Source: https://archive.schillerinstitute.com/newspanish/InstitutoSchiller/Literatura/LaGuerraCristera.html
Timestamp: 2018-11-16 13:32:14+00:00

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Este artículo está dedicado a la memoria de Carlos Cota Meza. Fue elaborado con la ayuda de Cruz del Carmen Moreno viuda de Cota.
El propósito de este artículo es explicarle al joven líder potencial de México y otras partes, cómo el sinarquismo se ha usado para tratar de impedir el desarrollo de México, en particular, en tanto Estado nacional soberano independiente, dentro de una comunidad mundial de Estados nacionales soberanos, mutuamente comprometidos al fomento del bienestar general de sus respectivos pueblos, mediante el desarrollo económico. Ello se hace necesario ante la renovada amenaza que presenta para México, los Estados Unidos, y otras naciones, el que los sinarquistas de la actualidad centrados en torno al vicepresidente Dick Cheney de los EU, y del Partido Acción Nacional (PAN) en México impongan el fascismo internacional.
Aquí documentaremos cómo los sinarquistas adiestrados por jesuitas, jalaron los hilos de la insurrección cristera, el levantamiento armado supuestamente "católico" que se llevó a cabo de 1926–1929 para derrocar al Gobierno mexicano. El sinarquismo en sus diversas formas es una ideología totalitaria, supuestamente diseñada para contrarrestar la "anarquía", imponiendo dictaduras fascistas. Los mismos sinarquistas que dirigieron la guerra cristera formaron la Unión Sinarquista Nacional de México en 1937, y al PAN. La propia Unión Nacional Sinarquista estaba dirigida por los nazis, a través de la Falange Española.
Hay quienes alegan lo contrario, que la insurrección cristera fue un acontecimiento singular legítimo, conforme a las condiciones que prevalecían en México en esa época. Por ejemplo, Anne Carroll, cuyo marido, Warren Carroll, fundó el Christendom Collegeun resumidero del carlismo español ligado la familia Buckley de Virginia, Estados Unidos, dice en su libro Christ and the Americas (Cristo y las Américas), que la insurrección cristera tuvo razón de ser y que, aunque no resultó victoriosa en el corto plazo, tuvo un efecto histórico positivo, como muestra el hecho de que el papa Juan Pablo II visitó a México en los 1990. Según ella, "la sangre de los mártires de la revolución rindió frutos".
Según Anne Carroll, "la sangre de los mártires de la revolución rindió frutos".
(Ver "Al descubierto el complot de las escuelas seudocatólicas: ¿quién está matando a los gatitos de tu vecino?")
En 1985 los colaboradores de Lyndon LaRouche en México publicaron el libro, El PAN: el partido de la traición, que contiene un capítulo titulado "La insurrección cristera y el sinarquismo". Sin embargo, bajo el engaño y la traición del otrora colaborador de LaRouche, Fernando Quijano, quien se volteó contra LaRouche cuando éste fue encarcelado injustamente por los sinarquistas que controlaban a Quijano, hubo una campaña para repudiar todo lo escrito en ese libro. Quijano hasta llegó a decir en una ocasión que, luego de que el presidente mexicano Benito Juárez ejecutó al "emperador" Maximiliano de Habsburgo, debió haberse ejecutado sí mismo. Para entender el grado de traición que esto representa, hay que tomar en cuenta que la propuesta económica de LaRouche para Iberoamérica en 1982 se titulaba Operación Juárez.
razones de los mexicanos, se retiraron; los franceses, en cambio, declararon la guerra.
No es accidental que Anne Carroll también defienda al emperador Maximiliano de Habsburgo, y ataque a Juárez. No es de extrañar, pues Otto de Habsburgo estaba entre los patrocinadores de la revista carlista Triumph de L. Brent Bozell, con la cual los Carroll estaban asociados antes de fundar el Christendom College. Más aún, la Sociedad para la Mancomunidad Cristiana, fundada por Bozell, cuñado de Buckley, adoptó el mismo grito de batalla de los cristeros, "¡Viva Cristo Rey!"
Según la Caroll, después que México declaró su independencia en 1810, "surgieron hombres que rechazaron el liberalismo, que profesaban los valores tradicionales, que eran católicos leales. Los tradicionalistas mexicanos sabían que la Iglesia y los valores tradicionales representaban la única esperanza de México". Fue por ello que concibieron la idea de establecer una monarquía católica, con un príncipe europeo en el trono, sobre la que hablaron con la emperatriz Eugenia, la esposa española de Napoleón III de Francia.
En 1854, cuando los republicanos del Partido Liberal mexicano lanzaron el Plan de Ayutla, que culminó con el derrocamiento del presidente Antonio López de Santa Anna al año siguiente, según la Carroll, los conservadores se rebelaron con la consigna de "religión y fueros"; el mismo que usaron los carlistas españoles. En julio de 1859 Juárez emitió las leyes de Reforma. En julio de 1861, con los liberales consolidados en el poder, México declara una moratoria a la deuda externa. Con esto como pretexto, Napoleón III decide enviar al Ejército francés, que llegó a México en 1862 y, tras la guerra que siguió, impuso a Maximiliano como emperador de México. El 28 de junio de 1866 Napoleón ordena el retiro del Ejército francés, por el temor de iniciar una guerra con los EU. El 12 de junio de 1867 se enjuicia a Maximiliano, y lo ejecutan el 19 del mismo mes.
Anne Carroll evalúa así los hechos: "Los EU respaldaron a Juárez y atacaron a Maximiliano porque Juárez se jactaba de su adhesión al liberalismo y a la democracia. Pero él estableció un control mucho más rígido sobre el país que el impuesto por el dizque autócrata Maximiliano. Trató de establecer un sistema de educación secular para remplazar al destruido sistema católico, pero fracasó". Este es el punto de vista adoptado por el peón de Buckley, Fernando Quijano, y sus epígonos.
El historiador Jean Meyer, profesor de la Sorbona, Francia, es otro apologista importante de la rebelión cristera. Meyer omite hechos decisivos de su libro, La cristiada, a fin de encubrir la continuidad entre los cristeros y el movimiento sinarquista oficial fundado en México en 1937. Un tercer apologista de los sinarquistas en México, el cura Alcuin Heibel, alega que no son nazis ni falangistas, sino un "movimiento totalmente cristiano y mexicano".
Pero para entender a los cristeros hay que ver el papel que tuvieron la familia Habsburgo y los jesuitas en México, y la influencia del carlismo español. Las guerras carlistas del siglo 19 no sólo ocurren al mismo tiempo que la oposición de la Iglesia católica mexicana al movimiento de independencia iniciado por el cura don Miguel Hildago y Costilla, y la Reforma de Benito Juárez, sino que los cristeros adoptan el mismo grito de batalla de los carlistas de los 1880, "¡Viva Cristo Rey!" Es más, el principio carlista de los fueros, o privilegios feudales, fue el principio organizativo que emplearon los jesuitas antes de que Carlos III los expulsara de México y todos los dominios de España en el siglo 18, y antes, durante y después de la insurrección cristera. Este principio de los fueros es el principio sinarquista que también subsume el concepto habsburgo de una "Europa de las regiones", en oposición a una Europa de Estados nacionales soberanos.
Los jesuitas dirigieron la insurrección cristera en México, usando los mismos métodos organizativos por los que Carlos III suprimió la orden en 1767. Algunos autores, como Meyer, alegan falsamente que los esfuerzos de la Revolución Mexicana y, de forma implícita, del movimiento independentista mexicano y de la Reforma, reflejaban una forma del llamado "regalismo" borbón. Pero no es accidental que el calificativo de despótica y "regalista" que le da Meyer a la República de México, deriva directamente de los carlistas, quienes desde 1830 lucharon a favor de una forma teocrática medieval de catolicismo romano en el Estado español.
En 1808 el arzobispo de México, Francisco Javier de Lizana, y el inquisidor Bernado de Prado y Obejero, se contaron entre los dirigentes de la conspiración contra el virrey José Joaquín de Iturrigaray y Aróstegui, quien contemplaba que México se independizara de España. Cuando estalló la Guerra de Independencia, más de cien sacerdotes del bajo clero se alistaron en las filas de los insurgentes, pero la Iglesia los anatemizó, los excomulgó y los degradó de su rango sacerdotal. En 1811 se publica una Invitación a los católicos a someterse a lo que Dios y las Cortes Generales demanden de su fe, que tildaba a los próceres de la Independencia de "hombres desvergonzados y sacrílegos, infames y desnaturalizados", que "conspiran para desterrar a la religión y la lealtad de este país".[1] El contenía una declaración de los obispos de Puebla, Oaxaca, Guadalajara y Nuevo León, en la que concedían 240 días de indulgencia a los fieles "por cada párrafo que lean o escuchen leer" del mismo. El arzobispo Lizana, los obispos Manuel Abad y Queipo, Juan Ruíz de Cabañas, y otros prelados, junto con la Inquisición, excomulgaron a todos los insurgentes y sus simpatizantes.
Como observó Walter Lippman, "en 1926 y 1927 la mayoría de los prelados [en México] sólo buscaban una solución mediante el derrocamiento del Gobierno". Lippman añadió que los prelados mexicanos veían el mundo a través de la encíclica de 1864 del papa Pío IX, Sílabo de errores, y que, en "su visión social, suponían que el orden feudal era parte de la naturaleza de las cosas" (este es el mismo Pío IX que simpatizaba con la Confederación esclavista en la Guerra Civil estadounidense).
Dwight Morrow, el embajador estadounidense en México que actuó como mediador en las negociaciones que pusieron fin a la insurrección cristera, hizo la observación de que los principios de la ideología que expresa el Sílabo de errores no los aceptaría el "Estado mexicano, ni ningún otro Estado moderno. No sólo la mayoría de los protestantes, sino también muchos católicos liberales, piensan que los párrafos cinco y seis del Sílabo, que tratan sobre la Iglesia, sus derechos y sus relaciones con otras sociedades civiles, son irreconciliables con la independencia del Estado nacional moderno. El abismo entre la doctrina de la Iglesia y sus formas más extremas aún no se ha salvado en la teoría. Sin embargo, la moderación y el sentido común han generado un modus vivendi en la mayoría de los países importantes del mundo".
En especial durante el período del pacto Stalin–Hitler, antes de la invasión nazi a la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial, los informes de inteligencia estadounidenses sobre Iberoamérica documentaban la colaboración entre los nazis, los fascistas, los japoneses y los comunistas. Un informe confidencial de la inteligencia estadounidense, con fecha del 9 de abril de 1940, señalaba: "Los agentes rusos y alemanes, aunque en campos políticos opuestos, no están en oposición, sino que actuan en perfecta colaboración y cooperación. El suyo es un objetivo de revolución armada en México, de acciones contra los EU. . .Se informa que los agentes comunistas y nazis trabajan de manera activa, hombro a hombro, en todos los grupos sindicales, agitar contra los EU, promover desórdenes civiles y obtener el control ideológico de México".
Desde esta perspectiva histórica, no es accidental que en 1979 Fernando Quijano quisiera dividir a los colaboradores iberoamericanos de Lyndon LaRouche, en alianza con la Cuba comunista de Fidel Castro educado por los jesuitas, y que luego, a fines de los 1980 y durante los 1990, quisiera crear una organización iberoamericana separada en base a una alianza anticomunista con Blas Piñar y la Falange Española (ver recuadro).
La edición del 21 de septiembre de 2002 del diario londinense Guardian informa que en el aniversario de la fundación de la Legión Española de camisas azules, el orador estrella fue Blas Piñar, fundador de las Guerrillas de Cristo Rey, una pandilla de matones derechistas ultracatólicos que aterrorizaron Madrid en los 1970. "Su carismática fusión de la hagiografía de Franco, sus ataques a 'los rojos', citas de las Escrituras y referencias a los santos, fueron recibida con arrobamiento. Entre el público se encontraba un frágil veterano, bigote gris, de la Divisón Azul, el cuerpo de 40.000 voluntarios de Franco que pelearon por Hitler en Rusia".
En oposición al Concilio Vaticano II, Blas Piñar favorece la preservación de la misa tridentina, la cual le autorizó a Lefebvre celebrar para Fuerza Nueva. Le da credibilidad a las "apariciones" marianas de los 1800, a partir de lo cual surgió el integrismo. De particular importancia son las apariciones de La Salette, en las que supuestamente la Virgen le explicó a dos niños que la Iglesia está en peligro debido a su jerarquía. Supuestamente, la Virgen hizo un llamado a los Apóstoles de los últimos días para que formacen un ejército para combatir por Cristo.
Se llegó a conocer a Blas Piñar como el caudillo del Tajo, luego de que el místico Clemente Domínguez, tuvo la visión que le decía que Cristo iba a enviar a "el gran caudillo del Tajo, el segundo Franco", para salvar a España cuando desapareciera Franco.
Piñar fundó Fuerza Nueva en 1966, con el propósito de "mantener vivos los ideales del 18 de julio de 1936". Durante el régimen de Franco, Piñar fue el director del Instituo de Cultura Hispánica, pero fue destituído por publicar un ataque virulento contra los EU. Era protegido del almirante Carrero Blanco, segundo en mando después de Franco.
En el público se encontraba Horia Sima, un miembro de la Guardia de Hierro, quien estuvo al frente de la Legión Rumana que combatió por Hitler contra la Unión Soviética. Según un autor, Blas Piñar encontró en la "Legión Rumana y en su catolicismo militante una confirmación de su 'ultramontanismo' ".
William F. Wertz.
Es más, la idea de crear un "bloque latinoamericano" contra los EU, en oposición a una alianza "panamericana" con ellos, es la posición política sinarquista de los nazis. Un informe confidencial de la inteligencia estadounidense, titulado "Argentina: resumen de la actividad nazi", fechado el 13 de agosto de 1941, describe la técnica de propaganda de la Falange Española controlada por los nazis, en Argentina y en otras partes de Iberoamérica, como "un fuerte impulso hacia la creación de un bloque latinoamericano que, permitiéndole a cada país mantener su individualidad, unificaría la política exterior del continente sureño y proporcionaría una protección segura contra el imperialismo yanqui. Este impulso se vincularía a su vez con el movimiento de hispanidad, inaugurado formalmente por España y Portugal, pero obviamente dirigido por Alemania".
Como señala el libro El PAN, en 1926 Manuel Gómez Morín, fundador del derechista PAN, era el abogado de la embajada soviética en México. Ya en 1922 Gómez Morín había propuesto ante el Primer Congreso Internacional de Estudiantes, celebrado en México, D.F., "la abolición del actual concepto del poder público que, suponiendo al Estado una entidad soberana. . . se traduce en un derecho subjetivo de los menos sobre los más. . . Obtener, en oposición al principio patriótico de nacionalismo, la integración de las nacionalidades, en una comunidad universal".
José Vasconcelos fungió como secretario de Educación Pública de 1920 a 1924. Contra él y sus planes educativos fue que organizaron a los cristeros, a favor de una educación "católica". Y, no obstante, la revista Timón del "liberal" Vasconcelos era financiada por la compañía alemana Transozean GmbH, uno de cuyos directores era Hjalmar Schacht, el hombre de la oligarquía financiera angloamericana en Alemania responsable de llevar a Adolfo Hitler al poder.
Según un documento confidencial elaborado el 31 de octubre de 1941 por el agregado naval adjunto de los EU en la capital mexicana, Harold P. Braman, Vasconcelos era uno de los subjefes de la Unión Sinarquista Nacional. Él y Gómez Morín eran miembros del Consejo Falange–Iglesia, también conocido como "Consejo de la Hispanidad", o simplemente "La Base", que controlaba a la Unión Nacional Sinarquista. René Capistrán, el comandante supremo de la Liga Nacional de Estudiantes Católicos (LNEC), y de los cristeros, fue miembro del comité central de la misma Unión Sinarquista.
Aunque historiadores como Jean Meyer pretenden presentar el conflicto religioso de México como resultado de los planes "regalistas" de los Borbones, la realidad es que el intento de establecer una Estado nacional soberano en México, como modelo para toda Iberoamérica, se basó en la Constitución estadounidense. Es más, la politica exterior de los EU fomentó ese plan. Por ejemplo, a principios de 1825, el presidente estadounidense John Quincy Adams propuso que los delegados al Congreso Anfictiónico de Panamá le aconsejaran informalmente a las naciones iberoamericanas abandonar la religión de Estado. Cualquier análisis de la insurrección cristera debe partir de esta perspectiva, contraria al concepto de que la rebelión la provocó de forma injusta el regalismo borbón, o alguna otra maquinación del demonio.
Según Meyer: "Las guerra de la Reforma (1857, 1867 y 1876), y el anticlericalismo de la Constituyente de 1917, la persecución que se dio entre 1926 y 1938, y las rebeliones cristeras en el mismo período, todos estos hechos fueron consecuencia de la política regalista de los Borbones". Además sostiene que las disposiciones de Lerdo de Tejada de 1859, "provocaron la insurrección de los religioneros, un movimiento semejante a la Vendée y al carlismo español". Señala además que el intento por establecer un Estado nacional soberano basado en el modelo estadounidense era ajeno a la tradición hispana. Según Meyer: "El México moderno ha sido formado por hombres que despreciaban al antiguo México. En gran medida, esta fue la raíz del conflicto que enfrentó al nacionalista Calles contra los patrióticos cristeros".
Así, el supuesto básico de Meyer es que la soberanía nacional es ajena a la "tradición hispana", "patriota", como se refleja en la rebelión de los "religioneros" contra la Reforma y la insurrección cristera contra la Revolución Mexicana. Asimismo, Meyer compara explícitamente la rebelión de los religioneros con el carlismo español. Es muy dicente también que al final del libro Meyer escribe: "Algunos han interpretado esta guerra como un movimiento similar al de Salazar o Franco, como precursora del sinarquismo, una variante mexicana del fascismo". Por supuesto, según Meyer ese no es el caso. Para Meyer, el sinarquismo es un movimiento fundado en México en 1937. El único nexo que está dispuesto a reconocer entre los cristeros y el sinarquismo es que, según él, el fracaso de los primeros dio paso a los segundos, y posteriormente al PAN.
La insurrección cristera de 1926–1929 fue la continuación de las insurrecciones "religiosas" contra la Reforma de Juárez y Lerdo de Tejada, inspiradas en las guerras carlistas del siglo 19 en España, llevadas a la práctica por la oligarquía europea. Los carlistas defendían la política de la Santa Alianza: monarquía absoluta, despotismo feudal y rechazo a todo lo que semejase una república federal soberana.
In 1905 José Refugio Galindo fundó el grupo de Operarios Guadalupanos. En 1908, el padre José María Troncoso fundó la Unión Católica Obrera. En 1906, Bergöend organizó los primeros "ejercicios espirituales" jesuitas, con trabajadores de Guadalajara. Ahí llegó a conocer algunos miembros de Operarios Guadalupanos de Galindo, y a dirigentes laicos como Palomar. Bergöend insistía en la necesidad de formar un partido político católico para promover la acción social, y redactó el proyecto y el programa del Partido Católico Nacional (PCN) basado en los preceptos del partido católico francés llamado Acción Popular Liberal. El 5 de mayo de 1911, por primera y última vez, se formó en México un partido político con el nombre de "católico". En agosto de 1911 el PCN realizó su primera convención nacional. En su libro Christ and the Americas, la buckleyita Anne Carroll se refiere al PCN y a su apéndice, la LNEC, como "el grupo más constructivo" en México en esa época.
"Todos son concientes de la triste situación en la que se encuentra el país. Después que se excluyó a Dios de las leyes, de las escuelas, y de la vida pública, el positivismo, ese cáncer del alma nacional, ha hecho del Estado una religión. Los resultados no se han hecho esperar: en el campo de las ideas, el caos de los errores y las desviaciones; en el campo de la acción, un cúmulo de calamidades. Aun entre los católicos, la indiferencia ha echado profundas raíces; para muchos el patriotismo ha venido a ser el egoísmo refinado. Nuestros trabajadores en el campo, al igual que en la ciudad, le han hecho caso a las doctrinas destructivas del socialismo, y no teniendo ya las restricciones de la religión, han llevado su odio hacia el capital y la sociedad a los hechos. No es de sorprender, entonces, que el llamado a la guerra fraticida que ha convertido el suelo fértil de la patria mexicana en un zarzal sangriento, haya hecho tan grande erupción y causado tantos estragos. . .[2]
"Oh, las cosas que pudiera hacer por la renovación de México un buen contingente de jóvenes, fuertemente unidos, quienes animados por una fe profunda en la causa de Dios, de la patria, del alma del pueblo, trabajarían como uno solo por Dios, por la patria y por el pueblo, amando a Dios hasta el límite del martirio, la patria hasta los límites del heroísmo, y al pueblo hasta los límites del sacrificio".
"El P. Bernardo proclamó ente sus muchachos la urgencia y el deber de hacer reinar a Cristo no sólo dentro del templo, sino también afuera, en el taller, en la escuela, en la calle, en el Congreso".
El movimiento de acción social en México, se copió de los movimientos de Acción Social de Bélgica, Francia y Alemania, basados en las ideas fanáticas de Charles Maurras, creador del grupo seudocatólico l'Action Française. Se trata del llamado modelo belga–alemán del activismo social–cristiano, basado en una interpretación gnóstica de la encíclica del papa León XIII, Rérum Novárum, de 1891. En esencia, Bergöend y los demás jesuitas de la acción Social caracterizaban a la Revolución Mexicana como socialista y, con base en Rérum Novárum, alegaban que las instituciones de México eran incompatibles con el catolicismo. Irónicamente, muchas de las políticas positivas que alentaba el papa León XIII a favor de los trabajadores fueron incorporadas en la Constitución mexicana de 1917. Sin embargo, el movimiento de Acción Católica de Bergöend interpretaba Rérum Novárum desde el punto de vista del Sílabo de errores del papa Pío IX, y se concentraba de manera reduccionista en la condena del "socialismo" que hace el papa León XIII, y en su defensa de la propiedad privada. El modo en que Bergöend y otros interpretaban Rérum Novárum es análogo al modo en que los gnósticos del American Enterprise Institute de los EU, tales como Michael Novak, George Weigel y Richard Neuhaus, hoy día interpretan a su conveniencia las encíclicas del papa Juan Pablo II, tratando de presentar la doctrina gnóstica del libre comercio, como si fuera la doctrina social de la Iglesia.
En contraste con la apropiación sectaria de la encíclica Rérum Novárum del papa León XIII por parte de Bergöend y los de su ralea, vale la pena observar el enfoque no sectario de Terence Powderly, fundador de los Knights of Labor (Caballeros del Trabajo) en los EU. Este movimiento laboral, aunque fundado por un católico, era ecuménico, reflejando el compromiso con la "armonía de intereses" en la que se sustenta el Sistema Americano de economía política del católico irlandés-estadounidense Mathew Carey (quien publicó la primera Biblia católica en los EU), y de su hijo, Henry C. Carey.
Bergöend: de 'Viva Cristo Rey' a 'Viva el emperador Iturbide'
Por el contrario, Bergöend era un sectario que decía que la única base de la nación mexicana era la creencia en la Virgen de Guadalupe idea que luego apareció en la defensa de la Unión Nacional Sinarquista de Alcuin Heibel, como expresa en su libro La nacionalidad mexicana y la Virgen de Guadalupe. Bergöend dice que México no se hizo independiente con la Declaración de Independencia de 1810, sino en 1747, con la consagración de México a la Virgen de Guadalupe. Luego critica al cura Miguel Hildago por actuar de forma precipitada en 1810, al iniciar el movimiento de independencia, y apoya al traidor Agustín de Iturbide, quien se proclamó emperador en 1822 y fue ejecutado en 1824.
En su introducción a la edición de 1968 del libro, Ramón Ruiz Rueda comenta que, por allá en 1933, le preguntó a Bergöend de qué se trataba su libro. Bergöend respondió: "Sencillamente, muchacho. . . que sin la Virgen de Guadalupe ya México se hubiera desbaratado" (énfasis en el originalndr.). A lo que Ruiz Rueda agrega: "Para constituir una nación era necesario que el indio amara al español como hermano y el español al indio del mismo modo. . . Esto era imposible. ¡Sólo un milagro de Dios! ¡Y Dios hizo el milagro! Nos envió a su Santísima Madre. . . No tiene explicación humana la supevivencia [de México]".
En las palabras de Bergöend: "¿Cuál es el factor histórico principalísimo que, como principio de cohesión, ha unido entre sí a estos varios elementos raciales de México, hasta formar con todos ellos una nueva nacionalidad, la nacionalidad mexicana?. . . [Cualquiera] tropezará, de una manera o de otra, con la intervención evidente de la Divina Providencia. Dios es el autor de la sociedad civil. . . Y así lo hizo el Señor con nuestro México.
"[El] bien común. . . consiste en un conjunto de recursos materiales, intelectuales y morales, que provienen, no de la suma de esfuerzos individuales y dispersos, sino de una autoridad competente que los prepara y mantiene, para dar a los miembros de la comunidad a que tengan libre el juego de sus actividades. No es otra cosa que un estado de equilibrio social.
"¡Sí, la Virgen de Guadalupe es la Madre de nuestra nacionalidad y el sostén principalísimo de su independencia!"
Añade: "Con la Jura Nacional [hecha por delegados ecleseásticos y seculares de todo el país, consagrando a México a la Virgen de Guadalupe y proclamándola su Santa Patrona]. . . débese mirar el día 12 de diciembre de 1747, como la fecha memorable en que se consumó de derecho y para siempre la unidad nacional de la Nueva España. . . esto es, de una misma nacionalidad" (énfasis en el originalndr.).
"El cura de Dolores, D. Miguel Hidalgo y Costilla, proclamó precipitadamente la independencia de la Nueva España en la madrugada del 16 de septiembre de 1810".
Luego dice: "Iturbide. . . para evitar el paso brusco del régimen colonial al régimen democrático, para el cual no estaba aún madura la Nueva España, optó por introducir en México la monarquía constitucional, para que hiciera el país el aprendizaje de la condición de Estado independiente (. . .) ¿No borra acaso [esto] la mancha de traidor con que se ha pretendido deslustrar su nombre?"
Guanajuato, México). El 16 de septiembre de 1810 , al grito de "¡Viva la Virgen de Guadalupe!
¡Viva Fernando VII! ¡Muera el mal gobierno!" convocó al pueblo a levantarse en armas
contra las autoridades españolas.
Además de Bergöend, otro dirigente importante del sinarquismo dentro de la Iglesia fue el también sacerdote jesuita, Alfredo Méndez Medina, quien salió de México antes de la Revolución para estudiar teología en la Universidad de Lovaina, en Bélgica (durante la insurrección cristera, una de las dos representaciones principales de la Unión Internacional de Amigos de la Liga Nacional Defensa de la Libertad Religiosa (LNDLR) en México, se localizaba en Lovaina; la otra estaba en Roma). En Lovaina asistió a las clases de Arthur Vermeersch sobre sociología fundamental. Luego pasó a Reims y a París, donde asistió a las cátedras de Gustave Desbuquois y Martín Saint–León sobre acción social. Luego de participar en congresos católicos y "semanas sociales" en Inglaterra, Holanda y Alemania, regresó a México en diciembre de 1911 para iniciar un curso de sociología Católica para ingenieros, doctores y abogados, en el colegio jesuita de Mascarones.
Obregón trató de resolver el problema de la tierra mediante el establecimiento de los ejidos (tierras comunales concedidas a los campesinos sin tierra). La Iglesia condenó estas reformas agrarias revolucionarias porque no tomaban en consideración el "justo derecho de los terratenientes", es decir, de los hacendados.
En 1918 se formó la Confederación Revolucionaria de Obreros Mexicanos (CROM) para ayudar a los trabajadores urbanos. Los obispos mexicanos le prohibieron a los católicos unirse a esos sindicatos "socialistas".
La columna vertebral del movimiento de acción social era la Confederación Nacional Católica de los Trabajadores, creada en mayo de 1922 en una convención en Guadalajara, donde tenía su sede nacional. Ese mismo año, la ACJM realizó su primer Congreso Nacional en la capital mexicana. René Capistrán Garza le manifestó ahí a los delegados que su tarea era acabar con la "descristianización" de México, producto, según él, de la Reforma de Juárez y de la Revolución.
Según una fuente en inglés, Capistrán dijo: "La obra de descristianización que empezó con la Reforma de Juárez, y que que hábilmente continuó el porfirismo, logró suprimir casi en su totalidad cualquier manifestación de vida religiosa. . . Y entonces vino el desastre; dadas las causas, los efectos tenían que seguir de manera inevitable; hizo erupción la revolución, derramando toda la maldad, toda la corrupción que venía formandose bajo el ala protectora del liberalismo y la protección del régimen. Querían a un pueblo sin Dios, y sólo lograron hordas de bandidos. Querían una nación sin religión, una patria sin historia, una civilización sin ética, y sólo lograron el desastre, la ruina, el deterioro. . . En medio del inevitable y aterrador derrumbe apareció una fuerza de singular vigor y extraordinaria potencia con la que no se contaba; a la hora del desastre apareció inesperada en la plaza pública, plenamente armada, la juventud católica; y con ella apareció, como si surgiera de lo más profundo del alma nacional, como un nuevo retoño fértil de las raíces de la patria, la civilización cristiana con toda la lozanía de su eterna juventud, elevándose por encima de las ruinas que parecían haberla demolido para siempre".
En 1921 se inició un movimiento para erigir un monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete, cerca a la ciudad de León, Guanajuato. Según el arzobispo de México, Manuel Mora y del Río, el monumento "entroniza al Sagrado Corazón de Jesús sobre toda la República". Para la Iglesia esto significaba proclamar la ascendencia temporal de la religión católica en México. Es el mismo espíritu que llevó a los católicos a afirmar la primacía de la acción social sobre el programa del Gobierno. Los obispos decidieron colocar la primera piedra el 11 de enero de 1923. El nuncio apostólico, monseñor Ernesto Filippi, aceptó oficiar en el acto.
Dos días después, el secretario de Gobernación Plutarco Elías Calles ordenó la expulsión de monseñor Filippi por "extranjero pernicioso", y el Gobierno ordenó suspender la construcción del monumento.
El mismo Obregón comentó una vez: "El presente programa social del Gobierno que emana de la Revolución esencialmente cristiano, y complementa el programa básico de la Iglesia católica". Pero la Iglesia mexicana siguió viendo a la Revolución como enemiga.
El periódico católico El Obrero de Guadalajara, inició una campaña para adoptar el grito de batalla "¡Viva Cristo Rey!" Sin embargo, Obregón siguió conciliador, al igual que el Vaticano, que no emitió ninguna declaración de respaldo a los obipos mexicanos.
El 24 de marzo, la LNDLR recibió un telegrama de adhesión de la Unión Popular de Jalisco, encabezada por el abogado Anacleto González Flores, cabeza de una organización secreta llamada la "U"; González nació en Los Altos de Jalisco en 1883.
En los EU los católicos buckleyitas más prominentes machacaban el tema de la amenaza comunista en México, alegando que los ataques del Gobierno a la Iglesia y a las propiedades petroleras eran parte de un complot bolchevique mundial. Los buckleyitas esperaban que al vincular la persecusión religiosa a la cuestión petrolera, podrían inducir al Gobierno estadounidense a intervenir en contra de Calles. Aunque el propósito manifiesto de la intervención sería auxiliar a las compañías petroleras, el resultado sería el derrocamiento de Calles y la defensa de la Iglesia en México.
Cuando fracasó el boicot económico, la LNDLR recurrió a las armas, que nunca había excluído como opción. La mayoría de los comandantes salieron de las filas de la ACJM o de la organización clandestina de laicos católicos conocida como la "U". En agosto, Capistrán Garza viajó a Texas con la intención de reunirse con el general Enrique Estrada, a quien le ofrecería el respaldo de los católicos para una revolución armada, a cambio de comprometerse a respetar los intereses de los católicos. Sin embargo, para cuando llegó, los EU habían detenido a Estrada por contravenir las leyes de neutralidad de los EU.
El 26 de noviembre hubo una reunión de los dirigentes laicos con el episcopado en la residencia del obispo Pascual Díaz en México, para determinar si se justificaba la resistencia armada. Representando a la LNDLR estaban Ceniceros y Villarreal, Luis G. Bustos, Palomar y Vizcarra, Carlos F. de Landero, Manuel de la Peza y Juan Laine, así como su consejero ecleciástico, el cura jesuita Alfredo Méndez Medina. Cuatro días después volvieron a reunirse, con la presencia también del otro consejero eclesiástico de la LNDLR, el jesuita Rafael Martínez del Campo. Después de la segunda reunión, el obispo Pascual Díaz dijo, en efecto, que los obispos no apoyaban la rebelión, pero tampoco le prohibieron a la LNDLR unirse a los rebeldes cristeros en la "defensa armada".
A fines de diciembre, la LNDLR emitió un manifiesto "A la Nación", firmado por Capistrán Garza, en el cual atacaba "el dominio implacable de un régimen de bandidos armados sobre un pueblo indefenso, honorable y patriótico".
"La destrucción de la libertad religiosa y política, de la libertad de la educación, los sindicatos y la prensa; el negar a Dios y la creación de una juventud atea; la destrucción de la propiedad privada a través del saqueo, la socialización de la fortaleza nacional; la ruina del trabajador libre por medio de organizaciones radicales; el repudio de las obligaciones internacionales; tal es en substancia, el programa monstruoso del régimen presente. En suma, la destrucción deliberada y sistemática de la nacionalidad mexicana".
El manifiesto apelaba al "sagrado derecho a la defensa" como justificación para tomar las armas, y proclamaba "la necesidad de destruir para siempre el dominio perverso de las facciones para crear un Gobierno nacional".
El 28 de diciembre hubo una reunión en México donde se dispuso la acción armada en el Distrito Federal. Un joven ingeniero, Luis Segura Vilchis, representaba al Comité Especial encargado de la guerra, que más tarde atentaría contra la vida del general Obregón. El cabecilla del levantamiento era Manuel Reyes, un antiguo oficial del Ejército del Sur del caudillo de Morelos, Emiliano Zapata, en la revolución de 1910. Reyes había sido "catequizado" por una monja, la Madre Conchita. El 31 de diciembre, la mayoría del grupo asistió a misa en el convento de la Madre Conchita, quien le entregó al grupo una bandera mexicana con imágenes del Sagrado Corazón y de la Virgen de Guadalupe. Algunos de esos jóvenes trataron de ver al padre Bergöend, según una versión no pudieron encontrarlo.
que les hacían el juego, llevó finalmente a México al punto de la insurreción armada.
El papel de William F. Buckley padre
El más prominente de esos intereses petroleros era el de William F. Buckley padre, dueño de la compañía petrolera Pantepec en México para 1913. Éste se oponía a la política del Gobierno del presidente estadounidense Woodrow Wilson, que consistía en respaldar a Pancho Villa (originario del estado de Durango, pero con sede en Chihuahua, quien encabezaba la División del Norte durante la Revolución) contra el Gobierno de Victoriano Huerta. De hecho, Buckley sirvió de consejero del Gobierno oligárquico del presidente Huerta en la conferencia de Niágara de las potencias "ABC" Argentina, Brasil y Chile, que fungieron como intermediarias entre los EU y México a raíz del bombardeo naval estadounidense contra el puerto de Veracruz en abril de 1914. Buckley tenía tanta influencia en México, que el Gobierno estadounidense le ofreció la gubernatura militar de Veracruz, la cual no aceptó.
El 6 de diciembre de 1919 compareció ante una subcomisión de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los EU, y dijo: "Pienso que debemos resolver está cuestión sin ninguna referencia a América Latina ni a lo que piensen los latinoamericanos o cualquier otro. Pienso que debemos resolverlo como es debido, sin referencia a más nadie . . . Latinoamérica nos respeta más cuando atendemos a nuestros propios asuntos y no consultamos a los latinoamericanos. Nuestras relaciones con México son asunto nuestro y de nadie más". Aunque Buckley decía que se oponía a la intervención armada, concluyó su testimonio diciendo: "Nada hubiese elevado más nuestro prestigio de ese modo en Latinoamérica, como mandar un ejército al otro lado de la frontera la primera vez que tocaran a un estadounidense, y ejecutar a todos los que lo agraviaron".
Asimismo, Buckley nunca negó su participación en el fallido movimiento contrarrevolucionario del general Manuel Peláez, cuyo tren de municiones, patrocinado por Buckley, se perdió, cuando su representante en Washington, un antiguo amigo íntimo de Buckley, iba a presentarse ante el Departamento de Estado en Washington como representante del "Gobierno" de Peláez.
Por ejemplo, en 1926, los Caballeros de Colón de los EU aprobaron una resolución en la que dicen que "tasaremos a nuestros miembros hasta por un millón de dólares", y "ofrecemos el respaldo y cooperación de 800.000 hombres que aman a Dios".
Un despacho del Departamento de Justicia desde San Antonio, Texas, el 19 de agosto de 1926, decía que había dos Caballeros de Colón estadounidenses vinculados con un grupo de clérigos y laicos mexicanos que apoyaban el plan de Félix Díaz para derrocar a Calles. Los "caballeros, la Iglesia católica e intereses adinerados" le adelantarán a Díaz 5 millones de dólares, siempre y cuando "restaure la Iglesia y conceda ciertas concesiones a las compañías petroleras que tienen negocios en México".
Otro indicio del respaldo extranjero a los cristeros es el informe del señor Montavón, un mexicano que había estado asociado con intereses petroleros en los EU y fue asesor jurídico de la Conferencia Católica Nacional de Bienestar de los EU (NCWC, en inglés), en el sentido de que los intereses petroleros de British Pearson o Cowdray en México habían incitado a "elementos católicos militantes". Según él, intereses petroleros le habían ofrecido entre 25 y 50 millones de dólares si los católicos mexicanos aportaban 2 millones de hombres. Aunque la oferta fue rechazada, el informe da un indicio de cómo se usó a la insurrección cristera.
El artículo 27 de la Constitución de 1917 señala que "corresponde a la nación el dominio directo" del petróleo y todos los recursos naturales. Asimismo, fija las restricciones a la adquisición de propiedades a los extranjeros y confiere a la nación las posesiones de "las instituciones religiosas denominadas iglesias". De ese modo, la Constitución emanada de la Revolución Mexicana se proponía establecer la soberanía de México sobre sus recursos naturales, y en particular sus recursos petroleros, y al mismo tiempo, sobre los recursos materiales de la Iglesia.
Sin embargo, antes de empezr la guerra cristera, el principio asentado en el artículo 27 de la Constitución que la propiedad del petróleo corresponde a la nación directamente se plasmó en la nueva ley petrolera del 26 de diciembre de 1925, que entraría en vigencia a partir del 1 de enero de 1927, y que establecía que el petróleo era propiedad inalienable de la nación.
A los propietarios de terrenos petroleros que hubiesen incluso iniciado la explotación antes de mayo de 1917, o hubiesen realizado alguna "acción positiva" indicando su intención de explotar el petróleo, se les exigía solicitar la concesión para tener derecho a explotarlo por 50 años, y no a perpetuidad. Se les daba un plazo de 12 meses para solicitar la nueva concesión, y de no hacerlo, el derecho original a perpetuidad se consideraría nulo. Otra disposición exigía que en el contrato se incluyese la llamada Cláusula Calvo, por la cual los extranjeros que tuviesen propiedades en México se sometían a la jurisdicción legal mexicana y no podrían reclamar la protección diplomática de sus Gobiernos.
Hasta Jean Meyer reconoció que "Calles resentía, como si fuera prueba de traición, la coincidencia cronológica entre el conflicto religioso y las dificultades con los EU que surgieron en enero de 1926. Para el Gobierno, la colusión entre la Iglesia y los extranjeros, es decir los EU y las compañías petroleras, era tan patentemente obvia que no tenía sentido buscarla. El petróleo lo explicaba todo".
Antes de aceptar el cargo, Morrow renunció a la J.P. Morgan, y aunque su nexo con esa casa bancaria no puede soslayarse, él representaba algo más que esos intereses financieros. En 1925 había encabezado la comisión que investigó las denuncias del coronel William Mitchell (jefe de Aviación del Ejército de los EU) sobre las insuficiencias de la defensa aérea estadounidense. Además, es de notar que antes de aceptar la embajada, conoció al coronel Charles A. Lindbergh y le sugirió que volara a México. Lindbergh llegó el 14 de diciembre de 1927. Posteriormente, Lindbergh se casaría con la hija de Morrow (en 1940, mucho después de que muriera Morrow en 1931, su hija, Anne Morrow Lindbergh, escribió un libro titulado The Wave of the Future: A Confession of Faith ("La ola del futuro: Una confesión de fé") que fue reseñado favorablemente por la esposa de William F. Buckley padre).
Tras huir del lugar de los hechos, Segura Vilchis fue a la casa de Roberto Núñez, que servía de guarida del Comité Directivo de la Liga. El Comité había considerado la posibilidad de asesinar a Obregón, pero votó en contra de hacerlo. No obstante, Palomar y Vizcarra procedió por su cuenta propia con el atentado. Éste recibió a Segura Vilchis en privado, quien le dijo "tus órdenes se han cumplido", segun le relató el propio Palomar y Vizcarra antes de morir al escritor Antonio Rius Facius, en julio de 1968.
En el marco de crisis en torno al intento fallido, Morrow procedió a negociar una resolución del conflicto petrolero con Calles. Morrow sugirió que la crisis podría resolverse legalmente de determinarse que las disposiciones del artículo 27 y las regulaciones de la ley petrolera violaban otro aspecto de la Constitución, a saber, el artículo 14, el cual señala de entrada: "A ninguna ley se dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna". El 17 de noviembre de 1927 la Suprema Corte de Justicia, a instancias de Calles, dictaminó que los artículos 14 y 15 de la ley petrolera eran inconstitucionales. El 26 de diciembre de 1927 Calles envió una solicitud al Congreso para que enmendase esos artículos en conformidad. La enmienda se aprobó el 28 de diciembre, y Calles la firmó el 3 de enero de 1928. El 11 de enero la ley entro en vigencia, y las compañías petroleras estadounidenses aceptaron el nuevo proyecto de regulaciones.
Hasta Jean Meyer reconoce que Roma hizo todos los esfuerzos posibles para evitar los suceso de 1926, y en 1929 impuso la paz, sin consultar con la Liga. Roma nunca dio su aprobación a la insurrección y prohibió a los sacerdotes que tomasen parte en ella. En el período anterior a 1926, Roma le daba más crédito al Gobierno mexicano que a los obispos mexicanos. Roma le llamó la atención a los obispos indisciplinados, y condenó su "comportamiento incorrecto" tanto en 1923 como en 1924, con relación al monumento a Cristo Rey y al Congreso Eucarístico.
El arreglo, que era posible antes del asesinato de Obregón, se retrasó como resultado de éste. En febrero de 1929, los cristeros lograron finalmente hacer una alianza para derrocar al sucesor de Calles, Emilio Portes Gil, como la que habían intentado sin éxito con el general Estrada; ahora se trataba de José Gonzalo Escobar y sus "renovadores". El trato consistía en que los cristeros respaldarían a Escobar, si este ofrecía garantías para la libertad religiosa. La revuelta se inició el 3 de marzo de ese año, pero la derrotó Calles, quien regresó de su retiro para dirigir el Ejército mexicano.
Un indicio de que hay quienes dentro de la Iglesia católica mexicana hoy día han aprendido las lecciones de la insurrección cristera, se mostró en la homilía que dio el a cardenal Norberto Rivera, arzobispo de México, el 18 de junio de 2003, en honor del santo patrón de los políticos, santo Tomás Moro. El cardenal hizo un llamado a los líderes políticos mexicanos y a quienes desempeñan puestos públicos, para "promover y consolidar una gran reconciliación. . . que lleve a un gran acuerdo nacional, donde el bien de México esté por encima de los partidos y de los intereses personales o de grupo".
De acuerdo con el sitio de Internet www.Zenit.org, vinculado a la Iglesia, "Al terminar su homilía, el Cardenal dijo que un objetivo de esa reconcialiación eran las tres grandes corrientes que se juntan en México: la indígena, la liberal, y la católica".
Bajo el Gobierno de Porfirio Díaz, la deuda externa e interna de México acumulado desde 1822, se reorganizó a una escala mucho menor y se fue pagando gradualmente. Esto restableció el crédito mexicano en el exterior al punto que le permitió al Gobierno endeudarse en los mercados mundiales a tasas de interés de 4,25% (1904 y 1910). A la salida de Díaz, se siguió pagando el servicio de la deuda externa hasta el 1 de enero de 1914, cuando el Gobierno mexicano cayó en mora. En 1919 se constituyó el Comité Internacional de Banqueros, presidido por Lamont, "con el propósito de proteger a los tenedores de valores de la República Mexicana, y de los diversos sistemas ferroviarios de México, y en general, de las demás empresas que tienen su campo de acción en México". Los tenedores de esos valores se encontraban distribuidos de la siguiente manera: 35% en Inglaterra, 23% en Francia, 20% en los EU, y el resto en otros países europeos, principalmente. En 1922, Lamont negoció un acuerdo para reanudar el pago parcial del servicio sobre la deuda de los bonos del Gobierno y de los ferrocarriles, el cual se revisó en 1925 mediante el acuerdo Lamont–Pani, según el cual se reanudarían los pagos de la deuda en 1928. Dada la imposibilidad de cumplir con ese acuerdo, Montes de Oca llevó a cabo negociaciones con el Comité de Banqueros en 1927, 1928, y finalmente en julio de 1930, con la intención de modificar el acuerdo anterior.
Es interesante que Morrow no estuvo de acuerdo con Lamont. Morrow sostenía que México debería considerarse en bancarrota, "y debían imponerse las mismas obligaciones con referencia a sus acreedores, que le impondría un tribunal a una sociedad anónima insolvente. . . Pienso que es del interés de todos los acreedores (incluyendo a los tenedores de bonos) que México debe dividir el superávit disponible sobre la base del mismo principio equitativo, y no de manera completamente fortuita". El principio equitativo que promovía consistía en que los ingresos corrientes se deben utilizar primero para satisfacer las obligaciones correntes salarios corrientes o atrasados, facturas por servicios o suministros y no separarlos específicamente en el interés de cualquier clase particular de acreedor, interno o externo.
"Yo lamento", le escribía a Vernon Munroe, "que el Comité Internacional todavía sienta que es deseable obtener un contrato en vez de utilizar su gran influencia con el Gobierno mexicano en la formación de un programa. Sin embargo, en esto, el Comité Internacional simplemente sigue el mismo curso que siguieron los otros acreedores. El resultado es que no se puede confiar en ninguno de los contratos sea eficaz. . . El Comité Internacional debe entender que el Gobierno sólo puede cumplir con su contrato, rompiendo otros contratos hechos por las mismas autoridades para ejecutarse durante el mismo período".
Heibel caracteriza al sinarquismo mexicano como un movimiento social cristiano. "El sinarquismo ha sido un acontecimiento natural y cristiano". Es un "movimiento completamente cristiano y mexicano". Como tales, "los sinarquistas no están conectados con ningún 'ismo", de Rusia, Alemania o España". "Los sinarquistas no son antiestadounidenses, ciertamente no son nazis ni falangistas".
"De 1935 a 1940, la mano de hierro implacable de Cárdenas, en estrecha alianza con el comunismo ruso, pareció extinguir la vida mexicana. El pueblo, que se negó a perecer, reaccionó con toda la fuerza de su alma, procurando algo que le pusiera fin a la anarquía revolucionaria. El 23 de mayo de 1937, fundaron el sinarquismo". Este es el período de la segunda insurrección cristera, de 1934 a 1938.
"Para permanecer en el poder, ellos [el Gobierno mexicano] han utilizado planes y doctrinas comunistas, como las importadas de la URSS, aumentando así la anarquía que ya existía y amenazando con establecer una `dictadura del proletariado' en México.
"Ningún intento organizativo, para elevar a las masas, de unidad nacional, puede resultar exitoso si no está basado en los nexos tradicionales de unidad y progreso de la nación: País y Religion.
"En vez de la anarquía que ha reinado en México, se necesita orden, disciplina, trabajo, honestidad, autoridad, moralidad, religión. Restablecer esto, constituye el programa del sinarquismo.
"Los principios de la doctrina sinarquista son absolutamente acordes con elas normas sociales de la Iglesia católica.
"Lal génesis histórica del sinarquismo y su doctrina filosófica, lo separa por completo de toda forma de totalitarismo: comunista o nazi". Luego Heibel resume el programa sinarquista para México:
"El sinarquismo, la antítesis del anarquismo, es un movimiento cívico que trata de restablecer en México el orden social cristiano destruido por la anarquía. Condenamos el comunismo, el totalitarismo, las dictaduras y las tiranías.
"Afirmamos el derecho a la propiedad privada.
"El sinarquismo no descansará hasta que haya establecido un régimen de justicia social en México, ni hasta que haya efectuado un distribución equitativa de la riqueza.
"En resumen, el sinarquismo busca, como se ha dicho, restaurar en México el orden social cristiano.
"Es una milicia espiritual. . . Procuramos incesantemente la derogación del artículo 3 de la Constitución, el cual impone a las escuelas, tanto públicas como privadas, un sistema de educación `socialista'. El sinarquismo ha salvado a México del totalitarismo comunista, el falso sueño dorado de la Revolución Mexicana.
"El Gobierno de México, en especial durante los seis años del régimen del general Lázaro Cárdenas, intentó imponer a la nación con toda su fuerza el comunismo. . .
"El sinarquismo es la negación del ateísmo y de la irreligiosidad comunista.
"Se ha calumniado maliciosamente al sinarquismo con la acusación de que está influenciado por nazis, fascistas, falangistas, etc., y que por tanto constituye una `quinta columna' al servicio del totalitarismo".
El otro libro es Sinarquismo: ¿un fascismo mexicano? de Jean Meyer, quien a difeencia de Heibel, sí caracteriza como fascista a la Unión Nacional Sinarquista. Pero concluye que los sinarquistas eran fundamentalmente "populistas nacionalistas y católicos". El mismo Meyer, quien sin duda apoyó a los "patriotas" cristeros, no es indiferente hacia los sinarquistas, como resulta evidente de su carta a Salvador Abascal, dirigente de los sinarquistas mexicanos de 1939 a 1941, la cual Meyer firma: "Su seguro servidor y hermano en Nuestro Señor Jesucristo".
Según Meyer: "Ellos [los sinarquistas] no ocultan sus simpatías por Salazar y Franco. Pero, ¿este Portugal y esta España viven realmente la hora fascista. Y sí, oficialmente después de la entrada en guerra de los Estados Unidos desean la victoria de los aliados, comparten la simpatía de sus tropas (y de la mayoría del pueblo mexicano) por Alemania".
Meyer cita a Juan Ignacio Padilla, uno de los líderes de los sinarquistas con abiertas simpatías fascistas: "Con frecuencia se admira e imita. . . el espíritu y férrea voluntad de aquellos pueblos que lograron elevar a sus países de la postración ignominiosa, a un plano de progreso material y poderío bélico asombroso. Las meras exterioridades, como el saludo, la disciplina y todo lo bueno que había en el espíritu de aquellos pueblos, como la mística nacional, fue lo que impresionó a muchos de nosotros y nos encontró dispuestos a la imitación".
Respecto a si los sinarquistas eran fascistas, Meyer dice: "Las menos desacertadas de todas la opiniones no habría que buscarla del lado del integrismo brasileño (cuya ideología es semejante, pero que carece de la misma audiencia popular sino del lado de Rumania, con la Legión de san Miguel, con la Guardia de Hierro".
"Esta corriente de pensamiento del catolicismo intransigente nació con la Revolución Francesa, pretende ser contrarevolucionaria, se afirma con Gregorio XVI, adquiere amplitud con Pio IX (Quanto Cura, Syllabus). El sinarquismo, siguiendo esta línea, asume el rechazo de las tres R, del Renacimiento, la Reforma (protestante y mexicana), de la Revolución (francesa, soviética y mexicana).
"A los grandes héroes nacionales de la Independencia los presenta como a restauradores, como reaccionarios".
Sobre las opiniones antisemitas y fascistas del sinarquismo, Meyers señala que en los números 5 y 6 de su periódico, escribieron en 1939: "Los judíos en México son gente indeseable, no por la estupidez de un prejuicio racial, sino por el género de actividades que vienen desarrollando". Por otra parte, en la edición de su periódico correspondiente al 23 de septiembre de 1940, Abascal recomienda lecturas antisemitas, entre ellas a Kahal–Oro, Hugo Wast, "los Protocolos de los sabios de Sión y del Judío Internacional de [Henry] Ford".
En mayo de 1941, el supuesto antinazi Abascal elogiaba a a Hitler como "el gran azote de Dios, un genio militar. . .Cuando cumpla su misión, la destrucción de Rusia, le pasará lo que a todos los instrumentos de Dios, se romperá en dos pedazos".
En cuanto a Franco, dice Abascal: "siempre he considerado yo que la salvación de México está en reafirmar su espíritu católico, su tradición católica, y como ésta la recibimos de España, nuestras ligas con españa deben estrecharse con el espíritu hispanista. Y como Franco fue quien restauró la hispanidad en España (. . .) con España tenemos relaciones de tipo ideológico, místico".
Mientras que Heibel defendía histéricamene a los sinarquistas de las acusaciones de que eran nazis y falangistas, y Meyer admite que los sinarquistas eran realmente fascitas "en los márgenes", al menos, ambos autores revelan que la Unión Nacional Sinarquista tiene la misma ideología de Bernardo Bergöend y de los cristeros. Pero la realidad es que la Unión Nacional Sinarquista y su ideología, cuyos orígenes hemos ubicado en el movimiento que creo a los cristeros, para 1937 con su creación constituían una quinta columna de los nazis. Esto se documenta en un libro escrito por Allan Chase en 1943, titulado Falange.
"Lo sinarquistas mexicanos constituyen un grupo totalitario peligroso controlado por falangistas españoles y la Iglesia, donde los nazis mueven las cuerdas tras bambalinas. Los informes requeridos trazan los antecedentes históricos que muestran que el sinarquismo es un producto de grupos de la Iglesia formados durante los días de conflcto amargo entre el Estado y la Iglesia. El programa sinarquista, diseñado por falangistas, apunta hacia el establecimiento de un Estado totalitario bajo el dominio de España, donde México formaría parte de un nuevo imperio español dominado por Alemania. Los sinarquistas organizan por medio de un sistema de células como los comunistas, en el que los sacerdores de la iglesia le dan los nombres de candidatos a los organizadores. . . Accion Nacional [PAN] es un grupo interconexo de estratos superiores de la vida mexicana y forma parte del movimiento falangista".
Faupel decidió trabajar a través de la Falange de José Antonio Primo de Rivera, cuyas teorías sociales promovería Fernando Quijano en los 1990. Berlín le dio sus principios a la Falange, entre ellos: "Tenemos la voluntad de un imperio y afirmamos que el legado histórico de España es el imperio. . . En cuanto a los países Latinoamericanos, nos proponemos estrechar los vínculos de la cultura, los intereses económicos y del poder, España sostiene que es el arbol espirtual del mundo español como reconocimiento de sus empresas universales. Nuestro Estado será un instrumento totalitario al servicio del país. . . Nadie participará a través de los partidos políticos. La línea del partido será eliminada sin misericordia. Desde el punto de vista económico nos imaginamos a España como un sindicato de productores gigantesco. Repudiamos el sistema capitalista.. . . Tambien repudiamos el marxismo. . . Nuestro movimiento encarna un sentido de vida católico la tradición gloriosa y predominante en España y lo incorporaremos a la reconstrucción nacional".
El decálogo para los camaradas en el extranjero, incluíae: "Defiendan sin concesiones la unión de todos los españoles en todo el mundo, bajo el símbolo tradicional y revolucionario del yugo y las flechas. Obedezcan al Caudillo (Franco), líder de nuestro pueblo en la guerra y en la paz. Mantengan la hermandad de la Falange y compórtense siempre como sindicalistas internacionales con justicia, sacrificio y disciplina. Combatan con fe, por el triunfo de la Hispanidad. Rindan perpetuo homenaje a la memoria de José Antonio".
De acuerdo con Chase, "la hispanidad del siglo veinte es uno de los varios hijos del cerebro de Wilhelm von Faupel". En 1940, Von Faupel creó una nueva entidad en Madrid, el Consejo de Hispanidad, formado oficialmente mediante un decreto del Estado español el 7 de noviembre de 1940.
Un libro que se anunciaba en Omega, controlada por la Falange, se titulaba Judíos sobre los Estados Unidos, con capítulos tales como "El Kabal, Roosevelt es judío por todas partes"; "Los judíos en el Nuevo Trato", etc. Un ejemplar de Omega tiene el siguiente párrafo, que traducimos del inglés:
"Un gobierno democrático es mil veces más peligro que una dictadura como la de Hitler o Mussolini. La democracia explota y engaña al pueblo en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Las democracias nos protegen de Hitler echándonos a los brazos de Roosevelt, quien es la amenaza más grande de todas las que efrentan a la América Latina hoy en día".
Unión Nacional Sinarquista. Nominalmente fundada por Salvador Abascal, José Olivares, Manuel Zermeño y Antonio Urquiza. En 1943 tenía 500.000 miembros. Pero los verdaderos organizadores fueron Hellmuth Oskar Schreiter y los hermanos José y Alfonso Trueba y Olivares. Los documentos oficiales nombran a estos tres, junto a Melchor Ortega y Adolfo Maldonado gobernador del estado de Guanajuato y secretario general en el estado y al abogado I.G. Validvia. Schreiter era originario de Alemania y portaba su credencial del partido nazi, con sus cuotas pagadas al 23 de mayo de 1937. Los hermanos Trueba y Olivares eran unos hacendados españoles y líderes de la Falange Española.
Esta información sobre la Unión Nacional Sinarquista se confirma plenamente en el informe de Harold P. Braman, agregado naval adjunto de EU en México, fechado el 31 de octubre de 1941, donde señala que los hermanos Trueba y Olivares primero trataron de crearied un grupo llamado "Sinarquistas" en Morelia en 1935, pero no prosperó. Sólo hasta 1937, cuando Schreiter entra en escena, pudo despegar la UNS. Schreiter era ingeniero y trabajaba como profesor de inglés en una escuela de Guanajuato; su esposa estaba enparentada con el gobernador del estado. En un informe fechado el 2 de febrero de 1944, Braman confirma que Schreiter era nazi: "Oscar Hellmuth Schreiter y Otto Gilbert son los principales agentes nazis conectados con la organización sinarquista y tienen su centro de operaciones en Guanajuato. . . Por todo el estado de Guanajuato se encontró una numerosa y peligrosa afiliación nazi. Los principales alemanes conectados con el movimiento, y que pueden considerarse como los que ejercen el poder tras bambalinas, son Oscar Hellmuth Schreiter y Otto Gilbert.
"También se confirmo a través de un informante de confianza,. . . que cada centavo del que disponían los sinarquistas durante el primer año más o menos, venía directo de Schreiter, quien lo recibía periódicamente de miembros influyentes de la colonia alemana en la Ciudad de México. Se entiende que estos últimos han obtenido los fondos directamente de la legación alemana en México".
Braman también confirma la relación entre los sinarquistas y la Iglesia en México: "Da la casualidad. . . que la Iglesia y los falangistas tienen un consejo conjunto de estrategia el cual, por órdenes de España, mueve los hilos de la Unión. Las órdenes de España vienen de Berlín. . . La Iglesia de México en este momento colabora plenamente con los falangistas a quienes respaldaron en la Guerra Civil española. Los falangistas quieren un mundo español todopoderoso que trabaje al lado de Alemania, y ven a México como un campo fértil para un cambio de Gobierno que pondrá a la nación bajo el dominio directo de la España de hoy, como en los días de la España antigua".
Braman documenta además que los sinarquistas crearon una red de escuelas privadas en el estado de Guanajuato, similar a la red de escuelas privadas "católicas" que crearon los fundadores del Christendom College, Warren y Anne Carroll, en el norte del estado de Virginia en EU: "Se encontró que los sacerdotes han tenido mucho que ver en el establecimiento de escuelas sinarquistas por todo el estado. . . Estas escuelas tienen diversos nombres y a menudo tratan de obscurecer el nexo con los sinarquistas o la Iglesia, a fin de conseguir más alumnos. Estas escuelas compiten exitosamente con las escuelas públicas, porque la propaganda sinarquista trata de hacer aparecer que las escuelas sinarquistas son muy superiores a las escuelas públicas y ofrecen enseñanza religiosa, mientras que las escuelas públicas no".
En un informe confidencial de inteligencia fechado el 30 de marzo de 1942, Braman señala: "El papel de la Iglesia en la Unión Sinarquista, a la fecha, ha sido muy sospechoso. Se sabe desde hace mucho que los sacerdotes de la localidad ofrecen listas de `nombres' recomendados para ser miembros de la Unión. La Falange, que dirige el trabajo de propaganda del Eje en la Unión y su aliada secreta, Acción Nacional, ha tenido un nexo tan estrecho con el arzobispo de México y varios obispos importantes, que se ha sospechado la actividad de la Iglesia con relación a los sinarquistas".
Respecto a Salvador Abascal, Braman informa que: "Los agentes alemanes. . . han elaborado un plan para que los falangistas españoles se apoderen de la dirección efectiva de la Unión, debido al deseo de mantener las cosas sobre la base del idioma y la cultura española, para el consumo público. Abascal se ha mostrado como el 'paniaguado' ideal para líder, ya que obedecería órdenes y tiene muy buena reputación con el arzobispo de México.. . . Él se educó en el Seminario de Morelia cuando estaba de rector Luis María Martínez, actual arzobispo de todo (sic) México. Ha entablado una amistad duradera a los pies de este poderoso personaje de la Iglesia, y ha mostrado una inclinación para el trabajo político agresivo de la Iglesia".
Dada su proximidad a los EU y el potencial que representa México, en alianza con los EU, de ser un modelo singular para las relaciones Norte–Sur para el resto del mundo, ha sido blanco de los perversos sinarquistas en los últimos 200 y tantos años, como evidencian el caso de la imposición del emperador Maximiliano de Habsburgo por parte de Napoleón III, de la "guerra religiosa" armada por los jesuitas, y la creacion de una quinta columna sinarquista contra los EU controlada directamente por los nazis a través de la Falange Española.
Como hemos visto, la creación de un bloque "latinoamericano" contra los EU fue un plan de la Falange nazi. En contraste, la única política fructífera en Iberoamérica hoy día, es la pelea por cambiar a los EU apoyando al único candidato presidencial comprometido a revivir la política anticolonial de Lincoln y Roosevelt hacia Iberoamérica y el resto del sector en vías de desarrollo.
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[1] Ésta y otras citas que aparecen a lo largo de este artículo, son traducidas del inglés.
[3] Esta misma cuestión está vigente de nuevo hoy día. En 1938, durante la presidencia de Lázaro Cárdenas, el Gobierno mexicano procedió a nacionalizar el petróleo mexicano. Hoy día, la presión viene de los EU otra vez, para desnacionalizar la industria y privatizar el petróleo. Prácticamente al unísono, de nuevo se hacen esfuerzos para encender la llama del conflicto religioso. El 12 dejunio, el hijo de Jean Meyer, Lorenzo Meyer, escribió un artículo en el diario Reforma, donde afirma que el conflicto entre la Iglesia y el Estado que condujo a una "guerra civil abierta y brutal" en México varias veces en el pasado, está vigente de nuevo.

References: resolución 
 artículo 27
 artículo 27
 resolución 
 artículo 27
 artículo 14
 artículo 3