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Timestamp: 2017-09-21 15:52:51+00:00

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Izquierda Info - Contribución a la teoría marxista de la organización
Contribución a la teoría marxista de la organización
Resolución adoptada por la Organizacion de Izquierda Revolucionaria OIR (Argentina) y el Left Party de EEUU
“Las relaciones organizativas regulares deben finalmente reemplazar el tipo de régimen en el que unos pocos camaradas, quienes mantienen relaciones estrechas y se entienden uno al otro incluso por las más mínimas indicaciones informales, toman sus decisiones de una manera casual. Los cimientos de la democracia partidaria es información proporcionada en forma completa y rápida, a todos los camaradas de la organización y que cubran todas las cuestiones importantes de su vida y lucha” (León Trotsky, La Oposición de Izquierda Internacional, sus tareas y métodos, 1932)
León Trotsky escribió en 1930: “Creo que todo miembro de la organización puede y debe conocer , analizar, y criticar todas las cuestiones que forman el contenido de nuestra actividad. No hay ‘limites’ para nadie. Ese es el ABC de la democracia partidaria.” (No poner limites a ningún miembro del partido, León Trotsky, Junio 26, 1930. traducción del autor)
El centralismo democrático, tal cual lo planteaban Lenin y Trotsky es el logro a través del debate de la necesaria unidad política en el partido como para impulsar las acciones practicas del mismo.
Para enfrentar al enemigo de clase, con su aparato estatal, sus instituciones represivas y sus poderosas fuentes de influencia ideológica era y es necesario la construcción de una organización revolucionaria altamente disciplinada y efectiva que actúe unificadamente en su accionar en la lucha de clases.
Tal organización debe ser capaz de superar las tendencias individualistas y resolver las polémicas y debates internos para operar en el movimiento de masas efectivamente. Tal organización revolucionaria demanda de sus miembros la defensa de las posiciones políticas adoptadas internamente por la organización en las actividades públicas.
Sin embargo, esta exigencia de disciplina, en modo alguno -- entendían los bolcheviques -- debía entorpecer, o aun disminuir, el fluir de la información o el debate interno. Ni siquiera lo veían como una forma de “homogenizar” el partido en caracterizaciones e interpretaciones ideológicas o políticas más allá del acuerdo de los principios básicos de la organización.
Lenin, en el ¿Qué Hacer? , y refiriéndose al periódico del partido, plantea: "Antes de poder unirnos, y para poder unirnos, es necesario que primero tracemos firmes y definitivas líneas de demarcación. De lo contrario nuestra unidad seria solo ficticia… nosotros debemos conducirnos en el espíritu de una tendencia estrictamente definida. Esta tendencia puede ser expresada por la palabra Marxismo…”
Es decir, no la unidad sin discusión o debate alrededor de caracterizaciones, imposiciones arbitrarias de la dirección o caprichos de algún dirigente, sino en la tendencia estrictamente definida del Marxismo, de sus principios teórico/políticos centrales: materialismo histórico, economía socialista, centralidad del sujeto revolucionario, la clase obrera, la lucha por la movilización de la misma y la toma del poder por sus organismos democráticos para comenzar a construir el socialismo.
Dentro de ese marco general, toda otra discusión y debate es permitido y nada de lo que allí radique es razón suficiente para la separación o expulsión de los marxistas que integran la organización.
El centralismo democrático es también la posibilidad inapelable de los miembros de una organización, de todos ellos, a conocer y debatir las cuestiones políticas, la línea del partido y las cuestiones fundamentales de la organización para luego de un debate democrático de las mismas, aceptar las resoluciones de esas cuestiones específicamente definidas que se adopten por mayoría.
En todo momento, los miembros mantienen sus derechos al intercambio epistolar y verbal con todos los demás miembros de la organización y el derecho inapelable a disentir de las resoluciones mayoritarias al interior de la organización. Aquellos que quedaran en minoría tienen el derecho a re-discutir las cuestiones en juego previo un balance exhaustivo de lo actuado y determinar en base a la experiencia común lo apropiado o negativo de decisiones tomadas.
Tanta era la escrupulosidad, por ejemplo de los bolcheviques rusos, de la información que se daba a los organismos de base del partido para que tuvieran los elementos de juicio que, sin los adelantos técnicos del presente como Internet, e-mail, etc. que se publicaban hasta los informes financieros de la organización y el número de periódicos vendidos. El propio Lenin publicaba informes sobre el periódico y su circulación, con lujo de detalles, periódicamente y desde su exilio en Londres en las paginas de Iskra.
En muchos casos en que los principios de la organización no están en juego, los militantes de la organización mantienen el derecho a disentir de las decisiones mayoritarias siempre y cuando realicen las tareas prácticas que emanen de las mismas. Si es necesario para dar discusiones políticas sobre sus puntos de vista, los militantes pueden organizar tendencias al interior del partido con un programa que integre sus propuestas.
De la historia del Partido Bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotsky solo podemos mencionar una expulsión: la de Bogdanov. Fue expulsado no por disentir en la política de la organización o incluso debatir públicamente con otros dirigentes, sino por romper explícitamente con el Marxismo.
John Reed, en su brillante crónica de la Revolución Rusa de la que fue testigo directo, narra la siguiente anécdota: “En la reunión de masas del 17 de Noviembre de 1917, Lenin llamo por la confiscación de los diarios capitalistas.” Reed lo cita expresamente al líder bolchevique diciendo: ‘Si la primera revolución tuvo el derecho de suprimir los periódicos Monárquicos, entonces nosotros tenemos el derecho de suprimir la prensa burguesa’” Luego, Reed continua "Entonces sobrevino el voto (de los delegados). La resolución de Larin y los Social revolucionarios de izquierda fue derrotada por 31 votos contra 22; la moción de Lenin triunfo por 34 votos contra 24, Entre la minoría se encontraban los Bolcheviques Riazanov y Lozovsky, quienes declararon que era imposible para ellos votar contra cualquier restricción en la libertad de prensa.”
En el partido, muchos desacordaron con la postura política de Riazanov y Lozovsky pero ni una sola pidió la más mínima sanción para los que había votado contra el líder del partido públicamente. Riazanov y Lozovsky continuaron en sus puestos en el partido y más aun, con el tiempo, Trotsky adecuaría la posición de los revolucionarios, una vez tomado el poder, por aquella y otras discusiones semejantes.
Trotsky llego a la conclusión que “mas que prohibir a la prensa burguesa, la revolución debe colaborar y ayudar a la prensa obrera y revolucionaria con papel, tinta, expertos, escritores, para que pueda no solo competir con la de los antiguos patrones, sino superarla y aplastarla ideológicamente. La únicas limitaciones a la prensa enemiga son y deben ser la de romper su monopolio de la información y exigir que no agiten por el derrocamiento del régimen revolucionario.”
¿Y que paso con los social revolucionarios de izquierda que se oponían masivamente a Lenin en esa y muchas otras cuestiones propuestas por los bolcheviques después de la revolución de Octubre?
Lenin, Trotsky y los bolcheviques no solo los invitaron a formar parte junto a ellos y los Mencheviques Internacionalistas del gobierno revolucionario… ¡sino que les dieron a los social revolucionarios de izquierda el manejo y control de la NKDV desde 1917 a 1919! Para aquellos que no lo recuerden, la NKDV era la organización encargada de proteger a los soviets y organizar la lucha política y militar contra la contrarrevolución armada.
Bajo ninguna circunstancia están sujetos los miembros de la organización revolucionaria a censura previa ni limitaciones impuestas por esta en su creación literaria, el análisis político general o la creación artística.
Por eso los artículos y toda creación literaria, por ejemplo, se firman con el nombre del autor con la sola excepción de las editoriales partidarias que son elaboradas por el conjunto de la dirección.
Siempre los debates públicos de cuestiones políticas es un método sano en organizaciones revolucionarias que sirven para asentar posiciones y fortalecer la elaboración política.
Es generalmente aceptado que las decisiones los organismos mas amplios y democráticos de la organización, el Congreso y el CC tienen la prioridad decisoria sobre los órganos inferiores emanados de los mismos como el ejecutivo. Por ejemplo el CE se subordina al CC y este a los congresos partidarios. Las células o equipos de la organización son los lugares donde los militantes elaboran y asienten o disienten con las decisiones adoptadas por la dirección del partido.
No existe un camino de una sola mano en la discusión política democrática de las organizaciones. Las células o equipos no “reciben” y “ejecutan” ordenes sino que discuten y elaboran propuestas. A su vez proponen al resto de la organización. Es decir los derechos son de abajo hacia arriba tanto como lo son de arriba hacia abajo. Los organismos del partido que se denominan “dirección” son delegados para funciones especificas y enumeradas por los organismos de base del partido.
Los organismos de dirección, por tanto, contabilizan y discuten lo elaborado en las organizaciones de base del partido y, de ser necesario, modifican, suspenden o hasta anulan decisiones que no cuenten con la necesaria aprobación del conjunto de la organización. La dirección del partido mantiene en todo su momento el derecho de debatir y defender sus posiciones, pero no puede imponerlas como ordenes por encima de la voluntad del conjunto de la organización.
Los grupos de dirección del partido, Comité Ejecutivo y Comité Central, tienen el derecho de presentar sus posiciones como tales al conjunto de la organización. Pero sus miembros individuales no están sujetos al centralismo democrático de los mismos cuando se reúnen instancias superiores y más democráticas.
Por ejemplo, el CC puede presentar una resolución como tal al Congreso o Conferencia del Partido, pero aquellos miembros del CC que hubieran tenido posiciones opuestas podrán presentarlas también una vez iniciado el congreso o durante el periodo pre congreso en boletines internos.
Lo mismo sucede con decisiones o propuestas del CE cuando comienzan o realizan las reuniones del Comité Central. Como principio organizativo general, los organismos inferiores se disuelven cuando comienzan las sesiones de organismos superiores. (1)
Así lo entendían los bolcheviques rusos como Lenin y Trotsky, y así lo practicaba nuestra corriente Morenista en el pasado. Lenin y Trotsky, y con ellos docenas y docenas de dirigentes de los bolcheviques, escribían no en uno, sino en varios periódicos tanto partidarios como extra partidarios, así como en publicaciones de otros partidos e incluso debatían entre si desde las paginas de los mismos cuestiones políticas generales o ejercían la critica literaria, o publicaban libros sobre historia, política o filosofía, u organizaban cursos sin censura o control previo de la dirección del partido.
Como el editor de uno de los mayores periódicos bolcheviques, Bujarin polemizaba constantemente con Lenin en la llamada “cuestión nacional” y en asuntos económicos. Lenin caracterizaba a Bujarin, que era miembro del Comité Ejecutivo Bolchevique, como “una de las mentes más brillantes de nuestro partido”.
Era muy común utilizar el propio periódico como prensa pública y, a la vez, como una especie de “boletín interno”. Cualquier miembro del partido podía informar de actividades o escribir que estaban en contra de posiciones generales adoptadas por la dirección partidaria mediante cartas al editor del periódico de la organización, como sucedía con los periódicos de los bolcheviques.
En situaciones de legalidad política y relativo libre accionar público de las organizaciones revolucionarias, el aspecto democrático, de debate interno y público de los miembros de la organización se incrementa y el centralismo disminuye.
En condiciones de represión y persecución, e ilegalidad del movimiento, por propia fuerza de las circunstancias, el centralismo se debe fortalecer aunque en ninguna oportunidad debe perder el aspecto democrático y de debate del método.
Los bolcheviques hacían públicas las divergencias y las discusiones centrales del partido a toda la base de la misma. Así, todos los militantes tenían acceso y podían evaluar las posiciones de cada uno de los dirigentes de la organización.
Entre los bolcheviques, y también en nuestra corriente en el pasado, existían tendencias y fracciones agrupadas alrededor de posiciones políticas que se disolvían cuando estas cuestiones políticas eran resueltas y otras se formaban sobre nuevos criterios y posiciones, muchas veces agrupando a compañeros en una discusión que habían estado enfrentados en otras anteriores.
Hay muchos ejemplos históricos de cómo los bolcheviques utilizaron el centralismo democrático de esta forma y como muchos revolucionarios lo intentaron hacer desde entonces.
Son ampliamente conocidos los debates públicos de los bolcheviques entre si antes, durante y después de la Revolución Rusa. Los “bolcheviques de izquierda” eran conocidos públicamente (la organización Interbarrial de Trotsky) y estaban contra la dirección de Kamenev y Zinoviev en las grandes regionales de Moscú y Petrogrado.
Cuando Lenin arribo a Petrogrado del exilio después de febrero de 1917 impulso una línea de ruptura con el gobierno provisional que surgió de la primera revolución contra la dirección que ya estaba en Rusia de Stalin, Kamenev y Zinoviev. Lo hizo públicamente con discursos que inicio el mismo día de llegar de regreso a Rusia y continuó el debate en las páginas de la prensa de izquierda y en la bolchevique.
Se apoyo en esta campaña en las fuerzas que lideraba Trotsky fuera del Partido Bolchevique. Finalmente, cuando los bolcheviques rompieron con el gobierno burgués gracias a esta campana, se logro la fusión de los bolcheviques, dirigidos por Lenin y la organización de Trotsky.
Poco antes de la insurrección de Octubre hay otro ejemplo que es necesario destacar. Kamenev y Zinoviev desacordaron con la fecha fijada para la misma. Creían que las condiciones no estaban dadas para la misma y que podía constituirse en una aventura que tendría malos resultados.
Salieron a debatir públicamente esta posición llegando al extremo de denunciar en la prensa la fecha de dicha insurrección. Y lo hicieron en la prensa del partido, y también en la de otros partidos de izquierda. Se les contesto de la misma forma publica. Lenin y Trotsky estaban, por supuesto, furiosos de que Zinoviev y Kamenev hubiesen revelado la fecha de la insurrección.
Pero también sabían que este tipo de discusiones eran inevitables y, hasta cierto punto, las convirtieron en lecciones didácticas de cómo debatir las diferencias. Stalin y algunos de su entorno propusieron la inmediata expulsión de Kamenev y Zinoviev.
Lenin y Trotsky consideraron la propuesta pero finalmente dedujeron que era erróneo aplicarla. No solo esto, sino que Kamenev y Zinoviev en todo momento mantuvieron sus posiciones en el partido (uno dirigía la organización local en Petrogrado y el otro en Moscú, que eran los lugares donde el partido era mas fuerte en todo el país.) Zinoviev llegaría en vida de Lenin a dirigir la Tercera Internacional.
Lenin y Trotsky dirigieron la insurrección, Lenin en sus aspectos teóricos, Trotsky en todos los aspectos prácticos y militares. Zinoviev y Kamenev cumplieron papeles destacados en la misma y luego de ella fueron elegidos a posiciones de altísima responsabilidad en la revolución y el partido, a pesar de que mantenían reservas sobre las virtudes de la fecha elegida.
Solo después del triunfo, en condiciones de relativa estabilidad del régimen soviético, se hizo un balance exhaustivo de cómo y cuando se había llevado a cabo la insurrección y con que política, y tanto Kamenev como Zinoviev se dieron por satisfechos y declararon sin mas que habían estado equivocados. Muchos anos después, solo Stalin revivió la discusión con Kamenev y Zinoviev, una vez que estos abandonaron la alianza que tenían con el dictador y se unieron a la oposición, con el objetivo de desprestigiarlos.
El adveninimiento del estalinismo, entonces termino con este proceso e impuso en gran parte del movimiento obrero y marxista el centralismo burocrático. Este concebía el centralismo como absoluto y el derecho de imponer la línea por algún organismo o dirigente supremo de la organización y la incapacidad forzada de la base del partido por ejercer control y tener voz en las decisiones políticas.
Stalin se basaba en su burocratismo en una interpretación sectaria de una resolución adoptada por la Tercera Internacional en relación a las estructuras y organización de los partidos revolucionarios. Esta resolución tenía como objetivo imponer ciertas condiciones a partidos y organizaciones que provenían de la socialdemocracia y rompían con ella, a veces convencidos, a veces encandilados por la revolución Rusa.
Es decir, era una resolución dirigida a quienes no eran revolucionarios, no a aquellos que si lo eran. Mas aun, poco después de adoptada, Lenin expreso criticas muy fuertes hacia dicha resolución sosteniendo que a pesar de “ser una excelente resolución” y que el la “suscribía en todos sus puntos” para el partido ruso, los revolucionarios de otros países “no la entenderían” y, si lo hicieran, “no podrían aplicarla” porque era “muy rusa”, estaba “empapada del espíritu ruso” pero que “todavía no hemos descubierto la forma en la cual presentar la experiencia rusa a los extranjeros” y que por lo tanto la resolución era “una carta muerta” y que se si no se descubría la forma de presentar esa experiencia “no avanzaremos.” (*)
Lenin reconocía que, a pesar de que la experiencia del Partido Bolchevique en cuanto a su organización había servido a los revolucionarios rusos, no podía exportarse a todos los países y condiciones, ni podía ser simplemente copiada por todos los partidos.
A partir del estalinismo y sus prácticas, el centralismo que impusieron se baso en la “bajada de línea”, en la aceptación de las propuestas sin posibilidad de modificación y debate. Los derechos y privilegios primero pasaron de la base de los partidos a los “organismos superiores” y de estos al secretario general o a su grupo mas cercano que modificaban, cambiaban o reemplazaban las decisiones que debían tomar los partidos en su conjunto por las propias.
En los partidos estalinistas hablar, discutir, aportar, disentir solo podía hacerse “con permiso” de la dirección que raramente lo otorga. Los maoístas, una de las ramas del estalinismo, introdujeron ciertas variaciones al centralismo burocrático. Entre ellas las largas sesiones de “autocrítica” que se forzaba sobre militantes individuales, de base, mediante las cuales un grupo selecto de la dirección ejercía todo tipo de presión para que se “arrepintiera” de las diferencias y los aportes.
En la estrecha cosmovisión de los estalinistas, tener diferencias o criticas, constituía “un grave ataque a la organización” que se erigía, en la forma del secretario general y sus adlateres, en un proceso de expropiación del esfuerzo colectivo. El “partido” así entendido, y entendido como sus dirigentes máximos, se erigía en el objetivo final de la actividad de los militantes, no una simple herramienta o instrumento del cambio social.
Con el pasar del tiempo los estalinistas adoptaron el criterio que más y mas informes y resoluciones, decisiones e incluso documentos eran de carácter reservado y hasta “secretos”, limitados en algunos casos a los miembros del ejecutivo y en algunos la información la tenía solo el secretario general. Las discusiones en la dirección del partido, ya sea CC o el ejecutivo eran ocultadas a la base y todas las resoluciones se presentaban como tomadas por “unanimidad”.
Los que no estaban de acuerdo estaban obligados a “defender” “la línea” de la “mayoría”, muchas veces compulsivamente, negándole a los militantes de base la información sobre los matices o desavenencias y poniéndolos ante la situación de que debían enfrentarse al “conjunto de la dirección” si diferían de esos informes.
Las finanzas que se recaudaban, los periódicos que se vendían, las minutas criticas de militantes del partido, las sanciones que se imponían a miembros que osaban disentir, las discusiones que se promovían en el seno de la dirección se ocultaban rigurosamente de la base del partido que no se enteraba de ellas y, cuando alguna información se le daba, era en cuentagotas e insuficientes para sacar cualquier conclusión.
Se crearon para facilitar el centralismo burocrático, las figuras de los dirigentes infalibles (Stalin, Mao, Ho Chih Minh) que nunca se equivocaban y en quienes se resumía toda la “sabiduría” del partido. Cuando se sucedían grandes desastres o derrotas, estos dirigentes eran eximidos de culpas y se les echaba, generalmente, a los militantes de base “que no habían estado a la altura de los acontecimientos”.
Las caracterizaciones de las etapas, las consignas políticas, las tácticas de la organización eran cambiadas caprichosamente y sin debate en las organizaciones de base a quienes se bombardeaba unilateralmente con declaraciones y explicaciones de la dirección en defensa de cambios caprichosos de política.
Toda política tendía a ser presentada como una victoria aunque hubiesen sido derrotas estrepitosas. Son muy conocidas las posiciones de los partidos comunistas Francés y Alemán que, durante meses, negaron la victoria nazi en Alemania.
O la del Partido Comunista Argentino que, durante meses, presentó el advenimiento de la última dictadura militar como un paso adelante en la dirección de una “confluencia cívico-militar” para restablecer la democracia y luchar contra el imperialismo.
Todo aquel que disiente debía ser aplastado o purgado de las filas del “partido”. Desgraciadamente, muchos trotskistas adoptaron con el tiempo muchas de las prácticas estalinistas. De lo que se trata no es de defender al “partido” sino a los dirigentes, y a estos inmunizarlos contra toda crítica.
Contrariamente a lo previsto, los estalinistas, al impedir la aplicación del verdadero centralismo democrático, comenzaron la época de purgas sangrientas, expulsiones en masa, sufrieron cismas y deserciones por doquier, es decir el centralismo burocrático, lejos de eliminar, facilito el fraccionalismo. Lo mismo sucedió con el movimiento trotskista cuando adoptaba un régimen interno burocrático similar al estalinismo.
El ocultar información y diferencias, establecer direcciones que nunca se equivocan, asumir los derechos de la base expropiando a esta de su participación democrática en los debates de la organización y el presentarles decisiones “unánimes de la dirección” e impedir con expulsiones y purgas la existencia de tendencias y fracciones no solo debilita y hasta extermina la confianza de los militantes de base en si mismos sino en la propia dirección y, por lo tanto, estimula las deserciones y las derrotas políticas y hace crecer la desconfianza en la dirección y sus políticas, sin la cuales, ninguna organización revolucionaria puede sobrevivir como tal.
Para resumir entonces, entendemos el centralismo democrático como la unidad del partido para actuar en la lucha de clases con la disciplina necesaria. Pero esta unidad y disciplina deben partir de la base de la discusión democrática interna de todos los problemas centrales, los balances periódicos de lo actuado y la introducción de las correcciones necesarias cuando estas hagan falta.
(*) Texto de la intervención de Lenin en el Cuarto Congreso de la III Internacional:
"At the third congress in 1921 we adopted a resolution on the structure of communist parties and the methods and content of their activities. It is an excellent resolution, but it is almost entirely Russian, that is to say, everything in it is taken from Russian conditions. That is its good side, but it is also its bad side, bad because scarcely a single foreigner--I am convinced of this, and I have just re-read it-can read it. Firstly, it is too long, fifty paragraphs or more. Foreigners cannot usually read items of that length. Secondly, if they do read it, they cannot understand it, precisely because it is too Russian...it is permeated and imbued with a Russian spirit. Thirdly, if there is by chance a foreigner who can understand it, he cannot apply it...My impression is that we have committed a gross error in passing that resolution, blocking our own road to further progress. As I said, the resolution is excellent, and I subscribe to every one of the fifty paragraphs. But I must say that we have not yet discovered the form in which to present our Russian experience to foreigners, and for that reason the resolution has remained a dead letter. If we do not discover it, we shall not go forward."
(1) Era un práctica antidemocrática común en el viejo MAS, por ejemplo, que un CE de 11 miembros debía concurrir con centralismo democrático a un CC de 23 miembros y, por lo tanto, ganando solo un miembro del CC que no estuviera en el CE, obtenía una mayoría casi automática. Esto significaba en los hechos que si solo 6 miembros de los 11 del CE habían impuesto una posición política esta era casi automáticamente forzada sobre el CC aunque fuera prácticamente minoritaria. Esta práctica se mantiene en la mayoría de los partidos que se escindieron del MAS y en la izquierda en general. ■

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