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REINTEGRACIÓN MARÍTIMA BOLIVIANA: junio 2013
Bienvenido al Blog de Andrés Guzmán Escobari, donde encontrará artículos de opinión, entrevistas y reportajes sobre la demanda marítima boliviana y sobre otros temas de política internacional. lunes, 24 de junio de 2013
Más sobre recursos hídricos “transfronterizos” entre Chile y Bolivia
Publicado por LaTercera.com
Hace unos días escribí una columna de opinión intitulada “Las aguas bolivianas que Chile utiliza gratuitamente”, que ameritó una rápida respuesta del cientista político
chileno, Pablo Zambrano, que fue publicada en el blog Relaciones Internacionales - Chile. En dicha
respuesta, el autor, que se autoproclama “especialista en geopolítica del agua
en Sudamérica”, asegura que quien escribe estas líneas habría realizado “una serie de acusaciones sin fundamentos, respecto de
políticas del Estado de Chile, y afirmaciones imprecisas y sesgadas,
concernientes a los cuencas transfronterizas que comparten Chile y Bolivia
(Lauca, Silala y Caquena), que omiten datos y fuentes significativas, por lo
que inducen a error”.
Primero quiero agradecer al señor
Zambrano por aportar a este debate que sinceramente espero que alcance los ámbitos
de decisión política de ambos países, para que con la comprensión precisa de la
situación de estos problemas, nuestros gobernantes logren acuerdos que
garanticen el abastecimiento hídrico del norte chileno y permitan a Bolivia
obtener las contraprestaciones y resarcimientos correspondientes. También le agradezco
porque me permite despejar ciertas dudas y precisar algunos conceptos del
artículo de opinión que motivó esta lid. Antes de analizar los argumentos de la
respuesta, es preciso hacer dos aclaraciones importantes. Primero, que los comentarios
vertidos en ella no rebaten en absoluto las afirmaciones que hice en mi primer
artículo en cuanto a que Chile utiliza gratuitamente más de 6 mil litros por
segundo de aguas bolivianas sin el consentimiento de Bolivia, sino que sólo
cuestionan algunos puntos accesorios o de interpretación histórica que, en
opinión del autor, representan “acusaciones infundadas”, pero que no afectan en
nada la tesis central de mi columna. En segundo lugar, cabe advertir que el
citado personaje emitió varias opiniones sobre la historia que antecedió y
sucedió a la desviación del río Lauca por parte de Chile y sobre lo que él
considera que es el Silala. Sin embargo, no mencionó nada sobre el caso del río
Caquena, lo cual nos permite presumir una aceptación tácita a las aseveraciones
que vertí al respecto y que señalan claramente que la desviación del río
Caquena o Cosapilla representa nada menos que una flagrante violación de parte
de Chile al Tratado de 1904 (artículo 2). Supuestas
acusaciones infundadas El aludido comienza su argumentación
poniendo en duda el daño ecológico que la desviación del río Lauca provocó en
territorio boliviano y reconociendo que no conoce ningún estudio al respecto.
Ante lo cual resulta pertinente citar el trabajo de José Luis Gomez Uhry,
titulado “Ríos Internacionales. El desvío del río Lauca” (1974), en el cual el
autor menciona que el factor de evaporación del lago Coipasa aumentó cuantiosamente
por el menor volumen de agua que éste recibe como consecuencia del desvío del río
Lauca, lo cual ha hecho que ese lago comience a “ser absorbido por el gran
salar del mismo nombre que lo circunda” (pág. 47), y si bien quizás ese estudio
no es lo que Zambrano quisiera recibir como respuesta, nadie puede negar que el
hábitat y las actividades de agricultura y ganadería en las poblaciones
bolivianas de Huasquiri, Acoribes y Chipaya del Departamento de Oruro han
disminuido considerablemente desde que Chile desvió las aguas del río Lauca.
Además, eso no sólo afectó a las poblaciones altiplánicas de Bolivia sino
también a las chilenas. En efecto, según un estudio de la Universidad de
Berkeley-California que trata precisamente sobre las consecuencias para la
ganadería altoandina y la vida de los pastores aymaras en la provincia de
Parinacota-Chile: “los daños ecológicos, causados por las desviaciones de las
aguas que cruzan sus pastizales, han contribuido a su marginalidad económica” (Bernhardson
1985: 171).
Asimismo, el autor de la réplica duda
mucho de que en las escuelas de su país se enseñe que Bolivia nunca tuvo mar y
que ello fuera consecuencia del mal momento que vivieron ambos países después
de la desviación del río Lauca; cuando no es ningún misterio que a partir de
1962 aparecieron en Chile una gran cantidad de libros con esa mentirosa
afirmación, entre los cuales destacan los trabajos de Jaime Eyzaguirre (1963), Francisco
Encina (1963), Oscar Espinosa (1965), Guillermo Lagos (1966), Augusto Pinochet (1972
y 1974) y Carlos Bustos (2004); algunos de los cuales adoptaron esa postura aun
cuando contradecía lo que habían escrito antes. Un caso revelador de este
último punto es el de Espinosa, quien al referirse a los títulos heredados por
Bolivia de la corona española en su libro “Bolivia y el Mar” señala: “La
lectura incompleta de esta Cédula Real (ley 5, título 15 libro II de la
recopilación de leyes de Indias), nos indujo en nuestros primeros trabajos a
incurrir en un error que debemos rectificar ahora. La cita trunca de la parte
final del documento hace pensar, a la simple vista, que Charcas (hoy Bolivia) limitaba
por el poniente con el mar del sur o Pacífico. Pero concordada con el párrafo
primero y observada desde el punto de vista geográfico, en su conjunto salta a
la vista el error de apreciación. En efecto, según habría de representarlo
acuciosamente el capitán de fragata Miguel Hurtado en su Memoria de 1859,
exhumada por nosotros 90 años más tarde. El verdadero límite occidental de la
Audiencia de Charcas pasaba por el camino que, partiendo del pueblo de Atuncana
llega a la ciudad de Arequipa. Entre éste y el mar existe una franja
territorial perteneciente al virreinato del Perú hasta el Loa y desde este
punto al sur del reino de Chile. Charcas o Bolivia quedaba al oriente de ella y
sin salida al Pacífico” (Espinosa 1965: 18-19). Naturalmente
que las autoridades chilenas no dijeron que Bolivia nunca tuvo mar – menos ahora
que Evo Morales se muestra ávido por explotar cada una de las mentiras de su homólogo
chileno con fines políticos –, pero en la bibliografía de los libros escolares de
historia chilenos se puede apreciar varios de los nombres antes mencionados y
eso demuestra una intención de difundir esa falacia que hoy es ampliamente
compartida por varios de los internautas chilenos que visitan las redes
sociales con el afán de justificar las acciones de su gobierno. Como un ejemplo
de ello puedo citar a la señora Catalina Margaux de origen chileno, que el 20
de marzo escribió en mi blog: “en el colegio me enseñaron que la CapitaníaGeneral de Chile cuando eramos colonia, limitaba al norte con Perú a la alturadel río Loa y que Bolivia no existía pues era Alto Perú. También me enseñaronque fue Simón Bolivar quién presionó a Chile a entregar esos territorios alnuevo país que inspiraba su nombre en su apellido”.
La desviación del Río Lauca Antes de ingresar en materia, es
importante coincidir en que todo análisis sobre la utilización de un recurso
hídrico compartido debe necesariamente ceñirse al reconocimiento de que su uso
y disfrute soberano no es ilimitado. En efecto, de acuerdo a la legislación
internacional sobre aguas sucesivas o transfronterizas, el Estado del curso
superior no puede unilateralmente y por su propia voluntad, hacer uso de esas aguas
o aprovechar parte de su caudal, sin el consentimiento expreso del Estado del
curso inferior. Es necesario, en todo caso, la celebración de un acuerdo
bipartito, para definir derechos y fijar compensaciones (Iturralde 1963:
16-17). Dicho
esto, pasemos a contestar lo que el aludido señala respecto a que mi persona
habría olvidado que Bolivia fue la que rompió las relaciones diplomáticas entre
los dos países en 1962 y que además habría desconocido “la literatura académica
disponible”. Sobre el primer punto debo decir que efectivamente no aclaré que
Bolivia rompió los vínculos diplomáticos pues me pareció innecesario
mencionarlo ya que, ante una agresión como es el desvío unilateral de un río
internacional, es natural que el agredido sea quien demuestre su molestia con la
interrupción de las relaciones diplomáticas, y no el agresor. En
cuanto al segundo punto, debo reconocer que me sentí tentado de hacer gala de
la impresionante biblioteca sobre la desviación del río Lauca que
afortunadamente me heredó mi abuelo, Jorge Escobari Cusicanqui; pero me pareció
mucho más acertado basar mi replica en fuentes exclusivamente primarias, es
decir en los documentos oficiales que ambos gobiernos intercambiaron o
suscribieron conjuntamente entre 1939 y 1962. Por
ejemplo en cuanto a los obrados iniciales, el susodicho señala que “En 1939
Chile declaró a Bolivia su intención de desviar las aguas del Lauca”, cuando en
realidad, la primera comunicación oficial que Chile envió a Bolivia en relación
a este asunto fue la nota de 16 de septiembre de 1939 con la que el Embajador
chileno en La Paz, Benjamín Cohen, acusó recibo de la reserva que el gobierno
boliviano había presentado a Chile frente al proyecto de canalización del Río Lauca.
En esa nota, así como en las posteriores, el gobierno de La Moneda evitó utilizar
la palabra “desvío”, empleando en su remplazo el vocablo “aprovechamiento”. Lo
cual, de todas formas cambiaría posteriormente, “ante los hechos consumados”. Seguidamente,
el aludido hace una breve relación de los hechos suscitados en torno al Lauca,
pero no menciona que en todo ese tiempo (1939-1962), Bolivia solicitó a Chile insistente
pero infructuosamente, información sobre las obras de canalización. Asimismo,
tampoco señala que a través de la nota de 17 de enero de 1948, enviada por el Sub
Secretario chileno, Manuel Trucco a la representación de Bolivia en Santiago;
Chile se comprometió formalmente a llegar “a un completo y definitivo acuerdo”
sobre este tema. Lo cual evidentemente nunca sucedió. En
cuanto a los resultados obtenidos por la primera Comisión Mixta chileno–boliviana
conformada para inspeccionar las obras del Lauca, el mencionado personaje señala:
“El informe, emitido en 1949, fue favorable a Chile”. No obstante, si uno
revisa el Acta respectiva de 5 de agosto de 1949, no encuentra ningún elemento que
permita sostener tal afirmación. Muy al contrario, ese documento señala
textualmente: “La insuficiencia de datos técnicos dio lugar a una diferencia en
la apreciación del alcance del proyecto”. A
pesar de que ese Acta demostraba fehacientemente que la información
proporcionada había creado “una diferencia”, el gobierno chileno se valdría de
ese documento para alegar luego que el mismo constituía la “denuncia” que Chile
tenía que haber presentado a Bolivia para realizar las obras en el Lauca de
acuerdo a la Declaración de Montevideo sobre Ríos Internacionales de 1933 (artículo
VII), lo cual fue uno de los reclamos que el gobierno de Bolivia presentó en las
deliberaciones que bolivianos y chilenos sostuvieron en la OEA sobre este tema
(Escobari 2000: TI 248). En
cuanto al Acta de la segunda Comisión Mixta, el personaje a quien replicamos señala:
“El informe, presentado en septiembre de 1960, aprobó el proyecto y rechazó las
objeciones de Bolivia”, pero si revisamos el documento tampoco encontramos nada
referido a una aprobación, al menos no de Bolivia, y si bien la comisión de
Chile efectivamente rechazó una de las objeciones de la delegación boliviana,
esta última también objetó una propuesta de su contraparte chilena que decía:
“La captación de la totalidad del gasto
del Río Lauca en las obras de toma del canal que construye el Gobierno de
Chile, no producirá perjuicios a la República de Bolivia”. Finalmente,
después de que el Presidente chileno ordenó la apertura de las compuertas de
los canales que desviaron las aguas del Lauca hacia territorio chileno el 14 de
abril de 1962; Bolivia, en aplicación de sus facultades soberanas y de acuerdo
a su obligación como signatario del Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca de 1947, acudió al Consejo de la OEA para que ese organismo tome
conocimiento de lo ocurrido. Si bien es cierto que la Resolución aprobada por
la OEA el 24 de mayo no tenía un carácter vinculante, como bien apunta el
susodicho, eso no forzaba a que Chile incumpla sus disposiciones. La decisión
adoptada resolvió hacer un llamado amistoso a Bolivia para que “acuda a alguno
de los medios de solución pacífica de las controversias que contempla el sistema
interamericano” y a Chile a que coopere en “hallar el medio pacífico que
ofrezca las mejores probabilidades de solucionar prontamente esta controversia”.
Pero Chile, en lugar de cooperar con la solución de la controversia, decidió
rechazar la mediación que había propuesto Bolivia aduciendo que la “única”
forma de resolver este caso era sometiéndolo a la Corte Internacional de
Justicia o a un arbitraje y eso, a pesar de que la Resolución citada no le daba
la facultad de escoger el medio de resolución de controversias que se debía aplicar.
último, para entender por qué Bolivia no aceptó lo que Chile proponía, no es
necesario apelar a la opinión de “un analista internacional”, ni tampoco al
discurso que pronunció unos años después el entonces Canciller de Bolivia; es
más acertado en todo caso, recurrir directamente a la documentación oficial que
el gobierno boliviano presentó a la OEA, y así podremos comprender, sin riesgo
de caer en especulaciones, la verdadera posición de Bolivia. Efectivamente, en
las comunicaciones que el representante boliviano ante la OEA remitió a ese
organismo el 28 de mayo y el 3 de julio, Bolivia afirmó que el 14 de abril de
1962 Chile había convertido la controversia jurídica relativa al río Lauca “en
un hecho consumado de carácter político, que trasciende las facultades de
cualquier organismo de puro derecho” y que, por tanto, la solución debida darse
a través de un mecanismo de solución de controversias de carácter político como
es la mediación. Agregaba que la única forma de restituir el carácter jurídico de
la controversia para que ésta pueda ser tratada en el ámbito de la justicia
internacional, era que Chile deje de utilizar las aguas del río Lauca. Lo cual,
– afirmaba el gobierno boliviano – también permitiría el restablecimiento de las
relaciones diplomáticas. Comentarios finales Sobre
el caso del Silala no vale la pena citar los estudios que avalan la postura
boliviana acerca de que esas reservas conforman un sistema léntico (cuerpo
hídrico estático) para confrontar la tesis chilena de que esas aguas integrarían
un ecosistema lótico (aguas que corren o fluyen continuamente), porque a través
de la exposición de opiniones no vamos a dilucidar jamás la naturaleza de esas
aguas, que quizás no son parte de un ambiente totalmente léntico ni lótico,
sino una combinación de ambos. Simplemente reafirmo lo señalado en el primer
artículo acerca de que la mayor parte de esas aguas fueron canalizadas hacia
territorio chileno artificialmente y me reservo más comentarios para cuando
exista un estudio serio reconocido por ambos países que defina de qué estamos
prefiero no comentar lo que el susodicho califica de “acciones hostiles” de
parte de Bolivia en contra de Chile porque esos comentarios se basan en simples
suposiciones que no contribuyen en nada a mejorar nuestras relaciones. Por
último, es necesario dejar en claro que las opiniones aquí vertidas como las
que motivaron el primer artículo, no tienen en ningún caso la intención de
provocar mayor enemistad entre Chile y Bolivia, sino muy al contrario, están
dirigidas a esclarecer la verdad histórica de nuestras problemáticas relaciones
para propiciar así un diálogo comprensivo, franco y constructivo entre nuestros
gobiernos que permita evitar futuros conflictos en esta materia y sobre todo
que prepare el ambiente en ambos países para lo que devendrá del fallo
inapelable que la Corte Internacional de Justicia emitirá en relación a la controversia
sobre el tema marítimo boliviano, independientemente de cuál sea su resultado. Termino
citando las palabras con las que Zambrano también concluye su columna acerca de
que los conflictos entre Bolivia y Chile “sólo (se) resolverán si se dejan de
lado las acusaciones infundadas y si las partes asumen las responsabilidades
que le caben a cada una en los hechos. Desconocer la historia no conduce a
nada”. REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS Fuentes
Declaración sobre el Uso Industrial y Agrícola
de los Ríos Internacionales. Montevideo Uruguay, 24/12/1933 Nota 335/63 del Embajador de Chile en Bolivia,
Benjamín Cohen, al Ministro de RelacionesExteriores y Culto de Bolivia, Manuel
Terrazas. La Paz, 16/09/1939
Nota 393/80 del Embajador de Chile en Bolivia,
Benjamín Cohen, al Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de Bolivia,
Alberto Ostria Gutiérrez. La Paz, 10/11/1939
Nota 539 del Sub Secretario de Chile, Manuel
Truco, al Encargado de Negocios a.i. de Bolivia en Chile, Gustavo Medeiros.
Santiago, 17/01/1948
Acta sobre las Conclusiones Técnicas de la
Comisión Mixta chileno-boliviana para el estudio del aprovechamiento del Río
Lauca. Arica, 5/08/1949
Acta de la Comisión Mixta boliviano-chilena en
el problema del Río Lauca. Arica, 9/09/1960
Resolución Aprobada por el Consejo de la Organización
de Estados Americanos. Washington, 24/05/1962
Notas del Embajador Permanente de Bolivia ante
la OEA, Emilio Sarmiento Camacho, al Presidente del Consejo de la OEA, Alberto
Zuleta Ángel. 28/05/1962 y 3/07/1962
Bernhardson, Wayne: “El desarrollo de los
recursos hidrológicos del altiplano ariqueño y su impacto sobre la economía ganadera
de la zona” Revista Chungará. Arica – Chile. 1985.
Bustos, Carlos: “Chile y Bolivia. Un largo
camino de la Independencia a Monterrey”. RIL. Santiago Chile. 2004
Encina, Francisco Antonio: “Las Relaciones
entre Chile y Bolivia”. Nascimiento. Santiago-Chile 1963
Escobari Cusicanqui, Jorge Andrés: “Historia
Diplomática de Bolivia”. Urquizo. La Paz–Bolivia. 2000
Espinosa Moraga, Óscar: “Bolivia y el mar
(1810 – 1964)”. Nascimiento. Santiago-Chile. 1965 Eyzaguirre Gutiérrez, Jaime Miguel: “Chile y
Bolivia: esquema de un proceso diplomático”. Zig-zag. 1963
Gomez Uhry, José Luis: “Ríos Internacionales,
el desvío del río Lauca”. Universidad Mayor de San Andrés. La Paz–Bolivia. 1974
Iturralde Chinel, Luis: “La Desviación del Río
Lauca por Chile”. Burillo. La Paz–Bolivia. 1963
Lagos Carmona, Guillermo: “Las fronteras de
Chile”. Zig-Zag. Santiago-Chile. 1966
Pinochet Ugarte, Augusto: “Guerra del Pacífico
– 1879 – Campaña de Tarapacá”. Chile. 1972
Pinochet Ugarte, Augusto: “Geopolítica”.
Andrés Bello, Santiago-Chile. 1974
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de
Bolivia: “La Desviación del Río Lauca (Antecedentes y Documentos)”. La Paz–Bolivia.
El 12 de junio de 2013 se produjo la primera reunión de los Agentes de Bolivia y Chile ante la Corte Internacional de Justicia para definir los plazos en los que ambos países deberán presentar sus alegatos escritos. Sobre el particular y algunos otros temas relacionados, a continuación las entrevistas que me hicieron para Que no me pierda de la Red Uno, Al Día de Bolivisión y La Primera de ATB: Publicado por
Entrevistas de televisión,
territoriales de Bolivia y Perú que a consecuencia de la guerra del Pacífico
pasaron al dominio de Chile, es decir, las regiones chilenas de Antofagasta,
Tarapacá y Arica–Parinacota y de ahí hasta el departamento peruano de Tacna
inclusive; son territorios extremadamente áridos y secos que siempre han requerido
de las aguas del altiplano para su abastecimiento hídrico. Se sabe que desde
tiempos muy remotos los habitantes de esos lares utilizaron las aguas altiplánicas
para regar zonas costeras. El río Mauri, por ejemplo, fue desviado gradualmente
hacia territorio tacneño hasta causar su trasvase completo, inicialmente por
los aymaras del lugar en el siglo XV, luego por los españoles en 1739 y
finalmente por Chile en 1919 y por el Perú en 1950 (Escobari: Historia
Diplomática de Bolivia. 2000: 310). La desesperante sed del norte de
Chile ha conducido al gobierno de ese país a desviar, en coordinación con
algunas empresas públicas y privadas, aguas que no le pertenecen y que, en
algunos casos, incluso están más allá de sus fronteras.
Efectivamente, el desvío de las
aguas del Silala es un caso muy delicado porque se trata de un reservorio
hídrico de varios acuíferos subterráneos que afloran a superficie en territorio
boliviano en forma de manantiales estáticos y cuyas aguas han sido canalizadas
hacia territorio chileno artificialmente. Si bien tal vez es cierto que una
pequeña parte de su caudal corría naturalmente hacia el territorio que hoy es chileno
(Antofagasta) y que su existencia incluso está reconocida en el mismísimo
Tratado de 1904; es un hecho inobjetable – basta con ver las fotos del lugar – que
la mayor parte de esas aguas ingresan a Chile a través de canales artificiales,
construidos a partir de 1884 en territorio boliviano y sin el consentimiento de
Bolivia. De acuerdo con los estudios
realizados por el ingeniero hidráulico boliviano Antonio Bazoberry, la empresa
que tuvo la concesión para usar esas aguas entre 1908 y 1997, inicialmente
denominada The Antofagasta and Bolivia Railway, y también la Corporación
Nacional del Cobre de Chile (CODELCO), reciben desde hace muchísimos años más
de 330 litros por segundo de las aguas del Silala y no pagan ni un centavo
(Bazoberry: El mito del Silala. 2005: 113). Asimismo, en un reportaje publicado por Página
Siete (17/04/2011), el periodista boliviano Boris Miranda revela que esas aguas
son vendidas actualmente por una empresa del grupo Luksic (Aguas Antofagasta) a
la población del lugar y a CODELCO, por un valor que supera los 50 millones de
dólares al año, a pesar de que los costos de captación del líquido elemento son
nulos para esa empresa (clic aquí para más información sobre el Silala). Pero aún más grave es la
situación del río Lauca que, a diferencia del Silala, es una corriente de agua
internacional de curso sucesivo, es decir, un recurso hídrico compartido que al
igual que el Silala, está siendo utilizado casi totalmente por Chile (cerca del
90%). El agravante en este caso se produce porque su controvertido desvío,
ocurrido el 14 de abril de 1962,
ha provocado un desbalance ecológico en la zona de
Coipasa – Bolivia, que ha convertido a esa región en un páramo casi
inhabitable. En efecto, en lugar de que esas aguas discurran naturalmente a la
laguna boliviana de Coipasa, como sucedía hasta 1962; actualmente, cerca de 2.460 litros por
segundo de su caudal riegan el valle de Azapa, ubicado en territorio chileno, según
datos de la Dirección General de Aguas de Chile (DGA). Por si fuera poco, el controvertido
desvío del Lauca, que fue ejecutado por el gobierno de Chile en medio de
furibundas protestas de Bolivia, marcó un hito muy negativo para el
mantenimiento de las buenas relaciones entre ambas naciones porque además de
provocar desde entonces la ruptura de los vínculos diplomáticos entre los
gobiernos de La Paz y Santiago (excepto 1975–1978), ha acentuado las desconfianzas
del pueblo boliviano hacia el Estado chileno y en Chile, ha propiciado el
inicio de una campaña informativa, introducida a la historia que se enseña en
las escuelas de ese país, que en nada contribuye al entendimiento de nuestros
pueblos, pues pretende generar el convencimiento mentiroso de que Bolivia nunca
tuvo mar.
No obstante, aún peor que los dos
casos mencionados, el desvío del río Caquena es el problema más grave de todos,
porque además de significar un atropello en sí mismo y de generar serios daños
ecológicos en la región boliviana de Charaña; representa nada menos que una
flagrante violación de Chile al Tratado de 1904. En efecto, según el artículo 2
de dicho tratado, el límite fronterizo entre ambos países debe seguir el curso
del río Caquena entre los hitos 92 y 93, es decir que se trata de una corriente
de agua de curso contiguo (límite arcifinio) que define la frontera y como tal,
debería ser respetada por las partes. Sin embargo, como sus aguas han sido
desviadas por Chile a partir de los años 60 del siglo XX, la frontera común también
ha sido modificada unilateralmente y eso es, indiscutiblemente, un tema de
límites que debe ser revisado, aun cuando las autoridades chilenas repitan con
insistencia y en cada una de sus declaraciones, que no existen temas de límites
pendientes entre Chile y Bolivia. La desviación del Caquena es
además la más onerosa para Bolivia en términos cuantitativos pues, según datos
de la DGA, el total del caudal desviado alcanza a 3.760 litros por segundo que
actualmente riegan el valle Lluta en territorio chileno. Lo cual, sumado a las otras
cantidades desviadas por el país del Mapocho (Lauca y Silala), llegan a 6.640
litros por segundo de aguas bolivianas que Chile utiliza gratuitamente. Esa impresionante cantidad de
agua boliviana que ingresa o se queda en Chile de manera ilegal porque no
cuenta con el consentimiento de Bolivia, debe ser materia de negociaciones
entre los gobiernos de ambos países, no sólo porque es lo que corresponde en justicia,
sino también porque el mantenimiento de esta situación podría provocar serios
conflictos en el futuro debido a que la demanda de agua de los territorios en
cuestión – donde se encuentra una de las industrias mineras más importantes del
mundo –, aumentará con el paso del tiempo. Además, teniendo en cuenta que
Chile y Bolivia se encuentran definiendo la más difícil y prolongada de sus
controversias en el ámbito jurisdiccional; es muy importante que ambos
gobiernos preparen en cuanto sea posible el ambiente para afrontar el resultado
de ese proceso judicial y para ello, la resolución de los temas pendientes
entre ambos países, es sin duda y lógicamente, lo primero que se debería hacer.
En ese sentido, es importante promover el diálogo que permita alcanzar acuerdos
para garantizar el abastecimiento hídrico del norte chileno y el resarcimiento
y contraprestación correspondientes para Bolivia. Publicado por
Agencia de Noticias Fides Hay una inequitativa utilización de los recursos hídricos compartidos y no compartidos que en estos momentos alcanza a un mínimo estimado de 6.640 litros por segundo que Chile utiliza sin el consentimiento de Bolivia.
El analista, amparado en el Pacto de Bogotá, instó a dejar temporalmente fuera de las conversaciones el tema marítimo: "No sólo es lo más lógico en estos momentos, sino que es lo que corresponde”.//crm//
Publicado en LaTercera.com Las conflictivas
relaciones entre Bolivia y Chile se han deteriorado considerablemente en el último
tiempo a un punto tal que seguramente sólo fue superado en el pasado cuando se rompieron
los vínculos diplomáticos entre ambos países (1920, 1962 y 1978) o cuando estalló
la guerra (1839 y 1879). De hecho, el estado actual de nuestras relaciones podría
compararse con aquellos pocos momentos de la historia en los que Chile, al
igual que hoy, se negaba rotundamente a reconocer la existencia del problema que
genera el enclaustramiento boliviano, por ejemplo: cuando el año 1900 el
representante de La Moneda en La Paz, Abraham Köning, remitió un duro
comunicado al Canciller boliviano de la época para aclararle que Chile nada le
debe a Bolivia y advertirle, entre otras cosas, que su país había centuplicado
su poderío militar desde 1879; o cuando en 1987 el gobierno del General Pinochet
rechazó de plano las propuestas que las autoridades bolivianas le habían
planteado en las negociaciones del “enfoque fresco”, con el propósito de
resolver precisamente el asunto marítimo.
estado actual de las relaciones boliviano – chilenas es tan malo que no existe
ningún tipo de diálogo entre nuestras autoridades que no sea el estrictamente
necesario en el ámbito consular y eso es algo que naturalmente y por el bien de
nuestro porvenir como países vecinos, debe cambiar. La situación en
que nos encontramos es el resultado de una incomprensión absoluta de la
posición del otro y de la tentación de nuestras autoridades por utilizar los temas
que nos distancian para encender las pasiones nacionalistas de nuestros pueblos
que, indiscutiblemente, generan importantes réditos político-electorales en
ambos lados de la frontera. Asimismo, en los hechos, esta situación es el
resultado de la interrupción del diálogo de la Agenda de 13 puntos ocurrido en noviembre
de 2010 por decisión del gobierno chileno y de la posterior determinación
boliviana de recurrir a tribunales internacionales para resolver el problema
marítimo, que evidentemente no cayó nada bien en Chile. A esas
dificultades debemos sumar la conducta beligerante de ambas partes, los
bolivianos emplazando al Gobierno de La Moneda a levantar el encierro
geográfico con un lenguaje innecesariamente agresivo y cuestionado insistentemente
los vicios de origen de un Tratado que ha cumplido y respetado por más de 100 años, y los chilenos oponiendo un rechazo
absoluto a reconocer la existencia de un asunto pendiente entre los dos países que
además vino acompañada de algunas amenazas de utilizar la fuerza para, entre
otras cosas, “hacer respetar los tratados”. No es el
propósito de estas líneas evaluar la validez o legitimidad de las posturas asumidas,
sino de hacer notar que las políticas aplicadas en consecuencia nos han llevado
a una situación que no sólo ha congelado el tratamiento del tema marítimo – de
tan sensible importancia para los bolivianos –, sino que ha paralizado también el
diálogo en todos los demás asuntos de interés binacional, entre los cuales, hay
otros problemas de altísima complejidad y relevancia para ambos países que
deben encontrar urgentemente un canal de diálogo que permita abordarlos y
resolverlos, porque esos problemas podrían ser motivo de más discordias o hasta
conflictos entre chilenos y bolivianos en el futuro. Me refiero a la
inequitativa utilización de los recursos hídricos compartidos y no compartidos
que en estos momentos alcanza a un mínimo estimado de 6.640 litros por segundo
que Chile utiliza sin el consentimiento de Bolivia (Silala 330 lt/seg; Lauca
2.460 lt/seg; y Caquena 3.670 lt/seg), según estudios realizados por el Ing.
Antonio Bazoberry y la Dirección General de Aguas de Chile; a las constantes
dificultades que enfrentan los comerciantes bolivianos en los puertos chilenos
debido a la cuestionable aplicación del derecho de libre tránsito estipulado en
el Tratado de 1904 y sus acuerdos complementarios por parte de las empresas
privadas que operan esas terminales portuarias; a la operatividad del
Ferrocarril Arica – La Paz que, a pesar de la rimbombante celebración del
centenario de la vía que estuvo presidida por el mismo Presidente Piñera, no ha
realizado ningún viaje completo en el lado chileno desde hace casi 10 años y
que en el lado boliviano se mantiene operativo; a las labores de
retiro y destrucción de las minas antipersona de la frontera que, según datos
publicados por la Comisión Nacional de Desminado de Chile (www.cnad.cl), sólo habrían avanzado en un 37% pese al transcurso de más de una
década desde que gobierno chileno se comprometió a retirarlas; y a otros temas
también importantes para ambos países como la cooperación para el control del
narcotráfico, la lucha contra el contrabando, la complementación económica;
etc., etc. La gran mayoría
de estos temas fueron incluidos en la Agenda de 13 puntos, cuyo tratamiento,
como ya se dijo, quedó interrumpido. No obstante, teniendo en cuenta que el asunto
que generó esa interrupción está siendo sometido a una instancia jurisdiccional
como es la Corte Internacional de Justica de La Haya, porque evidentemente no
pudo ser resuelto por la vía diplomática; resulta no solo urgente, sino también
absolutamente razonable que los gobiernos de ambos países restablezcan el
diálogo para tratar todos los demás puntos de la Agenda dejando momentáneamente
de lado, mientras dure el juicio, el tema marítimo boliviano (punto 6). Esta idea de no
negociar directamente el tema marítimo, que ya fue planteada tentativamente por
el Ministro del Interior chileno, Rodrigo Hinzpeter; también fue sugerida por
quien escribe estas letras en un encuentro binacional de personalidades
entendidas en el tema de las relaciones Bolivia – Chile, organizado por las
Fundaciones Friedrich Ebert y Chile 21, en el cual participaron importantes
personajes políticos y académicos de los dos países. Los chilenos, como era de
esperar, acogieron sin objeciones la moción. No obstante, entre los
bolivianos hubo reticencias de quienes consideraban “imprudente” hacer tal
cosa: “Qué habrían dicho los grandes diplomáticos que hemos tenido”, censuró
uno de ellos, “Qué habría dicho tu abuelo!” me dijo el otro.
cabe aclarar que esta sugerencia no tiene por objeto librar a la diplomacia
chilena de su tradicional piedra en el zapato, sino más bien preparar el
ambiente y las condiciones para alcanzar acuerdos entre los dos países que
resuelvan los problemas pendientes definitivamente, antes o después de que La
Corte dicte su fallo. De hecho, eso es lo que indica el procedimiento del
juicio que el gobierno boliviano inició. El artículo IV del Pacto de Bogotá, que
es el acuerdo que le permitió a Bolivia presentar su demanda, señala
textualmente: “Iniciado uno de los procedimientos
pacíficos (negociaciones directas o procedimiento judicial, entre otros), sea
por acuerdo de las partes, o en cumplimiento del presente Tratado, o de un
pacto anterior, no podrá incoarse otro procedimiento antes de terminar aquél”.
Por tanto, dejar temporalmente fuera de las conversaciones al tema marítimo no
sólo es lo más lógico en estos momentos, sino que es lo que corresponde. Publicado por

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