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Timestamp: 2020-04-04 06:36:54+00:00

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Hermandad Sacramental de Pasión Estatutos (Huelva)| tabernacofrade.net
Sacramental de Pasión Estatutos
Estatutos de la Hdad. Sacramental de San Pedro reformados en el año 1909
En el año 1909, siendo Hermano Mayor D. José Joaquín Cano, se ve necesaria la reforma de los estatutos de la Hermandad Sacramental erigida canónicamente en la Parroquia Mayor de San Pedro de Huelva «según le han comunicado los Párrocos de la misma, y teniendo esta Hermandad los suyos, muy anticuados, y en desuso muchos de sus artículos, por no adaptarse a las circunstancias, al propio tiempo, que se han concluido todos sus ejemplares, por lo que le urge reformarlos e imprimirlos nuevamente.»
Examinando los Estatutos podemos discernir un total de 54 artículos distribuidos en 8 capítulos.
El primero de los capítulos hace referencia a los fines primordiales de la Hermandad como son: «el dar el mayor culto posible a Nuestro Soberano Señor Sacramentado, dirigiendo a este fin todo su conato y celo» y «acompañar al Señor, cuando esté de manifiesto a la pública adoración de los fieles, en los días y casos que más adelante se expresarán.» Una vez establecidos los fines del culto interno y externo, el siguiente capítulo posee un sólo artículo donde se ponen de manifiesto los derechos de la Hermandad. En él se habla acerca de una donación que le fue concedida a la Hermandad «de cincuenta pesos de a quince reales, anualmente instituida, por el Presbítero D. Antonio Jacobo del Barco, en testamento cerrado que otorgó ante el escribano público de Marina de esta ciudad, en 28 de Mayo de 1.782, abierto en 26 de Junio de 1.783». Esta manda viene determinada por una serie de cláusulas que se estipularon para su debido cumplimiento. «Primeramente en cada año, el poseedor ha de tener obligación, de poner en poder del Mayordomo de la Cofradía del Santísimo sacramento de la Parroquia del Señor San Pedro, cincuenta pesos de a quince reales, que mando se distribuyan , en dar obvenciones, a razón de diez reales cada una, que en la Octava de Corpus que se celebra en la citada Iglesia.»
La siguiente de esas cláusulas establece la obligación de los hermanos a «asistir al Coro, Viernes, Sábado, Lunes, Martes, Miércoles y Jueves, no sólo mientras se cantan Tercias y Vísperas, sino de decir y rezar todas las demás horas del Oficio Divino, en comunidad, a voz media y devota, como rezan los religiosos en sus coros. En cuyo número de doce Sacerdotes, deben ser los primeros los vice-beneficiados de dicha Parroquia de San Pedro de Huelva, porque la Octava no está dotada, y si para completar el número de doce, no hay bastantes Sacerdotes en dicha Iglesia, se conviden, y a los que falten, de los capellanes presbíteros de la Parroquial de la Concepción, los que disponga el beneficiado más antiguo de la de San Pedro. El capellán que llegue tarde, dicho el Gloria Patri del primer Salmo, sea multado en un real de vellón por cada hora de las menores, y dos por Maitines, y que el Sochantre lleve apuntación, y tome la mitad de dichas multas y lastra mitad a la Cofradía. Que los treinta reales que sobran pagadas las dos obvenciones se den quince al Sacristán menor, y otros tantos a los mozos de coro. Y que de esta cláusula se saque tanto, para que se protocolo en los libros de dicha Hermandad».
Resulta bastante curioso lo manifestado acerca de la penalización, de un real de vellón, a aquel capellán que no sea puntual a la hora de las celebraciones eucarísticas propias del culto, además del número de doce sacerdotes que deben presidir el Oficio Divino, siendo invitados los sacerdotes de la Parroquia de la Purísima Concepción hasta completar dicho número, en el caso de que no hubiese suficientes en la Parroquia de San Pedro. Esto nos hace conscientes de la gran importancia de la solemnidad en el culto interno de dicha congregación de fieles en torno al Santísimo Sacramento.
En el tercer capítulo, se sientan las bases de la constitución de la Hermandad diciéndose que «constará de un número de hermanos indeterminados» siendo hermanos natos «los señores eclesiásticos asignados a esta Parroquia, por la asistencia personal a las funciones de la Hermandad, sin que paguen cuota alguna» y además «los presidentes natos de la asociación.»
La hermandad estaba regentada por una Junta de Gobierno formada por «un Hermano Mayor, tres Consiliarios, y un Mayordomo, un Secretario y vicesecretario y además un Muñidor.» que desempeñaban sus funciones durante tres años, exceptuando a los Consiliarios que lo hacían sólo durante un año.
Establecidos los cargos por distinción, como los de los párrocos, y los cargos de dirección mediante elección, como la Junta de Gobierno, el articulado manifesta la obligación de «todos los hermanos que no estén impedidos legítimamente, tendrán la obligación de asistir a todas las funciones de tabla, formando corporación, con la presidencia del Hermano Mayor, y en su defecto los Consiliarios.»y añade el lugar que la Hermandad ocupará en la iglesia, estando este en «la localidad delantera del coro, en todas las funciones a que asista en corporación, guardando la debida ceremonia.»
Por último, encontramos referencias a un culto de carácter externo, que hoy día está en desuso, como son las procesiones de impedidos, en las que la Hermandad realizaba una pequeña procesión desde la parroquia, acompañando al Santísimo bajo palio y portado por el sacerdote, hasta las casas de los enfermos que debido a su condición ya no podían acudir a la iglesia para recibir la comunión.
Así aparece reflejado en el artículo décimo: «Procurarán también, por los medios que está a su alcance, que todos los enfermos amigos o parientes suyos, reciban los Santos Sacramentos con acompañamiento eclesiástico, como piden y desean para sí propios, cuando les llegue su caso, deseo que hacen ostensible, por el mero hecho de pertenecer a esta Hermandad. Además procurarán dejar este punto consignado, como también su última voluntad, respecto a sufragios en testamento, hecho con tiempo, y aunque no tengan bienes que testar, sino sólo para disponer lo referente a su fe y a su alma.»
Fuente: Fernando Bazán Gasch
Retomamos el artículo en esta segunda entrega, comenzando con el Capítulo IV titulado «De los hermanos empleados. Considerados en sus respectivos oficios en particular», en el cual se van enumerando los cometidos y obligaciones que deberán desempeñar los miembros de la Junta de Gobierno de la Hermandad.
En primer lugar aparece el Hermano Mayor que es «propuesto en ternas por la Junta preparatoria, compuesta de los oficiales empleados, para la votación en cabildo general de elecciones, cada tres años, pues de este modo se experimentará que la Hermandad conservará siempre su existencia, no decayendo de su primitivo espíritu, pues no siendo así, sucedería, que por variar con frecuencia de dirección, vendría a concluirse, como la experiencia lo tiene bastante acreditado» este hecho contribuye a la perpetuación de la Hermandad en el tiempo.
Dentro de las obligaciones del Hermano Mayor la primera y principal es «promover el culto del Santísimo Sacramento, y asistir a todos los actos y funciones de la Hermandad, a no ser que causa legítima se lo impidiera, como así mismo es de su cargo hacer que se observen las instrucciones con la mayor puntualidad y esmero posible.» Aquí aparece la figura del Hermano Mayor a modo de Fiscal Primero, para garantizar el cumplimiento estricto de las Reglas, como debe siempre hacerse, pues para ello están redactadas.
El siguiente cargo que se menciona es el de los Consiliarios que «se propondrán también en ternas por la Junta preparatoria, cada año, para la votación en cabildo general», siendo su primordial obligación «ser los consultores del Hermano Mayor, en los casos ordinarios que puedan ocurrirse, teniendo al mismo tiempo el carácter de teniente Hermano Mayor, según su orden».
Tras el Consiliario aparece el Mayordomo que ha de durar también tres años en el cargo 5 siendo su obligación la de «percibir y custodiar, los cincuenta de a quince reales que importa la manda anual de D. Antonio Jacobo del Barco, según se determina en el capítulo III «Derechos de la Hermandad» con todos los derechos y acciones que en dicho capítulo se establecen.» Además de esta tiene otros cometidos como son: «la cobranza de las cuotas que cada hermano ha de pagar mensualmente, o por años según prefiera, que son seis pesetas por todo el año, como mínimo, pudiendo cada hermano señalarse de un modo fijo mayor cuota; cuya cobranza, deberá hacerse sin prórroga alguna en la forma que cada cual se señale.», también tiene que «pagar todos los gastos ordinarios y respecto a los extraordinarios, se consultará con el Hermano Mayor, y tratándose de gastos de importancia, con la Hermandad presidida por el Párroco.».
Otra de las obligaciones es llevar las cuentas de la misma presentándolas «para su aprobación cada año, en cabildo de cuentas y elecciones que se extenderá en el libro de acuerdos.», además «tendrá inventario de todos los objetos, y dará una copia al Párroco, para el archivo de la Iglesia, cuidando de anotar en el suyo y comunicar al Párroco, lo que se haya adquirido cada año.»
Después del Mayordomo, encargado de las cuentas de la Hermandad, se habla acerca del Secretario cuyo cargo es «tener lista de todos los hermanos, extender y firmar las papeletas para la citación de la Hermandad, y entregársela al muñidor para que se haga cargo de repartirlas.» Otro cometido del Secretario es «llevar el Estandarte en las procesiones a que asista la Hermandad, pues en los entierros lo podrá levar cualquier hermano, o el muñidor y no otro alguno.» Como es lógico el Secretario se encarga de llevar el libro de actas «que firmará en unión de Presidente del Cabildo, después de leída y aprobada.» Al igual que los cargos de Hermano Mayor y de Consiliario, desarrollará su labor a lo largo de un periodo de tres años.
Finalmente, el último cargo que consta en estos estatutos es el del Muñidor, que es lo que podría ser equiparado, en cierta medida al Prioste, ya que es el encargado de «preparar los útiles para las funciones, cabildos y juntas, como también repartir las insignias para las procesiones a quienes corresponda, e igualmente los cirios y cera menuda.» Así como ser responsable del cuidado del patrimonio de la Hermandad, llevando el inventario de enseres de la misma, teniendo también «a su disposición, bajo la misma responsabilidad, los cirios y cera para las funciones.», incluso llega a ejercer la tarea de lo que sería un Diputado Mayor de Gobierno según el Artículo 31º, que dice así: «Será también muy apropio del Muñidor, el ordenar y dirigir las procesiones a las que asista la Hermandad, advirtiendo a los hermanos sus respectivos sitios.»
En el caso de que dicho individuo no pudiera llevar a cabo sus funciones o no cumpliera con su deber correctamente, en los Artículos 29º y 30º se indica lo siguiente: «Si el Muñidor no pudiera asistir al cumplimiento de sus obligaciones, mandará las llaves al Hermano Mayor o Mayordomo, para que disponga lo que más convenga y se supla su falta.» «Su destino será perpetuo, siempre que cumpla exactamente con su deber, pues de no ser así, el Mayordomo, de acuerdo con el Hermano Mayor, le sustituirá por un suplente, hasta el cabildo próximo donde se nombrará un sucesor. Es indispensable, que para este destino se ponga el mayor cuidado en nombrar sujeto idóneo, pues ya se deja ver por las obligaciones que tiene.»
Resulta bastante significativo el hecho de que reciba una retribución económica a su encomienda además de tener el resto de derechos que cualquier otro hermano, como dice en el Artículo 27º: «El Muñidor tendrá en todo a asistencia como hermano, y además una gratificación cada año, según acuerde la Hermandad.».
El Capítulo V concierne a las funciones u obligaciones que tiene la Hermandad como ente corporativo, definiéndose la participación de la misma en numerosos oficios religiosos de índole sacramental, como puede ser el Jueves Santo o la festividad del Corpus Christi.
El primero de los artículos habla del Triduo Sacro y de la importancia de su asistencia, ya que esos días deben ser la base de cualquier Hermandad, y más la de una Sacramental: «El Jueves Santo tiene obligación la Hermandad de asistir en corporación a la Misa mayor, recibiendo en ella a su Divina Majestad para el cumplimiento de la Iglesia, para lo que, con la correspondiente anticipación, se citará por papeletas, como así mismo, para la guardia del Monumento. Asistirá también a la procesión claustral. En la mañana del Viernes Santo, tiene la misma asistencia. En estos días procurarán los hermanos no faltar, pues son actos de mucha edificación y buen ejemplo para los fieles, y en esto procurará el Hermano Mayor desplegar y ejercitar su celo, para que los hermanos no sean remisos en el cumplimiento de esta obligación».
El artículo que le sucede habla del Corpus: “El día del Corpus, procurarán asistir todos los hermanos en los mismos términos que en el día anterior, confesando y comulgando primero y asistiendo también a la función y procesión.”
En el Artículo 34º informa de la obligación de asistir, con cirios encarnados, a “la función de Resurrección, y cuando salga su Divina Majestad para impedidos, presos de la cárcel y enfermos de los Hospitales.”
Además se obliga a asistir a los siguientes cultos: el día de la Ascensión del Señor, el primer día de la Pascua de Pentecostés, el día del Apóstol San Pedro, titular de la Parroquia donde reside, y a un culto bastante particular y hoy día en desuso “el Triduo de los desagravios del Carnaval”. (Art. 35º).
En noviembre “celebrará sufragios solemnes por los hermanos fallecidos. Para esto el Hermano Mayor dispondrá de acuerdo con el Párroco, en la forma que se hayan de hacer según los fondos de la Hermandad” . “En todas estas funciones estarán los hermanos orando con cirios, ante su Divina Majestad, los que irán alternando, cuando sean avisados por el Muñidor, aumentándose cuatro más en las Misas, desde el Sanctus hasta concluirse. También asistirá el día 15 de Agosto a la Misa Parroquial para renovar el voto de creer y defender mientras la Iglesia no disponga lo contrario, la verdad piadosa de la Asunción en cuerpo y alma de la Virgen a los cielos.”
Continua el Artículo 38º añadiendo: “La Hermandad asistirá cada vez que sea invitada por los Srs. Párrocos, a los actos y procesiones solemnes que se celebren en la Parroquia y siempre que sus fondos lo permitan contribuirá a los cultos Eucarísticos que se celebren cada año, según las prescripciones de Su Santidad Pío X, para promover la Comunión frecuente y la devoción al Augusto Sacramento.”
Para terminar, a modo de curiosidad destacar en el Artículo 39º lo correspondiente al coste de los cultos, internos y externos, que serán sufragados por la Hermandad: “La cera que en el Monumento se coloca sobre el paso de la Custodia, y en los candelabros de la Hermandad, será costeado por ésta y de color encarnado. Además los cirios de los blandones y cierto número de velas. Como media arroba, distribuidas en el mismo, las cuales arderán alternando con las que coloque la fábrica de la Parroquia. También costeará la Hermandad la cera de la custodia en la procesión del Corpus, la de los hermanos, autoridades y particulares invitados.”
Finaliza este Capítulo V añadiendo que la Hermandad “procurará de todos modos contribuir al mayor esplendor de estos cultos con su asistencia y la de sus hermanos, y con sus recursos si sus fondos se lo permiten”
Los tres capítulos que restan versan sobre la labor social de la Hermandad, de la asistencia a los hermanos enfermos y a los hermanos difuntos, el VI y VII, tratando el capítulo VIII sobre las instrucciones generales de la vida de la Hermandad.
En el capítulo sexto se exponen las directrices que se han de seguir en el caso de que un hermano se encontrase gravemente enfermo, avisando los familiares “al sacristán, que el enfermo es hermano del Santísimo, y este dará el correspondiente aviso al muñidor de la Hermandad, para que dando el tiempo suficiente, como de la mañana para la tarde, de la tarde a la noche, y de esta a la mañana siguiente, pueda citar a toda la Hermandad, para que en los mismos términos que en las procesiones claustrales, asista a la administración del hermano enfermo” . Además, es curioso, se remuneraba la labor del clero en estos casos asignándose “para los ministros de la Parroquia la limosna de tres pesetas y cincuenta céntimos, pues se ha de ir cantando con la mayor solemnidad el himno Pange lingua, etc. Habrá también repique de campanas, y el Viático irá bajo el Palio.” En el caso de los difuntos, los familiares del finado avisarán a la Parroquia igualmente para que el Hermano Mayor dé las órdenes correspondientes (Art. 42º). Siendo el Muñidor quien “llevará inmediatamente a la casa mortuoria el estandarte o banderola de la Hermandad, cuatro velas de media libra de cera encarnada, para que las enciendan mientras el cadáver está en casa; en el entierro se llevará el dicho estandarte de la Hermandad por un hermano, acompañado de otros seis con cirios, los cuales, con los demás que haya en la casa mortuoria rezarán tres Padre nuestros por el finado ante el ataúd, antes que sea recogido por el clero. Si este no asistiere, tampoco asistirá la Hermandad al transporte del cadáver, ni se enviará el estandarte ni las velas a la casa mortuoria.”
Se añade a continuación una advertencia acerca del estado de cuentas del hermano fallecido, que en caso de no estar al corriente en el pago, no recibiría la asistencia de la Hermandad como hemos descrito con anterioridad, a no ser que ante la urgencia pagaran las cuotas que se debieran.(Art. 45º).
Finalmente en el último capítulo, se nos habla sobre una serie de instrucciones generales de las cuales destacamos los artículos siguientes:
El artículo 47º que nos habla de la conservación del patrimonio de la Hermandad, en relación directa con el préstamos del mismo: “Los objetos de su propiedad, no serán prestados ni arrendados sin la consiguiente garantía de su conservación, quedando responsable de cualquier deterioro que sufra, la persona a quien se preste, para evitar la destrucción de estos objetos. Con todo. Esto se hará lo menos posible respetando siempre lo acostumbrado.”
El artículo que le sucede concierne a los hermanos que no pagan sus debidas cuotas, diciendo así: “Los hermanos que en un año no hayan pagado su cuota asignada, se acordará en cabildo, el separarlo de la Hermandad, pues es señal que no quiere continuar en ella, más antes de llevar esto a efecto, se le notificará particular y caritativamente por el hermano mayor o el secretario.”
En el artículo 50º podemos ver resumidas las principales obligaciones que tiene como Hermandad de culto al Santísimo Sacramento: “La hermandad se reunirá con frecuencia, pues de eso depende su vida. De ordinario será los dos próximos a las funciones a que asiste, a saber el jueves anterior a Carnaval, Lunes Santo, el lunes antes del día de Corpus, el Jueves anterior a la Comunión de los impedidos de la Parroquia, la víspera de la Asunción de la Santísima Virgen y el día de Todos los Santos. Terminada la cobranza y pagos de los gastos de la procesión del Corpus, se presentarán las cuentas en el cabildo del 14 de Agosto y en él se harán las elecciones precisas prohibiéndose toda clase de refrescos en estos cabildos. Si hubiese algún asunto extraordinario, se reunirán los oficiales, o toda la hermandad, según sea preciso, en cualquier tiempo, siempre de acuerdo con el Párroco.”
Los dos últimos puntos a destacar son los artículos 51 y 54 que hablan del ámbito económico en caso de tener balance positivo de sus cuentas y en el caso de la disolución de la Hermandad. Así pues “Si hubiese sobrante de la liquidación, se dedicará a la mejora y reforma del altar y Capilla del Santísimo Monumento, Custodia y objetos dedicados al culto de su Divina Majestad y a la adquisición de otros nuevos.” Y en el “caso de disolución de esta Hermandad, sus fondos y objetos de su propiedad, pasarán a la Fábrica de la Parroquia del Señor San Pedro, para que el Párroco de la misma disponga en conformidad con la jurisdicción Diocesana, de su mejor empleo.”
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References: Artículo 31
 Artículo 27
 Artículo 34
 Artículo 38
 Artículo 39
 artículo 47
 artículo 50