Source: https://acarrionmolina.wordpress.com/2013/05/25/es-la-mediacion-una-burbuja-profesional/
Timestamp: 2020-08-11 22:36:34+00:00

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Es la Mediación una “burbuja profesional”? | acarrionmolina
Últimamente vengo observando cuántos profesionales se están sumando a la moda de los cursos de formación, de aprendizaje en materia de mediación nacidos todos ellos a la sombra de la nueva Ley 5/2012, de 6 de julio, de mediación en asuntos civiles y mercantiles.
No hay colectivo profesional, colegio de abogados, colegio profesional, cámara de comercio que se precie que no esté organizando los últimos fechas un curso sobre mediación para preparar a los mejores mediadores en la nueva materia. Y no solo hay multitud de cursos sino que además casi todos ellos, por lo que tengo entendido, están siendo unas asistencias multitudinarias, multitud, al parecer miles de profesionales están acudiendo a estos cursos a formarse en esta novedosa materia de la mediación. Esta pasión desatada sobre la mediación me hace recordar cuando hace cinco años, quizás sean ya seis, algún profesional que había tenido algún contacto con el concepto de mediación me aconsejo aprender sobre el tema y formarme, aquella materia, me decían, iba ser un tema con muchísimas posibilidades… Rastreé por aquel entonces el panorama de la formación sobre la materia para identificar dónde pudiera obtener la mejor formación, descubriendo lo que por otras razones resultara para mi un tesoro, la formación de la Universidad de Navarra, que por aquél entonces impartía un título de especialización en materia de mediación Aún recuerdo mi sorpresa cuando en una de las primeras clases de la Universidad Navarra, en aquel curso de especialización en mediación el profesor Villadrich comentaba que la mediación en España era una materia que llevaba a punto de eclosionar al éxito desde hacía 30 años, manifestaba que había sido tema de moda a nivel teórico a lo largo de los últimos 30, durante 30 años se pensó que iba ser revolucionario la implantación del sistema de mediación para la resolución del conflictos, pero nada había ocurrido aún al respecto… Habría que seguir esperando hasta hoy.
Aquel profesor Viladrich parecía un tipo raro, pero años después, personalmente y a través del estudio y mi posterior formación iniciada en el Máster de Matrimonio y Familia de la Universidad de Navarra, iría descubriendo que es un verdadero Genio. Desde aquí mi respeto y admiración a la vez que os invito al conocimiento de su magnifica obra sobre la materia del entorno de la Familia. Como digo hace comencé entonces mi formación teórica como especialista en materia o concepto de mediación, comenzó mi estudio de las entonces 11 fuentes legales autonómicas, el estudio de otras escuelas internacionales de mediación en materia civil del entorno del Matrimonio y la Familia; y por qué no decirlo comencé incluso a generar mi propia forma de entender y ejercitar la mediación.
Y he de reconocer ya que desde un primer momento las técnicas de la mediación me resultaban algo próximo, conocido, cercano, de interesante estudio y muy sencilla práctica, y ello porque entiendo u entendí desde un primer momento que el abogado por vocación (entre los que siempre me he encontrado) siempre ha tenido una clara tendencia a la resolución de conflictos y ha aplicado todo tipo de técnicas, practicas y protocolos teóricos, práctico e incluso intuitivos tendentes a la resolución amistosa de los múltiples y varipintos asuntos que le son planteados. Completada la información del curso especialista en mediación decidí ofrecer dentro de los servicios específicos ofertados en mi despacho profesional la mediación como una de las materias específicas, y desde entonces hice una divulgación muy activa de la dedicación a la tarea de mediación, y comenzaron a llegar algunos asuntos interesados directamente en el concepto, y comencé a aplicar lo aprendido. He de decir que la mediación practicada desde entonces por mi parte es una mediación adaptada a un método personal en el que no cumplo con exactitud cartesiana los roles precisos y determinantes establecidos en las distintas normas que por aquel entonces existían en nuestra península, recuerdo que había 11 leyes distintas en las que se determinaba en cada una de las autonomías dichas leyes.
Transcurridos ya unos años desde que comencé con la práctica de la técnicas específicas de la mediación he de manifestar que en mi humilde opinión la mediación en sí misma es sólo es una forma de resolución amistosa de conflictos en la que las partes están dispuestos a dialogar.
Sin ánimo de establecer ningún criterio de validez para otros y siendo mis posts tan sólo artículos de mi particular opinión profesional personal, pero con ya más de un lustro de experiencia entiendo que la mediación es un instrumento metodológico más para sentarse a hablar las partes en conflicto, es una provocación a sentarse a hablar, al diálogo. Creo que no añade nada nuevo al panorama del dialogo entre personas en conflicto que pretendan o acepten de buena fe una propuesta de negociación amistosa.
Si el profesional a cargo del conflicto es un buen profesional del diálogo y es un buen conocedor de la teoría y práctica de la negociación y es capaz de empatizar con sus clientes, dará igual cual sea la fórmula, el instrumento para llegar a un convenio.
La mediación es un método de sentarse y hablar las personas en conflicto. Ninguna persona que haya conocido lo largo de mi carrera profesional disfruta de encontrarse inmersa en un conflicto, sea cual sea la naturaleza de este está deseando salir de él de forma inmediata y, en condiciones de normalidad, pondrá de su parte para salir del conflicto a no más tardar.
La mediación como solución amistosa y rápida de una situación de conflicto es una magnifica idea, lo que no me parece es que sea una novedad en la práctica de la resolución de conflictos en distintos ámbitos profesionales en los que creo que se aplica desde hace milenios.
Es una práctica que venimos aplicando desde hace miles de años no sólo los profesionales del abogacía, muchísimos profesionales que abordamos cualquier resolución de conflictos hemos utilizado la “mediación” durante siglos. Si miramos a nuestro alrededor veremos como el abogado, el notario, el juez, el fiscal, incluso el peluquero, o el portero de la finca hacen “mediación”, aunque hasta reciente fecha no se haya plasmado un protocolo legal.
Con este post no pretendo quitar importancia y trascendencia al concepto de la mediación, ni al proceso de mediación, ni siquiera quitar trascendencia a la aprobación de una ley nacional de mediación en asuntos civiles y mercantiles, mi pretensión, desde la experiencia vivida, es hacer especial mención a que este instrumento ha existido siempre.
De hecho hemos de recordar que hace décadas que estaba aplicándose en nuestro propio país en 11 ordenamientos autonómicos y nada había cambiado en ellas. Esa supuesta solución a muchos de los problemas de la Justicia nunca se vislumbró por más que estuvieran vigentes 11 sistemas de mediación en nuestras autonomías.
Si observamos con claridad veremos que no hemos introducido nada especialmente nuevo o revolucionario en la escena jurídica, veremos que es más de lo mismo que vienen haciendo todo los operadores jurídicos desde hace miles de años.
Me temo que nuevamente nos encontramos ante un legislador que llega tarde, muy tarde y que además nos trae poco o nada nuevo al sistema, al menos por ahora. Pretende explicarnos, o pretende vendernos esta ley como si fuera la panacea universal, como si fuera la ley que va abrir soluciones mágicas a la resolución de conflictos que hasta ahora nos se habían resuelto amistosamente. El legislador pretende hacernos creer que con esta nueva ley de mediación en asuntos civiles y mercantiles se va a reducir la tarea de los juzgadores…
Como soy optimista, es más como soy muy optimista espero algo muy positivo de esta nueva regulación de la mediación, y espero que esta nueva moda de los cursos sobre mediación de las técnica sobre mediación si que se conviertan en una invitación por parte de los legisladores a todos los profesionales para hacernos recordar a todos que la vía amistosa es siempre la primera solución y se puede conseguir casi siempre.
Un último apunte me merece en este post la lucha entre los distintos colectivos que pretenden arrimar el ascua a sus sardinas, pretendiendo hacer suyo el ámbito (el negocio) de las actuaciones profesionales contenidas en la nueva ley. En mi opinión el tema es bastante claro, cualquiera, inisito, cualquiera que por oficio o formación tenga relación con la resolución de conflictos de carácter civil y mercantil podrá y deberá conocer, acceder y aplicar las previsiones de la nueva norma. No se preocupen los ansiosos en hacerse con toda la tarta, desafortunadamente la tarta de los conflictos interpersonales es grande, muy grande, y cada vez parece ser más grande y más global, hay trabajo para todos y para mucho rato.
Espero que la nueva ley de mediación haga revivir en el diálogo entre las partes la mejor solución posible para cualquier conflicto.
Y ahora rezaré lo que sepa porque esta ley no derive en que la mediación tienda a convertirse en otro servicio público a cargo de otro nutrido grupo de funcionarios adscritos a algún servicio del juzgado de turno, de un turno de oficio de mediación o de algún servicio social pseudo resolutivo de conflictos… No se porqué pero algo de esto es lo que ha venido ocurriendo en mis queridas autonomías en las que la legislación precedió a la norma de carácter nacional.
Cierro ya este pos de hoy con una invitación a los profesionales a disfrutar de la formación que están recibiendo en materia de mediación para valorar en su justa medida el alcance de esta. No creamos que es la panacea universal pero intentemos conseguir que la mediación vuelva a su sitio, que vuelva al lugar que se merece que es muy alto en el mundo de la resolución de conflictos y procuremos aplicarla cada día no sólo cuando abramos una sesión de mediación con ese nombre.
Igualmente mis mejores deseos y mucho ánimo a todos los profesionales que a partir de estas fechas están abriendo y abrirán despachos y gabinetes dedicados a la mediación. La mediación es una gran fórmula pero creerme que no es nada nuevo, y no va significar una revolución. Por cierto que no sé si lo había dicho, a lo largo de los últimos años he abierto muchos expedientes de mediación y he conseguido muchísimas alegrías y muchísimas casos cerrados con la medicación.
3 pensamientos sobre “Es la Mediación una “burbuja profesional”?”
mayo 26, 2013 en 9:31 am
Reblogueó esto en Franco Confortiy comentado:
Javier alero dijo:
La Mediación existe desde siempre y siempre ha sido algo bueno. Estoy de acuerdo.
Hace poco escuché un discurso en TED en el que el ponente Sir Ken Robinson decía que nacemos creativos y la sociedad y la educación que se nos imparte, poco a poco, consiguen que nos olvidemos de serlo.
Si este “boom” sirve para recuperar el diálogo, la buena fe, la flexibilidad, la empatía, la capacidad de escuchar, la asertividad, la creatividad, la paciencia, la confianza, etc, etc, pues bienvenida sea y que llegue a todos los rincones.
Un mediador francés dijo en Bolonia: “demasiada mediación mata la mediación”, y creo que se refería a la mediación convertida en u servicio público.
Excelente artículo ACarrión.
Ciertamente existen precedentes de “mediación” incluso en nuestro derecho positivo, han existido instituciones de “mediación” de muy antiguo. Ahí están (siglo XIII) las cofradías, los “boni homines”, el “consejo de hombres buenos” murciano, el “bo home” en Galicia (con antecedentes anteriores incluso al nacimiento del estado y enraizamiento en la cultura druídica celta), por supuesto los “patriarcas” gitanos de la cultura Romaní, y en la Hispania romana el “pater familias”, entre otros. Siempre coexistiendo con una administración de justicia institucionalizada, con la que no entraban en conflicto de jurisdicciones. Es verdad que se trata de incipientes instituciones de lo que algunos autores denominan protomediación, pero su eficacia histórica nadie la discute. Más recientemente, el Código Civil español no desconocía la posible resolución de conflictos por terceras personas, de suerte que en sus artículos (ya derogados) 1.820 y 1.821 se contemplaban los contratos de “compromiso”, en virtud de los cuales “las mismas personas que pueden transigir pueden comprometer en un tercero la decisión de sus contiendas”, de manera que “en cuanto al modo de proceder en los compromisos y a la extensión y efectos de éstos, se estará a lo que determina la Ley de Enjuiciamiento Civi1” (es decir, a lo que entonces establecían los artículos 790 a 839 de la LEC de 1881, sobre “juicios de árbitros” (es decir, personas peritas en derecho) y de “amigables componedores” (es decir, personas legas en derecho). En este sentido, no creo que debamos sentirnos “acomplejados”. Y, de alguna manera, el futuro de la mediación en España, no deja de ser (jugando con el título de la película de Robert Zemeckis) un “Regreso al futuro”, pero mejorado.
La mediación no puede ser una caja de Pandora ni un cajón de sastre. Y esa responsabilidad recae, en mi opinión, especialmente en los mediadores, incluso más que en la administración. La “barra libre” y el tirarse todos a la piscina de la mediación (o el intentar evitarlo, por intereses gremiales) puede ser un riesgo inicial, pero que se irá superando. Mayor riesgo representa, para su futuro, el que realmente no resulte una institución eficaz. No todo es mediación, ni todo es mediable. Garantizar el principio de calidad a las partes con la formación inicial y continuada de los mediadores, me parece un reto en el que pueden surgir discrepancias importantes. La imparcialidad y la neutralidad, tampoco van a poder garantizarse reglamentariamente.
La novedad, en mi opinión, es que lo que ahora se establece es un “procedimiento estructurado” realmente alternativo o complementario al de la justicia ordinaria, entroncándolo -con todas sus consecuencias jurídicas- en el ordenamiento normativo del Estado, como una “cabeza de playa” que facilita el paso hacia otros ámbitos de mediación y puede favorocer el desarrollo de una “nueva” cultura de abordaje del conflicto basada en instrumentos de conciliación global, encauzando la dialéctica de los más diversos conflictos de intereses, en una praxis efectiva de resolución ética y justa de los mismos, en acciones coordinadas, multidisciplinares y que representa un valor añadido intangible, con proyección de futuro, en beneficio de la comunidad.
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