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Derecho consuetudinario y Transición Democrática en Guatemala
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Sandra Morales Araya
1 Derecho consuetudinario y Transición Democrática en Guatemala Rachel Sieder* Publicado como Cuaderno de Debate, FLACSO-Guatemala (diciembre de 1996) * Rachel Sieder es catedrática de ciencias políticas en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres e investigadora asociada de FLACSO, Guatemala. Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS) School of Advanced Study University of London 31 Tavistock Square London WC1H 9HA Tel: (00 44) Fax: (00 44) FLACSO - Facultad Latinomericana de Ciencias Sociales 5a. Avenida 6-23 zona 9 Guatemala Telefax: (00 502)
2 Indice Introducción 1. El derecho y la reconstrucción del Estado en la transición actual Las demandas mayas y la transición guatemalteca 2. El derecho consuetudinario: definiciones 3. El derecho consuetudinario y el pluralismo legal: el desarrollo de la literatura existente Orígenes coloniales El pluralismo legal Derecho vrs. orden 4. Perspectivas para el análisis del derecho: entendiendo el derecho consuetudinario Comunidad y cultura 5. El derecho y la violencia: contrainsurgencia y cambio legal 6. El derecho consuetudinario en Alta Verapaz Antecedentes históricos Area de investigación Sistemas de autoridad comunitaria Procesos de resolución y sanción El derecho consuetudinario y la cosmovisión El "uso estratégico del derecho" 7. El derecho consuetudinario y la reforma legal Conclusiones Bibliografía
3 Derecho consuetudinario y Transición Democrática en Guatemala. 1 Introducción Este estudio trata sobre un aspecto de transformación legal en la transición democrática en Guatemala: el derecho consuetudinario, el cual -según el Acuerdo de Identidad y Derechos Indígenas firmado por el gobierno y la URNG (Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca) en marzo de 1995 como parte del proceso de paz- será incorporado por medio de reformas legales en el diseño del Estado guatemalteco. Aquí se enfatiza la importancia del derecho consuetudinario para la transición democrática en Guatemala y se intentan desarrollar perspectivas críticas para su estudio y análisis. También presenta resultados iniciales de una investigación que aplica dicha perspectiva para el caso de Alta Verapaz. El presente trabajo no pretende ser definitivo ni exhaustivo; su objetivo es el de fomentar el debate acerca del tema del derecho consuetudinario y estimular la elaboración de estudios similares. El cuaderno está organizado en las siguientes secciones: la primera aborda la transición democrática y el papel del derecho en este proceso. Las segunda y tercera partes abordan una definición del derecho consuetudinario, una discusión de su naturaleza y una reseña del desarrollo de la literatura acerca del mismo y del pluralismo legal. La cuarta sección se refiere a cómo se debe conceptualizar al derecho y al derecho consuetudinario para los propósitos de investigación. Aquí se argumenta a favor de una perspectiva crítica e histórica para el análisis del derecho consuetudinario, la comunidad indígena y la cultura. La quinta sección trata sobre cómo tal agenda de investigación podría ser desarrollada y aplicada en Guatemala. La sexta sección presenta algunos de los resultados preliminares de una investigación sobre el derecho consuetudinario en el departamento de Alta Verapaz. Por último, se señalan algunos de los desafíos inherentes a los esfuerzos de incorporar aspectos del derecho consuetudinario al sistema legal nacional. 1 Rachel Sieder es catedrática en ciencias políticas en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Londres. Este ensayo forma parte de un proyecto sobre la construcció del Estado de derecho en América Central, apoyado por el Consejo Británico de Investigación Social y Económica (ESRC). Todas las citas de textos en inglés son traducciones libres y de responsabilidad exclusiva de la autora. i
4 1. El derecho y la reconstrucción del Estado en la transición actual.- Si en términos ideales se entiende al Estado de derecho en una democracia como un sistema de derechos y obligaciones que es aplicado en forma universal a todos los ciudadanos, entonces la democratización de un gobierno en período de transición a partir de un régimen autoritario necesariamente pasa por la extensión de los derechos y obligaciones a todos dentro de la comunidad política. A finales del siglo veinte, la universalización del sistema de democracia liberal constitucional -y por lo tanto de los esfuerzos para construir el Estado de derecho- se ha convertido en un fenómeno global. Sin embargo, se debe enfatizar que en la práctica el Estado de derecho no es algo neutral. Desde tiempos de la Iluminación, distintos órdenes legales dentro del marco de la democracia liberal en todo el mundo han sido desarrollados para proteger distintos intereses. Debe remarcarse, entonces, que la construcción del Estado de derecho en cualquier sociedad es un proceso contestatario en términos ideológicos. Y es en esta fase de transición democrática, o de reestructuración política, en que actualmente se hacen los cuestionamientos sobre cuáles derechos serán otorgados a quiénes, y cuáles obligaciones serán reforzadas sobre quiénes. Debe enfatizarse también que al mismo tiempo que se ha visto una tendencia hacia la globalización de las estructuras socio-económicas y políticas en el mundo, ésta ha sido acompañada por una revaloración y florecimiento del pluralismo y localismo. Estos dos elementos están en el centro de la actual transición democrática en Guatemala. Pese a la existencia desde la Independencia de órdenes liberales constitucionales, Centroamérica se ha caracterizado por desigualdades socioeconómicas agudas y por formas excluyentes y autoritarias de gobierno. Aunque actualmente los gobiernos electos son la norma en la región, en términos históricos las elecciones raras veces han tenido correspondencia con la democracia. Antes de los años noventa, los gobernantes militares tendían a apoyarse en el fraude electoral, los partidos oficiales y los mecanismos semiconstitucionales para legitimar su ejercicio de poder. A la vez, las débiles élites civiles se apoyaban en los militares (y en los régimenes de los EEUU) para mantenerse en sus puestos. Las elecciones eran esencialmente para legitimar a aquéllos que ya estaban en el poder, y no para escoger un gobierno por mandato popular. Avances en los años recientes señalan que las elecciones ahora 1
5 representan contiendas más genuinas por el poder -o sea, son luchas políticas en las cuales los resultados son inciertos y no predeterminados- y en ellas participa un espectro más amplio de la opinión política. Sin embargo, aunque se han hecho avances en términos de las instituciones electorales y en la práctica electoral misma, la rendición de cuentas [accountability] y el Estado de derecho siguen siendo débiles. En América Central -y en Guatemala en particular- la brecha entre "el hecho y el derecho" -o sea entre el orden legal teórico y la práctica- ha sido particularmente marcada. En términos generales, las personas con poco poder político o socioeconómico han ejercido poco sus derechos y han estado sujetas a obligaciones múltiples, mientras una poderosa élite militar y civil ha actuado con impunidad, operando de hecho por "encima de la ley". El fenómeno de la impunidad ha tenido, entonces, un impacto profundo sobre las percepciones que del orden político-legal tiene la ciudadanía y es un eje central que afecta las actuales perspectivas para la transición democrática. 2 En la medida en que garantías fundamentales, como lo es el derecho a la vida, no sean protegidas, ni tampoco sean reforzadas obligaciones tales como la sanción al crimen, el Estado de derecho -y la misma noción de ciudadanía, tan central para la democracia- seguirán siendo poco menos que una ficción jurídica para la mayoría de los ciudadanos guatemaltecos. Por lo tanto, la subordinación de los militares al poder civil electo, y la construcción de mecanismos eficaces que garanticen la rendición de cuentas [accountability] junto con el "imperio de la ley" son elementos esenciales para el éxito de la actual transición democrática en la región. El desarrollo de las instituciones, prácticas y valores democráticos varía de país en país. En Guatemala, la reforma legal en la transición actual es un fenómeno complejo y multidimensional. Además de dirigirse a las deficiencias del sistema judicial existente y al problema de la impunidad, la construcción del Estado de derecho necesariamente trae consigo una dimensión cultural. 3 Los órdenes legales en todo el 2 Ver Rachel Sieder (1995). 3 Sobre las deficiencias del sistema legal existente y el problema de la impunidad ver: MINUGUA ( ); Fundación Myrna Mack (1994); Rachel Sieder y Patrick Costello (1996). 2
6 mundo son vehículos para la creación, afirmación y cuestionamiento de la identidad nacional. Tal vez el desafío principal de la transición política en Guatemala sea el de transformar la identidad de la nación a través del cambio de un sistema de gobierno excluyente a un sistema incluyente. Esto implica, entre otras cosas, el cambiar con siglos de discriminación y marginalidad para la mayoría maya y sentar las bases para la construcción de un Estado verdaderamente pluricultural y multiétnico. Semejante proceso de democratización necesariamente excluye estrategias de asimilación e integración de los mayas en base a criterios de los grupos dominantes tradicionales e implica, además, la construcción de instituciones que descentralicen el poder y posibiliten la coexistencia de diferentes grupos en términos igualitarios, mientras mantienen sus identidades étnicas distintivas. 4 Un eje central para el diseño de políticas en el período actual, entonces, sería el ver cómo las formas y métodos de administración pública -incluyendo el sistema legal- se hacen más multiculturales, participativas y pluralistas. El consenso, la representación y la participación activa de la mayoría maya es esencial para garantizar el desarrollo exitoso de la democracia en toda Guatemala. Esto implicará un proceso profundo de reforma nacional, lo cual indudablemente afectará tanto a los indígenas como a los no-indígenas. En un ensayo reciente, Héctor Díaz-Polanco sostiene que las demandas indígenas para una mayor autonomía en América Latina pocas veces son concebidas como parte de una plataforma más amplia para la reforma nacional (1995: 232). Sin embargo, en Guatemala las organizaciones mayas están proponiendo no solamente una mayor autonomía para las comunidades indígenas rurales, sino que una solución integral para toda la sociedad guatemalteca; un nuevo pluralismo democrático basado en el reconocimiento del pueblo maya y de sus derechos. Tal como ha observado Raquel Yrigoyen para casos comparativos; "No se trata sólo de la reivindicación del derecho 4 Muchos países en el mundo, en sus esfuerzos para democratizarse, han tenido que reconocer la existencia de diversos grupos culturales y étnicos dentro de sus fronteras; por ejemplo, la pluralidad lingüística fue explícitamente reconocida en la Constitución Española de Muchos de los debates actuales en los centros democráticos establecidos se enfocan en las reformas políticas apropiadas para extender más derechos a los grupos étnicos, lingüísticos o territoriales que exigen mayor autonomía del gobierno central: por ejemplo, Quebec y Canadá; Euzkadi y España; Escocia y el Reino Unido. 3
7 de ciertas `minorías' a una cuota de poder, sino el derecho de la sociedad en su conjunto a la diversidad, y que tal sea reconocida, protegida y se refleje en una estructuración democrática del Estado, el derecho y la justicia." (1995: 18) Evidentemente, en países donde hay menos presencia indígena, es más fácil extenderles una serie de derechos, pues son escasos y viven relativamente aislados del resto de la población. Esta situación es muy distinta en Guatemala, donde la extensión de derechos a la población maya mayoritaria implica un cambio en el balance de poder existente y en la naturaleza de toda la sociedad. Las demandas mayas y la transición guatemalteca En los últimos años, un movimiento maya activo y diverso se ha convertido en una fuerza significativa para la reforma política nacional en Guatemala, el que propone una transformación del Estado guatemalteco, cuya naturaleza tradicional ha sido excluyente y fundamentalmente antidemocrática. 5 En las secuelas de las campañas contrainsurgentes de principios de los años ochenta -cuyo efecto destructivo principal recayó sobre las comunidades rurales indígenas- la organización maya ha crecido en términos de fuerza y unidad. La campaña continental de "500 años de resistencia" en protesta en contra de las celebraciones oficiales del quinto centenario del "descubrimiento" de las Américas en 1992, y el otorgamiento del Premio Nobel de la Paz en el mismo año a una mujer indígena guatemalteca, Rigoberta Menchú, focalizó la atención nacional sobre el tema de los derechos indígenas. Subsecuentemente, la organización popular en repudio del intento de "auto-golpe" por parte del Presidente Jorge Serrano en mayo de 1993 otorgó una presencia mayor a las organizaciones mayas en la esfera política nacional: en junio de 1993 se formó la Asamblea del Pueblo Maya (APM) para garantizar y promover la participación maya en las discusiones políticas dirigidas a asegurar la transición a la democracia. La presencia de varios mayas en el gobierno de Ramiro de León Carpio ( ), como lo fue el ministro de Educación Alfredo Tay Coyoy (el primer indígena en ocupar un puesto de gabinete tan alto) también tuvo el efecto de adelantar demandas indígenas dentro del Estado, particularmente en el área de la educación bilingüe. Las 5 Gran parte de esta sección está basado en Santiago Bastos y Manuela Camus (1995), la mejor fuente publicada hasta la fecha sobre el movimiento maya en Guatemala. 4
8 instituciones oficiales de derechos humanos también han empezado a responder a las demandas indígenas. 6 Sin embargo, fueron tal vez las demandas de la sociedad civil a ser incluida en las pláticas de paz entre el gobierno de Guatemala y la URNG que proveyó los medios para articular las demandas mayas para más derechos y autonomía política al proceso nacional más amplio de reforma política e institucional. Se formaron nuevos foros, el más importante de ellos siendo COPMAGUA (Coordinación de Organizaciones del Pueblo Maya de Guatemala), para elaborar una propuesta común dentro de su cuerpo consultivo, la Asamblea de Sociedad Civil (ASC), en relación con el acuerdo previsto sobre derechos indígenas (ver a continuación). 7 Sin embargo, ya para 1994 era evidente que las organizaciones mayas no solamente exigían participación en las negociaciones de paz, sino que en todos los acontecimientos políticos del país. Tal como señalan Santiago Bastos y Manuela Camus (1995), son varios los factores que han contribuido a este mayor protagonismo: en primer lugar, el retorno de más de 30,000 refugiados indígenas de México desde La posición activa de las organizaciones de los refugiados dentro de la esfera política nacional y su lucha para lograr la ciudadanía plena ha sido un rasgo de la política guatemalteca desde el primer retorno al Ixcán en enero de La masacre de once campesinos indígenas, incluyendo a dos niños, por una patrulla militar en Xamán, Alta Verapaz en septiembre de 1995 ha involucrado a las organizaciones de refugiados y a la Nóbel, Rigoberta Menchú, en lo que se ha convertido en uno de los casos legales más controvertidos en el país, enfocado hacia 6 En 1994, la Procuraduría de los Derechos Humanos anunció la creación de un Programa de Atención a los Pueblos Indígenas. Este tuvo como objetivo promover, divulgar y proteger los derechos indígenas, basado en las provisiones contenidas en la Constitución de la República de 1985 y en los convenios legales internacionales a los cuales Guatemala está suscrita. A través del programa, la PDH espera establecer relaciones permanentes con representantes de las comunidades indígenas locales y las comunidades lingüísticas, así como con los organismos indígenas de derechos humanos y las ONGs. Para más detalles ver Willemsen (1996). 7 Bastos y Camus (1995: 27-30) identifican dos tipos de organizaciones indígenas en Guatemala: aquellas que ellos llaman "populares indígenas", que concentran sus esfuerzos en la denuncia de la violencia estatal; y aquellas que llaman "instituciones mayistas", que dan prioridad a las demandas culturales. Para más detalle sobre la evolución de una plataforma común entre estos grupos ver Ibid. 5
9 las demandas para reformar el sistema judicial. En segundo lugar, la negociación de los dos acuerdos finales en el proceso de paz - sobre la situación socioeconómica y la tierra, y sobre el papel del ejército en una sociedad democrática- ha situado a las demandas mayas en la primera plana de la agenda política nacional. La falta de tierra y la militarización siguen siendo los dos problemas principales que afectan a las comunidades indígenas rurales. Durante 1995 y 1996, organizaciones campesinas mayas como la CONIC (Coordinadora Nacional Indígena y Campesina) han estado activas en la recuperación de tierras en un intento por lograr avances en la cuestión agraria, mientras que varios organismos mayas de derechos humanos -como CONAVIGUA (la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala) y el CERJ (Consejo de Comunidades Etnicas "Runujel Junam")- junto con los representantes de refugiados y desplazados, han aumentado sus demandas para finalizar el reclutamiento forzado, la participación en las Patrullas de Autodefensa Civil (PACs), y el retiro de las bases militares de las áreas de retorno de refugiados. En tercer lugar, la presencia maya en la política electoral desde 1993 da un señal de esperanza de que la renovación política del sistema electoral finalmente está llegando. Una de las debilidades fundamentales del sistema político guatemalteco por muchos años ha sido su irrelevancia para la mayoría maya. Sin embargo, desde 1993, una mayor participación de varios comités cívicos independientes de los partidos políticos en las elecciones municipales, ha demostrado un desarrollo importante en ese sentido. 8 Antes de las elecciones nacionales de noviembre de 1995, Rigoberta Menchú dirigió una extensa campaña para promover el registro electoral en las comunidades indígenas, organizado a través de la ONG Fundación Vicente Menchú. En el mismo año, un nuevo partido de izquierda, el Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG) propuso a varios prominentes activistas mayas de derechos humanos como candidatos al Congreso, y al líder indígena Juan de León como candidato a Vicepresidente. El FDNG luego se convirtió en el tercer partido en el nuevo Congreso. El involucramiento maya en la política electoral todavía está en 8 Un número significativo de municipalidades están controladas actualmente por comités cívicos, y en 1995 un activista maya, Rigoberto Quemé, fue electo alcalde de la segunda ciudad de Guatemala, Quetzaltenango, por el comité cívico Xel-Jú. 6
10 las étapas iniciales. Sin embargo, el protagonismo de diputadas indígenas como Rosalina Tuyuc y Manuela Alvarado del FDNG, y Marina Otzoy del FRG (Frente Republicano Guatemalteco) es una señal alentadora. Por último, la aprobación del Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo (OIT) por el Congreso guatemalteco en marzo de 1996 dio un respaldo a las organizaciones mayas (aunque la aprobación del convenio fue sujeto a varios condicionamientos legales). 9 Sin embargo, tal vez una de las avances más importantes hasta la fecha fue la firma por el gobierno de Guatemala y la URNG el 31 de marzo de 1995 del Acuerdo sobre Derechos e Identidad de los Pueblos Indígenas, como parte del proceso de paz. En las sociedades étnicamente divididas, la descentralización eficaz del poder y la construcción de formas sólidas de gobierno local son esenciales para garantizar la estabilidad democrática (Diamond 1993: 105). Si la identidad del pueblo maya todavía tiene sus raíces en las comunidades rurales de Guatemala, las medidas dirigidas a estas comunidades que den más autonomía y participación local en la toma de decisiones serán esenciales para asegurar una mayor autodeterminación para los mayas. Este principio es reconocido dentro del Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblo Indígenas, en el que el Estado guatemalteco reconoce oficialmente, por primera vez, la existencia del pueblo maya. El acuerdo señala también la tradicional falta de reconocimiento de las normas consuetudinarias que rigen la vida de las comunidades indígenas, y compromete al gobierno a desarrollar los mecanismos legales que den un mayor reconocimiento al derecho consuetudinario, así como a las autoridades locales tradicionales en dichas comunidades, siempre y cuando esto no entre en conflicto con las normas nacionales e internacionales de derechos humanos. 10 El documento también incluye 9 El Convenio 169 de la OIT propone en términos amplios el reconocimiento de los derechos territoriales, económicos, culturales, sociales y políticos para los pueblos indígenas. También enfatiza que sus costumbres y formas consuetudinarias de ley sean tomadas en cuenta y reconocidas por los gobiernos nacionales, siempre y cuando los primeros no entren en conflicto con los derechos humanos fundamentales. 10 Sección IV, subsección B, párrafo 2 dice: "Teniendo en cuenta el compromiso constitucional del Estado de reconocer, respetar y promover estas formas de organización propias de las comunidades indígenas, se reconoce el papel que corresponde a las autoridades de las comunidades, constituidas de acuerdo a sus normas consuetudinarias, en el manejo de sus asuntos." Una reforma del Código 7
11 compromisos para que el gobierno incremente el acceso de las comunidades indígenas al sistema legal nacional, 11 y eleve el conocimiento dentro del mismo de la cultura indígena y sus normas legales. 12 En el contexto de la transición democrática en Guatemala, entonces, un análisis de la naturaleza y el contenido del derecho consuetudinario en las comunidades indígenas en las diferentes áreas del país se ha convertido en una prioridad política. 13 Es sobre este tema -el derecho Municipal para dar mayor autonomía local en los asuntos legales se señala en la "definición del estatus y capacidades jurídicas de las comunidades indígenas y de sus autoridades constituidas de acuerdo a las normas tradicionales;" y en la "definición de formas para el respeto del derecho consuetudinario y todo lo relacionado con el habitat en el ejercicio de las funciones municipales..." (párrafo 5: i- ii, COMG, 1995; 97-98). 11 La Sección III, A iv) compromete al gobierno a "informar a las comunidades indígenas en sus idiomas, de manera acorde a las tradiciones de los pueblos indígenas y por medios adecuados, sobre sus derechos, obligaciones y oportunidades en los distintos ámbitos de la vida nacional..." y v) "promover los programas de capacitación de jueces bilingües e intérpretes judiciales de y para idiomas indígenas" (COMG, 1995: 87-88). 12 Sección IV-E (Derecho Consuetudinario) dice lo siguiente: 1.- "La normatividad tradicional de los pueblos indígenas ha sido y sigue siendo un elemento esencial para la regulación social de la vida de las comunidades y, por consiguiente, para el mantenimiento de su cohesión. 2.- El gobierno reconoce que tanto el desconocimiento por parte de la legislación nacional de las normas consuetudinarias que regulan la vida comunitaria indígena como la falta de acceso que los indígenas tienen a los recursos del sistema jurídico nacional han dado lugar a negociación de derechos, discriminación y marginación. 3.- Para fortalecer la seguridad jurídica de las comunidades indígenas, el Gobierno se compromete a promover ante el organismo legislativo, con la participación de las organizaciones indígenas, el desarrollo de normas legales que reconozcan a las comunidades indígenas el manejo de sus asuntos internos de acuerdo con sus normas consuetudinarias, siempre que éstas no sean incompatibles con los derechos fundamentales definidos por el sistema jurídico nacional ni con los derechos humanos internacionalmente reconocidos. 4.- En aquellos casos donde se requiera la intervención de los tribunales, en particular en materia penal, las autoridades correspondientes deberán tener plenamente en cuenta las normas tradicionales que rigen en las comunidades. Para ello el Gobierno se compromete a: i) proponer, con la participación de representantes de las organizaciones indígenas, disposiciones legales para incluir el peritaje cultural y desarrollar mecanismos que otorguen atribuciones a las autoridades comunitarias para que señalen las costumbres que constituyen su normatividad interna." (COMG, 1995: ). 13 El gobierno también se compromete a promover el estudio de las normas y procesos legales consuetudinarios en todo el país, ver sección E, parrafo 6 ii) del Acuerdo (COMG, 1995: 102). 8
12 consuetudinario, su conceptualización y las perspectivas hacia su investigación en Guatemala- que se centra el enfoque del resto de este trabajo. 2. El derecho consuetudinario: definiciones Generalmente se entiende al derecho consuetudinario como las normas legales tradicionales no codificadas o escritas que son distintas al derecho positivo en cualquier país (Stavenhagen, 1990: 29). ASIES (1994: 47) define al derecho consuetudinario como "los conceptos, creencias y normas que en la cultura propia de una comunidad señalan o definan... Acciones perjudiciales o delictuosas; cómo y ante quién debe el perjudicado buscar satisfacción o reparación; las sanciones para estas acciones delictuosas o perjudiciales; cómo deben aplicarse estas sanciones y quién debe aplicarlas." Guisela Mayén (ASIES 1995: 7) incluye dos elementos adicionales en su definición del derecho consuetudinario: en primer lugar, señala que estas normas y prácticas deben ser ampliamente reconocidas como obligatorias por la comunidad en cuestión (que sean socialmente aceptadas, respetadas y cumplidas); y en segundo lugar, que deben haber sido practicadas por generaciones. En forma similar, Raquel Yrigoyen define al derecho consuetudinario en términos de su legitimidad -o sea, el grado que es aceptado como un mecanismo válido y culturalmente apropiado por el grupo en cuestión; y su eficacia en regular la acción social y resolver conflictos (1995: 26). Sin embargo, en el presente estudio se mantiene que mientras el reconocimiento social (legitimidad) constituye una necesidad en términos operativos para el buen funcionamiento del derecho consuetudinario, el hecho de que ciertas normas y prácticas no hayan sido evidentes por generaciones o, aún más, el hecho de que su eficacia sea limitada, no necesariamente las excluye de la esfera del "derecho consuetudinario". Un ejemplo pertinente aquí serían los nuevos órdenes y estructuras normativas desarrollados durante los años ochenta y noventa en las Comunidades de Población en Resistencia (CPRs), o en las comunidades de retornados. Estos no pueden ser concebidos como "tradicionales", pues no han sido practicados por generaciones. Sin embargo, en la medida en que son esfuerzos dirigidos a construir mecanismos de resolución de conflicto autónomos y culturalmente apropiados a nivel local, podrían entenderse como parte del "derecho 9
13 consuetudinario" en Guatemala. En muchos casos, en la práctica la "eficacia" del derecho consuetudinario es limitada por el mismo derecho estatal o por las secuelas de la violencia. La "legitimidad" también es algo que hay que comprobar empíricamente, y no asumirla como una característica inherente del derecho consuetudinario. Como se argumentara posteriormente en este trabajo, resulta problemático estimar el grado de "consenso comunitario" en una situación de postviolencia. Al derecho consuetudinario lo constituyen, entonces, las normas y prácticas legales distintas usadas por grupos indígenas subordinados en vez o en adición al derecho Estatal. Una pregunta abierta sería si el derecho consuetudinario puede ser descrito como un "sistema legal" o nó; evidentemente cada caso debe ser juzgado según la evidencia empírica. En el caso de Guatemala el derecho consuetudinario es probablemente mejor entendido como una serie de normas y prácticas que varían al interior y entre distintas comunidades del mismo origen etnolingüístico. 10
14 3. El derecho consuetudinario y el pluralismo legal: el desarrollo de la literatura existente.- Orígenes coloniales.- Desde que surgió el interés por estudiar los procesos y conceptos legales de los llamados "pueblos primitivos" durante el siglo pasado, se han utilizado varias metodologías y conceptos para analizar el derecho consuetudinario. En primer lugar, su análisis fue explícitamente ligado a la administración colonial. Tanto en Africa como en la India, los británicos utilizaron el derecho consuetudinario para administrar y explotar a sus sujetos coloniales con más eficiencia. Los poderes coloniales no tenían suficientes recursos humanos y financieros para administrar a un sistema político-administrativo completamente nuevo; en este contexto, el uso de las costumbres de las poblaciones indígenas se convirtió en un componente básico de la administración colonial. En la época postcolonial, se hicieron varios esfuerzos en Africa y Asia para codificar las reglas orales de distintos grupos étnicos. A menudo esto sucedió junto con los planes de codificación del sistema legal a nivel nacional en un esfuerzo por integrar a las nuevas naciones postcoloniales dentro de un marco legal unitario. Aunque tales esfuerzos recopilaron la pluralidad de expresiones y prácticas legales encontradas, implícitamente favorecieron al derecho estatal por encima del derecho consuetudinario. Estos estudios aplicados del derecho consuetudinario constituyeron los principios de la subdisciplina conocida como antropología legal. Las principales perspectivas metodológicas desarrolladas en las primeras décadas del presente siglo fueron el uso de estudios etnográficos de caso y el análisis de la resolución de conflicto. El método pionero de Llewellyn y Hoebel de analizar las historias de caso sobre disputas legales, desarrollado en los años 30, rápidamente se convirtió en un método general. La lógica esencial del método de estudios de caso se basaba en la creencia de que el precedente es más determinante para la naturaleza del derecho que las normas y códigos escritos (o expresados en términos orales). A través del estudio de las disputas legales en la práctica, los investigadores podían ver los principios y normas en acción dentro de un contexto social, político y cultural específico. 11
15 Las primeras monografías sobre el derecho consuetudinario fueron dominadas por el marco teórico estructural-funcionalista (Gluckmann 1955, Bohannan 1957), el cual hizo énfasis en el orden social y sobre la forma en que la estructura social contribuía a su mantenimiento. Se entendió al derecho consuetudinario, entonces, como un mecanismo homeostático empleado dentro de un grupo social determinado para manejar conflictos, y mantener la armonía y el orden. Esta era una perspectiva esencialmente conservadora que tendía a romantizar a las sociedades "tribales", las cuales fueron vistas como intrínsicamente armoniosas. Además, la mayoría de los autores tendían a apoyarse -explícitamente o implícitamente- en las concepciones occidentales del derecho. El estructuralismo funcionalista fue, en esencia, un análisis ahistórico. Tal y como señala Laura Nader (1990: xvii) los primeros autores "examinaron a las comunidades como microcosmos de actividad social intreconectada como que si fueran autónomas y desconectadas de las redes globales". El contexto histórico y estructural dentro del que operaba el derecho consuetudinario -como a menudo lo era el orden colonial- raras veces fue mencionado. El pluralismo legal.- La tendencia de entender al derecho consuetudinario como algo completamente distinto y separado del derecho estatal se reflejó en los primeros esbozos del fenómeno conocido como el pluralismo legal. John Griffiths (1986:1) describe al pluralismo legal como "la presencia en un campo social de más de un orden legal", mientras que Hooker (1975:2) lo concibe como la existencia de "sistemas múltiples de obligación legal... dentro de los límites del Estado". Sin embargo, cualquier noción de sistemas legales duales o plurales que implique una igualdad de sistemas es erróneo. Como señala Starr y Collier (1989: 9), "las ideas y procesos legales mantenido por grupos subordinados se encuentran restringidos de tal manera que no afecten los órdenes legales de los grupos dominantes." Es preferible entender el pluralismo legal como una relación de dominación y de resistencia: el derecho estatal a menudo (aunque no siempre) define los parámetros de lo que las comunidades locales pueden y no pueden definir como el "derecho y la práctica local". De hecho, ciertos aspectos del segundo son a menudo absorbidos y legitimados por el derecho estatal. Por ejemplo, como señala Flavio Rojas Lima (1995: 12-13), la alcaldía indígena en Guatemala era una institución político-legal desarrollada durante la época colonial 12
16 como un mecanismo que facilitara el control sobre los pueblos de indios para propósitos de recolección de tributos, obligar a proveer mano de obra, etc. Sin embargo, con el tiempo ésta también se convirtió en una forma relativamente eficiente mediante la cual las comunidades indígenas pudieron proteger sus propias prácticas e intereses. Hoy en día la existencia de alcaldes auxiliares en las comunidades indígenas de Guatemala constituye no sólo la manera en que estas comunidades mantienen un cierto grado de auto-administración, sino una parte esencial de los mecanismos administrativos del Estado nacional. Tales ejemplos demuestran que las comunidades indígenas rurales no son entidades "corporativas y cerradas"; por el contrario, su estructura y práctica han evolucionado como consecuencia de las relaciones socioeconómicas y políticas locales, nacionales e internacionales de poder. Esto también demuestra que la imposición por el Estado de estructuras legales nunca es algo completamente hegemónico; los modelos impuestos pueden establecer tipos de autoridad pero en la práctica no pueden controlar totalmente sus funciones. En la mayoría de los casos, éstas tienden a ajustarse a las prácticas preexistentes. Una obligación analítica central para cualquier estudioso del derecho consuetudinario es la de identificar cuándo y cómo los acontecimientos locales o de pequeña escala son más (o menos) influenciados por fuerzas hegemónicas mayores. 14 Tal perspectiva teórica ha sido desarrollada por Sally Falk Moore (1978), cuya concepción de órdenes legales plurales ha sido una de las más influyentes y duraderas en la literatura existente. Moore desarrolló el concepto del "campo social semiautónomo"; la idea de que un campo social pequeño, como una comunidad, "puede generar reglas, costumbres y símbolos internamente, pero también es vulnerable a las reglas, decisiones y otras fuerzas emanadas del mundo más grande que lo rodea" (1978: 55). El concepto de un campo social semiautónomo conduce a la noción de que no existe un monopolio estatal a priori sobre la producción de normas y prácticas legales; también de que los grupos subordinados pueden desarrollar mecanismos alternativos. Tal como señala Sally Merry (1988: 878), "el sistema legal 14 En la colección de ensayos editados por Stavenhagen e Iturralde (1990), casi todos los contribuyentes están de acuerdo en que el derecho consuetudinario es más consistente en las comunidades que han podido contraponer una larga tradición cultural a un prolongado estado de subordinación. 13
17 exterior penetra el campo social, pero no siempre lo domina; hay espacios para la resistencia y la autonomía." Si aceptamos este principio, entonces podremos reconocer que las leyes estatales no son simplemente transmitidas y absorbidas. Más bien hay que explicar las formas en que las normas legales nacionales son aplicadas a nivel local (y, en consecuencia, su grado de efectividad) en base a la estructura social más amplia que afecta a la comunidad local. Hoy en día las concepciones sobre el pluralismo legal son muy distintas a las de hace cincuenta años cuando el enfoque principal se centró en la relación entre el derecho indígena y el derecho estatal en las sociedades coloniales y postcoloniales. 15 Como ha notado Chris Fuller (1994: 10) el enfoque de Merry en la interacción entre el derecho estatal y el no-estatal, o más precisamente "la relación dialéctica, mutuamente constitutiva entre el derecho estatal y otros órdenes normativos" (Merry, 1988: 880), define de mejor manera a la preocupación actual de la investigación en relación al pluralismo legal. La forma en que el derecho estatal penetra y reestructura otros órdenes normativos, y la forma en que dichos órdenes resisten y se ajustan a esta penetración es el enfoque principal de la antropología legal actual. El nuevo pluralismo legal, entonces, está centrado en cuestiones de relaciones dialécticas y de resistencia. Derecho vs. orden.- Para finales de los años 60 y durante los 70, la antropología legal se inmiscuyó en un debate alrededor de si era o no era apropiado utilizar categorías occidentales de derecho para analizar los sistemas legales no occidentales, un debate que tuvo sus orígenes en las distintas posiciones adoptadas por los investigadores Paul Bohannan y Max Gluckman (Bohannan había sostenido que no era apropiado utilizar conceptos occidentales para analizar sociedades no occidentales, mientras Gluckman 15 Algunas de estas antiguas monografías están siendo utilizadas actualmente para nuevas interpretaciones, como el trabajo de Sally Falk Moore sobre los Chagga de Tanzania (1986), o el trabajo de Francis Synder sobre Senegal (1981b). Ambos demuestran la forma en que el `derecho consuetudinario' fue, en grado considerable, un producto histórico del colonialismo. La importancia de este tipo de trabajo es la manera en que se demuestra la naturaleza fabricada del llamado `derecho tradicional'. 14
18 mantuvo que tal perspectiva era permisible). Hasta cierto punto, las críticas hechas en ese tiempo todavía son relevantes para los investigadores de hoy. Simon Roberts (1979) criticó a la antropología legal por su perspectiva "centrada en el derecho" y argumentó que el derecho no es una categoría universal. El mantuvo que los investigadores limitaban excesivamente su enfoque cuando buscaban en sociedades no occidentales normas e instituciones legales que correspondían a modelos legales occidentales. En vez de eso, dijo, la investigación debería de descubrir cómo es que se mantiene el orden en cualquier sociedad. A menudo, los mecanismos utilizados - tales como las redes de parentesco o la brujería- tienen poca correspondencia con las nociones occidentales de "sistemas legales". Tal y como lo señaló Roberts (1979: 26), "aún donde se encuentran instituciones judiciales, éstas no siempre gozan de una preeminencia total en los asuntos sobre la resolución de disputas que nuestros juzgados reclaman y pueden ejercer. Las peleas -y otras formas de ayuda a sí mismos-, los llamados a agencias supranaturales, el uso de la vergüenza y el ridículo o el cese unilateral de formas esenciales de cooperación, pueden constituir de la misma forma maneras eficaces y aprobadas de lidiar con conflictos." 16 El punto a enfatizar aquí es que dentro de las comunidades indígenas el orden puede ser mantenido tanto por medios aparentemente "extra-legales" como por los "legales". El estudio del derecho consuetudinario necesariamente implica examinar las funciones y relaciones entre estas distintas esferas. La mayor parte de la investigación social posterior en el campo de la antropología legal dejó de lado lo que había sido reconocido como un enfoque excesivamente legalista sobre reglas y procedimientos contenidos en trabajos previos. Reconociendo que las reglas por sí solas pocas veces determinan los resultados, los antropólogos empezaron a analizar el fenómeno más amplio de "procesos de disputa" a través del tiempo, utilizando estudios de caso longitudinales (p.ej. Collier, 1973). Otros dejaron de enfocar sus estudios exclusivamente en situaciones de disputa, y se concentraron 16 Sierra remarca en un punto similar para el caso de México (1995b: 107): "En las comunidades y pueblos indios existen diferentes ámbitos y agentes de resolución de disputas que van desde el ámbito familiar al espacio religioso y de los sobrenatural, hasta el juzgado o ayuntamiento auxiliar. Todos estos ámbitos y agentes...intervienen en el mantenimiento del orden local, entrecruzándose mecanismos formales como informales de control, como son el chisme, la crítica, la brujería y el recordatorio de normas y deberes mutuos, pero también el recurso a la legalidad dominante." 15
19 en situar a los procesos legales en sociedades de escala pequeña dentro de su contexto más amplio. Entonces, varios factores se convirtieron en el centro de la investigación, como las redes entre individuos (situar las disputas en las relaciones entre personas); el papel influyente de los intermediarios políticos en las elecciones individuales; las diversas percepciones de los individuos, los significados culturales y las racionalizaciones de las acciones sociales; el impacto del derecho estatal; el papel de los factores económicos; y el contexto nacional e internacional. Las interpretaciones más materialistas ponían mayor énfasis en los factores económicos, la desigualdad social y las formas de dominación. La anterior separación entre "lo legal" y "lo político" fue ampliamente reconocido como inadecuado, y un enfoque basado en el poder, su estructura y uso se convirtió en el eje principal del análisis. Una perspectiva más crítica hacia las sociedades no occidentales surgió como parte de este proceso de reflexión. Tal y como señaló Laura Nader (1975), la idea de que todas las personas en sociedades no occidentales tiene acceso a foros públicos para resolver sus problemas no es más que puro romanticismo. Al mismo tiempo, mucha investigación en el campo de la antropología legal se dirigió hacia el estudio de los procesos legales en las sociedades capitalistas avanzadas (e.g. Nader 1980). Desde 1980, mucho material nuevo e importante ha sido publicado en el campo de la antropología legal -p.ej. Moore (1986), Merry (1988), Nader (1990) y la colección editada por Starr y Collier (1989)- el cual ha adoptado una perspectiva más holística e integrada al análisis del derecho y del cambio legal. Cualquier investigación sobre costumbre legal debe referirse al contexto histórico, social, político y económico más amplio -actualmente es ampliamente reconocido que no se puede analizar el derecho consuetudinario solamente en términos de la jurisprudencia y de los modos de resolución de disputas. Desde los años 80, el desarrollo de modelos etnohistóricos del derecho ha sido un rasgo importante en la literatura sobre el tema. Los investigadores tratan de ubicar los conflictos en su contexto histórico y estructural, utilizando una mezcla de análisis etnográfico, comparativo e histórico para entender los procesos de cambio legal. El derecho, entonces, se entiende como un producto histórico más que como una categoría universal. 17 Las formas en que las cambiantes relaciones de poder a través del tiempo 17 Francis Snyder (1981a), por ejemplo, ha argumentado convincentemente sobre la necesidad de darle más enfasis a la relatividad histórica de las formas legales. 16
20 afectan el comportamiento legal, los procesos y las instituciones legales son un enfoque central de la investigación actual. El papel de la agencia humana, tal y como han reconocido Starr y Collier (1989: 12) es algo fundamental: las reglas, procedimientos y conceptos legales sólo existen si son utilizados por las personas. Lo que debe hacer la investigación social, entonces, es trazar los procesos históricos que condicionan las acciones individuales a través de la definición de tanto sus intereses materiales como de sus entendimientos culturales. 4. Perspectivas para el análisis del derecho: entendiendo el derecho consuetudinario.- En el análisis del derecho consuetudinario, es importante reflexionar sobre diversos conceptos del derecho en general y sobre las formas en que varios enfoques distintos pueden contribuir a una perspectiva de investigación crítica e integrada. El derecho como poder.- La mayoría del los investigadores que han examinado los procesos legales muestran las formas en que el derecho y los órdenes legales responden a una estructura de poder, luego de identificar la lógica y las desigualdades estructuradas en los distintos sistemas. El punto principal por enfatizar aquí es que el derecho no es un evento natural, sino más bien "una cosa construida por la agencia humana que es ventajosa para algunos a costa de otros" (Starr y Collier, 1989: 3). En ese sentido, el derecho implica un sistema de normas y límites, de sanciones y controles. Es importante entender que el sistema legal no es únicamente un conjunto de estatutos y códigos, más bien es un proceso dinámico que refleja diferencias de poder y cambiantes relaciones políticas entre distintos grupos. Generalmente, los que tienen poder tienden a monopolizar el conocimiento legal y a manipular la ley para su propia ventaja. Daisy Dwyer (1992: 54) ha caracterizado este fenómeno como un modelo cognitivo del derecho al señalar que "La malinterpretación, el error, y la ignorancia acerca del derecho sustantivo a menudo constituyen los componentes principales del modelo cognitivo de `derecho' en el que diversas personas se manejan dentro de la esfera judicial y fuera de la misma". Cualquier enfoque crítico de investigación debe dejar de lado concepciones idealizadas de los órdenes legales y adoptar una perspectiva que conceptualice en primer lugar al derecho como un reflejo de las estructuras y dinámicas de poder. 17
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