Source: https://es.scribd.com/doc/55649911/3/Derechos-culturales
Timestamp: 2016-02-12 12:16:00+00:00

Document:
SubirSign inJoinBooksAudiobooksComicsSheet MusicScribd Selects BooksHand-picked favorites from our editorsScribd Selects AudiobooksHand-picked favorites from our editorsScribd Selects ComicsHand-picked favorites from our editorsScribd Selects Sheet MusicHand-picked favorites from our editorsTop BooksWhat's trending, bestsellers, award-winners & moreTop AudiobooksWhat's trending, bestsellers, award-winners & moreTop ComicsWhat's trending, bestsellers, award-winners & moreTop Sheet MusicWhat's trending, bestsellers, award-winners & moreCategoriesArts & IdeasBiography & MemoirBusiness & LeadershipChildren'sComputers & TechnologyCooking & FoodCrafts & HobbiesFantasyFiction & LiteratureHappiness & Self-HelpHealth & WellnessHistoryHome & GardenHumorLGBTMystery, Thriller & CrimePolitics & EconomyReferenceReligionRomanceScience & NatureScience FictionSociety & CultureSports & AdventureTravelYoung AdultCategoriesArts & IdeasBiography & MemoirBusiness & LeadershipChildren'sComputers & TechnologyCooking & FoodFantasyFiction & LiteratureHappiness & Self-HelpHealth & WellnessHistoryHome & GardenHumorLGBTMystery, Thriller & CrimePolitics & EconomyReferenceReligionRomanceScience & NatureScience FictionSociety & CultureSports & AdventureTravelYoung AdultCategoriesAdaptationsChildren’sCrime & MysteryFictionHumorMangaNonfictionRomanceSciFi, Fantasy & HorrorSuperheroesYoung AdultPublishersArcanaArchie ComicsBOOM! StudiosDynamiteIDW PublishingKingstone ComicsMarvel ComicsSpace Goat ProductionsTop Cow ComicsTop Shelf ProductionsValiant Comics ZenescopeDifficultyBeginnerIntermediateAdvancedMixedInstrumentBrassDrums & PercussionGuitar, Bass, and FrettedPianoStringsVocalWoodwindsGenreClassicalCountryFolkJazz & BluesMovies & MusicalsPop & RockReligious & HolidayStandardsP. 1Libro Digital_2011 Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para America LatinaLibro Digital_2011 Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para America Latina5.0|Views: 1.905|Likes: 13Publicado porCarnaval de La CabuyaMore info:Published by: Carnaval de La Cabuya on May 17, 2011Copyright:Attribution Non-commercialAvailability:Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.download as PDF, TXT or read online from ScribdFlag for inappropriate content|Agregar a la colecciónSee moreSee lesshttps://es.scribd.com/doc/55649911/Libro-Digital-2011-Una-Canasta-Basica-de-Consumo-Cultural-Para-America-Latina06/25/2013pdftextoriginalSectionsIntroducciónpara la democracia2. Derechos culturales1. Trayectoria histórica de los estudios de consumo cultural2. El consumo cultural: defniciones y mediciones5. Mediciones de canastas básicas e índices1. Propuesta de dimensiones para la medición de una CBCC2. Descripción de bienes y servicios culturales1. Canasta Básica de Consumo Cultural2. Propuesta metodológica de índices de consumo cultural3. Propuesta de módulo para futuras encuestas de consumo culturalanexos
Derecho, derechos humanos y derecho a la cultura
Haber confgurado el acceso a la cultura como un derecho humano, indispensable para
el desarrollo de las personas y el mundo en general, es un logro muy signifcativo en el
desarrollo humano y social, aun cuando en la práctica todavía existen brechas injusti-
fcables en el acceso a la cultura y a la reproducción cultural.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos plantea en su artículo 22 que:
Una canasta básica de consUmo cUltUral para américa latina:
elementos metodológicos para el derecho a la participación cUltUral
social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación interna-
cional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la
Del mismo modo, en el artículo 27 dice que:
Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de
la comunidad y a gozar de las artes. La [Declaración universal de los derechos
humanos], y el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Cul-
turales reconocen que todas y todos los seres humanos tenemos derecho a
El carácter de sujeto que los derechos modernos asignan a la persona, en el sentido
de concebirla como fuente del ordenamiento social, hacen aparecer a la cultura, la
economía o la técnica como instrumentos y expresión de esa identidad creativa de la
persona. Pero como se ha señalado, la evolución real de las sociedades del capitalismo
avanzado tiende a crear una asincronía cada vez mayor entre la evolución de la indivi-
duación y sus derechos, y la evolución cada vez más autónoma de los sistemas sociales
tales como la cultura, la economía y la técnica.
La formulación de los derechos sociales, políticos y culturales como condición in-
separable de los derechos de ciudadanía adquiere su pleno sentido frente a esta ten-
sión de las sociedades modernas. Ellos son un espacio intermedio que permite hacer
dialogar las necesidades y aspiraciones de las personas y comunidades de participar en
la vida social y cultural, así como las pretensiones de las instituciones y sistemas de la
sociedad. En este caso, los derechos culturales pretenden asegurar que las expectativas
de las personas y comunidades con respecto a los elementos simbólicos
del mundo social sean efectivamente satisfechas.
Una fundamentación normativa de la constitución de un consumo básico de cul-
tura en los países implica operacionalizar el derecho humano relativo al derecho a la
cultura, el cual se entiende como anterior al Estado.15
Esta operacionalización de los
derechos humanos relativos a la cultura se ha enmarcado en la necesidad de resguar-
dar derechos de segunda generación, entre los cuales estarían los derechos culturales
mirados desde el lado de la oferta y producción cultural y no del consumo. Edwin
Niklas Luhmann, Teoría política en el estado de bienestar, Madrid, Alianza, 2002, p. 34.
Por ejemplo, los artículos 1º, 4º y 5º de la Constitución Política chilena. Estos derechos descansan
sobre ciertos valores y principios básicos, tales como “la dignidad y libertad humana” que, por cierto,
forma paralela a
aspecto central del
los describe como compuestos por: a) el derecho de autor, b) derecho del
patrimonio cultural, c) el derecho de la creación y producción artística, y d) el derecho
de las industrias creativas o culturales.17
Recepción de los derechos culturales en tratados internacionales
Desde la década de 1960, los derechos humanos de segunda generación han tenido
amplia cabida en el derecho internacional. Los derechos culturales pertenecen a esta
generación. En este marco, son dos los tratados o pactos internacionales que se consi-
deran los más relevantes en materia de derechos culturales:
En primer lugar, la Declaración Universal de Derechos Humanos (del 10 de diciem-
bre de 1948) en su artículo 22 citado más arriba. Esta declaración ha sido considerada
como el primer instrumento de derecho internacional que existe sobre los derechos
culturales, y es bastante enfática en relación al rol de los Estados sobre su ejercicio.
Para el ordenamiento jurídico internacional, la debida protección y ejercicio de los
derechos culturales son indispensables; por tanto, cada Estado debe garantizar el acceso
al patrimonio cultural y la participación de la comunidad en ellos. En segundo lugar, en
el artículo 27 ya citado se le otorga contenido a los derechos culturales.
Como puede leerse en ambos artículos, estos derechos no son únicamente de acceso
a la cultura, sino que también aluden a la participación activa en ella, dado que con
ello se garantiza el desarrollo íntegro de la población. Tal como lo señala Jesús Prieto
de Pedro, los derechos culturales se deben entender “como aquellos derechos que ga-
rantizan el desarrollo libre, igualitario y fraterno de los seres humanos en esa capacidad
singular que tenemos de poder simbolizar y crear sentidos de vida que podemos comu-
nicar a otros”.18
En tercer lugar está el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales (en vigor desde el 3 de enero de 1976).19
El destaca con mayor precisión
Documento informativo presentado por Edwin Harvey al Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales de las Naciones Unidas (9 de mayo de 2008), p. 7.
Respecto del derecho de autor, en Chile está consagrado, pero en ocasión del derecho de propiedad,
lo que refeja la debilidad de la positivización de los derechos culturales. En este caso se ve que en Chile
este tipo de derechos no está reconocido en cuanto a su naturaleza, sino en manifestación de otro
derecho, el de propiedad.
Pensar Iberoamérica, Nº 7, septiembre-diciembre de 2004. [En línea]: america/ric07a07.htm>. [Consulta: 18/07/2008.]
“El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales fue adoptado por la Asam-
blea General de las Naciones Unidas el 19 de diciembre de 1966, suscrito por Chile el 16 de septiembre
de 1969 y ratifcado el 10 de febrero de 1972. Con todo, solo entró en vigencia en nuestro país el 27
de mayo de 1989, mediante la publicación en el Diario Ofcial del Decreto No 326 del Ministerio de
“mínimos sociales”
—relativos a
culturales— se
o comunidad a
el valor de los derechos culturales, pues se consagra explícitamente el rol de los Esta-
dos respecto de su ejercicio y promoción. En él se establecen los siguientes mandatos:
en primer lugar, el artículo 3º señala que “Los estados partes en el presente pacto se
comprometen a asegurar a los hombres y a las mujeres igual título a gozar de todos los
derechos económicos, sociales y culturales enunciados en el presente pacto”.
Del mismo modo, en el artículo 15º se otorga un contenido más preciso a los dere-
chos culturales:
Artículo 15. 1. Los estados partes en el presente pacto reconocen el derecho
de toda persona a: a) Participar en la vida cultural; b) Gozar de los benef-
cios del progreso científco y de sus aplicaciones; c) Benefciarse de la protec-
ción de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de
las producciones científcas, literarias o artísticas de que sea autora. 2. Entre
las medidas que los estados partes en el presente pacto deberán adoptar para
asegurar el pleno ejercicio de este derecho fgurarán las necesarias para la
conservación, el desarrollo y la difusión de la ciencia y de la cultura. 3. Los
estados partes en el presente pacto se comprometen a respetar la indispensa-
ble libertad para la investigación científca y para la actividad creadora. 4. Los
estados partes en el presente pacto reconocen los benefcios que derivan del
fomento y desarrollo de la cooperación y de las relaciones internacionales en
cuestiones científcas y culturales.
Así pues, existen compromisos explícitos adoptados por los Estados para la partici-
pación, acceso y goce de los benefcios culturales y científcos, así como el deber estatal
del fomento y la cooperación nacional e internacional.
Mínimos sociales y derechos culturales
Los derechos culturales se enmarcan en lo que entendemos como mínimos sociales,
pues son exigibles en un umbral que permite su apropiación desde una perspectiva
normativa, política y semántica, aunque no necesariamente positiva o empírica. En
relación a los derechos culturales, el concepto de “mínimos sociales” se fundamenta
en el derecho de toda persona o comunidad a poseer aquellas condiciones o capaci-
dades que lo habilitan para participar en su comunidad política en calidad de ciuda-
dano. Sin embargo, existe una tensión entre las posibilidades y las limitaciones de la
Relaciones Exteriores” Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2003, Universidad Diego
Portales, Enero de 2003, Nota 3, p. 380.
culturales —como
y sociales—
y asegurar las
fundamentación normativa y mínima de los derechos culturales. En otros términos,
podríamos decir que existe una disputa entre la exigibilidad formal y la realidad de los
derechos sociales, donde se enmarca el derecho a la cultura.
Debido a las difcultades de exigibilidad jurídica de los derechos sociales, no se pue-
de reducir su legitimidad a la simple racionalidad y formalidad en los tratados, pues de
ese modo se limita su despliegue y no se logran incorporar en el debate las dinámicas
sociales reales vinculadas con la cultura y el consumo cultural. El derecho no solo
remite a sus fundamentos formales, sino también a las realidades sociales empíricas a
las que se refere y a las que su aplicación provoca. En este sentido, los mínimos cultu-
rales o satisfacción basal de derechos culturales, más que asumir un carácter puramente
jurídico o relativo a la exigibilidad formal, se tornan legítimos también a través de su
apropiación social y su discusión debe realizarse también en este plano. De esta manera,
aunque la legitimidad formal del derecho a cierta medida mínima de consumo cultural
sea precaria, tal como ocurre en el actual estado de su formulación, ella puede ser refor-
zada por propuestas metodológicas que contribuyan a operacionalizarlo y a legitimarlo
en la práctica.20
Una operacionalización de los derechos culturales se puede realizar a través de una
lógica de mínimos de exigibilidad. Todo derecho debe disponer de un criterio de mí-
nimos que permita establecer qué se está asegurando, para poder lograr un estándar
de justiciabilidad. El jurista Philip Alston ha señalado, con respecto a los mínimos de
exigibilidad, que
el hecho de que dicho contenido básico debe existir (...) parecería una con-
secuencia lógica del uso de la terminología de los derechos. En otras pala-
bras, no habría justifcación para elevar una “reclamación” a la condición
de derecho (con todas las connotaciones que este concepto presuntamente
tiene) si su contenido normativo puede ser tan indeterminado que permita la
posibilidad de que los que ostentan los derechos no posean ningún derecho
particular a nada. Por lo tanto, cada derecho debe dar lugar a un derecho mí-
nimo absoluto en ausencia del cual deberá considerarse que un Estado parte
violando sus obligaciones.21
Este es el fundamento normativo del ejercicio metodológico realizado en este estu-
dio: más que la operacionalización deductiva de un derecho positivo preexistente, es
una propuesta de defnición que contribuye a la formulación misma del derecho por
La segunda parte de este informe contiene una propuesta concreta al respecto.
Philip Alston, “Out of the abyss: The Challenges confronting the new UN Committee on Economic,
Social and Cultural Rights”, en Human Rights Quarterly, vol. 9 (1987), p. 352-353.
la vía de la legitimación social de una de sus posibilidades de operacionalización. Las
justifcaciones del porqué asegurar ciertas condiciones mínimas de consumo cultural
tienen entonces un carácter a la vez normativo y empírico.
El concepto de mínimos en los derechos culturales se fundamenta, por tanto, en
el derecho que toda persona o comunidad tiene de participar en las manifestaciones
artísticas y culturales de su sociedad. Sin embargo, existe en los países de la región
una tensión entre la exigibilidad formal de estos mínimos defnidos y su aplicabilidad
concreta. Esta problema ha sido parte de variados debates sobre la justiciabilidad de los
derechos económicos, sociales y culturales22
. Al respecto, se ha hecho hincapié en un
par de argumentos que justifcan su aplicabilidad parcial. En primer lugar, y según las
propias determinaciones jurídicas de las declaraciones, los derechos económicos, socia-
les y culturales tendrían un carácter de justiciabilidad programático. Es decir, que los
Estados deberían ser capaces de lograr el aseguramiento de estos derechos según pasen
los años y por medio del desarrollo de instituciones pertinentes para su aseguramiento.
En segundo lugar, el cumplimiento de los derechos antes mencionados se lograría según
los recursos disponibles que los Estados dispongan para tales efectos. En ello, la caren-
cia de recursos (económicos, tecnológicos, humanos, etc.) sería un elemento central a
la hora de justifcar el no cumplimiento de ellos.23
Se puede agregar a los argumentos anteriores el hecho de que independiente del
monto de los recursos económicos disponibles y del grado de institucionalización for-
mal de los derechos culturales, estos ven reducirse aún más su capacidad de justiciabili-
dad si no se dispone de los parámetros que defnen su cumplimiento e incumplimiento.
En este sentido, la confguración de una CBCC puede ser uno de los caminos para
materializar y legitimar un sistema de derechos culturales positivamente formulables.
El impacto del consumo y participación cultural en la sociedad
Conocer los argumentos prácticos que justifcan fomentar el consumo y la participa-
ción cultural en la población latinoamericana, más allá de su referencia a un marco
normativo, es de suma importancia para la defnición de una CBCC y, como se argu-
mentó, para la propia fundamentación de aquel. En esta sección se abordan algunas
refexiones sobre los efectos benefciosos que se ha logrado determinar como resultado
empírico de la participación, el consumo y la creación de bienes y servicios culturales.
Alfonso Chacón Mata, Derechos económicos, sociales y culturales. Indicadores y justiciabilidad, Instituto
de Derechos Humanos/Universidad de Deusto, Bilbao, 2007.
Edwin R. Harvey, Instrumentos normativos internacionales y políticas culturales nacionales, Documento
Informativo del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Ginebra, 2008.
Es decir, el impacto social e individual que tiene participar y crear obras de teatro, leer
libros, pintar cuadros, escuchar y componer música, etc.
La experiencia mundial en el análisis del impacto positivo del acceso a
La experiencia mundial en la medición del impacto que tienen el acceso y la partici-
pación a los bienes y servicios culturales ha variado según décadas y periodos históri-
cos. Durante las décadas de 1960 y 1970 se realizaron en Gran Bretaña las primeras
discusiones para analizar y considerar los benefcios sociales del arte en el desarrollo
individual y comunitario.24
En aquel entonces, las discusiones no tuvieron un impacto
signifcativo en la toma de decisiones públicas, entre otras razones por la debilidad de
la información elaborada. Sin embargo, estos trabajos proporcionaron el primer piso
teórico sobre el tema. Posteriormente, en la década de 1980, en especial los estudios
culturales británicos, se encaminaron a determinar el impacto económico de la cultura
y las artes. Estos esfuerzos se dirigieron, principalmente, hacia los volúmenes de venta,
empleo, producción, que lograba la incipiente industria cultural de la época. El estudio
de estos impactos económicos puede ser considerado en la actualidad como los prime-
ros indicadores de benefcios sociales derivados del ejercicio de las actividades artísticas
Estos avances se verían acrecentados a fnales de la década de 1980 y comienzos de
los noventa con el crecimiento de la industria creativa y cultural a nivel mundial.25
estudios se enfocaron entonces tanto en el análisis del impacto de la cultura y las artes
en el PIB de los países como en las posibilidades de desarrollo laboral y económico de
los agentes involucrados.26
Hasta el día de hoy, esta línea de medición tiene un fuerte
desarrollo, observable también en América Latina, en los esfuerzos por la construcción
de la cuenta satélite de cultura, que cuantifca el valor del sector en términos de valor
agregado, del producto interno bruto y de la oferta de trabajo que realiza. Un objetivo
político de estos estudios era justifcar la inversión pública en el sector a partir de su
impacto y benefcios en la economía nacional.
Michelle Reeves, “Measuring the economic and social impact of the arts: a review”, en Arts Council’s
of England Research, Londres, 2001, p. 7.
David Throsby, Assessing the Impacts of the Cultural Industry, Chicago, The University of Chicago
Cultural Policy Center Irving B, Harris Graduate School of Public Policy Studies, 2004.
Véase el análisis histórico de José Sánchez Maldonado et al., Economía de la cultura: algunas con-
sideraciones generales, Málaga, Ediciones Universidad de Málaga, 2006. También véase el análisis de
Antonio Ávila; Miguel Ángel Díaz, La economía de la cultura: ¿una construcción reciente?, Madrid,
Ministerio de Economía de España, 2001.
australiano para las
artes concluyó en
fuerte afnidad entre
benefcios sociales,
A mediados de los noventa, junto con el análisis económico de la cultura y las
artes, se dio un giro importante: se volvió a reconocer y a refexionar en relación a la
importancia de la cultura y las artes en el desarrollo social, comunitario y económico de
los países.27
Esto implicó que la evaluación que realizaban los países —principalmente
europeos y de Norteamérica— del consumo y participación de la cultura y las artes
tomara dos caminos: a) explorar cómo los programas de arte y cultura tenían impacto
en la vida comunitaria de las personas, y b) cómo medir, en términos estandarizados y
confables, las iniciativas que se estaban desarrollando en este ámbito.
A comienzos de los años noventa, el Consejo Australiano para las Artes desarrolló
una investigación pionera en 89 proyectos que fueron fnanciados durante dos años
por fondos públicos.28
Esta investigación concluyó que existía una fuerte afnidad en-
tre estos proyectos artísticos y la posibilidad de potenciar benefcios sociales, educa-
cionales y económicos en la comunidad. Años después, esta investigación daría paso
al texto desarrollado por Deidre Williams The Social Impact of Arts Programs: How
the Arts Measure Up: Australian Research into Social Impact, en el cual se ratifcaría el
vínculo entre la participación en actividades artístico-culturales y el desarrollo comu-
En su trabajo Williams establece cinco indicadores fundamentales para detectar el
impacto de los programas artístico-culturales implementados en Australia: a) incre-
mento de capital social, b) construcción y desarrollo comunitario, c) activación de
cambio social, d) desarrollo de capital humano y e) fortalecimiento de la actividad
económica.29
Se establecieron aspectos clave en cada uno de esos indicadores, entregando ejem-
plos concretos sobre dónde se detectaba cada impacto:
Eleonora Belfore; Oliver Bennett, Rethinking the Social Impacts of the Arts, Warwick, Centre for
Cultural Policy Studies, University of Warwick.
Deidre Williams, Creating Social Capital, Adelaida, Community Arts Network of South Australia,
Deidre Williams, The Social Impact of Arts Programs: How the Arts Measure Up: Australian Research
into Social Impact, Australia, Comedia, 1996.
En años posteriores a esta investigación se determinó que la participación y el con-
sumo de actividades artístico-culturales tenía efectos en áreas distintas a la propia-
mente cultural y se adentraba en el terreno de las subjetividades: mejoramiento de las
habilidades cognitivas y comprensivas, aumento del orgullo e identidad comunitaria,
reducción y prevención del crimen urbano, mejoramiento del comportamiento social,
Dimensiones de impacto de los programas culturales
Fuente: elaboración propia con datos de deidre Williams, the social impact of arts programs: how the arts measure Up:
australian research into social impact (comedia, 1996).
Ahorro en los
mejoramiento del estado de ánimo de los sujetos, aumento de la cohesión social, esta-
bilización de la salud y aumento de la autoestima de las personas, entre otras.30
En Inglaterra, y siguiendo el objetivo de medir el impacto de programas de arte
y cultura, se realizaron variadas investigaciones que se propusieron seguir la pista
abierta por los análisis realizados anteriormente en Australia. Algunos ejemplos son la
investigación de 2004 The Economic and Social Impact of Cultural Festivals in the East
Mid lands of England. Final Report, cuyos autores fueron Christopher Maughan y Franco
Bianchini.31
La investigación realizada en 2006 por Tim Hall, titulada Evaluating the
Social Impacts of the Arts in Prestonpans,32
complementa la anterior. En ambos trabajos
se demuestra que los programas artísticos o culturales tienen niveles signifcativos de
impacto tanto en los participantes directos como en las comunidades aledañas.
El caso estadounidense ha seguido una ruta similar a los citados. Los análisis sobre
el impacto de los programas de arte y cultura se enfocaron en los benefcios indivi-
duales, sociales o comunitarios que ellos ofrecen. Uno de los expertos en la medición
de la importancia de la participación y consumo de bienes y servicios culturales es
Joshua Guetzkow,33
quien ha desarrollado críticamente algunos puntos centrales sobre
Él argumenta que se puede hablar simplemente en términos de porcentaje de las
personas y organizaciones en una población que se ven afectados o benefciados por un
programa artístico. El capital social suele concebirse como tal cuando una comunidad
posee un mayor porcentaje de personas que participan en grupos cívicos o artísticos.
Por tanto, si los programas de arte logran convocar a más personas de la comunidad,
entonces se aumentaría el capital social de la misma. Del mismo modo, la participación
de miembros de una comunidad en actividades artísticas puede tener un impacto en
las normas de la comunidad o en el “clima de opinión” de las mismas. Por ejemplo, la
presencia y representaciones de teatro multicultural pueden reforzar las normas sobre
el multiculturalismo y la diversidad o la libertad de expresión. Las organizaciones de
arte pueden, además, servir de catalizadoras en la creación de vínculos entre personas
y organizaciones dispersas (que de otro modo no establecen lazos). Estas redes pueden
ser utilizadas para lograr otras metas de la comunidad.
VV. AA., Social Impacts of Participation in the Arts and Cultural Activities, Sidney, Australian Expert
Group in Industry Studies of the University of Western Sydney, 2004.
Christopher Maughan; Franco Bianchini, The Economic and Social Impact of Cultural Festivals in the
East Midlands of England. Final Report, Leicester, Arts Council of England and De Montfort University,
Tim Hall, Evaluating the Social Impacts of the Arts in Prestonpans, Gloucestershire, Department of
Natural and Social Sciences, University of Gloucestershire, 2006.
Joshua Guetzkow, How the Arts Impact Communities: An Introduction to the Literature on Arts Impact
Studies, Princeton, Center for Arts and Cultural Policy Studies, Princeton University, 2002.
artísticas puede
en las normas de la
comunidad o en el
“clima de opinión”
Según Guetzkow el éxito de programas de artes comunitarios puede infuir en las
percepciones de los principales funcionarios del gobierno, y los hacen más propensos a
apoyar esos programas en el futuro. El éxito de programas artísticos basados en la revi-
talización del vecindario o programas destinados a determinados barrios asolados por la
delincuencia puede reducir la tasa general de esta. Por último, las personas y los grupos
que participan en programas de arte impactan en la comunidad mediante la creación
También el investigador inglés François Matarasso34
muestra que la participación
en actividades artísticas genera benefcios sociales en los individuos y en las comuni-
dades. Según su argumento general, en un nivel individual, participar en este tipo de
actividades genera experiencias únicas y creativas, potencia las habilidades sociales por
medio de nuevas amistades y permite la integración de los sujetos en la sociedad. De
la misma forma, la creación de actividades en las comunidades permite la inclusión de
grupos marginados, promueve el contacto social y contribuye a la cohesión social. En
su conjunto, este tipo de manifestaciones sociales facilita la discusión de proyectos co-
munitarios, ofrece la posibilidad de concretar decisiones que afectan a todos los indivi-
duos y promueve a las instituciones sociales y a los individuos a tomar riesgos en forma
positiva (soluciones y opciones distintas a las existentes). A la vez, posibilita el acceso a
elementos educativos y permite lograr apoyos para personas vulnerables. En defnitiva,
Matarasso resume su investigación diciendo que la experiencia de la participación y el
consumo de actividades culturales y artísticas tienen un rol único y muy signifcativo
para la construcción de vínculos e instituciones sociales.
Katie Claussen ha propuesto que el arte es, de hecho, una valiosa herramienta para
la creación de comunidades sólidas. Se mejora el logro general para adultos y niños,
crea fuertes redes sociales, reúne a diversos grupos de personas, fomenta un sentido
de comunidad y construye relaciones sociales duraderas. Estos son solo algunos de los
benefcios que el arte puede aporta a una comunidad.35
Los investigadores estadounidenses Stern y Seifert36
han demostrado que la partici-
pación en programas de arte permite generar un “ecosistema cultural” único y esencial
para el desarrollo positivo de los barrios (dan como ejemplos Philadelphia y Carden).
Por medio de una triangulación de métodos de investigación (encuestas, grupos foca-
les, entrevistas, etc.), los investigadores lograron determinar que la participación en
François Matarasso, Use or Ornament: The Social Impact of Participation in the Arts, London, Comedia,
Katie Claussen, Creative Community Development: A Look at how Community-Based Art Organizations
Contribute to Community Development, Equitable Sustainable Community Development, 2004.
Mark Stern; Susan C. Seifert, Philadelphia and Camden Cultural Participation Benchmark Project, Social
Impact of the Arts Project, University of Pennsylvania, 2005.
mark stern y
susan seifert han
un “ecosistema
cultural” único y
de los barrios y las
programas culturales permitía que fundaciones o agencias de apoyo desarrollaran de
mejor forma su intervención en barrios vulnerables.
En su conjunto, y más allá de sus matices teóricos o metodológicos, las investiga-
ciones revisadas muestran el impacto positivo que tienen el acceso, la participación, la
creación y el consumo de bienes y servicios culturales en las comunidades e individuos.
Si bien son experiencias principalmente anglosajonas, y por eso tienden a poner el én-
fasis en el impacto sobre los vínculos interpersonales a escala local, permiten también
comprender que la participación y el consumo de bienes y servicios culturales tienen
un efecto importante en la organización misma de las comunidades. En todos estos
aspectos, podemos observar que el aseguramiento al acceso de bienes y servicios cultu-
rales es de suma importancia para la construcción de las actitudes cívicas que sustentan
la democracia. De ahí que un acceso débil o insufciente a bienes y servicios culturales
no contribuya, como ocurre en parte importante de las sociedades latinoamericanas, a
una ciudadanía empoderada que construya un sentido de pertenencia común.
Siguiendo esta tradición de los estudios del consumo cultural, es central para nues-
tro modelo de análisis considerar que el acceso y el consumo de bienes y servicios cul-
turales es de suma importancia no solo para los vínculos interpersonales, sino también
para la construcción de un marco simbólico que da sentido a una forma de convivencia
ciudadana que va más allá de la simple suma de individuos. Es decir, el desafío que
implica esta problemática es cómo construir los fundamentos simbólicos de un nuevo
sentido societal: un “nosotros”. En ello, y como veremos al fnal de este documento, re-
sulta clave el consumo cultural para la producción y sostenimiento cultural y simbólica
de las democracias como forma del orden social de las sociedades latinoamericanas.
de consumo cultural en
américa Latina: usos
teóricos y propuestas
En América Latina, aunque más recientes y más escasos, los estudios sobre el consumo
cultural tienen una historia propia y de alto interés analítico, la cual nos permite pro-
poner y orientar nuevos desafíos investigativos. A continuación se presenta, en primer
lugar, una descripción histórica de la trayectoria de los estudios de consumo cultural
en la región. Posteriormente, se abordan los principales modelos empíricos y teóricos
utilizados en la región para la medición del consumo cultural. Luego, se presenta un
análisis de las principales dimensiones utilizadas en las encuestas de consumo cultural,
lo que dará paso a la presentación de la defnición operacional de consumo cultural
que será utilizada en la segunda parte de este informe fnal. Esta sección nos permitirá,
por tanto, conocer tanto los elementos conceptuales como operacionales que han sido
utilizados en la región para la medición del consumo cultural. Al fnalizar el capítulo,
y con el objetivo de conocer y comprender el concepto y uso de las “canastas básicas”,
se presentan las principales metodologías utilizadas en la región para medir tanto los
niveles de pobreza de la población —el método de la línea de la pobreza (que considera
una canasta básica de alimentos) y el enfoque de necesidades básicas insatisfechas-
como los índices de desarrollo humano y cultural— impulsados por el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) de Chile-.
Las refexiones realizadas en las últimas décadas sobre consumo cultural en América
Latina se han ubicado en un contexto de profundas transformaciones sociales, econó-
micas y, por supuesto, culturales. La expansión del capitalismo, la progresiva infuencia
de la globalización y el crecimiento de las industrias culturales han dado pie a una
serie de análisis sobre el rol del consumo cultural en países donde estos fenómenos han
tenido fuerte impacto.
Siguiendo la propuesta de Héctor Gómez Vargas37
, se puede analizar la producción
investigativa latinoamericana relacionada con el consumo cultural y su evolución en
cuanto a propuestas, con la siguiente trayectoria: a) desde la cultura hacia la comu-
nicación, b) de la emisión de mensajes a su consumo y, fnalmente, c) el concepto de
Según Nora J. Delgado Magaña38
, la producción de investigación empírica sobre el
consumo cultural en América Latina se inicia en la década de 1980 con investigacio-
nes desde distintas áreas de las ciencias sociales —antropología, psicología, sociolo-
gía y, con posterioridad, desde la economía. Estos estudios se centraron, en un primer
momento, en abordar el tema del consumo cultural desde una perspectiva general,
dejando de lado refexiones en torno a la familia, el género y las etnias. En aquellos
años, era posible constatar una estrecha relación entre los estudios de comunicación
y consumo cultural. Tal como lo señalara Gómez, los ochenta fueron un periodo de
gran proliferación de estudios sobre comunicación en la región. El campo investigativo
latinoamericano centrado en este enfoque empieza a percatarse de la infuencia de los
medios de comunicación en los procesos sociales. En sus palabras, “al tomar a la cultura
como la perspectiva de la comunicación y de la acción de los medios masivos en la vida
social, los estudios de comunicación adquirieron un perfl y una organización que se
refejaría mucho en los pasos por dar para su legitimación”.39
A fnales de los ochenta —y bajo la infuencia de autores como Mary Douglas, Ba-
ron Isherwood y luego Pierre Bourdieu— se desarrollarían las propuestas teóricas más
importantes de la región, con Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Guiller-
mo Sunkel como los investigadores más sobresalientes del área. Con sus propuestas
Héctor Gómez V., “Figuras del pensar. Los estudios sobre el Consumo Cultural en América Latina
y la organización del Campo Académico de la Comunicación en México. Notas sobre su trayectoria,
mapas y reorganización”, en Estudio sobre las culturas contemporáneas, junio, Año/Vol. XII, Nº 023,
Colima, p. 2.
Nora Delgado Magaña, “Veinte años no es nada para el estudio del Consumo Cultural en México”,
en Estudios sobre las culturas contemporáneas, Época II, Vol. XIII., Nº 025, Colima, junio de 2007,
RecomendadoComunicar la sostenibilidad (guía para periodistas)Saladeprensa.orgSe estima que tres cuartas partes de los ciudadanos más pobres del mundo –aqu...LIBRO 2011 CISOC Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para America Latinavalindroma79concentracion mentalJOSE LUISFrancis BaconPaola Acevedo RuaCulturas urbanas de fin de siglo: la mirada antropológica - G. CancliniGestion CulturalNo es casual que un alto número de estudios de antropología urbana se consagr...Proliferación Mundial de las Técnicas Americanas en CampañasMarketing Político en la RedPara bajar este documento visita: http://wwwmarketingpoliticoenlared.com/pecIrrupción del Marketing Político América Latina Por Gustavo Martínez PandianiMarketing Político en la RedPara bajar este documento visita: http://wwwmarketingpoliticoenlared.com/pecRius, Ni Independencia Ni RevolucionEmilio Fabián Olivos MejíaDesde hace 15 años estoy casado con una muchacha hija de campesinos morelense...Consumo CulturalGestion CulturalConsumo CulturalPolíticas culturales y consumo cultural urbano. Néstor GarcíaYezid Montes AlmanzaLos 20 Errores que Debes Evitar cuando estes Campana Marketing Político en la RedPara bajar este documento visita: http://www.marketingpoliticoenlared.com/pec120 Ejer Cici OsJorge Del AngelejerciciosBOTERO - La Pintura 15 años.guillo23Coleccion de Pinturas de Fernando Botero. Las Gordas de BoteroLiberar, compartir, derivar. Cultura libre y copyleft: otros modos de organizarse para gestionar lo cultural-artísticoiconoclasistasPor Bianca Racioppe (tesis maestría)Prescripción de ejercicio para la espalda - PaidotriboJugatxi ApodacaLos 5 elementos del marketing políticoMarketing Político en la RedPara bajar este documento visita: http://www.marketingpoliticoenlared.com/pec¿Hacia dónde van las políticas públicas culturales? - RUBENS BAYARDOGestion Cultural"...las primeras políticas culturales comenzaron planteándose en la sintonía...Definicion de Cultura Bolívar EcheverríaNadia GalavizDicotomia entre la practica material y el discurso.La Dimensión Cultural del Desarrollo LocalGestion CulturalSuele hablarse del desarrollo local como un fenómeno relativamente nuevo y po...Gestion Cultural en Ciudadades PequeñasGestion CulturalGestión Cultural en Ciudadades Pequeñas Autor: Carlos Schulmaister Argentin...Libro.ansiedadradt01espaldaHoracio GiroldiTerapia de elongacion para dolores de espaldaMojica, Sarah de (comp) - Mapas culturales para América Latinamr984FeldenkraisHuesosMaria José Bellopilatesresellana5893Proyecto Educativo Institucional Estratégico IPParturomirandablanco1938Libro - Ejercicio columna vertebralprogramaequilibrioMiedo a La Vida - Lowen AlexanderTatiana CanevariAutonciencia por el movimiento - Moshe FeldenkraisJuan KofflaPsicologia de La MotivacionArbey PerezAnterior|PróximoPage 1 of 8Similar to Libro Digital_2011 Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para Amer...Comunicar la sostenibilidad (guía para periodistas)Comunicar la sostenibilidad (guía para periodistas)LIBRO 2011 CISOC Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para America LatinaLIBRO 2011 CISOC Una Canasta Basica de Consumo Cultural Para America Latinaconcentracion mentalconcentracion mentalFrancis BaconFrancis BaconCulturas urbanas de fin de siglo: la mirada antropológica - G. CancliniCulturas urbanas de fin de sigloProliferación Mundial de las Técnicas Americanas en CampañasProliferación Mundial de las Técnicas Americanas en CampañasIrrupción del Marketing Político América Latina Por Gustavo Martínez PandianiIrrupción del Marketing Político América Latina Por Gustavo Martínez PandianiRius, Ni Independencia Ni RevolucionRius, Ni Independencia Ni RevolucionConsumo CulturalConsumo CulturalPolíticas culturales y consumo cultural urbano. Néstor GarcíaPolíticas culturales y consumo cultural urbano. Néstor GarcíaLos 20 Errores que Debes Evitar cuando estes Campana Los 20 Errores que Debes Evitar cuando estes Campana 120 Ejer Cici Os120 Ejer Cici OsBOTERO - La Pintura 15 años.BOTERO - La Pintura 15 años.Liberar, compartir, derivar. Cultura libre y copyleft: otros modos de organizarse para gestionar lo cultural-artísticoLiberar, compartir, derivar. Cultura libre y copyleftPrescripción de ejercicio para la espalda - PaidotriboPrescripción de ejercicio para la espalda - PaidotriboLos 5 elementos del marketing políticoLos 5 elementos del marketing político¿Hacia dónde van las políticas públicas culturales? - RUBENS BAYARDO¿Hacia dónde van las políticas públicas culturales? - RUBENS BAYARDODefinicion de Cultura Bolívar EcheverríaDefinicion de Cultura Bolívar EcheverríaLa Dimensión Cultural del Desarrollo LocalLa Dimensión Cultural del Desarrollo LocalGestion Cultural en Ciudadades PequeñasGestion Cultural en Ciudadades PequeñasLibro.ansiedadLibro.ansiedadespaldaespaldaMojica, Sarah de (comp) - Mapas culturales para América LatinaMojica, Sarah de (comp) - Mapas culturales para América LatinaFeldenkraisHuesosFeldenkraisHuesospilatespilatesProyecto Educativo Institucional Estratégico IPPProyecto Educativo Institucional Estratégico IPPLibro - Ejercicio columna vertebralLibro - Ejercicio columna vertebralMiedo a La Vida - Lowen AlexanderMiedo a La Vida - Lowen AlexanderAutonciencia por el movimiento - Moshe FeldenkraisAutonciencia por el movimiento - Moshe FeldenkraisPsicologia de La MotivacionPsicologia de La Motivacion

References: artículo 22
 artículo 27
 artículo 22
 artículo 27
 artículo 3
 artículo 15

Artículo 15