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Timestamp: 2019-12-07 21:16:29+00:00

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La mediación en conflictos desde el ámbito polical introducción
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Una sociedad cada vez más compleja.
Ejes del área de actuación policial en la resolución de conflictos: prevención, asistencia y seguridad: Prevención
LA MEDIACIÓN EN CONFLICTOS DESDE EL ÁMBITO POLICAL
En este artículo se intenta justificar la intervención en conflictos desde el ámbito policial a través de un instrumento relativamente novedoso como es la Mediación en Conflictos.
Este instrumento queda enmarcado en las funciones propias de la policía, concretamente en la función de prevención de la violencia. Por lo tanto este artículo está pensado como una introducción al tema de la conflictividad y la violencia social, por eso, aunque no hace concreción de ningún tipo de violencia específica (sería excesivamente largo), si deja entrever que la dirección a la que quiere apuntar no es otra que a los diferentes tipos de conflictos violentos con los que los diferentes miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad se tienen que enfrentar a diario: violencia de género, escolar, juvenil, doméstica, intercultural, vecinal, etc.
Para finalizar esta introducción y dar paso al artículo propiamente dicho, me gustaría hacerlo con dos citas pertenecientes a dos autores que recogen el espíritu del mismo:
“La violencia que se ejerce sobre los niños es devuelta luego a la sociedad…Un niño castigado y humillado en nombre de la educación interioriza muy pronto el lenguaje de la violencia y la hipocresía y lo interpreta como el único medio de comunicación eficaz”.A. Miller, El origen del odio.
“La única forma de aprender a amar es siendo amado. La única forma de aprender a odiar es siendo odiado. Esto no es ni fantasía ni teoría, simplemente es un hecho comprobable. Recordemos que la humanidad no es una herencia, sino un triunfo. Nuestra verdadera herencia es la propia capacidad para hacernos y formarnos a nosotros mismos, no como criaturas del destino, sino como sus forjadores”. Ashley Montagu, La agresión humana, 1976.
El intento por definir la condición humana a lo largo de la historia de la humanidad, bien sea desde la filosofía, la religión, la psicología, etc., ha constituido una empresa inacabable.
El gran filósofo Aristóteles, ya por el siglo IV, definía al ser humano como un “animal social”. Hoy en día, sin negar dicha afirmación, podríamos añadirle la siguiente: la persona es un ser en conflicto.
Esto quiere decir que una de las tareas ineludibles que tiene que afrontar toda persona, desde el mismo momento de su nacimiento hasta el de su propia muerte, es la resolución favorable de los conflictos que se le presentan.
Actualmente vivimos en una sociedad que observa los conflictos como situaciones desagradables y que por lo tanto no prepara a sus miembros para afrontarlos, sino más bien para ocultarlos o intentar resolverlos por medios muy primarios: la ley del más fuerte o poderoso, o del más influyente, etc.
Una sociedad que aspire a fundamentarse en una ética “civilizada”, “humana” o “progresista”, tiene que asentarse sobre unos fundamentos radicalmente diferentes a los actuales.
En primer lugar, tiene que tener una visión del conflicto mucho más constructiva: el conflicto básicamente puede definirse como las diferentes posibilidades, perspectivas o enfoques que se dan sobre una misma situación, lo cual, si esta variedad es gestionada con una serie de principios positivos y unos instrumentos apropiados, el resultado supone un incremento de la pluralidad, de la creatividad, de la interrelación y por tanto del crecimiento humano.
En segundo lugar, para conseguir esto, los miembros de una sociedad, tienen que tener una formación adecuada para abordar los conflictos: esta formación incluye desde la famosa educación en valores (libertad, justicia, paz, solidaridad, etc.), hasta la formación más específica a la hora de valorar una respuesta adecuada a un determinado problema (detección, análisis y discernimiento de soluciones apropiadas).
Por último y, no por esto menos importante, el principio, según el cual, una sociedad que aspira a crecer como tal, es decir, que su fin último es el bien de todos sus miembros, necesita instituciones y organismos que fomenten todo lo anteriormente dicho: desde la simple facilitación de recursos hacia sus miembros, hasta la ejemplificación de sus comportamientos.
La realidad, por desgracia, es bien diferente. Las sociedades educan a sus miembros para afrontar los conflictos de manera que existan ganadores y perdedores. Muchas veces los propios estados “enseñan” a sus miembros a resolver los problemas por la fuerza (guerras, pena de muerte, terrorismo, etc.). Los ciudadanos no conocen otras vías alternativas al litigio judicial para llegar acuerdos (con la consiguiente saturación de juzgados, etc.).
Sin caer en una visión derrotista, también es verdad que el empeño por mejorar nuestro mundo no desfallece y, al lado de todo lo anteriormente dicho, existen fórmulas de resolución de conflictos que en algunos países ya se llevan practicando desde hace tiempo y cuyos resultados son muy favorables.
Concretamente la Mediación en Conflictos entronca con unos valores humanos profundos y arraigados (respeto, igualdad, paz y justicia), y apunta hacia unos objetivos muy deseables en toda sociedad (bien personal y social).
Teniendo todo esto en cuanta, la implantación y desarrollo de la Mediación en Conflictos, dependerá básicamente de las instituciones sociales y políticas, las cuales, no son otra cosa, que la expresión de un proyecto de convivencia y desarrollo por parte de una comunidad de individuos. Este es el caso de de las administraciones locales, que por su cercanía a los problemas cotidianos de los ciudadanos, asumen la responsabilidad y la difícil tarea de gestionar y resolver dichos problemas. Dentro de esta función de la administración local, los diferentes organismos y servicios que la constituyen, en nuestro caso, la Policía Local, tienen como una de sus misiones principales, la función resolutiva de los problemas sociales.
No obstante, esta función resolutiva está precedida por un proceso de actuación policial articulado sobre tres ejes que lo estructuran: Prevención, Asistencia y Seguridad. Veamos más detenidamente cada uno de ellos.
Ejes del área de actuación policial en la resolución de conflictos: prevención, asistencia y seguridad:
Por prevención podemos entender el conjunto de acciones destinadas por parte de la policía a “desactivar” todas aquellas situaciones que puedan ser susceptibles de generar por si mismas o en contacto con el contexto en el que se enmarquen, un proceso conflictivo violento.
En este sentido los instrumentos más adecuados para alcanzar dicho objetivo son los constituidos desde un enfoque preventivo-pedagógico, articulado en los correspondientes currículum diseñados para cada área específica perteneciente a dicho proyecto preventivo. Concretamente, el esquema que podría definir el procedimiento a seguir sería el siguiente:
- Sensibilización respecto del problema-conflicto
- deconstrucción sociocultural
- reconstrucción teórico-práxica.
En un segundo momento, esta dimensión preventiva contará con un área destinada a la resolución de todos aquellos conflictos que dependiendo del procedimiento gradual en el que se encuentren, podrán ser objeto de un tratamiento específico que tenga como objetivo la facilitación y motivación necesarias para que las partes implicadas en los mismos puedan encontrar, con ayuda del personal policial competente, la solución más oportuna y eficaz.
Este eje de actuación policial está íntimamente ligado con el anterior, hasta el punto de que una labor asistencial privada de un procedimiento preventivo precedente, dejaría a ésta en un mero formalismo informativo.
Esta dimensión asistencial necesita de una previa sensibilización respecto a la problemática que se desea abordar por parte de los profesionales de la policía para poder empatizar con todos los potenciales usuarios, especialmente con las víctimas si se diera el caso, y de un conocimiento y adiestramiento capaces de poner “rostro humano” a una labor institucional y a veces burocrática en exceso. La asistencia se concreta en una serie de principios de actuación policial como son el acompañamiento, la información, el seguimiento y asesoramiento. Es decir, el desarrollo del término “servicio” entendido en toda su literalidad.
En este eje de actuación es donde la teoría y la práctica de toda función institucional, en este caso policial, adquiere su encarnación con la realidad. Es aquí donde el ciudadano puede sentir la cercanía o no de este servicio. Es precisamente en el servicio asistencial donde adquieren sentido los planes, organigramas, proyectos y todo tipo de herramientas que se puedan desplegar, y es precisamente donde con más rigor se pueden realizar las pertinentes revisiones críticas con el fin de alcanzar el mayor “ajustamiento” deseado entre la función policial y su contexto social.
Constituye el tercer eje de este proyecto que añadido a los otros dos que le preceden se caracteriza por su manifiesta visibilidad social. Es decir, la prevención posibilita un servicio de asistencia que se manifiesta en programa de seguridad.
Este concepto de seguridad quiere ir más allá del simple hecho disuasorio. Concretamente, entiende por seguridad en un primer momento a la ausencia de situaciones conflictivas que se puedan derivar de situaciones violentas, y dándole un carácter más dinámico cabría plantearla en un segundo momento como la capacitación necesaria para diseñar escenarios sociales ágiles y competentes que tengan como finalidad el encauzamiento de los conflictos en su fase incipiente.
De esta manera esta área de la policía local, contribuiría en colaboración con las demás instituciones sociales y municipales a la construcción de una red de seguridad ciudadana basada en la prevención, asistencia y resolución de conflictos, sobre la cual se podría desplegar de una manera consistente los principios y valores constitutivos de toda sociedad democrática que se precie como tal: paz, solidaridad, libertad, justicia e igualdad.
Como conclusión podemos afirmar que la complejidad que caracteriza a nuestra sociedad actual, tiene una expresión significativa en la exigencia, cada vez más frecuente, que se viene haciendo a las diferentes administraciones e instituciones, y entre ellas a las policías locales, de instrumentos “adecuados, sofisticados y eficaces” para la prevención y resolución de sus problemas, lo cual, conlleva necesariamente la puesta al día de los diferentes medios y servicios.
En nuestro caso, que la Policía Local sea capaz de ofertar un espacio específico para que los diferentes actores sociales puedan resolver sus problemas a través del método resolutivo de la Mediación, como una fase previa y alternativa a la vía jurídica, es una iniciativa que contaría con el visto bueno de la ciudadanía, con el alivio de la juridisprudencia y con el aumento en credibilidad, eficacia y popularidad de la administración que la promueva.
Todos los pasos que se den en esa dirección, no harán otra cosa que confirmar la necesidad de actualización respecto a actitudes y medios policiales pertinentes para su adecuación a los tiempos actuales.
Mediador y experto en conflictos.
pablulluanco@yahoo.es
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