Source: http://www.slideshare.net/tecnomania/fundamentos-de-fotografa-digital
Timestamp: 2016-12-07 14:53:46+00:00

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Diseño y Construccion de un Espectr...
by Ricardo Escudero ...
En este curso tratamos de ofrecer una síntesis integrada de los fundamentos de la imagen digital, es decir, una pre-digestión de un material variado y a veces técnicamente difícil. Hasta donde sabemos, no hay un texto en español que ofrezca todo esto, ni un curso similar, por lo que esperamos que sea útil para todos los que decidan que merece la pena dedicarle un poco de tiempo, y de paciencia, al tema. El curso está pensado para reforzar conocimientos previos, a veces incompletos y dispersos, y no tanto como curso de iniciación en fotografía, por lo que puede servir también de compilación y síntesis organizada y relativamente completa.
luishgilt
Efraín García y Rubén Osuna ©
En este trabajo tratamos de ofrecer una guía para la lectura de fuentes externas, o una
síntesis integrada de los fundamentos de la imagen digital, es decir, una pre-digestión de un
material variado y a veces técnicamente difícil. Hasta donde sabemos, no hay un texto
similar en español, por lo que esperamos que sea útil para todos los que decidan que
merece la pena dedicarle un poco de tiempo, y de paciencia, al tema. El documento está
pensado para consultas parciales y puntuales, y no tanto para una lectura lineal, a no ser
que se tenga ya una cierta familiaridad con los temas tratados, en cuyo caso puede servir
también de compilación y síntesis organizada y relativamente completa.
La calidad de una imagen digital depende de muchos factores, algunos de los cuales son
puramente subjetivos. Pero hay dos de ellos muy importantes, y que se pueden medir. Son
que lo percibimos. Ambos factores están estrechamente relacionados y puede decirse que
son las dos caras de una misma moneda. Una imagen con más detalles y más contraste
será preferida por cualquier observador a la misma imagen pero reproducida con menos
detalles y con menor contraste. Analizaremos también otras variables como la variedad
tonal, la amplitud de la escala tonal, la acutancia y el ruido digital.
Pero, ¿qué factores determinan a su vez la cantidad de detalle captado o reproducido y su
nivel de contraste en una imagen digital? En la primera sección analizaremos de qué
depende la capacidad máxima o teórica de resolver detalle de un objetivo y un sensor, y
cómo se determina la capacidad resolutiva de un sistema compuesto por al menos esos dos
componentes. Además, el detalle realmente captado o reproducido puede tener distintas
"calidades", en función del nivel de contraste de ese detalle. Hablaremos también sobre los
determinantes de esos niveles de contraste. Sin embargo, cuando medimos el detalle
realmente captado o reproducido por una cámara digital descubrimos que es inferior al que
teóricamente podrían proporcionar el objetivo y el sensor separadamente ¿Por qué?
Dedicaremos la segunda sección a responder a esa pregunta. En la tercera sección
presentaremos algunos ejemplos de resoluciones efectivas, medidas, de cámaras digitales.
En la cuarta sección empezaremos a abordar temas más concretos, como el impacto
relativo de la densidad de ‘píxeles’ (resolución en sentido estricto) y el número de éstos en la
calidad de la imagen digital. Una precisión terminológica es necesaria antes de seguir: lo
correcto es hablar de fotocélulas, compuestos por una celdilla que contiene componentes
electrónicos, entre otros un fotodiodo. Puede haber, y de hecho hay, sensores que emplean
más de una fotocélula para construir un píxel, que es el punto que finalmente vemos en la
pantalla de nuestro ordenador o en el papel impreso (el píxel es un vector que comprende
datos de coordenadas, nivel de luminosidad y color, en la pantalla o en el papel). Sin
embargo, cuando no haya ambigüedad, usaremos a menudo el término más común de
‘píxel’ para referirnos al (los) fotocélula(s) empleados en la construcción de un píxel, si bien
entrecomillado, para atenuar así el uso un tanto impropio que estamos dando al término.
Está claro que un píxel no tiene dimensiones físicas, pero un ‘píxel’ sí. En cualquier caso, en
la inmensa mayoría de los sensores un píxel se corresponde a un ‘píxel’, y resulta intuitivo
referirse a uno y otro concepto con términos parecidos. La quinta sección trata el tema de la
impresión y su relación con el tamaño de la fotografía y el detalle real captado. La sexta
sección sintetiza todo lo anterior e investiga qué propiedades debería tener el sensor ideal.
La séptima sección trata la relación entre la densidad de ‘píxeles’, el tamaño de las celdillas
y la llamada relación señal-ruido, que es otro de los determinantes fundamentales de la
calidad de la imagen digital. La sección octava profundiza en lo anterior y completa el
análisis del tema de la calidad de imagen, incorporando otras variables relevantes además
de la resolución y el contraste, como son la variedad tonal (o resolución tonal) y la amplitud
de la escala tonal (o amplitud tonal, a secas).
Para acabar, en la sección novena profundizaremos en el análisis de las diferencias entre
formatos, analizando la relación entre profundidad de campo y perspectiva, mientras que en
la décima sección cerramos el análisis de las diferencias entre formatos y de la imagen
fotográfica digital en general.
La undécima sección está dedicada a las conclusiones, con algunas predicciones sobre el
desarrollo futuro de los sensores. En la duodécima y última sección recogemos referencias
que recomendamos consultar para ampliar aún más los conocimientos sobre el tema,
muchas de ellas de fácil acceso en Internet. A lo largo del texto habrá también referencias
adicionales concretas que vendrán señaladas a veces con una flecha (->), y que permiten
consultar las fuentes aludidas, ejemplos, explicaciones terminológicas o análisis de temas
que no se tratan aquí en detalle.
1. Capacidad resolutiva del objetivo y capacidad resolutiva del sensor. Resolución de
La señal (una imagen en nuestro caso) puede representarse matemáticamente sin pérdidas
mediante una transformación de Fourier (->) en términos de unas pocas variables
(frecuencia, modulación o contraste y fase). Esto permite la captura y el tratamiento digital
de las imágenes. Pero antes de disponer de esa información “codificada” la imagen original
“pasa por las manos” de distintos componentes del sistema fotográfico (objetivo, película o
sensor), y cada uno de esos componentes afecta de alguna manera la información original,
produciéndose pérdidas en la misma.
Las llamadas funciones de transferencia de contraste, de rendición tonal o de frecuencia de
respuesta espacial (MFT, modulation transfer function) nos dicen qué alteraciones sufren las
variables frecuencia y modulación por el paso de la luz por cada componente del sistema
fotográfico. Todos estos componentes tienen su propia función de transferencia de
Pero ¿qué es el contraste exactamente? El contraste es la diferencia de tonalidad con la que
se registra, percibe o reproduce un par de líneas, negra y blanca. Resulta quizás más
intuitivo referirse al contraste como una medida de la preservación de detalles cuando éstos
se registran, transmiten o reproducen. El contraste es máximo, del 100%, cuando se
consigue distinguir ambas líneas perfectamente, como una línea puramente negra y una
línea puramente blanca. Pero cuando el contraste es menor veremos dos líneas grises, pero
de intensidades diferentes.
Resolución y contraste son las dos caras de la misma moneda. Cuando el contraste cae por
debajo de cierto nivel dejamos de percibir detalle (se necesita al menos un 5% de contraste
para percibir algún detalle, aunque un 15/20% debe considerarse un mínimo razonable en la
práctica) (->). Por otra parte, el detalle se muestra de forma más clara y nítida cuanto más
alto es el contraste.
En el siguiente gráfico ilustra lo que venimos explicando, esto es, que a menor contraste,
menos clara es la separación de líneas.
Contraste y nitidez de imagen (Norman Koren©).
La ‘acutancia’, en cambio, es la rapidez con la que se pasa del negro puro al blanco puro,
pudiendo ocurrir que entre ambas zonas haya una gris de transición (->). Cuanto mayor sea
esa zona gris, menor será la acutancia. En el medio digital la acutancia es típicamente
mayor que en el medio fotoquímico, y las imágenes dan una sensación de nitidez más
marcada. La explicación está en la difusión de la luz al atravesar las distintas capas que
forman la película fotosensible.
Filtros como el ‘unsharp mask’ de Photoshop incrementan la acutancia de una imagen, pero
no la resolución. Lo que esos filtros hacen realmente es crear un duplicado difuminado de la
imagen original, calcular un diferencial entre ambas y añadir ese diferencial a la imagen
original. Es posible aumentar marginalmente la resolución de una imagen digital, pero ello
requiere algoritmos muy complejos difíciles de encontrar en los programas convencionales
de retoque fotográfico (el Raw Developer ->, sin embargo, incorpora el algoritmo iterativo de
Richardson-Lucy, ->).
Las funciones de transferencia de contraste (MTF) muestran una relación inversa entre sus
principales variables, es decir, el contraste se reduce conforme aumentamos la resolución.
Esto quiere decir simplemente que el objetivo tiene dificultad en distinguir nítidamente los
detalles cuanto más finos son éstos. También ocurre que conforme nos alejamos del centro
de la imagen se produce una pérdida de contraste, que en algunos casos puede llegar a ser
De hecho, las MTF se representan como curvas que muestran, para cada abertura y
longitud focal de un objetivo, y en un punto concreto de la imagen, la relación decreciente
entre contraste (en tantos por uno) y resolución espacial (en pares o ciclos por milímetro).
Pero también pueden presentarse gráficamente como una curva que relaciona contraste (en
tantos por uno) y distancia respecto del centro de la imagen (en milímetros), para
resoluciones escogidas (en pares por milímetro, suelen ser 5 lp/mm, 10 lp/mm, 20 lp/mm, 30
lp/mm y 40 lp/mm, o cualquier selección de esos números, pues son las determinantes de la
calidad percibida en impresiones de tamaño moderado, aproximadamente un A4), a una
abertura y longitud focal determinadas, en la dirección sagital (radial) y tangencial (hay por
tanto dos MTF para cada punto de la imagen). Salvo que se diga otra cosa, nos vamos a
referir siempre al área central de la imagen, empleando funciones de transferencia de
contraste (MTF) que relacionan resolución, contraste y abertura para cada objetivo, y no las
funciones que incorporan la distancia al centro para resoluciones escogidas.
Cuando no se emplea película y se analiza directamente la imagen proyectada por el
objetivo, hablamos de capacidad resolutiva del objetivo (aerial image resolution, ->), la
capacidad resolutiva de un objetivo, que se puede describir mediante una MFT. El motivo
suele ser una carta de resoluciones de alto contraste en la que hay racimos más o menos
apretados de líneas negras separadas entre sí por líneas blancas (véase esta como
ejemplo, o esta otra, también muy empleada, aunque aquí pueden encontrarse varias más).
Esas líneas blancas y negras de la carta de resoluciones son los famosos "pares". Cuando
se emplea una carta con ondas sinusoidales se puede hablar de "ciclos" por milímetro, en
vez de pares. Un ciclo parte de un valor 0, pasa a un valor 1, baja de nuevo a 0, después a -
1 y nuevamente a 0. El 1 puede representar el color negro y el -1 el color blanco, y por tanto
un ciclo completo equivale a un par.
No obstante, si fotografiamos la carta y analizamos el negativo, las resoluciones obtenidas
serán resultado no sólo de la capacidad resolutiva del objetivo, sino también de las
propiedades de la película o sensor empleado, que tienen su propia función de transferencia
de contraste (MTF). Ambos elementos, objetivo y medio de captura, forman el sistema
fotográfico más básico.
La capacidad resolutiva del sistema vendrá dada por el producto de las funciones de
transferencia óptica (OTF) de cada uno de sus componentes o, alternativamente, las
funciones de transferencia de contraste (MTF) (las MTF son el valor absoluto de las OTF).
Las MTF del objetivo empleado en la ampliación (fotografía química) y del papel de
impresión vienen a unirse a la cadena multiplicativa, pero puede haber más elementos, cada
uno con su propia MTF. Por tanto, tendremos que la función que determina la resolución y el
contraste final de una imagen fotográfica puede obtenerse mediante un producto de
MTF0 = MTF1 x MTF2 ( x MTF3) x MTF4 ...
donde 0 es la fotografía final impresa, 1 es el objetivo, 2 el sensor o película, 3 el objetivo de
la ampliadora, si procede, 4 el papel, etc.
Bajo ciertas condiciones, la capacidad resolutiva de un sistema puede aproximarse
empíricamente mediante la fórmula
R = 1/(1/r1 + 1/r2 + 1/r3 + 1/r4...)
donde las r1, r2, r3, r4... son las capacidades resolutivas máximas –que implican un
determinado nivel mínimo de contraste– de cada componente del sistema (objetivo, sensor o
película, etc.) y R es la capacidad resolutiva máxima final del conjunto. Como veremos, la
resolución máxima de un objetivo no es una variable que aproxime bien la función de
transferencia de contraste del mismo, que varía además con la abertura (entre otros
factores). Esto explica que la aproximación empírica sólo sea aceptablemente válida bajo
determinados supuestos (->). La fórmula cuadrática, que puede verse en muchas
referencias, no es una aproximación tan buena para el medio digital (ofrece números un
poco mayores).
En resumen, la resolución y el contraste final de la imagen resultante dependerá de las MTF
de cada eslabón del proceso. El siguiente gráfico es una ilustración de esta idea:
Contraste y resolución de los diferentes eslabones de la cadena de imagen (Norman
Koren©).
Es interesante consultar para estos temas los artículos "Resolution", de Makoto Honda;
“Resolution and MTF curves in film and lenses” de Norman Koren; y los capítulos 3 y 5 del
“Leica Lens Compendium”, de Erwin Puts, referencias todas ellas recopiladas en la última
A continuación vamos a estudiar con más detalle las particularidades de cada uno de los
elementos que intervienen de forma decisiva en el resultado final, empezando por el objetivo
para continuar después con el sensor.
1.1. El objetivo.
Los objetivos transmiten a la película o sensor puntos de luz, que por efecto de la difracción
(->) aparecerán como un punto circular rodeado de una serie de anillos alternativamente
brillantes y oscuros. Éstos son los llamados discos de Airy (por el astrónomo inglés George
Biddel Airy, 1801-1892, ->). Lo ideal sería que tanto el círculo central como el halo fueran lo
más perfectos y pequeños posibles.
Cuanto mayor es el efecto de la difracción, mayor será también el diámetro del disco de Airy.
Por su parte, las aberraciones (->) (del latín ab errare, ab, fuera, errare, errar, es decir,
apartarse del camino, desviarse o extraviarse) provocan alteraciones diversas en el círculo o
el halo, entre ellas la de esfericidad, de coma, de curvatura de campo, de astigmatismo y de
distorsión –aberraciones monocromáticas–, más las aberraciones cromáticas (que son de
dos tipos, longitudinal y lateral). A estas aberraciones se las conoce como aberraciones de
tercer orden o de Seidel (por el matemático alemán Ludwing von Seidel, 1821–1896, ->),
pero hay otras de órdenes superiores (las 9 aberraciones de quinto orden o de
Schwarzschild, las 14 aberraciones de séptimo orden...). Las aberraciones más importantes
para la fotografía son las de tercer y quinto orden, y éstas últimas van ganando peso
conforme aumenta el ángulo de visión y la luminosidad del objetivo, degradando la imagen
independientemente del grado de corrección de las aberraciones de Seidel. Esto obliga a
llevar la corrección más allá y a tratar conjuntamente las de tercer y quinto orden. Dado que
no hay grados de libertad suficientes (radios, grosores y espacios) para una corrección
completa de todas las aberraciones, es usual dejar permitir una cantidad controlada de
algunas para compensar la presencia inevitable de otras.
Así pues, la capacidad resolutiva de un objetivo (aerial image resolution) depende de las
aberraciones y la difracción. Cuando cerramos el diafragma las aberraciones se ven
mitigadas y el único factor limitante es la difracción. Cuando abrimos el diafragma la
difracción pierde importancia pero las aberraciones cobran fuerza.
Además de la resolución y el contraste hay otros aspectos de la calidad de un objetivo que
una MTF no capta, como son la rendición del color, las distorsiones o la resistencia a los
reflejos internos y luz parásita (flare). Es imposible corregir todas las aberraciones al
máximo, por lo que la calidad de la imagen que proyecta un objetivo sobre la película o
sensor tiene mucho que ver con la “receta” aplicada a las aberraciones residuales.
Por ejemplo, la calidad de la imagen fuera de foco, conocida por el término japonés bokeh,
tiene su importancia a la hora de evaluar un objetivo, aunque casi siempre se presta
atención sólo a su complementario, la imagen en el plano enfocado, el pinto (->, ->). Una
buena porción de la fotografía puede quedar desenfocada, por encontrarse los objetos
representados delante del plano enfocado (mae-bokeh) o detrás (ushiro-bokeh). Pues bien,
la aberración de esfericidad residual es un ingrediente esencial del bokeh, junto con la
aberración cromática longitudinal (formando lo que se conoce como esferocromatismo), pero
también el diseño de las palas del diafragma, el propio viñeteo óptico o el resto de las
aberraciones residuales (->). En general, cuanto más cercanas se mantengan las líneas
sagitales y tangenciales de las curvas MTF mejor será la “calidad” del bokeh. Por tanto, los
gráficos MTF aportan una información más rica que una mera medición de resolución y
contraste pero, como se ve, son indicadores muy toscos de otras variables que resultan
decisivas para la percepción de “calidad” en la imagen transmitida por un objetivo.
Es más, esas importantes variables no sólo no se pueden medir con un instrumento como la
representación gráfica de funciones matemáticas, sino que tampoco pueden medirse
cardinal u ordinalmente de forma objetiva de otra forma, lo que explica que el diseño de los
objetivos tenga parte de ciencia y parte de arte. Por seguir con el ejemplo, el bokeh sólo
puede ser descrito y valorado subjetivamente (véase este buen análisis comparativo de
objetivos, ->). Para ello los japoneses utilizan una profusión de términos más o menos
precisos. Por ejemplo, el nin-sen-bokeh es aquel en que se aprecia duplicación de las
formas, que no se considera un buen bokeh. Las luces altas desenfocadas se describen con
términos como enkei (circular), han-enjoh (semi-circular), marumi-ga-aru (redondeado),
hosonagai (alargado y estrecho) o kometto-joh (forma de cometa). El conjunto del bokeh se
describe con términos como sofuto (suave), katai (duro), hanzatsu (complejo), kuzureru (que
pierde los perfiles), keikoh (un bokeh muy ligero). Para la calificación se emplean términos
como kirei (hermoso y limpio), sunao (amable), yoi (bueno), konomashii (bonito, agradable),
odayaka (suave) o shizen (natural).
Nos centraremos a partir de ahora en el análisis de la resolución y el contraste. Las
aberraciones dependen de la abertura y del ángulo de visión, ángulo de cobertura o campo
visual (field of view, o angle of view, o angle of coverage, FoV), entre otras cosas, pero no
de forma lineal, como muestra la siguiente tabla:
Campo (ángulo de
Aberración Abertura (R = radio) eje (centro de la
visión, = V)
imagen, = D)
Aberración esférica R3 No afecta No afecta
Coma R2 V D
Curvatura No afecta V2 D2
Astigmatismo No afecta V2 D2
Distorsión (%) No afecta V3 D2
R No afecta No afecta
No afecta 1/V (*) D
Si el radio del diafragma se duplica, la aberración esférica se multiplica por 8 (=23). La
misma relación hay entre la distorsión y el ángulo de visión (->). Cuanto más luminoso es un
objetivo, y menor su longitud focal, más difícil es corregir las aberraciones, que se
multiplican. Cuanto mayor es el volumen del cilindro de un objetivo, caeteris paribus, más
fácil resulta compensar las aberraciones, pero los diseñadores ópticos trabajan además con
fuertes restricciones de coste y posibilidades de manufactura en serie y escala de
producción (->).
Paul van Walree ©
La aberración de esfericidad (->) provoca lo que se conoce como desviación de enfoque
(focus shift en inglés, o Blendendifferenz en alemán), es decir, el plano focal se desplaza
con la abertura. El diagrama muestra cómo los haces de luz que entran por los extremos de
una lente con superficies esféricas (de tipo positivo en el ejemplo) convergen en un punto a,
mientras que la luz que entra por el centro converge en un punto c. La imagen que proyecta
una lente con aberración esférica es un punto luminoso rodeado de un halo. El plano de
enfoque óptimo no está ni en a ni en c, sino en b, donde el diámetro del disco de Airy es
menor. Si delante de la lente disponemos las palas de un diafragma, y este se cierra, la luz
que incide en los bordes ve interrumpido su paso. ¡El plano focal se habrá desplazado hacia
c! Por tanto, un sujeto que aparece enfocado a una determinada distancia y abertura puede
aparecer desenfocado con solo variar la abertura. Este problema afecta a todos los
objetivos, en mayor o menor medida, aunque se trata de minimizar el problema para que las
oscilaciones del plano focal no alteren sustancialmente la nitidez percibida de la imagen. Las
lentes con superficies aesféricas (no esféricas, con perfiles con forma de parábolas o
elipses) ayudan a reducir esta aberración. No obstante, si la distancia entre el diafragma y la
superficie aesférica es relativamente grande, otras aberraciones pueden verse agravadas.
La aberración de coma (también conocida como aberración esférica oblicua) es de
naturaleza similar a la anterior, en el sentido de venir explicada por diferencias en la
refracción de los haces de luz en función de su ángulo de incidencia en la superficie curva
de la lente. La luz con un mayor ángulo de incidencia es desviada con un ángulo distinto que
la luz que entra más cerca del eje. El efecto son puntos de luz proyectados con un halo
triangular y forma de cometa. Se puede corregir mediante combinaciones de distintas
curvaturas en una y otra cara de la lente (bending) y, en objetivos con varias lentes,
mediante un diafragma central y un diseño simétrico.
El astigmatismo y la curvatura de campo (->) son dos aberraciones monocromáticas
asociadas, pero distintas. El problema de la curvatura de campo está en que el plano focal
deja de ser tal y se convierte en una superficie curva que coincide parcialmente con el
sensor (o la película) sólo en una pequeña zona central. El radio de esa curvatura se
corresponde aproximadamente con la longitud focal del objetivo. El astigmatismo es la
diferencia entre las superficies curvas correspondientes a detalles sagitales (líneas
orientadas hacia el centro de la imagen) y tangenciales (líneas perpendiculares a las
anteriores). En el gráfico de la izquierda, la curva marcada con T contiene los detalles
tangenciales, y la marcada con S los detalles sagitales. P es la superficie de Petzval, que
puede ser plana incluso en presencia de astigmatismo, y que guarda una relación
matemática con las otras dos: TP = 3xSP, donde TP es la separación entre T y P, y SP entre
S y P. Conforme nos alejamos del centro de la imagen, ésta va apareciendo más y más
desenfocada (curvatura de campo) y quedando más afectados los detalles tangenciales que
los sagitales (astigmatismo). Se puede definir una superficie plana entre S y T que ofrece un
mejor compromiso en términos de enfoque, con el centro (detrás) y los bordes (delante) algo
desenfocados, pero en menor medida de lo que estarían los bordes si respetáramos la
posición señalada en el gráfico por el plano gaussiano (donde enfoca la luz que entra por el
centro). Conociendo la distancia entre montura y sensor (o película) el diseñador óptico tiene
que elegir sobre qué plano focal realizar los cálculos. También se puede jugar con la
posición del diafragma y con los vidrios que componen las lentes del objetivo para acercar T
y S (reducir el astigmatismo hasta conseguir una imagen perfectamente estigmática, en la
que T=S) o reducir también la curvatura que afecta a ambas (y conseguir una imagen
anastigmática, sin curvatura de campo ni astigmatismo). En el gráfico de la derecha
tenemos, en la parte A, una imagen estigmática (con S y T igualadas), pero con curvatura de
campo; en la parte B tenemos una imagen con residuos de astigmatismo y curvatura de
campo, pero aproximadamente anastigmática. Aunque las curvas T y S no se ven afectadas
por la abertura, cerrando el diafragma sus efectos en la imagen se reducen. Grupos de
lentes flotantes pueden reducir efectivamente el astigmatismo y la curvatura de campo. En
cualquier caso, una corrección total de ambas aberraciones no es posible, si bien una
imagen aproximadamente anastigmática es un buen compromiso. El astigmatismo puede
observarse en las curvas MTF para cualquier abertura dada como una separación de las
líneas tangenciales y sagitales conforme nos alejamos del centro de la imagen.
Las aberraciones cromáticas (->) son de dos tipos diferentes, longitudinal (o axial) y lateral.
En la aberración cromática longitudinal (diagrama de la izquierda) cada longitud de onda
converge en un plano distinto. Como vemos en el ejemplo, sólo la luz verde enfoca sobre el
sensor, mientras que la azul lo hace antes de llegar a él, y la roja detrás. Afecta
especialmente a objetivos muy luminosos (con grandes aberturas). En el caso de la
aberración cromática lateral (diagrama de la derecha) todas las longitudes de onda (colores)
enfocan en el mismo plano, pero con desplazamientos laterales respecto del eje (centro). Es
muy frecuente en los teleobjetivos y los diseños retrofoco empleados en muchos gran
angulares (*), y explica que las líneas sagitales y tangenciales de las curvas MTF se
separen conforme cerramos el diafragma (pues sólo la línea tangencial resulta afectada por
la aberración, y no mejora al cerrar, mientras que la sagital sí). Los dos tipos de
aberraciones cromáticas se dan a la vez, degradan la resolución y contraste de un objetivo y
son uno de los causantes de esa coloración en los bordes de los objetos en presencia de
marcados contrastes de luz (halos), pero con algunas diferencias: la aberración longitudinal
o axial afecta todo el perímetro de los objetos, los tiñe de un solo color, ocurre en cualquier
parte de la imagen y se reduce cerrando el diafragma; la aberración lateral, por el contrario,
sólo afecta tangencialmente a la imagen, modifica la coloración según el orden de la
secuencia oscuro-claro o claro-oscuro, empeora sus efectos al acercarnos a las esquinas y
no depende de la abertura. Estas aberraciones se combaten combinando distintos tipos de
vidrios exóticos con dispersión baja o anómala. Si los tres colores primarios están libres de
esta aberración podemos hablar de objetivo “apocromático”. Los objetivos
“superacromáticos” llevan la corrección a 4 o más longitudes de onda diferentes (Zeiss
fabrica objetivos de este tipo, ->). El problema de la aberración cromática tiene efectos más
serios sobre sensores que sobre película, debido a la mayor sensibilidad ultravioleta e
infrarroja de los sensores (donde la corrección de esta aberración en los objetivos era
escasa por innecesaria) o a un problema de birrefringencia (->) provocado por el ángulo de
incidencia de la luz en las microlentes que los cubren (->).
Disco de Airy sin aberraciones Disco de Airy con aberración de esfericidad
Disco de Airy con curvatura de campo Disco de Airy afectado por un problema de distorsión
Disco de Airy afectado por un problema de coma Disco de Airy con astigmatismo
Discos de Airy generados por ordenador para mostrar el efecto de las aberraciones (Natalie
Gakopoulos©)
La distorsión óptica (->) es una aberración de Seidel, si bien no se puede ver su huella en el
perfil de las curvas MTF. Distorsiona las líneas rectas, que se curvan, adoptando forma de
barril (y>h) o de acerico (pincushion, y<h). El objetivo que no distorsiona la imagen se llama
ortoscópico, que significa “visión correcta”. La razón h/y se conoce como magnificación de la
imagen, y estaremos en presencia de una distorsión cuando dicha variable dependa de la
distancia al centro de la imagen. Si h/y se reduce conforme nos alejamos del eje, la
distorsión será de barril, y si aumenta será de acerico. Como puede verse, es la posición
relativa del diafragma lo que provoca el problema. Un objetivo gran angular de tipo retrofoco
tiende a mostrar distorsión de barril, pues el grupo frontal de lentes, de tipo negativo, actúa
ópticamente como un diafragma. Los teleobjetivos son el caso contrario, con un grupo
trasero negativo, y tienden a provocar distorsión de acerico. En cambio, los diseños
simétricos son casi ortoscópicos. No hay que confundir las distorsiones ópticas con lo que
se conoce como distorsiones de la perspectiva, y que no son realmente distorsiones. Un
buen ejemplo son las líneas paralelas que se ven como convergentes (las esquinas de un
rascacielos, los bordes de una carretera), debido simplemente a que el plano focal no se
encuentra paralelo al objeto observado, sino formando un ángulo con él. Este efecto natural
de la perspectiva puede corregirse con objetivos que permiten alterar la orientación del
plano focal mediante desplazamientos de los grupos de lentes que lo forman. Las
distorsiones geométricas también se confunden a menudo con una distorsión óptica. Éstas
se producen cuando proyectamos un objeto con tres dimensiones en un plano
bidimensional. No todos los puntos del objeto están a la misma distancia del plano. Esto
explica que los objetos se vean distorsionados si se sitúan en los bordes de una imagen
tomada con un gran angular. Las distorsiones de la perspectiva y las geométricas se
corrigen en parte si, frente a la fotografía, adoptamos la misma posición que el fotógrafo
frente al objeto, es decir, acercándonos más a las fotografías tomadas con grandes
angulares o situando en alto las fotografías de edificios tomadas a la altura de la calle.
Los reflejos internos y la luz parásita (flare) (->) es otra variable que afecta severamente al
contraste de un objetivo y, por tanto, a la calidad de imagen, si bien no es una aberración.
Es luz que se desvía de su trayectoria y acaba alcanzando la película o el sensor, cuando
no debería, o no en la forma en que lo hace. Las causas son múltiples, pero son reflejos
incontrolados de la luz al cambiar de medio (de aire a vidrio o al revés) o al chocar con las
palas del diafragma, con alguna impureza en el vidrio de las lentes, con la cara interna del
barril del objetivo o con la propia película o superficie del sensor. Los multirevestimientos
han permitido corregir esto en cierta medida (reduciendo los reflejos del 4% de las
superficies no revestidas hasta un 0,5-1%), y el uso de parasoles adecuados evita que el
problema se agrave (->). No es posible sin embargo eliminar totalmente el problema bajo
todas las circunstancias posibles, aunque hay sistemas mejor corregidos que otros. El efecto
de los reflejos es variado, desde manchas de color, a halos, velos neblinosos (veiling glare)
o imágenes fantasma. Con los velos, la pérdida de contraste y saturación es notable, y la
calidad de la imagen queda severamente degradada.
El viñeteo (->) tampoco es una aberración, pero afecta a la calidad de imagen, y podemos
considerarlo una propiedad de los objetivos. Hay tres tipos de viñeteo, según su causa: el
óptico (o físico, o artificial); el natural; y el mecánico. El de origen óptico se da cuando la luz
que entra por los bordes de la lente frontal se encuentra con las paredes internas del
objetivo. El viñeteo natural se produce porque los haces de luz que inciden en las zonas
periféricas de la película o sensor recorren una mayor distancia que aquellos que alcanzan
zonas cercanas al eje, y se dispersan en una superficie mayor. El mecánico se da cuando
algún accesorio entorpece la entrada de la luz, como puede ser el caso de los filtros o los
La pupila de salida es una abertura virtual, determinada por la proyección del diafragma en
la lente que le sigue. La luz que pasa por esta pupila de salida consigue salir del objetivo (-
>). En los diseños de objetivos de tipo simétrico la distancia entre la pupila de salida y el
plano focal coincide con la longitud focal y la luz incide en las esquinas del fotograma que
encaja en el círculo de luz con el mismo ángulo que el ángulo de visión (FoV) del objetivo,
que es el ángulo de entrada. Sin embargo, los teleobjetivos, o los angulares retrofoco, tienen
la pupila de salida más alejada, para disponer de más espacio tras ella con distintos
propósitos (entre otros, permitir el juego del espejo en las cámaras réflex). En estos diseños
la luz incide en las esquinas del fotograma con un menor ángulo. Un teleobjetivo (con dos
elementos básicos, un elemento positivo en la parte frontal y un elemento negativo en la
posterior) tendrá una longitud focal efectiva mayor que su longitud física. Al contrario, si
observamos la longitud física de un objetivo gran angular y comprobamos que es superior a
la longitud focal efectiva, tendremos un indicio del empleo de un diseño retrofoco (un
teleobjetivo invertido, con dos elementos básicos, un elemento negativo en la parte frontal y
un elemento positivo en la posterior). Los angulares retrofoco necesitan lentes frontales de
mayor tamaño y son más difíciles de diseñar, pero ofrecen más posibilidades de control de
las aberraciones. El viñeteo natural es inferior en este tipo de objetivos pero, en conjunto, el
viñeteo observado es más sensible en ellos a la abertura del diafragma (y los problemas de
distorsión tienden a ser más severos tanto en los teles como en los angulares, pero eso es
Los dos objetivos del dibujo que sigue a este párrafo son Zeiss de 21mm de longitud focal,
el primero un diseño Distagon de tipo retrofoco para cámaras réflex Contax y el segundo un
Biogon de tipo simétrico para cámaras telemétricas Contax G. Las líneas verticales negras
señalan la posición del diafragma, y las rojas la posición de la pupila de salida. La distancia
entre la pupila de salida y el plano focal es mucho mayor en el primer caso, así como la
longitud física del objetivo, mientras que el ángulo de incidencia en los bordes del sensor o
película de formato 35mm (b) es mucho menor, y por tanto también el viñeteo natural.
Los números f indican la abertura del diafragma, y son iguales a la razón entre la longitud
focal y el diámetro de abertura del objetivo. Los números f responden a una serie de
potencias de la raíz cuadrada de 2. En efecto, la raíz cuadrada de 2 es 1,4, y pasamos a los
siguientes números de la escala multiplicando o dividiendo por ese número: 0,7 (≈1/1,4 =
1,4-1), 1 (≈1,4/1,4=1,40), 1,4 (≈√2=1,41), 2 (≈1,42), 2,8 (≈1,43), 4 (≈1,44), etc. Cada número f
de la serie indica que la cantidad de luz que pasa a través del objetivo por unidad de tiempo
es la mitad de la representada por el número anterior. Es fácil calcular la diferencia de
luminosidad para pasos intermedios con la fórmula (1,4)n = f, de donde, tomando logaritmos
y despejando, n = ln f / ln 1,4. Recordamos que f es la abertura intermedia para la que
queremos hacer el cálculo (por ejemplo, f/1,2, f/1,8, f/3,5 o f/2,5) y n la luminosidad en una
escala lineal, donde 1 representaría la correspondiente a un objetivo f/1,4. Los objetivos
para el formato 35mm (24x36mm) tienen un rango típico de aberturas comprendido entre f/1
y f/22. El ojo humano, en cambio, tiene aberturas comprendidas entre f/2,1 y f/8,3, mientras
que un gato llega a f/0,9. Existe un simpático crustáceo, de nombre Gigantocypris, que
habita a grandes profundidades, cuyos ojos tienen una abertura máxima de f/0,25.
Como hemos señalado, es muy fácil calcular el diámetro de la abertura si sabemos la
longitud focal del objetivo y el número f, como mostramos en la siguiente tabla (->)
construida para un objetivo de 50mm:
Diámetro de la Radio de la abertura Superficie total de la Cantidad de luz transmitida
abertura (mm) (mm) abertura (mm2) por unidad de tiempo (f/5,6
Abertura = 50mm / f/# = Diámetro/2 = π * radio2 = 1)
f/1 50,0 25,0 1963 x32
f/1,4 35,7 17,9 1002 x16
f/2 25,0 12,5 491 x8
f/2,8 17,9 8,9 250 x4
f/4 12,5 6,3 123 x2
f/5,6 8,9 4,5 63 1
f/8 6,3 3,1 31 x1/2
f/11 4,5 2,3 16 x1/4
f/16 3,1 1,6 8 x1/8
f/22 2,3 1,1 4 x1/16
Como puede observarse, la superficie de la abertura se reduce por la mitad con cada paso
que damos en la serie de números f, lo que explica esa reducción por mitades en la cantidad
de luz por unidad de tiempo de la que hablábamos. Esos cálculos serían correctos sólo si
las palas del diafragma estuvieran instaladas delante de la primera lente del objetivo.
Normalmente el diafragma está situado dentro del objetivo y sus dimensiones son más
reducidas de lo que muestran los cálculos de la tabla, si bien las proporciones se mantienen
en todo caso. Volveremos a este tema de la cantidad de luz transmitida al final de este
artículo, pues tiene muy interesantes repercusiones.
A plena abertura el efecto de la difracción es mínimo, pero las aberraciones esféricas y de
coma son muy severas y difíciles de corregir. Cerrando el diafragma al máximo las
aberraciones mencionadas se minimizan, pero los efectos de la difracción se multiplican.
Hay un punto medio en el que se consigue un justo equilibrio entre ambas causas del
deterioro de la imagen –aberraciones y difracción– y en el que la calidad de ésta (resolución,
contraste) alcanza su máximo para cada objetivo. Esa abertura óptima dependerá del
formato. Aproximadamente, los objetivos para el formato de 35mm suelen verse
condicionados por las aberraciones para aberturas de f/5,6 o mayores (números f menores),
mientras que suelen estar condicionados por la difracción para aberturas de f/11 o menores
(números f mayores). No obstante eso depende también de cada objetivo.
El ángulo de visión o ángulo de cobertura (FoV) para un objetivo rectilíneo responde a la
fórmula (->):
FoV = 2 * arctan [ T / (L * 2 * (m + 1)) ]
Donde arctan es el arco-tangente (->), T es la dimensión del formato, ya sea horizontal,
vertical o diagonal, L es la longitud focal y m es la magnificación. Ésta se puede calcular
m = L / (df – L)
donde df es la distancia a la que estamos enfocando, y L la longitud focal, como siempre.
Ocurre pues que el ángulo de visión depende de la distancia a la que enfocamos, y cuando
ésta es infinita la magnificación se hace cero, mientras que cuando la distancia de enfoque
se reduce el ángulo de cobertura lo hace también, pero sólo para distancias muy cortas. Hay
ángulos de visión horizontales, verticales y diagonales para cada formato, y por eso T puede
representar cualquiera de los lados del fotograma, o su diagonal. Por ejemplo, el ángulo de
cobertura diagonal de un objetivo de 50mm para el formato de 35mm enfocando a infinito se
calcula haciendo m = 0 y T = 43, lo que nos da unos 47 grados. A continuación presentamos
una tabla con los ángulos correspondientes a las focales más comunes, en los tres sentidos,
para formato de 35mm:
15 21 24 28 35 50 70 85 90 100 135 200
Diagonal (°) 110,5 91,7 84,1 75,4 63,4 46,8 34,3 28,6 27,0 24,4 18,2 12,3
Vertical (°) 77,3 59,5 53,1 46,4 37,8 27,0 19,5 16,1 15,2 13,7 10,2 6,9
Horizontal (°) 100,4 81,2 73,7 65,5 54,4 39,6 28,8 23,9 22,6 20,4 15,2 10,3
El ángulo de visión binocular horizontal y vertical de un ser humano es de unos 180 y 90
grados respectivamente, con un ángulo monocular de 140 y 90 grados (ángulos de
aceptación de luz), siendo de 120 grados el campo en que se produce una superposición
“estéreo”. No obstante, percibimos detalles de forma y color para un área mucho menor
(campo central o foveal), de unos pocos grados. Ello se debe a que sólo una parte de la
retina, llamada fóvea, tiene una alta concentración de “conos”, que son células fotosensibles
que responden a los colores. El resto de la retina está cubierta sobre todo de “bastoncillos”,
monocromáticos. La información de este campo periférico se emplea para regular el
movimiento de los ojos. El movimiento de tipo “sacádico” proporciona un “barrido” (parecido
a un escaneo) de un objeto mediante pequeños saltos en la posición del ojo (“sacadas”), lo
que nos permite obtener información visual detallada de objetos grandes a partir de un
campo foveal muy pequeño. No es de extrañar que los datos sobre el ángulo de visión
humano “con detalle” (ángulo de visión foveal) sean tan variados, pues depende de cada
circunstancia. Podemos concentrar nuestra atención en una línea de la página de un libro
para leer o en la pantalla de un cine, cubriendo el “barrido” sacádico en cada caso ángulos
muy distintos, lógicamente. Si el objeto en que centramos la atención se mueve o el área es
demasiado amplia, nuestro cerebro dispone de otros movimientos adicionales de ojos y
cabeza para ajustar el ángulo de visión foveal debidamente, aunque resultan menos
precisos y confortables. Se considera que el rango de ángulos de visión que proporcionan
las sacadas, se correspondería aproximadamente con el de objetivos de 35 a 90mm para el
Un objetivo teóricamente perfecto estaría libre del efecto degradante de las aberraciones,
pero nunca de la difracción, que es inevitable (->). Esos objetivos ideales, libres de
aberraciones, reciben el nombre de “limitados o condicionados sólo por la difracción” o “sin
aberraciones” (diffraction limited lenses o aberration free lenses).
Es fácil calcular la capacidad resolutiva máxima teórica de uno de estos objetivos sólo
condicionados por la difracción, mediante una sencilla fórmula (que veremos ahora). Esas
cifras se aproximan a las de un objetivo con aberraciones sólo cuando cerramos el
diafragma. Por otro lado, cuanto mayor sea el grado de corrección de las aberraciones de un
objetivo (medido mediante el error del frente de onda, o wavefront error) más similares serán
las funciones de transferencia de contraste (MTF) a las de un objetivo sólo limitado por la
difracción (->).
En el siguiente gráfico mostramos cómo afectan las aberraciones a una curva MTF
cualquiera, donde en el eje de ordenadas (vertical) se representan los niveles de contraste
(en tantos por uno) y en el de abscisas (horizontal) las resoluciones (en pares por milímetro).
Cuando el error del frente de onda es igual a 0 ‘longitudes de onda’ podemos decir que el
objetivo está libre de aberraciones. La curva MTF, como se puede ver, decrece a una tasa
constante hasta cero. Para errores de 0,25 ‘longitudes de onda’ o menores tenemos un nivel
de aberraciones aceptable, mientras que a 0,5 ‘longitudes de onda’ las aberraciones ya
estarán afectando apreciablemente la imagen, y a partir de 0,75 ‘longitudes de onda’ la
pérdida de calidad es notable. Puede observarse cómo, si bien las aberraciones no reducen
el límite resolutivo máximo del objetivo, sí afectan al perfil de la curva, que adopta una forma
convexa, deteriorando muy sustancialmente los niveles de contraste en el rango de
resoluciones relevante para la fotografía, que en las cámaras réflex digitales actuales es
inferior a los 100 pares por milímetro.
El efecto de las aberraciones en una curva MTF (Bob Atkins©).
La resolución máxima teórica de un objetivo libre de aberraciones, sólo limitado por la
difracción, con 0 ‘longitudes de onda’ de error de frente de onda, depende de dos factores:
la abertura y la longitud de onda de la luz que atraviesa el objetivo. Si adoptamos el criterio
de Rayleigh (por el físico británico John William Strutt, Lord Rayleigh, 1842-1919, ->), según
el cual dos puntos se distinguen como tales cuando el primer anillo de oscuridad del disco
de Airy de uno coincide con el centro del disco de Airy del otro (->), la fórmula sería:
Rm = 1 / (1,22 * W * f)
Donde Rm es la máxima resolución alcanzable en pares por milímetro, W es la longitud de
onda de la luz en milímetros y f es el número que indica la abertura.
El ser humano puede percibir longitudes de onda dentro del rango 0,0004-0,0007mm, que
va del rojo al azul. Podemos basar nuestros cálculos en un valor medio, un verde con una
longitud de onda de 0,00055mm. En ese caso la fórmula genérica anterior quedaría
aproximada por:
Rm = 1500 / f
Aplicando esa sencilla fórmula es fácil construir una tabla de resoluciones máximas para un
objetivo ideal, perfecto, que haya conseguido eliminar todas las aberraciones para todas las
aberturas y esté limitado sólo por la difracción (el nivel de contraste para ese máximo será
de un 9%, ->). Un ejemplo de objetivos (casi) sólo limitados por la difracción son el Apo-
Telyt-R 280mm f/4 (->) y el Apo-Summicron-R 180mm f/2 (a partir de f/5,6) de Leica (->).
Recordemos que estos valores convergen a los de un objetivo con aberraciones conforme
cerramos el diafragma o, dicho de otra forma, no podemos en general esperar alcanzar las
resoluciones indicadas en la tabla para los valores f más bajos.
Nos será de utilidad computar también el diámetro del punto de luz proyectado sobre el
sensor o película –disco de Airy– de un objetivo sólo limitado por la difracción y para un
motivo perfectamente enfocado. La fórmula es muy sencilla (->):
CAiry = 2,44 * W * f * 1000
donde CAiry es el diámetro de dicho punto, y se multiplica por 1000 para pasar a micras si la
variable W viene dada en milímetros.
Máxima resolución teórica según el Diámetro del disco de Airy (micras) para
criterio de Rayleigh (lp/mm) un motivo perfectamente enfocado
f/1 1500 1,3
f/1,4 1071 1,9
f/2 750 2,7
f/2,8 536 3,8
f/4 375 5,4
f/5,6 268 7,5
f/8 188 10,7
f/11 136 14,8
f/16 94 21,5
f/22 68 29,5
El diámetro del punto de luz o disco de Airy nos ayudará a entender por qué las cámaras de
menor formato pierden rápidamente nitidez cuando cerramos el diafragma. El círculo de
confusión (circle of confusion, CoC, ->) es el tamaño máximo del disco de Airy que, ampliado
para pasar la foto de su medio de captura original al papel, garantiza que el ojo humano no
lo perciba como tal punto. Las partes de la imagen representadas por discos de Airy con
tamaños iguales o inferiores al círculo de confusión se percibirán como nítidas. La
profundidad de campo (depth of field, DoF) está relacionada por tanto con el diámetro de
estos puntos de luz proyectados por el objetivo.
El diámetro del círculo de confusión depende del tamaño de la superficie de captación
original, pero también de la ampliación a la que sometamos la imagen para llevarla al papel,
por lo que tiene un componente convencional. En general se adopta como referencia un
tamaño de impresión de 8x10 pulgadas (203x254mm, con proporciones 2:2,5 y que cabe en
un DIN A4, que son 210x297mm, con unas proporciones 2:2,8), que para el formato de
35mm (24x36 mm) lleva a unos círculos de confusión dentro del margen 0,025-0,035mm (25
a 35 micras) si nos basamos en una estimación conservadora de lo que el ojo humano
puede distinguir con claridad a simple vista. Actualmente se adopta el valor de 0,030
milímetros. En cualquier caso, cualquier imagen captada en una superficie de ese formato
debe ampliarse 7,6 veces para conseguir una impresión 8x10, pues la diagonal del formato
de 35mm es de 43mm y un rectángulo de 8x10 pulgadas tiene una diagonal de 325mm
(325/43 = 7,6). Por tanto, tendremos 0,030 milímetros por 7,6, que son 0,23 milímetros, cuya
inversa son algo más de 4 líneas por milímetro en el papel, es decir, unos 2 lp/mm. Una
impresión 8x12 pulgadas (203x305 mm) respeta las proporciones del fotograma (2:3 =
1:1,5), pero no cabría (por poco) en un DIN A4 (8,3x11,7 pulgadas). Un fotograma de
formato 35mm tendría que ampliarse 8,5 (= 366/43) veces para alcanzar un tamaño de 8x12
pulgadas. Se puede emplear el 8 como un número redondo intermedio para cálculos rápidos
en los que tenga que ver el factor de ampliación.
Las estimaciones que acabamos de ver son las que se siguen para el trazado de las marcas
de profundidad de campo de los objetivos, pero se trata de convenciones de los años 30
muy anticuadas. Hoy sabemos que el ojo humano puede llegar a captar hasta 3 veces más
detalle a simple vista, es decir, en el mejor de los casos distingue puntos de unos 0,08
milímetros de diámetro, o 6 pares por milímetro (->), por lo que el círculo de confusión
debería ser mucho menor (no obstante, en promedio, no percibimos más que 3 ó 4 pares).
Además, si adoptamos como referencia un tamaño de impresión mayor (un A3, por
ejemplo), el círculo de confusión tiene que ser todavía más pequeño (->).
Es fácil repetir los cálculos con ayuda de unas simples fórmulas. La resolución real que debe
alcanzar el sistema en pares por milímetro, R, vendrá dada por la resolución real que
queremos en el papel en pares por milímetro multiplicada por la razón de las diagonales de
la foto impresa y el medio de captura, de modo que
R = rf * (D/d)
Donde rf es la resolución final en el papel, D es la diagonal de la fotografía impresa y d la
diagonal del fotograma o sensor. Podemos emplear la fórmula para calcular qué resolución
debe alcanzar el sistema (sensor y objetivo) para garantizar determinada resolución en una
impresión de determinado tamaño. Por ejemplo, para conseguir una impresión 8x12 con 6
pares por milímetro (de detalle real captado) el sensor de 35mm tiene que proporcionar una
resolución lineal real de 50 pares por milímetro (≈ 6*366/43).
El círculo de confusión no es más que la inversa de R multiplicada por dos, para pasar a
milímetros, es decir,
CoC = 2/R
Hay una regla sencilla, aunque algo tosca, para calcular el círculo de confusión, que es
dividir la diagonal del sensor o película por 1500
CoC = d/1500
En efecto, el formato de 35mm tiene una diagonal de 43mm, de manera que, sustituyendo,
tendremos que CoC = 0,030 mm para dicho formato.
Tres puntos en distintas posiciones de una escena que vemos nítidos por proyectar en el
plano focal puntos iguales o menores al círculo de confusión (->).
Todo esto sirve para justificar los más bien convencionales valores de la última columna de
la tabla, aunque lo interesante es interpretarlos (->). Obsérvese que para el formato de
35mm cerrar el diafragma más allá de f/22 conlleva una pérdida apreciable de nitidez
percibida en una impresión 8x10 (ó 8x12), pues el disco de Airy superará el tamaño del
círculo de confusión (convencionalmente definido). Los formatos más pequeños tienen ese
límite en un número f menor (a una abertura mayor), pues su círculo de confusión es menor
(hay que ampliar la imagen original más veces). Lo contrario para los formatos más grandes,
cuyos objetivos se pueden permitir números f mayores que los mostrados en la tabla. En
general, para el cálculo de los círculos de confusión de cada formato se puede emplear el
factor de recorte de todos ellos respecto de uno cualquiera (->). En efecto, para dos
sistemas cualesquiera,
CoC2 = CoC1 / q
donde q es el factor de recorte, es decir, la razón de las diagonales de ambos formatos (q =
d1/d2). Por tanto, el APS (q = 1,5) tendría un círculo de confusión de 0,020 milímetros de
diámetro (=0,030/1,5) y el 4/3 (q = 2) uno de 0,015 milímetros (=0,030/2). Obsérvese que, si
queremos evitar una pérdida de nitidez general en una impresión 8x10 (ó 8x12), los
objetivos para el formato APS sólo podrán cerrar el diafragma hasta f/16 y los objetivos para
el formato 4/3 hasta f/11, aunque siempre es posible imprimir a menor tamaño (->).
Pero una cosa son los objetivos sólo limitados por la difracción y otra muy distinta los
objetivos reales con los que trabajamos normalmente. A título de ejemplo, mostramos una
tabla de resoluciones para una colección de objetivos de 50mm para formato de 35mm
actualmente comercializados, medidas por Erwin Puts (->) en condiciones de laboratorio
(“Reflections on current optical design trends”, 05/06/06). La tabla presenta los niveles de
contraste (en términos porcentuales) en el centro de la imagen para un amplio rango de
resoluciones (en pares por milímetro) a una abertura de f/5,6 y enfocando a infinito. Los
objetivos son el Zeiss Planar f/1,4 ZF (->), Zeiss Planar f/2 ZM (->), Voigtländer Nokton f/1,5
(->), Leica Summilux M f/1,4 ASPH (->) y Leica Summicron M f/2 (->). Todos tienen
monturas M para cámaras telemétricas de Leica, excepto el Zeiss ZF, que es un objetivo
para cámaras réflex con montura F de Nikon. Todos son diseños ópticos muy recientes,
excepto el Leica Summicron, que es de 1979. El Summilux de Leica tiene un diseño un tanto
especial, por separarse del clásico Doble-Gauss simétrico, incorporando una lente aesférica
y un elemento flotante compuesto por dos lentes para garantizar una calidad uniforme
incluso enfocando a distancias cortas.
Zeiss Planar Zeiss Planar Voigtländer
Objetivos: Summilux M Summicron M
ZF f/1,4 ZM f/2 Nokton f/1,5
f/1,4 ASPH f/2
lp/mm % % % % %
4 96 96 96 96 96
8 95 95 94 95 95
10 94 94 94 95 94
16 94 94 92 93 93
20 90 90 88 90 90
40 78 78 80 80 78
80 60 58 62 60 58
160 35 30 35 35 35
Como puede verse, incluso para una resolución de 160 pares por milímetro, estos objetivos
ofrecen altos niveles de contraste en el centro de la imagen. La tabla, aun en condiciones de
laboratorio, nos da una imagen más realista de la capacidad resolutiva real de los objetivos.
Recordemos que en el cálculo teórico dábamos una resolución máxima para una abertura
f/5,6 de 268 pares por milímetro, si bien esa cifra asumía la total ausencia de aberraciones y
niveles de contraste más bajos que un 30-35%. Se supone que a una abertura intermedia
como f/5,6 se consiguen los mayores niveles de resolución y contraste para este tipo de
objetivos, aunque, dependiendo del objetivo, también podría alcanzarse con una abertura un
poco mayor (f/4) o un poco menor (f/8).
Como vimos, muchas de las aberraciones se multiplican con el ángulo de visión, por lo que
las mayores resoluciones se alcanzan con teleobjetivos, y no con objetivos normales como
los incluidos en la tabla. El peor problema de los teles son las aberraciones cromáticas, –
que se corrigen mediante una combinación de vidrios adecuada– pero, por lo demás, es
más fácil para ellos acercarse a los valores de resolución condicionados sólo por la
1.2. El sensor.
El siguiente elemento que hay que considerar es la capacidad resolutiva de la película o
sensor. Al hablar de sensores utilizaremos como conceptos sinónimos o estrechamente
relacionados los términos 'densidad de píxeles', 'frecuencia espacial', 'límite Nyquist',
‘frecuencia Nyquist’, ‘frecuencia crítica’, 'frecuencia de muestreo' o 'capacidad resolutiva
máxima o teórica'.
Cada tipo de película tiene sus valores resolutivos, dependiendo de si hacemos la medición
para un motivo ideal con alto contraste (1000:1) o para un motivo con un contraste medio
(1,6:1), más realista. La capacidad resolutiva es superior para un motivo de alto contraste,
pero éstos sólo se encuentran en pruebas de laboratorio (cartas de resolución). También es
superior, en general, para película en blanco y negro a igual sensibilidad. En película de
color de alta resolución (una Fuji Velvia, por ejemplo) podemos esperar una capacidad
resolutiva máxima de unos 80 pares para un motivo de alto contraste, mientras que en
película de blanco y negro (una Kodak Technical Pan, Agfa APX25 o Ilford Delta 100)
podrían registrarse resoluciones superiores a 100 pares por milímetro.
Veamos ahora las frecuencias de muestreo o capacidades resolutivas máximas teóricas de
algunos sensores actuales (medidas en pares por milímetro). Según los cálculos de Bob
Atkins (->), redondeando, el sensor de la Canon 10D podría resolver idealmente casi 70
pares por milímetro (fotocélulas de 7,7 micras de lado, ->) y la Canon 20D (o la 30D) casi 80
pares (fotocélulas de 6,4 micras de lado, ->). La nueva Canon 40D, con su sensor de 10
millones de píxeles, tiene una frecuencia de muestreo de 88 pares (celdillas de 5,7 micras
de lado). Estos números son fáciles de comprobar. El sensor de esas dos cámaras es de
15,1x22,7mm, y el tamaño de la imagen en la 10D es 2048x3072 píxeles, de manera que la
máxima resolución es 2048/15,1 = 135,63 píxeles por milímetro = 67,8 pares por milímetro.
Hay una fórmula que permite el cálculo directo de la resolución máxima teórica (o frecuencia
de muestreo en pares de línea por milímetro, Ry) a partir del dato del espaciado entre
‘píxeles’, medido en milímetros (variable p). Tenemos entonces que
Ry = 1/(2p)
La fórmula se puede emplear con la Canon 30D, para confirmar el dato de Atkins, o para
calcular la capacidad resolutiva de otras cámaras. En efecto, las 6,4 micras de espaciado de
los ‘píxeles’ de esta cámara son 0,0064 milímetros, para los que la fórmula da unos 78 pares
de píxeles (o líneas) por milímetro.
La Canon EOS-1Ds Mark II, con un sensor 24x36mm, tiene 70 pares por milímetro de
resolución máxima teórica o frecuencia de muestreo. La Canon 5D, también con un sensor
de formato 35mm sin recorte, tiene una cifra relativamente baja, de unos 60 pares. La
Canon EOS-1Ds Mark III, con sus casi 22 millones de píxeles (de 6,4 micras de lado), puede
resolver idealmente 78 pares por milímetro. En cambio, la Nikon D2X y la D300 tienen nada
menos que 90 pares por milímetro de frecuencia de muestreo (5,5 micras de espaciado
entre píxeles), cifra sólo ligeramente superada por las Olympus E-410, E-510 y E-3 (4,7
micras), que superan ligeramente los 100 pares por milímetro.
Como vemos, los sensores tienen capacidades resolutivas máximas inferiores a la película
en blanco y negro de alta resolución y baja sensibilidad, pero similar a la película en color.
Los sensores digitales tienen además la ventaja de no ver muy degradada su capacidad
resolutiva cuando se aumenta la sensibilidad equivalente ISO (sobre este concepto, ->).
En cuanto a las MTF de los sensores electrónicos, estas funciones pueden ser aproximadas
matemáticamente mediante una expresión como esta (->):
MTF(r) = | sinc ( r / Ry) |n
Donde r es la frecuencia para la que se mide el nivel de contraste en pares por milímetro, Ry
es la frecuencia de muestreo en pares por milímetro, sinc(x) es una función que adopta valor
1 para x = 0 y un valor sin(πx)/(πx) en otro caso (->) y n puede adoptar distintos valores para
una mejor aproximación, siendo n = 3 adecuada para sensores tipo Bayer con filtro de paso
bajo, n = 2 para sensores Bayer sin filtro de paso bajo y n = 1,5 para sensores como el
Foveon (->) (un número n menor implica mayores niveles de contraste para cada resolución
Dado que Ry = 1/(2p) podemos decir que p = 1/(2Ry), es decir, cuanto mayor es el tamaño (o
mejor, espaciado) de cada ‘píxel’ (p) mayor será también el argumento x de la función sinc
para cada frecuencia (r). En efecto, x es una proporción que se mueve entre 0 y 1, de
manera que cuando x es 0 el contraste es máximo y cuando x es 1 el contraste se reduce a
un mínimo (el valor cero se alcanza para una frecuencia doble a la del límite Nyquist, ->).
Nos interesa conocer el nivel de contraste para determinado nivel de resolución (r) de dos
sensores de igual tamaño pero con frecuencias de muestreo distintas (y por tanto, tamaños
de ‘píxel’ distintos). Para ello deberemos comparar las MTF para proporciones x distintas, de
forma que el nivel de contraste del sensor con mayor tamaño de píxel será medido para un
valor de x superior (el denominador del argumento de la función sinc es más pequeño), y
eso supone necesariamente un nivel de contraste menor para un mismo valor de r.
En definitiva, sensores de píxeles más pequeños tienen MTF algo más elevadas, y por tanto
proporcionarían el mismo detalle con mayores niveles de contraste. Obviamente, hay
muchos más factores que afectan la MTF del sensor, como son la presencia (o no) de un
filtro de paso bajo y sus características, la eficiencia cuántica para cada longitud de onda (-
>), la proporción que representa la superficie realmente sensible del sensor (para un estado
de la tecnología dado será menor cuantos más ‘píxeles’, pues la circuitería que cubre parte
de la misma aumenta también), el mosaico Bayer, las microlentes, etcétera. Es muy difícil
conseguir datos de las MTF de los sensores, pues los fabricantes no las publican (a
diferencia de las películas, para las que hay información abundante, ->), por lo que hay que
recurrir a estimaciones independientes. En general, podemos decir que los sensores
proporcionan un nivel de contraste de entre el 30 y el 50 por ciento a la máxima frecuencia
de muestreo (->).
1.3. Resolución combinada.
Vamos a combinar ahora los dos elementos que acabamos de estudiar en detalle, objetivo y
sensor (o película). En la siguiente tabla hemos calculado las resoluciones máximas teóricas
de distintas combinaciones de capacidad resolutiva en el objetivo y película o sensor para
un motivo de alto contraste, empleando la fórmula R = 1 / (1/r1 + 1/r2), que proporciona una
aceptable aproximación empírica. Mostramos capacidades resolutivas máximas poco
realistas para los objetivos porque son ilustrativas de la relativa importancia de uno de los
elementos del sistema por separado.
lp/mm Resolución de la película/sensor (lp/mm)
del objetivo 20 30 40 50 60 70 80 90 100 110 120 130 140 150
100 17 23 29 33 38 41 44 47 50 52 55 57 58 60
200 18 26 33 40 46 52 57 62 67 71 75 79 82 86
300 19 27 35 43 50 57 63 69 75 80 86 91 95 100
400 19 28 36 44 52 60 67 73 80 86 92 98 104 109
500 19 28 37 45 54 61 69 76 83 90 97 103 109 115
600 19 29 38 46 55 63 71 78 86 93 100 107 114 120
700 19 29 38 47 55 64 72 80 88 95 102 110 117 124
800 20 29 38 47 56 64 73 81 89 97 104 112 119 126
900 20 29 38 47 56 65 73 82 90 98 106 114 121 129
1000 20 29 38 48 57 65 74 83 91 99 107 115 123 130
La capacidad resolutiva combinada de objetivo y película química ha sido ampliamente
analizada, y se sabe que con bastante esfuerzo alcanzará los 100/120 pares por milímetro
en el negativo (->). Es más razonable esperar resoluciones máximas de entre 80 y 90 pares
en el negativo, y empleando película para blanco y negro de alta resolución y en condiciones
muy controladas, lo que está dentro de los valores que predice la tabla. En el caso de los
sensores esas cifras pueden ser algo más bajas para el blanco y negro, pero superiores si
se compara con película de color.
Sin embargo, cuando fotografiamos a pulso, el motivo se mueve, enfocamos con rapidez o
empleamos película más sensible (grano más grueso), la resolución máxima que podemos
esperar cae rápidamente, situándose entre los 20 y los 40 pares por milímetro en el mejor
de los casos. Al ampliar el negativo químico a través de un objetivo para obtener una copia
en papel se producen pérdidas de resolución y contraste adicionales, cosa que no ocurre si
imprimimos a partir de un archivo digital. Si disponemos de 20 pares por milímetro en el
negativo o sensor de 35mm, lo más que podremos obtener en un A4 son poco más de 2
pares por milímetro. Pero con 40 pares por milímetro en el negativo podemos alcanzar los 5
pares en el papel (->), detalle que está en el límite de lo que podemos discernir, por lo que
40 pares por milímetro se ha considerado siempre la cifra máxima realmente relevante para
impresiones moderadas (volveremos a esta cifra más adelante).
% Resolución de la película/sensor (lp/mm)
100 83 77 71 67 63 59 56 53 50 48 45 43 42 40
200 91 87 83 80 77 74 71 69 67 65 63 61 59 57
300 94 91 88 86 83 81 79 77 75 73 71 70 68 67
400 95 93 91 89 87 85 83 82 80 78 77 75 74 73
500 96 94 93 91 89 88 86 85 83 82 81 79 78 77
600 97 95 94 92 91 90 88 87 86 85 83 82 81 80
700 97 96 95 93 92 91 90 89 88 86 85 84 83 82
800 98 96 95 94 93 92 91 90 89 88 87 86 85 84
900 98 97 96 95 94 93 92 91 90 89 88 87 87 86
1000 98 97 96 95 94 93 93 92 91 90 89 88 88 87
Resulta interesante considerar además el porcentaje de la capacidad resolutiva del sensor o
película que es aprovechada realmente por el sistema fotográfico. El cálculo es muy sencillo,
pues sólo hay que dividir el valor de cada celda en la tabla precedente por el límite de la
capacidad resolutiva del medio de captura, que consta en la cabecera de cada columna.
La idea es que para poder conseguir mayores resoluciones efectivas dados unos objetivos,
reproducir correctamente una mayor parte de la señal transmitida por éstos, hay que
incrementar la capacidad resolutiva del sensor o de la película, pero aceptando un menor
aprovechamiento de la misma. Esto tiene implicaciones para el medio digital porque la
capacidad resolutiva del sensor, dadas unas dimensiones físicas, determina el tamaño de la
foto (en número de píxeles y en megabytes). Es obvio que hay una parte de la matriz de
píxeles que forma la fotografía digital que no contiene información relevante, problema de
ineficiencia que se agrava cuanto mayor es la capacidad resolutiva de los sensores
(retomaremos esta idea más adelante).
Por otro lado, para aprovechar más a fondo la capacidad resolutiva de los sensores, los
objetivos deben superarla ampliamente, lo que conduce a problemas de exceso de señal,
que trataremos en la siguiente sección. Actualmente es el medio de captura, tanto químico
como electrónico, el principal factor limitante de la resolución de los sistemas fotográficos.
Antes de ofrecer algunas cifras concretas para los sensores digitales tenemos que
incorporar un nuevo concepto al análisis. También para la fotografía digital hay un
componente degradante en la cadena que lleva a la imagen final, y que explica que las
resoluciones calculadas en la tabla precedente, y los porcentajes de aprovechamiento, sean
demasiado optimistas. Se trata del fenómeno del aliasing, que tratamos en la siguiente
2. Los problemas de aliasing.
Las cifras de capacidad resolutiva que acabamos de ver son optimistas. La culpa la tiene el
aliasing, que es el error que se produce cuando se trata de adivinar unos detalles de forma o
color a partir de una información demasiado escasa. No es más que un simple error de
estimación. Pero, ¿por qué las cámaras digitales tienen que estimar?
Los sensores tienen una gruesa capa de filtros y cristales protectores. Uno de esos filtros
provoca por sí mismo un problema de aliasing, y es el filtro-mosaico Bayer (->), que permite
la fotografía digital en color en la mayor parte de las cámaras actuales. Cada fotocélula tiene
sobre sí un cristal de un color primario (verde, rojo o azul) que sólo le permite registrar
información sobre intensidad luminosa para ese color. Después la cámara compone la
imagen final en función no sólo de la información registrada en cada punto, sino de los
colores de los puntos de alrededor. La cámara estima los colores definitivos mediante
complejos algoritmos (->), lo que puede conducir a problemas de moiré cromático (->), que
es el efecto que en la fotografía tiene el problema de aliasing derivado de la estimación de
los colores. Esta interpolación que completa la información que falta no es necesaria en un
sensor multicapa como el Foveon (->) (o en sensores monocromo, como el de la Kodak
DCS-760M, sin filtro de color alguno), lo que explica que los sensores multicapa no
presenten el mencionado problema de moiré cromático (aunque tienen otros puntos débiles,
Pero hay más filtros, como el llamado de “paso bajo” o anti-alias, que trata de evitar la
aparición de otro problema de aliasing. Esta vez el problema se debe a que la frecuencia de
la señal (transmitida por el objetivo) supera a la frecuencia de muestreo (captada por el
sensor). Bajo determinadas condiciones, si la señal es de 70 pares por milímetro y la
frecuencia de muestreo es de sólo 50 pares, el procesador nos mostrará una estructura de
50-(70-50) = 30 pares por milímetro, que es obviamente una estructura falsa, irreal, que
puede presentarse en la imagen en forma de moiré (->).
El siguiente gráfico representa dos MTF para un mismo objetivo de formato 35mm a
distintas aberturas. En el eje de ordenadas (vertical) tenemos el nivel de contraste, medido
de cero a uno. En el eje de abscisas (horizontal) tenemos la resolución, es decir, el número
de pares de líneas por milímetro para el que se da cada nivel de contraste. La línea negra es
la MTF a una abertura de f/22, mientras que la línea azul representa la MTF a f/5,6. Él área
bajo cada curva a la izquierda de la línea roja, que representa la frecuencia de muestreo en
pares por milímetro (75 pares en nuestro ejemplo), es determinante para la percepción de
calidad en la foto. El área situada bajo la curva MTF y a la derecha de la frecuencia de
muestreo (exceso de señal no reproducible) perjudica la calidad de la imagen final, debido al
Curvas MTF (Bob Atkins©).
sustancialmente la frecuencia de muestreo o bien alterar la señal mediante un filtro de paso
bajo. En realidad se aplica una combinación de ambas, mediante el uso de filtros que actúan
sobre la señal y una frecuencia de muestreo lo más alta posible que reduzca la señal
sobrante. Ninguna de las dos vías es capaz de dar hoy día una solución completa al
problema por sí misma.
En efecto, según el teorema de Nyquist-Shannon (->), si la señal y el muestreo no están
perfectamente sincronizados, se requiere una frecuencia de muestreo que más que doble la
frecuencia de la señal para reproducirla perfectamente. Pero ésta es demasiado alta en los
objetivos de 35mm para conseguir cumplir con dicha exigencia, lo que además no tendría
mucho sentido, pues para poder captar detalle fino con bajo contraste estaríamos
empleando una elevadísima capacidad resolutiva teórica, que tiene sus costes (tamaño de
la imagen). El nivel óptimo está en algún punto suficientemente alto como para que los
excesos de señal ocasionales no supongan un problema serio.
Lo mismo puede decirse de la película escaneada: la frecuencia de muestreo deberá ser
muy superior a la frecuencia de la señal captada por el fotograma. Roger N. Clark muestra
que la señal de muestreo tiene que triplicar la frecuencia de la señal para una correcta
reproducción digital de la misma (->). Esto da una idea de hasta qué punto el tamaño de los
archivos digitales procedentes de un escaneo es mayor de lo que sería necesario
La alternativa del filtro tampoco está exenta de limitaciones. Lo ideal sería disponer de uno
que redujera a cero todo el exceso de señal por encima de la capacidad máxima de
muestreo del sensor sin alterar el resto de la señal, es decir, truncar la curva MTF a la altura
de la frecuencia de muestreo, pero en la práctica los filtros ópticos no son tan eficientes. Hay
que elegir entre eliminar una mayor parte del exceso de frecuencia, aun a riesgo de afectar
demasiado a la señal que el sensor sí puede captar correctamente, o hacer un tratamiento
menos agresivo que no elimine todo el exceso ni evite las consecuencias del aliasing en
todos los casos. El problema de los filtros es que afectan a la imagen incluso cuando no son
necesarios (señal de baja frecuencia), pues no se pueden desactivar. El efecto es una
pérdida de resolución efectiva. Puede optarse sin embargo por no añadir un filtro al sensor,
pero podría ocurrir lo contrario: cuando las circunstancias lo hagan necesario el exceso de
señal puede afectar a la imagen representada, y nada habrá ahí para atenuar el efecto.
Pueden verse las consecuencias en la Kodak DCS Pro SLR/c de casi 14 millones de
‘píxeles’ (también es el caso del módulo digital R de Leica, con sensor Kodak).
3. La resolución real o efectiva de una cámara digital. Algunos ejemplos.
Hemos visto que la resolución de un sistema depende de la capacidad resolutiva de cada
uno de sus componentes. En el medio digital, además, la capacidad resolutiva del sensor
está condicionada por el fenómeno del aliasing. Con estas tres variables ya podemos
explicar con relativa precisión el rendimiento de una cámara digital.
Veremos a continuación algunos ejemplos concretos de resolución efectiva de cámaras
digitales reales. Ese dato dependerá en parte de la capacidad resolutiva del objetivo bajo las
condiciones de la toma, de las propiedades del sensor y de los algoritmos de elaboración de
la imagen (véase este documento del Dr. Karl Lenhardt, ->).
En las comparativas casi nunca se ofrece información detallada sobre el objetivo que ha
participado en la prueba, y se induce a pensar que el resultado de la medición corresponde
a la cámara en sí, e incluso se hacen comparaciones entre cámaras distintas sin considerar
que los objetivos suelen ser también muy distintos. Por si fuera poco, suelen compararse
imágenes procesadas con programas informáticos diferentes. A pesar de todo ello, es
conveniente ilustrar el análisis de las secciones precedentes con algunos ejemplos.
Partamos de los datos de una cuestionable comparación (->, ->) entre la Nikon D2X, la
Canon 1Ds Mark II y la Kodak DCS Pro SLR/c. Para ver cómo se han hecho los cálculos
véanse estas instrucciones. La resolución efectiva de la Nikon D2X, equipada con el objetivo
Nikkor 50mm f/1,8 (a f/8), es de 3600 líneas verticales y 2000 líneas horizontales, una
fracción de la capacidad resolutiva teórica del sensor, que es de 4288 líneas verticales y
2848 horizontales. La Canon 1Ds-Mark II, por su parte, equipada con el Canon EF 24-70
mm f/2,8 L (50mm, f/9), resuelve 4200 líneas verticales y 2400 horizontales, cuando la
capacidad máxima teórica del sensor es de 4992 verticales y 3328 horizontales. Por su
parte, la Kodak DCS Pro SLR/c, con el Canon EF 50mm f/1,4 (a f/11, suponemos), sin filtro
anti-alias, tiene una capacidad resolutiva real intermedia (3600 líneas verticales y 2200
líneas horizontales). Debería haberse tenido en cuenta que una misma abertura tiene un
impacto distinto en cuanto a profundidad de campo y nitidez si el formato es diferente.
En la Nikon D2X se pasa de unos 90 pares por milímetro de capacidad resolutiva máxima (o
frecuencia de muestreo) a 76 pares por milímetro verticales y 64 pares horizontales de
resolución real, una vez considerado el objetivo y el proceso final de la imagen. La Canon
1Ds-Mark II pasa de 70 pares por milímetro de capacidad resolutiva teórica máxima en el
sensor a 58 verticales y 50 horizontales reales. El sensor de la cámara Kodak es el que
tiene una frecuencia de muestreo más bajo de las tres, de poco más de 60 pares por
milímetro, si bien la resolución real es de 46 pares horizontales y 50 verticales. Esto es
suficiente para tener una idea aproximada de la diferencia, en la práctica, entre capacidad
resolutiva de un sensor y resolución final de un sistema.
Como vemos, la tabla que cruza resoluciones del objetivo y el sensor (o película) predice
unas resoluciones razonables para los sistemas basados en el formato de 35mm que, como
vemos, se ajustan bastante a la realidad. En cuanto al objetivo, todo dependerá del nivel de
contraste que consideremos, es decir, hasta qué punto aceptamos que un conjunto de pares
de líneas están resueltas con suficiente nitidez. Hemos visto cómo algunos objetivos de
50mm, para una abertura intermedia y enfocados a infinito, resuelven sobradamente 160
pares por milímetro. Si redondeamos a 200 pares y consideramos un sensor con una
frecuencia de muestreo de 80 ó 90 pares, tendremos una resolución prevista de unos 60
pares, que puede resultar algo afectada por los filtros de paso bajo y por la interpolación a
partir del mosaico Bayer. Se pueden conseguir resoluciones efectivas algo mayores, pero
60-70 pares parece ser un límite empírico para los sistemas digitales de 35mm o APS-C
actuales, bajo condiciones controladas. Dicha capacidad resolutiva es suficiente para
reproducir 5 pares por milímetro en una impresión 8x12 (≈A4) desde cualquiera de los dos
tipos de sensores. Ampliando el “fotograma” 8 veces necesitaremos resolver 40 pares por
milímetro para agotar la capacidad de representar detalle discernible de una impresión A4
(8x5=40). El formato APS necesitaría un factor de ampliación de 12 (=8*1,5) y ello lleva a
unos requerimientos de resolución real en el sensor de 60 pares (=12*5).
Es recomendable leer también estos dos (1, 2) análisis de Erwin Puts, que muestran
ejemplos de resolución efectiva de distintos sensores.
En definitiva, el aliasing, por exceso de señal o interpolación de la información básica de
colores y otros factores, no permiten hablar sin más de resolución efectiva de una cámara
como la resolución de un sistema compuesto por un sensor y un objetivo. No obstante, a
cambio, la imagen captada por un negativo fotoquímico puede sufrir cierta degradación al
proyectarse a través del objetivo de la ampliadora. En el medio digital esa transmisión a
papel se produce sin pérdidas. Volveremos al tema de la impresión más adelante.
4. Para conseguir más detalle, ¿más ‘píxeles’ o más densidad de ‘píxeles’?
Hay cierta discusión acerca de si da más cantidad de detalle un sensor más grande con más
fotocélulas o ‘píxeles’ o un sensor más pequeño con menos ‘píxeles’ pero con más
densidad. El siguiente dibujo puede ayudar a aclarar la idea:
Supongamos que hacemos un retrato con dos cámaras, una equipada con un sensor sin
recorte (formato completo de 35mm) de 16MP y otra con un sensor APS de 12MP. Si
tomamos las dos fotos con el mismo objetivo y los mismos parámetros (focal, abertura,
distancia del motivo) obtendremos dos fotografías en las que el motivo tendrá idéntico
tamaño absoluto reproducido en uno u otro sensor. La diferencia estará en el área de color
azul (pues el sensor APS implica un auténtico recorte de la foto).
Es obvio que si la densidad de fotocélulas o ‘píxeles’ es mayor en el sensor APS el motivo –
la cara del retratado– tendrá más detalles que en el sensor de formato completo. Lo que
ocurre es que un escenario como este es poco verosímil. Lo normal es que el área azul
sobre o no sobre. Si no sobra, el fotógrafo que opera con la cámara APS reencuadrará el
motivo para rodearlo de un área proporcionalmente igual al área azul, pero dentro del marco
APS. En ese caso el motivo tendrá que reducir su tamaño absoluto y, por tanto, la cantidad
de puntos que describan la cara del retratado tendrá que disminuir también. Al contrario, si
el área azul no era necesaria, el fotógrafo que usa la cámara de formato 35mm ajustará el
encuadre de manera que la cara del retratado ocupe una parte mayor de la foto, y por
consiguiente el número total de píxeles que dibujan el motivo será mayor.
Hay dos formas de reencuadrar. La primera consiste en movernos, acercándonos o
alejándonos del sujeto, lo que afectará a la perspectiva (->). La segunda consistiría en
cambiar la longitud focal del objetivo empleada en una de las dos cámaras, pero sin
movernos del sitio, lo que no afectará a la perspectiva. Si optamos por la segunda
posibilidad tendremos que emplear un objetivo de menor longitud focal real en la cámara
con sensor más pequeño para poder obtener el mismo ángulo de visión.
Usando uno u otro procedimiento, imaginemos que la cara del personaje cubre ahora todo el
fotograma en ambas cámaras (segundo dibujo). El tamaño relativo (al fotograma o sensor)
de la cara del retratado será el mismo. En ese caso la cámara de formato completo
describirá esa cara con unos 16 millones de píxeles y la cámara APS con sólo 12 millones, y
en principio, una vez considerada la participación del objetivo, veremos más detalle en la
foto de la cámara de formato completo. Es más, si fotografiamos sin movernos del sitio y
cambiando el objetivo, la mayor longitud focal real de la cámara con el sensor más grande
puede suponer una ventaja adicional. Sin embargo, si se requiere una gran profundidad de
campo, la cámara con el sensor más grande y el objetivo de mayor focal puede forzarnos a
cerrar más el diafragma, lo que podría afectar a la calidad (en un sentido u otro,
dependiendo de las circunstancias). Por último, sabemos que la densidad de fotocélulas es
una variable clave para determinar la resolución real de una cámara, pues una frecuencia de
muestreo superior reduce los problemas de exceso de señal.
En definitiva, en las mediciones de resolución de sistemas digitales pueden emplearse dos
tipos distintos de medidas (->, ->, ->), los pares de líneas por milímetro (lp/mm) y el total de
líneas horizontales (line widths per picture height, lw/ph). La primera medida tiene sentido
cuando los sensores son iguales y comparamos objetivos, por ejemplo, pues sólo tiene en
cuenta la densidad de píxeles y no el tamaño del sensor. Pero es obvio que un negativo o
sensor más grande, aun resolviendo menos detalle por milímetro, puede tener mucha más
capacidad de captar detalles en conjunto. Es este segundo aspecto el que se mide con el
total de líneas horizontales (puede hacerse también con las verticales). Se puede pasar de
uno a otro sistema de medida de forma sencilla, pues
lw/ph = 2 * lp/mm * altura del sensor en mm
Otra forma interesante de medir la capacidad resolutiva de un sistema, atendiendo
especialmente a su eficiencia, es computar los pares de líneas de detalle por píxel (lp/p). La
foto final es una matriz de píxeles que el sensor, procesador y objetivo “rellenan” con
información más o menos abundante. Es fácil calcularlo a partir de cualquiera de las
anteriores, teniendo en cuenta el número de píxeles en una columna del sensor:
lp/p = lw/ph / (2* píxeles en columna) = (lp/mm * altura en mm) / píxeles en columna
Sobre todos estos detalles es muy recomendable el excelente análisis de Steve Hoffmann
(1, 2 y 3), esta comparativa (4) de la Nikon D2X y la Canon 1Ds Mark II centrada en las
diferencias en profundidad de campo, esta excelente explicación técnica (5) de Lars
Kjellberg, que analiza por qué un formato menor puede dar más calidad de imagen cuando
una gran profundidad de campo es importante, y esta reflexión (6) de Erwin Puts a partir de
una comparación de la Canon 5D y la Canon 20D.
5. Resolución e impresión.
Como hemos explicado ya, el ojo humano no distingue a simple vista, en el mejor de los
casos, más allá de 5-6 pares por milímetro a un mínimo de 25 centímetros de distancia, y en
promedio entre 3 y 4 pares. Si la distancia de observación aumenta esa capacidad de
percibir detalle se reduce. Véanse los análisis de Norman Koren (->), R. N. Clark (->) y
Ronald W. Harris (->).
La ventaja de tratar con formatos como el DIN A4 es que sus proporciones son muy
cercanas a las del fotograma clásico, pero no son exactamente iguales. En efecto, un
fotograma o sensor típico tiene unas proporciones de 2:3 (=x:y), mientras que un A4 tiene
unas proporciones de 2:2,8 (=1:1,4). Ambas se aproximan bastante a la proporción áurea (-
>), que es aproximadamente 2:3,2 (=1:1,6). Dado que las correspondencias no son exactas,
al emplear un papel de formato A4 tendremos que elegir entre recortar un poco la foto para
rellenar todo el papel o bien dejar unos márgenes de papel en blanco, que es lo usual.
Para dar una idea de las necesidades de número de píxeles de distintas impresiones hemos
elaborado la siguiente tabla que ofrece las superficies máximas que para determinadas
densidades de impresión pueden alcanzar distintos tamaños de foto (en número de píxeles),
respetando siempre la proporción 2:3 original de la foto.
300 ppp (5,9 lp/mm) 240 ppp (4,7 lp/mm) 180 ppp (3,5 lp/mm)
MP centímetros pulgadas centímetros pulgadas centímetros pulgadas
2 9,8 14,7 3,8 5,8 12,2 18,3 4,8 7,2 16,3 24,4 6,4 9,6
3 12,0 18,0 4,7 7,1 15,0 22,5 5,9 8,8 20,0 29,9 7,9 11,8
4 13,8 20,7 5,4 8,2 17,3 25,9 6,8 10,2 23,0 34,6 9,1 13,6
5 15,5 23,2 6,1 9,1 19,3 29,0 7,6 11,4 25,8 38,6 10,1 15,2
6 16,9 25,4 6,7 10,0 21,2 31,8 8,3 12,5 28,2 42,3 11,1 16,7
8 19,6 29,3 7,7 11,5 24,4 36,7 9,6 14,4 32,6 48,9 12,8 19,2
10 21,9 32,8 8,6 12,9 27,3 41,0 10,8 16,1 36,4 54,7 14,3 21,5
12 23,9 35,9 9,4 14,1 29,9 44,9 11,8 17,7 39,9 59,9 15,7 23,6
16 27,7 41,5 10,9 16,3 34,6 51,8 13,6 20,4 46,1 69,1 18,1 27,2
22 32,4 48,6 12,8 19,1 40,5 60,8 16,0 23,9 54,0 81,1 21,3 31,9
Hemos marcado con negrita el tamaño máximo que cabe en una hoja A4, que tiene unas
dimensiones de 21x29,7cm o bien 8,3x11,7 pulgadas. También se ofrecen los límites para
un A3, que tiene dimensiones 29,7x42,0cm (11,7x16,5 pulgadas). Se dan las
correspondencias en píxeles por pulgada y en pares de píxeles (o líneas) por milímetro.
Si lo máximo que puede distinguir el ojo humano a simple vista a una distancia de unos 25
centímetros son 5-6 pares por milímetro, para una impresión de proporciones 2:3 que quepa
en un A4 no querremos más de 300 píxeles por pulgada, y eso requiere una foto de unos 8
millones de píxeles. Si empleamos papel de tamaño A3 tendremos que ver la foto a más
distancia (la diagonal es 1,4 mayor que la de un A4), y podremos reducir un poco la
resolución, teniendo más que de sobra con unos 240 píxeles por pulgada (5 pares por
milímetro), lo que se logra cómodamente con 10 millones de píxeles. Sin embargo, para
algunos trabajos profesionales nos pueden pedir fotos de tamaño A3 a 300 píxeles por
pulgada, para lo que necesitaríamos 16 millones de píxeles. Parece por tanto que el rango
que va de 10 a 16 millones de píxeles es confortable para la gran mayoría de aplicaciones (-
Pero vimos que la resolución efectiva es inferior a la resolución teórica. Si queremos
reproducir en el papel 6 pares por milímetro de detalle real a un tamaño aproximadamente
igual a un A4, necesitaremos más de 8 millones de píxeles, para después reducir el tamaño
de la foto preservando el detalle real captado en la medida de lo posible. De la misma forma,
los requerimientos de 10 y 16 millones de píxeles deberían modificarse al alza. Otro
argumento a favor de imágenes de más tamaño es la posibilidad de disponer de un margen
para recortes.
Por ejemplo, la Nikon D2X ofrece imágenes de 12 millones de píxeles, más que de sobra
para un A4 a 300 píxeles por pulgada, pero su resolución horizontal real está situada en
torno a las 2000 líneas, que quedan por debajo de las 2520 que un papel de tamaño A4
impreso a 6 pares por milímetro puede mostrar. En cambio, la Canon 1Ds-Mark II no sólo
genera imágenes de tamaño suficiente, sino que el detalle real que es capaz de captar
excede las posibilidades de mostrar detalle de una impresión A4 a 300 píxeles por pulgada.
Por último, la Sigma SD10 resuelve en imágenes de 3,5 millones de píxeles unas 1550
líneas horizontales y 2325 verticales, cifras que no se verán afectadas (->) si interpolamos (-
>) eficientemente para obtener los píxeles que faltan para una impresión A4 a 300 píxeles
por pulgada (aunque el papel podría mostrar más detalle). La ventaja del sensor Foveon de
la cámara Sigma es que genera imágenes digitales que almacenan más detalle real en
menos píxeles.
Curvas MTF, requerimientos de impresión, resolución real y frecuencia de muestreo.
En el gráfico que acabamos de presentar mostramos distintas posibilidades que pueden
darse en un sensor. La línea amarilla representaría el requerimiento de numero de píxeles
que una impresión determinada impone al sensor (tamaño de la foto necesario). La línea
roja es la frecuencia de muestreo de ese sensor. Las dos líneas azules representan dos
posibles resoluciones reales o efectivas. Si la línea amarilla estuviera a la derecha de la roja
sería necesario interpolar para obtener la impresión que deseamos. Las líneas azules
siempre estarán algo a la izquierda de la línea roja, pero pueden estar a la derecha o a la
izquierda de la amarilla. En el primer caso el sensor habrá captado más detalle del que la
impresión podrá reproducir (se pueda percibir o no a simple vista). En el segundo caso la
impresión tendrá una capacidad de mostrar detalles superior al sensor.
Vimos en la primera sección que la resolución efectiva (línea azul) está ligada a la
frecuencia de muestreo (línea roja) y a la capacidad resolutiva del objetivo (función de
transferencia de contraste, MTF). Lo ideal es situar la línea azul sobre la línea amarilla o a
su derecha, para lo cual la línea roja debe estar situada más a la derecha aún. Antes de la
impresión puede ajustarse el tamaño de la foto (downsampling, que puede presentar nuevos
problemas de aliasing, ->) montando la línea roja sobre la amarilla (en principio el proceso
no debería alterar la posición de la azul). Por tanto,
Diseño y Construccion de un Espectrofotmetro para Analisis de Fluoerescencia ...
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References: resolución 
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