Source: http://psicolog.org/trabajo-de-investigacin-para-optar-al-grado-de-licenciatura-en.html?page=4
Timestamp: 2020-02-18 20:31:50+00:00

Document:
EL AFECTO EN LA FAMILIA - Trabajo de investigación para optar al grado de: licenciatura en psicologíA
EL AFECTO EN LA FAMILIA.
Implica la habilidad para expresar y reconocer los sentimientos propios y de los demás, ya sea de forma física (abrazos, besos, caricias) o verbal (elogios, reconocimiento, declaraciones) y que permite a los miembros de la familia establecer un vinculo profundo y de comunicación más intima. La capacidad de amar es resultado del desarrollo afectivo del ser humano durante los primeros años de su vida. El desarrollo afectivo es un proceso continuo y secuencial, desde la infancia hasta la edad adulta. La madurez afectiva es un largo proceso por el que el ser humano se prepara para la comunicación íntima y personal con sus semejantes como un Yo único e irrepetible.
El crecimiento y la vivencia del amor se realizan a través de la experiencia que el hombre va adquiriendo a lo largo de toda su vida. En el contexto individual de cada persona, esta experiencia se ubica en su familia. En la familia es donde se hace posible el amor, el amor sin condiciones; los padres que inician la familia con una promesa de amor quieren a sus hijos porque son sus hijos, no en razón de sus cualidades. "La familia es un centro de intimidad y apertura".
Es en el seno familiar donde cultivamos lo humano del hombre, que es el enseñarlo a pensar, a profundizar y a reflexionar. Es en el ámbito de la familia donde el hombre aprende el cultivo de las virtudes, el respeto, la honradez, la generosidad, la responsabilidad, el amor al trabajo, la gratitud, etc. La familia nos invita a ser creativos en el cultivo de la inteligencia, la voluntad y el corazón, para poder contribuir a la sociedad positivamente.
El afecto en la familia no es algo que se tenga que dar porque si, este sentimiento tiene dos cometidos fundamentales:
Enseñar el amor y el afecto, aprender a amar, cuidarlo y comunicarlo, así como proyectarlo a la sociedad.
El afecto les ayuda a cada uno de sus miembros, especialmente a los hijos, a que desarrollen todas sus potencialidades para que logren alcanzar lo más cerca posible sus objetivos en la vida.
El amor, factor de desarrollo de las personas.
Del afecto se derivan los estilos de apego y existen varios tipos: seguro, ansioso ambivalente y evitativo. Dependiendo de cuál se adopte y de su calidad, el grado de seguridad en los hijos variará, tanto con respecto a él mismo (en términos de autoestima) como con los demás (en términos de confianza). Gracias al apego, el niño aprenderá a querer, a besar, a acariciar, a reconocer sus sentimientos y los de los demás, a expresarlos, a superar los fracasos sin que ello afecte a su estabilidad emocional; en resumen: a vivir de forma positiva.
Cada estilo de apego tiene sus propios efectos. En el apego seguro: El niño no se muestra especialmente alterado por la separación de la persona objeto de apego y, al volverse a reunir, se siente bien junto a ella. En el apego ansioso ambivalente: después de la separación, el niño muestra reacciones de rechazo y aproximación hacia la persona objeto de apego. En el evitativo: el niño, tras la separación del objeto de apego, evita a dicha persona y parece sentirse mejor con otras menos próximas.
En este proceso de adoptar un tipo de apego, cuando el niño llega a la edad adulta y ha logrado desarrollar un tipo de apego seguro, este va reconociendo las propias emociones, por lo cual tiene la capacidad para descubrir sus verdaderos sentimientos que le permitirán asumir decisiones, también manejar sus propias emociones lo que le permite recuperarse con rapidez de las dificultades que la vida conlleva. A si mismo reconocer las emociones de los demás lo que lleva a la persona comprender las señales que le permiten conocer los deseos y necesidades de los otros. De lo contrario si se adopta otro tipo de apego se forman personas irresponsables de sus sentimientos y emociones y descuidados consigo mismo.
10.2 La afectividad positiva
Dar autonomía poco a poco. No sobreproteger, pues entonces podría establecer una actitud ante el mundo inseguro y temeroso, con lo que en el futuro se tenderá a ser introvertido, con una autoestima más baja y tal vez extremadamente dependiente de otras personas. Tampoco es recomendable dar a los hijos demasiada autonomía antes de tiempo, porque podrían sentirse abandonados, y esto facilitará la falta de confianza en los demás y hará que tiendan a mantenerse distante en las relaciones.
Enseñarle a los hijos a reconocer sus emociones y sentimientos. Para ello es importante ser paciente y tratar de no anticiparnos a lo que puedan estar sintiendo. Si antes de que el niño muestre cualquier emoción, como alegría o dolor, se le anticipa y pone remedio, se estará limitando su capacidad de aprender a diferenciar la gama de emociones y sentimientos. Es preciso mantener la calma y, antes de actuar, esperar a que sea él quien exprese sus deseos.
Enseñarle a los hijos a manifestar las emociones y sentimientos de manera adecuada. En la primera infancia, el niño aprenderá a mostrar la afectividad a través de las caricias, el contacto visual, la cercanía, la adaptación del lenguaje y la modulación de la voz. Según vaya creciendo, estas pautas disminuirán y la comunicación verbal tomará el protagonismo. Los padres deben ir modificando y adaptando todas las formas de expresión de afecto a la edad del niño, pero no dejar de utilizar aquellas que fueron fundamentales en la primera infancia puesto que son importantes para que él sepa también comunicarse de manera no verbal.
Enseñarle a controlar la expresión de afectos y mostrarle estrategias eficaces para el logro de sus deseos. Los padres deben reforzar aquellas conductas que sean adecuadas, a través de mensajes verbales como “muy bien, hijo” y expresiones no verbales de afecto como besos, abrazos o caricias. Si el niño adopta una conducta inadecuada y los padres desean modificarla o eliminarla, deben tratar de no acceder a sus peticiones ni focalizar su atención en él, pues entonces reforzarán que en el futuro siga utilizando la estrategia inadecuada que, seguramente, no le funcionará con otras personas, lo que le hará sentirse mal. Los padres tienen que mantenerse tranquilos y esperar a que el niño se relaje para explicarle cómo podría haberlo logrado, de modo que vaya incorporando nuevas estrategias sin necesidad de que su autoestima baje.
Enseñarle a superar la frustración. Si los padres no consideran oportuno ceder a las peticiones de su hijo, no tienen que sentirse culpables, ni tener miedo a “crearle un trauma”. Muy al contrario, le estarán dando la oportunidad de aprender a superar los fracasos. A lo largo de su vida, tendrá que enfrentarse a numerosas frustraciones y, si desde niño incorpora estrategias para superarlas, lo hará sin que ello afecte a su estabilidad emocional. Pero tampoco hay que ser demasiado duro. Si el niño nunca recibe nada de lo que solicita, aunque la estrategia sea adecuada, reforzará su desconfianza y se sentirá culpable o indefenso ante sus fracasos.
El juego y el deporte son actividades que, además de proporcionar placer, alegría, satisfacción y desarrollan la imaginación, permiten descargar tensiones y aprender estrategias para garantizar el equilibrio emocional. Disfrazándose, jugando con marionetas o recreando situaciones de la vida adulta, el niño aprenderá a configurar su propia identidad, a distinguir sus emociones, pasiones, sentimientos y a mostrarlos a los demás.
Actuar de modelo para los hijos. Los padres deben recordar que el aprendizaje por observación es una herramienta muy potente y que el niño incorporará con mayor facilidad las estrategias que se utilicen en la familia. Padre y madre han de expresar sus emociones, sean positivas o negativas, de manera adecuada y controlada y mantener la calma en situaciones de tensión. Hay que propiciar en casa momentos de reflexión y de comunicación, en los que el niño se pueda expresar y recibir tanto afecto como nueva información que le permitan ir creando nuevas pautas más eficaces. Si el niño vive en un ambiente en el que se respira afectividad en el día a día, en cada situación cotidiana, lo interiorizará sin apenas darse cuenta.
10.3 Beneficios de relaciones basadas en el afecto
Conocer: Amar es buscar el bien integral del otro. El que ama y sólo el que ama, conoce bien a la persona amada, porque la conoce no sólo como aparece sino como es por dentro, y más aún conoce "su posible", aquello que puede y "debe" llegar a ser. El que ama no sólo conoce lo que la persona amada puede llegar a ser, sino que "le ayuda a ello", le ayuda a que desarrolle todas las potencialidades que tiene y que muchas veces ignora, le ayuda a que sea lo que puede llegar a ser.
Confiar: La psicología afirma que el afecto estimula el aprendizaje y desarrolla la inteligencia gracias a la sensación de seguridad y confianza que otorga y que se desarrolla lentamente a través de la infancia, la niñez y la adolescencia.
La persona humana que está siempre en proceso de irse haciendo, es un ser con cierta dosis de inseguridad. El que se siente amado experimenta dentro de sí una fuerza que incrementa su seguridad. Sentir la confianza de las personas queridas es, no sólo de gran ayuda, sino en muchas ocasiones "vital".
Confiar no significa consentir o ceder. Confiar significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra. Confiar en alguien implica ser paciente, saber esperar.
¿Cómo se puede infundir confianza en los hijos? Ayudándoles a que descubran sus cualidades, limitaciones y defectos. Ayudándoles a que desarrollen cualidades, animándoles y aplaudiendo sus logros por pequeños que sean, ayudándoles a que descubran a dónde pueden llevarles sus inclinaciones si no las dominan y sobre todo, haciéndoles sentir cariño. Para esto se necesita no sólo paciencia, sino también tiempo.
Lo contrario de la confianza es descargar sobre los hijos coraje e impaciencia, echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitir la seguridad de que pueden cambiar.
Exigir: Exigir es un ingrediente esencial del amor. Sólo quién en nombre del amor sabe ser exigente consigo mismo puede exigir por amor a los demás; porque el amor es exigente. Lo es en cada situación humana.
Amar a los hijos no significa evitarles todo sufrimiento. Amar es buscar el bien para el ser amado en última instancia y no la complacencia momentánea. Es posible que algunas veces por amor a un hijo el padre le genere una frustración momentánea que en realidad lo prepara para un bien más grande. El amor necesita disciplina.
Uno de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo es el saber escuchar que significa poner atención para sentir. La falta de comunicación que se sufre hoy en día en cada familia se debe en gran parte a que no se sabe escuchar a los demás. Se está más tiempo pendiente de las propias emisiones, de la tecnología(celulares, computadora) y en esta necesidad propia de comunicar se pierde la esencia de la comunicación, es decir, poner en común, compartir con los demás cara a cara, perdiendo el contacto personal. Existe la creencia errónea de que se escucha de forma automática, pero no es así. Escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace.
La escucha activa significa según Eurípides (2005), “escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla, implica la actividad de atender y escuchar con atención el mensaje que otra u otras personas trasmiten”. Se trata de comprender el mensaje del otro, se esté o no de acuerdo y reflexionar en aquellos aspectos que la otra persona está expresando y dar la razón. En la escucha activa no solo se presta atención a las palabras, sino a los gestos y emociones que se muestran en la comunicación.
11.1 Proceso de la escucha activa.
El proceso de la escucha activa es una serie de actos encadenados lógicamente para obtener la totalidad del mensaje, interpretando el significado correcto del mismo. El proceso de la escucha activa se compone de seis fases:
Preparación: En la preparación las personas se tienen que predisponer mental y físicamente para prestar la atención necesaria durante la conversación. En la preparación se deben de tener en cuenta tres aspectos: la elección del momento y el lugar para la comunicación, la recopilación y el análisis de la información sobre el interlocutor y presentar una actitud positiva hacia la escucha.
Posición y mirada: A lo largo de la conversación se debe mantener una postura adecuada, siendo esta una posición adelantada, avanzando el cuerpo desde la cintura y manteniendo una mirada fija en la otra persona. Además se debe respetar la distancia con el interlocutor teniendo en cuenta la relación de intimidad o confianza que se tiene con la persona.
Reforzar al interlocutor: Se pueden aplicar una serie de técnicas para demostrar al interlocutor que se le está prestando atención. Tales como: el refuerzo positivo, la paráfrasis, la reformulación, la ampliación, la técnica de las preguntas, el silencio, asentir con la cabeza y las expresiones faciales.
Observar el lenguaje no verbal: Durante el proceso de escucha activa se observa el lenguaje no verbal, es decir, los gestos corporales, expresiones faciales y características de la voz, tales como el tono, la intensidad y el ritmo.
Obtener las ideas principales: Consiste en detectar las palabras clave que sustentan el mensaje del interlocutor y relacionar dichas palabras para extraer las ideas principales del mensaje.
Retroalimentación: Finalmente, mediante la retroalimentación se transmite al interlocutor el resumen del mensaje que se ha escuchado, demostrando que se ha interpretado correctamente el mensaje.
11.2 La Escucha Activa en la Familia.
La escucha activa es una herramienta muy valiosa a la que debemos dedicar mucho tiempo, perseverancia y constancia para aplicarla eficientemente con los hijos y la pareja para observar algún resultado. La escucha activa nos puede ser de ayuda esencial para conocer a cada miembro de la familia, sus problemas, inquietudes, aspiraciones e ilusiones lo cual nos lleva a tener una conexión con la pareja, padres e hijos, que permite llegar a la empatía y a la comprensión de los significados y mensajes que se transmiten.
Esto no es solo tarea de los padres como educadores o formadores, es también un compromiso por parte de los hijos; es un trabajo en conjunto, pues no por diferencias generacionales ellos son los únicos que necesitan ser escuchados y comprendidos. Escuchar activamente a los hijos significa dejar que ellos hablen e ir analizando punto por punto interiormente todo el mensaje que estamos recibiendo, para poder empatizar con ese sentimiento que los hijos intentan transmitir con sus palabras. Los padres también como figuras de autoridad tienen momentos de replanteamiento de sus vidas y de cuestionamientos sobre lo que han conseguido o no como individuos y como integrantes de un colectivo.
Según el libro de María Amparo Cortez (1993) el diálogo no es discutir, no es intentar vencer al otro, no es imponer las propias ideas, ni prescindir de las ideas del otro, el diálogo es compartir, respetar, escuchar, es caminar juntos a paso sereno para encontrar la verdad. Este se expresa con signos de amor, se abren las puertas del corazón, se dan pasos de perdón a la reconciliación, a una conquista de la amistad, confianza, equilibrio y serenidad. El mismo tono de voz, la espontaneidad y la acogida son signos de verdadero diálogo. La familia es un espacio privilegiado en el cual se puede promover y producir el diálogo y el encuentro entre sus integrantes y es por excelencia un campo fructífero para el desarrollo de todo lo antes mencionado.
El diálogo abierto y franco permite que se establezcan vínculos estables entre los integrantes de la familia y permite entrenar en las personas el valor de la lealtad por el otro. Ello cuando se aprende a través de la relación de confianza y diálogo, a valorar y cuidar al otro en su privacidad tal como el otro lo hace hacia uno. Esto quiere decir que un entrenamiento en el conversar y la entrega de confianza, reporta también el aprendizaje de la lealtad y respeto por el otro en la medida en que se es respetado y se vive la lealtad de parte de la otra persona.
Etimológicamente conversar quiere decir girar juntos y desde esta perspectiva se puede decir que el diálogo y conversación son una forma de crecer juntos o de llevar a cabo un proceso conjunto de cambio y desarrollo. Implica no solo dar y recibir información entre personas sino que además involucra un cambio personal en la medida que el otro permite que se modifiquen las formas de percibir los eventos de la vida cotidiana o los fenómenos sobre los cuales se conversa. Conversar implica a los involucrados permitirse cambiar en alguna medida a nivel de las emociones y pensamientos previos, y ello influirá en la manera de ver las cosas. Esa enorme flexibilidad es la gran riqueza del conversar o “bailar juntos” haciendo un proceso común, que no implica la uniformidad ni igualdad sino una invitación a la diversidad, una invitación a caminar juntos creciendo cada uno con su identidad y procesos propios.
Las relaciones padre-hijo o madre-hijo implican el proveer a la relación de espacios para interactuar juntos a través del diálogo y la conversación. El conversar no siempre debe ser verbal, ya que el juego también puede ser una forma de diálogo, y también lo son otras formas corporales como el baile, el realizar una actividad deportiva en conjunto y/o el acariciarse tiernamente y expresar corporalmente las emociones por el otro.
Bases del dialogo familiar.
De acuerdo con Fermoso (2003) las bases del dialogo familiar son las siguientes:
La aceptación del otro, es una característica de toda comunicación. La identidad consigo mismo puede ser aplicada analógicamente a la familia, porque cada uno de sus miembros, además de encontrarse consigo mismo y aceptarse, ha de encontrarse con los otros y aceptarlos. Cuando los cónyuges no se aceptan, o cuando los padres menosprecian a sus hijos o estos a aquellos, o los hermanos entre sí, el dialogo está viciado en su raíz. Aparecen en su lugar los celos, la falta de concordancia y el malestar interior.
El amor, muchas de las investigaciones sobre el dialogo familiar han concluido que su base más firme es el amor. Cuando falta, en un proceso de retroalimentación, entorpece el dialogo y, a su vez, no genera ese sentimiento. Cuando las personas se aman, tienen siempre de que hablar, porque la trivialidad de los contenidos son abrillantados por la empatía entre si.
El respeto y la libertad, la cual se manifiesta en tres formas: 1) dejando libertad al interlocutor para que hable sin cortarle la conversación y sin permitir que termine de exponer su pensamiento, 2) dejando la libertad para que cada uno pueda expresarse a su antojo, sin que frunza el ceño quien le escucha, pues, en ese caso, secaría el intercambio, 3) dejando libertad para que quien habla tome conciencia de lo que realmente siente, lo que contribuye a que conozca mejor a si mismo.
La comprensión, constituye una base del dialogo porque los intervinientes participan de los problemas de quien nos habla. Contra la comprensión dialogante surge el orgullo, la complacencia en el propio pensamiento y la falta de interés por los demás.
Los enemigos del dialogo familiar son la mentira deliberada, la tergiversación de los hechos, la agresividad, la mala fe, la hipocresía, la ocultación y el disimulo, así como la falta de tiempo que en ocasiones los padres expresan tener.
Importancia del dialogo en la familia.
La importancia de promover el dialogo implica instaurar en cada hogar un proceso de re educación familiar que requiere de un espacio abierto en forma sistemática y permanente, para enfatizar la educación en valores, con optimismo, responsabilidad y equilibrio. Para generar o potenciar los espacios de encuentro y diálogo familiar requiere combatir la fuerte influencia de la existencia audífona a que nos induce la sociedad tecnológica actual. Y esto no es tarea fácil, por lo cual exige de los padres toda la convicción y energía necesarias para crear y potenciar los espacios de encuentro y diálogo en el hogar. Entre estas opciones, según sus alcances en el tiempo de consecución, se podrían sugerir:
Compromiso de compartir momentos diarios. Una alternativa es proponerse a iniciar la jornada diaria con una pequeña oración en familia, o con todos los miembros presentes, compartir la mesa familiar; o cerrar el día con un breve encuentro para compartir los comentarios sobre la experiencia del día de cada miembro familiar.
Definir espacios de encuentro periódico. Constituye el desafío más importante porque implica renunciar al egoísmo y enfocar el bien común. Tanto para los padres como para los hijos implica reconocer la necesidad e importancia de reservar una parte de su tiempo para su familia, lo que probablemente implique reducir el tiempo de su distracción o descanso, pues un signo de nuestra época es que todos estamos muy ocupados. Valdría la pena preguntarnos: ¿En qué ocupamos nuestro tiempo? ¿Con quién lo ocupamos? ¿Para qué fines?. Cuando las familias deciden apartar un tiempo para el dialogo es importante tomar en cuenta algunas condiciones tales como: definir el lugar y la hora, que busquen un lugar seguro, tranquilo y apropiado para que los miembros de la familia estén presentes, estando consientes y evitando las distracciones que podrían hacer el tiempo de diálogo difícil de llevar a cabo. Si es demasiado tarde y estén muy cansados, o es demasiado temprano e interfiere con otras actividades previas. O sea, hay que hacer los ajustes necesarios para que haya tranquilidad ya que esto es conducente a la franqueza y a la aceptación.
Elaboración de un plan anual familiar: Pretende superar el inmediatismo y la improvisación. Supone un esfuerzo conjunto para delinear estrategias de fortalecimiento familiar para el mediano y largo plazo. Implica delinear rumbos, con suficiente antelación, que entre otras opciones nos permitan prever espacio y tiempo; por ejemplo, para disfrutar de los acontecimientos familiares (cumpleaños, aniversarios), actividades de fin de semana, feriados o vacaciones compartidas, etc.
El dialogo familiar también puede abrir las puertas para la resolución de conflictos familiares, siendo una herramienta indispensable a instaurar y procurar en las familias.
LA COMUNICACIÓN COMO HABILIDAD PARA LA RESOLUCIÓN DE PROBLEMAS EN LA FAMILIA.
Procurar resolver los conflictos que se nos presentan en la vida familiar de forma constructiva implica controlar nuestras reacciones instintivas de enojo, ira, imposición, irrespeto y agresividad; y sustituirlas por acciones razonadas que nos ayuden en la búsqueda de una solución positiva para todos. De ahí que, adquirir habilidades adecuadas para solventar de manera apropiada un enfrentamiento, es un ejercicio que se debe practicar conscientemente, y así, establecer mejores formas de conducir nuestra vida y por ende las relaciones interpersonales.
Ahora bien, para mejorar nuestra forma de manejar los conflictos dentro del seno familiar, es necesario determinar cuáles comportamientos no colaboran en el buen manejo del conflicto, sea éste con un miembro de la familia. Algunas prácticas inadecuadas en las que podríamos incurrir son, por ejemplo, endosarle la culpa al otro del desacuerdo. Tomar esta actitud, en lugar de tratar de buscar acuerdos, lo que podría provocar es una discusión cuyo objetivo es dejar bien claro quién tiene razón y quién está equivocado en lugar de limar las diferencias. De esta forma, la cuestión se torna en un pleito acusatorio, que lejos de buscar una solución para ambos, se enfrasca en designar un ganador y un perdedor. Este tipo de confrontaciones podría generar baches en la relación, independientemente de quién haya iniciado el problema, la relación sale perdiendo y la interacción familiar también se verá negativamente afectada (De Mézerville. 2007).
Otra forma inadecuada de proceder es minimizar o menospreciar los sentimientos de la persona con la que se tiene el desacuerdo. Una frase que regularmente se usa en estos casos es “No es para tanto”, y aunque puede parecer pequeña e insignificante, crea una sensación de incomprensión que entorpece la comunicación, elevando la cuota de molestia sentida por la otra persona. Por lo tanto, para evitar este resultado, se debe tomar en cuenta que aunque no estemos de acuerdo con el pensamiento del otro, siempre es necesario que intentemos ponernos en su lugar y entender su punto de vista a pesar de que difiramos con él o ella, y a partir de ahí, busquemos juntos una solución y así buscar el beneficio común (Mézerville. 2007).
De igual forma, buscar solamente los intereses individuales dejando de lado los del otro no es una buena forma de manejar un enfrentamiento, sino más bien deberían ser apreciados como oportunidades para crecer en el arte de las relaciones humanas. Sin embargo, para que esto se dé, es necesario que las personas envueltas en el conflicto, estén en la disposición de buscar consenso a través de la negociación, de ser posible, o bien buscar la solución que mejor convenga (o perjudique menos) a todos los interesados. En base a esta concepción de lograr acuerdos y negociación, Jacobson y Margolin (1979), proponen la siguiente definición para la solución de problemas: es una interacción estructurada entre dos o más personas, diseñada para resolver una disputa particular entre ellos. La disputa generalmente gira en torno a una queja o petición de cambio de una persona en relación a la conducta del otro.
Método de resolución de problemas basado en la negociación.
Para llegar a la resolución respetuosa de un conflicto es elemental una adecuada comunicación. Un método democrático para la resolución de conflictos en la familia, conlleva instaurar un diálogo adecuado, el cual es clave para el buen manejo de las relaciones, también implica la flexibilidad de posiciones, la negociación y el acuerdo.
Estévez López, Jiménez Gutiérrez y Ochoa (2007), proponen una forma democrática para la resolución de conflictos en la familia, el cual consta de los siguientes pasos:
El primer paso es tener en cuenta que toda persona puede dialogar independientemente de su edad, ya que lo más importante es estar dispuesto a escuchar activamente y a hablar.
El segundo paso es, pese a las diferentes percepciones sobre un mismo hecho, mostrar una flexibilidad y apertura de posiciones que abra las posibilidades del dialogo.
El siguiente paso es la negociación, que implica una ponderación de intereses, cediendo en los aspectos que se considere necesario.
Finalmente se genera una solución por acuerdo, que es un compromiso libre y voluntario.
Jacobson y Margolin (1979), proponen un proceso de resolución de problemas que se divide en dos fases: una fase de definición y una fase de solución de problemas, las cuales se definen a continuación:
Primera Fase: Definición del problema.
Comenzar siempre con algo positivo: Este modo de introducir un problema facilita la cooperación y receptividad de las demás personas. Dada la dificultad que tenemos todos para recibir críticas, comenzar por tonos acusativos puede suscitar en el otro conductas defensivas y de contraataque, alejándose del objetivo de llegar a alguna solución acordada. La critica que va precedida de algún aspecto positivo la aceptamos mejor que aquella que no va acompañada de ese componente.
Ser específico. El problema debe ser descrito de tal modo que pueda ser determinado con claridad por los observadores. Los términos vagos e inespecíficos, o son operativos, son factores de riesgo y la utilización de términos dicotómicos como “siempre”, “nunca” o “eres un”.. fomentan los estados de ánimo negativos y nos alejan de los objetivos de cooperación y mantenimiento de una comunicación clara.
Expresar los sentimientos. Una buena comunicación para resolver problemas significa compartir los sentimientos, así como admitir abiertamente la conducta que los motiva.
Admitir nuestro papel en el problema. Es decir aceptar la responsabilidad que uno tienen en el conflicto existente. Se explica a la familia que independientemente de la responsabilidad pasada de cada uno de los miembros, en el momento presente uno es responsable del comportamiento del otro y de lograr éxito en el objetivo crucial: resolver el problema.
Ser breve cuando se define el problema. A menudo se confunde el hablar del problema con resolver el problema y las personas suelen emplear mucho tiempo hablando en referencia al pasado, en recordar anécdotas y preguntarse el porqué de los mismos o de los sentimientos, sin comprender que todo esto puede ser irrelevante o inapropiado para resolver el problema actual. Acá la familia debe describir la conducta problema en si, especificar las situaciones en que ocurre y las consecuencias que ese problema tiene. Los autores proponen para esta fase una serie de normas generales:
Discutir únicamente un problema a la vez.
Usar Paráfrasis.
No hacer inferencias, hablar únicamente sobre lo que puede observarse.
Ser neutral y no negativo
Segunda Fase: Solución del problema.
Centrarse en las soluciones del problema: Se anima a la familia a sugerir soluciones absurdas y adecuadas de modo impulsivo. De este modo aprende a discriminar entre unas y otras y a superar inhibiciones que pueden servir de base a temores a las reacciones del otro. En esta fase se debe evitar que la familia vuelva a redefinir el problema.
El cambio de conducta deberá incluir reciprocidad y compromiso. Se orienta a la familia a que ofrezcan su ayuda en el proceso de cambio del otro y a ofrecerse a cambiar algún aspecto de la propia conducta. Este ofrecimiento de reciprocidad y compromiso tienen un gran poder reforzante y facilita los cambios deseables en los demás miembros de la familia. La cooperación y compromiso de cada uno está en función del nivel de ayuda y compromiso del otro.
Alcance del acuerdo. Una vez se han planteado una serie de soluciones se pasa a discutir las ventajas y desventajas de la solución propuesta, incluyendo las consecuencias para cada uno de los miembros de la familia y su interrelación.
Los acuerdos de cambios finales deberán ser muy específicos y estar formulados de un modo claro y en términos conductuales descriptivos. Es deseable además que se constate él cuando se espera que ocurran dichos cambios y su frecuencia.
Hipótesis General: “Al aplicar un programa psicoterapéutico se cualificara el proceso de comunicación en familias disfuncionales que residen en la zona metropolitana de San Salvador, realizado en el periodo de junio-octubre 2012”.
Hipótesis Alterna H1: “Existe diferencia significativa en la cualificación del proceso de comunicación al aplicar un programa psicoterapéutico en familias disfuncionales que residen en la zona metropolitanas de San Salvador, realizado en el periodo de junio-octubre 2012”.
Hipótesis Nula H0: “No existe diferencia significativa en la cualificación del proceso de comunicación al aplicar un programa psicoterapéutico en familias disfuncionales que residen en la zona metropolitana de San Salvador, realizado en el periodo de junio-octubre 2012”.
Definición conceptual de variables.
La variable independiente que constituye el factor a manipular en este caso es la aplicación del programa psicoterapéutico para cualificar. Un programa psicoterapéutico es una estrategia metodológica orientada al cambio que ocurre en el contexto de una relación profesional, empática, poderosa y contractual. Su razón de ser se centra explícita o implícitamente en la realidad del grupo familiar y tiene como objetivo central afectar de manera tal a los miembros de la familia para que se instauren los cambios necesarios en la dinámica de su proceso de comunicación familiar.
El factor manipulado que es susceptible de cambios a raíz de la manipulación de la “variable estímulo” (Edwadrs 1968 y Mc Guigan 1960), es la cualificación del proceso comunicación familiar, entendida la cualificación como todos aquellos cambios de conducta a nivel de comunicación que se operan en cada uno de los miembros de la familia como producto de la aplicación del programa psicoterapéutico, estos cambios son:
A nivel de empatía: son todos aquellos remplazos de conductas dejando de pensar en sí mismos y tratando de comprender el universo emocional del otro.
A nivel de confianza: Son todas aquellas conductas que reflejen seguridad y esperanza en sí mismos y en todos miembros de la familia.
A nivel de afectividad: Son todas aquellas sustituciones de conductas indiferentes por parte de los miembros de la familia hacia sus seres queridos.
A nivel de escucha activa: Demostrar al interlocutor que el contenido que esta enviando es significativo, que se esta escuchando con atención, a si mismo se le esta dando la razón en lo que expresa, además de confirmar que se ha entendido el mensaje enviado.
A nivel de Dialogo: Es una sustitución del modo de intercambiar información, realizar de manera adecuada la comunicación de pensamientos, sentimientos y deseos con los miembros de la familia.
A nivel de Resolución de problemas: Son todos aquellos cambios en donde se logra controlar algunas reacciones ante alguna dificultad, a valorar alternativas de solución más creativas y que permitirán instaurar conductas de negociación que llevan a manejar de manera adecuada dicha dificultad y permitirá establecer acuerdos justos y equitativos entre los miembros de la familia.
La aplicación del programa psicoterapéutico para cualificar el proceso de comunicación familiar consta de 20 sesiones en jornadas de 90 minutos cada una, las cuales se llevaran a cabo en el hogar de cada una de las familias, en los días establecidos y acordados entre los miembros de la familia y las terapeutas, este programa durara alrededor de 12 semanas por consiguiente 4 meses.
El programa se divide en diferentes áreas, las cuales se definen a continuación:
Empatía: En esta área se han planteado 10 actividades que irán enfocadas a enseñar a los miembros de la familia a desarrollar la habilidad para ponerse en el lugar del otro, generando la comprensión y los intercambios positivos entre si.
Confianza en las relaciones: Se ha planificado realizar 9 actividades que permitan a los miembros de la familia reconstruir y fortalecer la confianza entre padres-hijos y entre hermanos, procurando la sinceridad y apertura en las relaciones.
Afectividad: Se han diseñado 12 actividades con el fin de restablecer en la familia las muestras de afecto y amor que le permitan a cada uno de sus miembros sentirse amados y seguros por medio de técnicas de modelado y rol playing.
Escucha Activa: Se formularon 9 actividades donde se enseñara a la familia a llevar a cabo el proceso de escucha activa y cada uno de sus pasos, mediante técnicas que favorezcan a los miembros de la familia a través del modelado y ensayos conductuales.
El Diálogo: Se realizaran 7 actividades enfocadas en enseñar a la familia a poner en práctica un diálogo positivo basado en la sinceridad y comprensión para lograr una comunicación de efectiva y de calidad a través de técnicas de modelado y escenificación.
Resolución de problemas: Para esta área se han propuesto 6 actividades que permitan instruir a las familias en el uso del diálogo y negociación para la resolución de conflictos diarios, ideando soluciones creativas y procurando acuerdos. Esto a través de técnicas de modelado y rol playing.
La cualificación del proceso de comunicación familiar, que constituye la variable dependiente, se medirá a través de los cambios y efectos evidenciados en los miembros de la familia con respecto a los siguientes indicadores:
Empatía: Se espera que los miembros de la familia puedan ponerse en el lugar del otro, es decir que comprendan las funciones, roles, actividades y estados de ánimos de los demás miembros de la familia y pongan en practica los refuerzos positivos.
Confianza en las relaciones: Reconstruir y fortalecer la confianza en las relaciones entre padres-hijos y entre hermanos, procurando la sinceridad y apertura por parte de los miembros de la familia, que se expresen opiniones libremente y padres comprendan las necesidades y demandas de los hijos y viceversa.
Afectividad: Se espera que las familias puedan aprender a dar y recibir muestras de afecto físicas y verbales de forma adecuada, expresando sus sentimientos de amor y cualificando sus relaciones. Que se tenga la libertad y la confianza para abrazarse y hacerse caricias y que se expresen palabras positivas y elogios que los hagan agradar a los demás miembros de la familia.
Escucha activa: Se espera que los miembros de la familia puedan enfocar su atención en el pensar y sentir de sus familiares para facilitar la comprensión de los mensajes y significados. Que aprendan a escucharse y a prestarse atención en sus conversaciones cotidianas independientemente del tema haciéndole notar a los miembros de la familia el interés.
El Diálogo: Se espera que las familias puedan lograr una interacción basada en la conversación de calidad y reparando en los componentes de sinceridad y la expresión con respeto de las ideas, sentimientos y pensamientos.
Resolución de problemas: Que las familias puedan idear soluciones creativas a las dificultades que atraviesan y puedan incorporar los pasos de la resolución de conflictos y lograr la negociación.
Todos estos efectos y cambios de conducta que se den en los miembros de las familias, serán registrados a través de hojas de evaluación diseñadas para cada sesión y al finalizar la intervención con la Escala de Comunicación Familiar, que constituye la prueba de salida.
Estas variables son aquellas que no permiten tener el control absoluto de ellas pues surgen de improviso en el proceso, entre ella se encuentran:
Poca Ventilación: Se buscara dentro de la casa de la familia el cuarto mas ventilado, de manera que se desarrollen las actividades de manera óptima y cómoda.
Poca Iluminación: Se tratara de buscar que el local posea mucha luz solar o que tenga una iluminación adecuada de manera que se puedan desarrollar las actividades planificadas.
Enfermedades: Se entenderá a la persona que no pueda asistir a dicha sesión, sin embargo si no es muy grave se trabajara en el horario y fecha estipulada aunque se les pida a sus familiares que lo incluyan en las actividades de la semana.
Improvisto de muerte por algún familiar: Se tratara de reprogramar dicha sesión en próximos días para no presionar a la familia y así no perder el hilo de la intervención psicoterapéutica.
Compromisos familiares: Hacer un tipo de contrato con la familia a manera que cuando se presente un compromiso se avise con anticipación para reprogramar dicha sesión en horario y día.
Enfermedades: Cuando sea por esta razón se tratara que otra de las terapeutas pueda asistir a dicha sesión de manera que no se altere el proceso de la ejecución del programa.
Poco dominio de las actividades: Las facilitadoras estudiaran y ensayaran la ejecución de todas las actividades programadas para cada sesión, de manera que se tenga seguridad y dominio del contenido y las indicaciones.
Para el presente proyecto la muestra de sujetos estuvo conformada por 9 familias de entre 3-5 miembros cada una, haciendo un total de 38 personas, que oscilan entre los 7-50 años de edad, siendo 17 hombres y 21 mujeres, pertenecientes a un nivel socioeconómico medio-bajo, medio y bajo; con un nivel académico de educación básica hasta superior, pertenecientes a 5 municipios de San Salvador: Mejicanos, Cuscatancingo, San Salvador, Apopa y San Jacinto. El común denominador entre estas familias fue la inadecuada comunicación familiar en sus diferentes áreas como empatía, confianza, afectividad, escucha activa, dialogo y resolución de problemas.
El tipo de estructura familiar con el que se trabajo no fue rígida, pues se tomaron en cuenta dos tipos de familias: nucleares y extensas.
La población estuvo constituida por familias que viven en la zona metropolitana de San Salvador, pertenecientes a un nivel socioeconómico medio-bajo, medio y bajo con un nivel académico de educación básica hasta superior.
El tipo de muestreo será no probabilístico o intencional el cual consiste en seleccionar sujetos “Típicos” con la vaga esperanza de que sean casos representativos de una población con problemas de comunicación, donde se procura que los sujetos sean homogéneos en variables tales como dificultad para dialogar, para escuchar al otro, pocas habilidades para expresar sentimientos, opiniones, etc.
Este tipo de muestra se usa en escenarios naturales, generalmente de tipo social, la ventaja de este es que se seleccionan una población de forma cuidadosa y controlada con ciertas características especificadas en el planteamiento del problema.
La muestra debe ser homogénea en cuanto a los indicadores que se incluyen en el programa de intervención, para lo cual se seleccionaran inicialmente 25 familias a quienes se les aplicara un instrumento de entrada para evaluar y definir en base a los resultados más homogéneos a las familias que participaran en la aplicación del programa.
“CUESTIONARIO PARA MEDIR LA COMUNICACIÓN EN LA FAMILIA. AUTORES: H.L BARNES Y D. H. OLSON (1982) (ADAPTADA POR M. SANZ, I. IRAURGI Y A. MARTÍNEZ- PAMPLIEGA”
El Cuestionario para medir la comunicación familiar es un instrumento que permite evaluar la comunicación que se produce en la familia, consta de 10 ítems con opción de respuesta, recogiendo aspectos importantes como el nivel de apertura o libertad para intercambiar ideas, la información y preocupaciones entre generaciones, la confianza y honestidad experimentada, y el tono emocional de las interacciones.
El instrumento tiene el objetivo de evaluar el nivel de entrada y de salida en las habilidades positivas de comunicación en una familia, estas incluyen: mensajes claros y congruentes, empatía, frases de apoyo y habilidades de resolución de problemas.
La brevedad y sencillez de la escala permite una aplicación tanto individual como colectiva.
Cada ítem se puntúa sobre una escala con 5 alternativas de respuesta: 1) No describe nada a mi familia, 2) Solo la describe ligeramente, 3) Describe a veces a mi familia, 4) En general, si describe a mi familia y 5) Describe muy bien a mi familia.
La puntuación total se obtiene de la suma de las puntuaciones otorgadas a cada uno de los ítems. La puntuación mínima que se puede obtener con la escala es de 10 puntos y la puntuación máxima es de 50 puntos. Una puntuación más alta indica una mejor comunicación y una puntación baja indica una inadecuada comunicación familiar.
El presente programa está diseñado para cualificar el proceso de comunicación en la familia, incluye seis áreas de intervención, estipuladas en 20 sesiones de 90 minutos cada una.
Objetivo General: Implementar y darle seguimiento a un Programa Psicoterapéutico para cualificar las áreas deficientes en el proceso de comunicación, mejorando las relaciones familiares.
Propiciar la empatía entre los miembros de la familia para que puedan ponerse en el lugar del otro mejorando la comprensión e intercambios positivos.
Reconstruir y fortalecer la confianza en las relaciones entre padres-hijos y entre hermanos, procurando la sinceridad y apertura por parte de los miembros de la familia.
Desarrollar la afectividad en las familias para que puedan reaprender a dar y recibir muestras de afecto físico y verbal de forma adecuada, expresando sus sentimientos de amor y cualificando sus relaciones.
Lograr que los miembros de la familia puedan enfocar su atención en el pensar y sentir de sus familiares para facilitar la comprensión de los mensajes y significados.
Instaurar en las familias el dialogo como herramienta para lograr una interacción basada en la conversación de calidad y reparando en los componentes de sinceridad y expresión con respeto de las ideas, sentimientos y pensamientos.
Establecer en las familias habilidades efectivas de resolución de problemas que les permitan incorporar la negociación como herramienta para cualificar la comunicación y resolver conflictos diarios.
El programa psicoterapéutico para cualificar el proceso de comunicación familiar se encuentra basado en diferentes corrientes psicológicas, retomando un enfoque ecléctico. El cual permitirá implementar las diversas estrategias que aportan los modelos de intervención.
El programa comprende de seis áreas de intervención, las cuales son: empatía, confianza en las relaciones, escucha activa, afectividad, dialogo y resolución de problemas. Dichas áreas se encuentran organizadas en 20 sesiones de 90 minutos cada una las cuales se desarrollaran en un tiempo aproximado de 4 meses 12 semanas.
Cada una de las áreas del programa contiene una fase conceptual y explicativa. Luego se presenta una fase práctica donde el terapeuta actúa como un modelo y orientador para las familias. A si mismo cada una de las áreas incluye actividades de tarea para que la familia las realice durante la semana con el objetivo de que puedan llevar a la práctica e interioricen los conocimientos y habilidades adquiridas, cada una de las sesiones y tareas asignadas se evaluaran tanto por la familia como por el terapeuta.
El programa psicoterapéutico se evalúa primeramente por las terapeutas de forma cualitativa y especifica en cada una de las sesiones. Esto a través de hojas de evaluación diseñadas para cada sesión en la cual se registra: los logros, los avances mejoras y progresos que se dan, las dificultades que se presentan, los retrocesos que se han dado y aquellos efectos e impresiones que han causado las técnicas y su impacto en los miembros de la familia durante las sesiones.
Así mismo el programa se evalúa de forma general a través del cuestionario para medir la comunicación en la familia, estableciendo una comparación con los resultados de la aplicación de esta misma prueba antes de la implementación del programa psicoterapéutico para cualificar el proceso de comunicación familiar.
Para realizar dicha investigación en primer lugar se estudio toda la bibliografía correspondiente a las variables, también se tuvo que hacer una revisión de otras investigaciones que permitieran la amplitud del marco referencial de la misma.
Luego se procedió a planificar, cómo se va a realizar la investigación, es decir cuáles son las líneas de acción que se debían seguir para la ejecución de dicho programa para cualificar el proceso de comunicación, para luego ser sometido a evaluación del Docente Director del proceso de grado. Dicho proceso se detalla de la siguiente manera:
Se aplico un instrumento estandarizado como prueba de entrada y salida.
Se diseño un programa de intervención.
Se implemento dicho programa el cual tienen como objetivo principal cualificar las áreas deficientes en el proceso de comunicación, mejorando las relaciones familiares. Dichas áreas fueron evaluadas posteriormente.
Posteriormente se procedió a sistematizar la información para verificar si la aplicación del tratamiento dio resultado esto se analizo a través de una prueba “t” de Student Relacionada.
Después se interpreto los resultados y se confronto con la teoría encontrada a fin de comprobar si se ha logrado las metas y objetivos propuestas en el estudio.
Finalmente se realizaron las conclusiones y recomendaciones a las que se llego a raíz de toda la investigación realizada.
La investigación ha tenido un carácter cuasi- experimental, debido a que el tipo de escenario en el cual se realizo no permitía que las investigadoras tuvieran el control absoluto de la situación, sin embargo se utilizaron algunos procedimientos como sustitutos del control experimental que intentaron minimizar y en algunos casos eliminar los efectos de algunas fuentes de invalidez, dentro de los cuales se encuentran las observaciones múltiples, constantes y repetitivas.
El diseño básico de la investigación corresponde al Diseño Simple de Series Temporales Interrumpidas ya que es el más básico y simple, requiere un grupo de sujetos al que se le toman una serie de medidas antes y después del tratamiento. La representación simbólica que se podría hace de este diseño sería la que aparece en el cuadro a continuación.
Diseño Simple de Series Temporales Interrumpidas.
Ȳa1
Ȳd1

References: resolución 
 RESOLUCIÓN 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 Resolución 

Resolución 
 resolución 

Resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución