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Colegio de Arquitectos de Costa Rica | ...El Rincón Virtual... ... (de Aleph - CR)
Tag Archive: Colegio de Arquitectos de Costa Rica
Tags: ARQUITECTURA, ¿“sostenibilidad” y “sustentabilidad”?, Ciudad y sustentabilidad, Colegio de Arquitectos de Costa Rica, Dr. Carlos Mario Yory, Ecología, Facultad de Arquitectura y Artes de la Universidad Piloto de Colombia, Firmitas vitruviano, Informe Pearce, la Arquitectura debe ser sostenible, Marcus Vitruvius Pollio, Pleonasmo
EN VOZ ALTA: AUTOCRÍTICA DEL QUEHACER DE LOS ARQUITECTOS
Transcribo parte del respectivo diálogo generado en Facebook y Twitter:
(Arquitecsa Costa Rica, 26 de Diciembre del 2012, 23:50)
EN VOZ ALTA: “al que le cae el guante”… aunque a muchos no les puede caer, porque ni siquiera lo conocen… ASV (en relación al artículo “el mea culpa de los arquitectos“)
(José Luis Jiménez Crespo, 27 de diciembre del 2012, 7:58 am, en):”CUANDO SE PARTE DE DEFINIR A LA ARQUITECTURA COMO UN ARTE, SE CAMBIA EL PUNTO DE VISTA Y SE FALSIFICA EL COMETIDO DE UN QUEHACER QUE ES INHERENTE AL SER HUMANO A QUIEN DEBERIAMOS LLAMAR “EL USUARIO” YA QUE ES ESCALA, FIN ULTIMO, RAZON DE SER DEL ESPACIO HABITABLE… PODRIA SER UN PENSAMIENTO PARA REPLANTEAR LO HECHO HASTA AHORA EL MAS IMPORTANTE E IMPLEMENTADO EN TODAS LAS ESCUELAS DE ARQUITECTURA, SOBRE TODO AL HACER ENFASIS AL PENSAMIENTO SUPER USADO DE LA FORMA POR LA FORMA. LA ARQUITECTURA ES DE HECHO, UN CONJUNTO DE GENTE REUNIDA Y FUNCIONANDO HACIA LA BUSQUEDA DE UN FIN REFERIDO AL BIENESTAR DEL SER HUMANO…”
(Arquitecsa Costa Rica, 27 de Diciembre del 2012, 12:32 pm):“José Luis Jiménez Crespo, le pusiste “sal a la herida”… podríamos añadir muchos elementos más, que apuntarían a la “crisis” pero, desde una perspectiva “propositiva”, gracias a la formación que recibí de ustedes, como mis formadores, sistemáticamente me he ido comprometiendo con la visión de nuestro quehacer, dirigida más como “FACILITADORES” de una mejor calidad de vida para todo nuestro pueblo y no como simples “proveedores de servicios” para sólo un 20% que los puede pagar.
Lo anterior implica una búsqueda e investigación rigurosa sobre el área de los recursos locales, para que las propuestas sean verdaderamente “sustentables”, en la medida en que nuestro ejercicio debe contribuir a reducir la inequidad social que caracteriza a todos los conglomerados alrededor del mundo, situación de la que, desafortunadamente, no podemos excluirnos.
Si tendemos hacia ese “ideal” se requeriría la participación de todos, en un ético y correcto aporte, basado en la formación curricular que nos faculta el área correspondiente de nuestra responsabilidad profesional, que garantice ese fin al que te referís y con el que todos deberíamos coincidir: ¡Bienestar para todos los seres humanos!”
(idem, 26/12/2012, 14:42)
“Coincidiendo con José Luis Jiménez Crespo, el arquitecto mexicano Antonio Toca Fernández* señala:
“La revolución de 1789 cambió radicalmente la vida social y política de Francia, pues el viejo régimen absolutista desapareció, y con él, sus instituciones.
La Academia Real de Arquitectura, fundada en 1671 por J. B. Colbert, el poderoso ministro del rey Luis XIV, fue abolida en 1793. Así terminó la institucionalización de la enseñanza bajo la protección del rey, quien había creado una jerarquía de académicos, a quienes se dotó de prestigio social, al separarlos de los gremios de la construcción a los que pertenecían hasta entonces.
Con la revolución y la posterior consolidación del régimen napoleónico, la educación –que había sido privilegio de pocos– se hizo posible para las mayorías. De este modo surgieron numerosas instituciones educativas, como el Politécnico de París (1795). La separación entre la Academia de Arquitectura –transformada en Escuela de Bellas Artes (1819)– y el Politécnico marcó la diferencia entre una arquitectura practicada como arte y otra realizada como ciencia de la construcción.
Así se aceleró la pérdida del campo de trabajo de los arquitectos, quienes tradicionalmente habían controlado el proceso de construcción de sus obras. Eso se agravó con la aplicación del Código Civil napoleónico (1804) que, en su artículo 1792, responsabilizaba al arquitecto y al constructor, durante 10 años, por las fallas del edificio. La fracción 5ª definía las tareas del arquitecto y del constructor. El artículo 1984 especificaba la responsabilidad del arquitecto, quien dirigía los trabajos del constructor y aceptaba la tarea encomendada por su cliente. El artículo 1992 señalaba las responsabilidades y posibles faltas del arquitecto y el artículo 2270 aclaraba que, después de 10 años, el arquitecto y el constructor eran liberados de su responsabilidad (Epron, 1993).
Pero esos derechos y responsabilidades no fueron aceptados por los arquitectos, quienes prefirieron conservar sus privilegios como artistas –en la Escuela de Bellas Artes– por el reconocimiento social que eso representaba. De nada sirvieron las valiosas propuestas del arquitecto E. Viollet-le-Duc (1863), quien sugería “realizar una revolución en la arquitectura… para relacionarla con los modernos descubrimientos científicos; y para utilizar el hierro colado usándolo en formas apropiadas para la producción industrial, con precisión y economía” (Hearn, 1990).
Esa equivocación histórica ha sido muy grave, pues el acelerado desarrollo de la ingeniería y la industria de la construcción, especialmente desde el último tercio del siglo XIX, eliminó paulatinamente a los artistas que no se sumaron a esa modernización, porque no asumieron las responsabilidades civiles del Código que protegían las actividades del arquitecto.
Ante eso, los ingenieros tomaron el control del proceso constructivo y de manera gradual e irreversible se redujo la gama de actividades que controlaba y dirigía el arquitecto, al negarse a tener responsabilidades y derechos en el proceso constructivo.” (*Arquitecto e investigador de temas de urbanismo)
Coincidentemente, el Código Napoleónico tuvo su origen en el Código babilónico de Hammurabi ( Leyes del 201 a la 250), el que a través de los egipcios pasa a Francia por las invasiones napoleónicas y gracias a eminentes juristas formados en dicho país, nuestro Código Civil de 1885, menciona por primera vez a los “arquitectos” como “responsables del proceso constructivo”:
ARTÍCULO 1183.- Si el que contrata una obra se obliga a poner el material, debe sufrir la pérdida en el caso de destruirse la obra antes de ser entregada, salvo si hubiere habido morosidad en recibirla.
Si ha puesto sólo su trabajo o su industria, no es responsable sino de los efectos de su impericia.
ARTÍCULO 1184.- El que se ha obligado a poner sólo su trabajo o industria no puede reclamar ningún estipendio si se destruye la obra antes de haber sido entregada, a no ser que haya habido morosidad para recibirla o que la destrucción haya provenido de mala calidad de los materiales, con tal que haya advertido oportunamente esta circunstancia al dueño.
ARTÍCULO 1185.- Los arquitectos o empresarios que se han encargado por ajuste o no, de la construcción de un edificio o puente, son responsables de su pérdida total o parcial, bien sea que provenga de un vicio de construcción o de uno del suelo, y dura esta responsabilidad cinco años contados desde la recepción de los trabajos. Bastará que el arquitecto haya dirigido los trabajos, para que le sea aplicable lo establecido en este artículo.
ARTÍCULO 1186.- Si un empresario se hubiere encargado de hacer una construcción según el plano proporcionado por un arquitecto elegido por el propietario, la responsabilidad se reparte entre el empresario y el arquitecto, respondiendo aquél por la pérdida proveniente de la ejecución defectuosa de los trabajos o por el empleo de malos materiales, y éste de los vicios del plano.
ARTÍCULO 1187.- Los arquitectos o empresarios no pueden invocar como excusa para eximirse de la responsabilidad de que se habla en el artículo 1185 el hecho de haber prevenido al propietario de los vicios del suelo, o de los peligros de la construcción, o de la mala calidad de los materiales.
ARTÍCULO 1188.- El que se ha obligado a hacer una obra por piezas o medidas, puede obligar al dueño a que la reciba por partes y la pague en proporción. Se presume aprobada y recibida la parte pagada.
ARTÍCULO 1189.- El arquitecto o empresario que se encarga por un ajuste alzado de la construcción de un edificio, en vista de un plano convenido con el propietario, no puede pedir aumento de precio, aunque se haya aumentado el de los jornales o materiales, y aunque se haya hecho algún cambio o aumento en el plano, si no ha sido autorizado por escrito y por un precio convenido con el propietario…”
Lo que expresa nuestro Código Civil fue formulado 25 años antes de la fundación de la Escuela Técnica la que, por un error histórico, se dedicó exclusivamente a la formación de técnicos en ingeniería que, en la práctica y sin ninguna formación, se dedicaron a degradar la Arquitectura y el ambiente, en un momento en que, en el país no existían arquitectos que la, ni lo pudieran defender…
El principal problema actual es que, si bien con la fundación de la Escuela de Arquitectura y el consistente crecimiento de la población de colegas, se inició un sistemático esfuerzo para poder darle su verdadero lugar, por una acción inexplicable, como consta en muchas de los 1200 folios del proyecto de Ley del Colegio de Arquitectos, éste se convirtió en el actual Colegio Federado, en el que nunca se ha respetado ni nuestro Código Civil ni el artículo 54 de su Ley Orgánica, en la que el órgano gremial de los arquitectos carece de músculo para modificar tan nefasto patrón.
El otro gran enemigo actual no es “el pedacito del pastel” en manos de los ingenieros, si no la pobre estructura curricular y académica la que, en muchos casos ni siquiera cumplen con los preceptos de la Unión Internacional de Arquitectos, otorgando licenciaturas en 3 o 4 años, en medio de un tráfico de títulos que es un descomunal negocio, en el que obviamente lo que importa es la cantidad y no la calidad…
En este momento, la población de las escuelas de arquitectura, prácticamente, triplica a las de la ingeniería civil y si bien, ésto podría llegar a constituir un importante elemento, las debilidades de la formación, indudablemente no contribuirán con un cambio en la “mente” de la población.
Sólo a través de una revolución ideológica será posible alcanzar dicho cambio, ¿estaremos preparados para lograrlo?”
Regresando al planteamiento inicial del artículo de El País y acotando lo anterior, el Maestro Alfonso Ramírez Ponce, en la reseña de la Primera Jornada de Construcción Bioclimática, lo expresa así:
“Tengo que confesar que sólo hasta ahora, al tener la experiencia de dirigir y construir directamente la cubierta, comprendí a cabalidad el sentido etimológico de nuestra profesión. Recordemos que la palabra arquitecto: viene del griego arkhitékton compuesto de árkho “soy el primero” y tékton “obrero” derivado de tíkto “produzco” “doy a luz”. Es decir; el primero o el principal de los obreros que producen.
Nunca hasta ahora, viví el papel del obrero principal. Y esto me permitió entender la frase de Víctor Libo, constructor autodidacta, que él hace reversible: “Soy, luego construyo.” Víctor coincide sin saberlo, con el pensamiento antropológico del hombre como hacedor de objetos”
En el artículo “Alfonso Ramírez Ponce: identidad y conciencia social” escrito por Miguel Ramis, expresa:
“Alfonso propone la creación de una arquitectura ameríndia, que recoja estos elementos de identidad por un lado, pero que a la vez reivindique el papel del obrero y del artesano como la mitad de un binómio arquitecto-constructor. En su propuesta, cada uno entiende cual es su papel en la obra -planificador uno, ejecutor otro- reuniendo entre dos personas lo que en el período gótico reunió en una: el Maestro de obra, que empieza como peón de cantero y termina como tracista, escultor, aparejador y arquitecto.”
“Por esto, posturas como las de Alfonso nunca dejan de sorprender en un mundo que sigue las tendencias de las estrellas rutilantes del “star system” arquitectónico y en el que la incomunicación Arquitecto-artesano es moneda habitual. En las propias palabras de Alfonso:
“…La experiencia de construir, de “sentir” los materiales y sus propiedades siempre me ha parecido -ahora con mayor razón- que debía ser una repetida experiencia imprescindible dentro de la formación académica de los futuros arquitectos. La realidad como sabemos, es otra muy distinta.
… en las escuelas de música, por ejemplo, a los estudiantes se les da la teoría musical pero además la práctica. Los alumnos durante su formación tocan diversos instrumentos y por tanto producen música. Imagínense ustedes una escuela donde a los futuros músicos se les mostraran diagramas, fotos, transparencias, películas y videos de los instrumentos, pero no se les permitiera nunca tocar uno solo de ellos. Sería absurdo ¿no les parece?
Pues esto es exactamente lo que pasa en la enorme mayoría de las escuelas de arquitectura. Los alumnos hacen croquis, planos, maquetas; ven fotos, transparencias, películas, videos, pero nunca tienen contacto con los materiales y por tanto no aprenden a construir. No hay talleres o laboratorios donde se analicen las materias primas, donde se experimenten sistemas constructivos, donde se hagan pruebas de viento, soleamientos o temblores sobre estructuras arquitectónicas. El ladrillo es un prisma rectangular dibujado sobre el pizarrón.
La idea original sobre la función constructiva inicial de los arquitectos, como todos sabemos, cada vez se apega menos a la realidad. Hemos abandonado -con las notables excepciones de siempre- el campo de la construcción de las obras para refugiarnos en su invención o proyección. Hemos pensado que el fin de nuestra profesión no es tanto la realización material de la obra, sino, su concepción.
En vez de sentirnos responsables de la existencia ideal y la existencia material de la “Arquitectura”; hemos optado tan sólo por la primera. Esta es sin duda una de las principales razones de la crisis actual de nuestra profesión.
Alfonso, dentro de una corriente de arquitectos conscientes del potencial de la construcción vernacular, busca adaptar el diseño de las casas a las necesidades de sus habitantes. Los centros médicos que construye para una ONG no son blancos ni tristes. El ladrillo y el color son los protagonistas. Al igual que Eladio Dieste en Uruguay, Alfonso Ramirez ha encontrado una forma nueva/vieja de construir a partir de los graves condicionantes económicos. Estos arquitectos no consiguen sus contratos por ser revolucionarios, sino porque son más competitivos.
Por analogía, resulta inevitable recordar que las mejores obras de pintores del siglo XX en París y Roma nacen de la paupérrima situación económica de pintores y artistas que serán luego mundialmente famosos. ¿Tendríamos Picassos, Mirós, Dalís o Benlliures si hubieran disfrutado de una holgada economía? (4) Las limitaciones presupuestarias combinadas con un ambiente creativo y competitivo hacen que estemos presenciando el nacimiento de toda una corriente de arquitectura amerindia que tarde o temprano alcanzará los parabienes institucionales. “La Arquitectura para los pobres” como la bautizó Hassan Fathy , será la arquitectura definitoria del siglo XXI. Por primera vez, un estilo arquitectónico no nace en París, Florencia a Roma, sino en México, Colombia, Egipto o Irak, en un largo, esperado reencuentro con el hombre y su entorno.
La arquitectura tiene que volver a ser lo que siempre fué, construcción, hecha por maestros constructores como respuesta a las necesidades e inquietudes de sus habitantes. En el país Dogón, en Malí, el Herrero compartía con el Jefe de la tribu y el hechicero la posición más alta en la escala social, puesto que era el único capaz de fabricar hierro…a partir de fuego y tierra. El arquitecto debe dejar de fabricar casas y volver a construir hogares.(5)
1.- Al respecto, es difícil no recordar la pregunta del escritor mexicano Juan Rulfo en un debate televisivo hablando de los norteamericanos-¿que es este país que tan siquiera tiene nombre : ¿los Estados Unidos de América?; ¿Norteamérica? . En justicia, el primer término debería englobar a todos los estados unidos del continente y el segundo a Canadienses y Mexicanos. Una contradicción más del vecino del norte…
2.-Brunelleschi cortaba nabos para mostrar a los canteros del Duomo de Milán los cortes que debían hacer a las piedras , y Gaudí hacía lo propio con las maquetas que mostraba a sus colaboradores . ¿ Porque los arquitectos enseñan sus maquetas en exposiciones después de la obra, y no a los albañiles antes?
3.- En este sentido recordemos la respuesta de Frank Lloyd Wright a la queja del propietario de su celebérrima “casa de la cascada”: -si tiene goteras, pongan una palangana en el suelo-. La casa, actualmente cuesta millones de dólares en mantenimiento, debido a su estado estructural ruinoso. En cambio, sigue siendo un referente para todos los proyectistas del mundo, y el prestigio de su arquitecto no ha disminuido ni un ápice por ello.
4.- Resulta curioso que nadie haya establecido una analogía entre el hambre canina y la absenta que forman parte de la leyenda de los pintores en el París de los años 20 y el nacimiento de nuevas corrientes pictóricas…
5.- La palabra “hogar” significa literalmente fuego de chimenea. En los libros de cuentas de siglos anteriores, los recaudadores censaban a la población, “por fuegos” es decir, por hogares, por familias. Ahora nos hemos convertido en “números”, cuando no en “votos”.”
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References: artículo 1792
 artículo 1984
 artículo 1992
 artículo 2270

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ARTÍCULO 1184

ARTÍCULO 1185

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ARTÍCULO 1187
 artículo 1185

ARTÍCULO 1188

ARTÍCULO 1189
 artículo 54