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Timestamp: 2019-08-18 19:45:01+00:00

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RESOLUCIÓN 3454 DE 08 DE AGOSTO DE 2011
CONTENIDO:INSTITUTO COLOMBIANO DE BIENESTAR FAMILIAR. ESTABLECE EL MARCO PEDAGÓGICO PARA LOS SERVICIOS DE ATENCIÓN DEL SISTEMA DE RESPONSABILIDAD PENAL PARA ADOLESCENTES.
RESOLUCIÓN 3454 DE 2011
“Por la cual se establece el marco pedagógico para los servicios de atención del sistema de responsabilidad penal para adolescentes”.
en uso de sus facultades legales y estatutarias, en especial las conferidas en el artículo 78 de la Ley 489 de 1998, el artículo 177 de la Ley 1098 de 2006, y
Que la Ley 1098 de 2006 —Código de la Infancia y la Adolescencia— establece que el sistema de responsabilidad penal para adolescentes consagrado en los artículos 139 al 191, se fundamenta en la protección integral, la justicia restaurativa y el enfoque de familia y se desarrolla a través del sistema penal acusatorio determinado en la Ley 906 de 2004.
Que los artículos 177 y 178 de la Ley 1098 de 2006 —Código de la Infancia y la Adolescencia—, establecen que las sanciones del sistema de responsabilidad penal para adolescentes se cumplirán en programas de atención especializados del sistema nacional de bienestar familiar, deberán responder a los lineamientos diseñados por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, de acuerdo con su finalidad protectora, educativa y restaurativa, y se aplicarán con el apoyo de la familia y de especialistas.
Que el Decreto 117 de 2010 del ICBF plantea que una de las funciones de la dirección de protección del ICBF es “Definir los lineamientos generales en materia de protección que deben ser tenidos en cuenta en todos los procesos relacionados con el reconocimiento de derechos a los niños, niñas y adolescentes” y que una de las funciones de la subdirección de responsabilidad penal para adolescentes es “Definir los lineamientos específicos para los procesos que debe ejecutar el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes que deben ser tenidos en cuenta en todos los centros zonales y regionales en donde opere”.
Que para el cumplimiento de las finalidades de las sanciones se hace necesario establecer un patrón funcional de referencia —marco pedagógico para los servicios de atención del sistema de responsabilidad penal para adolescentes— que contenga criterios unificados para la atención de los adolescentes en conflicto con la ley privados y no privados de la libertad bajo una perspectiva pedagógica, protectora y restaurativa al tenor del trato diferenciado y especializado dispuesto en la Ley 1098 de 2010, que favorezcan el interés superior de los adolescentes, y donde se promueva la responsabilidad del adolescente y la participación de la comunidad en el proceso de reinserción social mediante la implementación de una formación humanista que le permita al adolescente una oportunidad para potenciar su autonomía.
Que para la elaboración del marco pedagógico, se estableció un proceso coordinado y participativo con los líderes regionales y los operadores de estos centros de atención especializados, mediante la divulgación amplia de los documentos que fueron elaborados mediante la realización de talleres de intercambio y retroalimentación para que todos los interesados pudieran hacer sus aportes.
ART. 1º—Establecer como marco pedagógico para los servicios de atención del sistema de responsabilidad penal para adolescentes el contenido del Anexo 1 del presente acto administrativo, que hace parte integral de él.
ART. 2º—El marco pedagógico establecido por la presente resolución es de obligatorio cumplimiento por las entidades, servidores públicos y organizaciones que prestan los servicios de atención en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes.
ART. 3º—La implementación del este marco pedagógico para la vigencia 2011 se hará inicialmente en los centros de atención especializados.
ART. 4º—La subdirección de responsabilidad penal, los directores regionales, coordinadores de los grupos de protección, coordinadores de asistencia técnica y demás servidores públicos capacitados en los centros zonales, deberán adoptar las medidas a que haya lugar para el cumplimiento y difusión de esta resolución.
Marco pedagógico para los servicios de atención
Dirigidos al adolescente en conflicto con la ley
Una oportunidad para potenciar la autonomía
— Un sujeto con capacidades, que se autoconoce, que asume con responsabilidad sus actos y valora toda expresión de vida en su entorno.
ICBF- Directora general- Elvira Forero Hernández
Director de protección (E)
Subdirectora responsabilidad penal para adolescentes (E)
Ángela Patricia Panesso Mora
A todos los operadores y profesionales de las instituciones del sistema de responsabilidad penal que con sus experiencias y amplia trayectoria enriquecieron con sus aportes este ejercicio de construcción.
1. Referente contextual.
1.1. El adolescente que ingresa en el sistema de responsabilidad penal.
1.2. La familia en el proceso de formación del adolescente.
2. Referente institucional.
2.1. El papel de los agentes del sistema de responsabilidad penal.
2.2. Los ambientes de formación.
3. Referente legal.
3.1. Reglas Beijing.
3.2. Modelo restaurativo.
3.3. Ley 1098 de 2006.
3.4. Directrices Riad.
4. Referente conceptual.
4.1. La formación humanista.
4.2. Desarrollo moral y autonomía.
4.4. Pedagogía de la presencia.
5. Referente pedagógíco.
5.1. Ejes de formación.
5.2. Funciones que orientan la formación.
5.3. Tiempos definidos para las acciones formativas.
5.4. Metodología para los procesos de formación.
5.5. Recursos que apoyan las acciones formativas.
5.6. Seguimiento a los procesos de formación.
“A las plantas las endereza el cultivo, y a los hombres la educación”
El sistema de responsabilidad penal a partir de una serie de inquietudes que pueden considerarse como problemas centrales, en y para la intervención de adolescentes y jóvenes que tienen conflicto con la ley, se formula una serie de cuestionamientos acerca de ¿cómo nutrir las prácticas de formación que ocurren en las instituciones que atienden específicamente a esta población, materializando el objetivo de la sanción que la Ley 1098 de 2006 referencia en su artículo 178 donde la misma tiene una finalidad protectora, educativa y restaurativa? ¿Cómo lograr que todas las acciones desarrolladas con los adolescentes desde el ingreso al sistema de responsabilidad penal tengan un insumo pedagógico? Y finalmente ¿de qué manera restaurar al adolescente y a la sociedad durante este proceso?
Rafael Ávila dice que la pedagogía resulta de la interrelación de prácticas múltiples conducentes a un mismo fin y de la interacción de actores también múltiples, cuyas acciones se coordinan parar alcanzar dicho fin(1), teniendo en cuenta este postulado, el marco pedagógico para el sistema de responsabilidad penal, asume a las instituciones donde se atienden las diferentes modalidades, como un espacio de oportunidad para que el adolescente y el joven reflexionen sobre sus actuaciones, dimensionen las consecuencias de sus actos, comprendan la norma, respeten los derechos del otro y asuman sus responsabilidades. Para ello, es importante que cada uno de los actores que intervienen con los adolescentes desde el ingreso hasta el egreso, asuman dicha intervención desde esta perspectiva pedagógica.
La pretensión entonces es, definir una línea rectora que determine la participación de todos los actores y profesionales que intervienen con el adolescente en el SRPA, en un solo escenario pedagógico fundamentado en la formación humanista, donde todas las actuaciones persigan el mismo propósito formativo y donde la familia junto con la sociedad asuman un papel protagónico en el marco de la responsabilidad social dentro del proceso de formación del adolescente.
En este orden de ideas, el marco pedagógico contempla seis capítulos; el primero reúne los referentes contextuales, donde se presenta la caracterización de la población atendida en los centros de atención especializada. El siguiente capítulo corresponde al referente Institucional que aborda el rol del facilitador en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes y los escenarios de formación. El tercer apartado responde a los referentes legales que fundamentan la atención con los adolescentes en el sistema. Los siguientes dos capítulos responden a los referentes conceptuales y pedagógicos que por un lado sustentan la intervención formativa, y por otro, presentan los elementos que permiten la materialización de la misma. Finalmente presenta el glosario y algunos anexos que amplían la comprensión de la propuesta.
El marco pedagógico, por lo tanto, del sistema de responsabilidad penal para adolescentes se pone en el lugar de enriquecimiento permanente, esto quiere decir que es susceptible a cambios y reestructuraciones, que en el ejercicio de implementación exijan su reformulación y actualización.
Misión del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
Trabajamos por el pleno desarrollo de la primera infancia y el bienestar de las familias colombianas.
Visión del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
Ciudadanos tolerantes, responsables y solidarios, construyendo una Colombia próspera y democrática.
1.1. El adolescente que ingresa en el sistema.
Los adolescentes que ingresan al sistema de responsabilidad penal, presentan unas características que si bien no se pueden generalizar, sí están presentes en la mayoría de los casos, de modo que estos aspectos resultan fundamentales a la hora de determinar procesos de formación. Es por esta razón que el marco pedagógico contempla aquellos rasgos particulares producto de contextos vulnerables, en alto riesgo y marginación.
Al indagar en las diferentes instituciones que operan en el sistema, es común encontrar que los adolescentes que se encuentran allí, han desertado de la escuela por diferentes factores; indisciplina, exclusión, desmotivación, problemas de aprendizaje, problemas familiares, entre otros. Esta situación tiene como consecuencia, bajos niveles de escolaridad, por ejemplo, en cuanto a las modalidades privativas de la libertad, el sistema alberga 465 adolescentes con básica primaria completa, 445 con básica primaria incompleta, 197 con básica secundaria completa, 1.076 con básica secundaria incompleta, 76 con media vocacional completa, 85 con media vocacional incompleta y 4 con analfabetismo(2), además de ello, la gran mayoría de los adolescentes han participado en grupos que presentan conductas antisociales y con consumo de sustancias psicoactivas(3), que repercuten en trastornos emocionales y de la conducta, convirtiéndolos en agentes activos dentro de la vida delincuencial, y usuarios que continuamente participan y acuden a diversos programas de prevención o en otros casos a centros para la atención de niños(as) con restablecimiento de derechos.
Lo anterior tiene como consecuencia, resistencia y apatía a procesos de inclusión social, baja tolerancia a la frustración, bajo auto concepto, altos niveles de agresividad, carencias afectivas y graves alteraciones del comportamiento, que inciden en los procesos de aprendizaje y formación, exigiendo una intervención alternativa que permita que el adolescente reflexione acerca de su situación y la comprenda en un ejercicio de restauración personal.
1.2. La familia en el proceso de formación.
Pensar el sistema de responsabilidad como un espacio de oportunidad para los adolescentes, implica, asumir al joven con su familia y el entorno de donde proviene, entendiendo que es precisamente allí, donde se constituye como sujeto forjador de su proyecto de vida.
En este orden de ideas, resulta necesario comprender que las familias de los adolescentes que llegan al sistema de responsabilidad penal para adolescentes son en su mayoría, familias monoparentales, reconfiguradas, con conductas disfuncionales, que provienen de contextos marginales y de pobreza, en una situación de permanente inestabilidad laboral, con antecedentes de violencia y desplazamiento, abuso sexual y maltrato, entre otros(4), que requiere de un abordaje diferenciado, para lograr dar cumplimiento al propósito de oportunidad que promueve el marco pedagógico.
En atención a ello, y en consonancia con los lineamientos técnicos para la inclusión y atención de familias, el marco pedagógico propone una intervención sustentada en los postulados del modelo solidario, que “exige dejar de ver a la familia y al niño —en este caso al adolescente— como objetos de estudio independientes del contexto, para llegar a una comprensión donde los sujetos construyen su realidad en relación con sus entornos sociopolíticos. En esta perspectiva no se pretende que el niño —el adolescente— y su familia sean descritos como magnitudes cuantificables, ni que para estudiar su naturaleza tenga que ser descompuesta en dominios simples y aislados de tipo meramente psicológico o jurídico o económico o cultural, indivisibles e irreductibles como unidades básicas; por el contrario, comprender a la familia exige contemplar todas esas como dimensiones en permanente interacción”(5).
Desde esta perspectiva, reconocer el contexto social en el que se han constituido muchas de las familias del país, resulta fundamental, tener presente que los altos niveles de pobreza, el analfabetismo, la deprivación cultural, entre otros, son factores generalizados que se mantienen y se perpetúan a lo largo de los años, producto de contextos de violencia e inequidad que van constituyendo un alto porcentaje de la población colombiana, lo anterior implica entender, que no se trata de un caso particular, sino de una condición social a nivel nacional, frente a la cual todos tenemos una responsabilidad.
El sistema de responsabilidad penal es consciente, por lo tanto, de la necesidad de trabajar mancomunadamente con la sociedad, de tal forma, que se le garantice al adolescente y al joven una vez termine de cumplir su sanción, escenarios con oportunidades para redireccionar su proyecto de vida. Es por esta razón, que el marco pedagógico promueve la intervención con familia de manera permanente para fortalecerla como grupo social que provee al adolescente, de la estabilidad e identidad necesarias para esta etapa de la vida.
2.1. El papel de los agentes del sistema.
El rol de los diferentes agentes —adultos que interactúan con el adolescente— en el sistema de responsabilidad penal para adolescentes es fundamental, teniendo en cuenta que son ellos los llamados a acompañar el proceso tanto jurídico como formativo del joven desde su ingreso. Este adulto, defensor de familia, policía de infancia y adolescencia, juez, fiscal, educador, profesional del área psicosocial, que hace parte del sistema, es un referente para el adolescente, por lo tanto, cada una de sus actuaciones e interacciones, han de estar circunscritas a un ejercicio de continua reflexión que tengan como insumo una acción formativa.
Con ello se pretende, ofrecer un entorno diferente del que proviene el adolescente, donde en la mayoría de los casos, la violencia, la agresividad, las expresiones verbales no apropiadas, son comunes, aceptadas y adoptadas por él. Por lo tanto, la tarea consiste en asumir una postura diferente a la experimentada por el adolescente en otros contextos, y presentar al mismo, un adulto respetuoso, justo, cercano, orientador e intermediario de nuevos aprendizajes que le permitan formarse como ciudadano en el marco del respeto por sus derechos y los de los demás.
A partir de lo anterior, el marco pedagógico del sistema de responsabilidad penal para adolescentes, asume como principio que todas las personas pueden desarrollar su potencial de aprendizaje al máximo, en diferentes etapas de su vida, pero para ello, es necesario ofrecer experiencias de formación que articuladas con la realidad del adolescente que estén cargadas de significado y enriquecidas de nuevos conocimientos. En este escenario el rol del educador es fundamental, ya que son ellos los encargados de generar de promover estos espacios.
En este orden de ideas, el sistema de responsabilidad penal se convierte en una oportunidad para que el adolescente desarrolle sus capacidades cognitivas y todas sus potencialidades de manera integral, por lo tanto, la interacción adulto-adolescente está dada en un escenario donde el descubrimiento de los talentos del adolescente y del joven, son una alternativa para redireccionar su proyecto de vida y encontrar otras rutas para resolver las situaciones de conflicto que enfrenta a diario en su realidad contextual.
Al potenciar las capacidades cognitivas del adolescente indudablemente sus respuestas se transformarán y sus actuaciones estarán determinadas por nuevas compresiones de la realidad. Esta es la tarea que se le ha asignado al facilitador (educador) dentro del ejercicio de formación que se propone alcanzar con los adolescentes el marco pedagógico.
El marco pedagógico concibe los centros del sistema de responsabilidad penal, como espacios de formación que ofrecen oportunidades para potenciar la autonomía, en atención a ello, asume que las dinámicas cotidianas de cada centro, han de posibilitar la puesta en práctica del discurso que gira en torno a la formación humanista. De modo que, cada acción que se realice al interior de las instituciones debe responder a los postulados de esta formación, donde el adolescente se sienta implicado en este proceso y logre comprender que el ejercicio de formación no se reduce a un determinado espacio formal, sino que este trasciende a otros contextos reales, es decir, que lo aprendido se puede generalizar, y esta es precisamente, la finalidad del proceso de formación con los adolescentes y jóvenes del sistema, aprendizajes para la vida que le permitan redireccionar su actuar y asumir una postura reflexiva frente a sus decisiones.
Para alcanzar este propósito es necesario presentar de forma interesante y significativa los contenidos que se han determinado para esta formación humanista, articulándolos con la realidad, realidad que en un primer momento está dada en la dinámica de cada Institución, de lo que se trata entonces, es de posibilitar relaciones entre los contenidos adquiridos en diferentes escenarios de formación, que le den un sentido a los mismos, de tal forma que el adolescente los incluya en su propio sistema de significados.
Por lo tanto, los espacios de formación, deben permitir que el adolescente descubra sus potencialidades y posibilidades de aprendizaje, que identifique cómo llega a la construcción del conocimiento, qué rutas utiliza, qué recursos requiere, las relaciones que se pueden establecer con lo que ya conoce y la relación de ello con el contexto real, en definitiva estos espacios, deben garantizar que tanto el adolescente como el joven, le encuentren sentido a este proceso en la práctica misma, es decir, en cada acción cotidiana.
Para el marco pedagógico, estos espacios deben estar dados por la participación y actuación del adolescente, en espacios de intercambio con el otro, y ese otro, no solo hace referencia al educador o al equipo de profesionales, sino también a sus pares y su familia. De tal forma, que ello permita el desarrollo de actitudes de cooperación, ayuda mutua y solidaridad, como un recurso que potencia los propósitos de formación.
En este proceso el adolescente es asumido como un individuo único y diferente, con experiencias previas que constituyen su historia de vida y que determinan su forma de acercarse a la realidad, ello implica que sea tratado con respeto y que sea asumido como un sujeto capaz de pensar y tomar decisiones.
Por lo tanto, los escenarios de formación deben ser considerados como todos aquellos espacios en los que el adolescente entra en encuentro y diálogo con el otro, bajo principios de respeto, tolerancia, solidaridad y comprensión por la norma.
Las reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de justicia de los menores, tienen por objetivo, promover el bienestar del menor de edad y su familia creando condiciones que garanticen de manera significativa una vida en comunidad donde se fomente un proceso de desarrollo personal y una educación lo más exento del delito y delincuencia posible, a fin de reducir la necesidad de intervenir con arreglo de la ley.
Las mismas advierten la necesidad de adoptar medidas concretas que permitan movilizar todos los recursos disponibles, ello debe incluir la familia, grupos de carácter comunitario, la escuela, entre otros. Paralelo a ello las instituciones de justicia dirigidas a menores de edad, deben perfeccionarse y coordinarse sistemáticamente, de tal forma que garanticen las competencias de sus funcionarios, los métodos y enfoques adoptados.
Con respecto a los objetivos del tratamiento, la regla veinte señala, que la capacitación y el tratamiento de menores privados de la libertad, tiene por objeto garantizar su cuidado y protección así como su educación y formación profesional que les permita desempeñar un papel constructivo y productivo en la sociedad. Por lo tanto, los adolescentes recibirán los cuidados, la protección y toda la asistencia necesaria —social, educacional, profesional, psicológica, médica y física— que puedan referir de acuerdo a su edad, sexo, y personal y en interés de su sano desarrollo. Añadido a ello, se fomentará la cooperación entre los ministerios y los departamentos para dar la formación académica o, según proceda, profesional adecuada al menor de edad que se encuentre confinado en un establecimiento penitenciario a fin de garantizar que al salir no se encuentre en desventaja en el plano de la educación.
El modelo restaurativo se preocupa por los factores individuales, la conducta punible y las circunstancias del adolescente, pero además hace énfasis en la reparación del daño causado y la restauración de los vínculos sociales, ello implica generar la responsabilidad del joven sobre el hecho punible.
“En consonancia con la doctrina de la protección integral, expresada sustancialmente en la Convención sobre los derechos del niño, un modelo de justicia reparativa o restaurativa asume más claramente que la consideración de ser sujeto de derechos no solo lleva a que la sociedad restituya los derechos al adolescente, en el sentido de la protección, sino a que el adolescente de manera coherente y pedagógica se apropie de los marcos de acción y normatividad que ha infringido. En este contexto posible, los procesos jurídicos y pedagógicos no están disociados, sino en permanente confrontación, tensión y diálogo para momentos de resolución que no deriven en situaciones de inequidad o impunidad. Por otra parte se espera que puedan balancear el efecto pedagógico y la reparación del daño social de manera responsable y con elaboración consciente del hecho punible por parte de los adolescentes”(6).
En este orden de ideas se hace necesario el componente de protección, para aquellos adolescentes y jóvenes que en general han tenido vulneración de derechos y condiciones de exclusión social, pero también considera la reparación del daño causado, en la medida que asume al adolescente como un agente activo dentro del proceso.
Por lo tanto promueve la interacción articulada entre los procesos de la justicia, las acciones pedagógicas y la integración sostenida de los jóvenes a un contexto familiar y social favorables.
El modelo de justicia restaurativa, plantea que los objetivos del proceso penal con menores de edad, debe ser de carácter eminentemente pedagógico, donde se promuevan espacios de reflexión y diálogo que le permitan asumir una postura crítica frente a sus actuaciones y las consecuencias de las mismas en un grupo social determinado.
Lo anterior exige una propuesta de formación ciudadana donde el adolescente además de ser asumido como sujeto de derechos es al mismo tiempo un sujeto de responsabilidades y deberes a quien se debe formar en el respeto por las normas y los derechos humanos de todas las personas.
Por lo tanto, las medidas aplicadas por los jueces deben atender a esta intencionalidad formativa teniendo en cuenta que la relación educativa con las y los adolescentes que infringen la ley se inicia como consecuencia de un acto que lesionó derechos de otra persona y que esa intervención tiene que fomentar los procesos de reflexión y responsabilidad, promoviendo la dignidad de todos los actores, infractor y víctima(7).
El Ministerio de la Protección Social y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar dieron a conocer a toda la población colombiana a través de una separata la Ley 1098 de 2006, que moderniza la legislación colombiana para la protección integral de la infancia y la adolescencia tiene por finalidad garantizar a los niños, a las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. En el que prevalece el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna (art. 1º).
La Ley de Infancia y Adolescencia dispone en su capítulo IV del título I del libro II, a propósito de las sanciones del sistema de responsabilidad penal para adolescentes, su artículo 178, el cual determina la finalidad de las sanciones, frente a lo cual señala que estas tienen una finalidad protectora, educativa y restaurativa, por lo tanto, se aplicarán con el apoyo de la familia y de especialistas.
Desde esta perspectiva el sistema de responsabilidad penal, fundamenta su marco pedagógico, como directriz para dar cumplimiento a lo estipulado por la ley, y garantizar que las sanciones, se encaminen hacia la formación y educación del adolescente, como estrategia de intervención que le permita redireccionar su proyecto de vida y retornar al entorno social.
Las directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia juvenil, aprobadas por la asamblea general mediante Resolución 45/112 de 14 de diciembre de 1990, establecen que la prevención de la delincuencia juvenil es parte esencial de la prevención del delito en la sociedad, que debe procurar un desarrollo armonioso de los adolescentes respetando y cultivando su personalidad a partir de la primera infancia.
En atención a ello, los programas deben centrarse en el bienestar de los jóvenes, deben desempeñar una función activa y de asociación en la sociedad y no deben ser considerados meros objetos de socialización o control. Deberá por lo tanto, reconocerse la necesidad y la importancia de aplicar una política progresista de prevención de la delincuencia, así como de estudiar sistemáticamente y elaborar medidas pertinentes que eviten criminalizar y penalizar al niño por una conducta que no causa graves perjuicios a su desarrollo ni perjuicios a los demás (principios fundamentales).
El marco pedagógico del sistema de responsabilidad penal, se soporta en estas directrices en la medida que responde a la urgencia de generar planes de prevención para que el adolescente una vez haya cumplido su medida retorne a la sociedad y de manera autónoma sea capaz de tomar decisiones que no pongan en riesgo su integridad ni la integridad de los otros.
El sentido humanista reconoce un sujeto con capacidades y potencialidades, las cuales han de ser desarrolladas, esta visión es fundamental para el marco pedagógico, ya que permite concebir los procesos integrales de la persona en un contexto interpersonal y social, entendiendo que la personalidad del sujeto se va construyendo en la toma de decisiones y en sus actuaciones ante las diversas situaciones de la vida.
Algunos de los postulados en los que los psicólogos humanistas concuerdan(8) y que resultan relevantes para soportar la concepción de adolescente que el marco pedagógico asume y sobre la cual inscribe los procesos de formación, son los siguientes:
a) “El ser humano es una totalidad. Este es un enfoque holista, cuyo objetivo consiste en estudiar al ser humano en su totalidad y no fragmentadamente;
b) El ser humano posee un núcleo central estructurado. Dicho núcleo es su “yo”, su “yo mismo” (self) que es la génesis y la estructura de todos sus procesos psicológicos;
c) El ser humano tiende naturalmente a su autorrealización formativa. Puesto frente a situaciones negativas, debe trascenderlas; y si el medio se define como propicio, genuino y empático, amén de no amenazante, verá favorecidas sus potencialidades;
d) El ser humano es un ser inserto en un contexto humano, y vive en relación con otras personas;
e) El ser humano es consciente de sí mismo y de su existencia. Se conduce de acuerdo con lo que fue en el pasado y preparándose para el futuro;
f) El ser humano está provisto con facultades de decisión, libertad y conciencia para elegir y tomar sus propias decisiones. Estas facultades lo convierten en un ser activo, constructor de su propia vida;
g) El ser humano es intencional. Esto significa que sus actos volitivos o intencionales se reflejan en sus propias decisiones o elecciones”.
Esta mirada, plantea un sujeto capaz de asumir su vida, de comprender su situación particular y tomar una postura al respecto, es por ello que al estudiar las condiciones específicas de los adolescentes que ingresan al sistema de responsabilidad penal, se determina la necesidad de brindar procesos alternativos de formación que fomenten los valores personales y sociales para desarrollarse plenamente como sujetos, en función de lograr una verdadera inclusión y participación social.
En atención a lo anterior, el marco pedagógico, comprende que la formación del adolescente no puede ser solamente desde el plano académico y técnico-vocacional sino que debe trascender hacia lo integral, atendiendo todas las dimensiones de su desarrollo, donde además se tenga en cuenta, la situación especial en la que se encuentra y las condiciones que lo han llevado a ello, para garantizar que el proceso de formación, le brinden al adolescente y al joven herramientas para razonar, formar su juicio, pensar y enriquecer su visión respecto al mundo.
En esta misma ruta, por lo tanto, los procesos de formación deben centrarse en el acompañamiento permanente del adolescente, donde se impulse y se promueva diferentes experiencias y proyectos vivenciales asumiendo que cada sujeto es diferente y tiene por lo tanto, intereses y necesidades individuales específicas, que no solo se pueden concebir en una dimensión cognitiva sino también afectiva.
En palabras de Constance Kamii, la autonomía significa llegar a ser capaz de pensar por sí mismo con sentido crítico, teniendo en cuenta muchos puntos de vista, tanto el intelectual como el moral, es por ello que existen dos tipos de autonomía; la moral y la intelectual, la primera hace referencia a gobernarse a sí mismo, lo que quiere decir, que es lo contrario a la heteronomía, que significa ser gobernado por los demás, trata sobre lo “bueno” o sobre lo “malo”, la moral autónoma es elaborada por cada persona a partir de sus relaciones humanas, es la “Regla dorada” de tratar a los demás como queremos ser tratados, en cuanto a la intelectual igualmente significa gobernarse a sí mismo y tomar sus propias decisiones, pero esta trata sobre lo “falso” y lo “verdadero”(9).
Siendo el propósito del marco pedagógico, potenciar la autonomía del adolescente durante el periodo que se encuentre en el sistema de responsabilidad penal, lo que se espera es que a partir de la formación humanista el adolescente empiece a cuestionarse frente a sus actos y analice las diferentes condiciones en las que toma decisiones y las consecuencias de las mismas en situaciones determinadas, de tal forma que convalide sus puntos de vista con los otros, sustente sus ideas, escuche las de los demás, se esfuerce por construir una comprensión acerca de la norma, y se encamine en la ruta de tomar sus propias decisiones desde un criterio personal que no afecte a los otros.
“La autonomía no es lo mismo que la libertad total. La autonomía significa ser capaz de tener en cuenta los factores relevantes en el momento de decidir cuál es la mejor acción a seguir. No puede haber moralidad cuando se consideran únicamente los puntos de vista propios. Si se consideran los puntos de vista de los demás, no se es libre para mentir, romper promesas y ser desconsiderado”(10).
Por lo tanto la formación que recibe el adolescente en el sistema, debe promover el estudio de diferentes rutas de solución frente a una situación problema, la capacidad para tomar decisiones, el análisis de las acciones y sus posibles consecuencias, debe lograr en definitiva que el adolescente y el joven sean capaces de ubicarse en el lugar del otro y comprender que sus puntos de vista son tan válidos como los de él.
Ahora bien, “la moralidad trata acerca del bien y del mal en la conducta humana, en la moralidad heterónoma, estos asuntos se solucionan de acuerdo con las reglas establecidas y la voluntad de las personas con autoridad. En la moralidad autónoma, al contrario, el bien y el mal lo determina cada individuo a través de la reciprocidad, es decir, la coordinación de los puntos de vista”(11).
Resulta entonces fundamental, que todos los espacios en los que se desenvuelve el adolescente a lo largo de su cotidianidad sean una alternativa para generar el diálogo y el intercambio de ideas desde diferentes ópticas, es el encuentro con los otros, donde se va a potenciar el desarrollo de la autonomía, ya que ello implica conocer otras miradas y formas de abordar una situación determinada.
Al respecto Piaget(12) plantea lo siguiente “la autonomía... aparece con la reciprocidad, cuando el respeto mutuo es suficientemente fuerte para hacer que el individuo sienta el deseo de tratar a los demás como él desearía ser tratado;... la autonomía moral aparece cuando la mente considera necesario un ideal que es independiente de cualquier presión externa. Por lo tanto, no puede haber necesidad moral fuera de nuestras relaciones con los demás”.
El marco pedagógico, asume al adolescente, como un sujeto inmerso en un contexto sociocultural influido por la cultura, el lenguaje y las creencias propias de su entorno, entendiendo que estas mismas son las que determinan la construcción de sus conocimientos y la forma como establece sus relaciones con los otros, lo que quiere decir, que este marco, fundamenta el proceso de formación de los adolescentes a partir de esta premisa, porque está convencido de que es el sujeto quien ha de construir su propio conocimiento, dándole sentido a partir de los aprendizajes que ya posee.
“Básicamente puede decirse que es la idea que mantiene que el individuo tanto en los aspectos cognitivos y sociales del comportamiento como en los afectivos no es un mero producto del ambiente ni un simple resultado de las disposiciones internas, sino una construcción propia que se va produciendo día a día como resultado de la interacción entre esos dos factores. En consecuencia, según la posición constructivista, el conocimiento no es una copia fiel de la realidad, sino una construcción del ser humano”(13).
Lo que se propone el marco pedagógico es promover el aprendizaje, como aspecto central de cualquier tipo de formación, a partir de nuevas experiencias que le permitan al adolescente tener una perspectiva diferente de su realidad, donde se formulen espacios de diálogo, intercambio, reflexión y análisis, que más allá del ámbito académico y vocacional, entendiendo que estos dos aspectos no son suficientes por las condiciones actuales en las que se encuentra el adolescente y el joven, tengan en cuenta la realidad de cada sujeto, sus intereses, sus talentos, habilidades, entre otros.
En este sentido resulta fundamental comprender que el aprendizaje se dará en escenarios contextuados y significativos, nada ha de estar lejos de la realidad del adolescente, no se podrá desconocer sus conocimientos previos porque será a partir de los mismos que se estructurarán los nuevos. Es fundamental por lo tanto, la participación del joven en todo este proceso a fin de cuentas, parafraseando a Coll”(14), será él quien sea responsable de su propio proceso de aprendizaje, pues es “quien construye (o más bien reconstruye) los saberes de su grupo cultural, y este puede ser un sujeto activo cuando manipula, explora, descubre o inventa, incluso cuando lo escucha en la exposición de otros”.
Atendiendo al tipo de formación de orden humanista que propone el marco pedagógico, que alternada con la académica y la vocacional, intenta garantizar una formación que integre todas las dimensiones del desarrollo del adolescente, pero que además, tenga en cuenta las condiciones particulares en las que se encuentra cada joven y por las cuales llega al sistema de responsabilidad penal, resulta fundamental entender que el aprendizaje también debe direccionarse a los contenidos de tipo actitudinal-valorales(15), que corresponden a la educación moral, ética, la enseñanza de los valores, el desarrollo humano, los derechos humanos, la educación cívica, entre otros.
Esta distinción, acerca que los contenidos de orden declarativo(16) (conocimiento de datos, hechos, conceptos y principios) y los de orden procedimental (estrategias, técnicas, habilidades, destrezas, métodos, entre otros) ubicados fundamentalmente en el ámbito de la educación formal, a la que tienen derecho todos los adolescentes del sistema de responsabilidad penal y la cual se viene adelantando en los diferentes centros de atención al adolescente en situación de conflicto con la ley, permite señalar que al marco pedagógico le preocupa también, hacer énfasis en aquellos contenidos de orden actitudinal-valorales, antes mencionados, además de los declarativos y los procedimentales, ya que estos son el soporte de una formación para el desarrollo moral que va a dar paso a la autonomía que se pretende lograr con el adolescente.
Por lo tanto se entenderá que “las actitudes son experiencias subjetivas (cognitivo-afectivas) que implican juicios evaluativos, que se expresan de forma verbal o no verbal, que son relativamente estables y que se aprenden en el contexto social. Las actitudes son un reflejo de los valores que posee una persona”(17). Y los valores, específicamente los morales, como “principios éticos interiorizados respecto a los cuales las personas sienten un fuerte compromiso de conciencia”, que permiten lo adecuado de las conductas propias y ajenas(18).
Es desde una concepción constructivista que se asume el aprendizaje en el marco pedagógico, donde se promueven los procesos de crecimiento personal en el marco de la cultura del grupo al que pertenece el adolescente y el joven, de tal forma, que los mismos participen en actividades intencionales, planificadas y sistemáticas que propician la actividad mental constructivista, se trata de promover un doble proceso de socialización y de individualización, que les permita construir una identidad personal en el marco de un contexto social y cultural determinado(19).
El aprendizaje entonces, será el proceso que va a facilitar la interacción con los otros, por lo tanto es social y cooperativo, y depende del nivel de desarrollo cognitivo, emocional, social y de la naturaleza de las estructuras de conocimiento, de modo que, el punto de partida de todo aprendizaje serán en este contexto, los conocimientos y experiencias previas que tiene el sujeto y este se producirá cuando entre en conflicto lo que el sujeto ya sabe con lo que debería saber.
“El aprendizaje tiene un importante componente afectivo, por lo que juegan un papel crucial los siguientes factores: el autoconocimiento, el establecimiento de motivos y metas personales, la disposición por aprender, las atribuciones sobre el éxito y el fracaso, las expectativas y representaciones mutuas”(20).
En coherencia con lo anterior, cada concepto que se le presente al adolescente y al joven requiere contextualización, por lo tanto, se debe trabajar con tareas auténticas y significativas culturalmente, pues finalmente lo que necesitan es aprender a resolver problemas con sentido(21).
La pedagogía de la presencia es un enfoque metodológico para la orientación de adolescentes en contextos juveniles, es por esta razón que el marco pedagógico considera a este como un referente conceptual fundamental, en la medida que permite ubicar la relación adolescente-educador en un ejercicio de formación humanista en el sistema de responsabilidad penal.
Esta propuesta señala que estar presente en el proceso de formación del adolescente, exige por un lado, construir en conjunto y por otro tener claro que el propósito es trasformar, como lo señala Antonio Carlos Gomes Da Costa, “el abordaje ante problemas con los adolescentes desde la perspectiva de la pedagogía de la presencia está orientado a la valorización, autocomprensión y fortalecimiento, del concepto de sí mismo, de la autoestima y la autoconfianza, necesarios para la superación de sus dificultades”, lo que resulta coherente con la propuesta de formación humanista del marco pedagógico en la medida que ello generara, en palabras del mismo autor, la autoconfianza, la capacidad y la emancipación. Lo anterior implica crear espacios estructurados en los que el educando pueda ir emprendiendo, por sí mismo, la construcción de su ser, en términos personales y sociales, capaz de luchar y progresar juntamente con los demás(22).
Se espera por lo tanto lograr a partir de esta perspectiva promover en los educadores una práctica fundamentada en lo humano y sustentada en el marco del respeto y la reciprocidad, que le permita al adolescente establecer relaciones con los otros en un ejercicio de socialización como aspecto fundamental en su proceso de formación.
La prioridad para el educador ha de ser el adolescente, por lo tanto, su práctica pedagógica debe trascender en un ejercicio continuo de reflexión que le permita formular programas socioeducativos que tengan en cuenta las realidades que el adolescente tendrá que enfrentar una vez cumpla su sanción, la idoneidad del educador se reflejará por lo tanto, en la forma como además de abordar los retos que implican los procesos de formación, y en su intervención oportuna, de orden individual y colectiva cuando la situación lo requiera, con propósitos de emancipación que garanticen una conciencia individual de la norma y la autoridad como categorías necesarias para una convivencia sana, solidaria y respetuosa.
“Será necesario descubrir en el alumnado aptitudes y capacidades que solo un balance criterioso y sensible permitirá despertar y desarrollar. Únicamente así el alumnado encontrará el camino para sí mismo y para los otros. Este es el sentido y el objetivo mayor de la presencia pedagógica y emancipadora del educador en la vida del educando”(23).
5. Referente pedagógico.
El marco pedagógico está soportado en unos intereses particulares que tiene el sistema de responsabilidad penal con sus jóvenes, estos intereses hacen alusión a la necesidad de ofrecerle al adolescente, durante el tiempo que haga parte del sistema de responsabilidad penal, la oportunidad de reflexionar frente a sus actuaciones, ubicarse en el lugar del otro, comprender la norma y determinar cómo todo ello responde a las exigencias sociales para desempeñarse como ciudadano dentro del marco del respeto por los derechos humanos.
Para alcanzar este propósito es fundamental definir unos procesos de formación, que además de reestablecer los derechos de los adolescentes brindándoles oportunidades para que se nivelen en los grados de escolaridad formal y se capaciten en un oficio que puedan desempeñar en el ámbito laboral una vez terminen la sanción, ofrezca herramientas para que el adolescente empiece a tener una nueva perspectiva de mundo y transforme la ruta sobre la cual da solución a las situaciones, problema que enfrenta en la vida diaria.
Es por esta razón que se ha definido que los ejes de formación estén determinados por tres procesos; el académico, el técnico-vocacional y el humanista, este último, es sobre el cual el marco pedagógico hace énfasis en la medida en que los otros dos procesos son de la injerencia del Ministerio de Educación y el Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena.
A continuación se presentan con mayor claridad cada uno de los ejes de formación:
Formación académica: Ella hace referencia al marco de la educación formal como ya se mencionó antes, está regulada por el Ministerio de Educación Nacional y las secretarías de educación, estas entidades son por lo tanto, las encargadas de certificar y aprobar los currículos definidos para cada Institución. En la actualidad los centros de privación de la libertad del sistema de responsabilidad penal, han establecido convenios con instituciones educativas o están en esta gestión, otras por su parte cuentan con currículos validados por secretaría de educación y tienen los profesionales para desarrollar los mismos al interior de los centros.
Los niveles de educación(24) con los que llegan los adolescentes al sistema de responsabilidad penal permiten evidenciar que los casos de adolescentes sin escolaridad son mínimos, ello plantea que la gran mayoría de los adolescentes y los jóvenes se han iniciado en procesos de lectura y escritura, aspecto que facilita la incursión a procesos de formación, no solo académica. En cuanto a los casos de analfabetismo, son las instituciones del sistema las que los inician en este aprendizaje, con el ánimo de que validen su educación básica durante el tiempo de la sanción.
La información de tipo cuantitativo con la que el sistema de responsabilidad penal cuenta y que ya se mencionó en el apartado de referente contextual, permite evidenciar los altos niveles de deserción en los grados de formación elemental por parte de los adolescentes, lo que lleva a determinar la importancia de ofrecer tanto a los adolescentes como a los jóvenes nuevas estrategias pedagógicas en los espacios dedicados a estos procesos de formación para captar su interés y lograr que le encuentren sentido a los aprendizajes que están adquiriendo.
Formación técnica-vocacional: Paralelo a la formación académica que recibe el adolescente tan pronto ingresa al sistema de responsabilidad penal, teniendo en cuenta que es un derecho constitucional que se le restablece, recibe formación técnica-vocacional, ella responde a un interés de prepararlo para el ámbito laboral. Por ende resulta importante que el adolescente identifique sus competencias y desarrolle su potencial ocupacional en este escenario de formación como una garantía, para que una vez retorne a la sociedad, pueda reformular su proyecto de vida.
Si bien muchos de los talleres ofrecidos, ya sea en convenio con el Servicio Nacional de Aprendizaje, Sena, o directamente con los operadores del sistema, exigen unos conocimientos previos para acceder a los mismos, el adolescente requiere también, previo a ello, de una valoración que permita determinar sus capacidades y perfil ocupacional, para que sean potenciadas en este segundo eje de formación.
Fundamentalmente se pretende que el adolescente y joven identifiquen sus capacidades, y encuentre la utilidad de los aprendizajes que adquiere en este periodo de tiempo, para su vida
Formación humanista: Concibe dentro de sus pilares fundamentales; la dignidad, la equidad, la solidaridad, la convivencia y el respeto por los derechos humanos. Por lo tanto, su propósito es preparar ciudadanos que sean capaces de convivir con los demás, conciliar, respetar la norma, solidarizarse, ser autónomos, y responsables de sus actos. Esta formación resulta relevante para el marco pedagógico del sistema de responsabilidad penal ya que responde a unas necesidades particulares de la población y ofrece alternativas de intercambio con el adolescente que le permiten ampliar su mirada frente a la realidad y establecer relaciones humanas, desde un ámbito donde está presente la posibilidad de intercambiar ideas, conocer los puntos de vista de los demás, llegar a acuerdos, comprender las condiciones en las que se encuentran los otros, conocer diferentes rutas para dar solución a las diversas situaciones de la vida diaria, entre otros, aspectos fundamentales para alcanzar el propósito del marco pedagógico.
Se trata de: “lograr un ser socialmente responsable y libre capaz de corregir errores, capaz de cooperar y de vivir una conducta ética porque no desaparece en sus relaciones con los demás”(25).
El eje de formación humanista es trasversal a todos los procesos de formación al interior del sistema de responsabilidad penal, la pretensión, por un lado, es propiciar espacios alternos a los otros procesos de formación, que permitan discutir los contenidos planteados, más allá de una clase magistral, se trata de un intercambio de ideas que le permita al educador conocer el punto de vista de los adolescentes y ponerlo en diálogo para promover la conciencia y la comprensión de situaciones reales desde otra óptica.
Se espera, por lo tanto, que todas las dinámicas institucionales tengan un insumo formativo desde la perspectiva humanista, garantizando un ambiente de coherencia con el contenido que se presenta en el espacio de formación y con lo que sucede en la cotidianidad como primer referente de la realidad del adolescente.
Desde esta perspectiva, las funciones de formación humanista que orientarán la atención dirigida al adolescente en el sistema de responsabilidad penal, teniendo como referencia lo planteado por Gerardo Ramos Serpa(26) son:
— Función de formación política
— Función de formación intelectual-cognoscitiva
— Función de formación ética
— Función de formación estética
— Función de pertenencia e identidad
— Función de formación emocional
— Función de concepción de mundo
Los contenidos que se proponen para la formación humanista dentro del sistema de responsabilidad penal para adolescentes, responden a las funciones de formación planteadas por Serpa Ramos(27), ya que las mismas, se consideran las más pertinentes para alcanzar el propósito que tiene el marco pedagógico. De tal forma, que si bien este referente conceptual es considerado como una guía para fundamentar la propuesta de formación, la misma se ha diseñado pensando particularmente en la población de adolescentes del sistema de responsabilidad penal.
Función de formación política: “Ofrece una explicación de la existencia e incidencia de las clases sociales y de sus intereses en la dinámica social, así como los mecanismos, organizaciones e instituciones en los que ello se plasma y se sustenta”.
Todos somos parte de una sociedad y ejercemos dentro de la misma una participación que se espera responda a una construcción democrática en cada uno de los ejercicios sociales en los que nos desenvolvemos. Para el adolescente que ingresa al sistema de responsabilidad penal, esta claridad debe ser fundamental para introducirlo en la comprensión de la norma y lograr el respeto por la misma. Los contenidos que se proponen son:
— Conciencia histórica de los derechos ciudadanos
— Sentido de los derechos ciudadanos en un marco de libertad
— Solidaridad y justicia social
— Las normas y las sanciones
— Historia política de Colombia Siglo XIX
— Historia política de Colombia Siglo XX
— Representaciones acerca del poder político
— Organización política de la sociedad
— Instituciones estatales
— Labor y componentes de la estructura política
— Ética política
Función de formación intelectual-cognoscitiva: “Caracteriza las regularidades generales del proceso del conocimiento y propicia el establecimiento de habilidades lógicas para el razonamiento, la demostración, la autorreflexión y la realización del carácter más plenamente consciente de la capacidad de reflejar de modo más exacto las propiedades y nexos esenciales de la realidad, propiciando así la creatividad y la independencia para la búsqueda y resolución de problemas”.
El adolescente necesita potenciar su madurez intelectual y su capacidad cognoscitiva, porque a partir de ello, se garantiza una comprensión diferente de la realidad y del entorno en el que se desempeña, proveer al joven de herramientas para que pueda acceder a nuevos escenarios de formación donde la ciencia y la tecnología estén presentes permite extraer sus potencialidades.
Se concibe, entonces, al ser humano como un ser con capacidades y potencialidades para la creación, la innovación, la proposición. Los adolescentes en conflicto con la ley, no han tenido oportunidades para explorar y aplicar sus habilidades desde una perspectiva positiva, al contrario sus fortalezas han sido descubiertas en situaciones de supervivencia, sin ningún ejercicio de reflexión y análisis, esta población considera que lo asertivo se encuentra en la respuesta que le brinden al medio de manera agresiva y violenta.
Por esta razón, es urgente abrir espacios que propicien el descubrimiento de capacidades y habilidades cognitivas.
— El conocimiento del mundo
— El proceso del conocimiento
— Formas del conocimiento (lo sensorial y lo racional)
— El conocimiento empírico y teórico
— La veracidad en el conocimiento
— Conciencia cognoscitiva
— La ciencia
— Ciencia y sociedad
— Los problemas del desarrollo de la ciencia
Función de formación ética: “Contribuye a la elaboración y asimilación de las normas y patrones de conducta que regulan las relaciones de los hombres en la sociedad, inculcando un sistema de principios humano-universales e histórico concreto en el comportamiento social de la persona”.
El adolescente que se encuentra en el sistema de responsabilidad penal, tiene una cosmovisión, un concepto general de mundo, producto de sus experiencias de vida, que sustentadas en la supervivencia y en los sistemas que lo circundan familia, barrio, amigos, escuela, resultan confusas, pues por lo general no contemplan sus derechos y por ende transgreden su dignidad. Llegar entonces a una comprensión de lo que implica lo ético en un contexto determinado resulta limitado en el momento de materializarlo en acciones concretas en donde el otro tiene un lugar. Es por esta razón que los contenidos pertinentes que se deben considerar son:
— Práctica y conciencia moral
— Normas y principios morales
— Elección y conflicto moral
— Los valores morales
— Las funciones de la moral
— El juicio moral
— La autonomía moral
— La autonomía intelectual
Función de formación estética: “Esclarece una concepción científicamente argumentada acerca de lo bello y de sus parámetros, participando en la conformación de capacidades para la creación y capacidades para la creación estética de la realidad. A tono con ello queda claro que la exigencia de la calidad en la producción de bienes y servicios supone cada vez más un componente estético en los mismos que representa tanto una ventaja competitiva como un indicador del grado de satisfacción de las necesidades crecientes de la humanidad”.
Se hace necesario proveer al adolescente de nuevas experiencias de aprendizaje, que le permitan adquirir una apreciación diferente de sí mismo y de la realidad, donde tenga lugar lo trascendental, lo hermoso, lo armónico. Ello reconstruiría sus saberes, y permitiría que el adolescente descubra otras formas de comunicarse, de expresarse, de acercarse al entorno y de relacionarse con el otro, es por ello que los temas a tratar para el desarrollo de esta función son:
Capacidad para la creación
— Sentido de trascendencia
— Sensibilidad estética
— Percepción de lo bello
— Belleza natural-artificial
— Interpretaciones del arte
— Objetividad y subjetividad
— El arte como modo estético
— El contenido y la forma del arte
— Las funciones del arte
— El vínculo de la sociedad con el arte
Función de pertenencia e identidad: “Favorece la elaboración del sentimiento y la autoconciencia de pertenencia e identidad nacional, sobre la base de las tradiciones y valores históricos, sociales y culturales del país”.
Cómo estructuramos nuestras relaciones con los otros, cuáles son los códigos que al interior de cada grupo social se establecen, reflexiones alrededor de estos aspectos deben propiciar la comprensión de lo colectivo, de la identidad y la cultura a la que pertenece cada sujeto la existencia del otro como un sujeto activo, con puntos de vista diferentes, que requieren ser tenidos en cuenta por parte del adolescente como una estrategia para la convivencia y para resolver los conflictos que se puedan presentar en los encuentros cotidianos.
— Rasgos culturales
— Vínculos afectivos
— Adopción de normas
— Hábitos compartidos
— Patrones característicos de un grupo
— Reconocimiento e identidad
— Identidad individual e identidad social
– Lo individual y lo colectivo
— La inclusión y la exclusión
— Identidad étnica y de género
— Identidad de clases y nacional
— Arraigo-vínculos
Función de formación emocional: “favorece el establecimiento y la maduración de las emociones y estados de ánimo en los diversos planos de la vida, que propicien la realización del sujeto y su equilibrada existencia afectiva”.
Los adolescentes que tienen conflicto con la ley, en su gran mayoría provienen de contextos hostiles, esto determina sus relaciones interpersonales y su comportamiento en diferentes escenarios sociales. Desde esta perspectiva resulta fundamental fortalecer el potencial afectivo, los contenidos que se sugieren son:
— Identificación de las emociones
— Expresión de las emociones
— Comprensión de las emociones
— Administración de las emociones
— Competencias emocionales
— Dimensión Interpersonal
— El afecto
— Los vínculos afectivos
Función de concepción de mundo: “Permite la estructuración consciente a nivel teórico de las coordenadas y principios directrices más generales de la actividad social del individuo, mediante una visión integral de conjunto acerca del hombre, la realidad y la activa relación entre ambos”.
Resulta importante incluir en el proceso de formación del adolescente, un repaso por la historia y los cambios ocurridos en otras épocas que indudablemente han definido la actualidad, estudiando fenómenos de índole económica, política, social y cultural que configuran una concepción de mundo más amplia, global, y que amplía la mirada local que el joven ha construido a partir de su experiencia inmediata, es así como los contenidos que soportan esta función son:
— Tradiciones y creencias en el mundo
— Fenómenos de cambio en el mundo
— Naciones, sus conflictos y posibilidades de desarrollo
— Grandes inventos
— Pensamiento en el tiempo
— La ciencia y la tecnología
— América y el mundo
— Colombia y el mundo
Para la materialización del marco pedagógico se propone que la formación humanista cuente con un espacio y horarios específicos, alternos a la formación académica y técnica-vocacional, que permitan exponer y discutir con los jóvenes los contenidos planteados, de manera dinámica y creativa de forma que se articulen los mismos a la realidad de los adolescentes, y a sus experiencias previas. Es importante señalar que serán las instituciones las que determinarán esta planeación en la elaboración del “plan de trabajo” que se diseñará en la fase de implementación del marco, dándole la misma relevancia a este proceso de formación como a los referidos a lo académico y lo técnico-vocacional.
En este sentido, es importante aclarar que la formación humanista no solo responde a una cátedra o a un espacio tradicional de clase que trasmita los contenidos de cada una de las funciones de formación, sino que esta formación se ha pensado como eje trasversal de todas las acciones que se desarrollan en la cotidianidad de la Institución, lo que implica, que su metodología de enseñanza trasciende a las actuaciones del adolescente en todos los espacios en los que se desarrolla su cotidianidad.
Para este espacio de formación es necesario destinar tres encuentros a la semana de tres horas cada uno.
En lo que corresponde al proceso individual de cada adolescente, el acceso a este servicio estará en coherencia a las consideraciones establecidas por el equipo de profesionales consignadas en el Platin, pero igualmente en el proceso de implementación del marco pedagógico, cada área planteará las metas que se propone alcanzar con el adolecente con respecto al proceso de la formación humanista.
Para las modalidades de privación de la libertad específicamente, es importante que esta planeación contemple los fines de semana donde se incluya intervención con familia, esta intervención debe tener incluido el componente humanístico, además del terapéutico.
El sistema de responsabilidad penal conoce la dificultad de convocar los grupos familiares de los adolescentes y alcanzar procesos continuos que evidencien logros, pero a la vez es consciente que el fin de semana es una oportunidad fundamental para tener acercamiento a los mismos, involucrándolos en el proceso de formación humanista. Por lo tanto, el marco pedagógico propone definir en el ejercicio de implementación, acciones concretas con la familia que sean coherentes con el proceso de formación humanista que tengan en cuenta las condiciones particulares de la población en el escenario social y cultural en el cual están inmersos.
5.4 Metodología para los procesos de formación.
La metodología que se ha definido para dar cumplimiento al propósito del marco pedagógico está determinada en dos momentos; el primer momento hace referencia a la formación humanista relacionada con la exposición y discusión de los contenidos correspondientes a las funciones de formación, al respecto, cada institución teniendo en cuenta los tiempos definidos para ello, incluirá en su cronograma de actividades un espacio y un horario destinado a este proceso.
Para lo anterior se proponen cuatro ciclos que materializan la formación de las funciones humanistas, cada adolescente que ingrese al sistema debe recibir esta formación como un aspecto fundamental para garantizar la incursión al propósito del marco que es potenciar la autonomía.
Ciclos de formación humanista: Las funciones de formación con sus respectivos contenidos serán las que orienten el proceso de formación inicial correspondiente a los ciclos, para el desarrollo de los mismos se conformarán grupos de 15 a 20 adolescentes máximo, quienes contarán con criterios de clasificación (delito, tiempo de la sanción, edad, escolaridad) para asistir a cada uno de estos espacios, será el operador quien determine cómo organizará estos grupos, el educador por su parte presentará dos contenidos por semana, para ello dispone, como ya se mencionó de nueve horas divididas en tres días, en los primeros dos días se dará a conocer los dos contenidos correspondientes, uno por día, el último encuentro estará destinado para la generalización de este aprendizaje a contextos reales en la institución.
Es relevante aclarar que el aspecto metodológico aquí consignado, es flexible a las dinámicas propias de cada institución y regional por lo tanto, lo que se pretende es que para la implementación del marco pedagógico, el “Plan de trabajo” sea construido con los profesionales de cada centro, de tal forma que se tengan en cuenta las particularidades propias de cada lugar.
Antes de iniciar el proceso de formación humanista es importante darle a conocer al adolescente el proceso que se pretende adelantar, junto con el propósito de potenciar su autonomía, de modo que él comprenda la relevancia del mismo y conozca cómo se ha definido este ejercicio al interior de la dinámica Institucional.
Una vez el adolescente ha terminado su proceso de formación humanista en cuanto a los aspectos conceptuales, el educador hará seguimiento constante e individualizada de las competencias adquiridas, que deben ser evidentes en los espacios y dinámicas cotidianas de la Institución, si este conocimiento no se generaliza el adolescente será remitido a grupos de refuerzo que el operador constituirá para estos casos particulares.
La aprobación de los ciclos es automática y todos los adolescentes deben asistir a los mismos, se tendrá en cuenta, sin embargo, la participación del adolescente y la puesta en práctica de los conocimientos adquiridos en sus actuaciones cotidianas y ellas serán consignadas en el Platin. Una vez finalice este primer momento de formación (referido a los cuatro ciclos) el adolescente tendrá derecho a participar en uno de los proyectos de interés (quinto ciclo) que haya constituido la Institución; teniendo en cuenta los intereses de los jóvenes, los recursos con los que cuenta, los profesionales que lideran los procesos, entre otros.
El segundo momento de la metodología que se propone está dirigida a todos los adolescentes que han participado en los cuatro ciclos de formación humanista y res­ponde al desarrollo de talentos y potencialidades de cada uno de los mismos, desde esta perspectiva se potencia la autonomía, en la medida en que el adolescente y el joven pueden identificar sus capacidades y descubrir en qué otras áreas se pueden desempeñar, encontrándole sentido a los nuevos aprendizajes que ha ido adquiriendo a través de este proceso de formación.
A continuación se hace más explicito este segundo momento metodológico:
Proyectos de interés: Como una segunda acción formativa se proponen los proyectos de interés, para los adolescentes que terminen los primeros cuatro ciclos de formación humanista, estos son los que van a permitir potenciar los talentos de los adolescentes y accederán a los mismos una vez hayan interiorizado formas de comportamiento razonadas y socialmente aceptadas, que se evidencien en el acatamiento de la norma, el respeto por el otro, la resolución pacífica de conflictos y la responsabilidad de sus actos, donde la autonomía se convierte en la meta del proceso de formación hasta aquí descrito.
Lo que se espera, es que en la medida que se evidencie progreso en el proceso individual de cada adolescente, acceda a nuevas experiencias de aprendizaje y a nuevas dinámicas de convivencia.
Los proyectos pueden entenderse a través de manifestaciones tales como: teatro, danza, periódico, emisora, entre otros, movimientos culturales que se evidencian en eventos organizados por la institución y que le permiten funcionar con más libertad al adolescente dentro de las dinámicas establecidas por la misma.
Para ello, el marco pedagógico propone que cada institución fundamente sus proyectos de interés teniendo en cuenta los siguientes criterios, descritos a continuación, de tal forma que este último ciclo de formación referido a los proyectos de interés, no se confunda con la formación técnica u ocupacional:
Expresión y comunicación: Considera fundamental brindar espacios para el desenvolvimiento corporal, social, estético, donde no se busca hacer de los adolescentes y los jóvenes artistas, sino brindarles herramientas a partir de la imaginación, la creatividad y la sensibilización, que le permitan comunicarse a través de diferentes formas y encontrar nuevas rutas para convivir con el otro y manifestar sus acuerdos o desacuerdos, de igual forma, se propone a partir del mismo, desarrollar las capacidades de abstracción, la construcción de un pensamiento crítico, la comprensión y la interpretación de significados, la apropiación de valores culturales. Lo anterior posibilitará el establecimiento de vínculos, el sentirse importante y reconocido, al experimentar diferentes formas de comunicación que permiten la transmisión de ideas y pensamientos a los demás.
Desde esta perspectiva los contenidos determinados para cada espacio de formación se desarrollarán a partir del esquema corporal del adolescente, su desarrollo psicomotor, intelectual, afectivo, sobre cómo percibe su entorno, la forma cómo se expresa y lo que se ha constituido su lenguaje corporal.
Cultura y sociedad: Contempla la necesidad urgente de acercar al adolescente a la comprensión de cómo se han constituido los grupos sociales determinados por una cultura semejante (costumbres, tradiciones, creencias) que regula el comportamiento de las personas que hacen parte de dicho grupo social.
Esta especificidad indudablemente tiene un matiz histórico que define el ejercicio metodológico a través de un recorrido por el pasado para alcanzar una comprensión de las dinámicas sociales en diferentes etapas del desarrollo incluyendo la actual, en donde se ubica su historia personal.
Todo proceso de formación debe tener en cuenta el contexto y la realidad particular del adolescente, su familia, su entorno social (barrio, localidad, ciudad) las dinámicas que suceden en estos espacios, y las comprensiones que el adolescente ha construido a partir de su experiencia de vida.
Los proyectos formulados de desde esta perspectiva deben propender por el reconocimiento y el respeto a la diferencia.
Tiempo libre y recreación: Se preocupa por brindarle al adolescente herramientas para el aprovechamiento del tiempo, a partir del desarrollo de habilidades y capacidades que se perfilan como posibles talentos, no descubiertos, la recreación tiene un lugar fundamental, pues es a través de actividades que le generan placer y desarrollo pleno al adolescente, donde la libertad de elegir y la renovación permanente se manifiestan como una nueva alternativa de vida, esta posibilidad de no repetir, le plantea al adolescente una vivencia cotidiana diferente y le permite la adquisición de otros hábitos que no han sido experimentados por él.
Es importante comprender que este criterio no plantea que se desarrolle una actividad destinada al descanso, al contrario supone una organización planeada de las actividades dirigidas al adolescente, donde él se sienta en aprendizaje continuo pero disfrutando de nuevas experiencias que le permitan reconocer otras rutas de actuación además de las ya conocidas, pero que además, paralelo a ello adquiera disciplina a partir del aprovechamiento del tiempo.
Los proyectos desde este criterio están enmarcados por ejemplo en el ámbito de la pintura, la tecnología, entre otros.
Ciudadanía y medio ambiente: Si bien ser ciudadano ha sido definido como aquel que goza de derechos políticos y forma parte de un país y su respectivo gobierno, es un individuo al que también le atañen responsabilidades, entre ellas se considera las que hacen referencia al entorno y la conservación del mismo, el adolescente debe tomar parte de las comunidades que se preocupan por el desarrollo sostenible con una conciencia ambiental.
Este proyecto se debe evidenciar en todas las prácticas cotidianas de la institución, a través del diálogo permanente entre todos los miembros, la negociación y mediación para resolver los problemas y solucionar los conflictos, el trabajo solidario y cooperativo
en pequeños grupos, la participación activa de los adolescentes en asambleas y debates que tengan que ver con la vida Institucional, ejercicios que reconozcan la igualdad, la responsabilidad, la participación.
Es a partir de esta serie de prácticas al interior de la institución, que el joven desarrollará una conciencia frente a su rol como ciudadano y por ende, su compromiso con el entorno donde habita. Los proyectos que hagan parte de este criterio se encaminarán a un acercamiento paulatino con el entorno exterior, con la comunidad específicamente.
En definitiva, los proyectos de interés, son la etapa final del proceso de formación, por lo tanto, son ellos los encargados de materializar el propósito del marco pedagógico, ya que los mismos van a direccionar las nuevas experiencias de aprendizaje, y sobre los mismos se van a desarrollar las dinámicas cotidianas durante la permanen­cia del adolescente en el sistema de responsabilidad penal, una vez haya terminado los cuatro ciclos de formación humanista, todo ello, con el propósito de ofrecerle al adolescente una percepción de mundo diferente de la que trae como producto de sus experiencias de vida.
Será en el quehacer cotidiano donde se pondrá en evidencia el alcance de dicho propósito y será el educador quien promueva un encuentro alternativo con el aprendizaje desde la motivación, la resolución de problemas, la investigación, la generación de preguntas, entre otros.
La metodología hasta aquí propuesta será articulada con los manuales de convivencia y disciplina establecidos por las instituciones y el modelo de atención del sistema de responsabilidad penal una vez aprobado y validado, de tal forma que todos los procesos de formación estén dentro del marco de la sana convivencia y el respeto por el otro.
Los ciclos por lo tanto quedan organizados de la siguiente manera:
I. Ciclo: Función de formación intelectual - cognoscitiva y estética
II. Ciclo: Función de formación política y concepción de mundo
III. Ciclo: Función de pertenencia e identidad y emocional
IV. Ciclo: Función de formación ética
V. Ciclo: Proyectos de Interés
Trabajo institucional: La gestión desarrollada al interior de cada una de las Instituciones del sistema de responsabilidad penal para adolescentes tiene un efecto desde lo individual y lo colectivo; desde lo individual, en la medida en que el adolescente es atendido por el equipo interdisciplinario, quien propone un programa de intervención (el Platin) a partir de la valoración inicial realizada cuando el adolescente ingresa al sistema de responsabilidad penal la cual evidencia las necesidades particulares del mismo.
En cuanto al trabajo colectivo la Institución fomentará acciones que enriquezcan los escenarios determinados para la formación establecidos desde la cotidianidad, mediante acciones que evidencien el producto de los proyectos de interés (semanas culturales, deportivas, de la ciencia, entre otras), donde se potencien las habilidades del adolescente y se reconozcan sus talentos.
De igual forma con apoyo técnico de la subdirección de responsabilidad penal, articulará los procesos académicos a los modelos pedagógicos que ofrece cada Secretaría de Educación Distrital, validados y particularizados para diferentes grupos poblacionales, garantizando un ejercicio de calidad con profesionales idóneos y la certificación del mismo, que posibilite la participación del adolescente al ámbito laboral, una vez egrese del sistema. Lo mismo se sugiere para la formación vocacional con el Sena.
Esta gestión está a cargo del operador, de tal forma que debe evidenciarse en la planeación semestral o anual realizada.
Trabajo interinstitucional: Las instituciones que operan en el sistema de responsabilidad penal, no pueden considerarse aisladas del ejercicio social, pues la tarea fundamental de las mismas es lograr que el adolescente una vez termine su proceso jurídico regrese a este entorno con unas nuevas comprensiones y unas claridades frente a la convivencia con los otros, pues de nada serviría pensar que la tarea del sistema termina una vez el adolescente cumpla la sanción, sin proyectarse hacia lo posinstitucional.
La gestión en esta instancia resulta fundamental porque pretende acercar al adolescente a un entorno fuera de la institución, donde están presentes las normas y donde el otro tiene derechos al igual que él que deben ser respetados, lograr que el adolescente tenga contacto con una obra de teatro, un museo, un jardín botánico, una empresa, genera la experiencia de nuevos aprendizajes que trasforma los ya adquiridos de manera positiva y significativa, de igual forma, esta gestión también contempla que otras instituciones que tienen muestras culturales, científicas, artísticas, se acerquen a las Instituciones del sistema de responsabilidad penal y presenten sus proyectos junto con los que han elaborado los adolescentes de las mismas, en un ejercicio de intercambio.
Trabajo con la familia: Además de las acciones que actualmente se adelantan en cada una de las instituciones del sistema con la familia, entre ellos el manual de convivencia donde se plantea dicha participación y el Platin desde la intervención terapéutica individual con el adolescente, también es importante que el operador desarrolle otras acciones dirigidas a la formación académica, vocacional y humanista, de los grupos familiares. Si bien es claro para la subdirección de responsabilidad penal que convocar padres o integrantes de la familia del adolescente no resulta sencillo, comprende que si los mismos no se involucran en estos procesos, la garantía de la no reincidencia del adolescente y el joven es utópica.
Desde esta perspectiva la gestión por parte del operador dirigida a los grupos fa­miliares de los adolescentes, de acuerdo a las características propias de cada región y contexto social, debe evidenciar la participación por parte de la misma en cada uno de los ejercicios propuestos para la formación humanista de los adolescentes y el trabajo institucional, interinstitucional y con la comunidad.
Trabajo con la comunidad: Esta gestión está dirigida a lograr que las Instituciones del sistema se conviertan en líderes de la comunidad y que hagan parte de los comités que funcionan al interior de los ejercicios de participación propios de las localidades o de las alcaldías menores, de tal forma que la responsabilidad social se materialice: en un primer momento, en la comprensión, por parte de la población de dicha comunidad, de la situación del adolescente y la necesidad de apoyarlo en su reincorporación a la sociedad, pero además se trata de vincular los grupos familiares de estos adolescentes a los programas que se desarrollan desde estas entidades y lograr la corresponsabilidad como un mecanismo de cohesión social.
Los operadores serán quienes determinen el lugar de participación por parte de la Institución y por parte de los adolescentes y su familia en la comunidad.
En atención a ello, los planes trabajo para materializar toda la propuesta referida a la formación humanista se desarrollará de manera particular en cada una de las Instituciones, teniendo en cuenta sus características propias.
El seguimiento y valoración de los procesos de formación dirigidos a los adolescentes están determinados por las metas y productos que se pretenden alcanzar desde la gestión institucional, interinstitucional, familiar y comunitaria, mediante el desarrollo de competencias de orden cognitivo, actitudinal y procedimental en el adolescente durante su permanencia en el sistema de responsabilidad penal.
“Las competencias están relacionadas con el uso apropiado de las aptitudes intelectivas y de las capacidades mentales para comprender lo que se hace, junto con el manejo eficiente, eficaz y efectivo de métodos, técnicas, procesos y procedimientos con habilidad y destreza para saber hacer lo que se comprende; y en, utilizar este saber y este saber hacer con pertinencia, en la solución de problemas relevantes. Una competencia entonces es un saber pensar y un saber hacer en contexto”(28).
Por lo tanto, el seguimiento de los procesos de formación de los adolescentes se llevará a cabo de manera individual, para ello, se utilizará como estrategia el Platin donde aparecerán consignadas las metas, las competencias y los indicadores de competencia que se pretenden alcanzar con cada adolescente teniendo en cuenta el proceso de formación humanista, como aspecto complementario a la intervención terapéutica, como se explica a continuación:
Competencias cognitivas: Hacen referencia a los procesos mentales de aprendizaje, habilidades intelectuales, estrategias cognitivas y la capacidad de análisis, síntesis y análisis crítico, están también relacionadas con la capacidad de comprender y de manipular ideas, pensamientos y conceptos.
Estas competencias cognitivas están constituidas por la competencia interpretativa, argumentativa y propositiva, en cuanto a la interpretativa; incluye la habilidad que se tiene para identificar y comprender las ideas fundamentales en una comunicación, un mensaje, entre otros, algunos de los procesos de pensamiento que involucra esta competencia, tienen que ver con: recuerdo (memoria), comprensión, aplicación, traducción, ejemplificación, identificación de un problema.
Por su parte la argumentativa incluye la habilidad de razonamiento en cuanto a la explicación de cómo las diferentes partes de un proceso se relacionan entre sí, para lograr cierto efecto o conclusión. Al argumentar se justifican las ideas, se interactúa con el saber. Algunos de los procesos de pensamiento que involucra esta competencia son; comprensión, inferencia, problematización, análisis, memoria.
Por último la competencia propositiva supone ordenar ideas bajo un nuevo patrón o crear nuevas configuraciones de ideas, esta competencia representa el más alto nivel alcanzado por el individuo en el desarrollo de su pensamiento porque requiere de síntesis, cambio y transformación de sus ideas. Algunos de los procesos de pensamiento que involucra esta competencia, están relacionados con: comprensión, aplicación, análisis, síntesis, inferencia, raciocinio.
Competencias instrumentales o procedimentales: Se relacionan con el domino de métodos y técnicas que permiten lograr un resultado dado.
“Referidas al manejo de técnicas, procesos y estrategias operativas, para buscar, seleccionar, organizar y utilizar información significativa, codificarla y decodificarla. Competencias necesarias para afrontar de manera eficiente la resolución de problemas en diferentes contextos y perspectivas”(29).
Competencias interpersonales (o socializadoras): “Entendidas como la actitud o disposición de un individuo para interactuar y comunicarse con otros, y ponerse en el lugar de esos otros, percibiendo y tolerando sus estados de ánimo, emociones, reacciones, etc., capacidad de descentración. Todo ello para crear una atmósfera social posibilitante para todas y todos los involucrados en un contexto. Competencias que son vitales para los seres que nos creamos y desarrollamos en sociedad.
Competencias intrapersonales (o valorativas): Entendidas como la capacidad de reflexionar sobre uno mismo, lo cual permite descubrir, representar y simbolizar sus propios sentimientos y emociones.
Para el marco pedagógico, es fundamental que la valoración además de tener un enfoque por competencias, sea procesual, esto quiere decir, que le dé importancia a tres momentos específicamente:
• Al inicio (cuando el adolescente ingresa al sistema).
• Durante todo el proceso (el ejercicio de formación definido para el adolescente).
• Al final (que corresponde a la sumativa de todo el proceso en general y los resultados obtenidos en el mismo).
Los criterios de valoración y seguimiento al proceso de formación humanista que deben ser consignados en el Platin, por lo tanto han de considerar los siguientes aspectos:
Metas que se pretenden alcanzar con los adolescentes del SRPA
• Respeta a los otros y a sí mismo
• Acata la norma, desde una comprensión de la misma
• Resuelve pacíficamente los conflictos
• Trabaja por alcanzar la autonomía
Competencias a partir de la meta:
Respeta a los otros y a sí mismo
• Conoce lo derechos ciudadanos
• Comprende las características individuales de cada sujeto
• Aprecia la diversidad cultural
• Analiza la posición de los otros
• Respeta las normas de convivencia establecidas al interior de la institución
• Cumple con lo establecido en el Manual de Disciplina
• Escucha las opiniones de los otros
• Apoya a sus compañeros cuando requieren ayuda
• Regula las acciones de los demás cuando se incumplen las normas de la institución
• Se solidariza con los otros
• Comunica con claridad sus ideas y desacuerdos
• Tolera a los otros desde la comprensión de sus emociones
• Se respeta a sí mismo
• Se plantea metas y desarrolla acciones para alcanzarlas
• Expresa sus necesidades y su sentir
• Acepta sus errores y comprende la necesidad de aprender de ellos
• Asume una posición frente a sus acciones y la proyección de su vida
• Analiza el por qué de las normas
• Comprende los sistemas de normas establecidos en la ciudad
• Expresa verbalmente sus opiniones frente a las dinámicas de convivencia establecidas al interior de la institución
• Conoce el manual de disciplina
• Comprende la norma y por ende la respeta
• Actúa en búsqueda de ganar mayores espacios de libertad en la Institución
• Lidera procesos donde cada acción sea coherente con las normas institucionales
• Respeta las reglas que se establecen para desarrollar trabajos en grupo
• Respeta las dinámicas establecidas para los ejercicios de convivencia en la cotidianidad
• Atiende a las indicaciones del adulto mediador
• Asume las consecuencias de sus actos
• Comprende su rol en el cumplimiento de normas dentro de la institución
• Comprende su rol en el cumplimiento de normas dentro de un grupo social
• Reconoce las consecuencias de sus actos
Resuelve pacíficamente los conflictos
• Analiza la procedencia de los conflictos
• Expresa la forma razonada de resolver un conflicto
• Conoce las consecuencias en la resolución de los conflictos
• Reflexiona frente a la forma en que se resuelven los conflictos al interior de la institución y en su entorno social
• Propone alternativas pacíficas en la resolución de conflictos
• Plantea nuevas rutas para llegar a resolver un conflicto
• Aplica la resolución de conflictos pacíficamente en cada dinámica cotidiana
• Resuelve conflictos entre pares de manera pacífica
• Lidera la resolución de conflictos pacíficamente cuando el adulto mediador no está regulando estas situaciones
• Es mediador en el intercambio con otros
• Regula sus actuaciones en pro de la resolución de conflictos
• Resuelve con su familia los conflictos de manera pacífica
• Asume una posición crítica frente a los conflictos sociales y del país
Trabaja por alcanzar la autonomía
• Comprende cuáles son sus fortalezas y debilidades
• Conoce cuáles son sus intereses y lo que se propone como una proyección a futuro
• Conoce el proceso de formación que se plantea en cada institución del SRPA
• Comprende el lugar que tiene el alcanzar la autonomía en la institución y en la sociedad
• Reflexiona frente a sus actuaciones y la relación de las mismas con respecto a la autonomía
• Analiza cómo puede lograr lo que se propone dentro del marco de exigencias establecidas en el ámbito social
• Actúa conforme a los procesos establecidos para acceder con mayor libertad a espacios ofrecidos por la institución
• Respeta los procesos establecidos para obtener los estímulos ofrecidos por la institución
• Se muestra comprometido con su proceso de superación
• Estimula a sus compañeros para alcanzar las prebendas ofrecidas por la institución.
• Discute con sus pares qué significa alcanzar la autonomía
• Lidera procesos donde sus compañeros se vinculen en el proceso de superación al interior de la institución
• Comprende la necesidad de trabajar por ser mejor
• Construye un plan de metas personales y realiza el respectivo seguimiento con apoyo de los profesionales
• Comprende la necesidad de transformar su lectura de la realidad
• Analiza qué aspectos debe modificar en su personalidad para convivir con los otros y actuar de manera autónoma.
Caso que materializa la formación humanista
Andrés Julián Álvarez es un adolescente de 17 años de edad que llega al sistema de responsabilidad penal, tiene una sanción de privación de la libertad por hurto, así que el tiempo que tendrá que permanecer en un centro de atención especializada es de un periodo de dieciocho meses.
Como acción inicial al llegar a la institución, se le presenta al adolescente el manual de convivencia para que conozca las reglas y compromisos que debe adquirir para garantizar que sus relaciones durante el tiempo de la sanción se den en el marco del respeto.
Enseguida es valorado por el grupo de profesionales de la institución en cada una de las áreas de atención psicosocial y se elabora el plan de intervención individual, Platin, que permitirá definir las metas que se desean alcanzar con el adolescente y las acciones que se desarrollarán para ello. En este ejercicio de diagnóstico se identifica que el adolescente ha cursado hasta octavo grado de básica secundaria, por ello incursiona en el proceso académico que se adelanta allí, entonces se lleva a cabo la valoración que permite determinar los conocimientos alcanzados en su pasada escolaridad, para de ser necesario adelantar un ejercicio de nivelación pues su ingreso ocurre en el mes de abril y el grupo al que tiene que asistir ha iniciado desde enero este proceso.
De igual forma, para acceder a la formación técnica vocacional se le aplica la prueba que permite determinar su perfil ocupacional y determinar cuál es el taller que permitirá potenciar sus capacidades y competencias vocacionales.
Como tercer proceso de formación se ha considerado la humanista que es la que va a permitir lograr el propósito del sistema de responsabilidad penal para con sus adolescentes, potenciar la autonomía, por lo tanto, Andrés asiste al ciclo 1, con un grupo de catorce adolescente que tiene características similares a las suyas, tres veces por semana donde desarrollan dos contenidos semanales y los ponen en práctica en acciones cotidianas de la dinámica institucional, en la última sesión. Previo al iniciar este proceso el adolescente conoció en qué consistía la formación humanista y cómo ella se iba encaminando a la participación en proyectos de interés que definirían muchas de las acciones que se llevarían a cabo durante el tiempo de la sanción.
Ocho meses después Andrés ha avanzado en todos sus procesos incluyendo el referido a formación humanista, para él ya es claro cuál es el proyecto de interés al que quiere pertenecer, a pesar de que se encuentra terminando el ciclo II, le entusiasma el grupo de teatro que se ha constituido en la institución, desea que su familia, conformada por su compañera y su hijo de siete meses puedan reconocer que tiene capacidades y talentos.
Marco pedagógico: Directriz que orienta la intervención formativa de los adoles­centes al interior del sistema de responsabilidad penal.
Formación humanista: Es la que fundamenta el proceso de formación de los adolescentes del sistema de responsabilidad penal con el fin de potenciar la autonomía.
Funciones de la formación humanista: Son los preceptos sobre los cuales se han definido los contenidos para la formación humanista de los adolescentes.
Escenarios de formación: Son todos los espacios en los que se desenvuelve el adolescente en la cotidianidad una vez ingresa al sistema de responsabilidad penal.
Autonomía: Es la capacidad de “tener en cuenta los factores relevantes en el momento de decidir cuál es la mejor acción a seguir”.
Disciplina: Es el mecanismo mediante el cual es posible llegar a ser autónomo, porque su propósito es autogobernarse.
Libertad: Es el principio sobre el cual se funda el crecimiento personal, en la medida que es la meta una vez se es autónomo.
Meta: Son los propósitos que se esperan alcanzar de manera individual con los adolescentes en el proceso de formación.
Inclusión social: Objetivo del sistema de responsabilidad penal para con sus adolescentes una vez terminen su sanción.
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