Source: http://www.profesorenlinea.cl/Paisesmundo/Mexico/Mexico_Revolucion.htm
Timestamp: 2016-08-28 08:35:51+00:00

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es el movimiento armado
iniciado en 1910 para terminar la dictadura de Porfirio Díaz y que culminó
oficialmente con la promulgación de una nueva Constitución en 1917, aunque los
brotes de violencia continuarían hasta finales de la década de los años veinte.
El movimiento tuvo gran impacto en los círculos obreros, agrarios y anarquistas a nivel internacional pues la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 fue la
primera en el mundo en reconocer las garantías sociales y los derechos
laborales colectivos. Se estima que en el transcurso de la lucha murieron más
de novecientas mil personas, civiles y militares.
Mucha gente tiene la idea de que la Revolución
se inició gracias a Francisco Madero, pero la realidad es que desde el
inicio del mandato de
hubo algunas sublevaciones de personas que
pertenecían al antiguo régimen del liberal Sebastián Lerdo de Tejada. A
continuación se enumeran algunas de estas sublevaciones.
• 1879: Miguel Negrete, Manuel Carreón, Francisco
A. Nava, José del Río
Fue hasta 1900 cuando surgieron los llamados "Clubes Liberales" en los que se agrupaban políticos de tradición liberal jacobina.
En 1901 se celebró el Congreso
Liberal en San Luis Potosí promovido por
, durante 1902 y 1903 se llevaron a cabo múltiples protestas contra la reelección de Díaz, quien respondió con cárcel y muerte a los inconformes.
La acción más significativa fue la pancarta con la leyenda "La Constitución ha muerto..." en las oficinas
era un establecimiento de crédito para
el abasto básico, ubicada junto a las fábricas o haciendas y donde los obreros o campesinos eran obligados a realizar sus compras. Se conocieron como tiendas de raya pues la gran mayoría de los trabajadores era analfabeta y en el libro de registro de pago de nómina ponían una raya en lugar de
Un grupo de liberales entre los
que se encontraban los hermanos Flores Magón comprendieron que Díaz no dejaría la presidencia a través de una derrota
electoral. Este grupo consideraba que la dictadura se sostenía por la fuerza de
las armas y sólo por la fuerza de las armas podría caer.
los liberales salen de la cárcel en 1904, y se exilian en los Estados Unidos,
ya se habían creado dos tendencias, unos proponían reformar sólo las
estructuras políticas y otros buscaban estallar la revolución social, estos
últimos comenzaron a organizar en 1905 el Partido Liberal Mexicano (PLM) que
hizo público su programa al siguiente año en San Luis,
El 1906 es un año clave para la historia
de México, ya que en ese período comienzan a organizarse las primeras
insurrecciones promovidas por el PLM contra la dictadura de Porfirio Díaz.
Tienda de Raya en Cananea.
El 16 de septiembre de 1906 (aniversario de la Independencia de México) el PLM había programado el inicio de la Revolución, sin embargo la sublevación fue descubierta por la policía porfirista y detectives norteamericanos. A pesar de que el levantamiento armado general
fue postergado, ese año acontecieron sucesos que después fueron considerados
precursores del levantamiento de 1910:
• 1 de junio: Huelga de Cananea en Sonora contra la "
", reprimida con un saldo de veintitrés muertos y
veintidós heridos, más de cincuenta personas detenidas y cientos de desplazados.
• 1 de julio: Programa del Partido Liberal Mexicano difundido en el periódico
Desde el principio del siglo, la
situación política de México tuvo una nueva fisonomía: muchos mexicanos
consideraban que era necesaria una participación del pueblo en la vida política
de México, y estimaban urgente que se emprendieran reformas sociales en el
Vista Panorámica de The Cananea Consolidated Copper Company (1908).
El Ateneo se rebeló igualmente contra lo que consideraba limitaciones al desarrollo de la
personalidad humana. Militaron en él hombres de la generación anterior como los
poetas Luis G. Urbina y Enrique González Martínez, y
de la nueva promoción: Antonio Caso, José Vasconcelos,
Pedro Henríquez Ureña, Alfonso Reyes Ochoa, Julio Torri, Jesús T. Acevedo, Alfonso Cravioto y Ricardo Gómez Robelo.
Con varios matices las ideas de
cambio social y político se apuntaban lo mismo en el Club Liberal “Ponciano Arriaga”, gracias al cual se puso en marcha el Partido
Liberal Mexicano, y entre quienes participaban en los centros católicos de
mayor visión, o entre quienes, simplemente, querían que la democracia fuera
algo efectivo en el país.
Contra esta actitud de Reforma y
de renovación, estaban los porfiristas, que no querían que las cosas comenzaran a cambiar. Pese a ello la
agitación comenzó a crecer, y se sintió inquietud en muchos sitios.
Los miembros del Partido Liberal
Mexicano aumentaron sus actividades públicas y clandestinas, lo mismo editaban
–que llegó a imprimir hasta 28.000
ejemplares- como formaban sociedades secretas para preparar y excitar la lucha
A la inspiración de ese mismo
partido se debieron varios brotes rebeldes, o estallidos de huelga, como el de Cananea, Sonora en 1906; el asalto a la Aduana de Nogales, el mismo año, así como los actos de rebeldía que aparecieron también en 1906, en Jiménez, Coahuila; la Acayucan, Minatitlán, Puerto México y Chinameca en Veracruz y de levantamientos armados en varios sitios de Coahuila y
Chihuahua, seguidos de la rebelión obrera de Río Blanco en 1907, donde murieron
Cuando en 1910, estalló la revolución armada encabezada por Madero, los componentes del Partido Liberal Mexicano actuaron en forma independiente, sobre todo en los Estados del Norte ya que la Junta
Organizadora del PLM operaba en el exilio al sur de los
En este lapso la acción más significativa del PLM fue
la Rebelión de Baja California, territorio que los liberales
tomaron con el apoyo de extranjeros socialistas y anarquistas afiliados al grupo Trabajadores Industriales del Mundo en 1911 pero fueron combatidos por los soldados federales -y luego por los maderistas- quienes los derrotaron
finalmente con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.
Entre 1910 y 1913, las milicias
del Partido Liberal tomaron varias poblaciones fronterizas del norte del país y
actuaban en otros Estados del sur como Michoacán y Veracruz.
Ideas de Reforma, estudios
sociales y económicos, lo mismo que una propaganda más o menos intensa de
quiénes deseaban un cambio en la situación, fueron preparando el ambiente
favorable a un despertar cívico que encontró una ocasión inesperada para
manifestarse cuando el general Porfirio Díaz fue entrevistado por James Creelman, redactor del
, en marzo de 1908.
La agitación que sobrevino poco
después fue prácticamente incontenible. En resumen, el general Díaz le expresó
al periodista norteamericano que, en su opinión, el pueblo mexicano ya estaba
apto para la democracia, y él prometía retirarse a la vida privada una vez que
concluyese su período de gobierno en 1910:
“He esperado con paciencia, dijo, el día en que el pueblo mexicano estuviera preparado para seleccionar y cambiar su gobierno en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin perjudicar el crédito nacional y sin estorbar el progreso del país. Creo que ese día ha llegado. Si en la República, agregó, llegase a surgir un partido de oposición, lo miraría como una bendición y no como un mal, y si ese partido desarrollara poder, no para explotar, sino para dirigir, yo lo acogería, lo apoyaría y me consagraría a la inauguración feliz de un gobierno completamente demócrata…”
La entrevista provocó muchas
reacciones. Algunos pensaron que el presidente hablaba así porque quería
provocar una corriente favorable a su causa que le permitiera seguir en el
poder; y no faltaron quienes supusieron que la entrevista fue una trampa que le
tendieron sus enemigos.
En la práctica ocurrió que, a
través de folletos y por otros medios, no pocos políticos insistieron en la
conveniencia de que siguiera el general Díaz en el poder por lo que lo
presionaron a efectuar de nuevo una reelección, pero otros pensaron que ya era
necesario e indispensable un cambio de fondo.
En esta época, efectivamente,
surgieron dos grupos principales dispuestos a la lucha electoral: el Partido
Nacional Antirreeleccionista y el Partido
Democrático, con ciertas tendencias independientes, mientras otros, como el
Partido Nacional Porfirista y el Partido Científico
optaron por reorganizarse para actuar mejor ante la inminencia de una campaña
En el Partido Democrático se encontraban personas que estimaban preferible que Porfirio Díaz siguiera al frente del poder, pero que se buscara a un candidato distinto a Ramón Corral para la Vicepresidencia de la República. Así lo manifestaron en abril de 1909, aunque no alcanzando popularidad, el Partido, al final, se deshizo.
Ante esta situación, los Científicos presentaron como candidatos a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, respectivamente, a Porfirio Díaz y a Ramón Corral.
En mayo de 1909 estaba
funcionando ya el centro Antirreeleccionista en cuyas
filas se hallaban personas que poco más tarde iban a tener una importante
actuación política, como fueron, entre otros, Francisco Madero, Emilio
Vázquez Gómez, Toribio Esquibel, José Vasconcelos y Luis Cabrera.
El primero de ellos, Madero, se había hecho célebre para entonces con motivo de la publicación de un libro suyo llamado “La Sucesión Presidencial en 1910”, en la que hizo un estudio de la situación política mexicana, con cierto criterio independiente.
Entierros de víctimas en Río
Blanco (1907).
El Partido Reyista, sin tener propiamente un programa doctrinal completo, comenzó a trabajar para presentarse a las elecciones con dos candidatos: el general Porfirio Díaz para la presidencia de la República y el general Bernardo Reyes para la Vicepresidencia; pero en vista de que Porfirio Díaz realizó diversas maniobras contra este último y aun lo comisionó con un pretexto de tipo militar para ir a Europa, y dejarlo fuera de la escena política, el Partido Reyista se deshizo, y al carecer de objetivo inmediato sus componentes se reorganizaron después y formaron el Partido Nacionalista Democrático, que participó, junto con el más combativo y numeroso Partido Antirreeleccionista, en la Convención Nacional Independiente, de abril de 1910, que tuvo lugar en la Ciudad de México.
Para dar impulso y vigor al partido y a la reunión citada, Francisco Madero realizó una gira por algunos Estados de la Nación,
que logró despertar entusiasmo en algunos y que la Convención contara con muchos integrantes. Plenamente instalada esta última y puesto a discusión el tema de las elecciones, se resolvió presentar como candidato a la Presidencia de la República a Francisco Madero, y como candidato a la Vicepresidencia a
Francisco Vázquez Gómez, antiguo médico de Porfirio Díaz, de quien se había distanciado políticamente para entonces.
Al mismo tiempo que se lanzaba
esa fórmula de Madero-Vázquez Gómez, los convencionistas elaboraron un programa que iba a servir como bandera de lucha, y en la cual los
principios de “no reelección” del Presidente y de los Gobernadores, y de
“Sufragio efectivo”, eran esenciales. La campaña, en consecuencia, no tuvo sino dos rivales, el Partido Antirreeleccionista y el
Partido Reeleccionista o Científico.
En su calidad de candidato a la Presidencia de la República, Francisco Madero realizó una nueva gira política por diversos sitios, despertándose no escaso entusiasmo a favor de sus planteamientos de oposición al régimen de Porfirio Díaz, enfocados a lograrlo no por la violencia, sino por la participación de los ciudadanos el día de las elecciones.
Iglesia en San Luis de Potosí.
El Congreso conformado por porfiristas, expresó que habían resultado triunfantes
Porfirio Díaz y Ramón Corral y que ocuparían tales cargos en el periodo
Francisco Madero, persuadido
de que toda solución pacífica era imposible, se fugó de San Luis Potosí hacia San Antonio, Texas, y dispuesto a iniciar la lucha armada,
proclamó allí el Plan de San Luis, de 5 de Octubre de
1910, en el que dijo:
“Haciéndome eco de la voluntad nacional, declaro
ilegales las pasadas elecciones y quedando por tal motivo la República sin
gobernantes legítimos, asumo provisionalmente la Presidencia de la República, mientras el pueblo designa conforme a la ley a sus gobernantes”.
Acto seguido, señaló en el artículo 7 de dicho plan,
Ese día, sin embargo, prácticamente no pasó nada, y, salvo los acontecimientos de Puebla del
día 18, la mayor parte de los brotes rebeldes de escasa importancia estallaron en los días subsiguientes.
El gobierno porfirista se aprestó a acabar con los centros Antireeleccionistas que más peligro implicaban, y tomó disposiciones en contra de los de México y Puebla.
En esta última ciudad, Aquiles Serdán encabezaba a los antireeleccionistas; se supo que en su casa se encontraban algunos individuos con armas y la policía se aprestó a hacer un cateo para proceder en contra de ellos pero cuando los gendarmes llegaron se les hizo fuego, muriendo en el acto Miguel Cabrera, Jefe de la Policía en Puebla y prolongándose el tiroteo por mucho tiempo haciéndose necesaria la intervención del ejército para sitiar la casa y ocuparla finalmente.
El 20 de noviembre, Madero
atravesó el puente internacional para impulsar el movimiento revolucionario en
Ciudad Porfirio Díaz (Piedras Negras), pero no tuvo éxito y le fue preciso
regresar a territorio norteamericano.
Esto parecía un completo fracaso
pero en el curso de las semanas siguientes cambió el panorama y la revuelta
comenzó a extenderse por muchos sitios a la par que se dejaba sentir, asimismo,
la influencia de los Estados Unidos, que en la práctica favorecieron al maderismo al movilizar veinte mil soldados hacia la
frontera mexicana para “mantener la neutralidad”, y al disponer que varios
barcos de guerra se dirigieran a puertos mexicanos del Golfo.
Tales maniobras militares y
navales fueron una presión para el gobierno porfirista.
Entre los Jefes rebeldes que se
lanzaron a la rebelión en ese entonces, pueden mencionarse los siguientes;
Emiliano Zapata, Ambrosio y Rómulo Figueroa, y Manuel Asúnsulo en Morelos; Salvador Escalante y Ramón Romero en
Michoacán y Jalisco; Gabriel Hernández en Hidalgo y Pascual Orozco en Chihuahua
entre otros. En Chihuahua las acciones de Abraham González fueron determinantes
El ministro de Hacienda, José Yves Limantour, que se encontraba
en Europa, regresó a México, vía Nueva York donde los
revolucionarios se entrevistaron con él y le entregaron proposiciones para que
las pusiera en manos del General Díaz, a fin de llegar a un acuerdo.
Limantour, al mismo tiempo, quedó muy
impresionado por la actitud hostil del gobierno de Estados Unidos a Porfirio
Díaz pues le reprochaban al gobierno mexicano la entrada de capital europeo en
Llegado a México, instó a
Porfirio Díaz a efectuar diversos cambios y reformas políticas al país.
emisarios de Díaz se entrevistaron con los rebeldes y se convino un armisticio,
pero como no se pudo llegar a ningún acuerdo, los rebeldes, comandados por
Pascual Orozco en el Norte, atacaron Ciudad Juárez, que cayó a principios de
mayo en 1911, desde allí Madero envió un telegrama exigiendo de nuevo la
renuncia de los dos líderes del país.
El día 21 se celebraron los
Tratados de Ciudad Juárez, entre delegados porfiristas y revolucionarios, en donde se aceptaba la renuncia de Porfirio Díaz y de Ramón
El día 25 renunció a sus cargos y con ello llegó a su fin el porfiriato. Porfirio Díaz salió de la capital y en Veracruz
se embarcó en el navío alemán Ipiranga, rumbo a Europa, en donde murió el 2 de
Julio de 1915, en la ciudad de París.
Francisco León de la Barra, en calidad de
Presidente Interino, gobernó del 25 de mayo de 1911 al 6 de noviembre del mismo
año. Durante la gestión de este personaje ocurrió un acontecimiento
internacional de particular interés, que consistió en haberse dictado el laudo
arbitral favorable a México, en virtud del cual se reconocía el derecho de
México sobre el Chamizal, en Texas, la cual se había
perdido tiempo atrás por razón de modificaciones naturales en el curso del río
México había insistido durante varios años en sus razones, y el gobierno porfirista había llevado adelante las gestiones necesarias para la recuperación de ese pequeño territorio, que no concluyeron hasta el gobierno de Francisco León de la Barra de forma favorable a
Empero, el representante
norteamericano en el Tribunal arbitral no estuvo conforme, y el gobierno de
Estados Unidos se negó a cumplir con el laudo hasta el año de 1963, en que por
un acuerdo entre los presidentes John F. Kennedy y
Adolfo López Mateos, se pusieron las bases para acatar la resolución y
reintegrar el Chamizal a la soberanía mexicana.
En lo interno, el régimen de De la Barra tuvo dos misiones principales que consistieron en buscar la vuelta de la paz a la nación y convocar a elecciones para la designación de los nuevos Presidente y Vicepresidente de la República.
A la vista de los primeros
comicios varios partidos hicieron acto de presencia pero de todos ellos fueron
los que destacaron: el Antirreeleccionista, el Reyista y el Partido Nacional Católico. De hecho, no hubo
más que un solo candidato a la presidencia, Francisco Madero, porque el otro
candidato, Bernardo Reyes, que vio acometidos a sus partidarios por un grupo de
maderistas violentos agrupados en lo que se llamó la “Porra”, dirigida por
Gustavo Adolfo Madero y Serapio Rendón, prefirió abandonar su candidatura y
retirarse a los Estados Unidos.
El Partido Antirreeleccionista fue reorganizado a instancias de Madero y apareció en lugar suyo el Partido
Constitucional Progresista, que presentó la fórmula siguiente: Francisco
Madero para Presidente y José María Pino Suárez para Vicepresidente, aunque
esta última candidatura era poco popular, según se demostró en la campaña.
Cuando el Partido Nacional Católico presentó a su vez como candidatos a Francisco Madero y a Francisco León De la Barra, este último para Vicepresidente, quedó manifiesto que no había otro candidato para la Presidencia que Madero.
Se efectuaron las elecciones y
Madero y Pino Suárez resultaron triunfantes. Los maderistas obtuvieron la
mayoría de los triunfos, pero el Partido Nacional Católico logró la victoria de
4 Senadores, 29 diputados, 4 gobernadores y cierto número de Diputados Locales.
Ya en pleno ejercicio de sus funciones, los representantes de este último
partido elaboraron varias iniciativas de ley para favorecer la reforma social,
pero las circunstancias políticas impidieron que se les tomara en cuenta.
El Presidente Madero actuó del 6
de noviembre de 1911 al 19 de febrero de 1913. Aparentemente, la revolución
había llegado al poder; pero pronto se vio que la paz, el orden y la
tranquilidad estaban lejos de haberse arraigado en el país.
Taft y Porfirio Díaz en 1909.
Grupos de insurrectos los había
en Chiapas y en Oaxaca; en agosto apareció un brote rebelde en Yucatán; pero lo
más grave fue que, sólo unos días después de que Francisco Madero se hizo
cargo del poder, estalló en Morelos un levantamiento promovido por Emiliano
Zapata, quién dio a conocer su Plan de Ayala, en el que acusaba a Madero de ser
un dictador, de no cumplir los postulados revolucionarios y de cometer actos
opuestos al pueblo.
En ese Plan se pedía la
devolución de las tierras a los pueblos y particulares a quienes se hubiera
despojado; se demandaba la expropiación de la tercera parte de los latifundios
para repartirse la tierra correspondiente, y se pedía, finalmente, la
nacionalización de las propiedades de quienes se opusieron al mencionado Plan.
Emiliano Zapata, que se había rebelado contra Porfirio Díaz, también siguió como rebelde durante el gobierno de De la Barra, y cuando este mandó tropas a someterlo, Francisco Madero, intervino para que los zapatistas siguieran actuando.
Al llegar Francisco Madero a la Presidencia, Zapata le exigió que expidiera una ley Agraria, pero Madero contestó que Emiliano Zapata debía rendirse primero y entregar las armas. Y eso precipitó la ruptura entre los dos.
En el Plan de Ayala se reconocía como Jefe de la
Revolución a Pascual Orozco, y si este no aceptaba, quedaría
Emiliano Zapata en el puesto, como efectivamente sucedió.
La lucha se presentó con gran violencia, y aun cuando se lanzaron varias campañas contra los zapatistas, no se pudo acabar con ellos. Poco más tarde se complicó la situación porque otro antiguo revolucionario, Pascual Orozco, dio a conocer en marzo de 1912 su Plan de la Empacadora o Plan de Chihuahua, en el que también desconocía a Francisco Madero y pedía Reformas Sociales.
Con ello, la intranquilidad
cundía en el norte, escenario de nuevas luchas. Orozco tuvo éxito al principio
pues derrotó a Francisco Villa mientras este lo buscaba, pero al fin fue
derrotado por el Ejército Federal mandado por Victoriano Huerta y por las
fuerzas rurales de Francisco Villa.
México vivía una situación muy
riesgosa. Pululaban las fuerzas rebeldes en formas de guerrillas. El gobierno
era atacado severamente por la prensa y mostraba ciertos signos de debilidad.
Fue en medio de ese ambiente de desasosiego como surgió un nuevo movimiento armado que dirigía el general Bernardo Reyes en la frontera Norte; como fracasó, se rindió fue llevado preso a la prisión militar de Santiago, en la Capital.
Otro brote de oposición lo animó el general Félix Díaz, sobrino del antiguo Presidente que se sublevó en Veracruz, y tras algunas vicisitudes fue derrotado y conducido a la penitenciaria de la Ciudad
En todo ello, los soldados
federales sostuvieron a Madero; sin embargo, varios militares federales se
pusieron en comunicación con los dos presos y se tramó una revuelta que tendría
por objetivo la aprehensión del Presidente y Vicepresidente, y el
establecimiento de una junta revolucionaria que tendría por objeto reorganizar
Los generales Félix Díaz y Bernardo Reyes fueron liberados para que actuasen, pero cuando Reyes se dirigió al Palacio Nacional, fue atacado por tropas federales leales y murió; los otros rebeldes se apoderaron de un recinto militar llamado “la Ciudadela”, y se hicieron fuertes en ella.
El presidente Francisco Madero designó a Victoriano Huerta como comandante de la Plaza en sustitución de Lauro Villar, que había sido herido en los combates y además llamó de Cuernavaca a las tropas del general Felipe Ángeles que consideraba sitiar la ciudadela para ganar la batalla. Ángeles hubiera derrotado fácilmente la Ciudadela pero
Victoriano Huerta se lo impidió.
La lucha se extendió del 9 al 18 de febrero de 1913, y se conoce con el nombre de Decena Trágica, al final de la cual Huerta abandonó sus deberes, se entendió con los sublevados mediante el Pacto de la Ciudadela, firmado en la embajada de los Estados Unidos, y aprehendió a Francisco Madero y a José María Pino Suárez, quienes se vieron obligados a presentar sus renuncias ante el Congreso, que se las aceptó 119 votos a favor y 8 en contra, no obstante estar formado por una mayoría maderista. También arrestó a Felipe Ángeles.
La situación parecía
particularmente inquietante, por que el embajador norteamericano, Henry Lane Wilson, había estado interviniendo en la política, y
había hecho circular el rumor de que las fuerzas armadas de su país iban a
entrar a suelo mexicano, desembarcando los navíos surtos en el Golfo. El rumor
era falso, pero contribuyó a crear zozobra, temor y la convicción de que la paz
sólo se alcanzaría si Madero y Pino Suárez abandonaban el Poder.
Presentada la renuncia de estos
últimos el 19 de febrero, quedó como Presidente quien hasta entonces fungía
como ministro de Relaciones Exteriores, Pedro Lascuráin,
cuya gestión se prolongó de las 10:34 a las 11 de la mañana de aquel día.
Nombró ministro de Gobernación a Huerta, renunció y de conformidad en el
Congreso Victoriano Huerta se hizo cargo del poder.
El Nuevo Presidente ostentó tal carácter del 19 de febrero de 1913 al 15 de julio de 1914. Fue reconocido por el Congreso, la Suprema Corte de Justicia, los gobernadores de los Estados –menos los de Sonora y Coahuila– y el Cuerpo Diplomático.
Sin embargo, el país entró
pronto en una etapa de gran conmoción política, por que la rebelión se propagó
en contra de Victoriano Huerta, bajo la acción del Gobernador coahuilense, Venustiano Carranza, quién, con otras personas, dio a
conocer el Plan de Guadalupe de 26 de marzo de 1913, por lo que se desconocía
el gobierno Huertista.
Carranza, quién ya estaba en
actitud levantisca contra Francisco Madero, desconoció inicialmente a
Victoriano Huerta, después lo reconoció como Presidente, pero no habiendo
llegado a un entendimiento con éste, se lanzó a una lucha definitiva contra él.
Se formó un Ejército llamado “Constitucionalista” y Venustiano Carranza quedó como su Primer Jefe. Mientras tanto Huerta, de conformidad con el Pacto de la Ciudadela, formó un primer Gabinete con personajes destacados que le fueron impuestos, y entre quienes estaban: Francisco León de la Barra, Alberto García Granados, Toribio Esquibel Obregón, Rodolfo Reyes, Jorge Vera Estañol entre otros.
Huerta insistió entonces y aún
después, en que su principal preocupación era la de que la nación se encauzase
por los senderos de la paz, pero de hecho él mismo, por su política de fuerza y
de atentados, estorbó el propósito y lo hizo impracticable.
Y así, en el curso de 1913,
fueron asesinados, el 19 de febrero, Gustavo Adolfo Madero y Adolfo Bassó Bertoliat; el 22 ocurrió lo
mismo con Francisco Madero y José María Pino Suárez, para lo cual se les
sacó de la penitenciaría donde estaban confinados; y después: Abraham González,
Edmundo Pastelín, Adolfo Gorrión, Serapio Rendón y
Este último, que era senador de
Chiapas, pronunció un discurso en el que condenaba la violencia desatada, acusó
a Victoriano Huerta de asesino, y ello naturalmente disgustó al régimen, y a
consecuencia de él fue muerto.
El Congreso protestó con
energía, y Victoriano Huerta dispuso que fuese disuelto y sus componentes
aprehendidos y encarcelados. Huerta se deshizo igualmente de su primer
gabinete, y formó otro con elementos adeptos a él. Y persuadido de que era
inconveniente para su régimen convocar a elecciones presidenciales, las aplazó.
Al fin se decidió a hacerlas, pero el nuevo Congreso las declaró nulas y Huerta
continuó en el Poder. El Partido Nacional Católico que no quiso prestarse a ser
mero instrumento del gobierno, fue disuelto y algunos de sus Jefes fueron
apresados y mandados a San Juan de Ulúa.
En el campo internacional, el presidente
de los Estados Unidos, William Howard Taft, no resolvió en definitiva si reconocer o no al
gobierno de Victoriano Huerta, y dejó el problema a su sucesor, Woodrow Wilson, quien pronto comenzó a tener una
intervención muy acentuada en los asuntos mexicanos.
Quiso establecer las normas
conforme a las cuales debía resolver la situación, y al efecto mandó a John Lind para indicarle a
Victoriano Huerta cuál era el punto de vista del gobierno norteamericano; pero
el Ministro de Relaciones Exteriores de la administración huertista,
Federico Gamboa, le indicó en forma terminante que no tenía derecho a
inmiscuirse en la política nacional.
Wilson se empeñó en prescribir
cómo debían ser las elecciones; y continuó su política intervencionista de
diversas maneras; entre otras, dispuso la neutralidad oficial de los Estados
Unidos en la contienda mexicana, lo cual significaba que no podían venderse
armas a ninguno de los dos rivales, ni al gobierno huertista ni a los revolucionarios; pero en la práctica, y mediante disfraces, los
revolucionarios si recibían armas que adquirían de algunos norteamericanos.
Extremada su actitud en contra
de Huerta, que se mostró siempre reacio a admitir sus indicaciones, Wilson puso
en marcha una amplia campaña diplomática para impedir que otros gobiernos
extranjeros reconocieran la administración mexicana, ni se le concedieran
Más aún, cuando Alemania había vendido casquillos de balas a Victoriano Huerta, Wilson pretextó un ultraje a la bandera norteamericana (Incidente de Tampico), y ordenó que la infantería de Marina norteamericana ocupara el puerto de Veracruz (Ocupación estadounidense de Veracruz), como en efecto lo hizo el 21 de abril del mencionado año, pese a
la resistencia del pueblo y de los cadetes de la Escuela Naval
Mediante esta maniobra, el barco
alemán Ipiranga, donde venía el cargamento, no pudo desembarcar los materiales
para entregarlos a las autoridades huertistas. Como
es natural, todo ello favoreció a la causa constitucionalista en gran manera.
Las tropas Rebeldes, dirigidas
por el Primer Jefe, Venustiano Carranza, se
dividieron en tres porciones principales que fueron: el Ejército del Noreste,
mandado por el general Pablo González Garza; el Ejército del Norte, mandado por
Francisco Villa; y el del Noroeste encabezado por Álvaro Obregón.
Poco a poco las líneas de
resistencia de los federales se fueron doblegando. González avanzó hasta ocupar
Tampico y Monterrey, Villa causó las más serias derrotas a los federales al
tomar a los gobiernistas en Chihuahua, Coahuila y Zacatecas –con hechos de
armas sangrientos encabezados por Rodolfo Fierro quién fue el principal culpable de éstos, sobre todo en las tomas de Torreón y
Zacatecas-, y Álvaro Obregón que adelantó sus fuerzas por las costas del
Pacífico, hasta ocupar Guadalajara a mediados de 1914.
La lucha era fuertemente dramática en aquellas zonas, mientras que ardía el Sur con la Rebelión Zapatista.
En este ambiente de notable
violencia, los gobiernos que formaron el grupo ABC –Argentina, Brasil y Chile-
fueron invitados a servir como mediadores entre los rivales mexicanos, y
concurrieron para ello a las Conferencias de Niagara Falls, en las cuales los norteamericanos se convirtieron en
los voceros de los Carrancistas y señalaron que era indispensable que
Victoriano Huerta dejara el poder.
En tales términos, Huerta,
comprendiendo que su causa estaba perdida, renunció y quedó como presidente el
Licenciado Francisco Carvajal, quien ostentó el cargo del 15 de julio al 13 de
agosto de 1914, y se esforzó por que hubiera un gobierno equilibrado y se
evitara un desastre nacional, pero los carrancistas y los norteamericanos se
mostraron intransigentes y Carvajal abandonó el poder.
Algunos funcionarios del régimen se entrevistaron con Álvaro Obregón, y celebraron los Tratados de Teoloyucan, en los que se convino la entrega de la Ciudad de México y la disolución del Ejército Federal, que siempre había sido Porfirista.
El 15 de agosto de 1915, las primeras fuerzas revolucionarias ocuparon la Capital, y Obregón quedó como autoridad principal. Este, entre otras cosas, dispuso la ocupación de varios templos y la aprehensión de los sacerdotes del Arzobispado de México para exigirles medio
millón de pesos, que no entregaron porque no los tenían: a resultas de ello, decretó la expulsión de los sacerdotes extranjeros, a los mexicanos los amenazó de muerte, y a algunos los envió a Veracruz, quedando libres al final, logrando así oposición con viejos miembros del Partido Católico que presidía Rafael Ceniceros y Villareal.
En general, la acción en el área
carrancista fue, en muchos sitios, antirreligiosa. En Durango, Obregón tomó
para así el anillo pastoral del Obispo, cuando este no pudo darle el dinero que
se pedía, y se le obligo a barrer las calles.
En varios lugares muchos sacerdotes fueron expulsados o reducidos a prisión, pena de muerte a ellos en San Luis Potosí, cierre de Colegios Católicos, muerte por confesión, quema de confesionarios. Esta acción persecutoria no fue impulsada por Venustiano Carranza, sino por las ideas de Álvaro Obregón, que finalmente serían seguidas por Plutarco Elías Calles, que en ese tiempo ya era general y que originarían la Guerra Cristera.
En cambio, en el campo zapatista, no existieron estas persecuciones.
Desaparecido el régimen Huertista, quedaron triunfantes los elementos
revolucionarios, pero no hubo entre ellos paz ni armonía pues entre Venustiano Carranza y Emiliano Zapata no hubo entendimiento,
como tampoco lo hubo con Francisco Villa, puesto que Carranza le pedía a Zapata
que lo reconociera como presidente y cesara la lucha, Zapata aceptaba siempre y
cuando Carranza aceptara el Plan de Ayala.
Villa se encontraba en la misma
situación pues estaba dispuesto a reconocer su autoridad siempre y cuando se
acepte como objetivo principal del nuevo gobierno la repartición de tierras,
pero nada se resuelve puesto que Carranza creía que los hacendados tenían
derechos por las leyes.
En esta situación algunos revolucionarios convocaron a una convención, en octubre de 1914, para hallar una fórmula que conciliara los distintos intereses y evitara una ruptura peligrosa entre los triunfadores.
Sus primeras sesiones tuvieron lugar en la Capital
y las posteriores y más importantes, pues englobaron a los cuatro combatientes, fueron las que tuvieron lugar en Aguascalientes por lo que se conoce como Convención de Aguascalientes.
En la convención se decide
invitar a los Zapatistas, con voz pero sin voto, ahí
se encuentran por fin zapatistas y villistas que descubrieron ahí sus similitudes.
transcurrieron con discursos en donde se exponían los diversos puntos de vista
hasta que llegan los Zapatistas a la convención, se
estudian los diversos postulados y se aprueba el Plan de Ayala.
Pero los convencionistas no sólo obtuvieron el visto bueno de todos los demás pues la unión Villa-Zapata
logra mayoría, sino que además convencen a algunos obregoncistas y carrancistas con lo que la división se ahondó al nombrarse por ellos
Presidente a Eulalio Gutiérrez, un Villista, quién
tomó el cargo el 3 de noviembre de 1914 y lo abandonó el 28 de mayo de 1915, en
franca oposición a Carranza.
Las tropas convencionistas obligaron a Venustiano Carranza a salir de la Capital y tomar el rumbo de Veracruz, en donde logró establecerse y aún disponer de tiempo para expedir unas leyes de particular importancia, como fueron, entre otras, la Ley de Relaciones Familiares, la Reforma del Municipio; la Ley de 6 de enero de 1915, que promovía la reforma agraria; algunas de protección a los obreros y otras.
Gutiérrez dejó la Presidencia en pugna con Villa pues le negó toda ayuda a Emiliano Zapata y se pasó al bando obregoncista. Entre tanto, se hizo cargo de ella el general Roque González Garza del 18 de enero de 1915 al 10 de junio del mismo año, quien tuvo el apoyo de villistas y de zapatistas, pero se vio envuelto en multitud de problemas políticos, militares y de abastecimiento de alimento a la Ciudad de México, que sufrió una temporada de hambre por la carencia de bastimentos.
Fue sucedido por el licenciado Francisco Lagos Cházaro del 10 de junio de 1915 a enero de 1916, y quien tuvo una autoridad más aparente que real, pues Zapata y Villa, aunque decían reconocerlo, de hecho actuaban por su propia cuenta.
Las diferencias entre Villa y
los carrancistas se agravaron cada vez más. La lucha tomó caracteres muy vivos
cuando Carranza envió a la guerra contra Francisco Villa a Álvaro Obregón, y
dentro de ella destacaron los combates en la región de Celaya (Batalla de
Celaya) y León, en donde los villistas fueron
deshechos por Álvaro Obregón que implementó nuevas técnicas inventadas en
Europa, la “Guerra de Trincheras”.
Vencidos los hombres de Villa y
capturados muchos de ellos, doscientos oficiales villistas fueron asesinados con ametralladoras por los carrancistas además de las
derrotas en Aguascalientes, Durango y Naco, Sonora que obligaron a Villa a refugiarse
Reducido a jefe de grupos poco
numerosos, en Chihuahua, Villa se reorganizó y siguió dando guerra en ese
estado como guerra de guerrillas.
En octubre de 1915, los Estados Unidos reconocieron como único gobierno al de Venustiano Carranza, pese a que, de acuerdo con las leyes mexicanas el legítimo era el de la Convención de Aguascalientes.
Indignado por el reconocimiento,
Villa, con cuatrocientos hombres atacó la población de Columbus,
Nuevo México (Batalla de Columbus) tomándola por unas
horas y dio muerte a americanos en Santa Isabel, Chihuahua.
Las tropelías villistas dieron lugar a que Woodrow Wilson con el permiso de Venustiano Carranza enviase
a suelo mexicano a una Expedición Punitiva comandada por el general John J. Pershing al mando de doce
regimientos, caballería y fuerzas aéreas que resultó infructuosa porque nunca
dio con Francisco Villa.
Tropas carrancistas y
estadounidenses buscaron al guerrillero por todas partes pero nunca lo
encontraron y en las dos batallas que enfrentaron contra los villistas durante los seis meses de búsqueda fueron
derrotados: en el Parral por villistas y en el
Carrizal por tropas carrancistas que no dejaron pasar a las tropas
Las Tropas Villistas,
al mando de Francisco Villa en ese tiempo, recuperaron mucha parte de su
ejército y volvieron a tomar Chihuahua exitosamente, aunque sólo por momentos.
Por ese entonces se convocó a un Congreso Constituyente en la
Ciudad de Querétaro, al que concurrieron sólo Diputados carrancistas, por haberse excluido a todos sus enemigos o desafectos.
Los integrantes del Congreso se aplicaron a elaborar una nueva Constitución Federal, que en cierto modo siguió muchos principios de la anterior, la de 1857, pero en no pocos artículos introdujo reformas, o estableció principios completamente nuevos, sobretodo en
lo referente a la reforma agraria, que impulsó la distribución de la tierra, y
en lo que ve a la protección de la clase obrera.
Además, en todos los artículos que tocaban el problema educativo o religioso, se percibió un espíritu faccional muy dividido y llamativo, medularmente
anticatólico por una parte y por otra en protección de las ideas de los últimos
que al final fueron a repercutir en la Guerra Cristera con Plutarco Elías Calles con el cumplimiento riguroso de la Ley y la condena de lo antirreligioso de la constitución del Papa Pío XI en su encíclica Iniquis afflictisque el 18 de noviembre de 1926.
El Proyecto original de la Constitución estuvo redactado por los diputados
José Natividad Macías, Félix F. Palavicini, Luis Manuel Rojas, Alfonso Cravioto,
Manuel Andrade y Juan N. Frías; pero en el curso de las sesiones, el proyecto
fue modificado hasta alcanzar su forma final, que al conseguirse, permitió que
se promulgase la Constitución el 5 de Febrero de 1917.
El Artículo 1º estableció el otorgamiento de "garantías" o derechos
individuales a toda clase de personas.
El Artículo 3 estableció la educación laica para escuelas oficiales y
El Artículo 5 prohibió los votos religiosos y el establecimiento de órdenes
El Artículo 24 estableció la libertad de creencias, pero prohibió todo acto
de culto externo fuera de los templos o de las casas particulares.
El Artículo 27 estableció el antiguo principio español del dominio de la
nación sobre el subsuelo. Consagró el reparto de la tierra; y perpetuó la
nacionalización de los bienes eclesiásticos y prohibió la existencia de
colegios eclesiásticos, conventos, obispados y demás.
El Artículo 40 señalo que el régimen del gobierno era el de una república
representativa, democrática y federal.
El Artículo 80 consagró como depositario del Poder Ejecutivo al Presidente
www.nevadaobserver.com/Mexican%20Revolution%2...
www.exploramex.com/epocaIndep/Chamizal.htm

References: artículo 7
 resolución 
 Artículo 1
 Artículo 3
 Artículo 5
 Artículo 24
 Artículo 27
 Artículo 40
 Artículo 80