Source: https://franciscomarinopardo.es/mis-articulos/42-familia/165-bienes-gananciales-y-privativos-2
Timestamp: 2020-02-20 10:19:34+00:00

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Bienes gananciales y privativos (2)
Bienes gananciales y privativos (2). Los bienes adquiridos a título gratuito. Las donaciones onerosas. El caso del contrato de vitalicio. El cónyuge beneficiario de un seguro de vida. Los fondos de inversión. Bienes adquiridos a costa o en sustitución de otros privativos. La justificación del carácter privativo de la contraprestación. El caso de la disolución de comunidades. El caso de los excesos de adjudicación en disolución de comunidades y particiones hereditarias.Permutas con compensaciones en metálico. Bienes privativos por confesión. Los bienes resultantes de una agrupación o agregación de fincas.
La Sentencia del Tribunal Supremo 26 de febrero de 2002 se refiere a una donación en la que el donatario se subroga en el préstamo hipotecario que gravaba la vivienda donada.
A mi juicio, debe exceptuarse la aplicación de esta doctrina si la parte onerosa equivalga a la totalidad de lo donado. El propio artículo 619 Código Civil, al que se refiere la sentencia, exige para considerar la donación onerosa verdadera donación que el gravamen “sea inferior al valor de lo donado”.
En el caso de la sentencia se trataba de una vivienda que se donaba a uno de los cónyuges, quien se subrogaba en el préstamo hipotecario. En la sentencia no se aclara si se trataba de la vivienda habitual del matrimonio. Cabría plantear si, tratándose de la vivienda habitual del matrimonio, la solución hubiera sido diferente, en aplicación del artículo 1357.2 Código Civil. El artículo 1357 Código Civil se refiere a bienes comprados y no a bienes donados, lo que hace dudosa su aplicación al caso de la donación onerosa, sobre la base de que la sentencia no considera que la donación con subrogación en el préstamo hipotecario sea equiparable a estos efectos a una compraventa. Todo ello sin perjuicio del posible crédito a favor de la sociedad de gananciales por las cuotas del préstamo hipotecario abonadas con dinero ganancial.
Esta misma solución de la donación onerosa parece aplicable al legado modal o con carga impuesta al legatario.
- En el caso de que el tomador del seguro fuera uno de los cónyuges y el beneficiario del mismo, el otro, abonándose las primas del seguro con cargo a los gananciales, a mi juicio, el capital del seguro será privativo, pues la adquisición se producirá para el cónyuge, en el seguro para el caso de muerte, cuando la sociedad de gananciales se ha disuelto, pues la muerte es presupuesto previo de la atribución.
- Si se tratara de un seguro de supervivencia y el tomador del seguro fuera uno de los cónyuges que atendió al pago de las primas con fondos gananciales, la condición de lo percibido es más discutible. Parecería una figura asimilable a los planes de pensiones, para los que, como veremos, se ha considerado su carácter privativo, aunque en función de que la aportación a los mismos no llegó a integrarse en la sociedad de gananciales en un plan de pensiones del sistema de empleo. No obstante, lo percibido durante la vigencia de la sociedad de gananciales será ganancial.
- Distinto es que se percibiera el valor de rescate por uno de los cónyuges. Si el rescate del seguro tiene lugar durante la vigencia de la sociedad de gananciales y las primas fueron pagadas con dinero ganancial, parece que lo obtenido sería ganancial. Si las primas se pagaron con dinero privativo y el valor de rescate del seguro se percibe durante la vigencia de la sociedad, la cuestión es si podría ser ganancial el incremento del valor de rescate producido durante el matrimonio respecto de las primas pagadas, a lo que después me refiero. Si las primas se pagaron con dinero ganancial y el rescate se produce tras la disolución de la sociedad de gananciales, a mi juicio, el valor de rescate será privativo, al margen de que el pago de las primas pueda entenderse o no carga de la sociedad, lo que en principio dependerá del artículo 1362.1 Código Civil, esto es, de que encajen en el concepto de atención de previsión acomodada a los usos y circunstancias de la familia.
Pero en cierto tipo de productos, este valor de rescate puede no depender exclusivamente de las primas pagadas, pues, en ocasiones, influye en él la inversión que la compañía de seguros hace de dichas primas para conseguir una rentabilidad, con productos financieros mixtos entre el seguro y el fondo de inversión. A mi juicio, este posible incremento de valor del valor de rescate no tiene la condición de verdadero fruto o renta, sino de incremento de valor de un bien propio, con lo cual, el que el valor de rescate fuera superior a las primas abonadas con dinero privativo no determinaría que estuviéramos ante un fruto o renta de carácter ganancial. En este sentido, mi opinión es la misma que para otros productos de inversión, como diré después, aunque hay en lo doctrina tesis diversas.
En general, lo fondos de inversión tendrán el carácter correspondiente a naturaleza gratuita u onerosa de la adquisición y, en el segundo supuesto, a la condición ganancial o privativa de la contraprestación o aportación a los mismos.
La condición ganancial o privativa de la aportación prevalecerá sobre la titularidad formal del fondo.
Estos tendrán la consideración de privativos (artículo 1346.3 Código Civil). Algunos autores proponen la distinción entre las dos hipótesis de la norma, considerando que será privativo el bien adquirido a costa del caudal común, si la finalidad de la adquisición es reemplazar a otro bien privativo que se hubiera consumido.
La cuestión más discutida que esto plantea es la de la justificación del privativo de la contraprestación, sobre todo a efectos registrales, en cuanto el artículo 95.4 Reglamento Hipotecario exige que dicha justificación se realice mediante prueba documental pública.
La justificación del carácter privativo de la contraprestación.
La adquisición a costa de fondos privativos, plantea el problema de acreditar el origen privativo de los fondos, a fin de su inscripción como tales en el Registro de la Propiedad, más allá de la inscripción como privativo por reconocimiento o confesión del cónyuge de tal privatividad, cuyo régimen sería distinto (aplicación del art. 91.4 del R.H).
Sin embargo, en el ámbito judicial sí se admite la prueba por presunciones del carácter privativo del precio. Así, la Sentencia Tribunal Supremo de 23 de febrero de 1993 considera privativas las fincas adquiridas con dinero procedente de una venta anterior de otras que tenían el mismo carácter privativo.
Igualmente la Ley de Régimen Económico matrimonial y viudedad de Aragón –artículo 31- dice: “adquirido bajo fe notarial dinero privativo, se presume que es privativo el bien que se adquiera por cantidad igual o inferior en escritura pública autorizada por el mismo Notario o su sucesor, siempre que el adquirente declare en dicha escritura que el precio se paga con aquel dinero y no haya pasado el plazo de dos años entre ambas escrituras”.
El caso de la disolución de comunidades.
Si la cuota inicial era en parte ganancial y en parte privativa, los bienes adjudicados tendrán carácter privativo o ganancial, proporcionalmente a la cuota inicial. No obstante, cabría que se individualizasen los bienes que se adjudican en pago de la parte de cuota ganancial y de la parte de cuota privativa, contando con el consentimiento de ambos cónyuges.
Puede suceder que tanto en las particiones como en las disoluciones de comunidad existan compensaciones en metálico entre los partícipes, abonadas con dinero ganancial. Esto no alterará la naturaleza privativa del bien, sin perjuicio de los reembolsos que procedan. En este sentido se pronuncia la Resolución DGRN de 14 de abril de 2005.
No obstante, cabría plantear la posibilidad de aplicar al caso la excepción del artículo 1357.2 del Código Civil, en el caso de que el bien adquirido sea la vivienda habitual de la familia.
Bienes privativos por confesión.
Artículo 1324.
La Sentencia del Tribunal Supremo de 29 de noviembre de 2006 declara que la confesión produce sus efectos entre los cónyuges, con independencia de que se pueda probar que el origen de los fondos empleados en la adquisición fueron gananciales.
“La confesión vincula a quien la hizo, la esposa, de modo que independientemente del origen de los bienes invertidos y de si existió o no un negocio jurídico subyacente que llevara a la confesión”.
Por lo tanto, la prueba en contra de la confesión, que se admite en términos generales, no puede consistir, al menos entre cónyuges, en que los fondos que se confiesan privativos no lo eran realmente (aunque, como ya he señalado, en el caso, además, se instrumentó un negocio de préstamo entre la sociedad de gananciales y uno de los cónyuges, el cual se consideró admisible).
Cuestión distinta será la posición de los acreedores y herederos forzosos.
La Sentencia del Tribunal Supremo de 27 de mayo de 2005 declara que el régimen del articulo 1324 Código Civil no era de aplicación bajo el régimen de la legislación anterior a la reforma de 13 de mayo de 2007, conforme al cual, la presunción de ganancialidad que establecía el antiguo artículo 1407 Código Civil solo podía desvirtuarse mediante una “fuerte carga probatoria”. En el caso de esta sentencia el Tribunal destaca que tanto la adquisición del bien como la disolución de la sociedad de gananciales, por fallecimiento de uno de los cónyuges, tuvo lugar antes de la reforma de 1981, lo que plantea la duda de si debe estarse a la fecha de la adquisición, como se ha considerado en otros supuestos de retroactividad, o a la de la disolución de la sociedad, sin que esta sentencia opte expresamente por una u otra posibilidad.
No obstante, debe señalarse que la sentencia referida se refiere específicamente al efecto de la confesión respecto de terceros (en el caso, herederos forzosos del confesante) y no entre los cónyuges. Dice la sentencia:
“En base a la fuerza impuesta a la regla precedente (aunque como presunción "iuris tantum", que admite prueba en contrario), la doctrina jurídica remarcó, al estudiar dicho precepto, que para destruir tal presunción, no bastaba la confesión que el marido hiciera en la escritura de compra de haberse realizado la adquisición con dinero de la mujer, pues ha de constar esa procedencia, para que pueda perjudicar a tercero, por medios distintos de la confesión de los cónyuges, habiendo de ser por lo general, la prueba documental y pública la procedente”.
Por último, la sentencia parece afirmar que sí hubiera sido suficiente una manifestación del carácter privativo de la contraprestación en la que se especificara el origen de la misma. Dice el Tribunal Supremo:
“la dificultad de probar, al cabo de los años, por la persona adquirente de los bienes, en la mayor parte de los casos ajena al círculo hereditario del transmitente que actúa en el área de la excepción a la regla de la "ganancialidad", debe ser evitada con la cita en la escritura en la que el marido hace la confesión de "privaticidad", de la procedencia del dinero o de los bienes objeto de la subrogación o sustitución, citando los mismos, por lo que la reseña de la procedencia, sin más, de bienes parafernales, es atribuible a la persona que la hace, de la que el actual adquirente la recibe”.
El bien se inscribirá en el Registro de la Propiedad como privativo confesado con la consecuencia de que con arreglo al art. 95.4 del Reglamento Hipotecario: “Todos los actos inscribibles relativos a estos bienes se realizarán exclusivamente por el cónyuge a cuyo favor se haya hecho la confesión, quien no obstante, necesitará para los actos de disposición realizados después del fallecimiento del cónyuge confesante el consentimiento de los herederos forzosos de éste, si los tuviere, salvo que el carácter privativo del bien resultare de la partición de la herencia.”
Según la Resolución DGRN de 27 de junio de 2003, la confesión de privatividad, no siendo un acto personalísimo, podrán hacerla igualmente los herederos del cónyuge fallecido. A mi juicio, si el reconocimiento de privatividad lo han hecho los propios herederos forzosos, será redundante exigir el consentimiento de los mismos herederos para la disposición de dichos bienes.
La Resolución DGRN de 26 de mayo de 2006 admite la eficacia de la confesión de privatividad hecha por el cónyuge premuerto en su testamento.
La regla que exige el consentimiento del de los herederos forzosos del cónyuge no es aplicable cuando la naturaleza de la legítima sea la de un derecho de crédito, como sucede en el derecho catalán, según señala la Resolución DGRN de 16 de octubre de 2003 (la misma regla sería aplicable en Galicia tras la reforma de la Ley 2/2006, de 14 de junio, que atribuye a la legítima la naturaleza de pars valoris).

References: artículo 619
 artículo 1357
 artículo 1357
 artículo 1362
 artículo 95
 Resolución 
 artículo 1357

Artículo 1324
 artículo 1407
 Resolución 
 Resolución 
 Resolución