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Timestamp: 2019-06-16 07:00:30+00:00

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Historia - Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia
Por Juan José Amézquita Piar
El 23 de noviembre de 1951 nació el Instituto Nacional de Contadores Públicos. Firmaron el Acta de Constitución 200 Contadores, posiblemente los de más renombre que por entonces desempeñaban funciones de contabilidad en el país. Entre éstos, creo que no alcanzaban a figurar seis mujeres. Es que la nuestra era una actividad masculina. La entidad tomó como guía para su organización a los institutos americano y mexicano de Contadores Públicos. Con anterioridad y posterioridad a este importante hecho; ocurrieron sucesos en el país que despertaron el interés de los legisladores por darle trascendencia a la Contabilidad. Enumeremos los más destacados de este siglo:
1- La Ley 51 de 1918 sobre establecimiento de Sociedades de Crédito, se refirió a los inspectores y subinspectores del gobierno como integrantes de la Sección de Inspección de Circulación. A ellos les correspondía “ejecutar la vigilancia e inspección de los bancos y de las demás sociedades de crédito”, mediante la práctica de visitas, por lo menos dos veces al mes, a los bancos e instituciones. Los resultados debían publicarse en el Periódico Oficial.
2- La Ley 25 de 1923 relativa al Banco de la República legisló sobre los Auditores del mismo, facultándolos para asesorar a la Superintendencia Bancaria en la revisión de los bancos comerciales.
3- La Ley 42 de 1923 asignó a los auditores de la Contraloría atribuciones como la siguiente: “examinar e inspeccionar las oficinas de toda persona encargada del manejo de caudales o bienes del gobierno nacional, en la zona que le corresponda”.
4- La Ley 45 de 1923 en su artículo 30 dispuso: “El Superintendente deberá visitar y examinar, personalmente o por medio de sus delegados o inspectores, por lo menos dos veces cada año y sin previo aviso, al Banco de la República, a todos los bancos comerciales nacionales o extranjeros, hipotecarios y a cualquier otro establecimiento bancario sujeto a las disposiciones de esta ley”.
5- La Ley 58 de 1931, que le dio vida a la Superintendencia de Sociedades Anónimas, no creó la Revisoría Fiscal, pues de hecho era una realidad en las sociedades comerciales, Pero en sus artículos 26, 40 y 41 se refirió directamente a las incompatibilidades y responsabilidades del Revisor Fiscal. Esta norma en su artículo 46 autorizó a la Superintendencia de Sociedades Anónimas, para establecer la institución de los Contadores Juramentados y fijarles funciones.
6- La Ley 73 de 1935 en su artículo sexto expresamente se ocupó del Revisor Fiscal: “Toda sociedad anónima tendrá necesariamente un Revisor Fiscal, con las siguientes funciones…”.
7- El 24 de junio de 1941, la superintendencia de Sociedades aprobó la Resolución No. 531, mediante la cual estableció la institución de los Contadores Juramentados. Esta se convirtió en el Decreto 1351 de 1941, que reglamentó en forma específica las condiciones para ser Contador Juramentado.
8- En 1945, el entonces rector de la Escuela Nacional de Comercio de Bogotá, el doctor Jorge Cárdenas Nannetti, creó en esta benemérita institución los estudios universitarios de Contaduría y abrió la carrera, a la cual se ingresaba, previo el lleno de formalidades especiales, para cursarla en tres años. Al cabo de éstos debía presentar una tesis de grado para optar al título de Contador Juramentado.
9- El Congreso Nacional, consciente de la importancia de lo realizado por el doctor Cárdenas Nannetti, expidió la Ley 143 de 1948, sobre Educación Técnica, que en su artículo 2º indica: “La enseñanza técnica se impartirá de acuerdo con los planes y programas…, en las facultades técnicas destinadas a la formación de Ingenieros Técnicos y Contadores Públicos u otras especialidades de Comercio Superior”.
10- El Decreto 2521 de 1950, que reglamentó el funcionamiento de las Sociedades Anónimas, se ocupó expresamente del Revisor Fiscal, su nombramiento, funciones, informes y responsabilidades. Este estatuto puede considerarse la base de las modernas Sociedades Anónimas y de la Revisoría Fiscal.
11- Mediante el Decreto 686 de 1952 se reglamentó la Ley 143 de 1948 y se determinó el pensum de estudios para cursar la carrera de Contador Juramentado.
12- Una de las preocupaciones del INCP desde su fundación fue obtener la reglamentación del ejercicio profesional del Contador. La obtuvo mediante la expedición del Decreto 2373 de 1956. Fue un documento trascendental para nuestra actividad, bien plasmado, filosófica y conceptualmente, mejor que la Ley 143 de 1990.
13- El Decreto 2373 de 1956 lo expidió, bajo facultades especiales de Estado de Sitio, el presidente Gustavo Rojas Pinilla. Al desaparecer tal situación en el país, el Congreso debía definir las normas que hacían tránsito y las que quedaban derogadas. De esta manera surgió la Ley 145 de 1960, que recogió y modificó la legislación de 1956.
14- Luego, ocurrieron varias cosas en el quehacer de nuestra profesión, se abrieron muchas facultades de Contaduría y asimismo asociaciones de profesionales. El INCP era blanco de todos los improperios y poco a poco fue debilitando su fe. Se preocupó entonces por las Conferencias Interamericanas de Contabilidad y organizó la IX en 1970.
15- Por medio del Decreto 410 de 1971 fue dictado el Código de Comercio que nos rige. Los artículos 203 a 217 del Estatuto Mercantil se ocupan del Revisor Fiscal. El 215 estableció que las personas jurídicas pueden desempañar dicho cargo.
16- A finales de 1971, como consecuencia del nuevo Código de Comercio, el Instituto realizó los congresos de Revisores Fiscales y celebró el primero, orientó los tres siguientes.
17- La XIII Conferencia Interamericana de Contabilidad, celebrada en Panamá, en septiembre de 1979, otorgó el título de Contador Benemérito de las Américas a nuestro colega Arcelio U. Blanco Martínez. Es el único Contador Público colombiano que ha recibido tan importante distinción.
18- El Instituto se ha preocupado por su imagen internacional y por eso ha sido celoso de sus vínculos con la Asociación Interamericana de Contabilidad. En este afán y por recomendación de uno de los miembros de la Asociación Interamericana de Contabilidad, se crearon los Seminarios Regionales Interamericanos de Contabilidad, el primero de los cuales, en homenaje a Colombia, se realizó en Bogotá, en junio de 1981 y el XV en Cali, en mayo de 1989, con motivo de los 40 años de la Conferencia Interamericana de Contabilidad.
19- En 1979 fue dictada la Ley 32, mediante la cual se creó la Comisión Nacional de Valores. Esta norma se interesó en sancionar a los Contadores Públicos por expedir certificaciones para la Comisión, con datos no tomados de los libros de Contabilidad.
20- El país experimentó la denominada crisis financiera de 1982. El Decreto 2920 de este año se refirió al “orden público económico” y a la responsabilidad que en el mismo le incumbe al Contador Público en sus efectos de protector de terceros, moralizador de la comunidad y vigilante del Estado.
21- Los hechos recientes tienen relación con el Decreto 2160 de 1986, el Decreto 1798 de 1990 y la Ley 43 de 1990, con las cuales se eleva el nivel profesional y se amplían los campos de acción del Contador Público.
22- El 6 de julio de 1991 fue expedida la nueva Constitución Política de la República de Colombia.
El artículo 354 dispone que “habrá un Contador General, funcionario de la rama ejecutiva, quien llevará la contabilidad general de la nación y consolidará ésta con las de sus entidades descentralizadas”.
El parágrafo del artículo 354 señala que “seis meses después de concluido el año fiscal, el gobierno nacional enviará al Congreso el balance de la hacienda, auditado por la Contraloría General de la República, para su conocimiento y análisis”.
El artículo 274 puntualiza que “la vigilancia de la gestión fiscal de la Contraloría General de la República, se ejercerá por un Auditor elegido para períodos de dos años por el Consejo de Estado, de terna enviada por la Corte Suprema de Justicia”.
Además los artículos 267, 268, 269 y el 372 de la Carta, conceden especial importancia a la Auditoría.
23- Mas lo afirmado antes, no se predica únicamente de Colombia. Estamos ante una profesión universalmente joven. La corona británica dio reconocimiento a los Contadores Públicos en el año 1854, hace 146 años. En Estados Unidos, el antecedente más antiguo fue en el año 1896, con los CPAS de la ciudad de Nueva York. Pensilvania los reconoció en 1899 y Maryland en 1900.
Sólo que desde entonces, ellos tenían claridad de lo que debe entenderse por Contadurías Pública y Privada, precisaron el ámbito de cada una y desde el primer momento arrancaron con el pie derecho y con una definida “carta de navegación para la Contaduría Pública”.
24- Pero como si no fuera suficiente con lo que tenían y con la claridad mental y ética de lo que es la conciencia pública, en el año 1963 el AICPA realizó un brillante estudio encaminado a dar mayores precisiones sobre el ejercicio independiente de la profesión, su formación, campos de ejercicio, sitio en la comunidad y, en resumen, los horizontes que tiene y debe tener la Contaduría Pública.
¿Qué es el Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia?
El INCP considera que para alcanzar sus propósitos deben respetarse la libertad de empresa, el derecho de asociación, la iniciativa privada y la primacía de las normas éticas profesionales y del bien común, sobre los intereses particulares, así como someter todas sus actividades a aquellas normas del derecho y de la ética, que conduzcan a la solución justa de los problemas de sus miembros y de la sociedad.
Breve historia, formación y desarrollo del INCP
Fueron varios los intentos para crear en el país una asociación de contadores, una institución que al congregarlos sirviera de entidad representativa de sus intereses y a la vez reguladora de sus funciones.
Esto quiere decir que de mucho tiempo atrás se estaba dando al Contador una importancia única como orientador técnico de la vida financiera y económica de las empresas. A medida que las necesidades contables fueron estructurando bases técnicas para la elaboración e interpretación de los estados financieros, las empresas fueron comprendiendo la importancia de someter el registro de sus operaciones a sistemas de general aceptación. De ahí que el Contador se haya visto colocado intempestivamente en una posición clave dentro de la vida económica de las sociedades, sin que las leyes y organismos reguladores de sus labores, hubieran avanzado al mismo ritmo de su progreso.
El primer paso hacia la creación de una Asociación de Contadores Colombiana se dio en 1923. En el año siguiente se fundó en la capital, la Sociedad de Contadores de Bogotá. En 1938 se creó en Cartagena la Asociación Colombiana de Contadores, la cual tuvo vida durante tres años y dejó sentadas firmes bases para una futura agremiación, que más tarde utilizó el INCP.
A fines de 1951, un grupo de estudiantes de la Facultad Nacional de Contaduría y Ciencias Económicas, promovió un movimiento universitario con el ánimo de construir un organismo nacional de Contadores Públicos. Tan brillante iniciativa fue acogida unánimemente por destacados Contadores Prácticos y Juramentados, algunos de los cuales habían pertenecido a la asociación fundada en Cartagena y con su debido respaldo se procedió de inmediato a trazar los programas de la entidad propuesta. El 13 de noviembre de 1951 tuvo lugar, en el aula máxima de dicha facultad la primera reunión, a la cual asistió un crecido número de Contadores de la capital y promulgó en firme los lineamientos generales de la institución.
Entre los más entusiastas propulsores de este movimiento figuran los siguientes Contadores: Juan José Amézquita, Carlos Barbosa Roca, Leopoldo Carriazo Paz, Pedro Julio Cortés, David Cortissoz N., Héctor del Río y Régulo Millán Puentes, en representación del estudiantado; Faustino Garzón R., José Ulises Martínez, Jorge Rodríguez Pérez y Aristófanes Soto Cruz, en representación de los exalumnos; Harry Arbouin Jiménez, Luis A. Boada, Santiago Caro, Alberto Carrillo Leisser, Alfred C. Clarke, John S. C. Goold, José Vicente Guerrero, Felipe S. Morales, Fermín Paba Paba, Andrés Perea Gallega, Rafael A. Ricardo y Alberto Ricaurte Montoya, en representación de los profesionales.
En febrero 19 de 1952, la primera junta directiva provisional elegida por esa asamblea, inició oficialmente sus labores bajo la razón social de Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia.
Esta directiva se encargó de la elaboración de los estatutos de la corporación, instrumento jurídico sobre el cual se ha estructurado desde entonces.
Por Resolución No. 35 del 17 de abril de 1952, el Ministerio de Justicia le reconoció al INCP su Personería Jurídica. Tan rápido éxito culminó en su primera etapa con la Primera Asamblea General, celebrada el 28 de agosto del mismo año en la aula máxima de la Facultad Nacional de Contaduría y Ciencias Económicas.
La segunda asamblea general se efectuó el 29 de agosto del año 1953, en la Sala de Conferencias de la Biblioteca Nacional y la tercera allí mismo el 27 de agosto de 1954. A estas asambleas han concurrido más de las dos terceras partes de los miembros de la institución.
Tales hechos y la manera como está organizado el INCP, permiten afirmar categóricamente que nuestra institución tiene asegurada su definitiva estabilidad en el panorama profesional del país, como entidad representativa y de solvencia moral y económica. Cada día se entienden más sus vinculaciones y son más efectivas y amplias sus labores.
El 19 de febrero de 1952, el INCP abrió sus primeras oficinas en el edificio del Banco de Colombia, 8º piso. Su primera junta directiva estuvo conformada por: presidente honorario, Carlos Villaveces R., presidente titular, Santiago Caro; primer vicepresidente, el rector de la Facultad de Contaduría y Ciencias Económicas, doctor Alberto Constain Chávez; segundo vicepresidente, José Ulises Martínez; revisor fiscal, Luis A. Boada, y secretario general, Régulo Millán Puentes. Los miembros del consejo de Administración se dividían en: principales, Gonzalo Córdoba, Leopoldo Lascarro, Filiberto Godoy Ch., Alberto Carrillo Laisser, Rafael A. Ricardo, Fermín Paba Paba y Samuel Cepeda. Suplentes, Faustino Garzón R., José Gabino Pinzón, Aristófanes Soto Cruz, Jaime García García, Carlos Cormane, Humberto Quintero S., Harry Arbouin. Tesorero: Felipe S. Morales. Contralor: Hernán González Fernández.
Tuvo lugar en el aula máxima de la Escuela Nacional de Comercio, el 28 de agosto de 1952, a ella asistieron 200 miembros del Instituto. Se ratificaron los miembros de la directiva provisional que venía dirigiendo el instituto, los asistentes fueron luego al Hotel Granada, donde se llevó a cabo el Primer Banquete de los Contadores Públicos.
Labores del Instituto
1- De conformidad con sus objetivos, las primeras gestiones del Instituto se encaminaron a sentar las bases de su organización interna, designar comités y organismos asesores del consejo de administración, y a crear las juntas delegadas de la administración en Barranquilla, Cali y Medellín.
2- La primera gestión pública del Instituto se dirigió a obtener del gobierno nacional la reglamentación de la profesión contable. Para tal fin, en septiembre de 1952 se nombró una comisión encargada de preparar el respectivo proyecto de Decreto-Ley, la cual encomendó la redacción del articulado al doctor Antonio Rocha. Previo estudio y aprobación del consejo de administración, con fecha 16 de julio de 1953, el proyecto del doctor Rocha fue presentado al gobierno nacional, acompañado de la correspondiente exposición de motivos, redactada y suscrita por Santiago Caro, entonces presidente del Instituto. A fines de 1954, el proyecto fue firmado por el Ministro de Educación.
3- Era de imprescindible necesidad para la corporación contar con su propio órgano de publicidad, fue aprobada la creación de la revista “El Contador Público”, cuya primera entrega apareció en junio de 1954, cumpliendo en forma regular su publicación bimestral y los objetivos que determinaron su existencia.
“El Contador Público” era la primera y única revista de temas contables que se editaba en el país. Su circulación cubría las principales ciudades de Colombia, del continente americano y de Europa. Se distribuía a las empresas nacionales más importantes, a gerentes, contadores, auditores, revisores fiscales, industriales, comerciantes y altos funcionarios oficiales y del cuerpo diplomático.
Con el fin exclusivo de informar a los socios sobre los asuntos internos de la corporación, en febrero de 1952 se publicó un boletín informativo, que se editaba cada dos meses.
4- El Instituto, cumpliendo una de sus más altas finalidades, obtuvo para los Contadores Públicos Titulados, la creación de la Facultad Nacional de Contaduría y Ciencias Económicas, de un curso de especialización de “Aduanas e Impuestos sobre la renta”, el cual se inició en marzo de 1954.
5- En noviembre de 1952, el presidente de la Tercera Conferencia Interamericana de Contabilidad, profesor José da Costa Boucinhas, visitó el país para formular su invitación oficial al Instituto para asistir a dicha conferencia, asistencia que fue autorizada oficialmente por el Ministerio de Relaciones Exteriores, el 29 de enero de 1953.
El 8 de noviembre de 1952 salió hacia Sao Paulo, Brasil, la delegación Colombiana, integrada por 9 miembros del INCP. La conferencia se celebró entre los días 14 y 21 de dicho mes. Fue uno de sus vicepresidentes el presidente de nuestra delegación y dos de las más importantes tesis aprobadas fueron presentadas por Colombia. En la primera se declaró que la Contaduría Pública, cualquiera que sea la denominación del profesional que la ejerza, es un profesional liberal. En la segunda se pidió a los gobiernos de los países en donde la profesión no estaba reglamentada, dictar el respectivo estatuto.
6- Con el propósito de efectuar una intensa campaña de divulgación, destacados miembros de la directiva del INCP realizaron, a mediados de 1952, una gira de buena voluntad, a las ciudades de Barranquilla, Cali y Medellín, visita que estableció un estrecho contacto entre las directivas de Bogotá y los Contadores de esas ciudades.
Esta inquietud de los socios del INCP demostraba, pues, en primer término, un entusiasmo desbordante por ampliar el campo de acción de la entidad, darle mayor vitalidad y atraer a su seno a todos los contadores del país.
Reglamentación del ejercicio profesional de los Contadores Públicos
Es evidente que el Estado, con la creación de una institución de Contadores Públicos Juramentados, mediante la Ley 58 de 1931 y más tarde, en 1945, con el establecimiento de la Facultad Nacional de Contaduría y Ciencias Económicas, ha demostrado interés por dar vida a esta profesión, con el estímulo de un título universitario idóneo, para que sus profesionales sean capaces de resolver los problemas propios del desarrollo económico del país. Pero el Contador, titulado o no, necesita además de capacitación técnica, el estatuto legal que le permita vencer las limitaciones impuestas por el estrecho criterio de tenedor de libros, para que piense y obre como un profesional íntegro, consciente de su valer y revestido del suficiente valor moral, que le dé confianza a sí mismo y tranquila dignidad.
Como corolario de la imperiosa necesidad que tenemos de un estatuto legal para nuestra profesión, el INCP ha presentado al estudio y consideración del gobierno un proyecto sujeto a las modificaciones que fueran necesarias, Decreto-Ley reglamentario del artículo 46 de la Ley 58 de 1931, que representa una necesidad para toda la nación tanto para el Estado como para las empresas y profesionales.
Desde sus primeras sesiones, la directiva estuvo interesada en obtener del gobierno la reglamentación de la profesión contable. Al efecto, durante el mes de septiembre de 1952, se nombró una comisión que llevara a cabo la redacción del respectivo proyecto de ley.
Teniendo en cuenta las dificultades que presentaba una comisión plural, por cuanto la redacción del proyecto había de ser tema de innumerables discusiones, se resolvió encomendar al doctor Antonio Rocha la redacción del proyecto de Decreto-Ley, quien lo elaboró y sometió a la aprobación del Consejo de Administración, entidad que lo aprobó y envió al estudio y aprobación del gobierno, con fecha 16 de julio de 1953. La exposición de motivos fue redactada por don Santiago Caro, presidente del Instituto, quien tomó como base las explicaciones de orden jurídico del doctor Rocha.
Aparición del primer número de la revista “El Contador Público”
La creación de una revista que sirviera de órgano de divulgación del Instituto, fue una de las mayores preocupaciones que los directores de la institución tuvieron por resolver durante dos años. Es evidente que la financiación y dirección de una revista técnica e informativa, no es muy fácil de resolver, sin embargo, el actual Consejo de Administración, después de serias meditaciones y estudios, en el mes de enero del año en curso, nombró como editores de la revista “El Contador Público”, órgano del INCP, a los señores José Vicente Guerrero E. Y Régulo Millán Puentes, el primero en su carácter de secretario coordinador del Comité de Investigaciones Técnico-Contables, y el segundo, en su calidad de secretario general de la institución. Como asesores técnicos inmediatos, nombró a los señores John S. C. Goold, Jorge Ferro Mancera, Alfred C. Clarke, Felipe S. Morales, Eduardo A. Céspedes y Harold Francis Wells, quienes actuarán en representación de los Comités de Investigación Técnico-Contables y Divulgación.
Para la financiación de la revista se creó una cuota de suscripción anual de $10.oo, obligatoria para cada uno de los afiliados. Además, otra de las fuentes de ingresos para ella será el producido de los avisos comerciales; su publicación será bimestral y en su contenido, hasta donde sea posible, deberán incluirse estudios especiales sobre materias relacionadas con la profesión.
Los artículos que se inserten en la revista expresarán la opinión de los editores o colaboradores, pero no la del Instituto. Por consiguiente, del material que se publique son responsables los editores o su autor, sin que se responsabilice el criterio de la institución, salvo aclaración concreta en cada caso.
“El Contador Público”, órgano del Instituto Nacional de Contadores Públicos, se presenta a los lectores con el respeto que nos merece la crítica sensata, y sin la timidez propia de quien rehuye la lucha por falta de respaldo en el ideal o por ausencia de justicia sin causa.
Muchas veces hemos celebrado la aparición de revistas similares, empeño esforzado para la concretación de verdades, y también hemos lamentado que estos intentos de buena voluntad sólo hayan alcanzado una vida efímera, sin llegar al mérito de quienes algo aportaron a la cultura patria, o al menos, a quienes por razones de su oficio se hubieran interesado en ellas. Es que el lector de estas inquietudes no tenía, por entonces, interés alguno en disciplinas que son áridas, cuando no están halagadas por los rendimientos propios de toda profesión liberal.
Pero los tiempos han cambiado, y lo que antes fuera un adorno cultural es hoy una necesidad de solución imperativa. Ya es oportuno que en Colombia exista un órgano de orientación que armonice los intereses contables con los jurídicos, administrativos, tributarios y estadísticos; que sirva de consulta, de difusión y de cátedra; que recoja en sus páginas todo cuanto atañe a los temas propios de esta revista, cuyo nombre, de por sí, es heraldo de elevados intereses.
“El Contador Público”, con oportunidad a la aparición de su primer número, presenta homenaje de respeto y adhesión al excelentísimo presidente de Colombia teniente general y doctor Gustavo Rojas Pinilla, y envía su saludo a los centros docentes del país; a la prensa y a la radio; a la banca y a la bolsa; al comercio y a la industria. (Santiago Caro).
La Tercera Conferencia Internacional de Contadores Públicos
Un significativo triunfo internacional constituyó la Tercera Conferencia Internacional de Contadores Públicos, que tuvo lugar en Sao Paulo, Brasil, del 14 al 21 de noviembre de 1954, puesto que dicha conferencia acogió el Decreto-Ley reglamentario de la profesión de los Contadores Públicos, que fue presentado por el INCP al estudio del gobierno, como parte del temario de este certamen internacional.
Esta conferencia fue organizada por la Federación de los Contabilistas de la ciudad de Sao Paulo y patrocinada por la Comisión del IV Centenario de esta ciudad. El profesor José da Costa Boucinhas, presidente de dicha entidad, vino a Colombia a oficializar la invitación a los miembros del INCP.
Los delegados por Colombia a esta conferencia fueron: Rafael A. Ricardo, Fidel Movilla, Régulo Millán Puentes y Evangelista Quintana, Ramón González, José J. Hernández, Jorge Reyes Camacho, José V. Pérez Ruiz y Fermín Paba Paba.
IV Conferencia Interamericana de Contabilidad
La IV Conferencia Interamericana de Contabilidad tuvo lugar en Santiago de Chile, los días 15 al 23 de noviembre de 1957. Colombia envió un delegado del INCP, cuya tesis “Formación del Contador” sirvió de base para las recomendaciones al respecto pronunciadas por la comisión resolutoria y que, en gran parte, el texto de dichas conclusiones fue seguido al pie de la letra.
La Escuela Nacional de Comercio
Lucio O. Araujo O.
Si damos un salto atrás en la historia de nuestra institución, nos encontramos que en 1893 funcionaba en la capital, como dependencia de la Universidad Nacional, un colegio llamado De Colón, bajo la dirección de Víctor Mallarino (padre del poeta y declamador insigne).
El presidente, general Rafael Reyes, obsesionado por dar un viraje sustancial a la programación estrictamente humanística de entonces, quiso introducir la enseñanza comercial, como objetivo pragmático y de mayores beneficios inmediatos para el estudiante.
Así que llamó en 1905 al doctor Mallarino para que plasmara su idea, luego de haber elaborado la norma que a la letra dice:
Decreto Número 140 de 1905 (9 de febrero)
Por el cual se crea la Escuela Nacional de Comercio.
Artículo único: Créase la Escuela de Comercio de la Capital de la República, y nómbrase rector y vice-rector de ella, respectivamente, a los señores Dr. Víctor Mallarino y Dr. Joaquín Toledo Asígnase al rector un sueldo mensual de $80.oo pesos oro, y de $50.oo pesos oro al vice-rector.
Por decretos separados se reglamentará la Escuela de Comercio y se harán los demás nombramientos necesarios.
Dado en Bogotá, a 9 de febrero de 1905.
Gr. Rafael Reyes
Carlos Cuervo Márquez
El Dr. Guillermo Wickmann rector de la Escuela de Comercio
En 1908, el propio general Rafael Reyes entrega las riendas del mando de la escuela al Dr. Guillermo Wickmann, matemático alemán nacido en Munster, y quien recibiera su título de especialización en la Universidad de Goeting. Ya había estado en el Instituto Pedagógico de Chile y en el observatorio astronómico de Santiago. Pasó al Ecuador para dirigir el montaje del Gran Meridiano de Quito. Los titulados en comercio debían cumplir cuatro años de estudios en tanto que para el bachillerato eran menester seis. Ya en el año 1934 se separaron las carreras de especialización bancarias y comerciales del bachillerato.
Fue cuando hizo su aparición el Externado Nacional “Camilo Torres”, para absorber el bachillerato puro, y la escuela, bajo la tutela insomne del Dr. Wickmann y su vice-rector, el Dr. Luis Tomás Fallon, prosiguió la enseñanza comercial con éxito de todos conocido. En 1945 se creó la Facultad de Contaduría, con carácter universitario, y sus alumnos se recibían como Contadores Públicos Juramentados. Su rector fundador fue el insigne letrado Dr. Jorge Cárdenas Nanneti. Para 1952, el presidente Dr. Roberto Urdaneta Arbeláez y su ministro de educación, Dr. Rafael Azula Barrera, le dan a la ya procera institución, el nombre de Contaduría y Ciencias Económicas. En 1968 pasará a ser dependencia de la Universidad Nacional.
Ilustres Contadores de la Escuela de Comercio
A guisa de curiosidad, destaquemos algunos hechos valiosísimos, tanto por la calidad de los personajes involucrados como por el registro de acaeceres pedagógicos, un fiel trasunto de la época. Algún día tendrá que hacerse la fiel historia de la Escuela de Comercio, cosida a la propia vida de la nación, ya que la mayor parte de los egresados, demasiado tuvieron que ver con el afán de construir una mejor imagen del país. Vemos que:
1- En el libro de matrículas de 1906, bajo el número 128, teniendo como acudiente al Dr. Eduardo Santos, el gran Calibán, Enrique Santos Montejo, ingresa a la escuela, en su calidad de primíparo.
2- En 1907, con el número 297 y siendo acudiente Hernando Santos, se matricula uno de los más queridos presidentes de Colombia, el Dr. Eduardo Santos Montejo.
3- Para 1908, leemos la matrícula número 48, que en su simplicidad meridiana anticipa a radiografiar al autor del interrogante cruel de “¿y el poder para qué?”, vale decir al Dr. Darío Echandía (Chaparral). Acudiente, Isaac Debis.
4- Con el número 216, de febrero 18 de 1929, leemos alborozados “Julio Turbay”, acudiente Antonio Amín Turbay. Domicilio, K. 12 No. 2 bis
5- El 24 de febrero de 1930, con matrícula 275, leemos: «Julio Turbay». Acudiente, Antonio Turbay. Domicilio, calle Imperio, número 45. Dr. Arturo Abella, también egresado de la escuela..Mencionemos algunos nombres: Ricardo Wickmann, bachiller 1930, hijo del artífice máximo del plantel; Eduardo Guzmán Esponda, Carlos Holguín Holguín, el sabio Garavito, Andrés Holguín Holguín, Gustavo Perry, Luis Etilio Leyva, Germán Arciniegas, Vicente Laverde Aponte, Otto de Greiff, Antonio Ordóñez Plaja, Mario Gaitán Yanguas, Eugenio Barney Cabrera, Arturo Charry, Bernardo Gaitán Mahecha, el sabio Osorno, los Vega Iriarte, los Cubides, los Loboguerrero, los Campillo y miríadas de literatos, científicos, políticos, artistas y presidentes salidos de esta casona vieja.
Algunas clases “pulpa y no costura” de entonces: Castellano inferior y superior, Francés inferior y superior, Inglés ídem, Contabilidad, Religión, Código del Comercio, Economía Política, Física, Taquigrafía, etc.
Como rectores, fuera de los ya reseñados, se destacaron: Demetrio Méndez Rozo, Eliécer Suárez Ramírez, Ernesto Jara Castro, Antonio Panesso Robledo, Juan José Amézquita y José Argemiro Vivas, fundador de la sección nocturna.
Primer Seminario Regional Interamericano
Con los auspicios del Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia se llevó a cabo el I Seminario Regional, organizado por la Asociación Interamericana de Contabilidad, los días 4 y 5 de junio de 1981, en la ciudad de Bogotá, Colombia.
El tema del seminario era «Instrumentos Básicos de Desarrollo Económico», y estuvo dirigido a funcionarios encargados de la dirección de gestión económica y de las áreas de fiscalización de los gobiernos, a directores generales y directores financieros de empresas, a directivos de bolsas de valores y, en general, a los miembros de la profesión contable.
El objetivo del seminario era dar a conocer los criterios actuales en materia de control y promoción económica por parte de las entidades estatales y paraestatales, analizar los nuevos métodos de información para uso de la administración y de los inversionistas, y estudiar los medios de financiamiento de empresas particulares y ofíciales en un ámbito inflacionario. Todo esto bajo el enfoque internacional y con la experiencia de excelentes expositores de diversos países americanos.
Participaron como conferencistas distinguidos expresidentes de la AIC y un exvicepresidente, así como otros miembros de su comité ejecutivo.
Con la intervención del presidente de ese momento de la AIC, C. P. Humberto Murrieta, de México, quien en la declaratoria de apertura del seminario se refirió a los conceptos en que se sustentan la contribución de la Contaduría Pública al desarrollo económico, el temario comprendió los siguientes tópicos y expositores:
1- Información para el desarrollo. Antonio Castilla Pérez de Chile.
2- Contabilidad a base de valores corrientes. Jorge Barsantini del Uruguay.
3- La función de fiscalización gubernamental. Dr. Alfonso Palacio Rudas.
4- La eficacia y el control en el sector público. Roberto Álvarez Argüelles de México.
5- Decisiones de financiamiento en un contexto inflacionario. Ricardo Pascale del Uruguay.
6- Los mercados de valores y su contribución al desarrollo. Dr. Luis María Matheu de Argentina. La evaluación de la información básica para decisión de inversión. A. John Marshall de Canadá.
7- Los coordinadores del seminario, Juan José Amézquita, de Colombia, y Jorge Baraja, director ejecutivo de la AIC, leyeron los correspondientes resúmenes durante el acto de clausura.
IFAC – International Federation of Accountants – Federación Internacional de Contadores
Se fundó el 7 de octubre de 1977 resultado de un acuerdo firmado por 63 Asociaciones de Contadores Públicos y suscrito por 49 países.
Su objetivo es el desarrollo y el realce de la Profesión Contable mundialmente coordinada y con metas unificadas. El Consejo de IFAC ha establecido el IAPS para desarrollar y emitir a nombre del mismo, guías sobre las prácticas de Auditoría generalmente aceptadas y sobre la forma y contenido de los informes de Auditoría.
A nivel internacional, se creó en 1973 la Comisión de Normas Internacionales de Contabilidad y IASC, con el fin de formular y publicar las NIC.
Tanto IASC como IFAC operan dentro del mismo marco común de la Profesión Contable internacionalmente organizada; las dos entidades llegaron a un acuerdo de compromiso mutuo en enero de 1983, para trabajar armónicamente en pro de la Contaduría Pública Mundial.
Para cumplir con este objetivo el Consejo de IFAC ha establecido el Comité de Prácticas Internacionales de Auditoría (IAPC), para desarrollar y emitir en nombre del consejo normas sobre prácticas de auditoría generalmente aceptadas, servicios afines y sobre la forma y contenido de los informes de auditoría. Las normas internacionales de auditoría emitidas por el IAPC no se imponen sobre las leyes o reglamentaciones de cada país. En los casos en que las normas de un país estén en conflicto sobre un asunto particular, las asociaciones miembros deberán actuar procurando su armonización. Colombia como miembro de la Federación Internacional de Contadores debe apoyar sus objetivos y acoger las normas y guías en ausencia de pronunciamientos emitidos en el país por los organismos competentes.
AIC – Asociación Interamericana de Contabilidad
La Asociación Interamericana de Contabilidad (AIC) se constituyó en 1949 con el objetivo principal de unir a los contadores del continente americano, asumir el compromiso de su representación en el hemisferio y promover la elevación constante de su calidad profesional, de sus conocimientos y de sus deberes sociales. Se incorporó en 1974 bajo las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, desde 1949 hasta esa fecha, la AIC existió con el nombre de Conferencia Interamericana de Contabilidad.
En el transcurso de su medio siglo de trabajo institucional, la AIC ha contribuido a fortalecer las organizaciones profesionales de contadores en los países americanos que la patrocinan y participan activamente en el desenvolvimiento armónico de sus conceptualidades y de su práctica.
La profesión contable debe sentirse orgullosa por haber logrado organizarse a nivel internacional y trabajando a un nivel de efectividad que es igualado por muy pocas organizaciones profesionales.
Ética Profesional para la Contaduría Pública
1. Conciencia Moral
Al desarrollarse la actividad del profesional de la Contaduría en un medio social, está obligado a cumplir estrictamente normas y preceptos que regulan su consulta.
La parte de su espíritu que siempre le dirá si cumple o deja de cumplir sus deberes es la conciencia moral. La moral será la guía de su comportamiento en todos sus actos.
Al proceder el profesional de la Contaduría de acuerdo con su conciencia moral, casi podría decirse que sobran todos los demás preceptos. Por el contrario, si no actúa de acuerdo con su conciencia moral, se presentará un respeto aparente de las normas bajo una interpretación acomodaticia y egoísta, que introducirá elementos de disociación, que comprenderá el ambiente social y que habrá de llevarlo inexorablemente al campo de la simulación, ubicado en las fronteras del delito.
2. Equidad y Justicia
Los principios básicos de Equidad y Justicia son el principal fundamento de las normas de derecho, que tiende a realizar el bien común y asegurar la pacífica convivencia de los miembros de cualquier comunidad. Asimismo, representan estos principios de equidad y justicia una base necesaria de la ética y de la moral.
Por otra parte, donde quiera que haya una injusticia existe un conflicto latente. La teoría de la equidad y de la justicia, del equilibrio, del balance que integran la filosofía del Contador Público, garantizan y aseguran la prudencia, la armonía, la sensatez y la sabiduría con que ha de proceder en todas las actuaciones peculiares de su profesión y en todas sus relaciones.
El Contador Público no puede aceptar ninguna situación, hecho o circunstancia que impida, condicione o amenace la libre adopción de sus decisiones y el libre ejercicio de su práctica profesional. En consecuencia debe desligarse de cualquier interés que pudiere afectar su libertad de criterio y en caso de no poder obviar la causa determinante, debe declarar el impedimento cuando ocurra.
Lógicamente se trata de la responsabilidad moral que garantiza el cumplimiento, la relación cabal, fiel, correcta y oportuna de los actos y labores que le hayan sido encomendados al profesional o que por determinados motivos deba efectuar.
5. Objetividad
Corresponde a la existencia real del objeto, independientemente del sujeto que la conoce, por consiguiente el estudio del objeto exige absoluta parcialidad, a fin de que no se deforme la realidad.
Este principio básico vale para todos los conceptos que emita el Contador Público, pero fundamentalmente la relación con su dictamen sobre estados Financieros.
6. Veracidad y Lealtad
La verdad es el reflejo de la realidad, entidad esta última que representa la existencia efectiva, de la cual no puede separarse el Contador Público. En cuanto a la lealtad, es sencillamente la guarda de la Fidelidad y de la buena fe.
El Contador Público no violará las relaciones de confianza que deben existir entre él y su cliente, es decir, no dará a conocer a nadie noticia alguna sobre los asuntos de su cliente, de los que se haya enterado en el examen de las cuentas, sin la autorización específica, a menos a que tenga el derecho o a la obligación legal o profesional de hacerlo. Además, debe garantizar que el personal bajo su control, así como las personas de las que tenga consejo o asistencia, respeten y cumplan Fielmente el principio básico de la confidencialidad.
El Contador Público debe desarrollar su labor con diligencia, cuidado y eficacia, de acuerdo con las normas técnicas y profesionales promulgadas legalmente o establecidas y reglamentadas por el cuerpo profesional al que se pertenece, con las instrucciones de su cliente, o de sus funcionarios, siempre y cuando no sean incompatibles con los principios básicos de conciencia moral, integridad, objetividad, veracidad e independencia.
9. Aptitud Profesional
La aceptación de un contrato profesional presume la competencia necesaria para realizarlo. En consecuencia deberá abstenerse de aceptar o de continuar prestando servicios que no sea capaz de cumplir, a menos que obtenga consejo y asesoría que lo capaciten para realizar el trabajo satisfactoriamente.
10. Filantropía y prudencia en las relaciones profesionales
Indudablemente el Contador Público tiene deberes en relación con los colegas. En toda asociación debe haber justicia y también cierta amistad. En la medida en que los hombres estén asociados, en esa medida existe la amistad y también la justicia. Como lo dice Aristóteles: «En la comunidad consiste la amistad». ¿Y cómo no va a haber amistad entre quienes navegan juntos en un mismo barco, a través de la ruta de una misma profesión?.
Los deberes fundamentales en relación con esa comunidad son: La Sinceridad, la Buena fe, la Lealtad, la Confidencialidad y Ayuda.
A partir de 1991 se dio comienzo por parte de nuestra Asociación, a la lucha frontal contra la corrupción y la inmoralidad. Primero con una gran dinámica a nivel nacional, con la vuelta contable a Colombia.
El INCP, con el patrocinio de la Federación de Contadores Públicos de Colombia. Lideró el programa de acercamiento con las Facultades de Contaduría Pública sobre este importante tema, conferencia que se dicto en aproximadamente 15 universidades del país, especialmente en provincia.
Esa activa participación del instituto, también se reflejó en la XIX Conferencia Interamericana de Contabilidad, celebrada en Buenos Aires (Argentina), la cual le dio a Colombia la oportunidad de coordinar la Teleconferencia vía satélite, Respondacon II, sobre los temas de fraude y corrupción. Para este seminario celebrado en el mes de febrero de 1992, se contó con el patrocinio de la Presidencia de la República, Telecom, Inravisión, Acolfuman, Ecopetrol, Cámara de Comercio de Bogotá, la oficina de prensa de la Embajada de los Estados Unidos, Corporación de Ferias y Turismo, Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República.
El evento celebrado en la Corporación de Ferias y Exposiciones, contó con la activa participación de 583 asistentes, lo cual constituyó un éxito, ya que sin lugar a dudas, a partir de esta Conferencia, el país tomó conciencia del problema, al punto que las investigaciones que se han abierto a distintos niveles, señalan el cambio profundo que venía reclamando el país.
Con esta Conferencia se dio inicio a la lucha contra la corrupción, cuyos editoriales en la revista del INCP, coadyuvaron para el nombramiento del Contador General de la Nación y el establecimiento del Estatuto Anticorrupción, Ley 190 de junio 6 de 1995, por el cual se dictan normas tendientes a preservar la moralidad en la Administración Pública y se rijan disposiciones con el fin de erradicar la Corrupción Administrativa.
Sobre el mismo tema, el Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia hizo presencia en los foros internacionales sobre “Democracia Vs. Corrupción”, talleres celebrados en las ciudades de Quito, New York y Washington. En esta última ciudad, Colombia participó activamente en el foro mundial sobre “Ethics in Goverment” celebrado en noviembre de 1994, con la participación de 102 delegados de 52 países, con la conferencia “La Contaduría Pública Colombiana y lucha contra la corrupción”.
Gracias al protagonismo del INCP durante los últimos cinco años, los directivos de la entidad han hecho presencia con activa participación, en los gremios profesionales como son: La Asociación Colombiana de Ejecutivos de finanzas, “ACEF”; la Confederación de Asociaciones de Contaduría Publica Colombiana, “CONFECOP”; la Fundación para la Investigación y Desarrollo de la Ciencia Contable, “FIDESC”; la Federación de Contadores Públicos de Colombia “FEDECOP” y la Asociación de Facultades de Contaduría Pública, “CONFECOP” entre otras.
Se debe mencionar la activa participación de dos directivos del INCP en el Consejo Técnico de la Contaduría. En esa entidad, bajo la presidencia del Dr. Yanel Blanco Luna, con la dinámica participación de otros distinguidos profesionales, fue posible establecer el reglamento interior de este, organismo permanente, atender consultas y lo más importante, en tiempo récord de dos años, la emisión de siete pronunciamientos sobre normas de Auditoría y de Ética.
También participó el INCP en el Congreso Mundial de Contadores, celebrado en octubre de 1992 en Washington. De comentar el trabajo presentado en ese evento por los Contadores Públicos Germán Escobar Silva y Yanel Blanco Luna, sobre el importante tema en el área de normas de Auditoría en “Países recién industrializados y en vía de desarrollo”.
Destacada participación de Colombia en las XX y XXI Conferencias Interamericanas de Contabilidad, celebradas en 1993 y 1995 en Santo Domingo (República Dominicana) y Cancún (México). Respectivamente en esta última Conferencia Interamericana, al INCP, en cabeza del Dr. Yanel Blanco Luna, Director de la AIC por Colombia, se le asignó la vicepresidencia de Promoción Industrial.
Como ha sido tradicional, el INCP ha liderado técnicamente los tres últimos simposios sobre Revisoría Fiscal. En 1992 el celebrado en Santa Helena (Huila), con la presencia del entonces presidente de la AIC Robert Gowan y Víctor Vargas Calderón, miembro ejecutivo.
En 1994 en el XV Simposio celebrado en Manizales (Caldas), con la participación de varios miembros de la AIC y del presidente de la International Federation of Accountants IFAC, Juan Herrera, quien con ocasión de su visita a Colombia, entregó a nombre de la Asociación Interamericana de Contabilidad, el diploma del mérito profesional a Jorge Jiménez por su labor a nivel nacional e internacional, con sus conferencias sobre “La Contaduría Pública Colombiana y su lucha contra la Corrupción”.
En el mes de septiembre de 1996, el INCP organizó el XVI Simposio sobre la Revisoría Fiscal, celebrado en Santa Fe de Bogotá, D. C.. A nivel internacional se contó con la presencia de los Contadores Públicos René Fernández Martínez, del Salvador; Víctor Vargas Calderón, del Perú; Enrique Zamorano, de México; Mario Estigarria, de Paraguay; Carlos Delgado, de Ecuador; Nergio Prieto Urdaneta, de Venezuela y Víctor de Abreau, en su condición de Presidente, Vicepresidentes y Director Ejecutivo de la Asociación Interamericana de Contabilidad. También como invitados, formaron parte de la Mesa Directiva de los Contadores Públicos: Clara Cuéllar Reyes, Presidente de la Junta Central de Contadores; Horacio Enrique Ayala Vela, Director de Impuestos y Aduanas nacionales; Edgar Nieto Sánchez, Contador General de la Nación; Jesús María Peña, presidente del Consejo Técnico de la Contaduría; Jaime Hernández, presidente de CONFECOP y el Dr. Héctor Armando Sanmiguel Arias, delegado para emisores de la Superintendencia de Valores.
Fusión del INCP Nacional y Seccional Cundinamarca
A fin de presentar una imagen corporativa nacional y un servicio integral a sus asociados, así como también para proyectar una mejor situación financiera de las instituciones, después de varias reuniones de Juntas Directivas y Asambleas, fue posible la fusión del Instituto Nacional de Contadores Públicos de Colombia, con la Seccional Cundinamarca. Los estatutos reformados y ajustados a las circunstancias, se encuentran en los trámites de rigor ante la Alcaldía Mayor de Santa Fe de Bogotá, D. C.
De la Visera a la Contaduría Forense
Horacio Ayala Vera
Hace cincuenta años la humanidad apenas se recuperaba de la Segunda Guerra Mundial, pero el mundo empezaba quizá el medio siglo más avanzado de su historia, al menos en la tecnología.
Debemos admitir, aún en medio del dolor por tantos millones de vidas perdidas, que el afán por mejorar las comunicaciones y aún la eficiencia de las armas, aceleró el avance de las investigaciones y los descubrimientos, en áreas que hoy se utilizan para la paz y para el bien de las personas.
En la mitad del Siglo XX los ingenieros de Laboratorios Bell habían desarrollado el principio básico del transistor, que les mereció el premio Nobel de Física, pero este pequeño dispositivo, que revolucionó el mundo de la electrónica, apenas tenía limitadas aplicaciones. Hoy sería prácticamente imposible vivir sin el transistor. Mientras tanto, Werner Von Braun y sus colegas habían dejado atrás sus investigaciones destinadas a aumentar el alcance y el poder de destrucción de la famosa V-2, para dedicarse al desarrollo de los cohetes precursores de las turbinas a reacción, que partieron en dos la historia de la aviación comercial.
Pero sin duda uno de los hechos más paradójicos tiene que ver con el descubrimiento del rayo laser. Este mágico instrumento, ampliamente utilizado hoy en la ciencia, con todos los avances que ha significado en la medicina, apareció casi por casualidad durante las investigaciones que buscaban mejorar la precisión en los bombardeos aéreos. Lamentablemente, en nuestro país apenas estaban terminando de enfriarse las llamas que, si bien no lo consumieron a raíz de los sucesos del 9 de Abril de 1948, atizaron el fuego del conflicto que hoy es aún más intenso, y que nos tiene sumidos en una absurda guerra fraternal.
Sin embargo el país y la Contaduría han avanzado. Basta recordar la imagen tantas veces caricaturizada del contador de visera, espejuelos, mangas negras y mente sumisa, y compararla con el profesional de hoy. En esa época los líderes apenas empezaban a luchar por el surgimiento de una profesión entonces incipiente y poco reconocida; pero los resultados de esa tenacidad están a la vista y demuestran que el contador en Colombia no sólo se despojó de la visera y de las mangas negras
Hoy su protagonismo es indudable y la comunidad entera reconoce la importancia del papel que juega en la sociedad, lo que prueba que además se despojó de la mente sumisa y resignada; pero todavía hay un largo camino que recorrer.
La Contaduría Forense
Hace varios años el Juez de un pequeño municipio me pidió ayuda para examinar los documentos de la oficina local de tránsito, con el objeto de evidenciar la comisión de un fraude con los ingresos por impuestos y multas. Como era corriente entonces -y espero no equivocarme en el tiempo del verbo- los despachos judiciales no tenían presupuesto para pagar peritajes, y el buen Juez, hombre recto y cumplidor de su deber, necesitaba el dictamen, porque, aunque el fraude era evidente y los culpables estaban plenamente identificados, no podía enjuiciarlos por ausencia de la prueba escrita en el expediente.
Confieso que cuando realicé esa labor no tuve la menor idea de que estaba adelantando una actividad típica de lo que hoy se conoce con un nombre que todavía suena exótico: Contaduría Forense. Por supuesto, éste es sólo un ejemplo de los múltiples en que el contador independiente puede ser llamado por las autoridades o por los particulares para desarrollar actividades que van más allá del examen de los estados financieros.
Aunque muchos contadores ejercen la Contaduría Forense, en nuestro medio todavía no ha sido debidamente identificada y ponderada como para que se estimule el estudio e investigación a su alrededor, aunque existe alguna referencia legal. El artículo 13 de la Ley 43 de 1990 exige la calidad de contador público para actuar como perito en controversias de carácter técnico-contable. El artículo 38 de la misma norma aclara que el contador público es auxiliar de la justicia en los casos en que señala la ley, en armonía con el Código de Procedimiento Civil. Pero la Contaduría Forense tiene un campo de aplicación más amplio.
Un gran estudioso del tema, el profesor Alan Zysman, miembro del Instituto de Contadores Certificados de Ontario, define la Contaduría Forense como la integración de la Contabilidad, la Auditoría y las habilidades investigativas. Y esta última cualidad es trascendental en esta área, porque el Contador Forense debe estar capacitado para ver más allá de los números y enfrentar la realidad de la situación o del respectivo negocio. Es algo similar a lo que se ha venido debatiendo acerca de la diferencia entre el derecho formal y el derecho sustancial.
La Contaduría Forense incorpora el Apoyo Procesal y la Contabilidad Investigativa. Los dictámenes rutinarios sobre los estados financieros no son suficientes para desatar un litigio en una corte; el Contador Forense debe estar en condiciones de dar respuestas sobre hechos concretos, después de verificarlos, y comprometerse con cálculos, valoraciones y evaluaciones objetivas que sirvan de soporte a los jueces para tomar sus determinacones. Dentro de estos criterios, la Auditoría Forense resulta indispensable; la profundidad y el contenido del examen y las verificaciones deben cumplir el propósito especial que requieren los jueces.
El Apoyo Procesal. Pero la participación del Contador Forense en los procesos no se limita a la calidad de Perito. También puede ser llamado por una de las partes para que la asesore en la preparación y presentación de las pruebas o en los cálculos destinados a cuantificar los hechos demandados. Por supuesto, aunque en esencia no esté dando fe pública, su responsabilidad sigue siendo muy grande porque sus criterios y estimaciones deben estar respaldados por la contabilidad y los hechos objetivos. Un ejemplo típico de la participación del contador tiene que ver con la determinación de los perjuicios económicos o la pérdida resultante del rompimiento de un contrato.
La Contabilidad Investigativa. Esta actividad está muy vinculada con los procesos penales. El caso más común es quizá el que tiene que ver con los fraudes basados en los registros y soportes contables. Aquí la intervención del Contador Forense puede variar, desde la cuantificación del fraude y el acopio de las pruebas, hasta la participación como testigo, pasando por actividades tan diversas como el desarrollo de aplicaciones sistematizadas para presentar la evidencia ante las cortes.
Como se puede apreciar, el campo es muy amplio y se seguirá extendiendo en la medida que la sociedad aumenta su confianza en los contadores públicos. Finalmente, he aquí una lista de las cualidades que según Alan Zysman debe tener un Contador Forense, aunque yo diría que son los atributos que debería tener cualquier Contador del Siglo XXI.
· Confianza, y
· Sano Juicio Profesional
¡Para cualquier profesional que llene estos requisitos las oportunidades están abiertas!
3 comentarios sobre “Historia”
el 26 marzo, 2019 a las 8:56 pm
No e podido ingresar la página web espero que esto sirva porque el contador está enfermó y no hay quien más haga esto
el 26 marzo, 2019 a las 8:58 pm
Concepcion Montañez Romero
el 29 marzo, 2019 a las 9:49 pm
Gracias, un tema muy completo e interesante para los que estamos empezando esta bella profesion
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References: artículo 30
 artículo 46
 Resolución 
 artículo 2
 artículo 354
 artículo 354
 artículo 274
 Resolución 
 artículo 46
 artículo 13
 artículo 38