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Timestamp: 2020-08-08 23:05:17+00:00

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La teoría de los sueños. Parte I: una revisión bibliográfica
Contenido latente/manifiesto, Enfoque interpersonal, Modelo intersubjetivo, Modelo organizativo (fossahge), Nivel biologico del sueño, Perspectiva cognitiva narrativa, Teoria clasica de los sueños.
La interpretación de los sueños data de muy antiguo, pues ya aparece mencionada en la cultura egipcia, hace más de cuatro mil años. Desde la tradición grecorromana el trabajo con los sueños queda ligado a la revelación, cura y sanación espiritual. Sin embargo, no es hasta la obra de Freud (La interpretación de los sueños, 1900) cuando la interpretación de los sueños adquiere un estatus como técnica terapéutica de primer orden en la edad moderna, convirtiéndose en el gran descubrimiento psicoanalítico, la vía regia hacia el inconsciente.
En la actualidad, parafraseando a Bleichmar en un reciente trabajo sobre el cambio terapéutico (Bleichmar, 2001), podríamos decir que el análisis de los sueños (preferimos este término al de interpretación, que remite más a la técnica clásica) atraviesa un momento especial, donde crisis, renovación y expansión se entrelazan.
Crisis porque el análisis de los sueños se encuentra cuestionado desde muy diversos ámbitos, incluido el propio psicoanálisis, a múltiples niveles, entre otros: el papel relativo asignado a paciente y terapeuta, en el que el terapeuta es el experto desvelador del significado del sueño, al que el paciente es ajeno; o la focalización en el contenido latente del mismo, donde elementos simbólicos representarían los deseos censurados del paciente no accesibles a la conciencia o el sueño como realización de deseos.
Renovación, porque como acabamos de mencionar, a partir de la segunda mitad del siglo pasado, se van a producir dentro del psicoanálisis variaciones de la teoría y la técnica freudiana sobre los sueños, que van a ir desde meras matizaciones o añadidos a verdaderos replanteamientos de muchos de los conceptos fundamentales de su teoría (el papel de lo intersubjetivo; la multiplicidad de sistemas motivacionales vs dualidad pulsional ; o las múltiples modalidades de procesamiento inconsciente vs "el inconsciente" como algo singular y homogéneo, por citar sólo algunos de ellos), que introducen aspectos como la co-construcción de significado, la mayor atención al contenido manifiesto y un nuevo cuestionamiento de la participación del paciente en el análisis del sueño dentro del proceso terapéutico.
Pero también es este un momento de expansión. Por un lado, en cuanto al interés dentro del propio psicoanálisis, tras caer en un cierto segundo plano tras la irrupción de la psicología del yo y el peso dado a la transferencia como elemento de análisis del inconsciente, se empieza a detectar un interés en los últimos años (Kantrowitz, 2001a) que va más allá de un mero centenarismo, tras cumplirse un siglo tras la publicación de La interpretación de los sueños. Además, en diferentes ramas de la psicología, como la psicología humanística y gestáltica, el análisis fenomenológico y, muy especialmente, la psicología cognitiva, se está replanteando la utilización terapéutica de los sueños, después de que estos se consideraran material desechable durante varias décadas, llegando en algún caso, fundamentalmente los denominados constructivistas¸ a proponer su uso para descubrir las motivaciones inconscientes de los pacientes, retomando implícitamente el valor que Freud le dio (Barret, 2002; Hill, 2002; Gonçalves y Barbosa, 2002).
Por otra parte, hemos querido tomar muy en cuenta los estudios realizados desde la neurobiología, cuyos avances más recientes, si bien desde posiciones bastante discrepantes (algunas muy críticas con los postulados freudianos), dan soporte a muchas de las características formales con que se ha descrito desde el psicoanálisis el funcionamiento de los sueños (Hobson & Pace-Schott, 2002; Solms, 2000). Los conocimientos que vamos incorporando desde los dos lados nos están llevando a una mejor y más global comprensión de un fenómeno tan complejo como es el sueño. Una vez más tenemos que insistir en la importancia que tiene, para ambas disciplinas, el diálogo entre psicoanálisis y neurociencias.
En este primer trabajo, pretendemos proporcionar una base bibliográfica (dada la amplitud del tema no puede ser exhaustiva) que permita a los lectores conocer los principales aportes de los diversos abordajes considerados. Además de la revisión bibliográfica de los aportes psicoanalíticos, hemos querido dar relevancia a los aportes provenientes de la neurociencia y la teoría cognitiva, siendo la revisión de otros enfoques mucho más somera y orientada a la técnica.
En un segundo trabajo, que seguirá a éste, plantearemos un intento de formulación desde un abordaje abarcativo como es el enfoque Modular-Transformacional (Bleichmar, 1997; Bleichmar, 1999a), que supone una renovación dentro del psicoanálisis y proporciona un lugar de encuentro desde el psicoanálisis hacia otras disciplinas, en la búsqueda de una visión renovada de la teoría que sustenta el análisis de los sueños de cara a proponer una técnica específica.
El sueño desde la teoría psicoanalítica
La teoría de los sueños en Freud
El gran descubrimiento freudiano: la vía regia de acceso al Inconsciente.
La interpretación de los sueños es para Freud desvelar su sentido (Freud, 1900, p.118) y para él siempre constituyó el primer y gran descubrimiento psicoanalítico. Fue su orgullo intelectual, el aporte del que más explícitamente se vanaglorió a lo largo de toda su vida. Al final del capítulo VII de La interpretación de los sueños, (capítulo que, como ya sabemos, es esencialmente teórico y que podemos considerar como fundante del psicoanálisis) define la interpretación onírica como la "vía regia" de acceso al mundo inconsciente (Freud, 1900, p. 597), y siempre pensó en ella como un medio poderoso para contactar con todos los afectos e ideas que permanecían fuera de la conciencia. En el periodo entre 1895-1900, dedica su esfuerzo a penetrar en el mundo del síntoma neurótico, a intentar desvelar su sentido. Es en este contexto teórico-clínico (al que se añade, de modo significativo, el largo y duro proceso de su autoanálisis, en el que los sueños ocupan un lugar principal), donde se le empieza a hacer evidente su valor como medio de acceso al sentido de lo oculto en el inconsciente.
El gran aporte freudiano, en su trabajo con los sueños como fenómeno en sí mismo, fue penetrar en el terreno del desvelamiento del sentido, estableciendo que la aparente falta de lógica del sueño no era tal, sino que se ponían en juego diferentes leyes según que el aparato psíquico trabajase en estado de vigilia o en el momento del dormir. Sin embargo, nos parece que el factor fundamental que sirve para promover en Freud semejante entusiasmo (no olvidemos al respecto la fantasía, compartida con su amigo Fliess en una carta que le envía en junio de 1900, sobre la supuesta placa conmemorativa que se pondría a propósito del "desvelamiento del sentido del sueño"), es que, gracias al descubrimiento del sentido del sueño, el psicoanálisis abandona el mundo exclusivo del síntoma patológico y se inscribe en el mundo de la normalidad, lo que viene a significar que el psicoanálisis se transforma en un método de comprensión del psiquismo de cualquier sujeto y no sólo del funcionamiento del psiquismo patológico. Al centrarse en el análisis de sus propios sueños y tras sus primeras experiencias en el tratamiento de los fenómenos neuróticos, especialmente histéricos, llega al convencimiento de las particulares leyes que rigen el funcionamiento inconsciente, bien diferentes a aquellas que rigen en los fenómenos conscientes. Podemos decir que, prácticamente al unísono, Freud va desarrollando los mecanismos de formación de síntomas y los que subyacen en los sueños. Se produce una práctica igualación de los sueños con los síntomas neuróticos en lo que respecta a la función, a los mecanismos o a su consideración como fenómenos de transacción (Freud, 1900, p. 570). Con todo ello, va a concluir que las leyes del funcionamiento mental inconsciente se rigen por lo que denominará el proceso primario y que va a caracterizar tanto al funcionamiento del sueño como del aparato psíquico en general.
Esta constatación de lo inconsciente como fenómeno universal, no circunscrito a lo patológico, es el gran aporte del descubrimiento del trabajo sobre el sueño, y esto hasta el punto de cambiar totalmente el estatus epistemológico de "la joven ciencia", como gustaba denominarla Freud, ya que al ser el sueño un fenómeno universal, el psicoanálisis se transforma en un método que permite desvelar el sentido de los actos inconscientes de forma universal. Esta asimilación de lo estudiado sobre los sueños a la generalidad de los fenómenos psíquicos se plasma de modo fundamental en el mencionado capítulo VII, que no vamos a tratar en profundidad por ser suficientemente conocido, y en el que hace una descripción, no sólo del mundo de los sueños, sino del aparato psíquico en general, realizando su primera hipótesis global del funcionamiento del sistema, elaborando su teoría sobre la memoria y estableciendo los principales mecanismos intervinientes. Freud siempre tuvo en mente la importancia que el estudio sobre los sueños tuvo en el avance de teoría, así, ya al final de su vida escribe:
"ella [la doctrina de los sueños] ocupa en la historia del psicoanálisis un lugar especial, marca un punto de viraje; con ella el psicoanálisis consumó su transformación de procedimiento terapéutico en psicología de lo profundo...desde entonces...ha permanecido como lo más distintivo y propio de la joven ciencia" (Freud, 1933, p.7).
En su momento, Freud tiene el enorme coraje científico de otorgar un valor psicológico a un fenómeno que, hasta ese momento era considerado por las concepciones teóricas dominantes de la época como algo meramente biológico, sin implicaciones psicológicas. Es Freud quien rompe esta línea de pensamiento mediante la elaboración de conceptos enormemente novedosos y arriesgados -el escasísimo eco que La interpretación de los sueños tuvo durante muchos años así parece atestiguarlo. Conceptos como contenido manifiesto vs. contenido latente (Freud, 1900, p.154), la desaparición del principio de no contradicción o de la lógica temporal (Freud, 1900, p.528) que rige en la vigilia, la inversión o transformación de un elemento en su contrario (Freud, 1900, p.332) o los fenómenos intervinientes en el denominado trabajo del sueño [la condensación, el desplazamiento, la representación por medio de imágenes sensoriales o la elaboración secundaria principalmente (Freud, 1900, p.285 y ss)], resultan suficiente ejemplo de ello. Estas y otras conceptualizaciones bien conocidas, conforman el armazón teórico con el que explica el modo en el que el sueño se presenta al soñante despierto y le permiten establecer las reglas técnicas de desvelamiento de su sentido, este es el proceso de interpretación de los sueños, descrito como un proceso inverso, opuesto, al trabajo del sueño, por el que se pasaría de lo manifiesto a lo latente. Estas ideas no van a cambiar prácticamente a lo largo de la obra freudiana en el tiempo. Así por ejemplo, cuando en 1933 publica, dentro de sus Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, su Revisión de la doctrina de los sueños (Freud, 1933), no hace sino resumir lo expresado anteriormente, sin añadir conceptos nuevos y mostrándose satisfecho con lo dicho.
La realización de deseos inconscientes. El papel de los restos diurnos. El problema de los sueños traumáticos.
El sueño como realización de deseos inconscientes es la idea básica que sostiene la teoría freudiana. El sueño se inscribe en sus conceptos de la pulsión y descarga, es decir, como un proceso de descarga de estímulos pulsionales cuyo trasfondo hay que buscarlo en el mundo del cumplimiento de los deseos infantiles.
Al acabar de interpretar el sueño de la inyección de Irma, sueño que como sabemos inaugura su método interpretativo, afirma que "una vez llevada a cabo la interpretación completa de un sueño, se nos revela éste como una realización de deseos" (Freud, 1900, p.141), seguidamente dedica un capítulo explícitamente a desarrollar esta idea (Freud, 1900, p.142 y ss.). Desde la fácil comprobación de esta aseveración en los sueños infantiles, hasta su reafirmación en los sueños de angustia, no estableció excepciones a esta regla. Habla de dividir los sueños en aquellos que mostraban francamente la realización de deseos, especialmente los infantiles, y aquellos otros en los que la censura provocaba que apareciesen disfrazados (Freud, 1900, p.543), ofreciendo diversas interpretaciones a los casos que parecían constituir excepciones a la regla; por ejemplo, aquellos sueños en los que la no realización de un deseo significa la realización de otro (Freud, 1900, p.169), también plantea la posibilidad de la coexistencia de varios sentidos en los sueños (Freud, 1900, p.232), de modo que podrían yuxtaponerse varias realizaciones de deseos, o habla de los sueños como defensa frente a la angustia en aquellos sueños angustiosos que provocaban el despertar del soñante. De cualquier modo, sobre su procedencia tampoco deja lugar a dudas, habla del origen inconsciente e infantil del deseo representado en el sueño (Freud, 1900, p.546).
Esta concepción condiciona su visión sobre el papel del resto diurno en la formación del sueño. Para Freud, los deseos insatisfechos de la vigilia contribuyen a provocar el sueño, pero no pueden formarlo por sí solos, para ello siempre sería necesaria su conexión con deseos inconscientes. La fuerza del sueño viene siempre de lo pulsional inconsciente. El deseo consciente que el sueño realiza va a descubrir, mediante la interpretación, el deseo inconsciente que subyace. En este sentido los restos diurnos son, en todos los casos, de una importancia secundaria, siendo la fuerza pulsional inconsciente el motor de la formación del sueño.
Freud habla de los tipos de restos diurnos, según sean conscientes, insatisfechos, o reprimidos. En cualquiera de los casos, les atribuye el papel de meros desencadenantes o acompañantes de los deseos inconscientes infantiles, "imagino que el deseo consciente sólo se constituye en estímulo del sueño cuando consigue despertar un deseo inconsciente de efecto paralelo con el que reforzar su energía". A este respecto y como ejemplificación de su distinción entre fuente y motor del sueño, elabora su curiosa metáfora del socio industrial y el capitalista (Freud, 1900, p.553), como explicación del diferente papel de los restos diurnos y los deseos infantiles en la formación del sueño. El resto diurno sería el socio que aporta la idea y que desea explotarla, pero nada puede hacer sin que el capitalista, los deseos infantiles, corra con los gastos, en nuestro caso los gastos psíquicos necesarios para la formación del sueño. Afirma que se produce una transacción mediante la cual los restos diurnos toman del deseo inconsciente la fuerza necesaria y, a su vez, éstos los utilizan como el medio imprescindible para acceder a la conciencia, esto es, serían objetos de la transferencia (Freud, 1900, p.555). En este sentido, en un artículo posterior (Freud, 1923a), plantea la existencia de sueños de arriba y sueños de abajo, según que provengan de pensamientos diurnos que durante la noche se refuerzan a partir de lo reprimido inconsciente o los que provienen de un intenso deseo inconsciente que se ha procurado una subrogación en restos diurnos cualesquiera.
Veremos cómo algunos autores han atribuido a los restos diurnos un diferente papel, sin embargo, para Freud la cosa no ofrece dudas "...el gasto psíquico necesario para la formación del sueño es siempre, cualquiera que sea la idea diurna, un deseo de lo inconsciente" (Freud, 1900, p.553). Para afianzar aún más esta afirmación, recurre al concepto de indestructibilidad de los deseos inconscientes, "que permanecen siempre en actividad" (Freud, 1900, p.569). Ofrece además una concepción restringida de los restos diurnos cuando afirma que siempre existe un enlace (estímulo) con los acontecimientos del día anterior al sueño (Freud, 1900, p.182), y que el resto de las impresiones de tiempos anteriores pueden ser recientes o de tiempos pretéritos (Freud, 1900, p.185).
Para Freud, se hace evidente que esta teoría de la realización de deseos tiene una importante dificultad cuando tenemos que confrontarnos con los muy frecuentes sueños de angustia. Él mismo se apresura a reconocer que ofrecen graves resistencia para la aceptación de su teoría del deseo, pero lo resuelve ofreciendo diferentes explicaciones a medida que plantea los posibles problemas. En general, va a remitir al problema general de la angustia neurótica, aunque no podemos olvidar que estamos lejos del modelo complejo que sobre la angustia ofrece en Inhibición, síntoma y angustia (Freud, 1926), así como de su teoría estructural del aparato psíquico. Para Freud, este tipo de sueños serían, generalmente, la representación de una angustia de contenido sexual, "cuya líbido correspondiente ha experimentado una transformación en angustia" (Freud, 1900, p.178). Otra explicación, es la existencia de deseos reprimidos que no son tolerados en la conciencia y que al expresarse provocan displacer. En una nota de 1919, incide en esta actitud de rechazo y censura ante determinados deseos inconscientes. Estos sueños, y su angustia acompañante, son considerados como equivalentes al síntoma neurótico (Freud, 1900, p.248). También explica algunos sueños negativos de deseos, haciendo alusión al componente masoquista que surge de transformar en su contrario los componentes agresivos sádicos, se trataría entonces de cubrir la satisfacción de deseos masoquistas (Freud, 1900, p.176).
Ofrece una explicación para el corriente fenómeno de los sueños de contenido angustioso pero que se acompañan de un afecto indiferente, para él, en este tipo de sueños se produciría un equilibrio entre la realización de un deseo y la realización de algo temido (Freud, 1900, p.549). Finalmente, plantea el problema de los sueños punitivos (de castigo), que tampoco escaparían a la ley de la realización de deseos, en este caso la realización de un deseo de castigo por un deseo rechazado desde la conciencia. Para este tipo de sueños aventura un diferente origen de los deseos inconscientes, en ese momento de 1900, ante la ausencia de su modelo estructural y su concepto de superyó, habla de "mayor participación del yo". Posteriormente, a medida que desarrolla su modelo estructural, va referirse a ellos como la realización del deseo del superyó en tanto instancia que ejerce las funciones de la auto-observación la crítica y contiene el ideal (Freud, 1923b).
La única excepción en Freud a la proposición del sueño como realización de deseos aparece cuando se confronta con los sueños traumáticos al estudiar, en Más allá del principio del placer (Freud, 1920), el problema de la neurosis traumática. Explica el efecto de ésta por la ruptura de la protección que defiende el psiquismo contra las excitaciones, por no estar preparado el sistema para la aparición de un trauma que supere un cierto límite de energía: "si los sueños de los enfermos de neurosis traumáticas reintegran tan regularmente a los pacientes a los pacientes a la situación del accidente, no sirve con ello a la realización de deseos...su función peculiar" (Freud, 1920, p.31). Ofrece la explicación de que el sueño, en estos casos, tiene la función de desarrollar la angustia, como modo de dominar la excitación, "los sueños antes mencionados...no pueden incluirse en el punto de vista de la realización de deseos, y mucho menos los que aparecen en el psicoanálisis, que nos vuelven a traer el recuerdo de los traumas psíquicos de la niñez. Obedecen más bien a la obsesión de repetición, que en el análisis es apoyada por el deseo – no inconsciente- de hacer surgir lo olvidado y reprimido" (la misma). Esta función sería la condición previa e indispensable para que el principio del placer pueda volver a ser el eje del sujeto, "si existe un más allá del principio del placer, será lógico admitir también una prehistoria para la tendencia realizadora de deseos del sueño, cosa que no contradice en nada su posterior función" ((Freud, 1920, p.32). Por lo tanto, para Freud, esta aceptación de sueños que no tienen como motor principal la realización de deseos, no representa más que una antesala, una concesión meramente temporal, que en nada cambia su teoría.
En este sentido, estos sueños alterarían la función que Freud atribuye al sueño, que es la del defensor del reposo "el proceso onírico permite que el producto de semejante cooperación desemboque en una vivencia alucinatoria inocua, y así asegura la continuación del dormir" (Freud, 1933, p.16). Lo presenta entonces como una formación de compromiso con la doble función de preservar el dormir de acuerdo con el yo, y permitir una cierta satisfacción a una pulsión reprimida mediante un cumplimiento alucinatorio de deseo.
Los aportes psicoanalíticos posteriores
Muchos autores psicoanalíticos han investigado el tema de los sueños. En todos las casos, y este trabajo no es una excepción, se ha partido de las ideas freudianas sobre la formación, significado y técnica de interpretación de los sueños, pero introduciendo matices en algunos casos y reformulándola de un modo radical en otros. Nos centraremos en la primera parte de este trabajo en revisar una parte significativa de estos aportes teóricos.
Queremos abrir esta revisión bibliográfica mencionando un reciente artículo de Kantrowitz (2001a), en el que la autora plantea que tras un cierto declinar en la importancia atribuida en los institutos psicoanalíticos a la enseñanza de los sueños en las dos últimas décadas, reflejada en un menor número de horas dedicadas a ello, parecen apreciarse diversos indicios de que el interés en los sueños, tanto en la teoría como en la aplicación clínica, está reapareciendo. Pone como ejemplos el que la Conferencia de investigación de la IPA de 1999 se dedicara a los sueños, que éste fuese el tema del tercer symposium anual del CD-Rom del PEP del año 2000 (la base de datos más importante de artículos de psicoanálisis que recoge las principales revistas en lengua inglesa), o el hecho de que algunos institutos empiecen a aumentar las horas de docencia en el tema de los sueños.
Comenta Kantrowitz que las opiniones sobre los sueños parecen relacionarse con las perspectivas que se van desarrollando en el psicoanálisis mismo. En ese sentido, apunta la preocupación de algunos analistas (Greenberg, 1999), que aun sosteniendo una concepción bipersonal del psiquismo, creen que el péndulo puede haberse desplazado demasiado en una dirección, o la de Wallerstein (1998) cuando afirma que el péndulo se está asentando en una posición más equilibrada entre una concepción uni y bipersonal del psiquismo. Afirma también que el interjuego dialéctico entre ambas perspectivas proporciona una apreciación y comprensión más completas de cada paciente, enriqueciendo nuestro campo de investigación.
Kantrowitz establece cierto paralelismo entre el deseo de mantener múltiples perspectivas y el renovado interés por los sueños (lo que sería nuestro caso). Para ella, los sueños continúan siendo la vía regia a los procesos inconscientes del individuo y son también una fuente de información sobre la representación inconsciente de la relación paciente-analista. Cita a Bollas, (citado en Wallerstein, 1998) cuando afirma: “Por psicología unipersonal queremos referirnos a todos aquellos pensamientos y sentimientos que derivan fundamentalmente del trabajo del sueño de un self. Por psicología bipersonal creo que nos referimos a todas aquellas ideas y emociones que derivan del trabajo dialéctico de dos subjetividades comprometidas”.
Para esta autora, los sueños iluminan tanto la representación inconsciente del soñante como su visión de la interacción soñante-analista y ello a pesar de que no todo analista ni todo analizado necesita emplear los sueños para que un análisis sea efectivo desde un punto de vista terapéutico, ni siquiera para la comprensión de la naturaleza de la mente de la persona y del proceso. En este sentido afirma que resultan desconocidos los motivos por los que los sueños son tan útiles para algunos y tan poco para otros. Por ello, ha entrevistado a psicoanalistas de diferentes escuelas, con el fin de intentar determinar sus opiniones sobre el papel de los sueños en el psicoanálisis actual (Kantrowitz, 2001b, ver más abajo).
Cuando revisamos la bibliografía sobre los sueños, podemos ver que uno de los puntos más discutidos es la teoría freudiana del sueño como cumplimiento de deseos. De los pioneros en este sentido puede considerarse a Ferenczi (1931), el cual, al plantear el tema de los sueños traumáticos, afirma que los restos diurnos (concepto que amplia refiriéndose a restos vitales), pueden ser de hecho considerados síntomas de repetición de traumas. Esto llevó a Ferenczi a una definición de la función del sueño más allá del cumplimiento de deseos, cuando dice que todo sueño, incluso los no placenteros, es un intento de obtener un mejor dominio y una resolución de las experiencias traumáticas, lo que se hace más sencillo en la mayoría de los sueños por la disminución de la instancia crítica y el predominio del principio del placer. En esta línea, Garma (1946) plantea la influencia del trauma en la génesis de los sueños, concluyendo que:
Los sueños nacen de una o más situaciones desagradables que el sujeto es incapaz de dominar o de elaborar normalmente, y a las que denomina, situaciones traumáticas (siguiendo la terminología freudiana).
En el sueño, el sujeto está ligado psíquicamente a estas situaciones traumáticas.
Los sueños constituyen intentos, generalmente satisfactorios, de sobreponerse al malestar psíquico generado por estas situaciones traumáticas.
El intento de sobreponerse al displacer psíquico se efectúa a través del cumplimiento de deseos.
El aspecto alucinatorio de los sueños se debe a la influencia de las situaciones traumáticas y no de los deseos que se gratifican.
Sería posible, entonces, descubrir en la regresión implícita en cada sueño un trauma potencial (Curtis y Sachs, 1976). Otros autores amplían aún más el concepto de trauma: “Dada la naturaleza de los fenómenos inconscientes, el trauma tiende a estar implícito en las actividades cotidianas, tanto en las aparentes banalidades de las relaciones sociales como en la intensidad emocional de la intimidad” (Sandler, 1976).
Una crítica directa y fundadas a esta idea la realizan Thomä y Kächele (Thomä y Kächele, 1989). Apuntan a varios problemas teóricos, en primer término el problema de demostrar el elemento desiderativo infantil inconsciente en los sueños y como hacer compatibles los sueños de angustia con la teoría. En este sentido afirman que dicha teoría, como único motor del sueño, no parece corroborarse desde las investigaciones neurofisiológicas, pero tampoco por parte de los autores que, en las últimas décadas han trabajado desde el campo psicoanalítico o cognitivo el mundo de los sueños y, por el contrario, piensan que, para su mantenimiento, Freud tuvo que ir elaborando permanentes hipótesis complementarias que sorteasen los problemas teóricos que iban surgiendo. Especialmente, recalcan que tuvo que ir ampliando los conceptos de deseo y satisfacción como único modo de dar una cobertura teórica a los sueños de autocastigo, los cuales quedan enmarcados como formas de satisfacer los deseos del superyó, o hablar de los sueños como defensa frente a una angustia mayor en aquellos sueños angustiosos que provocaban el despertar del soñante. Apuntan a que el problema teórico fundamental radica en la dificultad de adaptar los sueños a su nuevo modelo topográfico estructural.
Por otro lado, estos autores opinan que el tomar los deseos infantiles como motor único del sueño, implica una teoría de la memoria que orienta hacia el recordar y hacia las descargas de las excitaciones, con las consiguientes implicaciones teóricas y clínicas que esto supone, ya que si la reconstrucción del deseo infantil es imposible en la mayoría de los casos, su utilidad para una mayor efectividad terapéutica es aún más dudosa. En definitiva, "mantenerla como teoría única de la formación de los sueños nos introduce, efectivamente, en un corsé restrictivo difícilmente compatible con la clínica" (Thomä y Kächele, 1989).
Otros muchos autores han cuestionado esta idea fundamental freudiana del motor y única función del sueño. A partir de ello, han desarrollado muchos estudios sobre las diversas funciones de los sueños. En este sentido queremos mencionar el libro The dream discourse today de Sarah Flanders (1993), donde revisa distintas contribuciones históricas y recupera un conjunto de trabajos (algunos de ellos clásicos) que han supuesto aportaciones relevantes al campo de los sueños.
Uno de los autores destacados para Flanders es Lewin, quien abrió la exploración sobre las características formales del sueño. Este autor estableció un paralelismo entre la situación analítica y el fenómeno del soñar (Lewin, 1955). Igualmente, se dio cuenta del alto nivel de activación asociado al soñar y comparó los ritmos de la vigilia y el dormir, y del momento en que se sueña con otros periodos del dormir (aunque el descubrimiento del sueño REM fue coetáneo a los escritos de Lewin, el establecimiento de la relación entre sueño REM y el soñar fue posterior). Propuso un papel del analista como despertador "el analista es a la vez un activador y un resto diurno... el analista continuamente opera o bien para despertar en parte al paciente o para ponerle a dormir un poquito, para suavizar o para activar" (Lewin, 1955). Si bien estaba condicionado por su formación en hipnosis, implícita en el modo en que se expresa, es importante su afirmación de que, al igual que es necesario cierto grado de seguridad para dormir y soñar, y que el proceso sea reparador, no es menos necesaria esta seguridad para que el paciente pueda relatar los sueños de manera constructiva en la situación analítica y que este grado de seguridad requerido depende del analista, que se constituye en figura protectora de la revelación que se va desplegando. Con ello incluye el progreso de la interpretación del sueño dentro de la marcha del proceso psicoanalítico.
También revisa Flanders las diferencias entre la visión de los sueños como resolución de problemas, uno de los extremos de la visión revisionista dentro del psicoanálisis (French y Fromm, 1964) y la de la función integrativa de los sueños normales, reflejando e incluso avanzando potencialmente la fuerza interna del yo (Segal, 1980), integrando nuevas percepciones con estructuras establecidas (Greenberg y Pearlman, 1975; Palombo, 1978), o los sueños como preservadores y/o facilitadores de la estructura del desarrollo (Fosshage, 1983; Storolow y Atwood, 1982).
Desarrolla Flanders la idea de que, los cambios en la consideración de las diferentes funciones que cumplen los sueños, ha estado en consonancia con los cambios teóricos que se han abierto paso a raíz de la aparición de la teoría estructural freudiana: el sueño es visto como reproduciendo el conflicto entre las instancias dinámicas de la mente, lo que se corresponde con un tratamiento psicoanalítico ya no va a ser concebido como el desenmarañar el deseo inconsciente sino como el fortalecimiento del yo frente a las demandas del ello y el superyó, con lo que el sueño perdería, para algunos autores como Waldhorn (1967) o Brenner (1969), el lugar central en la terapia, pasando a considerarlos como un instrumento más de ésta, en lugar de la vía regia al inconsciente. En este mismo sentido también reivindica el trabajo de Sharpe, Dream Analysis (1937), realizado a partir de reuniones de la Sociedad Británica. Esta autora ubica el sueño dentro de una tarea psicoanalítica dedicada a "ampliar las fronteras del yo" a través de "un complicado reajuste psíquico adquirido por medio de las dinámicas de la transferencia". Para Sharpe, el sueño es una parte esencial de este proceso porque facilita la asimilación del conocimiento de la mente inconsciente a través del yo, como parte esencial del proceso psíquico". Asimismo, hay que destacar en esta autora su visión de la función del sueño en el contexto de la transferencia en desarrollo. Recogiendo la influencia de los trabajos de Klein y Freud, equipara el fenómeno del sueño con proyecciones del self, relacionando esto con una objetificación de un drama interno. La historia del sueño y la transferencia hacia el analista estarían claramente relacionados, y también los personajes del sueño y el proceso que más tarde Klein denominaría "identificación proyectiva" (Klein, 1946).
Tomando ideas de Bion sobre la identificación proyectiva y la función continente (Bion, 1962a; Bion, 1962b), Segal (1980) plantea que además de la consideración del sueño como cumplimiento de deseos o en la relación del yo con sus objetos, existen sueños (generalmente en pacientes borderline graves) que actuarían como procesos proyectivos extremos, para intentar liberarse de sentimientos inaceptables o insoportables mediante su evacuación, y en los que el análisis del contenido, sea manifiesto o latente, no sería valorable, sólo su función.
En este trabajo de 1980, Segal plantea una objeción de base a la idea del sueño como formación de compromiso. Afirma que el modelo clásico supone la idea de un yo siempre capaz de una represión adecuada, y da por sentado que el trabajo psíquico del sueño, así como la capacidad de simbolización, están garantizados. En Freud, el sueño es un fenómeno dado universal, podemos decir que estructuralmente inmodificable. Y sin embargo, la propuesta de la autora es que estas funciones pueden estar perturbadas o ser inadecuadas. Afirma que la simbolización es un trabajo psíquico conectado con la represión, sólo lo reprimido se simboliza, necesita ser simbolizado. Tomando los trabajos de M. Klein (1930), sobre la formación de símbolos, trabaja el tema de la ecuación simbólica y el pensamiento concreto, que se produce cuando la identificación proyectiva está en ascenso de modo que el yo se confunde con el objeto, en ese momento el símbolo se confunde con lo simbolizado y se produce el pensamiento concreto. Sólo si se produce la separación, el símbolo puede ser representación del objeto. Esto, para Segal, implica la elaboración depresiva, siendo el símbolo un precipitado del duelo correctamente elaborado. En este sentido, la capacidad para la formación de símbolos no concretos es un logro del yo, que puede no darse y que es imprescindible para que se puedan elaborar el tipo de sueños que cubren la teoría de Freud.
Ejemplifica los sueños en psicóticos y borderlines, en los que la estructura es diferente, la no separación entre alucinación y sueño, entre vigilia y sueño, hace que se puedan experimentar como reales. Los sueños son experimentados como sucesos concretos y aparentemente reales incluso, en ocasiones, como fenómenos alucinatorios. Tomando algunos aspectos de la obra de Bion (1957), como dijimos antes, habla de los sueños como un modo de librarse de partes no deseadas del self y los objetos y plantea los sueños de determinados pacientes que van a inundar, de manera disruptiva, la relación y el análisis. En estos casos, es a la profusión de sueños y su papel en el vínculo, esto es, a la función del sueño más allá del contenido, a lo que cree que hay que prestar atención. Son sueños de simbolización pobre y cruda en los que sorprende lo concreto de la experiencia y la invasión de la realidad, sin diferenciación entre mente y mundo externo; sin una esfera mental interna en la que el sueño pudiera ser contenido.
Khan hace una transposición del concepto de espacio transicional winnicotiano al plantear el espacio del sueño (Khan, 1976) y lo pone en relación con la teoría de Bion (1962a, 1962b). Sólo cuando la función alfa es capaz de transformar las crudas emociones y percepciones de la función beta, que están al servicio de la identificación proyectiva, se pueden almacenar estos contenidos en la memoria, con lo que pueden ser reprimidos y, a su vez, objeto del trabajo del sueño al poder ser simbolizados. De este modo, es como aparece el material de los sueños neuróticos más habituales. En conclusión, se plantea que la atención no debe dirigirse solamente al contenido del sueño, ya que la forma y función del sueño puede ser, en determinados casos, más relevante en el proceso terapéutico, al iluminar las perturbaciones en el funcionamiento del yo.
La mayor atención a las etapas precoces del desarrollo, particularmente a la formación de la capacidad de simbolizar, llevó a un mayor interés por conocer la adquisición potencial de la función de soñar. En general, muchos psicoanalistas fueron ubicando el proceso del relato del sueño en un continuum mejor comprendido del desarrollo del yo. En la transferencia, entendida en términos de las relaciones de objeto precoces y tardías, aparecen los temores y los deseos que informan de la capacidad misma para dormir y soñar. Es por ello la importancia de recoger y contar el sueño en una situación analítica suficientemente buena. El analista asistiría a este logro, facilitaría la reconstrucción de esta capacidad cuando estuviese dañada, cuando las fronteras del yo o el "envoltorio psíquico" (Anzieu, 1989) fueran demasiado rígidos, frágiles o dañados como para contener el proceso del sueño.
En un reciente trabajo, Capozzi y de Masi (2001) aportan nuevas investigaciones al trabajo de los sueños en pacientes graves. Consideran que la teoría freudiana de los sueños no se puede aplicar, directamente, a los pacientes psicóticos y límites (borderline), a causa de la constante variación de sus estados de integración mental y de su dificultad para asociar en relación con los sueños. Revisan en la bibliografía la cualidad específica de los sueños en el estado psicótico y concluyen que dichos sueños tienden a expresar lo concreto de la construcción alucinatoria. Por ello advierten de la dificultad de comprensión que los pacientes pueden tener por más obvio que sea para el observador. Consideran que la comprensión de los sueños es útil no obstante para el analista por la información que aportan sobre el modo en que se organiza el sistema alucinatorio, permitiendo el acceso al trabajo con los núcleos psicóticos. Capozzi y de Masi opinan que estos “sueños psicóticos” pueden ayudar al analista y al paciente –en tanto éste esté lúcido- a lograr insights que eventualmente posibilitarían ayudar a salir de la crisis psicótica , o anticipar futuras recaídas en la medida en que en los sueños pueden rastrearse antecedentes de las recaídas cuando son inminentes.
Otros autores que han trabajado la idea de la función del sueño con una amplitud bien diferente a la freudiana son Storolow y Atwood, así como Fosshage. En su trabajo de 1982 (Storolow & Atwood, 1982), plantean un intento de fenomenología psicoanalítica, a la que definen como aquella que tiene por objetivo desvelar la estructura y el significado de la experiencia subjetiva. Por la proximidad de estos autores al abordaje fenomenológico, introducimos aquí los trabajos de Medar Boss, principal referente en este campo (Boss, 1977; Boss, 1982).
Medard Boss fue el primero en describir un método de análisis de los sueños que desanimaba la referencia a elaborar teorías psicológicas. Insistía en que el intérprete debía desempeñar el papel de un entrenador que ayuda al soñante a focalizarse en los fenómenos (imágenes y sentimientos) del sueño. Asume una posición contraria a la psicoanalítica clásica, afirmando que no puede demostrarse intencionalidad ni en el sueño ni por parte del soñante. Describe el sueño como un modo de existencia más empobrecido y restringido que la vigilia, a la que considera más capaz de la abstracción y la conceptualización. Más aún, para Boss (1982), la dependencia de una explicación externa a menudo seduce al soñante a “refugiarse de lo personal y de lo concreto, en una posición distante y alienada que no obliga al paciente en modo alguno a hacerse más responsable del modo concreto en que vive su vida diaria”. Para este autor, si uno aprende a realizar preguntas efectivas, “emergerá la naturaleza y el mensaje terapéutico del sueño, sin necesidad de apoyo de la mitología, el folklore, sin conocimiento alguno de la psicología primitiva o la religión comparada, contrariamente al punto de vista Jungiano, o sin ninguna ayuda incluso de ningún tipo de la psicología. De hecho, no se requiere una doctrina de la psique”. El soñante debe revivir y describir en el mayor detalle lo que ocurría exactamente en el sueño y como se sentía estando allí. El principal objetivo de este abordaje es ayudar al soñante a explorar y apreciar la completud de la experiencia onírica reviviéndola y describiendo las cualidades del sueño manifiesto. Boss quería rescatar el sueño de la distorsión por suposiciones teóricas restrictivas, y mostrar a los soñantes que las propias imágenes del sueño, una vez que se reexperimentan bien, podían abrirles a nuevas formas de ser, y a actitudes y sentimientos que habían estado fuera de su conciencia. Este abordaje también es bastante coincidente con el método de Delaney y Flowers (Delaney, 1998; ver más abajo).
Storolow y Atwood (1982), parten de una idea del inconsciente como una estructura compleja, originado no sólo por el principio único de la represión (a la que consideran un principio organizador negativo). Para ello proponen otras formas de organización del mundo representacional, que configuran de forma positiva (utiliza positivo como algo que añade, que suma, en contraposición a lo negativo, que resta) la expresión de las experiencias subjetivas de la persona. También aportan el concepto del inconsciente prerreflexivo (Atwood & Storolow, 1980), un inconsciente no defensivo que resulta de la incapacidad que la persona tiene para reconocer que la realidad personal en que vive está construida por estructuras de su propia subjetividad. El sueño proporcionaría un material privilegiado para facilitar el reconocimiento de estas estructuras.
Estos elementos teóricos condicionan su formulación sobre los sueños y el trabajo técnico a llevar a cabo con ellos. Para Storolow y Atwood, el objetivo al intentar buscar su significado, es centrarse en el modo en que el sueño se inserta en la experiencia actual del soñante, reconstruyendo los enlaces entre la imaginería del sueño, y los conflictos que afloran en la vida subjetiva del soñante (Storolow, Atwood, 1982). Por ello, no se trata tanto de buscar las causas del sueño, como de propiciar dicho enlace. Dan un nuevo valor al contenido manifiesto, al afirmar que allí aparecen las configuraciones temáticas del self que configuran el sueño y sirven como puntos de partida para la comprensión posterior. Se plantean que el objetivo último del sueño es la necesidad de mantener la organización de la experiencia subjetiva. Esta sería la motivación supraordinada para soñar y, con ella, vienen a dar al sueño el papel de "guardián de la estructura psicológica". Dicha tarea la realizan los sueños por medio de la simbolización. Otras motivaciones para soñar serían: cumplimiento de deseos o necesidades urgentes, proporcionar auto-castigo o guía moral, ayuda en la adaptación a dificultades de la realidad, reparar o restaurar imagos del self y/o del objeto perdidas o dañadas, y, en ocasiones, una defensa para evitar que otras configuraciones temidas cristalicen en la conciencia.
Afirman que en todos los sueños se dan combinaciones variables de dos prototipos de sueño:
Sueños en pacientes donde existe un conflicto intrapsíquico establecido, en los cuales, el contenido manifiesto puede disfrazar las motivaciones latentes, al modo en que se plantea en la técnica clásica.
Sueños que tienen como función el mantenimiento de la estructura psicológica per se. Dentro de este grupo, incluyen los "sueños de estados del self" de Kohut (1977), si bien amplían el concepto de éste, ya que consideran que además de poner palabras a lo innombrable, consiguen encapsular el peligro aislándolo del self, con lo que esto implica de concreción de un esfuerzo reparatorio del self. Socarides (1980) ha descrito unos sueños con una función similar en casos de perversiones. La comprensión del contenido manifiesto es mucho más directa en estos casos.
Por su parte, Fosshage (2000) afirma que la actividad mental del sueño, tiene la función fundamental (como en vigilia) de procesar información. Cuando soñamos, empleamos de manera variable modelos de cognición duales: por un lado, el modo de proceso primario, dominado por las sensaciones y cargado de imágenes, y por otro, el modo de proceso secundario fijado lingüísticamente (Bucci, 1985; Bucci, 1994; Fosshage, 1983; Fosshage, 1987a; Fosshage, 1987b; Lichtemberg, 1983; McKinnen, 1979; McLaughlin, 1978; Noy, 1969; Noy, 1979).
Para Fosshage, las imágenes del sueño se ordenan secuencialmente para expresar significado y para continuar el procesamiento cognitivo-afectivo, del mismo modo que en el lenguaje las palabras se ordenan de manera lógica y coherente para dar sentido y expresar una idea (Fosshage, 1983). Las imágenes sensoriales tienden a evocar más afecto (revisado en Epstein, 1994), lo que clarifica el por qué los sueños (sobre todo los que suceden en fase REM, más dominados por las imágenes que los no-REM) pueden ser tan poderosos desde un punto de vista emocional. Si bien reconoce la existencia de visiones divergentes de los sueños, para él, la de los sueños como un procesamiento de información es la más aceptada en las diversas perspectivas (Fosshage, 2000).
Fosshage denomina su modelo como organizativo, ya que el proceso central y la función del soñar es para él organizar datos. De manera más específica postula que la actividad mental del soñar, desarrolla, mantiene y repara la organización psicológica y regula el afecto (Fosshage, 1983; Fosshage, 1987a; Fosshage, 1987b). Mediante el uso variable de las modalides mentales visual y lingüística durante los ciclos REM y no-REM, el soñar se ocupa desde las cogniciones elementales (p.eje. la repetición momentánea de un evento) a las más complejas formas de actividad mental (p.eje. esfuerzos en resolución de problemas complejos emocionales o intelectuales).
El modelo de Fosshage encuentra un claro antecedente en De Monchaux (1978) quien plantea que el sueño en el contexto de un psicoanálisis (entendiendo por tal el relato del sueño a uno mismo o a otro), tiene unas características que ofrecen grandes ventajas al yo en su tarea de reconocer, de cara a reconciliar, las dos caras intrínsecas a cualquier conflicto en el inconsciente. Estas serían, por un lado, los aspectos benignos de la disociación en la que, dentro de ciertos límites, dos metas pueden conseguirse al precio de una: un secreto a la vez mantenido y revelado; un acto presente con la protección del tiempo pasado; una imagen pictórica pero fuera de los límites respecto a otras por el hiato entre ver y decir; una verdad insoportable a la vez dicha y negada al ser presentada en el momento dentro de un contexto de un pensamiento no verídico que comúnmente no se toma demasiado en serio. Y a la vez, por otra parte, para cada aspecto disociativo podemos encontrar su correspondiente función integrativa- un todo nuevo, diferenciado emerge por el proceso de sacrificar la completa dimensionalidad del estado conflictual. En ningún lugar puede verse esto más claramente que en el uso de símbolos en el texto del sueño, y en la versión ampliada de este argumento que De Monchaux plantea, en el uso mismo del relato del sueño como un medio para la comunicación entre el objeto interno, el self y el otro; en la expresión del conflicto entre intenciones reconocidas y negadas; y finalmente en la detección, no sólo de lo que la persona quiere en su vida, sino también y quizás de manera pre-eminente (si se presta suficiente atención), de las capacidades de la función organizativa del yo en un momento dado del proceso terapéutico (De Monchaux, 1978).
Siguiendo con las funciones del sueño, comenta que la actividad mental del soñar, como la de la vigilia, a la que siempre la equipara, negando un papel diferenciado al soñar (esta insistencia así como la de negar diferencias entre contenido manifiesto y latente que veremos más adelante, lo sitúan cercano a presupuestos de algunas corrientes cognitivas), puede contribuir al desarrollo de la organización psicológica a través de la creación o consolidación de una nueva solución o síntesis (para Fosshage, la contribución al desarrollo es la menos reconocida de las funciones del sueño dentro del psicoanálisis, debido a la gran influencia dominante del modelo clásico en la que el soñar es regresivo, y por lo tanto, un proceso primitivo). Además, el sueño a menudo continua con los esfuerzos, conscientes e inconscientes, que se hacen en vigilia en la resolución de conflictos –a través de restaurar un estado anterior, usando procesos defensivos, o creando una nueva organización.
Sirve asimismo (como la actividad en vigilia) para mantener y restaurar la organización psicológica y la cohesión del self. Estas facetas son difíciles de separar. El mantenimiento se refiere a la modulación y continuación de la organización psicológica en funcionamiento, mientras que la restauración señala a un estado más severo de desorganización psicológica. La descripción de Kohut de los “sueños de estados del self” (1977, ver también Ornstein, 1987) es un ejemplo en el que el trabajo del sueño está dirigido, frente a una amenaza de auto-fragmentación o disolución, a restaurar un sentido cohesivo y positivo del self. La regulación afectiva (Kramer, 1993) es central en estos sueños. El mantenimiento podría verse en aquellos casos en que habiendo expresado insuficientemente la rabia y aversión frente a una amenaza percibida durante el día, se puede intentar durante el sueño ajustar la situación (ajuste del self en términos de Fosshage) a través de la expresión de rabia (regulación afectiva) con la consiguiente reparación del equilibrio del self.
Para Fosshage, tanto en la actividad mental durante el sueño como en la vigil, se emplean (y se revelan) los patrones primarios de organización de la experiencia (Piaget, 1954; Wachtel, 1980; Atwood & Storolow, 1984; Storolow & Lachmann 1984-85; Fosshage, 1994). Las imagos del self, del otro y del self con el otro, se muestran de forma intrincada. La actividad mental durante el sueño puede reforzar o transformar estos patrones (aquí Fosshage coincide con los objetivistas de la teoría cognitiva).
Stein (1995), retoma el papel del sueño como guardián del dormir. Plantea la hipótesis de que el sueño se desarrolla en el neonato durante la activación de la fase REM para proteger el sueño* de impulsos crecientes de manera incesante dirigidos al objeto. Realiza una revisión de la literatura sobre el papel del sueño como guardián del dormir y concluye que ha sido una función descuidada a favor de la teoría del cumplimiento de deseos.
Stein mantiene la afirmación freudiana del cumplimiento de deseos en el sueño, pero cambiándola de una visión teleológica a otra de causa-efecto. Para Stein si se toma en cuenta la función de preservar el dormir, entonces el sueño sería una respuesta de la mente, a través de las funciones yoicas, a cualquier estímulo, interno o externo, que lo perturbe. Como señala Brenner (1969), la mayor perturbación del dormir, en condiciones normales, procede de los deseos inconscientes; por ello, cuanto más éxito tenga el sueño en representar la gratificación de esos deseos, menor será la demanda de activación, manteniéndose a salvo el dormir (Stein, 1995).
Para Stein, el papel del sueño como guardián tiene un buen soporte en muchos los datos psicofisiológicos que conocemos a partir de los estudios sobre la fase REM del sueño (Fisher, 1965), considerando a ésta como una perturbación del dormir a la que el sueño responde. Este planteamiento es retomado posteriormente por Solms (1997).
En un artículo de 1994, Maria plantea, más que una reflexión sobre la función del sueño, una posible utilidad de éste como validación del proceso analítico. Nos dice que las narrativas hechas por el analizando dentro del setting, son una parte esencial de la elaboración terapéutica y proporcionan una vía para obtener algún grado de validación del proceso analítico. El sueño, especialmente el trabajo realizado sobre sueños sucesivos, se transforma en un elemento muy útil para la corrección constante del proceso analítico.
El contenido manifiesto del sueño: una reevaluación
Con respecto al papel que se adjudica al contenido manifiesto del sueño y su relación con el contenido latente, así como la consideración en que se tienen los restos diurnos, también se han desarrollo diferentes teorías, muchas de ellas cuestionando seriamente lo afirmado por Freud. Thöma y Kachele (1989), ponen en duda el papel secundario que Freud atribuye al contenido manifiesto y a los restos diurnos cuando afirman que, ante la posición de Freud de situar los restos diurnos en la intersección entre dos líneas asociativas, conduciendo una al deseo infantil y la otra al deseo actual, oponen el concepto de red asociativa, en la cual pasado y presente se entrelazan en multitud de estratificaciones temporales. Lo cual es otro modo de desarrollar la idea de que la función principal del sueño sería el desarrollo, la regulación o la restauración de la estructura y organización de los procesos psíquicos. Aportan las investigaciones neurofisiológicas de Koukkou y Lehmann (1983), de las que, a pesar de reconocer su carácter especulativo, se puede inferir que el acceso a los recuerdos tempranos se abre varias veces durante la noche, momentos en los que es posible el intercambio entre presente y pasado. Efectivamente, en el sueño se entrelazan pasado y presente en muchas estratificaciones temporales y es esta una experiencia que tenemos de modo permanente en el curso del tratamiento.
Flanders afirma que la sospecha que Freud siempre tuvo hacia el sueño manifiesto se transmitió rutinariamente en gran parte del pensamiento psicoanalítico (Flanders, 1993). Menciona el trabajo de Erikson, The dream specimen in psychoanalysis (1954) en el que alertaba de la dificultad para apreciar las funciones adaptativas positivas del yo que habitualmente se muestran en los sueños. En dicho trabajo, Erikson reexaminó el contenido manifiesto del sueño de Irma de Freud. Llevando al sueño el énfasis de la psicología del yo en las funciones adaptativas e integrativas del yo, Erikson muestra un yo soñante luchando con el estrés del trabajo creativo, los conflictos de lealtad y la carga de emociones altamente conflictivas. Desde el trabajo de Erikson, el sueño de Irma (y otros sueños clásicos) han sido reexaminados (Shur, 1966; Greenberg, 1978; Mahoney, 1977), encontrado en el contenido manifiesto, o en el lenguaje del relato del sueño, un significado tan profundo o más que en lo oculto por la imaginería del sueño.
Fosshage (2000), es más radical y rechaza la distinción entre contenido latente y manifiesto. Primero porque cree que en la traducción del contenido latente se tiende a incrementar la influencia del analista en la comprensión del sueño. Segundo, porque entiende que la distinción asume a priori que durante el sueño siempre existe una transformación o disfraz. Y tercero porque, en su opinión, los sueños revelan directamente –a través de los afectos, metáforas y temas- las preocupaciones inmediatas del soñante (aquí se identifica, sin citarlo, con el abordaje fenomenológico de Boss). Cita a Fromm (1951) cuando hablaba de un lenguaje simbólico (olvidado) no como un lenguaje que disfraza sino como un “lenguaje en el que expresamos la experiencia interna como si fuese una experiencia sensorial”. Insiste en que los esfuerzos en la resolución de problemas de French y Fromm (1964), los procesos relacionales-objetales de Fairbairn (1944), la regulación del self de Kohut (1977), los modelos individualizados de experiencia y de relación del yo de Erikson (1954) y los procesos de desarrollo, mantenimiento y restauración de la organización psicológica que él postula, son todos directamente observables (en el contenido manifiesto) en los sueños (Fosshage, 1983). Con respecto a las organizaciones defensivas, una de las formas de proteger la cohesión del self, que denominan aversividad (Lichtemberg, Lachmann, & Fosshage, 1992, 1996), pueden o no aparecer en los sueños, pero no necesariamente resultan en aspectos ocultos.
Así pues, Fosshage defiende que las imágenes no se eligen con el propósito primario de ocultar sino por su poder evocador y su utilidad para pensar visualmente sobre el aspecto concreto. Dice que no obstante, el sueño muchas veces no aparece claramente comprensible, lo cual atribuye a seis factores:
1. Pobre recuerdo de los sueños.
2. Falta de claridad en el propio proceso del sueño.
3. Naturaleza metafórica del sueño (Ullman, 1969).
4. Dificultad para comprender los significados de imágenes desde una perspectiva vigil.
5. Dificultad en lograr sentido al yuxtaponer dos estados mentales diferentes (sueño y vigilia).
6. El contexto intersubjetivo no facilitador en el que se relata y se explora el sueño.
Las imágenes del sueño, dice Fosshage, deben examinarse por lo que revelan, no por lo que ocultan. Con este énfasis, cada imagen del sueño es utilizada dentro del contexto del escenario del sueño por lo que representa. El “Yo” en el sueño es el soñante, y las imágenes de objetos representan las imágenes que del otro tiene el soñante. Evitar asumir que las imágenes de objetos son proyecciones del self, nos posibilita, según Fosshage, el acceso a la imagen del soñante de los otros, del self con otros y a importantes aspectos relacionales
Queremos mencionar también el trabajo de Robert Gaines (Gaines, 1994), que ofrece una perspectiva de la teoría que los pioneros de la corriente interpersonal tenían sobre los sueños, haciendo para ello un recorrido por la obra de Sullivan (Sullivan, 1953; Sullivan, 1962; Sullivan, 1964) y Fromm (1951), así como la relación de la obra de estos autores con la teoría de Jung sobre los sueños, lo que además nos va a permitir referirnos a algunos de los aportes que este autor realiza al tema.
Sullivan, de un lado, considera que los sueños contienen una información muy importante acerca del soñante pero, por otro, advierte en contra del uso de la interpretación de los sueños en el tratamiento. Para él, durante el sueño el sistema del self se relaja, porque las amenazas a la autoestima se alejan (Sullivan, 1953). Por ello, los procesos de pensamiento están relativamente menos interferidos por la ansiedad y las tendencias motivacionales, y las personificaciones que normalmente se disocian, pueden expresarse de forma segura. De este modo, los sueños constituyen una válvula de seguridad para la personalidad facilitando la resolución de problemas interpersonales. Gracias a esta relajación, los sueños contienen información que habitualmente no es accesible para la conciencia y de gran valor potencial para la terapia. Sin embargo, pone como objeción a su uso el modo de expresión del sueño, que él denomina paratáxico (Sullivan, 1953), con lo que se refiere a que no sigue las reglas ordinarias de la representabilidad: las partes pueden tomarse por el todo, la coincidencia temporal de acontecimientos puede convertirse en relación causa-efecto, o el significado asignado a cualquier signo o símbolo puede derivar de la experiencia personal, no de la convención social. Es, por lo tanto, un lenguaje privado lleno de significados del que dudaba que pudiese ser traducido al modo sintáctico, cuestionando las posibilidades de ser interpretado. Este escepticismo tiene que ver con su experiencia en tratamientos con esquizofrénicos. En ellos observa cómo puede aplastarles la interpretación de su material discursivo (Sullivan, 1962). Es por ello, que encontraba mucho más útil mantener, tanto en los esquizofrénicos como en el sueño, el foco individual orientado a la realidad, la vida cotidiana, las dificultades presentes y pasadas en el trato con la gente. Pone el acento, por lo tanto, en tomar muy en cuenta el contenido manifiesto de los sueños. Para él, usarlos como mero trampolín para las asociaciones libres hacia el contenido latente, era un procedimiento que encontraba tan especulativo y remoto de los datos observables como inútil.
Gaines (Gaines, 1994), afirma que las ideas de Sullivan recuerdan mucho a las que ya había descrito Jung, aunque ésta circunstancia nunca fue reconocido por el primero. Así, Jung rechazaba la idea freudiana de que el contenido manifiesto es un disfraz o una fachada. Como Sullivan, veía el sueño en sí mismo como una afirmación directa y llena de significado acerca de la vida del soñante (Jung, 1933). La diferencia radica en que para Jung, el lenguaje de los sueños podía descifrarse con bastante precisión, o por lo menos de forma útil. En consonancia, desarrolló para la interpretación una serie de principios o guías.
Fromm (1951), como Sullivan y Jung, no pone en primer término la idea de que los sueños expresan deseos reprimidos. En cambio, afirma que soñar es una expresión significante y significativa de todo tipo de actividad mental bajo la condición del estado sueño (Fromm, 1951). Para él, mientras dormimos tienen lugar casi todas las formas de actividad mental. Menciona como ejemplos el recuerdo del pasado y la anticipación del futuro, diversos tipos de resolución de problemas, la expresión de deseos irracionales, la formulación de percepciones interpersonales o la perpetuación de autodecepciones. Tampoco está de acuerdo en que los sueños expresen su significado disfrazándolo de modo que debiera ser descifrado; por el contrario, afirma que los sueños usan un lenguaje propio, común para todo el mundo y que tan sólo necesita ser comprendido en sus propios términos.
Al igual que Jung, era muy entusiasta de las posibilidades de interpretar los sueños, ofreciendo una serie de guías básicas (Fromm, 1951). Otro aspecto destacado de Fromm es que piensa que los sueños se comprenden mejor si se conectan con la situación vital inmediata del soñante, incluso los considera como una reacción a los sucesos del día anterior, con gran capacidad de resolución adaptativa. En cuanto al significado específico en cada sujeto, opina que se puede clarificar considerando cómo encaja el sueño en los conflictos activos del soñante y en su estructura prevalente de carácter. Afirmó que algunas imágenes de los sueños son símbolos universales, pero en la práctica trató todas las imágenes de los sueños como lo que él llamó símbolos accidentales, en los que la conexión entre la imagen y el referente es individual, no universal, y deriva de la coincidencia de ambos en la vida del soñante.
Gaines dedica buena parte de su trabajo a exponer, y reivindicar, las ideas de Jung sobre el sueño. Comenta que las ideas nucleares de Jung sobre la interpretación de los sueños se separan conceptualmente de sus teorías sobre el inconsciente colectivo, el papel de los arquetipos en la experiencia o las fuerzas guía espirituales en el self (los que considera aspectos más problemáticos de la teoría jungiana que él mismo no comparte). El abordaje jungiano enfatiza que los sueños son un instrumento de nuestro continuo, activo y adaptativo proceso integrador (Jung, 1933) y no sólo una válvula de seguridad para el sujeto. Son manifestaciones del esfuerzo constructivo del inconsciente. Para Jung, esto era fundamental a la hora de entender los sueños. Varios de sus principios de interpretación de los sueños parten de éste concepto:
1º) Los sueños están anclados en el presente y orientados al futuro (Jung, 1933). Retratan problemas psicológicos que presionan al individuo y presentan posibles resultados negativos o soluciones a esos problemas. Insiste en contextualizar el sueño para evitar los problemas de dispersión del significado.
2º) Se refiere al papel de los sueños como ayuda para la adaptación y mantener la integración [una de las guías fundamentales para la interpretación de los sueños (Jung, 1933; Greene, 1979)], a lo que denominó proceso de compensación. Por medio de este proceso, las actitudes unilaterales conscientes se corrigen o equilibran en el sueño, al integrarse en éste con comunicaciones desde el inconsciente o aspectos negados de la realidad.
3º) Piensa que un sueño puede concebirse con dos niveles: objetivo y subjetivo. En el nivel objetivo, el sueño se refiere a los aspectos concretos que aparecen en el contenido. Este contenido compensa la falta de atención selectiva que, durante la vida vigil, se tiene sobre determinados aspectos de la realidad. En el nivel subjetivo, todas las partes y todos los actores del sueño se consideran partes del soñante.
4º) Afirma que el sueño cuenta una historia siguiendo la estructura clásica en cuatro partes: presentación, desarrollo, crisis y resolución. Jung otorga un gran valor a la secuencia de las imágenes en el sueño.
5º) Expresa la necesidad de decodificar las distintas imágenes en el sueño. A este respecto, Jung planteó que las imágenes del sueño emplean una gran variedad de estratagemas para expresar pensamientos y sentimientos: metáforas verbales, visuales y sensoriales, pensamiento en los que se toma la parte por el todo, animismo, juegos de palabras etc. De este modo, plantea la asociación dirigida en lugar de la asociación libre, haciendo que el soñante focalice su atención en cada una de las imágenes concretas. Su búsqueda es doble, de un lado el significado emocional para el sujeto y también el significado cultural universal del símbolo.
6º) Por último, Jung abogaba por validar la interpretación dada a un sueño en sueños subsiguientes, de ahí su interés en las series de sueños por encima del estudio de los sueños individuales.
La teoría interpersonal
Además de lo ya reseñado en el apartado anterior, queremos mostrar cómo desde el campo de la teoría interpersonal, el trabajo sobre el sueño se centra, podemos decir que con un mismo peso, en la diada transferencia-contratransferencia, poniéndose en primer término el análisis de los sueños como fenómeno relacional. Así por ejemplo, Bass (1995) plantea que los sueños del paciente proporcionan un camino al inconsciente del terapeuta. Describe este camino no como una via regia, sino bacheada, más peligrosa, y dependiendo de factores únicos a cada diada paciente-terapeuta (Bass, 1995).
Un autor representativo de esta línea de pensamiento es Blechner, el cual, en un artículo que denomina “Los sueños del paciente y la contratransferencia” (1995), plantea que al igual que un sueño puede decir mucho de un paciente, la forma en que el analista trabaja con el sueño puede decirnos (y también a sus pacientes) mucho sobre el analista. Afirma que las comunicaciones del paciente al analista a través de los sueños pueden incluir referencias a aspectos del analista que pueden estar sustancialmente fuera de la conciencia de uno o ambos participantes del proceso. Cuando se traen a la conciencia, pueden incrementar las capacidades técnicas del analista, fortaleciendo su insight y haciendo posible una apreciación más amplia y compleja del modo en que se está perfilando la experiencia del paciente, dentro y fuera de la transferencia. Blechner afirma que esto ocurre porque los sueños del paciente, como experiencia transicional entre inconsciente y consciente, llevan por sí mismos a un proceso de análisis recíproco que puede facilitar y expandir la conciencia de ambos. Blechner observa el fenómeno, previamente descrito por Levenson (1983), en el que el paciente y el analista parecen poner en acto (enactment, ver la revisión de Moreno sobre el término en el Nº 4 de Aperturas Psicoanalíticas), en el proceso de la interpretación, los problemas dinámicos que el contenido del sueño expresa de forma simbólica.
También hace mención a que el sueño puede ofrecer las comunicaciones de una forma suficientemente oscura, ambigua o disfrazada, como para poder eludir la conciencia de ambos participantes en presencia de suficiente resistencia y/o contrarresistencia a la conciencia. Para detectar esta posibilidad propone la búsqueda de "signos objetivos" en la contratransferencia (por las limitaciones que en un caso así tendría la supervisión). Para Blechner, "la contratransferencia tiene un tinte peyorativo, como de un problema del terapeuta. Debería considerarse una dimensión permanente de la experiencia que moldean el paciente y el analista conjuntamente" (Blechner, 1995).
Con respecto a la interpretación, ésta no se confina en una sola sesión, ya que es a través de la percepción continua, interactiva y recíproca cuando se aclara su significado. Cree que deben verse las implicaciones de la transferencia, y afirma que se puede ganar insight sobre la contratransferencia a través del auto-análisis (del analista) y la atención a las asociaciones del paciente, o a través de que el paciente hable explícitamente de su visión de la contratransferencia.
Otro autor de esta línea, (Aron, 1989) afirma que las interpretaciones surgen del inconsciente del analista, y serían una expresión de la subjetividad de éste. En general, los autores de esta corriente plantean que es necesario oscilar entre una doble posición de escucha, una que toma en cuenta la experiencia del self del paciente y del otro (analista), y otra que considera la experiencia del self y del otro (paciente) del analista, ya que creen que esta actitud tiene el potencial de dirigir el proceso analítico en diversas y fructíferas vías, como por ejemplo: proporcionar supervisión del paciente al analista; el auto-análisis del analista entre sesiones o en la sesión; o invitar al paciente al análisis directo de la transferencia (Bass, 1995).
Otro autor que trabaja el sueño desde esta línea, aunque de un modo más crítico, es Lippman (1996), el cual repasa algunas consideraciones que, desde el enfoque interpersonal, se realizan actualmente sobre el sueño. En primer lugar, considera las ventajas que proporciona un enfoque de este tipo al carecer de una teoría concreta sobre los sueños. Así, menciona la libertad de abordaje, con la posibilidad de estar abierto a la sorpresa; resalta la flexibilidad y capacidad de juego que conlleva la falta de supuestos por parte del terapeuta y, sobre todo, destaca las ventajas de no saber, de sentirse confuso y curioso en lugar de actuar como siendo una autoridad sobre los sueños. Entre las desventajas, señala Lippman la falta de interés que existe hacia los sueños, en la que interviene, además de la prevención, que ya hemos visto, por parte de Sullivan, el que los analistas interpersonales están poco inclinados a implicarse en aspectos de la mente per se. Piensa que en esta concepción se produce un problema de sobrecarga de los aspectos relacionales en general. Comenta que se puede hablar de que se ha producido un movimiento de péndulo que nos ha sacado de una concepción unipersonal para llevarnos al polo opuesto de lo bipersonal. Considera que un aspecto interesante que se plantea desde el terreno interpersonal es el énfasis en crear una atmósfera donde ambos participantes tengan espacio para respirar, moverse y descubrir significados juntos. Lippman menciona posibles dificultades para trabajar con sueños por parte del analista, más allá de las provenientes de la dinámica concreta analista-paciente. Se refiere, por ejemplo, a las derivadas de la propia experiencia vital del analista con los sueños, la forma en que éste reacciona frente al trabajo creativo de otros y su posible identificación con la actitud de su propio analista hacia los sueños (Greenson, 1970). Todas ellas aumentadas por las presiones del papel de profesional experto en sueños que se le confiere.
En un trabajo posterior (Lippman, 1998), se refiere al proceso soñar-olvidar como un ciclo constante donde los sueños olvidados nutren futuros sueños y reflexiona sobre aspectos relacionales del sueño, preguntándose si la libertad de pensamiento que se supone que existe en el momento de soñar es una real característica del sueño o es una construcción social sobre el soñar y advierte sobre el papel de los sueños para el aprendizaje social y el adoctrinamiento.
Levenson (Levenson, 2000), mantiene una posición algo menos extrema.
El sueño en el nivel biológico
Se duerme una media de 8 horas diarias (con grandes variaciones según la edad) y de ésas aproximadamente 2 las pasamos soñando, aproximadamente 1/12 parte de nuestras vidas, lo que desde un punto de vista evolutivo, le concede una importancia crítica para la supervivencia de la especie. Hay otras características que revelan la importancia del fenómeno, y que hacen pensar en una función de gran relevancia. Por un lado, este fenómeno se encuentra presente en todos los mamíferos. Por otro, la actividad cerebral es máxima durante el sueño REM (determinada por el consumo de glucosa), superior incluso a la de vigilia (Gillin et al.,2000).
A continuación intentaremos exponer un resumen de los principales datos de los estudios sobre sueño.
Características polisomnográficas del sueño*
Desde el punto de vista neurobiológico, el primer elemento para el estudio del sueño* ha sido (y continúa siendo) la polisomnografía1. En base a las características polisomnográficas se describen dos tipos de sueño*: el sueño REM y el no-REM2; a su vez dentro del sueño no-REM se definen cuatro fases, que van del sueño* más ligero (fase 1) al más profundo (fase 4).
El sueño REM, descrito originalmente por Aserinsky y Kleitman (1953, 1955), se caracteriza por un EEG activado, pérdida de tono muscular (sobre todo en los grupos antigravitatorios) y rachas periódicas de movimientos oculares rápidos (de donde recibe el nombre: “rapid eye movement”). La latencia REM (el tiempo desde que se duerme hasta que aparece la primera fase REM) es habitualmente de 70 a 100 minutos, pero puede acortarse en diversas circunstancias, como la depresión entre otras. La mayoría de las personas despertadas en esta fase (70-80%) refieren estar soñando. Las fases de sueño REM tienden a aumentar de duración a medida que transcurre la noche (Gillin et al.,2000).
Si bien desde hace décadas se conoce la alta correlación estadística existente entre el sueño REM y el fenómeno de soñar (Dement, Kleitman, 1957a; Dement, Kleitman, 1957b), también se refiere actividad onírica en el sueño no-REM (Gillin et al., 2000), por lo que no pueden identificarse ambos procesos. Además, el sueño REM es un estado fisiológico, definido enteramente por criterios fisiológicos (movimientos oculares, tono muscular, patrón EEG...), por lo que tratarlo como sinónimo del fenómeno de soñar constituye un error lógico y empírico (ver Solms, 1995).
El estudio de los sueños se realiza despertando a los sujetos en los momentos en que entran en fase REM y preguntándoles entonces por las características de lo que experimentaban (dado que es en el sueño REM cuando la probabilidad de soñar es más alta).
En la mayoría de las definiciones, los sueños implican una experiencia visual con un guión que se desarrolla a lo largo del tiempo. Se experimentan, si bien no siempre se recuerdan así, en color y parecen tener lugar en tiempo presente. No obstante, hasta un tercio implican cambios bruscos en tiempo y espacio de una escena a la siguiente; aproximadamente un 30% (Gillin et al., 2000) comprende actos imposibles como volar o hablar con animales. A pesar de la naturaleza a menudo bizarra de los sueños, la mayor parte de los soñantes los experimentan como reales mientras suceden3. Algunos autores han llegado a calificar el soñar como una forma de “delirium normal” durante el sueño REM (Hobson, 1999a).
Con respecto al contenido temático de los sueños, los estudios disponibles muestran discrepancias. Hobson y Schott (2002) afirman que en los estudios que revisaron encontraron que los sueños no representaban de manera muy exacta la narrativa o las memorias episódicas disponibles para los sujetos mientras están despiertos, sino que más bien se componían de fragmentos discretos de memoria narrativa ensamblados para crear los nuevos escenarios sintéticos del sueño, restando relevancia al concepto freudiano de los restos diurnos.
En oposición a esta visión del sueño como una producción sin gran significación, resultado bien de un intento de imponer significado a una actividad neuronal aleatoria (como plantea el grupo de Hobson, ver más abajo), bien como una descarga de “memorias basura” (Crick y Mitchinson, 1983), existe una larga tradición de trabajos sobre el contenido manifiesto de los sueños, entre los que cabe destacar los del grupo de Greenberg, a través de diversos trabajos en el laboratorio de sueño (1970-1993). En algunos diseños de investigación que han de considerarse pioneros del neuro-psicoanálisis, estudiaron la relación entre las características electrofisiológicas del sueño* de los pacientes y el contenido temático de sus sesiones, llegando ya en 1975 (Greenberg y Pearlman, 1975) a una formulación según la cual:
“las experiencias emocionalmente significativas en vigilia conectan con determinado material conflictivo en el pasado, dando lugar a estados afectivos que requieren o bien operaciones defensivas, o bien un cambio adaptativo como respuesta. El soñar (sueño REM) proporciona una oportunidad para integrar las experiencias recientes con el pasado, con una institución concomitante de las defensas características o una nueva resolución del conflicto.” (en cursiva en el original)
Como evidencias, encontraron que este proceso se dificultaba cuando privaban a los pacientes del sueño REM (Greenberg et al., 1970; Greenberg et al., 1972a). Igualmente, podían predecir la latencia del sueño REM (presión para soñar) en función del estado psicológico del sujeto el día precedente (a mayor conciencia del conflicto, mayor presión para soñar) (Greenberg et al., 1972b). Cuando estudiaron el contenido temático en función de la comprensión psicoanalítica del paciente (estudiando a un paciente en análisis en el laboratorio de sueño*), encontraron que el contenido manifiesto incluía numerosos residuos significativos de las sesiones psicoanalíticas previas, replicando los hallazgos de Witkin (1969), Breger et al. (1971) o Whitman (1973). Más aún, los restos diurnos implicaban con mucha mayor frecuencia material emocionalmente significativo, que material indiferente.
Más recientemente, este mismo grupo (Greenberg et al., 1992) ha realizado un estudio de investigación analizando las preocupaciones en el contenido manifiesto de los sueños y en la vida vigil pre y post-sueño, en un gran número de sueños recogidos en dos sujetos, uno de ellos un estudiante voluntario, el otro un paciente en análisis. Encontraron que el sueño manifiesto puede, con frecuencia, entenderse directamente al mostrar representaciones directas y significativas de problemas que requerían en ese momento la atención del soñante en su vida vigil. Otros de sus hallazgos incluían: los restos diurnos eran problemas significativos; los sueños eficaces (que aportaban alguna solución a los problemas) se seguían en el estado vigil de una disminución en el impacto del problema, mientras que si los sueños eran ineficaces (en este sentido de los autores), el impacto del problema persistía. Estos hallazgos concuerdan con investigaciones en el laboratorio del sueño* que muestran que el sueño REM desempeña un papel en la modificación del estado adaptativo del organismo. También se relacionan con la hipótesis propuesta por Rotenberg (1984) de que el sueño REM sirve al propósito de restaurar la actividad de búsqueda. Desde esta perspectiva, los intentos de solucionar los problemas en el sueño (que encuentran Greenberg et al., 1992), representarían una manifestación del proceso de búsqueda y, cuando este es eficaz, predeciría un descenso de los problemas tras el sueño.
Otras características formales del soñar que parecen basadas claramente en la actividad cerebral son la ausencia de conciencia auto-reflexiva, la incapacidad para controlar la acción del sueño voluntariamente y el empobrecimiento del pensamiento analítico.
No existe aún una respuesta definitiva desde las neurociencias. Como ya hemos mencionado, existe una corriente de autores (de los que Hobson es el principal representante) que sugieren un origen neurológico de los sueños (predefinido, más o menos automático), basándose en que la ocurrencia y la duración del sueño REM son bastante constantes. Equiparan en gran medida el soñar al sueño REM.
Existe otra corriente, más próxima al psicoanálisis, que a partir de investigaciones en el laboratorio del sueño* plantean que el sueño es una producción significativa, reflejo de aspectos emocionales relevantes, que defiende un papel adaptativo del sueño para la integración emocional de nuevas experiencias, sin el cual estaríamos mucho más fijados a nuestra conducta (Greenberg et al., 1992; ver Winson, 1985). Winson (1990), propone que el sueño REM tiene una función adaptativa muy importante, proporcionando evidencias para hipotetizar que, durante esa fase del sueño, el individuo ensaya estrategias adaptativas y que selecciona las mejores inscribiéndolas como memoria en el hipocampo. En el modelo de Winson, el sueño sería la representación mental de dicha actividad.
En esta línea es interesante reseñar un trabajo reciente realizado en pacientes en la fase aguda de un trastorno por estrés post-traumático (Mellman et al., 2002), en el que los autores encuentran un patrón fragmentado en el sueño REM con muchos más episodios de vigilia. Este patrón (que apoya la relación entre las experiencias del soñante y los sueños, en contra de lo planteado por Hobson) podría explicarse por el fracaso del trabajo del sueño en intentar integrar en su experiencia los traumas.
Partiendo de un punto de vista evolutivo, y en contraposición a las teorías que plantean que el soñar es un producto secundario aleatorio de la actividad fisiológica del sueño REM y que no sirve a ninguna función natural, Revonsuo (2000) señala que el contenido fenomenológico del sueño no es tan aleatorio como estas teorías implican, sino organizado y selectivo, y particularmente especializado para la simulación de eventos amenazantes. Apoyándose en estas evidencias, y en el contexto evolutivo original de los sueños, con las posibles trazas que haya dejado en el contenido del sueño de la población humana actual, plantea la hipótesis de que la función biológica del sueño es la de simular los sucesos amenazantes y ensayar la percepción de la amenaza y su evitación por el individuo, por la ventaja en términos de supervivencia que supondría (Revonsuo, 2000).
Más allá de estas posiciones, los datos neurobiológicos disponibles hasta la fecha, se agrupan en torno a las siguientes áreas fundamentales:
El papel del sueño* en el desarrollo del sistema nervioso creando un estado facilitador de la plasticidad neuronal. Se apoya en la cantidad de sueño* (en particular sueño REM, casi el 50% del total) de los infantes, en el hecho de que el cerebro de los infantes parece distinguir estímulos luminosos y acústicos durante el sueño*, y en diversos experimentos en animales donde el sueño* o la privación del mismo modifican los momentos en que se fijan determinadas funciones cerebrales (como la visión conjugada, por ejemplo).
El segundo área de interés giraría en torno al papel del sueño* en el aprendizaje y la consolidación de la memoria. Existe un gran número de evidencias que apoyan la necesidad de dormir para consolidar determinados aprendizajes (revisadas por Hobson & Schott, 2002). Peigneux y cols. (2001) las ubican en torno a dos posiciones teóricas diferentes pero que se solapan entre sí:
En la primera, hipótesis de proceso dual, el sueño no-REM y el sueño REM facilitarían la memoria declarativa o explícita y la memoria procedimental o el aprendizaje no declarativo, respectivamente.
En la segunda, hipótesis secuencial, ambas etapas actuarían de manera complementaria en el proceso de consolidación de la memoria y los nuevos aprendizajes.
Ambas hipótesis disponen de estudios que las apoyan, si bien la última enfrenta menos resultados contradictorios.
¿Cuántos sueños se recuerdan?
Si bien la mayor parte de las personas recuerdan uno o dos sueños de una media de 10 horas semanales de sueño REM, la variación en el recuerdo de los sueños es impresionante. Algunos refieren que raramente sueñan, y otros dicen hacerlo a diario. Se desconoce la causa de dicha variación, si bien no parece relacionado con la cantidad de sueño REM, y parece correlacionarse más bien con el número y la duración de los episodios de vigilia durante la noche (el recuerdo se incrementa si se despiertan directamente desde REM y tienen la oportunidad consciente de pensar sobre los sueños).
La neurobiología del sueño REM4: Modelo de Activación-Síntesis
A la luz de los datos disponibles de las investigaciones en neuroquímica y neuroimagen del sueño REM (sobre todo desde el desarrollo de los registros polisomnográficos individuales a domicilio), Hobson y Pace-Scott (2002) han elaborado un modelo sobre las bases neurofisiológicas de tres estados diferenciados de conciencia (vigilia, sueño no-REM y sueño REM), al que denominan Activación-Síntesis, que se formula a partir de tres parámetros (Activación, Inputs y Modulación), reunidos en el acrónimo AIM. [Con respecto a las bases neurobiológicas del dormir, o a la regulación de la alternancia entre sueño REM y no-REM, remitimos a otra excelente revisión de estos mismos autores Pace-Schott & Hobson, 2002]
A continuación exponemos la formulación actualizada del modelo activación-síntesis para el sueño REM. Según el modelo, el sueño REM sería un estado de conciencia donde la activación (A) está alta, la fuente de inputs (I) es completamente interna, y el telencéfalo se encuentra activado colinérgicamente y sin modulación adrenérgica (M). Veamos, cada uno de estos parámetros en detalle:
En cuanto a la activación (A), se estimula el tegmento pontino (que activa la formación reticular, los sistemas PGO5, y los sistemas colinérgicos), la amígdala y la corteza límbica (activaría la emoción y la memoria remota) y el opérculo parietal (área asociativa visual, lo que estimularía la producción de imaginería visuoespacial), mientras que se inhibe la corteza prefrontal (responsable de los elementos voluntarios, el insight, la capacidad de juicio y la memoria de trabajo).
Respecto de las fuentes de inputs (I), en el sueño REM existe un bloqueo de las aferencias sensoriales externas (aislamiento de los datos de la realidad), y de las acciones motoras (se impide la acción) y se activan los sistemas PGO (que inundarían la corteza con información pseudosensorial y motora procedente de estructuras subcorticales y por lo tanto, información inconsciente en origen, que pasaría a la conciencia donde se uniría a otros elementos conscientes).
En lo que se refiere a la modulación (M) a nivel de neurotransmisores en las distintas estructuras, encuentran que en la protuberancia, se desconectan las neuronas serotonérgicas (5-HT) de los núcleos del rafe (RN) y las noradrenérgicas (NA) del locus coeruleus (LC); el tálamo, la amígdala y el telencéfalo basal se encuentran bajo una influencia marcadamente colinérgica, mientras que la corteza carece de la modulación aminérgica (lo que afectaría a la memoria a corto plazo y a la orientación).
Resumiendo el modelo, durante el sueño REM la activación colinérgica ascendente sobre el cerebro, desconectado de los aferentes sensoriales del medio externo y con una hipoactividad aminérgica (serotonina 5-HT, y noradrenalina NA), proporciona el substrato físico para características distintivas del soñar como la alucinosis visual, la pérdida delirante de conciencia auto-reflexiva, lo bizarro de los sueños, la intensificación emocional, y la pérdida de memoria reciente.
La neurofisiología del sueño a partir de un modelo anatomo-clínico
Los trabajos de Solms (1995, 1997, 1999, 2000), partiendo de un estudio de los sueños en una amplia muestra de pacientes con lesiones neurológicas (N=332), plantean un modelo alternativo de la neurofisiología del sueño, y en diversos foros un contrapunto a los trabajos de Hobson et al. (1999b, 2000). Exponemos a continuación el estudio en el que detalla la muestra por el interés que de éste se deriva (1995), pues el autor intenta derivar implicaciones para el psicoanálisis a partir de los resultados, y porque constituye la base de todos los trabajos posteriores. De los resultados de este trabajo (Solms, 1995), se observa una discrepancia entre las regiones anatómicas que resultan críticas para soñar (lóbulo parietal inferior y zonas profundas de los lóbulos frontales) y las estructuras que regulan el sueño REM que se encuentran subsumidas en la profundidad del tronco del encéfalo
Solms resume los hallazgos de su estudio en un modelo del proceso del sueño como un todo:
Mantiene que si bien el sueño REM coincide con el soñar, permanece al margen del proceso de soñar mismo. El soñar puede darse aparentemente sin las estructuras que regulan el sueño REM y, además, los sueños pueden desaparecer aunque se conserve el sueño REM. Esto le lleva a plantear la hipótesis de que las estructuras que regulan el sueño REM no son necesarias ni suficientes para soñar.
El hecho de que otro fenómeno de activación, las crisis epilépticas nocturnas, también coincida con los sueños (pesadillas estereotipadas), unido a la observación de que el soñar parece proteger el sueño, le lleva a su segunda hipótesis: Cualquier evento que perturbe el sueño* puede desencadenar que se sueñe; estos eventos (REM, crisis epilépticas nocturnas u otros) actúan como meros desencadenantes del proceso de soñar; el trabajo psicológico del sueño mismo ocurre en estructuras básicamente diferentes.
En condiciones normales, durante la vida vigil, cualquier estímulo activador procede en la dirección de una respuesta eferente, esto es, hacia los sistemas motores. Durante el sueño*, estos sistemas están inhibidos. Aparecen dos posibilidades para los procesos de activación (que proceden fundamentalmente, pero no exclusivamente, de la formación reticular y de la región límbica): (1) pueden sobrepasar la inhibición de los sistemas motores y desencadenar una acción, perturbando así el descanso, o (2) pueden desviarse hacia los sistemas sensitivos y producir una alucinación, un sueño. El mecanismo de control parece estar mediado por las estructuras frontales mediobasales y la región límbica anterior. Estas regiones son esenciales para la regulación del afecto, el control de impulsos y las pruebas de realidad; actúan como una forma de "censura". Si se dañan, el sistema motor no se inhibe durante el sueño*, soñar es imposible y el dormir se perturba. Si estas funciones se ven sobrepasadas por la intensidad de los estímulos (como ocurre en una crisis epiléptica nocturna), esto resulta en ansiedad, el sueño* se rompe y se altera el descanso. Si por el contrario, el área frontal medio basal límbica está funcionando correctamente, los procesos de activación se desvían a los sistemas perceptivos, donde se trabajan por medio de mecanismos representacionales específicos que son claves para los pensamientos espacial y simbólico. Esta parece la situación normal en los sueños; bajo el control inhibitorio y regulador de los mecanismos medio frontales límbicos, un proceso activador eferente vira retrogresivamente a los sistemas perceptivos posteriores, en la región parieto-occipital, sin ninguna contribución de las regiones motoras, que habitualmente imbuyen la vida vigil con su coherencia, estructura, y propósito característicos. Para Solms, estos son los ingredientes esenciales del soñar desde un punto de vista neuropsicológico.
Otro de los aspectos interesantes del estudio de Solms (1995), tiene que ver con el efecto de no soñar en la profundidad del sueño*. Si bien las conclusiones son tentativas, apoyan la teoría freudiana del soñar como guardián del sueño*, pues los pacientes que perdían la capacidad de soñar, referían que su sueño* era menos profundo que antes.
En uno de los últimos trabajos de Solms (Solms, 2000), ha relacionado la vía dopaminérgica, en particular el denominado "circuito del placer" (ver la reseña de Bleichmar en el nº 3 de Aperturas Psicoanalíticas) con las estructuras responsables de la génesis de los sueños. Apoyándose en parte en este último trabajo de Solms, Johnson ha estudiado los sueños de drogas (en los que el soñante se droga) en pacientes que habían tenido una dependencia de sustancias (Johnson, 2001). Es interesante constatar cómo estos sueños siguen apareciendo mucho tiempo después de que se haya abandonado el consumo. A partir de los hallazgos de Johnson aparecen importantes aspectos colaterales. De un lado, proporciona soporte a la idea de que el origen del sueño es un deseo. Por otra parte, relaciona el craving y el soñar [dado que según un estudio reciente de Solms (Solms, 2000), ambos mecanismos comparten una vía neural común]. Y además, revitaliza el concepto de pulsión, pues Johnson plantea que el craving de los adictos a drogas cumple las características definitorias que dio Freud a la pulsión: es una presión constante, que se origina dentro del organismo, para hacer una acción, y que demanda satisfacción de manera permanente.
El grupo de Hobson (1999b, 2000) critica el modelo de Solms, de quien afirma que "intenta defender hasta el último artículo de la doctrina freudiana del sueño", señalando algunas de las debilidades de éste (como por ejemplo: no todos los pacientes con lesiones en las áreas críticas para la génesis de los sueños según Solms referían una alteración en la capacidad de soñar; la metodología de entrevista retrospectiva empleada por Solms comparada con el despertar en fase REM o los diarios de sueño; la recuperación de la capacidad de soñar tras la interrupción global de los sueños en algunos pacientes de la muestra de Solms; o respecto a la hipótesis de la implicación dopaminérgica, que califica como posible, pero fruto de una simplificación altamente especulativa al ignorar algunas de las interacciones en la neurotransmisión dopaminérgica). En definitiva, ambos autores plantean críticas al modelo del otro que por el momento no han conseguido desechar, pero que va haciendo que perfilen sus modelos cada vez más, si bien por el momento, no han conseguido un modelo unificado, permaneciendo ambos como excluyentes del otro.
Interpretaciones desde el psicoanálisis y la psicología de los datos neurobiológicos
A raíz del descubrimiento del sueño REM, desde el psicoanálisis se procedió a re-examinar las teorías psicoanalíticas del soñar. Así, surgieron interpretaciones en términos la teoría de descarga pulsional (Fischer, 1965), u otras conceptualizaciones adaptativas, más centradas en el yo (Hawkins, 1966; Jones, 1970).
Además de las interpretaciones que, autores psicoanalíticos como Greenberg o Solms (ver más arriba), realizan de los datos de sus investigaciones neurocientíficas, queremos destacar un aspecto ya mencionado de la obra de Storolow, quien en un trabajo de 1982 con Atwood (Storolow y Atwood, 1982) plantea una motivación supraordinada para soñar, la de la "necesidad de mantener la organización de la experiencia", donde los sueños serían los "guardianes de la estructura psicológica", papel que desempeñarían por medio de la simbolización. Resulta llamativo este antecedente en el psicoanálisis de lo que posteriormente viene a llamarse teoría cognitivo-narrativa (ver más abajo).
Por otra parte, no queremos dejar de señalar que una cosa son las condiciones neurofisiológicas que están en la base y el origen del fenómeno de soñar y otra diferente los significados psicológicos, los contenidos semánticos que aparecen. Son niveles epistemológicos y prácticos diferentes, con intereses y consideraciones diferenciados en cada uno de ellos. Con ello no queremos afirmar, en ningún caso, que no exista una estrecha relación entre el sueño como fenómeno fisiológico cerebral con una estructura concreta y el contenido vehiculado por ella. Sabemos que no es lo mismo la estructura electrónica y digital del aparato que nos permite escuchar nuestra música favorita y ésta misma, pero resulta absurdo plantear la una sin la otra. Sin embargo, es interesante destacar, cómo algunos de los resultados de los estudios neurobiológicos respaldan varios de los postulados freudianos y de desarrollos posteriores del psicoanálisis sobre la función del sueño, por lo que una vez más tenemos que tomar en consideración la importancia que tiene, para ambas disciplinas, el diálogo entre psicoanálisis y las neurociencias.
Partiendo de otros enfoques, Seligman y Yellen (1987) desarrollaron una curiosa formulación basada en la investigación de Molinari y Foulkes (1969), quienes mostraban que el sueño REM se componía de dos subfases: salvas de REM periódicas alternando con quiescencia REM. Aparentemente, durante las descargas, el sujeto está abrumado por la estimulación visual y sensorial, mientras que en el periodo quiescente el sujeto describe más una experiencia de significado de tipo intelectual. Sugieren, basados en esta investigación, que los sueños provienen del intento de integrar en una unidad narrativa coherente la naturaleza múltiple y a menudo aleatoria de los estímulos sensoriales y visuales.
Seligman y Yellen (1987) situaron su propuesta dentro del marco de la teoría improvisacionista de los sueños de Hobson y McCarley (1977), manifestando que “existe información sensorial generada en la región pontina del tronco encefálico, que periódicamente asciende al telencéfalo donde se integra con información perceptiva, conceptual y emocional más elevada”.
En este sentido, Hobson (1988) propone que durante el sueño REM se produce un interjuego entre dos procesos complementarios:
1. el tronco cerebral activa el funcionamiento del cerebro generando un proceso caótico de estimulación, y
2. el telencéfalo intenta proporcionar un sentido sintético de coherencia a esta estimulación (aleatoria) introduciendo un orden narrativo.
En resumen, estos autores y más tarde Hill (1996) atribuyen al soñante el papel de un contador de historias que intenta construir una narrativa coherente de las explosiones de estimulación sensorial y emocional experimentada tanto durante las fases de vigilia como REM. Como cualquier improvisador, el soñante es un narrador intentando conseguir un elemento coherente de significado a partir de la diversidad de la experiencia. Esta metáfora del individuo como un narrador lleva a las formulaciones constructivista y narrativa de la terapia cognitiva (Gonçalves, 1997a; Gonçalves, 1997b).
El sueño desde la teoría cognitiva: reevaluación de su importancia
Beck, que se formó como psicoanalista, prestó atención al análisis de los sueños al comienzo de su obra (Beck, 1971), si bien desplazó la atención de lo latente a lo manifiesto, y de una perspectiva motivacional a una cognitiva. Este aspecto de sus trabajos cayó en un cierto olvido dentro de la teoría cognitiva salvo por unos pocos autores (Mahoney, 1974; Doweiko, 1982), y sólo muy recientemente ha merecido el estudio de los sueños un lugar dentro de la literatura cognitiva. Es lo que los diversos autores cognitivistas destacan en una publicación reciente (Doweiko, 2002; Freeman & White, 2002). Las razones para este rechazo en el uso de los sueños por parte de los terapeutas cognitivos serían, en opinión de Freeman y White (2002), las siguientes:
1. Los terapeutas cognitivos (TC) provienen en general de una orientación y tradición conductual. En su formación no aparece lectura, entrenamiento ni supervisión sobre el uso de sueños en terapia.
2. Como los sueños pueden no tener un componente conductual directo, muchos terapeutas pueden haber sido enseñados a evitarlos.
3. Los terapeutas cognitivos de origen dinámico pueden haber reprimido su uso como una forma de distanciarse de este origen, o porque el uso de los sueños pudiera ser visto por otros TC como vuelta a atrás.
4. Para algunos porque el trabajo con los sueños carece de valor (Ellis & Harper, 1975).
5. Pocas fuentes ofrecen pautas para el trabajo con sueños, no existe un manual para el trabajo con sueños en TC.
6. El contenido de los sueños es difícil de estudiar, por lo que los datos de investigación escasean.
7. La limitación de tiempo en la terapia ha desplazado a una actividad vista como de poco valor.
8. Los sueños se ven como algo inconsciente y por lo tanto, no apto para la terapia cognitiva.
9. Los sueños pueden ser resultado de procesos fisiológicos más que psicológicos a veces.
10. Se ven los sueños meramente como un artefacto, interesante pero carente de valor.
En la última década, se viene produciendo un acercamiento al análisis de los sueños, que culmina en un esfuerzo creciente por la teorización en este campo y el desarrollo de manuales para el aprendizaje de la técnica, con el fin de incluirla como una más de la batería en terapia cognitiva. Dentro de este movimiento de reaproximación podrían definirse dos posiciones:
Estarían representados por autores como Freeman y White, o Doweiko, quienes utilizan los sueños como expresiones temáticas de las cogniciones de los pacientes y no como expresiones simbólicas a ser interpretadas o decodificadas.
Los siguientes puntos ilustran sobre los presupuestos en que se basan estos autores:
Los sueños tienen que ser entendidos en términos temáticos más que simbólicos (desprecio de lo latente).
El contenido temático del sueño es idiosincrásico del soñante y debe ser considerado en el contexto de la vida del soñante.
El lenguaje y la imaginería específicos del sueño son importantes para su significado.
Las respuestas afectivas a los sueños pueden entenderse como similares a las que se producen en vigilia.
El contenido y las imágenes oníricas son susceptibles de la misma restructuración cognitiva que los pensamientos automáticos.
El material del sueño es un reflejo del “esquema” cognitivo del paciente.
El paciente debería desarrollar habilidades para reestructurar los sueños negativos o no adaptativos en imágenes más funcionales y adaptativas.
En general, se trata de la aplicación de la técnica de la terapia cognitiva a los sueños.
Formulación constructivista-narrativa de la terapia cognitiva
Para los autores de esta corriente, que podrían representar Barret, Gonçalves y Barbosa o Hill (si bien ésta última incluye tantos elementos psicoanalíticos que más bien cabría calificarla de ecléctica), el soñar es una característica tanto biológica como psicológica de nuestra condición por la que podemos dar sentido a lo que pasa en nuestra vida mientras dormimos. En su abordaje cognitivo-experiencial, Clara Hill (1996) manifiesta que el lenguaje de los sueños hace uso de 2 características esencialmente humanas: la tendencia al uso de metáforas y a ser contadores de historias inveterados.
De hecho, las metáforas son la manera principal de condensar significado, y la abundancia de metáforas en los sueños puede entenderse como la construcción de significado sobre la marcha (Gonçalves & Craine, 1990). Además, se crea significado organizando esta experiencia en términos narrativos (Gonçalves, 1994; Gonçalves, 1995). Hill concluye que dado este empleo de procesos metafóricos y narrativos, los sueños son formas de crear sentido a nuestra experiencia vigil, permitiendo la asimilación de la misma. Para ella, los patrones narrativos del sueño y la vigilia son similares. Durante los sueños, como en vigilia, los individuos están en un proceso constante de asimilación de la variedad y multiplicidad de experiencias a través de la organización de sus narrativas y metáforas personales.
Rosner (1997) ha sugerido que la psicología constructivista tiene el potencial para ser “más potente y abarcativa” para proporcionar fundamento clínico y teórico a la comprensión clínica de los sueños. (ver reseña sobre constructivismo en este número de la revista web en internet ( Aperturas Psicoanalíticas)
Según la perspectiva cognitivo-narrativa, los humanos construyen activamente su conocimiento organizando su experiencia en términos de narrativas. La narrativa constituye un modo de introducir algún tipo de orden en la caótica naturaleza de la experiencia (Gonçalves et al, 2000). La investigación del uso de narrativas en psicoterapia tiende a mostrar que diferentes modos narrativos parecen asociarse con resultados terapéuticos distintos, asociándose los mejores resultados con la obtención de mayores niveles de coherencia, internalidad y reflexibidad (Augus & Hardtke, 1994; Pennebaker, 1993).
La tarea del soñante es experimentar la diversidad de las experiencias sensoriales, cognitivas y emocionales pugnando simultáneamente, para integrarlas en un argumento coherente. La ausencia de las restricciones del contexto de la vigilia, permitirían la posibilidad de una creatividad ilimitada (cualidades alucinatorias, emocionalidad intensa). También, la falta de algunas restricciones externas fundamentales crearía obstáculos para el soñante a medida que intenta llegar a una narrativa coherente (distorsiones espacio-temporales, cualidades delirantes...).
La psicoterapia cognitiva narrativa es un método terapéutico que tiene como meta ayudar al paciente a hacerse con una multiplicidad de contenidos narrativos, a explorar la diversidad de modalidades narrativas (en una dirección progresiva de lo más externalizador a lo internalizador y reflexivo), y a ser capaz de desarrollar formas alternativas de construir la coherencia de sus narrativas. Se basa en 3 asunciones centrales sobre los sueños:
Durante el sueño, el individuo experimenta una multitud de estímulos sensoriales, estados emocionales y procesos cognitivos caóticos. Estos estímulos emergen de manera aleatoria como el residuo de la experiencia de la vida vigil.
A la luz de esta estimulación continua, el individuo encara la tarea de organizar esta experiencia aleatoria y caótica en un proceso coherente y pleno de sentido.
Finalmente, la construcción de coherencia implica la necesidad de imponer activamente un orden narrativo.
En esta formulación, el uso diagnóstico y terapéutico de los sueños se integra en la terapia cognitiva-conductual, para examinar los aspectos latentes, primitivos y no-verbales que subyacen a las cogniciones. Como se ve, de esta manera algunos terapeutas cognitivos presentan un abordaje más cercano al psicoanalítico, con el que plantean la existencia de una convergencia creciente (Barret, 2002), aunque estos autores plantean que el psicoanálisis se centraría en el funcionamiento del yo, y la CBT se ocuparía más de las cogniciones latentes y el papel de la imaginería6.
Ven el sueño como un mimo cuyos modos naturales de expresión son la imagen, el movimiento y la emoción. El énfasis no está tanto en la interpretación; los modos de experiencia visual y emocional son valorados por su inherente potencial motivacional y expresivo. Un atajo a aspectos de nuestra psique que no son normalmente conscientes.
Gestáltico y Terapias Experienciales
Otros abordajes terapéuticos como Gestalt y las terapias experienciales, utilizan los sueños más para expandir el rango de experiencias de los clientes que para decodificar el inconsciente.
El mejor ejemplo del abordaje gestáltico fue presentado por Fritz Perls (1969), según el cual cada imagen del sueño es un aspecto de la personalidad del soñante (coincidente con el nivel subjetivo del sueño de Jung). El intérprete anima a actuar (role-playing) ciertas imágenes del sueño. Si el análisis es en grupo, puede asignar a otros miembros del grupo personajes del sueño, dejando el protagonismo al soñante. En ocasiones se asignan papeles distintos al soñante como forma de exploración, tratando de ayudar a conectar al paciente con sus sentimientos. Los sentimientos se discuten en función de la vida vigil, no tanto del sueño, que raramente se analiza en su conjunto. El terapeuta es el director del role-playing, elige las escenas, asigna papeles y coordina la acción. En general evita realizar interpretaciones.
Otros terapeutas mezclan este método con dosis más o menos mayores de formulaciones teóricas o culturales. Mindell, un autor jungiano enseña a las personas cómo focalizar en sentimientos que uno siente físicamente en el cuerpo mientras revive el sueño (Mindell, 1982).
Una de las lagunas de este método es que puede evocar sentimientos de gran intensidad que pueden o no tener relación con el sueño, dejando al soñante sufriendo y confuso frente a cómo entender estos sentimientos y qué hacer con ellos.
La entrevista onírica de Delaney y Flowers
Desde el punto de vista de las autoras, no existen evidencias suficientes para contestar a las preguntas: ¿de dónde vienen los sueños?, ¿por qué soñamos? ¿cuánto del sueño es psicológico y cuánto fisiológico?, ¿por qué los sueños son historias visuales?, por lo que optan por un abordaje práctico poco condicionado por presupuestos teóricos previos (similar al fenomenológico), apoyado en el acuerdo general de que cuando el soñante ve y aprehende una metáfora en el sueño suele entender más claramente una verdad básica sobre sí mismo, sus relaciones, o un problema que esté intentando resolver (Delaney, 1998).
Se basa no obstante en algunos presupuestos:
La mayoría de los sueños producen fácilmente expresiones metafóricas de sentimientos, pensamientos e ideas, que cuando son comprendidas, pueden ayudar al soñante a adoptar cambios en su vida y a reconocer, evaluar y resolver problemas personales y profesionales.
Los sueños parecen tener un sentido, y las reflexiones metafóricas que contienen ofrecen aspectos nuevos o no apreciados de la información que pueden ser usados en beneficio del soñante (con la excepción de fases de atrapamiento en un patrón destructivo de las pesadillas en el Trastorno de estrés postraumático).
Para la autora, el sueño es un estado de conciencia altamente focalizado. Esta focalización permite experimentar las cosas vívidamente. Acarrea un estrechamiento de la atención, pero no un empobrecimiento de la experiencia respecto de la vigilia (aquí discrepa de Boss).
El soñante al despertar, tiene toda la información que necesita para comprender el sueño, aunque parte de la misma puede estar fuera de su conciencia inmediata (o puede carecer de la habilidad para recuperar esa información).
Soñar es algo muy personal y los símbolos oníricos estándar o los diccionarios simbólicos no son útiles. El soñante es la única llave al significado de los sueños.
El terapeuta no es el experto que sabe el significado del sueño sino el experto en facilitar al paciente la exploración, llegar a un nuevo significado del sueño y en tomar decisiones sobre la acción. El significado y los cambios en la vida vigil surgen como una sorpresa tanto para el paciente como para el terapeuta.
Los componentes experienciales y cognitivos son necesarios para la interpretación satisfactoria de sueños. Una tarea fundamental para los pacientes es examinar sus esquemas cognitivos y reorganizarlos de forma más adaptativa. Los pacientes necesitan estar implicados emocionalmente e inmersos en el sueño y en el proceso de interpretación para tener una conciencia completa de lo que significa el sueño y para ser capaces de utilizar lo aprendido para cambiar sus vidas.
El género en los sueños
La influencia del género en los sueños y en su interpretación está íntimamente ligada a aspectos culturales. Las primeras diferenciaciones entre la psique masculina y la femenina a la hora de analizar los sueños adolecen de las mismas limitaciones, en lo referente a la influencia del género, que otras conceptualizaciones psicoanalíticas, víctimas de una época, que han sido lúcidamente criticadas por autoras de nuestro medio como Dio Bleichmar (1997) o Levinton (2000).
No hemos encontrado bibliografía que aborde específicamente la influencia del género, desde perspectivas más actuales, sobre la génesis y/o el análisis de los sueños (creemos que esta es un área de importancia a explorar), si bien cabe mencionar un área donde los sueños de las mujeres han sido objeto de algún estudio: la gestación. Ablon en un trabajo de 1994, a partir de los sueños de una analizada gestante y tras revisar las aportaciones de otros autores como Bibring, Walenstein o Gillman (por citar algunos de ellos, ver Bibring & Walenstein, 1976; Gillman, 1968; Walenstein, 1980), plantea la utilidad del uso de los sueños en esta período de la vida de la mujer dado:
"el carácter regresivo y egocentrista de la gestación, y el incremento de la conciencia de lo que sucede en su interior, aportan un impacto, una riqueza y un significado adicionales a los sueños en el proceso analítico... por otra parte, las pacientes se sienten más motivadas a resolver problemas antes del nacimiento del bebé.... Durante la gestación existe con frecuencia una facilitación del acceso a experiencias de la infancia temprana. Además... pueden sentirse con especial intensidad las identificaciones con la madre y la separación de ésta" (Ablon, 1994).
* Sueño referido al fenómeno de dormir, no al de soñar. En castellano existe un único sustantivo en singular para lo que en inglés son dos, dream y sleep (el uso del plural, sueños, se asocia por defecto a lo onírico). Cuando no se explicita se refiere a soñar.
Nota 1. Consiste en el registro simultáneo mientras el paciente duerme del electroencefalograma (EEG), electroculograma (EOG), y electromiograma (EMG). Con frecuencia se incluyen asimismo registros de la respiración, la tumescencia peneana y una filmación en vídeo de los movimientos.
Nota 2. El término REM corresponde a las siglas del inglés Rapid Eye Movement, el equivalente en castellano, MOR de Movimientos Oculares Rápidos, si bien es mencionado en algunos textos, ha caído en desuso debido al empleo generalizado del otro término. El sueño REM y el no-REM o sus equivalentes están presentes en la mayor parte de los mamíferos
Nota 3. Existen no obstante algunas personas, denominadas soñantes lúcidos, que tienen conciencia de que están soñando y pueden modificar el guión del sueño a medida que sucede.
Nota 4. Los autores, Hobson y Pace-Scott, equiparan el sueño REM y el soñar, sin contestar a las críticas previas a este hecho (ver más arriba), ni a los datos derivados de la investigación de Solms, a quien citan sin comentar sus trabajos, pese a que los mismos cuestionan radicalmente su modelo: “Solms partiendo de un estudio anatomo-clínico plantea un modelo de la neuropsicología del sueño orientado psicoanalíticamente que difiere del que aquí se expone”. Este hecho, contrasta con la amplitud con que revisan el resto de los aspectos en, por lo demás, un trabajo muy abarcativo, pero que cuestiona la actitud de los autores. Por ello, donde Hobson y Pace-Scott dicen soñar, nosotros introducimos el término sueño REM, a fin de matizar la diferencia.
Nota 5. Ondas PGO o sistemas PGO, se denomina así a unos potenciales fásicos asociados al sueño REM que se registran de manera secuencial en la protuberancia, cuerpo geniculado lateral del tálamo y corteza occipital del gato. Se les postula como uno de los mecanismos por los que la información pseudosensorial del tronco cerebral puede transmitirse a la corteza mientras se se sueña.
Nota 6. Si bien supone un acercamiento, este acercamiento es con matices, pues es una posición que reduce al psicoanálisis a una corriente y que lo excluye del análisis de aspectos de los que, como hemos visto antes, el psicoanálisis se ocupa.
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References: resolución 
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