Source: http://banderaroja.blogspot.com.es/2006/
Timestamp: 2017-11-21 11:47:23+00:00

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Estudia historia en la escuela y pronto aprenderás que no son las clases sino los individuos los que dan forma a la sociedad. Y sobre esto, los motivos reales y los logros de cada individuo están usualmente ensombrecidos por el favoritismo hacia algún mito.
El tratamiento que los historiadores le han dado a Newton es uno de los mejores ejemplos de ello. Principia, publicado en 1687, es uno de los mejores trabajos en la historia de la ciencia. Contiene una teoría de mecánica que pasó a ser el modelo del método científico durante los 200 años siguientes. Sin embargo, se lo puede perdonar por creer que sólo se necesitó una manzana cayendo sobre la cabeza de Newton para inspirarlo y así alcanzar sus logros.
Por otro lado, existe la teoría de que en realidad Principia fue mas bien una idea de Dios que de Newton.
De todas maneras nos quedamos adivinando por qué fue precisamente en el tiempo de Newton que Dios, o Granny Smith, repentinamente debieron sentar las bases de una teoría revolucionaria de la Física. Por supuesto solamente podemos encontrar la verdadera respuesta observando lo que sucedía en el tiempo en que Newton vivió y trabajó, mitad y fines del siglo XVII.
Estos años fueron esencialmente los de la decadencia del feudalismo y del surgimiento del capitalismo. Fueron testigos del esplendor de un largo período de crecimiento del comercio e intercambios y de la ascendencia política de una nueva clase de comerciantes urbanos, pioneros de esta expansión. Reflejando estos cambios políticos y económicos, este fue también un tiempo de tremendo caos intelectual.
Todo esto fue crucial en lo que significó el colapso del sistema escolástico, el cual había dominado el mundo intelectual bajo el feudalismo. El escolasticismo fue desplazado por otros gustos como el de Francis Bacon, John Locke y los integrantes de las sociedades científicas que aparecieron en esa época – the French Royal Academy, Italian Academia del Cimente y la British Royal Society (de la cual Newton era miembro).
Donde el feudalismo se basaba en una rígida división de clases que decidía un lugar permanente en la sociedad, los escolásticos pensaron que ese principio era aplicable también a toda la naturaleza. Cada cosa tenía su lugar en el esquema de las cosas, así que si una cosa hace algo, es porque está en su naturaleza hacerlo.
Mientras el escolasticismo se apoyaba en la interpretación y reinterpretación de Aristóteles y los clásicos, los nuevos experimentalistas rechazaron la autoridad y favorecieron la observación independiente. El lema de estos experimentalistas, estaba en directa oposición con el escolasticismo - "nullia in verba" (nada a través de las palabras) y "provare et reprovare" (probar y probar nuevamente).
El factor principal que motivan estos cambios revolucionarios fue el progreso técnico requerido por el mercantilismo para mantener el ritmo de su expansión. Esto fue especialmente importante en áreas claves como la navegación (básica para el comercio internacional), balística (para conquistar nuevos territorios y pelear con sus rivales) y minería (importante para los militares, quienes necesitaban cobre para las armas, y para producir oro y plata para hacer moneda).
Los problemas técnicos creados por estas demandas son la raíz de los avances científicos, y el progreso científico promueve el desarrollo y crecimiento de la vida intelectual.
Los principales problemas eran los de la mecánica. La necesidad de cortar nuevos canales y de minar galerías significó el desarrollo de maquinarias para levantar cargas pesadas. La ventilación de las minas implica problemas de aeroestática. Levantar agua de las minas y estabilizar naves aún más grandes significó solucionar problemas relacionados con las propiedades de los fluidos.
Los militares necesitaban mejorar el mecanismo de disparo de los cañones y perfeccionar su puntería, en otras palabras, problemas de compresión de gas, resistencia al aire, y la caída libre de los cuerpos.
La importancia de su ciencia consiste en la manera en que ensambla los conocimientos parciales de sus predecesores para crear una teoría universal de la mecánica. Es “universal” porque se aplica tanto para la construcción de barcos o del más humilde de los ladrillos y se confronta, tal como lo hace, con el movimiento de los planetas. Para ese tiempo esto representó una enorme brecha, posibilitando a los científicos entender e investigar toda clase de fenómenos que habían sido un misterio hasta entonces. La mecánica Newtoniana se convirtió rápidamente en la base de la mayoría de las investigaciones de la física y hasta en el modelo de lo que es hacer ciencia.
Sin embargo, el sistema en Principia es todavía profundamente imperfecto. Del mismo modo en que Newton fue un hombre de su época, su teoría refleja el período en que fue producida. Tiene tanto un eje/centro/núcleo materialista basado en el desarrollo de la tecnología, como un marco idealista para llenar los vacíos impuestos por los límites de ese desarrollo.
Mientras que los científicos medievales creían que la constante intervención de Dios era responsable de hacer que todo sucediera, Newton contradecía eso diciendo que la materia una vez que está en moviendo, tiene una dinámica propia que obedece a las leyes naturales. Ya no se necesita a Dios para mantener a las cosas en movimiento. Este es el eje materialista de su trabajo.
Sin embargo, si bien la materia se puede mover, el creía que no tenía que hacerlo, así es que podríamos imaginarla en reposo absoluto. El movimiento no es una característica de las cosas sino que está impuesto desde afuera. Mientras que esto es mejor que la descripción escolástica, aún es idealista ya que en primer lugar necesita a Dios para hacer que la materia se mueva. De hecho, Newton utilizó precisamente este argumento en contra de la gente que decía que su trabajo era ateísta.
Este compromiso entre materialismo e idealismo refleja la política de la clase de Newton. Así como ellos apoyaban una monarquía constitucional más bien que a una república, él describe un mundo en el que a pesar de todo su materialismo es aún dirigido por Dios, aun si ahora gobierna solamente de acuerdo con las reglas que Newton descubrió.
El idealismo de Newton era posible debido al bajo nivel de desarrollo tecnológico, el cual estaba limitado al extremo de depender de una simple transferencia de energía de un lugar al siguiente.
Es solamente con la aparición del motor a vapor que tenemos una tecnología que no se basa en la transferencia de energía sino en la transformación de una forma en otra (calor en movimiento). Y es solamente cuando entendemos la ley de la conservación de energía a través de estas transformaciones que alcanzamos un materialismo que trata al movimiento como una parte necesaria de la materia, inseparable de ella.
Este consistente materialismo se libera de Dios y del Espíritu de una vez por todas. Ve a la naturaleza como materia en constante movimiento, organizándose a sí misma aún en niveles de desarrollo más elevados -mecánicos, eléctricos, químicos, biológicos y hasta sociales.
Ubicar a Newton en el contexto histórico nos ayuda a entender la grandeza como también las limitaciones de su trabajo. Así como el desarrollo del capitalismo fue lo que hizo posible sus logros, sus avances posteriores significaron ir más allá. Es la necesidad de la sociedad por mejorar la tecnología lo que subyace detrás de todo progreso científico. Como lo expresó Engels, “Si la sociedad tiene un requerimiento técnico, entonces ese requerimiento hará avanzar a la ciencia más que diez universidades juntas.”
Eso no significa que la ciencia simplemente refleje los cambios del resto de la sociedad. La física Newtoniana no fue un producto irrelevante de la tecnología de fines del siglo XVII. Una vez establecida fue usada para desarrollar a la ciencia aún más.
En otras palabras, entender el trabajo de Newton como producto de la época, no significa negar el impacto que tuvo en la formación de la historia. Tampoco significa negar su genialidad. Decir que su sistema refleja el estado de la tecnología no significa en absoluto que fuera fácil crearlo.
Finalmente, es solamente una vez que podemos controlar a la naturaleza para satisfacer nuestras necesidades que podemos hablar acerca de construir un socialismo. El capitalismo ha alcanzado esta precondición al desarrollar a la ciencia a un extremo jamás soñado ni por los líderes de la revolución científica. Esto es porque la motivación para desarrollar a la ciencia está inmersa directamente en la naturaleza del capitalismo, el cuál está forzado a mantener en alza la productividad de los trabajadores mejorando la tecnología.
El último gran problema surge por la necesidad de determinar la posición de las naves en el mar para que puedan navegar en aguas abiertas en lugar de realizar largos y costosos viajes guiándose por la costa. Eso significó determinar la posición de la luna y las estrellas, es decir, problemas de la mecánica celestial.
Las grandes figures científicas del siglo XVI en adelante son reconocidas por su trabajo tratando de solucionar estos problemas.
Newton no fue la excepción. Su trabajo es en gran parte el resultado de tratar de resolver los problemas creados por el desarrollo de la sociedad en que vivía.
Contrariamente a la imagen que tenemos de Newton viviendo con la cabeza en las nubes, demasiado comprometido con el mundo de las ideas para notar lo que sucedía a su alrededor, él jugó un rol activo en las cuestiones contemporáneas.
Hijo de la misma clase media rural que produjo Cromwell, soportó el compromiso del Whig con la aristocracia, aún sirviendo como Whig MP (miembro del parlamento) por Cambridge durante la segunda revolución. Más tarde trabajó como Warden supervisor de la Royal Mint donde perfeccionó el proceso para acuñar moneda y estudió el valor que tenía el oro y la plata en Europa, importante para regular el intercambio.
En cuanto a su trabajo científico, lo inspiró más la tecnología que cualquier tipo de pensamiento abstracto de por sí. Investigó las últimas maquinarias y técnicas, incluyendo navegación y sistemas de navegación, la construcción de fortificaciones, pulido de vidrio, tácticas militares, medidas de anti-corrosión, estampado en metales y más.
Aún sus experimentos de alquimia tuvieron menos que ver con el misticismo que con la necesidad de encontrar una nueva fuente de cobre para los militares de la época en un tiempo en que los recursos naturales eran escasos.
Así como su ciencia tuvo sus raíces más bien en la tecnología contemporánea que en una especulación atemporal, también fue construida predominantemente a partir del trabajo de otros hombres, no saltaron de su cerebro totalmente formadas. El mismo Newton reconoció esto. De hecho, fue él quien dijo, “Si ví más allá que otros fue porque estuve en los hombros de gigantes.”
De aquí en más podemos decir que, como fundador de la ciencia moderna, Newton jugó su papel al inspirar y darle forma a una de las fuerzas que hacen posible el socialismo – y esa es la razón principal para recordarlo, mucho mejor que aquella historia acerca de la manzana.
Hechicero económico del capitalismo
Milton Friedman murió el 16 de noviembre a los 94 años de edad. Fue uno de los economistas burgueses más destacados del siglo XX. Tenía fama entre los líderes capitalistas de derechas, especialmente entre aquellos que aplicaron la política de reacción y contrarrevolución contra las conquistas del movimiento obrero en la posguerra durante los años ochenta.
Friedman era visto por Thatcher, Reagan, Pinochet y muchos otros de esta índole, como su principal fuente de consejos rechazando lo que ellos veían como la política de colaboración de clase y compromiso de los desperdiciados años sesenta y setenta, dominados económicamente por las ideas de John Maynard Keynes. Para ellos, Keynes, un bohemio del círculo de Bloomsbury, que defendía el gasto gubernamental y el pleno empleo a expensas de los beneficios y los bajos impuestos, era un anatema.
No es coincidencia que la actual Secretaria de Estado norteamericana Condaleeza Rice, entre otros, se deshiciera en condolencias y expresara su deuda intelectual con Friedman.
¿Cuál fue la mayor contribución de Friedman al capitalismo? Sus principales argumentos teóricos y empíricos comenzaron con la asunción de que el sistema de producción y acumulación capitalistas en su esencia no tenía fallos. Mientras se permitiera que las fuerzas del mercado funcionaran sin interferencias, el mecanismo del precio del mercado garantizaría el reparto adecuado de recursos y de este modo maximizaría el crecimiento sin crisis.
Esta idea no era, por supuesto, original. Es la ideología general de la economía capitalista moderna, enseñada en todas las universidades económicas. Pero está en oposición directa con los economistas clásicos del siglo XVIII y principios del XIX, como Adam Smith, David Ricardo, James Mill y Malthus, cuya investigación científica llegó a poner serias dudas sobre la capacidad del capitalismo de mantener la rentabilidad a largo plazo y la expansión constante. Para ellos, el capitalismo tenía defectos serios, aunque procedían de los monopolios agrícolas, la excesiva competencia y la sobrepoblación.
Keynes también estaba preocupado por la estabilidad del capitalismo. La experiencia de los años de depresión de 1921 y 1929-1930, le llevaron a concluir que el capitalismo no podría garantizar un crecimiento económico constante sin recesiones y desempleo crónico en intervalos periódicos. Keynes defendía que los banqueros mantuvieran muy bajos los tipos de interés y así los gobiernos podían pedir dinero prestado y gastar ese dinero para mantener el gasto. Eso significaba que el gobierno tenía un papel importante en mantener estable el capitalismo.
Como la escuela del economista australiano Friedrich Hayek, Friedman creían que estas ideas eran un paso en el camino hacia el socialismo, para él, un sistema de esclavitud. Friedman proclamaba el derecho del individuo a hacer tanto dinero como pudiera sin ningún tipo de regulación. Era tal su entusiasmo por este principio que durante sus últimos años fue un enérgico defensor de eliminar todas las leyes contra el tabaco, el alcohol y las drogas, consideraban que era un ataque a la libertad individual.
La contribución teórica más famosa de Friedman fue defender que el dinero era la clave para el éxito del capitalismo. Fue la intervención del banco nacional en EEUU, la Reserva Federal, en los años treinta lo que causó la Gran Depresión. Restringiendo la cantidad de dinero en la economía, la Fed privó a la industria de fondos para su crecimiento. Si se hubiera mantenido fuera de la ecuación todo habría ido bien. Él y Anna Schwartz publicaron en 1963: Historia monetaria de EEUU 1867-1950, para justificar esa idea. Las evidencias y las conclusiones de ese libro fueron posteriormente negadas por los demás.
En su propaganda contra la injerencia del gobierno, defendió enérgicamente la privatización total de casi todas las funciones del Estado, incluida la educación, y un tipo de impuesto fijo, así un millonario pagaría lo mismo que el trabajador con menos salario. También se opuso al control del gobierno de la moneda (pronosticó que el euro nunca se introduciría en Europa y más tarde cuando era una realidad, previó su colapso).
Es una ironía repugnante que un hombre que proclamaba su oposición a un gran gobierno sólo estuviera contento con asesorar al dictador chileno Pinochet en su política económica durante los años setenta, al mismo tiempo que asesoraba al régimen estalinista chino.
Friedman es honrado en la iglesia del capitalismo. Sin embargo, no es casualidad que muchas de sus políticas nunca se hayan adoptado ni lo harán. La realidad es que un mercado totalmente libre sin regulación llevaría a la anarquía y al caos en el sistema capitalista.
Su insistencia en controlar la oferta monetaria ha sido totalmente ignorada en estos últimos años en los que ha explotado el capital financiero. El crédito nunca ha estado más fuera de control en la economía capitalista que en 2006. La política de Friedman supondría más desigualdad de ingresos y riqueza que la que hoy existe, provocando una reacción de la clase trabajadora. La aplicación total del friedmanismo probablemente habría hundido al capitalismo.
Los apologistas y líderes capitalistas lamentan su muerte, pero no aplican su política. La clase obrera recordará el daño que hizo a las vidas de millones de personas.
El 14 de noviembre de 1936, ante el asedio fascista de Madrid, llegan 3.000 milicianos de la columna de Durruti. Los mismos estalinistas que pocos días antes calumniaban a las milicias aragonesas de la CNT, acusándolas de dedicarse a la revolución en vez de a la guerra y de sabotear el frente de Aragón, aclaman ahora a la columna de Durruti. El gobierno republicano ya había huido de la capital sin organizar su defensa. Ante el pánico de ministros y estalinistas, la población obrera de Madrid hacía frente a la agresión y los bombardeos fascistas. La Columna es enviada sin descanso alguno a defender la posición más difícil, la Ciudad Universitaria. Es precisamente el grupo de Durruti el que debe contener la ofensiva fascista; el tamaño del ataque es de tal magnitud que los milicianos no tienen más remedio que retroceder, aunque dos días después mediante rabiosos contraataques y a costa de numerosas bajas logran reconquistar la posición. Casi 2000 milicianos han caído en la batalla.
Pocos días después, en el mismo frente, una bala atraviesa el corazón de Buenaventura Durruti en la Ciudad Universitaria de Madrid. La madrugada del día 20, a la edad de 40 años, posiblemente muere uno de los dirigentes obreros más consecuentes de la revolución española y la guerra civil. En su maletín encuentran nada más que una muda de ropa interior y cuchilla de afeitar, gafas de sol y prismáticos, un cuaderno y dos pistolas. Su funeral será de los más masivos en la historia del movimiento obrero del Estado español.
Durruti y la República
Obrero metalúrgico desde los 12 años, Durruti se dio a conocer en la comarca minera de León participando activamente en una huelga muy dura cuando tenía 18 años. Posteriormente se acercó a la CNT y así empezó su vida militante. La reacción ante el reformismo y la colaboración de clases del PSOE y la UGT le empujó a abandonar al sindicato reformista por el anarco-sindicalismo igual que decenas de miles de activistas de la clase obrera. Participó en las luchas del trienio bolchevique 1917-1919 en España, cuyos desencadenantes fueron el rápido desarrollo de una joven clase obrera, la crisis económica de la posguerra y la Revolución rusa. Sucesivamente se hizo Durruti anarquista, colaborando en la fundación de la FAI. A finales de los años veinte su experiencia en los métodos del terrorismo individual y la perseverancia en la agitación clandestina habían hecho de él uno de los militantes anarquistas más respetados.
No es posible entender la vida de Durruti fuera del contexto del desarrollo de la CNT y FAI en los años veinte y durante la Revolución española de 1931-1937. Para ello es muy útil leer el artículo de Ulises Benito
Parece que Durruti dio su primer mitin a la edad de 33 años, hasta entonces se había distinguido más bien como militante de acción. Su actividad política de masas comenzó una vez entrada de la República, en 1931. En julio de 1932 el gobierno republicano de Azaña decidió su deportación junto con decenas de cenetistas en un barco que erró de un puerto a otro de África para encerrarles en una isla canaria. La prensa aprovechaba los métodos de terrorismo individual y las insurrecciones aisladas del anarquismo para justificar la deportación de los denominados ‘delincuentes’. Hasta que la protesta obrera e internacional obligó a Azaña a poner fin a tres meses de deportación. El 1 de diciembre Durruti se dirigió a la clase obrera barcelonesa en un mitin multitudinario: “…Esperemos que esta manifestación sea una advertencia para el gobierno, para la burguesía y para los socialistas. Es muy posible que el Gobierno creyera que, con la deportación de un centenar de trabajadores, la CNT se iba a rendir, pero es evidente que el señor Azaña como sus seguidores se equivocaban (…) un Durruti “malhechor” es algo que los trabajadores no pueden concebir, pues ellos saben que los delincuentes no son gentes que se levantan a las seis de la mañana para ganar el pan con el sudor de la frente (…) Que los republicanos y los socialistas lo sepan: si no resuelven ellos el problema social, tendrá que ser el pueblo quien lo resuelva. Nosotros creemos que la República no podrá resolverlo (…) Obreros que me escucháis, ya sabéis, pues, a qué ateneros, porque en el fondo es de vosotros solamente de quienes depende el cambio del curso de vuestras vidas”.
Durruti siguió participando en la dirección de los planes insurreccionales de la CNT, que aunque enormemente crecida en militancia hasta 1.200.000 y con la autoridad de haber hecho pedazos la intentona de Sanjurjo en Sevilla, no se paraba a reflexionar acerca del grado de maduración revolucionaria del conjunto de la clase obrera y actuaba con la impaciencia propia de su dirección anarquista. De hecho, las insurrecciones aisladas sufrieron una feroz represión por parte de Azaña. Es famoso el caso de Casas Viejas (Cádiz), donde los jornaleros insurrectos fueron masacrados. Azaña mismo recomendó no hacer prisioneros, sino disparar para matar.
Un año después vinieron las elecciones de 1933, en las que la CNT aprovechó la quemazón de la clase obrera con las promesas incumplidas de la República para pedir la abstención, con cierto éxito. Durruti intervino en muchos mítines tras la afirmación electoral de la derecha y la amenaza del fascismo que iba materializándose. Compartía el aventurerismo de su organización, que lejos de querer aprender las duras lecciones de la experiencia ultra-izquierdista de los partidos comunistas europeos de la década anterior, pedía la abstención aún cuando la clase no había construido organismos de poder alternativos al parlamento burgués.
A pesar de todo, el instinto revolucionario de Durruti anticipaba la futura reacción de la clase obrera de octubre de 1934 y el giro a la izquierda en la agitación de Largo Caballero y de las Juventudes Socialistas. En una ocasión dijo Durruti, tras una arremetida contra las últimas elecciones burguesas en Alemania: “El dilema era muy simple: revolución o fascismo. No había ninguna otra salida. Pues bien, hoy, nosotros estamos en la misma situación. En este sentido, España constituye una esperanza formidable para el mundo, porque podemos ser la barrera que detenga al fascismo, influyendo así en el curso de la historia europea y mundial (…) Trabajadores, la tormenta se acerca, y para hacer frente a toda eventualidad, la FAI aconseja a los trabajadores de la CNT, puesto que son ellos quien controlan las fábricas y los centros de producción, que no abandonen sus trabajos, que permanezcan juntos a las máquinas, que comiencen a hacer funcionar los consejos obreros y técnicos, puesto que ellos deberán ser los organismos de base de la nueva economía social y libertaria. Los anarquistas, como siempre, cumplirán con su deber siendo los primeros en lanzarse al combate… La ocupación de las fábricas en Italia debe ser para nosotros una lección a seguir. Las ocupaciones deben moverse siempre, por supuesto, hacia el exterior, pues como todas insurrecciones deben ser ofensivas. La defensiva es la muerte de la insurrección. En ese aspecto, la ocupación de las fábricas sin cohesión con el exterior es algo destinado a morir por aislamiento. Recordadlo bien: los trabajadores no tienen otra cosa que perder más que sus cadenas… ¡Viva la revolución social!”
En su referencia a Italia, Durruti hablaba de la gran toma de las fábricas septiembre de 1920, cuya derrota empezó a abrir paso al fascismo ( www.engels.org/marxi/marxis11/mh11_3.htm). En este discurso revelaba Durruti conceptos soviéticos bajo las semblanzas de anarquismo. La CNT improvisó inmediatamente una insurrección que tuvo en Zaragoza su puntal y que lógicamente fue derrotada en el medio de la confusión. Llegado el momento crucial, en octubre de 1934, la CNT tan sólo participó decididamente en la insurrección de Asturias, codo con codo con la UGT, el PSOE y las Juventudes comunistas, mientras que en el resto del estado no llegó a organizar la insurrección lanzada por el llamamiento de Largo Caballero. El resultado general de la falta de visión política, de estrategia y táctica de la FAI y del anarco-sindicalismo dio lugar a una importante crisis de la CNT que marcó un progresivo giro reformista de la dirección entre 1934 y 1937. Este giro dejó aislados a los pocos dirigentes anarquistas como Durruti, que se mantuvieron fieles a la clase obrera hasta el final y pagaron con su propia vida, igual que el conjunto de la clase obrera.
El 19 de Julio en Barcelona
Durruti jugó un papel muy importante en la insurrección obrera de Barcelona contra el golpe fascista. La CNT llevaba desde el 12 de julio preparándose para reaccionar contra el golpe en Catalunya. Tuvo que pelear contra la indiferencia del Frente Popular y el boicot de la Generalitat gobernada por el presidente Companys y su partido ERC (Esquerra Republicana de Catalunya, fundada en 1931). Desde el 14 de julio, Durruti era miembro del Comité de Defensa de la CNT de Barcelona. El día 16, Companys jugó a neutralizar a la CNT y la FAI, pero su Policía no pudo con las masas obreras cenetistas. El 18 de julio Durruti dirigió el asalto a las salas de armas de los barcos en el puerto de Barcelona, haciéndose la CNT con la primera buena cantidad de fusiles y municiones. Ante la protesta de un capitán de Policía, enviado por Companys, replicó: “Los uniformes apenas representan nada en estos momentos, ya que no existe más autoridad que el orden revolucionario, que es el que exige que esos fusiles sigan en mano de los trabajadores”.
El 19 de julio fue el día del cuerpo a cuerpo entre la clase obrera catalana y los sublevados de Franco y Mola. Durruti dirigió el asalto a la Telefónica, que quedará en manos cenetistas hasta la provocación estalinista de mayo del año siguiente. El control de Barcelona, calle tras calle, pasaba a la clase obrera organizada. La mañana del 20 de julio tan sólo quedaba sin rendirse el cuartel de Atarazanas, frente al puerto. Durante el largo sitio al cuartel, el amigo y compañero de muchos años de lucha Francisco Ascaso murió de una bala en la frente, no lejos de la barricada en la que estaba Durruti. Su reacción fue desesperada. Se lanzó sin cobertura hacia la puerta del cuartel, arrastrando tras sí a todos los obreros. Los soldados quedaron aterrorizados y se rindieron de inmediato. En 32 horas desde el alzamiento fascista, la CNT era dueña de toda Catalunya.
Se sabe que la FAI y la CNT renunciaron a borrar del mapa a una Generalitat burguesa paralizada e indefensa ante el triunfo de la clase obrera. De hecho renunciaron no solamente a establecer el primer estado obrero en Catalunya, sino que no pusieron en marcha ni siquiera el “comunismo libertario” con el que habían educado a una parte de la clase obrera durante 25 años de lucha. A pesar de contar con la fuerza de más de 1.500.000 militantes en todo el estado, perdonaron la vida a las sombras de las instituciones burguesas catalanas (policía, Generalitat, jueces, etc.) y el 21 de julio constituyeron un Comité Central de las Milicias Antifascistas de Catalunya con esta composición: 3 de la CNT, 2 de la FAI, 3 de la UGT, 1 del PSOE, 1 del POUM, 3 de ERC, 1 de Unió des Rebassaires, 1 de Acció Catalana. El anarquismo aceptaba ser apenas el 33% del CC que existía gracias a su hegemonía absoluta en toda Catalunya. Se escondía detrás de la sombra de la burguesía y de los dirigentes reformistas. Durruti no vio la cosa nada clara y tan sólo participó pocos días, criticando que las decisiones del CC cayesen desde arriba sobre las masas obreras y fuesen demasiado condicionadas por los partidos de la burguesía. Tal vez ya veía que la FAI y la CNT podían perder el rumbo de la revolución. Abandonó el CC de las Milicias y obtuvo el permiso de salir rumbo a Zaragoza con una columna de 3.000 combatientes, para tratar de fortalecer la revolución, liberando a todo Aragón y Zaragoza de los fascistas.
Con la salida de la Columna cuyo responsable político era él mismo, comienza la lucha de Buenaventura Durruti contra el CC frente-populista de las Milicias, la Generalitat y el gobierno de Largo Caballero. Durruti criticaba a sus compañeros de Barcelona el no estar dando continuidad a la insurrección del 19-20 de julio, mientras que García Oliver justificaba: “Formando parte del CC de las Milicias, los anarquistas siempre estarán en posición de poder utilizar a la fuerza armada del pueblo, como una amenaza contra cualquier intento de volver a instaurar el viejo poder, pudiendo además organizar una economía proletaria (…) Pero a todo esto hay que darle un carácter de legalidad. En otras palabras, debemos llevar la revolución a su término, pero de forma clandestina”. Durruti respondía: “Cuando los trabajadores estén a punto de expropiar a los burgueses, cuando se comiencen a tomar medidas contra la propiedad extranjera, cuando el orden público esté en manos de los obreros, cuando las milicias sean controladas por los sindicatos, cuando, en definitiva, se esté a punto de hacer la revolución por la base, ¿cómo va a ser posible conferirle a todo ello una sanción legal? La legalidad hará más fuerte al gobierno de la Generalitat y debilitará el poder del CC de las Milicias, integrando así la economía – regida en parte hoy por la clase obrera – en el aparato del estado. En resumen, esto significará que la CNT, de hecho, va a contribuir no solo a reafirmar el poder del Estado, sino también a poner en manos de éste el control de la economía”.
A finales de septiembre de 1936, no sólo la CNT no empezaba a combatir a la Generalitat, sino que entró a formar parte de ella, junto al POUM. La burguesía logró así la autodisolución del CC de las Milicias el 1º de octubre.
El gobierno de Tarradellas-Companys legalizó en un primer momento buena parte de las conquistas de la revolución, para inmediatamente suprimir los instrumentos que la hicieran posible. Cuando el trabajo sucio estaba hecho, expulsó del gobierno al POUM (diciembre de 1936) ante el silencio cómplice de la dirección de CNT, que tanto había mimado a Andreu Nin. El biógrafo de Companys, Ossorio y Gallardo, relata así la situación: "Companys, que ha reconocido el derecho de los obreros a gobernar e incluso les ha ofrecido abandonar su puesto, maneja las cosas con tal arte, que poco a poco reconstituye los organismos legítimos de poder, deshace la acción de los consejos y deja a los organismos obreros reducidos a su papel de auxiliares, de asesores, de ejecutores. A los cuatro o cinco meses estaba restablecida la normalidad". ( www.engels.org/marxi/marxis3/mar3_4.htm)
La Columna Durruti: guerra y revolución al mismo tiempo
La columna Durruti, igual que las otras milicias obreras, rechazaron el modelo burgués del ejército. Ese modelo que la República tardará más de un año en imponer contra la revolución. La Columna Durruti estaba formada por varias agrupaciones, cuyos delegados elegidos por la milicia constituían el Comité de Guerra junto con Durruti mismo y los asesores nombrados por el CC de las Milicias. Cada agrupación estaba formada por cinco centurias y cada una de ellas por grupos. El sistema de comités de delegados funcionaba también a cada nivel de la organización miliciana. Ante las críticas de Pérez Farras, el técnico militar de la columna, Durruti replicó: "Ya lo dije, y vuelvo ahora a repetirlo: durante toda mi vida me he comportado como anarquista, y el hecho de haber sido nombrado delegado responsable de una colectividad humana no puede hacer cambiar mis convicciones. Fue bajo esa condición que acepté cumplir la tarea que me ha encomendado el Comité Central de Milicias. Pienso -y todo cuanto está sucediendo a nuestro alrededor confirma mi pensamiento- que una milicia obrera no puede ser dirigida según las reglas clásicas del Ejército. Considero pues, que la disciplina y la coordinación en la realización de un plan son cosas indispensables. Pero todo eso no se puede interpretar según los criterios que estaban en uso en el mundo que estamos destruyendo. Tenemos que construir sobre bases nuevas. Según yo, y según mis compañeros, la solidaridad entre los hombres es el mejor incentivo para despertar la responsabilidad individual que sabe aceptar la disciplina como un acto de autodisciplina. (…) la finalidad de nuestro combate es el triunfo de la revolución. Esto significa no solamente la victoria sobre el enemigo, sino que ella debe obtenerse por un cambio radical del hombre. Para que ese cambio se opere es preciso que el hombre aprenda a vivir y conducirse como un hombre libre, aprendizaje en el que se desarrollan sus facultades de responsabilidad y de personalidad como dueño de sus propios actos. El obrero en el trabajo no solamente cambia las formas de la materia, sino que también, a través de esa tarea, se modifica a sí mismo. El combatiente no es otra cosa que un obrero utilizando el fusil como instrumento, y sus actos deben tender al mismo fin que el obrero. En la lucha no se puede comportar como un soldado que le mandan, sino como un hombre consciente que conoce la trascendencia de su acto. Ya sé que obtener esto no es fácil, pero también sé que lo que no se obtiene por el razonamiento no se obtiene tampoco por la fuerza. Si nuestro aparato militar de la revolución tiene que sostenerse por el miedo, ocurrirá que no habremos cambiado nada, salvo el color del miedo. Es solamente liberándose del miedo que la sociedad podrá edificarse en la libertad". La Columna Durruti se componía de mineros del Alt Llobregat convertidos en guerrilleros y dinamiteros, marineros del Sindicato de Transportes, militantes de confianza de la CNT y obreros metalúrgicos. La Columna tenía doble naturaleza de ejército y guerrilla, variando su táctica según las circunstancias.
Preguntado por un periodista canadiense poco antes de la salida de Barcelona, Durruti así describió su visión de la guerra revolucionaria: "Los fascistas tienen Zaragoza y Pamplona. Ahí es donde están los arsenales y las fábricas de municiones. Tenemos que tomar Zaragoza y después saldremos al encuentro de las tropas compuestas de Legionarios Extranjeros, que ascienden desde el Sur, mandadas por el general Franco. Dentro de dos o tres semanas nos encontraremos entregados en batallas decisivas. Dos o tres semanas o quizá un mes. La lucha se prolongará como mínimo todo el mes de agosto. El pueblo obrero está armado. En esta contienda el Ejército no cuenta. Hay dos campos: los hombres que luchan por la libertad y los que luchan por aplastarla. Todos los trabajadores de España saben que si triunfa el fascismo vendrá el hambre y la esclavitud. Pero los fascistas también saben lo que les espera si pierden. Por eso esta lucha es implacable. Para nosotros de lo que se trata es de aplastar al fascismo, de manera que no pueda levantar jamás la cabeza en España. Estamos decididos a terminar de una vez por todas con él, y esto a pesar del Gobierno...
¿Por qué dice usted a pesar del Gobierno? ¿Acaso no está este Gobierno luchando contra la rebelión fascista? preguntó sorprendido el periodista.
"Ningún Gobierno en el mundo pelea contra el fascismo hasta suprimirlo – respondió Durruti-. Cuando la burguesía ve que el poder se le escapa de las manos, recurre al fascismo para mantener el poder de sus privilegios. Y esto es lo que ocurre en España. Si el Gobierno republicano hubiera deseado terminar con los elementos fascistas, hace ya mucho tiempo que hubiera podido hacerlo. Y en lugar de eso, temporizó, transigió y malgastó su tiempo buscando compromisos y acuerdos con ellos. Aún en estos momentos, hay miembros del Gobierno que desean tomar medidas muy moderadas contra los fascistas. ¡Quién sabe –dijo Durruti, riendo- si aún el Gobierno espera utilizar las fuerzas rebeldes para aplastar el movimiento revolucionario desencadenado por los obreros!
¿Entonces usted ve dificultades aun después que los rebeldes sean vencidos?
"Efectivamente. Habrá resistencia por parte de la burguesía, que no aceptará someterse a la revolución que nosotros mantendremos en toda su fuerza" contestó Durruti.
El periodista le señaló la contradicción en que se encontraba la revolución que mantenían los anarquistas: "Largo Caballero e Indalecio Prieto han afirmado que la misión del Frente Popular es salvar la República y restaurar el orden burgués. Y usted, Durruti, me dice que el pueblo quiere llevar la revolución lo más lejos posible. ¿Cómo interpretar esta contradicción?"
"El antagonismo es evidente. Como demócratas burgueses, esos señores no pueden tener otras ideas que las que profesan. Pero el pueblo, la clase obrera, está cansado de que se le engañe. Los trabajadores saben lo que quieren. Nosotros luchamos no por el pueblo sino con el pueblo, es decir, por la revolución dentro de la revolución. Nosotros tenemos conciencia de que en esta lucha estamos solos, y que no podemos contar nada más que con nosotros mismos. (…) Para la Unión Soviética lo único que cuenta es su tranquilidad. Para gozar de esa tranquilidad, Stalin sacrificó a los trabajadores alemanes a la barbarie fascista. Antes fueron los obreros chinos, que resultaron victimas de ese abandono. Nosotros estamos aleccionados, y deseamos llevar nuestra revolución hacia adelante, porque la queremos para hoy mismo y no, quizá, después de la próxima guerra europea. Nuestra actitud es un ejemplo de que estamos dando a Hitler y a Mussolini más quebraderos de cabeza que el Ejército Rojo, porque temen que sus pueblos, inspirándose en nosotros, se contagien y terminen con el fascismo en Alemania y en Italia. Pero ese temor también lo comparte Stalin, porque el triunfo de nuestra revolución tiene necesariamente que repercutir en el pueblo ruso. (…) Puede ser que los intereses en conflictos de imperialismos diferentes tengan alguna influencia en nuestra lucha. Eso es posible. El general Franco está haciendo todo lo posible para arrastrar a Europa a una guerra, y no dudará un instante en lanzar a Alemania en contra nuestra. Pero, a fin de cuentas, yo no espero ayuda de nadie, ni siquiera, en última instancia, de nuestro Gobierno."
Preguntó el periodista “¿Pueden ustedes ganar solos? Aún cuando ustedes ganaran, van a heredar montones de ruina". Durruti contestó suavemente, pero con firmeza:
"Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero -le repito- a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, dijo, murmurando ásperamente” Y luego agregó: “Ese mundo está creciendo en este instante".
La CNT ya contaba con 2 millones de militantes.
Conforme la columna avanzaba, liberaba pueblos por Aragón. Igual que en el resto del estado, pero a nivel generalizado, los campesinos pobres ocupaban las tierras y organizaban colectividades bajo las indicaciones de la CNT. Durruti no se cansaba de repetir: “Ocupad las tierras, hacedlos sin ninguna clase de parásitos. Si vosotros no hacéis esto, será inútil que nosotros sigamos adelante. Es necesario crear un mundo diferente del que comenzamos a destruir, porque en caso contrario no merecerá la pena que nuestra juventud vaya a morir al frente. Pensad que nuestro verdadero campo de batalla es la revolución”. En poco tiempo, hasta el 70% de la población aragonesa llegó a colectivizar las tierras. Los comités de la CNT-FAI administraban la ley, la justicia junto con el campesinado pobre. El comercio privado llegó a ser abolido. La adhesión a las comunas por parte de los artesanos y pequeños propietarios se daba de forma voluntaria, para poder disfrutar de los servicios colectivos y para no quedarse al margen de la obra colectiva. El comité sindical de cada localidad administraba el almacén comunal. La superficie cultivada aumentó y así también el rendimiento de la tierra, los métodos de trabajo se perfeccionaron. La socialización de la agricultura demostró su superioridad sobre la gran propiedad privada de la tierra.
Como no podía evitarse, todo eso alarmó la Generalitat y el gobierno de Largo Caballero. El 15 de octubre de 1936, Durruti asistió a la conformación del Consejo de Aragón, bajo la presidencia de Joaquín Ascaso. Se trataba de un gobierno obrero y campesino, paralelo a los gobiernos burgueses de Barcelona y Madrid. El Consejo de Aragón empezaba a lograr lo que no hizo el CC de las Milicias Catalanas: un organismo de poder exclusivamente obrero y campesino, independiente de la burguesía. Los republicanos y estalinistas respondieron boicoteando el Consejo de Aragón y esperando el momento para atacarlo. Las armas y financiación que Largo Caballero había prometido a Durruti a principios de octubre – se hablaba de 530 millones de pesetas - nunca llegaron a Aragón ni tampoco a las industrias de Barcelona, que la clase obrera había adaptado a las necesidades de la guerra. La aprobación del presupuesto, que Largo Caballero dio a entender a Durruti como un hecho, fue bloqueada inmediatamente por Stalin incluso antes de la instalación oficial del Consejo de Aragón.
La dirección nacional de la CNT (García Oliver, Abad de Santillán, Montseny, etc.) justificaba las trabas que el Frente Popular oponía al frente de Aragón y a la colectivización. En Septiembre de 1936 la dirección de la CNT estaba preparando su ingreso en el Frente popular y Durruti significaba un obstáculo; era el dirigente más incómodo porque se oponía rotundamente a la participación de su organización en un gobierno contrarrevolucionario. A cambio de cuatro ministerios en Madrid, la dirección de la CNT estaba retirando su apoyo a Durruti en el frente de Aragón.
El efecto global fue el estancamiento del frente aragonés, sin poder las milicias tomar Zaragoza por falta de armas. La única alternativa que tuvo Durruti fue aceptar el llamado a defender Madrid, que se encontraba sitiada por los fascistas y en graves dificultades debido a los bombardeos. Solo ante el triste espectáculo de la colaboración de clases por parte de todas las organizaciones obreras – menos el pequeño grupo de los Bolcheviques-Leninistas que se habían separado del POUM – el dirigente obrero Durruti aceptó la lucha cuerpo a cuerpo que la situación parecía imponerle en Madrid. Tras la muerte de Durruti, el nuevo Gobierno republicano, burgués y estalinista de Negrín, logró suprimir la revolución en Aragón. El coronel Enrique Líster (PCE), en lugar de marchar sobre Zaragoza, atacó al Consejo de Aragón con tanques y tropas. La represión contrarrevolucionaria fue muy dura y no solo se contentó con el asesinato de la vanguardia del sector revolucionario aragonés, sino que devolvió las tierras y todo el resto a los anteriores “dueños” burgueses (agosto-septiembre de 1937).
Si hubiese existido en la Revolución española un partido marxista suficientemente cohesionado y maduro, con raíces en la clase obrera y firme en el principio de la independencia de la clase obrera contra la burguesía, luchadores como Durruti hubieran sin duda confluido en él junto con decenas o cientos de miles de militantes. La ausencia de dicho partido fue la tragedia de la Revolución española y de la historia mundial hasta nuestros días. Sin embargo, la lucha de Durruti no ha sido inútil. Los marxistas de la Corriente Marxista El Militante estamos construyendo, 70 años después, descansa sobre los hombros de quienes nos precedieron. La visión del futuro de Durruti es también la nuestra:
"Siempre hemos vivido en la miseria, y nos acomodaremos a ella por algún tiempo. Pero no olvide que los obreros son los únicos productores de riqueza. Somos nosotros, los obreros, los que hacemos marchar las máquinas en las industrias, los que extraemos el carbón y los minerales de las minas, los que construimos ciudades... ¿Por qué no vamos, pues, a construir y aún en mejores condiciones para reemplazar lo destruido? Las ruinas no nos dan miedo. Sabemos que no vamos a heredar nada más que ruinas, porque la burguesía tratará de arruinar el mundo en la última fase de su historia. Pero a nosotros no nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, y ese mundo está creciendo en este instante”.
[Los discursos y declaraciones de Durruti han sido extraídos de dos libros: “Durruti” de Julio C.Acerete, Barcelona 1975 y “Durruti en la Revolución española” de Abel Paz, Madrid, Fundación Anselmo Lorenzo, 1996]
Una de las características más significativas de la revolución del siglo XX es que fue protagonizada por trabajadores, no sólo en lo que se refiere a las masas que integraron sus batallones de acción, sino en la dirección misma de la lucha. La revolución rusa, la mexicana, la cubana, etc. La revolución española, que recuerda en esas fechas el 70 aniversario del inicio de la guerra civil, está llena de ejemplos claros de obreros revolucionarios que fueron figuras indiscutibles de sus organizaciones y del movimiento mismo. En este artículo quisiéramos recordar a uno de los hombres más ejemplares, en cuanto a abnegación por la causa de la clase obrera, que se dieron en el marco de la revolución española: Buenaventura Durruti, cuya trayectoria al mismo tiempo, nos muestra los límites de los métodos del anarquismo, que abrazó hasta su muerte.
Durruti nació en León, en el norte de Castilla el 14 de julio de 1896, era hijo de un ferroviario. A los 15 años comenzó a trabajar en un taller mecánico y posteriormente en una fundición. En 1917 a los 21 años entró a trabajar como mecánico en la Compañía Ferroviaria del Norte de España en donde se afilió al sindicato socialista, Ahí participó en la Huelga General revolucionaria desató entonces en toda España. La violenta respuesta del Estado no se hizo esperar pero a la par de ello, la dirección del sindicato socialista, dominada por reformistas, decidió que Durruti y sus amigos eran demasiado radicales y les expulsó.
En el marco de la España de aquellos tiempos la actitud agresiva del sindicato socialista para con los obreros más combativos significó que estos sólo miraran como alternativa a la Confederación Nacional del Trabajo, (CNT) de corte anarcosindicalista, la cual era minoritaria en esa parte de España. Después de algunos intentos fallidos por desarrollar un trabajo revolucionario en Asturias y Euskadi, en donde se nutrió de los elementos básicos del anarquismo, decidió emigrar a Francia.
La CNT era una organización sin estructuras permanentes, los trabajadores de una región elegían un comité y a su vez estos comités le daban una estructura federal a nivel más amplio. La base de su actividad no era el establecer acuerdos obrero-patronales sino obligar mediante medidas de fuerza a los patrones a realizar en los hechos las demandas de los obreros. En un ambiente de feroz represión la acción sindical combativa adquiría un aspecto de franca subversión y por supuesto la practica de la CNT era la que más se amoldaba a las necesidades reales de lucha de los obreros a diferencia de los sindicatos socialistas que en aras se ser aceptados perdían todo carácter combativo. Por supuesto el sindicalismo de la CNT y su práctica atraían a los obreros más jóvenes. No poseían una táctica para derribar a la burguesía como clase hegemónica, negaban la necesidad de la acción política, la organización centralizada y disciplinada y por supuesto todo lo que sonara a imposición, pero todas esas limitaciones no eran palpables a la hora del sabotaje a la producción o de la ocupación de una fábrica, mucho menos cuando se ejecutaba a un policía de mala fama. Más tarde, cuando el éxito de las acciones locales del la CNT fue tal que se convirtió en un movimiento nacional esas mismas limitantes determinaron en gran medida la derrota de la revolución.
Pero en aquellos años lo importante paran los jóvenes como Durruti era que la CNT se enfrentaba al régimen mientras que el sindicato socialista pactaba con él, Francisco Largo Caballero, dirigente de la Unión General de Trabajadores llegó incluso a participar como ministro del trabajo en el gobierno del dictador Primo de Rivera.
En 1920 Durruti combinaba estancias en Francia con otras en Barcelona, en donde formaría junto con Juan García Oliver, Francisco Acaso y Gregorio Jover el grupo de “los solidarios” que eran en realidad una organización de combate dedicada al asalto de bancos y ejecución de policías y elementos reaccionarios. Durruti y sus amigos llevaron acabo una febril actividad que los llevó a ser buscados en toda la península, siendo acusados de delitos propios y ajenos
En 1923, luego del fracaso de la guerra colonial de Marruecos. Llegó al poder el gobierno de Primo de Rivera, un abierto simpatizante de fascismo que trató de rescatar a la monarquía mediante la dictadura militar. Durruti y sus amigos tuvieron que emigrar a Francia desde donde intentaron repetidas veces organizar la lucha armada en contra de la dictadura. En este caso las limitantes de sus métodos se hicieron más que patentes. En una ocasión planearon una acción desde Barcelona que sería secundada por incursiones de grupos de exiliados desde la frontera, la acción en Barcelona no resultó y los grupos que entraron en acción desde la frontera actuaron de forma tan descoordinada que algunos se enteraron de la muerte de sus compañeros por el periódico, junto cuando se disponían a iniciar su propio ataque.
Durruti, Acaso y Jover tuvieron que escapar a América Latina prosiguiendo con sus labores de “recaudación de fondos” para la lucha, lo que por supuesto les generó infinidad de ordenes de captura.
Para 1926, ya de regreso en Francia, fueron detenidos cuando intentaban perpetrar el asesinato del rey Alfonso XIII que acudiría a París de visita. Permanecieron en la cárcel un año, corriendo el riesgo de ser extraditados a España o Argentina en donde se les acusaba de varios cargos de asesinato y robo. Finalmente fueron puestos en libertad con la promesa de abandonar Francia, dirigiéndose a Bélgica en donde residieron hasta la caída de la monarquía en 1931.
Desde entonces la actividad de Durruti y sus amigos se centró en Barcelona en donde se convirtieron junto Con Abad de Santillán y Federica Monsteny en las personalidades más influyentes del movimiento anarquista español.
Un ala del anarquismo español consideraba la necesidad de continuar las actividades clandestinas e ilegales incluso durante la república y al mismo tiempo preparar insurrecciones que la derribaran, no había para ellos distinciones importantes entre la dictadura y la república, Durruti y sus amigos eran de esa opinión.
Estas ideas fueron fortalecidas por el hecho de que el gobierno republicano socialista de 1931 no adoptó una política ni siquiera de reformas tibias, ni en el campo, ni en el ejército, ni con la iglesia, en cambio reprimió ferozmente toda movilización popular.
Durante 1932 y 1933 los obreros de Catalunya escenificaron levantamientos, Durruti participó en ellos, a los que les siguieron los campesinos de Aragón en donde se proclamó la abolición del Estado. Particularmente en Casas Viejas, una población de Aragón la represión fue salvaje. Durruti y sus amigos pasaron distintos periodos en la cárcel producto de su participación en dichos eventos.
El resultado fue que para 1934 el resentimiento combinado cierta impotencia cundía dentro del movimiento anarquista, el cual se lanzó a una campaña de boicot en contra del proceso electoral de 1934.
Las elecciones, producto de la abstención de los anarquistas dieron como triunfadora a la derecha. Fue entonces cuando los socialistas PSOE y UGT amenazaron con la huelga general insurreccional programándola para octubre, cuando llegó la fecha los obreros de Asturias se levantaron como un solo hombre estableciendo, por espacio de una semana un poder revolucionario que abarcó toda la provincia salvo el puerto de Gijón. Eran los obreros socialistas, en su mayoría, de Asturias y no los anarquistas de la CNT los que lograban con mayor éxito establecer al menos provisionalmente un régimen revolucionario, dicho acontecimiento no dejó de golpear la conciencia de los anarquistas, los cuales, con la excepción de los propios asturianos, quedaron como simples espectadores.
El general Franco avanzó para reprimir a los mineros en trenes transportados por ferroviarios afiliados a la CNT, el sindicato anarquista había rechazado participar a nivel nacional en el movimiento porque según ellos era un movimiento político. Los más de 4.000 asesinatos de las hordas de franco y los miles de encarcelados provocaron un giro en la opinión de los dirigentes anarquistas, García Oliver, planteó la necesidad de la unidad de acción entre socialistas y anarquistas. Ante el problema concreto de las elecciones de febrero de ese año la CNT no llamó a la abstención, como si lo hizo dos años antes, el resultado fue que cientos de miles de obreros anarquistas votaron por las organizaciones de izquierda la cual en la formula del frente popular regreso al gobierno.
Durruti planteó la cuestión del siguiente modo: “Estamos ante la revolución o la guerra civil. El obrero que vote y después se quede tranquilamente en su casa es un contrarrevolucionario. Y el obrero que no vote y se quede también en su casa, será otro contrarrevolucionario”.
Durruti pasó los días de las elecciones (febrero de 1936) en la cárcel de la cual salió para inmediatamente integrarse junto con Acaso y Jover a las luchas sindicales del momento.
Tanto la derecha como la izquierda habían amenazado con la posibilidad de una insurrección en el caso de que algún bando triunfara. El gobierno republicano electo busco por todos los medios de evitar dicho conflicto y con sus acciones lo único que provoco fue el desproteger importantes flancos de frente al inminente levantamiento del ejercito.
Días antes del levantamiento este fue descubierto pero el gobierno no hizo nada por evitarlo, la situación era tan clara que desde el 16 de julio se constituyó en Barcelona por parte de la CNT un comité de enlace entre ellos y el gobierno de la Generalitat, un día antes grupos de obreros habían asaltado un cargamento de armas.
Entonces se da una situación peculiar; los obreros, el gobierno y todos en Catalunya saben que los soldados se sublevaran, éstos titubean, ya no hay elemento sorpresa no obstante éstos cumplen disciplinadamente la orden de salir a la calle. El 18 de julio a las 4:30 de la mañana, los soldados salen de sus cuarteles, la CNT había dispuesto destacamentos armados en cada barrio importante y cada uno sabia, más o menos lo que tenía que hacer.
Los soldados estaban perdidos desde el primer momento de la acción, toda la Barcelona obrera estaba esperándolos y había copado casi todas las posiciones importantes. Los soldados por tanto lo que hacen es agruparse y tratar de hacerse fuertes en espera de que los acontecimientos en otros lugares les permitan salir airosos. Lamentablemente para ellos los obreros de otras partes de España responden enérgicamente a la rebelión militar y la derrotan.
En Barcelona los soldados se atrincheran en el casco antiguo de la ciudad. La calle del Paralelo es dominada por las balas de los soldados, la única manera de hacerlos sucumbir es cruzándola y desde dos fuegos ir reduciendo a los rebeldes, otra opción es esperar a que los soldados mismos se den cuanta que su misión es imposible, pero los trabajadores están ansiosos por sofocar de una vez por todas la revuelta. El ímpetu lleva a los obreros a cruzar la calle y a derrotar a los sublevados. La parte restante de las fuerzas golpistas se concentra en el cuartel de Ataranzanas, en ese combate cae victima del desorden y casi sin necesidad (anarquista hasta el final) Francisco Acaso, con el desapareció también el grupo de los “solidarios”.
Poco después el comando del región militar parapetado en el cuartel se rindió, Barcelona, Catalunya entera estaba en manos de los anarquistas, que junto con los militantes del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) habían encabezado la lucha contra los militares.
En ese momento el único poder real estaba en las calles, Louis Companys el presidente de la Generalitat mandó llamar al Comité regional de la CNT, éstos dudaron en asistir pero de no hacerlo su hubieran tenido que proponer el sustituir a Companys, cosa que como anarquistas era un pecado mortal así, también lo era llegar a acuerdos con el gobierno, así que tuvieron que decidir por el pecado que menos problemas doctrinarios causara, de ese modo Durruti, García Oliver y Jover junto con los demás dirigentes locales se reunieron con Companys , este, señaló entre otras cosas:
“Sé quienes sois y lo que sois, y por eso debo hablaros con toda franqueza. Habéis vencido. Todo esta en vuestras manos. Si no me necesitáis más o no me queréis más como presidente de Cataluña decídmelo ahora”
Durruti y sus compañeros optaron por una salida intermedia que el mismo Companys les planteó; la creación del Comité Central de Milicias Antifascistas, así declinando tomar el poder aceptaron participar en un organismo con la participación de todas las organizaciones obreras, cuestión que en si no estaba mal, el problema fue que no sólo toleraron sino que fortalecieron el gobierno de Companys incluso entrando a formar parte de él como ministros.
El 21 de julio, tres días después del levantamiento, la asamblea regional de comités comarcales anarquistas aprobó postergar el “comunismo libertario” hasta la derrota de los fascistas.
Al parecer en la plana mayor Durruti estaba entre los que promovían la cooperación con otros partidos, Montseny y Abad de Santillán la rebatían señalando que el poder ya era de ellos y no había nada que negociar. En realidad esta misma situación alejaba a ambos grupos de la orientación clásica del anarquismo, el problema era que la ambigüedad los llevaba a la colaboración con las organizaciones burguesas y por tanto al sostener al régimen.
Con la posición de fuerza de la CNT en esos momentos hubiese bastado para que establecieran un poder revolucionario de obreros basado en los comités de milicias antifascistas, por supuesto depurándolas de elementos burgueses, a la vez que se debió eliminar la Generalitat e impulsar sobre esa base una guerra revolucionaria. Esta tampoco hubiese sido una opción del anarquismo clásico sino más bien de corte marxista, pero en esos momentos el anarquismo quedaba fuera de lugar había que elegir entre las salidas tradicionales que suponen mantener al régimen burgués o establecer un régimen proletario. Por supuesto en el debate la posición de Durruti y García Oliver estaba más en la lógica de la alianza con los partido obreros que ya habían señalado necesaria después de la derrota de la revolución asturiana En realidad la posición de Abad de Santillán y compañía era más incorrecta, dado que declaraba que dado que el poder ya se tenía no había nada más que hacer, eso era un autoengaño y el preludio a la capitulación, el poder burgués no estaba muerto si se le dejaba vivir se repondría y podría en un momento determinado aplastar al poder obrero de las milicias antifascistas, que fue lo que sucedió gracias al desconcierto anarquista y a la acción contrarrevolucionaria de los estalinistas que con el chantaje del apoyo armamentístico soviético logaron en poco tiempo recomponer la estructura del régimen burgués.
Por el momento el Comité de Milicias Antifascistas era un poder paralelo al de la Generalitat y, sobre todo durante lo que restó de 1936 la fuerza decisiva en Cataluña y bajo su hegemonía se organizaron milicias que acudieron a combatir a los fascistas que habían logrado el control de Zaragoza y gran parte de la provincia de Aragón. No sólo eso todas las labores de defensa y preparación para ella se centralizaron bajo su autoridad, no hay que olvidar que el ejército había desaparecido en la zona republicana y por tanto era el pueblo armado, en la forma de milicias el que tenía el control de la república, al menos en las primeras semanas siguientes al 18 de julio.
Tan sólo una semana se mantuvo Durruti, como miembro del comité regional de la CNT, dentro del Comité de Milicias Antifascistas, inmediatamente se dedicó a la preparación de una expedición a rescatar Aragón de las manos de los fascistas, su columna, que según se dice llegó a contar con más de 10 mil hombres armados se vio paulatinamente obligada a cambiar los hábitos tradicionales del anarquismo y transformarse en un ejercito en serio, Durruti tuvo que combatir las requisiciones indiscriminadas que más bien parecían saqueos, la libertad de los milicianos para retirarse o más bien desertar cuando les diera la gana, la desorganización de las acciones de ofensiva y defensiva, la administración de los materiales de guerra, así como de los aspectos logísticos, de esta forma de un modo practico se fue creando en torno a las necesidades de guerra un sistema de organización muy distinto a lo que los anarquistas puros hubieran querido. Esto hizo que se le empezara acusar de autoritario y a perder espacio dentro de los dirigentes de la CNT.
Durruti tenía la firme intención de recuperar Zaragoza para la revolución, pero además de la dura batalla contra los fascistas y de la lucha por darle un cuerpo organizado a su columna, tenía que enfrentarse a la falta armas suficientes para ejecutar una ofensiva definitiva. Así transcurrió agosto, para septiembre las necesidades del frente de Aragón y de la población misma de la zona librada lo llevan a acordar con otros compañeros la formación de un Consejo de Defensa de Aragón al cuyo frente quedo Joaquín Acaso, viejo compañero de Durruti. Dicho consejo era en realidad un órgano genuino de poder obrero y campesino, un ejemplo de cómo si se podía llevar acabo la lucha contra el fascismo a la vez que se impulsaba la revolución. Bajo el Consejo de Aragón se comenzó reorganizar la producción sobre bases colectivas y se procuró dotar al frente de los medios para resistir, claro no las limitantes de la falta de armas. En palabras del anarquista César M. Lorenzo, "lo que los libertarios catalanes no habían osado hacer, es decir, tomar todo el poder, los libertarios aragoneses lo intentarán".
Mientras tanto en Barcelona las cosas empezaban a cambiar. Sí bien en el frente Durruti giraba hacia posiciones más revolucionarias debido a las necesidades de responder ante el enemigo y al mismo tiempo reorganizar su retaguardia inmediata, en la ciudad las presiones eran distintas, el 26 de septiembre ante el miedo que significaba la paulatina recomposición de la Generalitat ya la perdida de influencia de la CNT, los dirigentes anarquistas más conocidos decidieron entrar al gobierno de la Generalitat. El 4 de noviembre, siguiendo la misma línea, la CNT se integra en el nuevo Gobierno central, presidido por Largo Caballero, con cuatro ministros.
El día 6 de noviembre ante el asedio de tropas fascistas el gobierno republicano se traslada de Madrid a Valencia, por supuesto que ello significó la posibilidad de que en Madrid también se diera una reorganización del poder en líneas de clase, pero para aquel entonces la dirección anarquistas estaba más enfrascada en pactos en los ministerios que en la revolución social.
Para el 26 de noviembre se sello un pacto entre la UGT y la CNT, lamentablemente los motivos eran disciplinar a sus miembros en la lógica de limitar su acción a lo estrictamente necesario para continuar la guerra postergando indefinidamente las demandas del movimiento obrero como tal.
En lo que respecta a Durruti, este continuo batallando en el frente de Aragón y entrando en conflicto con los dirigentes de Barcelona, incluso como compañeros anarquistas en la medida de que no había disposiciones practicas para hace efectiva una ofensiva final sobre Zaragoza.
La política de la dirección de la CNT estaba trazada en función de defenderse de la posibilidad de que desde los ministerios se fraguara una ofensiva en su contra, por ello idearon que además de entrar en los ministerios, podrían llevar a Durruti y su columna a la defensa de Madrid que por aquellos tiempos estaba siendo asediada por los fascistas
Mariano R Vázquez dirigente anarquista de Madrid le argumentó a Durruti la necesidad de su traslado: Si, te necesitamos en Madrid, ha llegado el momento. El Quinto regimiento lleva la voz cantante aquí, y la llegada de las brigadas internacionales es inminente. ¿Qué hacemos para contrarrestar su influencia? Tienes que hacer valer tu prestigio y la fuerza combativa de tu columna, de los contrario seremos relegados políticamente,”
El frente de Aragón se había estancado debido a la falta de material de guerra, la oferta de Madrid apareció como una opción para romper el marasmo, con la posibilidad de que de salir bien las cosas la revolución tomara otro ímpetu, según Ramón García López, anarquista bajo su mando Durruti habló así a sus hombres:” la situación de Madrid es desesperada. Vayamos, dejémonos matar, no nos queda más remedio que morir en Madrid.”
Con 3.000 de sus mejores hombres Durruti llegó a Madrid el 13 de noviembre e inmediatamente, sin descanso alguno fue mandado con su gente a defender la posición más difícil, la Ciudad Universitaria.
Por esa zona el 19 de noviembre el ejército fascista intentó romper el cerco de Madrid y fue precisamente el grupo de Durruti el que tuvo que contener la ofensiva, el tamaño del ataque fue de tal magnitud que tuvieron que retroceder, dos días después mediante rabiosos contraataques y a costa de numerosas bajas logran hacer retrocederá los fascistas unos 200 metros, Entre el 65% de las tropas de Durruti cayeron en esa batalla, Según Ricardo Sanz.
El 21 de noviembre por la mañana Durruti se dirigió con una escolta a revisar el estado que guardaban las posiciones en el frente de batalla, detuvo su automóvil para obligar a algunos soldados de bajo sus ordenes a regresar a su posición, se estaban retirando sin razón aparente, ello lo obligó a descender del vehículo. Cuando se disponía a abordar nuevamente recibió una bala por la espalda, la cual fue disparada a corta distancia, la escolta lo condujo al hospital más cercano donde tuvo una agonía de varias horas. Durruti había luchado en los últimos meses de su vida, sin enfrentarse a la dirección de la CNT por formar un ejercito disciplinado sin perder de vista la revolución social, al mismo tiempo buscó, en el marco de lo que le fue posible, construir un poder obrero independiente de la burguesía como fue el caso del Consejo de Aragón. Al morir la mayor parte de la dirección de la CNT no tuvo contrapeso para continuar con su política conciliadora y por tanto antirrevolucionaria, reprochando esto el anarquista revolucionario Berneri escribió a Federica Montseny, entonces flamante ministra: "Es hora de darse cuenta de si los anarquistas estamos en el Gobierno para hacer de vestales a un fuego, casi extinguido, o bien si están para servir de gorro frigio a politicastros que flirtean con el enemigo, o con las fuerzas de la restauración de la república de todas las clases. (...) El dilema guerra o revolución no tiene ya sentido. El único dilema es éste: o la victoria sobre Franco gracias a la guerra revolucionaria, o la derrota."
Las claras diferencias entre Durruti y la dirección de la CNT se hicieron aún más patentes cuando, basados en ellas, un sector de las juventudes libertarias fundó el 1 de abril de 1937 la organización “los amigos de Durruti” la cual proclamó en su manifiesto: "Estamos firmemente decididos a no ser responsables por los crímenes y traiciones de que la clase obrera está siendo objeto “.
Lamentablemente la reorganización llegó demasiado tarde, las fuerzas estalinistas habían estado preparando un golpe para hacerse del control, junto con los elementos burgueses, del gobierno central y del de Cataluña, la acción central de su asalto contrarrevolucionario fue la ocupación del edificio de la Telefónica de Barcelona, lo que provoco un levantamiento obrero espontáneo, al cual respondieron con una represión sistemáticamente organizada, para colmo la misma dirección de la CNT llamó a los trabajadores a entregar al armas y retirarse, ello mató la revolución en su centro más importante.
Acto seguido se desató una feroz campaña de persecución contra dirigentes anarquistas y socialistas radicales como fue el caso del PUOM, cuya dirección fue detenida, torturada y asesinada. Algo semejante sucedió con los sectores más revolucionarios del anarquismo.
Posteriormente, como si se tratara de enemigos los estalinistas se lanzaron a destruir el Consejo de Aragón, uno de los pocos bastiones de poder obrero que había en la república y a disolver las colectividades. El Comité Central de Milicias Antifascistas sufrió igual suerte.
El estalinismo logró esto gracias a la ausencia de una organización revolucionaria de masas que pudiera caberles contrapeso, la dirección anarquista no quiso hacerse cargo de tal tarea por miedo a romper con las normas del anarquismo y de todos modos las rompió, No quiso construir un poder obrero pero colaboró a reconstruir el poder burgués.
La posterior victoria del ejército fascista fue sólo consecuencia de la derrota de la revolución. Stalin creía que la derrota de la revolución en España seria suficiente para demostrar a Francia e Inglaterra que no había porque temerle, al mismo tiempo consideraba que de frente a Alemania e Italia se mostraba la capacidad para llegar a acuerdos con ellos. En realidad para lo único que sirvió el triunfo de Franco fue para fortalecer la confianza de los fascistas en la posibilidad de continuar expandiéndose, unos meses después de la capitulación del gobierno burgués republicano de España, las tropas de Hitler iniciaron la ofensiva militar en Europa que se convertiría en la segunda guerra mundial, la cual en cierto modo fue el precio que pagaron las “democracias occidentales” al abandonar a la republica y el precio que pago la Unión Soviética con la traición que los estalinistas cometieron en contra de la revolución social de la cual Durruti era uno de sus más fieles representantes.
La construcción de la teoría marxista se ha realizado en función de un estudio objetivo de los procesos revolucionarias que la clase obrera y otros sectores oprimidos han librado en contra de la burguesía y demás sectores explotadores, es por ello lógico que una revolucionario consecuente tienda, pese a no compartir dicha teoría, a poner a la practica las acciones que ella propone. Como decía algún viejo revolucionario latinoamericano sobre nuestros tiempos “no todo revolucionario es un marxista, pero todo revolucionario consecuente termina siendo marxista”.
Por ello, pese a ser toda su vida un anarquista y vivir como tal, rendimos homenaje a la lucha y consecuencia de Buenaventura Durruti y reconocemos como nuestra su visión del futuro, que es patrimonio de toda la clase obrera y con la cual terminamos: “Siempre hemos vivido en barracas y en tugurios. Tendremos que adaptarnos a ellos por algún tiempo todavía. Pero no olviden que también sabemos construir. Somos nosotros los que hemos construido los palacios y las ciudades en España, América y en todo el mundo. Nosotros, los obreros, podemos construir nuevos palacios y ciudades para remplazar a los destruidos. Nuevos y mejores. No tememos a las ruinas. Estamos destinados a heredar la tierra, de ello no cabe la más mínima duda. La burguesía podrá hacer saltar en pedazos su mundo antes de abandonar la escena de la historia. Pero nosotros llevamos un mundo nuevo dentro nuestro, y ese mundo crece a cada instante. Está creciendo mientras yo hablo con usted”. Buenaventura Durruti
Enzensberger, Hans Magnus, El corto verano de la anarquía, Vida y muerte de Durruti. Grijalbo, México 1975
El Marxismo Hoy, La revolución española, Fundación Federico Engels, España, 1996Morrow, Felix , Revolución y Contrarrevolución en España , Akal, España, 1976Trotsky, León. España, tomos I y II, Akal , España, 1977
Aprovechemos el tesoro de conocimientos y experiencias del "viejo Engels".
Y, además de todo, la vida y la obra de Federico Engels son un ejemplo práctico de la amistad concreta y revolucionaria profesada como praxis que sintetizó lo objetivo y lo subjetivo del método revolucionario más relevante en la historia contemporánea. El marxismo a flor de piel. La amistad entre Carlos Marx y Federico Engels es parte de la lucha y por eso es ejemplar e inolvidable, praxis que comporta vínculos afectivos, intelectuales y de combate en una relación de fraternidad y solidaridad a toda prueba. Tenemos en Federico Engels un referente indispensable para comprender la amistad como fuerza política y revolucionaria capaz de ofrendar el trabajo y la vida propia por el trabajo y la vida de un amigo. Se dice fácil.
Esa "antorcha de la razón", ese "gran corazón" que es Federico Engels contribuye, con su inteligencia abrumadora y su modo de cultivar la amistad, a iluminar las rutas revolucionarias. Su herencia de fortaleza científica y su calidez de hermano marcan el rumbo exacto de una actitud necesaria también para conquistar el futuro socialista. Federico Engels nació el 28 de noviembre de 1820 en la ciudad de Barmen y sigue siendo un revolucionario extraordinario. Su obra científica y sus aportes al proletariado mundial son fundamentales para entender claramente la importancia de la doctrina de Marx y el desarrollo en el movimiento obrero contemporáneo. Engels con su trabajo vigente y excepcional, ofrece una luz poderosa y fortalecedora que hace visibles los medios y modos con que la humanidad se liberará de las calamidades que la agobian. Su obra hace evidente la lucha de clases y el método socialista para asumir la dirección y el desarrollo de las fuerzas productivas, sin amos sin esclavitud, sin alienación. Eso es el regalo de un amigo muy especial. Inteligencia anidada en una persona magnífica.
Gracias al trabajo de Engels el proletariado mundial tiene acceso a los conceptos revolucionarios de Marx y los hace suyos en la lucha por la libertad política, contra la explotación y el saqueo, la barbarie, la miseria y la alienación. "Marx murió sin haber podido terminar en forma definitiva su grandiosa obra sobre el capital. Sin embargo, estaba concluida en borrador, y después de la muerte de su amigo, Engels emprendió la ardua tarea de redactar y publicar los tomos II y III. En 1885 editó el II y en 1894 el III (no tuvo tiempo de redactar el IV… 1"
El trabajo y la lucha de Engels son un ejemplo y un mandato moral que se identifica con una moral de lucha y triunfo indispensables para entender que los caminos de la revolución mundial, aun complicados y a veces arduos, no pueden prescindir de los amores, los cariños, los afectos y las pasiones. No hay socialismo sin lucha por el amor.
Todos debemos conocer "el nombre y la vida de Engels" inculcar el estudio de su obra, su intervención política concreta y la definición de su tarea histórica al lado de los campesinos y los obreros de todo el mundo. "Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no es sólo una clase que sufre, sino que la vergonzosa situación económica en que se encuentra lo impulsa inconteniblemente hacia adelante y lo obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a sí mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a darse cuenta de que no les queda otra salida que el socialismo 2". Y así como debemos conocer sus tesis y método también debemos conocer la expresión de su amistad que constituye un obsequio extraordinario para la humanidad.
Engels es, además de un gran amigo, un gran luchador, un filósofo pletórico ideas luminosas. Es un revolucionario generoso y altruista, cuya lucha por la amistad ha venido a cambiar el estado romántico en que se sumergen muchas definiciones de "amistad". Ese cambio se debe a sus compromisos con la emancipación de los explotados compartidos con un camarada por el cual sintió respeto escrupuloso, fascinación intelectual y reciprocidad guerrera.
Engels contribuyó a sentar las bases del socialismo materialista revolucionario, alternó sus estudios científicos con actividades específicas entre las filas de los obreros y mientras tanto colaboró en la redacción del Manifiesto del Partido Comunista que se publicó en 1848. Obra que vale por "tomos enteros: inspira y anima, aún hoy, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado3". Engels estudió la economía capitalista hasta su médula y se esforzó por esclarecer los reductos más oscuros con una sintaxis didáctica y amena. Abordó problemas científicos inspirándose en la concepción materialista de la historia y en la doctrina económica de Marx, e hizo contribuciones magníficas a la filosofía, las ciencias naturales y la sociología. Entre otras muchas. Engels no era sabio aislado de la realidad concreta, su misión era unir el socialismo y al movimiento obrero y convertir al marxismo en instrumento de transformación revolucionaria del mundo. "Para que el proletariado sea bastante fuerte y pueda vencer en el momento decisivo es necesario que forme un partido especial, separado de todos los demás y opuesto a ellos, consciente de sí mismo como partido de clase ".
Una herencia imperdible
Entre las muchas enseñanzas de este maestro magnífico hay que listar sus tesis sobre la Filosofía, su manera de vivirla diariamente y saborearla, sus métodos de aplicación concreta y de clase. En manos de un revolucionario la Filosofía no puede ser un amasijo de afirmaciones inconsistentes e inútiles pergeñadas como gimnasia mental o catálogo decorativista de conocimientos inútiles. La Filosofía no puede ser una actividad inútil y el filósofo no puede ser ese hombre impráctico y diletante con que se solazan algunas definiciones burguesas. El Filósofo bien puede ser un revolucionario apasionado por la lucha emancipadora de la humanidad desde un frente, por ejemplo, tan importante como la lucha contra la alienación que vivimos como un aire tóxico que respiramos inconscientemente.
Engels contribuyó a desarrollar teoría y práctica contra la alienación en todas sus formas. Contra la alienación que convierte todo en lucro, ganancia, usura y saqueo impunes y que se exhibe como logro ejemplar. A éste circo de la humillación Engels contrapone la reivindicación proletaria de la dignidad humana que se impulsa contra un mundo injusto, abismalmente desigual y cruel. El trabajo de Engels es un ejemplo para todo científico revolucionario porque con su conducta demostró que es indebido callarse, hacerse indiferente o resignarse a las leyes de un sistema económico y social cuya tarea es generar miseria y producir muerte. Ese es un amigo.
El trabajo de Federico Engels es una actitud ante la vida, los seres humanos, las relaciones sociales y los métodos para la emancipación y el crecimiento pleno. Engels trabajó por una teoría y una práctica en unidad indisoluble, su vocación científica dejó en claro las posibilidades objetivas para la transformación del mundo y para que todo aquel que aspire a la revolución socialista ponga a prueba sus tesis fundamentales contrastándolas dialécticamente con la realidad y con la práctica. "de lo que se trata es de transformar el mundo" (Tesis XI de Marx sobre Feuerbach).
Engels entregó su vida a buscar los medios y modos de mejorar las condiciones de existencia de los trabajadores, a luchar contra los regímenes autoritarios, a luchar por la destrucción del poder burgués que amenaza a la humanidad con sumirla en ciclos interminables de barbarie, holocausto nuclear, cataclismos geológicos y degeneración genética para beneficio del mercado.
Engels se empeñó en poner en práctica los métodos que el marxismo propuso ante el imperativo político-moral de transformar al mudo hacia el socialismo. Por eso sigue vigente, porque la lucha por elevar la conciencia de los trabajadores hacia su emancipación definitiva hay que construirla aquí y ahora, día a día, con la razón y la práctica, con la inteligencia y la pasión… con el amor loco y amistar revolucionaria.
La lucha revolucionaría es una incubadora de amistades excepcionales.
Hay que abrevar y aprender de Engels que la amistad cobra sentido revolucionario con base en el respeto, la admiración y la fidelidad solidaria, no a-critica, con los amigos. Amistad como necesidad incluso de hacer conocer el trabajo de los amigos, contribuir comprometidamente y no apropiárselo arteramente. Engels es el mejor ejemplo.
Engels es el caso de una amistad reciproca cuyo florecimiento se basa en el desarrollo del talento, sus cualidades, en pleno ejercicio de los mejores litigios de la razón para ser revolucionario con los demás en la búsqueda de la plenitud socialista. Esa idea de amistad implica que nadie es todo en sí mismo y que se necesita de los demás, de los camaradas y los amigos para actuar directamente y para transformar al mundo. He ahí a Marx y Engels. Ambos llegaron a la conclusión de que la clase obrera encarna el futuro de la humanidad y eso contribuyó a desarrollar una amistad excepcional de importancia superlativa para la creación de la teoría revolucionaria más avanzada, para la lucha emancipadora de la clase obrera y para la formación moral, ética y poética de los militantes. Una amistad que los unió para toda la vida, amistad creadora que sólo fue interrumpida por la muerte.
A Engels le tocó sobrevivir a su amigo, difundir su obra y continuar la lucha como un ejemplo poderoso de vida que se ofrendó para completar y divulgar el genio incuestionable de su mejor amigo y el aporte magnifico que Marx hizo a la revolución mundial. Conciencia absoluta del compromiso, del papel histórico y del amor fraternal. Todo junto. No cabe duda que la fortaleza de la amistad en uno fortalecía la del otro. Es un ejemplo.
Las cartas entre Marx y Engels son una delicia de conocimientos y afectos. Casi no hubo tema científico, político o metodológico que no desmenuzaran con fruición y con base en una identificación, no condescendiente, de sus coincidencias en la teoría y la práctica. Casi no hubo problema familiar en que no interviniera Engels para ayudar a la familia Marx, incluso con dinero. Engels se alegraba enormemente cuando visitaba a Marx era una alegría honda la que se profesaba en esos encuentros. Cada vez que Engels visitaba a Marx la casa se vestía de fiesta. Amigo en serio.
Abrevar del corazón revolucionario de Engels y mantenerlo vivo en la memoria guerrera de los proletarios del mundo es un trabajo que nos toca cumplir puntualmente. Aprender de su sentido del humor repleto de rigor ético, aprender de su escritura capaz de adentrarse en terrenos maravillosos. Aprender de sus debates y aclaraciones, de sus sinceridades vitales y su defensa inamovible de todas las mejores causas de los oprimidos. Aprender de su no neutralidad, su crítica sagaz y su manera de vivir la amistad que es sin duda una invitación moral al compromiso revolucionario que urge fomentar en los ánimos históricos a los tiempos que corren.
Abrevar y aprender de Engels ayuda a no dejarnos arrastrar por el olvido, ayuda a dejarnos impulsar por el "fantasma" que recorre el mundo y a dejarnos acariciar con sus manos de revolución inspiradora. No quedemos a merced de la amnesia, siempre será mejor la lucha que nos fortalece con su poder real. No nos quedemos con la mente en blanco, con el pensamiento y el corazón desorbitados, con la vida desprovista de una amistad verdadera. Contamos con Federico Engels y con su "violín segundo 4" afinado con la partitura del socialismo y con la fuerza de esa amistad que es capaz de animar cariños, ideas y tareas a lomos de revolución dispuesta a tomar el cielo por asalto. "Su afecto por Marx mientras vivió, y su veneración a la memoria del amigo desaparecido fueron infinitos. 5" Lenin.
1 V. I. Lenin FEDERICO ENGELS: Escrito en 1895.Primera edición 1896, en la recopilación Rabótnik, núms. 1-2. Digitalización: Marxists Internet Archive, 2000. Con base en la versión de Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1980. Marxists Internet Archive, 2000. http://www.marxists.org/espanol/lenin/1890s/engels.htm
2 V. I. Lenin FEDERICO ENGELS: http://www.marxists.org/espanol/lenin/1890s/engels.htm
3 http://www.marxists.org/espanol/lenin/1890s/engels.htm
4 "Al lado de Marx -- escribió a un viejo amigo suyo -- siempre toqué el segundo violín."[ Se alude a la carta de F. Engels a I. Ph. Becker del 15 de octubre de 1884. http://www.marxists.org/espanol/lenin/1890s/engels.htm
5 V. I. Lenin FEDERICO ENGELS: http://www.marxists.org/espanol/lenin/1890s/engels.htm
Debate sobre la rehabilitación de Julián Grimau
Senador de IU | 15 Nov 06
DEBATE Y VOTACIÓN DE LA MOCIÓN DEL GRUPO PARLAMENTARIO MIXTO, POR LA QUE SE INSTA AL GOBIERNO A PROCEDER A LA REHABILITACIÓN CIUDADANA Y DEMOCRÁTICA DE LA FIGURA DE DON JULIÁN GRIMAU, VÍCTIMA DE LA REPRESIÓN FRANQUISTA. (S.661/000326)
El señor PRESIDENTE: Entramos en el punto primero del orden del día: Debate y votación de la moción del Grupo Parlamentario Mixto, por la que se insta al Gobierno a proceder a la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de don Julián Grimau, víctima de la represión franquista.
Para defender la moción tiene la palabra el senador Cuenca.
España, 9 de noviembre de 1962, año vigésimo tercero de la paz de Franco. La prensa madrileña informa de que el comunista, Julián Grimau, ha caído desde una ventana de la Dirección General de la Seguridad franquista por la que se ha tirado cuando estaba siendo interrogado. Los jueces franquistas le acusan, además, de un delito de tentativa de suicidio.
Julián Grimau seguirá sufriendo la ignominia de un juicio y de una sentencia espantosa tanto jurídica, como política.
Julián Grimau fue detenido por la Brigada Político Social de la policía franquista el día 7 de noviembre de 1962. Su delito: ser comunista, ser un luchador antifranquista por la libertad y por la democracia arrebatada por las armas en contra del legítimo Gobierno de la república. Grimau fue brutalmente torturado en la sede de la Dirección General de Seguridad, hoy Casa del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Al no conseguir que hablara, fue arrojado desde una ventana del edificio al patio interior, simulando un suicidio, y como no murió, fue curado.
Posteriormente fue llevado a juicio el 18 de abril de 1963 sin pruebas ni testimonios directos y condenado a la pena de muerte. Este juicio, como todos los del franquismo, fue una burla a la verdad y a la democracia. Vulneró hasta las propias leyes ilegales del franquismo, hubo una quiebra absoluta del régimen de garantías, no había imparcialidad en los jueces militares y existía una indefensión total del acusado. Grimau fue juzgado por un tribunal militar de acuerdo con la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 -la llamada ley de represión de la masonería y el comunismo- y se le aplicaron preceptos del Código de Justicia Militar de 1880. Los juicios militares en aquellos años, señorías, no exigían que los miembros del tribunal fueran letrados, solo militares, lo que sí se exigía para cumplir con los derechos de los procesados era que el vocal ponente debía ser obligatoriamente abogado, y esta es una de las irregularidades más de dicho proceso. El vocal ponente encargado de asesorar al tribunal militar en temas legales no era abogado, se hacía pasar por letrado, como quedó demostrado meses después e incluso fue condenado por otros hechos -por cierto, este vocal comandante intervino en cerca de 4.000 juicios sumarísimos y envió a un millar de presos políticos a los paredones franquistas-. En ese juicio no existieron pruebas de ningún género ni testimonios directos, salvo que el fiscal, cumpliendo órdenes superiores, le impone la máxima de pena de muerte.
Señorías, si los juicios del régimen franquista fueron ilegales el de Grimau rozó el esperpento. Para justificar su asesinato se le juzgó por los delitos de adhesión a la rebelión militar y otro de rebelión militar -curiosa acusación de los que habían si precisamente los rebeldes-. De haber cometido estos delitos según el régimen habría sido durante la Guerra Civil, 25 años antes de ser juzgado. Si a Grimau se le hubiesen aplicado las leyes vigentes en el momento de ser juzgado no habría podido ser condenado porque esas leyes ya estaban prescritas. Señorías, todo un cúmulo de irregularidades y de despropósitos.
El día siguiente al juicio el Consejo de Ministros no atendió a la petición de conmutación de pena y, lo que es más grave aún, ocultó y no tuvo en cuenta que dos semanas antes, el 5 de abril, el propio Consejo de Ministros había aprobado la creación del Tribunal de Orden Público; la creación de este tribunal impedía por principio que un consejo de guerra juzgase a Grimau. El 20 de abril, dos días después del juicio, Grimau es conducido a Campamento, en donde es fusilado. Julián Grimau fue ejecutado por el pelotón de fusilamiento para dar ejemplo y atemorizar al nuevo movimiento obrero, a las luchas estudiantiles y a cualquier conato de oposición al régimen franquista. Señorías, durante aquellas fechas se llevó a cabo una campaña de propaganda falaz por el responsable de información del régimen, que pretendía identificar a Grimau como un criminal, silenciando unos de los crímenes de Estado más crueles, alevosos y de mayor repercusión internacional por parte del franquismo.
Después de lo expuesto, Julián Grimau no era un sanguinario asesino y alguien debería pedir perdón por afirmar dichas cosas; pedir perdón no solamente porque participó y colaboró en todo este montaje con resultado de muerte, sino porque aún hoy sigue afirmando que Grimau era un sanguinario asesino. Señoría, hoy es una buena oportunidad para explicar qué pasó entonces e incluso para pedir perdón, incluso para que pidan perdón los que después de muchos años de democracia siguen todavía pensando y afirmando que Grimau era un sanguinario asesino.
Por todo ello, señorías, desde Izquierda Unida seguimos pidiendo justicia para quien no la tuvo, y este es el caso de Julián Grimau. Por todo ello, señorías, les emplazo, les invito a que mediante esta moción den la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de Julián Grimau.
Turno de portavoces que defiendan enmiendas.
En primer lugar, por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra el señor Mansilla.
El señor MANSILLA HIDALGO: Gracias, señor presidente.
En este primer turno seré forzosamente breve porque, estando de acuerdo con el fondo de lo que se plantea, hemos de señalar que en esta ocasión hay alguna diferencia con respecto a otras oportunidades en que estos asuntos han sido debatidos, básicamente en el Congreso de los Diputados y en algunos casos además votados por unanimidad.
Respecto al reconocimiento a las víctimas de la Guerra Civil y del franquismo, fue aprobado por el Congreso de los Diputados un mandato al Gobierno para que remitiera un proyecto de ley donde se pudieran reconocer estas situaciones y ampliar los derechos. El Gobierno remitió al Congreso de los Diputados con fecha 28 de junio este proyecto de ley y, por tanto, es este texto legal el que tiene que dar cobertura al reconocimiento explícito y concreto a todas y cada una de las víctimas represaliadas por el franquismo y durante la Guerra Civil. Por eso hemos introducido esta enmienda, que ya conocen los grupos parlamentarios, para que en caso de ser aprobada al final lo que quede expresado con esta moción sea nuestra voluntad política inequívoca de ese reconocimiento y, por tanto, también el compromiso político de modificar en su caso el proyecto de ley remitido para que si no tuviese la cobertura que aquí decimos se le pudiera dar la cobertura legal suficiente. Es el motivo de la enmienda y por eso solicitamos de Izquierda Unida que la apruebe para poder ser votada en su conjunto y en su totalidad.
Por el Grupo Parlamentario Popular, tiene la palabra el senador Gutiérrez.
El señor GUTIÉRREZ GONZÁLEZ: Gracias, señor presidente.
Señorías, quisiera agotar este turno en contra porque la posición del Grupo Parlamentario Popular será lisa y tajantemente de no apoyar esta moción presentada por el Grupo Parlamentario Mixto de esta Cámara y ante esta Comisión.
Dicha moción literalmente afirma: Moción por la que se insta al Gobierno a proceder a la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de don Julián Grimau, víctima de la represión franquista. También hay una enmienda del Grupo Parlamentario Socialista, conocida esta misma mañana, en la cual de algún modo remite al Congreso de los Diputados -después haré alguna referencia a ello-, pero sigue manteniendo la individualización con respecto a la figura de don Julián Grimau, que es la base de nuestra oposición a esta moción.
Y lo vamos a hacer, señorías -y lo adelanto sin ningún tipo de ornamento, edulcoración o fundamento demagógico-, por tres razones que intentaré explicar. En primer lugar, por razones políticas de la Cámara legislativa; en segundo lugar, por razones de la propia historia y, por último y en tercer lugar, por razones de carácter jurídico o si ustedes quieren de carácter judicial. Tres razones que a mi modo de ver y al de mi grupo son sólidas para amparar nuestro pronunciamiento que, sin ambages ni ornamentos, será un voto negativo.
En primer lugar, las razones políticas de esta Cámara legislativa, es decir, cuál es la función básica de la cámara legislativa. No podemos olvidar que la Cámara legislativa representa la soberanía del pueblo español, única en el Estado español, y, evidentemente, su función fundamental es la de legislar; ahora bien, más allá de legislar tiene otras funciones de control del Gobierno y también de realización de mociones o proposiciones de ley en la Cámara Baja, y estas mociones o proposiciones de ley son las que de alguna manera -como dijimos días pasados en la Comisión de Justicia- sirven de recordatorio para la necesaria acción del Gobierno cuando esta en puntos determinados o por iniciativa de la Cámara no ha sido llevada a cabo. Y no de otro modo puede entenderse.
Estamos ante una moción en la que se plantea la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de don Julián Grimau, el cual y desde ahora como persona me ofrece todos mis respetos. Además la rehabilitación propuesta es fruto de los hechos acontecidos en los primeros años de la década de los sesenta y por el proponente se ha hecho un relato prolijo de los hechos, y aunque este senador disiente en muchos de ellos, creo que no es el momento de entrar en la discusión sobre cómo han sido o cuáles han sido los hechos que en su momento, de una forma desagradable, llegaron a la pena de muerte. Ahora bien, este senador, en este instante y por convencimiento propio, que no voy a someter a discusión, así como por imperativo constitucional y también recogiendo el sentir de mi grupo, muestro nuestra firme oposición a la pena de muerte como modo de sancionar una conducta humana por más que dicha conducta sea reprochable y bochornosa al conjunto de la sociedad.
Dicho esto con carácter previo, he de mantener esta razón de carácter político-legislativo o de función propia de la Cámara. La función propia de las Cámaras cuando se lleva a cabo se hace a través de resoluciones y han sido muchas las resoluciones -algunas con carácter legislativo y otras no- que han tratado este tema, siempre manteniendo una línea de coherencia -la posibilidad de rehabilitación histórica y de la memoria de los hechos acontecidos fruto de una guerra civil y de los años posteriores- y siempre con dos elementos claves: reconciliación nacional basada en el consenso mayoritario si no unánime y sobre la generalidad de los supuestos, huyendo del individualismo, que originaría el encumbrar posiciones personales en detrimento de otras con consideraciones iguales.
En primer lugar, como ustedes conocen, la primera resolución que tuvo un marco legislativo fue la Ley de Amnistía de 1977 -no me voy a referir a ella, sus señorías la conocen sobradamente- y quiero afirmar de forma muy contundente que es la primera y más importante resolución que plantea la reconciliación nacional y que es fruto del consenso. La Ley de Amnistía ha permitido mirar hacia adelante y construir la historia reciente de España, es la piedra angular de lo que se llamó y se llama la transición española, que es única. Si rompemos ese consenso damos al traste con la propia transición y no habrá otra, porque lo que algunos advierten de una segunda transición no es más que la ruptura, de la que se habló en 1977 y que todos los partidos salientes de aquellas primeras elecciones que componían el arco parlamentario no quisieron secundar en favor de la actual transición, que tanto bien hizo para España.
Es legítimo que a lo largo de 20 años puedan los partidos abordar, siempre con el consenso necesario, una nueva resolución que pudiera solventar aquellas indefiniciones que pudieran surgir hacia aquella primitiva Ley de Amnistía aplicada en el año 1977. Y eso es lo que se enfrentó en el año 2002.
En el año 2002 la Comisión Constitucional, ante un día relevante como era el 20 de noviembre, acordó, a través de cinco proposiciones no de ley, llegar a un acuerdo definitivo, por el cual se instaba al Gobierno a que promueva un reconocimiento público sobre los ciudadanos represaliados por profesar convicciones democráticas, acuerdo que resulta, a mi modo de ver, fundamental, se obtiene en el consenso y bajo un Gobierno o bajo un mandato o bajo una legislatura cuyo Gobierno con mayoría absoluta lo ostentaba el Partido Popular y tan solo resaltaré los apartados dos y tres, los demás de la propia resolución son de suyo.
El segundo dice que el Congreso de los Diputados reitera que resulta conveniente para nuestra convivencia democrática mantener el espíritu de la concordia y de reconciliación que presidió la elaboración de la Constitución de 1978 y que facilitó el tránsito pacífico de la dictadura a la democracia.
El apartado tres dice que el Congreso de los Diputados reafirma una vez más el deber de nuestra sociedad democrática de proceder al reconocimiento moral de todos los hombres y mujeres que fueron víctimas de la Guerra Civil Española, así como de cuantos padecieron más tarde la represión.
Nada más quiero comentar que la propia declaración, a mi modo de ver, se salva por sí misma. De una vez por todas se zanja la cuestión y se da salida a todo cúmulo de preocupaciones. Pero lo importante no era esta base histórica de acudir a una resolución del año 2002. Creo que es más importante lo que se dijo en aquella Comisión Constitucional por parte de todos los grupos del arco parlamentario. Me permitirán ustedes que resuma algunas de ellas.
Por el señor Atienza, diputado del Grupo Popular, se dijo algo tan sencillo y sentido como que este reconocimiento lo hacemos desde la integración, desde la normalidad de una democracia consolidada en España, desde el consenso político y desde la Constitución. No es un reconocimiento desde la confrontación. Afortunadamente, es un reconocimiento desde la integración y hacia la integración. Más adelante añade que nos estamos refiriendo, señorías, a todo aquello que no queremos que vuelva a ocurrir nunca más.
Por parte del portavoz del Partido Nacionalista Vasco se afirma algo tan importante como el deber de proceder al reconocimiento moral de todos los españoles, hombres y mujeres, que fueron víctimas de la guerra civil y posteriormente padecieron la represión de la dictadura franquista. Y en segundo lugar, el deber de la sociedad democrática de impulsar el apoyo institucional a las iniciativas puestas en marcha por los familiares. Pero añade y subrayo, que el límite consiste en que no hay que resucitar el enfrentamiento civil.
Por el diputado López Lerma, del Grupo de Convergència i Unió, y previamente citando al señor Guerra González, el cual aludió literalmente a que la constitución fue hecha para futuras generaciones y no para los políticos que en su momento la hicieron, es decir, pensando en el futuro, afirma algo tan claro como que se trata de una referencia a la dramática realidad histórica de España, deseando que quede en la historia para que sirva de ejemplo de un camino que nunca se debió pisar. Y con el deseo de que el Gobierno cumpla, y como dijo el señor Alcaraz, esperando cerrar un debate que tenemos abierto desde hace mucho tiempo y que ha generado confrontaciones que no deberían haberse dado, toda vez que, afortunadamente, nos une la Constitución, la libertad y el concepto de democracia.
Y por último, por parte del señor López Garrido, en la misma línea afirma que con esta resolución se da un paso positivo e importante, un paso adelante, que da salida a debates que se han producido.
Pues bien, en esta tesitura entendemos que a través de aquel acuerdo se ha concluido el debate y se concede el reconocimiento expreso a todos aquellos que pudieron ser represaliados por sus ideas en la Guerra Civil y en la posguerra y, si ustedes quieren, hasta la Constitución Española cerramos un capítulo, pero lo cerramos mirando al futuro. Olvidamos, quizás no, pero el conocimiento al que todos los españoles tenemos derecho lo dejamos para los historiadores y en el plano de la historia, no lo entregamos a la política porque podremos sobrepasar aquel límite que planteaba el señor Ercoreca.
Pues bien, a más abundamiento el Gobierno trajo a esta Cámara el proyecto de ley de memoria histórica, que recientemente hemos visto en esta Cámara, que desde mi grupo hemos considerado inoportuno, hemos considerado que no era adecuado, que además fundamentaba de alguna manera la legitimidad política en esta memoria histórica y nosotros consideramos que era legitimada y la democracia actual se fundamenta básicamente en la Constitución Española. Pero más allá de que nuestro voto fue en contra, ahí está la Ley de Memoria Histórica y ahí se ha cerrado un debate. Traer aquí un tema de nuevo plantea, aunque individualmente y no con carácter general, reabrir estas heridas. Es para nosotros, repito, inoportuno y fuera de lugar, con independencia del respeto a la persona del señor Grimau, pero algo que puede suponer la ruptura de ese consenso alcanzado en el año 2002. Es cierto, y no iba a aludir a ello, que hay un proyecto de ley de nuevo planteado por el Gobierno en el Congreso de los Diputados. Este grupo lo estudiará con profundidad. Veremos lo que podremos acordar, pero, en todo caso, lo fundamentaremos siempre en el consenso y con base en la reconciliación nacional.
En segundo lugar, quería plantearlo en términos históricos, y ahí sí que tengo que hacer alusión al senador Muñoz Alonso, en su intervención en comisión y en Pleno, en la llamada Ley de Memoria Histórica, cuando citaba al profesor Álvarez Tardío y nos decía que la idea de la reconciliación significa algo más que el restablecimiento de la concordia, implicaba un compromiso de futuro, un compromiso con la construcción de la democracia de todos los españoles y exigía un sacrificio: el de no rememorar el pasado para encontrar argumentos con los que enfrentarse al adversario político y con los que deslegitimarse. Por el contrario, la historia solo debió ser desenterrada en el terreno de la vida política si servía para apoyar y reforzar los grandes acuerdos que permitieron la fundación y consolidación de la democracia. Y esto no es fácil, pero si queremos que las generaciones futuras puedan desarrollar un marco jurídico sobre la base de la libertad, la tolerancia y la democracia, nunca lo podemos olvidar, porque supondría superar, rebasar ese límite del portavoz vasco del Congreso de los Diputados.
Pero no plantearé ningún límite a la historia. Lo decía antes y lo digo ahora. En el estudio de ella tendrán que hacerlo los historiadores y allí llegaremos a la conclusión que se llegue y la conoceremos todos los españoles. No podemos huir del conocimiento de la historia, pero, como decía el senador Muñoz Alonso, no nos arrojemos nuestra propia historia los unos a los otros. Y ahora, recientemente, en días pasados, el escritor Muñoz Molina, nada sospechoso de coincidir con las ideas de la derecha, volvía a incidir en lo mismo, que los políticos no pueden arrojarse la historia los unos contra los otros.
Pero entiéndaseme bien. Desde el respeto a la persona del señor Grimau y también desde el respeto a algunos otros que no han sido traídos a colación pero que también pudieron tener los mismos avatares, desde ese respeto y desde ese límite del señor Ercoreca, no reabramos las heridas a través de estudios individualizados. Si lo que se quiere reabrir es de nuevo esta discusión, entonces este senador estará pensando que se quiere llegar a esta segunda transición que, repito, no podrá existir porque no será una segunda transición, que será la ruptura que se planteó en el año 1977, porque España es única, con su historia y con sus episodios, buenos y malos, pero es algo que pertenece a España y nunca se puede excluir.
Y creo que por razones históricas y por razones de política legislativa de la Cámara serían suficientes para argumentar nuestro voto negativo. Pero también quería hacer alusión a lo que para mí son fundamentos jurídicos o razones de carácter judicial porque a lo mejor sí que existen foros donde se puede discutir lo que el senador Cuenca ha traído a esta Cámara, si el procedimiento es válido o no, si ha vulnerado o no las normas de procedimiento del momento adecuado y ese foro es el judicial, y me estoy refiriendo a la posibilidad planteada en nuestro ordenamiento jurídico de la llamada revisión del procedimiento ante el Tribunal Supremo. Efectivamente, es una revisión que se tiene que llevar con cierta cautela, el propio Tribunal Constitucional así lo dice, tanto el ordenamiento jurídico español como el derecho comparado, a una serie de cautelas referidas a la revisión cuyo objeto no es otro que el de mantener un necesario equilibrio entre la exigencia de la justicia y de la seguridad jurídica. Por lo tanto, puede ser un camino difícil, pero, en todo caso, es un camino equilibrado porque está equilibrado en derecho, porque responde, señorías, a la legalidad y además esta legalidad la va a impartir el Tribunal Supremo y el Tribunal Supremo, señorías, en el año 2006 ofrece todas las garantías propias de la democracia, se define en el Poder Judicial y se fundamenta en su propia soberanía e independencia.
Es cierto que la familia del señor Grimau ya lo planteó, y también es cierto que la propia Sala de lo Militar del Tribunal Supremo lo rechazó, porque entendió que las pruebas no desvirtuaban el procedimiento ni buscaban la nulidad del mismo. En otros casos también se planteó, y en eso consiste la legalidad, porque ya la Sala 5ª del Tribunal Supremo falló, y teniendo en cuenta la historia de la propia democracia.
A mi modo de ver éste es el camino, más allá de que la Constitución pueda representar una inflexión en la legitimación de esta democracia; pero España es lo que es, con su historia, y la efectividad de las sentencias en el plano judicial se medirá en función de los procedimientos existentes en el momento oportuno de la actuación.
El ordenamiento jurídico vigente en el momento de la causa es conocido por todos: era legal, y sólo su quebrantamiento podía dar lugar a un recurso de revisión. Si el mismo no ha sido vulnerado, no procederá su anulación, y ello sólo lo podrán dictar los tribunales de justicia, y nunca los políticos. Será un tribunal quien lo diga: si se ha cumplido o violentado el orden legal del momento; todos los demás, políticos y ciudadanos, sobramos. La declaración judicial es la única que puede quebrar lo que para los juristas es la pieza clave en el ordenamiento jurídico: la llamada cosa juzgada.
Por estas razones que he querido exponer, tranquila y lentamente, no entrando en los hechos, porque sería una discusión que yo reservo a la historia y sobre la cual, repito, no coincido plenamente con lo que ha podido decir el señor Cuenca, no voy a entrar en otros razonamientos sobre la historia en esta Cámara, porque no nos compete.
También quiero hacer referencia a la enmienda, porque si lo que busca la Cámara es la declaración de conjunto, en la propia enmienda se mantiene la figura individualizada de Julián Grimau, y eso haría que, ante situaciones similares de otras personas, no se pudieran resaltar como se ha hecho ahora con Julián Grimau. Por tanto, con los tres argumentos que consideramos básicos, respetando la sentencia que se dictó en su momento, y sabiendo la posición personal de este senador sobre lo que pueda representar la pena capital en una sentencia de condena, y, al mismo tiempo, respetando la figura del señor Julián Grimau como persona, nuestro voto será negativo en esta moción.
En turno de portavoces, tiene la palabra el senador Cuenca.
El señor CUENCA CAÑIZARES: Muchas gracias, señor presidente.
Intervendré brevemente para plantear dos cuestiones. En primer lugar, quiero decir que asumo la enmienda presentada por el Grupo Parlamentario Socialista, y, en segundo lugar, en cuanto al tema de debate, quiero formular varias cuestiones.
Agradezco las palabras del portavoz del Grupo Parlamentario Popular, cuando expresa respeto a la persona de Julián Grimau, aunque sé que eso entra en contradicción con el hecho de que todavía haya quien piense que es un asesino sanguinario. Al hablar de reconciliación, esa palabra nos ha llevado a poder trabajar, a poder convivir y a poder estar todos juntos, tanto los que a día de hoy piensan que es un asesino sanguinario, después de veinticinco años de democracia, como los que pensamos que no lo es. Ese es el valor de la reconciliación. Pero reconciliación no significa olvido, y no excluye la rehabilitación de aquellos que fueron asesinados, a quienes no se les respetaron sus derechos en los procesos en que se les juzgó y en su posterior fusilamiento. Eso no entra en contradicción con el concepto de reconciliación. Lo que estamos intentando aquí es rehabilitar la figura de una persona, de Julián Grimau, que luchó -me imagino que como todos nosotros, pero él dio hasta su vida- por los valores y los principios democráticos, y nos tendríamos que sentir satisfechos por el concepto de reconciliación, pero en ningún momento dejarlo en el olvido ni evitar la rehabilitación de una figura ciudadana y democrática. Si no es así, señorías, podría considerarse -al menos yo lo veo así- que todavía son ustedes rehenes de un pasado del que, no sé por qué, se hacen herederos, a no ser que sea porque algunos participaron en aquel gobierno franquista, y porque hoy todavía siguen pensando que es un asesino sanguinario.
Entiendo que un partido que se dice moderno, de centro, si no condena el asesinato de Grimau y no procede a la rehabilitación de su figura, asume, se hace heredero de ese proceso trágico en nuestro país que fue el período franquista. Incluso aquellos que procedían del franquismo y que llegaron a la democracia en los primeros años quizá hoy hubieran condenado ese asesinato, y estarían apoyando la rehabilitación de la figura ciudadana de Julián Grimau. No entiendo cómo un partido que dice ser moderno y de centro, hoy en día no asume eso, y, por tanto, lo que deja entrever es que se siente heredero, lamentablemente, de ese período triste. Así es, señorías.
Yo voy a seguir trabajando por rehabilitar la figura de aquellos españoles y españolas olvidados, enterrados en muchas cunetas, y no ignorando aquello por lo que dieron su vida; en este caso se trata de Julián Grimau, pero le tengo que decir -y concluyo- que lo lamentable es que todavía haya personas que piensen que es un asesino sanguinario, y no sólo que lo piensen, sino que lo digan; y no sólo que participaran, sino que lo digan. Ellos hoy se sientan aquí y ése es el concepto fundamental de la democracia: la reconciliación. Yo soy capaz de discutir y sentarme con aquellos que participaron e incluso con los que hoy piensan que Julián Grimau sigue siendo un asesino sanguinario. Creo que cabe la palabra perdón; hubiera sido un buen gesto la palabra perdón, y más todavía viniendo de un partido que dice ser de centro y demócrata, y sobre todo si se hubiese sumado a la rehabilitación de la figura de Julián Grimau. Creo que ustedes son herederos, no sé por qué, de un pasado; fundamentalmente son herederos de su presidente, el señor Fraga Iribarne.
¿Por el Grupo Parlamentario de Senadores de Coalición Canaria? (Pausa.) Por el Grupo Parlamentario Catalán en el Senado de Convergència i Unió tiene la palabra el senador Casas.
El señor CASAS I BEDÓS: Muchas gracias, señor presidente.
Intervengo con cierto pesar, porque observo atónito desde la barrera, aunque no tengo más remedio que bajar a la arena, ya que por algo ejerzo el cargo de senador. Me gustaría que, de una vez por todas, intentáramos hacer las cosas con cierta sensatez.
Voy a votar afirmativamente por una razón: porque en el Congreso de los Diputados, con la ley de la memoria histórica, y a través de una serie de enmiendas y de acuerdos políticos en los que pudimos colaborar, se le dio un aire distinto a lo que pretende ser esta ley aquí. Se están haciendo las cosas con más prudencia, y se han abordado algunos casos singulares. El portavoz del Grupo Parlamentario Popular decía que no había habido ninguna singularidad, aunque se hizo con Carrasco i Formiguera por unanimidad en el Congreso de los Diputados, pero yo quería ir por otro camino.
Creo que el señor Cuenca ha dado excesiva trascendencia a su intervención, porque se está hablando de hechos que hace muchos años que han pasado, y que están superados por la sociedad española. Al final ha lanzado alguna acusación, que tengo por no oída, porque si todos entráramos a hablar en estos términos no serviría de nada el Parlamento ni el esfuerzo que se ha hecho durante muchos años. Por tanto, prefiero tenerla por no oída.
Pero sí quisiera hacer una reflexión. La memoria histórica no puede ser sectaria ni selectiva. El siglo XX español ha sido muy complicado, igual que el siglo XX europeo; muy complicado. En Europa han ocurrido cosas muy graves, protagonizadas básicamente por comunistas y por fascistas, que han tenido consecuencias en la vida de muchas personas. Unos y otros -me refiero a Europa- deberían pedir perdón. En España optamos por una transición ejemplar, que resultó muy bien, y otros países han seguido nuestro modelo. A veces me emociono cuando oigo a dirigentes chilenos, socialistas o demócratacristianos, elogiar el proceso de la transición que se hizo en España. Pero cuando entramos en la revisión de la historia, hay quien lo hace desde un sectarismo que francamente nos desanima, que provoca desazón.
No todo lo que se hizo durante la república fue bueno, la guerra civil fue tremenda y murió mucha gente inocente y durante el franquismo también pasaron cosas muy desagradables, pero no se puede pretender ahora revisar la guerra civil y decir que unos eran buenos y otros malos, que los que ganaron perdieron y que los que perdieron ganaron. Fue un error colectivo de todos y así hay que asumirlo, y a partir de aquí hay que ser muy prudentes.
Paul Preston, en relación con estas cuestiones, dice que hay una tercera España y yo creo que es la gran mayoría, la que ha sufrido las consecuencias de las barbaridades de la república -y también hay que decirlo, señor Cuenca- y de las barbaridades del franquismo. Esa es la tercera España, que es la que más víctimas ha tenido. Les voy a poner un ejemplo. Carrasco i Formiguera fue un dirigente democristiano al que el Gobierno de la Generalitat en la época republicana no le pudo garantizar la seguridad de su vida simplemente por ser cristiano y tuvo que huir de Cataluña y, luego, el franquismo le condenó y le fusiló por catalanista. Estas son las víctimas de unos y de otros, esta es la tercera España. ¿Cuánta gente inocente murió en la guerra civil luchando en uno y otro bando? Todos inocentes.
Por tanto, pido moderación cuando se quiere rehabilitar la figura de Julián Grimau. Sin duda, lo comparto y me parece muy bien que se quiera recordar a una persona que fue juzgada en condiciones no democráticas y que falleció de una forma dramática, pero creo que se puede hacer desde el respeto, sin abrir heridas, entendiendo que en España se han cometido muchos errores y que estamos aquí para que no vuelva a suceder, respetando a las personas que hoy democráticamente representan a la sociedad española y sin hacer sectarismo con declaraciones sobre si unos son buenos o otros malos. Es muy fácil defender a la tercera España, y yo les pido que en este debate -e insisto en que lo miro desde la barrera porque me da pavor- sean más prudentes todos juntos.
Tiene la palabra el señor Zubia.
El señor ZUBIA ATXAERANDIO: Muchas gracias, señor presidente.
Tomo la palabra para anunciar que este portavoz y, por tanto, el grupo parlamentario al que tengo el honor de representar votará favorablemente la moción presentada por el Grupo Parlamentario Mixto, a iniciativa del senador de Izquierda Unida por la Comunidad Autónoma de Madrid, el señor Cuenca Cañizares, que ha sido por él mismo defendida hace un momento.
Se trata de una moción que, como ya se ha dicho, tiene por objeto instar al Gobierno a que proceda a la rehabilitación de la figura de Julián Grimau, que fue dirigente del Partido Comunista y padeció la represión del régimen franquista siendo torturado, procesado y, finalmente, ejecutado. Con la aprobación de esta moción habremos dado un paso más hacia la tan costosa y lenta rehabilitación de todas las personas, que son muchas, que fueron represaliadas durante la dictadura.
Quien les habla era casi un niño, tenía 13 años, el 20 de abril de 1963, fecha en la que fue ejecutado Julián Grimau tras una farsa de juicio; fue un consejo de guerra el que por rebelión militar y en unas pocas horas, no más de cinco y como se esperaba, dictó la condena a muerte. Recuerdo perfectamente la víspera y las horas previas a su ejecución. No he olvidado las reacciones internacionales de protesta, la presión internacional al caudillo, las manifestaciones multitudinarias en no pocas capitales europeas y latinoamericanas, pero todo ello fue inútil. El Consejo de Ministros reunido el día 19 de abril, pese a que incluso el entonces Papa Juan XXIII intercedió para que se conmutara la pena, adoptó la decisión unánime de firmar la sentencia y, por tanto, su ejecución, como así sucedió en la madrugada de ese 20 de abril.
Tiempo después, ya en mis años universitarios, tuve ocasión de acercarme y conocer con más detalle aspectos de este episodio que tanto me había conmocionado en su momento. Supe así que el vocal ponente del proceso fue Manuel Fernández Martín, un habitual de los juicios políticos que ni siquiera había aprobado primero de Derecho, aunque para cuando fue descubierto y condenado a prisión ya había enviado al paredón a algunos cientos de personas. Supe, también, que incluso con las leyes políticas de la época el juicio no era ajustado a derecho, que los delitos de los que se le acusó a Julián no fueron probados y que los testigos de la acusación declararon que conocían los mismos de oídas. Y supe, también, que el defensor de Julián Grimau, única persona en la sala con formación jurídica, el único capacitado para ejercer su papel, como de hecho hizo, fue Alejandro Rebollo; un Alejandro Rebollo al que veintitantos años después, lo que es la vida, tuve la suerte de conocer al coincidir con él en labores parlamentarias en el Congreso de los Diputados.
Desde entonces a ahora han pasado ya más de 40 años, casi 44 largos años, pero hay que reconocer que el Estado sigue teniendo contraída una deuda con las víctimas del franquismo, como sucede con el caso que nos ocupa. Varias han sido, también es cierto, las iniciativas presentadas en los últimos años en distintas sedes parlamentarias, si bien han corrido una suerte bien dispar.
Confiamos en que esta de hoy sea, por fin, la definitiva y para ello, como decía al principio, nuestro grupo va a votar a favor de la moción con el texto final resultante de la enmienda presentada por el Grupo Parlamentario Socialista, que ha sido aceptada por el autor de la iniciativa.
Por el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés, tiene la palabra el senador Bruguera.
El señor BRUGUERA BATALLA: Muchas gracias, señor presidente.
Anuncio también, en nombre de mi Grupo Parlamentario Entesa Catalana de Progrés, el voto afirmativo a la moción presentada por el senador Cuenca Cañizares, del Grupo Parlamentario Mixto. Votaremos afirmativamente por tres razones básicas y fundamentales.
En primer lugar, por la coherencia de los antecedentes parlamentarios previos a través de mociones o proposiciones no de ley tramitadas en el Congreso de los Diputados similares a la que hoy ha presentado el señor Cuenca Cañizares. Efectivamente, no es la primera vez que las Cortes Generales abordan propuestas como la que hoy nos plantea el senador Cuenca Cañizares en relación con personas o líderes políticos que padecieron la represión del régimen franquista, y en este sentido quiero citar dos ejemplos. Una de estas personas fue Manuel Carrasco i Formiguera, al que ya se ha referido el senador Casas, y la otra Luis Companys, para el que este mismo año el Congreso de los Diputados, a través de una proposición de ley, acordó la rehabilitación pública del honor del president de la Generalitat de Cataluña con la celebración un acto solemne en el castillo de Montjuic de Barcelona, lugar donde fue ejecutado. Además, votaremos afirmativamente porque, aparte de las resoluciones adoptadas por las Cortes Generales, algunos parlamentos autonómicos han acordado sus propias resoluciones, y entre ellas quiero destacar una presentada en la Asamblea de Madrid prácticamente en los mismo términos en los que estamos debatiendo la de hoy, que, por cierto, fue aprobada por unanimidad.
En segundo lugar, vamos a votar afirmativamente por el contenido concreto de la parte dispositiva de la moción. Efectivamente, el senador Cuenca Cañizares solicita la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de Julián Grimau; es decir, se trata de una reparación pública y moral que no entra tanto en cuestiones de tipo jurídico, en cuyo caso sería más discutible y hubiesen sido abordadas por la Ley de amnistía del 77, que decretaba una amnistía general para todos los delitos y faltas de carácter político y, por tanto, ya tenía efectos jurídicos como la extinción de la responsabilidad criminal y la eliminación de los antecedentes penales. En este caso, estamos hablando de la rehabilitación ciudadana y democrática de un líder comunista, Julián Grimau, detenido, torturado, procesado en un consejo de guerra sumarísimo sin pruebas y sin las garantías legales mínimas y, finalmente, ejecutado en el año 1963.
En tercer lugar, vamos a votar afirmativamente a la moción porque queda sustancialmente mejorada por la enmienda presentada por el Grupo Parlamentario Socialista, que ha sido aceptada por el senador proponente. Digo esto porque creo que esta moción enmarca con el debate parlamentario que, desde un punto de vista más amplio, está teniendo lugar en el Congreso de los Diputados, y me estoy refiriendo a la iniciativa parlamentaria que sobre la rehabilitación de las víctimas del franquismo está en trámite parlamentario en este momento.
Por otra parte, entendemos que con esta enmienda se mejora de forma importante la moción presentada. Por lo tanto -y con esto termino, señor presidente-, por estas tres razones vamos a votar afirmativamente esta moción.
Por el Grupo Parlamentario Socialista, tiene la palabra el senador Mansilla.
El señor MANSILLA HIIDALGO: Gracias, señor presidente.
Desde nuestro punto de vista, con esta moción, así como con cualquier otra que se pudiera presentar, no se trata en ningún caso de reabrir la historia, sino de hacer verdad lo que se ha señalado por parte del Grupo Popular sobre el consenso de los años 1977 y 1978, que tampoco puede hacerse realidad si no hay un reconocimiento de parte, es decir, un reconocimiento mutuo.
Por tanto, aunque uno de los argumentos empleados por el Grupo Popular para votar en contra es que se ha individualizado en una persona concreta, ya le avanzo que tantas mociones sobre represiones realizadas durante el franquismo presente el Grupo Popular, tantas mociones serán votadas favorablemente por el Grupo Socialista. Lo digo para que no tenga mala conciencia porque se vota una moción referida a un individuo. Todas las que se presenten a tal fin consideraremos que persiguen la intención de rehabilitar la memoria histórica, incluso familiar de mucha gente represaliada por el franquismo, lo que no significa ni ruptura ni estar en contra del consenso, sino todo lo contrario, porque en España todavía hay mucha gente que sufre en sus carnes el hecho de que durante mucho tiempo se ha machacado una imagen en sentido radicalmente contrario a la que expresó la realidad. Y este es uno de los ejemplos, como puede haber otros más, lo que no debiera preocupar ni molestar a nadie, porque eso no es ir en contra del consenso, sino permitir que en algunos casos la verdad aparezca por sí sola.
Hay un elemento que debiera unirnos a todos, porque estamos hablando de un caso en el que alguien fue asesinado por un delito político, no por otra razón. Si se tratase de alguien que cometió un delito común y fue condenado, seguramente el debate sería otro. Sin embargo, por cometer un supuesto delito político, una persona es asesinada.
No deja de ser en parte cierto, pero me ha chocado que se hiciera referencia al orden legal del momento. Para aquellos que tenemos principios democráticos muy interiorizados, solo consideramos que existe orden legal cuando viene del propio pueblo, no cuando se impone por la fuerza de las armas o de cualquier otra manera. ¿Era el orden legal del momento? Sí. ¿Y todos sabemos que el Derecho ha de tener continuidad? Sí. Pero, tomando en consideración nuestra actual Constitución, cualquier derecho que durante el franquismo pudiera suponer el fusilamiento de una persona por delito político se da de narices con esta. Por tanto, no queda por menos que reconocer que estos hechos se daban. Y esto no es ir en contra de nadie, mucho menos contra el Partido Popular, porque parece que ustedes consideran esta iniciativa como si supusiera una afrenta a alguien.
Ha habido momentos importantes también en lo que se refiere a los cambios de opinión. En 2002 se aprobó una resolución por unanimidad expresando la voluntad política del Congreso de los Diputados en relación con este asunto. También es verdad -y le agradezco que lo haya leído- que la posición del Grupo Parlamentario Socialista de Diego López Garrido expresó que suponía un avance cualitativo considerable, como seguimos manteniendo. Pero eso supuso la quiebra de cierto reconocimiento, al menos en cuanto a la posición que parecían sostener algunos grupos políticos. No obstante, supuso un avance cualitativo.
Por eso, en 2004 también hay un mandato del Congreso al Gobierno que pide que remita un proyecto de ley para cerrar este asunto, como expliqué al defender la enmienda. Y este proyecto de ley, que hoy está en el Congreso, pretende cerrar este debate y este asunto. Manteniendo el mismo fondo político que la resolución de 2002, porque no la modifica en absoluto, pretende concretar todo tipo de cuestiones, con nombres y apellidos, haciendo referencia a aquellas personas que hayan sido objeto de represión o asesinato durante el franquismo, que es como yo lo llamo -cada uno que lo llame como quiera-. Pero la cadencia de los hechos es esta, y no otra.
No buscamos confrontación, ni que algunos se sientan heridos. Sólo buscamos lo que va de suyo, que cae por su propio peso. ¿Podemos decir con tranquilidad que hubo una persona llamada Julián Grimau que fue asesinada por ser comunista? El delito político en la democracia no existe. Por tanto, ¿afirmar que debe haber un reconocimiento expreso es negativo para el consenso constitucional? No, en absoluto. Y esto es lo que dice la moción, no dice otra cosa.
Por eso, nuestra enmienda pretende que a través del proyecto de ley que en estos momentos se debate en el Congreso hagamos lo posible para que ese reconocimiento sea explícito, porque también es muy importante que a una persona, por muy mayor que sea, se le pueda decir con toda tranquilidad que no fue un delincuente, sino que intentó que en España llegase cuanto antes la democracia. No sé qué tiene eso de malo, ni que vaya contra el consenso. Les aseguro que no lo entiendo. ¿Por qué cada uno puede explicar sus problemas familiares y no estos? Yo los he tenido, como cualquier otro, aunque aquí no se trata de eso, sino de reconocer mutuamente que hubo errores.
Pero no es lo mismo un error en democracia que bajo una dictadura. No sé si ven alguna diferencia. Yo la veo muy grande. Puedo entender que un gobierno elegido democráticamente comete muchos errores y procuro cambiarlo a través de las urnas. Pero, cuando uno pretende cambiar un Gobierno elegido por las urnas a través de las armas, ya no es un error: hay una diferencia. Y esa diferencia se ve en esta moción, o en otras miles que ustedes pueden presentar, si quieren, con nombre y apellidos, que, desde luego, tendrán todo nuestro cariño.
No queremos remover el pasado y emplearlo como confrontación, pero sí poder mirarnos a la cara reconociendo que hubo errores por parte de todo el mundo. No voy a hacer mención de ningún nombre, y no me refiero ahora a Julián Grimau, sino a una y otra parte, para poder mirarnos a la cara con cierta dosis de tranquilidad transcurrido el tiempo, porque es cierto, como decía el portavoz de Convergència i Unió, que la sociedad española ha superado felizmente este tipo de traumas. Pero hagamos que se superen con una conciencia muy tranquila. Reconozcamos algunos hechos, que son tan evidentes como este, porque no pasa absolutamente nada. Y cuando estudien el proyecto de ley, que han dicho que lo harán con tranquilidad, veremos el fondo de la cuestión.
Lógicamente, nosotros vamos a votar la moción con la incorporación de la enmienda, votación a través de la cual va implícito y explícito nuestro compromiso político de que a través del proyecto de ley que se está debatiendo en el Congreso sea posible este reconocimiento, que espero que en el día de hoy se apruebe.
Voy a intentar canalizar mi respuesta a los distintos portavoces que han anunciado su voto favorable a la moción. Nosotros seguimos manteniendo nuestro voto en contra.
Creo que lo básico es lo que ha dicho el senador Casas, es decir, no ahondemos en la Historia desde el plano político, no reabramos las heridas, como tantas veces he oído decir al portavoz del Grupo de Senadores Nacionalistas Vascos. Coincido con él en que la Guerra Civil pudo ser un error colectivo. Sin embargo, el senador Muñoz y otros portavoces le atacaron directamente también en esta comisión. Hoy nadie ha dicho nada con respecto a usted, manteniendo una posición absolutamente similar. Por tanto, esa es la Historia y ahí están los historiadores. Por eso, en 2002 zanjamos la cuestión, pretendiendo que no nos la echemos en cara los unos a los otros. Este es el primer planteamiento desde mi punto de vista.
El segundo planteamiento es el referido al tema procedimental, el tema jurídico. Creo que no podemos olvidarlo, como ha dicho el senador Mansilla. Había un orden legal. Discutamos o no acerca de aquel orden legal, pero hay en él una continuación. Por tanto, ese orden legal, con aplicación en sentencias -ni más ni menos que en sentencias-, ha de ser anulado por quien tiene la capacidad y la facultad de anularlo, que es el órgano jurisdiccional. Y el orden legal actual, el de los años 90, absolutamente democrático, que radica en el Tribunal Supremo, se ha enfrentado acerca de la nulidad o no del procedimiento de Julián Grimau y ha dicho que no -ese es el camino-, y puede decir que sí.
Si mi información es correcta respecto al juicio que se celebró en el año 1973 -cuando yo ya tenía más años, como el señor Julián Grimau tenía pocos años con respecto a Salvador Puig Antich-, es la segunda vez que se ha planteado el recurso de remisión ante el Tribunal Supremo. Se ha planteado por segunda vez y se está discutiendo, porque a lo mejor es nulo. Y si es nulo, tendrá toda nuestra bendición, porque se declararía nulo a través del Tribunal Supremo, que es el órgano que lo puede hacer, y no la Cámara legislativa, que está diciendo, como apunta el senador Zubía, que el procedimiento es nulo porque estos hechos son irrefutables. Pero es que en este caso no lo dice un tribunal jurisdiccional. Por tanto, ese orden legal, cuando tenemos que conectar el pasado con el presente, lo tienen que determinar los tribunales. Y cuando se manifiesten los tribunales, lo aplaudiremos.
Por eso, nosotros pudimos huir. Tenemos que huir de la individualización de las personas. Tenemos que verlas en su conjunto. No hacerlo es reabrir innecesariamente muchos temas. En todo caso, igual que se planteó la Ley de la Memoria Histórica, que después por su contenido nosotros votamos en contra, estudiaremos, y lo haremos con mucho detenimiento, este proyecto de ley por el que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecían persecución -lo dice la resolución de 2002- o violencia -lo dice la resolución de 2002- en la guerra civil y en la dictadura. Lo estudiaremos y si realmente hay consenso no sólo lo aplaudiremos, sino que votaremos a favor, pero no hablaremos de personas individuales. ¿Qué puede suceder si rehabilitamos la memoria, en los términos de la moción, del señor Julián Grimau y no lo hacemos con el señor Puigzartig? o con Delgado cuyo caso está también en el Tribunal Constitucional? Como ustedes saben, y si no yo se lo digo, el Tribunal Constitucional anuló retroactivamente el recurso de remisión que había sido denegado por la Sala 5ª de lo Militar en el Tribunal Supremo. Por lo tanto, está ya reabierto.
Hay tal cantidad de asuntos que no es bueno individualizar. Hay que tratarlos en su conjunto. No es algo que nosotros afirmemos. Hay muchas afirmaciones. Hay afirmaciones hasta del presidente del Gobierno cuando dice que no es partidario de la anulación de la sentencias dictadas por el Tribunal Supremo. Lo dice el presidente del Gobierno. Dice , además, que supondría una ruptura del ordenamiento constitucional y del ordenamiento jurídico. Por lo tanto, si no hay una revisión en cadena de todos los juicios planteándonos una remisión a ese orden legal en la dictadura, entonces no los individualicemos. Planteemos una ley, un acuerdo o algo que sea consensuado con los demás.
Esta es la posición que en principio también la Vicepresidenta del Gobierno ha manifestado, así como el Fiscal General del Estado y el Fiscal Herrero Tejedor. Vayamos al análisis en su conjunto en el plano político, que es lo que yo he intentado explicar, y llevemos los casos individualmente ante los tribunales de justicia que son los únicos que pueden anular la eficacia de cosa juzgada en una sentencia, más allá de la opinión que podamos tener nosotros porque aunque nosotros rehabilitemos la memoria si no está anulado el procedimiento la cosa juzgada pervivirá hasta que se anule porque desde el plano político
- y sería una monstruosidad jurídica- no podemos anular la sentencia de todo un período de nuestra historia.
Esta es la única razón. No reabramos más casos porque dentro de un mes tendremos otro señor y dentro de otro mes otro. El Grupo Parlamentario Socialista ya ha anunciado el voto favorable a todas las revisiones que se puedan plantear de todos los consejos de guerra, que son más de 400. (El señor Mansilla Hidalgo:¡ Yo no he dicho eso!) No lo planteemos de forma individual. Hagámoslo en conjunto. Por nuestra parte el tema se cerró en 2002. En todo caso, si hay que reabrirlo reabrámoslo con consenso, pero no sobrepasemos aquella línea porque si nos arrojamos la historia los unos a los otros no marcaremos bien el camino para las futuras generaciones en convivencia, en paz, en democracia, en libertad y en tolerancia.
Esto es lo único que busca el Partido Popular. No sé si no lo he sabido explicar al principio, pero esto es lo único que busca el Partido Popular. Cerremos de una vez por todas la historia. Coincido plenamente con el señor Casas. No se debe reabrir. Lo que no entiendo es su voto. En todo caso, no se debe reabrir.
Señor Mansilla, tiene un minuto por el artículo 87.
El señor MANSILLA HIDALGO: Un minuto puede ser corto, aunque voy a ser muy breve para decir dos cosas si me lo permiten.
El señor PRESIDENTE: Un minuto de esta sesión de la Comisión Constitucional tiene un poquito más de margen.
En primer lugar, toda la argumentación del Grupo Parlamentario Popular se ha hecho en términos estrictamente jurídicos formales y ni el Grupo Parlamentario Socialista ni esta moción dicen nada de revisión judicial de nada. Estamos hablando políticamente de un hecho que nos parece grave en nuestra opinión porque es verdad que existe el ordenamiento legal, pero también es verdad que existe en función de la situación política impositiva del momento que es a lo que nos estamos oponiendo.
Yo aquí no pido revisión judicial alguna. No se trata de eso. Se trata de decir lisa y llanamente que una persona que pensaba de forma distinta al régimen, que peleaba por recuperar la democracia, fue asesinada y que reconozcamos eso con cierta tranquilidad. Eso no da derecho a que el Tribunal Supremo lo revise ciertamente, entre otras cosas porque el Tribunal Supremo solamente lo haría si encontrase razones muy fuertes de que las normas procesales fueron vulneradas; cosa enormemente complicada con el derecho franquista como saben. Yo tuve también la oportunidad de presenciar más de 250 consejos de guerra y todo eso es bastante complicado. En este caso no quiero entrar en esa cuestión porque no es ésta la moción. Aquí no pretendemos hacer eso que estaba diciendo. Esto no revisa la decisión judicial. No todas las personas somos iguales, sino que hay personas que son referencia por muchos motivos y en este caso Julián Grimau es un punto de referencia para un sector de la sociedad de que ocurrió precisamente esto. Que junto a Julián Grimau fueron fusilados mucha más gente, sin duda, pero Julián Grimau era un referente que sirve de ejemplo para todos los que estaban en esa situación. Por eso, no vayamos a las revisiones judiciales, que no es el caso, sino al fondo de la cuestión, a los hechos, que la moción dice lo que dice y no dice lo que usted ha dicho en su última intervención.
Tiene la palabra el senador Casas.
He sido aludido directamente por el portavoz popular. Intervendré con mucha brevedad. El sentido de mi voto es muy claro. Yo no puedo votar en contra de que a Julián Grimau se le meta en el marco de la Ley de Memoria Histórica porque me parece que corresponde, que hay un marco legal y que, además, lo voto con convicción. Otra cosa es que no me haya gustado el tono de la intervención del proponente y que haya derivado el debate a situaciones que pueden ser sectarias y que pueden inducir a equívocos a la opinión pública española. He pedido prudencia. Nada más.
Con respecto al senador Casas diré que comparto su posición. Pero no podemos rehuir el debate jurídico porque estamos en un debate jurídico y no estamos en un debate meramente político de reconocimiento de una memoria histórica. Mal trabajo vamos a realizar individualizando en una rememoración histórica cuando no hemos anulado un procedimiento y el procedimiento se ha fundamentado en unos hechos. Yo puedo estar en desacuerdo con los hechos. Desde luego, ustedes lo están. Yo no he querido entrar en los hechos. Se hacen afirmaciones que no dicen la sentencia y que no dice el Tribunal Supremo cuando ha afrontado, porque lo ha hecho, la posibilidad de una nulidad del procedimiento realizado en el año 1962 o 1963. Y esto es un debate jurídico que es donde se tiene que centrar el análisis de una causa individualizada (Una señora senadora del Grupo Parlamentario Socialista dice:¡ Es un asesinato y no un debate jurídico!) Porque si evitamos...
El señor PRESIDENTE: Por favor, no dialoguen. Continúe.
El señor GUTIÉRREZ GONZÁLEZ: ... el análisis en conjunto y lo llevamos al camino de la individualización lo tenemos que llevar ante los tribunales porque la Cámara lo que no puede hacer es declarar sobre una persona y no sobre las demás porque eso puede causar perturbaciones. Y no lo digo yo, lo dice la Vicepresidenta del Gobierno cuando habla de que podría ser perturbador un análisis individualizado de las personas más allá de la tarea del poder jurisdiccional.
Y por esto votamos en contra, pero conscientes de que hemos votado a favor en 2002 porque fue allí cuando se llegó al consenso. Y nos duele mucho que este consenso se pueda romper porque lo suyo es llegar a declaraciones genéricas y no individuales, aunque les duela, más allá del respeto que le tengo como persona al señor Julián Grimau.
Concluido el debate voy a pasar a dar la lectura a la enmienda porque existe una práctica que yo no comparto en general en el Senado, y por lo menos en mi Comisión voy a ser consecuente y las voy a leer , y es que se presenten enmiendas que no se lean públicamente y que los senadores no conozcan cuando las votan.
Es una enmienda de sustitución la que ha defendido el senador Mansilla y ha aceptado el senador proponente que dice literalmente lo siguiente: “ Por la que el Senado insta al Gobierno a proceder, conforme a lo que disponga la ley, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura; actualmente en tramitación parlamentaria a la rehabilitación ciudadana y democrática de la figura de Julián Grimau incluyendo la indemnización que corresponda como hombre que padeció la represión del régimen franquista por defender la libertad y por profesar convicciones democráticas”.
Esto es lo que vamos a someter a votación.
Se suspende la sesión que continuará esta tarde a las dieciséis.
Publicadas por Panfilov a la/s 7:13 p.m. No hay comentarios.: Vínculos a esta publicación

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 resolución 
 resolución 
 resolución 
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e contrario
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 resolución 
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 artículo 87