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TEXTOS DE CONFERENCIAS: Roca y la recreación del Regimiento de Granaderos (Club del Progreso, 27/10/2015) | Julio Argentino Roca hoy
TEXTOS DE CONFERENCIAS: Roca y la recreación del Regimiento de Granaderos (Club del Progreso, 27/10/2015)
Publicado por Roca Hoy ⋅ 29 octubre, 2015 ⋅ Deja un comentario
Miércoles 27 de Octubre de 2015: “La recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo”. Orador: Dr. Jorge Gabriel Olarte (Académico de Número de la Academia Sanmartiniana). Estuvieron presentes el presidente de la Asociación Amigos del RGC Gral. San Martín, Gonzalo Pereyra de Olazabal; el presidente del Club del Progeso, Sr. Guillermo Lascano Quintana; y el Secretario del Instituto de Investigaciones Históricas Julio A. Roca, Gonzalo Roca. Club del Progreso (Sarmiento 1334, CABA), 19 hs.
PALABRAS PREMILIMINARES
Señor presidente del Club del Progreso, doctor Guillermo Lascano Quintana.
Señor presidente de la Asociación Amigos del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín, doctor Gonzalo Pereyra de Olazábal.
Señor presidente del Instituto de Investigaciones Históricas Julio A. Roca, doctor Rosendo Fraga.
Señoras y señores, tengan todos ustedes muy buenas tardes.
Es para mi un gran honor disertar esta noche en este lugar tan emblemático de nuestra historia, en estos tiempos tan extraños, tan confusos o por lo menos lo fueron hasta hace cuarenta y ocho horas, en la que increíblemente se pretendió tergirversar nuestra historia a fin de adecuarla a una determinada orientación política.
Lo primero que corresponde es pues, para evitar alguna eventual confusión sobre mi persona que les diga que soy abogado, egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires el 9 de mayo de 1989, título inscripto en el Libro General de Grados Nro 108, Folio 221, Nro 4665.
Efectuó esta aclaración porque en estos días hay muchas dudas sobre los títulos universitarios de muchas personas que se han titulado abogadas, médicas, arquitectas, ingenieros, licenciados, etc.
Yo hoy les vengo a hablar de historia, así, simplemente de historia, no de una novela histórica que al alterar arteramente los hechos, los deforman buscando alterar la verdad y/o difamando personajes históricos con fines inconfesables.
Pretendo cumplir con el sabio consejo que dio hace siglos el gran escritor español Miguel de Cervantes Saavedra sobre cómo debe encararse una tarea historiográfica, cuando expresó:
“Los historiadores deben ser puntuales, verdaderos y no nada apasionados y tales que ni el miedo, ni el rencor, ni la aflicción les haga torcer el camino de la verdad, cuya madre es la historia, émulo del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir”.
Encaré todos mis proyectos con optimismo y en la esperanza en que ya vendrán tiempos mejores, haciendo mío un pensamiento del gran filósofo español José Ortega y Gasset, quien dijo:
“La historia tiene que dejar de ser una exposición de momias y convertirse en lo que verdaderamente es: un entusiasta ensayo de resurrección.
La historia es una guerra ilustre contra la muerte.
Al bajar al pasado, no hacemos sino descender a los sótanos de nuestra propia actualidad, pues cada componente de nuestro ser tiene una fecha en que se produjo”.
Al seguir estos dos sabios consejos, se gratificó mi espíritu.
Y así, he coincidido en un todo con el pensamiento del filósofo alemán Juan Wolfang Goethe quien expresó que “Lo mejor de la historia es el entusiasmo que suscita”.
Esta obra nació en un momento muy triste de mi vida, en un tonto accidente casero me quebré la cabeza del fémur y la mano izquierda, por dicha razón luego de ser operado debí guardar reposo absoluto durante tres meses y casi otros tantos en una silla de ruedas.
Un día, no sabiendo que hacer para distraerme, pues el tedio era insoportable ya que permanecía muchas horas solo, le pedí a mi hijo mayor que trajera de mi escritorio algunos libros de historia para ver si podía distraerme.
En uno de ellos, se encontraba un viejo folleto del Museo Histórico Nacional en el que había una imagen del morrión de granaderos que había pertenecido al General Manuel de Escalada.
Nunca supe que me pasó, pero esa imagen ejerció sobre mi una rara fascinación, producto quizás del inmenso cariño que desde muy pequeño tuve por esa gloriosa unidad de combate, pero el asunto fue que le pedí a Juan Pablo que por favor le hiciera una fotocopia a esa imagen y que me comprara papel de calcar, tintas de diferentes colores – azul, negra, dorada, roja – y unos plumines.
Con todos esos elementos me aboqué a copiar esa imagen y luego procedí a pintarla.
La agotadora tarea me llevó muchos días, pero gracias ese trabajo minucioso y delicado cambié de humor y al contemplarla a su finalización, me sentí muy orgulloso de lo que había realizado.
Años más tarde, al ser incorporado como Miembro de Número de la Academia Sanmartiniana del Instituto Nacional Sanmartiniano, recordé la querida imagen que tanto colaboró en mi recuperación y por esa razón, la misma fue incorporada a mi tarjeta.
El 12 de febrero de 2012, en la Plaza General San Martín, de Retiro, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tuve el honor de ser seleccionado por dicha Academia para pronunciar las palabras en el acto central por el 195º aniversario de la batalla de Chacabuco.
Al concluir el acto y mientras trataba de recuperarme del calor insoportable imperante bebiendo un vaso de agua, tuve el gusto de conocer a dos queridos amigos, Susana Oromí Escalada y a Gonzalo Pereyra de Olazábal, quienes se me acercaron para agradecerme que hubiera recordado en mi evocación a sus antepasados, el General Manuel de Escalada y el Coronel Manuel de Olazábal respectivamente, manifestándome que era la primera vez que ello había acontecido en un acto de ese estilo.
Les respondí que nada tenían que agradecerme, pues consideraba que era un hecho de simple justicia haberlos recordado, pues el General José de San Martín, sin el abnegado sacrificio de esos y otros tantos hombres, nada podría haber logrado.
Y “redoblando la apuesta”, les manifesté que si les parecía bien, me comprometía a disertar sobre ellos en el Instituto Nacional Sanmartiniano, lo que aprobaron en forma entusiasta.
Se podría decir que allí, en ese lugar tan especial, donde nació el regimiento de Granaderos a Caballo y junto a tan queridos amigos, fue sembrada la semilla de “Treinta Granaderos”.
Días más tarde de ese encuentro recibí una llamada telefónica de Gonzalo quien me pidió si en vez de disertar sobre Manuel de Olazábal, de quien él había hablado en ese lugar al presentar un libro que escribió sobre el mismo, podría referirme a su hermano, el General Félix de Olazábal, a lo que accedí con todo gusto, pese a que tan probo oficial no fue granadero.
Las disertaciones sobre diversos granaderos se fueron sucediendo en el Instituto Nacional Sanmartiniano, un día se me ocurrió que sería una buena idea compilarlas y vaya a saber como, poco a poco se fue perfilando la idea de escribir “Veinte Granaderos”, que luego fueron “Veinticinco…”, para llegar los “Treinta…” definitivos.
Bien, es hora de describir muy sintéticamente la obra “Treinta Granaderos”.
La misma se compone de treinta y cuatro capítulos divididos en cinco partes a saber:
Vida del Libertador General José de San Martín hasta su regreso a la Patria.
La creación del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Treinta biografías granaderas:
Brigadier General Rudecindo Alvarado.
Capitán Justo G. Bermúdez.
Coronel José Félix Bogado.
Capitán de Navío Hipólito Bouchard.
Coronel Carlos Luis Federico Brandsen.
Sargento Juan Bautista Cabral.
Teniente Coronel Miguel Cajaraville.
Cabo Miguel Chepoyá.
General Manuel de Escalada.
Teniente Coronel Mariano de Escalada.
General Ramón Freyre.
Teniente General Eustoquio Frías.
General Rufino Guido.
Granadera Francisca “Pancha” Hernández.
Capitán Manuel Hidalgo.
General Juan Galo de Lavalle.
Sargento Pedro Lucero.
Coronel José Cecilio Lucio Lucero.
José Antonio Melián.
Coronel Eugenio Necochea.
Coronel Juan Thomond O’Brien.
Coronel José Valentín Olavarría.
Coronel Manuel de Olazábal.
Teniente General Juan Esteban Pedernera.
Coronel Juan Pascual Pringles.
Coronel Juan Ramón Rojas.
Coronel Paulino Rojas.
Coronel Isidoro Suárez.
Brigadier General José Matías Zapiola.
VI. Cuarta parte
Vida del General José de San Martín en Europa.
V. Quinta parte
Recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo.
La extensión de la obra es de mil (1000) páginas.
En la investigación realizada, se consultaron 231 obras en varias bibliotecas, como así también en diversas hemerotecas, los diarios “La Prensa” y “La Nación”.
Tiene 1541 Notas al pie de página, la gran mayoría de ellas, aclaratorias.
En esta oportunidad, tendré el gusto de referirme a la Quinta Parte, es decir sin más, paso a relatarles la Recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo y solo me cabe esperar que lo van a escuchar, sea de su agrado.
LA RECREACIÓN DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO
I. LA SEGUNDA PRESIDENCIA DEL TENIENTE GENERAL D JULIO ARGENTINO ROCA (1898-1904)
A mediados de 1898, la situación limítrofe con Chile era sumamente delicada, por lo tanto la mayoría de los políticos depusieron actitudes personales y considerando que era el momento de mostrar que estábamos decididos a sostener con firmeza nuestra soberanía territorial, propusieron al General Julio Argentino Roca para el cargo de presidente, quien con escasa oposición volvió al poder a los doce años exactos de haber finalizado su primera presidencia.
Como una muestra de unidad nacional sin fisuras, al prestar el juramento de estilo el miércoles 12 de octubre de 1898, sobre los Santos Evangelios que sostenía el General Bartolomé Mitre.
Durante los seis años de su segundo mandato, el mundo sufrió grandes cambios, que de alguna u otra manera afectaron a la República Argentina; a fin de lograr una mejor comprensión, se procederá a citar esos hechos:
La explosión y hundimiento del crucero “Maine” en la bahía de La Habana, Cuba, dio inicio a una guerra entre los Estados Unidos de América y España, pues el gobierno estadounidense acusó a las autoridades españolas de haberlo provocado, cuando en realidad fue un accidente, como lo demostró el peritaje realizado posteriormente.
España fue derrotada pues la diferencia en la modernidad y cantidad de armamento a favor de su enemigo fue abrumadora y perdió Cuba y Puerto Rico en América, Filipinas en Asia y la isla de Guam, en Oceanía.
El 4 de febrero de 1899 quiebra en París la “Compañía del Canal Interoceánico del Canal de Panamá”. La mayor parte de sus despreciadas acciones serán adquiridas por el gobierno estadounidense, que estaba decidido a aumentar su presencia en el Caribe iniciada el año anterior.
En La Haya se realiza la Primera Conferencia Internacional de la Paz, que resulta lo más importante en el orden diplomático desde el “Congreso de Viena de 1815”.
En la colonia británica de Sudáfrica se inicia la “Guerra de los Boers”, al pretender descendientes de holandeses de El Cabo, Natal, Orange y Transvaal crear su propio país.
Continúa el conflicto en territorio sudafricano.
El 29 de julio es asesinado en la ciudad de Monza el Rey Humberto 1ro de Italia por el anarquista Gaetano Bresci. El presidente Julio Argentino Roca decreta duelo nacional por tres días y además, en un acto de entera justicia, para recordar su memoria, se ordena que una calle de las principales ciudades lleve su nombre, en agradecimiento a quien tanto nos ayudó en momentos difíciles con Chile al autorizar la venta de modernos buques de guerra para la Armada Argentina.
Se inaugura la Exposición Universal de París, calificada como “…la marcha triunfal de la civilización”. Uno de los lugares más visitado fue el “Pabellón Argentino”, que es muy premiado por los productos exhibidos, demostrativos de nuestra pujanza y recuperación económica en tan solo una década, volviendo a ser considerada la tierra de promisión para la humanidad.
Comienza en China la “Guerra de los Boxers”, que precipita una intervención de varias potencias mundiales que buscan “sacar tajada” del territorio chino y las más ventajosas posiciones en las nuevas relaciones económicas que establecerán con los vencidos.
El Conde alemán Ferdinand von Zeppelin crea el primer aerostato dirigible rígido del mundo, cuyo armazón de duraluminio se estabilizaba con globos inflados con hidrogeno – gas que sería reemplazado por helio por ser menos inflamable -, instalados en sus compartimientos, recubierto en su exterior con dura tela de algodón.
Desde su barquilla inferior se observan grandes extensiones de terreno, por lo que se lo utilizo militarmente pues permitía obtener información precisa del enemigo y así, gracias a la “aerofotografía”, el “terreno” aparecía tal cual era facilitando la tarea del analista, haciendo realidad un pensamiento de Napoleón Bonaparte quien había dicho: “El arte de la guerra se resume en lo siguiente: conocer siempre lo que ocurre del otro lado de la colina”.
Continúa la “Guerra de los Boers” en Sudáfrica, la victoria británica es cuestión de tiempo pues su superioridad es abrumadora.
China es derrotada y los vencedores efectúan un verdadero “reparto” territorial.
Teodoro Roosevelt asume la presidencia de los Estados Unidos de América y comienza a implementarse la política del “Big Stick” sobre Américaa Latina, a la que algunos políticos estadounidenses consideraban, despectivamente, como su “patio trasero”.
Finaliza la “Guerra de los Boers”, por el triunfo británico El Cabo, Natal, Orange y Transvaal pierden su autonomía.
Al cesar la ocupación militar estadounidense, nace la República de Cuba, la que debió cederles a perpetuidad la Bahía de Guantánamo.
Varias ciudades de la República de Venezuela son bombardeadas y saqueadas por naves de guerra italianas, alemanas y británicas, por haber dejado ese país hermano de pagar su deuda externa, ante la impasibilidad de los Estados Unidos de América, país que debió haber obrado en virtud de lo establecido por la “Doctrina Monroe”.
El presidente Julio Argentino Roca ordena al canciller Luis María Drago, que elevase un dura protesta por ese comportamiento, argumentando que no se puede cobrar por la fuerza de las armas las deudas que haya contraído un país.
Este pensamiento fue gratamente recibido por gran parte de la comunidad de naciones y sienta jurisprudencia en la Corte Internacional de La Haya en 1907, siendo conocida desde entonces como la “Doctrina Drago”.
Los Estados Unidos de América, considerando contrario a sus intereses que continuara la lucha entre fuerzas colombianas y separatistas panameños, la que se venía desarrollando allí desde hacía varios años por el tema del “Canal de Panamá”, logró mediar entre las partes y, así el domingo 2 de noviembre de 1902 se firmó el denominado “Tratado del Wisconsin”, por el nombre del barco de guerra estadounidense a bordo del cual se suscribió.
Por ser un tema de muchísima importancia, me referiré con minuciosidad al mismo:
LA QUIEBRA DE LA EMPRESA CONSTRUCTORA FRANCESA
En septiembre de 1879 comenzaron las obras de la “Compañia del Canal Interoceánico del Canal de Panamá” bajo la conducción del prestigioso ingeniero francés Fernando de Lesseps, el constructor del Canal de Suez.
El viernes 4 de febrero de 1899, al fracasar un intento de Lesseps de conseguir un nuevo préstamo para continuar las obras que, próximas a cumplir veinte años, parecían encontrarse en un “callejón sin salida” por la gran cantidad de afectados por el paludismo que prácticamente habían detenido los trabajos y, por los constantes sabotajes del que habían sido objeto.
Cuando corrió el rumor en París que Lesseps había muerto, se produjo una caída tan pronunciada en la Bolsa de París de las acciones de la “Compañía del Canal Interoceánico del Canal de Panamá”, que la misma quebró.
El denominado “Escándalo de Panamá” derribó al gabinete francés y empobreció a vastos sectores de Francia que adquirieron acciones. Fueron llevados a la justicia acusados de estafa Fernando de Lesseps y a su compatriota Gustavo Eiffel, el célebre constructor de la torre que lleva su nombre, erigida en París en 1889 para conmemorar el centenario de la Revolución Francesa, quien desde hacía varios años trabajaba en la zona de Panamá.
Los motivos que llevaron a ese desenlace fueron muchos y variados, para una mejor comprensión se efectuará una breve síntesis de los mismos:
1.A) Al iniciarse las obras en la provincia colombiana de Panamá, éstas se cavaron al mismo nivel del mar, es decir de los Océanos Atlántico y Pacífico, lo que fue gran error de Lesseps, que fue enmendado a principios de la década del noventa por Gustavo Eiffel, al lograr imponer su parecer de construir esclusas niveladoras.
1.B) A los Estados Unidos de América no le agradó que esa empresa realizase esa obra, pues entendieron que era poco menos que una “intromisión” francesa en el Mar Caribe, al que ellos consideraban una zona de influencia exclusiva y por ello, la construcción fue:
“…sufriendo los sabotajes de parte del gobierno norteamericano a través del ferrocarril, que dilataban el transporte de todos sus materiales a las áreas de trabajo.
El término de la administración del General Ulises Grant coincide con la llegada al poder del presidente colombiano Rafael Núñez en 1880, y con él finaliza la segunda campaña pro-anexión.
Grant desde antes de asumir la presidencia estadounidense comenzó a presionar para que se diese rápido remate a los negocios de un Canal por Panamá, para ello aprobó con Colombia el Tratado Arosemena – Sánchez –Hurbult. De 1870 a 1877, al terminar su administración Grant, no avanzó gran cosa, a pesar de haber financiado dos expediciones al Istmo…”
1.C) En 1885 los enfrentamientos entre fuerzas colombianas y separatistas panameños produjeron un gran incendio en la ciudad de Colón y en varias de las catorce naves llegadas de Francia cargadas de materiales para la construcción del canal, lo que generó más demoras en los trabajos iniciados seis años antes.
1.D) Los cientos de afectados por el paludismo que en la zona era endémico, dificultó la prosecución de los trabajos hasta detenerlos, pues esa enfermedad tropical infecciosa, que genera escalofríos, fiebre y sudoración, causando gran debilidad y puede llevar a la muerte, es producida por un protozoario que es transmitido por la picadura del mosquito anófeles, pero hasta ese momento no se sabía quién era su agente transmisor.
Al luchar contra España en Cuba y Puerto Rico en 1898, los estadounidenses aprendieron de los españoles a combatirlo y ese conocimiento les resultaría muy útil al hacerse cargo de las obras del Canal de Panamá.
2. LA LUCHA CONTRA EL PALUDISMO
En sus posesiones cubanas y portorriqueñas, los españoles lo combatían mediante la implementación en terrenos anegados de vegetales superiores, como el berro, que establecen una incompatibilidad biológicas con las algas microscópicas que son el principal alimento de las larvas de los mosquitos y/o utilizando la acción de animales larvicidas como batracios, anguilas y algunos peces.
Estos métodos eran efectivos, pero lentos, por eso, en las regiones más endémicas se procedía a esparcir petróleo sobre los pantanos ya que por ser éste más liviano que el agua quedaba en la superficie, matando de ese modo a las larvas, pues no podían salir a respirar.
Si bien la quinina, principal alcaloide la corteza de la quina, fue descubierta por Antonio Fourcroy en 1792 y aislada en 1820 por Pierre Pelletier y José Caventou, recién a fines del siglo XIX comenzó a ser utilizada exitosamente, en forma de sal, como antipalúdico.
3. EL GOBIERNO ESTADOUNIDENSE ADQUIERE EL DOMINIO DE LA “COMPAÑIA DEL CANAL INTEROCEANICO DEL CANAL DE PANAMA”
El ingeniero francés Philippe Jean Bunau – Varilla (1859-1940), quien había trabajado varios años con Fernando de Lesseps y Gustavo Eiffel en la construcción del Canal de Panamá, al quebrar el febrero de 1899 la mencionada compañía, junto a un grupo de especuladores financieros adquirió a precio vil la mayor parte de sus acciones y, sabiendo del gran interés que el gobierno estadounidense tenía en construirlo, se las vendió en 1902 por U$S 40.000.000.
Este traspaso accionario no fue del agrado del gobierno de Colombia, que al interponer varias objeciones al mismo, generó una gran tensión entre ambos países.
4. ESTADOS UNIDOS IMPONE LA PAZ EN LA REGION PANAMEÑA
El gobierno estadounidense considerando contrario a sus intereses que continuara la lucha entre fuerzas colombianas y separatistas panameños, la que se venía desarrollando allí desde hacía varios años logró mediar entre las partes y, así el domingo 2 de noviembre de 1902 logró que ambas partes firmasen la paz.
Pacificada de ese modo la región, el jueves 22 de enero de 1903 se firmó el “Tratado Herran–Hay” entre el delegado colombiano Tomás Herran y el Secretario de Estado John Milton Hay, que establecía lo siguiente:
1) Colombia confería a los Estados Unidos de América una franja de terreno de diez kilómetros a lo ancho de lo que sería el Canal de Panamá, por el término de 99 años, plazo que se estipulaba prorrogable.
2) Colombia recibiría de inmediato diez millones de pesos oro y una renta anual de 250.000 dólares, mientras que los estadounidenses se aseguraron su plena soberanía sobre ese territorio.
El Senado Colombiano, en sesión extraordinaria del martes 12 de agosto de 1903, lo rechazó por considerarlo lesivo a su soberanía nacional.
Ante ese inesperado traspié, Estados Unidos con la excusa de garantizar la vida y los intereses estadounidenses en la región, envió una flota integrada por los acorazados “Nashville”, Atlanta”, “Dixia Nine”, “Mayflower”, “Boston”, “Marblead”, “Concord” y “Wyoming”, al puerto de Colón a fines de octubre de ese año.
5. EL NACIMIENTO DE LA REPUBLICA DE PANAMÁ
Con ese verdadero respaldo militar a sus sueños separatistas, el martes 3 de noviembre de 1903 los panameños se declararon independientes de Colombia, naciendo así la República de Panamá, siendo su primer presidente Manuel Amador Guerrero.
Tan solo quince días más tarde de declarada la independencia panameña, se firmó en la ciudad de Washington el tratado que permitió la definitiva construcción del Canal de Panamá, entre el Ministro Plenipotenciario “panameño” Philippe Jean Bunau – Varilla, y el Secretario de Estado John Milton Hay, por el que se estableció lo siguiente:
1) Panamá cedía en usufructo perpetuo una franja de 10 kilómetros de ancho a ambas márgenes del canal interoceánico, lo que totalizaba una superficie de 1.422 km².
2) El nuevo país recibiría una compensación monetaria similar a la establecida en el “Convenio Hay-Herrán” del jueves 22 de enero de 1903.
3) El jueves 17 de diciembre en las playas de Kitty Hawk, Carolina del Norte, Estados Unidos de América, Wilbur Wright echado de bruces sobre el ala inferior de un estrafalario aparato y su Hermano Oville Wright corriendo, apareado al mismo, logran el milagro que durante doce segundos el mismo volase los primeros cientosetenta metros de la aviación mundial.
La irrupción de la aviación transformaría la historia de la humanidad, pues su rápidos desplazamientos muy superiores al de los voluminosos “Zeppelines”, acortaron las distancias como ningún otro transporte y, al transformarse el avión en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) en un elemento de combate con capacidad de atacar a cientos de kilómetros del frente, ello modificó definitivamente las reglas de la guerra.
Da comienzo la “Guerra Ruso Japonesa” que finalizará al año siguiente con la victoria japonesa, merced a la cual se transformó en potencia mundial e indirectamente, pocos lo saben, nuestro país, colaboró con ese resultado al ceder dos naves de guerra a la flota Imperial del Japón al venderles dos poderosas naves, los acorazados “Moreno” y “Rivadavia” de los que nos desprendimos por una reducción naval acordada con Chile, las que tuvieron decisiva participación en mayo de 1905 en la batalla naval de Tsushima.
Los estadounidenses comienzan los trabajos para terminar la construcción del Canal de Panamá, adoptando un nuevo sistema de esclusas que permitían elevar las aguas, provenientes del lago Gatún, hasta 28.50 mts de altura.
En 1905 se hizo cargo de la construcción el Coronel estadounidenses Jorge W. Goethals, prestigioso ingeniero militar que le imprimió un gran ritmo a las obras, al vencer al paludismo de acuerdo a la experiencia recogida en la guerra librada en Cuba contra los españoles.
El Canal de Panamá, fue inaugurado el sábado 15 de agosto de 1914.
II. LA TRANSFORMACION NAVAL ARGENTINA
En 1895, el presidente José Evaristo Uriburu, consideró imprescindible modernizar nuestra Armada para pudiera operar en el Océano Atlántico, pues solo contábamos con barcos aptos para operar en el Río de la Plata y la ventaja de la marina chilena era abrumadora.
CUADRO COMPARATIVO DEL PODER NAVAL DE ARGENTINA Y CHILE EN 1895
CANTIDAD ARGENTINA CHILE
1 “Almirante Brown” 4200 Tns “Capitán Pratt” 6900 Tns
1 “Independencia” 2300 Tns “Almirante Cochrane” 3500 Tns
1 “Libertad” 2300 Tns “Huáscar” 1800 Tns
TOTAL Tres (3) acorazados 8800 Tns Tres (3) acorazados 12200 Tns
1 “Buenos Aires” 4740 Tns “Esmeralda” 7500 Tns
1 “9 de Julio” 3570 Tns “Blanco Encalada” 4400 Tns
1 “25 de Mayo” 3200 Tns “Presidente Errázuriz” 2080 Tns
1 “Presidente Pinto” 2080 Tns
TOTAL Tres (3) cruceros 11510 Tns Cuatro (4) cruceros 16060 Tns
1 “Patria” 1070 Tns “Almirante Condell” 750 Tns
1 “Espora” 520 Tns “Almirante Lynch” 420 Tns
4 Torpederos menores 416 Tns
5 Torpederos menores 420 Tns
TOTAL Seis (6) Torpederos 2006 Tns Siete (7) Torpederos 1590 Tns
3 Desplazamiento total de 2630 Tns
4 Desplazamiento total de 3430 Tns
TOTAL DE BUQUES Y TONELADAS DE DESPLAZAMIENTO
1 CHILE Dieciocho (18) buques 33280 Tns
2 ARGENTINA Quince (15) buques 24946 Tns
Temiendo que en caso de estallar la guerra de Chile por cuestiones fronterizas la Armada de ese país bloqueara el Río de la Plata, el presidente José Evaristo Uriburu elevó al Congreso Nacional un proyecto de ley que permitiría restablecer un inmediato equilibrio de fuerzas autorizando la compra de buques de guerra y además, construir un puerto militar sobre la costa atlántica que era imprescindible para tener acceso al océano.
Con la premura que la situación imponía, el viernes 28 de junio de 1895 fue aprobada la Ley Nro 3235 para efectuar el mencionado rearme naval.
Si bien en un principio se realizaron contactos con astilleros navales ingleses y franceses, la presencia poco menos que providencial en Buenos Aires de un hombre, determinaría que se eligieran astilleros italianos para adquirir dichas naves de guerra, pues los primeros recién podían atender los pedidos en un plazo que el mejor de los casos rondaría los dos años y eso, dado la delicada situación imperante con Chile, era demasiado tiempo.
Se trataba del embajador del Reino de Italia, Conde Pedro Antonelli, diplomático de carrera que antes de llegar a la República Argentina, se había desempeñado exitosamente en algunos países de Africa y en los Estados Unidos del Brasil.
Antonelli facilitaría la adquisición de cruceros de última generación y la construcción del mencionado puerto militar sobre el océano atlántico.
II.a. LA CONSTRUCCION DEL PUERTO DE BAHIA BLANCA
El miércoles 11 de septiembre de 1895 dicho embajador mantuvo la primera conversación con Amancio Alcorta, Ministro de Relaciones Exteriores, planteándose durante la misma el tema de la futura base naval, con tanta sinceridad que convinieron en que viajase al país el ingeniero italiano Luis Luiggi para realizar un estudio de factibilidad de la misma.
El nombrado arribó a principios de febrero de 1896; acompañado por Antonelli se entrevistó con el presidente Uriburu, quien le brindó todas las facilidades para comenzar a trabajar en el proyecto, por lo que éste de inmediato inició una serie de visitas que lo llevaron al Arsenal Naval de Zárate, los talleres navales del Tigre, los puertos de Buenos Aires y La Plata, para luego efectuar un extenso recorrido de la costa bonaerense hasta Bahía Blanca, continuando luego por las costas patagónicas hasta Santa Cruz.
El lunes 21 de junio de 1896 Luiggi presentó un informe al Ministro de Guerra y Marina, Guillermo Villanueva – que estaba basado en mucha información recopilada durante varios años por Oficiales de la Armada Argentina -, en el que expresaba que luego de haber visitado varios puntos en donde se podía construir dicho puerto, consideraba que el lugar más conveniente para ese emplazamiento era Bahía Blanca.
Luiggi realizó su tarea con mucha prisa al enterarse que en se encontraba allí un ingeniero naval alemán que trabajaba para la firma Tornquist, pero que en realidad era un agente de la firma Krupp de Essen, Alemania, competidora de la firma que él representaba.
Luego de leer ese informe, el presidente José Evaristo Uriburu ordenó suspender la construcción de un dique de carena en el puerto de La Plata y que se iniciara a toda prisa la construcción del de Bahía Blanca.
Un año y medio más tarde comenzaron las obras que fueron dirigidas por el propio ingeniero Luis Luiggi y el mayor de artillería italiana e ingeniero naval Bertrando Villavechia, quien tuvo a su cargo el trazado de las obras defensivas del puerto.
El 8 de marzo de 1902 el Teniente General Julio Argentino Roca inauguró oficialmente el “nuevo” dique de carena bahiense.
II.b. LA ADQUISICION DE BUQUES DE GUERRA EN EL REINO DE ITALIA
El embajador Pedro Antonelli realizó los primeros contactos para que los astilleros italianos que construían cruceros acorazados para su país, vendieran barcos a la República Argentina.
Por esos años, los ingenieros navales realizaban mejoras en el blindaje de los buques al haber aumentado el poder de fuego naval.
En 1884 la fábrica de armamento inglesa Armstrong instaló en el buque chileno “Esmeralda” una coraza especial, la primera en su género, que dio inicio a la construcción de los llamados “cruceros protegidos” que unían a esa defensa una artillería naval de tiro rápido que se creía, podía enfrentar a naves de grueso calibre, pero de tiro lento.
Argentina adquirió dos barcos de guerra con esas características: el “9 de julio” en 1884 y el “Buenos Aires” en 1886.
El rápido avance de la tecnología pronto superó la novedad; los franceses luego de estudiar detenidamente el asunto consideraron que debían construir buques blindados con una coraza de 4 pulgadas que cubriera la totalidad de la cara externa del barco y así, en 1890 botaron el buque “Dupuy de Lôme” de 6.400 toneladas de desplazamiento y 114 metros de eslora.
Ingenieros italianos estudiaron esos adelantos los mejoraron añadiendo una nueva protección blindada, agregando una gran velocidad de desplazamiento y potencia de fuego.
Con estas premisas fue diseñado por el renombrado ingeniero naval Benedetto Brin, hombre de gran experiencia y capacidad profesional, secundado por el ingeniero Eduardo Masdea, oficial de la Marina de Guerra italiana, el primero de estos nuevos barcos, el “Giuseppe Garibaldi”, que fue construido en los astilleros Ansaldo de Génova.
Uno de los principales accionistas de esa firma, Fernando María Perrone, enterado de la delicada situación imperante entre nuestro país Chile, viajó de Génova a Buenos Aires para ofrecer a nuestro gobierno barcos de guerra, lamentablemente obrando con gran inescrupulosidad, hizo lo propio con Chile, generando así una carrera armamentista.
Al llegar a nuestra capital, el embajador Pedro Antonelli lo puso en contacto con el Ministro de Guerra y Marina argentino, a quien le ofreció el “Giuseppe Garibaldi”, cuya quilla había sido colocada en ese astillero en julio de 1893.
Por Ley Nro 3357 del martes 14 de enero de 1896, se aumentó la partida para efectuar la adquisición de tres cruceros acorazados, aceptó sin vacilar dicha oferta y de así, el 14 de julio de 1896 se concretó la compra directa de dicho acorazado, cuya tecnología de punta la ubicaba a la vanguardia de las de su tipo a nivel mundial.
Mientras tanto, se había firmado con el astillero italiano Orlando, que funcionaba en el viejo astillero militar de San Roco, en Livorno, la venta del “Varese”, que fue rebautizado por nuestro gobierno como “San Martín”, que al mando del Capitán de Navío Manuel García Mansilla arribó a Punta Piedras el 13 de junio de 1898.
La nave, del tipo “Garibaldi”, tenía un mayor tonelaje que ésta – 8100 tns -, coraza endurecida y cementada, mamparas de acero que desplazaron definitivamente el uso de madera a fin de evitar el peligro de incendio, tal como había ocurrido en la reciente guerra Chino – Japonesa de 1894.
Con la autorización del ahora Ministro de Marina italiano Benedetto Brin, el viernes 1ro de abril de 1898 fue adquirido en dicho astillero otro crucero de similares características que se llamaría “General Belgrano”, que llegó a nuestro país a comienzos de noviembre de 1898 al comando, también, del Capitán de Navío Manuel García Mansilla.
Asimismo, en el astillero Ansaldo se adquirió el lunes 2 de mayo del mismo año otro buque, al que se denominó “Pueyrredón”, nave que llegó a nuestro país a principios de septiembre de 1898 al comando del Capitán de Fragata Onofre Betbeder.
Debidamente informado por su servicio de inteligencia desplegado en Europa y en Argentina, las adquisiciones navales precedentemente mencionadas por parte de nuestra Armada, causaron gran preocupación en Chile.
Por ese motivo el embajador chileno en Alemania, Ramón Subercasseaux envió una nota a la Cancillería Italiana expresando que esas ventas no ayudaban a mantener la paz y el equilibrio de las fuerzas navales entre las partes.
Esa protesta no tuvo ningún efecto, ya que por intervención directa del rey Humberto Iro en nuestro favor , esas naves de guerra fueron entregadas en debido tiempo y forma a la Armada Argentina.
Ante ese hecho, la Armada Chilena adquirió en un astillero inglés un crucero de similares características, de 8.500 toneladas de desplazamiento.
Sabiendo que estábamos en una clara y riesgosa desventaja naval con respecto a Chile, pese a la crisis económica sufrida en 1890, los gobiernos de Carlos Pellegrini, Luis Sáenz Peña y José Evaristo Uriburu, incrementaron la adquisición de buques de guerra en Europa ya que era el pensamiento generalizado que la guerra era inevitable.
Lo expresado precedentemente puede apreciarse en detalle en el siguiente cuadro:
ADQUISICIONES NAVALES ARGENTINAS EN EL PERIODO 1891 – 1898
PRESIDENCIA DEL Dr. CARLOS PELLEGRINI (1890-1892)
ADQUISICION BUQUE PAIS DE CONSTRUCCION
1890/91 Ocho torpederas de 2º clase GRAN BRETAÑA
1890/92 Ocho torpederas de 1º clase: “Bathurst”, “Bouchard”,“Jorge”,“King”,“Murature” “Pinedo”, “Py” y “Thorne” GRAN BRETAÑA
1891 Crucero “25 de Mayo” GRAN BRETAÑA
PRESIDENCIA DEL Dr. LUIS SAENZ PEÑA (1892-1895)
1893 Acorazados de río: “Libertad”e “Independencia” GRAN BRETAÑA
1893 Crucero protegido “9 de Julio” GRAN BRETAÑA
1894 Torpedero “Patria” GRAN BRETAÑA
1894 Crucero“Buenos Aires” GRAN BRETAÑA
1894 Transporte “1º de Mayo” ALEMANIA
PRESIDENCIA DEL Dr. JOSE EVARISTO URIBURU (1895-1898)
1896 Transportes “Chaco” y “Pampa” GRAN BRETAÑA
1896/97 Torpederos de mar “Corrientes”,“Entre Ríos”, “Misiones” y “Santa Fes” GRAN BRETAÑA
1896 Acorazados “Garibaldi”,“Belgrano”, San Martín”y “Pueyrredón” ITALIA
1898 Fragata “Presidente Sarmiento” GRAN BRETAÑA
El esfuerzo económico realizado fue por demás significativo, pero la situación naval frente a los chilenos se equilibró por primera vez en nuestra historia y es más, por la mayor cantidad y calidad de los acorazados, se superaba el poder de fuego de la Armada Chilena.
CUADRO COMPARATIVO DE LAS ARMADAS DE ARGENTINA Y CHILE EN 1898
1 “Belgrano” 6840 Tns “O´Higgins” 8500 Tns
1 “Garibaldi” 6840 Tns “Capitán Pratt” 6900 Tns
1 “Pueyrredón” 6840 Tns “Almirante Cochrane” 3500 Tns
1 “San Martín” 6840 Tns “Huáscar” 1800 Tns
1 “Almirante Brown” 4200 Tns –
1 “Independencia” 2300 Tns –
1 “Libertad” 2300 Tns –
TOTAL Siete (7) acorazados 36160 Tns Cuatro (4) acorazados 20700 Tns
1 “25 de Mayo” 3200 Tns “Ministro Zenteno” 3600 Tns
1 – “Presidente Errázuriz” 2080 Tns
1 – “Presidente Pinto” 2080 Tns
TOTAL Tres (3) cruceros 11510 Tns Cinco (5) cruceros 19660 Tns
Diecinueve (19) buques de guerra con un total de 52.306 toneladas de desplazamiento
Veinte (20) buques de guerra con un total de 45380 toneladas de desplazamiento
Conforme a la reforma constitucional de marzo de 1898 se elevó el número de ministerios nacionales de cinco a ocho el martes 11 de octubre de 1898, último día de su mandato el presidente José Evaristo Uriburu sancionó la Ley Nro. 3727 por la que se efectivizó una gran reforma en el área de la defensa nacional, ya que se crearon los Ministerios de Guerra y Marina.
III. EL ABRAZO DEL ESTRECHO DE MAGALLANES
Si bien se había logrado firmar el miércoles 2 de noviembre de 1898 un acuerdo para realizar en Buenos Aires la denominada “Comisión Demarcatoria” por la Puna de Atacama, lo que permitió abrigar la esperanza de llegar a un pronto acuerdo general sobre el resto de la frontera, esto se disipó rápidamente cuando los peritos de parte Francisco P. Moreno y Diego Barros Arana, dieron por concluido el debate que mantenían en Santiago de Chile por el trazado de la línea divisoria al sur del paralelo 41º, efectuándose duras críticas y reproches por el fracaso de la misión que les había sido encomendada por sus respectivos gobiernos.
A poco de asumir su segunda presidencia, Roca anunció que viajaría al sur del país y, considerando que se podía llegar a un entendimiento si lograba hablar con el presidente chileno Federico Errázuriz Echaurren, aprovechó la visita que le hizo para despedirse el embajador saliente de Chile, Matías Errázuriz Ortuzar y, en medio de la charla informal que es de estilo en esos casos, “sin querer”, Roca le dijo como al pasar:
“¡Que cerca vamos a estar de Punta Arenas, de Chile, si se entera don Francisco Errázuriz, quizás se tiente y nos vemos!”
El mandatario chileno “recogió el guante” y así, cuando el nuevo embajador chileno Ernesto de Puitrón presentó sus credenciales a Roca le manifestó que el presidente Errázurzi había manifestado su deseo de abrazarlo en Punta Arenas en febrero de 1899.
Y de ese modo, fue como se acordó el encuentro.
El presidente chileno y su comitiva, embarcada en buques de la Armada de ese país fondeados en el puerto de Punta Arenas y los lugareños, no dejaban de mirar hacía el Norte en espera que apareciera la nave que transportaba al Teniente General Julio Argentino Roca y su comitiva.
De pronto ante un grito de un vigía, debieron girar ciento ochenta grados su mirada para observar a las tres hermosas naves que se les acercaban…¡desde el Sur!
“La División Argentina venía del sur y una crónica refiere que los buques argentinos, navegando en línea de fila, llegaron hasta frente a los buques chilenos, cambiaron rumbo 90º dirigiéndose a la línea de buques chilenos y a distancia apropiada fondearon los tres a un tiempo, maniobra simple pero precisa que causó buena impresión”.
Al visualizarse ambas escuadras, el miércoles 15 de febrero de 1899, se intercambiaron quinientos disparos de salva, al concluir la ceremonia el presidente argentino se trasladó al buque insignia chileno “O’Higgins” en una chalupa, al llegar se abrazó con su par chileno, posteriormente se escucharon las estrofas de los himnos nacionales de ambos países.
Luego de una charla informal, ambos mandatarios hicieron lo propio a bordo del “Belgrano” y posteriormente Roca fue invitado a pernoctar en Punta Arenas, donde pudieron hablar francamente, lográndose así reanudar las tareas demarcatorias entre ambos países.
IV. LA GESTION DEL TENIENTE GENERAL LUIS MARIA CAMPOS COMO MINISTRO DE GUERRA
Al asumir por segunda vez la primera magistratura argentina, Roca nombró como Ministro de Guerra a uno de los más competentes oficiales del Ejército Argentino de esos tiempos, el Teniente General Luis María Campos, quien había desempeñado el cargo en 1895, cuando el citado Ministerio era “…de Guerra y Marina”.
Hombre querido y respetado en el ámbito militar, Campos era reconocido como un valiente soldado, a quien le cupo la responsabilidad de comandar las maniobras nacionales de 1896 desarrolladas exitosamente en las serranías de Curamalal, en las cercanías de Pigüé.
IV.a. LA CREACION DE LA ESCUELA SUPERIOR DE GUERRA
Entre los grandes aciertos de su gestión, se debe mencionar la apertura de la Escuela Superior de Guerra, la que si fue creada por Decreto del lunes 29 de enero de 1900, en el mismo se expresaba que la misma había abierto sus puertas día 1ro de enero de ese año.
Las clases se iniciaron el miércoles 25 de abril de 1900 en la sede del establecimiento, ubicado en ese entonces en la calle Corrientes 439 de la ciudad de Buenos Aires.
En su discurso inaugural, Campos que había reasumido el cargo por haber estado enfermo, expresó que “…la fundación de esta Escuela, ansiosamente esperada por la juventud intelectual del Ejército, era una de mis más vivas esperanzas y constantes preocupaciones”.
Finalizó su alocución, haciendo fervientes votos para que los Oficiales mantuvieran vivas en las aulas no el solo el noble afán por el saber, sino también la gloriosa tradición del Ejército Argentino y el amor a la Patria.
El viejo guerrero, comprendiendo quizás que sus dolencias le impedirían continuar por mucho tiempo más en el ejercicio del cargo, finalizó sus palabras con un pensamiento de un soldado que fue un claro representante del siglo XIX que moría, realizando una hermosa prospectiva de la tarea del Oficial del siglo XX próximo a comenzar, al expresar que: “…estudiar es progresar, la paz tiene sus grandes batallas y sus altos triunfos radicados en la escuela, en los libros y en los campos de maniobras”.
V. EL CORONEL PABLO RICCHIERI ES NOMBRADO MINISTRO DE GUERRA
En junio de 1900, el Teniente General Luis María Campos, por razones de salud renunció al cargo de Ministro de Guerra, lo que fue un duro golpe para Roca pues sabía que reemplazar a tan eficaz colaborador, no sería nada fácil por la conflictiva situación con Chile por la definitiva delimitación de las fronteras, que había vuelto a enrarecerse.
Roca hacía años que conocía al Coronel Pablo Riccheri y lo sabía un oficial sumamente capacitado para ocupar ese cargo y operar la transformación iniciada en el Ejército Argentino.
En la soledad de su despacho Roca habrá pensado en el revuelo que generaría el nombramiento de Ricchieri como Ministro de Guerra, un Coronel de cuarenta años, pues contaba con muchos generales “…más viejos y mas feos…” que como él se hicieron en el campo de combate, pero en esos tiempos se necesitaban hombres como Ricchieri quien por su larga permanencia en Europa podía conducir el cambio imprescindible a operar, por sus grandes conocimientos profesionales.
Roca se preciaba de ser amigo de Ricchieri, lo sabía un patriota y un hombre honrado a carta cabal, tal como quedó demostrado en 1897 cuando rechazó una recompensa de 2.000 libras esterlinas que él, como Presidente de la Nación, le confirió por los extraordinarios servicios a nuestro país en la adquisición de armamentos.
V.a. SU NOMBRAMIENTO
Por tal razón, no tardó mucho en decidirse y le envió al Coronel Pablo Ricchieri el siguiente telegrama a Berlín, donde se desempeñaba como Agregado Militar:
“Lo llamaba con urgencia porque lo necesito para nombrarlo Ministro de Guerra habiendo renunciado el general Campos. Uno de los motivos de la urgencia de su venida”.
Ricchieri, le respondió que su salud estaba quebrantada por una reciente operación a la que se sometió y que por ello trabajaba noche y día para retornar al país; por esa razón, en relación con el ofrecimiento luego de agradecer el honor que se le hiciera, lo declinó manifestando que: “…a mi sentir en circunstancias difíciles porque para el Ejército sería mejor designar para tan elevado cargo uno de nuestros generales con mayor prestigio a cuyo lado ofrézcale colaborar con mi más decidido empeño…”
Roca, acusando recibo, le envió otro telegrama:
“He pensado en usted por creerlo de acuerdo con la opinión pública capaz de desempeñar bien el Ministerio de la Guerra. El motivo que aduce para rehusar no tiene pues razón de ser si por causa de salud u otras razones personales le impiden aceptar. Le ruego me lo diga con franqueza. Sentiría de veras”.
Entonces, el lunes 9 de julio de 1900, Ricchieri le respondió de este modo:
“Razones personales sólo tengo de franco e invariable cariño por Ud. y en cuanto a salud ella se reparará.
Conceptuaba sin embargo como un deber proponerle solución indicada en mi telegrama anterior, pero desde que puedo desempeñar con utilidad para el país y su gobierno Cartera de Guerra acepto entonces reconocido tan alta prueba de confianza prometiéndole trabajar cuanto humanamente pueda en servicio del Ejército y su administración. Preséntole felicitaciones en glorioso aniversario patrio”.
V.b. SU ASUNCION COMO MINISTRO
El Coronel Pablo Ricchieri juró como Ministro de Guerra el jueves 20 de septiembre de 1900, en un acto que se realizó en horas de la tarde en la Casa Rosada y que fue presidido por el primer mandatario argentino, Teniente General Julio Argentino Roca.
Para Ricchieri, que hacía poco había cumplido cuarenta y un años, recibir las salutaciones de altos oficiales del Ejército Argentino era una gran alegría, pero como él nunca olvidó su humilde origen y era una persona agradecida, mientras saludaba, escrutaba todos los rincones, hasta que encontró a la persona que buscaba y se acercó a ella…
“Al prestar juramento y recibir las felicitaciones de las primeras autoridades del gobierno de la Nación, Ricchieri se aparta de la calificada concurrencia que lo rodea y se dirige, con la franca decisión que siempre lo ha caracterizado, hacia un rincón apartado del salón Blanco de la presidencia, donde se encontraba el moreno Luis, ordenanza que lo había atendido veinticinco años antes cuando peregrinaba por las oficinas del Ministerio de Guerra en procura de una resolución favorable a su solicitud de ingreso a la escuela de cadetes y lo estrecha en un cordial abrazo.
Noble retribución democrática al humilde que le había sido útil por el paso inicial de su fecunda y brillante carrera.
Poco tiempo después lo hace nombrar mayordomo de la Casa de Gobierno”.
VI. MEDIDAS DE CONTRAINTELIGENCIA ADOPTADAS EN LA CONFECCION DEL PRESUPUESO DE GUERRA
Si bien en el Presupuesto Nacional de 1901, en cuya discusión el Coronel Pablo Ricchieri participó cuando el mismo estaba prácticamente finiquitado al ser nombrado Ministro de Guerra, dicho ministerio recibió 12.984.441 pesos moneda nacional, suma un tanto menor al de años anteriores.
Es muy importante destacar que por sugerencia del Coronel Pablo Ricchieri, el Teniente General Julio Argentino Roca elevó al Congreso de la Nación la asignación de recursos correspondientes a los Ministerios de Guerra y de Marina en forma global y no en forma discriminada como acontecía hasta ese momento “…por razones de seguridad nacional”.
El Congreso de la Nación supo estar a la altura de las circunstancias y así fueron votadas las respectivas partidas, pues nuestros parlamentarios comprendieron que de ese modo no facilitarían el trabajo del espionaje chileno, pues si bien llegarían a conocer por los periódicos el monto de la suma destinada a la defensa, ignoraría en que rubros se gastaría.
Es más, previendo que de algún modo el espionaje trasandino pudiera tener acceso a la Reglamentación de la Partida asignada al Ministerio de Guerra, determinando su ejecución en los correspondientes incisos y partidas, en un todo de acuerdo con el presidente Julio Argentino Roca, el ministro Pablo Ricchieri quedó autorizado a efectuar ahorros en los distintos incisos y partidas y redistribuirlos.
VII. EL RECUERDO DEL LIBERTADOR
Mientras esperaban la aprobación del presupuesto, Roca y Ricchieri conversaron sobre la tarea a realizar y casi con seguridad el recuerdo del General José de San Martín habrá aparecido en más de una oportunidad como ejemplo a seguir, pues ambos eran fervientes sanmartinianos.
Roca, un hombre que valoraba a los grandes hombres de nuestro pasado conoció las hazañas del Gran Capitán en su más tierna infancia, pues su padre, el Coronel José Segundo Roca, luchó siendo joven a sus órdenes en la Campaña Libertadora del Perú.
Riccheri por su parte había nacido en San Lorenzo, el lugar del épico combate del mismo nombre, donde recibieron su bautismo de fuego sus Granaderos a Caballo y por ello sus juegos desde pequeño, giraban en torno de lo que allí había acontecido.
Se lo sabía un gran admirador de la ética sanmartiniana, pues fue un gran estudioso de su obra, en especial en todo lo referente a la inteligencia militar y así, mientras planeaba con el General Julio Argentino Roca como modernizarían el Ejército Argentino, recordaron la gran lección que había dado el General José de San Martín, quien siempre trabajó en cuarteles cerrados, lejos de miradas indiscretas como aconteció en la “Plaza de Toros” de Buenos Aires cuando formó el Regimiento de Granaderos a Caballo del Retiro, lo mismo pasó en “La Ciudadela” de Tucumán, en “El Plumerillo” de Mendoza, en las cercanías de Santiago de Chile y en territorio peruano…
Sus fuerzas siempre estuvieron aisladas, dificultando así la tarea del espionaje enemigo, coadyuvando a ello, la implementación de las más estrictas medidas de contrainteligencia por parte de sus tropas las que debían ser sumamente reservadas con las cuestiones militares allí realizadas, pues todo lo aprendido, practicado, ejercitado y/o aunque más no fuere visto u oído al pasar, no debía trascender la puerta del cuartel.
VIII. LA COMPRA DE CAMPOS DE MANIOBRAS Y LA CONSTRUCCION DE INSTALACIONES MILITARES
Una vez logrado la aprobación de un Presupuesto Global para el Ministerio de Guerra, Roca y Ricchieri pusieron manos a la obra de modernización del Ejército Argentino debía comenzar con la inmediata modificación sustancial de sus instalaciones y campos de maniobras, a fin de evitar que los ejercicios que allí se realizaran pudieran ser observados por espías enemigos.
Bien, la “Partida para la Adquisición de Campos de Maniobras y Construcción de Instalaciones” del año 1901, ascendió a la suma de tan solo 25.968 pesos, que era el 2% del presupuesto de guerra de ese año, que para peor sería percibida en doce cuotas irrisorias de 2.164 pesos mensuales y como es lógico suponer, muy poco se podía adquirir…
¿Cómo solucionó el problema Pablo Ricchieri?
Estando autorizado por el Decreto Reglamentario de la Ley de Presupuesto a reasignar el destino de otras Partidas para adquirir esos inmuebles, economizó el sueldo de 7.100 soldados profesionales – los “enganchados” – y con ese dinero – casi un millón de pesos – reasignó parte de la “Partida Sueldos” a la “Partida Adquisición de Campos de Maniobras y Construcción de Instalaciones” esto que le permitió adquirir al contado en un solo pago, las 2.100 hectáreas de un lugar que se llamó Campo de Mayo, operación que fue aprobada por ley del miércoles 7 de agosto el Congreso de la Nación pues fueron “…pagados totalmente con los ahorros del presupuesto de Guerra de 1901”.
No sería Campo de Mayo la única adquisición o reformas que el Coronel Pablo Ricchieri realizó durante su gestión como Ministro de Guerra; fueron muchas y por todo el país.
IX. LA SANCIÓN DE LA LEY 4031 DEL SERVICIO MILITAR OBLIGATORIO
Durante su larga permanencia en Europa el Coronel Pablo Ricchieri había adquirido sólidos conocimientos sobre las previsiones que un país debía efectuar para un correcto planeamiento de la guerra, un eficaz reclutamiento, la correcta capacitación de cuadros y soldados, la formación de reservas, la movilización civil y militar, los transportes y la logística.
Había comprendido que ese era un conjunto único e indivisible que debía desenvolverse en forma armónica, a fin de adecuarse convenientemente a la dinámica que las nuevas tecnologías imponían a la confrontación bélica y a sus importantes etapas: movilización, concentración y despliegue estratégico.
Para lograr la modernización ordenada por el Teniente General Julio Argentino Roca, se sirvió de los conocimientos obtenidos en el Viejo Continente, cuya heterogeneidad le permitió no quedar cautivo de pensamientos ni a doctrinas militares de determinado país, logrando de ese modo, poder realizar la tarea insertando lo mejor de cada uno de los Ejércitos europeos que conoció, adaptándolo a nuestras necesidades y extensa geografía.
De ese modo, a su inspiración se debe la sanción de la ley del Servicio Militar Obligatorio, cuyos profundos cambios modificaron tanto la instrucción como la doctrina operacional, tendiente a lograr el profesionalismo apolítico de los cuadros.
La sanción de la Ley Nro 4031, luego de extensos debates en el Congreso de la Nación, significó un gran paso hacia la “argentinización” de los hijos de inmigrantes europeos llegados al país seducidos por la política de “puertas abiertas” que propuso en 1876 la Ley Nro 817 de Inmigración y Colonización, que fue la norma que atrajo a miles de agricultores y obreros – mano de obra calificada – que necesitábamos.
En parte de su alocución, el Coronel Pablo Ricchieri expresó en el Congreso de la Nación:
“El Poder Ejecutivo tiene plena confianza en la mantenimiento de la paz en esta parte de América, pero no puede mirar con indiferencia los progresos que en el arte militar o en la organización de su fuerza armada realice cualquiera de los países que nos rodean.
Desde el momento que uno de ellos – Chile – está organizando su ejército de una manera sólida sobre base definitivas, tenemos el deber de hacer lo propio, de exigir al país los sacrificios necesarios para no dejarnos sorprender en ningún momento por los acontecimientos”.
Al concluir su extenso alegato, manifestó:
“El más grande homenaje que se podría rendir a los próceres de la independencia, sería que el Ejército de este momento fuera digno sucesor del que se había iniciado un siglo antes; un Ejército bien constituido hoy capaz de defender la bandera con la mayor intrepidez y guardar al mismo tiempo el patrimonio de la tierra que nos legaron nuestros mayores”.
La Cámara de Diputados la aprobó el viernes 11 de octubre de 1901, y el Senado hizo lo propio luego de escuchar una exposición en contrario del Doctor Carlos Pellegrini, quien se opuso a su sanción por considerar que lo más conveniente era poner de inmediato en instrucción su Milicia, pero siendo todo un patriota, deseó el mejor de los éxitos al nuevo sistema adoptado, expresando que “…yo salvo mi voto, por las razones que acabo de dar, le deseo todo el éxito imaginable, porque será la patria la que ganará con ello…”.
Por la grave situación con Chile, la Cámara de Senadores la aprobó el viernes 6 de diciembre de 1901 y fue promulgada por Roca cinco días más tarde como la Ley Nro. 4031.
En el mensaje leído ante el Congreso de la Nación por parte del Presidente Julio Argentino Roca el 1ro de mayo de 1902, abriendo las sesiones ordinarias del parlamento, expresó:
“Las últimas maniobras efectuadas en Campo de Mayo y las que han practicado los cuerpos de tropas en distintos puntos de la República han demostrado suficientemente las ventajas de la ley del servicio militar obligatorio, cuyo éxito es indiscutible, aún antes de haber sido íntegramente en ejecución, y es de esperar que será aún más completo cuando se haya incorporado una parte de la clase por el término de dos años, y se haya formado un cuerpo numeroso de clases instructoras en las escuelas que para cada arma quedarán instaladas muy en breve.
Los jóvenes conscriptos han revelado cualidades de resistencia, moralidad, disciplina e inteligencia dignos del mejor encomio”.
La extraordinaria “argentinización” que su sanción produjo, comenzó con la entrega al ciudadano su Libreta de Enrolamiento, la que además de contener las normas legales de referencia, contenía un mapa de nuestro país, la letra del Himno Nacional, como así también hermosas pinturas en colores de nuestra bandera, escudo y de la escarapela argentina.
Se aprovechó la conscripción para llevar a cabo una gran campaña de alfabetización; en ese sentido el presidente Roca en su mensaje al Congreso el 1ro de mayo de 1904 expresó que la mayoría de los soldados conscriptos, analfabetos antes de su instrucción eran devueltos a sus hogares con instrucción, salud y disciplina, lo que redundaría en beneficio del país.
En los cuarteles se les enseñaba a leer y escribir, operaciones de suma, resta, multiplicación y división, conocer la historia y la geografía argentina, costumbres de nuestro país, como así también cuales eran sus derechos y deberes como ciudadanos.
Con ese objeto se publicaron libros específicos para la educación de soldados de veinte años, como “El soldado” de Enrique Cocchi y “El Conscripto” de Enrique de Vedia, quien expresó en esa obra que:
“El servicio militar no se hacía con el propósito de hacer la guerra, sino la paz y, además, servía para afianzar el sentimiento de patriotismo, para educar, instruir y enseñar que todos los argentinos podían considerarse miembros de una gran familia: La Patria”.
El servicio militar es igual para todos, para ricos y para pobres, y que al conocer a jóvenes de familias, educados y de otros niveles sociales, aprendió otras cosas como buenos modales y, también pudo conocer otros lugares de la Patria y saber que siempre junto al correo y al ferrocarril hay un cuartel donde se aprende a gritar “¡Viva la Patria”.
En 1910 el Presidente del Consejo Nacional de Educación, dirigiéndose al Ministro de Instrucción Pública expresó:
“…las escuelas militares vienen realizando su misión educadora con resultados que debemos considerar satisfactorios.
Ellas han arraigado año tras año con un carácter genuinamente nacional; son superiores a las similares establecidas en otros países y la razón de ello se debe al esfuerzo que la Nación debe hacer para disminuir el porcentaje de su población analfabeta adulta, para lo cual las escuelas anexas al Ejército y la Armada, debido al Servicio Militar Obligatorio, son uno de los medios más propicios a la realización de este fin”.
X. AL BORDE DE LA GUERRA
Argentina y Chile se encontraban en una escalada bélica que para parecía imposible de detener y una circunstancia poco feliz que tuvo como protagonista al embajador argentino en Santiago de Chile con la firma de una documentación, nos situó a en el borde de la guerra:
“Era la noche del 24 de diciembre.
El Gobierno Argentino había transmitido a su Ministro ante el Gobierno de la Moneda la orden de romper nuestras relaciones con la República de Chile y de pedir al mismo tiempo sus pasaportes.
La gravedad era extrema; aún cuando la guerra no hubiese sido declarada ni empezada, puede decirse que estamos ya en estado de guerra.
El pueblo entero lo deseaba, porque la situación de incertidumbre en que todo el mundo vivía, desde hacía años, parecía más perjudicial que la guerra misma.
El espíritu público había llegado a su más elevada tensión; las manifestaciones patrióticas incitando a la acción, se desarrollaban desde los Andes al Plata y desde el Estrecho a las fronteras del Norte, y tal vez más allá, en un ambiente de meditada valentía para afrontar la lucha. A cada instante se multiplicaban los ofrecimientos al Gobierno de toda índole, hombres, dinero, ganado, materiales, todo cuanto pudiera ser utilizado en la guerra; que todos y cada uno comprendía había de ser dura, porque sabíamos hacer justicia al valor y tradicional entereza de del pespunto adversario.
Pero los hombres dirigentes de la República, los que tenían la responsabilidad del Gobierno, sabían que nuestra preparación era considerablemente superior, por tierra y por mar, a la de la nación trasandina…”.
Como se puede apreciar, la situación era de una gravedad extrema.
“Fue en ese instante, en esa noche del 24 de diciembre que se desarrolló la escena memorable, sin duda la más grande en la vida del general Julio A. Roca, que voy a reproducir y que, como antes he dicho, habiendo sido actor de ella, sentía como una obligación de conciencia no dejar en el olvido, rindiendo al rememorarla el homenaje de gloria que sintetiza para el gran argentino cuya efigie acabamos de descubrir.
Bruscamente rotas nuestras relaciones con Chile, el acto se había producido en forma tal, que el Ministro de Guerra, conceptuaba que una prudencia previsora aconsejaba estimar como existiendo de hecho el estado de guerra.
Recuerdos históricos, no lejanos, fundaban ese criterio; en la Guerra del Pacífico del 79 y en la Guerra Ruso-japonesa, los beligerantes habían iniciado las operaciones antes de la formal declaración de guerra.
En esa virtud, a las ocho de la noche se trasladó – Ricchieri –, a casa del presidente Roca, para ultimar detalles del plan de guerra que había sido entre ambos elaborado, y pedirle autorización para iniciar preparativos de operaciones, de tal suerte que éstas pudieran seguir inmediatamente a la declaración de guerra.
En concepto del Ministro, quien debía encarar y encaraba la situación sobre todo desde el punto de vista militar, las operaciones debían empezarse sin retardo, porque no existiendo ya ninguna perspectiva de solución pacífica – aun cuando lealmente he de afirmar que la finalidad de nuestros preparativos militares habían invariablemente tenido en vista el elevado propósito de poder garantizar la paz -, y estando de acuerdo en el plan de guerra que había de desarrollarse, toda pérdida de tiempo podrá acarrear perjuicios capaces de hacernos perder ventajas previamente preparadas y seguras, que tendrían influencia considerable al iniciarse la campaña…”.
La conversación se prolongó por más de tres horas:
“…y de ella resultó, una vez más, confirmada la firme convicción que ambos tenían en la victoria final, fundados en los factores de todo orden que nos daba una superioridad indiscutible y que, salvos caprichos de la fortuna que a veces actúan en la guerra, tenían fatal y lógicamente que llevar nuestras armas al triunfo.
Pero, al lado de esta seguridad del Presidente en la victoria, si nos veíamos abocados a la guerra, me convencía también de su resolución inquebrantable de no declararla sino después de haber agotado todo extremo honroso para conservar la paz.
Eran casi las doce de la noche y el Ministro apuraba sus argumentos de orden militar para recibir el consentimiento de iniciar la preparación de las operaciones. Esos argumentos, irrefutables, considerados del punto de vista militar, por instantes parecían que hacían vacilar al Presidente, pero luego no más se sobreponía el firme propósito de conservar la paz, mientras estuviera en sus manos conseguirlo, sin comprometer la integridad de la patria o el honor nacional. Podía verse que todo constituía el fondo de una resolución inquebrantable, y en un momento, después de haber quedado breve tiempo en estado de meditación, pronunció estas palabras históricas:
– “¡Si, usted tiene razón. Si pensara que no hubiera ya ninguna esperanza de conservar la paz, daría el consentimiento, pero después de la viva escena que he tenido esta noche con el Ministro de Chile, y que lo ha dejado convencido de que habiendo agotado todos los recursos pacifistas, compatibles con la dignidad de la Nación, estamos resueltos a ir a la guerra, que el país no teme, porque tiene la seguridad de alcanzar la victoria de ella, tengo el presentimiento de su Gobierno solicitará la reanudación de las negociaciones.
Esperemos entonces hasta mañana antes de disponer los preparativos para la iniciación de las operaciones.
Agotemos todo cuando sea posible para conservar la paz, porque aún cuando tengamos el convencimiento de que yendo a la guerra iríamos también a la victoria, porque la guerra es la guerra, con todos sus horrores, sus hecatombes de hombres llenos de vida y de provenir, de hogares deshechos por la muerte, por el incendio y la violencia, de sedimentos de odios inextinguibles entre estas naciones nuevas que necesitan de todo su poder afectivo y de la mutua confianza, para vincularse un día indisolublemente ante peligros mayores que, viniendo de afuera, puedan amenazar su integridad y soberanía…”
Y su esperanza se cumplió.
Y su anhelo panamericanista recibía el día siguiente la consagración de la victoria de la paz sobre la guerra, la paz que debía reconciliar por siempre dos naciones hermanas, sin que ninguna de ella hubiera dejando en la contienda un giro de su honor nacional, sin que ninguna de ellas quedara bajo la acción de un desgarramiento que la obligara, bajo el ardor de su herida, a vivir acariciando la revancha de todas las zozobras y perturbaciones en la vida de una nación.
El general Roca había conseguido sobre si mismo la victoria más excelsa que pueda imponerse un hombre.
Soldado afortunado, con la confianza de su pueblo, con elementos bélicos cuantiosos que le permitían mirar con seguridad el triunfo final, tuvo la abnegación sublime de preferir los laureles, que le habrían venido juntamente con envidiable galardón, para la América, el más hermoso título ante la posteridad: el de haber salvado con su noble actitud y la más difícil victoria sobre si mismo”.
Aconteció que el embajador recibió una respuesta a su telegrama del gobierno trasandino por el que se avenía a entablar nuevas negociaciones, dando por superado el problema que los había llevado a las puertas de la guerra y así, rápidamente se llegó a una solución honorable.
XI. LOS PACTOS DE MAYO
Para consolidar el espíritu de paz alcanzado, el martes 28 de mayo de 1902 firmaron los “Pactos de Mayo”, efectivizando la primera reducción de armamento naval de la historia universal.
Nuestro gobierno con el acuerdo del británico que oficiaba de mediador en cumplimiento de dichos pactos, vendió los acorazados “Moreno” y “Rivadavia” construidos en el astillero italiano “Ansaldo” al Imperio del Japón que estaba por entrar en guerra con Rusia y así fue que, dichas naves navegaron al Japón con oficiales navales italianos y tripulación japonesa que se familiarizó con su manejo, al llegar fueron rebautizadas, el “Moreno” fue llamado “Nishin” – “Japón Adelante” – y el “Rivadavia” pasó a ser denominado “Kasuga” – “Sol de Primavera”.
Como reconocimiento al gobierno argentino del General Julio Argentino Roca que les vendió dichas naves al mismo precio que las había pagado – sin obtener ninguna ventaja económica aprovechándose de la imperiosa necesidad de Japón de contar con dichos acorazados -, el gobierno nipón invitó al Capitán de Navío Manuel Domecq García, quien se había desempeñado con Oficial de Enlace de nuestra Armada y el mencionado astillero italiano, a participar en carácter de observador extranjero de los avatares de la guerra naval contra la flota rusa, lo que éste, una vez que contó con la autorización pertinente, se apresuró en aceptar.
Domecq García asistió a la batalla naval de Tsushima en la que a bordo del acorazado “Mikasa”, nave insignia del Almirante Heihachiro Togo, comandante japonés, tuvo el raro privilegio de observar esa victoria naval japonesa que, iniciada el día anterior, finalizó el 28 de mayo de 1905, a los tres años exactos de firmados los “Pactos de Mayo”.
XII. LA INAUGURACION DEL CRISTO REDENTOR
Esta obra del escultor argentino Mateo Alonso fue realizada en bronce de cañones de la guerra de la independencia se emplazó en el Paso de Uspallata a 3.854 metros de altura en la frontera con Chile.
Se realizó por iniciativa del Obispo de Cuyo, Monseñor Marcolino Benavente, siendo su gran impulsora de la idea la señora Ángela Oliveira Cézar de Costa.
Esta dama era amiga de la familia del Teniente General Julio Argentino Roca y por dicha razón, el primer magistrado le pudo comentar que sería una excelente idea emplazarlo en la frontera para recordar por siempre el acuerdo felizmente logrado con el hermano país.
A su interlocutora le pareció una idea brillante y así fue como se decidió ubicarlo en ese lugar.
El monumento fue inaugurado el domingo 13 de marzo de 1904, un fragmento de las palabras pronunciadas ese día por el Obispo de Ancud, Ramón Angel Jara, pasaron a la inmortalidad:
“Se desplomarán primero estas montañas, antes que argentinos y chilenos rompan la paz jurada a los pies del Cristo Redentor”.
XIII. LA RECREACION DEL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO
Como se expresé precedentemente, el Teniente General Julio Argentino Roca y el Coronel Pablo Ricchieri, eran hombres de profunda inspiración sanmartiniana y por ello no fue extraño que, alejado el peligro de una guerra con Chile, se pudieran abocar a otros temas que también eran muy importantes, como fue el rescatar el injusto olvido a una gloria de la Patria.
No creo exagerar si digo que ambos le debían mucho al “Gran Capitán” y como hombres de bien, a ellos les gustaba saldar sus cuentas.
Ricchieri redactó de puño y letra el proyecto del decreto de recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo que presentó a Roca quien, vivamente emocionado y consustanciado con la propuesta la hizo suya y así fue que se sancionó el Decreto Nro. 3923 del lunes 25 de mayo de 1903, para que se procedieran a la recreación de la gloriosa unidad.
El referido decreto expresaba lo siguiente:
“Buenos Aires, mayo 25 de 1903.
Considerando conveniente conservar en el Ejército de la Nación la representación del glorioso Ejército de la Independencia mediante la reorganización de uno de sus cuerpos más beneméritos.
Artículo 1º Queda reconocido como cuerpo permanente del Ejército, el regimiento de movilización creado por resolución ministerial del 3 de febrero del corriente año, el cual se denominará en homenaje a su antecesor “Regimiento de Granaderos a Caballo”.
Artículo 2º El Regimiento de Granaderos a Caballo usará en las formaciones de parada el uniforme histórico del Regimiento de la Independencia y tomará la derecha sobre los otros regimientos del arma.
ROCA – Pablo Ricchieri”
La resolución ministerial correspondiente para ponerlo en ejecución establecía que:
“…que con los contingentes de conscriptos de dos años, elegidos provenientes de cada una de las provincias y de la Capital Federal, y con los contingentes igualmente elegidos suministrados por los territorios federales todos los que se encuentran concentrados ya en esta capital se constituirá una unidad especial de caballería la que será adscripta, como unidad de movilización, al Regimiento 8 del arma, en el Campo de Mayo.”
XIII.a. DISPOSICIONES QUE SE MANTIENEN EN LA ACTUALIDAD
XIII.a.1. Forma a la derecha de los otros regimientos del arma en reconocimiento y homenaje a la más querida y significativa de las unidades de caballería del Ejército Argentino.
XIII.a.2. El Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín” es la única unidad del Ejército Argentino que incorpora soldados de todas las provincias del país, además de tres oriundos de Yapeyú, como una expresión de la integralidad de que el sentimiento sanmartiniano abarca a toda la nacionalidad, deben ser alfabetos, poseer buena conformación y apariencia, estatura superior a 1,75 metros y saber andar a caballo.
XIII.b. SUCESIVAS DENOMINACIONES DEL REGIMIENTO
XIII.b.1. En 1906, considerando que era:
“…conveniente mantener en el Ejército el nombre del Regimiento de Granaderos a Caballo, a fin de perpetuar la tradición gloriosa que nos legara por su bizarra actuación en las campañas que dieron por resultado la independencia americana…”.
El presidente José Figueroa Alcorta, decretó que:
“El Regimiento 1º de Caballería de Línea se denominará Regimiento 1º de Línea, Granaderos a Caballo, debiendo este cuerpo en las formaciones de gala a que concurra usar el uniforme tradicional de aquel benemérito cuerpo”.
XIII.b.2. El miércoles 17 de Julio de 1907, otro decreto de Figueroa Alcorta, designó al:
“…Regimiento Nº 1 Granaderos a Caballo escolta presidencial, debiendo conservar el uniforme que actualmente tiene en uso.”
La importante decisión del presidente argentino se debió a que:
“…el Regimiento Nro 8 “Coraceros General Necochea”, que cumplía las funciones de escolta presidencial, por Decreto del 31 de enero (de ese año) había sido designado para ocupar otro destino.
Esta determinación del presidente cambiaría totalmente las funciones de esta unidad que desde esa época pasaría a cumplir, hasta el presente, las funciones de escolta presidencial, de protocolo y seguridad que incluye la presencia de granaderos en las ceremonias a las que concurre el Presidente de la Nación.
Asimismo presta un servicio en la Casa de Gobierno de seguridad u guardia de honor, que se extiende a la residencia de Olivos.
El ceremonial incluye el servicio de escolta a los diplomáticos que se acreditan ante el gobierno argentino cuando presentan sus cartas credenciales.
Dentro de la obligación está la de aportar centinelas en el mausoleo de la Catedral, donde están depositados los restos del Libertador”.
XIII.b.3. El martes 31 de octubre de 1911, durante el mandato del doctor Roque Sáenz Peña, recuperó su denominación original de “Regimiento de Granaderos a Caballo”.
XIII.b.4. Por Decreto del sábado 23 de marzo de 1918, el doctor Hipólito Yrigoyen le impuso su actual nombre: “Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín”.
Y así hoy, en este presente tan cambiante, como lo hicieron ayer esos héroes a quienes pretendí sacar de un injusto olvido, nuestros queridos granaderos continúan sirviendo a nuestra Patria, con la mirada altiva y serena, montados en sus briosos corceles con los que:
“…tan alto suben y suben, tan alto van y van, que allá en el cielo las nubes van marcando su compás…
¡Son tus bravos granaderos, Don José de San Martín!”
Dr. Jorge Gabriel Olarte
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References: resolución 
 resolución 
 resolución 

Artículo 1
 resolución 

Artículo 2
 resolución