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GUERRA DEL CHACO (1932-1935): CARLOS PASTORE - EL GRAN CHACO EN LA FORMACIÓN TERRITORIAL DEL PARAGUAY, ETAPAS DE SU INCORPORACIÓN / CRITERIO – EDICIONES, Asunción 1989
CARLOS PASTORE - EL GRAN CHACO EN LA FORMACIÓN TERRITORIAL DEL PARAGUAY, ETAPAS DE SU INCORPORACIÓN / CRITERIO – EDICIONES, Asunción 1989
EL GRAN CHACO EN LA FORMACIÓN TERRITORIAL DEL PARAGUAY
ETAPAS DE SU INCORPORACIÓN
CRITERIO – EDICIONES
Diseño gráfico: JAVIER RODRÍGUEZ
1989 (284 páginas)
Presentación, por Domingo Rivarola
- Los límites naturales del Gran Chaco y significado de su nombre
- El Chaco, fuente de producción de carne para el Imperio Incaico y las poblaciones vecinas. Población animal del Chaco
- Naciones que poblaban el Gran Chaco, desde antes de la presencia europea en América
* Versiones de Pedro Lozano, José Solís y Fulgencio R. Moreno
- Itinerario de la penetración española, desde el Cuzco, en el territorio del Chaco
- Penetración en el Chaco, de los europeos que conquistaron el Río de la Plata
- Entrada de los españoles en el territorio de los Chiriguanos
- El Chaco pierde su valor dominante de proveedor de alimentos desde la presencia europea en el Perú y en el Río de la Plata
- Antecedentes del conflicto entre el Paraguay y Bolivia por el territorio del Chaco
1. Protesta del Gobierno boliviano
2. La posesión del Chaco, por las potencias del Río de la Plata, constituye una de las causas de la Guerra con la Triple Alianza.
- Negociaciones diplomáticas entre el Paraguay y Bolivia por la soberanía del territorio del Chaco
(Primeras comunicaciones entre la Asunción y La Paz
- Tratado Decoud-Quijarro
- Acta del Acuerdo con Consejo de Ministros del 22 de octubre de 1879
- Tratado Aceval-Tamayo
* El Centro Democrático y la defensa del Chaco de la penetración boliviana.
* Interpelación del parlamentario liberal, Juan Ascencio Aponte, sobre el tránsito de tropas bolivianas por el territorio del Chaco.
- Texto del Acta del Consejo de Ministros del 17 de febrero de 1887
- Ocupación de Bahía Negra por Bolivia, y su recuperación por el Paraguay
- Presencia de Alejandro Audibert
Cambios en los términos de la defensa del dominio del Chaco por el Paraguay.
- Tratado Ichazo-Benítez
- Acta del Tratado Ichazo-Benítez
- Creación de la Comisión Científica para el estudio de la solución del diferendo paraguayo-boliviano por el territorio del Chaco
- Resultados inmediatos de la prédica de Aléjandro Audibert
- Nota de Cancio Flecha de 1902
Afirmación paraguaya sobre decisión de buscar soluciones al conflicto chaqueño de acuerdo con los títulos exhibidos por las partes.
- Ventas de tierras de propiedad del Estado ubicadas en el territorio del Chaco.
Ventas realizadas en los años 1885 y 1886 en el mercado internacional
- Relación de las tierras enajenadas por el Superior Gobierno en el territorio del Chaco
- Mapa con identificación de los propietarios en 1948 y 2 mapas con antecedentes del mismo (ver en la última página)
- El Gobierno paraguayo plantea la defensa del Chaco
- Reunión de Notables convocada por el Presidente don Emilio Aceval, el 5 de julio de 1902
- Texto del Acta de la Reunión de Notables del 5 de julio de 1902
- Bases sociales y políticas de la administración pública desarrolladas durante los años 1878 a 1894
Organización de la Industrial Paraguaya, La Matte Larangheira y el Banco Mercantil.
Organización del Centro Democrático y la Asociación Nacional Republicana.
- Antecedentes del Golpe de Estado del 9 de enero de 1902
- Sesión extraordinaria del Congreso Nacional del 9 de enero de 1902.
Destitución del mando del Presidente Emilio Aceval.
- Texto del Acta de la Sesión Extraordinaria del Congreso Nacional del 9 de enero de 1902
- Acontecimientos culturales desarrollados durante el Gobierno de
Emilio Aceval.
El Instituto Paraguayo. El Centro Estudiantil del Colegio Nacional de la Asunción.
- Sesión secreta Extraordinaria del Congreso Nacional del 20 de mayo de 1904
El Senador Venancio López da a conocer la situación del Estado paraguayo para la defensa de los intereses de la nación.
- Texto del Acta de la Sesión Extraordinaria del Congreso Nacional del 20 de mayo de 1904
- Paraguay enfrenta la penetración boliviana en el Chaco
Protocolo de 1907.
- Efectos políticos y sociales del Golpe de Estado de 1902
Predominio en el Poder del sector militarista del Partido Colorado.
Desarrollo de la anarquía política. Revolución de 1904 y el Pacto del Pilcomayo
-1904-1912- . Organización moderna del Estado.
- Sesión Secreta del Senado el 24 de mayo de 1927
- Texto del Acta de la Sesión Secreta del Honorable Senado del 24 de mayo de 1927
- Programa de Gobierno de Eligio Ayala para la defensa del Chaco
Desarrollo de la situación en que se encontraba la penetración boliviana en el Chaco en 1924.
- Eligio Ayala: Un nuevo Ministro de Hacienda
Carta de Eusebio Ayala dirigida a Eligio Ayala en ocasión de la incorporación de éste al Gobierno de aquél.
- El mensaje de Eligio Ayala para el Congreso Nacional
- Texto del Documento que Eligio Ayala preparó para ser dirigido al Congreso Nacional al término de su Gobierno
- Apreciaciones finales sobre el tema
Antes que una presentación de un libro, este comentario apunta a tomar como su principal motivación el de referirse a su autor, lo que, por supuesto, trasciende ampliamente los límites del mismo.
En la aparición de cualquier obra de esta naturaleza, se plantean, por lo general, tres diferentes clases de consideraciones: una, el de su contenido o, dicho en términos más convencionales, el "aporte" que ofrece a un determinado destinatario; otra, el autor, cuya figura social no se desliga ni del contenido ni de su contexto histórico-cultural y, por último, el destinatario, receptor de ese hecho que representa el fenómeno autor-obra. Obviamente, el impacto de un libro depende en gran medida de la manera en que se establece esta ecuación. En ese sentido, hay libros que - por la juventud o la poca visibilidad de quien lo escribe- su margen de resonancia depende casi en absoluto de su "contenido" o de "situaciones contextuales", en otros casos, sucede que es la figura social del escritor -y no exclusivamente su aporte intelectual- la que define la resonancia y la significación última de un libro.
Carlos Pastore quizás represente en un máximo grado el caso de una indisoluble fusión entre un notable perfil público y una consagrada actividad intelectual. Con una activa, ininterrumpida y notable carrera política, mantuvo una labor intelectual atenta y persistente en la búsqueda de una comprensión de la realidad nacional. Por ello, no es posible juzgar o encuadrar históricamente un trabajo sin insertarlo en ese horizonte vital que le imprime gran parte de su relevancia.
En lo que al plano intelectual se refiere, la labor de Carlos Pastore ha respondido a tres grandes motivaciones difíciles de soslayar en todo intento de caracterizar el alcance y la influencia de su aporte como un analista comprometido de la realidad paraguaya: en primer lugar, la exaltación de la figura de Eligio Ayala; en segundo lugar, su indeclinable pasión por el estudio de la cuestión agraria y, en tercer lugar el tema de la defensa del Chaco.
Ajeno a la circunstancia de su relación de parentesco, la figura que - como político y como intelectual concita su atención e inocultable admiración- es Eligio Ayala. Cualquiera que haya mantenido con Carlos Pastore una relación de amistad, de trabajo o siquiera de un fugaz diálogo, habrá podido constatar la profundidad de su sentimiento y de su respeto hacia este fascinante y desafortunado estadista. Eligio Ayala fue el paradigma para toda una generación del que fue un componente Carlos Pastore. En él modelaron sus ideales, visualizaron el drama que representa ser encarnación de una ética social y política. También a través de esa figura - tronchada de manera inverosímil- una generación pudo adquirir una lúcida perspectiva de los males estructurales que atenazaban y mantenían en el atraso a la República.
Con la desaparición de Eligio Ayala, inesperada y dramática, fue como la extinción de una enhiesta llama que iluminaba y daba orientación a toda una generación y, por qué no decirlo, un país entero. No en balde, refiriéndose a su muerte otro destacado político e intelectual, dijera: "Cuando desapareció, el faro que nos orientaba se apagó y la nación quedó a oscuras en las horas más difíciles".
A pesar de este afecto coyuntural, hoy día - cada vez con mayor perspectiva y claridad- podemos percibir lo mucho que tuvo de perenne esta vida singular. Carlos Pastore, es una expresión concreta de la indeclinable pervivencia de su influjo, como político y como intelectual.
Sobre este paradigma es que Pastore orienta su propia vida como político y como un consecuente estudioso de la realidad social paraguaya, es decir, relacionando esencialmente lo social y lo político. La política, dentro de este esquema, debe desembocar necesariamente en una praxis cuya finalidad última es la transformación de la sociedad.
No resulta extraño que el principal aporte de Carlos Pastore haya sido - sin desmerecer el valor de este nuevo libro- La lucha por la tierra en el Paraguay. Dicho trabajo no sólo representa el más valioso aporte que nos ha dado Carlos Pastore, sino, igualmente, constituye un hito importante en el desarrollo de los estudios sociales en el Paraguay.
Como es notorio, el tema de la tierra, enlaza estrechamente el pensamiento de Pastore con el legado intelectual de Eligio Ayala. En 1949, se publicó la primera edición de La lucha por la tierra en el Paraguay, sin que pudiera preverse la larga vigencia que tendría como una solitaria visión de la estructura agraria paraguaya. El tema, tanto por las razones antes señaladas, como por sus implicaciones políticas, no eran ajenos a la experiencia vital de Carlos Pastore, cuyo pensamiento se estructura sobre dos ejes fundamentales: por un lado, la convicción de que el desenvolvimiento social paraguayo - incluido su dimensión política- está determinado por el problema de la tierra y, por otro, que la crisis del Paraguay contemporáneo no es posible ser superado si no se consigue arrancarlo de su clivaje histórico colonial.
El libro mencionado representó, además de una correcta lectura de la realidad, una cabal comprensión de sus serias implicancias políticas en un contexto socio-económico travasado por los intereses de un capitalismo salvaje. La tierra constituía el punto clave tanto para el entendimiento de los intereses económicos como del mismo ordenamiento social. Es lo que explica el libro con claridad, configurando de esta forma los parámetros estructurales dentro de los que se demarca la praxis política.
No resulta extraño que no se viera otra alternativa de modernización social sino por vía de una recomposición profunda de la estructura agraria. Sobre este punto, crucial en el bosquejo histórico en que se asienta el pensamiento de Pastore, el mismo ofrece valiosas referencias. Recordando a Manuel Gondra, dice Pastore lo siguiente: “Había llegado el momento de poner en práctica las ideas y planteamientos analizados en las filas partidarias desde fines del siglo XIX... En aquel tiempo, en horas de crisis para su partido -prosigue- había planteado que su reorganización era posible con un programa de `tendencia moderna' que produzca el bienestar material del pueblo mediante la defensa de sus intereses frente a la especulación que realizaba el capital con el trabajo del obrero". Según Pastore, electo Gondra Presidente de la República en 1910, afirmó que en su gestión gubernamental pondría "especial cuidado en el problema social de la tierra, proponiendo leyes que tiendan a facilitar la subdivisión de la gran propiedad e incorporando resueltamente a nuestra legislación del hogar el principio de la inalienabilidad hoy tímidamente insinuado en la fundación de las colonias indígenas, principio que, si bien es cierto, como se ha observado, restringe el crédito personal, en cambio asegura la estabilidad de las familias en las generaciones por venir". Un hecho sustantivo que conviene poner en evidencia es que -apoyado en esas ideas- en 1910, dos diputados, Cleto J. Sánchez y Carlos Pastore, padre del autor comentado, presentaron un proyecto que sirvió de directo antecedente para la sanción, en 1918, de la conocida Ley del Homestead.
En la misma época, recuerda Pastore, Eligio Ayala afirmaba: "que el latifundio en el Paraguay tiene un poder despótico, es la más poderosa defensa del régimen económico feudal y su existencia evita que todas las familias posean tierras para cultivar". Y siempre refiriéndose al pensamiento de Ayala, Pastore apunta lo siguiente: “La falta de casas habitacionales confortables en el campo paraguayo debía imputarse a la defectuosa repartición de la tierra, la inseguridad de la posesión de la misma y el desequilibrio entre la producción de la ganadería y la agricultura, que crea condiciones para un desarreglo económico por la coexistencia de la grande y pequeña propiedad y las deficiencias de las leyes agrarias vigentes" Y concluye, que es "este desequilibrio entre la producción agrícola en pequeñas parcelas y la ganadería extensiva que había concentrado grandes extensiones de tierra en poder de pocos, es una de las causas del éxodo rural".
De alguna manera, esta vertiente de pensamiento - cuyo eje es un selecto grupo de político-intelectuales, como Gondra, Cleto J. Sánchez, Carlos Pastore (padre), Eligio Ayala, etc.- trasciende los mismos límites partidarios y conforma una vigorosa corriente de pensamiento que ocupa todo el horizonte político paraguayo. Precisamente, en la crisis política de la post-guerra del Chaco, uno de los ejes centrales del movimiento antigubernamental es el reclamo por la tierra. De una u otra forma, aún cuando tuviera un carácter espúreo, el populismo corporativista de la década del cuarenta no pudo soslayar esta reivindicación popular.
En este delicado y crítico contexto histórico, es que Pastore encara la discusión del problema de la tierra, en un marco interpretativo más global del desenvolvimiento socio político paraguayo. Por más de tres décadas. La lucha por la tierra en el Paraguay representa prácticamente la única referencia sobre la realidad agraria paraguaya. Es recién a comienzos de la década del ochenta que aparecen -en el marco de una nueva época en la evolución de los estudios sociales en el Paraguay- nuevos estudios e interpretaciones sobre este tema.
Otro aspecto resaltante en la conformación del pensamiento de Carlos Pastore es su visión de la realidad paraguaya como el producto de un devenir histórico que asume ciertas veces una rigidez extremadamente determinista. En ese orden, es notorio que ciertas connotaciones de las teorías evolucionistas organicistas -influyentes en su etapa formativa- y que caló profundamente en muchos intelectuales paraguayos, son las que conformaron los lineamientos centrales de su lógica interpretativa. “La actual situación paraguaya - resalta Pastore en el prólogo de la segunda edición de La lucha por la tierra en el Paraguay en 1972- tiene profundas raíces históricas, en acontecimientos cuyos efectos negativos no fueron superados hasta el día de hoy, entre éstos las relaciones coloniales internas entre guaraníes y europeos impuestas a los nativos por la colonización española, la destrucción y dispersión en cuatro oportunidades sucesivas del sector gobernante de su población, y la conquista por el capital internacional de las fuentes de su riqueza colectiva". Finalmente, reitera en dicho texto que "las relaciones coloniales internas entonces establecidas y vigentes todavía excluyen de los beneficios de la riqueza del país y del progreso de la cultura, la ciencia y la tecnología, a la gran mayoría de la población, manteniéndola sumergida en el sub-desarrollo y al margen de los derechos humanos fundamentales". "Este volumen -concluye Pastore refiriéndose a La lucha por la tierra en el Paraguay- trata de la implantación y desarrollo de las relaciones coloniales internas en el Paraguay y de los términos de las relaciones entre los sectores de su población en el tiempo de la declaración de la independencia del poder español; de la conquista internacional de las fuentes de la riqueza del país producida con la derrota de la Guerra con la Triple Alianza y de los efectos y el estado actual del dominio extranjero en el Paraguay".
Estos dos elementos mencionados como constantes en el pensamiento de Carlos Pastore se enlazan en una concepción esencialmente dialéctica del desenvolvimiento histórico paraguayo y donde es factible reconocer –de acuerdo a este marco interpretativo- por un lado, la incidencia de fuerzas conservadoras que obstaculizan y limitan el avance hacia una sociedad más moderna y, por otro, la existencia de corrientes que impulsan el cambio y la renovación pero que no alcanzan la intensidad suficiente como para quebrar ese estado de estancación que, particularmente en lo político, está sumido el país.
El gran Chaco en la formación territorial del Paraguay representa el trabajo de mayor envergadura que nos ofrece Carlos Pastore desde la reedición de La lucha por la tierra en el Paraguay en 1972. Aún cuando el trabajo incorpora ciertos aspectos socio-históricos, el libro apunta a dos objetivos muy claros: por una parte, defender la postura de que los gobiernos liberales tuvieron e implementaron una política de defensa del Chaco frente a las pretensiones e intentos bolivianos y, por otra, resaltar que en condiciones de dificultosos renunciamientos políticos, la gestión gubernativa de Eligio Ayala tuvo en ese sentido un accionar que no admite duda alguna.
Pastore examina en este libro algunos hechos históricos que considera decisivos en la definición de la postura gubernamental en torno a la defensa del Chaco paraguayo. Una atención especial la consagra a los acontecimientos políticos que se producen durante la primera década del siglo y que -a su entender- gravitaron negativamente en el manejo de los tratados suscriptos con Bolivia durante ese convulsionado período histórico. Pastore caracteriza ese tramo de la siguiente manera: "Una serie de hechos públicos de carácter político se sucedieron desde el 11 de mayo de 1912, en que los acuerdos para la organización de gobiernos eran resultados de intereses transitorios y de grupos, antes que de coincidencias programáticas de partidos o de tendencias sociales. Así -analiza Pastore- fue posible la subversión de julio de 1908, el golpe de Estado de Jara contra Gondra y las sucesivas designaciones y derrocamientos de siete presidentes de la República de las diversas tendencias políticas existentes entonces".
En la medida que se avanza en la lectura de El Gran Chaco en la formación territorial del Paraguay es notorio que - a más del interés general por clarificar la postura del gobierno y de su partido en la cuestión de la defensa del Chaco- el punto central de la preocupación de Pastore es el de resaltar el papel crucial que jugó Eligio Ayala en la orientación, implementación y protección de un plan de defensa. Al respecto apunta que hasta 1924 no existía seguridad alguna a nivel del gobierno paraguayo de que Bolivia abandonaría definitivamente las tratativas diplomáticas y, por consiguiente, de la búsqueda de una salida amistosa sobre el Litigio por el Chaco Boreal. Asimismo, y siguiendo con esa línea argumental, Pastore señala que "no se conocía con certeza el plan de gobierno de este país sobre su decisión de organizar un poderoso ejército para la definición de la contienda". Como es de suponer, esta incierta situación tornaba tensa y preocupante el panorama nacional - en particular en el campo político- tal como lo pone de relieve el autor al indicar que: "El Paraguay, entretanto, concentraba sus esfuerzos en los acuerdos diplomáticos y en el principio de solidaridad americana que amparaban sus títulos sobre el territorio en disputa...". Pero ¿qué hacía en el plano militar y organizativo para afrontar una posible guerra?.
Pastore se esfuerza por resaltar la trascendencia que reviste el acceso de Eligio Ayala al gobierno, primero como Ministro de Hacienda y, posteriormente, como Presidente de la República, para afianzar la actividad y organización del Estado, aspecto sustancial requerido para un efectivo plan de defensa. Al referirse a su nombramiento como Ministro de Hacienda de Manuel Gondra, en 1920, Pastore señala lo siguiente: “Manuel Gondra incorpora a la administración del Estado en la Cartera de Hacienda a un nuevo político –Eligio Ayala que durante los últimos diez años había completado sus estudios en Europa, su presencia produjo -según Pastore- por su método de trabajo y los principios que guiaban su acción administrativa, una verdadera revolución".
La visión que nos presenta Carlos Pastore es que, desde su incorporación al Ministerio de Hacienda, Eligio Ayala consigue dar un giro radical en la política gubernamental, al punto que su esporádico alejamiento - a raíz del levantamiento de 1922- no fue sino la secuela de su vigorosa postura para rectificar la orientación del gobierno. "Después de realizados los estudios preliminares que requería la situación de la administración pública -expone Pastore- Eligio Ayala inició la aplicación de las medidas económicas y administrativas que aconsejaban la situación, encontrando resistencia en sus planteamientos en los sectores afectados por ellas". Es notorio que el aspecto capital de su concepto de preparación del país para afrontar una conflagración de esa naturaleza fue prioritariamente el de conseguir un drástico reordenamiento financiero. El mismo Eusebio Ayala, lo resaltó - tal como lo muestra Pastore través de la transcripción de una nota que le dirige al serle restituido al Ministerio de Hacienda- y cuyo texto dice: "Su sección en el Ministerio de Hacienda merece todo encomio y para mí será un gratísimo deber decir en ocasión oportuna la prueba de inteligencia, de trabajo, sobre todo de voluntad que Ud. ha puesto al servicio del país, con el más completo éxito. Ninguno de sus antecesores, entre los que me cuento a mí mismo, ha realizado una obra más útil que la suya en favor del buen orden financiero".
Eligio Ayala llegó a la Presidencia de la República en 1924 y, luego de cumplir su período constitucional de cuatro años, entregó el mando presidencial al nuevo presidente electo, Dr. José Patricio Guggiari. Su período presidencial, visto desde una perspectiva histórica, no sólo tuvo que afrontar la ardua tarea de dar una estructura más moderna, eficiente y compacta al Estado, sino afrontar - en el marco de un delicado clima internacional- la preparación del país para una confrontación que ya se insinuaba como inminente. El mayor problema era la cautela que requería la preparación, de la defensa frente a una ciudadanía cada vez más inquieta, preocupada y tensa frente a los claros indicios de la penetración boliviana. Aún cuando este aspecto constituye un elemento central en este libro, Pastore lo describe escuetamente, aunque aporta una valiosa documentación para basar su aseveración y justificar la extrema reserva con que el gobierno manejó la cuestión de la defensa, con todas las negativas implicancias que dicha postura revestía en la esfera de los intereses político-partidarios. "El drama de Eligio Ayala y del equipo gobernante del país en vísperas de la entrega del mando presidencial a su sucesor, J. P. Guggiari - resalta Pastore en esta obra- consistía en decidir si debía de hacerse cargo de la impopularidad que creaba la falta de información al pueblo sobre éste tema de interés nacional para asegurar el éxito de sus planes o si, salvando su reputación política, debía informar al pueblo el estado de la defensa nacional con riesgos de poner a conocimiento de Bolivia los planes definitivos del país". Mas, dice: "El secreto de sus gestiones para salvar la suerte del país en su decisión final, fue la de mantener en reserva, haciéndose cargo él personalmente y sus colaboradores partidarios de la administración del elevado costo político del secreto, para asegurar la eficacia de sus planes sin la solución final favorable para el Paraguay".
Hay tres acotaciones finales que agregar a este libro. Por un lado, la austeridad y diáfana simplicidad de su estructura que te permite revivir - sin apelar a recursos subjetivos o demagógicos- un momento crucial de nuestra historia y la acción de un estadista excepcional. Por otro, los valiosos documentos que acompañan el texto y abre horizontes aun más amplios para el análisis y la interpretación personal de cada autor.
Finalmente, es preciso resaltar como un hecho de una fuerza aleccionadora incomparable y sugerente que este libro fue preparado contando el autor 82 años y con una afección ocular que lo obligó a trabajar con asistentes que hicieron las lecturas, verificación de documentos, correcciones, etc. Con tenacidad, y sobre todo con una conmovedora fe en la conquista de nuevos tiempos para la República, Carlos Pastore nos ha dado este legado intelectual. Y no deja de constituir una circunstancia justa y feliz que su referencia principal sea una figura como la de Eligio Ayala, cuya inteligencia y patriotismo seguirá alentando el esfuerzo que las nuevas generaciones comprometerán para lograr las postergadas transformaciones. Carlos Pastore, tuvo la oportunidad de observar y enriquecerse en esa llameante figura que cruzó por el escenario paraguayo – para fortuna de nuestra patria- en un momento crítico de nuestra historia. A Carlos Pastore debemos agradecer su indeclinable esfuerzo por transferirnos ese legado con la mayor plenitud posible.
Asunción, 11 de noviembre de 1988.
Las capitulaciones firmadas por Carlos V el 21 de mayo de 1534 determinaron los territorios otorgados por las mismas a Pedro de Mendoza, a Diego de Almagro y a Hernando de Pizarro, en los territorios ubicados al sur y al este sobre el Mar del Norte, reservando al adelantado Pedro de Mendoza, entre otros, el territorio del Chaco, en la Cuenca del Plata, hasta la región amazónica, con el objetivo principal de carácter internacional de detener al Imperio portugués en su marcha al Occidente, en busca, al igual que el español, del fabuloso Imperio del rey Blanco. Este objetivo internacional del reino español dado a la capitulación de Pedro de Mendoza, no contemplaba la aspiración de los expedicionarios de conquistar el Imperio incaico, objetivo coincidente otorgado a los conquistadores venidos por el Pacífico y establecido implícitamente en las capitulaciones de Diego de Almagro y Hernando de Pizarro (1). Tampoco excluía el objetivo religioso de la Conquista, inspirada en la religión cristiana, que algún historiador calificó de "objetivo principal" de la empresa mendocina (2). El Chaco era entonces la región del continente americano más netamente diferenciada que podía ser caracterizada con mayor precisión, por su carácter de unidad topográfica inconfundible (3).
Los límites naturales del Gran Chaco lo diferencian perfectamente de otras regiones, con las primeras cordilleras andinas en el Occidente, en el norte el río Parapití, los bañados del Izozog y las serranías del Chochis, y el río Paraguay; que, aunque semejantes, son también distintas (4). Esta unidad geográfica no fue, sin embargo, en el pasado, una unidad política independiente. La naturaleza de la zona no permitía su administración desde los centros interiores, sino desde fuera del territorio, reservándose así al Paraguay su control desde la orilla del río, por sus caracteres que facilitaban la comunicación en la zona de la Cuenca del Plata, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Paraná, dependiendo así, el Chaco, geográfica y administrativamente del río Paraguay y sus afluentes, que nacen en la Cordillera de los Andes y en las zonas de los bosques amazónicos y que desembocan en la Cuenca del Plata.
La conquista española, realizada desde la Asunción, mantuvo así el dominio del Chaco Boreal, hasta el Bermejo, de acuerdo con lo establecido después de la segregación de la provincia Gigante de las Indias.
El objetivo de la expedición de Mendoza era, principalmente, la conquista del Imperio del rey Blanco, leyenda de un reino de inmensas riquezas, --buscadas desde Alejo García, hasta la última expedición de Irala, en la que éste recogió la información de que otros conquistadores venidos por el Caribe y el Pacífico, cruzando el estrecho de Panamá, se habían posesionado de las riquezas del Perú y del Potosí, información dada por el nativo de la zona, el yanacona Huanca, el 22 de abril de 1545, con el descubrimiento de la primera veta de metal precioso del cerro encantado de Potosí (5). Desde aquellos días los conquistadores europeos de la Asunción abandonaron el proyecto de conquista de aquel fabuloso Imperio. Se había, según expresión de los mismos "desencantado la tierra" y los conquistadores de Irala regresaron a la Asunción a enterrar sus vidas después del fracaso, aunque no transcurrió mucho tiempo para que descubrieran un nuevo objetivo de la Conquista, con el programa de fundar una nueva nación, mediante el mestizaje de los 600 expedicionarios europeos y los carios guaraníes que formaban una nación de aproximadamente 100.000 almas, que ocupaban las tierras comprendidas entre el río Paraguay, el río Tebycuary, las Cordilleras del Caaguazú y el río Jejuí. La civilización caria había avanzado más que las demás tribus de la Cuenca del Plata en su progreso cultural, llegando a cultivar la tierra, aunque con primitivos instrumentos -trozos de madera- con los que hacían los hoyos, donde depositaban las semillas de maní, maíz y algunas variedades de porotos. En aquel tiempo los carios eran conocidos como los "Chacareros más abundantes en especie y calidad" (6).
Los grupos de población así formados con pocos conquistadores y la masa de guaraníes, particularmente de mujeres, ubicados en la costa del río Paraguay, obligaron a los nuevos habitantes, así organizados, a mantener el dominio del Chaco en la zona cercana al río, para controlar el movimiento de las tribus enemigas de los carios, aliados a los españoles.
La participación de los habitantes de la Asunción en la conservación del dominio de la navegación del río Paraguay, constituía la base de su existencia al asegurar su comunicación con los pueblos del sur, ubicados en las márgenes del Paraná, y además, con Europa. Estas circunstancias exigieron a los habitantes del Paraguay un sacrificio, muchas veces superior a sus necesidades, impuesto por las condiciones de su organización. Pero la defensa no se limitaba a prevenir los peligros provenientes de las tribus chaqueñas, sino que también, de los grupos de conquistadores portugueses, que en su sistemática marcha estratégica al oeste, no suspendida hasta la fecha, se empeñaban en obligar a los españoles a abandonar las posesiones organizadas sobre el río Paraguay, con lo que quedaron grabadas en la historia colonial las invasiones y crueldades de los bandeirantes portugueses (7).
El territorio del Chaco fue sometido a jurisdicciones administrativas diversas; una de ellas en 1617, con Hernando Arias de Saavedra, oportunidad en que el Paraguay fue dividido en dos gobernaciones, conservando una de ellas, desde el río Otuquis hasta el Bermejo, situación que se mantuvo invariable hasta la organización del Virreinato del Río de la Plata.
El plan defensivo de la población, concentrada en la Asunción, comprendía la permanente lucha contra los habitantes del territorio chaqueño, desde los tiempos anteriores a la conquista, que defendían principalmente el centro de provisión de alimentos, proveídos por los animales silvestres, que los Incas llegaron a administrar con esmerada eficacia. Desde el año 1538, hasta 1808, se registraron 87 expediciones militares contra los nativos del Chaco, lanzadas desde la Asunción, de las cuales 34 fueron contra los terribles guaicurúes que amenazaban sistemáticamente a la población, organizada por los conquistadores (8).
A las expediciones militares siguió la organización de pueblos de nativos del Chaco, en territorio comprendido, al norte del Bermejo hasta los límites que separaban la provincia del Paraguay de las jurisdicciones administrativas ubicadas en el Alto Perú (hoy Bolivia) creadas en la organización de Virreinatos. Este inmenso esfuerzo espiritual y económico impuesto a la población del Paraguay, fue costeado por sus propios medios, y constituía obligación adicional a las establecidas para la defensa contra las expediciones del Imperio portugués hacia el Occidente. El personal de las unidades militares fue organizado sobre la base de las encomiendas de guaraníes, quedando a cargo de los encomenderos la provisión de medios de transporte: caballos, bueyes y carretas, y la de alimentos producidos en sus chácras. Ellos estaban acompañados de unidades de apoyo y de multitud de mujeres.
Con el mismo propósito de la defensa del Chaco, del dominio de las tribus nativas y del plan de conquista del Imperio portugués de los territorios de la Cuenca del río Paraguay, fue fundado, a fines del siglo XVIII - 1772- , el fuerte de Borbón (Fuerte Olimpo), que constituyó en las diversas oportunidades en que fue cuestionada la posición paraguaya en el Chaco, el centro defensivo de la zona norte del río Paraguay (9).
Producida la Revolución de la Independencia de las naciones americanas, las poblaciones se organizaron dentro de los territorios que habían ocupado, sin fijar los límites de los que pertenecían a cada una de ellas. La determinación de estos límites produjo controversias administrativas y diplomáticas, que condujeron a las jóvenes naciones, unas veces, a crisis en sus relaciones, y otras a enfrentamientos guerreros con carácter de conflictos internacionales. El punto de partida en el estudio de los problemas planteados en las controversias de fronteras entre las naciones vecinas fue, invariablemente, como no podía ser de otra manera, la determinación de los límites de los territorios que ocupaban al iniciarse la guerra de la independencia del poder español en América Latina, y en la necesidad de fijar una fecha uniforme en la determinación de esos límites, se convino, en la práctica, en fijar el año 1810 como fecha de ocupación de los territorios de cada uno de los países, acuerdo internacional conocido con el nombre UTIS POSSIDETIS de 1810, fórmula diplomática que significa como poseéis y empleada en propósito de convenios fundados en provincias territoriales de los litigantes.
En el conflicto entre el Paraguay y Bolivia por la determinación de sus límites en el Chaco Boreal, la fijación de los mismos fue determinada tanto por el problema limítrofe de sus territorios como también por intereses internacionales ajenos a la disputa entre los dos países, conflicto en cada caso, en que intervinieron intereses de los países vecinos originados en la controversia por el dominio en la organización de los Estados en una zona considerada de importancia internacional decisiva en el futuro de América.
La Cuenca del Plata y el predominio en la misma de dos grandes Estados, el argentino y el brasileño, herederos de los problemas de carácter internacional legados por los imperios de España y Portugal, al mismo tiempo que la importancia de esos territorios en el futuro del continente, fijaron en definitiva los problemas creados por el territorio del gran Chaco en la discusión de sus títulos entre el Paraguay y Bolivia. Esta circunstancia obligó a considerar el problema de la fijación de límites en el Chaco Boreal entre el Paraguay y Bolivia como una cuestión internacional creada y promovida al mismo tiempo por los intereses del Brasil y de la Argentina. El tiempo transcurrido entre 1852, fecha de la firma de tratados de límites entre el Paraguay y la Argentina, y los acontecimientos de ese período fueron, al mismo tiempo que el choque de intereses paraguayos y bolivianos, una enconada lucha por el predominio en la Cuenca del Plata en la política internacional de aquellos países.
El presente trabajo se refiere, principalmente, a los acontecimientos históricos relativos a los problemas de límites planteados entre el Paraguay y Bolivia, en el período transcurridos entre 1842 y 1928, fecha, esta última de un mensaje del presidente paraguayo, Eligio Ayala, preparado para ser remitido al Congreso Nacional con carácter de una información sobre la labor realizada por su gobierno en el período de 1924 a 1928, para la defensa del Chaco de una prevista agresión del Gobierno de Bolivia al Paraguay y que no fue remitido a destino por temor de que su divulgación perjudicara la preparación de la defensa nacional, a la que se refiere en este documento. Cuatro años después de aquella fecha estallaba la guerra llamada "del Chaco", entre el Paraguay y Bolivia, que se prolongó durante tres años y que probó, como todos los enfrentamientos guerreros anteriores entre las naciones americanas, su ineficacia -para la solución de los problemas internacionales existentes entre las mismas.
El Prof. Dr. Luis Lezcano tuvo a su cargo la revisión de este trabajo, y Ramonita Domínguez Cabrera, ordenó el material histórico consultado y realizó la copia de los originales para la impresión de la obra.
(1) GANDIA, Enrique de: "Antecedentes diplomáticos de la expedición de Juan Díaz de Solís, Sebastián Gaboto y don Pedro de Mendoza. Edit. CABAUT. Buenos Aires, 1935. 166 ps.
(2) CARDOZO, Efraím: "El Paraguay Colonial". Las raíces de la Nacionalidad. Prologo de Justo P. Benítez. Edit. Nizza. Buenos Aires, 1959, 231 págs.
(3) MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA ARGENTINA. "La Conferencia de la Paz del Chaco", 1935-1939. Memorial de la Delegación del Paraguay al Colegio Arbitral, para la solución definitiva del conflicto entre el Paraguay y Bolivia, presentado el 30 de septiembre de 1938. Compilación de documentos. Buenos Aires, 1939. p. 1.056.
(4) Idem, p. 928.
(5) GROSACC, Paul: "Mendoza y Garay". Edición de la Academia Argentina de Letras, Tomo I, p. 61. Buenos Aires, 1949.
- PASTORE, Carlos: "La lucha por la tierra en el Paraguay". Ed. Antequera. Montevideo, 1972, p. 5 y sgtes.
(6) AGUIRRE, Juan Francisco: "Discurso Histórico". Revista de la Biblioteca Nacional de Buenos Aíres. Año 1937. Tomo I, ps. 41, 42.
(7) CORTESAO, Jaime: "Jesuitas e Bandeirantes no Guairá" (1594-1640). Manuscritos Da Coleoçao de Angelis. Biblioteca Nacional. Divisão de obras raras e publicaçoes, tomo I, Rio de Janeiro, 1951, 506 págs.
- CORTESAO, Jaime: "Jesuitas e Bandeirantes no Itatim" (1596-1760). Rio de Janeiro, 1952, 367 págs.
- PREFEITURA DO MUNICIPIO DE SAO PAULO: "Bandeirantes no Paraguay". Século XVII. Documentos Inéditos. Publicaçoes da Divisão do Arquivo Histórico. Volume XXXV Da Coleçao Dep. de Cultura, São Paulo, 1949. 702 págs.
(8) MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE LA ARGENTINA. Ob. cit. ps. 932 y sgtes.
(9) CARDOZO, Efraím: "El Chaco en el Régimen de las Intendencias". La creación de Bolivia - Prólogo de Eusebio Ayala. Asunción, 1930, p. 162.
ANTECEDENTES DEL CONFLICTO ENTRE EL PARAGUAY Y BOLIVIA
POR EL TERRITORIO DEL CHACO
1. La fecha del comienzo de la controversia entre Bolivia y el Paraguay por él dominio político del territorio del Chaco Boreal es el 22 de agosto de 1852, fecha de la nota de la Legación de Bolivia en Buenos Aires, a cargo del Encargado de Negocios de Bolivia en la Argentina, Juan de la C. Benavente, dirigida al Ministro de Negocios Extranjeros de la Confederación Argentina, Luis José de la Peña, que contiene la protesta del gobierno boliviano contra el artículo 4° del Tratado del 15 de julio de 1852, firmado por la Confederación Argentina y la República del Paraguay que declara "que el río Paraguay pertenece de costa a costa en perfecta soberanía a la República del Paraguay hasta su confluencia con el Paraná” (1); proclama el derecho de Bolivia al mencionado río como ribereño en la costa occidental entre los grados 20, 21 y 22 (desde Puerto de Coimbra hasta el río Apa); y protesta contra lo estipulado en el referido artículo 4° "en cuanto puede perjudicar los derechos perfectos de la nación boliviana a las aguas del río Paraguay". La protesta Benavente se propuso dejar a salvo los derechos de su país sobre las aguas del río Paraguay y sobre los territorios ubicados entre los grados 20, 21 y 22 en la costa occidental de este río (2).
La nota del representante diplomático boliviano causó sorpresa, por lo inesperado de la protesta y reclamación, tanto en el gobierno argentino como en el del Paraguay. El Canciller argentino respondió con la afirmación de que el contenido del artículo 4° del Tratado no prejuzga sobre el derecho que Bolivia pueda tener sobre el río Paraguay, y el órgano oficial del Gobierno de la Asunción no ocultó su sorpresa ante el contenido de la nota dirigida al Gobierno argentino por el representante diplomático boliviano en Buenos Aires, cuya copia y la de la respuesta a la misma fue remitida para su conocimiento, por la Confederación a la Cancillería paraguaya (3). Hasta entonces se conocían en la Asunción los términos de la controversia de Bolivia con el Brasil sobre el mejor derecho a la ribera occidental del río Paraguay al norte de la Bahía Negra y al occidente del Chaco; pero no se pensó en ningún momento que el Gobierno de Bolivia podría reclamar derecho alguno sobre la ribera del río Paraguay en la parte comprendida en el Tratado recientemente firmado con la Argentina, partiendo de "centenares de leguas de distancia desde el otro lado de la Cordillera (4). Por eso se consideraba que Bolivia tendría dificultad para probar los derechos invocados, en forma inesperada sobre el territorio del Gran Chaco y la ribera derecha del río Paraguay (5). El Paraguay, en cambio, se afirmaba desde las columnas de "El Paraguayo Independiente", de que los ha ocupado y poseído desde antes del establecimiento de la Provincia de Buenos Aires, en 1620, y los gobiernos patrios han reconocido sus derechos de posesión y propiedad sobre este territorio y su río. Y es así como ha mantenido poblaciones, reducciones, destacamentos y fuertes militares en la orilla terrestre, desde Olimpo hasta Formosa, abajo del río Otuquis o Negro y arriba del Bermejo, respectivamente (6).
Los límites del interior del Chaco, habitadas por naciones salvajes, fronterizos con la Argentina, Bolivia y el Paraguay, no habían sido hasta entonces demarcados, y hasta poco tiempo antes, no se habían planteado cuestiones sobre mejor derecho de los vecinos, hasta que últimamente dos órganos oficiales de publicidad -"El Restaurador" de Bolivia y la "Gaceta Mercantil de Buenos Aires- plantearon las discrepancias de ambos países sobre sus derechos en el territorio del Chaco, mientras el Paraguay y la Argentina acordaron en el artículo 4º del Tratado de 1852, una solución definitiva. Bolivia, por tanto, debía probar su mejor derecho sobre las aguas del río Paraguay y las tierras de su ribera derecha comprendidas entre los grados 20, 21 y 22, reclamadas en la protesta Benavente, sobre las que el Paraguay ejercía derechos posesorios exclusivos, desde los tiempos de la presencia de los europeos en el país de los carios guaraníes (7).
Por el Tratado de 1852, la Argentina reconoció la independencia del Paraguay negada por el tirano Juan Manuel de Rosas, quien decía que "no negaba la actual independencia del Paraguay, sino el derecho a ser independiente"; acordó al Paraguay la libre navegación de su pabellón por el río Paraná, fijó los límites territoriales de ambos estados vecinos, el reconocimiento expreso de la soberanía paraguaya sobre el río Paraguay hasta su confluencia con el Paraná, el derecho común de ambos estados sobre la navegación del río Bermejo con la cláusula de neutralización de una franja de una legua de la costa del río Bermejo en donde las partes se comprometían a no construir acantonamientos militares o policiales. El Paraguay, por su parte, en compensación a lo acordado con relación a la independencia nacional, la navegación del río Paraná y Paraguay y el territorio del Chaco Boreal, cedió a la Confederación Argentina el territorio de los 30 pueblos de las Misiones Jesuíticas de la margen izquierda del río Paraná y de los pueblos del río Uruguay. Para los gobernantes paraguayos de entonces, el interés del país en la conservación del territorio de las Misiones de la margen izquierda del Paraná se limitaba a la libre comunicación de correspondencias y el libre tráfico mercantil entre el Paraguay y el Brasil por la vía Encarnación-San Borja, circunstancia que fue especialmente establecida en el Tratado de 1852, eximiéndose de todo impuesto al libre tráfico mercantil entre los citados países (8).
La cesión del territorio de las Misiones Jesuíticas a la Confederación Argentina provocó la protesta del Imperio del Brasil, que se consideraba con mejor derecho que aquélla sobre el mismo en caso de renuncia del Paraguay a los suyos (9), negando a éste el derecho de desocuparlo y de entregarlo a la Argentina sin consentimiento del Brasil (10). Pero la idea de la conveniencia de la firma del tratado con el reconocimiento de la independencia nacional, con la fijación de los límites entre ambos países y la libre navegación del río Paraná, objetivos éstos ligados con la existencia soberana de la nación, primaron en el ánimo de los gobernantes de la Asunción sobre el interés de conservar para la República el territorio de la margen izquierda del Paraná con los 30 pueblos de las Misiones que le conectaban con el Uruguay, y la hacía tributaria del río Paraguay, objetivos que podían ser defendidos en aquel momento con las ideas dominantes en Río de Janeiro sobre el derecho paraguayo sobre los mismos y el interés brasileño en que los 30 pueblos no integraran el territorio argentino. La cesión por el Paraguay de los 30 pueblos de las misiones jesuíticas a la Argentina fue explicada por los gobernantes de la Asunción con el argumento de la dificultad de realizar una administración adecuada de sus territorios por el inconveniente creado por el río Paraná a la comunicación con la Asunción. La solución también respondía al carácter del sistema de gobierno de la Asunción que no había podido liberarse hasta entonces de los principios coloniales que regían la organización de la economía nacional. El espíritu de los gobernantes de la Asunción se manifestó con sus efectos negativos en las negociaciones diplomáticas con Bolivia después de la guerra de la Triple Alianza, durante los últimos 30 años del siglo XIX, en que la idea de la cesión del territorio nacional, despoblado y de difícil vigilancia policial, fue invocado públicamente para la firma del Tratado de Límites, que antes que satisfacer la ambición de los gobernantes bolivianos, alimentaron en ellos la idea de obtener mayores beneficios para su país que condujo finalmente a la guerra. Pero, el Congreso argentino, reunido en la ciudad de Paraná en septiembre de 1855, no aprobó lo estipulado en el artículo 4° del Tratado de 1852, reclamando para su país, no solamente los territorios de la margen izquierda del Paraná, asiento de los 30 pueblos de las Misiones Jesuíticas, sino también todo el territorio del Chaco de la ribera derecha del río Paraguay (11). Se reproducía así con el territorio del Chaco el problema planteado con el de las Misiones Jesuíticas de la costa izquierda del Paraná con características disímiles. En este caso, el Brasil negó al Paraguay, como hemos visto, el derecho de negociar con la Argentina la cesión de este territorio, y exigió su consentimiento para entregarle la posesión del mismo, mientras que en el caso del artículo 4° del Tratado de 1852, el Congreso argentino reclamaba para su país el territorio que había reconocido "ser de la perfecta soberanía del Paraguay" y que Bolivia posteriormente reservó sus derechos sobre el mismo por la protesta Benavente de 1852. De acuerdo con la tesis defendida por las naciones vecinas, el Paraguay debía limitar su territorio a la línea de los ríos Paraná, Paraguay, Apa y el arroyo Estrella y las cordilleras de Amambay y Mbaracayú, con lo que perdería la categoría de país independiente con un territorio adecuado para el desarrollo de sus energías, ajustándose a la de un cantón, saldo de la integración de los grandes estados nacionales, cuyo proceso se había iniciado en la Cuenca del Plata, al mismo tiempo que en otros continentes, y que llegaría a su final con la liquidación de la guerra de la Triple Alianza. Con la firma del nuevo Tratado de Paz, Amistad, Comercio y Navegación de 1856, fue aplazada por seis años más la solución de la cuestión de límites entre la Argentina y el Paraguay con la aprobación del Congreso argentino, ratificado oportunamente por ambos gobiernos (12).
2. En el Tratado de alianza ofensiva y defensiva de la Argentina, el Brasil y el Uruguay, contra el Paraguay, del 1° de mayo de 1865, el territorio del Chaco Boreal de la margen derecha del río Paraguay, desde el Bermejo hasta la Bahía Negra, fue adjudicado a la República Argentina "para evitar las discusiones y guerras que traen consigo las cuestiones de límites" (13). Por su parte, el Brasil fijó sus límites en el río Igurey que desemboca abajo del Salto del Guairá, la cordillera de Mbaracayú hasta la naciente del río Apa y siguiendo este río hasta la desembocadura en el río Paraguay. Al Paraguay se le reservaba así un territorio equivalente al del Uruguay (ubicados ambos en los extremos sur y norte del sistema de la Cuenca del Plata), imposibilitándole constituir "una amenaza a la seguridad interior del Brasil", invocado en el preámbulo del Tratado, como causa de la alianza pactada; sin perjuicio de que en el artículo VIII del Tratado, los aliados se obligaban a "respetar la independencia, soberanía e integridad territorial del Paraguay...", "durante el período de cinco años", prorrogado posteriormente hasta el 30 de julio de 1877 (14), con la garantía colectiva de los países firmantes (15), no pudiendo el Paraguay incorporarse a otro país, "ni pedir el protectorado de ninguno de los aliados como consecuencia de la guerra", no siendo como no lo fue (sic) "la guerra contra el pueblo paraguayo sino contra su gobierno" (16).
El Tratado de la Triple Alianza recogió las aspiraciones de Buenos Aires sobre los territorios de las ex-Misiones Jesuíticas de la margen izquierda del río Paraná y sobre todo el Chaco, incompatibles con el compromiso pactado en el mismo documento de garantizar en forma colectiva la independencia, soberanía e integridad territorial del Paraguay y con los intereses políticos y estratégicos del Imperio del Brasil, que expresó su disconformidad apenas fue definida la suerte de las expediciones paraguayas a Río Grande del Sur y a la Provincia de Corrientes, con la tesis de que la alianza no había sido pactada para dirimir una cuestión de límites sino para oponerse con las armas a las acciones de guerra del gobierno de la Asunción. Los problemas de límites existentes entre el Paraguay, la Argentina y el Brasil, serían resueltos, según esta nueva posición brasileña, en el Tratado definitivo de Paz y no antes de dar término a las operaciones militares. La tesis opuesta conduciría a la afirmación de que la guerra es al mismo tiempo "contra el Paraguay y el Brasil" (17), cuyo aporte - del último- en las operaciones militares era el de mayor volumen, tanto en elemento humano como en bienes materiales. En tales condiciones, la guerra contra el Paraguay constituía una empresa brasileña en beneficio de la Argentina. El Tratado del 1° de mayo de 1865 debía, por tanto, ser modificado, en sus disposiciones relativas a los límites territoriales del Paraguay con la Argentina y el Brasil, que serían fijados sobre la base del mejor derecho. La Argentina no podía aspirar, según esta tesis de Itamaratí, a territorios en la margen derecha del río Paraguay más allá del río Pilcomayo; correspondiendo al Paraguay desde el Pilcomayo al norte, hasta el límite reclamado por la República de Bolivia. Esta tesis de Itamaratí, coincidente con una corriente de opinión en la Cancillería argentina que afirmaba "que la victoria no da derechos" y sin el temor a los ejércitos del Paraguay cuya imprudente exhibición había facilitado a última hora la firma del Tratado de la Triple Alianza, inspiró la solución final de la cuestión de límites.
Río de Janeiro, por su parte, retrocedió en sus exigencias del río Ygurey hasta la Sierra del Mbaracayú en la línea limítrofe con el Brasil al noreste. Pero el problema planteado por Bolivia con la protesta Benavente de 1852, quedó pendiente de solución; y apenas firmados los tratados que dieron término a la guerra de la Triple Alianza, el Paraguay y Bolivia iniciaron las gestiones diplomáticas para fijar los límites de sus territorios en el Chaco.
Los límites territoriales entre la Argentina y el Paraguay fueron finalmente fijados por el Tratado del 3 de febrero de 1876. El territorio de las Misiones Jesuíticas de la orilla izquierda del Alto Paraná y la isla de Apipé, fueron adjudicados a.la Argentina, confirmándose lo establecido en los Tratados de 1852 y 1856, y lo dispuesto en el Tratado de la Triple Alianza de 1865. El río Paraguay fijó los límites entre ambos países en forma definitiva, desde su confluencia con el río Paraná, hasta el canal principal del río Pilcomayo que desemboca en el río Paraguay a los 25°, 20' de latitud sur, según el mapa de Mouchez y 25° 22' según el de Brayer; y todo el territorio del Chaco de la ribera derecha del río, así como también la isla de "Cerrito" o "Atajo", fueron adjudicados en forma definitiva a la Argentina.
El territorio del Chaco de la ribera derecha del río Paraguay, comprendido entre el brazo principal del Pilcomayo al sur y la Bahía Negra al norte, fue dividido, por el Tratado de 1876, en dos secciones: la primera, comprendida entre la Bahía Negra al norte y río Verde al sur; y la segunda comprendida entre el mismo río Verde al norte y el brazo principal del Pilcomayo al sur, incluida la Villa Occidental. La Argentina renuncia en forma definitiva a todo derecho o pretensión sobre la primera sección (Bahía Negra-río Verde), quedando sometida a la decisión también definitiva de un fallo arbitral el territorio de la segunda sección (río Verde-Brazo principal del Pilcomayo) (18), siendo designado para tal efecto el Presidente de la República de los Estados Unidos de Norte América, quien dictó su fallo el 12 de noviembre de 1878 con la declaración de que el Paraguay "tiene legal y justo título" sobre el territorio situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como sobre la Villa Occidental, adjudicándole todo el territorio situado sobre la orilla occidental del río Paraguay entre los ríos- Verde y Pilcomayo, incluida la Villa Occidental. Una delegación integrada por el doctor Benjamín Aceval, el general Patricio Escobar y el señor Higinio Uriarte, representó a la República en el acto de toma de posesión del territorio adjudicado, realizado en Villa Occidental, el 14 de mayo de 1879 (población ocupada hasta esa fecha por tropas del Ejército argentino), la que por ley del 18 de mayo de aquel año tomó el nombre de Villa Hayes, y fue declarada cabeza del territorio chaqueño desde el río Pilcomayo hasta Bahía Negra y asiento de sus autoridades civiles y militares (19).
El Imperio del Brasil, por su parte, retrocedió, de la línea del río Ygurey a las cumbres de la Sierra del Mbaracayú en los límites del noreste, quedando así canceladas las cuestiones de límites del Paraguay con la Argentina y el Brasil, existentes desde antes de la guerra de la Triple Alianza (20). Pero quedó pendiente el problema de límites planteado por Bolivia con la protesta Benavente de 1852, actualizados en momentos de extremo debilitamiento de las energías de la nación con la iniciación de gestiones diplomáticas para determinar los límites entre ambos países en el Chaco Boreal.
El retroceso de los límites del Brasil hasta las cumbres del Mbaracayú aseguró al Paraguay el dominio de los Saltos del Guairá, lo que obligó a Itamaratí a reconocer el condominio paraguayo en la represa de Itaipú, después de que los estudios técnicos realizados le dieron la certidumbre de la imposibilidad de construir la represa más al norte de las cumbres de la cordillera al sur del último salto del Guairá, al norte del actual río Ygurey.
La demora de un año en la iniciación del desarrollo tecnológico para el empleo de la hulla blanca que se inicia en 1873 y llega a su estado actual en 1926, permitió al Paraguay conservar sus derechos de la fabulosa fuente de energía hidroeléctrica del Salto del Guairá (Salto de las Siete Caídas, como dicen los brasileños). Si no hubiese sido por esa demora, el Paraguay no tendría medios para conservar sus derechos sobre la actual represa hidroeléctrica más importante de la tierra.
En el pleito inicial de portugueses con españoles, de los años de la conquista y de las primeras expediciones del Atlántico hacia el Imperio del Rey Blanco del Perú, el acto final dejó Itaipú al Paraguay, después de haber perdido bajo el dominio español la Isla de Santa Catalina y los territorios de la costa atlántica, desde San Francisco al sur. El fallo final de la historia reservó así al Paraguay como única herencia sus derechos sobre la Represa de Itaipú (21).
Los tratados definitivos de límites con la Argentina y el Brasil, de liquidación de la guerra de la Triple Alianza, dejaron como último conflicto territorial del Paraguay con sus vecinos la determinación del brazo principal del Pilcomayo.
(1) "El Paraguayo Independiente", n°- 17. Asunción, sábado 11 de 1852. 2º edición, tomo II. Imprenta de la República, pág. 605. Asunción, 1859.
(5) Aclaración del autor.
(6) "El Paraguayo Independiente", ob. cit.
(7) Idem. ps., 609-610.
(8) Idem. N°- 118, del 18 de septiembre de 1852, pág. 611.
(9) Según protesta del Gobierno del Brasil al Gobierno del Paraguay.
(10) Cardozo, Efraím. "Paraguay independiente", SAVAT EDITORES. Barcelona, 1949, pág. 127 y sgtes.
(11) Idem, pág. 137.
(12) Cardozo, Efraím: ob. cit., pág. 38.
(13) Artículo XVI del Tratado de la Triple Alianza.
(14) PEREZ URIBE, Oscar y LUGO, Eusebio A.: "Colección de Tratados Históricos y Vigentes (Compiladores)". Protocolo de los aliados relativo al término de los cinco años de garantía de la Independencia, soberanía e integridad del Paraguay, estipulado el 1° de mayo de 1865, pág. 631. Asunción, 1934.
(15) PEREZ URIBE, Oscar y LUGO, Antonio, ob. cit., págs. 667y sgtes.
(16) Artículo IX del Tratado de la Triple Alianza.
(17) NABUCO, Joaquín: "La guerra del Paraguay". Versión castellana de Gonzalo Raparaz. Paris, 1901. 377 págs.
(18) Artículos 1° al 5° del Tratado de 1876.
(19) CHACO PARAGUAYO: Memoria presentada al Árbitro por Benjamín Aceval, E.E. y Ministro Plenipotenciario del Paraguay en Washington. Apéndice
- Documentos Anexos y Fallo Arbitral. Asunción, 1896, 327 págs.
- Registro Oficial de la República del Paraguay, 1876-1879. Asunción, 1887.
- PASTORE, Carlos: "Capítulos de la Historia Política Paraguaya, 1935-1940". Criterio Ediciones. Asunción, 1986, pág. 91 y sgtes.
(20) NABUCO, Joaquín, ob. cit.
(21) TASSO FRAGOSO, Augusto, General: "A paz com Paraguay. Despois da Guerra da Triplice Alianza". Separata do estudio Histórico e Geográfico Brasileiro. Imprenta Nacional. Rio de Janeiro, 1941, 334 págs.
- CARDOZO, Efraím: "Los derechos del Paraguay sobre los Saltos del Guairá" Prologo de Monseñor Aníbal Mena Porta, Arzobispo de la Asunción. Biblioteca Guaireña "Cirilo Cáceres Zorrilla", Asunción, 1965. 279 págs.
PROGRAMA DE GOBIERNO DE ELIGIO AYALA
PARA LA DEFENSA DEL CHACO
En los últimos meses de su mandato presidencial, el Dr. Eligio Ayala debió enfrentar momentos de intensa tensión espiritual cuando se propuso definir la conducta que observaría antes de entregar el mando a su sucesor en la Presidencia de la República. Se trataba de renovar la política aprobada inicialmente en 1912, en la preparación de la defensa del Chaco contra la ocupación boliviana, aprobada por el equipo político que se hizo cargo del Gobierno del país en aquel año, cargando con la responsabilidad del resultado de aquella política después de 16 años de su aplicación, aunque Eligio Ayala tuvo participación activa sólo en los últimos 6 años de aquel periodo.
Hasta 1924 no había la certidumbre en el Gobierno de la Asunción del abandono definitivo por Bolivia de las tratativas diplomáticas y de un acuerdo amistoso sobre el entredicho por el Chaco Boreal, y no se conocía con certeza el plan de Gobierno de este país sobre su decisión de organizar un poderoso ejército para la definición de la contienda por la fuerza de las armas.
El Paraguay, entre tanto, como se ha visto en páginas anteriores, concentraba sus esfuerzos en los acuerdos diplomáticos y en las soluciones de arbitraje basados en el mejor derecho y en el principio de la solidaridad americana que amparaban sus títulos sobre el territorio en disputa, presentando a la 5º Conferencia Panamericana reunida en Chile, un Proyecto de Convención para la solución de conflictos surgidos entre los países americanos, que, aprobado, es conocido con el nombre de "Convención Gondra" por su autor, el Delegado del Paraguay a dicha reunión continental, y que fue presentada como parte integrante del plan de defensa del Chaco (1), que favorecía por otra parte, a la inevitable y promovida intervención de las potencias americanas: la Argentina, el Brasil y los Estados Unidos de Norteamérica, aunque pudiera dificultar en algún momento un acuerdo directo entre las partes, y que los gobernantes bolivianos no supieron comprender, engañados, por la idea de la pequeñez y debilidad del Paraguay para oponerse con sus armas al poderío de Bolivia. La aplicación de la "Convención Gondra" tuvo efectiva importancia y el intento del Paraguay de dar cumplimiento a sus disposiciones permitió la defensa eficaz de sus derechos con la intervención de los países americanos y la formación de una comisión de neutrales que detuvo las operaciones de guerra con Bolivia, hasta 1932, lo que demostró la validez del planteamiento internacional del Paraguay y el acierto del programa defensivo incluido con la Convención presentada por Manuel Gondra en Santiago de Chile en 1925.
La liquidación de la guerra con la Triple Alianza dio lugar a enfrentamientos diplomáticos de las potencias de la Cuenca del Plata sobre el Chaco Boreal. Los signatarios del Tratado de la Triple Alianza habían previsto el posible poderío de los Estados que cubren los extremos norte-sur del sistema fluvial de la Cuenca: el Uruguay y el Paraguay, reservando al primero, aproximadamente, 185.000 kms. cuadrados de territorio y al Paraguay 160.000 kms. cuadrados de la Región Oriental, despojándole, entre otros territorios del Chaco Boreal, de la margen derecha del río de su nombre, con el propósito de anular los posibles planteamientos futuros de estos Estados, de reorganización de una nueva república, con la unión del Paraguay, el Uruguay, Entre Ríos, Corrientes y Río Grande del Sur, idea apoyada por las grandes potencias europeas y que había sido planteada por Carlos Antonio López al Gobierno de Corrientes (2). Este tratado perdió vigencia plena con los acontecimientos ocurridos durante el desarrollo de las operaciones militares y la oposición del Brasil, que se resistió especialmente a favorecer a la Argentina con el territorio del Chaco al sur de la Bahía Negra, de la margen derecha del río (3), planteando la incorporación de Bolivia como tributaria del río Paraguay. La oposición de la Argentina a la solución de Itamaratí favoreció la posición paraguaya sobre el territorio que por el Tratado de 1865 sería argentino por derecho de conquista, conservando este país su posición de tributario del río Paraguay al sur de Bahía Negra hasta el río Pilcomayo.
La modificación de los objetivos del Tratado de la Triple alianza, planteada por el Brasil, fue finalmente aceptada por la Argentina en lo referente a los límites de su territorio en el Chaco Boreal hasta el río Pilcomayo, reservando a los países directamente interesados el derecho de fijar los límites de sus respectivos territorios al sur de Bahía Negra, con lo que se dio origen al conflicto bélico del Chaco entre el Paraguay y Bolivia de 1932 a 1935.
Los proyectos de limites firmados por el Paraguay y Bolivia en las tres últimas décadas del siglo XIX - 1879, 1887, 1894-, reservaron a Bolivia parte del territorio paraguayo del Chaco a la margen derecha de su río al sur de Bahía Negra, que no fueron ratificados, por la firme oposición del pueblo a su vigencia. Por el Tratado de 1879 se cedía a Bolivia gran parte del territorio del Chaco, incluido el Fuerte Olimpo y parte de la zona que había sido adjudicada al país por el Laudo Hayes, quedando para el Paraguay 6.135 (seis mil ciento treinta y cinco leguas cuadradas); por el de 1887 se entregaba a Bolivia la zona de Bahía Negra, incluido su puerto, y se sometía a arbitraje la de Fuerte Olimpo, reservándose al Paraguay 4.808 (cuatro mil ochocientos ocho leguas cuadradas); y por el de 1894, se cedía Bahía Negra, más la mitad del Chaco, conservando Fuerte Olimpo y 5.266 (cinco mil doscientas sesenta y seis leguas cuadradas de territorio (4).
El Gobierno del Brasil había obtenido la adhesión de los gobernantes de la Asunción a la tesis geopolítica de Itamaratí, en la Cuenca del Plata, que se opone al interés nacional paraguayo, que en cambio coincidía con la tesis geopolítica argentina como fue demostrado durante el desarrollo de la guerra del Chaco.
Finalmente, la tesis geopolítica de Itamaratí fue abandonada por el Paraguay, con la publicación de los trabajos históricos realizados por Alejandro Audibert, sobre los títulos y derechos del Paraguay sobre el Chaco Boreal, y con la comunicación diplomática de Favio Queirolo, y la nota confirmatoria de Cancio Flecha, fechada el 20 de noviembre de 1901, al agente del Gobierno de La Paz en la Asunción, Antonio Quijarro, con la información del firme propósito del Gobierno paraguayo de resolver la cuestión de límites pendiente, de acuerdo con los "Títulos y derechos" de ambas naciones.
ELIGIO AYALA: UN NUEVO MINISTRO DE HACIENDA
El período gubernativo iniciado en 1920 con la presidencia de Manuel Gondra incorpora a la administración del Estado, en la cartera de Hacienda, a un nuevo político -Eligio Ayala-, que durante los últimos 10 años había completado sus estudios en Europa. Su presencia produjo, por su método de trabajo y los principios que guiaban su acción administrativa, una verdadera revolución. En 1921, Ayala publica su informe del Ministerio de Hacienda, que constituye una puesta al día de la situación económica del país y que, por la profundidad del estudio y el método empleado para la presentación de los hechos y problemas que interesaron de inmediato al Estado, constituyó una verdadera novedad bibliográfica (5). Después de realizados los estudios preliminares que requería la situación de la administración pública, Eligio Ayala, inició la aplicación de las medidas económicas y administrativas que aconsejaban la situación, encontrando resistencia a sus planteamientos en los sectores afectados por ellas, especialmente en el Ejército. La firmeza del Ministro de Hacienda en sus planteamientos, y la resistencia unificada de los sectores relacionados con el Ejército, constituyó la principal causa del levantamiento de la guarnición militar de Paraguarí con la que hicieron causa común las de Encarnación y Concepción, con la solidaridad posterior de sectores de los partidos políticos y algunos grupos independientes. Se repetían así los hechos denunciados en las últimas décadas del coloniaje, por los gobernadores Fernando de Pinedo y Lázaro de Ribera, quienes informaron al Virrey de Buenos Aires la mala administración de los intereses colectivos de la Provincia, por causa de los comandantes militares designados después de la derrota comunera en 1735, que modificó la organización colonial del Paraguay, especialmente en el nombramiento de los comandantes militares que, según expresaron De Pinedo en 1775, y Ribera en 1798 (6), constituían obstáculos insalvables para el desarrollo de la Provincia, y que hizo afirmar al primero el pensamiento de que el Paraguay necesitaba "redención de los comandantes militares", que le oprimían.
La Escuela Militar y los oficiales egresados de la misma, y los provenientes de instituciones castrenses del exterior, opusieron su voluntad y su fuerza al levantamiento que provenía de los mismos niveles de los movimientos promovidos por Albino Jara, 10 años después que se extinguieran éstos. El movimiento de 1922 aparecía en un análisis inicial como el choque entre unidades militares encuadradas por jefes y oficiales de distinta formación profesional, una de ellas proveniente de la Escuela Militar, y la otra con elementos no preparados profesionalmente. Pero, en un análisis más detenido, no podía disimularse que la causa principal del movimiento se encontraba en los mismos factores que hicieron estallar la rebelión jarista de 1908, preparadas en las carpas de los dirigentes de las unidades militares disueltas en diciembre de 1904 (7).
Eligio Ayala continuó con su labor en el Ministerio de Hacienda bajo el Gobierno de Eusebio Ayala, quien substituyó al de Manuel Gondra, prolongado durante su propio gobierno provisional, que reemplazó a su vez al de Eusebio Ayala por renuncia de éste. Con motivo de la aceptación de Eligio Ayala para continuar en el Ministerio de Hacienda en el Gobierno de Eusebio Ayala, éste le dirigió la siguiente carta:
17 de marzo de 1922
Mi estimado amigo: Su carta me llenó de satisfacción en lo que concierne a la colaboración nuestra en estos cinco meses de ardua responsabilidad. Su acción en el Ministerio de Hacienda merece todo encomio, y para mí será un gratísimo deber decir en ocasión oportuna la prueba de inteligencia, de trabajo, sobre todo de voluntad que Ud. ha puesto al servicio del país, con el más completo éxito. Ninguno de sus antecesores, entre los que me cuento a mí mismo, ha realizado una obra más útil que la suya en favor del buen orden financiero.
Me explico su estado de ánimo, que es también un poco el mío. Ud. ve todo su empeño en peligro de estrellarse entre los designios oscuros de la politiquería disolvente. Pero, qué quiere, no es retirándose como Ud. va a remediar el mal. Todo lo contrario. Ud., me parece, está dirigiendo claramente por las circunstancias como uno de los factores decisivos para encaminar en esta hora crítica hacia soluciones buenas.
Yo, de mi parte, confirmo que no vislumbro ninguna combinación política que pueda compensarme la pérdida de su concurso en el Gabinete y le ruego no piense en dimitir, antes de ver la absoluta imposibilidad de un arreglo que nos abra al fin horizontes definidos de una labor benéfica.
Su affmo. amigo. Eusebio Ayala" (8).
Los hechos comentados en el mensaje publicado en este volumen comprenden los relacionados con la defensa nacional en su período de gobierno constitucional de 1924 a 1928.
EL MENSAJE DE ELIGIO AYALA PARA EL CONGRESO NACIONAL
En vísperas de la entrega del mando presidencial al doctor José P. Guggiari, en el primer semestre del año 1928, Eligio Ayala preparó un mensaje al Congreso Nacional en el que desarrolló la política de su Gobierno frente a la amenaza de agresión boliviana en el Chaco. Hasta entonces, y durante todo el período de su gobierno, y puede decirse desde los años iníciales de la administración del país por el equipo organizado por Manuel Gondra, se aplicó la estrategia de mantener en la más completa reserva posible todo lo relacionado con la preparación militar del país para la defensa del territorio del Chaco de la agresión boliviana, con el propósito de ganar tiempo para completar la organización de la defensa militar y facilitar las tratativas diplomáticas entre ambos países y en el ámbito americano para dar solución al entredicho por la soberanía sobre el territorio cuestionado. Y cuando se hizo cargo del gobierno en 1924, esta posición de reserva relacionada con la defensa del Chaco se convirtió en una posición imposible de sustituir a la vista de las informaciones existentes sobre los propósitos del Gobierno de La Paz y del estado de organización defensiva del Paraguay. La reserva sobre la situación del entredicho con Bolivia no comprendía únicamente lo que ocurría en el campo boliviano, sino que también se refería especialmente a los planes defensivos que tenía el Paraguay en el campo militar, y el estado a que había llegado en su realización. Esta situación provocó una intensa preocupación patriótica en el equipo que controlaba el Gobierno por el tiempo que se requería para la terminación de los planes y el estado en que esto se encontraba en los momentos de mayor tensión de la opinión pública cuando se producían choques militares en el Chaco. Las posiciones de ambos países con respecto al empleo del tiempo eran también opuestas. El Paraguay necesitaba ganar tiempo para la preparación defensiva en un ambiente internacional de relativa calma, mientras que Bolivia por su parte se proponía ganar todo el tiempo posible en la ocupación de los espacios vacíos de posesión efectiva paraguaya en el Chaco, fundando fortines y preparando vías de comunicación. Los gobernantes paraguayos no podían en estas circunstancias, sin riesgos para el país, informar a la opinión pública sobre las medidas administrativas ordenadas y llevadas a la práctica dentro de un plan general de defensa del territorio en disputa. El drama de Eligio Ayala y del equipo gobernante del país, en vísperas de la entrega del mando presidencial a su sucesor, José P. Guggiari, consistía en decidir si debía hacerse cargo de la impopularidad que creaba la falta de información al pueblo sobre este tema de interés nacional para asegurar el éxito de sus planes, o si salvando su reputación política, debía informar al pueblo del estado de la defensa nacional, con riesgos de poner en conocimiento de Bolivia los planes definitivos del país.
El secreto de sus gestiones para salvar la suerte del país en su decisión final, fue la de mantener en reserva, haciéndose cargo él personalmente y sus colaboradores partidarios de la administración del elevado costo político del secreto, para asegurar la eficacia de sus planes con la solución final favorable para el Paraguay del conflicto de límites en el Chaco Boreal: Su programa fue cumplido en el mínimo de tiempo que exigía su preparación y desarrollo. La guerra fue ganada en los campos de batalla del Chaco con la conquista de los objetivos de recuperación de los territorios paraguayos ocupados por Bolivia. Pero el costo de esta política fue elevado para el pueblo y para los que lo plantearon y sostuvieron, aunque puede afirmarse que esta política permitió la victoria. Ocho meses después de los éxitos conquistados durante tres años en los campos de batalla y en la diplomacia, con la firma del Protocolo del 12 de junio de 1935, la leyenda de la indefensión del Chaco que desacreditó a gobernantes y sectores partidarios que condujeron y conquistaron la victoria, favoreció los movimientos nazifascistas anárquicos iniciados el 17 de febrero de 1936, que hasta la fecha no ha llegado a su final, con la penetración totalitaria en la conducción del Estado. Expresiones documentales de la penetración nazifascista y del elevado costo pagado por la victoria por los conductores de la defensa, constituyen el Acta Plebiscitaria del 17 de febrero de 1936 y el Decreto N° 152, la disolución del Partido Liberal y la persecución sistemática a toda manifestación de libertad en el país, cuya vigencia se prolonga por más de medio siglo.
Los momentos más dramáticos en la aplicación de la estrategia elegida en la organización de los cuadros defensivos del país, se produjeron con los golpes de mano del Ejército boliviano contra posiciones paraguayas en el Chaco en ocasión de la muerte del teniente Rojas Silva y en la toma del fortín "Vanguardia", por una unidad paraguaya, contrariando expresas órdenes del Comando Superior, y la filtración de informaciones dadas por el Ministro de Guerra y marina el 24 de mayo de 1927, lo que permitió el conocimiento por Bolivia de los trabajos defensivos del Paraguay.
TEXTO DEL DOCUMENTO QUE ELIGIO AYALA PREPARO PARA SER DIRIGIDO AL CONGRESO NACIONAL AL TERMINO DE SU GOBIERNO
"En nombre del Poder Ejecutivo hacemos esta declaración previa:
El Poder Ejecutivo ha tratado de inspirar siempre su conducta en el legítimo interés nacional, y ha estado convencido por consiguiente de que la colaboración de los Poderes públicos le es ineludible. Siempre ha deseado la noble y confiada cooperación de los Representantes de la Nación. En ningún momento ha pretendido sustraer sus actos a las responsabilidades que ellos engendran y al acontecimiento de cuantos deban juzgarlos.
Pero en las gestiones administrativas y ejecutivas, ciertas decisiones y ciertas acciones por su naturaleza deben ser necesariamente reservadas. Hay hechos comunicados al Presidente de la República, por el cargo que ocupa, personal y confidencialmente.
La revelación de estos hechos con reticencias, suscitaría dudas y suspicacias peores que las determinadas por la reserva de los mismos. El Poder Ejecutivo ha creído por esto, que debe callárselos, o debe decirse la verdad entera y limpia.
Y le ha cohibido un poco moralmente para hacer la denuncia de lo que se ha referido a su honor y a su discreción, el deber de ser leal a su promesa. Por otro lado, es también imperioso el de informar de sus actos como mandatario, a los señores representantes.
En este conflicto de deberes, ha optado por el último, confiado en la prudencia y el patriotismo de los distinguidos miembros de esta Cámara.
Cree el Poder Ejecutivo sinceramente que la divulgación de algunos de los datos referentes a nuestros armamentos, beneficiaría al país que está frente a nosotros, amenazante, menoscabaría los intereses de nuestra defensa y hasta podría mermar la eficacia de los planes del Estado Mayor.
Preocupado del interés público superior se toma la libertad de recomendar se restrinja en lo posible la difusión de algunos de los hechos que se van a poner a conocimiento de los señores diputados.
El Poder Ejecutivo no desea escudar con esto su responsabilidad. Es usual entre nosotros decir que se asumen o no se asumen ciertas responsabilidades, cuando en realidad no depende de uno hacer o no responsable de lo que se ha realizado.
Responsabilidad es el atributo de ser pasible de alguna sanción que corresponde moral o legalmente, a los efectos libremente ejecutados. A otros, no al agente de los mismos, corresponde juzgarlos.
La única manera de eludir la responsabilidad es no hacer nada, no molestar a nadie, cruzarse de brazos y dar consejos sobre lo que debe ser a quienes no los piden ni los necesitan.
El Poder Ejecutivo ha procedido de buena fe, en la creencia honrada de servir bien a la nación. Está también plenamente persuadido de que animan a los señores diputados, todos, los más altos y patrióticos sentimientos.
Espera pues podrá dar los informes y explicaciones que la H. Cámara le ha pedido en un ambiente de hermandad, entre puros y netos paraguayos ante todo y sobre todo.
LA POLÍTICA DEL GOBIERNO, RESPECTO DE LA DEFENSA NACIONAL, DESDE 1924
Uno de los elementos de la defensa nacional es el Ejército, y algún ejército tenemos siquiera en formación. La misión capital del Ejército debe ser velar por la integridad territorial, afianzar la existencia plena y decorosa de la Nación. Así lo ha entendido el Gobierno y ha procurado que lo fuese, aunque por desgracia nuestra, común, no lo haya sido siempre.
Entre tantos infortunios que han abatido a nuestro país, uno de los más grandes es la determinación de una parte de nuestras fronteras. La conocida cuestión de límites con Bolivia subsiste a través de múltiples vicisitudes. El peligro de un ataque exterior previsible y probable está, pues, en el Chaco. Con los demás países mantenemos amistosas relaciones, no estorbadas por ninguna cuestión territorial grave.
Lógicamente el objeto inmediato del Ejército debe ser la defensa del Chaco, contra usurpaciones de nuestros derechos y de nuestra posesión legítima, contra agresiones posibles.
Sobre esto no caben dictámenes contrapuestos, mas no así en cuanto a la disposición de las tropas frente a esta finalidad próxima. No solamente en la opinión general de la gente mal informada y suspicaz, sino entre los técnicamente responsables de la dirección militar superior, había dos criterios en pugna respecto de la distribución práctica de las tropas, cuando este Gobierno inició sus funciones.
Esta es una cuestión que desde el año 1924 ha atraído la atención del Gobierno. Y se la va resolviendo con la cooperación de los juicios más esclarecidos que se pueden obtener sobre la materia entre los paraguayos.
Debemos tener la altivez de reconocer los errores de nuestro pasado, que son comunes a todos, porque son producto del temperamento nacional mismo. No pretendemos erigirnos en fiscales ante la conducta de los que actuaron en circunstancias constituidas de infinitas y poderosas dificultades. Pero es útil destacar algunos hechos históricos porque aleccionan ante el futuro.
En la controversia de límites se ha hecho un gran acopio de erudición, se han agotado casi las investigaciones históricas y consumado estudios concienzudos y serenos. Se han acordado protocolos y actas para metodizar las gestiones que tienen por objeto resolver justicieramente la cuestión. Y más: se han revelado, publicado y difundido los títulos de nuestros derechos territoriales.
El resultado de esta lealtad en nuestros alegatos, ha sido poco feliz para nosotros. El adversario, acaso íntimamente convencido de la imposibilidad de impugnar los títulos, tomó otra senda. Procuró levantar la actual posesión como mejor ejecutoria contra las inducciones históricas y las decisiones de la realeza antigua. Convirtió en musaraña la discusión de títulos, e inició la posesión material del Chaco aledaño.
De nuestra parte no hubo sagacidad jurídica. La exhibición de nuestros mejores títulos debió posponerse hasta que llegara la oportunidad de presentar nuestros alegatos de bien probado ante un árbitro.
Nuestros peritos mismos argüían que Bolivia inició sus pretensiones hacia el Chaco movida por la necesidad de un acceso al mar, después que perdió el litoral del Pacífico y no alentada por derechos tradicionales. Era pues una ingenuidad esperar que se la convencería, directamente, con la divulgación de nuestras piezas probatorias.
Esto es un error. Pero hay otros más graves. Mientras descubríamos nuestras probanzas jurídicas y hacíamos lucidísimas disertaciones para acreditar el mejor derecho en la controversia, descuidábamos la organización de las fuerzas sociales y la ocupación real del territorio cuya propiedad demostrábamos con tan acabada erudición.
El país se debatía en la anarquía, las sediciones que se sucedían con periodicidad casi igual a la de los fenómenos meteorológicos, agotaban las energías económicas, entorpecían el progreso social, dislaceraban el Ejército. No se hizo ni la organización política, ni la organización militar, ni se condicionó la expansión económica por consiguiente. Justo es reconocer que no faltaron nobles intentos frustrados.
Cuanto más claros y fuertes parecían nuestros derechos, más grande era la ruina de las fuerzas nacionales, más pobre era el país, más débil su crédito. A par que crecían nuestras convicciones y nuestras pretensiones territoriales, se arrugaba y debilita el organismo nacional. En el fondo del hervor patriótico que llevaban nuestras alegaciones más allá del Parapití, había un país incapaz muchas veces de pagar el sueldo de sus legisladores y los honorarios de sus jurisperitos.
Algunos fortines sobre el Pilcomayo, dos apenas, después de 1907, y los de Bahía Negra, Galpón y Patria, existentes antes, eran los únicos exponentes positivos de nuestra soberanía en el fondo del Chaco. Cuando ocurrió la última sedición en 1922, ellos también fueron abandonados y las fronteras del Chaco quedaron solas, libradas al estado natural, peor que en época de la Conquista. En vez de hacernos fuertes, de acelerar el progreso nacional, para apoyar nuestros derechos, nos echamos en el juego pueril de exhumar cédulas reales, mientras se desquiciaban las instituciones públicas, se ahogaba el desarrollo económico, y quedaba abandonado y desierto el interior del territorio que un vecino nos disputaba. Y como dijo el Sr. Gondra, en cierto modo se explica que los otros avancen en un predio donde no se ha puesto ningún signo exterior de la propiedad, de la posesión y del dominio eminente del Estado.
En 1924 se produjeron dos hechos que traducen como en una fórmula algebraica, las tendencias que durante muchos años habían predominado en el país.
Por una parte se apagaba una hoguera de otra guerra civil, se disipaba la humareda de los combates, y se percibían sus efectos tan funestos como lamentables. Por otra parte, como prueba del abandono de las fronteras aparecía un nuevo fortín boliviano, de avance, hacia nuestro territorio. Mientras el pueblo paraguayo otra vez más se desgarraba a sí mismo, las fuerzas militares bolivianas usurpaban las tierras que habían quedado desamparadas de nuestra parte.
El Gobierno del Paraguay que surgió de entre los escombros dejados por la sedición, se encontró ante este drama. No había que perder tiempo ni en inculpaciones de los predecesores, ni que desesperar de la buena suerte futura de la Nación.
Se pidió su contribución intelectual a las personalidades más versadas en la cuestión de límites. Los hechos expuestos constituían una cuestión militar y una cuestión diplomática y política. Fueron pues consultados los jefes militares y los estadistas. No me voy a ocupar ahora más que en el proceso que atañe al problema militar.
El estudio de la situación militar del Chaco develó una triste realidad. Nadie se había ocupado en ella; aquellos de quienes debía esperarse siquiera alguna experiencia reflexivamente adquirida, dieron prueba de encontrarse sorprendidos por un acontecimiento imprevisto. Las opiniones se multiplicaron en gran confusión. Los proyectos más fantásticos y disparatados se entrecruzaron. Se percibía bien, desgraciadamente, que todos improvisaban, con asombrosa incomprensión de las circunstancias.
Creían unos que los bolivianos nos temen, que conviene amedrentarles, que bastará enviar al fondo del Chaco quinientos mil hombres armados para que abandonen sus fortines y huyan. Este juicio era compartido entonces por muchas personalidades civiles y militares. Y sin embargo era tan infantil como irresponsable. Para que la distribución del Ejército pueda prometer alguna eficacia, es ineludible que, ante todo, él exista. Un Ejército escaso en número, mal equipado, con deficiente instrucción técnica, será tan poco eficiente así en la margen derecha como en la izquierda del río Paraguay. Casi audaz se debía ser para afirmar que en 1924 había un ejército, después de aquella revolución desastrosa, larga e irracional, pues no fue justificada ni siquiera por un antagonismo político entre los partidos. Una simple cuestión presidencial había zapado las instituciones que se derrumbaron sobre el país casi totalmente.
Carecía de oficiales, de armas, de municiones. No había recursos ni crédito para dotarle con la premura necesaria de sus elementos primordiales. El Parque de Guerra era un repelente hacinamiento de una cacharrería inútil. No era posible ser tan cándido para suponer que los bolivianos lo ignoren. Un coronel de esta nacionalidad asistía a nuestras revistas militares, que consistían en la exhibición de modestas tropas, no más de cuatrocientos o quinientos hombres, no solamente sin instrucción sino hasta sin los burdos zapatones.
Transportar a toda esta tropa al fondo del Chaco, era exponerla a un trágico destino. No podrían ser reforzadas, no tendrían defendidos sus flancos, carecerían de etapas y de base de sustentación. Podrían además ser sorprendidas y copadas por el enemigo.
La ocupación militar del Chaco con fuerzas de algún volumen, requiere complejas condiciones que no se podían crear mágicamente en aquella situación. El Gobierno, pues, creyó que no sería propia para ahuyentar a los fortines ajenos y que su único efecto inmediato sería la acumulación de parte de Bolivia de más tropas sobre la frontera. Estas previsiones se confirmaron muy pronto. Después de aquellas estentóreas manifestaciones hostiles al Gobierno con motivo de la aparición del fortín Saavedra, Bolivia concentró en la cuenca del Pilcomayo 4.000 hombres, para defender sus posiciones, número que apenas se podía armar entonces, en todo el Paraguay (1).
(1) Véase carta del Dr. Ayala. París, 1°- de diciembre de 1925. Informe reservado del general Belloni.
Al cabo de muchos días de opinar incesante y continuo, el Gobierno optó por esta decisión fundamental: ocupar el Chaco, urgentemente, y entre tanto formar el Ejército, adquirir el material indispensable para la defensa del territorio contra el evento de una agresión.
Se debía complementarla actividad meramente disquisitiva en la cuestión de límites, la controversia de las conferencias, con la ocupación material, la posesión efectiva del territorio cuyos límites tratábamos de dilucidar. Pues, hasta entonces no se había levantado un asta de bandera en los lindes "del fondo chaqueño, entre Bahía Negra y el Pilcomayo.
El primer objetivo fue ocupar, poseer, o poner algún signo exterior y patente de soberanía al contendor, a fin de que sus avances fueran, no la casi natural internación en un desierto, sino un atentado contra la nación misma, en su patrimonio territorial. Se principió por recuperar Bahía Negra y algunos lugares sobre el Pilcomayo, en la frontera argentina, donde había algunos pocos soldados antes de la revolución.
El envío de tropas al Chaco no estaba exento de peligros. Las relaciones con Bolivia estaban llenas de recelos y de suspicacia recíproca. El Gobierno boliviano interpretó la actitud de reocupación como una movilización de todo el Ejército, con el propósito de atacar el fortín Saavedra. Y éste fue tal vez el motivo determinante del envío de fuerzas militares bolivianas hacia el Pilcomayo, recordado más arriba. Estridentes manifestaciones de protesta popular se efectuaron en La Paz contra nosotros. Los periódicos bolivianos publicaban que se equivocaría el Paraguay si intentase entonces repetir lo que hizo contra Puerto Pacheco en una época desgraciada para Bolivia. La Cancillería boliviana pidió varias veces a la nuestra informes sobre el movimiento de nuestras tropas (2).
A pesar de ello, se reinició y se prosigue hasta ahora la ocupación por la fundación de varios fortines más. Se principió por lo más urgente y lo único realizable entonces, sin correr el riesgo de algún revés previsible. La ocupación al principio tuvo un carácter más bien político. Era también defensa de nuestros derechos, pero no estrictamente militar. No estaba constituida de fortalezas y grandes cuerpos de Ejército, porque no era posible. Y ella misma fue difícil, entorpecida por múltiples obstáculos. El territorio es inmenso; estaba desierto en su mayor parte. Las condiciones de vida eran muy difíciles en él. Muchas de ellas había que crearlas, tales como: alojamientos, medios de comunicación y de transporte, caminos, reservorios de agua... La organización para este servicio tuvo que improvisarse, con personal sin experiencia y sin aprendizaje.
Las primeras posiciones por fuerza tenían que ser modestas. Cualquiera de esos que nunca han hecho nada, encontrarán en ellos deficiencias, desde el punto de vista de lo que debiera hacerse, conforme a las teorías técnico-militares más vulgares.
Pero el Gobierno desde luego no se propuso realizar una quimera. Antes que dictaminar sobre lo que sería mejor en el futuro hizo lo que se podía, como se podía, enseguida. Además, es noción vulgar de la estrategia militar, confirmada en la guerra europea, que las tropas de operaciones no deben estar en las posiciones avanzadas de mera exploración e investigación, y más todavía si son de simple ocupación, como en este caso. Las tropas destinadas a la acción propiamente de guerra, deben estar atrás, en alguna parte, ocupadas en organizarse, equiparse, instruirse, en el estudio de la acción futura.
(2) Véase Memoria sobre la política exterior desde 1924.
Con la ardua tarea de ocupación del Chaco, sincronizó la menos urgente y difícil de reconstruir el Ejército que se había desbaratado en la última sedición. Los pocos jefes y oficiales abnegados y leales que sobrevivieron a dicha sedición, cooperaron afanosamente en la formación del Ejército. Esta era en aquellos momentos la misión más importante para el Gobierno.
Por su parte la acción diplomática, se desataba presta y alerta hasta donde era posible para descubrir el propósito actual de Bolivia contra nosotros, y para prevenir algún choque de parte de ella. En este dominio, el Sr. Manuel Gondra sirvió leal y eficazmente a nuestro país (3).
LA FORMACION DEL EJÉRCITO
Varios son los elementos componentes de un ejército, aún del más bisoño y modesto. Los más sustanciales para nosotros eran: armas, municiones y equipos; jefes y oficiales; y dinero, como medio directo, ineludible.
Dinero no había. Durante la sedición apenas se pudo mantener el Ejército leal y pagar los sueldos de los funcionarios públicos. Algún régimen financiero existía a pesar de todo, mediante el cual se pudo adquirir armas, municiones, costear toda la administración, y estabilizar el cambio. Obra modesta y elemental realizada por primera vez en el Paraguay, sin emisiones fiscales, ni empréstitos que ahorquen la economía nacional.
Con todo, la expansión del Tesoro Nacional estaba embargada por grandes obligaciones. El servicio de la deuda externa estaba suspendido desde hacía muchos años, había grandes deudas en la Administración, el crédito público interno y externo estaba muerto. El nombre del Paraguay fue borrado de mala manera de los mercados del dinero, hace ya más de 40 años, había dicho el Dr. don Manuel Franco en 1909 (*)
Dos hechos habían extinguido toda confianza en el Paraguay: su incapacidad para hacer el servicio regular de su pequeña deuda externa, y la frecuencia de las sediciones, que hacía ilusoria toda estabilidad y equilibrio en el organismo económico.
No cabía pensar en la creación de recursos extraordinarios, pues con ella se ahogaría la convalecencia económica de que tanto necesitaba el país. Y de los recursos ordinarios, tan menoscabados de suyo por el abatimiento general emergente de la sedición, en el organismo nacional, no cabía esperar excedentes financieros para renovar siquiera el material de guerra y reparar los alojamientos militares.
Se buscó algún crédito, prudentemente, para disimular la actitud de postulante insolvente, y dentro del país y fuera de él se confirmaba con este motivo el desprecio en que se había hundido el país. En el extranjero no se oían más que estas admoniciones: "Paguen sus deudas, dejen de hacer motines", como si uno fuera en busca de consejos.
El Banco de la República se avino a prestar al Gobierno una mísera suma, que escasamente serviría a pagar los fletes del material que se necesitaba, en condiciones que repugnan al patriotismo. Se conserva la historia de esta gestión como un baldón del nombre paraguayo, para ser publicada cuando la oportunidad se presente. Se rechazó el ofrecimiento con grande, sincera y honda repulsión (4).
(1) Véase el Memorándum sobre la política exterior desde 1924. (Nota del autor: A pesar de nuestras investigaciones no hemos encontrado hasta la fecha dicho memorándum).
(*) Los 40 años a que se refiere Eligio Ayala, como afirmación de Manuel Franco comprende de 1870 a 1909 (Nota del autor).
(4) En otro trabajo se hace la historia de esta gestión.
A pesar de nuestras investigaciones no hemos encontrado dicho trabajo. El Banco de la República a que se refiere funcionó desde 1908 hasta con carácter de institución privada, no obstante su nombre oficial (nota del autor).
Corredores voceaban aquí y allá que se haría un empréstito. Pero en cuanto se les requería una propuesta seria, se dirigían a los capitalistas de quienes recibían el rechazo con el mismo concepto deprimente de "país desorganizado incapaz de atender el servicio de una minúscula deuda externa".
Desde esos instantes se condensó en los gobernantes la penosa convicción de que el Paraguay por largos años, hasta rectificar sus errores del pasado, tendrá que tomar sus destinos en sus propias manos y que no podría contar más que con sus propios e ínfimos recursos.
Al impulso de esta amarga persuasión, se acreció la rigidez de la administración financiera, con el objeto de obtener, a pesar de todos los infortunios, los medios que buscábamos. Por esto el Gobierno se oponía tesoneramente al aumento de los gastos en el Presupuesto General, y propalaba la noticia de una gran crisis financiera para prevenirlo.
Otra medida de salvación fue sugerida, y merece ser recordada, en honor del gran prestigio de quienes la sugirieron.
Después de la guerra europea se dispersaron por todas partes agentes para colocar armas viejas, en los países necesitados. Aquí también llegaron esas ofertas de la trapería militar, dejada por la guerra, las de ametralladoras y fusiles descalibrados, modelos de hace veinte o treinta años, algunos.
Hubo quienes pensaron en que debían adquirirse estos artefactos deteriorados, y que para adquirirlos debían extraerse los fondos de conversión de la Oficina de Cambios, puesto que no había otro recurso disponible.
El Gobierno también rechazó con indignación, categórica, absoluta y firmemente esta peregrina proposición, con la misma repugnancia que le había producido el cambalache insinuado por el Banco de la República.
Y los motivos de esta decisión surgieron de los más imperiosos intereses nacionales, totalmente ignorados por los presumidos redentores.
El fondo de conversión era una suma irrisoria frente a la que se necesitaba para equipar un Ejército. No llegaba a 700.000 o/s. Con él se hubiera podido comprar enseguida unos viejos arcabuses de archivo. Pero esta adquisición sería un paliativo de momento. Y lo que más apremiaba no era aliviarse de un susto pasajero, sino planear una acción larga y grande, prepararse reflexiva, serena y disciplinadamente, sin emociones innecesariamente exageradas, para las contingencias del porvenir. Adquiridas esas armas viejas, se nos abriría un problema pavoroso aún. ¿Qué hacer después? ¿Cómo se renovaría el material anticuado y exiguo?
Además, desde que se constató que el crédito externo del Paraguay estaba borrado, el Gobierno procuró obtener del país mismo los medios financieros para responder a las exigencias de la defensa nacional. Y para esto había que reanimar, vigorizar toda la economía pública, impulsar la producción de las riquezas, estimular el trabajo y el comercio. Sólo así podrían acrecer las rentas fiscales, aumentar el rendimiento de los impuestos y abastecer el tesoro nacional.
La extinción de los fondos de conversión dislocaría el régimen monetario y, por consiguiente, toda la actividad económica nacional. Recusaría uno de los deberes más categóricos del Gobierno, que es el de mantener un régimen monetario sano, por ser él la condición esencial del desarrollo económico y de la nivelación financiera de un país. Por el despojo de los fondos de conversión, se hubiera arruinado aun más el Paraguay, justamente cuando más se anhelaba su expansión vital.
La posesión de algunos pocos fusiles de modelo arcaico, pues, no hubiera compensado el inmenso daño a toda la economía pública.
Si los fondos de conversión fueran entonces de cuatro a cinco millones de pesos oro, su inversión sería de algún provecho capaz de contrapesar sus funestos efectos. Pero desvicerar toda la producción económica a cambio de algunas centenas de escopetas añejas y caras, era un programa demasiado desgraciado e infeliz que merecía acabadamente la negación.
Afortunadamente, mientras se enterraban estos dislates, la reorganización financiera, la estabilización del cambio realizada con esos mismos fondos de conversión que se había querido malrotar, sin empréstitos, ni Comisión Kemmener, oscura y modestamente, con escasísimo costo, sin dictadura financiera, produjo un vigoroso renacimiento general. Las rentas fiscales aumentaron en proporciones tales que permitían prescindir de la cooperación financiera de los usureros.
En cuanto se realizó esta expansión, el Gobierno se ocupó en obtener el material de guerra más indispensable para el Ejército. Se estudió y adoptó un plan de la adquisición y se entró en la vía de las ejecuciones (5).
Esto acontecía a principios del año 1925. Mientras todo el mundo se lamentaba de que no se hacía nada, el Gobierno, en un silencio angustiado y penoso, sin farolerías chinescas, se empeñaba en llenar los vacíos abiertos en la organización militar por un pasado de ineptitudes, de indolencias, de imprevisiones, y de la criminal rebatiña de despreciables pasiones egoístas.
Esta resolución del Gobierno también tuvo sus contradictores. Se arguyó que el país era débil y no podría sobrellevar una paz armada; que es un extravío deplorable incorporar en armas las pocas economías financieras del país, en vez de aprovecharlas para el fomento del progreso general y para robustecer el bienestar social. El Gobierno tampoco se rindió a estas impugnaciones.
En nuestros tiempos, un país debe estar necesariamente dotado de los medios para defenderse. La paz es un ideal que todos anhelamos. Sus beneficios son indisputables. Ella es la condición de todo el género humano. Pero desgraciadamente no depende de la voluntad de uno solo. Un país inerme cerca de otros armados, o ante otro adversario que se arma sin cesar, vale como el que entrega su destino a la caridad pública, a la filantropía de los demás. El país horro de aprestos para defender sus derechos, no podría negociar en una controversia internacional, pues estaría a merced de su adversario o enemigo aunque fuere injustamente. Antes que hacer proposiciones, le correspondería más pedir órdenes. Sus alegaciones no serían escuchadas siquiera.
El país, pues, que renuncia a afianzar sus derechos, por comodidad, por temor a esfuerzos y sacrificios, no puede estar seguro de su existencia. Y es preferible la mayor seguridad, aun a costa de ser menos ricos.
Por estos motivos, el Gobierno hizo el esfuerzo de allegarse todos los recursos posibles, a pesar de no ignorar la pobreza de nuestro pueblo, y consumó el sacrificio de invertirlos en la defensa nacional.
El Dr. Eusebio Ayala, Ministro Plenipotenciario en Washington fue comisionado para firmar el contrato formulado y remitido a París. En una carta que el Sr. Presidente de la República le escribió al Dr. Ayala, están expuestos los antecedentes, el objeto y la forma de esta negociación. La transcribo a continuación:
(5) Esto es asunto de otra memoria.
"Señor Dr. Eusebio Ayala.
"Justamente en momentos en que pensábamos pedirle se traslade a París y nos haga allí un servicio, recibimos su comunicación de que deseaba irse a esa Capital por motivos personales.
"El Ministro de Guerra, Dr. Riart, confiado en que Ud. se avendrá a prestarnos la cooperación de su valioso servicio, le autorizará a firmar un contrato de adquisición de armas. El, en carta que también le escribe, le expone la forma, condiciones y contenido del mismo. De mi parte voy a concretarme a informarle de los antecedentes y motivos de la proyectada adquisición.
"Bien sabe Ud. que tenemos una grave y antigua cuestión de límites con Bolivia, cuya solución es de vital importancia para nosotros. Sabe también que siempre hemos estado dispuestos a resolverla, directa y pacíficamente por un avenimiento amistoso, pero que ella ha demostrado inflexible intransigencia. La conversación de Ud. con el Presidente Saavedra ha acusado la misma obstinación de todos los tiempos, en negarnos nuestros derechos, hasta en desconocer el Protocolo de Statu-quo de 1907. Mas, nada es esto. En los últimos años ha aumentado su Ejército, ha adquirido un gran material de guerra, ha invertido grandes sumas en medios de transporte y ha avanzado su ocupación positiva del Chaco, en las fronteras de nuestro territorio.
"Ningún hecho de nuestra parte puede servir de pretexto siquiera a esta demoníaca y nerviosa actividad. Nosotros jamás hemos amenazado a nadie, y jamás hemos abrigado el propósito de suscitar conflictos internacionales, y menos el de resolver nuestras cuestiones por la violencia. Hemos confiado siempre en la justicia, en la validez indisputable de nuestros derechos.
"Es difícil presumir que los actos de Bolivia sean normales y regulares, pues se están realizando patentemente a costa de erogaciones que exceden su capacidad económica y financiera. Mas, lógicamente, nos hacen creer en la posibilidad de que nos suscita una crisis por la ocupación violenta de nuestro territorio, por una agresión inmotivada de nuestros derechos. Esta presunción emergente de la postura actual del Gobierno boliviano, está abonada por el pasado histórico de ese país, en que más de una vez ha sido irrespetuoso e inconsecuente con pactos acordados y con derechos ajenos.
"Ante esta actividad, nosotros no debíamos dejar al país desapercibido. Debíamos procurar dotarle de las condiciones mínimas, por lo menos, de defensa contra una posible agresión. Por estos motivos, y solamente con estos propósitos, nos ocupamos en adquirir algún material de guerra, lo absolutamente ineludible para la defensa de nuestras fronteras. Hemos querido adquirir el material más moderno, el que haya incorporado ya los últimos progresos después de la guerra europea, en la materia. Deseábamos que él fuese, aunque poco, de lo mejor.
"Y se sabe que las armas de combate han evolucionado mucho después de la gran experiencia última. Si nosotros tuviéramos que hacer estudiar previamente los progresos realizados, con nuestros propios elementos, antes de determinar lo que debemos adquirir, perderíamos mucho tiempo, y la escasez de nuestro personal técnico, no afianzará desde luego el éxito deseado.
"Además, si nosotros enviásemos a nuestros agentes a Europa a recorrer las fábricas y a contratar la adquisición, Bolivia lo sabría. Cualquier hecho que autorice a hacerla creer que el Paraguay se está armando, podría crearnos una situación muy delicada. La prudencia, pues, nos imponía gran sigilo en la operación.
"Cincuenta años (*) de anarquía político-militar han dejado a nuestro país como está: pobre, sin crédito e inerme. El período de transición entre el estado de insolvencia bélica y el de mediana preparación defensiva es el peligroso para nosotros. Y en ese período, la única garantía de nuestra integridad territorial y de la paz, puede ser la solidaridad internacional, el apoyo moral por lo menos de un país amigo. Y este país, por múltiples razones actuales, puede ser la Argentina.
"El Gobierno argentino tenía una comisión técnica en Europa desde hacía muchos meses, y pensamos en que esta comisión podría ayudarnos con los resultados de sus estudios. Así íbamos a ganar tiempo y a mantener la reserva necesaria de las gestiones.
"Además, de este modo estrecharíamos relaciones con la Argentina, lo que nos convendría mucho porque, claro está, que si Bolivia se propone suscitarnos cuestiones para exigirnos una solución por la violencia, no esperará tengamos las armas en las manos para acometernos. La Argentina podría prevenir o atajar una agresión temeraria, si no es en interés nuestro, por lo menos para mantener la paz internacional, cuya perturbación sería funesta para todos los estados.
"Por estas razones nos acercamos al Gobierno argentino, y encontramos en él una deferente y amistosa acogida. Después de varias gestiones llegamos a este acuerdo privado y reservado: nosotros le daríamos una determinación de la clase y cantidad de armas que nos proponemos comprar. El, por medio de su Comisión Técnica en Europa, nos aconsejaría los precios y los sistemas de armas y los métodos más ventajosos, y nosotros por medio de un agente diplomático firmaríamos el contrato de adquisición y pagaríamos lo adquirido.
"Creemos que esta forma de adquisición nos ofrecería varias ventajas: aprovecharíamos los trabajos de investigación hechos por la Comisión Técnica, de indudables aptitudes, obtendríamos lo que necesitamos en el más breve tiempo posible, y mantendríamos el secreto de la operación, tan necesario para nosotros a nuestro juicio, y obtendríamos todas estas ventajas sin menoscabar el decoro nacional.
"Hemos creído conveniente aceptar esta forma de adquisición persuadidos de servir mejor así los intereses del país, y además, apremiados por la necesidad de no perder más tiempo para la realización de esta operación.
"Han transcurrido ya muchos meses en estas gestiones; desgraciadamente, la actitud boliviana en las fronteras es cada vez más amenazante, y carecemos de medios de defensa, hasta para reprimir una convulsión interna. Los militares responsables de la defensa están, con mucha razón, impacientes, porque evidentemente nada podrán hacer y nada harán sin medios adecuados a ella. Y nosotros seremos responsables de no haberles allegado oportunamente los elementos ineludibles de una acción eficaz.
"Hemos resuelto, pues, hacer lo que se pueda en la forma que sea dable. Algunas armas debemos adquirir urgentemente a toda costa y para eso le pedimos el concurso de sus servicios. Verá Ud. la forma de contratar y lo firmará si le parece bien.
"Saludos amistosos"
Asunción, agosto 17/1925
Eligio Ayala"
(*) Los 50 años a que se refiere Eligio Ayala comprenden el tiempo transcurrido entre 1574 a 1924 (nota del autor).
Había una intención escondida en esta carta. Estaba destinada a una gran distancia, a través de azares imprevisibles. Uno de éstos podía ser el que se extraviase o fuese abierta y conocida. Y a fin de que fuese posible excusar, en este caso, la conducta del Gobierno, ante los países vecinos, fue escrita en estos términos.
Para asegurar el sigilo que se encarece en esta comunicación, el Gobierno dio una Comisión a un distinguido jefe del Ejército a efectuarse en Europa (6). Preveíamos que el público supondría que su misión era adquirir armas para el Paraguay, y que los pesquizas bolivianos, al constatar lo contrario, se convencerían de que la creencia corriente era falsa. Y así aconteció: mientras se observaba a este jefe, las adquisiciones se hacían en otra parte subrepticiamente; se disipaba la alarma de Bolivia mientras realizábamos nuestros planes. Por este motivo decía el Presidente de la República en uno de sus mensajes al Congreso: "Preferimos hacer lo que no parece, a hacer parecer lo que no hacemos".
La adquisición de armas ha sido difícil y ha absorbido tiempo. Las gestiones encontraron por desgracia muchos entorpecimientos, ajenos completamente a nuestra voluntad (7). Pero voy a dejar constancia expresa de que hasta hoy, ninguno de los contratos firmados se ha retardado en su ejecución, por falta de recursos de nuestra parte, y de pago en los plazos fijados.
Claro está, que la cantidad del material contratado, ha debido subordinarse, por fuerza, a nuestras disponibilidades previsibles. Nada más que el descrédito sería el resultado de la imprevisión de contraer obligaciones sin probabilidades de pagarlas.
El Plan del gobierno fue principiar por la obtención del material más urgentemente necesario, con la mayor disimulación asequible, estimular la actividad económica del país, por la cooperación común y la consolidación de la paz interna, recobrar el crédito público externo - que se había perdido- y obtener más tarde un empréstito para impulsar más eficazmente la preparación de la seguridad exterior. Para encaminarse en la ejecución de este objeto, se trataba por todos los medios de inspirar confianza al país, se acallaba todo alarde de un peligro externo, y se disimulaban, en lo posible, los aprestos militares. Nuestro efectivo de línea del Ejército se mantenía en un número relativamente, por esta razón también, y además, para que aumentasen los sobrantes del Presupuesto, destinados a la adquisición de armas.
Sobre todo, esta actitud fue impuesta por la necesidad de ganar tiempo, y de entrar en la posesión del material de guerra, antes que se suscitara alguna crisis violenta en nuestra cuestión de límites con Bolivia.
Se hicieron las diligencias convenientes en el sentido de lograr la realización del empréstito, prudente y reservadamente. Había promesa seria de su realización para principios del año 1927, época en que varios vencimientos de plazos de los contratos exigían del Tesoro Público grandes erogaciones. Pero el incidente de fronteras producido por la muerte de Rojas Silva, primero, y los escarceos políticos en la cuestión presidencial, después, anularon los acuerdos verbales a que se había llegado, y aumentaron los apremios financieros. Grandes capitales salieron del país, se redujeron los negocios y disminuyeron los ingresos fiscales en cantidad muy grande. El pequeño préstamo de 20.000.000 c/l. autorizado por la ley de presupuesto tampoco pudo efectuarse hasta hace pocos meses. Pero como es a corto plazo, su aplicación y utilidad es muy restringida.
(6) La de contratar la Misión Militar Francesa Instrucción N° 58. Septiembre 19 de 1925.
(7) Estas gestiones serán objeto de otra exposición.
Y éste no fue el único resultado funesto de este incidente. La opinión se excitó, se acusó al Gobierno de apatía e indiferencia ante los intereses públicos, y éste, para sincerarse ante tanta injusticia, fue dejando, en cada interpelación de las Cámaras, parte de la reserva en que efectuaba los preparativos militares. Bolivia pudo así hacer inducciones sobre los planes de nuestra defensa militar, y como ella dispone de empréstitos, se apercibió también aceleradamente para una acción bélica en el Chaco.
A pesar de todo, la ejecución de los contratos no se había interrumpido hasta este momento. Pero es forzoso renovar los métodos de acción ante la postura también cambiada de Bolivia en las fronteras del Chaco. El nuevo Gobierno habrá de afrontar resueltamente nuevos problemas.
Oficiales: No puede haber Ejército sin Jefes y Oficiales, es harto sabido. Ellos, pues, son otro de los elementos esenciales del Ejército.
Las sediciones en el Paraguay, además de los desastres materiales, han producido funestos efectos sociales. Ellas engendran los rencores, los odios que estorban la cooperación, que incompatibilizan entre sí a los que podrían trabajar juntos.
Los pocos jefes no arrastrados por la sedición no pudieron entenderse y coadyuvar a causa de los resentimientos personales recíprocos. Rivalizaban unos con otros, y en la difamación recíproca y en el chismeo se gastaba el tiempo estérilmente. Con ellos se ha formado, y se va formando, la nueva oficialidad del Ejército.
Para impulsar este proceso de formación, se ha aumentado la dotación de la Escuela Militar, se ha creado la Escuela de Pilotos Aviadores, se ha reorganizado el Departamento de Marina. Se ha enviado a varios jefes a estudiar a las mejores escuelas extranjeras (8), y se ha contratado una misión militar francesa (9).
Después de una labor silenciosa, porfiada y perseverante, podemos informar ahora que hay un Ejército por lo menos en proceso de sano crecimiento. Todavía no está completo, van llegando otros materiales para él, y para los parques. Sin embargo, es mucho mejor que el que existía, no en 1924, sino antes, mejor que aquel celebrado ejército científico mismo, que fue la vertiente más copiosa de la anarquía en el Paraguay.
Lo sabemos, algunos de esos para quienes todo es mohína y desbarate lo juzgan con otro criterio, injustamente. El triste sino del Paraguay, ha sido el mismo en todos los tiempos. Siempre se ha preferido tornarse de las greñas, unos a otros, antes que ayudarse como hermanos leales en el patriotismo.
También actualmente se está transformando la mera ocupación militar del Chaco, en una organización estratégica de defensa militar. Esta es la ardua empresa que absorbe ahora la actividad de nuestro Estado Mayor.
La distribución de las fuerzas se efectúa conforme a los planes militares del Estado Mayor y a la situación del Ejército que está al frente. Una parte de ella, está instruyéndose y equipándose en sus cuarteles. Otra, en las fronteras, en cambios continuos, para plegarse a las necesidades de las posiciones militares.
(8) Hay otra memoria de los motivos de esta decisión.
(9) Por qué y cómo se contrató esta misión, es tema de otro informe.
ORGANIZACIÓN FUTURA
El pensamiento del Gobierno respecto de la Defensa Nacional es claro, definido y categórico. Creemos que a pesar de todas las dificultades, aun a costa de los mayores sacrificios, debemos colocar al país en condiciones de defenderse eficazmente contra cualquier agresión, por una acción metódica, continua y prudente.
Debemos disciplinar, organizar y dirigir toda la actividad social, con la mira fundamental de asegurar la integridad territorial.
Los tiempos han cambiado radicalmente. Bolivia se apresta para apoderarse de la mayor parte del Chaco, desciende del Altiplano y se va a internar en él con fuerzas positivas. Si no queremos que nuestros derechos queden en vilo, debemos proporcionar nuestros esfuerzos a nuestras pretensiones. Debemos, en suma, rectificar fundamentalmente el pasado.
Antes no se percibía la magnitud de la cuestión de límites. Las camarillas políticas la explotaban para zaherir a las opuestas. Se injuriaban y calumniaban unas a otras en nombre de ella, se hacían conferencia, se acordabas actas y protocolos. Pero a par de no hacerse nada en el fondo del Chaco, se anarquizaba el país.
Y todo esto no debe repetirse, cueste lo que cueste, pese a quien pese. Los intereses superiores de la Nación, deben imponerse a las rencillas disolventes, a los pequeños cismas enervantes de la cooperación social.
La suprema resolución de defender nuestros derechos territoriales, contra cualquier contingencia, nos traerá grandes sacrificios y abnegaciones. Estamos al principio de la tarea. Se necesita mucho más. Pero debemos hacerlo y lo haremos seguramente.
Cuando se estudió el plan para crear la defensa de las fronteras del Chaco, en cuanto se hubo constituido el nuevo Gobierno, en agosto de 1924, la necesidad que más imperativamente se impuso a todas, fue la de algún material de guerra. La última sedición había casi acabado el proceso de desaparición, de desgaste y de destrucción de las pocas amas que había antes. Se carecía de municiones casi completamente. Los cartuchos que restaban, en cantidad ínfima, estaban deteriorados, en gran parte. No había aviones de guerra, ni de escuela, ni medios de comunicación.
Era ilusorio pensar en la formación del Ejército, sin la consecución previa de estos elementos. No se podría, en efecto, infundir el espíritu militar en los jefes y oficiales, si ellos están anticipadamente convencidos de que su acción seria ineficaz por carencia completa de medios.
Un corredor había llegado a la Asunción a ofrecernos una cantidad de Mausers, de un país vecino. El modelo era muy anticuado, el precio elevadísimo, y el calibre inconveniente. Otro extranjero, un señor Bergmánn, también vino varias veces a la capital a hacer ofertas de ametralladoras y fusiles Mausers. Y otra vez más nos informamos de las deficiencias de estas armas. Los Mausers eran de un stock incolocable, de los fabricados precipitadamente, durante la guerra en Europa. Su calibre era anticuado, y el ofertante no quería darnos ni muestras de ellos ni garantías de la fiel ejecución del contrato.
Las ametralladoras Bergmann eran conocidas y probadas. Modelos de ellas había ya entre nosotros. Alcanzó la oferta de ellas hasta la Asunción, justamente porque la fama de que eran inservibles, las hacían incolocables en otras partes. Eran de las que se trancan, como se dice vulgarmente. El Gobierno se vio obligado a no aceptarlas, por estos motivos, a pesar de que los ofrecimientos estaban apoyados por las recomendaciones de un ilustre compatriota residente en Buenos Aires y otros, hasta algunos jefes militares entre ellos, y a pesar también de la apremiante necesidad de armas de que padecía el Ejército.
Corrían por ahí otras ofertas de unos rifles viejos norteamericanos, a precios sorprendentes, manifiestamente inútiles e inaceptables.
Creíamos que sería desgraciadísimo para nuestro país, invertir los pocos recursos fiscales en un material anticuado de este género, de muy pobre eficacia técnica desde luego y cuya renovación se haría necesaria enseguida. El dinero incorporado en él, ya no podría ser rescatado, y nuestras disponibilidades para adquisiciones futuras eran de muy dudosa existencia, dependerían de otros, de algún prestamista confiado y optimista, o del azar.
A pesar de todas las contingencias contrarias y del peligro de un ataque exterior, se adoptaron al fin, después de angustiosas meditaciones, algunas medidas supremas. Se resolvió hacer cuanto se podía por vía diplomática para prevenir el peligro de una agresión boliviana, y gestionar, entre tanto, urgentemente la adquisición directa de armas de Europa. Se adoptó esta medida porque se creyó que se podría hacer fabricar un material nuevo, en el breve tiempo de un año, más económicamente, conforme a un plan deliberado y propiamente nuestro; que en ese material se incorporarían los últimos progresos en la materia, determinados por la experiencia de la guerra europea y, por tanto, serviría más tiempo sin necesidad de repuestos y renovaciones. Nos indujeron también a esta determinación las informaciones del exterior, según las cuales no parecía tan inminente una ofensiva de Bolivia en el Chaco.
Había muchos alarmistas y timoratos que se opusieron a esta determinación, entre ellos algunos eminentes e influyentes estadistas. Afortunadamente, el tiempo justificó nuestras esperanzas.
Resuelta la adquisición de armas nuevas en las fábricas europeas, había que estudiar las clases más indispensables de las mismas. Era preciso evadir el peligro de aniquilar nuestros escasos recursos en una ferretería inadecuada a sus fines. Debía conocerse también la proporción que han de tener entre sí las diferentes clases de armas.
Para hacer esta definición era ineludible un precedente, que es adoptar una organización de las tropas militares conforme a las enseñanzas emergentes de la guerra. No era ésta una tarea irrealizable. Cualquiera percibía los defectos de la antigua organización militar.
El Poder Ejecutivo, a la vista de los estudios hechos por algunos de nuestros jefes, y después de consultar y de deliberar con otros al respecto, adoptó la organización por Regimientos, que se especifica en el Decreto Público N° 19.239, dictado para ello.
Posteriormente, cuando se hubieron recibido las ametralladoras nuevas se modificó esta organización, en parte, conforme a los estudios y sugestiones del Estado Mayor, por el Decreto N° 28.791, de carácter reservado.
Determinada la organización militar básica, y provisional por lo menos, hasta que se acabaron estudios más hondos y completos, la cantidad y clase de armas, perentoriamente necesarias fluyen casi de suyo. Uno de los reglamentos militares comunes en cualquiera de los ejércitos modernizados en la América del Sur misma las indican claramente. Respecto de este problema, también fueron recabadas y obtenidas las opiniones escritas de los jefes militares superiores más autorizados en nuestro país.
Con los medios de información que se pueden obtener enseguida en nuestro país, muy deficientes naturalmente, porque durante la anarquía político-militar, y la convulsión anterior, nadie se había ocupado en obtenerlas, se formuló un presupuesto para la adquisición: de cantidad, clase y precios aproximativos.
El Poder Ejecutivo, en Consejo de Ministros, deliberó sobre la cuestión con la penosa conciencia del deber y de la responsabilidad que ella suscita. Y cuando consideró agotados los estudios posibles de ella, acordó el Decreto N° 21.211 reservado, que autoriza las contrataciones en Europa. La especificación del material, es el contenido de la Resolución Ministerial N° 45, de fecha agosto de 1925, y de las instrucciones reservadas de la misma.
Este plan original fue modesto, respondía a la posible capacidad financiera de un país pobre, que despertaba apenas de otra sedición. El propósito era abrir por él el camino de las adquisiciones e ir intensificándolas y apresurándolas, en proporción a la dilatación de los recursos y al crédito del país, que se iría estimulando paralelamente. Creíamos poder hacer poco tiempo después un empréstito que acrecentara nuestros medios.
En el presupuesto adoptado hay una conclusión que implica muy serias reflexiones previas.
Los escasos fusiles que había entonces llevaban, además del defecto de ser deteriorado, y descalibrados en gran número, el de la diversidad de calibres. Esto menoscababa mucho, como es sabido, su aplicación y su eficacia, sobre todo por hacer más complicado el abastecimiento de municiones, por naturaleza muy difícil.
Estaba al servicio del Ministerio de Guerra un técnico alemán en esta materia, de positiva preparación. Por él se confirmó la noción primaria desde luego, para cualquier militar, que el calibre 7 o 7.05 o 7.65, es fundamentalmente de un mismo valor balístico. Pero científicamente era indisputable la necesidad y la conveniencia de uniformar el calibre de los fusiles.
Se nos presentó, pues, el problema de optar por un calibre definitivo. Entre los pocos paraguayos de alguna preparación técnica para juzgar este asunto, las opiniones eran discrepantes. Unos proferían el calibre del Máuser chileno, otros el del Máuser paraguayo, y otros, en fin, el del argentino.
Muchas consideraciones serias y graves terciaron en el ánimo del Poder Ejecutivo para resolverlo.
Una gran contradicción se percibe en el armamento de los países sudamericanos. Se han adoptado armas europeas, de precisión y velocidad prodigiosas. Estas armas consumen una cantidad inmensa de proyectiles y, por consiguiente, suponen una poderosa capacidad para la fabricación de los mismos. Nosotros adoptamos y podemos obtener los instrumentos perfeccionados, pero carecemos de población, de técnicos, de capitales y hasta de materia prima, para responder al aprovisionamiento de las municiones que exigen.
Para comprender cuán grande es esta necesidad de abastecer de municiones y cuán difícil es satisfacerla, bastará recordar que en la guerra europea, Francia misma, a pesar de su gran población y de sus singulares aptitudes técnicas, tuvo que ser socorrida por Norteamérica, en este respecto. Alemania, a pesar de lo que era y de sus grandes previsiones antes de la guerra, era auxiliada por Suiza y otros países fronteros, en la fabricación de proyectiles, o de algunas piezas para los mismos.
Nosotros, pues, debíamos prever los medios de alimentar de municiones a las armas nuevas, en caso de guerra. Y llegamos a la convicción de que uno de los países que pueden secundarnos, eventualmente, en la previsión de este elemento vital de la guerra, es la Argentina, por su proximidad, por sus riquezas, y acaso por sus vinculaciones diplomáticas con nosotros. El calibre 7.65, que es el del cartucho argentino, ofrecía esta ventaja circunstancial. Y hemos aprovechado ya esta posibilidad, pues hemos adquirido de ese país también proyectiles más fácilmente que de otros, con economía de tiempo, de fletes y de importe de nuevos moldes. Pero, además, hay otras de mayor importancia aún.
Las armas modernas, necesariamente han de ser fabricadas en las grandes usinas europeas. Nuestro país estaba sin crédito en esas plazas y nuestros contratos habían de ser por fuerza ínfimos, con relación a los hechos por los países ricos. Si las fábricas tuvieran pedidos de estos países estaríamos excluidos de ellos hasta que hicieran las entregas debidas.
El gobierno de la Argentina también estaba comprando casi las mismas armas de que necesitábamos, y, por consiguiente, si los calibres de los materiales de ambos países eran coincidentes, creíamos que nuestras adquisiciones serian más expeditas. Estas ventajas previstas se realizaron efectivamente. Las ametralladoras livianas Madsen, pudimos recibirlas hace ya varios meses, porque la Argentina nos cedió espontáneamente su turno. Lo mismo ha sucedido con las ametralladoras pesadas Colt, y con la artillería pesada. Si no fuera así, tendríamos que esperar el cumplimiento de los contratos con ella para que se iniciara la ejecución de las nuestras, pues lógicamente una fábrica no respondería, en interés nuestro, las grandes operaciones con un país opulento, aun cuando nos aviniéramos a pagar primas cuantiosas. Más aún, la Argentina en correspondencia a la confianza que depositamos en ella, ha hecho excepción a favor del Paraguay, en algunos contratos exclusivos con algunas fábricas para la construcción de ciertos materiales de guerra.
Por otra parte, no percibíamos entorpecimientos mayores en la eficacia de nuestro armamento que podrían provenir de la adopción de este calibre. En el peor de los casos, tendríamos que allegarnos los proyectiles necesarios para los fusiles, como si fueran de un calibre diferente.
El presupuesto de adquisición de armas, adoptado por la Resolución Ministerial Nº 45 fue remitido a la Comisión Argentina de Bruselas, a fin de que el Ministro paraguayo en Washington, a su llegada allí, pudiese obtener los informes necesarios para firmar los contratos. La instrucción dada al Delegado del Gobierno, fue la de que contratara la adquisición de lo mejor, de lo más perfeccionado que se pudiera obtener en Europa, en esa época, en cuanto a los elementos de guerra especificados en el presupuesto y en la mayor brevedad posible, aun a costa de precios algo más elevados que los corrientes.
El Dr. Eusebio Ayala llegó a París, se enteró de la misión que le había sido encomendada, y contestó telegráficamente en estos términos: "Will do my best" (Haré lo mejor que pueda). Pocos días después, el 20 de septiembre de 1925, contestó la carta que le había dirigido el Presidente de la República. En esta comunicación expone algunos juicios de particular interés, como sigue:
"París, 20 de septiembre de 1925
"Mi estimado amigo: Me es grato acusar recibo a su apreciada de agosto 18. Hacen bien en pensar en que aceptaré prestar mi concurso al Gobierno en esta gestión. Por varias razones pienso que tal vez no sea yo el más indicado en el presente caso, pero ya que se han decidido por mí, no me resta sino agradecer la confianza y prometer hacer cuanto pueda para dar satisfacción al Gobierno.
"Yo no creo en ningún peligro boliviano de carácter militar, por las siguientes razones: 1º. Porque Bolivia está preocupada en resolver el problema del Pacífico y un conflicto con el Paraguay en los actuales momentos sería un embarazo. 2º. Por la situación interna que es bastante grave y tiene abocado al país a una guerra civil o una dictadura Saavedra. 3º. Por la seguridad casi absoluta que tengo de que los Estados Unidos intervendrán en caso de cualquier atropello de una nación a otra en el continente.
"A fin precisamente de hacer palmario cualquier acto de violencia de parte de Bolivia y provocar una intervención a nuestro favor, he estado insistiendo con nuestra Cancillería para procurar la definición del Statu-quo. Creo sinceramente que en ese documento tenemos la mejor base para fortificar nuestra posición desde el punto de vista diplomático. En cambio, veo un verdadero peligro en la propaganda que se está haciendo, pues despierta recelos en Bolivia y sirve de argumento para señalar a nuestro país como agitador de conflictos internacionales. Me parece que el espíritu cívico puede ser estimulado sin necesidad de atacar a ningún país.
"Pero, a pesar de lo dicho, convengo en la necesidad de la adquisición de material de guerra. Desde el punto de vista internacional, porque nos hará más respetables entre nuestros vecinos: desde el punto de vista de la seguridad interna, porque mejorará el espíritu de los militares. Nada puede ser más funesto que tener un ejército, cuyos jefes y oficiales estén convencidos de que en caso de conflicto están condenados de antemano a la derrota por falta de elementos. Considero pues altamente laudable la decisión del Gobierno, ya que el buen orden que se ha implantado en la Hacienda Pública permite hacer las erogaciones necesarias.
"Afectuosos saludos
Eusebio Ayala".
A pesar de las precauciones hechas para evitar que trascendiera al público la noticia de esta gestión, se hablaba mucho de ella. En París, la llegada de un general paraguayo, y la del Dr. Ayala, produjo en nuestros compatriotas mismos una gran excitación de ánimo. Escribía el Dr. Ayala en una carta del 22 de septiembre de 1925: "He venido a encontrar entre los paraguayos aquí residentes un verdadero embroglio, y precisamente a causa del asunto armamentos. No tengo interés ni deseo de investigar lo que sucede; sólo quiero dejar constancia de que para nadie aquí es un misterio el objeto de mi viaje. No creo que sea por alguna indiscreción sino porque estaba en el ambiente aquí que el Gobierno estaba por comprar armas, y la coincidencia de mi llegada da pábulo a la creencia".
Algunos meses después, en la Asunción también vagaba la misma información, reflejada seguramente por lo que se escribía desde París. Nosotros las rectificamos equivocadamente, y ocurrió lo común en estas circunstancias. Cuando la gente cree saberlo todo, es cuando menos sabe de nada concretamente. Y entre la noticia de que se hace algo y la de que no se hace nada, se prefiere casi siempre lo último, acaso porque compadece mejor con el temperamento nacional. Pronto, pues, la reserva volvió a prevalecer sobre las suposiciones imprecisas.
Las gestiones proseguidas por el Dr. Ayala, revelaron entre tanto una realidad completamente imprevista para nosotros.
Anhelábamos poseer dentro de muy poco tiempo el armamento, pero en cuanto se principió la práctica de adquirirlo, surgieron las dificultades poderosas, y las objeciones serias contra nuestro empeño de dotar a nuestro Ejército urgentemente del material de que carecía en absoluto.
El Dr. Ayala, en su carta del 13 de octubre de 1925, al Presidente de la República, confidencial y personal, decía: "Cuando leí las instrucciones del Ministerio de Guerra pensé que todo estaba resuelto y que mi función se reduciría a aprobar la forma de los contratos, a examinar los precios y a extender los cheques de pago. Pero, a poco me he dado cuenta de que no había absolutamente nada hecho, que la Comisión Argentina de adquisiciones, no tiene sino instrucciones vagas.
"Y me hago esta reflexión: vamos a gastar una suma considerable de nuestros cortos recursos, sin la necesaria preparación.
"Ud. conoce mi modo de pensar en la cuestión boliviana.
"Agotar los procedimientos diplomáticos, y a medida que nos demos cuenta de la inutilidad de los procedimientos conciliatorios prepararnos para tomar la defensa armada de nuestros derechos y para consolidar nuestra posición en los territorios que se nos quiere disputar. Siento tener que decir que a mi ver no se ha hecho nada para provocar un acuerdo. ¿Qué digo? Se ha estado molestando a los bolivianos con propaganda de prensa y conferencias, como si el Paraguay no tuviese más pensamiento que cerrar al vecino todas las puertas de la esperanza a un arreglo que satisfaga sus aspiraciones. En una palabra, el Gobierno y la opinión en el Paraguay, han asumido la actitud que correspondería a una nación armada y preparada para cualquier eventualidad. Ahora la gente se sorprende de la actitud de Bolivia, y presiona al Gobierno para que se arme y organice la defensa nacional. El Gobierno se apresura a adquirir los armamentos sin estudio previo, con la sola consigna de comprarlo mejor que haya en el mercado. Esta es a mi juicio la situación bien triste a que nos lleva una vez más la imprevisión y la falta de orientación en nuestra conducta.
"Los fusiles son de ineludible necesidad y no hay ningún inconveniente en adquirirlos desde ahora. El modelo es conocido y no hay más cosa que hacer que ver si el material es bueno. Igual caso cabe decir de los proyectiles correspondientes.
"En cuanto a las ametralladoras Madsen parece son armas excelentes y no veo inconveniente en su adquisición. En cambio, no sé si las ametralladoras pesadas Colt tienen una ventaja tan patente como para preferirlas á otras. Si las ventajas no son muy grandes, soy de parecer que deben adquirirse armas francesas que se usan en el Ejército francés, pues hay que tener en cuenta que vamos a contratar instructores franceses, quienes están familiarizados naturalmente con las armas francesas y no perderán ocasión de elogiar su superioridad en relación a las armas extranjeras, con el resultado de hacer nacer en el ánimo de los oficiales la idea de que no poseen la mejor arma.
"La misma observación cabe hacer al material de comunicaciones que será contratado en Suiza, y según mis sospechas, es material alemán.
"El material de comunicaciones es sumamente delicado, y no creo que haya en nuestro país quien pueda manejarlo en forma. El mayor Macías me dijo que en la Argentina misma tropiezan con grandes dificultades en este sentido. Sería de pésimo efecto que el material se destruya o que no pueda ser utilizado, como ya antes sucedió. La misma reflexión cabe hacer respecto a los aviones, dotados de las últimas mejoras, aparatos delicados y complejos.
"Como Ud. se habrá informado, lo que podemos adquirir de inmediato son fusiles, municiones, algunas clases de aviones, material de comunicaciones. Lo demás llevará aún tiempo. En cuanto me manden fondos me iré a España a contratar los fusiles, proyectiles, sables, yataganes y a mi vuelta de Oviedo y Toledo, espero poder contratar los Madsen en Dinamarca y los telémetros en Holanda y, por fin, los aviones en Francia. Tal vez también ya esté resuelta la cuestión de la artillería, aunque dudo de que así sea".
En otra comunicación, del 8 de octubre de 1925, se expresaba así: "Como puede ver V.E. el asunto de las adquisiciones requiere todavía tiempo considerable. No creo sea conveniente apresurar las cosas sino más bien tratar de conseguir lo más adaptable a nuestro país de los implementos modernos".
En otra, de fecha 15 de octubre del mismo año, escribía: "Pienso que será contraproducente el apresuramiento en materia de organización militar. Hay que tomar todas las posibles precauciones contra posibles errores. Con el espíritu inclinado al descontento que hay en nuestro país, no se debe exponer al Gobierno a un paso falso. Por lo demás, la organización militar no puede ser improvisada. En esta materia no hay sustitutivo al tiempo; el Ejército norteamericano en 1.9... (sic) fue organizado y en gran parte comandado por los franceses. Lo que nos dice que ni con recursos ilimitados en dinero y en hombres, se puede hacer ejército en poco tiempo. El Ejército boliviano está lejos de ser lo que aparenta. Tiene mucho material acumulado, pero carece de oficialidad y, sobre todo, de comando.
"Confío en que V.E. no verá en estas observaciones si no el propósito de servir al Gobierno en la grande y patriótica empresa en que se halla empeñado".
Por último, voy a recordar otra, del 1° de diciembre de 1925, que dice: "La adquisición de material por fuerza irá lentamente. Para tener material rápidamente hay que comprar sin garantía suficiente. Yo calculo que antes de 18 meses en el mejor de los casos, no se tendrá el material pedido. Bolivia sabrá esto, si es que ya no lo sabe. Las fábricas de armas tienen interés en excitar a los países con los preparativos de sus enemigos eventuales y no confío en la discreción de ninguna. En España me refirieron los proyectos de armas de varios países, a pesar de que seguramente se trata de negociaciones reservadas.
"Y bien, admitida la hipótesis de los preparativos contra nosotros, ¿no parece lógico que no espere la terminación de nuestros preparativos de defensa? Así, si existen propósitos de hacer valer sus pretensiones por la violencia, ésta se manifestará en breve con cualquier motivo. Urge, pues, anticiparnos en promover negociaciones diplomáticas, durante cuyo curso Bolivia se verá cohibida para ejercer actos de hostilidad contra el Paraguay. Las negociaciones con la intervención de un país amigo serían en el caso más eficaces.
"Perdóneme que insista en estas cosas. Declaro sinceramente que no me parece acertada la gestión en este asunto de Bolivia. Propaganda chauvinista, preparativos secretos, opinión manifestada públicamente de que hay que desalojar a los bolivianos, todo esto sin iniciar una negociación verdaderamente seria, me parece un contrasentido. Comprendo y justifico la decisión de armarse por varias razones además de la eventualidad de un conflicto con Bolivia, pero no comprendo que dada nuestra situación se piense en el Ejército sólo para protegernos. Con una acción diplomática bien inspirada y manejada se puede poner al país al abrigo de ataques bruscos y disponer así de tiempo para tratar por un lado y prepararse para la defensa por otro. Los preparativos de organización militar requieren varios años. Tenemos que formar oficialidad, comando y una reserva adecuada: Si se trabaja con tesón se podrán obtener resultados en 4 o 5 años. Ud. sabe demasiado lo que hemos sufrido por carencia de las bases indicadas durante la última revolución. Ud. recuerda que no fueron precisamente las armas las que faltaron. Hay cierta inclinación en nuestro país a creer que tratándose de una guerra internacional, el patriotismo suplirá las deficiencias de aptitud. Me parece una ilusión bien peligrosa. Por casualidad leí en "El Orden" unos artículos mentando la protesta del Gobierno Provisional contra la ocupación argentina del Chaco, después de la guerra, contrastando con el silencio del Gobierno. Imagino que el escritor está convencido de la eficacia de las protestas enérgicas y que vería con satisfacción que el Gobierno se valga de tal procedimiento. Con la protesta más una buena cantidad de cañones y fusiles, estaría resuelto para el articulista y para muchos compatriotas, el problema de Bolivia. Desgraciadamente no es así. No sé si será la teoría lopizta la que hace que en nuestro país se desdeñe así la diplomacia. Sin embargo, con excepción de pocos, los países entienden más y más que el medio de salir de los conflictos internacionales no es la preparación militar solamente. Me parece que el Gobierno, los hombres representativos de la República deben mostrar la verdad de las cosas a nuestros conciudadanos, apartándose de la peligrosa ruta por donde nos empujan el apasionamiento y la insensatez. Es preciso a toda costa despejar la atmósfera nacional a tiempo, pues la cuestión boliviana implica graves peligros, quizá más en el orden interno que en el intencional. Veo en esta dirección una tarea patriótica para los hombres de nuestro partido.
"Con los mejores sentimientos de amistad".
Nosotros estábamos ante un grave peligro exterior. Los avances de los bolivianos en el Chaco, algún choque con nuestras posiciones podrían producirse de un momento a otro. Guardábamos el secreto de estas gestiones a nuestros amigos más íntimos, los jefes y oficiales del Ejército, no sabían nada de ellas, y mientras de Europa no nos llegaban más que las informaciones de las dificultades, de los entorpecimientos y de los retardos de la adquisición, éramos acusados por todo el mundo, el Ejército también, de indolentes, de traidores a nuestros deberes públicos. No será posible nunca traducir las torturas morales que padecíamos, en esos trances. Pasábamos meses enteros de angustiosa desesperación. Sin embargo, confiábamos en que nuestros conciudadanos nos harían justicia después. Decíamos: en interés de nuestro país, iremos hasta el banquillo de los acusados, y seguíamos trabajando en silencio, con todo el espíritu lleno de inmensa amargura, atormentados por la imposibilidad de lograr pronto lo que ansiábamos para nuestro país.
La Comisión Argentina en Bruselas no podía informar concretamente a nuestro representante respecto a las condiciones de adquisición del armamento, a pesar de haberse ocupado en investigarlas, con la mayor simpatía y benevolencia desde que recibió la comunicación del general Justo. Desde luego, no había tenido por objeto de sus estudios el fusil Máuser.
La Argentina no necesitaba cambiar el modelo del que tiene. Los estudios hechos por ella, sobre artillería, aviación, ametralladoras, material de comunicaciones y otros no estaban terminados todavía.
El Dr. Ayala se encontró ante lo imprevisto: la necesidad de hacer trabajos muy serios que implica una técnica que no poseía. A pesar de ello desplegó esfuerzos inteligentes y grandes para tratar de cumplir su cometido. Después de una entrevista con el general Maglione, presidente de la Comisión de Adquisiciones en el Extranjero, éste le pasó los proyectos concretos de adquisición en octubre 3 de 1925.
No existía en Europa otra fábrica de armas que la de Oviedo. En esta fábrica querían vendernos un stock de Mausers calibre 7, que tenían. No los aceptamos por temor de que fuesen fusiles reparados, de los que habían estado en uso en Marruecos y, además, por los inconvenientes que ofrece para nosotros este calibre.
Se iniciaron pues enseguida las diligencias para hacer fabricar los fusiles que habíamos adoptado. En el plan inicial de adquisiciones el número de fusiles será solamente de 3.463. Pero mientras se hacían las gestiones para su adquisición habían acrecentado nuestros recursos financieros, el Poder Ejecutivo resolvió aumentar esta cantidad en 5.000 más. Para esto fueron dictados el Decreto Reservado N° 21.648 de fecha 1° de septiembre de 1925, y la Resolución Ministerial N° 60.
Apenas es preciso advertir también que el presupuesto hecho en la Asunción, era poco menos que ficticio. El fue modificándose por las circunstancias en las fábricas de Europa, y variaba con mucha frecuencia por las oscilaciones en el cambio monetario de los diversos países.
La lectura de los informes remitidos, sucesiva y continuamente por el representante del Gobierno, dará cuenta exacta de las vicisitudes porque se llegó a la contratación de los fusiles.
La nota enviada de Madrid, el 5 de noviembre de 1925, planteaba al Gobierno una grave cuestión. El agente del Gobierno tenía instrucciones para aceptar o no las únicas condiciones posibles en la fábrica de Oviedo. Nos encontrábamos ante un dilema que engendra una inmensa responsabilidad. Y así como está, se presentaban al Poder Ejecutivo, en el curso de esta negociación, muchos otros.
Por un lado queríamos se acelerase la adquisición hasta el máximum posible. La situación del país con relación a Bolivia, y la carencia total de armas en el Ejército, urgían la cuestión hasta la precipitación.
Por otro, el noble anhelo de hacer lo mejor, la seguridad de que seriamos acusados por la más ligera indiscreción con móviles delincuentes por la malignidad estéril, tan copiosa en el Paraguay, nos imponía alguna reflexión antes de tomar las decisiones definitivas.
Se resolvió pedir informes sobre el funcionamiento de la fábrica de Holanda. Contestación de este pedido es la carta de fecha 14 de diciembre de 1925 (carta del Dr. Eusebio Ayala).
Obtenida esta contestación nos reunimos en Consejo de Ministros y deliberamos sobre la cuestión. La necesidad imperiosa de no retardar más la ejecución nos indujo a la resolución unánime de aceptar la contratación con la fábrica de Oviedo.
Animados también de la aspiración de obtener lo más perfeccionado, esperamos saber si el Gobierno argentino había encontrado o no algún reparo al nuevo modelo de la ametralladora Madsen, para autorizar el contrato. No queríamos exponernos a que después de aprobado dicho contrato, apareciera alguna reforma que dejara atrás el modelo adoptado.
Desde que cambió la naturaleza de la misión confiada al Dr. Ayala, contra lo que esperábamos, se imponía cada vez más la necesidad de confiarla a otro. El cumplimiento de la misión exigía largo tiempo, una atención directa e incesante, y alguna preparación técnica. Y el Dr. Ayala, a pesar de su buena disposición, no podía llenar estos requerimientos. Desde octubre de 1925, manifestaba su deseo de regresar a New York y después al Paraguay. Se le contestó rogándole se sirviera esperar más tiempo, hasta terminar su misión. Se le propuso el traslado de su puesto de Ministro de Washington a París, a fin de regularizar su situación. Contestó que no le era posible permanecer mucho tiempo en Europa y que el cargo de Ministro en París le crearía mayores entorpecimientos. El 18 de noviembre escribió al Presidente de la República: "Envío mi renuncia al Ministerio de Guerra, y explico las razones a mi ver de peso. En esta misión lo más importante es el lado técnico y nuestros militares tienen derecho a intervenir aun cuando no sea más que para aprender y ponernos en el futuro en condiciones de prescindir de asesoramientos extraños". El 18 de noviembre de 1925 escribió desde París: "Antes de fin de año se podrán firmar los siguientes contratos:
"Fusiles y carabinas. En cuanto el Gobierno comunique su conformidad con los contratos propuestos se formalizará el Convenio y 10 meses después se completará la fabricación... Una vez terminados los contratos mencionados, mi misión quedará terminada y podré emprender viaje para ésa, lo cual calculo que podrá ser en los primeros día del mes de enero.
El 28 de noviembre de 1925 escribió otra vez al Sr. Presidente: "Mi plan es el siguiente! En cuanto firme el contrato de fusiles, bayonetas y sables, iré a contratar los cartuchos. Acto seguido contratar las ametralladoras Madsen y los telémetros. Con esto quedará terminada prácticamente mi misión y regresaré al Paraguay. No veo ninguna utilidad en mi permanencia más larga en Europa.
"He insistido en mi reemplazo por razones que no se le escaparán a Ud. La principal es que los militares consideran como un menosprecio para su capacidad mi misión, por cuanto es de carácter profesional".
En carta del 16 de enero de 1926, comunicó lo que sigue: "El general Belloni me dijo que en febrero estarían todos los contratos listos. Y como mi presencia por el momento no sería en Europa, me resolví hacer un viaje a los Estados Unidos, partiendo el 19 en el vapor Leviathan, proponiéndome estar de regreso el día 5 de febrero. En tal sentido, envié un cable al Sr. Presidente de la República concebido así: "Como no podré firmar contrato antes febrero, salgo 18 de enero para New York. Estaré nuevo París 5 febrero".
Regresó de Norteamérica a París, y de aquí el 12 de marzo partió para el Paraguay. De paso por Lisboa firmó el contrato de compra de fusiles con la fábrica de Oviedo, que le trajo hasta allí, de Madrid, el Sr. Juan E. O'Leary. No pudo firmar ninguno de los otros contratos.
La exposición precedente denuncia las precauciones aplicadas para asegurar la rectitud y el acierto en la adquisición del armamento. En la gestión financiera necesariamente ligada a esas negociaciones, se pusieron cautelas aún mayores. Por fuerza había que poner a la orden del agente de la contratación, alguna suma de dinero, de gran cuantía. Si pretendiéramos hacer los pagos desde aquí, se perdería mucho tiempo, se aumentarían los gastos y todos sin la compensación de una mayor seguridad de la leal y honesta inversión de los fondos. La remisión en efecto tendría que hacerse conforme a la noticia que diera el agente del Gobierno, siempre habrá que dar fe a lo que diga. Además, a la orden de alguien habría que remitir la cantidad solicitada. Si los pagos en Europa tuvieran que hacerse con la previa y conjunta conformidad de varias personas, la complicación y el embarazo serían mayores sin que aumente la seguridad. Cobrada una suma del banco, por orden de varios, alguien se encargaría de llevarla de una parte a otra para hacer los pagos parciales.
El verdadero control es el que se ejerce por la observación permanente de la autoridad central, por la vigilancia sin desmayos de todas las cuentas, continua, incesantemente. Nosotros optamos por este procedimiento y remitimos al Dr. Ayala la suma de L 96.614. 11 conforme al Decreto N° 22.014 de octubre 16 de 1925. De esta suma pagó la cuota exigida para firmar el contrato con la fábrica de Oviedo y el resto, con sus intereses, los devolvió al Ministerio de Guerra a su regreso.
Pero había otras dificultades. La necesidad de hacer esta remesa, puso a la vista las deficiencias de nuestra organización monetaria y bancaria. La Oficina de Cambios no tenía corresponsales en Europa. No conocía siquiera las condiciones de las operaciones bancarias en esos países. El Banco de la Nación Argentina tenía que asesorarla en todo e informarle de todo. Además, como había tan poca práctica en las transacciones monetarias internacionales, imperaba en todos el temor de que el dinero remitido se perdiera por el camino.
Para suplir esta deficiencia, el Poder Ejecutivo, durante los 4 años de este periodo de Gobierno, ha insistido en la necesidad de fundar el Banco Central. Por medio del Banco Central las transferencias internacionales de fondos se harían con gran rapidez, y el control de las inversiones en el extranjero sería más fácil.
El Banco Central tendría también otra utilidad nacional. El Paraguay no podrá costear con recursos directos de su régimen financiero todo cuanto requiere su seguridad, su prosperidad y su cultura. Hemos podido financiar hasta ahora algunas adquisiciones porque ellas no son todavía más que las iníciales. Pero será imposible y si fuera posible sería pavorosamente peligroso, por razones monetarias mismas, llevar adelante este proceso, pues produciría una crisis equivalente a la más grande catástrofe económica concebida.
Solamente los que ignoran la población del Paraguay, y hasta las fuentes ventísticas principales, pensarán lo contrario. Por medio del Banco Central se podrían hacer muchas operaciones que permitirían financiar la adquisición de un armamento mayor, sin entorpecer el desarrollo económico general y que suplan hasta los empréstitos mismos. Cualquier que tenga algún conocimiento especializado en esta materia podría concebir esas operaciones fácilmente. Y, sin embargo, no se ha podido hacer nada. Las pequeñas pasiones primaron sobre los grandes intereses de la Nación. Un grave menoscabo del porvenir nacional será el pago de nuestras culpas. Nos arrepentiremos ya un poco tarde.
Eligio Ayala" (9)
El documento transcripto preparado por Eligio Ayala para ser presentado al Congreso Nacional al término de su mandato presidencial de 1924 a 1928, fue copiado por el autor, de los originales guardados en el Archivo familiar de Eligio Ayala, y que le fue entregado por sus herederos con el mandato de publicarlo en la oportunidad en que lo considerara conveniente a los intereses de la nación. Para este efecto, hemos pensado que es necesario preparar una introducción al tema del conflicto entre el Paraguay y Bolivia por la posesión del territorio del Chaco que se encuentra relacionado en los capítulos I, II, III y IV de este trabajo.
Los hechos posteriores a la redacción del Proyecto del Mensaje de Eligio Ayala al Congreso Nacional, al término de su mandato presidencial, será objeto de otro estudio, que debe ser preparado con los resultados de las gestiones de Gobierno de Eligio Ayala en la defensa nacional, para darle el valor real que le corresponde a este documento, a la vista de los resultados del conflicto paraguayo-boliviano sobre el Chaco Boreal, consultando el interés nacional del conocimiento por el pueblo del acierto de la gestión gubernativa del Presidente Ayala.
Publicaremos también en otro volumen la documentación que completa este proyecto de mensaje, especialmente dé las cartas intercambiadas entre Eligio y Eusebio Ayala y el Gral. Manlio Schenoni, con la colaboración de la historiadora Julia V. de Arréllaga, poseedora de la documentación en que interviene el nombrado Gral. del Ejército paraguayo. Pensamos que con esta publicación será una prueba del acierto del pensamiento de Eligio Ayala al no remitir este documento al Congreso, y hacerse cargo del costo que le sería exigido por la opinión pública nacional por la falta de información del estado de la defensa del territorio nacional al término de su mandato. En esta oportunidad, Eligio Ayala expresaba: "La revelación de estos hechos con reticencias, suscitaría dudas y suspicacias peores que las determinadas por la reserva de los mismos. El Poder Ejecutivo ha creído por esto que debe callárselos, o debe decirse la verdad entera y limpia.
"Y le ha cohibido un poco moralmente para hacer la denuncia de lo que se ha referido a su honor y a su discreción, el deber de ser leal a su promesa. Por otro lado, es también imperioso el de informar de sus actos como mandatario, a los Señores Representantes".
"En este conflicto de deberes, ha optado por el último, confiado en la prudencia y el patriotismo de los distinguidos miembros de esta Cámara". Y agregaba: "No será posible nunca traducir las torturas morales que padecíamos, en esos trances. Pasábamos meses enteros de angustiosa desesperación. Sin embargo, confiábamos en que nuestros conciudadanos nos harían justicia después. Decíamos: en interés de nuestro país iremos hasta el banquillo de los acusados, y seguíamos trabajando en silencio, con todo el espíritu lleno de inmensa amargura, atormentados por la imposibilidad de lograr pronto lo que ansiábamos para nuestro país" (10).
Y no se equivocó, Eligio Ayala, en confiar en el espíritu de justicia de su pueblo que le rinde homenaje en silencio, por los servicios prestados a la Patria, aunque los gobernantes, dominados por las ideas nazifascistas, que le sucedieron desde 1936, se empeñen en ocultar su memoria de gobernante verdadero.
(1) 5º Conferencia Internacional Panamericana. Acto de la 5º Conferencia Internacional Panamericana. Tomo I, Vol. 1°-. Santiago de Chile, 1925. 739 págs.
(2) CARDOZO, Efraím: Ob. cit. Pág. 98 y sgtes.
(3) NABUCO, Joaquín: "La guerra del Paraguay". Versión castellana de Gonzalo Raparez. París, 1901. p. 397.
(4) DOMINGUEZ, Manuel: "Nuestros Pactos con Bolivia". Asunción, 1925. pág. 17.
- MALLORQUIN, Juan León: "Los límites del Paraguay". Revista del Instituto Paraguayo. N°- 61. Asunción, 1908, pág. 713 al 715.
- PASTORE, Carlos: Ob. cit., pág. 257 y sgtes.
(5) MEMORIA DEL MINISTERIO DE HACIENDA, correspondiente al año fiscal de 1921. Imprenta Nacional. Asunción, 1921, 234 págs.
(6) ZUBIZARRETA, Carlos: Ob. cit., págs. 209, 222 y 230.
- PASTORE, Carlos: Ob. cit., pág. 87 y sgtes.
(7) El domicilio de los Insfrán, ubicado en las calles actualmente denominadas España esq. Artigas, donde vivía el Cnel. Meza, último Jefe de la Policía de la Capital del Gobierno substituido por el acuerdo del Pacto del Pilcomayo.
(8) Original en la Colección Documental "Carlos Pastore".
(9) Copiado el 20 de marzo de 1931, del Archivo Particular de Eligio Ayala. En la Colección Documental "Carlos Pastore".
(10) Véase Documento que Eligio Ayala preparó para ser dirigido al Congreso Nacional al término de su mandato. Copia en la Colección Documental "Carlos Pastore".
Etiquetas: CARLOS PASTORE, Ediciones Criterio, EL GRAN CHACO EN LA FORMACIÓN TERRITORIAL DEL PARAGUAY

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