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1_9788499853833 by Editorial Tirant Lo Blanch - issuu
EL ACOSO MORAL EN EL TRABAJO: CLAVES PARA SU PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL
VICENTE-ANTONIO MARTÍNEZ ABASCAL Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social Universidad Rovira i Virgili (Tarragona)
Director de la Colección: IGNACIO ALBIOL MONTESINOS Catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad de Valencia
© VICENTE-ANTONIO MARTÍNEZ ABASCAL
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ÍNDICE I. EL CONCEPTO DE ACOSO MORAL EN EL TRABAJO COMO PRESUPUESTO PARA SU PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL ......................................................................... 1. El plano de la norma legal: elementos integrantes del concepto de acoso moral en el trabajo ............................................... 1.1. Elemento objetivo .......................................................... A) Violencia habitualmente psicológica, lesiva de la dignidad y de la integridad moral del trabajador ..... a) Alcance conceptual ........................................... b) Encaje en la norma constitucional..................... c) Acomodo en la norma legal: la insuficiente cobertura del acoso moral en el trabajo ................ B) La producción de un daño moral ............................. C) La sistematicidad y la reiteración de la conducta acosadora ................................................................. 1.2. Elemento subjetivo ........................................................ 1.3. Elemento finalista .......................................................... 1.4. Elemento locativo .......................................................... 2. El plano de la norma legal: la incidencia de determinadas situaciones en el concepto de acoso moral en el trabajo ........ 3. El plano de la norma convencional: las carencias del concepto de acoso moral en el trabajo en la negociación colectiva...
II. LAS TÉCNICAS DE PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL DEL ACOSO MORAL EN EL TRABAJO EN RELACIÓN CON SUS CAUSAS Y EFECTOS ........................................... 1. Las técnicas preventiva y reactivas de protección extrajudicial del acoso moral en el trabajo: su necesidad ..................... 2. Las causas y los efectos del acoso moral en el trabajo desde la óptica de las técnicas preventiva y reactivas de protección extrajudicial ............................................................................
III. LA TÉCNICA PREVENTIVA DEL ACOSO MORAL EN EL TRABAJO COMO MECANISMO IDÓNEO PARA ELUDIR O ATEMPERAR SU PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL ....................................................................................... 1. La prevención del acoso moral en el trabajo como riesgo laboral ........................................................................................ 1.1. Fundamento conceptual y acomodo normativo ............. 1.2. Principales medidas preventivas ....................................
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A) La evaluación de los riesgos y la planificación de la actividad preventiva................................................. B) La formación de los trabajadores ............................ C) La vigilancia de la salud de los trabajadores ........... 2. La prevención del acoso moral en el trabajo en la negociación colectiva .......................................................................... 2.1. Necesidad e indolencia de la regulación convencional . 2.2. La adopción de códigos de conducta .............................
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IV. LAS TÉCNICAS REACTIVAS DE PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL FRENTE AL ACOSO MORAL EN EL TRABAJO .................................................................................. 1. La técnica solutoria: los procedimientos de solución extrajudicial del conflicto .................................................................. 2. La técnica reparadora.............................................................. 2.1. La modificación y restitución de condiciones de trabajo .................................................................................... 2.2. La restauración de la salud del trabajador ..................... 2.3. La indemnización de daños y perjuicios ........................ 3. La técnica sancionadora.......................................................... 3.1. Las sanciones laborales.................................................. 3.2. Las sanciones administrativas........................................
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BIBLIOGRAFÍA CITADA ..................................................................
CONVENIOS COLECTIVOS CITADOS .........................................
JURISPRUEENCIA CITADA ............................................................
I. EL CONCEPTO DE ACOSO MORAL EN EL TRABAJO COMO PRESUPUESTO PARA SU PROTECCIÓN EXTRAJUDICIAL 1. El plano de la norma legal: elementos integrantes del concepto de acoso moral en el trabajo Pese a su ya antigua y renovada presencia en la relación de trabajo asalariado, el acoso moral en el trabajo (AMT) carece hasta el momento de una regulación expresa en el ordenamiento laboral, como viene señalando la jurisprudencia con reiteración1, tanto en la norma legal interna como en la comunitaria o en la internacional. La norma comunitaria no ha pasado, hasta el momento, de la mera recomendación, considerando probablemente, aunque con manifiesto reduccionismo, que la Directiva Marco 89/391, sobre Seguridad y Salud laboral proporciona adecuada respuesta a ese tipo de acoso en cuanto riesgo psicosocial en el entorno de trabajo. Con el mismo alcance propositivo se manifiesta la norma internacional, no yendo más allá, en relación con esta materia, de recomendar a los Estados miembros la adopción de medidas de “prevención de tensiones físicas o mentales provocadas por las condiciones de trabajo y perjudiciales para la salud” (punto II.3, e, de la Recomendación núm. 164/OIT, de 22-6-1981, sobre seguridad y salud de los trabajadores y medio ambiente de trabajo). Tan sólo un número escaso de convenios colectivos se aventura, en nuestro ordenamiento, a aportar una noción heteróclita de la figura con finalidad básicamente sancionadora y ocasionalmente preventiva. La carencia de una regulación específica de la figura no ha impedido, sin embargo, el despliegue de una tutela jurídica de aquel tipo de acoso desde distintos planos del ordenamiento (laboral, de Seguridad Social, administrativo y penal). Pero esa tutela presenta notables insuficiencias. De un lado, porque no ha podido zafarse del lastre que la indefinición legal de la figura comporta, lo que se traduce en el terreno sociolaboral en una indeseable falta de homogeneidad y de seguridad de la respuesta protectora. De otro, habida cuenta de que la ausencia de esa delimitación conceptual desde la ley laboral ha mutilado, al tiempo, la función que, a este respecto, habría de cumplir la negociación colectiva, complementando y suplementando las prescripciones de aquélla, 1
SSTSJ/Cataluña de 21-12-2004 y de 6-9-2005; STSJ/Madrid, de 18-4-2005.
no sólo desde la óptica protectora, sino desde el paralelo e indispensable ángulo preventivo, respecto de una conducta severamente lesiva de bienes jurídicos cardinales del trabajador asalariado. Estas insuficiencias de la ley laboral aconsejan que el análisis de los distintos cauces que este sector del ordenamiento ofrecen para prevenir y tutelar por vía extrajudicial el AMT, haya de ir precedido de la delimitación dogmática del concepto de este tipo de acoso, así como de la consecuente identificación de los bienes jurídicos cuyo menoscabo acarrea la conducta acosadora. Al socaire de este orden de consideraciones, los enfoques conceptuales desde los que se pueden abordar la noción de AMT son, sin duda, múltiples. Bajo la perspectiva jurídica-laboral, dicha noción, aunque tenga un indudable sustrato psicosocial, no es intercambiable con la que suministran otras ciencias, como la Psiquiatría, la Psicología o la Sociología. Las respuestas que en clave preventiva y protectora brinda el Derecho del Trabajo y el Derecho de la Seguridad Social cumplen una función jurídica, impregnada sin duda de eticidad, pero dirigida a ahormar las conductas a unas reglas básicas de convivencia instauradas democráticamente por los poderes públicos y por los agentes sociales. Para coadyuvar a esa convivencia, las reglas jurídicas no pueden acoger en todo caso de forma mimética los conceptos y el tratamiento que otras ramas del saber dispensan a figuras o instituciones cuyo estudio comparten. Con alguna frecuencia se sirven de ellos, pero lo hacen para acotar sus propias nociones facilitando así la aplicación e interpretación de aquellas reglas. El olvido de esta elemental consideración metodológica ha supuesto la aceptación en el Derecho del Trabajo de categorías que utilizan otras ciencias a fin de delimitar el concepto de AMT. De lo anterior se deriva que, en el marco del ordenamiento laboral, el concepto de AMT, aun siendo parcialmente deudor de las aportaciones de otras ciencias sociales, presenta, por las razones a las que luego se acudirá, un perfil propio. En tal sentido, dicho concepto se identifica, a mi juicio, con la conducta de violencia habitualmente psicológica, lesiva de la dignidad y de la integridad moral del trabajador, asalariado o autónomo, que se manifiesta de forma sistemática y reiterada, buscando bien su autoexclusión de la empresa, bien su postración profesional, mediante la degradación de sus condiciones de trabajo. En esta noción pueden apreciarse hasta cuatro elementos básicos, en los que el análisis debe detenerse y que, atendiendo a su complementaria función, pueden calificarse como elementos objetivo, subjetivo, finalista y locativo.
1.1. Elemento objetivo Acotar el tipo de conducta calificable como AMT es la función que cumple este elemento. En la definición propuesta, dicha conducta se traduce en la violencia habitualmente psicológica, lesiva de la dignidad y la integridad moral del trabajador, que se manifiesta de forma sistemática y reiterada. Como puede verse en su misma formulación, estamos aquí ante un elemento complejo, integrado, a su vez, por una pluralidad de rasgos, que, aun estando próximos entre sí, son susceptibles de un análisis separado.
A) Violencia habitualmente psicológica, lesiva de la dignidad y de la integridad moral del trabajador a) Alcance conceptual La primera consideración que este rasgo suscita es que la conducta típica del AMT encierra en todo caso una violencia comúnmente psicológica, cualesquiera que sean las plurales manifestaciones en que esa conducta se exteriorice. En este sentido, se han pronunciado tanto la doctrina científica2, como un sector de la jurisprudencia3. Esta esencial determinación objetiva permitiría, desde cierto planteamiento doctrinal, rehusar la expresión AMT y utilizar, en su lugar, la de acoso psicológico laboral, ya que, conforme a ese planteamiento, la intención que persigue el acosador es la de desestabilizar psíquicamente al acosado en el ámbito del trabajo, quedando fuera de su propósito erosionar o corromper su moral4, esto es, desmantelar sus convicciones morales. Ciertamente, si la conducta acosadora tuviera sólo un impacto en el terreno de las convicciones morales nos encontraríamos ante otro tipo de acoso, el discriminatorio, que, en mi opinión, no puede considerarse 2
CHAPPELL, D. y DI MARTINO, V.: Violence at work. http://www.ilo.org/ public/english/protection/safework/violence/violwk/violwk.pdf, p. 2. STS (3ª) de 10-2-2005, STSJ/Navarra de 31-3-2005 y STSJ/Castilla- La Mancha de 14-4-2005. PIÑUEL Y ZABALA, I. y OÑATE CANTERO, A.: “Mobbing o acoso psicológico en el trabajo en España”. En DE ELENA Y PEÑA, J. (Ed.). Desigualdad social y relaciones de trabajo. Ediciones Universidad de Salamanca, 2004, p. 189. AGUSTÍ MARAGALL, J.: “El acoso moral en el trabajo y su tratamiento jurídico”. En CABEZA PEREIRO, J., LOUSADA AROCHENA, J. F. y MOVILLA GARCÍA, M. (Coordinadores): Las limitaciones de los poderes empresariales y las responsabilidades por su utilización ilegítima. Comares. Granada, 2000, p. 142.
como una especie del género acoso moral o psicológico5, puesto que, pese a compartir algún rasgo con éste, no exige necesariamente una conducta de violencia psicológica, sino la presencia, por determinados motivos, de un trato desigual injustificado o de una desventaja particular derivada de una disposición, criterio o práctica revestidos de aparente neutralidad6. Ahora bien, es importante no perder de vista que la violencia habitualmente psicológica, aunque abrigue la intención de desestabilizar psíquicamente al acosado en el ámbito del trabajo y utilice para ello, de modo usual, modos o vías de maltrato psicológico, supone jurídicamente, ante todo, un atentado a su condición de sujeto moral. Por ello, hay que tener en cuenta que cuando se hace notar desde el ángulo de la Psiquiatría que el término “moral” alude más a las consecuencias del acoso que a los medios psicológicos empleados7, el foco definitorio de la figura está emplazado en el terreno de la patología psíquica de la persona del trabajador, dejando en un plano secundario, la erosión que esa conducta produce en su dignidad e integridad moral. Como más tarde ha de verse, esa dimensión patológica no puede dejar de tener relevancia jurídico-laboral en el plano preventivo, resarcitorio y sancionador de la conducta acosadora. Pero, al tiempo, tampoco es posible desconocer la primaria e inesquivable afectación moral que supone la conducta de violencia psicológica en el plano jurídico, lo que se traduce en el ataque al respeto debido al trabajador acosado en cuanto sujeto moral. Un sujeto que está dotado, por tanto, de una conciencia moral susceptible de ser dañada no sólo desde el ángulo de la presencia de una patología psicológica, sino también desde la óptica de la esfera moral, que dota a dicho sujeto de la posibilidad de actuar libremente, adecuan-
SAGARDOY BENGOECHEA, J. A. y GIL GIL, J. L.: “El acoso psicológico en el trabajo”. En: Las transformaciones del Derecho del Trabajo en el marco de la Constitución española. Estudios en homenaje al Profesor Miguel Rodríguez-Piñero y Bravo.Ferrer. La Ley. Madrid, 2006, p. 809. Véase, a este respecto lo dispuesto en los artículos 1 y 2 de la Directiva 200/78/ CE, de 27 de noviembre, del Consejo, por la que se establece un marco general para la igualdad de trato en el empleo y en la ocupación, en relación lo prescrito en el artículo 4.2, e, ET) sobre las causas que desatan el acoso discriminatorio, elenco causal que no ha concurrir de forma necesaria en el AMT. GONZÁLEZ DE LA RIVERA Y REVUELTA, J. L.: “El acoso psicológico y sus dinámicas”. En GONZÁLEZ DE LA RIVERA Y REVUELTA, J. L.: Las claves del mobbing. El acoso psicológico en el trabajo (APT) visto por los expertos. Ed. EOS. Madrid, 2005, pp. 17-18
do las dimensiones normativa y fáctica aparejadas al acto moral8 y que la conducta lesiva desconoce por principio. Como es evidente, no se trata de calificar la conducta de acoso como moralmente valiosa, puesto que su inmoralidad es incuestionable, tanto desde el punto de vista de las éticas teleológicas, como de las éticas deontológicas9. La función del adjetivo moral no es aquí tanto gramatical como semántica10, buscándose de este modo destacar la finalidad o el efecto degradatorio y humillante que ese comportamiento pretende producir en la conciencia moral del sujeto acosado, al margen de la virtualidad lesiva de dicha conducta, reflejada con frecuencia en la producción de daños psíquicos y físicos. A este respecto, se ha planteado el inconveniente de la desmesurada amplitud semántica del término “moral” con que se encuadra este tipo de acoso en el trabajo, lo que, según este criterio, remite a un entendimiento puramente subjetivo del concepto de AMT y a la consiguiente inseguridad jurídica que de ello se deriva11. En ese enfoque late, sin embargo, a mi parecer, el error analítico derivado de la confusión de planos que acaba evocarse entre convicción moral y esfera moral. Desde ese planteamiento se considera, por tanto, que el AMT supone un ataque a la moral del sujeto acosado, lo que implica la previa determinación de lo que haya de entenderse por moral. De este modo, se está confundiendo el AMT con el acoso discriminatorio. Este último vulnera el derecho a ostentar unas determinadas convicciones morales, a abrazar una determinada moral o a no adherirse a ninguna (cuando menos formalmente, aunque materialmente ello resulte inviable). Pero en el plano de la esfera moral, el AMT comporta un ataque al derecho a que se respete la condición de sujeto moral de la persona, es decir, al igual derecho de todo ser humano a no ser tratado de modo humillante o vejatorio, sin que, por tanto, su dignidad resulte menoscabada, al margen, por tanto, de la opción moral por la que el sujeto se haya decantado. De ello se desprende, en suma, que para identificar el AMT no es en modo alguno necesario indagar o esclarecer la 8 9
SÁNCHEZ VÁZQUEZ, A.: Ética. Crítica. Barcelona, 1978, pp. 61-63. Una clarificadora aportación sobre las diferencias y concomitancias de dichas éticas en GUISÁN, E.: Introducción a la ética. Cátedra. Madrid, 1995, pp. 3742. Sobre las distintas funciones del adjetivo ver, por todos, ROCA PONS, J.: Introducción a la gramática. Teide. Barcelona, 1971, 2ª ed., pp. 172-175. GIMENO LAHOZ, R.: La presión laboral tendenciosa. (El mobbing desde la óptica de un juez). Lex Nova. Valladolid, 2005, p. 63.
idea que de la moral tenga el sujeto acosado, ni tampoco cuál sea el concepto de la moral como sistema12. Basta para ello con determinar si la conducta acosadora vulnera o no objetivamente la dignidad del trabajador y su integridad moral, al margen de que tal conducta pueda también afectar a otros bienes jurídicos, como, en efecto, suele hacerlo. Cuestión distinta, aunque estrechamente relacionada con la anterior, es la de delimitar el contenido objetivo de la dignidad y la integridad moral del trabajador en cuanto bienes jurídicos lesionados desde la perspectiva jurídico-laboral por la conducta acosadora. En la delimitación de ese contenido, determinados aspectos de la moral como sistema aparecen involucrados en cuanto fundamento ético de los derechos afectados. Pero esa tarea analítica no supone una indecisoria remisión al concepto de la moral como categoría sistémica, sino una concreción legal y jurisprudencial de los bienes jurídicamente relevantes que, por ello, son objeto de protección ante el AMT Desde esta perspectiva, conviene precisar en este punto que la dignidad de la persona puede ser entendida en dos sentidos. En una primera significación, la dignidad se presenta como forma de comportamiento de la persona. Desde este entendimiento, se afirma que una persona se comporta digna o indignamente. Por ello, cabrá apreciar una actitud indigna cuando se desconozcan elementales principios éticos-jurídicos de convivencia (por ejemplo, la solidaridad o la buena fe). Éste es un sentido contingente o relativo de la dignidad, ya que no todas las personas actúan de acuerdo con ella13. Desde una segunda comprensión, la dignidad aparece como un valor ético-jurídico central que se reconoce a toda persona, al margen de cuál sea su comportamiento y, por tanto, de sus méritos o capacidades. Estamos aquí ante un sentido inmanente, necesario y absoluto de la dignidad, que refleja la igualdad básica de todos los seres humanos y que, por ello, no admite transacción. De este entendimiento deriva la imposibilidad de considerar a los seres humanos como una mercancía a la que se asigna un precio, pues esa óptica permitiría su sustitución por algo de equivalente valor14. No será ocioso recordar ahora, a este propósito, que, de acuerdo con el apartado I, a, de la Declaración re12
Para la distinción entre los planos normativo y fáctico de la moral, cfr. SÁNCHEZ VÁZQUEZ, A.: Ética…, ob.cit., pp. 61-63 GONZÁLEZ AMUCHÁSTEGUI, J.: Autonomía, dignidad y cicudadanía. Una teoría de los derechos humanos. Tirant lo Blanch. Valencia, 2004, p. 421. KANT, I.: Fundamentación de la metafísica de las cotumbres. Espasa-Calpe. Madrid, 1983, 8ª ed., pp. 92-93. GONZÁLEZ AMUCHÁSTEGUI, J.: Auto-
lativa a los fines y objetivos de la OIT —Declaración de Filadelfia—, acompañado como anexo a su Constitución OIT de 1919, un principio fundamental de esta organización estriba en proclamar que el trabajo no es una mercancia. De ahí que el TC haya señalado, en un plano más general, la imposibilidad de mercantilizar a la persona, lo que es incompatible con su dignidad, pues aquélla es sujeto pero no objeto de contratos patrimoniales15. Ambas dimensiones de la dignidad humana están involucradas en el concepto de AMT. La primera atañe al acosador, que mantiene siempre una conducta indigna, aunque algunos de los actos aislados de acoso no puedan calificarse en todo caso de ilegales. La segunda al acosado, cuya condición de sujeto moral resulta invariablemente afectada por la conducta acosadora, que desconoce, no su concreta moral, sino su derecho, de alcance universal, a un trato no humillante o vejatorio. De esta segunda dimensión se infiere que la violencia psicológica presenta siempre, en el concepto que aquí se acoge, una necesaria relación causal con el atentado a la dignidad y a la integridad moral del trabajador, de forma que la expresión AMT resulta idónea como síntesis reveladora de esa relación. En este orden de ideas, cabe apuntar, adicionalmente, que la expresión AMT es preferible a la de mobbing, ya que este vocablo, al tener un origen extrajurídico y pese a que algunos autores se refieren al sustrato ético esencial de aquella expresión16, se centra en la situación psicológica del acosado que comienza a traducirse, psiquiátrica o psicosomáticamente, en condiciones patógenas17. De ahí que, como ya se ha apuntado, el mobbing aluda más a los medios empleados y a ciertos efectos psíquicos buscados (terror psicológico, en la calificación de Leymann) que a la intención o resultado último perseguido desde la perspectiva ético-jurídica: no otro que lesionar la dignidad y la integridad moral del trabajador. En la línea de desbroce conceptual del elemento objetivo, no parece tampoco que el término presión tenga suficiente consistencia definitoria del tipo de que acoso que aquí se examina, incluso aunque se adjeti-
nomía…, ob.cit., pp. 421-422. GÓMEZ PIN, V.: La dignidad. Lamento de la razón repudiada. Paidós. Barcelona, 1995, p. 19. Cfr. la STC 212/1996, de 19-12. PIÑUEL Y ZABALA, I. y OÑATE CANTERO, A.: “Mobbing…”, ob.cit., p. 188. LEYMANN, H.: “The Content and Development the Mobbing at Work”. En European Journal of Work and Organizacional Psichology nº 5/1996, p. 6.
ve como “laboral tendenciosa”18. El empleo del término presión a fin de poder incluir en el mismo la violencia física, no permite subrayar la mayor entidad, cualitativa y cuantitativa, que presenta la violencia psicológica respecto de la física en este tipo de acoso. En este sentido, debe recordarse que los especialistas subrayan lo infrecuente de las conductas de violencia física en el AMT, ya que sus manifestaciones prototípicas son sibilinas y sofisticadas19. Por tanto, aunque la violencia psicológica pueda ir acompañada ocasionalmente de violencia física, el núcleo del concepto se identifica por lo común con la primera clase de violencia, no siendo necesario para la apreciación del AMT —y esto es determinante— que exista comportamiento alguno de agresión o violencia física20. Ello no implica, sin embargo, que esta última haya de descartarse absolutamente en esta modalidad de acoso21, pues la realidad enseña su esporádica apreciación junto a la violencia psicológica22. Esta categorización facilita, en suma, subrayar el carácter habitual de la violencia psicológica en el concepto de AMT, permitiendo así que encuentre acomodo en esta noción la eventual violencia física que pueda acarrear este tipo de acoso. En definitiva, el AMT debe caracterizarse en relación con la violencia habitualmente psicológica, porque la ocasional identificación en la conducta hostigadora de la violencia física sólo viene a reforzar de modo instrumental, como propósito o resultado, la devastación psíquica de la víctima, siendo pues esa inusual violencia física tan sólo un medio más para lograr la bancarrota de su dignidad y de su integridad moral como trabajador23.
Así lo hace GIMENO LAHOZ, R.: La presión laboral…ob.cit., pp. 81-82. LEYMANN, H.: “The Content…ob.cit., p. 4. HIRIGOYEN, M. F.: El acoso moral en el trabajo. Paidós. Barcelona, 2001, p. 32. Con excesivo esquematismo, excluye del AMT los actos de violencia física o de amenaza de hacer uso de ella VELÁZQUEZ FERNÁNDEZ, M.: Mobbing, violencia físicva y estrés en el trabajo. Gestión 2000. Barcelona, 2005, p. 62 Algunos pronunciamientos judiciales incluyen la violencia física en la catalogación del AMT (ver, por ejemplo, la STSJ/Murcia de 2-9-2003). Inclusión que también realiza, en su correspondiente ámbito, la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (cfr. su Hoja Informativa nº 23/2000, sobre Acoso Moral en el Trabajo, p. 1). LICARI, S.: «De la nécessité d’une législation spécifique au harcèlement moral au travail » . Droit Social nº 5/2000, p. 493.. MAZEAUD, A. : “Harcèlement entre salariés: apport de la loi de modernisation”. Droit Social nº 3/2002, p.
b) Encaje en la norma constitucional Aunque, como ya se advirtió, el concepto de AMT no está expresamente recogido en la ley laboral, la dignidad de la persona del trabajador y su integridad moral, en cuanto bienes jurídicos vulnerados siempre en este tipo de acoso, son objeto de protección en nuestro ordenamiento, ya sea en el plano constitucional, ya en el plano de la legalidad ordinaria. La protección jurídica del AMT encuentra un primer y basilar anclaje en la Ley Fundamental, al contemplarse la dignidad de la persona como un principio constitucional en el artículo 10.1 de la Constitución (CE)24. Sobre esta sólida peana se apoya el doble carácter de valor y de principio que posee la dignidad de la persona, puesto de relieve por el TC al calificarla como un “valor moral y espiritual inherente a la persona”25 y, asimismo, como un principio constitucional26. Esta dual calificación tiene una indudable coherencia interna. En cuanto principio constitucional, el de dignidad de la persona es el reflejo del principio fundamental del Derecho que exige el respeto recíproco, la indemnidad de la persona tanto en su existencia exterior (vida, integridad física) como interior (libertad, honor…)27.Considerado como principio jurídico, este principio constitucional nuclear contiene una predeterminación sobre los valores que deben identificarse y preservarse en la acción normativa y judicial, desplegando tanto una función positiva, que exige incorporar y proteger tales valores en dicha acción, como una función negativa, excluyente de los valores opuestos y de las normas en que éstos reposan28. Pese a su carácter basilar, al configurarse la dignidad de la persona como un principio jurídico asentado en el artículo 10.1 CE y en ningún caso como un derecho constitucional29, no es posible reclamar la tutela
321. BOUTY, C. : Q. « Harcèlement moral et droit común de la responsabilité civil.». Droit Social 7-8/2002, p. 696. SSTSJ/Murcia, 23-6-2003 y 2-9-2003; SSTSJ/Cataluña, 23-7-2003, y 22-122004. STC 53/1985, de 11-4. Cfr. las por ejemplo, SSTC 231/1988, de 2-12 y 192/2003, de 27-10. LARENZ, K.: Derecho justo. Fundamentos de ética jurídica. Civitas, 1993, p. 57; HEGEL, G.W.F.: Principios de la Filosofía del Derecho o Derecho Natural y Ciencia Política. Edhasa. 1988, p. 103. LARENZ, K.: Derecho justo…ob.cit., p. 33. La tónica dominante en la norma internacional y en la comunitaria es, también, la de acoger la dignidad de la persona como principio y no como derecho. Así sucede, por ejemplo, en el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 10-12-1948, o, pese a carecer aún de eficacia jurídica
judicial de la dignidad del trabajador mediante una pretensión autónoma que combata el AMT con base en dicho precepto, ni por el cauce del proceso especial de tutela de los derechos fundamentales30, ni, por ende, a través del recurso de amparo31. El reparo tutelar no es infranqueable, pues ha de tenerse en cuenta que la conducta agresora inherente al AMT tiene un carácter pluriofensivo, susceptible por ello de afectar a distintos bienes y derechos constitucionales tutelables a través de aquellas vías, como sucede, a guisa de ejemplo, con el derecho a la integridad moral (art. 15 CE), el derecho a la integridad física y a la salud (arts. 15 y 40.2 CE), el derecho a la libertad ideológica (art. 16.1 CE), el derecho al honor (art. 18.1 CE), el derecho a la intimidad (art. 18.1 CE), el derecho a la libertad de expresión (art. 20.1, a, CE), el derecho a la libertad de comunicación (art. 20.1, d, CE) o el derecho al trabajo o a la promoción profesional (art. 35.1 CE). La sola mención de estos derechos fundamentales susceptibles de ser vulnerados mediante el AMT, denota que constituyen proyección necesaria de la dignidad de la persona reconocida en el art. 10.1 CE. O, dicho en términos de la propia doctrina del TC, el valor y el principio de la dignidad de la persona es —junto al derecho a la vida— el prius lógico y ontológico que permite crear y especificar los derechos fundamentales que la CE reconoce32. Presenta, por tanto, la dignidad de la persona un carácter dinámico, derivado del conjunto de
vinculante, en el artículo 1 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, de 7-12-2000. Esta tendencia es la que acoge, asimismo, el Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea (TJCE) al considerar que “el ordenamiento jurídico comunitario trata innegablemente de garantizar el respeto de la dignidad humana como principio general del Derecho” (STJCE de 14-102004, C-36/02, motivación nº 34); afirmación compatible con el entendimiento de la dignidad humana como derecho fundamental, integrado en el Derecho de la Unión, pero cuyo alcance normativo se ciñe a normas concretas del Derecho comunitaria derivado; Véase., a este propósito, la STJCE de 9-10-2001, asunto C-377/98, motivaciones núms. 70 y 71. Con innegable dosis de voluntarismo, en alguna ocasión se ha identificado en el artículo 10.1 CE el derecho a la dignidad de la persona. Cfr., por ejemplo, DE VICENTE PACHÉS, F.: “La configuración de acoso moral en el trabajo y las soluciones jurídico-preventivas para erradicarlo. Últimas tendencias doctrinales y jurisprudenciales”. Tribuna Social, nº 180/2005, p. 56. STS/Canarias/Las Palmas, de 28-4-2003. STC 64/1986, de 21-5. STC 53/1985, de 11-4.
los derechos fundamentales33, en los que se plasma la función positiva o reguladora, consustancial a todo principio jurídico. La pluralidad de derechos fundamentales que el AMT puede infringir, no impide constatar, empero, que la prevención y protección frente a este tipo de acoso —incluyendo, desde luego, la de orden extrajudicial— encuentra siempre su fundamento primario en el artículo 15 CE.34, pues el derecho a la integridad moral reconocido en el referido precepto resulta inviariablemente lesionado, aunque, de ordinario, puedan transgredirse otros derechos, fundamentales o no. En este sentido, no es ocioso señalar que el bien jurídico objeto de protección mediante del derecho a la integridad moral reconocido en el artículo 15 CE es la inviolabilidad del ser humano, sostenida por la estimación de que su espíritu —al igual que su cuerpo— no debe profanarse35. Consecuencia de esa valoración ético-jurídica sustentada en la dignidad del ser humano y su incolumidad personal36, es el reconocimiento a toda persona del derecho a no sufrir tratos inhumanos o degradantes, comprensivo de la interdicción de un amplio espectro de conductas antijurídicas37. En lo que toca al AMT, esta conducta de violencia habitualmente psicológica vulnera el derecho a no sufrir tratos degradantes, esto es, aquellos que inflingen a la persona un sufrimiento psíquico humillante ante los demás o ante sí misma38. En discrepancia con este entendimiento, se ha propuesto la utilidad de sustituir el concepto de tratos degradantes por el de denigración, con la finalidad básica de obtener una mayor protección frente al AMT39. A mi modo de ver, dicha propuesta no resulta aceptable por distintas razones. Haré referencia tan solo a las que, de modo principal, avalan su desestimación.
GUTIERREZ GUTIERREZ, I..: Dignidad de la persona y derechos fundamentales. Marcial Pons, 2005, pp. 97-98. SSTSJ/Cataluña 23-7-2003, 10-6-2005 y 6-9-2005; SSTS/Murcia 2-9-2003, STSJ/Madrid, de 18-4-2005. DÍEZ-PICAZO, L.M.: Sistema de Derechos Fundamentales. Thomson-Civitas, 2003, p. 202. RODRÍGUEZ MOURULLO, G.: “Artículo 15. Derecho a la vida”. En ALZAGA VILLAMIL, Ó.: Director: Comentarios a las Leyes Políticas. Constitución española de 1978. Tomo II, p.317. BALAGUER CALLEJÓN, F.(Coordinador): Derecho Constitucional. Vol. II. Tecnos. 2003, 2ª ed., p. 97. DíEZ-PICAZO, L.M.: Sistema…ob.cit., pp. 202-203.. GIMENO LAHOZ, R.: La presión…, ob.cit., pp. 91-92.
La primera es de orden filológico y alerta acerca de la marcada sinonimia del campo semántico habitual de los verbos denigrar y degradar40, lo que convierte en bizantino el intento de distinción, como lo prueba el hecho de que, para lograrla, haya de acudirse a una subjetiva y vagarosa diferencia entre el género (tratos degradantes) y la especie (denigración). Carácter vaporoso de la distinción que se acentúa aún más si cabe al identificar la propuesta sustitutoria denigración con vejación. La segunda razón se vincula a los efectos del AMT. La referida propuesta sostiene que el daño moral no es un requisito estructural del AMT, pues sólo se precisa para el mobbing devastador que sanciona el artículo 173 del CP, de modo que el término denigración acotaría más adecuadamente el concepto de AMT, entendido como presión laboral tendenciosa. Sin embargo, como seguidamente ha de verse, la existencia del daño moral es inherente al concepto de AMT porque la dignidad y la integridad moral del trabajador resultan siempre afectadas con este tipo de asedio. Una tercera razón atiende al contenido protector que ha de reservarse al AMT. A este propósito, la mencionada propuesta sustitutoria formula dos objeciones. La primera arguye que, de no utilizarse el término denigración en lugar de la expresión tratos degradantes para definir el AMT, resultaría difícil evitar la aplicación del delito recogido en el artículo 173 del Código Penal (CP) a todas las conductas de mobbing, al definirse la acción delictiva en este precepto como trato degradante que menoscaba gravemente la integridad moral de la persona. Empero, este reparo encierra, según creo, una notoria contradicción, pues, como la propia propuesta admite, el artículo 173 CP sólo castiga, entre otras conductas, la modalidad más grave de AMT —que la citada propuesta califica como mobbing devastador—, lo que guarda coherencia con el principio de intervención mínima, rector del Derecho Penal, de suerte que este sector del ordenamiento sólo se activa ante las infracciones de mayor gravedad perpetradas contra los bienes jurídicos de entidad superior41. La principal consecuencia de esa necesaria distinción, es que no siempre la conducta propia del AMT podrá integrar el tipo penal contemplado en el artículo 173 CP, como la misma práctica jurisprudencial corrobora reservando la aplicación de ese tipo punitivo a supuestos de
MOLINER, M.: Diccionario de uso del español. Vol. I. Ed. Gredos, 2ª ed. 1999, pp. 879 y 890. MUÑOZ CONDE, F. GARCÍA ARÁN, M.: Derecho Penal. Parte General. Tirant lo Blanch, 1998, 3ª ed, pp. 79, 84 y 88.
extrema gravedad, sean o no calificables como AMT, dado que la violencia psicológica habitual que identifica esta conducta acosadora no agota, ni mucho menos, el elenco de comportamientos susceptibles de integrar los tratos degradantes a que se refiere el citado precepto al configurar la acción objetivamente típica. Adviértase, por lo demás, que el sometimiento al principio de subsidiariedad o intervención mínima exige, en dicho precepto, que para calificar como degradante la conducta punible no baste la mera existencia de la acción, sino que sea necesaria su imposición al sujeto pasivo42, lo que no siempre es indispensable para identificar el AMT desde la óptica laboral. La segunda objeción de la propuesta sustitutoria sale al paso de las que considera consecuencias desprotectoras de determinadas conductas propias del AMT, de no admitirse el cambio terminológico ofrecido. A este respecto, se señala la dificultad de incluir en el AMT el ejercicio inmotivado y reiterado de la potestad disciplinaria por el empresario con finalidad de signo acosador, dado que tal potestad no es en sí misma una conducta degradante. Este óbice desconoce, no obstante, que la potestad disciplinaria, aunque no integre en todo caso esa conducta, puede desde luego utilizarse torticeramente con el objetivo de ejercer violencia psicológica laboral, inflingiendo, con ese fin, un trato degradante, esto es, humillante o vejatorio para el acosado, como la jurisprudencia ha puesto de relieve de forma repetida, vinculando ese trato con el artículo 15 CE43. En suma, puede afirmarse que entre las distintas manifestaciones de los tratos degradantes a que se refiere el artículo 15 CE se integra de forma idónea la conducta propia del AMT. Ahora bien, debe insistirse en que la lesión de otros derechos fundamentales mediante la conducta acosadora, de forma aislada o en concurso, constituye tan sólo una posibilidad y no un requisito configurador de la noción de este tipo de acoso, que sólo exige, como ya se ha señalado, la vulneración del derecho a la integridad moral reconocido en el artículo 15 CE en relación con el principio basilar de la dignidad de la persona en el art. 10 CE. Por ello, no puede compartirse el criterio de que el derecho al trabajo (art. 35.1 CE) y el derecho al honor (art. 18.1 CE) sean también siem-
TAMARIT SUMALLA, J. M.: “Artículo 173”. En QUINTERO OLIVARES, G. (Coordinador): Comentarios al nuevo Código Penal. Aranzadi, 1996, p 860. Cfr., por ejemplo, STSJ/Comunidad valenciana de 1-3-2004; SSTSJ/Madrid, de 11-2-2003 y de 20-3-2003.
pre transgredidos con el comportamiento de acoso moral e integren de modo indefectible aquella conducta44. A este respecto, se ha considerado que el AMT vulnera en todo caso el derecho al trabajo, sobre la base de un concepto a mi juicio insuficiente del AMT, que lo delimita como una presión laboral tendenciosa dirigida a la autoeliminación del trabajador mediante su denigración45. Pero, como ya se adelantó y luego habrá ocasión de puntualizar, la noción de AMT no integra únicamente la pretensión de que el trabajador abandone su trabajo, aunque éste sea el supuesto más frecuente. También puede buscar su postración profesional a fin de lograr una actitud obsecuente y servil, esto es, extirpadora de la necesaria autonomía con la que, en distinto grado, la actividad laboral ha de desarrollarse, traspasando de este modo el lindero que marca el correcto cumplimiento contractual de su prestación de trabajo, pero sin la pretensión de que aquél abandone la empresa. Siendo esto así, el derecho al trabajo no resulta siempre vulnerado con la conducta acosadora, pues los que integran el contenido de ese derecho constitucional complejo no han de verse necesariamente afectados por la misma46. Tampoco el derecho al honor resulta siempre violado con la conducta acosadora. No es dudoso que el atentado contra el derecho al honor choca de pleno con la dignidad humana puesto que, como ya se vio, ésta forja un principio constitucional que se proyecta sobre los derechos fundamentales. Pero no es jurídicamente admisible mantener la afirmación contraria, esto es, que todo atentado contra la dignidad de la persona vulnera el derecho al honor. En cuanto aquí importa y como ya se ha reiterado, el atentado contra la dignidad humana que tiene lugar mediante el AMT infringe en todo caso el derecho del trabajador a su integridad moral (art. 15 CE), pero no necesariamente su derecho al honor (art. 18.1 CE). Como es bien sabido, este último tiene un ámbito objetivo de aplicación distinto al primero, puesto que los bienes jurídicos objeto de protección mediante tales derechos no son intercambiables entre sí, aunque el principio de la dignidad de la persona constituya el cimiento común de ambos. En efecto, como ya se apuntó, el derecho a la integridad moral protege a la persona física frente a ataques a su derecho a no sufrir tratos 44 45 46
GIMENO LAHOZ, R.: La presión…ob. cit., pp. 181-182. Ibídem…p. 182. MARTÍNEZ ABASCAL, V.A.: “Derecho al trabajo y políticas de empleo”. En SEMPERE NAVARRO. A. V.: (Director): El modelo social en la Constitución española de 1978. MTAS, 2003, pp.1334-1341.
degradantes, lo que veda someterla a un sufrimiento psíquico humillante ante los demás o ante sí misma. Piénsese, por vía de ejemplo, en el hecho de encomendar al trabajador una actividad laboral innecesaria, o en mantenerle en una situación de ambigüedad de rol, hurtándole información sobre ciertos aspectos de su trabajo47. En el derecho al honor también puede apreciarse sin duda la lesión a la dignidad de la persona, ya que, conforme señala el TC, su titular goza del derecho al respeto y al reconocimiento de la dignidad personal que se requiere para el libre desarrollo de la personalidad en la convivencia social, sin que pueda ser escarnecido o humillado ante uno mismo o los demás48. Pero esta humillación y afrenta —que puede exteriorizarse de palabra o de obra— sólo comprende —excluyendo cualquier otra conducta lesiva de la dignidad del trabajador— la que incide en la reputación de la persona o en su reputación como trabajador (reputación profesional), sin que, en consecuencia, cualquier crítica a la actividad profesional pueda ser considerada por principio como un atentado al honor, sino solo la que sobrepase la libre crítica a la labor profesional y que por su naturaleza, características y forma la hagan desmerecer en la consideración ajena de su dignidad como persona49. De ello cabe deducir que, sin que quepa desconocer la dificultad de delimitar en la práctica el contenido de los derechos en juego, el AMT podrá violar también el derecho al honor del acosado tan sólo si afecta objetivamente a aquella reputación personal y/profesional del trabajador, ya sea de forma directa o indirecta. El variado mosaico de conductas que a este respecto pueden producirse, queda por tanto diferenciado de aquellas otras que vulneran el derecho a la integridad moral sobre la base del elemento finalista de la conducta lesiva. Es ese elemento el que permite calificar como violación del derecho al honor en el plano laboral, con finalidad acosadora o en ausencia de ella, las multiformes expresiones que esa vulneración pueden revestir, tales como la pública y falsa atribución al trabajador de la realización incompetente de sus funciones, de modo que se exterioriza así el menosprecio o animosidad respeto del desarrollo de su trabajo, o bien, de forma más soterrada, la conducta empresarial consistente en la sistemática exclusión del traba47
MARTÍN DAZA, F. y LÓPEZ GARCIA- SILVA, J. A.: “NTP 476. El hostigamiento psicológico en el trabajo: mobbing”. http://www.mobbing.nu/index. htm. STC 219/1992, de 3-12. SSTC 40/11992, de 30-3, 76/1995, de 22-5 y 282/2000, de 27-11; STSJ/Navarra de 30-11-1996, STSJ/C.Valenciana de 21-6-2002.
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References: artículo 4
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 artículo 173
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