Source: http://sme.org.mx/historia.html
Timestamp: 2019-06-18 02:08:13+00:00

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Historia - Sindicato Mexicano de Electricistas
Los primeros años de la industria eléctrica en México se caracterizan por las pequeñas plantas, con reducido número de obreros y una escasa división del trabajo. Tendrá que iniciarse el siglo XX para que se de un proceso de crecimiento de las plantas y de las empresas eléctricas. El hecho que marcó dicho viraje fue la construcción de la hidroeléctrica de Necaxa en 1905 por la Mexican Light and Power. Con Necaxa se inició el cambio hacia la generación hidroeléctrica como forma fundamental; transformación que se produjo hacia 1910 y se mantuvo todo el período de predominio de los monopolios privados en la generación de electricidad.
Las obras de Necaxa requirieron de una gran cantidad de obreros en la construcción y posteriormente en la operación. Los accidentes fueron muchos, pero las consecuencias y protestas fueron acalladas. Cuando se realizaron las obras de Necaxa, la Mexican contaba ya con instalaciones en Nonoalco, Indianilla y Verónica, que le permitía el abasto de energía eléctrica a la ciudad de México.
La Mexican concentró gran cantidad de fuerza de trabajo, dividió sus funciones de acuerdo a las necesidades de la producción e introdujo tecnología moderna. Pero, a la vez fue notable en estos años la ausencia de regulación de las relaciones obrero-patronales, tanto al nivel de una legislación nacional del trabajo, como de las relaciones cotidianas al nivel del proceso de trabajo en empresas de avanzada como la Mexican. La lucha electricista estuvo marcada por diferentes aspectos, la necesidad de su reconocimiento como clase, de sus formas de organización, de representación colectiva, la lucha por la contractualización y regulación de las relaciones obrero-patronales, al nivel salarial y del empleo, así como de las relaciones en los procesos de trabajo. En esta lucha no resulta gratuito que hayan sido los trabajadores de la Mexican quienes encabezaran y dirigieran las reivindicaciones.
Luis R. Ochoa
Los trabajadores de la Mexican iniciaron sus intentos de reconocimiento como clase y de organización, justo cuando habían terminado las obras de Necaxa y la Mexican se había constituido en una gran empresa monopólica. El primer intento fue en 1906, cuando LuÍs R. Ochoa fundó la sexta sección de la liga de Electricistas Mexicanos (cuya sede se encontraba en Monterrey), pero la empresa frustró este primer intento despidiendo a todos los trabajadores que promovieran la organización de los electricistas.
LuÍs N. Morones describe cómo otros intentos organizativos en 1908 fueron rotos por la policía privada de la empresa, y cómo pululaban el temor y los traidores entre los trabajadores impidiendo la acción colectiva.
Es hasta 1911 cuando se creó propiamente la Liga de Electricistas Mexicanos. Sus bases eran todavía mutualistas y cooperativistas, rescatando con ello antiguas tradiciones de los trabajadores mexicanos del siglo XIX. Al respecto su programa establecía como objetivos:
• Fundar un taller electromecánico para la enseñanza y práctica de los asociados, con su respectivo almacén de materiales eléctricos, para cuyo sostenimiento contribuirán los socios con la cantidad que voluntariamente quieran depositar, la cual producirá intereses que se repartirán anualmente en relación a las cantidades depositadas por cada socio.
• Dar conferencias sobre electricidad para provecho de los socios.
• Tener una junta calificadora competente que valuará a los socios que lo soliciten y expedirles a nombre de la Liga de Electricistas Mexicanos su diploma a título de competencia, gestionando ante la Secretaría de Instrucción Pública su autorización para mayor validez.
• Publicar un periódico que instruyera a los trabajadores en asuntos de electricidad y que sirva como órgano con alcance social, para dar a conocer públicamente todo lo que se relacione con el gremio, siendo su principal objetivo la defensa de los intereses de la comunidad electricista. • Impartir protección moral por pérdida de empleo o falta de trabajo.
• Sostener la solidaridad del gremio procurando, la unión en el bienestar, el ahorro y la moralidad de todos sus miembros.
El impulsor de la liga era propietario de una tienda de aparatos eléctricos y de un taller de instalación de los mismos, la “Casa Edison”, así como del órgano de la liga, Electrón. Las propuestas de organización de la liga eran las del siglo XIX, en condiciones en que una parte de los trabajadores electricistas estaban enmarcados en procesos productivos modernos (Necaxa, por ejemplo). La convocatoria para adherirse a la liga, era abierta a todos los que tuvieran relación directa o indirecta con la energía eléctrica. No era un principio de sindicato, sino una organización gremial de protección y fomento de la profesión, aunque también intentaría intervenir en las injusticias provocadas por los patrones.
Mientras los electricistas en sus primeros intentos organizativos, no pasaban del mutualismo y el gremialismo; la revolución mexicana se había iniciado, sin que aquellos desempeñaran ningún papel como grupo social en los primeros años del conflicto armado. Cayó el porfiriato, se instaló el gobierno de Madero y fueron otras fuerzas obreras las que tomaron la iniciativa de organización de la clase. Se fundó la Casa del Obrero Mundial, de inspiración anarcosindicalista. Con esta corriente los electricistas entablaron relaciones estrechas al principio pero sin convertirse nunca en simple expresión de la misma, pues el tipo de organización que pretendió finalmente entre los electricistas fue distinta a la del anarcosindicalismo.
La liga de Electricistas Mexicanos no tuvo gran impacto y en 1913 los electricistas trataron nuevamente de organizarse. En la práctica del trabajo las relaciones obrero patronales se habían modernizado, vinculadas con procesos modernos de generación y transmisión que crearon nuevas categorías obreras, pero que en el plano contractual no lograban ser reguladas por la negociación colectiva. Así, en Electrón no dejaron de manifestarse los problemas relacionados con la arbitrariedad patronal en los despidos de trabajadores, las cargas de trabajo, los salarios, los malos tratos, la compra de uniformes por los trabajadores y herramientas de trabajo, etc.
La Mexican poseía también la compañía de tranvías eléctricos en la ciudad de México cuyos trabajadores trataron también de organizarse ante los malos salarios y las condiciones de trabajo similares a las de los electricistas. Pero la compañía, apenas recibió rumores de organización obrera, puso en funcionamiento sus mecanismos de control entre ellos la policía secreta, despidiendo a los revoltosos.
El desarrollo industrial, aunque incipiente en la época, colocaba a la industria eléctrica en un lugar privilegiado como suministradora de fuerza motriz y alumbrado a las industrias más dinámicas de la época, así como de las ciudades más importantes en cuanto alumbrado público. En este aspecto los trabajadores de la Mexican guardaban una posición estratégica que les daría una gran fuerza y capacidad de aglutinamiento a diferencia de otros sectores obreros, lo cual quedaría demostrado en la huelga general de 1916. Pero antes el núcleo de trabajadores electricistas tendría que desechar formas de organización, de acción e ideologías que ya no correspondían a su situación material. En efecto, el paro de la industria eléctrica en la zona centro del país significaría el paro más importante de la industria de esta zona, éste paralizaría la ciudad. Conciente de ello la compañía trató de evitar la organización obrera en sus compañías, por medio de la represión selectiva. Evitó, por ejemplo, la unidad de los electricistas con los tranviarios (que crearon inicialmente tres sindicatos antes de dar paso a la Alianza de Tranviarios del D.F.).
De cualquier forma, los problemas derivados de las condiciones de trabajo: ritmos y cargas de trabajo, trato despótico de los gerentes, los despidos, las injusticias con los enfermos o accidentados, los tiempos extras no pagados y los bajos salarios frente a una inflación galopante, estuvieron presentes – primero tímidamente, después como elementos centrales- en los intentos de organización de los electricistas de 1906, 1908, 1910,1911 y 1913.
Esta experiencia corta pero sustanciosa, alimentada por el espíritu de la revolución que permeaba inevitablemente en la sociedad a partir de 1910, cristalizando en 1914 con la creación del SME.
En octubre de 1914, los tranviarios demandaron la solución de viejos problemas como comentamos anteriormente; ante la intransigencia patronal estallaron la huelga. En ese momento el carrancismo ocupaba la capital, amagado por las fuerzas Villistas y Zapatistas. Ante esta condiciones de debilidad y buscando no abrir un frente civil en la sociedad, el grupo carrancista decidió incautar la México Trainways , trasladando la negociación de los tranviarios de la compañía al General Morales Hesse, interventor carrancista. Pero los carrancistas tuvieron que abandonar precipitadamente la capital, ante el avance de los convencionistas. Con la ocupación de los Zapatistas se dió un virtual debilitamiento del poder federal que, junto a los agravios acumulados a la clase trabajadora y la inflación, contribuyeron a que se formalizara la creación del Sindicato de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías e inmediatamente después surgiría el SME.
En la segunda asamblea del SME los electricistas de la Mexican acudieron en mayor número, así como los telefonistas de las dos empresas existentes –La Mexican Telegrahp and Telephone Company y Teléfonos Ericsson-, al igual que los electricistas particulares. De inmediato se inició la represión y las amenazas por parte de las empresas. La respuesta fueron dos oficios del Departamento del Trabajo a las compañías y la formación en el SME de dos comisiones para buscar la negociación colectiva bilateral con las compañías.
Las comisiones tuvieron un primer triunfo, tanto la empresa eléctrica como las telefónicas, dijeron no estar en contra de ellas. Por ejemplo, la telefónica contestó al SME el 28 de diciembre: “… es indudable que hay un error en el asunto, pues esta compañía, aparte de que siempre se ha preocupado por el mejoramiento y bienestar de sus empleados, en ningún caso ha pretendido contravenir ninguna de las leyes vigentes ni atacar los derechos individuales que concede a todo hombre la constitución…”
1913 y 1914 fueron años clave en el viraje de la organización obrera en México. La revolución había traído nuevos aires libertarios y sobre todo un vacío de poder político que los trabajadores de las ramas más modernas, aprovecharon para transformar sus organizaciones mutualistas en sindicatos.
En este sentido los electricistas eran unos recién llegados, en comparación con ferrocarrileros o textileros, por ejemplo. Su experiencia de lucha no pasaba del intento de constitución de la Liga que hemos mencionado anteriormente, Pero, a diferencia de otros agrupamientos de trabajadores, se encontraban insertos en una rama estratégica y en procesos de trabajo modernos para la época, que les permitió en muy poco tiempo ser el eje de las acciones sindicales de los obreros del DF.
Al mismo tiempo que las condiciones de trabajo y la división del trabajo en la Mexican impulsaban hacia la contractualidad, en otro nivel se iban esbozando nuevas relaciones entre los nacientes sindicatos y los nuevos poderes estatales, Lo que empezó a forjarse en la forma contradictoria e incipiente, fue la forma sindical de la revolución mexicana con su particular inserción en el mundo del trabajo y su vinculación con el estado. Para el SME en sus inicios, el espacio privilegiado no fue el de la alianza con el estado –aunque buscó continuamente la negociación a este nivel-, sino la incidencia en las condiciones salariales y laborales con miras a la bilateralidad. Otros agrupamientos sindicales privilegiaron la influencia sobre el proyecto nacional que iba emergiendo de la lucha revolucionaria. Así, mientras los tranviarios y la Casa del Obrero Mundial decidieron apoyar al carrancismo, los telefonistas y electricistas del SME privilegiaron la consolidación del sindicato y la lucha por la bilateralidad.
Como resultado de las discusiones de finales de 1914, el 14 de enero de 1915 se emplazó a la Mexican Telegraph and Telephone; el día 21 de ese mes a la Mexican Light and Power; y el 23 a la telefónica Ericsson. Todavía no ocupaba el lugar central el reconocimiento del SME y, en todo caso, se puso el acento en el reconocimiento a la negociación colectiva bilateral. Las demandas principales eran: aumento de salarios, jornada máxima de ocho horas y pago extra por trabajo extra. En igual nivel de importancia que las primeras demandas, aparecían las relacionadas con las condiciones de trabajo: atención médica, indemnización por despidos injustificados; desaparición del trato despótico en los lugares de trabajo, por parte de supervisores, y la supresión de castigos económicos. En segundo término se pidió la desaparición de los cuerpos de seguridad de la empresa, la intervención del sindicato en el ingreso y promoción de los trabajadores y la atención médica para los obreros y sus familiares.
Subestación La NANA
La huelga estalló el 19 de enero en la Mexican Telegraph and Telephone, pero no fue total. El inspector general de policía convocó a las partes y propuso el levantamiento de la huelga. El gerente de la compañía declaró al respecto que estaba dispuesto a acceder a las demandas de los trabajadores, pero nunca estaría dispuesto a reconocer y pactar con el sindicato. El SME prosiguió la huelga y la empresa contrató nuevos trabajadores, para mantener el servicio. Pero a los dos días la situación dio un viraje importante, las fuerzas de la convención abandonaron la capital e hicieron su entrada los carrancistas. El SME propuso al nuevo gobierno la incautación de la empresa. El día 6 se realizó una reunión entre sindicato, autoridades y el gerente de la compañía, en ella, la empresa se negó a negociar. En esas condiciones el gobierno carrancista decidió incautar a la empresa telefónica y cedió la administración al SME.
En el caso del emplazamiento del SME a la Mexican, el “memorial” entregado a la empresa fue respaldado por 488 trabajadores electricistas. En las pláticas entre las partes, la compañía expresó que por ningún motivo reconocería al sindicato; a lo sumo reconoció que los trabajadores habían nombrado una comisión a modo para tratar sus problemas con la empresa. Bajo estas condiciones, a fines de enero, se pactó un convenio en el que el sindicato obtuvo la satisfacción de la mayoría de sus demandas, con excepción de su reconocimiento como sindicato, el retiro de la policía privada de la empresa, ni precio especial de la electricidad para los trabajadores de la Mexican.
En cuanto al emplazamiento en contra de la Ericsson , el “memorial” fue firmado hasta el mes de marzo produciéndose despidos de trabajadores, provocaciones y fricciones diversas entre la gerencia y el SME.
Pero este primer triunfo del SME no duró mucho tiempo, para el 22 de marzo la compañía despidió a todos los integrantes de las comisiones negociadoras. Ante esta agresión el sindicato estalló la huelga el 25 de marzo por incumplimiento del pacto firmado y por despidos injustificados. Pero el 22 de marzo los convencionistas habían ocupado de nuevo la capital. La posición de las autoridades de la convención, incluyendo al presidente Roque González, fue poco enérgica; intentaron un acuerdo entre las partes y al no lograrlo dejaron que el conflicto se resolviera entre empresa y sindicato.
El SME multiplicó sus acciones: estalló la huelga en contra de la Mexican; y en el desfile del primero de mayo solicitó la extradición del gerente de la Ericsson, pero los disidentes del sindicato finalmente se reagruparon en éste,y la huelga se generalizó. Finalmente, el gerente se vio obligado a negociar la reinstalación de una parte de los trabajadores despedidos.
En la Mexican entre los meses de febrero y abril, la empresa continuó con el despotismo fabril en los departamentos: se retuvo el sueldo de trabajadores que enfermaron, contrató aprendices con la finalidad de sustituir personal del sindicato y despidió a un buen número de trabajadores, de los importantes departamentos de conexiones y cobranzas. Pero la gota que derramó el vaso fue una reestructuración administrativa, por la cual los usuarios deberían pagar su consumo directamente en las oficinas de la compañía, en lugar de que los cobradores de la misma acudieran a los hogares con ese fin. El resultado fueron grandes despidos. En estas condiciones estalló la huelga el 4 de mayo de 1915. Pero ahora la huelga fue total: a la una de la mañana se suspendió el servicio de energía eléctrica, dejaron de funcionar las bombas de aguas negras, del agua potable, tampoco operaba el transporte colectivo; las industrias tuvieron que parar. A las 17 horas del mismo día, con la presencia del presidente convencionista Roque González Garza, se resolvió el conflicto mediante un pacto que reintegraba al trabajo a todos los despedidos, devolvía los sueldos caídos, las vacantes serían ocupadas según antigüedad y se prometía juicio o despido en contra de quien maltratara a los trabajadores.
A mediados de 1915 los electricistas habían logrado consolidar una organización sindical eficaz- a pesar de no ser oficialmente reconocida- habían logrado aumentos de salarios, poner alto a los despidos, mejores condiciones de trabajo y sobre todo pactos bilaterales. En cinco meses se vio nacer a un sindicato que realizó dos huelgas triunfantes. Esto le dio al SME un gran prestigio en la recién formada Federación de Sindicatos Obreros del DF, en el cual el SME fue el pilar fundamental. Muchos sindicatos del DF acudían al SME en busca de apoyo moral o económico; en su salón se llevaban a cabo asambleas de otros sindicatos recién creados.
Además, el SME continuaba las costumbres libertarias de la clase obrera en México, no tanto en su ideología como en sus formas internas de decisión. Las asambleas era el único órgano de decisión y cada tres meses se realizaban elecciones para cambiar dirigentes. En esa época no había estatutos. Un reducido cuadro de dirigentes estaban al frente de la organización, estos provenían de la Compañía de Luz, el resto eran cuadros medios de los telefonistas. En su política externa, el SME apoyaba todas las luchas obreras, pero se abstenía de intervenir en política en el sentido tradicional del término. Democracia de base.-poca formalización, centralización y estratificación caracterizaron la estructura organizativa del SME. Sindicato que se propuso ser más de fábrica que de estado, a diferencia de la Casa del Obrero Mundial y posteriormente de la CROM.
Mientras tanto, la especulación de los artículos de primera necesidad en la capital crecía día con día; las fuerzas revolucionarias imprimían billetes en forma desproporcionada que contribuía a una inflación galopante. En julio de 1915 los convencionistas abandonaron la capital y nuevamente la ocuparon las fuerzas carrancistas. En ese mes el SME presentó otro “memorial” a la Mexican solicitando aumento salarial. Los telefonistas hicieron otro tanto a la asamblea de accionistas, por intermedio del gerente de la compañía, Luís N. Morones, nombrado a raíz de la incautación de ésta por el gobierno. La demanda ante la Compañía de Luz fue levantada en base al reconocimiento de la empresa que era necesario aumentar los salarios, aunque propuso hacerlo sólo en proporción al monto de las utilidades de la empresa.
El 11 de agosto el gerente planteó un aumento del 20% a los salarios de cuatro o menos pesos diarios. El SME no aceptó la oferta e insistió en aumentos diferenciales para cada categoría, además de recibir el pago en otro nacional o su equivalente. La huelga estalló el 13 de agosto. De inmediato el general Pablo González envió al señor Juan Sarabia y al coronel Morales Hesse a mediar el conflicto. El gobierno carrancista propuso hacerse cargo de los aumentos salariales, solicitados por el SME, pero la asamblea de trabajadores no aceptó. Finalmente se convino en formar una comisión bipartita entre gobierno y sindicato para estudiar la situación financiera de la empresa, tratando de mostrar las posibilidades que la compañía tenía de otorgar el aumento solicitado. Para el 20 de agosto se pactan los aumentos tal como el SME los había solicitado y se mantiene el principio de pago en oro o equivalente.
Mientras tanto, la Casa del Obrero Mundial (COM), había regresado a la capital encontrándose con un SME que rechazaba el “intervenir en política” y prestarse a pactos como los que celebró la COM con el carrancismo; y con un SME que determinaba las líneas de acción de la Federación de Sindicatos del D.F.
La COM ofreció constitucionalismo, el SME organización sindical a nivel de fábrica. Mientras los salones de la calle de Estancos (local de la COM) estaban vacíos, el salón “Star” (local del SME) tenía mayor trascendencia. La Secretaria General de la Federación estaba a cargo de un electricista: Luís N. Morones.
En los meses subsiguientes a la última huelga del SME, continuaron los problemas relacionados con la inflación y los salarios. Mientras tanto, el SME se dedicó a reforzar la militancia y organización de las divisiones, sobre todo de Juandó y Pachuca. Necaxa, por su parte, tenía suficiente experiencia y activismo sindical que lo hacía ir adelante del resto de las divisiones en sus luchas, al grado que la dirección del SME les pidió suspender sus luchas hasta no estar bien enterados en el DF de sus demandas y las acciones emprendidas.
Al iniciarse 1916 se realizó en Veracruz el congreso obrero, intento de formar una organización nacional de trabajadores; el gobernador Heriberto Jara se opuso al mismo por estar fuera de la Línea del constitucionalismo. Al respecto Pablo González había emitido un manifiesto en el que fijaba la postura del gobierno de Carranza, de oponerse a cualquier manifestación obrera fuera de los cauces de la revolución e incluso decretó la obligariedad de que los sindicatos informaran acerca de sus sesiones. Para entonces, Carranza creía no necesitar más a la COM y detuvo sus acciones organizativas; aunque más le preocupaban aquellos que, como el SME, habían ignorado hasta entonces los pactos al nivel del Estado y se erigían como fuerza independiente de los bandos en lucha armada.
En 1916, a la situación económica tan grave por la que pasaba la clase obrera, se añadía el hostigamiento del carrancismo a las organizaciones obreras: se detuvo a sindicalistas que repartían propaganda en Querétaro; se encarceló a Federico Rocha (secretario general del Sindicato de Empleados del Comercio), a Jacinto Huitrón (de la COM) y a Pedro Matías (del SME). El 8 de marzo se privó de libertad al secretario general del SME, Ángel Frutos y, así, Ernesto Velasco fue nombrado secretario general del SME. La manifestación del primero de mayo la dirigió el SME, los oradores fueron Ernesto Velasco, Luís N. Morones y el Dr. Atl. Mientras, la inflación y el acaparamiento continuaban, así como los conflictos entre el SME y las compañías.
El gobierno de Carranza pretendió poner orden al caos monetario prevaleciente, despareciendo los billetes de todas las fuerzas y sacando de la circulación al oro para atesorarlo en las arcas del gobierno. Asimismo, se cambiaría el dinero antiguo por nuevo dinero carrancista “infalsificable”. El 17 de mayo la Federación de Sindicatos Obreros del DF emplazó, mediante un manifiesto, a todos los propietarios, gerentes y patrones a pagar sus salarios en oro o equivalente en moneda en la misma cantidad recibida en la última semana de 1914. Se dio un plazo de cinco días para obtener la respuesta, como no hubo tal, estalló la huelga general: “suspendieron sus labores las compañías de Luz, Tranvías y Teléfonos, quedando sin servicios públicos la ciudad, además de gran número de operarios de otra compañías industriales que secundaron el movimiento. Desde luego los obreros se dirigieron al salón Star”. Benjamín Hill se presentó en la asamblea obrera y ofreció el apoyo del gobierno para que sus demandas fueran satisfechas, logrando que la asamblea suspendiera la huelga. Al día siguiente se reunieron con los patrones, y el gobierno carrancista inició su doble juego. El ejecutivo federal amenazó: “… bajo penas de severos castigos… la Compañía de Luz, la de Tranvías, la de Teléfonos y la de Aguas Potables, deben inmediatamente entrar en operación y los que interrumpan tales servicios serán castigados igualmente con severidad.”. En el departamento de tráfico del SME se colocó el siguiente aviso: “el empleado que no se presente mañana a sus servicios a la hora acostumbrada, será destituido e inhabilitado para reingresar al servicio de esta compañía.”
Al día siguiente el Teatro Abreu estuvo a reventar tanto por industriales como por obreros, se comisionó a 10 representantes por cada parte. La discusión fue álgida, cada cual defendía sus puntos de vista y razones, la parte patronal no aceptó el pago según la última semana de 1914 y Hill insistió a los obreros en la necesidad de conciliar. Pero éstos insistentemente reclamaron que los precios se cobrasen a base oro y que los salarios se pagaran en billetes. De nuevo Hill intervino: afirmó que los comerciantes serían vigilados y si no cumplían, “una reata bien templada sería utilizada contra ellos, para hacer respetar los infalsificables”.
A pesar de las arduas intervenciones del comandante, cuando se buscó llegar a la aprobación de que los salarios fuesen pagados con billetes al precio de abril, sin equivalencia en oro nacional y sin un aumento siquiera del 25%, los comisionados obreros dividieron sus votos y solicitaron un tiempo razonable para consultar a sus organismos. Hill denegó la solicitud y pidió se tomase una resolución. La comisión obrera mantuvo la división, 5 estaban a favor y 5 en contra. Hill afirmó que puesto que pretendía la reunión e iba como representante del gobierno, tenía voto de calidad, aceptándose así la propuesta de los industriales. La huelga de mayo 22 no tuvo un resultado concreto, sólo dos promesas: que se pagaría con billete infalsificable los salarios y que los precios se mantendrían vigilados.
Pero las promesas no se cumplieron, el 9 de junio no pagaron con dicha moneda y los patrones y los comerciantes siguieron especulando; la Comisión Reguladora de Precios no ofreció solución real al problema de los precios. El día 11 una manifestación recorrió la ciudad; pasó por el mercado Martínez de la Torre , por la Merced y terminó en el Hemiciclo a Juárez. La Federación proclamó que no se cumplieron los acuerdos y que la especulación y acaparamiento de mercancías seguía creciendo. Una reunión de comerciantes con la Comisión Reguladora y Carranza, y después de sesudo balance, terminó acordando como única solución, la libertad del comercio a fin de equilibrar las fuerzas del mercado.
Simultáneamente a la importante participación del SME en la Federación y a pesar de las serias advertencias de empresas y gobierno, se discutió internamente el conflicto planteado por el memorial que desde octubre del año anterior se intentaba pactar con la Compañía de Luz. Finalmente, el 28 de junio de 1916 se logró firma en todos los aspectos favorable al SME: se reconocería al sindicato en los términos en que la ley lo formulase; los superintendentes serían puestos a disposición de la Junta Directiva ; las personas contratadas por fuera del convenio anterior serían retiradas o colocadas en sus puestos anteriores; se podrían otorgar jubilaciones, siempre que se cubrieran 15 años de labores consecutivos; y los trabajadores que acudieran a resolver problemas de trabajo, podrían cobrar sus salarios. A los telefonistas se les aumentaron los salarios, previo balance financiero.
De cualquier forma, las reuniones de la Federación siguieron a nivel de toda la capital, la especulación seguía creciendo y los salarios no se pagaban conforme a lo convenido. Al respecto el periódico El Pueblo decía que el precio de costo de las mercancías “esta alterado, por lo menos, con un 75%; o sea $1.50 oro nacional; … que cada dólar se calcula a $3 pesos oro nacional y que cada peso se ha multiplicado a la clientela, hasta por ochenta y noventa pesos Veracruz, y que ahora ya se empieza a multiplicas por ocho, diez y doce pesos infalsificables…” El mismo diario informaba la desaparición por parte de Carranza, de la Comisión Reguladora de los Precios Comerciales, consecuencia lógica de la libertad plena otorgada a los comerciantes.
El incumplimiento por parte de los patrones del pago en infalsificables, así como de las autoridades en el control de los precios, fue determinante para retomar la demanda del mes de mayo por parte de la Federación que, el 22 de julio demandó públicamente los mismos puntos que dos meses antes.
La demanda obrera se había extendido durante los meses anteriores a Veracruz, Puebla y Guanajuato. El día 27 de julio, el Sindicato de Empleados de Comercio estalló la huelga en 34 comercios que no pagaban a sus empleados lo pactado en mayo. Al no recibir respuesta a sus demandas, paralizó totalmente la ciudad de México el 31 de julio de 1916. La base y estructura del movimiento, estaba en el Sindicato Mexicano de Electricistas, la acción de “los obreros de las plantas eléctricas de Necaxa, de Nonoalco, de Indianilla y de San Lázaro… trajo como consecuencia la paralización total de las grandes industrias del Distrito Federal.
Ahora el gobierno no actuó como el 22 de mayo, sus respuestas fueron violentas: primero clausuró por la fuerza de las armas todos los locales sindicales, encarceló a quienes se encontraban en ellos e impidió la reunión de más de cuatro trabajadores en cualquier lugar de la ciudad.
En segundo término acusó de traición a los huelguistas por impedir que la fábrica de municiones del gobierno continuara trabajando, diciendo que con su acción apoyaba a las fuerzas militares yanquis y afirmando que fuerzas extranjeras manipulaban a los sindicatos.
En tercer lugar, afirmó que la petición obrera estaba en contradicción con el papel del gobierno, con lo cual se oponían a la política de la revolución. Condenó en todos los términos la posición obrera y mantuvo su postura en contra de la huelga.
En síntesis, acusó de traición a la patria a los huelguistas y arremetió con todo su poder político y militar encontró de quienes la realizaban, especialmente en contra de los electricistas.
Por medio de la ampliación del decreto del 25 de enero de 1862, expedido por Benito Juárez en contra de las fuerzas de Maximiliano, afirmaba Carranza que serían castigados con la pena capital quienes incitaran a suspender el trabajo y los que siguieran o al menos escucharan las propuestas y no se alejaran de las reuniones. Con pena de muerte se castigaría también a quienes causaran trastornos en las empresas y quienes impidieran el regreso al trabajo de los operarios.
A pesar de todo, la huelga duró dos días. Los electricistas se mantuvieron en pié de lucha; Nonoalco, Indianilla y Necaxa fueron de inmediato ocupadas por militares y, sin embargo, no se atrevieron a romper la huelga. Provocación, represión, amenazas y bandos militares no fueron suficientes para terminar la huelga.
En efecto, durante los dos días se buscó en vano la manera de levantar el switch, mientras que piquetes de soldados y policías detenían a cuanto obrero encontraban; el primer y segundo comités de huelga fueron llevados ante Carranza quien después de insultarlos y enseñarles el Bando Militar los mandó encerrar. Ernesto Velasco, secretario general del SME, fue llevado ante Carranza. Logran que ordene en Necaxa echar andar turbinas; lentamente se recuperó la energía. La huelga termina, todos los dirigentes estaban en la cárcel, todos los locales sindicales cerrados. El gobierno se alza con todo su poder en contra de las demandas obreras y en apoyo a su política económica: imposición del papel moneda carrancista y liberación de precios.
Ante la demanda obrera para resarcir los salarios, el gobierno invocó a la Patria , a la Revolución como interés superior y a la traición como deslegitimación. En realidad, dominados militarmente Villa y Zapata, el único grupo independiente se encontraba en la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal y en conjunto de obreros industriales que poco a poco, se fortalecían en sus organismos sindicales. Correspondía ahora, imponer la “paz y el orden” a los obreros.
Se enjuició militarmente al comité de huelga, pero el juez, no encontrando elementos para culparlos los dejó en libertad. Por órdenes de Carranza, revocó el acuerdo y volvió a enjuiciarlos y encarcelarlos.
El segundo juicio fue toda una burla a la legalidad, y el matiz político ni siquiera se trató de ocultar. Catorce dirigentes fueron enjuiciados por rebelión, trece de ellos fueron declarados “irresponsables del delito de rebelión” y puestos en libertad. El catorceavo, no: “Es culpable del delito de complicidad en rebelión el reo Ernesto Velasco, y por el citado delito se le condena a sufrir la pena de muerte.
Poco después se encarceló a algunos de los liberados y la pena de muerte cambió por la de años de prisión. Lo cierto es que el gobierno carrancista puso un límite a las actuaciones sindicales independientes, demostrando que en el futuro, quien podía conceder y ante quien deberían levantarse las demandas sería el gobierno. El interlocutor ya no sería sólo el patrón sino principalmente el gobierno. La revolución era el límite de la independencia obrera.
En septiembre, un mes después de la huelga publicó un decreto donde se concedía por obra y gracia gubernamental, el pago de los jornales a base de oro nacional o su equivalente en billetes infalsificables. Ahora era el gobierno de la revolución quien lo decidía sin presiones, no lo imponían los obreros.
1916 culminó con los organismos sindicales deshechos y el secretario general del SME, Ernesto Velasco, en la cárcel. Mientras tanto, se convocaba a elecciones para formar el congreso constituyente que a fines del año inicio sus trabajos.
En febrero de 1917 se terminó de redactar la constitución, se le proclamó el día 5, aunque se decretó su vigencia para meses después; al momento justo de la toma de posesión oficial de Carranza como presidente constitucional, en fecha crucial para la clase obrera: el primero de mayo.
En el congreso constituyente de 1917 se sello la suerte del liberalismo, representando ahora por Carranza. Se consagró una nueva relación entre estado y clases subordinadas, el artículo 27 constitucional convertía al estado en “propietario de todos los propietarios”, le daba el derecho de expedir títulos de propiedad a los particulares, limitando la concepción liberal de la primacía absoluta de la propiedad privada, modalidades y regulaciones especificas de acuerdo al interés general. Carranza, en este artículo, propuso la modificación con que aparecía en las constitución de 1857, pero sólo en el sentido de limitar abusos y garantizar el cumplimiento de las leyes en cuanto al derecho de propiedad.
El artículo 123 inauguró propiamente el derecho laboral mexicano actual. Este artículo reconoció implícitamente la contradicción capital-trabajo, estableció las formas de regular y erigió al estado en el gran mediador del conflicto interclasista.
Sin embargo, entre el artículo 27 y el 123 constitucionales, se presentaba una diferencia sustancial: la revolución como gran enfrentamiento entre las clases de la sociedad porfirista, dejó su huella sobre todo en el reconocimiento legal de dichas clases, como entidades diferenciadas de la sociedad y relativamente normales a la misma. En esta medida, el artículo 123 tenía detrás el pacto del carrancismo con la COM y sobre todo, las grandes luchas de los trabajadores de la ciudad de México entre 1915 y 1017; especialmente, la huelga general de 1916 encabezada por el SME.
Los derrotados no estuvieron en el congreso del 17 pero con sus luchas dejaban entrever que el conflicto capital-trabajo no podría continuar permanentemente en la ilegalidad, que el desarrollo industrial del país, lo pondría nuevamente a la orden del día con un proletariado extendido y fortalecido. Además, el trasfondo más importante de las continuas luchas obreras en sesos años, además de las condiciones de vida, era la falta de regulación de las relaciones laborales en general, motivo de constantes arbitrariedades patronales y de protestas obreras.
La fracción radical del congreso así lo evaluó y en contra de la fracción carrancista creó el artículo 123 y, con ello, la posibilidad de un nuevo tipo de relación entre clase obrera y estado. Posibilidad que no se volvió realidad inmediata, sino que tendría que pasar un largo período de transmisión para que los instrumentos esbozados en el 17 tomaran cuerpo jurídico específico, para que se crearan las instituciones y las organizaciones adecuadas y para que los sujetos sociales tomaran conciencia plena de las nuevas condiciones.
En cambio, la posibilidad de la intervención del estado en la economía, que potenciaba el artículo 27 constitucional, será menos clara que las reivindicaciones obreras del artículo 123, porque en la revolución estaba menos presente la regulación económica que la regulación política.
Para los electricistas también en 1917 se cerró un capítulo de su vida. Después de ser derrotados en 1916, durante meses buscaron recuperarse sin conseguirlo. Una demanda central los mantuvo en pie: la libertad de su dirigente preso Ernesto Velasco. El salón Star había sido clausurado por el carrancismo. En enero de 1917, Morones hizo entrega de la compañía telefónica dejando de ser gerente de la misma. El 7 de enero se realizó un mitin en el teatro Hidalgo, en memoria de la huelga de Río Blanco, al que asisten muchos sindicatos –entre ellos del SME- . El ánimo no se recuperaba todavía.
Cuando la constitución fue promulgada se organizó una gran manifestación para apoyarla, los sindicatos formaban el contingente más numeroso. El SME participó también en esta manifestación: se iniciaba una nueva forma de sindicalismo.
Mientras tanto el SME pasaba por una grave crisis interna, los comités no lograban conformarse a pesar de la continua elecciones, las renuncias se sucedía una a otra sin mayores explicaciones.
El día de entrada en vigor la nueva constitución, el primero de mayo de 1917, los trabajadores textileros decidieron hacerla cumplir y demandaron aumento la huelga que resultó victoriosa. Esta motivó a los tranviarios que intentaron ir más allá con sus demandas, al menos la demanda de las 8 horas se resolvió satisfactoriamente.
En esas condiciones se suspendió el decreto de 1862, por el cual se encarceló a Ernesto Velasco, pero el gobierno no accedió a liberarlo y se organizó un gran acto de protesta el 12 de agosto de 1917 en diferentes entidades: México, Guadalajara, Mérida, Orizaba, Tampico, etc.
Poco a poco, bajo la bandera de la libertad del líder preso, se iba levantando la acción sindical. Así el 24 de agosto el SME planteó a la Mexican un aumento general de salarios y la revisión general de las condiciones de trabajo.
Un año después de la derrota de la huelga general, pero ahora bajo un manto jurídico diferente, el SME logró que la empresa firmara el “memorial del 5 de septiembre de 1917”, que se convierte en el punto de arranque sostenido en la contratación colectiva para este sindicato. Marca con ello el fin de un período y el inicio de otro. En este memorial se considera explícitamente que es convenio colectivo entre “empleados oficiales” con la compañía y que, además regirá para todos. En cuanto a las condiciones de trabajo, se logró reglamentar algunos aspectos fundamentales que habían sido motivo de luchas anteriores: la forma de ocupar las vacantes (se preferiría a los de mayor antigüedad y aptitudes, aunque se deja todavía a la compañía todo el proceso de selección); despidos (se ajusta salario íntegro durante el tiempo que estuviera incapacitado el trabajador y proporcionaría las medicinas al mismo, además se obligaba a contratar un médico y pagar por incapacidades profesionales permanentes una indemnización; proceso de trabajo (no se trabajaría con corrientes arriba de los 600 volts); jornadas (se estableció la jornada de 8 horas y el pago de tiempo extra, peor el séptimo día sólo se pagaría a los que trabajaran los siete días); organización del trabajo y escalafón (se clasificaban las plantas generadoras en especiales, de primera, segunda y tercera, y a los operadoras en especiales, de primera, segunda y tercera, y a los operadores de cada una de ellas en primera, segunda y tercera; se estableció el principio de a igual trabajo igual salario); capacitación al personal.
Este período termina para los electricistas con resultados no atribuibles únicamente a su lucha sectorial, sino principalmente al desemboque de la revolución, en la que los electricistas prácticamente no habían intervenido. El reconocimiento de la bilateralidad en donde una de las partes era el SME (el reconocimiento del SME como sindicato tendrá que esperar todavía algunos años pero al menos la Mexican reconoció la firma de convenio colectivo de aplicación general).
Se logró regular aspectos mínimos de las condiciones de trabajo como las apuntadas anteriormente, las cuales serán ampliadas hasta tener un verdadero contrato colectivo de trabajo en 1926. Además el SME nació moderno para la época, surgió como sindicato y no como mutualista. En su estructura organizativa tenía todavía aspectos que irán cambiando con el tiempo –incorporaba a electricistas privados, aunque estos no eran su columna vertebral-, su estructura general era la del sindicato de empresa y no la de oficio, aunque a su interior los oficios todavía tuvieran representación como tales. Desde el punto de vista de la relación con el estado era un sindicato que buscó mantenerse independiente de pactos políticos generales, con las fuerzas estatales diversas, y que tampoco obedeció al modelo anarcosindicalista que después tomaría cuerpo en la CGT. Pero independencia del SME no significó rechazo a la institucionalidad, ni falta de acuerdos parciales con el gobierno, ni rechazo a la mediación de este. La diferencia entre el SME de este período y la COM –o después de la CROM- estriba en su no incidencia como fuerza política con proyecto de nación, en ser más un sindicato de la producción y la circulación de la fuerza de trabajo que un sindicato que quisiera ser parte del estado.
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 artículo 123
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