Source: http://www.libertadidioma.com/2001/20010421.htm
Timestamp: 2020-05-25 07:37:53+00:00

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AGLI Recortes de Prensa Sábado 21 Abril 2001
#La última manifestación constitucional
PABLO SETIEN El Mundo 21 Abril 2001
#La marcha de la Plataforma Libertad reúne hoy a partidos y organizaciones
VITORIA EL CORREO 21 Abril 2001
#Garantías electorales
Editorial La Razón 21 Abril 2001
#La pasión vasca
FRANCISCO UMBRAL El Mundo 21 Abril 2001
#Otro milagro de la primavera
Juan Manuel DE PRADA ABC 21 Abril 2001
#PNV-EA, EL BURLADOR BURLADO
Editorial El Mundo 21 Abril 2001
#A un amigo socialista
JOSU JON IMAZ El Correo 21 Abril 2001
#"La sociedad vasca la construirán"
Nota del Editor 21 Abril 2001
#El pacto de la vergüenza
José Antonio VERA La Razón 21 Abril 2001
JOSÉ MARÍA CALLEJA El Correo 21 Abril 2001
#Jugando con la ley
Ignacio Villa Libertad Digital 21 Abril 2001
#A Arzalluz no le dejan pasar ni una
Miguel Ángel RODRÍGUEZ La Razón 21 Abril 2001
#Cabanillas califica de «aberración» el deseo de Atutxa de integrar a ETA
MADRID. L. A. ABC 21 Abril 2001
#PP y PSE contarán con observadores del resto de España el 13-M
El Mundo 21 Abril 2001
#A la estela de Cervantes
Editorial ABC 21 Abril 2001
#La sombra de la sospecha
Alberto Míguez Libertad Digital 21 Abril 2001
#Euskadi, un país complejo, abierto y muy heterogéneo
ENRIQUE SANTAREN El Mundo 21 Abril 2001
#California hace del español uno de sus idiomas «casi» oficiales
WASHINGTON. Pedro Rodríguez, corresponsal ABC 21 Abril 2001
La última manifestación constitucional
La manifestación que protagonizará hoy la ciudadanía vasca en Vitoria creo y deseo que sea la última oportunidad que tengamos los vascos para mostrar nuestra adhesión al sistema constitucional. Tras el 13-M, de salir todo como está previsto y de darse la alternancia política, no tendrá ningún sentido. Sólo en situaciones especiales, como la acaecida en el intento de golpe de Estado de febrero de 1981, el pueblo, la sociedad toda, sale en defensa de la Constitución. Tras las elecciones vascas, una vez superada la negra legislatura de Ibarretxe, no veo a mis conciudadanos en manifestaciones de adhesión al futuro gobierno constitucional. Las adhesiones incondicionales son juegos franquistas y nacionalistas que muchos repudiamos.
A buena parte de la sociedad vasca siempre le ha tocado ir pasando por la vida bajo regímenes totalitarios. Primero la dictadura de Franco y hoy la patria opresiva que los nacionalistas tratan de imponer en mi tierra. No sé cuál de esas dos tiranías es más disolvente para los cuerpos y para los espíritus.
A diario trato con personas que no han vivido por derecho bajo el manto de la libertad. Digo bien por derecho, pues de hecho la han conquistado día a día, cada minuto, siendo personas libres aun sin tener el pertinente visto bueno nacionalista. Es lo que Benedetti cantaba de que la gente viva feliz o libre, como es el caso, aunque no tenga permiso. Ahí están el viejo poeta antifascista Vidal de Nicolás, Agustín Ibarrola o el ex magistrado Antonio Giménez de Pericás; un club de conspiradores de la tercera edad, según la feliz definición de Santiago Carrillo. Y el periodista José Luis López de Lacalle, abatido a balas por sus enemigos políticos. Los nazis. Los fascistas.
La suma de los años de cárcel de los cuatro (José Luis era el campeón en currículum carcelario, según tengo entendido) seguro que supera la media de edad de la mitad de la población de españoles. Los españoles -en mi tierra el nombre de España está prohibido- que disfrutan de la libertad que no tiene la ciudadanía vasca. Un club de conspiradores, sí que es feliz la ocurrencia.
De siempre, a muchos nos ha tocado pasar por la vida conspirando. Perpetuamente conspirando. Primero, contra la dictadura del general y hoy, en favor de la Constitución española que es nuestro garante a la vida, el aval de nuestra libertad. Del sacrosanto nombre de la libertad que tanto nos ha costado a tantos. Somos guerrilleros constitucionalistas, del mismo modo que lo fueran El Empecinado y nuestros tatarabuelos que redactaron desde la Isla del León nuestra primera Constitución. La primera Constitución de y para los españoles.
Hoy, en el Senado del Reino de España, tal es su nombre oficial, tienen la bonita costumbre de hacer una edición especial de la Carta Magna troquelada en redondo y protegida en un estuche metálico, también circular, porque al parecer una dama gaditana de nombre desconocido fue la primera encargada de difundir la Constitución de 1812 escondida en su polvera. Por ello esta preciosa edición del texto constitucional es conocida en el Senado, y así se lo hacen saber a sus visitantes, como «la polvera». Guardo con particular cariño mi polvera por lo que tiene de simbólico. Como un judío que esconde sus textos sagrados a resguardo de la Inquisición o de la policía política en la Alemania nazi. De igual forma que la guardan Vidal de Nicolás, o el escritor Raúl Guerra Garrido, o con el mimo que le profesó José Luis López de Lacalle hasta que fue infamemente asesinado.
Soy un judío en mi propia tierra. Todos somos judíos en el País Vasco. Elementos a exterminar. Disolventes políticos. Disidentes. Criaturas bajo el ojo vigilante de la policía del pensamiento del régimen nacionalista, bajo la puntual observancia soberbia del patriarca, del tirano.
Pero esto se acaba. Ha llegado la primavera y el aire viene limpio. Barrunto la libertad. La huelo en la atmósfera. Hemos dejado de ser súbditos de la patria y esclavos de nuestro paisaje. Somos ciudadanos, gente libre. Aunque estemos estigmatizados por la estrella de David y aunque los tiranuelos de tres al cuatro nos las marquen a fuego. Para su vergüenza y nuestra honra la exhibiremos públicamente. Como resistentes. Que a nadie asombre que en la manifestación de hoy las gentes muestren símbolos ya olvidados en el imaginario colectivo. Somos un pueblo asaz aficionado a los símbolos y hoy asumimos como propio el que históricamente se asocia al exterminio: la estrella judía. El símbolo que fue la tumba de los genocidas, no de sus víctimas.
La manifestación de hoy en el País Vasco es nuestra última oportunidad para que los vascos tomemos las calles de nuestras ciudades para conquistarlas de nuevo. Le cabe hoy el honor a Vitoria, ciudad libre, territorio liberado de la tiranía. Culminaremos hoy este largo y tortuoso camino que ya se acaba y que eclosionará en las urnas el 13 de mayo. Llegamos a la cita con un retraso de más de 60 ó 25 años. Por ello, como supervivientes del exterminio, adornaremos nuestras solapas con las señales diferenciadoras que nos han impuesto los nazis y desengrasaremos nuestros gaznates con el viejo grito rebelde del franquismo tardío y la Transición: «Libertad», «Libertad», «Libertad». La consigna subversiva que traspasa el tiempo, las generaciones y las naciones. Que no se dice, se grita, en miles de idiomas.
Abatiremos con nuestras propias manos las verjas de fierro que cerraban este campo de concentración que ha sido hasta hoy la Euskal Herria ETA, Otegi y Arzalluz. Y nuestro aspecto, nuestro anagrama de sobrevivientes, asombrará a España toda. Estamos tocando con la punta de los dedos la libertad, ya digo. Más que nunca estamos vivos y venceremos. Naturalmente que venceremos.
Pablo Setién es periodista y secretario de Relaciones Institucionales del Foro Ermua.
La marcha de la Plataforma Libertad reúne hoy a partidos y organizaciones
Los partidos constitucionalistas y nueve organizaciones sociales, entre ellas el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en Euskadi, Covite, participarán hoy en la manifestación convocada por la Plataforma Libertad que, bajo el lema ‘Por la libertad y contra el exterminio», recorrerá las principales calles de Vitoria. No asistirá, por contra, el Gobierno vasco al entender que «no tiene sentido acudir a un acto convocado contra uno mismo».
La plataforma anunció que la marcha contará con el respaldo de PP, PSOE y UA, y de organizaciones cívicas como Covite, la Asociación de Derechos Humanos del País Vasco, Abuelas de la Plaza de Mayo y la Asociación de Familiares Desaparecidos. La línea fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo, que también había manifestado su apoyo, hizo público ayer un comunicado en el que se desvinculaba del acto.
«Hemos decidido retirar nuestra representación en vista de que los motivos de la marcha ofrecen dudas y de que el PNV y EA resultarían afectados por la presencia de nuestra institución en ese evento». La plataforma recordó que la marcha tiene como objetivo «pedir en voz alta a los ciudadanos que superen el miedo y acudan masivamente a las urnas».
Son juristas de reconocido prestigio quienes integran la Junta Electoral Central y dictaminan en los conflictos surgidos ante una convocatoria electoral, como es ahora el caso del 13-M en el País Vasco.
Resulta por ello clarificador que hayan considerado perfectamente legal que cualquier español, sin ser compromisario o interventor, pueda asistir al recuento de papeletas en los colegios electorales del País Vasco, aunque no esté censado en la Comunidad. Y que tampoco esta residencia sea condición indispensable para aportar apoyo económico a los partidos, como pretendía la ley electoral vasca.
Cualquier medida que colabore en la transparencia de unas elecciones debe ser bienvenida. Y especialmente cuando el miedo arroja una razonable sombra de duda sobre el proceso electoral. Cuantas más garantías se acumulen, mayor será el grado de libertad de los ciudadanos en el País Vasco.
Ciudadanos que comparten con los del resto de las comunidades autónomas su condición de españoles, como ha venido a dejar claro la Junta Electoral, al otorgar un considerable varapalo a la arbitraria ley electoral montada por los nacionalistas para el País Vasco. Sólo hay que lamentar que la Junta Electoral no haya podido abordar la injusta obligación de que los interventores deban necesariamente de pertenecer a la provincia en la que se produce la elección, lo que evidentemente perjudica a los partidos no nacionalistas, que tienen dificultades para encontrarlos por las amenazas que sufren.
Queda todavía por resolver otra duda, que afecta a la coalición del PNV y EA, a quien la Junta Electoral vasca negó en primera instancia el acceso a los espacios electorales gratuitos en medios de comunicación públicos, al haberse presentado los nacionalistas en Guipúzcoa bajo un nombre diferente al que emplea para Álava y Vizcaya. Los juristas vascos han dejado en manos de la Junta Electoral Central la decisión final sobre este asunto. Habría que pedir ahí la máxima comprensión de los jueces, para que los nacionalistas no esgrimieran su habitual victimismo, pero no se les puede exigir que cierren los ojos ante la ley. El PNV debió primero estudiar la norma que él mismo promovió, y que tanto le beneficia en otros aspectos. Pero a su torpeza no puede añadirse la de los demás.
La pasión vasca
Dice Voltaire que Don Quijote, más que un loco es un hombre que «se inventa pasiones para ejercitarse», y él mismo hace igual cosa. Efectivamente, los países y los hombres llega un momento en que deben pegar el cambio, dar el salto cualitativo y cambiar de pasiones, de ilusiones, de intenciones. Si aplicamos esto a España, ocurre que efectivamente es un país que se ha movido históricamente por pasiones más que por intereses (Inglaterra) o por ideas: Francia. La pasión sustituye muchas veces, en nuestro devenir ilustre o anónimo, a cualquier otra fuerza del tiempo y de los hombres.
La pasión de la Reconquista, la pasión de América, la pasión del Imperio, la pasión barroca y, venidos a lo de ahora, nuestra Guerra Civil del 36, que no fue sino el encuentro de las dos grandes pasiones nacionales, por encima o por debajo de intereses o juegos banderizos. Lo que caracteriza y resume nuestra historia es la eclosión de las pasiones puras o impuras, de la pura pasión. Resulta psicologista y anacrónico definir esto como temperamental e intrínseco. Más bien se trata de un compuesto de creencias con pocas ideas y de un entendimiento de la dialéctica como la aniquilación del interlocutor.
Actualmente y desde hace años estamos viviendo los rigores de la pasión vasca. No puede decirse que los vascos tengan ni más ni menos razón que los valencianos o los catalanes. En lo que se equivocan algunos es en los procedimientos. Los gobiernos de Madrid no han podido nunca entender a fondo este caso porque no se trata de una querella ni de una injusticia sino de una pasión. La pasión vasca.
El problema hay que entenderlo como pasión pero resolverlo con la razón. De poco sirve la pasión españolista de algunos ni la violencia redentorista de los otros. A las pasiones hay que darles salida para que se agoten a sí mismas y poca cosa es enfrentarles otra pasión. Cuanto más pasionales se pongan los extremistas vascos más sereno tiene que ser el gobierno y el pueblo. Afortunadamente, el señor Mayor Oreja es un hombre enérgico pero desapasionado. Lo que esperamos de él es que su energía no se encienda como pasión nacional. La llama de la pasión tiene que repartir su fuego moderadamente en los corazones de la gente, llegando a ese punto en que la ardentía todavía da luz pero ya no da sangre. La pasión vasca es la pasión de la libertad, tan común a los hombres y tan noble, pero si esa pasión se hace beligerante y excluyente, entonces ha perdido toda su quemante pureza para transformarse en una avenida de irracionalismo sin porvenir ni salida alguna.
Don Quijote se inventó la pasión de la Justicia. España se inventó la pasión de lo español. Cervantes se inventa la pasión de escribir cuando ya es tarde para triunfar, o lo parece. Somos un pueblo vivo y periódicamente renovado porque todavía nos inventamos pasiones para ejercitarnos, pero la pasión vasca, en su expresión violenta, es negativa y no hace camino al andar sino que deja cadáveres por ese camino. Queremos entender todos los días la pasión vasca, parecida a la de otros pequeños pueblos del centro de Europa. Y el entendimiento está ahí, flotando sobre nosotros. Si no nos llega su beneficio es porque alguien lo impide con su pistola, con su crucifijo, con su obstinación, con su desmandada e ingobernable pasión.
Por Juan Manuel DE PRADA ABC 21 Abril 2001
Juan María Atutxa nos ha recordado que el quince por ciento de la sociedad vasca apoya los crímenes terroristas.
No le falta razón cuando advierte que esa multitud (porque quiero pensar que sus palabras se referían a quienes consienten el terror, no a quienes directamente lo ofician) no puede ser aniquilada, sino recuperada. Y es que, en efecto, cualquier sociedad mínimamente sana es un organismo vivo que no debe renunciar a seguir transmitiendo su savia, ni siquiera a sus ramas más enfermas o podridas. Arrancar esas ramas no conjura el riesgo de la metástasis; de modo que la propia sociedad debe idear terapias que mantengan en vilo la esperanza. La convalecencia será dura, pero en cualquier caso menos traumática que la mera amputación. La experiencia nos demuestra que, cuando una sociedad prefiere desentenderse del chancro que la corrompe, las purulencias de ese chancro acaban diezmando sus posibilidades de regeneración. Así, cuando una sociedad se ensimisma en su opulencia, permitiendo que la pobreza quede confinada en un gueto y renunciando al reparto equitativo, es como si estuviese conspirando contra sí misma, porque el descontento de los menos favorecidos acaba fermentando e infectando con sus miasmas ese simulacro de bienestar, egoísta y comodón, en el que se han instalado quienes aspiran a mantener sus privilegios.
Hasta aquí, las palabras de Atutxa merecen nuestra aquiescencia. Una enfermedad social no se soluciona en el quirófano, sino en la sala de rehabilitación. Pero faltaría por determinar cuáles son los métodos que han de emplearse para que esa ansiada recuperación del órgano enfermo se logre. No creo que la complacencia y el halago sean las medicinas más eficaces, sobre todo cuando (como ocurre en el seno de la sociedad vasca) la enfermedad que se trata de sanar atañe directamente a las más elementales reglas de la convivencia, que son el respeto a la vida y a la dignidad del hombre. Si ahora, por ejemplo, se demostrara que un quince por ciento de los españoles son partidarios de la imposición de la pena de muerte, ¿cómo deberían reaccionar el resto de la sociedad y los partidos políticos que la representan? ¿Adulando ese apetito vengativo que subyace en el fondo del alma humana, ofreciéndole coartadas y coqueteos más o menos amables o, por el contrario, mostrándole una oposición inquebrantable? Una sociedad que no haya dimitido de su formidable impulso regenerador no puede adoptar la estrategia de una claudicación más o menos remisa ante las exigencias de sus órganos enfermos. Si de verdad desea recuperarlos, y no sólo embaucarlos con guiños cómplices, deberá mostrarles que es posible construir un mundo más habitable sin necesidad de apelar a sórdidas entelequias, sin necesidad de prestar su connivencia al horror.
PNV-EA, EL BURLADOR BURLADO
Numerosos dirigentes nacionalistas criticaron ayer con extremada dureza la decisión de la Junta Electoral del País Vasco de no conceder el acceso a los espacios gratuitos de la radio y la televisión públicas a la coalición PNV-EA. Gorka Knorr, secretario de EA, habló de «gran escándalo político» y aseguró que las leyes deben ser interpretadas de acuerdo a la realidad social.
Pero una cosa es aplicar la norma con flexibilidad y otra hacer caso omiso de preceptos vigentes y expresos. La Junta Electoral del País Vasco se limitó a cumplir con lo que establece el artículo 83 de la Ley Electoral vasca, aprobada por el Parlamento de Vitoria con los votos nacionalistas, que indica que sólo los partidos que se presenten a las tres circunscripciones vascas bajo una única denominación tendrán acceso a los espacios gratuitos de los medios públicos con ámbito en toda la comunidad.
No es el caso de la coalición PNV-EA, que se presenta con sus siglas en Vizcaya y Alava, pero que añade la expresión «Eusko Abertzaleak» (Patriotas Vascos) en Guipúzcoa con la finalidad de que EA pueda disponer de grupo parlamentario propio tras las elecciones. No podría tenerlo si concurre con las mismas siglas en las tres provincias, ya que el Reglamento de la Cámara vasca lo impide expresamente.
PNV-EA optaron por tener grupos distintos a sabiendas de que, como reconoció ayer implícitamente Emilio Olabarria, candidato nacionalista por Alava, había un riesgo de que la Junta Electoral pudiera adoptar la resolución que tomó. Entre otras cosas, porque el PP había hecho una consulta previa similar en relación a su coalición con UA. También le hubiera gustado que su socio tuviera grupo propio, pero la respuesta de la Junta fue negativa.
Si PNV y EA actuaron así es porque ambos partidos -con líderes, culturas y organizaciones distintas- tenían muy claro que su prioridad es seguir actuando con personalidad propia en el Parlamento de Vitoria y ante la opinión pública vasca.
La coalición entre ambas formaciones no es fruto de una voluntad de integración política sino del temor a que el PP fuera la lista más votada. Se han unido porque confían en que así van a tener garantizada esa ventaja psicológica y estratégica para formar gobierno.
La actitud que han adoptado PNV y EA ante el fallo de la Junta Electoral del País Vasco no sólo es victimista. Es también, en cierto modo, una pamema porque ambos partidos saben que el acceso a los espacios gratuitos de la radio y la televisión pública tiene hoy -a diferencia del pasado- una importancia bastante pequeña.
Si nos atenemos a la letra de la ley, la resolución de la Junta Electoral es impecable. Si nos atenemos al espíritu, PNV y EA pueden tener una cierta razón en el fondo del asunto. Lo lógico es que la hasta ahora primera fuerza política vasca no fuera discriminada. Aceptando esta premisa, no se les debería permitir dividir sus fuerzas en la nueva Cámara. Pero lo que no puede ser es que ambos partidos quieran tener a la vez grupo parlamentario propio y acceso a los espacios gratuitos. O una u otra cosa.
De momento, PNV y EA, que pretendían burlar la ley, son los que han quedado burlados.
A un amigo socialista
Estimado Ramón: He leído con pesar tu escrito dirigido «a un amigo nacionalista» (12/4). No hemos tenido la suficiente relación como para que me pueda sentir personalmente aludido en el término amigo que utilizas, pero confío me permitirás que, llevado por el afecto y la consideración que siempre he tenido y tengo hacia tu persona y como nacionalista vasco que soy, me sienta aludido genéricamente en tus reflexiones. Por ello, desde el mayor de los respetos, entiendo que también es bueno que me dirija yo a Ramón Jáuregui en particular y al amigo socialista en general.
Ramón, lo primero que transmite tu escrito es la sensación de desasosiego. Según tú, todo está perdido y el país se dirige irremediablemente hacia un escenario de ruptura de consensos básicos. Estamos abocados a convivir en dos comunidades entre las cuales la afectividad, el encuentro y el proyecto común parecen diluirse. La sociedad vasca la construirán los estatalistas, constitucionalistas o no nacionalistas vascos (la terminología es aquí lo de menos) frente a los nacionalistas vascos. O, de lo contrario, la construiremos los nacionalistas vascos frente al resto. La sociedad vasca sería en todo caso una emulsión no miscible de dos sociedades. Estoy convencido de que semejante análisis es totalmente desacertado pero es que, aunque fuese correcto, no podríamos tirar la toalla sin más. Querámoslo o no, no nos cabe resignarnos a legar a nuestros hijos una sociedad dividida. Sería una irresponsabilidad. Estamos todos obligados a seguir empeñándonos en lograr una sociedad más solidaria y vertebrada. Todos los esfuerzos de unos y otros, sin descanso ni demora, van a ser necesarios. Sin desasosiego. Con tenacidad e ilusión.
En tu opinión, Ramón, la culpa de todo cuanto ocurre es unilateral: el nacionalismo democrático de PNV y EA ha roto los consensos básicos. Los nacionalistas vascos hemos arrinconado al Partido Socialista en un pretendido proceso de paz convertido en aventura de construcción nacional. Dicho de forma brusca, os hemos dejado solos mientras os matan. Hemos roto la confianza. Ya nada es posible. Con todo respeto, me parece una simplificación sin matices. Es claro que hace tres años se produjo un desencuentro que nos hizo llegar a un momento de oportunidad para la paz con las amarras sueltas. Sin análisis compartidos ni complicidades previas. Una oportunidad para la paz fallida, por supuesto. Pero llena de honestidad por parte de quienes quisimos aprovecharla para incorporar institucionalmente al entorno político de la violencia. En aquel momento, la asunción del riesgo no sólo fue bien entendida, en términos políticos, por la mayoría de la sociedad vasca, sino que incluso se planteó como una exigencia públicamente requerida por sus agentes económicos y sociales más representativos. Es evidentemente triste que no se lograran los objetivos esperados pero no por ello cabe culpar del recrudecimiento posterior de la violencia a quienes nos empeñamos en sacar adelante aquella oportunidad de paz. Un esfuerzo fallido, eso sí, pero no es menos cierto que también a este esfuerzo precedieron otros, alguno que otro de la mano del propio Partido Socialista, que también habían resultado igualmente fallidos. Y tú te sientes engañado, y esa sensación previa de traición te lleva a realizar un análisis quizás entendible en términos emocionales, pero no en términos políticos. Ramón, lo tuyo es un sentimiento, comprensible pero sentimiento. Y un sentimiento no puedo contrarrestártelo con argumentaciones.
Un amigo nacionalista podría responderte igualmente, condicionado por sentimientos similares. Sintiéndose desazonado por la dificultad de alcanzar consensos con el Partido Socialista o decepcionado por la imposibilidad de mantener los ya alcanzados. Te hablaría de los grandes errores del período constituyente, cuando las miserias partidistas internas (la conveniencia de excluir al PSP de Tierno Galván) dejaron al nacionalismo vasco fuera de la Ponencia Constitucional, o cuando la arbitrariedad y la cortedad de miras impidieron un acuerdo que incorporara al nacionalismo vasco al consenso constitucional.
Un amigo nacionalista te hablaría del Estatuto, de cómo a lo largo de catorce años de gobierno colaborasteis en su incumplimiento, convirtiendo en moneda de cambio de mercader fenicio el cumplimiento de una ley plebiscitada y aprobada por la mayoría de la ciudadanía. Ese mismo amigo te echaría en cara la constante merma de las capacidades del Estatuto de Gernika debido a la generalización de leyes básicas, fruto de la LOAPA, consecuencia jurídica del golpe del 23-F. Y sin duda te podría decir que nada es posible con los que, en un incesante chalaneo, han quebrado la confianza que los nacionalistas teníamos en los poderes del Estado, diluyendo de esta forma las posibilidades de un acuerdo para el anclaje de Euskadi en un Estado plurinacional.
Un amigo nacionalista te podría decir que olvidasteis que Ajuria Enea era, además de un acuerdo de pacificación, una apuesta de normalización, y que los apartados que hacen referencia al conflicto político y al desarrollo estatutario fueron exquisitamente ninguneados por tu propio partido, entre otros. El amigo nacionalista te podría añadir, incluso, que Ajuria Enea también se fragmentó por el lado de la pacificación cuando, a partir del año 94, el Partido Popular, con el solo objetivo de desgastar al Gobierno de González, rompió de forma brutal ese consenso básico en torno a la pacificación, negándose a la reinserción y al final dialogado, artículos 9 y 10 de Ajuria Enea. Recordarás, también, que el texto del Plan Ardanza de marzo de 1998 era el último cabo para intentar reconducir un consenso que hacía aguas, y el mismo amigo nacionalista te diría al respecto que el PSE lo rompió al no estar dispuesto a descolgarse del PP por motivos electoralistas en el conjunto del Estado español. Y, finalmente, en los límites del mal tono, en un arrebato de ya está bien, el propio amigo nacionalista haría referencia al golpe a la confianza en el Estado de Derecho y en la lucha antiterrorista compartida que supuso el conocimiento de la implicación de las instancias gubernamentales en el GAL, y la reacción impresentable de un Partido Socialista que acompañaba a los delincuentes a la puerta de la cárcel. Acciones todas ellas que, me consta, hicieron gran mella en tu propia intimidad; actitud ésta que, al margen de las ineludibles valoraciones políticas, te honra personalmente.
Pero todo ello no serviría tampoco para nada, Ramón. Te pasaría lo mismo que a mí. Se te haría doloroso pensar que toda esa culpa pudiera estar sólo en uno de los lados del tejado. Creo que se te haría difícil argumentarme con palabras, ya que pensarías que todo ello es fruto de una profunda desconfianza, de un desencuentro. Pues sí, Ramón. En ese estado de desencuentro llegamos unos y otros, nacionalistas vascos y no nacionalistas vascos, a un momento clave para nuestra sociedad. Y alguien, ETA, está tratando de convertir ese desencuentro en fractura. En abismo. Por el que todos podemos caer. A unos os matan, Ramón, para abrir esa fractura. Porque saben que ello acrecienta el precipicio. A los otros, a los que damos la impresión de vivir tranquilamente a este lado de la barrera, parece que sólo nos queda esperar que nos peguen un tiro que pueda redimirnos, en dramática sugerencia de Saizarbitoria.
Recoge la toalla, Ramón. Este pueblo te necesita en el cuadrilátero. Los que no pensamos como tú te necesitamos en el cuadrilátero. Porque este país lo tenemos que construir los que estamos en el desencuentro. Si no, no habrá país. Habrá abismo. Y todos estaremos en el agujero.
"La sociedad vasca la construirán"
Me imagino que veremos los próximos días la contrarréplica a este difuso material nacionalista, pero no puedo dejar de criticar su primera afirmación o suposición "La sociedad vasca la construirán" pues implica que para los nacionalistas ahora no existe, y ya nos han dicho que elementos van a utilizar y de que elementos se están deshaciendo para construirla, con la debida separación de funciones para no mancharse todos de sangre.
Definitivo. El libro de Pepe Díaz-Herrera e Isabel Durán es definitivo. Después de éste y de «El árbol y las nueces» de Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga, a ver quién es el guapo que se atreve a pactar con el jesuita el catorce-eme.
Es preocupante, y mucho, el ambiente de componenda que han empezado a crear algunos dirigentes del socialismo en relación con el día-después de las elecciones vascas. Lo han dicho ya González, Guerra, Zapatero, Benegas y Ramón Jáuregui. Te lo cuentan en comidas y desayunos y lo dicen en público abiertamente, sin cortarse un pelo, descaradamente, como si hubieran hecho un descubrimiento, con convicción y con orgullo, sin avergonzarse de la proclama. Quieren pactar con el peneuve a toda costa y ya no hablan del acuerdo pepé-psóe, sino de un tripartito, de un sanbenito con los mismos que llevan veinte años haciendo lo mismo en el País Vasco. O sea. Nada. O mejor: con los que han hecho de aquello un desastre, una ruina económica y empresarial, una región devastada por el terror y por el horror y por la kale borroka y por el miedo. Con los que han conseguido tener a todo un pueblo angustiado, sin atreverse a escribir ni a salir ni a decir, sin atreverse a criticar el fanatismo aranista, ese lúcido movimiento que proclama el odio a los españoles y la superioridad de la raza vasca.
Y es que no escarmientan. Algunos del psóe no escarmientan. Ganaron en el ochenta-y-cuatro y le dieron la Lendakaritza a Ardanza. Y ahora que se puede volver a ganar ¬se ve, se palpa, se siente¬ empiezan a decir sin sonrojo que nada es posible sin el peneuve y sin Ibarreche y sin Arzallus, sin los que están por la independencia y aún hoy, después de veintinueve muertos y setenta atentados, siguen sin abandonar Lizarra y sin pedir perdón por haber traicionado a la democracia.
Pues lo tendrán que explicar. Lo deberá explicar Redondo, que no quiere ni oír hablar del peneuve. Y luego Javier Rojo, cada día más beligerante con el peneuve. Y después Rosa Díez, comprometida como nadie con las libertades y ardorosa combatiente de la dictadura del peneuve.
Y lo tendrán que explicar a los miles de ciudadanos que no entienden, que no entendemos, por qué algunos socialistas se empeñan en ir de la mano de Arzallus después de saber lo que hemos sabido sobre el personaje. Remenber. Se entrevistó con el batasuno Elkoro y le dijo entusiasmado: «No es bueno que Eta sea derrotada». Lo publicó Zuloaga hace cuatro años. El documento ponía los pelos de punta, pues es ahí donde soltaba la teoría de que es normal que «unos sacudan el árbol para que caigan las nueces y que otros las recojamos para repartirlas».
Isabel San Sebastián y Carmen Gurruchaga nos revelaron también como el kaudillo de Azcoitia traicionó a los demócratas al pactar en secreto con Eta el cambio del trazado de la autovía de Leizarán y cómo dió instrucciones precisas para que la Ertzaintza no combatiera a Eta, ni hiciera frente a la kale borroka, ni detuviera comandos, ni facilitara información antiterrorista alguna ni a la Guardia Civil ni a la Policía Nacional ni al Gobierno central.
El libro de Herrera y Durán es concluyente. Lo dice su pasado, su familia franquista, su pensamiento convulso, sus tribulaciones sacerdotales, su expulsión de la Compañía y su famoso apodo, «el nazi», que es como le llamaban en Alemania antes de que quisiera hacerse socialdemócrata y antes de que intentara ingresar en Eta, donde le rechazaron por facha.
Arzallus es lo que presumíamos. Un racista peligroso empeñado en hacer del País Vasco una nación independiente aunque para ello tenga que aliarse con Eta. Algo que ha hecho con frecuencia. En Leizarán, en Lizarra, tras las últimas autonómicas... Hablaban con la banda desde Ajuria Enea y le daban tratamiento de gudaris a sus cabecillas. Pero de todos sus pactos con la organización, el más abominable es el que permitió la inmunidad de los militantes y empresarios del peneuve a cambio de hacer campaña en favor de la no extradición a España de ciertos terroristas. Lo revela el libro con un documento que indigna. Y qué decir de su veneración por Txillardegui y por Txomín, y lo bien que se encontraba con Azkoiti y con Elkoro y con otros del entorno y de la propia banda.
Curioso es que cada vez que Arzallus empieza una campaña, los otros les secundan con bombas y atentados. Por ejemplo. La emprendió contra los jueces al instar a que «se vayan del País Vasco los que no saben euskera». Y de inmediato vino el hostigamiento violento a magistrados y fiscales. Igual que ocurrió después con la Prensa y los empresarios y antes con los concejales y policías.
Pero nada de esto parece importar demasiado a algunos dirigentes del psóe. Ningún demócrata que se precie debiera estrechar la mano a quien ha traicionado a la democracia con sus continuos pactos con los que tanto daño han hecho a la democracia. Arzallus y su equipo sólo merecen el aislamiento y el repudio, que pierdan las elecciones y que pasen a la oposición para purgar sus culpas y pecados.
Porque volver a sentarse con el jesuita en una mesa es algo que debiera sonrojar a los que hoy lo plantean. Dirigirle de nuevo la palabra sería una provocación. Formar con él un gobierno, una afrenta, una humillación, una vergüenza impropia de los que se dicen compañeros de los que han muerto asesinados por los amigotes de quien les ha legitimado con su discurso filoetarra.
Todo parece tan claro y evidente, que no alcanzamos a entender cómo algunos se empeñan aún en hacer y decir lo contrario.
El patinazo protagonizado por los dos partidos que hasta ahora han ocupado el Gobierno vasco -al no tener en cuenta su propia ley y presentarse con denominaciones distintas, una en Álava y Vizcaya, y otra en Guipuzcoa-, refleja hasta qué punto el nacionalismo está tan agotado como henchido de prepotencia; tan flaco de discurso como acostumbrado a hacer mangas y capirotes; tan noqueado políticamente como habituado a que todo el mundo le trate con un plus de consideración que, desde que pactó con ETA, no merece. Esta metedura de pata, unida al paupérrimo discurso emitido en el último Aberri Eguna y aderazada con el recuerdo de que el partido de Ibarretxe y EA pactaron con ETA, confirman hasta qué punto lo que es evidente en la calle, el agotamiento terminal, el cierre de una etapa de hegemonía nacionalista, empieza a notarse también en la realidad parlamentaria y política.
El tropezón de PNV y EA queda aún más de manifiesto si tenemos en cuenta que la denostada, por los nacionalistas, UA demostró en su día mucho más respeto por el marco estatutario al presentarse en los tres territorios con el mismo nombre, aunque su vocación era sólo alavesa, para lograr así los espacios de publicidad gratuitos que quedan ahora eventualmente vedados para los que han cambiado de nombre según el territorio, en un ejercicio que demuestra la fragilidad del pacto PNV-EA. Esta triquiñuela, que en su día vendió un genial estratega como la adecuada para luego poder formar dos grupos en el Parlamento vasco -uno del PNV y otro, separado, de EA-, recuerda en su desbordante lucidez a la que precedió a la anterior derrota del PNV: la convocatoria de elecciones en 1986, con la escisión de este partido recién calentita, para ‘coger a contrapié’ a los de Garaikoetxea, que acababan de salir del partido madre, y que trajo el descalabro del PNV. Pero con ser significativo este inmenso error, resulta más expresivo aún, como indicador de la baja temperatura política de los partidos nacionalistas, el análisis de sus simplistas y derrotistas mensajes electorales emitidos hasta aquí. No hay ni una idea nueva, todo es crispación trillada y catastrofismo de púlpito antiguo, referencias a dictaduras pasadas -contra la que muchos de los que se rasgan las vestiduras no lucharon ni por omisión- sin percibir que la dictadura que tiene más interés denunciar hoy es la que todavía padecemos y que tantas vidas de ciudadanos que defienden la Constitución española, el Estatuto de Gernika, la autonomía se ha llevado y se lleva por delante. En plena revolera autodestructiva, Ibarretxe se permite afear la conducta de ciertos periodistas en términos que traducen, a horcajadas, su nulo nivel político y una mentalidad más propia de curilla censor que de persona capacitada para dirigir un país.
Se dice que un partido se empieza a ganar cuando el equipo contrario asume que lo tiene perdido; esa primera condición ya se ha dado: los que gobiernan de forma prepotente desde hace veinte años en el País Vasco, rezuman una intensa sensación de derrota. Hace falta ahora que los que forman parte del equipo que tiene las de ganar sientan que pueden realmente ganar, que si compran la entrada, si van a votar, se puede ganar y que no les tiemblen las piernas, por su propio miedo, por falta de costumbre al triunfo, a la hora de tirar a puerta. Si todos los votantes del PP y todos los votantes socialistas que van a las urnas en las elecciones generales, acuden a votar el próximo 13 de mayo, la victoria del PP y el PSE-EE es segura, sólo hace falta que se lo crean y que se quiten las telarañas de miedos propios y ajenos.
Por Ignacio Villa Libertad Digital 21 Abril 2001
No es nada nuevo. No nos puede sorprender, pero desde luego no deberíamos acostumbrarnos. Es la estrategia habitual, la táctica preferida, la actitud preferente del Partido Nacionalista Vasco y de Eusko Alkartasuna. Es vivir bordeando la ley de forma consciente y pública. Es preferir la marginalidad política, fuera de cualquier circuito europeo de equilibrio e integración.
La actitud del PNV y de EA en la polémica surgida respecto a la Ley Electoral y a los espacios gratuitos es un ejemplo que confirma lo expuesto. Es más, no nos referimos a un camino escogido por los nacionalista para exprimir al máximo los recovecos legales, dentro de una dinámica democrática. Hablamos de una forma de actuar que conlleva la mofa e ironía sobre la ley. Es el intento permanente de burlarse públicamente de las normas legales.
Desde las filas nacionalistas reconocen que no ha habido ningún despiste, que se ha querido correr un riesgo intencionado para forzar la Ley Electoral. ¿A que jugamos? ¿Estamos apostando en serio por un sistema democrático solvente y equilibrado? ¿No hay nadie entre los nacionalistas que se rebele contra una actitud de sus dirigentes provocativa contra las Instituciones y normas democráticas? ¿Hasta dónde quieren llegar?
Sinceramente, simplemente el imaginarse un ente soberano dirigido y gobernado por esta gente, da miedo, mucho miedo.
No entienden de respeto, ni de nada parecido. Las leyes se amoldan a las necesidades de cada momento, y se juega con ellas como si fueran algo secundario. ¿Alguien puede pensar que con ese planteamiento serían admitidos en la Europa del futuro? Parece que estamos asistiendo a una historia de otro planeta, de otra época; pero por desgracia es una realidad. Eso sí, nos queda la esperanza de que este juego perverso podría acabar el 13 de mayo.
A Arzalluz no le dejan pasar ni una
Si Jorge Valdano hubiera visto la portada de ayer del «As», diría que esa foto en la que alguien recoge la carita de Joan Gaspart tras la derrota del Barcelona era la «Pietat» mejorada y ampliada. Cosas del fútbol. El problema es cuando a Arzalluz le hagan una foto en los próximos días y tenga la cara del Saturno devorando a sus hijos, pero sin Saturno y sin hijos: o sea, cabreado.
Él cree que es el Rey de Euzkadi. Quiérese decir que él cree que el único que manda en el País Vasco es él y sus caprichos: que dice la Ley que cualquier español puede hacer donaciones a los partidos vascos, él va y dice que no, que sólo los del RH negativo. Pero falla. Que dice la Ley que para tener anuncios en la televisión hay que presentarse en las tres provincias, él va y dice que no, que se presenta como le da la gana y que hay que soportar sus anuncios.
Mal lo lleva Arzalluz. Sabrá de misas, pero de leyes poco, poco. Lo más gracioso es que Caldera, el portavoz del PSOE, pide que se cambien las reglas del juego porque a uno de los que juegan no le apetece jugar como los demás. Es decir: que jugando cuatro al mus, uno canta que tiene juego y ni siquiera lleva cartas, y va Caldera y pide al resto que le dejen cantar lo que quiera, y que si está así la cosa, que envide más si le da la gana.
Con lo cual se colige que Caldera no sabe jugar al mus y que Arzalluz es un tocapelotas: un niño consentido que vive en la política española gracias a que los demás han mirado para otro lado durante muchos años, le han permitido hacer lo que le ha dado la gana y nunca le han pedido cuentas. Si hiciera política en Madrid no sería político: sería muñigote de canal plus.
Cabanillas califica de «aberración» el deseo de Atutxa de integrar a ETA
El portavoz del Gobierno, Pío Cabanillas, calificó ayer de «aberración» las palabras del ex presidente del Parlamento vasco, Juan María Atutxa, en el sentido de que hay que «integrar» a ETA y no derrotarla. Cabanillas advirtió también de que ni la Junta Electoral del País vasco ni la ley son responsales de una «negligencia» de PNV y EA que les impide tener espacios gratuitos.
El ministro portavoz señaló en la rueda de prensa posterior a la reunión del Consejo de Ministros que las manifestaciones de Atutxa, candidato número uno del PNV por Vizcaya en las elecciones vascas, son un contrasentido porque abogan por «integrar» a una organización terrorista que personifica la idea de «exclusión». Pío Cabanillas consideró una «auténtica aberración» pretender la integracón de una banda como ETA que «actúa al margen del sistema democrático y por encima del derecho a la vida».
Por otra parte, en relación con el recurso de PNV y EA al serles denegada por la Junta Electoral del País Vasco los espacios gratuitos en los medios públicos de comunicación, elportavoz gubernamental enfatizó que «ni la Junta ni la ley son responsables de una negligencia» de esas formaciones políticas. Cabanillas apuntó además, la posibilidad de que lo que hubieran intentado PNV y EA es sacar «una ventaja injustificable» a través de unos grupos parlamentarios separados.
En cuanto a las manifestaciones de representantes del PSOE sobre un gobierno de integración en el País asco después del 13 de mayo, el ministro señaló que la nitidez en los principios del acuerdo antiterrorista firmado por PP y PSOE es absoluta. «Pero también lo es -precisó- la legitimacón que tiene cualquiera de ellos para presentar sus proyectos de gobierno de la manera que consideren conveniente». «Lo que pueda ocurrir después -dijo- es algo que será objeto de conversaciones a partir del resultado electoral».
«OPORTUNISTAS Y ELECTORALISTAS»
Más duro se mostró a la hora de calificar de «oportunistas» y «electoralistas» las acusaciones de «chantaje» que se han dirigido contra el presidente del Gobierno, José María Aznar, al vincular, en la última sesión de control del Parlamento, la renovación del Concierto Económico vasco con el resultado de las elecciones en esta Comunidad.
Cabanillas dijo que leer en términos de chantaje algo tan fundamental como son el sistema constitucional y estatutario «significa mala fe, falta de ideas, querer ocultar que son precisamente aquellos que realizan estas críticas los que no han querido asistir a las reuniones y al buen hacer de ese Concierto en beneficio de todos los vascos, y es una muestra más -reiteró- de oportunismo y electoralismo».
«Cuanto menos ideas se tiene, menos postura se presenta y más se tiene que ocultar, más se eleva el tono de las palabras o de los términos que se utilizan y han sido verdaderamente impresentables los términos que se han utilizado» dijo el ministro portavoz.
Por último, dijo que es de «poco recibo» y «superficial» el anuncio del secretario general del PSOE de recuperar la selectividad si llega al Gobierno.
PP y PSE contarán con observadores del resto de España el 13-M
La Junta Electoral, en contra de la ley vasca, admite donaciones de todos los españoles
VITORIA/MADRID.- La Junta Electoral Central (JEC) acordó ayer posibilitar que cualquier persona, sea o no elector, pueda estar presente como observador en el escrutinio de las mesas electorales durante la próxima campaña electoral en el País Vasco.
Esta decisión de la JEC, que sólo apunta como limitación a este derecho que lo «permita la cabida del local de ubicación de la mesa electoral», supone todo un balón de oxígeno para PP y PSE, dadas las dificultades de ambos partidos para encontrar en el País Vasco interventores u observadores que participen en el proceso electoral.
Evidentemente, los observadores que permite la JEC en cada mesa electoral no tendrán ni voz ni voto, ni mucho menos el poder que tienen legalmente los interventores de los partidos en estos actos electorales, pero a socialistas y populares esta decisión les puede garantizar un mínimo control de todas y cada una de las mesas electorales del País Vasco.
De hecho, ambos partidos llevarán en la jornada electoral a militantes y simpatizantes del resto de España para cumplir esta labor. Tanto PSE como PP preparaban esta posibilidad pero tenían dudas jurídicas sobre si la JEC iba a permitir esta figura.
La respuesta de ayer de la Junta Electoral Central a una consulta del PP da vía libre a esta posibilidad que preocupaba en gran medida a los populares, ya que incluso llegaron a pedir apoyo al PSOE para tener interventores u observadores conjuntos. El PSOE ya ha anunciado que llevará militantes de Extremadura y Cantabria para colaborar con el PSE en esa jornada electoral.
También la JEC contestó a otra consulta del PP, en el sentido de que las aportaciones para la financiación electoral de esta campaña, siempre en los términos que marca la ley, puedan ser realizadas por parte de cualquier ciudadano español, domiciliado o no en el País Vasco.
La resolución de la JEC no hace mención alguna a la Ley Electoral vasca que en su artículo 145 prohíbe expresamente «la aportación de fondos procedentes de entidades o personas extranjeras o con domicilio fuera de la comunidad autónoma».
Además, la JEC acordó ampliar en un día el plazo de voto por correo, a petición del PSE.
Por otra parte, la Junta Electoral del País Vasco se declaró ayer «incompetente» para resolver el recurso interpuesto por PNV-EA contra su decisión de denegarle el acceso a los espacios electorales gratuitos en los medios informativos públicos de ámbito autonómico.
Después de un intenso debate, de más de dos horas de duración, acordó, por cuatro votos a favor y dos en contra, que la impugnación de los nacionalistas no puede ser considerada como un recurso de reposición, sino de alzada, que ha de ser resuelto por la Junta Electoral Central. Este organismo ha decidido reunirse el próximo martes para abordar dicha cuestión.
A la reunión de ayer asistieron seis de sus 11 miembros con derecho a voto, que aplicaron el artículo 134 de la Ley de Elecciones al Parlamento vasco, que contempla el recurso de alzada.
Por el contrario, desestimaron la pretensión de PNV-EA de que se tuviera en cuenta el artículo 85, tal y como defendieron dentro de la Junta los dos vocales elegidos por el Parlamento vasco a propuesta de estos partidos.
La Ley Electoral no prevé la figura del recurso de reposición salvo en un caso concreto, recogido en el artículo 85, que lo contempla para aquellas decisiones adoptadas por los consejos de administración de los medios públicos que se estimen discriminatorias.
Sus integrantes no entraron a examinar el fondo del recurso, que deberá ser analizado por la Junta Central, compuesta por 21 miembros, procedentes del Supremo y, designados a propuesta de los partidos.
En su recurso, la coalición PNV-EA impugna la aplicación del artículo 83.3 de la Ley Electoral, según el cual quienes presenten candidaturas en una o dos circunscripciones sólo tendrán derecho a espacios gratuitos en los medios cuyo ámbito no exceda el de la demarcación por la que concurren. Como los nacionalistas presentan candidaturas con distinto nombre, para asegurarse, tras los comicios, que PNV y EA tengan grupo parlamentario propio, la Junta cree que la coalición sólo puede acceder a espacios electorales provinciales.
A la estela de Cervantes
Una literatura viaja a través de los siglos, gracias al poderoso ámbito de la lengua que la sustenta. En los primeros pasos del siglo XXI, la literatura en español ha descubierto nuevos territorios y se ha abierto a insólitas geografías. Es obvio que la dimensión americana de la lengua española ha transformado, casi de manera radical, esa expansión. Bueno será recordar desde España que hoy nueve de cada diez hablantes del español se encuentran en América y que la entrada formidable de los hablantes de español en Estados Unidos —en pocos meses superarán a los propios españoles— y Brasil, cambiará no sólo el mapa del español en el mundo sino los modelos actuales de una lengua literaria en constante proyección desde el siglo XVI. Mucho ha sido el camino recorrido, y buena parte de él se ha cumplido gracias a la imponente tradición heredada y a la irrupción de la literatura hispanoamericana en los foros académicos, en las bibliotecas y librerías de todo el mundo. Esto último ocurrió, de manera especial, durante los pasados años sesenta y setenta. Es entonces cuando surge el Premio Cervantes —como hoy recuerda ABC Cultural, junto a unas cartas inéditas del que fue su primer premiado, el poeta y ensayista Jorge Guillén—. Y surge como la respuesta cabal a un anhelo y a una exigencia, en la antesala de una España democrática que comenzaba a atisbar un proceso de normalización interior y exterior de extraordinario calado histórico. Nada es casual en el paso del tiempo. Desde aquellas fechas a hoy mismo se han cumplido venticinco años. Tiempo formidable y suficiente para contemplar con serena mirada todo lo sucedido, y adelantar un primer balance del Premio Cervantes.
Lo cierto es que la nómina de los premiados recorre, con sus luces y sus iluminaciones en la sombra, desde la generación del 27 al conjunto de tendencias, vaivenes, estilos, perfiles y modelos literarios que han forjado el pulso creativo de la literatura en español a lo largo de más allá del último cuarto de siglo. Los Premios requieren de la tradición creada en torno al propio Premio; de la biografía singular que los avatares del tiempo dan y modelan a ese Premio. No es fácil consolidar un Premio —ni por la Institución que lo conceda, ni por los Jurados que lo integren, ni siquiera por la asignación económica que comporte—. Existe algo que no cabe improvisar, ni, claro está, inventar: es el objeto de ese Premio. Y la razón y sentido del Premio Cervantes ha sido festejar, con solemnidad, el carácter internacional de una lengua literaria y reconocer —en un mundo cultural muy reacio a celebrar a los autores mientras estos están vivos— una obra singular basada en el uso innovador de esa lengua literaria. Lo pintoresco es que hechos tan obvios deban ser advertidos, ante la inclinación, tal vez deportiva, a dinamitar lo creado y ejercitarse en el dudoso ejercicio de la tabla rasa. Pero el Premio —como ha ocurrido con otros semejantes, y pocos hay de tan rotunda proyección internacional— muestra, con sus venticinco años recién cumplidos, cómo los motivos que exigieron su creación no sólo han colmado las expectativas, sino que, además, han sido la consecuencia lógica —al constituir un referente cultural de considerable repercusión— al hecho de que hoy el español sea considerado como el segundo idioma internacional. Sin ese componente cultural, industrias culturales tan poderosas como la editorial no habrían podido llevar a cabo el inteligente y ambicioso plan de expansión del español que han cumplido. Este año, el Rey entregará en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá el galardón a Francisco Umbral. La historia continúa. La historia se agranda con cada premiado. Umbral es más que un merecido Cervantes. El ingenio y la hondura, el humor y la melancolía, las ideas y el estilo constituyen los diversos hallazgos de los que se nutre una literatura sin géneros; una obra que prolonga la mejor tradición española e innova con el uso ejemplar de esa lengua, una literatura tan cercana a la vida como al interior de cada lector. Las fronteras del Premio quedan abiertas.
Euskadi, un país complejo, abierto y muy heterogéneo
La fragmentación y polarización políticas revelan amplias diferencias territoriales y una sociedad cambiante
BILBAO.- Los cerca de un millón de ciudadanos vascos que están llamados a las urnas el próximo 13 de mayo y que tienen en sus manos el futuro político del país conforman, a principios del siglo XXI, una sociedad sumamente compleja, abierta, plural, rica en matices y, al mismo tiempo, homogénea en sus aspectos fundamentales.
En total, la comunidad política que forman los territorios de Vizcaya, Alava y Guipúzcoa cuenta, en sus 7.234 kilómetros cuadrados de superficie, con una población de 2.098.055 personas, el 5,4% del Estado español. Las tres provincias, aunque cada una de manera distinta, han registrado durante el último siglo una auténtica revolución demográfica, hasta el punto de que la población vasca se ha llegado a multiplicar por tres veces y media, aunque de forma no homogénea.
Pese a las grandes diferencias existentes, este crecimiento ha hecho que la densidad de población de Euskadi sea una de las más altas de la Unión Europea.
Pero la situación ha cambiado de forma radical en los últimos años. La caída de las tasas de natalidad, el incremento de la esperanza de vida y la reversión del fenómeno de la inmigración -sumamente importante en amplias zonas, sobre todo, durante la industrialización entre los años 50 y 70- apuntan a un estancamiento y envejecimiento progresivo de la población vasca.
Este proceso ha hecho que las grandes capitales, como Bilbao y San Sebastián, junto a los núcleos que más de cerca han sufrido la crisis industrial -los más poblados- sean zonas de concentración de ciudadanos de más edad.
Las comarcas vascas más rurales, situadas en su mayoría en Alava, registran una distribución por edad en la que una de cada cuatro personas es mayor de 64 años. Por el contrario, Plentzia-Mungia en Vizcaya y Urola Kosta en Guipúzcoa son las comarcas más jóvenes del País Vasco.
Asimismo, el fenómeno de la inmigración ha afectado de forma desigual a los diferentes territorios, de modo que mientras en Alava cerca del 36% de la población es nacida fuera de Euskadi, en Guipúzcoa sólo alcanza al 26% y en Vizcaya se sitúa en el 31%.
En resumen, la población vasca actual es menos joven que la europea, pero aún no está tan envejecida como en el conjunto de la UE, aunque las previsiones apuntan a una equiparación con la media de los países de Europa.
Una de las grandes peculiaridades del entramado institucional vasco es precisamente que, pese a las grandes diferencias de población existentes entre las tres provincias, cada una de ellas elige el mismo número de representantes (25) que se sientan en los escaños de la Cámara vasca, compuesta de 75 parlamentarios. Esta situación implica que lograr un escaño en Vizcaya cuesta hasta cuatro veces más que, por ejemplo, conseguirlo en Alava.
De realizarse un cambio en la legislación electoral vasca de manera que cada territorio tuviese una representación proporcional a su población, a Vizcaya le correspondería elegir en las elecciones 41 escaños, mientras que Guipúzcoa tendría 24 representantes y Alava debería conformarse con únicamente 10 de los 25 con que cuenta en la actualidad.
Un cambio que, evidentemente, beneficiaría al PNV, cuyo feudo sigue siendo Vizcaya, el territorio más poblado, en detrimento del PP, que en los últimos comicios resultó ganador en Alava.
Por otra parte, la novedad de las próximas elecciones vascas, para las que se ha rebajado del 5% al 3% el mínimo exigido para entrar en el reparto de escaños, añade una nueva variable al sistema de representación política de los vascos.
La complejidad, diversidad y pluralidad de los territorios vascos aparece perfectamente reflejada en las sucesivas contiendas electorales. Hasta el punto de que, tal y como apunta el profesor de la Universidad del País Vasco y director del Euskobarómetro, Francisco Llera, «la territorialidad sigue revelándose como uno de los principales factores de diferenciación y de fragmentación política» en la comunidad autónoma vasca. Las zonas urbanas o industriales frente a las rurales o las villas, el interior o la costa, el norte y el sur, las áreas más castellanizadas frente a las más euskaldunes, las diferentes concentraciones de población emigrante, las zonas obreras o populares frente a las de las clases medias o altas definen, según explica Llera, la geografía política vasca.
Geografía en la que cada provincia conforma un subsistema o correlación de fuerzas propia y relativamente diferenciada de la del resto de la comunidad. Así, según las últimas elecciones autonómicas, en cada provincia gana un partido: el PP (con el 26,6% de los votos) en Alava, el territorio socialmente más moderado, más rural y menos euskaldun; EH lo hace en Guipúzcoa (25,2%), la provincia históricamente más nacionalista, tradicional y euskaldun; y el PNV en Vizcaya (con el 32,6%), en el territorio más heterogéneo y con mayores diferencias sociales, culturales y de clase.
En cuanto a los partidos, las fuerzas nacionalistas tienen un fuerte predominio en Guipúzcoa (60%), algo menor en Vizcaya (53%) y lo pierden en Alava (40%).
Sin lugar a dudas, el fenómeno de la cuestión nacional, la pugna entre el nacionalismo vasco y el constitucionalismo, constribuye a dotar de mayor complejidad a un panorama político ya de por sí heterogéneo. Según explica Francisco Llera, «la política vasca viene marcada por la complejidad institucional derivada de la foralidad, el pluralismo y la fragmentación de su sistema de partidos, la polarización política que aporta el factor nacionalista y la existencia de un movimiento político antisistema (HB), que legitima la violencia terrorista desde el izquierdismo y el extremismo nacionalista. Todo lo cual muestra un esquema complejo de gobernabilidad, de relaciones interpartidarias y, consiguientemente, de comportamiento electoral, pudiendo distinguirse dos grandes periodos: el primero, entre 1980 y 1986, caracterizado por el gobierno monocolor del PNV, y el segundo, desde 1987, caracterizado por sucesivos gobiernos de coalición, aunque con fórmulas distintas».
Periodo que, en un clima de mayor polarización, si cabe, quebró en 1998 con el Acuerdo de Lizarra y aún está irresuelto, como denota el adelanto electoral, dos años antes de agotarse la legislatura, al que ahora se enfrentan los vascos.
Un claro reflejo de la pluralidad vasca es el hecho de que Euskadi es la única comunidad, junto a Navarra, en la que logran representación institucional hasta siete fuerzas políticas, tres abertzales (PNV, EA y HB-EH), tres constitucionalistas (PP, PSE-EE y UA) y una no alineada, EB-IU. Sin embargo, en esta ocasión, debido a la importancia de estos comicios y a la fuerte polarización, dos partidos (EA y UA) se presentan coligados con PNV y PP, respectivamente.
Otro de los aspectos peculiares del comportamiento electoral de los vascos lo constituye la diferencia entre los votos a los partidos nacionalistas o no nacionalistas dependiendo del carácter autonómico, local o general de los comicios. Así, en las elecciones municipales, forales y autonómicas, las fuerzas nacionalistas han logrado sumar entre el 65% y el 68% de los sufragios, mientras que este porcentaje se reduce entre el 50,6% y el 59,4% en las elecciones generales.
Sin embargo, a partir de 1993 han ido cambiando las posiciones de modo que las opciones constitucionalistas han ganado terreno y se sitúan por encima del 50% en los comicios legislativos y han rebajado el porcentaje nacionalista hasta el mínimo del 53,9% en las últimas elecciones autonómicas.
Mención especial merece la opción abstencionista en las diferentes elecciones que tienen lugar en Euskadi, donde, paradójicamente, cada contienda electoral parece absorber todo el flujo informativo no sólo en el País Vasco sino en toda España. Pese a ello, la comunidad autónoma vasca es, desde 1993, la más abstencionista del Estado.
Curiosamente también, los comicios autonómicos concitan un nivel de movilización electoral muy similiar a los municipales y, en general, están por debajo de la participación que se registra en las elecciones al Parlamento español.
Los vascos, sin embargo, están viviendo una etapa «especial», en la que la amenaza de ETA, la durísima polarización, el enfrentamiento político partidario y, por primera vez, la posibilidad de un cambio en el Gobierno vasco apuntan a una participación alta, correspondiendo a un nuevo ciclo de amplia movilización social.
En concreto, y en una comunidad que históricamente ha registrado una alta participación social y política y un gran nivel de asociacionismo, el 34% de la población vasca se muestra interesada por la política, aunque sólo el 15% está muy o bastante próxima a algún partido político, según refleja el último Sociómetro vasco.
En general, el mayor porcentaje (43%) de vascos se considera de centro-izquierda o de izquierdas, mientras que de derechas se proclama únicamente el 10%. Entretanto, un significativo 31% no se identifica con el eje izquierda-derecha. En este aspecto, la provincia de Alava es la menos izquierdista (26%).
Asimismo, el 89% de la población afirma sentirse vasca, frente a un 9% que lo niega. Al contrastarse este sentimiento con el español, en el 48% predomina el vasco, es decir, se sienten únicamente vascos (el 28%) o más vascos que españoles (20%). El sentir vasco es más acusado entre los euskaldunes y entre los que se definen como nacionalistas.
Por el contrario, el 38% dice ser tan vasco como español, el 5% más español que vasco y otro 5% únicamente español. Por territorios, una vez más, Alava marca la diferencia, ya que el sentimiento vasco es sólo del 34%, mientras en Guipúzcoa es del 54% y en Vizcaya del 50%. Respecto a la posibilidad de la independencia del País Vasco, el 29%, según el Sociómetro, está en contra, mientras que el 24% se muestra a favor. Además, un 35% estaría o no de acuerdo con la independencia «según las circunstancias».
Baja el independentismo
Estas actitudes significan que el balance de independentismo recoge una puntuación negativa (hay más vascos en contra que a favor), volviendo así a los niveles de principios del año 98 y después de que en octubre de ese año (tras el Acuerdo de Lizarra y la tregua de ETA) registrara un balance positivo en cinco puntos.
Significativamente, entre quienes desconocen el euskara es mayoritaria la postura contraria a la independencia, mientras que los euskaldunes optan mayoritariamente por la soberanía.
Según las encuestas, a medida que aumenta el interés por la política se incrementa también el acuerdo con la independencia total del País Vasco, pasando de un minoritario 15% entre los nada interesados hasta el mayoritario 46% de los muy interesados.
El euskara es, al mismo tiempo, uno de los elementos de identificación identitaria y de confrontación en el País Vasco. Hace 20 años, los adultos que conocían la lengua vasca era de 325.788, el 22,5% de la población. Según la última estadística de Población y Vivienda, en 1996 se había registrado un fuerte incremento, con 636.800 euskaldunes, el 31% de la población, 484.000 de ellos alfabetizados. Sin embargo, uno de cada dos vascos carecía de todo conocimiento de euskara.
De nuevo Alava es el territorio con menor índice de euskaldunización: sólo uno de cada siete habitantes. Por el contrario, en Guipúzcoa prácticamente uno de cada dos habitantes es vascoparlante. Es más, este territorio supera en el número de euskaldunes a Alava y Vizcaya juntos.
De manera significativa, las zonas más euskaldunes coinciden con las de mayor concentración de voto nacionalista y viceversa.
Según un estudio del profesor de la UPV Benjamín Tejerina, el índice de euskaldunización entre los vascos que nacieron antes del inicio de la Guerra Civil es del 27,55%, porcentaje que supera el 30% entre los mayores de 75 años. Tras la fortísima reducción producida tanto por la prohibición ejercida por el franquismo como por la fuerte inmigración, hoy en día uno de cada cuatro vascos entre 25 y 59 años es euskaldun, siendo su proporción inferior a la de la generación de los mayores.
Sin embargo, los más jóvenes, fundamentalmente por efecto del sistema educativo, están experimentando un cambio lingüístico mediante el que los menores de 24 años tienen un nivel medio de euskaldunización del 44%.
Tres territorios diferenciados
BILBAO.- Las diferencias demográficas, políticas e, incluso, culturales en Euskadi se explican, en gran parte, por las peculiaridades históricas de todo tipo existentes en cada uno de los territorios que componen el País Vasco y que conforman un variado crisol social.
Así, Bizkaia, con un paisaje accidentado y fragmentado, es el territorio con más densidad de población (acoge prácticamente a la mitad de la ciudadanía vasca), concentrada sobre todo en Bilbao y su zona de influencia, principalmente la margen izquierda del Nervión, zona eminentemente industrial y que ha sido motor económico de todo el País Vasco, sin olvidar la importancia del comercio y de la actividad pesquera y marinera. Al otro lado de la ría, en Neguri, se ha concentrado históricamente la oligarquía empresarial y financiera vasca y española.
Alava, por contra, es el territorio menos poblado y de mayor variedad paisajística. Aunque cuenta con importantes enclaves industriales, la mayor parte del territorio alavés permanece escasamente poblado y predominan los enclaves rurales. Su capital, Vitoria, sede de las instituciones vascas, ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos años y es una de las ciudades con mayor calidad de vida del Estado.
Finalmente, Gipuzkoa, con una orografía difícil y peculiar, mantiene una distribución de población relativamente homogénea, ya que la industria se ha desarrollado de manera bastante uniforme. Su capital, San Sebastián, con poco más de 180.000 habitantes y situada en un enclave privilegiado, es una ciudad de larga tradición turística.
California hace del español uno de sus idiomas «casi» oficiales
Mientras algunas Comunidades Autónomas de nuestro país se empeñan en relegar al castellano a una lengua de segunda clase, California está haciendo del español uno de sus idiomas «casi» oficiales. De hecho, los Ayuntamientos de San Francisco y Oakland se están planteando la contratación obligatoria de funcionarios con dominio de la lengua de Cervantes. El proyecto bilingüe más avanzado, según «Los Ángeles Times», se encuentra en Oakland. Su gobierno municipal tiene previsto votar el próximo martes una ordenanza que forzará la contratación de funcionarios que hablen español o chino para ofrecer servicios y asistencia adecuada a una creciente población de inmigrantes con dificultades para comunicarse en inglés. Las últimas estadísticas indican que los hispanos y asiáticos conforman un 35 por ciento de los habitantes de Oakland. Según ha argumentado Ignacio de la Fuente, presidente del consejo municipal, todas estas personas con problemas lingüísticos pagan sus correspondientes impuestos y por lo tanto merecen la atención debida de los poderes públicos.
San Francisco baraja una proposición similar que podría recibir luz verde durante el próximo mayo. De prosperar estas dos ordenanzas, California se colocaría a la vanguardia del bilingüismo en Estados Unidos. Este tipo de iniciativas se encuentra alentado por una orden ejecutiva que el presidente Clinton firmó antes de agotar su mandato. De acuerdo con la cual, las autoridades federales -y las locales que reciban fondos de Washington- tienen obligación de facilitar este tipo de acceso multilingüe, que tanto revienta a la extrema derecha norteamericana aglutinada en torno al «English Only». Las ordenanzas contempladas por Oakland y San Francisco no están carentes de polémica. Una columna publicada en el «San Francisco Chronicle» denunciaba que «Oakland va a convertirse en bilingüe, con dos lenguajes oficiales. Pero ninguno es el inglés». Para Mauro Mújica, hispano, pero activista de «English Only», los inmigrantes son «huéspedes, no invitados» que tienen la obligación absoluta de aprender inglés. En su opinión, contratar funcionarios bilingües es correcto, pero institucionalizarlo «es un mal precedente».

References: artículo 83
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 artículo 145
 artículo 134
 artículo 85
 artículo 85
 artículo 83