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Timestamp: 2013-12-05 19:41:17+00:00

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Debates - Jueves 6 de julio de 2006 - Marca de origen de algunos productos importados (debate)
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Procedimiento : 2006/2597(RSP)Ciclo de vida en sesiónCiclos relativos a los documentos :
12. Marca de origen de algunos productos importados (debate)PV
El Presidente. – De conformidad con el orden del día, se procede al debate de la pregunta oral a la Comisión formulada por el señor Barón Crespo, en nombre de la Comisión de Comercio Internacional, sobre la indicación del país de origen de determinados productos importados de terceros países («marca de origen») (O-0065-2006 – B6-0316/2006). Enrique Barón Crespo (PSE), autor. – (ES) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, en nombre de la Comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo, constatando lo que acaba de decir el Comisario acerca del excelente clima de cooperación y trabajo conjunto que mantenemos entre el Parlamento y la Comisión, me gustaría expresar, en este caso, mi pesar por un pequeño incidente relativo a la transmisión formal al Parlamento de esta propuesta para información, lo que nos ha impedido reaccionar oportunamente, aunque todavía estamos a tiempo. Me consta que se remitió esta propuesta en los documentos de la Comisión 133, transmitidos, como es habitual, por la secretaría de la Comisión a la de la Comisión de Comercio Internacional. No obstante, me gustaría señalar que, tanto por razones prácticas como de principio, la transmisión informal no sustituye a la notificación formal del Parlamento para información. En cualquier caso, señor Comisario, quiero que quede claro que entendemos que la Comisión no ha actuado de forma intencionada, y, por lo tanto, podemos entrar a tratar el fondo de la cuestión, que es muy importante para los europeos.
En primer lugar, en relación con el fondo de la cuestión, quiero señalar que aprecio y agradezco su propuesta de establecer en la Comunidad Europea un sistema de marca obligatoria del país de origen. Creo que esta iniciativa va en la dirección adecuada. En pocas palabras, el sistema propuesto de marca de origen permitirá a los consumidores europeos saber exactamente cuál es el país de origen de los productos que compran. Y va en la línea de lo que ya hemos aprobado anteriormente, como, por ejemplo, la trazabilidad de los productos agrícolas.
La Comisión Europea considera, con razón, que los derechos de los consumidores son una prioridad importante, yo diría incluso constitucional. Sin embargo, no tiene mucho sentido disponer de derechos cuando no se dispone de la información necesaria para hacerlos efectivos. La libre elección no existe si los consumidores no están en condiciones de ejercerla adecuadamente. Para tener confianza, los consumidores necesitan estar satisfechos de su nivel de información y protección. De hecho, no puede haber comercio sin confianza. La marca inequívoca de origen no beneficiará tan solo a los consumidores, ya que esta propuesta de Reglamento también tendrá efectos beneficiosos para la industria europea.
Nuestra producción, cada vez más, tiene que estar asociada a un alto nivel de calidad y de estilo. Esto es lo que nos puede permitir sobrevivir en el mundo globalizado, por ejemplo, en sectores tan cualificados como el textil, la confección, la joyería, el calzado e, incluso, el automóvil, en cuanto a diseño y calidad, pues este es otro sector sensible.
Con frecuencia, los consumidores de todo el mundo están dispuestos a pagar más cuando saben que el producto ha sido fabricado en la Unión Europea y esta es una de las ventajas «naturales» que podemos defender. Incluso –y lo digo en relación con las negociaciones de este fin de semana en la OMC– una cuestión tan sensible para Europa como las indicaciones geográficas entra dentro de esta filosofía: tenemos que defender aquello que nos caracteriza a nivel mundial.
Por lo tanto, es un punto en el que apoyamos claramente a la Comisión: no comprendemos la actitud de muchos de los Estados de la Unión Europea que, en este momento, están bloqueando la decisión en el Consejo. Creemos que este es un paso importante para mejorar nuestra capacidad de presencia y competitividad a nivel mundial y creo que esto forma parte de nuestras responsabilidades colectivas.
La Comisión y los Estados miembros no deberían escuchar solamente, por respetables que sean, a importadores, mayoristas o empresas que ya han deslocalizado su producción a otros continentes. También deberían escuchar las reivindicaciones legítimas de los consumidores y de la industria europea, que necesita afirmar esa característica que es la marca de origen. Además, se trata también de una cuestión de justicia. Nuestros principales socios comerciales nos imponen el «Made in Europe», ¿por qué nosotros, por nuestra parte, no contribuimos a prestigiar esta marca?
Globalizar no significa renunciar a nuestro patrimonio de experiencia y de capacidad, significa potenciarlo. Espero que los Estados miembros que se oponen en el Consejo a esta justa iniciativa lo comprendan. Peter Mandelson , miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, quiero empezar diciendo que esta Comisión, y yo, en mi calidad de Comisario de Comercio, estamos firmemente decididos a trabajar estrechamente con el Parlamento, conforme al acuerdo marco que regula las relaciones entre las dos instituciones.
Como señala correctamente pregunta, el fundamento jurídico de esta medida, el artículo 133 del Tratado CE, no prevé específicamente la consulta al Parlamento Europeo sobre esta propuesta de un sistema de «marca de origen». Sin embargo, coherentes con nuestro compromiso de mantener totalmente informado al Parlamento Europeo, al igual que al Consejo, de la dirección y conclusión de las negociaciones internacionales, así como de las iniciativas legislativas, el 12 de enero de 2006 se comunicó la propuesta y la evaluación de impacto adjunta al Parlamento Europeo por medio de la Comisión de Comercio Internacional.
Me referiré al apartado 2 de la propuesta de resolución que tienen ustedes sobre la mesa. La redacción de ese apartado es un poco desafortunada, porque, tal como está escrito actualmente, podría entenderse que la Comisión no ha enviado ningún documento sobre la «marca de origen» al Parlamento. Como ya he dicho, lo enviamos en forma de documento basado en el artículo 133 a la Comisión de Comercio Internacional. Creo que sin duda sería más justo conmigo y con la Comisión, y más exacto, que se rectificara la redacción.
Nuestra intención ha sido, y sigue siendo, actuar de acuerdo con la letra y el espíritu del acuerdo marco. Para cumplir los compromisos sobre ese acuerdo, y además de los muchos contactos formales e informales que tengo con ustedes, la Comisión se esfuerza mucho por compartir toda la información posible con el Parlamento, como hice la semana pasada en Ginebra.
Particularmente enviamos a la Comisión de Comercio Internacional copias de todos los documentos políticos que se han debatido en la Comisión 133 del Consejo. Si debía haberse usado una vía interinstitucional más formal para informarles en esa ocasión, sin duda no se perdió la oportunidad intencionadamente.
Acojo con gran satisfacción el interés que ya han mostrado sus Señorías en esta propuesta mediante varias preguntas sobre el tema, a las que hemos respondido. Permítanme ahora pasar a nuestra propuesta.
Hemos propuesto un sistema de marca obligatoria de país de origen para crear transparencia sobre el origen de ciertos productos importados de acuerdo con una norma única mediante la que se determina el origen. El sistema permitirá a los consumidores tomar decisiones informadas; reducirá la incidencia de la indicación de origen fraudulenta o engañosa. Creemos que ayudará a mejorar la imagen de los productos europeos y ayudará a nuestra competitividad. Aunque está claro que la indicación «hecho en» como tal no contiene información sobre las condiciones sociales, laborales o ambientales del país de producción, la información sobre el origen ayuda al consumidor a elegir entre diferentes alternativas disponibles de acuerdo con sus preferencias y la información general que ya tienen.
Con respecto a la compatibilidad con las normas de la OMC, la Comisión cree que su propuesta se ajusta a las normas internacionales, especialmente al artículo 9 del GATT. Este prevé que los miembros de la OMC puedan aprobar y aplicar leyes y reglamentos sobre las indicaciones de origen en las importaciones, especialmente para proteger a los consumidores contra indicaciones fraudulentas o engañosas.
En lo relativo a la aplicación de la propuesta, la Comisión considera que las autoridades aduaneras están bien situadas para asegurar el respeto de las exigencias del sistema propuesto, al igual que hacen con muchas otras normas sobre cuestiones ambientales, sanitarias y técnicas. La parte del trabajo de la aduana es esencial para garantizar que nuestras empresas puedan comerciar con unas reglas de juego equitativas y que los consumidores obtengan todos los beneficios de la globalización. Quiero añadir que además de los posibles controles realizados antes de permitir la entrada de los productos en el mercado interior, el reglamento prevé que los Estados miembros comprueben la indicación de origen de productos que ya están en el mercado. Esto debe permitir a los Estados miembros aprovechar otras experiencias en la aplicación de este sistema, por ejemplo colaborando con aquellos que aplican actualmente normas nacionales sobre el uso voluntario de la indicación de origen.
Como usted sabrá, señor Presidente, la propuesta de la Comisión está siendo debatida en el Consejo y por supuesto estoy dispuesto a mantenerles informados a medida que avancen los debates sobre la propuesta . Robert Sturdy, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (EN) Señor Presidente, estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho el Comisario. Lo que nunca puedo entender en estas situaciones es por qué un país, y estoy pensando en uno en particular, porque tuvimos este problema en Hong Kong, tiene tanto miedo de que su nombre aparezca en un producto. Si vemos a Canadá, por ejemplo, está casi atemorizado de que su nombre aparezca en los productos. Estos países deberían estar orgullosos de ello y verlo como una oportunidad maravillosa. No se trata de proteger el comercio comunitario, de proteger los puestos de trabajo comunitarios; se trata de proteger a los consumidores de todo el mundo. Por ello me resulta difícil de entender la actitud de estos países no comunitarios.
Dicho esto, quizás debamos poner primero nuestra casa en orden y establecer la marca del país de origen en el interior de la UE, lo cual, al parecer, no es actualmente el caso. Esto ayudaría mucho.
El Comisario ha mencionado de pasada una cuestión particularmente importante: falsificación y fraude. La marca de origen sería de gran ayuda en este terreno. Pero vuelvo a decir que si bien es cierto que este asunto no forma parte de las negociaciones –y el Comisario tiene razón al decir que me equivocaba al suponer que la carne de vacuno tratada con hormonas formaba parte de las negociaciones comerciales–, todo esto está conectado con el comercio mundial y es el tipo de cuestiones que se van a plantear. No quiero ver la marca de origen como una barrera no comercial. Quiero verla como una oportunidad para que los países que están fuera de la Unión Europea puedan estar orgullosos de lo que producen, siempre que lo produzcan –y en esto estoy totalmente de acuerdo con el Comisario– con las mismas normas que tenemos en la Unión Europea. Francisco Assis, en nombre del Grupo del PSE. – (PT) Señor Presidente, señor Comisario, la propuesta de reglamento sobre la indicación del país de origen en ciertos productos importados de terceros países es, sin duda, muy importante y representa un notable progreso a la hora de implementar los principios de juego limpio y transparencia en el comercio internacional.
La marca de origen contiene mucha información, que permite a los consumidores europeos tomar decisiones más informadas. Esto mejora considerablemente sus derechos. Estos nuevos mecanismos pueden y deberían tener un impacto adicional, en la medida en que permiten hacer una comparación más clara de la calidad esperada de un producto y de los procesos que intervienen en la fabricación de ese producto. En el punto de venta de los productos comprendidos en esta propuesta, los consumidores europeos estarán, entre otras cosas, en condiciones de comparar distintos enfoques de las cuestiones ambientales, sociales, de seguridad y de otros aspectos importantes.
Es plausible que esto pueda tener un efecto positivo en cadena sobre la producción europea, y especialmente en las PYME y en los sectores más vulnerables frente a la competencia exterior. Tales efectos no deberían considerarse fruto de una postura proteccionista, sino de un enfoque más estricto de la transparencia y el juego limpio.
Tomar una decisión firme para seguir este camino podría llevar, de acuerdo con los ciudadanos europeos, a la búsqueda de un proceso de liberalización gradual del comercio internacional, por el cual se asegure que no se vea seducido por el atractivo de la retórica proteccionista y antiliberal, que siempre puede salir a la superficie en todos los lados del espectro político.
Por lo tanto, se trata de una propuesta oportuna y ecuánime que debería implementarse lo antes posible. Aquellos que se oponen no han presentado argumentos convincentes en contra. La Comisión debería implementar aquellas iniciativas que ayuden a superar cualquier resistencia persistente, de modo que la UE pueda dar este paso de vital importancia para promover verdaderamente el comercio libre y leal. Gianluca Susta, en nombre del Grupo ALDE. – (IT) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, la marca de origen obligatoria propuesta por la Comisión debe ser apoyada por su doble finalidad: hacer que los europeos, como consumidores, estén mejor informados y optimizar el sistema industrial de los países europeos que invierten ingentes recursos en innovación con objeto de transformar su aparato productivo en un factor de excelencia.
Debemos tratar de restablecer normas iguales a las de las zonas comerciales –China, los Estados Unidos, Canadá, Japón– que ya han introducido la marca de origen en un nivel mínimo, sabiendo que dicha medida no comporta ningún riesgo de ilegalidad. Necesitamos un mercado más transparente y más controles, reducir la incertidumbre jurídica y acabar con las falsificaciones y la competencia desleal. La marca de origen obligatoria de productos importados puede ser directa o indirectamente útil en todo ello. Los productores, exportadores o consumidores europeos no incurrirían en costes adicionales, facilitando así el establecimiento de la igualdad de condiciones con los socios comerciales que ya han implementado la norma, en consonancia con la decisión política y cultural que tenía y tiene por objeto crear, ampliar y reforzar un mercado mundial cada vez más grande y libre.
La marca de origen obligatoria también permitirá promover la industria de fabricación de alta calidad, y subrayo alta calidad, en muchos países europeos, cosa que equivocadamente se considera intrascendental. Esta actitud es, en sí misma, también una cuestión social importante que Europa no debe pasar por alto si queremos realizar los objetivos de Lisboa en la práctica y no tan solo en declaraciones abstractas.
Finalmente, esta es una oportunidad para formular algunas preguntas a la Comisión: ¿Cuál es la estrategia de la Comisión con respecto al refuerzo de los aspectos externos de la competitividad europea, dada la relación extremadamente estrecha entre industria y comercio, entre producción y promoción? ¿Qué recursos pretende usar la Comisión para reforzar estos aspectos? ¿Por qué la Comisión se ha limitado a incluir en la propuesta únicamente productos procedentes de los sectores que solicitaron su inclusión y no la hace extensiva a todos los productos industriales, tal como han hecho en cambio los Estados Unidos? Estas son algunas preguntas que parece natural formular en un mundo cada vez más globalizado, que debe desarrollarse libremente, sin proteccionismo, pero que debe hacerlo a la vez en el respeto de las normas que regulan el interés general, sobre todo el de los ciudadanos y los consumidores. Cristiana Muscardini, en nombre del Grupo del UEN. – (IT) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, el debate de hoy nos permite plantear a la Comisión dos observaciones contrapuestas.
Por una parte, en efecto, condenamos el hecho de que la Comisión no informase al Parlamento de las iniciativas emprendidas con respecto a la marca de origen. Esto constituye una violación del Acuerdo Marco Interinstitucional de 26 de mayo de 2005 y no creo que una justificación con referencia al artículo 133 del Tratado sea aceptable.
Por otra parte, sin embargo, el contenido de la propuesta, sobre la que el Parlamento ha conseguido hoy, a pesar de todo, emitir su dictamen, me permite expresar el apoyo de todo mi Grupo a una iniciativa muy esperada que ya ha sido muy elogiada en el pasado por el Gobierno italiano de centro-derecha. Pese a ello, se trata de una iniciativa que algunas personas aún insisten en no apoyar, lo que es señal de miopía política y falta de interés por los consumidores.
Algunas personas y ciertos sectores consideran erróneamente que la marca de origen para ciertas categorías de productos muy importantes, como el calzado o las prendas de vestir, es una medida que tiene el mismo efecto que las barreras comerciales. Esto no es así; solo hay que señalar precisamente el famoso artículo del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea, el artículo 9 del GATT y el reciente dictamen del Servicio Jurídico del Consejo.
Y todavía más, los principales socios y competidores comerciales de la Unión, como los Estados Unidos, China, Japón y Canadá, han legislado sobre esta materia. Adoptando un reglamento sobre la marca de origen, por fin también Europa se estaría situando en pie de igualdad con los países antes mencionados e impediría así una discriminación injustificada que podría castigar duramente no solo a los productores europeos, sino en especial a todos los consumidores, incluidos los no europeos.
La marca de origen de los productos representa una garantía para los consumidores, que a fin de cuentas se encuentran en condiciones de supeditar sus decisiones a una evaluación de la seguridad y la calidad, además de las condiciones sociales y ambientales que prevalecen en el país de origen de los productos. Necesitamos proceder con transparencia y calidad, criterios que todos exigen pero que luego son ignorados demasiado a menudo.
Instamos a la Comisión a que haga todo lo que esté en su poder para asegurar que los Estados miembros adopten un enfoque decidido en aras de la protección del consumidor, que solo podrán garantizar las normas vigentes dentro de la Unión, normas que protegen la calidad y la seguridad, y la etiqueta de origen, que asegura que nadie, ya sea dentro o fuera de la UE, pueda eludir estos criterios. Pedimos también a la Comisión que controle posteriormente la aplicación de la normativa, por lo que respecta tanto a las etiquetas de origen como a la composición de los productos, y agradecemos a la Comisión su rápida actuación, porque cuanto más pronto actúe, mayor será la protección de nuestros conciudadanos. Christofer Fjellner, (PPE-DE). – (SV) Señor Presidente, los proteccionistas no quieren admitir que sus propuestas son proteccionistas y en su lugar suelen ocultar sus intenciones. La marca de origen obligatoria es un ejemplo de ello. Creo que ahora es el momento de acabar con algunos de los mitos que han extendido los proteccionistas con respecto a esta propuesta concreta.
El primer mito es que los consumidores exigen esta medida, cuando la verdad es que a la mayoría les trae sin cuidado. Los defensores de le medida aducen la consulta por Internet de la Comisión sobre esta cuestión, pero olvidan mencionar que el 96,7 % de las respuestas proceden de un único país, Italia, donde la industria es la principal fuerza motriz en esta cuestión.
El segundo mito es que la marca ofrece a los consumidores información relevante, cuando en el mercado mundial los productos y componentes tienen la mayoría de las veces múltiples países de origen. Puede ser directamente engañoso especificar un único país de origen.
El tercer mito es que la marca refuerza la competitividad europea, cuando las nuevas barreras técnicas al comercio para proteger la industria europea no tienen nada que ver con la competitividad, que solo sale reforzada con mercados abiertos dentro de un buen entorno empresarial.
El cuarto mito es que la marca obligatoria proporcionaría mayor protección al consumidor, como si la seguridad fuera una cuestión de geografía. Esto podría, a lo sumo, tener relevancia en el caso de los productos agrícolas, pero estos están exentos de esta propuesta. El último mito es que se trata de una propuesta económica, cuando la evaluación de impacto de la propia Comisión afirma, por ejemplo, que la ropa importada sería, promedio, de 1 a 1,50 euros más cara y un par de zapatos costarían 2 euros más. Por tanto, el coste ascendería a millones, incluso tal vez a miles de millones de euros.
En mi opinión, la marca de origen es una forma de proteccionismo mal disfrazada que costará cara, y todo esto simplemente para imponer a los competidores extranjeros nuevas barreras al comercio que no pueden considerarse aranceles. ¿Por qué si no habría un rechazo tan claro a la idea de introducir la etiqueta de ‘Fabricado en la CE’, lo que se ha descartado se protexto de que generaría costes innecesarios para los fabricantes europeos? Actualmente está prohibido que otros Estados miembros exijan la marca de origen, pues se considera proteccionismo. Exigido ahora de terceros países sin reconocer que en este caso también se trata de proteccionismo, a mi juicio huele a hipocresía. Jean-Pierre Audy (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, antes que nada quiero felicitar al señor Barón Crespo, que llama regularmente la atención sobre la falta de tacto del Consejo cuando no implica suficientemente al Parlamento en decisiones relativas al comercio internacional.
Podemos calcular así el camino que queda por recorrer para hacer comprender a los Gobiernos la necesidad de que los ciudadanos y, por tanto, sus representantes legítimos en este Parlamento, participen en las grandes decisiones relativas al comercio internacional. Felicito asimismo al señor Strudy, que ha tenido la sabiduría de contribuir a este compromiso. Votaré a favor de la resolución común, aun cuando lamento que se limite a tomar nota del proyecto de reglamento relativo a la marca de origen. En el futuro será necesario un apoyo político más claro ante las evidentes divisiones en el seno del Consejo Europeo.
El texto del proyecto de reglamento presenta, por desgracia, algunos errores de redacción y saldría beneficiado con algunas aclaraciones operativas. Por ejemplo, el apartado 2 del artículo 3 del proyecto de reglamento hace alusión al Estado miembro «en el que las mercancías deben ser objeto de un marcado». Está claro que hay que hablar del Estado miembro de destino, pues el marcado se efectúa en el país de origen de fabricación y no en el Estado de consumo. En cuanto a las precisiones operativas, es absolutamente necesario, por ejemplo, aclarar el concepto de «última transformación sustancial», que determina el origen de las mercancías cuando varios países intervienen en la producción industrial, en aplicación del artículo 24 del Código Aduanero Comunitario. Por último, hay que garantizar la coherencia con la reglamentación aduanera, en particular en el marco de los procedimientos de control previstos en la futura reforma del Código Aduanero Comunitario, sobre la que la Comisión de Comercio Internacional tiene un gran interés en ser consultada, señor Presidente.
Señorías, la trazabilidad de los productos y, más en general, los elementos intangibles son elementos que añaden valor a los productos, son necesarios para luchar contra el fraude y la falsificación y, por último, constituyen una herramienta indispensable en la batalla económica y social que nos espera. Esta batalla económica y social y también ambiental, como saben, es la del respeto de nuestros valores. Si queremos hacer respetar nuestras convicciones, tanto en materia de cláusulas sociales como de cláusulas ambientales, en los acuerdos de comercio internacional, debemos imponer la trazabilidad de las producciones importadas, y nuestro mercado interior será un arma importante en esa lucha. Peter Mandelson, miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, me complace que casi todos los diputados que han participado en este debate hayan apoyado la propuesta original hecha por la Comisión. Se han planteado, muy adecuadamente, algunas cuestiones importantes sobre nuestra capacidad para cumplir los nuevos códigos aduaneros, etc. Son cuestiones técnicas importantes que seguiremos tratando y debatiendo con los diputados a esta Cámara.
Sin embargo, hay un apoyo abrumador a la esencia, el principio, de nuestra propuesta. Si podemos superar nuestro desacuerdo sobre el método, la manera o el canal para plantear esta propuesta junto con el Parlamento, nos beneficiaríamos al poder concentrarnos posteriormente en la sustancia de esta propuesta.
En términos muy simples, se trata de restablecer unas reglas de juego equitativas con nuestros socios comerciales, muchos de los cuales ya han establecido formas de marca de origen. Crea transparencia sobre el origen de las mercancías y establece una norma única para determinar el origen. Permite las decisiones informadas del consumidor. Reduce potencialmente la incidencia de marcas de origen fraudulentas o engañosas y contribuye a mejorar la competitividad.
Para que el consumidor sea el rey, o la reina, necesita toda la información, o tanta información como sea posible. Pienso que es razonable que entre la información que los consumidores reciben figure el lugar de origen de la producción o suministro de los productos concretos. Permítanme acentuar que esto no es una campaña para impulsar el «compre europeo». En los productos no se pondrá el sello «esto es extranjero, no lo compre». Esto no está entre mis motivos ni los de la de la Comisión. De hecho, cuantas más personas conozcan el origen de los productos y asocien ese origen con determinadas características o con la calidad de esos productos, puede alentarlos a comprar esos productos de aquellas fuentes y lugares de origen. ¿Por qué no?
Sin embargo, ese no es el tema. No se trata de si queremos alentar a las personas a comprar productos de determinados lugares de origen o desanimarlos a hacerlo, sino de darles información para permitirles hacer un juicio objetivo sobre dónde compran los productos.
Espero que los diputados a esta Cámara vean la propuesta de la «marca de origen» como una alternativa a los instintos y medidas proteccionistas y no como una forma de allanarles el camino. No creo que corramos el riesgo de establecer nuevas barreras no comerciales al comercio. Sin duda yo sería muy reacio a ello.
Los ciudadanos de Europa tienen derecho a expresar o mostrar sus preferencias, cualesquiera que sean. Esas preferencias incluirán el origen o la fuente de producción de esos productos. Esto no es más que una simple forma de permitirles hacerlo. El Presidente. – De conformidad con el apartado 5 del artículo 108 del Reglamento, al término del debate he recibido siete propuestas de resolución.(1)
Quiero señalar que la Comisión de Comercio Internacional ha retirado su propuesta de resolución B6-0381/2006.
La votación tendrá lugar al término de los debates de esta tarde. (1)Cf. Acta.

References: artículo 133
 resolución 
 artículo 133
 artículo 9
 artículo 133
 artículo 9
 resolución 
 artículo 3
 artículo 24
 artículo 108
 resolución