Source: https://www.scribd.com/doc/101789852/Clase-6-Thomas-Estructuras-Cerradas-Vs
Timestamp: 2018-01-21 03:21:37+00:00

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Procesos dinámicos: trayectorias y estilos de innovación y cambio tecnológico
La concepción del cambio tecnológico y la innovación ha cambiado radicalmente en las dos últimas décadas. Los modelos llamados "interactivos" reemplazaron las modelizaciones anteriores, llamadas ahora "lineales". Los modelos actuales, generados a partir de la matriz disciplinaria “economía del cambio tecnológico”, subrayan el papel que desempeña la concepción industrial sobre las relaciones entre las fases "hacia adelante" (ligadas al mercado) y las fases "hacia atrás" (ligadas a la tecnología) de la innovación, así como las numerosas interacciones entre la ciencia, la tecnología y las actividades vinculadas a la innovación, tanto si se realizan en el interior de las empresas como si se hacen en el marco de diversas acciones cooperativas interinstitucionales. (OECD, 1992) Describir los procesos de cambio tecnológico e innovación a través de conceptualizaciones dinámicas, descriptas en términos de “relaciones”, “procesos” y “trayectorias”, ofrece particulares ventajas, en comparación con otras centradas en el accionar de “sujetos” aislados, “artefactos singulares”, “situaciones originales”, o “factores” de existencia 'universal'. Para captar relaciones, procesos y trayectorias, el abordaje analítico-conceptual de este trabajo fue generado mediante un procedimiento de triangulación teórica, combinando conceptos generados en dos matrices disciplinarias: sociología de la tecnología y economía del cambio tecnológico1.
Es posible verificar en la actualidad un movimiento de convergencia entre economía de la innovación y sociología de la tecnología No nos referimos simplemente a los avances realizados desde la sociología del trabajo y la escuela de la regulación, reflejados, por ejemplo, en los trabajos de B. Coriat (1985a, 1985b, 1992a, 1992b) y B. Coriat y D. Taddéi (1995) sino a convergencias más explícitas. por ejemplo: Coombs et alli. (1992) o MacKenzie (1992). Otra de las convergencias teóricas entre sociología de la tecnología y economía de la innovación relevadas en el transcurso de este trabajo se encuentra consignada en el manual de la OCDE (1992), en un apartado titulado: “La
El objetivo de este trabajo es proponer un conjunto de conceptos sociotécnicos: dinámica y trayectoria socio-técnica, estilos socio-técnicos, resignificación de tecnologías, conocimientos genéricos, procesos de adecuación socio-técnica, entre otros, particularmente útiles para la comprensión de procesos de diseño, producción y utilización de tecnologías en América Latina. La aplicación de esta serie de conceptos sobre un set de casos paradigmáticos (una selección de instituciones latinoamericanas que desarrollaron actividades tecnoproductivas entre 1960 y 2005, correspondientes a los sectores metalmecánico, biotecnológico, nuclear, aeroespacial) ha permitido tanto testear su potencial explicativo, como evaluar su competencia para la construcción de algunos significativos hechos estilizados.
1. Conceptualizaciones de la sociología de la tecnología
1.1. Lo “socio-técnico”
La tensión determinista (determinismo tecnológico vs. determinismo social), común en los estudios sobre tecnología, sólo puede ser superada si se abandona la representación analítica-estructural de “tecnología” y “sociedad” como dos entidades equivalentes, dos esferas de existencia independiente. Pero, evidentemente, no es suficiente con abandonar una perspectiva para resolver un problema. La superación sólo se consigue si es posible adoptar una nueva representación que evite los inconvenientes de la anterior. El desarrollo de los estudios sociales de la tecnología durante los últimos 15 años generó una serie de abordajes que intentan captar la naturaleza compleja de los procesos de cambio tecnológico (Vessuri, 1991; 1994). Estos abordajes se han centralizado en una convicción teórica: es imposible – e inconveniente – realizar distinciones a priori entre “lo tecnológico”, “lo social”, “lo económico” y “lo científico”. Esta característica del desarrollo tecnológico ha sido descrita con la metáfora del “tejido sin costuras” [seamless web] (Hughes, 1986; Bijker, Hughes y Pinch, 1987).
morfología de las redes y los sistemas nacionales de innovación”. Una de las expresiones más claras en este sentido, realizada “desde” la sociología, es la construcción del modelo de representación institucional de “socio-technical constituencies”, desarrollado por Alfonso Molina.
Así, para Bijker (este volumen), el tejido de una sociedad moderna no está hecho de distintas piezas científicas, económicas, tecnológicas o sociales. Esos “dobleces” pueden ser vistos como hechos por los actores o por los analistas. Esta agregación posibilita otorgar un mayor grado de precisión al planteo interactivo de la construcción social de la tecnología, desde una posición no determinista. Desde allí, resulta más adecuado hablar de "lo socio-técnico" (tanto en términos de abordaje te4órico-metodológico como de unidad de análisis).
El 'stuff' [relleno, materia] de la invención de la lámpara fluorescente fue tanto económico y político como eléctrico y fluorescente. Permítasenos llamar 'socio-tecnología' a ese 'stuff'. Las relaciones que analicé han sido simultáneamente sociales y técnicas. Las relaciones puramente sociales sólo pueden ser encontradas en la imaginación de los sociólogos, relaciones puramente técnicas sólo se encuentran en el terreno de la cienciaficción. Lo técnico es socialmente construido y lo social es tecnológicamente construido. Todos los ensambles estables son estructurados al mismo tiempo tanto por lo técnico como por lo social. (Bijker, 1995:273)
Resulta pertinente una aclaración previa, a fin de evitar posibles malentendidos. En nuestros días, afirmar que la tecnología responde a un proceso de construcción social puede ser interpretado como una verdad de Perogrullo. Sin embargo, es necesario distinguir entre un constructivismo “moderado” y uno “radical”. El primero, cercano al sentido común, plantea la influencia que los intereses políticos, los grupos de consumidores, los estereotipos de género, la mercadotecnia, ejercen sobre la forma final de la tecnología. Hasta aquí, simple determinismo social. Pero el constructivismo radical se propone explicar la manera en que los procesos sociales influyen en el contenido mismo de la tecnología:
La versión radical, que gira alrededor del trabajo de la sociología de la ciencia, sostiene que el significado de la tecnología, incluyendo hechos sobre su funcionamiento – establecidos quizás mediante un proceso de diseño de ingeniería y prueba–, es en sí una construcción social. Esta última consideración se opone a cualquier concepción de determinismo tecnológico que ubica al desarrollo tecnológico bajo su propia lógica inmanente. (Pinch, 1997:22)
En otros términos, en tanto el planteo moderado supone una autonomía de la tecnología que sufre influencias “externas”, para el planteo radical la tecnología es social “hasta la médula”. La tecnología, entonces, forma parte de un tejido sin costuras de la sociedad, la política y la economía. El desarrollo de un artefacto tecnológico no es simplemente un logro técnico; inmerso en él se encuentran consideraciones sociales, políticas y económicas. La parte más difícil de cualquiera de dichos análisis, señala Pinch (1997), es demostrar la manera en que los artefactos mismos contienen a la sociedad inmersa en ellos, mediante una operación heurística, de base empírica: “abrir la caja negra de la tecnología”. Estos estudios intentan mostrar el carácter social de la tecnología y el carácter tecnológico de la sociedad, generando un nivel de análisis complejo: lo “sociotécnico”, en contra de las visiones deterministas lineales, tecnológicas o sociales, corrientemente adoptadas por los analistas (economistas, historiadores de la tecnología, etc.) o por los propios actores (ingenieros, empresarios, políticos, operarios, usuarios...) intervinientes en los procesos de cambio tecnológico. Tres abordajes: “sistemas tecnológicos”, “actor-red” y “constructivismo social”, juegan un papel central en el desarrollo de los actuales estudios sociales de la tecnología. El primero, se basa en el trabajo del historiador de la tecnología norteamericano Thomas Hughes. El segundo está asociado al trabajo de Michel Callon, Bruno Latour y John Law. El tercero, fue iniciado por los trabajos teóricometodológicos de Trevor Pinch y Wiebe Bijker. Si bien es posible encontrar amplios territorios de coincidencia en las premisas iniciales de estos tres abordajes, también es posible verificar diferentes itinerarios conceptuales (Boczkowski, 1996). A continuación intentaremos sintetizar cada una de estas conceptualizaciones, dado que las diferentes miradas que reflejan significan distintas perspectivas de análisis del cambio tecnológico. En el plano teórico, los desarrollos de los tres abordajes permiten abrir la “caja negra” de la tecnología, y des-construir sus elementos constitutivos. En un plano práctico, las herramientas analíticas de estos abordajes fueron generadas “a fin de
dar cuenta” del carácter complejo y dinámico del objeto de análisis “cambio tecnológico”. Los autores intentaron “limpiar” su aparato conceptual de toda carga determinista a priori. Por ello, los instrumentos generados no incluyen (o al menos intentan evitar explícitamente) connotaciones que "dejarían entrar por la puerta trasera" conceptualizaciones mono-deterministas.
1.3. Abordaje en términos de “Sistema tecnológico”
El análisis de la tecnología de Thomas Hughes se basa en la conceptualización de la dinámica tecnológica en términos de la metáfora de “sistemas”. Define a los “sistemas tecnológicos” mediante dos vías (Hughes, este volumen, véase también 1983): a) definición de sistema tecnológico por su objeto, como sistemas de resolución de problemas: los sistemas tecnológicos solucionan problemas o satisfacen objetivos haciendo uso de cuantos medios son disponibles y apropiados; los problemas reordenan el mundo físico en formas consideradas útiles o deseables, al menos para quienes diseñan o emplean un sistema tecnológico b) definición de sistema tecnológico por sus elementos componentes: los sistemas tecnológicos contienen diversos, complejos componentes orientados en términos de problema-solución. Son construidos y moldeados socialmente. Los componentes de los sistemas tecnológicos son artefactos físicos, incluyen organizaciones (firmas manufactureras, empresas de servicios, bancos de inversiones), y componentes usualmente denominados científicos (libros, artículos, programas universitarios de enseñanza e investigación). Artefactos legislativos, tales como leyes regulatorias, también pueden formar parte de los sistemas tecnológicos, porque son socialmente construidos y adaptados con el objeto de funcionar en sistemas, los recursos naturales, como minas de carbón, también califican como artefactos del sistema.
La dinámica sistémica, antes que los elementos aislados, permite comprender la orientación y alcance de los procesos de cambio tecnológico. Así, un artefacto, tanto físico como no físico, funcionando como componente de un sistema, interactúa con otros artefactos. Todos los artefactos contribuyen directa o a través de otros componentes a los objetivos generales del sistema. Dada esta dinámica sistémica, si un componente es removido de un sistema o si sus características cambian, los otros artefactos en el sistema alterarán sus características en consonancia. Dado que toda conceptualización en términos de sistema implica realizar una diferenciación sistema-entorno, Hughes establece las particulares “reglas de juego” de los sistemas tecnológicos. Los sistemas tecnológicos se relacionan con el entorno de dos maneras, una, en la que dependen de éste, otra en la que éste depende de ellos. En ambos casos, no existe interacción entre sistema y entorno, existe simplemente una influencia unidireccional. Dado que no se encuentran bajo el sistema de control, los elementos del entorno que afectan al sistema no deben ser confundidos con componentes del sistema. Dado que no interactúan con el sistema, los elementos del entorno no pueden ser vistos como parte del sistema. El aspecto de “control” es utilizado como criterio de diferenciación entre “componentes” y “artefactos” del sistema tecnológico. O, en otros términos, Hughes no comparte en este plano el criterio de simetría radical de Latour y Callon. Los sistemas tecnológicos están delimitados por los límites de control ejercidos por los operadores artefactuales y humanos. Los inventores, científicos, empresarios industriales, ingenieros, gerentes, financistas, agentes gubernamentales y trabajadores son componentes, pero no artefactos del sistema. No son creados por los “constructores de sistemas”, los individuos y grupos tienen un grado de libertad que no poseen los artefactos. Esto no debe confundirse conceptualmente con el accionar de las organizaciones modernas. Los constructores de sistemas han tendido a burocratizar, descalificar y rutinizar con el objetivo de minimizar el papel de la voluntad de los trabajadores y administradores en el sistema, pero esto no implica la “artefactualización” de estos humanos en el plano del abordaje analítico (aunque sí, tal vez, en la intención de los constructores).
La conceptualización de sistemas lleva a Hughes a complejizar las actividades de innovación, acercándose a los modelos interactivos planteados por la economía del cambio tecnológico, pues las innovaciones revelan la complejidad tecnológica de los sistemas. El entrepreneur, junto con los ingenieros, científicos industriales, y otros inventores que ayudan a tornar el producto utilizable, usualmente combinan lo inventado y los componentes físicos desarrollados en un complejo sistema consistente en fabricación, ventas, y servicios de mantenimiento de productos y procesos. En el enfoque sistémico, las actividades de “transferencia” y “adaptación” aparecen asociadas, en un sentido similar al planteado por los desarrollos de la economía del cambio tecnológico que integran en un proceso interactivo innovación y difusión. Dado que un sistema usualmente requiere adaptaciones a las características de diferentes épocas y lugares, los conceptos de transferencia y adaptación están ligados. Esta ligazón, asociada al carácter socialmente construido de las tecnologías, conduce a la generación de formas de desarrollo tecnológico particulares: los estilos tecnológicos. La exploración del tema de la transferencia lleva lógicamente a la cuestión del estilo: la adaptación es una respuesta a diferentes entornos, y la adaptación al entorno culmina en estilo. Distintos factores inducen la aparición de estilos. Los factores que conforman el estilo son numerosos y variables, por ejemplo: ganar prestigio para un régimen, factores de naturaleza geográfica, o experiencias históricas regionales y nacionales. Los estilos tecnológicos, permiten la realización de descripciones enmarcadas en la concepción constructivista. Al aplicar el concepto sistémico de estilo a la tecnología es posible percibir claramente la falsedad de la noción “la tecnología es simplemente ciencia aplicada y economía”. Las leyes de Ohm y Joule, los factores de input y output y las unidades de costo –señala Hughes– no son explicación suficiente para la conformación de la tecnología. Los conceptos de conformación social de la tecnología y estilo tecnológico ayudan al historiador y al sociólogo a superar análisis reduccionistas (economicistas o técnicos) de la tecnología. En contra de las conceptualizaciones que tratan a los “sistemas de artefactos” como entidades independientes (por ejemplo, sistema energético, siderúrgico, etc.),
para Hughes los sistemas tecnológicos no se autonomizan, sino que adquieren momentum. Lo que ocurre, en realidad es que un alto nivel de momentum causa la sensación en los observadores de que el sistema ha devenido autónomo. El momentum de un sistema es explicado como una construcción social compleja. Esta forma de plantear la acumulación en favor de una tecnología amplía el alcance, en términos de actores y recursos puestos en juego, de conceptualizaciones como trayectoria tecnológica y tecno-económica (Rosenberg, 1976; Dosi, 1982a y b; Freeman, et al, 1982). Al mismo tiempo, se opone a la noción de “paradigma tecnológico” (Dosi, 1982b), actualmente vigente en el sentido común. El abordaje en términos de “sistema tecnológico” supone una crítica y superación de otras opciones analíticas: no es lineal, no prioriza ningún aspecto (económico, tecnológico, político) transformándolo en hilo conductor, no restringe la actividad tecnológica a un locus privilegiado (empresa, laboratorio de I+D, etc.), permite comprender el carácter complejo de construcción social de la tecnología a través de operaciones de representación racional. Sin embargo, no todas son ventajas en este enfoque. Algunos de los principales problemas son: El bagaje conceptual del abordaje en términos de “sistema tecnológico” puede resultar excesivamente restringido para la explicación de procesos de cambio tecnológico, en particular, de procesos singulares a escala artefactual. En particular, provee un conjunto específico de conceptos para analizar cómo los diversos actores interactúan con la tecnología, cómo la evalúan y en qué dirección proponen el cambio tecnológico. (Elzen et al, 1996:101) En tanto resulta útil en análisis a gran escala (grandes sistemas tecnológicos nacionales o transnacionales), presenta dificultades para su operacionalización sobre aspectos parciales. La solución analítica en términos de “subsistemas”, propuesta por Hughes, supone no pocas dificultades en su operacionalización. La noción de “constructor del sistema” induce a no pocos malentendidos, y tiende a generar –como un efecto no deseado– análisis basados en la estilización racionalizada del comportamiento de los actores. Al privilegiar –a priori– el papel desempeñado por un conunto restringido de actores, tiende a verticalizar los
análisis. En última instancia, este efecto genera una sensación de que los sistema son organizados (alguien “gobierna” el sistema, algún actor singular puede dar cuenta de manera suficiente de su orientación, direccionamiento, ritmo y criterio de desarrollo). La distinción topológica entorno-sistema implica la determinación a priori de un límite de frontera, generando dificultades tanto en el plano epistemológico como metodológico para la operacionalización del concepto en investigaciones de base empírica. Esta dificultad ya fue señalada por M. Callon (este volumen). Al mismo tiempo, la dinámica de relación unidireccional entre entorno y sistema, planteada como regla de funcionamiento por Hughes, supone una restricción a priori. En tanto la noción de sistema resulta particularmente útil para la reconstrucción analítica de relaciones sincrónicas, presenta problemas a la hora de dar cuenta de relaciones diacrónicas. Concretamente, la conceptualización de Grandes Sistemas Tecnológicos funciona mejor como foto (imagen sincrónica de un estado del sistema) que como película (representación de un proceso heterogéneo, diverso y simultáneo). El problema es resuelto, en la práctica, por sucesión de estados del sistema, o por el seguimiento de elementos singulares o procesos de cambio parciales, ajenos a la concepción sistémica de la conceptualización. Finalmente, dado que la única unidad de análisis de la conceptualización es el propio Sistema, este abordaje analítico presenta problemas a la hora de operacionalizar análisis de objetos de menor escala o alcance (scope) que el Gran Sistema Tecnológico (por ejemplo: artefactos, empresas, actores) de análisis en unidades discretas: el objeto es el sistema
1.4. Abordaje en términos de actor-red: redes tecno-económicas
A partir del abordaje en términos de actor-red, Callon desarrolló un marco conceptual para el análisis de “redes tecno-económicas”, a partir de la teoría actorred (en inglés: Actor-Network Theory – ANT). Callon propone una definición tentativa de red tecno-económica: conjunto coordinado de actores heterogéneos –por ejemplo:
laboratorios públicos, centros de investigación tecnológica, empresas, organismos de financiación, usuarios y gobierno- que participan activamente en la concepción, desarrollo, producción y distribución o difusión de procedimientos para producir bienes y servicios, algunos de los cuales dan origen a transacciones de mercado–. (Callon, este volumen) Las redes tecno-económicas aparecen, en la conceptualización de Callon, como una derivación directa de la propuesta de actor-red (desarrollada por Bruno Latour, Jhon Law y el propio Callon). Por esto, deben ser confundidas con las redes técnicas (normalmente estudiadas por economistas o tecnólogos –redes de telecomunicaciones, redes de entrenamiento, etc. –), las que pueden ser reducidas esencialmente a extensas asociaciones de no-humanos que aquí y allí vinculan a algunos humanos entre sí. Tampoco son reductibles a las redes sociales (redes de actores descriptas por los sociólogos, historiadores y antropólogos), que privilegian interacciones entre humanos en ausencia de todo soporte material. Las redes tecno-económicas son compuestos, mezclan humanos y no-humanos inscripciones de todo tipo, y dinero en todas sus formas. Su dinámica sólo puede ser entendida bajo la forma de operaciones de traducción que inscriben las mutuas determinaciones de los actores en los intermediarios que ponen en circulación. El “conocimiento” de estas redes implica la “lectura” de estas inscripciones. Callon distingue dos niveles de elementos constitutivos de una red tecnoeconómica: intermediarios y actores. Las redes están encarnadas en y por “intermediarios”, que son puestos en circulación, en las diversas interacciones de la red. Un intermediario es definido como cualquier cosa que pasa de un actor a otro, y que constituye la forma y la sustancia de la relación construida entre ellos. Cada intermediario describe (en el sentido literario del término) y compone (en el sentido de “dar forma”) una red en la cual es el medio y a la cual otorga orden. Callon distingue diferentes tipos de intermediarios: a) textos: reportes, libros, artículos, patentes, notas b) artefactos tecnológicos: instrumentos científicos, máquinas, robots, bienes de consumo c) seres humanos y sus habilidades [skills]: conocimientos, know-how
d) dinero, en todas sus diferentes formas El segundo elemento de las redes tecno-económicas son los “actores”, entendiendo por tales a cualquier entidad capaz de asociar los elementos listados, que definen y construyen (con mayor o menor suceso) un mundo poblado de otras entidades, a las que otorgan una historia y una identidad, calificando las relaciones entre ellas. Partiendo del principio de simetría radical, todo intermediario puede ser un actor. Un actor es diferenciado del resto de los intermediarios porque tiene la capacidad de poner en circulación a otros intermediarios. En las redes tecno-económicas se integran los diferentes actores-red vinculados entre sí. De allí que las explicaciones de procesos de cambio adquieren un carácter ineludiblemente complejo:
El grado en que una entidad es susceptible de modificación es una función del modo en que la entidad en cuestión resume y simplifica una red en relación con otra. Si graficáramos una red usando secuencias de puntos y líneas, deberíamos ver a cada punto como una red que a su vez es una serie de puntos colocados por sus propias relaciones. Las redes se dan fuerza unas a otras. (Callon, 1987:96)
En virtud de la acción y efecto de poner en circulación a los intermediarios, los actores se autoconstituyen en actor-red. La operatoria de la puesta en circulación de intermediarios por parte de los actores es planteada a través del concepto de "traducción”. Callon propone una definición funcional-formal del concepto:
La operación de traducción es realizada por una entidad A sobre una entidad B. Ambos, A y B, pueden ser actores o intermediarios, humanos o no-humanos. El postulado "A traduce B' puede tener dos sentidos diferentes. Primero, que A provee a B de una definición. A puede imputar a B ciertos intereses, proyectos, deseos, estrategias, reflexiones o ideas a posteriori. [...] pero esto no significa que A tiene total libertad. Lo que A realiza o propone es consecuente con un conjunto de series de interjuegos de operaciones de traducción, algunas de las cuales determinan las traducciones al punto de pre-programarlas. Estas definiciones [de A sobre B], y esta es la segunda dimensión de la traducción, están siempre inscritas en intermediarios [...] Claramente, las traducciones envuelven tres términos: 'A I (intermediario)  B'. (Callon, este volumen)
A fin de comprender la dinámica interna, el alcance, densidad y estabilidad de las redes tecno-económicas, el concepto de “convergencia” resulta fundamental: El 179
concepto de convergencia refiere el grado de acuerdo generado por una serie de traducciones y por los intermediarios de todo tipo que operan en ellas. La convergencia opera en dos aspectos: “alineamiento” y “coordinación”: Alineamiento: Una red comienza a constituirse tan pronto como por lo menos tres actores A, B y C están alineados (por interpuestos intermediarios). Dos configuraciones básicas posibles en este alineamiento. La primera corresponde a una situación de complementariedad (que resulta de la transitividad de las relaciones: A traduce B, quien traduce C, por lo tanto A traduce C). La segunda de sustituibilidad (A traduce B, quien también es traducido por C, entonces C da una definición de B similar a A). El grado de alineamiento depende del grado de éxito de las traducciones. Coordinación: Proceso regulatorio de restricción del universo de actores posibles mediante la organización de las atribuciones y la limitación del número de traducciones estabilizables. Estas formas de coordinación codifican las traducciones. En las redes tecno-económicas, diferentes formas de coordinación pueden funcionar simultáneamente (mercado, confidencialidad, reconocimiento). Cada una de estas formas puede ser vista como un grupo específico de convenciones que definen los regímenes de traducción. Los análisis en términos de red tecno-económica responden necesariamente al criterio de historicidad empírica de los procesos de cambio tecnológico. Por ello, la conceptualización actor-red resulta refractaria al establecimiento de universales a priori. Una teoría actor-red no puede ser universal. La ontología del actor tiene una “geometría variable”, y es indisociable de la red que lo define, y a la cual, a su vez, junto con otros actores, contribuye a definir. Así, para Callon, la dimensión histórica deviene una parte necesaria del análisis.
La des-construcción de actividades tecnológicas e institucionales en términos de intermediarios y actores permite “mapear” las acciones consignadas en las fuentes primarias y secundarias de un modo no subordinado a una lógica originaria de producción y lucro, en general ligada a abordajes economicistas clásicos. Tanto las instituciones, como los artefactos, las agencias gubernamentales como las fuentes de financiación pueden ser interpretadas a la luz de esta conceptualización. Los aspectos micropolíticos del cambio tecnológico revelados por el concepto de traducción resultan de suma utilidad para describir la dinámica de cambio tecnológico, dando cuenta de las variaciones en la constitución de los actores y las redes que los explican. Los criterios para distinguir procesos de cambio en las redes son útiles para construir explicaciones de alteraciones en procesos sociales y tecnológicos locales, socio-históricamente situados. El concepto de traducción, dada su ubicuidad, puede ser integrado en distintos planos explicativos, por ejemplo: en la descripción de trayectorias tecnológicas, en el seguimiento de cambios en el proceso de toma de decisiones, en la estructuración institucional, en mecanismos de selección y transferencia de tecnología de los sistemas nacionales de innovación, por ejemplo. El concepto de “grados de convergencia” permite demarcar la cohesión de distintos grupos de actores, a fin de comprender controversias y conflictos de intereses, así como la dinámica derivada de sus resoluciones. La adopción del criterio de simetría radical, finalmente, permite analizar la agencia de “no-humanos” en las dinámicas de cambio tecnológico (normalmente negligenciada por otros abordajes). Más allá de estas ventajas y potencialidades, el enfoque de redes tecnoeconómicas también presenta algunos inconvenientes, aún dejando de lado las controversias generadas por la adopción del principio de simetría radical. El alcance de este abordaje, tanto como el anterior de “sistemas tecnológicos”, padece limitaciones en términos de precisión conceptual y caracterización de procesos de permanencia y cambio: El bagaje conceptual del abordaje en términos de “sistema tecnológico” resulta excesivamente restringido para la explicación de procesos de cambio tecnológico, en particular, de procesos singulares a escala artefactual. No proveen un conjunto
específico de conceptos para analizar cómo los diversos actores interactúan con la tecnología, cómo la evalúan y en qué dirección proponen el cambio tecnológico:
El abordaje ofrece pocas herramientas conceptuales para ayudarnos a comprender cómo los actores van tomando formas características de interactuar con la tecnología. Todo lo que establece Callon es que los actores pueden traducir otros actores e intermediarios (los cuales pueden ser artefactos tecnológicos). [...] Esto genera problemas a la hora de definir factores que guían a los actores. (Elzen et alli., 1996:100)
Si bien las redes tecno-económicas permiten superar el problema de la distinción topológica entorno-sistema (Callon, este volumen) implican el surgimiento una nueva dificultad metodológica para la operacionalización del concepto en investigaciones de base empírica. ¿cómo delimitar el alcance topológico del análisis? ¿cuál es el alcance de la red? En la práctica, la cuestión puede ser resuelta de dos maneras: a) por saturación (con un alto costo en términos de exploración y detección de redundancias), b) arbitrariamente (por decisión del analista). En particular, si bien la “historicidad” de los procesos de configuración y estabilización de las redes tecno-económicas es destacada, en la práctica esta dimensión se restringe a la declaración de “no universalidad” de las redes, a su carácter socio-históricamente situado Así, como en el caso de los Grandes Sistemas Tecnológicos, la noción de redes tecno-económicas resulta particularmente útil para la reconstrucción analítica de relaciones sincrónicas, pero supone problemas a la hora de dar cuenta de relacione diacrónicas. Una vez más, el problema es resuelto, en la práctica, por sucesión de estados de la red, en movimientos de alineamiento y coordinación, o cambios en los grados de convergencia, o por el seguimiento de procesos de cambio parciales. Pero la teoría no explicita los criterios a aplicar en este sentido ¿cómo establecer continuidades? ¿cómo diferenciar fases? Así como la noción de “constructor de sistema” tiende a condensar las decisiones en un restringido grupo de actores, en abordaje actor-red supone el riesgo de
disolver el poder en el complejo entramado de las interacciones de red y sus traducciones. En tanto los “mapas” de los procesos de cambio tecnológico construidos por esta vía constituyen normalmente ricas descripciones, normalmente fracasan a la hora de construir explicaciones. O, en otros términos, si bien el abordaje es útil para para describir cómo ocurrieron las cosas, presenta dificultades a la hora de explicar por qué ocurrieron así, y no de otra manera. Una vez más, dado que la única unidad de análisis es la red tecno-económica, este abordaje analítico también presenta problemas a la hora de operacionalizar análisis de base empírica. Si bien presenta una ventaja de posible recorte de objetos analíticos de escala o alcance (scope) variable (un proceso de innovación, un proyecto tecnológico, un desarrollo singular) el objeto de análisis es –siempre– la propia red tecno-económica.
1.5. Abordaje en términos de constructivismo social de la tecnología (CST)
Al igual que los abordajes anteriores, el constructivista social de la tecnología (en inglés: Social Construction of Technology - SCOT) apunta a describir y explicar las relaciones socio-técnicas en términos de la metáfora del “tejido sin costuras”. En un ejercicio de “reflexividad”, intenta que las herramientas analíticas no traicionen la posición epistemológica respecto del objeto:
Los conceptos teóricos requeridos deben ser tan heterogéneos como las actividades de los actores y tan 'sin costura' como el tejido sobre el cual estos conceptos deben ser aplicados [...] Nuestro marco conceptual no debe compelernos a realizar ninguna distinción a priori acerca del carácter social, tecnológico o científico de los patrones específicos que harán visibles para nosotros. (Bijker, 1993:121)
En el marco de este abordaje se ha desarrollado una serie de conceptos, que no sólo tienen valor individualmente, sino que se integran en un diseño de características micro-macro, que conduce la investigación, en diferentes niveles de definición de los
objetos de estudio, desde los artefactos hasta unidades socio-técnicas complejas. A continuación se describen estos conceptos.
“Grupos sociales relevantes” y “flexibilidad interpretativa”:
El constructivismo social toma de la Sociología del Conocimiento Científico el concepto de “grupo social relevante”. Siguiendo una vía de análisis relativista (iniciada por Harry Collins), el concepto de grupos sociales relevantes es reconocido por Pinch y Bijker como una categoría de los actores. Aunque los actores generalmente no usan estas palabras, ellos emplean activamente este concepto para ordenar su mundo. Así, una proposición crucial en el desarrollo del modelo de tecnología del constructivismo social es que el grupo social relevante es también una importante categoría de análisis. (Bijker, 1995) La detección y seguimiento de los grupos sociales relevantes constituye un aspecto crucial y punto de partida del primer nivel agregación del análisis de los procesos de cambio socio-técnico. El desarrollo tecnológico es visto como un proceso social, no como un proceso autónomo. Los grupos sociales relevantes son los portadores (carriers) de ese proceso.
[…] el mundo tal como existe para esos grupos relevantes es un buen lugar para que el analista inicie su investigación. [...] La racionalidad básica de esta estrategia es que sólo cuando un grupo social es explicitado en algún lugar del mapa se genera un sentido que lleva al analista a tomar el hecho en consideración. (Bijker, 1995:48)
Los grupos sociales relevantes constituyen a los artefactos. Des-construir esos artefactos de acuerdo con las diferentes perspectivas de los distintos grupos sociales relevantes es una operación clave del análisis constructivista: tomar a los artefactos tal como son vistos por los grupos sociales relevantes. En este abordaje analíticodescriptivo, los sentidos atribuidos a los artefactos por los diferentes actores relevantes constituyen al artefacto. Los diferentes grupos sociales relevantes atribuyen distintos sentidos a los artefactos. A partir de esta multiplicidad de visiones, socialmente situadas, aparecen tantos artefactos como visiones de los mismos. El concepto de “flexibilidad 184
interpretativa” fue generado para dar cuenta de esta multiplicidad. Aun cuando pueda tratarse del mismo objeto, la flexibilidad interpretativa "explica" la existencia de distintos artefactos:
Mediante la aplicación del concepto de flexibilidad interpretativa de un artefacto es posible mostrar que una “cosa” aparentemente no-ambigua (un proceso técnico, una condición material del metal, etc.) es mejor comprendida al ser considerada como diferentes artefactos. Cada uno de estos artefactos, “oculto” dentro de la misma “cosa”, puede ser rastreado [traced] a fin de identificar los sentidos atribuidos por los diferentes grupos sociales relevantes. Los artefactos son diseñados para satisfacer diferentes criterios. Son vendidos, comprados y usados para diferentes propósitos, son evaluados por diferentes estándares. No existe un criterio universal –independiente del tiempo y la cultura– para definir si un artefacto “funciona” o “no funciona”. Para Bijker, el “funcionamiento” o “no-funcionamiento” de un artefacto es una evaluación socialmente construida, antes que una derivación de las propiedades intrínsecas de los artefactos. La construcción social del "funcionamiento" de un artefacto aparece como una extensión del principio de simetría de David Bloor. Constituye una operación análoga a argumentar que la “Naturaleza” no puede desempeñar el papel de explanans, en el sentido enunciado por Bloor (1973, 1976) en su Programa Fuerte: la “Naturaleza” no puede ser invocada para explicar la verdad de las creencias científicas, ni específicas circunstancias sociológicas pueden ser invocadas exclusivamente para explicar la falsedad de las creencias científicas. Este “principio de simetría” sostiene la imparcialidad respecto de la verdad o falsedad de las creencias científicas por parte de los sociólogos que analizan los desarrollos científicos. A través del concepto de flexibilidad interpretativa, Pinch y Bijker (1984) extienden el principio de simetría para argumentar que el “funcionamiento” de las
máquinas debe ser analizado simétricamente. El funcionamiento de una máquina no debe ser considerado como el explanans sino como el explanandum:
El funcionamiento de una máquina no debe ser considerado como la causa de su éxito sino como el resultado de haber sido aceptada por grupos sociales relevantes. (Bijker, 1993:119)
La construcción social de un artefacto es resultado, para Bijker, de dos procesos combinados: “clausura” y “estabilización”. O tal vez seria más adecuado plantear que son dos aspectos del mismo proceso. El proceso de clausura implica que la flexibilidad interpretativa de un artefacto disminuye. Surge consenso entre los diferentes grupos sociales relevantes acerca del sentido dominante de un artefacto, y el “pluralismo” de los artefactos decrece. El grado de estabilización es una medida de la aceptación de un artefacto por parte de un grupo social relevante. Cuanto más homogéneos sean los sentidos atribuidos a un artefacto, mayor será el grado de estabilización. Los procesos de clausura y estabilización aparecen como dos perspectivas que iluminan diferentes apariencias de un mismo fenómeno: a) la clausura lleva a una disminución de la flexibilidad interpretativa –un artefacto deviene dominante y los otros cesan de existir–, b) como parte del mismo movimiento, el artefacto dominante desarrollará un creciente grado de estabilización en uno o más grupos sociales relevantes. (Bijker, 1995)
“Marco tecnológico”
El concepto “marco tecnológico” es propuesto por el constructivismo como un concepto teórico-analítico (no del plano de los actores), que intenta dar cuenta de la complejidad del objeto de análisis. La introducción del concepto de marco tecnológico ofrece la posibilidad explicativa de superar la dicotomía sociedadtecnología. El “marco tecnológico”, pasa a ser –en un segundo nivel de agregación– la nueva unidad de análisis primaria del marco teórico constructivista, sustituyendo al “artefacto”. Dada la naturaleza del intento, dejar que el objeto continuara siendo "la tecnología" o "los artefactos" hubiera implicado el riesgo continuar reproduciendo la 186
dicotomía sociedad-tecnología. El concepto ofrece diversos planos de respuestasolución a este problema: a) un marco tecnológico es heterogéneo, en el sentido de que no se refiere excluyentemente a un dominio cognitivo o social. Entre los componentes de un marco tecnológico se encuentran tanto artefactos ejemplares como valores culturales, tanto objetivos como teorías científicas, protocolos de testeo o conocimiento tácito. b) los marcos tecnológicos no son entidades fijas –son desarrollados como parte de los procesos de estabilización de un artefacto–. Su carácter interactivo los hace conceptos intrínsecamente dinámicos. Un marco tecnológico no reside internamente en individuos o externamente en la Naturaleza –es externo al individuo, pero interno al conjunto de interacciones individuales en los grupos sociales relevantes–. Por lo tanto, un marco tecnológico necesita ser sostenido contínuamente por interacciones, y sería sorprendente que sus características permanecieran sin cambios. c) los marcos tecnológicos proveen los objetivos, los pensamientos, las herramientas de acción. Un marco tecnológico ofrece tanto los problemas centrales como las estrategias orientadas a resolverlos. Pero, al mismo tiempo, al desarrollarse un marco tecnológico se restringirá la libertad de los miembros de los grupos sociales relevantes. La estructura generada por interacciones restringirá las interacciones siguientes. Dentro de un marco tecnológico no todo es posible (aspecto centrado en la estructura) pero las restantes posibilidades serán más claras y factibles para todos los miembros del grupo social relevante (aspecto centrado en el actor). A diferencia de otros análisis sociológicos de la tecnología, donde la dimensión política es poco analizada, o delegada a análisis secundarios, el abordaje constructivista toma explícitamente la dimensión “poder” como un nivel de agregación de las relaciones previamente planteadas en el plano de los grupos
sociales relevantes y sus interpretaciones de los artefactos, en primera instancia, y de la dinámica interna de los marcos tecnológicos, en segundo término. La dimensión política aparece como el tercer nivel de análisis del planteo constructivista. Para hacerlo, Bijker adoptó (de Giddens, 1979) una definición de poder acorde con la dinámica global de su marco teórico. Así, poder es definido como la capacidad de transformar a su servicio la agencia de otros para satisfacer sus propios fines. Poder, por lo tanto, “es un concepto relacional que concierne la capacidad de los actores de asegurar resultados, cuando la realización de estos depende del agenciamiento de otros” (Giddens, 1979:93). El poder es ejercido antes que poseído, es ubicuo y se encuentra presente en todas las relaciones e interacciones. Al tomar al poder como una capacidad resulta viable analizar a las interacciones como gobernadas por algo más que estrategias conscientes. (Bijker, 1995:262) El abordaje socio-técnico constructivista extendiende “a agencia de otros” a fin de incluir la agencia de máquinas, así como la de actores humanos, dado que las tecnologías pueden ser instrumentalizadas para realizar ciertos objetivos. Esta dimensión política aparece, en la dinámica socio-técnica, en el plano de constitución de los marcos tecnológicos. Poder es el orden aparente de categorías de existencia tomadas por garantidas, fijadas y representadas en los marcos tecnológicos.
Este poder semiótico forma el lado estructural de mi moneda del poder. Las micropolíticas del poder describen el otro lado: cómo una variedad de prácticas transforma y estructura las acciones de los actores, constituyendo una forma particular de poder.(Bijker, 1995:263)
Poder semiótico y micropolítica del poder están inextricablemente vinculados: las micropolíticas resultan en específicas estructuras semióticas, en tanto el poder semiótico influencia las estructuras micropolíticas. La dimensión del poder se evidencia en los procesos de “clausura” y “estabilización”. Los procesos de clausura, donde disminuye la flexibilidad interpretativa de un artefacto y se fija su sentido, pueden ser interpretados como el primer paso en la constitución de poder semiótico, resultado de una multitud de micropolíticas para fijar sentidos. En el subsecuente proceso de estabilización aparecen más interacciones que fijan más elementos dentro de la estructura
semiótica. Un marco tecnológico restringe las acciones de los miembros de un grupo social relevante y ejerce poder a través de la fijación de sentidos de los artefactos; este es el aspecto semiótico de la nueva concepción del poder. Un marco tecnológico habilita a sus miembros proveyendo estrategias problema-solución, teorías y prácticas de testeo, por ejemplo, las que forman el aspecto micropolítico del poder. Dentro de un marco tecnológico, la característica interactiva del poder regula la actuación de los diferentes grupos sociales relevantes y de sus respectivos miembros. En términos del discurso de poder, es posible decir que los marcos tecnológicos representan cómo es distribuida la discrecionalidad de quiénes hacen qué, cuándo, dónde y cómo a objetos y actores. Un marco tecnológico es al mismo tiempo constituido por las interacciones de los miembros de los grupos sociales relevantes, y resulta en disciplinamiento de los miembros de esos grupos. Hace esto de diversas formas: restringe la libertad de elección para el diseño de nuevas tecnologías; habilita para el trabajo de desarrollo o, más en general, delimita la posibilidad de interacción de los actores. Un sistema de patentes es analizable, por ejemplo, como una forma específica de emplear la propiedad intelectual como una estrategia de poder.
“Ensamble socio-técnico”
En el tercer plano de agregación del marco teórico del abordaje constructivista aparece con mayor claridad la dimensión interactiva y no-lineal de la propuesta constructivista. En este tercer nivel de agregación, los ensambles socio-técnicos devienen la nueva unidad de análisis (sustituyendo a los artefacto, correspondientes al primer nivel, y ampliando los horizontes de los marcos tecnológicos del segundo nivel, a una escala social más amplia y abarcativa), pues lo “socio-técnico” no es meramente una combinación de factores sociales y tecnológicos, sino algo sui generis. La sociedad no es determinada por la tecnología, ni la tecnología es determinada por la sociedad. Ambas emergen como dos caras de la moneda sociotécnica durante el proceso de construcción de artefactos, hechos y grupos sociales relevantes. (Bijker, 1993)
Dentro de un ensamble socio-técnico es posible incluir diferentes marcos tecnológicos en acción. Las dinámicas internas de los ensambles pueden estar determinadas por las distintas relaciones planteadas entre los diferentes marcos tecnológicos. En un análisis estilizado, pueden distinguirse tres configuraciones de ensambles socio-técnicos: cuando ningún marco tecnológico dominante orienta claramente las interacciones, cuando un marco tecnológico es dominante, y cuando varios marcos tecnológicos son importantes al mismo tiempo para entender las interacciones del ensamble socio-técnico estudiado. En cada una de estas configuraciones es posible encontrar diferentes procesos de cambio tecnológico. (ref. Bijker, 1993:128-9) 1ª configuración: no aparece un grupo efectivo de intereses establecidos. Bajo tales circunstancias si los recursos necesarios son accesibles para una diversidad de actores, habrá varias innovaciones. Muchas de estas innovaciones podrán ser radicales. Más que en otras configuraciones, el éxito de una innovación dependerá de la formación de una constituency, un grupo que adopte el marco tecnológico emergente. 2ª configuración: un grupo dominante es capaz de sostener su definición de problemas y soluciones apropiadas. Bajo tal situación monopolista las innovaciones tienden a ser convencionales. Los problemas pueden derivarse de fallas funcionales y las soluciones son juzgadas en términos de su adecuación a dichas fallas. 3ª configuración: cuando hay dos o más grupos compitiendo con marco tecnológicos divergentes, los argumentos de peso a favor de unos pueden ser poco relevantes para otros. Bajo tales circunstancias, criterios externos a los marcos tecnológicos en cuestión (como, por ejemplo, reclamos de terceras partes: otros usuarios, grupos ecologistas) pueden resultar importantes en la orientación de los grupos sociales. Normalmente, serán buscadas las innovaciones que admitan la fusión de los diversos intereses establecidos.
Como los abordajes anteriores, la propuesta constructivista permite integrar en una única explicación no-lineal la complejidad de la dinámica de cambio tecnológico. T. Pinch y B. Bijker realizaron sus investigaciones para "demostrar" la pertinencia de su aparato conceptual, y, a tal fin, siguieron un itinerario inductivo, que los llevaba desde los artefactos singulares a fenómenos sociales inclusivos. Los conceptos constructivistas son utilizados para analizar una tecnología en particular, o un marco tecnológico aislado: detección de algunos grupos sociales relevantes que determinan cambios en la dinámica de cambio tecnológico, diferenciación de interpretaciones según estos diferentes grupos, descripción de procesos de estabilización de esas interpretaciones. El abordaje constructivista presenta diversas limitaciones conceptuales y metodológicas, más allá de las críticas generadas tanto desde el abordaje actor-red como desde otras matrices teóricas2: En tanto la noción de “flexibilidad interpretativa” resulta de suma utilidad para describir procesos de tema de decisión y adjudicación de prioridades y valores, el abordaje relativista resulta deficitario a la hora de describir procesos de cambio:
[...] aparecen problemas cuando el sentido atribuido a un artefacto tecnológico por un grupo social relevante cambia. Los grupos sociales relevantes (o, más precisamente, los marcos tecnológicos) deben ser analizados dinámicamente. El abordaje CST [construcción social de la tecnología] no ofrece ninguna herramienta para hacerlo. [...] No sólo los miembros de un grupo social relevante determinan cómo un actor interactúa con un artefacto, sino que también existen patrones de interacción en los cuales otros actores juegan papeles importantes. (Elzen et al., 1996:100)
La reconstrucción de los diferentes sentidos asignados a los artefactos por distintos grupos sociales relevantes supone, en investigaciones de base empírica, no pocas dificultades metodológicas. En particular, en estudios históricos que no cuentan con la posibilidad de entrevistar a los actores. El abordaje no ofrece la posibilidad de considerar cambios en la integración y procesos de asignación de sentido por parte de los grupos sociales relevantes a lo largo del tiempo, derivando finalmente en análisis identitarios estáticos. Esto normalmente se ve reforzado por la tendencia a considerar a grupos socialmente
Para una revisión de las principales críticas que recibió el abordaje constructivista, y sus correspondientes respuestas, véase Pinch (1997)
diferenciados (diseñadores, ingenieros, usuarios, empresarios, científicos, por separado) como grupos sociales relevantes integrados de manera homogénea, confundiendo la aplicación del criterio de flexibilidad interpretativa. Si bien el conjunto de conceptos acuñados por el abordaje constructivista resulta de utilidad para dar cuenta de fenómenos simultáneos (o sincrónicos), presenta, una vez más, una clara limitación para describir y analizar procesos de cambio tecnológico en tanto fenómenos diacrónicos. La identificación de los procesos de clausura y estabilización genera una ilusión de proceso monolítico. En la práctica, por una parte, pueden encontrarse procesos de estabilización sin clausura (por ejemplo, tensiones entre diferentes marcos tecnológicos sostenidas en el tiempo, en diferentes regiones), por otra, es posible relevar situaciones donde la clausura temporaria del funcionamiento de un artefacto no implica la existencia de flexibilidad interpretativa (por ejemplo, un mismo artefacto estabilizado puede “funcionar” de diferentes modos para distintos “grupos sociales relevantes”). Si bien el abordaje constructivista dispone de herramientas conceptuales para incorporar la dimensión política en sus diversas formas (micropolítica, policy, politics, legislación y regulaciones, etc.), el tercer nivel de agregación, el ensamble socio-técnico, aparece insuficientemente desarrollado en términos conceptuales. En la práctica, esto problematiza tanto los análisis en gran escala, como la superación de la dimensión micro (por ejemplo, unidades de análisis de escala análoga a los Grandes Sistemas Tecnológicos). A pesar de su intención dinámica, el abordaje constructivista resulta estático: representa un momento estable de un sistema de interacciones. La temporalidad –historicidad de los marcos tecnológicos y los ensambles socio-técnicos– sólo es representable mediante una sucesión de modelizaciones, tantas como estabilizaciones son detectadas. Pero, a diferencia de otros abordajes, sí permite identificar y analizar momentos de desestabilización y cambio en la orientación general de las interacciones, y de alteración en las dinámicas de cambio tecnológico.
2. Conceptualizaciones de la economía del cambio tecnológico
El potencial explicativo de la convergencia entre las conceptualizaciones generadas en las matrices teóricas de la sociología de la tecnología y la economía del cambio tecnológico ha sido enunciado en numerosas oportunidades. Sin embargo, hasta la fecha son escasos los esfuerzos explícitos en la revisión concreta de los conceptos “económicos”, y la exploración de su capacidad de compatibilidad y convergencia. El desarrollo de la conceptualización de Michel Callon puede ser leída como una iniciativa de aproximación y negociación. Aunque tal vez la tentativa más explícita y significativa en este sentido sea el artículo “Cruzando Fronteras: Un diálogo entre tres formas de comprender el cambio tecnológico”, de Henrik Bruun y Janne Hukkinen (este volumen). El análisis de algunos de conceptos generados en la matriz “economía del cambio tecnológico” posiblemente permita evidenciar este potencial de compatibilización, así como sus condicionantes y factibilidad. Revisemos los conceptos de aprendizaje y trayectoria desde esta perspectiva.
Desde la concepción neoschumpeteriana, el cambio tecnológico implica importantes procesos de aprendizaje de tipo acumulativo: el “aprendizaje por la práctica” (learning by doing) –por ejemplo, aumentar la eficacia de los factores de producción– (Arrow, 1962), el “aprendizaje por el uso” (learning by using) –por ejemplo, utilizar más eficazmente sistemas complejos–, (Rosenberg, 1982) y el “aprendizaje por interacción” (learning by interacting) –por ejemplo, asociando usuarios y productores en una interacción que supone innovaciones en producto, proceso u organización– Lundvall (1985 y 1995). A estos tipos de aprendizaje se han agregado otros. Resultan de particular interés, para este trabajo, las operaciones de aprender aprendiendo (learning by learning) (procesos donde el aprendizaje previo facilita el futuro). Las instituciones de investigación y las empresas representan la base institucional de esos procesos de aprendizaje. Evolucionistas y neoschumpeterianos
consideran que el carácter acumulativo del proceso de cambio tecnológico e innovación (asociado a los procesos de aprendizaje) implica una ventaja para aquellas instituciones en las que se haya realizado esta acumulación. Las empresas, instituciones y países que hayan tenido la ocasión de adquirir las calificaciones requeridas y de crear la base necesaria para el aprendizaje acumulativo tendrán mayor capacidad para adaptarse en períodos de transición. Si el cambio tecnológico torna obsoletos los equipos y ciertas calificaciones técnicas precisas, no tiene poder para destruir las instituciones o empresas, ni tampoco los conocimientos que se han acumulado en ellas. Si bien puede considerarse, en este sentido, que el proceso de aprendizaje es irreversible, la acumulación generada puede ser destruida:
No es sino a partir de recortes presupuestarios radicales, malas gestiones o fusiones y adquisiciones realizadas sin tener en cuenta el aprendizaje acumulado en el seno de las organizaciones y firmas en cuestión, que las bases sobre las cuales ha tenido lugar el aprendizaje tecnológico pueden ser destruidas (OECD, 1992: 39)
Las diferentes nociones de aprendizaje pueden ser aplicadas en diferentes escalas: actores singulares, instituciones, naciones, regiones. Entender el desarrollo socioinstitucional como un proceso de acumulación de capacidades tecnológicas (de producto, de proceso, de organización) es una pieza fundamental del andamiaje teórico del análisis de dinámicas socio-técnicas localizadas: ¿existen estas acumulaciones?, ¿cómo se generaron?, ¿dónde se depositaron esos acervos?, ¿cómo pueden periodizarse esos procesos de acumulación?, ¿qué actores intervinieron?. Las diferentes conceptualizaciones de aprendizaje –y la centralidad de estas operaciones para la comprensión del cambio tecnológico– ya han demostrado su potencial explicativo y su aplicabilidad a diferentes contextos locales. Sin embargo, son aún muy escasas las aplicaciones en análisis sociológicos. Notable, teniendo en cuenta su compatibilidad con abordajes socio-técnicos, en cualquiera de las matrices enunciadas en el apartado 1 (en particular, con el abordaje constructivista y su conceptualización de “marco tecnológico”).
El desarrollo de esta convergencia sería fundamental, por otra parte, para explorar el alcance y caracterización de un fenómeno cognitivo mencionado reiteradamente tanto por economistas como por sociólogos: la generación y acumulación de “conocimiento tácito” (presente no sólo en los desarrollos de Nathan Rosenberg, Richard Nelson o Christopher Freeman, sino también en los marcos tecnológicos de Wiebe Bijker o en los análisis de controversias de Harry Collins).
2.2. Conceptualizaciones en términos de “trayectoria”
La importancia atribuida al carácter acumulativo de la tecnología sirve para subrayar el hecho de que para desarrollar y utilizar plenamente nuevas tecnologías son necesarios procesos de aprendizaje largos y complejos. Varios analistas han explorado la naturaleza acumulativa y dinámica del cambio tecnológico, por sólo citar algunos ejemplos: G. Dosi (1982a), C. Freeman et al.(1982), R. Nelson y S. Winter (1977 y 1982), N. Rosenberg (1976 y 1982). De estas investigaciones surgió la noción “trayectoria”. La utilización, selección y aplicación de tecnologías dependen de un amplio espectro de factores económicos (precios relativos, distribución de ganancias), de valores sociales y de arbitrajes de parte de los principales actores involucrados. Dos de las conceptualizaciones de trayectorias son normalmente utilizadas en trabajos correspondientes a la matriz teórica “economía del cambio tecnológico”: trayectorias naturales y trayectorias tecnológicas. a) trayectorias naturales: Proceso de condicionamiento que ejerce todo el mundo físico, mecánico, etc., sobre la actividad de generación de nuevos conocimientos tecnológicos por parte de un establecimiento fabril. Lo que la firma pueda intentar en el futuro está fuertemente condicionado por lo que estaba habilitada a hacer tecnológicamente en el pasado. Este condicionamiento hace que toda etapa de cambio técnico guarde bastante relación con la anterior, exigiendo a cada paso la resolución de problemas similares. Por esto la permanente presencia de señales físicas provenientes de la tecnología originaria no debe minimizarse.
El concepto (acuñado por N. Rosenberg, 1976) se encuentra asociado íntimamente a la idea de la existencia de "cuellos de botella" en los sistemas productivos que demandan o incentivan innovaciones para su superación. b) trayectorias tecnológicas: La conceptualización plantea la evolución de una tecnología, en procesos específicos3. El concepto (desarrollado por G. Dosi, 1984a; 1988) expresa analíticamente el carácter evolutivo –por saltos y discontinuidades– del desarrollo nuevas tecnologías innovadoras, y su carácter pervasivo y disruptivo, a medida que se difunden y se utilizan en la producción de bienes y servicios. Los conceptos de trayectorias naturales o tecnológicas fueron generados pensando casi excluyentemente en innovaciones de producto y proceso, pero presentan dificultades para el análisis de cambios organizacionales en el nivel microinstitucional y, en particular, para comprender dinámicas sociales. En ambos casos, padecen de un problema conceptual clave: su carácter determinista tecnológico (véase MacKenzie, 1992). Esto las torna epistemológicamente incompatibles con teorizaciones generadas bajo el principio de la metáfora de “tejido sin costuras” [seamless web]. Otra conceptualización en términos de trayectoria permite albergar distintos tipos de relaciones económicas y sociales, en un grado creciente de generalización, heterogeneidad y complejidad c) trayectorias nacionales Economistas evolucionistas y neo-institucionalistas han analizado la relación entre la microeconomía de la tecnología y los sistemas nacionales de producción e innovación. En general todas las corrientes de investigación tienen algunos aspectos en común, entre los que sobresalen los procesos de coevolución de las tecnologías, las organizaciones empresariales y las instituciones.
Otra posible acepción del término 'trayectorias tecnológicas' es: "direcciones del desarrollo tecnológico que son acumulativas y autogeneradas, sin una reiterada referencia al ambiente externo a la firma." (Pavitt, 1984:355)
En el marco de este proceso micro-macro de inclusión, se plantea el concepto “trayectoria nacional”, con el fin de identificar patrones sectoriales o nacionales que puedan interpretarse a partir de algunos aspectos básicos de los procesos de aprendizaje colectivo, de la selección de mercados y de instituciones de ambos niveles (Cimoli y Dosi, 1994). Estas trayectorias permiten identificar patrones tales como: a. las características organizacionales y de conducta específicas afectan el ritmo y la dirección del aprendizaje b. las características de las instituciones difieren entre los sectores y países; ciertos rasgos tienden a fortalecerse debido a su interacción con el entorno c. los amplios mecanismos institucionales que rigen las interacciones acentúan la posibilidad de crear modos de aprendizaje colectivos. Sin embargo, el concepto “trayectoria nacional” supone dos restricciones. Una, metodológica, por restricción de delimitación a priori del objeto de análisis: ha sido generado para dar cuenta de análisis a escala de estados-nación, excluyentemente. Otra, explicativa: sólo alberga relaciones inter-institucionales, dejando de lado, por limitaciones de su definición, una diversidad significativa de actores y fenómenos socio-técnicos, y, en particular, negligenciando el análisis de tecnologías y artefactos. En otros términos, es asimétricamente determinista social.
3. Nuevas conceptualizaciones socio-técnicas
Todo operación analítica, toda conceptualización, implica inevitablemente la operacionalización de un ejercicio reduccionista. Pero de esto no se deriva, necesariamente, un "empobrecimiento" del análisis. Como plantea W. Bijker:
Cuando lo social y lo tecnológico eran dos mundos diferentes eran practicadas dos formas de reduccionismo. El reduccionismo tecnológico asumía que los desarrollos en el mundo de los social podían ser explicados por lo que ocurría en el tecnológico. El reduccionismo social asumía que lo tecnológico era completamente explicable por lo social. Ambas formas de reduccionismo pueden ser evitadas si las nuevas unidades de
análisis son los ensambles sociotécnicos. Si el ideal de explicar no es abandonado, es necesaria alguna forma de reducción. Sin ella la investigación puede recaer en un empirismo indiscriminado. Las posibilidades de contar historias con lucidez o de teorizaciones más formales deberían ser abandonadas. Aún es necesario mucho trabajo para desarrollar nuevas formas de reducción en el dominio de la socio-tecnología. (Bijker, 1993:127)
Con el objetivo de complementar las potencialidades de algunas de las conceptualizaciones constructivistas disponibles, y, al mismo tiempo, de subsanar algunos de los inconvenientes previamente señalados, hemos desarrollado una serie de conceptos: dinámicas y trayectorias socio-técnicas, procesos de transducción, estilos socio-técnicos de innovación y cambio tecnológico, resignificación de tecnologías, conocimientos genéricos. Al mismo tiempo, hemos revisado algunas conceptualizaciones previamente disponibles, como las relaciones “problemasolución”, o los procesos de construcción de funcionamiento y utilidad de las tecnologías, para proponer una reconceptualización en términos de procesos de adecuación socio-técnica. Lejos de un ejercicio abstracto, estas nuevas conceptualizaciones surgieron en el ejercicio de investigaciones de base empírica, y derivan de los problemas de operacionalización de los abordajes teórico-metodológicos disponibles detectados. Al mismo tiempo, la puesta en práctica los nuevos conceptos en estas investigaciones permitieron la realización de operaciones de testeo y ajuste. Estos desarrollos teóricos responden a una estrategia de triangulación entre conceptos correspondientes a matrices teóricas de sociología de la tecnología constructivista y la economía del cambio tecnológico (previamente analizados) con la intención de maximizar su capacidad descriptivo-explicativa. Al mismo tiempo, suponen la posibilidad de superar las restricciones de las conceptualizaciones previamente revisadas en el punto 1. Dadas las limitaciones de espacio, sólo es posible presentar sintéticamente los conceptos analíticos y algunas de las consecuencias / soluciones de su adopción.
3.1. Dinámicas y trayectorias socio-técnicas
Una “dinámica socio-técnica” es un conjunto de patrones de interacción de tecnologías, instituciones, políticas, racionalidades y formas de constitución ideológica de los actores (Thomas, 1999, 2007; Thomas et alli, 2006; Maclaine y Thomas, 2007: Thomas, Versino y Lalouf, 2007). Este concepto sistémico sincrónico permite insertar una forma determinada de cambio socio-técnico (una serie de artefactos, una trayectoria socio-técnica, una forma de relaciones problema-solución, por ejemplo) en un mapa de interacciones. Una dinámica socio-técnica incluye un conjunto de relaciones tecnoeconómicas y socio-políticas vinculadas al cambio tecnológico, en el nivel de análisis de un “ensamble sociotécnico” (Wiebe Bijker, 1995), un gran sistema tecnológico (Thomas Hughes, 1983), una red tecno-económica (Michel Callon, este volumen) o, aún, aunque en este caso sería necesario considerar diferencias conceptuales, un sistema nacional o local de innovación (Richard Nelson, 1993; Bengt-Åke Lundvall, 1995). El concepto permite mapear descriptivamente una diversidad de interacciones heterogéneas, y vincularlas en relaciones causales de naturaleza explicativa. Estas dinámicas, estos patrones de interacciones, cambian en el tiempo, en el mismo sentido en que se plantean cambios en modelos de acumulación, o se alteran las lógicas de sistemas socio-políticos. Se trata de un concepto modular: en la práctica, es posible operacionalizarlo en diferentes escalas y niveles de alcance (scope), es posible mapear dinámicas sociotécnicas globales, regionales, nacionales, sectoriales, disciplinarias, entre otras alternativas de recorte analítico. Una trayectoria socio-técnica es un proceso de co-construcción4 de productos, procesos productivos y organizacionales, e instituciones, relaciones usuarioproductor5, procesos de learning, relaciones problema-solución, procesos de construcción de “funcionamiento” o “no-funcionamiento” de una tecnología, racionalidades, políticas y estrategias de un actor (firma, institución de I+D,
Para diferentes aplicaciones del concepto de co-construcción véase Oudshoorn y Pinch (eds.) (2003), Vercelli y Thomas, 2007 a y b; Garrido, Lalouf y Thomas, 2007. 5 El análisis de relaciones usuario-productor y learning by interacting (Von Hippel, 1976; Lundvall, 1985; 1988) es compatible con herramientas generadas por la sociología de la tecnología de raíz constructivista (Bijker, 1995).
universidades, etc.), o, asimismo, de un marco tecnológico (Bijker, 1995) determinado (por ejemplo: tecnología nuclear, siderurgia...). o una sociotechnical constituency (Molina,1989). Tomando como punto de partida un elemento socio-técnico en particular, por ejemplo una tecnología (artefacto, proceso, organización determinada), una firma, un grupo de I+D, este concepto –de naturaleza eminentemente diacrónica– permite ordenar relaciones causales entre elementos heterogéneos en secuencias temporales. Este concepto, también es de operacionalización modular: es posible tomar como unidad de análisis desde una unidad discreta (un artefacto singular – tecnológico, jurídico–, un sistema organizacional, una red, una empresa) hasta unidades complejas (sistemas tecnológicos, ciudades, gobiernos, sectores tecnoproductivos, países) y recostruir su proceso de co-construcción socio-técnica en el tiempo y el espacio. Por ello, resulta particularmete apropiado para describir y analizar procesos denominados (desde una perspectiva determinista tecnológica) como difusión, adaptación y transferencia. Dinámicas y trayectorias son unidades de análisis complementarias, pero no equivalentes. Las dinámicas socio-técnicas son más abarcativas que las trayectorias: toda trayectoria socio-técnica se desenvuelve en el seno de una o diversas dinámicas socio-técnicas y resulta incomprensible fuera de ellas. Trayectorias y dinámicas son procesos, en algunos casos, direccionados parcialmente por la intención de una pluralidad de actores (gobiernos, empresas, instituciones, tecnólogos o científicos). Pero, a diferencia de los “grandes sistemas tecnológicos” de Hughes, no responden simplemente a la lógica de organización de un “constructor de sistemas”, de alguien o algo con la capacidad de incorporar en el sistema elementos del entorno, ni se configuran y estabilizan simplemente por la agencia de un actante con capacidad de traducir los intereses de intermediarios. Aunque de hecho es posible identificar en dinámicas y trayectorias socio-técnicas algunos elementos que desempeñan –o tiene la “intención” de desempeñar ese papel–, en la práctica estos procesos son auto-organizados. Una de las funciones
centrales del análisis consiste, precisamente, en abrir la “caja negra” de esos procesos de auto-organización. La incorporación del concepto de “organización” resulta clave para comprender el potencial analítico de trayectorias y dinámicas, o, en otros términos, para dar nombre a la complejidad de estos procesos
[...] organización es la disposición de relaciones entre componentes o individuos, que produce una unidad compleja o sistema, dotada de cualidades desconocidas en el nivel de los componentes o individuos. La organización liga, de modo inter-relacional, elementos, o acontecimientos, o individuos diversos, que, a partir de allí, se tornan los componentes de un todo. Garante solidaridad y solidez relativa a estas ligazones, y por lo tanto garante al sistema de una cierta posibilidad de duración a pesar de las perturbaciones aleatorias. (Morin, 1987:101)
Las ligazones generadas en el proceso de organización pueden ser mantenidas mediante: • • • dependencias fijas o rígidas interacciones recíprocas constituciones de elementos comunes a dos organizaciones asociadas (tornándose subsistemas de la organización constituida) • • retroacciones reguladoras comunicaciones informacionales
La vinculación teórica de trayectorias y dinámicas con el concepto de organización permite replantear las relaciones de causalidad en estos procesos complejos de coconstrucción: las relaciones significativas en estos procesos son – predominantemente– endo-causales. La endo y la exocausalidad son fenómenos de diferente naturaleza: Insertar cuadro N° 1 Así, trayectorias y dinámicas pueden ser consideradas como construcciones autoorganizadas. Como plantea Debrun:
[...] ciertas organizaciones pueden emerger, desarrollarse, o reestructurarse esencialmente a partir de ellas mismas. No por generación espontánea o 'surgiendo del vacío', sino a partir de
lo que ellas ya comienzan a ser, aunque no como consecuencia directa de ese primer estadio [...] Decir que una cosa se auto-organiza es admitir que el surgimiento o transformación de esa cosa, en lugar de ser función de una combinación de un estado anterior de ella con un input externo, depende únicamente (o esencialmente) del primer factor (Debrun, 1996:XXXIII)
La re-construcción analítica de dinámicas y trayectorias socio-técnicas locales permite superar las limitaciones de enfoques que relacionan, de forma descriptiva y estática, a los “fenómenos” con sus “entornos” (como es usual en numerosas formas de análisis deterministas sociales de la tecnología); y evitar, al mismo tiempo, la realización de “saltos micro-macro” en el análisis (como suele ocurrir al aplicar conceptualizaciones evolucionistas o neo-schumpeterianas). La operatoria, en este sentido, consiste en indagar de qué manera cada objeto analizado se integra en su dinámica (general y sectorial) y trayectoria socio-técnica correspondiente. Las dinámicas y trayectorias socio-técnicas no son entidades de existencia real. No son percepciones en el plano del actor, sino constructos desarrollados por el analista. Metáforas –como los sistemas de Thomas Hughes– útiles para reconstruir procesos, articulando causalmente formas de interacción complejas entre elementos heterogéneos. Dado que tanto las dinámicas como las trayectorias socio-técnicas pueden responder, así, a diferentes criterios de recorte topológico (fronteras nacionales, territorio de “difusión” de una tecnología, región socio-económica), el alcance de estos conceptos no es definible a priori, sino en cada ejercicio analítico, de acuerdo con los criterios teórico-metodológicos de cada analista. Trayectorias y sistemas pueden alcanzar –como las redes tecno-económicas callonianas– la extensión diacrónica y sincrónica que determine la evolución del propio ejercicio analítico. Obviamente, trayectorias y dinámicas sociotécnicas pueden constituir en sí unidades de análisis. El “relleno” teórico-conceptual de estos constructos analíticos depende de la intención de cada analista. Dada su operacionalidad modular, facilitan la construcción e integración de diversos marcos teóricos, superando la rigidez de abordajes mono-disciplinares o sirviendo de estructuras de soporte para operaciones de triagulación de conceptos. Esta característica permite la compatibilidad de estos
conceptos con diferentes abordajes teóricos: sistemas tecnológicos, actor-red, constructivista, neo-schumpeteriano, por ejemplo.
3.2. Proceso de transducción:
A la luz de los enfoques constructivistas es imprescindible realizar una revisión crítica de los conceptos de “transferencia” y “difusión”, superando sus restricciones deterministas e identitarias. La conceptualización en términos de trasducción permite superar estas limitaciones. La transducción es un proceso auto-organizado de generación de entidad y sentido que aparece cuando un elemento (idea, concepto, artefacto, herramienta, sistema técnico) es transladado de un contexto sistémico a otro (Dagnino, Thomas y Gomes, 1999; Thomas, Davyt y Dagnino, 2000, Thomas y Dagnino, 2005). La inserción de un mismo significante (por ejemplo, un artefacto, un sistema, un dispositivo organizacional, una regulación o ley) en un nuevo sistema (ensamble socio-técnico, sistema local de producción, formación histórico-social) genera la aparición de nuevos sentidos (funciones, disfuncionalidades, efectos no deseados, etc.). Estos nuevos sentidos no aparecen simplemente por la agencia que los diferentes actores ejercen sobre el significante, sino en virtud de la resignificación generada por el particular efecto "sintáctico" de la inserción del significante en otra dinámica socio-técnica. Es necesario no confundir el concepto con la noción de “traducción” del abordaje “actor-red”, aunque, de hecho, no resulta incompatible con éste. Por el contrario, puede ser implementado de manera complementaria.
3.3. Estilo socio-técnico de innovación y cambio tecnológico
El concepto “estilo socio-técnico de innovación y cambio tecnológico” deriva del de “estilo tecnológico“de Thomas Hughes (1983). Puede definirse como una forma relativamente estabilizada de producir tecnología y de construir su “funcionamiento” y “utilidad” (Thomas, 1995, 2001; Lalouf y Thomas, 2004). En tanto herramienta heurística, permite realizar descripciones enmarcadas en la concepción constructivista de las trayectorias y dinámicas socio-técnicas. Supone 203
complejos procesos de adecuación de respuestas tecnológicas a concretas y particulares articulaciones socio-técnicas históricamente situadas: “la adaptación al entorno culmina en estilo" (Hughes, este volumen). Un estilo socio-técnico se conforma en el interjuego de elementos heterogéneos: relaciones usuario-productor, sistema de premios y castigos, distribución de prestigio, condiciones geográficas, diversos tipos de aprendizajes, experiencias históricas regionales y nacionales, ideologías, culturas locales, formas de acumulación, etc. Así como las trayectorias y las dinámicas socio-técnicas, los estilos son constructos generados por el analista, metáforas de procesos socio-técnicos estabilizados. Asimismo, aunque en numerosas ocasiones existen intervenciones intencionales (criterios de diseño, acciones de planificación, pautas de control, controles de calidad…) que influyen sobre la configuración o adopción de un estilo tecnológico determinado (por ejemplo, “fordismo” o “toyotismo”) se trata de procesos auto-organizados, generados en el marco de cierta trayectoria socio-técnica, en la que encuentran racionalidad, significado y funcionamiento.
3.4. Resignificación de tecnologías
En los diversos análisis de base empírica previamente realizados (Thomas, 1992, 1995b, 1996, 2005), fue posible detectar un fenómeno que parece caracterizar a gran parte de los procesos de innovación y cambio tecnológico desplegados en América Latina. El fenómeno alcanza tal relevancia y extensión que constituye un elemento fundamental en la configuración de los estilos socio-técnicos locales: la “resignificación de tecnologías”. Las operaciones de resignificación de tecnología implican la reutilización creativa de cierta tecnología previamente disponible. Las operaciones de resignifación de tecnología no son meras alteraciones "mecánicas" de una tecnología, sino una reasignación de sentido de esa tecnología y de su medio de aplicación. Resignificar tecnologías es refuncionalizar conocimientos, artefactos y sistemas. El conocimiento requerido es –en muchos casos– de la misma índole que
el que exige, por ejemplo, la fabricación de la maquinaria original, y es similar en sus condiciones y características a la actividad de diseño básico. Las operaciones de resignificación de tecnología se sitúan en la interfase entre las acciones sociales de desarrollo tecnológico y las trayectorias tecnológicas de concretos grupos sociales, en el “tejido sin costuras” de la dinámica socio-técnica. Un “estilo tecnológico” sólo es realizable dadas ciertas condiciones de interjuego entre las dotaciones tecnológicas (conocimientos, capacidades, artefactos, sistemas), las condiciones sociales, las condiciones político-económicas, las constituciones ideológicas de los actores sociales. La incorporación del concepto -convergente con las anteriores de trayectoria y estilo socio-técnico- permite revisar desde una perspectiva constructivista los conceptos de “transferencia” y “difusión”. En particular, los procesos de resignificación permiten, por un lado, mapear procesos de rediseño y adecuación de tecnología a condiciones y significados construidos localmente. Por otra, permiten abrir la caja negra de los procesos de construcción local de funcionamiento y utilidad de las tecnologías y percibir, con mayor claridad y detalle las intervenciones de los actores locales.
3.5. Conocimientos genéricos
En la dimensión cognitiva del cambio tecnológico –normalmente menos analizada que la artefactual y la práxica– también tienen lugar operaciones de resignificación de tecnologías. Algunos conocimientos tecnológicos resignificados, en particular, son utilizados extensamente en diferentes aplicaciones (diferentes técnicas de diseño, distintos sectores productivos, diferentes artefactos), convirtiéndose en “herramientas” de uso genérico, por ejemplo: formas de modelización, protocolos de simulación, técnicas de testeo. Es posible definir como “conocimientos genéricos” a aquellos instrumentos de naturaleza cognitiva que, atravesando las fronteras de cierta especificidad disciplinar o tecno-productiva, son aplicados en diversos campos científicos y tecnológicos (Thomas, Versino y Lalouf, 2005; Kreimer y Thomas, 2006; Arancibia y Thomas,
2007). El concepto deriva de la noción de “instrumentos genéricos”, propuesta por Terry Shinn (2000). Los conceptos de estilo socio-técnico, resignificación de tecnologías y conocimientos genéricos, permiten dar cuenta de algunos fenómenos que, si bien son observables en dinámicas de cambio socio-técnico en una diversidad de sociedades, resultan particularmente significativos en trayectorias tecnológicas desplegadas en países subdesarrollados, y desempeñan un papel fundamental en la conformación de estilos socio-técnicos locales. Es de notar que una parte sustantiva de estos conocimientos genéricos adquiere tal fluidez y ductilidad que tiende a hacerse “conocimiento tácito”: no siempre los actores utilizan estos instrumentos cognitivos de manera explícita y codificada.
3.6. Relaciones problema-solución:
Los clásicos abordajes deterministas tecnológicos centraron su justificación de la evolución autónoma de la tecnología en el argumento de la relación problemasolución: “la tecnología evoluciona mediante un mecanismo de resolución de los problemas técnicos de las tecnologías previamente disponible”. Si bien es necesario superar las restricciones de los abordajes deterministas, resulta como mínimo inadecuado dejar de lado las dinámicas de resolución de problemas como un aspecto significativo del cambio tecnológico. Parece tanto posible como necesario incorporar las relaciones problema-solución dentro de un abordaje constructivista-relativista. De hecho, los “problemas” y las relaciones de correspondencia “problemasolución” pueden ser abordados como construcciones socio-técnicas (Thomas y Gianella, 2006; Fressoli, Thomas y Aguiar, 2007). Uno de los errores más usuales en los análisis deterministas es dar por descontados los problemas, como si éstos no formaran parte de los procesos socio-técnicos, sino que constituyeran meras cuestiones “naturales”, íncitas en los artefactos y procesos. Pero así como la naturaleza no está allí, aguardando para ser “descubierta”, tampoco los problemas están allí –metafísicamente suspendidos en el espacio técnico– aguardando a ser
identificados y resueltos. Como las soluciones, los problemas tecnológicos (como los sociales, políticos o económicos) constituyen particulares articulaciones sociotécnicas históricamente situadas. En los procesos de co-construcción de las trayectorias socio-técnicas, la participación relativa del accionar problema-solución condiciona el conjunto de prácticas socio-institucionales, las dinámicas de aprendizaje, la generación de instrumentos organizacionales… y los criterios de identificación y evaluación de problemas. Obviamente, existe una íntima relación entre los procesos de aprendizaje, de resignificación de tecnologías y las trayectorias socio-técnicas (como ya fuera identificado por Nathan Rosenberg, desde una perspectiva determinista tecnológica). El conocimiento generado en estos procesos problema-solución es en parte codificado y en parte tácito (o sólo parcialmente explicitado): signado por prácticas cotidianas, desarrollado en el marco procesos cotidianos y no siempre formales de toma de decisiones.
En las consideraciones de Wiebe Bijker (1995), el “funcionamiento” de los artefactos no es algo dado, “intrínseco a las características del artefacto”, sino que es una contingencia que se construye social, tecnológica y culturalmente. Es necesario complementar el desarrollo teórico de Bijker, dado que cabe la posibilidad de restringir el alcance de los procesos de construcción de funcionamiento a homogéneos procesos sociales de asignación de sentido (en un movimiento reduccionista homogéneamente social). Por el contrario, los artefactos, sus características y condiciones físicas son tan relevantes como la subjetividad de los actores implicados. Simplemente porque no es posible asignar cualquier sentido a cualquier artefacto o sistema. Esto permite, en consecuencia, recuperar la simetría analítica y superar, al menos parcialmente, la denunciada incompatibilidad entre ANT y SCOT. El “funcionamiento” o “no-funcionamiento” de un artefacto es resultado de un proceso de construcción socio-técnica en el que intervienen, normalmente de forma
auto-organizada, elementos heterogéneos: condiciones materiales, sistemas, conocimientos, regulaciones, financiamiento, prestaciones, etc. Supone complejos procesos de adecuación de respuestas/soluciones tecnológicas a concretas y particulares articulaciones socio-técnicas históricamente situadas. Así, el “funcionamiento” o “no-funcionamiento” de los artefactos debe ser analizado simétricamente (Thomas y Kreimer, 2002 a y b; Kreimer y Thomas, 2003; Thomas, Fressoli y Aguiar, 2006). El “funcionamiento” de una máquina no debe ser considerado como el explanans sino como el explanandum. El “funcionamiento” de un artefacto socio-técnico es un proceso de construcción continua, que se despliega desde el mismo inicio de su concepción y diseño. Aún después de cierto grado de “estabilización”, se continúan realizando ajustes y modificaciones que construyen nuevas y diversas formas de “funcionamiento”. De este modo, es posible abrir nuevos análisis, en los que se vinculan y diferencian momentos de “clausura” y “estabilización” de las tecnologías con procesos de construcción de “funcionamiento”.
3.8. Adecuación socio-técnica:
El concepto de adecuación socio-técnica integra los desarrollos teóricos previos. La adecuación socio-técnica es un proceso auto-organizado e interactivo de integración de un conocimiento, artefacto o sistema tecnológico en una dinámica o trayectoria socio-técnica, socio-históricamente situada (Thomas 1994; Thomas y Fliess, 1994; Dagnino y Thomas, 1998; Thomas y Fressoli, 2007). Los procesos de adecuación socio-técnica permiten abrir la caja negra del “éxito” o “fracaso” de una tecnología, explicar la adopción de un artefacto como un fenómeno socio-históricamente situado, articular los procesos de co-construcción de sistemas tecnológicos y usuarios de tecnologías. Estos procesos de adecuación integran diferentes fenómenos socio-técnicos: relaciones problema-solución, dinámicas de co-construcción, desarrollo de marcos tecnológicos, path dependence, traducciones callonianas, resignificación, estilos tecnológicos.
Los procesos de producción y de construcción social de la utilidad y el funcionamiento de las tecnologías constituyen dos caras de una misma moneda de la adecuación socio-técnica: la utilidad de un artefacto o conocimiento tecnológico no es una instancia que se encuentra al final de una cadena de prácticas sociales diferenciadas, sino que está presente tanto en el diseño de un artefacto como en los procesos de re-significación de las tecnologías en los que participan diferentes grupos sociales relevantes (tecnólogos, usuarios, empresarios, funcionarios públicos, integrantes de ONGs, etc.). Considerar que el proceso de construcción social del funcionamiento es una de las dimensiones presentes desde el inicio en el proceso de producción de conocimientos permite superar las restricciones de los enfoques lineales science/technology push o demand pull (investigación básica - investigación aplicada – desarrollo y testeo – producción – mercado) según los cuales existe una autonomización fundamental entre los espacios de producción (al inicio de los procesos de diseño – una cuestión eminentemente téco-científica –) y los de uso social de los conocimientos científicos y tecnológicos (una cuestión de aplicación, end-of-pipe). El funcionamiento-no funcionamiento de una tecnología social deviene del sentido construido en estos procesos auto-organizados de adecuación/inadecuación sociotécnica. Así, el concepto sustituye con ventaja conceptualizaciones descriptivas estáticas en términos de “adaptación al entorno” o “contextualización”. Obviamente, también permite superar las restricciones de los análisis teleológico-finalistas, desconstruyendo el binarismo de los términos “éxito” o “fracaso”. Resulta, entonces, una conceptualización clave para la superación de problemas teóricos tanto en el análisis como en el diseño e implementación de tecnologías y, aún, de políticas públicas de Ciencia, Tecnología e Innovación.
Diversos autores han señalado la inadecuación de la aplicación de conceptos generados para analizar dinámicas de cambio tecnológico de los países desarrollados sobre procesos desplegados en América Latina. El planteo no es
simplemente una reivindicación localista (o, en todo caso, no siempre lo es). Por un lado, porque dado el hecho de que muchas de las tecnologías utilizadas en la región no son de origen local, los análisis de las dinámicas tecnológicas se restringieron durante décadas a la revisión de fenómenos de transferencia y difusión. Por otro, porque el alcance descriptivo-explicativo de los conceptos disponibles tendía a ocultar –o ha dejado pasar desapercibidas– relevantes intervenciones y estilos locales (tanto en el plano de la innovación tecnológica como del desarrollo sociocognitivo). Finalmente, porque en muchas ocasiones estos análisis seleccionaron asimétricamente sólo “casos exitosos” (aquéllos que se asimilaban a las situaciones virtuosas descriptas por los análisis de autores europeos o norteamericanos de sus propias experiencias) dejando de lado los fracasos, los desarrollos discontinuados, las innovaciones frustradas, los cambios tecnológicos de menor escala, las “adaptaciones” locales. Para explicar esta asimetría bastó, durante mucho tiempo, con explicitar la “condición periférica” de los países de la región, o la presencia de “factores políticos” perturbadores. Se constituyó así una nueva asimetría, del mismo carácter que la denunciada por Bloor para la sociología de la ciencia de raíz mertoneana: los países centrales producen innovaciones exitosas porque cuentan con los conocimientos y skills –el método– para hacerlo, los países latinoamericanos fracasan por cuestiones político-ideológicas. Los conceptos aquí propuestos están destinados a ampliar las posibilidades de descripción y explicación simétrica de las dinámicas socio-técnicas de la región. Pero esto no implica que sean conceptualizaciones ad hoc, de validez restringida a América Latina. Como suele ocurrir tanto en las ciencias exactas como en las sociales, el análisis de fenómenos locales ha abierto la posibilidad de revisar críticamente las teorías disponibles, complementarlas y desarrollarlas más allá de sus primeras configuraciones. Así, los conceptos construidos fueron concebidos como herramientas teóricas, adecuadas a diferentes escenarios. Claro que, dados los estudios de caso en que fueron utilizados, estos desarrollos conceptuales permitieron comprender un poco mejor por qué las cosas por aquí son como son, y no son de otra manera.
La operacionalización de estos conceptos en el análisis de diversas trayectorias socio-técnicas en investigaciones de base empírica sobre desarrollos tecnológicos latinoamericanos ha permitido constatar la realización de una amplia variedad de operaciones tecnológicas que presentan un diverso grado de creatividad local. El gradiente de innovación implicado en tales operaciones tecnológicas sugiere la existencia de estilos socio-técnicos de cambio tecnológico e innovación particulares, basados en un conjunto de capacidades acumuladas entre las que se destacan: el uso intensivo de operaciones de resignificación de tecnologías, la operacionalización de conocimientos genéricos, así como la reutilización de skills, el establecimiento de relaciones usuario/productor/proveedor específicas, el desarrollo de dinámicas de resolución de problemas y la generación de soluciones no estandarizadas que se concreta, normalmente, en desarrollos hechos a medida (tailor made). El análisis de estas trayectorias socio-técnicas desarrolladas en América latina ha posibilitado comprender la capacidad local de convertir en dinámica sinergética condiciones –tanto “favorables” como “desfavorables”– de las dinámicas sociotécnicas, y de este modo observar el alcance de estas prácticas en un rango que ha viabilizado desde la “renovación” de tecnologías “maduras” orientadas a la sustitución de importaciones hasta la participación competitiva en mercados internacionales de bienes conocimiento-intensivos. Producir y exportar tanto commodities como bienes conocimiento-intensivos en países latinoamericanos es –y ha sido– viable, pero no del modo lineal (science push o demand pull) en que normalmente se han concebido –y fundamentalmente implementado– las políticas de ciencia, tecnología e innovación en los países de la región. Los análisis realizados mediante la aplicación de los conceptos propuestos no sólo han permitido encontrar explicaciones de la singularidad de los procesos sociotécnicos locales (algunos aparentemente y/o paradójicamente excepcionales), sino también aportar nuevos elementos de análisis, útiles para un re-diseño –sociotécnicamente adecuado a las dinámicas locales– de políticas de ciencia, tecnología e innovación.
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