Source: https://www.juanperan.abogado/derecho-civil/
Timestamp: 2019-07-20 04:18:10+00:00

Document:
Derecho Civil archivos - Juan Perán
Home / Archive by Category "Derecho Civil"
Category: Derecho Civil
Joe Kiani, presidente del Movimiento por la Seguridad del Paciente, conversa con El Confidencial sobre uno de los mayores desafíos sanitarios: las muertes evitables
En 1989, con 25 años, Joe Kiani fundaba la empresa Masimo en el garaje de su casa. De padre ingeniero y madre enfermera, Kiani buscaba una compañía que aunase los conocimientos que había mamado desde pequeño, dando lugar a un negocio que fusionaba sanidad y tecnología. A punto de cumplirse tres décadas desde la constitución de la empresa, son pocos los que dudan de la capacidad de la misma: Masimo cuenta en la actualidad con 3.000 trabajadores y sus inventos —que han dado lugar a más de 500 patentes— se utilizan para monitorizar a cerca de 100 millones de pacientes cada año, lo que hace que medios como ‘Forbes’ o ‘The New York Times’ hayan elogiado en sus páginas el trabajo de Kiani. Teniendo en cuenta su trayectoria y que este martes participaba en el Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria, celebrado en Sevilla, El Confidencial ha querido conversar con él sobre su última obsesión: poner punto y final a los errores médicos.
Son muchas las historias sobre anestesistas que calculan mal la dosis, enfermeras que se equivocan en la transfusión de sangre o infecciones que se contraen en el hospital, pero no se sabe con exactitud cuántos errores médicos se cometen cada año ni a cuántos pacientes afectan. Según explica Kiani, que además de dirigir Masimo es presidente del Movimiento por la Seguridad del Paciente, “en torno a tres millones de personas mueren cada año por equivocaciones u omisiones de los profesionales sanitarios”. Aunque el número pueda parecer descabellado, una investigación llevada a cabo por la Universidad John Hopkins concluye que en torno a 250.000 estadounidenses mueren cada año por errores médicos, lo que convierte este factor en la tercera causa de muerte del país, solo por detrás del cáncer y los problemas cardiacos.
A diferencia de Estados Unidos, en nuestro país no se han llevado a cabo investigaciones al respecto, pero Kiani apunta a que la proporción es similar en la mayor parte de los países occidentales, por lo que calcula que entre 25.000 y 35.000 españoles morirían cada año por errores médicos. “Eso implica que alrededor de 600.000 españoles sufren algún tipo de daño por la equivocación de un profesional sanitario, ya que el número de afectados tiende a ser 20 veces superior al de los muertos”, añade.
Los errores médicos más comunes
A la hora de explicar las consecuencias de estos errores, Kiani menciona las infecciones sanguíneas asociadas al catéter intravenoso. En los hospitales son muchos los pacientes a los que se les introduce una sonda en el organismo para obtener muestras de sangre o administrar líquidos y medicamentos, una práctica que en el caso de realizarse de forma adecuada, no conlleva riesgo alguno. Sin embargo, cuando no se cumplen las precauciones exigidas, el catéter se convierte en el conducto ideal para que bacterias u otros gérmenes lleguen a la sangre, lo que provoca una grave infección. “Si se cumpliese un simple proceso de cinco pasos a la hora de colocar un catéter, se evitarían las infecciones y las muertes correspondientes”, asegura Kiani.
Kiani no cree que la solución pase por que los profesionales sanitarios estén mejor preparados, ya que “España cuenta con un muy buen sistema”
Según explica, en otros casos basta con que el médico o la enfermera no realice las pruebas adecuadas al paciente, y es que los síntomas de algunas enfermedades no siempre se interpretan de forma correcta. En este sentido, el fundador de Masimo apunta a la sepsis, que consiste en una respuesta inmunitaria excesiva por parte del organismo ante una infección bacteriana. Esta enfermedad hace que el cuerpo libere una serie de sustancias químicas que dan lugar a una inflamación generalizada, lo que desemboca en un menor flujo sanguíneo que priva a los órganos de nutrientes y oxígeno. Pese a la gravedad de la enfermedad, que puede provocar la muerte, los síntomas de la misma son similares a los que provocan otras de menor envergadura: fiebre, escalofríos, respiración rápida, ritmo cardiaco acelerado… Por esta razón, Kiani insiste en que establecer un protocolo que obligue a los profesionales a “medir parámetros como la presión sanguínea, la temperatura o los ritmos de respiración permitiría detectar la enfermedad a tiempo”.
Joe Kiani, en un coloquio junto al exvicepresidente de Estados Unidos Joe Biden. (Twitter)
Más allá de estos dos problemas, Kiani apunta a otros, como la falta de higiene o la importancia de monitorizar a aquellos pacientes que están bajo el tratamiento de opiáceos: “La línea entre no sufrir y no respirar cuando estás tomando este tipo de fármacos es muy delgada”, explica. En lo que se refiere a la medicación, el presidente del Movimiento por la Seguridad del Pacientetambién subraya los errores a la hora de establecer el tratamiento que necesitan los niños, y es que asignarles las mismas cantidades que corresponden a una persona adulta puede desembocar en graves consecuencias para ellos. Otros aspectos que Kiani se preocupa por subrayar son la tromboembolia venosa, la optimización de la seguridad obstétrica, la monitorización neonatal, los fallos en los tratamientos de las vías respiratorias, los errores a la hora de tratar con los enfermos mentales o las falsas alarmas que generan algunas de las tecnologías que se utilizan en los hospitales.
Cómo evitar estos errores
“Lo que hace que estas muertes sean una tragedia es que por definición son evitables, es decir, sabemos lo que se ha hecho mal. Esto las convierte en una tragedia, pero también supone una oportunidad para acabar con ellas”, explica Kiani. En el caso de nuestro país, lo primero que se preocupa por aclarar es que “España cuenta con un muy buen sistema de salud“, y es que el fundador de Masimo no cree que la solución pase por que los profesionales sanitarios estén mejor preparados. Según explica, la respuesta a este problema no debe centrarse en los errores humanos, sino en establecer protocolos de actuación para evitarlos. En este sentido, Kiani apunta a 13 procedimientos que ha desarrollado el Movimiento por la Seguridad del Paciente para acabar con los más habituales. “Si todos los hospitales aplicasen estos protocolos, entonces estas muertes se evitarían. El problema es que no lo hacen, que consideran que están demasiado ocupados para ello”, explica.
Pese a su influencia en el sector sanitario de Estados Unidos, Kiani no estudió medicina, sino ingeniería eléctrica, una carrera que le ha permitido abordar los errores médicos desde una perspectiva diferente. “Una cosa que los ingenieros hacemos bien es encontrar maneras sencillas de hacer nuestro trabajo, para lo que vemos qué es necesario y descartamos todo aquello que no lo sea, repitiéndolo una y otra vez hasta que se hace correctamente”, señala. En este sentido, apunta a técnicas de mejora de procesos como Six Sigma o Lean Manufacturing, que les han permitido desarrollar los protocolos ya mencionados.
De todos modos, más allá de su experiencia y conocimientos, Kiani insiste en que la clave para evitar este tipo de muertes consiste en la entrega absoluta al paciente. “Si amas al paciente, entonces encuentras la tecnología que hace falta implementar y los procesos que necesitas desarrollar”. Según explica, esto exige que la sociedad supere la perspectiva en la que “una muerte es una tragedia, pero un millón es estadística“.
Comparte y participa puedes dejar tu comentario más abajo 👇
¿Qué es el consentimiento informado del paciente?
Como su propio nombre indica se trata de un acto por el cual el paciente manifiesta su voluntad favorable a la realización de una concreta y definida por escrito, actuación médica. Es decir, al paciente se le explica “qué se le va a hacer médicamente” y éste al tener conocimiento y consciencia, presta su consentimiento, esto es, acepta, que se lleve a cabo.
La finalidad es fundamental es cumplir el legítimo derecho de información de todo paciente mediante la comunicación al mismo de datos y detalles suficientes y comprensibles para el mismo. Sólo de esa manera puede el paciente valorar y decidir si se somete o no con libertad a la actuación médica.
Se trata de un procedimiento que respeta la autonomía de la voluntad de las personas, su intimidad y su dignidad y por tanto, integra la relación correcta entre médico y paciente.
El consentimiento informado es un derecho del paciente
La regulación del consentimiento informado se recoge en la Ley 41/2002, de 14 noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica.
Esta ley específica potencia -a través de la regulación concreta de este derecho- el derecho a la autonomía del paciente que ya viene recogido por la Ley General de Sanidad.
1. ¿En qué consiste y qué facultades confiere el derecho del consentimiento informado?
El consentimiento informado es un proceso a través del cual el profesional médico informa al paciente sobre el tratamiento que le realizará, así como de los posibles riesgos derivados del mismo; los beneficios que se esperan obtener tras el mismo y, las posibles otras alternativas de tratamiento médico con beneficios y/o desventajas.
El Consentimiento informado se realiza por escrito y debe ser redactado de manera comprensible para el paciente. Esto es, sin emplear términos técnicos y que escapen a la comprensión del ciudadano medio. La razón es básica: se trata de un documento mediante el cual, al ser firmado por el paciente, éste autoriza la realización de una concreta actuación médica.
El consentimiento debe de ser leído, comprendido, aclarado por el médico y suscrito por el paciente de forma consciente y voluntaria por el mismo. El paciente puede aceptarlo o rechazarlo. El objetivo tras su lectura y comprensión es que el paciente pueda tomar las decisiones referentes al tratamiento a recibir para su salud de acuerdo con su libre y consciente voluntad.
Por tanto, 3 son los requisitos para la validez del Consentimiento informado:
Comprensión de lo explicado por el paciente
Con el documento de consentimiento informado se presume que el paciente tiene información suficiente; que la ha entendido y que autoriza al médico a realizar el tratamiento médico explicado y consentido.
Dicho consentimiento informado forma parte de la historia clínica del paciente, y es muy importante pues tiene un enorme valor probatorio ante de cualquier discrepancia o futura reclamación por parte del paciente frente a la actuación médica recibida.
No obstante la existencia de consentimiento informado y su firma por el paciente, en modo alguno implica la exoneración de responsabilidad profesional médica para el supuesto de que se derive un daño para el paciente derivado de un error o negligencia médica. Son cuestiones diferentes. Una cosa es saber qué se va a hacer y otra distinta las consecuencias derivadas de lo que se va a hacer, que pueden ser conocidas y por tanto, aceptadas como riesgo posible –consecuencias previsibles- y consecuencias no previsibles o imprevistas.
2. Forma del consentimiento informado
Lo habitual es que el consentimiento informado se recabe de manera verbal. No obstante lo correcto y adecuado es recabarlo por escrito en los siguientes supuestos:
En general, en los procedimientos que suponen riesgos de notoria y previsible repercusión negativa sobre la salud del paciente.
Así lo establece el artículo 8.2 de la Ley 41/2002, de 14 noviembre
De igual manera el artículo 10.2 de la Ley 41/2002, de 14 de noviembre señala que, cuanto más dudoso sea el resultado de una intervención, más necesario resulta el previo consentimiento por escrito del paciente. Es por ello que ante posibles reclamaciones o discrepancias, lo recomendable es solicitar el consentimiento informado por escrito.
El consentimiento informado también deben firmarlos los profesionales que intervengan en los tratamientos médicos por los mismos autorizados.
Un ejemplar del consentimiento informado debe ser entregado al paciente o si es menor, a su representante legal o familiar más cercano, en el supuesto de incapacidad de hacerlo aquél.
3. ¿Qué ocurre si el paciente no quiere que se le informe?
En el caso de que un paciente manifieste que no quiere ser informado, según el artículo 9.1 de la Ley 41/2002, “se respetará su voluntad haciendo constar su renuncia documentalmente, sin perjuicio de la obtención de su consentimiento previo para la intervención”.
4. Información que debe contener el consentimiento informado
El consentimiento informado, según dispone la Ley 41/2002, debe contener como mínimo:
Los riesgos relacionadoscon las circunstancias personales o profesionales del paciente.
Los riesgos probablesen condiciones normales de acuerdo con la experiencia y en el estado de la ciencia o directamente relacionados con el tipo de intervención.
Esta información debe ser verdadera, y además es obligación del facultativo transmitirla de forma comprensible al paciente.
El paciente puede retirar el consentimiento por escrito en cualquier momento sin tener que dar justificación alguna al equipo médico.
5. ¿En qué momento se debe entregar el consentimiento informado?
El consentimiento informado debe entregarse al paciente o familiares con tiempo suficiente para que el paciente pueda leerlo y, si es necesario, aclarar con el profesional lo que crea conveniente sobre el mismo. En cualquier caso, siempre antes de la intervención o tratamiento médico a dispensar.
Sin embargo, el requisito anterior no es de aplicación en situaciones de emergencia o similares que requieran de una rápida actuación médica.
El consentimiento informado se debe obtener actualizado, cada vez que lo requiera un nuevo tratamiento médico. Es decir, que es inválido recabar un consentimiento informado genérico al principio y luego pretender dar cobertura con el mismo a todos los tratamientos posteriores que reciba el paciente, No es correcto y no sería válido pues no otorga cobertura para ello.
El artículo 7 de la ley 41/2002 establece el carácter confidencial de los datos referentes a la salud y su especial protección como una manifestación más del derecho a la intimidad del paciente, lo que impide su acceso más allá del interesado y de los supuestos legalmente previstos.
6. Conservación de los consentimientos informados
Los consentimientos informados son documentos esenciales integradores de la historia clínica de los pacientes. Los pacientes tienen derecho a tener copia de todo su historial médico donde se incluyan los consentimientos informados otorgados.
El artículo 12.4 a) de la Ley 21/2000, de 29 de diciembre, sobre los derechos de información concernientes a la salud y la autonomía del paciente, y la documentación clínica, modificado por la Ley 16/2010, de 3 de junio, indica que:
“La historia clínica debe conservarse como mínimo durante quince años desde la fecha de alta de cada proceso asistencial “ y por tanto, también los correspondientes documentos del consentimiento informado.
7. El consentimiento informado implica y es exigible respecto de todos los profesionales médicos que interactúan con el paciente
La ley establece que todos “los profesionales que le atiendan durante el proceso asistencial o le apliquen una técnica o un procedimiento concreto también serán responsables de informarle”.
Además del médico, los auxiliares y los enfermeros son todos ellos responsables de la correcta información al paciente.
Los enfermeros en particular, deben colaborar con el médico para evaluar el grado de información y de comprensión de la información que sobre el tratamiento se ha facilitado al paciente, así como su nivel de competencia para tomar decisiones y prestar el consentimiento.
Lo recomendable es que los enfermeros estén presentes mientras el médico trasmite la información del tratamiento o intervención médica a realizar.
1. Informar y ser informado sobre la actuación médica a realizar son deberes y derechos fundamentales de todo personal médico y paciente, respectivamente.
2. La obtención del consentimiento informado es una obligación inexcusable, según la Ley 41/2002.
3. La información y el consentimiento informado deben ser realizados directamente por el médico o personal sanitario que va a llevar a cabo el tratamiento o intervención médica y además, con la suficiente antelación de tiempo para dar oportunidad al paciente a valorar, decidir y consentir. Salvo supuestos de urgencia.
4. El consentimiento informado puede ser verbal. No obstante la ley obliga a que se realice por escrito en los supuestos de intervención quirúrgica o procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasores que supongan un riesgo para el paciente.
5. En el consentimiento informado debe consignarse “la naturaleza y finalidad de cada intervención, sus riesgos y consecuencias”. La información será suficiente, verdadera y leal y no deberá provocar alarmismo ni por el contrario, expectativas injustificadas para el paciente.
6. El médico debe respetar el “derecho del paciente a no ser informado”, si ese es su deseo.
7. Es posible el consentimiento informado por representación de terceros en los casos previstos por la ley: normalmente en caso de menores, incapacitados o por la situación de urgencia en la que el paciente no puede o no está en condiciones para ello.
Espero haberte podido ayudar a resolver tus dudas
Derecho Civil, Reclamación
¿Cómo actuar tras sufrir una Negligencia Médica?
La medicina es una ciencia milenaria que cura vidas. Por desgracia no es ajena al error humano y en ocasiones, produce daños. Incluso algunas veces, sus consecuencias pueden ser fatales.
Los médicos tienen como propósito curar y lograr la recuperación de la salud de sus pacientes. Los enfermos ponen en sus manos su salud y su vida, con la confianza de que van a recibir de la ciencia y técnica de los profesionales de la medicina, el remedio necesario para restablecer su bienestar físico o mental.
Sin embargo, a veces la medicina también falla y puede hacerlo por muchos motivos, factores, circunstancias y causas. No es el objetivo de este artículo entrar a estudiar las causas de los errores y fallos en medicina con resultado lesivo para los pacientes.
Hoy hablaré de lo que suelen vivir, sentir o padecer las personas que por desgracia sufren un error o negligencia médica. El propósito es dar unas pautas que les permitan gestionar adecuadamente lo ocurrido, desde el punto de vista de la mejor defensa de sus derechos.
Lo primero que debe saber una persona que sufra un error o negligencia médica es que tiene todo el derecho a recibir la máxima información sobre lo ocurrido. Es decir, sin entrar en legalismos o tecnicismos propios de profesionales, los pacientes tienen una serie de derechos perfectamente reconocidos y descritos en la Ley 41/2002 (Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en Materia de Información y Documentación Clínica).
Dicha ley establece como fundamental en los supuestos que nos ocupan los siguientes 3 derechos:
El derecho principal que tiene un usuario de la sanidad pública o privada como paciente es recibir información. Este derecho incluye tanto información sobre las alternativas de tratamiento existentes, como información sobre los riesgos generales y específicos que conlleva el tratamiento elegido.
Obviamente si el paciente ha sufrido una lesión derivada de una actuación médica -sin prejuzgar la causa o la culpabilidad en lo ocurrido- el paciente o su familia tienen derecho a conocer las circunstancias en las que aquella negligencia o consecuencia dañosa se ha producido y, posibilidades de subsanación, si las hubiere.
2. Derecho a la documentación sanitaria
El segundo derecho muy importante en el ámbito que nos ocupa y vinculado precisamente con el daño sufrido y derivado de la presunta negligencia o error profesional padecidos es, poder acceder a la historia clínica. Se trata de un documento fundamental que siempre ha de constar por escrito y que debe ser realizada a través de programas informáticos que permitan conocer siempre la fecha exacta de la realización de las anotaciones en la misma contenidas Este derecho puede ser ejercido por representación, mediante la oportuna autorización.
La normativa de protección de datos cuida especialmente los datos de salud. Por ese motivo las clínicas y hospitales suelen establecer procedimientos rígidos para ejercitar este derecho de acceso. No obstante no pueden jamás dificultar o denegar este derecho al paciente, sus familiares o representantes debidamente acreditados.
3. Derecho a ser informado de alternativas médicas o remedios a lo ocurrido y a recibirlos con premura
Para los supuestos de sanidad pública, cuando el paciente no esté conforme con el diagnóstico o tratamiento efectuado por el profesional asignado, tiene derecho a solicitar una segunda opinión. Ejercitando este derecho, otro facultativo de ese mismo servicio valorará la situación médica, alternativas y/o soluciones.
Correlativamente con lo anterior, el paciente tiene derecho a recibir la asistencia médica precisa y necesaria para lograr neutralizar, minimizar o reconducir la situación provocada a raíz de la mala praxis médica, si es ello posible, de no tratarse de un desenlace o consecuencia fatal.
Sin embargo, esto que en teoría se presenta como muy fácil, en la mayoría de las ocasiones resulta muy difícil de gestionar por el paciente que ha sufrido un error médico, o su familia. En especial ocurre en los casos de daños irreversibles como pueda llegar a ser el fallecimiento de una persona. Dicha circunstancia es siempre difícil y genera un gran impacto emocional. No digamos cuando se produce –como por desgracia acontece- cuando en modo alguno es previsible pues el paciente no sufría un estado que hiciera pensar tal desenlace.
De ahí que ocurrida la negligencia y con una primera información recabada de la manera más directa posible por parte del paciente o familiares del equipo médico o asistencial que haya intervenido, lo más recomendable es acudir de inmediato a un profesional del Derecho, esto es, a un abogado.
La especialización del abogado es fundamental
Sobre el particular mencionar que es fundamental acudir a un profesional especializado en este tipo de asuntos. El Derecho de daños y en particular el relacionado con el ámbito médico, precisa de un conocimiento y experiencia muy contrastada.
La razón de dicha especialización viene dada porque los conocimientos, el enfoque y tratamiento de este tipo de asuntos distan bastante de lo que puedan ser otros supuestos dañosos pertenecientes a otros ámbitos (por ejemplo, accidentes de tráfico; daños en edificaciones, etc.). En las negligencias médicas estamos tratando con bienes tan sensibles e importantes como la vida, la salud y la integridad personal.
En ocasiones, situaciones que se presentan con una características dramáticas –por ejemplo el fallecimiento imprevisto de un paciente- pueden llevar a profesionales del derecho no expertos o poco conocedores de este concreto ámbito profesional, a iniciar acciones en la vía penal que posteriormente se revelan como contraproducentes para el mejor ejercicio del derecho de los intereses de los pacientes o familiares de la persona que ha sufrido el error o negligencia médica.
Solo facilitaré un dato: el 90 por ciento de las denuncias presentadas en los juzgados penales con origen en los daños causados a un paciente por mala praxis profesional médica, resultan archivadas por los jueces de esa jurisdicción. La razón es sencilla: aunque el resultado haya podido llegar a ser el fallecimiento de una paciente, o unas lesiones o secuelas muy graves, la causa o motivo del daño, muy difícilmente se puede atribuir a una impericia o a una imprudencia tan grave que permita
considerar que el médico tiene una actitud culpable y condenable desde el punto de vista criminal. Con ello, no digo que no existan, pero solo en supuestos de imprudencias muy graves e incursas en ignorancia flagrantemente inexcusable con resultado dañoso de gran entidad, pueden llegar a ser castigadas por dicha vía.
La razón es obvia y comenzaba explicándolo al principio de este artículo: la voluntad, el propósito y el deseo de cualquier médico es siempre lograr curar al paciente. Nunca causarle un daño. Por tanto, descartada la intencionalidad y el dolo como voluntad de dañar, ese tipo de situaciones quedan en la mayoría de los supuestos al margen de la vía penal.
En consecuencia, la vía idónea es la civil en el supuesto de que se reclame al médico o personal sanitaria implicado en la situación dañosa; o bien, la vía contencioso administrativa para el supuesto en que la reclamación se dirija contra la Administración Pública, por tratarse de una prestación sanitaria realizada en dicho ámbito.
Aún así, la judicialización de una situación en la que una persona ha sufrido una consecuencia dañosa derivada de un deficiente, inadecuado o erróneo tratamiento o asistencia médica, sigue siendo algo complejo, largo e incierto.
Por ello, existen vías al margen de los tribunales que permiten una resolución la mayor parte de las veces al margen de la decisión de los jueces y a través de las cuales el perjudicado o la familia, convenientemente asesorados por un abogado especialista, puede lograr obtener una indemnización por el daño sufrido, sin necesidad de judicializar lo ocurrido.
No debemos olvidar un dato fundamental: la existencia de aseguradores de la responsabilidad civil médica de profesionales e instituciones que tienen como razón de ser precisamente, dar cobertura a dichas situaciones en las que una mala praxis médica genera responsabilidad frente al paciente que sufre unos daños.
Un abogado especialista en este tipo de reclamaciones, siempre optará por la resolución de este tipo de soluciones por la vía menos gravosa en tiempo, dinero y emociones para sus clientes.
Por ello, siempre es fundamental ponerse en manos de un buen profesional que conozca bien este concreto ámbito del Derecho y sus específicas características.
Derecho Civil, Negligencia Médica, Negligencias, Reclamación
negligencia, negligencia médica, Negociación, reclamación
El Supremo rechaza que las madres deban indemnizar a los padres que descubren que no son los biológicos
Los padres que descubran que en realidad no son los verdaderos padres biológicos no podrán reclamar a la madre una indemnización por daños morales. El Pleno de la Sala de lo Civil ha fijado este criterio al estudiar una sentencia que había condenado a una mujer a indemnizar con 15.000 euros a su ex marido por ese motivo.
El Alto Tribunal estima el recurso de casación presentado por la madre y revoca la indemnización, así como la obligación de devolver al hombre más de 45.000 euros por lo gastado en alimentar al menor. El Tribunal Supremo ya había establecido anteriormente que no hay un derecho a ser resarcido por los gastos en un hijo que al final no lo es. Lo que sí es nuevo es el criterio que deberá seguirse en los tribunales sobre la indemnización por daños morales, que tampoco se podrá exigir.
El caso concreto estudiado es el de un matrimonio residente en Cádiz que tuvo tres hijos. Tras divorciarse, el hombre demostró que el segundo de ellos no era en realidad suyo y reclamó tanto los gastos de alimentación como una indemnización de 75.000 euros por daños morales. El juzgado de primera instancia lo rechazó, pero la Audiencia Provincial le dio la razón, si bien rebajando la cuantía.
La Audiencia consideró justificada esa compensación al daño moral “dada la situación de clara frustración y desasosiego de quien durante mucho tiempo ha tenido relación, contacto y cariño con quien pensaba que era su hijo, para luego enterarse que se trataba de un hijo ajeno”. Una situación “que le habría influido hasta el punto de haber estado de baja por daños psicológicos”.
El Supremo rechaza la indemnización precisando que “no se niega que conductas como la enjuiciada sean susceptibles de causar un daño”, sino que lo que se niega es “que este daño sea indemnizable mediante el ejercicio de las acciones propias de la responsabilidad civil, a partir de un juicio de moralidad complejo y de consecuencias indudablemente negativas para el grupo familiar”.
La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado José Antonio Seijas, añade que “la infidelidad tiene respuesta en la normativa reguladora del matrimonio mediante la separación o el divorcio, que aquí ya se ha producido; esa regulación no contempla la indemnización del daño moral”.
fuente: https://www.elmundo.es/espana/2018/11/16/5beea8ccca4741bb118b462c.html
Derecho Civil, sentencias
¿Qué es la LEX ARTIS MÉDICA?
Condenan al SMS después de que un paciente quedara incapacitado tras una extracción de muelas
Inhabilitan por tres años a una MIR condenada por negligencia médica
Calle Montseny, nº 10, 1º - 1ª
08440, Cardedeu, Barcelona.
Teléfono: (34) 639 - 754 - 615
E-mail: hola@juanperan.com
De Lunes a Viernes: de 9 am a 6 pm
actualidad condenas error quirúrgico Lex Artis negligencia negligencia médica Negociación Reclamaciones reclamación sanidad sanidad privada sanidad pública sentencia
Conecta conmigo en Redes Sociales.
© 2018 Juan Perán. Aviso legal . Política de privacidad . Política de cookies . by MKB
En nombre de mi firma jurídica procesamos datos personales como, por ejemplo, tus datos de navegación. Si sigues navegando por nuestro portal, nosotros y otras compañías seleccionadas podrán instalar cookies o acceder a información no sensible de tu dispositivo con el objetivo de crear perfiles, personalizar contenidos, servir anuncios adaptados a tus preferencias y elaborar estadísticas. Puedes configurar tus preferencias de privacidad ahora o en cualquier momento accediendo a nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

References: artículo 8
 artículo 10
 artículo 9
 artículo 7
 artículo 12
 resolución 
 resolución