Source: http://www.imf.org/es/News/Articles/2015/09/14/01/49/pr11246
Timestamp: 2018-08-16 08:22:29+00:00

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Comunicado de Prensa : Declaración de Agustín Carstens ante el Directorio Ejecutivo del FMI
Comunicado de prensa No. 11/246
El Sr. Agustín Carstens, candidato al cargo de Director Gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), formuló la siguiente declaración ante el Directorio Ejecutivo del FMI el 21 de junio de 2011:
Sesenta y cinco años después de su creación, el FMI sigue siendo una institución multilateral esencial e inigualable. La supervisión, la asistencia técnica y la definición de normas que ofrece el FMI han contribuido de manera valiosa al diseño y la gestión de políticas. El personal técnico del FMI, que constituye el mejor cuerpo técnico en su campo, ha brindado asesoramiento de política económica y orientación económica eficaces. A través de sus servicios de crédito únicos, el FMI ha desempeñado un papel central en la resolución de varias crisis. Su contribución al fortalecimiento de las instituciones en los países de bajo ingreso ha sentado las bases para la prosperidad y ha reducido la desigualdad.
En respuesta a la crisis económica actual, el FMI reforzó su papel proporcionando el apoyo financiero muy necesario y el asesoramiento de políticas a un gran número de países miembros. Logró este objetivo a través de una coordinación eficaz con el G-20 y el Consejo de Estabilidad Financiera (CEF); un aumento sustancial de sus recursos financieros y una reorganización de la red de protección financiera mundial constituida por instrumentos innovadores de resolución y prevención de crisis.
A pesar de estos logros, el FMI no es todo lo que podría ser. Concretamente, el desarrollo institucional del FMI ha quedado a la zaga de la evolución mundial. El próximo Director Gerente deberá abordar cuatro deficiencias fundamentales persistentes: la gestión de gobierno, la capacidad de llevar a cabo una supervisión adecuada (a nivel nacional y multilateral) y prevenir crisis; la capacidad para respaldar eficazmente la resolución de crisis, y por último, la aptitud para impulsar la coordinación de políticas a nivel mundial. Si no se resuelven estas cuestiones, el FMI podría correr el riesgo de reducir su relevancia y alienar a sus países miembros.
Primera deficiencia fundamental: Gestión de gobierno
Las principales “aportaciones” del FMI como institución son sus recomendaciones de política económica, derivadas de la supervisión y la asistencia técnica, y sus programas de crédito, vinculados normalmente a la condicionalidad en materia de políticas macroeconómicas. Otra manera de ver esta cuestión es que, a fin de cuentas, la principal misión del FMI es respaldar a los países miembros cuando necesitan tomar decisiones de política económica difíciles.
Dada esta forma de enmarcar la misión del FMI, su eficacia está intrínsecamente vinculada a su legitimidad. Para que estas recomendaciones de política económica sean escuchadas, aceptadas e implementadas, es vital que el FMI sea percibido como una institución imparcial y apolítica. Por imparcial quiero decir que predomina la equidad entre los países; que no existen sesgos regionales, y que la voz y la representación de los países son equilibradas. Además, si bien se reconoce que opera en un entorno político, el FMI no debe estar sujeto a limitaciones políticas.
Aunque en los últimos años se han logrado avances, las reformas en materia de gestión de gobierno han sido tímidas, y esto ha puesto en riesgo la eficacia del FMI.
Creo que deberíamos prestar especial atención a los tres ámbitos de la gestión de gobierno siguientes:
En primer lugar, abordar la subrepresentación de los países de mercados emergentes y en desarrollo. Esto incluye aumentar el número de representantes de estos países en el Directorio Ejecutivo y garantizar una participación adecuada y basada en méritos a todos los niveles del personal y de la gerencia. Los países de mercados emergentes han sido unos socios fiables en la última década. Una voz y una representación adecuadas garantizarán que su amplia experiencia en la formulación de políticas beneficie a la comunidad mundial.
En segundo lugar, la redistribución de las cuotas debe seguir avanzando en favor de los países de mercados emergentes y en desarrollo. La búsqueda de consenso es una parte esencial del proceso de toma de decisiones en el FMI, pero para que esta funcione, las condiciones iniciales deben ser justas para todos los países. Con esto me refiero a que el poder de voto debe tener debidamente en cuenta el peso económico relativo de cada país miembro. La fórmula utilizada para calcular las cuotas debe basarse en criterios objetivos; los ajustes automáticos y periódicos deben formar parte de este proceso, y debe abordarse la sobrerrepresentación regional.
Claro está que una mayor representación está unida a una mayor responsabilidad. Los países de mercados emergentes tendrán que compartir plenamente la responsabilidad de promover una prosperidad de amplia base en la economía mundial.
Un tercer aspecto de la gestión de gobierno que queda por resolver es la selección de la gerencia. Existe un consenso en el G-20 y el Comité Monetario y Financiero Internacional (CMFI) desde hace años (por lo menos desde 2005) en torno a la idea de que el proceso de selección del Director Gerente debe ser transparente, justo, basado en el mérito e independiente de la nacionalidad. Ya es hora de cumplir lo acordado.
En mi carrera, tanto académica como en el ámbito de la formulación de políticas, incluida mi participación directa en varios episodios de resolución de crisis, he adquirido las credenciales y los conocimientos necesarios para dirigir eficazmente esta institución. Mi experiencia como Director Ejecutivo, Subdirector Gerente y autoridad nacional me ha permitido adquirir un conocimiento profundo y completo del FMI. Tengo la capacidad de proporcionar la dirección intelectual necesaria para la institución. Basándome en mi experiencia, creo que para desempeñar las funciones de liderazgo de la manera más eficaz es necesario no solo tener una visión bien articulada, sino también establecer y fomentar relaciones respetuosas que sirvan de base para cultivar una colaboración constructiva y creativa.
Seré un Director Gerente dedicado al servicio de todos los países miembros, y consideraré que mi responsabilidad principal será salvaguardar la equidad y la naturaleza cooperativa de la institución, dado que estas condiciones son la base de su supervivencia y eficacia.
Segunda deficiencia fundamental: Prevención de crisis
El FMI fracasó rotundamente a la hora de anticipar la reciente crisis financiera. Esto obedeció a varios factores. Los insuficientes recursos destinados a la supervisión y unos conocimientos incompletos de las cuestiones relativas al sector financiero contribuyeron sin duda a esta situación. También se debió a la falta de equidad: la supervisión de las economías avanzadas fue relativamente limitada en comparación con la de otros países. Esto contribuyó a que los países avanzados estuvieran menos interesados en la supervisión ejercida por el FMI, lo que, a su vez, desalentó aún más al personal técnico a desafiar la opinión general. Al fin y al cabo, la supervisión no sirve para nada si las autoridades no la toman en serio.
Para reforzar la supervisión, creo que es necesario lo siguiente:
1. Orientación clara y activa de la gerencia.
2. Más personal técnico dedicado a la supervisión, incluido un mayor número de expertos financieros.
3. Una supervisión más intensa y profunda. El FMI debería cuestionar la opinión general y la de las autoridades.
4. El personal técnico y la gerencia deberían asumir más riesgos en sus evaluaciones; y el Directorio Ejecutivo debería estar abierto a esta evolución.
5. Oponerse al sesgo que afecta a los mercados emergentes: estas economías ya no son el “eslabón más débil”.
6. En cuestiones relacionadas con el sector financiero está claro que la regulación y la supervisión por parte de las autoridades (incluida la supervisión ejercida por el FMI) quedaron rezagadas con respecto a la innovación en los mercados financieros. Es preciso un reequilibrio, que incluya una asignación de recursos adecuados y una coordinación más eficaz con otras instituciones como el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el CEF y la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO).
Para encontrar el equilibrio adecuado, el FMI debe ser considerado por las autoridades como un asesor de confianza y socio, y al mismo tiempo no debe acabar convirtiéndose en rehén de los países miembros.
Tercera deficiencia fundamental: Resolución de crisis
Aun con una supervisión adecuada por parte del FMI, habrá países que experimentarán problemas. Si bien esto es inevitable, el FMI tiene la capacidad para reducir a un mínimo los costos derivados del ajuste consiguiente, y hacerlo es su responsabilidad. Los recursos financieros y los instrumentos crediticios del FMI, la habilidad de la institución para establecer alianzas con organismos regionales y el diseño de los programas son todos factores que han de estar a la altura de este cometido.
Es cierto que los recursos financieros de los que dispone el FMI para apoyar a los países miembros se incrementaron recientemente, pero aún se debe hacer más. El ajuste del tamaño de las cuotas es esencial. Los recursos derivados de las cuotas no se han mantenido a la par del ritmo de crecimiento mundial, del tamaño de los mercados financieros mundiales ni del grado de interconexión entre los países. Los instrumentos de crédito deben seguir desarrollándose. El éxito de la Línea de Crédito Flexible (LCF) demuestra que se debe incentivar el uso de servicios preventivos. Y la naturaleza heterogénea de los shocks justifica que se sigan adaptando los servicios para los países de bajo ingreso.
El papel de prestamista de última instancia no debe recaer exclusivamente en el FMI. La institución debe complementar su capacidad de préstamo con otras opciones, como acuerdos regionales y líneas de canje o swap entre bancos centrales (pero la institución no debe asumir la coordinación de estos acuerdos).
Diseñar adecuadamente un programa es tan crucial como disponer de los recursos necesarios para respaldarlo. A medida que la economía mundial se torna más compleja, los programas del FMI se enfrentarán cada vez más a circunstancias nuevas y más difíciles, y deberán lograr el equilibrio apropiado entre la disponibilidad y la magnitud del financiamiento del FMI, el ajuste de las políticas nacionales y el apoyo de otras partes interesadas.
El FMI debe asimismo considerar la incidencia que un país en crisis puede tener en la estabilidad del sistema internacional. Entre los factores críticos que deben tenerse en cuenta están la naturaleza de la crisis y la sostenibilidad de la deuda. Por regla general, si el problema se debe a fuertes restricciones de liquidez, el FMI debe otorgar préstamos, inclusive por sumas elevadas. En cambio, si la posición de la deuda es insostenible, los préstamos del FMI solo elevarían excesivamente la carga del país miembro, y postergarían la toma de otras decisiones más eficaces. En este sentido, los acuerdos de reestructuración preventiva pueden ayudar a los países a restablecer la sostenibilidad de la deuda y recuperar el apoyo del FMI.
Existen, sin duda, casos “ambiguos”. La concesión de préstamos suele basarse en juicios de valor, y eso lógicamente entraña riesgos considerables. La institución debe tener en cuenta los costos que implica no apoyar a un país miembro en crisis.
Cuarta deficiencia fundamental: Coordinación de las políticas
El FMI está en el centro de un sistema financiero internacional que se enfrenta a numerosos desafíos de considerable importancia, como la persistencia de los desequilibrios mundiales; las repercusiones de las decisiones de política de las principales economías; los flujos de capital a las economías de mercados emergentes; las medidas macroprudenciales, incluidas la acumulación de reservas y los controles de capital; las alzas de precios de las materias primas; las reformas del sector financiero; la sostenibilidad fiscal en las economías avanzadas; y la crisis en Europa y la transformación económica en Oriente Medio y Norte de África.
Estos problemas globales exigen soluciones globales. La coordinación de las políticas internacionales es esencial, pero es sumamente difícil de concretar. Sin embargo, el FMI se encuentra en una posición única para propiciar soluciones basadas en la cooperación. Dos vías por las que se debe avanzar son la coordinación estrecha con el G-20 y el CEF y la transformación del CMFI de un encuentro “cuasi-ceremonial” a una reunión de debate sustantivo de las políticas. La labor técnica que realiza el FMI debe ser la base de estas dos transformaciones. En el futuro será necesario integrar el proceso político del G-20 en la estructura de gobierno del FMI.
Permítanme subrayar que creo firmemente en que las instituciones financieras internacionales y los gobiernos nacionales se mostrarán más abiertos y dispuestos a cooperar con el FMI si se refuerza la legitimidad de la institución.
Sin un FMI eficaz, la economía mundial corre el riesgo de que las crisis focalizadas se propaguen, con todas las penurias que esto supone. El FMI es una institución única, capaz proporcionar la capacidad y credibilidad necesarias para evitar crisis y resolverlas si llegan a ocurrir. Para lograr este cometido, la institución necesita una estructura de gobierno legítima; una capacidad muy mejorada para la supervisión y para la prevención y resolución de crisis, y una coordinación más estrecha de las políticas.
En este momento crucial el FMI necesita un Director Gerente que pueda dar una orientación estratégica a la institución. Es vital que se emita con máxima claridad la señal de que, gracias a su liderazgo, el FMI no está a la zaga de los acontecimientos mundiales sino que se anticipa a ellos, para que así la institución pueda seguir destacándose en el servicio que presta a los países miembros.
Gracias por considerar mi candidatura.

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