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Timestamp: 2017-07-23 14:43:37+00:00

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HISPANOAMERICA SEFARAD: ASI NACIÓ ISRAEL- Ultimo cápitulo-GARCIA GRANADOS
Para leer en contexto.
lo veré por que dentro de muy pocas horas moriré ....... Pero
presiento en el futuro el nuevo Estado de Israel, de cara al sol, IMPRESIONANTE INVOCACION A DIOS- RABINO JOSEPH RAC...
ASÍ NACIO ISRAEL
JORGE GARCÍA GRANADOS CAPÍTULO XXXVI
EL MINUTERO DE LA HISTORIA
LOS ULTIMOS DÍAS que faltaban hasta el 15 de mayo, la histórica fecha en que finalizaría el mandato, fueron testigos de una serie de maniobras y contramaniobras políticas cuya complejidad iba constante en aumento. Una poderosa coalición compuesta por defensores de los petroleros británicos y pro árabes, que incluía a ciertos funcionarios del gobierno norteamericano, efectuó una tentativa postrera para impedir el nacimiento del estado judío.
En numerosas conversaciones privadas realizacas en Lake Success, Nueva York y Washington, ciertos representantes del Departamento de Estado norteamericano ejercieron la mayor presión posible sobre dirigentes judíos, en un esfuerzo por persuadirlos de que no proclamaran el estado. Expresaron veladas amenazas de una posible malquerencia norteamericana, y aun de rigurosas sanciones económicas. Tampoco la Casa Blanca era totalmente ajena a este esfuerzo. Según mis informes, en determinado momento se ofreció el avión personal de Truman, "la Vaca sagradá, a miembros del Comité Ejecutivo de la Agencia Judía que a la sazón se encontraban en los Estados unidos, para trasladarlos a Jerusalén, si accedían a discutir con sus colegas la posible postergación d ela proclamación d ela Independencia. Pero tanto la idea como el avión fueron rechazados.
Informaciones privadas que recibí independencia. Pero tanto la idea como el avión fueron rechazados.
Informaciones privadas que recibí más tarde aseguraban que Mr. Truman había declarado que si no se encontraba otra solución antes del fin del mandato, y se proclamaba el estado judío, el gobierno lo reconocería. Confieso que no di mucho crédito a esta información. Por supuesto que sabía que el Presidente Truman abrigaba buenas intenciones. No se me escapaba que Norteamérica tenía interés en efectuar un pronto reconocimiento, pues con tal paso recuperaría, ante todos los pueblos interesados en conservar la eficacia de las Naciones Unidas, parte del prestigio perdido por sus anteriores vacilaciones.Además sería ella y no la Unión Soviética quien diera la pauta a las naciones, del rriundo para el reconocimiento del nuevo estado.
Pero yo no podía menos de sentir dudas sobre el particular, conocía el poder de las fuerzas que se oponían al estado judío.dentro del propio gobierno norteameamericano. Desgraciaamente, los acontecimientos parecían justificar mis dudas. El 13 de mayo, a pesar de que sólo quedaban 38 horas, el doctor Jessup nos presentó, en la Subcomisión Novena, un proyecto de resolución basado en el memorial de Moe. Si bien dejaba de lado el fideicomiso, contenía tres párrafos sumamente inquietantes. Primero aludía a la resolución del Consejo de Seguridad por la cual se pedía a judíos y árabes que no emprendieran una acción política mientras el problema palestino estuviera a estudio del Consejo. Segundo, hacía referencia al "futuro gobierno" de Palestina, lo cual implicaba que las Naciones Unidas aún podían imponer un régimen gubernamental y que tal régimen podría ser unitario, en franca contradicción con nuestra resolución particionista. Terceró, me alarmaba el nombre sugerido para un representante de las Naciones Unidas, que la delegación norteamericana proponía que se designara como negociador entre judíos y árabes en Palestina. Se le llamaría "Comisionado". Consideré que este título resultaba sumamente impropio, porque podría implicar para el mundo en general que el representante de las Naciones Unidas sería administrador del país; además, para los judíos y los árabes el nombre tendría una connotación particularmente lamentable. El representante del poder extranjero que había regido a judíos y árabes en Palestina durante más de un cuarto de biglo llevaba el título de "Alto Comisionado para Palestina".
Me opuse firmemente a estas tres recomendaciones. Los miembros polaco y soviético de nuestra subcomisión se opusieron en particular a un cuarto párrafo que pedía que la Comisión Palestina suspendiera su labor Esta propuesta no me inquietaba mayormente, porque esperaba que el estado judío naciera por sus propios medios y no merced a los buenos oficios de la Comisión ; pero me opuse tamBíén a _su aprobación en reconocimiento a la lucha valiente y franca en favor de la partición empeñada por los miembros de la Comisión, particularmente por los representantes de Panamá, y de Bolivia, Raúl Diez de Medina.
Discutimos todo el día y finalmente pudimos cambiar el título del representante de las Naciones Unidas. Ahora sería "Mediador". En vez de referirnos a un "futuro gobierno de Palestina", autorizamos al Mediador a "gestionar un arreglo pacífico" de la situación en ese país; y pudimos suprimir toda mención de la decisión del Consejo de Seguridad sobre la acción política. El párrafo que suspendía a la Comisión Palestina fue derrotado por seis votos contra cinco, pero la representación norteamericana se negó a aceptar la derrota y anunció que plantearía nuevamente esta cuestión ante el comité en pleno. Entonces tuve la seguridad de que la Comisión estaba condenada a desaparecer. Los Estados Unidos, la Gran Bretaña y los estados árabes fiscalizaban un número sufíciento de votos como para imponer su voluntad.
El proyecto de resolución que finalmente se presentaría a la Asamblea General, y que, para hablar con franqueza, fué virtualmente lo único que produjo esta Segunda Asamblea Especial, seguía los contornos generales del documento de Moe. El,Mediador emplearía sus buenos oficios ante las dos partes interesadas, dispondría el funcionamiento de los servicios públicos comunes necesarios para la seguridad de la población, y,aseguraría la protección de los Santos Lugares. En realidad con esto nos arrogamos las funciones de la Comisión de Tregua creada previamente por el Consejo de Seguridad, pues ese organismo podría haber elegido un'mediador sin necesidad de contar con la resolución de la Asamblea ea General.
¡Por tan poco se había convocado a la Asamblea General! ¡por tan poco se había gastado más de un millón de dólares! El fracaso de los intentos norteamericanos en esta Segunda Asamblea Especial sobre Palestina demuestra, como le había dicho a mi amigo pocas noches antes, que ningún hombre, ningún poder, ni siquuiera el poder más alto del mundo puede detener o desviar facilmenente, un proceso histórico.
El día siguiente, 14 de Mayo, fué un día predestinado. La Comisión Política se reunió para considerar los trabajos de nuestra Subcomisión, y para tratar una propuesta elaborada por otra subcomisión que recomendaba una administración temporal para Jerusalén. Nuevamente los delegados entonaron extensos discursos. Los eslavos atacaron el régimen provisorio de Jerusalén; querían que se diera validez al proyecto de fideicomiso contemplado en la resolución particionista del 29 de noviembre. Los árabes, como de costumbre, se opusieron a todo.
El doctor Arce, de la Argentina, como presidente inició a las cinco de la tarde en Flushing Meadows la última sesión de la Segunda Asamblea Especial. Faltaba una hora para el fin del mandato. Empezamos a votar. El régimen para Jerusalén resultó derrotado; se aprobó la designación del Mediador, y se estaba votando en particular mientras el mientras el minutero de la historia se acercaba lentamente a la hora culminantante, las seis.
Pocos minutos más tarde la Asamblea General tal se encontraba en la más extrema confusión.
Un periudista me transmitió noticias asombrosas: a las 6 y 11 en punto el secretario del Presidente Truman reunió a los cronistas destacados en la Casa Blanca para anunciarles que los Estados Unidos habían reconocido al Gobierno Provisional de Israel. Ese gobierno, proclamado a las 4, hora palestina, nacería
a la vida a las 12 y 1 p. m. del día 15, esto es a las 6 y 1 p. in. hora de verano en la zona oriental de Norteamérica.
Ya nadie prestó atención a los discursos de la tribuna. Lospresentantes abandonaban sus sitios y circulaban por toda la sala, tratando de confirmar la información; por todas partes había agitadas discusiones; y los rostros de los presentes reflejaban asombro, deleite, amargura, según como les afectaran las noticias.
Los representantes norteamericanos se quedaron sentados en sus puestos, tan sorprendidos como cualquiera de nosotros. No sabían nada, no les había llegado ninguna noticia oficial. El barullo y la conmoción que reinaba en los pasillos exteriores iba en aumento, pero en la enorme sala nosotros seguíamos discutiendo los méritos de la propuesta del Mediador. El asunto no podía seguir ignorado mucho tiempo. Finalmente el doctor Alberto González Fernández, de Colombia, se dirigió a la tribuna y preguntó francamente:
—Deseo que la delegación estadounidense informe sobre la verdad de la información difundida en la sala de prensa con respecto al reconocimiento del Estado de Israel por los Estados Unidos.
El senador Austin no estaba presente en ese momento; en su lugar contestó Frances R. Sayre, de la misma representación:
—Lamento decir que no tenemos información oficial.
A esta altura estábamos seguros de que las novedades eran ciertas. Los árabes estaban coléricos. Belt, de Cuba, no pudo dejar de la palabra para increpar a los delegados norteamericanosla sorprendente medida de su gobierno. Dijo que al parecer la prensa tenía mejores informaciones de Washington que la propia delegación oficial.
Comprendí sus sentimientos. Había hecho el juego a los Estados Unidos, con la esperanza de que el fideicomiso u otra medida favorable a los árabes tendría éxito. Ahora lo dejaban en seco.
Pocos minutos después la noticia adquirió carácter oficial. El doctor Jessup, sin hacer comentarios, leyó la de Mr.Truman: "Este Gobierno ha sido informado que en Paiestina se ha proclamado un Estado Judío, cuyo reconocimiento ha solicitado el Gobierno Provisional d emismo. El Gobierno de los Estados Unidos ha reconocido al Gobierno Provisional como suprema autoridad de facto del
nuevo estado de Israel
Pensé que había llegado el momento de anunciar el reconocimiento de mi país..MIentras los representantes árabes, uno tras otro, se dirigían al estrado y lanzaban furiosas declaraciones contra los Estados Unidos, corrí al teléfono e hice un llamado urgente al Ministro de Relaciones Exteriores, en la ciudad de Guatemala.
Pasaban los minutos. Los árabes habían acabado sus breves y acres discursos. Se estaban votando los párrafos finales sobre el Mediador. Tenía que pensar rápidamente. se me había pedido que informara a mi gobierno acerca del momento oportuno para reconocer a Israel. ¿Cuál mejor que éste?. Habíamos demostrado nuestra independencia en las Naciones Unidas durante muchos meses que había durado este problema palestino. Ya habíamos anunciado nuestra intención de reconocer al nuevo estado. Teníamosderecho a actuar en este mismo momento para informar al mundo que dábamos el paso final en un camino que habíamos seguido consecuente y decididamente desde el principio. El buen éxito había coronado por fin el esfuerzo de nuestra representación en esta pugna por lo que considerabamos un gran objetivo.El Uruguay y Guatemala, juntos, habían visto venir e irse a los aliados, hallando a su lado, ya a una, ya a otra d elas grandes potencias, o bien encontándose solos, pero siempre combatiendo juntos por algo que sabían justo y legítimo.
La asamblea Especial llegaba asu término. Vi al presidente Arce arreglar sus papeles y disponerse a pronunciar el discurso de despedida. No pude esperar más. Cargando con toda la resposabilidad sobre mis hombros, pedí la palabra. Ya en la tribuna, dije que mi representación había votado en favor de la resolución referente al Mediador porque no contradecía la resolución particionista del 29 de noviembre,que seguía siendo valida; y que Guatemala había tomado una actitud firme sobre este problema desde su primera presentación en las Naciones Unidas, y que en este momento podía anuncía oficialmente el reconociemiento del estado de Israel por el Gobierno de Guatemala.
Cuándo volví a mi sitio, en la gran sala de sesiones, me sentí satisfecho y consciente de estar en la razón. Minutos después se realizó mi llamado a la ciudad de Guate.mala. Hablé con el Ministro de Relaciones Exteriores, quien aprobó con entusiasmo mi decisión. Más tarde, cuando vi al Presidente Arévalo, en la capital guatemalteca me felicitó por ello .
Después me refirieron los motivos del reconocimiento norteamericano. El Presidente Truman comprendió claramente la necesidad del reconocimiento, pero tuvo que imponer toda su autoridad al Departamento de Estado en aquella mañana del 14. Cuando el Presidente tomó su decisión, empezaron a funcionar los engranajes. Se sondeó al representante israelí en Washington. Se le aconsejó escribir una carta solicitando el reconocimiento; así lo hizo; y el reconocimiento fue concedido.
Debo confesar que sentí pena por la representación norteamericana. Sus miembros habían luchado en vano. Su desilusión halló expresión vívida en un diálogo que mantuve con uno de sus consejzros, al encontrarlo en la galería, pocos minutos después de que el doctor Jessup leyera su declaración,,
—Ahora que han dado un paso definido_le dije_, quiza puedan estudiar una nueva medida para salvar a la Comisión Palestina. Yano le asigno mucha importancia, pero puede ser valiosa si se hace algo tendiente a establecer la unión económica de dos estados.
Lo vi visiblemente disgustado.
—No haremnos nada de eso —me replicó, con voz seca y airada;
—Pero —le dije—. después de la declaración que leyó el doctor Jessup...
—¡Ah! —me espetó—, ése es lenguaje de la Casa Blanca, no del Departamento de Estado.
No pude menos que contestarle:
_Yo creia que el Gobierno de los Estados Unidos era uno solo. Quizá me equivoque.
—Bien, si usted quiere, háblele a Jessup. —Estaba realmente irritado—. Yo no voy a hacer nada.
—No se preocupe —le dije—. Lo importante ya está hecho. El resto no vale la pena.
Esa tarde, cuando mi automóvil me condujo desde Flushing Meadows al hotel de Nueva York, al atravesar las calles de la gran ciudad, vi la bandera azul y blanca de Israel, con su Estrella de David, flameando orgullosamente sobre los altos edificios. Una infinidad de pensamientos cruzaron mi cerebro. Nosotros habiamos visto el momento culminante e inevitable de una una singular y extraña historia nacional de los tiempos contemporáneos. Los pesares de un largo exilio marcado por acerbos sufrimientos humanos cederían el lugar a la construcción de la nación más nueva del mundo. Los miembros de las Naciones Unidas, tanto los grandes como los pequeños, habíamos desempeñado nuestro papel, aportando a esa consumación histórica la autoridad del acuerdo internacional. No menospreciaba por ello la labor del propio pueblo judío; debían el éxito a su magnífica resolución, a su paciencia, a su valor, a su disciplina. Con su acción, casi predestinada, habían ejecutado una de las partes principales de nuestro plan para el futuro de la Tierra Santa, aceptado por la mayoría de las naciones del mundo.
No obstante, puede decirse que Israel nació en medio de la agonía de la guerra. Yo estaba convencido de que esta guerra no tenía por qué haber sido, y que no se habría desatado si las potencias hubieran permanecido fieles a sus obligaciones como miembros de las Naciones Unidas. Sin embargo, comenzaba el derramamiento de sangre, y debíamos admitir las realidades dé la situación. A pesar de esta tragedia inútil, nosotros, que habíamos examinado las necesidades y los problemas de Palestina y de sus pueblos,sabíamos que Israel viviria. ¡Debía vivír!Su existencia era el primer paso que se daba hacia la seguridad, la paz y un nuevo despertar en las tierras del Medio Oriente.
¡Cuán lejos está Guatemala de Israel... y, sin embargo, cuán cerca! En un mundo de muchos pueblos, la lucha era una sola.'

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