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InDret. La influencia de los sesgos cognitivos en las decisiones jurisdiccionales: el factor humano. Una aproximación. Arturo Muñoz Aranguren
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Clara Naranjo López
1 InDret REVISTA PARA EL ANÁLISIS DEL DERECHO WWW. INDRET.COM La influencia de los sesgos cognitivos en las decisiones jurisdiccionales: el factor humano. Una aproximación Abogado Ramón C. Pelayo Abogados BARCELONA, ABRIL 2011
2 Abstract Existe un amplio consenso en la literatura jurídica norteamericana sobre la existencia e influencia de los sesgos cognitivos en las decisiones jurisdiccionales. Sin embargo, esta cuestión apenas ha sido tratada por la doctrina española. El presente trabajo trata de colmar esa laguna y de ofrecer algunas soluciones para mitigar las consecuencias de estos sesgos. Most of the American scholars uphold the existence and influence of the cognitive biases in judicial rulings. However, this subject has been rarely treated by the legal Spanish Scholarship. This article tries to fill this gap and offers some solutions for debiasing. Title: The influence of cognitive biases in the judicial decisions. The Human Factor. An approach Palabras clave: sesgo, heurística, retrospectiva, anclaje Keywords: bias, heuristics, hindsight, anchoring Sumario 1. Introducción 1.1. Procedimiento heurístico de la representatividad (representativeness) 1.2. Procedimiento heurístico de la disponibilidad (availability) 1.3. Procedimiento heurístico de anclaje y ajuste (anchoring) 1.4. Sesgo retrospectivo (hindsight bias) 1.5. Sesgo de confirmación (confirmation bias) 1.6. Sesgo de grupo (in group bias) 2. La sombra de una duda (objetiva). Una medida legislativa que reduce el efecto de sesgos cognitivos 3. Un ejemplo de sesgo de grupo: la preeminencia de los informes periciales emitidos por funcionarios 4. Otro ejemplo de sesgo en las decisiones judiciales: el anclaje con respecto a las peticiones del Ministerio Fiscal 5. Un posible caso de sesgo cognitivo de representatividad: anatomía de una sentencia 6. Es posible mitigar o eliminar esos sesgos? 7. Conclusión 8. Tabla de sentencias 9. Bibliografía es responsable del área de Litigación Civil, Administrativa y Constitucional de Ramón C. Pelayo Abogados y Profesor de derecho procesal en el Máster de Derecho Privado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. 2
3 1. Introducción A pesar de su importancia práctica, la cuestión relativa a los errores y sesgos cognitivos en las decisiones judiciales apenas han despertado interés en la doctrina y jurisprudencia española 1. El denominado movimiento cognitivo desarrollado, aproximadamente, a partir de 1960, como consecuencia de las evidencias contrastadas en diversos estudios empíricos, puso el acento en los errores y sesgos en que incurre el ser humano, que se producen inevitablemente al utilizar la mente para procesar la información que recibe del exterior y emplear ésta una serie de procedimientos de simplificación, que tienden a reducir la complejidad de la información recibida, de modo que sea posible la toma de decisiones de forma eficiente. Este tipo de procedimientos mentales de simplificación (heurística), como ponen de manifiesto de manera reiterada los numerosos estudios efectuados sobre esta cuestión, si bien con carácter general puedan ser útiles para la vida corriente, pueden dar lugar en ocasiones a errores y a sesgos (biases). En relación a esta cuestión, es clásico el estudio pionero publicado en la revista Science por los psicólogos israelíes TVERSKY y KAHNEMAN (1974), bajo el nombre de Judgement under uncertainty: Heuristics and Biases (Juicio bajo la incertidumbre: heurísticas y sesgos). Los citados autores procedieron a relacionar y sistematizar esas técnicas o reglas heurísticas (heuristics), definiéndolas como aquellas reglas cognitivas que, inconscientemente, todo ser humano aplica al procesar la información que recibe del exterior, y que permiten reducir las tareas complejas de asignar probabilidad y predecir valores a operaciones de juicio más simples. De entre esos errores cognitivos relacionados por TVERSKY y KAHNEMAN interesa ahora recordar los siguientes: 1.1. Procedimiento heurístico de la representatividad (representativeness) Este procedimiento conduce a errores estadísticos y matemáticos en el cálculo de la probabilidad, derivados de la insensibilidad a la probabilidad previa de resultados y al tamaño de la muestra, así como de errores relativos a la aleatoriedad y en relación a la denominada regresión a la media. En el trabajo antes aludido de TVERSKY y KAHNEMAN, los sujetos objeto del experimento tenían que valorar la siguiente situación. En una ciudad hay dos hospitales: uno grande y uno pequeño. En el grande nacen alrededor de 45 niños al día y en el pequeño alrededor de 15. Aunque, como es conocido, la proporción de niños y niñas que nacen se divide aproximadamente al 50%, es evidente que hay días en que nacen más niños que niñas y al revés. A las personas que participaron en el estudio se les pidió que valoraran en cuál de los dos hospitales se darían más días en los que el número de niños nacidos fuera superior al 60%. La mayoría de los sujetos (52%) consideraron que el número de días con más de un 60% de niños sería semejante en ambos hospitales, y sólo un 21% estimó que se darían más días con más del 60% de niños en un hospital pequeño. La respuesta correcta en términos estadísticos es, naturalmente, esta última, ya que una muestra más grande tiene siempre menos probabilidades de desviarse de la media (en este caso, de la 1 Con dos notables excepciones: ALONSO GALLO (2006, pp ) y CONTHE GUTIÉRREZ (2007). 3
4 media del 50%). Este es el clásico ejemplo de cómo las valoraciones intuitivas (efectuadas con arreglo a la regla heurística de la representatividad) incurren en errores por no tomar en consideración el tamaño de la muestra. En este tipo de errores de representatividad se incurre, a veces, en la valoración, por parte del Tribunal o los miembros del Jurado, de la veracidad del testimonio de los litigantes y testigos. Pondremos un ejemplo muy elemental: los estudios empíricos efectuados sugieren que, cuando los sujetos hacen juicios categóricos, - por ejemplo, ponderar la probabilidad de que un acusado sea culpable -, concluyen que la evidencia concreta analizada (por ejemplo, el comportamiento durante el juicio del acusado) es representativa de la categoría (culpabilidad o inocencia del acusado). Cuando la muestra o evidencia le parece al Tribunal representativa o similar a la categoría (por ejemplo, el acusado se muestra nervioso durante la vista), tiende a juzgar la probabilidad de la categoría en la misma medida prueba de culpabilidad -. Cuando la evidencia que está siendo analizada no se parece a la categoría (volviendo al mismo ejemplo, cuando el acusado aparenta, por ejemplo, estar tranquilo ante el Tribunal), el fenómeno se produce en sentido inverso. En la medida en que el principio de inmediación es de gran importancia en los procedimientos judiciales -y esencial en alguno de ellos, como los penales-, es fácil advertir la importancia que este tipo de representaciones erróneas por parte del Tribunal o los miembros del jurado puede tener en el resultado del procedimiento (GUTHRIE et al., 2001). La función propia de juzgar consiste precisamente en valorar las diversas declaraciones que se prestan en el acto del juicio y otorgar mayor credibilidad a una o varias de ellas, función de valoración en la que juega un papel decisivo la inmediación, y en este sentido la STS, 1ª, de (RJ 1996\4544; MP: José Augusto de Vega Ruiz) ha establecido, en consonancia con la STC 217/1989, de (RTC 1989\217; MP: Vicente Gimeno Sendra), que la oralidad, la publicidad, la contradicción y sobre todo, la inmediación, representan las ventajas del proceso celebrado en presencia de los jueces que ven y oyen lo que ya después otros ojos y oídos no percibirán. Se trata de valorar en la vista, los gestos, las actitudes, las turbaciones y las sorpresas de cuantos intervienen en el plenario, todo lo cual permite a aquellos fundar su íntima convicción acerca de la veracidad o mendacidad de las respectivas declaraciones. El Tribunal Constitucional ha venido a reforzar, recientemente, la importancia del principio de inmediación en el proceso penal, en la medida en que entiende vulnerado el derecho al proceso con todas las garantías en el supuesto de condena, en la segunda instancia penal, basada en la valoración de una prueba personal no practicada ante el Tribunal que resuelve el recurso. Es más, en el FD 3º de la STC 2/2010, de (RTC 2010\2; MP: Ramón Rodríguez Arribas) entiende que la garantía procesal de inmediación no queda cubierta por el hecho de que el Tribunal de Apelación visione la grabación audiovisual del juicio celebrado en primera instancia: En la medida en que implica el contacto directo con la fuente de prueba, la inmediación adquiere verdadera trascendencia en relación con las pruebas caracterizadas por la oralidad, esto es, las declaraciones, cualquiera que sea el concepto en el que se presten. De modo que su dimensión de garantía constitucional (art CE) resulta vinculada a la exigencia constitucional de que los procesos sean predominantemente orales, sobre todo en materia penal (art CE). Es ésta una garantía de corrección que evita los riesgo de valoración inadecuada procedente de la intermediación entre la prueba y el órgano de valoración y que, en las pruebas personales, frente al testimonio de la declaración en el acto de la vista, permite apreciar no sólo lo esencial de una secuencia verbal trasladada a un escrito por un tercero sino la totalidad de la palabras pronunciadas y el contexto y el modo en el que fueron: permite 4
5 acceder a la totalidad de los aspectos comunicativos verbales; permite acceder a los aspecto comunicativos no verbales, del declarante y de terceros; y permite también, siquiera en la limitada medida en que lo tolera su imparcialidad, la intervención del Juez para comprobar la certeza de los elementos de hecho Procedimiento heurístico de la disponibilidad (availability) Con arreglo a este procedimiento mental, el sujeto procede a valorar la probabilidad de que acaezca un suceso, tomando en consideración la facilidad con la que el propio sujeto puede recordar o imaginar ejemplos de sucesos similares. TVERSKY y KAHNEMAN (1974) sostienen que los sujetos que utilizan la disponibilidad juzgan la frecuencia según la fuerza de ciertas asociaciones. En una de sus investigaciones, solicitaron a un grupo de sujetos clasificar la frecuencia relativa de palabras en el idioma inglés que tuvieran la letra r en la primera posición o en la tercera posición, y se les preguntó cuál de las dos posiciones de la r era más probable de encontrar. La mayoría de los sujetos respondieron que la r tiene más posibilidades de aparecer en la primera posición. Sin embargo, en el idioma inglés la letra r es mucho más frecuente en la tercera posición que en la primera. TVERSKY y KAHNEMAN indican que la respuesta de los sujetos está sesgada por la facilidad para evocar las palabras que comienzan por la letra r, es decir, generalmente se evocan con más facilidad ejemplos de clases grandes que ejemplos de categorías menos frecuentes. Se estima que las palabras que comienzan con r, en inglés, son más fáciles de generar que aquellas cuya tercera letra es r, por lo que se piensa que las primeras son más frecuentes. La disponibilidad es producto de la percepción de la frecuencia relativa, lo que puede influir en las decisiones que se tomen en ciertas circunstancias. Por ejemplo, un médico al diagnosticar una enfermedad recurre a su experiencia. Esto lo lleva a evocar más fácilmente ejemplos de enfermedades asociadas a los síntomas que presenta el paciente, que contraejemplos donde los síntomas se presenten sin tener la enfermedad, lo puede llevar a errores o demoras en la obtención del diagnóstico correcto Procedimiento heurístico de anclaje y ajuste (anchoring) Este proceso mental se fundamenta en la realización de una estimación, por parte del sujeto, a partir de un valor inicial (anclaje), que progresivamente ajusta a medida que obtiene información adicional. Los múltiples estudios realizados acreditan cómo este procedimiento mental da lugar a resultados diferentes, simplemente por el hecho de que se haya empezado por un valor distinto. De lo anterior se deriva que, con frecuencia, la valoración inicial ejerce una influencia indebida y desproporcionada sobre al análisis del sujeto, y provoca errores que pasan inadvertidos para el propio interesado. Debe indicarse que este sesgo de anclaje puede agravarse cuando la decisión se toma en grupo. Como apunta SALVADOR CODERCH (2003), de manera contraria a nuestras acendradas intuiciones republicanas, la deliberación en el seno de un jurado parece empeorar las cosas. Así, con arreglo a un estudio efectuado sobre este extremo, en un inesperado deslizamiento hacía la severidad (severity shift), los jurados simulados que acuerdan, tras haber deliberado, dictar un veredicto condenatorio a pagar daños punitivos, resuelven conceder mayores sumas que las que individualmente cada uno de sus miembros estaba dispuesto a hacer pagar al demandado antes de reunirse para deliberar con el resto del jurado. Al parecer, y siguiendo el atractivo de una inexplicada ventaja retórica, quien mayor condena propugna, acaba arrastrando a los demás. 5
6 Como señala ALONSO GALLO (2006), junto a esos errores cognitivos expuestos en los años 70 por TVERSKY y KAHNEMAN, existe una amplia literatura interdisciplinar, fundamentalmente en el mundo anglosajón, que ha completado este elenco de errores cognitivos, interesando, a los efectos del presente trabajo, relacionar los siguientes: 1.4. Sesgo retrospectivo (hindsight bias) Con arreglo a este mecanismo mental, al valorar determinados hechos pasados, el sujeto no puede abstraerse de las consecuencias de los mismos, de manera que incurre en una tendencia a considerar, a partir del conocimiento de las consecuencias de la acción, que las mismas eran previsibles desde el principio. Una vez que el individuo tiene conocimiento del resultado, se provoca un cambio de perspectiva del sujeto de manera que el resultado le parece inevitable. El sujeto proyecta automáticamente su nuevo conocimiento hacia el pasado, no siendo consciente, ni capaz, de reconocer la influencia que este proceso ha tenido en su juicio sobre lo acontecido 2. De alguna forma, este error cognitivo está relacionado con la técnica heurística de la disponibilidad antes descrita, en la medida en que los resultados acontecidos son más accesibles para el sujeto que juzga, que los que nunca se produjeron. A pesar de tratarse de un error fácilmente explicable y reconocible, numerosos estudios han demostrado que resulta extraordinariamente difícil realizar juicios sobre lo acontecido abstrayéndose por completo del resultado, de manera que, como veremos, la mayoría de las medidas que se han propuesto para contrarrestar su efecto únicamente consiguen, en el mejor de los casos, mitigarlo parcialmente, pero nunca eliminarlo por completo (SUNSTEIN et al., 2000). En relación al sesgo de retrospectiva es clásico el estudio efectuado por FISCHHOFF (1975), habiendo confirmado numerosos estudios posteriores la existencia de este tipo de limitación cognitiva. De hecho, prácticamente todos los estudios empíricos que han investigado este sesgo han confirmado su existencia 3. Una cuestión controvertida consiste en determinar si los jueces se encuentran menos expuestos a este tipo de sesgo (y al resto) que, por ejemplo, los miembros de un jurado. 2 SÁNCHEZ FERLOSIO (2002): (Con permiso de OCKAM) Como lo que ha pasado no puede dejar de haber pasado, la impresión que suscita: la de lo irreparable, tiende a arrimarse a la idea de lo necesario, de modo que el sentimiento de que el ayer es irreparable se expone a contaminarse con el de que es necesario; en ese instante ya están puestos los dos términos para el fatídico salto de proyectar es necesario en un era necesario: entonces se abre de golpe la escotilla de los dos grandes demonios: el del destino y el de la providencia. 3 Un extenso trabajo, que recoge un resumen de todos los estudios efectuados sobre el sesgo retrospectivo en los diferentes ámbitos, concluyó que 122 de 128 estudios analizados afirmaron la existencia de un significativo sesgo de retrospectiva (CHRISTENNSEN-SZALANSKI y WILLHAN, 1991). Véase también al respecto RACHLINSKI (1998, pp ). 6
7 Tanto los estudios realizados en España (FARIÑA et al., 2002), como los realizados en el extranjero concluyen, de forma mayoritaria pero no unánime-, que no existe una diferencia relevante en cuanto al grado de afectación (MANDEL, 2006). En un estudio realizado con 167 magistrados de Cortes Federales de Estados Unidos (GUTHRIE et al., 2001) se concluyó que los jueces estaban afectados en la misma medida que el resto de los ciudadanos por el sesgo de anclaje y por el de retrospectiva. Es cierto que existe algún estudio aislado que ha llegado a la conclusión de que los jueces son, de alguna manera, menos susceptibles al sesgo de retrospectiva que el resto de personas (HASTIE et al., 1999), si bien estos resultados han sido objeto de amplias críticas por entender que se encontraban, a su vez, sesgados por el hecho de que la muestra empleada se hizo en un contexto una conferencia sobre el análisis económico del Derecho que pudo provocar que los jueces actuaran, no de una manera espontánea, sino deliberadamente dirigida a ocultar el influjo del sesgo retrospectivo. Otro estudio empírico (VISCUSI y HASTIE, capítulos 11 y 12, respectivamente, en SUNSTEIN et al., 2002) también concluyó que los mismos fenómenos que sesgan los veredictos de un jurado vician la sentencia de un juez, pero en muchísima menor medida. Según el mismo, si bien los jurados aciertan a la hora de incorporar a su veredicto las valoraciones morales y sociales que permiten calificar a un comportamiento dañino como doloso o gravemente desconsiderado y que, por tanto, llevan a imponer una condena por punitive damages para castigar al demandado y prevenir conductas similares en el futuro, la traducción del juicio de reproche en términos monetarios es, según sus autores, desastrosa, y todo tipo de errores y prejuicios convierten los veredictos condenatorios en una lotería imprevisible (SALVADOR CODERCH, 2003). En cambio, para los autores del citado estudio, los jueces profesionales yerran en mucha menor medida. Nuevamente debemos hacer constar que este trabajo, que se efectuó con 97 jueces que aceptaron participar en el experimento, se efectuó en el seno de una conferencia sobre análisis económico del Derecho, por lo que la sombra de la duda sobre la espontaneidad de los participantes sigue estando presente 4. Los riesgos de este sesgo han tenido incluso algún reflejo jurisprudencial, y así la Corte Suprema de los Estados Unidos, en su Sentencia Graham v. John Deere Co., de 1966, aplicando el derecho sobre patentes, proclamó que los Tribunales deben estar en guardia para no caer en el uso de la visión retrospectiva. El derecho de patentes constituye un terreno especialmente propicio para que este sesgo cognitivo actúe con fuerza. Para que un invento o técnica merezca la protección otorgada por el derecho de propiedad industrial no solo es preciso que se trate de un avance novedoso y útil, sino que debe tratarse realmente de un invento, de avance no obvio en el campo de que se trate. El Tribunal Supremo norteamericano, en la citada sentencia, reconoció el problema de la visión retrospectiva, que tiende a hacernos percibir como obvio algo que parece simple a la luz de este sesgo, pero que quizá no lo fue realmente en el momento de su invención. Para combatir el influjo de este defecto cognitivo, la Corte Suprema, en Graham v. John Deere Co., añadió las denominadas consideraciones secundarias al test de no-obviedad. Además del indagar sobre los 4 El escepticismo que subyace en estas críticas se debe, a mi juicio, al posible influjo de otro fenómeno cognitivo en la realización del experimento: la conocida como profecía autocumplida (self-fulfilling prophecy), que es una predicción que, una vez hecha, es en sí misma la causa de que se haga realidad. La expresión fue acuñada por el sociólogo MERTON (1968), quien ofrece la siguiente descripción: la profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición falsa de la situación que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva verdadera. POPPER, calificó este fenómeno como el Efecto Edipo: Una de las ideas discutidas en La miseria del Historicismo era la influencia de una predicción sobre el evento predicho. Yo había llamado a esto el efecto Edipo, porque el oráculo desempeñaba el papel más importante en la secuencia de eventos que llevaban al cumplimiento de la profecía [ ] Durante un tiempo pensé que la existencia del efecto Edipo marcaba la distinción entre las ciencias sociales y las naturales. 7
8 aspectos técnicos del invento, el Tribunal exigió a los órganos jurisdiccionales inferiores que analizaran consideraciones secundarias como el éxito comercial, la existencia de un sentimiento de una larga necesidad no atendida, fracaso de otros, etc., que quizá puedan ser utilizadas para arrojar luz sobre las circunstancias que rodearon el origen del objeto que quería ser patentado. También los tribunales españoles han tenido la ocasión de pronunciarse sobre este sesgo aplicado al derecho de patentes, como en la SAP Barcelona, Secc. 25ª, de (AC 2010\159; MP: Luis Garrido Esplá): La tesis de R constituye un claro ejemplo del análisis ex post facto vedado a la hora de examinar la patentabilidad de una invención, pues este examen no consiste en determinar qué es lo que hoy resultaría evidente para el experto en la materia a la vista de la patente impugnada, sino de retroceder en el tiempo y situarse en la posición del experto en la materia a la fecha de prioridad de la patente 306 y determinar qué habría resultado evidente entonces, antes de conocer el contenido de la patente impugnada. Otro célebre ejemplo de la evidencia del influjo de este sesgo en las decisiones judiciales lo constituye una sentencia dictada por un Tribunal de New Jersey en 1931, haciendo responsable al administrador de un trust por no haber vendido acciones propiedad de la compañía, justo antes del crack bursátil de El Tribunal sostuvo que: Era de general conocimiento, no sólo entre los banqueros y compañías inversoras, sino también entre el público en general, que la situación del mercado de valores en el momento del fallecimiento del testador era insano, que los títulos estaban muy sobrevalorados, y que un crack era casi seguro que ocurriera Sesgo de confirmación (confirmation bias) Este proceso mental se caracteriza por la tendencia del sujeto a filtrar una información que recibe, de manera que, de forma inconsciente, busca y sobrevalora las pruebas y argumentos que confirman su propia posición inicial, e ignora y no valora las pruebas y argumentos que no respaldan la misma. El sesgo de confirmación es una tendencia irracional a buscar, interpretar o recordar información de una manera tal que confirme alguna de nuestras concepciones iniciales o hipótesis. Es un tipo de sesgo cognitivo, es decir, un error sistemático del razonamiento inductivo. Estos sesgos en el procesamiento de la información son diferentes a los efectos de confirmación de comportamiento (lo que se conoce como profecía autocumplida), en los que las expectativas de una persona influyen en su propia conducta (MERTON, 1968). Los sesgos pueden ocurrir en la reunión, interpretación o recuperación de información. Algunos psicólogos utilizan la denominación sesgo de confirmación para las desviaciones sistemáticas en cualquiera de estos tres procesos, mientras que otros la restringen a los pasos para la recolección selectiva de la evidencia, utilizando el término sesgo de asimilación para las interpretaciones 5 Véase In re Chamberlain, 156 A. 42, 43 (N.J. Prerog. Ct. 1931). 6 [i]t was common knowledge, not only amongst bankers and trust companies, but the general public as well, that the stockmarket condition at the time of [the] testator s death was an unhealthy one, that values were very much inflated, and that a crash was almost sure to occur. 8
9 sesgadas. En muchas situaciones de razonamiento, las personas rechazan el sesgo de confirmación y las pruebas de hipótesis para la obtención de una información real. Los sesgos aparecen, en especial, en los aspectos que son emocionalmente importantes (tales como la salud personal o las relaciones sociales) y para establecer las creencias que dan forma a las expectativas de la persona (NICKERSON, 1998). Los sesgos en la búsqueda, interpretación y / o de almacenamiento de información han sido utilizados para explicar la perseverancia de creencias (las creencias en determinadas personas permanecen intactas aun cuando la evidencia de estas creencias haya sido probada como falsa) y la polarización de la actitud (un desacuerdo es más polarizado, aun cuando las diferentes partes estén expuestas a las mismas pruebas) Sesgo de grupo (in group bias) Esta técnica cognitiva provoca el error de valorar de forma injustificadamente homogénea las actitudes, actos y opiniones de las personas que pertenecen al mismo grupo, y por la sola razón de pertenencia a ese grupo. Esos prejuicios pueden ser tanto positivos, como negativos, y pueden darse por la pertenencia o no del propio sujeto a uno de esos grupos 7. El modelo económico tradicional asume que la gente únicamente se preocupa de su propio interés. Sin embargo, las personas pueden mostrar también una actitud favorable a los grupos a los que pertenecen. En la ciencia psicológica este fenómeno se conoce como identificación social. Una de las manifestaciones más estudiadas de esta identificación social es el sesgo de grupo: el tratamiento preferente a los miembros del grupo al que el sujeto pertenece. 7 Una ejemplar SAP Sevilla, de (ARP 2006\592; Ponente: Francisco Gutiérrez López) reflexiona sobre las peligrosas consecuencias prácticas de este sesgo en la jurisdicción penal: Las peculiaridades del sistema de enjuiciamiento en EE. UU., por otra parte, pueden explicar veredictos basados en pruebas insuficientes, pero son completamente ajenas al hecho de que se produjeran los errores en los reconocimientos, cuya regulación y práctica no difiere sustancialmente de la española (aunque es justo reconocer que en Estados Unidos se plantea con mucha mayor agudeza que en España la problemática que suscita la identificación interracial). Por lo demás, también en España, aunque de forma menos sistemática, están igualmente documentados este tipo de casos, el más conocido y dramático de los cuales es el que afectó a dos ciudadanos marroquíes y afecta todavía a uno de ellos, pues el otro murió en prisión, condenados como autores de varias violaciones en base exclusivamente al reconocimiento de las víctimas, y que en uno de los casos obtuvieron la revisión de la condena gracias a los análisis de ADN, que no es posible realizar por falta de muestras biológicas en los restantes, de suerte que el superviviente pende de un indulto solicitado por el Ministerio Fiscal hace ya seis años. [ ] Un problema adicional para la fiabilidad del reconocimiento efectuado por la víctima lo constituye la circunstancia de que los tres acusados y únicos sospechosos de la agresión sean de nacionalidad colombiana y en especial dos de ellos justamente José Manuel y Carlos Miguel presenten, según pudo observar el Tribunal en el acto del juicio, rasgos faciales acusadamente coincidentes con el estereotipo racial que en EE. UU. se denomina, incluso oficialmente, «hispano» y que en España llamaríamos con igual imprecisión «sudamericano». Se plantea así un supuesto de lo que en la Psicología del testimonio se conoce como efecto interracial (other race o cross-race effect), al que se han dedicado específicamente en los últimos veinticinco años no menos de otros tantos artículos y monografías en la bibliografía especializada. Todos ellos, no sin matices e implicaciones de mayor complejidad que no es preciso abordar aquí, confirman, sobre sólidas bases empíricas y epistemológicas, el elemental lugar común de experiencia ordinaria de que los testigos identifican con mayor facilidad y precisión las caras de los sujetos de su propia raza que las de miembros de razas diferentes. Ciertamente, no han sido pocas las sentencias en que este mismo Tribunal, en relación con ciudadanos magrebíes incluidos como sospechosos o distractores en las ruedas de reconocimiento, ha avanzado la hipótesis de la menor importancia que, por razones históricas y de genética de poblaciones, tendría en España el denominado efecto interracial en la fiabilidad de la identificación en este tipo de supuestos, frente a los que son analizados en la psicología del testimonio estadounidense, en contemplación de estereotipos raciales más rígidos y divergentes y con menor contacto social y cultural entre los distintos grupos demográficos( ). 9
10 La mayoría de las evidencias obtenidas sobre el alcance del sesgo de grupo derivan de experimentos efectuados con sujetos que se prestaban a los mismos de forma voluntaria; no obstante, debemos hacer mención a un reciente estudio efectuado en Israel (SHAYO y ZUSSMAN, 2010) que ha confirmado, esta vez sobre la base de decisiones judiciales emitidas en dicho estado, la influencia del sesgo de grupo en las decisiones jurisdiccionales, de manera que, con arreglo a las conclusiones de ese trabajo, una demanda tendría en ese estado entre un 17 y un 20% más de posibilidades de ser estimada, si el juez encargado del asunto pertenece a la misma etnia que el demandante. Avanzando aún más, este estudio sostiene que el influjo del sesgo de grupo se incrementó de manera sustancial, en proporción al número de atentados terroristas perpetrados en la zona en el año anterior al dictado de la resolución judicial. Es más, los datos extraídos permiten indicar que el terrorismo afectó a los jueces tanto de etnia judía como árabe, provocando un incremento del dictado de decisiones favorables por parte de los jueces árabes a favor de los demandantes de esa misma etnia, y ocurriendo exactamente lo mismo con los judíos en relación a los litigantes de su etnia. Otro estudio, efectuado por MCCONNELL (2010), analizó las decisiones judiciales en las cortes federales norteamericanas tras los trágicamente célebres atentados terroristas del , para concluir que no existió ningún cambio relevante en el resultado de los procedimientos judiciales para ningún grupo étnico. Hemos hecho la anterior exposición introductoria de la forma más sucinta posible, en detrimento de una explicación detallada de esos sesgos, simplemente para poner de manifiesto la importancia que para cualquier profesional del Derecho tiene esta perspectiva cognitiva en la toma de decisiones, en la medida en que jueces y jurados están expuestos a incurrir en tales errores y sesgos (evidentemente, las partes y sus abogados también lo están, pero esto es algo que se admite pacíficamente). La anterior relación no es exhaustiva. Se han dejado al margen defectos cognitivos como el denominado sesgo egocéntrico (egocentric biases o self-serving biases), en virtud del cual las personas tienden a sobrestimar sus propias habilidades y su contribución en las actividades realizadas en grupo (ROSS y SICOLY, 1979), en la medida en que pensamos que su influencia en las decisiones jurisdiccionales es menor y, en todo caso, ha sido menos contrastada empíricamente. Otro tanto cabe decir del conocido como error fundamental de atribución (fundamental attribution error) o correspondence bias (ROSS, 1977). El error fundamental de atribución (conocido también como sesgo de correspondencia o efecto de sobreatribución) es la teoría que describe cognitivamente la tendencia o disposición de la gente a sobredimensionar disposiciones, motivos personales o explicaciones internas a la hora de explicar un comportamiento observado en otras personas, dando poco peso, por el contrario, a motivos externos como el rol o la situación, para este mismo comportamiento. Un ejemplo de este sesgo sería atribuir el comportamiento de autoridades o personas de carne y hueso -presidentes de Gobierno, ministros, autoridades financieras, etc.- a sus limitaciones y defectos personales, y no a las complejas circunstancias a las que se enfrentan. En la medida en que la decisión judicial consiste en un pronunciamiento sobre los hechos enjuiciados efectuado por un ser humano -ya sea juez o jurado-, es importante conocer el alcance e influencia que estos sesgos cognitivos que, inevitablemente, afectarán a la correcta asimilación 10
11 de la quaestio facti por parte del tribunal 8. Es más, a nuestro juicio los sesgos no sólo afectan a la parte no normativa del denominado silogismo judicial -relativa a la determinación del hecho-, aun siendo al ámbito natural de actuación de los defectos cognitivos, sino también a la premisa jurídica o quaestio iuris, en la medida que suponen una distorsión del razonamiento lógico-abstracto. A este respecto, nos remitimos al trabajo de ARRUÑADA y ANDONOVA (2008), que han detectado la influencia de los sesgos cognitivos en la aplicación del Derecho, y no sólo en la apreciación y valoración de los hechos, por parte de los jueces, como por ejemplo en relación a la regulación normativa de la autonomía de la voluntad de las partes en materia contractual o relación a las condiciones generales de contratación. Naturalmente que, en principio, es en el terreno fáctico donde los sesgos influirán en mayor medida en el dictado de las resoluciones judiciales, apartando al juez del discurso racional. Ahora bien, no es descartable que determinados sesgos, en atención a su naturaleza, puedan también afectar, aunque sea en menor medida, a la elección del órgano judicial sobre las normas a aplicar, en los supuestos en los que exista un eventual conflicto de normas o varias soluciones jurídicas posibles 9. En cualquier caso, la influencia de estos sesgos en la aplicación de las normas no ha sido prácticamente objeto de estudios empíricos, por lo que conviene ser prudente al respecto, y además excedería de los límites del presente trabajo, que se centrará fundamentalmente en la afectación cognitiva en relación a las cuestiones de hecho 10. Sería arduo explicar por qué razón en la cultura jurídica anglosajona y, especialmente, en la norteamericana, esta cuestión ha suscitado tanto interés, mientras que, en países como el nuestro, cuestiones tan trascendentes han pasado prácticamente inadvertidos para casi toda la comunidad jurídica. En este sentido, parece que nos encontramos, una vez más, como apunta ECO 11, ante la tradicional oposición histórica entre el pensamiento platónico-escolástico partidario de las esencias y de los conceptos universales y el empirismo de raíz anglosajona, más sensible a la complejidad de la realidad y al carácter convencional e imperfecto de nuestros conceptos. Ya el jurista español Adolfo POSADA, a finales 8 Refiriéndose a los hechos, ANDRÉS IBAÑEZ (1992, pp ) dice que Se ha escrito por un magistrado italiano que, del mismo modo que el burgués gentilhombre se sorprendió al conocer que hablaba en prosa, los jueces podrían también experimentar sorpresa si fueran conscientes de la densidad de las cuestiones epistemológicas y la notable complejidad de los procesos lógicos implícitos en el más elemental de los razonamientos de que habitualmente hacen uso. 9 Más adelante comprobaremos como, por ejemplo, el sesgo de anclaje puede afectar no solo al relato fáctico, sino también a la calificación jurídica del hecho. De igual forma, el sesgo de grupo puede llevar a que el juez opte, en caso de varias soluciones jurídicas alternativas posibles, por la postulada por el miembro del grupo en cuyo favor se halle sesgado. Por qué esta predisposición psicológica que, de forma epistemológica, se ha acreditado existente en la apreciación de los hechos enjuiciados, no habría de afectar a la elección, por parte del juez, de la solución jurídica menos racionalmente satisfactoria, entre las posibles? Podemos afirmar con certeza que los Tribunales son completamente inmunes a caer en el influjo, por ejemplo, del sesgo de grupo o de anclaje en relación a la argumentación jurídica del Ministerio Fiscal? No lo creo. 10 Como señala IGARTUA (1999), el ejercicio de la jurisdicción tiende a definirse como una actividad cognoscitiva que, al menos en lo que a los hechos respecta, se expresa en asertos cuya verdad remite a una verificación empírica sujeta a prueba y contraprueba, abierta a la negación o la confirmación a través del juicio contradictorio. 11 ECO (1999). Tomo la cita prestada de Manuel CONTHE. 11
12 del siglo XIX, advirtió en su opúsculo La enseñanza del Derecho en las universidades de que las limitaciones pedagógicas de los países latinos en relación a los que se rigen por el Commom Law provenían, antes que nada, de la falta de conciencia de la envergadura del problema. Es descorazonador comprobar que la mayoría de las deficiencias denunciadas por POSADA en 1884 (primacía del conocimiento puramente memorabilístico, falta de espíritu crítico y de adaptación a la realidad social, desconexión con el resto de conocimientos científicos, etc.) siguen vigentes en nuestras universidades, como si no hubiera transcurrido más de un siglo, mientras que en el derecho anglosajón cada vez es más frecuente el dialogo permanente con otras disciplinas, como la economía (escuela del análisis económico del Derecho) o la psicología (psicología del testimonio, sesgos cognitivos), etc. 2. La sombra de una duda (objetiva). Una medida legislativa que reduce el efecto de sesgos cognitivos Para darnos cuenta de la importancia práctica que pueden tener estos sesgos, merece la pena prestar atención a la figura de la recusación/abstención, cuando concurren razones que hacen dudar de la imparcialidad objetiva del órgano jurisdiccional. En efecto, detrás de la preocupación genérica del legislador de evitar la parcialidad del juzgador puede verse la alargada sombra de los sesgos de anclaje y confirmación. De no existir esta previsión legal específica, la influencia de estos sesgos en las decisiones jurisdiccionales podría ser muy acusada, siendo inimaginable para nuestra actual conceptuación del derecho procesal, por ejemplo, la posibilidad de que una misma persona instruya y decida una causa penal, sin riesgo de quedar gravemente condicionada su imparcialidad. En concreto, nos referiremos en este apartado a la causa de abstención y recusación recogida en el art. 219, apartado 11º de la Ley Orgánica 6/1985, de 1 de julio, del Poder Judicial (BOE núm. 157, de ; en adelante, LOPJ), que señala que es causa de abstención y, en su caso, de recusación, haber participado en la instrucción de la causa penal o haber resuelto el pleito o causa en la anterior instancia. De igual forma, aunque nos centraremos en esta causa de abstención y/o recusación, cabe advertir efectos similares en el apartado 13º ( haber ocupado cargo público, desempeñado empleo o ejercido profesión con ocasión de los cuales haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito o causa o en otro relacionado con el mismo ) y en el apartado 16º ( Haber ocupado Juez o Magistrado cargo público o administrativo con ocasión del cual haya podido tener conocimiento del objeto del litigio y formar criterio en detrimento de la debida imparcialidad ) de ese mismo precepto 12. En 1882 quiso adoptarse un modelo que superara el sistema inquisitivo e implicara el establecimiento de un sistema de enjuiciamiento que evitara los excesos y arbitrariedades a que aquel conducía. La solución 12 De igual forma, desde hace ya algunas décadas, se ha venido reclamando por parte de algún sector de la doctrina que el Ministerio Fiscal asumiera con plenitud la investigación penal. El juez instructor pasaría a desempeñar una función imparcial (evitando así la influencia de sesgos contra el imputado en su toma decisiones), en el seno de la instrucción penal, como juez garante o juez de garantías de los derechos fundamentales del imputado. 12
13 adoptada consistió en la instauración de un sistema mixto, en el cual se mantenían parámetros inquisitivos en la instrucción y, al tiempo, se introducía con gran amplitud aunque no totalmente el sistema acusatorio para la fase del juicio oral (LÓPEZ BARJA DE QUIROGA, 2004). Este planteamiento es el fijado desde sus orígenes en la Ley de Enjuiciamiento Criminal Española (BOE núm. 260, de 17/9/1882; en adelante LECr) y el que desde entonces, y sin perjuicio de la introducción de algunas modificaciones, ha permanecido vigente hasta la actualidad. Cuando en España se consideró que era necesario adoptar alguna medida para solventar la lentitud de la justicia, se modificó (Ley 3/1967, de 8 de abril, sobre modificación de determinados artículos del Código Penal y de Ley de Enjuiciamiento Criminal [BOE núm. 86, de ]) el anterior esquema, otorgando al Juez de Instrucción competencia, no solo para la instrucción de las causas, sino también para llevar a cabo un enjuiciamiento en los supuestos de delitos de menor gravedad. Incluso, años después se llevó a cabo una nueva modificación, por medio de la Ley Orgánica 10/1980, de 11 de noviembre, de Enjuiciamiento oral de delitos dolosos, menos graves y flagrantes (BOE núm. 280, de ), manteniendo el mismo sistema de enjuiciamiento. Esta última norma fue declarada parcialmente inconstitucional por la STC 145/1988, de (RTC 1988\145; MP: Ángel Latorre Segura), que declaró incompatible la atribución de funciones instructoras y enjuiciadoras en la persona del mismo juez, bajo el siguiente acertado- razonamiento: Pero ocurre que la actividad instructora, en cuanto pone al que la lleva a cabo en contacto directo con el acusado y con los hechos y datos que deben servir para averiguar el delito y sus posibles responsables, pueden provocar en el ánimo del instructor, incluso a pesar de sus mejores deseos, prejuicios e impresiones a favor o en contra del acusado que influyan a la hora de sentenciar. Incluso aunque ello no suceda, es difícil evitar la impresión de que el Juez no acomete la función de juzgar la imparcialidad que le es exigible ( ). En un sistema procesal en el que la fase decisiva es el juicio oral, al que la instrucción sirve de preparación, debe evitarse que este juicio oral pierda virtualidad o se empañe su imagen externa, como puede suceder si el Juez acude a él con impresiones o prejuicios nacidos de la instrucción o si llega a crearse con cierto fundamento la apariencia de que esas impresiones y prejuicios existen ( ). Es precisamente el hecho de haber reunido el material necesario para que se celebre el juicio o para que el tribunal sentenciador toma la decisiones que le corresponda y el hecho de hacer estado en contacto con las fuentes de donde procede ese material lo que pueda hacer nacer en el ánimo del instructor prevenciones o prejuicios respecto a la culpabilidad del encartado, quebrantándose la imparcialidad objetiva que intenta asegurar la separación entre la función instructora y la juzgadora. Nos encontramos en el ámbito de la imparcialidad objetiva, que pretende evitar que el órgano enjuiciante posea cualquier tipo de idea preconcebida a la hora de ejercer su función jurisdiccional por su propia intervención en la causa, bien en su fase de instrucción o en el periodo intermedio, garantizando así que no se prejuzgue la culpabilidad del acusado antes o durante la celebración del juicio oral (STC 42/1997, de ; RTC 1997\42; MP: Julio Diego González Campos). El motivo núm. 11 del art. 219 LOPJ, redactado por el apartado 43º del artículo único de la LO 19/2003, de 23 de diciembre, de modificación de la LOPJ (BOE núm. 309, de ), establece que es causa de abstención y, en su caso, de recusación, haber participado en la instrucción de la causa penal o haber resuelto el pleito o causa en anterior instancia. La redacción del motivo núm. 11 del art. 219 LOPJ, apartado 10º del mismo precepto, antes de la reforma operada por la LO 19/2003 procede de la modificación operada, a su vez, por la LO 7/1988, de 28 de diciembre (BOE núm. 313, de ) El texto anterior de LOPJ describía esta causa de abstención y recusación de la siguiente forma: haber sido instructor de la causa cuando el conocimiento del juicio esté atribuido a otro tribunal o haber fallado el pleito o causa en anterior instancia. 13
14 Esta modificación fue fruto de la doctrina fijada por la STC 145/1988, de , anteriormente mencionada, que viene a consagrar definitivamente el principio de que quien instruye, no puede fallar. A raíz de esa sentencia, resultaba obligado para el legislador adecuar los procedimientos de la Ley de 11 de noviembre de 1980, y el de diligencias preparatorias (Ley de 8 de abril de 1967), a las directrices marcadas por la citada resolución. Eran posibles distintas soluciones, pero se optó finalmente por la creación de un nuevo procedimiento, el abreviado, que englobaba y derogaba a los dos citados anteriormente, y se instauraron los juzgados de lo penal, encargados del juicio, fallo y ejecución, los cuales carecen de facultades para la instrucción de las causas; obligada consecuencia de dicha armonización fue la modificación de determinados artículos de la LECr y de la LOPJ, sustituyendo el núm. 11 del art. 219 LOPJ al núm. 12 del artículo 54 de lalecr, al que tácitamente derogó (GIMENO SENDRA, 2010). En cuanto a los antecedentes y evolución del reconocimiento del principio de imparcialidad objetiva, el punto de arranque se encuentra en el Convenio para la protección de los derechos humanos y libertades fundamentales, de (ratificado por España el ; BOE núm. 243, de ), que en su artículo 6.1 dispone: Toda persona tiene derecho a que su causa sea oída equitativa, públicamente y dentro de un plazo razonable por un tribunal independiente e imparcial, establecido por ley, que decidirá los litigios sobre sus derechos y obligaciones de carácter civil o sobre el fundamento de cualquier acusación en materia penal dirigido contra ella. En términos similares se pronunció el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, de (ratificado por España el ), en su artículo 14.1, en relación esta vez, exclusivamente, al proceso penal 14. Estos principios están consagrados constitucionalmente tanto en el art. 117 CE, que dispone que la Justicia será administrada por jueces independientes, como en el art. 24, que protege el derecho a un proceso con todas las garantías. Existe, en definitiva, un reconocimiento constitucional de la imparcialidad del Juez como garantía del justiciable, que es el fundamento último de las figuras de la abstención y/recusación. Parece difícilmente discutible que esta causa de abstención y recusación prevista por el legislador aunque no fuera ésta su finalidad cuando se promulgó la norma-, evita que por parte del Tribunal que enjuicia un determinado caso se incurra en los errores derivados de los sesgos de anclaje y confirmación. 14 Como es sabido, estos pactos internacionales forman parte de nuestro ordenamiento jurídico interno, y pueden y deben ser aplicados por los tribunales españoles. En la jerarquía normativa su valor es superior al de las leyes (art CE); por ello, incluso, las derogan tácitamente; sólo están sometidos a la Constitución ex artículo 95.1 CE y 78 LOTC. 14
15 En relación a esta cuestión, es justamente criticada (por todos, SANTOS VIJANDE, 2004) la doctrina fijada por la STC 157/1993, de (RTC 1993\157; MP: Luis López Guerra), cuando afirma que, en caso de acordarse la nulidad de actuaciones por quebrantamiento de una forma esencial del procedimiento, el justiciable condenado ya en la instancia- tiene derecho, estrictamente, a la reparación de los vicios advertidos, mediante la retroacción de lo actuado, y a que el Juzgador aprecie y pondere la incidencia u repercusión de las nuevas actuaciones sobre la resolución de la causa. En palabras del Tribunal Constitucional, claro está que el Juzgador cuya sentencia de condena fue anulada por vicios de procedimiento se formó y expuso ya una convicción sobre el fondo de la causa y, en concreto, sobre la culpabilidad del acusado, pero se equivoca el Juez a quo al considerar que tal convicción representa un impedimento insalvable frente a la imparcialidad constitucionalmente exigida al Juzgador( ). Dejando al margen la cuestión relativa al recelo o temor racional de parcialidad que se genera, no sólo para el acusado, sino para la comunidad en general, por el hecho de que el mismo Tribunal vuelva a juzgar los hechos, es evidente que el planteamiento del Tribunal Constitucional parece muy poco realista, por mucha confianza que se tenga en la honradez del Juzgador y en que éste actuará en conciencia y considerará lo nuevamente actuado para decidir como si su mente fuera una tabla rasa, por usar la expresión orteguiana; desde un punto de vista psicológico es un desideratum pretender que la convicción originaria del Juzgador pueda verse radicalmente modificada por la práctica de una nueva prueba que el propio Tribunal ya consideró anteriormente como irrelevante a los efectos de poder condicionar su decisión. Afortunadamente, esta equivocada jurisprudencia del Tribunal Constitucional no ha sido seguida por la Sala Segunda del Tribunal Supremo, que viene entendiendo de manera reiterada que, cuando se declare la nulidad de actuaciones con remisión del asunto al Tribunal a quo para que repita el juicio oral, la Sala que ha de volver a examinar los elementos de prueba y a fallar posteriormente debe formarse con magistrados que no hayan intervenido en el juicio anulado (por ejemplo, entre otras muchas, en las SSTS de [RJ 2007\6837; MP: Miguel Colmenero Menéndez de Luarca] o de [RJ 2007\3957; MP: Francisco Monterde Ferrer]). Se sigue así la doctrina ya expresada en la STS de (RJ 1991\4795; MP: Enrique Ruiz Vadillo): Cuando un tribunal en la instancia ha procedido con infracción de alguna norma de las que ordenan el desarrollo del proceso, no debe conocer de nuevo de las actuaciones, porque al hacerlo podría verse comprometida su imparcialidad objetiva [ ] Y cuando toma una decisión en función de la prueba ante él practicada, si después ha de presenciar una nueva prueba, por él mismo considerada improcedente y volver a decidir, es probable que de manera a caso inconsciente, bajo la inquietud de resolver lo que es justo, se prescinda de hecho, tal vez inqueridamente sic-, de la nueva prueba y se mantenga el mismo resultado 15. Esta acertada posición de la Sala Segunda del Tribunal Supremo puede llevarnos a cuestionar por qué razón este derecho a ser juzgado por un Tribunal no contaminado por una decisión anterior 15 En idéntico sentido, puede citarse la STS, 2ª, de (RJ 1993\3072; MP: José Antonio Martín Pallín). 15
16 no es extensible a otras jurisdicciones distintas de la penal (lo que evitaría, además, el influjo de los sesgos de anclaje y confirmación). Se nos dirá que en el ámbito penal, a diferencia de otras jurisdicciones, están en juego intereses de mayor importancia y, señaladamente, la salvaguarda del principio de presunción de inocencia. Al margen de lo cuestionable de este argumento (el derecho fundamental a un juicio justo no se ha reconocido como exclusivo de las partes en los procedimientos penales, refiriéndose el art. 6.1 del Convenio para la protección de los derechos humanos y libertades fundamentales antes transcrito, de manera expresa, a los litigios civiles, sin que tampoco la Constitución Española contenga limitación alguna a este respecto), cabría en todo caso hacer una reconsideración en relación a la aplicación de la citada jurisprudencia de la Sala Segunda del Tribunal Supremo en el ámbito derecho administrativo sancionador, en el que, como es sabido, ese mismo principio de derecho penal también es aplicado, aunque con las debidas matizaciones. En definitiva, los sesgos cognitivos no son algo ajeno al mundo del Derecho. Si se ha contrastado de manera profusa a través de múltiples estudios en otras disciplinas sometidas plenamente al método científico y, consecuentemente, al criterio de falsabilidad - utilizando la conocida distinción de POPPER-, habrá también de aceptarse su influencia en las decisiones jurisdiccionales que, como es sabido, no son susceptibles de validación empírica y en las que, como señala ALEXY (1989), la simple argumentación juega un papel relevante 16. Si bien es cierto que las declaraciones de hechos probados en las resoluciones judiciales sí son susceptibles de validación empírica, también lo es que las decisiones judiciales, en su totalidad, no lo son. Ya antes sosteníamos nuestra opinión de que la influencia de los sesgos cognitivos no parece reducirse exclusivamente a la apreciación de los hechos (premisa fáctica del silogismo judicial), sino que también alcanza aunque sea en mucha menor medida- a la aplicación del Derecho por los jueces (premisa normativa del silogismo judicial), si bien se trata de un campo aún no investigado en profundidad por los estudios empíricos existentes a día de hoy. No está justificado, en consecuencia, el tradicional desdén de nuestros juristas en relación a estas cuestiones: ni son fruto de una cosmovisión psicologista, ni producto exclusivo de una cultura o mentalidad ajena a la nuestra Como POPPER (1959) señaló, la empresa de la ciencia empieza con un método deductivo para derivar hipótesis luego contrastadas mediante observación o experimentación. Para que una teoría pueda calificarse como científica, debe establecerse qué hipótesis son susceptibles de ser falsadas mediante la observación o la experimentación y los datos obtenidos con la contrastación deben poder ser reproducidos. Una hipótesis puede ser falsada o rechazada, pero no puede, en última instancia, ser verificada, pues el conocimiento siempre es incompleto. [ ]La reproducibilidad [ ] exige que otros científicos puedan comprobar la corrección de las observaciones o predicciones de una hipótesis. Los experimentos científicos siempre deben ser, por supuesto, reproducibles. A este respecto, POSNER (2006) sostiene que, cuando es difícil verificar (o falsar) afirmaciones empíricas con datos objetivos, los jueces, como la generalmente todas las personas, ineludiblemente recurren a sus emociones o intuiciones. Practican ( ) la cognición cultural. 17 A nuestro juicio, no es satisfactorio el argumento de que los sesgos son evitados por los jueces en la práctica mediante el empleo de las reglas jurisprudenciales sobre valoración de la prueba (en relación a la declaración de co-imputados, declaración exclusiva de la víctima, etc.). Más adelante examinaremos un caso real, y podremos comprobar cómo los miembros de un mismo Tribunal llevan a conclusiones fácticas divergentes aplicando, en teoría, las mismas reglas jurisprudenciales. De hecho, aun cuando la aplicación de estas reglas fuera de una 16
17 Diversos estudios confirman, por si hiciera falta, que este tipo de errores y sesgos se dan sistemáticamente en todos los países y culturas, de manera que sería una presunción extraordinariamente atrevida pretender que los jueces y jurados españoles se hallan indemnes a la influencia de estas técnicas heurísticas (POHL et al., 2002). 3. Un ejemplo de sesgo de grupo: la preeminencia de los informes periciales emitidos por funcionarios Existe un sesgo cognitivo fácilmente identificable, en el que incurren habitualmente Jueces y Tribunales, que consiste en atribuir mayor valor per se a un dictamen pericial elaborado por un funcionario público, que al que pueda realizar cualquier otro especialista en la materia, por mucho que este esté mejor fundamentado y sea técnicamente superior en rigor y exhaustividad. Estamos, en definitiva, ante el anteriormente definido como sesgo de grupo, en base al cual se confiere un plus de credibilidad y excelencia al trabajo, en este caso, de determinados funcionarios públicos, por el solo hecho de serlo, otorgándoles un valor preeminente en relación al resto de dictámenes periciales que puedan emitir otros especialistas en la materia en el procedimiento, por mucho que estos últimos sean superiores en calidad. Es indudable que la presunta mayor independencia de estos peritos puede y debe- ser tomada en consideración a la hora de determinar la credibilidad de su informe, pero se trata de un factor más, que no debe impedir que el órgano judicial entienda prevalentes las conclusiones de un informe pericial distinto, si el juez concluye que es técnicamente superior y aporta mayores razones de ciencia. De igual forma, el prestigio y experiencia del autor del dictamen, aunque no sea funcionario, también es una variable a tener en cuenta por el juez o tribunal, pero no debe llevar a asignarle de forma automática un valor probatorio preeminente. De lo que se trata es de evitar que el sesgo de grupo aparte al juez del discurso racional exigible, que agriete su razonamiento lógico-abstracto, de manera que no otorgue de manera mecánica mayor valor al dictamen emitido por un funcionario, sin pararse a analizar el resto de consideraciones y, muy especialmente, el fundamento y racionalidad de las conclusiones de los diversos informes 18. De esta errónea línea de razonamiento es ejemplo la STS, 3ª, Sec. 5ª, de (RJ 2004\5515; MP: Juan Manuel Sanz Bayón) cuando afirma: pureza matemática que evidentemente no lo es-, las inferencias derivadas de lo declarado probado no serían por completo ajenas al influjo de los sesgos. 18 Creo que este comportamiento no es fruto de un conocimiento asimétrico por parte del juez (que conocería el nivel de calidad de los informes emitidos por funcionarios, pero no de los elaborados por expertos externos, optando ciegamente por aquellos por tal razón), ni de una decisión explicable desde la conocida como teoría de la elección racional. Para empezar, la premisa de la que parte esa tesis en este caso no es cierta: abundan los dictámenes emitidos por funcionarios que no alcanzan el mínimo nivel de calidad exigible y construir un silogismo cuando la premisa mayor falla, no tiene sentido. De hecho, en muchos campos los mayores especialistas en la materia no son funcionarios, por lo que la asignación abstracta y generalizada de mayor valor a los informes emitidos por funcionarios no puede, a mi juicio, considerarse una elección objetivamente racional. 17
18 Ha sido postura constante de la jurisprudencia del Tribunal Supremo que en la apreciación de la prueba pericial o de informes técnicos han de gozar de preferentes garantías, en la estimación de los mismos, los emitidos por los técnicos municipales [ ] dada las condiciones de objetividad y imparcialidad de que gozan tales informes y dictámenes 19 (.). Creo que no es necesario hacer demasiados esfuerzos argumentales para demostrar lo equivocado de este razonamiento: es evidente que el órgano judicial encargado de resolver el caso debe otorgar prevalencia a los postulados del dictamen pericial que entienda mejor razonado y más sólido, con independencia del origen, funcionarial o no, de su autor. No cabe duda de que la relación del perito con los litigantes puede ser un elemento más, junto a otros, a tomar en cuenta a la hora de valorar la consistencia de sus conclusiones (se trata de una postura racional, hasta el punto de que el legislador ha previsto la figura de tacha o recusación de los peritos, en caso de concurrir relaciones con los litigantes o con el objeto de la pericia- que pongan en duda su imparcialidad), pero ello no debe mover el órgano judicial a otorgar una prevalencia automática a los informes de los peritos insaculados por el juzgado o dependientes de la administración de justicia (pues es evidente que ni esos peritos, ni sus informes, per se, aportan mayor ciencia, en todos los casos, sobre los hechos controvertidos 20 ). Es más, en muchos procedimientos en los que es parte la Administración, el argumento supuestamente racional de la imparcialidad del perito-funcionario se quiebra por completo (era el caso, por ejemplo, de la anteriormente citada STS, 3ª, de ). La STS, 1ª, de (RJ 2005\10175; MP: Alfonso Villagómez Rodil) define acertadamente qué informe pericial debe prevalecer: La prueba pericial más apropiada es aquella que se presente mejor fundamentada y aporta mayores razones de ciencia y objetividad, y que, a su vez, tiene en cuenta todas aquellas circunstancias que pudieran servir para emitir un dictamen neutral. En estos casos, el efecto del sesgo de grupo puede ser devastador, en la medida en que el resto de pruebas que puedan aportar las partes, por muy elaborados y justificados que sean esos dictámenes periciales, simplemente van a ser mentalmente descartados o, cuando menos, infravalorados- por el Juzgador, que ya parte de una idea preconcebida sobre qué opinión debe acoger, con independencia de que sean más o menos razonables el desarrollo y conclusiones del informe emitido por el funcionario (insistimos en que la neutralidad aparente del perito -como lo podría ser su experiencia o cualificación profesional en caso de no ser funcionario) es solo un elemento más a tomar en consideración, pero no un dogma de fe infalible y excluyente-. La negativa influencia de este sesgo es especialmente acuciante en la actualidad, debido a la progresiva expansión del derecho penal, que ha llevado a que la incapacidad jurisdiccional de 19 Doctrina jurisprudencial que, afortunadamente, no es compartida por otras Secciones de esa misma Sala. Así, la STS, 3ª, Secc. 6ª, de (RJ 2006\4489; MP: Margarita Robles Fernández) acierta cuando afirma que el recurrente parece pretender que tenga un valor vinculante para que el órgano sentenciador, el informe del médico forense, olvidando que hay otros distintos informes médicos realizados con mayor proximidad temporal, razón por la cual debe concluirse que la valoración de la prueba pericial practicada ni es irracional, ni arbitraria, ni ilógica, consideración por la cual, además de por las razones expuestas, el motivo debe ser desestimado. 20De alguna manera, podría contrargumentarse que los jueces, al desdeñar las conclusiones de los dictámenes periciales encargados por las partes, presumen que éstos, debida a su presunta parcialidad, están sesgados (sesgo de confirmación) a favor de la postura inicial de la parte que les encargó el trabajo. 18
19 conocimiento o valoración de ciertos datos exija, inexorablemente, la intervención de los peritos o expertos en el proceso. Como señala RODRÍGUEZ RAMOS (1997), los peritos, pertenezcan o no a cuerpos de la función pública, inclusive los adscritos a la administración de justicia (médicos forenses, por ejemplo), no son parte del poder judicial, pues ni juzgan, ni hacen ejecutar lo juzgado (art CE), sino que colaboran con los Jueces y Magistrados para reconstruir los hechos y, en su caso, valorarlos desde puntos de vista diversos a los jurídicos. El perito, en definitiva, es un experto en ciencia o arte ajena al Derecho, que interviene en el proceso ante la oscuridad de ciertos datos o valoraciones de los ya constatados. Como ha puesto de manifiesto la doctrina penalista, es frecuente que se confunda el objeto de la pericia en los procedimientos, pronunciándose el correspondiente informe emitido por funcionarios no sólo sobre el aspecto fáctico a subsumir en la norma primaria no penal (por ejemplo, niveles de contaminación, renta anual de una persona física determinada con criterios puramente económicos, etc.), sino también, incorrectamente, sobre si tal subsunción se produce o no; juicio jurídico que no puede atribuirse en un procedimiento judicial a un perito, ya que corresponde, en exclusiva, al órgano judicial. En ningún caso puede un perito, por muy experto que sea en una materia, decidir si se infringió o no una determinada norma extrapenal. Como sostiene RODRÍGUEZ RAMOS, cuando en un procedimiento penal aparezca un pretendido informe pericial que haya sido emitido por el funcionario denunciante, máxime si además contiene interpretaciones de normas extrapenales (tributarias, en los supuestos de delito fiscal; urbanística, en los de estos nuevos delitos, etc.), el instructor, primero, y el Tribunal enjuiciante, después, no pueden considerar como informe pericial dicho escrito, sino como mera denuncia, atestado o alegación de parte Otro ejemplo de sesgo en las decisiones judiciales: el anclaje con respecto a las peticiones del Ministerio Fiscal Este sesgo fue puesto de manifiesto, inicialmente, en la realización de estimaciones numéricas, si bien posteriormente pudo constatarse que esta estrategia equivocada de formación de juicios también se daba en valoraciones no numéricas. Como han señalado FARIÑA et al. (2002), dentro del campo de las decisiones judiciales el anclaje ha evidenciado ser el heurístico por excelencia en la actuación de Jueces y Magistrados. En concreto, el anclaje, considerado como la superposición de la condena impuesta por el Juez en relación con la petición del Ministerio Fiscal, se torna en el heurístico de mayor impacto afectando, según algunos estudios, a aproximadamente el 60% de las resoluciones (FARIÑA et al., 2002). 21 En sentido contrario se manifiestan PEDRAZ PENALVA y MARCHENA GÓMEZ, al considerar que los funcionarios públicos deben tener más credibilidad que los peritos que no lo son, hasta el punto de no requerirse, a su juicio, el cumplimiento de los principios de inmediación y contradicción en el acto del juicio oral, dando validez a informes no ratificados por sus autores, ni discutidos en el plenario (PEDRAZ PENALVA, 1993). No podemos estar más en desacuerdo con esta tesis de divinización del funcionario público, claro fruto del sesgo de grupo. 19
20 En la elaboración del citado estudio (para el que se analizaron 555 sentencias penales dictadas todas ellas por las Audiencias Provinciales y Juzgados de lo Penal de la Comunidad Autónoma Gallega entre los años 1980 a 1995), se midió el efecto de anclaje en relación a la fijación de la pena, tomando como referencia la previa calificación de la Fiscalía, resultando del estudio que un porcentaje superior al 60% de las sentencias estaban, en mayor o menor medida, guiadas por un efecto de anclaje en relación a la petición del Ministerio Fiscal 22. En este sentido, interesa recordar que, cuando una hipótesis inicial sirve como anclaje, proporcionando un punto de partida sobre el que realizar las estimaciones finales, aunque puedan desembocar en inferencias razonables, generalmente se producen sesgos y errores sistemáticos en la elaboración de los juicios. De forma resumida, puede señalarse que, la ausencia de errores y sesgos cognitivos, en lo que a las resoluciones judiciales se refiere, implica sentencias más orientadas a los hechos (más información contextual y mayor descripción de interacciones y reproducción de conversaciones); más motivadas legalmente; y más causalmente guidas (razonamientos específicos sobre relaciones causales físicas y temporales). En efecto, las sentencias sin anclaje parecen guiadas por un proceso de integración de la información que, en el ámbito del derecho penal, se manifiestan en más proposiciones pro-acusado, más proposiciones neutras e igual número de proposiciones contra el acusado que aquellas sentencias basadas en el anclaje. En otras palabras, las sentencias sin anclaje dan cabida también a la perspectiva favorable al acusado, fuertemente ligada al anclaje establecido por la Fiscalía o el Juez de la escala inferior, si se trata de una apelación (FARIÑA et al., 2002). Concluyen los citados autores afirmando que, mientras que las decisiones basadas en el anclaje el Juez o Magistrado descansan en los procesos, pruebas, catalogación y reconstrucciones de los Fiscales, o Jueces y Tribunales de primera instancia, en su ausencia se produce un proceso doble: descartar el anclaje y construir o tomar de la defensa una nueva perspectiva. En definitiva, y en consonancia con los resultados provenientes de otros estudios cognitivos desarrollados en campos ajenos al Derecho, los Jueces, cuando no están sujetos al efecto del anclaje, desarrollan un procesamiento de la información y de las pruebas practicadas más profundo, que se manifiesta en una mayor actividad cognitiva específica en relación al supuesto debatido en el procedimiento. No puede oponerse a lo anterior que la toma en consideración, de forma prevalente, por parte de los jueces, de las peticiones del Ministerio Fiscal, sea la expresión de una decisión estrictamente racional, basada en el hecho de que el Ministerio Público, en principio, tiene mejor conocimiento del caso que el propio tribunal (por haber dedicado más tiempo a su estudio lo que, por cierto, sería posiblemente predicable en mayor medida del abogado de la defensa-) o de que se trata de un profesional habituado a tratar con hechos que revisten una naturaleza delictiva y calificar 22 También se midió, llegando a resultados parecidos, el efecto de anclaje que, sobre los Tribunales de apelación, ejercían las sentencias dictadas en primera instancia. 20

References: resolución 
 artículo 54
 artículo 6
 artículo 14
 artículo 95
 resolución