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Timestamp: 2020-07-05 08:11:38+00:00

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RedGlobe - Discurso del Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU
Este tema reviste especial actualidad, porque el 1º de julio próximo se cumplen 50 años desde la apertura para la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear, estructura sustentadora del sistema internacional de no proliferación nuclear. Estamos convencidos de que los riesgos y amenazas en este ámbito que afrontamos hoy, deben eliminarse precisamente a tenor con dicho Tratado, manteniendo una actitud equilibrada hacia sus tres componentes: no proliferación, desarme y uso civil de energía atómica.
Lamentablemente, vamos llegando al término del periodo que dura 50 años con un gran bagaje de contradicciones capaces de complicar el actual ciclo de revisión del Tratado que ha de concluir con la Conferencia de revisión en 2020. Entre las tareas fundamentales del ciclo figuran la confirmación del apego a los objetivos del Tratado, a los compromisos derivados del mismo, así como su consolidación a tono con el Plan de Acción aprobado en la Conferencia de revisión de 2010. Para lograrlo, todas las partes deben deshacerse de la renuencia de escuchar unas a otras que tan palmariamente se manifestó en la Conferencia de revisión de 2015.
En aquel foro, en particular, prevaleció la ilusoria y peligrosa tendencia a compeler a las potencias nucleares a renunciar a sus arsenales nucleares, sin tomar en consideración sus intereses en el ámbito de la seguridad y las realidades estratégicas. Esta visión desembocó en una redacción acelerada del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN) abierto para la firma.
Rusia no se propone adherirse al TPAN. Partimos de que una plena destrucción de las armas nucleares sería posible únicamente en el contexto de un desarme completo y universal, garantizándose una seguridad igual e indivisible para todos, incluidos los Estados nucleares, tal como lo estipula el Tratado de No Proliferación Nuclear.
Las cláusulas del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares presentado para la firma distan leguas de estos principios. El documento desestima la necesidad de tomar en consideración todos los factores que hoy en día influyen sobre la estabilidad estratégica. Provoca hondas discrepancias entre los miembros de la comunidad internacional, pudiendo ejercer influencia desestabilizadora en el régimen de no proliferación.
Quiera destacar que compartimos la tarea de construir un mundo desnuclearizado. Pero este objetivo no debe alcanzarse a partir de métodos unilaterales en los que se basa el TPAN.
Las perspectivas del actual ciclo de revisión sacan a relucir también la falta de claridad con respecto a la creación de en Oriente Próximo de la zona libre de armas nucleares, de los demás tipos de armas de destrucción masiva y sus vectores (ZLADM).
Estamos convencidos de que la convocatoria de la Conferencia sobre la ZLADM en Oriente Próximo conserva su actualidad. Por nuestra parte, continuaremos haciendo nuestro aporte a este proceso. Creemos que el mismo se coronaría de éxito si la cuestión se estudiara en un amplio contexto de la seguridad regional. Las concretas consideraciones de Rusia sobre el particular son bien conocidas por todas las partes concernidas y siguen en vigor.
Otro problema importante es el relativo al Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares. Siendo firmes partidarios de dicho Tratado, exhortamos a todos los países de los que depende su entrada en vigor, a llevar hasta el fin su suscripción y ratificación, tal como lo prometieron en reiteradas ocasiones algunos de los correspondientes países. Al propio tiempo, es sumamente importante garantizar la prolongación de la moratoria sobre cualesquiera explosiones nucleares.
Entre los concretos pasos prioritarios encaminados a mantener en la etapa actual el régimen de no proliferación nuclear debemos mencionar los esfuerzos mancomunados para garantizar una ejecución sostenida del Plan de Acción Conjunto y Completo (PACC) para arreglar la situación en torno al programa nuclear iraní. El Consejo de Seguridad de la ONU secundó el PACC al aprobar por unanimidad de votos la correspondiente resolución 2231 y, consiguientemente, se responsabiliza de su cumplimiento. Irán cumple estrictamente sus compromisos, lo que corrobora con regularidad el OIEA. La abrumadora mayoría de la comunidad internacional reconoce que el PACC hace un ponderable aporte al robustecimiento del régimen de no proliferación y al mantenimiento de la paz y la seguridad. No se puede, a favor de la coyuntura política de determinados países, renunciar a este logro real de la diplomacia multilateral que coronó los esfuerzos no sólo de las partes del PACC, sino también de muchos otros países que los apoyaron, incluido Kazajstán.
Es evidente que la quiebra del PACC, con tanta más razón por culpa de uno de los miembros del grupo 5+1, será una señal alarmante para toda la arquitectura de la seguridad internacional, incluidas las perspectivas de solución del problema nuclear de la Península de Corea. Reafirmamos la actualidad de la Hoja de Ruta promovida por Rusia y China en aras de dar una solución exclusivamente pacífica a este problema.
Suscita una seria preocupación la creciente amenaza del terrorismo “químico” en Oriente Próximo, en particular, en el territorio de Irak y Siria. Los terroristas no sólo emplean agresivos tóxicos, sino también disponen de tecnologías y capacidades de producción propias para fabricar agresivos tóxicos tóxicas, crearon una amplia red de acceso a los precursores.
No se pueden pasar por alto los riesgos demasiado altos de la propagación del terrorismo “químico” fuera de Oriente Próximo, tomando en consideración, en particular, que en las filas de los extremistas hay muchos combatientes extranjeros. Los terroristas llegados a Siria e Irak de otros países ya tuvieron la posibilidad de adquirir la experiencia y hábitos en la fabricación y el empleo de armas químicas.
Durante los últimos tres años, propusimos en reiteradas ocasiones aprobar una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU o al menos una declaración de su Presidente para condenar los casos concretos del terrorismo “químico” en Siria e Irak. Desgraciadamente, todas nuestras propuestas enfrentaron siempre una dura resistencia por parte de varios nuestros colegas occidentales que prefieren hacer la vista gorda del empleo e incluso de la fabricación de armas químicas por los terroristas, lanzando al propio tiempo acusaciones infundadas contra Damasco.
Consideramos inadmisible especular con las tareas de la lucha contra la proliferación de armas de destrucción masiva para conseguir objetivos políticos sesgados, como hace 15 años fue la intervención en Irak bajo un pretexto inventado.
Últimamente, pudimos observar los insistentes intentos de manipular la actividad de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) y del Mecanismo Conjunto de Investigación que finalizó su trabajo. Es lamentable. Confirmamos nuestra propuesta de diseñar un nuevo mecanismo de investigación de los casos del empleo de armas químicas en Siria de conformidad con lo estipulado en la Convención sobre las Armas Químicas.
Exhortamos a todos los Estados a cumplir los compromisos derivados de la resolución 1540 del Consejo de Seguridad de la ONU aprobada en 2004 que obliga a todos los países a tomar medidas eficientes para prevenir que los agentes no estatales tengan acceso a las armas de destrucción masiva y a las sustancias relacionadas con éstas. La actualidad de la resolución 1540 fue reiterada por el Consejo de Seguridad de la ONU al término de la revisión exhaustiva de su cumplimiento en 2016. El Consejo debe reaccionar duramente ante las violaciones de lo estipulado en la resolución 1540, sean cometidas en Siria, Irak u otros países, especialmente ante los casos de prestación de apoyo a los agentes no estatales para facilitar acceso a las armas de destrucción masiva.
Rusia respalda los esfuerzos por crear y fortalecer las capacidades nacionales, regionales y subregionales necesarias para cumplir estas tareas. Hace poco, organizamos en Kaliningrado, bajo los auspicios de la OSCE y la Oficina de Asuntos de Desarme de la ONU, un taller especial dedicado a aspectos concretos del cumplimiento de la resolución 1540, y en 2017, durante nuestra presidencia en el Foro de la Cooperación en materia de Seguridad de la OSCE, convocamos una reunión especial sobre el tema.
Aplaudimos también la aprobación por consenso, en octubre de 2017, de la decisión del Consejo Ejecutivo de la OPAQ encaminada a prevenir las amenazas del empleo de armas químicas por agentes no estatales. Consideramos que fue un paso necesario.
Con tal de incrementar la eficacia de la cooperación multilateral para prevenir la proliferación de armas de destrucción masiva y un posible acceso a éstas de los grupos terroristas y otros agentes no estatales, Rusia propuso redactar un nuevo documento jurídicamente vinculante: el Convenio Internacional para la Represión de los Actos del Terrorismo Químico y Biológico. Presentamos el borrador de este documento en la Conferencia de Desarme celebrada en Ginebra. Insistimos en iniciar lo más pronto posible las negociaciones para consensuarlo.
Señor Presidente de Kazajstán,
Señor Presidente del Consejo de la Seguridad,
La coyuntura actual en materia de no proliferación y desarme exige buscar conjuntamente las posibilidades para superar las crecientes contradicciones, tratar con cuidado los mecanismos de cooperación que demostraron su eficacia, seguir consolidando los fundamentos del Derecho Internacional, respetando al mismo tiempo los intereses de todos los Estados.
Esperamos que esta reunión del Consejo de Seguridad de la ONU y la iniciativa adelantada por el Presidente de Kazajstán, Nursultán Nazarbáiev, contribuyan a cumplir estas tareas.

References: resolución 
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