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Timestamp: 2018-11-17 10:49:26+00:00

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Del papel a la pantalla: Photoshop y 3 formatos de archivo que debes conocer bien. | LetraBlanka Editorial
Del papel a la pantalla: Photoshop y 3 formatos de archivo que debes conocer bien.
Hace 3 años	1 0
Hace ya tiempo que la informática vino para quedarse en la vida de muchos artistas. El originalmente programa de retoque fotográfico Photoshop ha facilitado la vida de aquellos autores que no se sienten cómodos con las técnicas tradicionales o que, simplemente, se decantan por las técnicas digitales. También otros programas que se han ido sumando con el tiempo, como Manga Studio, Sai, Illustrator…
Pero ya sabemos que, al contrario de lo que suele pensar la gente de a pie, el ordenador y estos programas ni hacen magia ni trabajan solos. Hay que entenderlos, aprender su lenguaje y saber que todo tiene un funcionamiento por un motivo determinado. Por lo que hoy vamos a aprender la manera y los motivos sobre cómo pasar una página física al ordenador para trabajar con ella, así como las características de unos tipos de archivo básicos que debéis conocer.
Como siempre, antes de entrar en materia vamos a asegurarnos de que todos hablamos el mismo idioma y entendemos la diferencia entre “tamaño” y “resolución”, que es la base de todo este asunto.
El tamaño es la dimensión física del archivo con el que estemos trabajando. Para entendernos, es el tamaño al que se va a imprimir la imagen.
La resolución es la calidad de visualización de esa imagen. Las imágenes de Photoshop están formadas por píxels. Cada píxel es un cuadradito minúsculo, y las imágenes de Photoshop (cualquier imagen digital que no esté vectorizada, en realidad) están formadas por millones de ellos. ¿Alguna vez habéis impreso una imagen que se veía bien en pantalla pero se veía pixelada (a “cuadraditos”) en el papel? Pues eso significa que se trataba de una imagen con poca resolución y que su cantidad de píxels era insuficiente para imprimirse a ese tamaño.
¡Hola! ¡Somos 4 píxels! Aunque en verdad somos 4096 píxels (64×64) imitando a 4 píxels.
La resolución se mide en píxeles por pulgada (ppp). Para verse bien en pantalla una imagen necesita un mínimo de 72 ppp y para imprimirse sin pixelarse necesita un mínimo de 300 ppp. Por este motivo es posible que muchas veces cojamos una imagen de internet y cuando tratemos de imprimirla se vea pixelada en el papel, porque tenía una resolución pensada para verse en pantalla pero no para imprimirse. De hecho, no hace falta ni imprimirla. Si una imagen tiene poca resolución, tan sólo con ampliarla ya veremos los píxels que la forman.
La resolución se puede cambiar en cualquier momento a posteriori. Pero si tratamos de pasar una imagen de poca resolución a mucha resolución, esto no mejorará la calidad de imagen. Simplemente distribuirá los actuales píxels en muchos más píxels, pero no rellenará la información que falta con los píxels necesarios para que la imagen gane en calidad. Veámoslo en un ejemplo visual.
Figura 0. Partimos de esta imagen. Una ilustración de Superbarna a tamaño DinA4 a 600 ppp de resolución.
Figura 1. A su resolución original, tenemos que acercarnos muchísimo para que empiecen a verse los píxels que la forman. Y aún así no pierde nada de definición.
Figura 2. Comparativa de la imagen aún a 600 ppp (izquierda) y una versión con la resolución rebajada a 100 ppp (derecha). Aunque ambas siguen estando a tamaño A4, podemos ver como la ampliación de la imagen a 100 ppp empieza a difuminarse y a notarse los primeros píxels con sólo acercarnos un poco. Podréis apreciarlo mejor si ampliáis la imagen haciendo click en ella.
Figura 3. Si tratamos de ampliar la resolución, la calidad de la imagen no se restaura. Photoshop no puede inventarse los píxeles que faltan, sólo redistribuir la actual cantidad de píxels en la cantidad de píxels que le digamos que añada.
Por eso es importante que la imagen con la que trabajemos tenga una buena resolución desde el primer momento. Y para eso es importante un buen escaneado de la página que queráis digitalizar (o, si dibujáis directamente en el ordenador, que el archivo en el que trabajéis tenga una buena resolución).
Aunque la resolución mínima para imprimir una imagen sin que se pixele son 300 ppp, hoy en día suele trabajarse con archivos de 450 o 600 ppp, o incluso de 1200 ppp.
Al digitalizar una imagen, lo importante es que el ordenador tenga toda la cantidad de información posible de dicha imagen. Por eso, siempre que nuestro escáner nos lo permita, escanearemos las páginas a una resolución de 1200 ppp. Aunque muchos escáners sólo llegan a 600 ppp, que si no nos queda otra es una resolución más que aceptable.
Ahora bien, la mayoría de nosotros no tenemos un ordenador que soporte la carga de estar trabajando con un archivo de 1200 ppp, especialmente si trabajamos en páginas a color y empezamos a añadirle capas de Photoshop, cada una de ellas añadiendo información adicional. Por eso, una vez escaneada la imagen podemos bajarle la resolución (básicamente para que nuestro ordenador no explote) a 600 ppp o a 450 ppp. Hay una diferencia de calidad sensible entre escanear a 450 ppp o escanear a 1200 y luego reducir a 450 ppp, como hemos visto en las imágenes de muestra.
En cuanto al tipo de archivo en el que guardar la imagen, lo ideal sería que si nuestro escáner lo permite enviemos directamente la imagen escaneada a Photoshop y darle formato en el mismo programa. Pero la mayoría de escáners nos impondrán tener que guardar el archivo en algún tipo de formato concreto antes de poder abrirlo en cualquier otro programa. Vamos a ver los 3 tipos de formato de archivo indispensables cuyas características os interesa conocer.
PSD: Es el formato de trabajo de Photoshop. Mientras estemos trabajando en un archivo (dibujando, coloreando, etc.) lo ideal es trabajarlo en PSD y, una vez acabado, pasarlo al tipo de archivo con el que vayamos a darle uso. Algunos escáners permiten guardar la imagen en PSD, o incluso abrir la imagen en Photoshop sin haberla guardado previamente para que le deis formato guardándola en el propio programa. Si vuestro escáner os lo permite, es la mejor opción.
JPG o JPEG: Es el tipo de archivo más común que todos conocemos. Es en el formato que se descargan las fotos de nuestros móviles, en el que nos pasan los memes… Los jpg tienen la particularidad de comprimir la imagen para que ocupe menos memoria del dispositivo o del servidor, además de ser un tipo de formato cómodo por ser aceptado en casi todas partes, digitalmente hablando. El problema es que la compresión de imagen de los jpg es un tipo de compresión con perdida de calidad. Cada vez que volvamos a guardar un jpg, este perderá un poco de calidad de imagen respecto a su versión anterior. Por eso es un tipo de archivo que, como mucho, utilizaremos únicamente para imágenes destinadas a internet. Nunca para imprimir en papel.
TIFF: Los TIFF son los archivos destinados a imprimirse. Es un tipo de archivo que mantiene la calidad de la imagen, pero ocupan bastante espacio. Por suerte, cuando guardemos un TIFF en el que estemos trabajando Photoshop nos dará la opción de aplicarle un modo de compresión. Es decir, Photoshop nos dará la opción de reescribir la imagen haciendo que ocupe menos. La opción correcta es el tipo de compresión LZW. LZW es un tipo de compresión sin pérdida de calidad de la imagen (¿no es maravilloso?). Además, los TIFF permiten mantener las capas de Photoshop una vez guardados. Por eso si vuestro escáner no os permite guardar la imagen en psd, la siguiente mejor opción es guardarla en tiff, e incluso la podéis trabajar en tiff directamente sin necesidad de pasarla a psd, ya que cuando cerréis el archivo tras guardarlo y lo volváis a abrir para continuar trabajando en él, el archivo aún tendrá las capas de trabajo que hubierais creado.
Espero que la entrada os haya resultado útil. Esto es sólo la superficie más indispensable del tema, porque existen más tipos de archivos, especialmente si estáis pensando en crear páginas destinadas a leerse en pantalla. Pero con estas pequeñas indicaciones ya tenéis los conocimientos básicos para asegurar la calidad de imagen de cualquier trabajo que estéis realizando para imprimirlo en papel.
Mimad el escaneado y vigilad la resolución de la imagen. ¡No permitáis que un detalle técnio haga que no luzcan vuestros grandes trabajos!

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