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Timestamp: 2018-07-17 18:25:49+00:00

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Construccion sostenible libro by Davinson Rodriguez - Issuu
CONSTRUCCIÓN SOSTENIBLE Para volver al camino
i.s.b.n 978-958-98269-2-8 ©	Carlos Mauricio Bedoya Montoya 2011 ©	Biblioteca Jurídica Diké 2011 © MARES consultoría sostenible 2011 Obra contracarátula: «Arquitecturas». Del pintor Jhony Pérez Salazar; profesor de la facultad de Arquitectura e Ingeniería del Colegio Mayor de Antioquia. Foto carátula: Obra Mesa de Yeguas. Arq. Darío Angulo.
Diké: Justicia en griego Biblioteca Jurídica Diké Medellín - Colombia, calle 34 B No 65 D 58 Telefax: P.B.X. 351 61 61 - A.A. 51838 e-mail: dike@une.net.co www.bibliotecajuridicadike.com Bogotá D.C. Librería Carrera 6a No 13-11; teléfonos 336 55 37 y 286 03 42 Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario e-mail: dike@etb.net.co San José de Costa Rica. Barrio Naciones Unidas 100 metros este y 75 sur del Colegio Seminario Teléfono 226 31 72; fax 226 31 95 e-mail: jadguzman@yahoo.com Caracas-Venezuela. Pelota a Marrón Edificio General Páez, piso 7, oficina 708 Teléfono 563 66 24 - Celular 04142424511 Está permitida la reproducción parcial o total de esta publicación sin fines comerciales. Para utilizar información contenida en ella se deberá citar la fuente.
CONSTRUCCIĂ&#x201C;N SOSTENIBLE Para volver al camino
Biblioteca Jurídica Diké dirigida por Eduardo Quiceno Álvarez
Dedico este libro a mi hermano Jairo y a mi amigo John Mu単oz.
Agradecimientos Agradezco a Luis Fernando González por su apoyo en la revisión de este libro, pero sobre todo, por su acompañamiento en mi trascendental paso por la Maestría en Hábitat. A la firma MARES SAS Consultoría Sostenible y a la Editorial DIKÉ, por apoyar esta reimpresión y la versión en PDF para ser socializada a través de la Internet, sacrificando así las utilidades que la modesta venta de este libro pudiera ocasionarles, anteponiendo a ello el acceso al conocimiento de manera libre y gratuita por parte de estudiantes y colegas de Iberoamérica y de otras latitudes. A la institución universitaria Colegio Mayor de Antioquia, por el apoyo en la primera edición de este libro realizada en el año 2007. A los colegas Alejandro Salazar Jaramillo, María Julia Rave, Jorge Ramírez Fonseca y Darío Angulo por sus contribuciones en diversos e importantes capítulos de este libro. Más aún, cuando lo hicieron con desinterés y ánimo, gesto que interpreté como un espaldarazo a mi propuesta y, que dicho sea de paso, me generó el compromiso de escribir una obra que estuviera a la altura de sus realizaciones en este aspecto de la Arquitectura y la Construcción Sostenibles.
A mi familia, maravillosa compañía que invita a superar cualquier obstáculo, y a celebrar hasta la más mínima gesta. A ese grupo de amigos conformado por estudiantes, colegas de la docencia y compañeros de camino.
Índice Presentación...................................................................15 Prólogo Luis Fernando González Escobar Profesor Asociado. Coordinador Académico Maestría en Hábitat – Facultad de Arquitectura. Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín........17 Prólogo Sandra Bestraten Castells Arquitecta y docente ETS Arquitectura de Barcelona Cátedra UNESCO de Sostenibilidad Universidad Politécnica de Catalunya...........................23 1. Introducción................................................................... 27 2. Estado del arte................................................................31 2.1	Principales problemáticas ocasionadas por la construcción a nivel mundial.................................... 34 2.1.1	Extracción intensiva e irracional de materias primas renovables y no renovables. 34
La tierra	........................................................................ 34 La madera........................................................................ 35 El concreto...................................................................... 36 2.1.2	Generación de residuos de construcción y demolición - RCDs....................................... 38
2.1.3	Altos consumos energéticos en edificios.........41
2.2	Hacia el concepto de Construcción Sostenible........42
2.2.1	Definiciones de Construcción Sostenible....... 44
3. Diversas expresiones de la Construcción Sostenible...........51 3.1	Construcciones con tierra.........................................51
3.1.1	Adobe..............................................................53
3.1.2	La tapia...........................................................58
¿La tapia es sismorresistente?.........................................61 ¿Resiste a la humedad?...................................................62 ¿Puede construirse una vivienda moderna con algo tan orgánico y barato como la tierra?......................62 Entonces, si es tan buena como dicen ¿por qué se abandonó la tapia aún en los campos?........................64
3.1.4.	Bahareque.......................................................69
¿Es anticuado el bahareque?...........................................69 ¿Puede ser el bahareque un referente del subdesarrollo?.................................................................71 – 12 –
¿El bahareque resiste sismos?.........................................72
3.1.5.	Suelo-Cemento................................................72
El suelo-cemento como técnica masificada, otra posibilidad urbana....................................................76 3.2	Construcciones con guadua......................................80 3.3.	Construcciones en tubos de cartón reciclado...........89 La experiencia en Colombia.......................................92 3.4.	Reciclaje de materiales para la construcción............98
3.4.1	El concreto reciclado....................................100
Resistencia del concreto confeccionado con escombros al esfuerzo de la compresión a los 28 días de edad...........101 Resultados de las mezclas.............................................103 Factibilidad de uso en prefabricados de frecuente utilización en la construcción........................................104 Análisis de costos comparado entre un metro cúbico de concreto natural y reciclado..........................105
3.4.2	Cementos reciclados.....................................110
3.5	Arquitectura bioclimática.......................................114 La energía en el mundo y en la arquitectura.................116 La arquitectura bioclimática en Colombia....................117
4. Estrategias para consolidar una cultura de la construcción sostenible....................................................129 En la academia..............................................................129 En el gremio..................................................................136 Desde las administraciones locales y los entes de control.............................................................139 A manera de conclusión..............................................149 Bibliografía..................................................................153
Presentación Presentar un libro es como presentar a un nuevo amigo que tiene un cúmulo de experiencias que compartirnos. En algunas ocasiones, puede tratarse de puntos de vista novedosos y, en otras, de propuestas que, por alguna razón, yacen en la tradición histórica, que, pareciera ser, el mundo contemporáneo se empecina en hacernos olvidar. En el caso del libro del profesor Carlos Mauricio Bedoya, se tiene la sensación de estar ante una muy buena combinación: de un lado, la recopilación de técnicas ancestrales de construcción y del otro, el nuevo conocimiento que, gracias al desarrollo de la tecnología, ha producido el autor durante varios años de experiencia y dedicado estudio. Lo anterior, sumado a la narración amena –y no por ello de menor profundidad técnica y académica– sobre la temática de la construcción, hacen de este libro, como el mismo autor lo señala, “una provocación”, que no sólo conmoverá a quienes poseen la experticia en el tema, sino también –y allí radica uno de sus mayores encantos– a aquellos que simplemente estamos convencidos de que los recursos naturales sí se pueden utilizar de manera más responsable con el entorno y con las generaciones que nos sucederán. – 15 –
Este texto, además, nos demuestra que revisar las técnicas utilizadas en el pasado no es un romántico ejercicio de reminiscencia; significa dar una mirada inteligente a lo producido por aquellos que supieron dar respuesta, en su momento, a la satisfacción de necesidades, sin poner en riesgo el equilibrio natural. Finalmente, “Para Volver al Camino” pareciera recordarnos a todos que cualquier discusión diferente resulta insulsa cuando la supervivencia del planeta y sus especies están en juego. Gracias, Profesor. Robinson Restrepo García Profesor Universitario.
Prólogo Desde que el discurso ecologista y ambientalista comenzó a posicionarse en el mundo occidental en los años setenta del siglo pasado, dos claras, opuestas y extremistas posturas se plantearon en el escenario global, tanto en el pensamiento como en la acción: por un lado una de estirpe romántica, de desprecio por lo urbano, el regreso a la naturaleza y a un pasado idealizado de corte edénico y en buena medida comunitarista y, por el otro, uno futurista, donde la propia técnica y la tecnología lograrían superar los daños que el desarrollo y la revolución industrial habían generado y generarían en el planeta. Obviamente entre ambos extremismos se abrió una gama más flexible y menos ortodoxa, que planteó la necesidad de la sostenibilidad y sustentabilidad del planeta, con diferentes maneras de entender y abordar tales conceptos formulados. Ahí en medio de la diversidad discursiva aparecía la necesidad por mantener la biodiversidad, planteando incluso un nuevo pacto que llevara del pacto social al pacto natural. En muchos de ellos la ciudad era una de las mayores encarnaciones del mal contemporáneo con sus demandas energéticas y de recursos. Pero aun así, a pesar de todo, la ciudad mantuvo la preeminencia como mayor espacio de civilización, el recinto por excelencia de la cultura y, por tanto, la mayor creación del – 17 –
hombre. En tal sentido no se trataba de pedir o anunciar la muerte de la ciudad y el retorno a los campos y la ruralidad, sino de hacerla compatible con las nuevas realidades ambientales: más habitable, de mejores condiciones de vida y en la posibilidad de mantener egoístamente el abastecimiento de sus recursos pero sin ir en detrimento del planeta. La ciudad recinto, espacio y arquitectura, es fundamentalmente construcción material e inmaterial; pero a la construcción material, en forma de edificios y formas urbanas se le debe el consumo del 70 % de la energía demandada en el mundo, de acuerdo a lo que plantea el arquitecto Jorge Ramírez, citado por el autor de este libro. Aparte de las demandas de recursos naturales de diferente orden pero imprescindibles para las obras arquitectónicas, ya sea en la ciudad o en el mismo campo. De ahí que la búsqueda de la sostenibilidad planetaria fuera indispensable para re-direccionar la manera de hacer la ciudad y su arquitectura. Un cambio de perspectiva que no puede ser solamente desde un tecnologismo a ultranza o rabioso, que cree en las bondades salvadoras de la tecnología, sino en una mirada mas sensible e integral, en donde es fundamental la manera como esta tecnología se ubica en el medio social, cultural, político, geográfico y ambiental. Allí aparece entonces la perspectiva de lo que se ha denominado la Construcción Sostenible, aquella que, como cita el autor, es respetuosa y comprometida con el Medio Ambiente, hace un uso sostenible de la energía, minimiza sus impactos, reduce el consumo energético, no desperdicia materiales sino que reutiliza y recicla, entre otros aspectos.
Aunque el autor es claro en señalar que al hablar de Construcción Sostenible se refiere no sólo al edificio sino éste en relación con el entorno, la ciudad y el planeta, su compilación se centra en los materiales, los sistemas constructivos y las experiencias concretas, realizadas por él u otros arquitectos y constructores. Es entonces una entrada desde esa triada a una visión más compleja de la sostenibilidad constructiva. Carlos Mauricio Bedoya al plantear estas experiencias concretas, llama la atención hacia una sensibilidad mayor en la construcción alejándose de la irracionalidad con que muchos agentes inmobiliarios, arquitectos, constructores e ingenieros la han asumido. Pareciera un poco utópico y con ese toque romántico de cierto ambientalismo ante la prepotencia de la industria de la construcción, pero los mismos ejemplos que destaca demuestran que se están dando pasos en otra dirección y que no es una ingenuidad pensar en una pluralidad de alternativas. No hay duda que el autor se ha sensibilizado y dejado permear de una visión más humanista e integral, donde equilibra el positivismo y racionalidad tan propios del campo constructivo con los aspectos sociales, culturales, políticos y ambientales, es decir, una concepción humanista. Un punto de equilibrio a donde muchos debemos llegar. No hay un desprecio por la técnica y la tecnología, ni una vuelta atrás hacia un arcaísmo de la construcción y la arquitectura. Todo lo contrario, al mostrar interés sobre técnicas tradicionales, materiales y maneras de hacer, no es para
hacer apología sino para encontrar sus virtudes y defectos, y en este último caso aportar soluciones que potencien sus posibilidades. De igual manera al mirar los nuevos materiales, técnicas y procedimientos, no es ni para negarlo ni para hacer la traslación literal desde el llamado primer mundo, con las consecuencias negativas que eso ha acarreado desde mucho tiempo atrás. Aquí está la posibilidad de “aclimatar”, “tropicalizar”, las ideas y tecnologías de los centros de poder, en la necesariedad de la transferencia y la apropiación. Pero, también, con la posibilidad de un plus adicional: hacer una investigación rigurosa con materiales, técnicas y procedimientos más compatibles con nuestras realidades, parapetados en lo más avanzado de la ciencia. En tal sentido esta es una invitación para que en Colombia se acentúen los procesos de investigación, el uso de materiales y técnicas, el desarrollo de planteamientos constructivos, espaciales y formales de lo que se puede denominar Arquitectura Tropical. Ya de hecho se conocen valiosos ejemplos en la amazonía colombo brasileña, como los diseños y construcciones de Santiago Moreno. Aunque muchos siguen pensando que esto no es posible sino en medio de la ruralidad, en la selva o en los llanos, desde otra óptica trabajan en la arquitectura urbana con principios de sostenibilidad arquitectos como el colombiano Jorge Ramírez o el costarricense Bruno Stagno; el último creó el Instituto de Arquitectura Tropical, en Costa Rica, y ha sido un adalid de la búsqueda de soluciones apropiadas y responsables para el clima tropical, no sólo mirando hacia la tradición y la historia de la arquitectura regional sino – 20 –
haciendo uso de las técnicas y materiales contemporáneos, con una visión formal también de estas características. Hablar de Construcción o Arquitectura Sostenible no es entonces un llamado a los refugios robinsocrusonianos. No, es una mirada también futurista con aplicación de alta técnica, rigor investigativo, metodología positivista, pero con sensibilidad social y humanista integral, con el fin de dar solución a las urgentes necesidades del déficit habitacional pero con calidad de vida y condiciones de habitabilidad, algo que tanto olvidan los tecnócratas de los indicadores cuantitativistas. Con este libro de Carlos Mauricio Bedoya, entre compilación de experiencias, investigación y ensayo, se puede hacer una entrada al mundo de la Construcción Sostenible, no sólo teórica sino práctica. Algo que seguramente le replanteará a muchas personas, ya sean profesionales o legos, constructores o necesitados de una vivienda, la manera en que definirán en el futuro la manera de ejecutar una vivienda, ante la pluralidad de posibilidades. Entendiendo que el problema de la Gaia parte del propio morar. Luis Fernando González Escobar
Profesor Asociado. Coordinador Académico Maestría en Hábitat – Facultad de Arquitectura. Universidad Nacional de Colombia Sede Medellín Medellín, agosto de 2007.
Prólogo Desde la Cátedra UNESCO de Sostenibilidad se apoyan todos los avances del conocimiento que nos permitan caminar hacia un desarrollo humano real. ¿Pero, hacia dónde se dirige el desarrollo? La sostenibilidad es una de las utopías del pensamiento de hoy. Aun así, la actividad humana se ha demostrado capaz de romper el débil equilibrio de la biodiversidad de la tierra. Es por ello que desde hace unos años la tecnología es cada vez más reflexiva, incorporando en su génesis aquellas variables que sean compatibles con el equilibrio de nuestra vida en el planeta. La sociedad cada día es más consciente que es necesario investigar en la sostenibilidad y la arquitectura, la construcción, la ciudad y el territorio. Para ello se debe progresar en la democratización del acceso a los materiales de construcción, dando a conocer de forma clara e inequívoca el coste ambiental de los mismos e incidiendo en la toxicidad, el impacto en la salud de las personas y de los ecosistemas. Se ha recorrido mucho camino en relación a la evaluación de la sostenibilidad. Se han establecido criterios de mediciones y certificaciones que permiten valorar con rigor la eficiencia energética de los sistemas que nos ofrecen el confort interior. Pero en la actualidad es posible encontrar un edificio con un – 23 –
buen nivel de certificación energética por haber utilizado unas instalaciones muy eficientes para generar aire acondicionado, por poner un caso concreto. Sin embargo, seguramente un buen diseño bioclimático y una buena elección de materiales locales pueden garantizar el confort sin necesidad de incorporar dichas instalaciones. Aunque puede parecer una contradicción, el certificado energético de la arquitectura bioclimática es posible que contenga valores de menor sostenibilidad. Este ejemplo quiere dar relevancia a la necesidad de aplicar el sentido común y a cuestionarnos constantemente todos los avances. El imparable consumismo que inunda nuestro entorno nos puede hacer perder el camino. No se debe olvidar que toda la humanidad tiene derecho a un hábitat digno y seguro. Es por este motivo que aun queda un largo recorrido para seguir profundizando en soluciones bioclimáticas y en el uso de materiales saludables. Seguramente hay que volver a mirar a la tradición, pero no desde la nostalgia sino hacia la adaptación a las posibilidades que nos permite incorporar el siglo XXI. Hacen falta estrategias de industrialización de materiales de bajo impacto ambiental, reglados por normativas oficiales que permitan garantizar su correcta ejecución, pudiendo así trascender con mayor facilidad hacia todos los sectores de la construcción. Todo proceso de industrialización ya sea desde una pequeña microempresa de bloques de tierra comprimidos o de otros muchos materiales low-tech, así como la optimización de procesos industriales de mayor envergadura, son básicos para dar respuesta al hambre de vivienda. En el reto de la adaptación al cambio climático es necesario reciclar la ciudad en un sentido amplio. Pero no hay que – 24 –
olvidar que sólo desde una visión compleja es posible mejorar nuestras ciudades, incorporando desde la gestión urbana, equipos pluridisciplinares que puedan abarcar desde las vertientes más técnicas hasta los ámbitos sociales como única vía para poder afrontar soluciones reales a los desafíos del milenio. Como universidades debemos comprometernos en la investigación hacia la buena dirección, pero también hay que incidir en la necesidad de hacer llegar el conocimiento a toda la sociedad. El compromiso social tiene que ser el eje vertebral de toda la actividad académica. En este sentido confiamos que el presente libro es una clara apuesta para poder compartir y difundir la investigación con voluntad de ser aplicada. El arquitecto constructor y amigo Mauricio Bedoya, como integrante de la comunidad universitaria, nos aproxima a la producción del hábitat desde una visión abierta al futuro. Donde la experiencia de países emergentes como Colombia tiene mucho que aportar en la definición de nuevos caminos que nos acerquen, cada día más, a esta utopía que llamamos sostenibilidad.
Sandra Bestraten Castells Arquitecta y docente ETS Arquitectura de Barcelona Cátedra UNESCO de Sostenibilidad Universidad Politécnica de Catalunya Barcelona, mayo de 2011 – 25 –
1. Introducción Recuerdo que en 1994, cuando cursaba el cuarto semestre de la carrera de construcción en la Universidad Nacional de Colombia con sede en Medellín, se produjo una afortunada incoherencia en la asignatura de economía. Cuando digo incoherencia, retomo textualmente las palabras que mis compañeros de curso expresaron a la docente de aquel entonces en una civilizada discusión, pues ellos discutían que no habíamos recibido un curso de economía sino de ecología. Yo, por mi parte, me consideraba algo así como impedido para aportar al debate. Sentía que mis compañeros podían tener razón al reclamar una asignatura que ligara el asunto económico a los materiales y procesos de la construcción; pero también sentía, que la muy amable profesora Luz Elena López, quería transmitirnos un mensaje interesante que hasta el momento no habíamos tenido oportunidad de conocer: la responsabilidad de nuestra actividad profesional con la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras. En efecto durante ese semestre inolvidable, vimos un curso de ecología, pero ¿acaso dentro del vasto concepto de la ecología no se aborda un estudio económico de los recursos naturales? Y en ese sentido ¿no son los materiales de construcción y los flujos energéticos recursos naturales? Sí que lo son, y es – 27 –
debido a su forma irracional de explotación a la que se debe, en gran parte, una crisis ambiental de significativa magnitud en el mundo actual. Por lo tanto, reconozco que aquella forma inédita de impartir una asignatura de economía, abrió para mí, una perspectiva diferente de ver el ejercicio de la construcción. Disfrutaba de aquellas clases tempraneras y aprendía cómo una ciudad no solo se vuelve competitiva en términos de producción y excedente monetario, sino también, en términos de procesos de producción limpia y de políticas ambientales para la preservación de sus recursos. En aquella clase de economía, conocí –tardíamente– el fenómeno de los Gases Efecto Invernadero; el consumo alarmante de energía por parte de la población en procesos no indispensables, a veces innecesarios para su existencia; la necesidad de nuevas fuentes energéticas no contaminantes y renovables; la valoración de recursos naturales como activos para una nación y otros aspectos que poco a poco me llevaron a lecturas y cuestionamientos sobre mi carrera y por ende sobre mi futuro quehacer profesional. En el momento de la culminación del curso de economía, debíamos presentar un trabajo escrito sobre algún tema que tuviera que ver con medio ambiente y, aunque no era de obligatoriedad, preferiblemente ligado al sector de la construcción. Recuerdo que escogí el problema de la explotación de areneras en la ciudad de Bello, ubicada al norte de Medellín. Me emocioné tanto con aquel trabajo, que no solo presenté el texto escrito, que era el requisito final, sino que además, realicé un video y una charla en la facultad para enterar a mis compañeros sobre la problemática que había detrás de nuestro ejercicio. Estudiando – 28 –
el tema de las areneras llegué entonces a otros problemas de tipo ambiental ocasionados por la construcción, entre ellos, el consumo de enormes masas de materiales no renovables, la alta generación de residuos y su inadecuada disposición. Al final de aquel semestre llegué a plantearme este interrogante: ¿Vale la pena ser constructor, después de ver lagos desaparecidos y nidos cubiertos por escombros? Quizás no. Pero al mismo tiempo otro interrogante nacía derivado del anterior: ¿acaso no es posible otra forma de desarrollar una actividad tan necesaria como la construcción? Debía haberla, y esa apuesta por allanar nuevas formas de mirar la actividad edilicia, fue motivo suficiente para no abandonar una carrera que desde niño había querido estudiar. De allí en adelante, concentré mis esfuerzos académicos en leer y analizar información y experiencias sobre otras formas de construir. Mi visión entonces cambió de manera radical, pues ya no me veía al mediano plazo ejerciendo como residente de obra, sino como un buscador de respuestas a los impactos negativos de la construcción. Así que ya en 1998, cuando por fin llegó el momento para elaborar mi trabajo de grado, plantee lo que fue para mí el inicio de una carrera diferente y marcada por una satisfacción enorme: mi primera investigación sobre materiales ecológicos, la cual titulé Confección del concreto reciclado mediante el aprovechamiento de residuos de la construcción. Mi director, el arquitecto y maestro Héctor Mejía Vélez, es un soñador que en aquel tiempo, cuando lo más usual en la carrera de construcción era documentar una práctica en obra, avaló mi propuesta de investigación, aun cuando sabía que sobre el tema – 29 –
no disponíamos de normas técnicas de apoyo. A lo anterior había que sumarle que ya en años anteriores en la ciudad y en nuestra propia universidad, se había intentado confeccionar materiales a partir de escombros sin resultados satisfactorios. Decidimos entonces que ya era hora de “abrir trocha” en el campo de la construcción, para descubrir o redescubrir otras formas de materializar el espacio. Posterior a mi carrera y a mis primeros logros en la investigación de materiales ecológicos, vinieron mi afortunado paso por la Maestría en Hábitat –también en la Universidad Nacional de Colombia con sede en Medellín, y bajo la asesoría del profesor Luis Fernando González– y los contactos con investigadores colombianos y extranjeros, que poco a poco con su sabiduría y paciencia, han complementado mi formación. Es gracias a ello, a mi familia y a quienes han decidido apoyarme en la publicación de este texto, que hoy presento a la comunidad académica y al sector de la construcción este libro, que no debe en ningún momento ser visto como un manual, sino como una provocación para que las generaciones actuales y venideras de arquitectos, ingenieros y constructores, descubran que hay una forma de hacer las cosas en armonía con el ambiente: la construcción sostenible.
2. Estado del arte Hace más de 150 años, científicos como Rudolf Clausius predijeron la crisis ambiental que hoy afronta el mundo. Nacía la segunda ley de la termodinámica, en cuyo fondo se enuncia a su vez el principio de la irreversibilidad. Esto quiere decir que así como la energía tiene cantidad, también posee calidad. Por lo cual ésta, al igual que la materia, experimenta un proceso inevitable de degradación. De tal manera que los recursos que hasta 1851 se creían inacabables como los combustibles, el agua y los materiales para la construcción, entre otros, se mostraron al mundo susceptibles de ser finitos en un periodo corto para las expectativas de la población mundial. En 1973 se produjo la crisis energética a nivel mundial, los precios del petróleo amenazaron con hacer colapsar las economías mundiales más pesadas, basadas en este tipo de combustible. Esto, que hacía 122 años ya se había previsto, advirtió al mundo sobre la fragilidad de los recursos del planeta, pero también, sobre la necesidad de desarrollar energías alternativas renovables y, además, no contaminantes. En cuanto al recurso agua, es importante decir que también es cobijada, al igual que todos los materiales, por el proceso de la degradación. La explotación intensiva con fines energéticos – 31 –
y la contaminación por la inadecuada disposición de recursos –sobre todo industriales– en las fuentes de agua, aparecen como causas muy significativas de deterioro ambiental en tan importante recurso. El agua no cambia de cantidad en el planeta, por ser este un sistema semi-cerrado en cuanto a energía y materiales se refiere, pero lo que sí cambia es su calidad (Odum, 1981). La cantidad de agua potable disminuye drásticamente porque al ser contaminada por químicos tóxicos, desechos industriales y residuos sólidos provenientes de viviendas, no quedan aptas para un consumo posterior de los seres vivos. Otro aspecto relevante que se nombró en el primer párrafo, es el concerniente a los materiales de la construcción. A su vez esta actividad –la construcción– es una de las más devastadoras y contaminantes de todas las desarrolladas por la humanidad. En su desarrollo se presentan dos graves problemas como son: •	La explotación intensiva e irracional de recursos naturales no renovables y, •	La generación de residuos de construcción y demolición, con su inadecuada disposición y casi nula gestión integral de éstos. (Salazar, 1972, 1998; Bedoya, 1998, 2003). La construcción se presenta al mundo como una de las actividades más antiguas del ser humano, apareciendo ésta casi paralelamente con la técnica, la cual a su vez nace desde el momento en que al hombre se le reconoce como tal. (Ortega y Gasset; 1989, Anthropos). La necesidad de buscarse el resguardo ante las inclemencias del clima y de las fieras, hizo que el Homo sapiens manipulara materiales para elaborar sus – 32 –
primeros lugares de resguardo, diferenciándose de los animales, en que su actividad trascendió al mero instinto, en tanto el hombre no se adaptó a las condiciones de su entorno, sino que por el contrario, adaptó el entorno a sus necesidades. Todavía hoy este es el rasgo característico de la construcción. Siendo característica del hombre adaptar el medio a sus propósitos, se presenta a través de la construcción una alteración significativa y a veces dramática del paisaje natural. Notándose mucho más visible en los dos recientes siglos, dada la aparición de nuevos materiales que ampliaron los horizontes para el diseño arquitectónico y estructural, además de las técnicas constructivas. Antes de descubrirse el cemento y, consecutivo a este el concreto, la tierra y la madera eran los materiales más populares para la construcción en el mundo. Actualmente más del 70 % de los edificios construidos existentes en el planeta, son en tierra. (Ramírez, 2005). Sin embargo, con la aparición del acero y del concreto, sumado esto a la explosión de megaciudades en todos los continentes, las técnicas de construcción hicieron de lado materiales de bajo consumo energético y fácilmente renovables, dando paso a otros que requieren de altas cantidades de energía para su extracción y que presentan un panorama a mediano plazo muy preocupante, en la medida en que éstos no son renovables. La construcción actualmente es ineludible, dado el aumento constante de la población, pero debe desarrollarse bajo parámetros de sostenibilidad ambiental, que hagan más armónica la actividad edilicia con el medio, haciendo uso al máximo de materiales reciclados, reutilizados y renovables,
como también de diseños arquitectónicos que contemplen la utilización de energías alternativas.
2.1	Principales problemáticas ocasionadas por la construcción a nivel mundial 2.1.1 Extracción intensiva e irracional de materias primas renovables y no renovables 2.1.2 Generación de residuos de construcción y demolición 2.1.3 Altos consumos energéticos en edificios 2.1.1	Extracción intensiva e irracional de materias primas renovables y no renovables Los materiales más empleados en la industria de la construcción históricamente han sido: la tierra, la madera, el concreto, el acero y el vidrio. A excepción de la tierra y de la madera, los demás son materiales compuestos que se fabrican con materias primas no renovables. Son también los materiales predominantes en los últimos cien años en ciudades, pueblos y, desafortunadamente, hasta en los campos. Las más recientes soluciones de vivienda para campesinos e indígenas del departamento de Antioquia, están siendo construidas en bloques de concreto, ladrillos y tejas de asbesto cemento. La tierra La tierra como material de construcción tiene una tradición – 34 –
milenaria, remontándose las primeras construcciones de este tipo, a 5 000 a.C. (Martínez, 2003). Pisada, en adobe o como sistema tendinoso, ha sido empleada en América, Asia y Europa. Posee todas las ventajas desde el punto de vista ambiental: disponibilidad en el sitio, baja energía incorporada, poca transferencia de calor, inercia térmica y fácilmente reutilizable o reciclable. A las anteriores se le debe sumar que presenta un costo asequible a cualquier comunidad (Acosta, 2004). La tierra ya se encuentra homologada por las normas de sismoresistencia en países como Perú, y está siendo reconocida técnicamente en Francia y Alemania, por citar algunos. En Colombia ya tiene permiso por parte de la Norma Sismo Resistente de 1998, conocida en el medio de la construcción como NSR-98, siempre y cuando sea combinada con guadua mediante el sistema constructivo del bahareque. La extracción de la tierra como material de construcción puede hacerse de manera sostenible, ya que es necesario para la ejecución de un proyecto, hacer los movimientos de tierra y excavaciones durante la adecuación del terreno y las cimentaciones. En estos trabajos se generan grandes cantidades de tierra que es considerada como residuo, pero ésta es susceptible de ser empleada en el sitio como material de construcción. La madera La madera ha demostrado ser otro excelente material de construcción para proyectos de arquitectura e ingeniería, no en vano, las más famosas montañas rusas del mundo son construidas con madera y no con acero. Finlandia y Chile han hecho de la madera uno de sus principales recursos para la construcción – 35 –
de edificios y puentes, implementando programas de reforestación y tala controlada para que la velocidad del consumo no exceda la capacidad de regeneración, haciendo este trabajo sostenible. El problema se presenta en la tala indiscriminada que se da en Latinoamérica a los bosques maderables, cuya velocidad de consumo excede con creces a la velocidad de regeneración, siendo las selvas amazónica y chocoana, dos de los casos más preocupantes para la comunidad mundial. Con madera se han realizado imponentes construcciones en China que tienen más de 400 años de construidas y aún siguen en pie, con su respectivo mantenimiento. El problema radica entonces en su extracción intensiva y no controlada. El concreto Según el científico colombiano Alejandro Salazar Jaramillo, al siglo XX bien podría llamársele la edad del concreto. Este material compuesto cada día crece más en popularidad, basta con observar los proyectos de vivienda masiva que se desarrollan actualmente en una ciudad como Medellín, para concluir que los sistemas constructivos basados en muros macizos de concreto son representativos. (Escalante, 2006). A la utilización de este material en viviendas y edificios del tipo comercial e institucional, debe sumársele su empleo en las grandes obras de ingeniería como puentes, intercambios viales, centrales hidroeléctricas y aeropuertos. También se emplea a gran escala en mobiliario urbano, andenes y placas polideportivas.
Su uso tan generalizado, se debe a las muy óptimas propiedades físicas y mecánicas que el concreto ofrece. Además de brindar estabilidad en el tiempo y una casi inagotable fuente de formas arquitectónicas, su producción puede hacerse en obra o premezclarse en empresas especializadas en este servicio. A sus bondades desde el punto de vista técnico y económico, desafortunadamente se les presentan unas debilidades que desde el punto de vista ambiental, son críticas. Éstas son: •	Para la confección del concreto se requieren materias primas no renovables, principalmente agregados. Estos ocupan más del 70 % del total de la masa. •	La extracción de sus materias primas se dan –en el caso colombiano– en minas a cielo abierto, siendo este un factor de enorme deterioro ambiental ya que desplaza la flora y la fauna de estos lugares, altera el paisaje con daños casi irreversibles en la mayoría de las veces y puede dejar estériles los suelos. •	La producción de estos agregados no solo afecta el área que rodea la mina, sino que a través de las corrientes de viento, el material particulado se transporta por varios kilómetros contaminando el aire y causando infecciones de respiración aguda. •	Cuando los sitios de explotación de las canteras están ubicados en el área metropolitana, los edificios cercanos ven afectada la vida útil de los recubrimientos de sus fachadas, por un fenómeno conocido como abrasión eólica o corrasión (CONGET, 2003).
•	Emisiones de CO2 al ambiente. Lo anterior hace necesario el diseño de nuevos materiales o de nuevas formas de confeccionar estos materiales tan tradicionales, que permitan desarrollar la actividad edilicia en armonía con el ambiente. Las pautas para lograr este noble propósito, están contempladas en el marco de una construcción sostenible. A estas pautas nos referiremos más adelante. 2.1.2	Generación de residuos de construcción y demolición - RCDs Las ciudades del mundo, sin distingo alguno de su grado de desarrollo, experimentan dos problemas que además de crecientes, ocasionan presiones y coyunturas ambientales de alta significación para su óptimo desenvolvimiento. Ellos son: la contaminación del aire por el transporte urbano y la generación de residuos a todo nivel. Dentro del segundo aspecto, la generación de residuos a todo nivel, se encuentran cobijadas las actividades de la construcción y la demolición. Al ejecutar un puente, una vía o un edificio, se llevan a cabo actividades de movimiento de tierra y excavaciones. En estas actividades se generan los primeros residuos de la obra. Luego se producen otro tipo de residuos que son catalogados como inertes y pétreos, identificándose las siguientes tipologías: •	Restos de concreto. •	Restos de ladrillo y mortero de pega. •	Restos de material cerámico. – 38 –
•	Restos de tuberías plásticas. •	Madera. •	Empaques de materiales. Cabe anotar, que los dos primeros tipos de residuos son los predominantes en Colombia y parte de América Latina, dadas sus técnicas de construcción similares. En la demolición de obras antiguas o que han sufrido daños irreparables por causas externas, se generan obviamente cantidades de residuos que suelen ser más variados. Por ejemplo, a las anteriores, se les suman también restos de manto asfáltico, tejas de arcilla cocida, fibro-cemento, aluminio y morteros de revoque. Estos residuos son más difíciles de tratar que los producidos en la construcción nueva, porque al no contar con programas de recuperación de escombros, no se demuele selectivamente, sino que se vierten a un mismo sitio, contaminando los susceptibles de ser aprovechados y disminuyendo así la posibilidad de su reciclaje o reutilización. Para tener una idea de la magnitud del problema de los residuos generados por la construcción y la demolición, basta con referenciar que en Medellín, con aproximadamente dos millones doscientos mil habitantes, se generan más escombros que residuos sólidos urbanos. Las cantidades son las siguientes: •	Residuos Sólidos Urbanos (RSU) en Medellín: 2 400 Ton/día.
•	Residuos de Construcción y Demolición (RCD) en Medellín: 6 900 Ton/día1. Lo preocupante de estas cifras, es que no se implementan medidas rigurosas para reducirlas, como tampoco para su valoración y recuperación como nuevas materias primas. Sin embargo, el estudio de ASOP y la Secretaría del Medio Ambiente del Municipio de Medellín, da luces para las estrategias a desarrollar en aras de minimizar el problema, resaltándose la necesidad de ejecutar procesos de construcción sostenible más reflexivos, a través de la valoración de residuos: “Es clara la posibilidad de valorizar los RCD a través de prácticas como la reutilización y el reciclaje. Se pueden obtener materiales compuestos de uso masivo en la construcción, tanto a nivel estructural como de baja solicitación físico-mecánica.” El mismo estudio resalta en una de sus conclusiones: “Con una adecuada gestión y valoración de los escombros urbanos, la ciudad gana en paisaje y en competitividad económica, pues las normas ambientales internacionales cada día son más exigentes con el origen y la composición de los productos”. Queda claro que el asunto de los residuos generados por la actividad de la construcción, es crítico y merece ser tratado profesionalmente por académicos, empresarios y autoridades, 1	Fuente: Estudio para el diseño de valoración de residuos de escombros mediante el diseño de un sistema de gestión integral de los mismos para la producción más limpia en la ciudad de Medellín. ASOP-Secretaría del Medio Ambiente, municipio de Medellín. 2005.
por lo cual el presente texto, contempla este tópico en sus contenidos posteriores. 2.1.3 Altos consumos energéticos en edificios Después de la crisis energética de 1973, quedó claro, como ya se enunció en páginas anteriores, que no es positiva la dependencia excesiva de los procesos industriales y del desarrollo económico, hacia las fuentes energéticas no renovables, tales como los combustibles fósiles. Como tampoco, hacia la energía eléctrica generada a través de centrales movidas con agua. En tal sentido el ejercicio de la construcción no escapa a dicho enunciado, pues las obras, sobre todo los edificios, no solo son la interacción de los materiales y los sistemas constructivos, sino que además son los espacios donde se desarrollan actividades que requieren de determinadas condiciones de temperatura, humedad e iluminación. Estas condiciones desafortunadamente se logran merced a la implementación de costosas instalaciones de acondicionamiento climático y de iluminación artificial, representando un sostenimiento costoso durante su vida útil, pero sobre todo un uso irracional y desmedido de los recursos naturales. Por ejemplo, “la arquitectura y nuestros asentamientos consumen el 70 % de la energía mundial”. Esta información fue transmitida por el arquitecto colombiano Jorge Ramírez durante el Encuentro Internacional de Edificaciones Sostenibles, realizado en junio de 2005 en Caracas. En dicho evento, el científico francés Francis Allard, de la Universidad de La Rochelle, conjuntamente con el arquitecto Ramírez, confirmó – 41 –
que más del 50 % de la energía producida en el mundo está destinada a la climatización de edificios. El diseño arquitectónico juega un papel muy importante en el consumo energético de un edificio, pues de una buena combinación de sistemas constructivos, materiales y diseño, dependerá la baja o nula dependencia de una obra hacia sistemas de acondicionamiento térmico costosos. Es en este punto, donde se integra al principio de la construcción sostenible, el diseño bioclimático, el cual pretende lograr que las condiciones al interior de los edificios, estén dentro de las líneas de confort respectivas (éstas varían según la región geográfica), usando al máximo recursos renovables, como la energía solar térmica y eólica, entre las principales.
2.2	Hacia el concepto de Construcción Sostenible Sin duda el mundo ha venido experimentando importantes transformaciones a lo largo de su historia, la aparición del ser humano, el descubrimiento de América, el desarrollo de la máquina de vapor y la Internet, son algunos ejemplos; los momentos obviamente han ido mostrando la relación de las distintas sociedades con su medio, pues a cada momento van ligados los espacios, las herramientas y la connotación intrínseca de ellas, lo que a su vez nos lleva a caracterizar una época por la moda, la música o los materiales sobresalientes de ésta. De lo anterior se derivan entonces distinciones para ciertos períodos de tiempo como edad de piedra, edad de bronce o la era de la revolución industrial, entre otros. Esta última, que abarca un período comprendido entre los siglos XVIII y – 42 –
XX, es la etapa en la que la tierra ha vivido las más drásticas transformaciones, sobre todo en lo que tiene que ver con su entorno físico. Nos referimos a los cambios climáticos, a la contaminación del aire por parte de las emisiones resultantes de los procesos de producción industrial, al agotamiento rápido de los recursos no renovables y a los problemas cada vez más críticos ocasionados por los residuos líquidos y sólidos provenientes de las actividades diarias de producción, alimentación, construcción y consumo. El panorama no es nada alentador, aún sin haber nombrado las guerras, el SIDA, la prostitución infantil, una pobreza creciente y el consumo de drogas en casi todo el mundo. Sin embargo, este es el planeta que hoy recibimos de nuestros antepasados, ni siquiera tuvimos oportunidad de decidir si esto era lo que queríamos, decidieron por nosotros y hoy recibimos en gran parte lo que las anteriores generaciones de industriales y gobernantes sembraron: campos erosionados, ríos contaminados, lluvias ácidas y ciudades a punto de colapsar económica y ambientalmente. Esto, debido a los altos costos que hoy tienen que pagar por estar incluidas en un modelo económico, basado en los combustibles fósiles y el consumo de materiales cuyas materias primas, son de recuperación muy lenta o no renovables en el peor de los casos. Esto es, lo que podríamos llamar un modelo de desarrollo insostenible, dado que no ofrece garantías de una vida digna para las futuras generaciones, aclarando que no se pretende con esta afirmación contradecir las hasta ahora irrefutables leyes de la termodinámica, sobre todo en lo que tiene que ver con el fenómeno de la entropía, sino llamar la atención de toda la sociedad en general, en cuanto a reflexionar que en sus manos tiene la manera de hacer que – 43 –
nuestra permanencia en el mundo sea más grata, o como lo dijo el ingeniero José Fernando Jiménez2 en el marco del Primer Simposio Local de Construcción Sostenible y Tecnología realizado por ASOP en la ciudad de Bello, Antioquia, en el año 2004: “(…) nuestra permanencia en el planeta es como una fiesta y esta fiesta se va acabar algún día, lo que podemos hacer es que la fiesta dure más y sea buena mientras dure”. 2.2.1	Definiciones de Construcción Sostenible Para este apartado del libro, me apoyaré en una publicación virtual socializada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, titulada Ciudades para un futuro más sostenible. En el año de 1998, esta Escuela publicó un artículo que sería de gran importancia para el medio académico de Hispanoamérica: La construcción sostenible. El estado de la cuestión. En este texto los autores Pere Alavedra, Javier Domínguez, Engràcia Gonzalo y Javier Serra, hacen un riguroso recorrido por diferentes conceptos de autores e investigadores dedicados a este tópico. Gracias a esta publicación, quienes en América Latina y, específicamente en Colombia, nos dedicamos a trabajar en el tema de la construcción sostenible, encontramos un documento de referencia para abordarlo conceptualmente. Así que en las siguientes líneas se hará énfasis en las definiciones que el texto ya mencionado expuso en 1998, pero que actualmente siguen haciendo parte del acervo de fuentes de consulta para estudiantes y profesionales del sector de la construcción y
2	Ingeniero Civil, Magíster en Recursos Hidráulicos. Profesor de la Universidad Nacional de Colombia con Sede en Medellín.
sus áreas afines. También se dará a conocer una reflexión que tuve la oportunidad de socializar en el XXX World Congress on Housing celebrado en Coimbra, Portugal, en el año 2002, la cual llevé a una definición que, posteriormente, expuse en el Encuentro Internacional de Edificios Sostenibles celebrado en Caracas en el año 2005, evento realizado por la Universidad Central de Venezuela y Holcim Latinoamérica. A continuación se citan las definiciones: La Construcción Sostenible, que debería ser la construcción del futuro, se puede definir como aquella que, con especial respeto y compromiso con el Medio Ambiente, implica el uso sostenible de la energía. Cabe destacar la importancia del estudio de la aplicación de las energías renovables en la construcción de los edificios, así como una especial atención al impacto ambiental que ocasiona la aplicación de determinados materiales de construcción y la minimización del consumo de energía que implica la utilización de los edificios. [Casado, 1996]. La Construcción Sostenible se dirige hacia una reducción de los impactos ambientales causados por los procesos de construcción, uso y derribo de los edificios y por el ambiente urbanizado. [Lanting, 1996]. El término de Construcción Sostenible abarca, no sólo los edificios propiamente dichos, sino que también debe tener en cuenta su entorno y la manera cómo se comportan para formar las ciudades. El desarrollo – 45 –
urbano sostenible deberá tener la intención de crear un entorno urbano que no atente contra el medio ambiente, con recursos, no sólo en cuanto a las formas y la eficiencia energética, sino también en su función, como un lugar para vivir. [WWF, 1993]. La Construcción Sostenible deberá entenderse como el desarrollo de la Construcción tradicional pero con una responsabilidad considerable con el Medio Ambiente por todas las partes y participantes. Lo que implica un interés creciente en todas las etapas de la construcción, considerando las diferentes alternativas en el proceso de construcción, en favor de la minimización del agotamiento de los recursos, previniendo la degradación ambiental o los prejuicios, y proporcionar un ambiente saludable, tanto en el interior de los edificios como en su entorno. [Kibert, 1994]. La construcción sostenible es aquella que busca la implementación de flujos no lineales en cuanto a energía y materiales, como también una política de valoración ambiental de los recursos por encima de los costos económicos. Ello implica construir reflexiva e integralmente, desde la concepción del diseño, hasta el término de la vida útil de la edificación. [Bedoya, 2005]. De esta manera nos vamos acercando a lo que se quiere decir cuando se menciona la palabra construcción, seguida por el adjetivo sostenible, hecho necesario y útil. Pues me ha sucedido, y no pocas veces, que al estar exponiendo mis planteamientos sobre este asunto ante compañeros de la aca– 46 –
demia, profesionales del sector o estudiantes, suelen surgir preguntas tales como: “Y es que…¿todas las construcciones no deben sostenerse?”. Otras son, más que preguntas, agravios disimulados hacia nuestras profesiones: “¿para eso no están los ingenieros civiles y los que construyen?... para que no se caigan los edificios”. Otras son un tanto más acertadas: ¿eso tiene que ver con lo del desarrollo sostenible? En fin, unas cercanas y otras alejadas, las preguntas que suelen hacerse entorno a la temática dan a entender que aún es mucho el trabajo que nos queda por hacer a quienes hemos entendido, que el paradigma de la construcción, debe acogerse a nuevas estrategias para su desarrollo. Sin embargo, sea este el comienzo de una labor disciplinada para dar a conocer a la comunidad académica y en general a nuestra sociedad, los lineamientos de una construcción sostenible que haga no solo más perdurable nuestra existencia, sino también más agradable. Es de recordar –aunque en esto aún persista una amistosa contradicción con el respetado colega Jorge Ramírez– que más que estar ante la aniquilación del planeta, estamos asistiendo a la extinción paulatina de nuestra especie, aunque las cifras demográficas continúen por el momento en línea ascendente. Nos ocuparemos pues en los siguientes capítulos, de referenciar materiales, sistemas constructivos y experiencias, con las cuales, es posible implementar un ejercicio de la construcción basado en el respeto por el ambiente. Y es sano aclarar, que los materiales confeccionados a partir del reciclaje de escombros, serán los de mayor peso dentro del libro, ya que es en el campo en el que más información experimental he podido obtener. – 47 –
Jhony Pérez Salazar “Sol en invierno mañana”. Mixta: acrílico y óleos. Lienzo 1.0 x 1.30 m.
3. Diversas expresiones de la Construcción Sostenible 3.1 Construcciones con tierra Este es sin duda el material más antiguo empleado por el hombre para la construcción. En todo el mundo hay vestigios de construcciones milenarias en este material. En América, Asia, África y Europa, se han hallado imponentes edificaciones y poblaciones enteras, cuyo material de construcción, más empleado, era la tierra. Las construcciones más antiguas datan de aproximadamente 10 000 años a.C. en Mesopotamia y, con menos tiempo, en Suramérica, cuyas construcciones datan de 5 000 años a.C. Si bien al arribo de los españoles, éstos traían como hábito el construir con tierra, su sorpresa debió ser grande cuando encontraron poblaciones como Paquimé, al norte de México. Esta era una ciudad prehispánica que se calcula pudo tener una población de 10 000 habitantes. Su construcción se remonta a 5 000 a.C., destacándose por su altura y la solidez de sus muros. En Perú, Chan-Chan es un referente de suma relevancia para los historiadores de esta técnica constructiva. Es el centro urbano más extenso y complejo de la zona central andina, ubicado al norte del Perú en el valle Moche y Chicama. Su construcción, – 51 –
comparada con Paquimé, es mucho más reciente, remontándose a los siglos XIII y XV. Poblaciones de indios norteamericanos y de tribus en África, ciudades desarrolladas europeas y pueblos prósperos en América, poseen la característica conjunta de haber entendido, en sus inicios, que la tierra era un recurso práctico para la solución de vivienda. Esto se refleja al encontrar en una extensa bibliografía sobre este tópico, en bibliotecas y en la Internet, diferentes tipologías de sistemas constructivos basados en la utilización de la tierra como materia prima para la construcción de sus edificios. Egipto, Marruecos, Francia, España, Colombia, México, Perú, Ecuador y una gran cantidad de países más, de todos los continentes, contemplan o han contemplado este tipo de construcción milenaria, como una opción técnica, económica y ambientalmente viable. Opción técnica porque su versatilidad le permite ser empleada con pocas limitaciones espaciales; económica, porque su extracción puede hacerse en el mismo sitio de la construcción, evitando transportes de materias primas; y, ambiental, porque el material resultante de las excavaciones y movimientos de tierra, al ser empleado como material de construcción, elimina el transporte de residuos, al mismo tiempo que evita que esa misma cantidad de masa sea extraída de canteras como recurso no renovable. Veamos pues, cuáles son algunas de las formas más comunes de implementación de este material, según su técnica de construcción, en diferentes partes del mundo y de Colombia.
3.1.1	Adobe También conocido como ladrillo de tierra. “La palabra adobe proviene de la palabra árabe atob, que significa ladrillo secado al sol. Su uso o bien, el de las arcillas de propiedades similares, data de muchos miles de años. (…) La utilización de un molde para conformar las piezas de abobe fue probablemente llevado a España desde África y traído al territorio que ocupa ahora Estados Unidos por los conquistadores españoles en el siglo XVI”. Su diferencia con el ladrillo que actualmente es muy usado en la construcción, radica en que el adobe no se somete a proceso de cocción, a diferencia del ladrillo actual, que a través de temperaturas de entre 800 ºC y 1 000 ºC, se convierte en un material cerámico más duro y de buen comportamiento en cuanto a la erosión. También, a diferencia del ladrillo cerámico, el adobe puede ser confeccionado sin necesidad de prensas para la compresión o la extrusión, requiriendo sólo de moldes para verter en su interior la tierra. Lo más positivo de la fabricación de adobes para la construcción de viviendas, bodegas o casas especiales de recreación, entre otras, es que la mayoría de terrenos son aptos para la elaboración de los prefabricados. Se recomienda, sin embargo, que la composición del suelo sea de un 55 % a un 75 % arena; de un 10 % a un 28 % de limo; y, de un 15 % a un 18%, de arcilla. Con estas composiciones se garantiza un material que presentará condiciones favorables para la manejabilidad, el curado y su desempeño posterior en obra. – 53 –
Las piezas de tierra cruda, como también se le conoce a esta técnica, son secadas en condiciones atmosféricas normales, es decir, no se emplean hornos alimentados por combustibles fósiles o madera para generar la evaporación de la excesiva humedad que inicialmente contienen los adobes. Esto lo hace un proceso muy limpio desde el punto de vista ambiental, pues la emisión de gases resultantes de la combustión se reduce a cero. La energía solar obtenida de los rayos del sol es el principal flujo de energía para lograr el secado de las piezas que, una vez vaciadas dentro de los moldes, permanecen allí por espacio de tres días, aproximadamente, para luego ser colocadas de canto y a la sombra durante los próximos dos días posteriores al desmolde, evitando así que los rayos del sol evaporen muy rápido el agua de constitución inicial y generen fisuras o cuarteamientos en los adobes, también para protegerlos de la lluvia. Podemos entonces mencionar, además de la limpieza del proceso de secado, el aporte que desde el aspecto del flujo de materiales hace esta técnica al ambiente. Dicho aporte radica en que al aprovechar la tierra resultante de excavaciones o movimientos de tierra, se elimina en casi un 100 % el flujo lineal que tanto ha caracterizado a la construcción en los tiempos modernos, precisamente, después de la aparición de los materiales cementantes y del acero, por los cuales se abandonó la tierra como opción masiva para la construcción de viviendas. Lo anterior quiere decir, que la totalidad de materia prima o de masa para la edificación de una casa, se obtiene del mismo terreno sobre el cual ésta será construida, evitando así presionar o degradar otros terrenos vecinos con la extracción – 54 –
de materiales no renovables y, de paso, con la disposición no controlada del material resultante de las actividades previas, que en este caso, se emplea en la confección de los mampuestos. De tal manera que el movimiento de materiales se acerca a un flujo cerrado o semi-cerrado, pues a veces, es necesario el aporte de un material que ayude a mejorar las condiciones de trabajabilidad como arena o cemento en muy pequeñas proporciones. En cuanto a la energía, ésta se comporta de manera lineal, pero, a diferencia del uso de combustibles de origen orgánico, no genera Gases Efecto Invernadero, puesto que, proviene del sol. El costo de los paralelepípedos hechos con tierra cruda es otro aspecto positivo de esta técnica antigua. Esto se debe a que se reducen los costos generados por el transporte de materiales y de residuos que, dicho sea de paso, son un componente importante dentro del costo total del adobe. Sin embargo, es pertinente aclarar, y no generar así falsas expectativas, que cada proyecto tiene sus variables para poder determinar los costos totales de las piezas a emplearse en la construcción; así por ejemplo, un terreno cuya composición sea la óptima para la confección de adobes en el sitio (In situ), representará un bajo costo en el producto terminado, porque no se necesitará de adiciones de otros materiales que, por lo general, se encuentran distantes del sitio de construcción, tales como el cemento y la arena clasificada. Si en cambio se tiene un terreno que requiera de estas adiciones, su costo subirá directamente proporcional a las cantidades requeridas de los materiales adicionales.
También deberá tenerse en cuenta, que esta técnica del adobe es muy propicia para las construcciones rurales, sobre todo para aquellas alejadas de ciudades o pueblos, donde se dispone de centros de acopio de materiales para la construcción. Allí la comunidad, con el apoyo de entidades gubernamentales y no gubernamentales, puede hacer aportes representados en mano de obra. Al respecto, puede consultarse la experiencia de escuelas rurales que la Gobernación de Antioquia3, desarrolló a finales de los años noventa en diversas poblaciones rurales del departamento. En ese proyecto, la comunidad era acompañada por los profesionales y técnicos de la Gobernación de Antioquia para construir, con materiales autóctonos de la zona, las aulas de las escuelas, lográndose con ello, edificar varios centros educativos de bajo costo y condiciones climáticas confortables para los habitantes de la región. En cuanto a la comparación de costos, esta puede hacerse de manera sintética entre el adobe, el ladrillo de barro cocido y el ladrillo o bloque de concreto. Tomemos como referencia un mampuesto de dimensiones 10 x 15 x 30 cm, muy común en las construcciones colombianas, además fácil de elaborar en los tres materiales. Este prefabricado tiene los siguientes costos según el material:
3	Esta experiencia fue desarrollada a través de la Secretaría de Obras Públicas
Departamentales. Es en esta dependencia en la cual puede solicitarse información al respecto.
•	Ladrillo cerámico:
750 $/unidad
•	Bloque de concreto:
1 000 $/unidad
450 $/unidad4
Hagamos un ejercicio para ilustrar esta economía a una escala más grande y real. Tomemos una casa de 50,00 m2 de área: dos alcobas, un baño, cocina, sala-comedor y un patio para ropas. Para esta edificación se requiere un promedio de 3 600 adobes de las dimensiones ya descritas. Entonces, así, podemos calcular el costo de los materiales requeridos para la mampostería de la casa. El techo, las instalaciones y la carpintería se mantienen invariables para efectos del ejercicio. •	Ladrillo cerámico: 3 600 un · 750 $/un = 2 700 000 $/mampostería •	Bloque de concreto:	3 600 un · 1 000 $/un = 3 600 000 $/mampostería •	Adobe: 3 600 un · 450 $/un= 1 620 000 $/mampostería En el caso del adobe, comparado con el ladrillo cerámico, el ahorro es del 40 % en los materiales para la mampostería 4	Los precios del ladrillo cerámico y del bloque de concreto fueron obtenidos por promedio en centros de distribución de materiales para la construcción en Colombia. El precio del adobe fue obtenido por las experiencias que hemos desarrollado en nuestro medio.
de la vivienda. En el caso del adobe comparado con el bloque de concreto, el ahorro es del 55 %. Lo significativo del asunto que acabamos de plantear, es que el capítulo de la mampostería representa entre el 25 % y el 27 % del costo total de la vivienda, representando un ahorro en el costo total de entre un 12,5 % y 13,5 %. Además de este aspecto concerniente al capítulo concreto de la mampostería, también debemos agregar el ahorro generado por eliminar el transporte de una importante cantidad de residuos, producto del movimiento de tierra y las excavaciones para las fundaciones. También, desde el punto de vista arquitectónico, el adobe armoniza positivamente con su entorno, logrando en sus interiores acabados rústicos, que, al combinarlos con trabajos en madera, ofrecen ambientes agradables para sus habitantes. Sobre las formas de construcción con adobe, puede consultarse el texto de la arquitecta Julia Rave y el arquitecto constructor Raúl Martínez, ubicado en la Universidad Nacional de Colombia con sede en Medellín (Trabajo dirigido de grado), en el cual se hace una rigurosa ilustración de sistemas constructivos con esta técnica, a modo de manual. También en la Internet es fácil acceder a manuales en formato PDF con procedimientos técnicos. 3.1.2	La tapia Se le conoce en nuestro país y en otros de América latina con el nombre de tapia pisada. Este sistema constructivo con– 58 –
Fotografía 1. Casa construida con adobe. Cola del Zorro, Medellín.
siste en disponer formaletas verticales y llenar su interior con tierra, compactándola manualmente por capas hasta formar muros macizos que tienen espesores entre 0,80 m y 0,50 m. Otra definición que puede citarse en este texto es la siguiente: “El tapial consiste en apisonar la tierra por tongadas (capas) entre dos planchas de madera (formaleta). Cuando se ha terminado una sección de muro se desplaza el encofrado hacia arriba o hacia un lado y se continúa la operación hasta su realización total. El encofrado puede hacerse manualmente con la ayuda de un pisón o utilizando una prensa mecánica. Las dimensiones más generalizadas del encofrado son de 300 cm de longitud, 90 cm de altura y 50 cm de ancho”5. 5	Construcciones a base de tierra. Revista Informes de la Construcción. Instituto Eduardo Torroja. Vol. 36 Nº 365. Madrid, 1984. p 47-51.
Esta técnica de construcción es muy característica de la zona andina colombiana y, de manera especial, de la colonización antioqueña. Por eso al momento de referenciar esta técnica constructiva, es común que se nombren pueblos de Antioquia, Caldas, Risaralda, Quindío, Tolima y Valle del Cauca. Reconociendo, ni más faltaba, que en otras zonas del país, esta técnica también ha sido implementada. Tal es el caso de Santander, en cuyo suelo existe un significativo patrimonio arquitectónico basado en la técnica del tapial. La disponibilidad de tierras aptas para construir con la técnica de la tapia es alta, por no decir que total, pues casi todos los suelos poseen características favorables para derivar en un material de construcción, exceptuando aquellos que contienen ferro níquel o que obedecen estrictamente a minas, cuya composición superficial, no permite que el suelo tenga cohesión. Por lo demás, como bien lo han presentado en los más recientes años los expertos en este campo, la disponibilidad de buenos suelos para construir viviendas es alentadora y debe ser mirada con seriedad, sobre todo para construcciones rurales que por su localización o condiciones topográficas, hacen más costosa y difícil la actividad edificadora. Pero, al respecto, puede el lector hacerse preguntas tales como ¿La tapia es sismorresistente? ¿Sí resiste a la humedad? ¿Puede construirse una vivienda moderna con algo tan orgánico y barato como la tierra? Entonces, si es tan buena como dicen ¿porqué se abandonó la tapia aún en los campos? Todos estos interrogantes no los acabo de inventar ni obedecen a un ejercicio deliberado para justificar mi tesis acerca de que la construcción sostenible es un hecho posible, son el resultado – 60 –
de conferencias y clases universitarias en las cuales mis colegas y yo, hemos identificado algo así como unos interrogantes comunes. Estos interrogantes generalmente no están basados en hechos verificables y menos científicos; muchas veces son el producto de comentarios, que con el tiempo son asumidos como verdades, incluso hay quienes afirman haberlo leído en un libro del cual no recuerdan el nombre y cuyo autor de igual manera es difícil traer a la memoria. Pues bien, de eso se trata este libro, de exponer con argumentos técnicos y verificables las posibilidades reales que ofrece una construcción más reflexiva y armónica con el ambiente. ¿La tapia es sismorresistente? De entrada debemos aclarar que la sismorresistencia es una característica que se logra más por la correcta aplicación de un sistema constructivo que por el material en sí mismo. Podríamos tener la posibilidad de edificar con los mejores materiales existentes, pero, sin un sistema estructural bien confinado y flexible, es muy posible que el edificio colapse. Podemos entonces aclarar que, y de paso sirve para todos los materiales reseñados en este texto, no siempre el material más costoso o de más resistencia físico mecánica es en sí garantía de una edificación sismorresistente, pues a esta característica debe sumarse un diseño estructural acorde con las normas específicas para tal efecto, además, es aquí donde se requiere la implementación de un proceso constructivo de calidad. Por tanto la tierra empleada a través de la tapia está en capacidad de responder a las solicitaciones de un sismo, siempre y cuando, esté acompañada de un sistema – 61 –
estructural sismorresistente, diseñado por expertos habilitados legalmente para ello. ¿Resiste a la humedad? La tapia es resistente a la humedad. Esto depende de la protección que a ésta se le dé desde su confección y durante su vida útil. Dicha protección puede aplicarse al material o bien depender de factores externos a él. En el primer caso, al momento de construir con la técnica del tapial, se puede aplicar una capa de pintura o de un impermeabilizante que impida la penetración del agua por la superficie del muro. En el segundo caso, y quizás como una excelente forma de preservar el muro de la humedad, se recomienda dejar techos con aleros pronunciados, entre 0,80 m y 1,00 m, con este detalle se protege la tapia de las lluvias, causantes de una significativa humedad en el ambiente. En ambos casos, los cimientos y la parte inicial inferior del tapial, deben ser protegidos con rigor por efectos de capilaridad ascendente de agua y de lluvias no verticales a causa del viento. Sin embargo, dado que se trata de un material orgánico, el usuario periódicamente debe procurar dar mantenimiento a la estructura y a los elementos no estructurales de la edificación, en lo posible, desde el punto de vista preventivo. ¿Puede construirse una vivienda moderna con algo tan orgánico y barato como la tierra? Sí. Y es aquí donde es pertinente cuestionarnos, si lo que entendemos por moderno va de la mano estrictamente con – 62 –
los materiales, la tecnología de punta y la época. De ser así, muy poco, o nada, tendríamos que hacer los profesionales que venimos promulgando los principios y bondades de la construcción sostenible. Pues sucede que la sociedad, en general, ha trastocado el concepto de modernidad, por lo cual se acuña el término “moderno” a algo novedoso y tecnológicamente avanzado, sin el menor asomo de conocimiento hacia los ejes estructurantes del proyecto de modernidad, como lo son la justicia, la libertad y lo científico. La sociedad convirtió en “no modernos” los materiales que no son el producto de la industrialización o de impronunciables firmas de laboratorios. Por ejemplo, para un ciudadano no es tan siquiera “material” la madera, como tampoco la tierra y menos aún los desechos, cuando de construir su vivienda se trata; lo moderno es el vidrio, el acero, el concreto, incluso, lo único aceptable bajo el término de material. Pero ¿han logrado el vidrio, el acero y el concreto mejorar las condiciones de vida de los seres humanos? En caso de que se tratase sólo del aspecto de la vivienda, creo que no ha sido significativo el aporte de estos materiales en cuanto a mejores condiciones de vida de las personas, pues se puede tener un excelente espacio para el habitar en tierra como en ladrillo; en madera como en concreto reforzado; con persianas de tablilla como con vidrio. En el mismo sentido, es posible que un edificio sea incómodo, insalubre y poco estético en cualquier material. Para evitar discusiones circulares, más que una vivienda “moderna”, el usuario debería preguntarse si con la tierra se puede construir una casa cómoda, linda y salubre, además de económica. En este caso la respuesta sería: sí. De hecho la tapia – 63 –
ha resurgido en los más recientes diez años -entre los estratos socioeconómicos altos- en Bogotá, Medellín, Barichara y otras ciudades. Su empleo se ha dirigido principalmente hacia casas ubicadas en las afueras de la urbe, bien para el veraneo o bien para aquellas familias que les gusta vivir alejados del ruido y del aire polucionado de las ciudades. La Calera, Chía, El Oriente Antioqueño, el Valle de Aburrá, Barichara entre otros, son sitios en los cuales la tierra se ha ganado un espacio respetado como material de construcción. Paradójicamente, los estratos socioeconómicos más bajos ven la tapia como un sinónimo de pobreza y retroceso en el tiempo. Creo que aquí tenemos mucho por hacer los profesionales de la construcción sostenible, valorar el imaginario de la tierra como material idóneo para viviendas en todos los niveles sociales y económicos de la población. Entonces, si es tan buena como dicen ¿por qué se abandonó la tapia aún en los campos? Buena pregunta. La tapia, al igual que todos los sistemas constructivos, ha evolucionado. No son iguales las normas para el concreto reforzado ahora que hace veinte años, tampoco para un sistema confinado de mampostería, o de estructura metálica. Hoy en día contamos con las herramientas necesarias para construir casas seguras desde el punto de vista de su estabilidad y comportamiento ante sismos. En el sistema del tapial, lo que ha sucedido es que la comunidad cambió su imaginario cultural sobre la relación entre los materiales de construcción y el contexto social. La construcción debía marchar al ritmo de una marea de campesinos que inundaba las ciudades, dado el crecimiento industrial y económico que en éstas tenía lugar. El concreto y – 64 –
el ladrillo cocido bien se amoldaban a tiempos de ejecución rápidos y también a sistemas seguros; pero, sobre todo, había en nuestras ciudades una gran oferta de materias primas para la confección de estos materiales que, entre otras cosas, como solía suceder con cada material descubierto, se creían inacabables. La disponibilidad de canteras para la producción de agregados y de arcillas para ladrillos era óptima, así que teniendo un “camino tan fácil y seguro”, para qué invertir tiempo en recorrer uno más lento y quizás menos seguro como la tapia. Pero la tapia si bien había sufrido golpes duros en cuanto a su imagen, después de los sismos que en el siglo XIX casi destruyeron la ciudad de Manizales, había evolucionado y demostrado ser segura como sistema constructivo; tal es el caso de Aguadas, población del departamento de Caldas, que durante el sismo de 1979 y los posteriores en el 92 y el 99, soportaron con creces aquellos embates de la naturaleza. Actualmente esta población conserva gran parte de su arquitectura en tapia. Así que no pretendo insinuar que todas las casas de las ciudades se deban construir en este sistema, pero si debemos darle la importancia que se merece, pues es triste que en proyectos de vivienda rural se construyan casas con bloques de concreto y tejas de fibro-cemento, suponiendo una significativa e innecesaria inversión en transportes tortuosos, además de condiciones climáticas insalubres al interior de estos espacios. La tierra que se remueve para dar paso a la nueva construcción puede convertirse en el material a implementarse en la ejecución de la obra, con los aspectos positivos de ahorro de transporte de mampostería, botada de residuos y consolidación de una vivienda estética y armónica con su ambiente cercano. – 65 –
En cuanto a la construcción urbana, más adelante se plantean otras estrategias que siendo ambiental y económicamente viables, pueden garantizar procesos de ejecución rápidos y seguros al mismo tiempo, como es el caso de los materiales reciclados.
Fotografía 2. Casa Zumacal. Construida en tapia. Arquitecta Julia Rave. Guarne, Antioquia. 1977.
Fotografía 3. Panorámica casa Zumacal.
Fotografía 4. Casa Libélula. Construcción de tapias.
Fotografía 5. Casa Libélula terminada. Técnica del tapial.
Fotografía 6. Casa urbana en Medellín construida en tapia.
Fotografía 7. Detalle del revoque de una tapia con mortero. Se raspa la pintura del muro, se adhiere a la superficie una “malla para gallinero” y se revoca. Técnica utilizada para lograr superficies más planas y alargar la vida útil de la tapia. Aguadas, Caldas.
Fotografía 8. Casa en tapia con superficie revocada. Aguadas, Caldas.
3.1.4 Bahareque Este es un sistema constructivo tendinoso, dado que funciona basado en una estructura de guadua recubierta con tierra, la cual puede estar mezclada con cagajón. Este tipo de construcción tiene gran uso a nivel rural. A diferencia de la tapia, el bahareque no emplea espesores tan considerables en los muros, ya que al configurar inicialmente una estructura esqueletal con la guadua, hace que no se requiera de tanta inercia para soportar las solicitaciones externas de viento y sismos. Se me figura el bahareque como un concreto reforzado natural, o tal vez, y quizás por historia, sería más justo decir que se me figura el concreto reforzado como un bahareque artificial. Al igual que la tapia, el bahareque ha experimentado una especie de discriminación como sistema constructivo por parte de la población, tanto a nivel rural como urbano. Se le considera un sistema anticuado, subdesarrollado y de mal comportamiento ante sismos; sin embargo, estos tres calificativos son incorrectos y, más que eso, injustos para un sistema de construcción que ofrece ventajas económicas y ambientales con respecto a los que fungen como modernos y desarrollados. ¿Es anticuado el bahareque? El bahareque no es anticuado, es antiguo, como antiguas son las Pirámides de Egipto, la ciudad de Chan-Chan en Perú, los caminos de piedra elaborados por nuestros antepasados siglos atrás, los palacios chinos y otras tantas cosas, como obras de arte y piezas musicales. Entre estos dos adjetivos hay una gran diferencia conceptual y de imaginario sociocultural, pues baste con decir que el término antiguo reviste un reconocimiento a – 69 –
algo (construcción, pensamiento, canción, etc.) que ha sobrevivido en el tiempo y sigue teniendo connotación de calidad e importancia por parte de una sociedad, sea ésta de artistas, de arquitectos o de un grupo de personas en general. En tanto que el calificativo de anticuado reviste en sí mismo una negación o desaprobación hacia algo o alguien que se convierte en anacrónico; la esclavitud es, además de un buen ejemplo de lo que puede ser anticuado, injusto; pretender escribir hoy, como lo hacía Miguel de Cervantes es anticuado, en cuanto a la gramática y a la ortografía se refiere claro está, pues éstas evolucionan y se actualizan sin que por ello se pierda la validez y la calidad de la conceptualización y la capacidad creadora del espíritu humano. El bahareque constituyó un importante referente para la construcción en Colombia; desde la zona antioqueña hasta la Guajira es factible encontrar comunidades que basaron su consolidación urbanística en la implementación de este sistema tendinoso, aprovechando ventajas tales como: •	La disposición abundante del material tierra y del cagajón de las bestias y demás animales. •	El ahorro en energía y transporte de materiales, sobre todo en áreas rurales alejadas de los centros urbanos. •	La fácil obtención de madera y guadua para erigir la estructura esqueletal de la vivienda o edificación. •	La inercia térmica que logra ambientes interiores confortables. – 70 –
•	La facilidad de mantenimiento por parte inclusive de los mismos usuarios de la construcción. ¿Puede ser el bahareque un referente del subdesarrollo? En ningún momento un material o una técnica en sí misma pueden ser el referente de la pobreza y del subdesarrollo, pues ellos son la materialización de las costumbres y las necesidades físicas de resguardo ante los agentes atmosféricos. Así como escogemos la ropa que consideramos adecuada para nuestros días de sol (colores claros que repelen el sol, telas delgadas y frescas) o para los días fríos (colores oscuros que aumentan el calor corporal, sacos y telas más o menos gruesas), de esa misma manera y obedeciendo a esas lógicas culturales y ambientales, escogemos o, deberíamos escoger, los materiales y sistemas constructivos que nos “arroparán” en adelante. Siendo así resulta entendible, dada la abundancia de la tierra y de la madera en nuestro medio tropical, que nuestros antepasados hayan fusionado sus técnicas vernáculas con las españolas y consolidaran la tapia y el bahareque como materiales y sistemas constructivos acordes a sus necesidades. También es entendible que en las tierras ubicadas en zonas húmedas e inundables, predominen los sistemas palafíticos; que en zonas rodeadas de especies maderables, la construcción en madera sea la escogida por costos, facilidad y armonía entre un contexto social y ambiental. Resulta en mi concepto penoso ver como se están desarrollando proyectos populares de construcción y mejoramiento de viviendas rurales en materiales tan estrictamente urbanos como el bloque de concreto, el fibro-cemento, el zinc y el mismo ladrillo cocido –con los costosos transportes que ello genera–; mientras que al mismo tiempo, veo como mis – 71 –
colegas de países desarrollados como Francia y Alemania implementan la tapia, el bahareque y la guadua como materiales sanos y sistemas constructivos resistentes a sismos para la construcción de edificios en altura, pabellones y puentes de alto desempeño. Es decir, respetados lectores, nuestros “pobres” y “subdesarrollados” materiales y sistemas constructivos son ahora referente de edificios y urbanizaciones evolucionadas para arquitectos, ingenieros, antropólogos y ambientalistas de la desarrollada Comunidad Europea (UCV, Caracas; 2005). ¿El bahareque resiste sismos? Tal como lo hemos dicho con respecto a la tapia, la resistencia ante sismos depende más de los sistemas constructivo y estructural que de los materiales, aunque entre ellos debe existir un principio de reciprocidad indudable. Tal es así que ya en la NSR-98, hay un capítulo que aborda los requisitos y especificaciones para hacer del bahareque un sistema constructivo de óptimo desempeño ante solicitaciones externas de sismos. Pienso, que combinando una óptima elaboración del bahareque, con un diseño arquitectónico estético y bioclimático, esta técnica constructiva representaría un gran aporte al desarrollo material y cultural de nuestras poblaciones, especialmente en las áreas rurales. 3.1.5	Suelo-Cemento Esta técnica la conocí gracias al profesor Manuel Hernández, pues antes de que yo llegara a la bibliografía sobre este asunto, él me invitó junto con mis compañeros – 72 –
en 1996, para que visitáramos su casa finca en Santa Elena, corregimiento del oriente de Medellín. La casa estaba en plena construcción, pero ya era posible verla terminada en un 80 %. Su intención, noble y desinteresada, era enseñarnos que había otra forma de construir con calidad, economía y estética. Se trataba entonces de una casa muy hermosa y grande, al estilo de las casas del sur de Canadá, que en medio de pinos y el clima frío de Santa Elena, parecía estar justo allí en esa parte lejana para nosotros, solo que una mata de plátano que siempre queda en las fotografías que yo tomo de esa bella construcción, nos delata el sabor del trópico y nos devuelve al contexto montañero de Colombia. La casa nos mostraba sus muros gruesos, coloreados por el gris del cemento hidráulico, así que, aunque nos gustó mucho la construcción de la casa de nuestro apreciado profesor Manuel, al saber de qué estaban hechos esos bloques que nos parecían tan normales y bonitos, no pudimos menos que maravillarnos tanto por la técnica como por la sencillez con que don Manuel nos lo dijo: –Eso es pura tierra, mijos. ¡Quien la ve ahí tan fina y bonita y es pura tierra con cemento!. Con la boca todavía abierta y los ojos igual, todo lo que hasta ese momento nos robaba la atención como el sancocho, la leña para el fogón y las canchitas para el partido de fútbol, pasaron a un segundo plano; tocábamos con las yemas de los dedos bloque por bloque, le intentábamos meter la uña, hasta
lo olíamos, pero todo parecía tan normal, tan tradicional. Eran bloques confeccionados con suelo-cemento por el mismo don Manuel Hernández y un campesino de la región que fue su ayudante. Ayudados por una Cinva-Ram6 fabricaron miles de bloques con el material resultante del movimiento de tierra y de las excavaciones hechas para las fundaciones. Es decir que allí no hubo residuos porque, al mezclarlos con cemento y agregarle un poco de arena necesaria para llegar a la cantidad de mezcla requerida, lo que era un problema se convirtió en un recurso. Los bloques fueron ensayados en el laboratorio de nuestra facultad de arquitectura en la Universidad Nacional, cumpliendo con todas las exigencias de las Normas Técnicas Colombianas del ICONTEC, dispuestas para este tipo de materiales y prefabricados. Con esa visita a la casa de don Manuel, el mensaje que en 1994 había recibido por parte de la profesora Luz Helena López, cogía más fuerza de cara a mi futuro profesional. Ya no sólo con la teoría, sino que además por medio del ejemplo, mi profesor me enseñaba que en efecto los futuros constructores teníamos otras opciones para hacer de nuestro ejercicio una práctica reflexiva y armónica con el ambiente. –Y ¿cuánto le costaron pues Don Manuel esos bloques tan bonitos y tan finos?– preguntamos.
6	Cinva: Centro Interamericano de Vivienda. En esta entidad se desarrolló la
Cinva-Ram para la fabricación de bloques de tierra comprimida, hacia la década de los años cincuenta del S XX.
–Pues vean les digo. Yo había hecho el presupuesto utilizando todos los bloques traídos desde Medellín y de la mejor calidad, aunque me salía muy costoso. Entonces cuando hicimos el movimiento de tierra y las brechas para las vigas de fundación, me daba a mí ese pesar tan berraco de tener que votar todo ese material– y se tomó un trago de agua, luego prosiguió ante la mirada cada vez más respetuosa y afectiva de todos nosotros. –Entonces como a mí me gusta tanto leer revistas técnicas y documentos sobre cosas nuevas y prácticas, me di cuenta de que existía dizque un tal suelo-cemento, y me lo estudié y abajo en el laboratorio de nosotros, hice unas pruebas con unas muestras que hicimos con el material de aquí. ¡Qué belleza muchachos! ¡Qué belleza de resultados! Y ahí mismo le tiré números y por todos lados ganaba. –¿Cómo así don Manuel, por qué? –¡Claro! Imagínense que me ahorraba la botada de escombros y la traída de los bloques desde Medellín. Además, como los bloques los hacíamos el ayudante y yo, la mano de obra salía barata. En resumidas cuentas me ahorré más o menos el cincuenta por ciento de la plata. Eso que nos decía don Manuel no sólo era cierto, sino que era hermoso. Al utilizar todos esos residuos había evitado que llegaran a una quebrada o a un botadero generalmente ilegal, pero también evitó utilizar varias toneladas de material proveniente de canteras que a su vez son materias primas no – 75 –
renovables; es decir, que implementó un flujo de materiales y de energía casi cíclico. Hay que sumarle a lo anterior, que la Cinva-Ram no funciona con energía eléctrica ni por medio de la combustión de hidrocarburos, lo que evita en un cien por ciento la emisión de gases contaminantes durante su operación. En cuanto a la confección de prefabricados con suelocemento, el lector puede acceder a los prácticos manuales del Instituto Colombiano de Productores de Cemento ICPC; también, a trabajos de grado sobre el tema y guías que se difunden gratuitamente por la Internet. El suelo-cemento como técnica masificada, otra posibilidad urbana Si en el anterior aparte, expliqué lo significativo de una experiencia rural-urbana y particular como la de don Manuel Hernández, en este reseñaré una que valida aún más la teoría de que podemos hacer una construcción no solo reflexiva, sino también masiva, en la medida que se industrializa el ejercicio de la confección de prefabricados y otros productos de suelocemento. Y, valga aclarar, que esta industrialización a la que me refiero se debe más a la producción en serie que se da de los elementos, más no a la utilización de máquinas basadas en la utilización de combustibles fósiles contaminantes. Vale decir de manera anecdótica, que el arquitecto Darío Angulo y yo, no habíamos tenido oportunidad de conocernos en Colombia, pero sí en cambio, pudimos hacerlo en el marco del Encuentro Internacional de Edificaciones Sostenibles que – 76 –
tuvo lugar en Caracas, en junio del 2005. Este evento realizado por la Universidad Central de Venezuela, y auspiciado por el grupo Holcim, congregó a profesionales de Ecuador, Colombia y Venezuela alrededor del tema de la Construcción y la Arquitectura Sostenibles. Allí tuvimos la oportunidad de socializar diferentes experiencias, entre las cuales estaban las del arquitecto Angulo y la del colega docente Jorge Ramírez, a la cual me referiré más adelante por ser ésta del tema de la bioclimática o arquitectura de bajo consumo energético. Así que a partir de ese evento, hemos venido fortaleciendo lazos entorno a la consolidación de una cultura o por lo menos de un hábito basado en construir desde un paradigma ambiental responsable. El suelo-cemento gana adeptos en la ciudad a un ritmo significativamente rápido, según hemos podido conocer las cifras de elementos prefabricados producidos en los últimos años por esta industria a través de Darío Angulo, que sobrepasan los 500 000 bloques anuales. En su empresa ubicada en Bogotá, se producen diariamente miles de bloques para la construcción urbana de viviendas, oficinas, restaurantes y almacenes. La textura, el color y el desempeño ante los agentes climáticos que vienen mostrando estos productos, son alentadores; sin duda, y dados los grandes movimientos de tierra que las obras de infraestructura generan en ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, los bloques de suelo-cemento macizos y/o aligerados pueden constituirse en una valiosa oportunidad para la construcción de viviendas de bajo costo y alto valor agregado ambiental. – 77 –
Fotografía 9. Aspecto de los bloques de suelo-cemento. Casa Manuel Hernández. Santa Elena, Antioquia.
Fotografía 10. Fachada lateral. Casa Manuel Hernández.
Fotografía 11. Vista general. Casa Manuel Hernández. Construida en bloques de suelo-cemento confeccionados en el sitio.
Fotografía 12. Portada en suelo-cemento. Obra Mesa de Yeguas. Arq. Darío Angulo.
Fotografía 13. Mampostería en suelo-cemento. Obra Casa Mejía. Arq. Darío Angulo.
Fotografía 14. Restaurante Shamua. Ubicado en Bogotá. Arq. Alejandro Carrizosa. Muros construidos con bloques de suelo-cemento producidos por el arquitecto Darío Angulo.
3.2.	Construcciones con guadua Ha sido muy positiva la valoración que a este material de origen vegetal y por demás renovable, se le ha dado en la reciente década: artesanías, muebles, cubiertas para construcciones de grandes áreas y puentes peatonales. Las aplicaciones de la guadua en la construcción se pueden ver ya en zonas diferentes a las que tradicionalmente han utilizado este material, como es el caso de Risaralda, Caldas y Quindío principalmente. Ahora en Medellín se construyen estaderos y restaurantes que hacen de la guadua su materia prima más representativa, desde las columnas y pórticos hasta las cubiertas. Sin embargo dista mucho de tener un uso masificado. Pero, hablar de la guadua en la arquitectura y la construcción, nos remite ya de manera inercial a un nombre: Simón Vélez. Su talento y persistencia han logrado que esos elementos cilíndricos y llenos de aros nos representen en las más prestigiosas ferias del mundo. Paralelo a éste arquitecto manizalita se deben resaltar los esfuerzos que otros investigadores, docentes y profesionales vienen desarrollando ininterrumpidamente, a veces, como el mismo Simón Vélez, con sus propios recursos, para ayudar a crecer el acervo de opciones que en cuanto a materiales y técnicas, deben tener los profesionales de la construcción. Al ser Colombia uno de los países más ricos en este recurso vegetal, cabe entonces preguntarse por qué dicho material no se ha masificado en nuestro país. En tal sentido encontramos que al igual que con la tapia y el bahareque, el prejuicio de la comunidad en general ha afectado la industrialización de la guadua. Nos enfrentamos aquí, a un imaginario que consiste en catalogar a ciertos materiales como signo de pobreza, pero – 80 –
quizás se deba dicho señalamiento a una utilización que obedece prioritariamente a la necesidad del resguardo y abandona los factores estructurales y estéticos. A diferencia del cemento, los agregados y el acero, la tierra y la guadua representan una consecución más fácil para los habitantes al momento de construir su morada, sobre todo en las zonas andinas a las que ya nos hemos referido. De manera que las personas extraen la tierra del sitio en el cual construirán; la guadua es conseguida en la misma zona o muy cerca y se da paso a procesos comunitarios o solitarios de autoconstrucción, muchas veces sin contar con las personas idóneas para desarrollar procesos constructivos seguros y estables en el tiempo. Estas soluciones son consideradas como la única posibilidad o la más barata, viéndose este tipo de construcciones como un acto de resignación ante la imposibilidad de acceder a lo que la comunidad generalmente considera como “material”: el ladrillo, el acero y el concreto. Los procesos para obtener viviendas con técnicas como la tapia y el bahareque aparecen como atrasados ante la mampostería, los pórticos y los muros vaciados de concreto reforzado. Tal vez la producción en serie y la creciente y costosa tecnología empleada en la elaboración de estos últimos, generen mayor credibilidad ante la comunidad, tal vez generen la idea de moderno y eterna duración, pero con estos materiales igual se construyen los peores proyectos habitacionales en las ciudades y pueblos; desafortunadamente también en los campos. Insisto en que más allá de los materiales, son el sistema constructivo y la correcta ejecución de los procesos, los que harán que una vivienda sea sismorresistente y duradera; por ello se deben socializar y popularizar los conocimientos sobre los correctos procesos de ejecución, con aquellos materiales que muchas – 81 –
veces son usados por los habitantes de una zona dadas sus ventajas de consecución y transporte, y que no precisamente obedecen al cemento o al acero. Así mismo, es de suma relevancia para la aceptación de un material o de una técnica, el factor estético. Como ya se dijo en el párrafo anterior, al concentrar los esfuerzos en construir ante todo un resguardo para una o varias familias, el asunto del comportamiento estructural y de la estética se tornan secundarios, pero incluso el de la estética puede tornarse irrelevante. Por ello vemos que en nuestros barrios populares y asentamientos que poco a poco van consolidándose, gran parte de las viviendas aunque empleen materiales “modernos” como el concreto, el acero y el ladrillo cerámico, igual siguen viéndose como soluciones habitacionales de baja calidad constructiva y estética. Cuando las necesidades primarias del ser humano como el alimento y el abrigo son cuestión de supervivencia diaria, ¿qué importa la belleza de la taza en la cual se calma la sed? De igual modo, ¿qué importan el color y la textura de la pared que nos protege del sol y la lluvia? El factor estético es necesario para la aceptación de una técnica o material. Muestra de ello, son los esfuerzos que las empresas de viviendas prefabricadas de concreto han realizado en la más reciente década, con el fin de acercar a más compradores de clase media. Algunos han desarrollado sistemas constructivos que reemplazan los perfiles metálicos por pernos machihembrados, y otros han optado por darle a las placas acabados tipo ladrillo bocadillo, con lo cual sin duda han ganado adeptos a un sistema, que si bien, se ha presentado como económico y ágil, siempre se había considerado estrictamente para soluciones de vivienda de estratos socioeconómicos 1 y – 82 –
2. Actualmente, se vende este tipo de soluciones de vivienda para casa fincas en zonas de recreo de clase media, logrando una penetración hacia un mercado que se creía no aceptaría dicho sistema; pero, cuando a las ventajas económicas se suman la seguridad estructural y la estética, el prejuicio de “soluciones para pobres” puede ser superado. De igual manera sucede con la guadua, pues al utilizarse cumpliendo con las exigencias de sismorresistencia exigidas, además de un diseño arquitectónico de óptimo nivel –no necesariamente opulento–, este material se valoriza como opción constructiva a todo nivel socioeconómico. Construir empleando guadua no es una actividad meramente rural, también es factible su uso en construcciones urbanas como en viviendas, estaderos y estructuras de cubiertas para grandes áreas. En la ciudad de Medellín por ejemplo ha dejado de ser estrictamente material para muebles y artesanías, convirtiéndose en materia prima para restaurantes exclusivos y kioscos en centros de recreación. Claro que esto sería muy difícil sino se contara con la bondad de este material a nivel de su producción, sus características físico-mecánicas y sus costos; pues en cuanto a su ciclo de producción, se resalta la rapidez con la que esta especie de bambú alcanza su madurez, ya que a unos seis años de su siembra, la guadua está lista para ser cosechada y tratada como nuevo material para la construcción, alcanzando en este período alturas de hasta 20 m. Lo anterior quiere decir que es un recurso renovable en el sentido estricto del término, dando lugar a que los procesos de construcción no hagan que la velocidad de consumo supere a la de producción. De sus características físico-mecánicas se tienen numerosas y excelentes publicaciones en revistas, libros y en la Internet; sin – 83 –
embargo, reseñaré algunas de ellas por ser relevantes para el caso de las edificaciones; ellas son: el buen desempeño antes los esfuerzos de flexión y compresión; su bajo peso, ya que se trata de una pieza cilíndrica vacía en su interior, lo que hace que las cargas muertas de la edificación disminuyan y con ellas el tamaño de sus fundaciones; bien inmunizada y protegida de la intemperie, puede durar cientos de años; su alta capacidad de interacción con otros materiales como el acero y el concreto. Su costo es inferior comparado con sistemas constructivos en mampostería o en concreto, el porcentaje dependerá de los materiales complementarios utilizados en la construcción, así, una vivienda construida completamente en guadua estará fácilmente por debajo del 50 % del costo de otros sistemas constructivos, como los ya citados (Blanco, Libreros; 2001); pero, si se combina con materiales como el cemento y la arena para revocar divisiones en esterilla, por ejemplo, su costo de todas maneras estará entre un 40 % y un 25 % menos. Desde lo técnico, lo económico y lo estético la guadua tiene amplias posibilidades de ser masificada en la construcción, sobre todo en lo edilicio, además de ser un importante recurso natural captador de CO2 y por ende oxigenador de la atmósfera. Para efectos de profundización en este tema, se recomienda consultar el proyecto de vivienda realizado por la Universidad Tecnológica de Pereira en asocio con la GTZ, con el cual se construyeron 280 viviendas en este material para damnificados por el terremoto de 1999 en los municipios de Calarcá y Córdoba, en el departamento del Quindío, y en la ciudad de Pereira. También se encuentran revistas y manuales de construcción de viviendas, puentes y confección de pisos con guadua en publicaciones seriadas y libros de texto que – 84 –
pueden consultarse en la Internet y en las bibliotecas de casi todas las universidades del país que contemplan los programas de arquitectura, construcción, ingeniería civil y forestal. Las fotografías que se muestran a continuación, fueron tomadas a comienzos del año 2007 en el Centro Nacional Agropecuario La Salada, del SENA, ubicado en el municipio de Caldas, Antioquia. Se trata de un muy interesante proyecto de construcción de cinco casas, utilizando la guadua como estructura en muros y techos. Las divisiones fueron trabajadas con esterilla de guadua revocada. La ejecución del proyecto estuvo a cargo del Centro Nacional de la Construcción del SENA Antioquia. En el caso de la guadua, los créditos son para los expertos Luis Humberto Montes y Marco Antonio Londoño.
Fotografía 15. Lugar de almacenamiento de la guadua cortada. Centro La Salada, SENA. Caldas, Antioquia.
Fotografía 16. Taller para la producción de esterilla.
Fotografía 17. Vista general de dos cabañas en guadua. Centro La Salada SENA. Caldas, Antioquia.
Fotografía 18. Detalle de esterilla cubierta con malla para gallinero, que luego es revocada con mortero.
Fotografía 19. Detalle estructura de techo en guadua Angustifolia. Centro La Salada.
Fotografía 20. Detalle de ventana. Marco y tableros son elaborados en guadua.
Fotografía 21. Aspecto exterior de una de las cabañas. Estructura en guadua y divisiones en esterilla revocada.
Fotografía 22. Cubierta en guadua. Centro Recreativo de Profesores UNIVALLE, Cali. Arq. Álvaro Thomas y equipo.
Fotografía 23. Aspecto general de la estructura y la cubierta en guadua.
Fotografía 24. Detalle de los soportes combinados en concreto reforzado y guadua.
Fotografía 25. Puente en guadua. Santa Fe de Antioquia. Emilse Rendón
Fotografía 26. Vista lateral del puente Emilse Rendón
3.3	Construcciones en tubos de cartón reciclado La capacidad de asombro es una virtud que no debe perderse, más aún en la docencia y la investigación, porque sólo con ella se puede mantener viva la esperanza de no tener verdades absolutas ni posiciones dogmáticas. Y es que en realidad uno – 89 –
no puede evitar asombrarse ante dos estudiantes de pregrado que lo buscan y le dicen: –Profesor… queremos que usted sea el director de nuestro trabajo de grado. –¿Cuál es el tema? –Viviendas de emergencia en tubos de cartón reciclado para desplazados en Colombia. Entonces uno se queda pasmado digiriendo lo que le acaban de decir Mary Ruby Alvarado e Isabel Cristina López, estudiantes de Construcción de la Universidad Nacional de Colombia con sede en Medellín, y de pronto exclama: –¡Ah caramba!, explíquenme cómo es eso, por favor. Y ellas muy animosas me invitan a tomar una gaseosa en la cafetería central y me enseñan una revista de la editorial Gustavo Gili que muestra viviendas temporales de emergencia para los damnificados de Kobe, bibliotecas de artistas famosos, coliseos, oficinas y hasta iglesias construidas con tubos de cartón reciclado. Esas imágenes debo confesar que eran poesía ante los ojos de quien las ve por primera vez. El artista de semejante obra era Shigeru Ban, arquitecto japonés que “revolcó” en parte el paradigma de la arquitectura y la construcción con sus propuestas innovadoras, al utilizar un material orgánico como el cartón para la edificación.
Los tubos de cartón reciclado fueron utilizados, como ya se dijo, como materia prima para construcciones de emergencia después del terremoto de Kobe. Se pudo notar por medio de esa experiencia, que el sistema constructivo basado en estos tubos permitía una ejecución rápida por módulo, promedio de tres horas, como también poco peso, bajo costo y buen comportamiento ante el clima. Estas características llevaron al arquitecto japonés, a plantearse la posibilidad de concebir proyectos de mayor área construida y no temporales, comenzando por construir bibliotecas particulares y muros en viviendas campestres. En la década de los noventas, ya el sistema de tubos de cartón reciclado ganó terreno en construcciones como iglesias, coliseos y almacenes.
Fotografía 27. Pabellón odawara. Construcción en tubos de cartón reciclado. Arq. Shigeru Ban. Kanagawa, 1990.
Fotografía 28. Puerta Este. Estructura y cerramientos verticales en tubos de cartón reciclados. Shigueru Ban. Odawara, 1990.
La experiencia en Colombia Una vez conocida la documentación sobre la obra del arquitecto Shigeru Ban, el grupo de trabajo se dio a la tarea de elaborar la propuesta para el medio colombiano, contando con la ayuda del estudiante Camilo Díaz en la parte operativa y de instalación del módulo. Se acordó elaborar un prototipo a manera de réplica del construido en Kobe. Éste contó con un área de 9,00 m2, resultado de un cuadrado de 3,00 m de lado y se optó por la altura de 2,40 m, la cual coincidía con la longitud de fabricación de los tubos en el medio colombiano. Sólo se hizo una modificación en los elementos inferiores de confinamiento, dado que el modelo japonés proponía piezas individuales para recibir cada tubo y el nuestro se solucionó con guías confeccionadas en madera de bajo costo, lo que a la postre funcionó muy bien y rebajo los costos finales del módulo.
Los tubos fueron sometidos a diferentes ensayos en laboratorio, entre ellos: porcentaje de absorción y resistencia al esfuerzo de flexión. • Ensayo de absorción. Resultados: las muestras se ensayaron primero sin aditivo y luego con dos tipos de impermeabilizante. Las primeras arrojaron una absorción de agua del 135 %, presentando deformación en su geometría cilíndrica y desprendimiento de las capas. Las otras muestras fueron recubiertas con dos tipos de impermeabilizante: Polivinilo Clorado y otro de una reconocida marca de aditivos en el país. Las muestras recubiertas con Polivinilo Clorado arrojaron una absorción del 50 % y las impermeabilizadas con el otro aditivo del 48 %. Como su comportamiento fue similar, se escogió el Polivinilo Clorado por su bajo costo y facilidad de consecución. •	Ensayo de resistencia a la flexión
Fotografía 29. Ensayo a la flexión del tubo en cartón reciclado.
Este ensayo es importante porque los tubos no estarían sometidos a cargas de compresión, sino a fuerzas externas aplicadas sobre las caras del tubo de manera no coaxial, llegando a ser en algunos casos perpendiculares. El comportamiento fue óptimo y su deflexión residual apenas alcanzó los 0,043 cm, un resultado ideal para seguir adelante con el proyecto. El prototipo se instaló en el laboratorio de estructuras de la Facultad de Minas, de la Universidad Nacional de Colombia, para realizarle ensayos al sistema constructivo, tales como cargas de sismo y de viento según las exigencias de la NSR-98. Se tuvo la asesoría y coordinación del profesor Jorge Polanco, especialista reconocido en estos trabajos a nivel académico y profesional. El comportamiento del prototipo ante cargas de sismo y de viento fue muy positivo, por ejemplo, en cuanto a cargas de viento, el prototipo resistió una fuerza de 1 730,36 N (389,00 lbf), equivalente a un viento con una velocidad de 80 km/h. En cuanto a sismos, el sistema soportó una fuerza de 2 113,80 N (475,20 lbf), equivalente a un sismo como el ocurrido en el Eje Cafetero en enero de 1999. Esta vivienda de emergencia luego fue llevada al exterior, para monitorearla en condiciones climáticas reales de la ciudad de Medellín durante dos semanas. Ante las lluvias que fueron permanentes, no mostró aumento de volumen ni separación de las capas en los tubos, lo que demostró la efectividad del impermeabilizante. Con la colaboración del grupo EMAT, de la Facultad de Arquitectura de la misma universidad, se hizo un seguimiento para determinar el comportamiento del prototipo, el cual arrojó los siguientes aspectos: – 94 –
•	La temperatura al mediodía era tres grados menor en el interior del sistema con respecto a la temperatura externa. Sin embargo, la diferencia puede ser mayor si se mejora la cubierta del prototipo, pues por efectos de economía en el sistema, se instaló una lona impermeable blanca, pero esta puede ser mejorada con otra capa que genere una cámara de aire y evite el fenómeno de transferencia de calor hacia el interior. •	Los sensores colocados en el interior de los tubos mostraron que éstos se comportan de manera excelente ante la radiación solar, pues si bien se calienta la cara externa del cilindro, éste, al poseer una cámara de aire en su interior, hace que el aire caliente ascienda y se renueve constantemente por el fenómeno de convección, manteniendo fresca la cara interna del tubo. •	En las horas del amanecer cuando la temperatura externa descendía hasta los 17 ºC, en el interior se obtuvo una temperatura 5 ºC superior, lo que generaba un ambiente acorde con el rango de la línea de confort, el cual para las condiciones de este punto geográfico, está entre los 22 ºC y los 26 ºC. Una vez se demostró la viabilidad técnica de utilizar los tubos de cartón reciclado como un material alternativo para la edificación, se procedió a su análisis de costos, encontrando que este prototipo, costaba un 35 % menos comparado con sistema tradicional en mampostería utilizando ladrillo cerámico, además su peso era un 75 % menor. No cabe duda de que ésta bien puede ser una opción para campamentos, obras preliminares y casetas, como también para construcciones estacionarias en las – 95 –
cuales se recomienda dar una protección ignífuga a la superficie de los tubos, fortaleciendo su desempeño ante posibilidades de combustión. Esta es una variable que debe analizarse al momento de la escogencia de este sistema, pues el fuego siempre será una debilidad de los materiales combustibles como el cartón y la madera, aunque no debe desconocerse la debilidad del acero ante las altas temperaturas.
Fotografía 30. Aspecto de los tubos empleados en la construcción de la vivienda de emergencia. Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Construcción. Medellín, 2003.
Fotografía 31. Vivienda temporal en tubos de cartón reciclado en construcción.
Fotografía 32. Aspecto exterior de la vivienda temporal. Cubierta en lona impermeable.
Fotografía 33. Fachada posterior.
Fotografía 34. Aspecto interior de la vivienda temporal.
3.4	Reciclaje de materiales para la construcción Antes de entrar en materia sobre este asunto, considero pertinente hacer una diferenciación entre reutilización y reciclaje, como también entre reciclable y reciclado. Estos conceptos suelen utilizarse erróneamente aún por profesionales de la ingeniería. Reciclaje: por reciclaje entendemos el tratamiento o manipulación de los desechos, de forma artesanal o industrial, para crear un componente o un material nuevo, una materia prima. Tenemos como ejemplo el caso del concreto u hormigón, del cual, una vez demolido, se recupera el árido y la pasta cementante tras un proceso industrial para confeccionar nuevos concretos. Así mismo, el papel cumple un ciclo de reciclaje interesante, ya que con las cantidades de papel descartadas en oficinas, hogares y colegios, se fabrican nuevos papeles que van a sustituir en un porcentaje entre el 50 % y el 80 % recursos naturales como los árboles talados para la obtención de la pulpa, esto quiere decir, que una tonelada de papel reciclado, bien puede tener entre 500 kg y 800 kg de material reciclado, quedando entonces un porcentaje bajo de material extraído por tala de árboles, dando así un mayor margen de tiempo para la recuperación de bosques. Reutilización: se puede definir la reutilización, como el uso de un material de desecho, sin manipulación ni tratamiento posterior alguno, a excepción de su saneado, limpieza o tratamiento superficial, para una función igual o parecida a la que tenía anteriormente. La reutilización la podemos ejemplificar con la actividad de “quitar y poner” en el caso de la demolición de una – 98 –
construcción antigua, en la cual sus elementos tales como puertas, ventanas y rejas en buen estado después de ser desmontadas cuidadosamente, son instaladas en otra edificación, necesitándose solo de la limpieza de éstos para su ubicación en otro proyecto diferente al ocupado inicialmente. Reciclable y reciclado: un material puede ser reciclable pero no necesariamente reciclado; así mismo, un material puede ser, además de reciclable, reciclado. Esto quiere decir que un pliego de papel obtenido de la celulosa de la madera es reciclable, dado que una vez sea utilizado y desechado en la oficina o el colegio, podrá transformarse en materia prima para un nuevo ciclo, allí se convierte en un material reciclado, pues ha pasado por un proceso manual o industrial de reciclaje. Este nuevo producto es ya un material reciclado y también tendrá la posibilidad de ser reciclable. Una analogía similar se puede establecer con un agregado grueso para confeccionar concreto. Cuando éste proviene de la cantera, no es reciclado, pero sí tiene todas las posibilidades de ser reciclable. De tal manera que una vez los residuos provenientes de la demolición de una estructura de concreto, son valorados como agregados para una nueva mezcla, tendremos en nuestro proyecto un material que además de ser reciclado tiene la factibilidad de ser reciclable. En síntesis, el material reciclable es aquel que una vez cumple su vida útil, presenta un potencial de ser valorado como posible nueva materia prima a través del reciclaje. En tanto que un material reciclado es aquel que una vez clasificado como residuo o desecho, es valorado y transformado como materia prima para ser incluido en un nuevo ciclo de producción.
3.4.1	El concreto reciclado Cuando se exponen importantes ventajas de la reutilización y el reciclaje de escombros para confeccionar nuevos concretos, es indudable que el beneficio ambiental para los ecosistemas urbanos es evidente y cuantificable; basta con mencionar que si se reciclara cuando menos el 40 % de los residuos de construcción y demolición producidos en Medellín diariamente, se estaría hablando de unas 2 400 toneladas que no llegarían a puntos negros, ni a rellenos sanitarios y, que además, no se estarían extrayendo de las laderas altamente afectadas del Valle de Aburrá. Pero, de acuerdo a las dinámicas de una sociedad en la cual hasta ahora el factor económico predomina por encima del factor ambiental, se hace necesaria la comprobación técnica y económica acerca del desempeño de un material que utilizará escombros como agregados. Tal comprobación se basa fundamentalmente en los siguientes aspectos: •	Resistencia del concreto confeccionado con escombros al esfuerzo de la compresión a los 28 días de edad; •	Factibilidad de uso en prefabricados de frecuente utilización en la construcción; •	Y análisis de costos comparado entre un metro cúbico de concreto natural y reciclado. Para tal efecto, se mostrarán los análisis acerca del comportamiento físico y mecánico de un concreto, cuyos agregados naturales, han sido reemplazados en un 100 % por áridos pro-
venientes del reciclaje de escombros, así como su viabilidad económica. Este trabajo se viene desarrollando desde 1998 con interesantes resultados. El objetivo general es demostrar la viabilidad técnica y económica de un concreto no convencional, confeccionado con agregados provenientes del reciclaje de escombros, de tal manera que se pudiera ubicar la actividad de la construcción en un marco de sostenibilidad urbana. Resistencia del concreto confeccionado con escombros al esfuerzo de la compresión a los 28 días de edad Se seleccionaron tres tipos de escombros: •	Concreto resultante de una demolición. •	Ladrillo y mortero de pega resultante de una demolición residencial. •	Material cerámico proveniente de una industria de la ciudad de Medellín, tales como baldosas rotas durante su producción. Luego de almacenar las cantidades de escombros recolectadas, además de los áridos naturales para elaborar la mezcla de control, se procedió a triturarlas por separado, empleando una máquina trituradora de mandíbulas graduada para un tamaño máximo de 19,05 mm (3/4”). Una vez triturado el material se separó en árido grueso y fino, tomando como árido grueso, aquel que queda retenido en la malla # 4 inclusive y como árido fino, el material que pasa por la misma malla, según los parámetros técnicos de agregados para concreto. Seguidamente se realizaron los ensayos correspondientes tanto de los áridos – 101 –
como del cemento. El cemento que se utilizó para esta investigación fue Portland normal, ASTM tipo 1. A continuación, se muestran los resultados más relevantes de los ensayos practicados a los áridos reciclados y a los agregados naturales para la mezcla de control. Porcentaje de absorción de los áridos finos % de absorción Muestra 3,45 Control 8,34 Reciclado concreto 5,66 Reciclado cerámicos 4,82 Reciclado ladrillo y mortero
Porcentaje de absorción de los áridos gruesos Muestra % de absorción Control 1,26 Reciclado concreto 5,35 Reciclado cerámicos 5,24 Reciclado ladrillo y mortero 15,10
•	En los áridos finos reciclados, se presenta una menor densidad aparente seca comparada con el árido natural. Se puede observar una mayor absorción de agua por parte de los finos reciclados en comparación con el árido natural, en la mayoría de los casos sobrepasan en más del 200 % al elemento de control. •	Los porcentajes de absorción de los áridos gruesos reciclados son muy elevados respecto al cascajo natural, notán– 102 –
dose en las partículas de la mezcla de ladrillo y mortero de pega los más altos porcentajes. Las superficies de las muestras recicladas, mostraron porosidades notorias y en gran cantidad, además de las grietas presentadas en la pasta de cemento que ya se ha hidratado para los casos de concreto y mortero, estos factores explican la elevada absorción de agua por parte de estos materiales. Resultados de las mezclas Se diseñaron mezclas con una relación agua/cemento de 0,488 por resistencia. Los agregados fueron secados para observar el comportamiento de la mezcla fresca y la concordancia con los elevados porcentajes de absorción presentados por los áridos reciclados. En ninguna de las mezclas se utilizaron agentes inclusores de aire, ya que se trata de preparar concretos lo más estándar posible en el campo de la construcción, donde los aditivos especiales son usados con poca frecuencia. En todas las mezclas, a excepción de la de control, tanto el árido fino como el árido grueso fue sustituido en su totalidad por material reciclado. Resistencia al esfuerzo de compresión a diferentes edades** Muestra Control Reciclado concreto Reciclado cerámicos Reciclado ladrillo y mortero
7 días ( MPa ) 14,12 13,90 13,10 10,24
28 días ( MPa ) 21,56 21,53 20,47 17,45
** Se diseñó para una resistencia a los 28 días de 21 MPa.
Factibilidad de uso en prefabricados de frecuente utilización en la construcción Los resultados, llevaron a confeccionar prototipos de elementos prefabricados de uso común en la construcción en la ciudad de Medellín, como es el caso de los bloques huecos de hormigón para muros, bordillos para andenes y corta-goteras para el remate de paredes expuestas a la intemperie. Para estos prefabricados se escogió la mezcla cuyos áridos eran reciclados de concreto demolido, por ser este un tipo de escombro abundante. Para comprobar su viabilidad técnica, se fallaron tres muestras de un bloque hueco de hormigón con dimensiones de 10 × 20 × 40 cm de acuerdo a lo establecido por la Norma Técnica Colombiana 247. Esta norma establece que los bloques para ser utilizados en muros de carga deben presentar una resistencia a la compresión de sección bruta igual o mayor a 4,0 MPa en promedio. A continuación se muestran las resistencias obtenidas de los elementos prefabricados reciclados. Resistencia a la compresión de los bloques reciclados a los 28 días Muestra Bloque 10 ×20 ×40 cm	Bloque 10 ×20 ×40 cm	Bloque 10 ×20 ×40 cm	Promedio
Bloque No 1 2 3 -
Resistencia área bruta MPa 4,5 4,8 5,0 4,8
Según los resultados obtenidos del fallado de los bloques reciclados a la edad de 28 días, éstos cumplen con los requisitos para ser empleados en la construcción como elementos de mampostería, tanto de uso exterior con revestimiento, como interior sin necesidad de revestimiento. Queda claro que el concreto reciclado, confeccionado con agregados provenientes del reciclaje de escombros, puede ser utilizado en obras de construcción tanto estructural como no estructural. Su resistencia a la compresión a nivel de concreto para ser empleado en columnas y vigas, como también a nivel de prefabricados como bloques huecos estructurales, lo hacen viable según la NSR-98 para desempeñarse ante movimientos sísmicos y ante las solicitaciones normales de un edificio, como son, las cargas muertas y vivas que actúan sobre éste. Análisis de costos comparado entre un metro cúbico de concreto natural y reciclado Aunque el concreto reciclado con escombros presenta un balance ambiental y técnico positivo, susceptible entonces de ser empleado en la construcción de nuevas obras y en la remodelación de aquellas existentes, aún no es motivo suficiente para que se introduzca como un material de uso normal en una comunidad, ya que tanto para habitantes, constructores y autoridades municipales es fundamental el factor económico, es decir, el costo que un material actualmente no convencional tendrá en el mercado. Esta es una realidad a la que no se le puede dejar de lado; en tal sentido se mostrará a continuación un análisis económico del concreto reciclado, analizando estrictamente lo concerniente a su confección, pues el análisis de – 105 –
los escombros y su flujo en la ciudad, son su valor agregado. Hay que aclarar que, al igual que en el caso de los bloques, para el análisis económico, se escogió la mezcla con áridos reciclados de concreto demolido, por ser representativo en nuestro medio y mostrar un óptimo desempeño durante los ensayos de laboratorio. Costo por metro cúbico de concreto normal 1:2:3 Rel A/C mezclas = 0,45 Cemento:	7 sacos ⋅ m3 (350 kg) =7⋅ $15 500= $108 500 Agua:	350 ⋅ 0,45 = 0,158 ⋅ $1 071 = $169 Arena: 700 kg/1 800 kg/m3 = 0,39 ⋅ $24 200= $9 438 Cascajo:	1 050 kg/1 800 kg/m3 = 0,58 ⋅ $21 700= $12 586 Preparación:	Mano de obra = $11 500	Total: $ 142 193
Costo por metro cúbico de concreto reciclado 1:1,8:1,9 Rel A/C mezclas = 0,45 Cemento:	7 sacos m3 (350 kg) =7 $15 500= $108 500 Agua:	350 0,45 = 0,158 $1 071 = $169 Arena:	630 kg/1 500 kg/m3 = 0,42 $10 976= $4 610 Cascajo:	665 kg/1 500 kg/m3 = 0,44 $10 976= $4 829 Preparación:	Mano de obra = $11 500 Total: $ 129 608
Los costos por metro cúbico de cada tipo de concreto, arrojan un ahorro del 8,85 % al elaborar concretos reciclados en comparación con un concreto natural o tradicional. Este – 106 –
ahorro, es producto de la obtención del material de desecho para luego ser reciclado, aunque debe aclararse que, de acuerdo a las resistencias obtenidas, en ocasiones será recomendable incrementar la cantidad de cemento en el caso de los materiales reciclados para elevar la resistencia al nivel del concreto natural, por lo cual su costo bien podría ser igual en ambos casos, con la ventaja para el material ecológico, de poseer un valor agregado representado en sus ventajas ambientales. Analizando los resultados obtenidos, se puede deducir que la posibilidad desde los aspectos técnico y económico para el concreto reciclado como material de construcción es alta. Pero queda a su vez el reto por llevar este ejercicio a la escala de un modelo de gestión a nivel urbano, donde se analicen las interrelaciones entre el desarrollo de un material no convencional y las políticas de manejo de residuos de la municipalidad, las posibilidades desde el punto de vista de recursos y la participación de los diferentes actores de los ecosistemas urbanos. A continuación, se ilustra el proceso de valoración de escombros que se llevó a cabo durante el año 2004 entre la División de Estudios Técnicos e Investigaciones-DETIN de ASOP, la Escuela de Construcción de la Universidad Nacional de Colombia sede Medellín y la Fundación SERVIVIENDA, esta última dedicada a la producción de viviendas prefabricadas de concreto. En este caso se implementó un modelo de gestión integral de residuos que recicló el 100 % de los escombros generados en la producción de los paneles prefabricados de concreto. – 107 –
Fotografía 35. Escombros generados en la elaboración de paneles prefabricados.
Fotografía 36. Trituración de los escombros en el CIMEX de la Universidad Nacional.
Fotografía 37. Agregados reciclados para una nueva mezcla.
Fotografía 38. Almacenamiento de paneles prefabricados reciclados.
Fotografía 39. Armado de la vivienda prefabricada confeccionada en concreto reciclado.
Fotografía 40. Aspecto exterior de la vivienda prefabricada en paneles de concreto reciclado.
3.4.2	Cementos reciclados Al respecto cito el admirable trabajo que el profesor y científico Alejandro Salazar Jaramillo, viene desarrollando desde la década de los setentas, alcanzando actualmente un importante grado de desarrollo en cuanto a la producción de materiales cementicios obtenidos a partir del reciclaje de residuos. Su aporte en el diseño de materiales reciclados para la construcción, hoy puede verse reflejado en cientos de construcciones en el Valle del Cauca, especialmente, en estratos socioeconómicos bajos, como también, en empresas dedicadas enteramente a la confección y comercialización de diversos materiales ecológicos. Algunos de los productos son precisamente cementos reciclados que, según su composición química, podrán emplearse en la elaboración de morteros o concretos, logrando resistencias acordes con las exigidas por el ICONTEC y el ACI7, con costos que oscilan entre un 40 % y un 50 % respecto de un cemento tradicional. Quiero resaltar que antes que un científico, Alejandro Salazar Jaramillo es un humanista, y de ello podemos dar fe quienes hemos tenido la fortuna de cruzarnos en nuestras vidas con él. Lo conocí en Medellín en 1998, cuando dictaba una conferencia sobre introducción al diseño de materiales con base en subproductos industriales, dejándonos literalmente boquiabiertos a los que allí asistimos para enterarnos sobre temas no convencionales en la construcción. Yo estaba en la 7	American Concrete Institute.
etapa de ensayos de las mezclas recicladas como parte de mi trabajo de grado, por lo cual, escucharlo y conocer los avances que, desde 1972, en el tema del reciclaje de residuos para elaborar nuevos materiales, él venía cosechando, fortaleció mi propuesta investigativa pero mejor que eso, me demostró que en efecto desde nuestra profesión, considerada un asunto de técnica y materiales, podemos hacer una interesante labor social. Pude conocer sus proyectos con la Universidad del Valle, los barrios que en Cali se construyen empleando ladrillos reciclados de alto desempeño y bajo costo, como también su capacidad de maestro y disposición de enseñar lo que tantos años de experiencia, decepciones y alegrías han hecho de él, un verdadero maestro.
Fotografía 41. Residuos industriales para la elaboración de cementos reciclados. Ing. Alejandro Salazar Jaramillo. Ecomat, Cali.
Fotografía 42. Horno para la calcinación de residuos industriales. Ecomat.
Fotografía 43. Muestras de revoques y estucos para ensayo de comportamiento a la intemperie. Ecomat.
En este interesante tema de los cementos reciclados, el semillero de investigación en Ciencias y Tecnologías de la Construcción-CITEC, adscrito a la facultad de arquitectura e ingeniería de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia, también ha venido desarrollando una propuesta en cuanto a la elaboración de cementos ecológicos, obtenidos a partir del reciclaje de residuos cerámicos. Durante el año de 2006 se desarrolló el 50 % de la investigación, etapa en la cual, se establecieron los tipos de residuos óptimos como materia prima, también su tamaño de grano y se realizaron los ensayos de tiempo de fraguado y consistencia, normal en morteros. En cuanto al ensayo de consistencia normal, es alentador saber que la mezcla confeccionada con el 50 % de cemento reciclado, estuvo dentro del rango exigido por las normas técnicas colombianas; el comportamiento durante el mezclado fue satisfactorio; en cuanto a su coloración, se notó un predominio del tono terracota, debido a la materia prima empleada obtenida del reciclaje de cerámicos cocidos. En la segunda etapa de la investigación, se espera realizar ensayos de resistencia a la compresión y análisis de costos.
Fotografía 44. Residuos cerámicos para confeccionar cemento ecológico. CITEC.
Fotografía 45. Material procesado y tamizado para la elaboración de cemento hidráulico reciclado. CITEC.
Fotografía 46. Pesaje del cemento reciclado listo para confección de mortero. CITEC.
3.5 Arquitectura bioclimática La arquitectura bioclimática, propende por un acondicionamiento climático al interior de las edificaciones, con el menor uso posible, a veces nulo de equipos mecánicos para la calefacción o refrigeración según el caso. Desde la concepción – 114 –
del proyecto arquitectónico, se tienen en cuenta variables como la temperatura del lugar, la humedad relativa y la posición del sol, con el propósito de identificar las estrategias que harán que la edificación permanezca dentro del rango de confort, es decir, entre las temperaturas mínima y máxima con las cuales se garantiza un clima interior agradable de acuerdo a la zona geográfica. En síntesis, estas son las estrategias bioclimáticas8: •	Uso eficiente de la luz natural y eléctrica. Condiciones de confort lumínico y visual. •	Utilización de energías alternativas. •	Automatización y tecnologías de información. •	Manejo de la calidad acústica. Condiciones de confort auditivo y acústico. •	Calidad ambiental del espacio público. Es común que en las facultades de arquitectura, se reduzca el tema de la construcción sostenible al aspecto de la bioclimática, dejando de lado el universo que en realidad comprende este concepto, pues cuando hablamos de sostenibilidad en la construcción, lo hacemos desde diversas perspectivas, tratando de hacer un ejercicio integral con el cual se logre la mayor interacción entre los recursos, la energía y el ciclo de vida de los materiales. Se contempla entonces el origen de los mate-
8	Estrategias expuestas por el arquitecto Jorge Ramírez Fonseca. Caracas, 2005.
riales y su impacto ambiental; la posibilidad de que luego de cumplir su ciclo de vida, puedan ser reutilizados o reciclados; la disposición de residuos líquidos y sólidos; y la menor dependencia posible de equipos mecánicos para climatizar el interior del edificio. Como se puede ver, la construcción sostenible es un ejercicio de interacciones entre disciplinas que van desde la arquitectura, hasta la ingeniería mecánica y la física, entre otras. No por ello se debe dejar de lado la importancia y el peso que tiene la bioclimática dentro de un proyecto, para que este sea considerado como sostenible o de alta calidad ambiental. La energía en el mundo y en la arquitectura La energía es actualmente el principal motivo de las guerras en el mundo, por encima de las religiones y las nacionalidades, está lo que representa económicamente el recurso energético, en especial, el que se halla concentrado en combustibles fósiles como el petróleo y el gas natural. Entre Estados Unidos, la Comunidad Europea y Japón, se consumen alrededor del 40 % de la producción mundial de petróleo, y gran parte de esta energía producida en el mundo, se consume en los edificios. Recordemos también que a raíz de la crisis energética de los setentas, la población mundial reaccionó alrededor de este problema. Se consolidaron grupos ecologistas dedicados al estudio del consumo energético y sus impactos ambientales, como también a la investigación de nuevas formas de generación de energía, desarrollándose los parques eólicos en Norteamérica, España y Alemania principalmente; se masificó el uso del gas natural, no solo a nivel de consumo doméstico y vehicular, sino también, a nivel de grandes generadores de energía por medio de las
centrales termoeléctricas, cuyas turbinas son movidas por gas y no requieren de la infraestructura monumental de una hidroeléctrica, además evitan el desplazamiento de numerosas especies de fauna y flora, debido a que no se requieren extensas zonas para inundación. En tal sentido, la arquitectura se adaptó a un nuevo ejercicio disciplinar: diseñar y construir desde un paradigma ambiental responsable. No basta la forma, también se requiere racionalizar el consumo energético, aprovechar el agua lluvia y minimizar el impacto sobre los recursos naturales. La huella ecológica que dejamos los seres humanos en los hábitats, puede reducirse drásticamente, esto de la preservación ambiental desde la arquitectura y la construcción es un ejercicio posible, se requiere de imaginación y perseverancia para que la comunidad en general crea en que hay otras maneras de interactuar con el medio desde una actitud reflexiva y respetuosa, buscando inclusive hacer algo que los animales irracionales hacen y el hombre no: adaptarse al medio, en vez de transformarlo a nuestro antojo para suplir a veces, más que nuestras necesidades primarias, nuestros caprichos. La arquitectura bioclimática en Colombia Con agrado paso a reseñar en este aparte del texto, la forma como ha venido fortaleciéndose esta práctica en nuestro país, reflejándose en asignaturas, diplomados y seminarios impartidos en universidades públicas y privadas; así como también en proyectos ya construidos. Estas modalidades han dado paso a semilleros y grupos de investigación dedicados de tiempo completo a construir propuestas encaminadas hacia una arquitectura de alta calidad ambiental, además de sus aspectos estéticos y estructurales. – 117 –
Mediante la actividad investigativa en el campo de los ecomateriales, llegué a la temática de la bioclimática, encontrando al mismo tiempo que en la facultad de arquitectura de la Universidad Nacional en Medellín, se consolidaba un grupo de investigación precisamente en esta área, el EMAT, sigla que significa Energía, Medio Ambiente y Tecnología. Este grupo estaba –y está– coordinado por los profesores Jorge Hernán Salazar y Ader García, arquitectos jóvenes, que afortunadamente allanaron nuevas formas de hacer arquitectura; igualmente se reencontraron con principios que aunque milenarios, habían sido abandonados por los arquitectos contemporáneos en la concepción de sus proyectos. Hacia el año de 1999, cuando yo aún era muy nuevo en la docencia universitaria, le solicité a mi colega Jorge Salazar, que me permitiera asistir a su curso para complementar mis conocimientos en la temática ambiental de cara a la construcción y a la arquitectura. En las pocas sesiones a las cuales asistí, pude darme cuenta de varias cosas que hoy en día aplico en mi vida como profesional y docente: una de ellas es que si uno como estudiante, no tiene en sus docentes las pautas para hacer de su profesión algo que trascienda a la cotidianidad, difícilmente lo hallará por su propia cuenta, creo que se requiere de maestros que más que enseñar, inspiren a sus estudiantes hacia el camino de la utopía misma en el universo de su profesión, precisamente lo que Jorge hace en su ejercicio docente. Y, la otra, tiene que ver con ese asunto de la interdisciplinariedad. Quería en efecto ser, además de constructor e investigador en ecomateriales, diseñador bioclimático y acústico, y quién sabe cuántas cosas más, pero creo que así no funcionan las cosas en este mundo de hiper-especialidades. Entendí que lo mejor y más productivo era conformar grupos – 118 –
de trabajo, en los cuales cada quien potencia sus fortalezas, fue así que llegamos dos años más tarde a desarrollar una propuesta de investigación conjunta, que consistió en analizar el comportamiento térmico de bloques de concreto reciclado. Aquel trabajo aplicó para publicarse en la PLEA de Florianópolis, en Brasil, en el año 2001. Descubrimos características del concreto reciclado como la transferencia de calor y la inercia térmica, que me servirían como información complementaria para enriquecer el conocimiento sobre ese material compuesto de tipo ecológico. El trabajo en grupo se multiplica en efectividad. Si bien una idea nace de manera individual, el consenso la pule hasta hacerla verdaderamente significativa. Del EMAT, pasemos a mirar otra experiencia exitosa en Colombia, que también ha superado fronteras. Se trata de los proyectos liderados por el arquitecto Jorge Ramírez Fonseca, docente de la Universidad de los Andes y consultor independiente, a quien también conocí en el año de 2005. Su trabajo va desde el acondicionamiento térmico, hasta la reutilización de aguas lluvias en edificaciones comerciales de grandes áreas construidas. Sus diseños tienen un positivo impacto sobre el ambiente, dado que en algunos casos se sustituye hasta en un 100 % la utilización de equipos mecánicos para climatización, logrando ambientes confortables con el manejo adecuado de las corrientes de viento y la entrada de los rayos del sol. Los principios de la bioclimática conocidos desde finales de los noventas, se fortalecieron con los aportes del trabajo de Jorge Ramírez. Desde una vivienda hasta grandes centros – 119 –
comerciales y fábricas climatizadas de manera natural, son una muestra contundente de que es posible reorientar el ejercicio de la arquitectura y de la construcción, por medio, muchas veces, de lo sencillo, aunque a simple vista parezca menos moderno y por ende anacrónico tecnológicamente hablando. Por ejemplo, construir un centro vacacional en una zona cuyas temperaturas superan los 30 ºC, de entrada presupone que algo habrá de hacerse para mitigar el calor que se generará al interior de las cabañas, las cuales deben tener cerramientos por efectos de intimidad y seguridad. En efecto, la opción inicial fue equipar las construcciones con equipos mecánicos para refrigeración, como tal vez nos han enseñado siempre en nuestras facultades, y tal vez porque inclusive así refrescamos nuestros hogares y oficinas de trabajo. Pero, al analizar otras variables distintas al calor, como el viento y su dirección, y la humedad del sitio, el grupo de trabajo del profesor Ramírez planteó una solución más reflexiva en cuanto al consumo energético y a la implementación de tecnologías apropiadas. Esta solución consistió en instalar nebulizadores de agua al frente de las habitaciones, de tal manera que el aire al evaporar esas partículas minúsculas, invierte gran cantidad de calor y pierde temperatura, permitiendo una corriente que al entrar a las habitaciones, refresca el ambiente interior haciéndolo confortable. La comparación de costos es impactante, pues la solución con equipos mecánicos presentaba un consumo anual de 865 360 kW-h, y una inversión de 396 millones de pesos en equipos, en tanto que la implementación de los nebulizadores, costó dos millones de pesos y un consumo de energía eléctrica igual a cero.
Fotografía 47. Centro vacacional Lagosol. Nilo, Cundinamarca. Arq. Motta y Rodríguez. Asesoría en bioclimática Arq. Jorge Ramírez y equipo.
Fotografía 48. Refrigeración evaporativa por medio de nebulizadores de agua. Se instalan al frente de las fachadas de las habitaciones. Lagosol.
Otra forma de hacer construcción sostenible tiene que ver con el aprovechamiento de los recursos naturales, como el agua. En zonas donde las precipitaciones son comunes, se ve factible la posibilidad de instalar sistemas para el reciclaje de aguas lluvias, aprovechando este recurso para actividades de aseo e inclusive para el consumo humano. Cuando el agua reciclada se obtiene en áreas urbanas con nivel medio y alto de contaminación del aire, se puede disponer un sistema de recolección y filtrado, por medio del cual si bien el líquido no queda apto para ser consumido por personas, podrá utilizarse en el vaciado de inodoros y lavado de pisos y autos. Si se instala un sistema más complejo, se puede llegar incluso al tratamiento rápido y seguro del agua contaminada hasta hacerla un líquido potable; esto dependerá, de la demanda del líquido y de las precipitaciones en el lugar. Por ejemplo, grandes áreas de techos son ideales para canalizar importantes cantidades de agua hacia un sistema de reciclaje. Un caso que confirma las posibilidades, es el proyecto Almacén Alkosto de Villavicencio, en el cual, además de un diseño de ahorro energético a través de la bioclimática, se aprovechó el área de techos y la precipitación del lugar para diseñar e instalar un sistema de reciclaje y potabilización de aguas lluvias. Según las condiciones hidrológicas de Villavicencio, se calculó una cantidad de agua recolectada en la cubierta igual a 2 000 L/ m2/año, muy importante este factor, si se tiene en cuenta que el área de dicha cubierta, sobrepasaba los 1 000 m2.
Fotografía 49. Cubierta Almacén Alkosto Villavicencio. Asesoría en bioclimática y reciclaje de agua lluvia Arq. Jorge Ramírez.
Fotografía 50. Planta compacta de tratamiento y potabilización. Alkosto Villavicencio.
No siempre con las soluciones bioclimáticas se logra un ahorro del 100 % en el consumo energético; pero sí es cierto que la demanda de energía eléctrica o química puede reducirse dramáticamente, haciendo viable la sostenibilidad ambiental y económica de un edificio. Es el caso del edificio Centro Calle
94 de COMPENSAR9, en Bogotá. Este edificio contaba con factores en su contra como la ubicación en medio de unas grandes y congestionadas avenidas, además de una fachada larga que estaría de frente al poniente. La solución a estos problemas, conocidos en pleno proceso de construcción en el año 2006, no sólo es inteligente, sino además, muy agresiva, en tanto que impuso a través del conocimiento académico y la experiencia una solución más natural, por encima de la seguridad tecnológica que brindan los equipos mecánicos. Construir una doble piel y un termosifón en el edificio para evitar el ruido y evacuar el aire hicieron que, en cuanto al consumo de energía, éste se disminuyera de 2 566 080 kW-h a 513 216 kW-h; la inversión en equipos bajó de un costo inicial de $1 782 000 000 a $356 400 000.
Imagen 1. Imagen tridimensional del edificio Centro Calle 94 de COMPENSAR, Bogotá. Arq. Larrota y Quevedo. Asesoría en bioclimática Arq. Jorge Ramírez y equipo.
9	Caja de Compensación Familiar.
Imagen 2. Doble piel y termosifón para minimizar ruido del exterior y evacuar el aire caliente del interior por efectos de los rayos del sol. Centro Calle 94 de COMPENSAR.
Estas son cifras para creer que además de sostenible, las alternativas ecológicas pueden ser inmediatamente más rentables para un proyecto. Queda por destacar que son la energía y el agua factores determinantes para la sostenibilidad de los edificios, más aún, de la humanidad.
Jhony Pérez Salazar “Si algún día faltara el sol”. Mixta: acrílico y óleos. Lienzo 0.90 x 1.10 m.
4. Estrategias para consolidar una cultura de la Construcción Sostenible Después de hacer un recorrido por el texto y conocer diversas formas de hacer construcción sostenible, partiendo de ejemplos reales, en los cuales se demuestra su viabilidad técnica y económica, nos queda el cuestionarnos por qué entonces las construcciones en Colombia en su mayoría no obedecen a estos parámetros. La respuesta, bien creo, puede ser la siguiente: porque no se ha hecho de la construcción sostenible un hábito por parte de la población, a todo nivel. Este es mi presupuesto teórico-práctico y basado en él, esbozaré algunas estrategias que, con el aporte del debate y la discusión en distintos escenarios, consideramos mis colegas y yo, pueden hacer que una construcción reflexiva con el ambiente sea un acto cotidiano, un verdadero hábito sociocultural. En la academia Las universidades deben contemplar en sus currículos asignaturas que hagan parte nuclear de éstos, en la mayoría de las facultades de arquitectura que conozco, los temas ambientales son abordados por medio de asignaturas electivas, lo que quiere decir que un estudiante bien puede terminar su ciclo universitario sin haber tenido un leve asomo a estas materias. – 129 –
Los temas como la Producción Más Limpia, la economía verde y la construcción sostenible, deben ser parte integral en programas como la ingeniería civil, la economía, la contabilidad, la arquitectura y la construcción, pues con esto se logra que el futuro profesional, al momento de enfrentar un problema, tenga herramientas conceptuales y prácticas para allanar soluciones más responsables con los recursos naturales y, más importante aún, acordes con un imaginario cultural establecido en la comunidad. Así que las estrategias en el campo académico bien pueden ser: •	Formación práctica en técnicas constructivas como la tapia, el bahareque, la guadua y especies maderables en carreras técnicas profesionales y cursos de educación para el empleo y el desarrollo humano (Otrora llamada educación no formal). Con esta estrategia se capacita al personal que directamente intervendrá en la manipulación de los materiales y, reconozcámoslo, son este tipo de personas –oficiales y maestros de obra– los que construyen gran parte de nuestros barrios y casas rurales, pues difícilmente, o casi nunca, una familia de estrato uno, dos o tres, contrata los servicios de un arquitecto constructor o de un tecnólogo para que dirija la construcción de una casa nueva, una reforma o una adición de pocos metros cuadrados. Generalmente es el oficial o el maestro de obra quien define los materiales y el método para construir, y, como sólo conoce una manera de hacerlo… Bien, esa es la realidad
Estrategias para consolidar una cultura de la Construcción Sostenible
pero hay como enriquecerla. Tomemos como ejemplo el caso del Dry Wall o muro seco cuando incursionó en Colombia, a pesar de mostrar tanta versatilidad y otras tantas características, este material a mediados de los noventas no “se movía” en los depósitos de materiales, no había demanda a pesar de las ventajas que se exponían por medio de conferencias. Sin embargo, los distribuidores desarrollaron una estrategia que posicionó al Dry Wall como un sistema popular, la cual consistió en capacitar, en asocio con instituciones educativas, a un gran número de oficiales y maestros en la técnica del muro seco, logrando de esta manera consolidar un grupo inicial de técnicos que se encargarían de popularizar la técnica por las ciudades. Esto hizo que no solo las grandes obras ejecutadas por empresas de alto perfil utilizaran el muro seco, sino que también las pequeñas construcciones se inclinaran por esta técnica para realizar cielos falsos, muros divisorios y elementos decorativos en apartamentos y casas. Esa estrategia funcionó, porque una vez el oficial y el maestro de obra del barrio, aprendieron a trabajar con el Dry Wall y conocieron las ventajas de éste sobre otros materiales, ellos mismos comenzaron a recomendarlo a sus clientes. De igual manera los directores de obra, encontraron mayor cantidad de mano de obra calificada para este oficio, pudiendo masificar esta técnica, al punto de que ahora es fácil encontrar este material en depósitos de barrios y pueblos. Con la construcción sostenible es factible crear un impacto similar, pues al tener en el medio oficiales y maestros de obra que ejecuten correctamente sistemas como la tapia y el suelocemento, entre otros, serán muchas las soluciones de vivienda, oficinas y restaurantes que se construyan bajo parámetros de – 131 –
sostenibilidad, sin detrimento alguno de la seguridad estructural y la estética. •	Robustecer el contenido de asignaturas sobre construcción sostenible en los pregrados de arquitectura, construcción e ingeniería civil. Cuando digo robustecer, no me refiero sólo a aumentar la cantidad de asignaturas; también deberá hacerse un esfuerzo por integrarlas formalmente a los currículos y cualificarlas. Esta estrategia va de la mano con la anterior, pues lo que se estaría dando en ese escenario sería un fortalecimiento de las opciones que tendrán los futuros profesionales para desarrollar el ejercicio de la construcción. Pensemos en que muchos de nuestros egresados ejercen cargos públicos en municipios, tales como secretarios de obras públicas, de planeación o de Fondos para Vivienda de Interés Social. Al igual que pasa con el maestro o el oficial –aunque a otra escala– si nuestro profesional no conoce otras alternativas distintas al concreto, al acero y al asbesto-cemento, es muy posible que termine desarrollando proyectos de mejoramiento de vivienda o construcciones nuevas con materiales y diseños arquitectónicos no apropiados para la región. Al respecto pueden encontrarse contrastes en Antioquia, como es el caso de mejoramientos de viviendas rurales desarrollados en Cocorná, utilizando materiales de la zona, como la tierra, con los cuales se logró una mayor cobertura en área y se ganó en la estética de las edificaciones, porque no hubo necesidad de transportar a altos costos materiales tan pesados como el cemento y el acero. Pero al contrario de esta experiencia, son otras zonas en el mismo departamento que hacia el año 2005, realizaron mejoramientos y – 132 –
viviendas nuevas rurales utilizando bloques de concreto, acero y asbesto-cemento, allí el transporte de pesados e incómodos materiales se llevó gran parte del presupuesto, pero además, se pierde también en gran medida el arraigo de los pobladores, que en algunos casos son indígenas. Actualmente la Empresa de Vivienda de Antioquia-VIVA, adelanta un proyecto de setenta viviendas en el municipio de Caramanta bajo la técnica del tapial. Casos como estos, me agrada resaltar en este texto. Otras experiencias importantes en el área urbana son las de los profesores de la Universidad del Valle Álvaro Thomas y Pedro Supelano, este último ya fallecido. Los dos, son los inventores en Colombia del sistema de muros tendinosos, técnica en la cual el muro se elabora con costal de fique, alambre de púas y mortero de revoque, haciendo construcciones livianas, económicas, rápidas de ejecutar y de una estética agradable. Tanto en el Valle del Cauca como en el Eje Cafetero, suman ya más de doscientas construcciones entre viviendas, colegios y centros de recreación construidos con la técnica del muro tendinoso. Y, de paso, ya que he mencionado esta técnica constructiva, reseñaré que a comienzos del año 2005 realicé un viaje a la ciudad de Cali para conocer la experiencia de Álvaro Thomas, acompañado de dos estudiantes que desarrollaban en ese momento su trabajo de grado sobre el sistema tendinoso. La experiencia de ser recibidos por el profesor Álvaro y ser llevados por él a conocer las construcciones magníficas que en Cali vienen haciéndose con ese sistema, nos abrió la mente; fue así que al momento de nuestro regreso, estos mismos estudiantes, al enterarse que en una estación de servicio de combustible iban a construir – 133 –
un kiosco, no dudaron en proponerle a los propietarios construirlo en muros tendinosos, siendo aceptada su propuesta y convirtiéndose ese kiosco en Itagüí en el primer caso urbano en Antioquia de muros tendinosos10 . Con este ejemplo en cierta medida sustento esta estrategia de la formación en pregrado. Así pues, debemos propiciar en nuestros estudiantes la consolidación de un acervo menos conservador en cuanto a sus opciones para desarrollar proyectos en su ejercicio profesional. •	La profundización y actualización de conocimientos y la investigación a nivel de postgrado. Como ya he realizado, sin proponérmelo, un diagnóstico en cuanto a la ausencia de conocimientos académicos y prácticos sobre construcción sostenible en nuestros profesionales, considero que es pertinente subsanar dicho vacío con las oportunidades de educación continuada, como seminarios y diplomados en el caso de actualización, y, a nivel de postgrado para investigar. En el caso de la educación continuada resalto el esfuerzo que mis colegas de la Universidad Central de Venezuela vienen haciendo desde hace más de una década, ofreciendo inclusive a nivel internacional el curso sobre Arquitectura y Construcción Sostenibles. En dicho espacio se logra que los asistentes conozcan otras formas más reflexivas de construir y de diseñar edificios por medio de las experiencias 10	Al respecto se puede consultar el trabajo de los estudiantes (Hoy constructores civiles) María Paulina Girón, Eliana Zabala y Andrés Uribe. Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia.
de los profesores Domingo Acosta, Idalberto Águila y Alfredo Cilento. Junto con ellos y otros profesionales y académicos de Colombia y Ecuador, se viene consolidando un grupo internacional dedicado al noble oficio de difundir los fundamentos y ventajas de la construcción sostenible. En cuanto a postgrados, la oferta es bien reducida a nivel mundial, encontrándose sólo dos programas oficiales de maestría en España y Francia sobre edificios sostenibles. En nuestro país no tenemos un programa a nivel de especialización, maestría o doctorado en el tema, pero es de comunicar a la comunidad que dos instituciones vienen trabajando desde el año 2005 en la implementación de una especialización en Construcción Sostenible, es el caso de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Antioquia y de la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca. Aspiramos a que estos programas se puedan ofertar a la comunidad académica en el año de 2008. ¿Y por qué es tan importante la formación a nivel de postgrado en cualquier área del conocimiento? Sencillamente porque a ese nivel el profesional con su experiencia, más las herramientas conceptuales y metodológicas que brinda la investigación, profundiza y se cuestiona acerca de un objeto de estudio determinado, hallando respuestas que conllevan al mejoramiento de lo ya establecido; al descubrimiento de nuevos materiales o de nuevas relaciones entre materiales ya existentes; a propuestas que nos brindan seguridad con respecto a lo que trabajamos y alimentan a su vez los pregrados, garantizando con esto una actualización constante y un interesante proceso de realimentación. – 135 –
En el gremio Este me parece es el escenario más difícil para que se pueda posicionar un modelo de construcción reflexiva en nuestro medio. Cambiar las formas de hacer las cosas siempre reviste dificultades que, más que económicas o técnicas, son culturales. Por ello pretender que las empresas constructoras revalúen sus diseños estandarizados en función de la bioclimática y de materiales ecológicos, es actualmente una utopía, pero no imposible. A ello debemos apostarle quienes ya hemos comprobado las bondades de la construcción sostenible. Desde el año 2004, algunas instituciones y centros de investigación, hemos comenzado con acercamientos muy interesantes con la Cámara Colombiana de la ConstrucciónCAMACOL, por el conducto del capítulo Antioquia, alrededor del tema ambiental. Es así que hemos encontrado un gremio más dispuesto -a través de su representante-, hacia nuevas formas más reflexivas de construir. Tal vez sea parte de nuestro derrotero insistir en las bondades económicas que inclusive tiene la construcción sostenible, sobre todo pensando en que la sostenibilidad a futuro puede ser un valor agregado para el usuario y que este aspecto le representa al constructor una posibilidad más efectiva de venta. En el primer Simposio sobre Construcción Sostenible y Tecnología que ASOP celebró en el año 2004 en Colombia, el gerente regional de CAMACOL Antioquia, doctor Eduardo Loaiza Posada, como representante del gremio, hizo una exposición en la cual mostraba con positivismo tres puntos a los cuales los constructores agremiados vienen apostándole a – 136 –
una construcción más respetuosa con el ambiente, ellos son: (1) Convenio de Producción Más Limpia; (2) Publicidad visual exterior de los proyectos; (3) Fondo de espacio público y zonas verdes. (1) Convenio de Producción Más Limpia: este es un importante avance que se logró en el año 2003, cuando entre los constructores y las autoridades encargadas del control ambiental, se suscribió un convenio en el cual todos los allí firmantes se comprometen a generar menos residuos sólidos, a disponer los escombros en botaderos legales, y a otros puntos que por lo menos minimizan el impacto altamente negativo de nuestro ejercicio sobre el ambiente. (2) Publicidad visual exterior de los proyectos: algo que se ha criticado en los recientes años es la indiscriminada cantidad de vallas publicitarias ubicadas en cualquier parte de las ciudades, la construcción no escapa a este fenómeno; por el contrario, se ha exagerado en la ubicación de inmensas vallas para promocionar proyectos de construcción, muchas veces saturando visualmente importantes avenidas y espacios verdes urbanos. Por eso entre el gremio y las entidades ambientales se han hecho propuestas de estandarizar los objetos para promocionar los proyectos de una manera más racional y estratégica. Al respecto se puede consultar este proyecto en la oficina regional de CAMACOL, ubicada en Medellín. (3) Fondo de espacio público y zonas verdes: personalmente me pareció muy pertinente lo que el doctor Loaiza – 137 –
explicó con este punto. Pues podríamos decir que casi nadie de los asistentes al evento, sabía que los constructores deben pagar un impuesto –en el caso de Medellín– cuando compran un lote para ser construido; ese impuesto debe ser utilizado por la administración municipal en programas de mitigación por afectación de zonas verdes urbanas. Para tener una idea clara de lo que económicamente este impuesto representa, para el año 2004 la meta a recolectar era de diez mil millones de pesos, promedio que se sigue manteniendo porque este depende de la cantidad de metros cuadrados construidos, cantidad que en Medellín, se ha mantenido constante en los recientes tres años (1 000 000 m2 construidos/año). En el año 2005 manifesté a los funcionarios de la Secretaría del Medio Ambiente de Medellín, que allí en ese fondo, se puede hallar un porcentaje importante para la implementación de un programa de reciclaje de escombros para obras de la misma municipalidad, idea que tuvo acogida y que merece ser trabajada paralelamente con otros importantes proyectos ambientales para la ciudad. Existen también empresas y fundaciones dedicadas a la construcción masiva de Vivienda de Interés Social, como es el caso, de algunas asociaciones y fundaciones, sin ánimo de lucro. A estas empresas les quedará más fácil e inclusive más coherente, de acuerdo con sus principios filantrópicos, entregar viviendas de bajo costo y de alta calidad ambiental a sus usuarios, proporcionando con ello una construcción que ayudará en la economía familiar, al liberar dineros que no tendrán que disponerse en servicios públicos, por ejemplo, en el caso de hacer uso de la bioclimática y de pequeños sistemas de reciclaje de agua In situ para ser aprovechada en labores – 138 –
que no requieran de agua potable. Pienso que es con otras estrategias, además de las anteriores, con las que puede dinamizarse la construcción sostenible a través de grandes constructores, pero no necesariamente esas estrategias deberían ser aplicadas desde el gremio, sino hacia éste, las cuales pueden partir desde las administraciones locales y entes de control; es a ese punto al que me referiré a continuación. Desde las administraciones locales y los entes de control Papel importante tienen las entidades gubernamentales y los entes de control ambiental y fiscal para ayudar a la masificación de procesos constructivos respetuosos con el ambiente. Su función debe ir desde la regulación y el control, hasta el estímulo. •	Las administraciones locales deben impulsar políticas de construcción sostenible. Todo municipio en Colombia, o distrito en otros países del mundo, tienen en su estructura de gobierno una secretaría o un departamento encargado de emitir y hacer cumplir los lineamientos que deben seguir los constructores de vivienda y obras de infraestructura. Si bien dichos reglamentos existen, en ellos no se contempla un mínimo atisbo de políticas de sostenibilidad, pues lo más parecido es una reglamentación sobre el manejo de escombros que fue adoptada hacia mediados de los noventas; esto, porque la manera indelicada con la – 139 –
cual los constructores arrojaban estos residuos en quebradas y charcos, sobrepasaba cualquier límite, agotando de paso pequeños cauces y haciendo peligrosos los arroyos que, represados aguas arriba por cuenta de los escombros, se convertían en avalanchas irrefrenables en épocas de lluvia. También estos escombros en gran parte, eran transportados a pocos metros de las obras y arrojados en lotes abandonados, en andenes y zonas verdes ubicadas en plena zona urbana. Estas prácticas, por lo menos en el caso de los constructores organizados, han disminuido significativamente a causa de estas medidas, dado que en las obras se debe tener una planilla en la cual se registra la cantidad producida, el botadero o la escombrera destino y con posterioridad al envío, deberán mostrar los certificados de recibo y descargue. La medida encaminada a garantizar el destino de los escombros, si bien mitiga daños ecológicos urbanos, dista mucho de ser una política que haya sido tomada en función de un modelo de construcción sostenible; no obstante de todas maneras se debe reconocer este esfuerzo. El asunto con los escombros debe trascender a su disposición final y mirarse desde la óptica del reciclaje y la reutilización, la cual es factible, como ya se demostró en el capítulo referente al reciclaje de materiales. Cuando me refiero a que las administraciones locales deben impulsar una actividad edilicia reflexiva, lo hago pensando en que se tienen las herramientas suficientes para que así sea, no sólo a través de las oficinas de Planeación y de Obras Públicas, sino también desde los Fondos para Vivienda de Interés Social. Son estas instancias administrativas las que tienen la
capacidad y la autoridad jurídica para establecer lineamientos encaminados a hacer un proceso de urbanización organizada, apropiada y también propender porque sea sostenible. No basta con establecer parámetros para que se respeten los retiros a eje de vía, los registros en medianerías, las áreas construidas y otros tantos detalles; se debe ir más allá y exigir que los proyectos, tanto individuales como multifamiliares de vivienda, bodegas y centros comerciales contemplen como norma los principios a los cuales ya nos hemos referido en el texto sobre construcción sostenible. Inclusive ésta es en mi concepto una responsabilidad social y un gesto ético del Estado para con la sociedad. •	Los impuestos de construcción nueva deben ir a una especie de fondo para la construcción sostenible. Esta estrategia ya se planteó cuando en líneas anteriores mencionamos el Fondo de Espacio Público y Zonas Verdes. Además de sacar de allí un porcentaje para un programa de reciclaje de escombros, como se propuso en las mismas líneas, también se puede utilizar otra cantidad en implementar un programa para la consolidación de la construcción sostenible en el sector, dado que garantizaría la continuidad y la posibilidad de mantener un cuerpo de profesionales idóneos y capacitados que acompañen el desarrollo de las construcciones, garantizando así proyectos inherentes a los parámetros ambientales establecidos para lograr entornos construidos sostenibles.
•	Los entes de control deben moverse entre la aplicación de las normas, la sanción y el incentivo. Entidades como el Área Metropolitana en Medellín, el DAMA en Bogotá, o las Corporaciones Autónomas Regionales a nivel departamental, tienen una responsabilidad grande con la preservación del ambiente en cada una de sus zonas de influencia. Son los funcionarios de estas entidades, quienes regulan la actividad industrial para que no desborde la capacidad de carga de una zona urbana o rural, y también, para que la huella ecológica, que siempre dejará la humanidad, no sea tan negativa de cara a una generación venidera. Esa función reguladora, y que a veces posteriormente se torna en sancionadora, ha mejorado sin duda las condiciones tecnológicas y humanas para que las actividades económicas no afecten o deterioren con excesos los ambientes urbanos y rurales, por ejemplo, los planes regionales para el manejo adecuado de los residuos sólidos a todo nivel, son un gran paso hacia la consolidación de ambientes limpios y más sanos; el control riguroso de los gases resultantes de la combustión de vehículos y máquinas industriales en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá también es otra muestra de compromiso con la comunidad en general. Pero estas entidades también debieran encaminar esfuerzos hacia incentivos ligados a procesos de construcción desarrollados con criterios de sostenibilidad, pues a diferencia de lo que la mayoría de la población piensa, recordemos que no son los humos de los autos y los hornos industriales los únicos culpables de la contaminación del aire y del agua a nivel mundial, es también la actividad constructora la segunda fuente de afectación negativa del ambiente, por los aspectos ya expuestos al principio de este texto. Así que la intervención en este campo también podría – 142 –
ser que, en vez de regular y sancionar una mala práctica de producción de materiales o de construcción de alguna obra, la entidad ambiental incentivara a los proveedores de servicios y de materiales que presenten buenas prácticas de construcción en sus proyectos. Tales incentivos podrían venir en la misma dirección en la que se han establecido por parte de la Comunidad Europea, los cuales señalan que aquellos proveedores que se presenten a una convocatoria o licitación pública, cuyos productos o servicios tengan Sello Verde o Eco-etiqueta, en caso de empate con otro u otros oferentes tendrán prioridad al momento de la escogencia para determinar el ganador del proceso. Incluso hay miembros de la Comunidad Europea que, como en el caso de Suiza, dan por descartada aquella propuesta que no sea diseñada bajo lineamientos sostenibles, lo que ha permitido poco a poco consolidar el respeto por el ambiente como un hábito cultural, como una cotidianidad que no molesta y que por el contrario se hace necesario cumplir, no tanto por el incentivo del dinero, sino por la satisfacción de hacer bien las cosas. Pero no podemos ser ajenos a nuestro contexto sociocultural latinoamericano, pretender que nuestros industriales y constructores se cambien a otro modelo de hacer las cosas porque con ello contribuyen al medio ambiente es bien difícil, no quiere decir que en el caso de Suiza, Dinamarca y Alemania –en el aspecto del reciclaje de escombros en el cual sobresalen– lo económico no fue una variable determinante al comienzo, pero también es claro que la inversión en educación y sensibilización desde la infancia, entorno a un modelo ambientalmente responsable, fue significativa y ayudó en gran medida, a que los ciudadanos actuales en esas partes del mun– 143 –
do crecieran inmersos en un paradigma reflexivo en cuanto a su función como parte de un metabolismo urbano y/o rural. Nosotros tenemos a diferencia de Dinamarca, por ejemplo, todavía, una inmensa despensa de materiales para la elaboración de concretos, lo que hace que su oferta sea muy alta y sus precios muy bajos, desincentivando con esto la producción y comercialización de ecomateriales que en principio, como producto terminado, costarían lo mismo o tan solo un poco menos que los tradicionales, pero que analizados en función de un ambiente sistémico adquieren un valor agregado, algunas veces de insospechables proporciones (Odum, 1980). Por ejemplo, en España se establecieron desde el 2001 tasas de cobro por vertido de escombros muy altas, lo que ha generado un movimiento de los transportadores de estos residuos hacia las plantas de reciclaje, pues en éstas los cobros por descargue son considerablemente más bajos y algunas veces se reciben gratis, acordando con el transportador unos mínimos requisitos de limpieza de los escombros descargados. En Dinamarca, la escasez de canteras para la producción de agregados es crítica, lo que hace que los materiales pétreos sean de un alto costo debido al transporte desde largas distancias, en tanto que los agregados reciclados son baratos y gozan actualmente de una credibilidad absoluta por parte de la comunidad danesa, como quiera que fue Dinamarca una de las pioneras en el uso de concreto reciclado para obras de compromiso estructural en edificios para vivienda. •	Incentivos tributarios para inversiones ambientales. Existen diversas maneras de estimular a los empresarios – 144 –
para que inviertan en equipos y en procesos de producción menos contaminantes; estos estímulos van desde la exclusión del IVA hasta una deducción sobre el Impuesto de Industria y Comercio. Colombia cuenta con un Estatuto Tributario que estimula, por medio de la exclusión del IVA, a aquellas industrias que sustituyan equipos y maquinaria que utilizan combustibles líquidos y sólidos altamente contaminantes por otros que empleen gas natural, por ejemplo. Para dicho incentivo, se tiene fundamento en el artículo 4 de la Ley 223/95. En este artículo se contempla que tendrán exclusión del IVA “(…) los equipos y elementos nacionales o importados que se destinen a la construcción, instalación, montaje y operación de sistemas de control y monitoreo, necesarios para el cumplimiento de las disposiciones, regulaciones y estándares ambientales vigentes, para lo cual deberá acreditarse tal condición ante el Ministerio del Medio Ambiente”. El anterior artículo modificó a su vez el artículo 424-5 numeral 4 del Estatuto tributario. También dentro del Estatuto Tributario, se contempla, a través del literal F del artículo 428, la exclusión del IVA para la importación de maquinaria o equipo que no se fabrique en el país, destinada para actividades de reciclaje, tratamiento de basuras y depuración de aguas residuales, entre otras, siempre y cuando hagan parte de un programa aprobado por el Ministerio de Ambiente. Estos incentivos fiscales son solicitados a la DIAN y se harán efectivos en caso de que el Ministerio de Ambiente se pronuncie positivamente al respecto. Las exclusiones pueden ser de cientos y miles de millones, dependiendo obviamente del monto de las inversiones o de las exportaciones. Uno de los ejemplos más notables, es el de la Organización CORONA, la cual adquirió elementos y – 145 –
equipos para sustituir combustibles líquidos por gas natural; como también, hornos a gas natural, logrando una millonaria exclusión del IVA, dado que contribuía con este cambio de tecnología a un mejoramiento ambiental. Sin embargo, estos incentivos están muy limitados a la importación, pues los elementos o maquinaria producidos en Colombia no aplican a tales estímulos. Otro incentivo fiscal es la Deducción de Renta. También en el Estatuto Tributario se contempla que las personas jurídicas que hagan inversiones en control y mejoramiento del ambiente, tienen derecho, según el artículo 158-2 –modificado por el artículo 78 de la Ley 788/02– “a deducir anualmente de su renta el valor de dichas inversiones que hayan realizado en el respectivo año gravable, previa acreditación que efectúe la autoridad ambiental respectiva, en la cual deberán tenerse en cuenta los beneficios ambientales directos asociados a dichas inversiones. El valor a deducir por este concepto en ningún caso podrá ser superior al veinte por ciento (20 %) de la renta líquida del contribuyente, determinada antes de restar el valor de la inversión”. A nivel municipal se estimula por medio del impuesto de Industria y Comercio; así por ejemplo, en Sabaneta, Antioquia, a las empresas que hagan inversiones destinadas al mejoramiento ambiental, se les incentiva con una exención del 10 % sobre este impuesto.
Vemos pues que sí existen diversas formas de incentivar los procesos de Producción Más Limpia de empresas que, como las productoras de material cerámico para acabados, tienen que ver con el ejercicio de la construcción. Por ejemplo, derivado de los hornos a gas importados por la organización CORONA, se provee al mercado de unos productos terminados cuyo impacto sobre el ambiente, desde el punto de vista de contaminación del aire y gasto de energía, es disminuido considerablemente.
A manera de conclusión La tierra, la guadua, los materiales reciclados, la ventilación natural, el reciclaje de aguas lluvias, los incentivos tributarios y una academia formadora de profesionales respetuosos de lo ambiental, son los aspectos que he querido mencionar en este pequeño libro como apertura a un debate nacional e internacional sobre la responsabilidad que tenemos ante el mundo en cuanto a la conservación de sus recursos. No temo a dicha responsabilidad y tampoco creo estar sobredi­mensionando nuestro papel de responsables, porque entonces, sino somos aquellas personas que hemos tenido valiosas oportunidades de formación y experiencia en el campo de la construcción sostenible, los llamados a reorientar el paradigma de la actividad edificadora a todo nivel, entonces quién. Podríamos decir que son las autoridades como el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial o las Corporaciones Autónomas Regionales las responsables de que todo vaya por buen camino, y en cierto modo es verdad, pero esta verdad reviste un sesgo, porque estaríamos siendo pasivos principalmente desde la academia, pues si en ella tenemos las herramientas para investigar y experimentar tecnologías apropiadas para construir mejor, es nuestro deber socializarlas y transferirlas a la comunidad; en dicho sentido, también debemos ser propositivos hacia las autoridades gubernamentales y hacia el gremio, para que im– 149 –
plementen directrices conducentes a la consolidación de una actividad edilicia ambientalmente responsable. El que se pueda lograr un modelo económico basado en la sostenibilidad de los recursos y la disminución drástica de la contaminación, obedece en mi concepto, a un principio de reciprocidad entre académicos, gremios y autoridades gubernamentales. Debería darse un espacio en el cual se socializaran y debatieran propuestas, para que no solo la construcción, sino también otras actividades económicas y productivas, se integraran en los parámetros mundiales de sostenibilidad. Digamos que en el caso del Minambiente, es plausible que desde 1999 viene resaltando a nivel nacional, a través del Galardón conocido como Condecoración al Reciclador, en diferentes categorías, la labor de producción, investigación y trabajo comunitario de personas, empresas, centros de investigación y universidades que le apuestan a programas ambientales pertinentes. Este galardón no tiene incentivos económicos, pero por lo menos resalta a nivel nacional experiencias exitosas en diferentes escenarios, las cuales pueden ser valoradas por empresas y/o administraciones municipales y regionales y, derivado de esto, apoyadas para que se consoliden. Debería avanzarse hacia las certificaciones de productos con valor agregado ambiental, tal como en otros países se cuenta con las ecoetiquetas o sellos verdes, que los hacen más competitivos y, aunque no representan premios o reconocimientos en dinero, el solo hecho de que éstos tengan preferencias por ser ecológicos o respetuosos con las políticas ambientales establecidas, motivan a que los empresarios se ocupen de implementar procesos de producción ambientalmente satisfactorios; incluso, cuando el gremio, la academia y las autoridades validan los métodos – 150 –
de producción ecológicos, el sector productivo y los usuarios de servicios o productos comienzan a identificar las ventajas de tener un ambiente más saludable y a generar la cultura de la preservación ambiental desde la conciencia por encima de lo económico. (Ott, 2006). La universidad debe ir más allá de formar profesionales idóneos para un desempeño profesional específico, debe transformar y reorientar, si es del caso, la realidad del país. Así que cabe preguntarnos ¿Cuál es el país que queremos? Si es uno en el cual el desarrollo económico se imponga sobre la sostenibilidad de los recursos a futuro, comprometiendo incluso la calidad de vida de sus habitantes desde el presente, entonces poco tendremos que hacer quienes le apostamos a un proyecto de Nación Sostenible. Pero yo me ubico, y un gran número de colegas también, en un escenario donde sea posible combinar el proceso ineludible de la construcción, con la reflexión en cuanto al consumo desmedido de materiales y energía, logrando así, más que aumentar la expectativa de los combustibles fósiles y de los materiales no renovables, hallar alternativas limpias y duraderas, para desarrollarnos como una sociedad inteligente. La ausencia de conocimiento alrededor de un tema suele ser, por encima de la ausencia de dinero, la mayor dificultad para desarrollar buenas prácticas constructivas. El vacío existente en la academia, en el gremio y en las autoridades debe subsanarse progresivamente, es decir, comenzar por sensibilizarnos, luego dar paso a la adquisición de conocimientos para que, en última instancia, pasemos a desarrollar propuestas que nos lleven a reorientar el proceso de conurbación desmesurado – 151 –
que actualmente nos imponemos. Este librito es una pretensión de su autor por divulgar las posibilidades técnicas, culturales y económicas inherentes a una actividad edilicia reflexiva con su ambiente. Para que comencemos entonces a contar por ahí que otra forma de desarrollarnos es posible desde la construcción, los alimentos, los textiles, la agricultura, etcétera. Construir una Nación Sostenible debe ser una apuesta consciente, aunque en los momentos actuales, ésta conviva en el límite entre la utopía y la ingenuidad.
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Esta obra fue editada por la Biblioteca Jurídica Diké. Se terminó de imprimir en julio de 2011
ISBN- 978-958 - 98269 -2-8
9 789589 826928
Construccion sostenible libro
ferrenegocios sena
davinsonrodriguez

References: in fine
 artículo 4
 artículo 424
 artículo 428
 artículo 158
 artículo 78