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Timestamp: 2018-01-19 17:49:35+00:00

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Medicina e Historia nº 4 2017 by Fundación Uriach 1838 - issuu
Nº 4 - 2017 - Quinta ÉpoCa
R e v i sta d e E s t u d io s H i s t ó r i c os d e l a s C i e n c ia s d e l a S a lu d
El Hospital Militar de la calle dels Tallers de Barcelona (1843-1942) Marc Ribas, Elena Guardiola, Carles Hervás, Josep-Eladi Baños
www.fu.1838.org
MEDICINA e HISTORIA Nº 4 – 2017 – QUINTA ÉPOCA
Revista de Estudios Históricos de las Ciencias de la Salud Publicación trimestral Fundada en 1964 Fundación Uriach 1838 Centro de Documentación de Historia de las Ciencias de la Salud Polígono Industrial Riera de Caldes Avda. Camí Reial 51-57 08184 Palau-Solità i Plegamans (Barcelona-España) www.fu1838.org fundacion-historia@uriach.com Director de la Publicación: Javier Uriach Torelló
S4S El Hospital Militar de la calle dels Tallers de Barcelona (1843-1942) Marc Ribas, Elena Guardiola, Carles Hervás y Josep-Eladi Baños
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Portada: Fotografía original del fondo bibliográfico de la Fundación Uriach 1838. El ejército español: colección de fotografías instantáneas. Barcelona, ca. 1899
Marc Ribas, Elena Guardiola, Carles Hervás y Josep-Eladi Baños
El Hospital Militar de la calle dels Tallers de Barcelona (1843-1942) Marc Ribas1,2, Elena Guardiola1, Carles Hervás1 y Josep-Eladi Baños1 Facultad de Ciencias de la Salud y de la Vida. Universitat Pompeu Fabra. Barcelona Facultad de Medicina. Universitat Autònoma de Barcelona. Barcelona
Resumen: La historia de los hospitales militares de Barcelona empieza con la llegada del ejército francés y la ocupación de la ciudad durante la Guerra de la Independencia en 1808. Las necesidades de asistencia a los soldados franceses conllevan la ocupación de varios establecimientos eclesiásticos, como el convento de los Padres de San Vicente de Paúl ubicado en la calle dels Tallers, en febrero de 1809. Pese al fin de la guerra y la marcha del ejército francés, el edificio siguió como hospital hasta 1816, cuando los religiosos volvieron. En 1821 sus propietarios lo cedieron para usos sanitarios con motivo de una epidemia de fiebre amarilla. En 1832 empezó a funcionar como fábrica de tabacos hasta que en 1843 se decidió su utilización definitiva como hospital militar. Durante los cien años siguientes el centro atendió
las necesidades del ejército en Barcelona y cesó sus actividades en 1942 con la entrada en pleno funcionamiento de un nuevo hospital militar construido unos años antes. La historia del Hospital Militar de Tallers fue también la de sus médicos y pacientes. Los primeros realizaron además una importante tarea científica que se reflejó en las publicaciones médicas de la época y en numerosas presentaciones académicas. Los segundos constituyeron un grupo de enfermos con necesidades específicas diferenciadas de los pacientes civiles. El conocimiento de la historia del hospital contribuye al conocimiento de la historia de la sanidad militar española en el período de cambio del paradigma médico que acaeció durante su centenaria existencia.
The Military Hospital in Tallers Street, Barcelona (1843-1942) Abstract: The history of Barcelona’s military hospitals starts with the arrival of the French army and the occupation of the city during the War of Independence in 1808. The necessity to care for the French soldiers entailed the occupation of various ecclesiastic establishments, such as the Convent of Saint Vincent of Paul in Tallers street, in February 1809. Despite the end of the war and the French army leaving, the building continued as a hospital until 1816, when the monks returned. In 1821 the owners ceded its use for sanitary purposes due to an outbreak of yellow fever. In 1832 it began to function as a tobacco factory until, in 1843, its definite use as a hospital was decided. During the following hundred years the hospital at-
tended the needs of the army in Barcelona and ceased its activities in 1942 when a new military hospital, built a few years before, became fully functional. The history of the Military Hospital in Tallers was also that of its doctors and patients. The former also carried out important scientific work which is reflected in the medical publications of the era and numerous academic presentations. The latter composed a group of patients with specific needs different from those of the civilian population. Knowledge of the history of the hospital contributes to the history of Spanish military healthcare in a period of change within the medical model that took place during its centenary existence.
El Hospital Militar de la calle dels Tallers de Barcelona (1843-1942)
a historia de los hospitales militares no ha sido, en general, motivo frecuente de estudios y publicaciones y, hasta cierto punto, es un tema pendiente de la historia de la medicina en general y de la sanidad militar en particular. Este hecho no es sólo propio de la historiografía española sino también de la de otros países1. Clásicamente, los hospitales militares podían ser de dos tipos. Por una parte estaban los que se podían considerar fijos o estables, que ocupaban edificios especialmente destinados a ese fin y que tenían como objetivo atender las necesidades sanitarias de la guarnición de una ciudad o plaza militar. Además de estos, hay que considerar los que se dedicaban al servicio de las tropas en campaña, y que se instalaban provisionalmente en cualquier lugar que reuniera unas mínimas condiciones. Su supervivencia dependía de la evolución de los enfrentamientos bélicos. Cabe remontarse al siglo XV para encontrar las primeras referencias a los hospitales militares, generalmente asociados a establecimientos religiosos en los que el ejército contrataba parte o la totalidad de las camas para ser usadas por el personal castrense1. Sin embargo, el ejército tenía pocas responsabilidades en ellos más allá del pago de sus gastos, ya que la organización y asistencia la realizaban los miembros de la institución propietaria. Quizá el primer hospital propiamente militar fuera uno de campaña que los Reyes Católicos organizaron para sus tropas durante sus campañas militares de 14761. En el siglo siguiente se realizó un proceso de creación y consolidación de estos centros. Así, el emperador Carlos I fundó el primer establecimiento estable en la Puerta del Sol de Madrid, el virrey de Navarra Vespasiano Gonzaga y Colona creó otro en Pamplona2 y Alejandro Farnesio contribuyó al establecimiento de un grupo de hospitales militares en Flandes, con la redacción del primer reglamento para este tipo de instituciones en 15853 En los siglos siguientes se crearon los hospitales de la Armada en Cádiz, Ferrol y A Coruña4,5, pero no se dispone de datos sobre la forma de ejercer la medicina ni sobre los medios con los que se contaba para hacerlo. Como seña-
Figura 1: Litografías de la reforma de Barcelona a finales del siglo XIX, en las que se ve el emplazamiento del Hospital Militar en el barrio del Raval26
ló Parrilla1, el propio Reglamento de Hospitales Militares de 1739 contenía «un conjunto de normas administrativas y logísticas tan solo». En los últimos años han visto la luz diversas publicaciones sobre algunos hospitales militares españoles. En este sentido cabe citar, entre otras, la de Diz Rodríguez et al.6 sobre los hospitales militares de Me-
lilla, así como varias sobre el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, escritas por Torres Medina7,8 y Gómez Rodríguez9, y la referente al Hospital Militar de Palma por Segura Salado10. Los hospitales militares en la Cataluña del siglo XVIII Durante la Guerra de Sucesión, las
hospitales: dos en Barcelona (la parte correspondiente del Hospital de la Santa Creu y otro en la Ciudadela), el de Girona, que había sufrido un intento de cierre en 1750 y que disponía de un médico y un cirujano, y el de Tortosa11. Puede concluirse que, a lo largo del siglo XVIII, Barcelona nunca dispuso de un hospital militar independiente, a pesar de albergar una importante guarnición11.
Figura 2: Imágenes del interior del Hospital después de ser desalojado (1942-43)31
tropas borbónicas que cercaban Barcelona dispusieron de un hospital estable en Balaguer y dos volantes: uno en Tortosa y otro cercano a la ciudad condal. Al finalizar aquella proliferaron los hospitales dedicados a la milicia en Cataluña. En 1737 se contabilizaban los de Tarragona, Girona, Vic, Tortosa, Hostalric, la Seu d’Urgell, Lleida, Cardona, Puigcerdà y Roses, además de los servicios concertados con el Hospital de la Santa Creu de Barcelona. Cuatro años más tarde la mayoría de ellos fueron suprimidos. En
1741 sólo se mantuvieron el de Girona y la parte contratada con el Hospital de la Santa Creu, que ese mismo año fue objeto de importantes mejoras. De la misma época es un proyecto consistente en la creación de un gran hospital de campaña adscrito al Ejército de Cataluña, que había de contar en su nómina con un protomédico, dos cirujanos consultores, un cirujano mayor y un boticario mayor. Lamentablemente, este proyecto nunca llegó a ser una realidad11. En 1792 funcionaban solo cuatro
Loa hospitales militares de Barcelona La información sobre los hospitales militares de Barcelona es fragmentaria, dispersa y, a menudo, inaccesible. Probablemente Parrilla Hermida haya sido uno de los autores que más se ha interesado por el tema y a sus contribuciones nos remitimos en las próximas líneas.1,12 La primera referencia proviene de un proyecto de 1716 tras la ocupación militar de la ciudad por las tropas de Felipe V sucedida dos años antes. Parrilla Hermida1 ha señalado que la importante guarnición, cercana a 4.000 hombres, llevó a un proyecto de un hospital con capacidad para 1.000 hombres, aunque nunca llegó a construirse. Así, el Reglamento para el Gobierno del Cuerpo de Cirugía Militar del Ejército editado en 1805, que relacionaba los hospitales militares peninsulares, no incluía ninguno de Barcelona.1,12 Por ello, la atención médica del personal militar de Barcelona era realizada en el Hospital General de la Santa Creu ya desde su creación. Así, en los archivos del centro ya existía un libro específico para anotar el ingreso de los militares enfermos. Cuando en 1760 se creó el Real Colegio de Cirugía de Barcelona, se utilizaron las salas de dicho hospital para entrenar a los cirujanos militares y los maestros del Colegio atendían al personal militar en las salas del hospital de acuerdo con las Ordenanzas13. Así seguía la situación cuando se inició la ocupación de la ciudad por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia en 1808. Este hecho marcó un cambio importante en la atención sanitaria de los militares, que conllevó la constitución de un hospital militar estable por primera vez, localizado en el popular barrio del Raval.
La atención sanitaria en el Raval El Raval ha sido, desde casi el inicio de la historia de Barcelona, un espacio destinado a acoger instituciones caritativas y sanitarias. Diferentes instituciones se instalaron allí hasta principios del siglo XX, cuando las nuevas corrientes higienistas postularon la conveniencia de trasladar los servicios sanitarios y caritativos a las zonas exteriores de la ciudad. Así ocurrió con el Hospital Clínico de la Universitat de Barcelona y el Hospital de la Santa Creu i de Sant Pau, que sustituyeron al gran hospital medieval de la ciudad. Uno de los primeros hospitales que se instalaron en el Raval fue el Hospital de los Enfermos Leprosos, fundado por el obispo Guillermo de Torroja en siglo XII y que se situaba en la actual plaza del Pedró, en aquél entonces zona extramuros por el rechazo social y el miedo al contagio que se tenía a esa enfermedad. Pero, de todas las instituciones que se establecieron en este barrio, el más importante y uno de los más longevos fue el Hospital de la Santa Creu. Fundado en 1401 por el rey Martín el Humano unificó diversos hospitales que desde el siglo X al XV se habían ido estableciendo en el Raval. El hospital debía dar asistencia a pobres enfermos, niños, peregrinos y personas de todas condiciones14. El Hospital de la Santa Creu fue, de hecho, el centro neurálgico de la asistencia médica del barrio y de toda la ciudad durante largo tiempo. Junto a él se establecieron la Casa de Convalecencia, erigida como un lugar donde los enfermos ya sanados podían recuperarse antes de volver a sus domicilios, y el Real Colegio de Cirugía de Barcelona, construido bajo la dirección de Pere Virgili e inaugurado en 176015,16. Otras instituciones albergadas en el barrio del Raval fueron la Casa de Misericordia, la Casa de los Niños Huérfanos, la Casa de Caridad y el Dispensario Central Antituberculoso, entre otros. Por ello, el Hospital Militar de la calle dels Tallers constituyó una importante adición a la red sanitaria existente en el barrio. Sin embargo, no existe ninguna publicación que analice de forma diacrónica su existencia. En la presente se analiza la génesis de este hospital, sus características, la actividad científica de sus profesionales, el perfil de sus médicos y pacientes, y cómo se llegó a su fin.
Figura 3: Plano del Hospital (1858)32
DE LOS ORÍGENES A LA DESAPARICIÓN De convento a hospital militar del ejército francés El hospital militar se estableció en el edificio ocupado originalmente por un convento de los padres de San Vicente de Paúl. La primera referencia a este edificio la encontramos en 1703 cuando el obispo de Barcelona, ​​Benito de Sala, aprobó y promovió la fundación de la casa de la congregación, la cual fue efectiva el 19 de mayo de 1704. Fueron sus fundadores, Francisco Sentjust y de Pagés y Gerónimo Enveja, canónigo de la congregación, quienes cedieron su casa y su renta para la construcción del convento. El 2 de enero de 1705 el obispo Sala autorizó la colocación de la primera piedra del convento y los monjes se establecieron poco tiempo después en el número 77 de la calle dels Tallers17. Fue durante la Guerra de la In-
dependencia cuando el convento se convirtió en hospital militar por primera vez. El 12 de febrero de 1809 el ejército francés lo ocupó para atender a sus enfermos y heridos, tal y como explicó Ferrer en su crónica diaria de la ciudad de aquellos años18. La decisión fue consecuencia de las necesidades generadas por la guerra. Como ya se ha comentado, hasta entonces los militares de la guarnición de Barcelona y sus fortificaciones eran tratados en el Hospital de la Santa Creu17. La Guerra de la Independencia supuso un aumento de la actividad asistencial, lo que saturó la antigua instalación medieval: cada día aumentaba el número de enfermos tanto catalanes como franceses, así como el número de muertos19. Ante este hecho, las tropas francesas ocuparon el convento por sorpresa. Durante la ocupación, los franceses pusieron centinelas en cada una de las puertas que daban a la calle para impedir que los
desalojados se llevaran sus pertenencias. Según relató Ferrer18, la abundante provisión de camas, colchones, sábanas y mantas que tenía el convento habría favorecido su elección por el ejército francés. Los religiosos expulsados pasaron a habitar la casa de Matamoros, también de su propiedad18. Se inició un proceso de incremento de la dotación logística del hospital con mantas, sábanas y camas enviadas desde otros conventos y casas de religiosos y se tiraron tabiques para formar salas amplias para la atención de los enfermos18. La ocupación, sin embargo, no fue completa, ya que no lo fueron ni la iglesia, ni la sacristía, ni la biblioteca. Sin embargo, en el mes de junio siguiente se prohibió que los sacerdotes pudieran decir misa o confesar en la iglesia con el pretexto de que los feligreses robaban las sábanas y las mantas20. La situación sanitaria de Barcelona durante el primer semestre de 1809 era deplorable, con más de 3.000 soldados ingresados ​​en los hospitales disponibles (Santa Creu, Jonqueres y el reconvertido convento de los Paúles) y con numerosos óbitos que alcanzaron la cifra de 1.531 durante este período18. El trato y las condiciones eran muy diferentes entre los hospitales militares y los civiles. En los primeros reinaba la abundancia en la comida y la limpieza en las camas y las salas, aunque se encontraban faltos de facultativos hábiles, por lo que morían muchos enfermos que habrían sobrevivido con otras atenciones. En el Hospital de la Santa Creu, las condiciones eran a la inversa. Había médicos con más pericia, pero la falta de medicamentos y alimentos para los enfermos comprometía su curación20. A partir del 1810 el número de enfermos se redujo considerablemente, pero el hospital militar siguió funcionando como tal21. Un año después cesó su uso como hospital militar, aunque seguía en posesión del ejército francés22,23. En septiembre de 1812 se habilitó de nuevo para recibir enfermos23, aunque hasta agosto de 1813 no hay constancia de que ingresaran heridos24. El edificio siguió dedicado al uso como hospital militar hasta 1816, dos años después de la salida del ejército francés, en el que la atención sanitaria militar se trasladó al convento de la calle de Jonqueres y los padres paúles pudieron volver al convento17.
Un tiempo de transición: los cambios de usos del convento En 1821 se volvió a usar el edificio como hospital durante una epidemia de fiebre amarilla en Barcelona. Los padres paúles lo ofrecieron, exceptuando la biblioteca, para la atención de los afectados y trasladaron la comunidad al Colegio Episcopal25. Una vez resuelta la epidemia, los religiosos regresaron al edificio a finales de enero de 1822 pero en la primavera del año siguiente el gobierno solicitó de nuevo el edificio para utilizarlo como hospital militar17. Sin embargo, pronto cambió de uso. En 1827, el padre Feu, Visitador General de la Orden, propuso la cesión del edificio al Estado a cambio de una compensación económica26. Según el Negociado de Patrimonio de la Sección de Hacienda de Barcelona, en ​​ una Real Orden de 9 de febrero de 1829 se cedió para albergar una fábrica de tabacos y todas sus actividades pasaron al antiguo convento de Jonqueres, aunque tal uso no se inició hasta 183227,28. La nueva función del convento no fue larga. El 5 de mayo de 1843 el Regente del Reino, por Orden del Ministerio de Guerra, aprobó de nuevo el traslado de las instalaciones del hospital militar de Jonqueres al edificio de la calle dels Tallers, debido esencialmente al estado ruinoso del primero28.
La constitución definitiva como hospital militar El Hospital Militar de Tallers nunca fue idóneo para su función. Aunque su situación podía parecer adecuada, al estar apartado del centro de la ciudad y junto a la Muralla de Tierra, no lo eran las instalaciones, puesto que las modificaciones hechas para adaptar el convento para el uso como hospital fueron deficientes debido a los problemas derivados de un edificio que no había sido diseñado para este fin28-30 (Fig. 1). Tenía salas demasiado largas, angostas, bajas y que desprendían un hedor incómodo y nocivo y el edificio era húmedo en su conjunto, especialmente el piso de abajo (Fig. 2 y 3). Sin embargo, desde el punto de vista de salubridad, era superior al antiguo hospital del convento de Jonqueres29. Abadal y Soler27 (1857) y Pi y Arimón29 (1854) describieron las insta-
laciones con detalle. El hospital era un edificio dividido en bajos, primero, segundo y tercer piso. En los bajos, es decir, alrededor del patio porticado que se encontraba en el centro del edificio, estaban la iglesia y las oficinas de la Contraloría, una farmacia abundantemente provista con medicamentos, almacenes, despensa, cocina, baño y un ropero bien aprovisionado. En los tres pisos superiores había 16 espaciosas salas para enfermos, además de la sala de juntas y dormitorios para los médicos de guardia y los practicantes (Fig. 431). El local disponía de hasta 680 camas repartidas en 8 unidades, cada una a cargo de uno de los profesores del cuerpo de Sanidad Militar27. La división de las enfermerías se realizaba según las afecciones médicas y quirúrgicas, aunque había salas especiales para las enfermedades de los ojos, las venéreas, la sarna (en 1854 los enfermos sarnosos ocupaban todavía el edificio de Jonqueres), las viruelas y toda clase de dolencias contagiosas29. En el primer piso estaban las enfermerías de medicina y el parque sanitario; en el segundo, las oficinas de dirección, las clínicas de cirugía, las enfermerías de enfermedades venéreas y la sala de operaciones; y en el tercero, las salas de oftalmología, los enfermos con sarna y el departamento para presos33. En cuanto al funcionamiento del edificio, el suministro estaba a cargo de un asentista (persona que el Estado o los municipios contrataban para encargarle la búsqueda y adquisición de alimentos en grandes cantidades y también de otros productos). El Cuerpo de Sanidad Militar se encargaba del cuidado de los pacientes mientras que el Cuerpo Administrativo del Ejército lo hacía de los asuntos económicos17. El personal se dividía en tres clases (administrativo, facultativo y eclesiástico) y en dos categorías (plana mayor y plana menor). La plana mayor administrativa estaba formada por un Comisario de Guerra Inspector, un Mayor del mismo cuerpo, un contralor (antiguo jefe o encargado de los hospitales militares) y un oficial comisario de entradas. La plana mayor facultativa la constituía un profesor jefe de medicina, un profesor jefe de farmacia, siete primeros médicos y dos de entrada o de vela. La plana mayor eclesiástica se componía de dos sacerdotes rectores27,29.
La plana menor de planta la formaba un enfermero mayor, un asentista, un mozo de almacén, dos cocineros, dos porteros, un sacristán y un hortelano, además de practicantes, jefes de sala, enfermeros, mozos, lavanderas y costureras, necesarios para la atención de los enfermos27. Pi y Arimón relató de manera más detallada el número de personal de la plana menor: veintiún practicantes de medicina y cirugía, nueve practicantes de farmacia, un asentista, siete jefes de sala, cuarenta y nueve enfermeros y varios ayudantes, además de varios asistentes y mozos29. El personal aumentaba o disminuía según el número de enfermos. Además del personal facultativo y administrativo, existía una Junta Económica, que proponía los gastos ordinarios y extraordinarios, que exigían siempre una aprobación superior30. Entre los gastos ordinarios estaba la estancia de los enfermos, que era de 1,75 pesetas diarias en 188430. El edificio siguió sin modificaciones durante buena parte de las tres
Figura 4: Imágenes del patio porticado del Hospital después de ser desalojado (1942-43)31
Prueba de ello es que hasta la inauguración del nuevo Hospital Militar de Vallcarca, poco antes de la Guerra Civil, se redactaron numerosas Reales Órdenes para la redacción y aprobación de proyectos que no acabaron ejecutándose. Los diarios de la época recogían ejemplos sobre el deplorable estado en el que se encontraba el edificio. Así, en un periódico de 1894 se podía leer35: «Dice que el Hospital militar de Barcelona se encuentra en estado ruinoso, debiéndose derribar y construir otro en las afueras, pues de esta suerte se ganará en seguridad y en salubridad a la vez que se proporcionará trabajo a los obreros.»
Veinte años más tarde, y en esta misma línea, una serie de artículos publicados en La Vanguardia hacían referencia al estado del edificio y a la necesidad de que se interrumpiera su actividad y funcionamiento en vistas a la futura exposición internacional que se tenía que celebrar en Barcelona en 1917, pospuesta hasta 1929 debido a la Primera Guerra Mundial. El inicio de la serie de artículos era desgarrador y plasmaba el sentimiento que generaban las condiciones del Hospital Militar, tal y como se puede observar en las primeras líneas del artículo publicado el 5 de julio36 (Fig. 5): «Ante la proximidad del gran certamen internacional que ha de celebrarse en Barcelona dentro de tres años, urge la desaparición de dicho nosocomio, por anti-estético, anti-higiénico y perjudicial tanto para los enfermos como para la ciudad, cuyos intereses lastima.» Figura 5: Imagen exterior del Hospital (1936)37
Este primer artículo sigue con una crítica férrea de las condiciones y emplazamiento38: décadas siguientes. A finales de 1880 y en la década de 1890, sin embargo, se aprobaron diversas modificaciones: la instalación de un departamento de oficiales (1888) y una estufa de desinfección (1891), la dotación de 9 m3 de agua de Dosrius (1891) y la transformación de los pozos negros existentes en pozos sépticos (1898). A pesar de estas modificaciones y de las sucesivas, los numerosos déficits estructurales y de higiene aconsejaron la necesidad de edificar un nuevo hospital. En enero de 1877, la Gaceta de Sanidad Militar recogía que,
en el acta de la Junta Económica del Hospital Militar de Barcelona y en el acta de la Junta Superior, el director comunicó la necesidad de un nuevo establecimiento que asegurara mejores condiciones que el actual34. Según el Negociado de Hacienda, ya el 19 de abril de 1879 se redactó una Real Orden que dictaba una alienación del hospital para la construcción de uno nuevo, aunque finalmente no tuvo lugar. Más tarde, en una nueva Real Orden de 10 de abril de 1894 se aprobó un nuevo proyecto que tampoco vio la luz. Su realización no era fácil.
«Ese Hospital emplazado en medio de un barrio tan céntrico y populoso, rodeado de calles estrechísimas, cuyas casas lamen materialmente los variadísimos miasmas que de aquél forzosamente se desprenden, constituye un verdadero peligro para la población, que tiene la desgracia de padecerlo en su recinto.»
El artículo terminaba con una llamada a las autoridades para que solucionaran este déficit. Así como las condiciones del edificio eran objeto de numerosas críticas, no ocurría lo
mismo con el personal que trabajaba en el Hospital. A finales del siglo XIX los cambios continuaron en la institución. Así, el 19 de noviembre de 1897 entró en vigor el convenio para el establecimiento de las Hijas de la Caridad en el Hospital Militar, que fue brevemente modificado a 12 de enero de 1898. El artículo 21 establecía las funciones en el cargo de los enfermos39: «Tendrán a su cargo las Hijas de la Caridad y desempeñarán con el celo propio de su instituto, las salas de enfermos del hospital militar, dando en todas los alimentos y medicinas internas a excepción de las salas destinadas al venéreo, por prohibirlo sus reglas; pero cuidarán de que los encargados de dichas salas cumplan exactamente con sus deberes, prestando toda la asistencia debida a los enfermos y suministrándoles todos los alimentos y medicinas necesarias. Será peculiar de las Hijas de la Caridad el velar a los enfermos por la noche.»
El siglo XX: el fin del hospital El hospital siguió funcionando durante los convulsos primeros años del siglo XX y, como el más que necesario nuevo hospital militar no se construía, se continuaron haciendo obras de mejora de las instalaciones del edificio: cocheras, almacenes para materiales de desinfección, obras en el laboratorio de análisis fisicoquímicos y micrográficos, reformas higiénicas y dotación del hospital de alumbrado eléctrico, entre otras28. Aunque con la inauguración del nuevo hospital militar de Vallcarca en 1937 el de la calle dels Tallers debía dejar de funcionar, esto no ocurrió. El hospital continuó atendiendo a los enfermos y a los heridos que provocó la guerra civil, a pesar de que las condiciones del edificio seguían siendo inadecuadas (Fig. 6). Como ejemplo de la situación, cabe mencionar un informe de finales de 1938 redactado por un miembro de las Brigadas Internacionales y dirigido a su Comisariado de Guerra donde definía el estado del edificio y recogía las opiniones de los heridos. Se describía que el hospital estaba instalado en un viejo edificio y que atendía al doble de heridos de los que podía contener normalmente, así como que la impresión general era de
suciedad y falta de ventilación en la mayoría de las salas40. Los brigadistas tomaron nota de las opiniones de los heridos ingresados​​, de las que resultaba que la atención médica y de enfermería era buena mientras que el resto de personal de la sala los tenía mal asistidos. La opinión era mala en cuanto a la salubridad, la alimentación era insuficiente y mal preparada y la disciplina no era óptima. Según el autor del informe, el Comisario de Guerra nunca visitaba a los enfermos, ni hacía nada40. El ejército nacional entró en Barcelona el 26 de enero de 1939 y pronto tomó posesión del Hospital Militar. Durante los primeros años de posguerra, el edificio acogió a prisioneros y soldados trabajadores que necesitaban atención médica, y en los primeros meses se celebraron incluso consejos de guerra. Poco después de la entrada de las tropas, el 5 de febrero de 1939 los militares consagraron el edificio. La Vanguardia recogía la noticia que comenzaba así41: «El domingo, día 5, a las diez de la mañana, tuvo efecto en el Hospital Militar, Tallers 77, una solemne función religiosa, que con tonos de emocionante sencillez, cerró el paréntesis antirreligioso y ateo de los 30 meses de dominación soviética, devolviendo al ambiente del vetusto edificio el aire de cristiana caridad que centenariamente se había respirado siempre en este Centro Oficial de Barcelona.»
A 1 de octubre de 1939 el Negociado de Hacienda actualizó la información relativa al edificio. La superficie total era de 6.620,66 m2, con una superficie edificada con tres o más pisos de 3.888,9 m2. La capacidad ordinaria era de 621 enfermos y de 17 caballos y/o mulos, aunque constaba que en casos de necesidad podía llegarse a 711 enfermos y 21 caballos y/o mulos28. El informe describía que la finca constaba de planta baja y de dos pisos con pabellones para el Director y Administrador, departamento para Jefes y Oficiales enfermos, habitación para las Hijas de la Caridad, estufa de desinfección, cuadra y parque para el ganado y material de ambulancia de montaña, cochera y almacén para el material de desinfección, laboratorio físico-químico y micrográfico, farmacia militar y otros servicios y dependencias del Hospital. Existía un patio interior y central y varios patios ex-
teriores, así como una capilla para el culto del personal del edificio28. Durante la posguerra el régimen franquista creó los conocidos como Batallones de Trabajadores con los numerosos prisioneros desafectos al nuevo régimen y la misión de contribuir a la reconstrucción del país y de las obras públicas destruidas durante la guerra. Cuando se puso fin a estos batallones en 1940, se crearon los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, un cuerpo en el que ingresaron aquellos que, debido a encontrarse en la zona republicana durante la guerra, no pudieron realizar el servicio militar regular. Cuando los integrantes de estos dos colectivos enfermaban o tenían heridas, ingresaban en el Hospital Militar de la calle dels Tallers para recuperarse. Los presos eran atendidos en los hospitales civiles o bien en la enfermería de las mismas prisiones42. Dueñas y Solé42 han analizado los datos de carácter económico desde 1939 hasta su clausura definitiva en 1942, presentes en el Archivo del Tribunal de Cuentas del Estado. Aunque la información disponible no contiene datos de carácter médico, sí consta la información económica que aportaban para justificar las cuentas: número de altas y bajas, duración de las estancias hospitalarias, plantilla existente, costes de manutención e identidad de los pacientes prisioneros. El coste que se generaba cada día por paciente era de 2,50 pesetas, siendo el total de todos ellos de 14.325 pesetas. Este coste era bajo comparativamente con el coste del personal, que ascendía a 9.312,23 pesetas, y más teniendo en cuenta que era catorce veces inferior en número. Según sus datos, la plantilla facultativa del hospital encargada de la atención médica estaba formada por dos capitanes médicos asimilados (médicos civiles habilitados como médicos militares) y cinco tenientes médicos. Así pues, sólo había siete médicos para un número de prisioneros que no acostumbraba a bajar de 400; es lógico pensar que la atención de estos pacientes debía dejar mucho que desear. El derribo del Hospital El fin del Hospital Militar de Tallers se certificó con el traslado de internos y material sanitario al nuevo Hospital
Militar de Vallcarca realizado el 4 de diciembre de 1942, y que coincidió con la liquidación de los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores43. Los trabajos de derribo comenzaron el mismo mes por parte de la brigada municipal pero, más tarde fueron adjudicados a Amador Lorenzo García44. En el lugar que ocupaba el hospital se urbanizó la Plaza de Castilla, inaugurada el 12 de octubre de 1943, coincidiendo con la fiesta de la Hispanidad. La iglesia del hospital se conservó y hoy es la actual parroquia de Sant Pere Nolasc45.
LA ACTIVIDAD CIENTÍFICA La actividad científica de la medicina castrense es prolífica y cuenta con una dilatada trayectoria. La medicina militar española no es una excepción, así como tampoco el hospital motivo del presente análisis. En esta sección se hablará en primer término de las sociedades y asociaciones científicas que crearon sus profesionales y de cuáles eran sus fines así como de las temáticas que tenían cabida en ellas. En segundo lugar, se comentarán las publicaciones científicas de sus médicos en las revistas de sanidad militar de la época, con varios ejemplos de esta producción científica. Los inicios: la Academia Médico-Castrense El reglamento orgánico del Cuerpo de Sanidad Militar, del 7 de septiembre de 1846, citaba en el artículo 13 que, con el fin de fomentar los progresos de las ciencias, se establecieran academias mensuales en las capitales de todos los distritos o capitanías generales para debatir en ellas los aspectos más interesantes de la medicina castrense. Como en estas sesiones académicas se leían discursos y memorias de gran valor e interés, era aconsejable que las sesiones se reglamentaran y se institucionalizaran, lo que ocurrió el 6 de diciembre de 1850 mediante una circular de la Dirección General29,46. En virtud de la disposición anterior, en 1851 se constituyó la Academia Médico-Castrense y, con ella, las sesiones académicas del Distrito Militar de Cataluña. El 4 de enero de
1851 tuvo lugar el acto de inauguración en la Sala de Profesores del Hospital Militar de Barcelona, el cual contó con una numerosa concurrencia. Asistieron los facultativos castrenses, autoridades militares, como el Capitán General, y personas de elevada posición en la sociedad de la época47. El acto de inauguración se inició con la lectura de las bases de la Academia y, acto seguido, el Jefe de Sanidad de la Región Militar de Cataluña Anastasio Chinchilla (1801-1867), destacado médico, historiador y bibliógrafo, leyó el discurso inaugural haciendo un resumen de las tareas científicas del Cuerpo de Sanidad Militar del año anterior. En el discurso habló asimismo de las enfermedades predominantes ese año en los hospitales militares del distrito y del número de defunciones y se hizo una relación sucinta de las operaciones quirúrgicas practicadas, ilustrándolo con observaciones prácticas, datos estadísticos y opiniones al respecto de los autores antiguos y modernos29,47. El diario La Patria dedicó un elogio tanto a esta conferencia como a su autor47: «En la memoria que nos ocupa, es digna de hacerse una observación que honra sobremanera el autor de aquel escrito, pues diferente de la mayor parte de los que se publican en nuestra patria, casi todos con un sello más o menos extranjero, ha hecho la debida justicia a la medicina española colocándola en el puesto que con justicia merece.[…] Felicitamos muy particularmente al doctor Chinchilla por esta circunstancia; y creemos que todo elogio que reciba de nuestra pluma lo aceptará, no como acto de adulación, pues carecemos de este defecto, sino como una muestra sincera de lo muy grato que nos ha sido haber podido oír de sus propios labios, la lectura de un trabajo científico que es, en nuestro concepto, un nuevo lauro añadido a los muchos que ha sabido adquirirse el actual jefe de sanidad militar de este distrito, durante su dilatada carrera científica.»
Las normas de la Academia dictaban que las sesiones debían realizarse entre los días 1 y 10 de cada mes y que la asistencia era obligatoria para los profesores efectivos del Cuerpo de Sanidad Militar residentes en Barcelona ​​y voluntaria para los cesantes, jubilados y honorarios29. En las sesiones de los meses pares se leía una memoria sobre algún punto impor-
tante de la sanidad militar, con preferencia de las temáticas relacionadas con la medicina y la higiene castrenses, y se incluía un debate posterior sobre la memoria por parte de los diferentes profesores. Finalmente, el Jefe del Distrito concluía el acto y emitía su opinión particular en los temas más controvertidos29. En las sesiones de los meses impares, en cambio, se leía una memoria sobre un caso práctico de medicina o cirugía, alternativamente, que designaba el jefe local de entre los enfermos atendidos en el Hospital. Se daba preferencia a las enfermedades más graves y comunes en los ejércitos y tras la explicación se discutían los aspectos más relevantes29. En las sesiones de junio y diciembre, el jefe local del Hospital realizaba una exposición sucinta de los métodos y procedimientos curativos, así como de los aparatos o instrumentos de interés que se hubiesen inventado o perfeccionado en el semestre anterior. Seguidamente, el Servicio de Farmacia del hospital realizaba una exposición de las nuevas sustancias y los preparados medicinales que se hubieran descubierto o perfeccionado en el periodo anterior, exponiendo los beneficios de su utilización29. Las sesiones académicas de los hospitales militares llegaron a tener gran interés, por lo que el Director General del Cuerpo de Sanidad Militar, Manuel Codorniu (1780-1857), socio fundador de la Sociedad Médica de Socorros Mutuos, senador y diputado a Cortes, ordenó que se llevara a cabo la impresión de las más importantes, para facilitar la difusión y para que su utilidad fuera la máxima posible46. Esta propuesta fue la que dio lugar a la Biblioteca Médico-Castrense Española, una recopilación de varios volúmenes en la que se recogen las sesiones más interesantes que se hacían en España. Cada volumen comprendía 2 meses, desde mayo de 1851 hasta agosto de 1852 en que finalizó la publicación. Se dividía en dos secciones, científica y gubernativa, siendo esta última la colección de Reales Órdenes y demás disposiciones que se referían al Cuerpo de Sanidad Militar, empezando por su propio reglamento y el escalafón general del Cuerpo46. La sección científica estaba compuesta por los principales progresos de las ciencias médicas realizadas en los hospitales
Figura 6: Entrada del Hospital (1936)37
militares españoles, con el objetivo de convertirse en la biblioteca más completa para la especialidad profesional castrense y la más adecuada para crear una medicina militar puramente española. Para cubrir el importe de los gastos derivados de la publicación, los individuos del Cuerpo debían contribuir en proporción de sus sueldos, a una cuota mensual fija. Debido a que no todos los trabajos podían ser publicados, existía un exhaustivo método de revisión de los trabajos presentados en el que se tenía en cuenta el juicio del jefe local respectivo, el de la Junta Consultiva del Cuerpo y de algún profesor notable en la especialidad del asunto que tratase. Por este motivo, la Biblioteca Médico-Castrense Española no recogió todas las sesiones realizadas en las diferentes Academias. En esta colección se recogieron las siguientes sesiones del Distrito Militar de Cataluña, que fueron realizadas en el Hospital Militar de Barcelona: - Memoria sobre las causas de insalubridad del Castillo de San Fernando de Figueras. Realizada por Anastasio Chinchilla, vicedirector honorario, consultor efectivo, Jefe de Sanidad de la Capitanía General de Cataluña. Incluida en el volumen 348. - M emoria sobre si en las fracturas conminutas de las extremidades superiores o inferiores, producidas por bala de cañón, casco de granada u otro cuerpo muy pesado debe hacerse la amputación en la parte contigua o en la lisiada. Presentada en la Academia del Cuerpo de Sanidad Militar de Barcelona en la sesión del 4 de marzo de 1852, por José Roger y Pedrosa (fallecido en Ceuta en 1859), viceconsultor honorario, primer ayudante médico del cuerpo, destinado al Hospital Militar de Girona. Incluida en el volumen 746. - Memoria sobre: ¿El muermo de los animales puede propagarse de estos a los hombres? ¿Y en tal caso es también contagioso entre los hombres? Presentada en la Academia del Cuerpo de Sanidad Militar del distrito de Cataluña el día 4 de mayo del año 1851 por Jaime Vila y Pons, viceconsultor supernumerario del Cuerpo de Sanidad Militar y jefe facultativo del Hospital Militar de Tarragona. Incluida en el vo-
lumen 846. - H istoria clínica de un caso de muermo, observado en el Hospital Militar de Tarragona en el año 1851. Realizada por Jaime Vila y Pons. Incluida en el volumen 846. - Discurso sobre: ¿Qué medios pudieran adoptarse para mejorar la constitución física y moral del recluta, y acostumbrarlo a la vida militar? Pronunciado en la Academia Medico-Castrense el día 4 de abril de 1851 por Joaquín Bosch, viceconsultor supernumerario, primer ayudante médico efectivo del Cuerpo de Sanidad Militar. Incluido en el volumen 849. Cambio de siglo: la Sociedad Científica de Sanidad Militar de Barcelona En enero de 1911 se constituyó en Barcelona una asociación científica de sanidad militar con el objetivo de realizar conferencias (una o dos veces al mes) en el Hospital Militar sobre cuestiones prácticas de la clínica, el laboratorio o las intervenciones quirúrgicas, entre otras49. El 3 de febrero de 1911 tuvo lugar​​ su sesión inaugural en el Salón de Actos del Hospital Militar de Barcelona. La asociación se llamó Sociedad Científica de Sanidad Militar de Barcelona ​​y fue creada por el personal del Cuerpo de Sanidad Militar de esta ciudad. El acto contó con una nutrida representación de socios y se inició con la lectura del documento de constitución por parte del doctor Pedro Farreras (1876-1955; traductor del texto de medicina interna de Von Domarus, continuada en ediciones posteriores por su hijo, el conocido internista Pedro Farreras y Valentí, convirtiéndolo en uno de los libros clásicos de nuestra medicina), Secretario de la Asociación. A continuación, el primer presidente Casto López Brea (18541920), director del Hospital Militar de Barcelona, profesor de Anatomía de la Universidad de Manila y miembro numerario de la Real Academia de Medicina de Barcelona, hizo un discurso en el que destacó la participación de aquellos que la hicieron posible y analizó la evolución y rumbo de las ideas científicas de la época. Seguidamente, el médico mayor, Antonio Solduga Pont (fallecido en Barcelona en 1935, recibió la cruz de segunda clase del Mérito Militar), dio una conferencia sobre el cerclaje en
el tratamiento de las fracturas de rótula50. La crónica de la fundación de la asociación, que realizó la Revista de Sanidad Militar, concluía con un elogio a esta iniciativa50: «La REVISTA DE SANIDAD MILITAR se asocia muy de veras a los éxitos de la naciente Sociedad, y reitera gustosa el ofrecimiento de poner a su disposición un espacio del periódico para publicar un extracto de las sesiones, comenzando hoy por transcribir los Estatutos que van a continuación:»
En el artículo 1 de los Estatutos destacaba que la Asociación Científica tenía como único objetivo el contribuir al progreso de la medicina, la farmacia y la veterinaria militar. Asimismo, en el artículo 4 se recogían los puntos a tratar en las reuniones50: «a) Exposición de casos clínicos curiosos observados por los asociados en los hospitales, cuarteles, consultas, etc.; b) Exposición de progresos, perfeccionamientos é investigaciones de los asociados en laboratorios, clínicas, archivos, bibliotecas, etc., relacionados con el objeto de la Sociedad; c) Exposición de teorías y críticas científicas originales de los asociados y pertinentes á la finalidad de la Asociación; d) Conferencias acerca del estado de la Ciencia en alguno ó algunos de sus puntos en determinados momentos.»
Los trabajos presentados tenían que ser mayormente originales, hechos de observación propia y de prácticas técnicas comprobadas o juzgadas por el disertante. Todo miembro de la Sociedad podía exponer un trabajo, aunque esta presentación debía ser espontánea y libremente realizada, sin imposición alguna por parte de la Sociedad50. Además, se incentivaba que se realizase la difusión de estos trabajos en cualquier revista científica, preferentemente en la Revista de Sanidad Militar50. Asimismo, se establecían las funciones de cada uno de los cargos electos de la asociación, cómo se elegían y cuál era el coste de ser miembro (cinco pesetas anuales tal y como marcaba el artículo 14). Los estatutos definían también en el artículo 16 que la Asociación tenía su domicilio en el Hospital Militar de Barcelona y que las reuniones se realizarían en
Figuras 7: Imagen radiológica (izquierda) e histológica de exostosis (derecha)60
la Sala de Juntas de ese edificio50. La sociedad pronto gozó de gran popularidad y a finales de 1911 el número de socios ya ascendía a cincuenta y cinco51. La trayectoria de las conferencias científicas en el Hospital Militar de Barcelona fue larga según se observa en las revistas de la época. Durante el año 1929 se iniciaron nuevos ciclos de conferencias que también tuvieron lugar en este Hospital Militar, tal y como relataban las crónicas de la época. Algunos de sus títulos fueron: - Protección contra gases de combate y su empleo táctico, ofrecida por el capitán médico Esteban Palencia Petit en enero de 192952. - La odontología en sus relaciones con la medicina y la cirugía, ofrecida por el capitán médico Julio Villarrubia Muñoz (fallecido en 1971) en febrero de 192953. - Abdomen agudo, ofrecida por el capitán médico Rafael Olivares Bel (fallecido en 1968) en enero de 193023. - La cirugía en el Hospital Militar de Barcelona desde la implantación de la cirugía aséptica, ofrecida por José Castellví Vila (1871-1962, que fue jefe de Sanidad Militar en La Coruña, Mallorca y Barcelona) en enero de 193155. -F  icha radioscópica de identificación al Servicio de las unidades armadas, ofrecida por José Calicó en enero de 193456.
El Hospital y las revistas de sanidad militar La primera revista militar que se publicó en España fue la Revista de Sanidad Militar Española y Extranjera que empezó a publicarse en 1864 y que continuó dos años más tarde con el nombre de Revista de Sanidad Militar y General de Ciencias Médicas. En los años siguientes existieron otras publicaciones como la Revista de Sanidad Militar (1887) y La Medicina Militar Española (1895). Estas dos últimas se fusionaron en 1907 por la necesidad de que existiera una única publicación, que adoptó el título de Revista de Sanidad Militar y la Medicina Española. A partir de 1911 pasó a llamarse Revista de Sanidad Militar. La Revista de Sanidad Militar fue una publicación científica y profesional especializada dirigida al Cuerpo de Sanidad Militar. En ella se publicaban artículos científicos sobre medicina general y militar, artículos sobre higiene, hospitales e investigación científica. Además, contaba con diversas secciones como bibliografía, necrológicas, actualidad, legislación y normativa. Publicaba también frecuentes suplementos con el escalafón del Cuerpo de Sanidad Militar, y con manuales legislativos y de instrucción para tropas y de la mutualidad de dicho cuerpo. La frecuencia de apari-
ción de la revista era quincenal en sus inicios, en entregas de cuarenta páginas, cambiando posteriormente a entregas mensuales que aumentaron hasta el centenar de páginas hasta su desaparición en julio de 1936. Sin embargo, durante la Guerra Civil, la publicación continuó con el nombre de Revista Española de Medicina y Cirugía de Guerra (1938-1945). Desde el Hospital Militar de Barcelona se publicaron numerosos artículos científicos en estas revistas a lo largo de los años. Una de las afecciones con mayor incidencia en los usuarios del hospital eran las enfermedades venéreas, lo que motivó varias publicaciones en estas revistas. Un ejemplo fue Apuntes clínicos de venereología y sifilografía en el que Antonio Solduga Pont, médico mayor del hospital, escribió sobre las enfermedades de transmisión sexual de los enfermos que pasaron por el hospital. En él revisaba su epidemiología (más de 600 enfermos en un año) y su prevención así como los tratamientos médicos o quirúrgicos de las diferentes infecciones57. Otro ejemplo fue Profilaxis venérea en Barcelona con aplicación especial al ejército, publicado en dos partes en 1913 por Casto López Brea, subinspector médico de primera clase y director del hospital58,59. El artículo trataba sobre el gran problema que suponían estas
aplicado muchos centenares de inyecciones, y el crédito de la eficacia de tal medicación sigue atrayendo á muchos que no hubieran demandado ser hospitalizados, y que hubieran pasado desapercibidos al celo de los Médicos de los Cuerpos encargados de hacer el reconocimiento mensual [...] ».
enfermedades y su efecto sobre los diferentes ejércitos europeos, incluido el español. Además, ​​hacía una mención especial al Hospital Militar y a las medidas que deberían aprobarse para hacer frente a la situación58,59: «En mi carácter de Director de este Hospital militar, y por la circunstancia de llevar quince años en esta Plaza, he tenido ocasión de apreciar cómo ha ido aumentando el máximum de los ingresados por enfermedades venéreas. Hasta hace pocos años no se reunía nunca en esta clínica un número mayor de sesenta individuos, y esto ocurría raras veces, observándose preferentemente en la época de incorporación de los reclutas; en los últimos años, en numerosas ocasiones la cifra de los asistidos ha pasado de cien, y aun ahora se acerca á este número. Bien es verdad que en este año y en el anterior han ingresado muchos sifilíticos en fases latentes, atraídos por el señuelo de la administración del salvarsán, del que se han
Figura 8: Imagen radiológica en que se observa un fragmento de bala63
Hubo también publicaciones sobre traumatología como Dos casos de exostosis osteogénicas o de crecimiento publicados por Francisco Soler y Garde (1867-1932, Jefe de Cirugía del Hospital Militar de Barcelona e Inspector General de Sanidad Militar de Cataluña) y Antonio Casares Gil (1871-1929), médicos mayores, en el año 190860. Este artículo relata las historias clínicas de dos pacientes en las que se hace referencia a la cronología de los hechos, el diagnóstico y el tratamiento. Es interesante resaltar que en este artículo se adjuntan radiografías de las exostosis, así como
Figura 9: Gráfica de la evolución clínica de un paciente gastrectomizado por ulcus perforado64
de la histología de la pieza quirúrgica (Fig. 7). Otro artículo de traumatología fue Un nuevo método de circunvalación de la rótula de Antonio Solduga Pont, publicado en 1911 y que fue argumentado en el número siguiente por otro médico mayor, Francisco Soler y Garde61,62. Es interesante ver cómo estas revistas incorporaron los avances científicos y tecnológicos de la época, con la aparición de las técnicas de rayos X así como los análisis químicos e histológicos. Un ejemplo se encuentra en el artículo Heridas por fragmentos de bomba, radiografía de la mano publicado en 1907 por Soler y Garde63. En esta publicación se hacía referencia a Antonio Casares Gil, encargado de los servicios de rayos X y del laboratorio del Hospital Militar, y le dedicaba el siguiente comentario63: «Este cultísimo compañero tiene a su cargo la cámara de rayos X y el Laboratorio histo-químico-bacteriológico del Hospital Militar de Barcelona, y diaria y brillantemente resuelve múltiples y difíciles problemas (examen histológico y análisis de esputos, orina, sangre, otros humores y piezas patológicas diversas, radioscopia y radiografía de fracturas, luxaciones, tumores, cuerpos extraños, etc.), procedentes no sólo de las clínicas del hospital, si que también a menudo de las familias de Generales, Jefes y Oficiales de la guarnición.»
En el artículo se comentaban las descripciones de lesiones por arma de fuego, así como el uso de la radioscopia y la radiografía de rayos X como técnicas de imagen (Fig. 863). Las publicaciones en ocasiones se referían a procesos no estrictamente militares, como en el caso de Dos gastrectomías de urgencia por ulcus perforado gastro-duodenal publicado por el comandante médico Rafael Olivares en 193464. En el artículo se explicaban las historias clínicas de los pacientes en cuestión e incluía gráficas sobre su evolución clínica (Fig. 964). A lo largo de los años se publicaron artículos de diversa índole en las revistas mencionadas, desde casos clínicos hasta resúmenes de las sesiones de la Sociedad Científica de Sanidad Militar de Barcelona, pasando por estadísticas de las afecciones que atendía el hospital. La bibliografía de la época muestra los numerosos artículos de interés científico que fueron
publicados por parte de los médicos que trabajaban en el Hospital Militar de Barcelona, dejando patente su importante contribución a la producción científica y al progreso de la sanidad militar a lo largo de los años.
LA ATENCIÓN MÉDICA El hospital durante la Guerra de la Independencia Durante los años que duró, la ocupación del hospital fue desigual y cambiante, tanto en el número de heridos y pacientes atendidos como en el número de defunciones que se produjeron en el hospital. Aunque en la bibliografía revisada no se han encontrado datos concretos del número de pacientes que en él se atendía, la crónica de la ocupación recogida en Barcelona cautiva o sea diario exacto de lo ocurrido en la misma ciudad mientras la oprimieron los franceses 1808-181418-24 da una idea de cuáles debían ser. En la obra citada, se recoge el estado general de los soldados franceses fallecidos en Barcelona entre 1808 y 1812 que, en su mayoría, eran atendidos en los hospitales militares de la ciudad. Sin embargo, el Hospital Militar de Tallers sólo estuvo activo en los años 1809 y 1810 de este periodo, ya que a partir de 1811 el hospital interrumpió momentáneamente su funcionamiento debido al descenso en el número de pacientes (Tabla 1). El Hospital en sus primeros años Durante los años siguientes al fin de la Guerra de la Independencia, el uso que se hizo del edificio como hospital fue intermitente y no se han encontrado datos sobre los pacientes atendidos durante ese período. Cuando el edificio se convierte definitivamente en hospital militar, los datos de los pacientes atendidos son recogidos y publicados. Una de las primeras referencias del número de pacientes atendidos se halla en Barcelona Antigua y Moderna29. Esta obra analizó el septenio 1845-1851 (Tabla 2). Del análisis de los datos, se observa que se atendía un promedio de 4.000 pacientes anuales de los cuales alrededor de 200 fallecían. Una excepción son los datos del año 1849 en el que se atendió a 11.202 pacientes y el número de
fallecidos ascendió a 31929. Posiblemente el elevado número de ingresos se debió a los enfrentamientos producidos durante la Segunda Guerra Carlista (1846 a 1849). En el Manual histórico-topográfico estadístico y administrativo o sea guía general de Barcelona65 se encuentran datos más concretos a 31 de diciembre de 1845 en cuanto a la tipología clínica de los pacientes: 168 enfermos pertenecían a la sección de medicina, 126 a la de cirugía, 66 a la de enfermedades venéreas y 47 a la de sarna, lo que hacía un total de 407 enfermos. En el total del año 1845 se produjeron 205.512 estancias, con un coste de cada una de ellas de 5 reales y 6 maravedíes por lo que el total ascendió a 1.061.704 reales y 16 maravedíes pagados por el Ministerio de la Guerra65. En la Gaceta Médica de agosto de 185166 se recogía una clasificación de las enfermedades más prevalentes en los hospitales militares de Cataluña pero puede asumirse que lo eran también en el de Barcelona. De las de la sección de medicina, las que causaron más ingresos fueron las enfermedades que causaban poca mortalidad, como las llamadas calenturas intermitentes simples o las afecciones reumáticas agudas. Las que produjeron
Tabla 1: Soldados franceses fallecidos en los hospitales militares de Barcelona (18081812)24
Ingresados (1/1)
Ingresados (31/12)
Tabla 2: Atención médica del Hospital Militar en el septenio 1845-185129
más muertes fueron las enfermedades respiratorias crónicas. De la sección de cirugía destacaban por frecuencia las venéreas y la sarna, mientras que las que causaron más muertes fueron los tumores y las úlceras66. Fue en esa época que se impulsó una medida para mejorar el servicio de las tropas en Cataluña, que consistía en la concentración en los hospitales militares de los enfermos existentes en los hospitales civiles66. La Gaceta Médica realizó la crónica siguiente sobre este hecho66: «Sin temor de arrepentirme, puedo asegurar que los hospitales militares de Cataluña hace años, especialmente desde la terminación de la guerra, se han convertido en unos depósitos de enfermos crónicos y graves. A ellos acuden todos los enfermos estacionarios y casi incurables de los hospitales civiles, después de haber estado en ellos meses y meses. No hay relevo de guarnición en esta capital, que al venir á ella los cuerpos de las provincias no traigan un gran número de enfermos de los que tenían en los hospitales civiles. Así es que los profesores de este hospital militar se han visto en la precisión de consignar en sus sesiones
facultativas y de elevarme oficialmente parte del pésimo y crítico estado en que entran la mayor parte de los enfermos que vienen de los hospitales civiles. Prueba de esta verdad es el número de enfermos de los hospitales militares que pasan de 60 estancias, comparado con el total de ellos, pudiendo asegurarse con toda verdad que las tres quintas partes de enfermos existentes en dichos establecimientos son casos muy graves y crónicos.»
En cuanto a la mortalidad total, existen diversas referencias en publicaciones de la época. En la revista Industria e Invenciones67 se menciona que se produjeron 1.304 muertes en el periodo 1856-1865, mientras que entre 1861 y 1880 este número ascendió a 3.436, según la memoria leída por Pedro García Faria en el Ateneo Barcelonés en 188467. En su número de septiembre de 1884 esta revista ofrecía información de los diez años previos (1874-1884), con una media anual de 353 enfermos ingresados, 4.374 ingresos nuevos y 171 fallecimientos. Por tanto, la mortalidad referida al número de enfermos atendidos en el hospital era de 482 por 1.000 y la relativa al número total
anual de enfermos de 39 por 1.00067. Comparativamente con los hospitales civiles, dicha revista afirmaba que a igual grado de insalubridad correspondía siempre mayor número de defunciones en el hospital civil que en el militar, pues al primero acudía gente de todas las edades, países y condiciones, mientras que el segundo atendía, en general, gente joven y robusta que no se encontraba en el precario estado de los que se atendían en el Hospital de la Santa Creu68. Las epidemias de cólera de 1854 y 1865 Durante el siglo XIX el cólera golpeó fuertemente la ciudad en varias ocasiones, produciéndose en 1854 y 1865 dos episodios epidémicos muy importantes. El Almanaque de Barcelona de 1866 comparó ambas epidemias y estableció que la de 1854 fue más grave en cuanto a número de muertes, pues ascendieron a 6.419 personas en Barcelona, 2.654 personas más que la del año 1865, en que murieron 3.76569. En el Hospital Militar se observó un aumento de la mortalidad, especialmente durante el mes de septiembre, en el que murieron 35 personas, cifra muy superior a la media de 10 personas de meses anteriores69. En 1865 las muertes por cólera fueron 3.765, de las que 66 correspondieron al Hospital Militar69. Sin embargo, hay discrepancias en cuanto al total de muertes ocasionadas por esta epidemia, ya que según el Compilador Médico sólo hubo 31 muertes por este motivo en el Hospital Militar aunque en éstas sólo se incluyeron las de pacientes que presentaron los síntomas característicos o bien síntomas alarmantes que permitieron clasificarlos como cólera morbo epidémico70. La recopilación de las estadísticas del Hospital Militar Diversas publicaciones recogieron las estadísticas de los pacientes que pasaron por el Hospital Militar de Barcelona a lo largo de su existencia. Una de las que lo hizo por más tiempo fue el Almanaque de Barcelona, ​​un suplemento del Diario de Barcelona que se publicó entre 1857 y 1919, donde se ofrecía, entre otras informaciones, los datos estadísticos de la ciudad de Barcelona. Aunque la publicación databa
de 1857, en aquellos 9 primeros años no se incluían los datos referentes al Hospital Militar, teniendo que esperar hasta 1866 para encontrar las primeras referencias71 . El período analizado en cada una de estas publicaciones no se encontraba anualizado de enero a diciembre, sino que comprendía el período transcurrido entre el 1 de octubre de dos años antes de la publicación hasta el 30 de septiembre del año previo a esta. Para cada uno de los meses del período se ofrecían los siguientes datos: pacientes ingresados a día 1 de cada mes, ingresos, altas y defunciones en los 12 meses. Asimismo, daba información sobre el número de estancias en función de si eran del Ministerio de Guerra o de otros ministerios, aunque este dato no está desglosado ​​en todas las ediciones (Fig. 10). La última publicación del Almanaque de Barcelona que recoge los datos del Hospital Militar de Barcelona fue la de 1909 (comprende del 1 de octubre de 1907 a finales de septiembre de 1908). Existieron otras publicaciones que recogieron también datos estadísticos de los pacientes que pasaron por el Hospital Militar. Una de ellas es el Anuario Estadístico de la Ciudad de Barcelona, que se publicó de 1902 a 1920. Hasta 1909 recogió los siguientes datos: pacientes ingresados a día 1 de cada mes, ingresos, altas y defunciones en los 12 meses, así como número de hospitalidades causadas. No obstante, durante 1910, 1911 y 1912, el anuario no publicó los datos sobre el Hospital Militar, aunque a partir de 1913 recuperó tal información72. A partir de 1913 la publicación incorporó nueva información sobre el Hospital. Se desglosaban los datos en función de las enfermedades principales que se atendían: enfermedades infecciosas, afecciones del sistema nervioso, aparato visual, aparato respiratorio, aparato digestivo, tegumento externo y del aparato locomotor, así como lesiones por causas externas. Dentro de cada grupo se incluía una subclasificación en función de la enfermedad o síntomas que presentaban los pacientes; por ejemplo, dentro del grupo de enfermedades infecciosas se separaban los pacientes en afectos de sífi ación siguió con este formato hasta 1920, cuando se amplió más la información, clasificando a los pacientes en función de su enferme-
dad y analizando por separado cada uno de los cuerpos militares: artillería, ingenieros, infantería y caballería, entre otros. Durante los años 1921 y 1926 no se publicaron datos referentes a la estadística de la ciudad de Barcelona ​​y no fue hasta 1927 que se recuperó la publicación de éstas gracias a un suplemento de la Gaceta Municipal de Barcelona que llevaba por título Estadística: Anexo de la Gaceta Municipal74. Esta publicación de periodicidad mensual facilitaba los datos siguientes del Hospital Militar: pacientes ingresados a finales del mes anterior, ingresos, salidas por fallecimiento u otras causas, pacientes que quedaban en tratamiento y tasa de mortalidad por mil enfermos. Asimismo, se desglosaban estos datos en función de qué enfermedad estaban afectos. Sin embargo, la publicación de los datos específicos del Hospital Militar sólo se realizó mensualmente durante los años 1927, 1928 y 1929. A partir de ese año ya no se dispuso de los datos del establecimiento. A partir de 1930, el Anexo de Estadística de la Gaceta Municipal solamente publicó las estadísticas de los hospitales civiles de la ciudad, omitiendo los datos del Hospital Militar. Al año siguiente, la publicación ofreció los datos de mortalidad de la ciudad en función del distrito administrativo, así como de si murieron o no en los nosocomios de la ciudad. El Hospital Militar de Barcelona estaba situado en el distrito V según la división administrativa de la ciudad, que corresponde en la actualidad al barrio del Raval. Dentro de este distrito coexistían otros centros sanitarios, por lo que determinar qué peso tenía el Hospital Militar sobre el total de la mortalidad es una empresa difícil. En los años siguientes ninguna de las publicaciones revisadas ofrece datos referentes al Hospital Militar. La actividad quirúrgica El Hospital Militar disponía de quirófanos en los que se realizaba una amplia variedad de intervenciones. En 1915, el médico mayor Antonio Solduga publicó varios artículos en la Revista de Sanidad Militar sobre las estadísticas quirúrgicas del hospital75. La información que se recogía en estos artículos abarcaba las operacio-
nes realizadas entre el 1 de septiembre de 1913 y el 1 de julio de 1915. Se tuvo en cuenta sólo aquellos casos en los que fue preciso emplear la anestesia general, existiendo un gran número de pequeñas intervenciones (por ejemplo, no se contabilizaron 37 fracturas) que no la necesitaron. El artículo empezaba puntualizando lo siguiente75: «Debiendo consignar que no teniendo tan importante servicio asignado oficialmente ningún ayudante Médico á las órdenes del Jefe de la Clínica, se ha llenado tan indispensable vacío con la abnegación y entusiasmo de compañeros tan distinguidos como los Médicos primeros Sres. Nogueras, Aznar y Minguillón, los cuales, llevados por su afición á la Cirugía, á pesar de tener otros destinos en esta Plaza, han prestado su valiosa cooperación como ayudantes, y sería pecar de ingrato, si desde el comienzo de este trabajo no les diera las gracias en nombre propio, y creo que lo son también acreedores á que se les den en nombre del Cuerpo.»
Esta introducción ya advertía sobre las limitaciones de personal del servicio quirúrgico, lo que no impidió una notable actividad. Durante este período se operó a 186 pacientes. Entre las indicaciones quirúrgicas destacaban, por su frecuencia, la corrección de hernias crurales (28 intervenciones), la gastroenterostomía (14), la reparación de fístulas anales (12) y las operaciones por hidroceles y varicoceles (9 y 7 intervenciones, respectivamente). En referencia al resultado clínico, 4 pacientes fallecieron: dos operados de traqueotomía, uno de hernia y uno de esplenectomía75. La serie de siete artículos incluyó además comentarios teóricos sobre las operaciones más frecuentes, explicando cuál era el abordaje quirúrgico y la técnica empleada en cada caso, así como las historias clínicas de algunos pacientes. Tienen un gran interés para conocer cómo se practicaba la cirugía en esa época dentro de un centro de sanidad militar. Estudio comparativo de la actividad asistencial La comparación de datos absolutos del Hospital Militar de Barcelona con ​​ otro hospital civil de la ciudad, como el Hospital de la Santa Creu, es compleja, ya que el número y el tipo de
pacientes que atendían uno y otro eran muy diferentes. Sin embargo, los datos publicados por el Anuario Estadístico de Barcelona permiten una comparación entre estas dos entidades asistenciales. Si se considera, por ejemplo, el año 1913, el Hospital de la Santa Creu contabilizó 467.072 estancias mientras que en el Hospital Militar fueron 109.57776. Asimismo, el número de defunciones ocurridas en el primero fue de 963 mientras que en el segundo fue de 3876. La diferencia de la mortalidad en uno y otro establecimiento se debe en gran medida a la población que atendían. En el primero se trataba a población de todas las edades, incluyendo la pediátrica y la geriátrica que suponían gran parte de estas muertes. En el Hospital Militar se atendía, en general, a población joven, menos propensa a fallecer. Si se analizan las enfermedades más frecuentes, en el Hospital Militar las que causaban más consultas y hospitalizaciones eran las enfermedades infecciosas de etiología venérea. En los datos del Anuario Estadístico de Barcelona se observa cómo éstas suponían más de 700 ingresos anuales de un total de 3.500. A pesar de ser las más frecuentes y ocasionar una gran morbilidad, tenían poco impacto en la mortalidad, ya que raramente se producían muertes directas por esta causa76. Las enfermedades del aparato respiratorio, como las neumonías y las bronquitis agudas, así como las del aparato digestivo, eran otras afecciones frecuentes, suponiendo un volumen de 800-900 entradas anuales. A diferencia de las venéreas, sí que ocasionaban fallecimientos, llegando a suponer un tercio del total de muertes del hospital (12 - 15 sobre un total de 30 - 50)76. Si se comparan estos datos con los del Hospital de la Santa Creu, se observa que las enfermedades venéreas tenían en éste un peso inferior. En cambio, las enfermedades infecciosas propias de ciertos estados de inmunodepresión, como los extremos de la vida, ganaban importancia. Es el caso de la tuberculosis, que causó 260 muertes en 1913 frente a las 9 producidas por esta causa ese mismo año en el Hospital Militar76. Los datos publicados muestran cómo la tasa de mortalidad era inferior en el Hospital Militar al compa-
Figura 10: Ejemplo de datos del Hospital Militar, del 1 de octubre de 1875 a finales de septiembre de 1876, incluidos en el Almanaque de Barcelona73
rarla con otros establecimientos de asistencia médica. El suplemento de la Gaceta Municipal de Barcelona titulado Estadística: Anexo de la Gaceta Municipal publicó las tasas de mortalidad por cada 1.000 enfermos de algunos de los centros de asistencia médica de la ciudad, tales como el Hospital Militar, el Hospital Clínico y el Hospital de la Santa Creu74. To-
mando como ejemplo el mes de febrero de 192777, se puede observar cómo la tasa de mortalidad por cada mil enfermos del Hospital Militar (13,8 ‰) era inferior a la del Hospital Clínico (39,2 ‰), a la del Hospital de la Santa Creu (100,6 ‰) y a la del Hospital Municipal de Infecciosos (122,6 ‰). Estas diferencias en la tasa de mortalidad pueden explicarse por el
tipo de población atendida en el Hospital Militar, en su mayoría hombres jóvenes en plenitud de sus condiciones físicas. Sumado a las condiciones inherentes de la edad, este colectivo vivía en unas condiciones de salubridad que tendía a ser mejor que una parte importante de la población de Barcelona. Asimismo, la alimentación, suministrada regularmente, era probablemente mejor que la accesible a los estratos de la población barcelonesa que era usuaria de los hospitales civiles.
CONCLUSIONES El presente artículo ha analizado las características de un hospital militar prácticamente desconocido, incluso
para los habitantes actuales de Barcelona. Contribuye al conocimiento de una importante institución del Ejército en Barcelona del que no existía hasta ahora información recopilada y organizada, a pesar de su importancia para la sanidad militar de la época. El Hospital no se construyó para tal fin, sino que provenía de la utilización de un edificio creado con otro objetivo. Este hecho no es una excepción en la historia de los centros sanitarios militares del pasado. El Hospital y las actividades que en él se desarrollaban se vieron marcados profundamente por los acontecimientos y el contexto cambiante durante los años que estuvo activo. Pese a ello, constituyó un importante elemento para atender a los miembros de la milicia que lo precisaron. Los profesionales que trabajaron en el Hospital Militar de Barcelona mostraron un gran interés por los
aspectos científicos de la medicina y contribuyeron a su progreso mediante numerosas actividades académicas, entre las que se encuentran la creación de diversas sociedades científicas y la realización de un vasto número de artículos científicos publicados en las mejores revistas de medicina castrense de la época. La historia del Hospital no es sólo la historia de los facultativos médicos que en él ejercieron, sino que es también la historia de los pacientes que se atendieron entre sus muros. Como en la medicina civil, los pacientes eran el centro de la praxis médica, aunque las condiciones no fueron siempre las mejores para la atención de los enfermos. Las características demográficas de los pacientes que en él se atendían eran diferentes a los otros hospitales, lo que explica las particularidades de la atención médica de estos.
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References: artículo 21
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 artículo 1
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