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Timestamp: 2018-06-22 13:38:07+00:00

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Italia | Fuentes para la Historia del Mundo Contemporáneo
José Manuel Lara 08:00 el 22/08/2011
Etiquetas: Alemania ( 44 ), Italia
Hitler comunica la invasión de la URSS a Mussolini, 1941
«Duce:
Os escribo esta carta en unos momentos en que meses enteros de ansiosas deliberaciones y una continuada y enervante espera terminan merced a la decisión que más me ha costado adoptar en mi vida. Después de examinar el último mapa sobre la situación en Rusia y después de sopesar muchos informes, creo que no puedo adoptar la responsabilidad de seguir esperando y, por encima de todo, creo que no existe otro medio de evitar este peligro …, a menos que continúe esperando, lo que de todos modos terminaría por conducir al desastre, si no este año, el próximo a lo sumo. La situación es la siguiente: Inglaterra ha perdido esta guerra. Con el derecho que asiste a los que se ahogan, se agarra a cualquier clavo ardiente que, en su fantasía le parece una tabla de salvación. Sin embargo, algunas de sus esperanzas no dejan de hallarse asistidas por una cierta lógica, como es natural. hasta el presente, Gran Bretaña siempre ha librado sus guerras contando con la ayuda del Continente. La destrucción de Francia -en realidad la eliminación de todas las posiciones occidentales europeas- atrae continuamente las miradas de los belicistas ingleses al lugar por donde trataron de comenzar la guerra: la Rusia soviética.
Ambas naciones, la Rusia soviética e Inglaterra, se hallan interesadas por igual en la existencia de una Europa arruinada y postrada por una larga guerra. Detrás de estos dos países se alzan los Estados Unidos de América, que los incita mientras observa y espera los acontecimientos. Desde la liquidación de Polonia, se ha hecho evidente la existencia en la Rusia soviética de una tendencia consistente que, si bien de una manera cauta y solapada, señala no obstante un firme regreso a la antigua teoría bolchevique de expansión del Estado soviético. La prolongación de la guerra, necesaria para alcanzar esta finalidad, se conseguiría reteniendo las fuerzas alemanas en el Este, para que el Alto Mando alemán ya no pueda garantizar un ataque en gran escala en el Oeste, en especial por lo que se refiere a la aviación. Recordáis que os manifesté recientemente, Duce, que fue precisamente el éxito del experimento de Creta lo que me demostró cuán necesario es utilizar hasta el último de los aviones de que disponemos para el proyecto más importante contra Inglaterra. Es muy probable que el triunfo en esta batalla decisiva dependiese para nosotros de la superioridad de sólo unas cuantas escuadrillas. No vacilaré ni un momento en asumir estar responsabilidad. Dejando aparte otras consideraciones, poseo al menos la certeza única de que no seré atacado entonces súbitamente, ni siquiera amenazando desde el Este. La concentración de fuerzas rusas es tremenda. A decir verdad, todas la fuerzas rusas disponibles se hallan en nuestras fronteras. Además, a partir de la proximidad del buen tiempo, han empezado a realizarse numerosas obras de defensa…
Por consiguiente, después de exprimirme constantemente el cerebro, he llegado a la decisión de cortar el nudo antes de que se apriete demasiado. Creo, Duce, que con esto brinco probablemente los mejores servicios posibles a nuestra dirección conjunta de la guerra en el año en curso …
Para concluir, permitidme añadir una cosa, Duce. Me ha constado una gran lucha alcanzar esta decisión, pero ahora vuelvo a sentirme espiritualmente libre. La alianza con la Unión Soviética, pese a la completa sinceridad de los esfuerzos realizados para alcanzar una conciliación final, me resultó con frecuencia muy irritante, pues de una manera u otra me pareció una renuncia a mis principios, mis conceptos y mis anteriores obligaciones. Ahora me siento muy dichoso de verme liberado de estas agonías mentales.
Con toda cordialidad y camaradería, Vuestro. […] Adolf Hitler»
Carta de Hitler a Mussolini, 21 de junio de 1941
#alemania, #italia
José Manuel Lara 08:00 el 09/08/2011
Etiquetas: Italia, Mussolini ( 3 )
Mussolini habla sobre el Estado corporativo, 1930
Benito Mussolini realiza un discurso en la Plaza del Duomo en Milán, mayo de 1930
“La definición puede ser ésta: El Consejo Nacional de las Corporaciones es en la economía italiana lo que el Estado Mayor en el Ejército: el cerebro pensante que prepara y coordina. La semejanza militar. No os desagradará, porque la economía italiana tiene que combatir en verdad, una ruda e incesante guerra que requiere un Estado Mayor, mandos y tropas que se hallen a la altura de la situación para la misión que se les confía.
[…] En el artículo 12 está toda la corporación, tal como la entiende y la quiera el Estado fascista. En las corporaciones, el sindicalismo fascista encuentra su meta. El sindicalismo, de cualquier índole, tiene un proceso que podría llamarse común, salvo en los métodos; se comienza por la educación del individuo a la vida asociativa; se continúa con la estipulación de los contratos colectivos, se efectúa la solidaridad de asistencia mutual es, se perfecciona la habilidad profesional. Pero mientras el sindicalismo socialista, por el camino de la lucha de clases desemboca en la política con su programa de supresión de la propiedad privada y de la iniciativa individual, el sindicalismo fascista, a través de la colaboración de las clases, desemboca en las corporaciones, que dan a la colaboración armonía y sistema, defendiendo la propiedad pero elevándola a función social, respetando la iniciativa privada, pero en el ámbito de la vida y de la economía de la nación.
El sindicalismo no puede ser un fin en sí: o se convierte en socialismo político o en corporaciones fascistas. Sólo en las corporaciones se realiza la unidad económica en sus diversos elementos: capital, trabajo y técnica.”
Benito Mussolini. Discurso en el Consejo Nacional de las Corporaciones, 22 de abril de 1930.
#italia, #mussolini
Etiquetas: Fascismo ( 2 ), Italia
José Manuel Lara 08:00 el 06/08/2011
Etiquetas: Fascismo ( 2 ), Italia, Mussolini ( 3 )
Ideología del fascismo italiano
La crisis económica de la posguerra, la frustración nacionalista, el temor de las clases dirigentes y la debilidad de los partidos tradicionales ante el empuje socialista, facilitaron el acceso al poder de Benito Mussolini y la implantación del fascismo en Italia (1922-1945). Al margen de los gestos y de la retórica, el fascismo fue un sistema político basado en la divinización del jefe, el partido único con eliminación de toda oposición política, un nacionalismo a ultranza y un corporativismo que, so pretexto de conciliar las clases sociales, sirvió los intereses del gran capitalismo.
“El fascismo, como toda concepción política sólida, es acción y es pensamiento; acción que tiene inmanente una doctrina, y doctrina que mientras emana de un determinado sistema de fuerzas históricas, queda incorporada en el mismo, y en él opera de dentro para fuera. Su forma es, pues, adaptable a las contingencias de lugar y de tiempo, pero tiene a la vez un ideario que le eleva a la categoría de fórmula de verdad en la historia superior del pensamiento. No hay en el mundo fuerza alguna que obre espiritualmente como voluntad humana dominadora de voluntades, sin un concepto no sólo de la realidad transeúnte y particular sobre la cual es necesario obrar, sino también de la realidad permanente y universal en la que la primera tiene su ser y su vida. Para conocer a la humanidad hay que conocer al hombre, y para conocer al hombre es necesario conocer la realidad y sus leyes. No existe concepto alguno del Estado, que a la vez no sea fundamentalmente concepto de la vida: será filosofía o intuición, será un sistema de ideas que se desarrolla en una construcción lógica o se concentra en una visión o en una fe; pero siempre es, al menos virtualmente, una concepción orgánica del mundo.
Según esto, el fascismo, en muchas de sus actitudes prácticas, como organización de partido, como sistema de educación, como disciplina, no se comprendería si no se mirase a la luz de su modo general de concebir la vida, a saber, de un modo espiritual. El mundo, en el sentir del fascismo, no es este mundo material que aparece en la superficie y en el que el hombre es un individuo separado de todos los demás y con ser propio, y es gobernado por una ley natural que instintivamente le lleva a vivir una vida de placer egoísta y momentánea. El hombre del fascismo es un individuo que encarna en sí la nación y la patria, sometido a una ley moral que ata a individuos y a generaciones, vinculándolos a una tradición y a una misión que suprime el instinto de la vida encerrada en el breve circuito del placer, para instaurar otra vida, en la esfera del deber, una vida superior, sin límites de tiempo y de espacio, una vida en la que el individuo, por medio de la propia abnegación, del sacrificio de sus intereses particulares, de la muerte misma, realiza aquella existencia totalmente espiritual en la que estriba su valía de hombre.
Es, pues, una concepción espiritualista, nacida, también ella, de la reacción operada en este siglo, contra el menguado y materialista positivismo del siglo XIX; concepción antipositivista, pero positiva; No escéptica, ni agnóstica, ni pesimista, ni tampoco pasivamente optimista, como son, por regla general, las doctrinas (todas ellas negativas) que colocan el centro de la vida fuera del hombre, el cual con su libre voluntad puede y debe crearse su mundo. El fascismo quiere al hombre activo y entregado con todas sus energías a la acción: le quiere varonilmente consciente de las dificultades con que ha de tropezar, y dispuesto a enfrentarse con ellas; concibe la vida como una lucha, persuadido de que al hombre incumbe conquistar una vida que sea verdaderamente digna de él, creando ante todo en su persona el instrumento (físico, moral, intelectual) necesario para construirla. Y esto rige no sólo para cada individuo, sino también para la nación y para la humanidad. De aquí el gran valor de la cultura en todas sus formas (arte, religión, ciencia) y la importancia grandísima de la educación. De aquí también el valor esencial del trabajo, con el cual el hombre vence a la naturaleza y plasma el mundo humano (económico, político, moral e intelectual).
BENITO MUSSOLINI. Doctrina del fascismo (1932). En: WILLIAM EBENSTEIN: Los grandes pensadores políticos. De Platón hasta hoy. Trad. de Enrique Tierno Galván (Madrid 1965), Págs. 748-749.
#fascismo, #italia, #mussolini
José Manuel Lara 08:00 el 05/08/2011
Mussolini, parlamentario, 1921
Fasci di combattimento. Lissone
Os digo que nos opondremos con todas nuestras fuerzas a las tentativas de socialización, de estatificación, de colectivización. Basta ya de socialismo de Estado. Tampoco hemos de renunciar a la lucha, que quisiera llamar doctrinal, contra vuestras doctrinas, que ni son verdaderas ni, sobre todo, son fatales. Negamos que existan dos clases, porque existen muchas más; negamos que se pueda explicar toda la historia humana por el determinismo económico.
Negamos vuestro internacionalismo, porque el internacionalismo es una mercancía de lujo sólo asequible a los ricos, mientras el pueblo está desesperadamente unido a la tierra natal.
Pero no es esto sólo. Nosotros afirmamos, basándonos en recientes e irrecusables libros socialistas, que precisamente ahora comienza la verdadera historia del capitalismo, pues este no es tan sólo, como decís, un sistema de opresión, sino también una selección de valores, una coordinación de jerarquías y un sentido más amplio de la responsabilidad personal. Hasta tal punto es esto cierto que Lenin, después de haber instituido los consejos de fábricas, los abolió y ha colocado en ellas a dictadores, después de haber nacionalizado el comercio, lo hizo volver al régimen de libertad, y -vosotros que habéis estado en Rusia lo sabéis- después de haber suprimido, incluso físicamente a los burgueses, hoy los llama de todas partes, porque sin el capitalismo, sin sus sistemas técnicos de producción, Rusia no se levantaría jamás.
Mussolini B., el Primer discurso a la Cámara, el día 2 de Junio de 1921. Recogido en el Espíritu de la Revolución Fascista, Ed. Vizcaína, Bilbao, 1940, p. 56
José Manuel Lara 17:57 el 29/07/2011
Etiquetas: Francia ( 25 ), Italia, Reino Unido ( 28 )
Resultados de la Conferencia de Stressa, 1935
Pierre Laval, Benito Mussolin, MacDonald en la Conferencia de Stressa, 1935
El Frente de Stresa fue un acuerdo tomado en abril de 1935 por el ministro de asuntos exteriores francés Pierre Laval, el primer ministro británico Ramsay MacDonald y el líder italiano Benito Mussolini. Su objetivo era reafirmar los Tratados de Locarno y declarar que la independencia de Austria “seguiría inspirando su política común”. También se acordó la oposición a cualquier intento de Alemania para tratar de cambiar las condiciones del Tratado de Versalles. El tratado fue negociado en una conferencia celebrada en Stresa, en Italia, de donde toma su nombre. Véamos un artículo de la prensa de este momento:
Stresa, 15, 10 mañana.— A las doce y veinte de la tarde de ayer, terminó la conferencia de las Tres Potencias, representadas aquí por sus presidentes del Consejo y sus ministros de Negocios Extranjeros. Sobre los resultados de la Conferencia se ha facilitado la siguiente referencia:
“Los representantes de los Gobiernos de Italia, Francia y el Reino Unido, han examinado la situación general de Europa después de los cambios de puntos de vista sostenidos durante las últimas semanas acerca de la decisión tomada el día 16 de marzopor el Gobierno alemán. Se llegó a un completo acuerdo sobre varios asuntos examinados, que son:
Decisión sobre cuatro puntos
Primero: Las potencias acuerdan seguir la línea común de conducta acerca del memorándum francés a la Sociedad de Naciones.
Segundo: La información que ellas recibieron confirma sus puntos de vista en sentido de que las negociaciones deben desarrollarse en forma que constituyan la seguridad de la Europa del Este.
Tercero: Reafirmar la necesidad de mantener la independencia e integridad de Austria, que debe continuar siendo una aspiración de política común. Los representantes de los Gobiernos en el Pacto de Roma, también deben reunirse en fecha próxima para llegar a un acuerdo central europeo.
Cuarto: Acuerdan continuar el estudio de un pacto aéreo para la Europa del Oeste y “de acuerdos bilaterales que puedan acompañarlo”.
Contra el gesto unilateral del Reich
Quinto. Lamentan tener que reconocer que la repudiación unilateral por Alemania de las cláusulas militares del Tratado de Versalles, ha socavado la confianza pública en ia seguridad del mantenimiento de la paz. También la magnitud del rearme alemán ha invalido los supuestos sobre los que se basaban los esfuerzos para el desarme. “No obstante, las tres potencias reafirman, su decisión de sostener la paz por el medio de establecer un sentido de seguridad.”
Sexto. Las tres potencias declaran que otros Estados interesados deben informarse del deseo de Austria, Hungría y Bulgaria de rearmarse.
Una declaración posterior de las delegaciones italiana y británica, reafirma las obligaciones dimanantes del Pacto de Locarno con el deseo de “cumplirlas fielmente, si la necesidad lo exige”.
El comunicado agrega que la declaración final de las tres potencias, cuyo objetivo es el mantenimiento colectivo de la paz dentro de la Sociedad de Naciones, es un completo acuerdo, en oponerse por los medios prácticos a cualquier réplica unilateral de los Tratados, que pueda poner en peligro la paz de Europa y reitera que actuarán en colaboración estrecha y cordial con este propósito. — United Press.
Fuente: ABC, 16 de abril de 1935, p. 25
El frente no tuvo demasiado éxito en la práctica. Dos meses después, en junio de 1935, Inglaterra y la Alemania Nazi firmaban el acuerdo naval anglo-alemán, que violaba implícitamente el Tratado de Versalles, permitiendo a Alemania el incremento de su fuerza naval hasta el 35% de la Marina Real, y la posibilidad de construir submarinos. El frente llegó a su fin con la invasión italiana de Abisinia y la consiguiente condena del hecho por parte de Francia e Inglaterra en la Sociedad de Naciones.
#francia, #italia, #reino-unido
José Manuel Lara 20:57 el 27/07/2011
Etiquetas: Alemania ( 44 ), Bélgica ( 2 ), Francia ( 25 ), Italia, Reino Unido ( 28 )
Los Pactos de Locarno, 1925
Los Tratados de Locarno fueron siete los acuerdos negociados en Locarno, Suiza, entre el 5 octubre y el 16 octubre de 1925 y formalmente firmados en Londres el 1 de diciembre del mismo año, en el que la Primera Guerra Mundial, Europa occidental las potencias aliadas y los nuevos estados de Europa central y oriental, se solicitó la después de la guerra arreglo territorial, a cambio de normalizar las relaciones con la Alemania derrotada (que era, en ese momento, la República de Weimar). Uno de estos acuerdos fue el Tratado de Garantía Mutua entre Alemania, Bélgica, Francia, Gran Bretaña e Italia, 16 de octubre de 1925 (a menudo denominado como “El Pacto de Locarno”)
De izquierda a derecha: Gustav Stresemann, Joseph Austen Chamberlain, Aristide Briand
«El Presidente del Reich Alemán, Su Majestad el Rey de los Belgas, el Presidente de la República Francesa, Su Majestad el Rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y los Dominios Británicos allende los mares, Emperador de la India, y su SM el Rey de Italia;
Ansiosos de satisfacer el deseo de seguridad y protección que anima a los pueblos sobre los cuales cayó el flagelo de la guerra de 1914-1918;
Tomando nota de la abrogación de los tratados para la neutralización de Bélgica, y consciente de la necesidad de asegurar la paz en el área que ha sido con frecuencia el escenario de los conflictos europeos;
Animado también con el sincero deseo de dar a todas las potencias signatarias se trate garantías suplementarias en el marco del Pacto de la Liga de las Naciones Unidas y los tratados en vigor entre ellos;
Han decidido celebrar un tratado con estos objetos, y han nombrado como plenipotenciarios:
[Los nombres de los Plenipotenciarios han sido omitido]
Quienes, habiéndose comunicado sus plenos poderes, hallados en buena y debida forma, han convenido en lo siguiente:
Las altas partes contratantes garantizan individual y colectivamente, como se estipula en los artículos que siguen, el mantenimiento del statu-quo territorial, resultante de las fronteras entre Alemania y Bélgica, y entre Alemania y Francia, y la inviolabilidad de dichas fronteras tales como han sido fijadas por o en ejecución del Tratado de paz firmado en Versalles el 28 de junio de 1919, así como la observación de las disposiciones de los artículos 42 y 43 de dicho Tratado, concernientes a la zona desmilitarizada.
Alemania y Bélgica y también Alemania y Francia se comprometen recíprocamente a no entregarse de una u otra parte a ningún ataque o invasión, y a no recurrir de una u otra parre en ningún caso a la guerra. Sin embargo, esta estipulación no se aplica, si se trata:
1) del ejercicio del derecho de legítima defensa, es decir, de oponerse a una violación del compromiso del párrafo precedente, o de una contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del citado Tratado de Versalles, cuando una tal contravención constituya un acto no provocado de agresión y que en razón de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada una acción inmediata sea necesaria;
2) de una acción en aplicación del artículo 16 del Pacto de la Sociedad de Naciones;
3) de una acción en razón de una decisión tomada por la Asamblea o por el Consejo de la Sociedad de Naciones, o en aplicación del artículo 15, párrafo 7, del Pacto de la Sociedad de Naciones, siempre que en este último caso esta acción sea dirigida contra un Estado que en primer lugar se haya entregado a un ataque.
Tomando en consideración los compromisos respectivamente adquiridos en el artículo 2 del presente Tratado, Alemania y Bélgica, y Alemania y Francia se comprometen a arreglar por vía pacífica y de la manera siguiente todas las cuestiones, de cualquier naturaleza que sean, que vengan a dividirlas y que no hayan podido ser resueltas por los procedimientos diplomáticos ordinarios […].
1) Si una de las altas partes contratantes estima que ha sido o es cometida una violación del artículo 2 del presente Tratado o una contravención de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles, llevará inmediatamente la cuestión ante el Consejo de la Sociedad de Naciones.
2) En cuanto el Consejo de la Sociedad de Naciones haya constatado que una tal violación o contravención ha sido cometida, dará sin demora aviso a las potencias signatarias del presente Tratado, y cada una de ellas se compromete a prestar, en semejante caso, inmediatamente su asistencia a la potencia contra la cual el acto incriminado haya sido dirigido.
3) En caso de violación flagrante del artículo 2 del presente Tratado o de contravención flagrante de los artículos 42 ó 43 del Tratado de Versalles por una de las altas partes contratantes, cada una de las otras potencias contratantes se compromete, desde el presente, a prestar inmediatamente su asistencia a la parte contra la cual una tal violación o contravención haya sido dirigida desde que la dicha potencia haya podido constatar que esta violación constituye un acto no provocado de agresión y que en razón sea del paso de la frontera, sea de la apertura de las hostilidades o de la concentración de las fuerzas armadas en la zona desmilitarizada, una acción inmediata es necesaria. Sin embargo, el Consejo de la Sociedad de Naciones, sometida la cuestión conforme al primer párrafo del presente artículo, hará conocer el resultado de sus constataciones. Las altas partes contratantes se comprometen en semejante caso a actuar en conformidad con las recomendaciones del Consejo que habrán recogido la unanimidad de los votos, con exclusión de los votos de los representantes de las partes comprometidas en las hostilidades». […]
El presente Tratado será ratificado y las ratificaciones serán depositadas en Ginebra en los archivos de la Liga de las Naciones Unidas tan pronto como sea posible.
El presente Acuerdo entrará en vigor tan pronto como todas las ratificaciones se han depositado y Alemania se ha convertido en un miembro de la Sociedad de Naciones.
El presente Tratado, hecho en un solo ejemplar, será depositado en los archivos de la Sociedad de Naciones, y el Secretario General le solicitará que remita copias certificadas de cada una de las Altas Partes Contratantes.
En fe de lo cual los Plenipotenciarios arriba mencionados han firmado el presente Tratado.
Stresemann, A.Chamberlain, B.Mussolini, Briand y Vandervelde
Firmado en Lucerna el 16 de octubre de 1925.
El documento fue publicado en el Libro de comandos británicos Parlamentaria 2525 en el año 1925 de acuerdo a la revista American Journal of International Law, vol. 20, No. 1, Suplemento: Archivo de Documentos (enero, 1926), pp 21-33.
#alemania, #belgica, #francia, #italia, #reino-unido

References: artículo 12
 artículo 16
 artículo 15
 artículo 2
 artículo 2
 artículo 2