Source: https://vivapy.wordpress.com/2016/11/12/en-manos-de-la-corte-suprema/
Timestamp: 2017-11-24 05:45:10+00:00

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En manos de la Corte Suprema | HA… CHE RETÃ PARAGUAY ✓
12/11/2016 jotaefeb	18 comentarios
La Corte Suprema de Justicia pasó a ocupar un lugar central en la vida política del país. Sus decisiones definirán candidaturas presidenciales y determinarán el comportamiento de los bloques parlamentarios en el futuro.
La presentación que hizo el Partido Colorado contra Fernando Lugo ante la Justicia Electoral necesariamente llegará a la Corte Suprema de Justicia. Será ella la que en última instancia determinará si puede o no ser candidato.
Esa decisión tendrá profundas consecuencias en el armado político de cara a las elecciones generales de 2018. Un fallo favorable podría también habilitar indirectamente a Horacio Cartes para competir de nuevo sin necesidad de modificar la Constitución. Le bastaría con renunciar para ponerse en iguales condiciones con el camino abierto para postularse.
Un fallo negativo además de anular la candidatura del expresidente traerá tempranas y necesarias definiciones de cara a la contienda electoral. Sin Lugo como candidato presidencial una buena partida de votos irá a la mesa de negociación.
No hay un candidato en ese sector que arrastre votos como el expresidente. Tampoco hay tiempo para construir una nueva candidatura. Sería el momento de los liberales para imponer su nominación reclamando el respaldo de los grupos de izquierda que bien podrían ocupar la vicepresidencia.
Lo que está por verse es cómo impacta en el ánimo de los seguidores de Lugo una impugnación judicial y cómo su equipo político administra la situación. Podría ser el punto de partida de una dura polarización con profundas consecuencias sobre todo en el Partido Colorado; seguido del nacimiento de una nueva candidatura para aglutinar el voto de los descontentos, el voto castigo.
En el caso de los colorados disidentes que recurrieron a la Corte Suprema de Justicia para no ser alcanzados por mandatos partidarios; las decisiones que tome la máxima instancia judicial también dejarán huellas.
Dar lugar al pedido de los disidentes no solo confirmará la disposición constitucional que establece que los parlamentarios no tienen mandato imperativo. Tendrá impacto en el proyecto de reforma constitucional que lleva adelante el oficialismo al amparar jurídicamente a los que se oponen el proyecto. Dará lugar a ampliar la base de la disidencia colorada. Hoy no son pocos los que están esperando ese fallo para asegurar que no habrá castigo si se oponen al Ejecutivo.
El rechazo de la acción generaría un terremoto político con consecuencias a largo plazo. Sería la primera vez que quedaría plasmado en un fallo judicial que los parlamentarios deben responder a las líneas partidarias que le permitieron llegar a sus bancas en el Congreso. De ahí en más todas las decisiones de partido serían exigibles en el Congreso. También galvanizaría el voto colorado a favor de la enmienda constitucional sentando bases más firmes para llevar adelante las negociaciones con los demás partidos políticos.
Ir a la Corte Suprema fue una decisión medida en extremo por el oficialismo colorado. Cuatro de sus integrantes están en medio de un juicio político impulsado por el oficialismo. El proceso está parado hace meses en la Cámara de Senadores por disidentes y opositores. Las causas podrían quedar sepultadas si los oficialistas deciden mandarlas al archivo.
La coyuntura podría convertir la vulnerabilidad en su mayor fortaleza. Los cuatro jueces de nuevo seguirían en sus cargos y la Corte Suprema tendría cierta tranquilidad al menos hasta el primer trimestre del próximo año cuando dos de sus miembros deberán abandonar sus lugares por cumplir los 75 años que ordena la Constitución.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/en-manos-de-la-corte-suprema-1536966.html
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18 comentarios en “En manos de la Corte Suprema”
21/11/2016 en 09:45
Expectantes de la reelección
Los partidos políticos tradicionales ya apuntan a las elecciones generales, pese a que estamos todavía a casi dos años de los comicios. A nivel país, todos están expectantes al fallo de la Corte Suprema de Justicia que deberá resolver si el expresidente Fernando Lugo está habilitado para las próximas elecciones, ante el requerimiento presentado ante Justicia Electoral por la ANR. De ser el fallo favorable para el exobispo, servirá para que el presidente Horacio Cartes interprete que también está habilitado. Igualmente, esto podría habilitar a gobernadores a postularse, puntualmente, al gobernador del Alto Paraná, Justo Zacarías, quien es el candidato de zacariísmo para un segundo periodo en la gobernación. ¿Qué pasaría en caso que esto ocurriera?
La casi insignificante división entre dirigentes cartistas y zacariístas en el Este del país no generará el menor problema en las internas coloradas, a realizarse en año próximo, dado que, a juzgar por la cercanía de Cartes con el político Javier Zacarías, acordarán que el esteño decida a quién postular para todos los cargos electivos de Honor Colorado en la décima región. Se da por hecho que el zacariísmo llevará la chapa de Honor Colorado, como ocurrió en las municipales del año 2015, cuando Sandra McLeod de Zacarías fue la candidata por Honor Colorado.
¿Qué hacen los demás sectores mientras tanto? El movimiento Colorado Añeteté del Este del país busca instalar la oposición con el precandidato a gobernador, Juan Carlos Barreto, actual presidente de la Junta Municipal.
Por otro lado, los opositores de los demás partidos políticos como el PLRA, Frente Guasu, Tekojoja e independientes, hablan de la necesidad de lograr un gran consenso para enfrentar al zacariísmo en la región.
Recordemos que en las municipales no se logró una alianza completa que aglutine la mayoría de votos descontentos y propiciaron una nueva victoria para McLeod. Una segunda postulación de Justo Zacarías a la gobernación podría ser un fuerte estimulante para que la oposición colorada pase a apoyar a un candidato no colorado.
Mientras todos siguen expectantes del éxito del presidente Horacio Cartes, en su aspiración por continuar en el Palacio de López, buscando todos los mecanismos a su alcance para lograrlo, el tiempo va pasando y los plazos se van ajustando. Para el Partido Colorado en el Alto Paraná, la supuesta unidad de ambos movimientos no fue tan beneficiosa, a juzgar por los resultados de las últimas elecciones municipales, donde perdieron varios municipios, fruto precisamente de esa incertidumbre e indefinición. El escenario vuelve a presentarse con las mismas características.
21/11/2016 en 05:47
Divisiones que generan inquietud
El bloque oficialista en la Cámara de Diputados sufrió una nueva fractura. El tercer desprendimiento de una bancada de 46 diputados que daban una mayoría propia a los colorados.
Los diputados comienzan a pensar en sus propias necesidades. Atrás quedó el bloque sólido que daba un respaldo ciego al Poder Ejecutivo frente a una Cámara de Senadores controlada por la disidencia y la oposición. Con la interna partidaria cada vez más cerca saben que no todos estarán en la lista oficialista para el 2018. Necesitan con urgencia generar un espacio propio que les permita tener capacidad de negociación. Adocenados en un gran bloque los diputados pierden fuerza. Se diluyen.
Los temores del Poder Ejecutivo empiezan a tomar cuerpo más rápido de lo que tenían previsto. En el entorno presidencial esperaban que el ambiguo discurso de Cartes en la convención colorada, dejando abierto el camino a una eventual reelección, mantuviera la unidad al menos hasta el primer trimestre del próximo año.
Casi con dos años de mandato por delante, con obras a medio hacer y las urgencias de financiamiento externo que necesariamente debe tener el acuerdo las cámaras, genera inquietud. Sin mayoría en la Cámara de Senadores y en la Cámara de Diputados, con un año puramente electoral a punto de iniciarse, todo podría ser muy sombrío para la gestión gubernativa.
Para el Gobierno se abre un nuevo tiempo. La mayoría automática que hasta hace algunas semanas estaba asegurada, generando cierta tranquilidad, ahora está en cuestión. Las lealtades se vuelven inestables, volátiles. Cambian en unas pocas horas.
La mesa de negociación sumó nuevos actores en la Cámara de Diputados. Hugo Velázquez ya no es el único interlocutor del presidente Cartes. Ahora los acuerdos necesariamente tendrán que pasar al menos por otros tres voceros más que identifican a igual cantidad de nuevas bancadas. Velázquez aseguró su espacio de poder y se quedó con la presidencia de la cámara hasta el final del mandato; pero está lejos de cumplir su promesa de ser la herramienta eficaz que necesita el presidente Cartes para hacer frente a la tormenta que tendrá por delante.
Este nuevo esquema de negociación ubica en una situación sumamente frágil al Poder Ejecutivo. El más mínimo desacuerdo hará que, en el mejor de los casos, sus iniciativas queden varadas en el Congreso. En el peor escenario serán directamente rechazadas tal como ocurrió hace algunas semanas con el préstamo de 200 millones de dólares destinados a financiar obras.
En el Gobierno empezaron a buscar alternativas, pero no hay margen para escapar al poder del Parlamento. Necesariamente habrá que negociar y hacer concesiones para tratar de mantener cierta gobernabilidad.
Mientras las lealtades se resquebrajan en el Congreso, el proselitismo partidario cobra fuerza.
La interna liberal lejos de encontrar una salida se profundiza cada día que pasa. Efraín Alegre logró ser electo presidente de los liberales, pero está lejos de poder tener el control partidario. La falta de tacto y el afán de confrontar permanentemente le están generando serios problemas, amenazando incluso su futuro como candidato a la Presidencia de la República en 2018.
Los liberales que responden al liderazgo del senador Blas Llano sostienen que Alegre está destrozando al partido. Incluso anunciaron que están dispuestos a sacarlo del cargo para evitar males mayores.
Un enfrentamiento de esas dimensiones podría dejar de lado a los liberales de la carrera presidencial. Eso hace poco probable que las amenazas llanistas se conviertan en realidad; pero aún así habrá que seguir mirando cómo se desarrolla esa crisis. No sería raro que en un tiempo corto ocurran importantes cambios.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/divisiones-que-generan-inquietud-1539165.html
21/11/2016 en 05:41
Qué se puede esperar de la disidencia colorada
Para que un partido político funcione como tal, sus miembros deben tener ideología y metas comunes; de lo contrario sería un rejunte sin sentido, en donde gobiernen los intereses personales y no los generales. Tenemos ejemplos recientes con el Partido Encuentro Nacional y Patria Querida, que surgieron primero como movimientos electoralistas, mezclando izquierdistas con derechistas y si bien tuvieron su época de esplendor, esta fue efímera y ahora, en ambos partidos, permanece apenas un puñito de gente que no tiene otro lugar a donde ir.
El Partido Colorado siempre fue otra cosa, no un rejunte, sino una asociación de personas con una visión de la realidad bastante parecida y objetivos comunes. Por supuesto dejamos fuera de esto a la ANR en tiempos de la dictadura, cuando se convirtió en vocera de los abusos y dejó fuera a los verdaderos colorados.
Pero ya no estamos en dictadura. Ahora ya no hace falta agachar la cabeza o salir del país para criticar, cuestionar o plantear alternativas a las que ofrecen las autoridades nacionales o partidarias. Dentro de la ANR, la disidencia tiene espacios ganados y que fueron respetados a la hora de conformar la nueva mesa directiva. En los dos principales tribunales, Electoral y de Conducta, el número de miembros de Colorado Añetete es igual al que tiene Honor Colorado. Todo esto indica que ya no es tiempo de desafiar a la autoridad al solo efecto de hacer oposición de barricada, sin propuestas y sin diálogo.
La disidencia es minoría –por eso es disidencia; de lo contrario sería oficialismo- salvo en el Senado, en donde un matrimonio anormal con la izquierda le da una mayoría coyuntural. Y la minoría tiene que saber que debe aceptar las reglas de juego y que estas son establecidas por la mayoría. Esto es así aquí y en el Congo y si los seguidores de Mario Abdo Benítez no lo han descubierto todavía, es porque tienen nula trayectoria política (algo que no podemos pensar de un viejo zorro como Juan Carlos Galaverna).
Pero los disidentes no quieren respetar las decisiones de la mayoría. Así que mañana van a acudir a los tribunales para denunciar a su partido, el partido de sus miles de correligionarios a quienes piensan pedir el voto a fines del año que viene. Un partido que les da sustento y razón de ser y a través del cual consiguieron una banca en el Congreso.
Pero lo van a denunciar porque ellos piensan que deben ser libres y que no tienen por qué obedecer ningún mandato partidario y que la disciplina es un cuento chino, sin razón ni sentido, sólo válido para el oficialismo.
En realidad, lo que demuestran los disidentes es una absoluta intolerancia y desconocimiento de las reglas de juego de la democracia representada por los partidos políticos. A ellos sólo les interesan sus opiniones y decisiones. No están dispuestos a negociar ni a concertar nada. Y como no pueden salirse con la suya ahora pretenden que sea la Justicia la que actúe en lugar suyo.
Qué se puede esperar de un sector político que actúa con tanta intolerancia. Imaginamos que si llega al poder, será mucho peor porque allí tendrá la mayoría necesaria para eliminar de su camino a quienes estén en contra o piensen diferente. Dios nos guarde de una nueva dictadura.
21/11/2016 en 05:40
Crónica de lo que todos ya sabemos
La reelección del presidente de la República es un tema tan trillado que ya produce hastío. Desde el mismo día en que el Senado, maniobra antidemocrática de por medio, trató el proyecto de enmienda constitucional para votar en contra y sepultarlo, se cerraron definitivamente las puertas a la posibilidad de que éste y los anteriores jefes de Estado pugnen por un segundo mandato, al menos por medio del citado mecanismo. Quedaría el camino de la reforma que, a juzgar por la correlación de fuerzas existentes en la Cámara Alta, es aún menos probable que prospere, tomando en consideración la amplia mayoría que no quiere saber nada de tener que enfrentar a Horacio Cartes en el 2018.
En esta cruzada “anti reeleccionista” se juntaron los que si se reformara la Constitución no tendrían la menor posibilidad de tan siquiera soñar con sentarse en el sillón del Palacio de López, léase Mario Abdo Benítez, de la disidencia colorada, y Efraín Alegre, del radicalismo auténtico.
“Marito” primero justificó su oposición a la enmienda por considerar, sin mayores fundamentos, que el conducto constitucional era la reforma, pero, cuando se barajó ésta hipótesis, una vez que el Senado descartó lo primero, también dijo que no, dejando al desnudo su real intención, que es no enfrentarse a Cartes.
Efraín fue más lejos e hizo votar en la Convención de su partido el rechazo a la reelección por cualquier vía que fuere, a sabiendas de que su nominación se esfumaría de un plumazo si estuviera habilitado Fernando Lugo, el único que hoy podría aglutinar en torno suyo a las fuerzas de la oposición. Es la mezquindad elevada a la máxima expresión. El primero no piensa en su partido, pues solo HC tendría altas probabilidades de vencer en el 2018, mientras que el segundo, con su postura, sentencia a la oposición a jugar una vez más el rol de “segundona”.
De cualquier modo, la conclusión es que reelección, en este período constitucional, “no corre”. La misma senadora oficialista y ex titular de la ANR, Lilian Samaniego, anunció ayer, de manera muy tempranera por cierto, que el “plan b” sería postular a Horacio Cartes a la presidencia del partido colorado… ¡en el 2020!
De manera muy poco convincente, la legisladora resaltó que para su sector “es una prioridad que él (Cartes) sea candidato y vamos a pelear hasta lo último para lograr esa oportunidad; nos queda hasta finales de diciembre para ver la herramienta jurídica legal que nos permita esa posibilidad. No se descarta todavía nada”. Pero la realidad indica que esas herramientas, hoy por hoy, no están disponibles y que dibujar la presidencia del partido para alguien, dentro de cuatro años, es algo completamente ocioso en el presente.
Lo único que resta por terminar de aclarar el panorama electoral, aunque para la inmensa mayoría está muy claro, es si Lugo está o no habilitado para postularse nuevamente, como él y sus seguidores sostienen, en contra de la norma constitucional y del más elemental sentido común.
El caso se develará en el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), primero, y en la Corte Suprema de Justicia, después. Pero nada hace suponer que el ex obispo contará con el aval de estos organismos para seguir adelante con su esquizofrénica campaña presidencial.
Después de tantas “idas” y “venidas”, al final va a suceder lo que todos ya sabemos. Ningún expresidente podrá presentarse como candidato en los próximos comicios generales. Por lo tanto, seguir insistiendo con el tema no es más que una pérdida de tiempo.
De mundiales y elecciones: 2018
Fue inevitable aun para los que odian el fútbol, no hablar de la mala hora que pasa la selección nacional de fútbol, luego de su derrota frente al peor equipo de Sudamérica. En un país donde la pelota es Dios, la gente gasta horas y horas en análisis fatuos buscando las razones del fracaso fraccionado –gracias al sistema eliminatorio sudamericano– de unos deportistas que lo tienen todo para llegar a su objetivo, pero que sin embargo solo ofrecen alegrías pírricas a sus fanáticos seguidores. Así que, vaticinando una catastrófica derrota del operativo Rusia 2018, no nos quedará más que concentrarnos en la otra pasión guaraní: la política (o lo que sea que los paraguayos hacemos en nombre de ella!).
Los colorados oficialistas, esperanzados aun por lograr la reelección de HC, se ven sometidos a un error capital en la política, la falta de líderes por debajo del presidente. Sin la posibilidad cierta de una segunda carrera presidencial de Cartes, las diferencias comienzan a mostrarse –por ejemplo– en la Cámara de Diputados, en donde hasta hace poco tiempo se jactaban de tener una sólida bancada de 45 miembros, que hoy, con los apuros del calendario, se ha atomizado en 5 bancadas! Es decir, las carreras individuales y/o grupales por el rekutú parlamentario han arrancado sin la certeza de una candidatura presidencial, por lo menos en el oficialismo.
Como desenlace de estas divisiones entre diputados colorados, el precandidato presidencial Mario Abdo ha logrado, de carambola diría yo, la adhesión de 8 diputados con variopinta fuerza electoral: José María Ibáñez, Freddy D’Ecclesiis, Carlos Maggi, Víctor González, Eber Ovelar, Danny Durand, Andrés Retamozo y Ariel Oviedo.
Este último parlamentario ya puede ser considerado con holgura, como el más contradictorio saltimbanqui de la política paraguaya: su extinto padre, el general Lino Oviedo, realizó una furibunda campaña electoral (cuyo resultado es la diputación que él ostenta) en contra del entonces candidato Horacio Cartes. Pero ni bien este ganó las elecciones, y liberado de cualquier compromiso moral con la muerte del general, Arielito abandonó el partido fundado por su progenitor para apoyar fervorosamente al flamante ganador. Y ahora, sin desparpajo alguno, refrenda la campaña electoral del hijo de uno de los pilares del gobierno autoritario que su padre echó del poder a balazos!
Como un adelanto claro de cómo se conformarán los equipo para las justas del 2018 (olvídense del fútbol, no vamos a clasificar al Mundial de Rusia), los disidentes colorados han sacado considerable ventaja en esto de promocionar a su precandidato presidencial. Ayer, el legendario Kalé (así con “K”) Galaverna festejó su cumpleaños número 67 lanzando una temeraria arenga, “Marito es el presidente en situación de espera”, dijo, ante un enfervorizado grupo de invitados a su cuchipanda. Más que un evento social, el onomástico del senador Galaverna es una tarima política donde se miden por igual, lealtades y cambios de bando en el Partido Colorado. Ayer se vieron rostros nuevos entre los comensales, como el del tránsfuga Eduardo Petta, quien afanosamente busca legitimar su regreso a la ANR, luego de engañar sin pudor alguno a los votantes del Partido Encuentro Nacional.
Mientras tanto, en el oficialismo nada se sabe acerca de una candidatura presidencial. Suenan muchos nombres, pero ninguno tendrá la fuerza del actual presidente de la República, y esa es la mayor debilidad, como ya dije más arriba. Esperando la definición de la agenda llamada reelección, la ansiedad (y tal vez la desesperación) va creciendo y todo aquel que pueda hablar lanza nombres para ensillar el caballo del comisario: Riera, Afara, Leite, Alliana, y hasta el neo-colorado Santiago Peña. De hecho cada día que pasa se van agregando más y más nombres a una lista que –por ahora– por lo menos gana en imaginación, porque en la realidad sólo una persona decidirá quién será el candidato. Porque uno solo es el gran elector: Horacio Cartes.
21/11/2016 en 05:18
¿Vamos hacia atrás como el cangrejo?
Los acontecimientos políticos sucedidos días atrás, con el tema de la enmienda para una posible reelección; la convención de la ANR; el cambio del ministro del Interior, así como la rápida afiliación del ministro de Hacienda al partido colorado para no perder su puesto, dieron que hablar a la prensa y a la ciudadanía. Lo que más rescatamos de todo este lío, es la conducta del presidente de la República, Horacio Cartes, que pretende coloradizar todos los estamentos públicos, dando prebendas a los seccionaleros, con la clara intención de comprar votos para un próximo periodo presidencial.
Al producirse el golpe del 2 y 3 de febrero de 1989, uno de los hechos más aplaudidos fue que ya no se necesitaría de la afiliación para conseguir un trabajo en el Estado o en el Gobierno. El mismo Cartes, al formar su gabinete, en 2013, dijo que conformaba una selección nacional con los mejores técnicos, sin importar los colores. Pero como no mantiene su palabra y cambia cada rato, esta vez fue presionado por las bases, durante la Convención, para destituir al ministro del Interior, no por incapacidad, sino por ser liberal. El titular de Hacienda, Santiago Peña, se apresuró a afiliarse al coloradismo para no correr igual suerte. La ciudadanía criticó duramente a Peña, por dejarse manipular de un modo humillante y en público. Claro que el escenario y el acto, ya habrá estado todo preparado, de antemano.
Preocupa mucho la conducta del Presidente de la República, que a todas luces, nos quiere hacer retroceder como un cangrejo. Sería muy triste para los que lucharon contra la dictadura stronista, repetir viejas costumbres como coloradizar toda la administración pública. Primero, el país, es de todos los paraguayos y no del partido colorado. Durante 60 años, las arcas del Estado, fueron saqueadas por amigos, amantes, compadres y parientes de los gobernantes de turno. Nadie, de otro partido, podía acceder a un cargo en los entes públicos. Estos se llenaban de hurreros, seccionaleros, obsecuentes y chupamedias, que vivían esquilmando el erario público. En realidad, la costumbre de llevar a los cargos a familiares y amigos, nunca ha desaparecido. Y el Congreso, la Justicia Electoral, el Poder Judicial, la Contraloría y los ministerios, están repletos de recomendados. Se trata de un antiguo hábito, imposible de erradicar, porque los políticos deben favores a los votantes, así como el Presidente debe favores a quienes los llevaron al poder.
Retroceder treinta años atrás es muy doloroso para los que sueñan un nuevo país. Si no reaccionamos a tiempo, un autoritarismo que ya no queremos, puede volver a implantarse, sin ningún problema. Muchos dicen, que Stroessner, nunca se fue del todo. Y están los nostálgicos que Vivían felices en esos tiempos, porque seguramente, sus familiares recibían beneficios del gobierno o no sufrieron exilios, apresamientos, persecuciones o torturas. Dios no permita que regresemos a aquellas negras épocas.
Todos los paraguayos y las paraguayas que sufrimos ese régimen, no queremos recordar nada que se parezca a una dictadura, Nuestros jóvenes, que son un tesoro valioso y que no se calla por nada, no debe dejarse engañar ni manipular por politiqueros baratos y oportunistas. Ellos, tienen el derecho de vivir en un país democrático, con igualdad de oportunidades para forjarse un futuro de prosperidad, libertad y justicia social. Nunca más una dictadura; nunca más ningún mínimo gesto de autoritarismo.
20/11/2016 en 06:58
El reloj biológico del poder agita los tiempos políticos
El reloj biológico del poder suena cada vez más fuerte y agita el corazón de los que aspiran llegar al Palacio de Gobierno en el 2018. Unos ven que el tiempo vuela mientras sigue sin concretarse su gran plan de convertirse en la figura única de su sector, otros buscan frenar el acelerado paso del tiempo mientras se resuelven entuertos jurídicos; otros especulan.
La reelección de Horacio Cartes se diluye cada vez más y algunos miembros de su entorno ya empiezan a hablar públicamente del fracaso del plan y de la necesidad de empezar a hurgar en la lista para perfilar un sucesor exitoso. El reloj marca el 20 de diciembre como fecha final para intentar la reelección vía reforma constitucional, hoy casi imposible como la clasificación de la Albirroja al Mundial de fútbol de Rusia. A ninguno le cierra la calculadora. “Está difícil, pero no imposible”, dijo un cartista. En política nada es definitivo.
Cartes quiere cerrar el año legislativo (20 de diciembre) con la discusión de su reelección en la escena para evitar mayor desbande del movimiento oficialista. Las aguas se aquietan durante las vacaciones parlamentarias. Aún así no logró evitar la balcanización en Diputados, donde perdió el control de la mayoría absoluta y pudo notarse con la aprobación de un Presupuesto General de la Nación contrario al deseo del Poder Ejecutivo, con aumentos que ponen en riesgo estabilidad fiscal. Y tiene cero margen de negociación en Senado, donde la disidencia manda.
El bloque disidente se fortaleció también en Diputados y surgieron otras bancaditas oficialistas honrando el poder del presidente, Hugo Velázquez. Los legisladores saben que es tiempo de empezar a moverse, marcar la cancha para tener mayor poder de negociación.
EL DELFÍN. La reelección de Cartes está más acerca de la ilusión que de la realidad. Lo graficó muy bien la senadora y ex presidenta de la ANR, Lilian Samaniego, quien sostuvo que van a pelear hasta el último minuto para lograr la reelección. Admitió que les queda oxígeno hasta finales de diciembre “para ver la herramienta jurídica que nos permita esa posibilidad”.
Una sugestiva foto con Fernando Lugo en el TSJE no fue una charla casual. Samaniego sabe negociar con bajísimo perfil.
La senadora graficó el rol de Cartes: “será el líder que definirá las elecciones generales del 2018. Será la persona que protagonizará la victoria del 2018, y lo digo sea cual sea el escenario, la posición que le toque jugar, Cartes será el factor determinante”. De paso, mencionó que será el candidato a titular de la ANR en el 2020.
En el cartismo se agitan las aguas donde los delfines pelean su lugar. Enrique Riera, el ministro de Educación, es el nombre que más suena. Coincidentemente, el dirigente empieza a mutar coloradizando su discurso. El dogmático diccionario seccionalero tiene palabras y posturas de uso ineludibles para convencer al electorado.
El otro que asoma es el ministro de Hacienda, Santiago Peña. El trámite burocrático de la afiliación está hecho ya que desde Cartes, la ANR eliminó la larga conscripción partidaria para ser candidato y la antigüedad se redujo a un año. Un poco más difícil será su camino. Al colorado no le convence la repentina convicción republicana de un liberal.
El gobernador de Misiones, Derlis Maidana, habló también del vicepresidente, Juan Afara, y del titular de la ANR, Pedro Alliana, aunque destacó la ventaja del titular del MEC porque “con él podemos llegar a un electorado que el partido necesita, no solo el duro sino algunos incluso independientes”.
Finalizado diciembre, el cartismo afinará lápiz para dibujar su estrategia de permanencia en el poder. En tanto, los delfines seguirán peleando en el estanque.
LA OTRA VEREDA. En la oposición están pendientes de la acción de la ANR contra la candidatura de Lugo, cuya definición aclarará el campo opositor. Ante la eventualidad de que el ex presidente quede fuera de la cancha, el intendente capitalino, Mario Ferreiro, lanzó su liñada y no descartó postulación si la oposición queda sin candidato.
En tanto, Efraín Alegre sigue enfrascado en su fuerte internismo del que intenta salir deshaciendo decisiones, como el perdón a los 6 diputados llanistas cuya inhabilitación avaló en una convención polémica y que fue levantada por el Tribunal de Conducta en aparente señal de unidad. Creyó erróneamente que iba a domesticar a Blas Llano a fuerza de linchamiento público.
En tanto, hay sectores civiles que buscan posicionar candidaturas fuera de los partidos políticos.
Y aunque algunos quisieran acelerar el paso, otros alargar las horas, según el reloj biológico de cada uno, el tiempo revelará en breve la medida de las acciones políticas.
20/11/2016 en 06:37
El expresidente de la república Fernando Lugo fue denunciado por el Partido Colorado de realizar propaganda engañosa, que en términos formales ante la Justicia Electoral –que la admitió– se concretó como “propaganda prohibida”. Se acusa a Lugo de pretender confundir a la ciudadanía con una candidatura presidencial inviable, dado que como expresidente tiene prohibido por mandato constitucional a postularse nuevamente. Por lo menos así lo entienden quienes redactaron la Constitución.
El Partido Colorado, denunciante, es el mismo que a la par de Lugo viene haciendo propaganda, probablemente también engañosa, a favor de la reelección del actual presidente de la república, que al igual que Lugo y todos los expresidentes, tiene prohibido ser reelecto.
La diferencia es que mientras Cartes quiere cambiar la Constitución para ser reelecto, Lugo pretende que se interprete el texto, tal cual está redactado, a su favor con el argumento de que el artículo 229 dice textualmente que “el presidente de la república y el vicepresidente… no podrán ser reelectos en ningún caso”, pero no dice nada de los expresidentes, como él y otros.
Como todos recordarán, Lugo comenzó su carrera política con una postura pública en contra del intento de reelección de quien entonces ejercía la presidencia: Nicanor Duarte Frutos, con quien hoy coincide en la búsqueda de una probable nueva postulación, con la diferencia de que Lugo lo hace activamente mientras que Duarte Frutos lo hace como agente pasivo, sin gestión alguna a favor, a pesar de estar en campaña política.
La propaganda engañosa o prohibida de que habla la ANR está más o menos contemplada en el artículo 291 del Código Electoral, pero éste se refiere al deber de partidos y movimientos de “individualizar claramente la leyenda partidaria o individualizar la candidatura que la realice, cuidando no inducir a engaños o confundir al electorado”.
Se le puede acusar a Lugo de una propaganda prematura y de una interpretación sesgada de la Constitución, pero de ahí a entender que su campaña produzca confusión respecto a la leyenda partidaria y que falta individualizar su candidatura, creo que es también una interpretación forzada y engañosa de la ley. Ésta contempla sanciones por la apropiación de la leyenda partidaria ajena o de no individualizar la candidatura, como por ejemplo postular a un Oviedo como si fuera Lino’o o a un Stroessner como si fuera el dictador, cuestiones que nada tienen que ver con el engaño con respecto a lo que dice la Constitución sobre la reelección y en el cual está incurso tanto Lugo como Cartes.
Más bien lo que está ocurriendo es que tanto Cartes como Lugo realizan un posicionamiento prematuro y realmente engañoso, no desde el punto de vista de la ley sino de lealtad a los principios democráticos de acatar las reglas de juego, postulándose a algo que no corresponde.
Esta postulación prematura dependerá de la interpretación que hagan del tema unos cuantos personajes de la Justicia Electoral y tal vez en su momento de la Corte, y en el caso de Cartes, de la decisión que tomen los parlamentarios de impulsar o no una injustificada –en estos momentos– reforma constitucional.
Las reglas del juego democrático dicen que ninguno que ya estuvo debe volver a estar mientras rija esta Constitución, y forzar una interpretación contraria es tan grave como la amnesia que tiene, por ejemplo, Lugo de olvidar que comenzó en este negocio haciendo respetar estas mismas reglas.
Actitudes como éstas son las que están alentando a la ciudadanía a buscar alternativas de participación y liderazgo fuera de los partidos políticos, y opciones nuevas a las ya conocidas, que por cierto ofrecen muy pocas intenciones de cambiar la prostitución política que domina en actual ambiente.
15/11/2016 en 07:50
Lugo, tampoco
Dos senadores del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Blas Llano (http://bit.ly/2f8Qo2n) y Miguel Abdón Saguier (http://bit.ly/2fPIk6s), expresaron días pasados su parecer sobre el recurso legal que promueve el oficialismo cartista en nombre de la Asociación Nacional Republicana (ANR, Partido Colorado) contra la promoción de la figura del ex presidente Fernando Lugo como candidato presidencial (http://bit.ly/2fRcLgq).
Ambos coincidieron en que el recurso promovido por el oficialismo se debe, según ellos, al miedo que la candidatura presidencial de Lugo despierta entre los partidarios de la reelección de Horacio Cartes.
A mi modo de ver, la presentación judicial del cartismo tiene el propósito de dar excusa a los no colorados que suelen simpatizar con Cartes, para dividir a la coalición se articuló en contra del proyecto inconstitucional de reelección vía enmienda promovido por el presidente de la República en su propio beneficio, y que tenía originalmente potencial de mantenerse para impedir la reforma de nuestra Constitución para ponerla a la medida de Cartes.
Tiene ese propósito porque, efectivamente, Fernando Lugo no puede ser candidato a la reelección y la presentación del oficialismo obliga a los actores políticos de la mencionada coalición a pronunciarse y Cartes espera, con fundamento, que sean pronunciamientos contrapuestos.
La interpretación que el abogado de Lugo, Marcos Fariña, hace del Artículo 229 de nuestra Constitución, por la que pretende que Fernando puede ser reelecto, no solo es gramaticalmente descabellada (olvida la oración “no podrán ser reelectos en ningún caso”), sino que hace caso omiso de la voluntad del constituyente (impedir la perpetuación de cualquier persona en el ejercicio de la presidencia), de la circunstancia histórica (la dictadura prolongada mediante la reelección), de la construcción lógica (la sistematización uniforme de nuestra Constitución sobre el tema de la duración de las personas en un cargo) y del propósito teleológico de la disposición (impedir el abuso del poder presidencial para preservar la libertad de los paraguayos).
En consecuencia, hacer campaña sobre esa interpretación es un engaño a la opinión pública, es mentirle al electorado y no es éticamente correcta.
Aquí no se trata de tenerle o no miedo a Cartes como pretenden los senadores liberales mencionados al principio. Se trata de respetar o no nuestra Constitución y si le exigimos a Cartes que la respete, también debemos exigirle a Lugo que lo haga.
Pero Cartes sabe que entre los políticos opositores hay oportunistas sin principios que prefieren pisotear la Constitución igual que él, razón por la que les desafía y razón por la que tendrá éxito y la coalición se dividirá entre los que respetan la Constitución siempre y los que la respetan solamente cuando la viola Cartes.
Fernando Lugo no puede ser reelecto. Y lo que la gente debe ver ahora es que si pretende ser reelecto, no hay diferencias entre él y Cartes en términos morales; ambos quieren ajustar nuestra Constitución a sus respectivas medidas.
Y acá no estamos para cambiar seis por media docena. No estamos para el gatopardismo (http://amzn.to/2fPy51Y). Estamos para construir una institucionalidad política en la que los actores juegan según las reglas o se van. Todos, sin excepciones.
14/11/2016 en 09:19
La CSJ es la única vía que le queda a Cartes para su reelección. ¿Por qué?
Porque Cartes quedó inhabilitado de por vida para la reelección el 15 de agosto de 2013, el día que asumió la presidencia de la República, en virtud del artículo 229: el presidente no puede ser reelecto “en ningún caso” (incluyendo el caso futuro, como hoy 12 de noviembre de 2016).
La ley no es retroactiva. Es decir: aunque venga Mandrake y se haga la reforma que permite la reelección, en tiempo y forma, ni Cartes ni ninguno de los actuales expresidentes podrán ser beneficiados, porque ya han sido inhabilitados por la CN de 1992 vigente cuando asumieron sus respectivas presidencias.
Por consiguiente, la única posibilidad que tiene Horacio Cartes de volver a presentarse como candidato a presidente de la República es que la Corte Suprema de Justicia falle a favor de la interpretación torcida de Lugo del artículo 229. Es decir, que la Corte Suprema de Justicia diga que el presidente en ejercicio no puede ser reelecto, pero un expresidente sí.
Es razonable pensar que una vez que la Corte Suprema de Justicia falle a favor de esa interpretación tergiversada, Cartes renunciará a la presidencia, convirtiéndose en “ex presidente”, habilitándose como candidato.
El tiempo corre y ya no hay un minuto que perder. Por eso están demandando la candidatura de Lugo ante el Tribunal Superior de la Justicia Electoral, antes de que Lugo tan siquiera haya presentado oficialmente su candidatura.
14/11/2016 en 08:46
El juego del rekutu
En los últimos 10 años casi todos los presidentes coquetearon con su reelección al menos desde el tercer año de mandato. Algún psicólogo o psiquiatra tiene para una tesis si nos explica por qué en el año tres de los mandatarios entran en un laberinto sin salida y enloquecen atrapados en su propio ego.
Le pasó a Nicanor que en general venía haciendo un buen gobierno a pesar de la gran cantidad de paraguayos que abandonaron el país, le pasó a Fernando Lugo y claramente le está pasando a Cartes. Justamente son estos quienes buscan como sea volver a gobernar a pesar de la clara prohibición constitucional.
El más discreto en sus intenciones es Nicanor Duarte Frutos, quien de todas maneras ya dijo que en el caso de habilitarse la reelección va a pugnar por la presidencia; caso contrario buscará ser senador activo.
Fernando Lugo lejos de analizar la factibilidad constitucional dice estar convencido que puede ser candidato con una de las más antojadizas interpretaciones que pudiéramos haber imaginado. Lugo sostiene que la Constitución solo prohíbe la reelección del presidente y vice en ejercicio. Los liberales llanistas, los mismos que lo rajaron en el 2012 supuestamente por inútil, hoy dicen que es el mejor candidato para el 2018.
Y Horacio Cartes que es menos creíble que encuestador en campaña, se pasó negando su interés por el rekutu y hoy opera por la enmienda, la reforma y por una certeza constitucional que en el caso de decir que Lugo puede ser candidato en base a su interpretación jurídica, le permita también al presidente Cartes renunciar un año antes para volver a postularse “porque la gente le pide” y no porque él muera de ganas.
Nunca en un mismo momento todos los asesores jurídicos estuvieron tan ocupados en utilizar toda su astucia, inteligencia o viveza para violar la Constitución.
Dicen que 5 años es poco tiempo para cambiar las cosas, pero desde el tercer año solo se dedican a pelear por el rekutu. Optimicen su tiempo, dedíquense a sus funciones; es lo que el país necesita.
Las batallas políticas se juegan en la Justicia
Mucho se ha hablado de la politización de la Justicia como causa de la debilidad institucional. Pero es tanto o más grave la judicialización de la política, ya que muchas veces las batallas legalistas solo apuntan a embarrar la cancha.
Estos días han sido fértiles en casos políticos, cuyos pleitos quedan en manos de la Justicia. Si el Poder Judicial tuviese fama de independiente, los contendientes estarían tranquilos.
Los dos partidos tradicionales, ANR y PLRA, han decidido tomar el camino del castigo para alinear a sus díscolos legisladores, en un preocupante sesgo autoritario, que considera la disidencia como un acto de traición.
PLRA VS. PLRA. De hecho, el liberalismo ya cumplió su amenaza y en la misma convención, de un plumazo, amputó el futuro político de seis diputados llanista acusados de cartistas, quienes recobraron recientemente su membresía por orden del Tribunal Electoral de la Capital.
ANR VS. ANR. El cartismo, con absoluto control de la estructura partidaria, también replicó idéntico castigo, agregándole que los legisladores colorados deben aprobar todos los proyectos enviados por el Poder Ejecutivo. Ante esta advertencia, los disidentes –capitaneados por Mario Abdo Benítez– decidieron accionar ante la Corte basándose en que los legisladores no pueden recibir mandatos imperativos. “Nace por una firme postura de evitar que la ley del garrote, que procesos de amedrentamiento se apoderen de la asociación de hombres libres, como reza el acta fundacional del partido”, explicó Benítez.
Es la primera batalla judicial entre el presidente y la disidencia, y existe expectativa sobre lo que decidirá la Corte Suprema de Justicia.
Es difícil seguir las posturas políticas del presidente, muy cambiantes. Luego de amenazar con la cuasi expulsión, días pasados dijo que sus adversarios confunden, que no se discute el mandato imperativo, sino el mandato partidario. “No le vamos a echar a nadie. No le vamos a suspender a nadie, pero que tengan por seguro que aquel que esté contra el Partido Colorado no volverá a candidatarse por el Partido Colorado”. ¿Suavizó su postura? Porque ahora dice que no va a suspender a este grupo.
HC VS. LUGO. El oficialismo colorado decidió jugar muy fuerte contra el senador y ex presidente Fernando Lugo, hoy el opositor más popular. Decidió demandarlo ante el Tribunal Superior de Justicia Electoral por “propaganda indebida”, argumentando que el artículo 95 del Código Electoral establece que son elegibles para cualquier función electiva los ciudadanos paraguayos “que no se hallen incursos en los canales de inelegibilidad establecida en la Constitución y las leyes”.
La acción legal es interpretada también como una estrategia del presidente. La enmienda fue sepultada y la reforma es casi imposible. Solo le queda la vía judicial, y la demanda contra Lugo puede ser la llave para su reelección. Como ya dijimos, esta acción tiene doble filo. Si falla contra Lugo, la ANR dejará afuera al candidato más popular, y si le favorece, Cartes y todos los ex presidentes tendrán el camino libre para intentar la reelección.
BOTÓN DE MUESTRA. Ya existen decisiones judiciales que dan señales sobre la operación política de la Justicia. Cuando los tres diputados liberales favorecieron a Cartes en el caso enmienda, saltaron las sospechas sobre un intercambio de favores. Dos de ellos, Fernando Nicora y Milciades Duré, tienen procesos por corrupción. Aquella negociación liderada por el presidente de Diputados, Hugo Velázquez, despertó dudas y se mencionó que la moneda de cambio era el perdón judicial.
Semanas después, la Sala Constitucional trabó el juicio oral de Duré, previsto para el 18 de este mes, sobre el escandaloso caso de las tierras de San Agustín, aquel vergonzoso pacto con el que el gobierno del PLRA pagó con dinero público el apoyo electoral del Unace.
La llamativa coincidencia de la resolución de la Corte es un toque de alerta sobre el rol que juega la Justicia en los juegos de poder político.
Los casos políticos que se definirán en la Justicia son muy delicados: reelección y el mandato imperativo a los legisladores.
Se espera que la Corte Suprema y el Tribunal Superior de Justicia Electoral –hoy inamovibles en sus cargos y, por tanto, se supone, con blindajes de la presión política– actúen según su misión: ser el límite y control para el exceso.
Es la última barrera contra la arbitrariedad del poder.
13/11/2016 en 07:32
Un Trump paraguayo
–¿Puede haber un Trump en Paraguay?
La pregunta sonó demasiado seria en la mesa del bar. Hasta ese momento, los tertulianos de siempre divagábamos sobre fútbol, chismes variados de nuestro entorno y la generosidad de varias hijas de Eva.
Pero en ese momento todos pretendimos seguir la seriedad de la pregunta.
–¿Acaso Cartes no es igual a Trump? –disparó uno, respondiendo pregunta contra pregunta.
Los demás saltamos inmediata y desordenadamente para decirle que no, que pese a que Cartes se había afiliado exclusivamente para candidatarse a la presidencia, había contado con el apoyo de toda la dirigencia colorada que se alineó en ese momento a quien ponía la billetera para salvar al partido de la llanura, mientras que en el Partido Republicano el millonario estadounidense se impuso a la histórica dirigencia de su partido, al establishment.
La discusión giró atinadamente entonces hacia que en nuestro país los dos últimos presidentes electos para el cargo provinieron de fuera de la política, pero usando las estructuras partidarias tradicionales, y con un elemento común, la ilusión que fueron capaces de generar sus candidaturas por presentarse como diferentes.
–¿Ilusión? Si fueron más de lo mismo –cuestionó un parroquiano.
El profe, quien hasta ese momento se mantenía callado, se metió al desorden para explicar, con la paciencia de Job, que tanto Lugo como Cartes generaron una ilusión en sus campañas. Lugo, por venir de la iglesia, y Cartes, de un mundo empresarial que tenía en el fútbol a su principal carta de presentación. Solo bastaba mirar que Cartes obtuvo casi 239.000 votos más que los que obtuvo su partido para las listas parlamentarias. Es decir, casi 239.000 personas no identificadas con el partido colorado que depositaron su confianza en el nuevo rumbo que anunciaba.
–Lo que vino después ya es motivo de otro análisis –explicó el profe–. Lo que estamos intentando explicar es cómo ganar una elección.
–No hay que olvidar que el padrón para el 2018 puede ser de 4 millones 200 mil electores, y que si se mantiene el promedio de participación del 2013, del 68,5 por ciento, eso podría significar cerca de 450.000 nuevos votantes –siguió explicando el profe.
–Agréguenle a eso el hecho de que hasta ahora, y salvo que la Corte se preste, ni Cartes ni Lugo pueden volver a candidatarse.
–Por eso, que no les extrañe que podamos tener otro outsider, aunque la clave siempre va a ser la ilusión que pueda generar esa persona en la gente –concluyó.
–¿Pero hay tiempo para que surja esa candidatura? –preguntó otro tertuliano.
–Sí, en un país con una tradición política débil y una élite política mayoritariamente aislada de la realidad, no es de extrañar que la gente busque alguien en quien creer por fuera del sistema y se entusiasme rápidamente con quien sea capaz de generarle esa ilusión –respondió el profe–. Pero para eso debe darse esa paradójica conjunción de venir de afuera de la política pero usar luego alguna estructura tradicional –sentenció, cerrando en ese momento el tema de charla, de una mesa que rápidamente volvió a distraerse con otros temas.
13/11/2016 en 06:57
Poner freno a la epidemia del “rekutu”
Uno de los peores maleficios políticos que viene soportando el país desde que los militares derrocaron al dictador Alfredo Stroessner en 1989 es la pertinaz insistencia de todos los presidentes de la República que se han sucedido desde entonces en quebrantar la prohibición constitucional de la reelección presidencial. El Art. 229 de la Constitución Nacional establece taxativamente que “El Presidente de la República y el Vicepresidente durarán cinco años improrrogables en el ejercicio de sus funciones, a contar desde el quince de agosto siguiente a las elecciones. No podrán ser reelectos en ningún caso (…)”.
Juan Carlos Wasmosy, el primer presidente civil del Paraguay en más de 60 años y el primero en ser elegido al amparo de la actual Constitución, fue también el primero en buscar atajos inconstitucionales para retener el poder más allá del fin de su mandato. Para ello montó el bochornoso teatro de la destitución del entonces comandante del Ejército, general Lino César Oviedo, quien con uniforme militar puesto fungiera como jefe de facto de su campaña electoral por la presidencia de la República. Siendo este un subordinado en el tercer nivel de la cadena de mando militar bajo su suprema autoridad de Comandante en Jefe de las FF.AA. de la Nación, bien podría haberlo destituido de un plumazo, y no con la comedia con que finalmente lo hizo.
Cuando Raúl Cubas Grau ganó las elecciones presidenciales de 1998, con el apoyo de Lino Oviedo desde la cárcel, algunos altos jefes militares de su entorno habrían aconsejado a Wasmosy que hiciera un autogolpe para prolongar su mandato más allá de lo establecido en la Constitución Nacional. Para el efecto, supuestamente contarían con el aval de la mayoría de los ministros de la Corte Suprema de Justicia, liderados por el doctor Óscar Paciello. Los militares argüían que con Cubas en la Presidencia de la República el poder de facto lo tendría el general Oviedo, aun estando en prisión. En el final, Wasmosy desistió de dar ese paso por presión de los gobiernos de Estados Unidos y de varios países de la Unión Europea, quienes exigían que se cumpliera la Constitución.
El presidente de facto, Luis Ángel González Macchi, quien asumió el poder tras la forzada renuncia del presidente constitucional Raúl Cubas Grau, fue inconstitucionalmente habilitado para completar el período que le correspondía a este, por la inicua Sentencia de la Corte Suprema de Justicia N° 191, del 27 de abril de 1999, al amparo de un recurso jurídico no previsto en la Constitución Nacional: “certeza constitucional”. Esto causó que en una oportunidad hasta el papa Benedicto XVI calificara a su gobierno como “ilegítimo”, señalando que “gobierno legítimo es aquel elegido por el pueblo”.
Por su parte, Nicanor Duarte Frutos, también mediante la cooptación de la mayoría de la Corte Suprema de Justicia, estuvo a punto de lograr su habilitación para el “rekutu”. La oportuna movilización ciudadana, liderada por el exobispo de San Pedro, Fernando Lugo, frustró la iniciativa del exmandatario. La gran ironía es que actualmente ambos buscan afanosamente presentarse de nuevo como candidatos al cargo que ya ocuparon, y que, por lo tanto, les está prohibido por la Constitución.
Ahora es la vez del actual ocupante de Mburuvicha Róga, Horacio Cartes, quien afanosamente busca también cualquier atajo para ser reelegido a como dé lugar. Al igual que sus predecesores en el cargo, Cartes invoca el nostálgico cliché stronista de que, “si el pueblo lo pide, no puedo negarme”. Una cantinela de la que el pueblo está harto.
Evidentemente, lo que impulsa a estos fascistas de nuevo cuño a desafiar abiertamente el orden constitucional de la República, insistiendo en el quebrantamiento de la disposición constitucional que prohíbe la reelección, es la indiferencia de las élites sociales, gremiales y sindicales, y de las frágiles instituciones democráticas con que contamos.
Con la campaña a favor de la reelección presidencial que están impulsando Fernando Lugo y Horacio Cartes, y hasta cierto punto de vuelta Nicanor Duarte Frutos, ellos buscan establecer la agenda e imponer el debate público acerca de la “legitimidad” de sus pretensiones invocando la voluntad popular, aun cuando ellas colisionen frontalmente con lo que dispone la Constitución Nacional.
Por la salud democrática de la República, el pueblo soberano debe salir a las calles para poner freno a esta desembozada y antidemocrática epidemia política del rekutu, que desde hace un cuarto de siglo perturba la tranquilidad de la República por culpa de gobernantes inescrupulosos y sus impresentables claques políticas que buscan mantenerse en el poder violando la Constitución Nacional.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/editorial/poner-freno-a-la-epidemia-del-rekutu-1537215.html
12/11/2016 en 11:59
Todos los derechos, ninguna obligación
Toda relación, de la naturaleza que fuere, implica derechos y obligaciones. Los hay en la familia, entre esposa y esposo, padres e hijos. Lo mismo sucede en ámbitos del trabajo, en los gremios empresarios, sindicales, campesinos y estudiantiles; al igual que en las Iglesias de todas la creencias. Ni qué hablar en el plano de la sociedad tomada en su conjunto, que funciona en base a un gran contrato llamado Constitución; o de los pactos con otros países, por medio de Tratados internacionales. Y esto desde luego incluye a los partidos políticos que, como varios de los estamentos antes mencionados, se rigen por sus estatutos. Sin embargo, existen quienes se afilian a ellos, exigen a voz en cuello todos los derechos, pero nada quieren saber de los deberes. Es el caso de los que tienen poco o nada de colorados y sí mucho de avidados… ¡Añeteté!
Para que se entienda cuán “pillos” pueden ser en esta materia, los dirigentes del movimiento liderado por el senador Mario Abdo Benítez incluso fueron más lejos y llegaron a reclamar derechos inexistentes, como una mayor cantidad de miembros en la Comisión Ejecutiva de la ANR, por encima de lo que les permitía la cantidad de votos que obtuvieron en las últimas internas.
Sin embargo, cuando la máxima autoridad de dicho partido, es decir la Convención, les “recordó” sus obligaciones el pasado 29 de octubre, como por ejemplo, votar a favor de los proyectos que considera relevantes, entre ellos la reelección, calificaron el hecho como una “brutal persecución política” que supuestamente atenta contra la Constitución y las leyes.
Ahora hacen exactamente lo mismo, o sea contrariar la línea partidaria, al posicionarse públicamente contra la acción judicial promovida por la Junta de Gobierno contra el Frente Guasu, por realizar propaganda política engañosa, para que la Corte Suprema de Justicia se pronuncie al respecto y ponga punto final a las absurdas pretensiones reeleccionistas de Fernando Lugo. Y lo peor del caso es que de esa forma se ponen de manera explícita del lado de quienes por todos los medios pretenden desestabilizar al gobierno colorado.
Según Abdo Benítez, “no existe la figura de la certeza constitucional, no es una herramienta jurídica válida en el Paraguay (y) por más que se haya utilizado en otro momento, no genera jurisprudencia la mala utilización de una herramienta”.
Si su opinión fuera sincera, hasta si se quiere correcta, lo que un “hombre de partido” hace es plantear el tema donde corresponde, en este caso en el seno de la Junta de Gobierno, en lugar de salir a buscar cámaras y micrófonos para intentar impedir que el máximo tribunal de la República, eventualmente, falle en contra de las pretensiones de su aliado estratégico, el exobispo.
Pero volvamos a los derechos y las obligaciones. Se imagina el lector ¿Qué pasaría si en un matrimonio constituido sobre la base de la monogamia, al cabo de un tiempo, el marido decide traer a la casa a otras dos o tres “nuevas esposas”?. Lo más leve sería un escándalo seguido de divorcio. ¿Y si un trabajador decide unilateralmente reducir su jornada laboral a dos horas diarias, con el mismo sueldo que percibía por la jornada de 8? ¿O si el patrón resuelve pagar al empleado la mitad del sueldo pautado o hacerlo en especies o pagarle cada tres meses de por medio? Inconcebible, ¿No es cierto?
Pues bien, “Marito” y compañía actúan hacia su partido del mismo modo que el esposo convertido en polígamo, el trabajador que no quiere trabajar, pero sí cobrar y el empleador que quiere que trabaje sin paga.
Al igual que ellos, los “Avivados Añeteté” han roto el contrato que antes suscribieron, al desconocer los estatutos de la ANR. Y aunque resulte descabellado, siguen exigiendo cínicamente “sus derechos”, mientras todos los días incumplen con sus obligaciones.
12/11/2016 en 07:58
La reelección o el ostracismo
En Atenas, hacia el año 482 a C., se puso en práctica un mecanismo de autodefensa popular con la ley del ostracismo, por medio del cual en la primera democracia conocida en la historia, una vez al año el pueblo podía votar al político que consideraban más destructivo para la democracia. El más votado era expulsado durante 10 años de Atenas. No constituía una pena judicial ni una condena penal, era un castigo de carácter moral porque el afectado no perdía sus derechos civiles.
Después de ver la convención de la ANR realizada el sábado 29 de octubre, donde Cartes resucitó de un golpe al viejo Partido Colorado, el de los “militantes estronistas”, y afloraron intactos todos los lastres del pasado de la forma más grotesca y desengonzada a los gritos de adulación sin límites de convencionales alquilados por el cartismo, que hace lo que sea con el propósito de lograr la reelección a toda costa y a cualquier precio, no podemos evitar pensar que la democracia paraguaya bien necesita de un mecanismo de autodefensa popular que imponga castigos ejemplares a los personajes que constituyen un peligro para la institucionalidad de la república.
Las decisiones tomadas que constituyen verdaderos atentados a la institucionalidad democrática, son el peligroso recordatorio de un pasado insepulto con nauseabundo tufillo dictatorial. Se sobrepasaron todos los límites imaginables de la decencia. Los ciudadanos asistimos al bochornoso espectáculo de la sustitución de un ministro por no ser colorado y la afiliación apresurada, humillante y vergonzosa, del otro que no quería correr la misma suerte, todo esto con los ecos de las hurras de la más baja calaña.
Se inscribe así en la historia política del país el descarado intento de atropellar las prescripciones constitucionales solo para que Cartes consiga la reelección, con lo cual se socava la institucionalidad de la república, y se abre camino a un peligroso proceso de inestabilidad política y de rupturas de los fundamentos de la democracia. Sin dudas hoy el presidente Cartes, con su ambición desmedida y ciega, ha demostrado ser más destructivo que benigno para la democracia. Si viviera en Atenas, ¡merecería el ostracismo antes que la reelección!
12/11/2016 en 07:57
Stronistas añetete
Decir que la Convención o Asamblea son la máxima autoridad de los partidos políticos y que al afiliarse a ellos uno acepta lo que disponen sus estatutos, es algo tan elemental que no debiera ser objeto de discusión alguna. Sin embargo no es así. No al menos para los que siguen llamándose a sí mismos “Colorados Añeteté”, nadie sabe a razón de qué, porque al mismo tiempo anuncian oficialmente que en el curso de los próximos días presentarán una acción de inconstitucionalidad contra lo dispuesto en la última Convención de la ANR, a fin de no acatarla.
Cualquiera podría pensar que los convencionales de dicha organización tomaron alguna medida que violentara derechos de dirigentes o adherentes a dicho movimiento, o a cualquier otro, pero no es así. Lo que hicieron fue marcar una orientación política de trascendencia nacional, como es el referido a la reelección y, en su condición de máximo organismo partidario, reclamar disciplina política a sus representantes ante el Congreso; algo básico en cualquier grupo que pretenda influir en la realidad, más aún en un partido en función de gobierno.
Ya en esa ocasión demostraron no tener la menor intención de acatar las decisiones partidarias, al no defender sus posiciones ante el pleno y optar a cambio por retirarse del encuentro del que tomaban parte más de 1,100 dirigentes de base, a quienes el líder de los “añeteté”, el senador Mario Abdo Benítez, les hizo el grosero gesto del famoso “na ápe”, en medio de un generalizado abucheo.
Después de eso protagonizaron un segundo acto, tan o más bochornoso que el primero, esta vez en conjunto con sus aliados estratégicos del Frente Guazú y la multibancada, al aprobar en el Senado que se registre gráficamente el precepto constitucional por el cual “los Senadores y Diputados no estarán sujetos a mandatos imperativos”, y que se transcriba “sobre un material que facilite su lectura y perdurabilidad, y estará ubicado dentro de la sala de sesiones en la parte superior del hemiciclo central”. Un disparate completo.
Y ahora, a modo de tercer acto de la misma comedia, anuncian la inconstitucionalidad. Los tres tienen un mismo denominador común: “Queremos tener las manos libres para votar en contra de la reelección, aunque el partido diga lo contrario, porque no queremos competir con Horacio Cartes”.
A esto por supuesto se suma que desde hace dos años, “Marito” y sus díscolos colegas que conforman el bloque de la disidencia en el Senado, no hicieron otra cosa que bombardear los proyectos más relevantes del Poder Ejecutivo, como el rechazo del crédito de 200 millones de dólares para financiar obras de infraestructura que están en plena ejecución y de las cuales depende las fuentes de trabajo de 50.000 obreros viales, por citar uno de los últimos casos.
Llegado a este punto, en el que obstruyen todas las iniciativas del gobierno colorado y que desconocen abiertamente a la máxima autoridad de la ANR, la pregunta que surge de manera obligada es: ¿Por qué siguen en las filas de un partido con el que no tienen nada en común, ni respetan sus decisiones soberanas?.
Sería mucho más sano para “Marito” y el grupo que lidera que fundaran su propia organización política, que defiendan públicamente su modelo de partido y de Estado stronistas que a toda costa pretenden reflotar y que, como se demostrara en las internas coloradas y en la Convención última, en la que no llegaron al 15%, no logran ni lograrán usando para dicho fin al partido colorado.
El otro camino es por el que están transitando y que les conduce al mismo destino, solo que de manera traumática, pues terminarán saliendo, pero por la puerta trasera, sin pena ni gloria.
La información, ya vieja, de que Fernando Lugo buscará la reelección por medio de una certeza constitucional cobra actualidad con la noticia de que el oficialismo lo denunciará por supuesta publicidad engañosa sobre su candidatura (¿prohibida?), lo que movió a la disidencia colorada a suponer con cierta razón que el objetivo real del cartismo es lograr la declaración (favorable) de la Corte a las pretensiones de Lugo, que a su vez beneficiará a Cartes. Pero también a Duarte Frutos.
La certeza constitucional, según muchos constitucionalistas, no existe en el ordenamiento jurídico del país… pero a la vez existe, porque desde que la Corte declaró presidente hasta el final del mandato a González Macchi por la vía de la certeza constitucional, esta figura –que sí existe por ejemplo en Argentina– se viene utilizando constantemente.
Desde que se frenó el intento de reelección del actual presidente por la vía de la enmienda constitucional, quedaron como recursos alternativos la reforma y la declaración de certeza, pero el camino de la reforma es muy complicado e inseguro para alguien apurado como Cartes, de modo que la sospecha de la disidencia colorada de que la supuesta oposición del oficialismo a la opción de Lugo por la certeza es en realidad un aliento a que lo intente con el deseo íntimo de lograr un resultado favorable, no constituye error de cálculo.
En política, no todos los adversarios son adversarios ni todos los amigos son amigos. En este caso, ¿por qué Cartes se opondría a que Lugo logre algo que él también desea? Denunciarlo ante la justicia con un pretexto sería ayudarlo a obtener el objetivo que ambos persiguen: la declaración de la Corte de una (¿inexistente?) certeza constitucional de que el artículo 229 de la Constitución permite la reelección, a pesar de expresar taxativamente de que ello no es posible “en ningún caso”.
Vayamos al siguiente escenario. Supongamos que el cálculo anterior sea correcto, de que ambos buscan lo mismo, ahora habría que argumentar por qué la Corte haría un favor al “enemigo” del gobierno, es decir a Lugo, admitiendo su reeligibilidad. Porque al hacerlo admite que Cartes haga lo mismo, con la condición de que renuncie antes de postularse nuevamente.
Pero todavía queda un problema a desarmar. Por qué la Corte haría un favor gratuito a ambos en una cuestión muy polémica y arriesgada, que en el futuro podría significar que sus miembros se vean implicados en juicio político por mal desempeño, para lo cual bastaría que alguien idóneo demuestre que la certeza constitucional que utilizaron no existe en Paraguay. Y bueno, el pago podría ser que los ministros de la Corte, en vez de ser enjuiciados, sean salvados de juicio político pero por otras cuestiones mediante influencias políticas.
De concretarse este torcido procedimiento tendremos dos fuertes contendientes en las internas del partido de gobierno y el ganador entre Cartes y Duarte Frutos enfrentando a Lugo y a una concertación. Pero la probable conjura entre una parte de la oposición y el oficialismo para dar goce a las apetencias personales representará un retorcimiento de las reglas de juego de la democracia y un estrujamiento de sus instituciones hasta ultrajarlas con la mayor vulgaridad ética y política que solo ayudará a que nuestro país sea etiquetado de nuevo como una republiqueta.
http://www.abc.com.py/edicion-impresa/opinion/camino-torcido-1536651.html

References: artículo 229
 artículo 291
 Artículo 229
 artículo 229
 artículo 229
 artículo 95
 resolución 
 artículo 229