Source: https://www.grain.org/es/article/135-el-acoso-de-la-bioseguridad-bilateral
Timestamp: 2019-09-19 06:19:16+00:00

Document:
GRAIN | El acoso de la Bioseguridad Bilateral
El acoso de la Bioseguridad Bilateral
by GRAIN y African Centre for Biosafety | 30 Dic 2006 | Documentos de análisis
Cómo las corporaciones utilizan los canales de comercio bilateral para debilitar las regulaciones sobre biotecnología
El sector de los agronegocios ha estado batallando para dar una respuesta a la oposición mundial a los alimentos modificados genéticamente (transgénicos) desde que a mediados de la década de 1990 los agricultores comenzaron a sembrar las semillas manipuladas en los laboratorios. Las empresas transnacionales aspiran a que haya normas internacionales débiles y predecibles que no restrinjan el comercio de sus productos. Pero la resistencia social a los alimentos transgénicos les está complicando de distintas formas. Desde la proliferación de “zonas libres de transgénicos” locales y boicots de los consumidores a los alimentos transgénicos hasta la aprobación de leyes nacionales e incluso locales sobre el etiquetado de trasngénicos, el escenario regulatorio para la biotecnología agrícola está en constante movimiento, lo cual tiene consecuencias directas para las bases de referencia empresariales. La situación es especialmente problemática para el pequeño cartel que controla el comercio mundial de granos. Pero en lugar de abandonar los cultivos transgénicos frente a la referida resistencia, el grupo está saboteando agresivamente todos los procesos por los cuales los gobiernos podrían regular autónomamente el comercio de alimentos transgénicos para humanos o animales. Hacen esto conjuntamente con las compañías de semillas transgénicas y de plaguicidas, poniendo presión toda vez que pueden –en foros multilaterales y, cada vez más, a través de las vías bilaterales.
Los amos títeres
Apenas un puñado de empresas controla el comercio mundial de los principales cultivos agrícolas del mundo. Tres compañías – Cargill (Estados Unidos), Archer Daniels Midland (Estados Unidos) y Louis Dreyfus (Francia) – controlan más del 80% del comercio mundial de granos. La concentración es particularmente pronunciada en los tres cultivos transgénicos que se comercian internacionalmente: maíz, soja y colza. El comercio mundial de soja, por ejemplo, está dominado por apenas cuatro compañías: Bunge, Cargill, ADM y Dreyfus.[1] Cuando la gente piensa en alimentos transgénicos, a menudo piensa en Monsanto, el productor de semillas y plaguicidas. Pero los comercializadores de granos, que compran y venden los cultivos cosechados, también están implicados y en realidad ejercen mucha más influencia.
En las últimas décadas, los comerciantes de granos han impulsado encarnizadamente una agenda de liberalización y expansión del mercado a través de las instituciones multilaterales comerciales y financieras. Sus objetivos paralelos son asegurar un mercado mundial gigante libre de obstáculos al movimiento de sus productos, así como condiciones de producción favorables garantizadas por los gobiernos nacionales y locales – acceso a subvenciones, aplicación de los derechos de propiedad intelectual, mejoras en la infraestructura pública, reglamentaciones ambientales y laborales laxas, etc. La armonización hacia la baja de las normas de salud y seguridad es un componente clave también porque, para maximizar sus ganancias, las empresas necesitan poder embarcar cualquier producto a cualquier parte del mundo sin tener que preocuparse por diferentes requerimientos, cuando se trata de aspectos como el etiquetado.
La liberalización comercial de los cultivos transgénicos a mediados de la década de 1990 significó un estímulo inmediato para el gran negocio de granos y oleaginosas. Los cultivos transgénicos facilitan la expansión de la agricultura con destino a exportación. Esto es así especialmente con la llamada “primera generación” de cultivos transgénicos, manipulados para lograr resistencia a plagas y herbicidas, ya que simplifican el manejo del cultivo en condiciones de monocultivo. En el Cono Sur de América Latina, por ejemplo, la introducción de las sojas transgénicas de Monsanto resistentes a herbicidas ha permitido a grandes terratenientes convertir vastas extensiones de la pampa argentina y de la selva brasileña a la producción de monocultivo industrial con labranza cero. Las exportaciones de soja de la región despegaron, duplicando literalmente el comercio mundial de la soja y los productos de soja entre 1995 y 2005.[2] Las empresas cerealeras y de semillas oleaginosas se están moviendo también lenta pero sistemáticamente hacia el desarrollo de productos transgénicos, más a menudo a través de joint ventures con las compañías de semillas transgénicas, lo que rebajará sus costos y mejorará su control sobre los nuevos mercados, como es el caso de los alimentos especializados para animales, los cultivos bajos en grasas trans y los biocombustibles.
Sin embargo, junto con las grandes ventajas que les traen los cultivos transgénicos a los mercaderes mundiales de granos, también tienen inconvenientes. El rechazo generalizado a los alimentos y a la agricultura transgénicas ha provocado tanto la creación de mercados separados para alimentos “libres de transgénicos” como la aplicación de leyes que rigen el comercio de productos transgénicos. Esto ha traído caos e imprevisión – dos de las cosas que las empresas más detestan – a las cadenas mundiales de productos alimenticios básicos. Los cultivos transgénicos han alterado de esa manera los planes de las empresas de conseguir mercados mundiales uniformes y sin restricciones, basados en normas internacionales adaptadas a sus necesidades.
La solución fácil para esta complicación sería, por supuesto, que los comerciantes de granos y semillas olegaginosas retiraran su apoyo a los cultivos transgénicos. Ante sus contrapartes de la industria proveedora de biotecnología su poder es tal que podrían liquidar la producción de cultivos transgénicos de la noche a la mañana si simplemente se negaran a comercializarlos. Pero para esas empresas, los resultados a largo plazo de los cultivos transgénicos, que prometen una mayor producción integrada en todo el mundo para la exportación, supera las dificultades. De manera que los comerciantes de cultivos están, por el contrario, estrechando lazos con sus contrapartes de la industria de insumos agrícolas – dirigidas por Monsanto, Syngenta, DuPont y Bayer – y poniendo toda su influencia para encontrar otra solución que mantenga las corrientes comerciales mundiales abiertas a los productos transgénicos.
La OMC versus la CDB: ¿cuáles normas de seguridad?
La estrategia de los comerciantes de granos y semillas oleaginosas y la industria biotecnológica, que juntos forman el grupo de presión de la industria transgénica, se hizo visible por primera vez en la Organización Mundial de Comercio (OMC) con la aprobación del Acuerdo sobre la Aplicación de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, que entró en vigor en enero de 1995. Con arreglo al mismo, los gobiernos no pueden restringir el manejo, transporte y empaquetado de alimentos transgénicos en función de motivos de seguridad o salud a menos que tengan suficientes “bases científicas” para esta medida.[3] Esto es porque el Acuerdo MSF se funda sobre el principio impulsado por los Estados Unidos de que cualquier producto transgénico debería ser considerado como “sustancialmente equivalente” a su contraparte no transgénica a menos que se demuestre lo contrario. Las consideraciones sociales, culturales o económicas – en las que se funda gran parte de la oposición mundial a los cultivos transgénicos – no son consideradas científicas y por lo tanto se les impide tener una participación en el establecimiento de normas de seguridad o de salud. Este marco da a la industria un control total, porque las empresas tienen a su disposición tanto a los científicos para definir en una manera muy parcial y reduccionista la “base científica” que por sí sola pueda justificar algún tipo de restricción al comercio de transgénicos, como el mecanismo de relaciones públicas para comunicar y publicar sus resultados. Además, el Acuerdo MSF está sujeto a las normas generales de la OMC sobre solución de controversias, que pueden ser muy perjudiciales para un país. Por ejemplo, si un miembro de la OMC adopta una legislación sobre etiquetado de alimentos transgénicos que sea considerada débil en consideración de “bases científicas”, podría terminar enfrentando derechos paralizantes sobre sus exportaciones textiles. La mera amenaza de aplicar sanciones comerciales a través de la OMC ha provocado que Sri Lanka, Bolivia, Croacia y, más recientemente, India, dieran marcha atrás en la aplicación de reglamentaciones de etiquetado de transgénicos.[4] Las normas restrictivas en materia de cultivos transgénicos de la Unión Europea también fueron cuestionadas como “no científicas” por los Estados Unidos; los Estados Unidos ganaron pero es poco probable que la Unión Europea sufra mucho ya que Bruselas, a diferencia de muchos países en desarrollo, es hábil para eludir sanciones comerciales.
Cómo fue saboteado el Protocolo de Bioseguridad
Desde que se adoptó el Protocolo de Bioseguridad en enero de 2000, ha estado sumido en negociaciones sobre su muy cuestionado artículo 18(2)(a). El artículo surgió como una concesión de último momento a los exportadores de transgénicos y permite al cártel de comerciantes internacionales de granos seguir comerciando sin restricciones los cargamentos a granel de cultivos contaminados por organismos transgénicos, siempre y cuando esos cargamentos lleven una advertencia (que en los hechos prácticamente carece de validez) de que “pueden contener” organismos transgénicos.
Si bien esto fue un golpe serio para los países importadores que argumentaban la necesidad de tener una información más seria sobre los embarques de alimentos, sólo pretendía ponerse en práctica hasta la Primera Reunión de las Partes del Protocolo, cuando se suponía que los miembros discutirían a fondo normas más detalladas. No obstante, el cártel comercial de granos estaba decidido desde un principio a impedir que esto ocurriera alguna vez.
Los principales comerciantes de cereales y semillas oleaginosas y la industria biotecnológica se reunieron para formar la Coalición Internacional del Comercio de Granos (IGTC, por su sigla en inglés) para presionar en defensa de sus intereses dentro de las negociaciones del Protocolo de Bioseguridad.[5] Si bien esas empresas han desarrollado sus propios procesos para separar los productos básicos transgénicos de los no transgénicos toda vez que les interese hacerlo,[6] el IGTC siempre ha argumentado que los requisitos del Protocolo en materia de documentación son totalmente irrealizables.
Poco después, el IGTC comenzó a mirar a los acuerdos bilaterales como una forma de eludir los requisitos de documentación que pudieran surgir de las negociaciones del Protocolo. En 2003, Dennis Stephens, de IGTC, escribió un documento alentando a los exportadores de productos transgénicos a utilizar el Artículo 24 del Protocolo para aportar mayor claridad a los requisitos de documentación exigidos para los granos destinados a alimentación humana, animal y para procesamiento.[7] El Artículo 24 del Protocolo tiene que ver con los derechos de las Partes a entrar en “tratados y acuerdos de libre comercio” con países que no son parte del Protocolo.
En 2004, México, un país Parte del Protocolo, hizo un acuerdo para la aplicación del Artículo 18.2(a) con sus socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, o NAFTA por su sigla en inglés), Estados Unidos y Canadá, los cuales no son Partes del Protocolo.[8] El acuerdo con el TLCAN remeda, casi palabra por palabra, las propuestas del IGTC, especialmente en lo que se refiere a los umbrales y la “presencia fortuita” de los transgénicos.[9] El IGTC comenzó inmediatamente a promover el acuerdo como un modelo para una solución provisoria al Artículo 18(2)(a).[10]
Después de varias reuniones polémicas, fue recién en marzo de 2006, en Curitiba, Brasil, que las partes del Protocolo finalmente convinieron una solución al Artículo 18(2)(a). [11] Se adoptaron requisitos en materia de documentación provisional para el comercio de organismos transgénicos entre países Partes del Protocolo para los próximos seis años. Pero este acuerdo sólo se logró después de que, una vez más, se hiciera una concesión enorme a los exportadores de productos transgénicos. Ante la insistencia de México, el acuerdo excluye expresamente de los requisitos de documentación del Protocolo los casos de comercio entre países Partes y no Partes que ocurran dentro del ámbito de tratados o convenios bilaterales, multilaterales o regionales.
El Protocolo de Bioseguridad ofrece, pues, una cláusula que sirve como subterfugio a los exportadores para no cumplir con los requisitos en materia de documentación establecidos en las leyes nacionales de los países importadores. Les abre la puerta para recurrir al ámbito bilateral y a acuerdos comerciales, socavando así las reglamentaciones nacionales con la argumentación de que el propio Protocolo permite excluir de la aplicación de sus propios requisitos de documentación a los tratados bilaterales o regionales de comercio.
El IGTC no se privó de alentar a sus miembros a que buscaran el máximo efecto de este subterfugio. En la circular que envió a sus miembros luego de la reunión de Curitiba, el IGTC escribió: “Como los países Partes pueden realizar acuerdos con otros países Partes o no Partes que contengan requisitos de documentación diferentes a [los contenidos en el Protocolo] (como los contenidos en el Tratado trilateral entre México, Estados Unidos y Canadá), la industria no debería brindar requisitos de documentación detallada hasta que los requisitos hayan sido convenidos bilateral o regionalmente”.[12] Lo que quiere decir, sigan con las exportacones como siempre y fuercen soluciones bilaterales.
Mientras que la OMC tiene su Acuerdo MSF, el Convenio sobre la Diversidad Biológica tiene un Protocolo de Bioseguridad. El Protocolo de Bioseguridad, adoptado en Cartagena en enero de 2000, rige el movimiento internacional de organismos transgénicos para la alimentación humana y animal, con miras a proteger la biodiversidad. Si bien el Protocolo tiene una importante debilidad estructural (ver grain.org/articles/?id=10), posee una fortaleza importante: a diferencia del principio vigente del Acuerdo MSF de “equivalencia sustancial”, la norma que es el punto de partida del Protocolo de Bioseguridad es el “principio de precaución”. Esto significa que si las posibles consecuencias de la introducción de un organismo transgénico son graves o irreversibles, a falta de una certeza científica plena la carga de la prueba recae en el proponente. Los dos acuerdos son, por lo tanto, ideológica y diametralmente opuestos. Mientras que para el grupo de presión del negocio transgénico el Acuerdo MSF es ideal, el Protocolo contiene todo tipo de escollos.
El grupo de presión de la industria transgénica ha hecho todo lo que está a su alcance para socavar el Protocolo de Bioseguridad y asegurar que el Acuerdo MSF de la OMC se convierta en el principal punto de referencia para el comercio internacional de organismos transgénicos. Es en este contexto que los acuerdos comerciales bilaterales fuera de la OMC han adquirido importancia; el grupo de la industria transgénica ha trabajado enérgicamente, junto con otras empresas, para obtener exactamente lo que quiere de ellos y convertirlos en pieza fundamental de su estrategia. Han sido exitosos, porque prácticamente todos esos acuerdos refuerzan la supermacía del Acuerdo MSF de la OMC, en detrimento del Protocolo de Bioseguridad.[13] El grupo obtuvo un espaldarazo en marzo de 2006, cuando las partes del Protocolo convinieron que países no Partes del Protocolo, como es el caso de los tres principales exportadores del mundo de transgénicos (Estados Unidos, Canadá, Argentina), quedarán exentos de los requisitos de documentación del Protocolo acerca del comercio de productos transgénicos cuando hayan realizado acuerdos bilaterales o regionales separados (ver Recuadro). Con esta concesión, queda la puerta abierta a una avanzada violenta de las presiones bilaterales para tornar ilegal cualquier restricción al comercio de transgénicos. Si ocurre esto, como es probable, el Protocolo de Bioseguridad terminará por ser totalmente inoperante.
La embestida bilateral en acción
El 7 de abril de 2006, el Ministro de Comercio de la India, Kamal Nath, hizo sonar la alarma en las salas de los directorios de los comerciantes transnacionales de granos y semillas oleaginosas. En un complemento de la Ley de Comercio Exterior del país, el Ministro emitió normas que exigen a los importadores declarar, certificar y obtener la aprobación para la importación de productos que contengan organismos transgénicos. Esto fue solamente la reafirmación de una ley que estaba en espera desde 1989, que nunca había molestado realmente a la industria porque, como dijo un representante de Cargill, “No había nadie para detener la importación en el punto de entrada”.[14] Ahora parecía que el gobierno indio estaba hablando en serio.[15]
Esto fue un motivo real de alarma. En los últimos diez años, India ha pasado de no importar aceite de soja en absoluto a convertirse en el segundo mercado mundial de ese producto. Los grandes comerciantes de aceite de soja, tales como Cargill, que tenían más en juego, se pusieron en movimiento. La industria sojera inmediatamente advirtió que la nueva ley frenaría las importaciones y provocaría situaciones de escasez de aceite en el país, aún cuando otros señalaron que se disponía de alternativas, tales como los aceites de mostaza y de palma, y que las exportaciones indias de soja no transgénica alcanzaban niveles récord.[16]
Los comerciantes de soja no demoraron mucho en salirse con la suya. Su primera victoria fue un indulto del Comité de Aprobación de Ingeniería Genética (GEAC, por su sigla en inglés) el 2 de mayo de 2006, que les daba el derecho de importar aceite de soja transgénica de forma temporaria en la medida en que presentaran certificación del país de origen y datos comprobatorios a las autoridades competentes. Luego, el 8 de mayo, el Director General de Comercio Exterior suspendió la aplicación del complemento hasta el 7 de julio, sobre la base de que necesitaba dar tiempo a los importadores para ajustarse a los requerimientos. Dos semanas más tarde, el Ministerio de Ambiente y Bosques sacó a los importadores de aceite de soja del apuro para que lograran la aprobación de la GEAC emitiendo una notificación que limita a la GEAC a la “regulación de organismos o productos en que el producto final sea un organismo modificado vivo”. Esto fue seguido por otra extensión del Director General de Comercio Exterior que permitía a los buques que portaran conocimientos de embarque emitidos el 6 de julio o antes, embarcar en puertos de la India sin la documentación necesaria más allá del plazo del 7 de julio. Y luego, finalmente el 21 de julio el Director General de Comercio Exterior básicamente liquidó el complemento suspendiendo su aplicación hasta marzo de 2007, pendiente de revisación. No se dieron razones por la suspensión.[17]
Los comerciantes de soja probablemente nunca hubieran logrado este drástico giro de no haber tenido encima la pesada mano del gobierno más poderoso del mundo trabajando a favor de sus intereses. El complemento fue emitido apenas después que Estados Unidos e India hubieran finalizado una serie de conversaciones comerciales bilaterales dirigiadas a proteger a las empresas estadounidenses de obstáculos comerciales no arancelarios, como las restricciones a las importaciones de transgénicos y otras medidas sanitarias y fitosanitarias.
Uno de los resultados más importantes de esas conversaciones fue el establecimiento, en julio de 2005, del Foro de Política Comercial entre Estados Unidos e India, con el objetivo de duplicar las corrientes comerciales en el término de tres años. Los Estados Unidos pusieron las nuevas reglamentaciones de la India en materia de transgénicos directamente sobre la mesa en los preparativos de la tercera reunión de nivel ministerial del Foro, realizada en Washington el 22 de junio de 2006. En la reunión preministerial del Grupo del Foro Centrado en Agricultura, celebrada en Nueva Delhi el 30 de mayo de 2006, ambas partes “discutieron en detalle las condiciones del Acuerdo MSF sobre … el comercio de productos biotecnológicos con referencia específica a las notificaciones emitidas por los Ministerios de Comercio y Salud”.[18] Una semana después, para que el mensaje llegara a destino, los Estados Unidos oficialmente plantearon su preocupación por las reglamentaciones de India en materia de organismos transgénicos durante una reunión del Comité de la OMC sobre Obstáculos Técnicos al Comercio. Los Estados Unidos advirtieron que también plantearían la cuestión ante el Comité del Acuerdo sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias de la OMC y solicitaron que India “suspenda indefinidamente la aplicación de esas medidas … para evitar una posible alteración del comercio”. El gobierno de India respondió señalando que en las conversaciones bilaterales ya había explicado a los Estados Unidos que esto era simplemente una nueva notificación de una medida ya existente. Pero entonces agregó que, a través de conversaciones bilaterales con los Estados Unidos, había acordado suspender la aplicación de la reglamentación hasta el 7 de julio y continuaría atendiendo las preocupaciones de los Estados Unidos de manera bilateral. [19]
La semana siguiente, durante una conferencia de prensa preministerial, Karan Bhatia, Representante de Comercio interino de los Estados Unidos, declaró a la prensa que el gobierno de los Estados Unidos estaba trabajando a través del Foro para cambiar las nuevas leyes de India en materia de transgénicos.
“Ceo que lo que puedo decirles al respecto de ese sector es que se trata de reglamentaciones sobre biotecnología acerca de las cuales estamos muy conscientes. Las hemos discutido con las autoridades de la India. No tengo nada para compartir con ustedes en cuanto a resultados pero sí les diría que la biotecnología es un sector importante de las conversaciones que mantenemos con India a través del Foro de Políticas Comerciales”, expresó Bhatia. “Hemos estado embarcados en, diría, discusiones con las autoridades indias en cuanto a si las reglamentaciones sobre biotecnología servirán a los propósitos para los que fueron creadas y si podrían ser convenientemente modificadas, digámoslo así”.[20]
India no es el único país en cambiar sus reglamentaciones sobre transgénicos después de haber mantenido “discusiones” con el gobierno estadounidense y sus empresas. En 2004, China cedió a la presión de los Estados Unidos y abandonó sus restricciones a la soja transgénica, dándole a los Estados Unidos el “compromiso político” de no alterar futuros embarques de soja.[21] Tailandia también retiró en 2004 su estricta legislación sobre etiquetado de transgénicos cuando los Estados Unidos adviertieron que esa legislación podría afectar sus negociaciones sobre un tratado de libre comercio (TLC). Pero los Estados Unidos no son el único país que aplica presiones bilaterales; la utilización de instrumentos comerciales bilaterales para beneficiar a las empresas y abrir mercados para los cultivos transgénicos está aumentando en todo el mundo.
Los bulldozers bilaterales
La presión para regular, o más bien impedir la regulación de alimentos transngénicos a través de instrumentos bilaterales, no se da de manera aislada. Es parte de una tendencia mucho mayor en las relaciones internacionales. Ante la coyuntura del estancamiento de las conversaciones comerciales mundiales y la geopolítica íntimamente entrelazada con las oportunidades (o pérdidas) comerciales, los Estados Unidos y otros países poderosos han estado introduciendo acuerdos bilaterales de libre comercio e inversión para lograr lo que ellos y sus empresas transnacionales no han podido asegurar en el ámbito multilateral.
Hay ahora más de 2.200 tratados bilaterales de inversión vigentes y la cantidad de tratados bilaterales de libre comercio (TLC) crece mes a mes. El comercio agrícola, incluido el de cultivos transgénicos, es un gran tema dentro de esos TLC. El grupo de presión de la industria transgénica ha estado imponiendo su agenda en esos acuerdos y, efectivamente, comienza a moverse más rápida y decididamente en esta dirección.[22]
Al inicio del proceso las empresas trabajan con los gobiernos de sus países de origen para identificar objetivos de negociación precisos. El grupo de presión de la industria transgénica no es ajeno a esa estrategia, ya que la Organización de la Industria de la Biotecnología (BIO, por su sigla en inglés) durante un tiempo estuvo presionando activamente a la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos para lograr acuerdos bilaterales de comercio. En comentarios presentados al Representante Comercial acerca de las negociaciones para un TLC entre los Estados Unidos y Corea, BIO pidió a los Estados Unidos que procurara eliminar ciertos aspectos de las reglamentaciones preliminares de Corea para la aplicación del Protocolo de Bioseguridad y que impugnara las leyes de etiquetado de transgénicos de Corea por su incompatibilidad con el Acuerdo de la OMC sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias.[23] BIO presentó demandas similares en las conversaciones de los Estados Unidos sobre un TLC con Malasia. La Cámara de Comercio y AMCHAM Malasia (la Cámara de Comercio Malasio Americana) presentaron objetivos más detallados referidos a política de bioseguridad, que reclamaban a los negociadores estadounidenses asegurar que Malasia se comprometiera a aceptar el “reconocimiento mutuo” de los organismos transgénicos aprobados en otros países o en organizaciones internacionales de ensayos.
Citando las preocupaciones por las posiciones adoptadas por el Ministerio del Ambiente de Malasia, los círculos comerciales de los Estados Unidos presionan a Washington para asegurarse que el TLC “aclarará las funciones y responsabilidades de la política biotecnológica en el gobierno de Malasia, logrará coherencia en las posiciones de Malasia sobre el comercio internacional de biotecnología, y confirmará a la Empresa de Biotecnología de Malasia como la agencia líder del gobierno para la política en materia de biotecnología”.[24]
BIO también insistió en aclarar la responsabilidad ministerial como condición necesaria para la aprobación por parte de los Estados Unidos del ingreso de China a la OMC. Describió el sistema de noticia previa de China como una “carga” y argumentó que “China necesita tener un proceso de aprobaciones basado en cada evento, en lugar de un proceso basado en los productos básicos, para crear un proceso de aprobación adecuado y basado en la ciencia”. En las negociaciones bilaterales sobre el ingreso de Rusia a la OMC, BIO pidió a los Estados Unidos que lograra el compromiso de Rusia para “aprobar varias aplicaciones pendientes para productos biotecnológicos agrícolas” y que eliminara la prohibición de la ciudad de Moscú del ingreso de productos transgénicos a las escuelas. Según BIO: “La experiencia pasada ha demostrado que el momento para resolver estos asuntos es antes de concluir las negociaciones”.[25]
Washington es todo oídos al grupo de presión de la industria de transgénicos en sus negociaciones de TLCs. En realidad, el Congreso exige al presidente de los Estados Unidos que consulte a los grupos empresariales como parte de su autoridad de negociación de “vía rápida”. Pero el cordón umbilical baja al nivel de firmas específicas. Como expresó David Spooner, del Departamento Comercial de los Estados Unidos, cuando visitó las oficinas de Monsanto en mayo de 2006, “Estamos en condiciones de defeder a empresas o industrias individuales ante otros gobiernos”.[26]
La ironía en el caso de BIO, sin embargo, es que si bien se supone que expresa los objetivos de negociación de los Estados Unidos para un determinado acuerdo bilateral de comercio, entre sus miembros figuran las empresas biotecnológicas de 33 países. Entre ellos están incluidos Malasia, Rusia y Corea, con los cuales Estados Unidos negocia actualmente acuerdos comerciales. De manera que cuando BIO hace presión ante el gobierno de los Estados Unidos sobre el TLC entre Estados Unidos y Malasia, ¿es su miembro de Malasia el que habla o tan solo las empresas estadounidenses? (Su miembro de Malasia es la empresa Malaysian Biotechnology Corporation, ¡la cual es de propiedad del gobierno de Malasia, quien la dirige!) Estos vínculos transversales, de hecho, convierten todo el proceso en algo absurdo.
De manera que, ¿qué sentido tiene todo esto? Los acuerdos bilaterales de comercio suelen tener un capítulo especial sobre asuntos vinculados con las medidas sanitarias y fitosanitarias. En los TLC de los Estados Unidos se espera que ambas partes profesen su lealtad con las disposiciones de la OMC sobre medidas sanitarias y fitosanitarias – el compromiso de no regular los transgénicos de no mediar una “base científica” sólida (que en opinión de Washington nunca puede existir). Pero un creciente número de TLCs llevan las cosas más lejos y establecen comités conjuntos sobre medidas sanitarias y fitosanitarias en que pueden plantearse preocupaciones en materia de bioseguridad y ser resueltas sobre bases bilaterales institucionalizadas. Los comités generalmente no tienen poderes para solucionar controversias; eso se deja a la OMC. Pero llevan a los halcones de la política comercial de los Estados Unidos y a las empresas estadounidenses directamente a los círculos de los países extranjeros donde se toman las decisiones en materia de medidas sanitarias y fitosanitarias, asegurando así que se tomen en cuenta las preocupaciones comerciales de los Estados Unidos para definir reglamentaciones en materia de seguridad nacional. Por ejemplo, permiten que la parte exportadora impugne los procedimientos de evaluación de riesgo de la parte importadora en función de sus propias “evidencias científicas”.[27] También encierran a los dos países en una cooperación en la cual se espera que las autoridades de las dos capitales se pongan de acuerdo para adoptar posiciones comunes en procesos internacionales que hacen al caso, como el CODEX Alimentarius, la OMC o el Protocolo de Bioseguridad.
Las empresas estadounidenses son bien conscientes de los beneficios que pueden traerles esos comités. La Federación del Departamento Agrícola de California solicitó específicamente al gobierno de los Estados Unidos que formara un Comité sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias como parte del TLC con Australia. Argumentó que, “si bien los reguladores técnicos y científicos serían, por supuesto, participantes activos, un comité político ayudaría a asegurar que las prioridades técnicas y políticas fueran compatibles”. El TLC tuvo un impacto inmediato en las reglamentaciones de Australia sobre medidas sanitarias y fitosanitarias para carne porcina. Luego de culminado el TLC, las autoridades australianas anunciaron una “resolución de cuestiones técnicas” muy controvertida que anteriormente había dejado a las importaciones de carne porcina proveniente de los Estados Unidos fuera del mercado en función de la preocupación por la transmisión de varias enfermedades porcinas importantes.[28] Australia es ahora uno de los principales destinos de la carne de cerdo de los Estados Unidos.
Como parte del TLC, “Australia está obligada a otorgar a los representantes de los Estados Unidos los mismos derechos que tienen los australianos para participar en la creación de las normas y reglamentaciones técnicas de Australia”, denuncian Patricia Ranald y Louise Southalan, de la Red de Comercio e Inversión Justos de Australia. “El TLC entre los Estados Unidos y Australia establece incluso que el gobierno australiano recomendará que los organismos no gubernamentales australianos deben permitir también que los representantes gubernamentales estadounidenses tengan los mismos derechos que los ciudadanos australianos para participar en los procesos de las ONG australianas para establecer normas para Australia (Artículo 8.7).”[29]
Según Inti Montenegro de Wit, de la Asociación Quechua Aymara para la Naturaleza y el Desarrollo Sustentable (ANDES), el proceso del TLC entre los Estados Unidos y Perú contribuyó a dar forma a la reciente ley peruana sobre biotecnología. “Al sincronizar las medidas regulatorias sanitarias y fitosanitarias de Perú con las de los Estados Unidos”, el TLC ha abierto las puertas a la “desreglamentación” de organismos transgénicos en el Perú.[30]
Los comités sobre medidas sanitarias y fitosanitarias fueron establecidos dentro del marco de los TLC de los Estados Unidos con Marruecos, Chile, Perú y Colombia. El TLC entre Canadá y Costa Rica también tiene uno. El TLC entre Australia y Tailandia tiene un Acuerdo sobre medidas sanitarias y fitosanitarias y un Grupo de Expertos sobre Normas Alimenticias con la posibilidad agregada de enviar los asuntos no resueltos a una Comisión Conjunta del TLC para que ésta lo resuelva.
Las medidas sanitarias y fitosanitarias también están cada vez más presentes en la agenda comercial bilateral de la Unión Europea, aún cuando la Unión Europea es conocida por su cautela ante los alimentos transgénicos. El TLC de 1995 entre la Unión Europea y México estableció un Comité Especial sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias, al igual que el TLC de 2002 entre la Unión Europea y Chile. La última versión del TLC de la Unión Europea con África oriental y del sur compromete a las partes a “realizar esfuerzos para armonizar sus normas” con arreglo al Acuerdo MSF de la OMC y “crear un mecanismo conjunto de coordinación, consulta e intercambio de información en lo que respecta a la notificación y aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias, entre ellas la creación de un Subcomité de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias entre África oriental y del sur y la Unión Europea, que será responsable de evaluar, priorizar y garantizar que los programas resultantes de este Acuerdo se apliquen efectivamente”. De manera similar, el proyecto de TLC de la Unión Europea con los países del Pacífico dedica todo un artículo a la creación de capacidad en materia de bioseguridad para “asegurar que la legislación y las prácticas de bioseguridad de las Partes del Pacífico sean compatibles con el [Acuerdo de la OMC sobre Medidas Sanitarias y Fitosanitarias]”.
Es claro que el grupo de presión de la industria transgénica nunca pondría todos los huevos en la misma canasta. Las empresas, al igual que los gobiernos, no se juegan a una sola carta para lograr lo que desean. De manera que lo hacen a través de sus esfuerzos por mantener las mínimas reglamentaciones posibles sobre el comercio mundial de semillas y de alimentación humana y animal transgénicas. El Acuerdo MSF de la OMC ofrece una línea política básica de no intervención con la cual los Estados Unidos en especial, pero también la Unión Europea, Canadá y otros países que son activos en el frente de los TLC bilaterales, están claramente comprometidos. El Protocolo de Bioseguridad, que permite normas más intervencionistas, es un problema para la industria biotecnológica de manera que, como hemos visto, ha sido hábilmente debilitado por nuevas disposiciones que permiten a las partes ignorarlo en la medida que hayan firmado un acuerdo bilateral sobre el mismo asunto.
Esto no significa que toda la política en materia de bioseguridad se trasladará ahora a los tratados bilaterales. Las empresas y los gobiernos exportadores de organismos transgénicos siempre utilizarán simultáneamente todas las herramientas y foros que puedan. Pero en la medida en que no ocurre nada en la OMC y se resta independencia al protocolo de la Convención sobre la Diversidad Biológica, es obvio que los tratados bilaterales de comercio se convertirán en espacios mucho más importantes para que los países industrializados mantengan las reglamentaciones sobre bioseguridad de los países en desarrollo en el mínimo posible. Esto resulta claro hasta ahora dentro de los TLC entre Norte y Sur. Cómo resultará en el creciente número de TLCs entre países del Sur, incluso de instrumentos de integración regional, es otro asunto.
El ingreso de alimentos y agricultura transgénicas ha sido una preocupación fundamental entre los movimientos populares que intentan que sus países no firmen TLCs, ya se trate de Tailandia, Corea, Ecuador, Costa Rica, Honduras o África del sur. En los casos en que se han firmado, los TLC con los Estados Unidos en particular funcionan como caballos de Troya no solamente para imponer patentes sobre la vida sino también para pasar por encima de las normas nacionales sobre el ensayo, la liberación en el campo y el etiquetado de los cultivos y alimentos transgénicos. Pueden así socavar rápidamente los logros que los movimientos populares han alcanzado forzando a sus gobiernos a no aceptar los cultivos y alimentos transgénicos. El Procolo de Bioseguridad anda bastante a la deriva en la marea creciente de tratados bilaterales, y es claro que hay que trabajar mucho más para apoyar a los movimientos sociales en sus amplias luchas contra los TLC.
[ 1] Bill Vorley, “Food Inc.: Corporate concentration from farm to consumer”, UK Food Group, octubre de 2003: http://www.ukfg.org.uk/ukfg-resources.php
[2] Departamento de Agricultura de los Estados Unidos – Servicio de Investigación Económica, “Agriculture baseline projections: Global agricultural trade, 2006–15”: http://www.ers.usda.gov/Briefing/Baseline/trade.htm
[3] Por una discusión más en detalle, ver Aziz Choudry, “Bilateral Free Trade and Investment Agreements and the US Corporate Biotech Agenda,” PAN AP y PCFS, febrero de 2006, pág.2: http://www.bilaterals.org/IMG/pdf/PANAP_PCFS.pdf
[4] Witoon Lianchamroon, “As the TNCs Catch You: An Analysis of the liberalization of biotechnological products in the Thai-US FTA,” 11 de julio de 2005: http://tinyurl.com/ym9jvu
[5] Para ampliar ver International Grain Trade Coalition (IGTC) http://www.gmwatch.org/profile1.asp?PrId=333&page=I
[6] “News about Testing, Segregation and Identity Preservation from the mouths of seed companies, grain traders and others”, compilado por la Red del Tercer Mundo, con la ayuda de Greenpeace y Ecoropa. Distribuido en la 3ª Reunión de las Partes, Curitiba, marzo de 2005 http://www.genet-info.org
[7] Dennis, Stephens. Consejo Canadiense de Granos, The Biosafety Protocol: Documentation and International Trade Cartagena Protocol on Biosafety: From Negotiation to Implementation Historical and New Perspectives as the World marks the Entry-into-force of the Protocol CBD, News Special Edition (sin fecha) pero antes de la Conferencia de las Partes – 1ª Reunión de las Partes, 23-27 de febrero de 2004, celebrada en Kuala Lumpur, Malaysia.
[8] “North American Free Trade Agreement Commission for Environment Cooperation (NAFTA CEC) recommendations versus the US–Canada–Mexico trilateral agreements: implication for the implementation of Article 18 of the Biosafety Protocol”, Greenpeace http://www.greenpeace.org
[9] Ver por ejemplo, IGTC, “Notice to Trade: Documentation Requirments for Shipments of LMOs for Food, Feed, and Processing effective September 2003,” http://www.naega.org/images/Trade1.pdf Ver también la crítica de Greenpeace al tratado trilateral entre Estados Unidos, Canadá y México en “United States’ assault on multilateralism continues: The Case of Model Agreements Pushed by Miami + Group”, http://www.greenpeace.org/. El texto completo del acuerdo sobre bioseguridad del TLCAN está disponible en http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=5290
[11] Por un análisis exhaustivo del acuerdo, ver Lim Li Lin y Lim Li Ching, “Analysis of the MOP 3 Article 18.2(a) Decision, Third World Network, South–North Development (SUNS)”, número 5992, marzo de 2006 y Cartagena Protocol on Biosafety-3 rd Meeting of the Parties (MOP-3) T&E Info Exchange http://tinyurl.com/yjdpk2
[13] Otra vía bilateral importante a través de la cual el grupo de presión de la industria transgénica inserta su agenda es a través de la ayuda internacional. Ver GRAIN, “USAID: Making the world safe for GM crops,” abril de 2005. Documento: http://www.grain.org/briefings/?id=191
[14] Decisiones adoptadas en la 66ª Reunión del Comité de Aprobación de Ingeniería Genética realizado el 2 de mayo de 2006.
[15] El Suplemento de Política de Comercio Exterior 2006 está disponible en: http://tinyurl.com/yjwuge; las Normas sobre Organismos Modificados Genéticamente de 1989 está disponible en: http://www.envfor.nic.in/legis/hsm/hsm3.html
[16] Rajesh Agrawal, presidente de la Asociación de Procesadores de Soja de la India, dijo a Reuters que se esperaba que las exportaciones se duplicaran a 3,7 millones de toneladas a finales del año que culminaba en setiembre de 2006, fomentadas por los mercados no transgénicos de otros países asiáticos (Hari Ramachandran, “Indian soymeal exports jump on strong demand,” 19 de junio de 2006: http://tinyurl.com/yfboch
[17] ICTSD, “Indian gov’t tries to clarify GM import rules, backtracks,” http://www.ictsd.org/biores/06-05-19/inbrief.htm ; “India to ease controls on gene-modified oils,” Reuters, 26 de mayo de 2006: http://in.news.yahoo.com/060525/137/64jna.html; Ministerio de Ambiente y Bosques, India, “GEAC approves proposals,” 25 de mayo de 2006: http://pib.nic.in/release/release.asp?relid=18042; “India suspends rule on GM imports until end-March,” Reuters, 21 de julio de 2006; “GM soyoil imports exempted from GEAC nod,” Financial Express, 25 de julio de 2006;
[18] http://www.fas.usda.gov/itp/ us-india_tpf/JointNotesFGA_May2006.pdf
[19] Organización Mundial de Comercio, Comité sobre Obstáculos Técnicos al Comercio, Actas de la Reunión del 7–9 de junio de 2006 (G/TBT/M/39, 31 de julio de 2006): http://www.unmz.cz/vpz/M_39.htm. Por información y análisis más exhaustivos ver el Foro para la Biotecnología y la Seguridad Alimentaria (Forum for Biotechnology & Food Security), Nueva Delhi, “GM ALERT: US Using WTO to Push GM Food into India”, disponible en http://www.indiagminfo.org/
[20] Embajador Karan Bhatia, Representante Interino de Comercio de los Estados Unidos, Conferencia sobre el Foro de Política Comercial entre Estados Unidos e India, Washington, DC, 19 de junio de 2006: http://tinyurl.com/yabn3x
[21] Carta de Gary Martin, Directivo de la Asociación Exportadora de Granos de América del Norte, a Gloria Blue, Secretaria Ejecutiva de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos, 15 de setiembre de 2004.
[22] Ver también Aziz Choudry, “Bilateral Free Trade and Investment Agreements and the US Corporate Biotech Agenda,” PAN AP y PCFS, febrero de 2006: http://www.bilaterals.org/IMG/pdf/PANAP_PCFS.pdf
[23] Carta de BIO al Representante Comercial de los Estados Unidos acerca del TLC entre Estados Unidos y Corea, 24 de marzo de 2006: http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=5064
[24] Carta de BIO al Representante Comercial de los Estados Unidos, 12 de mayo de 2006: http://www.bilaterals.org/IMG/pdf/20060512.pdf; AMCHAM Malaysia/ presentación pública de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos para el acuerdo de libre comercio propuesto entre Estados Unidos y Malasia, 19 de mayo de 2006: http://tinyurl.com/ygxkhq
[25] Carta de James Greenwood, Director Ejecutivo de BIO, al Comité de Finanzas del Senado y el Comité sobre Formas y Medios relativo a las negociaciones con la Federación Rusa sobre su ingreso a la OMC, 9 de junio de 2006.
[26]http://www.agribusinesscenter.org/headlines.cfm?id=1012 Énfasis agregado.
[27] Ver, por ejemplo, el mandato del Comité de Medidas Sanitarias y Fitosanitarias en el marco del TLC entre Estados Unidos y Colombia: http://tinyurl.com/yzm55t
[29] Patricia Ranald y Louise Southalan, “Ten Devils in the Detail”: http://evatt.labor.net.au/publications/papers/123.html
[30] Inti Montenegro De Wit, “ FTA means deeper poverty in Peru: GMO’s arrive, democracy doesn’t,” 27 de agosto de 2006: http://www.bilaterals.org/article.php3?id_article=5553

References: artículo 18
 Artículo 24
 Artículo 24
 Artículo 18
 Artículo 18
 Artículo 18