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Timestamp: 2020-06-05 03:50:11+00:00

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CAMILO JOSÉ CELA y EL PLAGIO. EL PRÓLOGO DE LA NOVELA DE CARMEN FORMOSO, CENSURADO Y PERSEGUIDO: El plagio del Siglo, del que está prohibido hablar – PARTE 4 – Punto Crítico Derechos Humanos header ('Content-type: text/html; charset=utf-8');
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26 febrero, 2020 PUNTO CRÍTICO Editorial Corrupción, Justicia 0
«Todos cometemos errores», confesó a la bibliotecaria de su fundación En una tarde de confidencias, el Nobel gallego recordó con pesadumbre su laureada novela "La cruz de San Andrés", un caso de presunto plagio
Diario de León (31/10/2010)
Iria Flavia (Padrón, Pontevedra). Primavera del año 2000. Un orballo envuelve a los 500 habitantes de la pequeña localidad gallega. Marina Castaño sale de la Fundación Camilo José Cela, monta en su Jaguar y emprende viaje a Santiago de Compostela. En la enorme casona se quedan solos Cela y Marisa Pascual, la bibliotecaria. El Nobel disfruta a chupitos de un whisky Johnnie Walker. A medida que bebe se le va alegrando el entendimiento. Charlan de la infancia, de Vigo, de los jesuitas…
En un momento dado, Marisa Pascual le pregunta: «¿Qué ocurrió con La cruz de San Andrés ?». El Nobel le mira a los ojos y dice sin titubear: «Todos cometemos errores en esta vida». Seguidamente apoya el vaso sobre la mesa y continúan conversando sobre diversos asuntos. El hijo del Nobel, Camilo José Cela Conde, vino a refrendar en su día las palabras del padre: «Esa novela nunca se debió publicar». Marisa Pascual, diez años después (y ya ex bibliotecaria de la fundación) recuerda con ternura al autor de Viaje a la Alcarria , «un hombre con mucha vitalidad» que acreditaba «un gran sentido del humor». Su voz se torna dulce y entusiasta cada vez que se refiere a don Camilo. «Me sentía muy arropada por él».
Todo comenzó cuando Carmen Formoso, autora de la novela Carmen, Carmela, Carmiña , se detuvo ante el escaparate de la librería Arenas, en A Coruña. Allí vio La cruz de San Andrés , la obra con la que en 1994 Cela ganó el premio Planeta y los 50 millones de su dotación. Formoso, que había presentado su novela al mismo certamen, entró en la librería, hojeó la solapa y le interesó el tema: era una historia parecida a la suya. «Qué casualidad», se dijo. Al llegar a su casa comenzó a leerla. «A las pocas páginas empecé a sentirme mal. No podía creerlo. Allí estaba mi vida, mis sentimientos, era como si me hubieran vampirizado». Aún así tardó tiempo en contarlo. Ni siquiera lo hizo a sus más allegados «Pensé que se reirían de mí».
Una batalla tenaz. Pero un buen día dio el paso. Su hijo, el abogado Jesús Díaz Formoso, dudó en un principio de las palabras de su madre. Cuando leyó las dos novelas no le cupo ninguna duda. «Es imposible que haya sido producto del azar», dijo. «Son tantas las coincidencias temáticas, argumentales, de escenarios, nombres propios y frases textuales que resulta estadísticamente imposible que sea una coincidencia. Es como si lanzas mil veces una moneda al aire y siempre sale cara. Tan improbable como eso». Y sentencia: « se escribió con la obra de mi madre delante».
A finales de 1998, el abogado Jesús Díaz, en representación de su clienta, Carmen Formoso, presentó en los juzgados de A Coruña una querella criminal en la cual se acusaba a la editorial Planeta y a Camilo José Cela de los delitos de «apropiación indebida» y «contra la propiedad intelectual». El caso fue archivado dos veces y otras tantas abierto: una por la Audiencia Provincial de Barcelona y la definitiva por el Tribunal Constitucional. Tras doce años de litigios, la titular del Juzgado de Instrucción número dos de Barcelona, Eugenia Canal, decretó a mediados de este mes de octubre la apertura de juicio oral contra el editor José Manuel Lara Bosch por presunto plagio de la obra Carmen, Carmela, Carmiña . La juez acusa al presidente del Grupo Planeta de presuntos delitos «contra la propiedad intelectual, apropiación indebida y estafa» y requiere a Lara una fianza de medio millón de euros. No hay posibilidad de recurso. Tras una terca y empecinada lucha, Jesús Díaz ha conseguido sentar en el banquillo al todopoderoso editor. Si llega a estar vivo, Cela hubiera corrido la misma suerte. Formoso tuvo la fortuna de que su hijo fuese abogado. De haber contratado a uno, la broma le hubiera salido por 190.000 euros. «Todo este grotesco cambalache, toda esta canallada la urdieron, presuntamente, la que entonces era directora general de ediciones del Grupo Planeta, Ymelda Navajo, la esposa de Cela, Marina Castaño, la agente literaria Carmen Balcells y el propio Lara», explica Díaz Formoso.
«Y el que transformó la novela de mi madre fue presumiblemente Mariano Tudela, uno de sus habituales negros ». Y añade: «Cela también metió la cuchara, y además muy bien metida, porque tuvo la genialidad de contar, entre líneas, el propio plagio, además de ciscarse en todos los que intervinieron en él».
Así pues, en unas semanas (o meses) comenzará uno de los procesos judiciales más mediáticos de los últimos años.
El leonés Tomás García Yebra desvela en un libro las «canalladas» de Cela
Diario de León (29/10/02)
Después de salir a la luz en toda la prensa nacional un segundo informe pericial que señala que Camilo José Cela no plagió La cruz de San Andrés (Premio Planeta 1984) a la escritora gallega Carmen Formoso, el escritor y periodista leonés Tomás García Yebra, autor del polémico libro Desmontando a Cela (Ediciones Libertarias), sostiene esta misma idea, pero puntualiza que el Premio Nobel sí se basó en el texto de Formoso para escribir su novela, un hecho que calificó de «supuesta canallada». «Tardará su tiempo, pero al final se reconocerá que un texto es imposible sin el otro. Yo sostengo que no hay plagio, pero hay frases textuales del libro Carmen, Carmela, Carmiña en La cruz de San Andrés. Y, estadísticamente, es imposible que haya una coincidencia. Tanto la editorial Planeta como la Justicia me dicen que es casualidad y yo pido que me expliquen esas coincidencias», dijo García Yebra. Y es que este periodista y escritor recoge en su libro cómo Cela utilizaba frases como «Lo único que pido a Dios es que no me mande todo lo que puedo aguantar», mientras Formoso decía en su libro «Pido a Dios que no me mande todo lo que mi cuerpo puede aguantar». «Son dos obras diferentes, pero ¿cómo llamo a esas semejanzas?: supuesta canallada. Suena muy fuerte, pero es una acción ruin contra una persona, en este caso contra Carmen Formoso», prosiguió García Yebra, quien califica de «muy fuerte» que justo ganase Cela el Planeta el mismo años que se presentó Formoso a dicho galardón. Quizá las declaraciones de Yebra, sumadas a su libro Desmontando a Cela, le hayan creado a este periodista de la agencia Colpisa alguna que otra enemistad. Pero asegura que, de momento, «todo el mundo está callado».
El Prólogo de "Carmen, Carmela, Carmiña", que no consiguieron condenar, pero si ocultar
El Plagio de un Premio Nobel, el escándalo censurado
Es a raíz de la lectura de “La Cruz de San Andrés” cuando la autora de “Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia)” comenzará a recorrer el tortuoso camino que le conduciría a la presentación de la referida Querella Criminal.
Cela tras declarar como Imputado por Plagio
Camilo José Cela, escritor que había ejercido como censor al servicio del régimen del General Franco, recibe en 1989 el Premio Nobel de Literatura. Poco tiempo despues, por efecto de la anulación de su matrimonio con Rosario Conde, pierde la mitad de su patrimonio, quedando además obligado al pago de una elevada pensión mensual a su ex esposa.
Editorial Planeta, que desde principios de la década de los noventa había sufrido una progresiva caída de sus ventas en librerías, se esforzaba por relanzar el Premio al que debía buena parte de su popularidad. En el certamen Premio Planeta 1993, resulta ganador el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, lo que había sido conocido con anterioridad a la votación del Jurado, desatándose un escándalo literario al afirmarse que la concesión del Premio estaba pactada de antemano.
Carmen Formoso quiso dejar escrita su historia, y para ello diseñó un argumento con un esquema temporal inverso al de su propia vida. Ella es “Mamita Carmen”, la sabia, la que conoce el destino y acepta como inevitable la infelicidad de su hija, pero con la certeza de que su nieta habrá de recuperar la dignidad de ser mujer, de ser libre para elegir su propio camino. Ella es “Carmela”, la angustiada mujer que intenta en vano ser libre en un mundo en el que solo a los hombres les está permitido elegir su destino. Y ella es “Carmiña”, la afortunada, la mujer que podrá mirar de igual a igual a los hombres, inteligente y bella, será dueña de su propia existencia.
Camilo José Cela, que nunca había creído en los Premios Literarios, ve como gracias a uno de ellos, el Nobel, disfruta de las más altas dignidades. Orgulloso de sí mismo, y ya en los últimos años de su vida, se niega a apagar el brillo de su estrella. El día 1 de mayo de 1993, el diario El País (Babelia, páginas 14 y 15) publica un extenso artículo, firmado por Miguel García-Posada, en el que se le acusa de haber “reelaborado” la novela “Cintas Rojas” (publicada en 1916 y escrita por José Luís Pinillos, “Parmeno”), convirtiéndola en su “Pascual Duarte”. Esto es un fuerte golpe para Cela, que lo impulsa a reafirmarse en su genio.
Editorial Planeta, en su estrategia de reestructuración, nombra una nueva Directora General de Ediciones, Ymelda Navajo, que se incorpora al cargo a principios de 1994. Una de las principales preocupaciones seguía siendo el prestigiar su buque insignia, el Premio Planeta. Con tal intención ofrecen el Premio al escritor Miguel Delibes, quien lo rechaza, según declaraciones del propio Sr. Delibes, publicadas en la prensa, y no desmentidas desde Planeta. Así las cosas, Planeta se ve obligada a acudir de nuevo a Carmen Balcells, la agente que representaba a Gabriel García Márquez, ganador del año anterior. Esta agente literaria era también la representante de Camilo José Cela.
Camilo José Cela ultimaba la venta, y acepta de buen grado la necesidad de ocultar su vergonzosa acción, de esconder el hecho de la utilización de una obra ajena. Acepta el encargo y comienza su trabajo. Cela dicta a la grabadora y, siguiendo el guión que le marca Planeta, va introduciendo los personajes, las historias, los sentimientos y las vivencias de una desconocida, que habían sido puestas a su disposición.
Editorial Planeta, por su parte, recibe de Cela un texto escrito, desde el principio hasta el fin, sobre papel higiénico, o lo que es igual, Cela les proporciona un libro de Mierda. Mierda que Planeta se ve obligada a premiar con su máximo galardón. Mierda que el mercader paga a precio de oro. Y que se ve obligada a publicar. Y es tras esta publicación cuando Cela consuma su venganza: Con “La Cruz de San Andrés” Planeta hace público su comportamiento delictivo, pone a disposición del público la evidencia que la delata.
Camilo José Cela se muestra implacablemente cruel con el mercader, a quien hace víctima de una genial historia cuya trama y desenlace no consienten ser encerrados entre las páginas de un libro. “La Cruz de San Andrés” es el instrumento con el que Cela nos quiere hacer ver la verdad oculta tras la literatura de nuestros días: La literatura es un negocio manejado por unos mercaderes sin escrúpulos que son incapaces de diferenciar el oro de la mierda. Pero esto no es algo que preocupe a los editores, ya que el público tampoco lo distingue.
El mismo día en que se falló el Premio Planeta 1994, Cela declaró: “La trama de la novela es sencilla, pero la preocupación al escribirla ha sido no solo literaria, sino también ética” (El País, página 40).
La novela premiada fue presentada al certamen de manera irregular, varias semanas después del día 30 de junio de 1999, fecha en que finalizaba el plazo de admisión (como expone Paco Umbral en El Mundo de 26/7/1994); y ni siquiera le fue expedido el preceptivo recibo de entrega que exigen las Bases del Certamen. Así parece desvelarlo el propio Cela (“ha pasado ya mucho tiempo; el libro lo tengo que entregar el día 1 de Setiembre, así que debo darme cierta prisa...”. Camilo José Cela –“La cruz de San Andrés”, página 17).
Señalábamos más atrás a la Agente Carmen Balcells como la representante de los dos Premios Nobel de Literatura que recibieron el Premio Planeta en los certámenes de 1993 y 1994 (García Márquez y Cela), y cuyos nombres eran conocidos desde mucho antes de ser emitido el veredicto del jurado. La participación de la Agente literaria en la trama se deduce de las palabras del propio Camilo José Cela, “la agente Paula Fields me encarga que escriba ...” (“La Cruz de San Andrés”, página 13-14).
La narradora de “La Cruz de San Andrés”, Matilde Verdú (junto con otras dos Matildes) es un personaje femenino, que a menudo utiliza la primera persona en la narración. Resulta muy sencillo descubrir que es Camilo José Cela quien se oculta tras Matilde Verdú. Las referencias autobiográficas del Nobel abundan en la novela (“a mí me anticiparon mucho dinero, bueno, mucho dinero para mi exhausta bolsa, la verdad es que no llegó a los seiscientos mil dólares, y aunque al principio lo dudé, ahora que ya no me queda más que un año escaso de vida, eso es lo que dicen los médicos a mi marido y a nuestros hijos y nueras, todos crueles y avergonzados, todos ávidos y parásitos, acepto la propuesta y empiezo esta crónica desorientada y levemente ortodoxa: todos debemos someternos a las sabias normas dictadas por los comerciantes y los síndicos“ - “La Cruz de San Andrés”, pag.14). Este texto explicita varias circunstancias relativas al propio Camilo José Cela: Se encuentra al final de su vida, y tiene desavenencias familiares, en especial con su propio hijo. Por otra parte, seiscientos mil dólares es una cifra acorde con los beneficios obtenidos al ganar el Premio Planeta (dotado con cincuenta millones de pesetas, a los que hay que sumar los derechos de autor respecto a los ejemplares de la novela publicados).
Otras veces Cela aparece imponiéndose como narrador a su propio personaje, que pierde su carácter femenino (“...a veces me gustaría haber nacido mujer...” - “La Cruz de San Andrés”, pag.16). El propio Cela reconoce haber cometido algunos errores gramaticales en esta novela, motivados por su falta de costumbre en escribir asumiendo el papel de una mujer (La Voz de Galicia, 29/8/1999). ¿Cómo hemos de entender esto?
Pasemos a analizar algunas de las múltiples afirmaciones que Cela vierte en "La Cruz de San Andrés" y que avalan nuestra tesis. Ya desde su primera página comienza el relato enmascarado de los acontecimientos en cuyo seno fue gestada la novela premiada con el Planeta en 1994: "el Gladiador que va a morir saluda al Cesar con un corte de mangas porque también él juega y juzga y se ríe a carcajadas del César y de quienes van a escupir sobre su cadáver, sería espantoso imaginarnos a la humanidad demasiado sumisa, suenan los clarines porque ya empieza la misa negra de la confusión, el solemne acto académico de la más turbia de todas las confusiones" (Camilo José Cela, “La Cruz de San Andrés”, página 9).
Examinemos el trasfondo que se oculta bajo el texto anterior. Examinemos el sentido del texto resultante de identificar a Camilo José Cela con "El Gladiador", e identifiquemos también a la Editorial Planeta con "El César". Cela saluda a Planeta con un corte de mangas y se ríe a carcajadas. Se burla de quienes creen poder escupir sobre el cadáver del escritor y su genio. Cela se niega a asumir el papel de escritor acabado, sin ideas, incapaz de crear. Es la historia con la que da comienzo a su venganza. Una venganza con la que no sólo quiere lavar la afrenta que Planeta le infiere como escritor, sino que también se dirige a un público idiotizado y sumiso, al que necesita liberar de su letargo, pues es ese público a quien dirige su obra y a quien exige el reconocimiento de su genio.
El final de párrafo anteriormente trascrito es un aviso escrito en clave, destinado a la posteridad, una velada expresión de la trama oculta en la novela, que define como "la más turbia de todas las confusiones". En efecto, “La Cruz de San Andrés” encierra entre sus líneas varios contenidos que se esconden uno tras otro, dificultando la comprensión de su verdadero sentido.
El libro es escrito por Cela de manera que, en primera instancia, aparenta ser una sucesión de elementos inconexos. Con ello intenta aparentar un primer sentido de la novela: una innovación de estilo pretendidamente original. Oculto tras este disfraz, se esconde una nueva confusión, esta vez dirigida a Planeta. Cela sabe que Planeta comprenderá este trasfondo. Gráficamente se puede apreciar que el corte de mangas que el Gladiador Cela dirige a Planeta, en una primera lectura, parece consistir en la pública confesión que se esconde tras la metafórica afirmación, reiterada desde el principio hasta el final de “La Cruz de San Andrés”: la novela merece ser escrita en el más humilde de los soportes, en un papel al cual, por definición, va pegada la mierda (así, entre otras, en la página 9 “Aquí, en estos rollos de papel de retrete marca La Condesita ... se va a narrar la crónica de un derrumbamiento”, o en la página 237 “Aquí termina esta crónica de un derrumbamiento, también se me acabó el último rollo de papel de retrete” –respectivamente, primera y última página de la novela “La Cruz de San Andrés”-, otras páginas inciden en ello: página 124 “Guillermina me regaló tres rollos de papel de retrete marca La Condesita, es el mejor sin duda, pero ahora anda muy escaso, es más fácil escribir la crónica de un derrumbamiento en un papel de retrete bueno que en uno malo”, o en la página 146 “Aquí, en estos rollos de papel de retrete marca El Gaiteiro Bucólico, voy narrando por regurgitación, también algo pasmada, la crónica ...”). Claramente, Cela hace ver a Planeta cual es su contribución al premio del Editor: una novela de mierda.
Pero no acaba aquí la confusión urdida por el Nobel. Recordemos que se trata de "la más turbia de todas las confusiones". Camilo José Cela oculta a Planeta el verdadero significado que esconde "La Cruz de San Andrés". Y es precisamente aquí donde reside la verdadera genialidad de la novela. Cela consigue que Planeta imprima y distribuya miles de ejemplares de una obra en la que se relata la comisión de la mayor de las infamias. El final de la concatenación de confusiones desvela la realidad que se esconde tras el negocio de la literatura, la verdadera actividad que constituye el negocio de las grandes editoriales. Cela denuncia cual es la mercancía que estos Césares de la literatura distribuyen: textos desprovistos de valor artístico. Productos cuya única justificación reside en su capacidad para generar beneficios económicos, amparados por la acción publicitaria y mediática de las editoriales, quienes dirigen la atención de los consumidores de libros a su entera voluntad, y en su exclusivo beneficio. Cela considera espantosa la imagen de una humanidad sumisa, de unos lectores idiotizados por la acción editorial. Y se revela contra quienes para él son los culpables de la pérdida del compromiso artístico de la literatura actual.
"La Cruz de San Andrés" se describe por el mismo Cela como "El solemne acto académico de la más turbia de todas las confusiones". Y efectivamente, la novela utiliza una enrevesada maniobra, en la cual se esconden, una tras otra, la serie de revelaciones que finalmente permitirán al lector avezado comprender que, tras la denuncia del delito cometido por Planeta, al apropiarse de la obra de una autora novel, y utilizar su enorme poder para asegurarse la impunidad, se esconde el verdadero fraude: el terrible daño que ha sufrido la literatura al haber caído en manos de unos mercaderes desprovistos de sensibilidad,que han convertido el arte en el mero objeto de un negocio dirigido a una única meta: el beneficio económico, el aumento de sus ventas.
La preocupación de Cela por toda esta situación se transforma en reproche, llegando al extremo de enfrentarse con sus lectores, a los que en diversos pasajes del libro se dirige despreciativamente (pág. 73: "insisto en decirle a usted, lector estúpido". pág. 86: "¿cuantos estúpidos crees que se precisan para formar un coro que cante la loa de los crucificados?").
Continuamente, a lo largo de "La Cruz de San Andrés", Cela intercala las claves para desenmarañar la madeja de confusiones. Narra en primera persona, mediante frases que en muchos casos carecen de toda conexión con el contexto en el cual se integran, su propia crónica, oculta y ajena al guión que Planeta le había impuesto, y contra el cual reiteradamente se revela.
Pese a que en casi todas las páginas de "La Cruz de San Andrés" existen reflexiones en las que Cela muestra el significado oculto entre las líneas de la novela, vamos a señalar sólo algunas de ellas, que ni son las únicas, ni probablemente serán las más significativas, pues ampliar esta lista y descubrir en la novela de Cela otras confesiones íntimas de mayor enjundia, queda en manos de cada lector.
Ya en la página 14 de “La Cruz de San Andrés”, Cela escribe "No sé por dónde empezar. Mi tía Marianita...", lo que parece avalar la ausencia de argumentos propios del autor en la génesis de la novela.
En la página 86 escribe "a mí me dieron un papel en el que se leía que en nuestro interior existen tremendos poderes y facultades de los que no somos conscientes, me lo dieron en los Cantones". No vemos un mejor resumen del contenido de la novela "Carmen, Carmiña, Carmela (Fluorescencia)", que esta frase. Además se está reconociendo que "ese papel” se lo dieron en La Coruña, en los Cantones.
En otros momentos Cela se refiere a la motivación económica de su acción. Ya hemos visto anteriormente como confesaba haber recibido un anticipo “que no llegaba a los 600.000 dólares”, afirmando que "todos debemos someternos a las sabias normas dictadas por los comerciantes y los síndicos" (pág. 14). En la página 53 se refiere a la narradora (recordemos que tras ella se oculta el propio Cela) como "Matilde Verdú, la circunspecta relatora de esta crónica de sucesos, la mujer que se ganó un sobresueldo para caprichos e imprevistos durante dos o tres años".
En la página 94 existe otra interesante referencia: "yo escribo a veces en primera persona para complacer a mi agente y a mi editor, tanto Paula Fields como Gardner Publisher Co. tienen sus prejuicios y sus manías (y motivaciones maniáticas), lo verdaderamente ejemplar es que todo lo convierten en dinero, todo lo que tocan se vuelve dinero y son capaces de vender los más raros productos de la subinteligencia. Supongo que está completamente claro lo que quiero decir, eso de echar el yo por delante no es más que un subterfugio, otros le llamarían licencia poética". Examinemos sucintamente esta cita.
Por otra parte, el párrafo citado incide en el elemento fundamental que se oculta en la trama de confusiones urdida por Cela: "son capaces de vender los más raros productos de la subinteligencia". El texto es rotundo cuando indica la existencia de un significado oculto ("lo que quiero decir"), si bien Cela quiere suponer que ese significado resulta claro. Claro para todos menos para el editor, quien es visto por Cela como incapaz de apreciar la literatura.
En otros momentos Cela se refiere claramente al hecho de que las pautas del guión le son impuestas. Así, en la página 37 dice: "Entonces Matilde Verdú recibió la orden de continuar con el hilo del cuento, las órdenes las da quien puede y debe hacerlo y nadie más". En la página 10 escribe "la farsa debe representarse con sencillez para que el gran público se deleite". En la página 14 señala "la agente Paula Fields me encarga que escriba”. En la página 146 leemos "Mi marido no estuvo en el exilio ni un solo día, lo dejé entrever no más para que se callase Paula Fields y me dejaran de marear los asesores de Gardner Publisher Co". En la página 148 expone "la señora Pilar Seixón, la milagrera de Donalbai, tenía un concepto muy flexible del orden, todo aquello que puede ser ordenado deber ser ordenado incluso con desorden y despreocupación". La misma Pilar Seixón aparece en la página 133: "¿No sería mejor que lo dijese ahora, que viene rodado?. - No, ahora no, eso de que venga o deje de venir rodado es lo de menos, cada crónica tiene un ritmo que debe respetarse, la señora Pilar Seixón había previsto ponerlo en el capítulo IV, el reservado para el nudo, y yo no soy quien para desobedecerle". En la página 45 Cela escribe (en referencia a Matty, que conoció a Jaime Vilaseiro, con el que se casó enseguida): "¿No sería mejor dejar esto para más tarde? - Sí, quizá sí; esto ya se contará después en el capítulo tercero, el que la señora Pilar Seixón, la santa de Donalbai, usted no la conoce, piensa dedicar al planteamiento".
En varias ocasiones a lo largo del libro Cela se refiere a su actitud frente al guión que le marcan. Quizás la más significativa de ellas es la de la página 44: "¿Por qué te ajustas tanto al guión que te marcó la policía? - Tengo mis motivos para hacer lo que hago, también te advierto que por ahora hago lo que quiero y que nadie me marca el guión de lo que tengo que decir, de lo que me conviene decir".
Por último, y antes de entrar a analizar las coincidencias existentes entre "La Cruz de San Andrés" y "Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia)", dedicaremos unas breves líneas a señalar algunas de las confesiones íntimas de Cela que contiene su novela.
En la página 99 de “La Cruz de San Andrés”, al principio del capítulo tercero titulado "Planteamiento", Cela escribe: "Me armo de paciencia y de ira y confieso con un absoluto descaro haber infringido deliberadamente toda cuanta norma se me quiso imponer, mi marido y yo exigimos que se nos reconozca que vamos a pagar un precio muy alto y muy caro, que vamos a pagar en oro y esmeraldas y con cumplidas creces todos nuestros hediondos e ingenuos pecados mortales; si se nos va a quitar la vida clavándonos en la cruz de San Andrés para que los cuervos se rían de nuestras derrotadas miserias, queremos que se nos autorice a seguir pecando sin caridad".
El trasfondo no ofrece dudas: La abrumadora diferencia de edad existente entre Cela y su actual esposa motivó que ésta fuese acusada de buscar un beneficio económico en el matrimonio. Como resultado de esta situación, la imágen pública de Cela quedaría muy deteriorada. Y esto sería todavía más evidente al hacerse públicas las graves desavenencias existentes entre Cela y su familia, en especial con su propio hijo.
Otra interesante cita la encontramos en la página 44 de la novela de Cela: "Cada vez que se me acaba un rollo de papel de retrete me da la risa, es muy emocionante eso de escribir la historia de un derrumbamiento en rollos de papel de retrete, también da mucha risa, ya digo, yo aguanto todo lo que puedo, yo puedo aguantar mucho, soy capaz de aguantar lo indecible, nadie me agradecería nunca lo bastante el buen ejemplo que doy a los jóvenes, yo creo que no hay mujer en toda España capaz de aguantar lo que yo aguanto, no me da ninguna vergüenza proclamarlo con soberbia y con ira, también sin recato alguno .- ¿Por qué te ajustas tanto al guión que te marcó la policía? -Tengo mis motivos para hacer lo que hago, también te advierto que por ahora hago lo que quiero y que nadie me marca el guión de lo que tengo que decir, de lo que me conviene decir" (Camilo José Cela - “La cruz de San Andrés”).
A fin de no alargarnos en exceso, y reiterando nuestra advertencia acerca de la contínua aparición de este tipo de confesiones a lo largo de toda la novela de Cela, vamos a citar unas últimas líneas de “La Cruz de San Andrés” que avalan lo hasta ahora expuesto: página 168: “- Usted quizá no sea capaz de entenderlo, pero tenga la completa seguridad de que las palabras no significan más que lo que queremos que signifiquen, tampoco se trata de llevar el crimen hasta su última justificación, ¿está claro? - ¡Hombre, qué quiere usted que le diga! (...) Calímaco quería ser rico y virtuoso al tiempo: la riqueza sin virtud, ¿para qué y por qué sirve?, la virtud sin riqueza, ¿adónde y cómo nos conduce?, no temáis a los placeres porque tampoco la imbecilidad os ha de redimir de nada”.
4.- La Querella Criminal presentada por Carmen Formoso, contra Editorial Planeta, S.A. y Camilo José Cela.
El delito de apropiación indebida, es tipificado por el artículo 535 del antiguo Código Penal, vigente en el momento de producirse los hechos, como cometido por quienes, en perjuicio de otro, se apropiaren o distrajeren dinero, efectos o cualquier otra cosa mueble que hubiere recibido en depósito, comisión o administración, o por otro título que produzca obligación de entregarlos o devolverlos. Según reiterada jurisprudencia, el iter criminis del delito de apropiación indebida comienza en el momento en que el sujeto activo dispone del bien mueble, con la obligación de utilizarlo en los términos convenidos, y de devolverlo según el título contractual, sin que se requiera que exista, en ese momento inicial, engaño ni dolo.
En principio, la exigencia del tipo penal no es otra que la necesidad de que se esté en presencia de un bien susceptible de apropiación, por ello, se exige un soporte físico sobre el que pueda desarrollarse la conducta delictiva. Resulta evidente que, con carácter general, los bienes inmateriales no son susceptibles de aprehensión física, no son susceptibles de apropiación. Sin embargo, así como la Sentencia del Tribunal Supremo de 9 de febrero de 1989, considera que la estatua incorporada a un edificio, que es un bien inmueble para el derecho civil, es susceptible de apropiación, por lo que, a efectos del tipo penal de apropiación indebida, le otorga la consideración de bien mueble, por este mismo argumento debemos considerar que la incorporación de una obra literaria en un soporte susceptible de apropiación, tal como ocurre en este supuesto, permite considerar como bien mueble, no sólo al ejemplar, sino también a la obra literaria que se incorpora a dicho ejemplar. En apoyo de esta tesis se puede argumentar también la consideración de los Títulos Valores como bienes muebles, concretados en el valor que a ellos se incorpora. La Sentencia del Tribunal Supremo de 9 de febrero de 1989 define con toda claridad el concepto de cosa mueble a efectos del derecho penal: "todo objeto del mundo exterior susceptible de aprovechamiento material y de desplazamiento". Por tanto, debemos concluir que una obra literaria sin divulgar, plasmada en un objeto susceptible de aprovechamiento material y de desplazamiento, debe ser considerada como cosa mueble a efectos penales. En cualquier caso, una obra literaria original y no divulgada plasmada por escrito, al margen de su consideración como propiedad intelectual, impone otorgar a tal ejemplar un valor muy superior al que tendría en el caso de tratarse de un ejemplar ya divulgado, ya que incorpora el trabajo realizado durante años por su autor.
La apropiación indebida del ejemplar de la obra es el medio para la comisión posterior de otros delitos contra la propiedad intelectual. El delito de apropiación indebida se consuma cuando el sujeto activo realiza un acto de disposición de la cosa recibida como suya sin serlo, lo que supone una actuación distinta e independiente de la mera reproducción de la obra, que podrá existir o no, según el comportamiento posterior del sujeto activo.
El artículo 534 bis, a), del antiguo código penal, tipifica como delito la conducta de quien intencionadamente reprodujere, en todo o en parte, una obra literaria sin la autorización de los titulares de los correspondientes derechos de propiedad intelectual o de sus cesionarios. El artículo 18 de la Ley 22/1987, de 11 de noviembre, de Propiedad Intelectual, define la reproducción como "la fijación de la obra en un medio que permita su comunicación y la obtención de copias de toda o parte de ella".
El artículo 17 de la Ley 22/1987, de Propiedad Intelectual establece que “corresponde al autor el ejercicio exclusivo de los derechos de explotación de su obra en cualquier forma y, en especial, los derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, que no podrán ser realizados sin su autorización”. Pero a su vez el artículo 14 de la LPI, permite al autor “impedir cualquier deformación, modificación, alteración (...) que suponga perjuicio a sus legítimos intereses”, lo que trasciende al mero derecho moral.
Lo anterior aparece más claro si tenemos en cuenta que la obra transformada se conceptúa como “creación original”, es decir, estaría, en cuanto tal obra transformada, incluida en la expresión “obra literaria”, por lo que otra interpretación conduciría al absurdo de entender que el legislador pretendió decir: “quien intencionadamente reprodujere, plagiare, distribuyere o comunicare públicamente, en todo o en parte, UNA OBRA LITERARIA,... O UNA OBRA LITERARIA” (situación que se produciría de interpretar que con la expresión “o su transformación” se protegen exclusivamente los derechos de quien ha transformado una obra, al sustituir “o su transformación” por lo que sería entonces su sinónimo “una obra literaria”).
La Sentencia de la A.P. de Zaragoza, de 22/10/1991 afirma: “El artículo 534 bis a) no constituye una mera norma penal en blanco, como lo era la precedente, sino que establece los elementos del tipo al sancionar a quien intencionadamente reprodujere, plagiare, distribuyere o comunicare públicamente, o efectuare su transformación”. La Sentencia de la A.P. de Zamora, de 16/1/1996 (Fundamento de Derecho Cuarto) afirma: “Si (...) el mismo original de la obra es distribuida o comunicada al público o transformada sin autorización del autor o de sus cesionarios se están infringiendo los derechos de autor, y si dicha infracción reúne los requisitos exigidos en el tipo penal estaríamos en presencia del delito previsto en el artículo 534 bis a) del Código Penal”.
La Sentencia de la Sala 1ª del Tribunal Supremo, de 28/1/1995, define el plagio: “Por Plagio hay que entender, en su acepción más simplista, todo aquello que supone copiar obras ajenas en lo sustancial. Se presenta más bien como una actividad material mecanizada y muy poco intelectual y menos creativa, carente de toda originalidad y de concurrencia de genio o talento humano, aunque aporte cierta manifestación de ingenio (...). Las situaciones que representan plagio hay que entenderlas como las de identidad, así como las encubiertas, pero que descubren, al despojarlas de los ardides y ropajes que las disfrazan, su total similitud con la obra original, produciendo un estado de apropiación y aprovechamiento de la labor creativa y el esfuerzo ideario o intelectivo ajeno. No procede confusión con todo aquello que es común e integra el acervo cultural generalizado o con los datos que las ciencias aportan para el acceso y conocimiento por todos, con lo que se excluye lo que supone efectiva realidad inventiva, sino más bien relativa, que surge de la inspiración de los hombres y difícilmente, salvo casos excepcionales, alcanza neta, pura y total invención, desnuda de toda aportación exterior. Por todo ello, el concepto de plagio ha de referirse a las coincidencias estructurales básicas y fundamentales y no a las accesorias, añadidas, superpuestas o modificaciones no trascendentales”.
5.- Breve síntesis del Estudio Comparativo de las novelas “La Cruz de San Andrés” y “Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia) “.
El citado Estudio, en su parte final, enumera una selección de las coincidencias existentes entre las dos obras, coincidencias literales, pero también transposiciones de conceptos, técnica mediante la cual se oculta el plagio, consistente en separar los elementos de una historia, relato o anécdota, para posteriormente recomponerlos en distinto orden, en diseccionar los rasgos y los caracteres de los personajes, rehaciendo los personajes y la narración de manera que aparentemente resulten diferentes a los originales. Esta labor, en absoluto creativa, no hace desaparecer la identidad entre ambas obras, sino que simplemente la emborrona, la difumina, oculta el comportamiento delictivo. En matemáticas diríamos que existe una igualdad en la que, al sustituir unas variables por otras en el mismo algoritmo, permanece idéntico valor en los dos miembros de la ecuación. Carmiña se desglosa entre Betty Boop y Matty; Carmela está en Matilde Verdú; Clara y Maruxa comparten mucho más que una casa situada en la misma zona en la que cultivan extrañas flores, ...
Este Estudio Comparativo, junto con la misma Querella Criminal y otros documentos de interés para quienes quieran ampliar la información proporcionada en este Prólogo, en relación al procedimiento judicial que comentamos, así como en relación al régimen legal y jurisprudencial de los delitos contra la propiedad intelectual, se encuentra a disposición del público en la dirección de Internet que se señala en la contraportada de este libro. A esta dirección podrán también, en su caso, enviar sus ideas, comentarios e informaciones acerca de estas cuestiones, así como solicitar colaboración de naturaleza jurídica, en apoyo de otros casos de agresiones a los derechos de Propiedad Intelectual.
La narradora de “La Cruz de San Andrés” se presenta en su página 11: “Me llamo Matilde Verdú, mi madre también se llamaba Matilde Verdú”. Más adelante (página 69) la narradora señala “estos papeles están siendo escritos por varias personas y son tres, al menos, tres mujeres, quienes hablan en primera persona”, mientras en la página 125 nos dice “Me llamo Matilde Lens, Matilde Meizoso, Matilde Verdú”. Más claramente (pag 91) Cela señala “ya van tres Matildes”. El tiempo en el que transcurre su acción se define en su página 16 “Hoy es el sexagésimo tercero aniversario de la II República Española”. Esta narración retrospectiva abarca, pues, desde el nacimiento de la II República, en 1931, hasta el año 1994. Sin embargo, su núcleo se desarrolla en las décadas de los años sesenta y setenta.
Ambas novelas se ambientan en la misma ciudad, esto es, en La Coruña. Esta coincidencia espacial dá pié a multitud de referencias comunes. Pese a ello, llama la atención que las coincidencias se produzcan no sólo respecto a los lugares. Así, mientras Carmiña paseaba cerca de la Torre de Hércules, el Faro coruñés contra el que rompe el Océano Atlántico, “luchaba con el enfurecido viento que se empeñaba en inflarle la falda y ponérsela de pamela” (“Carmen, Carmela, Carmiña”, página 191), la narradora de “La Cruz de San Andrés” (página 61) advierte que “En La Coruña sopla el viento en todas las esquinas, en unas más que en otras pero en todas, aquí las mujeres enseñamos las piernas en todas las esquinas, es igual en las de la bahía que en las de la mar de afuera”.
En La Coruña siempre han existido algunos lugares típicos para pasear. Ambas novelas utilizan la expresión “darse una vuelta por la Plaza de María Pita”, con la misma finalidad: describir el atractivo de un personaje secundario masculino (“tan apuesto ... como un príncipe en su corcel”, se detalla en “Carmen, Carmela, Carmiña”, página 179; “parece un playboy” se dice en “La Cruz de San Andrés”, página 18).
Otra coincidencia curiosa se produce al asociarse en ambas obras las aguas del Orzán con el cadáver de un ahogado (“Carmen, Carmela, Carmiña”, pag. 72-73; “La Cruz de San Andrés”, pag. 17). Pese a que no resulte extraña tal asociación, la coincidencia reside en que no es esta la única zona a la que poder referir la existencia de un ahogado en La Coruña.
En cuanto a otros lugares comunes que aparecen en las dos novelas, ajenos a la ciudad de La Coruña, realizaremos una breve enumeración: para ambientar su novela “Carmen, Carmela, Carmiña”, Carmen Formoso recurre a sus propias vivencias. Por ello, cuando habla de Madrid, se sitúa en la calle Fuencarral (pág. 144). Son continuas las referencias a El Carballo, pueblo que linda con San Pedro de Nos, y es allí donde está la casa de campo de su personaje Maruxa, en la que cultiva bonitas flores (pag. 77). En efecto, Carmen Formoso había vivido durantes algunos años en un chalet en El Carballo. También solía ir a la playa de Balcobo, la playa de Arteixo, a la que se refiere en su novela (pag. 262).
Un lugar importante para Carmen Formoso, y para su novela, es Órdenes, pues allí se trasladan, tanto su propio padre como el marido de su personaje Carmela, para curarse de una tuberculosis en los dos pulmones, contraida durante la Guerra Civil. Otros lugares importantes para la autora son Betanzos, en donde se casó y residió uno de sus hijos, y su Romería de Os Caneiros (pag. 15,16,19,124), Ferrol (pag. 103,119,206), de donde era natural su primer marido. También se refiere a Guitiriz (pag.106, 148), donde pasó algunos veranos, o a La Habana (pag. 194, 228, 237, 239), de donde procedía una rama de su familia, y a Buenos Aires (pag. 128), de la cual conserva muy gratos recuerdos, que por ello aparecen en su novela. Otras referencias geográficas introducidas en su novela son Marruecos (pag. 99), Africa Ecuatorial (pag. 240) o Colorado (pag. 270).
Muy interesante es la coincidencia relativa a San Pedro de Nos, pueblo limítrofe con El Carballo, donde el personaje Clara tenía un chalet, en el cual (págs. 216 y 217), se cultivaban “flores de colores muy desusados y extraños”. Este personaje de la novela de Cela, Clara, tiene otras similitudes con la Maruxa de “Carmen, Carmela, Carmiña”: Una es la abuela de las amigas de Matilde Verdú, otra es la madre de la amiga de Carmiña, ambas tenían un chalet en El Carballo de San Pedro de Nos, en el que se cultivaban flores: ambas se marchan a Buenos Aires, desde donde hacen un largo viaje antes de regresar a La Coruña (Clara, en la pag. 112 de “La Cruz de San Andrés”). Y las dos hacían el amor con un hombre más joven.
Destaca con claridad otra coincidencia entre las dos novelas, con relación a Órdenes (Ordes en gallego): el personaje de Cela, Betty Boop, se traslada por consejo médico, durante una larga temporada a “Visantoña, una aldea en el camino de Santiago poco antes de llegar a Ordes”, “a respirar aire puro, llevar una vida sosegada, comer mucho...y pasear”, de donde “volvió muy repuesta, de buen color y algo más gorda” (págs. 118, 119 y 121). Recordemos que Luis, el personaje de la novela “Carmen, Carmela, Carmiña” (Capitulo II, sección 8), se traslada también durante una larga temporada, por consejo médico, a Órdenes, a respirar aires de montaña, en donde daba largos paseos, y cuando Luis regresa a La Coruña, había engordado unos kilos, y el color había vuelto a sus mejillas.
Conviene en este momento, resaltar otra coincidencia, difícilmente explicable en base a una supuesta casualidad: en la página 104 de “La Cruz de San Andrés”, se relata una anécdota que tiene lugar cerca de Órdenes por la zona de Sigüeiro “se mete la mano debajo de una piedra del río y se sacan dos truchas relucientes y plateadas, saltarinas y escurridizas”. En la novela “Carmen, Carmela, Carmiña” (pag. 157), se describe una vivencia de su autora, que tiene lugar, precisamente en las cercanías de Órdenes, extraordinariamente similar a la anterior, incluso respecto de las palabras más descriptivas utilizadas en ambos relatos: “un regato lleno de truchas que veían saltar...se empeñó en meterse en el agua para cogerlas con las manos...intentar coger las escurridizas truchas que se le escapaban por entre los dedos”.
Continuando con los lugares comunes de las dos obras, en la novela de Cela aparece la playa de Balcobo, cerca de Arteixo (pág.88), la Romería dos Caneiros (pag. 121) y también hay referencias al pueblo de Betanzos (entre otras la pag. 19), Ferrol (pag. 29, 85, 87), Guitiriz (pag. 69), La Habana (pag. 112), Buenos Aires (Pag 112), Marruecos (pag.92), centro de Africa (pag. 154), y Colorado (pag. 43).
La novela “Carmen, Carmela, Carmiña”, ya desde su primera página, identifica su eje central: “pensando que pertenecía al grupo que ella misma denominaba de personas corrientes ... no hacía falta ser excepcional para sentirse la persona más extraordinaria de la tierra”. Cela, en la página 10 de “La Cruz de San Andrés”, escribe “no es que las mujeres vulgares no tengamos historia”.
Carmen Formoso utiliza como tema recurrente el de la elección de la mujer esperada por sus poderes. Así, en “Carmen, Carmela, Carmiña” podemos leer: (pág. 7) “muchas veces me pregunté si eras tú la que tenía que elegir para continuar la tradición familiar ... tienes poderes ... pero tendrás una hija que nos superará a las dos ... sé que eres la que esperaba y que tienes poderes aunque no te des cuenta de ello”; (pag. 9) “siempre que deseaba mucho e intensamente algo lo conseguía ... en aquello y en otras cosas más complicadas consistían sus poderes”; (pag. 112) “la niña comienza a mostrar sus poderes”. Cela, en “La Cruz de San Andrés” escribe: pag. 86: “a mi me dieron un papel en el que se leía que en nuestro interior existen tremendos poderes y facultades de los que no somos conscientes”; pag. 158: “de tu vientre nacerá como un fruto maduro el nuevo mesías que alumbrará el Universo, tú estás señalada por el dedo de Dios Todopoderoso”; Pag. 159: “tú eres la mujer elegida”.
En la novela “Carmen, Carmela, Carmiña”, se escribe (pag. 85) “pide a Dios que no te mande todo lo que el cuerpo puede aguantar”. En la novela de Cela, la narradora (pag. 9) expone: “lo único que pido a Dios es que no me mande todo lo que puedo aguantar”; en la página 105 insiste: “sólo pido a Dios que no me mande todo lo que puedo aguantar”.
En “Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 233) se efectúa la siguiente descripción: “Apareció enjoyada .. deslumbrada de tanto oro y pedrería juntas ... Traía la cara muy maquillada y vestía de gran dama; se había hecho un corte de pelo ... debía haber mezclado el perfume chanel nº 5 y la laca del pelo con excesiva abundancia”. Cela, por su parte, describe así a uno de sus personajes: (pag. 230) “lleva peluca ... los ojos de azul nacarado intenso ... las pestañas postizas ... los labios de rosa fuerte ... va siempre perfumada y enjoyada, viste de forma llamativa”.
Xana, la amiga de Carmiña, que se casa con Perico, con quien tuvo una hija, aparece en la novela “Carmen, Carmela, Carmiña” (pag.255, 256) “acompañada por su marido, se introdujo en las discotecas de moda, entrando a formar parte de los clientes asiduos, ... ¡la noche es joven! ... Y volvía a tirar del somnoliento Perico arrastrándolo hasta ... acostara a la hora que se acostara, tenía que ir al trabajo”. El personaje de la novela “La Cruz de San Andrés”, Matilde Meizoso (pag 29), casada con Pichi, con quien tuvo una hija, “era muy animada ... excesiva; a Pichi le gustaba que le diese marcha y lo llevase por los bares a tomar unos vinos ... Matilde tomó el mando del matrimonio ... le hizo trabajar”.
Veamos dos pasajes en los que se aborda una experiencia sexual: la vivida por el personaje de la novela de Carmen Formoso, Carmiña (págs 192 y 193) es relatada de la siguiente manera: “él la levantó y la llevó al campo próximo. Se tumbaron ... él la penetró ... la suavidad se convirtió en frenesí revolcándose por el campo ... estaban roncos de tanto gritar al tiempo ... él se corría una y otra vez ... de aquél pene siempre erecto ... ¡Más!, seguía clamando exigente”. Por su parte, el personaje de la novela de Cela, Betty Boop, vive una experiencia que se describe como sigue (págs. 103 y 104): “Tenía un sexo descomunal ... tumbó a Betty sobre la yerba y le clavó violenta e inevitablemente lo mandado ... no podía ni respirar ... gozó seguido no alentando más que lo preciso durante mucho tiempo”.
Las similitudes siguen presentándose en relación a las experiencias sexuales de los personajes de ambas novelas, Carmiña y Betty Boop: en la Página 94 de “La Cruz de San Andrés” las amigas de Betty quieren conocer los detalles de su experiencia sexual: “nos sentamos en la cama para que nos lo contara todo, dónde había estado, con quién, qué había hecho, todo, absolutamente todo”. Por su parte el personaje de la novela de Carmen Formoso (pág. 196), tras su experiencia, es preguntada por su amiga: “Xana estaba a su lado, sentada en el borde de la cama ... no estaba dispuesta a permitirle su silencio. – Cuéntame ... ¿lo hicisteis? ... ¿sois novios? .. ¿Qué?, ¿y si te quedas embarazada?
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 23) "desde el fallecimiento de su esposo, se empeñaba en hacer sesiones de espiritismo para hablar con él"; "dio señales rápidamente moviendo el lápiz que sostenía Carmela en la mano sobre un papel blanco" "movido por una fuerza misteriosa, continuó escribiendo claramente"
“La Cruz de San Andrés” (pag 65) "escribía cosas en un papel y nos decía que su mano era llevada por la voluntad de Dios"; "a través de Santiso nos escribió una carta a cada uno mientras guardábamos silencio".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 57) "¡sabe Dios que clase de ritos! Apareció su cuerpo flotando en el río Sar. Le habían quitado el corazón y no tenía ni una gota de sangre ...". (pag. 74) "... ritos satánicos. Me contaron que al hijo lo inmolaron en un aquelarre durante una Misa Negra que celebraron en un cementerio abandonado ... ¡Se bebieron la sangre del niño y se comieron su corazón palpitante!".
“La Cruz de San Andrés” (pag 68) "la abrió de abajo a arriba con un cuchillo ... el corazón lo tiró a la mar de la bahía ... puso la sangre en una fuente" "un asesinato ritual".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 60) " y allí colocó las estampitas religiosas que guardaba en un cajón ... Eran santos católicos" " ... la Virgen del Rosario"
“La Cruz de San Andrés” (pag 77) "en la pared hay tres cromos grandes de mucho brillo, el Sagrado Corazón de Jesús, Nuestra Señora de los Dolores ... "
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 4 y más) “una señora que vivía en la ciudad vieja .. una maga de los negros cubanos ... de las llamadas Yorubas”; Referencia a las meigas de la Ciudad Vieja (pag. 46) “La famosa de Herrerías”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 80) " ¿Usted cree que entre los coruñeses de la Ciudad Vieja hay muchos endemoniados?".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 246) "No podría precisar el tiempo que duró la levitación”; (pag 244) Ritual: "... velas y claveles blancos..."; (pag 231) "echadora de cartas"; (pag 211) "ánimas de la Santa Compaña"; (pag 3) " la Santa Compaña ... paseaba las almas en pena".
“La Cruz de San Andrés” (pag 229) Aparece la "levitación"; (pag 233) Ritual: "vela blanca ... claveles blancos"; (pag 76) "las echadoras de cartas"; (pag 66) "los muertos de la Santa Compaña", "las ánimas del purgatorio".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 262) “la muerte es lo más hermoso que tiene la vida”. (pag 263) “Ofrecieron suculentos manjares a las numerosas personas que se acercaron a darles el pésame ... Parecía un acto social ... cantaban, se reían y escuchaban la música que tocaba Carmela al piano”; “El festín se prolongó hasta cumplirse nueve días del duelo”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 207) "la muerte no es un estado sino un trance - Piensa en la muerte y saluda a la vida con cohetes y fuegos de artificio".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 192) “Muchos barcos encallan ahí y naufragan hudiéndose rápidamente, sin salvamento posible para los tripulantes.”
“La Cruz de San Andrés” (pag 17) "¿Cuántos muertos se llevará la mar cada invierno?".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 31, 242, 260, etc) “La Soledad”; (Pag 91, etc) “Soledad y llanto”; (pag 259) “un día observó la imagen que le devolvía el espejo y quedó sorprendida ... ¡había envejecido! ... se sintió frustrada, desencantada”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 28, etc) "La Soledad”; (pag 71) "la mujer sola llora el doble"; (pag 69) “soy una mujer enferma que va camino de vieja y que no acierta a aguantar la soledad”; “se miró al espejo y vio lo vieja que era”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 4) “la abuela era una maga de los negros cubanos muy sabia y santa”; (Pag 235, 236) “cumplía cien años ... la fama que tenía Mamita Carmen de sabia y prudente”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 80) (se refiere a la “Santiña”, una echadora de cartas): "es muy vieja y muy sabia”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 259) “ la imagen de la foto de Pepo se convirtió en una bruma, en un sueño que le hablaba”; (pag 272) (estaba soñando) “sentía el placer del humo de su puro ... entre el denso humo que expulsaba su nariz estaba Mamita sonriéndole”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 115) "duele mucho ver cómo se van haciendo borrosos los sueños que acaban por mermar y marearse, que terminan por difuminarse poco a poco y desaparecer como la voluta de humo azul de un cigarro habano".
Merece la pena detenernos en las coincidentes características de las protagonistas de las dos obras, y en especial de sus relaciones de pareja. En “Carmen, Carmela, Carmiña”, la belleza de las protagonistas, Carmela y Carmiña (madre e hija), se resalta especialmente (llamaba la atención), y a la vez se destaca su infelicidad. Reiteradamente se califican algunas mujeres como guapas y a la vez extrañas. En “La Cruz de San Andrés”, Cela se refiere a Eva y Matty (madre e hija) como especialmente bellas (pag 25, 38) "Los hombres volvían la cabeza al verla pasar por la calle". Se refiere a la protagonista en similar sentido (pag 45): “todas las mujeres de esta familia son hembras importantes y también desgraciadas”. Insiste Cela en los calificativos “bella” y “extraña” hasta hacer una verdadera burla de tales atributos. Así, por ejemplo (pag 19, 99) “Clara Erbecedo es una mujer guapa y extraña, por aquí todas las mujeres son guapas y casi todas extrañas”.
En “Carmen, Carmela, Carmiña”, la belleza de los padres de Carmiña es una constante: (pag 15) “hacían una buena pareja”; (pag 20) “eran la pareja más bien plantada de toda La Coruña”. Pese a ello, la relación de la pareja no es buena (pag 108): "Que Luis y tu estáis separados, pero que preferís guardar las formas". Coincide esta apreciación en “La Cruz de San Andrés”, referida a los padres de Matty y Betty Boop (pag 112): "Eva y su marido formaban una pareja de cine, daba gusto verlos". Sin embargo sus relaciones tampoco serían buenas (pag 25): "La pareja, en vez de conformarse ... se separó de mutuo acuerdo".
En la novela de Carmen Formoso se alude a los rasgos psicológicos de sus personajes, manifestados por su comportamiento, y en este sentido se destaca como Carmela (pag 27) “se cortó el pelo poco despues de casarse”. En “La Cruz de San Andrés”, coincidentemente (pag 193) "Betty Boop se cortó el pelo a poco de casarse".
Otras serie de significativas coincidencias entre ambas obras, se producen respecto al marido de sus protagonistas. Así, en “Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 111, 120, 146, etc) ocupa especial lugar la tuberculosis que padecía el marido de Carmela "una tuberculosis que ya alcanzaba los dos pulmones", quien había estado "en la cárcel", por razones políticas: "Luis estuvo preso". En “La Cruz de San Andrés”, pág. 14, se refieren "los siete sucesos que señalaron la vida de mi marido ... Una lesión tuberculosa en cada pulmón ... la cárcel, el exilio"; (pag 44) “la tuberculosis del marido”. También nos dice la narradora (pag 105) "a mi marido lo metieron en la cárcel por razones políticas".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 178) “es un fresco ... fantasea sobre como podía violarme ... menuda mosquita muerta! es un reprimido”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 117) “quiso violar a Luisa...parece una mosquita muerta, pero es un salido”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 110) “hombres muy bestias”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 120) “los hombres ... son unos bestias”; (pag 152) “el bestia del marido”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 174) “seguía dedicándose a la lectura por las noches convirtiéndola en un auténtico vicio"; "compraba muchos libros, incluso en francés”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 22) “Se pasaba el día leyendo libros en francés”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 14) “trabajaba como periodista, y publicaba sus crónicas en “La Voz de Galicia ”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 40) “Rafa Abeleira quería ser periodista, a veces le publicaban algo en El Ideal Gallego”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 206) Era licenciado en derecho y “preparó unas oposiciones al Cuerpo Administrativo de la Diputación”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 40) “era licenciado en derecho y quería hacer unas oposiciones a algo”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 169) "su madre se empeñó en que preparase la Primera Comunión" "-Ahora no quiere ...¡Ya la hará!";(pag 170) "Y terminó preguntándose si había hecho la Primera Comunión" "-¿Carmiña hizo la Primera Comunión? -Ya sabes que no quiso" (pag 171) " queremos saber porqué no haces la Primera Comunión".
“La Cruz de San Andrés” (pag 162) "-¿Y el niño va a hacer la primera comunión?, -De momento no, después ya veremos".
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 268 y más) “el hombre había llegado a la Luna”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 24, 228) “el hombre llegó a la Luna”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 21) “la novia lucía ... un elegante traje comprado en Madrid”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 108) “la novia lucía ... un elegante tocado francés”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 249) “Carmiña saca el carnet de conducir y mamita le regala un seiscientos descapotable”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 168) “¿Averiguó por fin si don Jacobo le compró o no le compró un descapotable a su hija Matty? - No lo sé fijo, pero me parece que no, Matty no llegó a sacar el carnet de conducir ”. (Otra referencia se contiene en la página 39 de “La Cruz de San Andrés”, junto con una reveladora secuencia: “Matty aprende frases de memoria y después las repite como si fueran suyas”).
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 177, 203) Con referencia a Carmiña: preparar “la reválida”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 46) Con referencia a Betty Boop: preparar “la reválida”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 4) “una gran tormenta nocturna acompañada de fuertes rayos y truenos”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 129) “en medio de una gran tormenta de rayos y truenos”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 186) “Mario sacó del bolsillo del pantalón un reloj que estaba sujeto por una leontina al cinturón ... ¿Es de oro? ”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 164) “reloj de bolsillo de oro con leontina”.
“Carmen, Carmela, Carmiña” (pag 193) “le vio en la piel del pecho dibujado un trébol”.
“La Cruz de San Andrés” (pag 37) “tenía en el pecho un tatuaje”.
A: p. 293. “Teorema de Pitágoras”.
B: p. 87. “Teorema de Pitágoras”.
A: p. 42. “con las mejillas sofocadas, totalmente enardecida...”.
B: p. 135. “mejillas estaban tensas y rojas...”.
A: p. 351. “y un gran número de joyas familiares...”.
B: p. 205. “..las joyas...algunas llevaban tres generaciones en la familia...”.
A: p. 3-11-19-... Los “puros habanos” son el signo de identidad de toda la obra.
B: p. 33 y otras. Referencia a: "puros habanos".
A: p. 42- “Carlos Gardel".
B: p. 43. "Carlos Gardel".
A: p. 50. Referencia a: "las mareas vivas ... "
B: p. 74. Referencia a: "las mareas vivas ... "
A: p. 174 y otras. Referencia a la " guerra de Melilla" (desastre de Annual)
B: p. 77 Referencia a la " ... guerra de Melilla"
A: p. 166, Referencia a " ... hermanas gemelas".
B: p. 124, Referencia a " ... hermanas gemelas".
A: p. 58- 234- ... Referencia a "el Campo de la Leña".
B: p. 128 y más. Referencia a "el Campo de la Leña".
A: Referencia a: las fiestas que daba Carmela en su casa ... “se bebía sin exceso, se oía música, se cantaba...” Constantes referencias en las mismas situaciones.
B: p. 27. Referencia a: las juergas que organizaba Eva en su casa ... "se bebió sin exceso, se oyó música, se bailó ... "
A: p. 16- 110. Referencia a que no tuvo suerte. Se derrumbaba con la música de los blues.
B: p. 138. "... no tuvo suerte con los hombres y también acabó bailando al son de la música de jazz de los derrumbamientos ..." (transposición de conceptos).
A: p. 159 ... Referencia a que marchó de Betanzos por ser rojo.
B: p. 111. Referencia a: "... era maestro de escuela y lo echaron del escalafón por rojo ..." .
A: p. 152- 158- 293- 303- 338. Referencia a: "un joven cubano que viajó de La Habana a Madrid".
B: p. 112. Referencia a: "un joven cubano que viajó de La Habana a Madrid".
A: p. 31- 345- 363 ... Referencia a las gaviotas. (Constantemente)
B: p. 68, 101, 237 y muchas más. Referencia a las gaviotas.
A: p. 363- 364. Final simbólico, con las gaviotas.
B: p. 237. Final simbólico con las gaviotas.
El dueño de Planeta, José Manuel Lara Bosch, quien falleció como Imputado por Plagio
6.- Breve balance y situación actual del procedimiento penal.
Bien, examinemos sucintamente el contenido del Auto de archivo: la Juez, con la única base del contenido de la querella, declara textualmente: “Existen, es cierto, coincidencias argumentales genéricas, así “Carmen, Carmela, Carmiña”, relata la historia de tres mujeres (abuela, nieta y biznieta), que viven en La Coruña y cuya existencia se encuentra marcada principalmente por la soledad, con referencias a la sexualidad así como a muertes y asesinatos. Del mismo modo, “La Cruz de San Andrés” constituye la crónica de un derrumbamiento de tres mujeres” (Matilde Verdú y las hermanas Betty Boop y Matty) que también residen en La Coruña y cuya soledad es elemento destacado de sus vidas, a lo largo de la novela se hace referencia también a su sexualidad, a muertes y a asesinatos. Se aprecian así mismo otras coincidencias: una parte de la época en que transcurren ambos relatos (años sesenta-setenta), las referencias a determinados lugares (Santiago de Compostela, Betanzos, la Plaza de María Pita, la Joyería Malde, el Instituto Da Guarda, la romería Dos Caneiros), algunos episodios o anécdotas (lectura de libros en francés, hacer el amor en la Torre de Hércules, coger truchas con la mano, orinar sin bragas y en equilibrio, padecer tuberculosis en ambos pulmones, ir al campo a respirar aire puro), así como referencias concretas al entorno y a objetos (ritos satánicos, magia, el viento, las gaviotas, las mareas vivas, la mecedora cubana de caoba, los puros habanos, una tormenta de rayos y truenos).
Es decir, parece que al entender de la Juez, existiría un tipo de plagio “penalmente irrelevante”. No alcanzamos a comprender cual puede ser éste, pues o bien existe plagio o bien no existe, y de existir siempre resulta penalmente relevante. Además, resulta sumamente perverso el hecho de que tras esta aceptación judicial de la existencia de algún género de plagio, y cuando había sido comprobado que la novela de Cela no había sido presentada al Certamen en las condiciones exigidas en las bases del mismo, careciendo de la documentación de la que sí disponen el resto de los participantes, el Juzgado resuelva impedir toda investigación de los hechos.
Vamos a hacer un breve inciso para referirnos a esta novela de Cela, “Madera de Boj”, recientemente publicada. También respecto a ella se pone en duda su carácter original. En tal sentido, incluso han sido publicados algunos artículos en la prensa, como el que firma el Alcalde de Corcubión, D. Rafael Mouzo Lago, publicado en “La Voz de Galicia” el día 24/10/1999 (pag. 91), en el que se afirma que en “Madera de Boj” hay “una cierta reproducción de ideas y contenidos” de algunas publicaciones de autores locales.
Otro importante dato aportado por el Recurso se refiere al hecho de que, en la columna que Francisco Umbral escribe en el Diario El Mundo el día 26/7/1994, se menciona que Cela todavía estaba trabajando en el manuscrito de “La Cruz de San Andrés” semanas después de haber finalizado el plazo de entrega para el Certamen Premio Planeta 1994. En este mismo artículo, el irónico escritor “Pacoumbral”, transcribe el siguiente diálogo: “- Te gusta el título, Paco? – Si, pero me recuerda “El hombre de la cruz verde” de Serrano Plaja”. Dado que no fue Serrano Plaja, sino Serrano Poncela el autor de esta obra, pudiera entenderse que la intención de Umbral sería jugar con las palabras “Plagio” y “Serrano”. O también podría entenderse que se trata de un simple “patinazo” de Umbral, de una mera coincidencia, aunque eso sí, una coincidencia más.
Y esta nueva “coincidencia” va a consistir en un error cometido por la Juez de Instrucción, un error nada común, por lo demás, que cabría calificar de insólito: la Juez, al resolver el Recurso contra su Auto de Inadmisión a Trámite de la Querella, declara tener por admitido a trámite el Recurso de Apelación. Sin embargo, tal Recurso no había sido presentado, por lo que, de no haber detectado este grave error con rapidez, una vez transcurridos cinco días, los abogados de Carmen Formoso no hubiesen podido ya interponer Recurso de Apelación, y la Inadmisión a Trámite de la querella resultaría definitiva.

References: artículo 535
 artículo 534
 artículo 18
 artículo 17
 artículo 14
 artículo 534
 artículo 534