Source: http://cuadernosfem.blogspot.fr/
Timestamp: 2017-08-20 15:17:36+00:00

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En octubre de 1997, hace veinte años, salió impreso el primer número de Cuadernos Feministas. En la presente edición se abordan temas con diferentes prácticas y saberes del movimiento feminista. Sara Lovera y Justa Montero debaten sobre el significado de la participación de las mujeres en la representación política, su complejidad y las resistencias que pretenden deslegitimarlas, así como la necesidad y el reto de resignificar la práctica política.
Sylvia Marcos destaca los aspectos centrales de la inédita propuesta de una mujer indígena como candidata a la presidencia impulsada por el Consejo Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
Francesa Gargallo aborda la producción literaria y artística de Rosina Conde a propósito del reconocimiento que le fue otorgado por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Para Julia Pérez Cervera, las normas y reglamentos limitan el ejercicio de nuestros derechos y propone “dejáramos de jugar con sus cartas porque están marcadas”. Meritxell Calderón Vargas, desde un contexto contrastante, el de la frontera con Estados Unidos señala la necesidad de un activismo con visión de libertad y justicia que desmitifique el derecho y el sistema jurídico actual.
Guadalupe Ramos, Circe López, Juliana Quintanilla y PalomaDuarte nos actualizan sobre la Alerta de Violencia de Género, en los estados de Jalisco, Michoacán y Morelos, señalando que las medidas tomadas no están funcionando, pues persiste la falta de voluntad política, la omisión e ineficacia institucional. Seguimos en una emergencia nacional y el entramado burocrático funciona más para legitimar la violencia que para erradicarla.
Andrea Medina Rosas destaca el incremento de las mujeres que están desaparecidas, es ya un foco rojo que no está suficientemente visibilizado en el país, abunda sobre la responsabilidad del Estado y sus obligaciones frente a las desapariciones de mujeres como desapariciones forzadas.
María Milagros Rivera Garretas, reflexiona en torno al papel de cada mujer para erradicar la violencia patriarcal, en la construcción de una subjetividad que remonte la tolerancia a la violencia masculina.
La Trata de mujeres con fines de esclavitud sexual y la prostitución son objeto de análisis en la colaboración de Verónica Caporal en el contexto del proceso para la elaboración de la Constitución en la Ciudad de México, debate la propuesta de reconocer y proteger el trabajo sexual voluntario y autónomo como actividad lícita. Tema polémico desde hace décadas en el movimiento feminista.
Una ola de conservadurismo está presente en el escenario internacional. En Estados Unidos se confirma con el arribo de Donald Trump a la presidencia, precedido de una campaña electoral de corte racista, misógina, xenófoba, que mostró la crisis y los límites de la democracia norteamericana. Rocío Duque destaca los diversos y complejos componentes políticos en esta campaña y los resultados contradictorios de las votación de las mujeres.
El 21 de enero las norteamericanas encabezaron la primera movilización masiva de protesta e inauguraron en Estados Unidos la resistencia contra Trump, de ello da cuenta Penélope Duggan al analizar las particularidades de esta histórica explosión de las mujeres.
Un nuevo movimiento internacional de mujeres se ha perfilado el pasado 8 de marzo con el llamado a la Huelga Internacional de Mujeres, de ello damos cuenta en el apartado 8M, integrado por diversos textos –algunos han sido publicados en otro medios. Aguinaga Barragán, Josefina Chávez, Nadia de Mond, Linda Martin Alcoff, Cinzia Arruza, Tithi Bhattacharya, Nancy Fraser,Keeanga-Yamahtta Taylor, Rasmea Yousef Odeh reflexionan sobre esta rebeldía y la configuración de un nuevo movimiento internacional de mujeres y un feminismo arraigado y entrelazado con los movimientos de resistencia al capitalismo y sus políticas devastadoras en todo el mundo. Muchos retos por delante, una potente energía y una esperanza recorre el mundo. Un reflejo de la Huelga Internacional de las Mujeres están presentes en las imágenes que ilustran este número tomadas de las redes sociales y de amigas solidarias, un homenaje a millones de mujeres que han dicho, ¡Basta!
En 2017, de los más de 2 mil 400 municipios en el país, 349 son encabezados por mujeres: 13.2%. En 2014 el porcentaje era de 7%. Hace algunos años los porcentajes de representación en el Congreso crecían de uno a 2 puntos cada 3 años y hubo un momento que se estancaron.
De todos modos el ritmo es lento.
¿Vale la pena llegar a los puestos de representación? Aunque nadie abre esta polémica, porque la pelea consiste en ir a tomar decisiones, dicen las mujeres desde el principio del feminismo durante la Revolución Francesa, según la Carta de la Ciudadanía de las Mujeres de 1792 de Olympe de Gouges (Montauban, Francia, 7 de mayo de 1748 - París, 3 de noviembre de 1793), el tema se centró en la discusión, la demanda y con frecuencia la estrategia para participar en el ejercicio del poder.
Más tarde, cuando la movilización internacional alrededor de las ideas socialistas –agosto de 1910 durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas–, se decidió poner fecha a un Día Internacional de la Mujer, todo indica que las discusiones no fueron solamente sobre los derechos de las obreras, llamadas a participar en la Revolución, sino que la conclusión general fue iniciar una jornada internacional para promover los derechos ciudadanos, votar y ser votadas.
Ya en Nueva Zelanda (1893) se había logrado votar, pero no fue hasta 1919 cuando se consiguió ser elegidas; y aunque en Australia el voto se consiguió en 1902, tenía restricciones que no desaparecieron hasta 1962. Los únicos dos países donde las mujeres habían logrado ser elegidas sin restricciones eran Finlandia (1906) y Noruega (1907), en el momento de la discusión de esa conferencia en Copenhague, Dinamarca. Así que el gran asunto era tomar la rienda de la cosa pública, si no estaban ahí no se resolvería ni la explotación en las fábricas, las restricciones para el libre tránsito, los derechos para que las mujeres fueran consideradas libres y adultas, sin casarse o estar hasta el matrimonio bajo la tutela de sus padres, etcétera.
La solución era generar una cruzada para lograr los derechos ciudadanos: votar, ser elegidas, participar en las decisiones de gobierno, tener derecho a organizarse y tomar las tribunas para avanzar. Ello que parece tan extraño, fue el motor de la organización mundial de las mujeres.
Sin embargo, la discusión es si las mujeres, sólo por ser mujeres, garantizan el desarrollo de una agenda feminista. El siguiente siglo, después de la Conferencia de Copenhague, la discusión se centró en la búsqueda de los derechos.
Durante todo el siglo XX las mujeres lentamente lograron en buena parte del mundo los derechos ciudadanos, el del trabajo, el divorcio, el libre tránsito y otros muchos, como el de la nacionalidad. No obstante, el problema de la opresión y la discriminación no fue resuelto con la participación política. Y esa demanda está hoy, en México, cuando la reforma del Artículo 41 Constitucional puso las bases para la paridad política y ha generado expectativas para que esa paridad sea demandada en otros espacios de la actividad humana y social: en la empresa, en la representación sindical, en los gobiernos y en la administración pública.
¿Cómo plantear el debate? Revisando a las teóricas, a las preocupadas, incluso a quienes hacen capacitación y formación de liderazgo, encontré algunas notas útiles.
Las especialistas académicas están discutiendo lo que se conoce como representación política descriptiva y representación política sustantiva. Esta diferencia en la ciencia política, en tiempo de pluralidad y rejuego político, surgió ante la molestia sobre las cuotas de representación, como sabemos, no sólo de las mujeres, sino de sectores étnicos o de clase, por estratificación etaria (de edades) y otras como las y los discapacitados.
Cuál es la diferencia conceptual entre representación descriptiva y sustantiva.1 Primero habría que decir que el crecimiento de la representación de las mujeres, especialmente en el Congreso de la Unión y luego en los congresos locales, tuvo un largo proceso a través de diversos mecanismos o cuotas de género para incrementar la participación y representación en los órganos legislativos. Las investigadoras en política señalan que la representación política de acuerdo con las ideas de Hanna Pitkin,2 puede ser entendida como la actividad de hacer presente las opiniones, preferencias, perspectivas y experiencias de la ciudadanía en el ámbito político y en el proceso de creación, implementación y evaluación de políticas públicas.
Según González Schont la representación política puede dividirse en representación descriptiva y sustantiva. La representación descriptiva es la que solicita cuotas por la similitud de quienes representas y quiénes serán representados. Mujeres por mujeres, indígenas por indígenas, jóvenes por jóvenes, etc. Es como si se tratara de un espejo de las características físicas y socio-económicas, de los intereses y preferencias de la misma sociedad que representa, sin importar las acciones que lleven a cabo para representarlos.
En cambio, la representación sustantiva se refiere a la congruencia entre las acciones de los representantes y los intereses de los representados. Aquí las características físicas, socio-económicas o los mismos intereses y preferencias de las diputadas no importan, lo que importa es si están actuando para favorecer los intereses de las mujeres. La distinción primordial entre la representación descriptiva y la representación sustantiva es que en la primera importa quién es la o el representante y en la segunda importa qué hace.3
Naturalmente que lo que sigue será preguntarse ¿qué tipo de representación es más importante?
Más allá de jerarquizar la respuesta. Las teóricas feministas han sostenido que una mayor representación descriptiva de las mujeres, los cuerpos de las mujeres en las curules y en los despachos de mando o los espacios de poder, pública y política aumenta la representación sustantiva de las mismas.
Fue lo que quisieron decir las activistas feministas de los años 70 en todo el mundo, o lo que hoy llaman la Tercera Ola del Feminismo, al considerar como nuestro eslogan “Lo personal es político”. Se trataba de considerar que lo privado tenía repercusiones políticas y sociales, con esa conclusión se pensó en empujar, luego de haber rechazado formar parte de cualquier aparato e inaugurado la práctica autónoma dentro del feminismo, se concluyó que una mayor presencia de las mujeres en los espacios públicos y políticos aumentaría la representación sustantiva de las mismas, es decir, el medio para lograr que nuestras demandas avanzaran. Así pusimos en la discusión abierta problemas que antes no eran considerados como públicos y que no necesitaban de una regulación por parte del gobierno, es decir, empezaron a visualizarse gracias a la participación de las mujeres en los espacios públicos y políticos.
La colocación teórica de lo personal es político en el fondo fue la manera de criticar que ciertos asuntos de la relación entre mujeres y hombres se consideraban sólo de la esfera privada, y no merecían ser debatidos en el ámbito político o de política pública. Hoy, a varias décadas de distancia, sabemos que el cuidado de los niños, la violencia de pareja dentro de la familia o en la calle, esa que se ejerce contra de las mujeres, los derechos reproductivos y sexuales, la prostitución, entre otros, son un asunto, no sólo público o político, sino un asunto de Estado que reclama respuestas, leyes, políticas públicas, acciones. Es la agenda feminista.
Poner por delante el concepto de lo personal es político surgió —ahora que está de moda mirar la ignorancia y la estupidez del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump—, durante el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, desde el movimiento negro, entre personas afroamericanas en 1960.
Muchas mujeres que participaron en este movimiento tomaron conciencia sobre cómo sus actividades, sus experiencias y su vida personal estaban moldeadas por una supuesta superioridad de los hombres blancos en diferentes ámbitos como lo privado, lo político, lo social, lo económico, entre otros. Sin embargo, en este movimiento, también las mujeres fueron relegadas a actividades consideradas tradicionalmente como propias de las mujeres: servir café, limpiar las oficinas y archivar documentos. ¿Por qué un movimiento que criticaba la opresión de los hombres blancos, que buscaba terminar con la segregación racial y que reclamaba que se reconocieran sus derechos civiles, utilizaba el mismo sistema de opresión contra las mujeres que participaban dentro de su movimiento?
Igual que un siglo antes, en 1965, Casey Hayden y Mary King escribieron un memorándum para exponer esta situación y abrir el diálogo con otras mujeres, específicamente con las mujeres afroamericanas, sobre el lugar de las mujeres en la sociedad y dentro del movimiento. Aunque el memorándum no obtuvo mucho eco en ese momento, mujeres de otros movimientos, como el Movimiento de la Nueva Izquierda, lo utilizaron como documento base para inspirar a otras mujeres a organizarse.
El movimiento por los derechos y la representación ha permitido abrir caminos. Y aunque el debate sobre si el cuerpo de mujer garantiza o no, es cierto, pero las investigaciones hablan de que ese es el camino a la representación sustantiva. Podemos debatir, pero es verdad que al recoger la historia y la experiencia de las mujeres, éstas tienen intereses, visiones y perspectivas diferentes a los hombres.
También es cierto que decir que las mujeres sólo pueden ser representadas por mujeres implica que las mujeres no pueden representar los intereses de los hombres, y en política, las mujeres presidentas municipales, gobernadoras, diputadas o senadores, tienen que representar también los intereses de los hombres.
Todas las mujeres, no importando nuestro origen, podemos igualmente representar a las mujeres indígenas; si somos lesbianas, también podemos representar a las mujeres heterosexuales o viceversa. Pero cuando se atacaban las cuotas o se ataca la paridad, en el fondo el argumento es que no necesariamente las mujeres representan los intereses de las mujeres y que no tiene sentido empujar sólo a las mujeres. O sea, es un argumento contra la representación descriptiva. Por ello se ha desatado la violencia política, y en Chiapas u Oaxaca hay tal resistencia.
Suponer que la totalidad de las mujeres tienen intereses comunes como grupo es negar la heterogeneidad de las mujeres en su conjunto. La representación sustantiva de las mujeres es compleja, porque no se trata de un grupo, porque miles de mujeres no están organizadas entre ellas, y porque cada mujer tiene características diversas, según su origen socioeconómico, etario o étnico.
Sin embargo, se ha demostrado que las cuotas de género ayudaron a incrementar el número de mujeres en las legislaturas; su presencia no garantizó, a secas, representar la diversidad de intereses de las mujeres, pero desde 1996 a la fecha, se avanzó gracias a las bancadas feministas en el marco legal; de ahí vinieron asuntos tan importantes como los presupuestos, las leyes generales de igualdad y de acceso a una vida sin violencia; las normas como la 046 o los acuerdos para crear las instituciones contra la discriminación.
Desde la academia se dice que existe suficiente evidencia empírica que permite afirmar que las mujeres tienden a elaborar políticas públicas sobre el cuidado de las niñas y niños, prostitución, familia, derechos reproductivos y sexuales, violencia contra las mujeres e intrafamiliar. El siguiente problema es saber desde que postura lo hacen. Este es otro rubro del debate que debiera abrirse ahora mismo.
En años recientes destacan investigaciones sobre la representación política en distintos países, en las que se analiza la presentación de iniciativas y las prioridades de las y los legisladores sobre la influencia de las comisiones dentro del Congreso o los discursos de las y los legisladores, o desde sus resultados —en las que se analiza el contenido de la legislación aprobada. La mayoría de las indagaciones concluyen que existe una diferencia basada en el género, es decir, que las mujeres legislan más en el ámbito de las mujeres que incluye aspectos relacionados a problemas de la mujer, temas de niñas y niños y familia, educación y salud; y los hombres en el ámbito de los hombres, el cual se compone por temas de economía, agricultura, empleo y relaciones fiscales.
En México también se han llevado a cabo estudios para analizar si las legisladoras representan sustantivamente a las mujeres. Zaremberg4 analizó las iniciativas que se presentaron y enviaron a la Cámara de Diputados entre 1997 y 2008 para identificar las que estuvieran relacionadas con la mujer, la igualdad y la no discriminación en términos de género, la diversidad sexual y la familia. De las 7,494 iniciativas presentadas, 252 trataban estos temas, y únicamente quince fueron aprobadas. Sus resultados muestran que los hombres apoyan más las iniciativas ambiguas o que mencionan a las mujeres y al género de una manera superficial, mientras que las mujeres presentan más iniciativas en los extremos; ya sea conservadoras —contrarias al aborto o que reproducen el rol tradicional de las mujeres dentro de la familia— o claramente pro-género. Además, se encontró que, en general, los hombres tienen una menor participación en las iniciativas que tratan temas relacionados con las mujeres.
En años posteriores, Jennifer Piscopo5 realizó un estudio similar en el que consideró todas las iniciativas presentadas entre 1997 y 2009 y las clasificó por el tema que trataban y por el género de quien las presentó. Los resultados de su indagación muestran que las mujeres fueron autoras del 73% de las iniciativas con intereses de mujeres. Además, mediante la realización de entrevistas, representantes del PAN, PRI y PRD manifestaron la importancia que tiene para ellas la representación sustantiva de las mujeres y cómo perciben que son ellas las que cargan la responsabilidad de representar a las mujeres.
Respecto al concepto de representación descriptiva o sustantiva, en cuanto a la relación entre ambas, la misma autora encontró que las iniciativas que tratan temas de interés de las mujeres aumentan conforme crece el número de mujeres. Esto significa que a mayor representación descriptiva, mayor representación sustantiva. Lo que vendría a terminar con el largo debate de “cuerpo de mujer no garantiza” y obliga a las mujeres, como nosotras, de ciudadanía común y corriente, a empujar la capacitación de las mujeres que participan en las elecciones.
Segundo tema de debate: ¿sólo capacitación?
Las especialistas en política consultadas ponen el acento en este problema. Dicen que concentrarse únicamente en el análisis de los temas de las iniciativas, sin considerar el contenido de las mismas, implicaría que las iniciativas de temas que no sean de mujeres, niñas y niños o familia, pero que contengan perspectiva de género, quedan excluidas del análisis.
Ello implica que no sólo es capacitación, sino que es necesario emprender el análisis desde otra perspectiva. No es posible asumir que las mujeres son un grupo homogéneo que comparte intereses e ideología, sino considerar la posibilidad de que la representación de las mujeres, de las diputadas, especialmente donde sus partidos conservadores ganan, realizan o logran la aprobación de iniciativas que podrían considerarse regresivas en cuanto a los derechos de las mujeres —como podría ser la penalización del aborto. Además, desde muchos sectores, no puede asumirse que la participación de las mujeres en el Congreso está motivada por la representación de los intereses únicamente de las mujeres, y que estos intereses están limitados al papel tradicional de la mujer dentro de la familia, entonces también se restringen previamente los temas en los que las mujeres pueden legislar sin perder legitimidad. Eso sucede al interior de las discusiones en las cámaras. Al respecto Teresita de Barbieri estudió el tema de las comisiones dentro de la vida legislativa.
Un estudio más reciente busca investigar si las legisladoras representan a las mujeres más allá de la participación tradicional de la mujer en la sociedad, mediante el análisis de las iniciativas aprobadas durante la LXI Legislatura para establecer si éstas incorporaban la perspectiva de género. Los resultados de este trabajo muestran que de las leyes con perspectiva de género (64%) fueron presentadas por mujeres y éstas tienen una probabilidad 14% mayor que los hombres de legislar con perspectiva de género. Además, los partidos políticos tienen un efecto en los temas de las iniciativas que se promueven en el Congreso; sin embargo, en este trabajo no se encuentra evidencia consistente para afirmar que esto es verdad.
En conclusión, las cuotas de género, la paridad constitucional, sí aumentan la presencia de mujeres en los congresos y sí existe una relación positiva entre representación descriptiva y sustantiva.
Ello nos daría motivos de fondo para seguir promoviendo la participación activa de las mujeres en la esfera política. A pesar de la confusión actual, del PRI-PAN, del avance de la derecha en los conocidos como partidos de izquierda y de los liderazgos inconfiables desde el punto de vista feminista.
Los distintos estudios consultados muestran que las mujeres representan con mayor frecuencia los intereses de las mujeres, lo sucedido como un fenómeno más profundo en Finlandia, y por supuesto en algunas entidades donde desde la representación política se ha conseguido apuntalar algunas políticas públicas en favor de las mujeres.
Ello no implica que la representación sustantiva de las mujeres debe recaer únicamente en las legisladoras o en las mujeres que han sido electas a diversos cargos públicos. Es importante que exista una sensibilización entre los hombres en cuanto a los temas e intereses diversos de las mujeres para que la representación ser más completa y constante.
Me temo que el debate de la validez de la representación, que seguirá creciendo en los próximos tiempos, no debería ser denostada por el creciente renacimiento del movimiento feminista joven, crítico del sistema y capaz de llamar a olas de manifestaciones por los evidentes rezagos en la vida y los derechos de las mujeres como la violencia que no cesa; la discriminación como ideología, la impunidad y, por supuesto, la corrupción y el mal gobierno. Tarea tenemos.
1. González Schont, Céline (2014), "De la representación descriptiva a la representación sustantiva. Análisis de las cuotas de género en los congresos estatales en México", Tesina para obtener el grado de Maestra en Administración y Políticas Públicas, México, CIDE.
2. Hanna Fenichel Pitkin (1931), teórica política, profesora emérita de ciencias políticas en la Universidad de California, Berkeley.
3. González Schont, Céline (2014), "De la representación descriptiva…, op. cit.
4. Gisela Zaremberg. Mujeres, votos y asistencia social en el México priista y la Argentina peronista (México: Flacso, 2010), 362 pp.
5. Piscopo, Jennifer. (2014). “Beyond Hearth and Home: Female Legislators, Feminist Policy Change, and Substantive Representation in Mexico”. Revista Uruguaya de Ciencia Política 23:2; (2011).
Los primeros 10 países que legislaron el derecho a votar y ser votada
Derecho a ser votada
1902 (1962*)
1915 (1920*)
1918 (1950*)
1920 (1960*)
(*) Derecho a votar y ser votada sin restricciones.
Trata y prostitución: dos caras de la misma moneda
Verónica Caporal Pérez*
Un momento histórico de suma importancia para la Ciudad de México (CDMX), fue la creación de su Constitución. En esta gran tarea convergieron una diversidad de posiciones y propuestas, muchas de ellas con una dimensión compleja y polémica que requieren de análisis profundo como fue la propuesta de reconocer la prostitución como trabajo sexual, y que en su artículo 15. F.numeral 3. b) dice: reconocen y protegen el trabajo sexual voluntario y autónomo como actividad lícita. Afortunadamente y gracias a la organización, disposición y cruce de saberes de muchas mujeres que han transitado en el feminismo desde hace décadas se logró que en el dictamen final de la Comisión de Carta de Derechos se suprimiera esta propuesta.
Para nosotras, las mujeres que estamos por la igualdad, el desarrollo, la autonomía y la libertad, tal propuesta violaba los tratados y convenios internacionales que México ha suscrito en favor de las mujeres y las niñas, por ello consideramos pertinente ampliar y profundizar en lo que implica la prostitución y su relación permanente con la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. El tema que hoy nos compete me hace bordar fino desde mi práctica como antropóloga feminista, buscando descubrir los hilos y quiénes los mueven. La explotación sexual del cuerpo de las mujeres y las niñas tiene dos caras: la trata y la prostitución, enmarcadas en contextos de violencia, desigualdad, dominio, inseguridad y discriminación.
Es importante destacar que no existe una confusión entre la trata de personas con fines de explotación sexual y la prostitución, como se ha querido hacer creer en algunos momentos del debate. La trata es considerada un delito grave y de lesa humanidad, encontrándose también un debate en el Senado ante las reformas a la Ley de Trata, y lo grave que ha representado para México querer ver a la trata de personas sólo desde una dimensión jurídica de persecución y sanción del delito. La trata de personas tiene su origen en prácticas culturales que consideran que las y los seres humanos pueden ser objetos vendibles y desechables en el mercado y la industria del sexo. Tenemos casos de mujeres y niñas que han sido explotadas por años y que al contarnos su historia nos refieren al modus operandi de la trata, ya sea como enamoramiento, engaño o coerción y que al pasar de los años las propias mujeres adoptan un discurso social y cultural que justifique primeramente su presencia en los contextos de prostitución y, posteriormente, la actividad que desempeñan y que ya no puede ser nombrada como trata, sino como una actividad elegida. Nos encontramos entonces, con la falacia de la libre elección y la decisión de mercantilizar el cuerpo de las mujeres.
Ana de Miguel (2016) nos platea que la prostitución mercantiliza cuerpos con argumento de libre consentimiento y esto lo vemos a diario en el contexto de la prostitución. Por otro lado, también se ha desplegado un andamiaje sociocultural que naturaliza la prostitución a través de ser vista como el oficio más antiguo del mundo, porque ha estado ahí desde hace tanto tiempo, entonces no hay posibilidad de cambio, es mejor crear discursos que nos permitan aceptarla, incorporarla a la vida cotidiana y de paso regularla, mal llamándola trabajo sexual.
Este discurso que ha sido construido en el orden social de género, se argumenta a través de la necesidad que se ha tenido en la cultura patriarcal de separar a las mujeres en buenas y malas, en madre-esposas y prostitutas, en procreadoras y dadoras de placer y en una sexualidad desbordada e incontrolable de los hombres que necesita ser saciada, entonces: se requiere tener un grupo de mujeres que respondan a esa necesidad. Esta es la base que legitima a una sociedad que brinda los cuerpos de hombres y mujeres a un precio, siendo esta una práctica que se ha normalizado: “tomarla como una institución legitimada por la que la sociedad ofrece los cuerpos de las mujeres a los hombres a un precio variable”. Una práctica que se ha impuesto en el mundo y en diversos momentos históricos y que tiene su premisa básica y su legitimidad de forma esencial en: “Los hombres tienen derecho a satisfacer su deseo sexual en el momento que quieran y de la forma que quieran”, usando dinero o la violencia en sus diferentes tipos.
Tanto la trata de personas con fines de explotación sexual como la prostitución tienen una dimensión socio-cultural basada en un orden social del género enmarcado en un sistema económico, político e ideológico del patriarcado antiguo y moderno, que se expresa en las nuevas representaciones sociales de ser hombre y de ser mujer, y los mandatos de género modernos que nos ofrece el neoliberalismo.
Desde la cultura se ha promovido que “el oficio más antiguo del mundo es la prostitución” y como ha existido desde tiempos antiguos, entonces es parte de la historia humana, mientras definimos a la trata de seres humanos como terrible y hay que combatirla y erradicarla, cuando ambas son las caras de la misma moneda: la explotación sexual del cuerpo de las mujeres y las niñas.
La prostitución como fenómeno cultural ha construido un sistema perfectamente articulado, que justifica y sostiene la cadena de explotación del cuerpo de las mujeres. Este sistema está compuesto por todos los actores estratégicos que van haciendo su parte para mantener a las mujeres en ese cautiverio, pero además, construir un discurso que justifique por qué se llega ahí, de cómo se llega y porque se permanece en el contexto de la prostitución.
Estos actores del sistema prostitucional, van desde los hoteleros, camaristas (hombres) que son los cuidadores en los pasillos del hotel, los policías, quienes hacen los mandados como llevar la comida, las y los líderes de los grupos organizados, los comerciantes que se encuentran cercanos y algunas organizaciones defensoras de estos grupos.
Cuando hablamos de sistema prostitucional nos referimos a todos, a las y los que se benefician de esta actividad de forma directa e indirecta, es importante destacar que las mujeres que se encuentran en contextos de prostitución entran en la lógica de mercado que plantea la teoría capitalista de pagar por todo y cada uno de los servicios que se requieren para permanecer en esos contextos sin ser molestada. El neoliberalismo abona aún más esta falacia de la decisión de vender el cuerpo de las mujeres, esta venta o transacción económica sobre el cuerpo no es definitiva, ni termina en un solo cliente, es una práctica que pone en venta el ser sujeta, el ser humana, convirtiendo a las mujeres en objetos desechables.
Hoy encontramos una relación de la trata con fines de explotación sexual en contextos de prostitución con la violencia feminicida y el feminicidio, muchas mujeres son torturadas, violentadas sexualmente y asesinadas por clientes, padrotes, policías y el crimen organizado cuando se encuentran en el contexto de la prostitución. Es un peligro que viven cada que entran a un cuarto de hotel o que prestan un servicio sexual. Saben que entran, pero no que vayan a salir.
Desde esta perspectiva, cómo aplicamos los procesos de empoderamiento, autonomía y ciudadanía de estas mujeres. ¿Acaso la regulación y el reconocimiento del trabajo sexual, lograrán un cambio cultural, social, económico, político y ético, de una cultura que ha devaluado e inferiorizado lo femenino?
Cómo identificamos, entonces, a una mujer que es víctima de trata con fines de explotación sexual, que puede ser menor de edad, que pertenece a un grupo étnico, que está enamorada del explotador, que está sometida o amenazada, de una mujer que expone argumentos de libre elección y decisión. En estos contextos encontramos una gran diversidad de personas y buscamos que los derechos humanos sean para todas y todos.
La trata de mujeres y niñas está inmersa en estos contextos, no está separada, no es que las víctimas tienen un código de barras que las hace identificables, nos encontramos hasta con 50 mujeres por calle en la zona de la Merced, de las cuales no todas están ahí porque así lo eligieron.
Es necesario profundizar en el tema que nos permita conocer el fenómeno de la prostitución, el trabajo sexual y la trata de personas con fines de explotación sexual en este entramado de la oferta y la demanda.
Desde hace 25 años he trabajado directamente y haciendo investigación con niñas en situación de calle, consumidoras de sustancias psicoactivas, mujeres que viven violencia por su condición de género, víctimas de trata vistas así por el Estado y con mujeres enamoradas de padrotes tlaxcaltecas.
También haciendo peritajes antropológicos para mujeres que fueron víctimas de trata con fines de explotación sexual y laboral de casos paradigmáticos que hoy son utilizados por personas que se presentan como defensoras de los derechos de las víctimas, lucrando con estos casos a través de las historias de vida, y que son presentadas con la intensión de compadecer y de atraer recursos también. Situación que lejos de auxiliar a dar claridad de la situación real que viven las mujeres que han sido víctimas, pone una visión asistencial y de caridad, que tampoco necesitamos para la creación de políticas públicas de ejercicio de derechos humanos de las mujeres y las niñas.
A partir de esta vivencia personal y profesional desde la antropología feminista, aseguro que no se puede hacer una distinción a priori de la trata de personas respecto al trabajo sexual en contextos de prostitución y comercio sexual.
Quienes proponen la reglamentación y el reconocimiento de la prostitución como trabajo sexual voluntario y autónomo como actividad lícita, prometen y aseguran que combatirán y denunciaran la trata de personas y ¿cómo?, si la ley de trata no ha podido, hasta hoy día, con el tema de la identificación de las víctimas. Las leyes son fundamentales, pero son sólo plataformas jurídicas, que si no se cambia la cultura, las identidades, la ideología y las subjetividades será casi imposible lograr transformaciones en el ejercicio de los derechos de las personas que se encuentran en los contextos de la prostitución, por eso antes de pasar a la reglamentación busquemos los cambios de pensamiento, de mentalidades con respecto al sexo, a la sexualidad, al cuerpo, al derecho y al ejercicio de la libertad.
Apoyamos el derecho a la interrupción legal del embarazo, a los derechos sexuales y reproductivos de las y los jóvenes, el aborto, al matrimonio igualitario, la diversidad sexual y tantas luchas que hemos ganado en esta ciudad.
No estamos confundidas entre trata, prostitución y trabajo sexual, reconocemos su diferencia y sus ámbitos de competencia y también las implicaciones que tiene cultural, política, económica e ideológicamente el reconocer el trabajo sexual como un trabajo no asalariado.
Requerimos trabajar individualmente, colectivamente, localmente, regionalmente y desde una perspectiva global para lograr el bienestar, el empoderamiento, la autonomía y el ejercicio de la ciudadanía de las mujeres y las niñas que se encuentran en el contexto de la prostitución en la CDMX.
* Antropóloga social. Directora Consultora para la Investigación, Formación e Incidencia Política (CIFIP S.C.).
Posicionamiento sobre la prostitución en la Constitución de la Ciudad de México
Considerando que la próxima Constitución Política de la Ciudad de México representará la norma fundacional de la ciudad, resulta imprescindible que en la misma se promuevan, respeten, protejan y garanticen —bajo ningún condicionamiento— los derechos humanos de las mujeres y las niñas que habitan y transitan en la Ciudad de México, los cuales son inherentes a su condición de personas y ciudadanas. Por tanto, dicha Constitución debe contener preceptos vinculados a todas las disposiciones que se encuentran en los instrumentos y tratados internacionales en favor de la igualdad, la libertad y la seguridad de las mujeres y niñas, y responder a las obligaciones que ha contraído el Estado mexicano mediante la firma y ratificación de los mismos.
Nuestra posición parte del mismo interés legítimo de otras expresiones feministas que promueven la igualdad, la justicia y la democracia; también consideramos que las mujeres y niñas que son explotadas sexualmente en los contextos de la prostitución, tienen derecho a ver garantizados todos sus derechos humanos en los diversos ámbitos de la vida cotidiana y, de igual manera, estamos en contra de la criminalización de las personas que se encuentran en estos contextos. Sin embargo, estamos ciertas de que, reconocer a la prostitución como trabajo sexual voluntario y autónomo, no va a garantizar mejores condiciones en la vida y la seguridad de las mujeres y las niñas, y mucho menos el ejercicio de derechos por lo siguiente:
2. En un contexto de precarización laboral como la existente en nuestro país y en la Ciudad de México, nos parece imposible comprender cómo se pudieran garantizar y proteger los derechos de las personas explotadas sexualmente en contextos de prostitución mediante su regulación en materia laboral. El que miles de mujeres se encuentren dentro de un marco normativo, no ha impedido que sus derechos se vean vulnerados de manera sistemática, como es el caso de las trabajadoras de maquilas, jornaleras, mineras o quienes actualmente son contratadas por el régimen de outsourcing, por poner sólo algunos ejemplos.
3. La discriminación y la violencia contra las mujeres menoscaba o anula el reconocimiento, goce o ejercicio de sus derechos humanos y las libertades fundamentales, tal como lo señalan los estándares internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres. En este sentido, la obligación central de los Estados es erradicarla, no disminuirla o regularla. Pensamos que el tema debe ser tratado con sumo cuidado para evitar generar condiciones que pongan en mayor riesgo a las mujeres que han sido vulneradas en el ejercicio de sus derechos. Es de suma relevancia partir de un diagnóstico, aún inexistente en México, sobre la situación real de discriminación y violencia que viven las mujeres en contextos de prostitución, además de la generación de bases de datos que sistematicen información sobre la incidencia de delitos relacionados con la explotación sexual, como fundamento para el diseño de políticas públicas en este sentido.
4. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), por su parte, ha establecido en su Programa de Trabajo Decente que, para ser reconocido como tal, éste debe ser “realizado en condiciones de libertad, equidad, seguridad y sin ningún tipo de discriminación” teniendo como eje transversal la igualdad de género.1 Al analizar el contexto y el orden social dentro del que se lleva a cabo la prostitución, podemos constatar que ésta incumple con cada una de dichas premisas, lo cual la inviabiliza para ser considerada “trabajo”.
5. Considerar a la prostitución similar a cualquier actividad reconocida como “trabajo”, aplicando para ello un lenguaje legal, neutral y universal, obscurece su dimensión subjetiva y las consecuencias físicas y emocionales de esa vivencia, así como el contexto y el orden social donde se desarrolla. Lo anterior contribuye a su despersonalización y deshumanización, lo cual hace imposible cualquier distinción entre prostitución “libre” y “forzada”, rompiendo con el acuerdo básico de los derechos humanos. Por lo tanto, reiteramos que, cualquier forma de mercantilización de los cuerpos que los despoje de su humanidad, no puede ser considerada un trabajo.
6. En los esfuerzos por erradicar la explotación sexual, el Estado mexicano adoptó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena,2 el cual obliga a las autoridades a sancionar a toda persona que, para satisfacer las pasiones de otra, concertara o explotara la prostitución de otra persona, aun con su consentimiento.3 Asimismo, obliga a “adoptar todas las medidas necesarias para derogar o abolir cualquier ley, reglamento o disposición administrativa vigente, en virtud de la cual las personas dedicadas a la prostitución o de quienes se sospeche que se dedican a ella, tengan que inscribirse en un registro especial, que poseer un documento especial o que cumplir algún requisito excepcional para fines de vigilancia o notificación”.4
7. Resulta de gran relevancia jurídica también señalar que, la propuesta del artículo 15. F. numeral 3. b) del Proyecto de Constitución es inconstitucional, pues el artículo 73 fracción X de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, establece que son facultades exclusivas del Congreso Federal, legislar en toda la República en materia de trabajo, por lo que la Asamblea Constituyente no tiene atribuciones para ello.
Insistimos en que buscamos como sociedad, que las mujeres y las niñas ejerzan sus derechos humanos plenamente y en igualdad de condiciones con los hombres, así como erradicar la discriminación y violencia en su contra, en particular aquella a la que las mujeres en contextos de prostitución se ven expuestas. Consideramos que la regulación de la prostitución no elimina el trasfondo del privilegio y la discriminación de los hombres sobre las mujeres, pero sí reduce la línea que tanto ha costado construir en los derechos humanos, que distingue la explotación del trabajo.
La Constitución que regirá a la Ciudad de México deberá reflejar el tipo de ciudad que queremos, basada en el marco de derechos humanos, tal como se encuentra señalado en el artículo 1 Constitucional y deberá también asegurar los mecanismos necesarios para que todas las personas, sobre todo aquellas que se encuentren en una particular situación de desigualdad, dominio, violencia, inseguridad y vulnerabilidad, gocen de manera plena de sus derechos humanos.
Redactoras del Posicionamiento que fue firmado por más de 200 mujeres y organizaciones.
Aimée Vega Montiel, comunicóloga, CEIICH-UNAM, Ciudad de México Andrea Medina Rosas, Abogada, Ciudad de México Carmen Ugarte García, Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor, Centro Madre Antonia, Ciudad de México.
Fabiola Bailón Vásquez, Historiadora, CIFIP, S.C./Instituto de Investigaciones en Humanidades, Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca, Oaxaca.
Héctor Alberto Pérez Rivera, Coordinador General de la Clínica de Interés Público contra la trata de Personas, Ciudad de México.
Jennifer Cooper, economista, Fundadora de la Especialidad El género en la Economía en la Facultad de Economía de la UNAM, Ciudad de México.
Olivia Tena Guerrero, Psicóloga y Socióloga, Programa de Investigación Feminista, CEIICH-UNAM, Ciudad de México Roberta Liliana Flores Ángeles. Maestría Virtual en Género, Sociedad y Políticas, FLACSO, Argentina. Ciudad de México Verónica Caporal Pérez, Antropóloga Social, Directora en Consultora para la Investigación, Formación e Incidencia Política. CIFIP SC, Ciudad de México.
1 OIT, Indicadores de progreso para medición de derechos contemplados en el Protocolo de San Salvador, 2013, párrafo 13. OIT, Igualdad de género y trabajo decente. Convenios y recomendaciones claves de la OIT para la igualdad de género 2012. Ginebra: OIT, 2012.
2 Adhesión de México: 21 de febrero de 1956.
3 Véase artículo 1° del Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena.
4 Ibídem., artículo 6°.
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Una mujer indígena delegada del CNI candidata a la presidencia.
Una mujer indígena que hable su lengua.
Una mujer que conozca su cultura.
Una mujer indígena del CNI será una gran candidata para la presidencia de la república.
Una mujer indígena del CNI apoyada y cobijada por el EZLN.
Una mujer que hable desde cualquiera de las muchas lenguas, tradiciones y culturas indígenas que perviven en este país y dentro del CNI.
Desde este México de abajo que ofrece tantas propuestas y enseñanzas para compartir y dirigir mejor este país doliente y racista.
Una mujer indígena del CNI para exponer lo que el México de abajo piensa, requiere y demanda.
Una mujer indígena del CNI con su experiencia de lucha
en contra del despojo,
del abuso también sexual
del desprecio sufrido por ser lo que se es: indígena, mujer y pobre.
Una mujer indígena del CNI que sabe lo que son las humillaciones.
“Para desafiar una sociedad racista”
“Y para desafiar también a un sistema patriarcal y machista”
Y una mujer indígena del CNI, parte de y contenida por el colectivo.
Prestando su voz al colectivo.
Inserta en un Concejo colectivo de Gobierno formado por pares de mujer/varón delegados del CNI.
Dando su voz al CNI y al EZLN.
Con la oferta de ser apoyada en la educación, manutención, y cuidado de sus hijos por las Comandantas del EZLN.
Una mujer indígena del CNI para dar su voz al Concejo Indígena de Gobierno.
Una voz de mujer que contiene al colectivo.
Una mujer indígena que expresa lo que el Concejo de Gobierno decide, Concejo mismo formado por pares de mujeres y hombres.
Una mujer que dé su voz a las decisiones de barrios, tribus, naciones y pueblos.
Del México de abajo,
Para un México más justo, paritario y solidario,
Contra el México racista, sexista, clasista que sufrimos.
Una mujer indígena del CNI que dé su voz a todos: hombres y mujeres de abajo y a la izquierda, que dé su voz a las mujeres sufrientes, las disminuidas, las explotadas, las traficadas, las asesinadas.
Que viva esa propuesta del EZLN y el CNI para un Consejo Indígena de Gobierno y de una mujer indígena que le dé su voz, propuesta que está ahora en proceso de consulta del CNI en todo el país, en sus barrios, tribus, pueblos y naciones.
*Antropóloga feminista, investigadora y conferencista internacional. Integrante de la Red de Feminismos Descoloniales.
EZLN: Una historia para tratar de entender. Comunicado Subcomandante insurgente
Moisés, Subcomandante insurgente Galeano, 17 noviembre 2016.
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References: Artículo 41
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 73
 artículo 1
 artículo 1
 artículo 6