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Timestamp: 2017-08-18 18:02:14+00:00

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Parroquia Santa Mónica (Rivas-vaciamadrid) : 2017-03-12
Domingo 31 del tiempo ordinario Año C (2010). El encuentro entre Jesús y Zaqueo, recaudador de impuestos. En ese encuentro tiene una parte importante la curiosidad de Zaqueo por conocerlo, y cambió su vida, fue como volver a nacer.
Domingo 31 del tiempo ordinario Año C (2010). El encuentro entre Jesús y Zaqueo, recaudador de impuestos. En ese encuentro tiene una parte importante la curiosidad de Zaqueo por conocerlo, y cambió su vida, fue como volver a nacer. Cfr. 31 domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C Sabiduría 11,22-12,2; 2 Tesalonicenses 1,11- 2,2; Lucas 19,1-10 Gianfranco Ravasi, Los rostros de la Biblia, San Pablo 2008, pp. 408-410 Zaqueo: su conversión Es el protagonista del relato evangélico de Lucas (19,1-10) de este domingo. Su nombre en griego es Zakchaíos y supone el hebreo Zakkay, que probablemente era una especie de diminutivo del nombre más común, Zacarías, que llevó un profeta veterotestamentario y el padre de Juan Bautista. Su título profesional es el de architelónes, es decir, el director general de los impuestos de Jericó, una ciudad especialmente próspera, porque aun cuando está situada en el panorama árido y casi lunar del valle del Jordán, a más de trescientos metros bajo el nivel del mar, es como una esmeralda de árboles, plantaciones y fuentes. Así es, porque se trata del oasis más importante de aquel territorio, centro de un asentamiento humano tan arcaico que se sitúa en los vértices cronológicos de las más antiguas ciudades del mundo, activa ya en el VIII milenio a.C. En la actualidad todavía se detienen los visitantes en una colina para contemplar las mastodónticas ruinas de aquel centro primordial, pero la vista también se dilata en el oasis de tres kilómetros de diámetro, en el Jericó más reciente que vio surgir el palacio de Herodes, pero también en el posterior y periférico palacio real de invierno de los Omeyas, la dinastía descendiente de Mahoma que había puesto su capital en Damasco. o Una curiosidad de Zaqueo: ver al rabí de Nazaret La prosperidad de Jericó y su posición por la vía que descendía hasta Jerusalén desde el norte, costeando el Jordán, la habían convertido en un centro político y comercial significativo: así se justifica la presencia de oficinas y funcionarios del fisco, dirigidos precisamente por Zaqueo, hombre probablemente corrompido como lo eran (y lo serán frecuentemente) los burócratas, pero con una curiosidad en él, signo de una inquietud más profunda, la de ver en persona al rabí de Nazaret. Jesús había pasado más de una vez por Jericó cuando subía de Galilea a Jerusalén. Precisamente a las puertas de aquella ciudad había curado en una ocasión a un ciego llamado Bartimeo (Marcos 10,46-52). o El encuentro con Jesús, no para obtener una curación física, sino una liberación interior. Ahora le toca a Zaqueo encontrarse con la figura de Jesús, no para obtener una curación física, sino una liberación interior. La historia de aquel encuentro es tan célebre que todavía en la actualidad casi la «escenifican» los peregrinos: se detienen bajo un sicomoro, árbol tropical que entonces era muy común en Tierra Santa (recordemos que el profeta Amós era recolector de los frutos de este árbol, semejante al higo, y hacía incisiones en la corteza para obtener una especie de jugo). o Aquella curiosidad cambió su vida; fue como un volver a nacer: “hoy la salvación ha entrado en esta casa”. Así fue como Zaqueo, que era bajo de estatura, se había encaramado a un sicómoro para ver mejor a Jesús, y aquella curiosidad cambió su vida: Cristo se dará cuenta, se detendrá, le hará bajar y hará que lo invite a su casa. Y para Zaqueo será como volver a nacer: «Mira, Señor, doy hasta la mitad de mis bienes a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo el cuádruple» (mucho más del doble de lo que se debía pagar en reparación de un fraude según la ley hebrea, pero la pena que correspondía según el derecho romano para el ladrón cogido in fraganti). Y todo se ratifica con aquellas palabras finales de Cristo: «Hoy la salvación ha entrado a esta casa, porque también él es hijo de Abrahán!». www.parroquiasantamonica.com
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Etiquetas: Vida Cristiana/Conversión
Domingo 31 del tiempo ordinario año C (2010). Zaqueo: pasos y características de la conversión. Una curiosidad que provoca una búsqueda y un encuentro con Jesús que cambian sustancialmente la existencia. Es como un nuevo nacimiento.
1 Domingo 31 del tiempo ordinario año C (2010). Zaqueo: pasos y características de la conversión. Una curiosidad que provoca una búsqueda y un encuentro con Jesús que cambian sustancialmente la existencia. Es como un nuevo nacimiento. Cfr.. Domingo 31 Tiempo Ordinario, Año C, 31 de octubre de 2010. Sabiduría 11, 22-12, 2 Tesalonicenses 1,11-2,2; Lucas 19, 1-10 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture, Anno C, Piemme 1999, XXXI domenica pp. 321-326 Sabiduría 11,22-12,2: 22 Ante ti el universo entero es como una mota de polvo en la balanza, como la gota de rocío que a la mañana baja sobre la tierra. 23 Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. 24 Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habrías hecho. 25 Y ¿cómo habría permanecido algo si no hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? 26 Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor que amas la vida. 12 1 pues tu espíritu incorruptible está en todas ellas. 2 Por eso mismo gradualmente castigas a los que caen; les amonestas recordándoles en qué pecan para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor. 2 Tesalonicenses 1,11-2,2: 11Rogamos constantemente por vosotros, para que Dios os haga dignos de su vocación, y con su poder haga realidad todos vuestros deseos de hacer el bien y de practicar la fe.12 Así el nombre del Señor Jesús será glorificado en vosotros, y vosotros en él, conforme a la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo. 2 1 Acerca de la venida de nuestro Señor Jesucristo y de nuestro encuentro con él, os rogamos, hermanos, 2 que no se inquiete fácilmente vuestro ánimo ni os alarméis: ni por revelaciones, ni por rumores, ni por alguna carta que se nos atribuya, como si fuera inminente el día del Señor. Lucas 19, 1-10: 1 Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. 2 Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. 3 Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. 4 Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. 5 . Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: « Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa. » 6 Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 7 Al verlo, todos murmuraban diciendo: « Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador. » 8 Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: « Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo. » 9 Jesús le dijo: « Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, 10 pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. 1. El sicomoro. Breves apuntes sobre la figura de Zaqueo. • “Todos los peregrinos que atraviesan la estupenda oasis de Jericó, 5 kms de longitud y encajonada en el árido territorio y casi lunar de la fosa del Jordán, a 300 metros de profundidad bajo el nivel del mar, se paran delante de un colosal árbol de origen africana que tiene un fruto semejante al higo, como se indica en la etimología griega de su nombre. Delante de este árbol, ahora raro, se lee la narración del encuentro entre Jesús y Zaqueo, un detestado exactor de los impuestos romanos, categoría social que Jesús había ya hecho protagonista de una parábola, la del publicano y el fariseo, que hemos leído el pasado domingo. El nombre de Zaqueo es la forma griega del hebreo Zakkai, nombre que tuvo uno de los oficiales de Judas Macabeo (2 Mc 10,10), que había guiado Israel en la rebelión contra la opresión sirio-griega de los Seleucidas en 167- 164 a.C. El Zakkai de Jericó que tiene curiosidad de conocer a Jesús es, por el contrario, un colaboracionista, despreciado por el pueblo, temido pero aislado”. (p. 322). 2. La conversión: características y pasos Una ironía y una curiosidad que esconden una profunda ansia auténtica. p. 322 • “La narración tiene un hilo de ironía ingenua: en efecto, impresiona ver a un funcionario mientras se agarra a un tronco, sin importarle el ridículo y movido por una invencible curiosidad. Una curiosidad que, sin embargo, oculta una profunda ansia auténtica. Una curiosidad que es en este caso benéfica, que revolucionará la vida de este empleado de hacienda, como había sucedido poco tiempo antes a un colega de Cafarnaún, Mateo-Leví. El poeta Eugenio Montale toma ocasión de esta figura un poco torpe de trepador para confesar su «no-curiosidad» y por tanto su no-encuentro con Cristo. Lo hará con un lírica aparentemente divertida, en realidad amarga. Se trata de trepar en el sicomoro 2 para ver al Señor. Desdichadamente, no soy un trepador y también estando sobre la punta de los pies no lo he visto. Una búsqueda que llega a un encuentro y a una meta pp. 322-323 • “La historia de Zaqueo es, sin embargo, la de una búsqueda que llega a un encuentro y a una meta. En efecto, toda la narración está escrita con verbos de movimiento: ellos, no obstante, no delinean sólo un ámbito espacial, el de Jericó y el de sus caminos, sino que se configuran como la trama de una peregrinación hacia la salvación. Así, Jesús «entra y atraviesa una ciudad» en la que Zaqueo lleva una existencia gris de burócrata. Enseguida sucede el cambio: Zaqueo «trata de ver» a Jesús esforzándose por entrometerse entre la muchedumbre; después «corrió más adelante» y, para poderlo ver, «subió» a un sicomoro esperando que Cristo pasase por «allí». Y cuando finalmente «llega», Jesús «levantó los ojos» e inaugura para aquel hombre el verdadero viaje espiritual, que tiene como meta la salvación: «baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo, entonces, «bajó enseguida» y lo recibió «en su casa». o Dos interpretaciones de este “viaje” espiritual de Zaqueo: una perversa y otra luminosa. p. 323 • “Este «viaje», que es la historia de una existencia que cambia trayectoria, ha sido interpretado según dos lecturas diversas, que son testimonio de dos mentalidades antitéticas que está presente constantemente en la humanidad. La primera interpretación es la perversa propia de los respetables y de los hipócritas: «ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Es la actitud rígida del fariseo de la parábola, que se repite con toda la carga de orgullo, de autosuficiencia y de juicio. La segunda interpretación es la luminosa de Cristo que ve en el itinerario de Zaqueo la historia de la salvación inaugurada también en el pecador: «Hoy ha sido la salvación de esta casa… el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido». Otras características de la conversión Quien encuentra al Señor cambia su vida pp. 323-324 • “En el lenguaje bíblico, la narración de una conversión siempre se expresa con las imágenes de una vuelta, de un encuentro entre Dios y el hombre. No hay nadie que, al encontrar al Señor, no sea arrollada su vida, implicada y revuelta: « Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo. » No es una simple confesión con los labios, es una auténtica retractación de una vida entera. Así surge el alba de una nueva existencia. Cristo no ha venido para condenar sino para perdonar, no ha venido para destruir sino para liberar. Naturalmente, Lucas añade, como algo propio, un toque de complacencia en ver a Jesús en compañía de la basura de la sociedad, de los proscritos y hasta de aquellos que son considerados delincuentes, con la certeza de que Cristo no ha venido para destruir sino para liberar, no ha venido para condenar sino para perdonar, no ha venido para exterminar sino para «buscar y salvar lo que estaba perdido». El párrafo, por tanto, de llamada a la búsqueda y a la esperanza en Dios dirigiéndose a quien se siente culpable e infeliz, se transforma en una invitación al amor, a la abertura de ánimo, al compromiso activo a favor de todos aquellos que la sociedad señala como irrecuperables o de poco fiar. La esperanza de Jesús es la de una Iglesia en la que todos vengan acogidos, su deseo es el de tener discípulos que salgan de sus cenáculos para ir «a buscar y salvar lo que estaba perdido». El amor invencible de Dios tiene compasión de todos y a todos perdona (Primera Lectura) pp. 324-325 • “En la larga meditación sapiencial sobre el Éxodo que ocupa los cc. 11-19 de la joya de la literatura griego-judea de Alejandría de Egipto que es el libro de la Sabiduría, hay un espléndido párrafo sobre el amor invencible de Dios por sus criaturas aunque sean pecadoras. Dios, en efecto, aun teniendo ante sí el entero universo como una mota de polvo o como una gota de rocío lista para evaporarse (v. 22), tiene compasión de todos y a todos perdona (v. 23). La justificación teórica de este amor universal de Dios es formulada así: los seres subsisten por voluntad divina y son conservados en la existencia por coherencia con su primera vocación al ser en la creación. El soplo vivificador de Dios pasa por todas las criaturas, todo ser es objeto del amor eficaz de Dios, Dios apuesta siempre por la vida, sobre la posibilidad de hacer el bien del hombre, también cuando el hombre mismo no tiene confianza en sí mismo. En el famoso Diario de un cura de campaña, Bernanos escribía: «Si no fuese por la piedad vigilante de Dios, me parece que en el mismo momento en que tomase conciencia de sí mismo el hombre recaería en el polvo». Dios es el Dios de la vida, un Dios que siempre crea y ama, un Dios eternamente confiado en relación con sus criaturas, un Dios que tiene la pasión por el perdón. 3 La conversión es una nueva etapa en la que junto a la reorientación hacia Dios se dan obras de justicia y de solidaridad hacia los demás 1 . pp. 325-326 Ningún sacerdote hebreo, ni siquiera Jesús que había declarado «Cómo es difícil que un rico entre en el Reino de Dios» (Lc 18, 24), habría apostado, en un primer momento, por Zaqueo. Pero, justamente, Jesús había continuado diciendo: «Lo que es imposible a los hombres es posible para Dios» (18,27). Y he aquí que, de hecho, se da el milagro de la conversión y del perdón. Se abre una nueva vida para Zaqueo. «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo»: la conversión implica una verificación concreta y experimental que se manifiesta, sobre todo, en la solidaridad efectiva con los pobres y con las víctimas de la injusticia. Por tanto, la conversión además de una reorientación hacia Dios es un acto social y comunitario. Así Pablo había resumido su vida de convertido ante el rey Agripa: «Comencé a predicar que se arrepintieran y se convirtieran a Dios con obras dignas de penitencia» (Hechos 26, 20).Experimentar el perdón quiere decir encaminarse por un camino de alegría y de donación que no tiene nada que ver con los mórbidos pliegues del sentimiento o con un genérico compromiso ritual y espiritual. Si el pecado es una realidad paralizadora, el perdón es, por el contrario, vivificador. «Mira, hago nuevas todas las cosas» (Ap 21, 5). 3. ¿Quiero yo «ver a Cristo»? ¿Hago todo para «poder verlo»? Cfr. Juan Pablo II, Homilía en la parroquia del Santísimo Sacramento y de los Mártires Canadienses (2 noviembre 1980) Es necesario detenerse en la afirmación de que Zaqueo "hacía por ver a Jesús" (Lucas 19, 3). Se trata de una frase muy importante que debemos referir a cada uno de nosotros aquí presentes, más aún. indirectamente, a cada uno de los hombres. ¿Quiero yo "ver a Cristo"? ¿Hago todo para "poder verlo"? Este problema, después de dos mil años, es tan actual como entonces, cuando Jesús atravesaba las ciudades y los poblados de su tierra. Es el problema actual para cada uno de nosotros personalmente: ¿Quiero?, ¿quiero verdaderamente? O, quizá más bien, ¿evito el encuentro con El? ¿Prefiero no verlo o prefiero que El no me vea (al menos a mi modo de pensar y de sentir)? Y si ya lo veo de algún modo, ¿prefiero entonces verlo de lejos, no acercándome demasiado, no poniéndome ante sus ojos para no llamar la atención demasiado..., para no tener que aceptar toda la verdad que hay en El, que proviene de El, de Cristo? Esta es una dimensión del problema que encierran las palabras del Evangelio de hoy sobre Zaqueo. (…) Detengámonos en estas preguntas. Más aún, completémoslas con las palabras de la oración, que encontramos en la segunda lectura de la Misa, tomada de la Carta de San Pablo a los Tesalonicenses: Hermanos... "sin cesar rogamos por vosotros, para que nuestro Dios os haga dignos de su vocación y con toda eficacia cumpla todo su bondadoso beneplácito y la obra de vuestra fe, y el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros y vosotros en El, según la gracia de Dios y del Señor Jesucristo" (2 Tesalonicenses 1, 11-12). Es decir —hablando con el lenguaje del pasaje evangélico de hoy—, oremos para que vosotros tratéis de ver a Cristo (cf. Lucas 19, 3), para que vayáis a su encuentro, como Zaqueo... y que, si sois pequeños de estatura, subáis, por este motivo, a un árbol. 4. Otros textos sobre la conversión: cfr. “La alegría del perdón”, Edibesa 1998. • Primera parte, IV: Cuando el hombre se convierte, Dios perdona siempre. Textos de Juan Pablo II, San Ambrosio, San Jerónimo, Santo Tomás de Aquino, San Gregorio Magno. • Segunda parte, I a XII. La penitencia interior o conversión del corazón, la conversión como virtud. La penitencia interior se nos inculca repetidamente en los Libros Sagrados. Reconocerse pecadores es ya un don de Dios y una difícil victoria sobre la tendencia a la autojustificación. Necesidad continua de conversión. La conversión consiste siempre en descubrir la misericordia de Dios. No perder la esperanza de la conversión. La conversión es algo personal y libre: opción fundamental por Dios; etc. Textos de: Catecismo Romano, Juan Pablo II, Pablo VI, San Juan de Avila, San Antonio María Claret, San Cirilo de Jerusalén, San Gregorio Magno, San Josemaría Escrivá, Conferencia Episcopal Española, San Ambrosio, San Juan Crisóstomo, San Agustín, Santo Cura de Ars, León XIII, J.Ratzinger, Catecismo de la Iglesia Católica, Vincenzo Paglia, Carlo María Martini, etc. www.parroquiasantamonica.com 1 Zaqueo comienza una vida reconciliada no solamente con Dios sino también con sus hermanos a los que defraudó con su avaricia. Comparte sus bienes: «doy la mitad de mis bienes a los pobres … » (v. 8).
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Domingo 3º del Tiempo ordinario (2011). Jesús es presentado en el evangelio - haciendo una alusión al libro de Isaías:”el pueblo vio una luz grande” – como luz que saca de las sombras y tinieblas, y llama a la conversión para que se instaure el Reino de Dios en cada uno de nosotros: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. El Reino de los Cielos es el Reino de Dios presente en Jesús, que cumple plenamente la voluntad del Padre. Por tanto, convertirse significa acercarse y encontrar a Jesús mismo. La primera acción de Jesús fue llamar a dos pescadores para que le siguieran: es la llamada, es la vocación.
1 Domingo 3º del Tiempo ordinario (2011). Jesús es presentado en el evangelio - haciendo una alusión al libro de Isaías:”el pueblo vio una luz grande” – como luz que saca de las sombras y tinieblas, y llama a la conversión para que se instaure el Reino de Dios en cada uno de nosotros: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. El Reino de los Cielos es el Reino de Dios presente en Jesús, que cumple plenamente la voluntad del Padre. Por tanto, convertirse significa acercarse y encontrar a Jesús mismo. La primera acción de Jesús fue llamar a dos pescadores para que le siguieran: es la llamada, es la vocación. Cfr. Domingo 3º del Tiempo ordinario, Ciclo A 23 enero 2011 - Mateo 4, 12-23; Isaías 8,23b-9-4; 1 Corintios 1, 10-13.17. Mateo 4, 12-23: 12 Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea. 13 Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. 14 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: 15 «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles1 . 16 El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.» 17 Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: -«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» 18 Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando la red en el lago, pues eran pescadores. 19 Les dijo: -«Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» 20 Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 21 Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes. con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. 22 Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. 23 Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Isaías 9: 1 El pueblo que andaba a oscuras 2 vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo botín. 3 Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro - la vara de su tirano - has roto, como el día de Madián. 4 Porque toda bota que taconea con ruido, y el manto rebozado en sangre serán para la quema, pasto del fuego. Salmo Responsorial: Salmo 27 (Vg 26): 1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor es el refugio de mi vida, ¿de quién tendré miedo? 4 Una cosa he pedido al Señor , una cosa sólo busco: morar en la Casa del Señor , todos los días de mi vida, para goza de las delicias del Señor y contemplar su Templo. 13 Estoy seguro de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos. 14 Espera en el Señor, sé recio, que se reanime tu corazón. 1. Introducción: aspectos presentes en el inicio del ministerio de Jesús en Galilea. Iniciamos hoy la lectura del Evangelio según S. Mateo, que nos acompañará durante todo el año. Sobre todo hoy quedan reflejadas en el evangelio tres realidades: a) el inicio del ministerio de Jesús (vv. 12-17). Jesús es presentado - haciendo una alusión al libro de Isaías – como luz que saca de las sombras y tinieblas, y llama a la conversión para que se instaure el Reino de Dios en cada uno de nosotros; b) la vocación de los primeros discípulos a los que llama el Señor (vv. 18-22), con los que formará más tarde el grupo de los Doce sobre los que fundará su Iglesia; c) una breve síntesis de la actividad del Señor (v. 23): recorría toda la Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia del pueblo. (cfr también los dos versículos siguientes, que no aparecen en la liturgia de hoy, vv. 24-25). Los milagros son signos que 1 La predicación de Jesús se inicia en la "Galilea de los gentiles", en una región donde había una numerosa población pagana. Jesús predica, por tanto, en primer lugar, a los que aún no conocen la "luz" de la revelación porque viven en las "sombras" del paganismo. Por medio de estos paganos, la predicación de Jesús se dirige a todas las naciones. Así como Samaria era un territorio "herético" (adoraban en Garizim y no en Jerusalén: Jn 4,9.20), para los habitantes de Judea, Galiea era un territorio mezclado, porque se había establecido en ella mucha población no judía. Galilea era considerada por Judea – es decir, por Jerusalén, celosa de la ley, luz de la que vendría la salvación - como una región medio pagana. ¿De Nazaret puede salir algo bueno?» (Juan 1,46). 2 ayudan a entender que ya ha llegado el Reino de Dios: que es Jesucristo. Este reino “se difunde también en el interior de los hombres, porque Jesucristo comunica su vida, y, al mismo tiempo, se propaga en la Iglesia” 2 . 2. Cristo, la Palabra de Dios es luz para nuestro camino en la vida. Cristo es luz en la formación de la conciencia • CEC 1785 En la formación de la conciencia, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar; es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica. Es necesario también examinar nuestra conciencia en relación con la Cruz del Señor. Estamos asistidos por los dones del Espíritu Santo, ayudados por el testimonio o los consejos de otros y guiados por la enseñanza autorizada de la Iglesia (cf DH 14). • CEC 1802 La Palabra de Dios es una luz para nuestros pasos. Es preciso que la asimilemos en la fe y en la oración, y la pongamos en práctica. Así se forma la conciencia moral. • CEC 5289: 529 La Presentación de Jesús en el Templo (cf.Lc 2, 22-39) lo muestra como el primogénito que pertenece al Señor (cf. Ex 13,2.12-13). Con Simeón y Ana toda la expectación de Israel es la que viene al Encuentro de su Salvador (la tradición bizantina llama así a este acontecimiento). Jesús es reconocido como el Mesías tan esperado, "luz de las naciones" y "gloria de Israel", pero también "signo de contradicción". La espada de dolor predicha a María anuncia otra oblación, perfecta y única, la de la Cruz que dará la salvación que Dios ha preparado "ante todos los pueblos". • CEC 1216: (…) el Verbo es la "la luz verdadera que ilumina a todo hombre" (Jn 1,9), 3. Características de la vocación de los discípulos Es el Señor quien llama Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno A, Piemme Novembre 1995, 3ª edicione, III Domenica del Tempo Ordinario: pp. 144-148 o La luz simboliza la iniciativa de Dios que se hace presente en los caminos y en las casa de los hombres. p. 145 • “El símbolo de la luz, clásico en todas las religiones para hablar de la divinidad, señala la iniciativa de Dios que rompe su aislamiento y se dirige al hombre, le envuelve y le implica en su luz, en su vida. Se subraya, por tanto, la iniciativa de Dios de modo especial. Al inicio está la Palabra que rompe el silencio, está Dios que se coloca en los caminos donde están las casas de los hombres, como se dice en el libro del Apocalipsis (3,20): “Mira, estoy a la puerta y llamo: si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo”. Antes de invitarnos a que nos interesemos por Dios, la Biblia repite que es Dios el primero que se interesa por nosotros. Karl Barth, el teólogo protestante más grande del siglo XX, cambió la célebre expresión de Descartes Cogito ergo sum (pienso, luego existo), por la más cristiana Cogitor, ergo sum «soy pensado (por Dios) y por tanto existo». Nosotros vivimos y morimos en él, en el seno de su amor. o Es Jesús quien elige a sus apóstoles pp. 145-146 (cfr. p. 149) Esta afirmación fundamental de la fe bíblica está «descrita» también en el relato de san Mateo de la vocación de los primeros apóstoles. Efectivamente, Jesús cambió el modelo de la relación maestro-discípulo del mundo judío, donde era el discípulo quien elegía al rabbi-maestro, después de escucharlo en la plaza de un pueblo, en el cruce de caminos o en la sinagoga. Jesús, por el contrario, inaugura un modo antitético: él pasa por el litoral del lago de Tiberiades (el «mar de Galilea») y lanza una orden a aquellos dos hermanos: «Seguidme». Y ellos, ante la imprevista irrupción de Dios en su historia personal, dejan caer de sus manos las redes, y se embarcan en una aventura mucho más misteriosa de aquella que vivían en aquel lago frecuentemente de poco fiar aunque también rico de peces. En la última tarde de su vida terrena, en el Cenáculo, Jesús recordará a sus discípulos: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Juan 15,16). o En la raíz de toda vocación humana hay una gracia, un amor p. 146 En la raíz de toda vocación humana hay una gracia, un amor. Pablo cita en la Carta a los Romanos un atrevido texto de Isaías (cfr. 65,1): «Me hallaron los que no me buscaban» 3 . El hombre puede estar 2 David Amado Fernández, Magnificat, Enero 2011, p. 320. 3 distraído; puede, incluso, huir como Jonás a la otra parte del mundo donde puede engañarse pensando que Dios no esté, puede tal vez caer en el abismo de la desesperación y de las tinieblas del pecado. Pero «tampoco las tinieblas son para ti oscuras, pues la noche brilla como el día, las tinieblas como la luz» (Salmo 139, 12), y también allí Tú nos alcanzas». o La decisión importante es la de dejarse conquistar, la de no huir durante toda la vida, la de no cerrar siempre los ojos ante las señales que envía Dios. pp. 146 La decisión importante es la de dejarse conquistar, la de no huir durante toda la vida, la de no cerrar siempre los ojos ante todas las señales, frecuentemente extrañas e inesperadas, que Dios hace destellar ante nosotros. Como decía san Agustín - un hombre que tanto huyó de Dios, pero que al fin se rindió y se abandonó totalmente en Él -, debemos tener miedo de dejar en el vacío el paso de Dios delante de nuestra casa y de nuestra vida. El Señor llamó a los doce para que estuvieran con él y para enviarlos (cfr. Marcos 3, 14). Características de esa llamada/elección. J. Ratzinger – Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, La esfera de los libros 2007, pp. 207-221; 144- 155 o Siempre es Dios quien elige • “A quienes trabajan en la cosecha de Dios no se les puede escoger simplemente como un patrón busca a sus obreros; siempre deben ser pedidos a Dios y elegidos por Él mismo para este servicio. Este carácter teológico se refuerza aún más cuando el texto de Marcos dice: «llamó a los que quiso». Uno no puede hacerse discípulo por sí mismo, sino que es el resultado de una elección, una decisión de la voluntad del Señor basada, a su vez, en su unidad de voluntad con el Padre” (pp. 208-209) o Dos aspectos íntimamente unidos: hay que estar con el Señor - pasar de la comunión exterior a la interior - precisamente para poder ser enviados. • “Los Doce tienen que estar con Él para conocer a Jesús en su ser uno con el Padre y así poder ser testigos de su ministerio. Tenían que haber estado con Él –como dirá Pedro antes de la elección de Matías – cuando «el Señor Jesús estuvo con nosotros» (cf. Hec 1, 8.21). Se podría decir que tienen que pasar de la comunión exterior con Jesús a la interior. Pero al mismo tiempo están ahí para ser los enviados de Jesús - «Apóstoles»», precisamente – los que llevan su mensaje al mundo, primero a las ovejas descarriadas de Israel, pero luego «hasta los confines de la tierra». Estar con Jesús y ser enviados parecen a primera vista excluirse recíprocamente, pero ambos aspectos están íntimamente unidos. Los Doce tienen que aprender a vivir con Él de tal modo que puedan estar con Él incluso cuando vayan hasta los confines de la tierra. El estar con Jesús conlleva por sí mismo la dinámica de la misión, pues, en efecto, todo el ser de Jesús es misión”. (pp. 210-111). o El cristiano no puede hacer frente, por sí solo, a los poderes que se oponen al reino de Dios (cfr. pp. 211-214), «las armas de Dios» se le han dado en la fe y en la comunión con el único verdadero Señor del mundo. • “Los hombres, y también las comunidades humanas, parecen estar irremediablemente abandonadas a la acción de estos poderes. El cristiano sabe que tampoco puede hacer frente por sí solo a esa amenaza. Pero en la fe, en la comunión con el único verdadero Señor del mundo, se le han dado las «armas de Dios» con las que - en comunión con todo el cuerpo de Cristo – puede enfrentarse a esos poderes, sabiendo que el Señor nos vuelva a dar en la fe el aire limpio para respirar, el aliento Creador, el aliento del Espíritu Santo, solamente en el cual el mundo puede ser sanado” (p. 214). o La nueva familia de Jesús: se expande por todos los pueblos superando los lazos carnales de la descendencia (cfr. pp. 144-145) • Una familia que es formada por “la adhesión a Jesús mismo” (p. 146) • La única condición para pertenecer a esa nueva familia “es la comunión con Jesús, comunión en la voluntad de Dios” (p. 149). 4. La vida como vocación 3 Nota del traductor: Cfr. San Josemaría, Via Crucis, V Estación: Simón ayuda a llevar la cruz de Jesús. Simón de Cirene: «Todo empezó por un encuentro inopinado con la Cruz». 4 o Juan Pablo II El rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. • Juan Pablo II, 14-IX-2000: “Considerar la vida como vocación favorece la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal”. o La primera vocación es el seguimiento de Jesús. Jesús no propone a los apóstoles una determinada praxis o estudio (de la Torà, ecc.), sino sencillamente que lo sigan. • De modo diferente a lo que sucedía en la época de Cristo, Jesús no propone a los apóstoles una determinada praxis o estudio (de la Torà, ecc.), sino sencillamente que lo sigan. Él mismo se ofrece como camino, verdad, ley. El es el Reino de Dios en nosotros. • CEC 2232: (...) Es preciso convencerse de que la vocación primera del cristiano es seguir a Jesús: (Cf Mateo 16, 25) «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí» (Mateo 10, 37). o Todos los hombres estamos llamados a entrar en el Reino de Dios, que se manifiesta en Cristo. Acoger la palabra de Jesús es acoger el Reino. • CEC 543: El anuncio del Reino de Dios - Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel (252), este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones (Cf Mt 8, 11; 28, 19). Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús: La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega (LG 5). • El Reino se manifiesta en Cristo. CEC 764: ö «Este Reino se manifiesta a los hombres en las palabras, en las obras y en la presencia de Cristo» (143). Acoger la palabra de Jesús es acoger «el Reino» (LG 5). El germen y el comienzo del Reino son el «pequeño rebaño» (Lc 12, 32) de los que Jesús ha venido a convocar en torno suyo y de los que él mismo es el pastor (145). Constituyen la verdadera familia de Jesús (Cf Mt 12, 49). ö A los que reunió así en torno suyo, les enseñó no sólo una nueva «manera de obrar», sino también una oración propia (Cf Mt 5-6). o Catecismo de la Iglesia Católica La vocación común de todos los discípulos de Cristo • La vocación común de todos los cristianos, llamada a la santidad y al apostolado (evangelización), se fundamenta en los sacramentos del bautismo, de la confirmación y de la Eucaristía. CEC 1533: El Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía son los sacramentos de la iniciación cristiana. Fundamentan la vocación común de todos los discípulos de Cristo, que es vocación a la santidad y a la misión de evangelizar el mundo. Confieren las gracias necesarias para vivir según el Espíritu en esta vida de peregrinos en marcha hacia la patria. La vocación específica de cada fiel • Cada fiel cristiano debe descubrir su propia vocación específica. CEC 871. Los fieles cristianos: (...) cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó cumplir a la Iglesia en el mundo» (CIC can. 204, 1; cf LG 31). CEC 897: Los fieles cristianos: (...) Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo» (LG 31). • La vocación específica de los laicos. CEC 898: La vocación de los laicos [cfr. CEC 2105] Los laicos tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios... A ellos de manera especial les corresponde iluminar y ordenar todas las realidades temporales, a las que están estrechamente unidos, de tal manera que éstas lleguen a ser según Cristo, se desarrollen y sean para alabanza del Creador y Redentor» (LG 31). o San Josemaría Escrivà El Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la «trama de las ocupaciones de cada día», en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia. • Juan Pablo II, 12/01/02: “Desde los comienzos de su ministerio sacerdotal, el beato Josemaría 5 Escrivá puso en el centro de su predicación la verdad de que todos los bautizados están llamados a la plenitud de la caridad, y que el modo más inmediato para alcanzar esta meta común se encuentra en la normalidad diaria. El Señor quiere entrar en comunión de amor con cada uno de sus hijos, en la trama de las ocupaciones de cada día, en el contexto ordinario en el que se desarrolla la existencia. A la luz de estas consideraciones, las actividades diarias se presentan como un valioso medio de unión con Cristo, pudiendo transformarse en ámbito y materia de santificación, en terreno de ejercicio de las virtudes y en diálogo de amor que se realiza en las obras. El espíritu de oración transfigura el trabajo y así es posible permanecer en la contemplación de Dios, incluso mientras se realizan diversas ocupaciones. Para cada bautizado que quiere seguir fielmente a Cristo, la fábrica, la oficina, la biblioteca, el laboratorio, el taller y el hogar pueden transformarse en lugares de encuentro con el Señor, que eligió vivir durante treinta años una vida oculta. ¿Se podría poner en duda que el período que Jesús pasó en Nazaret ya formaba parte de su misión salvífica? Por tanto, también para nosotros la vida diaria, en apariencia gris, con su monotonía hecha de gestos que parecen repetirse siempre iguales, puede adquirir el relieve de una dimensión sobrenatural, transfigurándose así. (...) El fiel laico, al santificar su trabajo respetando las normas morales objetivas, contribuye eficazmente a construir una sociedad más digna del hombre y a liberar la creación que gime y sufre a la espera de la revelación de los hijos de Dios (cf. Rm 8, 19-22). Así coopera para modelar el rostro de una humanidad atenta a las exigencias de la persona y del bien común.” 5. La conversión o Es obra del Espíritu Santo • Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1989: La primera obra de la gracia del Espíritu Santo es la conversión, que obra la justificación según el anuncio de Jesús al comienzo del Evangelio: «Convertíos porque el Reino de los cielos está cerca» (Mt 4, 17). Movido por la gracia, el hombre se vuelve a Dios y se aparta del pecado, acogiendo así el perdón y la justicia de lo alto. «La justificación entraña, por tanto, el perdón de los pecados, la santificación y la renovación del hombre interior» (Cc. de Trento: DS 1528). o El Reino de Dios. Necesidad de la conversión para que entremos en el Reino de Dios, o para que el Reino de Dios entre en nosotros, que es lo mismo. Las primera palabra de Jesús, al iniciar su ministerio: convertíos • Juan Pablo II, 30 agosto 2000: Las primeras palabras que pronuncia en público son éstas: «Convertíos, porque el reino de los cielos está cerca» (Mateo 4, 17). Aparece así un término importante que Jesús ilustrará repetidamente tanto con sus palabras como con sus actos: «Convertíos», en griego «metanoéite», es decir, emprended una «metánoia», un cambio radical de la mente y del corazón. Es necesario dejar a las espaldas el mal y entrar en el reino de justicia, de amor y de verdad, que está comenzando. La trilogía de las parábolas de la misericordia divina recogidas por Lucas en el capítulo 15 de su Evangelio constituye la representación más incisiva de la búsqueda activa y de la espera amorosa de Dios a su criatura pecadora. Al realizar la «metánoia», la conversión, el hombre vuelve, como el hijo pródigo, a abrazar al Padre, que nunca lo ha olvidado ni abandonado.” Los Apóstoles también comienzan su misión invitando a la conversión. • Juan Pablo II, 30 agosto 2000: La misión de los apóstoles también comenzó con una invitación apremiante a la conversión. Los que escuchaban su primer discurso, conmovidos en lo más profundo de su corazón, preguntaban con ansia: «¿Qué es lo que tenemos que hacer?». Pedro respondió: «Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hechos 2, 37-38). Esta respuesta de Pedro fue acogida inmediatamente: «unas tres mil almas» se convirtieron aquel día (cf. Hechos, 2, 41). Después de la curación milagrosa de un cojo, Pedro renovó su exhortación. Recordó a los habitantes de Jerusalén su horrendo pecado: «Vosotros renegasteis del Santo y del Justo (...), y matasteis al Jefe que lleva a la Vida» (Hechos, 3, 14-15). Sin embargo, atenuó su culpabilidad diciendo: «Ya sé yo, hermanos, que obrasteis por ignorancia» (Hechos 3, 17); después, los invitó a convertirse (cf. 3,19) y a cada uno le dio una esperanza inmensa: «Para vosotros en primer lugar ha resucitado Dios a su Siervo y le ha enviado para bendeciros, apartándoos a cada uno de vuestras iniquidades» (3,26). (...) Del mismo modo, el apóstol Pablo predicaba la conversión. Lo dice en su discurso al rey Agripa, describiendo así su apostolado: a todos, « he predicado que se convirtieran y que se volvieran a Dios haciendo obras dignas de conversión» (Hechos 26, 20; cf. 1 Ts 1,9-10). Pablo enseñaba que la «bondad de Dios te impulsa a la conversión». Inspirada por el amor (cf. Apocalipsis 3,19), la exhortación es vigorosa y manifiesta la urgencia de la conversión (cf. Apocalipsis 2,5.16.21-22; 3,3.19), pero es acompañada por 6 promesas maravillosas de intimidad con el Salvador (cf. 3,20-21). Por tanto, a todos los pecadores siempre se les abre una puerta de esperanza. «El hombre no se queda solo para intentar, de mil modos a menudo frustrados, una imposible ascensión al cielo: hay un tabernáculo de gloria, que es la persona santísima de Jesús el Señor, donde lo humano y lo divino se encuentran en un abrazo que nunca podrá deshacerse: el Verbo se hizo carne, en todo semejante a nosotros, excepto en el pecado. Él derrama la divinidad en el corazón enfermo de la humanidad e, infundiéndole el Espíritu del Padre, la hace capaz de llegar a ser Dios por la gracia» («Orientale lumen», n.15). ” La conversión en nuestros proyectos. Cfr. Amigos de Dios (Homilía «Tras los pasos del Señor», n. 138,7 • “El espíritu de penitencia lleva a no apegarse desordenadamente a ese boceto monumental de los proyectos futuros, en el que ya hemos previsto cuáles serán nuestros trazos y pinceladas maestras. ¡Qué alegría damos a Dios cuando sabemos renunciar a nuestros garabatos y brochazos de maestrillo, y permitimos que sea El quien añada los rasgos y colores que más le plazcan!”. Otros textos de JPII En «Dives in misericordia» y «Dominum et vivificantem». • La conversión es fruto del encuentro con Dios Padre, rico en misericordia. “La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno (Cf. 1 Cor 13,4) a medida del Creador y Padre: el amor, al que « Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo » (2Cor 1,3) es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia.” (JPII, Dives in misericordia, 13). • La conversión no es solamente un momentáneo acto interior, sino una disposición estable, una componente de nuestra peregrinación en esta tierra. “El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris.” (JPII, Dives in misericordia, 13). • La infinita misericordia de Dios es limitada, por parte del hombre, solamente por la falta de prontitud en la conversión y en la penitencia. “La misericordia en sí misma, en cuanto perfección de Dios infinito es también infinita. Infinita pues e inagotable es la prontitud del Padre en acoger a los hijos pródigos que vuelven a casa. Son infinitas la prontitud y la fuerza del perdón que brotan continuamente del valor admirable del sacrificio de su Hijo. No hay pecado humano que prevalezca por encima de esta fuerza y ni siquiera que la limite. Por parte del hombre puede limitarla únicamente la falta de buena voluntad, la falta de prontitud en la conversión y en la penitencia, es decir, su perdurar en la obstinación, oponiéndose a la gracia y a la verdad especialmente frente al testimonio de la cruz y de la resurrección de Cristo.” (JP II, Dives in misericordia, 13). • La conversión es obra del Espíritu Santo: “Jesús dice: « Recibid el Espíritu Santo: A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos ».(Jn 20,22s.), Jesús confiere a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, para que lo transmitan a sus sucesores en la Iglesia. Sin embargo, este poder concedido a los hombres presupone e implica la acción salvífica del Espíritu Santo. Convirtiéndose en « luz de los corazones »,( Cf. Secuencia Veni, Sancte Spiritus) es decir de las conciencias, el Espíritu Santo « convence en lo referente al pecado », o sea hace conocer al hombre su mal y, al mismo tiempo, lo orienta hacia el bien. Merced a la multiplicidad de sus dones por lo que es invocado como el portador « de los siete dones », todo tipo de pecado del hombre puede ser vencido por el poder salvífico de Dios. En realidad —como dice San Buenaventura— « en virtud de los siete dones del Espíritu Santo todos los males han sido destruidos y todos los bienes han sido producidos ».( S. Buenaventura, De los siete dones del Espíritu Santo, II,3) Bajo el influjo del Paráclito se realiza, por lo tanto, la conversión del corazón humano, que es condición indispensable para el perdón de los pecados. Sin una verdadera conversión, que implica una contrición interior y sin un propósito sincero y firme de enmienda, los pecados quedan « retenidos », como afirma Jesús, y con El toda la Tradición del Antiguo y del Nuevo Testamento. En efecto, las primeras palabras pronunciadas por Jesús al comienzo de su ministerio, según el Evangelio de Marcos, son éstas: « Convertíos y creed en la Buena Nueva » (1,15)” (JPII, Dominum et vivificantem, 42). www.parroquiasantamonica.com
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Domingo 3º del tiempo ordinario, Ciclo B (2012). La conversión en el Catecismo de la Iglesia Católica. El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural.
1 Domingo 3º del tiempo ordinario, Ciclo B (2012). La conversión en el Catecismo de la Iglesia Católica. El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Cfr. Domingo 3º Tiempo Ordinario Ciclo B 22 enero 2012 Jonás 3,1-5.10: En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: - «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» 5 Creyeron en Dios los ninivitas. Convocaron a un ayuno, y se vistieron de saco del mayor al más pequeño. 10 Y vio Dios sus obras, su conversión de su mala conducta; y se arrepintió Dios del mal que había dicho que les iba a hacer, y no lo hizo. Salmo responsorial - Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (W.: 4a) - Señor, enséñame tus caminos. Señor, muéstrame tus caminos, enséñame tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor, que son eternos; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los secadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Marcos 1, 14-20: Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: - «Se ha cumplido el plazo (el tiempo), está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo:«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él. Palabra clave: la conversión LA CONVERSIÓN EN EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA Algunos números • Cfr. Benedicto XVI, Carta Apostólica «Porta Fidei», con la que se convoca el Año de la Fe, nn. 11 y 12: “Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural”. • El «Año de la fe» ha sido convocado por Benedicto XVI (11 octubre 2011). Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. o La conversión es un don del Espíritu Santo n. 1098 La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo bien dispuesto". Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de Vida nueva que está llamada a producir. n. 1433 Después de Pascua, el Espíritu Santo "convence al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16, 8 - 9), a saber, que el mundo no ha creído en el que el Padre ha enviado. Pero este mismo Espíritu, que desvela el pecado, es el Consolador (cf Jn 15, 26) que da al corazón del hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión (cf Hch 2, 36 - 38; Juan Pablo II, DeV 27 - 48). 2 o La conversión se realiza mediante gestos de reconciliación Los gestos: atención a los pobres, defensa de la justicia, reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la correcció fraterna, el examen de conciencia, la dirección espiritual, etc. n. 1435 La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am 5, 24; Is 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cf Lc 9, 23). o Fuentes y alimento de la conversión. La Eucaristía, la Lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad. n. 1436 Eucaristía y Penitencia. La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y fortificados los que viven de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (Cc. de Trento: DS 1638). n. 1437 La lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad reaviva en nosotros el espíritu de conversión y de penitencia y contribuye al perdón de nuestros pecados. o Fragilidad humana y conversión La vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados. n. 1426 La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho "santos e inmaculados ante él" (Ef 1, 4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es "santa e inmaculada ante él" (Ef 5, 27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40). o La penitencia interior. La conversión no mira, en primer lugar, a las obras exteriores “el saco y la ceniza, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. n. 1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2, 12 - 13; Is 1, 16 - 17; Mt 6, 1 - 6. 16 - 18). La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas 3 acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida. 1431 La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (cf Cc. de Trento: DS 1676 - 1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4). El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36, 26 - 27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones. 1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36, 26 - 27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5, 21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19, 37; Za 12, 10). Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Co 7, 4). o El proceso de la conversión ha sido expuesto por Jesús en la parábola del «hijo pródigo» Sólo el corazón de Cristo pudo revelarnos la misericordia de Dios de una manera tan llena de simplicidad y de belleza. • n. 1439: “El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada «del hijo pródigo», cuyo centro es «el padre misericordioso» (Lc 15, 11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos éstos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza”.
Domingo 3º del tiempo ordinario, Ciclo B (2012). La palabra clave de este domingo es la conversión. El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Algunos de los números del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la conversión.
1 Domingo 3º del tiempo ordinario, Ciclo B (2012). La palabra clave de este domingo es la conversión. El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Algunos de los números del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la conversión. Cfr. Domingo 3º Tiempo Ordinario Ciclo B 22 enero 2012 Cfr. Gianfranco Ravasi, Secondo le Scritture Anno B, Piemme IV edizione settembre 1996, III Domenica, pp. 159-160 Jonás 3,1-5.10: En aquellos días, vino la palabra del Señor sobre Jonás: «Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predícale el mensaje que te digo.» Se levantó Jonás y fue a Nínive, como mandó el Señor. Nínive era una gran ciudad, tres días hacían falta para recorrerla. Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día, proclamando: - «¡Dentro de cuarenta días Nínive será destruida!» 5 Creyeron en Dios los ninivitas. Convocaron a un ayuno, y se vistieron de saco del mayor al más pequeño. 10 Y vio Dios sus obras, su conversión de su mala conducta; y se arrepintió Dios del mal que había dicho que les iba a hacer, y no lo hizo. Salmo responsorial - Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 (W.: 4a) - Señor, enséñame tus caminos. Señor, muéstrame tus caminos, enséñame tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. Acuérdate, Señor, de tu misericordia y de tu amor, que son eternos; acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los secadores; hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. Marcos 1, 14-20: Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: - «Se ha cumplido el plazo (el tiempo), está cerca el reino de Dios: convertios y creed en el Evangelio.» Pasando junto al lado de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago. Jesús les dijo:«Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él. Palabra clave: conversión 1. Cuatro aspectos en el mensaje del anuncio cristiano según la predicación de Cristo, como refiere san Marcos en el evangelio de hoy. o Dos se refieren a la acción de Dios: a) y b), y dos a la del hombre: c) y d) el tiempo se ha cumplido; el Reino de Dio está cerca; convertíos; creed en el Evangelio. Gianfranco Ravasi o.c. pp. 159-160: a) El tiempo se ha cumplido • “«El tiempo se ha cumplido» es la primera declaración teológica: la historia de la salvación ha llegado ya en Cristo a su plenitud. Él es el punto final de la flecha del Antiguo Testamento que ahora es leído e interpretado a la luz de Cristo mismo, como hará sobre todo otro evangelista, Mateo, con su riquísima trama de citas bíblicas”. b) El Reino de Dios está cerca • “Dios tiene un proyecto para realizar en la historia, un designio de armonía y de paz: que es lo que la Biblia suele llamar el Reino de Dios. Un plan cuya actuación ya ha comenzado con Cristo y con su venida en medio de nosotros; un plan, sin embargo, todavía «cercano», es decir, todavía futuro, que tiene que encarnarse y hacer que crezca en la masa resistente y oscura de nuestra historia totalmente surcada por la sangre y el mal, Por esto clama Isaías: Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, del mensajero de la buena nueva que anuncia la salvación, del que anuncia la salvación, del que anuncia a Sión: ‘¡Reina tu Dios 52,7!’ (Isaías 52,7)”. c) Convertíos • “A la intervención de Dios debe responder el compromiso humano que se manifiesta, sobre todo, en la conversión. La palabra griega usada por Marcos describe un cambio de mentalidad y de elecciones morales, «convertirse» es realizar un cambio de dirección en la ruta para orientarse hacia un nuevo camino y una nueva meta. 2 d) Creed en el Evangelio: en la palabra y en la persona de Cristo. “El «creer en el Evangelio» es la segunda exigencia radical que deberán anunciar los apóstoles como compromiso humano. La fe es adhesión total al Dios que salva y que se manifiesta en la palabra y en la persona de Jesús (el «evangelio»). La palabra hebrea de la fe, amen, indica precisamente el fundamento sólido de una persona o de una casa sobre la solidez de una roca inquebrantable, contra la cual nada pueden las tempestades y las oleadas de la historia”. 2. En el próximo Año de la Fe 1 , convocado por Benedicto XVI Cfr. Benedicto XVI, Carta Apostólica «Porta fidei», 11 de octubre de 2011 o Al Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. La «fe que actúa por el amor» se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre. • (n. 6). “El Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17)”. o Es necesario redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, han de rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud. 2. (n. 2). Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud».1 Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.2 Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas. 1 El «Año de la fe» ha sido convocado por Benedicto XVI (11 octubre 2011). Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. 3 3. Algunos de los puntos del Catecismo de la Iglesia sobre la conversión. • Cfr. Benedicto XVI, Carta Apostólica «Porta Fidei», con la que se convoca el Año de la Fe, nn. 11 y 12: “Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. El Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural”. o La conversión es un don del Espíritu Santo n. 1098 La Asamblea debe prepararse para encontrar a su Señor, debe ser "un pueblo bien dispuesto". Esta preparación de los corazones es la obra común del Espíritu Santo y de la Asamblea, en particular de sus ministros. La gracia del Espíritu Santo tiende a suscitar la fe, la conversión del corazón y la adhesión a la voluntad del Padre. Estas disposiciones preceden a la acogida de las otras gracias ofrecidas en la celebración misma y a los frutos de Vida nueva que está llamada a producir. n. 1433 Después de Pascua, el Espíritu Santo "convence al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16, 8 - 9), a saber, que el mundo no ha creído en el que el Padre ha enviado. Pero este mismo Espíritu, que desvela el pecado, es el Consolador (cf Jn 15, 26) que da al corazón del hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión (cf Hch 2, 36 - 38; Juan Pablo II, DeV 27 - 48). o La conversión se realiza mediante gestos de reconciliación Los gestos: atención a los pobres, defensa de la justicia, reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la correcció fraterna, el examen de conciencia, la dirección espiritual, etc. n. 1435 La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Am 5, 24; Is 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (cf Lc 9, 23). o Fuentes y alimento de la conversión. La Eucaristía, la Lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad. n. 1436 Eucaristía y Penitencia. La conversión y la penitencia diarias encuentran su fuente y su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo que nos reconcilió con Dios; por ella son alimentados y fortificados los que viven de la vida de Cristo; "es el antídoto que nos libera de nuestras faltas cotidianas y nos preserva de pecados mortales" (Cc. de Trento: DS 1638). n. 1437 La lectura de la Sagrada Escritura, la oración de la Liturgia de las Horas y del Padre Nuestro, todo acto sincero de culto o de piedad reaviva en nosotros el espíritu de conversión y de penitencia y contribuye al perdón de nuestros pecados. o Fragilidad humana y conversión La vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados. 4 n. 1426 La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho "santos e inmaculados ante él" (Ef 1, 4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es "santa e inmaculada ante él" (Ef 5, 27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf DS 1545; LG 40). o La penitencia interior. La conversión no mira, en primer lugar, a las obras exteriores “el saco y la ceniza”, los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. n. 1430 Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf Jl 2, 12 - 13; Is 1, 16 - 17; Mt 6, 1 - 6. 16 - 18). La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida. 1431 La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron "animi cruciatus" (aflicción del espíritu), "compunctio cordis" (arrepentimiento del corazón) (cf Cc. de Trento: DS 1676 - 1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4). El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36, 26 - 27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones. 1432 El corazón del hombre es rudo y endurecido. Es preciso que Dios dé al hombre un corazón nuevo (cf Ez 36, 26 - 27). La conversión es primeramente una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros corazones: "Conviértenos, Señor, y nos convertiremos" (Lc 5, 21). Dios es quien nos da la fuerza para comenzar de nuevo. Al descubrir la grandeza del amor de Dios, nuestro corazón se estremece ante el horror y el peso del pecado y comienza a temer ofender a Dios por el pecado y verse separado de él. El corazón humano se convierte mirando al que nuestros pecados traspasaron (cf Jn 19, 37; Za 12, 10). Tengamos los ojos fijos en la sangre de Cristo y comprendamos cuán preciosa es a su Padre, porque, habiendo sido derramada para nuestra salvación, ha conseguido para el mundo entero la gracia del arrepentimiento (S. Clem. Rom. Co 7, 4). o El proceso de la conversión ha sido expuesto por Jesús en la parábola del «hijo pródigo» Sólo el corazón de Cristo pudo revelarnos la misericordia de Dios de una manera tan llena de simplicidad y de belleza. • n. 1439: “El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada «del hijo pródigo», cuyo centro es «el padre misericordioso» (Lc 15, 11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el 5 hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos éstos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza”. 4. Juan Pablo II o Exhortación Apostólica «Ecclesia in America», nn. 26-28 22 de enero de 1999 El encuentro con Jesús vivo, mueve a la conversión. n. 26. « El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva » (Mc 1, 15). (…) La grandeza del acontecimiento de la Encarnación (…) invita a responder con prontitud a Cristo con una conversión personal más decidida y, al mismo tiempo, estimulan a una fidelidad evangélica cada vez más generosa. La exhortación de Cristo a convertirse resuena también en la del Apóstol: « Es ya hora de levantaros del sueño, que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe » (Rm 13, 11). El encuentro con Jesús vivo, mueve a la conversión. No se trata sólo de un modo distinto de pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos. A este respecto, san Pablo habla de « la fe que actúa por la caridad » (Ga 5, 6). Para hablar de conversión, el Nuevo Testamento utiliza la palabra metanoia, que quiere decir cambio de mentalidad. No se trata sólo de un modo distinto de pensar a nivel intelectual, sino de la revisión del propio modo de actuar a la luz de los criterios evangélicos. A este respecto, san Pablo habla de « la fe que actúa por la caridad » (Ga 5, 6). La auténtica conversión se cultiva con la lectura orante de la Sagrada Escritura y la recepción de los sacramentos de la Reconciliación y de la Eucaristía y conduce a la comunión fraterna, y mueve a la solidaridad. Por ello, la auténtica conversión debe prepararse y cultivarse con la lectura orante de la Sagrada Escritura y la recepción de los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía. La conversión conduce a la comunión fraterna, porque ayuda a comprender que Cristo es la cabeza de la Iglesia, su Cuerpo místico; mueve a la solidaridad, porque nos hace conscientes de que lo que hacemos a los demás, especialmente a los más necesitados, se lo hacemos a Cristo. La conversión favorece, por tanto, una vida nueva, en la que no haya separación entre la fe y las obras en la respuesta cotidiana a la universal llamada a la santidad. Superar la división entre fe y vida es indispensable para que se pueda hablar seriamente de conversión. En efecto, cuando existe esta división, el cristianismo es sólo nominal. Para ser verdadero discípulo del Señor, el creyente ha de ser testigo de la propia fe, pues « el testigo no da sólo testimonio con las palabras, sino con su vida ».(68) Hemos de tener presentes las palabras de Jesús: « No todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial » (Mt 7, 21). La apertura a la voluntad del Padre supone una disponibilidad total, que no excluye ni siquiera la entrega de la propia vida: « El máximo testimonio es el martirio ».(69) Dimensión social de la conversión. La caridad fraterna implica una preocupación por todas las necesidades del prójimo. n. 27. La conversión no es completa si falta la conciencia de las exigencias de la vida cristiana y no se pone esfuerzo en llevarlas a cabo. A este respecto, los Padres sinodales han señalado que, por desgracia, « existen grandes carencias de orden personal y comunitario con respecto a una 6 conversión más profunda y con respecto a las relaciones entre los ambientes, las instituciones y los grupos en la Iglesia ».(70) « Quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve » (1 Jn 4, 20). La caridad fraterna implica una preocupación por todas las necesidades del prójimo. « Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? » (1 Jn 3, 17). Por ello, convertirse al Evangelio para el Pueblo cristiano que vive en América, significa revisar « todos los ambientes y dimensiones de su vida, especialmente todo lo que pertenece al orden social y a la obtención del bien común ».(71) De modo particular convendrá « atender a la creciente conciencia social de la dignidad de cada persona y, por ello, hay que fomentar en la comunidad la solicitud por la obligación de participar en la acción política según el Evangelio ».(72) No obstante, será necesario tener presente que la actividad en el ámbito político forma parte de la vocación y acción de los fieles laicos.(73) A este propósito, sin embargo, es de suma importancia, sobre todo en una sociedad pluralista, tener un recto concepto de las relaciones entre la comunidad política y la Iglesia, y distinguir claramente entre las acciones que los fieles, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos, de acuerdo con su conciencia cristiana, y las acciones que realizan en nombre de la Iglesia, en comunión con sus Pastores. « La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno, es a la vez signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana ».(74) La conversión es permanente: nunca es una meta plenamente alcanzada, es un empeño que abarca toda la vida. 28. La conversión en esta tierra nunca es una meta plenamente alcanzada: en el camino que el discípulo está llamado a recorrer siguiendo a Jesús, la conversión es un empeño que abarca toda la vida. Por otro lado, mientras estamos en este mundo, nuestro propósito de conversión se ve constantemente amenazado por las tentaciones. Desde el momento en que « nadie puede servir a dos señores » (Mt 6, 24), el cambio de mentalidad (metanoia) consiste en el esfuerzo de asimilar los valores evangélicos que contrasta con las tendencias dominantes en el mundo. Es necesario, pues, renovar constantemente « el encuentro con Jesucristo vivo », camino que, como han señalado los Padres sinodales, « nos conduce a la conversión permanente ».(75) (…) NOTAS (68) Sínodo de los Obispos, Segunda Asamblea general extraordinaria, Relación final Ecclesia sub Verbo Dei mysteria Christi celebrans pro salute mundi (7 de diciembre de 1985), II, B, a, 2: Ench. Vat. 9, 1795. (69) Propositio 30. (70) Propositio 34. (71) Ibíd. (72) Ibíd. (73) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 31. (74) Cf. id., Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 76; Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 42: AAS 81 (1989), 472-474. (75) Propositio 26. Juan Pablo II, Encíclica «Dives in misericordia» 30 de noviembre de 1980. o La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia. n. 13. La Iglesia profesa y proclama la conversión. La conversión a Dios consiste siempre en descubrir su misericordia, es decir, ese amor que es paciente y benigno (117) a medida del Creador y Padre: el amor, al que « Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo » (118) es fiel hasta las últimas consecuencias en la historia de la alianza con el hombre: hasta la cruz, hasta la muerte y la resurrección de su Hijo. La conversión a Dios es siempre fruto del « reencuentro » de este Padre, rico en misericordia. 7 El auténtico conocimiento de Dios es fuente de conversión como disposición estable, como estado de ánimo. Se vive en estado de conversión, que es la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra. El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El. Viven pues in statu conversionis; es este estado el que traza la componente más profunda de la peregrinación de todo hombre por la tierra in statu viatoris. NOTAS (117) Cfr. 1 Cor 13, 4 (118) 2 Cor 1, 3. www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
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Necesidad de la conversión personal a Dios para la salvación. Ante las desgracias de los demás, más que dejarse llevar por especulaciones o escándalos farisaicos, hace falta una seria revisión de la propia vida, dispuestos a cambiar y mejorar. La conversión: examinar si nuestros programas de vida son ambiguos o mezquinos, considerar el proyecto de Dios, su voluntad, sobre nuestras vidas, lo cual es el criterio último de nuestras valoraciones y acciones. La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia.La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Cf Am 5, 24; Is 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos …
1 Necesidad de la conversión personal a Dios para la salvación. Ante las desgracias de los demás, más que dejarse llevar por especulaciones o escándalos farisaicos, hace falta una seria revisión de la propia vida, dispuestos a cambiar y mejorar. La conversión: examinar si nuestros programas de vida son ambiguos o mezquinos, considerar el proyecto de Dios, su voluntad, sobre nuestras vidas, lo cual es el criterio último de nuestras valoraciones y acciones. La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia.La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Cf Am 5, 24; Is 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos … Cfr. 3º Domingo Cuaresma Ciclo C 3 marzo 2013 Exodo 3, 1-8.13-15; 1 Corintios 10, 1-6.10-12; Lucas 13, 1-9 2ª Lectura (1Co 10,1-6.10-12) Hermanos: 1 No quiero que olviden que en el desierto nuestros padres estuvieron todos bajo la nube, todos cruzaron el mar Rojo y 2 todos se sometieron a Moisés, por una especie de bautismo en la nube y en el mar. 3 Todos comieron el mismo alimento milagroso 4 y todos bebieron de la misma bebida espiritual, porque bebían de una roca espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo. 5 Sin embargo, la mayoría de ellos desagradaron a Dios y murieron en el desierto. 6 Todo esto sucedió como advertencia para nosotros, a fin de que no codiciemos cosas malas como ellos lo hicieron.10 No murmuréis como algunos de ellos murmuraron y perecieron a manos del ángel exterminador. 11Todas estas cosas les sucedieron a nuestros antepasados como un ejemplo para nosotros y fueron puestas en las Escrituras como advertencia para los que vivimos en los últimos tiempos. 12 Así pues, el que crea estar firme, tenga cuidado de no caer. Palabra de Dios. Salmo responsorial (102) R. El Señor es compasivo y misericordioso. L. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga su Santo Nombre. Bendice al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios/R L. El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; El rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura /R. L. El Señor hace justicia y le da la razón al oprimido. A Moisés le mostró su bondad, y sus prodigios al pueblo de Israel /R. L. El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su misericordia /R. Evangelio (Lc 13,1-9) 1. En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron lo de los galileos, cuya sangre mezcló Pilato con la de sus sacrificios. 2 Jesús les hizo este comentario: "¿Pensáis que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos? 3 Ciertamente que no; y si no os arrepentís perecereís de manera semejante. 4 Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? 5 Ciertamente que no; y si no os arrepentís, pereceréis de manera semejante". 6 Entonces les dijo esta parábola: "Un hombre tenía una higuera plantada en su viñedo; fue a buscar higos y no los encontró. 7 Dijo entonces al viñador: `Mira, durante tres años seguidos he venido a buscar higos en esta higuera y no los he encontrado. Córtala. ¿Para qué ocupa la tierra inútilmente?' 8 El viñador le contestó: `Señor, déjala todavía este año; voy a aflojar la tierra alrededor y a echarle abono, 9 para ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortaré`".. 2 1. Dos hechos históricos de los que habla Jesús en el Evangelio, orientando a sus oyentes hacia la necesidad de la conversión personal. Una de las represiones de Pilato y el accidente de la Torre de Siloé. Las represiones de galileos por parte de Pilato • Habían llegado a Jerusalén unos galileos peregrinos para ofrecer sacrificios, y, en circunstancias no bien conocidas para nosotros, Pilato había ordenado a sus soldados que los matasen. Tal vez se trataba de una represión, porque los Galileos se mostraban especialmente hostiles a la ocupación de los romanos. Aunque el hecho no es confirmado por textos extrabíblicos, Flavio Josefo, historiador judío, describe a Pilato como un hombre inclinado hacia la violencia, dispuesto a todo con tal de conseguir lo que se propone. Flavio Josefo habla, por ejemplo, de dos represiones: a) de la represión de Pilatos, en Cesarea, el año 26 d.C., cuando se estaba construyendo un acueducto en esa ciudad que era la residencia del gobernador; b) de la matanza de samaritanos en el 36 d.C., en la cima de su monte sagrado, el Garizim. En el caso que narra el evangelio de hoy, además de homicidio se trataba de un sacrilegio ya que se había mezclado la sangre de esos hombres con la de los animales sacrificados a Dios. • El hecho es que los que lo refirieron a Jesús daban a entender que esos Galileos debían tener alguna culpa y esa desgracia era, ni más ni menos, que el castigo divino por su pecado. Según la mentalidad de aquella época, una muerte violenta era consecuencia de una vida poco coherente. 2. La respuesta de Jesús: su enseñanza será clara: no hay relación directa y precisa entre la culpa y la calamidad. Aunque las calamidades públicas puedan ser providenciales como invitación a la penitencia. a) Como veremos, en su respuesta, Jesús también se refiere a otra desgracia: un derrumbamiento de una torre, en el barrio de la conocida fuente de Siloé, que había matado a 18 personas. b) Refiriéndose a ambos casos, Jesús supera la interpretación de si se trataba de un castigo justo o injusto, o de una fatalidad ciega, etc. «"¿Pensáis que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?» « Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no; y si no os arrepentís, pereceréis de manera semejante"». o Jesús orienta la reflexión hacia la conversión personal. c) El Señor enseña que no hay relación directa y precisa entre la culpa y la calamidad (cfr. Juan 9,3), y, además, hace pensar a sus interlocutores, orientando la reflexión hacia la conversión personal: «si no os arrepentís pereceréis de manera semejante». Las calamidades también nos invitan a la penitencia, a la conversión. Ante las desgracias de los demás, más que dejarse llevar por especulaciones o escándalos farisaicos, hace falta una seria revisión de la propia vida, dispuestos a cambiar y mejorar. Se ha escrito que pueden y deben ser ocasión “para reflexionar sobre la precariedad de la vida, sobre la necesidad de estar preparados, de no apegarse exageradamente a lo que, de un día para otro, puede faltar”. La conversión en griego se expresa con el verbo metanoéö, del que proviene el sustantivo metánoia. La etimología es instructiva: metá (más allá de) y nús (mente): es necesario ir “más allá de nuestra mente”, en el sentido de superar nuestras posibles perspectivas miopes, examinando si nuestros programas de vida son ambiguos o mezquinos, para considerar el proyecto de Dios, su voluntad, sobre nuestras vidas, lo cual es el criterio último de nuestras valoraciones y acciones. 3. La parábola de la higuera esteril (Lc 13, 6-9) • Esta parábola nos muestra la paciencia de Dios y, al mismo tiempo, nos dice que el tiempo para la conversión no es eterno: hay una prórroga, después de la cual la higuera será cortada si no da fruto. • Nuevo Testamento, Eunsa 2004, Lc 13, 6-9: La parábola, para aquellos hombres, y para nosotros, 3 es una advertencia y un aviso: Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva (cfr. Ez 33,11), y «tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan» (2P 3,9). ANTE EL AÑO DE LA FE El Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. o La conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos. La vida nueva recibida co el bautismo no suprime la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que es llamada concupiscencia. CEC 1426: La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho «santos e inmaculados ante El» (Ef 1, 4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es «santa e inmaculada ante El» (Ef 5, 27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama [cfr CEC 405 y 978] concupiscencia [cfr CEC 1264] , y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (Cf DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (Cf DS 1545; LG 40). o La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón; comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. CEC 1431: La penitencia interior es una reorientación radical de toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo, comprende el deseo y la resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la confianza en la ayuda de su gracia. Esta conversión del corazón va acompañada de dolor y tristeza saludables que los Padres llamaron «animi cruciatus» (aflicción del espíritu), «compunctio cordis» (arrepentimiento del corazón) (Cf Cc. de Trento: DS 1676-1678; 1705; Catech. R. 2, 5, 4). o La conversión se realiza en la vida cotidiana. CEC 1435: La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio y la defensa de la justicia y del derecho (Cf Am 5, 24; Is 1, 17), por el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos, el padecer la persecución a causa de la justicia. Tomar la cruz cada día y seguir a Jesús es el camino más seguro de la penitencia (Cf Lc 9, 23). o El presuntuoso espera obtener el perdón de Dios sin conversión. CEC 2092: Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas, (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito). 4 www.parroquiasantamonica.com Vida Cristiana
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