Source: https://blessedrelief.wordpress.com/2015/07/02/la-accion-educativa-de-los-gobiernos-pos-revolucionarios-en-mexico-1917-2011/
Timestamp: 2018-07-23 15:49:45+00:00

Document:
La acción educativa de los gobiernos pos revolucionarios en México 1917-2011 | Blessed Relief
← Juventud pre-moderna: formación y aprendizaje
A lo largo de la historia del México independiente las necesidades del país fueron atendidas de acuerdo a la urgencia del momento. Si bien el rubro educación era muy importante, otras cuestiones como la defensa de la soberanía, el fortalecimiento del Estado y la estabilidad nacional en materias política y económica eran asuntos que no podían postergarse por la vulnerabilidad latente de la naciente república[1].
Ya en la época colonial existían escuelas de dos tipos: popular y elitista, acordes con la política segregacionista del virreinato español. En las primeras se enseñaba a la población indígena los conocimientos aritméticos esenciales, el idioma español y los fundamentos de un oficio y/o servicio. A las del segundo grupo asistían los miembros de las clases privilegiadas y eran instruidos en disciplinas superiores como filosofía, latín y literatura. El cauce que habrían de seguir los integrantes de la sociedad colonial estaba marcado desde el tipo de instrucción recibida.
Después de la guerra de independencia y durante los gobiernos de Benito Juárez y Porfirio Díaz, el establecimiento de escuela pública y gratuita era una obligación ineludible para el Estado mexicano. Por eso fueron importados los modelos de la escuela lancasteriana para alfabetizar a la masa ignorante lo más pronto posible[2]. Con el aumento poblacional y el estallido de la revolución mexicana fue necesario aplicar reformas y reestructuraciones que trajeran como consecuencia la colocación de los cimientos de un auténtico sistema educativo nacional.
El presente ensayo comprende una semblanza de cambios coyunturales como la conformación de la Secretaría de Educación Pública y las aportaciones de sus titulares, las campañas de alfabetización de las primeras décadas, las reformas periódicas al artículo 3º constitucional, la consolidación y profesionalización del magisterio, la apertura de centros de educación superior y la participación de los principales gobernantes del país para llevar a cabo tales modificaciones, hoy sintetizadas con la Reforma Educativa aprobada en 2013. El propósito es comprender el marco contextual y social en el que sucedieron las modificaciones históricas a la estructura que funciona en el presente.
Salón de clases a principios del siglo XX
La diversidad de proyectos educativos en México que no fueron concluidos, o mejor dicho, el intento de cada presidente en turno por dejar huella en el rubro Educación, impidió que los progresos fueran palpables a mediano y largo plazo. Con el establecimiento de la Secretaría de Educación Pública en 1921 cobró sentido la reforma educativa emanada desde la Constitución de 1917, documento que aplicó cambios al Artículo 3º que en 1857 pedía una educación laica sin intervención del clero y que 60 años después exigiría que además de reunir esas dos características debería ser obligatoria y emitida por el Estado.
Enseguida, un recuento de las acciones educativas de acuerdo al cuatrienio o sexenio de los principales presidentes pos revolucionarios, comenzando con Venustiano Carranza (1917-1920).
El gobierno de Carranza apretó la tuerca dejando “fuera de la jugada” a la Iglesia en materia educativa. La expropiación de escuelas y la destitución de sacerdotes que fungían como directores permitieron que los gobernantes revolucionarios pudieran enfocarse en la conformación de una escuela pública accesible, cientificista y hasta cierto punto, social, aspecto mejor resaltado durante el cardenismo. Carranza decretó que los municipios en cada estado serían los encargados de administrar las escuelas elementales de carácter público pero la incapacidad económica y técnica de los municipios obligó al gobierno a pedir la intervención de la iniciativa privada para que ayudara con la labor educativa. El artículo 3º tuvo que ser cambiado en 1918 para incluir la libertad de enseñanza. Dejaba en claro que el laicismo solo sería aplicado en las escuelas oficiales y la gratuidad continuaría en primaria, elemental y superior. Por último las instituciones particulares estarían sujetas a programas e inspección oficiales (Solana, 1982, pp. 151-155).
La Secretaría de Educación Pública fue inaugurada en 1921, reestructurando el proyecto educativo una vez más porque quedaron fincados los cimientos para un verdadero Sistema Educativo Nacional con misiones de alfabetización, fomento a la lectura, apertura de bibliotecas y del Archivo General de la Nación, creación de subsecretarías y departamentos y la participación de profesores audaces como Alfonso Reyes, Pedro Henríquez, Alfonso Caso y José Vasconcelos (Solana, 1982, pp. 171-177), el primer secretario de educación y responsable del impulso de acciones como las previamente nombradas.
José Vasconcelos en su despacho
El trabajo de Vasconcelos al frente de la SEP prosiguió durante el periodo de Álvaro Obregón (1920-1924), cuatrienio que tuvo varias rebeliones militares, un vínculo complicado con Estados Unidos y la aparición de instituciones políticas, culturales y económicas, así como la formación de nuevos sindicatos (Escalante, 2009, pp. 256-257).
El presidente que siguió fue Plutarco Elías Calles, profesor y militar sonorense que estuvo tras bambalinas durante las gestiones de Abelardo Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio y Emilio Portes Gil. Esta etapa de la historia mexicana se conoce como Maximato porque Calles era apodado el “Jefe Máximo de la Revolución” (Escalante, 2009, p. 265). Al general Calles le tocó congregar las diversas facciones políticas surgidas durante la revolución y después de terminada la misma. Calles manejó muy bien las siguientes crisis: el asesinato del General Álvaro Obregón en 1928 y la guerra cristera (1926-1929), conflicto armado iniciado por civiles religiosos que se oponían a los artículos 3º, 24º y 27º porque contenían enmiendas que prohibían a la iglesia tomar parte en la educación básica y normalista, limitaba los actos religiosos fuera del recinto adecuado e impedía la adquisición de edificios. La iglesia no aprobó los actos violentos y quizás eso fue un paliativo para que el problema surgido por el rechazo a la Ley Calles de 1926, serie de ordenamientos que regulaban a las escuelas particulares, exigían el cierre de colegios religiosos y obligaban a los sacerdotes a registrarse como trabajadores en el Distrito Federal, terminara perdiendo fuerza eventualmente (Solana, 1982, pp. 255-256). El parte aguas fue la fundación del Partido Nacional Revolucionario en 1929, acontecimiento que buscaba concluir con las separaciones ideológicas, apostando por el acuerdo social y el balance político (Escalante, 2009, pp. 260-261).
Mientras gobernaba Lázaro Cárdenas (1934-1940) el artículo 3º tuvo otra corrección, ahora hacía hincapié en que la educación impartida por el Estado sería socialista, no incluiría doctrina religiosa alguna, combatiría el fanatismo y los prejuicios, promoviendo en la juventud un concepto exacto y racional del universo y la vida social (Solana, 1982, p. 274). El proyecto educativo del “Tata” Cárdenas tuvo una orientación social en cuanto a trabajo político y administrativo dentro de una vertiente progresiva radical (Larroyo, 1947, p. 411). El michoacano ponderó a las clases trabajadoras entregando tierras y ejidos, así inició su plan de nacionalizar bienes como el petróleo y las líneas ferroviarias (Larroyo, 1947, p. 412); reiteró el concepto de educación laica y aprobó la inauguración del Instituto Politécnico Nacional en 1937, recinto que representó una oportunidad de sobresalir para aquellos que pugnaban por igualdad y empleo digno. El General Cárdenas concretó el programa educativo ignorado o pospuesto por los jefes revolucionarios (Solana, 1982, p. 293) abriendo más escuelas de nivel superior en varias partes del país.
En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, México reiniciaba una vez más su construcción como nación en vías de desarrollo. Con la posibilidad de que el país y el continente se vieran afectados por la guerra, el presidente en turno designó a Manuel Ávila Camacho como su sucesor. General como Cárdenas (sería el último presidente militar), Ávila Camacho (1940-1946) supo conciliar intereses y necesidades de sus conciudadanos, estableciendo como prioridad el proyecto de industrialización para encaminar a México al anhelado progreso.
El presidente entrante se enfrentaba cada vez a varios retos sociales, económicos y políticos, siendo los primeros los más difíciles de sortear por los puntos de vista encontrados sobre qué la manera de llevarlos a cabo. El primero de ellos era afianzar entre la población un sentimiento nacionalista, encomienda arrastrada desde la época de Benito Juárez, 80 años atrás (por decir lo menos). Para conseguirlo, el gobierno de Manuel Ávila Camacho desterró varias de las ideas populistas del General Lázaro Cárdenas, mandatario que en el sexenio 1934-1940 expandió una política de corte socialista que buscaba beneficiar a los más pobres, incorporó a las organizaciones obreras y campesinas al mosaico político del país, al tiempo que limitaba la participación de la iniciativa privada y prohibía al clero inmiscuirse en el manejo de la educación.
Durante la gestión de Octavio Véjar Vázquez en la Secretaría de Educación Pública fue impulsada la propuesta de una “escuela del amor” que fortalecería la identidad nacional de los estudiantes basándose en la espiritualidad por encima de los intereses materiales. Esa premisa sirvió de base para la reforma del Artículo 3º constitucional. Una vez más el Estado abría las puertas a los particulares para que colaboraran en el proyecto de educar a la mayor cantidad de connacionales que fuera posible, toda vez que este no podía con la tarea por sí solo (Greaves, 1996, 204-212). Por consecuencia las escuelas religiosas aparecieron nuevamente en el horizonte educativo mexicano.
El segundo reto fue la Reforma de los planes y programas de estudio en 1942. La intención de Véjar Vázquez era crear una escuela igual para los mexicanos donde además de promover una conciencia nacional, se buscaría la homogenización cultural enseñando valores como libertad, democracia, amor a la Patria y solidaridad internacional. Con la llegada de Jaime Torres Bodet a la SEP era necesario retomar la lucha contra el analfabetismo que a bien tuvo combatir el licenciado José Vasconcelos (Meneses, 1986, pp. 295-298). La nueva campaña consistió en utilizar a los ciudadanos mexicanos de entre 18 y 60 años que supieran leer y escribir para que enseñaran a los ignorantes menores de 40 años. Los alfabetizadores trabajaron junto a maestros de primaria atendiendo grupos heterogéneos, lo mismo en escuelas que en mercados, campamentos, fábricas, cuarteles y casas particulares (Torres, 1985, p. 89-90).
Otra dificultad era la escasez de maestros. En la década de los 1940’s eran pocas las escuelas normales en el país, por lo que fue necesario improvisar con profesores que en ocasiones solo habían cursado la Primaria. En la zona rural el problema era más grave que en espacios urbanos. Ante tal emergencia, Torres Bodet creó el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio en 1944 para que los maestros en servicio pudieran prepararse con cursos orales y por correspondencia durante las vacaciones (Arnaut, 1998, pp. 95-97), obteniendo de forma apurada pero efectiva, el necesario título de docente.
Pobreza, analfabetismo, facciones contrarias en los puestos gubernamentales, fueron piedras en el zapato para Ávila Camacho. Una medida inicial para contrarrestar las dificultades fue la promulgación de la Ley Orgánica en diciembre de 1941, documento que buscaba redefinir el sentido del Artículo 3º para darle énfasis al problema de los millones de mexicanos analfabetas: 48% de los habitantes mayores de 6 años de una población total de casi 20 millones a principios de los 40’s (Greaves, 1996, p. 211) antes que encaminar a la sociedad en la doctrina socialista de origen marxista que requería de mayor nivel educativo para su comprensión (las cursivas son mías).
En el sexenio de Miguel Alemán Valdés (1946-1952) fue reformado el Artículo 3º para que la educación impartida por el Estado recuperara su laicismo, siguiendo una enseñanza basada en principios cientificistas. Los razonamientos filosóficos del artículo quedaron establecidos de la siguiente manera:
Laicismo: está basado en el respeto a las creencias de los demás, en la libertad de culto y religión fuera del ámbito escolar. Dentro del aula la enseñanza mantendrá un principio científico que busque acercarse a la verdad sin influencia de doctrinas religiosas.
Obligatoriedad: tanto el Estado como los padres de familia están obligados a proporcionar y dotar de educación a los menores sin que intervengan circunstancias familiares o socioeconómicas.
Gratuidad: no solo considera el carácter gratuito de la educación sino que también debe llevarse a la mayor cantidad de personas sin importar sus condiciones de vida. La educación deberá ser universal, término que “implica hacer llegar la educación a todo individuo sin distinguir raza, posición socioeconómica o cultural” (Aguilar, 1996, pp. 154-155), creando así un ambiente de igualdad.
Con Alemán fue menester la construcción de más escuelas que atendieran la demanda derivada del crecimiento demográfico en el país (además del regreso de varios paisanos procedentes de Estados Unidos después de participar en el programa “Bracero”, intercambio diplomático entre México y Estados Unidos para que trabajadores mexicanos ayudaran cubriendo temporalmente los puestos de trabajo vacantes durante la Segunda Guerra Mundial). Para acelerar el proceso el presidente pidió el apoyo del capital privado (Medina, 1978, pp. 378-380), aclarando que habría libertades y concesiones legislativas para los inversionistas.
Un quinto desafío fue elevar la calidad de la enseñanza. Los maestros egresados de las escuelas normales (76 planteles a principios de los 1950’s) eran insuficientes para cubrir los puestos de trabajo en las numerosas instituciones de educación elemental. Siguieron surgiendo maestros al vapor, sin preparación suficiente. La falta de desarrollo tecnológico y de especializaciones en México entorpeció el proyecto alemanista; por esa razón fueron abiertos más institutos tecnológicos y de Educación Superior (Arnaut, 1998, pp. 230-232).
Los grupos izquierdistas estuvieron en contra del nuevo discurso oficial nacionalista pero sus postulados se diluían y perdían eco en las altas esferas del poder. Fue con Alemán Valdés que dicha ideología terminó por desaparecer debido a que el eje principal de su régimen era fortalecer la economía del país, llevar educación al pueblo sin oponerse a las creencias religiosas de la gente y, principalmente, consagrar de una vez por todas el patriotismo (Medina, 1978, p. 398), tan lacerado en los años posteriores a la Revolución Mexicana.
Al presidente Adolfo Ruiz Cortines le tocó asumir una política de austeridad causada por el derroche alemanista en obra pública, en la promoción del turismo y en el intento de limpiar la imagen de México en el extranjero, particularmente en los Estados Unidos (Niblo, 2008, pp. 200-202), país que en la época andaba a la caza de conspiradores comunistas. El crecimiento pedagógico tuvo un freno con Ruiz Cortines quien sin embargo logró aumentar el presupuesto educativo, aunque más de tres cuartas partes del total fueron destinadas a mejorar el salario de los maestros (Arnaut, 1998, p. 103).
Hubo intentos fallidos para establecer una nueva reforma educativa pero los obstáculos seguían siendo el analfabetismo y el acelerado crecimiento demográfico; agregado a eso estaba la constante empatía del desarrollo económico y tecnológico con la tan traída intención de resaltar la mexicanidad y alejar la “nociva” influencia foránea (las cursivas son mías).
Un logro importante fue la propuesta del profesor Hernández Ruiz para combatir la deserción de maestros normalistas y estimular la carrera magisterial. Arnaut (1998, pp. 109-111) indica que las propuestas fueron las siguientes:
Una revisión de la política de becas porque las mismas eran otorgadas a maestros sin verdadera vocación, dejando fuera a personas que no podían costearse los gastos derivados de la carrera magisterial.
Un plan de estudios específico de educación normal para reducir la migración al D.F. de estudiantes de normales rurales que en realidad eran secundarias enmascaradas, sin preparación auténtica para los aspirantes.
Garantía a las inscripciones de primer año y para ello debía terminar el influyentismo, explicar que las normales no son instituciones de beneficencia. También quedaba reducida al mínimo la cantidad de alumnos desertores que solo iban porque sus padres los enviaban.
La carrera magisterial sería estimulada con un régimen salarial racional para los maestros de escuela primaria. Así quedaría resuelto el problema de deserción y la falta de aspirantes al magisterio.
La creación de un régimen regular de destinos, es decir, unificar el sistema de deberes y derechos de los normalistas mediante pruebas regulares de traslado al D.F. y otros lugares por medio de concursos de oposición, obligando a los egresados a prestar sus servicios en zonas rurales durante dos años.
Durante el sexenio de Adolfo López Mateos (1958-1964) fue lanzado el llamado Plan de Once Años (1960-1970). Dicho programa surgió luego de que las campañas de alfabetización de los años 1930’s habían atendido la emergencia de enseñar a leer y escribir a la mayor cantidad de mexicanos que fuera posible. El siguiente paso era que los niños y jóvenes que habían concluido sus estudios de primaria tuvieran la oportunidad de cursar la educación secundaria. Solo así tendrían mejores herramientas en su vida productiva, por lo que era necesario que los maestros tuvieran una preparación cada vez más profesional porque los conocimientos impartidos en el nivel de secundaria ampliaban el rango de enseñanza de las ciencias, las artes, las matemáticas y la gramática, por mencionar algunas disciplinas. Los ajustes propuestos por Jaime Torres Bodet hacían un llamado a una mejor organización, al involucramiento exhaustivo de ejecutantes y autoridades, al aumento presupuestario y a la apertura con sectores ajenos –en principio- a la labor educativa (Torres, 1985, pp. 78-92).
Algunos propósitos del Plan de Once Años
El periodo presidencial de Gustavo Díaz Ordaz vio crecer la matrícula de estudiantes de escuela preparatoria y nivel superior, sobre todo en las ciudades principales. En la Ciudad de México la demanda por acceso a las universidades públicas era cada vez mayor y, como era de esperarse, los profesionistas titulados eran más que 30 años atrás y, a pesar de que en 1961 fue creado el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional, lugar que formaba maestros especializados y fomentaba la investigación en ciencia y tecnología, los universitarios exigían mayor apoyo económico y gubernamental para mejorar su trabajo.
El gobierno de Díaz Ordaz interrumpió los subsidios y frenó el proyecto de nuevos centros de investigación (Ornelas, 1995, p. 123) pero en cambio durante su gestión aumentó el número de escuelas secundarias en el país, los calendarios escolares fueron unificados, fue creado el Servicio Nacional de Orientación Vocacional, fueron construidas 43944 aulas, el analfabetismo bajó del 32% al 24% y fue instaurada la telesecundaria. Agustín Yañez, secretario de educación pública en el sexenio, promovió un plan que atendería las exigencias educativas entre 1970 y 1980 y consistía, según Solana (1982, pp. 407-409) en la atención al nivel primaria, pues la idea era que ningún niño en edad escolar se quedara sin concluir su educación elemental. También fue estimado el aumento de aulas, maestros, y laboratorios, además del incremento del servicio en los niveles medio, superior y técnico.
En las décadas de 1970 y 1980 ocurrieron varias coyunturas importantes. En primera instancia la época de oro del magisterio terminó con el Plan de Once Años hacia 1970. En aquella fase fueron consolidados los rubros de sueldo, jubilación, servicio médico y otras prestaciones negociadas por el SNTE; la SEP logró colocar a miles de docentes en escuelas primarias y secundarias con plaza laboral, aumentó la profesionalización del servicio docente y surgió el ascenso salarial-escalafonario conforme los profesores aumentaban su nivel de estudios (Arnaut, 1998, pp. 115-118).
En segundo plano sucedía otra realidad en las zonas rurales pues fueron maestros los iniciadores de acciones guerrilleras, tanto fugaces como de largo plazo; como las acontecidas en Madera, Chihuahua en 1965 y en Guerrero en 1967, cuando los profesores Lucio Cabañas y Genaro Vázquez iniciaron movimientos armados en la sierra de su estado natal argumentando que tanto ellos como los campesinos locales vivían en condiciones miserables por culpa del capitalismo voraz (Escalante, 2009, pp. 284-285). Estos hechos dejaron huella en la opinión pública que tomaba nota de que el oficio docente conllevaba una toma de conciencia acerca de la realidad del entorno. El maestro lograba un mimetismo con la comunidad donde prestaba sus servicios y al menos en aquella época, su involucramiento político-social tenía variaciones en intensidad pero sucedía (las cursivas son mías).
Con Luis Echeverría (1970-1976) arrancó una reforma educativa que renovó los planes de estudios de la UNAM y el IPN. Ambas instituciones crearon el Colegio de Ciencias y Humanidades y el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos respectivamente. Dichos departamentos otorgaban estudios profesionales con duración de 6 semestres (9 cómo máximo) y los equivalentes a la preparatoria, al mismo tiempo que servían como lugares de capacitación y adiestramiento en actividades, oficios y servicios prácticos (Solana, 1982, pp. 512-515).
La Secretaría de Educación Pública fue reestructurada ya que aparecieron cuatro subsecretarías que pretendían atender de manera más concreta cada área específica. De acuerdo a los datos de Solana (1982, pp. 517) estas fueron: Subsecretaría de Cultura Popular y Educativa Extraescolar (integración de comunidades marginadas); Subsecretaría de Educación Media, Técnica y Superior (educación secundaria, capacitación para el trabajo industrial, educación tecnológica, agropecuaria, pesquera y forestal y el sistema federal de educación superior); Subsecretaría de Educación Primaria y Normal (organización, dirección, control y desarrollo de educación preescolar, primaria, de niños atípicos y educación normal).
El periodo de José López Portillo (1976-1982) tuvo a Fernando Solana como Secretario de Educación Pública, funcionario que propició una relación entre el sector educativo y el productivo para que los egresados de nivel medio superior y superior pudieran colocarse en puestos de trabajo de tipo técnico y profesional. El señor Solana designó delegados de la Secretaría en cada entidad federativa para que administraran los recursos en cada estado, descongestionando los trámites burocráticos.
En septiembre de 1978 fueron agrupadas las escuelas del nivel medio básico en un organismo llamado Dirección General de Educación Secundaria Técnica. En el nuevo departamento quedaron las escuelas comerciales, tecnológicas industriales, agropecuarias y pesqueras. También fueron creadas la Dirección General de Educación Tecnológica Industrial (encargada del CECyT y de CBTIS), Dirección General de Institutos Tecnológicos Regionales, Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria y Forestal y el Colegio Nacional de Educación Profesional Técnica, cuyo propósito era entregar personal calificado de post secundaria al sector productivo del país (Solana, 1982, pp. 522-527). Solana trabajó para fortificar todos los niveles del Sistema Educativo Nacional y buscó que las instituciones retribuyeran el apoyo entregando a la sociedad estudiantes con la preparación idónea en todas las áreas donde se desempeñaran.
Miguel de la Madrid Hurtado, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo Ponce de León
El periodo que va de 1982 a 2000 tuvo a los últimos tres presidentes priistas antes de la alternancia de fin de siglo: Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988), Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) y Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000). Al primero le tocó lidiar con desastres naturales, con una de las peores crisis económicas de los últimos cuarenta años y con el conflicto magisterial entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (fundada en 1979) y el SNTE, de donde salieron los maestros inconformes que formaron la CNTE. Las demandas eran por la caída de sus salarios y por las corruptelas que involucraban a integrantes del sindicato y a funcionarios públicos (Escalante, 2009, pp. 292-293).
Libro de primaria (década de 1980)
Cuando Salinas era jefe del ejecutivo fue reformado el artículo 3º en 1993, ahora eran otorgadas mayores libertades a la iglesia para la función educativa en nivel básico y de formación de docentes, dejando el laicismo y la gratuidad para las escuelas oficiales. El SNTE salió de su crisis y bajo la dirigencia de Elba Esther Gordillo (Escalante, 2009, pp. 296-297), el gremio magisterial creció como no se había visto en veinte años; permaneciendo así hasta mediados de los 1990’s.
Otras reformas al artículo 3º incluyeron la obligatoriedad de la escuela secundaria y la desregulación del servicio educativo. El componente de la conversión del sistema educativo está conformado por una reforma curricular y pedagógica de largo alcance, tanto para la educación básica como para la formación normal. Los contenidos fueron revisados y se retornó al programa por asignaturas. Asimismo, aumentó la producción de materiales educativos para alumnos y profesores; fue propuesto el enfoque constructivista para el trabajo en el aula y, aparte, fue agregada una visión institucional de la escuela que exige renovación de contenidos de trabajo, de supervisión y dirección escolar. La reforma fue aplicada en primaria y secundaria.
A pesar de que los planes y programas de la educación básica fueron actualizados en 1993, fue hasta 1997 cuando fue reestructurada la educación normal, misma que comenzó con el cambio en los planes y programas de estudio de la licenciatura en Educación Primaria. Entre 1998 y 2006 sucedieron reformas referentes a las licenciaturas de Educación Secundaria, Educación Preescolar, Educación Especial, Artística, Física e Indígena.
Durante el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) ocurrió otro cambio en el nivel de secundaria en mayo de 2006. El enfoque por competencias, según el Acuerdo 384, fue aplicado en el primer grado de manera experimental. El proceso ha sido complicado porque la SEP no ha logrado un consenso entre los actores sociales, educativos y políticos involucrados (Zorrilla y Barba, 2008, pp. 15-17).
Cuando gobernaba Felipe Calderón (2006-2012) y Alonso Lujambio era el Secretario de Educación Pública fue lanzando el Plan 2011, documento que prosiguió con el enfoque por competencias y fue aplicado en los tres grados de secundaria. La distribución curricular continúa siendo por asignaturas pero ahora las Ciencias se imparten por área con énfasis en una sola rama según el grado (Biología en primero, Física en segundo y Química en tercero). La asignatura de Geografía quedó reducida a un solo curso en el primer año e Historia solo se enseña en segundo y tercer grado, primero Historia Universal y después Historia de México. La materia de Formación Cívica y Ética es impartida desde primaria y en secundaria es cursada en 2º y 3er año (SEP, 2011, pp. 83-84).
Los constantes cambios y renovaciones de los planes de estudio en los últimos 10 años después del establecimiento del Sistema Educativo Nacional no solo obedecen a la inestabilidad política histórica de México, sino a la dependencia económica y cultural de los intereses extranjeros contra los que un país en vías de desarrollo como el nuestro no puede combatir (Escalante, 2009, pp. 299-300). La aplicación de modelos pedagógicos que han funcionado en naciones del llamado primer mundo, fracasan aquí porque no existe la infraestructura ni las condiciones mínimas de normalidad para que los esquemas importados fructifiquen.
El esfuerzo de docentes, personal directivo y administrativo, padres de familia y alumnos debería enfilarse hacia la auto-regeneración y la auto-gestión de la labor educativa, propósito muy difícil de lograr porque el monstruo que parte el queso no se andará con contemplaciones ni permitirá oposición al ya muy avanzado camino neoliberal al que nos han sometido los gobernantes de países hipotecados desde los albores de sus respectivas “emancipaciones”. No queda de otra más que trabajar con la mejor materia prima que tenemos: nuestros alumnos.
Escribió: Israel Nungaray González (Ciudad Juárez, México, 24 de octubre de 2014 y 2 de julio de 2015).
Aguilar, A. (1996). Narciso Bassols, pensamiento y acción. Distrito Federal, México: Fondo de Cultura Económica.
Arnaut, A. (1998). Historia de una profesión. Los maestros de educación primaria en México, 1887-1994. Distrito Federal, México: SEP.
Arnaut, A. (1998). La federalización educativa en México, 1889-1994. Distrito Federal, México: SEP/El Colegio de México.
Escalante, P. (2009). Nueva historia mínima de México. Distrito Federal, México: El Colegio de México.
Greaves, C. (1996). Ideas, valores y tradiciones. Distrito Federal, México: El Colegio Mexiquense.
Larroyo, F. (1947). Historia comparada de la educación en México. Distrito Federal, México: Porrúa.
Medina, L. (1978). Historia de la Revolución Mexicana, periodo 1940-1952. Distrito Federal, México: El Colegio de México.
Meneses, E. (1986). Tendencias educativas oficiales en México 1911-1934, Distrito Federal, México: Centro de Estudios Educativos.
Niblo, S. (2008). Mexico in the 1940s: Modernity, Politics, and Corruption. Washington DC, United States: Rowman & Littlefield Publishers.
Ornelas, C. (1995). El sistema educativo mexicano. La transición de fin de siglo. Distrito Federal, México: Fondo de Cultura Económica.
Solana, F. (1982). Historia de la educación pública en México. Distrito Federal, México: SEP/Fondo de Cultura Económica.
Torres, V. (1985). Pensamiento educativo de Jaime Torres Bodet. Distrito Federal, México: SEP/El Caballito.
Zorrilla, M., Barba, B. (2008). Reforma educativa en México. Descentralización y nuevos actores. Sinéctica, 30 (enero-junio). Recuperado de http://www.sinectica.iteso.mx/?seccion=articulo&lang=es&id=441_reforma_educativa_en_mexico_descentralizacion_y_nuevos_actores
[1] Estas cursivas y las posteriores son mías
[2] Cf. Solana Fernando (coordinador). Historia de la educación pública en México. SEP/Fondo de Cultura Económica, México, 1982.
This entry was posted in Educación, Ensayos, Historia and tagged comisión, crisis, desarrollo, educación, enseñanza, estudiante, gremio, Historia, nivel, plan, profesionalización, recurso, salario, SEP, sindicalismo, unidad. Bookmark the permalink.

References: artículo 3
 Artículo 3
 artículo 3
 artículo 3
 Artículo 3
 Artículo 3
 Artículo 3
 artículo 3
 artículo 3