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Lecciones aprendidas en Afganistán: el concepto de Enfoque Integral
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por Fernando Fuentesal
Análisis GESI, 28/2016
Resumen: Los más importantes conflictos en los que nos hemos visto inmersos desde el final de la Guerra Fría han demostrado la necesidad de armonizar todos los elementos participantes en una operación, tanto militares como civiles, al objeto de optimizar esfuerzos y buscar un objetivo común que permita en primer lugar gestionar la crisis y después ayudar en el desarrollo de todos los ámbitos del país o países afectados.
Las principales Organizaciones Internacionales del ámbito de la seguridad y defensa han desarrollado estrategias siguiendo esta tendencia, así como muchos de los países que forman parte de éstas, entre ellos España.
Un escenario que nos permite analizar la importancia de lo que ha venido a conocerse como el Concepto del Enfoque Integral es el conflicto de Afganistán, donde las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y resto de actores participantes han intentado ponerlo en práctica, y si bien los resultados pueden que no hayan sido los esperados, sin duda alguna marcarán un punto de inflexión en la intervención en futuros conflictos.
Sin lugar a duda el conflicto de Afganistán ha sido de importancia capital en la evolución experimentada durante la última década por las Fuerzas Armadas de los diferentes países participantes en el conflicto, entre ellos España. A través de las lecciones identificadas y aprendidas en los niveles táctico, operacional y estratégico, no sólo hemos modificado los procedimientos, las capacidades y la organización de nuestras Fuerzas Armadas, sino que hemos aprendido que la resolución de conflictos requiere de la participación de múltiples actores, siendo los Ejércitos sólo uno más de ellos.
La pregunta que me planteo durante el análisis es la siguiente:¿ El conflicto de Afganistán ha supuesto un punto de inflexión en el papel a desempeñar por los actores civiles en la resolución de conflictos o situaciones de crisis?
El objeto general es analizar las estrategias llevadas a cabo durante el desarrollo del conflicto, comprobando si el concepto del “Enfoque Integral” ha ido ganando peso con el paso de los años y las diferentes revisiones estratégicas que se han ido estableciendo.
El documento se ha estructurado haciendo en primer lugar un recorrido de la evolución sufrida por el concepto de Enfoque integral y analizando los hechos que motivaron su aparición, hasta llegar a la situación en la que se encuentra en la actualidad.
Posteriormente analizaré las estrategias desarrolladas en Afganistán durante tres periodos diferentes, con cambios significativos en los mismos, para finalmente, durante las conclusiones, comprobar si existe un cierto paralelismo entre los cambios de estrategia en el conflicto de Afganistán y las modificaciones sufridas en las Estrategias de la OTAN y UE, en cuanto a la importancia que le conceden ambos al concepto de Enfoque Integral.
Puede decirse que el concepto de Enfoque Integral es considerado como el nuevo “paradigma” para la prevención de conflictos y la gestión de crisis internacionales en todas sus fases. Fue concebido en el Joint Doctrine & Concepts Centre (JDCC), de los Estados Unidos de América, a mediados de la primera década de este siglo (Friis y Jarmyr, 2008:5), al objeto de dar respuesta a la dificultades encontradas en diferentes tipos de operaciones, como la gestión de crisis, mantenimiento de la paz, estabilización, etc, que se venían acometiendo desde finales de los años 80. La práctica totalidad de los conflictos en los que se han visto involucrados los países occidentales en épocas recientes han mostrado la necesidad de poner orden en los complejos escenarios en los que se estaba actuando, con numerosos actores de diferente naturaleza que contaban con objetivos, agendas y medios muy dispares entre sí, a pesar de estar todos actuando en el intento de resolución del mismo problema.
El enfoque integral ha pretendido dar solución a todas estas carencias y necesidades detectadas, aglutinando y coordinando al máximo nivel posible todos los procedimientos, capacidades y actividades que requieren los actores en el teatro de operaciones, desde el comienzo de las mismas optimizando de este modo los recursos y compartiendo aquellos que sean necesarios.
Los errores cometidos en el pasado (Balcanes, Irak, etc), supusieron un elemento importante de concienciación para evitar que volviesen a ocurrir. La rivalidad entre actores, la inobservancia de los códigos culturales de los países donde se actúa, la inexistente comunicación entre algunos actores civiles y militares, los deficientes objetivos marcados y estrategias definidas, así como las ineficientes estructuras montadas, redundantes en algunos casos, parecen ser, entre otros, motivos de peso para que las potencias occidentales hayan visto la necesidad de contar con una nueva herramienta que facilite el consenso entre el mayor número de actores involucrados posibles.
A pesar de todas la bondades que aparentemente este nuevo enfoque ofrece a la hora de enfrentarse a los conflictos, lo cierto es que aún no se ha llegado a un consenso internacional sobre cuáles son las actividades que deben contemplarse para, una vez integradas las capacidades que cualquier actor pueda aportar, ser capaces de solventar los problemas internos en su gestión y conseguir la integración y coordinación de todos los actores.
La falta de consenso a nivel internacional ha derivado en que muchos países realicen una interpretación propia de este nuevo concepto, siendo utilizado como elemento para coordinar la acción exterior del país, lo que inicialmente vino a determinarse como Enfoque 3D (Defensa, Diplomacia y Desarrollo: los tres pilares de la seguridad), o “Whole of Government Approach” en los Estados Unidos.
Dentro del ámbito de los Organizaciones Internacionales que contemplamos, podría afirmarse que la Alianza Atlántica comienza a plantearse el mejorar la coherencia de todas las actividades que se llevan a cabo en los conflictos tras su intervención en el conflicto de los Balcanes. Tras un largo recorrido, sería finalmente en noviembre del año 2006, durante la cumbre de Riga, cuando se lanza la iniciativa denominada de manera provisional “Acción Concertada” (Concerted Action), considerada en sus orígenes como el desarrollo civil del Enfoque Basado en Efectos (EBAO). Este estaba llamado a ser el marco general que habría de usar la Alianza en la gestión de crisis, y que posteriormente adquirió de manera definitiva la denominación de Enfoque Integral.
Desde esa fecha, un Comité Político Reforzado es el encargado, a petición de Secretario General, de desarrollar e impulsar el nuevo concepto de Enfoque Integral dentro de la estructura político–militar de la Alianza, focalizado en la mejora de los instrumentos de ésta en la gestión de crisis y en la mejora de las relaciones con los actores relevantes, tanto en la valoración de la situación, como en el posterior planeamiento y conducción de la operaciones.
La Unión Europea, al igual que había hecho la Alianza Atlántica, se vio en la necesidad de formular su propio concepto de Enfoque Integral al objeto de mejorar las relaciones entre los actores relevantes en cualquier gestión de crisis en la que se vieran envueltos.
Desde los orígenes de la Unión Europea, la coordinación entre otros actores y lo que actualmente conocemos como Enfoque Integral han estado muy presentes, como así se puede constatar a través de múltiples artículos recogidos en el Tratado de la Unión Europea (TUE), si bien se puede afirmar que los fundamentos teóricos de los que parte los encontraríamos en la Estrategia Europea de Seguridad de 2003. El conocido como “Documento Solana” dejaba clara la necesidad de integrar los diferentes instrumentos con los que contaba la Unión para hacer frente a cualquier amenaza que se pudiese presentar.
A lo largo de los años se ha ido avanzando en el desarrollo teórico y posterior puesta en práctica de diferentes conceptos, como el de CIMIC o el de Civil-Military Coordination (CMCO), considerado este último como un proyecto de planeamiento integral, conjunto y combinado inter-agencias.
El Tratado de Lisboa fue un importante paso de la Unión Europea en el asentamiento del concepto de Enfoque Integral, y en el mismo ya establecía que “la Unión velará por mantener la coherencia entre los distintos ámbitos de su acción exterior y entre estos y sus demás políticas”. Con dicho tratado la Unión Europea adquirió nuevos instrumentos de acción exterior que le han permitido desarrollar una política exterior más activa y unificada, como el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), donde se aúnan los órganos de gestión de crisis, tanto civiles como militares, y la figura de la Vice Presidenta de la Comisión Europea y Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (VP/AR), al objeto de facilitar la unidad, la coherencia, la visibilidad y la eficacia de la acción exterior de la Unión Europea.
Enfoque integral en Afganistán
Primera fase 2002-2008
Los comienzos del conflicto de Afganistán están marcados por el liderazgo militar de las fuerzas estadounidenses, prescindiendo de sus aliados de la OTAN, y articulando una coalición para la operación Libertad Duradera en la que se esperaba que todos los aliados aceptasen la estrategia y el liderazgo norteamericano sin trabas. La operación militar se centró en combatir al régimen Talibán tratando de expulsarlos de suelo afgano, si bien adoleció de falta de previsión sobre el futuro del pueblo afgano una vez alcanzados los objetivos definidos, dejando patente que la estrategia aplicada inicialmente sólo había contemplado las acciones militares, dejando de lado muchos de los problemas civiles inherentes al conflicto.
Pronto se observó que el programa elaborado para la reforma del sector seguridad no iba a dar los frutos pretendidos, por un lado por el exceso de confianza en los resultados alcanzados por la operación Libertad Duradera, y por otro por la dificultad de llevar a cabo el programa de desarme, desmovilización y reintegración de los antiguos combatientes, por lo que pronto la inseguridad iba a convertirse en el principal problema de la Fuerza Internacional de Asistencia a la seguridad (ISAF), desplegada en Kabul y alrededores.
Uno de los primeros errores fue repartirse las tareas entre los diferentes países participantes sin que hubiese coordinación entre ellos. Esta división del trabajo, realizada de forma voluntaria entre los diferentes países hizo que no se pudiese lograr una estrategia global y con un Enfoque Integral de la reforma del sector seguridad.
En el año 2003 la OTAN se hace cargo de ISAF. Entre el 31 de marzo y el 1 de abril de 2004, se celebró la conferencia internacional de Berlín, en donde se acordó el despliegue de los Equipos de Reconstrucción Provinciales, por sus siglas en inglés PRT (Provincial Reconstruction Team), por todo el territorio afgano, demostrando ser una pieza importante de la estrategia de reconstrucción y estabilización del país, así como la implementación del proceso de desarme, desmovilización y reintegra­ción, aprobando un plan de trabajo encaminado a resaltar la impor­tancia del proceso de reforma de las instituciones afganas.
Los PRT estaban constituidos por un componente militar y otro civil. Este concepto norteamericano fue considerado como muy novedoso en su día y tomado como modelo, entre otros, en la aplicación del Enfoque Integral en los niveles táctico y operacional. Inicialmente pretendía fomentar la estabilización y el desarrollo del país de manera paralela a las operaciones militares desarrolladas, contemplando la integración de esfuerzos civiles y militares.
Los PRT se consideraron una solución intermedia para las Fuerzas Armadas (FAS) entre su papel principal de combate y el de la reconstrucción post-conflicto, de modo que una parte de la reconstrucción se gestionaba con un número muy limitado de fuerzas, dejando el papel fundamental a las agencias civiles...
Los PRT,s se volcaron en la reforma del sector de seguridad, conocido por sus siglas en inglés SSR (Security Reform Sector), además del apoyo al programa de estabilización de Afganistán (ASP- Afghan Stabilization Program), evitando de esta manera una posible interferencia en las acciones realizadas por la agencias humanitarias e internacionales dedicadas al apoyo directo a la población.
La experiencia de los PRT’s en Afganistán mostró las dificultades encontradas para que civiles y militares operasen juntos en un conflicto armado o en una determinada zona de operaciones, fracasando finalmente el experimento debido al creciente nivel de violencia del conflicto.
Cambio de estrategia 2009-2010
La estrategia llevada a cabo hasta la fecha había dado resultados en la estabilización del país, en la formación de las Fuerzas Armadas afganas así como en la mejora de la percepción de seguridad por parte de la población; no obstante, había dejado de lado otra serie de aspectos fundamentales, como era la seguridad de la propia población local, la confianza de estos en las instituciones, así como la percepción que tenían de las fuerzas extranjeras que se encontraban operando en el país.
Ante esta situación el presidente Obama mandó a uno de sus mejores generales, Stanley McChrystal, relevando en mayo de 2009 al general Mackiernan al frente de las fuerzas estadounidenses. El General McChrystal, en su primera valoración de la situación del conflicto, pidió más fuerzas al presidente al objeto de mejorar la seguridad en el país, pero sobre todo pidió un cambio de rumbo en la estrategia hasta ahora utilizada, donde ponía el acento en el entorno humano de la operación.
Un aspecto central en esta nueva estrategia fue la “población”. Era preciso ganar el apoyo de la sociedad afgana, para lo cual era necesario “un mejor entendimiento de las aspiraciones y necesidades de su gente”. Para ello se necesitaba proteger a la población y que esta empezase a confiar en las instituciones de su gobierno y en la coalición internacional; esto requerirá, entre otras medidas, cambiar la cultura operacional de las fuerzas internacionales para hacerlas capaces de conectar con la población local, poniendo énfasis en la necesidad de conocer la lengua y cultura local.
Sobre la premisa de la importancia de conocer la cultura, la estrategia planteada se encontraba alineada con el Enfoque Integral, en el sentido que marcaba que el conflicto afgano no podía ser solucionado únicamente a través de medidas militares, sino que éstas debían venir acompañadas de medidas económicas, sociales, culturales y políticas.
Quedaba patente también que la importancia del aspecto cultural no era únicamente relevante para las operaciones militares, sino para todos los actores y organizaciones internacionales que se encontraban presentes en el teatro de operaciones, siendo de capital importancia la comunicación y coordinación al objeto de alcanzar metas comunes entre todos los actores involucrados en el conflicto.
Pese al cambio de estrategia, que intentó romper la iniciativa Talibán aprovechando el aumento de tropas, no se alcanzaron los resultados esperados, pues el incremento de los combates significó también un aumento de las bajas propias, comenzando a dudar el propio presidente Obama sobre la estrategia adoptada.
Un último apunte sobre la estrategia planteada en esta fase de la operación fue la tendencia de “ganarse los corazones y mentes” de la población como una parte fundamental de la misma, dando importancia a factores intangibles del conflicto, como la identidad de los pueblos o las diferencias culturales, lingüísticas y religiosas, que debían ser tenidos en cuenta en todos los niveles de conducción del conflicto y por todos los actores implicados en ella,.
Puede decirse que MacCrystal era crítico precisamente con la dirección política de la guerra, dejando en entredicho una de las premisas esenciales de cualquier sistema democrático, en el que el poder militar debe estar supeditado al poder civil; esta manera de entender la conducción de la guerra supuso un duro revés en la aplicación del concepto de Enfoque Integral, afectando las relaciones entre el Departamento de Estado y el de Defensa, al igual que a las relaciones entre el propio Presidente y el Pentágono.
Finalmente, el 23 de junio de 2010 el General McChrystal es cesado por el Presidente Obama, tras divulgarse en la revista Rolling Stone el contenido de un artículo en el que el General criticaba duramente a diversos cargos de la Administración Obama, entre ellos, el vicepresidente Joe Biden, el embajador de Kabul, Karl Eikenberry y el enviado a la zona, Richar Holbrooke, entre otros, por su dirección y gestión del conflicto afgano.
Última fase. Petraeus 2011-2014
Este nuevo periodo del conflicto de Afganistán estuvo marcado por la designación del General David Petraeus al mando de las fuerzas de la coalición en Afganistán y su máxima de que la batalla principal en la guerra de Afganistán no era contra los talibanes, sino que debía estar focalizada a la conquista del apoyo de la población civil. Sobre este concepto base, el General Petraeus, expuso las grandes directrices de la nueva estrategia en la que trabajaba y en la que se iba articular su campaña.
El General veía la necesidad de incrementar las tropas y medios desplegados pero “la eficacia no sólo iba a depender de cómo se empleasen, sino también de cómo serán vistas por la población". Con estas premisas, expuso lo que sería su “decálogo” en la estrategia a seguir durante los próximos meses en la campaña, dejando claro cuáles eran sus intenciones.
El decálogo se centraba en la necesidad de ganarse a la población, de tener presente la importancia de la ubicación de las fuerzas, intentando consultar a las líderes locales al objeto de velar por sus intereses, promoviendo a la vez la reconciliación con el pueblo afgano. No olvidaba tampoco la importancia de ganar la batalla de la información, siendo necesario derrotar a la insurgencia también en este campo.
Es de resaltar, en relación al Enfoque Integral, la importancia dada a la Unidad de Esfuerzos: "Necesitamos coordinarnos mejor, entre nosotros, con las fuerzas afganas, pero también con las paquistaníes, las embajadas, los líderes locales, las ONG", así como a la necesidad de legitimar a las autoridades locales y de reformar la policía afgana, de modo que alcanzasen unos niveles de eficacia aceptables.
Por último, no quiso olvidar en sus premisas la necesaria capacidad de adaptación constante con la que deben contar las fuerzas, y donde todas sus acciones debían estar guiadas por la fidelidad a sus valores, que en definitiva es lo que les diferencia de sus enemigos.
Dentro de la estrategia planteada, resaltó la necesidad de que el esfuerzo civil-militar estuviese plenamente integrado, subrayando la importancia de la estructura civil, motivo por el cual había triplicado la estructura existente en Afganistán para ser capaz de desarrollar de manera eficaz su estrategia.
Su estrategia focalizada en el combate a los Talibanes, en el apoyo al desarrollo de las estructuras de seguridad y de gobierno afgano, con un alto componente civil, no pudo finalmente llevarse a cabo por falta de recursos humanos, logísticos y económicos, la ineficacia del gobierno afgano en general y de Karzai en particular, así como a la decadencia que sufrió la ayuda civil por el progresivo deterioro de seguridad, pasando a una nueva etapa donde la figura de la “operaciones especiales” y el uso de los “drones” tomarían el relevo como elementos centrales de las futuras operaciones en Afganistán.
A lo largo del documento se ha analizado tanto la evolución que ha sufrido el concepto de Enfoque Integral en dos de las principales Organizaciones Internacionales de la que España forma parte, la UE y la OTAN, como la evolución que ha tenido la estrategia planteada en el conflicto de Afganistán por los actores implicados.
Como conclusión general considero que efectivamente el conflicto afgano puede considerarse un punto de inflexión en muchos aspectos importantes en la resolución y gestión de crisis. Si alguno quiero resaltar es la paulatina importancia que han ido ganando la participación y el rol de los actores civiles en el mismo, si bien podríamos afirmar que el Enfoque Integral se descuidó en los momentos iniciales del conflicto, lo que trajo consigo que se perdiese la oportunidad brindada con la victoria inicial y el posterior periodo de estabilidad, a pesar de introducir conceptos novedosos como el mencionado de los PRT,s.
A lo largo del conflicto, hubo un momento que se hizo evidente la necesidad de aunar y coordinar los esfuerzos de todos los actores participantes, si bien la deteriorada situación hizo inviable a los Comandantes de la operación dar un mayor protagonismo a los actores civiles. Tanto la estrategias planteada por McChrystal como por Petraeus, no pueden ser consideradas como ejemplos de “Enfoque Integral”, si bien giraron en torno al mencionado “Enfoque Cultural”. Ambos Comandantes pusieron el acento en el componente militar de la operación, pudiendo considerarse los periodos en los que ambos lideraron la Coalición como de retorno a una estrategia “eminentemente militar”, ante la manifiesta falta de seguridad que impedía aplicar un verdadero “Enfoque Integral”, como así se había pretendido en los años precedentes y pese a los intentos de ambos Comandantes de aplicarlo en la resolución del conflicto.
En este sentido, considero un acierto en la aplicación de este concepto la necesaria flexibilidad y altura de miras demostrada para identificar la singularidad y especificidad de cada crisis, teniendo que determinar en qué momento un determinado actor o actores no deben actuar por motivos diversos, como pueden ser aspectos de seguridad, si bien siempre se debe tener presente en el planeamiento y ejecución los intereses que hayan manifestado.
Esta última apreciación nos hace ver que la aplicación del “Enfoque Integral” no siempre es sencilla y son muchos los obstáculos y dificultades que uno debe sortear a la hora de ponerla en práctica, tanto a nivel nacional como internacional. Nos encontramos que no siempre las percepciones y actitudes de los actores ante una crisis es la misma, así como los intereses en la participación no tienen por qué ser comunes, haciendo que parte del esfuerzo se pierda en facilitar la convergencia de éstos. Cada crisis es única y afectará de manera diferente a los actores, cuyo grado de implicación e interés, así como de apreciación y sensibilidad, variará con el tipo de crisis en la que se vean envueltos. Nos encontramos a su vez con la dificultad de hacer que todos los actores participantes en una crisis se vean involucrados desde los primeros momentos de la gestión de la misma, ya que su inclusión posterior puede ser menos eficaz de lo que debiera.
De lo anteriormente mencionado extraemos la lección aprendida del conflicto de Afganistán de que el Enfoque Integral debe ser aplicado desde los albores de la operación, desde el planeamiento hasta la posterior ejecución y a todos los niveles de mando y control, haciendo partícipe a todos los actores cuya presencia es importante, pues su posterior inclusión hace que su actuación no sea tan eficaz como debiera.
A nivel nacional, si bien en la Estrategia de Seguridad Nacional se manifiesta que a través de un enfoque integral se deben dar respuesta a los complejos retos a los que nos enfrentamos, aún no han sido desarrollados los procedimientos necesarios para integrar este enfoque en el Sistema de Gestión de Crisis, de modo que exista una coordinación interna entre las diferentes administraciones y entre éstas y los organismos no gubernamentales. Como resultado, cada crisis se gestiona de una forma diferente, sin modelo fijo ni orientado hacia el enfoque integral, encontrándonos en la actualidad con unas carencias formativas, de mentalización y también financieras para ser capaces que las estructuras de gestión de crisis actúen coordinadas e integradas entre sí.
Con respecto a las dos Organizaciones analizadas, la OTAN y la UE, se comprueba cómo paulatinamente se toma conciencia de la importancia que deben tener todos los actores en la gestión de crisis, y donde a día de hoy, ninguna ni puede ni debe ser resuelta desde una perspectiva exclusivamente militar.
Se observa que existe un cierto paralelismo entre los cambios de estrategia que se han ido aplicando en Afganistán, donde cada vez ha ido cobrando más importancia el “Enfoque Integral”, en el que todos los actores cuentan y tienen sus cometidos y donde la coordinación entre ellos resulta primordial, con la evolución que ha tenido el citado concepto dentro de la OTAN y la UE, donde está llamado a ser el pilar fundamental en que apoyarse a la hora de afrontar las futuras agendas en gestión de crisis o resolución de conflictos.
En la UE se aprecia que desde el principio ha existido una mayor preocupación sobre la importancia que deben tener los actores civiles en la resolución de conflictos, si bien es debido a la propia naturaleza de esta organización, donde la actuación de estos actores es considerada clave a la hora de dar coherencia a la acción exterior de la Unión. Esto último ha quedado patente en la última revisión del Tratado de la Unión Europea y queda reflejado en las más de veinte misiones civiles y militares conforme a la PCSD (Política Común de Seguridad y Defensa), activas durante el año 2015 en la región del Cáucaso meridional, África, Oriente Próximo y Asia. En la UE el “Enfoque Integral” es considerado como el trabajo coordinado de todas las instituciones que deben tomar parte y donde es una máxima el recurrir a los instrumentos más pertinentes con los que para cada ocasión cuente la Unión.
Posiblemente el mayor acierto durante todos estos años haya sido la creación de estructuras ex profesas en la coordinación de elementos civiles y militares, dentro del ámbito de la UE.
En cuanto a la OTAN, pese a sus reticencias iniciales a dejar en entredicho su naturaleza político-militar, es palpable la creciente importancia que se le ha dado la actuación de los actores civiles, como así ha quedado demostrado en la propia evolución del conflicto de Afganistán, siguiendo por otro lado, y como no podía ser de otra forma, la estrategia adoptada por los Estados Unidos. Sirva de ejemplo la gestión de la crisis del Ébola que han realizado los Estados Unidos a través de la USAID (United States Agency for International Development), y donde el componente militar de la operación no sólo no fue el primero en llegar a la zona de crisis, sino que se encuentra subordinado a la Autoridad civil que la lidera (7). Pese a todo, la OTAN cuenta con mucho margen de mejora en el desarrollo de su estructura y procedimientos si realmente pretende obtener resultados eficientes y a largo plazo en este sentido.
Tras el análisis realizado, se extrae que el “Enfoque Integral” no debe ser considerado como el concepto que viene a solucionar toda la problemática existente en una gestión de crisis, sino un método de trabajo que ayuda en la definición de objetivos, prioridades y estrategias a emplear entre los múltiples actores intervinientes en la misma, no siendo pocos ni fáciles los problemas a solventar y obstáculos a salvar en su correcta aplicación.
En el camino por recorrer, considero fundamental el que se alcance un consenso internacional en lo que al concepto se refiere. Una vez alcanzado determinar cuáles son las estructuras necesarias a cada nivel para integrar a todos los actores, desarrollar los procedimientos que lo faciliten, así como tomar medidas y habilitar foros que mejoren el entendimiento y grado de confianza entre instituciones; sin duda alguna, este camino ha empezado a ser recorrido tanto a nivel nacional como a nivel internacional, si bien no todos los actores se encuentran a la misma altura del mismo ni ponen el mismo esfuerzo en alcanzar el objetivo final.
Fernando Fuentesal García, es Comandante de Infantería del ET (DEM) y antiguo alumno del Máster on-line en Estudios Estratégicos y Seguridad Internacional [1] de la Universidad de Granada.
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[4] http://www.seguridadinternacional.es/?q=es/tags/conflictos-armados-internos
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