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Timestamp: 2018-10-23 21:31:08+00:00

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﻿ SENTENCIA C-537 DE MAYO 28 DE 2008
SENTENCIA C-537 DE 28 DE MAYO DE 2008
CONTENIDO:DELITO DE TERRORISMO. SE DECLARA EXEQUIBLE LA "CONVENCIÓN INTERAMERICANA CONTRA EL TERRORISMO", SUSCRITA EN LA CIUDAD DE BRIDGETOWN, BARBADOS, EL TRES (3) DE JUNIO DE DOS MIL DOS (2002), EN EL TRIGÉSIMO SEGUNDO PERÍODO ORDINARIO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS Y LA LEY 1108 DE 2006 POR MEDIO DE LA CUAL SE APRUEBA.
TEMAS ESPECÍFICOS:TERRORISMO
Sentencia C-537 de mayo 28 de 2008
Sentencia C-537 de 2008
Ref.: Expediente LAT-300
Revisión de constitucionalidad de la Ley 1108 del 27 de diciembre de 2006, “por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la asamblea general de la Organización de los Estados Americanos”.
EXTRACTOS: « I. Texto de la norma
La ley objeto de análisis, cuya publicación se efectuó en el Diario Oficial 46.494 del 27 de diciembre de 2006, es la siguiente:
“Ley 1108 de 2006
Por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
Visto el texto de la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, que a la letra dice:
Interamerican Convention Against Terrorism.
Convencao Interamericana contra o Terrorismo.
Convention interaméricaine contre le terrorismo.
TENIENDO EN CUENTA la Resolución RC.23/RES. 1/01 rev. 1 corr. 1, “Fortalecimiento. de la cooperación hemisférica para prevenir, combatir y eliminar el terrorismo”, adoptada en la vigésima tercera reunión de consulta de ministros de relaciones exteriores,
i) Convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997, y
Cada Estado parte, de acuerdo con sus disposiciones constitucionales, se esforzará por ser parte de los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de los cuales aún no sea parte y por adoptar las medidas necesarias para la aplicación efectiva de los mismos, incluido el establecimiento en su legislación interna de penas a los delitos ahí contemplados.
c) Medidas que aseguren que las autoridades competentes dedicadas a combatir los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º tengan la capacidad de cooperar e intercambiar información en los niveles nacional e internacional, de conformidad con las condiciones prescritas en el derecho interno. Con ese fin, cada Estado parte deberá establecer y mantener una unidad de inteligencia financiera que sirva como centro nacional para la recopilación, el análisis y la difusión de información relevante sobre lavado de dinero y financiación del terrorismo. Cada Estado parte deberá informar al Secretario General de la Organización de los Estados Americanos sobre la autoridad designada como su unidad de inteligencia financiera.
1. Cada Estado parte, de conformidad con los procedimientos establecidos en su legislación interna, adoptará las medidas necesarias para identificar, congelar, embargar y, en su caso, proceder al decomiso de los fondos u otros bienes que constituyan el producto de la comisión o tengan como propósito financiar o hayan facilitado o financiado la comisión de cualquiera de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de esta convención.
1. Cada Estado parte tomará las medidas necesarias para asegurar que su legislación penal referida al delito del lavado de dinero incluya como delitos determinantes del lavado de dinero los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de esta convención.
Cooperación entre, autoridades competentes para la aplicación de la ley
Los Estados parte colaborarán estrechamente, de acuerdo con sus respectivos ordenamientos legales y administrativos internos, a fin de fortalecer la efectiva aplicación de la ley y combatir los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados, en el artículo 2º. En este sentido, establecerán y mejorarán, de ser necesario, los canales de comunicación entre sus autoridades competentes a fin de facilitar el intercambio seguro y rápido de información sobre todos los aspectos de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de esta convención.
Los Estados parte se prestarán mutuamente la más amplia y expedita asistencia jurídica posible con relación a la prevención, investigación y proceso de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º y los procesos relacionados con estos, de conformidad con los acuerdos internacionales aplicables en vigor. En ausencia de esos acuerdos, los Estados parte se prestarán dicha asistencia de manera expedita de conformidad con su legislación interna.
1. La persona que se encuentre detenida o cumpliendo una condena en el territorio de un Estado parte y cuya presencia se solicite en otro Estado parte para fines de prestar testimonio o de identificación o para que ayude a obtener pruebas necesarias para la investigación o el enjuiciamiento de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º podrá ser trasladada si se cumplen las condiciones siguientes:
c) El Estado al que sea trasladada la persona no podrá exigir al Estado desde el que fue trasladada que inicie procedimientos de extradición para su devolución.
Para los propósitos de extradición o asistencia jurídica mutua, ninguno de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º se considerará como delito político o delito conexo con un delito político o un delito inspirado por motivos políticos. En consecuencia, una solicitud de extradición o de asistencia jurídica mutua no podrá denegarse por la sola razón de que se relaciona con un delito político o con un delito conexo con un delito político o un delito inspirado por motivos políticos.
Cada Estado parte adoptará las medidas que corresponda, de conformidad con las disposiciones pertinentes del derecho interno e internacional, para asegurar, que la condición de refugiado no se reconozca a las personas respecto de las cuales haya motivos fundados para considerar que han cometido un delito establecido en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de esta convención.
Cada Estado parte adoptará las medidas que corresponda, de conformidad con las disposiciones pertinentes del derecho interno e internacional, a fin de asegurar que el asilo no se otorgue a las personas respecto de las cuales haya motivos fundados para considerar que han cometido un delito establecido en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de esta convención.
Certifico que el documento adjunto, es copia fiel y exacta de los textos auténticos en español, inglés, portugués y francés de la convención interamericana contra el terrorismo, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002, en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la asamblea general, y que los textos firmados de dichos originales se encuentran depositados en la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos. Se expide la presente certificación a solicitud de la misión permanente de Colombia ante la Organización de los Estados Americanos.
18 de junio de 2002.
Director Departamento de Derecho Internacional.
Bogotá, D.C., 30 de julio de 2002.
ART. 1º—Apruébase la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
ART. 2º—De conformidad con lo dispuesto en el artículo 1º de la Ley 7ª de 1944, la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, que por el artículo 1º de esta ley se aprueba, obligará al país a partir de la fecha en que se perfeccione el vínculo internacional respecto del mismo.
Alfredo Ape Cuello Eaute.
María Consuelo Araújo Castro”.
De conformidad con lo previsto en el artículo 241-10 de la Carta Política, la Corte Constitucional es competente para revisar este instrumento internacional y su ley aprobatoria. El control de constitucionalidad que realiza esta corporación es completo, automático y versa tanto sobre el contenido material de la convención y de su ley aprobatoria, como sobre la concordancia entre su trámite legislativo y las normas constitucionales aplicables:
Al respecto, esta corporación tiene en cuenta que la Constitución Política no dispone de un procedimiento legislativo especial para la expedición de una ley aprobatoria de un tratado internacional, de tal manera que debe seguir, en términos generales, el mismo trámite que una ley ordinaria. No obstante, esta previsión opera salvo las obligaciones de (i) iniciación del debate en el Senado de la República, por tratarse de asuntos relativos a relaciones internacionales (C.P., art. 154); y (ii) remisión de la ley aprobada a la Corte Constitucional, por parte del Gobierno, para efectos de su revisión definitiva (C.P., art. 241-10).
Desde esta perspectiva se requiere, en razón del trámite ordinario; (i) la publicación oficial del proyecto de ley; (ii) el inicio del procedimiento legislativo en la comisión constitucional correspondiente del Senado de la República; (iii) la aprobación reglamentaria en los debates de las comisiones y plenarias de cada una de las cámaras (C.P., art. 157); (iv) que entre el primer y segundo debate medie un lapso no inferior a ocho días y que entre la aprobación del proyecto en una de las cámaras y la iniciación del debate en la otra, transcurran por lo menos quince días (C.P., art. 160); (v) la comprobación del anuncio previo a la votación en cada uno de los debates; y (vi) la sanción presidencial y la remisión del texto a la Corte Constitucional dentro de los seis días siguientes (C.P., art. 241-10).
El Ministerio de Relaciones Exteriores informó (7) a esta corporación que la convención interamericana contra el terrorismo fue firmada por el ciudadano Humberto de la Calle Lombana, quien para la época se desempeñó como embajador y representante permanente de Colombia ante la Organización de Estados Americanos, de conformidad con los plenos poderes otorgados para el efecto por el Presidente de la República (8) . Del mismo modo, el 30 de julio de 2002, el mismo funcionario le impartió aprobación ejecutiva a la convención y ordenó someterla a la consideración del Congreso de la República (9) .
En este orden de ideas, el tratado en comento fue suscrito de conformidad con las disposiciones constitucionales que regulan la celebración de acuerdos internacionales por parte del Estado colombiano. En el mismo sentido, fueron cumplidas las previsiones contenidas en el artículo 7-2 a. de la convención de Viena sobre el derecho de los tratados, en el sentido que para la adopción y autenticación de un tratado, al igual que para manifestar el consentimiento del Estado en obligarse por un acuerdo internacional, se considera que una persona representa a un Estado si presenta los adecuados plenos poderes, como sucede en el presente caso.
Finalmente, en lo que tiene que ver con la aprobación presidencial de la convención, se tiene que el Presidente de la República cumplió con este requisito y ordenó la remisión del texto correspondiente al Congreso, con el fin que fuera discutido y aprobado, cumpliéndose con ello lo previsto en los artículos 189-2 y 224 de la Constitución Política.
El expediente legislativo enviado a la Corte por el Congreso de la República demuestra que el Proyecto de Ley 075 de 2005 Senado, 221 de 2005 Cámara, que finalizó con la expedición de la Ley 1108 de 2006 “por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002) en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos”, surtió el siguiente trámite:
2.1. Senado de la República.
2.1.1. El proyecto de ley correspondiente fue presentado al Congreso de la República por el Ministro del Interior y de Justicia y la Ministra de Relaciones Exteriores.
2.1.2. Su texto fue publicado en la Gaceta del Congreso 561 del 25 de agosto de 2005 (10) .
2.1.3. La ponencia para primer debate en la Comisión Segunda del Senado de la República fue presentada por los senadores Jimmy Chamorro Cruz y Manuel Ramiro Velásquez Arroyave y fue publicada en la Gaceta del Congreso 639 del 21 de septiembre de 2005 (11) .
2.1.4. Según certificación suscrita por el Secretario General de la Comisión Segunda del Senado de la República (12) , el proyecto de ley fue anunciado para su discusión y aprobación en primer debate en la sesión del 27 de septiembre de 2005, según consta en el acta 07 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 82 del 25 de abril de 2006. En este documento puede verificarse que en el punto IV del orden del día se consignó el anuncio de la discusión y votación del proyecto de ley materia de análisis; orden que fue aprobada una vez se verificó el quórum para ello. Igualmente, en la mencionada acta se advierte lo siguiente:
“El señor Secretario pregunta al Señor Presidente: Entonces por razones de la constancia de la historia de los proyectos de ley, si para el día martes 4 de octubre qué proyectos estarían en el orden del día.
El señor presidente informa a la secretaría, que los proyectos que estarían en el orden del día los dos de hoy, más lo anunciados: Proyecto de Ley 75 de 2005, por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos.
Estos son los 4 proyectos que quedarían para incluir en el orden del día de la semana entrante. Vamos a hacer el debate y aprobación de proyectos” (13) .
Del mismo modo, finalizada la sesión, el presidente convocó la siguiente “para el próximo martes a las 10:00 a.m.” (14) . En ese sentido, la discusión y aprobación del proyecto de ley fue anunciada para el día 4 de octubre de 2005.
2.1.5. Según la certificación suscrita por el secretario de la Comisión Segunda del Senado de la República, citada en el numeral anterior, el proyecto de ley fue aprobado en primer debate el 4 de octubre de 2005 (acta 8 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 82 de abr. 25/2006), con un quórum deliberatorio y decisorio integrado por 12 de los 13 senadores que conforman esa comisión, quienes aprobaron la iniciativa por unanimidad.
2.1.6. La ponencia para segundo debate fue presentada por los senadores Jimmy Chamorro Cruz y Manuel Ramiro Velásquez Arroyave y publicada en la Gaceta del Congreso 718 del 20 de octubre de 2005 (15) .
2.1.7. Según certificación suscrita por el subsecretario general del Senado de la República (16) , el proyecto de ley fue anunciado para su discusión y aprobación en segundo debate en la sesión del 26 de octubre de 2005, según consta en el acta 23 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 811 del 15 de noviembre de 2005 (17) . Estudiado el texto de la referida acta, se encuentra que por instrucciones de la presidenta del Senado, el secretario “anuncia los proyectos que se discutirán y aprobarán en la próxima sesión, (...) Proyecto de ley 75 de 2005 Senado, por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos”. Finalizada la sesión, la presidenta convocó una nueva “para el martes 1º de noviembre de 2005 a las 4:00 p.m.”.
2.1.8. Igualmente, la certificación citada hace constar que el proyecto de ley fue considerado en segundo debate el 15 de noviembre de 2005 (18) con un quórum deliberatorio y decisorio de 96 de los 102 senadores que conforman la plenaria y aprobado por unanimidad. Todo lo anterior consignado en el Acta 28 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 866 del 5 de diciembre de 2005.
En esta instancia del trámite debe resaltarse que el anuncio para la votación del proyecto de ley fue reiterado sucesivamente en las sesiones plenarias posteriores a la del 26 de octubre de 2005. Ello se comprueba a partir de la lectura de las actas de las sesiones plenarias correspondientes al 1º de noviembre de 2005 (acta 24, publicada en Gaceta del Congreso 856 de dic. 2/2005, pág. 51); 2 de noviembre de 2005 (acta 25, publicada en Gaceta del Congreso 846 de dic. 2/2005, pág. 24); 8 de noviembre de 2005 (acta 26, publicada en Gaceta del Congreso 865 de dic. 5/2005, pág. 45); y al 9 de noviembre de 2005 (acta 27, publicada en Gaceta del Congreso 14 de ene. 30/2006, pág. 4). En esta última sesión plenaria, el proyecto de ley fue anunciado para su discusión y aprobación en la siguiente sesión, convocada para el martes 15 de noviembre de 2005, fecha en la que efectivamente se comprobó dicho trámite.
2.2. Cámara de Representantes.
2.2.1. Para primer debate rindió ponencia el representante Fabio Arango Torres, cuya publicación se llevó a cabo en la Gaceta del Congreso 55 del 31 de marzo de 2006 (19) .
2.2.2. Según certificación expedida por la secretaría de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes (20) , en sesión del 29 de marzo de 2006 se anunció la discusión y aprobación del proyecto de ley (acta 17 de esa fecha, publicada en Gaceta del Congreso 337 de sep. 4/2006).
Revisada el acta de esta sesión, se encuentra que leído el orden del día para la misma, algunos representantes sometieron a aprobación de la Comisión dos proposiciones relacionadas con el otorgamiento de la condecoración orden, dignidad y patria al fallecido alcalde de Villavicencio Omar López Robayo y la conmemoración de los 166 años de fundación de dicho municipio. Acto seguido, la presidencia de la comisión sometió a consideración tanto el orden del día como las proposiciones citadas, las cuales recibieron la aprobación de los miembros de la comisión. Luego, hizo uso de la palabra la secretaría de la Comisión Segunda de la Cámara, quien enumeró algunos proyectos de ley, entre ellos el correspondiente al asunto de la referencia, bajo el título “Anuncio de proyectos”, Sobre esta secuencia táctica, se lee en el acta en comento lo siguiente:
“Hace uso de la palabra el honorable representante Germán Velásquez Suárez, Representante a la Cámara por el departamento del Meta:
Muy amable, presidente. Solicito que se coloque a consideración estas dos proposiciones que he presentado.
Hace uso de la palabra el presidente, honorable representante Efrén Antonio Hernández Díaz, representante a la Cámara por el departamento del Casanare:
Se somete a consideración el orden del día. Se abre a discusión. Anuncio que se va a cerrar. Queda cerrada. ¿Lo aprueba la Comisión?
Procedemos entonces a las proposiciones porque ha sido aprobado con la modificación planteada. La primera proposición del ex Alcalde del municipio de Villavicencio, como ha sido sustentada por el honorable Representante Germán Velásquez. Se somete a consideración la proposición. Se abre la discusión. Anuncio que se va a cerrar. Queda cerrada. ¿La aprueba la Comisión?
La segunda proposición, la de la conmemoración del municipio de Villavicencio con la condecoración de orden, dignidad y patria por parte de la Comisión Segunda para el aniversario del municipio de Villavicencio. Se abre su discusión. Aviso que va a cerrarse. Queda cerrada. ¿La aprueba la Comisión?
Anuncio de proyectos.
(...). Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 75 de 2004 Senado por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos” (21) .
Realizada esta enumeración, los miembros de la comisión intervinieron en el marco del debate de control político, materia de dicha sesión, a la cual fueron citados los ministros de relaciones exteriores y de defensa nacional con el fin de analizar la problemática de la seguridad fronteriza con la República de Ecuador. Así, finalizadas las sesiones correspondientes, el Presidente de la Comisión intervino del siguiente modo, con el fin de levantar la sesión.
“Hace uso de la palabra el presidente, honorable representante Efrén Antonio Hernández Díaz, Representante a la Cámara por el departamento del Casanare:
Gracias representante, queremos anunciarles que el desayuno del día de mañana en el Ministerio de Relaciones Exteriores ha sido cancelado y quedan convocados todos para el 26 del mes de abril a las 8:00 de la mañana en la Cancillería.
Se levanta la sesión y se convoca para el próximo miércoles.
Se levante la sesión siendo las 2:15 p.m.”.
Conforme a esta información, la siguiente sesión de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes fue convocada para el día 5 de abril de 2006.
2.2.3. Como consta en la certificación citada en el numeral anterior, el proyecto de ley fue considerado y aprobado por la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes el 19 de abril de 2006 con asistencia de 18 congresistas y fue aprobado por unanimidad (acta 18 de la misma fecha, publicada en Gaceta del Congreso 337 de sep. 4/2006).
2.2.4. Para segundo debate la ponencia fue presentada por el representante Fabio Arango Torres y fue publicada en la Gaceta del Congreso 105 del 10 de mayo de 2006 (22) .
2.2.5. De acuerdo con lo certificado por el secretario general de la Cámara de Representantes (23) , en sesión plenaria del 30 de mayo de 2006 se anunció la discusión y aprobación del proyecto de ley (acta 231 de la misma fecha, publicada en Gaceta del Congreso 201 de jun. 15/2006) (24) .
Sobre el particular se advierte que en la mencionada sesión, el secretario general de la Cámara, por instrucciones del presidente de esa corporación, realizó el anuncio del proyecto en los siguientes términos:
“Me permito cumplir su instrucción dada a esta secretaría, de anunciar los proyectos para el día de mañana a las dos de la tarde.
La subsecretaría auxiliar, doctora Flor Marina Daza, procede con la lectura.
Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 75 de 2005 Senado.
Están leídos los proyectos señor Presidente”.
Finalmente, se encuentra que debido a la desintegración del quórum, la sesión fue levantada por la presidencia de la Cámara y convocada nuevamente para “el próximo miércoles 31 de mayo de 2006, a las 2:00 p.m.” (25) .
2.2.6. Según la certificación antes citada, en sesión plenaria del 31 de mayo de 2006, a la cual se hicieron presentes 141 Representantes, se consideró y aprobó por la mayoría de los presentes la ponencia para segundo debate del proyecto de ley, decisión consignada en el Acta 232 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 219 del 27 de junio de 2006 (26) .
2.3. Conciliación.
2.3.1. El informe de conciliación al proyecto de ley, suscrito por el senador Manuel Ramiro Velásquez Arroyave y el representante Óscar Arboleda Palacio, de fecha 29 de agosto de 2006 y publicado en la Gaceta del Congreso 355 del 8 de septiembre de 2006, da cuenta que la comisión accidental, al comparar los textos aprobados por las plenarias de cada una de las cámaras, advirtió una discrepancia en el artículo 1º de los mismos. Sobre el particular, el informe señala que, “el texto aprobado por la honorable Cámara de Representantes omite la referencia a que la convención contra el terrorismo, es de naturaleza “interamericana”, especificación que sí se encuentra en el texto aprobado por el honorable Senado de la República. || En virtud de lo anterior y luego de discutir la conveniencia de cada uno de los textos, la presente Comisión propone a las plenarias de cada una de las cámaras acoger el texto aprobado en el Senado de la República, por ser más específico en su redacción”.
2.3.2. Para el caso del Senado de la República, la Corte advierte que el anuncio de la discusión y votación del informe de conciliación se verificó en la sesión plenaria del 12 de septiembre de 2006, consignada en el acta 13 y publicada en la Gaceta del Congreso 459 del 18 de octubre de 2006. Al respecto, en el acta se lee lo siguiente:
“Por instrucciones de la presidencia y de conformidad con el Acto Legislativo número 01 de 2003, la secretaría anuncia los proyectos que se discutirán y aprobarán en la próxima semana.
Los proyectos para la próxima sesión son los siguientes:
Con informes de conciliación.
• Proyecto de Ley 75 de 2005 Senado, 221 de 2005 Cámara, por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
Están leídos los proyectos señora Presidenta” (27) .
Finalizada la sesión, fue levantada por la presidencia del Senado, quien citó para la siguiente “el día miércoles 13 de septiembre de 2006, a las 3.00 p.m.” (28) .
Del mismo modo, la discusión y aprobación del mencionado informe se verificó en la sesión plenaria del 13 de septiembre de 2006, según consta en el acta 14 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 462 del 18 de octubre de 2006.
2.3.3. En lo que tiene que ver con la Cámara de Representantes y de conformidad con la certificación a la que hace referencia el numeral 2.2.5 de esta providencia, el anuncio de la aprobación del informe de conciliación fue realizado el 25 de octubre de 2006, según consta en el Acta de Plenaria 23 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 609 del 4 de diciembre de 2006. Sobre el particular, en dicho documento se lee lo siguiente:
“Se anuncian los temas, proyectos y actas para debatir el próximo martes a las tres de la tarde:
Acta de conciliación al Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 75 de 2005 Senado”.
Señor presidente, han sido anunciados los temas que estarán en el orden del día del próximo martes a las tres de la tarde” (29) .
Finalizada la sesión, el presidente de la Cámara convocó para la siguiente “el próximo martes a las 3 de la tarde en este mismo recinto” (30) . Por ende, la sesión ulterior fue convocada para el 31 de octubre de 2006.
Del mismo modo, conforme lo certificado por la secretaría de la Cámara de Representantes, el informe de la comisión accidental de conciliación fue considerado y aprobado por la mayoría de los 158 representantes presentes en la plenaria del 31 de octubre de 2006, consignada en el acta 231 de la misma fecha, publicada en la Gaceta del Congreso 607 del 1º de diciembre de 2006 (31) .
2.4. Subsanación del vicio de trámite en la Cámara de Representantes.
2.4.1. Como se indicó en el apartado IV de esta providencia, la Corte identificó la existencia de un vicio en el trámite legislativo, relacionado con el incumplimiento del requisito del anuncio previo a la discusión y aprobación del proyecto de ley, para el caso de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes.
Con el fin de subsanar dicha irregularidad y de acuerdo con lo ordenado por la Sala en el auto 232 de 2007, notificado al Presidente de la Cámara de Representantes a través de comunicación radicada el 26 de septiembre de 2007 (32) , la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes sometió nuevamente a consideración el proyecto de ley, el cual fue discutido y aprobado en la sesión del 9 de octubre de 2007. Esto según lo certificado por la secretaría general de la comisión, en constancia de la misma fecha (33) .
En relación con el requisito del anuncio de la discusión y votación del proyecto de ley, este fue cumplido en la sesión del 2 de octubre de 2007, contenida en el Acta 09 de la misma fecha, publicada en la Gaceta 36 del 13 de febrero de 2008. Así, en dicha sesión se verificó el procedimiento siguiente:
Gracias doctor Silfredo, será entonces anunciado con base en los acuerdos que ustedes como ponentes consideren necesario para las próximas sesiones. Próximo punto del Orden del Día señora Secretaria,
Anuncio de proyectos de ley para discusión y votación en la sesión del día martes 9 de octubre de 2007.
Proyecto de Ley 75 de 200 5 Senado, 221 de 2005 Cámara, por medio de la cual se aprueba la convención interamericana contra el terrorismo, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002, en el trigésimo segundo periodo ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
Autores: Ministro de Relaciones Exteriores Carolina Barco; Ministro del Interior y de Justicia Sabas Pretelt de la Vega.
Ponentes Senado: honorables Senadores Jimmy Chamorro Cruz y Manuel Ramiro Velásquez.
Ponentes Cámara: honorable Representante Fabio Arango Torres.
Publicación texto del proyecto y articulado de la convención: Gaceta del Congreso 561 de 2005.
Ponencia primer debate Senado: Gaceta del Congreso 639 de 2005.
Ponencia segundo debate Senado: Gaceta del Congreso 718 de 2005.
Ponencia primer debate Cámara: Gaceta del Congreso 055 de 2006.
Se hace este anuncio por orden del señor Presidente, en cumplimiento del artículo 8º del Acto Legislativo 01 de 2003, para subsanar vicio de procedimiento establecido por la Corte Constitucional en auto 232 de 2007. Notificado el día de ayer señor Presidente”.
Con base en esta constatación se tiene que la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes realizó nuevamente el anuncio para la discusión y votación, esta vez ajustándose a las condiciones contempladas por la jurisprudencia constitucional, señaladas en el auto 232 de 2007. En efecto, el aviso fue realizado para una fecha determinada, en la que efectivamente fue debatida y aprobada la iniciativa correspondiente.
2.4.2. Aprobado el proyecto de ley en primer debate, fue publicada la ponencia correspondiente para su trámite en plenaria de la Cámara de Representantes, como consta en la Gaceta del Congreso 565 del 9 de noviembre de 2008.
2.4.3. Según lo certificado por el secretario general de la Cámara de Representantes en informe de sustanciación (34) , el proyecto de ley fue considerado y aprobado en la sesión plenaria del 14 de noviembre de 2007 (35) , subsanándose con ello el vicio de procedimiento identificado por la Corte en el auto 232 de 2007.
En cuanto al requisito del anuncio previo a la discusión de la iniciativa, el mismo informe da cuenta que esta condición se verificó en la sesión plenaria del 13 de noviembre de 2007, contenida en el acta de plenaria 82, publicada en la Gaceta del Congreso 677 del 21 de diciembre de 2007. En este documento se observa lo siguiente:
“Dirige la sesión el primer Vicepresidente de la Cámara de Representantes, doctor Bérner Zambrano Erazo:
Lea los proyectos, señor Secretario para mañana a las 11:30. a. m.
“El Subsecretario General de la Cámara de Representantes, doctor Jesús Alfonso Rodríguez Camargo, procede a leer los Proyectos:
Vamos a anunciar proyectos honorables representantes, todavía no se ha levantado la sesión.
“Por medio del cual se aprueba el informe de objeciones del código de ética del congresista”.
“Por medio del cual se aprueba la convención interamericana contra el terrorismo, corrección de vicio de procedimiento”.
Han sido anunciados estos proyectos para la sesión del día de mañana miércoles 14 de noviembre, y se informa a los honorables representantes que a las 7:00 de la noche de hoy, aun no fueron recibidas las respuestas del Gobierno, para el debate que estaba convocado para el día de mañana. Por lo tanto, es en la práctica imposible hacer ese debate, porque ya no se le dio traslado de esa respuesta a los citantes.
Con esa constancia se levanta la sesión y se convoca para mañana miércoles 14 de noviembre a las 11:30 a. m.”.
Conforme a lo anterior, la Corte comprueba que la discusión y votación del proyecto de ley contentivo de la convención, fueron anunciadas para la sesión plenaria de la Cámara de Representantes del 14 de noviembre de 2007. Al respecto, debe resaltarse que aunque la mesa directiva de esta célula legislativa se limitó a “anunciar” los proyectos de ley para la próxima sesión, sin indicar expresamente la finalidad de dicho anuncio, la Corte considera que tal procedimiento ha sido validado por la jurisprudencia constitucional, amén que las normas aplicables al trámite legislativo imponen este deber únicamente para los propósitos del inciso final del artículo 167 de la Constitución Política (36) .
2.5. La descripción del procedimiento surtido por el proyecto de ley, tanto en su trámite original como el de subsanación de los vicios identificados por esta corporación en el auto 232 de 2007, permiten a la Corte concluir que la norma de la referencia es exequible desde su aspecto formal. En efecto, el proyecto de ley (i) inició su trámite en el Senado de la República; (ii) fue publicado previamente al inicio del proceso legislativo; (iii) fue aprobado en primero y segundo debate en cada una de las cámaras legislativas, conforme con las mayorías exigidas por la Carta y el reglamento del Congreso; (iv) las ponencias tanto en comisiones como en plenarias fueron publicadas antes de iniciarse los debates; (v) entre el primero y segundo debate en cada Cámara, así como entre la aprobación del proyecto en una de las cámaras y la iniciación del debate en la otra transcurrieron los términos señalados en el inciso primero del artículo 160 superior y (vi) fue cumplido en cada una de las etapas del trámite legislativo l requisito del anuncio previo exigido por el artículo 8º del acto legislativo 01 de 2003, que adicionó el artículo 160 de la Constitución Política, subsanándose adecuadamente el defecto evidenciado en el auto 232 de 2007 para el caso del trámite de la Comisión Segunda de la Cámara de Representantes.
Finalmente, la Sala considera pertinente enfatizar en que si bien dentro del trámite original se contempló la discusión y aprobación del informe de la comisión accidental de conciliación, habida cuenta las discrepancias entre los textos aprobados por las cámaras legislativas, este trámite no resultaba necesario para el caso del procedimiento de subsanación. Ello debido a que, como se indicó en el apartado 2.3.1 de esta providencia, la discrepancia se fundó en el hecho que la ponencia aprobada por la Cámara de Representantes omitía la referencia a que la convención era de naturaleza “interamericana”. Sin embargo, verificada la ponencia para segundo debate dentro del trámite de subsanación en esa instancia legislativa, publicada en la Gaceta del Congreso 565 del 9 de noviembre de 2007 y aprobada en la plenaria del 14 de noviembre de 2007, se tiene que el texto sometido a discusión contempla dicha expresión, por lo que el sustento fáctico de la necesidad de efectuar la conciliación, esto es, la discrepancia en los textos en los términos del artículo 161 de la Constitución Política, dejó de existir.
(sic)2.5. Sanción presidencial y remisión a la Corte Constitucional.
La Ley 1108 fue sancionada por el Presidente de la República el 27 de diciembre de 2006, remitiéndose para su estudio a la Corte el 16 de enero de 2007 del mismo año, a través de oficio suscrito por el secretario jurídico de la Presidencia (37) , cumpliéndose con ello el término de seis días al que refiere el artículo 241-10 de la Constitución, habida cuenta que este tribunal permaneció en vacancia judicial durante el período comprendido entre el 20 de diciembre de 2006 y el 10 de enero de 2007.
En razón a que esta corporación declaró la existencia de un vicio subsanable a través del auto 232 de 2007, se reenvío el expediente legislativo al Congreso para que rehiciera el trámite afectado con el vicio mencionado. Del mismo modo, en esta decisión se determinó que, en lo relativo a la sanción presidencial del proyecto de ley resultante de la subsanación, “en tanto se refiere al mismo acto aprobatorio sujeto a análisis, no contraerá el cambio en la identificación de la ley. En ese sentido, la secretaría jurídica de la Presidencia de la República, al momento de ejercer la competencia prevista en el artículo 8º del Decreto 2719 de 2000, conservará el número de Ley 1108 del 27 de diciembre de 2006. Lo anterior debido a que, como lo ha sostenido esta corporación (38) , la subsanación de un vicio en el trámite legislativo por parte del Congreso no contrae modificación alguna en lo relativo a la identificación nominal del proyecto y de la ley aprobatoria resultante”.
Subsanado el vicio de procedimiento identificado en el auto 232/07, el secretario general del Senado remitió el proyecto de ley y sus antecedentes al Presidente de la República, quien sancionó la iniciativa el 7 de diciembre de 2007, conservándose tanto el número como la fecha originales de sanción de la Ley 1108 de 2006, documentos que fueron remitidos a la Presidencia del Congreso el 10 de diciembre de 2007 (39) . Luego, mediante oficio radicado ante la Corte el 18 de enero de 2008, la presidenta del Senado envió a la Corte la Ley sancionada junto con el expediente legislativo correspondiente (40) .
En consecuencia, la Corte concluye que para el asunto bajo examen (i) resultan acreditados los requisitos propios del trámite de las leyes ordinarias; y (ii) se cumplió a cabalidad con lo ordenado por esta corporación en lo relativo a la subsanación del vicio de procedimiento identificado en el auto 053 de 2007; razones por las que no existe defecto alguno en cuanto al análisis formal. Así, superada esta primera etapa del estudio de constitucionalidad, la Corte procederá a realizar el análisis sobre la materia del instrumento internacional.
3.1. Materia de la convención.
La convención interamericana contra el terrorismo, en adelante la convención, es un instrumento internacional, promulgado bajo el marco de la Carta de la Organización de los Estados Americanos y la Carta de las Naciones Unidas, cuya finalidad se centra en adoptar en el sistema interamericano medidas eficaces para prevenir, sancionar y eliminar el terrorismo, a través de la estipulación de mecanismos fundados en la más amplia cooperación entre los Estados parte.
Para cumplir con esta finalidad, la convención identifica los instrumentos internacionales aplicables para la determinación de las conductas que encuadran dentro del concepto de terrorismo y determina el régimen sobre la aplicabilidad de estos convenios para los Estados parte (arts. 2º y 3º). Del mismo modo, establece las obligaciones que contraen los Estados respecto de la implementación de medidas para prevenir, combatir y erradicar la financiación del terrorismo; la adopción de medidas para embargar y decomisar los bienes relacionados con ese delito; la tipificación en la legislación penal interna de las conductas determinantes del lavado de dinero y, la promoción y fortalecimiento de los mecanismos de cooperación internacional, el intercambio de información y la asistencia jurídica mutua, dirigidos a la prevención y sanción del terrorismo (arts. 4º a 10, 16 a 19). Igualmente, la convención determina la prohibición de adscribir a los responsables del delito de terrorismo las condiciones de delincuente político, derecho de asilo (arts. 11 a 13). Luego, el instrumento internacional impone cláusulas de compatibilidad entre la aplicación de las normas de la convención y la prohibición de discriminación por motivos sospechosos y, en general, los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y las libertades fundamentales (arts. 14 y 15). Finalmente, la convención establece la normatividad genérica de derecho internacional público, relativa al otorgamiento de la voluntad de los Estados para obligarse por las disposiciones del instrumento (arts. 20 a 23).
Con base en lo expuesto, para el análisis material de la convención, la Sala adoptará la metodología siguiente. En primer término, expondrá la jurisprudencia constitucional aplicable al tratamiento del delito de terrorismo e identificará las condiciones que este precedente impone para el estudio de normas internacionales que versan sobre la prevención y sanción de esa conducta. Luego de definir los aspectos concretos que se deriven de este marco general de análisis, la Corte se detendrá en el juicio sobre la constitucionalidad de cada uno de los ejes temáticos anteriormente identificados.
3.2. El tratamiento del delito de terrorismo en la jurisprudencia constitucional colombiana.
3.2.1. A través de la Sentencia C-127 de 1993, este tribunal declaró la constitucionalidad del Decreto 2266 de 1991, norma que convertía en legislación permanente algunas disposiciones dictados bajo el amparo del Estado de sitio, durante la vigencia de la Constitución anterior. Esta sentencia puso de presente que las previsiones que sancionaban el delito de terrorismo y le excluían de la posibilidad de ser considerado como delito político estaban ajustadas tanto a la Carta Política como a distintos instrumentos internacionales, incluidos aquellos con carácter imperativo debido a su pertenencia al ius cogens. En ese sentido, el fallo identificó cómo la prohibición de los actos de terrorismo hacía parte de las garantías fundamentales a favor de las víctimas en conflictos armados no internacionales, según lo dispuesto en el artículo 4-2 d. del Protocolo II adicional de los convenios de Ginebra (41) . Por ende, resultaba plenamente legítimo que los Estados sancionaran una conducta prohibida por las normas imperativas del derecho internacional, de conformidad con lo establecido en el artículo 15 del pacto internacional de derechos civiles y políticos (42) , contenido normativo reiterado por el artículo 9º de la convención americana sobre derechos humanos (43) .
Así, a partir de estas disposiciones, junto con las contenidas en otros instrumentos internacionales relacionados, la Corte concluyó “que la comunidad internacional ha reconocido en forma unánime y reiterada que el terrorismo es un delito que por ser atroz tiene un trato distinto”.
3.2.2. La siguiente oportunidad en que este tribunal tuvo lugar a pronunciarse sobre la materia, fue en la Sentencia C-769 de 2002, en la que se declaró la constitucionalidad del artículo 13 de la Ley 733 de 2002, norma que excluyó a los responsables del delito de terrorismo de la posibilidad de acceder a amnistías e indultos, en los términos del 150-17 de la Constitución Político.
La Corte consideró, en primer lugar, que el diseño legal previsto por el constituyente para la concesión de la amnistía e indulto estaba vinculado a la comprobación de graves motivos de conveniencia pública, razón por la cual una decisión en ese sentido estaba precedida de “un particular ámbito fáctico y colorativo. Por ello, ya que ese ámbito incide directamente en la determinación de su validez o invalidez constitucional, es perfectamente posible que dos normas jurídicas referidas a esas instituciones, no obstante las similitudes que puedan reflejar, sean objeto de distintas valoraciones constitucionales en atención a los diversos contextos en que han sido proferidas ya que lo que puede ser legítimo frente a un contexto histórico determinado, puede no serlo frente a otro diferente”. Para el caso particular del delito de terrorismo, la sentencia consideró que “la norma legal que fija la prohibición de concesión de amnistía e indultos es una decisión que hace parte del ámbito de definición del legislador y es legítima en cuanto ha respetado los límites impuestos por la Carta pues la norma demandada no ha concedido amnistías e indultos por delitos comunes, tampoco ha prohibido la concesión de amnistías e indultos por delitos políticos, menos ha irrespetado criterios de razonabilidad e igualdad en la extensión de la amnistía y el indulto a delitos conexos con delitos políticos y, finalmente, no ha desconocido el derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación de las victimas. || Por el contrario, se trata de una decisión legislativa que se muestra razonable con las circunstancias por las que atraviesa la sociedad colombiana pues es consecuente con la manera como ella se ha visto afectada por prácticas delictivas de especial gravedad, como ocurre por ejemplo con el terrorismo, práctica delictiva que implica el manifiesto desconocimiento de los valores mínimos sobre los que se edifica la pacífica convivencia de los colombianos” (resaltado en original).
3.2.3. Argumentos similares fueron expresados por la Corte en la Sentencia C-762 de 2002, a propósito de la declaratoria de constitucionalidad del artículo 11 de la Ley 733 de 2003, norma que excluye a los responsables del delito de terrorismo de los subrogados y beneficios penales. Sobre este particular, la Sala consideró que si bien la definición de la política criminal y, como parte de ella, la determinación de las conductas objeto de tipificación penal, era un asunto propio de la configuración del legislador, dicha competencia estaba sometida a límites. Entre ellos, la Corte destacó que “desbordaría el marco de configuración legislativa la decisión política de sancionar conductas constitucionalmente excluidas de tipificación penal, o la omisión de criminalizar aquellos comportamientos que, conforme a la Carta y los tratados internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad, por su gravedad y daño social deben ser objeto de sanción penal” (44) . Advertido esto, resultaba evidente que el Congreso estaba obligado a tipificar la conducta de terrorismo, puesto que (i) afecta gravemente distintos bienes jurídicos estrechamente relacionados con la eficacia de los derechos fundamentales; (ii) se trata de una conducta cuya necesidad de investigación y sanción ha sido previsto por las normas del derecho internacional, entre ellas aquellas que tienen carácter de ius cogens.
La exclusión de beneficios y subrogados penales, en términos de la sentencia en comento, es una decisión del poder legislativo que busca hacer efectivo el derecho a la justicia de las víctimas y, en un sentido más amplio, garantizar el cumplimiento del reproche social en contra de quien ha cometido una conducta que afecta, de forma grave, bienes jurídicos especialmente valiosos desde la perspectiva constitucional, como la vida, la dignidad humana, la seguridad personal y la integridad física. Bajo esta lógica, “sin tener por qué afectar, comprometer o desconocer los presupuestos sustanciales y adjetivos concebidos a favor de todos los imputados, con la exclusión de los beneficios y subrogados penales lo que se busca es evitar que resulte nugatorio, desproporcionado o irrisorio, el reproche social impuesto para los delitos más graves y de mayor impacto social como el terrorismo, el secuestro, la extorsión y sus conexos; que, como se dijo, quebrantan en forma significativa los valores de gran relevancia individual y colectiva, desestabilizando incluso el propio orden institucional”.
En este orden ideas, la decisión en comento insiste en que “la eliminación de beneficios y subrogados penales responde al diseño de una política criminal que, interpretando, la realidad del país, está direccionada a combatir las peores manifestaciones delictivas. Ciertamente, en la medida en que exista en el ordenamiento jurídico una amplia gama de beneficios y subrogados penales, y los mismos resulten aplicables a todas las categorías de delitos en forma indiscriminada, la lucha que se promueva contra aquellos puede resultar infructuosa, pues la pena, que “constituye lo justo, es decir, lo que se merece” (45) , pierde su efectividad y proporcionalidad cuantitativa frente al mayor daño que determinados comportamientos causan a la comunidad. Por eso, resulta ajustado a la Constitución Política que subsista y se aplique la punibilidad para conductas como el terrorismo, el secuestro y la extorsión, que, por razón de su gravedad y alto grado de criminalidad, no pueden ser relevadas de un castigo ejemplarizante y de la proporcionada sanción penal. || Por vía de los beneficios penales, que hacen parte de los mecanismos de resocialización creados por el legislador a favor del imputado, no puede entonces contrariarse el sentido de la pena, que comporta la repuesta del Estado a la alarma colectiva generada por el delito, y mucho menos, el valor de la justicia que consiste en darle a cada quien lo suyo de acuerdo a una igualdad proporcional y según sus propias ejecutorias”.
3.2.4. Consideraciones más amplias y concluyentes sobre el tema, fueron expuestas por esta corporación en la Sentencia C-1055 de 2003, que declaró la constitucionalidad del convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas (CIRATCB).y de su ley aprobatoria. En esta decisión la Corte sostuvo que el otorgamiento de la voluntad del Estado colombiano, en el sentido de obligarse a establecer medidas para la represión y sanción de los atentados terroristas cometidos con bombas, era una decisión plenamente armónica con la protección de los derechos fundamentales y, en general, con el cumplimiento de los fines constitucionales del Estado. En específico, este tribunal indicó que “el pretender prevenir y castigar —de manera idónea— la realización de atentados terroristas con bombas es un desarrollo de los fines del Estado señalados en el artículo 2º constitucional. Solo si se ataca y previene de manera eficaz el terrorismo, las autoridades de la República cumplirán de forma integral con su finalidad de proteger a todas las personas residentes en el país en su vida, honra y bienes. || Además, puesto que es deber el Estado garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes constitucionales (C.P., art. 2º), el preámbulo del convenio se ajusta a la Carta. Lo anterior en la medida en que con los atentados terroristas se ve altamente afectada la vida (C.P., art. 11), y al perder el valor la vida humana para transformarse en un medio de obtención de los fines buscados por quienes acuden a medios terroristas, se afecta gravemente la dignidad humana (C.P., art. 1º). Si se logra menguar el poder del terrorismo, se prevendrán las vulneraciones contra la vida y la dignidad humanas y, en esa medida estas se garantizarán. || En virtud de que las relaciones políticas internacionales también se pueden desarrollar en un marco de búsqueda de la paz, que para su realización plena requiere de la ausencia de terrorismo, el convenio se adecua al artículo 226 constitucional que prescribe el deber del Estado de promover la internacionalización de las relaciones políticas”.
3.2.5. Finalmente, la Corte reiteró las anteriores consideraciones en la Sentencia C-037 de 2004, que decidió la constitucionalidad del convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo (CIRFT) y su ley aprobatoria. En este caso, la Sala consideró, de manera análoga a como lo hizo en el fallo C-1055 de 2003, que instrumentos de esa naturaleza son vehículos idóneos para el cumplimiento de “algunas importantes finalidades del ordenamiento constitucional colombiano, entre ellas la de poner en funcionamiento mecanismos para prevenir la comisión de este tipo de conductas, el logro de la paz y la vigencia de un orden social justo, todo en aras de cumplir el mandato impuesto por el artículo 2º de la Carta que prescribe que las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida y bienes (46) . || En ese marco resulta clara la acción decidida de la comunidad internacional orientada y ordenada para prevenir y reprimir toda suerte de prácticas, métodos y actos terroristas que contravienen los principios y valores que la Constitución Política de Colombia consagra, como son, entre otros, la protección y promoción de los derechos humanos, la unidad de la Nación, la vida, la convivencia, la justicia, la paz, la vigencia de un orden justo y la integración con la comunidad internacional. Por ello el convenio y su ley aprobatoria resulta conforme al texto constitucional”.
3.2.6. Con base en los argumentos transcritos, la Sala encuentra que el tratamiento que la jurisprudencia constitucional ha dado a las implicaciones del delito de terrorismo puede agruparse en las siguientes reglas, que configuran el marco conceptual para el análisis de las disposiciones de la convención interamericana contra el terrorismo:
—Las conductas constitutivas de actos de terrorismo configuran un delito atroz, que afecta gravemente bienes constitucionales que conforman los pilares del modelo de Estado adoptado por la Carta Política, en especial la vida, la integridad personal, la dignidad humana y la búsqueda de la paz y un orden justo. Del mismo modo, tales conductas contradicen varias disposiciones del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, entre ellas aquellas que conforman el cuerpo normativo de carácter imperativo agrupado bajo el ius cogens. En consecuencia, las decisiones que adopte el legislador dirigidas a implementar medidas para la prevención, represión y sanción del terrorismo son prima facie armónicas con el Estatuto Superior.
—La gravedad de la afectación sistemática que el terrorismo contrae respecto de distintos derechos y garantías constitucionales, aunado a la existencia de un consenso internacional sobre la necesidad de su represión y sanción, implican la validez de un tratamiento penal diferenciado respecto del mismo. Así, se ajustan a la Carta Política aquellas previsiones que impiden que el terrorismo sea comprendido como delito político y, por ende, susceptible de que los responsables del mismo sean cobijados por amnistías o indultos.
—Las conductas constitutivas de terrorismo conforman un límite de la competencia del legislador para determinar la política criminal y, entre ella, la identificación de los comportamientos susceptibles de tipificación penal. Por lo tanto, el Congreso se encuentra obligado a sancionar penalmente esas conductas, de modo tal que se garantice la eficacia del reproche social en contra de los responsables y, especialmente, los derechos de las víctimas a conocer la verdad, lograr la justicia y obtener la reparación por las consecuencias morales y materiales del delito. Desde esa perspectiva, la expedición de normas que impongan un tratamiento penal estricto en contra de los responsables de terrorismo y, entre otras restricciones, los excluyan del goce de beneficios y subrogados penales, son compatibles con la Constitución.
—El citado consenso internacional sobre la gravedad de los actos constitutivos de terrorismo legitima la adopción, por parte del Estado colombiano, de convenios dirigidos a garantizar la prevención, represión y sanción de esa conducta, fundados en instrumentos amplios de cooperación internacional, en todo caso respetuosos tanto de la soberanía estatal, como de los derechos constitucionales de sus habitantes.
Visto lo anterior y conforme a la metodología expuesta en apartado anterior, la Sala abordará el estudio sobre la constitucionalidad de las normas que conforman la convención interamericana contra el terrorismo.
3.3. La constitucionalidad de la convención interamericana contra el terrorismo.
3.3.1. Las normas que conforman la sección preliminar del tratado y aquellas que determinan la tipificación del delito de terrorismo, son compatibles con el carácter del delito y el cumplimiento de los tratados internacionales.
Con base en lo previsto en el preámbulo y en el artículo 1º de la convención, el instrumento internacional parte de advertir los efectos nocivos que produce el terrorismo, en términos de amenaza para la paz y seguridad internacionales, los valores democráticos y la estabilidad económica de los Estados parte; a fin de estipular la necesidad de que los países de la región adopten las medidas necesarias para que, a través del fortalecimiento de la cooperación internacional, se prevenga, combata, sancione y elimine el terrorismo. La suscripción de compromisos multilaterales con el fin de cumplir estos objetivos es compatible, en los términos expuestos en el apartado anterior de esta providencia, con el cumplimiento de los fines esenciales del Estado. Como se indicó, las conductas constitutivas de terrorismo afectan los derechos y libertades constitucionales y, a su vez, amenaza la vida, honra y bienes de los residentes en Colombia. Por lo tanto, la implementación de las medidas contenidas en la convención es un vehículo adecuado para el aseguramiento de los objetivos previstos en el artículo 2º superior.
Además, el fortalecimiento de la cooperación entre Estados como mecanismo para la prevención y sanción del delito de terrorismo es una finalidad que reitera la internacionalización de las relaciones políticas, económicas y sociales, sobre bases de equidad, reciprocidad y conveniencia nacional, de que trata el artículo 226 superior. En ese sentido, las previsiones bajo estudio no presentan reproche constitucional alguno.
El artículo 2º de la convención establece que para los efectos del tratado internacional, se entiende por delito de terrorismo aquellos establecidos en los instrumentos internacionales previstos en dicha norma. Sobre este particular, la Corte debe indicar, en primer término, que buena parte de los tratados internacionales enlistados en la citada disposición han sido ratificados por Colombia y hacen, por lo tanto, parte de su derecho interno. Del mismo modo, aquellos que fueron aprobados por el Congreso de la República durante la vigencia de la Constitución Política de 1991 han sido declarados exequibles por esta corporación, con excepción de dos de ellos, sin que se haya establecido condicionamiento alguno respecto de la constitucionalidad de las conductas criminales tipificadas por los mismos. Así, respecto de estos instrumentos se tiene lo siguiente:
a) Convenio para la represión del apoderamiento ilícito de aeronaves, firmado en La Haya el 16 de diciembre de 1970, el cual fue aprobado mediante la Ley 14 de 1972;
b) Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, firmado en Montreal el 23 de septiembre de 1971, aprobado mediante la Ley 4ª de 1974;
c) Convención sobre la prevención y el castigo de delitos contra personas internacionalmente protegidas, inclusive los agentes diplomáticos, aprobada por la asamblea general de las naciones unidas el 14 de diciembre de 1973, aprobado por el Congreso de la República mediante la Ley 169 de 1994 y declarado exequible por la Sentencia C-396 de 1995;
d) Convención internacional contra la toma de rehenes, aprobada por la asamblea general de las naciones unidas el 17 de diciembre de 1979, aprobado por el Congreso de la República mediante la Ley 837 de 2003 y declarada exequible por la Sentencia C-405 de 2004;
e) Convención sobre la protección física de los materiales nucleares, aprobada en Viena el 3 de marzo de 1980, aprobado por el Congreso de la República mediante la Ley 728 de 2001 y declarado exequible por el fallo C-673 de 2002;
f) Protocolo para la represión de actos ilícitos de violencia en los aeropuertos que presten servicios a la aviación civil internacional, complementario del convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la aviación civil, firmado en Montreal el 24 de febrero de 1988, aprobado mediante la Ley 764 de 2002 y declarado exequible por la Sentencia C-354 de 2003;
g) Convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, firmado en Roma el 10 de marzo de 1988, y aprobado mediante la Ley 830 de 2003. Esta norma fue declarada inexequible, por vicios de procedimiento en la formación de la ley aprobatoria, conforme a la Sentencia C-120 de 2004;
h) Protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988. Esta disposición fue declarada inexequible, por vicios de procedimiento en la formación de la ley aprobatoria, conforme a la Sentencia C-120 de 2004;
i) Convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas, aprobado por la asamblea general de las naciones unidas el 15 de diciembre de 1997, aprobado por el Congreso de la República mediante la Ley 804 de 2003 y declarado exequible por la Sentencia C-1055 de 2003, y
j) Convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo, aprobado por la asamblea general de las naciones unidas el 9 de diciembre de 1999, aprobado por el Congreso de la República a través de la Ley 808 de 2003 y declarado exequible por la Sentencia C-037 de 2004.
Visto lo anterior, se tiene que la remisión realizada por la convención a las conductas contenidas en dichas disposiciones no ofrece dificultades, desde la perspectiva constitucional, en tanto el Estado colombiano a prestado su consentimiento para hacer parte de estos instrumentos internacionales, lo que impone la aplicación de los principios del pacta sunt servanda y de buena fe en la ejecución de los tratados. En ese sentido, si tales convenciones y convenios hacen parte de la legislación interna y las conductas tipificadas en los mismos fueron declaradas constitucionales por este tribunal, nada se opone a que integren la definición del delito de terrorismo.
Además, la fórmula de tipificación penal internacional que prevé el artículo 2º de la convención permite el cumplimiento del deber de los Estados de prevenir y sancionar las conductas constitutivas del delito de terrorismo, a pesar de la falta de un acuerdo global sobre la definición del mismo. Así, resultan pertinentes para el presente análisis las acertadas consideraciones que sobre la materia ha efectuado la comisión interamericana de derechos humanos, en los términos siguientes:
“15. Al definir los parámetros de las obligaciones de los Estados miembros dentro del marco actual del derecho internacional, también debe reconocerse que, hasta el presente, no ha habido consenso internacional en torno a una definición completa del terrorismo dentro del derecho internacional. En el mejor de los casos, como queda reflejado en el artículo 2º de la convención interamericana contra el terrorismo, podría decirse que la comunidad internacional ha identificado ciertos actos de violencia que generalmente considera constituyen formas particulares de terrorismo. Estos incluyen, por ejemplo, la toma de rehenes y el secuestro y destrucción de aeronaves civiles, los ataques contra la vida, la integridad física o la libertad de personas internacionalmente protegidas, incluyendo los agentes diplomáticos y, en el contexto de los conflictos armados, los actos o amenazas de violencia cuyo propósito primordial es sembrar el terror entre la población civil.
16. La falta de acuerdo sobre una definición precisa del terrorismo conforme al derecho internacional sugiere, a su vez, que la caracterización de un acto o situación como terrorismo no puede, por sí misma, servir como base para la definición de las obligaciones internacionales de los Estados. En cambio, debe evaluarse tal acto o situación por sus propios elementos y dentro de su contexto particular, para determinar si el derecho contemporáneo internacional puede regular la respuesta de los Estados y de qué manera puede hacerlo.
17. Al mismo tiempo, el hecho de que el terrorismo no posea, per se, un significado concreto dentro del derecho internacional no significa que constituya una forma de violencia indescriptible o que los Estados no estén sometidos a restricciones, en el marco del derecho internacional, en la configuración de sus respuestas a esa violencia. Al contrario, es posible enumerar varias características frecuentemente asociadas con los incidentes terroristas que ofrecen parámetros suficientes para que los Estados definan y evalúen sus obligaciones internacionales a la hora de responder a esa violencia. Por ejemplo, la asamblea general de las naciones unidas ha elaborado una definición práctica del terrorismo a los efectos de sus distintas resoluciones y declaraciones sobre medidas tendientes a la eliminación del terrorismo, a saber “los actos criminales con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas (que) son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos”. Estas y otras autoridades sugieren que los incidentes terroristas pueden describirse en términos de a) la naturaleza e identidad de quienes perpetran el terrorismo; b) la naturaleza e identidad de las víctimas del terrorismo; c) los objetivos del terrorismo y d) los medios empleados para perpetrar la violencia del terror” (47) .
De acuerdo con lo expuesto, los tratados señalados en el artículo 2º de la convención reúnen las conductas respecto de las cuales existe un consenso internacional acerca de las formas de violencia que se adscriben como modos particulares del delito de terrorismo. En ese orden de ideas, si se parte de la base que estas conductas son abiertamente incompatibles con distintos principios y valores de reconocimiento universal, resulta un contrasentido que los Estados utilicen el argumento de la falta de una definición explícita del delito de terrorismo como sustento de la omisión respecto de la implementación de medidas para la prevención y sanción de dichas acciones, Por ende, lo dispuesto en el artículo 2º de la convención es un contenido normativo apropiado para que el Estado colombiano cumpla con sus finalidades esenciales, interferidas por las conductas constitutivas del delito de terrorismo.
No obstante, estas conclusiones no son predicables para el caso de los comportamientos tipificados por el convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, al igual que por el protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental. Ello en tanto la ley aprobatoria de estos tratados internacionales fue declarada inexequible por la Corte, según lo decidido por la Sentencia C-120 de 2004, habida cuenta la existencia de vicios de procedimiento en su formación.
Al respecto, se advierte que de acuerdo con lo consagrado el artículo 224 de la Constitución Política, los tratados internacionales, para su validez, deberán ser aprobados por el legislativo y posteriormente ratificados por el Gobierno. Esta norma trae como consecuencia que los instrumentos internacionales citados no integran el ordenamiento jurídico interno, de acuerdo con lo decidido por este tribunal, que declaró la inexequibilidad de su ley aprobatoria. De esta manera el Estado colombiano, en la actualidad, no hace parte de estos tratados, en tanto no los ha ratificado, en cumplimiento de lo señalado en el artículo 241-10 de la Constitución. Así, la Sala concluye que el Gobierno, al momento de ratificar la convención interamericana contra el terrorismo, deberá hacer uso de lo previsto en el párrafo 2 del artículo 2º, en el sentido de realizar una declaración interpretativa en el sentido que, en la aplicación de la convención a Colombia, lo previsto en el convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988 y en el protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988, no se considerará incluido en el párrafo 1 del artículo 2º del tratado. Esta declaración surtirá efectos hasta tanto el Estado colombiano ratifique dichos tratados, como lo dispone el párrafo 3 del referido artículo.
Finalmente, en lo que tiene que ver con el análisis de lo previsto en el artículo 3º de la convención, la Sala no encuentra reparo alguno en su constitucionalidad. En efecto, resulta válido que el Estado se obligue a esforzarse en hacerse parte de los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º y a adoptar las medidas necesarias para la aplicación efectiva de los mismos, incluidas el establecimiento de penas en su legislación interna respecto de los delitos ahí contemplados. Ello habida cuenta que, como se ha sostenido en esta providencia, la implementación de instrumentos para la prevención y sanción del terrorismo es un propósito plenamente compatible con la eficacia de los fines esenciales del Estado. El cumplimiento de esta finalidad, por supuesto, debe estar precedido de los requisitos para que el Estado se obligue válidamente a cumplir con obligaciones impuestas por los tratados, según las normas constitucionales, en especial la protección de los derechos fundamentales, al igual que los preceptos del derecho internacional público.
Además, debe tenerse en cuenta que Colombia ha venido cumpliendo con ese objetivo, a través de la tipificación en el Código Penal de distintas conductas previstas en los instrumentos señalados en el artículo 2º de la convención. Ejemplo de ello son los tipos penales de (i) homicidio, lesiones personales, tortura, acceso carnal violento, actos sexuales violentos y prostitución forzada o esclavitud sexual, tratos inhumanos y degradantes y experimentos biológicos, actos de discriminación racial, deportación, expulsión, traslado o desplazamiento forzado y reclutamiento ilícito, todos ellos respecto de persona protegida por el derecho internacional humanitario (arts. 135 a 162); (ii) Apoderamiento de aeronaves, naves, o medios de transporte colectivo (art. 173); (iii) Toma de rehenes (art. 148); (iv) Terrorismo y financiación del terrorismo y administración de recursos relacionados con actividades terroristas (arts. 343 y 345 ); y (v) Siniestro o daño de nave, daño en obras o elementos de los servicios de comunicaciones, energía y combustibles, tenencia, fabricación y tráfico de sustancias u objetos peligrosos, empleo o lanzamiento de sustancias u objetos peligrosos, introducción de residuos nucleares y de desechos tóxicos, perturbación de instalación nuclear o radiactiva, tráfico, transporte y posesión de materiales radiactivos o sustancias nucleares, fabricación, importación, tráfico, posesión y uso de armas químicas, biológicas y nucleares, empleo, producción, comercialización y almacenamiento de minas antipersonal. Ayuda e inducción al empleo, producción y transferencia de minas antipersonal (arts. 354, 357 a 367B).
3.3.2. Las disposiciones que obligan a los Estados a adoptar medidas concretas en contra del terrorismo son mecanismos para el cumplimiento de finalidades constitucionalmente legítimas.
El artículo 4º impone a los Estados parte de la convención la obligación de establecer un régimen jurídico y administrativo para prevenir, combatir y erradicar la financiación del terrorismo y lograr una cooperación internacional efectiva al respecto. Estas medidas están dirigidas a la supervisión de las instituciones financieras y otras que puedan ser utilizadas para financiar actividades terroristas; la detección y vigilancia de movimientos transfronterizos de valores y dinero en efectivo y; el intercambio entre los Estados, a través de unidades nacionales de inteligencia financiera, de la información crediticia relacionada con el soporte económico del terrorismo. Estas normas son complementadas con lo previsto en el artículo 5º, que obliga a los Estados parte a adoptar las medidas necesarias para identificar, congelar, embargar y, en su caso, proceder al decomiso de fondos u otros bienes relacionados con la financiación del terrorismo. Por último, el artículo 6º impone a los Estados la necesidad de incorporar en su legislación interna normas que incluyan como delitos determinantes del lavado de dinero los delitos establecidos en el artículo 2º.
A juicio de la Corte, estas disposiciones son constitucionales en tanto toman la forma de instrumentos imprescindibles para la prevención, represión y sanción del terrorismo. Es evidente que la implementación de acciones concretas para impedir el traslado de los recursos necesarios para la ejecución de acciones terroristas, es una herramienta básica para enfrentar esa problemática, que tiene carácter central en el Estado constitucional, como se tuvo oportunidad de indicar en el marco conceptual que antecedió a este análisis. Sobre este particular, resulta pertinente reiterar lo dicho por esta corporación en la Sentencia C-037 de 2004, en el sentido que la normatividad dirigida a reprimir la financiación del terrorismo “desarrolla algunas importantes finalidades del ordenamiento constitucional colombiano, entre ellas la de poner en funcionamiento mecanismos para prevenir la comisión de este tipo de conductas, el logro de la paz y la vigencia de un orden social justo, todo en aras de cumplir el mandato impuesto por el artículo 2º de la Carta que prescribe que las autoridades de la República están instituidas para proteger a todas las personas residentes en Colombia, en su vida y bienes (48) . || En ese marco resulta clara la acción decidida de la comunidad internacional orientada y ordenada para prevenir y reprimir toda suerte de prácticas, métodos y actos terroristas que contravienen los principios y valores que la Constitución Política de Colombia consagra, como son, entre otros, la protección y promoción de los derechos humanos, la unidad de la Nación, la vida, la convivencia, la justicia, la paz, la vigencia de un orden justo y la integración con la comunidad internacional”.
Reglas similares se han planteado para el caso de la necesidad de incorporar a los actos de terrorismo dentro de las conductas determinantes del lavado de dinero. Acerca de este tópico, este tribunal ha sostenido, a propósito del control de constitucionalidad del convenio sobre blanqueo, detección y confiscación de los productos de un delito, que el establecimiento de medidas para impedir el lavado de activos es un aspecto inescindible del éxito de las medidas para la represión del crimen organizado. “En efecto, en los últimos tiempos, las organizaciones delictivas se han incorporado al mundo globalizado para aprovechar sus beneficios tecnológicos y comerciales. El desarrollo de los medios de comunicación, del comercio electrónico, de los medios de transporte ha permitido la sofisticación de los mecanismos delictivos, haciendo cada vez más difícil la detección de los responsables, así como más ardua la aprehensión de sus ganancias. || La metodología utilizada por dichas organizaciones por lo general aprovecha las ventajas jurídicas de los países en vía de desarrollo —donde el control policial es menos efectivo y las normas de coerción menos rígidas— para desplegar las actividades de producción y gestión de su negocio; al tiempo que persiguen los mercados de los países industrializados —cuyo poder económico es mayor— para expandir la comercialización del ilícito. Adicionalmente, la industria del crimen intenta la localización de su actividad de gestión en países donde su presencia institucional puede ser más influyente, reservándose la distribución del servicio en comunidades de fuerte institucionalidad, donde la presencia del negocio puede fácilmente mimetizarse en el anonimato del libre comercio. || La internacionalización del crimen obliga, además, a los grupos delictivos, a asociarse con organizaciones criminales foráneas para distribuir las competencias del negocio y penetrar efectivamente en los países consumidores del producto. En tal virtud, incluso por exigencias del mismo delito, el fenómeno criminal tiene a traspasar las fronteras de los países, obligando a las autoridades que lo combaten a utilizar mecanismos de cooperación similares a los de sus perseguidos. || Estas consideraciones son válidas en tratándose de delitos típicamente trasnacionales como el tráfico de drogas y de armas, pero se aplican por igual a modalidades criminales gradualmente más asociadas con ellas, como son la prostitución, el tráfico ilegal de seres humanos, la inmigración ilegal, los delitos contra la propiedad y el secuestro, entre otros” (49) .
Como lo demuestra experiencia nacional, la ejecución de actos constitutivos de terrorismo está precedida de la existencia de grupos armados organizados, financiados a través de las ganancias obtenidas por otras conductas punibles, especialmente el narcotráfico y el secuestro. Bajo esa perspectiva, la estipulación en la legislación interna de normas que prevengan y sancionen el lavado de activos por parte de esas organizaciones, es armónica con la obligación estatal de reprimir el terrorismo. En ese sentido, los artículos objeto de análisis concurren al cumplimiento de fines constitucionalmente valiosos, conforme a lo sostenido en apartados anteriores de esta sentencia.
No obstante, debe la Corte establecer que, en consonancia con lo expresado por uno de los intervinientes de este proceso, el intercambio de información financiera que prevén las disposiciones analizadas deberá, en todo caso, estar precedido de la garantía del derecho a la autodeterminación informativa de los afectados con las medidas, en los términos del artículo 15 de la Constitución Política. Por lo tanto, las acciones que ejecute el Estado con el fin de cumplir con sus compromisos en la interdicción de recursos destinados a la financiación del terrorismo, deberán garantizar que los titulares de la información conserven la facultad de conocer, actualizar y rectificar los datos concernidos. De la misma manera, el tratamiento de esa información estará supeditado a la eficacia de los principios de libertad, necesidad, veracidad, integridad, incorporación, finalidad, utilidad, circulación restringida, caducidad e individualidad, conforme lo ha precisado la jurisprudencia constitucional (50) .
El cumplimiento de estas obligaciones, relativas a la eficacia del derecho a la autodeterminación informativa, se garantiza a través de los mecanismos que ofrece la misma convención. En efecto, el artículo 15 del instrumento internacional estipula que las medidas adoptadas por los Estados parte de conformidad con el tratado se llevarán a cabo con el pleno respeto de las libertades fundamentales. La interpretación sistemática de las disposiciones de la convención obliga a que el Estado colombiano, en ejercicio de las tareas de intercambio de información financiera, proteja las garantías constitucionales anteriormente citadas.
Los artículos 7º a 9º y 16 a 18 del convenio establecen los instrumentos de cooperación internacional relacionados con la prevención y sanción del terrorismo a nivel global. Así, se establece la obligación a los Estados partes de, conforme a sus respectivos regímenes jurídicos y administrativos internos, promover (i) el intercambio de información destinada a la mejora de las medidas de control fronterizo y aduanero para detectar y prevenir la circulación de terroristas y el tráfico de armas, bajo la salvaguarda de los compromisos internaciones sobre libre movimiento de personas y facilitación del comercio; (ii) la cooperación destinada al cumplimiento de la ley, a través del establecimiento de canales para el intercambio seguro y rápido de la información; (iii) la más amplia y expedita asistencia jurídica sobre la prevención, investigación y proceso de las conductas constitutivas del delito de terrorismo, para lo cual serán aplicables los acuerdos internacionales en vigor o, de forma supletoria, de conformidad con la legislación interna de los Estados parte; (iv) los programas de capacitación entre los Estados o en el marco de la OEA, a fin de fortalecer las instituciones encargadas de cumplir con las finalidades de la convención; (v) la cooperación a través de los órganos pertinentes de la OEA, entre ellos el comité interamericano contra el terrorismo; y (vi) la ejecución de reuniones periódicas entre los Estados parte, dirigidas a facilitar la plena implementación de la convención y el intercambio de información y experiencias acerca de las formas y métodos para la prevención, investigación y sanción del terrorismo. Igualmente, el artículo 19 de la convención establece que nada de lo previsto en ese instrumento internacional facultará a un Estado parte para ejercer su jurisdicción en el territorio de otro Estado parte, ni para realizar funciones que estén exclusivamente asignadas a sus autoridades.
Cláusulas de esta naturaleza, a juicio de la Corte, son compatibles con los postulados constitucionales. En primer término, los mecanismos de cooperación previstos en estas disposiciones tienen como denominador común la sujeción de su implementación y ejecución a la aplicación del régimen jurídico interno del Estado parte, lo que se traduce en la necesidad de que la cooperación internacional en materia de prevención y sanción de terrorismo se adelante bajo el amparo de la Carta Política, en especial, conforme a la vigencia de los derechos y libertades en ella reconocidas, además de la garantía del ejercicio de las competencias que adscribe a las autoridades nacionales. En segundo lugar, como lo ha sostenido la jurisprudencia constitucional (51) , la adquisición de compromisos de asistencia judicial recíproca entre Colombia y otros Estados es corolario del mandato constitucional de promoción de la internacionalización de las relaciones políticas, económicas, sociales y ecológicas, al que hace referencia el artículo 226 de la Constitución Política. En tercer término, la cláusula de restricción al ejercicio de jurisdicción, prevista en el artículo 19 de la convención, garantiza la efectividad del principio de soberanía y la reciprocidad de las relaciones entre los Estados (C.P., arts. 9º y 226). Finalmente, debe la Corte resaltar que los instrumentos de cooperación judicial y técnica entre los Estados se muestran particularmente relevantes frente a la prevención y sanción del terrorismo, cuyas expresiones pueden contener la comisión de conductas por parte de organizaciones criminales transnacionales.
El artículo 10 de la convención establece una forma particular de cooperación internacional, relacionada con el procedimiento para el traslado de personas bajo custodia. Esta disposición prevé la posibilidad que una persona que esté privada de la libertad en un Estado parte y cuya presencia se solicite en otro Estado parte, para cumplir con finalidades de índole probatoria, podrá ser trasladada, en tanto se satisfagan las siguientes condiciones: (i) la persona sujeto del traslado presta su consentimiento luego de ser informada; (ii) los Estados partes intervinientes están de acuerdo, con sujeción a las condiciones que se consideren apropiadas; (iii) el Estado de destino de la persona trasladada la mantendrá detenida, mientras que el Estado de origen no solicite o autorice otra cosa; (iv) el Estado de destino se obliga a retornar sin dilaciones a la persona al Estado de origen , según convengan entre ellos. En este caso, no podrá exigirse que el Estado de origen adelante los trámites destinados a la extradición de la persona trasladada; (v) el tiempo en que la persona trasladada se mantenga en el Estado de destino se computará para la redención de la pena correspondiente; y (vi) la persona trasladada no podrá ser procesada, detenida o sometida a cualquier otra restricción de la libertad personal en el territorio del Estado de destino, respecto de actos o condenas anteriores a su traslado, a menos que el Estado de origen esté de acuerdo.
Esta disposición acata las disposiciones constitucionales que le son aplicables. Así, salvaguarda el derecho al debido proceso de la persona trasladada, en tanto exige que exprese su consentimiento para ese efecto. En igual sentido, obliga a que el tiempo que permanezca en el Estado de destino se compute como parte de la pena impuesta por el Estado de origen. Además, la norma es compatible con el principio de soberanía y la salvaguarda del ejercicio de la jurisdicción nacional, puesto que obliga a que todo procedimiento penal que se efectué por el Estado de destino respecto de la persona trasladada, sea autorizado por el Estado de origen. De forma correlativa, obliga a aquel a retomar a la persona traslada sin demora, a la vez que le impide exigir el cumplimiento de los trámites de extradición para cumplir con ese procedimiento.
3.3.3. La prohibición de adscripción de delito político, derecho de asilo y condición de refugiado se ajustan al precedente constitucional sobre tratamiento especial del delito de terrorismo.
Los artículos 11, 12 y 13 de la convención establecen restricciones a los Estados partes en relación con el tratamiento que puede prodigar a las personas responsables de las conductas constitutivas del delito de terrorismo.
En ese orden de ideas, se establece que para los propósitos de extradición y asistencia mutua, ninguno de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de la convención se podrá considerar como delito político, conexo a él o inspirado por motivos políticos. Sobre este particular, la Corte debe establecer dos argumentos que justifican la constitucionalidad de la disposición.
En primer lugar y como se indicó en apartado anterior de esta providencia, la jurisprudencia constitucional ha establecido con claridad que las conductas constitutivas del delito de terrorismo, en razón a su condición de crímenes atroces y la grave afectación de derechos y garantías fundamentales, no puede ser considerada como delito político. Ejemplo de esta posición son los argumentos expresados por la Corte en la Sentencia C-1055 de 2003, a propósito de la declaratoria de constitucionalidad del CIRATCB, en las que se concluyó que los actos terroristas cometidos con bombas no podían inscribirse en la categoría de delito político, puesto que (i) es posible comprobar una tradición jurídica en la jurisprudencia constitucional, en el sentido que los delitos atroces tienen, en todo los casos, la condición de comunes; (ii) la adscripción de delito común de los actos constitutivos de terrorismo es compatible con la concesión de la extradición, pues el artículo 35 de la Constitución Política, restringe ese procedimiento solo para el caso de los delitos políticos; (iii) existe un extenso grupo de tratados internacionales, proferidos tanto en el ámbito universal como en el interamericano, que concuerdan en excluir a los actos de terrorismo de la categoría de delitos políticos. Buena parte de esos documentos están enumerados en el artículo 2º de la convención; y (iv) existen “delitos que no pueden calificarse, bajo ninguna circunstancia, como delitos políticos o conexos, toda vez que son incompatibles con el alcance y la delimitación conceptual, filosófica y jurídica de dichos punibles. Dentro de estos se encuentran los atentados terroristas cometidos con bombas”. Esta consideración es plenamente aplicable para el caso del presente análisis, en la medida que el carácter atroz de la conducta terrorista es una condición que se predica al margen de los mecanismos utilizados para su comisión. Así, dicho carácter se evalúa a partir de los efectos que genera, en términos de afectación sistemática de derechos y libertades fundamentales del Estado constitucional.
En segundo lugar, la Sala resalta que el artículo 11 de la convención no ofrece una definición sobre qué conductas se comprenden en la categoría de delito político. En cambio, lo que la norma sostiene es que los delitos contenidos en los instrumentos internacionales descritos en el artículo 2º de la convención no podrán pertenecer a dicha categoría. Si, como se sostuvo al inicio de esta providencia, existe un deber constitucional para el Estado de prevenir, investigar y sancionar efectivamente las conductas constitutivas de terrorismo, para lo cual resultan ajustadas a la Carta Política aquellas normas que imponen un tratamiento distinto a sus responsables, no obra razón alguna que impida la exclusión de dichas conductas de los beneficios que se derivan del reconocimiento como delincuente político, más aun cuando existe una común opinión internacional, replicada por el ordenamiento jurídico interno, acerca del carácter atroz del delito de terrorismo.
Una dinámica similar justifica, desde la perspectiva, constitucional, la imposibilidad de reconocer la condición de refugiado o asilado a las personas respecto de las cuales existan fundados para considerar que han cometido uno de los delitos establecidos en los instrumentos internacionales enumerados en el artículo 2º de la convención. En efecto, tanto en la jurisprudencia constitucional como en el concierto internacional existe un consenso acerca de la obligación que tienen los Estados de adoptar las medidas que sean necesarias y conducentes para la prevención, represión y sanción del terrorismo, por lo que resulta válida la imposición de limitaciones al uso de instrumentos de derecho internacional, destinados a la protección, en determinado territorio, de personas perseguidas razones de raza, nacionalidad, conciencia, ideológicas o políticas (52) . Es evidente que la imposición de sanciones penales en contra de los responsables de actos de terrorismo, en tanto delitos comunes, no constituyen en sí mismas consideradas, conductas de persecución. Por lo tanto, la posibilidad de conceder el asilo y el refugio es incompatible con el cumplimiento del deber estatal de prevenir y sancionar el terrorismo.
Adicionalmente, debe tenerse en cuenta que el artículo 36 de la Constitución Política establece el reconocimiento del derecho de asilo “en los términos previstos en la ley”. En consecuencia, puede válidamente el legislador establecer limitaciones a ese derecho, en cuanto la restricción pretenda alcanzar fines constitucionalmente legítimos. Como se ha resaltado insistentemente en esta decisión, la prevención y sanción del delito de terrorismo son facetas del cumplimiento de los fines esenciales del Estado colombiano, de modo tal que la imposición de las aludidas restricciones no menoscaba las disposiciones superiores. Ello puesto que la medida adoptada es apta para cumplir el fin, en tanto permite la debida ejecución de las acciones de investigación y sanción penal de los responsables del delito de terrorismo. A la vez, la medida se muestra proporcionada, pues no menoscaba la posibilidad de conceder el refugio y el asilo en las demás circunstancias en que la legislación internacional y las normas internas así o permitan.
3.3.4. Las cláusulas de compatibilidad entre la convención y las normas de derechos humanos y derecho internacional humanitario garantizan la eficacia de los preceptos constitucionales.
El artículo 14 de la convención establece que ninguna de sus disposiciones podrá interpretarse como la imposición de la obligación de proporcionar asistencia jurídica mutua, si el Estado parte requerido tiene razones fundadas para creer que la solicitud ha sido hecho a fin de (i) enjuiciar o castigar a una persona por motivos de raza, religión, nacionalidad, origen étnico u opinión político; o (ii) causar un perjuicio a la situación de esta persona por cualquiera de estas razones.
A juicio de la Sala, esta disposición se muestra coherente con el contenido y alcance del principio de soberanía nacional en el ejercicio de las relaciones internacionales (C.P., art. 9º). En efecto, a pesar de la legitimidad constitucional de los instrumentos de cooperación y asistencia jurídica mutua analizados en esta sentencia, resulta necesario que los Estados parte de la convención, en ejercicio de su autonomía, puedan determinar aquellos casos en que el cumplimiento de las disposiciones de la convención se tornan en acciones que desnaturalizan sus presupuestos fundacionales. En el escenario propuesto, la posibilidad que el Estado colombiano no se vea compelido a prestar asistencia jurídica cuando demuestre suficientemente que la misma está dirigida, no a garantizar la prevención y sanción del delito de terrorismo, sino a discriminar a una persona, con base en motivos que la Constitución ha establecido como prohibidos para prodigar un tratamiento diferenciado (C.P., art. 13), es un asunto que no presente mayores discusiones desde la perspectiva del análisis de exequibilidad del instrumento internacional.
El artículo 15 de la convención dispone que las medidas adoptadas por los Estados parte de conformidad con ese tratado, se llevarán a cabo con pleno respeto del Estado de derecho, los derechos humanos y las libertades fundamentales. En ese sentido, lo dispuesto en la convención no podrá menoscabar los derechos y obligaciones de los Estados y de las personas, derivadas de la Carta de las Naciones Unidas, la Carta de la OEA, las normas del derecho internacional de los derechos humanos, el derecho internacional humanitario y el derecho internacional de los refugiados. Finalmente, la norma establece la garantía a toda persona que se encuentre detenida o respecto de la cual se adopte cualquier medida con arreglo a la convención, el goce de todos los derechos y garantías de conformidad con la legislación del Estado en que se encuentre y las disposiciones pertinentes del derecho internacional.
Estas disposiciones son constitucionales, pues se limitan a reiterar la eficacia de los derechos y libertades fundamentales reconocidas en el ordenamiento jurídico interno. En especial, este artículo incorpora la vigencia, en el ámbito de la implementación del convenio, de las normas que esta corporación ha identificado como parte del bloque de constitucionalidad y que, por ende, son de obligatorio acatamiento por parte de las autoridades del Estado.
3.3.5. Las disposiciones finales son enteramente compatibles con los estándares del derecho internacional público.
Los artículos 20 a 23 de la convención establecen las reglas sobre la autoridad depositaria de los textos auténticos del tratado, al igual que los procedimientos para firma, ratificación, entrada en vigor y denuncia del mismo. Respecto de estas previsiones, la Corte advierte que su contenido reitera las fórmulas comúnmente utilizadas para los instrumentos multilaterales y acatan las previsiones del derecho internacional público, en especial las contenidas en la convención de Viena sobre derecho de los tratados. Por ende, no presentan reparo alguno respecto de su constitucionalidad.
Habida cuenta los argumentos expresados en el fundamento jurídico 2 de esta sentencia, el procedimiento legislativo que precedió a la aprobación de la Ley 1108 de 2006, junto con el trámite de subsanación surtido como consecuencia de lo ordenado por esta corporación en el auto A-232 de 2007, cumplieron con los requisitos constitucionales exigidos para el efecto. De la misma forma, las disposiciones contenidas en la convención se ajustan a la Carta Política, en la medida en que ofrecen herramientas de cooperación y asistencia jurídica entre los Estados, útiles para el logro de la prevención, represión y sanción de los actos constitutivos del delito de terrorismo, conductas que son abiertamente incompatibles con los derechos fundamentales y las libertades de los colombianos.
En consecuencia, la Corte declarará la exequibilidad de la convención interamericana contra el terrorismo y de su ley aprobatoria. No obstante, en la parte resolutiva de esta decisión, se estipulará la necesidad que el Gobierno Nacional, al momento en que ratifique ese tratado, realice la declaración interpretativa de que trata el párrafo 2 del artículo 2º de la convención, de conformidad con lo señalado en el fundamento jurídico 3.3.1 de esta sentencia.
1. Declarar EXEQUIBLE la “convención interamericana contra el terrorismo” suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
2. Declarar EXEQUIBLE la Ley 1108 de 2006, aprobatoria del instrumento internacional mencionado en el numeral anterior.
3. DISPONER que el Presidente de la República, al manifestar el consentimiento internacional para obligar al Estado colombiano por la convención interamericana contra el terrorismo, formule una declaración interpretativa, fundada en la potestad prevista en el numeral 2º del artículo 2º de la convención, en el sentido de advertir que en la aplicación del instrumento internacional a Colombia, no se considerarán incluidos dentro del párrafo 1 del artículo 2º de la convención, el convenio para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de la navegación marítima, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988 y el protocolo para la represión de actos ilícitos contra la seguridad de las plataformas fijas emplazadas en la plataforma continental, hecho en Roma el 10 de marzo de 1988; hasta tanto el Estado colombiano no llegue a ser parte de esos tratados internacionales.
4. COMUNÍQUESE esta decisión al Gobierno Nacional por intermedio de la secretaría general de la Presidencia de la República, y envíesele copia auténtica de la misma para los efectos constitucionales previstos en el numeral 10 del artículo 241 de la Carta Política.
(1) Sobre el particular, la intervención refiere a las sentencias C-307 de 2004 y T-729 de 2002.
(2) En apoyo de estas afirmaciones, la Fiscalía General utiliza algunos extractos de la Sentencia C-127 de 1993.
(3) En este apartado, la intervención hace referencia a las consideraciones realizadas por la Corte en la Sentencia C-037 de 2004, a propósito de la revisión de constitucionalidad de la Ley 808/03, aprobatoria del convenio internacional para la represión de la financiación del terrorismo.
(4) Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-695 de 2002.
(5) Para este efecto, el Procurador General alude a las sentencias C-140 de 1998, C-861 de 2001 y C-688 de 2002.
(6) Sentencia C-688 de 2002.
(7) Cfr. Comunicación del 15 de febrero de 2007, suscrita por la coordinadora del área de tratados. Folio 39 del cuaderno principal.
(8) Cfr. Folio 40 del cuaderno principal 1.
(9) Cfr. Folio 46 del cuaderno principal 1.
(10) Cfr. Folios 259 al 264 del cuaderno de pruebas 1.
(11) Cfr. Folios 281 a 282 del cuaderno de pruebas 1.
(12) Cfr. Folio 26 del cuaderno principal.
(13) Cfr. Gaceta del Congreso 82/06 página 3.
(14) Ibídem, página 4.
(15) Cfr. Folios 59 a 62 del cuaderno de pruebas 1.
(16) Cfr. Folio 1 del cuaderno de pruebas 1.
(17) Cfr. Folio 301 del cuaderno de pruebas 1.
(18) Es importante anotar que la constancia en comento hace referencia al “15 de noviembre de 2006”. No obstante, la Corte entiende que se trata de un error mecanográfico involuntario, puesto que la información consignada en la certificación permite inferir con facilidad que se trata de la sesión del 15 de noviembre de 2005.
(19) Cfr. Folios 14 (reverso) a 15 del cuaderno de pruebas 2.
(20) Cfr. Folios 1 a 2 del cuaderno de pruebas 2.
(21) Cfr. Folios 53 (reverso) a 54 del cuaderno de pruebas 2.
(22) Cfr. Folio 72Ñ (sic) a 720 del cuaderno de pruebas 3.
(23) Cfr. Folio 3 del cuaderno de pruebas 3.
(24) Cfr. Folios 124 a 125 del cuaderno de pruebas 3.
(25) Cfr. Folio 128 del cuaderno de pruebas 3.
(26) Cfr. Folio 111 del cuaderno de pruebas 3.
(27) Cfr. Gaceta del Congreso 459 de 2006, página 43.
(28) Ibídem, página 64.
(29) Cfr. Folio 144 del cuaderno de pruebas 3.
(30) Cfr. Folio 172 del cuaderno de pruebas 3.
(31) Cfr. Folio 187 del cuaderno de pruebas 3.
(32) Cfr. Folio 114 del cuaderno principal 2.
(33) Cfr. Folios 57-58 del cuaderno principal 2. Sobre el particular, en dicha sesión se indicó:
“Hace uso de la palabra el Presidente de la Comisión, honorable Representante Augusto Posada Sánchez:
Próximo punto del orden del día, señora Secretaria.
Hace uso de la palabra la secretaria de la comisión, doctora Pilar Rodríguez Arias:
Aprobación de proyectos de ley anunciados en sesión del día martes 2 de octubre de 2007, con el fin de subsanar el vicio de procedimiento establecido por la Corte Constitucional, según auto 232 de 2007.
Proyecto de ley el número 75 de 2005 Senado, 221 de 2005 Cámara, por medio de la cual se aprueba la convención interamericana contra el terrorismo, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002 en el trigésimo segundo período ordinario de las sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos.
Autores: Ministra de Relaciones Exteriores, doctora Carolina Barco; Ministro del Interior y de Justicia, doctor Sabas Pretelt de la Vega.
Ponente: honorable Representante Fabio Arango Torres.
Publicación texto del proyecto y articulado: Gaceta del Congreso 561 de 2005.
Publicación ponencia primer debate en Senado: Gaceta del Congreso 639 de 2005.
Publicación ponencia segundo debate en Senado: Gaceta del Congreso 718 de 2005.
Publicación ponencia primer debate Cámara: Gaceta del Congreso 055 de 2006.
También le informo, señor Presidente, que el contenido del auto 232 de 2007 fue entregado en su oportunidad también en las oficinas de los honorables Representantes para su conocimiento.
Sírvase leer la proposición con que termina el informe de ponencia.
Proposición con que termina el informe de ponencia para primer debate:
Dadas estas consideraciones y conforme con la Ley 5a de 1992, presento ponencia para primer debate de la Comisión Segunda de la honorable Cámara de Representantes al Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 75 de 2005 Senado, por medio de la cual se aprueba la convención interamericana contra el terrorismo, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002 en el trigésimo segundo período ordinario de las sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos.
Fabio Arango Torres,
Leída la proposición con que termina el informe de ponencia, señor Presidente.
En consideración la proposición leída. Anuncio que va a cerrarse. ¿Aprueba la Comisión la proposición leída?
Ha sido aprobada la proposición leída, señor Presidente.
Sírvase leer el articulado del proyecto.
ART. 2º—De conformidad con lo dispuesto en el artículo 1º de la Ley 7ª de 1944, la ¿convención interamericana contra el terrorismo?, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el tres (3) de junio de dos mil dos (2002), en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, que por el artículo 1º de esta ley se aprueba, obligará al país a partir de la fecha en que se perfeccione el vínculo internacional respecto del mismo.
Leído el articulado del proyecto, señor Presidente.
Gracias, señora Secretaria.
En consideración el articulado leído. Anuncio que va a cerrarse. ¿Aprueba la Comisión el articulado presentado?
Ha sido aprobado el articulado presentado, señor Presidente.
“Por medio de la cual se aprueba la convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002 en el trigésimo segundo período ordinario de las sesiones de la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos”.
En consideración el título. Anuncio que va a cerrarse. ¿Aprueba la Comisión el título leído?
Ha sido aprobado el título leído, señor Presidente.
¿Quieren los Representantes presentes que el proyecto de ley aprobado sea ley de la República?
Sí lo quieren, señor Presidente.
Se designa como ponente para el segundo debate al doctor Manuel José Vives.
Próximo punto del orden del día”.
(34) Cfr. Folio 18 del cuaderno principal 2.
(35) Publicada en la Gaceta 649 del 11 de diciembre de 2007, páginas 10-11. Sobre el particular, en el Acta se lee lo siguiente:
“La Secretaría General informa (doctor Angelino Lizcano Rivera):
Aprobada Presidente.
Corrección de vicios de procedimiento, Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 075 de 2005 Senado.
Ponencia para segundo debate del Proyecto de Ley 221 de 2005 Cámara, 75 de 2005 Senado, por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrito en la ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002, en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos.
Respetado doctor Arboleda:
Encontrándome dentro del término señalado en el Oficio CS-CP 3.2.4.84 del martes 9 de octubre de 2007, cumplo con la responsabilidad de rendir informe de ponencia para segundo debate del proyecto de ley aludido, designación que me fuera hecha por la Mesa Directiva de la Comisión Segunda Constitucional en la sesión ordinaria del 9 de octubre de 2007, lo anterior acatando el auto 232 del 5 de septiembre de 2007, proferido por la Sala Plena de la honorable Corte Constitucional, dentro del expediente de referencia, LA-300 Revisión de Constitucionalidad de la Ley 1108 del 27 de diciembre de 2006, por medio de la cual se aprueba la “convención interamericana contra el terrorismo”, suscrita en la Ciudad de Bridgetown, Barbados, el 3 de junio de 2002, en el trigésimo segundo período ordinario de sesiones de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos, publicado en el Diario Oficial 46-9- 94, del 27 de diciembre de 2006.
El auto mencionado dispuso devolver el expediente a la Cámara de Representantes para corregir el vicio de inconstitucionalidad generado durante su estudio y aprobación en primer debate en la Comisión Segunda Constitucional, por haberse omitido el trámite señalado en el artículo 160 de la Constitución Política, modificado por el artículo 8º del acto legislativo 01 de 2003.
Firmado por los siguientes Congresistas: Manuel José Vives, delegado para el informe.
Puede someter el informe de corrección de vicios de procedimiento.
Dirección de la sesión por la Presidencia (doctor Bérner León Zambrano):
En consideración el informe presentado de corrección de vicios de procedimiento, continúa su discusión, anuncio que va a cerrarse. ¿Lo aprueba la Cámara?
La Secretaría General informa (doctor Angelino Lizcano Rivera):
Aprobado señor Presidente”.
(36) Sobre la materia, Cfr. Corte Constitucional, sentencias C-1040 de 2005, C-830 de 2007, auto 053 de 2007.
(37) Cfr. Folio 159 del cuaderno principal 2.
(38) Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-863 de 2006 y autos A-018 de 2007 y A-057 de 2007, Sobre el tema particular de la doble numeración de las leyes, luego de la subsanación de un vicio de trámite, la citada sentencia estipuló lo siguiente:
“La sanción presidencial se limita a “aprobar el proyecto correspondiente” por parte del “Gobierno” y a “dar fe de su autenticidad”. Además, de acuerdo al Decreto 2719 de 2000, la numeración se da sobre “leyes ya sancionadas”, por ser tal numeración de la ley, un trámite de carácter administrativo que debe realizarse “guardando una secuencia numérica indefinida y no por año”, de acuerdo a la exigencia establecida por el artículo 194 de la Ley 5ª de 1992. || La jurisprudencia constitucional en situaciones anteriores en que se ha devuelto al Congreso una ley para ser subsanada por adolecer de vicios de forma, da cuenta de que generalmente en el trámite de subsanación se ha respetado el número de ley inicialmente asignado. Es el caso, por ejemplo, de la Sentencia C-607 de 1992 (M.P. Alejandro Martínez Caballero), en el que la Ley 1ª de 1992 que adolecía de vicios de forma, fue devuelta al Congreso. Luego de ser subsanada en su trámite y sancionada en una segunda oportunidad, se le respetó su número de ley original. Por lo que la Corte Constitucional, una vez corregido el vicio deforma que recaía sobre la Ley 1ª de 1992, la declaró exequible. En la sanción, el Gobierno Nacional, confirmas del señor Presidente de la República y del señor Ministro de Gobierno del momento, sancionó el proyecto de ley corregido, de la siguiente forma: “En cumplimiento de lo ordenado por la Corte Constitucional, el Gobierno Nacional refrenda los actos por los cuales el Congreso de la República subsanó los vicios de procedimiento en que incurrió al expedir la Ley 1ª de 1992”. || En el caso que nos ocupa, la Corte advierte lo siguiente: (i) el primer número de ley —el 869 de 2004— es el que identifica a la ley aprobatoria objeto del control ejercido en el presente proceso; (ii) la voluntad del legislador, en cumplimiento del auto 089 de 2005, era la de subsanar el vicio deforma constatado por esta corporación en la formación de la Ley 896 de 2004; (iii) el proyecto de ley correspondió siempre al mismo, es decir, al 212/03 Senado - 111/03 Cámara, como puede confirmarse en todas las ponencias y debates que se surtieron en el Congreso, y en su remisión para sanción presidencial. || Ahora bien, se cometió un error administrativo en la numeración, al habérsele asignado un segundo número a la misma ley después de haber sido subsanado el vicio en la formación de la misma. No obstante dicho error no modifica el contenido de la ley ni incide en el proceso de su formación en el Congreso de la República. Para la Corte por lo tanto, el presente análisis de constitucionalidad se entiende realizado sobre la Ley 896 de 2004 que aprobó el “convenio entre el Gobierno de la República de Colombia y el Gobierno de la República de Solivia para la recuperación de bienes culturales y otros específicos robados, importados o exportados ilícitamente”, suscrito en la ciudad de La Paz, a los veinte (20) días del mes de agosto del año dos mil uno (2001)”.
(39) Cfr. Folio 1A del cuaderno principal 2.
(40) Cfr. Folio 1 del cuaderno principal 2.
(41) ART. 4º (Garantías fundamentales)
1. Todos aquellos que no tomen parte directa o que hayan dejado de tomar parte en las hostilidades, tanto si su libertad ha sido restringida como si no, tienen derecho al respeto a su persona, su honor, sus convicciones y sus prácticas religiosas. En todas circunstancias recibirán un trato humano, sin ninguna distinción que les perjudique ...
(42) ART. 15.
1. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho nacional o internacional. Tampoco se pondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se beneficiará de ello.
2. Nada de lo dispuesto en este artículo se opondrá al juicio y a la condena de una persona por actos u omisiones que, en el momento de cometerse, fueren delictivos según los principios generales del derecho reconocidos por la comunidad internacional, (negrillas no originales).
(43) ART. 9º—Principio de legalidad y de Retroactividad. Nadie puede ser condenado por acciones u omisiones que en el momento de cometerse no fueran delictivos según el derecho aplicable en el momento de la comisión del delito. Si con posterioridad a la comisión del delito la ley dispone la imposición de una pena más leve, el delincuente se beneficiará de ello.
(44) La Corte ha venido señalando que, en aplicación de la Constitución Política y los tratados internacionales que hacen parte del bloque de constitucionalidad, existe un deber constitucional de criminalizar o sancionar penalmente conductas tales como la tortura, el genocidio, las ejecuciones extrajudiciales, o las desapariciones forzadas. Cfr., entre otras, las sentencias C-225 de 1995, C-368 de 2000, C-177 de 2001, C-226 de 2002 y C-489 de 2002.
(45) Sentencia C-069 de 1994, M.P. Vladimiro Naranjo Mesa.
(46) En el mismo sentido puede estudiarse la Sentencia C-1055 de 2003 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, mediante la cual se efectuó el control de constitucionalidad del Convenio Internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas, adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997, el cual fue declarado exequible.
(47) Comisión interamericana de derechos humanos. “Informe sobre terrorismo y derechos humanos”. OEA/Ser.L/V/II,116 Doc.5 rev. 1 con. 22, octubre 2002.
(48) En el mismo sentido puede estudiarse la Sentencia C-1055 de 2003 M.P. Marco Gerardo Monroy Cabra, mediante la cual se efectuó el control de constitucionalidad del convenio internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos con bombas, adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 15 de diciembre de 1997, el cual fue declarado exequible.
(49) Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-931 de 2007.
(50) Cfr. Corte Constitucional. Sentencia T-729 de 2002.
(51) Cfr. Corte Constitucional, sentencias C-405 de 1999, C-037 de 2004.
(52) Un análisis detallado de las diferencias entre las instituciones del asilo y el refugio es realizado por la Corte en la Sentencia T-704/03.

References: Resolución 
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