Source: https://hayderecho.expansion.com/2019/02/11/dejala-que-baile-sobre-la-educacion-especializada/
Timestamp: 2019-04-18 12:52:01+00:00

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¡Déjala que baile con otros zapatos, unos que no aprieten cuando quiera dar sus pasos! Así reza una conocida canción de Alejandro Sanz y Melendi que aprovecho para introducir unas líneas en defensa del mantenimiento de los Centros de Educación Especial (especializada sería más preciso), también conocidos por su acrónimo: CEE.
No soy experto en el régimen jurídico que regula el derecho a la educación, lo que me permite abordar el tema ahorrándome la servidumbre de la precisión y abandonando la tentación de ponerme estupendo, anticipando mis sinceras excusas a los que tengan un criterio distinto y mejor fundado.
Será cosa mía, pero tengo la impresión de que en el debate sobre el cierre de los CEE, al que se ha referido magistralmente, entre otros, mi querido Fernando Díaz Marroquín en este mismo blog, se tiende a confundir, enredando los argumentos entre los medios y los fines.
En un contexto tan complejo, algo me dice que blandir aisladamente el artículo 24 de la Convención de Nueva York de 2006 no es suficiente. Repárese en que parte del reconocimiento del derecho de las personas con discapacidad a la educación, mediante el aseguramiento de un sistema inclusivo, con los siguientes objetivos: a) Desarrollar plenamente el potencial humano y el sentido de la dignidad y la autoestima y reforzar el respeto por los derechos humanos, las libertades fundamentales y la diversidad humana; b) Desarrollar al máximo la personalidad, los talentos y la creatividad de las personas con discapacidad, así como sus aptitudes mentales y físicas y c) Hacer posible que las personas con discapacidad participen de manera efectiva en una sociedad libre.
Observen la importancia que se le atribuye a la autoestima, anudada a la dignidad y piensen en el efecto que supone estar condenado a ser siempre “el último de la clase”.
Es dudoso que unos “targets” tan sublimes, expresados con nitidez, puedan empañarse con la alusión que hace el apartado segundo a la no exclusión del sistema general de educación por motivos de discapacidad, si se admite que aquel se vertebra por conducto de las dos modalidades establecidas y ciertamente consolidadas. Una de ellas es, precisamente, la educación especializada para quienes necesitan unos medios adaptados a sus circunstancias singulares.
Por lo demás, el entramado normativo puede (o debe) completarse e interpretarse integradamente con la Convención sobre los derechos del niño, cuyo artículo 23.3 se refiere (con un lenguaje superado, que “traduzco” libremente, tratando de ser riguroso) a la atención de las necesidades especiales de los niños con discapacidad, a la finalidad de asegurar un acceso efectivo a la educación, la capacitación, la preparación para el empleo y las oportunidades de esparcimiento, con el objeto de que el niño logre la integración social y el desarrollo individual, incluido su desarrollo cultural y espiritual, en la máxima medida posible.
Reparen en que esa interpretación integradora a la que me refiero, no colisionaría necesariamente con lo previsto en el artículo 74.1 de la LOE, en el que se consagran los principios de normalización e inclusión de los alumnos que presenten necesidades educativas especiales (NEE), rechazando cualquier discriminación que impida una igualdad efectiva en el acceso y la permanencia en el sistema educativo, lo que obviamente no excluye la adopción de normas especiales que tiendan a corregir los efectos dispares que, en orden al disfrute de bienes garantizados por la Constitución, se sigan de la aplicación de disposiciones generales en una sociedad cuyas desigualdades radicales han sido negativamente valoradas por la propia Norma Fundamental (STC 19/1988), ni permite reputar de discriminatoria (antes al contrario) la acción de favorecimiento en beneficio de determinados colectivos a fin de que, mediante un trato especial, vean suavizada o compensada su situación de desigualdad sustancial (STC 216/1991).
Sobre esta base, se sostiene la escolarización del alumnado que presente NEE en unidades o centros de educación especial cuando sus necesidades no puedan ser atendidas en el marco de las medidas de atención a la diversidad de los centros ordinarios.
Por su parte, el artículo 18.3 del RDLeg. 1/2013, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social, reitera la previsión de educación especializada de los alumnos que la precisen y añade que para la adopción de esas medidas se tomará en consideración la opinión de los padres; cuestión basilar que también se contempla entre el rosario de principios que inspiran el derecho a la educación, en el artículo 1 de la LOE, que consagra el reconocimiento del papel que corresponde a los padres, madres y tutores legales como primeros responsables de la educación de sus hijos (letra h] bis) y les atribuye el derecho a elegir el tipo de educación y el centro para sus hijos, en el marco de la libertad de enseñanza, en consonancia con el artículo 26.3 de la Declaración Universal de los DDHH.
En suma, en mi humilde sentir, una recta interpretación de este entramado normativo no admite el rechazo de los CEE, si convenimos en que lo realmente importante es aprovechar unos medios humanos y materiales especializados (y abnegadamente empleados) que faculten a las personas menos favorecidas para apurar sus capacidades con el fin de lograr una inclusión real y efectiva; objetivo que todos compartimos.
Soy padre de un zagal con síndrome de Down que se prepara en un CEE para ser “un hombre de provecho” (en palabras de un ilustre compañero de trisomía y centro educativo, que hace años que trabaja en una empresa multinacional). También disfruta metiendo goles, jugando al fútbol con sus amigos y celebrando todos juntos hasta los que marca el equipo contrario. Ellos son así. Dejémosles que chuten con unas botas que no les aprieten. Verán como el resultado es mucho más inclusivo, precisamente porque facilita el pleno desarrollo de su personalidad, potenciando su autoestima y su sentido de la dignidad.
Termino como empecé: ¡Déjala que baile con otros zapatos, unos que no aprieten cuando quiera dar sus pasos!
https://hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2019/02/BAILAR.jpg 640 960 Leopoldo Gandarias https://hayderecho.expansion.com/wp-content/uploads/2018/09/hay-derecho-expansion.jpg Leopoldo Gandarias2019-02-11 00:06:332019-02-11 00:06:33¡Déjala que baile! (Sobre la educación especializada)
11 febrero, 2019 en 12:57
Totalmente de acuerdo con el “post”. La libertad de opción formativa para las personas -insisto- muy diferentes en sus capacidades potenciales, debería ser el eje sobre el que se planteara el debate. No se trata de “eliminar” centros especiales, sino de que éstos sean un complemento opcional para quien así lo prefiera o necesite.
No obstante, el problema es el de la discriminación de hecho que el mundo de la “discapacidad” recibe. En la etapa formativa porque se los margina socialmente de sus compañeros al no dejarles “que bailen” dentro de su capacidad y ser vistos como “raros” por los considerados “normales”. Hay muchos “peros” a la hora de integrar de verdad en los propios centros educativos (que no están preparados para eso) y en los modelos o patrones creados sobre la “utilidad social” de la formación. De ahí que surgieran los CEEs. Pero no deben ser éstos quienes asuman en exclusiva la enorme responsabilidad de formación de los llamados “discapacitados”, ya que corren el riesgo de convertirse en parte del problema.
Mi experiencia de 28 años con una hija sin patología concreta más allá de la “discapacidad intelectual”, me ha hecho ver lo difícil que es establecer “dogmas” en este mundo más allá del cariño, atención, dedicación y apoyo que cada uno pueda necesitar, tanto en al ámbito familiar, educativo y en el resto del entorno social. Un saludo.
11 febrero, 2019 en 15:16
Bonita entrada en el blog. Algo que no parece importarle a nadie es lo que sienten los propios interesados, los resultados obtenidos en estos centros, las opiniones de personas que trabajan en ellos, pero no de alguna de ellas sí no de una gran cantidad de personas diferenciando los diversos tipos, es decir, un estudio serio y cuya muestra sea lo suficientemente grande como para poder ser tenida en cuenta.
Y además compararla con otra muestra donde los encuestados sean aquellos que han decidido acudir a la escuela ordinaria, sus profesores, etc.
Hay quienes son contrarios a los estudios ya que no están interesados en conocer la realidad sobre una situación, simplemente prefieren tomar por buenas las afirmaciones filosóficas de cuatro iluminados cuyo análisis se realiza desde el prejuicio no desde el estudio de datos obtenidos.
Sin embargo, en aquellos lugares donde estos estudios se realizan, los resultados son concluyentes, tal y como dice el Sr. Leopoldo Gandarias, los beneficios son muchos tanto en aspectos sociales y emocionales como en aspectos que algunos consideran menores, mejoras en adquisición de conocimientos por la utilización de métodos específicos incluso por tiempo dedicado y aumento de las motivaciones. Desconozco cómo es posible que no sean considerados importantes la adquisición de conocimientos ya que será lo que posibilite su mejor inclusión en la sociedad (algo que esgrimen para eliminar estos centros).
Recuerdo con tristeza cuando era niño, como un niño con síndrome de down estaba en mi clase, sentado en la última fila para evitar ser molestado mientras realizaba sus tareas sin participar en la clase. Cuando le llamaban para ir a las clases de educación especial, se le iluminaba la cara, desconozco que trabajos realizaba allí, pero él prefería estar allí mientras el resto lo mirábamos con pena por tener que dejar la clase. Pongámonos por un momento en su lugar y no obliguemos a estas personas a estar “presos en una jaula dorada”y como dice D. Leopoldo dejémosles volar, que sean libres para elegir lo que les sea mejor, porqué imponer lo que creemos mejor, cómo se puede ser tan arrogante para elegir por los demás sin conocer sus preferencias.
Que el sentido común nos acompañe aunque me temo que los seres superiores elegirán por los interesados, lo siento por ellos, y como dice en un comentario anterior, a quienes no les preocupa que está sin razón prospere es a los que tienen la suerte de tener el dinero suficiente para que sus hijos reciban la atención que prefieran, entre ellos aquellos que legislan.
11 febrero, 2019 en 22:33
Exacto ,los padres deberíamos tener la opción de decidir qué es lo que queremos para nuestros hijos sea cual sea nuestra decisión ,y si los tenemos en específica y funciona y estamos contentos por qué nos quieren obligar a cambiar ,apoyo plenamente escuela inclusiva si ,específica también nos,un saludo a todos y gracias por el apoyo recibido
Fernando Díaz Marroquín Dice:
12 febrero, 2019 en 18:12
Comparto íntegramente la interpretación del autor; la educación especial, recogida en nuestro ordenamiento jurídico no sólo es, en términos jurídicos, coherente la Convención de Nueva York de 2006, sino que, además, es perfectamente adecuada para que los alumnos que son escolarizados en dicha vía educativa, reciban una educación inclusiva y digna, destinada al pleno desarrollo de su personalidad.
Es imposible, dado el carácter no inclusivo de la escuela ordinaria, que la integración forzosa de 35000 niños con NEE en los centros ordinarios, que su educación en éstos permita alcanzar dichos fines: la escuela ordinaria no es inclusiva en España: así lo reconocen el propio Informe del Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de Naciones Unidas, e incluso, sin ningún pudor, los promotores de la transformación de los CEE.
Todos somos favorables a construir una educación más inclusiva, pero no a cualquier coste: no existe una dotación presupuestaria de recursos para asegurar la educación de los 35.000 niños a trasladar forzosamente; las experiencias previas en materias de recortes en educación nos hacen ser muy escépticos con las promesas de dotación futura de recursos, y, finalmente, estamos hablando de 35.000 niños forzosamente desplazados de sus colegios a centros diferentes, en entornos separados de otros niños con necesidades similares a las suyas (las propuestas conocidas hablan de limitar a 2 niños con NEE el número máximo de dichos alumnos a incluir por clase), que en todos los casos accederán a aulas que ya están formadas antes de su traslado a los nuevos centros (los 35.000 ya están escolarizados, por lo que no entrarán en los cursos de inicio de escolarización), carentes de medios y de apoyos suficientes, con profesorado no vocacional en la enseñanza a niños con NEE, que ralentizarán sus clases…
Cuando hablamos de necesidades especiales, no pensemos sólo en una mayor dificultad para expresarse, aprender conceptos abstractos… las dificultades que afrontan nuestros hijos son de muchos tipos; movilidad, aprendizaje, alimentación, hábitos de aseo, trastornos del comportamiento del más amplio espectro, … pero ¿cómo vamos a soltar a estos niños en aulas carentes de recursos, sin capacidad para cambiar un pañal, enseñar a abrochar un botón, ayudar a tomar cada cucharada de un puré…?
Por no hablar del acoso, del temido acoso…: lean, por favor, lo que dice el CERMI al respecto, en su “GUÍA PARA PREVENIR EL ACOSO ESCOLAR POR RAZÓN DE DISCAPACIDAD”, emitido en 2017; no les va a tranquilizar ni lo más mínimo (disponible en este enlace: https://www.cermi.es/sites/default/files/docs/novedades/GUIA%20CONTRA%20ACOSO%20ESCOLAR%20.docx).
“El alumnado con discapacidad forma parte de un grupo comúnmente más vulnerable a este tipo de acoso. Es considerado, por las personas acosadoras, “victimas fáciles” ya que no cumplen los mal entendidos estándares de la sociedad. Las víctimas de acoso escolar suelen ser personas que por alguna característica personal se diferencian del resto. El alumnado en ocasiones no comprende qué significa tener una discapacidad y lamentablemente la discapacidad acaba siendo motivo de exclusión o acoso escolar. La infancia con discapacidad en algunos casos presenta dificultades para relacionarse dado que no son aceptadas o no manejan bien las relaciones interpersonales según los códigos considerados habituales y extendidos. La comunicación social no siempre es fácil ya que intervienen comportamientos que pueden no ser bien comprendidos por el niño o niña con discapacidad. En ocasiones la imposibilidad de realizar actividades educativas o lúdicas es lo que les aleja de sus iguales en edad. Las dificultades escolares son importantes, ya que no se tienen en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad. Prima en la escuela pública española la ausencia de una educación inclusiva real. Los centros educativos no son completamente accesibles para que el alumnado con discapacidad pueda asistir, participar y aprovechar su proceso formativo con normalidad. El profesorado no está siempre convenientemente preparado para atender las necesidades, demandas y expectativas de este alumnado que buscan una educación inclusiva y no segregadora como acaba sucediendo.”
13 febrero, 2019 en 14:10
Mi hija ha escrito en trabajo sobre “Características de la discapacidad intelectual” encargado por su CEE en el que dice: “Genera anomalías en el proceso de aprendizaje e incompletas en las habilidades cognitivas, sociales, salud, seguridad, ocio y trabajo…” Parece ser que es la forma de que ellos se consideren “distintos” y acepten su situación. En el mismo trabajo, se refiere a las relaciones sociales: ” a los chavales con discapacidad intelectual no nos cuesta tener amigos con discapacidad intelectual porque estamos rodeados por ellos en el centro, pero nos cuesta hacernos amigos sin discapacidad intelectual porque no estamos rodeados de ellos…” Un saludo.
24 febrero, 2019 en 10:40
El largo periodo en que los niños están inmersos en el proceso educativo – entre 14 y 18 años-, antes de entrar en la Universidad o en la vida laboral, debería aportar no solo una formación en saberes formales, de tipo intelectual y de conocimientos y destrezas, sino – y muy importante- la adquisición de unas habilidades sociales en las que se inscribe y a través de las cuales se ponen las primeras piedras para una vida afectiva y emocional más o menos plena. Ambas deben tratar de lograrse.
Tengo mis enormes dudas de que niños con NEE de muy diversos tipos (pues el espectro es amplísimo en modalidad y grado) insertos en colegios no especializados en este tipo de necesidades, puedan lograr ambos objetivos.
Requeriría muy pocos alumnos por aula, profesores muy especializados y, aquí viene lo más difícil, una formación específica hacia sus compañeros, que sobre todo a ciertas edades no pueden comprender, o malamente, ciertas diferencias. ¿Estamos preparados para esto?
¿Se mueve algo en la Universidad española? Los abogados y la Directiva sobre protección de los secretos comerciales

References: artículo 24
 artículo 23
 artículo 74
 artículo 18
 artículo 1
 artículo 26