Source: http://alianzacontraartwashing.org/es/coalitionstatements/bhaaad-history-and-statement-in-full/
Timestamp: 2017-09-19 19:01:01+00:00

Document:
BHAAAD: La Corta Historia De Una Larga Lucha – Boyle Heights Alianza Anti Artwashing y Desplazamiento
“Tienen que ver lo que están desplazando. Nosotros aquí, hemos trabajado mucho para crear esta comunidad. Hemos hecho caminatas, misas, protestas, juntas tras juntas tras juntas con nuestra vecindad, con el concejal, con la policía. Hay familias que han perdido sus niños. Hemos luchado para tener la comunidad como esta. Hemos dado los mejores años de la vida a esta lucha. Y esto es lo que nos ha costado“.
– Residente de Boyle Heights desde hace más de 30 años
Somos: Grupos Diversos de Artistas Afines, de todas las regiones de Los Ángeles, que reconocemos el hecho de que el arte juega un papel activo en el aburguesamiento y asumimos una solidaridad comprometida con quienes luchan por una vivienda digna y la auto-determinación comunitaria en Boyle Heights. Negamos el uso de nuestras identidades diversas, incluyendo nuestras identidades queer y trans, con el fin de encubrir las realidades de la violencia racial y económica.
Boyle Heights Alianza Anti Artwashing y Desplazamiento les invita a preguntarse:
¿QUÉ PASA CUANDO LAS GALERÍAS GANAN LA GUERRA CULTURAL PROMOVIENDO EL ARTE CHICANO DIVERSO & DINÁMICO – PERO CONTRIBUYEN DIRECTAMENTE A LA DESTRUCCIÓN DE UN BARRIO DIVERSO & DINÁMICO?
¿BASTA CON QUE NOS ALCEMOS DE HOMBROS Y DIGAMOS “BUENO, SUPONGO QUE EL ABURGUESAMIENTO ES INEVITABLE”? ¿VAMOS A FINGIR SORPRESA Y EVADIR NUESTRA RESPONSABILIDAD?
¿QUÉ HAREMOS PARA EVITAR QUE “LO INEVITABLE” OCURRA EN BOYLE HEIGHTS?
Como alianza colectiva consideramos que la discusión detonada por la presencia de PSSST y de otras galerías en Boyle Heights marca un punto histórico decisivo en la política cultural de Los Ángeles. A todo lo largo de nuestra ciudad los y las vecinos están comenzando a forjar lazos que cruzan fronteras tradicionales, de raza, de clase y geográficas, para enfrentar la crisis compartida de desalojos y de construcción especulativa que nos afecta a todos.
Cada día al menos tres familias se ven forzadas a salir de Boyle Heights. El arte y los y las artistas allanan el camino que les permite a los inversionistas acelerar este proceso, y como alianza colectiva consideramos que las galerías en Boyle Heights se benefician de ello. Desde hace ya muchos años los y las vecinos de Boyle Heights se han dedicado a luchar por el derecho a permanecer en sus casas y hoy nosotros les exigimos a las galerías que salgan de nuestro barrio de inmediato.
En este texto integramos nuestros puntos de vista en torno al Bello Arte del Aburguesamiento y compilamos algunas historias importantes de los 30 años de lucha de la Unión de Vecinos. Estas historias nos permiten basarnos en el conocimiento de lo que aconteció antes de que las lujosas galerías llegaran a los Flats.
“Las galerías tienen que comunicar y hablar con la comunidad sobre cómo van a ayudar contra el desplazamiento. Si suben las rentas, no vamos a poder estar aquí. No es justo. Por haber luchado, no nos merecemos que nos ignoren, ni que nos saquen de nuestra comunidad.”
– Miembro de BHAAAD y de la Unión de Vecinos
ARTE Y DESTIERRO: EL MOMENTO CRÍTICO
Si examinamos paso por paso el proceso de aburguesamiento – que transforma a un barrio de comunidades de clase trabajadora en un barrio diseñado para y poblado por clases más adineradas, encontramos un patrón claramente delineado: los especuladores de la construcción y del mercado de inmuebles están atentos a la llegada de las y los artistas a un barrio, pues consideran que es ese el momento propicio para comenzar a acumular propiedades allí. Un artículo publicado en 2007 por Bloomberg le ofrece el siguiente consejo a los inversionistas en bienes inmuebles: “¿Quiere saber dónde habrá un buen lugar para invertir en propiedad inmueble en 5 o 10 años? Fíjese en dónde están viviendo los artistas hoy.”
Los artistas no forman una clase singular desde un punto de vista económico. En nuestro mundo neoliberal muchos artistas se han convertido en peones voluntarios. Algunos incluso buscan beneficiarse económicamente del desplazamiento de sus vecinas y vecinos, atrayendo recursos y capital hacia lugares afectados por la desinversión y promocionando en varios contextos las virtudes de la “transformación”, “los esfuerzos pioneros” o la “revitalización” que dicen liderar.
Sin embargo, mucha gente que es artista y trabajadora cultural en Los Ángeles está hastiada de que se le utilice en los procesos de aburguesamiento y busca maneras significativas de negarse a participar en la economía cultural del desplazamiento. Consideramos que la indignación generada por el caso de PSSST constituye un momento crítico, dado que la crisis de vivienda y el acorralamiento neoliberal cada vez más intenso afectan cada aspecto de nuestras vidas con niveles de urgencia extremadamente diferentes en función de nuestra raza, género y clase.
Estamos luchando por la diversidad de nuestros barrios y la dignidad de nuestros vecinos y vecinas. Estamos cansados de que acosen y desalojen a nuestros amigos y amigas, vecinos y vecinas y a nuestras propias familias. Estamos también luchando para rescatar a nuestra propia creatividad de las garras de la complicidad. Estamos cansados de que se coopte nuestras prácticas artísticas para dar sustento a los intereses de la construcción especulativa de otras personas. Queremos aprovechar este momento crucial para redefinir cuáles son las solidaridades artísticas y los movimientos sociales críticos que Los Ángeles necesita hoy en día.
Para contextualizar la gran amenaza que representa este influjo de galerías; si queremos comprender realmente por qué su emplazamiento en nuestra comunidad es tan dañino, debemos también examinar su entrada en el barrio dentro del contexto más amplio del desarrollo urbano en la comunidad de Boyle Heights. Debemos dar cuenta de los variados procesos de aburguesamiento que tuvieron ya lugar aquí durante las décadas pasadas; y debemos recordar que la demolición de la vivienda pública de Pico Aliso marca un momento importante en esta historia, pues se trata de la desaparición de la que fuera la mayor concentración de vivienda pública al oeste del Mississippi.
En 1996 Boyle Heights perdió mas de 900 unidades de los proyectos de Aliso Village y Pico Gardens. Más tarde, en 1999 Boyle Heights perdió más de 250 familias en unidades con control de renta, junto con varios negocios locales y un supermercado, a causa de la construcción de la Línea Dorada de la Autoridad Metropolitana de Tránsito. En 2005 perdimos otras 60 casas con control de renta a causa de la expansión de la Estación de Policía de Hollenbeck. Actualmente planean demoler 1,175 unidades con renta controlada en Wyvernwood y desplazar a esas familias para construir 4,150 unidades a precio de mercado.
Al otro lado de la calle, en el lote de SEARS se están construyendo otras 1,000 unidades de vivienda a precio de mercado, a pocos pasos del puente en 6th Street, que está en proceso de reconstrucción justo al lado de las nuevas galerías que están ingresando a nuestra comunidad. La presencia del capital internacional del mundo del arte en el contexto de estos proyectos públicos y privados de desarrollo urbano contribuirá, a nivel exponencial, al destierro de los y las miembros de la comunidad de Boyle Heights.
SI HAY OTRAS GALERÍAS EN BOYLE HEIGHTS, ¿POR QUE NOS HEMOS ENFOCADO EN PSSST?
PSSST no es más que una parte de un proyecto de mayor escala que pretende imponer un “Distrito del Arte” en el barrio post-industrial a veces conocido como “The Flats”. Ya se han presentado varias protestas contra otras galerías de la zona, mucho antes de que PSSST abriera sus puertas.
Una de las señales de alerta que nos lleva a enfocarnos en el caso de PSSST es la profunda contradicción entre el lenguaje empleado para promover el espacio y el impacto real que este tipo de espacio puede causar en el mercado de vivienda y en la vida de una comunidad de muy bajos ingresos que lucha día a día contra el desplazamiento; una comunidad ignorada una y otra vez por quienes dicen planear “mejoras” en su nombre o quienes desean imponer sus criterios de “relevancia” cultural.
PSSST es un establecimiento moderno de paredes blancas que cumple con las expectativas de lujo del mundo del arte. Pero se trata también de una organización que manipula con gran habilidad las relaciones públicas y que se ha apropiado de las retóricas de la “diversidad” y la “inclusión” para enmarcarse de manera muy cuidada como un espacio “queer/feminista” progresivo que quiere apoyar a las y los “artistas que se han excluido tradicionalmente”.
QUIZÁS LA CREATIVIDAD Y LA DIVERSIDAD CULTURAL SEAN MOTORES DEL CAPITALISMO A NIVEL REPRESENTATIVO, PERO DEFINITIVAMENTE NO ALIVIAN EN NADA LOS EFECTOS DE SU VIOLENCIA
La programación de PSSST parece valiosa, considerada e interesante. En su superficie, exhibe todos los rasgos de “servicio a la comunidad” que podríamos exigirle a una galería de arte. Pero a solo una calle de PSSST las y los residentes de Boyle Heights han lidiado una batalla de décadas contra el destierro y otras muchas formas de violencia. No se han hecho esperar la noticias de desalojo.
La “Galería PSSST” fue adquirida en 2014 por un inversionista cuya identidad no es accesible al público y que gastó más de un millón de dólares en la compra y renovación arquitectónica del antiguo edificio de bodega. El inversionista le ha ofrecido a las personas encargadas de la galería PSSST un contrato de arrendamiento gratuito por veinte años para conducir allí su programación artística. Algunas personas han expresado la inquietud que el edificio podría fácilmente ser renovado y revendido al mejor postor. En PSSST vemos, una vez más, cómo la inversión en bienes inmuebles y el arte se apoyan mutuamente.
Muchas familias que viven cerca del edificio cuentan con recursos extremadamente bajos; algunas de ellas sobreviven con apenas $12,000 al año. Generación tras generación en Boyle Heights, estas familias han logrado prosperar y cuidarse unas a otras. Pero si sus rentas comienzan a aumentar, y aunque el aumento sea pequeño, tal y como está ocurriendo en otros “Distritos Artísticos” del lado este de la ciudad, estas familias tienen buenas razones para temer que TERMINARÁN SIN CASA, VIVIENDO EN LA CALLE.
Todas las intenciones progresivas del mundo no pueden detener los mecanismos agresivos de la especulación en bienes inmuebles. Por ello debemos afirmar con claridad de qué se trata la “Galería PSSST”: no es más que un vehículo de inversión, y que solo cuenta como “Institución Cultural” desde un punto de vista secundario. Los efectos primarios del espacio, sin importar la calidad de su programación artística, serán el incremento de los valores de propiedad y de las rentas en los barrios residenciales circundantes.
Las galerías tienen la obligación de estudiar la historia de Boyle Heights, pero nosotros queremos también contar nuestra historia con nuestra propia voz, para dar todos fe de nuestra vivencia del lugar. Si las galerías están interesadas en actuar contra el desplazamiento, entonces deben entender que tan profundas son las contradicciones entre las promesas que nos han hecho las organizaciones sin fines de lucro y las mentiras que no dejan de vendernos.
El esfuerzo sostenido por encubrir nuestra historia (whitewashing) recibe ahora con toda claridad el impulso de las corporaciones que disfrazan sus proyectos para aparentar que promueven el desarrollo ecológico (green-washing), la mobilidad (“transit”-washing), los intereses de la comunidad queer (pink-washing) y la vivienda asequible (“affordable-housing”-washing). La incesante promoción publicitaria de una ciudad “segura, progresiva, peatonal, vivible” y llena de “arte” se reduce a menudo a otro fardo de promesas sin sustancia empleadas simplemente para “lavar la cara” de procesos de injusticia económica de aspecto mucho más desagradable.
Tenemos que rechazar el triunfo de las políticas de identidad superficiales que hacen caso omiso de las diferencias de clase. La diferencia entre una galería “con fines de lucro” y una galería “sin fines de lucro” no nos parece tan importante. Las instituciones sin ánimo de lucro, las fundaciones, agencias públicas y proyectos de inversión privada/pública han causado ya daños enormes en la comunidad, y son responsables por el destierro de más de 2,000 familias de Boyle Heights, la desaparición de tres supermercados y el debilitamiento de las comunidades locales a lo largo de los últimos 20 años.
Desde 1996 se han invertido más de 3 mil millones de dólares del sector público en la expansión del llamado “Desarrollo Urbano Enfocado en el Tránsito” (“Transit Oriented Development”) en Boyle Heights, a lo largo y en torno de la 1st Street, y en Sears y Wyvernwood, para ampliar la Línea Dorada y en la construcción de nuevas viviendas a precio de mercado; ninguno de estos proyectos ha garantizado el derecho de regresar a sus viviendas para las familias de bajos ingresos que se han visto forzadas a desplazarse del barrio.
“Todo esto comenzó con los planes maestros para el downtown y el Redesarrollo del Río, y ya ha habido bastantes desplazamientos en Little Tokyo. Asistimos a las reuniones del Concejo en las que se discutió el nuevo puente de la 6th Street, que permitirá que el “Distrito de Arte” del downtown cruce al otro lado del río. Estamos luchando contra el desplazamiento de viejos negocios en la 1st Street y Whittier, y aunque sí queremos nuevos empleos, no queremos ver más desplazamientos. Las y los arrendatarios de bajos ingresos y los negocios pequeños están siendo desalojados en toda la zona que rodea a las galerías. Ya estamos completamente sumergidos en esta lucha.”
– Miembro de la Sección Local del Lado Este del Sindicato de Inquilinos de L.A.
Solo a manera de ejemplo, casi 900 familias fueron desplazadas entre 1996 y 1999 del barrio adyacente a la galería. Todo esto ocurrió con la bendición de una iglesia, el patrocinio de las organizaciones sin fines de lucro locales, y el aplauso de los políticos. De ello se han beneficiado una corporación con fines de lucro, varias organizaciones sin fines de lucro y una empresa constructora. 320 de las familias de muy bajos ingresos que fueron desterradas vivían justo al lado del lugar donde la galería PSSST está ubicada ahora. Sus edificios fueron remplazados por 46 casas que fueron adquiridas por personas que ganan 10 veces más que las familias que vivían allí antes. Así que no nos preocupa tanto Quién está causando los daños, nos preocupa saber Cuáles son estos daños.
NOSOTROS NO CREAMOS UNA SITUACIÓN BINARIA, LO HIZO EL CAPITALISMO
Cuando nuestra coalición de voces en disenso se pronunció contra PSSST y contra las otras instituciones del creciente Distrito del Arte, se nos acusó de crear una “situación binaria” y un clima de “nosotros vs. ellos”. Lo cierto es que queremos justamente luchar contra la polarización.
Nos referimos a una polarización que estaba allí mucho antes de nuestra llegada. Se trata, por desgracia, de la geometría fundamental del capitalismo. El desarrollo desigual de la riqueza y de las oportunidades en el medio urbano es un componente central de la marca registrada Los Ángeles™, y es una de las fuerzas que impulsan a la economía neoliberal.
“Si nos vemos forzados a escoger a cuál de nuestras amistades vamos a ofrecer nuestra solidaridad, en medio de una zona de guerra económica, entonces nos están forzando a quebrantar la tranquilidad social, porque tendremos que ser solidarios con aquellas de nuestras amistades que son pobres, que se exponen a la violencia, a las personas que luchan en las líneas de frente del desalojo y que nos han pedido nuestro apoyo. Quizás también tenemos amistades que se beneficien del aburguesamiento de Boyle Heights. Nadie quiere quedar atrapado entre los dos campos – pero si descubres que esa es tu situación, tienes que darle prioridad los amigos que son más vulnerables ante la explotación y el abuso. Es sencillo”.
– Artista, Miembra del Sindicato de Inquilinos de Los Ángeles, nacida y criada en L.A.
Es claro que nuestro sistema social se ha adaptado para forzarnos a combatir algunas personas contra otras en una guerra de especulación desesperada. Pero aquí estamos tratando de encontrar el camino en medio de la tormenta. Si ignoramos las divisiones binarias impuestas por este sistema agresivo, pretenderemos no saber que en Los Ángeles una noticia de desalojo es a menudo cuestión de vida o muerte. Si nos llaman a unirnos al movimiento de oposición y nos disculpamos argumentando que es un llamado “binario”, revelamos la incomodidad propia de quienes cuentan con recursos y seguridad relativa en lo que hace a su vivienda, oportunidades de trabajo y acceso a un seguro de salud. Las realidades estructurales de las y los angelenos de bajos recursos pueden ser completamente invisibles para mucha gente en el mundo del arte de L.A. y para las personas recién llegadas a la ciudad.
Las y los galeristas que proyectan hoy en día apoderarse de Boyle Heights pensarán quizás que su economía es benigna en este momento, pero están apostándole a ese golpe de suerte gracias al cual sus carreras y carteras prosperarán a costa de la remodelación y re-venta de bodegas y complejos de apartamentos de bajos recursos afectados por la desinversión en Boyle Heights. Sin duda alguna las galerías están especulando en torno al aburguesamiento probable de la zona, pues de él dependerá la inevitable remuneración de sus inversiones financieras.
UNA BREVE HISTORIA DE LA LARGA LUCHA EN “THE FLATS”
El distrito de bodegas de Boyle Heights, actualmente explotado por banqueros de tierra como Vera Campbell, quienes proyectan la creación de un futuro “Distrito de Arte”, ha sido el escenario de varias décadas de luchas vecinales militantes contra el desempleo, el abuso policial y la violencia de pandillas, el racismo ambiental y la desinversión institucional. Año tras año las familias de la Unión de Vecinos han marchado por estas calles buscando paz y justicia en su barrio. Antes de que el capital abandonara la zona (conocida como “the flats”), las mujeres de la Unión de Vecinos dedicaron los mejores años de sus vidas a luchar contra las aplanadoras, el abandono institucional, la violencia de pandillas y la ocupación policial. Contra todas las expectativas lograron salvar sus hogares, lucharon por una mejor educación para sus hijos e hijas, crearon calles más seguras e iniciaron uno de los primeros programas de supervisión a la policía (programas “copwatch”) para defender a sus familias del racismo policial. Es gracias a sus luchas y esfuerzos que este barrio es considerado ahora un lugar “seguro” para la inversión y las galerías de élite.
“La comunidad ha hecho mucho trabajo y ha hecho mucho sacrificio para llegar a este punto. Mucha gente ha dejado su sudor, su labor y sus fuerzas para tener una comunidad como la que ha estado aquí. Ahora todos estos nuevos desarrollos están invalidando todo el trabajo duro que hemos puesto en la comunidad”.
En general Boyle Heights es una comunidad fundada y refundada una y otra vez por personas desposeídas, y que siempre ha recibido a las personas extranjeras con generosidad. En 1905 la comunidad rusa que huía del reclutamiento y de la persecución religiosa se asentó en los Flats, seguida por una nutrida comunidad judía en los años 10. En los años 20, con la expansión de los depósitos del ferrocarril, el distrito de bodegas e industria se desarrolló bordando los rieles. Los convenios de vivienda restrictivos y racistas obligaron a una comunidad diversa, que incluía a afro-americanos, mexicano-americanos y europeo-americanos, a asentarse en Boyle Heights, y pronto les siguieron varias oleadas sucesivas de migrantes mexicanos hacia Los Ángeles.
Todas estas comunidades se integraron y negociaron la creación de lo que ahora conocemos como “Boyle Heights”. En un informe del Departamento Federal de Vivienda de 1939 se describe a Boyle Heights como “irremediablemente heterogéneo con elementos raciales diversos y subversivos en casi cada manzana”. La primera oleada de desplazamientos internos ocurrió en los años 30 con el despeje de los tugurios promovido por la Public Works Administration (Administración de Obras Públicas) en las áreas de Pico Gardens, Aliso Village y Ramona Gardens. Le seguirían las batallas en torno a Chavez Ravine en los años 50 y 60. Tras los desplazamientos acontecidos en los años 30 sucedió la encarcelación preventiva de ciudadanos japoneses en los años 40, que también obligó a cientos de personas a abandonar sus hogares en el barrio.
Durante los años 40 la construcción de vivienda como parte del “Esfuerzo de Guerra” facilitó la repoblación sistemática en Aliso Village, Pico Gardens, Estrada Courts y Ramona Gardens. Las familias que vivían originalmente en estas zonas nunca regresaron. Las y los residentes de Pico Gardens y Aliso Village heredaron una larga tradición de lucha para conservar sus hogares. Desde aquella época, las familias en estos asentamientos y las familias vecinas próximas se han dedicado a defender sus hogares. Han tenido que enfrentarse a la ocupación policial, a la persecución política, a los peligros del racismo ambiental y a la segregación que sin cesar amenazan sus vidas y su estabilidad.
“Boyle Heights ha sido muy vulnerable en términos de cáncer, alergias, asma y racismo ambiental. Durante la demolición de Pico Gardens muestreos del suelo tomados por lo residentes revelaron resultados con altos contenidos de plomo, los cuales eran peligrosos para los residentes. Muchos han comenzado ya a enfermarse a causa del ruido y de los contaminantes que vienen de la autopista y por las nuevas descargas de polvo producidas por la destrucción del Puente de la 6th Street. Nosotros luchamos para que se construyera ese muro contra la autopista. Pero Exide y Farmer John siguen contaminando la zona. En Pico Gardens ahora están reduciendo el agua y hay un nuevo mal olor misterioso por todo el barrio.”
– Residente de Boyle Heights
Tras los movimientos a favor de la auto-determinación y los levantamientos urbanos en los años 60 y 70, el gobierno federal ideó una política urbana conocida como la “desconcentración espacial” – cuyo propósito era dispersar y fragmentar el poder de las personas de razas oprimidas militantes y auto-organizadas, forzándolas a abandonar los núcleos de las zonas centrales y más pobres de las urbes estadounidenses. Esa política fue implementada ante todo por las Community Redevelopment Agencies (Agencias de Remodelacion Comunitaria) y por la agencia de Housing and Urban Development (Vivienda y Desarrollo Urbano, HUD por sus siglas en inglés), para no hablar de la encarcelación desmedida de la población en el marco de la “Guerra contra las Drogas”. Aunque se ha demorado 40 años en dar fruto, los efectos de esta política son claramente visibles hoy en día, a la luz de los graves estragos causados en nuestro barrio por la discriminación en la prestación de servicios (conocido en inglés como red-lining), el prestamismo depredador y el desmantelamiento sistemático de la vivienda pública.
“Primero luchamos contra las demoliciones y los desplazamientos y la violencia de las pandillas y la policia, ahora estamos luchando contra la privatización de la vivienda pública y contra el distrito de galerías. Hemos luchado para fomentar la votación y para crear líderes en la comunidad. Luchamos para poner topes en las calles, para establecer guarderías y programas de seguridad comunitaria. Luchamos para crear parques y el Community Tech Center en la 4th Street. Reparamos las calles dañadas, logramos que nuestro sistema escolar subiera de un nivel inferior al promedio a un nivel mucho más alto y trajimos donaciones y becas para programas extra-curriculares para que nuestros hijos e hijas puedan ir a la universidad. Hace 20 años teníamos unos foros comunitarios donde hablamos de qué queríamos, y lo que realmente queríamos era trabajo, seguridad, acceso a una vivienda digna y mejor educación… Nosotros no vamos a “quedarnos en la casa” sencillamente, nosotros salimos y luchamos. Queremos saber qué implicaciones distintas al desplazamiento resultarán de estos nuevos proyectos inmobiliarios”.
Miembro de BHAAAD & Unión de Vecinos, Residente de Boyle Heights desde hace más de 30 años
Estas condiciones de demolición, desplazamiento y privatización constantes se han empeorado además en Boyle Heights debido a los ataques contra las familias de inmigrantes. Las y los activistas residentes en esta comunidad se han enfrentado al I.N.S. (Servicio de Inmigración y Naturalización, I.N.S. por sus siglas en inglés) y se han comprometido a luchar para impedir la deportación y la división de sus familias causadas por la Immigration Reform and Control Act (Ley de Reforma y Control de Inmigración); una ley que inicialmente prometía amnistía para miles de inmigrantes pero que en realidad amenazaba con deportar a los trabajadores y con separar y sumir a sus familias en la pobreza. El 14 de Diciembre de 1986 la Misión Dolores en Boyle Heights se proclamó Santuario para todos y todas los inmigrantes que huían de la guerra en El Salvador y de la pobreza en México. Fue una de las primeras iglesias en los Estados Unidos que se declaró santuario para todos los y las inmigrantes.
Por la misma época, durante la “Operación Hammer”, el LAPD se estableció como una fuerza de ocupación en la comunidad, acosando y abusando de los jóvenes en las viviendas públicas a la vez que prometía reducir el crimen y la violencia. Ahora y hoy, un arresto o un altercado de una persona joven con la policía implica que las condiciones de vivienda de su familia están en riesgo y amenazan con destruir su futuro.
“Los peores años fueron aquellos entre 1988 y 1992, hubo tantas muertes y balaceras y apuñalamientos en aquellos años. Teníamos que lanzarnos al suelo en la mitad de la calle, con nuestros bebés en brazos para escapar de los tiroteos desde los coches (drive-bys, como se conocen en inglés). Y por la noche las pandillas disparaban desde los techos, tanto que parecían estrellas fugaces. Muchas veces la policía escondía drogas para implicar a los jóvenes, los policías se llevaban a los niños y los obligaban a pelear cerca a las fábricas. La violencia era tan intensa, no había empleos y había mucha tensión. Antes ni siquiera dormíamos en nuestras camas – dormíamos en el suelo – en la época de los tiroteos. Había muertes casi todos los días”.
– Residente de Boyle Heights desde hace más de 25 años
Las mujeres que vivían en las unidades de vivienda pública organizaron un “Comité Pro Paz en el Barrio” para monitorear a la policía y sus actividades en el barrio; para acabar con los falsos arrestos, el acoso y la violencia. Preocupadas también por la violencia juvenil, las mujeres de la vivienda pública, auxiliadas por la Misión Dolores, buscaron una manera de responder al problema del crimen distinta al encarcelamiento. Iniciaron entonces una golpe preventivo contra la zona de guerra, y luego expulsaron a la policía de las viviendas públicas. En 1988 crearon en la Misión Dolores una escuela alternativa para jóvenes-en-riesgo y organizaron una “Marcha por el Empleo” rodeando esas mismas fábricas que hoy en día están siendo ocupadas por las galerías.
De esta campaña por generar empleos surgirían, gracias al apoyo de la comunidad, la ahora célebre organización Homeboy Industries. Justo en estas mismas fábricas nació la frase “Nada Como Un Empleo Para Detener Una Bala”.
Sin embargo, la única recompensa que recibieron los residentes de este barrio tras sus esfuerzos por frenar los abusos y reducir la violencia fueron más demoliciones y desplazamientos. En el momento que la comunidad había comenzado a tomar control y a transformar el problema de la violencia, la H.U.D. decidió desmantelar la vivienda pública, argumentando que se trataba de “una comunidad en ruinas, débil y aterrorizada”. En 1993, en el marco del programa HOPE VI, el Gobierno Federal autorizó la demolición de más de 1,200 unidades de vivienda pública, disfrazada bajo falsas promesas de “una vida mejor”. Las organizaciones sin fines de lucro locales, sus representantes políticos, su iglesia y muchos líderes comunitarios apoyaron esta demolición, pero nadie se tomó el trabajo de preguntarle a los y las residentes del barrio lo que querían. Las mujeres de las viviendas públicas lucharon para cambiar el plan, pelearon y se ganaron el derecho a quedarse en su urbanización.
“Primero la ciudad nos ignoró y la policía nos ocupó. Llevamos 25 años luchando para salvar los apartamentos con renta estabilizada y la vivienda pública asequible. Muchas organizaciones sin fines de lucro han venido y nos han propuesto cosas. La mayoría solo hacen promesas apoyadas en mentiras. En la Unión de Vecinos hemos aprendido que las personas que deciden luchar logran quedarse. En Aliso Village la policía atacó a las mujeres a golpes y estaban aterrorizadas, pero siguieron en su lucha. Finalmente expulsaron a 685 familias. Al sur de la 1st Street, 250 familias que vivían en Pico Gardens y Las Casitas se quedaron y lucharon, y hoy seguimos aquí”.
– Miembro de U.D.V., residente de Pico Gardens desde hace más de 30 años
Boyle Heights fue la primera zona de la ciudad que se decidió a combatir la violencia y gracias a ello pudimos cambiar nuestra situación valiéndonos de la autodeterminación. Cuando ocurrieron las revueltas del ‘92, Boyle Heights ya estaba organizado. La nuestra fue una de las primeras comunidades que afirmó que la policía no es esencial. Paradójicamente, fue también una de las primeras comunidades en padecer los esfuerzos por desmantelar la vivienda pública, la privatización neoliberal – y posteriormente el aburguesamiento.
“En 2013, H.A.C.L.A. quería una vez más privatizar la vivienda pública en Pico Gardens y Las Casitas, pero la comunidad se defendió. Ganamos las primeras batallas, pero todavía enfrentamos esta amenaza continua. El presupuesto de H.A.C.L.A. está siendo continuamente reducido por el gobierno federal y su solución es transferir nuestra vivienda pública al sector privado. Es un barrio agradable, cercano al downtown, y además de eso este nuevo “Distrito del Arte” va a incrementar enormemente la presión del mercado que los llevará a insistir con sus planes. ¿Cómo podemos defender la vivienda pública y las viviendas con renta estabilizada en Boyle Heights si nos vemos obligados a luchar, no solo contra el gobierno, sino además contra las organizaciones sin fines de lucro que pretenden lucrarse del desarrollo “asequible”?”
– Miembro de Unión de Vecinos, residente de Boyle Heights desde hace más de 30 años
ANTES DE QUE LLEGARAN LAS GALERÍAS
SOPORTAMOS 30 AÑOS DE PROMESAS QUE RESULTARON SER MENTIRAS:
Desde hace ya varias décadas L.A. se enfrenta al aburguesamiento y a la reestructuración neoliberal. De San Francisco, Seattle, Nueva York, y buena parte de la Norteamérica rural llegan oleadas de migrantes económicos hacia las apenas-un-poco-más-baratas orillas de California del Sur. Las personas pobres se han visto forzadas a abandonar Los Ángeles por montones. Como ocurre en todas las ciudades “globales”, el gobierno municipal de Los Ángeles se define explícitamente como una corporación empresarial cuya misión es desarrollar la ciudad a través de la promoción de una economía de crecimiento irrestricto, promovida por el turismo, la cultura y la arquitectura “de clase mundial”.
La riqueza que les fue arrebatada a las y los propietarios de vivienda de bajos ingresos durante la crisis hipotecaria en 2008 ha sido puesta al servicio de una industria financiera con abundantes fondos, y una nueva clase adinerada se beneficia ahora de inversiones seguras en bienes inmuebles y ocasionalmente en las Bellas Artes. La creciente polarización de clase ha producido también una explosión de pobreza ya bien arraigada y una clase creciente de inversionistas extremadamente ricos que se valen de los bienes inmuebles como refugio para ocultar y circular su capital. Los gobiernos municipales favorecen a los inversionistas con descuentos en los impuestos para incentivar la especulación y promueven la visión de un horizonte urbano lleno de torres lujosas deshabitadas.
Ningún residente de Los Ángeles podrá razonablemente negar que nuestra ciudad vive actualmente una explosión evidente de personas sin hogar. Aún así, pocos prestan atención a la casi invisible crisis de desalojos en masa que es su causa. A pocas calles del “Distrito de Arte” de Boyle Heights los avisos de desalojo aparecen uno detrás de otro con creciente velocidad. Los nuevos dueños, que ven una oportunidad de renovar y rápidamente volver a vender sus propiedades a una nueva clase de arrendatario, quieren expulsar a las familias de bajos ingresos y a los negocios comunitarios tradicionales.
Boyle Heights ha dado albergue a familias desposeídas, obligadas a salir de lugares tanto del Mission District de San Francisco como de las zonas de guerra en Centroamérica. Está comenzando ahora a albergar a trabajadores culturales precarios con ingresos más altos. Las grandes bodegas y la vivienda barata son para estas personas una oportunidad que no pueden desaprovechar, y muchas de las personas quienes se han visto obligadas a desplazarse hasta el barrio consideran que este nuevo asentamiento es quizás algo desafortunado, pero “inevitable”.
Como una coalición compuesta por personas de diferentes trasfondos, rechazamos la narrativa de “lo inevitable”, y nos unimos para exigir que todas las galerías de arte en la sección industrial de Boyle Heights se vayan de inmediato. Nuestra exigencia se basa en el conocimiento de los abusos cometidos en Boyle Heights por las organizaciones sin fines de lucro, el estado y quienes explotan el trabajo de la comunidad y capitalizan las nociones de embellecimiento y revitalización, en una larga historia de promesas y mentiras.
Muchas de las personas que han pasado buena parte de su vida en el barrio afirman con claridad que para ellos PSSST no representa una posibilidad de reforma, ni tampoco tienen necesidad alguna de la programación diversa para “artistas tradicionalmente excluidos” que la galería proyecta.
En Boyle Heights hay una gran cantidad de movimientos autónomos organizados, no sólo los grupos de Defend Boyle Heights, Unión de Vecinos e Eastside L.A. Tenants’ Union, sino también los Vendedores Ambulantes, los Mariachis, las Ovarian Psycos-Cycles, the Immigrant Youth Coalition, y los Jornaleros, quienes se han organizado todos de manera autónoma y quienes se solidarizan con nuestro llamado a la auto-determinación comunitaria de la tierra y el espacio en el barrio.
Consideramos que la presente es una oportunidad histórica para crear formas de resistencia urbana y de justicia transformadora.
El aburguesamiento no es jamás algo inevitable. Es el resultado de acciones y políticas que estamos en condiciones de cambiar a través de la acción directa colectiva. Urgimos a todos y todas, pero ante todo a las empresas constructoras sin fines de lucro, a los banqueros de tierra y galeristas, a examinar una vez más el papel colectivo que habrán de jugar en el futuro de Los Ángeles.
PARA LAS Y LOS VECINOS LAS NUEVAS GALERÍAS CONSTITUYEN UNA AMENAZA ECONÓMICA INMEDIATA A SU SUPERVIVENCIA. POR LO TANTO LAS PERSONAS Y GRUPOS QUE FORMAN LA COALICIÓN DE BHAAAD EXIGEN LA SALIDA INMEDIATA DE LAS GALERÍAS DE BOYLE HEIGHTS PARA QUE ASÍ EL BARRIO PUEDA DECIDIR SU PROPIO DESTINO.

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