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Timestamp: 2020-07-08 22:49:41+00:00

Document:
María Eugenia Arias, María Florencia Donadi, Celina Fassi, Silvina Giovannini, Carolina Goth, Marcela Marin, Víctor Mauro Orellana, y Ana Dolores Rocchietti
Bodies, Politics and Media in Argentina: Narratives Surrounding Hunger.
This essay is a critical analysis of the mechanisms by which the mass media construct a ceratin notion of “reality” thus conditioning the production of discourses, actions and decisions in other social institutions. By focusing on the political and economic crisis produced in Argentina in the year 2001, the essay analyzes the way in which the figure of “hunger” emerges in the media. At the same time, it analyzes the way in which the media construct a sense of emergency that justifies the creation of laws designed to allow the intervention of non-governmental agencies to eradicate hunger. The essay argues that the construction of this “emergency” is a means of justifying the State’s inaction and the occupation of that power vacuum by civil institutions, while at the same lending the force of law to their decisions. Analysis reveals the way in which the media directly influence the biopolitics of the State with respect to hunger and facilitate the enactment of legislation that, by creating a new legal category (that of “beneficiary”), performs an operation of inclusion through exclusion.
I. El hambre: los gestos de una irrupción
Elegimos como corpus, en esta primera parte, imágenes junto al texto de las noticias que las acompañan, pues al poner en relaciones interdiscursivas las “fotografías de los cuerpos del hambre” se esclarecen los mecanismos por los cuales consideramos fue posible un discurso sobre el hambre. El hambre como significante irrumpió en el espacio social desde el dispositivo mediático, donde fue construyéndose en orden creciente cualitativa y cuantitativamente. Un recorte de la semiosis social del período 2001- 2002 nos mostraría la saturación de discursos de diversos órdenes, que colocan como objeto representado al hambre, permitiendo que aparezca como hecho efectivamente observable que, de repente, ha aparecido frente a la sociedad argentina y que es imposible (de)negar.
La visibilización del hambre se configuró como un acontecimiento que irrumpió en el espacio social.[1] El acontecimiento no es un objeto que se encuentra por sí mismo en alguna parte de la realidad, sino que existe en la medida en que los medios lo elaboran. El hambre emerge fundamentalmente, y considerando los análisis de A. Vaggione y S. Boero, hacia finales de 2002,[2] y se lo construye apelando a la configuración de un presente que es experiencia colectiva, compartida por todos los actores sociales. Por lo tanto, se presenta como del orden de la constatación, lo cual viene a ser reforzado por el uso de imágenes: la fotografía, como índice, se establece como el documento de lo que efectivamente está allí.
La aparición mediática del hambre se produjo[3] también como un acontecimiento, en tanto fuerza que irrumpe y desaloja los saberes disponibles hasta ese momento. Esa fuerza, posee dos instancias: el acontecimiento irruptor (que puede enmarcarse en otro acontecimiento previamente construido mediáticamente, como fue la crisis económica-financiera y política) es la visibilización del hambre como una realidad ineludible; y la instancia disruptiva tiene que ver con el anudamiento de la cuestión del hambre con otros reclamos que se hicieron visibles a partir de la irrupción de lo que se llamó “la crisis argentina”, disrupción vinculada al quiebre de ficciones e imaginarios hegemónicos de los noventa.
Los cambios en las condiciones de visibilidad y de enunciación, que permiten la emergencia del hambre, se vinculan a la crisis argentina. La crisis de 2001, que se posicionó como una catástrofe, ya que “…es una dinámica que produce desmantelamiento sin armar otra lógica equivalente en su función articuladora”.[4] La crisis de 2001 visibilizó la ruptura con la estructura anterior: la del Estado-nación, el modo estatal de producción de realidad. De esta manera, lo que esa crisis permite emerger continúa mostrando el quiebre con esos imaginarios vinculados a la estructura estatal-nacional: imaginarios arraigados en toda la sociedad, que establecían el lazo social, el imaginario de una Argentina rica, de un territorio extenso, fértil y productivo, la Argentina agro-exportadora. Es en estas condiciones “catastróficas” donde las narrativas del hambre en nuestro país se visibilizan con toda su fuerza.
Dentro de esa irrupción, se construye a un “otro” social, que sufre las condiciones materiales de pobreza y hambre. Se trazan nuevas fronteras dentro de las zonas urbanas, y también entre zonas rurales y zonas urbanas, donde habitan esos “otros del hambre”.[5] En el caso de las dos noticias del diario Página 12, se visualiza una clara cartografía del hambre, vinculado a la pobreza, que se radica en determinadas zonas geográficas y de la sociedad. Una paradoja que se observa en la mayoría de las noticias y que fue una constante en la construcción mediática del hambre es que, a la vez que se configuran casos particulares con nombre, apellido y una historia o genealogía familiar, con la intención de aproximar estas historias del hambre a lectores y espectadores, al mismo tiempo se traza la frontera que claramente los separa de ellos, ubicando a “los que tienen hambre” en zonas caracterizadas como carentes.
El hambre se configuró como en una zona indeterminada, o un umbral, entre escándalo y desastre. Irrumpe un saber que toma estado público y transgrede las normas sociales, los valores y creencias de la nación, afecta su pudor. Pero, a diferencia del escándalo, el acontecimiento del hambre no adquiere nombre propio al que indicar la transgresión, pero sí hay un pudor afectado. Lo que las noticias apuntan a construir es “el hecho del hambre”. Parten de la constatación del mismo, a partir de la construcción de casos y, fundamentalmente, a partir de las imágenes:
Pablo Gómez, hermano de la nena fallecida, está internado también con desnutrición (Página 12 del 14/11/2002).
“Resignación. Medina y su mujer, con Enzo y Franco Josué, dos de sus hijos. Ayer visitaron la tumba de Jesús, el nene muerto el jueves”.
Foto: Julio Pantoja/Infoto, Clarín 17/11/2002.
En las imágenes se presentan los cuerpos del hambre. Por lo general se fotografían niños, en condiciones físicas que dan cuenta de la desnutrición, internados en hospitales, identificándolos, como en este caso, con nombre y apellido. Las fotografías funcionan aquí como huellas de lo que efectivamente está ocurriendo con la niñez en la “Argentina post-estallido”. Las imágenes apelan a los afectos públicos, pues la colocación en la lente, en primer plano, de niños físicamente disminuidos, internados, en un ámbito que no debería ser el de la infancia, o no lo es dentro del imaginario social, deja la marca de la imagen y genera, seguramente, alguna reacción pasional. Estas imágenes indican la presencia de una ausencia: no hay imágenes de niños jugando, de niños asistiendo a la escuela, con amigos, con sus padres (imágenes que forman parte del imaginario y que también suelen utilizar los medios). Por lo tanto, se trata de configurar una niñez que les es negada, subrayada por imágenes de padres enterrando a sus hijos (subvirtiendo el orden natural de la vida), que por ende anulan todo ese imaginario.
En ese sentido, se produce un quiebre con las ficciones que sostenían el lazo social (la infancia subsume la idea de futuro, de crecimiento y esperanza).
A su vez, no se presenta la posibilidad de rehabilitación de ese pudor ofendido, a través de una punición, ya que no se señalan responsables del hambre. Esa desresponsabilización del hambre se observa en los modos en que las noticias presentan los casos: se personaliza la causa de la muerte o del hambre del niño (la desnutrición, la pobreza),[6] lo cual deviene en una naturalización del factor. La muerte del niño se señala como causa del hambre y se enlaza a éste con la crisis, pero no se avanza en el señalamiento siquiera de causas profundas anteriores. En este sentido podría leerse la construcción del hambre, en cierta medida, como desastre natural.
En las noticias se muestran historias particulares, de casos, de personas, fundamentalmente de niños, que pertenecen a lo que con Foucault podríamos llamar la “vida de los hombres infames”, ya que se trata de vidas, destinos, recorridos que nunca hubiesen ingresado en el dispositivo mediático, sino a partir y desde un cruce con el poder.
Los diarios presentan las fotografías del hambre rodeadas por otras noticias de grandes dimensiones gráficas. “El cuerpo del niño desnutrido se funde y se confunde con la final de un campeonato de fútbol y las negociaciones con el F.M.I. ¿Qué mecanismo denegatorio se pone en juego en ese movimiento de mostrar y al mismo tiempo producir olvido?[7]
Tapa del diario Clarín. Lunes 18 de noviembre de 2002.
Las noticias trabajan de manera focal y con centro claro en la dimensión patémica[8] y de los afectos públicos. Lo que se pone en juego en las imágenes, en un doble movimiento, es la piedad, la compasión, pasión que se nutre de relaciones entre iguales o semejantes.[9] La piedad como pasión aparece fundamentalmente al poner en escena el drama del hambre a través del cuerpo del niño. Las imágenes son un importante modo de suscitar pasiones, ya que “las afecciones humanas son, en un primer nivel, efectos de las impresiones de los cuerpos entre sí”.[10]
Asimismo, en torno a esta construcción mediática del hambre, lo que era anormal se vuelve cada vez más normal, y asistimos a una banalización de los discursos mismos en torno al hambre, que hace que dichos discursos circulen como una realidad establecida.[11]
II. La dimensión patémica en la normalización de la excepción
Ahora nos centraremos en la ley DONAL (Ley de Donación de alimentos) y en los debates que generó tanto a nivel jurídico como a nivel mediático, y en su significación en tanto instrumento legal del Estado.
Sostenemos que la inscripción del amor al prójimo en una ley constituye un factor normalizador de la excepción. Esta idea se propone como respuesta al interrogante acerca de la función del Estado en el marco de la emergencia pública en materia social, económica, administrativa, financiera, cambiaria y alimenticia nacional decretada por el presidente Eduardo Duhalde en el año 2002 como resultado de la crisis del 19 y 20 de diciembre del 2001. Y a su vez, la donación es configurada como un acto solidario que funciona como rehabilitación ante un “afecto público” (vergüenza) desplegado por los promotores del proyecto de ley en su construcción de la realidad y retroalimentado por el dispositivo mediático.
La denominada Ley DONAL atravesó diferentes instancias jurídicas, en el ámbito del poder ejecutivo y del legislativo, pero su circulación también nos permite considerar el espacio de la opinión pública y los medios de comunicación.[12] El proyecto de ley que se debatirá en las cámaras y en la opinión pública surge con el Decreto 1643/2002. Este instrumento legal del poder ejecutivo crea el “Régimen especial para la donación de alimentos en buen estado”, a partir de su fuerza performativa que instituye y hace al decir. El entonces presidente, Duhalde, retoma (como condiciones de producción que le dan origen) la Ley Nº 25.561 de Emergencia Pública y de Reforma del Régimen Cambiario y el Decreto 108/02 que declara la emergencia alimenticia nacional. La emergencia que se configura atraviesa todos los espacios del ámbito público nacional, principalmente el alimentario, que manifiesta la imposibilidad del Estado de garantizar las condiciones básicas de subsistencia de los ciudadanos.[13] El decreto de Duhalde estaba en vigencia en el momento en que se comienza a discutir en torno a la aprobación de la Ley DONAL, presentada por el diputado Valoni (desde noviembre del 2004). Asistimos a un proceso de intento de conversión de un decreto en ley. Lo interesante de la discusión generada en la Cámara de Diputados es cómo algunos enunciadores construyen un discurso movilizador de pasiones para justificar su decisión. Esto lo encontramos tanto entre los que están a favor como entre los que están en contra del proyecto; casi todos despliegan en su enunciado un tinte pasional del tipo de la vergüenza, del “no puede ser”, que en muchos casos se liga estrechamente a la propia actividad y rol de los legisladores en el Estado. La vergüenza se presenta como una pasión generada por la percepción de “lo que hay” en la Argentina, de la pobreza y es compartida por todos los argentinos.
En el caso del debate de la Cámara de Senadores, nos encontramos nuevamente con un sentimiento de vergüenza. Sin embargo, el senador Cafiero es el único que lo manifiesta expresamente cuando se refiere a “las escenas de los niños muertos por carencias alimenticias que nos avergonzaron como argentinos.”[14] Podemos notar en esta discusión la presencia de un elemento que había aparecido en el debate de diputados y que ahora tomamos para seguir construyendo esta pasión. Se pone un fuerte acento en la víctima del hambre: los niños. Esto implica una vergüenza mayor y, a la vez, un despliegue más poderoso de la vergüenza pública y de la compasión.
Tras la aprobación de la ley por parte de las dos cámaras, el 29 de diciembre del 2004, el presidente Néstor Kirchner decreta el veto total del artículo 9º. Ésto molestó a los defensores de la exención de responsabilidad del donante y generó un nuevo debate a nivel público. Los medios de comunicación dan lugar a voces que despliegan los mismos procedimientos de la vergüenza ya analizados.
La entrevista al diputado Valoni introduce un nuevo aspecto de este sentimiento, que se desarrolla después de la emisión del decreto de Kirchner y da lugar a una vergüenza que tiene que ver con el cuestionamiento de una decisión del poder ejecutivo. No puede haber donación si no hay exención de responsabilidad.
En los tres espacios donde se generan debates en torno al proyecto (Cámara de Diputados, Cámara de Senadores y medios de comunicación) se configura una misma causa de esta pasión. La realidad es el problema, el estado de emergencia. Lo que avergüenza a los enunciadores es lo que los rodea, lo que se hace extremadamente visible a través de los medios. Se remite principalmente a las imágenes de 2002. La vergüenza, en tanto “afecto público”, requiere de un “calmante simbólico”. El efecto que produce la vergüenza es el de la búsqueda de la rehabilitación a partir de la regulación de acciones solidarias. Por ésto, la solidaridad ocupa un lugar tan privilegiado dentro de los discursos. Ésta es configurada en términos de actos de buena voluntad y de buena fe producidos por buenos samaritanos caritativos con el otro despojado. En el debate de diputados, quienes aprueban el proyecto, ven a la solidaridad, la caridad y la beneficencia como valores positivos de personas o empresas que actúan por su propia voluntad con el fin de hacer un bien... La caridad se configura como la única solución posible e inmediata a un problema urgente anclado en la realidad argentina. Se trata de un mecanismo biopolítico: se hace vivir proporcionando alimentos pero se elimina el derecho a no ser dañado. Si la política se ejerce para garantizar un mero vivir sin ser ciudadano o consumidor, ¿cuál es la estrategia de la biopolítica? Quizás sea mantener el status quo, configurar “cuerpos dóciles” que constituyen la excepción, lo particular, lo excluido.
A partir del decreto establecido por el presidente Duhalde en el año 2002 que rige en el momento de los debates con fuerza de ley (lo que implica hablar de un estado de excepción que habilita al ejecutivo a emitir un decreto) y un intento del legislativo de hacer que ese decreto rija como ley, es decir, que forme parte del orden jurídico, se confunde así un acto del poder ejecutivo y un acto del poder legislativo. Esta confusión es para Agamben uno de los rasgos que definen el estado de excepción. La excepción es la que autoriza al poder ejecutivo a decidir sobre el estado de excepción, es decir que permite que Duhalde emita un decreto que posee fuerza de ley en circunstancias y condiciones determinadas. Ahora bien, el hecho de que los diputados y senadores debatan y aprueben finalmente convertir ese decreto en una ley a la que se le agrega el artículo 9º es una decisión tendiente a incluir a la excepción dentro de lo normal. Lo que la aprobación de la ley genera es una “normalización de la excepción”, una instauración de la excepción como regla.
III. Cultura mediática y política. Interdiscursividades y sobredeterminaciones
A lo largo del recorrido de la ley, se establecieron relaciones interdiscursivas entre las instancias jurídico-institucionales por las que circuló el proyecto de ley y el tratamiento que realizaron los medios sobre el mismo. Para observar ese dialogo, hemos seleccionado tres editoriales del diario La Nación[15] que dan cuenta de un seguimiento, durante el período que va de noviembre del 2004 a enero del 2005, de lo que ocurría con la ley DONAL en los distintos espacios en los que se discutió.
En la editorial “La ley sobre donación de alimentos” (12/11/04), posterior al debate en Cámara de diputados, observamos una actitud celebratoria hacia la aprobación del proyecto en esa primera instancia. El diario se presenta, en primer lugar, como evaluador y diagnosticador de la realidad social y del accionar del Estado.[16] La construcción del acontecimiento “hambre” conlleva una temporalidad asociada a la imperiosidad. Este “tiempo social de afectación” es un producido mediático que le permite al medio desarrollar todas sus estrategias para ejercer presión sobre las instituciones del Estado para la aprobación de este proyecto. Al posicionarse, en este reclamo, junto a otros organismos (“La Nación y varias reconocidas ONG vienen insistentemente reclamando desde hace cuatro años la aprobación de esta importante iniciativa parlamentaria…”), construye el necesario consenso para apelar a la dimensión pragmática, “fiscalizando” la futura labor de los senadores.[17] Esta interpelación directa a los senadores encuentra respuesta explícita del Sr. Picheto en el marco del debate parlamentario: “He visto un editorial de un medio importante reclamando estar a la altura de los grandes temas.” El diálogo (fricción) que se establece entre ambas esferas de la comunicación discursiva da cuenta de un reconocimiento, por parte de los legisladores, del poder del dispositivo mediático que, como portavoz de la sociedad, exige la rendición de cuentas a los funcionarios del Estado. De esta forma, se trasparenta la influencia/fuerza performativa de los medios en la confección de la agenda política, ya que son éstos los que “alumbran” determinados aspectos de la realidad social, a los que debe o debería responder el Estado.
Una de las estrategias para la configuración de “la realidad” que realiza este medio tiene que ver con el despliegue de una serie de estadísticas que darían cuenta de los niveles de pobreza en “la actualidad”, los cuales se contradicen con la cantidad de alimentos desperdiciados en el país. Por consiguiente, el reclamo apunta a que la “ley introdujera las condiciones necesarias para que esos productos excluidos del mercado pudieran ser donados a los bancos de alimentos, que cumplen funciones de solidaridad social”. Las “condiciones necesarias” a las que alude La Nación son: la imposibilidad de los beneficiarios de reclamar, ante posibles daños provocados por la ingesta de los alimentos donados, debido a la eximición de responsabilidad otorgada a los donantes. Esta cuestión, que fue foco polémico en el debate de los diputados, en la editorial, está omitida. No se problematiza la discusión en torno al artículo 9º y el pronunciamiento de La Nación se reduce a otorgar un “veredicto” favorable a los diputados proclives a la ley mientras que descalifica a quienes se pronunciaron en contra. Este enjuiciamiento define el accionar de los diputados pro-ley como “cercanos y sensibles a las problemáticas de la realidad nacional” y, elípticamente, como “desaprehensivos y no solidarios” a los que rechazaron el art. 9º. A partir de esta condena pública se establecen los parámetros bajo los cuales se medirán, luego, las decisiones de los senadores: quienes se presenten a favor de la ley, se convertirán en un eslabón más de la cadena de solidaridad, por lo cual los senadores también podrán legitimar sus prácticas políticas como “actos solidarios”.
En la segunda editorial, “El senado y la lucha contra el hambre” (08/12/04) se retoman las mismas estrategias discursivas que se verán, luego, reutilizadas por el senador Cafiero (de manera literal) en su exposición en la Cámara alta. Estas estrategias remiten a las condiciones de producción (construcción mediática del hambre) analizadas en el primer apartado. En este sentido, observamos cómo, nuevamente, la polémica en torno al art. 9º se ve soslayada al hacerla ingresar a esas zonas de invisibilidad, “Las empresas productoras y comercializadoras no pueden donar esos excedentes porque la ley no les permite distribuirlos en esas condiciones. El proyecto de ley cuya aprobación solicitamos tiende a solucionar ese problema, ya que fija los marcos (i)legales necesarios para que esos productos sean donados a quienes los necesitan”.
El art. 9º es minimizado, pero la figura del donante (empresas) es colocada eufóricamente como “quienes desean incorporarse a las cadenas de solidaridad”, construyendo una imagen filantrópica idealizada que se torna irrisoria/paradójica a la luz del funcionamiento de la lógica del mercado.
El dispositivo mediático se orienta hacia el futuro enfatizando la dimensión pragmática, a partir de la compasión y la conmiseración de la sociedad: la vergüenza como emocional tran-subjetivo. Esta dimensión política de las pasiones tiene por objeto fijar la deontología del Estado y sus funcionarios. En este sentido, observamos la defensa de una concepción tecnocrática del Estado ligada al asistencialismo ya que no se evidencia, desde la editorial, un impulso por generar cambios que vayan más allá de propuestas de carácter meramente paliativo, como lo es la ley DONAL. Desde este punto de vista, el Estado no opera generando otras políticas que revertirían las condiciones que dan lugar a la indigencia, sólo reproduce una situación de marginalidad dejando activas las fronteras entre “las poblaciones castigadas por la pobreza” y el resto de la sociedad.
“Un veto inexplicable” (18/01/05), la última de las editoriales seleccionadas, se presenta como una condena pública al ritual instituyente que llevó a cabo el Poder Ejecutivo al decretar un veto parcial a la ley DONAL. Allí se construye la experiencia colectiva de los afectos públicos, en este caso ligados a “la sorpresa y la desilusión”.[18] De esta forma, se ve impedida la rehabilitación del lazo social que hubiera estado posibilitada por esta ley “cuya unidad y espíritu se verían afectados con la observación del artículo 9”.
Los medios fundan su razón de ser (garantía de verdad) en una particular posición en relación al Estado en nombre de la democracia. En las editoriales analizadas se evidencia claramente el rol que asume el medio, en primer lugar, impulsando la iniciativa de aprobación del proyecto, evaluando y juzgando las prácticas legislativas y, finalmente, emitiendo un fallo (de orden moral y público) al decreto del Poder Ejecutivo Nacional, como así también a los legisladores que rechazaron el proyecto. El medio se erige como un Juez, que fija la deontología del Estado; el deber ser de sus instituciones y funcionarios. Esto da cuenta de la imposibilidad de disociar los discursos políticos sociales de la dimensión mediática de la cultura. Su transformación en un Estado meramente tecnocrático lo inhabilita para la producción de eficacia simbólica por lo cual se transpone al dispositivo mediático la posibilidad de reanudar el lazo social mediante “actividades configurantes”. En este sentido, “el llamado a la solidaridad” que posibilitaría la rehabilitación de los vínculos sociales busca generar las condiciones propicias para que emerjan actividades configurantes (como los actos solidarios que estarían realizando las empresas donantes y las ONG que se encargan de la distribución de los alimentos donados).
IV. La Red Nacional de Bancos de Alimentos en el dispositivo mediático[19]
Anteriormente a la ley surgen instituciones que asumen el papel del Estado, que intentan ayudar al hambreado y que se establecen como “actividades configurantes”. Instituciones que se presentan a sí mismas como puntos de anudamiento entre el Estado, las empresas, las instituciones no gubernamentales sin fines de lucro, el dispositivo mediático y el desprotegido que necesita caridad. Una de las instituciones de este tipo fue la llamada Red Argentina (o Nacional) de Bancos de Alimentos[20] (llamada Red en adelante). La página web de esta institución incluye un apartado denominado “La red en los medios”, donde se incluyen aquellos artículos de los diferentes medios en que la Red fue nombrada como organismo hacedor de caridad, en que alguno de sus representantes pudo insertar sus palabras u opiniones, o en que los eventos de beneficencia, que constituyen a su vez recursos de espectacularización de la Red, fueron enunciados por el dispositivo mediático. Este tipo de auto­ publicitación no parecía concordar con la imagen de desinterés y generosidad mediante la cual se construía a esta misma institución en los artículos periodísticos mencionados. La Red Nacional de Bancos de Alimentos es construida discursivamente como un reemplazo de las funciones del Estado en lo que se refiere a la defensa del derecho a la vida.
En la página web de la Red encontramos textos de presentación en que la Red hace explícitos sus objetivos, forma de funcionamiento y logros; y, por otro lado, los discursos provenientes del dispositivo mediático, en los que la Red ingresa de múltiples maneras. Los discursos de presentación de la Red la configuran como una institución civil abocada a la tarea de coordinar las donaciones realizadas a lo largo del territorio nacional, pero con el fin de producir políticas de gobierno que permitan implementar un plan de mejora social a largo plazo.[21] Así, de manera implícita, esta institución se coloca como organizadora de las diferentes actividades configurantes de vecinos que abren comedores, es decir, la cada vez mayor reunión de personas para paliar la emergencia del hambre. Esto apareció en muchas imágenes de diarios, durante 2002, junto con los cuerpos del hambre, constituyéndose en condiciones de producción e institucionalización de La Red:
“Todas las manos todas”: Mujeres Adelante: cocinan para 270 chicos pobres de La Plata.
Clarín 30/12/2002.
En los discursos provenientes del dispositivo mediático anteriores a los debates, la palabra de la Red como institución entra en la forma de citas directas. Se observa la enorme influencia que los discursos de presentación de la Red tienen sobre estos artículos, ya que frases de los mismos se repiten constantemente en los artículos periodísticos. La presencia de la Red en estos artículos es fuerte, efecto que se incrementa mediante la descontextualización de los discursos periodísticos de su contexto habitual: es imposible para el lector que ingresa al apartado “La red en los medios” saber en qué sección del medio gráfico estaban publicados los artículos, cuál era su contexto discursivo. Así, la Red acentúa la efectiva aparición de sí misma en el dispositivo mediático destinado a publicitar las acciones de ayuda al desvalido. La descontextualización es un procedimiento de espectacularización digital mediante el cual la Red muestra y prueba su eficacia como institución de contacto entre otras instituciones; este recurso de espectacularización responde a la lógica argumental empresarial (asegurar la supervivencia de la institución, atrayendo y conservando a los posibles donantes).
Existe otro tipo de espectacularización de la Red mediante la utilización de los discursos provenientes del dispositivo mediático: la Red aísla y publica en su apartado artículos en los cuales se produce una enunciación de los eventos de beneficencia organizados por dicha institución, con lo cual las acciones no discursivas también entran a este sistema discursivo cuya finalidad última es la de asegurar la supervivencia de la Red.
La Red ingresa de forma explícita en el debate de la Cámara de Senadores, ya que es nombrada como una de las instituciones que precede al proyecto de ley en discusión; en Cámara de Diputados, la Red ingresa de forma implícita, a partir de la reproducción discursiva de algunos elementos que habían sido anteriormente configurados por la Red y difundidos por los medios, como la construcción del real­ hambre, la definición de alimentos donados, beneficiario, donatario y donante. Además, el régimen de responsabilidades discutido en ambos debates (la exención de responsabilidad a los donantes), es un resultado directo de las acciones de la Red destinadas a la promoción de acciones del Estado que tengan el fin de fomentar las donaciones empresariales.
Sin embargo, en los debates se produce una exacerbación del estado de emergencia, que produce una pérdida del proyecto a largo plazo que la Red planeaba promover. La construcción discursiva del estado de emergencia permite la configuración de un estado de excepción que permite al Estado tratar una ley que elimina algunos derechos (como el derecho al reclamo ante daños a la salud) para asegurar otros (el derecho al alimento: el derecho a la vida). Esta configuración de un estado de emergencia es llevada a cabo principalmente mediante la inclusión de la zoe en la bios. El hambre es tratado en estos debates como una situación de amenaza a la nuda vida.[22] Sin embargo, al verse amenazado el básico derecho a la misma vida, se ven amenazados otros derechos que ya no pertenecen a la zoe, sino al individuo políticamente configurado: la educación no es posible pues no se tiene las aptitudes físicas y mentales necesarias para aprender; la vida en familia se ve degradada; la inseguridad amenaza a la comunidad, porque este hambreado puede criminalizarse. De esta forma, el hambre que antes amenazaba a la nuda vida ahora amenaza a la vida en comunidad, situación de peligro que exige medidas urgentes.
En los discursos mediáticos posteriores al veto del artículo 9º por parte del Ejecutivo, la imagen del Estado como institución organizadora de las relaciones sociales se ve claramente disminuida. En artículos como “Hambre y alimentos que se desechan”,[23] las acciones del Estado con respecto al reclamo social de lucha contra el hambre son presentadas como ineficaces, leyes truncas que no tienen un campo de efectos real. El Estado es configurado como institución a­pática, es decir, institución ajena a toda dimensión patémica configurada por los discursos mediáticos (compasión y solidaridad); ésto produce una exclusión de la institución Estado con respecto a las prácticas ciudadanas de lucha contra el hambre.
De forma concomitante, la emergencia elaborada por los medios exige una normativa que permita continuar con la lucha contra el hambre aunque no haya un Estado que regule las relaciones entre las diversas entidades; es necesario producir una normativa (contingente) que permita la existencia de dichas relaciones. Por lo tanto, en los discursos mediáticos la Red Nacional de Bancos de Alimentos aparece como la entidad reguladora de las mismas. Incluso produce un código de normativas que regulan la actividad de las diversas instituciones relacionadas en las actividades de beneficencia.[24] Hay un cambio respecto a la función de la Red: si en los discursos anteriores a los debates la Red aparecía como punto de anudamiento entre las instituciones involucradas, como organismo civil, ahora aparece como punto de anudamiento de todas ellas, pero esta vez como institución que reemplaza al Estado en dicha tarea y que tiene poder instituyente.
El apartado “La red en los medios” adquiere un nuevo significado: la difusión a través de los medios de los logros de la Red y la inacción del Estado establece una relación fiduciaria entre la Red y las demás instituciones involucradas en la donación. La publicación de esos artículos en la página web es una puesta en escena destinada a mostrar la influencia que la Red tiene sobre todas las instituciones, incluyendo al dispositivo mediático que ha “comprobado” la existencia del hambre y la necesidad de una lucha en contra del mismo.
Una vez que descubrimos que el Estado ha perdido su poder instituyente y que los resultados de su tarea legislativa ya no tienen fuerza de ley, al operar la Red como reemplazo efectivo del Estado, lo que antes llamábamos biopolítica con relación al Estado, ahora se convierte en biopolítica de la sociedad civil, de carácter contingente pero efectivo.
V. El caso Raúl Castells
I— En este último apartado nos centramos en un caso particular posterior a la irrupción del hambre en 2002: el caso Raúl Castells. El recorrido (diacrónico) que realizamos anteriormente se posiciona como condiciones de producción del caso Castells. Nos interesa la puesta en escena de la manifestación dirigida por Castells[25]> en el marco del Alvear Fashion & Arts (AF&A), hasta finalizar con una descripción de la configuración de Castells a partir de su auto-ficcionalidad como un líder en la protesta de los pobres contra el hambre.
Debemos tener en cuenta la existencia de ciertos actores sociales que aprovechan la lógica de los medios para instalar nuevas formas de reclamo social que necesitan de la difusión mediática para lograr alcance y repercusión. Este tipo de reclamos encuentra ya antecedentes en 2002, ocupando lugares centrales de portadas de diarios (en el marco de una sociedad conmovida desde diciembre de 2001, donde las actividades configurantes del tipo “movilización” fueron cada vez más frecuentes). Por ejemplo, esta portada donde la figura de Castells ya está instalándose en los medios:
“Marcha por comida”. En el marco del titular aparece el pie de foto.
Clarín 5/12/2002.
“Piqueteros de diversas agrupaciones, encabezados por Raúl Castells, caminaron 15 kilómetros hasta la Plaza de Mayo para pedir 500 mil kilos de comida por mes para abastecer comedores.”
La narrativa del hambre ayuda a la construcción del contexto social convirtiéndose en un espacio de significación donde los actores sociales—tal es el ejemplo de Castells—involucran sus puestas en escena. Frente a los resultados de estas actitudes de compromiso desde la esfera política ante la problemática del hambre (aquí nos referimos a la ley DONAL y sus debates), que es escindida entre donación, beneficencia y el hecho de dar a los pobres aquello que nos sobra—sin ninguna reserva para con los donantes—el caso Castells se presenta como la solución de los pobres para los pobres en un marco paralelo al accionar de la Ley, pues instaura un ritual análogo al de la legislación, desde el sector hasta entonces más marginado. Así, emergen las puestas en escena que analizaremos a continuación.
II—Ubicamos la práctica llevada a cabo por Castells dentro de la noción de ritual de intervención o performance. Todo ritual instaura un orden o un estado de cosas desde una puesta en escena de carácter teatral que, a su vez, construye su legitimidad captando la atención del pueblo con el fin de movilizar la mirada y la sensibilidad de la porción de la sociedad a la cual interpela. El ritual construye una escena pública para diferenciarla y oponerla a una escena de la esfera privada. Pero, además, construye temporalidades: la puesta en escena del hambre funda y construye un ‘tiempo-espacio otro’ con una ‘lógica funcional otra’.
Consideramos la intervención realizada por Castells en AF&A como un acontecimiento que puede caracterizarse como la invasión que realizan ‘los cuerpos que tienen hambre’ en espacios urbanos a los que les está estructuralmente vedada la entrada- a partir de un supuesto básico y fundamental que permite afirmar que el hambre tiene sus lugares de emergencia geográficamente establecidos. El cuerpo ingresa en la intervención y queda totalmente comprometido en ella. Por otro lado, esta performance intenta penetrar en la sensibilidad de los cuerpos para provocar un estado de percepción profunda.
Podemos entender que la performance realizada por Castells, entendida como “rito sin mito”, sirve a la construcción de una narrativa. Hay que advertir en este momento discursivo una segunda paradoja, puesto que si bien toda performance tiene una finalidad inmediata, efímera y efectista, no podemos dejar de considerar analíticamente el carácter reiterativo de estas intervenciones. Se sitúa dentro de un proceso de creación de una narrativa producto de acontecimientos discontinuos con los cuales es posible construir una ficción. Asistimos, a través de la puesta en escena—de la performance—de Castells, al proceso de producción de una nueva ficción que es, en verdad, una autoficción.
III—En las líneas anteriores hemos tratado lo que ahora llamaremos la farsa de trastocamiento que Castells pone en escena al aparecer como “invasor” en el espacio prohibido de la riqueza, como defensor y líder carismático del “pobre” -sujeto del colectivo “pueblo” (al que pertenece por exclusión). Poner el choripán y la torta frita -condensadores simbólicos de lo popular- en la alfombra roja es parte de la serie discursiva que se inaugura con el comedor de Puerto Madero, y se proyecta en la futura Matanza Fashion & Arts que conformaría la parodia del ritual del poder económico (y, por sobredeterminación del mercado, también poder político) representado por la alta cultura a la que se opondrá, entonces, la cultura popular.[26] La misma carnavalización que en la Recoleta, pero en sentido espacialmente inverso, trazaría un mapa de la dislocación en el espacio de la ciudad.
Las tortas fritas y la olla popular, prácticas encabezadas por el piquetero Raúl Castells.
Lo interesante es ver que en estos símbolos ingresa el cuerpo biológico, escenario principal de todos los excesos según Bajtin: exceso del hambre, exceso de la ostentación. Ingresa el espacio de la nuda vida, desde el no-lugar de la pobreza y del pobre como otro (ni consumidor, ni ciudadano), en el margen del orden jurídico.
El ritual de Castells resignifica entonces el espacio de la plaza pública como el del trastocamiento del orden que opone la cultura popular a la oficial. Se trata de la parodia propia de lo carnavalesco bajtiniano donde era posible el contacto libre y familiar entre individuos normalmente separados en la vida cotidiana por las barreras infranqueables de su condición, su fortuna, su empleo, su edad, etc.
Esta performatividad está vinculada a lo mediático como su condición de existencia. El escándalo se vuelve necesario para la movilización de la mirada que supone el ritual; los medios constituyen la condición de posibilidad de la emergencia de una práctica como la que analizamos.
La irrupción de Castells y su multitud en el Alvear Fashion & Arts.
Castells propone su autoficción en un ritual que es, al mismo tiempo, carnavalización de una práctica ajena y de prácticas propias—como la parodia de la olla popular y del comedor. El trastocamiento se da en el orden de lo simbólico: la eficacia de la trasposición de órdenes en estas prácticas es, en todo caso, del tipo de la válvula de escape; se constituye así en una ficción que no da soporte subjetivo más que al enunciador de tal ritual. En este sentido, la práctica tan sólo sirve como un medio para poner en evidencia el contraste; la muralla de la ciudad en ghetto se hace visible; pero este ritual, sobre todo, instituye, vuelve visible, moviliza la mirada hacia su sujeto. Un Castells que hace uso de la lógica de los medios para llegar a ser signo. Si existe un trastocamiento, es en el orden del decir. Si retrocediéramos en las condiciones de producción del ritual analizado para centrar la atención por un instante en marzo del mismo año y en la instalación de un comedor comunitario en Puerto Madero, veríamos cómo, puesto en el centro de la atención mediática, se trataba de un hecho sobre el que había que hablar y, sin embargo, lo inaudito de tal práctica llevaba a la falta de palabras, a la ilegibilidad de la práctica. Para el reclamo en Recoleta existe ya un antecedente, la noticia no es sino secundaria en el orden del día de los medios. A la vez, su carácter teatral se hace aún más evidente en tanto se instala en la fiesta oficial del arte.
Es posible determinar que el ritual de Castells coincide con las características de la decisión política según E. De Ipola: constituye una irrupción, un corte, una interrupción; instala la urgencia que acerca la decisión al acto preformativo; posee carácter instituyente, así como el carácter paradójico de “rito sin mito”. Sobre todo, la institución de un sujeto en un ritual de auto-ficción (que tiene que ver con lo que Foucault llama la “leyenda dorada” y con toda una “carrera” mediática orientada a la televisión, al dominio de la imagen, del cuerpo puesto en escena). Castells se instaura como líder carismático, con poder de decir y decidir. Habla en nombre del pueblo, un mito; en nombre de los que tienen hambre: cuerpos que han adquirido visibilidad, pero no ciudadanía, no más que una subjetividad excluida. En este sentido, no configura la posibilidad de un lazo diferente al que, en la práctica, une a los consumidores. Por la lógica de los medios, sólo Castells adquiere categoría sígnica.
Retomando las diferentes líneas abordadas en nuestro trabajo, queremos señalar a manera de conclusión, algunos puntos. Nos centramos en un tema particular que fue “el hambre”. Desde allí, y a partir de una exploración previa por las diferentes discursividades, se planteó el problema de las maneras y dispositivos de construcción del hambre en la argentina post-estallido 2001. Esa búsqueda abrió un amplio espectro de posibilidades para abordar ese problema, que intentamos representar en cada uno de los apartados del análisis. De manera común a todos los abordajes, descubrimos la importancia de la dimensión patémica, principalmente en el dispositivo mediático, pero que generaron un extensivo uso político de esas pasiones, vinculadas en principio a la piedad, la compasión y luego, explícitamente, a la vergüenza. A través de ese uso político se afectaron los imaginarios de nación, al chocar contra el mito particular de país de primer mundo en Latinoamérica. El uso estratégico de esos afectos y afectaciones públicos permitió la justificación por parte del Estado del corrimiento de su estructura moderna (en términos de Lewkowicz: un Estado que proveía y mantenía el lazo social) y su pérdida de poder simbólico. El dispositivo mediático fue el juez y evaluador de las instancias jurídico-institucionales del recorrido de la Ley DONAL, convirtiéndose así en el generador de opinión, sanción, aprobación, así como en constructor de la deontología de ese nuevo Estado (fantasmagórico: nueva ficción que se instala como mera normalización de la excepción, invadido por poderes destituyentes). El panorama que se presenta, por consiguiente, consiste en la apertura de un espacio hacia actividades configurantes y hacia la asunción por parte de otras organizaciones civiles de actividades que restablezcan ese lazo social de manera contingente y basada en determinados intereses particulares: una de ellas fue La Red en el marco de la problemática del hambre, estableciendo hasta una legislación propia para la distribución de alimentos; y por otro lado, la línea de intervenciones (performances) de Raúl Castells que irrumpen en el ámbito de “los ricos”, transgrediendo las fronteras trazadas por las cartografías del hambre. Se trata de las nuevas organizaciones o nuevas actividades que intentan cubrir la retirada del Estado, a partir de la catástrofe y la instalación de la crisis como un “modo de ser”.
María Florencia Donadi es estudiante de la Licenciatura en Letras Modernas en la Universidad Nacional de Córdoba. Es correctora literaria. Se especializa en el análisis del discurso y las problemáticas de género, especialmente en el área de los estudios latinoamericanos. Ha publicado en la revista MAFUA (Revista de literatura em meio digital) y participó en la organización del Seminario Internacional Fazendo Genero 7 en la Universidad Federal de Santa Catarina, Brasil.
Ana Dolores Rocchietti es estudiante de la Lic. en Letras Modernas y de la Tecnicatura en Corrección Literaria en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. En el año 2005 ingresó a la Licenciatura en Historia de la misma Facultad y Universidad. Sus áreas de interés son la semiótica, la antropología, la literatura y la producción de textos científicos. En el año 2007 participará en calidad de ayudante alumno en el proyecto de investigación “Cultura mediática, pasiones y política(s): el `lazo social´ en la construcción de actualidad (Argentina, post-diciembre 2001)”, dirigido por Mirta Antonelli y subsidiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica (SECyT) de la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente se encuentra en la etapa inicial de su proyecto de Tesis de Licenciatura relacionado con la dimensión performativa de determinados discursos sociales.
Maria Celina Fassi Cardoso es estudiante de la Licenciatura en Letras Modernas en la UNC, en el área de Análisis de los discursos. Durante el periodo 2000–2001, realizó un intercambio cultural en la ciudad de Nueva York a través de AFS. Su trabajo se enfoca especialmente en la sociocrítica- siguiendo la linea bajtiniana de análisis del discurso- y también en la integración de los cuerpos como manifestaciones discursivas. También se interesa en la posibilidad de utilizar teorías sobre teatro en el análisis de prácticas discursivas. Es ayudante alumno en la materia Literatura Argentina II y ayudante del equipo de investigación de la cátedra en el CIFFYH (Centro de investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades)
Carolina Goth es estudiante de Letras Modernas de la Facultad de Filosofía y Humanidades en la Universidad Nacional de Córdoba, ciudad en la que reside. Cursa la Licenciatura en Letras Modernas con orientación en Estudios Críticos del Discurso, configurando su área de interés alrededor del análisis crítico del funcionamiento de los discursos sociales, especialmente del discurso mediático, desde una perspectiva socio-semiótica. Al mismo tiempo, como estudiante de la carrera de Comunicación Social en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la misma Universidad, busca complementar sus estudios en el área de medios de comunicación. A ello se suma su trabajo en El Umbral, programa radial emitido por Radio Revés y proyecto cultural orientado a la difusión de la producción artística cordobesa.
Silvina Giovannini es técnica productora en medios audiovisuales. Actualmente cursa en la Universidad Nacional de Córdoba la Licenciatura en Letras Modernas en el área de estudios críticos del discurso.
Marcela Cecilia Marín es estudiante de la Universidad Nacional de Córdoba. Actualmente cursa quinto año de la carrera de Licenciatura en Letras Modernas con orientación en estudios críticos del discurso. Paralelamente cursa su Tecnicatura en Corrección Literaria. Su área de interés es el análisis de los discursos sociales.
María Eugenia Arias Toledo es estudiante de la Tecnicatura en Corrección Literaria y la Licenciatura en Letras Modernas en la Escuela de Letras, Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Es ayudante en el Seminario de Producción Textual de la Tecnicatura en Corrección Literaria, dictado por el profesor Gabriel Shapira. Enfoca su trabajo en los estudios críticos del discurso.
Mauro Orellana es Lic. en Comunicación Social. Actualmente cursa el Profesorado y la Licenciatura en Letras Modernas en la UNC. Su área de interés se vincula con la temática del cuerpo, los jóvenes y la subjetividad.
[1] Consideramos, junto con E. Verón, que lo que llamamos actualidad es una construcción, pues los medios no re-presentan una realidad, sino que producen realidad social. Asimismo, nos valemos de la noción veroniana de acontecimiento: “...se trata...de la producción de la realidad como experiencia colectiva”. E. Verón. Construir el acontecimiento: los medios de comunicación masiva y el accidente en la central nuclear de Three Mile Island. Buenos Aires. Gedisa. 1987. Pág. IV.
[2] Vaggione, A., Boero, Ma. S. (2004) “Pobreza y enfermedad: los cuerpos negados (Argentina post 2001)” en: Antonelli, Mirta (coord.) Cartografías de la Argentina de los ’90. Cultura mediática, política y sociedad. Córdoba. Ferreyra Editor.
[3] Consideramos aquí los aportes de Alain Badiou en Circunstancias. Libros del zorzal, Buenos Aires.
[4] Lewkowicz, I. “7. Catástrofe: experiencia de una nominación”, en Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez. Buenos Aires, Paidós, 2004. Pág. 154.
[5] A manera de ejemplo, la primera noticia, titulada “La desnutrición mató a otras dos bebas, en Corrientes y Tucumán” construye el “caso Eliana”, quien “Vivía en un paraje rural de la provincia de Corrientes, a unos 80 kilómetros de la ciudad de Goya” o el de la beba de nueve meses, proveniente “…de un barrio de la periferia de la capital provincial” (se refiere a Tucumán). Diario Página 12. Fecha 12/12/2002.
[6] En las noticias se lee: “La desnutrición mató a otras dos bebas…”; “La pobreza se cobró otra vida…”.
[7] Vaggione, A., Boero, Ma. S. (2004) “Pobreza y enfermedad: los cuerpos negados (Argentina post 2001)” en: Antonelli, Mirta (coord.) Cartografías de la Argentina de los ’90. Cultura mediática, política y sociedad. Córdoba. Ferreyra Editor.
[8] La dimensión patémica hace referencia a la esfera de las pasiones y afectos públicos construidos en los diferentes discursos analizados, cuyas conceptualizaciones varían según los interlocutores, las etapas de circulación de la ley, etc. Una de esas pasiones, quizás la más claramente presente es la vergüenza.
[9] Así dice Kaminsky, G. retomando a Spinoza: “En cuanto a la piedad, pasión triste, subraya que podemos experimentarla hacia alguna cosa por la que no hayamos tenido, previamente, sentimiento alguno siempre que se dirija a ‘otro a quien imaginamos semejante a nosotros’”. Ver en Spinoza: la política de las pasiones. Buenos Aires, Gedisa Editorial, 1990. Pág. 69.
[10] Íbidem. Pág. 32.
[11] La distinción entre desastre/escándalo aquí propuesta se basa en el artículo de Mirta. Antonelli, “Ejercicios de Meta-Política. De imposibles afectos públicos”, en: Hunziquer, Paula- Lerussi, Natalia (editores) Cuadernos de Nombres, Filantropía/Misantropía y Apatía, Año 2006, Nº 4, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, inicialmente presentada como ponencia en las V Jornadas de Filosofía Política, Filantropía/Misantropía y Apatía, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 14 al 16 de junio 2006.
[12] Es por esta razón que agregamos al corpus dos decretos, dos debates parlamentarios, una noticia periodística y una entrevista radial:
· Decreto 1643/2002. Donación de alimentos. (Bs. As. 4/9/2002) Este decreto fue emitido por el entonces presidente Duhalde con el objetivo de crear el Régimen especial para la donación de alimentos en buen estado.
· Debate en la Cámara de Diputados de la Nación. Reunión Nº 28. Sesión Ordinaria. (10/11/2004)
· Debate en la Cámara de Senadores de la Nación. Reunión Nº 36. Sesión Ordinaria. (16/12/2004)
· Decreto 2011/2004. Promulgación del Proyecto de Ley Nº 25.989 con veto del art. 9º. (Bs. As. 29/12/2004) Este decreto fue emitido por el presidente Kirchner.
· Entrevista al Diputado José Luis Fernández Valoni. Radio Diez. (31/10/2005). Esta entrevista fue obtenida de la página www.harrymagazine.com dirigida por Eduardo Arrivillaga.
· Noticia periodística del diario La Nación. (2005). Esta noticia fue tomada de la página www.drcormillot.com y la fecha no fue encontrada.
[13] Duhalde considera que “en ese cuadro de situación el Gobierno Nacional estima conveniente complementar la política de asistencia social instrumentada hasta el momento, solicitando la colaboración de instituciones privadas que deseen aportar su esfuerzo a fin de paliar el estado de pobreza extrema que sufren muchos de nuestros compatriotas”
[14] Cafiero. Debate en la Cámara de Senadores de la Nación. Reunión Nº 36. Sesión Ordinaria. (16/12/2004)
[15] La Nación es un diario tradicionalista que expresó históricamente a los sectores agroganaderos del país. Su público está compuesto predominantemente por los sectores socioeconómicos altos. El diario se creó el 4 de enero de 1870 por impulso del ex presidente, general y abogado Bartolomé Mitre. Mitre ya era periodista y antes de crear el matutino editaba, desde 1862, "La Nación Argentina", un órgano de difusión que reflejaba su ideario "La Nación será tribuna de doctrina" -escribió Mitre por entonces en su primer "contrato de lectura"-. Su objetivo era difundir los principios de la nacionalidad y de las garantías institucionales. El pensamiento liberal y conservador eran pilares de su doctrina.
[16] “Muchas veces hemos condenado severamente desde estas columnas la inacción o la indiferencia del Congreso de la Nación ante ciertos requerimientos urgentes de la realidad social”
[17] “Confiemos en que la Cámara alta estará a la altura de sus responsabilidades y convertirá en ley el proyecto antes de que concluya su actual período de sesiones.” Editorial La Nación.
[18] “Se desbarató el esfuerzo conjunto de amplios sectores de la población y de sus representantes en el Congreso para llevar los claros beneficios de esta ley a los centenares de miles de argentinos…”.
[19] (en soporte digital y gráfico)
[20] www.redbdea.org.ar
[21] “La misión es (...) promover políticas públicas que favorezcan la reducción del hambre y buscar soluciones de largo plazo...” www.redbdea.org.ar.
[22] Cabe aclarar que los conceptos manejados en este apartado corresponden a Agamben, G. (2003), principalmente en El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pre-Textos. Seguimos sus consideraciones también en lo que hace a conceptos como “fuerza de ley” y “estado de excepción”, pues los consideramos de suma utilidad para el abordaje de los discursos de nuestro corpus.
[23] “Hambre y alimentos que se desechan” (La Nación: 31/11/2005).
[24] La Red de Bancos de Alimentos tiene un manual de procedimientos que emplea con las mercaderías que recibe en donación, en el cual están indicados los controles que se les deben aplicar, que suelen estar a cargo, en muchos casos, de personas idóneas que se ofrecen como voluntarios para ese fin.” “Hambre y alimentos que se desechan” (La Nación: 31/11/2005).
[25] Raúl Castells es un líder piquetero, que encabezó originalmente el movimiento de los desocupados, principalmente a partir de la crisis argentina de 2001, realizando intervenciones del tipo “piquetes”: cortes de calles y rutas. Su accionar se fue ampliando notoriamente, en cuanto las manifestaciones públicas de este líder han sido innumerables y sosteniendo diferentes banderas de lucha.
[26] Podemos considerar la performance de Castells a modo de una intervención realizada sobre otra performance: “la performance de los ricos”. Esta última ha perdido su carácter performativo justamente por el acostumbramiento del ojo burgués a dicha práctica, lo cual la convierte en una suerte de práctica teatral o evento. Observamos, por un lado, el glamour, el arte y el champagne. Por el otro, las tortas fritas y la olla popular, prácticas encabezadas por el piquetero Raúl Castells. La división o la separación de los espacios está marcada por la intervención policial que, con un cordón humano, intentó vencer la “invasión” de los pobres sobre los ricos, impidiendo falsear el espacio de frontera. Sin embargo, la protesta finalizó cuando el líder piquetero fue autorizado a pasar la barrera policial, y así pudo recorrer el tramo de la avenida Alvear sobre la alfombra roja y negociar con los comerciantes de las tiendas más y mejor cotizadas en la city porteña. Cabe destacar que la intervención tomada en este trabajo es la de Castells y los piqueteros en el Alvear Fashion & Arts, situada en el tradicional y suntuoso barrio de Palermo. Como condiciones de producción se toman otra serie de intervenciones “menores” (de menor impacto mediático y social) como la apertura del comedor en Puerto Madero, zona donde se ubican los restaurantes más modernos, destinados a un público “distinguido”, insertándose desde ese momento los cuerpos del hambre en zonas tradicionalmente vedadas para ellos. Aquí se inicia la serie de rupturas realizadas por Castells, cuya línea progresa hacia la posterior organización de “La Matanza Fashion & Arts”, en uno de los barrios más pobres del conurbano bonaerense (La Matanza). Este último trecho de la línea de intervenciones de Raúl Castells no fue tomado particularmente pues todavía no había sido realizado hasta la fecha de culminación de nuestro trabajo.
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