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Timestamp: 2019-01-20 11:41:49+00:00

Document:
Expediente 8489-D-2016
Sumario: INSTITUTO PARA LA PROMOCION DEL ESTUDIO Y USO DEL HIDROGENO. CREACION.
“Creación del Instituto para la Promoción del Estudio y Uso del Hidrógeno”
ARTÍCULO 1.- Créase el Instituto para la Promoción del Estudio y Uso del Hidrógeno, como ente público autarquico.
ARTÍCULO 2.- A los fines de la aplicación de la presente Ley, se define al hidrógeno como “un elemento químico presente en la naturaleza que puede utilizarse como fuente de energía secundaria, a través de procesos electro-químicos de conversión”.
ARTÍCULO 3.- Sus objetivos serán:
a)	-Promover el estudio, investigación y sistematización de información vinculada al hidrógeno como fuente de energía secundaria.
b)	-Promover acciones tendientes a la investigación y sistematización sobre la viabilidad, factibilidad y costo-beneficio de los posibles usos del hidrógeno como fuente energética secundaria para el transporte automotor.
c)	-Definir políticas sostenibles a partir de la posible utilización masiva del hidrógeno para uso vehicular preservando un equilibrio entre los componentes económicos, sociales y ambientales.
d)	-Actuar como órgano de asesoramiento y consulta de las distintas dependencias del Estado Nacional que estén directa o indirectamente vinculadas a la planificación energética.
ARTÍCULO 4.- El ámbito de aplicación de las políticas a implementar a través del Instituto, será el territorio nacional, propendiendo a la suscripción de acuerdos tendientes a expandir la actividad del mismo a nivel regional.
ARTÍCULO 5.- La autoridad de aplicación, gestión y fiscalización será la Secretaría de Energía de la Nación quien, a su vez, implementará los mecanismos tendientes a la puesta en funcionamiento del Instituto.
ARTÍCULO 6.- Créase un Consejo Consultivo Permanente cuya misión será la de brindar asesoramiento a todas las actividades de investigación, análisis y desarrollo de políticas públicas energéticas que se pongan en marcha desde el Instituto para la Promoción del Estudio y Uso del Hidrógeno.
ARTÍCULO 7.- El Consejo estará integrado por un representante de los siguientes organismos nacionales: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Secretaría de Energía, Secretaría de Transporte, Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos, Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Secretaría de Hacienda, Secretaría de Política Económica, Secretaría de Comercio e Industria, Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa, Administración Federal de Ingresos Públicos, Instituto Nacional de Tecnología Industrial ( INTI) e Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria ( INTA). Asimismo, centros de estudio e investigación relevantes como sobre energía de los organismos de ciencia y tecnología existentes en la República Argentina, organizaciones no gubernamentales vinculadas a la temática, técnicos de los sectores gremiales y empresariales relacionados con la actividad y un representante de las Comisiones de Energía de la Cámara de Diputados y el Senado de la nación respectivamente.
ARTÍCULO 8.- La reglamentación de la presente Ley, deberá efectivizarse en el lapso de noventa (90) días de su vigencia.
Hay dos ejes centrales sobre los cuales se plantea la necesidad estratégica de contar con un instrumento sistemático de estudio, planificación, reordenamiento y reorientación de las políticas energéticas en nuestro país, como es el Instituto para la Promoción del Estudio y Uso del Hidrógeno.
Por un lado, las fuentes tradicionales de generación de energía basadas en los combustibles fósiles- petróleo, carbón y gas- que han permitido la extensión y profundización de una economía industrial diversificada, compleja y altamente eficiente en los procesos productivos durante las últimas cinco décadas, son hoy motivo de fuertes disputas en el sistema internacional debido a una multiplicidad de factores que se relacionan e interactúan permanentemente.
En primer lugar, en los últimos años se ha intensificado la puja por el acceso y el control de importantes fuentes de recursos energéticos- fundamentalmente vinculados al gas y al petróleo- en distintas regiones del sistema internacional, en un contexto de lo que parece ser un estancamiento estructural en el crecimiento de los niveles de reservas de hidrocarburos conocidas en el mundo. Por ende, en la presente coyuntura, la reflexión sobre la energía está fuertemente influida por una mirada de carácter geopolítico que, al maximizar las apuestas de distintas países por el control de recursos que son cada vez más escasos, ha provocado, simultánea y lentamente, cambios notables en la configuración de los actores del proceso productivo de los hidrocarburos en el mundo.
En tal sentido, mientras las empresas anglonorteamericanas y francesas- que han sido los actores dominantes en la economía de los hidrocarburos durante más de setenta años- vienen experimentando un proceso de debilitamiento que se expresa en la declinación de los niveles de reservas mundiales de petróleo y gas que están bajo su propiedad, en el estancamiento y/o débil aumento de los niveles de extracción en distintos puntos neurálgicos del mundo ( Mar del Norte, Golfo de México, territorio de los EE.UU., entre otros) y en la saturación de la capacidad de refinación combinada con inversiones insuficientes, se observa el surgimiento de otros actores que, de la mano de Estados nacionales que han comenzado a recuperar capacidad de acción, de planificación estratégica de sus recursos energéticos y de intervención directa e indirecta en los mercados, están reconfigurando el tablero de poder de la puja por los recursos energéticos. En efecto, países como Rusia, China, Venezuela, Irán, Malasia, India, Brasil, los países del norte de África y los principados de la península arábiga, están atravesando por procesos parecidos en los que el control de los negocios hidrocarburíferos está crecientemente en manos de empresas estatales o mixtas en las que la decisión final y el rumbo estratégico corre por cuenta de los respectivos Estados nacionales que intervienen, de esa manera, en la la planificación de los recursos energéticos.
En definitiva, más allá de las diversas posiciones existentes en el mundo sobre la problemática del pico de producción petrolera, este aspecto vinculado, por un lado, a la inexistencia de nuevos descubrimientos de grandes yacimientos hidrocarburíferos en los últimos 20 años y, por otro lado, a la carencia de inversiones en el área de refinación de petróleo- lo cual configura un problema difícil de superar en el corto plazo, dado el creciente nivel de inversiones planificadas que esta industria requiere- ha sido poco considerado a nivel global en los debates que se conocen en la superficie de los planteos políticos.
Sin embargo, a la luz de la creciente relevancia de los planteos sobre las energías alternativas de origen renovable, puede observarse que, directa o indirectamente, hay un conjunto de actores vinculados a las empresas multinacionales de hidrocarburos, a gobiernos de Estados con distintas orientaciones ideológicas y estratégicas y a organizaciones sociales y centros especializados en materia energética que dejan trasuntar un planteo crítico y preocupante sobre los actuales niveles de dependencia de los hidrocarburos en la matriz productiva del sistema económico internacional en un contexto de escasez cada vez más acuciante.
En segundo lugar, se señalan otros aspectos vinculados a la evolución del mercado petrolero específicamente. Se identifican, en tal sentido, por lo menos dos ejes de debate que refieren a cuestiones estructurales.
Por un lado, es importante señalar que el aumento constante de la demanda china e india en los últimos años supone un escenario de precios cuanto menos inflexibles a la baja si lo cruzamos con los actuales altos niveles de producción en la mayoría de las cuencas productivas del mundo y la carencia de reservas suficientes que permitan alargar el horizonte de vida de los hidrocarburos. Asimismo, aquí es importante observar que estos actores están avanzando con una decidida estrategia que les permita proveerse de fuentes confiables de energía, debidamente balanceadas y diversificadas, de modo tal de reducir sus niveles de exposición y/o vulnerabilidad ante la posible emergencia de conflictos regionales que puedan poner en peligro el normal abastecimiento de los energéticos. A su vez, no es un dato menor que, a pesar del horizonte de escasez de oferta vinculado básicamente al petróleo, se está consolidando en el mundo un debate creciente en torno a la utilización de una fuente primaria de energía de origen fósil como el carbón a fin de producir energía eléctrica suficiente, aún a riesgo de provocar externalidades negativas asociadas al perjuicio ambiental por la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera en un contexto de incesante debate sobre la problemática ambiental, el calentamiento global y el efecto invernadero.
El segundo aspecto a señalar, es la creciente ola especulativa que atraviesa al mundo de los negocios petroleros, cuya génesis está relacionada al activo papel que grandes bancos transnacionales tienen en la financiación de la industria petrolera de origen anglosajón, fundamentalmente. Asimismo, junto a este escenario de creciente financiarización del mercado petrolero, es importante observar el rol de las grandes empresas transnacionales de hidrocarburos ( Shell, BP, Exxon, Total, entre las principales) que, en los últimos años han reducido la apreciación de sus niveles de reservas de hidrocarburos mundiales, lo cual puede asociarse al referido juego alcista de la especulación rentística y financiera en torno al petróleo.
A su vez, y en el plano del análisis financiero, no es menos visible la presencia de los denominados Fondos Soberanos de Riqueza, que se han creado a instancias de Estados nacionales que están consolidando un modelo de recuperación de la capacidad de intervención, regulación y planificación de Estado en materia energética. En esa dirección, la pata financiera expresada en estos fondos parece ser un mecanismo más que sugerente en relación a esta nueva configuración del poder que se está operando en el sector energético. Es así como países como China, Emiratos Arabes Unidos, Dubai, Noruega, Australia, Singapur, Malasia y otros, están generando una dinámica de fondos de inversión que se están destinando a la adquisición de recursos naturales, vías de acceso y transporte a estos recursos, infraestructura comercial y portuaria y a inversiones en términos de enclave extractivo, en donde América Latina, Asia y África aparecen como receptores relevantes de esas inversiones.
Finalmente, en lo que hace al rol de actores centrales en este proceso, es oportuno señalar el creciente protagonismo que las nuevas empresas nacionales petroleras están desempeñando en el mundo al compás de los cambios en los equilibrios geopolíticos globales y regionales. En ese punto, es esencial destacar el papel de Rusia como potencia geoeconómica energética con fuerte presencia en la región del Cáucaso, Europa Occidental y China. A su vez, es decisivo comprender el rol geopolítico de los países productores de la OPEP, que desde hace 10 años desarrollan una inteligente política de control de la oferta que, si bien se ha mostrado pragmática a la hora de acordar posiciones más flexibles, ha sabido mantener una férrea política de apreciación constante del recurso petrolífero a partir de una gestión compartida. En ello, la influencia de Venezuela no ha sido menor en el último lustro. Precisamente, el gobierno de Chávez está actualmente terminando un proceso de certificación de reservas en la Faja del Orinoco, que podría convertir al país caribeño en la principal reserva hidrocarburífera del mundo, incluso por encima de Arabia Saudita.
Por otro lado, y mirando esta compleja situación desde las necesidades de la Argentina, se intenta reflexionar a la luz del objetivo estratégico de consolidar una matriz energética que sea lo suficientemente diversificada en lo que respecta a las fuentes de generación de energía para coadyuvar al logro de un esquema confiable, seguro, eficiente y dinámico de suministro energético que permita reducir a niveles manejables los riesgos y los desequilibrios implicados en un proceso tan complejo como la racional administración de una matriz energética que pueda sustentar el crecimiento permanente de la economía y de la actividad productiva.
En tal sentido, dos de los aspectos fundamentales que se deben resolver en términos de propender a la consolidación de una estrategia de diversificación del riesgo de seguridad energética, son, por un lado, el mejoramiento de los estándares de eficiencia energética en el transporte automotor- uno de los sectores más directamente dependientes de las fuentes de generación hidrocarburíferas- y, por el otro, la búsqueda de fuentes alternativas y/o sustitutas que permitan ir reemplazando, paulatinamente, todos los combustibles y carburantes de origen fósil- naftas, diesel oil, gnc, lubricantes vehiculares, etc.- que hoy se destinan masivamente a la provisión del parque automotor.
En ese orden de prioridades, se alude recurrentemente al amplio universo de las energías renovables como el medio más adecuado para propender a la sustitución y eficiencia energéticas sostenibles. En efecto, el espectro de alternativas es tan vasto como inabordable, ya que las posibilidades de generación energética aluden a distintos bienes naturales cruzados con problemáticas medioambientales, climatológicas, meteorológicas hídricas y físico-químicas. Así, desde la energía hidráulica- generada por la actividad de represas instaladas en cursos de agua con suficiente caudal y volumen para generar energía- pasando por la eólica, la solar, la geotérmica, la mareomotriz o la vertiente vinculada a formas de generación tanto desde los alimentos- bioetanol obtenido del maíz y/o de la caña de azúcar, biodiesel extraido de cereales como soja, girasol y otros- como desde otras plantas no comestibles- aceite de palma, jatropa y variedades de plantas que crecen en zonas desérticas, o la generación de energía a partir de cultivos de microalgas- y desde residuos con presencia de material orgánico- biomasa, es decir generación de energía a partir de los restos de desperdicios- e inorgánico- la lignina como resto de la producción de celulosa empleada para generar energía-, el horizonte de alternativas que están vinculadas con lo renovable parece no tener techo.
Asimismo, el hidrógeno como fuente secundaria de generación de energía, se está constituyendo en una alternativa crecientemente viable en la planificación de usos alternativos en el transporte vehicular masivo de pasajeros, como así también en los procesos productivos de las automotrices que están trabajando, desde hace años, en prototipos de motores híbridos eléctricos y en modelos que funcionan a través de la denominada pila o batería de hidrógeno, mecanismo que, a través del proceso de hidrólisis, permite ir sustituyendo los motores de combustión.
Ciertamente, el universo planteado es amplísimo y requiere, desde la planificación energética nacional, el establecimiento de programas de investigación y seguimiento de las distintas alternativas planteadas a fin de poder reflexionar a la luz de parámetros que parecen como inescapables cuando se trata de analizar la viabilidad de una fuente de energía: por un lado, los costos involucrados en las fases de investigación y de desarrollo de proyectos, el tipo de materia prima inicialmente utilizada para el logro del objetivo planteado y las contradicciones que su uso puede crear en términos de impactos que puedan medirse, el rendimiento energético, esto es, la cantidad de energía generada por unidad de tiempo y en función de la cantidad de materia prima base empleada, la consecuente eficiencia en la generación de la energía, el tipo de estructura económica y/o de negocios que es necesaria para viabilizar una producción masiva de la energía alternativa y, finalmente, los impactos de carácter geográfico y territorial- hablamos de una dinámica de generación que se agota en lo regional, con todo lo bueno que ello puede tener, o que tiene perspectivas de masificarse como fuente confiable y aquellos otros vinculados con lo socio-ambiental, pensando en la perspectiva del daño causado con consecuencias acumulativas a partir del proceso de producción.
Para sistematizar toda esa información y para saber qué puede esperarse de las fuentes energéticas renovables- entre ellas, el hidrógeno con particular prioridad- como así también para conocer las experiencias comparadas por las que ya están atravesando otros países, es estratégico plantear la constitución de un centro de estudios, investigación y sistematización de experiencias y procesos vinculados a la temática del hidrógeno y sus posibles usos.
Esto es aún más acuciante cuando estamos ante la perspectiva de un agotamiento sin retorno de las fuentes fósiles, de la dificultad de encarar un proceso productivo de generación de energía a gran escala con materias primas como el carbón que generan amplios impactos difíciles de predecir cabalmente y de mitigar en tiempo y forma, o ante una situación en la que, si bien la energía nuclear puede presentarse como una alternativa óptima- más aún teniendo en cuenta el know-how internalizado por nuestro país en más de 50 años- no puede convertirse en “la” alternativa, ya que nuestra idea de seguridad energética integral nos lleva a proponer una matriz sólidamente diversificada, tanto por fuente de origen como por impacto regional-territorial.
Finalmente, otro aspecto que es importante señalar en relación al hidrógeno y a los energéticos alternativos en general, es el que está vinculado con el factor tecnológico. En efecto, muchas de las investigaciones en curso en el mundo sobre nuevas alternativas de generación energética, se afincan en el desarrollo de programas científico-tecnológicos tanto estatales como privados que se centran en la investigación concreta sobre estas diversas fuentes a fin de determinar los caminos óptimos para el desarrollo productivo de las mismas. Esto pone el foco sobre el hábito, uso y costumbre que los países centrales y muchos otros subdesarrollados y en continua evolución como Brasil, China o India tienen a la hora de encarar escenarios de investigación aplicada en una diversidad de campos y, más concretamente en el ámbito de la energía. Pensemos que el horizonte de investigación va desde la biotecnología aplicada a la generación de energía hasta la reutilización cada vez más eficiente de materiales orgánicos e inorgánicos como así también de desechos de todo tipo que son la externalidad negativa del complejo proceso industrial.
A su vez, el avance tecnológico puede medirse en términos de la capacidad de valor agregado que una economía puede incorporar y, si lo vemos desde lo energético, todas las alternativas posibles- desde la eólica, la solar, la geotérmica, la de los biocombustibles o la de la biomasa y la del hidrógeno- implican una reflexión sobre el mismo proceso productivo de generación, las capacidades comparadas de rendimiento energético, las posibilidades de almacenamiento y posterior distribución de la energía generada con estos soportes y los impactos ambientales y geográficos involucrados. En tal sentido, la tecnología incorporada a los procesos, el valor agregado creado y la sistematización de información que permite consolidar cursos de acción posibles, son ejes de reflexión importantes a incluir cuando se piensa en un horizonte de planificación estratégica de la energía desde la potencialidad que las fuentes renovables- como el hidrógeno- permitirían desarrollar.
Desde este enfoque complejo sumariamente desarrollado, se fundamenta la necesidad estratégica y la oportunidad político-institucional de contar con un instrumento de estudio, investigación y sistematización de información sobre el hidrógeno como alternativa energética renovable, con la finalidad de proveer al decisor nacional de fuentes más certeras y sólidas a la hora de tomar medidas vinculadas a la planificación de usos sostenibles de la energía.
En función de lo expuesto solicitamos a los señores diputados acompañen la propuesta.

References: ARTÍCULO 1

ARTÍCULO 2

ARTÍCULO 3

ARTÍCULO 4

ARTÍCULO 5

ARTÍCULO 6

ARTÍCULO 7

ARTÍCULO 8