., págs. 135 a 139.
Báez, ob. cit., págs. 154 a 157.
Centurión, ob. cit., págs, 44 a 48.
El informe de Francisco das Chagas Santos elevado desde San Borja a Diego de Souza, el 23 de octubre de 1811, dice «que el mismo Francia, dio a Mariano Molas un papel en que indicaba los individuos que debían ser vocales de la Junta e insinuaba a los oficiales del Cuartel que cuando Molas leyese dicho papel aplaudiesen todos aprobando la propuesta...».
Revista do Archivo Publico do Río Grande, do Sul. Nº 4. Porto Alegre. Outubro, 1921, págs. 101 a 105. Báez tradujo una parte del informe. Historia Diplomática, cit., págs. 160 y 161.
43. Ib. Ib.
Chaves. Historia de las relaciones..., cit., pág. 140 y 141.
44. Acta cit. Francisco das Chagas Santos en su informe citado decía que por noticias recibidas de Asunción se sabía que cuando Haedo propuso la reposición de Velasco fue acallado tumultuosamente con los gritos de «Muera el Juez de Comercio que es sarraceno y viva la Junta».
Cardozo. El Plan Federal, cit. pág. 15.
45. Ib. Ib.
Chaves. Historia de las relaciones..., cit., pág. 142.
46. Acta. cit.
47. Ib. Ib.
Molas, ob. cit., págs. 140 y 141.
48. Ib. Ib. Este número es inferior al de los votantes por las proposiciones de Molas. Según Cardozo la moción del aludido Molas obtuvo 232 votos sin reservas. El Plan Federal..., cit., pág. 15.
Chaves por su parte dice que la compartieron sin reservas 190 representantes. El Supremo..., cit., pág. 110. De acuerdo con nuestro cómputo, sacado del acta original, los que votaron por la moción de Molas, ya sea sin reservas o con otras consideraciones, fueron 253. Cada diputado expresaba su voto y lo subscribía.
Entre los firmantes el 20 de junio no figura Pedro Juan Cavallero. La lista la encabezaron el Dr. Francia y Zeballos. La firma de Cavallero, como comandante del cuartel general, aparece en el acta de apertura del 17 y en las del 18 y 19, al suspenderse la votación por lo avanzado de la hora.
49. Yepes, ob. cit., págs. 104, 105, 106 y 125.
50. De acuerdo con el pacto de Panamá los Estados miembros debían estar representados en la «asamblea general» «en un pie de igualdad jurídica absoluta con todos los demás». Yepes, ob. cit., pág. 93.
51. Molas, ob. cit., págs. 149 a 158. La Junta Gubernativa del Paraguay a la de Buenos Aires. Asunción, 20 de julio de 1811.
El Paraguayo Independiente Nº 1.
Vargas Peña, ob. cit., págs. 37 a 40.
Báez, ob. cit., págs. 170 a 173.
52. Nota cit.
53. Nota cit.
54. Nota cit.
55. Mitre, ob. cit., págs. 200 y 201.
56. Cardozo. El Plan Federal, cit., pág. 16.
El Paraguayo Independiente, cit., pág. 26.
57. Chaves. Historia de las relaciones, cit., págs. 143 y 145.
58. Cardozo, ob. cit., pág. 18.
Afinidades entre el Paraguay y la Banda Oriental, cit., págs. 36 y 37.
Chaves, ob. cit., págs. 147 y 148.
59. Chaves, ob. cit., págs. 147 y 148.
60. Mitre, ob. cit., pág. 200.
61. Jaime Eyzaguirre. Ideario y ruta de la emancipación de Chile. Santiago, 1957, pág. 108.
62. Textos Oficiales de la Primera República, cit., págs. 99 a 103. Acta del Ayuntamiento de Caracas.
Siso Martinez, ob. cit., págs. 266 y 267.
63. Eyzaguirre, ob. cit., págs. 110 y sigtes.
64. Ib. Ib., págs. 104 a 110.
65. Mitre, ob. cit., pág. 200.
66. El Plan Federal, cit., pág. 13.
67. H. Sánchez Quell. La diplomacia paraguaya de Mayo a Cerro Corá. Buenos Aires, 1957, pág. 13.
68. El Paraguayo independiente Nº 1.
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