Source: http://www.libertadidioma.com/2002/20020215.htm
Timestamp: 2020-05-25 21:42:30+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Viernes 15 Febrero 2002
ALFONSO USSÍA ABC 15 Febrero 2002
CUANDO UNA UNIVERSIDAD SUCUMBE FRENTE AL MIEDO
Editorial El Mundo 15 Febrero 2002
Carlos HERRERA ABC 15 Febrero 2002
El rector Montero
Carlos DÁVILA ABC 15 Febrero 2002
RAUL DEL POZO El Mundo 15 Febrero 2002
ANTONIO BURGOS El Mundo 15 Febrero 2002
Defectos de forma o la miseria de la UPV
Enrique de Diego Libertad Digital 15 Febrero 2002
A Edurne Uriarte, con afecto
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL El Correo 15 Febrero 2002
A Edurne Uriarte
Cartas al Director ABC 15 Febrero 2002
El catedrático Molins acusa al rector de la UPV de consentir irregularidades
MADRID. Mariano Calleja ABC 15 Febrero 2002
El PP pide la comparecencia de Montero en el Senado
MADRID. ABC 15 Febrero 2002
EMILIO ALFARO Bilbao El País 15 Febrero 2002
Uriarte denuncia el clima de amenazas y miedo y el giro pro nacionalista del rector Montero
EP Libertad Digital 15 Febrero 2002
La incoherencia de un rector que dice que hay amenazas pero no presiones
EFE Libertad Digital 15 Febrero 2002
«La autodeterminación no resolvería nada y rompería lazos familiares y sociales»
J. J. CORCUERA/BILBAO El Correo 15 Febrero 2002
¿Ya no estamos de moda
ANTONIO RIVERA El País 15 Febrero 2002
Kafka en Euskadi
ANTONIO ELORZA El País 15 Febrero 2002
Salario sí, pensión, no
Luis Ignacio PARADA ABC15 Febrero 2002
Intolerable privilegio para los parlamentarios vascos
Impresiones El Mundo 15 Febrero 2002 Edurne Uriarte
Por ALFONSO USSÍA ABC 15 Febrero 2002
PODRÁN robarle y despojarla de cuanto le pertenece. Podrán amenazarla y turbarla. Ya intentaron pulverizarla con una bomba. Lo que no podrán jamás es vencerla, porque la razón sobrevive al crimen. Su Tercera del pasado miércoles me ha impresionado, como el artículo de César Alonso de los Ríos «Mi amigo, el criminal». Me ha extrañado, en cambio, el casi silencio de otros periódicos, que ningunean un atropello inaceptable en beneficio de los cobardes. El catedrático Joaquín Molins, presidente del Tribunal que concedió en octubre la cátedra de Ciencia Política a Edurne Uriarte, ha reconocido que el aspirante suspendido, Francisco Letamendía, le insultó y amenazó por teléfono. Días después de los insultos, desde los medios que colaboran con la depuración étnica, se le dedicaba a Molins toda suerte de desprecios y villanías. El catedrático Molins, nacionalista catalán, no duda en afirmar que la intolerancia y el fascismo se han adueñado de la Universidad del País Vasco. También la cobardía, que representa en toda su dimensión el rector de la UPV, Manuel Montero, rendido al fin a la implacable horda racista, y que niega el carácter político de la tropelía cometida contra Edurne Uriarte. Es de esperar que tras las declaraciones del presidente del Tribunal la vía contencioso-administrativa sirva para reparar el daño y establecer la justicia.
¿Ciencia Política? ¿Cómo va a enseñar a los universitarios Ciencia Política quien ha defendido el argumento de las pistolas? Letamendía es una basura intelectual, cuyos méritos sólo se compilan en los archivos de «Deia» y los ambulantes datos de la editora etarra del nauseabundo Pepe Rei, la empresa que publica los libros del juez Navarro. Un tribunal independiente aprobó a Edurne Uriarte y suspendió a Francisco Letamendía. En el robo de lo que Edurne consiguió limpiamente no existe indicio alguno de recurso universitario. Sí, al contrario, amenazas, insultos, violencia, coacción y miedo.
La cobardía como norma para asegurar la supervivencia. Lo escribía Edurne. Una amplia mayoría de la ciudadanía vasca ha decidido que vivir como cobardes, pero vivir al menos, es lo cómodo y provechoso. Se entiende perfectamente el miedo, pero no el aplauso. El reconocimiento cívico lo merecen quienes adoptan actitudes heroicas para defender la libertad en su propia tierra. Cada día que pasa entiendo menos la desnudez, la falta de recursos legales que sufre la sociedad para defenderse de quienes la destruyen. Los insultos de un canalla son más importantes que la decisión libre de un Tribunal de catedráticos. Pero el señor Montero, al que no le llega la camisa al cuerpo y se anuda la corbata con sus asegurados dídimos, se reafirma en sus palabras. Aquí no ha habido decisión política.
Edurne Uriarte ganó la cátedra por cuatro votos contra uno. A eso se le llama goleada, incluso en San Mamés y en Atocha. Letamendía no pudo conseguirla porque el hombre no da de sí. En San Sebastián siempre se le consideró como un señorito irascible y tontorrón. Por sus desarrollados pechos, en los nada revolucionarios corrillos del Real Club de Tenis de San Sebastián era conocido como «Tetamendía». Su afición a los rebuznos y las coces le llevó en la Transición a la «política», y duró poco, afortunadamente. Otros burros le sustituyeron. «Tetamendía» desapareció, y ahora retorna con sus modos habituales, más aburguesado en sus ideales, más abierto a los pesebres del PNV que a sus iniciales espasmos proetarras. No obstante, mantiene férreas relaciones y amistades con sus viejos camaradas, y Pepe Rei le ofrece a diario páginas y cortesías.
A Edurne Uriarte la han despojado del fruto de su esfuerzo y de la consecuencia de su talento. La quisieron asesinar. Ahora, además de robarle lo que es suyo, la amenazan y humillan. Pero no acabarán con ella. Es otro de los árboles invencibles y bellísimos de su tierra. Pero ya lleva la tristeza en la mirada, la decepción en el alma. Sabe que la cobardía triunfa, y que la sociedad es débil. Sabe que el silencio y la comodidad de muchos vascos están traicionando los rasgos y perfiles de sus antiguos. Y sabe que donde antes buscaba equilibrio y justicia, ahora sólo se encuentra el manso silencio de los tibios. Para ella, mi infinito respeto.
La decisión de la Universidad del País Vasco a través de su Comisión de Reclamaciones de desposeer a Edurne Uriarte de la cátedra de Ciencia Política ha destapado en toda su crudeza la situación de acoso insoportable que sufren algunos de sus profesores por parte del nacionalismo radical, ante la pasividad de las autoridades académicas y el Gobierno vasco. El rector de la Universidad, Manuel Montero, atribuye la resolución contra Uriarte y a favor del ex dirigente de HB Francisco Letamendía, exclusivamente a razones académicas y niega que la UPV haya actuado por miedo.Dice que casos como éste se dan en cualquier Universidad.
Sin embargo, los datos que han trascendido sobre la polémica resolución demuestran que no es así. Tres de los cinco catedráticos miembros del tribunal que concedió la cátedra a Uriarte han denunciado que los medios radicales Gara y la revista de Pepe Rei publicaron días después de celebrarse la oposición fragmentos de un expediente sobre el que la UPV estaba obligado a guardar secreto. Uno de ellos, Joaquim Molins, asegura que Letamendía le insultó por teléfono tras el examen. El propio Molins, Antonio Elorza y Fernando Reinares tres catedráticos con un prestigio académico contrastado afirman que el proyecto de Letamendía era «flojo», con «baja calidad científica y enorme carga ideológica», mientras que el de Uriarte era «excelente». Incluso Ferran Requejo, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, que votó en el primer ejercicio a favor de Letamendía y en el segundo en favor de Uriarte, califica de «lamentable» que la Universidad haya decidido anular la oposición.Además, la comisión ha suprimido la cátedra estimando una sóla alegación de las presentadas por Letamendía en la que se indicaba que el tribunal no había razonado adecuadamente los méritos de los candidatos. Una acusación rechazada por la mayoría de los examinadores, que han sido descalificados reiteradamente por la prensa afín a ETA.
Todas estas cosas no suceden en otras universidades y son suficientes como para abonar la denuncia de Uriarte de que la UPV ha actuado por miedo, aunque el rector lo niegue. Como tampoco resulta normal que el director del departamento al que pertenece Uriarte, Francisco José Llera haya pedido amparo durante cuatro meses a la comisión de disciplina de la UPV por los insultos y amenazas que le ha dirigido Letamendía, sin obtener respuesta. El creador del Euskobarómetro asegura que puede vivir con la carga de que ETA le puede pegar un tiro, pero no con la «humillación y el linchamiento académico».
Hace un año, el rector Manuel Montero, durante un acto con 52 colegas de otras universidades, lanzó un valiente alegato contra el «exilio interior en el que se refugian algunos» vascos. «Tengo miedo a que sucumbamos ante el terror, a que, hartos de soportar las coacciones, nos callemos. Basta ya de cerrar los ojos o de mirar hacia otro lado». Eso es exactamente lo que le reclaman a su rector los profesores Uriarte y Llera. Si es que no es ya uno de los «sucumbidores»
Por Carlos HERRERA ABC 15 Febrero 2002
Las trascendentes palabras del catedrático catalán deberían ser tomadas en cuenta por su clase política, tanto sea nacionalista como de cualquier otro pelaje. El pujolismo -y sus extremados amigos independentistas-, en eterno equilibrio entre la deslealtad agazapada y el compadreo con los agraviados, ha creado una tela asfáltica, impermeable y áspera, que recubre las sensibilidades políticas y sociales de su ciudadanía y que hace que cabalguen sin freno por los páramos descritos en cada pasaje de intolerancia. No importan las tormentas ni las masas errabundas que encuentren a su paso: cabalgan, cabalgan y cabalgan hasta que algún rayo inesperado les hace morder el polvo de la realidad. Entonces miran a su alrededor y, si acaso, sollozan, pero nada más.
Por Carlos DÁVILA ABC 15 Febrero 2002
Manuel Montero, rector de la Universidad Pública del País Vasco, tiene en sus manos -en su pluma- la oportunidad de no consagrar una de las más espectaculares villanías producidas nunca en el mundo académico: el despojo de una cátedra a una profesora por miedo al terrorismo.
Franco, en su tiempo, robó otras a personajes ilustrísimos por la simple desafección a su régimen autocrático; Montero, si se somete al vilipendio exigido por ETA y sus corifeos, va a hacer algo peor: doblarse ante el miedo insuperable que le causa esa tribu chulesca, amenazante de Letamendía, y darle al individuo que llama «burra española» a Edurne Uriarte, «estiércol asturiano» a Llera, y que zarandea como un terrorista a Joaquim Molins, una razón ruin y pusilánime.
Para Montero, es cierto, no es fácil la tesitura. Él mismo es un hombre seriamente advertido por la banda pistolera, y vigilado, a lo nazi, por el nacionalismo de Xavier Arzalluz y del pobre Juan José Ibarretxe. Resistir esa presión sólo está asignado a los héroes con piel de elefante, y Montoro no la tiene.
Pero la prueba de que amoldarse a la situación no le depara tranquilidad, la guarda él en su propia historia; una vez, para adecuarse a los tiempos que nacieron el 13 de mayo, escabechó a todo el equipo rectoral que le había aupado, y los sustituyó por dóciles que no causan erisipela al peneuvismo.
¿Le ha reconocido éste el favor? No, antes al contrario cada día le agobia más al atolondrado rector; más y con mayor sometimiento. Y es que la genuflexión ante los esclavistas únicamente evita que el patadón pegue en el paladar en vez de en la entrepierna. Algo es algo.
Montero ya está reflexionando sobre el particular y sobre lo que supondría para el futuro de su Universidad volver a la borda nacionalista. Pide encarecidamente auxilio, pero quienes se lo pueden ofrecer aún están espantados ante su última declaración: «Este caso (el del atentado contra Edurne Uriarte) es la confrontación entre dos pensamientos únicos», ha dicho. ¿Cómo fiarse de quien compara al bestial homicida, o al nacionalista excluyente, con las víctimas que se resisten a ser expulsados de su Universidad, de su tierra?
Montero hace algún tiempo que se dejó crédito en su camino hacia el compadreo. Ahora puede ser un peón infiable. Lo sería si firma el acribillamiento de Uriarte.
José Bono habla de los nacionalistas como fósiles, pero lo que se ha fosilizado es una izquierda en su enfermedad senil llamada retroprogresía, que arremete contra todos los sueños regeneracionistas, planes hidrológicos, educación rigurosa, patriotismo democrático, igualdad de todos los ciudadanos independientemente de su apellido o región.
La izquierda española empezó amparando a los trabajadores de todo el mundo y ha terminado apoyando a un nacionalismo etnicista y colaborando con rectores que echan a los profesores constitucionalistas como en la Austria del nazismo. Una izquierda que fue igualitaria, epicúrea, antimonárquica, antirreligiosa, universal, demócrata, jacobina, ha caducado escondida en un campanario, aliada con curas posrequetés y maquiavelos botiguers. Marx, que tenía una versión de ebrio y mal dormido sobre el carlismo, calificó el estudio de Malthus como libelo sobre la raza humana; ¿Cómo calificaría los textos de Sabino Arana?
La deslealtad a la España democrática y a la Constitución de políticos cesantes y pasantes carece de precedentes si no nos remontamos a Godoy; pero aquellos no estaban tan mal; entregaron España a la Enciclopedia y a los Derechos del Hombre; éstos la están entregando a la caverna nacionalista.Todos los días hay invocaciones para cambiar la Constitución que ha logrado la mayor descentralización de Europa y la más larga época de democracia en España. ¿Por qué redactores de la Constitución, ex presidentes, presidentes honorarios, historiadores, abogados, católicos, ropones, entonan la melodía de la servidumbre? No todos van a estar a sueldo, ni todos cobran minutas por los sabotajes.
Los nacionalistas, coherentes en sus intrigas y fintas, se aprovechan de los necios y de los trincones, pero es posible que haya gente de buena fe. Arzalluz, Pujol y Beiras aspiran a arrebatar a la nación tres territorios; pretenden la soberanía compartida, la independencia.
Quieren desbaratar la Constitución y hacer una nación remiendo con islas, estepas y tierras de esparto.Urden un Senado que sea hegemónico frente al Congreso; es decir, el territorio contra el voto popular, igualitario, universal.
Pujol ya exige, después de rechazar asientos en el Consejo de Ministros, puertos, aeropuertos, DNI, ferrocarriles, notarios, impuestos, Seguridad Social, un Ministerio de Cultura. Ibarretxe desafía al Gobierno y va a aumentar la policía vasca en 200 agentes, saltándose las leyes.
Los nacionalistas están en su papel. Pero me extraña la deslealtad, la mala fe de algunos hombres de izquierda, lo hagan por odio a la derecha o por resentimiento. ¿Qué hace el PSOE en ese nuevo regionalismo, en esa Ceda entre Pablo Iglesias y el hombre de Banyoles? La traición y la simulación siguen prosperando porque nadie se atreve a llamarlas por sus nombres.
Lo que más demuestra el carácter nazi y totalitario de los que sabemos es que ya van por el lenguaje de los editoriales del diario Arriba franquista. Esta nueva dictadura usa ya la panoplia expresiva que en la anterior utilizaron, por ejemplo, contra los asistentes al que llamaron «Contubernio de Munich». Los proetarras dicen de cualquier demócrata constitucional lo mismo que aquellos editoriales de consigna, escritos al dictado sobre una minuta que decía: «Termínese con el habitual palo a Rusia».Ahora esas minutas dicen: «Termínese con el habitual palo a la opresora España».
Los establos, pues, huelen a trabajo, a dignidad, a esfuerzo, y no a sangre, a fanatismo, a dictadura del miedo, a totalitarismo.Entre el olor a establo asturiano y el hedor de ciertos bachoquis vascongados, es que no hay vuelta de hoja. Pero aunque los establos asturianos oliesen mal, si tal fuera el aroma de la valentía del profesor Llera en defensa de la libertad allí donde más les duele, a mí me encantaría también oler a establo, incluso a estiércol asturiano, a producción de riqueza y no a paralización de toda actividad económica por culpa del miedo. Insisto en que huelen a gloria, pero si oliesen mal, a la vista de quiénes han usado ese olor como insulto yo estaba hasta por embotellar ese aire, igual que se embotella el sol de mi Andalucía. Y, por descontado, pregunto que dónde hay que ir para oler también a establo asturiano. Yo también, profesor Llera, quiero oler a establo asturiano. Mejor oler a establo asturiano que a explosivo de coche bomba o a casquillo de 9 milímetros Parabellum. A establo asturiano huele la libertad. http://www.antonioburgos.com
Edurne Uriarte ha sido desposeída de su cátedra por un supuesto defecto de forma tras el recurso del batasuno Francisco Letamendia. Éste no sólo ha recurrido, con esa ficción de Estado de Derecho y de democracia que hay en el País Vasco, también ha amenazado, ha insultado, ha presionado, con el respaldo de sus amigos del tiro en la nuca. Eso es un defecto de forma y de fondo.
Entre Miguel Ángel Blanco y sus asesinos no se puede mantener una actitud de equidistancia ni de indiferencia. Edurne Uriarte es mujer corajuda que está entre los que condenaron el asesinato de Miguel Ángel Blanco y Francisco Letamendia está entre los que apoya a los que le mataron tras cuarenta y ocho horas de terrible tortura.
El defecto de forma percibido por la UPV, contra el que cabe recurso contencioso-administrativo, que transcurrirá entre las coacciones habituales, es un defecto de fondo de la propia Universidad. Es la abjuración de su esencia como ámbito de libertad. Es el acallanamiento y la cobardía morales que sitúan en los umbrales, en el zaguán de la convivencia con los asesinos. Es una medida de relativismo moral, en donde el miedo se esconde detrás de la letra pequeña. Argumento de leguleyos.
Conocí a Manu Montero en el debate de investidura de Juan José Ibarretxe. Había tomado ya medidas punitivas contra constitucionalistas de su Junta de Gobierno. Había realizado una auténtica purga al viejo estilo. Era incapaz de razonar los motivos, aunque parecían obvios: se disponía a sobrevivir ante la previsible escalada nacionalista. Estaba dispuesto a ceder, también en los principios, para no correr la suerte que ha corrido Nicolás Redondo.
Luego se ha destacado en la oposición a la LOU, bajo el criterio de defender la autonomía universitaria. Recurriendo a ésta para justificar el éxito de la persecución de los terroristas contra Edurne Uriarte –a la que ya intentaron asesinar- la convierte en un principio perverso, en un modelo añadido de relativismo.
No se puede pedir a nadie ser héroe. En el País Vasco defender al libertad tiene un coste elevado, que puede llegar hasta el sacrificio de la vida. Es el terrorismo nacionalista que actúa de diversas formas, también por los vericuetos administrativos. Pero sí se puede pedir que no se sea cómplice.
La Universidad siempre luchó poco contra el totalitarismo en el siglo XX. Durante un tiempo, la UPV pareció enmendar los viejos yerros. Poco dura la alegría en la casa del pobre. Hoy la UPV está en entredicho. Sólo queda como esperanza el Estado de Derecho.
Estimada Edurne. He seguido tus artículos en la prensa, y sobre todo, leí la noticia del atentado fallido contra ti. Agradecí mucho tus declaraciones posteriores diciendo que tú no ibas a abandonar la UPV, que ibas a seguir en tu puesto. Actitudes así son muy necesarias en nuestra sociedad amenazada. Muchos te tenemos un respeto extra desde entonces. Hoy sale en la prensa la polémica de tu cátedra , aunque la polémica venía de antes en el mundo universitario. Hoy haces unas afirmaciones muy duras. Dices que has sido presionada, que ha habido una campaña ilegítima contra ti y otros profesores de la Universidad por no ser nacionalistas. Yo, de verdad, te creo todo eso. Sé que es verdad el acoso a los profesores no nacionalistas en los campus de la UPV. Hace poco, un nacionalista me contaba en la sobremesa: «Yo daba clases en un aula al lado de Savater en Zorroaga. Yo daba tranquilamente mis clases, Savater siempre tenía pintadas, y protestas. No me extraña que tenga esta actitud tan virulenta». Esto ocurría en esa Zorroaga -semilla de tanta intolerancia- que Calleja tuvo la insensatez de definir como la Atenas del norte. Ya ves, Edurne, estas amenazas vienen de lejos. Cuando tú eras alumna también era así.
Durante años hemos visto los campus como terreno conquistado por los grupos nacionalistas radicales. Grupos que han imperado a su antojo con total impunidad. Muchas veces me he preguntado qué pensarían los profesores, los buenos profesores, no nacionalistas marginados tantos años. Los alumnos que año tras año han abandonado las aulas forzados por grupos radicales en apoyo de causas ajenas a ellos. Y ahora, cuanto más pienso en ello, me sorprende el silencio. No el silencio de hoy, cuando cada palabra libre tiene el riesgo de atraer una bala asesina, sino el silencio de los ochenta. La resignación con la que durante 20 años se les ha dejado actuar en la Universidad con arrogancia. ¿Cuáles eran los complejos, los miedos que nos impidieron decir a principios de los ochenta que a la Universidad le hacía falta libertad? ¿Que la cátedra libre y sin controles ideológicos es la base de la universidad? Muchas manos hemos dado de comer a esta bestia que nos amenaza. A lo mejor tenemos que reflexionar lo que hemos hecho cada uno en los 80, aunque sólo sea para que no se vuelva a repetir.
Hoy, parece ser, cada vez más y especialmente en la universidad pública, surgen voces que dicen que ya está bien. Voces que protestan y denuncian las amenazas. Hoy mismo, Llera denuncia presiones, insultos y amenazas a profesores no nacionalistas. A mí esto me parece muy grave. Y lo que ya me parece gravísimo es que no se tomen medidas, administrativas, disciplinarias y judiciales, si hace falta, para garantizar el libre ejercicio de la docencia en la Universidad. Después de tantos años aguantando, no tomando medidas, sin garantizar por la institución universitaria (digo aquí universitaria porque es el caso que nos ocupa, pero en otras administraciones, y especialmente las municipales también ha sido así), la libertad de sus profesores y alumnos, corremos el riesgo de perder el norte, de plantear medidas ilegales y mezclarlo todo.
La legalidad vigente, las competencias de las administraciones nos dan suficientes herramientas para hacer frente a las amenazas. Otra cosa muy diferente es que no hemos sido capaces de utilizarlas de forma consecuente. Yo soy partidario de defender la libertad y el derecho simultáneamente y con la misma fuerza porque sin la una, la otra no existe. Debemos ser capaces de reprimir la violencia desde la legalidad y el respeto a los derechos. Ésa es precisamente nuestra diferencia, la legitimación que tenemos para defender nuestra propuesta. No puedo compartir la frase del profesor Llera cuando dice que «está claro que un individuo que actúa así no puede ser catedrático en una universidad. Cualquiera lo deduce». Pues no, señor Llera. Una persona así, si es verdad lo que usted dice, debe ser sancionada. Y el acceso a la cátedra es otro tema regulado por las normas de la universidad.
Yo estoy convencido de que en la Universidad hay problemas. Problemas muy graves; de falta de libertad, de chantaje y amenazas. Y estoy convencido, también, de que tú, Edurne, eres de las que más sufren. Siempre me tendrás a tu lado. Me parece absolutamente necesario adoptar una actitud decidida en todos los ámbitos, desde el propiamente universitario, el Parlamento y toda la sociedad para garantizar la libertad en la Universidad. Tenemos que utilizar, sin complejos, todas los medios legales, las competencias administrativas. Tenemos que tener el valor de abrir los expedientes necesarios, dentro de la legalidad, para parar la violencia. Mezclar las cosas, saltar las normas, flaco favor nos hace. Más bien alimenta la bestia.
A lo mejor la verdad es más simple y desagradable para todos. A lo mejor no te tocaba hacerte con la cátedra. Y a lo mejor, tampoco al otro candidato le tocaba. Porque si es verdad lo que dice el profesor Llera de las amenazas e insultos, debe ser sancionado. No porque no le corresponda la cátedra, sino porque impide el libre ejercicio de la docencia en la Universidad.
Era a finales de 2000 cuando hacía mis reflexiones respecto al sentimiento de admiración que sentía para con tu persona, tu firmeza, tu profesionalidad y otros muchos «tus». Lo hacía coincidiendo con el salvaje intento de atentado del que fuiste objeto en la UPV, y lo hacía, también, estableciendo comparaciones entre lo que representaba tu posicionamiento tuyo y el de otros intelectuales vascos y determinado «manifest» que la «cultureta» catalana acababa de firmar en oposición al acuerdo por las libertades y contra el terrorismo. Aflora una nueva oportunidad con motivo del otro atentado que acabas de sufrir. El anterior fue físico, el de ahora es moral. También hay coincidencias esta vez y en unas fechas en las que, por el impacto mediático de «Operación Triunfo», Manu Tenorio está ganando enteros de popularidad, otro Manu, en este caso Manu Montero, rector de la UPV, esconde la cabeza como el avestruz y se alinea con las tesis nacionalistas, seguramente compartidas por su colega Lluis Arola, rector de la Rovira i Virgili, quien ahora que se ve nuevamente absuelto de sus cargos por prevaricación, arremete contra la Fiscalía en el tema de los exámenes en castellano. Siempre lo mismo y siempre los mismos. Jorge Martí. Barcelona.
A las amenazas e insultos que han recibido los catedráticos que apoyaron a Edurne Uriarte frente a Francisco Letamendía, respaldado por el nacionalismo proetarra, para la cátedra de Ciencia Política se unen ahora las circunstancias «irregulares» en las que, según denuncia el presidente del Tribunal, se desarrolló la oposición en la Universidad del País Vasco con el consentimiento de su rector.
El presidente del Tribunal que concedió la cátedra de Ciencia Política a Edurne Uriarte en la Universidad del País Vasco, Joaquim Molins, ha denunciado diversas irregularidades que, a su juicio, se cometieron en la UPV con el consentimiento de su rector, Manuel Montero, en el transcurso de la oposición.
En primer lugar, el catedrático Molins, de la Universidad Autónoma de Barcelona, explicó que cuando se hace una oposición, la UPV tiene unas normas internas que debe entregar al presidente del Tribunal y a su secretario. «A mí no me entregaron ninguna documentación y el secretario tampoco me dijo nada», señaló.
En segundo lugar, Molins indicó que cuando acabó la oposición le exigieron que devolviera a la Universidad del País Vasco los ejercicios de las memorias de los concursantes, a pesar de que «la ley no lo dice». «Me lo reclamaron con insistencia, pero no lo di, porque era la base de mi argumentación para defender el sentido de mi voto», añadió.
La tercera irregularidad de la UPV que ha observado Molins se refiere a que cuando le dieron el recurso del concursante perdedor, Francisco Letamendía, para hacer alegaciones, él se ofreció a ir a Bilbao para hacer todas las aclaraciones oportunas a la Comisión de Reclamaciones, pero no tuvo respuesta. «La actitud de la UPV fue incomprensible, porque dije todo lo que sabía y les comuniqué que si querían más explicaciones, se las daría, pero no me contestaron», comentó.
Por último, el catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona subrayó que Montero sigue sin dar respuesta a la pregunta que, en su opinión, es clave en todo este asunto: «¿Por qué la Comisión de Reclamaciones ha tardado cuatro meses en reunirse y aceptar el recurso de Letamendía?»
Molins ni siquiera ha recibido la resolución de la Comisión para hacer un escrito de descargos. «El lunes me voy otras dos semanas al extranjero, me temo que el rector está esperando que me marche para enviarme la resolución y que así se pase el plazo sin contestar», comentó.
El presidente del Tribunal que concedió la cátedra a Uriarte asegura que no entiende cómo se puede decir ahora que la decisión no estuvo motivada: «He estado en bastantes tribunales, y puedo decir que en muy pocas oposiciones se ha argumentado tanto como en ésta». Además, cuando terminó la oposición, el rector le felicitó, a través de una tercera persona, «por la contribución que había hecho a la Universidad del País Vasco y por el trabajo realizado».
Molins, que ha reconocido que tiene miedo ante las presiones y la intimidación que está sufriendo desde el nacionalismo radical, se ha tomado un año sabático en el extranjero. Pero asegura que está dispuesto a defender hasta el final el «servicio serio y justo» que como investigador y profesor universitario prestó en la oposición para la cátedra de Ciencia Política de la UPV.
El Grupo parlamentario Popular ha pedido la comparecencia del rector de la Universidad del País Vasco, Manuel Montero, en el Senado «por la alarma social creada tras usurpar a la profesora Edurne Uriarte de la cátedra de Ciencia Política». El PP ha señalado que la petición se hace «tras las posibles presiones llegadas desde el entorno del profesor Francisco Letamendía y los sectores más radicales que le apoyan».
La iniciativa ha partido del Grupo territorial del PP vasco, que se constituyó hace unas semanas para defender con voz propia en la Cámara Alta todos los asuntos que afecten al País Vasco. La comparecencia podría llevarse a cabo dentro de tres semanas, en la Comisión de Educación de la Cámara Alta.
El PSOE, por su parte, no se ha unido a este petición, al considerar que donde debe dar explicaciones el rector de la UPV es en el Parlamento vasco, y ahí ya lo han solicitado.
DECISIÓN «ACERTADA»
Mientras, el rector de la UPV insistió ayer en que la decisión de la Comisión de Reclamaciones de no proveer la cátedra asignada a la profesora Uriarte «fue acertada». En declaraciones a Efe, Montero aseguró que el hecho de que existan amenazas en el ámbito universitario no quiere decir que se actúe por miedo y recalcó que la decisión de la Comisión «no está en absoluto condicionada por las presiones».
El rector calificó de «absolutamente reprobables» las amenazas al presidente del Tribunal que resolvió conceder la cátedra a Uriarte, el catedrático Joaquim Molins. Montero reconoció que existen amenazas y presiones en la Universidad, pero afirmó que él tiene «el pleno convencimiento de que los miembros de la Comisión de Reclamaciones hicieron una labor académica y profesional, creo que acertada, aunque ni siquiera me corresponde juzgarlo», y explicó que es una decisión «que se toma en función de criterios técnicos o profesionales».
El director del departamento de Política de la UPV, Francisco Llera, criticó que sobre la anulación de la cátedra concedida a Uriarte «ninguna persona del nacionalismo ha dicho esta boca es mía, sus principios son discutibles, tienen miedo y son cobardes».
Llera dijo que tiene asumido que ETA le puede matar, pero «lo que no se puede resistir es la gota malaya del día a día insultándote, vejándote, humillándote y linchándote, lógicamente con la comparsa nacionalista».
Uriarte denuncia el clima de "amenazas y miedo" y el giro pro nacionalista del rector Montero
Edurne Uriarte ha denunciado el cambio de actitud del rector de la Universidad vasca , Manuel Montero, tras las elecciones del 13 de mayo, en un “claro acercamiento a los nacionalistas”. Insiste en que el miedo ha condicionado la retirada de su cátedra. Desde el diario GARA se sigue insultando a Edurne y al director del Departamento, Francisco Llera.
Uriarte ha explicado en Antena 3 que tras la victoria del PNV se ha producido en la Universidad y su Rectorado “un cambio claro” en la línea de actuación. “Yo ya hice un análisis muy crítico por este cambio de actitud, porque hay un antes y un después del 13 de mayo. Ahora hay un claro acercamiento a los nacionalistas”, ha lamentado.
Además, ha denunciado el clima de “amenazas, insultos y miedo” que ha condicionado, en su opinión, la decisión de la Universidad de retirarle la cátedra de Ciencia Política. Uriarte también ha criticado “el desamparo” que ha sufrido por parte del rectorado de la Universidad, que le obliga a llevar el asunto a los tribunales. La profesora vasca ha desvelado que varios profesores que asistieron a la oposición de la cátedra le han reconocido que, tras la celebración de la misma, recibieron varias llamadas con amenazas e insultos. En concreto, citó el caso de un profesor que recibió la llamada del otro aspirante a la cátedra Francisco Letamandía, amenazándole.
Uriarte ha explicado que muchos integrantes del tribunal que juzgó la oposición le han dicho que ésta “estaba perfectamente ajustada a la legalidad” por lo que tiene previsto presentar un recurso contencioso-administrativo contra la decisión de la Comisión de revisiones de la Universidad, que le retiró su cátedra. No descarta llevar el asunto por la vía penal, fundamentándolo, precisamente, en las posibles amenazas que pudieron recibir algunas personas que participaron en el proceso.
El rector de la Universidad del País Vasco (UPV), Manuel Montero, aseguró que el hecho de que existan amenazas en el ámbito universitario no quiere decir que se actúe por miedo y recalcó que la decisión de la Comisión de Reclamaciones en torno al caso de la profesora Edurne Uriarte "no está en absoluto condicionada por las presiones".
Montero señaló que él también denuncia la existencia de amenazas y coacciones a un grupo de profesores que tienen que ir escoltados, entre los cuales se encuentra él mismo, y destacó que por si algo se ha caracterizado la UPV es "por encabezar esta lucha por la libertad y la democracia". El rector calificó de "absolutamente reprobables" las amenazas al presidente del tribunal que resolvió conceder la cátedra de Ciencia Política a Edurne Uriarte, el catedrático de la Autónoma de Barcelona, Joaquim Molins.
En declaraciones al diario ABC, Molins aseguró que Francisco Letamendía -que competía por la cátedra con Uriarte- le insultó por teléfono tras la decisión del tribunal por no haber votado a favor de su candidatura y denunció "la intolerancia y el fascismo que se han adueñado de la UPV".
Montero reconoció que existen amenazas y presiones, pero afirmó que tiene la "plena convicción" de que la decisión de la Comisión de Reclamaciones - que acordó no proveer la plaza el pasado lunes- "no está en absoluto condicionada por las presiones". "El hecho de que existan las amenazas no quiere decir que estemos actuando por miedo. Si yo tuviese en algún momento la sospecha de que alguna decisión pública la tomo por miedo, en ese momento yo me iría, sería el primero en denunciarlo", aseveró el rector.
Montero consideró "muy graves" las acusaciones de neutralidad y de actuación por miedo vertidas contra los miembros de la Comisión de Reclamaciones y contra la universidad, ya que son "una acusación de prevaricación y en la Universidad que yo presido no se prevarica".
"Desde luego, yo no soy neutral, contra el fascismo y la barbarie estoy en primera fila, pero el Estado de Derecho exige que las instituciones funcionen al margen de presión. La resolución es correcta y lo aseguro porque tengo los datos suficientes", afirmó.
Máximo exponente internacional de la ciencia política y de la sociología y autor de Conflicto en Euskadi», será investido hoy doctor honoris causa por la UPV «En Europa y EE UU ya no se ve a ETA como un grupo idealista, sino criminal»
Nacido en Bonn (Alemania), en 1926. De padre alemán y madre española, se trasladó de niño a Madrid para realizar sus estudios secundarios y superiores.
Estudios: Se licenció en Ciencias Políticas y en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Obtuvo el doctorado en Sociología en la Universidad de Columbia.
Docencia: Fue profesor en la Complutense desde 1947, para pasar a la Universidad de Columbia en 1960, y a la de Yale, en 1968.
Trabajos: Estudió el nazismo en su Alemania natal, los procesos de democratización en todo el mundo y siguió la transición española. Escribió en 1983 Conflicto en Euskadi.
Juan José Linz respira a sus 76 años a través de la boquilla de un cigarrillo, Ducados, que sus amigos le envían puntualmente a la Universidad norteamericana de Yale, en donde imparte docencia desde 1968. Nacido en Bonn, de padre alemán y madre española, su larga trayectoria académica y científica en España y en EE UU le han hecho acreedor de una posición preeminente en la élite científica mundial. Considerado uno de los mayores expertos en ciencia política y sociología, hoy será investido doctor honoris causa por la Universidad del País Vasco. Estudioso de los procesos de democratización en todo el mundo, siguió de cerca la transición española y escribió varios libros sobre el País Vasco. El más conocido, Conflicto en Euskadi, publicado hace veinte años y que, a su juicio, «y por desgracia, aún sigue siendo válido».
-¿Cree que esa imagen positiva que los terroristas de ETA podían mantener en el exterior se ha roto definitivamente?
-En Europa ya se ha roto básicamente y en EE UU creo que tampoco existe. Los periódicos escriben de otra forma. Eso se está acabando.
-¿Considera anacrónico que en pleno siglo XXI se siga matando en un rincón de Europa?
-Es anacrónico, pero es así. También es muy grave que haya gente que diga no estar de acuerdo con los métodos de los violentos pero sí compartir sus objetivos.
-Escribió usted que el terrorismo se ha asociado muchas veces con situaciones de pobreza o de opresión. ¿Cómo se entiende la pervivencia del terrorismo en Euskadi?
-Surgió al final del franquismo, encontró un eco en sectores muy amplios que probablemente no entendían muy bien lo que eso significaba, se extendió, tuvo una mística, una retórica y un simbolismo que le dio auge. Hoy es un mundo que se retroalimenta, que vive en una campana de cristal y que cuenta con recursos económicos y con unas fronteras europeas muy abiertas. Mi mujer, alejada de las elucubraciones de los sociólogos, dice que es una vida muy cómoda la de muchos de ellos. Se han acostumbrado a vivir de eso y, en lugar de ir todos los días a una fábrica a trabajar, se dedican a ver a qué hora sale alguien de su casa...
-¿Ve usted alguna diferencia entre los atentados contra EE UU y lo que viene ocurriendo en el País Vasco desde hace treinta años?
-La escala simbólica de lo de las Torres Gemelas afectó a la gente de una manera muy especial. Cuando es gota a gota, como aquí, no tiene tanto impacto. Además, Estados Unidos no se lo esperaba; nosotros nos hemos acostumbrado mucho, desgraciadamente.
-Estudió la etapa nazi alemana de los años 30. ¿Encuentra alguna similitud entre aquella simbología y aquellos comportamientos con los de los grupos radicales vascos?
-El fascismo y el nazismo fueron fenómenos muy complejos. La violencia en el País Vasco es mucho menos compleja y menos atractiva para sus contemporáneos. Extrapolarlo de forma general no sería acertado. Lo que sí es extrapolable es el problema de la falta de lealtad a las instituciones, y la confusión que hubo en Alemania por parte de muchos que decían no compartir la brutalidad de los nazis pero sí muchos de sus objetivos. Aquí también hay algo de eso.
«Esperanza de cambio»
-El País Vasco tiene una identidad compleja y plural. Sería legítimo que la mitad de la sociedad tratara de imponer sus tesis a la otra mitad?
-La mayoría tiene un peso y puede decidir muchas cosas, no todo, porque las libertades, las leyes constitucionales y los estatutos no están a merced de la mayoría simple. Lo bueno de la democracia es que los que pierden saben que dentro de cuatro años pueden ganar. A los cuatro años hay una esperanza de cambio. Sin embargo, decidir el futuro de toda una sociedad por ese principio de mayoría no es aceptable, porque es definir el futuro de generaciones enteras.
-¿Cree que la resolución del conflicto vasco podría agilizarse con una mediación internacional?
-No. Este es un conflicto que tenemos dentro de España y del País Vasco. Además, los de fuera no entienden de estas cosas. Aquí son los partidos los que tienen que pensar qué es viable, qué es lo que se puede hacer o qué hay de positivo en lo que ya existe. Además, ¿mediación entre quién? ¿Entre el Gobierno vasco y el de Madrid? ¿Entre ETA y el Gobierno vasco? ¿O entre ETA y el Gobierno de Madrid?
-¿Cree que la transición española se quedó coja en lo que hace referencia al País Vasco?
-Yo creo que no. En la transición existió la conciencia de que había que reconocer las nacionalidades, las lenguas... Estoy seguro de que no se aprecia el cambio tan total que aquello supuso para la sociedad española. Los españoles sabían muy bien que querían democracia, pese a que la mayoría de ellos no tenían entonces conciencia de las nacionalidades. Y se aceptó. La Constitución no está hoy puesta en duda por parte del españolismo.
-¿Es posible dialogar y encontrar consensos básicos cuando sigue existiendo la amenaza y la violencia?
-La verdad es que la palabra diálogo está empezando a estar gastada. No es cuestión de diálogo, sino de actuaciones concretas y simbólicas de unos y de otros. Quizá las grandes actuaciones simbólicas se hicieron en la época del proceso constituyente y la negociación del Estatuto. Ahora, en parte, la responsabilidad de que ese marco sea aceptado, legítimo y permanente -con sus cambios y sus tensiones-, corresponde al nacionalismo vasco. Quizá sea el marco en el que el nacionalismo pueda crecer y desarrollar su vida, su cultura y su identidad sin ofender ni cuestionar muchas otras cosas.
-Hay partidos en el País Vasco que tienen problemas para elaborar sus listas electorales. ¿Es lícito desde el punto de vista democrático celebrar unos comicios cuando no existen unas garantías mínimas de libertad?
-Ser candidato a concejal o a diputado del PP o del PSE es jugarse la vida. Esto no es aceptable en una democracia, que está basada en que la participación política de todos está garantizada por la ley y es libre. A pesar de todo, todavía hay gente dispuesta a participar, y eso merece un respeto especial. Es posible que otras sociedades hubieran suspendido el proceso democrático en estas condiciones, pero creo que aquí no sería una buena idea. Hay que aguantar. Lo que sí se puede exigir a la sociedad vasca es que ponga todos los medios para impedir lo que está pasando y que muestre la más absoluta solidaridad con las víctimas y los amenazados.
«Exacerbar el conflicto»
-Los nacionalistas vascos hablan de una consulta sobre la autodeterminación. ¿Cree que esta fórmula podría suponer una salida en una sociedad tan dividida?
-No arreglaría nada. En primer lugar, sería una autodeterminación a la que no accederían los navarros y el conflicto seguiría ahí. Creo que, además, dividiría y polarizaría mucho a la sociedad vasca. La campaña sería terrible, rompería vínculos familiares, de amistad y sociales. Además, los vascos tienen la tradición de considerar como entidades históricas y con legitimidad a los territorios forales. ¿Si Álava o Vizcaya votaran en contra se quedarían fuera? No planteemos cosas que no llevan a ninguna parte; no sería mas que exacerbar el conflicto.
-Dice en uno de sus libros que el País Vasco está íntimamente ligado a España y que romper esos lazos traería más conflicto.
-Euskadi ha estado muy presente en la vida española. Casi todos los secretarios de Felipe II eran vascos, el mando de la Marina y Elcano también lo eran; grandes figuras de la cultura y del arte, como Unamuno, Baroja, Zuloaga, Maeztu o los hermanos Zubiaurre han sido parte de la cultura española y vasca. Hacer esa separación no tiene sentido. Ni siquiera las raíces del conflicto carlista eran vascas. Había carlismo en el Maestrazgo, en Galicia; había carlistas hasta en Sevilla. El carlismo creo que asume el fuerismo por razones tácticas y era parte de un movimiento europeo de ultra-absolutistas, que reaccionaban ante la revolución francesa y todo lo que significaba de secularización.
-¿Cree que el Estado autonómico es la fórmula ideal para España? ¿Tendemos hacia una federalismo?
-Elevar al nivel de autonomía de Cataluña o el País Vasco a las restantes comunidades es algo muy difícil. ¿Reducir los privilegios de la asimetría? Dios nos libre de que nadie lo intente. Modelos federales como el de EE UU, Suiza o Alemania no serían aplicables a España. Lo que tenemos, mal que bien, nos sirve.
-¿Un deseo, profesor Linz?
-Que las cosas vayan por el buen camino, y que mi libro Conflicto en Euskadi se quede definitivamente anticuado.
¿Ya no estamos de moda?
Antonio Rivera es historiador y vicerrector de Álava de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU).
Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que la Universidad pública vasca, la UPV-EHU, estuvo de moda. Coincidió la esperanza de cambio albergada por una parte del país con la resaca de una campaña criminal de ETA y la inteligente y valiente actitud de nuestra comunidad universitaria, con su rector al frente. Pero luego llegó el 13 de mayo, y algunas cosas parecieron que cambiaban para seguir siendo básicamente las mismas, y se desinfló el entusiasmo y se extendió una general sensación de desasosiego y depresión entre buena parte de esa comunidad universitaria. Curiosamente, en una situación menos tensa, se hacía más difícil gobernar la universidad.
Disminuyó relativamente la presión fascista, así como el ánimo de cambio, y eso nos devolvió a la realidad que nunca habíamos abandonado: que había que gobernar la nave cada día. La gris realidad la ha resumido perfectamente la disputa por la cátedra de Ciencia Política entre los profesores Edurne Uriarte y Francisco Letamendía.
Recuerdo que el rector 'nos prohibió' a los miembros del equipo rectoral aparecer por la facultad donde se iba a celebrar el concurso. La cuestión era clara: pasara lo que pasara, ganara quien ganara, el equipo rectoral y su rector al frente serían culpables. Porque está extendida la opinión de que los rectores dan y quitan cátedras. Así ha sido. El asunto era tan sencillo como elegir en qué portada íbamos a salir. Hemos estado unas semanas en las de un lado, acusados de trajinadores a favor de Edurne Uriarte; ahora pasamos a las del contrario, acusados de miedosos a favor de Letamendía. Para la una somos hoy copartícipes y corresponsables de actuar con miedo; para el otro, antes de la resolución de la Comisión de Reclamaciones, éramos una clara muestra de ser 'una universidad colonial'. Lo que ha ocurrido con esta cátedra es una lamentable metáfora de lo que ocurre en este país.
Pero la situación en la que está la UPV-EHU y su rector y su equipo es otra en la que nadie repara. La violencia lo emponzoña todo, lo degrada, lo distorsiona. Lo que es una crisis de gobierno en un equipo rectoral de cualquier universidad se convierte en la crisis de una sociedad. Lo que es una resolución administrativa como en cualquier universidad, se convierte en la expresión del miedo, de la rendición, de los frutos de la amenaza. La violencia se convierte en lo único, pero el resto de las cosas que constituyen la realidad cotidiana no por eso dejan de existir. Ésta es una cuestión que puede llevarse por delante a parte de la sociedad vasca: el no entender que hay más realidades además de la maldita violencia fascista. Y una de ellas es el derecho, así, con minúscula. El derecho rebuscado en la última triquiñuela o en la más impensada 'argucia imaginativa'.
Efectivamente, el 90% de las plazas universitarias se resuelven sin motivar por escrito la decisión de cada uno de los miembros del tribunal. Pero la ley respalda en derecho a quien exija el cumplimiento de esa obligación. Y a esa argucia se ha agarrado el demandante. Y entonces a la UPV-EHU, y a sus órganos de gobierno y de gestión, y a su Comisión de Reclamaciones, le quedan dos opciones -la metáfora del país-: aplicar la ley y el derecho y con ello dar la razón al 'malo', a quien se ha dedicado a emponzoñar y amedrentar; o negársela ciscándose en el derecho para que triunfe, aunque sea obviando nuestras propias reglas, el 'bueno', la víctima.
Personalmente cada cual tendrá su opinión -yo también-; el problema es que institucionalmente sólo cabe cumplir la ley, aunque nos revuelva las tripas.
Eso es lo que ha pasado aquí. Ésa es la realidad que no han contado las televisiones y las radios, que se han limitado a proyectar la primera de las metáforas, sin duda la que tenía más fuerza, la que representa lamentablemente una persona como Edurne Uriarte, amenazada, perseguida, acosada y, ahora, provisionalmente vencida por una 'argucia legal'. Pero de la ley de todos, no de la UPV-EHU ni de su rector. ¡Parece mentira que nos hayan tratado tantas veces con esa misma moneda -el conocimiento exhaustivo de las argucias legales- y que nos manifestemos tan sorprendidos aún!
Ahora hemos pasado a ser los malos de los otros, los cobardes e infames. Algo ha pasado para que se pierda de vista que seguimos siendo los mismos: los que estuvimos dando la cara cuando llegó la durísima Navidad de 2000 (atentado contra Edurne Uriarte), los que inspiramos y organizamos el acto en defensa de la libertad de febrero de 2001, los que recientemente lo volvimos a hacer en homenaje a Ernest Lluch, los que cada día somos y nos sentimos amenazados y vigilados, los que realizamos nuestra labor cotidiana de resolver pequeños problemas mientras nos sopla en la nuca el gran problema, los que -cornudos y apaleados- tenemos que ir con miedo y además ser acusados de algo injusto y falso, que actuamos con miedo.
Hemos dado suficientes pruebas de sentido común y de disposición a dar la cara impulsando la respuesta cívica, moral y responsable de la UPV-EHU en contra del fascismo para que ahora nos vengan escribidores y comentaristas a ponernos en el paredón de los infames. Salvo que, como bien decía el rector, no quede otra que apuntarse a uno de los dos pensamientos únicos (sic) de este pequeño país. O, casi tan malo -para mí y creo que para mis compañeros, inaceptable-, el colocarnos en un supuesto intermedio, diletante, irenista y falso, porque, siendo de primera mano responsable, actúa como si la cosa de los extremos no fuera con él y no constituyera sino víctima. Nuestro lugar al frente de la UPV-EHU no está, no lo ha estado y no lo va a estar, ni en un lado ni en el otro de la obcecación y el simplismo, uno pistolero y otro descalificador. Pero tampoco lo está en ningún intermedio. Por eso es tan difícil hacer nuestro trabajo cada día.
Tal vez no debiera escribir estas líneas. Nuestro diario apenas ha concedido atención al tema, presentando, no la noticia sino su refutación, las declaraciones del profesor Montero, rector de la Universidad del País Vasco, donde afirmaba que todo se había hecho correctamente por su parte y por la Comisión de Reclamaciones de la UPV. Así que el asunto parece no tener importancia. Será, pues, el efecto de una pasión subjetiva, perfectamente condenable, lo que me lleva a opinar que la anulación de la cátedra ganada por la profesora Edurne Uriarte en la UPV constituye uno de los acontecimientos más graves, entre tantos acontecimientos graves, producidos en la UPV durante los últimos tiempos.
Para empezar, la resolución se filtra y el rector se pronuncia cuando ni siquiera está aun redactada. Bien pudiera la autoridad académica apreciar entonces defectos de forma como los supuestamente existentes en la actuación del tribunal. Kafka entra ya en escena porque gracias a la filtración el, o los, redactores de la 'sentencia' conocen los argumentos que se les van a oponer. Por otra parte, y esto es lo esencial, si hay un defecto formal porque algún informe no explique algo cuya exigencia por lo demás no está consignada en ley alguna, parece imprescindible poner las cartas sobre la mesa para saber si hay alguna razón detrás del despropósito de anular una decisión correctamente adoptada y justa, o si se trata de argucia de leguleyo. Pongamos un ejemplo sacado de otro mundo: si a un experto en fútbol le piden un informe sobre la capacidad de Cañizares para ser delantero centro del Valencia, sobra la Biblia como explicación. Lo mismo sucede si la obra, por muy pesada que sea en términos físicos de un concursante, demuestra su falta falta de peso intelectual para acceder a la plaza a que aspira.
Seguimos con Kafka. El que esto escribe fue vocal primero en el tribunal de ese concurso y no tiene en consecuencia los famosos informes, incluidos en el expediente que debiera estar celosamente custodiado en la UPV. Puedo citar sin embargo una frase del mío sobre el concursante Letamendía porque figura entrecomillada nada menos que en un artículo difamatorio de Kale gorria, la publicación heredera del tristemente célebre Ardi beltza de Pepe Rey. Eso sí que es correción formal. Afirmo allí que la obra del rechazado es 'una combinación de ideología y crónica (...), no hay relación entre teorización y descripción salvo por medio de la introducción de la ideología subyacente'. Esto puede ser discutible, pero el significado es diáfano. ¿Qué más hay que decir? Y lo ilustré en el debate con la mención de un artículo aparecido en una publicación académica, los Cuadernos de Formación de IPES, nº26, donde Letamendía hacía una vigorosa autocalificación de científico, al mismo tiempo que cargaba contra este diario, los 'intelectuales' Savateres y Juaristis, y en pleno éxtasis teórico-político confesaba que el acuerdo de Lizarra fue para él 'una gozada'. Ciencia pura.
Como fue exhibición magistral de espíritu universitario la campaña de descrédito y acusaciones en la prensa abertzale, con intervención directa del airado concursante, contra los tres miembros del tribunal que consideramos insuficiente la calidad de la obra politológica de Letamendía: colonialismo cultural, españolismo antinacionalista, votos dictados de antemano por la ideología política. Y los insultos y amenazas que recayeron sobre Edurne Uriarte y su director de Departamento. Sin vulnerar la ley, Kafka siguió presente en el Rectorado: la famosa comisión envió para informe el recurso de Letamendía a un vocal como yo, sólo cuando lo exigí al tener noticia de la campaña de prensa. Ni el rector ni el vicerrector atendieron ni devolvieron las múltiples llamadas telefónicas de quien vio injustificadamente caer sobre sí la amenaza por el simple hecho de cumplir su deber académico.
Si en estas condiciones, agarrándose a un clavo ardiendo, se anula un proceso que tuvo lugar con toda regularidad a pesar del cerco a que desde un principio nos vimos sometidos, quedará claro que en Euskadi el terror ni siquiera tiene que actuar pues con la intimidación sus fines son ya alcanzados.
Por Luis Ignacio PARADA ABC15 Febrero 2002
NADIE puede negar que los parlamentarios vascos viven en una situación de tensión extrema, intimidaciones y amenazas que hacen difícilmente soportable su dedicación a la política. Y es preciso entender que cuando se solicita para ellos una compensación a su dedicación, riesgo e inseguridad se está tratando de paliar costes añadidos: de estabilidad emocional, protección, desarraigo. Por eso es perfectamente comprensible que durante el ejercicio de sus funciones su remuneración pueda alcanzar niveles muy superiores a los que hoy día se practican: para eso están los pluses, inventados o por inventar. Pero no parece acertado confundir los factores que aconsejan aumentar su salario con las circunstancias que deben ser tenidas en cuenta a la hora de fijar sus pensiones.
El Partido Popular y el Partido Socialista de Euskadi se unieron ayer al PNV para aprobar que los diputados vascos que ocupen o hayan ocupado un cargo en el Parlamento vasco durante cuatro años, distribuidos en dos legislaturas, reciban la pensión máxima. El problema que plantea este acuerdo arbitrario no es, como dicen los partidos que han votado en contra, la discriminación y el privilegio que supone que no tengan que cotizar como el resto de los españoles 35 años a la Seguridad Social para alcanzar el 100 por 100 sobre la base reguladora. El problema es que vulnera el principio constitucional de la igualdad de todos ante la ley; que se ha instrumentado mediante una modificación del artículo 15 del Reglamento del Parlamento Vasco; que se aplicará por un Gobierno que no ha conseguido que se apruebe su Presupuesto para 2002; que se hace con carácter retroactivo desde enero de 2001; que no se ha establecido si la provisión de fondos se hará con aportaciones presupuestarias o mediante la suscripción de un plan en una Entidad de Previsión Social y que ni siquiera se sabe a cuántas personas puede afectar esta medida.
Impresiones El Mundo 15 Febrero 2002
Todos los parlamentarios vascos con un mínimo de cuatro años de cotización en dos legislaturas tendrán derecho a la pensión máxima de la Seguridad Social. Así lo acordaron ayer PNV, PP y PSE, que votaron en el Parlamento de Vitoria a favor de esta propuesta.Cualquier profesional o trabajador tiene que cotizar con una base máxima durante 35 años para poder recibir la pensión más alta de la Seguridad Social: 325.000 pesetas brutas. Pero los diputados vascos sólo estarán obligados a cotizar cuatro años, puesto que el Parlamento de Vitoria va a complementar generosamente su pensión.
Naturalmente con el dinero que sale del bolsillo de todos los contribuyentes.
La propuesta aprobada ayer no tiene precedente alguno en los Parlamentos autonómicos. El Congreso de los Diputados estuvo estudiando una fórmula muy similar en 1998, pero no prosperó ya que la Intervención General del Estado advirtió del alto coste y de la ilegalidad de la medida. Esta vez PP y PSE han sido capaces de hacer abstracción de sus diferencias con el PNV para ponerse de acuerdo en algo que les beneficia a todos, especialmente a los parlamentarios sin una brillante carrera profesional. Josu Ternera, por ejemplo, debe estar frotándose las manos, ya que recibirá una pensión a la que jamás van a acceder el 90% de los ciudadanos españoles que trabajan. Pero la iniciativa es, sobre todo, un escándalo porque pone de manifiesto el corporativismo de los parlamentarios vascos, que no han tenido el mínimo rubor en aprobar para ellos lo que es imposible para el resto de los ciudadanos. En unos momentos en que se discute sobre la viabilidad financiera del actual sistema de pensiones, los parlamentarios vascos han optado por blindarse ante lo que pueda acontecer en el incierto futuro. Este intolerable privilegio es un acto de insolidaridad de quienes deberían estar más obligados que nadie a dar ejemplo.

References: resolución 
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 artículo 15