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Carolina Maidana Soto
1 Más de cincuenta años de investigación por la paz facilitan hacer un balance que ponga de manifiesto carencias y aciertos de un ámbito que, según indica el autor, no puede ser considerado una disciplina, sino más bien un sesgo, una forma de mirar las cosas y abordar la investigación. Más aún cuando desde mediados de los años noventa ha crecido el interés por los temas de paz y cuando el nivel institucional también incorpora esta preocupación en su labor, como demuestra, en Cataluña, la creación, a partir del desarrollo de la Ley de fomento de la paz, del Instituto Catalán Internacional por la Paz, ICIP. Queda clara la vigencia, en nuestro país, de un afán, de un compromiso luchar en favor de la paz y para acabar con las guerras, en el que diversos actores, como la sociedad civil, tienen mucho que decir. En este contexto, la investigación se convierte en un elemento clave y este libro representa el esfuerzo de discernir qué ha dado realmente de sí la investigación para la paz y qué puede hacer en el futuro, penetrando en las raíces. Esta publicación propone una mirada evolutiva a cincuenta años de investigación por la paz con el propósito de conocer tendencias y formular propuestas, tentativas y abiertas, una mirada orientada a observar, investigar, analizar y actuar. La colección Recerca x Pau recoge y difunde estudios sobre paz, violencia y conflictos llevados a cabo desde diversas disciplinas académicas, con el fin de alimentar y compartir conocimientos sobre cómo construir la paz. Dirigida a un público universitario, centros de investigación y personas interesadas en la materia, la Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos de la Generalitat de Cataluña edita esta colección para impulsar la investigación por la paz. ISBN R x PAU 04 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz R x PAU COL LECCIÓ RECERCA PER LA PAU 04 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz tendencias y propuestas para observar, investigar y actuar Rafael Grasa Prólogo de Federico Mayor Zaragoza2 R x PAU COL LECCIÓ RECERCA PER LA PAU3 Dades Biblioteca de Catalunya - cip Grasa, Rafael Cincuenta años de evolución de la investigación para la paz : tendencias y propuestas para observar, investigar y actuar. (Recerca x pau : col lecció recerca per la pau ; 4) Bibliografia ISBN I. Catalunya. Oficina de Promoció de la Pau i dels Drets Humans II. Títol III. Col lecció: Recerca x pau ; 4 1. Pau Investigació Història 2. Guerra Investigació Història 3. Manteniment de la pau Investigació Història Colección Recerca x Pau, 4 Barcelona, septiembre de 2010 Autoria Rafael Grasa Edición Generalidad de Catalunya Departamento de Interior, Relaciones Institucionales y Participación Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos Av. Diagonal 409, Barcelona Tel.: Este trabajo de investigación ha sido encargado a: Universitat Autònoma de Barcelona Campus de Bellaterra Bellaterra Coordinación de la colección Recerca x Pau : Eulàlia Mesalles Corrección lingüística: Incyta Diseño y maquetación: Aleix Artigal y Carla Bahna Impresión y encuadernación: Futurgrafic Papel Impreso en papel ecológico y 100% reciclado ISBN DL?????????? Esta obra está sujeta a licencia Creative Commons de Reconocimiento No comercial Sin obra derivada 2.5. España Consúltese la licencia en org/licenses/by-nc-nd/2.5/es/deed.es_cl El estudio está disponible en formato electrónico en el web de la Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos. Se puede copiar, distribuir, comunicar públicamente, traducir y modificar esta obra siempre y cuando no se realice un uso comercial y se reconozca su autoría con la cita siguiente: Gr a s a, R. Cincuenta años de evolución de la investigación para la paz: tendencias y propuestas para observar, investigar y actuar. Barcelona: Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos, Generalitat de Cataluña, (Recerca x Pau, 4). Las opiniones expresadas en esta publicación no representan necesariamente las de la Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos. RxPAU COL LECCIÓ RECERCA PER LA PAU 04 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz tendencias y propuestas para observar, investigar y actuar Rafael Grasa Prólogo de Federico Mayor Zaragoza4 7 Prólogo Federico Mayor Zaragoza D. Conclusión D1. Una agenda y un método 13 Introducción 114 D2. Un ejemplo: un observatorio sobre conflictos etnopolíticos (Jordi Urgell) A. LA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ Y LA PREVENCIÓN DE LOS CONFLICTOS ARMADOS: UNA VISIÓN MACRO A1. Balance y propuestas tras cincuenta años de vida 119 E. Bibliografía UTILIZADA 131 F. Anexos B. LA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ: UN SÍNDROME A LO LARGO DE CINCUENTA AÑOS B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y hacer todo lo que esté en nuestras manos B2. Los rasgos distintivos de la investigación para la paz: el ideal reformador B3. Un recorrido histórico y dos miradas: la periodización de la investigación para la paz Anexo I. Fundamentación metodológica y conceptual para la construcción y el uso de indicadores en eventuales observatorios (Rafael Grasa). Anexo II. El caso del PIOOM y de los conflictos etnopolíticos (Rafael Grasa) Anexo III. principales centros de investigación y bases de datos, departamentos universitarios con investigación especializada y revistas a considerar al elaborar la propuesta de observatorio (Jordi Urgell) C. LA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ EN LA POSGUERRA FRÍA: NUEVA CONFLICTIVIDAD ARMADA, CONVERGENCIA DE AGENDAS Y SEGURIDAD HUMANA C1. Los conflictos armados y los rostros de la violencia en la posguerra fría C2. La convergencia de agenda y de compromisos: seguridad humana, desarrollo y construcción de la paz Anexo IV. La clasificación de los grupos etnopolíticos (Ted Robert Gurr) Anexo V. Bibliografía Bibliografía comentada de trabajos especializados en conflictos étnicos y nacionalismo en el ámbito de la sociología y la ciencia política (April Eaton y Dan Chirot) 83 C3. Nuevos instrumentos teóricos y prácticos: resolución y transformación de conflictos y el papel de la ciudadanía5 PRÓLOGO Federico Mayor Zaragoza Exdirector general de la Unesco. Presidente de la Fundación Cultura de Paz Este es el cuarto libro de la colección Recerca per la Pau, una excelente iniciativa de la Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos, de la Generalitat de Cataluña, que con tanta lucidez y empuje dirige Xavier Badia i Cardús. Después de abordar el papel de Cataluña en el fomento de la paz, la seguridad y conflictividad en Asia Oriental (China en particular), y la Comisión de Coordinación de la Paz, el presente volumen, del que es autor el propio presidente del ICIP, reúne las dos facetas, retrospectiva y prospectiva, con especial énfasis en qué propuestas para observar, investigar y actuar podrán dar cumplida respuesta a las tendencias actuales. Sé bien, como patólogo molecular, que el mejor diagnóstico es el que permite un tratamiento a tiempo, antes que se produzcan efectos irreversibles o de difícil retorno. Lo mismo sucede con la paz y las amenazas que se ciernen sobre esta desde tiempo inmemorial, ya que, en una sociedad masculina la aparición de la mujer en los escenarios públicos es tan fugaz como anecdótica ha prevalecido el perverso adagio de si quieres la paz, prepara la guerra. Y hoy la invasión de Kosovo e Iraq así lo demuestran sigue siendo la fuerza y no la conciliación la que, en contra de los Principios de la Carta de Naciones Unidas, sigue imponiendo al mundo entero la ley del poder militar, político, tecnológico, mediático que en lugar de representar fidedignamente la voz del pueblo, como corresponde a una democracia, la desoye y utiliza a los ciudadanos para el cumplimiento de sus designios. Sin rechistar. Sin concederles los accesos y las participaciones que redundarían en cambios radicales y harían posible el nuevo comienzo que, de forma tan clarividente, reclama la Carta de la Tierra. PRÓLOGO 76 Seguimos siendo predominantemente súbditos y no ciudadanos. Testigos impasibles. Espectadores distraídos, atemorizados. Hoy más que nunca necesitamos situar en el centro de nuestro quehacer cotidiano los derechos humanos que, como se proclama en el preámbulo de la Declaración Universal, deberían liberar a la humanidad del miedo y de la miseria. Confinados en espacios territoriales muy limitados y careciendo de una visión global que les permitiera situarse debidamente, los ciudadanos obedecían sin rechistar las órdenes que recibían. La historia nos muestra como, en los escenarios del poder, unos cuantos hombres han venido decidiendo, sin discusión posible, el presente y el futuro de sus vasallos amedrentados y dócilmente sometidos a sus designios. No solo el poder terrenal, sino también los dioses, se les mostraban como alguien a quien temer, en vez de confiar y amar. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, establecida sobre el pilar conceptual de la igual dignidad de todos los seres humanos que ya en 1945 proclamó la luminosa Constitución de la UNESCO, redactada al término de una conflagración mundial horrenda con la utilización de los más abominables mecanismos de exterminio, debe conducir al advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias. Y añade lo que, a mi modo de ver, es especialmente relevante: Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión. El poder militar, político, económico, tecnológico, mediático ha restringido secularmente la puesta en práctica del artículo 21.3: La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público. En 1945 y en 1948, al fundar el sistema de Naciones Unidas y redactar la Declaración Universal, se ofrecían nuevas fórmulas de gobernación local y global para que todos los seres humanos pudieran vivir libre y responsablemente. Durante muchos años, la Organización de las Naciones Unidas, a pesar de haber sido marginada y debilitada progresivamente, a pesar de los grupos plutocráticos que han pretendido asumir las funciones que le son propias, ha ido elaborando documentos-guía, documentos-brújula, para que los pueblos, resueltos a promover el progreso social y elevar el nivel de vida, pudieran, en su momento, determinar los caminos del mañana. Debemos citar, entre otros, Educación para todos a lo largo de toda la vida, Jomtien, 1990; la Cumbre de la Tierra, con la Agenda 21 sobre el medio ambiente, Río de Janeiro, 1992; Educación en Derechos Humanos y Democracia, Montreal, 1993; Conferencia Mundial sobre los Derechos Humanos, Viena, 1993; Diálogo Interreligioso y Cultura de Paz, Barcelona, 1994; Cumbre Mundial del Desarrollo Social, Copenhague, Mujer y Desarrollo, Pekín y Declaración sobre la Tolerancia, París, en 1995; Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, Asamblea General de las Naciones Unidas, 1999; Resolución sobre los Objetivos del Milenio, Asamblea General, 2000; Carta de la Tierra, 2000; Declaración sobre la Diversidad Cultural, UNESCO, 2001 Estamos, pues, sobrados para una auténtica liberación, para favorecer la transición de súbditos a ciudadanos, para abandonar el dominio y la violencia y procurar el diálogo, la alianza, la conciliación y la paz. No ha sido así. Pero, en estos sombríos albores de siglo y de milenio, las graves crisis múltiples financiera, medioambiental, democrática, ética, consecuencia de haber sustituido los principios democráticos, tan bien establecidos en la Constitución de la UNESCO, por las leyes del mercado, coinciden, por primera vez en la historia, con una serie de circunstancias que pueden cambiar radicalmente el curso de los acontecimientos. Destaco tres: I) conciencia global, que nos permite comparar y, por tanto, motivarnos, emocionarnos y movilizarnos introduciendo conciencia en la ciencia, como se formula, tan acertadamente, en uno de los apartados de este libro; II) mayor número de mujeres en la toma de decisiones, cuyo papel en la cons-trucción de la paz, por su inherente respeto a la vida, es crucial, y III) participación no presencial, que permitirá que concluya, por fin, el largo silencio de la sociedad. Nos hallamos, por cuanto antecede, en un momento de gran esperanza por la función angular que puede desempeñar la ciudadanía, como se describe, así mismo, en uno de los capítulos de mayor calado de esta publicación, que aborda, con gran precisión conceptual, los te- 8 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz PRÓLOGO 97 mas que procuran forjar una seguridad de la paz y nunca más la paz de la seguridad. Se ha pretendido de nuevo, bajo la presión de la Administración Bush, que fuera la seguridad humana la que ocupara el lugar que corresponde a la construcción de la paz. Paz en uno mismo, en la casa, en el aula, en el lugar de trabajo, en el pueblo paz en la Tierra. Esto es lo que proclama la Carta de las Naciones Unidas, que sean los ciudadanos, la sociedad civil, la que tome en sus manos las riendas de su destino: Nosotros, los pueblos hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra. Evitar la guerra, construir la paz. Para ello hay que compartir con los demás, no solo bienes materiales, sino conocimientos. Por ello, la cooperación internacional y el desarrollo fueron palabras clave en los primeros años de la andadura de Naciones Unidas, antes que los países más poderosos marginaran al sistema multilateral y sustituyeran las ayudas por préstamos, la cooperación por explotación, la democracia global por grupos plutocráticos, (G-7, G-8, G-20 ). El desarrollo, que figuraba como piedra angular para evitar el horror de la guerra, pronto se desvirtuó, hasta el punto de sustituir, al final de la década de los 80, al término de la Guerra Fría, cuando tantas expectativas de dividendos de la paz se habían originado, los valores democráticos justicia social, igualdad, solidaridad por las leyes del mercado. El resultado es de sobras conocido: gravísimas crisis de múltiples facetas, tanto desde el punto de vista conceptual como práctico. Es tiempo de acción. De reformas radicales. Sin transformación no se alcanzará la paz y la gigantesca maquinaria bélica seguirá marcando los rumbos de la Madre Tierra. El pasado ya está escrito, no me canso de repetirlo. Pero el porvenir está por hacer. Este es el gran reto, el gran desafío al que nos invita, ágilmente, con profundo conocimiento de causa, Rafael Grasa. Es tiempo de alzarse, de no dormir. A todos los que han intervenido en hacer posible esta publicación, gracias en nombre de quienes, cada día más numerosos, creemos que la transición desde una cultura de violencia, dominio y guerra a una cultura de conciliación, alianza y paz debe y puede llevarse a término sin mayor demora. Propuestas para el cambio. Propuestas para que, por fin, la sociedad civil figure en el estrado. Propuestas, por tanto, para la democracia genuina. Para ciudadanos que participen activamente. El tiempo del silencio ha concluido. Tenía razón Miquel Martí i Pol en L àmbit de tots àmbits (1981): i que se senti / la veu de tots, solemnement i clara. En resumen, lector, ante esta situación no cabe duda de que lo más relevante de este libro son las propuestas de futuro que contiene. Propuestas para observar (que es mucho más que ver y que mirar), para investigar, para prever, para actuar. 10 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz PRÓLOGO 118 INTRODUCCIÓN Reconocer intelectualmente la realidad no significa reconciliarse moralmente con ella. Manuel Sacristán Luzón En el año 2007, la Oficina de Promoción de la Paz y de los Derechos Humanos me encargó, mediante convenio suscrito con la Universitat Autònoma de Barcelona y en el marco de la creación del Instituto Catalán Internacional por la Paz (ICIP), un estudio sobre las líneas prioritarias de trabajo del Instituto, particularmente en el área de la investigación para la paz y de sus futuros observatorios y programas de estudio. Se ponía además especial énfasis en que el estudio tuviera en cuenta las oportunidades y ventajas comparativas para un centro que surgía cincuenta años después de la existencia de los primeros centros creados en los años cincuenta, en Michigan, Oslo, Gröningen, Ontario o Estocolmo. En suma, se trataba de repasar, con los ojos puestos en el presente y en el caso catalán, la historia y las realizaciones de la investigación para la paz. El resultado final es una mirada evolutiva a cincuenta años de investigación para la paz con el propósito de aprehender tendencias y formular propuestas, tentativas y abiertas, orientada a observar, investigar, analizar y actuar. El trabajo está articulado en cinco grandes apartados. El primero, con un solo capítulo, es una mirada macro al papel de la investigación para la paz en la prevención de conflictos armados en los últimos cincuenta años, un balance a la vez crítico y propositivo. El segundo se dedica a reconstruir la investigación para la paz, entendida como un síndrome, y está formado por tres capítulos: uno, dedicado al contexto de surgimiento; otro, a los rasgos distintivos articulados en torno al ideal reformador, y el tercero, a la periodificación y resumen de las grandes fases. El tercer apartado se dedica a la investigación para la paz en la posguerra fría a partir de tres ejes: la nueva conflictividad armada, la convergencia de agendas y la seguridad humana, y el nuevo papel de los movimientos sociales y de la política no convencional. A cada uno de estos ejes se le dedica un capítulo. El cuarto apartado, la conclusión, se articula mediante dos propuestas, una de agenda y de método y otra, a título de ejemplo de lo anteriormente dicho, toma el caso de un eventual observatorio de conflictos etnopolíticos y establece cómo debería plantearse su creación. El trabajo se cierra con el apartado bibliográfico. Finalmente, un último apartado, el dedicado a los anexos, recoge cinco anexos, que han permitido descargar el apartado conclusivo: sobre la noción y el uso de indicadores; sobre el caso concreto de indicadores para conflictos etnopolíticos; la lista de centros y revistas de referencia en temas etnopolíticos; la clasificación de Gurr de los grupos etnopolíticos; y una bibliografía comentada sobre una cincuentena de trabajos básicos sobre el tema. Quiero agradecer a Jordi Urgell su colaboración en el trabajo, pues su tesis doctoral en curso, que tengo el placer de dirigir, sobre los conflictos etnopolíticos en general y en particular el caso asiático, lo han convertido en un gran experto, además de en un amigo. Concretamente ha redactado personalmente el apartado D2 y el anexo III. introducción 139 XX. TITOL ALa investigación para la paz y la prevención de los conflictos armados: UNA VISIÓN MACRO10 A1. Balance y propuestas tras cincuenta años de vida Más de cincuenta años de investigación para la paz, aunque no siempre haya sido ese el nombre usado desde los ya lejanos tiempos (años cincuenta) de la fundación del Journal of Conflict Resolution, exigen hacer balance y, desde la perspectiva que voy a adoptar, examinar qué errores se han cometido a lo largo de su historia. Ello siempre resulta necesario, pero más si se piensa en continuar ese empeño, para evitar que lastre nuestra tarea, al menos cuando en España parece concitar nuevos e interesantes entusiasmos desde mediados de los años noventa: proliferación de centros y creación de una asociación de los mismos, AIPAZ, y cuando en Catalunya se ha creado a partir del desarrollo de la Ley de Fomento de la Paz, el Instituto Catalán Internacional por la Paz, ICIP. Dicho de otra forma, habida cuenta que el propio encargo de este trabajo muestra la vigencia en nuestro país de un empeño, de un compromiso luchar en pro de la paz y para acabar con las guerras, en el que la investigación parece clave, merece la pena ser radical y serio: discernir qué ha dado realmente de sí la investigación para la paz y qué puede hacer en el futuro, buceando en las raíces. Ello, por otro lado, se hace desde una posición a priori: la investigación para la paz no es, nunca ha sido, ni podría ser una disciplina en el sentido de la sociología del conocimiento, sino que debe conformarse y eso ya es mucho con ser un sesgo, una forma de mirar las cosas, una forma de abordar la investigación, de establecer lo que se llama contexto de descubrimiento. Podría decir que mi postura desde la ya lejana tesis (Grasa 1990) que dediqué a la reconstrucción del empeño de la investigación para la paz y su relación con la disciplina de las Relaciones Internacionales no ha cambiado, pero se ha radicalizado y afinado, en particular tras dos décadas de posguerra fría. La exposición de esta mirada macro, previa al examen más sosegado mediante tres capítulos (apartado II) y el análisis de los cambios en la posguerra fría (apartado III), se ha organizado en cuatro grandes ejes. En primer lugar, se van a enunciar seis tesis generales, desde la perspectiva del macroanálisis, en las que se va a caracterizar la investigación para la paz y su tarea en los últimos cuarenta años. En segundo lugar, voy a dedicar un espacio específico al núcleo duro y genuino de la investigación para la paz: la investigación sobre las causas de las guerras y sobre la forma de conseguir la paz, planteando, de forma dubitativa, una serie de conclusiones provisionales sobre el resultado logrado y el porqué del escaso éxito. En tercer lugar, estableceré cinco consideraciones sobre una nueva agenda, recuperando, paradójicamente, alguno de los temas clásicos, antiguos, de la agenda. En cuarto y último lugar, estableceré unas primeras conclusiones al respecto. A1.1. Seis tesis sobre la investigación para la paz desde el macroanálisis 1. La primera cuestión que debe tenerse en cuenta es, por decirlo de forma rotunda, que el peso del contexto de surgimiento de la investigación para la paz ha sido muy fuerte, tanto que ha lastrado en gran medida algunas de las cosas que se hicieron en las primeras décadas. Ese contexto de surgimiento puede caracterizarse, sin entrar en detalles, con tres expresiones: behaviorismo en ciencias sociales, amenaza de holocausto nuclear y preocupación por el futuro del ser humano, en clave cristiana y/o de simple compromiso moral (véase apartado B). En mi opinión, esos tres elementos son muy importantes, en particular ese enfoque mundialista/humanista porque contribuye o no: a) A la consideración de la paz como valor absoluto. b) A explicar que la investigación para la paz se afane en ayudar a transformar la sociedad internacional, postulando que la mejor forma de evitar las guerras es ayudando a convertir la sociedad internacional en comunidad, en polis global, lo que implica, de entrada, una fuerte democratización de la misma. c) A entender por qué algunos de los creadores confesionalmente vinculados (Boulding, Rapoport, por citar dos que me son especialmente queridos) siguen el ejemplo de sus confesiones a partir de mediados de los años treinta, ampliando hacia el exterior algunas de las reglas y normas de conducta de sus propias comunidades (el reino de Dios es posible, pero en esta Tierra y ahora, para todos y todas, no solo para los hermanos o amigos ). Sea como fuere, el principal lastre de ese contexto de surgimiento es la consideración dominante de la guerra como aberración, como cataclismo o elemento patológico (no en el sentido moral, que es perfectamente aceptable), sino incluso como caracterización científica: la guerra sería algo contrario a la naturaleza humana, algo que no debería existir; por consiguiente, la tarea va a consistir en buscar la forma de curar esa enfermedad, ese rasgo patológico. En suma, la fusión de cierta concepción optimista de la ciencia y de una visión cuasi-religiosa del compromiso da a luz una idea poderosa: el método y enfoque más potente surgido del quehacer humano durante siglos, la ciencia, debe aplicarse al problema más importante del momento y de la historia, evitar el holocausto nuclear. 2. La investigación para la paz nunca ha sido una disciplina, un área de conocimiento específica, en el sentido pleno de la palabra. Es, simplemente, un síndrome, un conjunto de rasgos que caracterizan un quehacer. Esos rasgos son profundamente reactivos, lo que explica que, mirando estos casi cincuenta años, globalmente nos encontremos con 16 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz A1. BALANCE Y PROPUESTAS TRAS CINCUENTA AÑOS DE VIDA 1711 una evolución y una imagen magmática, inter- y transdisciplinar, con un énfasis constante idealista, en suma, con un razonamiento que podría resumirse en una frase: las cosas no son tan buenas como podrían ser; por ello, a nosotros y nosotras, especialistas en varios campos del saber, nos compete hacer que sean mejores. Así las cosas, la investigación para la paz sufrirá todos los avatares de la evolución de la realidad social y, por ende, de las relaciones internacionales (entendidas ahora como realidad internacional) y de las ciencias sociales y las diversas imágenes o cosmovisiones en conflicto. 3. La investigación para la paz, en dicho contexto y con ese carácter de síndrome y sesgo, puede caracterizarse por un ideal reformador sintetizable en diversos rasgos. A saber: 1) Fuerte preocupación normativa, fervor moral, sin caer, al menos al principio, en falacia naturalista. 2) Concepción optimista de la naturaleza humana y, por ende, de la reformabilidad de su principal producto: la sociedad. Por tanto, se cree en la posibilidad de paz perpetua, en la idea de construir esa paz perdurable, y por tanto, coherentemente, se cree también que la guerra no forma parte de la naturaleza humana. 3) Convicción de que las causas de la guerra y las condiciones de la paz son cognoscibles, por lo que se convierten en problemas intelectuales y académicos dignos de ser estudiados y entendidos. 4) Adscripción a cierta concepción naturalista, behaviorista, podríamos decir que cuasipositivista. 5) Obsesión por la aplicabilidad, engarzada en la vieja falacia socrática: basta con conocer las causas de las cosas para evitar que sucedan. En la medida en que sea difícil ejercer de consejero áulico, de asesor del príncipe; en la medida en que a mediados de los sesenta se produzca la rebelión de las investigadoras e investigadores jóvenes más comprometidos, eso se convertirá en una ampliación del concepto de paz y en la tesis de la relación entre investigación/ educación/ acción. 6) Interés por investigar el sector militar, en virtud de la militarización y militarismo imperante en la sociedad posterior a la Segunda Guerra Mundial. 7) El rechazo explícito de la tradición; un rasgo negativo que, afortunadamente, ya ha perdido vigencia. Ello supuso que exceptuando a Pitirim Sorokin, Quincy Wright, Lewis Fry Richardson o Karl Deutsch, padres fundadores, se menospreció a otros. 4. A finales de los años sesenta parecía obvio el fracaso de la misión de la investigación para la paz entendida como ingeniería social: la quiebra del ideal reformador. No es solo que cunda la perplejidad por no haber hallado la píldora curaguerras entre muchos peace researchers, es algo de mayor calado. Suponiendo que se encuentre la píldora, hay dudas sobre quién será el encargado de administrarla o cómo se garantizará su consumo. No parece haber príncipes dispuestos a comprar el producto, ni siquiera los productos de la descolonización, los estados emergentes del entonces todavía Tercer Mundo. Ello supone hacer frente a un dilema todavía presente: qué es más importante, lograr conocimientos fiables sobre las causas de la guerra y las condiciones de la paz o buscar quien vaya a administrar esos conocimientos una vez que se logren? Ello me lleva a las dos tesis conclusivas. 5. La evolución de la investigación para la paz, muy compleja, puede resumirse en clave de lucha por la institucionalización (lucha en la que destacan nombres como Bert Röling, K. Boulding o Johan Galtung). Esa lucha, empero, empieza a ser problemática a partir de finales de los años setenta y principios de los ochenta, en la que la convergencia de la investigación para la paz con las miradas crecientemente predominantes, heterodoxas pero ya desafiantes, en Relaciones Internacionales: estudios sobre seguridad, análisis y resolución de conflictos, etcétera, plantean dudas sobre el interés y la insistencia en seguir siendo diferentes, que hace acentuar la especificidad y la huida hacia adelante. 6. En último lugar, pero no menos importante, el balance de la investigación para la paz en estas cuatro décadas puede caracterizarse mediante cuatro consideraciones, a saber: 1. Tres temas de desacuerdo, básicos y nucleares, leyendo y analizando la producción de la investigación para la paz, lo escrito, in extenso: a) Cuál es la naturaleza de la guerra y hasta qué punto ha cambiado: una aberración o, por decirlo con Rapoport, una institución social que ha demostrado ser viable, al menos durante mucho tiempo y en bastantes lugares. b) Cuál es la naturaleza del conflicto, cómo debe analizarse y por tanto resolverse/ transformarse, algo sobre lo que también se está escribiendo mucho y con gran nivel de crítica a lo hecho en los últimos seis o siete años. c) Cuál es la metodología más adecuada para analizar los dos diferendos anteriores y plantearse la forma de superarlo. Por tanto, profundos desacuerdos en temas clave del quehacer de la investigación para la paz, redivivos en los últimos años: bastaría, por ejemplo, con prestar atención al debate sobre la nueva conflictividad internacional o a las aproximaciones críticas de la resolución de conflictos de corte más tradicional, incluyendo la evolución del clásico de Adam Curle a partir de finales de los ochenta o las aportaciones de John Paul Lederach. 2. Una ampliación constante de la agenda de los temas susceptibles de ser investigados, liderada por Galtung, y su utilización ad infinitum de la idea de paz positiva, que fagocita todo sueño humano por realizar, todo entra en su concepción omnicomprensiva de paz. 1 Así las cosas, la paz se convierte en un proceso y al luchar contra la violencia directa, la estructural y la simbólica, en nuestras sociedades desiguales y pluriculturales, se convierte en objetivo inalcanzable. 1 Ello nada resta a la enorme importancia de la concepción de paz positiva, clave y actualmente totalmente aceptada: una cosa es aceptar que paz no implica solo ausencia de conflictos armados, de guerras, o de violencia directa; otra, que el plus deba incluir todos los valores positivos de las utopías y programas de cambio pensados por los seres humanos. 18 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz A1. BALANCE Y PROPUESTAS TRAS CINCUENTA AÑOS DE VIDA 1912 El extremo sería el que hace de la investigación para la paz terreno abonado para cualquier investigación más o menos cercana a cualquier forma de violencia y no tan solo a las guerras o la violencia directa. Eso, si se hace con atribución de causalidad, no es demasiado problemático: cómo influye, podríamos decir, la violencia estructural y la cultural en el estallido de violencia directa y cómo luchar para, disminuyendo/transformando la situación de violencia cultural y/o estructural, evitar o disminuir los brotes de violencia directa; el problema es cuando todo se considera igual... y el objetivo es eliminar la violencia cultural. 3. Gran parte de la investigación se ha hecho con fuentes secundarias, es decir, a partir de trabajos procedentes de disciplinas específicas sin que en numerosos casos esas fuentes primarias compartieran el sesgo que debe caracterizar la investigación para la paz. Parece necesario acotar más y focalizar algunos temas, como se ha empezado a hacer en la posguerra fría, y realizar observaciones e investigaciones directas, primarias. 4. Una tendencia recurrente a confundir explicación con taxonomía o, en otros casos, con afirmación sin demostración plausible de determinadas tesis. La clasificación como expediente ordenador es útil, incluso imprescindible, pero sin atribución de causalidad refutable no hay conocimiento científico. Ni las taxonomías, ni, en otro terreno también hoy objeto de abusos, las correlaciones estadísticas implican per se explicación causal. A1.2. La investigación para la paz y la explicación de las causas de las guerras: explicación de un fracaso parcial Así las cosas, qué ha sostenido la investigación para la paz que pueda darnos luz sobre el que era su principal desafío teórico, conocer las causas de las guerras y las condiciones de la paz? En mi opinión, no demasiadas cosas hasta mediados de los años ochenta porque, probablemente por el origen behaviorista, se partió por lo general de un supuesto a priori discutible: la idea de la guerra como una categoría causal uniforme, es decir, la consideración de que todas las guerras tienen causas más o menos semejantes, por lo que, podría decirse, la investigación puede aislar las causas necesarias, los prerrequisitos presentes en cualquier conflagración. Llamo la atención sobre eso, a lo que volveremos luego, por la evolución de la naturaleza de los conflictos armados y por la aparición de nuevos rostros de la violencia. En este sentido, la investigación para la paz ha intentado identificar estas causas necesarias o prerrequisitos respondiendo a tres preguntas, parcialmente entrelazadas y solapadas: 1) Cuáles son las condiciones sin las que en modo alguno estallaría una guerra? Algo sobre lo que, en tiempos en los que menudean las propuestas de diplomacia preventiva y de alerta temprana que exigen saber algo de esto para desarrollar indicadores más fiables que las colecciones al uso, aún no existe una respuesta clara. 2) Bajo qué circunstancias se han dado o han ocurrido con mayor frecuencia guerras? Algo a lo que se ha intentado responder con análisis cuantitativos, estableciendo bases de datos amplísimas y correlatos estadísticos entre conflagraciones, pero que tampoco han arrojado ideas demasiado conclusivas. 3) De qué forma y por qué razón o razones se gestó, desencadenó o libró una guerra concreta, determinada? La pregunta que en mi opinión más y mejores respuestas ha recibido en la peace research. Por decirlo provocativamente, no estoy demasiado seguro de que el resumen de las investigaciones haya ido mucho más lejos de lo que hace muchísimo tiempo dijo Wilhem von Humboldt: Detrás de las guerras hay siempre una combinación de tres fenómenos: naturaleza de las cosas (factores materiales y desigualdades en nuestro lenguaje), acción humana (explicable intencionalmente en clave política o territorial) y factores desencadenantes (causas inmediatas, necesarias y suficientes). Aunque, por insuflar optimismo, casi lo mismo podemos decir de las investigaciones realizadas sin asumir, al menos explícitamente, el sesgo y compromiso de la investigación para la paz. Por tanto, podemos concluir en que seguimos necesitando más y mejor investigación porque, pese a lo que diga el texto fundacional de la Unesco, las guerras no empiezan solo en las mentes de los seres humanos. O, por usar el lenguaje en boga, quizás el desencadenante de las guerras, y más aun su legitimación, sea algo construido, pero entre las causas profundas y entre los aceleradores hay otras que no son simplemente ideas o construcciones. De ello se desprende que es necesario preguntarse por qué seguimos necesitando más y mejor investigación, buscar factores explicativos que permitan entender las razones de ese escaso éxito. Concretamente y en mi opinión podemos explicar ese fracaso por el impacto combinado de: 1. El énfasis exagerado de ser una disciplina, en ser diferente, en suma, en no haber practicado la transdisciplinariedad a la que se invoca. Bastaba basta con reivindicar el sesgo, la mirada propia, la perspectiva, con explicar mediante algo parecido a un compromiso o juramento. 2. La tendencia a no solo ampliar la agenda de la disciplina sino a ampliar los conceptos y herramientas analíticas fagocitando otras nociones y haciéndolas omniabarcadoras. Qué describe mejor cierto tipo de relaciones asimétrica por ejemplo las relaciones norte-sur, hablar de violencia estructural o de explotación, expolio, esquilmación de recursos, intercambio desigual,...? Al trasladar la discusión al terreno metateórico y conceptual, terminológico, se resuelven o cierran en falso muchas polémicas que deberían dirimirse en el auténtico terreno teórico que explica mejor, con mayor simplicidad y parsimonia, ciertos fenómenos. 3. Por haber aceptado constantemente lo que Rapoport denominó concepción cataclísmica de la guerra: un fenómeno aberrante que se produce de forma 20 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz A1. BALANCE Y PROPUESTAS TRAS CINCUENTA AÑOS DE VIDA 2113 recurrente. Sería mejor partir de la propuesta del propio Rapoport: las guerras han sido, al menos hasta el presente, instituciones sociales viables; de ahí su persistencia. Por tanto, si queremos comprender sus causas y averiguar las formas de evitarlas o prevenirlas, la tarea fundamental consiste en examinar los mecanismos e instituciones sociales por las que se instigan, planean, dirigen o justifican. El enfoque que propuso Rapoport a principios de los años setenta y que pretendo recuperar es genuinamente radical, puesto que va directamente a las raíces: estudiar las war-making institutions, lo que nos permitirá diseñar estrategias que permitan combatirlas tras entender por qué han medrado, socavado los hábitos de obediencia y lealtad así como la confianza que enmascara el carácter maligno de dichas instituciones e induce al organismo social a nutrirlas con su propia sustancia. 4. Por las confusiones derivadas del antiguo vicio de intentar trazar líneas de demarcación política, ideológica al menos, en la teoría. Una cosa es, desde el racionalismo atemperado en el que epistemológicamente me sitúo, el compromiso político, la lucha ciudadana, la explicitación de nuestros presupuestos aceptando la inexistencia de neutralidad en el contexto de descubrimiento de la tarea científica; y, otra, renunciar al ideal fundamental, pese a ser inalcanzable, de la búsqueda de objetividad científica. Las líneas de demarcación no afectan a la comprensión de las causas de la guerra, como muestra el hecho de que autores como Van Creveld, Kaldor, Holti o Vasquez solo este último y en parte Kaldor autodesignados peace researchers, lleguen a conclusiones semejantes sobre las guerras no clausewitzianas o no trinitarias en la posguerra fría, desde presupuestos de partida por tanto bien diferentes. 5. Dicho de otra forma, la confusión constante entre neutralidad moral y objetividad científica, la renuncia a la segunda en nombre de la inexistencia de la primera, un error atribuible en su generalización a Galtung enlaza con la razón anterior. En efecto, una cosa es no ser neutral, comprometerse, explicar los puntos de partida por honestidad y para evitar la falacia naturalista; y, otra, pensar en motivaciones críticas o emancipadoras más allá de la metateoría. Como dijo Manuel Sacristán, en la frase que encabeza este libro, reconocer intelectualmente la realidad no significa conformarse moralmente con ella. 6. Por el exagerado interés por las utopías abstractas, por la alternativa radical y redonda, por el proyecto global, sin pensar, a la manera de la crítica de Hegel y Marx al rigorismo kantiano, en las posibilidades del proyecto: el deber ser debe vincularse con las posibilidades empíricas de la realidad. Dicho de otra forma, no se trata de renunciar a la utopía sino de pensar en las estrategias de transición, en cómo se logra lo más difícil: pasar de la realidad que se quiere transformar a la que se anhela como objetivo final. 7. En suma, por dar demasiada importancia, antes de saber si se cuenta con los conocimientos dignos de ser transferidos y aplicados, a la acción política, es decir, al momento y lugar en los que debe pasarse del proyecto a la realidad. Ciertamente no es la investigación para la paz la que debe hacer la política, pero sí que debe ser consciente de que, al no poder optar a ser consejero áulico, hay que incidir en la lucha de ideas y de acciones para instrumentar los modelos de cambio. A1.3. Qué hacer entonces: sugerencias para una nueva agenda Aunque luego veremos en mayor detalle algunos cambios surgidos del cambio del sistema internacional y de las tendencias claras que ponen de manifiesto dos décadas de posguerra fría, parece necesario proponer una nueva agenda. Una nueva agenda que, como se verá, supone recuperar parte de la antigua y, en concreto, parte de la explicitada por los precedentes olvidados o ignorados. Esa agenda y nuevo programa deberían articularse en torno a las siguientes propuestas: 1. La idea de sesgo, de mirada diferente, explicitando cuáles son las señas de identidad del investigador o investigadora para la paz: su mirada comprometida, crítica, que busca ir más allá del lenguaje convencional, que reivindica la visión normativa, pero a la manera de la economía del bienestar, es decir, construyendo la totalidad del camino entre el debe, lo que se pretende, y la situación actual. La idea de sesgo y lo dejo apuntado debería concretarse en torno a cuatro propuestas: a) La necesidad de preguntar por la razón de lo obvio, de no quedarse en la constatación, de no dar nada por descontado. b) La necesidad de desafiar el pensamiento dominante, de cuestionar el mainstream, al menos como experimento mental. c) La necesidad de innovar, de tener una aproximación diferente, dentro de la propia disciplina. d) La voluntad de ser investigador de frontera, capaz de incursionar en diferentes terrenos. 2. Ajustar cuentas con el pasado recuperando una concepción restringida de paz como ausencia de guerra, en cualquiera de sus acepciones, y de preparación para ella, lo que pone la prevención de la conducta destructiva en los conflictos sociales prolongados en el punto de mira central. Temas como los conflictos etnopolíticos y sus formas de solución política, es decir, la eventual relación entre formas de gobernanza descentralizada (y por tanto estudio de nuevos actores y formas no convencionales de política) y prevención de conductas violentas devienen cruciales. Ello supone también evitar nuevas huidas hacia adelante y aceptar que la paz es un producto esencialmente lateral que no puede lograrse más que indirectamente: persiguiendo otras cosas y que, además, solo vendrá de la acción social, no de la educación. 3. Restringir y profundizar en cuanto a la agenda de investigación, estableciendo prioridades y políticas de alianzas con otros empeños, algo que facilita la convergencia de agendas en la esfera internacional, como justamente el desarrollo humano sostenible y la seguridad humana, o la resolución y transformación de conflictos. 22 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz A1. BALANCE Y PROPUESTAS TRAS CINCUENTA AÑOS DE VIDA 2314 4. Recuperar la objetividad científica, explicitar el sesgo comprometido con claridad, no prometer más de lo que se puede dar y establecer el quehacer en más y mejor conocimiento en la contrastación de los trabajos, etcétera. 5. Aceptar la realidad intelectual, negarse moralmente a darla por inevitable y mancharse las manos: pensar en estrategias de transición, en agentes de cambio y no solo en mundos preferidos. 6. En suma, combinar tres verbos: a) Conocer, sobre todo, las causas de la guerra y las condiciones de la paz. b) Desenmascarar la falsa conciencia. c) Buscar y/o fomentar el compromiso (a título individual, aunque susceptible de articularse colectivamente). Por tanto, la paradoja estriba en aceptar que sin conocimiento, más y mejor, seguirá habiendo guerras, pero que sin acción, pese al buen conocimiento, también. El conocimiento es una condición necesaria para la acción que puede ser la condición suficiente. Por decirlo con dos citas, una inspirada por Rapoport y su guerra a la guerra, con un objetivo simple: disipar todas las supersticiones para mostrar que todos los argumentos que sostienen la existencia continuada de la guerra como una institución social pueden demostrarse actualmente que son simples supersticiones. El descrédito de una superstición sabemos que es un proceso irreversible, cuestión de tiempo. Dicho de otra forma, podemos sostener como afirmación fuerte que la paz es una idea a la que le ha llegado su tiempo, su momento. 2 Pero ese tiempo que parece llegar resultará imposible si no recordamos el sabio consejo de Einstein, del Einstein que dijo en ocasión de un homenaje a W. Rathenau, el ministro de Exteriores de la República de Weimar que tal persona le merecía confianza porque había sido un idealista, pero un idealista que no había trabajado como idealista en el campo de la abstracción, sino que se había comprometido, en el buen sentido de la palabra, trabajando con el hedor de la realidad. Volver a la vieja agenda incorporando algunos temas nuevos y buscando una alianza con otros empeños comprometidos supone dejarse de promesas y vaguedades y volver al viejo hedor de la realidad: que siguen existiendo guerras y que muchas de ellas, pese a que sean no clausewitzianas (desafían las viejas dicotomías de la modernidad, público/ privado, interior/internacional, combatiente/civil, limitada/total...), siguen teniendo motivos materiales y, particularmente, búsqueda de la hegemonía. 2 Anatol Rapoport, Peace. An Idea Whose Time Has Come, Ann Arbor, The University of Michigan Press. 1992, pág cincuenta años de evolución de la investigación para la paz15 BLA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ: UN SÍNDROME A LO LARGO DE CINCUENTA AÑOS16 Como ya he sostenido en el primer apartado del presente texto, el dedicado a la visión macro y a vuelo de pájaro, ni resulta fácil definir paz ni menos aún investigación para la paz. De hecho, intramuros de la propia investigación para la paz, las batallas sobre qué entender por los componentes (investigación y paz) han tenido gran enjundia. Se ha discutido sobre si la investigación debía entenderse en sentido puro o aplicado; si, en el caso de optarse por algo aplicado, la referencia debería ser la tecnología o ingeniería social o la medicina, por ejemplo. Incluso los debates sobre la caracterización de lo que debe entenderse por paz, el elemento generador del empeño que intentamos reconstruir, y cómo separarse de la oposición tradicional (sin tertium non datur) de la filosofía política occidental entre paz-guerra, han sido y son todavía significativos, y en mi opinión estériles. Tampoco esas dificultades son ajenas a los pecados de nacimiento, incluyendo la necesidad de desvincularse de otros empeños semejantes, habida cuenta que toda disciplina, o incluso sesgo o enfoque, suele, hablando psicoanalíticamente, tener necesidad de matar al padre en sus principios, insistiendo en su carácter único, específico e irreductible a anteriores disciplinas o enfoques, negando incluso o, peor, ignorando por desconocimiento real autores, precedentes y resultados previos. Todo ello ha tenido consecuencias que, cincuenta años después de la creación oficial de la investigación para la paz, deben ser corregidas. Me limitaré a citar dos, las que he tenido en cuenta para estructurar el presente trabajo. Primero, la de complejo de Colón, que redescubre periódicamente mediterráneos y, que por tanto, no acumula suficientes resultados ni recupera a veces otros éxitos o recupera las tradiciones anteriores. Podemos citar como ejemplos, el escaso interés inicial en iniciativas de paz restringidas, como la Pax Dei y la Treuga Dei (y entre ellas, la Pau i Treva en Cataluña) que intentaban limitar la violencia física sin recurrir a la coerción física, algunas de ellas revalorizadas por los historiadores a partir de los años ochenta por su impacto indirecto en la transformación de la cultura europea del período. 3 O, en otro orden de cosas, la tarea de la tradición utópica, bien en versión de movimientos por la paz (primeras sociedades no confesionales, liberales como la Ligue Internationale et Permanente de la Paix, o más radicales, como la Ligue Internationale de la Paix et de la Liberté), bien en versión de la plétora de planes, enciclopedias, manuales o museos para lograr la paz que pueden enumerarse desde el siglo x v i o x v i i. 4 Segundo, obligar a una actitud cauta que relativice y contextualice los resultados, las afirmaciones de los padres fundadores (la investigación para la paz como negación o superación de la ciencia social dominante, en particular en las relaciones internacionales), y que verifique las afirmaciones iniciales y en las dos primeras décadas sobre intenciones y resultados. En suma, obliga a reconstruir el contexto de surgimiento y las fases de desarrollo sin dar por descontado algunas reconstrucciones demasiado hagiográficas. La razón: establecer un plan de trabajo en investigación, educación y acción para la paz a finales de la primera década del año 2000 obliga a tener en cuenta que cincuenta años de empeño permiten aquilatar mucho mejor qué se ha logrado y qué puede lograrse. En concreto, supone partir de un a priori, que he intentado fundamentar en el primer apartado del trabajo: la investigación para la paz probablemente siempre ha sido, y en cualquier caso será en el futuro, no una disciplina científica, sino algo más que un simple movimiento y bastante menos que una mezcla de movimiento político, formas de investigar y forma de vivir (Hveen 1973: ). O sea, lo que vamos a llamar un síndrome o, si se quiere decir de otro modo, un sesgo. Al definir la investigación para la paz, siguiendo a Andrew Mack (Mack 1985), como un síndrome estamos afirmando que se trata de un empeño intelectual que, independientemente de la agenda concreta y de los programas de investigación (en el sentido de Lakatos) que dominan en cada momento, se caracteriza por compartir una serie de rasgos o atributos que tienden a darse juntos. Cada uno de esos rasgos puede estar presente o no en cada uno de los momentos, subcampos o momentos de la investigación para la paz y, además, algunos de ellos pueden encontrarse también en otros campos o enfoques. En mi opinión, esos rasgos o atributos son bastante permanentes, por lo que intentaremos singularizarlos al final del presente apartado, para luego, en el tercero, compararlos con los cambios acaecidos a partir de la posguerra fría. Así las cosas, la segunda parte de este trabajo se dedicará a establecer el contexto de surgimiento, las características y rasgos definitorios de la investigación para la paz y, finalmente, las fases y etapas de su desarrollo. 3 Véanse los trabajos de Georges Duby, Les trois ordres, o de Robert Fossier, L enfance de l Europe. 4 Sin ánimo de exhaustividad, entre los planes: Crucé, Grocio, Penn, Bentham, Kant, Bolles, V. Hugo, Novicow, etcétera. Entre los manuales y enciclopedias, las 50 que enumera Van den Dungen, el gran historiador de la paz en su obra de 1986 (Van den Dungen 1986). Mención aparte merecen los impresionantes seis volúmenes de Jean de Bloch, con páginas, publicados en el siglo xix sobre la guerra y los esfuerzos para evitarla, que lo convierten en un referente claro de la primera conferencia de La Haya y en el primer investigador para la paz. Con respecto a los museos y memoriales, bastará con recordar que antes de 1945, y por tanto con anterioridad al clima generado por las armas nucleares, existían memoriales de guerra, colecciones de libros y objetos (en particular, el Palacio de la Paz de La Haya), monumentos y museos explícitos (en particular, aunque desaparecidos, el promovido por Jean de Bloch en Lucerna y el International Anti-War Museum que promovió en Berlín Erns Friedrich y que Hitler destruyó en 1993, primero, y luego su reconstrucción parcial en Bruselas en 1940). 28 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz B. LA INVESTIGACIÓN PARA LA PAZ: UN SÍNDROME A LO LARGO DE CINCUENTA AÑOS 2917 B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y hacer todo lo que esté en nuestras manos Existe amplio acuerdo en fechar el surgimiento de la investigación para la paz (a veces llamada peace theory o peace thinking) a mediados de la década de los años cincuenta, en conceder el impulso decisivo en su fase inicial a la comunidad académica estadounidense (Ann Arbor, Columbia), en ubicarla geográficamente en la zona del Atlántico Norte (Ann Arbor, Michigan; Oslo; Saint Louis; Gröningen; Ontario; Lancaster y Nueva York) y en considerar factores cruciales o desencadenantes de su surgimiento el trauma causado por la Segunda Guerra Mundial en particular Hiroshima y Nagasaki y el inicio de la era atómica y el riesgo de Armagedón, así como el descontento crítico contra la concepción a la sazón dominante en las ciencias sociales, un descontento que se tradujo en lo que se ha denominado enfoque o revolución behaviorista. Dicho de otra forma, la investigación para la paz surge del feliz encuentro, en una zona del planeta altamente desarrollada, de un exceso de ciencia, o de confianza en ella, y de un exceso de conciencia, de compromiso, en términos religiosos, éticos y políticos. En suma, de la alianza entre ciencia y compromiso. Como he dicho otras veces, surge del afán por introducir conciencia en la ciencia, Veámoslo. Vamos a rastrear esos orígenes y esa alianza a través de tres factores: a) el clima del momento, el optimismo científico y la preocupación por el riesgo de guerra nuclear; b) el cuaquerismo, en tanto que tradición occidental acerca de la guerra y de la paz; y c) el pragmatismo científico-moral y la ingeniería social, hacer todo lo que esté en nuestras manos a partir de la ciencia. El primer factor es el clima del momento. Nos encontramos, primero, con un fuerte incremento del prestigio de las ciencias sociales en la inmediata posguerra derivado de la conjunción del cuantitativismo o behaviorismo, de la poderosa transformación de las universidades norteamericanas (con el impulso añadido de la llegada durante los años treinta de numerosos académicos alemanes o centroeuropeos exilados a causa del nazismo), del efecto rebote del halo de la ciencia dura o ciencias naturales (cruciales en el esfuerzo bélico) y naturalmente del impacto de la Guerra Fría y de las políticas de disuasión, que llevó a la polarización creciente entre Moscú y Washington también en el terreno de la ciencia. En segundo lugar, nos encontramos con la amenaza del holocausto nuclear y la preocupación por el futuro de la humanidad, por citar una influyente alocución radiofónica de Karl Jaspers en 1956 (Die Atombombe und die Zukunft des Menschen), coetánea del surgimiento de la investigación para la paz, que se hacía eco de un tema del momento, el riesgo de autodestrucción de la especie humana, a la manera de la conocida afirmación de Einstein, un poco antes, de que si había una tercera guerra mundial, la cuarta debería hacerse con poco más que palos y piedras. El resultado de ambas cosas era una preocupación por el riesgo de destrucción del ser humano y una clara concepción de que las armas nucleares no solo no podían proporcionar seguridad sino que, por el contrario, la comprometían. Lo interesante es que el clima del momento, que refleja bien el discurso de Jaspers, implica romper con la abulia y la inacción y, en el contexto del mundo protestante, dejar de lado el pacifismo absoluto de ciertas concepciones cristianas (es decir, la propuesta de alejamiento de todo mal del mundo) para proponer el compromiso, la acción, el uso de la razón humana. Como he dicho en otro sitio (La objetividad de las ciencias sociales: la investigación para la paz y las Relaciones Internacionales, 1990), se extiende la idea de que la utopía es posible al menos para aquellos que hacen todo lo que está en sus manos. Ahí es justamente donde engarza el segundo factor motriz del surgimiento de la investigación para la paz, el papel crucial de los cuáqueros, una peace church 5 que desde hacía años había abandonado las posiciones que antaño les habían llevado a abstenerse de desempeñar un papel activo en la oposición a los conflictos armados (como había sucedido, por ejemplo, en las guerras napoleónicas o en la guerra civil estadounidense). El tema es demasiado largo y complejo para analizarlo en detalle. Bastará con recordar cuatro cosas para situar el cuaquerismo y su enorme impacto intelectual en el contexto de las tradiciones occidentales acerca de la paz y de la forma de lograrla. Sin ello nada puede entenderse de la tarea de la investigación para la paz. En primer lugar, hay que recordar que Occidente ha conocido tres grandes tradiciones religioso-morales acerca de la paz y de la forma de lograrla, con claras divergencias en sus análisis de la historia, la moralidad, el papel de la política y la forma de concebir la paz. Aludo concretamente a: 1) la guerra justa; 2) el pacifismo absoluto, y 3) la tradición político-utópica. La tradición de la guerra justa, importante de nuevo en los años noventa y en nuestro milenio, parte de la convicción de que la violencia es y será omnipresente en la historia humana, por lo que la paz es siempre un estado limitado y temporal, en una idea que hunde sus raíces en la tradición política realista y en el pesimismo con respecto a la posibilidad de obtener, mediante algún tipo de comunidad política, una paz perpetua. En clave teológica, la historia humana se concibe como un momento gobernado por el pecado, por lo que, al estar la perfección fuera de toda posibilidad humana, en la civitas 5 Una expresión que se usa desde 1935 y que primero se aplicaba a algunas confesiones religiosas herederas de grupos reformistas radicales como los waldesianos radicales o los seguidores del Brethen (una secta anabaptista del x v i i), que constituyeron el primer pacifismo absoluto religioso de la cultura occidental. Actualmente, el término designa, básicamente, a cuáqueros, menonitas y brethianos. 30 cincuenta años de evolución de la investigación para la paz B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y 3118 humana, frente a la civitas Dei que en la imagen agustiniana nos espera al final de la historia, lo único que puede intentarse es maximizar la justicia, manteniendo a raya la maldad, como la pax romana que fue criticada por Agustín de Hipona como una paz falsa que se mantenía merced a medios incorrectos como guerras imperialistas. Por consiguiente, la paz únicamente es una contención del mal, un estadio volátil y provisional, que obliga a considerar la necesidad del recurso a la fuerza, a la violencia, a la guerra. Ahí entronca la distinción entre uso legítimo e ilegítimo de la violencia colectiva y, por ende, la posibilidad de que existan guerras justas. El argumento inicial de que para ser justas debían librarse en busca de un bien común y, una vez iniciadas, estar sujetas a normas que protegieran a los inocentes de sus efectos, al menos hasta cierto punto, conllevó la posterior distinción y argumentación medieval entre el derecho a la guerra (ius ad bellum), las ocasiones en las que estaba justificado moralmente recurrir a la guerra, y el derecho de guerra (ius in bello), el tipo de conducta moralmente aceptable durante la guerra. La segunda tradición importante es la político-utópica, que hunde sus raíces en Dante (De Monarchia) o en Marsilio de Padua (Defensor Pacis) y nos lleva al utopismo erasmiano y, naturalmente, al internacionalismo del siglo xix y xx a través de la idea de paz perpetua, una tradición que considera que la paz puede y debe conseguirse en la historia y que el medio para lograrlo es la política, la creación de una buena sociedad (la comunidad de los humanos, de la que habló Agustín de Hipona, pero en el reino terrenal). La tradición es demasiado vasta para resumirla, pero se puede sostener sin caer en la caricatura que la búsqueda de la paz coincide con el empeño de lograr el ideal de la comunidad humana y que la política no sirve solo para contener el mal, sino, sobre todo, para acercarse progresivamente a la perfección y a la comunidad universal. Parte de esta tradición, algo interesante y que recuperaremos cuando hablemos de la investigación para la paz en la posguerra fría, relaciona paz, ideal final, con la consecución de otros ideales, el orden y la justicia. Por ello a veces encontramos rasgos de realismo, o de relación con otras tradiciones, como muestran dos ejemplos tan dispares como Kant (la segunda adición o suplemento a la Paz Perpetua) o el énfasis recurrente en las tradiciones de nuevo orden mundial de Richard Falk o Saul Mendlovitz ( no confundir con las expresiones de nuevo orden mundial de Bush padre e hijo!) o de gobierno planetario, que consideran imprescindible contar permanentemente con fuerzas armadas para el mantenimiento de la paz. En cualquier caso, la violencia se considera poco aconsejable, al menos por sus consecuencias, y se opta por hacer que la política busque procedimientos diferentes, por ilegalizar en la medida de lo posible el recurso a la guerra. Llegamos a la tercera gran tradición, el pacifismo absoluto, que hunde sus raíces en Erasmo de Rotterdam (aunque a veces esté a caballo entre el utopismo y el pacifismo absoluto) y en sectas en su sentido original, que no tiene acepción alguna peyorativa cristianas. Este tipo de confesiones consideraba que la renuncia a la violencia debía ser total, que debía convertirse en testimonio, pero que la única forma de lograr el reino de Dios en este mundo impuro era justamente apartándose de los demás, viviendo en comunidad estricta. De ello derivaba la total negativa a participar en política, o a aceptar entre otras normas sociales obligatorias el servicio militar obligatorio. Como veremos, esto no cambiará, en el caso de algunas de las tradiciones, hasta los años treinta: se aceptará entonces, junto a la negativa a la participación personal en la guerra o en su preparación, el trabajo colectivo incluyendo la capacitación al máximo nivel para formular políticas que alejen la guerra de la sociedad humanas. Concretamente, la declaración de los ocho principios acerca del patriotismo y de la paz cristiana (1935) es el momento clave, al vincular el pacifismo absoluto de las tres confesiones que he llamado peace church con el internacionalismo de la tradición utópica. Ello explicará, por adelantarme, la gran nómina de cuáqueros y menonitas entre los estudiosos de Naciones Unidas, de la guerra y de la paz, y, en general, en la investigación para la paz (Richardson, Wright, Boulding, Lederach, entre otros). En suma, las tres tradiciones comparten algo: la paz no es nunca un valor absoluto, final, sino siempre parte de un todo mayor, por lo que las tres tradiciones, y en particular la segunda y la tercera, acaban convergiendo. La suma de ideal universalista, de clara inspiración cristiana originaria, y cierto pragmatismo, derivado de la percepción de la naturaleza intrínsecamente destructora de la guerra moderna a partir de Solferino, llevarán a un optimismo de la inteligencia. En suma, llevarán a afanarse, mediante la confianza en la ciencia para aprehender la verdad e iluminar con ella al conjunto de la sociedad, y la creencia en la tendencia creciente al orden del sistema internacional mediante la proliferación de organismos internacionales y el fomento de procesos de integración, en la construcción de conocimientos y de alternativas. No por ello, la confianza extrema en la ciencia, en la cognoscibilidad de la naturaleza humana y de las pautas exitosas de interacción social, perceptibles en cuáqueros como Kenneth Boulding, se convertirá en rasgo distintivo de la investigación para la paz. Para que no haya asomo de duda, veámoslo en una frase de 1940 de una Declaración del American Friends Peace Community de los Estados Unidos: El pacifismo es una obligación, no una promesa. No tenemos garantías de que estaremos a salvo recurriendo a él. Pero sí que estamos seguros de que es lo correcto (la cursiva es mía). Dicho de otra forma, hacer cuanto se pueda en el ámbito de trabajo específico de cada persona en pro de la paz y de la comunidad universal. Por tanto, de las convicciones, morales y luego científica, deriva el compromiso en pro de la actividad político-moral a favor de la paz, es decir, el tercer y decisivo factor motriz en el surgimiento, hacer cuanto se pueda en el ámbito de la ciencia, para, justamente, influir en la política. Llegamos por tanto a la unión de behaviorismo y de compromiso moral. Al introducir ciencia en el compromiso y compromiso en la ciencia. Y eso justamente es lo que se producirá, seminalmente, merced a la coincidencia en el curso de en Standford (en el reciente Center for Advanced Study in the Behavioural Sciences) de Kenneth Boulding (economista), Herbert Kelman (psicólogo social), Clyde Kluckhohn (antropólogo), Harold Lasswell (politólogo y colega de Quince Wright), Anatol Rapoport (biólogo teórico-matemático) y Stephen Richardson, acompañado este último de los microfilmes de las dos obras inéditas de su padre que se consideran los primeros trabajos dignos de llamarse investigación para la paz (Lewis Richardson). 6 Todos ellos se habían ocupado ya de los problemas de la guerra y de los conflictos armados internacionales, desde sus respectivas disciplinas, y todos ellos estaban dispuestos a seguir haciéndolo 6 Véase al respecto, Grasa 1990, Van den Dungen 1981, Van den Dungen Para el caso de los cuáqueros, Michael Yarrow, Quaker Experiences in International Reconciliation, New Haven, Yale UP, cincuenta años de evolución de la investigación para la paz B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y 3319 desde una perspectiva inter- o pluridisciplinar. Y uno de ellos, Lasswell, miembro de la llamada tercera tradición de la ciencia política estadounidense, será desde 1941 un firme partidario de unir ciencia y democracia, de lo que llamará terapia científica, como método de cambio y de transformación social. En suma, creencia clara en la terapia científica y en la ingeniería social para lograr crear, como dijo con perspicacia Bernard Crick, una nueva y científica sociedad mundial. Para acabar, citaré dos coincidencias adicionales en ese año 1995, la publicación y difusión del célebre Manifiesto de Russell-Einstein, que luego daría lugar al importante movimiento de científicos en pro del desarme nuclear conocido como Pugwash, y la publicación de una obra pionera de Theodore Lentz, Toward a Science of Peace. Esa obra partía de un ideal à la Lasswell: si se juntan la ciencia y la democracia resultará factible ordenar armónicamente los asuntos humanos, y por tanto la paz, puesto que está al alcance de las mentes inteligentes cambiar las estructuras. La ciencia, decía, podía contribuir a ello, si, con ingenuidad explicable solo por el optimismo de la época, se partía de cinco rasgos de fe: fe en la armonía humana, en los hechos, en la inteligencia, en la ciencia y, por último, en la motivación humanista y democrática. Había nacido la propuesta de una ciencia orientada, al menos en el contexto del descubrimiento (es decir, de los motivos para investigar una cosa u otra, para hacerse una pregunta generadora u otra): movilizar y organizar destrezas intelectuales para promover y lograr la paz. Pues bien, la primera manifestación clara y articulada de esa fe en la ciencia es la publicación en 1957 de la primera revista científica genuinamente considerada como investigación para la paz, el Journal of Conflict Resolution (A quarterly for research related to war and peace), creada en la Universidad de Michigan por algunos de los asistentes a la reunión de Stanford. El editorial fundacional dejaba claras varias cosas: 1. Que se comprometían con empeño de largo aliento y moralmente comprometido. 2. Que debía ser un empeño interdisciplinar y enraizado en los intentos de renovación metodológica, en particular con el tratamiento de información cuantitativa. 3. Que pretendían claramente enfrentarse a lo que llamaban el problema práctico más importante que afronta la humanidad, la amenaza de guerra global, que debía analizarse mediante el trabajo y la acción interdisciplinar. 4. Que les movía un interés ético-normativo, orientado a estimular y comunicar investigación y pensamiento sistemático sobre procesos internacionales, incluyendo la totalidad del sistema internacional, la interacción entre gobiernos y entre naciones de diferente estados, y los procesos por los que las naciones elaboran y ejecutan políticas exteriores. En última instancia, aplicar al máximo esfuerzos teóricos y empíricos para ayudar a minimizar el uso de la violencia en la resolución de los conflictos internacionales (Journal of Conflict Resolution 1957: 1). El surgimiento, por tanto, del Journal of Conflict Resolution y sus primeros años de vida marcan el hito fundamental del contexto de surgimiento de la investigación para la paz: la formación de la comunidad norteatlántica de investigación para la paz, responsable de la diseminación, en un clima ya propicio, del nuevo empeño. Y eso se produce entre 1956 y 1957, momento de la gestación y publicación inicial del Journal, y 1959, año de la creación en el mismo Michigan del Center for Research on Conflict Resolution y, en Oslo, de la sección for Research on Conflict and Peace en el Institutt for Samfunnsforsking, inicialmente fuertemente influido por la ciencia social y la psicología estadounidense. Ambos centros estarán dirigidos por grandes nombres de la evolución posterior de la investigación para la paz. Concretamente, el centro de Michigan estará liderado por Kenneth Boulding, Robert Angell y Anatol Rapoport, mientras que el de Oslo que pronto se convertiría en el Peace Research Institute (PRIO), por Johan Galtung. Por qué Oslo? Por qué la rápida difusión posterior por Escandinavia? Suelen aducirse tres razones entrelazadas: a) La buena posición de la ciencia social en la región. b) La persistencia del trauma causado por la ocupación alemana. c) Por último, aunque no menos importante, la disconformidad de muchos ciudadanos con la decisión gubernamental de rearmarse y de formar parte de la OTAN, rompiendo con la neutralidad tradicional del país. Esa comunidad norteatlántica de paz se verá reforzada con la creación, tres años después, del Instituto Polemológico de Gröningen, bajo la influencia y dirección de B. A. Röling. Quedaba así completada la tríada fundacional clave de la investigación para la paz. Entre 1959 y 1966 el fervor fundacional es enorme, cuantitativa y cualitativamente. 7 En 1959 se crea en Lancaster, siguiendo el trabajo de Lewis Fry Richardson, el Richardson Institute; en 1961, el Canadian Peace Research Institute de Ontario. En 1964 se crea en Londres, con la asistencia de investigadores de 16 países, la International Peace Research Association (IPRA), retomando la experiencia de la reunión previa de Ginebra bautizada como COROIPAS (Conference on Research on International Peace and Security), que elegirá como primer secretario a Bert Röling. En la junta directiva le acompañaran John Burton, un diplomático y experto en relaciones internacionales que será uno de los que cambiará posteriormente los estudios sobre conflictos, Galtung y Acimovic. La difusión e institucionalización se completó con la publicación en 1964 de la segunda revista específica, en este caso de ámbito más teórico, el Journal of Peace Research, editada por el PRIO y con la creación en 1966 del Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI). Conviene no olvidar que, entre 1960 y 1966, menudean también las iniciativas en pro de la investigación para la paz vinculadas a los movimientos sociales, en concreto al movimiento por la paz y las campañas en contra de los ensayos y las armas nucleares en Estados Unidos, Japón y el Reino Unido. Bastará con citar el influyente congreso en 1962 de la Women s International League for Peace and Freedom, que creará un comité específico para fomentar la investigación para la paz, con Elise Boulding (esposa de Kenneth Boulding y posteriormente gran experta en educación para la paz) y Johan Galtung, embrión de la COROIPAS y de la IPRA. 7 Véase, a título de ejemplo, la primera edición del International Repertory of Institutions Specializing in Research on Peace and Disarmament, UNESCO, Previamente se realizó una encuesta, en Posteriormente volvió a editarse en 1973 y cincuenta años de evolución de la investigación para la paz B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y 3520 Tres cosas, además del clima y de los tres factores motrices que hemos destacado y analizado, destacan como primera conclusión del momento de surgimiento. Primero, el papel crucial de un pequeño núcleo de personas e individuos, o de pequeños grupos, habitualmente relacionados con el mundo académico y con fuertes vínculos entre sí, todos ellos partidarios de enfoques cientifistas, a menudo behavioristas, y conmfuerte compromiso ético; en suma defensores de la terapia científica para los problemas sociales e internacionales. Solo en un caso, la creación del SIPRI, el papel crucial fue más político, el ejecutivo y legislativo, en concreto con el primer ministro Erlander. Segundo, la importancia de la comunidad de conocimiento, iniciada en Stanford y seguida luego en Michigan, hasta poder hablar de una comunidad norteatlántica. El papel de Galtung, así como de otros de los pioneros escandinavos, se explica por su contacto, en su estancia estadounidense, con ese grupo inicial. Y tercero, conviene no olvidar el plus de compromiso ético derivado de las convicciones morales y/o religiosas, cuáqueras en mayor parte, de los estadounidenses, gandhianas en el caso de Galtung (a través de Naess) y también vinculadas con el utopismo político, en mayor parte de los europeos. Para acabar, por tanto, con el contexto de surgimiento de la investigación para la paz y mostrar de paso que la convergencia y doble nacimiento inicial cuasi coordinado en Estados Unidos y Europa, a través de la comunidad norteatlántica, pronto evolucionó hacia mayores diferencias y pluralidad, quizá convenga prestar atención a la evolución de los primeros años de ambas revistas, Journal of Conflict Resolution (JCR) y Journal of Peace Research (JPR). De esa forma se aprehende también el espectro de preocupaciones y la forma de encararlas. El JCR en sus primeros años 8 se ocupa de temas como la disuasión nuclear y su funcionamiento, de la percepción mutua de los decisores de ambas superpotencias, del papel de la opinión pública en la elaboración de la política exterior, del desarme y la limitación de armamentos (arms control), como primer bloque. Es decir, lo que será la agenda central, posteriormente considerada restringida y propia de la paz negativa, y desde una perspectiva propia de la teoría de juegos: evitar que se llegue a situaciones sociales e internacionales en las que todos los actores pierdan. Un segundo bloque de temas está vinculado a trabajos relativos a la teoría de los conflictos, en particular a su dinámica específica, inicialmente derivados de los trabajos sociológicos sobre la interacción social de Hoffman y Parsons y del análisis de las funciones sociales del conflicto, que se percibe, siguiendo a Coser, como algo inevitable y positivo. Posteriormente, los trabajos de Rapoport, en particular en teoría de juegos, y los de Karl Deutsch llamarán la atención sobre los procesos de integración y las comunidades de seguridad. Metodológicamente, el JCR se inclina claramente por tratamientos cuantitativos y behavioristas. Por su parte, el PRIO y el JPR muestran desde el principio un foco más amplio. Galtung, el primer editor, lo dice desde el principio: la revista se ocupa de investigación, pero también quiere ir más allá contraponiendo la peace research a la peace search, a la búsqueda audaz de la paz mediante la audaz aplicación de la ciencia con el objeto de generar visiones de nuevos mundos, cercanos a la paz general y completa, y también con la intención de sugerir políticas (Galtung 1964: 5). Una buena forma de confirmar la coherencia entre la afirmación editorial y la práctica es explicitar los cinco programas de investigación iniciales del PRIO que pueden seguirse en la revista: teoría general de los conflictos; asistencia y cooperación técnica a terceros países; historia de los duelos como mecanismo de resolución de conflictos; teoría y práctica de las cumbres internacionales y actitudes hacia la energía nuclear. 9 Los cinco programas parecen mostrar ya algunas de las características de la investigación para la paz de inspiración galtungiana: interés por la abstracción y la generalización de conocimiento (teoría general de los conflictos); capacidad de combinar temas y agendas (véase la temprana referencia a la ayuda oficial al desarrollo); interés por soluciones novedosas, aunque con referencias antiguas (el interés por los duelos, ya presente en la obra de Richardson); interés en analizar, empíricamente, la opinión pública y saber cómo puede evolucionar (actitudes hacia la energía atómica) y creencia en el papel combinado de la presión ciudadana y la comunicación, y no solo en el papel de los decisores políticos (papel de las cumbres internacionales). La idea de fondo era buscar la coherencia de una empresa que se consideraba internacional e interdisciplinar, un empeño centrado en la resolución real de problemas reales. Por decirlo de nuevo con las palabras seminales de Galtung y el JPR: Deberíamos evitar discusiones meramente programáticas y que nada aportan de nuevo ni a la teoría ni a la práctica; deberíamos evitar las discusiones meramente taxonómicas o conceptuales y que, por consiguiente, nada aportan en términos de hipótesis o de proposiciones. En suma, las discusiones relevantes son las relacionadas con las políticas de paz, o lo que es lo mismo, deberíamos intentar explicitar en nuestros trabajos aunque fuera solo en términos generales que tipo de políticas consideramos que deben favorecerse a consecuencia de nuestros hallazgos científicos (Galtung 1964: 5). Una y otra revista, con énfasis diferentes que no dejarán de ampliarse, muestran la que será una de las características básicas de la investigación para la paz, el interés constante por la investigación aplicada, por la búsqueda de resultados y su aplicación a la esfera social, en concreto a las relaciones internacionales. EL JCR, en su primera etapa, lo intentará buscando soluciones que permitan a las grandes potencias llegar a resultados y situaciones con óptimo de Pareto, es decir, situaciones que arrojan preferencia y elección de un resultado en que ninguno de los actores puede mejorar sus ganancias sin perjudicar a los otros. El JPR insistirá en la necesidad, por usar una metáfora de la resolución de conflictos práctica, de ampliar la gama de soluciones, de buscar creativamente alternativas, de ser audaz en términos de las visiones de un mundo futuro mejor. Ello explica que ya en 1970, después de la crisis creativa de la reunión de la IPRA de 1968 en la que los jóvenes investigadores exigieron que se ampliara la agenda 8 Además de la colección completa, resulta útil el monográfico de 1968, que pasa revista a los 11 primeros años, y el Autor Index, (volumes I through XII), que puede encontrarse en ese número en las páginas Para un excelente trabajo, metódico y de todos los grandes Journals de la investigación para la paz, véase el capítulo 4, The Journals: the Means of Peace Research, del libro de David J. Dunn, The First Fifty Years of Peace Research, Aldesshot, Ashgate, cincuenta años de evolución de la investigación para la paz B1. El contexto de surgimiento: introducir conciencia en la ciencia y 37 Mostrar más
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