Source: https://pib.socioambiental.org/es/Povo:Macuxi
Timestamp: 2020-02-28 02:54:43+00:00

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Macuxi - Pueblos Indígenas en Brasil
Por lo menos desde el siglo XVIII los Macuxi, habitantes de una región de frontera, han venido enfrentando situaciones adversas debido a la ocupación no-indígena en la región. Tales ocupaciones primero estuvieron marcadas por el establecimiento de asentamientos y la generación de migraciones forzadas, luego por la avanzada de extractivistas y ganaderos, y mas recientemente por la incidencia de garimpeiros (buscadores de metales y piedras preciosas) así como por la proliferación de ‘grileiros’ (falsificadores de títulos de propiedad de tierras para su propio usufructo) en su territorio.
Protagonizaron en las últimas décadas, junto a otros pueblos de la región, una lucha incesante por la homologación de la Tierra Indígena Raposa Serra do Sol, que se produjo en 2005, y más tarde por la retirada de los ocupantes no indígenas, finalmente resuelta con la sentencia del Tribunal Supremo en 2009, confirmando la homologación y la remoción de los ocupantes no indígenas.
Los Macuxi, aquel pueblo de filiación lingüística ‘Karib’, habitan la región de las Guyanas entre las cabeceras de los Ríos Blanco y Rupununi -territorio que actualmente se divide entre los paises de Brasil y Guyana. La designación Macuxi contrasta con la de los pueblos vecinos -los Taurepang, los Arekuna y los Kamarakoto-, los cuales también son hablantes de lenguas pertenecientes a la familia lingüística Karib, a la vez que muy próximos a los Macuxi en términos sociales y culturales. En su conjunto, estos pueblos forman una unidad étnica mucho más abarcante conocida como ‘los Pemon’, término que a su vez se contrapone a ‘Kapon’, designación con la cual se engloba a los Arakaio –conocidos en el lado brasilero con el nombre de ‘Ingarikó’- y a los ‘Patamona’, quienes son sus vecinos hacia el norte y hacia el noroeste respectivamente.
El conjunto global de todas esas nominaciones étnicas y de los diversos niveles de contraste forman un sistema de identidades que, entre los pueblos guyaneses, hace particular a esos grupos del área conocida como ‘circum-Roraima’.
Para el año 2004, se estimaba que la población Macuxi del Brasil alcanzaba alrededor de diez y nueve mil (19.000) personas, de las cuales aproximadamente la mitad se encontraban asentadas en el lado de la Guyana, donde ocupaban campos y serranías al extremo norte del estado de Roraima, y al norte del distrito guyanés de Rupununi.
El territorio Macuxi se extiende por dos (2) áreas ecológicamente distintas: al sur, los campos, y al norte un área donde predominan sierras en las que el bosque se hace mas denso. Por lo que en esa zona del norte se presenta un aprovechamiento ligeramente diferenciado de aquel realizado por los indígenas de planicie. Estas dos áreas en su conjunto alcanzan una extensión aproximada de treinta mil (30.000 km2) a cuarenta mil (40.000 km2) kilómetros cuadrados.
La población Macuxi se distribuye espacialmente en varias aldeas con pequeñas viviendas aisladas. Se estima que existen ciento cuarenta (140) aldeas Macuxi en el Brasil, pero en realidad no hay datos precisos sobre el número. Del lado de las Guyanas se estima que hay cerca de cincuenta (50) aldeas en el interfluvio ‘Maú(Ireng)-Rupununi’ [datos de 2004].
Presentando una notable constancia, la distribución espacial de los Macuxi ha permanecido inalterada a lo largo de una extensión continua de tierras, desde los primeros registros hidrográficos disponibles para la región del Valle del Río Blanco en el siglo XVIII.
Hoy en día el territorio Macuxi de la parte brasilera se divide en tres (3) grandes bloques territoriales: la TI ‘Raposa Serra do Sol’, la TI ‘San Marcos’ (ambas concentran la gran mayoría de la población), y pequeñas áreas que circunscriben comunidades aisladas en el extremo noroeste del territorio Macuxi, entre los valles de los ríos Uraricoera, Amajari y Cauamé.
La Tierra Indígena (TI) más poblada es la de ‘Raposa Serra do Sol’ en su parte central (que es a su vez la más extensa). Dicha área se encuentra habitada por una población global estimada de diez mil (10.000) habitantes distribuidos en ochenta y cinco (85) aldeas cuya gran mayoría es ‘Pemon’ [datos de 2004].
Las fronteras étnicas en la región son bastante tenues, debido a los arreglos residenciales que se presentan entre parentelas cognáticas integradas por hombres de diferentes procedencias. Esto se da sobretodo en aquellas comunidades que se ubican en las zonas de intersección entre étnias, donde hay agrupaciones conformadas por mezclas de familias extensas Macuxi e Ingaricó, ó Macuxi y Patamona, o Macuxi y Wapixana entre otros.
La TI ‘San Marcos’ es contigua a la TI Raposa/Serra do Sol. Se trata de un área donde se localizan veinticuatro (24) aldeas Macuxi, con una población total estimada de mil novecientos treinta y cuatro (1.934) personas (Funai, 1996), que en su gran mayoría son Macuxi.
Con acentuados fines estratégico militares, la ocupación colonial portuguesa del Valle del Río Blanco data de mediados del siglo XVIII. En esa extensa región con sus límites puestos entre las posesiones españolas y holandesas en las Guyanas, los portugueses se propusieron impedir intentos de invasión a sus dominios en el valle amazónico mediante la construcción, en 1775, del fuerte ‘San Joaquín’, ubicado en la confluencia de los ríos ‘Uraricoera’ y ‘Tacutu’ (formadores del Río Blanco), y en la vía de acceso a las cuencas de los ríos Orinoco y ‘Essequibo’.
La estrategia utilizada por los portugueses para asegurar la posesión del Valle, consistió en instalar un asentamiento de indios en el destacamento del fuerte. Para ello, los militares portugueses distinguían entre la población de las naciones indígenas a las autoridades, con el objeto de convencerlos –por medio de entrega de armas y regalos- de las ventajas de que ellos junto con las gentes de sus naciones se fueran a asentar en comunidades cerca al fuerte.
La información disponible sobre el contacto con los Macuxi en ese periodo es poca y fragmentada. Sorprendentemente, entre las diversas étnias para entonces asentadas en aldeas, los Macuxi aparecen en pequeño número. Tan sólo se tiene noticia de dos mandos Macuxi: Ananahy en 1784 y Paraujamari en 1788, quienes llegaron a asentarse llevando consigo pequeños grupos. Sin embargo, no permanecieron mucho tiempo en los asentamientos. Ya para 1790 Parauijamari había sido acusado de liderar una gran rebelión, luego de que la mayor parte de los indios asentados escaparan y los remanentes fueran esparcidos en otros asentamientos portugueses a lo largo del río Negro.
Tal revuelta pondría fin a la política oficial de asentamiento y no serían emprendidas nuevas tentativas de colonización en aquella área ni siquiera en el siglo XVIII. Sin embargo, son muchas las evidencias de que las expediciones de reclutamiento forzado de la población indígena permanecieron activas, motivadas por otros intereses que se establecerían en la región, causando un gran impacto sobre la demografía y la territorialidad de los Macuxi.
Una nueva fase del contacto, que afectaría más drásticamente al conjunto de la población Macuxi, se iniciaría en el siglo XIX con la expansión de la explotación de goma (borracha), caucho y balata (goma inelástica extraído de un árbol amazónico conocido por el mismo nombre o por ‘Maparajuba’, y cuyo fruto también es usado para la medicina a base de hierbas y las artesanías) en los bosques del bajo Río Blanco. El alistamiento y desplazamiento de indios se hizo principalmente hacia el área de Río Negro, aunque también hubo ‘descimentos’ (palabra usada en la historia brasilera para referirse a la acción colonial en la que los indígenas eran reclutados y trasladados desde el interior de la selva o las cabeceras de los ríos hacia los litorales o las zonas bajas de los ríos, con el objetivo de esclavizarlos) hacia el propio Valle del Río Blanco, donde eran incorporados como fuerza de trabajo para el extractivismo.
Tales procedimientos de carácter privado, imprimían la tónica de las relaciones interétnicas en dicho periodo. Aunque el gobierno imperial mostraba una constante preocupación por la implementación de una política indigenista oficial en esa zona de frontera, los registros administrativos disponibles revelan su gran debilidad en dicho campo.
Ya en las últimas décadas del siglo XIX, en particular después de la República (con la que se confirió mayor autonomía a la administración local), y al aproximarse el auge del ciclo del caucho, los ‘regionales’ (como se conocía a comerciantes y algún tipo de extractivistas que se instalaban en la región) pasaron a ser considerados colaboradores necesarios para la empresa de colonización colonial. De esta manera los regatones (aquellos que intercambiaban productos manufacturados por los extraídos directamente a manos de la población indígena y regional), detentores del comercio y de los medios de comunicación con el interior, comenzaron a reinar en estas zonas amazónicas.
Parece haber una estrecha conexión entre el extractivismo en el bajo Río Blanco y el establecimiento de la ganadería en el curso alto de ese mismo río. En últimas, el capital extractivista iría a financiar la ganadería, y en contrapartida, ésta última actividad incipiente instaurada en los campos altos del Río Blanco, favorecía el reclutamiento de la fuerza de trabajo de los indios en la región, la cual no se limitaba al ejercicio de la extracción, sino que comprendía todas las actividades correlacionadas, en particular las referidas a la navegación por el río.
Para entonces había un amplio margen de libertad para los regatones y cualquier otro empresario que actuara en ésta área amazónica atormentando a los indios y forzándolos al trabajo. No había instancia que penalizara a éstos actores por la esclavitud a la que en la práctica, sometían a los indios.
En estrecha correlación al trabajo forzado, la migración (igualmente forzada) de la población indígena en el alto Río Blanco singulariza ese momento histórico. En últimas, la migración guardaba mucha mayor relación con la expulsión indígena de su tierra para la avanzada ganadera, que con el desplazamiento compulsivo de los indios para el uso de su mano de obra en la empresa colonial.
En el cambio del siglo XIX al XX, y aunque estuviera en decadencia, persistía el engranaje de reclutamiento de mano de obra indígena estructurado en décadas anteriores. Aldeas abandonadas y movimientos de fuga provocados por la llegada de los blancos no solamente fueron registrados por los cronistas del Río Blanco; también fueron objeto de registro por parte de los Macuxi, quienes hasta el día de hoy preservan en su memoria diversas imágenes y narrativas dolorosas y dramáticas sobre su historia política y de contacto.
Ante la abrupta violencia y la intensificación del contacto en los primeros años del siglo XX entre indios y ‘regionales’ (comerciantes, regatones y algún tipo de extractivistas que llegaba a instalarse en la región), los líderes políticos tradicionales de los Macuxi (una posición apenas prominente y asumida por un individuo en articulación con un grupo local), se convirtieron en instancias catalizadoras de las demandas realizadas por la población indígena dispersa en pequeños grupos locales, sobre los ‘regionales’ y los mismos agentes indigenistas (misioneros o funcionarios públicos).
En los años que siguieron a 1970 -periodo marcado por la fuerte intensificación y ampliación del contacto-, algunos líderes políticos de grupos locales Macuxi, comenzaron a destacarse al ejercer funciones privilegiadas de intermediación en la relación entre la población indígena habitante de las aldeas y los agentes de la sociedad nacional.
Intermediadas por esos jefes locales, las agencias indigenistas se convirtieron en fuentes alternativas de bienes industrializados para los indios, distintas a las de los hacendados y garimpeiros (buscadores de metales y piedras preciosas). Debido a la posición diferencial de los agentes indigenistas oficiales y los misioneros católicos respecto a los ‘regionales’ (situados indudablemente en polos antagónicos respecto de la disputa por el reconocimiento de los derechos territoriales indígenas), la estrategia utilizada por los religiosos y en seguida por la Funai (Fundación Nacional del Indio –Entidad del Gobierno Federal brasilero que establece y ejecuta la política indigenista del Brasil) para ampliar su influencia sobre los indios, fue minar los vínculos clientelistas que los ligaban a ellos con los ‘regionales’. Hasta entonces los artículos industrializados ofrecidos por los ‘regionales’ a los indios, eran contabilizados por los primeros en una lista de debitos a ser cobrados, casualmente, cuando se hiciera necesaria la fuerza de trabajo. Con el fin de socavar dicho sistema, los misioneros intentaron suplir, en parte, los artículos industrializados demandados por los indios, presionándolos a que se deshicieran de las deudas adquiridas con sus respectivos ‘patrones’.
El modo en que tal sustitución de deudas fue operada, se dio a través de reuniones anuales con los líderes indígenas locales, las cuales fueron llamadas “asambleas de tuxauas” (término que para algunas etnias remite a la figura de articulador o movilizador; es decir acciones que reúnan representantes de diversas culturas donde se promueve el fortalecimiento de lazos y afinidades, así como la construcción y desarrollo de objetivos comunes). Dichas asambleas fueron patrocinadas desde 1975 por la Diócesis de Roraima, y en ellas específicamente se discutían las condiciones y se reflexionaba sobre las ventajas de que cada comunidad accediera preferiblemente a los bienes dispuestos por los misioneros. Cabe anotar que los líderes políticos presentes en las asambleas provenían de las comunidades donde los misioneros concentraban su trabajo, es decir la región de las sierras. Región que por sus características era opuesta a las zonas labradas o de campo, y por tanto, distante de las sedes de las haciendas y de los poblados.
También fueron desarrollados proyectos ligados a la ganadería y a la distribución de alimentos, pero fueron infructuosos y suscitaron una serie de conflictos y acusaciones de favorecimiento indebido entre los diversos líderes indígenas. Por tales motivos, surgió un nuevo tipo de organización indígena –también concebida inicialmente por los misioneros- que consistía en la formación de consejos regionales, es decir, instancias supra-comunidades, separadas de las aldeas locales, donde se articulaban líderes Macuxi, Ingaricó, Taurepang, Wapixana y Yanomami.
Durante unas de las ‘asambleas de tuxauas’ efectuada en enero de 1984, fueron creados siete (7) Consejos en las siguientes regiones: ‘Serras’, ‘Surumu’, ‘Amajari’, ‘Serra da Lua’, ‘Raposa’, ‘Taiano’ y ‘Catrimani’. La principal misión de estos Consejos era regir las relaciones externas de las comunidades indígenas, tanto en el plano de las relaciones con la sociedad regional como en la formulación y el direccionamiento de los proyectos patrocinados por diferentes tipos de agencias. El más eficaz de todos los consejos fue sin duda el de la región de las Serras, el cual funcionó en lugares donde se dieron conflictos agudos con los ‘regionales’, que generaron denuncias ante las autoridades gubernamentales.
Como resultado del trabajo de los Consejos Regionales, se formó una coordinación general con sede en ‘Boa Vista’, denominada Consejo Indígena de Roraima (CIR). Los miembros de dicha coordinación son elegidos por el voto abierto de los consejeros regionales, siempre y cuando se respete un esquema de rotación de liderazgos.
A lo largo de ese proceso organizativo, otras organizaciones han sido creadas en la región, reuniendo segmentos indígenas que están a favor de la homologación de área continua de la Tierra Indígena (TI) Raposa-Serra do Sol [ver sección ‘El caso de la Raposa’], tal como es el caso del propio CIR (cuyo actual coordinador es Macuxi), de la APIR (Asociación de los Pueblos Indígenas de Roraima), de la OPIR (Organización de Profesores Indígenas de Roraima), y de la OMIR (Organización de Mujeres Indígenas de Roraima). Otras organizaciones se oponen expresamente a la demarcación en área continua de la TI Raposa-Serra do Sol, tal como lo son SODIUR (Sociedad de Defensa de los Indios Unidos del Norte de Roraima), ARIKON (Asociación Regional Indígena de los Ríos Kinô, Cotingo, y Monte Roraima), ALIDICIR (Alianza para el Desarrollo de las Comunidades Indígenas de Roraima) y AMIGB (Asociación Municipal Indígena Guàkrî de Boa Vista).
El caso de la Raposa
La Tierra Indígena (TI) Raposa - Serra do Sol, definida como área continua por el órgano indigenista en 1993, fue homologada por el Presidente de la República en abril de 2005 con un millón setecientos cuarenta y siete mil cuatrocientos sesenta hectáreas (1’747.460 has.). Actualmente, el principal motivo de reclamaciones y reivindicaciones por parte de los Macuxi (y otros pueblos que habitan en dicha TI), tiene que ver con el saneamiento de su territorio y con ello el desalojo de las haciendas de personas no-indígenas que permanecen al interior de dicha área.
En los inicios del siglo XX, el área que hoy se denomina ‘Raposa - Serra do Sol’, que se encuentra ubicada al noroeste de Roraima, estuvo involucrada en varias disputas fronterizas entre Brasil y Gran Bretaña. La región entre los Ríos Cotingo (que atraviesa la TI Raposa - Serra do Sol) y Rupununi (en territorio de la Guyana) constituía el llamado ‘Contestado’. En el documento ‘El Derecho de Brasil’, Joaquín Nabuco, nuestro representante en las difíciles negociaciones fronterizas, resalta que la lealtad de los Tuxáua de la región al país, a pesar de la frágil presencia colonial de la época, fue fundamental para asegurar nuestras actuales fronteras en los Ríos Maú y Tacutú. En el mismo sentido, el Mariscal Rondon ya decía que los indios son las ‘murallas de las regiones agrestes’ (sertões) y que la implementación de políticas positivas por parte del gobierno frente a sus demandas, incluso la demarcación de sus tierras, era la mejor receta para la tranquilidad en las fronteras.
También es bueno resaltar, tal y como bien indican las referencias históricas, que la ocupación indígena en ‘Raposa - Serra do Sol’ precede en siglos a la colonización. Los primeros colonos se metieron entre las malocas, y a su vez los indios fueron crecientemente presionados a engrosar las filas de grandes oleadas migratorias estimuladas por políticas oficiales del entonces Territorio Federal y del actual estado de Roraima.
Después de años de espera por parte de los indios y de varios estudios en que incluso se hicieron propuestas para recortar el territorio, la certificación oficial de la TI ‘Raposa-Serra do Sol’ fue concluida en 1993, con la publicación del Diario Oficial de la Unión donde se dieron las coordenadas geográficas del área propuesta para demarcación. Se trata de la denominada ‘área continua’, la cual se extiende desde las fronteras con los países de Guyana y Venezuela (Este y Norte respectivamente) hasta los límites con la TI ‘San Marcos’ (Oeste) y con el Río Tacutú (Sur). De toda esta área continua, la certificación excluyó el entorno de la ‘Villa de Normandía’ anteriormente convertido en municipio, de modo que formara un enclave junto a la frontera con la Guyana.
Con la posesión del Presidente Fernando Enrique Cardoso, el Ministro Jobim detuvo las demarcaciones por mas de un año, mientras se discutía el Decreto 1775 y se cumplía el plazo que él mismo instituyó para la audiencia de terceros durante el proceso administrativo de demarcación. Con la promulgación del decreto, hubo más de una centena de reclamos por los límites propuestos para la TI ‘Raposa - Serra do Sol’ y, al final del referido plazo, el día veinte (20) de diciembre de 1996, el Ministro de Justicia expidió una resolución en la que se rechazaban los reclamos presentados, y se reconocía la constitucionalidad del laudo antropológico sobre el que se basaba la propuesta de demarcación. Sin embargo, en vez de formularla Tierra Indígena (TI), declaró ‘situaciones de hecho’, configuradas por núcleos de ocupación urbana y rural que estimó ‘ya consolidados’, y que deberían determinar ‘ajustes’ en los límites propuestos.
Los ‘núcleos urbanos y rurales consolidados’ referidos en la resolución ministerial consisten o implican lo siguiente: la creación del Municipio de ‘Uiramutã’ (dada después de la identificación oficial de la Tierra Indígena); la presencia de otras cuatro (4) villas en el Centro-Norte del área propuesta; la validez de algunos títulos de propiedad contenidos en la parte sur del área propuesta; la presencia de ricicultores (cultivadores de arroz), ganaderos y garimpeiros que invadieron el área en los últimos años; el libre transito de no-indios por las carreteras que permiten el acceso a la zona; y la incidencia del Parque Nacional del Monte Roraima –Unidad de Conservación Federal- sobre el área demarcada.
Para mayor información sobre la Tierra Indígena (TI) Raposa – Serra do Sol, entre al especial preparado por ISA.
En medio de un deliberado enfrentamiento a las propuestas de demarcación, el estado de Roraima prefirió no considerar el carácter indígena de esas tierras, aún después de su certificación oficial, y promovió la creación de los Municipios de ‘Uiramutã’ y ‘Pacaraima’ (en la TI ‘San Marcos’). Su iniciativa rebatía la certificación del área definida por la Funai, e ignoraba la vía de la negociación con el Estado defendiendo la demarcación en ‘islas’. De paso, con todo lo anterior, tan solo se le reconocía a los indios el derecho sobre las inmediaciones de cada maloca, se invisibilizaba su reproducción física y cultural garantizada por la Constitución, y se instituía un régimen de conflicto permanente.
El Ministro no implementó su resolución en la forma de una normativa con los límites de área ‘ajustados’, sino que dejó el problema y el debate a sus sucesores. En el ámbito de la Funai, la materialización de las indicaciones del Ministro en un nuevo memorial descriptivo, se hizo imposible, puesto que implicaba la exclusión de varias aldeas del área demarcada. Con el pasar del tiempo, la actividad garimpeira (búsqueda y extracción de metales y piedras precisas) declinó, los tales ‘núcleos consolidados’ se fueron desocupando y parte de los hacendados hicieron acuerdos con comunidades indigenas específicas para su retiro del área.
Una vez la FUNAI constató cuáles de las anteriores ocupaciones (consideradas ‘consolidadas’) se desocupaban, y cuáles de las nuevas ocupaciones ilegales (posteriores a la identificación) aparecían y amenazaban la integridad de la Tierra Indígena, dirigió una propuesta de ‘área continua’ al Ministro de Justicia Renan Calheiros. El Ministro firmó una normativa (No. 820, del once -11- de diciembre de 1998), advirtiendo que el gobierno federal daría en seguida soluciones apropiadas a las ‘situaciones de hecho’ sentenciadas por su antecesor, pero dejó el cargo sin dictaminarlas.
La normativa ministerial fue refutada por el estado de Roraima junto al Superior Tribunal de Justicia, que inicialmente expidió una medida cautelar oponiéndose a la homologación del área en cuestión, mas no a su demarcación. Durante el periodo de vigencia de dicha medida cautelar, la Funai realizó trabajos de demarcación física y de digitalización de los límites facilitados por las fronteras naturales e internacionales privilegiadas en la propuesta de ‘área contigua’, ilustrando a su vez el proceso para la homologación presidencial.
Al final, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) no acogió el mandato de seguridad estipulado por el Estado, superándose así el último óbice formal a la homologación. Ésta decisión alcanzó la instancia presidencial pero el Primer Mandatario Fernando Enrique Cardoso, prefirió no establecer el decreto de homologación y dejar la responsabilidad al gobierno siguiente (Luiz Inácio Lula Da Silva). Vea a continuación la cronología del complejo proceso de reconocimiento oficial de la TI ‘Raposa – Serra do Sol’, incluyendo los dos (2) años de gestión del Gobierno Lula.
1917: El Gobierno de Amazonas promulgó la Ley Estadual No. 941, en la que se destinaban las tierras comprendidas entre los Ríos Surumu y Cotingo para ocupación y usufructo de los indios Macuxi y Jaricuna.
1919: El Servicio de Protección al Indio (SPI) inicia la demarcación física del área, la cual estaba siendo invadida por hacendados. No obstante, el trabajo no es finalizado.
1977: La presidencia de la Funai instituyó un Grupo de Trabajo Interministerial (GTI) para identificar los límites de la Tierra Indígena (TI), el cual no presentó un informe conclusivo de sus trabajos.
1979: Un nuevo Grupo de Trabajo Interministerial (GTI) es formado, y éste, sin estudios antropológicos o historiográficos, propone una demarcación provisoria de un millón trecientas cuarenta mil hectáreas (1’340.000 has.)
1984: Un Grupo mas de Trabajo Interministerial (GTI) es instituido para la identificación y el levantamiento de información catastral del área. Cinco (5) áreas contiguas (Xununuetamu, Surumu, Raposa, Maturuca e Serra do Sol) son identificadas, totalizando así un millón quinientas setenta hectáreas (1’570.000 has.).
1988: Otro Grupo de Trabajo Interministerial (GTI) realiza el levantamiento de la información catastral y notarial, sin llegar a ninguna conclusión sobre el área en su conjunto.
1992/1993: la Funai decide volver a estudiar el área, formando por última vez nuevos Grupos de Trabajo Interministerial (GTI).
1993: las proposiciones conclusivas de los Grupos de Trabajo Interministeriales (GTI), son publicadas en el Diario Oficial de la Unión el día veintiuno (21) de mayo, sugiriéndole al Ministerio de Justicia el reconocimiento de la extensión continua de un millón seiscientos setenta mil hectáreas (1’670.000 has.).
1996: El Presidente de la República Fernando Enrique Cardoso, firma en enero el Decreto 1.775, en el que se introduce el principio de ‘contradicción’ al proceso de reconocimiento de Tierras Indígenas (TIs), permitiendo así la objeción de algunos afectados. Son entonces presentadas 46 impugnaciones administrativas contra la TI ‘Raposa – Serra do Sol’ por ocupantes no-indios y por el gobierno de Roraima. El entonces Ministro de Justicia Nelson Jobim, firma la resolución No. 80 con la cual rechaza las solicitudes de impugnación presentadas por la Funai, y propone la reducción de cerca de trescientas mil hectáreas (300.000 has.) de área, junto con la exclusión de pequeñas aldeas que servirían como antiguas bases de apoyo a los garimpeiros, carreteras y fincas tituladas por el INCRA. Todo lo cual representaba la división del área en cinco (5) partes.
1998: El Ministro de Justicia Renan Calheiros firma la resolución No. 050 de 1998, con la cual se revoca la resolución No. 080 de 1996 y la normativa ministerial No. 820 de 1998 que declara la TI ‘Raposa – Serra do Sol’ posesión permanente de pueblos indígenas.
1999: El Gobierno de Roraima interpone un Mandato de Seguridad ante el Superior Tribunal de Justicia (STJ), solicitando la anulación de la normativa ministerial No. 820 de 1998. Es concedida una medida cautelar parcial al mandato de seguridad del Gobierno de Roraima.
2002: El Supremo Tribunal de Justicia (STJ) niega la solicitud del mandato de seguridad No. 6210 de 1999 interpuesto por el Gobernador de Roraima donde se solicitaba la anulación de la normativa ministerial No. 820 de 1998.
2003: En diversos momentos a lo largo del año, el Ministro de Justicia Marcio Thomaz Bastos anuncia que la homologación de la TI es inminente.
2004: En el mes de marzo el Juez de la Primera Jurisdicción Federal de Roraima (1ª Vara Federal de Roraima) suspende los efectos de la demarcación en los núcleos urbanos y rurales ‘consolidados’. En mayo una Juez del Tribunal Federal de Justicia determina la exclusión de la franja de frontera (150 Km.), con lo que se elimina toda la Tierra Indígena. En agosto, tanto el Superior Tribunal de Justicia (STJ) como el Supremo Tribunal Federal (STF), niegan las solicitudes del Ministerio Público Federal y de la Abogacía General de la Unión (Advogacia Geral da União -AGU) de derrumbar la decisión del Tribunal Regional Federal (TRF) que perjudica la homologación de la TI ‘Raposa - Serra do Sol’.
2005: El día trece (13) de abril el Ministro de Justicia Márcio Thomaz Bastos firma la normativa ministerial No. 534, con la cual revoca la normativa No. 820 de 1998 donde se establecía que la demarcación de la TI estaba siendo cuestionada por medidas cautelares. El nuevo acto normativo excluye del área la sede del municipio de Uiramutã, algunos equipamientos e instituciones públicas (como escuelas y líneas de transmisión de energía eléctrica), el Sexto Pelotón Especial de Frontera del Ejercito y el tramo de las carreteras estaduales y federales localizadas en el área.
2006: El año es caracterizado por una serie de acciones judiciales por medio de las cuales algunos hacendados buscan permanecer al interior de la Tierra Indígena (TI), atrasando judicialmente el proceso de pago de mejoras y el saneamiento (desalojo de no-indígenas) del área. En abril, el Supremo Tribunal Federal (STF) niega la solicitud de suspensión de la demarcación de la TI ‘Raposa – Serra do Sol’
2007: En mayo el Ministro del Supremo Tribunal Federal (STF) Carlos Britto ordenó detener, hasta juzgamiento meritorio y de acuerdo al mandato de seguridad interpuesto por la Industria Itikawa y otros, el desalojo del área ocupada por Itikawa Industria y Comercio, Ivalcir Centenaro, Luiz Afonso Faccio, Nelson Massami Itikawa y Paulo César Quartiero. En junio el Supremo Tribunal Federal (STF) deniega por unanimidad el mandato de seguridad 25.483-1, posibilitando la retoma de los trabajos de saneamiento y desalojo de no indígenas del área.
Las comunidades de la selva se caracterizan por tener casas comunales en las que conviven distintos grupos domésticos, compuestos por familias extensas ligadas entre sí por lazos de parentesco. Ya en la sabana generalmente se encuentran casas dispersas que abrigan a grupos domésticos cuya composición es análoga a aquella recién descrita. En ese sentido, la aldea en la sabana configuraría un desdoblamiento de la casa comunal típica de la selva.
Aunque las fuentes del siglo XIX reafirman la idea de la existencia de aldeas Macuxi configuradas por casas comunales que presentaban baja densidad demográfica (es decir entre treinta y sesenta personas aproximadamente -R. Schomburgk, 1922-23; R.H. Schomburgk, 1903), en la actualidad puede verificarse la existencia de una diseminación de aldeas compuestas por pequeñas casas que abrigan familias extensas, reuniendo una población más numerosa estimada entre cien (100) y doscientos (200) habitantes.
A primera vista, el diseño de la aldea Macuxi no muestra al observador su morfología social. Las casas parecen distribuirse aleatoriamente, pero con una mirada mas atenta puede percibirse que, como una especie de regla, estas se disponen en conjuntos que corresponden a parentelas, a cuales a su vez forman unidades políticas cuya interacción constituye la vida social y política de la comunidad.
De esta manera, la aldea Macuxi básicamente consiste en una o varias parentelas interconectadas por matrimonios. Dada la tendencia uxorilocal [después del matrimonio la pareja va a vivir con la familia de la mujer] de las sociedades de esa región, la articulación de instancias asociadas como la residencia y el parentesco, dan origen a la jefatura. Así, el grupo local se organiza en torno de la figura de un líder-suegro, cuya existencia y mantenimiento depende de su habilidad política en la manipulación de los lazos de parentesco. Con el declive del prestigio del líder-suegro o con su muerte, el grupo local tiende a tomar otras formas o a deshacerse. Pero aún en éste último caso, la aldea persiste como referencia histórico-geográfica.
La política matrimonial Macuxi tiende a favorecer uniones endogámicas, es decir que sus miembros procuran casarse dentro de las parentelas que componen la aldea. Sin embargo, con el tiempo ha podido identificarse un alto crecimiento de matrimonios entre personas de distintas aldeas, con lo cual estrechan sus relaciones y se configuran conjuntos regionales.
Tal y como ocurre entre los otros grupos ‘Pemon’, para los Macuxi la relación entre cuñados (yakó) esta marcada por la gran libertad e igualitarismo, mientras que inversamente, la relación suegro-yerno (pái-to) implica evasión, subordinación y considerables obligaciones materiales del yerno para con el suegro.
Así pues, en la aldea el liderazgo político emerge del juego de las parentelas en que prevalecen las relaciones acumuladas de afinidad. De esa manera, el líder es aquel que detenta una red mas amplia de afines y, por tanto, de aliados políticos. Hoy en día deben considerarse las acciones de agencias indígenas e indigenistas como un factor decisivo en la obtención de prestigio y apoyo material del líder, que le pueden dar a su vez mayor estabilidad.
El universo Macuxi esta compuesto básicamente por tres (3) planos sobrepuestos en el espacio, los cuales confluyen y se encuentran en la línea del horizonte. La superficie terrestre, allí donde vivimos, es el plano intermedio; abajo de la superficie hay un plano subterráneo habitado por los ‘Wanabaricon’, aquellos seres semejantes a los humanos -pero de pequeña estatura-, que plantan chagras, cazan, pescan y construyen aldeas. El cielo que divisamos desde la superficie terrestre, es la base del plano superior conocido como ‘Kapragon’, que esta poblado por diversos tipos de seres, incluyendo los cuerpos celestes y los animales veloces -entre otros-, quienes al igual que los humanos, viven de la agricultura, la caza y la pesca. Los Macuxi no tienen cualquier tipo de relación con los seres que habitan esos otros planos del universo, tanto así que se respetan y no interfieren en sus destinos.
Por su parte, el plano intermedio no es dominio exclusivo de humanos y animales, también habitan en él dos (2) clases de seres: los ‘Omá:kon’ y los ‘Makoi’. El criterio de distinción básica entre esas dos clases de seres parece ser el lugar habitado por cada uno de ellos. Así, la categoría ‘Omá:kon’ preferentemente habita las sierras -en particular las áreas rocosas y más áridas de la cordillera-, así como la selva. Su apariencia, aunque muy diversa, es marcadamente salvaje y antisocial: tiene uñas, cabellos largos y un habla desarticulada. Se presentan más comúnmente bajo la apariencia de animales de caza, aunque sean ellos los cazadores de los hombres.
Por su parte los seres ‘Makoi’ son predominantemente acuáticos, de modo que habitan las cascadas y los pozos profundos. Como una especie de regla, se manifiestan bajo la apariencia de una variada gama de serpientes de agua. Son considerados los seres mas nefastos para los hombres, en tanto tienen la capacidad de atraerlos hacia sus dominios para luego devorarlos.
Cuando los ‘Omá:kon’ y los ‘Makoi’ capturan un alma humana (Stekaton), la víctima se enferma y termina muriendo. Solamente los Chamanes (Piatzán) pueden enfrentar la devastación ejercida por los ‘Omá:kon’ y los ‘Makoi’, ya que poseen facultades para verlos y disponen de armas sobrenaturales para neutralizarlos. En últimas, para los chamanes la enfermedad no es otra cosa que la evidencia de las agresiones causadas al alma de los indígenas por parte de esos dos tipos de seres. De esa manera, la acción terapéutica ejercida por un Chamán básicamente consiste en rescatar el alma aprisionada que se encuentra impedida para retornar al cuerpo. Y en ese tipo de sesiones chamanísticas, tienen cabida varios cantos con los cuales se va describiendo el proceso de retorno del alma al cuerpo de la persona afectada.
Así como los ‘Kapon’ se refieren entre ellos como ‘Tomba’ (o ‘Douba’ - parientes), los ‘Pemon’ se reconocen como ‘Yomba’ (parientes, semejantes). Los dos grupos se consideran emparentados, descendientes comunes de héroes míticos: los hermanos ‘Macunaíma’ y ‘Enxikirang’. De acuerdo como lo revela una de las tradiciones orales compartidas por esos grupos, los hermanos míticos (hijos del sol –Wei) forjaron en el tiempo antiguo -Piatai Datai- la actual configuración del mundo.
En varias versiones narrativas –Padon-, esos pueblos indígenas cuentan que ‘Macunaíma’ vio entre los dientes de un Agutí (Dasyprocta aguti) que se encontraba adormecido y con la boca abierta, unos granos de maíz y algunos residuos de frutas que únicamente ella conocía. Entonces salió a perseguir el pequeño animal y se encontró con el árbol ‘Wazacá’ –el árbol de la vida-, en cuyas ramas crecían todos los tipos de plantas cultivadas y silvestres que los indios usan para su alimentación. ‘Macunaíma’ resolvió entonces cortar el tronco –Piai- del árbol ‘Wazacá’, que al caer se inclinó hacia el noroeste. Por tanto, en esa dirección abrían caído todas las plantas comestibles que se encuentran significativamente hasta hoy en las áreas cubiertas de la selva.
Del tronco del árbol ‘Wazacá’ brotó un torrente de agua que causó una gran inundación en aquel tiempo primordial. Según el mito, ese tronco aún persiste: es el Monte Roraima por el que fluyen los cursos de agua que bañan el territorio tradicional de esos pueblos. De esa manera, el mito habla sobre el origen del cultivo (practica que marca la historia y caracteriza a la humanidad), así como de sus diferenciaciones étnicas, expresadas en la localización geográfica.
El clima en la región habitada por los Macuxi, se caracteriza por un riguroso régimen de lluvias y dos (2) estaciones bien definidas: invierno, con lluvias concentradas de mayo a septiembre; y verano, con secuencias prolongadas de sequía entre noviembre y marzo. De ahí que existan alteraciones estacionales de flora y fauna bastante significativas.
Durante los meses de invierno, las aguas de las lluvias torrenciales engrosan los lechos de los ríos y de los igarapés (estrechos brazos de ríos existentes en la amazonía, caracterizados por su poca profundidad y por ubicarse selva adentro), llegando a inundar gran parte de los campos, con excepción de algunos puntos que sobresalen en las planicies, y que forman islas. Para los Macuxi, esas islas de tierra firme junto con las vertientes de las sierras, son los lugares preferidos para el cultivo de yuca y maíz.
Asimismo, la población que estaba reunida en las comunidades a lo largo del periodo de sequía, se dispersa en pequeños grupos durante la estación de lluvias, pasando a vivir aisladamente con los alimentos almacenados que habían sido producidos en las chagras familiares y recolectados en los bosques que cubren las sierras.
Durante un breve periodo de transición entre las estaciones, la vegetación hasta entonces sumergida en los campos inundados vuelve a brotar exuberantemente, y los animales dejan sus refugios en las islas de tierra firme de las planicies -o su aislamiento en las sierras- para recorrer su hábitat más extenso. Así mismo, los indios que se encontraban dispersos en pequeños grupos domésticos, vuelven a reunirse, aglutinando las parentelas extensas en las comunidades, y componiendo expediciones de caza y pesca –entre varias otras actividades de exploración económica emprendidas en los tiempos de sequía.
Durante los meses de verano, la vegetación de los campos se torna seca y torrada, mientras el follaje verde se va restringiendo a los declives más próximos a las márgenes de los ríos y los igarapés, los cuales, en su mayor parte, se hacen intermitentes o se secan completamente en el auge del periodo de sequía. Los indios vuelven a los pozos en los lechos secos y hacia los lagos que conservan agua, esperando sorprender a los animales que buscan bebederos en los mismos lugares. También aprovechan para dedicarse mas intensivamente a la pesca, actividad que se torna principal durante esa época.
En éste periodo, los indios también se dedican a la construcción y a la reparación de las casas, así como a actividades correlacionadas tales como la extracción de madera y arcilla (materiales que son empleados respectivamente en el armazón de las estructuras básicas de las casas y en sus paredes laterales); la recolección de hojas de palma –frecuentemente de Buriti- para la elaboración de los techos; y la aglutinación de una gran variedad de fibras vegetales usadas en la confección de artefactos.
Durante la sequía se hace más nítido el trazo de una infinidad de caminos y senderos en los campos y en las selvas, los cuales conectan los lugares de recolección, caza, pesca, chagras y las diversas y dispersas comunidades. Tales trayectos llegan a ser intensamente recorridos por los indios, quienes aprovechan para visitar a sus parientes y hacer fiestas y celebraciones rituales, de modo que se van estrechando las relaciones sociales y los vínculos de alianza política entre las parentelas.
Los Macuxi practican la agricultura de tumba y quema (‘coivara’) para el establecimiento de chagras. Éste es un sistema rotatorio que consiste en talar y quemar una pequeña área de bosque para luego cultivar básicamente yuca, maíz, cará (tipo de tubérculo amazónico), camote (batata dulce), banano, sandía, piña y otras especies de menor proporción que varían de comunidad en comunidad. En la división del trabajo existente, los hombres se ocupan de la tala y la quema para la instalación de las chagras, así como de la caza, la pesca y la recolección de frutos silvestres, por lo que emprenden expediciones de exploración económica mucho más allá de los límites de las comunidades. Por su parte, las mujeres se encargan de establecer y mantener limpios los cultivos, así como de recoger los productos de las plantaciones cuando estos maduran y de prepararlos para su consumo.
Actualmente las comunidades Macuxi poseen pequeños rebaños colectivos de ganado bovino, conseguidos a través de proyectos que han contado con el apoyo de la Diócesis de Roraima, la Funai y el gobierno del estado de Roraima. Debido a la progresiva escasez de animales de caza, la cría de ganado en corrales y rediles comunitarios, así como la de aves y porcinos por parte de cada grupo doméstico (familias individuales), son actividades que hoy en día se consideran indispensables para la seguridad alimentaria de las comunidades.
Como todo indica, la tenencia colectiva de ganado no llego a afectar la organización tradicional de producción por grupos domésticos. El rebaño es encomendado a un vaquero, quien sólo solicita apoyo a los miembros de la comunidad cuando se trata de trabajos de mayor envergadura, los cuales se realizan una vez son purificados por la chicha y el pajuaru (tipo de chicha más fuerte, y en los dos casos son bebidas elaboradas a partir de la fermentación de la yuca), tal y como sucede en las demás situaciones de ayuda mutua entre las parentelas.
2 Identificación y Localización
5 El caso de la Raposa

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