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Timestamp: 2019-08-25 16:52:02+00:00

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Pontificia Universidad Católica de Chile Facultad de Ciencias Sociales Escuela de Trabajo Social Programa de Magíster
Ilustraciones críticas sobre 91 organizaciones sociales solidarias en Chile
Tesis para optar al grado de Magíster en Trabajo Social
Teresita Matus Sepúlveda
¿Son compatibles solidaridad y desigualdad? Chile presenta hoy uno de los más altos índices de desigualdad mundial, al tiempo que se proclama como una cultura de una impronta solidaria al parecer indiscutible. En este contexto, hemos sido testigos en los últimos años de un crecimiento exponencial de las organizaciones sociales de carácter privado (ONGs) que implementan programas sociales fuera de los parámetros tradicionales de las intervenciones sociales estatales. En este sentido, la tesis que aquí se presenta pretende cuestionar esa idea de ‘solidaridad ontológica’, no tanto en busca de un veredicto acerca de su legitimidad, sino más bien queriendo cartografiar las diferentes características de la solidaridad que operan hoy en el seno de nuestra sociedad y su impacto en las intervenciones sociales que en su nombre se convocan.
Can solidarity coexist with inequality? Chile has one of the highest levels of inequality in the world and yet it considers solidarity to be a distinguishing characteristic of its culture. In this context, the past few years have been witness to an exponential growth in the amount of social NGOs that carry out social programs outside the parameters of traditional state social interventions. In light of this, this thesis questions the idea of ‘ontological solidarity’, not in order to give a verdict on its legitimacy, but rather aiming to map out the different characteristics of solidarity in our society so as to identify their impact on the social interventions carried out in its name.
1. Las implicancias de la solidaridad
2. Premisas centrales
3. Solidaridad… ¿desde dónde?
3.1 Solidaridad y Estado
3.2 Solidaridad y modernidad
5. Orden del escrito
PRIMERA PARTE: CRISIS DEL ESTADO Y SOLIDARIDAD
CAPÍTULO I: SOLIDARIDAD POST–ESTATAL
1.1 La postura francesa
1.2 La propuesta habermasiana
1.3 Una perspectiva marxista
2. El estado de nuestro Estado
2.1 El comienzo de la contrarrevolución
2.2 El ’78 como portal
2.3 Capitalizando la capitalización
CAPÍTULO II: EL FULGOR HIPNOPÉDICO
1. Un frasco invisible
2. El mito del Quijote
3. La Teletón como paradigma
4. La solidaridad como explosión
CAPÍTULO III: LA DESIGUALDAD EN LAS SOMBRAS
1. Reyes y campeones
2. El ingreso y algo más
3. Educación, la cuna de la reina
4. Desigualdad capital: paseo intergaláctico en micro
SEGUNDA PARTE: LAS SOLIDARIDADES POSIBLES
CAPÍTULO IV: LA MODERNIDAD COMO ÚTERO
1. Una tarea pendiente
2. La embestida posmoderna
3. El ultraje de la ideología
CAPÍTULO V: “HÁGASE TU VOLUNTAD”, LA SOLIDARIDAD DEL YO
1. Mi solidaridad y yo
2. Un colectivo fantasmal
3. El granito de arena: la solidaridad que vale, cuando no cuesta
CAPÍTULO VI: “LLEGAR Y LLEVAR”, LA SOLIDARIDAD RENTABLE
1. La solidaridad colonizada: ¡así se ayuda hoy!
2. Solidaridad y Lucro: la Responsabilidad Social de las Empresas (RSE)
3. Solidarios y Cía. Ltda
TERCERA PARTE: CATEGORÍAS ANALÍTICAS PARA LA SOLIDARIDAD
1. Algunos componentes de la intervención social
2. Categorías analíticas
3. Algunas conclusiones y recomendaciones técnicas
4. Epílogo: Cien años de Solidaridad
“…Conviene asumir esta nueva sensibilidad humana *la solidaridad+ e introducir en ella el discurso reflexivo a
fin de orientarla adecuadamente e impedir así que degenere en una mera inflación verbal. A veces da la sensación de que la apelación a la solidaridad funciona como un tópico de la retórica cansina y repetitiva de la cultura dominante. Para que eso no suceda es conveniente tener el coraje de enfrentarse a la solidaridad
con un discurso crítico, coherente y creativo…”
Marciano Vidal 1
¿Es Chile un país solidario? No tan sólo es poco original, sino que además es una mala pregunta o, al menos, a destiempo (adelantada). Habría que preguntarnos ¿qué tipo de solidaridad opera hoy en Chile? ¿Existe acaso una sola manera de ser solidarios? De haber más de una ¿habría(n) alguna(s) que predominase(n) sobre las otras? ¿Cuáles, cómo? ¿Da lo mismo el tipo de solidaridad que construye al Chile de hoy?
Lo anterior es de suma importancia si consideramos que, como podremos ver en el transcurso de esta tesis, los chilenos somos unos convencidos de ser “los campeones de la solidaridad”, que aquello incluso sería “lo bueno de la raza chilena” 2 , sin reparar necesariamente en saber qué estamos entendiendo por solidaridad.
Es importante, además, porque en el país son cada vez más las organizaciones provenientes de la sociedad civil que convocándose a partir del principio de solidaridad se vuelcan en sendas intervenciones sociales sobre fenómenos de suyo complejos (extrema pobreza, trabajo infantil, personas en situación de calle, habitabilidad en campamentos, etc.) que otrora fueran de incumbencia exclusiva del Estado.
Hablamos de una solidaridad que moviliza en el tercer sector del país recursos económicos equivalentes al 1,5% del PIB nacional (más de 3.500 millones de dólares) año a año 3 , moviliza a más de un millón de chilenos que realiza actividades de voluntariado 4 , que hace que el concepto “tercer sector” sea considerado una realidad emergente que no se puede soslayar en el diseño actual de las políticas púbicas 5 , que hacen ubicar por parte de la opinión pública a “Un Techo para Chile” y al “Hogar de Cristo” como las instituciones que más y mejores aportes hacen al combate a la pobreza en el país 6 , que hizo aumentar enérgicamente en la década de los ’90 la cantidad de personas que dedican tiempo libre al voluntariado 7 .
1 Vidal, Marciano. “Para comprender la solidaridad”. Editora Verbo Divino. España, 1996.
2 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
3 Irarrázaval, Ignacio, Hairel Eileen M.H., Sokolowski, Wojciech, y Salomón, Lester M. “Estudio Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro - Chile. Johns Hopkins Comparative Nonprofit Sector Project”.
4 Un 7% de los chilenos es voluntario, cifra que nos ubica en el segundo lugar en Latinoamérica. Fundación Trascender ¿Es Chile un país de voluntarios?, 2006.
5 “…nuevas perspectivas en materia de políticas sociales atribuyen hoy en día a las organizaciones sociales del Tercer Sector un rol creciente…”. A lo cual agrega “desde hace algunas décadas las organizaciones privadas sin fines de lucro y con fines públicos, han cobrado en nuestro en nuestro país un protagonismo progresivo…”. Jiménez de la Jara, Marcela. “El Tercer Sector en Chile: una realidad emergente”. Revista de Trabajo Social Nº 71, 2003. Págs. 123-140.
6 Levemente después de bomberos y la Teletón, Un Techo para Chile y el Hogar de Cristo son consideradas las
instituciones cuya ayuda es realmente útil. CIS-UTPCH. “Participación social y voluntariado en la educación superior chilena. Informe de resultados”. Santiago de Chile, 2007.
7 La Encuesta Mundial de Valores, para el caso chileno, “…es decidora: mientras que en el año 1990 un 29,6% de la población mayor de 18 años entrevistada declaraba hacer trabajo no remunerado en alguna de las organizaciones o
Hablamos de una solidaridad que sustenta en la opinión pública la idea de que las organizaciones sociales son más efectivas en la lucha contra la pobreza que el mismo gobierno 8 , una solidaridad que se iza como una suerte de motor inspirador para el diseño e implementación de miles de intervenciones sociales que se desarrollan a lo largo de todo Chile involucrando a otros tantos miles (universitarios, adultos, profesionales, escolares, voluntarios, etc.) en su ejecución y, por supuesto, a otros cientos de miles como destinatarios de todas estas prácticas sociales solidarias:
una solidaridad, en definitiva, bastante poderosa.
Emerge entonces la siguiente inquietud… ¿qué tipo de solidaridad será la que moviliza a Chile? ¿Qué impactos tiene la adopción de unas y la censura de otras formas de pensar y hacer solidaridad en la manera en que se desarrollan las intervenciones sociales en Chile? Abordar lo anterior es central, pues nos permite enfrentar con mayor lucidez la pregunta que, en último término, es la más importante de todas: ¿hacia dónde nos encamina nuestra solidaridad?
La tarea que nos proponemos abordar en esta tesis es precisamente adentrarnos en las solidaridades presentes en el Chile de hoy, leída tanto a propósito de sus grandes discursos nacionales como en las prácticas específicas –en diferentes ámbitos de la intervención social– en que aquellos discursos se traducen, alentados, en este sentido, por la convicción de que la sola invocación de un principio con el que difícilmente se podría estar en desacuerdo, no es suficiente para que éste se traduzca en las transformaciones más profundas que la sociedad chilena requiere.
Sería de mala crianza estar en contra de valores socialmente aceptados, como la solidaridad, la libertad, la democracia, la igualdad, los Derechos Humanos, etc.; pues bien, no basta con sólo adscribir a ellos, pues podemos estar día a día en nombre de la solidaridad generando discursos públicos y estrategias de intervención social que, observadas de manera más crítica y detenida, estén reproduciendo justamente aquellas realidades que decimos querer cambiar.
Consecuentemente, las premisas desde las cuales desarrollaremos el escrito son las siguientes:
Existen muchas solidaridades posibles, las que se van a posicionar desde diferentes lugares y, por tanto, van a abrir distintos escenarios en los cuales se juegan también las posibilidades de las intervenciones sociales que en su nombre se realizan.
 Las transformaciones que ha sufrido el Estado en las últimas décadas junto con la idea de modernidad adoptada culturalmente por una sociedad, representan dos significativas dimensiones que sobredeterminan contingentemente los contenidos y contornos de la solidaridad actual.
actividades de voluntariado, en el año 2000 este porcentaje aumentó a 42,6%”. Zulueta, Sebastián. “La evolución del
Voluntariado en Chile entre los años 1990 y 2002”. Tesis para optar al grado de Magíster en Sociología, UC. Santiago,
8 Frente a la frase “Las organizaciones sociales son más efectivas en la lucha por superar la pobreza que el gobierno”, un 56% se mostró “De acuerdo/Muy de acuerdo”, contra un 13% que manifestó estar en “Desacuerdo/Muy en desacuerdo”. Fundación Trascender ¿Somos generosos los chilenos? Encuesta Nacional de Voluntariado, 2008.
La solidaridad es un principio y también un resultado, palpable en la forma en que es traducido a propósito de determinados componentes de la intervención social. La solidaridad, por tanto, se puede medir.
 Existe una invisibilización sistemática de las malas prácticas autoproclamadas como “solidarias” justamente por no existir los espacios reflexivos suficientes mediante los cuales pensar y proponer modelos, procedimientos y/o líneas de intervención social que nos permitan pensar la solidaridad como un principio y también como un resultado. Lo anterior –y esta vendría siendo una subpremisa– es posible en gran medida por el carácter apostólico que la acción “solidaria–voluntaria” reviste en el país, donde el mérito es que “las cosas se hagan”, importando poco la calidad e impacto de ese hacer 9 .
Para saber dónde nos lleva debemos preguntarnos en primer lugar desde dónde viene ese convencimiento tan arraigado en nuestro ethos nacional de que Chile es efectivamente un país intrínsecamente solidario. Con algunos matices, así lo han mostrado diversos estudios que en los últimos 20 años han abordado la pregunta por el carácter inmanentemente solidario que tendríamos chilenas y chilenos.
Así lo mostró aquella pionera investigación de Cecilia Dockendorff de principios de los ‘90 10 , donde lograba recapitular el sentir de una importante cantidad de chilenos/as pertenecientes a una gama diversa de estamentos sociales en torno a la idea de solidaridad que ellos/as tenían en aquel momento; su conclusión era entonces la siguiente:
“Sin olvidar las diferencias individuales, podemos quedamos con una respuesta a la pregunta si es
solidario el chileno o no, citando lo que se dijo en una reunión de mujeres: Chile es un país que tiene
mucha materia prima y no se la ha sabido explotar. Los chilenos sí somos solidarios; eso sí que falta incentivación” 11
A mediados de la misma década (1995), la FLACSO mostraba como un importantísimo 83% de la población chilena celebraba que la suya era una sociedad solidaria 12 , lo cual fue recogido con cierto estupor por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en su Informe de Desarrollo Humano del año 1998. Esto, porque al mismo tiempo que se consignaba nuestro supuesto carácter arrasadoramente solidario, también mostraba cómo un importante 81% de los encuestados estaba en desacuerdo con la afirmación que sostenía que la chilena era una sociedad
igualitaria socialmente, al igual que un 70% que declaró estar en desacuerdo con la afirmación “Chile es una sociedad… justa”; un 80% de acuerdo en que somos una sociedad más agresiva y un
9 “…La falta de autocrítica de algunos defensores del voluntariado ha limitado los esfuerzos por refrenar la generación en su seno de prácticas asistencialistas, autoritarias o decididamente antisolidarias…” Cabrera, Hugo. Coordinador Programa Nacional de Voluntariado. Comentario al artículo “El voluntariado juvenil en América del Sur: un análisis de su orientación y formalización utilizando la teoría de los orígenes sociales de la sociedad civil” de René Olate.
10 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
11 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
12 Encuesta FLACSO, 1995. Citada en Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD. “Informe de Desarrollo Humano: las paradojas de la modernización”. 1998. Pág. 52.
64% en que somos cada vez más egoístas 13 : agresivos, injustos, desiguales, egoístas y solidarios, todo al mismo tiempo.
Ya instalados en el nuevo siglo, hemos sido testigos de diferentes estudios que reafirman la idea de que somos solidarios:
Fundación Trascender realiza año a año una Encuesta Nacional de Voluntariado, en la cual se incluye la pregunta acerca si es Chile un país solidario; los resultados muestran que la proporción de encuestados que responde favorablemente dicha sentencia ha venido en aumento: 57% (2006), 62% (2007), 64% (2008) y 79% (2009) 14 .
 El Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile, realizó un estudio aplicado a estudiantes de educación superior (2006-2007), en el que también se consignó un
porcentaje superior al 65% que dijo estar Muy de acuerdo y De acuerdo con la frase: “la
solidaridad es un rasgo distintivo de los chilenos” 15 .
En definitiva, se trata de mostrar lo que un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (2006) así confirma:
“Solidaridad es una noción frecuentemente socorrida en el habla de chilenos y chilenas, y que posee un protagonismo cultural histórico en nuestro país (…)
‘Solidaridad’, en diferentes contextos y desde distintos ámbitos de la vida social, es algo a lo que se
puede apelar en nuestra sociedad para concitar y conseguir una determinada conducta, ya sea individual o colectiva, puntual o sostenida. Y a tal punto parece o intenta conformar parte de nuestros repertorios culturales, que en Chile existen un ‘mes de la solidaridad’ y un ‘mes de la patria’ que le sucede” 16 .
Finalmente, el Índice de Solidaridad 2009 enmarcado dentro del estudio del MIDE UC y del Hogar de Cristo denominado “Radiografía de la Solidaridad en Chile”, se muestra una relación estadísticamente significativa entre sentirse “comprometidos y orgullosos de ser chilenos” con una mejor puntuación en el índice propuesto: a mayor identificación con el país, más solidaridad 17 .
Ahora bien, y a propósito del mismo estudio, es muy interesante constatar que una de las conclusiones a las que arribó el equipo investigador es que “Somos solidarios, pero podemos dar más”. A esto podemos agregar que, en el año 2008, la Tercera Encuesta Nacional de Voluntariado efectuada por la Fundación Trascender mostró algunos llamativos datos, a saber:
- Cada año más chilenos consideran que la solidaridad es una característica de nuestro país (62 al 64% de aumento entre medición 2007 y 2008). Hasta aquí, nada nuevo.
13 Encuesta FLACSO, 1995. Citada en Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD. “Informe de Desarrollo Humano: las paradojas de la modernización”. 1998. Pág. 52.
14 Fundación Trascender, ¿Es Chile un país de voluntarios? 2006. Además de “Encuesta Nacional de Voluntariado”, 2009.
15 CIS-UTPCH. “Participación social y voluntariado en la educación superior chilena. Informe de resultados”. Santiago de Chile, 2007
16 Román, José Antonio; Tomicic, Alemka; Avendaño, Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad como problema” REVISTA MAD, (2):151-183, 2007.
17 En este sentido, por “Identidad Chilena” se consideró a cuán orgullosos y comprometidos se sienten de ser chilenos, cuánto sienten que tienen en común con otros chilenos y cuán importante es el ser chileno en su forma de ser. Así,
aquellos con “mayor” identidad obtuvieron un promedio de 7,0 en el índice de 1 a 10, por sobre el 5,4 obtenido por aquellos con “menor” identidad chilena. González, R. y Cortés, F. “Radiografía de la solidaridad en Chile e Índice de Solidaridad”. Estudio del Hogar de Cristo y MIDE UC. Octubre 2009.
- Sin embargo, aumentó en más del doble la cantidad de chilenos que se consideran a sí mismos como poco solidarios, pasando de un 8% (en 2007) a un 19% (en 2008), disminuyendo también aquellos que sí se consideran solidarios (67% al 50%)
http://www.cooperativa.cl/chilenos-se- consideran-cada-vez-menos-solidarios/prontus_nots/2008-07-29/113017.html el 29 de Julio, 2008. 9 " id="pdf-obj-8-4" src="pdf-obj-8-4.jpg">
¿Hay algo que estas cifras nos estén diciendo? Para la directora de la Fundación Trascender, María
Paz Rencoret, la explicación tiene que ver con que "nos valoramos menos o creemos que podemos
hacer más (
en las acciones concretas es donde quedamos insatisfechos y nos gustaría hacerlo
más y ser mejor" 18 . Nuevamente emerge esa idea de que “podemos más”.
Preguntamos entonces ¿podemos más? O, planteado de otra forma ¿cuánto más le podemos pedir a esta forma que hemos adoptado de hacer solidaridad?
Desde Dockendorff, pasando por el PNUD y llegando a los últimos estudios citados, podemos advertir que si bien siempre concordamos en que somos solidarios, también convenimos en que
algo nos falta, que algo no calza; hablamos de un “pero” siempre presente, un algo que le falta a
nuestra solidaridad de las últimas décadas.
18 Rencoret, María Paz. Entrevista concedida a Radio Cooperativa, publicada en http://www.cooperativa.cl/chilenos-se- consideran-cada-vez-menos-solidarios/prontus_nots/2008-07-29/113017.html el 29 de Julio, 2008.
¿Cómo es que somos solidarios a la vez que desiguales e individualistas, injustos, agresivos y egoístas 19 ?, ¿por qué si somos intrínsecamente solidarios, esta “materia prima” hay que constantemente incentivarla o, de lo contrario, no se manifiesta 20 ? ¿“podemos dar más” con nuestras actuales herramientas solidarias 21 ?
La solidaridad que hemos creado en el Chile de hoy presenta potencialidades y también límites, es decir, tiene aperturas y clausuras, escenarios que abre y otros que simplemente censura. Habrá que revisar bien si los principios en los que se funda nuestra solidaridad chilena están hechos para
dar el salto pendiente; puede que sea “cosa de tiempo”, pero las promesas se postergan década a
década, como si cada diez años algo mágico tuviese que suceder, como si cada 10 años tuviese que acontecer lo que en los 9 precedentes no hemos sido capaces de hacer.
Primero fue la promesa que nos deparaba un nuevo milenio (2000), hoy todas las apuestas se dirigen al Bicentenario de la patria (2010) y ya hay ciertos movimientos que apuntan al 2020 como
meta razonable para dar solución a determinadas problemáticas sociales 22 … ¿Y si la solidaridad que albergamos como sociedad simplemente no nos va a “dar más”? ¿Qué hay
de la posibilidad de que la solidaridad que hoy hemos construido sencillamente no está en condiciones de ofrecer los insumos que nos permitan articular las transformaciones que requerimos para celebrar un Bicentenario en grande? ¿O quizás le falte un ingrediente fundamental que nos impide arribar al resultado deseado, quizás le sobren otros? ¿Por qué siempre postergamos las promesas? ¿No será que hemos equivocado el camino y nuestro premio de consuelo es siempre apuntar al dos mil algo –10, 20, 30 o 40– como promesa de futuro condenada a no encarnarse nunca en nuestro presente?
¿Cuánto más le podemos pedir a nuestra solidaridad? Nuestra solidaridad, ¿da para más?
Volvemos así a la pregunta inicial de este apartado… ¿desde dónde proviene nuestra solidaridad?
¿Qué procesos han impactado en su actual configuración? Planteamos que pueden ser varios, pero nos detendremos en dos grandes hitos que poseen un altísimo impacto en la forma en que construimos la solidaridad en general y la nuestra (chilena) en particular; a saber:
El tipo de ruptura que ha tenido lugar entre el Estado, Mercado y Sociedad civil y las formas de hacer solidaridad de allí resultantes.
La cercanía/lejanía que manifiesta una idea de solidaridad con una postura respecto de la modernidad determinada.
Ambos elementos configuran el desde donde viene nuestra solidaridad y, lo que más nos interesa, nos pueden dar luces del lugar hacia donde ésta nos encamina.
19 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD. “Informe de desarrollo humano: las paradojas de la modernización”. 1998. Pág. 52.
20 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
21 González, R. y Cortés, F. “Radiografía de la solidaridad en Chile e Índice de Solidaridad”. Estudio del Hogar de Cristo y MIDE UC. Octubre 2009.
22 El movimiento “Educación 2020” tiene como objetivo que, para tal año, Chile tenga una educación de calidad y con equidad El lema es “Educación 2020, se acabó el recreo!”. www.educacion2020.cl
Solidaridad y Estado
Antes que todo, queremos distanciarnos de aquellos discursos que sitúan al Estado como la única entidad responsable y legitimada para crear solidaridad y que por lo tanto toda la solución a nuestros problemas radica en una vuelta al Estado maximalista y omnipresente que alguna vez hubo, o se quiso que hubiera. El Estado no tiene por qué hacerlo todo.
Lo anterior no impide reconocer que éste se planteó poderosamente, y hasta hace no mucho tiempo, como la principal fuente de producción de solidaridad de la sociedad, razón por la cual se vuelve central la discusión en torno a cómo las dramáticas transformaciones que han impactado al Estado han impactado también en los desafíos y las formas en que las sociedades se proponen producir solidaridad.
En debates de la sociología actual, podemos distinguir algunas corrientes que entregan su diagnóstico y propuestas al respecto. En este sentido, no va a ser lo mismo referirnos a la crisis del Estado con diagnósticos que nos hablan de un lazo roto 23 , de una cierta colonización del mundo de la vida 24 o, finalmente, de una crisis estructural del capitalismo 25 , entre otras posibilidades.
De cualquier modo, en cualquiera de las tres perspectivas, lo que hay es un sustrato común en torno a la pregunta ¿existe algún tipo de relación entre la crisis del estado y el resurgimiento de las solidaridades? Para las tres propuestas, que hacemos nuestras, la respuesta es sí.
Si la solidaridad era fundamentalmente producida por un Estado que, en virtud de la adopción de un modelo de desarrollo capitalista, se ha jibarizado de manera dramática para quedar reducido a
su más mínima expresión posible, preguntamos… ¿en qué contextos producimos hoy solidaridad?
Para Pierre Rosanvallon, con la caída del Estado de Bienestar asistimos a un contexto donde se ha sustraído del centro político de la sociedad la valoración por la igualdad, ésta se ha vuelto prescindible:
“Ya no es el imperativo de igualdad o fraternidad el que se pone en primer plano, sino una exigencia de reparación civil, tanto más querellante y vindicativa en cuanto representa la única esperanza de
ver una mejoría de la propia situación (…)
(…) el principio de ciudadanía ya no implica una exigencia de redistribución; se reduce a la confianza común en la ley civil organizadora de la autonomía” 26 .
Desde una perspectiva marxista, Jose Paulo Netto, quien no comparte las altas expectativas que genera en la perspectiva francesa la producción de solidaridad por parte del Estado–providencia, sostiene que los 30 gloriosos 27 no constituyen sino una pequeña excepción donde el capitalismo
23 Desde una vertiente francesa, concepto acuñado por Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial
Manantial. Buenos aires, 1998. 24 La propuesta habermasiana a propósito de su compleja construcción conceptual referida al Sistema y Mundo de la Vida. Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
25 Perspectiva marxista que expondremos desde Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. Trabajo presentado en el 33° Congreso Mundial de Escuelas de Trabajo Social. “Crecimiento y desigualdad:
escenarios y desafíos del Trabajo Social en el siglo XXI”. Santiago de Chile, 2006. Disponible en Boletín Electrónico Surá,
Escuela de Trabajo Social - Universidad de Costa Rica. www.ts.ucr.ac.cr. Agosto, 2006
.. 26 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Págs. 65-68.
27 Treinta años en que el Estado de Bienestar tuvo su auge.
estuvo sometido al Estado y una vez liberado de éste último, pudo demostrar su incompatibilidad con la reducción de pobreza, de las desigualdades y la ampliación de derechos sociales 28 .
Para Habermas, la universalidad desde la cual podríamos pensar la solidaridad va a estar colonizada por el mercado; es decir, será el mercado, por medio de la imposición de sus códigos, el que se erige no sólo como aquel encargado de producir integración social, sino que también integración sistémica, escenario en el cual el Estado queda reducido a condición de complemento.
“El mercado autoregulador exige ser complementado no solo por una administración estatal
racional y un derecho abstracto, sino por una moral estratégico utilitarista en el ámbito del trabajo social.
Las ideologías burguesas pueden adoptar una estructura universalista y apelar a intereses generalizables porque el régimen de propiedad se ha despojado de la forma política y ha traspasado a una relación de producción que, según su apariencia, puede legitimarse a sí misma: la institución del mercado puede apoyarse en la justicia inherente al intercambio de equivalentes” 29 .
Colonizadas (Habermas) y reducidas a la acción marginal (pro–capitalistas, por lo demás 30 ) de las ONGs que desempeñarán un papel residual despolitizado, las posibilidades de la solidaridad son amenazadas de muerte por el desplome de la sociedad aseguradora 31 .
¿Qué resulta de todo esto? En el capítulo I veremos que para el caso del Estado y de nuestra solidaridad, algunos diagnósticos presentes en el debate van a servir para leer las radicales transformaciones que sufrió el estado chileno desde 1973 en adelante, con la llegada de una dictadura militar y su programa económico importado directamente de la Universidad de Chicago.
Desconocer las posibilidades de nuestra solidaridad hoy sin considerar las radicales transformaciones que sufrió el Estado y los principios justamente de solidaridad que lo sustentaban, es abrir la posibilidad de comprender la solidaridad a la usanza neoliberal, es decir, como un principio sin principios, neutro y despolitizado: no va a ser lo mismo intentar producir solidaridad en una sociedad en que ésta es desterrada de los fundamentos del Estado.
Eso fue justamente lo que tuvo lugar en el país y el hito lo constituye la Reforma al Sistema de Pensiones del Ministro del Trabajo de la época, José Piñera, y que entraría en vigencia el 6 de Noviembre de 1980: ese día constituye un antes y un después para la solidaridad en Chile, pues se da un giro en 180° a la forma en que el Estado chileno produciría solidaridad por medio de uno de sus mayores herramientas, el seguro.
El seguro, al decir de los franceses, permitía el sentimiento de pertenencia de los miembros a su comunidad, creaba lazos entre los que tienen más con los que tienen menos, donde estos últimos no son dejados caer bajo ciertos mínimos sociales, pues el Estado recauda y administra fondos que impiden que aquello ocurra. El seguro es, entonces, un ejercicio de justicia contractual de todos
28 Refiere así a “la incompatibilidad de una conexión durable entre la dinámica capitalista, supresión de la pobreza absoluta y reducción de desigualdades (…) el capitalismo contemporáneo se muestra cada vez menos capaz de soportar reformas que viabilicen la ampliación de los derechos sociales”. Traducción libre de Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. Obra citada, 29 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 39. 30 “…el capitalismo no transita para nada sino para más capitalismo” Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre. 31 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998.
“El seguro no es –como la asistencia– un socorro consentido; representa la ejecución de un contrato en el cual el Estado y los ciudadanos están igualmente implicados (…) la prestación se debe, no es una liberalidad” 32
Pero, ¿qué es el seguro para la administración que se dejó caer de golpe en La Moneda en 1973? José Piñera no podría haber sido más claro:
“La seguridad social --sin duda, el mayor de todos los monopolios estatales existentes en Chile-- era un sistema inspirado en esa lógica que hace depender a las personas del Estado, ese "ogro filantrópico" descrito por Octavio Paz” 33 .
El desmantelamiento del Estado era, entonces, cuestión de tiempo. Y así fue como la reforma al sistema de pensiones constituiría la primera de muchas reformas en cuyo corazón operaría el mismo giro: se pasaba de un principio de solidaridad universal al de capitalización individual. Lo propio se hizo en salud con la invención de las Instituciones de Salud Previsional (ISAPRES, la salud privada) en desmedro del Servicio Nacional de Salud, el cual hoy sobrevive como el Fondo Nacional de Salud (FONASA, la salud pública).
De sistemas universalistas de seguro pasamos a uno basado en la capitalización individual: cuánto se disponga en el bolsillo para pagar determinará la calidad que se puede esperar de los servicios otrora garantizados por el Estado, consagrados como Derechos Humanos, como el derecho a la salud, educación, vivienda, entre otros. Los derechos dejan de ser exigibles y pasan a ser adquiribles como productos ofrecidos por el mercado.
Es en este contexto que hoy día hablamos de solidaridad; y no se avizora en el horizonte próximo posibles reformas profundas a ellas; no sólo por la imposibilidad constitucional de un sistema político que no lo permite, sino que la Reforma convenció a quienes podrían haber sido sus oponentes, pues ha sido apoyada, mantenida y celebrada por los gobiernos que sucedieron a la dictadura desde 1990 en adelante 34 .
En los cambios introducidos por la comisión para la Reforma Previsional del gobierno de Bachelet hubo importantes avances en materia de asegurar ciertos mínimos, pero siempre pensado dentro de los márgenes del modelo mismo:
“Se ha destacado, y con razón, que ninguna de las propuestas que contiene el informe (…) cuestiona el actual sistema basado en la capitalización individual. (…) Nunca estuvo en duda que los lineamientos que inspirarían el trabajo de los miembros de la instancia asesora estarían dentro de los márgenes que permite el modelo mismo (…) se corroboró así la alta valoración, de orden transversal, que existe de un sistema que, perfectible, ha sido muy favorable para los chilenos” 35 .
La privatización de todos los servicios públicos, nos pone hoy en otro contexto de producción de solidaridad, pues las privatizaciones no sólo sacaron del Estado enormes responsabilidades, sino que, las pocas empresas que mantiene en la figura de Estado Subsidiario, han sido también privatizadas por medio de lo que podríamos llamar la terciarización de la política pública.
32 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Págs. 24
33 Pinera, José. “El cascabel al gato: la batalla por la reforma previsional”. Editorial Zig-Zag. Santiago, Chile 1991.Pág. 3.
34 "Nos reunimos para celebrar los 21 años de un sistema que ha funcionado y que ha sido exitoso…” manifestó el ex presidente Ricardo Lagos el 2 de Agosto del 2002. "El sistema de capitalización ha sido un producto de exportación de Chile, y la verdad es que no conozco otro producto de exportación chilensis en materia de innovación institucional además de éste, probablemente porque a los chilenos nos cuesta inventar cosas nuevas…”. CORTAZAR, René, Ministro de Transportes de la Presidenta Bachelet y Ministro del Trabajo del Presidente Aylwin, en el XI Congreso de Finanzas y Negocios, ICARE. 1 de septiembre de 2005.www.josepinera.com
35 La Tercera, Editorial, 8 de Julio, 2006.
Tenemos, por un lado, la jibarización del Estado…
“El Estado comienza un proceso de retracción, ya no cumple su función de garante de las necesidades de la población y se produce un significativo aumento de la desigualdad, producto de la inequitativa y perversa distribución de la riqueza, lo que hace de América Latina uno de los continentes donde la brecha entre ricos y pobres más se ha ampliado en los últimos años. La agudización del problema del desempleo, la falta de políticas sociales destinadas a paliar sus peores consecuencias, y las casi nulas posibilidades de que esta situación se revierta ayuda a completar este rápido panorama signado por cambios, incertidumbres y situaciones de crisis que han venido para quedarse” 36
… de la cual se sigue una externalización de la política social con las consecuencias políticas de aquello sobre la forma en que es desgarrado el vínculo de los que tienen más con los que tienen menos y las repercusiones de aquello en la producción de solidaridad…
“Es menester recordar que esta disminución del tamaño del Estado y restricción de sus funciones ha
significado entre otras cosas la externalización de la aplicación de la política social y en algunos casos no solo de la aplicación de la política sino que también de su formulación. Así en Chile por ejemplo el Ministerio de Viviendas no construye viviendas, el Ministerio de Obras Públicas no hace obras públicas, ambos funcionan bajo la lógica de mercado en tanto son los privados los que
ejecutan la política, en caso de los ministerios de Educación no tienen colegios y de Salud la mayoría de sus prestaciones también son realizadas por privados.
Estos sólo atienden directamente a la parte de la población más pobre, el resto que cuenta con recursos es atendida por privados rompiendo así el vínculo de solidaridad entre los que cuentan con más recursos y los que tienen menos” 37
En este contexto, la solidaridad también ha sido privatizada. No perder de vista lo anterior es central para los análisis que en esta tesis queremos emprender, puesto que, como veremos, la emergencia de miles de programas de intervención ejecutados por organizaciones privadas sin fines de lucro no sería posible sin la externalización de cientos de programas del Estado que están diseñados para ser ejecutados por el tercer sector.
Hoy, lo único público de la política pública es en gran medida su formulación, donde la ejecución de los programas sociales que de ella se derivan son licitados se licita a las organizaciones sociales privadas, verdaderas empresas subcontratistas de lo social; en este sentido, ONGs somos al FOSIS lo que una inmobiliaria es al MINVU, sólo que no se persiguen, desde este sector, fines de lucro. En ese movimiento es posible su constitución, la emergencia de este tercer sector, lo cual no constituye en absoluto impedimento moral, no se trata de si lo que acá mencionamos está bien o mal, se trata de no desconocer el origen del cual provienen los actuales escenarios donde se ungen nuestras acciones solidarias. Es sobre esta paradoja que debemos comprender el ejercicio de solidaridad de nuestros días, en la cual opera un movimiento que es levantado con la retórica de la solidaridad pero posibilitada y administrada por lógicas de mercado.
En el mismo momento en que una organización social solidaria recibe fondos para ejecutar un programa en nombre de la solidaridad, ésta le reclama por la impunidad con que fue desgarrada del corazón del Estado chileno hace ya casi 30 años atrás; el mismo acto de ejecutar un programa estatal por un principio de solidaridad da cuenta de su destierro de las venas de nuestra sociedad.
36 Bertolotto, María Isabel. “Escenarios de principio de siglo. Tercer Sector y ONGs”. Boletín Electrónico Surá n° 86. Escuela de Trabajo Social - Universidad de Costa Rica www.ts.ucr.ac.cr. Septiembre, 2003. Pág. 3. 37 Vargas, Mónica. “Cohesión social: ¿equidad en el contexto liberal o la válvula de escape del capitalismo moderno” Boletín Electrónico Surá n° 132. Escuela de Trabajo Social–Universidad de Costa Rica, www.ts.ucr.ac.cr Julio, 2007.Pág. 8.
Solidaridad y Modernidad
Basamos la relación entre solidaridad y modernidad, pensando en la primera como hija de la segunda. La solidaridad no es una sola, pues en nombre de ella podemos ver, hacer y decir muchas cosas, en algunos casos incluso contrapuestas. Tal como sostenemos en nuestras premisas centrales, existen muchas solidaridades posibles y que ellas estarán definidas y contorneadas por varias elecciones, dentro de las cuales resulta crítica la opción que se abrace a propósito de una idea de modernidad.
En este sentido, el debate acerca de la modernidad ha propiciado extensísimas y complejas obras conceptuales que reproduciremos sólo en la medida en que nos propicien algunos insumos que nos permitan arribar a determinadas categorías desde las cuales nombrar las solidaridades presentes en el Chile de hoy.
Serán tres las corrientes a analizar: una vertiente desde la cual la modernidad es considerada un proyecto inacabado y totalmente vigente (propuesta habermasiana), una propuesta que prefiere hablar de posmodernidad, sentenciando que la modernidad ha muerto al sentenciar el abandono de los grandes relatos que la sustentaban, dando paso a lo único que nos quedaría, el fragmento 38 ; finalmente, la opción neoconservadora que también declara el fin de la modernidad, el fin incluso de la historia y del último hombre, pues la humanidad habría arribado al fin de las disputas ideológicas para encontrarse al fin con la forma de organización perfecta, que incluye democracias liberales con economías de libre mercado 39 .
¿Qué tipo de solidaridades se siguen de una u otra opción? Sostenemos que si neoconservadora es la apuesta para abordar la modernidad, neoconservadoras van a ser las características de la solidaridad; lo mismo con la opción posmoderna, que dará lugar a una solidaridad caracterizada por la legitimación de su radical subjetividad.
De aquí es que podemos hacer emerger los tipos de solidaridad que al menos en esta tesis nos interesan, puesto que son aquellos que de manera más nítida podemos identificar como las formas más recurrentes que adopta la solidaridad chilena en la actualidad.
Abordamos las diferentes propuestas de solidaridad desde una opción que defiende a la modernidad como proyecto inacabado 40 , incluso traicionado 41 ; entendemos el contenido y las formas de la solidaridad en un devenir histórico que la sitúa como heredera del principio de fraternidad consagrado en los albores de la modernidad, en aquel épico hito histórico marcado por la Revolución Francesa…
“La solidaridad existe en la medida en que los individuos se aproximan, es decir, en que desarrollan
el sentimiento en que sus condiciones de vida los unen entre sí. Sin esa ecuación, sin esa trascendencia tan particular, la solidaridad entre los actores no puede existir”. La solidaridad, sean cuales sean sus vínculos, se distingue de la compasión o la piedad en que, en estas últimas, la
38 Todos los grandes relatos legitimantes son sustituidos “por millares de historias, pequeñas o no tan pequeñas, que continúan tramando el tejido de la vida cotidiana…”. Lyotard citado en Vattimo, G. “En torno a la posmodernidad” Antrophos. Barcelona, 1990. Pág. 29. 39 Fukuyama, Francis. “El fin de la historia y el último hombre”. Editorial Planeta, Buenos Aires, 1992.
40 Habermas, Jürgen. “La modernidad: un proyecto inconcluso” en Casullo, Nicolás, “El debata modernidad- posmodernidad”. Retórica. Buenos Aires, 2004 .. 41 Guillebaud, Jean Claude. “La traición a la Ilustración: investigación sobre el malestar contemporáneo”. Editorial Manantial, Buenos Aires, 1995.
emoción se circunscribe a una empatía frente al sufrimiento ajeno, y se genera incluso muchas veces en un sentimiento de superioridad moral entre los individuos…” 42 .
Sostenemos que la solidaridad predominante en nuestras prácticas está precisamente anclada, fundamentalmente, en esa emoción por Martucceli descrita, la compasión, la piedad. Hacemos nuestra la versión desde la cual se argumenta que…
“… en la solidaridad, por el contrario, prima una concepción de la justicia y la necesidad de encadenar las libertades y los derechos de los actores entre sí –lo que supone un fuerte principio de solidaridad– (…) no es nada extraño, por ende, que la compasión o la piedad se inscriban en una descendiente religiosa y que la solidaridad (la fraternidad de la Revolución Francesa) sea una noción fundamentalmente política” 43 .
Como demostraremos en la tesis, de este tipo de solidaridad tenemos en Chile bien poco. Ya lo advertíamos a propósito del marco institucional y constitucional en que desarrollamos solidaridad (en un contexto donde ésta fue desgajada del Estado), donde la cohesión social hacia la cual se orientaba el Estado era justamente esa idea aquí presentada como encadenar las libertades y los derechos de los actores entre sí, es decir, compartir la suerte. Ahora, en reemplazo de aquella, lo que sí poseemos son solidaridades al estilo posmoderno y neoconservador.
La solidaridad posmoderna va a asumir, al igual que la idea de modernidad que la alberga, el fin de los grandes relatos, las grandes palabras: la solidaridad por tanto no puede ser pensada como un gran referente, sino como una opción subjetiva más, una solidaridad paradojalmente individualista, que convoca a la subjetividad de cada cual.
¿Qué tipo de solidaridad emerge posmodernamente? Una solidaridad del yo que, por estar pensada únicamente en la microhistoria sin ojos para más allá del fragmento, invisibiliza el colectivo en que la acción solidaria se pretende como tal. Dentro de este contexto, la solidaridad va a ser una que vale sino cuesta 44 , una acción que demanda el menor trabajo posible.
La solidaridad neoconservadora va a estar marcada indeleblemente por el signo de las lógicas capitalistas que defiende la versión neoconservadora de la modernidad. De aquí se siguen, por tanto, todas las acciones solidarias que tienen al dinero (donaciones) y sus variantes plásticas (tarjetas) como medio principal de producción de solidaridad, además de la Responsabilidad Social Empresarial como la forma en que el sector corporativo se ha abalanzado sobre el impulso solidario.
Desde esta versión de solidaridad es que comprendemos porqué los representantes de los intereses que abogan la reducción del Estado son también ejemplos de solidaridad nacional, por medio de programas de RSE, donaciones y, de manera muy significativa, en la ocupación de cargos en los directorios de las fundaciones solidarias de mayor prestigio a nivel nacional.
No da lo mismo el tipo de postura que se tenga frente a la modernidad, pues ello decantará en un tipo de solidaridad mediada por unos y no por otros códigos. No da lo mismo tampoco cualquier solidaridad para pensar en las intervenciones que se llevan a cabo de manera creciente por las organizaciones sociales sin fines de lucro.
42 Martucceli, Danilo. “Cap. IX: La poética de la solidaridad”, en “Cambio de rumbo, la sociedad a escala del individuo”. LOM editores. Santiago de Chile, 2007. Pág. 170.
43 Martucceli, Danilo. “Cap. IX: La poética de la solidaridad”, en “Cambio de rumbo, la sociedad a escala del individuo”. LOM editores. Santiago de Chile, 2007. Pág. 170.
44 Aranguren, José Luis. “Reinventar la solidaridad: voluntariado y educación”. PPC. Madrid, 1998. Pág. 38.
¿Qué tipo de intervención social podemos esperar desde una lógica solidarista que asume la importancia de superar la pobreza desde la posibilidad que esto representa para el aumento de potenciales consumidores y la apertura de nuevos mercados? Como podremos ver, desde una perspectiva neoconservadora, traducidos en los fundamentos de la RSE, esa es la motivación.
De ahí que no da lo mismo el tipo de solidaridad.
Con Béjar nos preguntamos “¿cómo es posible una filantropía duradera desde la independencia, el relativismo y la autorrealización?” 45 . Adaptamos la pregunta y decimos ¿cómo es posible una intervención social sustentable –esto es, que genere frutos en el largo y no solo en el corto o mediano plazo– desde el compromiso relativo y acorde a los intereses de cada cual que propugna una solidaridad posmodernizada?
Serán los debates en torno al Estado y la Modernidad los dos ejes de esta tesis, a partir de los cuales elaboraremos las categorías conceptuales para analizar la evidencia empírica de la solidaridad que predomina tanto en la retórica como en modos de intervención social presentes mayoritariamente en Chile.
La tesis que presentamos corresponde a un estudio exploratorio de carácter analítico descriptivo. Se propone, en este sentido, realizar una aproximación hacia representaciones existentes a propósito de la idea de solidaridad, para lo cual se apoya en grandes relatos, además de encuestas y estudios que así lo señalan.
En este sentido, consideramos importante definir nuestras pretensiones de trabajo, sobre todo a
propósito de la forma en que recurrimos a la evidencia empírica a utilizar en el texto. En este
sentido, lo que habitualmente conocemos en investigación social como “terreno” o “trabajo de
campo” (encuestas, entrevistas, etc.) en nuestro caso va a estar dado fundamentalmente por
piezas publicitarias, prensa e información clave de las organizaciones sociales solidarias posibles de encontrar en sus sitios web.
En el caso de la evidencia empírica que analizaremos, ésta corresponde a información del 100% de las organizaciones sociales solidarias que adhieren a la Comunidad de Organizaciones.
La tesis posee tres partes, mediantes las cuales intentamos desarrollar las premisas antes expuestas. En el caso de las dos primeras partes, el formato es similar, pues en ambas podremos encontrar un capítulo inicial de discusión conceptual para, en los capítulos posteriores, capturar aspectos de nuestra solidaridad nacional.
De este modo, la primera parte que aborda la relación entre Crisis del Estado y Solidaridad, contendrá el debate en torno a esta relación desde algunas perspectivas teóricas de la sociología
45 Béjar, Helena. “El mal samaritano: el altruismo en tiempos de escepticismo”. Anagrama. Barcelona, 2001. Pág. 20.
para, posteriormente, utilizar algunos de los conceptos allí emergidos para leer nuestra propia crisis del Estado chileno (Capítulo I). Es en este contexto de crisis descrito donde van a emerger las nuevas formas de solidaridad del Chile actual (Capítulo II), a la par que se consolidan las peores desigualdades sociales de las que el país tenga registro (Capítulo III)
En una segunda parte nos adentraremos en “Las solidaridades posibles”, desde la cual esperamos ofrecer un mapa de las solidaridades que podemos hacer emerger a propósito de la relación de solidaridad y modernidad (Capítulo IV), para después ir a la escena nacional en busca de la solidaridad posmoderna (Capítulo V) y la de corte más neoconservador (VI).
La tercera parte si bien mantiene un formato similar, el nivel de densidad conceptual –como se podrá advertir– no es necesariamente el mismo que sus dos partes precedentes, por lo cual on la presentamos en capítulos, sino en secciones. De este modo, desarrollaremos algunos componentes de la intervención social a partir de los cuales haremos una presentación analítica de las misiones/visiones de las organizaciones sociales solidarias de la muestra (sección 1). Luego se expondrán las categorías analíticas elaboradas a partir del trabajo conceptual en la tesis desarrollado, las que nos permitirán acometer un análisis sobre la muestra (sección 2), para finalizar con la presentación de conclusiones y propuestas técnicas (sección 3) y un epílogo que hemos titulado Cien años de Solidaridad (sección 4).
CRISIS DEL ESTADO Y SOLIDARIDAD
SOLIDARIDAD POST-ESTATAL
EL FULGOR HIPNOPÉDICO
LA DESIGUALDAD EN LAS SOMBRAS
LA MODERNIDAD COMO ÚTERO
“HÁGASE TÚ VOLUNTAD”:
“LLEGAR Y LLEVAR”:
LA SOLIDARIDAD DEL YO
LA SOLIDARIDAD RENTABLE
TERCERA PARTE CATEGORÍAS ANALÍTICAS PARA LA SOLIDARIDAD
¿Qué relación existe entre las transformaciones que ha sufrido el Estado en las últimas décadas con el nuevas formas de producción de solidaridad de las que hoy somos testigos?
Es difícil pensar en el aumento de las nuevas formas de solidaridad provenientes de la sociedad civil sin una articulación con la crisis de legitimidad que produjo profundas mutaciones en la constitución y los alcances del Estado en las últimas décadas.
El desplome en cortos períodos de tiempo del Estado como agente encargado por antonomasia de producir solidaridad, estará conectado con la emergencia de un fenómeno que acá denominaremos, al menos por ahora, como el explosivo aumento en la participación de la sociedad civil en los medios de producción de solidaridad en las sociedades contemporáneas. Es tan poderoso que incluso nombrarlo de una forma específica ya da señales de ciertas elecciones que en su interior se generan 46 .
Ahora bien, así como reconocemos la existencia de esta relación entre crisis del Estado y emergencia de una neosolidaridad, podemos identificar también que no da lo mismo la forma en que al interior de los debates actuales librados en el ámbito sociológico se conceptualiza dicha relación, proponiéndole caminos a seguir y otros a obviar dependiendo de tal o cual corriente de pensamiento.
No buscamos revisar in extenso cada uno de los debates, pero si nos interesa mostrar aquellos desde los cuales recogeremos insumos que nos permitan analizar nuestra realidad solidaria nacional. Así, nos detendremos en tres lugares desde los cuales se aborda esta relación, a saber: el debate originado en el contexto francés, la teoría que elabora Jürgen Habermas a propósito de la colonización del mundo de la vida y el problema de legitimación en el capitalismo tardío y, finalmente, una propuesta marxista.
Presentado el debate, nos adentraremos en la lectura de la realidad nacional a propósito de éste, recorriendo las nuevas formas de luminosa solidaridad presentes en el Chile de hoy para, posteriormente, poder mostrar las sombras que proyecta dicha luz que nos encandila como sociedad. A eso nos dedicamos en esta primera parte.
46 Un recorrido (que acá citaremos pero no en extenso) por los diferentes términos con los que se aborda el fenómeno descrito, lo podemos encontrar en: Quezada, Ana Cristina “‘El “Tercer Sector’, la ‘Economía Social’ y su posible vinculación con el Trabajo Social en el contexto contemporáneo: tomando el caso en Costa Rica”. Trabajo presentado al IV Congreso Internacional - VII Congreso Nacional de Trabajo Social. “El Trabajo Social en las transformaciones sociales y estatales contemporáneas”. San José, Costa Rica, 5 a 7 de setiembre de 2007. “Las distintas posturas, tanto teóricas como ideológicas, hacen que existan controversias en cuanto a su constitución e integración, y hace que hayan surgido a lo largo de estos años distintas denominaciones y caracterizaciones según los diversos orígenes y países de que se trate. Es así que entonces se habla -en algunos casos indistintamente- de Tercer Sector, Sociedad Civil, Sector de la Economía Solidaria, Sector Social, Sector Privado sin Fines de Lucro entre otros, sin hacer la suficiente distinción conceptual entre cada una de ellas. Asimismo, diversas son las denominaciones que reciben las organizaciones que lo integran: organizaciones sociales comunitarias, organizaciones sociales voluntarias, organizaciones privadas de gestión colectiva, centros de promoción popular, instituciones privadas de interés social por sólo enunciar algunas”. Bertolotto, Maria Isabel. “Escenarios de principio de siglo. Tercer Sector y ONGs”. Boletín Electrónico Surá n° 86. Escuela de Trabajo Social - Universidad de Costa Rica. Septiembre, 2003. www.ts.ucr.ac.cr
Así como resulta complicado pensar en la nueva solidaridad sin hacernos cargo de los cambios del
Estado, va a resultar igual de difícil adentrarnos en el planteamiento francés en torno a la idea de solidaridad sin encontrarnos con la clásica tesis de Durkheim plasmada en su libro “La División del Trabajo Social”.
Para quien es considerado uno de los fundadores de la sociología, la producción de solidaridad va a estar relacionada con la división del trabajo social que existe en una sociedad, pues esta división va a determinar al mismo tiempo el grado de dependencia del individuo con la sociedad donde se inserta 47 . Así, distingue entre dos tipos de solidaridades:
La solidaridad mecánica, corresponde a la solidaridad por similitud y se da fundamentalmente en sociedades tradicionales donde la división del trabajo social es aún incipiente; en este tipo de sociedades, va a decir Serge Paugam citando a Durkheim, “…los individuos están poco diferenciados los unos de los otros, comparten los mismos sentimientos, obedecen las mismas
creencias y adhieren a los mismos valores (…) la conciencia colectiva cubre gran parte de las conciencias individuales, el control social es muy estricto y el derecho es de naturaleza represiva” 48 . En sociedades tradicionales es poderosa la idea de comunidad, por la sola idea de que los
individuos tienen mucho en común lo que justamente viene a fortalecer el sentido de pertenencia.
La solidaridad orgánica, propia de las sociedades modernas, se desarrolla toda vez que la sociedad alcanza altos niveles de especialización en el trabajo y es imposible, para un solo individuo, poder llevar a cabo todas las tareas que requiere para su supervivencia: se ve obligado a acudir a otros. “Lo que hace el lazo social en estas sociedades, es ante todo la interdependencia de las funciones, lo cual confiere a todos los individuos, por muy diferentes que sean unos de otros, una posición social precisa…” 49 . Para Durkheim, esta división del trabajo no es necesariamente un obstáculo para la solidaridad, sino que, “…al contrario, refuerza la complementariedad entre los hombres obligándolos a cooperar. Cada uno adquiere así de su trabajo el sentimiento de utilidad” 50 para el resto de la sociedad.
En este sentido, la solidaridad de nuestras actuales sociedades modernas sería justamente esta última, pues asistimos a una especialización cada vez más poderosa del trabajo social donde, a diferencia de las sociedades tradicionales, los individuos contemporáneos no sólo difícilmente pueden sentirse parte de una comunidad a la usanza tradicional, sino que además existen un sinnúmero de actividades de sobrevivencia básica que un individuo no se las autogestiona necesariamente, sino que, de una u otra forma, debe recurrir a otro individuo para obtenerlas.
Ahora bien, habiendo acudido a Durkheim, en el debate francés se deja caer la pregunta ¿cómo se produce entonces solidaridad orgánica a gran escala, cuando estamos hablando de sociedades modernas donde las posibilidades de articulación constituyen una tarea de mayor complejidad?
47 “…comment se fait-il que, tout en devenant plus autonome, l’individu depende plus étroitement de la société?”. Paugam, Serge. En la introducción “Les fondements de la solidarité” del libro compilado por el mismo autor “Repenser la solidarité, L’apport des sciences sociales”. Éditions Le Lien Social-PUF. Pág. 7.
48 Paugam, Serge. En la introducción “Les fondements de la solidarité” del libro citado. Página 7. Traducción libre.
49 Paugam, Serge. En la introducción “Les fondements de la solidarité” del libro citado. Página 8. Traducción libre.
50 Paugam, Serge. En la introducción “Les fondements de la solidarité” del libro citado. Página 8. Traducción libre.
Va a ser el Estado–providencia, nacido a fines del siglo XIX, el que se encargará de ser el ente central encargado de producir esta solidaridad orgánica que requieren las nuevas sociedades.
Así lo sostiene François–Xavier Merrien, quien asume que la creación del Estado–providencia responde fundamentalmente a la voluntad de proteger a los obreros contra los riesgos de la sociedad del trabajo en la nueva era de la industrialización 51 . La idea de base es que la industrialización pauperiza y fragiliza al trabajador en la era industrial; de esta forma, “la problemática de la solidaridad se inscribe dentro de la perspectiva de recrear el lazo social dentro de sociedades minadas por la lucha de clases” 52 .
En ese contexto, nace un Estado social cuya tarea es precisamente buscar que los sectores más empobrecidos –los obreros– pudiesen ser considerados dentro de la sociedad por medio del aseguramiento, para ellos y sus familias, de estándares mínimos de calidad de vida: nacía así la sociedad aseguradora como expresión de la solidaridad de unos con otros 53 , a cuyo mando y responsabilidad se encontraría, desde un principio, el así llamado Estado–providencia.
El fundamento es la idea de seguro, la cual, opuesta a la de previsión, va a ganar terreno a fines del siglo XIX, cuando “…se advierte que la apelación al sentimiento de responsabilidad individual no basta para aportar el espectro de la miseria…” 54 . Surge, por tanto, una sociedad aseguradora que deja atrás la responsabilidad individual, en que se funda la previsión, para dar paso a un enfoque de riesgos en el cual se funda la solidaridad estatal: “cuando las situaciones se aprehenden en términos de riesgos, la cuestión de las culpas personales y de las actitudes individuales pasan a ser secundarias” 55 .
Lo anterior es de suma importancia, pues es una cultura la que asume como un imperativo moral traducido en sendas leyes de seguridad social por cuyo cumplimiento debe velar el Estado, un principio de solidaridad de unos con otros. Se sostiene que todo aquel sector de la población que se encuentra en condiciones de desventaja debe ser socorrido por el resto de la sociedad a través del Estado, donde las acciones emprendidas por éste son mucho menos de asistencia y mucho más pensadas en términos del ejercicio de una Justicia contractual:
“El seguro no es –como la asistencia– un socorro consentido; representa la ejecución de un contrato en el cual el Estado y los ciudadanos están igualmente implicados (…) la prestación se debe, no es una liberalidad” 56
De esta forma, asistimos a un seguro de carácter universal y obligatorio, eminentemente social y con consecuencias en el plano de la cultura, pues se constituye como un transformador moral y social devenido en una verdadera providencia terrestre 57 .
51 “La première phase de construction des États–providence modernes débute à la fin du XIX siècle. Elle peut etre décrite comme una phase e’émergence et d’elaboration de nouveaux des politiques sociales quit abouit à la création des premières formes d’Etat social pour les ouvriers”. Merrien, François –Xavier “Les devenirs de la solidarité sociales”. En obra citada. Página 840.
52 Merrien, François–Xavier. “Les devenirs de la solidarité sociales”. En obra citada. Página 841. Traducción libre.
53 “Dans la plupart des pays occidentaux, la sécurité sociale est devenue le cadre évident de l’exercise de la solidarité”. Merrien, François–Xavier. “Les devenirs de la solidarité sociales”. En obra citada. Pág. 839.
54 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 20
55 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 23
56 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 24
57 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 26.
El seguro es la fórmula mediante la cual el Estado–providencia produce solidaridad: seguro, solidaridad y Estado–providencia correrán la misma suerte. De ahí que la crisis de éste último sea explicada por los avatares del primero.
¿Cuándo comienza la crisis del Estado–providencia? Para Rosanvallon, la crisis comienza cuando el enfoque de los riesgos –sustento de la sociedad aseguradora– deviene insuficiente, propiciando un violento cuestionamiento a su propia legitimidad y con ello a la producción de solidaridad.
En sociedades que se diferencian y complejizan cada vez más, el enfoque de riesgo, que permitía unificar problemas, entra en crisis al volverse cada vez más forzosa la uniformización de los problemas. Es el modelo el que entra en crisis, pues la categoría de riesgo universaliza homogeneizando y no diferenciando, suponiendo que “los riesgos son igualmente repartidos y de
naturaleza aleatoria” 58 .
Se trata de una categoría de riesgo que tiende a forzar, que fija y uniformiza; es la categoría misma la que comienza a resultar insuficiente a la luz de sociedades devenidas altamente complejas, cambiantes y diferenciadas.
“Se pasa así de un enfoque aleatorio y circunstancial de los ‘desperfectos sociales’ a una versión
más determinista en la cual se advierte la más débil reversibilidad de las situaciones de ruptura” 59 . Los riesgos ahora no son para todos por igual, cada uno va a tener sus propios riesgos de los que preocuparse.
De ahí que la crisis que en los años ’70 fue de índole financiera y que para la década de los ’80 fuera ideológica, para la década de los ’90 adquirie ribetes de orden filosófico… “se puso en tela de juicio los principios organizadores de la solidaridad y la concepción misma de los derechos sociales” 60 .
Se asume la heterogeneidad de los riesgos dando paso a una individuación de los mismos 61 , dejando caer la pregunta ¿qué sucede entonces con la cohesión social?¿qué condición vinculante nos queda? 62 .
Lo social ya no se aprehende como riesgo, pues éstos no son iguales para todos… ¿porqué habría una persona de contratar un seguro para “x” situación si, además por los adelantos de la ciencia,
puede adelantarse y saber que por su predisposición genética las posibilidades de que ese riesgo se vaya a transformar efectivamente en una situación compleja son bajas o nulas? 63 . Mejor invertir seguridad en algún elemento que realmente constituya riesgo.
En este contexto, acudimos al retorno de la responsabilidad individual, donde cada cual vela por los que representan para sí mismo algunos potenciales riesgos. Con lo anterior, “todo un conjunto de la población sale del campo asegurado” 64 el cual es dramáticamente reducido, pues ya no hay solidaridad ni interclase, ni integeneracional, ni de género, ni de nada.
58 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 26
59 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 28
60 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 29.
61 nuestras
Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 30
62 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 32.
63 Los adelantos en ciencia y genética, explica Rosanvallon, también a apresurado la puesta en evidencia de los
diferentes riesgos que puedan llegar a aquejar a cada cual. Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial
Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 44.
64 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 46
En una sociedad aseguradora, los que gozaban de buena salud y por lo tanto gastaban menos en costeársela (jóvenes), subsidiaban a los que no gozaban de buena salud y sí gastaban más en hacerlo (ancianos), pues se comprendía a aquella persona de más avanzada edad era parte del mismo contrato social en que el joven participaba, joven que, por lo demás, algún día sería beneficiado al llegar a mayor edad. Es el sentido de pertenencia a un todo social el que se ve amenazado con el cambio de lógica en los principios de la seguridad social, donde ya no se comparten entre todos las buenas y malas situaciones sino que, al contrario, cada cual velará por su bienestar individual.
Lo anterior representa una crisis filosófica en el seno mismo de la cultura: “…la pertenencia a la sociedad es indisociable a una especie de pacto moral” 65 .
“Mientras que el seguro bajo el velo de ignorancia tiene una función de agregación y socialización,
lo que se pone en marcha cuando se multiplican las informaciones disponibles sobre los individuos es, en cambio, un movimiento de des-solidarización” 66
En este contexto, va a decir Rosanvallon, “no habría nada que asegurar con individuos tan particulares (…) *incluso+ ya no podría constituirse ninguna población” 67 .
¿Cómo producir solidaridad en este nuevo escenario? ¿Cómo estas cortapisas de la solidaridad impactan en la cohesión social, en el sentimiento de pertenencia, en la igualdad?
La crisis de la sociedad aseguradora es en este sentido la crisis de la solidaridad y es la crisis por tanto del Estado–providencia… ¿cómo refundarlo? Sabemos que su reconstrucción fundada en un imperativo de orden cívico no va de suyo, se requiere, pues, una noción de compromiso social, un sentimiento de pertenencia comunitaria de los individuos con la sociedad en que se viven.
¿Qué emerge entonces?
El debilitamiento del Estado–providencia sucedió de manera casi paralela con la asunción a nivel internacional (EEUU e Inglaterra al menos en los años ’80) del modelo *neo+liberal que va a construir una sociedad de reparación generalizada 68 , donde EEUU va ser el líder de un paradigma a seguir, el cual sitúa la tarea de redistribución fundada ya no en derechos sociales, sino en la radicalización de los derechos civiles: “se esperan efectos sociales no del fortalecimiento del vínculo nacional, sino del perfeccionamiento de la lógica individualista” 69 .
En este contexto, la reparación de daños sustituye el ejercicio político de la solidaridad, sumiéndose la protección social en una suerte de tentación de la victimización social. Se apela ya no como ciudadano miembro de un contrato social donde tiene derechos sino que, esta vez desaparecidos aquellos elementos que lo posibilitaban, es preciso acudir en calidad de víctima 70 .
Si nos detenemos en todos los elementos que cual efecto dominó son dramáticamente impactados, observamos cómo germina la resignación frente al crecimiento crónico de la desigualdad, donde es posible darnos cuenta cómo se la va a aceptar de manera cuasi natural al interior de sociedades que han perdido sus sentidos de pertenencia y vínculos de cohesión social.
65 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 49.
66 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 56.
67 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 56.
68 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 64.
69 Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 64.
70 “Cómo no puede esperarse gran cosa en cuanto pobre o desfavorecido, es preciso erigirse en víctima para obtener una
mejora de la situación” Rosanvallon, Pierre. “La nueva cuestión social”. Editorial Manantial. Buenos aires, 1998. Pág. 64.
“En efecto, cada uno puede hacerse la misma pregunta: ¿por qué la suerte del que está al lado es
tan diferente a la mía? Así, son los principios de igualdad, que la intuición hace pensar que son esenciales para la cohesión social, los que resultan radicalmente cuestionados por la multiplicación de las desigualdades complejas” 71 .
Cuestionada y socavada a tal punto, la igualdad comienza a volverse crítica no sólo por su ausencia, sino porque, además, se comienza a aceptar su presencia como parte de la realidad de las sociedades y se debilita como principio 72 :
“Lo que puede hacer intolerables las desigualdades existentes no es tal vez tanto su crecimiento como un debilitamiento de la percepción del principio de igualdad que las legitima, o la impresión de que ese principio ya no está verdaderamente en vigor” 73 .
Con Fitoussi y Rosanvallon, podemos ver cómo la crisis es completa al derrumbarse, con la caída del seguro, las posibilidades de producción de solidaridad desde el Estado–providencia, pilares que permitirían construir igualdad en una sociedad. Con lo anterior se renuncia a la tarea central del contrato social, cual es producir solidaridad, producir igualdad, vínculo de unos con otros.
“El contrato social estaría vacío de sustancia si condujera a renunciar a modificar el determinismo de las condiciones iniciales y a organizar un mínimo de solidaridad, de la que ahora se advierte mejor que está animada por el deseo de poner en acción cierta concepción de igualdad” 74 .
He aquí los desafíos centrales que desde esta perspectiva francesa se nos plantean para comprender el presente y también futuro de la solidaridad, la cual no puede sino pensarse a partir de las transformaciones que sufrió el Estado–providencia.
Para esta perspectiva, refundar las solidaridades colectivas es un desafío que comienza con la posibilidad de repensar este Estado–providencia, otorgarle nuevas tareas con miras a recuperar la
tarea que nunca debió dejar de ser su centro: producir solidaridad en el marco de un contrato social en el que todos los ciudadanos de una sociedad están profundamente imbuidos, en el
horizonte de la igualdad…
“Únicamente en el seno de una visión profundizada de la democracia y de una redefinición lúcida de la idea reformista, puede nacer una práctica en sí misma renovada de la solidaridad” 75 .
Los fundamentos desde los cuales Habermas sitúa la relación entre neosolidaridad y crisis del Estado corresponden a las relaciones existentes entre el sistema y un proceso de colonización del mundo de la vida. El autor también realiza un análisis recurriendo a Durkheim:
“En la dimensión de la división social del trabajo, Durkheim introduce la distinción tipológica entre
sociedades diferenciadas segmentariamente y sociedades diferenciadas funcionalmente; para ello, se vale como criterio de la similit
71 Fitoussi, Jean Paul. Rosanvallon, Pierre. “La nueva era de las desigualdades”. Editorial Manantial. 1996. Pág. 103.
72 Aceptación llamada un consenso inigualitario. Guillebaud, Jean Claude. “La traición a la Ilustración: investigación
sobre el malestar contemporáneo”. Editorial Manantial, 1995. Pág. 46 y ss.
73 Fitoussi, Jean Paul. Rosanvallon, Pierre. “La nueva era de las desigualdades”. Editorial Manantial. 1996. Pág.107.
74 Fitoussi, Jean Paul. Rosanvallon, Pierre. “La nueva era de las desigualdades”. Editorial Manantial. 1996. Pág. 108.
75 Fitoussi, Jean Paul. Rosanvallon, Pierre. “La nueva era de las desigualdades”. Editorial Manantial. 1996. Pág. 215
ud o disimilitud de las unidades diferenciadas. El modelo biológico del que echa mano para aclarar esta tipología explica también por qué Durkheim llama orgánicas a las sociedades funcionalmente diferenciadas: [lo cita]
‘Están constituidas no por una repetición de segmentos similares y homogéneos, sino por
un sistema de órganos diferentes, cada uno de los cuales tienen un papel especial y está formado a su vez por partes diferenciadas. Y así como los elementos sociales no son de la
misma naturaleza, tampoco están dispuestos de la misma manera. No están ni yuxtapuestos linealmente como los anillos de un anélido ni embutidos los unos a los otros, sino coordinados y subordinados los unos a los otros en torno a un mismo órganos central
que ejerce sobre el resto del organismo una acción moderadora. Este órgano no tiene ya el mismo carácter que en el caso precedente, pues si los otros dependen de él, él, por su parte, depende de ellos. No cabe duda de que, pese a ello, aun sigue teniendo una situación
particular y, si se quiere, privilegiada’ Durkheim identifica el Estado como órgano central” 76
Para Habermas, la tesis de Durkheim plantea algunos elementos para los cuales no existe evidencia empírica que deben ser examinados: la supuesta conexión causal entre la progresiva diferenciación (división del trabajo) y la creación de un vínculo moral (solidaridad orgánica). Lo que sustenta aquella premisa que Habermas fiscaliza es la relación durkheimiana entre el lugar en que tiene lugar la producción de solidaridad y la diferenciación sistémica que determina el tipo de la misma. Explicamos con palabras del autor:
“Parece como si Durkheim quisiera asegurarse por separado de los tipos de solidaridad social, de un
lado, y de las etapas de diferenciación sistémica, por otro, para asignar después la solidaridad mecánica a las sociedades segmentarias y la orgánica a las sociedades funcionalmente diferenciadas” 77 .
Como alternativa, Habermas propondrá una distinción entre integración social e integración sistémica, introduciendo una diferencia en el concepto mismo de sociedad… “Voy a proponer que entendamos las sociedades simultáneamente como sistema y como mundo de la vida. Este concepto dual de sociedad se acredita en una teoría de la evolución social, que distingue entre racionalización del mundo de la vida y aumento de complejidad de los sistemas sociales, con el fin de captar debidamente, es decir, de hacer accesible a un análisis empírico la conexión que Durkheim tiene a la vista entre formas de integración social y etapas de diferenciación sistémica” 78 .
El concepto “mundo de la vida” proviene fundamentalmente de la fenomenología (Husserl), el cual, adaptado por Habermas, es definido como “un acervo de patrones de interpretación transmitidos culturalmente y organizados lingüísticamente…” 79 .
Se trata de un plexo de remisiones (Verweisungszusammenhänge) y autoevidencias que frente a determinadas situaciones puede ser movilizado en forma de un saber sobre el que existe consenso y que a la vez es susceptible de problematización… “los plexos de remisiones pueden entenderse más bien como plexos semánticos que establecen una mediación entre una emisión comunicativa
76 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 162
77 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 163.
78 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 168.
79 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 176.
dada, un contexto inmediato y su horizonte de connotaciones semánticas. Los plexos de remisiones derivan de las relaciones gramaticalmente reguladas que se dan entre los elementos de un acervo de saber organizado lingüísticamente” 80 .
El mundo de la vida habermasiano refiere al espacio de la cultura, del lenguaje, de las tradiciones en que se desenvuelven las comunicaciones cotidianas 81 . “El mundo de la vida es el lugar trascendental en que hablante y oyente se salen al encuentro; en que pueden plantearse recíprocamente la pretensión de que sus emisiones concuerden con el mundo (…) y en que pueden criticar y exhibir los fundamentos de esas pretensiones de validez, resolver sus disentimientos y llegar a acuerdos” 82 .
Será en el mundo de la vida donde tendrá lugar entre los actores la acción orientada al entendimiento 83 , el arribo a definiciones comunes de la situación que observan, al interior de la cual Habermas distingue tres relaciones que los sujetos que participan en acciones orientadas a acuerdos ponen como base de una situación concreta:
- Mundo objetivo, totalidad de las entidades sobre las que son posibles enunciados verdaderos.
- Mundo social, totalidad de relaciones interpersonales legítimamente reguladas.
- Mundo subjetivo, totalidad de las propias vivencias a las que cada cual tiene un acceso privilegiado y que el hablante puede manifestar verazmente ante un público.
80 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 177.
81 “…el lenguaje y la cultura son elementos constitutivos del mundo de la vida mismos *…+ el lenguaje guarda una
peculiar afinidad con la imagen del mundo articulada lingüísticamente. Los lenguajes naturales conservan los contenidos
de tradiciones que solo pueden tener existencia en forma simbólica y en la mayoría de los casos sólo en encarnaciones
lingüísticas”. Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial
Taurus. Madrid, 1981. Págs. 177 y 178.
82 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 179.
83 Habermas construye un complejo constructo argumental a partir del cual diferenciar aspectos de la racionalidad de la
acción, desde los cuales es posibles la introducción de conceptos como “acción comunicativa”, el cual, a diferencia de la
weberiana acción racional con arreglo a fines que Habermas denuncia como estrecha, permitiría subrayar aquellos
aspectos de la acción susceptibles de racionalización hasta el momento opacados en teoría de la acción …“en los
sucesivos tipos de acción (weberianos) se va estrechando paso a paso la conciencia del sujeto agente quedando
sustraídos al control racional”. Prosigue Habermas, sosteniendo que al leer “…a Weber, apenas si puede escaparse a la
impresión de que en las sociedades modernas los procesos de racionalización sólo afectan al saber teórico–empírico y a
los aspectos instrumentales y estratégicos de la racionalidad de la acción, mientras que la racionalidad práctica no sería
autónoma…”. Brevemente, para distinguir, mencionamos que:
i) en un modelo de acción racional con arreglo a fines, el actor está orientado a conseguir su objetivo:
ii) ante esto, el actor puede tener una actitud orientada al éxito, por un lado, instrumental –que observará reglas
técnicas de acción y grados de eficacia de intervención física– y, por otro lado, estratégica –que observará
reglas de elección y grado de influencia sobre las decisiones de un oponente racional–;
mientras las interacciones sociales pueden estar asociadas a interacciones sociales, las acciones estratégicas
son acciones sociales;
iv) a la acción estratégica Habermas opone la acción comunicativa bajo una premisa central: las acciones de los
participantes no se coordinan (en la acción comunicativa) por intereses egocéntricos, sino que a través del
entendimiento. Por esta razón, en la acción comunicativa la orientación no está dirigida al éxito, sino que hacia
Podríamos utilizar buena parte del capítulo para intentar mostrar en detalle esta construcción, no obstante,
consideramos que presenta el riesgo de desviarnos del debate que acá queremos hacer emerger. En este caso, es
posible revisar la fuente (a la cual pertenecen por lo demás las citas en esta nota escritas). Habermas, Jürgen. “Teoría de
La Acción Comunicativa, Tomo I Racionalidad de la Acción y Racionalización Social”. Crítica de la razón funcionalista”.
Cap. IX “Aspectos de la racionalidad de la acción”. Editorial Taurus. Madrid, 1981.
De este modo, en el mundo de la vida tendrá lugar una “acción comunicativa *basada] en un proceso cooperativo de interpretación en que los participantes se refieren simultáneamente a algo en el mundo objetivo, en el mundo social y en el mundo subjetivo aun cuando en su manifestación sólo subrayen temáticamente uno de estos tres componentes. Hablantes y oyentes emplean el sistema de referencia que constituyen los tres mundos como marco de interpretación dentro de cual elaboran las definiciones comunes de su situación de acción” 84 . Al mismo tiempo, el autor distingue los que serían componentes del mundo de la vida, a saber:
- Cultura, acervo de saber desde el que los participantes se abastecen para el entendimiento (aspecto funcional) 85 .
- Sociedad, ordenaciones legítimas a través de las cuales los participantes regulan su pertenencia a grupos sociales y aseguran solidaridad (aspecto de coordinación) 86 .
- Personalidad, competencias para entrar en procesos de entendimiento y afirmar identidad propia –lenguaje y acción– (aspecto de socialización) 87 .
En cuanto al sistema, éste puede ser descrito como el espacio donde se ubica la acción racional con arreglo a fines, por lo cual se constituye como el lugar donde cohabitarían la racionalidad económica (mercado) y la racionalidad administrativa (estado).
En este sentido, la relación entre sistema y mundo de la vida va estar dada por una codeterminación que indica que cada nuevo mecanismo de diferenciación sistémica debe ser institucionalizado en el mundo de vida y ese proceso de institucionalización sólo va a poder tener lugar en la medida en que el mundo de vida ha sido suficientemente racionalizado, si sobretodo moral y derecho han alcanzado un nivel evolutivo correspondiente que permita que el mundo de la vida pueda incorporar las nuevas diferenciaciones de sistema 88 . Aquí es donde se deja caer, entonces, el problema.
Para Habermas, el núcleo de las problemáticas que viven las sociedades actuales tiene que ver con el aumento, por un lado, de la racionalidad del mundo de la vida y, por otro, de la complejidad sistémica:
“…la racionalización del mundo de la vida hace posible un aumento de complejidad sistémica que se
hipertrofia hasta el punto que los imperativos sistémicos desbordan la capacidad de absorción del mundo de la vida, el cual queda instrumentalizado por ellos…” 89 .
“…cuanto más complejos se vuelven los sistemas sociales, más provincianos son los mundos de la vida y se convierten en un subsistema más [del sistema]…” 90 .
84 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Editorial Taurus. Madrid, 1981. Pág. 171.
85 “Bajo el aspecto funcional de entendimiento, la acción comunicativa sirve a la tradición y a la renovación del saber
cultural”. Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial
Taurus. Madrid, 1981. Págs. 196
86 “…el aspecto de coordinación de la acción, sirve a la integración social y a la creación de solidaridad”. Habermas,
Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus. 1981. Págs. 196
87 “… el aspecto de socialización, finalmente, sirve a la formación de identidades personales”. Habermas, Jürgen. “Teoría
de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus. Madrid, 1981. Págs. 196
88 “…cada nivel de diferenciación sistémica requiere de una transformación de la base institucional y en esa
transformación es la evolución del derecho y de la moral la que hace de guía”. Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción
Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus. Madrid, 1981. Pág. 219.
89 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 219.
Lo anterior deviene en una contradicción que es menos entre dos tipos de acción que entre principios de integración, en el momento en que la racionalización del mundo de la vida hace posible un tipo de integración sistémica que entra en competencia con el principio de integración del mundo de la vida (entendimiento), permitiendo así que los principios de integración de los
subsistemas generen efectos desintegradores sobre el mundo
de la vida 91 .
Es una contradicción entre la racionalización de la comunicación cotidiana, ligada a las estructuras del mundo de la vida, y la creciente complejidad de los subsistemas de acción racional con arreglo a fines, en donde coordinan la acción medios deslinguistizados como el dinero (mercado) y el poder (estado), cuyos consensos no son conseguidos a través del lenguaje en la acción comunicativa, sino que son medios de comunicación deslingüistizados los que generan redes de las que nadie es responsable y que reemplazan al consenso lingüístico 92 . Dinero y mercado devienen en medios autónomos y desregulados.
Se trata de un proceso mediante el cual las diferenciaciones producidas en el ámbito de la acción con arreglo a fines (sistema: racionalidad estatal y económica) son mayores a la capacidad del mundo de la vida de poder asumirlas, quedando éste último atrapado en las lógicas del primero, el cual deviene en un sistema autónomo, independizados de las esferas comunicativas. Esta tendencia evolutiva que conduce a un desacoplamiento de sistema y mundo de vida, va a dar espacio a una colonización de los ámbitos de entendimiento del mundo de la vida (MV) por modos de resolución orientados a fines (Sistema): la colonización del mundo de la vida.
Colonización: uno de los concepto más ricos que ofrece el análisis habermasiano, es el que nos permite nombrar el proceso mediante el cual aquel espacio de la vida cotidiana, del lenguaje, de reproducción de la cultura es amenazado por una “…modernización capitalista [que se sigue de] un patrón, a consecuencia del cual la racionalidad cognitivo–instrumental desborda los ámbitos de la economía y el Estado, penetra en los ámbitos de la vida comunicativamente estructurados y adquiere en ellos la primacía a costa de la racionalidad práctico–moral y práctico–estética, lo cual provoca perturbaciones en la reproducción simbólica del mundo de la vida” 93 .
Se habla directamente de perturbaciones producto que de una primacía de un tipo de racionalidad instrumental con arreglo a fines que predomina, que reina de la mano de una imposición de la racionalidad capitalista por sobre las esferas de los sujetos, adueñándose de la objetividad para sí, atravesando todos los mundos que se encuentran en el mundo de la vida:
“La forma de objetividad dominante en la sociedad capitalista prejuzga las relaciones con el mundo,
la manera como los sujetos dotados de lenguaje y de acción se refieren a algo en el mundo objetivo,
en el mundo social y en el mundo subjetivo propio de cada uno” 94
De este modo, va a ser una modernización capitalista la que va a coagular un orden pretendido natural a imagen y semejanza de los códigos por ella propuestos:
90 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 244.
91 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 437
92 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial. Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 275.
93 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo II. Crítica de la razón funcionalista”. Editorial. Taurus.
Madrid, 1981. Pág. 431-432.
94 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo I Racionalidad de la Acción y Racionalización Social.
Crítica de la razón funcionalista”. Editorial Taurus. Madrid, 1981. Pág. 453
“En los sistemas de acción formalmente organizados y regidos por procesos de intercambio o poder los miembros se comportan como frente a un fragmento de realidad cuasi natural, ya que en los subsistemas de acción racional con arreglo a fines la sociedad se coagula y se convierte en una segunda naturaleza, en las sociedades modernas surgen ámbitos de organización formal y relaciones sociales regidas por medios, los cuales ya no admiten una actitud de conformidad normativa ni afiliaciones sociales generadoras de identidad, sino que más bien destierran a éstas a la periferia” 95 .
En este contexto, el Estado no cumplirá funciones que no estén relacionadas con las de proveer al mercado (sistema económico) las posibilidades que requiere para operar correctamente:
“Con el surgimiento de una esfera de intercambios entre particulares autónomos, poseedores de mercancías, que operan sin la intervención del Estado; es decir, con la institucionalización, en el territorio de éste último, de mercado de bienes, capitales y trabajo, así como con el establecimiento del mercado mundial, la sociedad civil se diferencia a partir del sistema político–económico, lo que implica la despolitización de las relaciones de clase y la anonimización del poder de clase” 96 .
Aunque no refieren estrictamente a lo mismo, podríamos leer en esta despolitización de las relaciones de clases que advierte Habermas la anulación que veíamos en la vertiente francesa del contrato social, la erradicación del lien (lazo), el exilio programado de la cohesión social producto del apagón político que significa que todos los miembros de una comunidad (nación) se sientan parte de ella y que hagan suya la suerte de los demás.
El Estado, al igual que en el diagnóstico francés, no va a estar más constituido por el sistema de trabajo social regido en términos políticos, pues éste abandona su sitial de núcleo institucional del sistema en su conjunto; reducidamente, este Estado Fiscal, se ve convertido en una institución complementaria del mercado autorregulado 97 .
“Ahora como antes, el Estado asegura desde fuera, con instrumentos políticos, la integridad
territorial y la competencia de la economía nacional. En el interior, el medio de autogobierno hasta
entonces prevaleciente –a saber, el poder legítimo– sirve sobre todo para mantener las condiciones generales de producción que posibilitan el proceso de valoración del capital, regulado por el mercado; ahora el intercambio pasa a ser el instrumento dominante de autogobierno” 98
La colonización es total; no corresponde solamente a los medios de producción, al secuestro de las funciones de un Estado, sino que logra constituirse –hablamos del mercado– en el mecanismo mediante el cual se va a producir no sólo la expansión del sistema económico, sino que además lo faculta para, por medio de la colonización, erigirse como agente de integración social y sistémica:
“…el logro del principio de organización capitalista es extraordinario: no sólo emancipa el sistema económico, desprendido del sistema político, de las restricciones impuestas por los sistemas parciales de la integración social, sino que lo habilita para contribuir a la integración social al tiempo que desempeña sus tareas de integración sistémica” 99 .
En este contexto, la universalidad (lugar donde podemos encontrar aún un principio de solidaridad) va a estar dada simplemente por la posibilidad que ofrece el mercado de participar de manera justa –se asume– en el intercambio de equivalentes; en un contexto donde el intercambio
95 Habermas, Jürgen. “Teoría de La Acción Comunicativa, Tomo I Racionalidad de la Acción y Racionalización Social ..
Crítica de la razón funcionalista”. Editorial. Taurus. Madrid, 1981. Pág. 218
96 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 37.
97 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 38.
98 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 38.
99 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 40.
de que se relacionen
legitimación 100 .
“El mercado autoregulador exige ser complementado no solo por una administración estatal racional y un derecho abstracto, sino por una moral estratégico utilitarista en el ámbito del trabajo social.
Las ideologías burguesas pueden adoptar una estructura universalista y apelar a intereses generalizables porque el régimen de propiedad se ha despojado de la forma política y ha traspasado a una relación de producción que, según su apariencia, puede legitimarse a sí misma: la institución del mercado puede apoyarse en la justicia inherente al intercambio de equivalentes” 101 .
Así es como para buscar solidaridad, habrá que recurrir a las posibilidades ofertadas por el mercado, el agente que, colonizado el mundo de la vida, produce integración social y sistémica en las sociedades modernas.
Si la obra de Habermas ya era extensa, la de Marx lo es aún más. En este sentido, no sería correcto hablar en nombre del marxismo cuando el mismo Marx, debido a la cantidad de derivaciones que de las teorías por él propuestas han surgido, se declarase no–marxista.
Para el caso de este debate, recurriremos al pensamiento marxista desarrollado en el contexto brasilero desde el cual se han efectuado importantes aportes al debate latinoamericano sobre el Estado y las políticas sociales, debate y perspectiva que en esta tesis nos interesa rescatar y de la cual José Paulo Netto es uno de sus más importantes exponentes 102 .
Para Netto, la emergencia de las nuevas formas de solidaridad va a estar inextricablemente relacionadas con una crisis general del capitalismo: el tercer sector, como uno de los botones de muestra de este movimiento neosolidarista, va a ser leído a propósito del escenario socio político al que nos llevan las estrategias económicas y políticas que tienen lugar en el marco de una crisis estructural del capital instaurada desde los ‘70s a través de su modelo neoliberal, en cuanto proyecto hegemónico de reestructuración del capital 103 .
Por tal razón es que Netto será enfático en sentenciar que el desafío central que enfrentamos hoy lo constituye justamente el orden social contemporáneo transido por las lógicas de dominación capitalista, abiertamente incompatibles con las posibilidades de construir sociedades con menores
100 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 39.
101 Habermas, Jürgen. “Problemas de legitimación en el capitalismo tardío”. Amorrortu Editores. Bs. Aires, 1989. Pág. 39.
102 Nos seguiremos principalmente de los análisis del José Paulo Netto, Carlos Montaño y otros.
103 “A emergência do denominado "terceiro setor" no Brasil atual está diretamente vinculada às repercussões
decorrentes do cenário sócio-político mundial, caracterizado pelas estratégias econômico-políticas viabilizadas pela
burguesia nacional e internacional ao fenômeno correspondente à crise estrutural do capital instaurada no período pós-
70, através do ideário neoliberal enquanto projeto hegemônico de reestruturação geral do capital.
A resposta da reação burguesa a esta crise operacionaliza-se referenciada nos processos concernentes à "reestruturação
produtiva" e à "reforma do Estado", manifestadas cotidianamente nas mudanças no mundo do trabalho e na
intervenção do Estado”. María Celia da Silva Porto. “EXPANSÃO DO "TERCEIRO SETOR" E REGRESSÃO DA SEGURIDADE
SOCIAL NA TRAJETÓRIA DA REFORMA DO ESTADO BRASILEIRO”. Boletín Electrónico Surá # 87, Octubre 2003. Escuela de
Trabajo Social - Universidad de Costa Rica. www.ts.ucr.ac.cr. Pág. 19.
niveles de pobreza y desigualdad… “en la perspectiva de esta tradición *marxista+, el desarrollo capitalista es necesaria e irreductiblemente, producción exponencial de riqueza y producción reiterada de pobres…” 104 .
“O desenvolvimento plurissecular do ‘capitalismo real’ (
é a demonstração cabal e irretorquível de
que a produção capitalista é simultaneamente produção polarizadora de riqueza e de pobreza ( ...
Ainda se está por inventar ou descobrir uma sociedade capitalista –em qualquer quadrante e em qualquer período histórico– sem o fenômeno social da pobreza como contra-parte necessária da riqueza socialmente produzida” 105 .
Es decir, la producción capitalista de riqueza es, a la vez, sistemática producción de desigualdad y pobreza: no se ha encontrado ningún lugar en el mundo ni ningún período de la historia donde la producción capitalista de riquezas no sea a la vez la producción de pobreza 106 .
Si bien en los 30 gloriosos años en que el poder del mercado estuvo contrapesado por un Estado poderoso todos los índices de calidad de vida tendieron a mejorar, las cuentas generales del siglo son lapidarias:
“En el plano internacional, la desigualdad creció a lo largo de todo el siglo XX, a pesar de todas las
proclamaciones y programas políticos –serios o demagógicos– para reducirla. En efecto, en los últimos cien años, lo que se puede considerar como mundo desarrollado dejó de albergar al 33% de la población mundial, en 1900, para, en el fin del siglo XX, cubrir apenas el 15% de la humanidad. Entre 1960 y el 2000, la diferencia del PIB percápita entre los 20 países más ricos y los 20 más pobres, saltó de 53,8 a 121 veces. Y cuando se pasa al análisis de la desigualdad entre las personas,
los datos del PNUD 2005 son elocuentes: los 500 individuos más ricos del mundo tienen una renta conjunta mayor a los 416 millones de personas más pobres” 107 .
Netto toma distancia de las propuestas francesas, en particular de las referidas por Rosanvallon, pues, para él, “…al contrario de lo que sustentan algunos ideólogos, no estamos delante de una nueva cuestión social, sino que estamos confrontados con nuevas expresiones de la cuestión
social” 108 . Así, el antes y el después del Estado Providencia que para los franceses es tan importante como posibilidad de reconstrucción de las solidaridades, para el análisis marxista que acá presentamos, el derrumbamiento de ese Estado no constituye sino la demostración empírica de la incompatibilidad de una conexión durable entre la dinámica capitalista, la supresión de la pobreza absoluta y la reducción de las desigualdades.
“A desconstrução do Welfare adquire o seu verdadeiro significado quando inserida no processo mais amplo da ofensiva do capital: não se tratou, como pretenderam alguns social-democratas tardios,
de uma simples resposta a uma pretensa ‘crise de financiamento’, implicando o esgotamento “cultural” de um determinado “contrato social” – ela assinala a liquidação do capitalismo “democrático” que durou trinta anos, revelando a incompatibilidade de uma conexão durável
104 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. Trabajo presentado en el 33° Congreso
Mundial de Escuelas de Trabajo Social. “Crecimiento y desigualdad: escenarios y desafíos del Trabajo Social en el siglo
XXI”. Santiago de Chile, 2006. Disponible en Boletín Electrónico Surá, n° 121
Costa Rica. www.ts.ucr.ac.cr. Agosto, 2006
Escuela de Trabajo Social - Universidad de
105 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada.
106 De aquí se sea falsa esa tesis que pone al crecimiento económico como única y primera condición insoslayable para
poder enfrentar, combatir y reducir la pobreza y la desigualdad . “Por isto mesmo, é falsa a tese segundo a qual o
crescimento econômico é a única condição necessária para enfrentar, combater e reduzir o pauperismo que decorre da
acumulação capitalista (e, na mesma medida, para reduzir desigualdades)”. Netto, José Paulo. “A ordem social
contemporâneo é o desafio central”. En obra citada.
107 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
108 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
entre dinâmica capitalista, supressão de pobreza absoluta e redução de desigualdades. Ela indica que o capitalismo contemporâneo mostra-se cada vez menos capaz de suportar reformas viabilizadoras da ampliação de direitos sociais” 109 .
El agostamiento cultural de un determinado contrato social, que tuvo lugar con la caída de los estados fuertes, no va a ser desde esta perspectiva una simple respuesta a las crisis financieras de los mismos, sino que van a constituir un proceso inevitable producido por un mercado que no tolera ningún tipo de marcas ni barreras: “…Planetarizado y mundializado, el capital se escapa a los controles y a las regulaciones políticas a las que, en las tres décadas gloriosas del Welfare, pareció sumiso” 110 .
¿Con qué posibilidades y herramientas va a contar entonces el Estado para poder procurar bienestar a los sectores más pobres de la sociedad? En un contexto donde la cuestión social se ha maximizado, el Estado va a ofrecer acciones minimalistas, sucediéndose algunos de los siguientes procesos:
La desresponsabilización del Estado y del sector público con una política social de reducción de la pobreza articulada coherentemente con otras políticas sociales: en este contexto, el combate a la pobreza se opera como una política específica; Se desdobla el sistema de protección social: por un lado, para aquellos segmentos poblacionales que disponen de alguna renta, hay una privatización/mercantilización de los servicios a los que pueden acudir; por otro lado, para los segmentos más pobres, habrá servicios públicos de baja calidad;  La política para enfrentar la pobreza va a ser prioritariamente emergencial, focalizada y, en lo general, reducida a una dimensión asistencial 111 .
¿Qué espacio tiene la solidaridad en este contexto? Para Netto, la solidaridad emerge como un relevo en este esquema de dominación capitalista:
“A la desresponsabilización (de la que se sigue una fuerte reducción de los fondos destinados a lo público), va a corresponder una abstracta responsabilización de la sociedad civil y de la família para la acción asistencial.
Habrá, en este caso, un enorme relevo concedido a las organizaciones no gubernamentales y al llamado tercer sector” 112 .
Si el Estado se torna garante del bienestar sólo de los más pobres dentro de los pobres, habrá un enorme segmento de la población que quedará fuera de su red de protección.
Será entonces, recién aquí, y desde en un ámbito totalmente privado alejado de proyectos públicos, donde podrá emerger una solidaridad en el formato de proyectos privados de una sociedad civil despolitizada, de un mercado reinante y de un Estado apenas regulador de las posibilidades para el correcto operar del mercado, ejerciendo frugales apoyos para los segmentos poblacionales extremadamente empobrecidos.
“La asistencia a los extremadamente pobres permanecería como una función estatal residual y para aquellos situados un poco más arriba de la línea de la pobreza, emergería el socorro durkheimiano de la solidaridad, vinculado a la filantropía privada (religiosa y empresarial) –mediante la acción de
109 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada.
110 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
111 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
112 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
organizaciones no gubernamentales y, aún, de voluntariado– a proyectos de combate a la llamada exclusión social” 113 .
La solidaridad actúa como ayuda inmediata, como un “parche” que acude sobre aquellos
segmentos abandonados por un Estado minimalista y relegado a funciones serviles al modelo de
reproducción capitalista.
Nada más desesperador que esta prospección: …aquí la dinámica del capital sería dejada a sí misma –y se sabe que, entregado a sí mismo, el capitalismo no transita para nada sino para más capitalismo” 114 .
El capitalismo sólo produce más capitalismo, por lo tanto, más desigualdad social y pobreza: así de taxativo se nos muestra el análisis.
Según el análisis de Carlos Montaño, el bautizo de tercer sector es desde ya una opción neoliberal que ubica al Estado, como primer sector, al mercado como segundo y, al que resta, el tercero 115 ; de ahí su carácter conceptualmente residual. Para los neoliberales, denuncia Montaño, opera una escisión entre las tres esferas, pues las consideran a cada una con vida propia y autónoma, donde las cuestiones sociales bien podrán tratarse de forma des–economizada y las cuestiones económicas de manera des–politizada:
“Para los neoliberales, sociedad civil, privado y económico (‘des-socializado’ y ‘des-politizado’) y, por lo tanto, el mercado, confluyen en la misma cosa. Así, en el neoliberalismo, en términos generales, se producen las siguientes identidades: ESTADO = público = área social + área política, mientras que SOCIEDAD CIVIL = privado = área económica = mercado…” 116 .
En este contexto, las organizaciones del “Tercer Sector” se convierten en un sector “público pero privado”, dado que ofrecen bienes y servicios de interés público, pero con una forma de organización privada 117 .
En definitiva, desde esta perspectiva marxista, en la medida en que subsista el actual sistema de acumulación capitalista, las desigualdades que fueron claramente mostradas en las citas anteriores, no tienen posibilidad alguna de corrección, sólo de agudización. Si a lo anterior agregamos que dado el contexto actual las posibilidades de la solidaridad van a estar dadas exclusivamente por las posibilidades de una sociedad civil privatizada que actúa sobre aquellos amplios sectores sociales ahora desprotegidos, se sigue que todos los intentos de esa solidaridad no tendrán sino injerencia sobre ámbitos de intervención pauperizados por las lógicas mismas del sistema capitalista, en definitiva, una solidaridad servil a su producción y reproducción.
Ahora bien, ¿cuánto de los procesos descritos en torno al debate acá ofrecido a propósito de la relación entre Crisis del Estado y la que hemos llamado neosolidaridad son posibles de identificar en la configuración actual del Estado, el Mercado y la Sociedad Civil en Chile?
Sobre ello vamos en la segunda parte de este capítulo.
113 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
114 Netto, José Paulo. “A ordem social contemporâneo é o desafio central”. En obra citada. Traducción libre.
115 Montaño, Carlos. “Tercer Sector y Cuestión Social: crítica al patrón emergente de intervención social”. Biblioteca
Latinoamericana de Servicio Social. Cortez Editorial. Sao Pablo, 2005.
116 Montaño, Carlos. “El proyecto neoliberal: el pasaje de las lógicas del Estado para las lógicas de la sociedad civil”.
Trabajo presentado en el I CONGRESO UNIVERSITARIO INTERNACIONAL DE TRABAJO SOCIAL “El Trabajo Social en el
contexto de las políticas neoliberales” Costa Rica, Julio de 1996.
117 Citando a Montaño, así se expone en Quezada, Ana Cristina, obra citada.
El estado de nuestro Estado
“…someterse a un poder capaz de coordinar los esfuerzos de los miembros de la sociedad con el objetivo de alcanzar determinado padrón de distribución considerado justo (…) llevará a la
destrucción del único clima en que los valores morales tradicionales pueden florecer, o sea, la libertad individual”.
Friederich Hayek 118
“Solo las crisis —reales o percibidas— producen un cambio verdadero. Cuando hay una crisis, las medidas que se toman dependen de las ideas que están en el ambiente. Esa es, creo, nuestra función básica: formular alternativas a las políticas vigentes, mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable”.
Milton Friedman 119
En nuestro país el capitalismo se dejó caer, literalmente, de un solo golpe. No es posible comprender el Chile actual, nuestra actual configuración social, política, cultural y económica obviando las profundas transformaciones y reformas acaecidas desde el Golpe de Estado perpetrado el 11 de Septiembre de 1973.
Aquel hecho histórico determina el inicio de una serie de revolucionarias transformaciones provenientes de los planteamientos libremercadistas siempre rechazados por la mayoría de la población que, en contextos democráticos, tenía la posibilidad de así expresarlo.
Mucho antes de que “el 11” llegara, había un grupo de economistas formados en la Universidad de
Chicago en convenio académico firmado con la Pontificia Universidad Católica de Chile (1953), trabajando en las que serían las medidas económicas que el nuevo régimen adoptaría, dándole la oportunidad inédita a Friedman de tener un laboratorio donde poner en práctica sus ideas de libre mercado más allá de las aulas universitarias.
“Para los chicago boys, el 11 de Septiembre fue un día de vertiginosa anticipación y letal adrenalina.
Sergio de Castro había estado trabajando a fondo su contacto en la Armada, consiguiendo que
aprobara página a página ‘el ladrillo’. Ahora, el día del Golpe, varios chicago boys estaban
acampados junto a las rotativas del periódico de derecha ‘El Mercurio’. Mientras en la calle sonaban disparos, trabajaban frenéticamente para que el documento quedara impreso a tiempo para el primer día de gobierno de la Junta. Arturo Fontaine, uno de los editores del periódico, recuerda que las rotativas trabajaron ‘sin cesar para producir las copias de aquel largo documento: [citando a Juan Gabriel Valdés]
‘Antes del medio día del miércoles 12 de septiembre de 1973, los generales de las fuerzas armadas que desempeñaban cargos de gobierno tenían el plan en sus escritorios’
Las propuestas que aparecen en ese documento final se parecen asombrosamente a las que hace Milton Friedman en ‘Capitalismo y Libertad’: privatización, desregulación y recorte del gasto social; la santísima trinidad del libre mercado” 120 .
118 Hayek, Friedrich. “Direito, legislação e libertade”. Vol II. Visão, São Paulo, 1985. Págs. 82-86. Citado en Montaño,
Carlos. “El proyecto neoliberal: el pasaje de las lógicas del Estado para las lógicas de la sociedad civil”. O. citada, pág. 17.
119 Friedman, Milton. “Capitalism and Freedom”. Chicago, 1982. Pág. 2. Citado en Naomi Klein en “La doctrina del shock:
el auge del capitalismo del desastre”. Paidós. Buenos Aires, 2008. Pág. 27
Así es como comienza, entonces, la aplicación sistemática de severas medidas que serían parte
años más tarde de los Programas de Ajuste Estructural, impulsados desde el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, como condición para el préstamo de dineros a los países que
entraran en crisis desde fines de los ’70; algunas medidas:
- recorte de gasto social, la adopción de un enfoque del rendimiento económico en la exportación directa y en la extracción de recursos, devaluación de monedas, liberalización del comercio internacional (levantamiento de restricciones a la importación y a la exportación), apertura a la inversión extranjera, remoción de controles de precios y subsidios estatales, privatización o desinversión de todas o parte de las empresas propiedad del Estado.
Con estas medidas en la mano operó el equipo económico del régimen que, para 1975 ya era liderado por el ex Decano de la Escuela de Economía de la PUC (1965-68), Sergio de Castro, quien se convertiría en el impulsor de todas estas medidas desde el Ministerio de Economía.
Eran los años en que comenzaba a tener lugar nuestra propia crisis del estado en cuyo telón de fondo se podría escuchar fuerte y clara la melodía de la utopía puramente capitalista: lo políticamente imposible se había convertido en políticamente inevitable.
La aplicación sin contrapesos de un paquete de medidas neoliberales, ‘el ladrillo’, es la demostración de la forma en que apasionadamente los fundamentos del capitalismo habrían de ser abrazados por las nuevas autoridades. Estos fundamentos van a estar relacionados con variados aspectos, pero sin duda el que más los caracterizará es el que dice relación con el convencimiento absoluto que poseen los propulsores capitalistas acerca del carácter científico– objetivo (desideologizado) de las leyes de libre mercado, las cuales serían simplemente de orden natural.
Así lo propuso Hayek, mentor intelectual de Friedman, al señalar que las sociedades debiesen ser asumidas como una catalaxia, un orden espontáneo del mercado cuyos devenires no han de ser intervenidos, sino simplemente producidos de manera libre, desatendiéndose de cualquier tipo de jerarquía.
“El aspecto principal de la catalaxia es que, como orden espontáneo, su ordenación no se basa en una jerarquía única de fines y, por consiguiente, no asegura, en general, que lo más importante llegue antes que lo menos importante. Esta es la causa principal por la cual sus oponentes lo rechazan, y podría decirse que la mayor parte de las demandas socialistas conllevan la transformación de la catalaxia en una economía propiamente tal. Esto es, que el orden espontáneo sin propósitos se convierta en una organización orientada por un propósito, a fin de asegurar que lo más importante nunca sea sacrificado por lo menos importante.
La defensa de la sociedad libre debe mostrar, entonces, que como no exigimos una escala unitaria de fines concretos, ni intentamos asegurar que algunos puntos de vista particulares en torno a lo que es más importante y lo que es menos importante gobierne el conjunto de la sociedad, los miembros de semejante sociedad libre tienen de seguro una buena oportunidad de hacer un uso exitoso de sus conocimientos individuales para el logro de los propósitos individuales que efectivamente tengan.
120 Klein, Naomi. “La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre”. Paidós. Buenos Aires, 2008. Págs. 111-
112. La cita a Juan Gabriel Valdés corresponde al texto “Pinochet’s Economists: The Chicago School in Chile”. Cambridge,
1995. Pág. 252.
En la catalaxia nadie puede prever lo que cada partícipe va a obtener; y los resultados para cada cual en particular no están determinados por las intenciones de nadie; nadie es responsable,
tampoco, de que cada cual obtenga cosas determinadas (…) dado el carácter azaroso e impredecible de sus beneficios” 121 .
A partir de este tipo de argumentaciones podemos intuir cuáles serán las posibilidades de un principio de solidaridad, en un contexto permeado por este tipo de ideas que se encuentran fuertemente institucionalizadas y ‘constitucionalizadas’ hasta el día de hoy.
La libertad individual es un poderoso fundamento de la ideología capitalista, aún cuando ésta no se asuma como tal, pues todo va a estar pensado para que cada cual pueda hacer, decir y decidir de acuerdo a sus intereses individuales sin apego a ningún tipo de idea de lo justo, sin ninguna orientación que permita poner lo importante antes de lo no–importante. Lo anterior permitiría que cada cual pueda vivir según sus esfuerzos y que nadie pueda sentirse en el derecho, amparado por leyes impulsadas desde el Estado, de vivir de los demás.
Así también lo iba a pensar uno de los arquitectos de las más importantes y profundas reformas capitalistas, el chicago boy José Piñera (Ministro de Trabajo y de Minería), el cual manifestaría las mismas aprehensiones contra el Estado de Bienestar y la defensa del carácter natural de sus ideas:
“El estado de bienestar destruye el vinculo necesario entre esfuerzo y recompensa. El resultado final
es la insolvencia de los estados y el parasitismo social, alimentado por políticos que ganan elecciones ofreciendo el dinero ajeno” 122 .
Se argumentaba que el vínculo esfuerzo–recompensa no sólo es necesario, sino que además es natural… e “ir contra la naturaleza es contraproducente y es engañarse a uno mismo” 123 .
Con estas convicciones, el régimen comenzaría con la aplicación de medidas: para 1975 se había recortado el gasto público un 27% de un solo golpe y siguieron recortando hasta que, hacia 1980, llegaron a la mitad de lo que era con Allende 124 . Más tarde, privatizaría casi 500 empresas y bancos estatales, prácticamente regalando muchos de ellos 125 , puesto que lo que quería era ponerlos lo más rápido posible en el lugar que les correspondía dentro del orden económico 126 ; eliminó barreras arancelarias, a lo que se siguió la pérdida de 177.000 puestos de trabajo en la industria entre 1973 y 1983 127 . No obstante esta poderosa aplicación de medidas y un costo social que no intimidaba a sus propulsores, lo más significativo estaba aún por llegar.
121 Hayek, Friederich. “Los principios del orden social liberal”. (1966) . Pág. 193.
122 Piñera, José. Epígrafe que se puede leer en www.lacato.com (Instituto Cato, en EEUU es uno de los centros
académicos que, al igual que la U. de Chicago, propaga las ideas del libre mercado y del cual nuestro ex ministro es
123 Piñera, José, citado en Klein, Naomi. “La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre”. Paidós. Buenos
Aires, 2008. Pág. 114.
124 Constable, Pamela; Valenzuela, Arturo. “A nation of enemies. Chile under Pinochet”. Ney York, 1991. Pág. 187. Citada
en Klein, Naomi. “La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre”. Paidós. Buenos Aires, 2008. Pág. 117
125 No es objetivo de este trabajo mostrar cómo las políticas económicas implementadas estuvieron transidas por
grotescos casos de corrupción. Ver María Olivia Monckeberg “El Saqueo de los grupos económicos al Estado chileno”.
Editoriales, B, Grupo Z. Barcelona, Santiago de Chile, 2001.
126 Valdés, Juan Gabriel “Pinochet’s Economists: The Chicago School in Chile. Cambridge, 1995. Pág. 22. Citado en Klein,
Naomi. “La doctrina del shock: el auge del capitalismo del desastre”. Paidós. Buenos Aires, 2008. Pág. Pág. 117.
127 Albert O. Hirschman, “The political economy of Latin America Development. Seven exercises in retrospection”, Latin
American Research Review, vol 12, n°3, 1987, pág. 15. En Naomi Klein, obra citada. Pág. 117.
El ’78 como portal
“Más allá de eufemismos, la privatización de la salud, de la previsión social y de la educación operada por los neoliberales, impuso una lógica brutal: tanto dinero tienes, tanta salud, calidad de educación para tus hijos y pensión de retiro tendrás. Si eres privilegiado, accederás a servicios de privilegio. Si eres pobre, tendrás que conformarte con lo que es capaz de entregarte el sistema público”.
Fernando De Laire 128
El 26 de diciembre del año 1978, el equipo de la dictadura militar sería potenciado por las ideas del chicago boy José Piñera Echeñique, ingreso que marca una de las reformas más profundas que viviera nuestro Estado y que constituye un antes y un después para la solidaridad en Chile:
“La reforma previsional recoge en su plenitud uno de los valores que el gobierno considera crucial en su proyecto de sociedad: la libertad más amplia de elección individual (…) la Reforma Previsional tendrá profundas consecuencias políticas.
En primer lugar, amplía drásticamente los márgenes de libertad individual, la cual junto con la participación en la base social y el progreso económico, constituyen barreras infranqueables para el comunismo.
En segundo lugar, al establecerse beneficios proporcionales a los esfuerzos, desaparece una enorme fuente de poder estatal y de discrecionalidad, con sus secuelas inevitables de demagogia y politización.
Por último, al hacer propietario a cada trabajador, la reforma lo compromete activamente en el manejo responsable de la economía y en la búsqueda de la estabilidad política y la paz social” 129 .
La reforma de las pensiones hace un cambio en 180 grados respecto de dos elementos centrales, a saber; (i) la previsión, que hasta aquel momento atareaba al Estado como agente recaudador y repartidor, estará ahora en manos de Administradoras de Fondos de Pensiones (AFPs), de las cuales el Estado será apenas su superintendente; (ii) se borra el principio universalista de las pensiones para pasar a uno de capitalización individual, pues se busca justamente la libertad más amplia de elección individual .
¿Cómo leemos esto?
Respecto del Estado, estas son las reformas que abogaron desde un principio por su reducción. No obstante, lo que más nos interesa es este giro que desemboca en la rentabilidad individual. Recurrimos, en este caso, a la propuesta francesa que veía en el declinamiento de la sociedad aseguradora el primer y principal muro que impide el ejercicio de la solidaridad.
Según veíamos, al declinar la seguridad social como una estrategia estatal destinada a proteger con el compromiso de todos los miembros de la nación a los más empobrecidos, se destierran las posibilidades de que ese compromiso, que es un compromiso solidario, pueda cumplir a través del Estado la tarea de asegurar bienestar a los que menos tienen con la venia de los que más tienen. A este respecto, José Piñera sostendrá:
“La seguridad social --sin duda, el mayor de todos los monopolios estatales existentes en Chile– era un sistema inspirado en esa lógica que hace depender a las personas del Estado, ese "ogro filantrópico" descrito por Octavio Paz” 130
128 De Laire, Fernando. “El discurso del 21 de mayo y los debates emergentes”. Revista Mensaje, julio de 2002.
129 Discurso de José Piñera mediante el cual daba a conocer al país la noche del 6 de noviembre de 1980, el nuevo
sistema de pensiones de capitalización individual. www.josepinera.com
La medida no es solamente económica, no tiene sólo que ver con la recaudación de las imposiciones de los trabajadores, ni con la burocracia reemplazada para su recaudo y fórmulas para su posterior repartición; la reforma de las pensiones en Chile representan un giro eminentemente cultural a la forma en que chilenas y chilenos se sienten pertenecientes a un mismo país, a una misma nación de compatriotas que, como tales, generan estrategias para que la riqueza del país pueda servir de sustento (seguro) al buen vivir de todos los chilenos, de todas las chilenas. Con la reforma, se inicia la era en que el ejercicio de los DDHH serán para quienes puedan por ellos pagar.
Para los capitalistas, este tipo de argumentos son de pésimo gusto, pues lo que estaría defendiéndose no es más que la flojera, el parasitismo de aprovechadores que quieren siempre hacer poco y ganar mucho, vivir de los demás. Según el propio Piñera, pensar ilusamente lo contrario es desconocer la naturaleza humana:
“Al desestimar la correlación entre aportes y beneficios, el sistema de reparto [sistema anterior que Piñera reformó] deja el campo libre y abierto a apetitos egoístas y a las peores manifestaciones del oportunismo individualista. No se necesita tener una opinión especialmente sombría de la condición humana para establecer que –frente a semejantes reglas del juego– la mayor parte de la gente tratará de minimizar lo que aporta y de maximizar lo que gana. Quien no lo crea pecará siempre de iluso. Los individuos tratan de aumentar su bienestar personal. Es un impulso natural” 131 .
Un impulso natural.
Con estos argumentos se daba inicio al desfondamiento cultural de la solidaridad entendida como propulsora de la cohesión social; la que poseemos hoy es otro tipo de solidaridad, pero aquella que se fundaba en el lien (lazo) social entre compatriotas, que hacía corresponsables a todos de todos, esa solidaridad, ya no existe más.
Lo anterior es central para una sociedad que quiere hacer solidaridad, que dice querer buscarla, que la identifica como parte de su identidad nacional: es completamente distinto hacer solidaridad cuando dicho principio está incrustado en el Estado, que hacerla en un país donde, en vez de solidaridad, opera el principio de capitalización individual.
Y opera no sólo en las pensiones.
2.3 Capitalizando la capitalización “Chile no sólo necesitaba una economía libre; necesitaba que además la libertad irrigara de arriba a abajo su sistema político y su estructura social. La concepción liberal no podía agotarse en un esquema económico que algunos percibían sólo como una estrategia para lograr y mantener los equilibrios macroeconómicos; la concepción liberal era todo un marco conceptual para inducir cambios estructurales y grandes transformaciones. El nuestro no debía ser un discurso conservador o inmovilista; debía ser un discurso profundamente revolucionario…” 132 .
130 Pinera, José. “El cascabel al gato: la batalla por la reforma previsional”. Editorial Zig-Zag. Santiago, Chile 1991. Pág. 3
131 “La fractura entre los aportes y los beneficios a lo mejor no sería relevante en un sistema previsional de reparto
llamado a regir entre los ángeles. Cada cual pondría y tomaría lo que le corresponde. Pero cuando los usuarios del
sistema son seres humanos es muy difícil, por no decir imposible, que esa paridad se mantenga (…) La realidad no cabe
en un sistema de reparto. Y no cabe porque es un esquema contra natura”. Pinera, José. “El cascabel al gato: la batalla
por la reforma previsional”. Editorial Zig-Zag. Santiago, Chile 1991. Pág. 8
132 Piñera, José. “La revolución laboral en Chile”. Editorial Zig-Zag. Santiago, 1990. Pág. 12.
La Reforma Previsional fue sólo el comienzo, un portal que nos trasladaría de una a otra forma de hacer solidaridad; paulatinamente, el principio de capitalización individual irrigaría los demás ámbitos de la vida social y de la política pública. Veamos tres de ellos.
a) Salud “*desde+ 1952 a 1981 el Sistema Nacional de Salud (SNS) tenía cobertura universal de acceso gratuito y estaba totalmente financiado por el Estado. En 1981, la dictadura fragmentó el sistema nacional de salud, redujo considerablemente el gasto público en salud y creó los Institutos de Salud Previsional (ISAPRES)… (…) Un componente básico del sistema chileno son las ISAPRE, compañías aseguradoras privadas que reciben, a través del Fondo Nacional de Salud (FONASA) –la agencia recaudadora única del Estado para la salud– la cuota de financiación (7% del salario) que el Estado impone a los trabajadores del sector formal cuando el trabajador elige su ISAPRE…” 133 .
Hasta antes de la reforma de 1981, podemos ver un sistema en que los diferentes miembros de la sociedad confluyen en un Sistema Nacional de Salud, el cual opera sobre un principio de solidaridad que permite que, aquellos de mejor salud (por lo tanto, gastan menos en ella: jóvenes, hombres), puedan subvencionar a los que no gozan de tan buena salud y/o que requieren, por lo tanto, de mayores recursos para mantener una buena salud (ancianos, mujeres en edad fértil, niños). Se trata de una estrategia estatal redistributiva, donde los que, nuevamente, tienen más (gastan menos) pueden subvencionar a los que tienen menos (gastan más).
Como todo este tipo de estrategias fueron también declarados enemigos del nuevo régimen, en marzo de 1981 fue firmado el DFL (Decreto Fuerza Ley) n°3 que creaba las ISAPRES, la entidad que permite a cada cual preocuparse de sí mismo, de su propia salud sin tener que involucrarse con la buena/mala salud del resto. Este sistema funciona hasta el día de hoy. Únicamente quienes permanecen en el sistema público de salud FONASA operan bajo el sistema redistributivo, pues todos aportan el 7% aún cuando no todos lo gastan por igual.
En este sentido, importante es destacar que los servicios privados de salud tienen una calidad exponencialmente superior a las ofrecidas en el sistema público; de ahí que, aún cuando las
ISAPRES cubren apenas al 16% de la población (dato al 2006), éstas gastan más del 40% de toda la atención médica del país, a pesar de cubrir familias de menor tamaño, población más joven y más sana que los beneficiarios de FONASA, donde van a concentrarse los que no pueden pagar por una
mejor salud y que son desechados por las empresas de la salud que buscan lucro por ser “clientes caros” (ancianos, enfermos crónicos, trabajadores jubilados, mujeres en edad fértil) 134 .
medidas impulsadas, el Estado va a ser replegado y se va a desentender de su
misión histórica de cautelar la educación pública, produciéndose, a partir de 1981, procesos de
descentralización, municipalización y privatización de la educación. Entre 1980-81 el 87% de las
133 Homedes, N., Ugalde. A. “Privatización de los servicios de salud: las experiencias de Chile y Costa Rica”. Gac Sanit
2002;16 (1). Págs. 54-62.
134 Homedes, N., Ugalde. A “Privatización de los servicios de salud: las experiencias de Chile y Costa Rica”
escuelas fueron traspasadas desde el Estado en su nivel central hacia entidades privadas y/o municipios, proceso que sería culminado en el período 1986-89 135 .
¿Cómo comienza a operar aquí un principio nuevamente de capitalización individual?
Si bien la relación es menos evidente que el caso de las pensiones
y la salud, para el caso de la
educación las privatizaciones sirvieron de trampolín hacia un enfoque basado en la capitalización
Al traspasarse la educación a manos privadas, lo que se impulsó fue el nacimiento de la educación pagada, comprable, posible de encontrar dentro de las ofertas del mercado y ante las cuales una familia debe optar por la que considere más conveniente. Sí que fueron revolucionarias las medidas: Chile es hoy uno de los países con la mayor cantidad de educación privada del mundo entero 136 .
Este nuevo contexto hará que cada individuo, nuevamente según sus propias posibilidades, tendrá la libertad de elegir el tipo de educación que quiere, conforme a la proporción de sus deseos que es acompañada de su poder adquisitivo, del dinero con el que cuente; el principio de capitalización individual desembarcaba así en nuestra educación.
Esa es la libertad propugnada por los neoliberales, la libertad de poder comprar para los que tienen con qué hacerlo… si pensamos que para fines de la década de los ’80 –y haciendo un acto de fe respecto de la credibilidad de las cifras oficiales– uno de cada dos chilenos vivía con ingresos por debajo de la línea de la pobreza, ¿quiénes podían entonces pagar por el Derecho Humano a la educación devenido en un producto más comprable en el mercado?
El lazo ya roto vuelve a ser rematado, pues ya no hay más educación de calidad para todos, sólo para aquellos que la pueden pagar 137 . Así, la libertad defendida por los propulsores del capitalismo, no es la libertad humana, es la libertad que otorga el nivel de activos con que una familia cuente en sus bolsillos, es la libertad que cada cual se pueda comprar.
La evidencia de los últimos 30 años para nuestro país no deja lugar a dudas: si en 1980 el 72% de la matrícula correspondía a escuelas públicas, 18% a particulares subvencionadas y 9% a particulares pagadas, para 1984, los colegios, ahora municipales –ya no estatales– descienden al 64%, los particulares subvencionados suben al 27%, los pagados se mantienen en el 9%. En el 2000 las cifras serán de 59, 30 y 10% respectivamente. Entre 1998 y 2000 las horas docentes para la educación municipal crecieron un 1,6%, al lado del 6,9% que presentó el sector subvencionado y del 8,7% del pagado 138 .
Según el Informe de Capital Humano en Chile del año 2003, el 59,5% de los alumnos pertenecientes al tercio más pobre del país (deciles uno, dos y tres) estudian en escuelas municipales; un 39,5% de
135 Maldonado, Marcial “La privatización de la educación en Chile”. Internacional de la Educación. Oficina para
Latinoamérica. Disponible en el Observatorio chileno de políticas educativas. www.opech.cl. Págs. 5-6.
136 En un examen de los procesos de privatización, a nivel internacional, entre los países que conforman una muestra
que se presenta en el Informe de Capital Humano en Chile se señala que: “La proporción de la matrícula inscrita en
establecimientos particulares pagados y subsidiados es un indicador grueso del grado de privatización de los sistemas.
Holanda, seguido de Chile, se ubican a la cabeza de los países de la muestra”. Brunner, J.J., Elacqua, G. “Informe Capital
Humano en Chile”, Mayo 2003, Págs. 66-67, citado en Maldonado, Marcial “La privatización de la educación en Chile”.
Internacional de la Educación. Oficina para Latinoamérica. Disponible en el Observatorio chileno de políticas educativas.
www.opech.cl. Pág. 25.
137 Veremos en el capítulo III indicadores al respecto.
138 Maldonado, Marcial “La privatización de la educación en Chile”. Internacional de la Educación. Oficina para
los alumnos de colegios subvencionados pertenece al mismo 30% más pobres; para el caso de los colegios pagados, apenas un 3,9% de su matrícula corresponde a alumnos pobres. Cada cual según pueda pagar es la consigna detrás de la capitalización individual presente en nuestro actual sistema educativo.
La lógica es similar, pues en este caso, va a ser la privatización de la política pública de vivienda la que desembocará en la aplicación una vez más de la capitalización individual. El movimiento es bastante simple.
“El régimen pinochetista privatizó la construcción de viviendas sociales. Anteriormente, el propio Estado las construía y las vendía en cuotas a largo plazo. Dichas viviendas cumplían estándares mínimos de calidad y durabilidad. Actualmente, el papel del Estado se reduce a otorgar un pequeño subsidio y a seleccionar empresas constructoras privadas que construyen dichas viviendas” 139 .
En este caso, el año clave va a ser 1979, el cual verá la aprobación del Decreto Ley 420 que elimina los límites urbanos mediante la creación de un área de expansión urbana:
“Existen una serie de cambios normativos que fueron en directa relación con el gran crecimiento en
extensión de la capital bajo los criterios del modelo económico impulsado por el gobierno de Pinochet; estos son, en primer lugar, el Decreto Ley 420 (1979) que determinó la liberalización del suelo urbano, mediante la creación de la denominada “Área de Expansión Urbana”. Con este decreto, además, se derogaron los capítulos dedicados a la localización de vivienda social y el
equipamiento, así como las condiciones restrictivas al crecimiento en extensión. Todo esto en el marco de la implementación del modelo neoliberal, bajo el principio de que el precio del suelo se
regularía solo por el mercado, y que la existencia del límite urbano generaría diferencias “ficticias” en los valores del suelo ”140 .
Lo anterior constituye la liquidación de garantías de construcción para la vivienda social, en tanto equipamiento como en localización; desde entonces, la vivienda social no va a estar más ubicada
en aquellos metros cuadrados de suelo rentables, donde más conveniente que ubicar a familias pobres es construir centros comerciales o barrios residenciales. El ingreso del lucro a la política de
vivienda social decreta el salto hacia el ya conocido principio que sentencia “cuánto dinero tienes, calidad de la construcción de tu casa y ubicación tendrás”.
Al convertirse la política de vivienda en una atractiva posibilidad de lucro para el mercado inmobiliario, las peores casas en las peores ubicaciones van a ser para quienes no puedan pagar por mejores casas en mejores ubicaciones. La política de vivienda, ahora privatizada, debe asegurar antes que todo un margen de ganancia a las gestoras inmobiliarias, el Estado no construye más casas, las manda a construir a entidades que tienen por fin el lucro, como es esperable que sea, pues son empresas.
“El régimen militar no solamente terminó con las “tomas” organizadas de terrenos y silenció el
movimiento de pobladores sino que además creó la política de erradicación de poblaciones más
grande que haya conocido la historia de Chile. En pocos años, los “pobres” fueron “reubicados” y
139 Vergara, J. “El mito de las privatizaciones en Chile”. Artículo disponible en www.revistapolis.cl
140 Cociña, C., Valenzuela, N. “Muerte de Augusto Pinochet: La herencia urbana de su gobierno”. Artículo web,
publicado en www.plataformaurbana.cl. 12 de diciembre, 2006.
“atomizados” en los márgenes de la ciudad, en viviendas semejantes a “cajas de fósforos”, por su tamaño y forma” 141 .
Las consecuencias, como vemos en la cita anterior, no eran difíciles de adivinar; los pobres, nuevamente, serían los condenados de la ciudad 142 , los que deberían salir del centro para ir a la periferia, a los márgenes de la ciudad.
En este sentido, es la misma idea de integración territorial la que queda descartada por decreto, la ruptura del sentido de pertenencia que veíamos en el debate francés, la eliminación geográfica de
la cohesión social: ya no hay más cohesión (no sólo por los principios de la privatización de la
política), la desigualdad puede ser fotografiada en un paseo en micro desde “el barrio alto” a
cualquier población callampa de Santiago; se palpa como segregación simbólica de los pobres a la
“El escenario de nuestra capital, producto de las resonancias de la reforma de liberalización de los suelos, ha creado un mercado inmobiliario altamente desarrollado no sólo en los “barrios altos” más cotizados dentro de la ciudad, sino que el espacio de Santiago en general es explotado para el surgimiento de nuevos proyectos habitacionales. Esta situación, obstaculiza las aspiraciones de integración geográfica que los programas sociales desean, negando el lugar para la construcción de viviendas sociales en lugares con los equipamientos adecuados y con proximidad al resto de espacios que conforman la ciudad y su funcionamiento, lo que conlleva a la reproducción de la fragmentación urbana…” 143 .
En un contexto de retirada del Estado, de ruptura del lazo social, de crisis general del capitalismo,
de colonización del mundo de la vida, preguntamos… ¿cómo sigue produciendo solidaridad una
nación que ha perdido aquellos elementos a partir de los cuales podía pensarse como tal? ¿Es posible hoy seguir hablando de solidaridad?
Pues bien, veremos en el siguiente capítulo como en nuestro país sí se habla, y mucho, acerca de solidaridad, al punto de que es considerado un principio característico de los chilenos. ¿Cómo ocurre aquello? ¿Qué elementos confluyen para que en Chile, a pesar de la profunda irrigación que hizo el principio de capitalización individual en todas sus estructuras, se siga hablando de solidaridad?
A eso nos dedicamos en el segundo capítulo.
141 Márquez, Francisca. “Políticas sociales de vivienda en Chile: de la autoconstrucción tutelada a la privatización
segregada. 1967-1997”. Artículo disponible en www.identidades.cl. Pág. 2.
142 Panez, Alexander. “Los condenados de la ciudad. La Cuestión Urbana Contemporánea como categoría para
comprender las problemáticas en los asentamientos precarios en Rio de Janeiro (Brasil) y Santiago (Chile)”. Boletín
Electrónico Surá n°134. Septiembre 2007. Escuela de Trabajo Social - Universidad de Costa Rica www.ts.ucr.ac.cr. Págs.
143 Panez, Alexander. “Los condenados de la ciudad. La Cuestión Urbana Contemporánea como categoría para
“Vamos chilenos, no despertemos nunca de este sueño”. Publicidad Banco de Chile, campaña Teletón 2006.
“Un niño duerme sobre su costado derecho, con el brazo derecho estirado, la mano derecha colgando fuera de la cama. A través de un orificio enrejado, redondo, practicado en el lado de una caja, una voz habla suavemente:
‘…El Nilo es el río más largo de África y el segundo en longitud de todos los ríos del mundo. Aunque es un poco menos largo que el Mississippi ...’ A la mañana siguiente, alguien dice:
Tommy, ¿sabes cuál es el río más largo de África? -El chiquillo niega con la cabeza:
Pero, ¿no recuerdas algo que empieza: ‘El Nilo es el ’? ...
-‘El-Nilo-es-el-río-más-largo-de-África-y-el-segundo-en-longitud-de-todos-los-ríos-del-
mundo…’-las palabras brotan caudalosamente de sus labios- [ ] ... Bueno, entonces, ¿cuál es el río más largo de África?
- Los ojos aparecen vacíos de expresión. No lo sé.
- Pues el Nilo, Tommy. ¿Cuál es el río más largo del mundo, Tommy? No lo sé… solloza”.
Fragmento “Un Mundo Feliz” 144 .
Bernard Marx, protagonista de la novela aquí citada, advertía con vehemencia:
"Cien repeticiones tres noches por semana, durante cuatro años. ¡Sesenta y dos mil cuatrocientas
repeticiones crean una verdad!
Advertía sobre el silencioso proceso mediante el cual la repetición incesante de frases devienen en verdades imposibles de cuestionar; ese proceso será conocido con el nombre de hipnopedia.
¿Qué es la hipnopedia? Se trata de un método de enseñanza a través del sueño que se basa en el supuesto de que durante determinadas fases del sueño el cerebro y el tipo de ondas en ese momento activadas son particularmente sensibles a la recepción de estímulos auditivos. Así, podemos ver cómo se utiliza hoy para aprender idiomas donde la técnica indica que una persona que quiere aprender algún contenido en especial, se apreste a dormir escuchando la repetición de determinadas frases que después serían fácilmente evocables por su cerebro: se apela a la producción de conocimiento a través de la repetición de determinadas frases que quedarían almacenadas en el campo de saberes del cerebro de una persona cuando ésta permanece dormida.
No obstante que la técnica no ha sido reconocida como método eficaz de aprendizaje, es largamente recurrida en la novela citada, pues, en Un mundo feliz, los niños no nacían producto de relaciones sexuales entre las personas, sino que todos eran creados artificialmente en incubadoras por medio de control genético, perfectamente monitoreados por científicos expertos y eran divididos en 5 categorías posibles de seres humanos: alfas, betas, gamas, deltas y épsilones.
144 Huxley, Aldous. “Un mundo feliz”. Debolsillo. Buenos Aires, 2007.
145 Huxley, Aldous. “Un mundo feliz”. Debolsillo. Buenos Aires, 2007.
Aquellos niños eran sometidos desde temprana edad a rutinas en que debían escuchar la repetición constante y por extensas horas de una frase determinada, mediante las cuales se esperaba formar su campo de saberes, su desarrollo, sus gustos y verdades. Funcionaba así:
“Al extremo de la sala un altavoz sobresalía de la pared. El director se acercó al mismo y pulsó un interruptor.
visten de color verde –dijo una voz suave pero muy clara, empezando en mitad de
una frase–, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños
Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para poder leer o escribir. Además, visten de negro, que es un color asqueroso. Me alegro mucho de ser un Beta.
Se produjo una pausa; después la voz continuó:
Los niños Alfa visten de color gris… trabajan mucho más duramente que nosotros, porque son terriblemente inteligentes. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta, porque no trabajo tanto. Y, además, nosotros somos mucho mejores que los Gammas y los Deltas. Los Gammas son tontos. Todos visten de color verde, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para ...
– Todavía se los repetirán cuarenta o cincuenta veces antes de que despierten, y lo mismo en la sesión del jueves, y otra vez el sábado. Ciento veinte veces, tres veces por semana, durante treinta meses” 146 .
Lo anterior corresponde a la hipnopedia aplicada a los niños beta, la cual tiene por objeto que éstos se convenzan que no hay nada mejor en la vida que les haya podido ocurrir que ser como eran, ser betas.
¿Por qué recurrimos a este término? Porque consideramos que existe hoy en Chile un ejercicio
hipnopédico que trabaja un posicionamiento discursivo del término “solidaridad” por medio de
parlantes altisonantes que, al igual que en el extracto anterior, se encargan de repasar insistentemente la veracidad de determinadas sentencias, de diversa índole, por ejemplo, que
somos los campeones de la solidaridad.
Como si de Un Chile feliz se tratara, los altavoces que operan en nuestro país en torno a la producción de una idea de solidaridad no son ni grandes ni pequeños: son eficaces y crónicamente repetitivos; son portadores de discursos hegemónicos y es muy difícil, si es que no imposible, no escucharlos.
Si bien no representan todas las fuentes de las solidaridades que proclaman los chilenos, obviar la poderosa influencia de un discurso que se encarga de repetir incansablemente nuestro carácter solidario sería dejar intocada no tanto la producción de solidaridad propiamente tal, sino más bien las representaciones que a propósito de ella una sociedad se crea.
En el caso del mundo feliz, donde convivían todos los tipos de seres humanos desde los alfa a los épsilones, todos cumplían con diferentes roles en la sociedad. Así, los alfas eran los más desarrollados, más inteligentes, los que tenían una mejor vida, más acomodada… de ahí hasta los épsilones, quienes se encargaban de las tareas domésticas y trabajos pesados (indeseados).
146 Huxley, Aldous. “Un mundo feliz”. Debolsillo. Buenos Aires, 2007.
La particularidad radica en que en ese mundo feliz, todos vivían conformes con lo que tenían que hacer, producto justamente de la hipnopedia que se encargaba de recordarles que ser de la casta que eran (sea ésta alfa, beta, gama, delta o épsilon) fue lo mejor que les pudo haber pasado, aceptando su realidad y agradeciéndola de manera cotidiana: esos son los mensajes que la hipnopedia les hacía interiorizar mientras eran creados y criados en los grandes centros genéticos e incubadoras.
Por eso es un mundo feliz, pues, por ejemplo, los épsilones no tenían ningún problema en hacer trabajos domésticos, como limpiar vidrios de edificios: habían sido desde su gestación acostumbrados a estar en altura e invertidos, de manera tal que esa posición, que es justamente la que debían adoptar para poder hacer aquél trabajo, les resultara totalmente cómoda, incluso deseable. Y así con todas los roles que cada casta debía ejercer:
“Un hombre decantado como Alfa, condicionado como Alfa, se volvería loco si tuviera que hacer el trabajo de un semienano Epsilon; o se volvería loco o empezaría a destrozarlo todo. Los Alfas pueden ser socializados totalmente, pero sólo a condición de que se les confíe un trabajo propio de los Alfas. Sólo de un Epsilon puede esperarse que haga sacrificios Epsilon, por la sencilla razón de que para él no son sacrificios…
…se hallan en la línea de menor resistencia. Su condicionamiento ha tendido unos raíles por los cuales debe correr. No puede evitarlo; está condenado a ello de antemano. Aún después de su decantación permanece dentro de un frasco: un frasco invisible, de fijaciones infantiles y embrionarias” 147 .
¿Cuáles son hoy nuestros frascos de fijaciones infantiles, embrionarias e invisibles a propósito de nuestras ideas de solidaridad? ¿No está nuestra solidaridad condicionada por raíles por los cuales debe correr? ¿No hay nada que cuestionar? ¿A qué distancia nos encontramos de la línea de menor resistencia?
Es tanta la comodidad que nos brinda este convencimiento de lo solidarios que somos, que resulta poco común e incluso impopular aventurarnos en cuestionamientos al respecto.
Sostenemos que es aquí cuando operan mecanismos hipnopédicos de producción de verdades incuestionadas que nos llegan por alto parlantes y cual niños durmientes (que no despertamos nunca de este sueño) los escuchamos, naturalizamos y reproducimos. Veamos entonces, cómo, a propósito del posicionamiento de determinados discursos referidos a la solidaridad, opera una estrategia que consideramos se asimila poderosamente a la hipnopedia de aquél mundo feliz.
“¿Cómo se percibe el chileno frente a esa filigrana de la solidaridad que muestra tanto tejido firme como grandes vacíos? La categoría "chileno" es una categoría gruesa. No distingue la gran diversidad que hay entre los chilenos, sino que más bien resume una especie de promedio ideal, para oponerlo a otras categorías gruesas, como son los otros pueblos latinoamericanos o del mundo.
147 Huxley, Aldous. “Un mundo feliz”. Debolsillo. Buenos Aires, 2007. Pág. 147.
Las opiniones que tienen en cuenta esa categoría gruesa expresan una visión muy positiva del chileno, lo que hace sospechar de un importante contenido idealizado; casi podría decirse que constituyen un mito” 148 .
Así lo describía hace 20 años Cecilia Dockendorff, a través de un estudio de representaciones a propósito de la idea de solidaridad, en el cual se rescata una visión muy positiva del “chileno/a promedio ideal”. Algunas de las ideas fuerza acerca de la solidaridad aquí reseñadas:
Yo creo que los chilenos, todos los chilenos, somos solidarios… somos quijotes para nuestras cosas Los chilenos, en general, somos solidarios; y eso es lo bueno de la raza chilena. En Chile la solidaridad es bastante grande, porque en cualquier momento que hay una desgracia estamos bien unidos. Este es un país de problemas, y por eso salimos adelante, porque somos unidos  ¡para las catástrofes somos cosa seria! ¡si viene otra tragedia nos vamos a poner! 149
Dockendorff refiere a esta idea de solidaridad cultural como un cuasi–mito, no porque sea falsa, sino simplemente porque opera en las formas de pensar de chilenos y chilenas sin mayor discusión, una suerte de verdad y/o descubrimiento revelado hace ya algún tiempo atrás que se ha calado en nuestras formas culturales de ser: una sentencia con la que transversalmente la sociedad chilena estaría de acuerdo.
Febrero 27 y el Chile del Bicentenario es azotado por un violento terremoto y maremoto con graves consecuencias: 521 personas perdieron la vida, 56 desaparecieron, más de 800 mil damnificados, casi 200 mil viviendas quedaron derrumbadas o seriamente dañadas, al igual que más de 4 mil escuelas, 79 hospitales, 56 consultorios y más de 200 puentes 150 .
El cataclismo no sólo ha dejado una trágica estela de consecuencias como las antes descritas, sino que ha servido también para que aumenten los decibeles de los altavoces que no titubean en recordarnos y reafirmar nuestra impronta solidaria como característica natural e inherente del pueblo chileno.
El país completo acudió sobre la campaña comunicacional “Chile ayuda a Chile”, en cual participaron todos los actores más importantes de la vida pública, desde el deporte hasta periodistas, autoridades políticas, animadores televisivos y todos los canales de televisión. En esta campaña podemos escuchar y ver la reiteración de las mismas frases ya sea por televisión, en insertos página por medio en los periódicos, radios, afiches, etc.:
“Grande Chile. Campeones Mundiales de la Solidaridad”, “8,8 grados pudieron derrumbar edificios, puentes y caminos. Pero no la solidaridad de los chilenos”, La ‘terremotón’ unió al país…”, “La solidaridad está en el corazón de Chile”, “Somos grandes”.
148 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
149 Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad: la construcción social de un anhelo”. Unicef, FOSIS. 1993.
150 Piñera, Sebastián. Mensaje presidencial 21 de mayo, 2010. Disponible en www.gobiernodechile.cl
En este tipo de dolorosas instancias, somos testigos del aumento en la frecuencia del uso de la palabra “solidaridad”, a tal punto que chilenos y chilenas no tenemos muchas opciones de no–oir aquel discurso proferido y compartido por importantes e influyentes personajes a nivel nacional (comunicadores, presidentes entrantes y salientes, entre otros) que sentencia la emergencia de lo mejor de Chile: su solidaridad.
Con algunos matices, así también lo señalan diversas investigaciones.
En un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (2007), se establece lo siguiente:
puede apelar en nuestra sociedad para concitar y conseguir una determinada conducta, ya sea individual o colectiva, puntual o sostenida. Y a tal punto parece o intenta conformar parte de nuestros repertorios culturales, que en Chile existen un ‘mes de la solidaridad’ y un ‘mes de la patria’, que le sucede” 151 .
La idea de solidaridad y sus diferentes formas de expresión están fuertemente enraizadas en la cultura del país, a tal punto involucrada con nuestro ethos nacional que su vocablo es frecuentemente invocado en nuestros repertorios culturales.
Para el año 1998, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo lograba consignar, apoyado en una Encuesta FLACSO, una autopercepción en torno a la idea de sociedad chilena, es decir, ¿cómo nos vemos? Para los/as chilenos/as de mediados y fines de los ’90 la chilena era una sociedad como la describe el cuadro citado 152 .
Para el 83% de los encuestados, el Chile de aquellos años era un país solidario… lo interesante de
la Encuesta es que tratándose de la misma muestra emergen situaciones paradojales, pues un porcentaje similar (81%) está en desacuerdo con la idea de que somos una sociedad igualitaria,
mientras que un 70% sigue estando en desacuerdo con la idea de un país que se concibe a sí
mismo como uno “justo”.
151 Brugnoli, José Antonio; Tomicic, Alemka; Avendaño, Dockendorff, Cecilia. “Solidaridad como problema” REVISTA
MAD, (2):151-183, 2007.
152 Encuesta FLACSO, 1995. Citada en Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. PNUD. “Informe de Desarrollo
Humano: las paradojas de la modernización”. 1998. Pág. 52.
¿En qué estamos hoy? ¿Cómo se ve este Chile de los 200 años? Como vimos al principio, para los investigadores de la U. de Chile, nuestra cultura sigue estando fuertemente relacionada con la idea de solidaridad; además, en diferentes y recientes estudios, las cifras del imaginario en torno a la solidaridad no presentan cambios sustantivos.
En noviembre del año 2007, una encuesta realizada por la empresa ICCOM mostró que el 87% de los encuestados se consideró a sí mismo como una persona solidaria, mientras que el 69% del mismo universo de encuestados declaró considerar que los chilenos somos solidarios 153 .
Sólo un año antes (2006), la fundación Trascender, en conjunto con Collect GFK, realizó un Estudio Nacional de Voluntariado en el cual reflejó también que el 57% de los encuestados apunta a que la solidaridad es un rasgo característico de los chilenos 154 .
Entre fines del 2006 y principios del 2007, el Centro de Investigación Social de Un Techo para Chile (CIS–UTPCH), realiza el estudio “Participación Social y Voluntariado en la Educación Superior Chilena”. En este caso, el universo no es nacional, sino que restringido a estudiantes de
Universidades y Centros de Formación Técnica pertenecientes a las 3 regiones más importantes del país, en términos de densidad poblacional (RM, Región de Valparaíso y Región del Bío–Bío): el
65% que dijo estar “Muy de acuerdo” y “De acuerdo” con la frase: “la solidaridad es un rasgo
distintivo de los chilenos” 155
Todos estos estudios tienen como único fin respaldar lo que aquí nos interesa mostrar: existe hoy, como hace veinte y más años atrás, una autopercepción que indica que para un porcentaje siempre alto de chilenas y chilenos, la nuestra es una sociedad solidaria.
¿A qué se deberá que chilenos y chilenas estemos tan vigorosamente convencidos de nuestra
solidaridad, de lo “quijotes” que somos para nuestras cosas?¿Es la solidaridad algo que llevamos en los “genes” o, más complejo aún, sería parte de una suerte de “alma nacional”?
153 ICCOM Investigación de Mercados. “Estudios de Solidaridad y Discapacidad” (2007) www.iccom.cl
154 Fundación Trascender ¿Es Chile un país de voluntarios?, 2006.
155 CIS-UTPCH. “Participación social y voluntariado en la educación superior chilena. Informe de resultados”. Santiago de
Si nos siguiéramos por las encuestas, Chile sería entonces un país arrasadoramente solidario o, al menos, sería un país convencido de aquello. No obstante, consideramos que una cosa es producir solidaridad y otra es la reproducción irreflexiva de aquellos mecanismos que nos permiten alentar aquel convencimiento.
Acá es donde opera la hipnopedia en todo su fulgor, la que con su luminoso esplendor nos encandila la mirada: es una solidaridad al parecer tan poderosa que nos llega incluso a dejar ciegos por el impacto que nos produce en la vista tanta solidaridad hecha luz.
¿A través de qué mecanismos opera la hipnopedia? Pueden ser varios, pero nos detendremos en una de las mejores formas de ilustrar la forma en que opera este encandilamiento solidario, adentrándonos en aquello que constituye un verdadero paradigma de la producción de la solidaridad y de su reproducción como concepto y principio en la cultura chilena: la campaña de la Teletón.
Lo anterior lo podemos ver reflejado en diferentes instancias, sobre todo en aquellas en que el país atraviesa por una situación de emergencia y, en los últimos 30 años, en la celebración del acto solidario por antonomasia de la sociedad chilena: la campaña de la Teletón.
la Teletón es uno de los mejores rostros de Chile, muestra lo
mejor de nosotros, lo que Chile siempre debiera ser: un país
solidario, un país unido, un país que trabaja junto…”.
Michelle Bachellet 156
El alma nacional solidaria
se trata sólo de llegar a la meta, sino de mantener,
de hacer que no fracase esa unidad nacional, el alma
nacional, ese espíritu que se superpone a todas nuestras
es el espíritu el que está en juego, el alma
nacional solidaria que se revitaliza con cada Teletón ...
Don Francisco 157 .
156 Bachellet, Michelle. Teletón 2006. 1 de Diciembre, 2006. En: www.presidencia.cl
157 Kreutzberger, Mario. “Don Francisco”: Discurso Inaugural Teletón 2006. 1º de Diciembre, 2006.
Hemos acudido a quienes son dos personajes de gran influencia a nivel nacional, la ex–presidenta Bachellet 158 y el animador de TV más respetado del medio, para mostrar algunas de las frases que profieren de manera incesante los parlantes de la hipnopedia nacional.
La Teletón, que cumplió ya 30 años junto a Chile, que se apresta a conocer ya a su cuarta generación, que tiene incluso más edad que millones de chilenos/as, es hoy en día una de las instituciones más reputadas en la sociedad chilena, posee una gran evaluación y credibilidad por parte de la ciudadanía, al punto que, según la encuesta antes citada (ICCOM, 2007), cuatro de cada cinco chilenos/as participa aportando dinero para la Teletón, al mismo tiempo que el 85% la califica con notas sobresalientes de 6 a 7 (con un promedio de 6,5 –escala de 1 a 7).
Sin ánimo de hacer la tesis sobre la Teletón, ella constituye el mejor ejemplo de lo que aquí queremos plantear, pues la forma en que está pensada y es desplegada la campaña, considerando los discursos y la idea de solidaridad que comporta, podemos ver operando con nitidez las características de lo que acá llamamos corresponde a un ejercicio hipnopédico, es decir, la presencia de altavoces prendidos profiriendo un discurso hegemónico y a gran volumen.
Antes, es precisa una distinción, pues existe –de un lado– la Fundación Teletón, organización que tiene a su cargo la realización la campaña de recaudación de fondos, los cuales van a dar al Instituto Teletón, entidad que atiende con cientos de profesionales y costosas infraestructuras a niños y niñas a lo largo de todo el país que sufren algún tipo de discapacidad. El análisis que aquí desarrollaremos referirá exclusivamente a la campaña de la Fundación, no del Instituto.
La campaña consiste en que diversas marcas comerciales hacen de auspiciadoras de la Teletón haciendo entrega de lo recaudado por la venta de sus productos (el porcentaje nunca se ha sabido) durante la campaña el día del evento final, que son 27 horas ininterrumpidas de (i) historias conmovedoras de niños que sufren algún tipo de discapacidad (se elige a uno como símbolo inclusive), mediante las cuales los telespectadores puedan sentirse persuadidos de hacer algún tipo de aporte en dinero, intercaladas con (ii) diferentes “shows” que sirven para que los potenciales donantes se mantengan entretenidos.
Estamos hablando de una campaña que involucra a la gran mayoría de los personajes de la televisión, los más queridos y admirados por la gente (alto rating), destacados deportistas nacionales, artistas famosos, miembros de la farándula, comunicadores radiales y televisivos, miembros de diferentes partidos políticos y del poder ejecutivo, etc. Ha sido incluso vista como una suerte de tregua entre personajes que durante el año están siempre en disputa, ya sea porque son competencias en diferentes canales de televisión, rostros del espectáculo que se pelean públicamente durante el año, políticos de una tienda u otra, etc., todos unidos, sin importar diferencias, una vez al año y por una sola causa: la Teletón.
Se trata de un evento con tal respaldo mediático y apoyo ciudadano que puede ser comparado sólo con ciertos hitos deportivos en que todo el país apoya fervientemente y está pendiente de, por ejemplo, un duelo de La Roja (selección chilena de futbol). De ahí que los slogans de las campañas aludan justamente al carácter nacional de la misma: Es tarea de todos (1988), Nadie puede faltar (1990), El compromiso de Chile (1994), Nuestra gran obra (1995), Un desafío para los chilenos (2000), Chile, un solo corazón (2010).
158 En diciembre de 2009, la presidenta Bachelet contaba con un 81% de aprobación ciudadana, record histórico.
Adimark / GFK. “Encuesta: Evaluación Gestión del Gobierno. Informe mensual Diciembre 2009”. Pág. 7.
En este contexto es que resulta altamente impopular levantar alguna voz disidente frente a la campaña; no hablamos de ponerse abiertamente en contra, cuestionar y/o deslegitimar, sino simplemente de inquirir preguntar por temas al parecer poco amigables de ser conversados. En el transcurso de los últimos años varios lo han hecho y han causado más de una controversia que nos sirven aquí para ilustrar la primera característica del operar de la hipnopedia: el carácter hegemónico e incuestionable de un discurso creado en torno a la idea de solidaridad.
Una de esas voces disidentes de la campaña se registró en el año 2006, cuando el alcalde de la comuna de Las Condes –Francisco de la Maza– propuso un sistema alternativo de recaudación de ingresos que incluyera el cobro a las empresas por la utilización del espacio público con el valor de mercado que le cobra la municipalidad a todas las empresas que requieran arrendar metros cuadrados para publicidad y todo lo recaudado (más de 800 millones) sería donado directa y
establemente a la
Ampliamente cubierto por medios de comunicación, acaparando incluso portadas de diarios, la discusión adquirió ribetes personales entre el edil y el rostro principal de la campaña, Don Francisco
Si el alcalde tuvo o no otro tipo de motivaciones (aprovechamiento o figuración política, por ejemplo) para lanzar tal propuesta, no constituirá al menos en esta tesis un motivo de discusión, pues el foco es otro: ¿Cuál fue la respuesta de la Teletón, encarnada en su máximo representante, el “popular animador” Don Francisco? 159
La propuesta del alcalde aseguraba de manera directa y estable recursos siempre escasos para un
Instituto que atiende a gran cantidad de usuarios y, no obstante, no logró ser si siquiera objeto de
discusión sino que, simplemente, fue desechada por ser “disociadora” con una idea de solidaridad
nacional al parecer ya fijada, cultivada y reproducida durante tres décadas que indica una y excluye otras formas de hacer las cosas.
Basta convocar una idea–frase ya aprendida (somos solidarios, la Teletón es solidaria) para rechazar el ingreso de 1,5 millones de dólares anuales y que eso, además, tenga un amplio respaldo no sólo de todos los rostros de la TV que se cuadraron con el animador, sino que también de una ciudadanía que, de igual forma, como todos los (últimos 30) años, acudió al banco a cooperar con una campaña de recaudación de dinero que, sin mayor explicación, rechazó millones y millones, en aras de una idea nacional de solidaridad que no puede ser disociada.
Una campaña de recaudación de fondos rechazando fondos.
¿Por qué el rechazo? Lo que operó fue el poder de 30 años de una manera de hacer solidaridad que involucra medularmente la participación de empresas en la campaña, la exención para éstas de pagar los impuestos que corresponden por la utilización de espacios públicos y, sobre todo, el poder simbólico de un personaje que ha sido sindicado incluso como el nuevo Padre Hurtado 160 , una suerte de hombre–solidaridad que se pasea por todo Chile arriba de carros alegóricos con artistas y animadores, convocando por todos los medios posibles a chilenas y chilenos a la producción de una forma de hacer solidaridad.
Es éste último justamente otro rasgo de la estrategia hipnopédica acá utilizada: es prácticamente imposible no escuchar el mensaje hegemónico que llega eficazmente a toda la población, no una, ni dos, sino que miles de veces y en cientos de diferentes formas, colores y extensiones, todos los días, por casi dos meses al año, año tras año, durante 30 años.
Las repeticiones van creando una verdad, decía Bernard Marx.
159 Las imágenes de esta página corresponden al diario La Tercera, en su edición del martes 31 de Octubre del año 2006.
Disponible en: www.latercera.cl
160 Si bien es sólo un comentario, pues proviene de un comentarista de farándula (opinólogo) sería un despropósito
desconocer la influencia justamente de este tipo de personajes en la creación de opinión a nivel nacional. Nos referimos
al artículo “Don Francisco: el nuevo Padre Hurtado”, publicado por un personaje que se hace llamar “Larry Moe” en uno
de los diarios de circulación nacional más grande y más leídos del país. Las Últimas Noticias. 2 de diciembre, 2006.
Disponible en www.lun.cl
Son 45 días de campaña que decantan en el gran evento, con invitados de honor, comenzando con la primera autoridad y gran parte de su gabinete, senadores, diputados, jefes de las fuerzas armadas, etc. constituyéndose incluso en una suerte de Tedeum apenas menos poblado, en que en vez del cardenal, el anfitrión es Don Francisco, la Catedral de la Plaza de Armas se traslada al Teatro Teletón 161 y es transmitido por todos los canales de señal abierta, cual evento nacional. Imposible no verlo, imposible no escucharlo.
Tal como lo expresó su ideólogo, la Teletón representa un “sentimiento de solidaridad nacional” que recorre a todos los chilenos, de pie a cabeza, desde la Concordia hasta el Drake 162 : la campaña al menos se encarga de que así sea; la posibilidad de no oír su mensaje son similares a las que tenían los “niños beta” de no oír, mientras permanecían dormidos en sus incubadoras, los mensajes acerca de que lo mejor que les pudo haber pasado en la vida era ser niños beta.
Ahora bien, en virtud de lo anterior es grande la tentación de preguntarnos si, en definitiva ¿somos o no solidarios?
Formulamos así esta pregunta sólo para recordar que es una mala forma de hacerlo, pues no se trata de responder si o no, en una solución dicotómica que no contiene los elementos suficientes para dibujar el fenómeno con sus matices. Lo que sí podemos afirmar es que la chilena es una
161 Ubicado en la calle bautizada con el nombre de Mario Kreutzberger, en honor al popular animador.
162 Don Francisco, Teletón 2007.
sociedad que se convoca solidaria y que campañas devenidas en verdaderas instituciones culturales, como la Teletón, contribuyen a tal convencimiento.
Tampoco se trata de decir que, debido a la forma en que chilenos y chilenas se ven expuestos a altavoces de múltiples repeticiones hegemónicas y omnipresentes, descartamos entonces la posibilidad de que seamos una sociedad solidaria. Más que una pregunta por si somos o no somos, lo que si podemos identificar con mucha fuerza es la existencia al parecer ampliamente respaldada de un sentimiento nacional de solidaridad, los estudios, encuestas y frases hipnopédicas así lo reflejan.
La pregunta que nos hacemos siempre es otra ¿De qué tipo de solidaridad se trata?
Es importante saber de qué solidaridad estamos hablando, ya que se alude a ella como inspiradora del extraordinario aumento de iniciativas sociales, programas e instituciones de la sociedad civil y número de voluntarios que acuden hoy, mucho más que ayer, sobre diferentes ámbitos de la
intervención social con el objetivo de ser un aporte, “ayudar en algo”.
“…nuevas perspectivas en materia de políticas sociales atribuyen hoy en día a las organizaciones
sociales del Tercer Sector un rol creciente (…) desde hace algunas décadas las organizaciones
privadas sin fines de lucro y con fines públicos, han cobrado en nuestro en nuestro país un
protagonismo progresivo…”
Marcela Jiménez de la Jara 163
“(…) mientras que en el año 1990 un 29,6% de la población mayor de 18 años entrevistada
declaraba hacer trabajo no remunerado en alguna de las organizaciones o actividades de
voluntariado, en el año 2000 este porcentaje aumentó a 42,6%”.
Sebastián Zulueta 164
“Dedicación al voluntariado: Un 85% participa por lo menos una vez al mes”
Fundación Trascender 165
En las últimas décadas, nuestro país ha podido ser testigo de un apabullante crecimiento de aquel sector que, sin ser Estado ni Mercado, sino que siendo parte de la sociedad civil acude hoy sobre temáticas de interés público. La pobreza, la exclusión, niños con vulnerabilidad social, cuidado de ancianos, indigentes, madres solteras, personas con discapacidad, jóvenes con consumo problemático de sustancias, niños con desnutrición, campamentos, personas en situación de calle, entre muchas otras posibilidades, constituyen hoy un lugar donde ya no interviene de manera exclusiva el Estado, pues el explosivo arribo de cientos de instituciones privadas en esta tarea ha llegado con inusitada fuerza y, por supuesto, en nombre de la solidaridad.
Este sector, que es nombrado residualmente como el “tercero” (donde el Mercado es el primero, el Estado el segundo), también lo podemos conocer como el Sector Sin Fines de Lucro (SSFL) de la
163 Jiménez de la Jara, Marcela. “El Tercer Sector en Chile: una realidad emergente”. Revista de Trabajo Social Nº 71,
2003. Págs. 123-140.
164 Zulueta, Sebastián. “La evolución del Voluntariado en Chile entre los años 1990 y 2002”. Tesis para optar al grado de
Magíster en Sociología, UC. Santiago, 2003.
165 Fundación Trascender ¿Es Chile un país de voluntarios?, 2006.
sociedad y dentro de sus contornos vemos emerger la acción que en la gran mayoría de los casos, como veremos, se piensa como una traducción de solidaridad, esta vez operacionalizada.
Para dimensionar su crecimiento, podemos acudir al Estudio Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro–Chile (2004) de la Universidad John Hopkins 166 , el cual nos ayuda a darle forma por medio de cifras concretas a este sector, ver su magnitud, alcances y límites. En este sentido, podemos apuntar:
• El sector sin fines de lucro (SSFL) es un importante actor en la economía chilena
De acuerdo a las estimaciones realizadas, el sector no lucrativo chileno emplea en forma
remunerada y voluntaria sobre las 303 mil personas en Jornada Completa Equivalente (JCE). Si sólo
se considera el empleo remunerado, éste representa al 2,6% de la población económicamente
activa. En otras palabras, la sociedad civil chilena emplea a más de tres veces el personal del sector
minero (1,3%) o a dos tercios del empleo de la construcción (8,1%). También se puede expresar el
tamaño relativo del sector en términos de gastos, donde las instituciones sin fines de lucro
representan un 1,5% del PIB. (Aproximadamente 3.650 millones de dólares; 2.005.113 millones de
pesos) 167 .
• El mayor sector sin fines de lucro de Latinoamérica
Al expresar el tamaño del sector no lucrativo en Chile, considerando el empleo total con respecto a
la población económicamente activa, se obtiene que el tamaño relativo del sector es más que el
doble que el tamaño observado en Brasil y Colombia.
Si el tamaño del sector sin fines de lucro se mide sólo atendiendo el empleo remunerado, Chile
aparece inmediatamente después de Argentina en cuanto a tamaño relativo en el contexto
Latinoamericano, pero con una distancia considerable respecto de otros países del continente
contemplados en el estudio, como son Perú, Colombia, Brasil y México.
• Chile, país de voluntarios
Un 7% de la pobla

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 resolución 
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