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Timestamp: 2020-07-04 23:51:32+00:00

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SITUACIÓN LABORAL MEX - El Buen Toque FC
SITUACIÓN LABORAL DEL FUTBOLISTA EN MÉXICO
Con el pasar de los años, el fútbol se ha establecido como una de las industrias más grandes, rentables y lucrativas del mundo. Lo que antes era sólo un juego, ahora es un negocio que involucra la profesionalización de los jugadores, el tránsito de una gran cantidad de recursos económicos y la comercialización del deporte.
​Esta dinámica de crecimiento, ha provocado que el futbolista sufra una sobrevaloración en el mercado laboral. Es por ello que, los individuos que ejercen la profesión, tienden a olvidar que las condiciones de trabajo a las que están sometidos, se sustentan en típicas relaciones obrero-patronales. Los altos salarios que perciben, los exuberantes lujos que ostentan o la idolatría que provoca la admiración pública, no son motivo para ignorar la naturaleza de su situación laboral.
​En México, en la ligas de primera y segunda división de fútbol, existen múltiples conflictos laborales que no pueden ser atendidos, debido a un evidente incumplimiento legal por parte de los clubes y la Federación Mexicana de Fútbol (FMF), así como a la falta de instituciones resolutivas que garanticen las condiciones de trabajo de los futbolistas. En la siguiente investigación, revisaremos la situación laboral del futbolista mexicano, su relación con el mercado y la capacidad organizativa que tiene para hacer frente a estas problemáticas.
UNA PENOSA SITUACIÓN
En las últimas semanas, se han presentado una serie de casos de incumpliendo de pagos en diversos equipos, los cuales han generado preocupación en el gremio futbolístico. El club Querétaro de la Primera División, así como el club Delfines de Ciudad del Carmen de la Liga de Ascenso, fueron intervenidos por la Procuraduría General de la República como parte de una investigación judicial a su dueño, el empresario Amado Yáñez, quien es señalado por un presunto fraude a través de la empresa Oceanografía. La fuga del dueño, ha interrumpido el flujo de recursos en ambos equipos, y por consiguiente, se ha generado un adeudo importante en el pago del salario de los futbolistas.
El 28 de febrero, los jugadores de Jaguares de Chiapas acordaron abandonar la concentración del equipo, previo al compromiso contra León correspondiente a la Jornada 9 del torneo, argumentando que la directiva no había cubierto sus sueldos. Según versiones de los elementos, llevaban dos meses sin recibir pagos, lo que provocó que el plantel tomara medidas al respecto.
Asimismo, el 11 de marzo, la plantilla de jugadores del club Puebla de la Primera División, leyó un comunicado ante los medios, en el que acusaron al presidente del equipo, Jesús López Chargoy, de tener una deuda de tres meses de salario, y no de quince días como anteriormente había expresado el directivo.
Por si fuera poco, el sábado 15 de marzo, los jugadores del Celaya de la Liga de Ascenso, salieron a la cancha con bolsas en la cabeza, protestando un adeudo de dos meses de sueldo. Algunas bolsas tenían signos de pesos y en otras decían “págame”. Trascendió también, que el adeudo no sólo es con los futbolistas; personal de jardinería y de la casa club del Celaya tampoco han recibido su sueldo en los últimos meses.
La gran atención mediática que recibe el incumplimiento de pagos de todo un equipo, contrasta con la solitaria lucha que emprenden los futbolistas cuando se presentan ante un conflicto individual. Traspasos sin el consentimiento del jugador, separación o recisión de contrato por causas injustificadas, imposición de jornadas de trabajo, la carencia del derecho a la pensión o a un seguro de retiro; son sólo algunas de las muchas violaciones a los derechos laborares que sufre el futbolista a lo largo de su carrera.
DESIGUALDAD E INDIFERENCIA
En cualquier industria con fines comerciales, basada en relaciones obrero-patronales, brotan conflictos de intereses contrapuestos entre empleados y empleadores. El fútbol profesional, como una industria sustentada en el entretenimiento, la publicidad y el consumo, no es la excepción. El incumplimiento en el pago de salarios, así como las inconsistencias en el acatamiento de contratos, son las controversias que más atañen al gremio futbolístico.
La vida laboral está regulada por la ley para facilitar la resolución de conflictos entre las partes involucradas. Sin embargo, observamos que en el caso del fútbol mexicano, existe un vacío jurisdiccional que favorece la reproducción sistemática de estos litigios, e impide la adecuada atención y resolución de los mismos.
Aunado a ello, existe un problema central, que consiste en que la inflación y la especulación del precio de los futbolistas en el mercado, ha disparado los salarios a cifras ridículas, capaces de resolverle la existencia a cualquiera y permitirle vivir una vida plena sin necesidad de trabajar. Por ello, se considera inconcebible y hasta injusto, la existencia de derechos laborales básicos para los futbolistas.
Además, los mismos salarios y el alto poder adquisitivo de los jugadores profesionales de élite, ha sembrado la indiferencia ante las problemáticas originadas de las relaciones laborares. Sin embargo, no todos los equipos son capaces de ofrecer contratos millonarios a sus futbolistas. ¿Qué sucede con aquellos jugadores que perciben sueldos como cualquier otro profesional de cualquier otro ámbito de la vida laboral?
​No es casual que este tipo de conflictos, se presenten en equipos, clubes o divisiones profesionales con economías débiles e inestables, los cuales reflejan una alta desigualdad de capitales en la industria, que a su vez, aniquila la posibilidad de una competencia real. No es objeto de esta investigación, abundar en las causas y consecuencias de la discrepancia económica en la industria del fútbol. Sin embargo, no deja de ser interesante señalar la existencia de actores comerciales o grupos empresariales de gran envergadura –como lo son las dos principales televisoras del país o el operador de telefonía móvil líder en Latinoamérica–, que desestabilizan el sector mediante el reparto inequitativo de ingresos, por concepto de derechos de transmisión y publicidad.
Son los jugadores más desprotegidos –aquellos que militan en equipos con nóminas bajas o en divisiones inferiores– los que no cuentan con los recursos para solucionar sus querellas en una mesa de negociación.
LOS FUTBOLISTAS SON TRABAJADORES
En el título sexto, capítulo X, de la Nueva Ley Federal del Trabajo (LFT) publicada en 2012, dedicado a Trabajos especiales, se contempla a los deportistas profesionales como una persona jurídica sujeta a los derechos y obligaciones que dicta la ley. Sin embargo, la aplicación que ocurre de facto en el fútbol profesional en México, son los estatutos publicados por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA). Este organismo privado, impone su jurisdicción en la industria, cometiendo una clara violación a las leyes mexicanas.
La Ley Federal del Trabajo, reglamenta el artículo 123 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (CPEUM), que a su vez, en su artículo 133, se sitúa como la “Ley Suprema de toda la Unión”, así como a “las leyes del Congreso de la Unión que emanen de ella y todos los Tratados que estén de acuerdo con la misma”. Es por ello, que los estatutos de FIFA no tienen jurisdicción, y por lo tanto, tampoco gozan de validez, en el ámbito laboral de la industria mexicana del fútbol.
Si bien es cierto que la actividad de los deportistas profesionales está contemplada en el capítulo X de la LFT, la Ley General de Cultura Física y Deporte (LCFD), y el Estatuto Social de la Federación Mexicana de Fútbol; son los estatutos de FIFA los que prevalecen en cuanto a aplicación se refiere. El artículo 3.1 del Estatuto Social de la FMF, dota a la Federación con el objeto de “promover, organizar, dirigir y difundir el deporte del fútbol asociación en todas las modalidades reconocidas y reguladas por la FIFA”[1].
En el artículo 3.7 del mismo Estatuto, se obliga “a sus Afiliados (entiéndase como una persona moral o física que ha sido admitida por el Comité Ejecutivo) a observar las disposiciones establecidas en el Código Ético y Código Electoral de la FIFA, disposiciones y decisiones de la CONCACAF y LA FEDERACIÓN, así como decisiones del TAS, en sus actividades”[2]. Todas son instituciones privadas de carácter internacional. De igual forma, en el artículo 14, “los Afiliados a LA FEDERACIÓN, ya sean directos o derivados, se comprometen a acatar y cumplir en todos sus términos las decisiones y resoluciones de las autoridades competentes de la FIFA, el TAS, la CONCACAF y la propia FEDERACIÓN, que sean definitivas y que no estén sujetas a recurso”[3].
Las reglamentaciones y estatutos de FIFA con respecto al ámbito laboral del futbolista profesional, no coinciden con lo estipulado en la LCFD, ni en la LFT, las cuales protegen legalmente a los trabajadores cuyo oficio es el deporte. En el título cuarto Del Deporte Profesional, artículo 85 de la LCFD, se establece que “los deportistas que participen dentro del deporte profesional, se regirán por lo establecido en la Ley Federal del Trabajo.”[4]
Por su parte, los artículos 293 y 294 de la LFT, establecen que “las relaciones de trabajo (y los salarios, respectivamente) pueden ser por tiempo determinado, por tiempo indeterminado, para una o varias temporadas o para la celebración de uno o varios eventos o funciones”[5]. El artículo 295, acusa que “los deportistas profesionales no podrán ser transferidos a otra empresa o club, sin su consentimiento”[6].
Por otro lado, el artículo 296 otorga la participación del futbolista en por lo menos un veinticinco por ciento del monto total de la transacción. Finalmente, el artículo 303 nombra como “causas especiales de rescisión y terminación de las relaciones de trabajo: I. La indisciplina grave o las faltas repetidas de indisciplina; y II. La pérdida de facultades”[7].
​Una vez que hemos revisado los derechos y obligaciones de los futbolistas como sujetos laborales, y hemos corroborado que esta profesión implica la realización de un oficio normado por la ley, es conveniente indagar en las violaciones a los derechos antes mencionados y en los incumplimientos en los que incurren tanto los dueños de los clubes, como la Federación.
La existencia de conflictos laborales, como ya hemos mencionado, es innegable en cualquier industria o gremio. La ley señala que, cuando un jugador considera que no se cumplen los términos de contrato, puede acudir a las Juntas de Conciliación y Arbitraje locales. En el artículo 604 de la LFT, se designa a las Juntas, como la instancia de “conocimiento y resolución de los conflictos de trabajo que se susciten entre trabajadores y patrones, sólo entre aquéllos o sólo entre éstos, derivados de las relaciones de trabajo o de hechos relacionados con ellas”[8].
En eso consiste el procedimiento normal de demanda para cualquier otro trabajador de la iniciativa privada. Sin embargo, ante las controversias suscitadas, el futbolista opta por no denunciar, tanto para evitar conflictos con su empleador, como por el miedo a enfrentar una pérdida del trabajo o una posible separación o exclusión del medio (ostracismo), situándose en una posición desfavorable en futuras negociaciones con el mismo u otros clubes.
Debido a que los involucrados en este tipo de conflictos prefieren no denunciar ante las Juntas de Conciliación y Arbitraje, los futbolistas que tienen la capacidad económica, optan por una asesoría legal con miras a la negociación privada con el patrón. De esta forma, ambas partes evitan la ventilación de sus asuntos en la esfera pública. Son los jugadores más desprotegidos –aquellos que militan en equipos con nóminas bajas o en divisiones inferiores– los que no cuentan con los recursos para solucionar sus querellas en una mesa de negociación.
El mayor número de controversias entre futbolistas y dueños de los equipos, se presentan en la temporada de transferencias. Muchos jugadores desconocen su futuro inmediato porque están a merced de lo que determinen los dueños en sus negociaciones privadas. En cuanto a este tipo de conflictos laborales, existen casos representativos como el de Enrique Borja, quien en 1969, el entonces delantero de los Pumas de la UNAM, fue vendido al América sin su consentimiento y, además, exento de cualquier comisión.
El caso más reciente ocurrido en la Primera División de México, lo protagonizó Gonzalo Pineda, cuando fue traspasado del Guadalajara al Atlante en 2009. El jugador alzó la voz, y argumentó que nunca lo consultaron cuando salió la propuesta del club comprador. Después de un seguimiento mediático importante, los equipos decidieron frenar la negociación y Pineda finalizó su contrato en el equipo tapatío.
Otro fenómeno que azota la realidad laboral del futbol mexicano, es el llamado Pacto de caballeros, una ley no escrita entre los dueños de los clubes que impide al jugador cambiarse a otro club, cuando su contrato expira. Juan Francisco Palencia, ex delantero de los Pumas de la UNAM, quien sufrió la aplicación de este pacto, lo describe de la siguiente forma: “(Cuando) se te acaba el contrato y (quieres contratarte con otro equipo), tienes que pedir la anuencia del club anterior y no me parece que sea justo para el jugador, porque se quiera o no el futbolista es profesional, percibe salario de todo esto y así pierde dinero y la oportunidad de irse al equipo a donde se quiera ir”[9].
Ésta, constituye una falta grave a los derechos básicos del trabajador y representa un incumplimiento del contrato. Gerardo Torrado, Arón Galindo, Adolfo Bautista, Emmanuel Villa o el fallecido Antonio De Nigris, son las víctimas más recientes del pacto. El Pacto de Caballeros, es un elemento más que hace evidente el secretismo y la falta de transparencia con las que se manejan los clubes y la misma federación. De esta forma, es difícil asegurar que estas instituciones acatan las disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, en lo que se refiere a la relación con sus trabajadores y afiliados.
La LFT y los principios de la Organización Internacional del Trabajo, establecen que un profesional no debe ser tratado como mercancía. Sin embargo, el lenguaje utilizado por los medios de comunicación deportivos para describir los traspasos de futbolistas, usualmente consiste en acusar la compra o venta de los mismos. Esta diferenciación conceptual, hace evidente la naturaleza de estas transacciones comerciales, que denigran la labor del futbolista y lo reducen a una mercancía dispuesta en el mercado.
Por otro lado, las grandes cantidades de recursos que se transfieren en el mercado de piernas, sí son conocidos y accesibles al dominio público. La firma especializada en la valuación y transferencia de jugadores, Transfermarkt, publica en su página web (http://bit.ly/1gDS3JE) una lista con los precios a los que se cotizan los futbolistas de distintas ligas del mundo. Lo anterior, no difiere mucho de los antiguos mercados de esclavos, donde éstos se ofertaban mediante la exhibición de sus principales características y valor monetario. ¿Son los futbolistas, esclavos modernos? ¿Qué instrumentos quedan para la protección de los derechos y la defensa de las condiciones laborales de los trabajadores?
En la historia del fútbol mexicano, existen dos intentos fallidos de creación de un sindicato único de jugadores de fútbol. Ambos han fracasado por el sabotaje de la federación y los clubes, así como por el desinterés de los futbolistas.
LA SOLUCIÓN ES LA UNIÓN
​En el título séptimo, capítulo II, artículo 356 de la LFT, dedicado a las Relaciones Colectivas de Trabajo, se establece que un sindicato es “la asociación de trabajadores o patrones, constituida para el estudio, mejoramiento y defensa de sus respectivos intereses”[10]. En la historia del futbol mexicano, existen dos intentos fallidos de creación y consolidación de un sindicato único de jugadores de fútbol. Ambos, han fracasado en gran medida por el sabotaje de la federación y los clubes, así como por el desinterés de los futbolistas por organizarse.
En 1971, un grupo de futbolistas mexicanos encabezados por el entonces defensa central del Necaxa, Carlos Albert Llorente, registraron la Asociación Sindical de Futbolistas Profesionales de la República Mexicana, ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social. La formación de un sindicato, otorgaba a los jugadores –como lo establece el apartado XVII del artículo 123 de la CPEUM– el derecho a huelga. La intención de esta primera unión sindical, era la de consolidarse como una figura de conciliación de controversias y no de confrontación obrero-patronal.
Esta Asociación, llegó a contar con más de 300 miembros, integrados mayoritariamente por jugadores de Necaxa, Atlas, Guadalajara y Atlante. Ante la creación de una figura sindical importante, los dueños de los clubes comenzaron a despedir injustificadamente a jugadores que pertenecían a esta organización. Lo anterior, desembocó en una huelga convocada por la Asociación en octubre de 1971.
Por primera vez, las banderas rojinegras ondearon en las porterías de los estadios de Primera División. En los siguientes días, los dueños comenzaron a tomar represalias contra los futbolistas, presionándolos a abandonar la causa sindical. Poco después, con una miserable cantidad de miembros en sus filas, la Asociación desaparecería, terminando así con la primera aventura de los sindicatos en el fútbol mexicano.
Fue hasta 1992 cuando Alfredo Tena y Javier Aguirre, ambos ex futbolistas e integrantes de la Selección Mexicana, formaron la Asociación de Futbolistas Profesionales (AFP) para protestar en contra del régimen de transferencias de aquel año. En el mal llamado Draft, los dueños transferían a un jugador de un club a otro sin su consentimiento. El proyecto no progresó debido a que ambos líderes, decidieron continuar con su carrera como directores técnicos.
Con lo que quedó de la AFP, José María Huerta Carrasco, ex defensor del Necaxa, organizó el grupo Futbolistas Agremiados de México (FAM), que después de cinco negativas por parte de la Junta de Conciliación y Arbitraje del Distrito Federal, obtuvo su registro sindical en octubre de 2004.
El FAM, durante el periodo en el que le fue negado su registro, interpuso una demanda contra el Gobierno mexicano, ante la Organización Internacional del Trabajo (http://bit.ly/1fYkzG8), alegando que “habiéndose constituido el 16 de abril de 2001, la autoridad competente (Junta Local de Conciliación y Arbitraje) no ha procedido a su registro ni a la toma de nota de su actual directiva”[11]. El comité concluyó que “dicha agrupación (FAM) no se encuentra constituida por los elementos esenciales para conformar un sindicato basado en una relación patrón-trabajador”[12].
Una vez constituido, a pesar de que la FAM llegó a contar con 685 miembros y el aval de la Federación Internacional de Futbolistas Profesionales (FIFPro) como una de las 40 asociaciones sindicales que la integran, nunca logró tener una influencia real dentro del Federación. Así, después de que sólo dos jugadores asistieran a su asamblea en 2007, el FAM acabó por diluirse.
Este nuevo fracaso se debió, en parte, a la creación paralela en 2003, de un órgano interno de la FMF denominado Comisión del Jugador. Esta organización tuvo su origen como una alianza entre algunos futbolistas líderes del gremio y el aparato patronal, fenómeno conocido en México como Charrismo Sindical. El entreguismo y la supeditación de la lucha de los trabajadores se mantienen hasta nuestros días.
La Comisión del Jugador, tiene como objetivo representar los intereses de los profesionales ante las autoridades federativas, así como presentar las demandas laborales ante los órganos competentes de la misma Federación. Sin embargo, esta organización no se adscribe como objeto de ley y se somete únicamente a los estatutos internos, por lo que no goza de independencia ideológica ni autonomía.
​En la actualidad, la Comisión es la única instancia disponible para la canalización de las demandas de los futbolistas. Con el paso de los años, se ha demostrado que el organismo no tiene un peso específico en la toma de decisiones al interior de la Federación, no goza de una participación extenuante, y es inoperante ante situaciones laborales tan complejas como las que se viven actualmente en el gremio futbolístico mexicano. ¿Qué es entonces, lo que dificulta la unión de los jugadores en la defensa de sus demandas laborales?
LA CAUSA NO ESTÁ PERDIDA
En primer lugar, tomemos en cuenta el poco interés que existe en el medio futbolístico para organizarse. Como hemos explicado anteriormente, son los altos salarios de los líderes y de los futbolistas más representativos y mediáticos, lo que les impide mirar la desmejorada situación de sus colegas, provocando una alienación de los propios intereses gremiales y profesionales.
Por otro lado, la estructura patronal y federativa que impera en el fútbol mexicano, impide sistemáticamente los pocos intentos que existen de formar organizaciones sindicales que obedezcan a los intereses de los futbolistas. Mediante la creación de un órgano interno que canalice las demandas, se puede controlar la lucha de los trabajadores y aminorar el riesgo de una posible ruptura en el sistema.
La diferenciación extrema de capitales en la industria, favorece la inequidad en los salarios de los futbolistas y reduce el interés de éstos por unirse en una organización gremial. Además, impide la existencia de una competencia real y perjudica a los clubes con menos flujo de recursos económicos.
Sin embargo, la causa no está perdida. Existen muchos ejemplos de organizaciones sindicales en América Latina, que tienen un peso específico en su industria y agrupan a una gran cantidad de profesionales del balón. En 1949 y 1950, los futbolistas argentinos llamaron a huelga para que las generaciones futuras no fueran –como ellos– una sucesiva legión de explotados. Los jugadores organizaron partidos amistosos y recaudaron fondos para futbolistas con familia. Los patrones cedieron ante las demandas, y los deportistas conquistaron el derecho a formar la agrupación Futbolistas Agremiados de Argentina.
Otro ejemplo, se dio en marzo de 2010, cuando la Asociación de Jugadores Profesionales de Costa Rica, propuso un salario mínimo para los futbolistas ticos. Se solicitó al Ministerio de Trabajo que reconociera la categoría laboral de los jugadores de fútbol y su salario mínimo. Después de juntar 180 firmas, la gestión prosperó y se materializó en la ley costarricense.
Los modelos de protesta abundan y la lucha continua, puesto que las demandas de los futbolistas existen y los conflictos laborales también. La complejidad del tema, recae en la grandilocuencia y vanidad de la profesión. Sin embargo, muchas veces olvidamos que el fútbol profesional, se sustenta en relaciones obrero-patronales y éstas, deben ser reguladas, acatadas y atendidas como tales.
Resulta por ello necesario, la creación de un organismo autónomo, independiente y regulado por las leyes mexicanas, que figure como una institución a la que los futbolistas en su totalidad, puedan acudir en caso de violaciones a sus derechos laborales. En una industria tan mediática y comercial, como lo es el futbol profesional, para lograr la atención programática de las demandas de un sector tan desprotegido en el ámbito laboral, es indispensable la organización y estructuración del conjunto de trabajadores del balón. Se requiere también, la cooperación de las autoridades federativas y de los dueños de los clubes. El simple apego a la ley, debe convencerles para que acepten la creación de una figura representativa de estas magnitudes.
Lograr esto no será fácil, y es por ello que los ejemplos históricos de la lucha obrera y sindical, deben servir como ejemplo e inspiración para las generaciones de futbolistas comprometidos con sus colegas y con la función social que desempeñan. Es vital que el jugador de fútbol se convenza que, sólo mediante el libre y justo ejercicio del trabajo remunerado, es posible alcanzar una vida laboral digna, más allá de los salarios o la atención mediática que ofrece esta profesión. La pelota no se mancha; que el juego continúe.
[1] Federación Mexicana de Fútbol, “Estatuto Social”, http://bit.ly/1dbW1KJ, 2012, p. 6.
[2] Ibídem, p. 7.
[4] Congreso General de los Estados Unidos Mexicano, “DECRETO por el que se expide la Ley General de Cultura Física y Deporte”, Diario Oficial de la Federación, http://bit.ly/1fDSCkd, 7 de junio de 2013.
[5] Secretaría del Trabajo y Previsión Social, “Ley Federal del Trabajo”, http://bit.ly/KEvQP3, p. 93.
[8] Ibídem, p. 184.
[9] Agencia Notimex, “Palencia lamentó el Pacto de Caballeros”, ESPN FC, http://es.pn/1qSmH6M, 28 de diciembre de 2009.
[10] Secretaría del Trabajo y Previsión Social, “Ley Federal del Trabajo”, http://bit.ly/KEvQP3, p. 184.
[11] Organización Internacional del Trabajo, “Report in which the committee requests to be kept informed of development – Report No 336”, http://bit.ly/1fYkzG8, marzo de 2005.

References: resolución 
 resolución 
 artículo 123
 artículo 133
 artículo 3
 artículo 3
 artículo 14
 artículo 85
 artículo 295
 artículo 296
 artículo 303
 artículo 604
 resolución 
 artículo 356
 artículo 123