Source: http://www.slideshare.net/delDespojoCrnicas/biodiversidad-sustento-y-culturas-n-78-octubre-2013
Timestamp: 2016-09-28 01:36:53+00:00

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Quién nos alimenta
Sigue la batalla por las semillas
Fracking: la fractura final
Número 78, octubre de 2013
Quién nos alimentará. La cadena industrial de producción de
alimentos o las redes campesinas de subsistencia | Grupo ETC	2
Crisis y subsistencia. El miedo no pasará (o para que lo que
dicen que “tiene que pasar” no pase) | Jean Robert	12
¡Ya viene la nueva 970 recargada! Las Leyes que privatizan y controlan el uso
de las semillas criminalizan las semillas criollas | Grupo Semillas	17
Puntos de posición sobre las semillas en el Paro Agrario	22
Movilización campesina en Colombia pone los reflectores
sobre las semillas | GRAIN	31
Ante la ofensiva de UPOV en Chile
CLOC-Vía campesina 31
Ecuador: Declaratoria colectiva en defensa del Yasuní, los derechos humanos y la vida | Ecuador:
Proteger el planeta, mantener a las empresas petroleras fuera del Bloque ITT en el Yasuní | Ecuador:
La Conaie frente a la visita del presidente Correa a la nacionalidad waorani | Honduras: El gobierno
de Lobo dicta auto de prisión contra líder lenca Berta Cáceres | Territorio Bribri de Costa Rica: Para
ser memoria | Paraguay: Contra la ley, se dio curso a pedido de Monsanto de patentar una especie de
maíz | Paraguay según Monsanto | “No creemos en la inversión agrícola responsable” | Perú: Tres
grupos empresariales —Gloria, Wong y Oviedo— son los nuevos barones del azúcar
de un vistazo y muchas aristas	Fracking, la fractura final de los territorios
5	Biodiversidad, sustento y culturas es una revista trimestral (cuatro números
La portada es una foto de Prometeo Lucero en la frontera entre Guatemala y México.
Las fotos provienen de la Montaña de Guerrero (también de Prometeo Lucero), en México, afectadas como
están ahora por los huracanes sucesivos que azotaron la entidad, con comunidades aisladas, o inundadas, y con
miles de damnificados. Comunidades descuidadas mientras se privilegiaba la ayuda a las zonas turisticas de la
entidad. Vayan estas fotos de la fiesta de Chietepec, como saludo a la Montaña. Los dibujos son de Rini Templeton,
que como antes han acompañado las páginas de Biodiversidad. Ustedes pueden consultar sus archivos en riniart.
org. Sin duda su visión de las luchas de resistencia y de la vida cotidiana de los pueblos latinoamericanos, con los
que compartió la comida y los sueños, es una de las visiones más cariñosas, comprometidas y lúcidas, logrando
en pocos trazos fuertes, hacernos entender, de un vistazo, la fuerza interior de los personajes o los parajes que
habitan, las condiciones de opresion y las condiciones de unidad y búsqueda de transformación. Rini Templeton
ya no está entre nosotros, pero su mirada permanece y nos acompaña y enseña.
Desarrollo y la Fundación Swift
a foto de la portada muestra a un
niño que va por las ramas de un árbol
a la orilla de un río: el Usumacinta
(el “mono aullador”). Aunque juega feliz,
porque jugar arregla todo, por lo menos por
ratos, él (como muchos más de su familia y
amigos) espera cruzar e internarse en territorio mexicano para trepar lo más posible
en su camino hacia el sueño del dinero como
solución. Y vaya si el dinero resuelve cuando
la gente se queda despojada de sus entornos
y medios de subsistencia con los que aseguraba la vida en el cuidado y las certezas
Pero las soluciones que propone el dinero nos alejan de las fuentes de nuestro
ser común, nunca nos acercan. El dinero nos propone abandonar la tierra, el
lugar donde nacimos. Nos propone dejar de sembrar nuestras semillas nativas,
ancestrales que hemos custodiado e intercambiado en nuestros canales de confianza por tantos, tantos siglos. Nos propone que en lugar de cultivar la tierra o
producir nuestros alimentos, busquemos algún empleo que nos permita contar
con dinero para comprar comida, para tener fuerzas y buen sueño para volver a
trabajar para tener dinero y así comprar comida, en una cuenta infinita que no
nos deja sueltos nunca porque hay que comprar comida.
Tal vez una de las penas más grandes de los viejos de muchas comunidades es
que sus jóvenes hayan dejado de creer que es posible remontar la vida sembrando,
recolectando, cazando, teniendo animales de traspatio, pescando y pastoreando.
Es éste el agravio más grande que podemos invocar: hay una guerra contra
la subsistencia de las comunidades y los pueblos, un empeño por impedir que la
gente pueda resolver por sus propios medios su alimentación, la de su familia y
Pero en los hechos, todavía al mundo lo alimentan todos aquellos, todas aquellas que desde sus comunidades siguen empeñados y empeñadas en defender lo
que podríamos llamar un ámbito de cuidados minuciosos, de responsabilidades
detalladas, de sueños compartidos que se refuerzan produciendo nuestros propios alimentos y manteniendo las condiciones de tal producción lo más permanentes (hoy diríamos sustentables) como sea posible.
Sin ese entendimiento, todo parece cosificable, de la tierra a la semilla, incluso
los saberes, que se vuelven mercancía al someterse a la validación y certificación
que proponen la mayoría de los sistemas educativos oficiales.
Sin ese entendimiento, la gente no ubica la búsqueda de la autonomía de los
pueblos, las luchas de resistencia contra los megaproyectos, la defensa de los
territorios, del agua, de las semillas nativas. Las luchas porque no fracturen el
territorio con profundas y expansivas sopas químicas inyectadas a gran presión
con tal de sacar gas y ganancias.
Asomémonos a este número de Biodiversidad, y sepan que queremos que el
espejo sea mutuo. Queremos reflejarnos en ustedes y que sus luchas se reflejen
aquí mismo. l
La cadena industrial de producción
de alimentos o las redes campesinas
uienes gobiernan, quienes elaboran las políticas, y la inmensa mayoría de los habitantes de las ciudades, no saben que existen importantes sistemas alimentarios invisibles.
Han pasado el último medio siglo sin cuestionar el
modelo occidental de producción, procesado y consumo de alimentos.
Casi todo lo que se ha pensado sobre seguridad
alimentaria en las últimas décadas se basa en ese
Nos hemos vuelto dependientes de las limitadas
estadísticas e interpretaciones que promueven las
agroempresas y cada vez hay menos información
accesible al público sobre la realidad de los mercados y sus utilidades.
El gran público y quienes diseñan las políticas
aceptan que el aumento del consumo de carne y
lácteos, la obesidad y la necesidad de fertilizantes
y agroquímicos es incontrovertible. Urge debatir lo
que sabemos (y lo que suponemos) de la cadena industrial de producción de alimentos.
Para unos, la producción basada en las multinacionales de agronegocios, dominante en la mayor
parte del mundo occidental, es el único paradigma
realmente creíble y posible. Para otros, son los campesinos quienes deben estar en el punto de partida,
en el centro de todas las políticas de alimentación,
locales, nacionales y globales.
Usamos el término “campesinos” y “campesinas”
para describir a todos aquellos que producen alimentos principalmente para ellos mismos y sus
comunidades, sean agricultores rurales, urbanos o
peri-urbanos, pescadores de costas y ríos, pastores o cazadores y recolectores. Muchos campesinos entran en todas esas categorías. Los sembradores frecuentemente tienen estanques o animales
de traspatio, cazan o recolectan. Muchos van y
vienen entre el campo y la ciudad. Por “red” entendemos la complejidad de relaciones que se apoyan unas a otras y que comparten campesinos y
La variedad de fuentes de alimentos de las que
se nutren las comunidades campesinas dificulta las
estadísticas: los campesinos trabajan con unos 7 mil
cultivos mientras los analistas de la industria se enfocan en 150. Casi nunca consideran las “cosechas
ocultas” (recolección estacional en bosques, orillas
y sabanas) o la abundancia de cosechas urbanas
(hortalizas, piscicultura y animales).
También es difícil calcular cuánta comida se produce y se consume en la cadena industrial. Se ha escrito mucho acerca del desperdicio que proviene de
descartar frutas y vegetales “imperfectos” o de los
problemas del transporte a largas distancias, de la
buena calidad de los alimentos descartados por los
supermercados y lo que los propios consumidores
tiran en sus hogares; hay muy poca investigación
sobre el consumo excesivo: ¿qué porción del 80%
de la tierra agrícola y los fertilizantes que a nivel
planetario se destinan a alimentación animal y se
convierte en carne y productos lácteos se desperdicia? Cada vez más consumidores rebasan con mucho la ingesta recomendada por las autoridades de
salud. Al calcular todas esas formas de desperdicio
concluimos que la cadena sólo entrega un 30% de
la comida que la humanidad consume y necesita.
Definitivamente la producción industrial de alimentos no es capaz de proporcionar lo que en verdad necesitan aquellos que padecen hambre o desnutrición.
La cadena industrial provee el 30% de los alimentos utilizando de 70% a 80% de la tierra arable.
Usa más de 80% de los combustibles fósiles y 70%
del agua destinados para uso agrícola; ocasiona entre el 44 y 57% de las emisiones de gases con efecto
de invernadero (GEI) al año; deforesta 13 millones
de hectáreas y destruye 75 mil millones de toneladas
de cubierta vegetal cada año. Aunque domina los 7
billones de dólares que vale el mercado mundial de
comestibles, controla sólo 15% de la comida que se
produce en el planeta, (la que se comercia internacionalmente) y deja 3 mil 400 millones de personas
desnutridas u obesas.
En un año normal y con buenas tierras, las variedades más productivas de los principales monocultivos comerciales producirían más masa crítica para el
mercado por hectárea que las variedades campesinas
del mismo cultivo, pero a un costo mucho mayor,
que incluye daños a la salud, a los medios de subsistencia de las comunidades y devastación ambiental.
15% de la caza y recolección; 5 a 10% de la pesca
y entre 35 y 50% de parcelas agrícolas de pequeña
escala. Cosecha 60-70% de cultivos alimentarios
con el 20-30% de la tierra arable; utiliza menos del
20% de los combustibles fósiles y 30% del agua
destinados para usos agrícolas. Nutre y usa la biodiversidad de manera sostenible y es responsable de
la mayor parte del 85% de los alimentos que se producen y consumen en las fronteras nacionales. Es el
proveedor principal, y a veces el único, de los alimentos que llegan a los dos millones de seres humanos que sufren hambre y desnutrición en el planeta.
En un año normal o malo, en suelos buenos o
empobrecidos, las variedades campesinas en sistemas de asociación de varios cultivos, junto con la
pesca y la cría de ganado de traspatio producen en
total más comida por hectárea y más nutritiva que
cualquier monocultivo de la cadena industrial, a
una fracción del costo, empleando a más personas y
La cadena industrial: Con los acaparamientos de
tierras, los tratados comerciales que favorecen a las
industrias, los más y más abusivos monopolios de
patentes, la criminalización de los intercambios de
semillas, los subsidios ventajosos a los combustibles
fósiles baratos y el hecho de transferirle a los consumidores y los productores campesinos más y más
costos de la producción industrial de alimentos y de
la seguridad alimentaria, el porcentaje de población
urbana en el planeta llegará al 70%, la obesidad se
duplicará, la carne y la producción de lácteos crecerán 70%; la demanda total de alimentos aumentará
50% y la necesidad de agua crecerá 30%. Las emisiones de GEI aumentarán 60%.
Las redes campesinas producen más de 70% de la
comida que consume la humanidad. Entre un 15%
y un 20% proviene de agricultura urbana; otro 10 a
La red campesina: Con respeto irrestricto a los te-
rritorios campesinos, si se salvaguarda el derecho a
la tierra y el agua, a los intercambios de semillas y al
mejoramiento vegetal y pecuario comunitarios; si se
eliminan las regulaciones que sabotean los mercados
locales y la diversidad, si se generaliza el comercio
social y ambientalmente justo, si se democratiza la
investigación y el desarrollo de prácticas agroecológicas, la población rural planetaria se mantendría en un
50%, el acceso a alimentos y la calidad de los mismos
se duplicaría, las tazas de obesidad se desplomarían,
las emisiones de GEI se reducirían al menos 60% y la
demanda de agua 50%; el uso de combustibles fósiles
para labores agrícolas se reduciría entre 75 y 90%.
La cadena industrial usa 150 cultivos, pero se enfoca
en sólo 12. 45% de la investigación y desarrollo agrícolas se concentra en la versatilidad del maíz. Se han
registrado más de 80 mil variedades bajo propiedad
intelectual desde 1970; más de la mitad (59%) son ornamentales. El costo promedio para desarrollar una
variedad genéticamente modificada es de 136 millones
de dólares. Sólo entre el 10 y el 20% de las semillas
que se utilizan en el Sur global provienen del sector
comercial. La cadena se centra en el mejoramiento de
pocos cultivos y considera sólo 700 de sus parientes
silvestres para la adaptación al cambio climático.
La red campesina ha cultivado más de 2 millones
100 mil variedades de 7 mil especies de cultivos
desde los años sesenta. Ornamentales, una mínima
parte. Producir nuevas variedades no cuesta nada.
Entre el 80 y 90% de las semillas se consiguen fuera
del mercado. Los campesinos conocen y manejan de
50 a 60 mil especies de parientes silvestres, lo que
según la cadena industrial, costaría 115 mil millones de dólares por año.
La cosecha acuática
La cadena industrial captura 363 especies mari-
nas y cría 600 en cautiverio, pero sus programas de
mejora se enfocan en sólo 25. La sobreexplotación
amenaza a 20% de las especies de agua dulce; 30%
de las reservas oceánicas de peces están sobre-explotadas y 57% están al límite de la sobre-explotación. Los barcos pesqueros pescan hoy sólo 6% de
lo que se capturaba hace 120 años.
La red campesina pesca más de 15 mil especies de
agua dulce y millares de especies en los océanos.
Una 5ª parte de la humanidad depende de la pesca como fuente principal de proteínas. Las mujeres
representan 33% de la fuerza de trabajo rural dedicada a la acuacultura en China, 42% en Indonesia
y 80% en Vietnam.
Quién tiene las tierras y cómo las usa
Por lo menos desde 2001, la cadena industrial se ha
apoderado de 15% de la tierra agrícola para producir materias primas industriales y de 2% o más para
producir agrocombustibles. Usa entre 70 y 80% de
la tierra arable y 176 millones de toneladas de fertilizantes sintéticos, y devasta 75 mil millones de toneladas de suelos (valuadas en 400 mil millones de dólares) cada año. A 78% de la tierra agrícola del planeta
la cadena industrial le impone la producción pecuaria (piensos, forrajes o pasturas). 80% del fertilizante
se usa en los forrajes pero la mitad de ese fertilizante
nunca llega al cultivo por deficiencias técnicas.
La red campesina usa entre 20 y 30% de la tierra
La cadena industrial trabaja con 5 especies y me-
nos de 100 variedades. Menos de una docena de
corporaciones dominan la investigación en genética
pecuaria de pollo, cerdo y res. Cuatro empresas dominan 97% de la investigación sobre mejoramiento
genético del pollo y 4 dominan 65% de la genética
de cerdos. Por la uniformidad genética que promueven, Europa y Norteamérica tienen la proporción
más alta de especies pecuarias en peligro de colapso.
La red campesina: Utiliza por lo menos 40 especies
pecuarias y mantiene 7 mil variedades locales. 640
millones de agricultores campesinos y 190 millones
de pastores cuidan la diversidad animal que nos alimenta. 2/3 de los cuidadores de esas especies pecuarias son mujeres. Hogares rurales y urbanos en el
Sur global obtienen de la ganadería doméstica entre
1/3 y 1/2 de sus ingresos.
arable del planeta, de la cual cultiva por lo menos
la mitad sin usar fertilizantes sintéticos. (23% del
nitrógeno que se usa en sistemas agrícolas de cultivos asociados proviene de estiércol). La mayoría de
los campesinos logran que entre 70 y 140 millones
de toneladas de nitrógeno sean fijadas anualmente a
los suelos, lo que en un esquema de mercado costaría más de 90 mil millones de dólares.
Quién protegerá nuestros bosques
La industria de productos madereros primarios,
con valor de 186 mil millones de dólares, se enfoca
en el 0.5% de las especies conocidas (450) . En Centroamérica, el cambio del uso de suelo de bosques
a forrajes destruyó 40% de los bosques en 40 años.
El 75% de las tierras deforestadas en el Amazonas
brasileño está ocupado por ganaderos. Más de 90%
de la madera tropical se comercia de manera ilegal.
En las redes campesinas se conservan unas 80 mil
especies forestales que 80% de las comunidades del
Sur global utilizan de diversas formas. De los bosques y sabanas se recolecta entre el 10 y 15% de la
alimentación mundial. Mil 600 millones de personas dependen de los bosques para su subsistencia y
las tierras llamadas “ociosas” generan aproximadamente 90 mil millones de dólares por año. La mitad
de la tierra de cultivo en el planeta cuenta con al
menos 10% de bosques, que tienen un rol vital en la
conservación y almacenamiento de los GEI.
En las parcelas que no usan agroquímicos, las filtra-
ciones de nitrato hacia los mantos freáticos son cuatro
veces menores. Unos mil millones de personas consumen productos agrícolas que se cultivaron en principio
con aguas residuales. El agua de una ciudad con un
millón de habitantes puede irrigar entre 1 500 y 3 500
hectáreas de tierras semiáridas. Entre 15 y 20% de la
producción global de alimentos ocurre en áreas urbanas. Una dieta vegetariana requiere unas 5 veces menos
agua que una dieta basada en la proteína animal.
Quién gasta energía
La cadena industrial consume enormes cantidades
Producir destruyendo o producir cuidando
Con la agricultura industrial, se calcula que las emi-
siones de gas metano aumentarán 60% para 2030. Las
parcelas no orgánicas emitirán una cantidad adicional
de 637 kg/ha de CO2 por año. La explotación del área
de lecho submarino que actualmente hacen los buques
de pesca industrial cada año contribuye a la destrucción del 1.5% de los prados submarinos y libera 299
millones de toneladas de carbono a la atmósfera.
La agricultura de las redes campesinas mantiene
los pastos, las variedades y la diversidad microbiana
que contribuyen a reducir las emisiones de metano
y óxido nitroso. La agricultura orgánica y campesina, así como las prácticas agroecológicas de restauración de suelos pueden almacenar entre 3 y 8
toneladas adicionales de carbono por hectárea, reduciendo hasta el 60% de las emisiones de GEI. Las
tecnologías de los pescadores artesanales no destruyen los prados submarinos.
Quién se acaba el agua
El 76% del agua que cruza las fronteras nacionales
se usa para la agricultura industrial y el procesamiento de sus productos (el comercio de frijol de
soya [soja] y sus derivados gasta 20% del total de
los flujos de agua internacionales de aguas limpias).
El comercio de productos animales e industriales
requieren cada uno de 12% del uso del agua. La
dieta basada en proteína animal necesita hasta 5
veces más agua que una dieta vegetariana. El agua
usada para la producción de alimentos que luego se
desperdician sería suficiente para satisfacer las necesidades domésticas de 9 mil millones de personas.
de carbón fósil (en combustibles, fertilizantes y plaguicidas) contribuyendo a la degradación ambiental
y la emisión de gases. Los fertilizantes y plaguicidas
químicos equivalen a la mitad de la energía que se
utiliza para producir trigo. La manufactura de nitrógeno sintético usa el 90% de toda la energía que
se usa en la industria de fertilizantes.
La red campesina trabaja con una eficiencia ener-
gética muchísimo mayor: mientras que para la cadena industrial se requieren 2.7 mega calorías (Mcal)
de energía externa para producir un kilo de arroz, la
red campesina lo produce con sólo 0.03 Mcal. Para
el maíz, el costo energético de la cadena es de 1.4
Mcal, mientras que para la red es 0.04.
La producción industrial alimenta las enfermedades y lucra con el desperdicio. Las conservas se in-
ventaron para alargar la vida de los comestibles, pero
actualmente la meta comercial del procesamiento es
homogenizar, transportar y concentrar ingredientes
en un mercado con valor de 1 billón 370 mil millones
de dólares. Desde 1950, el procesamiento de alimentos ha ocasionado que se reduzcan los contenidos
nutricionales, se uniformen las dietas, se reduzca la
diversidad y se incrementen las tasas de obesidad y
enfermedades crónicas relacionadas.
Entre las redes campesinas se procesan y conservan
los alimentos para consumo local. Dos mil millones
de personas en el Sur dependen de los procesos locales artesanales de fermentación y procesamiento de
gran parte de los alimentos que consumen.
De la comida producida industrialmente, entre el
33 y el 40% se desperdicia durante la producción,
transporte, procesamiento y en los hogares; un 25%
se pierde por el sobreconsumo.
El desperdicio per cápita de alimentos en Europa
y Norteamérica es de 95 a 115 kilos por año. Menos de 5% de la investigación agrícola se dedica a
comprender y remediar las pérdidas post-cosecha.
Los barcos pesqueros industriales arrojan de vuelta
al mar 7 millones de toneladas de producto cada
año y asesinan 40 millones de tiburones para comerciar sus aletas.
Sumados las pérdidas y desperdicios de todo tipo
se calculan entre 280 a 300 kg per cápita en Europa
llones están por debajo de la línea de hambre) y
mil 400 millones más padecen sobrepeso (de los
cuales 500 millones son obesos). El consumo de
carne en los países ricos es casi 2.2 veces más de lo
que recomienda la FAO. Se espera que la obesidad
se duplique para 2030. Las pérdidas en productividad y en gastos por enfermedades relacionadas
con la malnutrición y el sobreconsumo excedieron
ya los 4 billones de dólares por año, equivalentes
a más de la mitad del valor mundial del mercado
En contraste, el desperdicio en los hogares de Áfri-
Las redes campesinas de subsistencia en el Sur
global son el principal proveedor de comida para
ca Subsahariana y el Sudeste de Asia es de 6 a 11
kilos per cápita, menos de 10% de lo que se desperdicia en los países industrializados.
En esa misma región, la suma de pérdidas y desperdicios daría 120 y 170 kilos per cápita. Gran
parte de los desperdicios de los cultivos y alimentos
procesados de modos locales en el Sur global fertilizan los suelos, alimentan los peces o el ganado
Pese a que la cadena industrial tiene grandes
costos y desperdicios, 2 mil millones de personas
tienen deficiencias de micronutrientes (868 mi-
quienes padecen hambre o desnutrición. Evitan
los monocultivos agrícolas y pecuarios y promueven la diversidad genética. Las dietas diversas, en
los lugares donde no dominan las corporaciones
de comida rápida, podrían ahorrarle al mundo
hasta 4 billones de dólares por año y son la forma más segura para resolver las deficiencias de
micronutrientes entre la población. Los valores
nutricionales de los cultivos campesinos, debido
a su diversidad genética, pueden variar hasta mil
veces comparados con la cadena industrial: 200
gramos de arroz por día pueden representar el 25
o hasta 65% de los requerimientos de proteína;
un plátano puede brindar entre el 1 y el 200% de
la porción diaria de vitamina A que necesita un
¿Y los bichos chiquititos?
La apicultura comercial da servicio a una tercera
parte de los cultivos en los países industrializados.
Las colonias de abejas están teniendo bajas dramáticas a causa de los insecticidas, lo que amenaza con
una pérdida de la productividad de unos 200 mil
Gracias a las redes campesinas, 71 de los 100 cultivos alimentarios más importantes son polinizados
principalmente por abejas silvestres que sobreviven
con quienes comparten los mismos hábitats, de
donde obtienen alimentos y medicinas.
La uniformidad genética de cultivos y animales,
combinada con el uso masivo de fertilizantes sintéticos y plaguicidas, ha diezmado las poblaciones de
microbios benéficos para la agricultura, erosionando los suelos, afectando la eficiencia alimentaria de
los animales y haciéndolos vulnerables en extremo
a enfermedades. La industria recolecta y conserva
ex-situ 1 millón 400 mil cepas microbianas, sin embargo menos del 2% de la diversidad de los microbios ha sido identificada.
Las redes campesinas de producción de alimentos conservan la diversidad microbiana agrícola en
la medida en que logran mantener la integridad de
los suelos y la diversidad de cultivos y animales. Los
microbios gastrointestinales, al variar entre razas y
piensos, ayudan a la eficiencia alimentaria y a la salud general de los animales y reducen las emisiones
de metano de las reses.
pesca y la cría de animales. Las parcelas campesinas
dan empleo a 30% más personas que los monocultivos y desiertos verdes industriales. Aunque el número y tamaño de las parcelas campesinas no está bien
documentado, es verificable que la agricultura en
pequeña escala es más productiva y sus productos
más nutritivos: una de las variedades campesinas
de papas en Perú tiene 28 veces más fitonutrientes
útiles para prevenir el cáncer que su pariente industrial. Las tortillas hechas de variedades indígenas de
maíz azul contienen 20% más de proteínas y son
más fácilmente digeribles que las tortillas hechas de
maíz de variedades comerciales.
Trabajo, salud y tecnología
En la cadena industrial la tecnología procede desa-
rrollando micro-invenciones para macro-ambientes:
innovaciones o modificaciones genéticas desarrolladas celosamente en laboratorios privados, para
aplicar a cultivos que se pretende distribuir a nivel
global. Esta tecnología necesita establecer monopolios cerrados, que provocan uniformidad y vulnerabilidad a enfermedades.
En las redes campesinas la experimentación constituye sistemas de tecnología amplias y horizontales que aplican macro-soluciones que son útiles en
micro-ambientes: cambios multidimensionales y
diversos en los ecosistemas agrícolas de cada parcela. No son patentables, (son el pan de cada día),
se benefician de la investigación compartida y de los
sistemas de saberes tradicionales.
En los países industrializados se redujo el número
de familias de campesinos o agricultores a la mitad
o menos, en los últimos 50 años, con el desarrollo
agroindustrial y el procesado de alimentos. Millones de familias en todo el planeta han sido desterradas por el advenimiento de la industria en todos
Además de quitarles su sustento, la agroindustria es una fábrica de exterminio de comunidades:
los plaguicidas causan 3 millones de enfermedades
severas y 220 mil muertes cada año. Por cada dólar
gastado en plaguicidas en el África subsahariana,
la región pierde más 6 mil 300 millones por año en
costos médicos y baja de productividad ocasionada
por enfermedades relacionadas con el uso y consumo de plaguicidas.
En las redes campesinas, 80% de los hogares culti-
va algún alimento. Más de dos mil 600 millones de
personas en el planeta dependen de la agricultura, la
La cadena alimentaria industrial considera que
la diversidad es un obstáculo para la producción y
para los monopolios. Por su ubicación y sus procesos, está eliminando la mitad de las 7 mil lenguas y
culturas que habitamos el planeta. Una tercera parte de los territorios en América del Sur (la República
de la Soja y alrededores) ya no cuenta con hablantes
de lenguas indígenas.
Las redes campesinas consideran necesaria la di-
versidad agrícola para asegurar la existencia. En
cada región, la supervivencia depende del conocimiento específico y profundo que se tenga de cada
cultivo, suelo, clima o raza animal que allí exista.
Si se pierden las culturas y las lenguas que estoicamente permanecen en el mundo y que resisten la
invasión industrial, nuestra generación será tal vez
la primera en la historia en perder más saberes de
los que ha ganado.
sumir que podemos contar con la cadena industrial para solucionar el cambio climático
y la crisis de alimentos no se sostiene estadísticamente. La cadena no sólo NO es la respuesta, sino
que es gran parte del problema. Urge apoyar los
sistemas campesinos de producción de alimentos
y las prácticas agroecológicas. Urge más investigación, debate informado y diversidad para terminar
los mitos que sabotean los sistemas de alimentación justos y saludables. l
Ver el texto completo “Quién nos alimentará:¿La cadena
industrial de producción de alimentos o las redes campesinas
de subsistencia? en el sitio del Grupo ETC:
Allí se encuentran las referencias completas y los
reconocimientos a personas e instituciones de cuyas
investigaciones abrevamos para este documento.
Crisis y subsistencia
El miedo no pasará
(o para que lo que dicen que
“tiene que pasar” no pase)
Recordar que, en
épocas no muy lejanas
como todavía en
muchísimos lugares del
campo mexicano, la
gente extraía
tierra, de las aguas y el
aire la mayor parte de
lo necesario para su
subsistencia. No en
solitario, sino en
Acabo de escribir una
palabra muy
desprestigiada por los
subsistencia. En
primera aproximación,
llevar una vida de
subsistencia es cultivar
lo que uno come y
comer lo que se cultiva.
Tenerle miedo al miedo. De dos cosas una: la crisis, o es una incitación
al miedo —al pánico que el capitalismo requiere para efectuar los reajustes
estructurales sin los cuales no logrará
sobrevivir—, o es una oportunidad de
Tocar fondo quiere decir recobrar
dolorosamente y a veces con gozo la
percepción de lo concreto: no sólo de
lo duro que se vuelve ganarse la vida,
sino también del suelo y de los otros
elementos, y de la posibilidad, siempre
abierta, de la convivialidad. Es limpiar
la mirada de espejismos y quizás del
exceso de abstracciones, pero también
recordar que, en épocas no muy lejanas
como todavía en muchísimos lugares
del campo mexicano, la gente extraía
directamente de la tierra, de las aguas
y el aire la mayor parte de lo necesario
para su subsistencia. No en solitario,
sino en solidaridad.
Acabo de escribir una palabra muy
desprestigiada por los economistas:
subsistencia. En primera aproximación,
llevar una vida de subsistencia es cultivar lo que uno come y comer lo que se
cultiva. Donde hay suelo, agua y sol, y,
pienso yo, buena convivencia, siempre
se puede lograr, en plena tierra o en macetas. No requiere títulos ni de primaria
ni de licenciatura y aún menos de doctorado, pero exige saberes precisos, apropiados al lugar, adecuados a su clima y
en armonía con la cultura particular a
este suelo, esta agua y este sol: llamémoslos saberes de subsistencia.
Pero, ¿no se suele decir, del que cultiva lo que come y come lo que cultiva:
“el pobre, apenas logra llevar una vida
de subsistencia”?
Los más empecinados promotores
de este desprecio son los economistas.
¿Acaso los economistas entienden lo
que desprecian? ¿Existe, para ellos, un
“fondo” de la economía que se pueda
tocar, una base concreta que la relacione con actividades que nos permitan
comer, vestir y abrigarnos? La respuesta de los economistas es: la economía
es un juego que debería permitir a
todos ganar el dinero necesario para
obtener la “canasta básica”, a pocos
llevar una vida llena de lujos y a poquísimos ostentar una riqueza que ninguna sociedad del pasado pudo siquiera
soñar. Quizás sea injusto, quizás los
economistas vean la economía como
una lotería, pero dicen: “seamos realistas: hay un nivel de injusticia óptimo,
en el sentido que, de haber menos injusticia, la situación de los ciudadanos
más pobres sería peor de lo que es bajo
el supuesto óptimo de injusticia”. Esto
dicen los economistas, o decían hasta
el derrumbe de sus ilusiones en entre
el otoño del 2007 y el otoño de 2008.
Hay dos argumentos que es importante diferenciar. El primero dice: sí; la
economía es injusta, pero un poco de
injusticia sirve para incrementar la producción de tal manera que algo de la
extrema riqueza de los más ricos filtrará hasta los pobres. Eso queda por ver.
El segundo argumento es quizás más
importante, pero menos evidente: en
la sociedad económica moderna, uno
generalmente produce una cosa para
obtener otra. Quiero una canasta llena
para mi familia al fin de la quincena,
pero, para obtenerla, lleno papeles en
una oficina o trabajo en una fábrica de
armas o de cigarros. En palabras preci-
sas: sólo obtengo la canasta de mi familia mediante un rodeo. Aun más que
la injusticia, el rodeo de producción
caracteriza la economía moderna. Antes del fatídico periodo de quiebre de
bancos y despojo de pequeños ahorristas, tanto la injusticia inherente como
el alargamiento de los rodeos se justifican con el argumento de que, al crecer
el montón de dinero, finalmente, habrá
Cumbres de riqueza junto a abismos
de miseria. Aun los más ciegos entre
los economistas empiezan a ver que
la economía es una máquina para
producir niveles increíbles de riqueza
junto a abismos de miseria. Esta frase
requiere explicaciones. Hay que decir
que la miseria no es la pobreza: históricamente es su opuesto. La miseria
moderna difiere mucho de la pobreza
tradicional. Proviene de negar la pobreza con su cultura de mutualidad y
perseguirla. Además. la economía formal, la que se enseña en las universidades y se sirve cada vez más en salsa
matemática, es una ceguera selectiva
adquirida: el economista que se atreviera a quitarse las orejas exigidas
por su oficio dejaría súbitamente de
ser economista, como le ocurrió a mi
amigo Jean-Pierre Dupuy que, a fuerza de investigar los fundamentos epistémicos de su ciencia, la economía matemática, descubrió que sus fórmulas
celan situaciones que se parecen más a
la violencia de los sacrificios humanos
que a la toma en cuenta de todos los
“pormenores pertinentes”. Dejó de ser
economista y se hizo filósofo.
Me imagino que los historiadores
de la economía se sorprenderán de
que los economistas de antes del quiebre de 2007-2008 no veían lo que los
fundadores de la tradición liberal —los
primeros “economistas” en el sentido
moderno— veían con toda claridad. Es
que estos pioneros de la economía moderna no se consideraban economistas profesionales en el sentido actual,
sino pensadores generales, a la vez filósofos —como Burke—, conocedores
de los sentimientos humanos —como
económica moderna,
produce una cosa para
obtener otra. Quiero
una canasta llena para
mi familia al fin de la
quincena, pero, para
obtenerla, lleno papeles
en una oficina o trabajo
o de cigarros. En
palabras precisas: sólo
obtengo la canasta de
mi familia mediante un
rodeo. Aun más que la
injusticia, el rodeo de
producción caracteriza
la economía moderna.
Con un cinismo franco
que restaría votos a
cualquier político
Bentham pudo afirmar
que la tarea del gobierno
no consiste en aliviar la
miseria sino en
pobres para volver la
sanción del hambre más
eficiente. Urgió a que los
ricos extraviados en la
reconocieran que “en el
estado de prosperidad
más elevado, la gran
masa de los ciudadanos
tendrá probablemente
pocos recursos fuera del
trabajo diario y estará
siempre al borde de la
indigencia”. El filósofo
Edmund Burke, autor de
una teoría de lo sublime,
abunda en esto, pues,
sólo la amenaza de la
miseria permite a los
hombres (que su
condición destina a los
trabajos serviles)
atreverse a los peligros
de las guerras y la
intemperie de los mares.
1 er también: John
M’Farlane, Enquiries
concerning the Poor,
2 dmund Burke, Thoughts
and Details on Scarcity,
4 Joseph Townsend,
Dissertation on the Poor
Laws, 1784.
Smith—, hombres políticos —como
Townsend—, o empresarios capaces
de sacar provecho hasta de las cárceles —como Bentham. La frase que da
prurito a mis delicados amigos economistas cuando la pronuncio frente a
ellos no hubiera chocado ni a Burke, ni
a Townsend ni a Bentham, pero quizás
al refinado Adam Smith, amigo de moralistas y teólogos de la gran tradición
escocesa. Hé aquí ésta frase:
La economía moderna es una máquina de producir simultáneamente montones de riqueza ni siquiera
imaginables por nuestros ancestros
y abismos de miseria que tampoco
La podemos reformular de varias
maneras, por ejemplo: “La miseria
acompaña la riqueza como la sombra acompaña la luz”. “La economía
ofrece a los hombres llevarlos hacia la
abundancia al tiempo que fomenta las
formas de escasez que serán la base de
nuevas formas de miseria”. “Entre más
riqueza ostenta una sociedad, menos
sus miembros son capaces de la relaciones de mutualidad que eran naturales a
los pobres históricos y eran la base de
sus redes de subsistencia”. O, en palabras de John M’Farlane en sus meditaciones sobre la pobreza en la nación
más rica del siglo XVIII: “No es en las
naciones estériles y bárbaras que hay
más miseria, sino en las más prósperas
y civilizadas de las naciones”1.
Una nación rica debe suprimir sus
propias relaciones de subsistencia para
que zumben los motores de su economía. Contrariamente al agua en una
percoladora, la abundancia de los ricos no penetra la sociedad hasta llegar
hasta los pobres, como lo creía Adán
Bentham, el primer empresario que
logró realizar ganancias en la administración de una casa de pobres organizada como una prisión modelo,
nunca dio crédito a la ingenua teoría
smithiana de la “percolación” de las
riquezas con la cual aún se persignan
muchos economistas modernos. Con
un cinismo franco que restaría votos
a cualquier político contemporáneo,
Bentham pudo afirmar que la tarea del
gobierno no consiste en aliviar la miseria sino en incrementar las necesidades
de los pobres para volver la sanción
del hambre más eficiente. Urgió a que
los ricos extraviados en la benevolencia reconocieran que “en el estado de
prosperidad más elevado, la gran masa
de los ciudadanos tendrá probablemente pocos recursos fuera del trabajo
diario y estará siempre al borde de la
indigencia”. El filósofo Edmund Burke, autor de una teoría de lo sublime,
abunda en esto, pues, sólo la amenaza de la miseria permite a los hombres
(que su condición destina a los trabajos
serviles) atreverse a los peligros de las
guerras y la intemperie de los mares:
“Fuera de los apuros de la pobreza,
¿qué podría obligar a las clases inferiores del pueblo a enfrentar todos los
horrores que les esperan en los océanos
impetuosos y los campos de batalla?”2.
Burke recalca que todas la veleidades
de socorrer a los pobres provienen de
principios absurdos que profesan cumplir lo que, por la misma constitución
del mundo es impracticable: “Cuando
afectamos tener piedad por esa gente
que debe trabajar —si no el mundo
no podría subsistir— estamos jugando
con la condición humana”3. Por tanto,
explica, la verdadera dificultad no es
socorrer a los hambrientos, sino limitar
la impetuosidad de la benevolencia de
los ricos. La voz del reverendo Joseph
Townsend es consonante con la de estas autoridades filosófico-económicas:
“El hambre domará a los animales
más feroces, enseñará la decencia y la
civilidad, la obediencia y la sujeción a
los más perversos. En general, sólo el
hambre puede espolear y aguijar a los
pobres para hacerlos trabajar”4.
La Iglesia pidió sucesivamente perdón a los judíos por haberlos perseguido, a Giordano Bruno por haberlo
quemado vivo, a Galileo por haberlo
condenado, pero la economía nunca ha
pedido perdón a los pobres. Aprendió
simplemente a disfrazar su cinismo estructural tras una máscara: “cometer el
bien”, añadiendo: “ostentosamente y
desde las cumbres del poder”.
Qué veían con los fundadores de la
economía que sus seguidores prefieren ignorar. Lo que llamamos “la
crisis” es un momento en que la lotería económica ya no tiene premios de
consuelo para los más pobres y en que
la ventaja de los jugadores medianos
se reduce cada vez más, mientras la
suerte de los astutos de ayer se juega
nuevamente en la bolsa y produce, por
un lado, nuevos pobres y, por el otro,
un nuevo tipo de riqueza que ya no
evalúa en cantidades aritméticamente identificables sino en números que
para el hombre común suenan imaginarios: “los zillonarios” [gente de incalculable riqueza].
He aquí un dato estadounidense
sobre la disparidad de los ingresos: El
grupo de los 300 mil estadounidenses
más ricos gana en conjunto tanto cómo
los 150 millones de sus conciudadanos
más pobres. A escala mundial, se dice
que los 500 individuos más ricos del
mundo ganan tanto cómo los 416 millones más pobres. Para clausurar ésta
danza de los números locos, citemos
un dato muy publicitado del Banco
Mundial según el cual hoy los pobres
representarían 56% de la población
mundial: mil 200 millones que viven
con menos de dos dólares al día y 2
mil 800 millones con sólo un dólar o
menos5. Otra vez, la objetividad fría de
los números oculta una realidad más
inquietante: por cierto, la disparidad
entre los ingresos no deja de crecer en
Pero, lo que no dicen el Banco ni
la ONU ni los economistas porque no
tienen conceptos para expresarlo es
que, hace medio siglo, la mayoría de
los hombres aun disponían de saberes y de medios de subsistencia que
les permitían vivir dignamente en la
pobreza, mientras hoy dependen cada
vez más de un mercado que los arroja
Por qué. Cómo. Demuéstralo, me
intimarán mis amigos economistas. No
siendo economista matemático, sólo
puedo contestar con ejemplos cómo
éste: Según uno de los documentos presentados a la Conferencia de Jefes de
Estado en Johannesburgo, en 2002, el
conjunto de los países industriales del
Norte otorga a sus agricultores una
subvención anual de 350 mil millones,
o sea mil millones diarios, para permitirles exportar sus productos agropecuarios a los países pobres, volviéndolos dependientes de alimentos cuyo
precio se juega en la bolsa. Estas prácticas desleales [dumping] legalizadas
por los poderes económico-políticos,
5 ecientemente, dos
autores han criticado
la definición de las
personas por lo que
NO son, NO tienen, NO
ganan y la ignorancia
de sus verdaderas
capacidades. Ver Majid
Rahnema y Jean Robert,
pauvres, Arles : Actes
Sud, 2008.
El conjunto de los países
industriales del Norte
otorga a sus agricultores
una subvención anual de
350 mil millones, o sea
mil millones diarios, para
permitirles exportar sus
productos agropecuarios a
los países pobres,
volviéndolos dependientes
de alimentos cuyo precio
se juega en la bolsa. Estas
[dumping] legalizadas por
los poderes económicopolíticos, sancionadas por
“bienhechores”
profesionales y las
instituciones que los
emplean ha contribuido a
destruir la base de
subsistencia de los pobres
y lo hace más que nunca.
sancionadas por “bienhechores” profesionales y las instituciones que los emplean ha contribuido a destruir la base
de subsistencia de los pobres y lo hace
¿Y dónde queda la esperanza? ¿Qué
oímos ahora que los precios de los granos y otros alimentos básicos en los
grandes mercados suben después de
haber ido a la baja durante casi treinta
años? Oímos a algunos dirigentes políticos del Sur anunciar que, para que
sus pueblos sigan comiendo, bajarán
o suprimirán los aranceles sobre los
alimentos importados. ¿No hemos de
reconocer aquí una vieja estrategia de
los monopolios capitalistas? Cuando la
guerra de los precios tiende a eliminar
a los competidores, ¿para qué proteger
una agricultura local no subsidiada cuyos productos son más caros que los
que son subvencionados e importados?
Hoy en Estados Unidos, prototipo de
los países con agricultura subsidiada,
hasta la mayoría de los más pobres no
dedica más de 16% de sus ingresos a
la alimentación, mientras, en muchos
países del Sur, muchos hogares pobres
ya gastan la mitad de sus ingresos para
comer y algunos 75%.
El capitalismo parece preparase para
un gran “paupericidio”. Pero esta siniestra perspectiva sólo podrá volverse
realidad en la medida en que cedamos
al miedo. Para que la “crisis” pueda
permitir al sistema económico proceder
a los ajustes estructurales sin los cuales
no sobrevivirá, no tiene que ser lo que
mis amigos y yo queremos que sea: un
estímulo a la reflexión. No. Tiene que
desembocar en un pánico, si me perdonan el pleonasmo, general. Sólo este
pánico puede transformar la “crisis”
en crisis, y sólo una gran crisis puede
hacernos tragar las nuevas inequidades,
disparidades e injusticias, las nuevas
dependencias y los nuevos despojos que
los mecánicos de la máquina económica mundial juzgarán necesarios para
volver a ponerla sobre sus rieles.
No permitamos que se instale este
tipo de crisis fomentada desde arriba.
Resistamos al pánico. Mantengamos
abiertos los horizontes de la esperanza.
¿Cómo? No lo sé, sólo se pueden reconstruir esperanzas realistas entre amigos,
entre compañeros o camaradas. Sólo en
un clima de confianza mutua será posible construir propuestas concretas más
allá del derrumbe de lo que nos quieren
vender como “economía”. l
¡Ya viene la nueva 970 recargada!
Las leyes que privatizan y controlan
el uso de las semillas,
criminalizan las semillas criollas
El debate sobre las semillas en Colombia se debe centrar en preguntas
como: ¿Se puede aplicar sobre las semillas alguna forma de propiedad
intelectual que permita privatizarlas mediante patentes o derechos de
obtentores vegetales?, ¿qué se pretende con las leyes de semillas y quiénes
se benefician o son afectados: las empresas o los agricultores?, ¿las normas
de semillas realmente buscan mejorar su calidad y sanidad o el control
monopólico del mercado?, ¿son las semillas certificadas y registradas las
únicas semillas legales que pueden circular en el país? ¿Puede ser ilegal
el uso y comercialización de semillas criollas?, ¿qué responsabilidad
y papel juegan los gobiernos nacionales en la defensa de las semillas?,
¿qué impacto tienen las normas de semillas sobre los derechos de los
agricultores, la soberanía y autonomía alimentaria de los pueblos?, ¿qué
acciones debemos implementar desde la sociedad para lograr la libertad
de las semillas?
l decomiso y destrucción de setenta toneladas
de semillas realizado por el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) a los de pequeños agricultores de arroz de Campoalegre, Huila, presentado
en el documental 9.70 de Victoria Solano, ha generado un fuerte debate público en los medios de comunicación y en las redes sociales e indignación de muchas
agricultores y ciudadanos. El ICA determinó que los
agricultores violaron la resolución 970 de 2010, que
regula la producción, el uso y la comercialización de
semillas en el país. Éste no ha sido un caso aislado,
puesto que el Instituto Colombiano Agropecuario
(ICA) desde el año 2010 viene realizando brigadas por
todo el país, en las cuales realiza decomisos e instaura procesos de judicialización a productores y comercializadores de semillas que usurpen los derechos de
obtentores vegetales y que violen la resolución 970.
Es así como entre 2010 y 2011 el ICA reportó el decomiso de mil 167 toneladas 225 kilogramos de semilla,
la mayoría de arroz; pero también de papa, maíz, trigo pastos, frijol, entre otras. En el año 2012, el ICA
rechazó 2 mil 793 toneladas 392 kilos de semilla de
arroz por no cumplir con los requisitos exigidos. Los
campesinos en todo el país están indignados con estos
decomisos, los consideran ilegales y le han exigido al
ICA la revocatoria de esta resolución.
Frente a este debate sobre la resolución 970, la
gerente del ICA, Teresita Beltrán, ha querido desvirtuar y desviar el verdadero problema que actualmente se tiene en Colombia con las normas de semillas, haciendo las siguientes afirmaciones, que no se
ajustan a la realidad:
La gerente del ICA dice que “es tendenciosa la afirmación que la resolución 970 es producto de la firma
del TLC o que responde a intereses de particulares”;
aunque el ICA reiterativamente insista que la resolución 970 no tiene nada que ver con las obligaciones
suscritas por Colombia en el TLC, en realidad uno
de los temas prioritarios para Estados Unidos para
aprobar este tratado, es la adecuación de los sistemas de propiedad intelectual sobre la biodiversidad
y especialmente sobre semillas, y explícitamente el
país adquirió la obligación de suscribir el Convenio
Internacional de UPOV 91, lo cual se hizo efectivo al
aprobarse en 2012 la ley 1518. Con el TLC el país se
comprometió también a garantizar la seguridad jurídica para que las empresas biotecnológicas y semilleras puedan proteger sus innovaciones tecnológicas y
garantizar las condiciones para el mercado de las semillas de las empresas, lo que se materializó mediante la ley 1032 de 2006 y la resolución 970 de 2010.
El ICA asegura que “la resolución 970 no aplica
para el control de las semillas tradicionales”. “No
existe restricciones para que un pequeño agricultor
pueda guardar y usar sus semillas criollas y para el
caso de las semillas convencionales, los agricultores
puede reservar un porcentaje de la cosecha para ser
resembrada”. Aunque el ICA afirma que no se controla a las semillas criollas, actualmente existen instrumentos jurídicos para judicializar a los agricultores que posean semillas que presenten similitud o induzcan a confusión respecto variedades protegidas
legalmente. Esto podría llevar a que los agricultores
sean penalizados con multas y cárcel, simplemente
por poseer o difundir semillas que se parezcan a las
semillas protegidas legalmente que comercializan
las empresas. Respecto a las restricciones que existen para que un pequeño agricultor pueda reservar
semillas para sembrarlas nuevamente, esta reserva
sólo podrá ejercerse por una sola vez y en un área
máxima de cinco hectáreas y sólo puede utilizarla
para su propio uso y no puede entregarla a terceros
bajo ningún título; además debe demostrar que en
la explotación en su último cultivo sólo ha usado
semilla legal, certificada o seleccionada.
También la gerente del ICA afirma que “en el país
se producen 66 mil toneladas de semillas certificadas,
85% por empresas nacionales y 15% por empresas
internacionales”. El hecho que en el país la mayor
parte de las semillas certificadas sean producidas me-
diante franquicias por empresas nacionales no significa que el sistema de semillas sea controlado por
productores nacionales, puesto que actualmente la
mayoría de las semillas certificadas y todas las transgénicas son propiedad de unas pocas empresas transnacionales; esto sucede con especies como: maíz,
arroz, algodón, caña de azúcar y hortalizas.
¿A quienes benefician las leyes de semillas? Para
entender la dimensión y alcance de lo que está pasando con las semillas y especialmente como afectan a millones de pequeños agricultores en el país,
es necesario analizar el transfondo e implicaciones
que conllevan las leyes de semillas.
Desde épocas ancestrales los campesinos han
sido los creadores y mejoradores de las semillas
que sustentan la agricultura y la alimentación en el
mundo; es por ello que las semillas libres de propiedad intelectual son patrimonio de los pueblos
al servicio de la humanidad, lo que ha permitido
garantizar la soberanía y la autonomía alimentaria
de las comunidades rurales. Los agricultores han tenido el derecho al libre acceso, a la producción, a
guardar, intercambiar y vender las semillas; es por
ello que no es aceptable que se pretenda imponer
normas que privaticen las semillas y que le quiten a
los agricultores su control.
Los países industrializados han presionando a los
países del Sur, para que adopten leyes de patentes
sobre la materia viva y normas de derechos de obtentores vegetales sobre las semillas, que pretenden
entregarle a las empresas semilleras el control de
todo el sistema de semillas; definen quiénes son los
dueños de las semillas y cuáles se pueden vender y
cuáles no, desconocen los derechos de los países de
origen de la biodiversidad y especialmente los derechos de los agricultores sobre sus semillas.
Hoy, 82% de las semillas comercializadas en el
mundo está patentado y sólo diez empresas controlan 77% del mercado; de éstas sólo tres —Monsanto, Dupont y Syngenta—, controlan el 47% del
comercio. Estas normas buscan volver obligatorios
el registro y la certificación para la comercialización
de semillas en manos de unas pocas empresas, lo
que ha generado la pérdida de las semillas campesinas e indígenas y criminalizan la libre circulación de
las semillas campesinas.
Las normas de semillas en Colombia. En los últi-
mos años en Colombia se vienen realizando cambios
y ajustes en las políticas y leyes sobre biodiversidad
y semillas, ajustándose a los lineamientos y compromisos adquiridos en los Tratados de Libre Comercio
suscritos por el país. Entre estas normas se destacan:
1. Artículo 4 de la ley 1032 de 2006, (Código Penal),
dice “El que, fraudulentamente, usurpe derechos de
obtentor de variedad vegetal, protegidos legalmente
o similarmente confundibles con uno protegido legalmente, incurrirá en prisión de 4 a 8 años y multa
de 26.6 a 1 500 salarios mínimos legales mensuales
vigentes”. Esta norma penaliza el uso sin permiso de
semillas protegidas por las empresas, pero en realidad
lo que pretende es llevar a que todos los agricultores
sólo utilicen semillas registradas y certificadas. El aspecto más crítico de esta norma es que puede ser penalizado y judicializado el uso de semillas criollas que
sea “similarmente confundible” con una protegida
legalmente; es decir, se podría criminalizar a los agricultores que posean semillas criollas que se parezcan
a las semillas que son propiedad de las empresas. Pero
¿quién determinará qué es confundible?, ¿Confundible para quién?; más aún, qué base puede esgrimirse
para penalizar una similitud, especialmente cuando
aquello a lo que se castiga por ser parecido ha existido
con anterioridad a aquello con lo que se le compara?
2. La Resolución 970 del ICA, de 2010, controla
producción, almacenamiento comercialización y la
transferencia a título gratuito y/o uso de semillas, en
el país. Aunque el ICA insistentemente asegura que
esta norma no aplica para las semillas criollas, en el
ámbito de aplicación no existe ninguna excepción
de estas semillas, por lo que sí las afecta. Bajo la
premisa de mejorar la calidad y la sanidad de las
semillas, lo que en verdad pretende esta norma es
entregarle el control total a las empresas dueñas
de semillas privadas. Las evidencias científicas en
el mundo, muestran que las semillas “mejoradas”
certificadas y registradas, son homogéneas y están
amarradas al uso de los paquetes tecnológicos de
pesticidas y en general han sido las culpables de los
graves problemas sanitarios, que nos han llevado a
semillas resistentes a plagas y enfermedades dependientes del uso incontrolado de agroquímicos. Por
el contrario las semillas criollas, por estar adaptadas
a las condiciones ambientales y socioeconómicas de
las comunidades locales, presentan menos problemas de plagas y enfermedades y son nuestro seguro
frente a los cambios climáticos.
La resolución 970, define que en el país sólo
pueden comercializarse semillas “legales” que sean
registradas o seleccionadas, y son protegidas legalmente mediante el Convenio Internacional para la
Protección de las Obtenciones Vegetales, conocido
como UPOV; para poder registrar estas semillas, se
deben cumplir los requisitos de nueva, homogénea,
estable y distinguible; pero evidentemente las semillas criollas no cumplen estos requisitos y no se
pueden proteger por el sistema UPOV. Es por esta
razón que el ICA considera que las semillas criollas
sólo pueden ser utilizadas por los agricultores en sus
parcelas, pero no pueden ser comercializadas.
Para ejercer el control de todas las semillas en el
país, el ICA puede ingresar a cualquier inmueble o
parcela agrícola, y realizar inspecciones, decomisos,
destrucción de semillas y judicialización a los agricultores de semillas, en el caso que encuentre semillas
protegidas “ilegales” o semillas criollas que no estén
certificadas para ser comercializadas o incluso productos alimentarios como arroz, maíz, frijol o papa
que eventualmente se puedan utilizar como semillas.
Actualmente el ICA continúa ejerciendo el control
del uso de semillas, y ahora pretende profundizar la
judicialización a los poseedores de semillas “ilegales” mediante el nuevo Estatuto General de Proceso, Ley 1564 de 2012, que le otorga ICA funciones
jurisdiccionales para resolver la usurpación de los
Derechos de Propiedad Intelectual a Obtentores
Vegetales. Adicionalmente el ICA ha sido dotado de
mayores recursos económicos que se aplicará en la
contratación de personal calificado para realizar las
brigadas que “contrarresten el flagelo de la ilegalidad, que pone en jaque a la sanidad vegetal nacional”, como lo anunció recientemente en la asamblea
de Acosemillas, la señora Ana Luisa Diaz, directora
técnica de semillas del ICA.
3. ¿La nueva norma de semillas? (Aunque la mona
se vista de seda, mona se queda). Luego del enorme
rechazo que ha generado en todo el país de la resolución 970 sobre semillas, el ICA ahora pretende
derogar esta norma y expedir una nueva; es así como
ha difundido el borrador de la resolución a través
de internet, por un periodo de sesenta días, con el
fin de hacer una consulta con el público. Es evidente que este procedimiento de consulta para expedir
una nueva norma de semillas que puede afectar a las
comunidades indígenas, afrocolombianas y campesinas, no es válida, de la misma forma como la Corte
Constitucional definió que la ley que aprobó UPOV
91, no fue consultada con estas comunidades étnicas.
Por lo tanto no reconocemos el supuesto proceso de
consulta que el ICA está haciendo mediante internet,
de la nueva resolución que reemplaza la 970.
La diferencia de fondo de este nuevo borrador,
con respecto a la 970 es que se incluye un párrafo
adicional que dice; “Se excluye del ámbito de aplicación de la presente resolución, aquellas semillas
de variedades locales, cuyo fin no sea la comercialización”. Este cambio en la norma efectivamente
demuestra que el ICA lo que pretende es controlar y
prohibir que las semillas criollas puedan ser usadas,
intercambiadas o comercializadas por los agricultores. Adicionalmente el texto de la nueva norma, fue
“limpiado” de algún lenguaje que pueda generar reacciones en el público; pero en el fondo el espíritu y
la pretensión es el mismo de la 970 y de las demás
leyes de semillas vigentes en el país.
En medio del calor del paro agrario que tuvo paralizado gran parte del país rural y urbano, y ante
la presión de los campesinos en la mesa de negociación con el gobierno nacional, sobre el tema sobre las leyes de semillas, el Presidente Santos hizo
el anuncio que “se congela” la resolución 970; “el
gobierno nacional se compromete a no aplicar la
resolución 970 a las semillas nacionales, y a trabajar en una mesa técnica el tema de semillas, y en
la estructuración de una nueva propuesta sobres
semillas certificadas que no afecten a productor
agropecuario”. Este anuncio del gobierno, genera
confusión y desinformación, porque en realidad no
existe jurídicamente la figura de no aplicación de
una norma, puesto que, o las normas están vigentes
o son derogadas, pero no “congeladas”; además no
existe ningún documento oficial que haya adoptado
la decisión de no aplicar la resolución 970; pero este
anuncio le ha permitido al gobierno aplacar los ánimos de los campesinos y bajar la presión sobre este
tema, y mientras tanto sigue el ICA con la intención
de modificar esta norma a través del nuevo borrador de resolución mencionado anteriormente.
Lo más relevante de este debate es que el tema de
las normas de semillas ha sido puesto en la agenda
de negociación entre el gobierno nacional y los campesinos; y se espera que los cambios que se logren
vayan mas allá de simplemente hacer unos cambios
de la resolución 970, porque si verdaderamente se
quiere proteger las semillas, se deben derogar todas
las normas que permiten aplicar propiedad intelectual a las semillas y las normas que penalizan el libre uso de las semillas por todos los agricultores.
4. La ley 1518, de abril de 2012, por la cual se aprue-
ba el “Convenio Internacional para la Protección
de las Obtenciones Vegetales-UPOV 91. Esta ley fue
aprobada en el marco de los compromisos adquiridos por el gobierno nacional para la aprobación y
entrada en vigencia al TLC con Estados Unidos. La
Corte Constitucional procedió a revisar la constitucionalidad de esta ley, y en este proceso muchas personas y organizaciones de todo el país y del exterior,
enviaron a la Corte documentos que prueban los
efectos nocivos que tiene para el país UPOV 91. La
Corte declaró esta ley inexequible en diciembre de
2012, “por no haber sido consultada previamente
a las comunidades indígenas y afrocolombianas”.
Además la Corte señala que la aplicación de propiedad intelectual sobre las semillas mediante UPOV
91, podría afectar la biodiversidad, la cultura y los
territorios de los pueblos y considera la posibilidad
que “la consulta podría llevar a la necesidad de renegociar el Tratado”.
Aunque la Corte declaró inexequible UPOV 91,
es fundamental tener en cuenta que muchos de los
aspectos lesivos antes señalados, están incorporados en otras normas de propiedad intelectual y de
semillas que se aplican en el país, como es el caso de
la versión de UPOV 1978 que rige actualmente en la
legislación nacional, en la ley 1032 de 2006 y en la
resolución 970 del ICA. Es por ello que el conjunto
de normas de propiedad intelectual y de semillas,
son las reales amenazas a todo el sistema de semillas, a los derechos de las comunidades locales y a la
soberanía alimentaria del país.
Para enfrentar estas normas regresivas que quieren
acabar con nuestras semillas debemos fortalecer
los procesos de recuperación y uso de las semillas
criollas y los sistemas tradicionales basados en el
manejo de la biodiversidad, que permiten que las
semillas se mantengan vivas y caminando. Debemos
conformar alianzas entre los diferentes sectores sociales, para realizar acciones de resistencia frente
a estas leyes, movilización social de rechazo a los
decomisos de semillas o a la obligatoriedad de solo
utilizar semillas certificadas y a la introducción de
semillas transgénicas. Podemos apoyar y participar
en las campañas y redes que se han conformado en
el país, como la Red de Semillas libres de Colombia, y apoyar e instaurar las acciones judiciales que
buscan derogar el artículo 4 de la ley 1032 se 2006
(Código Penal), la resolución del ICA 970 de 2010 y
las nuevas normas que se expidan que limite el libre
uso de las semillas por los agricultores.
Es inaceptable que el ICA en vez de promover el
desarrollo rural que garantice la protección de los
patrimonios genéticos de la nación y de los derechos
de millones de campesinos, indígenas y afrocolombianos, se convierta en una entidad policiaca que
persigue, judicializa y castiga a los agricultores por
realizar con dignidad el trabajo de mejorar, usar,
guardar, intercambiar y comercializar semillas.
Los agricultores del país consideramos ilegales
estas normas y no vamos a reconocer ninguna que
pretenda privatizar y entregarle a las empresas transnacionales el control del uso de semillas, en el marco
de las leyes vigentes del país. Estas normas violan los
derechos sobre el patrimonio genético y cultural de
los colombianos y especialmente los derechos colec-
tivos de los pueblos indígenas y comunidades campesinas sobre su biodiversidad y sus semillas. Consideramos que las únicas normas de semillas que deben
implementarse en el país, deben ser para que el ICA
ejerza un real y efectivo control de las semillas y de
las tecnologías que puedan afectar el patrimonio genético de la nación y las semillas que aún protegen y
utilizan las comunidades locales. l
(actualizada en septiembre 17 )
sobre las semillas en el Paro Agrario
Colombia es uno de los países del mundo con mayor agrobiodiversidad,
expresada por cientos de variedades nativas y criollas en las manos de
millones de agricultores de las comunidades indígenas, afrocolombianas
y campesinas. Las semillas son consideradas “Patrimonio de los pueblos,
al servicio de la humanidad” y han sido el fundamento para su soberanía
y autonomía alimentaria, por lo cual deben continuar en manos de los
agricultores. En este contexto se plantan los siguientes aspectos que son
fundamentales para las comunidades rurales y que deben incluirse en las
políticas gubernamentales sobre semillas:
1. No aceptamos ninguna norma de propiedad intelectual aplicada a las semillas (patentes y derechos
de obtentores vegetales), puesto que permiten su
privatización y el control corporativo de las semillas, mediante el monopolio de los mercados.
Estas normas violan los derechos sobre el patrimonio genético de la nación, los derechos colectivos de los pueblos para el libre uso, producción y
comercialización de las semillas y criminalizan el
2. Todas las normas de semillas que operan en Colombia, se sustentan en el Convenio internacional de
la Unión para la Protección de Obtentores Vegetales (UPOV), aprobado mediante la Decisión 345 de
1993 de la Comunidad Andina de Naciones, que
protege los Derechos de los Obtentores Vegetales
(DOV). Posteriormente la ley 1032 de 2006, en el
artículo 4, penaliza la usurpación de los DOV; y en
2010 el ICA expidió la resolución 970, que controla
la producción, uso y comercialización de semillas.
Finalmente en 2012 se aprobó la ley 1518 que implementa el convenio UPOV 91, norma que fue derogada recientemente por la Corte Constitucional.
Exigimos la derogatoria de estas normas, en concordancia con el fallo de la Corte.
3. Las normas de semillas y sus modificaciones en los
últimos años en Colombia, responden a presiones
desde los países industrializados para que adecuen
las leyes nacionales a las normas de propiedad intelectual y al control que ejercen las empresas semilleras sobre todo el sistema de las semillas. Es así
como el artículo 4 de la ley 1032, la resolución 970
y la ley 1518, fueron aprobadas en el marco de los
tratados de libre comercio, lo que conlleva a que estas normas beneficien a las grandes transnacionales
semilleras y no a los pequeños agricultores.
4. La resolución 970 fue expedida con el argumento de lograr la sanidad y calidad de las semillas,
pero en realidad, lo que permite es entregarle el
control monopólico de las semillas a las empresas, y volver obligatorio el uso y la comercialización de semillas certificadas y registradas, como
también criminaliza y prohíbe la producción y
comercialización de semillas criollas.
5. Todas estas normas fueron proferidas sin realizar
“consulta previa” informada con poblaciones étnicas y campesinas. El ICA considera que la consulta de la resolución 970 y de la modificación de
esta resolución se realiza a través de internet, la
cual es inaceptable para las poblaciones rurales;
por lo tanto la consideramos ilegítima. La Corte
Constitucional luego de estudiar la exequibilidad
de la ley 1518 (UPOV 91), consideró que el argumento central para derogarla fue la “no consulta
de los pueblos indígenas y afrocolombianos” y
existe suficiente jurisprudencia de la Corte Constitucional sobre la forma en que debe hacerse la
consulta para proyectos que afecten a estas comunidades y evidentemente no es a través de internet.
6. Rechazamos los cultivos y alimentos transgénicos
que el gobierno nacional ha autorizado para la
siembra y el consumo en el país. Existen suficientes evidencias científicas en el mundo que muestran los impactos ambientales por la contaminación genética de los cultivos transgénicos sobre las
semillas criollas, los impactos socioeconómicos y
sobre la soberanía alimentaria de los pueblos y
la salud humana y animal. Es evidente el fracaso
del algodón transgénico en el país, puesto que los
agricultores de Córdoba y Tolima han tenido millonarias pérdidas por las pésimas semillas de algodón transgénico que les han vendido las empresas. En aplicación del “principio de precaución”,
pedimos que se revoquen las autorizaciones para
estos cultivos y alimentos transgénicos en el país.
7. Rechazamos los decomisos de semillas y judicializaciones a agricultores que el ICA está realizando en diferentes regiones del país. Entre 2010 y
2012 se decomisó más de 4 mil 167 toneladas
225 kilogramos de semillas, de acuerdo con información oficial del ICA. Consideramos ilegales
estos decomisos, porque se está violando los derechos de los agricultores.
8. Igualmente exigimos que no se obligue a los agricultores el uso de sólo semillas certificadas y registradas en los programas y proyectos gubernamentales de fomento agrícola y como requisito
para acceder a los créditos financieros agrícolas.
9. En la resolución 970 del ICA, se establece que el
agricultor sólo podrá reservar de su cosecha se-
millas de las empresas, por una sola vez, en parcelas de máximo de cinco hectáreas y no puede
entregarla a terceros bajo ningún título; además
debe demostrar que en su último cultivo sólo ha
usado semilla legal certificada. Esta determinación
es inaceptable y va en contravía de los “derechos
del agricultor”, consagrado en el Tratado Internacional de Recursos Fitogenéticos (TIRFAA), de la
FAO. En el art. 9, inciso 9.3, que señala: “Nada de
lo que se dice en este artículo se interpretará en el
sentido de limitar cualquier derecho que tengan
los agricultores a conservar, utilizar, intercambiar
y vender material de siembra o propagación conservado en las fincas, con arreglo a la legislación
nacional y según proceda”.
10. El gobierno debe ejercer un fuerte control sobre
las empresas transnacionales que se apropien de
las semillas certificadas y patentadas, que monopolizan el mercado, la disponibilidad de semillas e
imponen precios especulativos, como en los casos
de semillas de algodón, arroz y papa. El gobierno debe hacer estrictos controles de la calidad y
sanidad de las semillas de las empresas, para que
no afecten las semillas y la agricultura campesina.
11. El ICA actualmente pretende derogar la resolución 970 y aprobar una nueva norma. La diferencia de fondo de este nuevo proyecto de resolución es que se incluye un párrafo adicional que
dice: “Se excluye del ámbito de aplicación de la
presente resolución, aquellas semillas de variedades locales, cuyo fin no sea la comercialización”.
Este cambio en la norma efectivamente demuestra que el ICA lo que pretende es controlar y prohibir que las semillas criollas puedan ser usadas,
intercambiadas o comercializadas por los agricultores; lo que se pretende es que las semillas de
los agricultores se mantengan confinadas en su
parcela y no puedan ser entregadas a terceros o
12. Consideramos fundamental que las políticas
públicas sobre semillas, estén orientadas a favorecer los sistemas vivos de semillas campesinas,
sistemas que estén bajo el control de las comunidades locales, que promuevan la agroecología y
la investigación participativa de los campesinos
para el desarrollo de semillas de buena calidad,
acordes con sus necesidades y condiciones ambientales y socioeconómicas. l
Por cada semilla que nos decomisen, haremos
que éstas germinen y florezcan de nuevo, se
multipliquen, se esparzan y caminen libremente
con los agricultores por los campos de Colombia.
A contrapelo | 4 de septiembre 2013
Movilización campesina en Colombia
pone los reflectores sobre las semillas
l 19 de agosto, las organizaciones campesinas colombianas iniciaron un
paro nacional agrario. Bloquearon carreteras, regaron leche sobre los automóviles y básicamente
dejaron de producir comida para
las ciudades. ¿El problema? Que
están siendo asfixiados por las
políticas gubernamentales. El Estado no proporciona casi ningún
apoyo al sector campesino de pequeña escala.1 Al contrario, promueve un modelo económico y
social que sirve a los intereses de
una acaudalada y minoritaria élite. Los tratados de libre comercio
(TLC) firmados recientemente con
Estados Unidos y la Unión Europea están atentando contra los
productores colombianos, que no
pueden competir con las importa-
ciones subsidiadas.2 El gobierno
colombiano ha estado promoviendo activamente los acaparamientos de tierra por parte de las
grandes corporaciones, muchas de
ellas extranjeras (Monica Semillas
de Brasil, Merhav de Israel, Cargill de EUA), con el fin de impulsar los agronegocios orientados a
la exportación a expensas de los
cultivos familiares orientados a la
Los manifestantes argumentan
que es necesario proporcionarle un
respaldo real al sector campesino,
especialmente un acceso a la tierra
y menores costos de producción.
Si no ocurre esto, los productores
de café, papa, carne y lácteos, por
no mencionar a los pescadores en
pequeña escala, no tendrán como
continuar trabajando. Hay ex-
pulsión y exterminio. Ya puestos
contra la pared, la movilización
comenzó en una parte del país en
junio y creció hasta convertirse en
una acción coordinada a nivel nacional en agosto.
El paro agrario fue apoyado
muy pronto por otros sectores:
los obreros de la industria petrolera, los mineros, los transportistas, los profesionales del sector
salud y otros. El 29 de agosto, a
diez días de comenzado el paro,
más de 20 mil estudiantes se unieron al movimiento y bloquearon
Bogotá, la capital del país. La
respuesta del gobierno fue caótica y contradictoria. Las fuerzas
policiacas reprimieron violentamente hiriendo a muchos de los
manifestantes, por no mencionar
a los periodistas. Más de 250 per-
sonas fueron arrestadas, incluido
el dirigente sindical de alto nivel
Hubert Jesús Ballesteros Gómez.
A la mayoría le fabricaron cargos. Hubo muertos de ambos lados. En un momento el gobierno
reconoció que los agravios reclamados por los campesinos eran
válidos y ofreció algunas concesiones. En otro, alegó que el movimiento estaba infiltrado por las
FARC. El presidente Santos apareció incluso en televisión diciendo:
el “paro agrario no existe”. Al
día siguiente, se le filmó desde un
helicóptero inspeccionando las
escaramuzas y las rociadas con
gas lacrimógeno que ocurrían en
La movilización tuvo tanto
éxito que abrió un espacio de
discusión, concientización, solidaridad y resistencia en Colombia. Los estudiantes, por ejemplo,
entendieron muy bien que había
que respaldar a los campesinos y
apoyar sus demandas. Y con la
voz en alto impugnaron los OGM
y exigieron soberanía alimentaria. Pero también elevaron sus
propias demandas en favor de
una educación gratuita, haciendo de la movilización una oleada
más amplia de presión social para
cambiar las actuales políticas colombianas, sin limitarse a las preocupaciones agrarias.
La ley 970. Las semillas emergieron como uno de los puntos más
visibles. Según los TLC firmados
con Washington y con Bruselas,
Colombia debe impulsar derechos monopólicos legales sobre
las semillas que venden las corporaciones estadounidenses y europeas, como incentivo para que
estas corporaciones inviertan en
el país. Los campesinos a quienes
se sorprenda vendiendo semillas
guardadas de variedades protegidas, o incluso semillas nativas que
no hayan sido registradas formalmente, podrían enfrentar multas
e incluso penas en la cárcel.3 Al
igual que ocurre en muchos otros
países del mundo, criminalizar a
los campesinos e indígenas por
guardar, intercambiar y vender
sus propias semillas pone en grave riesgo la biodiversidad y el patrimonio cultural del país.
Y aunque lo cierto es que el
gobierno colombiano lleva varios
años moviéndose en esta dirección, y accedió a dichas políticas
como parte de su membresía en la
Comunidad Andina o en la Organización Mundial de Comercio,
muchas personas señalan que es
sólo a partir de la firma de los
tratados con Estados Unidos y la
Unión Europea que el gobierno
emprendió una implementación
seria de tales políticas. El año
pasado, las autoridades colombianas asaltaron las bodegas y
los camiones de los productores
arroceros de Campoalegre, en la
provincia de Huila, y destruyeron con violencia 70 toneladas de
arroz que se decía que no había
sido procesado de acuerdo con
las normas. La intervención militar para destruir semillas campesinas sorprendió a muchísima
gente e inspiró a la joven activista
Victoria Solano a realizar un film
al respecto. La película se intitula
“9.70” porque ése es el número
de la ley adoptada en 2010 que
articula el “derecho del Estado a
destruir las semillas de los campesinos que no cumplen con las
disposiciones.4 Hoy, gracias a la
fuerza, la tenacidad y lo justo de
la protesta campesina, gente de
todas las vertientes que conforman Colombia están discutiendo,
como puede verse en el film, los
medios masivos, las redes sociales
y en las calles, y se preguntan por
qué el gobierno impulsa políticas
tan insensatas.
Apoyemos el movimiento. No
hay duda alguna de que los campesinos colombianos pueden ali-
mentar muy bien al país, de una
forma que proporciona empleos,
dignidad y un ambiente saludable. Pero el gobierno está tan
firmemente atado a un modelo
económico que sirve a los intereses de sus amigotes que se niega
a impulsar el cultivo familiar de
pequeña escala. Debemos todos
apoyar la lucha popular agraria
en Colombia para darle la vuelta
al modelo. No es demasiado tarde todavía.
Una acción concreta, el documental “9.70” —que pueden ver
en línea en castellano en http://
youtu.be/kZWAqS-EL_g— busca
fondos para producir una versión con subtítulos en inglés de
tal modo que más gente por todo
el mundo pueda entender lo que
los campesinos colombianos enfrentan, y así los apoyemos en su
lucha por derrotar tales políticas.
La más mínima contribución ayu-
da. Entren por favor a http://idea.
me/proyectos/9162/documental970 para participar. ¡La fecha
límite es el diez de septiembre!
Otra acción significativa es que
la Coordinadota Latinoamericana
Organizaciones del Campo, de la
Vía Campesina, busca iniciativas
de solidaridad internacional para
respaldar el paro. Entren por favor en http://goo.gl/9u6RXJ, para
saber más. De nuevo, es crucial el
Más allá de Colombia, la disputa en torno a legislaciones de
semillas semejantes se recrudece
en los altos niveles políticos y por
todo el campo, en Argentina y
Chile también. Una preocupación
es que los más agresivos elementos adoptados por el gobierno de
Colombia se puedan colar también a otros países latinoamericanos. Es en verdad urgente erradicar estas leyes.
El gobierno colombiano ha
anunciado la suspensión de la
resolución 970, que fue objeto
de protestas públicas masivas
en las últimas semanas gracias a
la enorme movilización campesina que comenzó el 19 de agosto. La resolución, aprobada en
el año 2010 y, a veces conocida
como ley 970, convirtió en ilegal
que los agricultores colombianos
guardaran semillas, favoreciendo que empresas privadas y empresas transnacionales obtengan el
La suspensión será por un periodo de dos años, y sólo se aplicará a las semillas producidas en
el país (no a las importadas). El
gobierno dice que va a utilizar este
congelamiento de dos años para
escribir nuevas normas sobre el
uso de semillas “que no afectarán
a los pequeños agricultores”.
Esta medida NO significa un
cambio de política. Se trata de
una declaración pública por parte
del gobierno. La gente está esperando que se publique un documento con fuerza legal para ver
que es lo que allí se plantea, y
reitera el llamado a que la Resolución sea totalmente derogada.
“La historia detrás del 970”, Semana,
Bogotá, 24 de agosto, 2013, http://www.
semana.com/nacion/articulo/la-historiadetras-del-970/355078-3
Grupo Semillas, “Colombia: Las leyes
que privatizan y controlan el uso de
las semillas, criminalizan las semillas
criollas”, Bogotá, 26 de agosto, 2013,
Principal/Secciones/Noticias/Colombia_
Las_leyes_que_privatizan_y_controlan_
el_uso_de_las_semillas_criminalizan_
las_semillas_criollas
Julia Duranti, “A struggle for survival in
Colombia’s countryside”, 30 de agosto,
2013, http://www.bilaterals.org/spip.
php?article23762.
Visiten el sitio electrónico de
bilaterals.org para una cobertura
mayor del paro agrario y de la lucha en
torno a la Ley 970
Para mayor información en torno a
las leyes de semillas en Colombia, por
favor contacten al Grupo Semillas en
semillas@semillas.org.co o visiten su
sitio electrónico, http://semillas.org.co/.
Para saber más de la lucha que está
ocurriendo en Chile, contacten a
Anamuri, la Asociación Nacional de
Mujeres Rurales Indígenas, http://www.
anamuri.cl.
Para mayor información de lo que
ocurre en Argentina, por favor
contacten a Diego Montón de la
Coordinadora Latinoamericana de
Vía Campesina, http://www.clocviacampesina.net, secretaria.cloc.vc@
Comunicado del ICA: “http://www.ica.
gov.co/Noticias/Corporativas/2013/
Comunicado-a-la-opinionpublica-%281%29.aspx”A propósito
del documental 970 - comunicado a la
Campoalegre Noticias: www.
campoalegrenoticias.com/
campoalegrunos-ganan-el-primen-rouncontra-9-70-del-ica/
Radio Caracol: “http://www.caracol.
com.co/audio_programas/archivo_de_
audio/congelada-la-resolucion-970-queinspirara-documental-970/20130905/
oir/1964819.aspx”Congelada la
resolucion 970, que inspirara la
documental 970” y “http://www.
caracol.com.co/audio_programas/
archivo_de_audio/la-suspension-de-laresolucion-970-debe-tener-un-respaldolegal/20130905/oir/1964811.aspx”La
suspension de la resolucion 970 debe
tener un respaldo legal”
El Tiempo: “http://www.eltiempo.com/
politica/acuerdos-entre-gobiernoy-campesinos-en-tunja_130474424”Acuerdos entre gobieron y
campesinos en tunja””
1 asi un tercio de la población
colombiana vive en el campo y casi
60% de quienes viven en las áreas
rurales pasan hambre, en alguna
medida. Ver Paro Nacional Agrario y
Popular. Pliego de Peticiones.
contentview=articleid=5145.
2 Los efectos apenas comienzan, pero
son reales. Las exportaciones agrícolas
a Colombia se dispararon 62% en
el primer año del tratado, mientras
que las exportaciones agrícolas
colombianas a estados Unidos bajaron
15% (Ver USTR, http://www.ustr.gov/
about-us/press-office/fact-sheets/2013/
may/us-colombia-one-year-later, y
el portafolio, http://www.portafolio.
co/especiales/resultados-del-tlc-encolombia/balance-primer-ano-tlccolombia-y-ee-uu-2)
3 Para obtener registro y certificación
las semillas requieren cumplir
criterios de uniformidad y estabilidad
genéticas, para ajustarse a los
procesos agroindustriales. Esto
excluye, por definición, a las semillas
campesinas, o variedades criollas,
como se les llama en Colombia —que
tienden a ser diversas, adaptativas
y dinámicas. Bajo las leyes actuales
de Colombia, si un campesino quiere
plantar semillas criollas, debe obtener
una autorización del gobierno, sólo
lo puede hacer una sola vez, solo
lo puede hacer en cinco o menos
hectáreas y debe consumir la cosecha
completa en casa (ni la puede vender
en el mercado).
4 er la página de Facebook del film
en https://www.facebook.com/
documental970 y en Twitter busquen
#NoMas970. En los tres años de
vigencia de la Ley 970, hasta ahora
(2010-2012), el gobierno rechazó o
destruyó casi 4 mil toneladas de
a ofensiva de UPOV en Chile difiere poco de
lo que se está intentando imponer en muchos otros países. Diversos artículos facilitan
la apropiación de semillas locales por parte de las
empresas, criminalizan el uso de semillas propias
por parte del campesinado, e imponen elementos
absurdos como que aquellas empresas que registran
alguna variedad como propia luego pueden impedir el uso de cualquier semilla que se le parezca. Y
la amenaza de la confiscación de semillas, cultivos
y plantaciones es parte de las nuevas sanciones y
grilletes que se imponen a las familias campesinas que osen continuar haciendo lo
que han hecho toda su vida.
Lo que las empresas y el
gobierno no esperaban es
la reacción social que poco
a poco se ha ido construyendo en Chile. La ley
de semillas de acuerdo
a UPOV 91 fue aprobada en primer trámite en
el año 2010, a pesar de la
fuerte oposición de diversas
organizaciones campesinas —
especialmente de ANAMURI y
de la CLOC-VC en Chile—,
así como de grupos de la
sociedad civil. A pesar de
esta primera derrota, las
organizaciones siguieron
informando y denunciando
los contenidos de la ley, por
lo que cuando Chile adhirió al Convenio UPOV 91,
la oposición fue muchísimo más amplia y activa,
y llevó a un grupo de
senadores a solicitar que
declarara la inconstitucionalidad de esta adhesión. Aquí se
sufrió una nueva derrota, pero el
trabajo de información siguió y
se amplió, entre otros medios, a
través de las muchas movilizaciones sociales que se han realizado
en el país desde 2011, entre las que
se destacan las movilizaciones estu-
diantiles. Actualmente, el rechazo a la privatización
de las semillas y a la Ley UPOV 91 es una preocupación nacional y transversal que hasta hace poco
había impedido que la ley fuese aprobada en segundo trámite. Sin embargo, el gobierno de derecha
—bajo la presión del gobierno de Estados Unidos—
le dio urgencia a este segundo trámite, intentando
aprobar definitivamente la ley sin que las organizaciones pudiesen reaccionar. La movilización esta
vez fue a nivel nacional y por todo tipo de medios,
desde marchas en todo el país que causaron gran
impacto, a campañas de
información por internet, a programas
de radio, entrevistas
por televisión, a talleres de información en
organizaciones estudiantiles, universidades, reuniones con
conversaciones e intercambio de información
con senadores, etc. El impacto de miles de personas movilizándose, presionando a senadores
y protestando, fue suficientemente
fuerte como para romper al menos
parcialmente el férreo cerco informativo que se vive en Chile y para
convencer a una mayoría
de los senadores (21 de
38) a comprometerse a rechazar el proyecto de ley. Ante
esta nueva situación, el gobierno
retiró la ley de la votación, con el fin
de postergarla hasta después de las elecciones que se harán en noviembre de
2013, cuando varios de los senadores
actualmente comprometidos contra la
ley habrán cesado sus labores parlamentarias. A la fecha en que se escribe esta nota,
fines de septiembre de 2013, las organizaciones
campesinas y de la sociedad civil seguirán movilizándose para exigir que el voto de rechazo se haga
efectivo a la brevedad.
CLOC-Vía Campesina -Chile
Declaratoria colectiva por la defensa del
Yasuní, los derechos humanos y la vida
Diversos colectivos, organizaciones y personas de todas
las provincias del Ecuador, reunidas y articuladas en
torno a la defensa del Yasuní, los derechos humanos y la
vida, hacemos la siguiente declaración:
* Consideramos que el extractivismo, como práctica del
sistema capitalista, genera desigualdad, pobreza y destrucción en la sociedad, así como la devastación del
medio natural, especialmente lugares megadiversos del
mundo, donde se pretende llevar a cabo la explotación
* Creemos en el Sumak Kawsay como paradigma de una
vida digna, armónica y equitativa; el verdadero “Buen
Vivir” no puede contemplar la depredación de la naturaleza ni la vida de los seres humanos.
* Consideramos que las nuevas formas de acumulación del
capital mantienen un sistema económico de desigualdad
social, en el que las élites (locales e internacionales), pretenden beneficiarse de los llamados recursos naturales
existentes en lugares que no habían sido explotados;
razón por la que este tipo de acumulación es residual y
terminal. Debido a esto nuestra lucha se proyecta como
una alternativa al modelo burgués extractivista.
* Entendemos y rechazamos que la explotación del Yasuní es el resultado de una política extractivista más amplia del gobierno, que se materializa en medidas como:
la XI ronda petrolera, la expansión de la minería a gran
escala, la introducción de transgénicos, la profundización de un modelo agro-industrial de monocultivos,
* Por eso, creemos en la iniciativa de mantener el crudo
bajo el suelo en el Yasuní-ITT como un emblema nacional e internacional que supone un primer paso para
avanzar hacia modelos post-extractivistas, hacia otras
formas de vida socialmente justas y ecológicamente
* Insistimos en que el agotamiento de los recursos fósiles
tanto en el Ecuador como a nivel mundial es una realidad inminente, por lo que una transición hacia el postextractivismo no es sólo una opción deseable, sino una
vía inevitable.
* Estamos conscientes de que no existe una explotación
petrolera “responsable” que no genere gran impacto
ambiental, más aun cuando hemos sido testigos de
cuarenta años de contaminación y depredación en
nuestra Amazonía.
* Nos oponemos a toda actividad que atente contra los
derechos humanos y los derechos de la naturaleza, garantizados en los Artículos 10, 11, 57, 71, 72, 73 y 74
de la Constitución ecuatoriana. Es decir, que ponga en
riesgo la vida de la flora, fauna y comunidades existentes en la zona, más aún si se trata de pueblos en
* Defendemos la identidad plurinacional, la cosmovisión
de los pueblos ancestrales, y el patrimonio natural, cultural y genético. Rechazamos el modelo de desarrollo
post-neoliberal, basado en la idea del progreso capitalista y patriarcal. Apostamos por recuperar una relación
equilibrada y armónica entre la naturaleza y el ser humano, y también entre lo urbano y lo rural.
* Las mujeres nos declaramos en resistencia al modelo extractivista que afecta directamente a nuestros cuerpos
y vidas, pues somos nosotras las que históricamente
nos hemos hecho cargo de las consecuencias de la actividad extractiva con la violencia, exclusión y despojo
que esta genera.
* No estamos de acuerdo con la falsa creencia de que
el extractivismo resolverá el problema de la pobreza,
dado que ésta no es un asunto de falta de recursos,
sino de distribución de los mismos. Existen alternativas económicas sostenibles y viables a la explotación
petrolera que ameritan ser discutidas más ampliamente en el espacio público.
* Como movimiento independiente, democrático, de carácter incluyente y diverso buscamos llevar nuestro
mensaje a todos los sectores de la población de manera pacífica. Rechazamos todo tipo de violencia y de
criminalización de la protesta social, así como la violación de nuestros derechos constitucionales como la
educación, la organización y la resistencia.
* Con todos estos antecedentes, amparados en el artículo 104
de la Constitución del Ecuador, y considerando que la explotación del Yasuní ITT es de interés nacional, apostamos
por la realización de una consulta popular YA! l
Yasunidos y Yasunidas por la vida,
Quito, 8 de septiembre de 2013
Fuente: Amazonía por la Vida
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 Artículo 4
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 artículo 4
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artículo 4
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 artículo 4
 resolución 
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 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 

resolución 
 Resolución 
 artículo 104