Source: http://www.marxistsfr.org/espanol/trotsky/revdes/01.htm
Timestamp: 2018-02-23 14:38:15+00:00

Document:
Carta al Instituto Histórico del Partido
A propósito de la falsificación de la Historia de la Insurrección de Octubre, de la Revolución proletaria y de la Historia del Partido
Me habéis enviado un amplio cuestionario sobre mi participación en la Revolución de Octubre, pidiéndome que responda a las cuestiones que me planteáis.
No creo que pueda añadirse mucho a lo que ha sido publicado ya en varios documentos, discursos, artículos y libros de todas clases, y especialmente en los míos. De todas maneras me permito preguntaros: ¿qué sentido puede tener el interrogarme respecto a mi participación en la Revolución de Octubre, cuando la totalidad del aparato oficial – incluso vosotros – trata de disimular, de hacer desaparecer o, por lo menos, de adulterar todo detalle sobre esta participación?
Decenas, centenares de camaradas, me han preguntado no pocas veces por qué me tallo, por qué persisto en callarme en lugar de responder a las falsificaciones escandalosas de la historia de la Revolución de Octubre y de la historia de nuestro Partido, dirigidas contra mi.
No es mi intención, en manera alguna, tratar aquí a fondo la cuestión de dichas falsificaciones; para ello serian necesarios varios volúmenes. Pero, en respuesta a vuestras preguntas, permitidme señalar una decena de ejemplos de la deformación consciente y rencorosa que se lleva a cabo actualmente y en gran escala para presentar los acontecimientos de ayer, deformación consagrada por la autoridad de toda clase de instituciones y que se introduce, incluso, en los manuales escolares.
La guerra y mi llegada a Petrogrado (mayo de 1917)
1. Llegué a Petrogrado, al salir de la cárcel en el Canadá, a comienzos de mayo, dos días después de la entrada de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios en el Gobierno de coalición.
Los órganos del Instituto Histórico del Partido, como, por otra parte, muchas otras publicaciones, tratan de presentar mi acción durante la guerra como una actividad casi socialpatriota. Olvidan, empero, que las compilaciones de mis trabajos de la época de la guerra (La guerra y la Revolución) han sido editadas varias veces, en vida de Lenin, e incluso enseñadas en las escuelas del Partido y publicadas en varios idiomas extranjeros por las Secciones de ediciones de la Internacional Comunista.
Se trata de engañar a la nueva generación respecto a la posición que mantuve durante la guerra. Dicha generación ignora que la lucha revolucionaria internacional contra la guerra me valió el ser condenado en Alemania, a fines de 1914, por mi libro en alemán La guerra y la Internacional; expulsado de Francia, donde milité con los futuros fundadores del Partido Comunista; detenido en España, donde estuve en relaciones con los futuros comunistas; expulsado de España a los Estados Unidos. La nueva generación ignora, igualmente, que en Nueva York realicé una acción revolucionaria internacional, y que tomé parte con los bolcheviques en la redacción del periódico Novoia Mir, donde publiqué un análisis leninista de las primeras etapas de la Revolución de Febrero. A mi regreso de América fui desembarcado en Rusia por las autoridades británicas, después de haber pasado un mes en un campo de concentración del Canadá, con seis u ochocientos marinos alemanes que gané a la causa de Liebknecht y de Lenin (muchos de ellos tomaron parte después en la guerra civil en Alemania y, todavía hoy, sigo recibiendo cartas suyas).
2. A propósito de la información que dio el Gobierno inglés sobre las causas de mi detención en el Canadá, la Pravda de Lenin dijo:
”Nota de la Redacción: ¿Puede concederse fe un sola instante a la información facilitada por el Gobierno inglés y según la cual Trotski, ANTIGUO PRESIDENTE del Consejo de los diputados obreros de Petersburgo en 1905 y revolucionario desinteresado que ha consagrado DECENAS DE AÑOS de su vida a la Revolución, tiene intervención en un plan de ”Gobierno alemán”? ¡Se trata, sin ningún género de duda, de una calumnia descarada, inaudita, cínica, contra un revolucionario!” (Pravda, núm. 34, 16 de abril de 1917.)
¡Qué bien suenan ahora estas palabras, en el preciso momento en que se cubre de infames calumnias a la oposición, y cuyas calumnias no se diferencian nada de las lanzadas en 1917 contra los bolcheviques!
3. En las notas que figuran en el XIV volumen de las obras de Lenin, publicado en 1921, se dice:
”Desde el comienzo de la guerra imperialista, Trotski ha ocupado una posición netamente internacionalista.” (Página 482.)
Podrían reproducirse numerosas citas de ese género, y más categóricas todavía. Los críticos de todos los periódicos del Partido – rusos y extranjeros – han indicado decenas y centenares de veces, respecto de mi libro La guerra y la Revolución, que examinando el conjunto de mi acción durante la guerra era necesario reconocer y comprender que mis divergencias con Lenin tenían un carácter secundario, que la linea general era revolucionaria y me acercaba constantemente al bolchevismo, no solamente en palabras, sino en hechos.
En cuanto a mis detractores actuales, me guardaré muy bien de hojear su biografía política, sobre todo durante la guerra.
4. Trátese de explotar ciertas observaciones políticas, un tanto acerbas, que Lenin me dirigió, especialmente durante la guerra. Lenin no toleraba ni reticencias ni obscuridades. Tenía razón en volver dos o tres veces a la carga cuando la idea política le parecía incompletamente expresada o equivocada. Pero un golpe político asestado en un momento dado es una cosa, y otra la apreciación del conjunto de una actitud política.
En 1918 o en 1919, un tal R. publicó, en América, una recopilación de los artículos de Lenin y de los míos, escritos durante la guerra, y especialmente los artículos que escribí sobre el debatido problema de los Estados Unidos de Europa. ¿Cuál era entonces la actitud de Lenin? Este escribió lo siguiente:
”El camarada R. ha hecho muy bien al publicar un grueso volumen con numerosos artículos de Trotski y míos, dando un esbozo de la historia de la Revolución rusa.” (Volumen XVII, páginas 96.)
5. No quiero hablar de la actitud de la mayor parte de mis detractores actuales al comienzo de la Revolución de Febrero. Podrían contarse no pocas cosas interesantes, a este respecto, sobre los Skvortsov-Stepanov, los Yaroslavski y muchos otros. Pero me limitaré a decir algunas palabras sobre el camarada Melnitchavski, que, en la Prensa, ha tratado de levantar un falso testimonio sobre mi actitud en mayo y junio de 1917.
En América todo el mundo conocía a Melnitchavski como menchevique. En la lucha sostenida por los bolcheviques y los internacionalistas revolucionarios contra el socialpatriotismo y el centrismo, Melnitchavski no participó. Se mantenía silencioso en todas las cuestiones de esta clase. Persistió en esta actitud incluso durante su estancia en el campo de concentración canadiense, donde, por una verdadera casualidad y como muchos otros, fue encerrado con Chudnovski y conmigo. Tanto Chudnovski como yo decidimos no poner nunca al corriente a Melnitchavski de los planes concernientes a nuestra acción ulterior. Pero como estábamos obligados a vivir a su lado en el mismo campamento, nos decidimos a preguntarle, a rajatabla, si una vez en Rusia trabajaría con los mencheviques o con los bolcheviques. Hay que decir, en honor de Melnitchavski, que nos respondió: ”Con los bolcheviques.” Y únicamente después de esta respuesta nos decidimos a hablarle como a un camarada en ideas.
Releed lo que Melnitchavski ha escrito a este respecto en 1924 o en 1925. Todos los que conocieron y observaron a Melnitchavski en América, no pueden por menos que encogerse de hombros ahora. Pero ¿para qué hablar de América? Basta oír cualquier discurso de Melnitchavski para reconocer en él al funcionario oportunista, más familiarizado con el ”purcellismo” que con el leninismo.
6. A la llegada de nuestro grupo a Petrogrado fuimos recibidos en la estación de Finlandia, en nombre del Comité Central del Partido bolchevique, por Feodorov, miembro del Comité Central. En su alocución planteó abiertamente el problema de las etapas futuras de la Revolución: la dictadura del proletariado y el desenvolvimiento del socialismo. Yo suscribí por completo esta manera de formular las tareas de la Revolución. Más tarde, Feodorov me dijo que la parte principal de su discurso había sido formulada de acuerdo con Lenin, o más exactamente todavía, a petición de Lenin, que, huelga decirlo, consideraba este problema como el más decisivo para la posibilidad de una colaboración.
7. Debo decir que no entré inmediatamente después de mi llegada del Canadá en la organización de los bolcheviques. ¿Por qué? ¿Acaso porque existían desacuerdos entre nosotros? Hoy se trata de fabricarlos. Pero cuantos formaban parte, en 1917, del núcleo central de los bolcheviques saben que, desde el primer día, no se hizo la menor alusión a ninguno de mis desacuerdos con Lenin.
A mi llegada a Petrogrado, o, mejor dicho, desde mi bajada del tren en la estación de Finlandia, supe por varios camaradas, que habían salido a esperarme, que existía en Petrogrado una organización de internacionalistas revolucionarios (denominada la Organización de los barrios de Petrogrado) que retrasaba la fusión con los bolcheviques. Esto era debido a que varios de los dirigentes de esta organización esperaban mi llegada para el arreglo de esta cuestión. Uritski, A. A. Joffe, Lunatcharski, Jureniev, Karakhán, Vladimirov, Manuilski, Pozevn y Litkeus formaban parte, entre otros, de dicha organización, que englobaba alrededor de 3.000 obreros de Petrogrado.
En las notas que figuran en el XVI volumen de las obras de Lenin, esta organización es caracterizada de la manera siguiente:
”Respecto de la guerra, los miembros de la Organización de los barrios adoptaban el punto de vista internacionalista, y, por su táctica, hallábanse cerca de los bolcheviques.” (Páginas 488-489.)
Desde los primeros días de mi llegada le declaré, primero a Kamenev, y después a la Redacción de la Pravda, en presencia de Lenin, Zinoviev y Kamenev, que estaba dispuesto a entrar en seguida en la organización bolchevique, teniendo sobre todo en cuenta que entre unos y otros no había desacuerdos, pero que era necesario arreglar lo antes posible el problema de hacer ingresar en el Partido a los elementos de la Organización de los barrios. Recuerdo que alguien me preguntó cómo podría llevarse a cabo, según mi opinión, la fusión (es decir, qué miembros de la Organización de los barrios entrarían a formar parte de la Redacción de la Pravda, quiénes del Comité Central, etc.). Yo respondí que esta cuestión no tenía para mi ninguna importancia política, desde el momento que no existían desacuerdos entre nosotros.
En la Organización de los barrios se encontraban elementos que retardaban la fusión, a consecuencia de las condiciones que formulaban. Como siempre en parecidas circunstancias, habíanse acumulado antiguas quejas, cierta desconfianza, etc., entre el Comité de Petrogrado del Partido y la Organización de los barrios. Fue esto, y únicamente esto, lo que retardó la fusión.
8. El camarada Raskolnikov ha emborronado no poco papel en estos últimos tiempos para oponer mi actitud a 1a de Lenin en 1917. Resultaría demasiado molesto reproducir citas, ya que, después de todo, estas falsificaciones no se diferencian de otras del mismo género.
Pero quizá no sea inútil recordar las palabras que ese mismo Raskolnikov ha escrito anteriormente sobre este mismo periodo:
”Los ecos de los desacuerdos del período de la anteguerra habían desaparecido completamente. Entre la táctica de Lenin y la de Trotski no existía ninguna diferencia. Esta aproximación, que se había esbozado ya durante la guerra, se precisó muy netamente desde el regreso de Leon Davidovitch (Trotski) a Rusia. Desde sus primeros discursos, todos nosotros, viejos bolcheviques, comprendimos que era nuestro” (”En las prisiones de Kerenski”, Proletarskaia Revoliutsia, números 10-22, 1923, págs. 150-152.)
Esas palabras no fueron escritas para demostrar o para desmentir algo, sino simplemente para referir cómo ocurrieron las cosas. Posteriormente, Raskolnikov ha demostrado que sabe también contar lo que no ha sucedido nunca. Con ocasión de la reedición de sus artículos, publicados por los órganos de la Sección Histórica del Partido, Raskolnikov ha cortado cuidadosamente la relación de lo sucedido para sustituirla por otra totalmente imaginaria.
Quizá no debiera detenerme a examinar la conducta del camarada Raskolnikov, pero vale la pena porque el caso es verdaderamente típico y escandaloso.
En la crítica del tercer volumen de mis obras (”Krasnaïa Nov”, núms. 7-8, 1924, págs. 395-401), Raskolnikov pregunta:
”¿Cuál era, en 1917, la posición del camarada Trotski?” Y responde:
”El camarada Trotski se consideraba todavía miembro del mismo Partido que los mencheviques Tseretelli y Skobelev.”
”El camarada Trotski no había precisado todavía su actitud respecto del bolchevismo y del menchevismo. Por aquel entonces, Trotski ocupaba una posición vacilante, incierta, intermedia.”
Os preguntáis seguramente cómo pueden conciliarse esas declaraciones, verdaderamente impúdicas, con los escritos de ese mismo Raskolnikov reproducidos más arriba, es decir, ”los ecos de los desacuerdos del período de la anteguerra habían desaparecido completamente.” Si Trotski no había precisado su actitud respecto del bolchevismo y del menchevismo, ¿cómo es posible que ”todos nosotros, viejos leninistas, comprendimos que era nuestro?”
Y no es eso todo. En un artículo del mismo Raskolnikov, publicado en 1923 en la revista Proletarskaia Revoliutsia, número 5, págs. 71-72, bajo el titulo: ”Las jornadas de julio”, dice:
”Leon Davidovitch (Trotski) no pertenecía todavía formalmente a nuestro Partido; pero, en realidad, desde su retorno a América trabajó constantemente en su seno. Después de su primer discurso en el Soviet, le mirábamos todos como uno de los jefes de nuestro Partido.”
Parece que la cosa está bastante clara y que resulta muy difícil darle una interpretación gratuita. Pero ¿qué hacer? Calumnia, que algo queda. ¡Y qué calumnia! Una calumnia sistemáticamente organizada, apoyada por medio de órdenes y de circulares.
Con el fin de que la conducta de Raskolnikov, que, por otra parte, caracteriza no ya su persona, sino todo un sistema de dirección y de educación, se nos aparezca en toda su belleza, véome obligado a hacer una cita más completa de su artículo ”En las prisiones de Kerenski”. Dice así:
”Trotski le profesaba un inmenso respeto a Vladimir Ilitch. Lo colocaba más alto que a todos los contemporáneos que había conocido en Rusia y en el extranjero. En la manera en que Trotski hablaba de Lenin comprendíase el cariño del discípulo. En aquel momento Lenin contaba treinta años de acción al servicio del proletariado y Trotski veinte años. Los rastros de los desacuerdos del período de la anteguerra habían desaparecido completamente. Entre la táctica de Lenin y la táctica de Trotski no existía ninguna diferencia.”
”Esta aproximación, que se había esbozado ya durante la guerra, se había claramente precisado desde el regreso de Leon Davidovitch a Rusia. Desde sus primeros discursos, todos nosotros, viejos leninistas, sentimos que era nuestro.”
Ni que decir tiene que el testimonio de Raskolnikov sobre la actitud de Trotski hacia Lenin no le impide en manera alguna inventar ”una carta de Trotski a Tcheidze” para documentación de los jóvenes miembros del Partido.
Hay que añadir que, a causa de su trabajo, Raskolnikov me vio frecuentemente durante el año 1917, me condujo a Cronstadt, me pidió varias veces consejo y tuvo varias conversaciones conmigo, en la cárcel y fuera de ella. Sus recuerdos son a este respecto un precioso testimonio, mientras que sus rectificaciones ”ulteriores” no son otra cosa que el producto de un trabajo de falsificación ejecutado por encargo.
Antes de dejar a Raskolnikov veamos cómo describe en sus memorias la lectura hecha por el juez de instrucción de las acusaciones de Ezmolenka respecto del oro alemán:
”Durante la lectura de las acusaciones nosotros lanzábamos de vez en cuando observaciones irónicas; pero cuando la voz impasible del juez de instrucción llegó al nombre, querido entre todos, del camarada Lenin, Trotski no pudo contenerse: dio un puñetazo sobre la mesa, se irguió y declaró con indignación que se negaba a escuchar tan cobardes y falsas acusaciones. No pudiendo contener nuestra indignación ante una falsificación tan evidente, todos nosotros, sin excepción, apoyamos ardientemente al camarada Trotski.”
La indignación ”ante una falsificación tan evidente” es un sentimiento muy natural. Pero, aun así y todo, despreciando también las pequeñas falsificaciones de Raskolnikov (bastante evidentes), se plantea la cuestión: ”¿Cuál es hoy la actitud de Raskolnikov, que ha pasado por la escuela de Stalin, respecto de la reciente invención de Ezmolenka sobre el oficial de Wrangel y el complot contrarrevolucionario?”
Mayo-octubre de 1917
9. Varios de los documentos de los bolcheviques, durante los meses de mayo, junio y julio de 1917, fueron escritos por mí o bajo mi dirección, y especialmente la declaración de la fracción bolchevique ante el Congreso de los Soviets sobre la ofensiva militar en preparación (primer Congreso de los Soviets), la carta del Comité Central del Partido bolchevique al Comité Central Ejecutivo durante las jornadas de julio, etc. He encontrado varias resoluciones bolcheviques de entonces, de las cuales soy autor o en cuya redacción he participado. Todos los camaradas saben que en los discursos que pronuncié en todos los mítines me identifiqué constantemente con los bolcheviques.
10. No sé qué ”historiador marxista” de la nueva escuela se ha esforzado recientemente por descubrir desacuerdos entre Lenin y yo respecto de las jornadas de julio. ¡Todos se esfuerzan por aportar su óbolo con el fin de que les sea devuelto con creces! ¡Hay que vencer la repugnancia para decidirse a refutar tales falsificaciones! No argumentaré con recuerdos, sino recurriré a los documentos. En una declaración dirigida al Gobierno provisional escribí entonces:
”1. Comparto la posición de principio de Lenin, Zinoviev y Kamenev, que he desarrollado en el Vpierod y, de una manera general, en todos mis discursos públicos.
3. El hecho de que yo no colabore en la Pravda y de que no me adhiera a la organización bolchevique se explica no por la existencia de desacuerdos políticos, sino por nuestra actividad política pasada, que ya ha perdido hoy toda importancia.” (Trotski, III volumen, primera parte, páginas 165-166.)
11. Inmediatamente después de las jornadas de julio, la presidencia socialista revolucionaria menchevique del Comité Central Ejecutivo convocó a una sesión de este último. La fracción bolchevique de la sesión me invitó a redactar el informe sobre la situación actual y las tareas del Partido. Este hecho acontecía antes de la unificación formal y a pesar de que Stalin se encontraba en Petrogrado. Los ”historiadores marxistas” de la nueva escuela no existían todavía, y los bolcheviques reunidos allí aprobaron unánimemente las ideas esenciales de mi informe sobre las jornadas de julio y las tareas del Partido. La prueba de ello se encuentra en la Prensa y, particularmente, en las Memorias de N. I. Muralov.
12. Sabido es que Lenin no pecaba por exceso de confianza en los individuos cuando se trataba de la posición ideológica o de la actitud política a observar en los momentos difíciles, y que, sobre todo, estaba muy lejos de demostrar la menor ternura hacia los revolucionarios que durante el precedente período habíanse encontrado fuera del Partido bolchevique. Fueron precisamente las jornadas de julio las que destruyeron los últimos vestigios de las antiguas barreras. En su carta al Comité Central respecto a la lista de los candidatos a la Asamblea constituyente, Vladimir Ilitch escribía:
”Es completamente inadmisible que haya un número tan excesivo de candidatos escogidos entre personas poco probadas y adheridas recientemente a nuestro Partido (1. Larin, por ejemplo)... Es menester revisar urgentemente la lista y rectificarla...
Claro está que... nadie puede pensar en discutir una candidatura como la de L. D. Trotski, por ejemplo, puesto que: 1.°, desde su llegada, Trotski ha demostrado una actitud internacionalista; 2.°, ha combatido entre los miembros de la Organización de los barrios en favor de la fusión; 3.°, durante las graves jornadas de julio se ha mostrado a la altura de su cometido y partidario ferviente del Partido del proletariado revolucionario. Claro que no puede decirse otro tanto de una cantidad de nuevos miembros del Partido que figuran en la lista...” (El primer Comité bolchevique legal de Petrogrado en 1917, Sección Histórica del Partido, Leningrado, págs. 305-306.)
13. La cuestión de nuestra actitud respecto del pre-Parlamento fue discutida en ausencia de Lenin. Yo tomé la palabra en calidad de informador de los bolcheviques boicoteados. Sabido es que la mayoría de la fracción bolchevique de la Asamblea democrática de Moscú se pronunció contra el boicot. Lenin apoyó resueltamente a la minoría. He aquí lo que escribió el Comité Central a este respecto:
”Es menester boicotear al pre-Parlamento. Es necesario entrar en el Soviet de los diputados obreros, soldados y campesinos; entrar en los Sindicatos y, en general, ir hacia las masas. Hay que atraer a éstas a la lucha. Es necesario darles una consigna clara y justa, derrotar a la banda bonapartista de Kerenski con su semi-pre-Parlamento, de esta Duma Tseretelli-Buliginski. lncluso después del asunto de Kornilov, los mencheviques y los socialistas revolucionarios no han aceptado nuestro compromiso de entregarles pacíficamente el Poder a los Soviets (en los cuales no disponíamos todavía de la mayoría); han preferido caer de nuevo en la charca de las vergonzosas y viles combinaciones con los cadetes. ¡Abajo los mencheviques y los socialistas revolucionarios! ¡Combatámosles implacablemente! ¡Arrojémosles despiadadamente de todas las organizaciones revolucionarias! ¡Nada de conversaciones, nada de relaciones con esos amigos de Kichkin, de los grandes terratenientes kornilovistas y de los capitalistas!
Trotski se ha manifestado partidario del boicot. ¡Bravo, camarada Trotski! El boicot ha sido derrotado en la fracción de los bolcheviques que han asistido a la Asamblea democrática.
¡Viva el boicot!” (Proletarskaia Revoliutsia, núm. 3, 1924.)
14. Respecto a mi participación en la Revolución de Octubre, Lenin dice en el XVI volumen de sus obras:
”Cuando el Soviet de Petrogrado hubo pasado a manas de los bolcheviques, Trotski fue elegido presidente, y en calidad de tal organizó y dirigió la insurrección del 25 de octubre.” (Pág. 482.)
Que la Sección Histórica del Partido – si no la Sección actual, la Sección futura – averigüe lo que hay de cierto o de falso en esa apreciación de Lenin. Lo que yo puedo decir, en todo caso, es que el camarada Stalin ha negado, en estos últimos años, y de una manera categórica, la exactitud de esto. He aquí sus declaraciones:
”Debo decir que el camarada Trotski no jugó ni pudo jugar ningún papel particular en la insurrección de Octubre; que en su calidad de presidente del Soviet de Petrogrado se limitaba a ejecutar la voluntad de las instancias interesadas del Partido, las cuales dirigieron todos los pasos del camarada Trotski.”
”El camarada Trotski, hombre relativamente nuevo para nuestro Partido, durante el período de Octubre no jugó ni pudo jugar ningún papel particular ni en el Partido ni en la insurrección de Octubre.” (A propósito del trotskismo. Trotskismo o leninismo, págs. 68-19.)
Bien es verdad que, al aportar este testimonio, Stalin olvidaba lo que él mismo decía el 6 de noviembre de 1918, es decir, con ocasión del primer aniversario de la Revolución, cuando los hechos y los acontecimientos permanecían todavía frescos en la memoria de todos. Ya en aquellos momentos Stalin realizaba contra mí la misma campaña que tan ampliamente ha desarrollado ahora. Pero entonces se veía obligado a obrar con mucha mayor prudencia y disimulo. He aquí lo que escribía en la Pravda (núm. 241) bajo el titulo: ”El papel de los principales militantes del Partido”:
”Todo el trabajo de organización práctica de la insurrección se efectuó bajo la dirección inmediata de Trotski, presidente del Soviet de Petrogrado. Puede decirse con seguridad que la adhesión de la guarnición al Soviet y la hábil organización del trabajo del Comité de guerra revolucionaria se los debe el Partido, ante todo y sobre todo, al camarada Trotski.”
Estas palabras, que en aquella época no fueron escrita indudablemente como elogios exagerados – el propósito de Stalin era, por el contrario, muy otro; pero más vale no detenernos en esto –, parecen hoy totalmente increíbles, sobre todo escritas por Stalin. Ya hace tiempo que se ha dicho que un hombre que dice la verdad tiene la ventaja de no contradecirse nunca, incluso si su memoria no le responde, mientras que un hombre desleal, falso y sin escrúpulos, debe recordar siempre lo que dijo en el pasado para no cubrirse de vergüenza.
15. Con el concurso de los Yaroslavski, el camarada Stalin se esfuerza por fabricar una nueva historia de la organización de la insurrección de Octubre, apoyándose en la creación cerca del Comité Central ”de un centro práctico para la organización y la dirección de la insurrección”, del cual no formaba parte Trotski. Ahora bien; tampoco Lenin formaba parte de esta Comisión. Este solo hecho prueba que la Comisión en cuestión no podía tener más que una importancia secundaria de organización. No jugó ningún papel independiente. Se fabrica actualmente la leyenda de esta Comisión únicamente porque Stalin fue miembro de ella. Esta Comisión se componía de ”Sverdlov, Stalin, Dzerjinski, Bubnov, Urítski”. Cualquiera que sea la repugnancia que uno sienta al hojear las inmundicias, permítaseme, como actor relativamente próximo y como testigo de los acontecimientos de aquella época, que aporte el siguiente detalle:
Evidentemente, el papel representado por Lenin no necesita ser aclarado. En aquellos momentos yo veía frecuentemente a Sverdlov, al cual le pedía consejo y colaboradores. El camarada Kamenev, que, como es sabido, ocupaba entonces una posición especial – posición cuya falsedad ha reconocido hace ya largo tiempo –, tomó, no obstante, una parte de las más activas en los acontecimientos de la Revolución. La noche decisiva del 25 al 26 de octubre la pasamos los dos al lado de Kamenev en el local del Comité de guerra revolucionario, respondiendo a las preguntas telefónicas, dando órdenes. Pues a pesar de todos los esfuerzos de mi memoria, me es literalmente imposible recordar en qué consistió el papel de Stalin durante esta jornada decisiva. Yo no me dirigía a una sola vez, sea para un consejo o para pedirle apoyo. El no manifestó ninguna iniciativa ni formuló la menor proposición personal. Y a este respecto ningún ”historiador marxista” de la nueva hornada puede falsear la verdad.
En el transcurso de los últimos años, Stalin y Yaroslavski se han esforzado en demostrar que el ”centro práctico” para la organización y la dirección de la insurrección, creado por el Comité Central y compuesto por Sverdlov, Stalin, Bubnov, Uritski y Dzerjinski, fue el que realmente dirigió la insurrección. Stalin subraya el hecho de que Trotski no fuera miembro del mismo. Pero, ¡ay!, gracias a una evidente negligencia de los historiadores stalinianos, encontramos en la Pravda del 2 de noviembre de 1927 (es decir, después de escrita la presente carta) un extracto de las reseñas del Comité Central de los días 16 al 19 de octubre de 1927, y que dice:
”El Comité Central organiza un centro militar revolucionario compuesto por los camaradas Sverdlov, Stalin, Bubnov, Uritski y Dzerjinski. ESTE CENTRO FORMA PARTE INTEGRANTE DEL COMITÉ REVOLUCIONARIO DE LOS SOVIETS.”
El Comité revolucionario de los Soviets fue precisamente el Comité militar revolucionario. No existía otro órgano soviético para la dirección de la insurrección. Por consiguiente, esos cinco camaradas designados por el Comité Central debían completar el Comité militar revolucionario, cuyo presidente era Trotski. Resulta evidente que no era menester designar a Trotski otra vez, puesto que era ya el presidente de esta organización. ¡Resultaba bastante difícil corregir la Historia! (11 de noviembre de 1927.)
La historia de la Revolución de Octubre
En Brest-Litovski escribí un folleto sobre la Revolución de Octubre. De este libro se han hecho numerosas ediciones en diversos idiomas. Nadie me ha dicho nunca que haya omitido algo importante y que no haya hecho referencia en parte alguna al órgano dirigente principal de la insurrección: al ”centro militar revolucionario”, cuyos miembros eran Stalin y Bubnov. Si tan mal conocía la historia de la Revolución de Octubre, ¿por qué no se me ha advertido de este error? ¿Por qué en el transcurso de los primeros años de la Revolución se han servido impunemente de mi libro como manual de todas las escuelas del Partido?
Pero todavía más: en 1922, la Oficina de organización del Comité Central estimaba que la historia de la Revolución de Octubre me era lo suficientemente conocida. He aquí una confirmación muy breve, pero elocuente:
”Núm. 14.302.
Moscú, 24 de mayo de 1922
Al camarada Trotski:
Tenemos el gusto de comunicarle el siguiente extracto de la reseña de la sesión de la Oficina de organización del Comité Central del 22 de mayo de 1922, núm. 21:
Se encarga al camarada Yakovlev la redacción para el 1 de octubre, bajo la dirección del camarada Trotski, de un manual de la historia de la Revolución de Octubre.
El secretario (Sección de propaganda) ”(Firma.)
Esta carta es de mayo de 1922. Mi libro sobre la Revolución de Octubre y el otro sobre 1905, publicados hasta esta época en varias ediciones, debían ser conocidísimos por la Oficina de organización, presidida ya entonces por Stalin. Sin embargo, la Oficina de organización creía necesario encargarme de la redacción del manual sobre la Revolución de Octubre. ¿Como explicar esto? Según se ve, los ojos de Stalin y de los stalinistas no se han abierto para ver el ”trotskismo” más que al cerrarse los ojos de Lenin para siempre.
16. Después de la Revolución de Octubre surgieron graves desacuerdos en las altas esferas del Partido sobre la actitud que se debía adoptar respecto de los otros partidos ”socialistas”. (¿Gobierno bolchevique homogéneo o acuerdo con los mencheviques y los socialistas revolucionarios?) El 11-14 de noviembre, Lenin tomó la palabra sobre esta cuestión en la sesión del Comité de Petrogrado del Partido. Las actas del Comité Central de 1917 han sido publicadas con ocasión del décimo aniversario de la Revolución de Octubre. En esta edifición figuraba primeramente el acta de la sesión del 11-14 de noviembre de 1917. Este acta fue mencionada en la primera composición del sumario; pero en virtud de orden procedente de la dirección fue retirada y ocultada al Partido. Las razones no son difíciles de comprender. Sobre la cuestión del acuerdo con los otros partidos ”socialistas”, Lenin habíase expresado en dicha sesión en la forma siguiente:
”No puedo ni siquiera hablar en serio respecto del acuerdo. Trotski ha dicho hace ya bastante tiempo que el acuerdo era imposible. Trotski lo ha comprendido y, desde entonces, no ha habido mejor bolchevique que él.”
Su discurso se terminó con la consigna:
”¡Por un Gobierno bolchevique homogéneo sin ningún compromiso!”
Según se dice, el Instituto Histórico del Partido cerca del: Comité Central ha dado orden de retirar dicha acta con el pretexto de que ”indudablemente” el discurso de Lenin no fue transcrito exactamente. Es verdad: el discurso de Lenin no está en manera alguna de acuerdo con la historia de la Revolución de Octubre que se describe hoy.
17. Es conveniente señalar que la susodicha acta de la sesión del Comité de Petrogrado del Partido es una prueba de la forma en que Lenin se comportaba con respecto a las cuestiones de disciplina, sobre todo en los casos en que e intentaba aprovechar la disciplina para disimular una actitud netamente oportunista. A propósito del informe del camarada Feinikchtein. Lenin declaró:
”Si la escisión se produce, tanto peor. Si obtenéis la mayoría, apoderaos del Comité Central Ejecutivo y obrad. Nosotros recurriremos a los marinos.”
Gracias a esta forma valiente, radical, intransigente, de plantear la cuestión, Lenin salvó al Partido de la escisión. Una disciplina de hierro, pero sobre la base de una conducta revolucionaria. El 4 de abril, en la Conferencia del Partido (de la cual oculta Stalin las actas), Lenin decía:
”Nuestros propios bolcheviques confían en el Gobierno. Esto únicamente puede explicarse por la fiebre de la Revolución. Es la muerte del socialismo. ¿Tenéis confianza en el Gobierno, camaradas? Si es así, no podemos seguir por el mismo camino.”
”Yo creo que en Rusia existe una tendencia en favor de la unión, de la unión con los ‘partidarios de la guerra hasta el fin’. Es ésta una traición al socialismo. Yo creo que vale más quedarse solos, como Liebknecht: uno contra ciento diez.”
18. ¿Por qué planteó Lenin de una manera tan brutal la cuestión de uno contra ciento diez? Porque en la Conferencia de marzo de 1917 las tendencias semiconciliadoras tenían mucha fuerza.
En esta Conferencia, Stalin sostenía la moción del Soviet de diputados de Kransnoianks, que decía:
”Es menester sostener la acción del Gobierno provisional, mientras éste dé satisfacción a las reivindicaciones de la clase obrera y de los campesinos revolucionarios en la revolución en curso.”
Mejor todavía: Stalin era partidario de la unión con Tseretelli. He aquí un extracto exacto del acta:
”Orden del día: Proposición de Unión con Tseretelli.
Stalin: Debemos aceptar. Debemos definir nuestras proposiciones para la unión. La unión es posible sobre la base de Zimmervald-Kienthal.”
A las objeciones de varios miembros de la Conferencia, haciendo observar que la unión seria demasiado disparatada, Stalin respondió:
”No debemos anticipar ni prevenir desacuerdos. El Partido no vive sin desacuerdos. Los pequeños desacuerdos pueden ser liquidados en el Partido.”
Stalin consideraba que los desacuerdos con Tseretelli eran ”pequeños desacuerdos”. Respecto de los adeptos de Tseretelli, Stalin era partidario de una amplia democracia: ”El Partido no vive sin desacuerdos.”
19. Y ahora permitidme que os pregunte, camaradas directores de la Sección Histórica del Partido, por qué no han sido publicadas hasta ahora las actas de la Conferencia del Partido de marzo de 1917. Vosotros enviáis cuestionarios con numerosas preguntas en apretadas columnas. Reunís los más ínfimos detalles, algunos de los cuales carecen de todo interés. ¿Por qué ocultáis, pues, las actas de la Conferencia de marzo, que, para la historia del Partido, son de una importancia inmensa? Esas actas nos muestran las disposiciones de los elementos dirigentes del Partido en vísperas del regreso de Lenin a Rusia. Yo he preguntado varias vetes al Secretariado del Comité Central y a la Oficina de la Comisión Central de Control por qué la Sección Histórica le oculta al Partido ese documento de una importancia fundamental. Vosotros conocéis ese documento y le guardáis. Y no se publica porque compromete cruelmente la conducta política de Stalin a fines de marzo y comienzos de abril, es decir, durante el período en que Stalin se esforzaba por formular ”independientemente” una línea política.
20. En el mismo discurso pronunciado por Lenin en la Conferencia del 4 de abril declaró:
”La Pravda reclama del Gobierno que renuncie a las anexiones. Es una estupidez, una burla escandalosa de...”
El acta no ha sido completada. Encierra no pocas lagunas, pero la idea general y el sentido del discurso son absolutamente claros. Stalin era uno de los redactores de la Pravda, donde escribía artículos sosteniendo al Gobierno provisional, porque lo juzgaba necesario. Aun cuando formulaba ciertas reservas, Stalin se felicitaba del Manifiesto de Kerenski-Tseretelli a todos los pueblos, documento socialpatriota mentiroso que no provocó más que la indignación de Lenin.
He aquí por qué, camaradas del Instituto Histórico del Partido, no publicáis las actas de la Conferencia de marzo de 1917 y se las disimuláis al Partido.
21. He citado anteriormente el discurso que Lenin pronunció en la sesión del Comité de Petrogrado del Partido del 11 al 14 de noviembre. ¿Dónde ha sido publicada la reseña? En ninguna parte. ¿Por qué? Porque lo habéis prohibido vosotros. Últimamente ha sido editada una compilación de las actas del primer Comité legal de Petrogrado, en 1917. Digamos ante todo que esa compilación contenía el acta de la sesión del 11-14 de noviembre, como lo menciona el sumario compuesto ya. Pero después, por orden del Instituto Histórico del Partido, dicha acta fue suprimida de la obra so pretexto de que, ”evidentemente”, el discurso de Lenin había sido deformado durante la transcripción por el secretario. ¿En qué consiste esta ”evidente” deformación? En que ese discurso de Lenin es una despiadada refutación de las falsas afirmaciones de la actual escuela histórica de Stalin-Yaroslavski respecto de Trotski. Cuantos han conocido el estilo oratorio de Lenin reconocerán sin vacilar la autenticidad de las frases transcritas. En las palabras de Lenin sobre el acuerdo, detrás de su amenaza: ”Nosotros recurriremos a los marinos”, se siente vivir al Lenin de entonces. Lo habéis ocultado al Partido. ¿Por qué? A causa de la opinión de Lenin sobre Trotski. Nada más.
Ocultáis las actas de la Conferencia de marzo de 1917 porque comprometen a Stalin. Ocultáis las actas de la sesión del Comité de Petrogrado únicamente porque impiden el trabajo de falsificación dirigido contra Trotski.
22. Dejadme evocar de paso un episodio relativo al camarada Rikov. La reimpresión, en las Memorias del Instituto de Lenin, de un artículo de Lenin que contiene algunas lineas desagradables sobre Rikov, ha sorprendido a muchos camaradas. He aquí lo que dice un párrafo del artículo de Lenin:
”La Rabotchaia Gazeta, órgano de los mencheviques internacionalistas, trata de molestarnos recordando que en 1911 la policía detuvo al bolchevique-conciliador Rikov con el fin de ‘dejar en libertad’ de movimiento a los bolcheviques de nuestro Partido ‘en vísperas de las elecciones a la cuarta Duma’.” (La Rabotchaia Gazeta lo subraya muy particularmente.)
Así, pues, Lenin coloca al Rikov de 1911 entre los bolcheviques fuera del Partido. ¿Cómo han podido ser publicadas esas líneas? ¿No es cierto que actualmente no se extraen de los escritos de Lenin más que los pasajes más densos contra los oposicionistas? Respecto de los representantes de la mayoría actual, nada más se autoriza la publicación de los elogios (si los hay). ¿Cómo, pues, en estas condiciones han podido aparecer en la Prensa las anteriores frases? Todo el mundo se explica este hecho de la misma manera: los historiadores stalinistas juzgan necesaria una completa objetividad (¡ya, ya!) respecto a Rikov.
A propósito de Yaroslavski
23. Yaroslavski dedica al autor de estas lineas las nueve décimas partes de sus calumnias y de sus falsificaciones. Resulta difícil imaginar mentiras más torpes y confusas y al mismo tiempo más venenosas. No hay que creer, no obstante, que Yaroslavski haya sido siempre así. Ha escrito, incluso, de una manera muy diferente. Con la misma pesadez, con la misma insipidez; pero en un sentido diametralmente opuesto. En la primavera de 1923, Yaroslavski dedicó un artículo a los comienzos de la actividad literaria y política del autor de estas líneas. El artículo en cuestión es un vehemente panegírico, de una lectura insoportable. Uno no puede citarlo sin violentarse, pero hay que resignarse, sin embargo. En su calidad de encargado de las investigaciones, Yaroslavski enfrenta voluptuosamente a los comunistas culpables de haber hecho circular el testamento de Lenin, las cartas de Lenin sobre los problemas internacionales y otros documentos sospechosos, en los cuales Lenin se permitió la audacia de criticar a Stalin. Enfrentemos a Yaroslavski consigo mismo:
”La brillante actividad literaria y periodística del camarada Trotski – escribía Yaroslavski en 1923 – le han conquistado el renombre de ‘rey de los panfletistas’. Así le llama el escritor inglés Bernard Shaw. Los que han seguido durante un cuarto de siglo su actividad se han podido convencer de que ese talento de panfletista y de polemista se ha desarrollado, elevado, extendido durante los años de nuestra Revolución proletaria. Pero ya desde el comienzo de esta actividad claramente podía verse que nos encontrábamos en presencia de un gran talento. Todos sus artículos periodísticos desbordaban inspiración. Todos se distinguían por su sentido pintoresco, por su elocuencia. Y, no obstante, en aquella época estaba obligado a escribir bajo la opresión de la censura zarista, que censuraba el pensamiento y el estilo de cuantos intentaban elevarse por encima de lo vulgar. Pero las fuerzas subterráneas en gestación eran tan grandes, tan fuertes los latidos del corazón del pueblo en pleno despertar, tan violentos de antagonismos que surgían, que no había un solo censor capaz de ahogar el espíritu creador que manaba de personalidades tan brillantes como, por ejemplo, L. D. Trotski.
Probablemente son muchos los que han tenido ocasión de ver una fotografía, bastante difundida, de Trotski en su juventud, durante su primera deportación a Siberia: fogosa cabellera, labios característicos, alta frente. Bajo esta cabellera y bajo esta frente poderosa hervía ya un torrente impetuoso de imágenes, de ideas y de disposiciones de espíritu, que a veces arrestraban al gran camarada Trotski por la orilla del gran camino histórico y le obligaban, a veces, a escoger sendas un tanto apartadas o, por el contrario, a introducirse bravamente por callejones sin salida. Pero en todos esos esfuerzos estábamos seguros de tener ante nosotros a un hombre profundamente adicto a la Revolución, hecho para jugar el papel de tribuno, cuya palabra, incisiva, flexible como el acero, cortaba a los adversarios en pedazos, y cuya pluma dejaba caer a manos llenas (?) obras maestras de un pensamiento exuberante.”
”Los artículos que poseemos comprenden un período de más de dos años, que va del 15 de octubre de 1900 al 12 de septiembre de 1902. Los camaradas de Siberia leían apasionadamente estos brillantes artículos y aguardaban con impaciencia su publicación. Sólo unos cuantos sabían quién era su autor, y los que conocían a Trotski estaban muy lejos de creer que sería uno de los jefes reconocidos del ejército revolucionario y de la Revolución más grande que ha conocido el mundo.”
Y, en fin, para terminar:
”El camarada Trotski proclamó más tarde su protesta contra el pesimismo de la clase intelectual rusa. La ha proclamado, no por medio de palabras, sino por medio de actos, codo con codo con el proletariado revolucionario de la gran Revolución proletaria. Para ello ha necesitado no poca energía. La aldea siberiana no las había matado en él; lo único que hizo fue convencerle más aún de la necesidad de hacer tabla rasa de todo este régimen, bajo el cual eran posibles los hechos que él mismo describía.” (”Sibirskie Ogni”, núm. 1-2, enero-abril de 1926.)
Si Yaroslavski ha dado una voltereta de 180 grados al círculo en el curso de sus apreciaciones ulteriores, debemos reconocer, a pesar de todo, que, en cierto sentido, ha permanecido indefectiblemente fiel a sí mismo: es tan insoportable en los elogios como en las calumnias.
A propósito de Olminski
24. Sabido es que Olminski no ha ocupado el último puesto entre los encargados de ”desenmascarar” el ”trotskismo”. Se indignó muy particularmente contra un libro sobre la Revolución de 1905, publicado primeramente en alemán. Sin embargo, también Olminski ha mantenido dos opiniones a este respecto: una en vida de Lenin; otra en tiempos de Stalin.
En octubre de 1921 alguien planteó la cuestión de la publicación de mi libro 1905 por el Instituto Histórico del Partido. Olminski me escribió sobre esto la siguiente carta:
”Querido Leon Davidovitch:
El Instituto Histórico publicará con gran placer, naturalmente, su libro en ruso. Pero el problema consiste en saber quién debe hacer la traducción. ¡No se le puede confiar a cualquiera la traducción de un libro de Trotski! Toda la belleza y particularidad de estilo se perderían. ¿No podría usted robar una hora diaria a sus otros importantísimos trabajos de Estado para dedicarla a ese trabajo, muy importante también? ¿No puede usted dictárselo a un mecanógrafa?
Otra pregunta: ¿Por qué no prepara usted una edición completa de sus trabajos literarios? Podría usted encargarle este trabajo a alguien que lo hiciese bajo su dirección. ¡Ya es hora de hacerlo! De otro modo, la nueva generación, que conoce insuficientemente la historia del Partido, que desconoce las viejas y nuevas publicaciones de sus jefes, se expone a desviarse siempre del camino.
Le devuelvo el libro con la esperanza de volverlo a recibir con el texto en ruso.
17-10-1921.”
Así se expresaba Olminski a fines de 1921, es decir, después de los desacuerdos sobre la paz de Brest-Litovski y sobre los Sindicatos, desacuerdos a los cuales Olminski y compañía han tratado más tarde de atribuirles una importancia exagerada. A fines de 1921, Olminski estimaba que la edición del libro 1905 constituía ”un importante trabajo de Estado”. Olminski fue el iniciador de la publicación de mis obras, que juzgaba necesarias para la educación de los miembros del Partido. En el otoño de 1921 Olminski no era ya miembro de las Juventudes... Conocía el pasado. Conocía mejor que cualquier otro mis discrepancias con los bolcheviques. El mismo ha tomado parte en las polémicas contra mí durante los pasados años. Y todo esto no le impedía insistir, en el otoño de 1921, respecto a la publicación de mis obras completas en provecho de la joven generación. ¿No seria Olminski ”trotskista” en 1921?
Dos palabras sobre Lunatcharski
25. El camarada Lunatcharski es también uno de los detractores de la oposición. Nos acusa, como los otros, de pesimismo y de escepticismo. Este papel le sienta a maravilla. Imitando a los otros, Lunatcharski trata no solamente de oponer el trotskismo al leninismo, sino también de aportar – de una manera disimulada – todo género de insinuaciones de índole personal.
Como tantos otros, Lunatcharski es capaz de escribir sobre una sola y misma cuestión tan pronto de una forma como de otra. En 1923 publicó un folleto titulado Siluetas revolucionarias. Este folleto contiene un capítulo dedicado a mí. No citaré entero dicho capítulo a causa de la exageración de los elogios que me dedica. Mencionaré solamente dos pasajes en que Lunatcharski habla de mi actitud hacia Lenin:
”Trotski es un carácter mordaz e imperioso. Únicamente en sus relaciones con Lenin, después de su unión con él, ha mostrado siempre, y muestra todavía, una condescendencia delicada y conmovedora, y con una modestia característica de los hombres verdaderamente grandes reconoce la superioridad de Lenin.”
Y algunas páginas más adelante decía:
”Cuando Lenin recibió la herida que nos parecía mortal, nadie mejor que Trotski expresó nuestros sentimientos. En medio de la terrible borrasca de los acontecimientos mundiales, Trotski, este otro jefe de la Revolución rusa, tampoco inclinado al sentimentalismo, declaró: ‘Cuando se piensa que Lenin puede morir, parece que todas nuestras vidas son inútiles, hasta el punto de dejar de sentir ganas de existir.’ ” (Pág. 13.)
¿Qué debe pensarse de esos hombres que pueden escribir tan pronto una cosa como otra, según el trabajo que se les confía?
Brest-Litovski y la discusión sindical. La consagración del ”martinovismo”
26. Los casos que acabo de demostrar, por medio de ejemplos extraídos de 1917, podrían volverse a encontrar en los años posteriores. No quiero decir con esto que no hayan existido desacuerdos entre Lenin y yo. Ha habido discrepancias entre los dos. Los desacuerdos sobre la paz de Brest-Litovski se prolongaron durante varias semanas, y hubo días en que revistieron incluso un carácter violento.
Tratar de presentar las divergencias como una consecuencia de mi ”subestimación de los campesinos” es ridículo y es, en el mejor de los casos, una tentativa de adjudicarme la plataforma de Bujarin, en la cual no tenía yo nada de común. Yo no pensé un solo instante durante los años de 1917-1918, en incitar a las masas campesinas a la guerra revolucionaria. Respecto a la apreciación del estado de espíritu de las masas campesinas y después de la guerra imperialista, estaba de acuerdo con Lenin. Si insistí para que se retardara lo más posible el momento de la capitulación ante los Hohenzollern, no fue con el fin de suscitar la guerra revolucionaria, sino con el objeto de probarles a las masas obreras alemanas, y a las europeas en general, que no existían convenios secretos entre nosotros y los Hohenzollern, y también a fin de estimular a los obreros de Alemania y de Austria para que intensificasen su actividad revolucionaria. La decisión de declarar el estado de guerra sin firmar la paz obedecía al deseo de ver si los Hohenzollern eran capaces aún de continuar la guerra contra la revolución. Esta decisión había sido adoptada por la mayoría de nuestro Comité Central y por la mayoría de nuestra fracción del Comité Central Ejecutivo panruso. Lenin consideraba este acuerdo como el menor de los males; una parte considerable de los dirigentes del Partido preconizaban la ”guerra revolucionaria”, bujarinista, ignorando no sólo la actitud de los campesinos, sino también la de las masas obreras. La firma del tratado de paz liquidó esta divergencia episódica con Lenin y el trabajo continuó en la más completa armonía. Pero Bujarin desarrolló sus divergencias con Lenin sobre Brest-Litovski, valiéndose de una táctica completamente de ”comunismo de izquierda”, con lo que no tenía ya nada de común.
Hay muchas personas inteligentes que se sorprenden siempre por el empleo de la consigna ”¡ni paz ni guerra!”. Les parece que es una contradicción en sí, cuando es evidente que, entre las clases sociales lo mismo que entre los Estados, frecuentemente se mantienen relaciones que no son ”ni de paz ni de guerra”. Baste recordar que pocos meses después de Brest, al apreciarse la situación revolucionaria en Alemania, nosotros denunciamos la paz de Brest-Litovski sin por eso declararle la guerra a Alemania. Durante los primeros años de la Revolución permanecimos cerca de los aliados en una situación de ”ni paz ni guerra”. Las mismas relaciones existen actualmente entre nosotros e Inglaterra. Al comienzo de las negociaciones de Brest, todo el problema consistía en saber si la situación revolucionaria de Alemania estaba bastante madura a comienzos de 1918 para que, sin proseguir la guerra (carecíamos de armas), no nos viéramos obligados a firmar la paz.
La experiencia ha demostrado que Lenin tenía razón, pues no existía esta situación.
A partir de 1923, los falsificadores de la verdad han deformado completamente el significado de las divergencias de Forest. Las monstruosas exageraciones que se imaginaron en torno a esta discrepancia se hallan expuestas documentalmente en el volumen XVII de mis Obras completas. En mis relaciones personales con Lenin, esos desacuerdos no dejaron el menor rastro de amargura. Pocos días después de la firma de la paz fui encargado, a proposición de Lenin, de la dirección del trabajo militar.
27. La lucha en torno a la cuestión sindical fue más viva y más larga. Martinov, el nuevo teórico de Stalin, ese náufrago que arrastraron a nuestra playa las olas de la Nep, ha presentado las discrepancias sobre la cuestión sindical como desacuerdos en relación con la Nep. En 1923 Martinov escribía lo siguiente:
”En 1905, L. Trotski razonaba con más lógica y un mayor espíritu de continuidad que los bolcheviques y los mencheviques. Pero el defecto de los razonamientos de Trotski consistía precisamente en que era ‘demasiado consecuente’. El cuadro por él esbozado daba por anticipado una encantadora y muy precisa idea de la dictadura bolchevique de los tres primeros años de la Revolución de Octubre, que, como es sabido, ha acabado en un callejón sin salida, después de haber separado a los obreros de los campesinos, sin otro resultado que el de obligar al Partido bolchevique, a retroceder profundamente.” (Krasnaia Nov, núm. 2, 1923, página 262).
El ”trotskismo” ha predominado hasta la implantación de la Nep. El bolchevismo no ha comenzado hasta que se implantó la Nep. Hay que señalar que Martinov ha expuesto el mismo razonamiento con respecto de la revolución de 1905. Según él, en octubre, noviembre y diciembre de 1905, es decir, en el punto culminante de la revolución, predominaba el ”trotskismo”. La política verdaderamente marxista no comenzó hasta después del aplastamiento de la insurrección de Moscú, o sea hasta las elecciones a la primera Duma imperial. Martinov opone hoy el bolchevismo al ”trotskismo”, en virtud del mismo criterio que le hacía oponer, hace veinte años, el menchevismo al ”trotskismo”. ¡Y decir que sus artículos pasan por marxistas y son fruto espiritual de los jóvenes ”teóricos del Partido”!
28. En su ”Testamento”, Lenin no alude a la discusión sindical para presentarla como un desacuerdo provocado por mi famosa subestimación de los campesinos. Lenin hace mención a un desacuerdo suscitado por el Comisariado del Pueblo de los Transportes, atribuyéndome, no la falta de la ”subestimación a los campesinos”, sino mi excesiva inclinación hacia el lado ”puramente administrativo” del problema. Creo que esas palabras encierran el punto esencial de la discrepancia de entonces.
El comunismo de guerra hacía terminado. La agricultura, así como las otras ramas de la economía, encontrábase en un callejón sin salida. La industria estaba desorganizada. Los Sindicatos se convertían en organizaciones de agitación y de movilización, perdiendo su independencia. La crisis de los Sindicatos no fue una ”crisis de crecimiento”, sino más bien una crisis de todo el sistema del comunismo de guerra. Fuera de la Nep, no veíamos una salida posible. Mi protesta de introducir el aparato sindical en el sistema de la administración económica (excesiva inclinación hacia el lado ”puramente administrativo” del problema) no presentaba la solución necesaria. Pero la resolución de los ”Diez” sobre los Sindicatos no presentaba tampoco una solución, pues en tales condiciones (con la agricultura en un callejón sin salida) las organizaciones sindicales, representantes de los intereses materiales y culturales de la clase obrera, al mismo tiempo que escuela del comunismo, perdían terreno.
Bajo los efectos de la insurrección de Cronstadt se cristalizaba una nueva orientación económica del Partido, abriéndoles así a los Sindicatos una perspectiva completamente nueva. Pero es de señalar que el Partido, en su X Congreso, aprobó únicamente las primeras bases de la Nep. Sin embargo, la resolución sobre los Sindicatos no fue armonizada con esas bases, por lo que conservaba así sus contradicciones internas. Esto se hizo evidente unos cuantos meses más tarde. La resolución sobre los Sindicatos, votada por el X Congreso, tuvo que ser modificada profundamente incluso antes del XI Congreso. La nueva resolución, redactada por Lenin y adaptando el trabajo sindical a las condiciones de la Nep, fue adoptada por unanimidad.
Considerar la discusión sindical separadamente del problema de toda nuestra política económica significa aun hoy, después de siete años, que no se ha comprendido el sentido de la discusión. La acusación de ”subestimación de los campesinos” nace de esta discusión. Los falsificadores tratan ahora de presentar las cosas como si yo hubiera sido enemigo de la Nep. Sin embargo, los hechos y una serie de documentos terminantes prueban que ya con ocasión del X Congreso hablé más de una vez de la necesidad de la transición al impuesto en especie y, hasta cierto punto, de la forma comercial de la distribución (libertad de comercio). Sólo el ver rechazadas estas proposiciones me obligó – en vista de la ruina progresiva de la industria – a buscar otra salida a la inversa, es decir, la salida ”puramente administrativa” por la salida integración de los Sindicatos – sólo como aparato – en la administración económica del comunismo de guerra. No sólo no me opuse a la transición de la Nep, sino que, por el contrario, ésta me salía al encuentro en mis propias experiencias en la economía y en la administración. He aquí la verdad sobre la discusión sindical.
Desgraciadamente, el volumen de mis Obras consagradas a este período no ha sido publicado por las Ediciones del Estado.
29. De creer a los historiadores y a los teóricos actuales del Partido, podría suponerse que los seis primeros años de la Revolución estuvieron dedicados por entero a los desacuerdos que se produjeron sobre las cuestiones de Brest-Litovski y de los Sindicatos. Lo demás no ha existido: ni la preparación de la Revolución de Octubre, ni la propia Revolución, ni la edificación del Estado, ni la organización del Ejército Rojo, ni la guerra civil, ni los cuatro Congresos de la Internacional Comunista, ni el trabajo literario en general para la propaganda del comunismo, ni el trabajo para la dirección de los partidos comunistas extranjeros y de nuestro propio Partido. De todo este trabajo, en cuyas partes esenciales me vi unido a Lenin por una solidaridad absoluta, no quedan, según los historiadores actuales, más que dos fases: Brest-Litovski y los Sindicatos.
30. Stalin y sus auxiliares se han esforzado mucho par representar la discusión sindical como una lucha ”encarnizada” llevada a cabo por mí contra Lenin.
He aquí lo que yo decía en el fuego de esta discusión a la fracción del Congreso de los mineros del 26 de enero de 1921:
”El camarada Chliapnikov – cuyo pensamiento expresaré, quizá, un poco someramente – ha declarado aquí: ‘No creáis en ese desacuerdo entre Trotski y Lenin; saben ponerse de acuerdo a pesar de todo, y finalmente la lucha será dirigida solamente contra nosotros.’ No creáis, ha dicho. Yo no se qué es lo que hay que creer o no creer. Ni que decir tiene que nos pondremos de acuerdo. Se puede discutir cuando se examinan ciertas cuestiones importanísimas; pero esta discusión orienta nuestras ideas hacia la unión.” (Extracto del discurso de clausura de Trotski en el II Congreso panruso de los mineros, 26 de enero de 1921.)
He aquí otro extracto de mi discurso citado por Lenin en su folleto:
”En lo más vivo de mi polémica con el camarada Tomski, he dicho siempre que era evidente para mi que sólo los hombres de la experiencia y de la autoridad suyas pueden ser nuestros dirigentes en los Sindicatos. Esto lo dije ante la fracción de la Conferencia de los Sindicatos y lo repetí estos últimos días en el Teatro Zimiu. La lucha ideológica en el Partido no tiene por objeto el ver los puntos en que se discrepa, sino en ejercer una acción sobre los unos y los otros.” (Página 34 de la reseña de la discusión del 30 de diciembre.) Lenin, XVIII volumen, primera parte, pág. 71.)
Y he aquí lo que dijo Lenin sobre esta cuestión en el discurso de clausura que pronunció en el décimo Congreso del Partido, en el que hacía el balance de la discusión sindical:
”La oposición obrera decía: Lenin y Trotski se pondrán de acuerdo. Trotski tomaba la palabra y decía: ‘El que no comprenda que es necesario unirse se coloca frente al Partido; es evidente que nos uniremos, porque somos hombres de Partido.’ Es cierto que hemos discrepado del camarada Trotski. Pero cuando en el Comité Central se forma un grupo más o menos uniforme, el Partido decide, y decide de tal modo que nos unimos de acuerdo con la voluntad y las directivas del Partido. Esta es la declaración con que hemos ido al Congreso de los mineros y hemos venido aquí el camarada Trotski y nosotros (se refería al Congreso del Partido).” (Volumen XVIII, primera parte, pág. 132.)
¿Se parece esto en algo a las venenosas falsificaciones que nos sirven ahora sobre la historia de la discusión sindical, en los manuales políticos, toda clase de ignorantuelos?
Pero lo más cómico es ver la manera imprudente cómo explota el camarada Bujarin la discusión sindical para combatir el ”trotskismo”. He aquí cómo juzgaba Lenin su actitud en esta discusión:
Hasta ahora ha sido Trotski el que más se ha distinguido en la lucha. Pero ahora Bujarin lo ha ”sobrepasado” ampliamente y le ha ”eclipsado” completamente. Ha creado en la lucha una solución completamente nueva, cayendo en un error cien veces mayor que todos los errores de Trotski juntos.
”¿Cómo es posible que Bujarin haya llegado a romper de tal manera con el comunismo? De todos es conocida la sensibilidad del camarada Bujarin, que constituye una de las cualidades que hace que se le quiera y por la cual no se le puede dejar de querer. Todos sabemos que se le ha dicho muchas veces en broma que es ‘blando como la cera’. Ahora bien; nos encontramos con que sobre esa ‘cera blanda’ el primer demagogo que surja puede imprimir cuanto se le antoje. Esta expresión brutal que figura entre comillas la ha empleado el camarada Kamenev, porque tenía derecho a emplearla, en la discusión del 17 de enero. Pero es evidente que ni al camarada Kamenev, ni al cualquier otro se le ocurrirá la idea de explicar lo que ha sucedido empleando una demagogia sin principio y achacándole a él todo.” (Volumen XVIII, primera parte, pág. 35.)
31. ¿Acaso ha sido la cuestión sindical la única que ha surgido en la vida del Partido y de la República Soviética durante los años de trabajo común con Lenin? En este mismo año de 1921, algunos meses antes del X Congreso se celebró el III Congreso de la Internacional Comunista, que jugó un papel enorme en la historia del movimiento internacional. En este Congreso hubo una lucha muy seria sobre todas las cuestiones esenciales de la política comunista. Esta lucha no dejó de repetirse igualmente en nuestro Politburó. A este respecto he referido yo brevemente ciertas cosas en una sesión del Politburó que se celebró casi inmediatamente después del XIV Congreso:
”El peligro de entonces consistía en que la política de la Internacional Comunista siguiese la orientación de los acontecimientos de marzo en Alemania; es decir, que tratara de crear ficticiamente una atmósfera revolucionaria y una ‘electrización’ del proletariado, según la expresión de un camarada alemán. En el Congreso predominaba este estado de espíritu, y Vladimir Ilitch había llegado a la conclusión de que, obrando así, la Internacional Comunista caminaba hacia su bancarrota. Antes del Congreso le escribí una carta al camarada Radek – carta cuya existencia ignoraba el camarada Vladimir Ilitch – para informarle de la impresión que yo tenía de los acontecimientos de marzo. En vista de lo delicado de la situación, no conociendo la opinión de Vladimir Ilitch y sabiendo que Zinoviev, Bujarin y Radek apoyaban en general a la izquierda alemana, yo no quise, naturalmente, pronunciarme abiertamente, y le escribí una carta (en forma de tesis) al camarada Radek para que me diera su opinión. Radek y yo no pudimos ponernos de acuerdo. Al saberlo, Vladimir Ilitch me llamó y me expuso la situación de la Internacional Comunista como amenaza de inmensos peligros. Estuvimos plenamente de acuerdo en el análisis de la situación y en las tareas procedentes.
Después de esta entrevista, Vladimir Ilitch llamó al camarada Kamenev con el fin de que en el Politburó hubiera una mayoría segura. El Politburó se componía entonces de cinco personas. Contando a Kamenev éramos tres; teníamos, por lo tanto, la mayoría. En nuestra delegación estaban, de un lado, los camaradas Zinoviev, Bujarin y Radek; del otro, Vladimir Ilitch, el camarada Kamenev y yo. Cada grupo celebraba verdaderas sesiones. Por aquel entonces Lenin declaró: ”Estamos creando una nueva fracción.” En las conversaciones mantenidas respecto del texto de la resolución, yo representaba el punto de vista de Vladimir Ilitch y Radek la fracción del camarada Zinoviev.
Zinoviev. – ¡La situación ha cambiado ahora!
Efectivamente; la situación ha cambiado. En aquel momento el camarada Zinoviev acusó con cierta vivacidad al camarada Radek de haber ‘traicionado’ a su fracción en sus conversaciones; es decir, de haber hecho demasiadas concesiones. La lucha fue viva en todos los Partidos de la Internacional Comunista. Vladimir Ilitch deliberaba conmigo sobre lo que debíamos hacer en el caso de que el Congreso se pronunciara contra nosotros: ¿Debíamos inclinarnos ante el Congreso, cuyas decisiones podían ser desastrosas, o debíamos resistir? Los puntos de vista de aquellas entrevistas pueden encontrarse en mis discursos tomados taquigráfica. mente. Yo declaré entonces – de acuerdo con Lenin – que ‘si el Congreso emite una decisión contra nosotros, espero que nos dejaréis cierta libertad con el fin de que podamos defender nuestros puntos de vista después’. El sentido de esta petición no podía ser más claro. Debo decir, sin embargo, que nuestras relaciones en el seno de nuestra delegación estuvieron impregnadas, gracias a la dirección de Vladimir Ilitch, de una gran camaradería.” (Acta taquigráfica de la sesión del Politburó del Partido Comunista de la Unión Soviética del 18 de marzo de 1926, págs. 12-13.)
Yo defendí, de acuerdo con Lenin, nuestra posición común ante el Comité Ejecutivo, cuyas sesiones precedieron a las del III Congreso. Fui objeto de un violento ataque por parte de los ”izquierdistas”. Vladimir Ilitch intervino en sólo una de las sesiones del Comité Ejecutivo, y he aquí lo que declaró:
”...Vengo para protestar contra el discurso del camarada Bela-Kun, que ha intervenido contra el camarada Trotski en lugar de defenderle, como hubiera debido hacerlo un buen marxista...
...El camarada Laporte se equivoca en absoluto y el camarada Trotski ha tenido razón al protestar. El camarada Trotski ha tenido mil veces razón al proceder así. Ahora bien; he aquí que el camarada luxemburgués se queja de que el Partido francés no haya saboteado la ocupación de Luxemburgo. Piensa, igual que el camarada Bela-Kun, que se trata de una cuestión de geografía. No. Se trata de una cuestión política, y el camarada Trotski ha tenido completamente razón al protestar...
... Por eso he creído que era mi deber apoyar cuanto ha dicho el camarada Trotski...”
Todos los discursos de Lenin referentes al III Congreso reflejan esta forma clara de subrayar su completa solidaridad con Trotski.
A propósito de la educación de la Juventud del Partido
32. En 1922, por iniciativa del camarada Ter-Baganián se fundó a revista Bajo la Bandera del Marxismo. En el primer fascículo publiqué un artículo sobre la diferencia que existe en las condiciones de educación de las dos generaciones del Partido, la vieja y la nueva, y sobre la necesidad de realizar un trabajo teórico especial respecto de la nueva generación, con el fin de asegurarle una continuidad teórica y política al Partido. En el fascículo siguiente de la nueva revista, Lenin escribía:
”Sobre las principales tareas de la revista Bajo la Bandera del Marxismo, el camarada Trotski ha dicha de una numera inmejorable, en el número 1-2, cuanto de esencial podía decirse. Yo nada más quiero detenerme sobre algunas cuestiones que definen de más cerca del contenido y el programa de trabajo que la redacción de la revista ha expuesto en la declaración publicada en el número 1-2.” (Lenin, volumen XX, segunda parte, pág. 492.)
¡Que me vengan afirmando, después de esto, que la solidaridad en estas cuestiones esenciales ha sido puramente accidental! Lo único que hubo en ella de casual fue el hecho de que se manifestara tan claramente en la Prensa. En la inmensa mayoría de los casos nuestra solidaridad se manifestaba únicamente en hechos.
Mi actitud respecto de los campesinos
33. Cuando Bujarin, después de haber ignorado pura y simplemente la existencia de los campesinos, lanza la consigna ”¡enriqueceos!”, cree, por este simple hecho, corregidos de una vez para siempre sus antiguos errores. No contento con esto, trata de relacionar las discrepancias que se produjeron en el momento de Brest-Litovski con las otras discrepancias parciales que tuve yo con Vladimir Ilitch en una sola y misma cuestión: la actitud hacia los campesinos. Las estupideces y las villanías de que se sirvieron los elementos de la ”capilla bujarinista” son innumerables. Para refutarlas sería menester todo un volumen. Por lo tanto, sólo me detendré en lo esencial.
A) No quiero examinar los desacuerdos que, efectivamente, existieron antes de la Revolución. Me limitaré a decir que éstos han sido monstruosamente exagerados, deformados, falsificados por los agentes stalinistas y la capilla de Bujarin.
B) En 1917 yo no tuve la menor discrepancia con Lenin sobre la cuestión campesina.
C) Vladimir Ilitch ”adoptó” el programa agrario de los socialistas revolucionarios de total acuerdo conmigo.
D) Yo fui el primero que conocí, escrito a lápiz, el decreto de Lenin sobre la tierra. No hubo, a este respecto el menor desacuerdo. La identificación de nuestros puntos de vista era completa.
E) Como puede muy bien suponerse, la cuestión campesina no ocupó el último lugar en la política alimenticia. Sólo vulgares lacayos como Martinov pueden declarar que esta política era una política ”trotskista” (véase el artículo de Martinov en la Krasnaia Nov, 1923). No; era una política bolchevique. Yo tomé parte en su aplicación, en colaboración con Lenin. Y no existió la menor sombra de desacuerdo.
F) La política sobre el campesino medio fue adoptada con mi activa participación. Los miembros del Politburó saben muy bien que después de la muerte de Sverdlov, la primera intención de Lenin fue designar al camarada Kamenev presidente del Comité Central Ejecutivo. Fui yo quien le propuse que se eligiera una figura ”obrera y campesina”. Fui yo mismo quien propuse la candidatura del camarada Kalinin y el primero que le dio el nombre de ”Starosta panruso”. Todos estos son detalles sobre los cuales no deberíamos ni ocuparnos. Pero es que hoy estos detalles, estos indicios, son otras tantas pruebas aplastantes contra los falsificadores de los acontecimientos de ayer.
G) Las nueve décimas partes de nuestra política y de nuestra organización militares estaban relacionadas con el problema de la actitud del obrero respecto del campesino. Yo apliqué esta política en colaboración íntima con Vladimir Ilitch y contra el sistema pequeño burgués de los funcionarios.
He aquí, por ejemplo, una serie de telegramas que mandé desde Simbirsk y desde Russaiersk (marzo de 1919), referentes a la necesidad de tomar enérgicas medidas para mejorar nuestras relaciones con los campesinos medios. Pedía que fuera enviada una Comisión oficial al Volga con el fin de controlar a las autoridades locales y averiguar las causa del descontento de los campesinos.
En el tercero de estos telegramas – directo, Moscú, Kremlin, Stalin (personal) – decía:
”Tarea de la Comisión: mantener entre los campesinos del Volga la fe en el Poder soviético central; poner remedio sobre el terreno a las injusticias más manifiestas y castigar a los representantes culpables del Poder soviético; recoger las quejas y los documentos que puedan servir de base para la elaboración de los decretos en favor de los campesinos medios. Uno de los miembros puede ser Smilga; otro debe ser Kamenev u otro camarada competente.” (22 de marzo de 1919, número 813.)
Este telegrama – entre muchos otros – sobre los necesarios decretos en favor de los campesinos medios, fue enviado por mí a Stalin, no por Stalin a mí, y esto, no en la época del XIV Congreso, sino a comienzos de 1919, cuando nadie conocía la opinión de Stalin sobre el campesino medio.
Así, pues, cada hoja de nuestros archivos – sin excepción alguna – sirve para desenmascarar hoy las estupideces in ventadas con mala fe sobre la subestimación de los campesinos en general y de los campesinos medios.
H) A comienzos de 1920, basándome en el análisis de la situación de la economía rural, le propuse al Politburó una serie de medidas parecidas a la Nep. En ningún caso podía esta proposición ser inspirada en ”falta atención” hacia los campesinos.
I) La discusión sindical fue, como se ha dicho, un intento para salir del callejón económico. La transición a la Nep se operó con una unanimidad completa.
34. Todo esto puede demostrarse por medio de documentos irrefutables. Día llegará en que podrá hacerse. Por el momento, yo me limitaré a dar los extractos.
Respondiendo a las cuestiones referentes a nuestra actitud respecto de los ”kulaks”, los campesinos medios y los campesinos pobres y a los pretendidos desacuerdos entre Lenin y Trotski sobre los campesinos, yo escribí lo siguiente en 1919:
”En el Gobierno soviético no ha habido nunca ni puede haber desacuerdos sobre esta cuestión. Pero los contrarrevolucionarios, cuyos negocios van de mal en peor, no tienen recurso que engañar a las masas inventando una pretendida lucha intestina que destroza al Consejo de los Comisarios del Pueblo.” (lzvestia, 7 de febrero de 1919.)
Sobre eso, y en respuesta a una pregunta del campesino Gulov Lenin escribió lo siguiente:
”Las Izvestias del 2 de febrero han publicado una carta del campesino G. Gulov que plantea la cuestión de la actitud de nuestro Gobierno obrero y campesino respecto de los campesinos medios, y que se hace eco de los rumores que han circulado sobre un desacuerdo existente entre Lenin y Trotski, lo mismo que sobre los serios desacuerdos existentes entre los mismos respecto, precisamente, del campesino medio.
El camarada Trotski ha respondido ya a esta cuestión en su Carta a los campesinos medios, publicada en las Izvestias del 7 de febrero. El camarada Trotski declara en esta carta que los rumores de desacuerdos entre él y yo son una mentira de las más monstruosas y de las más desvergonzadas difundidas por los grandes propietarios y por los capitalistas y sus agentes conscientes e inconscientes. Confirmo enteramente, por mi parte, la declaración del camarada Trotski. Entre él y nosotros no existe el menor desacuerdo. En cuanto a los campesinos medios, no solamente no existen desacuerdos con el camarada Trotski, sino que en general no existen en el Partido Comunista, al cual pertenecemos los dos.
En su carta, el camarada Trotski ha explicado de una manera clara y detallada por qué el Partido Comunista y el Gobierno obrero y campesino actual, elegido por los Soviets, no consideran a los campesinos medios como enemigos. Firmo con ambas manos lo dicho por el camarada Trotski.” (Volumen XVI, págs. 28.29; Pravda del 15 de febrero de 1919.)
Así, pues, incluso en esto nos encontramos frente a la misma situación: una calumnia lanzada en primer lugar por las guardias blancas y recogida, ampliada y propalada por la escuela stalino-bujarinista.
35. Respecto de mil labor militar, cuyo comienzo se remonta a la primavera de 1918, se intenta igualmente, bajo la dirección de Stalin, rehacer toda la historia de la guerra civil, con el solo objeto de combatir el ”trotskismo”, o, más exactamente, a Trotski.
Hablar de la creación del Ejército Rojo y de mi intervención en este trabajo sería tanto como escribir la historia, de la guerra civil. Por el momento son los Gussiev quienes la escriben. Otros la escribirán más tarde. Me veo obligado limitarme a dos o tres ejemplos, en apoyo de los cuales puedo aportar documentos.
Cuando nuestros ejércitos tomaron Kazán recibí de Lenin, convaleciente, un telegrama de felicitación:
”Saludo con entusiasmo la brillante victoria del Ejército Rojo. Esta debe ser el presagio de la unión de los obreros y de los campesinos revolucionarios, que derribará a la burguesía, destruirá la resistencia de los explotadores y asegurará la victoria del socialismo internacional. ¡Viva la Revolución obrera!
10 de septiembre de 1918.”
El tono elevado – elevado para todo aquel que conociera a Lenin – del telegrama (”saludo con entusiasmo”) es una prueba de la gran importancia que le atribuía – ¡y con razón! – a la toma de Kazán. En el fondo, en aquella ocasión se demostró por vez primera la solidez de la unión de los obreros y de los campesinos revolucionarios, así como la capacidad del Partido al crear un ejército revolucionario y combativo en medio del caos económico y de la desolación heredada como consecuencia de la guerra imperialista. El Ejército Rojo se sometió a prueba, y Lenin conocía el valor de esta experiencia.
36. La política militar fue criticada en el VIII Congreso del Partido por un grupo de delegados militares. Stalin y Vorochilov han hecho circular la infamia de que no me atreví a mostrarme ante el VIII Congreso por temor a las críticas. ¡Cuán lejos está esto de la realidad! He aquí la resolución que adoptó el Comité Central sobre mi viaje al frente, en vísperas del VIII Congreso:
EXTRACTO DE ACTA DE LA SESION DEL COMITE CENTRAL DEL P. C. R. (BOLCH.) DEL 16 DE MARZO DE 1919
Presentes: Lenin Zinoviev Krestinski, Vladimirski, Stalin, Schmidt, Smilga, Dzerjinski, Lachevitch, Bujarin, Sokolnikov, Trotski, Stassova.
12. Algunos camaradas delegados, procedentes del frente, al conocer la decisión del Comité Central concerniente al inmediato regreso de los militares al frente, consideran errónea esta decisión, en vista de que las organizaciones del frente podrían interpretarla como una negativa del Comité Central a oír las opiniones del ejército. Algunos incluso consideran la marcha del camarada Trotski para el frente y la negativa a admitir a los delegados del ejército como una artimaña que hace absolutamente inútil la discusión sobre la política militar. El camarada Trotski protesta contra la interpretación que se da a la decisión del Comité Central considerándola una artimaña e invoca la situación extraordinariamente difícil creada por la retirada de Ufa hacia el oeste, insistiendo para que se le deje partir.
1. El camarada Trotski debe partir inmediatamente para el frente.
2. El camarada Sokolnikov debe declarar a la asamblea de los delegados del frente que la decisión sobre su marcha ha sido modificada en el sentido de que sólo deben partir los que crean necesaria su presencia en el frente.
3. El problema de la política militar será discutido en el Congreso como primer punto del orden del día.
4. El camarada Vladimir Mikhailovitch Smirnov queda autorizado, a petición suya, para permanecer en Moscú.
He aquí un buen ejemplo del régimen del Partido en aquella época: se permitía a cuantos atacaban la política militar del Comité Central, y en primer lugar al jefe de la oposición militar, a V. M. Smirnov, que permanecieran en Moscú con el fin de asistir al Congreso. Los partidarios de la política oficial fueron por el contrario, enviados al frente antes de la apertura del Congreso. Actualmente se hace todo lo contrario.
Las actas de la Sección militar del VIII Congreso, en que intervino Lenin para defender resueltamente la política militar que yo había aplicado por orden del Comité Central, no han sido publicadas hasta ahora. ¿Por qué? Precisamente porque ponen en la picota todas las mentiras de Stalin y de Gussiev sobre la guerra civil.
37. Stalin ha tratado de poner en circulación una versión exagerada de la divergencia militar surgida en el Politburó a comienzos de 1919 en relación con el frente oriental. Esta divergencia consistía en lo siguiente: ”¿Hay que proseguir el avance en Siberia o fortificarnos en los Urales y lanzar todas las fuerzas disponibles hacia el Sur con el fin de liquidar el peligro que amenaza a Moscú?”. Hubo un momento en que yo me incliné hacia la segunda solución. La primera, que fue la adoptada y que dio excelentes resultados, había sido sostenida por muchos de mis colaboradores militares, como Smilga, Lachevitch, I. N. Smirnov, K. I. Grunstein, etc. Esta divergencia no era de principio, sino puramente acerca de las medidas prácticas a adoptar. La realidad nos demostró que los ejércitos de Koltchak estaban completamente desmoralizados. El avance hacia Siberia fue coronado por un éxito absoluto.
38. El trabajo militar era un trabajo duro. Era imposible dejar de recurrir a las medidas de coerción y de represión. Hubo que herir no pocas susceptibilidades, generalmente porque no había medio de obrar de esta manera, y no pocas veces a causa de acuerdos erróneos. Al surgir el desacuerdo sobre la cuestión del frente oriental y decidir el Comité Central el cambio del comandante en jefe, yo le propuse al Comité Central que me relevara de mi función de comisario del Pueblo de Guerra. Aquel mismo día (5 de julio de 1919), el Comité Central tomó una decisión que en su parte principal decía lo siguiente:
”El Politburó y la Comisión de Organización del Comité Central, después de haber tomado nota de la declaración del camarada Trotski y de discutirla, acuerdan no haber lugar a la aceptación de la dimisión del camarada Trotski.
El Politburó y la Comisión de Organización intentarán cuanto esté en su poder para hacer lo más llevadero y lo más fecundo posible para la República el trabajo del camarada Trotski en el frente Sur, que él mismo ha elegido y que es el más peligroso, el más difícil y el de mayor importancia. En sus decretos como comisario de Guerra y como presidente del Consejo militar revolucionario, el camarada Trotski podrá obrar con entera libertad, así como en su concepto de miembro del Consejo militar revolucionario del frente Sur y con la ayuda del comandante de dicho frente (Iégorof), que él mismo ha elegido y que ha sido ratificado por el Comité Central.
El Politburó y la Comisión de Organización dejan al camarada Trotski en plena libertad para corregir por todos los medios a su alcance la política militar, y, si él lo desea, anticiparán la convocatoria del Congreso del Partido.”
Esta resolución lleva las firmas de Lenin, Kamenev, Krestinski, Kalinin, Serebriakov, Stalin y Stassova. Mediante esta decisión, que habla por sí sola, el litigio quedó liquidado.
Por otra parte, en la sesión común del Politburó y del Presidium del Comité Ejecutivo del 8 de septiembre de 1927, Stalin declaró, según el acta taquigráfica, que el Comité Central me ”prohibió” que asumiera el cargo de comandante del frente Sur. La resolución que he reproducido anteriormente le da una respuesta categórica.
39. Pero ¿fue la discrepancia sobre el frente oriental la única de este género? En manera alguna. Hubo también desacuerdos sobre el plan estratégico de lucha contra Denikín. Existieron, asimismo, divergencias sobre Petrogrado: ¿le dejábamos la ciudad a Yudnitch o la defendíamos? También hubo divergencias sobre la ofensiva contra Varsovia y sobre la posibilidad de una segunda campaña después de nuestra retirada sobre Minks. Los desacuerdos de este género nacían de la experiencia de la lucha y se liquidaban con el desarrollo de la lucha.
Los documentos típicos sobre la cuestión del frente Sur han sido publicados en mi libro Cómo se armó la Revolución (vol. II, pág. 301).
Durante el avance de Yudenitch sobre Petrogrado, Lenin creyó durante un momento que iba a ser imposible defender la ciudad y que había que replegar la línea defensiva hacia Moscú. Yo me pronuncié contra este punto de vista. Zinoviev y, según creo, Stalin también me apoyaron. El 17 de octubre de 1919, Lenin me envió el siguiente telegrama a Petrogrado:
”Camarada Trotski: Hemos pasado la noche ultima reunidos en el Consejo de Defensa y le hemos enviado nuestra decisión cifrada...
Como puede usted ver, su plan ha sido adoptado. Pero la eventualidad de una retirada de los obreros de Petrogrado hacia el sur, no ha sido, naturalmente, descartada (me dicen que usted les ha explicado este extremo a Krassin y a Rikov). Hablar de ello sin una absoluta necesidad equivaldría a distraer la atención de la lucha.
La tentativa de rendir y aislar Petrogrado originará, naturalmente, las necesarias modificaciones, que debe usted decidir sobre el terreno.
En cada Sección del Ejecutivo regional encárguele a una persona de confianza que recoja los documentos soviéticos en caso de evacuación.
Le adjunto el manifiesto que el Consejo de Defensa me ha encargado de redactar. Lo he hecho muy de prisa y está bastante mal; ponga mi firma encima de la suya.
Esta clase de episodios no eran raros. Tenían una gran importancia en un momento dado, pero no una importancia fundamental. No se trataba de una lucha de principios, sino de la elaboración del mejor plan para rechazar al enemigo en un momento dado y en el lugar preciso.
Los Stalin y los Gussiev tratan de rehacer la historia de guerra civil. ¡No lo conseguirán!
40. El lado más odioso de esta campaña contra mí es la acusación de que he ”hecho fusilar a los comunistas”. Esta acusación fue difundida antaño por nuestros enemigos, es decir, por los agentes políticos de los ejércitos blancos, que trataban de difundir entre los soldados rojos manifiestos acusando al Estado Mayor royo – y particularmente a Trotski – de ferocidad.
Hoy son los agentes de Stalin los que llevan a cabo este menester.
Admitamos un solo instante que todo esto sea exacto. ¿Por qué Stalin, Yaroslavski, Gussiev y otros agentes de Stalin se han callado durante la guerra civil? ¿Qué significan estas tardías ”revelaciones” de los agentes de Stalin? Pues significan ”que el Partido os ha engañado, obreros, campesinos, soldados rojos, cuando se dijo que Trotski, a la cabeza del ejército, ejecutaba la voluntad del Partido y aplicaba su política. En sus innumerables artículos sobre el trabajo de Trotski, en sus decisiones de Congresos y en las decisiones de los Congresos de los Soviets, el Partido os ha engañado al aprobar el trabajo militar de Trotski y al ocultaros hechos como la ejecución de comunistas. Y Lenin, que sostuvo abiertamente la política militar de Trotski, se hizo cómplice de esta mixtificación”. He aquí el sentido de las tardías ”revelaciones” de Stalin. Dichas ”revelaciones” no comprometen a Trotski, sino al Partido, a su dirección. Matan la confianza de las masas en los bolcheviques en general, pues si en el pasado, cuando Lenin se encontraba a la cabeza del Partido – Lenin y el núcleo principal de sus colaboradores –, podían simularse desde arriba faltas tan monstruosas, e incluso crímenes, ¿qué no puede esperarse hoy, que los miembros del Comité Central tienen muchísima menos autoridad? Si, por ejemplo, en 1923, cuando ya había terminado la guerra civil hacía mucho tiempo, Yaroslavski, entonaba frenéticos elogios a Trotski, exaltaba su fidelidad y su abnegación al movimiento revolucionario y a la causa de la clase obrera, ¿qué debe opinar hoy el nuevo miembro del Partido? Este se preguntará: ”¿Cuándo me ha engañado Yaroslavski: cuando elevaba a Trotski hasta las nubes o ahora que trata de cubrirlo de lodo?”
Esta es la labor que actualmente llevan a cabo Stalin y sus agentes, los cuales se esfuerzan en fabricar una nueva historia marca Stalin. Así es también la famosa ”revelación” staliniana sobre Miguel Romanov. En el fondo, ¿qué es lo que Stalin ha dicho al Partido y a la Internacional Comunista? Pues lo siguiente: ”El Comité Central os ha engañado, durante diez años, sobre Kamenev. La Pravda ha publicado, en nombre de la Redacción, un mentís falso. Lenin ha engañado al Partido. Yo mismo, Stalin, he participado en ese engaño. Pero puesto que Kamenev tiene ahora ciertas divergencias políticas conmigo, quiero descubrir toda la verdad.” La masa del Partido carece de la posibilidad de comprobar la mayor parte de las ”revelaciones” stalinianas; pero hay una cosa evidente y que se filtra poco a poco en el sentimiento del Partido: la disminución de la confianza en la dirección, es decir, de la dirección de ayer, de hoy y de mañana. El Partido tiene que reconquistar esta confianza contra Stalin y el stalinismo.
41. Sabido es que el camarada Gussiev ha dado pruebas de una habilidad muy particular en el trabajo de refundición literaria de mi pasado militar. El camarada Gussiev ha escrito incluso un folleto: Nuestros desacuerdos militares. Y por vez primera – que yo sepa – ha sido propagada en este folleto la infame leyenda sobre la ejecución de comunistas (no de desertores o de traidores, sino de comunistas).
La desgracia de Gussiev como de muchos otros, consiste en haber escrito dos veces sobre los mismos acontecimientos y las mismas cuestiones: una vez en vida de Lenin y otra después.
He aquí lo que escribió Gussiev la vez primera:
”La llegada del camarada Trotski (a Kazán) cambió profundamente la situación. En el tren del camarada Trotski, detenido en la estación de Sviaisk, había una firme voluntad de vencer, e iniciativa y atención decisiva en todos los dominios de la actuación militar. Desde el primer día, en aquella estación, atestada de vagones cargados de tropas, en donde se encontraba el cuartel general del departamento político y el Comisariado, y en los regimientos, acantonados a 15 verstas de la avanzada, todo el mundo sintió que iba a operarse un cambio profundo.
Este hecho se manifestó ante todo en el terreno de la disciplina... Los enérgicos métodos del camarada Trotski en este período de indisciplina y de vulgar petulancia, eran por encima de todo oportunos y necesarios. No podía conseguirse nada por la persuasión y, además, no se disponía de tiempo para ello. Durante los veinticinco días que permaneció el camarada Trotski en Sviaisk se realizó un inmenso trabajo, que transformó las divisiones desorganizadas y en plena descomposición del quinto ejército en cuerpos de tropas capaces de combatir y las preparó para la toma de Kazán.” (Proletarskaia Revoliutsia, núms. 2-25, 1924.)
Todo miembro del Partido que haya participado en la guerra civil y que no haya perdido la memoria dirá – por lo menos para sus adentros, si es que teme decirlo en alta voz – que podrían aportarse, no docenas, sino centenares de testimonios escritos en el mismo sentido que éste de Gussiev.
42. Me limitaré a exponer en mi favor testimonios de más autoridad. En sus recuerdos sobre Lenin, Gorki dice:
”Dando un puñetazo sobre la mesa (Lenin), gritó: ‘¿Podría indicarme usted a otro hombre capaz de organizar en un año un ejército casi modelo y, además, capaz de captarse la simpatía de los especialistas militares? Nosotros hemos encontrado este hombre. Tenemos todo lo que necesitamos. Y ha de ver usted hasta milagros’.” (Vladimir Lenin, Librería del Estado, Leningrado, 1924, pág. 23.)
Según Gorki, Lenin dijo en la misma conversación:
”Si, si; ya sé que se cuentan todo género de mentiras sobre mis relaciones con él. Se cuentan muchas mentiras, y, según parece, se habla de discordias entre el camarada Trotski y yo.” (M. Gorki: Vladimir Lenin, Leningrado, 1924, página 23.)
En efecto, se han dicho no pocas mentiras sobre las relaciones que existían entre Lenin y Trotski. Pero ¿pueden compararse las groseras mentiras de entonces con las que se llevan a cabo hoy de una manera sistemática, nacional e internacionalmente? En aquellos días eran los ultrarreaccionarios, las guardias blancas y, hasta cierto punto, los socialistas revolucionarios y los mencheviques, los que mentían. Pero ¡ahora es la fracción stalinista la que ha adoptado este método!
43. En la sesión de la fracción bolchevique del Consejo Central de los Sindicatos del 12 de enero de 1920, Lenin dijo:
”Si hemos vencido a Denikin y a Koltchak es porque nuestra disciplina ha sido superior a la de todos los países capitalistas del mundo. El camarada Trotski ha establecido la pena de muerte y nosotros lo aprobamos. La ha establecido por la organización y la acción conscientes de los comunistas.”
44. No tengo a mano otros muchos discursos que Lenin pronunció para defender la política militar aplicada por mi de completo acuerdo con él. No ha sido publicada, principalmente, el acta de la Conferencia de los delegados del VIII Congreso sobre la cuestión militar. ¿Por qué? Porque en dicha Conferencia Lenin protestó con toda su energía contra los partidarios de Stalin que, hoy, se dedican a la falsificación del pasado.
45. Pero poseo un documento que vale por cien. He hablado ya de este documento ante el Buró de la Comisión Central de Control, cuando Yaroslavski – con la protesta del camarada Ordjonikidzé – lanzó su venenosa calumnia, y lo he presentado en la ultima sesión ampliada de agosto de 1927 al seguir Vorochilov las huellas de Yaroslavski.
Por iniciativa propia, Lenin me remitió una hoja en blanco, al pie de la cual figuraban las líneas siguientes:
”Camaradas:
Conociendo el rigor de las órdenes del camarada Trotski, estoy de tal manera persuadido, tan absolutamente convencido de su justeza, de su oportunidad y de su necesidad en interés de la causa, que las apruebo en absoluto.
V. ULIANOV (LENIN).”
Ya be explicado ante el Buró de la Comisión Central de Control a qué uso estaba destinada esta hoja en blanco.
”Al remitírmela y ver al pie de la hoja en blanco las lineas escritas, me quedé perplejo.
Han llegado hasta mi noticias – me dijo – de que hacen correr contra usted el rumor de que ejecuta a comunistas. Le doy esta hoja en blanco, y puedo darle cuantas usted desee, con el fin de que se sepa que apruebo sus decisiones. En lo alto de la página puede redactar usted cualquier decisión, y de esta manera irá avalada con mi firma.
Este hecho ocurrió en junio de 1919. Se dicen hoy tantas cosas sobre mi actitud hacia Lenin y, lo que es más importante todavía, sobre la actitud de Lenin hacia mi, que yo quisiera que alguien me mostrara una firma en blanco, una hoja en blanco como ésta, al pie de la cual figure la firma de Vladimir Ilitch y donde Lenin declare aprobar por anticipado toda decisión mía – sea cual fuere –, cuando de esta decisión dependía frecuentemente, no sólo la suerte de ciertos comunistas, sino cosas mucho más graves.”
46. Sabido es que Martinov considera como ”trotskismo” la guerra civil y el comunismo de guerra. Esta doctrina se ha popularizado ahora mucho. La creación de ejércitos de trabajo, la militarización del trabajo, los métodos de distribución de los productos y otras medidas nacidas de las condiciones de la época, son presentadas por los filisteos y por los ignorantes como fenómenos del ”trotskismo”. ¿Cuál era la posición de Lenin en esta cuestión?
En la sección de organización del VII Congreso de los Soviets se discutió el problema del burocratismo de los órganos directores y de las instituciones centrales. Yo subrayé en mi discurso que la burocracia puede llegar a estrangular la economía, que el centralismo no es un principio absoluto, que las relaciones recíprocas y necesarias entre la iniciativa local y la dirección central debían llevarse a la práctica. En su discurso, Lenin se declaró completamente de acuerdo con mi opinión sobre el centralismo, y añadió:
”Declaro, en fin, que estoy enteramente de acuerdo con Trotski cuando dice que se han hecho aquí tentativas completamente erróneas para presentar nuestros desacuerdos como una diferencia entre los obreros y los campesinos y para mezclar en esta cuestión la de la dictadura del proletariado.” (Discurso del 8 de diciembre de 1918, Obras, tomo XVI, pág. 433.)
Al decir ”nuestros desacuerdos”, Lenin se refería a las prolongadas polémicas, en las que Lenin y Trotski se encontraban de un lado, y Rikov, Tomski, Larin, etc., del otro. Stalin permanecía durante estas discusiones, como en otros muchos casos, entre bastidores, a la espectativa.
47. En la sesión de la fracción bolchevique de la C. G. T., del 12 de enero de 1920, Lenin decía lo siguiente respecto a ”nuestros desacuerdos” con Rikov, Tomski, etc.:
”¿Quién ha comenzado esas repugnantes polémicas? No ha sido el camarada Trotski, pues no se encuentra el menor rastro de ello en sus tesis. La polémica ha sido provocada por Lomov, Rikov, Larin. Todos ellos ocupan los puestos más elevados como miembros del Presidium del Consejo Superior de la Economía pública. El presidente de ese Consejo tiene tal cantidad de títulos que yo necesitaría cinco minutos de mi discurso de diez para enumerarlos. Por eso resulta estúpido decir aquí que se concede a esta asamblea una importancia especial. Los que han comenzado esta repugnante polémica pública han sido los camaradas Rikov y otros. Trotski ha planteado el problema de las nuevas tareas a realizar, y los demás han provocado una polémica en torno al VII Congreso de los Soviets. Ya sabemos que Lomov, Rikov y Larin no lo decían directamente en su estúpido artículo. Un orador ha dicho aquí: ‘No hay que polemizar contra el VII Congreso de los Soviets.’ Si ese Congreso ha cometido una falta, decidla abiertamente, corregidla en la asamblea, pero no charléis en torno a la centralización y a la descentralización. Rikov dice que es necesario hablar de la centralización y la descentralización porque Trotski no lo ha tenido en cuenta. Este hombre cree tratar con personas de tal limitación mental, que hasta hayan olvidado ya las primeras lineas de las tesis de Trotski, donde se dice: ‘La economía presupone como condición un plan general...’, etc. ¿Sabéis leer el ruso, queridos Rikov, Lomov, Larin? Volvamos a la época en que no teníamos más que dieciséis años y empecemos de nuevo a hablar de centralización y de descentralización. ¡Vaya una tarea pública para los miembros del Buró del Presidium del Consejo Superior de la economía! Es esto tan insensato y tan vergonzoso, que es verdaderamente una lástima perder el tiempo así.”
”La guerra nos ha enseñado a llevar la disciplina a su grado máximo y a centralizar decenas y centenares de miles de hombres, de camaradas, que han caído por salvar a la República soviética. ¡Sin esto, todos nos hubiéramos ido al diablo!”
Por otra parte, este discurso, que se encuentra a disposición del Instituto Lenin, no ha sido reproducido porque les molesta a los actuales falsificadores. La ocultación de una parte de las ideas de Lenin es un elemento necesario para desviarse de la ruta leninista. Este discurso de Lenin no será publicado hasta que se trate de anular a Rikov.
48. En el VII Congreso de los Soviets, Lenin dijo lo siguiente sobre mi trabajo en relación con los transportes y los ferrocarriles:
”Ya habéis podido ver, por las tesis de los camaradas Echmanov y Trotski, que nos hallamos en presencia, sobre esta cuestión (la restauración de los transportes), de un verdadero plan elaborado para muchos años. El decreto número 1.042 calcula cinco años. En cinco años podremos restaurar nuestros transportes, disminuir el número de locomotoras estropeadas, y, lo que parece más difícil, según la tesis 9, hasta se podía reducir este plaza
Cuando se elaboran grandes proyectos, basados en varios años de realización, surgen con frecuencia escépticos, que dicen: ¿Qué necesidad hay de hablar de tantos años? Gracias que podamos hacer lo más urgente y necesario. Es preciso, camaradas, saber relacionar lo uno y lo otro; no es posible trabajar sin un plan concreto para un largo período y que haga prever un éxito completo. El indudable impulso del trabajo en lo que a los transportes se refiere demuestra que esto es necesario. Quisiera llamar vuestra atención sobre el párrafo de la novena tesis, que dice que el plazo de restauración será de cuatro años y medio, pero que este plazo ha sido reducido ya, pues, trabajamos por encima de lo normal. El plazo no será más que de tres años y medio. He aquí cómo habrá que trabajar también en todos los otros aspectos de la economía...” (Lenin, t. XVII, págs. 423 y 424.)
Señalemos aún que un año después de la promulgación del decreto núm. 1.042, en el decreto de Dzerjinski ”sobre las bases del trabajo futuro del Comisariado del Pueblo de Transportes”, del 27 de mayo de 1921, se decía:
”En vista de que la reducción de la norma de trabajo establecida por los decretos 1.042 y 1.157, que constituye la primera experiencia brillante en el trabajo proyectado a base de un plan económico, es temporal y debida a la crisis del abastecimiento en combustible... es necesario adoptar medidas para sostener y restablecer el abastecimiento de los talleres...”
49. Las tesis de Rikov, escritas en octubre de 1927, es decir, con un intervalo de cuatro años, aluden nuevamente a la tentativa de cerrar las fábricas Putilov. En este caso, como en muchos otros, Rikov es muy imprudente, pues facilita armas a sus enemigos.
Fue Rikov en persona, presidente del Consejo Superior de Economía, quien hizo, a comienzos de 1923, con el Politburó, la propuesta de cerrar las fábricas Putilov. Rikov demostraba que en los diez próximos años no tendríamos necesidad de esas fábricas y que su mantenimiento artificial produciría un efecto perjudicial sobre las otras empresas. El Politburó – y yo, lo mismo que los demás – tomó en serio los informes de Rikov. Después del informe de Rikov, no sólo yo, sino Stalin y otros, votamos en favor del cierre. Zinoviev, que se encontraba en vacaciones, protestó contra esta decisión. El Politburó volvió a examinar el problema y acordó rectificar el acuerdo. La iniciativa fue por completo de Rikov, presidente del Consejo de Economía. ¿Hasta qué punto se ha desarrollado el sentimiento de la impunidad en Rikov que llega a atribuirme, después de cuatro años, su propio ”pecado”? No dudamos que este hecho cambiará por completo de aspecto el día en que Stalin arremeta contra Rikov. La espera no será larga...
50. Se desconcierta al Partido a propósito de una historia según la cual ”Lenin quería mandar a Trotski a Ucrania en calidad de comisario del Pueblo de Abastecimientos”. Se mezclan y se desfiguran los hechos hasta el extremo de que no hay medio de reconocerlos. Yo he realizado no pocos viajes de este género por orden del Comité Central. De acuerdo con Lenin, me trasladé a Ucrania con el fin de restablecer la industria del carbón del Donetz. En completo acuerdo con Lenin, trabajé en el Ural como presidente del ejército soviético del trabajo. Es exacto que Lenin insistió para que me trasladara durante dos semanas (¡dos semanas!) a Ucrania, con el fin de mejorar los abastecimientos. Le telefoneé a Rakovski, el cual me declaró que habían sido tomadas todas las medidas para abastecer de pan los centros obreros. Lenin insistió al comienzo para que partiera, pero después cambió de opinión. Y esto fue todo. No se trataba. más que de un trabajo corriente, de una tarea que Lenin consideraba de las más graves en aquellos momentos.
51. He aquí lo que dijo Lenin en el VIII Congreso de los Soviets, el 22 de diciembre de 1920, sobre mi viaje a la cuenca del Donetz:
”La región del Don nos proporciona hasta 25 millones de ‘puds’ de carbón mensuales, y llegaremos a los 50 millones gracias al trabajo de la Comisión enviada con plenos poderes a esa región bajo la dirección de Trotski, la cual decidió delegar a camaradas responsables y experimentados. Actualmente ha sido enviado Piatakov a dirigir el trabajo.” (Tomo XVII, pág. 422.)
52. Piatakov se asqueó del trabajo en el Don, debido a las maniobras de Stalin, realizadas entre bastidores. Lenin consideró sus intrigas como un duro golpe contra la industria hullera; se indignó en el Politburó y protestó públicamente contra la labor desorganizada de Stalin:
”La prueba de que hemos obtenido importantes éxitos se ha demostrado en la región del Don. Algunos camaradas; como Piatakov, han trabajado con una abnegación y un extraordinarios en la gran industria.” (T. XVIII, primera parte, pág. 443. Informe de Lenin ante el Congreso de los Soviets, 23 de diciembre de 1921.)
”En la dirección central de la industria hullera se encontraban camaradas, no sólo de una indiscutible abnegación, sino de una real cultura y de gran capacidad, y no me equivoco al decir que hasta de un gran talento. Por eso precisamente les ha prestado toda su atención el Comité Central. Todos los miembros del Comité Central poseemos una cierta experiencia, y hemos decidido, por unanimidad, no relevar de sus funciones a los compañeros dirigentes. Yo me he informado cerca de los camaradas ucranianos y le he rogado al camarada Orjonikidze – el Comité Central le dio la orden – que fuera a ver lo que pasaba. Según parece, ha habido NO POCAS INTRIGAS, y existe tal caos que el Instituto Histórico no llegaría a desentrañarlo aun cuando se ocupara de ello durante diez años. Pero el hecho cierto es que, CONTRARIAMENTE A LAS DIRECTIVAS DEL COMITÉ CENTRAL, ESTA DIRECCIÓN FUE REEMPLAZADA POR OTRA.” (Lenin, Informe ante el IX Congreso del P. C. R., 27 de marzo de 1923, tomo XVIII, segunda parte, págs. 50-51.)
Todos los miembros del Politburó saben, y sobre todo Stalin, que bajo esas duras palabras de Lenin sobre las intrigas contra los dirigentes leales, cultos e inteligentes de la cuenca del Don se aludía a las intrigas de Stalin contra Piatakov.
53. Durante el IX Congreso de los Soviets, en diciembre de 1921, Lenin escribió sus tesis sobre las tareas fundamentales de la reconstrucción económica. Recuerdo que le manifesté que dichas tesis eran excelentes, pero que existía en ellas una laguna respecto a los especialistas. Le indiqué en algunas palabras lo que yo creía que faltaba. El mismo día recibí la siguiente carta de Lenin:
”Extraordinariamente secreto.
Camarada Trotski:
Me encuentro en una reunión de ‘SIN PARTIDO’ con Kalinin. Este aconseja que se haga un pequeño informe a base de la resolución que he presentado yo y a la cual ha añadido usted un complemento justísimo sobre los especialistas.
¿Quiere usted encargarse de hacer un breve informe sobre esta resolución, el miércoles, ante la asamblea plenaria del Congreso?
Su informe militar debe estar preparado ya y podía usted terminarlo el martes.
Me es imposible encargarme de hacer otro informe ante el Congreso. Escríbame dos letras o mándeme un telegrama. Lo mejor será aceptar. Podríamos hacerlo confirmar por un voto telefónico del Politburó.
Nuestra solidaridad en los problemas fundamentales de la edificación socialista era tal, que Lenin creía posible que yo hiciera un informe en lugar de él sobre estos importantísimos problemas. Recuerdo que me esforcé por persuadirle de la necesidad de que hiciera él mismo dicho informe, si el estado de salud se lo permitía. Al fin accedió a ello.
Ultimo período de la vída de Lenin
54. Las falsificaciones y los embustes referentes al último período de la vida de Lenin son numerosísimos. Stalin debería, sin embargo, mostrarse muy prudente en lo concerniente a este período, durante el cual llegó Vladimir Ilitch a ciertas conclusiones definitivas respecto de Stalin. Evidentemente, resulta muy difícil resumir la historia de lo que sucedió en el seno del Politburó en vida de Vladimir Ilitch. Entonces no se levantaban actas taquigráficas, y en las actas sólo se mencionaban los acuerdos. Por esto resulta tan fácil extraer ciertos episodios (e incluso los episodios más insignificantes), adulterarlos y aumentarlos, y a veces inventar simplemente ”desacuerdos” donde no ha existido nunca la menor sombra de ellos.
La leyenda de ”pájaro de mal agüero”, que debía servir de argumento para explicar mi ”pesimismo”, es, por lo absurda, una verdadera vergüenza. Esta estúpida historia es el ultimo refugio de Stalin-Bujarin cuando los argumentos o los acontecimientos les colocan entre la espada y la pared. Esta historia ha sido sacada de una entrevista que tuve con Vladimlr Ilitch durante el primer período de la Nep. La pública subasta de los escasos recursos públicos me inspiraba en aquel momento gran inquietud, tanto desde el punto de vista del temor al despilfarro de los recursos ya restringidos del Estado obrero como desde el punto de vista de que diera lugar a una rápida acumulación del capital privado en aquel período de transición. Conversé sobre esto varias veces con Lenin. Con el fin de comprobar los procesos económicos que se operaban en el país, organicé lo que se ha llamado la ”Barrera combinada de Moscú”. En el curso de una conversación con Lenin, y apoyándome en algunos ejemplos escandalosos de dilapidación, me serví de esta expresión o de una expresión aproximada: ”Si seguimos administrando de esta manera, el pájaro de mal agüero señalará algunos años menos de vida en nuestro destino.” Todos nosotros hemos pronunciado no pocas veces frases por el estilo. ¡Cuántas veces no ha dicho el propio Lenin: ”Si continuamos andando a este paso, de seguro sucumbimos”! Era una frase dura, pero no pronóstico pesimista. Tal es, poco más o menos, la historia en cuestión, con los intereses de la cual Stalin y Bujarin quieren pagar sus deudas de la Revolución china, del Comité anglorruso, de la dirección económica y del régimen del Partido.
No hay por qué negar que en el Politburó surgieron algunas veces desacuerdos de orden práctico, y especialmente con Vladimir Ilitch. Pero el problema consiste en saber qué lugar ocuparon estos desacuerdos en el trabajo general. A este respecto, la fracción staliniana, con una terrible imprudencia, difunde malvadas leyendas que no resisten el menor contacto con la realidad y que al fin y al cabo se vuelven contra el mismo Stalin.
55. Para refutar estas leyendas hay que empezar por referirnos al período de la enfermedad de Vladimir Ilitch, o, mejor dicho, al período comprendido entre las dos grandes crisis, cuando los médicos autorizaron a Lenin a reanudar sus ocupaciones y se resolvieron por correspondencia un gran número de importantes problemas. Por esta correspondencia – es decir, por medio de documentos irrefutables – pueden verse cuáles fueron las diferencias que surgieron en el Comité Central, de qué lado estaban los desacuerdos y, hasta cierto punto, cuáles eran las relaciones entre Vladimir Ilitch y algunos camaradas. Citaré varios ejemplos.
56. A fines de 1922 se produjo una seria discrepancia el Comité Central sobre la cuestión del monopolio del comercio exterior. Yo no quiero, en manera alguna. aumentar su importancia; pero, sin embargo, el grupo político que se formó en el Comité Central en torno a este problema es bastante característico.
El Comité Central adoptó, por iniciativa del camarada Sokolnikov, una decisión que abría una seria brecha en el monopolio del comercio exterior. Vladimir Ilitch se opuso resueltamente a esta decisión. Habiendo sabido por Krassin que yo no había asistido a la sesión del Comité Central y que estaba en desacuerdo con la decisión tomada, Lenin entabló correspondencia conmigo. Estas cartas, lo mismo que la correspondencia de Lenin en el Politburó referente al problema del monopolio del comercio exterior, no han sido publicadas hasta ahora. La censura establecida sobre la herencia de Lenin es de las más implacables. Se imprimen dos o tres palabras escritas por Lenin sobre un pedacito de papel si – directa o indirectamente – pueden perjudicar a la oposición. Pero se dejan de publicar documentos de gran importancia si – directa o indirectamente – afectan a Stalin.
Reproduzco las cartas de Lenin referentes a este problema:
”Camarada Trotski:
Le adjunto una carta de Krestinski. Contésteme rápidamente si está de acuerdo. Yo lucharé en la sesión por el monopolío. ¿Y usted?
Suyo, LENIN.
P. D. – Lo mejor será que nos la devuelva lo antes posible.”
“A los camaradas Frumkin y Stomoniakov , con copia para Trotski.
En vista del agravamiento de mi enfermedad, me veo imposibilitado de asistir a la sesión. Me doy perfectamente cuenta de hasta qué punto obro desacertadamente, principalmente hacia ustedes; pero de todas formas no me sería posible intervenir con éxito. Hoy he recibido la ad junta carta del camarada Trotski, con cuyos puntos esenciales estoy enteramente de acuerdo, a excepción quizá de las últimas líneas sobre el Gosplan. Le escribiré al camarada Trotski para darle a conocer mi criterio y para rogarle que, teniendo en cuenta mi enfermedad, se encargue en la sesión de la defensa de mi posición.
Creo útil dividir esta defensa en tres partes:
1. La defensa del principio esencial del monopolio del comercio exterior y su establecimiento total y definitivo.
2. Encargar a una Comisión especial del examen detallado de los planes de orden práctico para la realización de dicho monopolio que ha presentado Avanessov. En esta Comisión deben figurar los delegados del Comisariado del Comercio Exterior.
3. La cuestión del trabajo del Gosplan debe ser examinada aparte. Supongo que no me encontraré en desacuerdo con Trotski si éste se limita a pedir que el Gosplan, colocado bajo la égida del desarrollo de la Industria del Estado, esté obligado a dar su opinión en todos los dominios de la actividad del Comisariado del Comercio Exterior.
Espero poder escribirles nuevamente mañana o pasado mañana y enviarles la declaración que tengo intención de dirigir a la sesión del Comité Central sobre el fondo del problema. De todas formas, estimo que la importancia de esta cuestión es tan grande, que estoy obligado, en el caso en que en la sesión no pueda realizarse el acuerdo, a llevarla ante el Congreso. Por otra parte, sin aguardar más, pondré al corriente del desacuerdo actual a la fracción del Partido Comunista del próximo Congreso de los Soviets.
12-12-22.”
”Al camarada Trotski, con copia para Frumkin y Stomoniakov.
He recibido su opinión sobre la carta de Krestinski y sobre los planes de Avanessov. Me parece que existe entre nosotros un acuerdo completo y que planteada la cuestión del Gosplan como lo está ahora no es necesario discutir si al Gosplan le precisa disponer de derecho activos. De todas formas le ruego insistentemente se encargue, en la próxima sesión, de la defensa de nuestro común punto de vista sobre la absoluta necesidad de mantener y de fortalecer el monopolio del comercio exterior.
Teniendo en cuenta que la sesión precedente ha adoptado a este respecto una decisión totalmente contraria al monopolio del comercio exterior y que en esta cuestión es imposible retroceder, creo, como digo en mi carta a Frumkin y a Stomoniakov, que en el caso de que fuéramos derrotados sobre esta cuestión, deberíamos llevarla ante el Congreso del Partido. Con tal objeto será necesario hacer una breve exposición de nuestros desacuerdos ante la fracción del Partido del próximo Congreso de los Soviets. Si dispongo de tiempo redactaré esta declaración y me consideraré muy satisfecho si hace usted lo mismo. La vacilación que se manifiesta a este respecto nos causa un perjuicio enorme, y los argumentos que se hacen valer en contra tienen únicamente por base acusar al aparato de imperfección. Pero nuestro aparato se distingue generalmente por su imperfección, y si se renuncia al monopolio a causa de la imperfección del aparato sería igual que vaciar el baño con el niño.
13-12-22.”
”Al camarada Trotski.
Le envío la carta que he recibido hoy de Frumkin. Creo que es absolutamente necesario acabar de una vez para siempre con esta cuestión. Si hay el temor de que me atormente esta cuestión y de que pueda incluso influir en mi estado de salud, creo que es una opinión profundamente errónea, pues el retraso convierte en inestable nuestra política sobre una de las cuestiones esenciales y me atormenta mil veces más. Por esto llamo su atención sobre la ad junta carta y le ruego insistentemente apoye la discusión inmediata de esta cuestión. Tengo la convicción de que si pesa sobre nosotros la amenaza de ser derrotados, resultará más ventajoso serlo antes que después del Congreso del Partido, con el fin de dirigirnos en seguida a la fracción comunista del Congreso. El compromiso siguiente es quizá aceptable: adoptar, por el momento, la decisión de confirmar el monopolio y en el Congreso del Partido plantear la cuestión. Creo que no debemos aceptar ningún otro compromiso en interés de nuestra causa.
15-12-22.”
Creo que nos hemos puesto completamente de acuerdo. Le ruego haga presente nuestra solidaridad en la sesión. Espero que se votará nuestra decisión, pues una parte de los que votaron en contra en octubre, se pasa ahora parcial o enteramente a nuestro lado.
Si, en el peor de los casos, nuestra decisión no es adoptada, nos dirigiremos a la fracción del Congreso de los Soviets y la informaremos de que llevamos la cuestión ante el Congreso del Partido.
Téngame al corriente de todo con el fin de enviar mi declaración.
Si esta cuestión fuera retirada de la sesión – tosa que no creo y contra la cual debería usted protestar en nuestro nombre con todas sus energías –, estimo que debe dirigirse usted a la fracción del Congreso de los Soviets y exigir que la cuestión sea llevada al Congreso del Partido, pues las vacilaciones son absolutamente inadmisibles.
Puede usted guardar hasta después de la sesión todos los materiales que le he enviado.
”Leon Davidovítch:
El profesor Furster ha autorizado hoy a Vladimir Ilitch para que dicte una carta, y me ha dictado la siguiente para usted:
Parece que hemos conseguido ocupar la posición sin disparar un tiro y sólo con un simple movimiento estratégico. Le propongo que no nos detengamos en esto y que continuemos la ofensiva, para lo cual hay que hacer aprobar la proposición de plantear ante el Congreso del Partido la cuestión del fortalecimiento del monopolio del comercio exterior y de las medidas que deben adoptarse para mejorar su aplicación. Informe de todo esto a la fracción del Congreso de los Soviets. Espero que no tendrá usted ningún inconveniente y que no se negará a hacer el informe ante la fracción.
V. I. pide que le dé usted la respuesta por teléfono.
N. K. ULIANOVA.
21-12-22.”
El contenido, lo mismo que el tomo de las cartas reproducidas, no necesitan comentarios. Sobre la cuestión del comercio exterior, el Comité Central adoptó una nueva decisión que anulaba la anterior. La frase de la carta de Lenin sobre la victoria alcanzada ”sin disparar un tiro” hace alusión precisamente a esto.
Para terminar, debemos preguntar lo que hubiera sucedido si Trotski se hubiera encontrado entre los que votaron la decisión contra el monopolio del comercio exterior, y si Stalin, de acuerdo con Lenin, hubiera luchado por lograr anular esta decisión. ¡Qué cantidad de libros, de folletos, de diatribas, no se hubieran impreso para demostrar la desviación ”kulakista” y pequeño burguesa de Trotski!
La cuestión del Gosplan
57. Yo atribuía el despilfarro a la carencia de un plan sobre nuestra economía en general. Sobre la cuestión de los planes y de la actuación del Gosplan hubo discusiones en el Politburó, especialmente entre Vladimir Ilitch y yo. Hubo también discusiones respecto del personal de los órganos del plan. En su carta a los miembros del Politburó sobre la cuestión del Gosplan, Vladimir Ilitch decía lo siguiente:
”A propósito de la concesión de funciones legislativas al Gosplan creo que, desde hace ya bastante tiempo, esta idea ha sido expuesta por el camarada Trotski. Yo me opuse, porque me parecía que, de hacer así, habría una falta total de ligazón en el sistema de nuestras instituciones legislativas. Pero después de un detenido examen de la cuestión estimo que en el fondo encierra una buena idea. Esta es la siguiente: mantenerse el Gosplan al margen de nuestras instituciones legislativas, aun cuando por los hombres competentes, los peritos y los representantes de la ciencia y de la técnica que reúne, disponga en el fondo del mayor número de datos para pronunciarse en todo momento sobre las cuestiones.
En este sentido creo que se puede y que se debe aceptar la idea del camarada Trotski, salvo en lo concerniente a que la presidencia del Gosplan la ocupe uno de nuestros jefes políticos o un representante del Consejo Superior de la Economía Nacional.” (27 de diciembre de 1922.)
Anteriormente hemos encontrado una alusión a estos desacuerdos en las cartas que Lenin me escribió sobre el monopolio del comercio exterior. Lenin proponía entonces que excluyéramos esta cuestión y que la designáramos con el término – un tanto impropio – de ”cuestión de los derechos activos del Gosplan”. Al insistir para que fuera restablecido el Gosplan por todos los medios y para que estuviera subordinado a él todo el trabajo de los otros departamentos, yo no había propuesto que el Gosplan fuera investido de derechos administrativos, ya que consideraba que éstos debían seguir concentrados en el Consejo del Trabajador y de la Defensa. Pero lo esencial no es esto. Tanto por el carácter como por el tono de la carta, se ve con qué tranquilidad apreciaba Lenin los desacuerdos anteriores, proponiendo al Politburó que resolviera estos desacuerdos, teniendo muy en cuenta las ideas que yo había defendido. No obstante esto, ¡cuánto no se le ha mentido al Partido sobre esta cuestión!
Cartas de Lenin sobre la cuestión nacional
58. No quiero reproducir aquí la carta más importante de Lenin contra Stalin a propósito de la cuestión nacional. Dicha carta ha sido incluida en la reseña taquigráfica de la asamblea de julio de 1926, y además han circulado las copias de mano en mano. Es, imposible ocultar esta carta. Pero existen también, sobre lo mismo, otros documentos completamente desconocidos por el Partido. Los archiveros y los historiadores stalinistas adoptan y adoptarán toda clase de medidas para que estos documentos continúen ocultos. Son incluso capaces de algo más: de destruirlos.
Por esto precisamente creo necesario reproducir los extractos más importantes de un carta de Lenin y la respuesta de Stalin sobre la constitución de la U.R.S.S. La carta de Lenin, fechada el 27 de septiembre de 1922, está dirigida a Kamenev y se enviaron copias de ella a todos los miembros del Politburó. He aquí el comienzo de dicha carta:
”Probablemente Stalin les ha enviado ya la resolución de su Comisión sobre el ingreso de las Repúblicas independientes en la R. S. F. S. R.
Si no la han recibido todavía pídansela al secretario y léanla en seguida. Ayer le hablé de ella a Sokolnikov y hoy a Stalin. Mañana vero a Mdivani (sospechoso de ‘independencia’).
A mi juicio, se trata de una cuestión muy importante. Stalin parece tener demasiada prisa. Reflexione usted bien sobre ello. Creo que usted tenía intención de ocuparse de este asunto y hasta que se ha ocupado ya un poco de ello. Zinoviev, también.
Stalin se muestra dispuesto ya a hacer una concesión. En el párrafo primero accede a decir, en lugar de ‘adhesión’ a la R. S. F. S. R., ‘unión formal’ con la R. S. F. S. R. en una unión de Repúblicas soviéticas de Europa y Asia.
Creo que el sentido de esta concesión está claro: nos reconocemos con los mismos derechos que la R. S. S. ucraniana y que las otras Repúblicas, y, en unión con ellas y con iguales derechos, ingresamos todos en la misma Unión,en la nueva Federación, en la ‘Unión de las R. S. S. de Europa y Asia’.”
Hubo, además, toda una serie de enmiendas impregnadas del mismo espíritu. Al final de su carta Lenin decía:
”Stalin está de acuerdo en aplazar la presentación de una resolución al Politburó del C. C. hasta mi llegada. Llegar el lunes 2 de octubre. Deseo verles a usted y a Rikov durante un par de horas, de una a tres, o, en caso de necesidad, Por la noche, de cinco a siete o de seis a ocho.
Esta es, por el momento, mi proposición. Combatir y modificaré la base de la discusión con Mdivani y otros camaradas. Le ruego haga otro tanto. Respóndame.
P. D. – Las copias son para que se las envíe a todos los miembros del Politburó.”
El mismo día, Stalin envió copia a todos los miembros del Politburó de su respuesta a Lenin (27 de septiembre de 1922). He aquí los párrafos más importantes:
”2. – La modificación que propone Lenin del párrafo 4 sobre la creación de un Comité Central Ejecutivo de la Federación al lado del Comité de la R. S. F. S. R., es, a mi juicio, inaceptable. La coexistencia de dos Comités Centrales Ejecutivos en Moscú, de los cuales uno será indudablemente la ”Cámara alta” y el otro la ”Cámara baja”, engendrará rozamientos y conflictos.”
”4. – En el párrafo 4, a juicio mío, el camarada Lenin se ha ”precipitado demasiado” al rechazar la fusión de los Comisariados de Hacienda, Abastecimientos, Trabajo y Economía pública con los Comisariados federativos. Casi no puede ponerse en duda que esta ”prensa” les va a servir a los ”independientes” en detrímento del liberalismo nacional Lenin.
5. – En el párrafo 5, la modifícación de Lenin es, a mi juicio, supérflua.
Esta correspondencia, por demás característica, que se le escamotea al Partido, como tantos otros documentos del mismo género, precedió a la carta de Lenin sobre la cuestión nacional. En sus objeciones sobre el proyecto de Stalin, Lenin continuó empleando expresiones moderadas, delicadas. Esperaba poder llegar a resolver la cuestión sin demasiadas controversias. Le reprochó discretamente a Stalin su ”prensa”. Ponía entre comillas el calificativo de ”independiente”, reproche elevado por Stalin contra Mdivani, y del cual se desolidarizaba. Subrayaba, por el contrario, que iba a presentar sus modificaciones después de discusión con Mdivani y otros camaradas.
La respuesta de Stalin se distingue, por el contrario, por su grosería. La última frase del cuarto punto es esencialmente característica:
”Casi no puede ponerse en duda que esta ‘prensa’ (¡la prensa de Lenin!) les va a servir a los ‘independientes’ en detrimento del liberalismo nacional (¡!) de Lenin.”
Así, pues, Lenin era sospechoso de liberalismo nacional.
El desarrollo posterior de la lucha en la cuestión nacional le demostró a Lenin que era imposible reducir a Stalin en un pequeño Comité y que se imponía recurrir al Congreso del Partido. Y Lenin escribió sobre esto su famosa carta acerca de la cuestión nacional.
59. Vladimir Ilitch concedía una importancia considerable a la cuestión ”georgiana”, no solamente porque temía las consecuencias de la falsa política nacional en Georgia – sus temores viéronse enteramente confirmados –, sino también porque, a propósito de esta cuestión, había .comprendido la falsedad de la política de Stalin en la cuestión nacional, mejor dicho, no solamente en esta cuestión. Todavía se le oculta al Partido una larga carta que Lenin escribió sobre la cuestión nacional. El argumento de que Lenin no había destinado esta carta al Partido es completamente fallo. ¿Es que acaso destinaba Lenin a la publicidad las anotaciones que hacía en sus carnets de notas o al margen de los libros que leía? Ahora bien; todo cuanto – directa o indirectamente – puede perjudicar a la oposición, se publica. Pero la carta-programa de Lenin sobre la cuestión nacional sigue sin publicarse.
He aquí dos extractos de la carta de Lenin:
”Creo que con sus prisas y su injustificada prevención administrativa, al mismo tiempo que con su arrebato contra el famoso ‘social-nacionalismo’, Stalin ha desempeñado en este caso un papel fatal. En general ,en política, los arrebatos traen muy malas consecuencias.” (Extracto de las notas de Lenin del 30 de diciembre de 1922.)
¡Justísimo!
”Es evidente que debe hacerse políticamente responsables a Stalin y a Dzerjinski de toda esta campaña de verdadero nacionalismo ruso.” (Extracto de la carta de Lenin del 31 de diciembre de 1922.)
Vladimir Ilitch me envió esta carta al darse cuenta de que no iba a poder tomar personalmente la palabra en el XII Congreso. He aquí las cartas suyas que recibí a este respecto durante los dos últimos días en que participó en la vida política:
”Rigurosamente secreto. Personal.
Querido camarada Trotski:
Ruégole insistentemente que se encargue de la defensa de la cuestión georgiana en el Comité Central del Partido. Esta cuestión es objeto actualmente de las ”persecuciones” de Stalin y de Dzerjinski, de cuya imparcialidad no puedo fiarme. Todo lo contrario. Si usted accede a encargarse de la defensa, será para mí un gran descanso. Pero si, por una u otra razón, usted no acepta, devuélvame toda la documentación. Consideraré este hecho como el signo de su negativa.
Con mi mejor saludo de camarada,
Copia conforme: M. VOLODITCHEVA.
A la carta que le ha sido transmitida, Vladimir Ilitch ha pedido que añadamos para su información que el camarada Kamenev sale para Georgia el miércoles. Vladimir Ilitch desearía saber si quiere usted enviar alguna cosa allá.
M. VOLODITCHEVA.
A los camaradas Mdivani, Makaradzé, y otros, con copia para los camaradas Trotski y Kamenev.
Sigo apasionadamente vuestro asunto. Estoy indignado de la brutalidad de Ordjonikidzé y de las instigaciones de Stalin y Dzerjinski. Les preparo algunas notas y un discurso.
Con mi consideración, LENIN.
6 de marzo de 1923.
Al camarada Kamenev. Copia para el camarada Trotski.
Leon Bovissovitch:
Como consecuencia de nuestra conversación telefónica, le comunico, en mi calidad de presidente del Politburó, lo siguiente:
Como ya le he dicho, el 31 de diciembre de 1922 dictó Vladimir Ilitch un artículo sobre la cuestión nacional, cuestión que le atormentaba mucho y sobre la cual se disponía a intervenir en el Congreso del Partido.
Poco antes de la ultima recaída me informó de que pensaba publicar dicho artículo, pero más tarde. Después volvió a empeorar sin darme órdenes definitivas.
Vladimir Ilitch estimaba que su artículo debía servir de orientación, y le concedía una gran importancia. Por orden de Vladimir Ilitch se comunicó al camarada Trotski que Vladimir Ilitch le encargaba de la defensa de su punto de vista en el Congreso del Partido, teniendo en cuenta su unidad de pensamiento sobre esta cuestión.
La única copia que poseo de este artículo se encuentra guardada, por orden de Vladimir Ilitch, en sus archivos secretos.
Pongo todos estos hechos en conocimiento suyo. No he podido hacerlo antes porque, por razones de salud, no be reanudado mi trabajo hasta hoy.
La secretaria particular del camarada Lenin:
L. FOTIEVA.
16 de abril de 1923.”
Después de todas las calumnias con que se ha tratado de ensombrecer la actitud de Lenin hacia mí, no puedo dejar de subrayar la firma de la primera carta de Lenin: ”Con mi mejor saludo de camarada.” Cuantos saben hasta qué punto era Lenin avaro en palabras, así como su manera de hablar y de escribir, comprenderán que no escribió estas palabras por casualidad. Por algo Stalin, cuando se vio obligado a dar conocimiento de esta correspondencia ante la sesión de julio de 1926, reemplazó las palabras ”Con mi mejor saludo de camarada” por la expresión oficial ”Con mi saludo comunista”. En esto también Stalin se ha mostrado fiel a sí mismo.
60. Estas cartas necesitan una explicación. Lenin se encontraba enfermo. Yo también estaba un poco mal de salud. Los secretarios de Lenin, Glasser y Fotieva, fueron a verme varias veces el día anterior a la crisis definitiva de Lenin. Al traerme Fotieva la carta sobre la cuestión nacional, yo dije: ”Puesto que Kamenev sale hoy mismo para Georgia con motivo del Congreso, ¿no sería conveniente enseñarle la carta con el fin de que lleve a cabo las consiguientes gestiones?” Fotieva respondió: ”No lo Vladimir Ilitch no me ha dicho que le entregara la carta a Kamenev, pero puedo preguntárselo.” Al cabo de algunos minutos regresó y me dijo: ”De ningún modo. Vladimir Ilitch dice que Kamenev le enseñará la carta a Stalin, el cual establecerá compromiso ”cojo” y lo traicionará después.”
Sin embargo, algunos minutos, o quizá media hora más tarde, volvió Fotieva de casa de Lenin con otras instrucciones. Según ella, Lenin había decidido obrar inmediatamente. Redactó la siguiente carta, reproducida para Mdivani y Makharadzé, con copias para Kamenev y para mí.
”¿Cómo se explica ese cambio?” – le pregunté a Fotieva. ”Probablemente – me respondió ella – porque Vladimír Ilitch está peor y se apresura a hacer cuanto le es posible.”
61. La proposición de Lenin sobre la reorganización de la Inspección obrera y campesina fue acogida con simpatía por el grupo de Stalin. Esto lo he referido, en términos muy comedidos, en una de mis anteriores cartas a los miembros del Comité Central. Reproduzco dicho relato:
”¿Cuál fue, sin embargo, la acogida que el Politburó dispensó al proyecto de reorganización de la Inspección obrera y campesina propuesta por el camarada Lenin? El camarada Bujarin no se decidió a publicar el artículo del camarada Lenin, el mal insistió para que se publicara inmediatamente. N. K. Krupskaia me informó de este artículo por teléfono y me pidió que interviniera con el fin de apresurar su publicación. En el Politburó, que, a proposición mía, fue convocado en el acto, todos los presentes: los camaradas Stalin, Molotov, Kuibichev, Rikov, Kalinin y Bujarin, se pronunciaron, no solamente contra el plan del camarada Lenin, sino incluso contra la publicación de su artículo. Los miembros del Secretariado hicieron objeciones muy vivas y categóricas. Teniendo presentes las apremiantes peticiones del camarada Lenin para que le presentaran su artículo impreso, el amarada Kuibichev, el futuro comisario del Pueblo de la Inspección obrera y campesina, propuso en dicha sesión que se publicara un solo ejemplar de la Pravda con el artículo del camarada Lenin, a fin de tranquilizarle; pero al mismo tiempo ocultando el artículo al Partido. Yo demostré que la reforma radical propuesta por el camarada Lenin era en sí progresiva, pero con la condición, naturalmente, de que fuera aplicada racionalmente; mas si debía concederse a la proposición una acogida negativa, sería ridículo y absurdo mantener al Partido ignorante de las proposiciones del camarada Lenin. Se me respondió con argumentos impregnados del mismo espíritu formalista: ‘Nosotros somos el Comité Central; nosotros cargamos con las responsabilidades; nosotros decidimos.’ El único que me apoyó fue el camarada Kamenev, el cual llegó a la sesión del Politburó con un retraso de más de una hora. El principal argumento en favor de la publicación de la carta era que, de todas formas, no conseguiríamos ocultarle al Partido el artículo de Lenin. Después, esta carta se convirtió, en manos de los que se negaban a publicarla, en un arma contra mí. El camarada Kuibichev, ex miembro del Secretariado, fue colocado al frente de la Comisión Central de Control. En lugar de combatir el plan del camarada Lenin, se recurrió a hacer de él un arma inofensiva. Dado todo esto, ¿puede decirse que la Comisión Central de Control tenga el carácter de una institución independiente e imparcial del Partido que defienda y confirme los derechos y la unidad del Partido contra los excesos de todo género que se produzcan en su interior y en la administración? No quiero entrar en el examen de esta cuestión, pues supongo que todo está ya suficientemente claro.” (Extracto de la carta (31) a los miembros del Comité Central y de la Comisión Central de Control del 23 de octubre de 1923.)
La conducta de Stalin en esta cuestión me demostró por vez primera, y con una evidente claridad, que la reorganización de la Comisión Central de Control y del Comité Central era dirigida íntegramente por Lenin contra el excesivo poder de que Stalin disponía en el aparato. He aquí por qué opuso Stalin una resistencia tan obstinada al plan del camarada Lenin.
62. En el Buró de la Comisión Central de Control referí la última conversación que tuve con Vladimir Ilitch, poco antes de su segunda recaída. He aquí dicho relato:
”Lenin me llamó a su habitación del Kremlin, me habló del espantoso desarrollo del burocratismo en nuestro aparato soviético y de la necesidad de encontrar un medio de abordar seriamente la cuestión. Propuso la creación de una Comisión especial cerca del Comité Central, y me invitó a que tomara una parte activa en este trabajo. Yo le respondí: ‘Vladimir Ilitch: Mi convicción es que no hav que olvidar que actualmente, en la lucha contra el burocratismo del aparato soviético, tanto en provincias como en el centro, se crea en torno a ciertos grupos de personalidades dirigentes del Partido en la provincia, en el distrito, en la región, en el centro, es decir, en el Comité Central, etc., una élite de funcionarios y de especialistas, miembros del Partido, sin partido y semimiembros del Partido. Ejerciendo una presión sobre el funcionario se tropezará con el dirigente del Partido, en cuyo séquito se encuentra el especialista, y en la situación actual yo no quisiera encargarme de semejante tarea.’ Vladimir Ilitch reflexionó un instante y dijo (transcribo sus palabras casi literalmente): ‘Yo digo que hay que combatir el burocratismo soviético, ¿y usted quiere añadir acaso el burocratismo del Buró de Organización del Comité Central?’ Sorprendido por esta respuesta, me eché a reír al comprender que no me había ocurrido una fórmula tan acabada. Y respondí: ‘Así lo creo.’ Vladimir Ilitch me dijo entonces: ‘Pues bien; yo le propongo que formemos un bloque.’ Yo añadí: ‘Con un hombre honrado siempre es agradable formar un bloque.’ En definitiva, Vladimir Ilitch me dijo que él proponía la creación de una Comisión cerca del Comité Central para la lucha contra el burocratismo ‘en general’ y que así abordaríamos también la cuestión del Buró de Organización del Comité Central. Me prometió que ‘reflexionaría’ todavía más sobre la manera de organizarla. Nos separamos Y durante dos semanas aguardé que me telefoneara; pero la salud de Ilitch era cada vez peor, hasta el punto de verse obligado a guardar cama poco después. Después de aquello, Vladimir Ilitch me envió sus cartas sobre la cuestión nacional, por mediación de sus secretarios, lo que hizo que este asunto no fuera llevado a cabo.”
En el fondo, el plan de Lenin iba dirigido enteramente contra Stalin.
63. Sí; ha habido algún caso en que he estado en desacuerdo con Lenin. Pero la maniobra de Stalin de apoyarse en estos hechos para deformar el carácter general de nuestras relaciones se estrella contra los hechos relacionados con el período en que, como he dicho ya, los asuntos se resolvían, no por medio de entrevistas o de votos que no constaban en acta, sino por medio de correspondencia, es decir, en el intervalo entre la primera y la segunda enfermedad de Lenin.
a) Sobre la cuestión nacional, Vladimir Ilitch había preparado para el XII Congreso una ofensiva decisiva contra Stalin. En su nombre, y a petición suya, sus secretarios me habían informado de todo. La expresión más corriente entonces era: ”Vladimir Ilitch prepara una bomba contra Stalin.”
b) El artículo de Lenin sobre la Inspección obrera y campesina decía:
”El Comisariado de la Inspección obrera y campesina no goza en este momento de la menor autoridad. Todo el mundo sabe que no existe otra institución tan mal organizada como nuestra Inspección obrera y campesina, y que, en el estado actual de este Comisariado, no puede esperarse de él nada... En efecto; ¿a qué constituir un Comisariado que trabaje de cualquier modo, que no inspire la menor confianza y cuya voz sólo goza de una reducidísima autoridad?
¿Puede decirme honradamente alguno de los dirigentes actuales de la Inspección obrera y campesina, o de las personas que tienen relación con ellos, qué necesidad existe prácticamente de un Comisariado como el de la Inspección obrera y campesina?” (Lenin: ”Hagamos menos, pero mejor”, 4 de marzo de 1923.)
Durante los primeros años de la Revolución, Stalin estuvo en la dirección de la Inspección obrera y campesina. Por lo tanto, el a taque de Lenin iba directamente dirigido contra él.
c) En este mismo artículo se dice:
”Entre nosotros, la burocracia no solamente existe en las instituciones soviéticas, sino incluso en las instituciones del Partido.”
Estas palabras, suficientemente claras, adquieren un sentido muy particular en relación con la entrevista – más arriba citada – que tuve yo con Vladimir Ilitch, durante la cual se trató del ”bloque” contra el Buró de Organización del Comité Central, al que considerábamos como fuente del burocratismo. La modesta reflexión de Ilitch que figura entre paréntesis va completamente dirigida contra Stalin.
d) En cuanto a lo que al ”Testamento” se refiere, no hay necesidad de hacer comentarios. Está impregnado de desconfianza hacia Stalin, hacia su grosería y su deslealtad. En él habla del abuso eventual que puede hacer de sus poderes y del peligro de escisión que amenaza al Partido. La única conclusión de carácter organizativo que sugiere en él es la de relevar a Stalin del cargo de secretario general.
e) Finalmente, la ultima carta que Lenin escribió en vida – o, más exactamente, que dietó – fue una carta dirigida a Stalin para comunicarle que rompía con él toda relación de camaradería. El camarada Kamenev me habló de esta carta la misma noche en que fue escrita (del 5 al 6 de marzo de 1923). El camarada Zinoviev habló de ella en la sesión ampliada del Comité Central y de la Comisión Central de Control. La existencia de esta carta se ve confirmada en un acta taquigráfica por el testimonio de M. I. Ulianova. (”Existen documentos respecto de este incidente” – extracto de la declaración de M. Ulianova en el Buró de la sesión.) Este hecho da al traste con toda maniobra de disminuir su importancia moral.
Enumerando las advertencias de Lenin a Stalin, Zinoviev dijo ante la asamblea de julio de 1926:
”La tercera advertencia consistió en el rompimiento por Vladimir Ilitch de toda relación de camaraderia, por medio de una carta personal.” (Acta taquigráfica, fasc. IV, pág. 32.)
Refiriéndose a esta cuestión, María Ulianova ha tratado de demostrar que Lenin rompió sus relaciones de camaradería por motivos personales y no por motivos políticos. (Acta taquigráfica, fasc. IV, pág. 104.). ¿Habrá que recordar que en Lenin los motivos personales eran hijos siempre de los motivos revolucionarios relacionados con el Partido? La ”grosería” y la ”deslealtad” son también atributos personales. Y si Lenin ponía en guardia al Partido contra estos defectos, no era por razones personales, sino por motivos políticos. La carta de Lenin sobre su ruptura de toda relación de camaradería con Stalin tenía precisamente ese carácter. Esta última carta fue escrita después de la carta sobre la cuestión nacional y después del ”Testamento”. Son inútiles los esfuerzos para suavizar el peso moral de la última carta de Lenin. ¡El Partido tiene derecho a conocer también dicha carta! ¡He aquí cómo hablan los hechos! ¡He aquí cómo engaña Stalin al Partido!
La discusión de 1923-1927
64. En vida de Lenin, especialmente en la época de los desacuerdos, hoy tan aumentados y desfigurados, sobre Brest-Litovski y sobre los Sindicatos, el término ”trotskismo” no existía[1]. El Partido estimaba que estos desacuerdos se planteaban sobre la base de los fundamentos históricos del bolchevismo. Los peores adversarios de Lenin en la cuestión de Brest-Litovski fueron Bujarin, Yaroslavski, Kuibichev, Soltz, Safarov y una docena de otros viejos bolcheviques que constituían la fracción de los ”comunistas de izquierda”. Hubieran tenido razón en mostrarse sorprendidos si a alguien se le hubiera ocurrido en aquella época llamar a su posición ”trotskismo”, tanto más cuanto que yo mismo me encontraba al lado de Lenin en las principales cuestiones sobre las cuales combatían a Lenin los comunistas de izquierda.
La mismo puedo decir respecto a la cuestión sindical. La exageración administrativa había nacido de toda la práctica del comunismo de guerra y había influenciado a no pocos viejos bolcheviques. Si alguien hubiera hablado de ”trotskismo” al referirse a esto, hubiera sido tomado por loco. El espantajo del ”trotskismo” no fue agitado más que al retirarse Lenin definitivamente del trabajo, es decir, durante la discusión de 1923. Fue entonces cuando se comenzó a ”criticar” la teoría de la revolución permanente, con el fin de resucitar todas las divergencias nacidas en la nueva etapa del desarrollo histórico. No se combatió a Trotski porque presentara una nueva teoría, el ”trotskismo”, sino que, por el contrario, los críticos contruyeron artificialmente la teoría del ”trotskismo” para luchar contra Trotski. No pocos lo confesaron así al surgir la tendencia Zinoviev-Kamenev.
65. Será conveniente hablar en otra ocasión, y detenidamente, de la teoría de la revolución permanente. Esta cuestión, liquidada a tiempo por la Historia, debe ser abordada históricamente y no con objeto de servir de base a las intrigas.
Hay que considerar los dos lados de la teoría de la revolución permanente: un lado fuerte y otro débil. El lado fuerte está en el esclarecimiento del hecho, no sin importancia, de que, gracias a la situación internacional y a la posición de las fuerzas sociales determinadas por esta situación, la Revolución rusa, habiendo comenzado como revolución burguesa, puede conducir al proletariado ruso a la dictadura antes de que suba al Poder la clase obrera de Europa occidental.
El lado débil de la teoría de la revolución permanente estaba en la determinación insuficientemente clara y concreta de las etapas de la evolución, y especialmente en la reagrupación de las clases durante el tránsito de la revolución burguesa a la revolución socialista. Ya he dicho más de una vez que el punto de vista de Lenin era mucho más concreto. Pero solamente el punto de vista de Lenin. Las nueve décimas partes de los balbuceos críticos de los años 1923.1927 contra la teoría de la revolución permanente derivan de la escolástica estéril y con una desvergonzada fabricación del ”trotskismo” contra Trotski.
66. Renuncio a analizar ahora la discusión de 1923. La lucha comenzada entonces continúa todavía. Las cuestiones fundamentales de la discusión fueron:
a) Las relaciones entre la ciudad y el campo (tijeras; desproporciones; la amenaza que podrá surgir en el próximo período; ¿permanecerá la industria retrasada en relación con la agricultura o la sobrepasará?);
b) El sentido del plan económico bajo la égida de 1 lucha de las tendencias socialistas y capitalistas;
c) El régimen del Partido;
d) Los problemas de la estrategia revolucionaria (Alemania, Estonia).
Las cuestiones en litigio se han concretado desde entonces y se manifiesta esto en un gran número de documentos de la oposición. Sin embargo, la tesis fundamental, esbozada por la oposición en 1923, se ha confirmado plenamente.
En una declaración de 1926, firmada por Kamenev y Zinoviev, se dice:
”No puede caber ya duda alguna de que el núcleo de la oposición de 1923 tuvo razón al ponernos en guardia contra la posibilidad de que se abandone la linea proletaria y contra el peligro del desarrollo del régimen del aparato. Se mantiene al margen de todo trabajo del Partido a decenas y centenares de dirigentes de la oposición de 1923, entre los cuales hay viejos obreros bolcheviques, templados en la lucha, extraños al profesionalismo y al arrivismo, a pesar de la disciplina y del espíritu de resistencia de que han dado pruebas.”
Esta declaración por sí sola basta para demostrar cuán poco pesa el espectro del ”trotskismo” en la balanza de la teoría, ese espectro creado y mantenido para ahogar al Partido.
Se le llama ”trotskismo” desde 1923, y sobre todo desde 1924, a la aplicación correcta del marxismo en la nueva etapa de la Revolución de Octubre y de nuestro Partido.
He aquí una parte de los hechos, de los testimonios y de las citas que yo puedo aportar para refutar la historia de estos diez últimos años, falsificada por Stalin, Yaroslavski y compañía.
Hay que añadir que la falsificación no se limita a estos diez años, sino que se extiende a toda la historia precedente del Partido, transformada en lucha ininterrumpida del bolchevismo contra el ”trotskismo”. Los falsificadores pueden actuar con más facilidad en este dominio, dado que los acontecimientos se refieren a un pasado relativamente lejano, y que los documentos que se editan son escogidos arbitrariamente. Para lograr todo ello se falsifica el pensamiento de Lenin por medio de una selección unilateral de citas. Sin embargo, esta vez no hablaré del primer período de mi actividad revolucionaria (1897-1917), puesto que la razón de la presente carta que les dirijo es su cuestionario sobre mi participación en la Revolución de Octubre y mis entrevistas y relaciones con Lenin.
Me limitaré a dedicar algunas líneas a los veinte años que han precedido a la Revolución de Octubre.
Yo formé parte de la ”minoría” del II Congreso, minoría de donde, más tarde, nació el menchevismo. Permanecí afiliado y políticamente ligado a esta minoría hasta el otoño de 1904, poco más o menos hasta lo que ha dado en llamarse ”la campaña provincial de la nueva Iskra; fue entonces cuando se precisó mi desacuerdo absoluto e irreductible con el menchevismo en las cuestiones del liberalismo burgués y de las perspectivas de la Revolución. En 1904, es decir, hace veintitrés años, rompí con el menchevismo tanto en lo referente a la política como a la organización. Yo no me he llamado nunca menchevique ni me he estimado tal.
El 9 de diciembre de 1926, ante el Ejecutivo de la Internacional Comunista, me expresé en la forma siguiente respecto a la cuestión del trotskismo:
”Y o no creo que, por lo general, el método biográfico pueda conducirnos a la decisión de cuestiones de principio. No cabe duda alguna que yo he cometido errores sobre muchos problemas, sobre todo durante la época de mi lucha contra el bolchevismo. Pero no sería fácil sacar por ello la conclusión de que, en lugar de estudiar el contenido, es necesario juzgar los problemas políticos según la biografía, pues de lo contrario habría que pedir la biografía de cada delegado. . Yo mismo puedo hacer referencia a un precedente. En Alemania ha vivido y ha luchado un hombre que se llamaba Franz Mehring, que se adhirió a la socialdemocracia después de una larga y enérgica lucha contra ella (hasta estos últimos años nos llamábamos siempre socialdemócratas). Mehring escribió primero la historia de la socialdemocracia alemana como adversario, no como lacayo del capitalismo, sino como adversario en ideas, y sólo más tarde, convertido en amigo fiel, escribió su excelente obra sobre la socialdemocracia. Por otra parte, Kautski y Bernstein no han combatido nunca a Marx abiertamente, y los dos han estado mucho tiempo bajo la férula de Federico Engels. Bernstein, por otra parte, era conocido como testamentario de Engels. Sin embargo, Franz Mehring ha muerto marxista, comunista, mientras que los otros dos, Kautski y Bernstein, son hoy los perros fieles del reformismo. El elemento biográfico tiene, naturalmente, su importancia; pero no es, en sí, decisivo.”
Como he declarado no pocas veces, en los desacuerdos que tuve con el bolchevismo sobre una serie de cuestiones de principios, la sinrazón estaba de mi parte. Pero para definir en algunas palabras – aun cuando nada más sea de una forma aproximada – el contenido y la importancia de mis desacuerdos pasados con el bolchevismo, debo decir lo siguiente:
En la época en que yo no era miembro del Partido bolchevique, en los momentos en que mis desacuerdos con el bolchevismo alcanzaban el máximo de acritud, la distancia que me separaba de las concepciones de Lenin no ha sido nunca tan grande como la distancia que separa actualmente a Stalin-Bujarin de los propios principios del marxismo-leninista.
Cada nueva etapa del desarrollo del Partido de la Revolución, cada nuevo libro, cada nueva teoría han suscitado un nuevo ”zig-zag” y una nueva falta por parte de Bujarin. Toda su biografía política y teórica es una cadena de errores desde el punto de vista del bolchevismo. Las faltas que Bujarin ha cometido después de la muerte de Lenin sobrepasan enormemente – por su amplitud y, sobre todo, por sus consecuencias – todas las faltas anteriores. Este escolástico, que esteriliza el marxismo, que lo convierte en un juego de ideas y, con frecuencia, en un sofisma verbal, se ha revelado como el ”teórico” principal de este período de desviación política de la Dirección del Partido, es decir, de abandono del camino revolucionario proletario para seguir el camino de la pequeña burguesía. Y esto no se logra sin sofismas. De ello nace el papel ”teórico” actual que desempeña Bujarin.
En todas las cuestiones – poco numerosas por cierto – en que Stalin ha tratado de ocupar una posición personal o simplemente de dar, sin la dirección inmediata de Lenin, su propia respuesta a las grandes cuestiones, constante e invariablemente – orgánicamente, por decirlo así – ha adoptado una posición oportunista.
En una carta que escribió desde el destierro, Stalin denominaba la lucha de Lenin contra el menchevismo, contra la gente de Vperiod y contra los conciliadores, ”de tempestad en un vaso de agua” (véase la Zavia Vostoka del 23-12.25)
Que yo sepa, si hacemos abstracción de los artículos o menos justos, pero simplemente elementales, sobre la cuestión nacional, no existen otros documentos políticos que reflejen el pensamiento de Stalin antes de 1917.
La posición personal de Stalin (antes de la llegada de Lenin) al comienzo de la Revolución de Febrero era manifiestamente oportunista.
La posición personal de Stalin respecto de la Revolución alemana de 1923 es, desde el principio al fin, la de un conciliador que se arrastra a remolque de los acontecimientos
La posición personal de Stalin en las cuestiones de la Revolución china es una edición agravada del ”martynovismo de 1903.1905.
La posición personal de Stalin en las cuestiones del movimiento obrero inglés constituye una capitulación centrista ante el menchevismo.
Pueden amañarse las citas. Pueden disimularse las actas taquigráficas. Puede prohibirse la difusión de las cartas y de los artículos de Lenin. Pueden fabricarse por series las citas tendenciosas. Pueden suspenderse, ocultarse o quemarse los documentos históricos. Incluso puede hacerse extensiva la censura a los relatos fotográficos y cinematográficos de los acontecimientos revolucionarios. Stalin se encarga de hacer todo eso. Pero los resultados no justifican ni justificarán sus esperanzas. Se necesita la estrechez de espíritu de Stalin para creer que es posible hacer olvidar, por medio de maquinaciones burocráticas de la peor especie, los gigantescos acontecimientos de la Historia.
En 1918, en la primera fase de su lucha contra mí, Stalin se vio obligado a escribir, como ya hemos visto, las palabras siguientes:
”Todo el trabajo de organización práctica de la insurrección se efectuó bajo la dirección inmediata de Trotski, presidente del Soviet de Petrogrado. Puede decirse que el paso de la guarnición al lado del Soviet y la hábil organización del trabajo del Comité de guerra se los debe el Partido, ante todo y sobre todo, al camarada Trotski.” (Stalin, Pravda del 6 de noviembre de 1918.)
Haciéndome enteramente responsable de mis palabras, me veo obligado a decir: el salvaje aplastamiento del proletariado chino y de la Revolución china en sus tres principales etapas; el fortalecimiento de la posición de los agentes tradeunionistas del imperialismo inglés, después de la huelga general de 1926; el debilitamiento general de la posición de la Internacional Comunista y de la U. R. S. S., se lo debe el Partido, ante todo y sobre todo, a Stalin.
[1] Hay que subrayar aquí que Stalin me propuso con insistencia que me encargara, en el XII Congreso, del informe del Comité Central, de acuerdo con el presidente del B. P., Kamenev, y con el apoyo decidido de Kalinin y otros. Yo me negué a ello alegando los desacuerdos existentes, sobre todo respecto a las cuestiones económicas.
Qué desacuerdos? — replicó Kalinin — . En lo mayoría de los casos han sido sus proposiciones las aceptadas.” — L. T.

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