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Timestamp: 2019-04-18 14:24:01+00:00

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Suma Teológica I-II Qu.99 a.3
ARTÍCULO 3 Además de los morales, ¿contiene la ley antigua preceptos ceremoniales?
Objeciones por las que no parece que la ley antigua contenga otros preceptos ceremoniales además de los morales.
Objeciones: 1. La ley se da a los hombres para dirección de sus actos, ya que los actos humanos son actos morales, como se dijo antes (q.l a.3). Luego parece que en la ley antigua que se dio a los hombres no debe haber otros preceptos que los morales.
2. Los llamados preceptos ceremoniales son los que pertenecen al culto divino; pero el culto divino es cosa de la religión, la cual, según dice Tulio en su Rhetoric. , honra a la divinidad con el culto y las ceremonias. Y como los preceptos morales tienen por objeto los actos de las virtudes, según se dijo en el artículo precedente, parece que los preceptos ceremoniales no se distinguen de las morales.
3. Parece ser que los preceptos ceremoniales tienen por objeto significar alguna cosa de manera figurativa. Ahora bien, según dice San Agustín en II De doctr. christ. , son las palabras las que han alcanzado la principalidad en el orden de significar. Luego ninguna necesidad hubo de que en la ley se diesen preceptos ceremoniales figurativos.
. Contra esto: está lo que se dice en Dt 4,13: Os promulgó su alianza y os mandó guardarla: los diez mandamientos, que escribió sobre las tablas de piedra. Y a mí me mandó entonces el Señor que os enseñará las leyes y ceremonias que habíais de guardar en la tierra que vais a poseer. Los diez preceptos de la ley son los morales; luego, fuera de éstos, se dan también otros preceptos ceremoniales.
. Respondo: El principal intento de la ley divina es encaminar a los hombres a Dios, así como el de la ley humana mira a establecer el orden entre los mismos hombres. Por esto, las leyes humanas, al intervennir en la ordenación del culto divino, no miraban sino a promover el bien común de la humana sociedad. Con este fin idearon muchas cosas tocantes a las cosas divinas, en orden a fomentar las buenas costumbres de los hombres, como se ve en los ritos de los gentiles.
Pero la ley divina, al contrario, regula la vida de los hombres entre sí en orden a Dios, a quien principalmente los pretendía encaminar. Se encamina el hombre a Dios no sólo por los actos interiores, como son creer, esperar y amar, sino con las obras exteriores, con que el hombre protesta ser siervo de Dios. Pues estas obras tienen por objeto el culto divino. Este culto, según algunos , se llama ceremonia, como si dijéramos dones de Ceres, la diosa de las mieses, porque era de éstas de las que se hacían a Dios ofrendas. O bien, según Máximo Valerio , el nombre de ceremonia fue introducido entre los latinos para significar el culto divino, tomándolo de cierto lugar vecino de Roma llamado Cere, porque, al ser tomada Roma por los galos, en él se practicó el culto romano y se conservó con la máxima reverencia. Así, pues, aquellos preceptos de la ley que especialmente miran al culto divino se llaman ceremoniales.
Soluciones: 1. Los actos humanos miran también al culto divino, y así también la ley antigua debe contener preceptos sobre éste.
2. Según queda dicho (q.91 a.3), los preceptos de la ley natural son generales y necesitan de alguna determinación. Esto lo hacen la ley humana y la divina. Y como las determinaciones introducidas por la ley humana no se dicen de ley natural, sino de derecho positivo, así las que introduce la ley divina se distinguen de los preceptos morales, que pertenecen a la ley natural. Honrar a Dios es un acto de virtud impuesto por un precepto moral; pero la determinación concreta de este precepto, a saber, con qué víctimas y ofrendas
se ha de honrar a Dios, eso toca a los preceptos ceremoniales, los cuales se distinguen por esto de los morales.
3. Dice Dionisio, en el capítulo 1 del De cael. hierar. , que las cosas divinas no pueden ser manifestadas a los hombres sino mediante algunas semejanzas sensibles. Tales semejanzas mueven más el ánimo cuando a las palabras se añaden otros signos que afectan a los sentidos. Esta es la razón por la que en la Sagrada Escritura se comunican las cosas divinas, no sólo por semejanzas verbales, v. gr., por locuciones metafóricas, sino también por semejanzas reales, que impresionan los ojos. Estas son las ceremonias reguladas por los preceptos ceremoniales .
ARTÍCULO 4 Fuera de los preceptos morales y ceremoniales, ¿hay también preceptos judiciales?
Objeciones por las que parece que, fuera de los preceptos morales y ceremoniales, no hay otros preceptos judiciales en la ley vieja.
Objeciones: 1. Dice San Agustín en Contra Faustum que en la ley antigua existen preceptos sobre el gobierno de la vida y preceptos significativos de ella. Los primeros son los preceptos morales: los otros, los ceremoniales. Luego, fuera de estos dos géneros de preceptos, no hay en la ley lugar para los preceptos judiciales.
2. Sobre las palabras de Ps 118,102: No me aparté de tus juicios, dice la Glosa: Esto es, de aquellos juicios que has dado como regla de vida. Pero el ser regla de vida es de los preceptos morales; luego no hay motivo para distinguir de los preceptos morales los judiciales.
3. El juicio es un acto de justicia, según aquello de Ps 93,15: Hasta que vuelvan a la justicia los juicios. Pero los actos de la justicia, como los de las otras virtudes, pertenecen a los preceptos morales; luego éstos incluyen los judiciales y no hay razón para distinguirlos.
. Contra esto: está lo que se dice en Dt 6,1: Estos son los preceptos, las ceremonias y los juicios. Se llaman preceptos por antonomasia los morales; luego, fuera de éstos y de los ceremoniales, se dan también los judiciales.
. Respondo: Según hemos visto (a.2.3), la ley divina mira a establecer el orden entre los hombres y luego entre éstos y Dios. Una y otra cosa pertenece ejecutarlas, en común, a la ley natural mediante los preceptos morales; pero la determinación concreta de ambas cosas toca a la ley divina o humana, pues los principios naturalmente conocidos, tanto de las cosas especulativas como de las prácticas, son generales. Pues bien, así como la determinación del precepto general sobre el culto divino se realiza por los preceptos ceremoniales, así la determinación del precepto general de la justicia, que se ha de observar entre los hombres, pertenece a los preceptos judiciales.
Conforme a esto, debemos poner en la ley tres géneros de preceptos: los morales, que son los dictámenes de la ley natural; los ceremoniales, que son las determinaciones sobre el culto divino, y los judiciales, o sea, las determinaciones de la justicia que entre los hombres se ha de observar. Por donde el Apóstol, después de afirmar que la ley es santa, añade que el mandato es justo, y bueno, y santo. Lo justo mira a los preceptos judiciales; lo santo, a los ceremoniales, pues santo se dice cuanto está a Dios consagrado; lo bueno, esto es, lo honesto, mira a los morales.
Soluciones: 1. Tanto los preceptos morales como los judiciales se ordenan a la dirección de la vida humana, y así uno y otro se hallan contenidos en un solo miembro de los que señala San Agustín, a saber, el que comprende los preceptos que regulan la vida humana.
2. Juicio significa ejecución de justicia, la cual consiste en la aplicación precisa de la razón a casos particulares. De aquí que los preceptos morales participen en algo de los morales, por cuanto emanan de la razón, y en algo convienen con los ceremoniales, en cuanto son, como ellos, determinaciones de los preceptos generales. Por esto, a veces, bajo el nombre de juicios se comprenden los preceptos judiciales y morales, como en Dt 5,1: Oye, Israel, las ceremonias y juicios. Otras veces, bajo el mismo vocablo se designan los judiciales y ceremoniales, como en Lv 18,4: Observaréis mis juicios y guardaréis mis preceptos. Aquí preceptos significa los morales; juicios, los judiciales y los ceremoniales.
3. El acto de justicia, en general, pertenece a los preceptos morales, pero su determinación especial, a los judiciales.
ARTÍCULO 5 ¿Hay en la ley antigua otros preceptos, además de los morales, judiciales y ceremoniales?
Objeciones por las que parece que en la ley antigua, además de los preceptos morales, judiciales y ceremoniales se contienen algunos otros.
Objeciones: 1. Los preceptos judiciales pertenecen a la justicia, que regula las relaciones de unos hombres con otros; los ceremoniales, a la virtud de la religión, con que Dios es honrado. Pero, fuera de estas virtudes, hay otras, como la templanza, fortaleza, liberalidad y otras muchas, como dijimos antes (q.60 a.5); luego, fuera de los indicados preceptos, hay muchos otros en la ley antigua.
2. Se dice en Dt 11,1: Ama al Señor, tu Dios, y observa sus preceptos, y ceremonias, y juicios, y mandatos. Los preceptos son los morales, como se dijo en el artículo precedente; luego, a más de los preceptos morales, judiciales y ceremoniales, todavía hay en la ley los llamados «mandamientos».
3. Dícese en Dt 6,17: Guarda los preceptos del Señor, tu Dios, y los testimonios y las ceremonias que jo te mandé. Luego, fuera de todos los preceptos, hay en la ley «testimonios».
4. En Ps 118,93 se dice: jamás me olvidaré de tus justificaciones que la Glosa entiende por ley; luego los preceptos de la ley antigua no son sólo morales, ceremoniales y judiciales, sino también «justificaciones».
. Contra esto: está lo que se dice en Dt 6,1: Estos son los preceptos, las ceremonias y los juicios que os mandó el Señor. Luego bajo estos tres capítulos se comprenden todos los preceptos de la ley.
. Respondo: De cuantas cosas se contienen en la ley, unas hay preceptuadas, y otras que se ordenan a lograr el cumplimiento de los preceptos. Tienen éstos por objeto las cosas que se deben ejecutar, para lo cual dos cosas mueven al hombre: la autoridad del que manda y la utilidad del cumplimiento de lo que se manda. Esta utilidad está en la consecución de un bien provechoso o en la evitación de un mal contrario. Pues bien, en la ley se proponen ciertas cosas que expresan la autoridad de Dios, que manda, como aquello del Dt 6,4: Oye, Israel, e! Señor, tu Dios, es un Dios único; y aquello del Gn 1,1: Al principio creó Dios el cielo y la tierra. Semejantes cosas se llaman «testimonios». Pero en la ley debían proponerse también premios para los que observaren la ley y penas para los que la quebrantaren, como aparece por Dt 28,1: Si oyeres la voz del Señor, tu Dios..., El te hará más grande que todas las gentes, etc. Tales sentencias se llaman justificaciones, por cuanto, según ellas, Dios con justicia castiga o premia.
Las cosas que hay que ejecutar no caen bajo precepto sino en cuanto implican alguna razón de deber. Esta es de dos maneras: la una, que se funda en regla de la razón natural; la otra, en la norma de la ley que la determina. Y así el Filósofo distingue en V Ethic. una doble razón de justicia, la moral y la legal.
Pero el deber moral es también doble, pues la razón dicta que unas cosas se han de cumplir como necesarias, sin las que no puede subsistir el orden de la virtud, y otras como útiles para la conservación de ese mismo orden. Según esto, unas cosas se mandan o prohiben en la ley con rigor, como: No matarás, No hurtarás, etc. (Ex 20,13 Ex 20,15 Dt 5,17 Dt 5,19), y éstas se llaman propiamente «preceptos». Otras se mandan o prohiben sin este rigor, para el mejor cumplimiento de estos preceptos. Estas se llaman mandatos, que inducen o persuaden, como aquello del Ex 22,26. Si tomares en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de la puesta del sol. Y como éste, otros muchos.
San Jerónimo dice: En ios preceptos se contiene la justicia; en los mandatos, la caridad. El deber que nace de la determinación de la ley en las cosas humanas pertenece a los preceptos judiciales; en los divinos, a los ceremoniales.
Las mismas sanciones, que señalan los premios o las penas, se pueden llamar testimonios, por cuanto son ciertas protestaciones de la justicia divina. Aún más, todos los preceptos de la ley se pueden llamar justificaciones, en cuanto son ejecuciones de la justicia legal. También se pueden distinguir los preceptos de los mandatos, en que los primeros los manda Dios por sí mismo, y los segundos los manda por otros, como el mismo nombre parece indicar.
Resulta de todo esto que los preceptos todos de la ley se contienen bajo estos tres capítulos de preceptos morales, ceremoniales y judiciales. Los demás no tienen razón de preceptos y se ordenan a la observancia de los primeros, como antes se dijo .
Soluciones: 1. Sólo la justicia entre todas las virtudes importa la razón de deber; y así, las materias morales en tanto pueden ser determinadas por la ley en cuanto pertenecen a la justicia, de la que es una parte la religión, como dice Tulio. De manera que el derecho legal no puede subsistir fuera de los preceptos ceremoniales y judiciales.
4. La solución de las otras dificultades es clara por lo dicho en el cuerpo del artículo.
ARTÍCULO 6 ¿Debía la ley antigua inducir a la observancia de sus preceptos mediante promesas y amenazas temporales?
Objeciones por las que parece que la ley antigua no debía inducir a su observancia por promesas y amenazas temporales.
Objeciones: 1. El intento de la ley divina es hacer que los hombres se sometan a Dios por el temor y el amor, como se dice en Dt 10,12: Ahora, pues, Israel, ¿qué es lo que de ti exige el Señor, tu Dios, sino que temas al Señor, tu Dios, siguiendo por todos sus caminos, amando y sirviendo al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma? Pero la codicia de los bienes temporales aparta de Dios, según lo que dice San Agustín en Octoginta trium quaest. , que la codicia es el veneno de la caridad. Luego parece ser que las promesas y amenazas temporales son contrarias a la intención del legislador, lo que hace reprobable la ley, como dice el Filósofo en II Polit.
2. La ley divina supera en excelencia a la ley humana. Ahora bien, en las ciencias, cuanto una ciencia es más alta, tanto procede por métodos más altos.
Pues, como la ley humana se valga de promesas y amenazas temporales para inducir a los hombres a su observancia, la ley divina debió emplear medios más sublimes.
3. Lo que igual alcanza a los buenos y a los malos no puede ser premio de la justicia ni pena de la culpa. Pero, según se dice en Si 9,2, todo a todos sucede de la misma manera, una misma es la suerte que correrá el justo y el impío, el puro y el impuro, el que sacrifica y el que no ofrece sacrificios. Luego sin razón se ponen los bienes y los males temporales como premios y castigos de los preceptos de la ley divina.
. Contra esto: está lo que se dice en Is 1,19ss: Si vosotros queréis ser dóciles, comeréis los bienes de la tierra; si no queréis y os rebeláis, seréis devorados por la espada.
. Respondo: Como en las ciencias especulativas son inducidos los hombres al asentimiento por medios silogísticos, así en cualesquiera leyes son inducidos a la observancia de los preceptos por las penas y los premios. Ahora bien, en las ciencias especulativas se proponen los medios demostrativos según la condición de los oyentes. Pues como en las ciencias se debe proceder ordenadamente y empezar por las nociones más conocidas, así quien se propone inducir a los hombres a la observancia de los preceptos es preciso que empiece por moverles mediante los objetos que ellos aman, como se hace con los niños, a quienes se estimula a hacer una cosa mediante chucherías. Ya dijimos antes (q.91 a.5 ad 2; q.98 a. 1.2.3) que la ley antigua preparaba para Cristo como lo imperfecto para lo perfecto, y que se daba a un pueblo todavía imperfecto en comparación a la perfección que nos debía venir por Cristo, y así se compara aquel pueblo al niño que vive bajo el gobierno de su ayo en Ga 3,24. Consiste la perfección del hombre en que, despreciadas las cosas temporales, se adhiera a las espirituales, según aquella sentencia del Apóstol en Ph 3,13 Ph 3,15: Dando al olvido lo que queda atrás, me lanzo en persecución de lo que tengo delante..., y cuantos hemos llegado, esto mismo sintamos. Es de imperfectos desear los bienes temporales en orden a Dios; de perversos, poner en estos bienes temporales su fin. Luego muy razonable era que por los bienes temporales, que aman los imperfectos, fuesen los hombres conducidos a Dios .
Soluciones: 1. La codicia, por la que el hombre pone su fin en los bienes temporales, es veneno de la caridad, pero la consecución de los bienes temporales que el hombre desea en orden a Dios, es un medio de inducir a los imperfectos al amor de Dios, según aquello de Ps 48,19: Te confesará cuando le hicieres bien.
2. La ley humana induce a los hombres mediante premios y penas que los hombres han de conferir; pero la ley divina, por premios y penas que confiere Dios, y esto es proceder por medios más altos.
3. Quien conozca las historias del pueblo, verá que gozó de prosperidad siempre que fue fiel a la ley; pero que, en cuanto se apartaba de ella, llovían sobre él las calamidades. Sin embargo, algunos particulares observantes de la ley sufrían adversidades, o porque, siendo espirituales, por esta vía se desprendían más del amor a los bienes temporales y se acrisolaba su virtud, o porque, mientras ejecutaban interiormente las obras de la ley, tenían todo su corazón pegado a los bienes temporales, conforme aquello de Is 9,13: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí .
CUESTIÓN 100 Los preceptos morales de la ley antigua
Tenemos que inquirir a continuación sobre cada uno de los géneros de preceptos de la ley antigua (cf. q.99 introd.); y primero, de los morales; luego, de los ceremoniales (q.101), y en tercer lugar, de los judiciales (q.104).
Sobre los preceptos morales nos preguntamos: 1. ¿Son de ley natural todos los preceptos morales de la ley antigua? 2. Los preceptos morales de la ley antigua, ¿versan sobre los actos de todas las virtudes? 3. ¿Se reducen a los diez preceptos del decálogo todos los preceptos morales de la ley antigua? 4. De la distinción de los preceptos del decálogo. 5. De su número. 6. De su orden. 7. De su redacción. 8. ¿Son dispensables? 9. ¿Cae bajo precepto el modo de observar la virtud? 10. ¿Cae bajo precepto el modo de la caridad? 11. De la distinción de los preceptos morales. 12. ¿Justifican los preceptos morales de la ley antigua?
ARTÍCULO 1 ¿Son de ley natural todos los preceptos morales?
Objeciones por las que parece que todos los preceptos morales son de ley natural.
Objeciones: 1. En Si 17,9 se lee: Y añadióles la ciencia de la disciplina, dándoles en posesión una ley de vida. Pero la disciplina se contrapone a la ley natural, por cuanto la ley natural no es cosa aprendida, sino que se posee por instinto natural. Luego no todos los preceptos morales son de ley natural.
2. La ley divina es más perfecta que la humana; pero la ley humana añade a los preceptos de la ley natural otros tocantes a las buenas costumbres, lo que se demuestra por el hecho de que la ley natural es la misma en todos los pueblos, y las costumbres son diversas en los diferentes pueblos; luego con mayor razón la ley divina añadirá a la ley natural algunas reglas de buenas costumbres.
3. Así como la razón natural induce a algunas buenas costumbres, igual la fe, por lo cual se dice en Ga 5,6 que la fe es activa por la caridad. Pero la fe no se halla contenida en la ley natural, pues que es de aquellas cosas que superan la razón; luego no todos los preceptos morales de la ley divina son de ley natural.
. Contra esto: está lo que dice el Apóstol a los Romanos, Rm 2,14: Los gentiles que, guiados por la razón natural, sin ley, cumplen los preceptos de la ley, ellos mismos, sin tenerla, son para sí mismos ley. Luego todos los preceptos morales de la ley son de ley natural.
. Respondo: Los preceptos morales se distinguen de los ceremoniales y judiciales. Los morales versan directamente sobre las buenas costumbres.
Ahora bien, estas costumbres se regulan por la razón, que es la norma propia de los actos humanos, y así aquéllos serán buenos que concuerdan con la razón, y malos los que de ella se apartan. Y como todo juicio de la razón especulativa se funda en el conocimiento natural de los primeros principios, así todo juicio de la razón práctica se funda en ciertos principios naturalmente conocidos, como dijimos, de los cuales se procede de diferente modo en la formación de los diversos juicios. Porque en los actos humanos hay cosas tan claras que con una pequeña consideración se pueden aprobar o reprobar, mediante la aplicación de aquellos primeros y universales principios. Otras hay cuyo juicio requiere mucha consideración de las diversas circunstancias, que no todos alcanzan, sino sólo los sabios, como la consideración de las conclusiones particulares de las ciencias no es de todos, sino de sólo los filósofos. Otras hay para cuyo juicio necesita el hombre ser ayudado por la revelación divina, como son las cosas de la fe.
Resulta, pues, claro que, versando los preceptos morales sobre las buenas costumbres, rigiéndose éstas por la razón natural y apoyándose de algún modo todo juicio humano en la razón natural, sigúese que todos los preceptos morales son de ley natural, aunque en diverso modo. Pues unos hay que cualquiera, con su razón natural, entiende que se deben hacer o evitar; v.gr.: Honra a tu padre y a tu madre. No matarás. No hurtarás y otros tales, que son absolutamente de ley natural. Otros hay que se imponen después de atenta consideración de los sabios, y éstos son de ley natural, pero tales que necesitan de aquella disciplina con que los sabios instruyen a los rudos; v.gr.: Levántate ante la cabeza blanca y honra la persona del anciano (Lv 19,32); y como éste, otros semejantes.
Finalmente, otros hay cuyo juicio exige la enseñanza divina, por la que somos instruidos de las cosas divinas, como aquello: No te harás imágenes talladas ni figuración alguna. No tomarás en vano el nombre de tu Dios .
A las objeciones: es evidente por lo expuesto. .
ARTÍCULO 2 ¿Versan sobre todos los actos de virtud los preceptos morales de la ley?
Objeciones por las que parece que los preceptos morales de la ley no versan sobre todos los actos de virtud.
Objeciones: 1. La observancia de los preceptos de la ley antigua se llama justificación,
según aquello de Ps 118,8: Guardaré tus justificaciones. Pero la justificación es la práctica de la justicia; luego los preceptos morales no versan más que sobre los actos de la justicia.
2. Lo que cae bajo precepto tiene razón de deber. Pero esta razón de deber no es de todas las virtudes, sino de sola la justicia, cuyo acto propio es dar a cada uno lo que le es debido; luego los preceptos morales de la ley no versan sobre los actos de las obras virtudes, sino sobre solos los actos de la justicia.
3. No se da una ley sino por el bien común, como dice San Isidoro. Pero, de todas las virtudes, sola la justicia mira el bien común, según dice el Filósofo en V Ethic. ; luego los preceptos morales no versan sino sobre actos de justicia.
. Contra esto: está lo que dice San Ambrosio que el pecado es la transgresión de la ley divina, la desobediencia a los celestes preceptos. Pero los pecados se oponen a todos los actos de las virtudes; luego la ley divina debe ordenar los actos de todas las virtudes.
. Respondo: Los preceptos de la ley se ordenan al bien común, según se dijo atrás; por tanto, es preciso que los preceptos de la ley se diferencien según los diversos modos de comunidad. Y así dice el Filósofo en su Política que unas son las leyes que convienen a una ciudad regida por un rey, otras las que convienen a la gobernada por el pueblo o por algunos primates de la ciudad. Ahora bien, el modo de comunidad al que se ordena la ley humana es distinto de aquel al que se ordena la ley divina. La ley humana se ordena a regir la comunidad de los hombres entre sí. Pero los hombres se relacionan unos con otros por los actos exteriores con que unos con otros se comunican, y esta comunicación pertenece a la justicia, que propiamente es directiva de la sociedad humana. Por esto, la ley humana no impone preceptos sino de actos de justicia; y si alguna cosa manda de las otras virtudes, no es sino considerándola bajo la razón de justicia, como dice el Filósofo en V Ethic.
Pero la comunidad que rige la ley divina es de los hombres en orden a Dios, sea en la vida presente, sea en la futura; y así la ley divina impone preceptos de todos aquellos actos por los cuales los hombres se ponen en comunicación con Dios. El hombre se une con Dios por la mente, que es imagen de Dios, y así la ley divina impone preceptos de todas aquellas cosas por las que la razón humana se dispone debidamente, y esto se realiza por los actos de todas las virtudes. Pues las virtudes intelectuales ordenan los actos de la razón en sí mismos; las morales los ordenan en lo tocante a las pasiones interiores y a las obras exteriores. Por aquí se ve claro que la ley divina impone preceptos sobre los actos de todas las virtudes, pero de suerte que aquellos sin los que no se conserva el orden de la virtud, que es el de la razón, caen bajo la obligación del precepto; otros, que pertenecen a la perfección de la virtud, caen bajo la amonestación del consejo.
Soluciones: 1. El cumplimiento de los preceptos de la ley, aun los que tratan de las otras virtudes, tiene también razón de justificación, en cuanto es justo que el hombre obedezca a Dios o en cuanto es justo que todo cuanto hay en el hombre se someta a la razón.
2. La justicia mira propiamente a los deberes que un hombre tiene para con otro; pero en todas las otras virtudes se atiende a la subordinación de las fuerzas inferiores a la razón, y conforme a este concepto de deber habla el Filósofo en V Ethic. de cierta justicia metafórica.
3. La respuesta es clara por lo dicho sobre la diversidad de sociedades.
ARTÍCULO 3 ¿Se reducen a los diez preceptos del decálogo todos los preceptos morales de la ley antigua?
Objeciones por las que parece que no todos los preceptos morales de la ley antigua se reducen a los diez preceptos del decálogo.
Objeciones: 1. Los primeros y principales preceptos de la ley son: Amarás al Señor, tu Dios, y amarás a tu prójimo, como se lee en Mt 22,37 Mt 22,39. Pero estos dos preceptos no se contienen en el decálogo; luego no todos los preceptos morales se hallan contenidos en los preceptos del decálogo.
2. Los preceptos morales no se reducen a los ceremoniales, sino al contrario; pero entre los preceptos del decálogo hay uno ceremonial, a saber: Acuérdate de santificar el día del sábado ; luego no todos los preceptos morales se reducen a los preceptos del decálogo.
3. Los preceptos morales versan sobre todos los actos de virtud; pero entre los preceptos del decálogo sólo se ponen los que tocan a la justicia, como es claro a quien los lea; luego los preceptos del decálogo no contienen todos los preceptos morales.
. Contra esto: está lo que sobre aquellas palabras de Mt 5,11: Bienaventurados cuando os maldijeren, dice la Glosa: Moisés propone los diez preceptos, que luego declara por partes. Luego todos los preceptos de la ley son partes de los preceptos del decálogo.
. Respondo: Se diferencian los preceptos del decálogo de los demás en que aquéllos, según dice el texto, fueron propuestos por Dios mismo al pueblo, mientras que los otros lo fueron por Moisés. Forman, pues, el decálogo aquellos preceptos que el hombre por sí mismo recibe de Dios. Tales son los que con breve reflexión pueden ser deducidos de los primeros principios y, además, aquellos que luego se conocen mediante la fe infundida por Dios. Hay, por tanto, entre los preceptos del decálogo dos géneros de preceptos que no se cuentan: los primeros y universales, que no necesitan promulgación, porque están escritos en la razón natural como de suyo evidentes: por ejemplo, que no se ha de hacer mal a ningún hombre, y otros tales, y luego aquellos otros que por diligente investigación de los sabios se demuestra estar conformes con la razón. Estos preceptos llegan al pueblo mediante la enseñanza de los doctos.
Unos y otros preceptos se hallan contenidos en los del decálogo, pero diversamente, porque los primeros y universales se hallan contenidos como los principios en sus próximas conclusiones; los que sólo por los sabios son conocidos, se contienen en ellos como conclusiones en sus principios.
Soluciones: 1. Aquellos dos preceptos son los preceptos primeros y universales de la ley natural, de suyo evidentes a la razón, o por la naturaleza, o por la fe; y así los preceptos del decálogo se reducen a ellos como conclusiones a sus principios.
2. El precepto de la observancia del sábado es en parte moral, a saber, en cuanto en él se prescribe que el hombre vaque algún tiempo a las cosas divinas, según lo que se dice en Ps 45,11: Vacad y ved que yo soy Dios. Según esto se cuenta entre los preceptos del decálogo, no en lo que mira a la fijación del tiempo, pues bajo este aspecto es ceremonial.
3. La razón de deber no es tan clara en las otras virtudes como en la justicia, y por eso los preceptos sobre los actos de las otras virtudes no son tan conocidos del pueblo como los preceptos sobre los actos de la justicia. De manera que los actos de la justicia especialmente caen bajo los preceptos del decálogo, que son los primeros elementos de la ley.
ARTÍCULO 4 ¿Están bien distinguidos los preceptos del decálogo?
Objeciones por las que parece que los preceptos del decálogo no están bien distinguidos.
Objeciones: 1. La virtud de latría es distinta de la virtud de la fe. Ahora bien, los preceptos se dan sobre los actos de las virtudes, y lo que se lee al principio del decálogo:
No tendrás otros dioses delante de mí pertenece a la fe; y lo que luego añade: No te harás imágenes talladas, pertenece a la latría. Luego hay aquí dos preceptos, y no uno, como dice también San Agustín .
2. En la ley se distinguen los preceptos afirmativos de los negativos; v.gr.: Honra a tu padre y a tu madre y No matarás. Pero la sentencia Yo soy el Señor tu Dios es afirmativa, y la que sigue: No tendrás dioses extraños delante de mí, es negativa; luego éstos son dos preceptos, y no uno solo, como dice San Agustín (ibid.).
3. Dice el Apóstol en Rm 7,7: Yo ignoraba la codicia basta que la ley me dijera: No codiciarás. Luego parece que este precepto: No codiciarás, sea un solo precepto y que no debió dividirse en dos.
. Contra esto: está la autoridad de San Agustín, citada en la Glosa sobre el Éxodo , que pone tres preceptos sobre Dios y siete sobre el prójimo.
. Respondo: De diferente manera distinguen los preceptos del decálogo los intérpretes. Hesiquio sobre aquello de Lv 26,26: Diez mujeres cocerán el pan en un solo horno, dice que el precepto de la observancia del sábado no es uno de los diez preceptos, porque a la letra no se ha de observar perpetuamente.
Sin embargo, distingue cuatro preceptos sobre Dios, siendo el primero: Yo soy el Señor, tu Dios; el segundo: No tendrás otros dioses ante mí (y así también San Jerónimo distingue dos preceptos sobre aquellas palabras de Os 10,10, A causa de tus dos iniquidades). El tercer precepto dice que es: No te harás imágenes talladas; y el cuarto: No tomarás en vano el nombre de tu Dios. Los preceptos que se refieren al prójimo son seis. El primero Honra a tu padre y a tu madre; el segundo: No matarás; el tercero: No adulterarás; el cuarto: No hurtarás; el quinto: No levantarás falso testimonio; el sexto: No codiciarás.
Pero a esta distinción se ofrecen varios inconvenientes. Primero, la inserción del precepto sabático entre los del decálogo, si es verdad que no pertenece al mismo. Segundo, que estando escrito en Mt 6,24: Nadie puede servir a dos señores, lo mismo es y bajo el mismo precepto debe ser comprendido: Yo soy el Señor, tu Dios y No tendrás otros dioses. Por donde Orígenes distingue también cuatro preceptos referentes a Dios y reduce estos dos a uno solo, poniendo por segundo: No te harás imágenes talladas; el tercero: No tomarás en vano el nombre de tu Dios, y el cuarto: Acuérdate de santificar el día del sábado. Los otros seis los distingue igual que Hesiquio.
Pero como hacer imágenes talladas o figuras no se prohibe sino porque no sean adoradas como dioses (pues en el tabernáculo mandó Dios hacer las imágenes de los serafines, según se dice en Ex 25,18s), más razonablemente San Agustín incluye en un solo precepto: No tendrás dioses extraños y No te harás imágenes talladas. Igualmente, el deseo de la mujer ajena para juntarse con ella pertenece a la concupiscencia de la carne. La codicia de las otras cosas cuya posesión se desea, toca a la codicia de los ojos. Por esto San Agustín distingue dos preceptos, el uno de no codiciar los bienes ajenos y el otro de no desear la mujer ajena; y así pone tres preceptos que miran a Dios y siete que se refieren al prójimo. Esto es mejor.
Soluciones: 1. La virtud de latría no es sino una protestación de la fe; por lo cual no es necesario más preceptos, unos de la virtud de latría y otros de la fe. En cambio se deben dar algunos preceptos sobre latría, pues el precepto de la fe se presupone a los preceptos del decálogo, igual que el precepto del amor. Como los primeros preceptos universales de la ley son de suyo evidentes para el que posee el uso de la razón natural y no necesitan de promulgación, así, el creer en Dios es el primer precepto, de suyo evidente para quien tiene fe. El que se acerca a Dios debe creer que existe, según se dice en He 11,6. Por eso no necesita otra promulgación que la infusión de la fe.
2. Los preceptos afirmativos se distinguen de los negativos cuando uno no está incluido en el otro, como en el honor de los padres no se incluye el de no matar a ningún hombre, o viceversa; y entonces es preciso dar diversos preceptos.
Pero, si el afirmativo está comprendido en el negativo, o viceversa, no hay por qué dar diversos preceptos, como no se da un precepto que dice: No hurtarás, y otro de no conservar las cosas ajenas o de restituirlas a su dueño. Por la misma razón no se dan diversos preceptos, uno de creer en Dios y otro de no creer en los dioses extraños.
3. Toda codicia conviene en una razón común, y por eso el Apóstol habla principalmente del precepto de no codiciar. Sin embargo, porque se dan diversos motivos de codiciar, por esto San Agustín distingue diversos preceptos sobre no codiciar. Las codicias se diferencian en especie, según la diversidad de las acciones o de las cosas codiciables, conforme dice el Filósofo en X Ethic.

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ARTÍCULO 3

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