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Timestamp: 2018-01-17 13:14:46+00:00

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Julio Piñel Garate | Blog de Julio Piñel, abogado y traductor-intérprete jurado
diciembre 30th, 2012 | by Julio Piñel Garate | registro civil, traductor oficial, traductor-intérprete jurado
Recientemente tuve que acudir a un Registro Civil, en una ciudad que ronda el millón de habitantes. Por tanto supongo que es un Registro Civil de importante actividad. Mientras me atendían, pude escuchar cómo en otra taquilla una funcionaria le decía a un ciudadano extranjero (que aparentemente no dominaba el castellano) que el documento que aportaba no era válido, pues lo tenía que traer acompañado de una traducción hecha por un ” traductor oficial”. Como ya había oído hablar de ese término en otras ocasiones, no pude contener mi curiosidad y pregunté a la funcionaria que me estaba atendiendo qué era eso del “traductor oficial” que exigía su compañera casi dando voces en aquella oficina. La funcionaria se alejó para preguntar a diversos compañeros, y finalmente acudió con la que, supuse, era la encargada o jefa del turno, la cual me dio la razón al afirmar que, evidentemente, se trata de un “traductor jurado”: si el Registro Civil requiere que un documento se aporte con la traducción correspondiente para un trámite de los que allá se realizan, la traducción deberá ser la de un traductor jurado (o, para ser más exacto, traductor-intérprete jurado).
Hice ver a la encargada que pedir una traducción de un “traductor oficial” a los usuarios sólo puede llevar a confusión y que éstos pierdan el tiempo tratando de dilucidar de qué demonios les hablaban en el Registro Civil. Mi sorpresa fue enorme cuándo la funcionaria que me atendía desde el principio me preguntó qué era eso del “traductor jurado”. Se lo expliqué con detalle, para que le quedase bien claro.
Por mi propia experiencia, uno de los organismos oficiales a los que más frecuentemente se aportan traducciones juradas es, precisamente, el Registro Civil (para matrimonios, expedientes de nacionalidad, etc). Que allá no sepan lo que es un traductor jurado no deja de ser curioso, por no decir otra cosa.
octubre 10th, 2012 | by Julio Piñel Garate | apostilla, canje de notas, convenio, documento público, legalización, notario, registro civil, traductor-intérprete jurado
Los traductores nos topamos con frecuencia con consultas respecto a la eficacia de los documentos públicos de un país en el extranjero. Supongamos que una empresa española planea constituir una sociedad limitada en Rusia con un socio ruso, para lo cual le piden toda una serie de documentos (escritura de constitución, poderes de representación, extractos del Registro Mercantil, etc). ¿Qué formalidades son necesarias para que dichos documentos sean aceptados por las autoridades rusas competentes? Aparte de la necesidad de que los documentos españoles cuenten con la correspondiente traducción jurada, está la obligación de legalizar los originales. Hasta hace unas décadas sólo existía la opción de la legalización diplomática, pero desde 1961 existe la apostilla, nacida del Convenio sobre Supresión de Legalización de Documentos Públicos Extranjeros, otorgado en La Haya el 5 de octubre de 1961. La apostilla es una especie de certificado que se añade al documento que ha de surtir efectos en el extranjero. Las autoridades competentes para expedir apostillas son distintas según el país y el tipo de documento de que se trate.
Primera observación: estamos hablando exclusivamente de documentos públicos, pues es evidente que los documentos privados (contratos, documentos de empresa, correspondencia, etc) no requieren ningún tipo de legalización.
Segunda observación: la apostilla se aplica a una lista de documentos públicos, como es la que establece el artículo 1 de la citada Convención, a saber: 1) Los documentos dimanantes de una autoridad o funcionario vinculado a una jurisdicción del Estado, incluyendo los provenientes del ministerio público, o de un secretario, oficial o agente judicial 2) Los documentos administrativos 3) Los documentos notariales 4) Las certificaciones oficiales que hayan sido puestas sobre documentos privados, tales como menciones de registro, comprobaciones sobre la certeza de una fecha y autenticaciones de firmas.
Tercera observación: existen excepciones a los supuestos indicados: 1) El Convenio no se aplica a los documentos expedidos por agentes diplomáticos o consulares y a los documentos administrativos que se refieran directamente a una operación mercantil o aduanera 2) La apostilla no podrá exigirse cuando las leyes, reglamentos o usos en vigor en el Estado en que el documento deba surtir efecto, o bien un acuerdo entre dos o más Estados contratantes, la rechacen, la simplifiquen o dispensen de legalización al propio documento.
Por último, como es evidente, la apostilla sólo tiene validez allá donde sea de aplicación el Convenio. España es uno de los Estados contratantes, y también lo son la mayoría de los países de la ex-URSS (la excepción la conforman actualmente Tayikistán y Turkmenistán).
En la práctica, estamos hablando de un sinfín de documentos que necesitan apostilla. Se trata de un trámite adicional, no muy costoso, pero que en algunos casos retrasa varios días la obtención de un documento eficaz, sobre todo si la autoridad que expidió el original se encuentra en un lugar alejado. Pero siempre es importante cerciorarse de que el documento necesitará ser apostillado para su validez en el país de destino. Si el documento necesita ser apostillado, de poco valdrá la traducción jurada del mismo si no tiene la apostilla, cuyo contenido también se traduce.
Ahora bien, es cierto que en la práctica diaria traducimos documentos que deberían ir provistos de apostilla en principio, pero el cliente no la aporta. Si es evidente que la va a necesitar, debemos advertirle de ello. Otras veces, el cliente quiere una traducción jurada, pero no la va a presentar a una autoridad oficial, sino a un notario, a una escuela privada o a una empresa…en definitiva, existe toda una casuística. Lo más apropiado es, en todo caso, partir del principio general de que todos los documentos públicos requieren apostilla (salvo las excepciones que establece el Convenio), y advertir al cliente de ello.
Por otro lado, pueden existir acuerdos bilaterales que dispensen de legalización a ciertos documentos. En este sentido, es de gran importancia práctica el Canje de Notas entre la URSS y España, sobre Supresión de legalizaciones y expedición de certificaciones del Registro Civil (BOE 18.04.1985). Este documento implica que las certificaciones del Registro Civil de Rusia serán admitidas por España sin necesidad de legalización, y viceversa. Los certificados de nacimiento, matrimonio, divorcio, fe de vida y estado, etc, no requieren legalización (léase apostilla) entre España y Rusia.
julio 16th, 2012 | by Julio Piñel Garate | código civil, derecho mercantil, oao, ooo, traducción, zao, ЗАО
Las formas más habituales de las sociedades mercantiles rusas son las OOO, ZAO y OAO. Aquí solo quiero dar un par de apuntes para distinguir bien los tres tipos y proponer soluciones de traducción.
La OOO (Obshchestvo s ogranichennoy otvetstvennostyu), es, como el propio nombre indica, algo parecido a nuestra Sociedad de responsabilidad limitada, o S.L. Su régimen jurídico está definido en el artículo 87 y ss. del Código civil ruso, y en la Ley Federal de OOO. En la OOO, el capital social está dividido en participaciones sociales (doli uchastnikov obshchestva). No cabe duda de que, a efectos de traducción, el equivalente apropiado de la OOO rusa es “Sociedad de responsabilidad limitada” (de Derecho ruso, claro está).
Por su parte, la ZAO y la OAO son, en realidad, sub-tipos de una misma forma jurídica: la AO, o Sociedad anónima (Aktsionernoe obshchestvo, regulada en el artículo 96 y ss. del Código civil y en la Ley Federal de AO). El capital social de la AO está dividido en acciones. La principal diferencia en el régimen jurídico de las ZAO y las OAO reside, precisamente, en que las acciones de la ZAO se distribuyen únicamente entre sus fundadores o dentro de un grupo de personas previamente determinado, mientras que en la OAO los accionistas pueden enajenar sus acciones sin limitaciones (es decir, no requieren el acuerdo del resto de accionistas). La ZAO no puede ofrecer acciones para su suscripción pública o permitir su adquisición a un número ilimitado de personas, mientras que la OAO sí puede realizar una oferta pública y venderlas sin limitaciones.
En vista de lo anterior, siempre he considerado oportuno traducir ZAO como Sociedad anónima cerrada, y OAO como Sociedad anónima abierta (en definitiva, respetar la literalidad de su denominación en ruso). En Derecho español no existen estos sub-tipos de la sociedad anónima, y la ZAO, por sus características, tiene elementos en común con los de la S.L. española. Pero el adjetivo de “cerrada” ya denota claramente que es una S.A. especial. Las inversiones españolas en Rusia, por cierto, suelen optar por la figura de la OOO o la ZAO, pues casi siempre se realizan con socios extranjeros o locales con los que existe una relación especial, y no es indiferente la composición del accionariado o la distribución de las participaciones sociales.
julio 4th, 2012 | by Julio Piñel Garate | clásicos, codificación, obras de referencia, ruso, shershenevich, traducción jurídica, русский, Шершеневич
Últimamente el trabajo no me permite dedicar la atención necesaria a este blog. Sin duda la práctica diaria de la traducción (jurada, jurídica o de otro género) del ruso (y al ruso) suscita dudas, ideas, soluciones, etc, y todo ello va dejando un poso para futuras entradas.
Hoy deseo nada más hacer una pequeña mención a una obra cuya lectura siempre ha servido de fuente de inspiración: el Curso de Derecho Civil, de Gabriel Feliksovich Shershenévich (1863-1912). La editorial Avtograf, de Tula, la volvió a publicar en 2001. Más o menos por aquellas fechas me hice con ella. Luego, en mis incursiones en librerías moscovitas, he podido ver con alegría que diversas editoriales han seguido publicando clásicos del Derecho ruso (civil, mercantil, constitucional, penal, etc). No soy un especialista en Historia del Derecho, pero sé que Rusia, a finales del siglo XIX y principios del XX, también tuvo su fase codificadora, influenciada por el Derecho continental, y en destacado lugar por el alemán y el francés (una hojeada a la obra de Shershenevich nos hará apreciar sus frecuentes referencias a términos jurídicos franceses, y sobre todo alemanes).
Pero, ¿qué importancia tiene todo esto para un abogado y, sobre todo, para un traductor especializado en temas jurídicos? En mi opinión, es importante tener acceso a estas obras. Claro que en época soviética hubo una continuación, pero primero tuvo lugar una importante y traumática ruptura con el pasado. Y además se impuso una “langue de bois” también en el Derecho, cuyo eco resuena hasta nuestros días. La lectura de textos jurídicos repetitivos y a veces faltos de “sustancia” jurídica (frente a lo que podemos encontrar en otros ordenamientos europeos) se hace algo aburrida y cansina. No quiero resultar injusto, pues mi experiencia profesional y jurídica en Rusia (y la lectura de decenas, centenares de normas que se iban aprobando sin solución de continuidad) se remonta al periodo entre 1997 y 2004, de notable inflación de normas…pero no creo que la situación haya mejorado mucho. Otra cosa a valorar es la doctrina civilística, mercantil, etc, del último decenio (ya hablaré de ello cuando tenga ocasión).
Pues bien, en ese contexto, leer a alguien como Shershenevich es como dejar entrar un soplo de aire fresco (aunque venga de hace más de cien años). La claridad, concisión y exactitud con la que expone los temas es de agradecer. Sin ir más lejos, es el autor al que acudí para despejar mi mente ante del examen de traductor jurado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Sirvan pues estas líneas como pequeño homenaje a aquella generación…
junio 14th, 2012 | by Julio Piñel Garate | derecho mercantil, filial, ruso, sucursal, traducción, traducción jurídica, transliteración, филиал
Es frecuente encontrar en los estatutos de sociedades mercantiles rusas referencias a la “филиал”, término cuya transliteración sería “filial”. Como quiera que “filial” en derecho societario español quiere decir algo muy distinto de “филиал” en ruso, voy a intentar aclarar la cuestión y proponer la traducción más apropiada para evitar toda confusión.
Según el María Moliner, “filial” es un adjetivo y sustantivo que se aplica a un establecimiento que depende de otro. En Derecho mercantil, el término “filial” denota personalidad jurídica y dependencia respecto a otra persona jurídica. Una definición de “filial” viene dada, por ejemplo, en la Directiva del Consejo 90/435/CEE, de 23 de julio de 1990, relativa al régimen fiscal común aplicable a las sociedades matrices y filiales de Estados miembros diferentes. Del tenor del artículo 3 de dicha Directiva se desprende que una “sociedad filial” es una sociedad en cuyo capital la sociedad matriz posea una participación mínima del 25%. No voy a entrar ahora a analizar en detalle la figura de la filial y su diferencia respecto a la subsidiaria, por ejemplo, pues lo que aquí importa es ver que no tiene nada que ver con la “филиал” rusa.
Ahora vamos al Derecho ruso. El propio Código Civil, dentro del capítulo dedicado a las personas jurídicas, dedica el apartado 2 de su artículo 55 a la figura de la “филиал”, que define del siguiente modo: “se trata de una subdivisión diferenciada de la persona jurídica, radicada fuera del domicilio de ésta, y que ejecuta todas o parte de sus funciones, incluida la de representación”. A continuación señala explícitamente que no se trata de personas jurídicas, que dispondrán del patrimonio que les asigne la persona jurídica que las ha creado y que funcionarán con arreglo al reglamento que dicha persona jurídica establezca.
¿Cuál es, entonces, su traducción correcta al español? Mi propuesta es emplear el término “sucursal”, que como es bien sabido denota una relación de dependencia respecto a la sociedad que la crea, pero mayor autonomía que la mera oficina de representación (представительство). Recordemos, a este respecto, lo que establece la Ley de sociedades de capital, de 2010:
“Artículo 11. Sucursales.
2. Salvo disposición contraria de los estatutos, el órgano de administración será competente para acordar la creación, la supresión o el traslado de las sucursales.”
Este artículo, precisamente, ampara al órgano de administración de una SL o SA española para abrir una sucursal en Rusia, por ejemplo. Término que traduciremos al ruso como “филиал”.
Recursos para el traductor jurídico de croata (I)
mayo 18th, 2012 | by Julio Piñel Garate | croacia, croata, diccionarios, eurotermbank, eurovoc, glosarios, hidra, hrvatski, ministerio de asuntos exteriores, pojmovnik, tesauro, traducción jurídica, ue, uncategorized, unión europea
La próxima incorporación de Croacia a la Unión Europea suscita interés renovado por aquel país. Croacia lleva años preparándose, y el esfuerzo de armonización legislativa e incorporación del acervo comunitario implica una enorme labor de traducción. Aquí sólo pretendo hacer referencia a algunos documentos que puede ser de gran interés para la traducción de terminología jurídica croata. Como se podrá observar, lo disponible por el momento se centra fundamentalmente en la combinación croata-inglés.
El Ministerio de Asuntos Exteriores e Integración Europea de Croacia (Ministarstvo vanskih poslova i europskih integracija) ofrece en su web diversos documentos de gran utilidad:
1) El Glosario inglés-croata y croata-inglés del Acuerdo de Estabilización y Asociación entre las Comunidades Europeas y sus Estados Miembros, de una parte, y la República de Croacia, por otra (este Acuerdo entró en vigor en 2005), disponible en la siguiente dirección: http://www.mvep.hr/ei/default.asp?ru=320&sid=&akcija=&jezik=1 . Este documento fue publicado en 2002 y contiene miles de términos, todos en el ámbito del Derecho comunitario;
2) La Guía para la traducción de actos normativos de la República de Croacia al inglés (http://www.mvep.hr/ei/default.asp?ru=543&sid=&akcija=&jezik=1), de 2006, ha servido y sirve a los traductores croatas para conocer las especificidades de la traducción jurídica, disponer de herramientas terminológicas para la traducción al inglés y resolver los problemas concretos que plantea la traducción a este último idioma;
3) El Glosario inglés-croata de términos bancarios, de seguros y demás servicios financieros (http://www.mvep.hr/ei/default.asp?ru=399&sid=&akcija=&jezik=1), publicado en 2005, incluye unos 5.000 términos en los ámbitos mencionados, siempre en un contexto comunitario;
4) La Guía para la traducción de legislación comunitaria (http://www.mvep.hr/ei/default.asp?ru=319&sid=&akcija=&jezik=1), publicada en 2002, detallas las normas y reglas que gobiernan la traducción del acervo comunitario al croata
5) El Pequeño Léxico de integración europea (http://www.mvep.hr/ei/default.asp?ru=178&gl=201108100000002&sid=&jezik=1), ha sido objeto de diversas ediciones, e incluye entradas en croata sobre términos comunitarios en inglés y francés.
Además, en la propia web del Ministerio se puede acceder a una base de datos de legislación comunitaria y croata, con documentos accesibles en inglés y croata.
Hidra (Hrvatska informacijsko-dokumentacijska referalna agencija), es el Servicio o Agencia de referencia informativa y documental del Gobierno de Croacia, y ofrece a través de su web un Diccionario cuatrilingüe (inglés, croata, francés y alemán) de Derecho comunitario (http://hidra.srce.hr/arhiva/18/10978/www.hidra.hr/arhiva/crpeu2006.pdf ), de enorme interés. El diccionario de Hidra fue publicado en 2003 y se realizó a partir de un diccionario cuatrilingüe elaborado en la República Checa en 1995, aprovechando también los recursos del tesauro multilingüe Eurovoc
Fuera de Croacia, existen dos bases terminológicas de gran interés:
1) Eurovoc, tesauro multilingüe (22 idiomas oficiales de la UE más croata y serbio) y multidisciplinario, de temas comunitarios. Es una web administrada por la Oficina de Publicaciones de la UE, que ofrece la gran ventaja de poder disponer de los equivalentes en español de términos en lengua croata en todo el ámbito de temas comunitarios.
2) Eurotermbank, banco terminológico creado y gestionado por un consorcio de centros de investigación e institutos de diversos países comunitarios, que también permite consultar términos croatas y su equivalente en español.
ZAGS (ЗАГС) ruso y Registro Civil español
mayo 8th, 2012 | by Julio Piñel Garate | código civil, registro civil, ruso, traducción, uncategorized, zags, ЗАГС, русский
En la documentación relativa al estado civil de las personas en Rusia nos topamos siempre con un órgano denominado “ZAGS”. Pero, ¿de qué órgano estamos hablando en concreto, y cómo podemos traducir correctamente el término al español?
De entrada hemos de decir que “ZAGS” es la manera popular de denominar el órgano donde se inscriben actos relativos al estado civil de las personas. En propiedad, ZAGS es el acrónimo de “Zapisi aktov grazhdanskogo sostoyaniya”, literalmente “inscripción de actos relativos al estado civil”. Cuando hablamos del ZAGS, en realidad nos referimos a una sección, oficina o servicio (отдел), dependiente de un departamento (управление) que a su vez forma parte de los órganos de administración del sujeto de la Federación (es decir, de la región correspondiente). Así, por ejemplo, el ZAGS de Moscú (http://zags.mos.ru) es un departamento del gobierno de la ciudad (Управление ЗАГС города Москвы, no olvidemos que Moscú tiene rango de sujeto de la Federación), del cual dependen 28 secciones u oficinas (cada una ejerce sus funciones en un área determinada de la ciudad), cuatro palacios de bodas (дворцы бракосочетания) y una sección especializada para archivo y expedición de documentos. Estamos, en definitiva, ante un órgano de la administración regional, cuya función principal es la inscripción de actos relativos al estado civil. La Ley Federal de actos relativos al estado civil, de 1997, en su artículo 3, apartado 2, menciona los actos cuya inscripción es obligatoria: nacimientos, matrimonios, disoluciones de matrimonios, filiaciones, cambios de nombres y apellidos, y defunciones.
Respecto a España, según el art. 325 del Código Civil, “Los actos concernientes al estado civil de las personas se harán constar en el Registro destinado a este efecto“. A continuación, el art. 326 establece de “El Registro del estado civil comprenderá las inscripciones o anotaciones de nacimientos, matrimonios, emancipaciones, reconocimientos y legitimaciones, defunciones, naturalizaciones y vecindad, y estará a cargo de los Jueces municipales u otros funcionarios del orden civil en España y de los Agentes consulares o diplomáticos en el extranjero.” En España el Registro Civil es un registro público dependiente del Ministerio de Justicia, y se organiza en una Oficina Central y las correspondientes Oficinas Generales y Oficinas Consulares (nótense los profundos cambios introducidos en esta institución por la Ley de 2011). Sus funciones vienen a coincidir en gran medida con la del ZAGS ruso, por lo que entiendo que, en vez de optar por una traducción literal de éste último término, podemos hablar de “Registro Civil”. Así, Управление ЗАГС города Москвы podría traducirse como Departamento de Registro Civil de la ciudad de Moscú, con sus correspondientes Oficinas (отделы).
Recursos para el traductor jurídico de ruso (II)
abril 16th, 2012 | by Julio Piñel Garate | codificación, derecho mercantil, eur-lex, fao, glosarios, iate, naciones unidas, onu, ruso, traducción jurídica, tratados, ue, uit, uncategorized, uncitral, uncitral, unión europea, wipo, русский
A pesar de ser un idioma europeo, el ruso no es oficial en la UE. Esto quiere decir que carecemos de una fuente tan interesante y rica de textos en versiones en dos idiomas como las que ofrece EUR-Lex, o recursos como la base de datos terminológica IATE. La necesidad de disponer del acervo comunitario en cada uno de los idiomas oficiales de la UE facilita sin duda la labor de los traductores en las diferentes combinaciones, pues hay ejércitos enteros (si se me permite la expresión) de traductores, tanto dentro de las instituciones comunitarias como fuera de ellas, que enriquecen constantemente ese corpus lingüístico.
Aquí me limitaré a señalar algunos recursos de los que sí disponemos los que nos dedicamos a traducir del ruso al español (o viceversa), con una atención especial a la terminología jurídica.
En primer lugar, y como muestra de la relevancia del ruso y el español a nivel internacional, no hemos de olvidar que ambos son oficiales en las Naciones Unidas. Esta organización nos ofrece herramientas como la UNTERM (United Nations Multilingual Terminology Database), con 85.000 entradas en los seis idiomas oficiales de la ONU. Si se escribe “иск”, por ejemplo, aparecen veinte resultados en español y en ruso, en diferentes contextos, si bien no se hace referencia a la fuente o al documento original de donde proceden. Por otro lado, ya sabemos que al amparo de la ONU existen toda una serie de organismos e iniciativas, y algunas de ellas son de grandísimo interés como recurso para el traductor jurídico de ruso. UNCITRAL (la Comisión de las Naciones Unidas para el derecho mercantil internacional) trabaja también en ruso y español. Aquí tenemos acceso a textos (convenciones, leyes modelo, normas, reglamentos, etc) disponibles en ambos idiomas, sobre materias tales como arbitraje y conciliación comercial internacionales, compraventa internacional de mercaderías, garantías reales, insolvencia, pagos internacionales, transporte internacional de mercaderías, comercio electrónico y contratación pública y desarrollo de la infraestructura. La Comisión de Derecho Internacional, por otro lado, desarrolla una importante labor, centrada en el Derecho Internacional Público, incluido el Derecho Penal internacional. Ahora bien, su documentación está fundamentalmente en inglés y francés, que son los dos idiomas de trabajo de la ONU. La OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) dispone de una web que funciona en español y ruso, si bien una parte importante de los recursos que ofrece están en inglés y francés únicamente. No obstante, es una fuente útil para acceder a terminología de propiedad intelectual en español y en ruso. La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) también dispone de un sitio web en los seis idiomas oficiales de la ONU. Aparte del acceso que brinda a convenciones, recomendaciones y otros documentos cuyas versiones auténticas incluyen el ruso y el español, dispone de una interesante herramienta para la búsqueda de términos propios de su actividad: UNESCOTERM.
En la Corte Internacional de Justicia de la ONU los idiomas oficiales son el francés y el inglés, pero en su web podemos encontrar versiones en español y ruso que son de interés desde el punto de vista de la terminología del Derecho Procesal, tales como el Estatuto y el Reglamento de dicho organismo.
Existen muchos organismos asociados de una u otra manera a la ONU, tales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, y otros, en los que predominan el inglés y el francés como lenguas de trabajo, pero disponen de webs en español y ruso, lo que permite acceder a terminología en sus respectivas áreas de especialización. El Fondo Monetario Internacional ofrece un amplísimo glosario, con más de 150.000 términos en inglés y sus equivalentes en diversos idiomas, incluidos ruso y español. La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) ofrece un portal terminológico, con recursos como el FAOTERM y otros, donde es posible localizar directamente equivalentes en ruso de términos españoles y viceversa. La UIT (Organización de las Naciones Unidas para las tecnologías de la información y la comunicación) ofrece una base de datos online sobre terminología de las telecomunicaciones, con términos en ruso y en español, entre otros idiomas.
Fuera ya del ámbito de la ONU, si nos acercamos al ámbito europeo la principal organización internacional que cuenta con la participación de Rusia y España es el Consejo de Europa. En este organismo los idiomas oficiales son el inglés y el francés, y el ruso es uno de los idiomas de trabajo, no así el español. Más de 200 tratados y convenios europeos han sido adoptados en el marco del Consejo de Europa desde 1949, y cubren diversas materias, tales como derechos humanos, democracia, gobierno local, cultura, etc.
Respecto a la Unión Europea, como es bien sabido Rusia no forma parte de la misma. La Treaties Office Database de la Comisión Europea da un listado de 22 acuerdos celebrados entre la UE y Rusia, un tercio de los cuales tienen que ver con el comercio de productos del acero. También recoge 66 tratados, acuerdos y convenios de los que son parte la UE y Rusia. La mayor parte de dichos instrumentos cuentan con versiones oficiales en ruso y español, que pueden ser fuentes de terminología sobre una gran diversidad de materias.
Como podemos observar, los mayores recursos terminológicos proceden de organizaciones internacionales a nivel mundial, más que regional, pues es a tal nivel donde se hace notar la importancia del ruso y el español.
Ya me detendré en otro momento en los tratados y acuerdos bilaterales entre España y Rusia.
Animo a quienes lean esta entrada a contribuir con comentarios sobre otras posibles fuentes de terminología rusa y española, pues no he pretendido ni mucho menos ser exhaustivo y seguro que me he dejado referencias importantes.
Recursos para el traductor jurídico de ruso (I)
abril 5th, 2012 | by Julio Piñel Garate | diccionarios, obras de referencia, ruso, traducción, traducción jurídica, uncategorized, русский
Todo traductor sabe que no basta con conocer el idioma del que traduce: quien traduce traslada el sentido de las palabras de un idioma a otro. Y ahí está la clave, en captar el sentido y saber trasladarlo. Ahora bien, cada idioma es un mundo, pues aparte de su estructura propiamente dicha, existe en un contexto determinado: se desenvuelve en un marco geográfico, cultural y político determinado. Y toda traducción dentro de un área determinada del saber (jurídica, médica, técnica, etc) implica (o debería implicar) un buen conocimiento no sólo de la terminología, sino de las instituciones y lenguaje propios de la materia tanto en el idioma de origen como en el de destino. Todo esto son, en realidad, obviedades que a nadie se le escapan.
La traducción jurídica del ruso ha cobrado impulso en las dos últimas décadas, cuando los intercambios personales y comerciales con Rusia (y otros países donde predomina el ruso) se han multiplicado por razones que todos conocemos. Dicho esto, los recursos de que dispone el traductor jurídico al español son menos numerosos que los existentes para inglés, francés o alemán, por poner tres ejemplos más cercanos. No existe en la actualidad, que me conste, ningún diccionario jurídico ruso-español. Tampoco conozco traducciones al español de textos jurídicos como el Código Civil. El traductor jurídico de ruso ha de recurrir, por tanto, a otros recursos, tales como diccionarios jurídicos en otras combinaciones (ruso-inglés, por ejemplo), textos legales traducidos a otros idiomas, y desde luego los diversos diccionarios electrónicos disponibles. A veces recuerdo al traductor externo al que recurríamos en nuestro despacho en Moscú: un ucraniano afincado en Moscú, con algunos años de experiencia en Cuba. Era un hombre al que apasionaba su trabajo y me consta que estaba elaborando un diccionario jurídico ruso-español (o quizá fuese español-ruso, ya no lo recuerdo). Su temprana muerte nos privó de un trabajo que sin duda hoy resultaría muy útil, pues hubiese sido el fruto de años de trabajo, buscando la palabra justa.
En este contexto resulta útil disponer de obras que faciliten la labor del traductor jurídico de ruso, y en este blog procuraré comentar todas las que caigan en mis manos y merezca la pena reseñar. Comenzaré por un libro de reciente publicación, cuyo contenido es más general, pues se refiere a la traducción del ruso sin adjetivos, pero incluye material sobre la traducción específicamente jurídica. Se trata de Russian Translation: Theory and Practice, de Edna Andrews y Elena A. Maksimova (Routledge, 2010).
Aquí solo pretendo hacer unos apuntes sobre cuestiones tratadas en este libro y que sin duda trataré en este blog en otras entradas más específicas.
En el capítulo sobre cuestiones fonológicas y gráficas, por ejemplo, las autoras se detienen en la cuestión de la transliteración (objeto de mi entrada del pasado 28 de marzo) y también en algo muy propio del idioma ruso moderno: las abreviaturas. El empleo de abreviaturas y siglas es una constante, y el traductor ha de disponer de recursos para no perderse en esta maraña. Sería interesante investigar, por cierto, si es una característica nacida en la época soviética o viene de antaño.
Otro de los capítulos está dedicado a las cuestiones culturales, algo muy importante dada la idiosincrasia rusa y a la herencia de un sistema político y social muy distinto del europeo occidental. A título de curiosidad, las autoras destacan la diferencia en ironía y sarcasmo entre la prensa rusa y la inglesa. Esto no es aplicable a la traducción jurídica, pero bien es cierto que la prensa escrita rusa tiene un “tono” bien específico: basta con leer los titulares del diario Kommersant, por poner un ejemplo.
En el capítulo sobre tipos de textos las autoras llaman la atención sobre una ventaja de la que dispone el traductor de ruso: el gran número de obras literarias varias veces traducidas a los más diversos extranjeros. Muestran hasta cinco diferentes traducciones de un mismo párrafo de una misma obra. Esto no deja de ser un privilegio, pues nos permite contrastar diversos textos y juzgar las diversas opciones empleadas. A este respecto, hay que observar que el número de traducciones de obras literarias rusas (sobre todo clásicas) al español ha aumentado muchísimo en los últimos años (espero no equivocarme, esa es mi impresión personal cada vez que voy a las librerías), por lo que el “corpus” del que disponemos los traductores crece y se enriquece. Esto vale también, por qué no, para la traducción jurídica, y para todo tipo de traducción.
La obra contiene un capítulo sobre cuestiones morfológicas y gramaticales, donde tratan diversos temas. Me detendré brevemente en un par de ellos. Por un lado, está la cuestión, tan importante en los idiomas eslavos, del aspecto del verbo. El correcto uso de los aspectos perfectivo e imperfectivo es sin duda una de las dificultades del ruso, y el traductor ha de ser capaz de entender los matices que en cada caso implica el aspecto. Las autoras mencionan los fallos más frecuentes de los hablantes no nativos de ruso. Otro tema, este muy propio del lenguaje jurídico, es el del empleo de participios, muy frecuente en ruso, y que da lugar a oraciones larguísimas, que en muchos casos se han de fragmentar en dos o más oraciones al traducirlas al español para que el texto ( y el lector) “respire”. Son problemas que uno va aprendiendo a resolver con la experiencia.
Otra apreciación interesante dentro de esta breve pero útil obra es la de la importancia del uso de diccionarios monolingües. Como indicaba más arriba, no existe ningún diccionario jurídico ruso-español, pero aunque existiese, su uso se debería complementar con el de un buen diccionario jurídico ruso. Cuanto más completas sean las entradas, mejor. El traductor jurídico, al que se le presupone formación académica en Derecho, debería conocer bien los dos ordenamientos jurídicos en los que trabaja. La buena comprensión del término jurídico en el idioma de origen, es decir, saber captar su sentido específico dentro de aquel ordenamiento, es la labor fundamental y primera del traductor. Y para ello es clave el diccionario monolingüe.
De especial interés es el capítulo del libro dedicado a la documentación jurídica. Como dato interesante, de los 120.000 licenciados de universidades rusas entre 1908 y 1916, 35.000 lo eran en Derecho. Las autoras destacan este dato como ejemplo del interés por las ciencias jurídicas en la Rusia pre-revolucionaria. Esto me hace pensar en otra cosa: el esfuerzo que se está haciendo en los últimos años para recuperar y reeditar obras de clásicos del Derecho civil, mercantil, penal, constitucional, etc…de gran importancia, pues no hemos de olvidar que en Rusia también se inició una labor codificadora y sistematizadora del Derecho en el siglo XIX. En los clásicos encontraremos los traductores, además, un lenguaje jurídico, a mi entender, ágil y rico, algo que se agradece pues el lenguaje jurídico moderno en Rusia (y esto lo sabe bien quien traduce certificados, formularios, etc) adolece a veces de los defectos de la langue de bois de tiempos pasados.
Las autoras se centran en las construcciones preposicionales propias de los textos jurídicos, así como en el uso de participios, gerundios y derivados verbales. El texto jurídico comparte muchas características con el científico y académico, y en el libro encontramos diversos ejemplos esclarecedores. No mencionan, por otro lado, un fenómeno que “carga” en exceso los textos jurídicos rusos: las constantes repeticiones. Es indudable que el traductor ha de evitarlas, pues debe acercar el texto lo más posible al estilo del idioma de destino.
El libro incluye un capítulo final sobre la revisión y edición de traducciones. Desmenuza una traducción al inglés de un artículo del Código de Familia, y llama la atención sobre algunos errores, incluso graves, lo que una vez más hace pensar en la importancia de la revisión.
Prometo que mis próximas entradas serán más breves…he aprovechado la ocasión que me brindaba esta obra para apuntar diversos temas que sin duda merecerán mi atención, y que espero den lugar a comentarios y discusiones.

References: artículo 1
 artículo 87
 artículo 96
 artículo 3
 artículo 55
 artículo 3