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Timestamp: 2017-07-28 07:00:09+00:00

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1173 by José Manuel de-Pablos-Coello - issuu
RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Investigación Financiada | DOI: 10.4185/RLCS, 72-2017-1173| ISSN 1138-5820 | Año 2017Cómo citar este artículo / Referencia normalizada
M García-Borrego, S Roses Campos, P Farias Batlle (2017): ―Condiciones de las prácticas
profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico‖. Revista Latina de
Comunicación Social, 72, pp. 430 a 452.
DOI: 10.4185/RLCS-2017-1173Condiciones de las prácticas
profesionales en medios de
comunicación: un estudio empírico
Manuel García-Borrego [CV] [ http://orcid.org/0000-0001-6207-8741] [
https://scholar.google.es/citations?user=6MOjiLMAAAAJ&hl=es] Facultad de Ciencias de la
Comunicación – Universidad de Málaga, España – manoletus@uma.es
Sergio Roses Campos [CV] [
http://orcid.org/0000-0003-3264-6888] [
https://scholar.google.es/citations?user=r_p1tQoAAAAJ&hl=es] Facultad de Ciencias de la
Comunicación – Universidad de Málaga, España – sergioroses@uma.es
Pedro Farias Batlle [CV] [
http://orcid.org/0000-0002-9634-5198] [
https://scholar.google.es/citations?user=jfBzHdMAAAAJ&hl=es] Facultad de Ciencias de la
Comunicación – Universidad de Málaga, España – farias@uma.esAbstracts
[ES] Introducción. El artículo describe las condiciones en que los estudiantes de Periodismo
realizan prácticas en medios de comunicación y examina su grado de satisfacción hacia estas.
Metodología. Se condujo una encuesta al total de becarios de diarios, radios y agencias de la ciudad
de Málaga en 2015. Los datos se sometieron a análisis estadístico. Resultados. El 85% de los
becarios afirma sobrepasar el horario del convenio. La carga de trabajo se equipara a la de
profesionales séniors en los becarios más experimentados. Pese a las condiciones, la satisfacción con
las prácticas es alta. Aumenta cuando perciben que la empresa valora que prolonguen la jornada; sin
embargo, disminuye a medida que los becarios acumulan experiencia. Conclusiones. La discusión
cuestiona el papel formativo de las prácticas y apunta que el comportamiento y actitudes de los
estudiantes podrían explicarse a partir de sus expectativas de inserción laboral en el medio.
[EN] Introduction. This article describes the conditions of interns in media companies and their
degree of satisfaction with such conditions. Methods. The study is based on a survey conducted in
2015 among all journalism students doing internships in newspapers, radio stations and newshttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 430RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Investigación Financiada | DOI: 10.4185/RLCS, 72-2017-1173| ISSN 1138-5820 | Año 2017
agencies in the city of Málaga. Data were subjected to statistical analysis. Results. 85% of the
interns affirm they systematically work overtime. Their workload is comparable to that of senior
professionals. Despite these conditions, satisfaction among interns is high, and it increases when they
perceive the company values their overtime. However, interns‘ satisfaction diminishes as their
experience increases. Conclusions. The results question the formative role of internships and
indicate that students‘ behaviours and attitudes could be explained by their expectations of job
placement in the medium.
[ES] Universidad; medios; prácticas en empresa; estudiantes; becarios; condiciones laborales,
periodistas, formación.
[EN] University; news media; internship; students; interns; working conditions, journalists,
[ES] 1. Introducción. 1.1. Estado de la cuestión. 1.1.1. Dimensiones del fenómeno. 1.1.2. La figura
del becario. 1.1.3. Las condiciones ―sobre el papel‖ de los convenios de prácticas. 1.1.4. El estudio
empírico de las prácticas en medios de comunicación. 1.1.5. El punto de vista de los becarios. 1.2.
Objetivos e hipótesis. 2. Metodología. 3. Resultados. 3.1. Descripción de la muestra. 3.2.
Condiciones de las prácticas. 3.3. Carga de trabajo. 3.4. Grado de satisfacción. 4. Conclusiones. 5.
Notas. 6. Referencias bibliográficas.
[EN] 1. Introduction. 1.1. State of the art review. 1.1.1. Dimensions of the phenomenon. 1.1.2. The
figure of the intern. 1.1.3. Conditions of internship agreements. 1.1.4. The empirical study of media
internships. 1.1.5. Interns‘ point of view. 1.2. Objectives and hypotheses. 2. Methods. 3. Results. 3.1.
Description of the sample. 3.2. Conditions of internship. 3.3. Workload. 3.4. Degree of satisfaction.
4. Conclusions. 5. Notes. 6. References.
La realización de prácticas profesionales en medios de comunicación durante la etapa universitaria se
ha afianzado con el paso del tiempo como una de las principales vías de acceso a la profesión
periodística. Ello, sumado al hecho de que estas estancias se producen en un momento especialmente
sensible para el desarrollo de los futuros profesionales de la información, les confiere un papel
educativo fundamental.
El Informe Anual de la Profesión Periodística (APM, 2006-2011) ha recogido a lo largo de los años
la evolución del número de periodistas que disfrutaron de una beca de prácticas mientras
completaban sus estudios. La comparativa mostraba en el primer año que, previamente a su
contratación, únicamente el 13,3% había sido becario en el mismo medio en que trabajaban (APM,
2006). Esta cifra creció hasta duplicarse en el último año de referencia, llegando al 25,9% del total de
encuestados, esto es, prácticamente uno de cada cuatro profesionales activos (APM, 2011). De
hecho, según el último informe, recientemente publicado, hasta un 93,1% de los periodistas sénior ha
realizado prácticas profesionales en al menos un medio antes de recalar en su posición actual (APM,
2016).http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 431RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Las prácticas en empresa, como se mencionaba, en tanto que primera toma de contacto con el
ejercicio del periodismo y herramienta básica para el aprendizaje de la profesión, ―constituyen la
base‖ sobre la cual los futuros comunicadores ―establecen su visión del mundo‖ y ―conciben ideas
acerca de la profesión‖ (Pestano, Rodr guez Wang emert y Delponti, 2011: 401-402), es decir,
funcionan como un potente agente socializador que moldea la identidad y el sistema de valores
asumido por el novato (Cotter, 2010; Cohen-Scali, 2003). Esta configuración de la cultura
periodística del estudiante, que comienza en las aulas (Mellado et al., 2013) y continúa
paralelamente en la redacción (Wu y Weaver, 1998; Zhu et al, 1997), afecta del mismo modo a la
asunción de una serie de rutinas y costumbres (Gravengaard y Rimestad, 2014) y resultará clave a
largo plazo en su consolidación profesional (Hall, 1976).
En los últimos años ha aumentado notablemente el interés por las prácticas. El Informe Anual de la
Profesión Periodística, que había estudiado este fenómeno por última vez en 2010 —cuando el
35,1% de los periodistas consideraba como uno de las principales problemas de la profesión que los
becarios acabaran sustituyendo a los redactores y ejerciendo sus tareas (APM, 2010)— ha vuelto a
incluir ítems referidos a este tipo de becas de iniciación. En uno de los informes más recientes, APM
(2015) afirmaba que ―se observa un cierto empeoramiento de las condiciones en las que se encuentra
este colectivo‖. Alrededor de tres cuartos de los jóvenes sondeados (un 77,6%) ha realizado tareas
como becario en algún medio de comunicación, y un 68,4% optó por prorrogar la duración del
período inicialmente contemplada en el contrato de prácticas. Todo ello a pesar de que únicamente la
mitad de los encuestados recibió algún tipo de remuneración por las tareas desarrolladas (APM,
En la línea de lo apuntado por la APM (2015), en los últimos años ha sido noticia una serie de
artículos que situaba el foco sobre una supuesta instrumentalización de las prácticas por parte de
empresas que buscaban sustituir personal. Tanto El País [1] como El Mundo [2], Abc [3] o Cadena
SER [4], entre otros, se han visto envueltos en este tipo de denuncias mediáticas, que en algunos
casos se han saldado con la intervención del Ministerio de Trabajo [5]. Precisamente el Ministerio de
Empleo y Seguridad Social advertía, meses atrás, de que el número de becarios en España ha pasado
de 20.000 a 70.000 entre 2013 y 2015, un 350% en apenas dos años [6].
La implantación del Plan Bolonia, con el que entraban en vigor los grados que incluían asignaturas
de prácticas en el plan de estudios, y sobre todo el Estatuto del Estudiante Universitario (RD
1791/2010) y el Real Decreto 1707/2011, por el que se regulaban las prácticas académicas externas
de los estudiantes universitarios, se proponían normativizar en mayor grado estas actividades
formativas. Dado que la anterior norma se remontaba a 1981, el ―tiempo transcurrido‖ justificaba la
necesidad de una nueva legislación que ―desarrolle, precise y aclare algunos de los aspectos
previstos‖ en el anterior decreto. En estas normas se establecerá la primera distinción entre prácticas
curriculares (―académicas, regladas y tuteladas‖) y extracurriculares (―voluntarias‖ y ―no incluidas
en los planes de estudio‖).
Cinco años después de las dos principales normas encargadas de regular las prácticas de empresas,
esta investigación se plantea examinar, a partir del caso de las principales empresas periodísticas que
operan en la ciudad de Málaga, el estado actual de las prácticas de empresa en medios de
comunicación tras la promulgación de sendas medidas, así como el grado de correspondencia con los
convenios a partir de las observaciones de los estudiantes y el grado de satisfacción de los mismos
con esta experiencia pre-profesional.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 432RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Existe un volumen bajo de estudios que atiendan de manera específica la figura del becario en
medios de comunicación. Habitualmente, se toma a los alumnos en prácticas como parte de la
plantilla, a la que se observa de manera holística en los estudios de la profesión periodística, por lo
que no es frecuente que se desglosen parámetros específicamente extraídos para este grupo. Aunque
hasta el momento este tipo de aproximación ha permitido conocer algunos aspectos relativos al
colectivo, se parte, en nuestra opinión, del error de entender a los becarios como individuos de la
población de periodistas profesionales cuando, en realidad, son en su mayoría estudiantes en una
etapa inicial de socialización profesional (Cotter, 2010; Gravengaard y Rimestad, 2011).
La literatura científica previa permite al menos bosquejar las dimensiones de este numeroso grupo.
Entre 1994 y 1999, la Universidad del País Vasco generaba por sí misma una media de 200 nuevos
becarios anualmente, una abundancia de demandantes que propiciaba que, en determinados medios,
el número de estudiantes pudiera incluso superar al de redactores contratados (Cantalapiedra et al.,
2000). Años más tarde, Blanco (2005) estimaba en su estudio que el peso de los estudiantes en
prácticas en la estructura redaccional de los medios en España sería de entre el 17% y el 20% del
total de las plantillas, si bien en esta cifra se incluirían también otros perfiles profesionales en
situación de precariedad laboral.
Más allá de estos datos, podría decirse que la realidad en España es que la gran mayoría de los
periodistas ha sido alguna vez becario: entre 2007 y 2011, el 80% del total de periodistas asociados a
la FAPE así lo atestiguaba (APM, 2007, 2011). La cifra se ha mantenido constante a lo largo de los
años, y los últimos datos publicados siguen subrayando esta generalidad: nueve de cada diez
periodistas encuestados por la APM ha sido becario mientras completaba sus estudios universitarios
(APM, 2016). Esta situación se corresponde con la ingente cantidad de vacantes que se ponen a
disposición de los estudiantes en el ámbito nacional: entre mayo y julio de 2014, solo la Universidad
Complutense de Madrid publicó 1.396 ofertas de prácticas profesionales (Ortiz-Sobrino, PeinadoMiguel y Zapata-Palacios, 2014; Pérez-Serrano, Rodríguez-Barba y Rodríguez-Pallarés, 2015).
1.1.2. La figura del „becario‟
Sin duda, uno de los hitos más relevantes en el estudio de este colectivo se refiere a las condiciones
en que desarrollan su labor en la redacción. Sobre este particular —del que daremos cuenta más
adelante— es necesario hacer alguna precisión. El becario es actualmente una figura regulada en el
Real Decreto 592/2014, de 11 de julio. En ningún caso el becario forma parte de la fuerza
trabajadora de un medio: es un estudiante, al cual ni siquiera se le puede atribuir la condición de
aprendiz o de empleado en prácticas, lo cual requeriría un contrato de trabajo según nuestra
legislación laboral, ni tampoco se le debe asignar una naturaleza dual del tipo estudiante-trabajador.
Insistimos, pues, en que el becario es tan solo un estudiante.
Como veremos en este artículo, la literatura científica advierte sobre la mala utilización de la figura
del becario por parte de los medios. Sin embargo, en su denuncia emplea —a nuestro juicio—
conceptos que redundan en la confusión sobre la naturaleza de la figura del becario. Por ejemplo, los
estudios se refieren a las horas de dedicación del estudiante como ―jornada laboral‖, detallan las
―condiciones laborales‖ de los becarios cuando en ningún caso puede decirse que exista relación
laboral entre el estudiante y el medio donde realiza sus prácticas.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 433RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Tanto el Real Decreto 1707/2011, de 18 de noviembre, como las normativas específicas de los
centros educativos —en lo que sigue ejemplificaremos con la desarrollada por la Universidad de
Málaga— dejan claro que ―no se derivarán, en ningún caso obligaciones propias de una relación
laboral, ni su contenido podrá dar lugar a la sustitución de la prestación laboral propia de puestos de
trabajo‖ (RDL 592/2014, de 11 de julio: 60.503; Universidad de Málaga, 2014a: 2). Asimismo, en
las prácticas extracurriculares, principal objeto de este estudio, la normativa prevé el abono mensual
de una cantidad en concepto de bolsa o ayuda al estudio, si bien estas cuant as, ―en ningún caso,
tendrán consideración de remuneración o nómina por la actividad desarrollada al no existir relación
contractual‖ (2014: 8).
En relación con los horarios, la dedicación del estudiante y su compatibilización con el resto de
actividades académicas, 2011 sería el año en que se publicó el decreto quizás más relevante, por
cuanto la mayor parte de su contenido continúa vigente y ha servido como base para los sucesivos
reglamentos elaborados por las diferentes universidades. El Real Decreto 1707/2011, de 18 de
noviembre, actualiza el elaborado en 1981. De ahí nacen artículos como el 5.2, en el que se dispone
que los horarios ―serán [7] compatibles con la actividad académica y formativa (…) desarrollada por
el estudiante en la universidad‖, si bien deberá existir ―previa comunicación con antelación suficiente
a la entidad colaboradora‖ para sortear posibles colisiones de intereses. Con ello, se intenta proteger
los derechos del estudiante sin causar perjuicio a las empresas que los acogen.
Además de esto, se fijan los derechos y obligaciones del estudiante que deberá seguir las
instrucciones del tutor asignado por la empresa —siempre pasando por el filtro del ―responsable
académico‖, cuya figura ya se introduc a en 1981 como responsable del alumno— y ―comunicarle
cualquier incidencia‖, ―cumplir el horario previsto‖ o ―respetar las normas de funcionamiento‖ del
medio. Entre los deberes, podrían resultar destacables algunos como el de ―guardar confidencialidad
en relación con la información interna de la entidad colaboradora y guardar secreto profesional sobre
sus actividades, durante su estancia y finalizada esta‖, y el de comportarse ―salvaguardando el buen
nombre de la universidad a la que pertenece‖.
El Real Decreto 1707/2011, de 18 de noviembre, se completó tres años más tarde con el Real
Decreto 592/2014, de 11 de julio. Aunque aparentemente solo se corrigen algunas formalidades,
dejando intacta la mayor parte del texto, algunos artículos sufrieron ligeros cambios que, sin
embargo, pueden resultar decisivos para el desarrollo de las prácticas o al menos introducir matices
de relevancia. El ya mencionado 5.2 del anterior decreto pasa a dictaminar que ―los horarios, en todo
caso, se procurará que sean compatibles con la actividad académica, formativa y de representación y
participación desarrollada por el estudiantes en la universidad‖. Se cambia, pues del ―serán‖ al ―se
procurará que sean‖. Esta misma fórmula se repite en otros art culos como el 17.2.: ―En la
organización y desarrollo de las prácticas se procurará que la realización de las mismas conlleven el
menor sobreesfuerzo económico para los estudiantes‖.
La duración de las prácticas extracurriculares, por ejemplo, en el caso de la Universidad de Málaga
(2014b: 6), tiene un mínimo de dos meses y un máximo de seis, aunque puede ampliarse
justificadamente hasta los nueve meses. La distribución horaria de este tipo de prácticas se establece
de acuerdo con las características de las mismas y la disponibilidad del medio. Se estipula una
preferencia de duración no superior a cinco horas diarias o un cómputo de 100 horas al mes, siendo
los medios quienes fijan la distribución horaria y publican, en las ofertas, los horarios de entrada y
salida. La cantidad mínima abonada por el medio en concepto de ayuda al estudio se liquida
mensualmente y asciende, en el caso de este centro educativo, a 360 euros.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 434RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
En el único análisis de ofertas de prácticas profesionales realizado hasta el momento, Ortiz-Sobrino,
Peinado-Miguel y Zapata-Palacios (2014) y Pérez-Serrano, Rodríguez-Barba y Rodríguez-Pallarés
(2015) constataron que la mayor parte de las emitidas por la Universidad Complutense de Madrid
establecían una duración de la estancia de entre dos y cuatro meses, con una dedicación de entre
cuatro y siete horas diarias, cinco días a la semana. Los estudiantes recibirían alrededor de 200 euros
mensuales durante el periodo de vigencia del acuerdo, si bien la prestación en uno u otro medio era
muy dispar.
Las características del modelo de prácticas español encuentran cierto reflejo en otras sociedades
occidentales. La crisis de los medios escritos ha disparado el uso de becarios en las redacciones y los
ha situado en una posición delicada (Perlin, 2012). En Alemania, los estudiantes ―trabajan un número
largo de horas en turnos irregulares, a menudo por poco dinero, mientras tratan de construirse una
reputación‖ (Gollmitzer, 2014: 834), aunque no se explicitan las cuant as percibidas. Salamon (2015:
446) advierte esta misma situación en Canadá y aporta cifras concretas: mientras que existe un sector
especialmente perjudicado que no recibe remuneración por las prácticas, otros ingresan hasta 2.000
dólares mensuales, los cuales considera ―insuficientes para dar soporte financiero a los becarios‖. El
autor, de hecho, adopta una perspectiva crítica incluso con las becas de 1.150 dólares semanales que
suelen conceder algunos medios durante la época estival para cubrir las ausencias de los
profesionales sénior (Salamon, 2015).
En otros países, como Dinamarca, los estudiantes realizan estancias de prácticas de un año y medio.
En ellas desarrollan una serie de tareas casi ―idénticas‖ a las de un periodista de plantilla, y reciben
por ello un ―salario‖ de 2.700 euros mensuales (Gravengaard y Rimestad, 2014: 81). Tras esta etapa
como becarios, los estudiantes retornan a la universidad con las destrezas y los conocimientos
adquiridos para completar el último año de sus estudios.
Toda vez que hemos aclarado la relación entre el centro receptor (medio) y el becario, así como
hemos descrito las condiciones establecidas tanto por la Ley como por las ofertas publicadas por las
universidades, podemos reseñar los problemas advertidos por la academia en el funcionamiento de
las prácticas en medios de comunicación.
A finales de los años 90, una investigación circunscrita a los periodistas vascos alertó de tres
contrariedades muy relevantes (Cantalapiedra, Coca y Bezunartea, 2000):
Primero, del incumplimiento de las condiciones de formación. La jornada de los becarios excedía lo
pactado. En segundo lugar, la responsabilidad y la carga de tareas se asemejaba a la de un periodista
de plantilla, en claro perjuicio para el desarrollo formativo del estudiante. Tercero, la
instrumentalización de esta figura por parte de las empresas para ahorrar costes en recursos humanos,
sustituyendo a profesionales por becarios en lo que los autores denominan ―auténtico fraude laboral‖
(Cantalapiedra, Coca y Bezunartea, 2000: 169).
Carecemos de estudios empíricos que permitan generalizar estos hallazgos al conjunto del estado
español durante los años 90; no obstante, parece probable que así ocurriera. De hecho, en la siguiente
década hallamos dos estudios que constataron cuantitativa y cualitativamente la pervivencia de las
disfunciones apuntadas en distintos puntos de la geografía española (Blanco, 2005; Lamuedra, 2007).
El trabajo de Blanco (2005) para la Asociación de la Prensa de Madrid apuntó que más de dos tercios
de los becarios encuestados en Málaga (n=40) admitió incumplir (por exceso) el horario establecido
en el convenio en más de tres horas. Similar porcentaje percibió ―abuso laboral‖ por parte del medio.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 435RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
También se trató de documentar de qué manera se producía una instrumentalización de las prácticas
por parte de las empresas: el 87,5% de los becarios encuestados aseveró que realizaba, en la práctica,
las funciones —el trabajo— de un redactor (Blanco, 2005).
El estudio de Lamuedra (2007) halló similares impresiones a partir de los testimonios orales de las
sesiones de evaluación y de los escritos en las memorias de estudiantes (n=100) de periodismo de la
Universidad Carlos III de Madrid que habían cursado prácticas curriculares inscritas en el programa
docente del centro. De acuerdo con el análisis de esta autora, las transgresiones en la dedicación y
funciones atribuidas a los becarios acababan generando mala praxis por parte de los estudiantes (e.g.
falta de contraste de noticias, manipulación). Y, lo que es peor, a lo largo de las prácticas los becarios
interiorizaban progresivamente un discurso legitimador de los ―vicios del periodismo‖ a costa de los
principios periodísticos enseñados en la Universidad (Lamuedra, 2007: 207).
También la academia ha sido crítica con el papel jugado por la Universidad. Aquí es preciso recordar
que, en las diferentes normativas, los centros educativos asumen ―garantizar el normal desarrollo de
las prácticas, el aseguramiento de la calidad y, en su caso, adoptar medidas necesarias para alcanzar
sus objetivos‖ (Universidad de Málaga, 2014: 1). Sin embargo, Ud as (2006: 4) se refer a a los
convenios como el ―resquicio académico que sirve de coladero para las anomal as‖. Lamuedra
(2007: 204) admit a que el despropósito laboral contaba ―con la venia de la universidad‖, y PérezSerrano, Rodríguez-Barba y Rodríguez-Pallarés (2015: 211), tras analizar más de mil ofertas de
prácticas en empresas, reclamaban implementar verdaderamente la ―tutela y los sistemas de control
de calidad‖ para evitar el ―trabajo no remunerado disfrazado de convenio con un centro educativo‖.
El último informe de la APM (2016: 28) señala que 4 de cada 10 de los asociados que realizaron
prácticas de empresa ―no contaron con un tutor durante su periodo de beca, lo que sin duda
constituye una irregularidad‖.
En definitiva, a partir de la literatura (Cantalapiedra et al., 2000; Blanco, 2005; Udías, 2006;
Lamuedra, 2007; Ortiz-Sobrino, Peinado-Miguel y Zapata-Palacios, 2014; Pérez-Serrano,
Rodríguez-Barba y Rodríguez-Pallarés, 2015), podemos destacar tres consecuencias negativas
derivadas del funcionamiento de las prácticas en medios de comunicación durante los últimos quince
1.1.5. El punto de vista de los „becarios‟
A pesar del irregular funcionamiento de las prácticas, las distintas fuentes que recogen el parecer de
los estudiantes con las mismas son coincidentes: los ‗becarios‘ están satisfechos con la experiencia.
El 97% de los periodistas sondeados por la Asociación de la Prensa de Madrid las valoraron
positivamente (APM, 2007-2010). ¿Cuáles son las causas?
1. Las prácticas en empresa son una vía real de acceso al mercado de trabajo. Como se ha visto,
aproximadamente cuatro de cada cinco periodistas actualmente empleados han pasado
previamente por una etapa de prácticas profesionales, y, de ellos, uno de cada tres las disfrutó en
el mismo medio en el que acabó consiguiendo el contrato del que disfrutaba entonces (APM,
2006-2011). En este contexto, los estudiantes son capaces de soportar situaciones de precariedad ahttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 436RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
causa, probablemente, de las promesas de ―una nómina y un trabajo estable‖ en un medio de
comunicación prestigioso (Segarra et al., 2012: 45).
2. Al ejercer en una empresa periodística, los estudiantes ven saciada su necesidad de ejercitar la
praxis, una parcela que se ha demostrado insuficientemente atendida durante la carrera. De hecho,
la falta de contenidos prácticos fue el aspecto negativo de la carrera más mencionado (34%) por
periodistas formados en cuatro décadas diferentes (Gómez Calderón y Roses, 2013), y los
alumnos de cinco universidades españolas que habían realizado prácticas en medios valoraban
peor los estudios de Periodismo que los que carecían de esta experiencia (Humanes y Roses,
3. Los estudiantes se sienten ―orgullosos‖ y ―motivados‖ al asumir las responsabilidades, carga de
trabajo y horarios de un profesional sénior, aun a sabiendas de que no les corresponde, puesto que
experimentan ―la sensación de estar ocupando la plaza de un redactor de verdad‖ (Lamuedra,
2007: 206-208).
Toda vez que ha quedado patente la relevancia del fenómeno de estudio, las pautas establecidas por
los convenios y los hallazgos previos recabados en estudios empíricos, en aras a avanzar en el
conocimiento sobre el mismo, cabe plantear los siguientes objetivos e hipótesis de investigación:
O1. Describir los horarios que siguen los becarios en prácticas y extraer una idea general de cómo
se desarrollan este tipo de jornadas en los medios de comunicación, con el objetivo final de
comprobar hasta qué punto se ajustan a los convenios preestablecidos y al propio concepto de
prácticas profesionales, entendidas como una actividad formativa tutelada.
O2. Determinar si el número de piezas informativas realizadas por los estudiantes en una jornada
de prácticas puede equipararse a las elaboradas por un redactor sénior con contrato a jornada
completa en España, que por lo general confecciona cinco o más informaciones diarias (Túñez y
Martínez Solana, 2014), y por tanto si su labor profesional acaba siendo la de sustituto.
O3. Medir los niveles de satisfacción general de los estudiantes al realizar las prácticas y, como
variable diferenciada, su satisfacción con las condiciones en que se desarrollan las mismas.
O4. Examinar si existen diferencias significativas en las variables contempladas referidas a la
situación y las condiciones de las prácticas de empresa en función de variables independientes
como las características del medio que los acoge, la sección en la que desempeñan sus tareas o las
concepciones de los propios becarios.
HE1) La mayoría de los estudiantes en prácticas se enfrentarían a jornadas partidas y
relativamente prolongadas que excederían en una proporción considerable de casos el número de
horas inicialmente previstas para una actividad de carácter formativo.
HE2) En este sentido, se espera que, de acuerdo con el número de horas, el tipo de horario o el
número de piezas realizadas diariamente, el trabajo que realiza de un becario acabe siendo
prácticamente sustitutivo del de un profesional consolidado, especialmente durante el período
estival, momento en el que se lanza la encuesta, cuando por motivo de las vacaciones de verano
los medios suelen gozar de un menor número de personal activo.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 437RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
HE3) Por último, resultaría probable que los becarios, aunque sientan cierto desafecto por las
condiciones en las que se ejercen las prácticas de empresa, acaben valorando de manera positiva
la experiencia, entre otras razones por la creencia de que les supone una oportunidad de inserción
laboral en el medio en cuestión.
La presente investigación se vale de un enfoque metodológico cuantitativo a partir del uso de una
encuesta y análisis estadístico.
La muestra para este estudio la componían todos los estudiantes universitarios que realizaban
prácticas durante los meses de julio y agosto en los principales medios de información con sede en
Málaga. Se trata, pues, de una muestra no probabilística del universo de becarios de empresas
periodísticas en España, escogida por criterios de conveniencia para los investigadores. No obstante,
el muestreo de conveniencia está comúnmente aceptado en estudios exploratorios que tratan materias
novedosas (Riffe, Lacy y Fico, 1998), y a la hora de medir la asociación de variables (Wimmer y
Dominick, 1996; Hayes, 2005).
En cualquier caso, Málaga goza de una serie de características propias que dotan de interés su
estudio. En primer lugar, el ecosistema de medios es variado, con representación de los principales
grupos de comunicación nacionales y de todas las plataformas. En segundo lugar, cuenta con dos
universidades que ofertan el Grado en Periodismo con sus correspondientes prácticas profesionales:
la Universidad de Málaga, pública, y la EADE, privada. La Universidad de Málaga es, junto con la
de Sevilla, la única institución pública que oferta los estudios de Periodismo en toda Andalucía, con
lo cual atrae a alumnos de toda la comunidad. Por último, el tamaño de las redacciones es
considerable, similar al de otras capitales autonómicas y de provincia y en la línea con su población
total (es la sexta ciudad de España en número de habitantes).
Para la selección de los medios informativos se atendió a los principales indicadores que determinan
el número de visitas en la red, así como la difusión y el volumen de audiencia (Comscore, 2015,
2016; AIMC, 2015, 2016; OJD, 2015, 2016). Todos ellos se encuentran, tanto en el momento de
realización de la encuesta como en el actual, en las posiciones de cabeza de los mencionados
medidores. Entre los nueve medios informativos se encuentran radios, periódicos y agencias de
noticias. Se dejó fuera a las televisiones: en el caso de las nacionales y regionales, por no incorporar
a becarios durante los meses de estudio; en el de las locales, por no cumplir con los criterios de
audiencia y por no pertenecer a una estructura con representación en otros territorios, lo que resta
capacidad de comparación con otras provincias. Todas las empresas estudiadas se desempeñan tanto
en su soporte tradicional como en Internet y, pese a ser de alcance local, pertenecen a grupos de
comunicación nacionales o regionales (PRISA, A3Media, Vocento o Unidad Editorial, por citar a los
más importantes). La identidad de los medios y de los estudiantes, como en el trabajo de Lamuedra
(2007), no se revelará para proteger la confidencialidad de unos y otros.
La población de becarios de los medios seleccionados para el estudio ascendía a 38 individuos de
acuerdo con el censo realizado tras contactar con miembros de las organizaciones. Sólo se tuvo en
cuenta a aquellos estudiantes que redactaran piezas informativas como parte de sus rutinas de
producción, excluyendo por tanto a aquéllos alejados de la función más puramente periodística de la
profesión (fotógrafos, maquetadores, editores, técnicos, etcétera). No se distinguió, en cambio, entre
los estudiantes que realizaban prácticas extracurriculares (voluntarias) y los pertenecientes a las
prácticas curriculares (ligadas al programa de estudios), ni tampoco entre el centro de adscripción
correspondiente. Se suministró el cuestionario a todos los que cumplieron estos requisitos,
consiguiéndose una tasa de respuesta superior al 86% (n=33). Los cuestionarios fueron suministradoshttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 438RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
a través de medios electrónicos. El trabajo de campo se realizó en las dos primeras semanas del mes
de agosto de 2015 (del día 3 al 13 de ese mes), otorgando así al menos un margen de un mes a los
estudiantes —muchos de ellos incorporados el 1 de julio para el período estival— para adaptarse a
las rutinas del medio y conformar una idea de su rol en él.
La elaboración del cuestionario, la herramienta metodológica utilizada para medir las condiciones de
las prácticas profesionales y el grado de satisfacción, se valió de las aportaciones de otros realizados
previamente en el mismo sentido: entre ellos, los de la Asociación de Prensa de Madrid (2005-2014),
el Centro de Investigaciones Sociológicas (2010, 2014), Weaver (1998), Rodríguez Andrés (2003),
Lim (2013) o Túñez y Martínez Solana (2014). El resto de variables medidas que no fueron
contempladas en estudios anteriores se operacionalizaron ad hoc. Las variables más relevantes del
estudio son las siguientes:
Experiencia de prácticas. Referida tanto al tiempo en el medio actual como al total
acumulado, medida en número de meses (1=Menos de tres meses; 2=De tres meses a seis
meses; 3=De seis meses a un año; 4=De un año a dos años; 5=De dos años a cuatro años;
6=Más de cuatro años).Nivel de ingresos en la empresa actual. Se preguntó a los estudiantes por la cantidad de euros
que recibían al mes (1=Nada; 2=de 1 a 100 euros; 3=de 101 a 200 euros; 4=de 201 a 300
euros; 5=de 301 a 400 euros; 6=de 401 a 500 euros; 7=de 501 a 600 euros; 8=más de 600
euros).Tipo de jornada. Medida como nominal dicotómica (1=partida; 0=continua).Tiempo dedicado a las prácticas. Medido en número de horas al día.Frecuencia con la que alargan la jornada. Medida ordinalmente (6=Todos o casi todos los
días; 5=Varias veces a la semana; 4=Al menos una vez a la semana; 3=Alguna vez al mes;
2=Con menos frecuencia. 1=Nunca)Número de piezas realizadas. En cantidad total al día.Nivel de satisfacción. En términos generales y con las condiciones de las prácticas (0=muy
insatisfecho; 10=muy satisfecho)Actitudes hacia la prolongación de la jornada. Operacionalizada a partir de una escala de
cinco puntos (1=muy en desacuerdo, 5=muy de acuerdo) en función del grado de adhesión a
las siguientes afirmaciones: ―Trabajo más tiempo del estipulado‖, ―En mi empresa valoran
positivamente que trabaje más tiempo del estipulado‖, ―Es leg timo que mi empresa me exija
trabajar más tiempo del estipulado‖ y ―Entiendo que mi empresa me exija trabajar más
tiempo del estipulado‖.Asimismo, se midieron variables de tipo demográfico y otras relativas a las características del medio.
El cuestionario fue testeado por un grupo focal conformado por estudiantes de Periodismo que
habían realizado durante sus estudios el mismo tipo prácticas en empresas periodísticas.
Es preciso señalar que algunas de las variables reseñadas en este estudio, como el número de horas
empleado en la redacción o el número de piezas elaboradas, se han analizado previamente desde el
punto de vista de las rutinas profesionales (Autor1 y Autor2, AAAA), tratando de comprender las
implicaciones de estas rutinas en la evolución de la profesión y los perfiles profesionales
demandados. En cambio, en este trabajo se adopta una óptica eminentemente laboral encaminada ahttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 439RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
evaluar la situación y las condiciones en la que se desempeña la actividad formativa, y por tanto
cuenta con una serie de variables originales que permiten contextualizar en mayor medida los datos
El análisis estadístico de todos los datos extraídos de la encuesta, una vez se llevó a cabo una
limpieza de los archivos erróneos, se ha realizado mediante el software SPSS.
De los estudiantes que respondieron a la encuesta, 60,6% eran hombres y el 39,4%, mujeres. La edad
media se situaba en 23 años exactos, con una desviación típica de 2,136 y una moda de 22. La edad
mínima era de 20 años y la máxima de 29 años, aunque ambas representaban únicamente a un
estudiante, situándose el grueso de ellos entre los 21 y los 25 años.
Más de la mitad de los estudiantes en prácticas (51,6% del total) ya había obtenido el título de
graduado o licenciado en el curso 2014-2015 (27,3%) o mantenía apenas algunos créditos sueltos
(24,3%), lo cual puede indicar cierta voluntad de no finalizar los estudios para continuar
encadenando prácticas de empresas. De los restantes, el 24,3% había estudiado el cuarto curso de
carrera, el 18,2% tercero y el 6,1% máster. La vinculación con la Universidad de Málaga a la hora de
realizar las prácticas se extiende, además, al 78,8% de los estudiantes encuestados.
El grueso de los becarios se ocupaba en prensa escrita (un 57,5% del total). La radio ocuparía el
segundo lugar con un 24,2% de estudiantes y las agencias de noticias, el tercero con un 18,2%. El
57,6% de los jóvenes encuestados se desempeñaba regularmente en una misma sección, siendo la
más común Local (76,5%), por delante de Cultura (32,4%) y Deportes (20,6%). El 42,4% restante,
pues, ejercía sus labores en dos o más secciones.Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas a becarios en Málaga
En lo referente a la cuantía de la ayuda, la mayoría de los estudiantes (63,6%) recibía entre 301 y 400
euros netos cada mes por sus prácticas. Tras este rango, las cantidades más repetidas, aunque en unahttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 440RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
proporción mucho más reducida, eran ‗de 201 a 300 euros‘ (15,2%), ‗de 401 a 500 euros‘ (9,1%) y
‗No recibo ningún tipo de ingresos‘ (6,1%). Dentro de la universidad de Málaga, exist a el mismo
número de casos de estudiantes con ayudas por debajo de la franja de 301–400 euros (9,1%), donde
se encuentra la cuantía establecida por el convenio, que por encima, mientras que las prácticas no
remuneradas solían ser propias de los convenios externos (ver Gráfico 1).
Gran parte de los estudiantes que respondieron a la encuesta se hallaba en su primer período de
prácticas dentro de la empresa actual, pues el 70% acumulaba tres meses o menos de prácticas en su
medio. El resto se movía indistintamente entre los tres meses y el año. Cuando se mira la trayectoria
total de prácticas se encuentra una distribución más proporcionada: aunque continuaba
predominando el estudiante con tres meses o menos de experiencia (27,3% de los casos), la
diferencia es apenas perceptible con quienes habían disfrutado de estancias de entre tres y seis meses
(24,2%), entre uno y dos años (21,2%) o quien ha hecho prácticas entre seis y doce meses (18,2%).
En cualquier caso, se observa que tres de cada cuatro estudiantes habían realizado más de una
estancia de prácticas, puesto que éstas no suelen extenderse más allá de los tres meses.
En esencia, el resumen de las modas sitúa el perfil prototípico de quien respondió a la encuesta en el
del hombre de 22 ó 23 años que había acabado hace al menos un año sus estudios —o le restan
apenas unos créditos— en la Universidad de Málaga, percibe una ayuda económica de entre 301 y
400 euros y ejerce en la sección de Local de un periódico pequeño perteneciente a un grupo
mediático nacional.
Nuestro primer objetivo (O1) perseguía describir los horarios y tipo de jornada que siguen los
becarios para comprobar hasta qué punto éstas se ajustan a los convenios preestablecidos y al propio
concepto de prácticas profesionales, entendidas como una actividad formativa tutelada.
A la vista de los datos, la mayoría de los estudiantes (un 57,6%) disponía de jornadas partidas —es
decir, acudía a la redacción tanto por la mañana como por la tarde—, mientras que el resto afirmaba
dedicar únicamente las mañanas o las tardes en función de los turnos acordados en su empresa. La
jornada de mañana y tarde era habitual en radio (62,5%) y sobre todo en prensa escrita (un 68,4% de
los casos). En cambio, sólo un estudiante dedicaba mañana y tarde a su labor en las agencias de
noticias. No existe, aparentemente, relación entre el número de redactores de la empresa y el tipo de
jornada de los becarios, aunque sí con el número total de becarios: en las empresas que contrataban a
tres o más becarios son más comunes las jornadas partidas, mientras que aquellos medios que
disponían de un menor número total de becarios en plantilla solían aplicar las jornadas continuas —
sólo mañana o tarde— en los estudiantes.
En cualquier caso, prácticamente cuatro de cada cinco estudiantes aseguraba tener un horario flexible
en sus jornadas, con posibilidad de adaptar las horas —ya sea para contraerlas o para estirarlas—.
Sólo el 21,2% de los alumnos consultados contaban con unas horas de entrada y salida que podrían
considerarse fijas. En radio y prensa escrita predominaban los horarios flexibles, mientras que en las
agencias de noticias existía una división entre ambos tipos. No se observan patrones especialmente
claros al comprobar el tipo de horario en función al tamaño de la empresa o el número de becarios en
Con respecto al número de horas dedicadas a las prácticas, de las respuestas se extrae una media de
6,61 horas de jornada, más de una hora y media por encima del estándar de 5 horas fijado por la
Universidad de Málaga (2014). Un 81,8% de los estudiantes afirmaba superar el horario establecido
en el convenio. La desviación típica es de una hora y doce minutos. La moda se sitúa entre las seis yhttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 441RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
las siete horas (30,3% de los casos en cada uno de los tramos, es decir, un 60,6% del total en ambos),
seguida por el equivalente la jornada laboral completa de ocho horas (21,2%). Eran muy poco
numerosos los casos que establecen el mínimo (cuatro horas) y el máximo (nueve horas) de la serie
completa. De estos resultados se extrae, asimismo, que el 85% de los estudiantes dedicaba más horas
de las cinco estipuladas por el convenio de la Universidad de Málaga. Además, si se circunscriben
los resultados únicamente a los estudiantes que realizaban sus prácticas a través de la Universidad de
Málaga, se observa que sólo el 12% de los estudiantes cumplían con las cinco horas establecidas;
todos los demás, las superaban (ver Gráfico 2). Los casos de estudiantes que dedicaban alrededor de
cuatro horas diarias, por su parte, realizaban sus prácticas por medio de otras entidades externas y
recibían remuneraciones entre los 201 y los 300 euros. Todo ello contrasta con que cuatro de cada
cinco estudiantes considera que dedica más tiempo del estipulado.Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas a becarios en Málaga
El número medio de horas era de 6,95 horas en prensa escrita, de 6,13 en la radio y de 6,17 en las
agencias de noticias. No obstante, a tenor de los resultados del análisis de contrastes de medias, no se
encontraron diferencias estadísticamente significativas. Tampoco se hallaron diferencias
significativas en función del tamaño de la empresa, la sección en la que colaboran, el número de
becarios que comparten estancia con los encuestados, el nivel de ingresos, la sección, el sexo o la
En la misma línea de lo expuesto, los resultados de la encuesta muestran que el 30,3% de los
estudiantes en prácticas reconocía que prolongaba su jornada más del horario establecido todos o casi
todos los días, y el 42,4% lo hacía varias veces a la semana. Del 27,3% restante, predominan quienes
la alargaban al menos una vez a la semana (9,1%) o alguna vez al mes (otro 9,1%), por encima de
quienes estiraban su jornada con menos frecuencia o los que siempre salían puntuales, ambos con un
solo caso. Hallamos diferencias estadísticamente significativas de acuerdo al tipo de medio en que se
realizaban las prácticas [F de Welch (2, 10.95) = 4.67, p<0.05]: los becarios de radio prolongaban su
jornada con mayor frecuencia (M=3,63) que los de agencias de noticias (M=5,60), siendo estas
disimilitudes estadísticamente significativas (p< 0.05) a partir de los datos obtenidos con la prueba
post hoc T3 de Dunnet. Ello podría implicar, si se atienda a la diferencia de medias, que en la radiohttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 442RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
los horarios son más estables pero sobrepasan por sistema el número de horas preferible, mientras
que en las agencias existen jornadas más intensas en las que se excede ampliamente lo recomendado.
No se extraen, en cambio, diferencias a partir de otras variables independientes como el sexo, el
curso o la edad, el tamaño de la redacción, sección, el número de becarios del medio o el tipo de
De esta forma, preguntados por su grado acuerdo con la afirmación ―Trabajo más tiempo del
estipulado‖ en una escala de 1 (muy en desacuerdo) a 5 (muy de acuerdo), el 81% se mostró a favor
con dicha aseveración (M=4.03, DT=1.03). Hallamos correlaciones directas a partir del estadístico
Rho de Spearman entre esta variable y el tamaño de la empresa (rs=0.46, p<0.01), el número de
becarios de la redacción (rs=0.44, p<0.05) y la experiencia en prácticas profesionales (rs=0.36,
p<0.05). Esto indica que, paradójicamente, cuanto mayor es el tamaño de la redacción y el número
de becarios en la misma, mayor es también el grado de acuerdo de los estudiantes con que ―trabajan
más tiempo del estipulado‖. Teniendo en cuenta que no se observaron diferencias reales sino solo
aparentes en el número de horas en función del tamaño del medio, esto podría significar que los
becarios de los medios más grandes consideran que dedican más tiempo del estipulado en mayor
medida que sus compañeros de medios más pequeños, o quizá que en los medios con menos personal
exista un trato más cercano que alivie la impresión de dedicar muchas horas a las labores
Asimismo, la percepción de que trasgreden las condiciones del convenio aumenta cuanto mayor es el
tiempo que los estudiantes llevan realizando prácticas, lo cual podría asociarse con el conocido
síndrome del burnout (Reinardy, 2011), que se inicia en esta etapa pre-profesional y se acrecienta
como un mal endémico entre los periodistas sénior (Monteiro, Marques Pinto y Roberto, 2015). A
pesar de que las puntuaciones medias parecían indicar un mayor grado de acuerdo con la afirmación
entre los becarios de periódicos (M=4.4) que entre los de agencias (M=4.0) y radio (M=3.1), la
prueba F de Welch resultó no significativa, por lo que habría que asumir que no existían diferencias
estadísticas según el tipo de medio.
Por otra parte, preguntados por su grado de acuerdo con la afirmación ―Mi empresa valora que
trabaje más de lo estipulado‖ en una escala de 1 (muy en desacuerdo) a 5 (muy de acuerdo), los
estudiantes se mostraron en promedio de acuerdo (M=3.37, DT=0.94). No obstante, el 43.8% de los
encuestados indicó algún grado de conformidad con la aseveración, mientras que tan solo el 9.4%
expresó disconformidad con la misma. Debido a la exigua varianza en las respuestas, no hallamos
diferencias ni asociaciones estadísticas con otras variables de este bloque.
El segundo objetivo de este trabajo (O2) pretende determinar si el número de piezas informativas
realizadas por los estudiantes en una jornada de prácticas puede acercarse o equipararse a las
elaboradas por un redactor sénior con contrato a jornada completa, que confeccionaría alrededor de
cinco informaciones diarias según Túñez y Martínez Solana (2014). Esto implicaría que los becarios
estarían sometidos a la misma carga de trabajo que un periodista sénior.
De acuerdo con los datos, más de la mitad de los estudiantes consultados elaboraba más de tres
piezas informativas cada jornada, mientras que el 47% restante se ocupaba de una o dos (M=2.72,
DT=1.27). Estas cifras aparentemente indicarían que a los estudiantes se les asigna una carga de
trabajo inferior a la de los periodistas sénior. Sin embargo, si establecemos una relación de
proporcionalidad a partir de las horas de dedicación estipuladas (cinco en el caso de los estudiantes;
ocho, en el de los profesionales), observamos que los estudiantes que elaboran tres o más piezas alhttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 443RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
día (un 53% en nuestro estudio), están sometidos —proporcionalmente a su dedicación— a la misma
carga de trabajo que un periodista de plantilla.
En los datos se observa además que la carga de trabajo soportada por los estudiantes está
correlacionada directamente con dos variables: experiencia en prácticas (rs=0.35), p<0.05) y la
frecuencia con que prolongan la jornada más tiempo del estipulado (rs=0.40, p<0.05). Esto indica
lógicamente que cuanto más experiencia acumulan en las sucesivas prácticas realizadas mayor es la
cantidad de piezas que realizan. Asimismo, la carga de trabajo está correlacionada con la frecuencia
con la que sobrepasan el horario, asumiéndose así que los estudiantes que elaboran un mayor número
de piezas son los que dedican más horas diarias. Los estudiantes con un total de tres meses o menos
de experiencia en prácticas producen de media 2,22 piezas al día; entre tres y seis meses, 2,38; entre
seis meses y dos años, 3,00; entre dos y cuatro años, 5,00. Como se puede colegir, los estudiantes
que realizan prácticas durante más de seis meses empiezan a asumir una carga redaccional similar a
la de los profesionales en proporción a la duración de la jornada de ambos.
No encontramos, sin embargo, relación estadística entre el número de piezas y otras variables como
el tipo de medio, su tamaño, el número de becarios de la redacción, el sexo, el grado de finalización
de los estudios del becario o la cuantía de la bolsa de estudios.
El 45,5% de los estudiantes consultados dispone habitualmente de una hora o menos para realizar
cada pieza, un tercio de los becarios cuenta con entre una y dos horas por trabajo, y el 21% restante
puede dedicar más de dos horas por información. De acuerdo con los datos, cuanto mayor es el
número de piezas realizadas en una jornada normal, menor es el tiempo otorgado a los estudiantes
para elaborar cada una de ellas (rs=-0.57, p<0.01). En resumen, nos encontraríamos con un perfil de
becario más novato, cuya producción de noticias es inferior, que dedica más tiempo a cada
información y que suele exceder con menor asiduidad el horario, y otro con más experiencia en sus
espaldas, que elabora las piezas con mayor rapidez y que supera más habitualmente el horario
establecido por el convenio.
El tercer objetivo del artículo (O3) planteaba medir los niveles de satisfacción general con las
prácticas y, específicamente, la satisfacción con las condiciones en que se desarrollan las mismas.Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas a becarios en Málagahttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 444RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
La puntuación media de satisfacción con las prácticas fue de 7,64 (DT=1.37) en una escala de once
puntos (mínima satisfacción=0; máxima satisfacción=10) (ver Gráfico 3). Ningún estudiante emitió
una valoración por debajo del cinco —que se sitúa como el mínimo en un 12,1% de los casos—. La
valoración más repetida de las prácticas fue el 8 (30,3% del total), seguida inmediatamente por el 9
(27,3%).
A través de la prueba ANOVA, encontramos diferencias estadísticamente significativas según el tipo
de medio en que realizaron las prácticas [F(2, 30)= 7.33, p<0.05]. La prueba post hoc HSD de Tukey
indicó que los estudiantes de nuestra muestra que realizaron las prácticas en radios se sintieron más
satisfechos (M=8.7) que los de periódicos (M=7.4) y agencias (M=6.8), siendo estas diferencias
estadísticamente significativas (p<0.05). En cambio la satisfacción media de los de periódicos y
agencias no resultaron estadísticamente diferentes.
Por otra parte, descubrimos una correlación directa entre la satisfacción general con las prácticas y la
satisfacción con las condiciones en que se desarrollan (rs=0.46, p<0.01), esto es, cuanto mayor es la
satisfacción con las condiciones, mayor tiende a ser la valoración general. Curiosamente, la
satisfacción general con las prácticas estaría también correlacionada directamente con la percepción
de que ―Mi empresa valora que trabaje más del tiempo estipulado‖ (rs=0.38, p<0.05). Así, cuando los
estudiantes perciben que la empresa estima su sacrificio por dedicar más allá de lo propuesto por el
convenio se sienten más satisfechos.
Al preguntar por la satisfacción con las condiciones en que se desarrollan en sí mismas se encuentran
resultados ciertamente peores. Aunque únicamente un 30% del total de estudiantes otorgaba un
suspenso a su situación, la satisfacción promedia cae más de dos puntos hasta el 5,33, con una
desviación típica de 2,50 puntos. La moda se sitúa esta vez en el 6, seguido por el 7 y el 8 (ver
Gráfico 4).Fuente: Elaboración propia a partir de las encuestas a becarios en Málaga
La satisfacción con las condiciones en que se desarrollan las prácticas decrece a medida que aumenta
la experiencia de prácticas: se pasa de 7,22 en los que han pasado un total de tres meses o menos al
4,50 de quienes habían dedicado entre seis y doce meses para acabar en el 0,50 de los becarios con
entre dos y cuatro años de experiencia. Se halló una correlación estadísticamente significativa en este
sentido (rs=-0.55, p<0.01).
Aparentemente, las mujeres se sentían notablemente menos satisfechas con sus condiciones (4,92)
que los hombres (5,60), aunque no hallamos significación estadística. De acuerdo a la valoraciónhttp://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 445RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
sobre las condiciones, la radio se mantenía en primera posición (6,50) seguida de las agencias (5,17)
y, en último lugar y pese a ser segunda en satisfacción global, la prensa (4,90). De nuevo, la
valoración de la situación parecía ser considerablemente peor en las empresas más grandes (3,33 en
las de más de 50 miembros) que en las más pequeñas (6,19), con el resto en fases intermedias. No
obstante, ninguno de estos casos fue significativo en términos estadísticos.
Sí que existe, naturalmente, correlación significativa (rs=-0.48, p<0.01) entre sobrepasar el horario
estipulado y el grado de satisfacción con las condiciones: cuanto más se trasgrede, menor grado de
satisfacción mostrado—. Pese a lo expuesto, puede afirmarse que la valoración de las prácticas por
parte de los estudiantes es, en líneas generales, positiva. Las razones para entender esta situación en
la que las largas e intensas jornadas de prácticas no implican necesariamente una valoración negativa
podrían encontrarse, de nuevo, en que el 42,4% cree que en su empresa se valoraba positivamente
trabajar más tiempo del estipulado, frente a solo un 9,1% de los estudiantes que difiere de esta
premisa —el resto, la mayoría, se mueve en el terreno de la indecisión—. Existen, por tanto
correlaciones estadísticamente significativas entre ambos tipos de satisfacción —con el trabajo y con
las condiciones del trabajo— y la sensación de sentirse apreciado en la empresa (rs=0.38, p<0,05).
En cambio, sólo el 27,3% afirma comprender que su medio exija que se alarguen las jornadas para
poder sacar adelante la empresa frente a un 60,6% que discrepa con esta idea. Por último, un 81,8%
de los estudiantes considera ilegítimo estirar el horario de las prácticas, si bien se encuentran dos
casos en que los estudiantes sí se muestran de acuerdo con que se haga.
Los resultados de nuestra investigación permiten identificar a través del caso de la ciudad de Málaga
algunos hábitos y actitudes relativos a las prácticas profesionales que, según ha documentado la
literatura científica existente, parecen extendidos en los medios de comunicación de la geografía
La HE1, que preveía jornadas considerablemente largas que sobrepasaban lo previsto en los
convenios —incluso de siete u ocho horas en la mayoría de los casos— encuentra apoyo en los datos.
La prolongación de las jornadas más allá de la dedicación establecida en la normativa se repite casi a
diario en la mayoría de las redacciones, independientemente del soporte, y son excepcionales los
casos en los que el horario recomendado por los convenios se cumple. Resulta llamativo, en este
sentido, que el 85% dedique más horas de lo que recomienda el convenio de la Universidad de
Málaga. Los incumplimientos señalados por Blanco (2005) diez años atrás parecen no haberse
A pesar de la intensidad de este tipo de jornadas, podría decirse que la HE2 —que contemplaba que,
en la práctica, la labor de un becario acaba sustituyendo al de un profesional consolidado— queda
parcialmente refutada, puesto que la longitud de las jornadas y el número de piezas elaboradas
durante las mismas, por lo general, no son equivalentes a las de los profesionales consolidados al
compararlo con la bibliografía presentada. Uno de cada cuatro estudiantes iguala o supera las ocho
horas de rigor formalizadas en un contrato laboral corriente: una fracción altísima del total pero que,
pese a ello, no se puede equiparar al de un profesional sénior. Eso no quiere decir, lógicamente, que
el contenido de las prácticas cumpla su papel eminentemente formativo: el estado actual de las
estancias en medios de comunicación y agencias se aleja demasiado de esta función. Este desempeño
semiprofesional de las tareas del periodista se refleja en el hecho de que más de la mitad de los
estudiantes ya ha obtenido el número de créditos necesarios para terminar la carrera pero siga ligado
a ella mediante las prácticas, y que uno de cada cuatro reconozca que se matricula en créditos
optativos para continuar con la matrícula abierta.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 446RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
Pese a que en los extremos existen perfiles que se ajustan a los prototipos teóricos —en una parte los
estudiantes aprendices, en otra los estudiantes profesionales—, la mayoría de los becarios acaba
adoptando un rol intermedio entre el periodista sénior y lo que debería ser el alumno en etapa de
formación en la empresa. Su decantación hacia el primer tipo o el segundo depende de las
características que acompañan al joven. Existe claramente un sector de becarios veteranos con más
de un año de experiencia que representa a casi una tercera parte de la población total, a pesar de que
el convenio de la Universidad de Málaga (2014) concierte un máximo de seis meses ampliable, en
casos excepcionales, a nueve. Dada la transversalidad del estudio, no es posible conocer si los
―novatos‖ que disfrutan de unas rutinas menos intensas evolucionarán, en un futuro, hacia las
condiciones observadas en los más curtidos. Además, llama la atención una particularidad: pese a
que el 72,8% ha disfrutado de más de una estancia de prácticas, sólo el 30% repite en el mismo
medio, lo cual indica la rotación de becarios que existe entre los medios de comunicación.
La HE3, que esgrimía que los becarios, aun descontentos con las condiciones en las que se
desarrollan sus prácticas, acaban valorando de manera positiva la experiencia, queda comprobada en
su mayor parte. La satisfacción general con las prácticas es muy alta pese a todos los pormenores
expuestos ya en este trabajo. Las condiciones de las prácticas, por el contrario, gozan de una
valoración menor aunque logran igualmente el aprobado general si se atiende a la media aritmética.
La asociación entre el grado de satisfacción y la valoración que los superiores hacen de sus funciones
—cuanto más apreciados se sienten, mejores condiciones declaran— puede interpretarse en términos
laborales: una buena estima por parte de la redacción puede conducir, en el futuro, a la oferta de un
puesto de trabajo. Como indicaban Segarra et al. (2012), la promesa a medio plazo de una nómina
puede motivar a los estudiantes a soportar condiciones difícilmente defendibles y, por lo que se ve,
incluso a valorarlas en mejor grado. En este respecto, los becarios más experimentados son más
críticos con la carga de trabajo y el número de horas dedicadas, lo que puede verse como un síntoma
de desgaste o como pérdida de la ilusión por alcanzar un contrato laboral, ya sea por haber perdido el
interés o porque, con el paso del tiempo, lo continúen viendo como una promesa lejana. En cualquier
caso, la baja puntuación y el hecho de acumular un 30,3% de ―suspensos‖ entre el total de
estudiantes consultados invita nuevamente a reflexionar sobre el estado actual de este tipo de
Aunque consideremos que dibuja un paradigma especialmente vistoso sobre el estado de las
prácticas profesionales a través del caso de Málaga, la presente investigación se ha encontrado con
dificultades obvias al tratar de aplicar análisis estadístico a una muestra tan reducida. Una población
mayor habría posibilitado, quizá, conceder significación estadística a diferencias, en este caso, sólo
aparentes. La posibilidad de que estas prácticas se estén reproduciendo en el resto de España,
auspiciadas por el beneplácito o la omisión de la universidad, sitúa en el horizonte más inmediato la
necesidad de realizar un análisis que se expanda a otros medios y territorios para dotar de una mayor
representatividad a los resultados y permitir una concepción global del fenómeno.
Otra línea de investigación que podría nacer de este trabajo consistiría en el estudio de la función que
ejercen en esta fase de formación los tutores académicos y profesionales, cuya labor es supervisar y
garantizar que estas estancias complementen la etapa universitaria y se desarrollen conforme a los
Esta investigación está integrada en los proyectos del Grupo de Estudios en Periodismo Y
Comunicación (GEPYC), con referencia SEJ-067, del Plan Andaluz de Investigación,
Desarrollo e Innovación (PAIDI), financiado por la Junta de Andalucía. Inicio de la
investigación: febrero de 2012.http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 447RLCS, Revista Latina de Comunicación Social, 72 – Páginas 430 a 452
[1] Trabajo multa a 'El Pa s' con 160.000€ por el "abuso" laboral a los becarios:
http://vozpopuli.com/economia-y-finanzas/2470-trabajo-multa-a-el-pais-con-160-000-por-el-abusolaboral-a-los-becarios
[2] El Mundo despide 164 redactores y los suple con 90 becarios:
http://prnoticias.com/hemeroteca/10052225-los-sindicatos-denuncian-el-mundo-despide-a-164personas-y-los-suple-con-90-becarios
[3] ABC despide a cinco trabajadores de su página web y los sustituye por becarios:
http://www.elconfidencialdigital.com/medios/ABC-despide-trabajadores-sustituyebecarios_0_2160383944.html
[4] Inspección laboral en Cadena SER: los becarios ‗vitalicios‘ deben abandonar la emisora:
http://prnoticias.com/radiopr/20134306-inspeccion-laboral-en-cadena-ser-los-becarios-vitaliciosdeben-abandonar-la-emisora
[5] Trabajo multa a 'El Pa s' con 160.000€ por el "abuso" laboral a los becarios:
[6] El número de becarios aumenta un 350% con la 'recuperación':
[7] El texto en cursiva responde al interés de los autores del artículo por destacar fragmentos
relevantes en la normativa. Dicha característica tipográfica no se recoge, por tanto, en el texto
original.6. Referencias bibliográficas
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… M Garc a-Borrego, S Roses Campos, P Farias Batlle (2017: 430 a 452)…
… AM Garc a-Borrego et al, 2017 (430 a 452)…Artículo recibido el 24 de enero de 2017. Aceptado el 12 de abril.
Publicado el 18 de abril de 2017http://www.revistalatinacs.org/072paper/1173/23es.htmlPágina 452All pages:1234567891011121314151617181920212223InfoSaveLikeShareDownloadMore1173 Published on Apr 20, 2017 Condiciones de las prácticas profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico. M García-Borrego, S Roses Campos, P Farias BatllerevistalatinadecomunicacionFollowRead moreRead moreSimilar toPopular nowJust for youGo explore

References: Real Decreto 

Real Decreto 
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