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Timestamp: 2017-11-23 01:40:50+00:00

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09. Los valores o principios inspiradores - Juspedia
1 El sentido del debate teórico sobre los principios
2 Juridificación de la ética
3 Moralización del Derecho
4 El constructivismo racionalista
5 El comunitarismo
6 Paradigmas morales
7 Negación de importancia a la fundamentación
8 La construcción del consenso teórico y social
9 El valor de la libertad
9.1 Concepciones teóricas
9.2 La tradición ilustrada de la autonomía moral
9.3 La revisión del liberalismo clásico
9.4 La tradición comunitarista
9.5 Los modernos comunitaristas
9.6 La constitución comunitaria del “yo”
9.7 Las propuestas
9.8 El consenso de la libertad
9.8.1 Marco internacional
9.8.2 Marco nacional
10 El valor de la igualdad
10.1 Fundamentos teóricos
10.1.1 De carácter histórico filosófico
10.1.2 En los primeros estadios del pensamiento filosófico-político
10.1.3 Con los sofistas y el estoicismo
10.1.4 La sociedad de mercado
10.1.5 La racionalidad como factor
10.2 De carácter jurídico
10.2.1 Generalidad y abstracción
10.2.2 La igualdad ante La ley
10.2.3 El consenso sobre la igualdad
11 El valor de la solidaridad
11.1 Principios teóricos de justificación
11.2 La confluencia ideológica
12 El valor de la dignidad
12.1 Los principios teóricos de la fundamentación
12.2 Concepciones
12.2.1 La concepción organista de la sociedad
12.2.2 El pensamiento medieval
12.2.3 El iusnaturalismo racionalista
12.2.4 El racionalismo ilustrado
12.2.5 Las teorías fenomenológicas
12.3 Reconocimiento de la dignidad
El sentido del debate teórico sobre los principios
El debate teórico sobre la fundamentación de los derechos humanos puede sintetizarse, aceptando la proposición analítica de Fernández-Galiano , en alguna de las siguientes áreas de significación: a) la realidad protegida por estos derechos; b) la razón o motivo por el que los mismos son derechos; c) La fuente -en sentido jurídico- de donde nacen o provienen.
En el primer sentido el fundamento se sitúa en los valores o principios morales que protegen En el segundo se plantea la razón por la cual esos mismos valores (libertad, dignidad, habida, etc.) se reconocen como exigencias asociadas a la persona y se configuran como facultades de pretensión (auténticos derechos subjetivos).
Finalmente la aceptación causal vista (fuentes) se puede resumir en las disposiciones ya tratadas del iusnaturalismo y el positivismo.
La fundamentación de estos valores como derechos cumple la importante función de la seguridad. El reconocimiento de su juridicidad constituiría así un principio de garantía y se sitúa en la zona de intersección de la moral pública o política y el orden jurídico, de suerte que si no son reconocidos por el orden jurídico éste sería valorado como injusto.
El problema de la fundamentación parece ser, en nuestra actual cosmovisión, derivada de la necesidad de poner límites al " positivismo jurídico ", el de la convergencia de la ética y el derecho que se traduce en la necesidad cognitiva de la " juridificación de la ética " y de la " moralización del derecho ".
Juridificación de la ética
Se traduce en los " derechos morales " que defiende Eusebio Fernández sosteniendo que el fundamento es previo a lo jurídico. Los derechos morales nacerían como una respuesta a las necesidades humanas más importantes; es bueno que se den y son bienes constitutivos del ser humano. Inician el camino de la fundamentación de los derechos constitucionales.
Andrés Ollero afirma que existe un fundamento intuitivamente tratable que permite privilegiar determinadas exigencias éticas hasta hacerlas merecedoras de la relevancia jurídica necesaria.
Presente en autores como Peces- Barba pretende ser superadora de la controversia histórico-racional del iuspositivismo y iusnaturalismo, mantiene la exigencia de unos " valores superiores ", producto del proceso histórico-social. Los valores superiores sería una forma de entender la moralidad del derecho.
El constructivismo racionalista
Benito de Castro afirma que los derechos humanos han de apoyarse sobre los principios que la discusión racional establezca como puntos de apoyo y referencias últimas para la ordenación de la vida social. La argumentación racional exige la aceptación de una serie de principios o presupuestos fundamentales que tengan carácter axiomático. Sustantivamente este debate teórico racional no pretende otra cosa que la de sentar unas bases firmes para la construcción de un determinado sistema de relaciones sociales y la justificación racional debe servir de fundamento a su exigibilidad y sostenibilidad. El progreso que la filosofía analítica ha logrado establecer es que no hay ningún fundamento para la creencia en principios universales y necesarios fuera de los postulados formales.
Según MacIntyre, nuestro mundo contemporáneo es en realidad caótico y desordenado. Las filosofías morales sería simplemente articulaciones explícitas de la pretensión de racionalidad de morales concretas. (Pero las filosofías morales, sus éxitos y fracasos, influyen más en la historia de lo que creen por lo general los historiadores.)
Parece dar la razón a nuestra tradición ilustrada por cuanto los principios axiológicos parecen avanzar progresivamente hacia el reconocimiento universal. Es la idea de los derechos humanos que sostiene Isaiah Berlin cuando dicen que hay buena razones a favor de que determinados bienes como la libertad, la justicia, la búsqueda de la felicidad, etc., que interesan a todos los seres humanos y que serían una condición previa al desarrollo de vidas humanas plenas. Su defensa del pluralismo axiológico no le impide reconocer que los seres humanos deben tener algunos valores comunes.
Negación de importancia a la fundamentación
Norberto Bobbio niega el valor al debate sobre la fundamentación porque considera que es una cuestión resuelta con la solución de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 que sería la mayor prueba histórica que ha existido nunca de un " consensum omnium gentium ", acerca de un determinado sistema de valores. En su opinión habría tres modos de fundamentar: deducir de un dato objetivo que constituyera una constante como podría ser la "naturaleza humana"; considerar a los valores como verdades evidentes por sí mismas; y el consenso social que supondría que un valor estaría más fundado cuanto mayor grado de consenso alcance. Su análisis empírico-histórico le conduce a descartar los dos primeros.
No parece sin embargo que se pueda hablar del " consenso universal " de la Declaración de 1948 porque podemos observar que los representantes de los países socialistas se abstuvieron en el voto final sobre el conjunto de la declaración junto a Sudáfrica y Arabia Saudí. Sí parece relevante y en el texto de la Declaración converjan dos importantes tradiciones culturales, una de carácter iusnaturalista y la otra de carácter comunitarista y social.
La concepción antiformalista de la visión socialista se incorpora a través del reconocimiento de los derechos económicos, sociales y culturales, puesto que la realización de los derechos exige un marco de condiciones materiales que garantice la igualdad. Pero aunque se puedan poner objeciones al consenso no se puede negar que ha tenido un carácter transformador de la propia realidad social (función pedagógico-social) y que progresivamente avanza el consenso sobre su contenido.
La construcción del consenso teórico y social
Esta construcción sobre valores que se consideran imprescindibles tiene como contenido mínimo los de la dignidad, libertad, igualdad y solidaridad. El problema de este reconocimiento consiste en la determinación del contenido material de estos valores y en su articulación dentro de una jerarquía axiológica que marque los mínimos imprescindibles.
Algunos autores, como Isaiah Berlin, sostienen la existencia de contradicciones entre los citados valores, aunque el pluralismo axiológico que defiende no impide el reconocimiento de ese contenido mínimo universalizable con un valor paradigmático la vida intelectual y social de nuestro mundo contemporáneo. Estos son los " valores superiores ", " derechos morales ", " exigencias éticas " que los diferentes autores sitúan como fundamento del debate de fundamentación de los derechos humanos.
El término libertad se ha concretado históricamente en una pluralidad de significados. Aludir a la libertad obliga a especificar el contenido de en qué cosas, para qué actividades o respecto a quién se es libre.
En su contenido más extenso puede conducir a la consideración de que toda práctica socializadora programada pueda constituir una vulneración “libertad negativa” La libertad podría reconocerse como posibilidad para realizar determinadas conductas " libertad positiva " La libertad se entiende como marco externo para su ejercicio y, como conjunto de condiciones para desarrollar las relaciones interpersonales “ libertad social o comunitaria” La libertad social puede ser entendida como confluencia de un significado dual, como " libertad psicológica ", que estaría referida a la carencia de impedimentos físicos de carácter personal; y como " libertad moral ", que supondría el reconocimiento de la posibilidad de realización de las capacidades del ser humano, al desarrollo del hombre como hombre. En el primero de estos dos significados se presupone la negación de toda posición científica que defiende el determinismo biológico y genético del ser humano y la afirmación de una visión antropológica positiva. Si se defiende la tesis determinista extrema, sería imposible sostener la idea de una libertad moral que en última instancia presupone el reconocimiento de una capacidad de elección.
La tradición ilustrada de la autonomía moral
Se define en la teoría kantiana (" Metafísica de las costumbres "), como libertad interior (conforme a deberes morales) y exterior (conforme a las normas jurídicas) y permite una radical independencia de una respecto de la otra. No existe libertad interior si no se superan las determinaciones naturales. Esta libertad, entendida como autonomía, puede concebirse desde una perspectiva dual:
Como libertad interior
Defendida por estoicos y epicúreos (es libre el que no es esclavo de sus pasiones, el que no está a merced de sus impulsos). El pensamiento medieval occidental lo recibe como " libre albedrío ", como atributo de una voluntad humana no sometida a determinación alguna. Es libre el que hace lo que quiere y porque quiere.
Como libertad exterior
Centrada en el marco de las relaciones sociales del ser humano individual con los restantes miembros del grupo social. Es la fuente de la tradición liberal iniciada por Locke. La libertad natural transformada en libertad civil. El hombre transformado en ciudadano mantiene un ámbito de libertad personal que no puede ser violado. Conduce a una separación entre la " vida privada " y la " vida pública ".
La revisión del liberalismo clásico
Se efectúa por Stuart Mill (" sobre la libertad ") y supone la aceptación de un marco de libertades básicas (de pensamiento, de discusión y de acción moral). Detrás de un Estado libre debe existir una sociedad libre. Plantea el intervencionismo corrector del Estado. E. Mounier (" El personalismo ", 1989), plantea la tensión existente entre la " libertad " y las " libertades ", las libertades son concebidas como las oportunidades ofrecidas a la libertad. No puede existir la libertad individual sin un marco de libertades colectivas.
La tradición comunitarista
Rompe con la tradición liberal. Parte de sus fundamentos se encuentran en el pensamiento anarquista de Proudhon o Bakunin en términos que podemos calificar de socialismo libertario. Su crítica al positivismo y su concepción antropológica basada en la idea de la construcción social: el hombre es producto de un particular medio social y apuntala la idea de que el hombre no nace libre sino que se hace libre.
El proceso de conquista de la libertad supone la emancipación de ese mundo que se le impone al hombre. Es a través del trabajo de su pensamiento crítico, de la rebeldía contra esa situación que se percibe como natural y contra sí mismo en colaboración solidaria con los restantes hombres, como se produce la conquista de la libertad. La libertad no es la negación de la solidaridad sino su desarrollo, su modo de humanización. Cualquier intento de escapar de estas influencias en nombre de una libertad trascendente, egoísta, es condenarse al no-ser.
Esta libertad que se construye interactivamente se ve favorecida por la libertad colectiva, cuando los demás seres humanos que me rodean son igualmente libres y cuanto más profunda y amplia sea su libertad. Su crítica a Rousseau descansa en esta concepción histórico-realista, la libertad no puede ser realizada de modo individual.
Los modernos comunitaristas
Defensores del multiculturalismo, coinciden en la formulación de una crítica al liberalismo, denunciando la desintegración social y reivindicando una recuperación de los vínculos comunitarios en la vida social y política. Sandel " El liberalismo y los límites de la justicia " 1982.
La constitución comunitaria del “yo”
Aunque no constituye un movimiento uniforme (Walzer, Unger, Taylor), sí comparten los comentaristas la idea de la constitución comunitaria del " yo ". Y, mientras que para Rawls y Nozick, seguidores de la tradición liberal, la sociedad se compone de individuos, y cada uno con sus intereses particulares, para el comunitarismo, la sociedad y el individuo constituyen una unidad indisoluble. No existe colisión entre bien individual y el comunitario.
Mantienen una posición de comunidad abierta en el que los individuos interactúan-dialogan-y reformulan los principios. La Declaración Universal puede ser valorada como marco real de la convergencia ideológica de las diferentes tradiciones culturales, en la que podemos observar las concepciones de libertad que estuvieron presentes en los debates y en su formulación.
Los países occidentales propusieron la proclamación tan sólo de los derechos civiles y políticos que recogían la tradición individualista de los siglos XVIII y XIX (recogida en las Declaraciones norteamericanas de independencia y de derechos del hombre).
Los países socialistas introdujeron la tradición comunitarista, y en primer lugar a través del reconocimiento de que el individuo no vive aislado, sino que se desarrolla en un contexto social. En segundo lugar, por el reconocimiento de la libertad de los grupos sociales (familia como unidad natural y fundamental para la sociedad). Sin embargo, la salvaguarda de la soberanía nacional impidió extender este reconocimiento a las minorías nacionales.
El consenso de la libertad
El texto de la Declaración descansa sobre 4 pilares fundamentales: derechos de la persona, del individuo en sus relaciones sociales, derechos políticos y derechos económicos y sociales. Dentro de cada uno de los apartados se recogen los siguientes derechos de libertad (libertad individual, libertad de movimientos, libertad religiosa, y libertad de pensamiento y de reunión, y derecho a un orden social con plenas libertades). Este debe ser el punto de partida para la construcción del consenso universal. Como sostienen los teóricos de las éticas discursivas como Habermas o Apel, las condiciones de libertad constituyen los requisitos mínimos para avanzar en la construcción de ese consenso.
La libertad es consagrada como uno de los valores superiores de nuestro ordenamiento jurídico. La Sección 1ª, bajo el título de " DERECHOS FUNDAMENTALES Y LIBERTADES PÚBLICAS ", recoge una esfera de libertad como autonomía (libertad ideológica, religiosa y de culto, de expresión, de reunión, de movimientos) y de la libertad como desarrollo de la persona en el marco social (participación, creación de centros educativos, libertad de asociación y sindicación). Sin embargo quedan fuera el derecho de fundación del artículo 34 y la libre elección de profesión u oficio del artículo 35.
En la jurisprudencia constitucional se determina el alcance y significación y una auténtica jeraquización, que se aplica en los supuestos de colisión de valores. Para Isaiah Berlín, está colisión entre los diferentes valores es genérica, indeleble, y a veces tiene un aspecto trágico. Cuando el órgano jurisdiccional debe decidir proyecta concepciones asumidas por sus miembros. A este respecto, la argumentación del Tribunal Supremo de 2 de junio de 1986 en la que se dice que resulta necesario en los supuestos de colisión eventual establecer una gradación jerárquica de los derechos humanos. (No nos parece sostenible,) Sobre la polémica de la libertad de comunicación e información y los derechos a la intimidad y al honor. La STC de 8 de junio de 1988, dice que " las libertades del artículo 20 de la Constitución no son sólo derechos fundamentales de cada persona, sino que también significan el reconocimiento y garantía de la opinión pública libre, que es una institución ligada de manera inextinguible al pluralismo político, valor esencial del Estado democrático... trasciende los demás derechos fundamentales, incluido el honor ".
De carácter histórico filosófico
Las diversas concepciones de la igualdad son contradictorias. Más que ningún otro valor parece una construcción racional no derivada de la observación empírica. El concepto no es un concepto descriptivo de la realidad. Es un concepto construido social e históricamente.
La concepción de las diferencias sexuales permitirá fundamentar ese trato jurídico diferenciado porque el trato desigual a los desiguales constituía un requerimiento de la realización de la justicia. La construcción del concepto de la igualdad es, en un primer estadio histórico, el reconocimiento de una " igualdad formal " que se extiende desde una concepción limitativa, aristocrática; hasta una concepción universal, cosmopolita.
En los primeros estadios del pensamiento filosófico-político
La igualdad nace como una igualdad restringida. Así en Hesíodo, podemos observar una clara distinción entre los semejantes "homoioi " y los iguales "soi ". Esta diferenciación se mantiene en Herodoto quien en su alegación contra la tiranía construye una 1ª tipología de la igualdad: la igualdad ante La ley " isonomía ", la igualdad de poder " isocracia " y la igualdad de palabra " isegoría ". La igualdad no es universal sino restringida a ciertos iguales.
Con los sofistas y el estoicismo
Se construye la idea racional de la igualdad universal (cosmopolitismo) (derecho a la libertad y negación de la esclavitud), sin los cuales es imposible la dignidad humana y la justicia. Es la igualdad de naturaleza. Una naturaleza común (“physis koiné”) Concepción que se incorpora en las doctrinas iusnaturalistas.
Hace triunfar la idea de la igualdad de los sujetos para los actos de cambio, para el contrato, con independencia de las condiciones concretas de los individuos. No pueden mantenerse los privilegios nobiliarios. El derecho debe ser igual para todos.
La racionalidad como factor
Las ideas de igualdad y libertad pasaron a ser los pilares de una nueva concepción del mundo. El contractualismo requiere el reconocimiento de la igualdad natural. Recordemos a Rousseau que planteó los fundamentos culturales de la desigualdad frente a la igualdad " Discurso sobre la desigualdad entre los hombres " (contra la idea de " igualdad " de Hobbes).
Generalidad y abstracción
Es el principio formal de la igualdad jurídica. Las normas particulares se interpretaban como privilegio y por eso, las diferencias deben ser justificadas y no arbitrarias.
Se articula jurídicamente como negación de discriminación por razón de ciertas condiciones particulares como la raza, el sexo, la religión, la opinión o cualquier otra. Se refleja en nuestro artículo 14 de la Constitución) La construcción teórica de la " igualdad material " Pertenece más a la utopía que a la realidad. Su visión más radical tropieza con el principio material de la diferenciación humana.
La justicia de la desigual distribución de dones naturales no depende del hombre. Es una construcción que pertenece al ámbito de la " utopía ".
Es en la tradición ideológico-cultural del comunismo donde encontramos los fundamentos del igualitarismo material. Una de sus primeras referencias se lee en Winstanley (" ley de libertad ", 1652). Su primera manifestación está formulada en los escritos de Babeuf, Buonarroti y sus compañeros de la " Conspiración de los iguales " durante la Revolución francesa. El pueblo es, una comunidad de iguales. Esta concepción persiste en el denominado socialismo libertario, para el cual " la igualdad política sólo será posible cuando haya igualdad económica y social ". La igualdad es únicamente igualdad de medios sociales para el desarrollo de sus capacidades y la organización de la sociedad debe procurar esa igualdad material. Autores como Dworkin recoge en esta idea " Los derechos en serio ", 1984.
Dentro del concepto de igualdad material podemos distinguir 2 orientaciones: a) igualdad de condiciones materiales de partida y b) reparto igualitario del producto social. La igualdad en la actualidad hay que entenderla en esta doble dimensión: primera , como un medio adecuado para que desaparezcan las desigualdades arbitrarias, 2ª, como medio para corregir las desigualdades excesivas. Y una 3ª de inversión que sería la de la igualdad de reparto de los bienes sociales que está prácticamente fuera del debate intelectual. Los partidos socialistas han renunciado prácticamente a este igualitarismo de reparto, limitándose a la búsqueda de un mayor equilibrio distributivo.
El consenso sobre la igualdad
En el texto de la DECLARACIÓN UNIVERSAL la igualdad responde a una concepción sustancial del ser humano como " ser dotado de razón y conciencia " de la que deriva la igualdad jurídica (iguales derechos e igualdad de trato). La igualdad material se reconoce como derecho a unas condiciones económicas que garanticen una existencia conforme a la dignidad humana y desarrollo de su personalidad (salud y bienestar).
En nuestro texto constitucional se recoge la actuación promocional del Estado (artículo 9,2 CE). Actividad que se concreta la garantía de una serie de condiciones materiales básicas: educación, sanidad, cultura, trabajo, vivienda, salario, etc.: reconocidos en la teoría de los derechos humanos como derechos prestacionales.
El Estado social y democrático de derecho constituye la síntesis de las tradiciones teórico-ideológicas de la libertad y de la igualdad. La complementariedad de liberalismo y socialismo (Peces-Barba, " los valores superiores ", 1984), realizada en el consenso de las declaraciones de derechos y en el reconocimiento jurídico de Pactos internacionales y Constituciones nacionales.
Pérez-Luño " sobre la igualdad en la Constitución española " recoge de forma sistemática los diferentes significados conceptuales presentes literalmente en nuestra Constitución: a) como aspiración-valor; b) como principio real y efectivo; c) en su sentido formal de " igualdad de trato " que se corresponden sucesivamente a un horizonte ideal; una obligación de crear las condiciones para la libertad y la igualdad de los grupos; y un principio programático que exige dar cumplimiento al trato igual.
La doctrina jurisprudencial consagra el valor de la igualdad; STC de 2 de julio de 1981 tomando en cuenta " la igualdad del artículo 14 " es la igualdad jurídica o igualdad ante La ley no comporta necesariamente una igualdad material o igualdad económica real y efectiva; STC de 8 de junio de 1988.
La valoración del trato discriminatorio (" trato desigual a los iguales e igual a los desiguales "), ha sido objeto de múltiples resoluciones. Es uno de los conflictos más relevantes - cualitativa y cuantitativamente - puesto que existe un cierto margen de indeterminación (definir las condiciones de igualdad de situación).
Principios teóricos de justificación
El hecho fundante de la obligación de la solidaridad y el derecho a la solidaridad es el de la sociabilidad como rasgo intrínseco de la naturaleza humana. La necesidad de pertenencia a un grupo humano. El sentimiento del deber de reciprocidad es la 1ª norma básica del grupo social. Las teorías contractualistas hacen nacer el grupo social de la ficción racional del contrato basada en la voluntad autárquica de los individuos. La necesidad o la conveniencia (Hobbes o Locke) se situó en la raíz del origen y finalidades del contrato social.
La historia de la filosofía política proporciona referencias suficientes de los fundamentos de la solidaridad (" fraternidad " en el estoicismo o el pensamiento cristiano y; " apoyo mutuo " en el comunismo libertario; “ solidaridad de clase” en El marxismo).
Las principales discrepancias respecto a la concepción de la solidaridad derivan de la diferente consideración de este deber moral: A) de cada individuo respecto a los demás individuos (que correspondería a la virtud de la " caridad ") B) de cada individuo respecto al grupo social en su dimensión colectiva: lo que es bueno para el grupo es bueno para cada uno de sus integrantes.
El bienestar colectivo se transforma en el interés de la entidad política " nación " o " Estado " como sujetos históricos (filosofía del romanticismo presenten las obras de Hegel, Fichte o Herder, que ven en el Estado la " personalización del espíritu nacional ".
El pensamiento utilitarista parte de una concepción radicalmente distinta, la sociedad es una suma de individualidades. El interés colectivo se identifica con la regla del " mayor bien del mayor número junto al menor mal del menor número (J. Bentham).
La convergencia entre las diferentes concepciones se produce en el denominado " Estado del Bienestar " que queda reflejado en nuestro consenso ideológico constitucional bajo la formulación " estado social ".
La Constitución recoge la (dignidad de condiciones existenciales reflejada en los derechos económico-sociales: el deber general de solidaridad a través de la participación en los gastos del Estado (artículo 31, " todos contribuirán al sostenimiento los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica, mediante el sistema tributario... ", la función social de la propiedad (artículo 33, " nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos, sino por causa justificada de utilidad pública e interés social, y la solidaridad colectiva en la utilización de los recursos naturales (artículo 45).
Junto a las dimensiones individualistas de la solidaridad también se reconoce la necesaria obligación de solidaridad colectiva cuando le artículo 2 señala que "... se garantiza el derecho la autonomía de las nacionalidades y regiones... y la solidaridad entre todas ellas ".
La obligación de la solidaridad manifestada en los deberes tributarios aparece radicalmente valorada en la conocida sentencia del TC que resuelve el recurso de amparo de Garrido Falla sobre que el secreto bancario de ceder ante la obligación fiscal.
Respecto a la función social de la propiedad la sentencia del TC de 2 de diciembre de 1983 y 29 de diciembre de 1986 (expropiación de "Rumasa") y STC de 26 de marzo de 1987 (inconstitucionalidad de la Ley andaluza de Reforma agraria).
Los principios teóricos de la fundamentación
Es el fundamento indispensable de toda construcción moral o jurídica. El principio más universal en cuanto a las referencias nominales en todas las teorías morales, jurídicas y políticas. Es siempre un principio axiomático. La dignidad es consustancial a la propia naturaleza del hombre. La justificación teórico racional nace de la distinción del hombre respecto a los demás seres vivos y objetos naturales. La propia génesis humana debe ser diferencial. El triunfo del evolucionismo exige una explicación diferente del hecho diferencial.
En la tradición cristiana, el hecho diferencial nace con la propia creación del hombre " a imagen y semejanza de Dios ".
La dignidad es así ante todo una cualidad de la naturaleza humana que plantea dos tipos de exigencias: A) comportamientos consonantes con la peculiar naturaleza humana B) reconocimiento por los demás seres humanos de mi condición humana (exigencia de trato diferencial, " ser tratado como humano ", " respetar mi condición humana ".
Este reconocimiento social rompe su sentido universal de trato igual a todos los seres que tienen la condición humana cuando la sociedad se estructura en grupos diferenciados.
La concepción organista de la sociedad
Platón, en " la República " permite establecer la diferenciación de los humanos, basada en la distinción de facultades o capacidades individuales como la inteligencia la fuerza y por tanto ser diferentemente reconocidos y diferentemente tratados. La persona representa en el mundo griego el papel social que cada individuo ocupa dentro del Gran teatro del mundo. La dignidad se asocia la posición social. Cada uno debe ser reconocido socialmente como corresponde su posición o papel social (status social o político).
Mantiene una concepción dual que permite junto al hecho diferencial (dignidad asociada a los estamentos sociales) humana (creación divina a imagen y semejanza de Dios).
Especialmente en el pensamiento de Puffendorf, en quien la dignidad supone la afirmación del hombre como ser éticamente libre.
Con Kant, en su " metafísica de las costumbres ", recoge la idea de la dignidad de la persona por comparación con las cosas. Las cosas tienen valor (no tienen valor en sí sino un valor para) aquello que constituye la condición para que algo sea un fin en sí mismo es la dignidad.
Derivadas del pensamiento de E. Husserl los, Berger o Luckman " la construcción social de la realidad " 1972, conciben la construcción del " yo " por referencia al " alter ". La auto-percepción es referencial. Es la percepción del otro como " alter ego " lo que permite el nacimiento de la conciencia de mí mismo. La dignidad como valor deriva de esta conciencia del hombre como algo valioso para mí. El desarrollo humanos se construye como experiencia interactiva.
En la filosofía jurídica española Pérez-Luño consagra la dignidad como el valor básico fundamentador de los derechos humanos con una doble dimensión: A) como garantía de un trato conforme con su naturaleza singular B) como marco social que posibilite su desarrollo como persona. Este libre desarrollo de la personalidad implica, por una parte, el reconocimiento de la total autodisponibilidad, sin interferencias o impedimentos y de otra, el reconocimiento de la autodeterminación que surge de la libre proyección histórica de su racionalidad.
De este punto de partida de la Declaración Universal los textos internacionales van explicitando el concepto de la dignidad a través de la implicación del ámbito de autonomía (libertades) y de las condiciones para el desarrollo de la personalidad (condiciones para la vida digna). Los primeros enunciados recogen el derecho a la vida, dignidad, igualdad y libertad, con manifestación expresa de la prohibición de la tortura. Así como las condiciones para el desarrollo de la personalidad que suponen el reconocimiento de una serie de libertades (pensamiento, opinión, conciencia, etc.) de carácter material (existencia conforme a la dignidad humana y que exige garantizar una serie de bienes básicos: trabajo, salud, vivienda, etc.).
Nuestra Constitución recoge diferentes dimensiones de la dignidad, primero como valor supremo de ordenamiento y después como" derecho de la persona a su integridad física y moral " (artículo 15), la dimensión social de la dignidad está contemplada en el reconocimiento del artículo 18 " derecho al honor, imagen, intimidad " en el supuesto específico de la " objeción de conciencia " Las obligaciones militares de defensa que señala el artículo 30.
En el campo jurisprudencial, nuestra constitución ha elevado valor jurídico fundamental la dignidad de la persona humana ", " valor espiritual y moral inherente a la persona " (STC 53/85).
Sobre el derecho a la integridad podemos encontrar un importante campo de resoluciones vinculadas al consentimiento (alimentación forzosa de presos en huelga, esterilización de incapaces, donación y fijación de embriones y fetos humanos. La dimensión social que afecta la proyección de la dignidad en el marco de sus relaciones sociales se conecta con los derechos anteriormente indicados (honor, imagen intimidad). El trato diferencial y los límites son establecidos por razón de la " interés general de la información " y el " carácter público de las personas " sin que se pueda " admitir las expresiones injuriosas o vejatorias ". Sobre todo esto se ha pronunciado el propio Tribunal Constitucional en sucesivas sentencias

References: artículo 34
 artículo 35
 artículo 20
 artículo 14
 artículo 14
 artículo 2
 artículo 18
 artículo 30