Source: http://www.integralworld.net/es/salvadorjordan.html
Timestamp: 2014-10-20 11:18:11+00:00

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Aplicaciones pertinentes a la situación vasca desde la perspectiva postconvencional.
Salvador Harguindey & Thomas Jordan
"La sabiduría consiste en seguir dos caminos opuestos al mismo tiempo" -- Lao Tse
Resumen: Este ensayo presenta una nueva aproximación integral, basada en el desarrollo cognitivo e investigación sistemática, a la resolución de los diferentes conflictos sociales y políticos. En primer lugar se expone una visión analítica y cibernética del papel de los diferentes tipos de estructura y cosmovisiones presentes en situaciones de caos, crisis y violencia social. Utilizar este enfoque integral nos permite desarrollar una perspectiva de las dinámicas subyacentes a los conflictos que está situada a un nivel de integración de la complejidad superior a las estructuras cognitivas que generan y mantienen los diferentes estados de conflictividad. El enfoque integral-postconvencional es utilizado para señalar las limitaciones de las estrategias de la política convencional, así como de los principales problemas en nuestras sociedades contemporáneas mientras ofrece una aproximación alternativa a los principios de una praxis política psicológicamente más madura. Esto debería hacer posible consensuar todos los complejos factores involucrados en conflictos que incluyan violencia social en orden a relacionarlos de formas integrales y pacíficas. Abstract: In this essay we present an integral approach, drawing on cognitive-developmental and conflict research, to the management of social and political conflicts. We make an analytical and cybernetic outline of the role of different kinds of consciousness structures and worldviews in situations of chaos, crisis and social violence. Using this integral approach allows us to develop a perspective of the dynamics underlying social conflicts that is situated at a higher order of integrative complexity than the cognitive structures that generate and maintain intractable conflicts. The integral-postconventional approach is used to point out limitations in conventional political strategies and many other key problems in our contemporary societies while offering an alternative approach to the principles of a more psychologically mature political praxis. This should make it possible to reach a consensus about all the complex factors involved in conflicts implying social violence in order to relate them in integral and peaceful ways. Introducción
La alienación y el miedo llevan por sistema a la ruptura de todas las relaciones sanas, un hecho que exacerba la dinámica de toda confrontación y el proceso de escalada de conflictos. La pérdida de confianza y credibilidad inducida la escalada es un lado de la moneda. Ya que el desarrollo humano progresa a través de una serie de estados psicológicos de creciente competencia emocional, sofisticación y compasión (Combs, 2000), la otra cara de la moneda muestra una deficiente imaginación, así como ceguera y falta de coraje, y tal vez buena voluntad, para salir al encuentro de alternativas integrales de un orden y dimensión más elevados que el propio nivel de conflicto. Así que desde Albert Einstein a John White han concluido que ningún problema se resuelve verdaderamente al mismo nivel que se originó (Harguindey, 2000a). Por todo ello, una nueva visión orientadora es estrictamente necesaria para unir por el canto de la moneda cosmovisiones parciales y opuestas que tratan de imponerse sobre la totalidad de la realidad externa. La política actual, desde nacional a internacional, ha hecho evidente que el nivel de la conciencia colectiva o individual, sobre todo en lo que atañe a la evolución y cognición intelectual, cultural y espiritual, aún no son suficientemente amplios - aspecto horizontal - y a su vez elevados - aspecto vertical - (holonómicos) para acoger la globalidad y complejidad de los problemas existentes. Así, conseguir acceder a una nueva perspectiva integrada, a un nuevo tipo de pensamiento integral, llamado postconvencional y metasistemático, incluso a un nuevo paradigma interpretativo, se muestra como algo esencial e imprescindible en vista de los inmensos problemas existentes. Muchas de las desesperantes realidades del mundo actual piden a gritos el descubrimiento, actualización y materialización de una cosmovisión integral que pueda ver más allá de los límites de cualquier estructura parcial de la conciencia al mismo tiempo que defienda las esencias básicas de cada una de ellas. Esto corresponde a la llamada "política integral" (Mindell, 1995; Beck and Cowan, 1996; Combs, 2000, Wilpert, 2000). Por política integral se entiende aquella que respeta las identidades y el verdadero contenido de todas las ideologías tratando de integrarlas dentro de una amplia y elevada cosmovisión a la vez que estimula la sintonía, sinergia y una síntesis humana final y unitiva, sobre todo entre las subculturas tradicionales y modernas. Por lo que se refiere a los enfrentamientos entre las diferentes cosmovisiones parciales diversos investigadores psicosociales han afirmado que lo que en la superficie aparece como desacuerdos políticos en profundidad se demuestra como un conflicto de valores y distintas interpretaciones de la realidad, proceso que a su vez emana de diferentes estructuras profundas de la conciencia ("core patterns") (Beck y Cowan, 1996, Combs, 2000). La lucha política se transforma así, en gran parte, en una confrontación, desde solapada a abierta, entre estructuras y estados y/o estadios de la conciencia, compleja y multidimensionalmente predeterminados, desde personales a sociales (Harguindey, 1999, p. 47). Uno de los factores claves en los conflictos es la sensación de que arrastra a una degradación y pérdida de identidad, personal y grupal. Entonces: ¿cómo puede la sociedad ayudar a los individuos que la conforman a desarrollar identidades tanto individuales como colectivas, sanas y benevolentes? La nueva visión ha de poder inspirar optimismo y crear un sentido de dirección universal. Hay de tratar directamente con los problemas más serios, incluso si son abrumadores o aterradores, y por mucho que se nos aparezcan como imposibles de solucionar. Jordan (Jordan, 1995, 1996) ha llamado recientemente la atención sobre algunos puntos esenciales a considerar en la solución de profundos e inveterados conflictos, sobre todo de naturaleza social, intercultural y política. En primer lugar, la limitada capacidad y falta de efectividad de las soluciones propuestas por los enfoques de la política tradicional, anclada estadios de pensamiento preconvencional y convencional, ha dejado de inspirar confianza u optimismo alguno debido a las caóticas situaciones y descorazonadores caminos de paz actuales debido a la cada vez más enferma y descendente evolución que tanto nuestra sociedad como otras muchas otras conflictivas áreas están tomando a lo largo y ancho del planeta. Por ello, tanto estos como otros investigadores y especialistas en el campo de la solución de conflictos (Curle, 1995; Mindell, 1995; Beck y Cowan, 1996; Jordan, 1998a, 1998b; Rosenberg, 1999) se han lanzado a buscar propuestas y soluciones alternativas e inéditas a la vez que nos orientan en los senderos a seguir por esa nueva perspectiva también conocida como "democracia profunda". Para enfrentarse con los males más serios, las estrategias políticas convencionales, desde las más conservadoras a radicales, desde las premodernas, etnocénctricas y colectivistas a las modernas, sociocéntricas e individualistas presentan dos problemas fundamentales que reducen, cuando no anulan, sus perspectivas de éxito: 1) En primer lugar, la creencia exagerada en que las reformas de las estructuras externas de la sociedad (leyes, aspectos económicos, jurídico-políticos, etc.) - los llamados factores externos - aún sin menospreciarlos del todo, son el mejor o el único método, y poseen la potencialidad absoluta, para mejorar nuestras sociedades. Las ideas, por muy bellas que se aparezcan ante los ojos, no pueden ser llevadas a cabo sin la correspondiente transformación de las actitudes y perspectivas de los ciudadanos en cuanto a la evolución integral de la conciencia y ascenso del propio espíritu. De ahí el fracaso total de la cosmovisión de los países socialistas que proponían una sociedad humana sin clases implementada a través de la revolución social. Sólo queda deducir que los problemas estructurales son, más que la causa principal del sufrimiento, secundarios a otros contextos más profundos. Por otra parte, parece evidente que sería posible aliviar muchos problemas sociales si la mayoría de las personas estuvieran firmemente comprometidas a valores universalistas (conocido como "second-tier thinking" por Beck y Cowan, correspondiente al nivel de conciencia universal-integrativo o integral-holístico de Wilber) (Beck y Cowan, 1996; Wilber 2000a).
De lo anterior se comprende el generalizado y creciente desinterés público en "políticas de partido", lo que, tal vez, no deje de ser un buen y esperanzador signo de los tiempos. Esta tendencia está posiblemente pretendiendo indicar que las nuevas soluciones han de estar en las ideas, y no en las ideologías, ya sean parciales o, menos aún, excluyentes, por lo que en algunos ámbitos progresistas han comenzado a ser abandonadas en los baúles del pasado. En muchas ocasiones los debates políticos convencionales se han convertido en camino trillado, siendo inútiles y reiterativos y estando exentos de creatividad alguna. En definitiva, un modelo nada productivo ni eficaz para resolver los más grandes y profundos conflictos de los seres humanos. A pesar de ello, en los más graves problemas sociales contemporáneos existe la generalizada propensión a adherirse a puntos de vista inflexibles, posicionamientos que inevitablemente llevan a todo tipo de frentismos. Los incansables e inútiles esfuerzos para imponer una ideología, cualquiera que sea, sobre los contrincantes políticos, constituye una parte crucial del problema (dualismo confrontador e hiperdualismo bipolar). Por el contrario, un nuevo camino adualista se abre a la perspectiva de acoger y sostener simultáneamente en nuestras mentes realidades y cosmovisiones opuestas, pretendiendo transformar la realidad, progresiva y sinérgicamente, en una que supere la fragmentación y el astillamiento y acceda a una nueva cohesión. Una realidad que no sea homogénea sino diversificada y compatible con todas las diferencias e identidades distintas, tanto entre individuos como entre grupos (Panikkar, 1985). En este sentido lo fundamental es hallar un nuevo tipo de lenguaje, un amplio y omnicomprensivo "esperanto psicológico" de naturaleza hermenéutica como síntesis ecléctica que permita una comunicación libre y multidimensional. Una forma de expresividad de comunicación no-violenta que, aparte de no poder ser manipulada por egoísmos personalistas o intereses partidistas, ofrezca una visión supralaberíntica que sea capaz de integrar y acoger los extremos más separados y enfrentados así como las máximas complejidades de las diferentes estructuras conceptuales. Un idioma psicológico y universal dentro del que, y a partir del cuál, todas las voces puedan ser oídas (diálogo dialógico, plurilógico, multidimensional y multiempático). Esta perspectiva postconvencional aspira a, e implica, una forma de dialéctica intersubjetiva libre de intento alguno de manipulación, dominación o ataque, quedando fuera y por encima de cualquiera de las agresivas dialécticas monológicas y monolíticas en uso. En el nuevo sentido, más evolucionado e integrador, el concepto de "diálogo" significa escuchar las preocupaciones y necesidades de otros, incluso de los oponentes, llegando a intentar ver las cosas desde su punto de vista y tratando así de buscar soluciones que tomen todos los factores en consideración, sin pretender en ningún momento imponer la opinión propia sobre la de los demás. En primer lugar hay que aceptar que las personas y las culturas habitan diferentes mundos conceptuales, estadios, realidades, luego hay que hablar de ellos primero, llegando a su raíz, a su directorio principal, escarbando en los patrones subyacentes y raíces de todo conflicto (aproximación radical-integral). En este sentido, la política actual, individualista o colectivista pertenece a los modelos convencionales y preconvencionales (monológicos), a un paradigma competitivo que, al menos en situaciones de crisis y conflicto profundo, tiende a hacer del amigo un enemigo y del hermano un extraño. Esta perspectiva es superada de forma natural por la nueva aproximación conceptual postconvencional, por unos también llamada metapolítica, por otros política transpersonal y por algunos modelo o cosmovisión aperspectival y transmoderna (Wilber, 1995; Ray, 1996; Jordan, 1998a, Harguindey, 1999; Panikkar, 1999), la cuál, al contrario que la perspectiva anterior, tiende a hacer del enemigo un amigo y del extraño un hermano. Es pertinente recordar la pionera frase de Abraham Maslow al respecto: "Desde la perspectiva transpersonal se puede proponer un programa político integral en media hora". La esperanza de esta nueva visión integral y universal del mundo, que considera simultáneamente todos sus aspectos interiores y exteriores en su formulación de "cuatro niveles-cuatro cuadrantes" (Wilber, 1995; Wilber, 2000a) radica en resolver la polarización de opiniones que bloquea nuestra evolución ascendente y continuada. Para lograr este objetivo primordial se recomienda comenzar por integrar los aspectos más positivos y las mejores ideas de los diferentes bandos. Esta "vía crítica", inicialmente propuesta por Wilpert (Wilpert, 2000), ha de permitir, así como aportar, a los políticos profesionales una perspectiva superior desde la que observar los propios conflictos (Redfield, 1999). Asimismo, trata de llegar a las raíces para arrancar desde allí las causas del sufrimiento en orden a superar los estados mentales destructivos (Pániker, 1982; Dalai Lama, 1999).
II La nueva aproximación integral como enfoque cultural alternativo.
Toda concepción institucional (objetiva, externa, aspectos cuantitativos) ha de ser complementada con una dimensión menos visible pero fundamental, es decir, cómo relacionarse recíprocamente entre individuos y grupos (subjetiva, interna, aspectos cualitativos). Para enfocar correctamente la totalidad de los problemas conjuntamente lo primero a lo que hay que prestar atención es a cómo experimentan, unos y otros, sus identidades, motivaciones, valores y búsqueda de sentido, en definitiva, sus conciencias. Mientras la actitud convencional se dirige exclusivamente a buscar soluciones mediante la reforma de las estructuras externas, la perspectiva integral, como alternativa de síntesis, considera tan importante la naturaleza de las respectivas cosmovisiones y sus complejas interacciones ya que sólo ello permite acceder al núcleo de los problemas (estructuras internas). Esta última actitud y actividad debe de hallar formas de trascender los círculos viciosos transformándolos en virtuosos y los ciclos mortales en vitales en su intento de cambiar el sentido de una dinámica espiral descendente que invade la arena social y política actual, nacional o internacionalmente. Desde un punto de vista práctico hay que partir de la base de lo fútil que resulta tratar de hacer de una ideología específica, grupo u organización política, el o los responsables por todo tipo de males, desde económicos a políticos a sociales, dejando por un momento a un lado, si es posible, el grado de degeneración a la que una situación haya podido llegar. La concienciación principal del modelo integral ha de cooperar a dar un brusco salto, cuántico y cualitativo, desde el habitual de establecer normas más o menos rígidas para el funcionamiento de la sociedad (textos, programas concretos) a la construcción de procesos evolutivos abiertos (contextos, etc.). Se abre así la posibilidad de encontrar satisfacción a las diversas necesidades, no siempre fácilmente compatibles las unas con las otras, dentro de identidades más globales, amplias y acogedoras del todo. Las vías en las que la nueva perspectiva de la política integral se esfuerza son:
Los estímulos deben de sentirse como poseedores de una aplicación universal: ser válidos para los tipos de contextos sociales y culturales más variados.
Sus valores deben ser sentidos como desafíos reales a un nivel personal, cuya vivencia y puesta en práctica podría lograr una diferencia substancial ya que se dirigen a actualizar, desde lo personal a lo social, la mejor de las (nuestras) vidas posibles.
Deben de poder ser aplicadas en interacciones diarias de forma concreta e inmediata. Deben de presentar el potencial de ser transformadoras en el sentido de lograr la mejora universal de la/s sociedad/es. Al ser introducidas en las interacciones diarias han de ser capaces de promover situaciones positivas y pacificadoras en la forma en que la sociedad opera. III) Problemas nucleares. Estados y dimensiones de la conciencia, individual o grupal, como condicionantes y determinantes de la realidad externa y del propio destino.
En último término, lo que une o separa, e incluso en muchas ocasiones enfrenta, a unos seres humanos con otros, son, esencialmente, los diferentes estados, niveles y estructuras de la conciencia, sus diferentes visiones de la realidad y cómo ésta debería estar conformada, desde lo personal a lo social y sociopolítico. En resumen, el diagnóstico primordial y etiológico se ocupa del concepto que tenemos de "nosotros" mismos, de la naturaleza humana, de lo que es, o debería ser, la vida y el mundo que "nos" rodea. Fundamentalmente, es este complejo de interacciones básicas lo que predetermina las posibilidades evolutivas, el destino y las diversas formas de razonamiento, sea en lo colectivo o en lo individual. Los estadios o dimensiones a los que se mueven las diferentes estructuras de conocimiento e interpretación de la realidad son principalmente tres: preconvencional, premoderna o colectivista, convencional, moderna o individualista y postconvencional, transmoderna e integral. Estos tres estados, por lo general, conforman las diferentes concepciones o cosmovisiones del mundo (Wilber, 1995; Jordan, 1997, 1998a, Harguindey 1999). Sin embargo, dichos estadios de complejidad evolutiva no siempre presenten fronteras rígidas y excluyentes, existiendo conflictivos niveles intermedios, o interparadigmáticos. En cualquier caso las diversas estructuras evolutivas predeterminan, en ocasiones muy rígidamente, las prioridades, escalas de valores, motivaciones y comportamientos (Beck y Cowan, 1996). Llegan incluso a configurar los diferentes campos en los que se mueven las distintas concepciones espirituales, llegando a delimitar la constitución anímica y los aspectos "religiosos" del mismo individuo: el animista-panteísta, ancestral o egocéntrico, el moderno o sociocéntrico, teísta o ateo, y el adualista-panenteísta, unitivo, advaitista o integral.
Es importante darse cuenta, y aceptar, que cualquier persona va a operar en diferentes facetas de la vida de acuerdo con la estructura de conciencia a la que pertenece en un momento determinado. Aunque ésta pueda cambiar o evolucionar en el individuo, mientras no lo haga éste actuará de manera consistente en las diferentes áreas de comportamiento así como en diferentes ocasiones en la misma área de actuación. El comportamiento sólo puede cambiar cuando se salta de un estado a otro, tiempo en que las motivaciones, y la misma esencia y naturaleza del individuo, así como su opinión de sí mismo y de la naturaleza de la vida humana en general, también evolucionan. Puede hacer esto hasta el punto de poder llegar a transformarlo drásticamente, aunque en el proceso sea inevitable el verse obligado a atravesar un estadio intermedio de crisis, a veces muy profunda (Grof y Grof, 1995; Harguindey, 2000a). En resumen, lo que principalmente separa, y sobre todo enfrenta, incluso violentamente, a unos seres y grupos con otros, es la pertenencia a diferentes patrones nucleares, campos energéticos y estados de conciencia como formas distintas de interpretar no sólo el conjunto de la realidad externa sino la naturaleza íntima de uno mismo y cómo es (o debería ser) del medio ambiente en el que crece y se desarrolla. De ello se deduce la importancia de provocar ambientes favorables y desahogados para el desarrollo integral de personalidades y conciencias ("la sociedad eupsíquica" de Maslow) en orden a lograr un eslabonamiento, interrelación y engranaje sanos entre diferentes modelos y concepciones de la vida  tantas veces acotadas bajo el nombre de "ideologías" - en la solución de todo conflicto. Un error en que se cae habitualmente es considerar que alguno de estos estados se ha hecho acreedor o está en condiciones de considerar que posee una posición privilegiada sobre los demás. Cualquiera de ellos representan estadios hasta cierto punto abiertos y flexibles que pueden evolucionar en un sentido u otro, por mucho que sería saludable que progresaran en el sentido de una expansión y sofisticación de las consciencias, en un aumento en el grado de complejidad y asimismo, afortunadamente, en una creciente capacidad de integración y resolución de esa misma complejidad. Por otra parte, la existencia de una gran tensión entre un estado induce estadios interparadigmáticos en los que tiende a irrumpir la violencia. Se plantea así el desafío de hallar sanos eslabones de interrelación entre unas realidades parciales y otras para que cada una de ellas tenga la oportunidad y permita, tanto a las demás como a sí misma, y, en definitiva, a la realidad global (subjetiva y objetiva, interna y externa) fluir pacíficamente. La meta final es llegar a conformar un conjunto vital integrado sin abismos insalvables ni rupturas traumáticas. De tener éxito se puede aspirar a que el resquebrajamiento de la realidad sea sustituido por una tensión creativa entre los diferentes estados cualitativos de creación de sentido y significado (superación de estadios de transición). Este es el camino de las cuatro eses: sinergismo-sintonía-sincretismo y síntesis, que a su vez caracteriza lo que ha de constituir todo verdadero proceso de paz genuino e integral.
Las ideologías clásicas no han de ser necesariamente declaradas como sistemas de valores primitivos y obsoletos. Sin embargo, toda adherencia rígida y excluyente a una u otra realidad o cosmovisión parcial con apasionada y ciega identificación no permite interrelación alguna con otras perspectivas (estado monológico). Un ejemplo superador en el sentido horizontal sería: ni derechas, ni izquierdas, sino "ambidextrismo" político. En cualquier caso siempre se ha de estar dispuesto a una apertura que permita un cierto grado de autotrascendencia, en sentido vertical, aunque esto no quiera decir que haya que pedir a nadie que modifique su propia identidad o sentido existencial de sí mismo, simplemente que se atreva a ejercer su libertad para posibilitar la superación de los propios límites y, paralelamente, de sus propias limitaciones. Sólo así un diálogo genuino (dialéctica dialógica, bilógica o multilógica) se hace posible, pudiéndose llegar a topar de pronto con un futuro, en forma de presente continuo, posible para todos y a lo largo del cual se abran espontáneamente nuevos caminos y encuentren hallazgos y descubrimientos inesperados ("Cuarta Vía", o Vía Crítica) (Wilpert, 2000). En este sentido, un diálogo genuino y verdadero significa escuchar empáticamente a las preocupaciones de todos, sin exclusión alguna. En realidad significa, por necesidad, un encuentro con lo desconocido, permitiendo que en él penetren todas las perspectivas, que de esta manera crecen desde sí mismas, aparte de ser transformadas en el mismo y sano proceso de relación creativa. En la misma línea, es bien conocido que los diversos modos de razonamiento cambian según el desarrollo y despliegue psicológico de los individuos, lo que habitualmente sucede en un orden secuencial. Tanto en lo individual como en lo colectivo, nadie piensa o siente igual a los quince que a los treinta o cincuenta años, o de ser así ello supone una grave enfermedad, un estancamiento y bloqueo evolutivo que sólo conduce a una cada vez más patológica degeneración. Esto hace comprensible que el estancamiento en situaciones de percepción estáticas y rígidas se convierta en la principal fuente y causa de toda dinámica y espiral descendente en la escalada de conflictos. Dicha tendencia evolutiva hace que las mismas palabras se interpreten de forma totalmente distinta, e incluso contrapuestas, por personas o colectivos pertenecientes a cosmovisiones diferentes. Así se puede comprender que incluso el concepto de "democracia" llegue a presentar significados opuestos para seres razonando a través de diferentes estructuras de conocimiento, lo que en muchas ocasiones añade un grave problema semántico a todo intento de entendimiento mutuo. A este nuevo nivel de complejidad se añade el hecho de que por lo habitual se utilizan las mismas expresiones y palabras para representar conceptos diferentes, incluso contradictorios (democracia interna versus democracia global y externa versus democracia profunda). Por todo lo anterior somos de la opinión que sólo desde un posicionamiento postconvencional, también llamado "marco de máxima complejidad integradora", se pueden desarrollar nuevas estrategias y alternativas de negociación de soluciones universales para los más complejos conflictos sociales y/o geopolíticos tanto como para con los aspectos emocionales involucrados en perspectivas competitivas e hiperpolarizadas. La cosmovisión integral (también conocida como cosmocéntrica, mundocéntrica, integradora o unitiva-aperspectival parte de la llamada "vision-logic") (Wilber, 1995; Wilber, 2000a). Su aspiración principal es estar en condiciones de acceder a la mayor diferenciación posible e integración de las estructuras internas de los seres humanos en orden a revelar las características más maduras de la personalidad, sea individual o colectiva. En las formas más maduras de este nivel de desarrollo evolutivo se adquiere la habilidad de sostener perspectivas contradictorias, incluso opuestas, sin rupturas ni escisiones internas. IV) Los diferentes estadios de la conciencia personal y social
Las diferentes formas de enfocar la realidad humana, desde personal a sociopolítica, se han analizado y clasificado por Jordan (Jordan, 1998) basándose en diferentes autores (Schroder et al., 1967; Kohlberg, 1969; Habermas, 1976; Rosenberg, 1988; Kegan, 1994; Wilber, 1995). Representan sistemas de valores y significado que determinan los diversas patrones mentales y culturales, así como los comportamientos, predeterminando la conformación bio-psico-socio-espiritual de los individuos y grupos. Se ha llegado a afirmar que estos patrones de conformación, morfogenéticos o neomorfogenéticos, son a la naturaleza humana y la cultura lo que los genes a la biología. a) Baja capacidad de integración de la complejidad (estadio preconvencional, pensamiento secuencial, estructura mítico-racional, ideología premoderna, colectivista, "democracia" interna y cualitativa, estado monológico, hiperdualista). En esta situación toda la información es interpretada y evaluada de acuerdo con normas simples y fijas. El individuo o grupo no es capaz de considerar interpretaciones alternativas. Todo se sitúa rígidamente en uno u otro polo, dentro de las categorías de sí o no, blanco o negro, no mostrándose elasticidad alguna pero sí muy poca capacidad de interrelacción y una aún pobremente desarrollada tolerancia para la consideración de diferencias graduales. A la falta de seguridad en uno mismo y escaso autoconocimiento se reacciona con inusitada agresividad. Las creencias se muestran como extraordinariamente impermeables a cualquier cambio cognitivo debido a una débil capacidad interpretativa de la totalidad del mundo, propio y ajeno, interno y externo. Ello provoca patrones de reacción estereotipados, muy resistentes a cualquier tipo de posible cambio, mejora o evolución, por mínimo que sea. La categorización de los demás es por lo tanto muy abrupta, lo que hace cualquier perspectiva que no pertenece al in-grupo, o grupo interno, como irreconciliable. Se ofrecen descripciones, secuencias, no explicaciones profundas, sin llegarse al entendimiento de los procesos sistémicos o a largo plazo, faltando un cierto grado de consistencia y comprensión sintética de interrelaciones múltiples. La estructura y enfoque cognitivos de esta situación se ha denominado "mítico-racional" (Habermas, 1976). Mayormente se ocupa de valores colectivos. El sentimiento individual viene únicamente dado por los papeles, valores, normas, estilos de vida e interpretaciones suministrados por el medio ambiente social. Difícilmente se logra ver la propia cosmovisión como "una más", como una de las posibles concepciones de la vida humana y del mundo. Ello se debe a que no existe "distancia" alguna entre uno mismo y su perspectiva, autoanálisis o verdadera autocrítica, ni la necesaria capacidad de descentramiento voluntario de sí mismo y del propio posicionamiento. Esto último consiste en la habilidad para salirse de uno mismo en orden a lograr una observación "de testigo externo". Tal capacidad requiere una evolución personal superior a la que posibilita el estadio preconvencional, hasta cierto punto preedípico. A este nivel de diferenciación y evolución uno pertenece y "es", unitiva y simbióticamente, en cuerpo y espíritu, su propia perspectiva y nada más. Cada ser lo es todo, al menos psicológicamente, por lo que se hace difícil distinguir entre lo personal y lo colectivo, dónde acaba lo uno y comienza lo otro. Inevitablemente, esto lleva a la creencia de que el mundo debería estar organizado de una forma fija, cerrada y rígidamente predeterminada (Popper, 1982) y que la visión propia debería ser aceptada por todas las demás. No se es capaz de pensar más allá de lo que "mi" perspectiva ofrece. Todo es blanco o negro. Se gana o se pierde. El que no está con dicho estado de conciencia está contra él. Su moral, dictada por la pasión y un pensamiento simplificador y simplista, no va mucho más lo que dicta la conveniencia inmediata, falta que también incide en muchos ámbitos del siguiente estadio, el modelo convencional.
b) Moderada capacidad de integración de la complejidad (estadio convencional, pensamiento lineal y racionalista, estructura mental-egoica, ideología moderna, individualista, democracia externa y cuantitativa, estado monológico, dualista). A partir de este punto de inflexión evolutivo nace y crece el individuo. A pesar de que la cosmovisión anterior en ocasiones se haya declarado "anitindividualista", la progresiva maduración de la individualidad separada aporta a la persona la capacidad de reconocer la existencia de distintas perspectivas, abriéndose, aunque sólo hasta cierto punto, a la posibilidad de diferentes interpretaciones de una misma información entrante. Este primer salto evolutivo permite un cierto, aunque aún limitado, grado de flexibilidad en la percepción e interpretación de la realidad y sus complejidadades. Los distintos modelos mentales quedan todavía compartamentalizados, no pudiéndose aún relacionarse, menos de tú a tú, con los otros. En el estadio convencional la conciencia está todavía encerrada, aunque en una menos rígida camisa de fuerza conceptual que el estadio anterior, y por ello imposibilitada, para moverse con fluidez entre uno u otro contexto de interpretaciones y significado. Por ello se ve obligada a elegir entre "esto O aquello" (dualismo) no siendo aún capaz de acceder a un "esto Y aquello" (adualismo). Todavía no se ha adquirido la capacidad para integrar las diferentes perspectivas en una cosmovisión integral y omnicomprensiva que sea capaz de acoger todo el amplio espectro de la realidad, "El Conjunto Vital", tanto en sus aspectos internos (subjetivos) como externos (objetivos), siguiendo el modelo wilberiano de "all levels-all quadrants". Toda actuación desde este nivel conceptual hace inevitable que en conflictos muy complejos y multifactoriales y crisis muy profundas, siga existiendo abismo y ruptura, lo que hace que los bordes de la herida infectada y fractura patológica insistan en permanecer separados. Se hace comprensible por lo tanto que todavía no haya posibilidad alguna de curación o sanación posible. El principal problema de este estadio es que el tipo de cognición que proporciona sigue siendo demasiado simple. A este nivel, como en el anterior, no existe consideración de que exista posibilidad alguna de resolución conjunta y acordada entre las diferentes perspectivas. Confrontada con el conflicto, la capacidad de integración moderada de la complejidad llega a percibir, aunque tan sólo superficial y ligeramente, que pueden existir razones legítimas para las distintas posiciones y modelos teóricos, aunque todavía son vistos como irreconciliables. Con estas limitaciones, el pensador lineal, que es lo habitual de la modernidad, incluso entre los círculos científicos ortodoxos más prestigiosos, no se ha habilitado aún a sí mismo para construir contextos generales y cibernéticamente interrelacionados o para ofrecer soluciones integradas. Este estadio evolutivo de la conciencia está aún dominado por un excesivo reduccionismo y una reiteratividad procedente de un espacio mental que constriñe la habilidad de colocarse a una cierta distancia crítica, tanto del núcleo de los problemas como de uno mismo, trans-personalmente. Se opina, dogmatiza y estigmatiza las demás creencias, valores y estructuras, no siempre incorrectamente, pero aún no se es capaz de dar el salto necesario desde un estado de análisis crítico al de esa creatividad intuitiva que parte desde una integrada "vision-logic". Mientras, la verdadera creatividad, que siempre tiene un gran componente de síntesis, brilla por su ausencia. Por mucha erudición que el pensamiento convencional y su concienciación racionalista y egoica posean no están en condiciones de comprender la globalidad de forma empática y sin sesgos premeditados. Así que todo, lo propio y lo ajeno, se tienda a ver como entidades homogéneas involucradas en una oposición bipolar donde las relaciones endurecidas, estrategias, lealtades y oposiciones persisten sin modificación alguna a lo largo del tiempo, hechos que comparte con el pensamiento preconvencional. El pensador lineal del estadio convencional ve como improbable una resolución ideal de un conflicto en donde todas las partes queden satisfechas debido a que sólo es capaz de considerar la existencia de metas incompatibles. Por ello, este enfoque y modo de razonamiento, como el anterior, tiende a pensar que sólo el dominio de una parte sobre la otra es el resultado final más probable y la única salida al conflicto. Esta estructura mental-egoica, propia del modernismo, se ha caracterizado por el atributo de la emergencia de lo individual desde lo estrictamente colectivo. El ego comunal ha dado paso, para bien y para mal, y ha sido sustituido, por el ego separado, éste como falacia de nueva cuña. Por encima de todo el ser humano desarrolla el sentimiento y la ilusión de estar en posesión de una personalidad única que está más allá de los roles definidos medioambiental o socialmente. La gran limitación de esta estructura es que el individuo racional y racionalista cree que él, o ella, es una persona separada y cortada del resto, lo que a veces suele deslizar al ser, crecientemente dominado por su ego, hacia un feroz individualismo ego-ísta. Éste, a su vez, puede degenerar en un ego-centrismo hedonista y en egó-latra narcisismo rampante. El individuo tampoco es capaz de verse a sí mismo, o a su grupo de interés, dentro de una perspectiva más amplia, con la consecuencia del fracaso en comprender y actualizar tipo alguno de altruismo verdadero, generosidad silenciosa e impagada o amor incondicional. La estructuración de la personalidad convencional permite ser capaz de hacer algo por los demás, pero siempre que, en primer lugar, ello sea beneficioso para sí misma: para "mis" deseos, "mis" intereses, "mis" necesidades, "mis" relaciones, "mi" habilidad para mantener una concepción idealizada de mí mismo, "mi" imagen, etc. Según se aproxima al límite de sus potencialidades y posibilidades, sobre todo en sus degeneraciones egoísta, egocéntrica y ególatra, la alienación inducida por este modelo y nivel existencial llega a través de una creciente necesidad, y en ocasiones insaciable dependencia, de acumular prestigio, dinero, fama o poder en orden a aparecer como persona de éxito, importante, significativa, grandiosa, etc. A la escala de prioridades de la mentalidad del "yo primero" (conocida como la "Me" generation) no le queda otro remedio que acabar por transformarlo todo en "valores externos". Esto le hace caer en la superficialidad, un relativismo plano, el nihilismo y el conformismo, un postmodernismo "light" sin valores profundos ni sentido o significado autotrascendentes. Esta situación es el preludio de la caída en una psiconeurosis narcisista como mecanismo de defensa de un yo cada vez más inestable e inseguro (Washburn, 1999). Dicho problema define una de las mayores pecados de la civilización occidental y del materialismo a ultranza de nuestros días, deficiencia que Carl Jung denominó como la de "el hombre moderno en busca de un alma " (Jung, 1971). c) Moderadamente alta capacidad de integración de la complejidad (estadio convencional-postconvencional, pensamiento mental, ideología postmodernista personal-colectiva, democracia profunda y cuantitativo-cualitativa, estado interparadigmático ascendente, dualismo crítico).
Este tercer nivel se caracteriza por el desarrollo de una habilidad incipiente para comparar las diferentes perspectivas con las demás. Aunque elijamos una interpretación, los demás puntos de vista también pueden ser considerados, lo que aumenta la flexibilidad en la interpretación y evaluación de las diferentes posiciones. Un ser humano a este nivel de entendimiento puede estar abierto a revisiones de posturas y otras relativizaciones por mucho que esté de acuerdo con uno u otro posicionamiento. La conciencia es ahora capaz de ponerse en el papel del "otro" e imaginar como él percibe la situación (toma e inversión de papeles, o "role taking"). Incluso puede comenzar a atreverse a sentir la posición contraria como si fuera parte de la propia - empatía que nada tiene que ver con Síndrome de Estocolmo alguno - y hasta imaginar cómo nuestro propio comportamiento es interpretado por el otro para ajustarlo y mejorarlo en orden a llegar al resultado más correcto. Este nivel sigue hundido, sin embargo, en el análisis y el dualismo, aún sin acceso posible, por ausencia del tipo de pensamiento completo propio del siguiente estadio y falta de integración organizada, a la creatividad y síntesis propias y características de la lógica universal e integral de naturaleza "centáurica" y/o "visión-lógica" (Wilber, 1995; Jordan, 1998c). d) Elevada capacidad de integración de la complejidad (estadio post- convencional, pensamiento multidimensional y sistemático, suprarracional, transegoico y existencial, "ideología" transmoderna, política integral y transpersonal, o metapolítica, lógica bilógica, adualista).
Esta estructura existencial-transegoica, integral y universalista, estimula asimismo una inmensa capacidad de autocrítica continua en orden a poder observar, lo más desapegada y desapasionadamente posible, la propia mente y sus procesos. El individuo habla, por así decirlo, desde fuera de sí mismo, poniendo en práctica toda su "capacidad de testigo" por lo habitual adquirida en largos procesos de maduración y ascenso evolutivo. Debido a un creciente sentimiento, y conocimiento íntimo de ser, y representar, algo más que a sí mismo (conciencia transegoica o transpersonal), no le es difícil abandonar detrás de sí cualquier agobio o incluso la necesidad de defender, mucho menos con ansiedad, imagen alguna del ego propio, viviéndose en vez de eso una identidad plena y universal, libre así de autocreadas constricciones temporo-espaciales. Desde la perspectiva postconvencional o integral, como desde la preconvencional o colectiva, las razones aducidas por el razonamiento moderno (racionalismo) tampoco aparecen como suficientes, o incluso válidas. Paradójicamente, la sensación de pequeñez, vulnerabilidad e insignificancia propias son contrarrestadas por un tipo de sensibilidad basada en una experiencia directa que queda fuera de los espacios confinados al propio ego. Éste queda así acotado a la parcela de representar no a la totalidad del individuo sino que se ha convertido en una mera seña de identidad parcial, personal o social. Al mismo tiempo, la posibilidad de identificarse con, o sostener, ilusiones o delusiones narcisistas, individuales o grupales basadas en cierta grandiosidad y significación separada o excluyente ya no es posible (adualismo), por lo que el propio ego queda "cósmicamente" diluido. Sin embargo, la vida adquiere un nuevo, mucho más amplio y trascendental sentido al acceder ahora directamente a grandes contextos de significado (Frankl, 1979).
La mentalidad moderna, que incluye los estadios convencional e interparadigmático (capacidad moderada y moderadamente alta de integración de la complejidad), pertenece, tanto en sus motivaciones como moral, a las formas de interpretación aducidas y defendidas por el racionalismo ilustrativo y por un postmodernismo sin la necesaria profundidad para acoger problemas radicales globalmente y desde su raíz. La razón racionalista, principalmente analítica, reduccionista y separadora, ve así limitada su capacidad para abordar realidades muy complicadas al no haber dado aún el salto hasta al eslabón de una elevada capacidad de integración de la complejidad (pensamiento sistemático y metasistemático). Esto justifica que, en orden a articular verdaderos procesos de paz, un nuevo tipo de conciencia multidimensional e integrada se haga necesaria, aunque tan sólo sea para conseguir enfocar e interpretar correctamente muchos de los grandes problemas y conflictos actuales de un mundo inmerso en una profunda crisis. La llamada "cognición de alta complejidad interrelacional" implica la capacidad de reflexionar, primero sobre las estructuras profundas de la conciencia en sus diferentes estadios y a continuación sobre la naturaleza fundamental y las bases de toda relación en la que existen una multiplicidad de factores implicados a muchos y diferentes niveles cognitivos. Sabemos que para liberarnos del sufrimiento hemos de aspirar a eliminar sus causas y raíces, unas que cierto tipo de pensamiento "holístico" (Dalai Lama, 1999) enseña que se hallan en nuestra ignorancia, en los anhelos desenfrenados, en la ira y el odio, donde la cólera se convierte en la más horrible y frenética de las emociones negativas, antesala de toda perversidad incontrolada. Estas pasiones negativizadas, según el mismo Dalai Lama, siempre constituyen el peor enemigo del hombre. Así que tan sólo un tipo de análisis de raíz (radical-transpersonal-metapolítico) puede lograr desarraigar las causas de los conflictos y de esta manera superarlos al ayudarles a que se desarmen a sí mismos por la vía natural, siendo la estrechez de miras una de las razones subyacentes más importantes para la persistencia, estancamiento y empeoramiento progresivo de los problemas más extremos y complejos.
Todo enfoque que se atreva a tratar de acceder a un entendimiento radical en la superación de conflictos, también como "aproximación al origen y ensayo retroprogresivo" (Pániker, 1982, 1987) enseña que solamente lo que se llega a comprehender se puede superar. Pero "compre(h)ender", con "h" intercalada, es mezcla de acoger y hendir, es decir, escarbar en las profundidades y raíces para recoger todas ellas, todos los extremos, en un mismo ramillete o conjunto sintético. Entonces sólo queda una acción apropiada: buscar la solución definitiva en las raíces para que todo el tronco y árbol de la realidad, la vida humana, lo que aquí se ha llamado "El Conjunto Vital", crezca de nuevo de forma sana, el trigo sin cizaña, cual árbol de un Edén reunificado (Harguindey, 1999). Para ello, y para empezar, hay que comenzar por extraer la flecha de una vez (actitud radical/transpersonal/integral) y no estarse preguntando todo el tiempo quién la lanzó (actitudes preconvencional y convencional). Cualquier intento de ascenso evolutivo del tipo conocido como "cutting-edge" (en el sentido de la máxima evolución posible en un momento determinado), se ofrece como enfoque primordial desbloqueador de situaciones inveteradas. Este necesita asimismo un enorme grado de humildad, sinceridad, ingenuidad autoimpuesta y autoestima (todo lo contrario del narcisismo) para adquirir la necesaria seguridad y autoconfianza que permita acceder a una osadía cabal mezclada con una gran dosis de prudencia. Desde el punto de vista de todo investigador o especialista en la solución de conflictos, tal vez sea imprescindible conseguir una modificación de carácter que posibilite a cualquier pionero en estas áreas del conocimiento aprender a vivir "contemplativamente" con elevados niveles de ansiedad y frustración sin por ello caer en dualismos que lleven a culpabilizar siempre a otros por los problemas y limitaciones propias. Si ése fuera el caso se estaría dando lugar a un nuevo "síndrome del chivo expiatorio" de segunda intención, que es más frecuente en la vida política, sobre todo en situaciones de conflicto profundo y violencia, de lo que pudiera parecer a primera vista. Por lo tanto, tan sólo una nueva actitud creativa permitirá enfocar todo esfuerzo y atención a la realización de grandes objetivos sin desfallecer por los múltiples fracasos que se pueden interponer en el camino de unas totalmente sanas y generosas, altruistas y elevadas (meta)motivaciones (Maslow, 1989).
Cada ser no tiene que ofrecer más de lo que es, es decir no es capaz de considerar nada que, desde el punto de vista evolutivo, esté, ya sea por encima o por debajo, incluso por delante o por detrás de su propio estadio actual de concienciación. Todo lo demás se le aparece como extraño, incomprensible, incluso alienado y loco. Por ello toda persona o grupo que en un momento determinado se halle en una situación de inmensa frustración, incluso de desprecio y odio hacia sí mismo, sólo estará en condiciones de ofrecer eso mismo, lo que siente - y lo que se siente es lo que se es - al medio ambiente y a los demás: odio y menosprecio. Lo contrario, una sana autoestima  de nuevo, lo más opuesto al egocentrismo y al narcisismo hace que el ser humano pueda llegar a serlo en toda su potencialidad. Como individuo o como homus politicus, una humilde autoestima le capacita para poderse amar a sí mismo, lo que convierte en imposible el odio hacia los demás, sean quienes sean y se comporten como se comporten, cuál metáfora neotestamentaria a su vez (Sun Tzu, 1991, Panikkar, 1999). Así, cuanto más difícil sea de resolver un problema, cualquier actuación ha de estar inmersa de una gran receptividad (wu wei) vacía de toda agresión e interferencia, o en caso contrario los extremos más distantes nunca podrán ser entendidos o acogidos ni desearán integrarse por libre elección dentro de una humanidad sin más fisuras incurables, cesuras insalvables o abismos interpuestos.
En toda situación de confrontación y violencia abiertas se puede hacer difícil, y tal vez imposible, reconocer que todos los seres humanos, sin exclusión posible, son iguales al menos en una cosa. Todos tienen el derecho a luchar por su felicidad, superar el sufrimiento y combatir los estados mentales destructivos. Aunque la mayoría estuviese de acuerdo en que este sea el camino correcto y la actitud mental sana hacia la verdadera libertad, los medios por los que esto se consiga no siempre lo son. Ese sendero ha de emplear un sobrehumano esfuerzo en adquirir un estado de subjetividad positiva y llana, sin estrategias manipuladoras y agendas secretas, agazapadas asesinas de una sana y sabia espontaneidad. Todo gran conflicto, desde personal a colectivo, social o sociopolítico, es una crisis de identidad y coherencia a ser superado. Y esta superación se ha de llevar a cabo reforzando lo más posible la identidad natural, nunca suprimiéndola. Ello exige la creación de "espacios seguros de interrelación", en otras palabras, un ambiente psicológico favorable al conjunto vital que aporte a las diversas partes la suficiente distancia para actuar sin que nadie se vea dominado por apasionamientos condicionadores, emocionalismos autodestructivos, indiferenciación psíquica o una inestabilidad que hagan temer por la pérdida de la siempre necesaria seguridad externa e interna, o física y psicológica. En resumen, la nueva vía trata de que no sea necesaria la existencia de enemigos arquetípicos. Por tanto aboga por la dilución progresiva de todo frentismo - que a partir de un punto de inflexión evolutiva se convierte en superfluo - en orden a resaltar y manifestar la identidad propia. Reconoce que todo símbolo cultural identificatoria necesita y tiene derecho al respeto y reconocimiento reales, aunque sin caer ingenuamente en la aceptación de una imagen idealizada de uno mismo (narcisismo) como un absoluto estático e incambiable (egocentrismo). Sólo la superación de estos defectos o limitaciones dará paso al próximo, y por ahora final estadio evolutivo. VI) La elevada capacidad de integración de la complejidad y pensamiento sistemático-metasistemático aplicados al razonamiento geopolítico
Esta posición permite utilizar los puntos álgidos de un conflicto como focos de superación y creatividad inédita e intuitiva: la crisis como oportunidad. Accede a la posibilidad de utilizar el mismo distrés y sufrimiento como impulso trampolín, incluso como medio pacificador para evolucionar ascendentemente a un modelo y marco ampliado. Aunque los problemas puedan aparecerse como extremadamente complejos, incluso imposibles de resolver para la mentalidad racionalista-convencional, en realidad existe la posibilidad real de lograr que lleguen a alcanzar una sencillez integral y unidad en su punto más elevado  la "síntesis superior de opuestos" la "coincidentia oppositorum" en Jung) (Jung, 1971) por mucha que sea la inversión de tiempo y energía necesarios y el grado de compromiso y generosidad exigidos. El pensador sistemático/metasistemático y su tipo de enfoque de alta complejidad integrativa, también llamado cibernético, multidimensional e interrelacional, incluso radical-transpersonal y/o cuántico (Wilber, 2000a), aunque en ocasiones pueda partir con la ventaja de una síntesis alcanzada intuitivamente a priori, a su vez construye desde la misma base de forma diferente a las anteriores modalidades. Se dirige hacia los problemas y conflictos desde las reglas generales de un contexto o sistema a las particulares y viceversa, a veces de forma simultánea e integrada (holográfica y holonómica), pudiendo inducir de forma sincrónica lo general desde lo particular y lo particular desde lo general. Este tipo de concienciación integral, al tener acceso a una gran versatilidad es capaz de comparar la realidad actual con otras muchas posibilidades hipotéticas. La configuración mental del pensador sistemático le permite evaluar proposiciones y relaciones desde muchas perspectivas al mismo tiempo y además hacerlo de forma recíproca. Aunque a este tipo de conciencia todavía le quedara algo de pensamiento dualista y separador cada eslabón a través del que crece le hace situarse más y más cerca del adualismo. Esto le lleva a considerar la realidad y los acontecimientos políticos como conformados por múltiples causas y consecuencias entremezcladas sobre largos períodos evolucionando ineludiblemente con el medio ambiente, la naturaleza de los tiempos y las cambiantes necesidades de los individuos y comunidades. Evidentemente, defiende que la forma más deseable para la resolución de conflictos es cuando las diferentes facciones o partes pueden alcanzar un entendimiento y comprensión mutuas consensuadas, lo que no se le aparece como imposible. Las soluciones de ganar o perder, de todo o nada, de blanco o negro, son consideradas como indeseables e inestables. La meta final es la relación sana entre los opuestos más que la elección de uno u otro polo. Al no existir inflación alguna del ego, orgullo o soberbia que defender o en la que apoyarse esta cosmovisión integral se puede permitir el flujo de manifestar su propia espontaneidad e autoimpuesta ingenuidad sinceramente. Un tipo de sabia ingenuidad que, sin embargo, se conoce muy bien a sí misma y no se brinda, ni está abierta, a manipulación interesada alguna. La motivación ha saltado desde preservar la integridad de la propia personalidad a la transformación creativa y superación natural y pacífica del sistema egoico, dejando atrás las limitaciones que implica su modo de interpretación y percepción. Comprender esto es totalmente necesario para conocer y aceptar el camino que lleva a una gran mejora de la propia identidad, tanto de forma subjetiva e interna como objetiva y externa, evitando así el inmenso peligro de caer en ningún nuevo tipo de la siempre peligrosa "falacia pre-trans", causa subyacente desde a la segunda guerra mundial hasta a la persistencia de ciertos fundamentalismos terroristas a lo largo y ancho del planeta (Wilber, 1986; Wilber, 1995, cap. 6; Wilber, 1999; Harguindey, 1999, cap. 5). La lógica bilógica-plurilógica, o dialéctica integral, precede y abre la posibilidad de un diálogo multidimensional de alta capacidad de integración creativa. Su mentalización le permite unirse a todos los demás por igual, evitando homogeneizaciones excluyentes, egalitarismos planos (flatland), fusiones indiferenciadas o lealtades unilaterales. Huye de toda instrumentalización autoservil abriéndose a un proceso de crecimiento e individuación colectiva y, simultáneamente, a otro paralelo de colectivismo individualizado y solidario (ambidextrismo empático). Propone que a todos sin excepción se les reconozca en último término como actual y/o potencialmente originadores de valor, sentido y significado, tanto para ellos mismos como para los demás, así como posibles hacedores y generadores de la mejor de sus propias historias y destinos posibles. La/s comunidad/es se convierte/n así, por primera vez, en una/s "universal/es" en las que todos los seres humanos, por el hecho de ser personas, son elegibles para pertenecer a ella/s. En definitiva, la evolución social, de acuerdo con esta perspectiva, debe ser apreciada como un proceso de co-evolución de las estructuras internas (psicológicas) de los miembros de una comunidad o sociedad y a su vez de las estructuras económicas, políticas y sociales externas (proceso de autoactualización en Maslow y de individuación en Jung). La perspectiva y aplicación de una política integral enseña que las visiones predeterminadas no presentan gran utilidad desde el punto de vista práctico: el cómo debería ser y estar conformada la sociedad. Por el contrario se basa en el razonamiento transracionalista de no identificarse de forma exclusiva con ningún sistema de interpretación único. Mientras que una persona puede tener una perspectiva favorita de acuerdo a sus necesidades evolutivas se le ha de pedir que sea consciente de que todas las perspectivas tienen sus limitaciones y que, por lo tanto, otras perspectivas también pueden ser legítimas. Por lo cual, al no considerar ninguna de ellas como absolutas (relativización vital) la mentalidad polarizada y rígida de "o esto o lo otro", blanco o negro, vencer o perder, deja de estar poseída por la necesidad de rechazar, marginalizar, ridiculizar o devaluar las perspectivas de los demás, por mucho que no sean las nuestras. De esta manera, un proceso de paz genuino puede involucrar en cualquier tipo de consideraciones abiertas a todas las partes en conflicto sin excepción sin por ello ser nadie percibido como una amenaza para los compromisos, identidades o naturaleza de cada cuál. VII) La puesta en práctica de la política integral.
Razonamiento "centáurico o vision-lógico": Significa que no existe una identificación exclusiva con un sistema único de interpretación. Mientras que todas las personas pueden tener una perspectiva favorita, es consciente de que todas ellas tienen sus limitaciones. Significa que no se devalúa a ninguna perspectiva a priori, ya que representan meros estadios evolutivos, y por lo tanto autotransformadores y cambiantes. Disolución de enemistades. Las personas "integrales" (equivalente a la definición del llamado "ser verdadero" por el taoísmo), ven las acciones de otros como resultado de procesos y contextos muy complejos en donde inciden multitud de factores de índole psicológica, social, económica, cultural, histórica, política y espiritual. Por esto no hacen enemigos con facilidad. El hacedor y buscador de significado integral es capaz de apreciar complejas cadenas de sistemas donde se hace difícil colocar culpabilidades únicas. Políticos con una perspectiva y enfoque transpersonal (Václav Havel, etc.), dirigen sus esfuerzos a crear circunstancias que minimicen los riesgos y a superar condiciones subyacentes que arrastren a procesos políticos destructivos. Los conflictos son interpretados como "problemas que hay que tratar y resolver más que como luchas que hay que luchar". Habilidad de manejar con éxito tensiones entre valores universales y aquellos centrados en intereses grupales. Este enfoque se concentra mayormente en valores universales (derechos y necesidades humanas), aunque sin desatender las necesidades e intereses grupales. Está imbuido por la atención y cuidado de la gente que sufre sin tener en cuenta la pertenencia a uno u otro grupo. Apertura a la autotransformación. El compromiso es, principalmente, con valores básicos, metas y principios, más que con intereses egocéntricos o con ninguna organización determinada. Permite, y estimula, una evaluación crítica de in-grupos y grupos externos por igual (Vía Crítica, Crítico-Constructiva o Cuarta Vía). Discriminación entre intereses propios y acciones en nombre del interés común. La política integral no cae en la trampa de creer que es la encarnación de la perfección y el bien absolutos. Sus agentes de decisión se han de guardar muy bien de diferenciar, y no permitir mezclar en ningún momento y en ninguna acción política posibles intereses propios con intereses altruistas. La posibilidad de perseguir fines y metas egoístas es radicalmente anulada. No ha lugar a la manipulación interesada. Respeto al verdadero contenido de todas las ideologías por igual. Este punto incluye la consideración de respetar los diferentes estadios evolutivos sin mezcolanzas indiferenciadas. La visión bi o plurilógica critica las limitaciones de las políticas monológicas en orden a transformar la praxis de la política. Mientras trata de lograr un ascenso interdimensional de la conciencia global, esta cosmovisión aconseja:
La creación y descubrimiento de metas supraordinarias. Éstas han de incluir a la sociedad entera.
El desarrollo de encuadres políticos de un orden superior ("higher order frameworks"). La búsqueda de referentes universales comunes sintéticos por encima del nivel de desarrollo y de las diferentes cotas del conflicto (perspectiva supracultural y supralaberíntica). Aportación continua de nuevas ideas como "fertilización cruzada". h) El yo metaegoico y la motivación centáurica. Los diez mandamientos prácticos del estadio que caracterizan a la meta y transpolítica y lo que el llamado "yo centáurico" puede ofrecer, son: Pensar a toda la humanidad como un in-grupo. Busca la paz universal basada en un profundo y radical entendimiento mutuo (bilogismo o plurilogismo). Ha de colaborar a la creación de una red, malla o engranaje de amistades profundas capaz de absorber las inmensas complejidades reinantes. Sostener una imagen diferenciada de los miembros individuales de un grupo. Reflexionar por qué la gente es como es sin formar opiniones instantáneas o juicios de valor sobre la base de simpatía o antipatía. Más que continuar por el camino trillado de incitar y agudizar las vastas diferencias entre unos u otros en forma de un discurso confrontador y provocador, o sufrir las consecuencias de los conflictos, encuentra más útil y saludable, aparte de sabio y benevolente, construir puentes, síntesis y modelos de trato global dentro de un sistema cibernético equilibrado de fuerzas interconectadas (networking). Esperar que las relaciones sean construidas sobre la base de respeto y tolerancia mutuas.
Apreciar que el aprender y el crecimiento son las metas y preocupaciones centrales de la vida, más allá de una educación, cultura, perspectiva o ideología particular alguna. Estar dispuesto a considerar una aproximación espiritual a los conflictos poniendo todo el esfuerzo necesario y trabajo de su parte.
Adquirir y proponer cierta sabiduría para enfocar importantes desafíos existenciales, lo que se pone, indistintamente de las partes, al servicio de la globalidad. Ser capaz, por la propia naturaleza integral, de abrir canales de comunicación entre el pensamiento y el sentimiento, de forma que los productos del pensamiento (cosmovisiones, opiniones, juicios, creencias, etc.) sean templados por la reflexión consciente, profunda e interconectada. No estar identificado con una perspectiva y autoimagen específica, por lo que tiene muy poca necesidad, si alguna, de mostrarse defensivo al enfrentarse con la adversidad, las contradicciones y la crítica.
Desarrollar una amplia capacidad para relacionarse con simpatía con las diversas perspectivas utilizando cambio de roles ("role-taking") y una profunda empatía. Finalmente, ser capaz de presentar siempre una actitud de aceptación humilde de la vida y del mundo tal como son, manteniendo a su vez un profundo sentido de interconexión y benevolencia para con todo lo humano, de igual forma que para con todos los seres conscientes y con el medio ambiente en general.
El tipo de comprensión proporcionada por este estadio ha de tratar de ser capaz de integrar todo tipo de razonamiento humano, desde el llamado irracional al preracional al racionalista y al transracional. Permite una cosmovisión integral y se dirige hacia la emergencia de un paradigma unitario y universal - la "teoría del todo" anunciada por Hawking y Wilber (Hawking, 1988; Wilber, 2000b). Su actividad sólo se hace posible desde un tercer nivel (después del preconvencional o "flatland" y convencional o tridimensional, la llamada "Cuarta Vía" de Wilpert, o estadio IV (Harguindey, 1999), desde donde pretende crear un sano ambiente favorecedor a la resolución de cualquier conflicto. Asimismo, se acepta que dentro de cada uno de los tres estadios expuestos, preconvencional (II), convencional (III) y postconvencional (IV), pueden existir profundas crisis de transición entre uno y otro. En dichas situaciones la conciencia individual y/o social, lo interno-subjetivo o lo externo-objetivo, se halla en conflicto evolutivo, estancado y perdido en una tierra de nadie donde lo nuevo aún no se manifiesta y lo viejo agoniza (bloqueos interparadigmáticos o estadios interparadigmáticos descendentes). Es precisamente en medio de este tipo de inestables situaciones, en su aspecto social (Kuhn, 1975), donde surge la crisis, el conflicto, la lucha, ya sea contra uno mismo o contra los demás, y finalmente la violencia, el sufrimiento, incluso el terrorismo y la muerte antinatural. En este sentido citaremos directamente a Cowan y Beck: "Los comportamientos terroristas son el resultado de frustraciones, de la necesidad de atacar y superar barreras o recuperar algo que se considera perdido. Aparecen cuando la naturaleza humana se halla en medio de la angustia y agonía del da cambio caótico y transformación y son síntomas de inestabilidad. Los actos terroristas aumentan mientras más gente y grupos se sienten como inadaptados o creen que están siendo dejados detrás o a un lado en un mundo rápidamente cambiante". (Cowan y Beck, 1996). Por lo tanto, en orden a lograr el bienestar y evolución pacífica del conjunto vital dichas situaciones exigen la aportación de un extraordinario esfuerzo de intuición, imaginación y creatividad, aparte de prudencia, coraje, buena voluntad y empatía, en orden a construir los necesarios puentes y eslabones de comunicación que permitan saltar a través de las disociaciones y abismos existentes entre las diferentes realidades y cosmovisiones. La primera meta es conseguir un sano fluir y comunicación entre los diversos estadios, cosmovisiones o realidades. Como mal menor el tipo de razonamiento integral, cuando no puede ser utilizado en la resolución de problemas sociales al menos siempre puede aplicarse a nivel personal como continuo y abierto proceso de crecimiento y maduración del ser (proceso de individuación, autoactualización o autorrealización) (Jung, 1971; Maslow, 1989) trascendiendo su aplicación bajo ciertas circunstancias propicias al nivel social, intercultural, sociopolítico, etc. VIII) Estrategia abierta para la totalidad del Conjunto Vital.
En todo proceso que trate de superar una situación de confrontación y mal generalizado habrá que atender a una serie de puntos y objetivos fundamentales: Ahondar en el problema radical o de base. Hallar formas de fortalecer cada una de las respectivas identidades y realidades (integración) por medios distintos de la enemistad y la confrontación (trascendencia de conflicto y democracia profunda).
B) Manejar los conflictos de forma constructiva. Consiste en conseguir que la situación no se perciba por parte de nadie como una amenaza a nuestra propia identidad y destino, al "ser uno mismo". Para esto se requiere: 1) seguridad física; 2) pérdida de la sensación de caos y crisis insuperable, 3) esperanza en que nuestras necesidades psicológicas y culturales diferenciadas serán satisfechas: 4) creación de sentido y significado así como de una creciente confianza mutua; 5) posibilidad de acción comunicativa; 6) descubrimiento de formas de evitar el mal y alcanzar la bondad; 7) estudio de posibilidades de llegar a un "ajuste psicoterritorial con fronteras permeables y benignas", en la terminología de Jordan, de naturaleza no desintegradora, sino integradora a un nivel superior. Ello ha de facilitar también la superación de la existencia del complejo más auto y/o heterodestructivo y alienador posible: la necesidad de mantener una imagen excepcional, aislada y deificada de uno mismo (narcisismo maligno). C) Lograr una situación de empatía y cambio de roles. La característica principal de la persona madura es su capacidad para adoptar la perspectiva de otros, bien poniéndose voluntariamente en su piel (cambio de rol) o por empatía. La madurez y capacidad transpersonal estimula asimismo la identificación con valores generales que afectan a todos los seres y a la totalidad del Conjunto Vital. Otras cualidades necesarias son las de tolerar la incertidumbre, llegando incluso a sentirse cómodo en ella, así como la aceptación universal de la relatividad de la propia cosmovisón del mundo (relativismo multidimensional).
Reducir la complejidad. La escalada de cualquier conflicto, al hiperpolarizar las sensibilidades en juego, hace cada vez más difícil el éxito de cualquier perspectiva, incluidas las más evolucionadas e integrales, así como arribar a una interpretación sana, coherente y consensuada de la situación. En ese caso es inevitable que se imponga un creciente reduccionismo - y todo reduccionismo es fascismo, solapado o abierto - y persista indefinidamente un bloqueo total o una dinámica de espiral descendente. Esto lleva, inevitablemente, a un progresivo astillamiento de la realidad (interna y externa) con pérdida de la capacidad de interpretación y cognición de alta complejidad integral (fracaso cognitivo). En condiciones psicólogicas muy enfermas, homeostáticas (personales, interiorizadas) o medioambientales (sociales, externas) la creciente tensión existente induce a un creciente caos de apreciación (psiconeurosis personal-social). La alternativa aplicada desde la perspectiva cibernética y multidimensional a los diferentes estadios conceptuales (preconvencional, convencional y post-convencional) aspira, incluso bajo las circunstancias más patológicas, a superar dichas situaciones a través de una progresiva reducción de la complejidad existente. Esto se puede lograr por el único posible método restante: la búsqueda de generalizaciones básicas de un orden organizativo superior a cualquiera de los diferentes niveles de un determinado conflicto. A esta situación creativa se puede acceder solamente, al menos de forma natural y pacífica, a través de la creación emergente de "marcos de orden más elevados" establecidos desde una dimensión por encima del problema así como más sintéticos e integrales a lo ya conocido. Este posicionamiento de la conciencia (estadio supralaberíntico, trans y/o metapolítico) permite, desde una perspectiva universal única, posibles salidas al laberinto. Dicha actitud también tiende a inducir: a) una disminución de la tensión psicológica del conjunto, y b) un desbloqueo de las diferentes mentes inmersas en el propio conflicto para lograr un remanso desde el que éstas puedan analizar los problemas desapasionadamente y sin añadidos reduccionismos. Esta mediación pretende actualizar un nuevo tipo de razón, conocida como "cognición trans o supraracional", que a su vez presenta el potencial de posibilitar la superación, y autosuperación, de todas las demás razones que lleven o hayan llevado a una situación de violencia e irracionalidad. E) Crear un "sistema de reducción de conflicto" reconociendo al mismo tiempo la relación íntima entre el individuo y el entorno como método de reducción de culpa. Siempre existe una relación complementaria entre la estructura interna y cultural del individuo y la externa o social. En situaciones de enorme confusión y tensión, o por simple inmadurez e irresponsabilidad, el "yo soy yo y mis circunstancias" de Ortega puede llegar a convertirse en un "yo soy mis circunstancias y yo". En la misma línea, en conflictos territoriales el mismo territorio puede actuar a nivel psicológico a veces como estabilizador y otras como desestabilizador de la identidad propia más verdadera. Es bien conocido, y generalmente aceptado, que mientras más elevado sea el nivel medio de madurez y ascenso evolutivo menor es la necesidad de utilizar una territorialidad rígida como estabilizador y espacio seguro de la propia identidad, tanto individual como social. Como consecuencia, también aquí el desarrollo de la/s conciencia/s es un aspecto fundamental para la transformación progresiva de toda/s la/s sociedad/es, si a lo que se aspira, y al fin y al cabo este es siempre el problema crucial, es a una progresiva adquisición de significado y superación del absurdo (Frankl, 1979). Por otra parte, en presencia de crisis y violencia generalizadas todo intento de progresión, mejora y ascenso se bloquea irremediablemente, haciéndose prácticamente imposible, salvo en muy contados individuos, alcanzar la paz y la coherencia, siendo las posibilidades de éxito inversamente proporcionales al grado de evolución personal-social del medio ambiente en el que los problemas tienen lugar. Las puntualizaciones anteriores enseñan que se ha de buscar el máximo nivel de congruencia, dentro de las posibilidades de un momento determinado, entre la identidad colectiva y la individual, y entre la institucional o externa y la subjetiva o interna, aunque estos criterios tiendan a cambiar con el tiempo en cualquier sociedad abierta y no totalitaria (Popper, 1982). Sin embargo, lograr un nivel de mínimos de congruencia general no siempre es posible debido a la multiplicidad de factores negativos, egoísmos, egocentrismos e intereses en juego. En sociedades multiétnicas, pluriculturales y con estadios evolutivos diferentes, aunque entremezclados, siempre existe el peligro de que toda crisis trate de inducir una fuerte regresión, lo que seguiría el sentido de una espiral descendente en orden a forzar una homogeneización cultural que pretenda por cualquier medio imponer una única cosmovisión parcial a todo el rango y diversidad del Conjunto Vital. Por otra parte, hay que tener siempre en cuenta que en presencia de la escalada de cualquier conflicto se origina, ineludiblemente, una multitud de campos de energía negativos que tienden a inducir fuertes regresiones a formas cada vez menos sofisticadas, maduras y evolucionadas de funcionamiento psicológico. En estas situaciones el estadio de funcionamiento conceptual es, en último término, lo que determina el destino y la forma externa que tienda a tomar la realidad (los "patrones nucleares" del modelo "Spiral Dynamics" de Beck and Cowan) (Beck y Cowan, 1996). Este nuevo tipo de aproximación a los conflictos sociales y políticos ofrece una visión espiral del fenómeno terrorista junto con un conjunto de consideraciones para su comprensión profunda y superación (Cowan y Beck, 1996; Harguindey, 1999, pp. 634-639). Muestra asimismo cómo los patrones que conforman los diferentes estadios de la conciencia y sus respectivas visiones del mundo predeterminan los estratos psico-sociales, las motivaciones y las cargas emocionales que arrastran a situaciones de violencia. El modelo de las dinámicas espirales también incide en la interrelación de factores múltiples que la conformación de la realidad sociopolítica externa y cómo pueden ser integrados los unos con los otros en transiciones como las recientemente acontecidas en Sudáfrica, donde investigadores psicosociales como Beck y Cowan desempeñaron un significativo papel mediador. En resumen, en tiempos de crisis y caos la personalidad individual la escoge mayormente el mismo medio ambiente, por lo que el individuo, de una u otra forma, deja de ser libre incluso para ser él mismo, masificándose sus sentimientos y destruyéndose su sensibilidad. Así se comprende por qué en conflictos sociales profundos y en las guerras se tienda a atribuir características colectivas a los individuos, incluso deshumanizándolos y despersonalizándolos, un camino que estimula aún más la espiral descendente hacia una progresiva desdiferenciación, preludio de toda confrontación sin límites al llegar a los puntos "C" de máximo caos ("pit-points" o situaciones abismales), los extremos inferiores que delimitan y completan la espiral de una teoría general de la conflictividad y destructividad humanas (Harguindey, 2000a) F) Evitar la presentación de múltiples fuentes de fracaso. En primer lugar hay que asegurar la continuidad de la identidad amenazada, aparte de con la creación de espacios seguros por medio de agrupaciones territoriales creativas y estimulación de todos los signos externos posibles de identidad diferenciada. Las partes en conflicto han de crear una "conducta territorial humana" y la aceptación de una psicoterritorialidad diferenciadora que identifique las naciones desde el punto de vista cultural. Para ello es necesario consensuar una lista de sugerencias integrales básicas e identificadoras a la totalidad del conflicto. Paralelamente se ha de estimular todo tipo de crecimiento y desarrollo de la conciencia, personal y universal, a cada uno de los diferentes niveles (intelectual, cultural y del propio espíritu), ya que es bien sabido que cuando la estructura de la personalidad individual está en medio de un fuerte bloqueo de crecimiento las identidades colectivas siguen una dinámica paralela. Dichas situaciones de crisis y encrucijada acentúan en ciertos ambientes, sobre todo en los menos diferenciados y/o evolucionados, ancestrales o primitivos, la necesidad de creación de territorialidades malignas y excluyentes (sociedades cerradas), cada vez más rígidas e interiorizadas. Esto responde a comprensibles mecanismos defensivos de una identidad en crisis o peligro de extinción (objetiva y/o subjetivamente) que busca un refugio o "espacio psicológico seguro". Dichos procesos descendentes y fragmentadores son lo que han dado lugar a todo tipo de rupturas y al consecuente estallido de crisis como las de Yugoslavia, Unión Soviética, etc. Por el contrario, las nuevas tendencias del espíritu humano buscan una creciente cohesión entre los diferentes grupos humanos en orden a superar los estertores (¿finales?) de una agonizante era marcada por la fragmentación y la confrontación sistematizadas mientras sigue buscando desesperadamente soluciones de síntesis. Se concluye que el desarrollo integral de la conciencia, personal, social y/o colectiva, es, por lo tanto, la estrategia final y la gran ventana de oportunidad para disminuir la cesura existente en toda situación de crisis y conflicto, desde intrapersonal a sociopolítico (Jordan, 1997, pág. 35; Harguindey 2000b).
G) Necesidad mediadora de elevadas miras, apertura y coraje exento de agresividad alguna. Cerrarse sobre nuestras propias interpretaciones (creer que son la única verdad posible) es, sin excepción, lo más autodestructivo, tanto para cualquier grupo como para sus oponentes o enemigos. Dichas actitudes premeditadas, propia de los estadios preconvencional y convencional, cierran el paso a toda posibilidad de resolución y crecimiento, incrementando la intensidad del bloqueo y disminuyendo cada vez más todo tipo de relación, al menos auténtica y genuina, con el mundo que vive a nuestro alrededor, nuestro medio ambiente natural. En cualquier caso, se hace necesaria una gran dosis de coraje revestido de una humildad natural y una desapasionada y desinteresada honradez en orden a permanecer siempre abiertos y expectantes, incluso en medio de las situaciones más caóticas y desesperadas, a la complejidad, la paradoja, las contradicciones y la incoherencia entre las diversas gentes y grupos, por sobrehumana que sea la capacidad de testigo imparcial y el grado de pasividad que se requiera. Así, uno de los principales objetivos pacificadores a partir de un momento de maduración (punto crucial, efecto masa o salto "cuántico" interdimensional e interabismal) de un genuino proceso de paz debería de ser capaz de utilizar los territorios y límites fronterizos para mantener un sentimiento de acceso a los llamados "centros de apertura" "o islas de paz conjuntas". En dichos oasis psicosociales las diversas identidades específicas deciden no crear más fronteras impermeables para que la comunicación con otros grupos no se restrinja o destruya (la ya mencionada territorialidad benigna de Jordan). Se logra así que las relaciones se constituyan entre identidades personales distintas delimitadas por fronteras claras pero diluidas y permeables. La territorialidad benigna es una condición que favorece los procesos de resolución de conflictos. Por el contrario, la territorialidad maligna (Jordan, 1996) consistiría en exigir la creación de fronteras impermeables y rígidas que estimulen la disociación y refuercen el desarrollo tanto de auto-imágenes negativas, a veces disfrazadas de narcisismo de clase o raza, como de imágenes falseadas del enemigo. Esta última perspectiva cierra también toda posiblidad hacia cualquier nuevo aprendizaje, reevaluación, experiencias cumbres y originales, profundidad e interrelación. Otra meta a alcanzar para reducir la complejidad existente es que la totalidad del Conjunto Vital, sin exclusión alguna, permanezca abierto a considerar alternativas originales, creativas e inéditas, al mismo tiempo que a perder el miedo a la novedad (misoneísmo). De esta manera se logra una buena relación con las tendencias más constructivas de todos los demás dejando a un lado o, incluso mejor, enterrados detrás, los aspectos más deteriorados, primitivos y subdesarrollados de toda naturaleza y de la misma confrontación. H) Construcción de sentido y significado para todos. Pensar en la posibilidad de crear, o descubrir, un campo vital de significado universal, tal vez estructurado como gran y nuevo mito fratriarcal, es reconocer que la perspectiva propia puede evolucionar, que no es cerrada ni eterna, que "mi" perspectiva es sólo eso, una perspectiva más, pero que en principio hay otras tan válidas como "la mía". Por el contrario, si alguien considera su perspectiva y cosmovisión como la única correcta y perfecta agota a priori, desde el mismo instante en que se permite a sí mismo caer en dicha falacia, todas las posibilidades de expandir el propio entendimiento y crecimiento. En los casos más extremos la naturaleza humana puede a quedarse para siempre anclada en una indiferenciada estructura de "pre-persona", personalidad preedípica o conciencia abismal (Washburn, 1999). Por lo tanto, si lo que se persigue es el desarrollo y búsqueda de sentido de todo ser humano, es esencial ser capaz de reconocer que "mi" construcción, historia o narrativa personal es secundaria a una serie de factores relativos, como biografía, ambiente social, territorio, cultura, idioma, época, etc., y que aunque todos ellos son importantes al mismo tiempo son cambiantes y relativos por mucho sentido que se les otorgue o se les quiera dar. Lo cierto es que, aunque indudablemente significativos, nunca acotan ni definen la totalidad de mi/nuestra naturaleza, personalidad o potencialidad, desde humana a espiritual.
I) Coordinación de intereses. Otro aspecto fundamental de la mentalidad necesaria para acceder a cualquier proceso de paz verdadero es ser capaz de soportar cualquier incomodidad y falta de confort psicológico sin desconectar de los demás. Este es un prerequisito fundamental para mantener la esperanza de poder salir eventual y conjuntamente al encuentro de soluciones creativas. Es un hecho irrefutable que para las personas que no poseen la capacidad de ver un asunto desde varias perspectivas diferentes (capacidad multiempática y multidimensional) se torna extremadamente difícil, si no imposible, desarrollar soluciones verdaderamente democráticas (democracia profunda), sincrónicamente cuantitativas y cualitativas, a problemas que involucran diversas partes, partidos e incluso sensibilidades alejadas e intereses contrapuestos. Por el contrario, siempre se contribuye a un ambiente favorable presentando conjuntamente las diferentes posturas de una forma desapasionada y desapegada de cualquiera de ellas. Conviene asimismo reconocer positivamente el hecho de que existe un conflicto de intereses como "un problema de todos", utilizando esto como algo que nos une como seres humanos más que como un hecho que separa a unos de otros. También es fundamental crear el mayor espacio posible para proporcionárselo a las preocupaciones de todos los contendientes, incluso "del enemigo". Finalmente, habrá que mantener en todo momento un elevado grado de delicada contumacia y sana curiosidad hacia la naturaleza íntima y necesidades "del otro" en orden a poder acceder a soluciones que sean legítimas para todos los participantes, reconociendo en todos que las emociones, por sí mismas, por limitadas y limitantes que sean, nunca mienten. J) Tacto. Consiste en decir y hacer la cosa correcta en el momento correcto. La falta de capacidad para la empatía habitualmente se manifiesta por la falta de "tacto". El tacto es un don, un signo de maduración psicológica, contrario a la necedad. Las personas sin él no han de participar en ningún proceso o vía que aspire a la paz pues son sistemáticamente contraproducentes.
L) Cadena de amistades profundas y eslabonadas: mediación integral y multidireccional sin intermediarios. También es fundamental la creación de confianza a base de la formación de un eslabonamiento creciente de amistades sinceras que bajo cualquier circunstancia, por extrema que sea, se quieran, aprecien y respeten mutuamente las unas a las otras; es decir, que sin excepción alguna "estén de acuerdo en que pueden no estar de acuerdo" sin que eso, o cualquier otro factor, fragmente su relación creativa. Dicha forma es la más sana en orden a cubrir de forma natural todo el rango de sensibilidades involucradas en un determinado conflicto. Cada una de ellas ha de tener un contacto escalonado, adyacente y familar, con el tipo de confianza que une a las amistades profundas, una complicidad creativa que nunca traicionará al amigo. Se crea así una cadena que va desde un extremo al otro en la que cada paso está representado por una persona o nivel de confianza para el siguiente eslabón de la red (networking). Se llega así desde un extremo al otro, acogiendo representatividades válidas y creíbles de todas las sensiblidades involucradas. Esto facilita todo tipo de comunicación bidireccional y multidimensional (dialógica abierta). Al mismo tiempo las personas mediadoras han de presentar las siguientes características: a) No ser egocéntricas, vanidosas, y sobre todo estúpidas, tal como sugirió Isaac Rabin al comienzo de las conversaciones de paz hebreo-palestinas; b) Constituir seres con elevadas miras, prescindiendo de su extracción cultural o ideológica; c) Ser personas que comprendan que hay que evitar, sobre todo al principio, hasta que un elevado grado de confianza se haya instaurado, los asuntos más peliagudos y emocionales, d) Hombres o mujeres que busquen la unión básica que existe entre los seres humanos, evitándose aquellos cuyo papel es buscar separaciones y rupturas psicológicas; e) Personas capaces para estar completa y mentalmente presentes bajo cualquier circunstancia, por desapacible que sea; f) Individuos que deseen el bienestar de todos sin excepción como parte integrante de la totalidad del Conjunto Vital; g) Buscadores de una perspectiva benevolente y universal que sea válida y capaz de acoger e incluir todos los extremos y limar las aristas más puntiagudas y agresivas. M) Preceptos para la construcción de una sociedad culta y esclarecida. Contexto antes que texto, conciencia antes que ciencia. A nivel internacional, el nuevo y multidisciplinar campo de la Psicología Transpersonal y su rama de Política Integral (Boulder, Colorado), y con ella algunas de las mentes más avanzadas y actitudes culturales más prominentes de hoy en día, sugieren que la política ha de ser encuadrada en nuevos marcos conceptuales. El primer cambio se refiere al campo de la creación y descubrimiento de las motivaciones más sanas, creativas y elevadas (Maslow, 1989). Esto transmite la consideración de cuáles son los logros deseables y satisfactorios tanto para mayorías como para minorías. El objetivo de la nueva política (conocida como "Tercer Camino" y/o "Cuarta Vía") es acoger tanto la continua mejora y reforma de las estructuras externas u objetivas: estructuración, impuestos, seguridad social, sistema educativo, etc., como las internas o subjetivas: identidades, crecimiento personal, valores y motivaciones (Combs, 2000; Wilber 2000a; Wilpert, 2000).
N) Democracia profunda y comunicación no-violenta. Otro objetivo fundamental para la pacificación de conflictos consiste en lograr una "democracia profunda" (Mindell, 1995) mediada por un sistema de "comunicación no violenta" (Rosenberg, 1999), que lleve a la máxima autorrealización de las necesidades básicas de todas las facciones de un conflicto de forma integrada y escalonada. Los factores a evitar son la discriminación entre grupos, la manipulación y la dominación de unos sobre otros, ya sea, por igual, de mayorías sobre minorías o viceversa. Por democracia profunda se entiende el compromiso de que cada cuál tenga la máxima libertad posible para tomar sus propias decisiones y expresar sus necesidades y preocupaciones, siempre en ausencia de coacción, manipulación, presión emocional, demandas rígidas e incondicionales o violencia impositiva. En orden a avanzar en la línea de la democracia profunda se requiere una cierta modificación de carácter y comportamiento. Ello implica, y a su vez exige, aprender a relacionarse con los mejores y más sanos aspectos presentes en cada ser humano, tanto de uno mismo como de los demás, a la vez que estimula la preservación de la sinceridad y la espontaneidad, con exclusión de agendas escondidas y manipuladoras. Conlleva una actitud de benevolencia y compasión universales por todos los seres, comenzando por nosotros mismos, más allá de ideología alguna, incluso sin tener en cuenta la pertenencia grupal y en orden a lograr el máximo bien posible para todos. El diálogo dialógico que se induce a través de la actitud y perspectiva de la llamada democracia profunda es además el mejor antídoto contra todo egoísmo, egocentrismo y narcisismo, personal o de grupo. Esta dialéctica empática se esfuerza en buscar una disminución de la necesidad de defenderse de toda agresividad ambiental a base de la progresiva creación de una confianza mutua. Ésta viene dada por un comportamiento decente y elevadamente humano de todos los seres mentales y conscientes para con todos los demás. Dicha percepción de la realidad, externa e interna, ha de estar preparada para ir en contra de las opiniones prevalentes permaneciendo dentro de una pasividad creativa como "vía crítico-constructiva", mientras acepta todo criticismo receptiva y humildemente, aunque sin dejar de ser ella misma ni dejarse manipular interesadamente por ninguna de las partes en conflicto. En su sentido más explícito y creativo, la rama de la Política Integral dirigida a la resolución de conflictos ha de convertirse en una poderosa arma para trascender toda mentalidad confrontadora, esa tendencia, siempre insana, que trata de imponer por la fuerza (bruta o psicológica, activa o pasiva, mayoritaria o minoritariamente) nuestra cosmovisión preferida sobre todas y todos los demás. Su misión es poner en su sitio los cimientos y bases preliminares que ayuden a superar los bloqueos existentes. Finalmente, ciertos conflictos, por dolorosos que sean, pueden mostrar una cara creativa y positiva si logramos convertirlos en oportunidades de crecimiento, desbloqueo y superación de creencias convencionales y preconvencionales, que sistemáticamente tienden a degenerar en formas limitadas, y así falseadas, de autoestima, personal o grupal. Este profundo defecto y limitación caracterológica confunde el verdadero amor propio con un vulgar y rampante narcisismo, lo que revela una actitud emocional pobremente desarrollada y evolucionada (first-tier thinking). Mientras tanto, el nuevo paradigma, tanto mental como conceptual, e incluso espiritual (second-tier thinking), ayuda en gran manera a trascender voluntariamente, sin destruir, otras auto-imágenes limitadoras de nosotros mismos y de nuestras propias potencialidades que, desgraciadamente, han sido adquiridas por la costumbre y el medio ambiente, evitando y luchando a su vez contra los muchos patrones repetitivos y automáticos de comportamiento, así como motivaciones por debajo de las posibilidades vitales propias.
O) La resolución final de una crisis o conflicto. Ésta ha de ser "universalmente legítima", es decir, válida para todas las partes, o la solución quedará siempre corta de toda expectativa de éxito de curación y sanación. La política creativa se convierte entonces en trabajar en la transformación de cómo nos relacionamos unos con otros, así como con los temas, en lo que afecta a los asuntos más importantes de la sociedad. La autotrascendencia voluntaria y pacífica de los modos y maneras preconvencionales y convencionales sirve asimismo para aspirar a cada vez más elevadas cotas de libertad de cada cuál, universalmente, saltando a un espíritu postconvencional a través de la cesura de un abismo que al otro lado muestra un nuevo camino que a su vez exige hacerlo y crearlo al andar, incluso desde el primer paso (Jordan, 1995). A nivel personal, la perspectiva postconvencional enseña a hacer sitio a los otros, seas quienes sean, estimulando su propia capacidad de expresión, comunicación e identidad no violenta. En la esfera pública contribuye a crear una confianza mutua a través de actos sinceros que trasmitan respeto y colaboración solidaria en el ámbito político al demostrar una determinación hacia la apertura, la escucha, la aceptación universal y la voluntad y compromiso de esforzarse constructivamente en todo lo que requiera una gran sensibilidad, imaginación y atención. P) Reconocimiento universal. Aceptación de que los acontecimientos sociopolíticos no son sólo una consecuencia de una cadena de sucesos de causa-efecto sino que están íntimamente conformados y activamente condicionados por un entretejido y complejo sistema de reglas y relaciones culturales, sociales, económicas, culturales e históricas, así como de otras muchas interrelaciones múltiples, naturalezas, estadios y normas de conducta distintas. Asimismo reconocer que existen diferentes escalas de valores y motivaciones, ya sean éstas últimas sanas o deficientes (Maslow, 1989). Conviene darse cuenta y procurar admitir que en situaciones de conflicto "uno es más que uno mismo" (por encima o por debajo), dominando las circunstancias externas a toda configuración sana de la personalidad individual. Asimismo es de una importancia crítica desarrollar la habilidad para comprender, coordinar e integrar distintas perspectivas, por diferentes que sean, partiendo de la dinámica impuesta por los mismos conflictos, desde personales y humanos a sociopolíticos. Por fin, el reconocimiento universal de los derechos de todos los seres conscientes demanda de cada una de las fuerzas y sensibilidades implicadas la creación de un minucioso y amplio marco teórico desde el que se puedan analizar simultáneamente todos los grados de complejidad de forma integral (pensamiento multidimensional o cuántico-cibernético). Addendum: Utilización global de cuestionarios de aumento del auto-conocimiento. Para profundizar en el conocimiento de un determinado problema y en el autoconocimiento, las personas, así como todas las partes y sensibilidades involucradas en zonas de violencia social y conflicto, pueden ser consultadas a través del siguiente modelo de cuestionario (Jordan, 1998).
¿Cuál crees que son las razones más importantes para este conflicto?
¿Qué categoría de seres y gentes crees que son amenazas por el deseable orden político? ¿Cómo piensas que los contrincantes políticos habrían de ser tratados? ¿Qué derechos, si alguno, se les deberían otorgar? ¿Cuál piensas que sería la mejor forma para tratar de resolver las contradicciones y paradojas políticas? ¿Aceptas sinceramente que los demás, los "otros", los oponentes, pueden tener una parte de la razón?
¿Las ideas que defiendes son perfectas y completas (por lo tanto absolutas e innegociables) o están abiertas a alternativas inéditas y negociadas dialécticamente? ¿Cuáles son, desde tu posición y visión, los objetivos prioritarios de la sociedad en la que vives? ¿Ves la perspectiva que defiendes como libremente elegida por ti, o pones la confianza de las decisiones en los líderes de tu partido? ¿Estarías de acuerdo con sus decisiones sean cuales fueran?
¿Qué significan para ti las palabras y conceptos de "desarrollo" y "evolución"?
¿Cuáles son, en tu opinión, los obstáculos más importantes para un desarrollo y evolución deseable o aceptable? ¿Qué problemas han de ser solucionados en orden a conseguir los objetivos de dicho desarrollo?
¿Cuál es el significado del concepto de "democracia" para ti?
¿Qué problemas sentimentales ves con nociones como libertad de expresión, prensa libre, y derechos de las diversas organizaciones políticas? Por fin, ¿deseas en verdad que se llegue a una solución pacífica en tu área, o no?
IX) Análisis general de la evolución del conflicto vasco, subjetividades y/o objetividades implicadas y posibles soluciones de síntesis desde la visión postconvencional: EL Modelo Integral. Como Cowan ha venido afirmando, cuando una situación de caos necesita ser superada la pregunta esencial nace de la decisión de ir al encuentro de las condiciones de cambio. Para ello, en primer lugar, será necesario saciar y resolver los problemas existentes, a pesar de lo desagradable que pueda ser esto para aquellos que han sido atacados (Chris Cowan, comunicación personal). La idea detrás de un nuevo tipo de actuación integral es la de llegar a redirigir las energíss vitales del conjunto y volver a enfocar de nuevo el pensamiento en orden a hacer posible la modificación de los comportamientos. Las preguntas de "¿quién está ganando con la situación presente?, y ¿quién gana el qué?, han de ser sustituidas por "¿Cómo llegar a la forma en que todos ganen?". La idea es una manera original y una forma y conciencia virgen de investigación que ha de llevar al encuentro de metas comunes y propósitos que puedan ser acogidos bajo la bóveda de una misma realidad, más allá de cismas y cesuras socio-políticas (Figura 1, situaciones 1, 2A y 2B). Esto sólo puede ser conseguido al nivel del Estadio C o Integral (situación 3). En lo que se refiere a la inveterada situación de violencia del País Vasco, en cualquier modelo con posibilidades de éxito sería fundamental el considerar tres premisas: Respetar las esencias histórico-hermenéuticas y ancestrales de la cosmovisión vasca.
Integración del estado de "esencia originaria" en la pluralidad. La necesidad de evolucionar a un nuevo modelo de ciudadano cívico, identidad, conciencia y paideia (o educación integral).
Darse cuenta que, tal vez, el punto fundamental par allegar a la raíz y superar y ascender desde ella es que el conflicto requiere una negociación entre diferentes "estructuras de conciencia" dentro del País Vasco, en orden a desarrollar un modelo integral que sume las positividades creativas de la cosmovisión colectivista de tendencia más o menos marxista, principalmeente preconvencional, con la moderna-individualista, o convencional (PNV, EA). En este sentido, la creación de dicha identidad plural requiere una estructuración de la conciencia ciudadana a la que sólo se puede acceder y a la que únicamente se puede ofrecer dicho grado de creación desde el nivel integral representado en el estadio de "elevada capacidad de integración de la complejidad" o estadio post-convencional, pensamiento multidimensional y sistemático". Tal vez esto constituya o esté cerca del concepto hace tiempo avanzado por el hermeneuta K. Mayer de "lo vasco como el futuro integrado". Para ello es necesario la ampliación del círculo y horizonte hermenéutico, que a modo de ensayo retroprogresivo y sin negar ni el pasado, ni siquiera el mismo "origen", se manifiesta en el presente y se extiende hacia el futuro abriendo la posibilidad a lo nuevo, lo distinto y lo creativo (J Arregui, p 131). Esto puede hacer posible la manifestación lineal, y articulada en la globalidad del conjunto vital, de la llamada "intrahistoria", ésta cual narrativa psicológica interiorizada, con la realidad externa, pudiéndose romper así a través de hiperdualismos confrontadores y exclusividades homegeneizadoras e indiferenciadas. En dichas condiciones es posible concebir el llegar a valorar positivamente lass diferencias de conseguirse una unidad superior y de un orden dimensional más elevado, por encima del nivel de conflictividad, un "referente común" que posibilite la pluralidad de identificaciones psicoológicas, y así políticas (Figura 1, Estadio III). Se ha de llegar a logra expresar la forma de ser tradicional o tradición propia (matriz originaria, preconvencional) en términos modernos, y sobre todo transmodernos, capaz de acoger integradamente la totalidad de sentimientos y necesidades de identidad como medida esencial en la superación de todo fundamentalismo monista, monológico y excluyente (Arregui, pp 168, Harguindey, ensayo). Esto se identificaría con la coincidentia opositorum jungniana o "síntesis superior de opuestos" como método de sanación tanto del conjunto vital como del individuo. Sin embargo, esta posibilidad, que ya se mueve en el límite de lo posible, sigue requiriendo una unidad institucional mínima de referencia común. La unificación pacificadora, en cualqueir caso, no se cierra a ningún futuro, sino que se ve a sí misma como algo cada vez más amplio y dinámico (Tabla 1, situación 3 y Figura 1, estadio C, o integral) capaz de acoger a modo de bóveda invertida y uts receptivo las crecientes complejidades y diferencias (profundización de dinámicas democráticas). ANALISIS GENERAL Y DE RAÍZ DEL CONFLICTO, SUBJETIVIDADES Y/O OBJETIVIDADES IMPLICADAS. SOLUCION DE SÍNTESIS DESDE EL PENSAMIENTO INTEGRAL DEL MODELO POSTCONVENCIONAL.
Estadio A: SITUACION ACTUAL: NIVELES DE PODER
NIVEL 2: (VACÍO) SENTIMIENTO DE "SUBYUGACIÓN" OBJETIVA-SUBJETIVA DEL ESTADO CENTRAL SOBRE EL PUEBLO-NACIÓN.
Estadio C: INTENTO DE LOGRAR UN MARCO DE UN ORDEN DIMENSIONAL MÁS ELEVADO DE LA GLOBALIDAD DE EL CONJUNTO VITAL. - Paz natural. Desbloqueo evolutivo con flujo integrado y futuro abierto como negociación de un pluralismo enriquecedor. Concepto de organización supraestatal. Acceso a una nueva construcción abierta y ascendente (holonómica) sin deconstrucción o desestructuración. Esta cosmovisión propone que una paz definitiva ha de construirse como una solución global y omnicomprensiva como " síntesis meta y suprapolítica del conflicto". Ello implicaría, la aceptación universal de los siguientes mínimos: A) Darse cuenta de que al menos una parte de del problema desde su raíz, más que "cuantitativo (mayorías/minorías) es "de naturleza "cualitativa" (identidades, necesidades de identificación, soberanía psicoespiritual, etc) en un complejo territorial desmembrado, plural y múltiple. La creación de un referente común superior al nivel de conflictividad (trans y metapolítico).
Estadio C y VISIÓN INTEGRAL: Cambio de perspectiva NIVEL I: Se estimula el concepto de SUPRANACIÓN (Se han sugerido desde diversas fuentes activar para este nivel trans, meta o y suprapolítico en relación con el nivel de conglicto, nombres históricos como "IBERIA", "HISPANIA", etc.).
NIVEL II: Anteriormente, en el Estadio A, esta fase I correspondía a los Niveles 2 y 3. Ahora se transforma de manera natural en un único Nivel y situación igualitaria "2 +3". Así, ESTADO-NACIÓN (ESPAÑA)---PUEBLO-NACIÓN (EUSKALHERRIA).
Cualquier modelo basado en esta aproximación conceptual demanda el ascenso de la totalidad implicada una dimensión por encima de todo nivel de conflictividad. Tal vez sea el único enfoque que permitiría una interelacción intercultural, interétnica e inter-nacional Estado/Pueblo-Nación Indígena totalmente sana e integrada que fuera de beneficio para todos y, es de esperar, que a favor de todos sin exclusión alguna, por alejadas que fueran sus sensibilidades y polarizaciones. Referencias:
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Agradecimientos: Los autores desean expresar su agradecimiento a Cristóbal Cervantes y Juan José Piñeiro por su continua ayuda con literatura cibernética. Perfil académico de los autores:
Thomas Jordan es Doctor en Economía (Geografía Económica) y Profesor Asociado del Departamento de Geografía Económica y Humana de la Escuela de Economía, Universidad de Gothenburg (Suecia). Sus principales áreas de investigación incluyen los papeles del desarrollo y evolución del ego en varios tipos de conflictos, tales como conflictos de trabajo, planteamientos de seguridad política y conflictos internacionales. Autor de diversas publicaciones en estas áreas, entre sus recientes artículos se halla: "La psicología de la teritorialidad en los conflictos", Psicología Política, No. 13, 1996. Es miembro del recientemente creado Integral Institute (rama política), de Boulder, Colorado, USA. Salvador Harguindey es Doctor en Medicina por la Universidad del País Vasco (E.H.U.), especialista en Oncología Médica por el Instituto Roswell Park de Búfalo (Nueva York) y autor de más de 100 publicaciones científicas en investigación de cáncer. Miembro de la Sociedad Europea de Oncología Médica y de las Asociaciones Norteamericana (ATP) y Españolas (SEPT y ATRE) de Psicología Transpersonal, ha publicado recientemente el ensayo sobre política integral y transpersonal: "Una Nueva Visión de la Vida y de la Política: caminado hacia Edén", aparte de varias novelas con anterioridad. Sus principales intereses versan sobre el papel de los saltos evolutivos de la conciencia en la resolución de conflictos interétnicos, la conformación de patrones subyacentes e intuitivos detrás de la creatividad científica, así como las vías finales comunes en el desarrollo y tratamiento de las enfermedades malignas. Direcciones profesionales: Dr. Thomas Jordan
Dr. Salvador Harguindey Clínica USP-La Esperanza
c) Esperanza 3
01002 Vitoria, España

References: resolución 
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