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Timestamp: 2018-01-18 19:47:15+00:00

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Primera parte de la sesion del 10 de marzo de 1915, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Acta de la sesión Anterior.- Se ponen a discusión los artículo 10, 11 y 12 del Proyecto de Reformas Politico-Sociales de la Revolución.- Proposición de varios ciudadanos delegados, a fin de que se autorice al ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, para que emplee hasta la suma de cinco millones de pesos, en adquirir artículos de primera necesidad, para los habitantes de la capital de la República.- Memorial del ciudadano A. Cuarón.- Dictamen de la Comisión de Hacienda, consultando que el ciudadano Encargado del Poder Ejecutivo, ordene el esclarecimiento del hecho que denuncia el C. delegado Gavaldón.- Oficio del ciudadano general J. C. Díaz.- Instancia del ciudadano Leopoldo Galván González.- Proposición subscrita por varios ciudadanos delegados a fin de que se ordene a quien corresponda, la supresión del periódico que indican.- Orden del día.
El señor Segovia me suplicó hiciera presente que no asistía porque está en cama.
Faltaron ayer los ciudadanos delegados:
Acuña Maurilio.
Cantú José T.
Flores Garza Valentín R.
López Macario.
Quevedo José.
Reynoso Díaz Leopoldo.
Pido la palabra, para aclarar que no falté ayer. (El ciudadano secretario, da cuenta del acta de la sesión anterior. Aprobada)
Declaración de la hora.
Las cuatro y media exactamente.
Sigue la discusión del Proyecto de Reformas.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, suplica a los ciudadanos que forman la Comisión de Programa, se sirvan pasar a la Mesa a presentar las reformas hechas a los artículos discutidos ayer.
Artículo 10. Procurar la efectividad' del sufragio, con la adopción de procedimientos que eviten la indebida intromisión de las autoridades en las elecciones, y castigar severamente los fraudes y abusos de aquéllas.
Favor de volver a leerlo. (Campanilla, voces)
Artículo 10. (Leyó)
El ciudadano Cervantes suplicó a la Mesa, por conducto de la Secretaría, que para evitar una redundancia, se tachara la siguiente palabra: el artículo dice: (Leyó) Desde el momento en que esa intromisión es indebid'a, se debe tachar la palabra indebida para evitar discusiones. Así es que queda el artículo en esta forma:
Procurar la efectividad del sufragio con la adopción de procedimientos que eviten la intromisión de las autoridades en las elecciones ...
Tiene la palabra, en contra, el delegado Casta.
Desearía saber, señor presidente, si ya estará dictaminado el asunto aquel del señor Quevedo. Tiene mucho tiempo de presentado y no sabemos ... (Voces: ¡No está a discusión eso!)
No pregunto si está a discusión o no; es interpelación a la Mesa.
La Comisión de Poderes informa al ciudadano Aceves que todavía no está dictaminado; esperamos que lo hará a la mayor brevedad posible.
Me parece que hay consigna en eso.
Pido a la Presidencia que llame al señor Aceves al orden, porque no está eso a discusión.
Es una pregunta que tengo el derecho de hacer.
Ya estaba concedida la palabra a un orador.
Pero no estaba haciendo uso de ella.
Probablemente se imaginará que al haber pedido el uso de la palabra en contra de este artículo, voy a hacerlo en contra del sufragio, y no, señores; leo en el artículo: procurar; me parece que los señores que formularon este artículo, no se acordaron o no se han acordado de la sangre que ha costado la implantación de ese principio. Eso de procurar me parece ambiguo enteramente; se procurará y si no, pues que no resulte. Yo deseo que ese artículo sea más efectivo; pero no procurar la efectividad del sufragio, con la adaptación de procedimientos; que sea un hecho la efectividad del sufragio y que se adopten procedimientos para evitar la intromisión de las autoridades.
Aunque nuestras leyes constitucionales siempre han determinado que el sufragio sea efectivo, ésa ha sido una de tantas promesas que en la práctica no han dado ningún resultado, como todo lo que se refiere a los derechos del hombre; de ahí que veo la necesidad del presente artículo, porque es necesario insistir en que el sufragio sea efectivo para poder así tener los gobernantes que necesita la República.
Por lo que toca a la objeción que hace el señor Casta, no estoy enteramente en desacuerdo con ella; en efecto, debe ser más claro el artículo, debe decirse, no sólo que se procure, sino que se haga efectivo, que se realice, que sea un hecho la adopción de procedimientos que vengan a hacer que nuestro pueblo tenga efectivamente sus derechos para elegir a sus mandatarios.
Creo que no se necesitan más argumentos para venir a demostrar que esa declaración en el Programa de Gobierno sea enteramente esencial; y así suplico a la Asamblea que apruebe el artículo, si es posible, haciéndolo más claro de lo que está.
Después de la razón dada por el señor Casta y el compañero Velázquez con respecto al artículo 10 que está a discusión y como este era el objeto de haber pedido la palabra en contra, ya no haré uso de ella, considerando que lo demás es punto de detalle.
Veo que todos están de acuerdo en el fondo de este artículo y tenía que serio, porque todos los presentes han luchado por la realización de este ideal y por eso no iré al fondo de él.
Como quiera que el delegado Casta ha hecho hincapié en una palabra, voy a explicarle en qué se fundó la Comisión nombrada dentro de la Comisión de Programa, para redactar de esta manera el artículo.
La Revolución podrá hacer todo lo que en su mano esté para implantar ciertas reformas; pero la Revolución no podrá reformar lo que es cuestión individual más que política; la Revolución podrá, por ejemplo, establecer leyes muy liberales en el sentido del sufragio, pero no podrá obligar al pueblo a que deje su apatía y que el pueblo se atemorice por engaños de hombres que lo compren o que lo amenacen.
Por eso, al poner aquí procurar, ha querido tanto como decir, la Revolución hará todo lo que esté de su parte por llevar a cabo esa reforma, por implantarla. Ahora, después de haberla hecho, el pueblo verá si se aprovecha de esa reforma y la lleva a cabo con sus esfuerzos.
En cuanto a la segunda parte, dice: con la adopción de procedimientos; es claro, porque no es cuestión nada más de implantar de cualquiera manera, por un decreto, por ejemplo, el sufragio es efectivo. Se va a implantar con procedimientos que eviten la intromisión de las autoridades en las elecciones, que según hemos visto, es un estorbo para que este sufragio sea efectivo; y como quiera que hasta hoy todo ha sido un mito, a pesar de las leyes benéficas que se dieron en este sentido en tiempos del señor Madero, en el que llegamos hasta el voto directo. Las autoridades siempre se metieron en lo que no debían meterse, en lo que no les va ni les viene; pero sí les convenía y por eso es por lo que se ha dicho; castigando severamente a las autoridades.
De manera que, expresados los motivos que tuvo la Comisión para redactar el artículo en este sentido, espero que los delegados que hablaron en contra, nos digan si están entendidos en eso o no.
He pedido la palabra en contra, porque creo que falta algo a este artículo; aquí se habla de que se evite la intromisión de las autoridades en las elecciones, lo cual me parece muy bueno; pero creo que hay algo más malo que las autoridades, en mi concepto; me refiero al clero. Si le dejamos tomar parte, porque creo que se llevan más electores con un sermón, diciendo que fulano es el candidato de Dios, que un liberal de buena intención que procura llevar al Poder, a gente honrada.
Por lo tanto le suplico lo tome en consideración para que este artículo, no sólo se extienda a las autoridades civiles y militares, sino eclesiásticas, que, en mi concepto, son las más nocivas y con ellas a sus afines.
¿Quién no recuerda al funesto Partido Católico que desgraciadamente nos gobernó por un momento?
Suplico, pues, a la Asamblea, que lo tome en consideración.
Estoy de acuerdo en la innovación que Se trata de hacer al artículo, para hacerlo más claro.
Es conveniente, y puede hacerse esa modificación, a efecto de que se diga que se haga efectivo el sufragio tal como se ha predicado tantas veces; pero que ha sido una nulidad a través del tiempo. Hasta hoy, el sufragio efectivo nunca ha podido realizarse y el pueblo siempre ha visto burlados sus derechos por el escamoteo electoral; siempre lo hemos visto y lo hemos lamentado. Todos los dictadores han procurado sobornar a los electores o han impuesto la consigna a los electores; muchas veces se han visto reducidos a prisión y, por último, a nadie se obscurece que la necesidad del artículo a discusión, es bastante clara y evidente. Por tal circunstancia, creo yo que la aclaración que tratan de hacer varios compañeros en el artículo a debate, puede hacerse a efecto de que sea más claro, haciéndolo más efectivo para que no reste absolutamente ninguna duda.
Por lo tanto, señores delegados, creo conveniente que se haga la aclaración correspondiente, tal como lo han solicitado varios compañeros.
La Mesa, por conducto de la Secretaria, pregunta a los ciudadanos delegados, en vista de que han hablado tres oradores en pro y tres en contra, si está suficientemente discutido este artículo.
Los que estén por la afirmativa, sírvanse ponerse en pie. (Voces: ¡No, no; está muy mal este artículo!)
De acuerdo con el Reglamento, han hablado tres en contra y tres en pro, y la obligación de la Mesa, es preguntar.
Los que consideren que está suficientemente discutido, sírvanse ponerse en pie.
No está suficientemente discutido. (Voces: ¡CÓmo no, si está!)
Ahora si, suficientemente discutido.
Se pone a votación. Las personas que lo aprueben, sírvanse poner de pie.
Rechazado. (Voces: No se oye)
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta a los ciudadanos delegados si permiten que vuelva al seno de la Comisión para reformarlo.
La Mesa suplica a los ciudadanos que forman la Comisión de Programa, se sirvan pasar a reformar el artículo.
Artículo 11. Implantar el sistema de voto directo, tanto en las elecciones locales como en las federales, y facultar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que decida, si así lo piden los electores, en última instancia, sobre la validez de las elecciones ae los Poderes de los Estados.
Pido la palabra, para una moción de orden, antes que se proceda a la inscripción de oradores.
He pedido la palabra para hacer observar a la Secretaría, algo que redundará indudablemente en beneficio de las acaloradas discusiones que va a suscitar este artículo:
Este artículo consta de dos proposiciones. De acuerdo con el Reglamento, deben ponerse sucesivamente a discusión las proposiciones que son las siguientes:
Primera (Leyó la primera parte); la segunda es esta otra: Facultar a la Suprema Corte de Justicia ... (Leyó)
Pido a la Secretaría, que ponga sucesivamente a discusión las dos proposiciones en que claramente está dividido el artículo, para evitar discusiones que serán enojosas, en una discusión que indudablemente será acalorada.
La Mesa, sin perjuicio ninguno, se apega al Reglamento; el Reglamento dice que se discutirá artículo por artículo, y por tal motivo se pondrá a discusión en esta forma. (Voces: ¡No, no!)
Hay un artículo en el Reglamento, sobre este asunto.
Como miembro de la Comisión, encuentro la observación del señor Samper perfectamente debida y atinada; de manera que debe someterse a la consideración de la Asamblea, en dos proposiciones y pido permiso a la Asamblea para que así se haga y formule.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, informa a los señores delegados que entra en receso la sesión, por diez minutos, mientras la Comisión de Programa reforma el artículo.
Para una moción de orden: Hay dos o tres artículos que tienen que reformarse, y yo creo que no bastarán los diez minutos; ¿por qué no pasamos adelante?
Se suplica a los ciudadanos delegados que forman parte de la Comisión de Programa, que pasen a hacer la reforma.
Artículo 10. Hacer efectiva la libertad del sufragio, adoptar procedimientos que eviten la intromisión de las autoridades en las elecciones, y castigar severamente los fraudes y abusos de aquéllas.
Pido la palabra, para una interpelación a la Comisión. Al señor presidente de la Comisión, ciudadano Cervantes, le suplico me haga el favor de decirme lo siguiente: después de evitar la intromisión de las autoridades en las elecciones ¿qué idea tiene respecto de los procedimientos que se deben emplear para llevar éstas a la práctica?
Me permito advertir al señor Nieto que en el programa se han puesto principios generales sin meterse en detalles. Los miembros de la Comisión entendemos por intromisión la acción de entrometerse, es decir, mezclarse en asuntos en que no debe meterse, que no le corresponden.
Es decir, que el criterio de la Comisión ¿es evitar las intromisiones cuando éstas no sean justificadas?
Yo la tomo en contra. (El ciudadano secretario volvió a leer el artículo a moción del ciudadano Piña)
Pido la palabra para interpelar a la Comisión.
Señor Cervantes, le suplico atentamente que se sirva atender a algunas observaciones que voy a permitirme hacerle.
Dice el artículo que se van expedir leyes que impidan la intromisión absoluta de las autoridades ...
¿ Me hace favor de leer, señor secretario? No dice que se van a expedir leyes. (El ciudadano secretario leyó)
¿Nada más la intromisión de las autoridades? Porque habría que hacer una distinción, hay autoridades de autoridades; es imposible impedir la intromisión de los Ayuntamientos, y éstos son autoridades.
Yo suplicaría al señor presidente, para aclarar las dudas del señor Borrego y del señor Nieto, que tenga la bondad de mandar traer un diccionario para que se les lea la palabra intromisión. (Voces: No, no)
Renuncio a lo que pide el señor Cervantes, estoy ya conforme con lo que dijo antes y no me queda duda alguna.
Tiene la palabra el ciudadano Velázquez.
He pedido la palabra en contra, porque me parece que falta un precepto necesarisimo para que obliguemos, si es posible, a nuestro pueblo, a que practique el voto; pudiera decírseme que todos tienen el derecho de votar o de dejar de hacerlo; pero eso no satisface el objeto que nos proponemos, de procurar la efectividad del sufragio, para que sea efectivo. Teniendo en cuenta la apatía de nuestro pueblo para ir a las urnas electorales, el poco empeño que siempre ha tomado por encargarse de los asuntos públicos, se necesita castigarIo si es posible con penas algo duras para que deje esa apatía y procure ayudar a hacer el bien del país; pudiera decírseme que todos tienen el derecho de votar o no votar; eso mismo decían los retrógrados, los verdaderos retrógrados cuando se implantó la instrucción obligatoría. Decían: nosotros tenemos el derecho de hacer que nuestros hijos aprendan o no, de instruirlos o no instruirlos; porque nadie tiene que mezclarse en lo que nuestros hijos sean. Sin embargo, el legislador atendió a que un pueblo ilustrado y culto, es más fácil gobernarlo, hace más beneficios con su práctica, etc.; naturalmente decretó la instrucción obligatoria y de allí que para que el sufragio sea efectivo, necesitamos también decretar la obligación de que todos los ciudadanos se acerquen a las urnas electorales; así se pondrán en contacto con las personas que van a elegir. Todos se ocuparán de los asuntos públicos y poco a poco se irán encarrilando para ocuparse en los asuntos del país en un ramo de tanta importancia, como es la elección de sus mandatarios.
Creo que no es preciso extenderse mucho para comprender la necesidad imprescindible, de la reforma que propongo en este punto a los señores delegados.
Como miembro de la Comisión:
El señor delegado Velázquez toca un punto que, no cabe duda, tiene su importancia; pero para hacer la afirmación que él establece, necesita primeramente demostrarse, como punto de Derecho Constitucional, que existe la obligación para todo ciudadano de votar en las elecciones, y todavia, cuando me haya demostrado que existe ese precepto, que se considera como una obligación, yo le diré que hay obligaciones morales del ciudadano, cuya sanción no debe estar sometida a penas, es decir, que el ciudadano tiene la obligación moral de ejecutar determinado acto, pero su no ejecución no debe entrañar la penalidad, y si nos colocamos en el punto de vista desde el cual se deben ver las cosas prácticas, convendrá el señor Velázquez en que la efectividad del sufragio no deja de ser una utopía, puesto que en países mucho más civilizados que el nuestro, no se ha conseguido todavía.
De manera que sería vano prevenir con castigo, al ciudadano que no vote, cuando tenemos de antemano la seguridad de que nuestras disposiciones no tendrán sanción por la experiencia; porque de hecho, aun cuando lo queramos, no es fácil que se lleven a la práctica los ideales democráticos, siendo la efectividad del sufragio un mito.
Pido la palabra para hacer una aclaración al señor delegado Cervantes.
La Constitución previene que una de las obligaciones de todo ciudadano, es hacer uso del voto ... (Voces: ¡No, no!)
Sí señores, es una obligación y si mal no me acuerdo, es también un derecho; pero es una obligación, y está consignada entre los derechos y obligaciones. Parece que el artículo 36 constitucional dice: Obligaciones del ciudadano: Votar en las elecciones, inscribirse en la Guardia Nacional, contribuir al pago de los impuestos. Si para que se inscriba en la Guardia Nacional, se establecen penas y hay también que obligarlo a que pague los impuestos, no veo la razón por qué no deban establecerse penas a los que dejan de cumplir la primera obligación; ésa es una de las razones que han existido porque, tal vez siempre ha habido quienes argumenten como lo hace el señor Cervantes.
Por otra parte, si la efectividad del sufragio es un mito, es inútil que pongamos leyes electorales, es inútil que procuremos el sufragio, porque si es un mito, no se conseguirá nunca nada.
Precisamente para procurar que deje de ser un mito, es necesario establecer todos los medios posibles para que sea una realidad; pudiera ser muy bien una realidad, castigando a aquellos que no procuren convertir ese mito en realidad.
Pido la palabra, en contra del artículo.
Me he propuesto hablar en contra de ese artículo, no por otra causa, sino porque mucho tiempo hemos observado ... (Campanilla)
Como habló un delegado en contra, va a hablar otro en pro.
Usted se reserva para cuando hable el del pro.
El señor Velázquez, que argumentó en pro, solicitó el uso de la palabra para hacerle una aclaración al señor Cervantes ...
El habló en contra primero.
Después el Presidente de la Comisión.
Le contestaron nada más.
El señor presidente de la Comisión, haciendo uso de un derecho o de una obligación, ha argumentado en contra de los principios del señor Velázquez; por lo tanto, debe hablar en esta vez un señor en contra. El señor pidió la palabra para una aclaración.
Tiene la palabra en pro, el ciudadano Marines Valero.
Yo creo que todos los medios artificiales que se empleen para conseguir la efectividad del voto serán tan perjudiciales (como los medios artificiales que se emplean para conseguir cualquiera otra cosa), por ejemplo, para combatir la religión cristiana o la religión católica.
Voy a tener que hacer aquí una digresión; muchos han creído que para combatir la religión católica, se necesita destruir, se necesita hacer pedazos los monos, como se hizo en el Estado de Nuevo León, apresando a los curas, cerrando los templos, etc., etc., y no haciendo con eso sino conseguir precisamente el resultado contrario, porque exaltado el ánimo, los sentimientos del pueblo católico, lo convirtieron en más católico todavía de lo que era antes. Así considero ahora los procedimientos artificiales que se quieren emplear para conseguir la efectividad del sufragio; porque yo entiendo que ésta es una prerrogativa, no un deber. Siendo una prerrogativa, queda a elección del ciudadano hacer uso de ella o no hacerlo.
Ahora, si se le exige al ciudadano que vaya a votar, desde luego se le coarta su libertad. Hay muchas cosas que deseariamos que hicieran los ciudadanos; por ejemplo, todos estamos convencidos de que los ciudadanos debieran ser perfectamente morales y, sin embargo, a nadie le imponemos una multa porque no lo es; se la imponemos cuando ofende a otro, pero no porque sea inmoral.
A ver, vaya usted a ímponer una multa al noventa por ciento de los habitantes de Cuernavaca, que dicen insolencia y media en esa plaza, que da vergüenza oírlas. No, señor, tienen libertad de ser como se les antoje.
Por otra parte, en la vida diaria, en lo material, deseariamos que todo el mundo tuviera automóvil, que todo el mundo vistiera perfectamente bien, que comiera mejor, que viviera en palacios, y, sin embargo, a nadie lo multamos porque viva en una pocilga, porque vista calzones y huaraches.
No, señores, está dentro de la libertad humana el vivir como se quiera; siempre, naturalmente, que no ofenda a la moral y a la paz pública.
Ahora, en lo que se refiere al sufragio, bonitos estariamos si fuéramos a imponerlo como una obligación, siendo, como debe ser, un derecho sujeto a la voluntad, para ejercitarlo o no. Un indio ¿ qué sabe quién es bueno para Presidente de la República? Nosotros a veces nos vemos negros para encontrar nuestro hombre (porque todos vienen flojos); pues si esto nos pasa a nosotros, ¿qué será para un indio ignorante que no conoce más que sus burros, su leña y sus montes? Seguro está que vayamos a obligarlo a que vaya a ejercer el sufragio, cuando no sabe lo que va a hacer: los resultados serán pésimos. No creo que sea ese el procedimiento y así como para combatir la religión católica no se deben destruir los monos, sino debe educarse a los individuos; no se debe impedir al cura que hable, sino contrarrestar las supersticiones y las mentiras, y predicar la verdad en todas partes: en la escuela, en los periódicos, en la calle, en la tribuna y en todas partes.
En lo que se refiere al sufragio para combatir la apatía de nuestro pueblo, vamos convenciéndolo de que necesita preocuparse por la cosa pública; pero no lo llevemos de las orejas a depositar su voto, porque eso nos ridiculiza ante el mundo que nos muestra con caracteres muy claros.
La mejor manifestación de la libertad, es dejar al individuo que haga lo que quiera: elegir o no elegir, quedándose en su casa rascándose alguna parte oculta de su cuerpo. (Risas y siseos)
Antes de que se me censure, confesaré que cometí una falta. (Aplausos)
No estoy conforme con el articulo 10 y así 10 expresé al calce de ese dictamen que consulta la reforma del propio articulo y que la consulta en tres articulos distintos, aun cuando se trata del mismo asunto ...
Yo ruego al señor delegado Cervantes no me interrumpa.
Dice el artículo 10. (Leyó)
En primer lugar este artículo no nos consulta ninguna novedad, porque no entraña ninguna reforma. Esa es la verdad de las cosas, porque la efectividad del sufragio la disponen todas las leyes de la República, tanto las federales como las locales.
Mandan que sea efectivo el sufragio y disponen que las autoridades solamente intervengan en estos actos cívicos; en casos muy indispensables, como son los de convocar a elecciones, formar padrones, nombrar empadronadores para formar los padrones y vigilar que se instalen las casillas, etc., etc.
Por lo demás, las autoridades solamente cuando tienen especial interés en hacer triunfar una candidatura, se entrometen, aun cuando las leyes disponen todo lo contrario.
De modo que aqui vamos a disponer que las autoridades no se entrometan en la práctica del sufragio; pero vamos a disponer una cosa que ya está dispuesta, como ya he dicho antes, que no es una novedad y, por lo tanto, este articulo no constituye ninguna reforma. Aun cuando temo que apenas haga mención de los dos articulos once y doce que se relacionan con el primero, me van a decir algunos señores delegados que eso no está a discusión, siempre me permito hacer observar que los articulos siguientes se relacionan con el mismo asunto, es decir, tienden a garantizar la efectividad del sufragio, por lo que no veo razón por qué un mismo asunto se consulte en tres artículos distintos, toda vez que, según la práctica que venimos observando, procuramos que en un solo artículo se condensen las ideas que sobre un mismo Ramo tiene la Asamblea; por ejemplo, el artículo primero del Programa está redactado así:
Artículo primero. Destruir el latifundismo, crear la pequeña propiedad y proporcionar a cada mexicano que lo solicite, tierra bastante para subvenir a las necesidades de su familia, dándose en todo caso la preferencia a los campesinos.
Vemos, pues, que ahí consultamos tres cosas distintas, tres procedimientos diversos, para lograr un mismo fin, y así sucesivamente ...
Señor, consultando con algunos de los miembros de la Comisión, hemos convenido en que este artículo no entraña reformas, por lo que aceptamos la indicación del señor delegado Piña, en el sentido de que se suprima, a reserva de que forme parte del preámbulo de ese Programa, del mismo modo que otro artículo que hemos retirado.
Suplico se pida permiso, si no hay inconveniente.
Sigo con el uso de la palabra, señor presidente.
Aquí, a mi oído, dice el señor delegado Velázquez, que no se debe retirar, porque a juicio de él, esto de establecer el voto obligatorio entraña una reforma.
¿Tan pronto ha olvidado el señor delegado Velázquez que la Constitución califica de obligatorio el voto? Es una facultad del ciudadano, como una obligación. Por lo tanto, no eS reforma; ¿para qué vamos a consultar una cosa que no entraña una reforma?
Eso es sencillamente dar el timo al pueblo, o mucho afán de legislar, o querer ponerle los ojos verdes a nuestras gentes.
Una vez que algún señor delegado, miembro de la Comisión Dictaminadora, manifestó estar dispuesto a retirar este artículo, o los tres artículos que se refieren a la misma cosa ... (Voces: ¡No, no!)
Estoy en el uso de la palabra. Les ruego consulten a la Asamblea si está conforme en que se retire, en la inteligencia de que si la Asamblea no está dispuesta a acceder a la indicación de los señores miembros de la Comisión Dictaminadora, haré uso de la palabra en contra del mismo.
Pido que la pregunta sea para retirarlo definitivamente, para que quede suprimido.
La Presidencia manifiesta que el señor delegado Velázquez pide la palabra para una pequeña aclaración.
Aunque el señor delegado Piña nos dice que ésta no es una reforma, como no son muchas las que determinamos allí, pido que como una medida política efectiva se acepte, para que el pueblo comprenda que estamos haciendo algo bueno por él. No se le ha dado nunca el sufragio efectivo, y creo que es una medida política que precisa adoptar.
Vamos primero a preguntar si se suprime el artículo.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta a los señores delegados si están conformes con que se suprima el artículo 10, para incluirlo en el preámbulo que se haga.
Artículo 11. Implantar el sistema del voto directo, tanto en las elecciones locales como en las federales.
Tiene la palabra en contra el ciudadano Nieto.
No fue para este artículo para el que yo pedí la palabra en contra; fue respecto del que se refiere a las atribuciones que se le dan a la Suprema Corte de Justicia.
Ha sido motivo de grandes estudios llegar a decidir si el voto en nuestro país ha de ser directo o indirecto; en mi concepto debe ser indirecto, debido a la falta de civilización y a la inconsciencia de las grandes masas.
Sin pretensiones de ninguna clase, como siempre que he tomado la palabra, voy a exponer mi criterio.
He observado en muchas poblaciones de la República y en tiempo de elecciones (más bien durante las elecciones del señor Madero), que la gran masa iba a votar de un modo inconsciente, sin saber quiénes eran los candidatos. Los directores de esos individuos eran los que los llevaban allí; esto demuestra esa necesidad por la falta de cultura del pueblo, ¿y así vamos a hacer que el voto sea directo para que sea más consciente?
Es lógico, es natural que en un pueblo surjan algunos individuos que sean de la confianza de las comunidades de aquéllos y que por tal motivo tengan su confianza para que los presenten en las elecciones. Esos individuos, guiados por amor a aquel pueblo, por el conocimiento que tienen del país, son unos actores conscientes del acto que se efectúa; por tal motivo, creo yo que basándome en la ignorancia de nuestro pueblo, el voto indirecto será el que más resultado dé, por ser más consciente.
Tiene la palabra en pro el señor delegado Valle.
El C. Valle Luis G.
Al pedir la palabra en pro del artículo que está a discusión, es con el fin único y sujetándome a lo que yo he visto, de exponer las razones a continuación:
En lo particular, en el Estado de Puebla, que es en donde yo he visto y he notado la votación, no ha sido directamente, sino de manera indirecta; así es que aquí dice el artículo. (Leyó)
Por esa parte yo estoy de acuerdo, porque según las razones que ha expuesto aquí, hace rato, el compañero Treviño, decía que entre los del pueblo ¿cómo no había de haber un individuo de confianza de los demás habitantes de esa localidad, a quien le confiaran su voto para que ése lo diera en forma que debiera hacerlo?
Por otra parte, yo advierto que el compañero Treviño está en un error; por lo que se ha visto, dice, muchas veces la mayoría de los habitantes confían sus votos al que tengan más confianza, y resulta que aquel individuo se vende (cosa muy triste). Ya cuando los habitantes o los votantes que depositaron su voto en aquel individuo, para que fuera a depositarIo en favor de algún individuo que pudiera ser útil para el efecto (y que se le nombra), resulta que va a ser todo lo contrario; así es que yo estoy por la parte de que el voto sea directo, no indirecto, porque resultaría un fracaso.
Como muchos de los preceptos que contiene el Programa de Gobierno son altamente morales y grandemente avanzados, pero precisamente porque lo son, no los debemos poner en práctica; creo que debemos tender hacia ellos, debemos procurar que se lleven a la práctica. Si así sucede, debe ser una cosa que sea buena o que se pueda verificar, cosas entre las que hay una gran diferencia.
Estimo y sostengo, como muchas veces he dicho, que habemos aquí muchos individuos soñadores y muy amigos de creer que lo que nosotros pensamos es lo único bueno y lo que debe ponerse en práctica. Desgraciadamente, y digo desgraciadamente, precisamente porque yo quisiera que de los individuos que forman la República Mexicana, si no fueran siquiera ilustrados y conscientes, sí, cuando menos, tuvíeran aquellos conocimientos o aquella enseñanza rudimentaria para poder llegar a conocer la trascendencia que tiene la práctica de ciertas formas políticas, desde el punto de vista de las reformas que quiere implantar la Convención, que a ellos mismos les aporta (desgraciadamente no es así).
Seguramente que uno de los grandes derechos que la naturaleza le concede al hombre, es el de escoger a los individuos que lo conduzcan por el camino más conveniente; esto, traducido en lenguaje político, es el derecho de elegir, derecho que tiene una trascendencia infinita desde cualquier punto de vista que se le considere. De suerte que si cada uno de los individuos que forman la República Mexicana, estuviera en condiciones de poder, de una manera deliberada y consciente, escoger a sus directores, sería esto uno de los grandes factores que evitarían los movimientos revolucionarios, en uno de los cuales estamos nosotros tomando una parte activa.
Como una justificación de lo que digo, debo señalar el hecho de que fue la bandera primitiva de esta actual revolución, la del sufragio efectivo. Esto se viene a probar porque en ese momento de elecciones bastó para que nos lanzáramos a la revolución, por su ilegalidad. Más tarde, modificándose (como todas las revoluciones se modifican en el transcurso de esas mismas revoluciones), vinieron a agregarse estas nuevas necesidades que se van presentando; pero el origen de esta revolución, insisto, es el que fue motivado por el sufragio efectivo; estas palabras sufragio efectivo fueron una gran verdad, un gran principio que yo quisiera que lo pusiéramos en práctica por medio del voto directo.
El voto directo, señores, sólo es compatible con la ilustración rudimentaria, aunque sea de cada una de las entidades, que van a hacer uso de ese voto. De otra manera, no puede ni debe concedérseles esa facultad.
El día que nosotros tengamos siquiera siete millones menos de individuos que no sepan leer y escribir, ese día creo yo que puede y debe muy bien ponerse en práctica el voto directo; pero mientras tengamos la gran mayoría (un noventa por ciento de individuos que no saben ni leer ni escribir), el voto directo no podrá ponerse en práctica.
Teniendo entendido que hay un gran sociólogo cuyo nombre no recuerdo, pero que dice que el voto directo sólo debe utilizarse entre individuos conscientes, entre individuos que sepan apreciar toda la trascendencia que tiene el elegir a sus mandatarios, y como esto no puede hacerse sino mediante la instrucción, la de saber leer y escribir, no es posible, por consiguiente, el que este voto se ponga en la práctica. Ojalá se pueda poner, ojalá ese ensayo que nosotros pretendemos, nos salga de la manera que nosotros deseamos, con un resultado benéfico; yo me alegraré mucho, y si bien es cierto que debemos ser atrevipos para ciertas reformas, yo creo que estamos convencidos de que si esas reformas van a fracasar, no debemos ni intentarlas.
Conforme con que las reformas encuentren grandes escollos, grandes sacrificios; pero siempre y cuando tengamos aunque sea una sola esperanza de llegarlas a poner en práctica; mientras no tengamos esa esperanza, no debemos ni siquiera intentarlas, porque lo que hoy hacemos mañana lo tendremos que deshacer.
Como una medida probablemente de transacción, yo propondría a la Asamblea que no se volviera a prejuzgar nada absolutamente, de la manera de como se va a hacer efectivo el sufragio; estamos perfectamente convencidos de que muchos de nuestros preceptos legales son muy buenos, y lo único que se necesita, lo ha dicho perfectamente bien Samuel Smiles, en estas palabras: nos preocupamos demasiado de los principios y no nos fijamos en los hombres.
Yo creo que muchos de estos principios que nosotros hoy tachamos de malos, son y serán muy buenos si hay sufragio honrado que los ponga en la práctica; lo mismo da que nosotros pretendamos ahorita poner el voto directo como una idea muy avanzada, si no tenemos individuos honrados que puedan llevar a la efectividad ese voto. ¿Cómo va a votar un individuo que no conoce a quiénes va a elegir? ¿Lo va a hacer únicamente porque se le diga o se le sugiera que tal o cual individuo es competente?
Seguramente que no será la base de donde se parta para legislar sobre el particular; esto debe hacerse por medio de comprobantes en cualquiera forma que sea, para que quede una constancia, y esto sólo puede hacerse sabiendo los individuos leer y escribir. Mientras esto no suceda, no será posible; se le podrá engañar poniendo su nombre, suplantando el nombre de las personas a quienes elijan.
Como no sabemos todas las necesidades ni todas las dificultades con que tropezaremos mañana al elegir, ya sean autoridades locales, ya federales, iremos palpando, cuando llegue el caso, las necesidades, e iremos viendo cómo se van haciendo esas elecciones sucesivas. En vista de ellas y comenzando por las de los Ayuntamientos y siguiendo en el orden que deban hacerse, se irán haciendo las reformas que se juzgue conveniente, lo que sea factible. Así la Asamblea puede darse cabal idea de lo que realmente es factible; si el resultado de esas elecciones es favorable, se implanta el voto directo, y yo seré el primero en sostenerlo y en darle mi voto de aprobación. Yo creo que no debe figurar aquí el artículo y pido a la Asamblea que lo rechace, para que se reserve el derecho de saber si se debe, llegada la oportunidad, aceptar el voto directo, fijándolo en otra forma, para que no digamos nada si se implanta o no.
Ya en el artículo anterior se dice mucho respecto del voto; ya en el preámbulo se dice que se va a hacer efectivo el sufragio; ya veremos la manera de cómo hacerlo efectivo.
Vuelvo a insistir, señores delegados, en esto que yo quiero que grabéis de una manera radical, que nos acordemos que siempre que se trate de Programa de Gobierno, no nos fijemos únicamente en los principios, fijémonos en la parte práctica, en los hombres que van a llevarlos a cabo. No porque un principio sea muy bueno, podemos llevarlo a la práctica sin saber cómo ni de qué manera vamos a proclamarlo; nos haremos dignos de mayor censura, si no se obtiene el resultado.
Es necesario que en todo veamos antes que haya hombres competentes y que las condiciones sean probables de dar resultados favorables; mientras esto no sea posible, no debemos meternos en ese mare mágnum.
Rechazemos el artículo, sin prejuzgar; si implantamos el voto directo, no nos preocupemos si debe ser indirecto o directo, procuremos dejar el principio de hacer efectivo el sufragio, y ya veremos después la forma en que debe hacerse. (Aplausos)
Como miembro de la Comisión pido la palabra para hacer aclaraciones y rectificar hechos.
El primer hecho que señalo es doloroso: la única cosa buena que logró hacer el maderismo en su buena época, por cierto, fue el voto directo.
Los hombres de 1910, que fue lo único que hicieron, vienen ahora a retractarse de su obra y a hacernos retroceder. Este es el hecho doloroso.
La otra rectificación de hecho, es esta:
El señor Castellanos ha estado hablando media hora sobre la restricción del voto, sobre que se quite el derecho de votar a los que no saben leer ni escribir, y ese argumento tan se aplica contra el voto directo como contra el voto indirecto; lo mismo es engañado el que no sabe escribir al nombrar al diputado directamente, que al nombrar al elector. El único peligro de más es que, una vez nombrado el elector en el régimen indirecto, es más fácil corromperlo que a mil individuos que lo eligieron. (Aplausos)
El objeto del voto directo es simplemente esto: dificultar la corrupción de la masa electoral. Es más fácil corromper a los ochenta electores de un Distrito que a los ochenta mil ciudadanos de éste. Esa es toda la rectificación clarísima que tengo que hacer, y es triste que las pocas conquistas de 1911 las echemos abajo de una plumada.
El camino de un demócrata, si quiere hacer obra democrática, es no retroceder.
Pido la palabra para hacer una aclaración a la llamada aclaración del señor Lic. Soto y Gama.
Desde luego me ha sorprendido que el señor Lic. Soto y Gama que, conforme a sus teorías socialistas, no le concede ninguna importancia a estas cuestiones políticas, venga ahora a asentar una opinión tan terminante, y yo me permito decirle que estoy rigurosamente de acuerdo con la opinión del doctor Castellanos, porque estimo que la manera de engañar al pueblo es justamente haciéndolo creer que tiene capacidad de ejercitar un derecho, cuando de hecho no la tiene, porque aunque se diga lo que se quiera y se hable mucho del pueblo, jamás se podrá demostrar que un individuo que no conoce ni el idioma que hablan sus congéneres, podrá conocer el acto tan trascendental de ejercer el voto. De manera que en esto tiene absoluta razón el señor Castellanos, y repito que yo estoy rigurosamente de acuerdo con él en cuanto a que el voto debe ser restringido, porque debe ejercitar facultades de voto aquel que sabe lo que quiere decir voto; pero pretender que indígenas que no saben el idioma, que no saben leer ni escribir, vayan a ejercitar un acto tan trascendental como ése, es puramente un sueño.
Yo creo que no se dificulta mucho para el ciudadano, el elegir ayuntamientos, jueces de primera instancia y jueces de paz, porque ciertamente si hay muchos que no saben escribir, sí tienen criterio para saber quién les conviene como gobernante. Lo que sí yo afirmo y olvidé explicarle la vez pasada que hablé, es esto: que los ciudadanos, que muchos ciudadanos, no todos, no entienden cuál es el individuo más apropiado para la Presidencia de la República. Yo propondría a la Comisión que se aceptara el voto directo en las elecciones municipales, y el indirecto en las de Presidente de la República y demás autoridades federales, por la razón sencillísima de que mal puede ejercer un derecho, si no conoce lo que va a hacer.
Voy a sentar un hecho, señores, que es, en mi concepto, un poderoso argumento contra las teorías sostenidas por el señor delegado Castellanos y por el señor Cervantes, en el sentido de que el voto debe ser indirecto.
Durante el régimen porfiriano el voto era indirecto; el pueblo, en una especie, mejor dicho, en una farsa de elección, designaba a los electores; éstos concurrían, las más de las veces, a la capital del Estado, y entonces (caso que se repitió en Hermosillo, capital del Estado de Sonora), los electores eran encerrados en un corralón, y ahí se les obligaba a que emitieran el voto en el sentido que convenía al Gobierno.
Decepcionado el pueblo, desencantado por la manera tan atroz de cómo se burlaba su voluntad, expresada por medio del voto, el pueblo de la República secundó el Plan de San Luis Potosí, que ofrecía hacerlo efectivo. (Aplausos)
Pido la palabra para una pequeña aclaración.
Suplico a la Presidencia se sirva decirme hasta después de cuántas aclaraciones nos va a conceder el uso de la palabra, porque yo estoy inscrito en pro.
No sé qué hacer en este caso, señores; no tiene límite. (Voces: Llamar al orden a los oradores)
Suplico al señor presidente que tenga en cuenta que los que piden la palabra para aclaraciones o para hechos. generalmente no lo hacen así, sino que hablan en pro o en contra, y como esto interrumpe la lista de los oradores, le ruego llame oportunamente al orden a los que esto hacen.
Yo le contesto al señor Menchaca que ya lo quisiera ver aquí. (Risas)
A la aclaración que hizo el señor Soto y Gama, respecto a la conquista que había hecho la Revolución de 1910, referente al voto directo, diciendo que fue la única y lo más bueno que hizo, le digo que si no recuerda cuántos individuos hubo de los elegidos por el pueblo, que fueron nuestros verdaderos enemigos y que hubo verdaderos conflictos para evitar que eSos individuos fueran a ocupar los lugares públicos para los que se les designaba, porque el partido reaccionario, el partido conservador, fue el que tuvo la mayor participación en este asunto, y lo hizo valiéndose del voto directo.
Respecto a lo que dice el señor Piña y que nos trae como ejemplo lo que él mismo califica que era una farsa, yo le pregunto, ¿cómo nos puede servir eso de ejemplo? De manera que su ejemplo no tiene peso.
Por último, el que se hagan elecciones para Presidente y Vicepresidente de la República, o sea para mandatarios federales y locales, yo creo que éste es un asunto ya determinado, porque la Constitución de cada Estado habla sobre el particular, diciendo en qué forma debe hacerse; de aquí viene lo de la soberanía de los Estados, que se le ha olvidado al señor Piña, y lo mismo en lo que se refiere a las elecciones federales, ya los artículos constitucionales indican lo que debe hacerse sobre el particular.
Pido la palabra como miembro de la Comisión, para expresar dos palabras nada más, que me comunicaba el señor Zubiría y Campa, diciéndome que las elecciones del tiempo del señor Madero se hicieron en forma indirecta, porque todavía no se reformaba la Constitución, y me contaba que se presentó muchas veces este hecho, que ustedes también deben haber presenciado: se presentaba un individuo en la mesa electoral, a votar; le decían: ¿a quién vota usted? contestaba: por Madero; se le decía bueno, eso para Presidente, pero para elector ¿a quién? Pues también por el señor Madero. Y no lo sacaban de ahí.
Con estos argumentos ustedes comprenderán cuál es el mejor voto, si el directo o el indirecto; y esto sucedía no porque no tuvieran confianza en un elector, porque ni lo conocían, sino porque no entendían que para nombrar un Presidente había que pasar por el conducto de otra persona que no les inspiraba confianza. (Aplausos)
Yo pedi la palabra antes que el señor Montaño.
Por un largo transcurso de tiempo hemos estado observando el sistema de voto indirecto; todos ustedes han visto cómo ha sido burlado el pueblo, cómo han sido sobornados los electores, cómo los electores han estado sujetos a consigna, cómo esos electores han burlado a los habitantes que pudieron elegirlos, cómo han pisoteado esos electores la honradez de aquéllos que los eligieron; se han dejado corromper, ya sea por miedo o por dinero; pero la cuestión es que nuestra democracia, que tanto hemos invocado, siempre ha sido burlada; el escamoteo electoral siempre lo hemos tenido a la orden del día y no hemos encontrado otro medio más racional en la actualidad, que establecer el voto directo; de esa manera tendremos menos hombres corrompidos, porque es muy fácil corromper a un hombre, pero no es fácil corromper a tantos millones de hombres.
Por tal motivo, creo que el voto directo nos dará los mejores resultados; ensayemos otro sistema nuevo; todos vosotros habéis visto que los hombres electos nunca han sido ungidos con la tan decantada soberanía, nunca han sido ungidos con el voto popular, como tanto se ha dicho; siempre esos gobernantes han sido electos por consigna, no han sido la representación genuina del pueblo; siempre a esos hombres los han comprado los déspotas, los dictadores; en todo tiempo los hombres más ambiciosos, que más se dejan sobornar, se han burlado del pueblo; en todo tiempo y en toda época lo han hecho, y hay que poner un hasta aquí a los comerciantes de fraudes electorales, hay que poner un hasta aquí a los convenencieros, hay que poner un hasta aquí a las consignas y hay que poner un hasta aquí a toda esa sarta de burlas de que ha sido víctima el pueblo, y creo que la única manera qe establecer un hasta aquí a esas consignas, a esos escamoteos electorales, es precisamente el voto directo. (Aplausos)
Por mucho tiempo se ha hablado de democracia en nuestro país; pero esa democracia aquí ha tropezado con múltiples dificultades, con obstáculos que casi son insuperables, con un mundo de cosas que ya nos tienen aturdidos; siempre se ha repetido que el pueblo mexicano no está apto para la democracia; pero si el pueblo no ha podido ir a las urnas electorales, es precisamente porque en las urnas electorales han encontrado los cañones y las bayonetas; ha encontrado el pueblo que, en vez de recibírsele decorosamente, como se recibe a un verdadero pueblo, se le ha recibido como a un esclavo y a ese pueblo se le ha dado de sablazos, se le ha ultrajado, y por eso tenemos que lamentar la indiferencia del pueblo, porque muchas veces ese pueblo ya no va a las urnas electorales; mejor toma las armas para derrocar a los tiranos. (Aplausos)
No estoy por la idea de que sólo los que sepan leer y escribir sean los únicos que deben tomar participio en la lucha electoral, sean los únicos que vayan a las urnas electorales; porque esto sería gozar del privilegio de ejercitar unos sus derechos políticos y otros no, en materia de sufragio; no estoy conforme, porque entonces sólo se establecerían privilegios, y nosotros estamos contra los privilegios.
No, señores; que vengan aquí todos para hacer uso de sus cédulas, para depositar su voto; que vengan a ejercitar sus derechos, pero no establezcamos desde ahora las castas de los privilegiados para establecer el voto; que vengan acá los analfabetos, los últimos campesinos de nuestros cerros; que vengan todos los que se nombren hijos de México, para que tengan derecho a designar los hombres que puedan regir los destinos de su pueblo, los destinos de la Patria. (Aplausos)
¡Por cuánto tiempo, señores, hemos lamentado nosotros que no podamos ver esa democracia que hizo feliz a Roma y por la que se elevó a la categoría de República, llegando a ser la señora del mundo entero!
Y nosotros todavía estamos poníendo obstáculos a la democracia; nombramos a cada momento la soberanía de los Estados, la soberanía del pueblo, y nosotros somos los primeros en burlarla, nosotros somos los primeros en violarla; ponemos obstáculos a la democracia, cuando si en México existiese la soberanía, sería el pueblo rey; cuando establezcamos la soberanía de los Estados, cuando a los hombres no se les pongan obstáculos para votar, entonces ese pueblo será grande y poderoso, como lo fue Roma y como lo fue Grecia. (Aplausos)
Entíendo, señores delegados, que en la conciencia de todos está que es más fácil corromper a un hombre que a muchos; a un hombre se le corrompe, como se ha visto con los electores, ya por el dínero, ya por una copa de champagne, ya por un banquete, ya por una tamalada, ya por un taco de mole de guajolote. (Aplausos)
En lo sucesivo, señores delegados, pongamos un hasta aquí, establezcamos el voto directo; el pueblo no se engaña, ¡mentira que se engañe cuando se le deje verdadera libertad para que venga a ejercitar su voto! Porque sabe, porque comprende quiénes son capaces de redimirlo y quiénes son capaces de explotarlo, de encadenarlo; quiénes son capaces de colocarle la cerviz bajo el yugo dominador del tirano; pero el pueblo no se equivoca; cuando tenga positiva libertad, el pueblo tendrá el suficiente tacto para elegir sus gobernantes.
En la conciencia de todos vosotros existe, señores delegados, que por tanto tiempo el pueblo ha pretendido ejercitar sus derechos; pero, ¿cómo se le ha recibido en las urnas electorales, cómo se le ha burlado en los colegios electorales? De la manera más fatal e inicua. ¿Cuándo ha resultado entre nosotros un gobernante electo verdaderamente por el pueblo? ¿Cuándo, señores? El único Presidente que yo tuve la honra, como todos vosotros la tuvísteis, de elegir, fue Francisco I. Madero. (Aplausos)
Confesemos la verdad histórica, no nos hagamos ilusiones; he dicho que sólo un hombre he contemplado en mi vida política; todos los demás se han impuesto por medio de la compra, del soborno; al pueblo se le ha humillado, al pueblo se le ha amagado, y ese pueblo hasta ahora no puede ejercitar sus derechos. Si queremos verdadera soberanía, como tanto se nos ha cantado en distintos tonos -pero que no sea una pseudodemocracia, porque esa soberanía ha sido una pseudosoberanía-, hagámosla efectiva todos; todos debemos hacer un impulso poderoso para realizarla; pero no vengamos a establecer restricciones para el pueblo; démosle libertades al pueblo, y de esa manera ese pueblo verdaderamente irá a votar a las urnas electorales; de esa manera al pueblo no se le engañará cuando tenga libertad, cuando tenga luz, cuando tenga civilización; porque todos vosotros estaréis convencidos de que al pueblo se le ha negado la luz de la civilización, y una vez que se le ha negado, ¡ahora queréis ponerle cortapisas, a él que no tiene luz, para que vaya a votar! ¡Ahora vamos a establecer una casta privilegiada que sea la única que vaya a votar! Creo que no, señores; yo soy partidario de los campesinos, porque pertenezco a la última clase del pueblo; en mí encontrarán, señores, la convicción de que yo no permitiré, desde ahora, como creo que no permitirán todos los hijos de México, que se arrumben las masas que no han podido aprender a leer y escribir; pero que desde el momento en que tenga las garantías suficientes para votar, ese pueblo, aunque sea inconsciente sabrá perfectamente elegir a sus gobernantes y podrá salvarse de los déspotas.
Creo yo, señores, que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen; pero también debo afirmar que si vosotros holláis a los campesinos que no saben leer ni escribir; si vosotros holláis a todas las masas inconscientes de nuestra República, desde ese momento vamos a establecer los privilegios, y yo voto contra los privilegios; yo quiero la positiva democracia, pero no la pseudo democracia; yo quiero la positiva soberanía del pueblo, y una vez que tengamos la soberanía del pueblo, le daremos la positiva libertad. De otra manera, aunque se diga que tenemos libertades, la verdad es que sólo existirá el yugo para el pueblo. Que se hable alto y claro, pero no establezcamos castas de ninguna naturaleza, no establezcamos que la aristocracia pueda gobernar en México; todo lo contrario: debe gobernar el pueblo, sin distinción de clases, porque todos tenemos una gran aspiración, un gran impulso, una ansia grande y poderosa de ser libres y de redimir al pueblo del despotismo, dándole la verdadera corona de la libertad. (Aplausos)
El C. Velázquez, en contra
Estoy de acuerdo completamente en que el voto sea directo, pero insisto otra vez en que debe ser obligatorio.
Había dicho anteriormente en una aclaración al señor Cervantes, que el artículo 36 constitucional señala como una obligación el voto, y voy a probarlo.
El artículo 36 dice:
De la misma manera que la obligación anterior, ésta es una prerrogativa a la vez que una obligación del ciudadano. Si el egoísmo, esa fría indiferencia que muestran a veces los hombres en la marcha de la cosa pública, no les permite tomar una participación patriótica en el nombramiento de los ciudadanos que han de ejercer el poder público, la sociedad no puede quedarse sin Gobierno, sin hacer el nombramiento de los funcionarios, de otro modo que no sea el determinado por las leyes, y que es el adecuado al sistema político que sigue el país.
En este caso la ley debe compeler al ciudadano remiso a ejercer un acto que es necesario para evitar una situación anárquica o para que la Nación caiga en la acefalía.
Es ésta, pues, una obligación correlativa del derecho que tiene el Estado de vivir organizado para poder cumplir su objeto. La Constitución impone esta obligación al ciudadano de la República. No dice de la Federación, porque no se trata solamente de las elecciones para el nombramiento de autoridades federales, sino para todas las elecciones populares, es decir, de la Federación, del Estado y del Municipio. Por eso el ciudadano debe ejercer el acto de votar en el Distrito que le corresponda.
Ya que nosotros hemos procurado que se haga efectivo el sufragio, uno de los medios que podemos encontrar para hacerlo efectivo es hacerlo obligatorio; de la misma manera, como antes decía, que se ha hecho la instrucción obligatoria.
Por lo que toca al voto directo, estoy enteramente de acuerdo con él y de ninguna manera con mi compañero el señor Marines Valero, que quiere que un nuevo Papa venga a declarar a los indios, de razón; porque dice que los indios son un atajo de animales, esa gente que por culpa nuestra, por culpa de las clases directivas, ha estado en el obscurantismo. No, señor; no es que le falte razón ni inteligencia suficiente para comprender quiénes pueden hacerle bien o mal, y como prueba efectiva de este aserto está la de que en la actual contienda armada ha tomado una participación que, sin ella, nada hubiera podido hacer lo que se llama clase media o clase directora. Esto es todo. (Voces: ¡Muy bien!)
Tiene la palabra el ciudadano Ortiz, en pro.
Para una moción de orden. Le suplico a la Secretaria que informe si ya han hablado tres oradores en pro y otros tres en contra, y si fuere así, que pregunte si está suficientemente discutido.
Es el último orador el que va a hacer uso de la palabra.
Hago uso de la palabra con el objeto de sostener el artículo a discusión. Daríamos una prueba de grandísima ingratitud al pueblo que nos está ayudando a luchar. (Voces: ¡No se oye!)
Si elimináramos al pueblo de votar, nos diría con mucha razón que sólo cuando se les llama a los combates, entonces sí son capaces. Aquí parece que se pretende que vengamos a predicar las teorías porfirianas; en aquella época se decía que el pueblo no estaba apto para la democracia, que no era digno ni capaz de elegir a sus mandatarios, ni mucho menos saber quiénes eran útiles y quiénes no; por consiguiente, yo sostengo que el voto debe ser directo, porque, de lo contrario, vuelvo a decir que sería una prueba de ingratitud que dariamos al pueblo; porque Limantour sólo supo que el pueblo era suficiente y competente para llevarlo de leva al ejército, para consignarlo a las armas, pero para el voto no era capaz; nosotros estamos predicando la libertad, estamos llevando a cabo la justicia y queremos hacer beneficios al pueblo; debemos aceptar, señores delegados, el voto directo, porque de otro modo nos encontraremos en el caso de hacer una injusticia a los soldados que están en el campo de batalla luchando por la libertad. (Aplausos)
Para una moción de orden. Que se pregunte si está suficientemente discutido el punto.
Yo había pedido la palabra con anterioridad.
Si lo hace uno, tiene derecho de hacerlo otro y otro, y nunca se acaba.
Es para una aclaración de estadística, ciudadano presidente, breve, concisa.
La Mesa, por conducto de la Secretaría, pregunta a los ciudadanos delegados si consideran suficientemente discutido el artículo. (Voces: No, no. Sí, sí)
Está a votación el articulo 11.
Los que lo aprueben sírvanse ponerse de pie.
Artículo 12. Facultar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para que decida, si así lo piden los electores, en última instancia, sobre la validez de las elecciones de los poderes de los Estados.
(La Secretaría dio lectura a la lista de oradores)
Deseo saber, señor presidente, si el artículo 10 fue retirado definitivamente.
Pido la palabra paKa una interpelación al presidente de la Comisión. Yo suplico ...
Pero es una interpelación muy pertinente; usted me acaba de afirmar que el artículo 10 se retiró para reformarlo; como el señor presidente de la Comisión, a pregunta especial que yo le hiciera, me afirmó que el artículo 10 se retiró para ser reformado, y como yo estoy en la inteligencia de que se retiró para que forme parte del preámbulo del Programa de Gobierno, yo pregunto a la Comisión en qué sentido o bajo qué concepto se retiró el artículo, el 10.
Él C. Cervantes
Ya le contesté, señor.
Acaba de ser informada la Mesa que se retiró para que forme parte del preámbulo.
Muy bien, señor; quedo satisfecho.
Le suplico al señor presidente de la Comisión, que no se vaya.
Voy a interpelar, con permiso de su señoría, al señor presidente de la Comisión de Programa.
Le suplico me haga el favor de decirme ¿qué entiende la Comisión, con su presidente, por soberanía de los Estados?
El señor delegado Nieto me somete a un examen bastante riguroso, y yo debo decirle que el asunto es bien serio, pero para aclarar la creencia en que probablemente está, de que yo defiendo este artículo ...
Sin probabilidades, le suplico me conteste categóricamente sobre lo que le pregunté; nada más.
Voy a contestarle en la medida de mis pocos alcances, en el concepto de que seguramente lo voy a hacer mal.
La Carta Fundamental, la Constitución, establece que la República Mexicana está formada por un grupo de un número N de Estados, independientes entre sí y que forman una unidad en cuanto a su régimen general, es decir, una República.
El propósito de esa unión de los Estados entre sí, es el de asegurarse y defenderse mutuamente en todo aquello que signifique ataque, dijéramos a la colectividad o al grupo de Estado, porque la idea fundamental es la de la formación de una nacionalidad; pero la existencia del régimen federativo implica al mismo tiempo la condición de que esos Estados asociados para su auxilio y defensa mutuamente, tengan un gobierno general que, sin embargo, no puede ejercer sobre el gobierno particular de cada uno de esos Estados, ningún acto que menoscabe las facultades que cada Estado en lo particular tiene de gobernarse por sí y ante sí.
Estoy conforme; ha definido el señor Cervantes, de una manera suficientemente clara para que lo entienda la Asamblea, en lo que consiste la soberanía de los Estados, y para evitarle a la Asamblea un discurso kilométrico y no martirizar sus oídos, como lo hacen con frecuencia algunos señores delegados, voy a permitirme decirle al señor presidente de la Comisión, que de acuerdo con las ideas que acaba de expresar, el artículo o la proposición que está a debate está en pugna con el artículo noveno.
Yo estoy en contra de ese artículo.
Entonces, para no hablar en contra y para evitar ese martirio a que me acabo de referir, le suplico a la Comisión que se ponga de acuerdo para que, si lo cree conveniente, lo reforme de manera que no se ataque la soberanía de los Estados; esto por no decirles a ustedes que lo retiren de plano.
El señor delegado Nieto ha olvidado una advertencia que me permití hacer cuando se discutió el asunto del Programa; yo le suplico que recuerde que afirmaba yo que siendo tan numerosa como es la Comisión de Programa, fue una cosa enteramente difícil el llegar a un acuerdo absoluto en todos los artículos, porque en muchos de ellos había diferencia de criterio, diferencia de opiniones, diferencia de doctrinas, etc., etc., y para su satisfacción debo decirle que estoy conforme con sus ideas y que estoy inscrito en contra del artículo a discusión; pero no puedo acceder a la petición de que nos pongamos de acuerdo porque si durante la discusión, que fue muy larga, no nos pudimos poner de acuerdo, menos podremos hacerlo ahora, en unos cuantos minutos. De manera que yo le suplico al señor Nieto se concrete a atacar el artículo, como voy a hacerlo yo, para conseguir que esta Asamblea lo rechace.
Conste, señores, que quiero evitar pérdida de tiempo y el sacrificio de que ustedes me oigan, porque lo hago bastante mal. (Voces: ¡No, no! Risas)
Quiero saber si los miembros de la Comisión están de acuerdo con las ideas del señor Cervantes.
Voy a hablar en nombre de la Comisión.
La pregunta ha de ser otra: si los miembros de la Comisión están de acuerdo en retirar el artículo.
Yo estoy de acuerdo con él; el señor Pasuengo fue el autor, lo mismo que el señor Zepeda, el señor Montaño está de acuerdo con el artículo; si el señor Orozco no lo está, puede ponerse de pie.
Como miembro de la Comisión: Yo manifiesto que no estoy de acuerdo con el artículo, porque conceptúo que ese artículo es un ataque contra la soberanía de los Estados.
Muy bien, señores, puesto que la Comisión, mejor dicho, la mayoría de los miembros presentes lo sostienen, voy a tener la pena de argumentar contra él.
En primer lugar, empiezo por dar a ustedes la razón total, la razón de las razones, para significarles la inconveniencia de este artículo, y es la siguiente: que después de haber aprobado en el artículo noveno, que se respetará la soberanía de los Estados, seríamos muy poco lógicos, muy inconsecuentes con nuestros propios actos, si fuéramos a aprobar este artículo, que de hecho es un ataque, es una violación flagrante a la soberanía de los Estados. Eso por una parte. Pero quiero suponer que los autores de esa proposición vayan a argumentar en pro, y supongo asimismo que los argumentos van a consistir en que las elecciones que se lleven a cabo en los Estados, puedan carecer de honradez y que, en ese concepto, la Suprema Corte de Justicia es la indicada para decidir en última instancia si aquellas elecciones estuvieron bien o mal hechas.
En este sentido puedo afirmar que después de que aprobemos el voto directo, la irregularidad en las elecciones, no será culpa del sistema, sino de la mala fe o de la poca honradez de los hombres que en ellas intervengan.
Quiero suponer que el Congreso de un Estado sea corrompido por el gobernador, que es una persona influyente en el mismo Estado, y que ese mismo Congreso, después de haber cometido tal o cual acto contra la ley, tendrá sobre sí la opinión de la Suprema Corte de Justicia.
Muy bien. Pero ¿quién nos garantiza que la Suprema Corte de Justicia no podrá ser corrompida a su vez por el Presidente de la República, ante el cual, indudablemente, el gobernador del Estado será hombre de influencia?
Por el camino de las corrupciones se puede ir muy lejos; mientras haya hombres poco honrados al frente del gobierno de un Estado o del Gobierno General de la República, siempre las leyes podrán ser violadas, y no me imagino yo cómo puedan probar los señores que fundan esta proposición, que los miembros de la Suprema Corte de Justicia serán más honrados y más puros que los miembros del Congreso local de un Estado.
Si el objeto de los señores delegados que integran la Comisión, al proponer esta reforma, es el de evitar los chanchullos, los fraudes electorales en los Estados, están en un error gravísimo al suponer que esos fraudes y esos chanchullos pueden ser corregidos por el fallo en última instancia, de la Suprema Corte de Justicia; porque tan hombres corrompidos son los diputados de un Estado, como los magistrados de la Suprema Corte, con la diferencia que los diputados de un Estado se venderán individualmente por mil, dos o tres mil pesos y los magistrados de la Suprema Corte se venderán por mayor cantidad, por ser de más categoría; pero siempre se venderán.
Yo creo que los autores de esta proposición y sus defensores, no han tomado en consideración la inconveniencia gravísima que en el orden político tiene para el prestigio de la Revolución: ¡lo que no hizo Porfirio Díaz, lo que no hizo Victoriano Huerta, lo que no hizo ninguno de los dictadores pasados, lo vamos a hacer nosotros, que nos preciamos de respetar la soberanía de los Estados, la autonomía de los municipios, la libertad civil de todos los hombres en la República!
¿Cómo van a creer en nuestra buena fe los contrarios de nuestra causa, si empezamos por decirles que lo que antes era una violación de la soberanía de los Estados, por el capricho del dictador -pero una violación que no estaba apoyada en la ley-, ahora tendrá que serlo apoyada en la misma ley que nosotros estamos implantando?
Los autores de esa proposición deben reflexionar seriamente en lo que acabo de decirles.
Podría argumentarse más sobre la misma tesís; pero para no cansar a la Asamblea, creo que con lo que he dicho basta. Los señores delegados, a quienes conceptúo de criterio y de juicio, no aprobarán, seguramente, este disparate, porque, en efecto, es un verdadero disparate, señores, y por eso les suplico que den su voto negativo, no por espíritu de partido, sino por convencímiento; esto no tiene absolutamente en qué apoyarse, no trae conveniencia alguna a los fines de la Revolución.
Tiene la palabra el ciudadano Soto y Gama, para rectificar un hecho.
El señor Nieto, que no es abogado, no tiene obligación de saber lo que sabemos de memoria todos los abogados, o sea que durante más de veinte años -y allí está el señor licenciado Borrego, que es testigo- rigió como regla inviolable de gobierno este artículo, llamémosle político o político-judicial; es decir, durante toda la época del señor Juárez, no de Díaz, y durante toda la época de Lerdo, rigió este artículo; es decir, durante toda la época, la Suprema Corte de Justicia, cuando los electores acudían a ella en demanda de amparo, siempre examinaba las elecciones y declaraba si eran legítimas o ilegítimas; por lo tanto, verá el señor Nieto que no es tan absurdo algo que ya se practicó en el pasado. Era lo que se llamaba amparo por incompetencia de origen.
¿No es así, compañero Borrego?
Se decía: un particular cualquiera pide amparo contra el acto de los legisladores, porque dice que para molestar a una persona, o no sé qué, se necesita que se trate de auto por escrito de autoridad competente, y como esa autoridad no es competente, pide amparo, y la Corte, con ese motivo, examinaba de arriba a abajo todos los autos que se le sujetaban a su examen.
Después de estas rectificaciones, el señor Zepeda y el señor Pasuengo, que propusieron el artículo, demostrarán con hechos prácticos cuántas veces son corrompidas las legislaturas y cuántas veces es necesario que después del fallo inicuo de las legislaturas, falsificando las elecciones, venga la Suprema Corte de Justicia, como juez, a examinar los expedientes para ver los fraudes, para contar el número de votos falsificados y después de esto para saber quién tiene la razón, si la legislatura corrompida o el pueblo, verdadero soberano que pide que se corrija el fraude cometido por las legislaturas.
A la vez que me pedía la palabra el señor Borrego, me la pedía el señor Soto y Gama, de manera que luego hará usted uso de ella, y ahora la tiene el señor Borrego.
¿Tiene mucho empeño el señor Cervantes en hacer uso de la palabra?
Voy a referirme a los conceptos del señor Soto y Gama, y debo manifestar que los he escuchado con gran sorpresa, porque yo, que no soy abogado, creo tener un pequeño conocimiento de este asunto que él demuestra desconocer.
El señor licenciado Soto y Gama, como jurisconsulto debe estar enterado de las grandes discusiones que ha motivado la tan traída cuestión de la competencia o incompetencia de la Suprema Corte.
Seguramente que él conoce, nada más que lo ha olvidado, que el licenciado Vallarta, en materia de Jurisprudencia estableció en un magistral, en un soberbio, en un notable estudio que ha hecho época, que la Suprema Corte de Justicia no debía tener facultades para juzgar de las elecciones de los Estados.
Debo hacerle advertir al señor licenciado, que según estudios sobradamente correctos de personalidades en cuestión de jurisprudencia, debe aceptarse, debe convenirse en que, aunque lo diga la Constitución, la institución de la Suprema Corte de Justicia no constituye un tercer poder, sino que constituye un cuerpo especial que tiene por objeto el hacer aplicar, con perfecta justicia, las leyes existentes; es decir, que es una ejecutora de las leyes de antemano dictadas, de tal manera que si se aceptara que la Suprema Corte de Justicia tenía facultades de intromisión para juzgar en las dudas que tuviera un Estado, en la elección de sus gobernadores, habría facultad de intromisión del Poder Judicial en todos los Poderes. Sancionar el que la Suprema Corte de Justicia podía decir la última palabra en la elección de gobernadores, sería establecer también que tenía facultades para decir la última palabra en materia de elecciones de Presidente de la República y de diputados al Congreso de la Unión; es decir, que se cometería el gravísimo error de pretender que la Suprema Corte de Justicia era el Poder soberano.
El señor licenciado Nieto me preguntaba ...
No soy licenciado.
No había advertido la incompatibilidad entre el artículo noveno y el artículo once.
Yo quiero hacerle la interpelación de que incompatibilidad existe entre un artículo y otro artículo.
El C, Cervantes
Existe la incompatibilidad de que si sancionáramos este articulo, como está concebido, sancionaríamos la violación de la soberanía de los Estados por el Poder Judicial.
Allá voy. El artículo noveno quedó reformado en este sentido:
IX. Realizar la libertad económica y política de los municipios, y hacer efectiva la soberanía de los Estados.
Una cosa es la libertad y otra la independencia. (Voces: Y la soberanía de los Estados)
Que se lea el artículo noveno.
Al cabo es cuestión de detalle; yo quiero suponer que se realiza la independencia política y económica de los municipios y se garantiza la soberanía de los Estados; ¿en qué se ofende la soberanía de los Estados si la representación nacional autoriza a la Suprema Corte para fallar en última instancia, es decir, la voluntad nacional le otorga esa facultad?
Sería un solemne error pretender que porque al pueblo, no a nosotros, a los diputados, se les diera facultad de legislar, se les fuera a dar el derecho de sancionar un disparate como es el de que nosotros le dijéramos a un poder cualquiera: tú eres un poder soberano, y haz todo lo que te parezca; porque el hecho de que nosotros sancionáramos que la Suprema Corte de Justicia tenía facultades de elegir gobernadores, sería sancionar que la Suprema Corte de Justicia podía declarar nulas las elecciones de presidente y de diputados, es decir, que se sobrepondría a todos los poderes existentes.
No me ha contestado el señor Cervantes; mi pregunta es ésta: ¿la representación nacional y el pueblo legítimamente representado, pueden dictar una ley en ese sentido, sí o no?
No le entiendo a usted.
La representación nacional ¿puede dar una ley otorgando a la Suprema Corte de Justicia la facultad de decidir de la validez de las elecciones?
Sí puede, como ha cometido tantos errores.
Bueno; sí puede, desde el momento en que no vulnera la soberanía de los Estados. (Rumores)
Señor licenciado: usted es licenciado y debe saber, ya no digo leyes, siquiera español (risas y aplausos); usted sabe perfectamente que la Suprema Corte de Justicia es un Poder Federal y al entrometerse en las elecciones locales de cada Estado, se entromete en un poder local diferente, extraño a ella; por consiguiente, ya verá usted perfectamente claro que la Suprema Corte, al tomar participación en esas elecciones, viola la soberanía de los Estados.
El señor Nieto no es abogado; pero es rábula. No sabe que la Suprema Corte de Justicia interviene cuando hay dificultades entre dos Estados. (Aplausos. Voces: Eso es distinto)

References: artículo 10

Artículo 10

Artículo 10
 artículo 10

Artículo 11

Artículo 10
 artículo 36
 artículo 10
 artículo 10

Artículo 11
 artículo 36
 artículo 36

Artículo 12
 artículo 10
 artículo 10
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