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Timestamp: 2017-06-25 12:04:05+00:00

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Movimiento Tiflológico en el Uruguay: UNCU
Movimiento Tiflológico en el Uruguay
Movimiento Tiflológico en el Uruguay.
En 1892 llega a Montevideo Don Francisco Gatti persona ciega que procede de Italia.
De profesión músico y conocedor del sistema braille, educado en el Instituto para Ciegos Príncipe de Nápoles, intenta en ese año formar la primera escuela para ciegos con el apoyo del Presidente de la República de ese momento, Julio Herrera y Obes.
El día 23 de abril de 1892 queda abierta la inscripción para los alumnos de la escuela de ciegos que funcionaría en el Club Progreso de la Aguada en la calle Panamá Nº 58 (Plaza General Flores).
Se necesitaba una matrícula no menor a 10 alumnos para poner en marcha el proyecto; en razón de que vencido el período de inscripción solo estaban registrados4 alumnos, el proyecto se cayó y el profesor Francisco Gatti, con la frustración a cuestas, se traslada a Buenos Aires.
Luego de este intento surge una iniciativa de Esteban Tuano, persona ciega uruguaya que se educó y capacitó en el Instituto de Ciegos de Milán.
Esteban Tuano tuvo el incomparable mérito de ser el que introdujo y enseñó el sistema braille y dio las primeras clases a las personas ciegas del país.
Si bien este hecho es incontrastable, no es menos cierto que no ha podido ser identificada con exactitud la fecha en que los primeros alumnos comienzan el aprendizaje del sistema braille.
Tal como lo dice el diario “El Día” de fecha miércoles 24 de diciembre de 1913 -recogido el artículo por Enrique Elissalde en su libro “El árbol y su sombra”-, Tuano expresaba: “La escuela de ciegos existe desde 1896. Desde hace 18 años, todos los ciegos que quieran, pueden aprender los conocimientos elementales...”.
Pero el mismo Tuano en una declaración anterior realizada también al diario “El Día” del 22 de junio de 1912 señala: “...En 1905 se creó, en el Asilo de Huérfanos, una escuela para ciegos. Allí enseñé a varios niños...”.
Más allá de esta duda histórica que queda planteada, el hecho concreto fue que las personas ciegas en el Uruguay comienzan su camino en la alfabetización, hacia fines del siglo XIX o principios del siglo XX.
Si bien en 1908 queda claro que fue cerrada la escuela para ciegos donde enseñaba Tuano, por otras declaraciones de él en la prensa de la época, sabemos que continuó con la enseñanza del sistema braille desde su propia casa, donde recibía a los alumnos ciegos.
Este proceso si bien contó con el apoyo de autoridades continuó desarrollándose en forma no oficial. De esta manera, vuelve a enseñarse el braille a través de una Institución con la docencia del mismo Esteban Tuano a partir del 12 de marzo de 1914, cuando se inauguró el Instituto Nacional de Ciegos “General Artigas”.
Casa de enseñanza para Ciegos.
“Vistos la gestión iniciada por la señora Teresa Santos de Bosch, solicitando el concurso del Estado para la fundación en Montevideo de una casa de Enseñanza para ciegos;
Atento a que según se manifiesta, las donaciones ofrecidas por particulares no alcanzan a cubrir las erogaciones que demandará el nuevo centro de enseñanza;
Considerando que hasta tanto no se autorice la creación de un Instituto Oficial, es deber del Poder Ejecutivo cooperar a la realización de las iniciativas como la expresada que representa un progreso sensible en la difusión y perfeccionamiento de la Instrucción Pública Nacional.
Atento además, a que en la propuesta en vista se ofrece la admisión de los ciegos desamparados menores de veinticinco años que el gobierno remita a ese establecimiento, haciéndose cargo el mismo de los ciegos que existan en el Asilo de Expósitos y Huérfanos.
Conceder a la señora Teresa Santos de Bosch, una subvención de 200,00 pesos mensuales, como contribución del Estado a la fundación y sostenimiento de una Casa de Enseñanza para Ciegos en el país. La referida subvención tiene carácter de precaria y revocable y se imputará a “Eventuales” de Instrucción Pública.
Rúbrica del señor Presidente – Baltasar Brum.
Diario “El Día”, Montevideo.
Sábado 27 de diciembre de 1913, página 5.
El 12 de marzo de 1914 abre sus puertas el Instituto Nacional de Ciegos General Artigas, el que estaba ubicado en la calle Vilardebó Nº 92, casi Agraciada.
Lo hizo con 7 personas ciegas: 5 varones y 2 mujeres.
Su primera presidenta fue la señora Teresa Santos de Bosch, quien después de todo el proceso fundacional y de un año y poco al frente del Instituto, deja su lugar a quien fuera la segunda presidenta la señora Carmen Cuestas de Nery.
En 1916 el instituto se muda a la calle 8 de octubre 110, donde continúa la enseñanza del sistema braille y pone en marcha los primeros talleres de escoberíay cepillería, a los que en el transcurso del tiempo se agregarían los talleres de colchonería, tejidos y bordados, entre otros.
El 26 de marzo de 1920, el Instituto se traslada al predio de Camino Maldonado 5745 esquina Libia, era una casona señorial enclavada en un solar de 3,5hectáreas que le fuera adquirido a Don Francisco Piria, siendo el lugar donde funciona al día de la fecha.
Rescatamos un apartado del libro “El árbol y su sombra” que nos parece muy ilustrativo y que estimamos ayuda a conocer enfoques y filosofías implícitas.
Polémica de los orígenes.
Por los tiempos en que “El Día” publicaba esta nota, ya se había iniciado el trabajo de Teresa Santos de Bosch para la fundación del Instituto Nacional de Ciegos. En el mes de octubre de 1913, con motivo del Congreso del Niño, viajó a Buenos Aires y visitó el Instituto Nacional de Ciegos. Cambió ideas con Eva Sanromán, uruguaya radicada en la vecina orilla, que era Directora del mencionado Instituto. Ambas damas coincidieron en la conveniencia de establecer en Montevideo un Instituto similar al de Buenos Aires. Así fue como a su regreso a Montevideo, Santos de Bosch puso de inmediato manos a la obra.
Ya en el mes de noviembre, la prensa se ocupó de su iniciativa. “La Tribuna Popular”, el viernes 14, bajo el título de Casa de Ciegos, informaba: “Relacionada con la magnífica institución a inaugurarse bajo la dirección de la inteligente señora Teresa Santos de Bosch, se nos pide comuniquemos a los asociados que en el correr de la semana empezará el cobro de las cuotas con una orden firmada por dicha señora”.
Pocos días después, el viernes 25, el mismo diario se volvió a ocupar de la “Casa de Ciegos General Artigas”. Bajo este título hizo saber que “Queda abierta la matrícula para la inscripción provisoria de alumnos y la lista de donaciones y de socios protectores cuya cuota mensual es de un peso, en la calle 18de Julio 917, de 11 a.m a 1 de la tarde”. Y se aclaraba: “El Banco de Cobranzas está debidamente autorizado para efectuar la cobranza de las cuotas sociales no existiendo listas ni otros cobradores”. Especial énfasis se ponía en informar que “Quincenalmente se publicará el balance por los diarios de la capital e interior”.
Seguidamente se presentaba el “Estado quincenal” con el nombre, apellido y donativo de 21 personas que en su conjunto, habían aportado pesos 343,16.
Con respecto a los alumnos inscriptos provisoriamente, sólo figuraba uno: Julio Frioni.
Vale la pena recordar que precisamente Frioni, desde las páginas de “El Día” (15 de junio y 4 de julio de 1912), había reclamado al Presidente Batlle una escuela oficial “no un asilo o un hospital de ciegos”.
Un fuerte convencimiento.
Al poner en marcha los mecanismos para crear al Instituto, lo cierto es que tanto Santos de Bosch como Eva Sanromán, estaban convencidas de que, hasta ese momento, no se había hecho prácticamente nada por los ciegos del Uruguay.
Así lo manifestaron. Estalló entonces una breve polémica con el diario “El Día”, que el jueves 15 de marzo de 1914, recordó “...que los ciegos de nuestro país eran atendidos hacía veinte años por el profesor Tuano”.
Una extensa carta con sorprendentes conceptos...
También en esa edición, “El Día” publicó “una carta de nuestra compatriota, señorita Eva Sanromán, en la que encomia con justicia la loable iniciativa de la señora Teresa Santos de Bosch de fundar “La casa del ciego” entre nosotros”. En un pasaje de esta extensa carta, la Directora del Instituto de Buenos Aires decía “...impidamos que muera al nacer esa “Casa de los Ciegos General Artigas”. Y de un modo rotundo, (sorprendente por los conceptos de integración y sociedad), afirmaba Sanromán: “Nuestro país requiere un Instituto perfectamente organizado cuya acción benefactora asegure la integración del ciego a la sociedad como elemento útil al progreso y a la civilización...”
Polémicas aparte relacionadas con los orígenes del instituto, como así también los intentos realizados desde el Parlamento Nacional por el representante Dr. Joaquín de Salterain que procuró que el Estado se hiciera cargo de la atención de las personas ciegas sin obtener éxito; lo cierto es que el InstitutoArtigas desde su fundación y por más de 62 años, fue conducido por Damas de la alta sociedad que establecieron los criterios y objetivos a seguir, losque más allá del acierto o el error, siempre estuvo claro que no eran tenidas en cuenta las opiniones y reclamos de los propios interesados.
Estos hechos sin embargo no pueden ser motivo para no reconocer que esa Casa fue el lugar de residencia, de educación y preparación en determinados oficios, para un número importante de personas con discapacidad visual, muchas de las cuales, luego de obtenida su autonomía económica y alejadas de la vida institucional, continuaron como mujeres y hombres integrados a la sociedad y en mérito a lo que habían recibido durante su estancia en el Instituto.
Irregularidades de carácter administrativo y contable promovieron que el Poder Ejecutivo de la República a través del Ministerio de Salud Pública decretaran la intervención del Instituto en noviembre de 1976.
Una inexplicable prolongación en el tiempo de dicha intervención, dio como resultado que distintas actividades y programas destinados a la población residente y de carácter externo, fueran decayendo sensiblemente. No menos de cinco interventores han pasado a lo largo de todo este tiempo.
Sin establecer un juicio de valor en todos los hechos ocurridos prácticamente en los últimos 30 años, sí se puede definir con claridad cómo estaba, dónde está y hacia dónde se encaminaría el Instituto Artigas.
Desde el 21 de marzo de 2001 y hasta el 13 de octubre de 2005 la dirección interventora de ese período tuvo como objetivo central, devolver en el menor tiempo que le fuera posible, el Instituto Nacional de Ciegos General Artigas al ámbito privado como una asociación civil sin fines de lucro, a través de una actualización y modernización de sus estatutos.
Se encontró un Instituto con notorios atrasos en el pago de los sueldos a sus funcionarios y a diversos acreedores; un total desdibujamiento de los objetivos, alcances y programas; a lo que se debe sumar un lamentable estado de toda su planta física, por una absoluta falta de mantenimiento y cuidado, sin dejar de lado el deplorable estado de abandono de los espacios abiertos y verdes.
Hasta diciembre de 2005 se había regularizado la situación administrativa, saneados los aspectos económicos y contables, a través de un firme trabajo, lográndose la concreción de trámites judiciales y extra judiciales que estaban detenidos en los juzgados desde hacía 4 a 8 años. Como se fueron incorporando recursos económicos genuinos destinados al plan de inversiones, se pusieron en marcha obras, quedando prontos ya el primer y segundo nivel del edificio central, así como un rediseño de los espacios abiertos y verdes que le dieron una nueva imagen y escenario a la institución.
Desde el punto de vista técnico, se buscó que el Instituto desarrollara actividades complementando las ya existentes en otras instituciones del país. De esta manera, el 20 de junio de 2002 se puso en marcha un programa de atención a jóvenes y adultos ciegos y con baja visión con otras disminuciones asociadas.
También en agosto de 2002, se puso en marcha otro programa de labor terapia dirigido exclusivamente a las personas residentes.
Las acciones futuras se orientaban al cierre de este informe a encontrar el perfil de quienes constituirían la población residente permanente, se habilitó el hospedaje circunstancial para personas del interior que debieran llegar a la capital por tiempo breve, por razones de trámites o salud; se habilitaría el alojamiento temporal para estudiantes del interior del país que deban permanecer en Montevideo por razones de Rehabilitación o Formación.
Se comenzaron nuevas obras que modificaron el diseño y estructura antigua e inapropiada que tenían los pabellones-dormitorio, implantando una concepción moderna en las condiciones de hospedaje.
Dada la muy buena situación económica financiera que había alcanzado el Instituto, se comenzaba a trabajar en las posibles formas y vías para entregar la conducción del mismo a nuevas autoridades para su retorno pleno al ámbito privado.
Biblioteca Uruguaya para Ciegos.
Bajo el lema “IGUALES POSIBILIDADES DE VIDA Y DE PROGRESO PARA TODOS LOS HOMBRES”, a través de la Dirección de la Biblioteca Pedagógica Central, que consideraba un acto de justicia y no de caridad establecer un servicio para las personas ciegas, tiene lugar la creación de la Biblioteca Uruguaya para Ciegos, la primer Biblioteca oficial en América Latina que atendería a este tipo de público.
La creación de la Biblioteca para Ciegos había sido una aspiración de las autoridades de Enseñanza Primaria como respuesta concreta a las necesidades específicas de un importante grupo de nuestra población.
Hacer llegar al lector ciego los libros, era cumplir con un compromiso cultural y social muy importante, ya que estaba enmarcado en una concepción igualitaria entre los individuos.
Concebida de esta manera la idea –puesto que la ceguera no disminuye en absoluto las facultades mentales del hombre-, el 15 de junio de 1928, el Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal en apartado IV, Art. 27, 28 y 30, resolvía:
1.1. Resolución aprobando el Reglamento General de la Sección Biblioteca de la Corporación del Consejo Nacional de Enseñanza Primaria y Normal.
Artículo 27- “En lugar apropiado de la Biblioteca se establecerá una Sala de Lectura para ciegos, permaneciendo abierta para todos aquellos que deseen utilizar sus servicios”.
Artículo 28- “Cuando la Biblioteca cuente con recursos suficientes, se establecerá anexo a esta Sala, un curso de lectura para ciegos, atendido por un profesor competente, el que estará obligado a enseñar a leer al ciego analfabeto que demande sus servicios y a perfeccionar y orientar en la lectura a los demás clientes de esta Sección que así lo pidieren”.
Artículo 30- “Si la Dirección lo creyere conveniente y oportuno, la Biblioteca para ciegos podrá ser circulante”.
1.2. Creación de una Sección para Ciegos.
A fines de 1928, el Director de la Biblioteca Pedagógica Central, Sebastián Morey Otero, realizó una serie de gestiones con el objetivo de organizar una sección de libros y piezas musicales escritos en el sistema Braille.
Para ello se solicitó orientación a la Biblioteca Argentina para Ciegos, la cual no solamente donó equipos Braille, cuadernillos y una colección de obras, sino que también designó a la Sra. Mary B. Harting como delegada en nuestro país.
Ésta convoca a las damas de nuestra sociedad, quedando formada así una Comisión de Señoras, quienes colaboraron con gran entusiasmo en la tarea de escribir en sistema Braille libros para dicha Sección.
1.3. Resolución reglamentando el funcionamiento de la Biblioteca para Ciegos anexada a la Biblioteca de la Corporación.
La Biblioteca Uruguaya para Ciegos quedaba así inaugurada, gracias a la iniciativa oficial, pero apoyada por la acción privada, ya que según expresiones públicas del Director Sebastián Morey Otero, “una biblioteca para Ciegos es un instrumento de justicia social y que junto al apoyo del Estado debe figurar la cooperación privada como un aspecto de solidaridad”.
A principios del año siguiente, se aprueba la reglamentación del funcionamiento de la Biblioteca para Ciegos, que establecía lo siguiente:
Montevideo, 16 de mayo de 1929
El Consejo de Enseñanza Primaria y Normal
Apruébese la siguiente reglamentación propuesta por el señor Bibliotecario de la Corporación para la Biblioteca Uruguaya para Ciegos.
Firman: Eduardo Acevedo y Víctor Stewart.
Años más tarde, en junio de 1933, el entonces Director de la Biblioteca Pedagógica Central, Roberto Abadie Soriano, presentó ante el Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, un proyecto para la creación de la Sección Biblioteca para Ciegos, fundamentada de la siguiente manera:
1- La Biblioteca para Ciegos dependería en lo técnico y en lo administrativo de la Biblioteca Pedagógica Central.
2- Tendría carácter circulante y trataría de servir al lector en su propio domicilio.
3- El encargado de esta Sección sería una persona ciega.
4- Además de las obligaciones de su cargo, el Encargado tendría la obligación de enseñar la lectura y la escritura del Sistema Braille a un grupo de personas ciegas analfabetas.
5- La Dirección de la Biblioteca Pedagógica seleccionaría las obras que se harían copiar en Braille, de acuerdo al siguiente plan:
a) Confección de libros de lectura en forma mixta, es decir, en sistema Braille y en tipos de imprenta, con el fin de dotar al país de un material didáctico original, que permitiera después a cualquier vidente enseñar a leer y escribir a las personas ciegas.
b) Serie de textos de enseñanza primaria.
c) Serie de textos de enseñanza secundaria y normal.
d) Obras de divulgación científica, artística y literaria.
e) Obras musicales, etc., etc.
6- La Dirección de la Biblioteca Pedagógica tendería por todos los medios, a que esta Sección se convirtiera en su lugar de reunión y de actividad intelectual para las personas ciegas, llegando hasta la fundación de una revista en Braille, que permitiría la colaboración de todos aquellos ciegos que quisieran trabajar en ella.
7- El cargo de Encargado de la Sección para Ciegos sería previsto mediante concurso de oposición.
2.1. Bases para el Concurso de Oposición para proveer el cargo de Encargado de la Sección para Ciegos.
1º. Un ejercicio de redacción en Braille.
2º. Un ejercicio de dactilografía.
3º. Una disertación oral sobre literatura española y nacional.
4to. Un trabajo escrito sobre la organización que debería darse a la Biblioteca para Ciegos.
2.2. De la Biblioteca Uruguaya para Ciegos a la Biblioteca para Discapacitados visuales.
La Biblioteca Uruguaya para Ciegos, en un principio funcionó en el local Central hasta 1956, año en que se traslada al Instituto Nacional de Ciegos “General Artigas” (Camino Maldonado), debido a que en dicha Institución se concentraba la mayor cantidad de personas ciegas existentes en el país.
Tal decisión contó con la oposición de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, ya que consideraban que las mismas eran capaces de desplazarse hacia el Centro por su estratégica ubicación geográfica.
No obstante ello, la Biblioteca Uruguaya para Ciegos pasó a funcionar en forma experimental por un año en el local asignado, prolongándose su permanencia allí por varios años más.
En el mes de mayo de 1981, se traslada por tercera vez, en esta oportunidad a la calle Soriano 1658, subsuelo del edificio de las Escuelas Nº 12 y 134.
La Biblioteca Uruguaya para Ciegos comenzó a realizar una extensión de su labor, abarcando también a aquellas personas que tenían baja visión.
En virtud de ello la Dirección de la Biblioteca solicitó a las autoridades el cambio de su nombre, y es así que el 8 de mayo de 1987, el Consejo de Educación Primaria resolvió designar a la Biblioteca con el nombre de Biblioteca para Discapacitados Visuales.
Esta Biblioteca habría de continuar con los lineamientos previamente establecidos, permaneciendo en ese lugar hasta diciembre de 1995, momento en que se adjudica su local propio e independiente en Zufriategui 990 bis, predio en el que también funciona la escuela Nº 198para discapacitados visuales.
Objetivos y actividades hoy.
Informar, formar, educar, recrear de manera que la persona discapacitada visual tenga la posibilidad de elevarse intelectualmente para poder ser partícipe activo en la sociedad en la que vive.
Brindar asesoramiento técnico-docente a los docentes que atienden a las personas ciegas.
Extender la red de comunicaciones de la biblioteca con las otras instituciones a nivel nacional e internacional.
Participar en acciones coordinadas con la central, tendientes al mejoramiento del servicio.
Líneas de acción, actividades:
1) Cursos varios: Computación (Jaws for Windows, braille hablado).
Sistema de lectoescritura braille.
Solfeo y musicología braille.
Apoyo en expresión oral y escrita a personas que por distintos motivos están fuera de la educación formal.
2) Transcripción de distintos textos al sistema braille.
3) Préstamo: en sala:
Correo interior y exterior.
4) Grabación en casetes de material no impreso en braille, en los casos en que el estudiante necesita el material en forma rápida y urgente.
5) Lectura en sala del material en tinta, realizada por funcionarios videntes.
6) Procesos técnicos.
En la actualidad, se trabaja con el sistema de clasificación Morey-Otero. Se está estudiando la posibilidad de la automatización de la misma que conllevará el cambio de clasificación. Estas acciones se concretarían a través del apoyo que pudiera brindar la Escuela de Bibliotecología.
7) La Institución constantemente se conecta con distintas organizaciones e instituciones tales como: Fundación Braille del Uruguay, Fundación de Leones, Club de Rotarios y los Centros Educativos y de Rehabilitación para Ciegos del Uruguay, así como organizaciones del exterior (Once, Force, Biblioteca Argentina para Ciegos, etc.), con el fin de obtener apoyo en las distintas áreas, ya sea a nivel tecnológico o en el área de la tiflología. Se obtuvieron así computadoras, impresoras braille y un scanner hablado Galileo.
Si bien se puede afirmar que la alfabetización de las personas ciegas se inicia hacia fines del siglo XIX y que luego a partir de 1914 surge la primera institución de carácter asilar, educativo, de capacitación y trabajo, no se puede desconocer que en aquel entonces predominaban muy fuertemente los criterios de asistencialismo y patronatos, envueltos por un fuerte sentimiento de caridad, donde si bien las personas ciegas recibían servicios, no es menos cierto que los mismos eran permanentemente objeto de las ideas, enfoques y criterios que imponían dirigencias de personas que pensaban y decidían qué era y dónde estaba lo mejor para quienes no veían. Muchas veces las arbitrariedades estuvieron presentes para sancionar o expulsar a las personas ciegas de los servicios de aquella época.
Tuvieron que pasar muchos años, para que los intentos de organizarse las personas ciegas dieran sus frutos en la primera mitad del siglo XX. Estos intentos fueron varios, pero fallidos. Los mismos pudieron recién cristalizarse a través del surgimiento el 29 de abril de 1950, de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, institución que bajo el lema “POR LOS DERECHOS DEL CIEGO”, comienza sus acciones desde su primera sede ubicada en el Prado, en lo que se conociera con el nombre de calle Costanera, en un edificio cedido en comodato por el Municipio de Montevideo. Desde allí comenzó el movimiento reivindicador de las personas ciegas del Uruguay, en pro del respeto y la dignidad, luchando para que se oficializara la educación y por la incorporación de los programas de rehabilitación.
Fue una dirigencia de personas ciegas que generaron ámbitos de discusión hacia dentro y fuera de la institución; fue una dirigencia que la perspectiva del tiempo transcurrido, permite identificar como un grupo con visión y proyección.
A diferencia de lo que sucedía en otros países, la dirigencia uruguaya busca abrirse a trabajar y convencer a las autoridades públicas de cuáles son las necesidades más imperiosas de este colectivo.
Por esto no es casualidad que en el surgimiento de la oficialización de la educación en marzo de 1958 y del ingreso de la rehabilitación en 1962, la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay tuviera un papel tan protagónico para la obtención de estos logros, de la misma manera que apoyó y gestionó distintas becas para que docentes de la educación y técnicos en rehabilitación pudieran salir del país para especializarse.
Otra línea de acción fue introducir la primera imprenta braille al país desde la cual editó diversos materiales, destacándose la revista “Horizontes”, ampliamente conocida y reconocida a nivel nacional e internacional.
En los primeros años de la década del ’60, con motivo del surgimiento de dos importantes instituciones como la Escuela Especial para Discapacitados Visuales Nº 198 y el Centro de Rehabilitación para Ciegos “Tiburcio Cachón”, comienza también paralelamente la movilización de otros agentes sociales que intentan construir otras organizaciones.
Si bien las mismas tuvieron una vida efímera, no es menos cierto que existieron informalmente y provocaron acciones, encuentros y discusiones en pro del colectivo.
Es así que se puede mencionar la asociación de Copistas Braille “Santa Lucía”, integrada por personas videntes que dedicaban su tiempo a la copia de libros al sistema braille. Intervenían fundamentalmente damas que obtenían como otros colaboradores a reclusos quienes desde sus celdas también realizaban esta tarea.
La Sociedad de Ciegos Cristianos constituida por un pequeño grupo de personas ciegas acompañadas de videntes que, partiendo de sus concepciones religiosas, también buscaban mejorar las condiciones reinantes.
La Asociación de Ciegos “La Brújula” surgió en 1963, con personas ciegas egresadas del Centro Cachón. Trabajó durante 5 años aproximadamente, y no se conoce que se haya formalizado, aunque funcionó con los lineamientos propios de una organización de personas ciegas.
También existió el grupo “Copigüi”, conformado por damas miembros de la Asociación Cristiana Femenina, dedicadas a la copia de libros en braille.
En el año 1964 estas “Instituciones” mencionadas y las autoridades de la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay intentan crear un grupo de trabajo coordinado, a efectos de conjugar esfuerzos en pro del trabajo por distintos temas importantes para las personas ciegas.
Fue un intento fallido, fundamentalmente por lo débil y minúsculo de algunos de estos movimientos, donde la condición de no formales abortó la iniciativa.
Puede decirse que en 1968 ya no existían estos agrupamientos, quedando firme en su lucha la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay.
Puede señalarse que fue en este proceso histórico ubicado entre los años 1962 y 1968, cuando surgió el primer intento de aproximación Interinstitucional.
Así con distintos altibajos continuó su marcha la UNCU, transitando por etapas de fecundo trabajo en ro del colectivos, de la misma forma que supo vivir momentos de tal crisis que la puso al borde de su disolución.
Pero como suele suceder surgió un grupo de asociados que luego de varias reuniones logran que la Unión se mantenga en pié.
Fue así que se designó una comisión provisoria a los efectos de reordenar la casa y poder llamar a elecciones.
A partir de ese momento se puede decir que la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay comenzó una nueva etapa que incluyó la venta de su vieja sede de la calle 21 de setiembre para poder de esa forma acceder a un nuevo local como único propietario e instalada en el centro de Montevideo.
Junto con el nuevo local llegaron nuevos dirigentes que procuran darle a la institución una nueva proyección.
Se oficializa la educación para las personas ciegas en el Uruguay.
Si bien la alfabetización de las personas ciegas se inicia a fines del siglo XIX con el maestro Esteban Tuano y luego continúa desde las aulas del Instituto Nacional de Ciegos “General Artigas”, lo cierto es que recién el día 10 de marzo de 1958 se establece la resolución del Ministerio de Instrucción Pública, al frente del cual estaba el Profesor Pivel Devoto, por la que se oficializa la educación para las personas ciegas.
La puesta en marcha de esta educación se concreta en setiembre del mismo año, creándose un aula especial en la escuela Nº 31 “Piedra Alta”, al frente de la cual estuvo la maestra María Antonia Minteghi de Olhagaray, siendo la primera alumna la joven Elsa Besa.
Escuela para Discapacitados Visuales Nº 198.
En noviembre de 1962, el Consejo de Educación Primaria arrienda una muy atractiva casona en la zona de Pocitos, más concretamente en 21 de Setiembre 2708,donde se inaugura la primer escuela especial para personas ciegas, cuya dirección le fue otorgada a la maestra María Antonia Minteghi de Olhagaray. Esta persona realiza su especialización en la República de Chile también en el año 1962, con una beca gestionada por la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay y otorgada por la Fundación Americana para Ciegos de Ultramar.
Posteriormente, en el año 1967, esta escuela se traslada a un edificio propio ubicado en Zufriategui 990, en la zona de Paso del Molino. A partir de 1972comienza la construcción del nuevo local escolar en el mismo predio, el que luego de un proceso de varios años fue finalizado y es el que en el día de hoy podemos conocer.
La escuela para Discapacitados Visuales Nº 198 tuvo la particularidad de brindar residencia a los niños procedentes del interior. De esta forma se abrió la posibilidad de que accedieran a la educación, lo que si bien cuantitativamente no fue un número importante, este hecho que conllevó las dificultades propias de los traslados, la distancia entre el niño y su familia, fue promoviendo inquietudes, evaluaciones de situación. Dicho de otra manera, visualizarlos inconvenientes del desarraigo, dio como resultado que, luego de aproximadamente 20 años, se iniciara una descentralización educativa.
El 18 de abril de 1911, Tiburcio Cachón hacía testamento, ante el escribano público Osvaldo Acosta. Nacido en el Departamento de San José, soltero y con setenta años de edad, Tiburcio Cachón abría, con tal testamento, un capítulo en la historia de los ciegos uruguayos. A tales efectos, importaban los puntos 3 y 4 de este documento. Así, en la parte Tercera, expresaba: “Lega a su hermana Doña Leonor Cachón de Correa, por toda su vida, el usufructo de sus bienes raíces”, mientras que aclaraba en la parte Cuarta: “Declara que es su voluntad que al fallecer su referida hermana, la Asistencia Pública Nacional o Institución que haga sus veces, reciba todos los bienes raíces del Exponente y construya en las inmediaciones de la Ciudad, un Asilo para Ciegos”.
Empiezan las consultas.
Un año después de expresada la voluntad de Cachón, su legado comienza a ser noticia.
“La Tribuna Popular” se ocupó del tema en abril y mayo de 1912. El jueves 11 de abril, con el título de “El donativo Cachón - Una consulta”, informaba que “La Dirección de la Asistencia Pública se ha dirigido al Consejo, consultando si se puede aceptar la donación hecha por el señor Tiburcio Cachón, de la propiedad de todos sus bienes avaluados en un millón de pesos, en vista de que existe la cláusula de que sólo debe destinárselos a la instalación de un Hospital de ciegos”.
El 11 de mayo volvía sobre el tema. Destacaba que la Dirección de la Asistencia Pública “Opina que se podría respetar la voluntad del donante, aceptando la condición y mandando a construir un asilo de ciegos, donde se pondría anexa clínica de oftalmología, tal como existe en el Hospicio Nacional Quince-Vingtsde París”.
Y se agregaba: “Termina exponiendo que podría también instalarse una escuela para niños ciegos, donde las criaturas de ambos sexos recibieran una esmerada educación”.
“El Día”, por su parte, el martes 18 de junio de 1911, aseguraba que el Director de la Asistencia Pública “... ha creído conveniente que esa institución a crearse no se limite únicamente a un Asilo de Ciegos y proyecta un Instituto de Ciegos que comprenderá un Hospital, un asilo encargado de recoger a los ciegos y, finalmente, una escuela destinada a la educación e instrucción de los mismos”.
Sobre este legado, hubo tempranamente, puntos de vista opuestos: Mientras que Scosería (Director de la Asistencia Pública de ese entonces), esperaba que solucionara los problemas del ciego, Sanromán aconsejaba que no se dilatara la atención al ciego en espera de los posibles beneficios que algún día, pudiera dar este legado.
Lo cierto es que hubo que esperar hasta mayo de 1962. A medida que transcurrió el tiempo, la polémica fue más grave y los perjudicados fueron los ciegos.
Una sutil muralla cercó al legado que durante cincuenta años dio mucho que hablar, pero ningún fruto a las personas ciegas.
Más allá de todas las polémicas y de casi medio siglo de discusiones y de espera, luego de que en los años 1960 y 1961 se iniciaran las reuniones para poner en práctica el legado Tiburcio Cachón, en esas reuniones donde participaron el Ministro de Salud Pública del momento, Dr. Carlos Estaliano, además del Dr. Elbio Fernández Capurro, junto con representantes de la Fundación Americana para Ciegos de Ultramar, fue cobrando fuerza y forma la idea de introducir en el Uruguay la nueva corriente de atención para personas ciegas. En este proceso supo estar y participar, a través de sus dirigentes, la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, en un hecho poco común y muy distinto al que se vivía en otros países, donde las organizaciones de las personas ciegas de una manera u otra se oponían al ingreso de la rehabilitación.
La visión y adhesión de aquella dirigencia de personas ciegas encabezadas por el señor Walter Serrat colaboró de manera muy importante en aquel proceso y tendrá un momento decisivo en el mismo, cuando postula y beca para que concurra a los Estados Unidos de América al señor Homero de Gregorio, persona ciega que viajo aquel país para rehabilitarse y capacitarse como asesor técnico y desempeñarse desde ese cargo en la futura institución que comenzaría a funcionar en el país.
Centro de Rehabilitación para Ciegos “Tiburcio Cachón”.
El día 2 de mayo de 1962, abrió sus puertas el Centro de Rehabilitación para Ciegos “Tiburcio Cachón”. Fue el primer centro en el país y en Sudamérica en poner en marcha programas de autonomía personal, capacitación e integración.
Recogía los últimos conceptos, alcances y filosofías de la rehabilitación que a mediados de los años ’50, puso en marcha los Estados Unidos de Norteamérica, como una forma de dar respuesta a los veteranos de guerra.
Bajo la dirección del Doctor Elbio Fernández Capurro, y con la asesoría técnica de una persona ciega, el señor Homero de Gregorio, se pone en marcha en el Uruguay una de las instituciones que se constituyó en un referente de esta temática y que en el devenir de los años, fue incorporando al programa de rehabilitación, otras actividades como: Taller Laboral Protegido.
El empleo competitivo ya sea en relación de dependencia con un empleador público o privado, o ejercido por cuenta propia es una meta muy anhelada por las personas ciegas y de baja visión rehabilitadas. Pero no siempre todas ellas pueden reunir las condiciones y cualidades exigidas.
Es una realidad insoslayable que muchas personas, por diversas razones tales como la edad, enfermedades u otras limitaciones asociadas, no pueden competir en pie de igualdad; por eso necesitan y merecen tener una oportunidad de trabajo a través de una organización que tome en cuenta las características de cada caso.
En abril de 1965, se puso en marcha un taller laboral que por sus características, es protegido, porque los sistemas de producción, los puestos de trabajo y los niveles de rendimiento, junto con la selección de las tareas, se aplican en función de cada persona.
Para muchos, es el lugar permanente de trabajo, pero también es, para otros, el lugar de paso temporal, mientras esperan una oportunidad en el mercado abierto. Durante este lapso, se ajustan los hábitos laborales y se evalúan la captación, concentración, cumplimiento de órdenes, rendimiento y disposición ante la tarea.
Programa de extensión para adultos mayores.
La tarea de seguimiento de las personas egresadas permitió conocer que si bien muchos adultos mayores vuelven a retomar las tareas en el hogar y otras responsabilidades, hay también muchos que tienen un exceso de horas diarias sin actividades y frecuentemente en medio de la soledad, factores que no generan las mejores condiciones de vida.
Desde marzo de 1975 funciona un programa que brinda a estas personas una motivación para salir de su casa y compartir en grupo actividades manuales, lecturas, música y refrigerios, todo con la orientación y apoyo de docentes especializados que promueven desde estos encuentros, otras acciones sociales que ayuden a mantener o mejorar la calidad de vida.
Sala de recursos tecnológicos.
La importancia y trascendencia del avance tecnológico son una realidad de la cual las personas con discapacidad visual no pueden ni deben quedar al margen; así lo exigen muchos puestos de trabajo y la prosecución de los estudios, tanto en los niveles medios como en los superiores.
Por estas razones, desde junio de 1998 se dictan cursos que permiten el acceso a distintas ayudas tecnológicas:
Computación (con programa de lectura oral de pantalla).
Ordenador hablado con teclado Braille, unidad de disquete y su conexión a impresoras Braille y de caracteres comunes.
Máquina lectora con acceso directo a través de lectura oral a publicaciones impresas y su conexión con la impresora Braille.
Es política de la Institución continuar incorporando otras ayudas, que permitan a los usuarios crecer y estar en mejores condiciones para competir en el medio laboral y educativo.
Quienes al finalizar cualquiera de estos cursos de capacitación, aún no tienen su equipo propio, pueden utilizar los de la Institución a través de un mecanismo de préstamo que se realiza en las salas de recursos del mismo Centro.
En el Uruguay se estima que las personas ciegas constituyen el 1.5 por mil del total de la población, mientras que las de baja visión, cuyo porcentaje es mucho más difícil de establecer, pueden llegar a una cifra 3 o 4 veces mayor.
En este colectivo predomina la ceguera y la baja visión adquiridas y las personas adultas mayores, hecho que ha provocado una fuerte demanda por parte de quienes tienen más de 65 años.
En la gran mayoría de estos casos, la discapacidad visual está acompañada de otras limitaciones o enfermedades que no permiten que las personas concurran con facilidad y regularidad a la Institución, pero igualmente tienen y sienten la necesidad de mejorar su calidad de vida.
A partir de abril de 1999, se puso en marcha un programa de atención domiciliaria, llevado a cabo por técnicos especializados que llegan a cada hogar 2o 3 veces por semana, a fin de brindar un entrenamiento básico que responde a cada una de las realidades y necesidades del usuario.
En su entorno natural y con el uso de todos los elementos propios y concretos que lo rodean, el participante aprende técnicas y recursos para resolver con confianza y seguridad las diversas situaciones de la vida diaria, tanto dentro como fuera de su hogar.
Durante este proceso, cuenta con el asesoramiento, orientación y apoyo de los profesionales que en la Institución tienen a su cargo las áreas psicosocial y médica; también se le muestran posibles vías de conexión con otros agentes sociales.
A fin de que cada usuario sienta la proximidad de la Institución, más allá del técnico que le atiende en su casa, se organizan reuniones periódicas de carácter social, donde todos pueden participar acompañados de sus familiares, a quienes se ha ido involucrando y comprometiendo a lo largo del entrenamiento.
La voluntad, la fuerza y el compromiso que ponga la persona ciega o de baja visión, junto con el apoyo adecuado de la familia, da como resultado una mejor calidad de vida para todos.
Fundación Braille del Uruguay.
El 13 de junio de 1978, se inaugura oficialmente con su personería jurídica y estatutos una Institución de carácter privado y sin fines de lucro, que en sus primeras acciones se orientó a facilitar el acceso a la información y la cultura a las personas ciegas.
La Fundación Braille del Uruguay inicia sus actividades a través de su imprenta braille, imprenta que no es otra que la ya existente en la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay.
La Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, crea a esta Fundación, dotándola para ello, con la mitad de su edificio ubicado en la calle 21 de Setiembre 2268,así como también todas las maquinarias, accesorios y elementos de la imprenta braille.
Durante más de 15 años, ambas instituciones desarrollaron sus respectivas actividades en el mencionado edificio de la calle 21 de Setiembre.
Posteriormente, el crecimiento y desarrollo de la Fundación Braille del Uruguay, hizo que adquiriera en 1984 su actual sede en la calle Durazno 1772, como así también a través de un convenio con la Organización Nacional de Ciegos Españoles, accede en el año 1993 al usufructo de las instalaciones que actualmente utiliza en la calle Blanes 1132.
Lo que se inició con una pequeña imprenta braille, cuya producción no iba más allá de una revista trimestral, fue encaminándose poco a poco a la edición moderna y renovada de un número cada vez mayor de títulos diversos, entre los cuales destacaron los libros infantiles, premiados internacionalmente.
Con el transcurso del tiempo, el surgimiento de nuevas necesidades y demandas de las personas con discapacidad visual, fue llevando a la Fundación Braille del Uruguay a poner en marcha otros programas.
De este modo, creó el Servicio de libro hablado el 13 de junio de 1985, alcanzando en estos momentos un catálogo con 2900 títulos grabados.
Luego crea en octubre de 1989, la Unidad de Atención Temprana, abriendo las puertas de esta manera a la atención de los bebés ciegos y sus familias.
Su crecimiento continúa y el 13 de junio de 1993 pone en marcha la Unidad de Rehabilitación Visual, programa dirigido a la atención de las personas con baja visión.
Más recientemente, a través de un convenio con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Fundación Once para la Solidaridad con las Personas Ciegas de América Latina (FOAL), la Fundación Braille del Uruguay pone en marcha en marzo de 2001, el Programa “Integra” cuyo objetivo es específicamente la capacitación e inserción laboral de las personas ciegas y con baja visión. Este Programa también prevé el dictado de cursos para la formación de dirigentes ciegos, como una forma de promover el fortalecimiento de las organizaciones de y para ciegos.
Se hace importante destacar en estos momentos, que la Imprenta Braille de esta Fundación, es sin lugar a dudas la más importante en América Latina, no sólo por su infraestructura tecnológica, sino también por la cantidad de títulos que publica regularmente y la amplia cobertura de los mismos, que son distribuidos en forma gratuita entre lectores en el plano nacional y a lo largo y ancho de América Latina y España.
Escuela para Discapacitados Visuales Nº 279.
El Consejo de Educación Primaria, a través de la Inspección Nacional de Educación Especial, avanza en la política de facilitar el acceso a la educación de los niños ciegos y con baja visión, y en tal sentido, el día 27 de marzo de 1985, se inaugura la segunda escuela especial en Montevideo, estando esta ubicada en la zona este del departamento en clara oposición geográfica a la existente hasta ese momento en la zona oeste.
De esta manera, no sólo se aumenta la capacidad de atención, sino que se consolida un proceso y una política que apuntó a la integración escolar en las escuelas comunes, de todos aquellos niños que reunieran las condiciones y capacidades para tales efectos.
La escuela para Discapacitados Visuales Nº 279, ubicada desde sus orígenes y hasta la fecha en la calle Ricardo Palma 3375, inició su tarea tan sólo con6 niños, número que rápidamente se fue incrementando, llegando en estos momentos a tener casi la misma cantidad de alumnos en sus aulas especiales, como integrados en las aulas comunes.
El primer lustro de los años ’80, permitió, a través de un curso de especialización para maestros, que éstos se prepararan específicamente para educaren el área de la ceguera. De esta forma se constituyó el primer grupo de docentes especializados en el país y si bien hubo docentes que a partir del año1962 alcanzaron sus especializaciones, no es menos cierto que las mismas fueron obtenidas en el exterior.
Como fuera señalado páginas atrás, nuestro país inició a partir del año 1992 un proceso de descentralización de la educación, constituyéndose poco a poco una red de aulas especiales para niños ciegos y con baja visión que funcionan generalmente en escuelas comunes.
De tal forma, se ha ido facilitando el acceso de los niños a estas aulas especiales y en muchos casos se ha proyectado a los mismos a una integración en escuelas comunes.
En estos momentos dicha red está constituida por aulas especiales en las siguientes ciudades: Paysandú, Dolores, Tacuarembó, Rivera, Durazno, Maldonado, Fray Bentos.
Asociación Cultural y Social Uruguaya de Ciegos.
Repitiéndose un hecho ya acaecido entre los años 1963 y 1964, impulsado por personas egresadas del Centro de Rehabilitación “Tiburcio Cachón”, el 17 de enero de 1984 se constituye la Asociación Cultural y Social Uruguaya de Ciegos cuyos fundadores fueron personas ciegas y con baja visión junto con personas videntes (familiares, técnicos y docentes).
No escapa cual fue la razón básica de su nacimiento desde los alcances que promueve su propia nominación como una Institución dedicada fundamentalmente a promover aspectos culturales y sociales entre sus afiliados.
Este hecho se debió a que ya existía en el país otra organización de personas ciegas dedicada fundamentalmente a los aspectos políticos gremiales reivindicativos.
Por lo tanto, se procuró no colisionar ni duplicar esfuerzos, sino por el contrario, cubrir con el surgimiento de la nueva Asociación, otros espacios que se consideraron necesarios.
El devenir de los acontecimientos en los últimos años, quizás fue modificando aquellos alcances originales, pero en razón de que todos estos hechos son históricamente muy recientes, queda abierta la discusión si al día de hoy las dos organizaciones de personas ciegas que existen en Montevideo no entraron a colisionar y a superponerse en sus esfuerzos.
Se hace necesario mencionar algo de la realidad existente en el interior del país con relación a las organizaciones de personas ciegas. En este sentido, son muy pocos los departamentos que han podido formalizar el surgimiento de estas asociaciones. Es así que se puede mencionar a la Asociación de Ayuda al Discapacitado Visual (ASADIVI) de Paysandú y la Asociación Internacional de Ciegos Rivera - Livramento en Rivera.
Si bien han sido muchos los intentos por organizarse de las personas ciegas y con baja visión en el interior del país, lo cierto es que sin dejar de reconocer que en algunas ciudades hay grupos de personas que se reúnen y trabajan sin estar formalizados, no es menos cierto que en este tema el Uruguay tiene un déficit a corregir.
En este marco de intentos y esfuerzos, cave señalar las iniciativas de distintas Intendencias Municipales, las que a través de sus oficinas de desarrollo cultural, fueron generando distintos servicios.
En efecto, a través de bibliotecas braille y casas de cultura se han proyectado diversas acciones en pro de este colectivo, y es así que se pueden mencionarlas gestiones impulsadas por las Intendencias Departamentales de Tacuarembó, Maldonado, Florida, Montevideo.
Buscando la unificación.
Entre los años 1992-1993 comienza un proceso que busca aproximar a las Organizaciones De y Para personas ciegas, esta tarea la inician la Unión Nacional de Ciegos del Uruguay, la Asociación Cultural y Social Uruguaya de Ciegos y la Fundación Braille del Uruguay, un tiempo más adelante se incorpora el Centro de Rehabilitación para Ciegos “Tiburcio Cachón”. De esta manera se estaba generando un ámbito de conversaciones del que participaban dos Organizaciones De y dos Organizaciones Para, si bien el proceso se caracterizó por ser un tanto lento y rodeado de ciertas dificultades, no se puede negar que esas cuatro Instituciones se transforman en un importante motor en pro de la unificación.
Conforman así lo que se dio en llamar la Coordinadora Uruguaya de Instituciones De y Para Ciegos (CUIC), una de las conclusiones importantes a las que arribaron fue que se debía de abrir este espacio para la incorporación de las demás Instituciones existentes tanto públicas como privadas.
Fue así que se convoca a participar sin exclusiones a todas las Instituciones para organizar el Primer Encuentro Nacional Uruguayo de personas Ciegas.
Luego de un arduo trabajo se concreto en setiembre de 2000 la realización de dicho evento que dio como resultado un conjunto de conclusiones y recomendaciones muy trascendentes en la vida de quienes integran este colectivo.
Entre esas resoluciones se destacó la voluntad de generar a través de la Coordinadora Uruguaya nuevos ámbitos de encuentro y trabajo los que permitieron llegar en estos momentos a estar trabajando en la elaboración de los estatutos para crear la Federación Uruguaya de Instituciones De y Para Ciegos (FUIC),decisión alcanzada por un plenario del que participaron casi la totalidad de todas las Organizaciones del país.
El camino hacia la unificación está abierto, ahora está en manos de todos quienes ocupan cargos de dirigentes y de quienes sin ser dirigentes están involucrados en esta temática, cristalizar en poco tiempo más la puesta en marcha de la Federación Uruguaya que permita que este colectivo tenga de un vez por todas, una voz fuerte y representativa.
Incorporación de un sector que no podía faltar.
En cualquiera de las acciones y programas que se intenten llevar adelante para las personas ciegas o con baja visión, es innegable que la participación de los padres y la familia en estos procesos es un sector fundamental y del cual dependerá gran parte de los éxitos que pueda obtener la persona con discapacidad visual.
Es una historia que comienza en el año 1995, cuando un grupo de padres de niños que asistían a la Fundación Braille mes a mes se reunían con profesionales de la Unidad de Atención Temprana para compartir experiencias, inquietudes e ideas acerca de su problemática común.
Siendo aún tan sólo un grupo de padres, tomaron a su cargo, como una de sus primeras acciones, la primer “campaña de sensibilización a la comunidad” que realizaron con apoyo de la Intendencia Municipal de Montevideo, colocando 4000 adhesivos referentes al trato con la persona ciega, en el transporte capitalino.
En el año 1997, se realizó el Primer Encuentro de Padres de Niños con Discapacidad Visual en la ciudad de Canelones.
En 1998, se realizó un segundo Encuentro Latinoamericano de Padres en Montevideo.
De ahí en más fue creciendo la idea y dándose forma a la creación de una Asociación de Padres.
Con mucha fuerza y energía trabajaron para que el 8 de octubre de 1998 se celebrara la Asamblea Constitutiva y nacía así A.P.PE.DI.VI.D.A. (Asociación de Padres de Personas Discapacitadas Visuales y/o con Déficit Asociados).
El 3 de junio de 1999, el Ministerio de Educación y Cultura les otorga la personería jurídica.
Su principal objetivo es: Lograr el máximo desarrollo de las capacidades de sus hijos y luchar por sus derechos y por su plena integración en todos los ámbitos de la vida: Socio afectivo, Educativo, Laboral, Económico, Cultural, Deportivo, Recreativo, Social, etc.
Las actividades que desarrolla entre otras son:
-Talleres para padres y familias con temas elegidos por los mismos como ser:
Sexualidad, orientación y movilidad, integración escolar, los límites, etc.
-Actividades recreativas para los niños y su familia.
-Actividades de recaudación de fondos.
-Banco de datos a nivel nacional. Llevan detectados aproximadamente 300 niños en distintos puntos del país con discapacidad visual y/o déficit asociados.
-Visitan a las escuelas del interior del país donde comparten información con maestros y padres.
-Año a año y de acuerdo a las necesidades que van surgiendo, preparan proyectos los cuales son presentados a una Institución que parcialmente los apoya
Como el Programa Hilton - PerkinsfortheBlind de EE.UU.
El año pasado solicitaron apoyo para la realización de una especialización para docentes y técnicos en el área de multidiscapacidad y para el presente año proyectan la realización de un Encuentro de Padres a nivel nacional.
Abrigan el anhelo de reforzar la Asociación de Padres incorporando a otros padres de familia y poner al alcance de todos el apoyo que A. P. PE. DI. VI.
D. A. Pueda brindar.
Quizás ahora reste dar un paso más incorporando también a padres y familiares de jóvenes y adultos con ceguera y con baja visión adquirida, como una forma de sumar y poner en pie de lucha a quienes rodean y apoyan a este sector de personas con discapacidad visual.
Esta discapacidad nos enseña claramente la necesidad de apoyar y apuntalar a los niños que nacen ciegos como así también a quienes pierden la visión a muy corta edad, de la misma manera que hay una puerta amplia por la cual se están incorporando a este colectivo hombres y mujeres que en algún momento de su vida joven o adulta han adquirido la ceguera o la baja visión
Para los familiares de estos últimos habrá que encontrar el camino y los mecanismos para que se sumen e integren en esta lucha que es de todos.
Asociación de Sordos- Ciegos del Uruguay (ASCUY).
Las personas sordo ciegas en el Uruguay y en el mundo en los últimos años han venido trabajando para marcar con claridad que las personas que viven esta doble disminución ya sea total o parcialmente, constituyen un tipo de discapacidad que es muy distinta a quienes son solamente ciegas o sordas, razón porla cual necesitan y exigen de técnicas, procesos y programas que respondan a su realidad.
Por esta razón sus esfuerzos han estado dirigidos a encontrar la forma de agruparse y luchar por sus necesidades, de esta manera en nuestro país el 27 de diciembre de 1999 se firma el acta constitutiva de la Asociación de Sordo-Ciegos del Uruguay, la que quedará integrada formalmente a la vida institucional el 23 de marzo de 2001 con la obtención de su personería jurídica.
Prof. Ángel Aguirre Patrone
Asistencia y compaginación
Mtra. Ana Laura Aguirre.
Montevideo, 7 de febrero de 2003

References: in fine
 Resolución 

Artículo 27

Artículo 28

Artículo 30
 Resolución 
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