Source: http://www.nasponline.org/resources/translations/aggression_spanish.aspx
Timestamp: 2014-08-21 10:10:42+00:00

Document:
NASP - Aggression in Young Children (Spanish)
(Aggression in Young Children: Strategies for Parents and Educators)
Por Tammy D. Barry, PhD, Texas A&M University; y John E. Lochman, PhD, The University of Alabama
La agresión infantil es un punto de enfoque importante para educadores y padres debido a su estabilidad relativa en el transcurso del tiempo y su conexión consistente a una variedad de resultados negativos, incluyendo la delincuencia, el uso de drogas o sustancias químicas, problemas de conducta, poca adaptación y dificultades académicas (como notas bajas, suspensión, expulsión y abandono de la escuela). Frecuentemente la agresión verbal y física son las primeras señales, así como síntomas de definición posteriores de varios desórdenes psiquiátricos de la niñez. Éstos incluyen el Trastorno Negativista Desafiante (ODD, por sus siglas en inglés) y el Trastorno de la Conducta (CD, por sus siglas en inglés), los cuales tienen, de acuerdo con la Asociación Americana de Psiquiatría, tasas de predominio que varían del 6 al 10% en la población general y es aun mayor entre los niños de sexo masculino. Esto realza aun más la necesidad de reconocer y tratar temprano los comportamientos agresivos.
Los comportamientos agresivos pueden variar desde problemas de regulación emocional hasta comportamientos graves y manipuladores. Hay varias conceptualizaciones de la agresión, que pueden incluir comportamientos como:
• Iniciar rumores
• Excluir a otros
• Intimidar a otros, ya sea verbalmente (poniéndoles nombres) como físicamente (empujando)
• Devolver el golpe con ira
• Usar tácticas de mano dura (para obtener lo que desean)
• Participar físicamente en peleas
Notablemente, los comportamientos agresivos no siempre implican el contacto físico con otra persona. La agresión verbal, como iniciar rumores, excluir a otros y discutir durante los años de la escuela primaria, pueden ser parte de la trayectoria de desarrollo que conduce a la delincuencia en los adolescentes y en el Trastorno de la Conducta.
Aquellos que empiezan a exhibir comportamientos desviados en la niñez, en vez de en la adolescencia, tienen más probabilidades de mostrar un comportamiento antisocial más persistente, grave y violento. En efecto, la agresión infantil frecuentemente se ve como una indicación de un síndrome más amplio, que usualmente involucra conductas desobedientes, negativas, hostiles y desafiantes hacia los adultos y que disimulan comportamientos que rompen las reglas y que pueden conducir a violaciones más serias en la adolescencia.
Los primeros signos de agresión podrían comenzar muy temprano en bebés con temperamentos irritables, difíciles de calmar. Los problemas de conducta tempranos en los niños pequeños que empiezan a caminar y en los niños en edad preescolar, como la impulsividad, la hiperactividad y las rabietas, pueden eventualmente desarrollarse en comportamientos disruptivos más serios y agresivos, como el discutir con adultos, desafiar las reglas, intimidar a otros y comenzar peleas.
Los niños de temperamentos difíciles y problemas de comportamiento tempranos, frecuentemente fracasan en desarrollar conexiones positivas con sus padres o con las personas que los cuidan de importancia para ellos. Como resultado, pueden involucrarse gradualmente en intercambios más coactivos con sus padres y otros adultos importantes, incluyendo maestros. Los padres de estos niños frecuentemente demuestran tasas altas de disciplina severa e inconsistente, y muestran tasas bajas de participación positiva. También pueden tener reglas y expectativas confusas, y falta de estrategias de adaptación de la disciplina y de destrezas para resolver problemas de crianza. Estos comportamientos en la crianza de los niños pueden aumentar los intercambios coactivos entre padres y niños agresivos.
Los niños pueden empezar a usar comportamientos coactivos en otras interacciones sociales, conduciéndolos a un comportamiento cada vez más agresivo y destructivo con sus compañeros y con adultos. Después de intercambios coactivos repetidos, los niños pueden empezar a exhibir maneras problemáticas de procesar la información social. Éstas pueden incluir depender de soluciones agresivas para resolver problemas cuando se les presenten conflictos sociales, esperar que las soluciones agresivas funcionen, y tener dificultades en interpretar la información social con precisión (atribuir de hostiles los comportamientos neutrales de otras personas). Estas dificultades pueden haber sido ya documentadas en la etapa preescolar. Asimismo, ciertos factores de riesgo del ambiente, como la disfunción familiar, la desventaja social o un vecindario con violencia, pueden jugar un papel en el desarrollo de la agresión grave.
Las técnicas para prevenir la violencia e intervenir en niños con riesgo de comportamientos agresivos se han convertido en prioridades para la política educacional y el financiamiento. En años recientes, los estudios de investigación clínica han identificado empíricamente tratamientos de apoyo para niños agresivos. Las estrategias de tratamiento dirigidas a los padres (mejorar el monitoreo y la consistencia de la disciplina), así como a los niños (tratamientos de comportamiento cognitivo, como capacitación en destrezas para resolver problemas y manejo de la ira), han sido efectivas para reducir los problemas de comportamiento y de agresión en los niños. Los programas de intervención de grupo, que son eficientes tanto en lo referente al tiempo y costo, son frecuentemente más efectivos que la terapia individual. La investigación de los resultados del tratamiento indica que una combinación de intervenciones tanto para los padres como para los niños podría ser especialmente efectiva.
Es muy importante, especialmente tratándose de niños pequeños agresivos, que cuando se realice una intervención, se tenga como objetivo también a los padres.
Terapia de interacción entre padres e hijos. Este programa (ver Sierra Adoption Services en la sección de “Recursos”, al final de esta guía) fomenta relaciones más cálidas entre padres y niños pequeños que tienen problemas de comportamiento. Se proporcionan a los padres técnicas para mostrar más interés a su niño o niña y para manejar el comportamiento de sus niños de manera más efectiva. La meta es mejorar la interacción entre padre e hijo en un esfuerzo para mejorar tanto el funcionamiento de la familia como el del niño.
Los años increíbles. Ésta es una serie de capacitación desarrollada por Carolyn Webster-Stratton (ver “Recursos”). Se les enseña a los padres destrezas positivas de comunicación y juegos dirigidos a los niños, así como el establecimiento de límites claros y estrategias de disciplina no violentas. También se les da instrucciones a los padres sobre cómo enseñar destrezas de regulación del comportamiento y de las emociones a su niño o niña. Recientemente, este programa se redesarrolló para incluir en la instrucción a los maestros y a los niños también.
A pesar de que tener a los padres como objetivo es especialmente útil al trabajar con niños agresivos, los programas que tienen como objetivo a los niños han tenido éxito también.
Trayectoria rápida. Esto lo desarrolló el Conduct Problems Prevention Research Group (ver “Recursos”) y es un programa a largo plazo para niños pequeños en riesgo, comenzando en el primer grado. Se capacita a los maestros para crear un currículo de desarrollo social y emocional. Las lecciones cubren cuatro campos de destrezas: comprensión emocional y comunicación, amistad, autocontrol y la resolución de problemas sociales. El contenido del currículo para cada nivel de grado desarrolla el currículo del grado previo, con nuevos conceptos que mantienen el ritmo de los cambios de desarrollo. Los padres se reúnen en grupos así como los niños, y se ofrecen destrezas de capacitación social para los niños en clases académicas particulares, así como visitas al hogar de los líderes de grupo. Los niños se reúnen en grupos de amistad. Los líderes dirigen discusiones y juego de roles, y muestran películas para ilustrar y fomentar los conceptos de las destrezas. Se proporcionan actividades cooperativas para la práctica de la destreza y retroalimentación del desempeño. Las sesiones se concentran en repasar y practicar las destrezas aprendidas en la sección de las clases.
Los padres se reúnen con los colíderes del grupo para tratar el tema de las estrategias de crianza que apoyan la adaptación del niño o niña a la escuela y que mejoran su comportamiento. Las áreas de contenido principal del currículo del grupo de padres incluyen establecer una relación positiva entre la familia y la escuela y apoyar la adaptación del niño, desarrollando el autocontrol de los padres, fomentando expectativas de desarrollo apropiadas para el comportamiento del niño, y mejorando las destrezas de crianza para mejorar a su vez la interacción entre padres y niños, y disminuir el comportamiento destructivo.
Después de las reuniones de grupo, tanto los padres como sus niños pasan 30 minutos juntos participando en una sesión de actividades de cooperación positivas y practicando destrezas de crianza positivas. Además de reuniones de grupo, se proporciona apoyo individual a los niños y sus padres para ayudarlos a generalizar las destrezas presentadas en el grupo y tratar las necesidades individuales.
La investigación del programa de Trayectoria Rápida muestra que 11% menos de estudiantes en el programa requirieron un Programa de Educación Individualizado (PEI) comparándolos a aquellos que no participaron en el programa.
Lidiar con la ira /Poder para lidiar con problemas. Lidiar con la ira es otro programa de prevención que enfoca efectuar cambios para el niño agresivo, reduciendo la ira del niño y sus problemas de comportamiento. Este programa cognitivo conductual, trata a los niños de 9 a 13 años de edad en riesgo de agresividad, y proporciona destrezas para enfrentar los problemas y destrezas de resolución de problemas. Basándose en hallazgos prometedores, se ha desarrollado una versión más reciente del programa, Poder para lidiar con problemas (Coping Power). Este programa se ha diseñado para causar un cambio en el sistema familiar trabajando con los niños y padres, de manera separada.
Los programas Lidiar con la ira y el componente dirigido a los niños de Poder para lidiar con problemas se proporcionan típicamente en un formato de grupo con base en la escuela. Lidiar con la ira incluye 18 sesiones semanales y Poder para lidiar con problemas incluye 34 sesiones semanales. El componente dirigido al niño de Poder para lidiar con problemas cubre material como el establecimiento de metas, destrezas de organización, tomar una perspectiva, conciencia emocional, el uso de declaraciones para lidiar con la ira, capacitación para relajarse, resolución de problemas sociales, hacer amistades y negociar con los compañeros, desarrollar relaciones positivas con los compañeros, evitar grupos de compañeros pervertidos, y resistir la presión de amigos.
El componente dirigido a los padres de Poder para lidiar con problemas se basa también en principios cognitivos, conductuales, y está diseñado para tratar factores de riesgo en la crianza y cuidado para evitar la agresión infantil. Los padres aprenden destrezas adicionales que apoyan las destrezas que sus niños aprenden en el componente dirigido a los niños, así como algunas destrezas para lidiar con el estrés de la crianza. Los padres aprenden cómo crear un ambiente positivo en el hogar, y darle fin al ciclo de coerción que pudiera existir entre ellos y su niño agresivo.
Típicamente, los padres tienen 16 reuniones, aproximadamente una vez cada dos semanas al final de la tarde o en la noche, en la escuela de sus niños. Las sesiones cubren material como el apoyo académico en el hogar, llevar la cuenta y ponerle atención a los comportamientos del niño o niña, alabanzas y recompensas para comportamientos positivos, ignorar comportamientos destructivos de menor importancia, dar instrucciones efectivas, establecer reglas y expectativas, el uso de consecuencias para comportamientos destructivos o desafiantes, manejo del comportamiento del niño durante los meses del verano, el desarrollo de la cohesión familiar, resolución de problemas familiares y comunicación familiar.
Los beneficios de los programas de Lidiar con la ira y Poder para lidiar con problemas se han establecido en estudios que incluyeron asignaciones hechas al azar de niños en riesgo de comportamientos agresivos ya sea para participar en grupo o estar en condiciones descontroladas (esto es, recibir el “cuidado de siempre”).
Al tratar con un niño agresivo, los maestros y padres pueden usar las siguientes guías:
Ningún niño se porta siempre mal. Sorprenda al niño o niña portándose bien, póngale atención y alabe los comportamientos positivos del niño. Proporcione oportunidades adicionales para que el niño actúe de manera apropiada y déles opiniones positivas sobre su comportamiento. No ponga atención sólo al comportamiento inapropiado y agresivo del niño o niña. Si lo hace, él o ella puede usarlo como una manera de atraer su atención.
Respeto. Dígale siempre a su niño o niña que siente cariño y respeto por él o ella. Recuérdele que lo que no le gusta son los comportamientos (y no el niño o niña) poco apropiados.
No ignore los comportamientos. A pesar de que ignorar comportamientos menores poco apropiados (gemir, quejarse) puede ser una manera efectiva de disminuir esos comportamientos, no ignore agresiones mayores.
Sea positivo. Mantenga la calma y dé el ejemplo para resolver problemas de manera positiva. No se enoje en respuesta al enojo de su niño o niña.
No racionalice. No trate de racionalizar con el niño o niña sobre el comportamiento agresivo o las razones por las que está anunciando las consecuencias; evite una lucha por el poder.
Contratos de comportamiento. Establezca un contrato de comportamiento con el niño o niña para ayudarlo a tomar control de su conducta. El contrato debe enumerar comportamientos meta positivos que se esperan, y una recompensa que se pueda recibir por satisfacer un número de criterios de estos comportamientos. Las recompensas pueden ser premios que se dan de manera natural, como más tiempo en la computadora, ser el ayudante del maestro por una tarde, o mirar un programa favorito de televisión en casa. Los comportamientos meta deben ser comportamientos positivos (la lista de “Hacer” en vez de “No hacer”). Deben comunicar las expectativas del niño o niña. Entonces, si un niño argumenta, el comportamiento meta puede ser discutir las cosas calmadamente.
Mandatos efectivos. Use instrucciones y mandatos efectivos con el niño o niña. Los mandatos deben ser concisos, directos, declarados positivamente y dados uno a la vez. Evite los mandatos que parecen preguntas (“¿Te gustaría ayudarme a limpiar este desorden ahora?”) porque le dan al niño la oportunidad de decir: “No”. Evite los mandatos que incluyan “Vamos a”, a menos que usted en realidad esté planificando ayudar a su niño con la tarea. Evite los mandatos vagos, los que tienen múltiples mandatos encadenados o que dan demasiadas explicaciones sobre por qué usted le está pidiendo al niño que haga la tarea.
Reglas del hogar. Establezca reglas en el hogar o en el salón de clases que el niño o niña tenga siempre que seguir. Estas reglas pueden enfocar el comportamiento agresivo en disminución. Si un niño rompe una regla, entonces él o ella recibe una consecuencia inmediata (no una advertencia).
Consecuencias negativas. Cuando el niño o niña no siga instrucciones u otras expectativas establecidas, cuando rompa reglas, o participe del comportamiento agresivo, provea consecuencias negativas inmediatas. Éstas pueden incluir pasar tiempo solo, hacer tareas extras o perder un privilegio.
Comunicación. Aumente la comunicación y cohesión continua entre usted y su niño o niña. Entonces habrá más posibilidades de que el niño acuda a usted cuando surjan problemas.
Resolver problemas. Dé ejemplos efectivos para la resolución de problemas: identificación del problema; generación de posibles respuestas múltiples, tanto positivas como negativas; evaluación de respuestas alternativas; y planificación de la implementación de la respuesta. Ayude al niño a ver la resolución del problema en acción y use oportunidades para ayudarlo a aplicar estos principios a sus propios problemas.
Relajación. Enseñe a su niño o niña técnicas rápidas pero efectivas de relajación (respirar profundamente, contar hasta 10) que pueda usar para calmarse cuando se enoje mucho.
Afirmaciones para lidiar con la ira. Ayude al niño o niña a desarrollar una lista de afirmaciones para lidiar con la ira. Practique estas afirmaciones con el niño por adelantado, para que él o ella esté más preparado para usarlas cuando esté en situaciones sociales de provocación.
Entender otros puntos de vista. Ayude al niño o niña a entender los puntos de vista de otras personas, incluyendo lo que puedan estar pensando y sintiendo. De nuevo, practique entender otros puntos de vista por adelantado durante situaciones no provocadoras, de manera que el niño esté mejor preparado para hacerlo cuando sea provocado.
Negociar. Enseñe al niño o niña destrezas para negociar sus necesidades con compañeros, padres y maestros, de manera que el niño tenga menos posibilidades de usar la agresión o el desafío como medio de obtener lo que desea.
Evaluación. Cuando un maestro o padre esté muy preocupado sobre un comportamiento continuo poco apropiado, se debe concertar una evaluación completa hecha por un profesional calificado de salud mental para determinar si se necesita un tratamiento más intensivo, como por ejemplo una terapia. Resumen
La agresión infantil es un problema serio que requiere los esfuerzos combinados de padres y educadores. Se puede hacer uso de programas de grupo estructurados con niños que presentan comportamientos agresivos y también con aquellos identificados como en riesgo de problemas de comportamiento agresivo en un esfuerzo para prevenir resultados negativos. Cuanto más temprano se puedan identificar a los niños que necesiten intervención, los resultados serán mejores. En general, los resultados indican que el comportamiento agresivo y otros síntomas de comportamiento destructivo se pueden reducir a través de intervención temprana.
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Tammy D. Barry, PhD, es Profesora Adjunta de la Universidad de Texas A&M.
John E. Lochman, PhD, es Profesor y Saxon Chair de Psicología Clínica en The University of Alabama.

References: resolución 
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