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Timestamp: 2014-07-22 09:18:14+00:00

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voselsoberano.com | Martes 09 de Abril de 2013 19:24	Irma Becerra
Tegucigalpa, Marzo de 2013
I.- DEFINICIÓN, SENTIDO Y FUNCIÓN DE LA ÉTICA POLÍTICA: LA ACTUALIDAD DE ARISTÓTELES
La Ética Política coloca a la virtud ciudadana como su categoría fundamental que consiste en el servicio de la política para formar la voluntad y la conciencia de los integrantes de la polis o ciudad y para que el Estado dirija los pasos de los ciudadanos en el sentido de que éstos no se frustren en sus actos cívicos. El concepto central de la Ética Política es la justicia en su relación con la igualdad y lo injusto en su relación con lo desigual: “...Por consecuencia, es evidente que debe llamarse justo al que obedece a las leyes y al que observa con los demás las reglas de la igualdad. Así lo justo será lo que es conforme a la ley y a la igualdad, y lo injusto será lo ilegal y lo desigual” (Aristóteles, 1966: 332. Hemos subrayado el original). La igualdad en la Ética Política es la proporcional distribución de los medios, es decir, que todos los ciudadanos tengan más o menos en una proporción asegurada una parte del bienestar social que es de todos.
El sentido de la Ética Política es el respeto a las leyes lo que constituye siempre el bienestar de la sociedad en general si la autoridad es próxima al interés general: “Todos los actos especificados por la legislación son legales, y llamamos justos a todos estos actos. Las leyes, siempre que estatuyan algo, tienen por objeto favorecer el interés general de todos los ciudadanos, o el interés de los principales de ellos, o también el interés especial de los que son jefes del Estado, sea por su virtud o por cualquier otro título. Por consiguiente, podemos decir en cierto sentido que las leyes son justas cuando crean o conservan para la asociación política el bienestar, o sólo algunos elementos de bienestar...” (Aristóteles, 1966: 333).
En este sentido la necesidad de asociarse surge para beneficiarse todos de la sociedad y no sólo unos pocos: “La necesidad que tenemos los unos de los otros es en realidad el lazo común de la sociedad. Si los hombres no tuvieses necesidades, o si no tuviesen necesidades semejantes, no habría cambio entre ellos, o por lo menos el cambio no sería el mismo” (Aristóteles, 1966: 344. El subrayado es nuestro). La función de la Ética Política desde esta relación común a todos es regular a la política como el arte de ejercer dignamente y civilmente el poder asignado para todos. Esto es lo que constituye la finalidad de la asociación política: “Por lo demás, todas las asociaciones particulares no son sino porciones de la gran asociación política. Se reúnen los hombres siempre para satisfacer algún interés general, y cada cual saca de la asociación una parte de lo que es útil para su propia existencia. La asociación política tiene evidentemente como único fin el interés común, lo mismo en el principio, al constituirse, que después al sostenerse. Éste es el objetivo único de los legisladores, y lo justo, según ellos, es lo que se adapta a esta utilidad general. Las demás asociaciones sólo tienden a satisfacer partes de este interés total” (Ídem, págs. 435-436. El énfasis es nuestro). Retomemos en este sentido el concepto de ciudadano que esboza Aristóteles y que es plenamente válido para la sociedad socialista que deseamos alcanzar y construir. En su ensayo La Política dice así: “Ahora se inicia con claridad el concepto de ciudadano, es decir, que podemos considerar como tal al que goza del poder de participar en la administración de justicia, en la deliberación, en una ciudad cualquiera, y, en sentido general directo, diremos que ciudad es la organización ciudadana con capacidad para gobernarse por sí misma, bastándose para satisfacer las necesidades que le imponga la existencia” (Aristóteles, 1966: 75).
El fin supremo de la sociedad es el bien, de ahí que debamos prepararnos para ejercerlo con el ejemplo moral y cívico. En La Política lo define: “El bien es el fin y objeto de todas las ciencias y artes y el mayor bien, en su grado sumo, se encuentra en la superior a todas ellas, que es la política, cuyo bien reside en la justicia; en otras palabras, el interés general” (Ídem, pág. 92. El énfasis es nuestro). Y en la Ética a Nicómaco encontramos lo siguiente: “Pero en toda acción, en toda determinación moral, el bien es el fin mismo que se busca, y siempre, en vista de este fin se hace constantemente todo lo demás. Es, por lo tanto, una consecuencia evidente que si para todo lo que el hombre puede hacer en general existe un fin común al cual tienden todos sus actos, ese fin único es el bien, tal como el hombre puede practicarlo, y si hay muchos fines de este género, ellos son entonces los que constituyen el bien” (Ídem, pág. 227). En este sentido, el objeto de la política es ser el ejemplo moral más cuidadoso: “El objeto de la política, tal como nosotros la concebimos, es el más elevado de todos, y su cuidado principal es formar el alma de los ciudadanos y enseñarles, mejorándolos, la práctica de todas las virtudes” (Ídem, pág. 235. El subrayado es nuestro). De ese modo se unen política y ética para formar un programa de enseñanza y educación que define al Estado como un organismo institucional de defensa de la conciencia y la voluntad de los individuos asociados. Todo en aras del interés general que constituye la justicia. Tal es el contenido de la Ética Política. Dicho contenido es la formulación del despertar de la conciencia ciudadana al interés colectivo que supera el interés egoísta individual. Implica la toma de conciencia para evitar y eliminar la corrupción y el enriquecimiento ilícito. Ahora bien, ¿por qué es necesaria la Ética Política? Porque regula las relaciones sociales y los conflictos que surgen en la comunidad así como garantiza las relaciones de cooperación para garantizar, a su vez, la justicia que no es otra cosa que el interés general. Asimismo, para formar conciencia de la colectividad.
Resumiendo, la Política es el arte y la ciencia de gobernar y administrar la nación y el Estado. De ahí que como arte implique un esfuerzo de creación de soluciones; y como ciencia sea un proceso de construcción material de alternativas. Por su parte la Ética es la reflexión filosófica sobre el comportamiento correcto en base al entendimiento y la razón humanas. La Ética dirige con sus principios hacia la conducta correcta de la rectitud y por eso es decisiva para el hombre de Estado, el que gobierna por medio de un poder que le ha sido otorgado como interrelación con los demás. Es la reflexión sobre las costumbres y los hábitos con la finalidad de crear valores y principios sólidos como los siguientes:
“Respeto: adecúa su conducta hacia el respeto de la Constitución y las Leyes, garantizando que todas las fases del proceso de toma de decisiones o en el cumplimiento de los procedimientos administrativos, se respeten los derechos a la defensa y el debido procedimiento.
2. Probidad: Actúa con rectitud, honradez y honestidad, procurando satisfacer el interés general y desechando todo provecho o ventaja personal obtenido por sí o por interpósita persona.
3. Eficiencia: Brinda calidad en cada una de las funciones a su cargo, procurando mantener y fundamentar una capacitación sólida y permanente.
4. Idoneidad: Entendida como aptitud técnica, legal y moral, es condición esencial para el acceso y ejercicio de la función pública. El servidor público debe propender a una formación sólida acorde con la realidad, capacitándose permanentemente para el debido cumplimiento de sus funciones.
5. Veracidad: Se expresa con autenticidad en las relaciones funcionales con todos los miembros de su institución y con la ciudadanía, y contribuye al esclarecimiento de los hechos.
Lealtad y obediencia: El funcionario de confianza debe lealtad a la Constitución y al Estado de Derecho. Ocupar cargos de confianza en regímenes de facto, es causal de cese automático e inmediato de la función pública” (Ley del Código de Ética de la Función Pública, 2013: 1-2).
De otra parte, los deberes del servidor público son los siguientes:
1. “Neutralidad: Debe actuar con absoluta imparcialidad política, económica o de cualquier otra índole en el desempeño de sus funciones demostrando independencia a sus vinculaciones con personas, partidos políticos o instituciones.
2. Transparencia: Debe ejecutar los actos del servicio de manera transparente, ello implica que dichos actos tienen en principio carácter público y son accesibles al conocimiento de toda persona natural o jurídica. El servidor público debe brindar y facilitar información fidedigna, completa y oportuna.
3. Discreción: Debe guardar reserva de hechos o informaciones de los que tenga conocimiento con motivo o en ocasión del ejercicio de sus funciones, sin perjuicio de los deberes y las responsabilidades que le correspondan en virtud de las normas que regulan el acceso y la transparencia de la información pública.
4. Ejercicio Adecuado del Cargo: Con motivo o en ocasión del ejercicio de sus funciones el servidor público no debe adoptar represalia de ningún tipo o ejercer coacción alguna contra otros servidores públicos u otras personas.
5. Uso Adecuado de los Bienes del Estado: Debe proteger y conservar los bienes del Estado, debiendo utilizar los que le fueran asignados para el desempeño de sus funciones de manera racional, evitando su abuso, derroche o desaprovechamiento, sin emplear o permitir que otros empleen los bienes del Estado para fines particulares o propósitos que no sean aquellos para los cuales hubieran sido específicamente destinados.
Responsabilidad: Todo servidor público debe desarrollar sus funciones a cabalidad y en forma integral, asumiendo con pleno respeto su función pública” (Ley del Código de Ética de la Función Pública, 2013: 3).
Y, ante lo dicho, tenemos las prohibiciones éticas de la Función Pública:
Mantener Intereses de Conflicto: Mantener relaciones o aceptar situaciones en cuyo contexto sus intereses personales, laborales, económicos o financiero pudieran estar en conflicto con el cumplimiento de los deberes y funciones a su cargo.
Obtener Ventajas Indebidas: Obtener o procurar beneficios o ventajas indebidas, para sí o para otros, mediante el uso de su cargo, autoridad, influencia o apariencia de influencia.
Realizar actividades de proselitismo político: Realizar actividades de proselitismo político a través de la utilización de sus funciones o por medio de la utilización de infraestructura, bienes o recursos públicos, ya sea a favor o en contra de partidos u organizaciones políticas o candidatos.
Hacer mal uso de información privilegiada: Participar en transacciones u operaciones financieras utilizando información privilegiada de la entidad a la que pertenece o que pudiera tener acceso a ella por su condición o ejercicio del cargo que desempeña, ni debe permitir el uso impropio de dicha información para el beneficio de algún interés.
Presionar, Amenazar y/o Acosar: Ejercer presiones, amenazas o acoso sexual contra otros servidores públicos o subordinados que puedan afectar la dignidad de la persona o inducir a la realización de acciones dolosas” ((Ley del Código de Ética de la Función Pública, 2013: 4).
A su vez la Organización de los Estados Americanos (OEA) en su Departamento de Derecho Internacional define los siguientes principios generales para la Ética del Funcionario Público:
Artículo 8.- PROBIDAD. El funcionario público debe actuar con rectitud y honradez, procurando satisfacer el interés general y desechando todo provecho o ventaja personal, obtenido por sí o por interpósita persona. También está obligado a exteriorizar una conducta honesta.
Artículo 9.- PRUDENCIA. El funcionario público debe actuar con pleno conocimiento de las materias sometidas a su consideración, con la misma diligencia que un buen administrador emplearía para con sus propios bienes. El ejercicio de la función pública debe inspirar confianza en la comunidad. Asimismo, debe evitar acciones que pudieran poner en riesgo la finalidad de la función pública, el patrimonio del Estado o la imagen que debe tener la sociedad respecto de sus servidores.
Artículo 10.- JUSTICIA. El funcionario público debe tener permanente disposición para el cumplimiento de sus funciones, otorgando a cada uno lo que le es debido, tanto en sus relaciones con el Estado, como con el público, sus superiores y subordinados.
Artículo 11.- TEMPLANZA. El funcionario público debe desarrollar sus funciones con respeto y sobriedad, usando las prerrogativas inherentes a su cargo y los medios de que dispone únicamente para el cumplimiento de sus funciones y deberes. Asimismo, debe evitar cualquier ostentación que pudiera poner en duda su honestidad o disposición para el cumplimiento de los deberes propios del cargo.
Artículo 12. IDONEIDAD. La idoneidad, entendida como aptitud técnica, legal y moral, es condición necesaria para el acceso y ejercicio de la función pública.
Artículo 13. RESPONSABILIDAD. El funcionario público debe hacer un esfuerzo honesto para cumplir con sus deberes. Cuanto más elevado sea el cargo que ocupa un funcionario público, mayor es su responsabilidad para el cumplimiento de las disposiciones de este Código” (Código de Ética de la Función Pública, 1997: 5). II.- EL FUNCIONARIO PÚBLICO AL SERVICIO DEL PUEBLO EN LA SOCIEDAD SOCIALISTA DEL SIGLO XXI
En la sociedad socialista refundacional es imposible sustraerse a la responsabilidad de las acciones porque la política actúa como centinela de la conducta moral, intentando habituar a los ciudadanos a un sistema de toma de conciencia que dé cuentas de lo que todos y cada uno hacen y reciben para conformar el bienestar de la población. Eso significa que los individuos de la sociedad socialista refundacional se conocen todos entre sí y pueden dar testimonios reales de la conducta individual. La pregunta, entonces, acerca del papel que juega la Ética Política en la sociedad socialista implica un proceso de vigilancia mutua para castigar las conductas indebidas:
Requiere el cuidado delicado de las buenas costumbres y el cultivo de las virtudes del bien.
La planificación estricta del presupuesto nacional al servicio directo del pueblo.
La reconquista de la confianza de los ciudadanos en base al buen ejemplo intachable e incorruptible de sus funcionarios.
La vigilancia ciudadana concreta para el cumplimiento del proyecto político y socialmente aceptable.
Se trata de formar los siguientes hábitos ciudadanos:
Aprender a reflexionar, deliberar y discernir los distintos eventos y problemas.
Aprender a dar opiniones argumentadas acerca del desarrollo civil de cada ciudad, su ciudad.
Aprender a distinguir entre oportunismo populista e interés colectivo genuino y a defenderse de ello.
Aprender el justo social con independencia y autonomía.
Desarrollar la conciencia del buen ciudadano y la vida activa por la justicia, la concordia y la paz perpetua.
Somos los ciudadanos mismos los que permitimos con nuestra permisividad, silencio u omisión el que los funcionarios públicos violen la ley, por eso debemos recordales a éstos que el ejercicio del poder es una relación con la comunidad que espera lo mejor y a quien se deben. Así señala Aristóteles en su Ética a Nicómaco lo siguiente: “...el magistrado, revestido del poder, no es algo sino con relación a los demás; como que ya está en comunidad con ellos. Por la misma razón la justicia parece ser, entre todas las demás virtudes, la única que constituye un bien extraño, un bien para los demás y no para sí, porque se ejerce respecto de los demás, y no hace más que lo que es útil a los demás, que son o los magistrados o el pueblo entero. El peor de los hombres es el que por su perversidad daña a la vez a sí mismo y sus semejantes. Pero el hombre más perfecto no es el que emplee su virtud en sí mismo; es el que la emplea para otro, cosa que es siempre difícil. Y así, a la justicia no puede considerársela como una simple parte de la virtud; es la virtud entera. Y la injusticia, que es su contraria, no es una parte del vicio; es el vicio todo” (Aristóteles, 1966: 334. El subrayado es nuestro).
La justicia como virtud de virtudes, es proporcional a los hombres y significa un equilibrio o medio para la realización de las demás virtudes así como el respeto a las leyes. Sin embargo, “lo que aquí se busca es a la vez lo justo absoluto y lo justo social, es decir, lo justo aplicado a gentes que asocian su vida para asegurar su independencia, y que son libres e iguales, sea proporcionalmente, sea individual y numéricamente. Por lo tanto siempre que no se les garantizan estos bienes, no hay para ellos justicia social propiamente dicha; hay solamente una justicia cualquiera que se parece más o menos a aquélla, porque sólo hay justicia cuando hay una ley que decide en las contiendas que se suscitan entre los hombres” (Aristóteles, 1966: 347). Como puede verse, para el mundo griego la justicia es una ley, implica una buena legislatura del Estado y la sociedad o ciudad. Se trata de ser un buen ciudadano y un hombre virtuoso y le corresponde al legislador habituar a los ciudadanos para que adquieran estas competencias o facultades y se respeten y obedezcan las leyes. De ese modo el fin primordial de la política es hacer posible la Ética de la Colectividad formando hábitos cívicos; así como el fin de la Ética Política es formar la voluntad individual hacia el bien de los mismos ciudadanos que pueden pensar y actuar para sí mismos. Como señala el filósofo griego: “Lo que pasa en el gobierno de los estados lo prueba bien: los legisladores sólo hacen virtuosos a los ciudadanos habituándolos a serlo. Tal es ciertamente el deseo fijo de todo legislador. Los que no desempeñan como deben esta tarea faltan al objeto que se proponen, y ésta es precisamente la diferencia que separa un gobierno bueno de uno malo” (Ídem, pág 248). No se trata, entonces, de un simple moralismo dogmático basado en la sumisión de las personas sino de la forja del carácter correcto en base a la independencia y la autonomía del entendimiento y la razón.
La justicia para Aristóteles en un medio mientras que la injusticia es los extremos radicales de la ausencia de la práctica de la ley en una sociedad determinada: “...se ve también que la equidad personal, la práctica personal de la justicia, es un medio entre una injusticia cometida y una injusticia sufrida. De una parte se tiene más que se debe tener; de otra, se tiene menos. Pero si la justicia es un medio, no es como las virtudes precedentes: lo es porque ocupa el medio, mientras que la injusticia está en los dos extremos. La justicia es la virtud que hace que se llame justo a un hombre que en su conducta practica lo justo por una libre preferencia de su razón, y que sabe aplicarla igualmente a sí mismo que a otro y entre las demás personas; que obra de manera que no se da a sí mismo más y a su vecino menos, si la cosa es útil, o a la inversa, si la cosa es mala, y que sabe sostener entre él y otro la igualdad proporcional, en la forma que lo haría si tuviese que decidir contiendas entre los demás” (Aristóteles, 1966: 346. El subrayado es nuestro).
La virtud para Aristóteles es un hábito, el más elevado de todos: “Y la prueba es que hoy, cuando se define la virtud, y se expresa que es un hábito moral, nunca deja de añadirse qué hábito, es decir, el hábito conforme a la recta razón. Y conforme a la recta razón quiere decir conforme a la prudencia. Así, todo el mundo parece haber adivinado en cierta manera que esta disposición moral, que es conforme a la prudencia, es la verdadera virtud” (Ídem, pág.383). Ahora bien, “no es el razonamiento el que... nos enseña los principios. Tampoco es el razonamiento el que nos los enseña en la conducta de la vida, sino que la virtud, sea que la Naturaleza nos la haya dado, sea que la hayamos adquirido mediante el hábito, es la que nos enseña a juzgar bien del principio de nuestros actos” (Ídem, pág. 405). Se trata de ponerla en práctica para lograr la concordia de las ciudades: “No adquirimos las virtudes sino después de haberlas previamente practicado. Con ellas sucede lo que con todas las demás artes, porque las cosas que no se pueden hacer sino después de haberlas aprendido, no las aprendemos sino practicándolas” y “la concordia de los ciudadanos no carece de semejanza con la amistad, y la concordia es la que las leyes quieren establecer ante todo, así como ante todo quieren desterrar la discordia, que es la más fatal enemiga de la ciudad. Cuando los hombres se aman unos a otros, no es necesaria la justicia” (Ídem, pag. 248 y 420).
En su estudio de las Constituciones que se encuentra en la Política, Aristóteles señala la dialéctica entre ciudadanos diversos y un único fin: “Y de la misma manera un ciudadano difiere de otro, mientras el bienestar de la colectividad es labor común a todos ellos. Esta colectividad es la Constitución; por lo tanto, la virtud del ciudadano debe ser relativa a la Constitución de que forma parte como miembro” (Ídem, pág. 77).
En resumen podemos señalar que en la concepción filosófica de Aristóteles la definición más acertada de la Ética Política es la que esboza estos dos principios siguientes:
“La ética tiene por objeto el análisis de las diferentes virtudes, de lo que merece ser llamado “bien”. Su tema central es la búsqueda de la felicidad y la consideración de qué sea la justicia, la discusión argumentada acerca de qué hemos de considerar virtuoso y justo para que el individuo llamado hombre pueda ser feliz. La ética es, en suma, reflexión sobre la vida buena del ser humano considerado como individuo virtuoso.
La política, por su parte, tiene por objeto la vida del hombre en la polis, el análisis de las constituciones, de las leyes y regímenes que las personas se han dado en su vida en común, para explorar, desde ahí, cuáles de las virtudes privadas pueden ser consideradas también virtudes públicas y cuál puede ser el régimen que mejor concuerde con estas virtudes. En suma, el objeto de la política es la comunidad buena (o el buen gobierno) de los hombres asociados” (Sobre ética y política, 2012: 1).
III.-¿CÓMO HACER REALIDAD LA ÉTICA POLÍTICA EN EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI?
En la sociedad socialista se elimina la violencia porque ya desaparece la corrupción, es decir, el irrespeto a la ley, el desorden, la discordia y la injusticia lo que provoca impunidad. La violencia capitalista proviene de la incapacidad de este sistema de suplir las necesidades básicas de la población a la que se explota y oprime sin límites. No hay garantías sociales ante la privatización inmisericorde de los servicios públicos. La sociedad deriva, entonces, en un caos anárquico en la que el Estado asume el papel de represor de los ciudadanos convertidos en sospechosos y criminales en potencia. Ese es el fin devastador del capitalismo neoliberal. La sociedad socialista es su contrario.
En ella es posible controlar y evaluar la acción individual y colectiva porque se puede sistematizar la iniciativa ciudadana para canalizarla y dirigirla hacia las buenas acciones al proporcionar un medio justo o entorno equilibrado en el que se pueda crecer en paz y armonía sociales. Es perfectamente posible crear seguridad ciudadana sin militarización si se utilizan los recursos en la educación y formación ciudadanas para que las personas puedan aprender a convivir y cuiden su producción, su trabajo digno, su empleo justamente remunerado; y sientan que están saliendo adelante en el dilema que impone el capitalismo de tener que olvidarse de la moral para poder sobrevivir.
Además, la Ética Política se puede construir de manera concreta a través de Asambleas Populares para formular teoría política. Esto significa extraer las ideas fundamentales y formular con conceptos nuevos concepciones relacionadas y enlazadas del mundo que hagan avanzar y evolucionar a la política. Con formación política de las masas para aprender a enlazar una cultura participativa de defensa del territorio nacional. Se trata de participar activa y organizadamente en el concurso de las ciudades para que todos los individuos desarrollen un sentido de pertenencia y autoestima en relación a la conservación duradera de las mismas.
IV.- ÉTICA POLÍTICA Y ACCIÓN PRÁCTICA DE LA MORAL
La Ética es la reflexión teórica sobre la moral. La Ética es la encargada de discutir y fundamentar reflexivamente ese conjunto de principios o normas que constituyen nuestra moral. En cambio, la moral es el campo de la acción práctica de la Ética, es decir, lo que trata de responder a la pregunta ¿qué debo hacer en cada situación concreta? Mientras que la Ética responde a la pregunta ¿que es la moral? Y, ¿cómo se aplica la reflexión a la vida cotidiana? Digamos que existe una relación dialéctica entre los principios y valores en su reflexión general con la situación particular material concreta del comportamiento singular de cada individuo.
Sin principios generales que actúen como guías no podemos saber cómo tenemos que comportarnos en la vida diaria; mientras que si no hay concreción de los principios generales éstos carecen de valor y acción práctica. Tampoco es suficiente con tener una conducta específica para cada situación particular, es preciso crear principios globales que puedan ser respetados por todos y que se encuentran en las Constituciones y en los Códigos Deontológicos de Ética.
Es posible guiar a la moral a través de la reflexión filosófica del comportamiento correcto y son los intelectuales los llamados a crear las definiciones y determinaciones de los conceptos éticos que nos definan un comportamiento aceptable para la sociedad. De otra parte, cada individuo está obligado a comportarse según señalen las leyes o las instituciones y organizaciones sociales y gubernamentales. Esta dialéctica entre lo general y lo particular es universal e irreversible y no puede ser ignorada. De ese modo ambos procesos se complementan: conducta concreta y principios orientadores de la conducta correcta.
V.- HISTORIA UNIVERSAL Y ÉTICA POLÍTICA: EL PARTIDO LIBRE
La conciencia política en el socialismo como función deliberante y vigilante es decisiva y fundamental porque marca la historia universal, es decir, la acción moral participativa de los miembros de la democracia socialista. De igual modo importa mucho la conducta moral de los líderes porque se está llevando a los ciudadanos en una determinada dirección lo cual implica mucha responsabilidad. En este sentido, la corrupción “causa malestar estomacal, es cruel e inhumano que habiendo tanta gente necesitada existan personas egoístas a quienes no les importa aplastar para estar en la cumbre y abusan de confianza y poder que se les otorgan para ser instrumento de desarrollo” (Reséndiz Reyes, 2013: 2). Las causas de la corrupción suelen ser “ganar un nuevo contrato, el beneficio personal, asegurar influencia política y mantener un contrato existente” (Ídem, pág. 3). En la sociedad del capitalismo neoliberal depredador rige un sistema de prebendas, beneficios y privilegios lo cual hace que “como resultado, las personas son desiguales ante la ley y frente a las instituciones públicas: El derecho de una persona se ve pospuesto o desechado por el poder ejercido por otra persona que se halla mejor situada, porque tiene un amigo o es del mismo partido, etc. Estas redes de relaciones se suelen emplear en beneficio de los intereses privados de los implicados, aunque por lo general y cuando no se trata de la gran corrupción, se trata de beneficios que se reparten entre el grupo relacionado” (Solarte Rodríguez, 2003: 15). Todo ello se acaba en la sociedad socialista solidaria, cooperante e inteligentemente dirigida puesto que se trata de eliminar los vicios dando confianza a las masas populares a través de serias y concretas medidas de control del servicio público. Como señala Solarte Rodríguez, “el fin de toda Institución es la satisfacción de las necesidades de las personas a través de servicios de calidad. Entonces, su fin legítimo es siempre un bien social. La calidad y la excelencia en el servicio es la forma actual de entender el deber las Instituciones de desarrollar su labor dentro del marco común de garantías a los derechos y libertades de los ciudadanos. Toda Institución está constituida por valores, significados y prácticas comunes. En este sentido, conforma una comunidad moral.El fin de la institución, junto con su Misión, orienta la discusión sobre los medios más adecuados para lograr tal fin, y en consecuencia, sobre los valores que deben orientar las acciones de la Institución y de las personas que la conforman. Los valores comunes no sólo son criterios de orientación, sino que deben emplearse para volver a generar sistemas administrativos con políticas, estrategias y sistemas de evaluación definidos de manera ética. Esto implica unagestión del cambio en la cultura organizacional y la promoción del espíritu de trabajo en común” (Solarte Rodríguez, 2003: 29).
Tomando en cuenta que el hecho es que “la legislación designa a los partidos como los únicos instrumentos para acceder al poder político, pero si tales instrumentos están viciados, en poco o nada podrán contribuir a que se fortalezca la democracia en nuestras naciones, pues la corrupción encontró puertas abiertas en la lealtad, el respeto y la honestidad, y es una pena que personas de tan baja calidad representen a nuestro pueblo, legislen o vigilen nuestras leyes y puedan llegar a cargos importantes” (Reséndiz Reyes, 2013: 4), la democracia socialista posibilita la denuncia protegida de los actos indebidos.
Entonces, la sociedad socialista refundacional vuelve consciente que, “por lo tanto, la corrupción inhibe el desarrollo de los pueblos, debilita la institucionalidad democrática, crea la desconfianza del pueblo hacia la clase dirigente, erosiona la formación de valores ciudadanos y brinda la oportunidad para que broten otros tipos de corrupción, como la administrativa y la económica; creándose así un círculo en el que también se incluye a la pobreza y la seguridad pública” (Ídem, pág. 5). Además, la corrupción elimina la iniciativa privada porque somete al individuo a conductas impropias y le liquida como individuo libre.
El partido socialista LIBRE ordenará la sociedad y legislará formando moral y cívicamente a los ciudadanos por igual. LIBRE constituye así un partido de nuevo tipo que aplicará la vigilancia ciudadana definiendo códigos de ética válidos para los funcionarios públicos eliminando para siempre el tráfico de influencias, el clientelismo político, la corrupción y el nepotismo del gobierno de la nación hondureña. Como señala Brisa Reséndiz “el servidor público debe tener claro para qué y al servicio de quién trabaja y claridad de ideas que también tiene que existir en el ámbito privado. La corrupción crece y llega, si no se la detiene a tiempo, pasa a ser una práctica normal. Por eso la sensibilidad hacia lo público exige, además de una formación adecuada, el ejercicio, por parte de los funcionarios y gestores públicos, de unas conductas ejemplares. Es decir, predicar con el ejemplo. Y para ello es necesario que aquellos que tienen la responsabilidad realicen una autocrítica, analicen en qué fallan, se enmienden y sean capaces de aportar soluciones” (Reséndiz, 2013: 6. El énfasis es nuestro). De otra parte, se necesita el diálogo fundamentado para resolver los problemas sociales que se presenten en la sociedad socialista. Así leemos lo siguiente: “...Cada vez que las personas usan el lenguaje para coordinar sus acciones, ellas entran en cierto compromiso de justificar sus acciones o palabras con base en buenas razones. Habermas llama a este compromiso “exigencia de validez”. Esta exigencia es aplicable a toda persona en su condición de agente moral, pues es un proceso inevitable para todo sujeto hablante que viva en el mundo de la vida. Además, la exigencia de validez tiende a preguntar por la necesidad de racionalidad de las propias acciones, pues pide siempre que se expongan las razones por las que se hacen las cosas (o se dicen): la exigencia de validez es el compromiso de justificar las propias acciones y palabras ante las demás personas (Habermas citado por Solarte Rodríguez, 2010: 2).
Desde esta perspectiva rescatamos algunos principios del Código de Ética del Servidor Público de Honduras:
“Actuar en todo momento de acuerdo al bien común, con lealtad a los intereses de Honduras sobre cualquier otro interés, ya sea personal, económico, financiero, comercial, laboral, político, religioso, racial, partidista, sectario, gremial o asociativo de cualquier naturaleza.
Desarrollar sus funciones con respeto hacia los demás y con sobriedad, usando las prerrogativas inherentes a su cargo y los recursos humanos y materiales de que disponga de manera racional y únicamente para el cumplimiento de sus funciones y deberes oficiales.
Ser diligente, justo e imparcial en el desempeño de sus funciones y solícito y cortés en sus relaciones con los ciudadanos y el público en general” (Código de Ética del Servidor Público, 2011: 3).
ARISTÓTELES. 1966. Obras Selectas. Buenos Aires: Editorial El Ateneo.
CÓDIGO DE ÉTICA DE LA FUNCIÓN PÚBLICA.1997. Departamento de Derecho Internacional. Organización de los Estados Americanos, Washington D.C.
CÓDIGO DE ÉTICA DEL SERVIDOR PÚBLICO. 2011. República de Honduras.
LEY DEL CÓDIGO DE ÉTICA DE LA FUNCIÓN PÚBLICA. Ley No 27815. 2013. República del Perú.
RESÉNDIZ REYES, BRISA EDENY. 2013. Ensayo para combatir la corrupción. Ibero-Forum. Primer lugar.
SOBRE ÉTICA Y POLÍTICA: CONTINUIDAD Y RUPTURA. 2012. Autor desconocido.
SOLARTE RODRÍGUEZ, ROBERTO. 2010. Texto retirado de Internet. SOLARTE RODRÍGUEZ, ROBERTO. 2003. Moral y Ética de lo público. Bogotá. Pontificia Universidad Javeriana.
Ideas para completar la misión Un revolucionario llamado "Gabo"
Tendencias de la izquierda latinoamericana en el Siglo XXI

References: Artículo 8

Artículo 9

Artículo 10

Artículo 11

Artículo 12

Artículo 13