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Timestamp: 2019-07-19 21:23:18+00:00

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El rol del abogado en el marco de los Métodos alternativos de resolución de conflictos” Categoría: Jóvenes abogados
“El rol del abogado en el marco de los Métodos alternativos
de resolución de conflictos”
Categoría: Jóvenes abogados
Seudónimo: MARC
El rol del abogado en el marco de los
“Métodos alternativos de resolución de conflictos”
Introducción. Nociones básicas. Abogado. Definición, etimología, funciones genéricas del abogado. La nueva generación de abogados y el rol de las universidades en la formación profesional. Los métodos alternativos de resolución de conflictos. Clasificación. Distintos roles. El rol del abogado: a) En el proceso judicial; b) En el arbitraje; c) En la negociación; d) En la conciliación; e) En la mediación. El rol del abogado mediador. Experiencias del abogado mediador como requirente y requerido. Conclusiones. Bibliografía.
El rol del abogado debe ser constantemente reexaminado, puesto que sufre mutaciones que pueden ser explicadas a partir de los fenómenos sociales que se desarrollan de manera correlativa.
Lo dicho tiene relevancia dado que en la actualidad es cuanto menos insuficiente hablar de las funciones de los letrados desde la perspectiva tradicional de su rol como defensores o asesores legales de su cliente, sino que es necesario formular un análisis pormenorizado con relación a lo que la sociedad verdaderamente puede esperar de él por su especial formación en ámbitos de actuación no tradicionales.
La abogacía debe ser una de las profesiones que mayor cantidad de roles y funciones permite desarrollar, así es como un letrado puede ejercer la abogacía desde la perspectiva independiente, ya sea litigando en tribunales, asesorando a personas o empresas, o desempeñándose bajo muchas otras modalidades de trabajo en relación de dependencia, como pueden ser los puestos dentro de la administración pública y los poderes del estado.
Lo cierto es que dentro de esos roles tradicionales, los autores omitieron muchas veces considerar el rol del abogado desde una perspectiva más moderna, en donde nuevos fenómenos sociales y jurídicos comienzan a cobrar relevancia.
Este es el caso, entre otros, de los métodos alternativos de resolución de conflictos (MARC), que si bien existieron desde el principio de los tiempos bajo diferentes modalidades, fueron tomando vigencia mundialmente, en especial en América latina, durante la década del 90'.
Así es como se instauró una nueva visión de la función del abogado de acuerdo al contexto de que se trate, casi como si los letrados fuéramos una especie de camaleones cuyos colores se modifican de acuerdo a la circunstancia que nos toca afrontar, en donde la vida moderna nos exige cierta ductilidad para enfrentar cada situación de la manera más apropiada.
Es entonces por el presente trabajo que desarrollaremos una descripción del rol del abogado dentro de cada uno de los métodos alternativos de resolución de conflictos (MARC), esperando que sea un aporte intelectual que permita un desempeño profesional acorde al ámbito en el cual se presenta el conflicto.
Tradicionalmente estudiamos el rol del abogado a partir de su etimología, entendiendo por tal a la palabra proveniente de la voz latina “ad vocatus”, que significa “llamado para defender”, puesto que en Roma era la persona que comparecía junto con el demandante o el demandado para discutir ante el juez los hechos, por cuanto el Derecho incumbía al jurisconsulto. En evolución muy posterior, este “advocatus„ como el moderno abogado, redactaba el libelo de la demanda o el de su comprobación.
Lo cierto es que existe una tendencia a pensar que la defensa de los intereses del cliente, sólo puede satisfacerse a partir de la insatisfacción de los intereses de la parte contraria. Se instauró así entre los colegas la idea de lucha a partir del término “litigante”, que proviene del sustantivo litigio que significa “Contienda judicial entre partes en la que una de ellas mantiene una pretensión a la que la otra se opone o no satisface”.
Desde el ámbito de los métodos alternativos de resolución de conflictos, venimos a propiciar un cambio de mentalidad respecto a los roles que desempeñan tanto los abogados como las partes que protagonizan un conflicto determinado. Al decir de los MARC, el conflicto es definido como “una percibida diferencia de intereses”, esto es, pretensiones aparentemente incompatibles pero que pueden adoptar diferentes modalidades.
Muchas veces, tanto las partes como los abogados que las representan, omiten analizar las verdaderas motivaciones que se encuentran implícitas en un conflicto, los profesionales del derecho tendemos a buscar las soluciones a partir de la vía clásica (la judicial) sin preguntarnos antes cuál es el camino más idóneo para la solución de este conflicto particular, que si bien es pasible de guardar similitudes con otros casos que hayamos tenido en el pasado (y seguramente que tendremos en el futuro), así como las personas son diferentes y no hay dos iguales, los conflictos también lo son.
Presentada la temática del trabajo, comenzamos a adentrarnos en la función del abogado dentro del marco de los métodos alternativos de resolución de conflictos.
La nueva generación de abogados:
Frente a la explosión de los métodos alternativos de resolución de conflictos a nivel mundial, las universidades locales comenzaron a incluir esta temática dentro de la currícula obligatoria, aunque aún de manera muy escueta y no del todo sistematizada.
Así, la Universidad Nacional de Tucumán incluye dentro de su “Plan de estudio 2.000” la materia “Métodos alternativos de resolución de conflictos” dentro de la orientación denominada “Judicial y resolución de conflictos”. Por su parte, la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino hizo lo propio en su “Plan de estudio 2.002” al incluir dentro de la práctica profesional a los métodos alternativos de resolución de conflictos.
Lo expuesto demuestra que en la actualidad se está formando a abogados con una concepción diferente a la tradicional (con la cual se educaron los experimentados abogados).
Estos nuevos profesionales están capacitados para ofrecer a sus clientes una gama variada de opciones que permitan resolver el o los conflictos que los trae al estudio jurídico. Lo dicho nos hace pensar que estamos frente a un cambio de paradigma en el manejo y solución de los conflictos de nuestros clientes, en donde necesariamente estamos obligados a repensar el rol clásico del abogado litigante, en relación a este nuevo modelo cuya oferta presupone una ampliación respecto al campo de acción tradicional de los letrados.
Los métodos alternativos de resolución de conflictos:
A fin de esquematizar y ordenar el estudio del rol del abogado en el marco de este tipo de procesos alternativos, cabe primero analizar y conocer de qué estamos hablando cuando nos referimos a los MARC.
Se trata de procesos alternativos (al proceso judicial) en donde la solución del conflicto no precisa de la decisión de un juez a través de una sentencia.
Clásicamente se admitió una primera clasificación entre los métodos de resolución de conflictos adversariales y no adversariales, esta división se sustenta en la idea que existen procesos en los cuales indefectiblemente debe haber un vencedor y un vencido, estamos dentro del esquema del “ganar-perder”, donde la satisfacción de mis intereses se puede lograr únicamente mediante la insatisfacción de la parte contraria y en donde un tercero ha sido llamado a suplir la voluntad de los protagonistas y decidir el resultado de la disputa.
Por otra parte, encontramos los denominados métodos no adversariales, en los cuales se plantea una agenda de trabajo compartida, en donde se busca que a partir de la colaboración de los involucrados, pueda llegarse a un acuerdo mutuamente aceptable, y proveyendo al mismo tiempo la posibilidad de que ambos participantes puedan ganar, esto es el esquema denominado “gana-gana”.
A fin de tener una visión clara al respecto, podemos graficar esta clasificación de la siguiente manera:
Procesos adversariales → Proceso Judicial
→ Arbitraje
Procesos no adversariales → Negociación
→ Conciliación
Dentro de los procesos adversariales, encontramos al proceso judicial, en donde se delega en un tercero neutral la decisión respecto al conflicto presentado en Tribunales. En este caso será el juez (persona ajena a las partes y al problema, que además desconoce) quien decida el futuro de los participantes del proceso, determinando quien tiene la razón (en base a las probanzas del expediente judicial) y ordenando, en definitiva, de manera coactiva el cumplimiento de determinada prestación (ya total o parcialmente) por parte de alguno de los involucrados.
El arbitraje por su parte, plantea una dinámica parecida, puesto que la decisión recaerá sobre un tercero imparcial que laudará respecto a cuál es el comportamineto recíproco debido por las partes. El arbitraje puede definirse como el proceso por el cual las partes someten de mutuo acuerdo sus diferencias futuras o presentes, para que sean resueltas por uno o más árbitros, que dictarán, luego de un procedimiento, la solución que deberá ser cumplida por aquéllas de manera obligatoria. Tiene la ventaja (respecto al proceso judicial) de habilitar a las partes a tener el control (aunque de manera escasa) de algunas de las reglas que regirán el proceso, ya que es posible acordar quien es la persona que hará las veces de árbitro, o al menos la forma en que se hará su elección, e incluso pueden acordarse distintas pautas a seguir dentro del proceso arbitral. Es decir que hemos logrado dar un paso adelante para que las partes se hagan cargo de su conflicto e intenten solucionarlo sin delegarlo, al menos completamente.
Dentro del marco de los procesos no adversariales, encontramos (entre otros) a la negociación, la conciliación y a la mediación.
La negociación es (consciente o inconscientemente) el método alternativo de resolución de conflictos más practicado del mundo, puesto que incluso sin darnos cuenta, estamos negociando día a día en cada momento de nuestras vidas, desde que acordamos las pautas interaccionales dentro del sistema familiar, hasta cuando llevamos a cabo una serie de negocios jurídicos inconscientes, e incluso cuando observamos pautas de comportamiento en el trabajo o en la calle. Es decir que la negociación es un concepto implícito en la palabra sociedad, toda vez que por nuestra calidad de personas en constante interacción, estamos obligadas a acordar las reglas que van a regir nuestra vida en relación.
Entendemos entonces por negociación al proceso de resolución de un conflicto, entre dos o más partes, por el cual aquellas modifican sus demandas hasta llegar a un compromiso que contempla sus intereses y resulta aceptable para todos.
Cuando las personas hemos fracasado y no hemos podido negociar nuestros intereses, adquiriendo estos tal dimensión que generan un conflicto, y si además este problema logra convertirse en una disputa que se exterioriza y se hace perceptible por los sentidos, entonces deberemos acudir a otro tipo de método de resolución de conflictos (ya adversarial o no adversarial) que supla (total o parcialmente, temporal o permanentemente) nuestra intervención personal a fin de darle una solución que permita reestablecer el equilibrio emocional e interaccional perdido.
Ahora bien, dentro de los métodos alternativos de resolución de conflictos no adversariales, la conciliación es tal vez el proceso que la mayoría de los letrados puedan llegar a conocer (o crean cuanto menos conocer) el rol que desempeña o debe desempeñar el abogado, puesto que en la actualidad existen procesos judiciales en los cuales se encuentra legislada como una etapa procesal obligatoria (juicios de divorcio, laborales, etc.).
Pero antes de analizar en que consiste la conciliación, cabe preguntarnos si las denominadas audiencias de conciliación son tal cosa, o un híbrido creado a partir de una práctica judicial automatizada y depuesta de toda particularización que responda al tipo de conflicto y caso de que se trate.
Los abogados han llegado a pensar que la audiencia de conciliación es un mero paso previsto en los códigos procesales por los cuales se consulta a las partes si han llegado a algún acuerdo, o tienen cuanto menos la intención de discutir algún posible arreglo. Terminado un breve intercambio de palabras, se da concluido el proceso de conciliación “con o sin acuerdo.”
Quienes estudiamos los métodos alternativos de resolución de conflictos, creemos que la conciliación es (o debería ser) mucho más que una audiencia automatizada y carente de todo tipo de exploración del conflicto.
En nuestra visión, la conciliación es un proceso en el cual un tercero neutral trata de avenir a las partes, acompañándolas y brindándoles un espacio que permita a los involucrados conversar acerca de las posibles vías de solución al conflicto, siendo factible incluso que el profesional conciliador pueda darles consejos y emitir opiniones. Es decir que se trata de un proceso que lejos de ser “un paso procesal más”, permite que las partes y el conciliador se empapen del conflicto para buscar de manera aunada y comprometida, la solución al problema traído por las partes.
Se vislumbra entonces la necesidad de dotar a las ya conocidas “audiencias de conciliación” dentro de los procesos judiciales, de una profesionalización, en donde los encargados de intervenir como terceros neutrales sean personas capacitadas para llevar adelante este tipo de proceso, haciendo uso de técnicas comunicacionales que permitan un trabajo fructífero y superador con las partes.
Encontramos entonces la mediación, proceso de resolución alternativo de conflictos que en las últimas décadas adquirió un fuerte impulso a nivel mundial, y que incluso ha llegado a nuestra provincia, primero a través del plan piloto instaurado por la Corte Suprema de la Provincia, y luego reforzado con la ley de mediación prejudicial obligatoria vigente y en pleno funcionamiento.
Al decir de Christopher Moore, la mediación es un método alternativo de resolución de conflictos a través del cual, un tercero aceptable, imparcial y neutral actúa como facilitador de la comunicación entre las partes, a fin de que estas (protagonismo de las partes) puedan encontrar sus propias soluciones (autocomposición).
Si bien podría haber elegido cualquiera de las miles de definiciones que se han utilizado para definir a la mediación, creo que esta última recepta los principios rectores de este tipo de proceso, siendo particularmente importantes:
El protagonismo de las partes: aquí el mediador es un tercero imparcial encargado de facilitar la comunicación entre las partes, quienes en definitiva serán las encargadas de relatar los hechos, participar en la generación de opciones y eventualmente en elegir las condiciones bajo las cuales van a firmar un acuerdo vinculante. Aquí no se trata de “correrse” a un lado para depositar el protagonismo en los profesionales del derecho que se encargarán de defender nuestros intereses antes terceros, sino que es una invitación a tomar las riendas del conflicto y hacerse cargo de su solución, pues son las partes quienes verdaderamente saben los antecedentes del problema y aquello que en lo profundo de su ser anhelan conseguir con el proceso (reconocimiento, beneficios patrimoniales, conductas determinadas, etc).
La autocomposición: refiere a la capacidad que tienen las partes de dar una solución al conflicto que traen consigo, es decir la posibilidad de decidir las condiciones de un eventual acuerdo sin que la decisión les venga impuesta por un tercero que ignora los antecedentes fácticos del problema y que está muchas veces imposibilitado de saber las verdaderas motivaciones e intereses que llevan a las partes a delegar la solución del conflicto.
Así bien, este primer acercamiento a los métodos alternativos de resolución de conflictos nos permitirá delinear el rol que debemos ejercer los abogados dentro de este marco referencial que acabamos de construir.
Distintos roles:
Sin perjuicio de lo dicho en el punto anterior, la falta de formación profesional en resolución alternativa de conflictos durante tanto tiempo, propició que los abogados reaccionaran de una manera análoga al comportamiento ya conocido, el de los tribunales. Sin perjuicio de esta primera aproximación, debemos reconocer que las actitudes que pueden vislumbrarse alrededor de los MARC son múltiples y variadas, y en general coinciden con las diferentes actitudes que toma la gente frente a un conflicto:
Estilo competitivo: Es la postura tradicional, donde los abogados creen ser parte de un proceso judicial, donde el profesional (ya sea un amigable componedor, un conciliador, un mediador etc.) decide, o cuanto menos propicia, la solución del conflicto en base a sus convicciones personales a través de las “pruebas” que ellos traen a la reunión, les importa demostrar la verdad de su relato. En esta dinámica son los mismos abogados los encargados de potenciar la conflictividad existente entre las partes, todo lo cual lejos de permitir una vía de salida o solución al problema, llega a posicionar más aún a los partcicipantes. Los mecanismos más comunes que despliegan los abogados competitivos, consisten en interrumpir o evitar la participación de sus clientes dentro de la reunión, como si fuera una audiencia testimonial donde cada palabra puede dar lugar a un sinnúmero de planteos procesales que conspiran a los intereses de la parte.
Estilo concesivo: diametralmente opuesto al estilo anterior, existen abogados que tienen a evitar el conflicto, y harán concesiones en demasía para llegar a la solución de un conflicto, incluso brindando un asesoramiento cuestionable a su cliente. Si bien puede creerse que con esta conducta se beneficia o al menos facilita la actuación del profesional encargado de llevar adelante los MARC, en realidad plantea una nueva cuestión que es fundamental trabajar, por medio de la legitimación y el empowerment que permita equilibrar la mesa, y lograr que los acuerdos no se conviertan en una promesa que no sea sustentable en el tiempo a causa de una excesiva sumisión a la pretensión ajena.
Estilo colaborativo: Si bien queda claro que es el mas deseable de los comportamientos dentro del marco de los MARC, no podemos desconocer que como seres humanos, cuanto menos tenemos una pequeña dosis de cada uno de los estilos estudiados, los cuales serán de utilidad en distintos momentos del conflicto. El abogado colaborativo pretende proteger los intereses de su cliente, sin perder de vista los deseos de la contraria, a fin de conseguir los propios objetivos a partir de la satisfacción (concomitante y siempre y cuando sean compatibles) de los intereses de la parte contraria.
Ahora bien, mas allá de los estilos de negociación que cada abogado desarrolle frente a una situación de conflicto, podemos analizar el comportamiento deseado dentro del marco de los métodos alternativos de resolución de conflictos, a fin de hacer un aporte a los profesionales para que puedan aprovechar al máximo la oportunidad que estos procesos brindan, a fin de resolver las cuestiones litigiosas de manera mas rápida, económica, a menor costo emocional y sin afectar la relación a futuro entre las partes en conflicto.
El rol del abogado dentro de un proceso judicial:
Si bien el proceso judicial está excluido del campo de los métodos alternativos de resolución de conflictos, resulta conveniente describir el rol tradicional de los letrados en la materia, a fin de poder analizarlo comparativamente con la tarea a desempeñar en otro tipo de procesos.
Sabemos que el sistema jurídico tiene como fin abstracto la búsqueda de la verdad, sin que esto signifique de modo alguno la solución del conflicto. Se plantea entonces entre los letrados la necesidad de demostrar que todo aquello que se sostiene se compadece con la realidad. Esta conducta no puede más que propiciar un clima de competencia entre colegas que se valdrán de distintas herramientas procesales y de fondo para sacar las ventajas que aseguren el resultado querido.
Es tal vez en esa carrera por buscar la “verdad”, que perdemos de vista el componente humano y emocional de los participantes en el conflicto, quienes quedan relegados en un ring de boxeo a los constantes ataques y defensas que se plantean durante el juicio.
Bajo esta visión, el rol del abogado consistirá en contribuir a la sana administración de justicia, asesorando y defendiendo a su cliente en los Tribunales, oficinas públicas, frente particulares y en cualquier otro ámbito que requiera de su aporte intelectual.
Ahora bien, dicho esto podemos analizar el comportamiento esperable en el marco de los procesos alternativos de resolución de conflictos.
El rol del abogado dentro de un proceso arbitral:
El desarrollo de este punto guarda menor relevancia, puesto que lo que se busca fomentar con los métodos alternativos de resolución de conflictos, es una nueva forma de pensar en el tratamiento que se les da a los problemas, prescindiendo de un esquema de lucha y competitividad que lleve al desgaste emocional y al deterioro de la relación entre sus protagonistas.
Siguiendo entonces la línea de los sistemas adversariales, la actitud de los letrados en el marco del proceso arbitral guarda enormes similitudes con la postura tomada frente a un proceso judicial, puesto que continuamos en el esquema “ganar-perder” donde el objetivo es obtener el cumplimiento de la mayor (sino de todas) las pretensiones con las que llegamos, en desmedro de los intereses y deseos de la contraria.
Sin perjuicio de lo dicho, el abogado que optó someter su conflicto a un arbitraje, debe estar dispuesto o al menos abierto a negociar las pautas que regulen el desenvolvimiento de cada una de las etapas del proceso. Tal vez puedan estos “pequeños acuerdos” mejorar el clima de interacción de las partes, dando lugar así a la posibilidad de convenir una solución amigable al conflicto.
El rol del abogado dentro de la negociación:
Los abogados, así como cualquier persona, negociamos en cada momento de nuestras vidas, sin perjuicio de lo cual, cabe aclarar que en virtud de nuestra profesión, estamos tal vez más expuestos a este tipo de actividad que otras personas, o al menos tenemos el deber de hacerlo de una manera más profesional.
Ahora bien, mas que delinear la conducta que los abogados debemos ejercer en un proceso negocial, es conveniente adoptar una serie de herramientas que nos van a permitir sacar la mayor cantidad de ventajas posibles, esto es mediante la implementación de herramientas conceptuales, comunicacionales e incluso procedimentales (aunque sea difícil pensar a la negociación como verdadero proceso compuesto de etapas, si bien más o menos flexibles).
Siendo entonces análogo el comportamiento de cualquier persona (abogado o no) frente a un proceso negocial, cabe mencionar las premisas básicas que componen la teoría desarrollada en la Universidad de Harvard por los autores Ury y Fisher.
En primer lugar debemos separar a las personas del problema, para lo cual nos será de suma utilidad comprender que el sistema de percepciones de los seres humanos es tan único como cada uno de nosotros, y que existen por lo tanto tantas visiones de lo que es justo como personas hay en el mundo.
En segundo lugar es conveniente concentrase en los intereses (entendidos como aquello que deseamos o quisiéramos obtener, es decir todo lo que responde a nuestra verdadera motivación alrededor del conflicto) y no en las posiciones (entendidas como aquellas afirmaciones de lo que queremos, sin que necesariamente se correspondan con lo que íntimamente esperamos obtener de la solución del conflicto).
El tercer principio aconseja generar opciones de mutuo beneficio, pues es a través de la colaboración con el otro que podemos llegar a satisfacer los propios intereses, si bien es posible imaginar un cuadro en el cual las concesiones que hago lo son a partir de conductas que tienen una baja (o carecen) de significación alguna para mí (al menos en relación al beneficio que por ellas recibo).
Finalmente es conveniente acudir a criterios objetivos que sustenten las opiniones que se ponen encima de la mesa de negociación, puesto que siendo este un proceso meramente subjetivo, es necesario dotarlo de una pequeña cuota de objetividad que de paso a la solución del conflicto.
Si bien cada negociación (y cada persona que participe en ella) es diferente, estos cuatro pasos nos darán el marco teórico-práctico base con el cual podamos movernos en este tipo de proceso cuyo dinamismo exige necesariamente una preparación adicional.
El rol del abogado en un proceso conciliatorio:
Tal como vimos con anterioridad, el proceso conciliatorio ha sufrido una preocupante simplificación dentro de los procesos judiciales en donde se encuentra legislada como un paso obligatorio. Hemos experimentado entonces la desprofesionalización de uno de los métodos alternativos de conflictos más fructíferos de los que disponemos.
Los abogados hemos seguido esta línea por cuanto no está en nuestras manos (al menos no directamente) modificar el funcionamiento de los juzgados, en donde se designan profesionales (si bien en disciplinas diferentes) para llevar adelante un proceso conciliatorio, despojado de la capacitación necesaria para acompañar a las partes en la búsqueda de una solución a partir de herramientas comunicacionales que puedan facilitar su interacción de una manera positiva.
Es esperable que en la conciliación permitamos que nuestros clientes puedan interactuar con la contraparte, esto sin perder de vista que se trata de una pequeña etapa dentro de un gran proceso judicial, para lo cual tendremos que colaborar activamente en la búsqueda de una solución que le de una respuesta aceptable a ambas partes. En este camino deberemos ofrecer nuestra colaboración no sólo en relación a las partes cuyo conflicto se trabaje, sino también en relación al conciliador, quien intentará proponer fórmulas que nos permitan llegar a un acuerdo que satisfaga los intereses de los involucrados en el conflicto.
Hasta que la conciliación no sea enmarcada dentro de una disciplina desmembrada del esquema judicial, no podemos pedirles a los colegas abogados una actitud diferente ante un proceso que pareciera ser la extensión de un método adversarial de resolución de conflictos. Sin perjuicio de lo cual podemos propugnar la implementación de la conciliación como un parate dentro de la estructura judicial, en la cual un profesional capacitado pueda llevar a cabo un proceso que guarde relación con la esencia propia de un método alternativo no adversarial de resolución de disputas.
El rol del abogado en la mediación:
Los abogados estamos acostumbrados a tener un rol protagónico en los procesos judiciales, tanto es así, que incluso habiendo sido apoderados por nuestros clientes podemos casi sustituirlos en el desarrollo del juicio.
Este esquema clásico en el que hemos sido formados en la universidad de derecho es muy diferente al rol que los abogados desempeñaremos en los denominados métodos alternativos de resolución de conflictos, en donde el protagonismo está centrado en las partes, tanto es así que uno de los principios que cimientan el marco teórico de la mediación tiene que ver con el protagonismo de las partes y la autocomposición, características éstas que desarrollamos con anterioridad.
En la mediación, el interés está centrado en las partes y son sus relatos la materia prima con la cual debe trabajar el mediador, ya que es a través de sus palabras que conocemos los antecedentes del conflicto y, por supuesto, el conflicto mismo.
Entonces, ¿que papel juegan los abogados dentro del marco de un proceso de mediación?
I º Etapa: Información
El abogado es el encargado de asesorar a las partes, para ello en primer lugar, tiene la obligación de informar a su cliente respecto a las características que tiene un proceso de mediación, todo lo cual variará según se trate del letrado de la parte:
Requirente: como letrado de la parte requirente, preliminarmente a la mediación propiamente dicha, el abogado está encargado de tener reuniones privadas con su cliente a fin de informarse de los antecedentes del conflicto, cuales son los intereses de la parte (si es que realmente los conoce o puede visualizarlos), de acuerdo al caso que se trate debe saber si ese asunto puntual es mediable o no, para lo cual acudimos a la ley 7.844, consolidada por ley 8.404 que en su art. 3° prescribe de la siguiente manera los casos que no pueden ser enviados a mediación:
“Quedan excluidas de la mediación prejudicial obligatoria las siguientes causas:
1. Causas penales, salvo expresa voluntad del sujeto pasivo de someterse el proceso de mediación antes de asumir el rol de actor civil en las acciones civiles derivadas del delito y que tramitan en sede penal.
2. Acciones de separación personal y divorcio, nulidad de matrimonio, filiación y patria potestad, con excepción de las cuestiones patrimoniales derivadas de éstas. El Juez deberá dividir los procesos, derivando la parte patrimonial al mediador.
3. La fijación de alimentos provisorios.
4. Procesos de declaración de incapacidad y de rehabilitación.
5. Causas en que el Estado Provincial o Municipal, empresas autárquicas o sus entes descentralizados, sean parte.
6. Amparos y Hábeas Corpus.
7. Medidas cautelares hasta que se decidan las mismas, agotándose respecto de ellas las instancias recursivas ordinarias, continuando luego el trámite de la Mediación.
8. Diligencias preliminares y prueba anticipada.
9. Juicios sucesorios y voluntarios, con excepción de las cuestiones patrimoniales derivadas de estos.
10. Concursos preventivos y quiebras.
11. Causas que tramitan ante la Justicia del Trabajo...”
Existe además una categoría intermedia (art. 3° inc. 12 de la ley 7.844, consolidada por ley 8.404), en donde la mediación se presenta como un camino voluntario que puede escoger la parte requirente:
“ 12. Los juicios ejecutivos , las ejecuciones establecidas en Decreto Ley N° 15.348/46 (Ratificada por Ley N° 12.962, T.O. por Decreto N° 897/95); y el régimen especial de ejecución previsto por Ley N° 24.441 en su Título V; salvo voluntad expresa del acreedor de someterse a mediación previa (Inciso incorporado por Ley 8404).”
Además cabe una última posibilidad, esto es, llevar a mediación cuestiones que ya se encuentran judicializadas, en miras a obtener una solución más rápida y de manera consensuada por las partes en conflicto.
Entonces, además de informar a las partes acerca del abanico de posibilidades que el poder judicial ofrece para cada conflicto, de ser la mediación el camino elegido o impuesto, deberá el profesional asesorar a su cliente respecto de las características del proceso de mediación, puesto que siendo reciente la implementación de este método alternativo de resolución de conflictos, es común que la gente se sienta atemorizada ante lo que creen pueda ser una audiencia testimonial con las características de aquellas previstas en el código civil, con las formalidades previstas en Tribunales.
La información debe versar sobre todo en explicar las características de la mediación, sin perjuicio que el mediador sea el encargado en su discurso de apertura, de transmitir las bondades de los métodos alternativos de resolución de conflictos a las partes.
Para aquellos abogados que no hayan sido formados en mediación, ni hayan tenido la posibilidad de participar en alguna mediación, es importante que acudan a la ley 7.844, consolidada por ley 8.404, que en su artículo 7° describe brevemente algunos de los principios rectores de la mediación, estos son:
“El proceso de Mediación deberá garantizar:
1. La comunicación directa de las partes;
2. La asistencia letrada de las partes;
3. La confidencialidad de las actuaciones;
4. La satisfactoria composición de los intereses de las partes;
5. La neutralidad del mediador...”
Ahora bien, para informar a nuestros clientes, primero debemos comprender de qué se trata cada uno de estos principios:
- La comunicación directa de las partes: o mas bien el “protagonismo de las partes” que hemos tenido oportunidad de estudiar algunos párrafos atrás.
- La asistencia letrada: por cuanto es obligatorio que las partes acudan a las audiencias de mediación acompañadas por sus letrados, a fin de asegurar el resguardo de los derechos de los intervinientes, así como el equilibrio y la igualdad de oportunidades de todos los protagonistas.
- Confidencialidad: por cuanto todo lo que se hable en la audiencia de mediación no puede ser utilizado en un futuro juicio, ni los mediadores pueden ser llamados a declarar respecto a lo debatido en la sala de mediación, salvo aquellos casos exclusivamente previstos en la ley, estos es: - En el caso de que se tome conocimiento de violencia; o – En caso de abuso contra menores.
- Composición de los intereses de las partes: ya analizado con anterioridad bajo el denominado principio de “autocomposición”.
- Neutralidad / Imparcialidad: si bien pueden parecer términos semejantes, cada uno conlleva un contenido propio que vale la pena distinguir (sin perjuicio de reconocer la íntima relación y hasta dependencia entre ambos conceptos). Christopher Moore nos enseña que mientras la neutralidad alude al comportamiento o la relación entre el interventor y los litigantes, la imparcialidad se refiere a la actitud del interventor, y significa una opinión no tendenciosa o la falta de preferencia a favor de alguno/s de los negociadores.
Lógicamente, cuando desempeñemos el rol de abogados asesores de nuestros clientes, deberemos estar siempre atentos a que la mesa de mediación se encuentre equilibrada, siendo el mediador el mayor responsable de llevar adelante esta tarea. Tenemos la obligación entonces (siempre reconociendo las limitaciones naturales que cada uno de nosotros tenemos como personas falibles que somos) de poner en conocimiento al mediador cada vez que notemos cualquier tipo de desbalance a lo largo del proceso.
A los principios previstos por ley, debemos añadir los siguientes:
- Menores costos / Gratuidad: puesto que algunos supuestos se encuentra prevista la gratuidad del trámite, esto es en todos aquellos casos en los cuales: a) se llegara a un acuerdo de hasta $10.000; o b) en aquellos casos en los que no haya acuerdo.
- Economía y celeridad: atento a la simplificación de este tipo de procesos en relación a las burocráticas etapas previstas para las causas que ingresan a tribunales.
- Voluntariedad: ya que si bien la primera audiencia es obligatoria, a partir de ella estaremos en condiciones de permanecer en la mesa de mediación siempre y cuando el proceso nos sea de utilidad.
- Informal: si bien permite una mayor flexibilidad que los procesos tradicionales, se deben cumplir una serie de formalidades que se encuentran previstas por ley.
- No adversarial: Se busca el trabajo colaborativo bajo el esquema “Ganar – ganar” desarrollado por la Escuela de Harvard.
Habiendo tenido el letrado entonces esta conversación previa con el cliente, y habiéndole sido informadas las bondades y ventajas que la mediación ofrece, se promueve la tranquilidad de las partes en la audiencia de mediación, quienes se presentan con mayor seguridad y en condiciones de aportar la información necesaria para que los mediadores puedan trabajar con sus relatos.
Sin perjuicio de lo dicho, creemos que es el mismo Poder Judicial, quien debe encargarse de promover la denominada “premediación” en donde un cuerpo de profesionales se encargarán de contactar a las partes para informarles de que se trata el procedimiento, a fin de promover la participación y la comparecencia a las audiencias por medios más efectivos y menos compulsivos como lo son la aplicación de sanciones.
Requerida: Respecto a la parte requerida, si bien los casos son muy diversos, y seguramente una empresa de seguros que ha tenido la posibilidad de participar en numerosas mediaciones, tendrá una reacción muy diferente a la de una persona que recibe la cédula que notifica la obligación de concurrir a una audiencia de mediación so pena de ser multada, podemos delinear el comportamiento esperable de un letrado en este marco.
En líneas generales podemos decir que el abogado que es consultado por el requerido, quien se asoma al estudio con una cédula de notificación, deberá en principio tranquilizar y explicar a su cliente, que sin perjuicio de las formalidades de este primer acercamiento a la mediación, se trata de un proceso que es meramente voluntario, y que sólo la primera audiencia será obligatoria, sin perjuicio de lo cual tendrá la posibilidad de quedarse en la sala mediación toda vez y siempre y cuando el proceso le sea útil y beneficioso.
Todos los autores están de acuerdo que según las características de la mediación, a pesar de su obligatoriedad por ley 7.844, consolidada por ley 8.404, la notificación por cédula con un apercibimiento de multa es tal vez una de las mayores contradicciones que tiene el sistema. La mediación es ínsitamente voluntaria, y más allá que este principio se mantenga a partir de la segunda audiencia de mediación, contrasta con el espíritu de la misma y conspira con el clima que se pretende preservar dentro de los denominados métodos alternativos de resolución de conflictos.
Una vez más, ahora desde la perspectiva de la otra parte, se vislumbra la necesidad de la premediación que permita informar a las partes acerca de las características del sistema, a fin que estas no lleguen atemorizadas a la reunión, o peor aún, que no lleguen por temor a lo que sucederá.
La cantidad de incomparecencias se deben en gran medida a la falta de información que tiene la sociedad respecto a estos procesos que aseguran un mayor y mejor acceso a justicia, siendo éste uno de los derechos fundamentales previstos en la Constitución Nacional.
La Dra. Gladys Alvarez sostiene en su libro “Mediación y Acceso a Justicia” que garantizar el acceso a justicia es proveerle a la sociedad el medio más eficaz para la solución de su conflicto, concepto que dista de la tradicional idea que el acceso a justicia se obtiene solamente por la posibilidad de acudir a Tribunales en cumplimiento de las normas procesales prescriptas para cada caso.
II º Etapa: Participación
Así bien, habiendo tratado el rol del abogado en ese primer momento en el cual los clientes acuden al letrado, será necesario explorar ahora la función que desempeñarán dentro del proceso de mediación, una vez sentados en la mesa redonda.
Como vimos anteriormente, siendo el protagonismo de las partes y la autocomposición principios rectores de la mediación, el abogado deberá “correrse a un lado” a fin de que las partes tengan la posibilidad de expresar los antecedentes del conflicto y plantear todas aquellas cuestiones que sean de su interés.
Este “correrse” no significa abandonar al cliente a su suerte y ante el posible papel activo del abogado de la parte contraria, sino que significa permitir el espacio para que la parte exponga el problema, sin perjuicio que en todo momento deberá mantenerse al lado para darle seguridad al cliente y en definitiva, estar listo ante cualquier consulta o pedido de asesoramiento por parte de su cliente, al mismo tiempo que el mediador podrá requerir en cualquier momento la opinión profesional y la proporción de conocimientos procesales del letrado que conoce las características del proceso correspondiente al objeto de la pretensión.
Asimismo será necesario que el abogado coopere con el mediador, brindándoles confianza y seguridad a sus clientes, quienes tienden a veces a desconfiar de los pedidos y sugerencias del mediador, y tienden a seguir firmemente las ordenes de sus letrados, negándose muchas veces a exponer el problema bajo la clásica frase “que hable mi abogado”.
Al mismo tiempo que se pide esta denominada “pasividad-activa”, el mediador deberá estar atento al comportamiento de todos los participantes de la mediación, puesto que las partes pueden pensar que la “inacción” de sus letrados se traduce en una falta de interés por el caso, máxime cuando al frente podemos tener un abogado que ejerza un rol más activo y se genere la sensación que el abogado del contrario cumple el rol para el cual se lo ha contratado.
La herramienta con la cual el mediador puede evitar esta circunstancia, es por un lado la legitimación, con lo cual se resaltan las características positivas de las personas, ya frente a sí mismo o en relación a los demás, al mismo tiempo que deberá marcar las reglas de procedimiento y recordar los principios de la mediación a aquél abogado que pretenda ejercer un rol central, esto siempre, sin deslegitimar la función del letrado interviniente.
Se trata entonces de una fina línea en donde el letrado debe mantener un rol pasivo pero en permanente estado de activación ante los requerimientos del mediador, o siempre y cuando la situación así lo requiera.
Está comprobado, sin ser una regla inquebrantable, que los abogados mediadores receptan de manera más natural la idea de “correrse” del centro de la escena, sin perjuicio de lo cual a partir de la implementación de la ley de mediación prejudicial obligatoria, cada día más comprenden los abogados que se trata de un nuevo paradigma, donde la comunicación entre los protagonistas del conflicto desempeña la función principal en la mediación.
III º Etapa: Finalización y seguimiento
Si bien el rol del letrado difiere según el momento en que se encuentre la mediación, tal vez al analizar las propuestas y en definitiva, al redactar el acuerdo podemos decir que es el momento en el cual el abogado ejerce su rol más activamente, por cuanto es el encargado de darle un marco jurídico a todo aquello que las partes han dicho y acordado durante el proceso de mediación, resguardando los derechos y asegurando el cumplimiento de las obligaciones contraídas por sus clientes con la firma del convenio.
Sin perjuicio de lo dicho, considero que la función de los letrados va incluso más allá de la mediación, cuando monitorea el cumplimiento del contrato, puesto que el acuerdo obtenido en mediación tiene previsto el proceso de ejecución de sentencia ante su eventual incumplimiento.
Finalmente está en los abogados difundir y apoyar este sistema de resolución de conflictos cuya función social permite hacer un aporte de calidad a la sociedad que se verá beneficiada ante la multiplicación de las vías para acceder a la justicia, de acuerdo al objeto del conflicto que se trate a fin de darle el tratamiento más efectivo a su problema.
El rol del abogado mediador:
Ahora bien, ¿cuál es el rol del abogado mediador en una mediación en la cual es parte?
Este es tal vez uno de los dilemas más grandes de aquellos abogados que a la vez que ejercemos la mediación, nos desempeñamos como abogados (incluso dentro de un proceso de mediación). El cuestionamiento se presenta frente al rol que cumplimos en uno y otro momento, y hasta qué punto es posible “sacarse” el traje de mediador y “ponernos” el de abogado.
Es interesante escuchar los relatos de algunos mediadores-abogados quienes expresan de diferente manera este paso de mediador a abogado y viceversa.
Por un lado están aquellos mediadores que al “convertirse” en abogados pretenden ejercer un rol activo dentro del proceso, por cuanto el objeto del juicio los moviliza de manera tal que a pesar de su instrucción en la materia, no pueden evitar dejarse llevar por las circunstancias implícitas en el conflicto.
Hay otros por ejemplo, que pretenden seguir siendo mediadores, ya que el conocimiento de las técnicas comunicacionales empleadas les dificultan la capacidad de participar naturalmente del proceso en su calidad de partes, en donde cada movimiento del mediador es estudiado a fin de acertar las hipótesis de trabajo con las que intenta llegar a la solución del conflicto, encontrándose incluso aquellos abogados mediadores que se dedican a aplicar las técnicas de mediación durante las audiencias, casi como si fueran una suerte de “comediadores”.
Una tercera posibilidad, tal vez la más acertada, es la de aquellos mediadores que ocupan el rol de abogados, tal y como lo expusimos anteriormente en este trabajo (“El rol del abogado en la Mediación”), permitiendo el avance del proceso de mediación a partir del otorgamiento del espacio que las partes necesitan para plantear el conflicto, asesorando en todo aquél momento que le sea requerido o siendo necesaria su intervención, y en definitiva poniéndole el marco final al posible acuerdo de las partes.
Experiencias del abogado mediador como requirente y requerido:
En consonancia a lo expuesto en los últimos párrafos del punto anterior, cabe recoger algunos valiosos relatos respecto a las experiencias de los mediadores de nuestra provincia cuando se encuentran “del otro lado”, ya desempeñando la calidad de abogados del requirente o del requerido.
Los testimonios son variados y responden básicamente a la personalidad y estilo de cada mediador, de acuerdo a las diferentes capacidades personales y profesionales que (consciente o inconscientemente) han desarrollado a lo largo de los años.
1 - La primera cuestión a debatir, tiene que ver con la posibilidad de ejercer la abogacía y la mediación de manera simultánea.
Entre quienes ejercemos la mediación, podemos delinear dos posturas respecto al rol del mediador abogado dentro de la mediación:
1) Por un lado están quienes niegan (o cuanto menos ponen en tela de juicio) la compatibilidad entre una disciplina y otra, puesto que siendo el mediador un profesional que facilita la comunicación estrechando lazos de comprensión, escucha y superación en las partes, difícilmente pueda simultáneamente asumir un rol litigante y confrontativo como lo es el esquema judicial, puesto que la mediación, más allá de ser una profesión como cualquier otra, es un modo de vida que debe impregnar la filosofía de quienes la practican.
2) Por otra parte, estamos aquellos mediadores abogados (o abogados mediadores según la circunstancia) que creemos que ambos roles pueden ser compatibles, esto es, ejerciendo el rol esperable en cada uno de los contextos en los cuales debamos intervenir:
- Como mediador: respetando los principios del instituto, facilitando la comunicación entre las partes bajo el manto de la confidencialidad y la neutralidad, balanceando la mesa para dar lugar a que las partes busquen, persigan y hagan propios los acuerdos alcanzados, y por sobre todo, acompañando a la sociedad en el recorrido de un camino cada vez más civilizado para resolver nuestros problemas.
- Como abogado: respetando el rol dentro de este nuevo tipo de proceso, con sus propias características y finalidades, por cuando recordamos una vez más la necesidad de permitir a nuestros clientes el espacio necesario para exponer sus conflictos, siempre con el debido asesoramiento legal y la profunda y sincera disposición de servicio que deben enarbolar el ejercicio de cualquier profesión, pero tal vez más que ninguna de la nuestra.
Como abogados debemos además confiar en el profesional que lleva adelante la mediación, quien ha sido formado en materia de comunicación y ha demostrado ante las autoridades del Poder Judicial su capacidad e idoneidad para ocupar esa función.
Para un mayor abundamiento sobre el tema es recomendable acudir al capítulo de este trabajo en el cual analizamos sistemáticamente el rol del abogado en los distintos estadios procesales de la mediación.
2 – La segunda cuestión gira en torno a la actitud de los mediadores abogados cuando participan de audiencias de mediación.
Si bien todos los que hemos sido formados en métodos alternativos de resolución de conflictos sabemos cuál es el deber ser a la hora de participar en este tipo de procesos, es también honesto reconocer que son esos mismos conocimientos los que a veces nos impiden tener una actitud natural cuando ocupamos el rol de abogados ya del requirente como del requerido.
Existen varias tendencias, que aunque espontáneas llevan a:
a) Querer “adueñarse” del proceso, y situarse en el lugar de comediador aplicando las técnicas aprendidas, casi como si estuviéramos subestimando al profesional que lleva adelante el caso.
b) Querer retirarse rápidamente de la mesa de negociación, por cuanto un mediador abogado experimentado puede creer saber bajo qué patrones de comportamiento puede llegarse a un acuerdo, y cuáles otros determinan el fracaso del proceso. Muchas veces un análisis precipitado puede llevar al mediador abogado a frustrar el proceso sin haberle dado la posibilidad al mediador del caso de explorar eventuales opciones alternativas. No debemos perder de vista que tratándose del comportamiento humano, es conveniente mantener una actitud curiosa y abierta al asombro que nos permita brindarle a cada caso la mejor intervención profesional.
c) Verse reflejado en el mediador del caso y colaborarle para que éste facilite la comunicación de las partes, permita desentrañar el núcleo del conflicto, descubra los intereses que mueven a los participantes y en definitiva pueda acompañarlos a la solución del problema.
Es común que los mediadores reflexionemos (incluso bajo el rol de abogados del requirente o requerido) sobre las experiencias que hemos vivido como mediadores en situaciones análogas. Resulta inevitable entonces dejar de pensar en las intervenciones que hicimos (y aquellas que dejamos de hacer), siendo esta introspección el vehículo que nos moviliza a desempeñar la conducta esperable (o aquella conducta que en esa situación análoga hubiéramos esperado de las partes) de acuerdo al rol que en cada contexto nos toca cumplir.
Son sin duda innumerables las visiones de cada uno de los profesionales en la materia, sin perjuicio de lo cual creí valioso recoger los testimonios respecto a estos tres comportamientos clásicos que nos muestran realidades muy diferentes.
3 – La tercera cuestión que es interesante discutir, es la actitud de los abogados frente a la reciente aplicación obligatoria de la mediación prejudicial en la Provincia.
Una vez más nos encontramos con escenarios distintos, como si a pesar de ser mediadores y abogados de un mismo distrito, tratáramos con gente cuyos comportamientos distan de manera diametral.
Creí una vez más que sería interesante analizar algunos de los comportamientos más frecuentes de los abogados en ocasión del ejercicio de este rol en el ámbito de los métodos alternativos de resolución de conflictos. En esta compleja tarea, valerme de una línea del tiempo me permitió bosquejar la evolución del pensamiento de los profesionales del derecho.
- Primera etapa: Con el lanzamiento del plan piloto bajo la acordada Nº 400/05 se comenzó a implementar voluntariamente la mediación a los casos en los cuales las partes, de mutuo acuerdo decidieran someter su caso a mediación. El sistema contó con el apoyo de algunos juzgados que de oficio invitaban a las partes a audiencias informativas en donde se les preguntaba respecto a la posibilidad de llevar el expediente a mediación. Por entonces reinaba el desconocimiento, los abogados participaron lentamente de dichas audiencia, que tuvieron resultados mixtos:
a) Quienes encontraron en la mediación un proceso de diálogo cuya rapidez y economía brindaba una alternativa a la tramitación del expediente frente a la problemática de juzgados abarrotados de causas. Estos abogados continuaron ofreciendo llevar sus casos a mediación convencidos de las bondades del sistema.
b) Quienes se opusieron por temor a ver comprometidos los propios intereses patrimoniales. Esta visión parte de un preconcepto que tardó muchos años erradicar, pues está demostrado que un caso resuelto en mediación permite el cobro de los honorarios profesionales de forma más expedita.
c) Finalmente estuvieron aquellos, que como la mayoría de los abogados del foro, desconocían de que se trataba esta “nueva” alternativa puesta a disposición de la sociedad.
- Segunda Etapa: Implementación de la mediación previa obligatoria por ley 7.844. Los letrados tomaron necesariamente un contacto directo con el instituto de la mediación, y comenzaron tímidamente a participar de manera fluida en este tipo de procesos. Si hay algo que caracteriza a esta etapa, es la multiplicidad de reacciones asumidas por los letrados.
Naturalmente se escucharon una vez más campanas a favor y en contra, y más de una vez se trasladó esa realidad a la mesa de negociación, en donde gran parte de los abogados bajo la expresión de “no quiero perder más tiempo o no quiero hacerle perder el tiempo” se disponían rápidamente a pedir la culminación de la mediación sin haberse podido ahondar en la exploración del conflicto, y por supuesto, de las opciones que pudieran llevar a su solución.
Allí fue necesario mostrar resultados que llevaran a los letrados a reponer su escéptica actitud en relación a la implementación obligatoria de los métodos alternativos de resolución de conflictos.
- Tercera etapa: En la actualidad podemos recoger los frutos de las semillas plantadas en el plan piloto, y cosechadas con la implementación de la mediación previa obligatoria. Los abogados reaccionan cada vez mejor a la propuesta de mediación, y puede observarse una participación cada vez más colaborativa en el desarrollo del proceso.
Pero, ¿qué nos depara el futuro? Sólo podemos esperar que el instituto de la mediación, y en general, de los métodos alternativos de resolución de conflictos asuman un lugar de relevancia que permita brindar a la sociedad una opción cualitativa que permita resolver la mayor cantidad de conflictos al menor costo económico y emocional, ya que esto es en definitiva, lo que se espera de los abogados en su rol de defensores de la justicia y la paz.
Siendo tan amplio el campo de acción que tenemos los abogados, ya litigando en tribunales, desde la administración pública, formando parte de organismos internacionales u ONGs, etc. el abogado es (o debería ser) un sinónimo de justicia, cuyos conocimientos deben asegurar un más y mejor acceso a justicia.
La función que cumplen los letrados dentro de los métodos alternativos de resolución de conflictos es de vital importancia para la seguridad y funcionamiento de estos institutos, por supuesto que siempre y cuando dicha tarea sea desempeñada respetando las pautas correspondientes al tipo de proceso de que se trate.
Es por este motivo que los letrados tenemos la obligación ética y profesional de conocer y ejercitar el rol esperable en cada uno de los contextos descriptos, con el fin de maximizar el aprovechamiento de cada una de las posibilidades que el sistema jurídico nos brinda para cada tipo de conflicto, en miras de garantizar el cumplimiento de uno de los derechos más fundamentales de la Constitución Nacional, esto es, el libre acceso a la justicia.
- Dra. Elena Highton de Nolasco – Dra. Gladys Álvarez – “Mediación para resolver conflictos”.
- Gladys Álvarez – “La mediación y el acceso a la justicia”.
- María Elena Caram – Diana Teresa Eilbaum – Matilde Risolía – “Mediación, diseño de una práctica”.
- Marinés Suáres – “Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas”.
- Roger Fisher y William Ury – “Sí...! de acuerdo!”.
- Christopher Moore – “El proceso de mediación”.
- Jorge Pesqueira Leal – “Mediación asociativa y cambio social – El arte de lo posible”.
- Revista Lex Nº 56 (“La historia personal como factor de riesgo a la neutralidad del mediador”).
Título: “IMPUGNACION DEL ACUERDO DE SALVATAJE.”
Autor: Dr. JOSÉ IGNACIO VÁZQUEZ
Seudonimo: VUVUZELA
Categoría Joven Abogado
Título: “EL ROL DEL ABOGADO EN EL MARCO DE LOS MÉTODOS ALTERNATIVOS DE RESOLUCION DE CONFLICTOS.”
Autor: Dr. IGNACIO NOBLE
Seudonimo: MARC

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 artículo 7
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