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﻿ Hegemonía o supervivencia: el dominio mundial de EE.UU. | Noam Chomsky | download
الرئيسية Hegemonía o supervivencia: el dominio mundial de EE.UU.
Hegemonía o supervivencia: el dominio mundial de EE.UU.
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Colección Biografías y documentos
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H E G E M O N Í A
El dominio mundial de EEUU
Traducción de C a r l o s José Restrepo
EDITORIAL N O R M A
Bogotá, Barcelona, Buenos
Aires, Caracas, Guatemala,
Lima, México. Panamá.
Quito, San José. San Juan
San Salvador. Santiago de Chile
C h o m s k y , N o a m , 1928Hegemonía o s u p e r v i v e n c i a / N o a m C h o m s k y . —
B o g o t á : G r u p o E d i t o r i a l N o r m a , 2004.
370 p . ; 21 c m . — (Biografías y documentos)
I S B N 958-04-7825-2
t. Estados U n i d o s - R e l a c i o n e s exteriores
I. Tít. II. Serie
327.73 cd 20 ed.
AHV2552
C E P - B a n c o d e l a República-Biblioteca L u i s Á n g e l A r a n g o
Título o r i g i n a l en inglés: Hegemony or survival
P r i m e r a edición e n inglés: M e t r o p o l i t a n B o o k s , 2003
© N o a m C h o m s k y , 2003
© Editorial N o r m a S.A.. 2004
A p a r t a d o Aéreo 53550, Bogotá
Portada: C a m i l o Umafta
Elaboración de índices: G u s t a v o P a t i n o D í a z
Corrección de estilo: E r i c a Á v i l a B u i t r a g o
A r m a d a : Blanca V i l l a l b a Palacios
P r i m e r a edición : a b r i l de 2004
958-04-7825-2
P r o h i b i d a la reproducción total o p a r c i a l s i n
permiso escrito de la E d i t o r i a l
Impreso en C o l o m b i a - Printed in Colombia
Este l i b r o se c o m p u s o en caracteres O c t a v i a n
Prioridades y perspectivas
La gran estrategia imperial
La nueva era de la ilustración
La conexión iraquí
Caldera de hostilidades
Terrorismo y justicia:
algunas verdades útiles
¿Una pesadilla pasajera?
índices onomástico
índices analítico
H A C E U N O S AÑOS, E R N S T M A Y R , uno de los grandes de la biología conte; mporánea, publicó algunas reflexiones sobre las posibilidades de éxito en la búsqueda de inteligencia extraterrestre .
Estimaba que las perspectivas eran m u y pobres. Su r a c i o c i n i o tenía
que ver con el valor adaptativo de la que llamamos " inteligencia superior", en el sentido de la organización intelectual p r o p i a del h o m bre. M a y r calculó el número de especies desde el o r i g e n de la v i d a
en alrededor de 50 000 millones, de las cuales sólo una "alcanzó el
tipo de inteligencia necesario para crear una civilización". C o s a que
se dio hace apenas muy poco, tal vez unos 100 0 0 0 años atrás. La
creencia general es que sólo sobrevivió un pequeño g r u p o reproductor, del que todos nosotros descendemos.
M a y r planteó que la selección tal vez no propicia la organización
intelectual de tipo humano. La historia de la v i d a en la Tierra, escribía, refuta la afirmación de que "es mejor ser listo q u e estúpido", al
menos si se juzga en términos de éxito biológico. L o s escarabajos y
las bacterias, por ejemplo, son muchísimo más exitosos que los hombres en términos de supervivencia. Asimismo, M a y r hizo la más bien
1 M a y r , en Bioastronomy News 7, n ú m . 3 , 1 9 9 5 .
lúgubre observación de que "el promedio de vida de una especie es
de unos 100000 años".
Ingresamos ahora en un período de la historia humana que podría dar respuesta a la pregunta de si es mejor ser listos que estúpidos. La perspectiva más esperanzadora está en que la pregunta no
tenga respuesta. Si obtiene una respuesta terminante, esa respuesta
sólo puede ser que los humanos fueron algo así como un "error biológico", habiendo utilizado sus 100000 años asignados para aniquilarse entre ellos y de paso acabar con casi todo lo demás.
Sin duda alguna, la especie humana ha desarrollado la capacidad de hacer precisamente esto; y un hipotético observador extraterrestre bien podría concluir que los humanos han dado prueba de
esta capacidad a lo largo de la historia, de manera dramática en los
últimos cien años, con su ataque contra el ambiente que sustenta la
vida, contra la diversidad de organismos más complejos y, con frío
y deliberado salvajismo, también contra sus semejantes.
S U P E R P O T E N C I A S
El año 2003 se inauguró con numerosos indicios de que las inquietudes por la supervivencia humana están bien fundadas. Para
dar unos pocos ejemplos, a principios de otoño de 2002 se supo que
cuarenta años antes esquivamos por un pelo una guerra nuclear,
posiblemente de carácter final. Acto seguido de esta alarmante revelación, el gobierno de Bush bloqueó los esfuerzos de la O N U para
prohibir la militarización del espacio, lo que constituye una seria
amenaza a la supervivencia. La administración B u s h también puso
fin a las negociaciones internacionales para impedir la guerra biológica y entró en acción para hacer inevitable el ataque a Iraq, a pesar
de una oposición popular sin precedente histórico.
Organizaciones de ayuda con amplia experiencia en Iraq y estudios de respetadas organizaciones médicas advirtieron que la i n -
vasión proyectada podría precipitar u n a catástrofe h u m a n i t a r i a .
Washington ignoró las advertencias, que poco interés despertaron
en los medios. U n a comisión norteamericana de alto nivel c o n c l u y ó
que los ataques con armas de destrucción masiva ( A D M ) en t e r r i t o rio de Estados U n i d o s eran "probables" y lo serían más aún en el
caso de una guerra con Iraq. Numerosos expertos y agencias de i n teligencia emitieron admoniciones similares, añadiendo que la beligerancia de Washington, no sólo contra Iraq, h a d a crecer la a m e n a z a
a largo plazo de terrorismo internacional y proliferación de A D M . Estas advertencias también fueron ignoradas.
En septiembre de 2002 la administración B u s h proclamó su Estrategia de Seguridad N a c i o n a l , donde afirma el derecho de EstadosUnidos a recurrir a la fuerza para eliminar cualquier desafío
que se perciba contra su hegemonía m u n d i a l , la cual ha de s e r permanente. Esta nueva estrategia global despertó hondas p r e o c u p a ciones en todo el mundo, incluso dentro de la élite que d i r i g e la
política exterior estadounidense. También en septiembre se l a n z ó
una campaña de propaganda para pintar a Saddam H u s s e i n c o m o
una amenaza inminente contra Estados U n i d o s e insinuar q u e era
el responsable de las atrocidades del 11 de septiembre (s-11) y que
tramaba otras. La campaña, programada para que c o i n c i d i e r a con
las elecciones de mitad de período del Congreso, consiguió m o d i f i c a r
actitudes con un notable éxito. D i c h a campaña logró, en poco t i e m po, apartar a la opinión pública estadounidense de la banda de la
opinión mundial y ayudó a que la administración a l c a n z a r a sus
metas electorales y convirtiera a Iraq en un verdadero terreno de
prueba para la recién proclamada doctrina del uso de la fuerza a discreción.
El presidente B u s h y sus asociados insistieron también en torpedear los esfuerzos internacionales por reducir reconocidas a m e n a zas graves contra el medio ambiente, con pretextos que a p e n a s
disimulaban su devoción por algunos sectores restringidos d e l po-
der privado. El Programa Científico sobre C a m b i o Climático ( P C C C )
de la administración, escribe D o n a l d Kennedy, director de la revista
Science, es una farsa que "no incluye recomendaciones para limitar
las emisiones, ni tampoco otras formas de mitigación" y se contenta
con "metas de reducción voluntaria que, así se cumplan, permitirían
que las tasas de emisión de Estados Unidos continúen creciendo alrededor del 14 por ciento por década". El
n i siquiera tiene en
cuenta la posibilidad, sugerida por un "creciente acervo probatorio",
de que los cambios de calentamiento en el corto plazo de los que hace
caso omiso "dispararán un abrupto proceso no l i n e a l " , que producirá drásticos cambios de temperatura que podrían conllevar riesgos extremos para Estados Unidos, Europa y otras zonas templadas.
La "desdeñosa abstención de entrar en compromisos multilaterales
sobre el problema del calentamiento global [por parte de la administración Bush]", prosigue Kennedy, fue " l a postura que dio inicio
al largo y continuado proceso de erosión de sus amistades en Europa", y remató en "un resentimiento ardiente" .
Hacia octubre de 2002 se iba haciendo difícil ignorar el hecho de
que el mundo estaba "más preocupado con el uso desenfrenado del
poder por parte de Estados U n i d o s que (...) con la amenaza representada por Saddam H u s s e i n " , y "tan interesado en limitar el poder del gigante como (...) en eliminar las armas del déspota" . Las
inquietudes mundiales aumentaron en los meses siguientes, cuando el gigante puso en claro su intención de atacar a Iraq, así los inspectores de la O N U , que toleraba de mala gana, no consiguieran
desenterrar armas que sirvieran de pretexto para la invasión. P a r a
el mes de diciembre, el apoyo a los planes de guerra de Washington
difícilmente llegaba al 10 por ciento en casi todas partes por fuera
de Estados Unidos, según encuestas internacionales. D o s meses des-
2 D o n a l d K e n n e d y , en Science, 299, 21 de m a r z o de 2003.
3 H o w a r d L a F r a n c h i , en Christian Science M o n i t o r , 30 de octubre de 2002.
pués, luego de enormes protestas en todo el mundo, se d e c í a en la
prensa que "en el planeta tal vez quedan aún dos superpotencias:
Estados U n i d o s y la opinión pública m u n d i a l " (entendiéndose aquí
por 'Estados U n i d o s ' su poder estatal y no su opinión pública, ni siquiera la de las élites) .
A comienzos de 2003, los estudios mostraban que el m i e d o a Estados U n i d o s había trepado a notables alturas en todo el m u n d o ,
junto con la desconfianza hacia su dirigencia política. El desconocimiento de los derechos y necesidades humanos más elementales iba
a la par con una exhibición de desprecio por la democracia s i n paralelo alguno que venga a la cabeza, todo esto acompañado de manifestaciones de sincero compromiso con los derechos h u m a n o s y la
democracia. Los presentes acontecimientos deberían p e r t u r b a r hondamente a quienes se preocupan por el mundo que dejarán a sus
Si bien los estrategas de B u s h están del lado extremo del espectro
de las políticas tradicionales de Estados Unidos, sus p r o g r a m a s y
doctrinas tienen muchos precursores, tanto en la historia norteamericana como en la de anteriores aspirantes al poder m u n d i a l . P a r a
colmo de males, sus decisiones bien pueden no ser irracionales dentro del marco de la ideología dominante y las instituciones q u e la encarnan. A b u n d a n los antecedentes históricos de líderes dispuestos
a amenazar con la violencia o recurrir a ella ante un significativo riesgo de catástrofe. Pero lo que ahora está en juego es mucho m á s . La
opción entre hegemonía y supervivencia rara vez, si a c a s o , se ha
planteado de manera tan álgida.
Tratemos de desenredar algunos de los muchos hilos q u e componen este tapiz complejo, enfocando la atención en la p o t e n c i a
mundial que declara su hegemonía mundial. Sus acciones y l a s doctrinas que las guían deben ser una preocupación f u n d a m e n t a l de
4 P a t r i c k T y l e r , en N e w York Times, 17 de febrero de 2003.
todos los habitantes del planeta y particularmente, por supuesto, de
los estadounidenses. Muchos de ellos disfrutan de ventajas y libertades poco comunes (de allí su habilidad para trazar el futuro) y
deberían enfrentar con cuidado las responsabilidades que se desprenden como corolario inmediato de este privilegio.
E N E M I G O
Quienes deseen asumir sus responsabilidades mediante un compromiso genuino con la democracia y la libertad -y hasta con una
supervivencia aceptable- tendrán que distinguir las barreras que les
cierran el paso. Estas no se ocultan en los Estados más violentos. En
las sociedades más democráticas las barreras son más sutiles. Si
bien los métodos difieren pronunciadamente desde las sociedades
más brutales a las más libres, los objetivos son, de muchas maneras, similares: asegurarse de que la "gran bestia", como Alexander
Hamilton llamaba al pueblo, no traspase los límites debidos.
El control del común de la población ha sido siempre una de las
preocupaciones dominantes del privilegio y el poder, especialmente
desde la primera revolución democrática moderna en la Inglaterra
del siglo x v i i . Los autodenominados "hombres de primera calidad"
miraban consternados cómo una "aturdida multitud de bestias con
figura de hombre" repudiaba la estructura básica del conflicto civil
que se libraba en Inglaterra entre la corona y el parlamento y exigía
un gobierno "de compatriotas iguales a nosotros, que conozcan
nuestras necesidades" y no de "caballeros y señores que nos dictan
leyes, elegidos por temor y que únicamente nos oprimen y desconocen las aflicciones del pueblo". Así las cosas, los hombres de primera
calidad declaraban que, puesto que el pueblo es tan "depravado y
corrupto" como para "conferir posiciones de poder y responsabilidad a hombres indignos y malvados, renuncia a su poder a este respecto y lo cede a los buenos, así estos sean pocos". C a s i tres siglos
PRIORIDADES Y
después, el "idealismo wilsoniano", como suele llamársele, a d o p t ó
una actitud bastante parecida: en el exterior, la responsabilidad de
Washington es ver que el gobierno esté en manos de "los b u e n o s ,
así estos sean pocos"; en casa, es necesario resguardar un s i s t e m a
de toma de decisiones por las élites y ratificación por el p ú b l i c o
-"poliarquía", en el léxico de la ciencia política-, en vez de u n a democracia .
C o m o presidente, el propio Woodrow W i l s o n no se privó de ejecutar políticas severamente represivas, incluso dentro de E s t a d o s
Unidos, pero por lo común ese tipo de medidas no son un medio disponible allí donde las luchas populares han conseguido un g r a d o
sustancial de libertad y derechos. Ya en tiempos de W i l s o n , a m p l i o s
sectores de élite de los Estados U n i d o s y G r a n Bretaña reconocían
que en el interior de sus sociedades la coerción era una h e r r a m i e n t a
de decreciente utilidad y que habría que inventarse nuevas f o r m a s
de domar a la bestia, principalmente mediante el control de o p i n i o nes y actitudes. Desde entonces han surgido colosales i n d u s t r i a s dedicadas a tales fines.
El propio parecer de Wilson era que había que facultar a u n a élite
de caballeros de "ideales elevados" para que preservase " l a estabilidad y la rectitud" . Algunos renombrados pensadores se m o s t r a 6
ron de acuerdo. " H a y que poner al público en su s i t i o " , d e c l a r ó
Walter L i p p m a n n en sus ensayos progresistas sobre la d e m o c r a c i a .
5 E n cuanto a fuentes sobre el i d e a l i s m o w i l s o n i a n o y sobre el s i g l o X V I I , v é a n s e
m i D e t e r r i n g Democracy, Verso. 1991; edición a m p l i a d a : H i l l & W a n g , 1 9 9 2 ,
capítulo 12, y mi Profit over People, Seven S t o r i e s , 1999, capítulo 2. P a r a u n a
discusión m á s e x t e n s a y fuentes a c a d é m i c a s c o n t e m p o r á n e a s , v é a s e m i a r t í c u l o
" C o n s e n t w i t h o u t C o n s e n t " e n C l e v e l a n d State L a w R e v i e w 44. n ú m . 4 , 1 9 9 6 . S e
i n t r o d u c e n a q u í c a m b i o s menores (de p u n t u a c i ó n , etc.) p a r a facilitar l a l e c t u r a .
6 C i t a d o p o r D a v i d F o g l e s o n g en
Secret War Against Bolshevism.
N o r t h C a r o l i n a , 1995, p á g . 28.
Ese objetivo se podía alcanzar en parte mediante una "fabricación
del consentimiento", que sería un "arte recatado y órgano corriente
para el gobierno del pueblo". Esta "revolución" en el "ejercicio de
la democracia" debería habilitar a una "clase especializada" para
el manejo de los "intereses comunes" que "en gran parte se le escapan por completo a la opinión pública": en suma, el ideal leninista.
Lippmann había observado de primera mano esa revolución en el
ejercicio de la democracia, como miembro que fue del Comité de
Información Pública de W i l s o n , creado para coordinar la propaganda en tiempos de guerra y que tuvo mucho éxito en azuzar la población hasta el delirio bélico.
Aquellos "hombres responsables" que son los indicados para
tomar decisiones, prosigue L i p p m a n n , deben " v i v i r libres del pisoteo y el bullicio de un rebaño azorado". Esos "extraños entrometidos e ignorantes" deben ser "espectadores", no "participantes".
Pero la manada tiene, sí, una "función": pisotear periódicamente a
favor de este o aquel elemento de la clase dirigente en tiempo de elecciones. Lo que no se dice es que los hombres responsables alcanzan
ese estatus no por tener un talento o conocimientos especiales, sino
por subordinarse voluntariamente a los sistemas del poder real y
guardar lealtad a sus principios operativos; de modo primordial a
ese que dicta que las decisiones básicas sobre la v i d a social y económica se deben circunscribir a instituciones con un control autoritario vertical, en tanto que la participación de la bestia se debe limitar
a una palestra pública mermada.
Qué tan mermada deba ser la palestra pública es objeto de debate. Las iniciativas neoliberales de los últimos treinta años se han
dirigido a restringirla, dejando la toma de decisiones básicas en el
seno de tiranías privadas que en gran medida no rinden cuentas,
ligadas estrechamente unas con otras y con unos cuantos países
poderosos. La democracia puede sobrevivir así, pero bajo una forma severamente reducida. Los sectores del ala Reagan-Bush han
asumido una posición extrema a este respecto, pero de todos m o d o s
el abanico de políticas es bastante estrecho. H a y quienes sostienen
que la democracia escasamente existe y se burlan de los expertos q u e
"efectivamente viven de contrastar los puntos más sutiles de las comedias de la cadena de televisión N B C con las que pasa la c a d e n a
C B S " durante las campañas electorales. " M e d i a n t e un acuerdo t á c i to, los dos partidos principales conducen la contienda p r e s i d e n c i a l
[como] una obra de kabuki político [en la que] los actores c o n o c e n
sus papeles y todo el mundo se ciñe al texto", "asumiendo p o s e s "
imposibles de ser tomadas en serio .
Si el público escapa a su marginalización y pasividad, nos encontramos ante una "crisis de la democracia" que debe ser d e r r o t a d a ,
explican los intelectuales liberales, en parte con medidas tendientes
a corregir las instituciones responsables del "adoctrinamiento de la
juventud" (colegios, universidades, iglesias y demás), y quizá h a s t a
a través del control de los medios por parte del gobierno, si la a u t o censura no basta .
Al adoptar estos puntos de vista, los intelectuales c o n t e m p o ráneos beben en buenas fuentes constitucionales. James M a d i s o n
sostenía que el poder debía ser delegado al "caudal de la n a c i ó n " : el
"grupo de hombres más capaces", que entienden que el papel d e l
gobierno consiste en "proteger a la minoría de los opulentos c o n t r a
la mayoría". Precapitalista en su visión del mundo, M a d i s o n c o n fiaba en que el "estadista ilustrado" y el "filósofo benévolo" q u e
habrían de ejercer el poder discernirían el verdadero interés de su
país" y protegerían el interés público del "daño" de las mayorías democráticas. M a d i s o n tenía la esperanza de que el daño se e v i t a r a
7 A n d r e w B a c e v i c h . American Empire, H a r v a r d , 2003, p á g . 2 0 0 y s i g s .
8 M. J. C r o z i e r , S. P H u n t i n g t o n y J. W a t a n u k i , The Crisis of Democracy, N e w
Y o r k U n i v e r s i t y , 1975, i n f o r m e a la C o m i s i ó n T r i l a t e r a l .
bajo el sistema de fragmentación ideado por él. En años posteriores
llegó a temer que surgieran graves problemas con el probable aumento de quienes "trabajarán en medio de todas las penurias de la
vida, suspirando en secreto por una distribución más equitativa de
sus beneficios". G r a n parte de la historia moderna refleja estos
conflictos sobre quién tomará las decisiones y cómo.
El reconocimiento de que el control de la opinión es el fundamento del gobierno, del más despótico al más libre, se remonta por lo
menos hasta D a v i d H u m e . Pero habría que hacer una precisión:
dicho control es mucho más importante en las sociedades más libres,
donde la obediencia no se puede mantener a latigazos. Es apenas
natural que las instituciones modernas de control del pensamiento
-llamado con franqueza propaganda antes de que la palabra cayera en desuso por sus connotaciones totalitaristas- hayan tenido origen en las sociedades más libres. G r a n Bretaña fue pionera con su
Ministerio de Información, dedicado a "dirigir el pensamiento de la
mayoría del mundo". Wilson apareció poco después con su Comité
de Información Pública. Su éxito propagandístico inspiró a los teóricos demócratas progresistas y a la moderna industria de las relaciones públicas. Sobresalientes miembros del C I P , como Lippmann
y Edward Bernays, de modo muy explícito se inspiraban en estos logros de control del pensamiento, que Bernays llamaba "ingeniería
del asentimiento (...) la esencia misma del proceso democrático". El
término propaganda entró como vocablo a la Enciclopedia Británica en 1922 y a la Enciclopedia de las Ciencias Sociales una década después, con la sanción académica por parte de H a r o l d Lasswell
de las nuevas técnicas para el control de la mente del público. Los
métodos de los pioneros resultan particularmente significativos,
como escribe Randal M a r l i n en su historia de la propaganda, debido
a su "amplia imitación (...) por parte de la Alemania nazi, Sudáfrica,
la Unión Soviética y el Pentágono de Estados U n i d o s " , aunque los
éxitos de la industria de las relaciones públicas hacen que todos e l l o s
parezcan diminutos .
Los problemas del control interno adquieren una gravedad particular cuando las autoridades del gobierno ejecutan políticas a las
que se opone el grueso de la población. En tales casos, la d i r i g e n c i a
política puede verse tentada a seguir la senda de la administración
Reagan, que estableció una Oficina de D i p l o m a c i a Pública p a r a fabricar consentimiento sobre sus devastadoras políticas en C e n t r o a mérica. Un alto funcionario del gobierno describió la O p e r a c i ó n
Verdad de esta oficina como una "enorme operación p s i c o l ó g i c a
como las que conducen los militares para influenciar a la población
de un territorio vedado o enemigo", una honesta caracterización de
actitudes muy difundidas hacia la población nacional .
E X T R A N J E R O
Mientras que al enemigo interno se le suele controlar con p r o paganda intensiva, allende las fronteras se cuenta con medios m á s
directos. Los líderes de la presente administración B u s h - e n su m a y o r
parte reciclados de los sectores más reaccionarios de la a d m i n i s t r a ción Reagan-Bush I - lo ilustraron con toda claridad en su a n t e r i o r
paso por cargos públicos. Cuando la Iglesia y otros d e s c a r r i a d o s
desafiaron el tradicional régimen de violencia y represión en los
dominios centroamericanos del poder estadounidense, el g o b i e r n o
de Reagan respondió con una "guerra contra el terror", d e c l a r a d a
9 R a n d a l M a r l i n , Propaganda and the Ethics of Persuasión. B r o a d v i e w , 2 0 0 2 .
1 0 P a r a u n a discusión d e esta v a s t a c a m p a ñ a d e desinformación v é a n s e m i
Culture ofTerrorism, S o u t h E n d ,
1988 y Necessaiy Illusions. S o u t h E n d .
fundamentados especialmente e n las revelaciones d e A l f o n s o C h a r d y e n e l d i a r i o
M i a m i Herald y en fuentes o f i c i a l e s posteriores.
tan pronto tomó posesión en 1981. No sorprende que la iniciativa
norteamericana se convirtiera al instante en una guerra terrorista,
una campaña de matanzas, torturas y barbarie que pronto se extendió a otras regiones del planeta.
En un país, Nicaragua, Washington había perdido el control de
las fuerzas armadas que venían subyugando a su población, otro
amargo legado del idealismo wilsoniano. Los rebeldes sandinistas
derrocaron la dictadura de Somoza, apoyada por Estados Unidos,
y disolvieron la sanguinaria Guardia Nacional. Fue necesario, por lo tanto, someter a Nicaragua a una campaña de terrorismo internacional
de la guerra terrorista de Washington son graves. El espíritu de regocijo, vitalidad y optimismo que siguió al derrocamiento de la dictadura no pervivió mucho tiempo después de que la superpotencia
imperante interviniera para frustrar toda esperanza de que una historia siniestra tomara al fin un nuevo rumbo.
En los demás países centroamericanos en la mira de la "guerra
contra el terror" del reaganismo, las fuerzas equipadas y adiestradas por Estados Unidos mantuvieron el mando. Sin un ejército que
defendiera a la población de los terroristas (o sea, de los propios organismos de seguridad), las atrocidades fueron aún peores. El registro de asesinatos, torturas y devastación fue ampliamente difundido
por organizaciones de derechos humanos, grupos eclesiásticos, estudiosos latinoamericanos y muchos otros; pero poco supieron de él,
antes de ser borrado con prontitud, los ciudadanos del país con la
mayor responsabilidad en ello".
Para mediados de la década de 1980 las campañas terroristas
apoyadas por Washington habían creado sociedades "afectadas por
11 Sobre los estrechos límites del debate p e r m i t i d o , véase mi Necessary Illusions.
P a r a estudios d e caso e n u n p l a n o más a m p l i o , véase, E d w a r d H e r m a n y N o a m
C h o m s k y , Manufacturing Consent, P a n t h e o n , 1988; edición a c t u a l i z a d a , 2002.
el terror y el pánico (...) la intimidación colectiva y el miedo generalizado", según palabras de una importante organización de derechos humanos salvadoreña auspiciada por la Iglesia. La población
había "interiorizado la aceptación" del "empleo cotidiano y frecuente
de métodos violentos" y " l a frecuente aparición de cadáveres t o r t u rados" . De regreso de una corta visita a su nativa Guatemala, el periodista Julio Godoy escribía que " u n o se ve tentado a creer que
ciertas personas en la C a s a Blanca veneran deidades aztecas (...)
con ofrendas de sangre centroamericana". G o d o y había h u i d o unos
años antes, cuando terroristas de Estado volaron su periódico, La
Epoca, operativo este que no despertó interés alguno en E s t a d o s
Unidos: la atención se fijaba con esmero en las fechorías del e n e m i go oficial, sin duda reales pero apenas detectables dada la e s c a l a del
tenor estatal apoyado por E E U U e n l a región. L a C a s a B l a n c a , c o m o
escribió Godoy, instaló en Centroamérica y brindó ayuda a fuerzas
que "fácilmente podían competir con la Securitate de Nicolás C e a u sescu por el premio mundial de la c r u e l d a d " .
U n a vez los comandantes terroristas lograron sus objetivos, se
citó en San Salvador, con el fin de pasar revista a las consecuencias,
a un congreso de jesuitas y asociados seglares con sobrada experiencia personal en qué fundamentarse, independientemente de lo que
habían observado en la tétrica década de los años ochenta. El congreso concluyó que no basta con fijarse tan sólo en el terror. No
menos importante es "explorar (...) el peso que la cultura del terror
ha tenido en la domesticación de las expectativas de la mayoría'', i m pidiéndole contemplar "alternativas a las exigencias de los poderosos" . Y esto no sólo en América C e n t r a l .
12 Latín A m e r i c a n D o c u m e n t a t i o n ( L A D O C ) . Torture in Latin America. L i m a ,
1987. J u l i o G o d o y , en N a t i o n . 5 de m a r z o de 1990.
1 3 J u a n H e r n á n d e z P i c o , e n Envío, N i c a r a g u a , m a r z o d e 1994.
o supervivencia
La destrucción de la esperanza es un proyecto de importancia
crucial. Y una vez se lleva a cabo, la democracia formal es permitida... y hasta se prefiere, así sea por cuestión de relaciones públicas.
En círculos más sinceros se admite la verdad de mucho de todo esto.
Desde luego, quienes lo entienden más a fondo son las bestias con
figura de hombre que sufren las consecuencias de desafiar los imperativos de la estabilidad y el orden.
La segunda superpotencia, la opinión pública mundial, no debería escatimar esfuerzos en comprender estos asuntos, si es que espera librarse de las riendas que la sujetan y tomar en serio los ideales
de justicia y libertad que con tanta facilidad brotan a flor de labios
pero que tan difíciles son de proteger y fomentar.
HACIA EL OTOÑO DE 2 0 0 2 , en la agenda global del E s t a d o más
poderoso de la historia ocupaba una destacada posición la intención
explícita de preservar su hegemonía mediante la amenaza o el uso
de la fuerza, esa dimensión del poder en la que reina de m a n e r a suprema. En la retórica oficial de la Estrategia de Seguridad N a c i o n a l ,
"Nuestras fuerzas tendrán el poderío suficiente para disuadir a los
adversarios potenciales de adelantar una escalada militar con la esperanza de sobrepasar o igualar el poder de Estados U n i d o s " .
Un conocido experto en asuntos internacionales, John Ikenberry,
describe esta proclamación como una "estrategia global [que] comienza con el compromiso fundamental de preservar un m u n d o
unipolar donde Estados U n i d o s no tenga un rival a su a l t u r a " , condición que ha de ser "permanente [de modo que] ningún E s t a d o o
coalición pueda j a m á s desafiar [a Estados U n i d o s ] en su condición
De líder mundial, protector y guardián de la ley". El declarado "proceder hace que las reglas internacionales de la legítima defensa —consagradas en el Artículo 51 de la Carta de la O N U - sean poco menos
que vacuas". De modo más general, la doctrina desecha las leyes y
por su "escaso valor". Ikenberry c o n t i -
1 Casa Blanca. National Security Strategy of thc United States of
America, 17 de septiembre de 2002.
Í21I
núa: " L a nueva gran estrategia imperial presenta a Estados Unidos
[como] un Estado revisionista que busca explotar sus ventajas presentes para la creación de un orden mundial donde él dirija la función", incitando así a otros a buscar formas de "soslayar, socavar,
contener o vengarse del poder estadounidense". La estrategia amenaza con "dejar más peligroso y dividido al mundo y menos seguro
a Estados U n i d o s " , opinión compartida ampliamente por la élite de
I M P O S I C I Ó N
La gran estrategia imperial afirma el derecho de Estados U n i dos de emprender una "guerra preventiva" a discreción. Guerra de
prevención, no de anticipación . La guerra de anticipación podría
encajar en el marco del derecho internacional. Por ejemplo, de haberse detectado bombarderos rusos aproximándose a Estados U n i dos desde la base que la administración Reagan se inventó en
Granada en 1983, con la clara intención de bombardear, entonces,
bajo una interpretación razonable de la C a r t a de la O N U , una guerra de antelación para destruir los aviones, y tal vez hasta la base
misma, sería justificable. Durante muchos años, C u b a , Nicaragua
y muchos otros habrían podido ejercer igual derecho ante el ataque
estadounidense, aunque es obvio que los débiles tendrían que estar
locos para ejercer sus derechos. Pero, cualesquiera que sean las justificaciones para una guerra de anticipación, no son válidas para una
guerra preventiva, especialmente bajo la interpretación que le dan
al concepto sus actuales entusiastas: el empleo de la fuerza militar
2 J o h n Ikenberry, en Foreign Affairs. septiembre-octubre de 2002.
3 Sobre esta distinción c r u c i a l , v é a s e C a r l K a y s e n , Steven M i l l a r , M a r t i n M a l i n ,
W i l l i a m N o r d h a u s y J o h n S t e i n b r u n e r , War with Iraq, A m e r i c a n A c a d e m y of
A r t s a n d Sciences, 2002.
para eliminar una amenaza imaginada o inventada, de modo q u e
hasta el vocablo preventiva' resulta demasiado benigno.
La guerra preventiva cae en la categoría de los crímenes de g u e rra. Si de verdad es una idea "a la que le llegó su coyuntura" , el m u n 4
do está en tremendos aprietos.
Al comienzo de la invasión de Iraq, A r t h u r Schlesinger, el d e s tacado historiador y consejero de Kennedy, escribió:
El presidente ha adoptado una política de "defensa propia a n ticipada" que se asemeja alarmantemente a la política seguida p o r
el Japón imperial en Pearl Harbor, en una fecha que, como predijo un antiguo presidente de Estados Unidos, vive en la infamia.
Franklin D. Roosevelt tenía razón, pero hoy somos los estadounidenses quienes vivimos en la infamia .
Agregó que " l a oleada mundial de s o l i d a r i d a d que envolvió a
Estados U n i d o s después del 11 de septiembre ha dado paso a u n a
oleada mundial de odio contra la arrogancia y el militarismo n o r t e a mericanos", y que hasta en los países amigos el público ve a B u s h
como " u n mayor peligro contra la paz que Saddam H u s s e i n " . El e x perto en derecho internadonal R i c h a r d Falk considera " i n e l u d i b l e "
la conclusión de que la guerra de Iraq fue un "crimen contra la p a z ,
del tipo de los que dieron pie en los juicios de Nuremberg a la a c u sación, juzgamiento y castigo de los líderes alemanes c a p t u r a d o s " .
Algunos defensores de la estrategia reconocen que esta atropella la legislación internacional, pero no ven problema alguno en eso.
El aparato entero del derecho internacional es mera "palabrería", escribe el legista M i c h a e l Glennon: " E l magno intento de sujetar el
imperio de la fuerza al imperio de la ley" debería ser arrojado al ce-
4 Steven W e i s m a n . en N e w York Times, 23 de m a r z o de 2003.
5 A r t h u r Schlesinger, en Los Angeles Times. 23 de m a r z o de 2 0 0 3 .
6 R i c h a r d F a l k , en Frontline, 20, núm. 8. I n d i a , 12-15 de a b r i l de 2 0 0 3 .
nicero de la historia; una postura conveniente para el único Estado
que está en capacidad de abrazar la nueva ausencia de reglas en favor de sus designios, p u e s t o que gasta casi tanto como todo el resto
del mundo en su conjunto en instrumentos de violencia y está abriendo nuevas y peligrosas s e n d a s en el desarrollo de medios de destrucción, contra la casi u n á n i m e oposición del planeta. La prueba de que
el sistema es pura " p a l a b r e r í a " es simple: Washington "dejó en claro que se propone hacer t o d o lo que esté en su poder para mantener
su preeminencia"; luego " a n u n c i ó que desconocería" al Consejo de
Seguridad de la O N U con respecto a Iraq y declaró en forma más general que "en adelante no» acatará las normas de la C a r t a [de la O N U ]
sobre el empleo de la f u e r z a " . Quod erat demonstrandum. En conformidad, las normas se
"desplomaron" y "todo el edificio se vino
abajo". Esto, concluye G l e n n o n , es bueno, ya que Estados Unidos
es el líder de los " E s t a d o s ilustrados" y por lo tanto "debe resistir
[cualquier intento] e n c a m i n a d o a contener su empleo de la fuerza" .
El líder ilustrado t a m b i é n está en libertad de cambiar las reglas
a discreción. C u a n d o l a s fuerzas militares que ocupan a Iraq no lograron desenterrar las a r m a s de destrucción m a s i v a que supuestamente justificaban la i n v a s i ó n , la posición del gobierno pasó de la
"certeza absoluta" de que Iraq poseía A D M en una escala que exigía
una intervención militar inmediata, a la afirmación de que los cargos
levantados por E s t a d o s Unidos se justificaban " p o r el descubrimiento de equipos que potencialmente podrían ser empleados para
la producción de a r m a s " . Altos funcionarios propusieron "refinar
el controvertido c o n c e p t o de 'guerra preventiva'" para otorgarle a
Washington el derecho
a emprender acciones militares "contra el
país que posea armas letales en cantidades masivas". La revisión
"indica que ahora la administración actuará contra cualquier régi-
7 M i c h a e l G l e n n o n , en Foreign Affairs. m a y o - j u n i o de 2003
y mayo-junio de 1999.
men hostil que tenga apenas la intención y la capacidad de desarrollar
[ADM]" .
C a s i cualquier país posee el potencial y la capacidad de p r o d u c i r
A D M , y la intención depende de quién la m i r a . De ahí que la versión
refinada de la gran estrategia otorgue efectivamente a W a s h i n g t o n
el derecho a la agresión arbitraria. El haber bajado el límite al usode la fuerza es la consecuencia más significativa del derrumbe d e l
pregonado argumento a favor de la invasión.
El objetivo de la gran estrategia imperial es prevenir cualquier
desafío al "poder, posición y prestigio de Estados U n i d o s " . Las p a labras citadas no pertenecen a D i c k Cheney o D o n a l d R u m s f e l d ni
a ningún otro de los reaccionarios estatistas que formularon la Estrategia de Seguridad N a c i o n a l de septiembre de 2002. Fueron d i chas, en cambio, por el respetado y venerable estadista liberal D e a n
Acheson en 1963. Justificaba en ese entonces las acciones de Estados
Unidos contra C u b a , con pleno conocimiento de que la campaña
terrorista internacional de Washington dirigida al "cambio de régimen" había sido uno de los factores importantes que habían llevado al mundo al borde de la guerra nuclear apenas unos meses atrás,
y que esa campaña se había reanudado en cuanto se resolvió la c r i sis de los misiles cubanos. No obstante, Acheson informó a la A s o ciación Estadounidense de Derecho Internacional que cuando
Estados U n i d o s contesta a un desafío a su "poder, posición y prestigio", de ello no se desprenden "cuestiones legales".
La doctrina Acheson fue invocada posteriormente por la a d m i nistración Reagan, del otro lado del espectro político, cuando rechazó la jurisdicción de la C o r t e M u n d i a l sobre su ataque contra
Nicaragua, desatendió la orden del tribunal de poner fin a sus actividades criminales y vetó luego dos resoluciones del Consejo de Se-
8 D a n a M i l b a n k . en Washington Post, 1 de j u n i o de 2 0 0 3 . G u y D i n m o r e , J a m e s
H a r d i n g y C a t h y N e w m a n , en Financial Times, 3 y 4 de m a y o de 2003.
guridad que ratificaban el fallo de la Corte y hacían un llamado a
todos los países para que acataran el derecho internacional. El asesor
jurídico del Departamento de Estado, Abraham Sofaer, explicó que
"no se puede contar con que la mayor parte del mundo comparta
nuestro criterio" y que "esta misma mayoría se opone con frecuencia a Estados U n i d o s en importantes temas internacionales". Por lo
tanto, debemos "reservarnos el poder de decidir" qué asuntos "caen
dentro de la jurisdicción interna de Estados U n i d o s " ; en este caso,
las acciones que la Corte condenó como "uso ilegítimo de la fuerza"
contra Nicaragua: en términos profanos, terrorismo internacional .
El desprecio por el derecho y los organismos internacionales fue
especialmente palpable durante los años Reagan-Bush. en el primer
reinado de los actuales funcionarios de Washington; y los sucesores siguieron poniendo en claro que Estados U n i d o s se reservaba el
derecho de actuar "unilateralmente cuando sea necesario", incluyendo el "uso unilateral del poderío militar" para defender intereses
vitales como "asegurar el acceso sin trabas a mercados clave, fuentes de energía y recursos estratégicos" . Pero esta posición no fue
novedad alguna.
Los principios básicos de la gran estrategia imperial de septiembre de 2002 se remontan a los primeros días de la Segunda Guerra
M u n d i a l . Desde antes incluso de que Estados U n i d o s entrara en la
contienda, expertos y estrategas de alto nivel habían llegado a la
conclusión de que Estados Unidos debía procurar "ostentar un po-
9 D e a n A c h e s o n . en Proceedings of the American Society of Internacional L a w ,
núm. 13/14.1963. A b r a h a m Sofaer, D e p a r t a m e n t o de E s t a d o de Estados
U n i d o s , en Current Policy, núm. 769, diciembre de 1985. A c h e s o n se refería
específicamente a la guerra económica de Estados U n i d o s , pero con seguridad
estaba al tanto d e l terrorismo i n t e r n a c i o n a l .
10 W i l l i a m J. C l i n t o n . " D i s c u r s o ante la O N U " , 27 de septiembre de 1993;
W i l l i a m C o h é n , en Annual Repon, 1999.
der indisputable" en el mundo de posguerra, obrando con el fin de
asegurar la "limitación de cualquier ejercicio de soberanía" por parte
de países que pudieran interferir en sus designios mundiales. R e conocían además que "el principal requerimiento" para alcanzar
esos objetivos era el "rápido cumplimiento de un programa de rearme completo", lo que era y sigue siendo componente central de una
"política integrada para la consecución de la supremacía militar y
económica de Estados U n i d o s " . En esa época estas ambiciones se
limitaban al mundo "no alemán", que habría de organizarse bajo la
égida estadounidense a modo de un "Área M a g n a " ( G r a n d Area) que
abarcaría el Hemisferio Occidental, el antiguo Imperio Británico y
el Lejano Oriente. C u a n d o quedó claro que Alemania iba a ser derrotada, los planes se extendieron para incluir tanto como fuera posible de E u r a s i a " .
Los antecedentes, de los que aquí se da una muestra somera,
revelan el estrecho marco de la planificación oficial. Las políticas
emanan de un sistema institucional interno que permanece bastante estable. El poder decisorio en el campo económico está muy centralizado, de modo que John Dewey difícilmente exageraba al describir
la política como " l a sombra que los grandes negocios arrojan sobre
la sociedad". Es apenas natural que las políticas estatales busquen
construir un sistema mundial abierto a la penetración económica y
el control político por parte de los Estados U n i d o s sin tolerar r i v a les ni amenazas . Un corolario crucial es el de la vigilancia para blo12
quear cualquier intento por un desarrollo independiente que pueda
convertirse en un "virus que infecte a otros", según la terminología
11 M e m o r a n d o del P r o y e c t o de E s t u d i o s de la G u e r r a y la P a z ;
L a u r e n c e S h o u p y W i l l i a m M i n t e r , Imperial Brain Trust.
M o n t h l y R e v i e w . 1977. pág. 130 y sigs.
12 V é a s e a B a c e v i c h en American Empire p a r a las a f i r m a c i o n e s
i n u s u a l m e n t e fuertes a este respecto.
de los estrategas. Este es uno de los temas capitales de la historia de
posguerra, embozado a m e n u d o bajo los débiles pretextos de la
Guerra Fría, pretextos que la s u p e r p o t e n c i a enemiga esgrimía t a m bién en sus algo más reducidos dominios.
Las misiones básicas de la administración mundial han p e r d u r a do desde principios del p e r í o d o de posguerra, entre ellas: c o n t e n e r
a otros centros de poder m u n d i a l dentro del "marco de o r d e n a m i e n to general" tutelado por E s t a d o s Unidos; consolidar el control de l a s
fuentes de energía del planeta; impedir todo tipo de nacionalismo i n dependiente inaceptable y r e s o l v e r las "crisis de la d e m o c r a c i a "
dentro del territorio enemigo n a c i o n a l . Estas misiones adoptan d i s tintas formas, notablemente en épocas de transición r e l a t i v a m e n t e
brusca: los cambios en el o r d e n económico internacional a partir de
1970 más o menos; la restitución veinte años después de la s u p e r potencia enemiga a algo así c o m o su antiguo estatus s e m i c o l o n i a l :
la amenaza de terrorismo i n t e r n a c i o n a l dirigida contra el propio E s tados Unidos desde c o m i e n z o s de la década de 1990, consumada
manera espantosa el 11 de s e p t i e m b r e . A través de los años se h a n
refinado y modificado las t á c t i c a s para l i d i a r c o n estos v i r a j e s .
acopiando progresivamente m á s y más medios de ejercer v i o l e n c i a
y llevando a nuestra especie
amenazada cada vez más al borde
Así y todo, la p r o c l a m a c i ó n en septiembre de 2002 de la g r a n
estrategia imperial hizo s o n a r justificados campanazos de a l a r m a .
Acheson y Sofaer describían pautas para seguir, y eso en c í r c u l o s
de élite. Sus posiciones son c o n o c i d a s únicamente por e s p e c i a l i s t a s
o lectores de literatura d i s i d e n t e . De otros casos se podría decir que
eran repeticiones que p e r s o n a j e s curtidos en asuntos m u n d i a l e s
hacían de la vieja máxima de Tucídides, según la cual "los p a í s e s
grandes hacen lo que q u i e r e n hacer y los pequeños aceptan lo
tienen que aceptar". En c o n t r a s t e , Cheney, Rumsfeld, Powell y c o m pañía están declarando o f i c i a l m e n t e una política aún más e x t r e m i s -
ta, que apunta a una perenne hegemonía mundial mediante el recurso de la fuerza dondequiera que sea necesario. B u s c a n hacerse oír y
tomaron medidas en el acto, para notificar al mundo que iban en serio. La diferencia es significativa.
N U E V A S
La declaración de la estrategia global fue correctamente interpretada como un paso siniestro en el concierto mundial. No basta, s i n
embargo, con que una g r a n potencia declare una política o f i c i a l .
Debe pasar a establecer esa política como una nueva norma d e l
derecho internacional mediante la realización de acciones ejemplarizantes. Distinguidos expertos e intelectuales públicos pueden entonces explicar seriamente que como la ley es un instrumento v i v o y
flexible, la nueva norma sirve ahora como guía para la acción. Así,
con el anuncio de la nueva estrategia empezaron a redoblar los t a m bores de guerra, a fin de despertar el entusiasmo público a favor de
un ataque contra Iraq. Simultáneamente se inauguraba la campaña para las elecciones de mitad de período. H a y que tener en mente
esta conjunción, ya mencionada atrás.
El objetivo de la guerra preventiva debe tener varias características:
1. Debe estar virtualmente indefenso.
2. Debe ser lo suficientemente importante como para justificar
3. H a y que encontrar la forma de presentarlo como el mal supremo y un peligro inminente contra la humanidad.
Iraq era idóneo en todos los respectos. Las dos primeras condiciones son obvias en el caso de Iraq. La tercera es fácil de establecer. Sólo se necesita repetir los fogosos discursos de B u s h , B l a i r y
sus colegas: el dictador "está haciendo acopio de las armas más peligrosas del mundo [con el fin de] dominar, intimidar o atacar"; y
"ya las ha utilizado contra aldeas enteras, dejando miles de sus propios ciudadanos muertos, ciegos o desfigurados (...) Si esto no es
maldad, entonces la maldad no tiene s e n t i d o " .
La elocuente denuncia del presidente en su discurso del Estado
de la Unión de enero de 2003 ciertamente tiene un timbre verídico.
Y, desde luego, quienes contribuyen al incremento del m a l no deberían gozar de impunidad; entre ellos el orador de tan encumbradas
palabras y sus actuales compinches, quienes por mucho tiempo apoyaron al hombre del mal supremo con pleno conocimiento de sus
crímenes. Impresiona ver lo fácil que es, en el recuento de las peores
ofensas del monstruo, suprimir las palabras cruciales "con nuestra
ayuda, que seguíamos prestando porque nos traía sin cuidado". Las
loas y el apoyo dieron paso a la denuncia tan pronto el monstruo
cometió el primer crimen auténtico: desobedecer (o acaso malinterpretar) órdenes, cuando invadió a Kuwait en 1990. El castigo fue
severo... para sus súbditos. El tirano, sin embargo, escapó incólume y quedó aún más fortalecido por las sanciones que para la ocasión le impusieron sus antiguos amigos.
Al acercarse el momento de demostrar la nueva n o r m a de la
guerra preventiva, en septiembre de 2002, la consejera de Seguridad
Nacional, Condoleezza Rice, advirtió que el próximo indicio de las
intenciones de Saddam H u s s e i n bien podría ser una nube en forma
de hongo, presumiblemente sobre Nueva York. Los vecinos de H u s sein, entre ellos la inteligencia israelí, descartaron estas imputaciones sin respaldo, puestas en entredicho más adelante por los
inspectores de la O N U . Sin embargo, Washington siguió sosteniendo lo contrario. Desde el primer momento de la ofensiva propagan-
13 G e o r g e W B u s h . D i s c u r s o del estado de la U n i ó n , r e p r o d u c i d o en
N e w York Times, 29 de enero de 2003.
dística fue evidente que tales pronunciamientos carecían de credibilidad. "'Esta administración es capaz de cualquier mentira (...) con
tal de promover sus objetivos de guerra en Iraq', dice una fuente del
gobierno de Washington con más de dos décadas de experiencia en
temas de inteligencia". Él cree que Washington se opuso a las inspecciones porque temía que no encontraran mayor cosa. Las afirmaciones del presidente sobre las amenazas iraquíes "deberían verse
como nítidos intentos por asustar a los estadounidenses para que
apoyaran la guerra", agregan dos eminentes estudiosos de las relaciones internacionales. Y este procedimiento se sigue de ordinario.
Washington todavía se rehusa a suministrar pruebas que sustenten
sus denuncias de 1990 de una enorme concentración militar iraquí
en la frontera Saudita (la principal justificación que esgrimió para
la guerra de 1991), denuncias impugnadas al instante por el único
periódico que las investigó, inútilmente .
C o n pruebas o sin ellas, el presidente y sus compinches emitieron negras advertencias sobre la terrible amenaza que Saddam suponía para sus vecinos y para Estados U n i d o s y sobre sus vínculos
con el terrorismo internacional, insinuando claramente que estaba
involucrado en los ataques de s-11. El asalto propagandístico del
Gobierno y los medios surtió efecto. A las pocas semanas, un 70 por
ciento de los estadounidenses consideraba que Saddam H u s s e i n era
14 Condoleezza R i c e , entrevista con W o l f Blitzer, C N N , 8 de septiembre de 2002.
Scott P e t e r s o n , en Christian Science Monitor. 6 de s e p t i e m b r e de 2 0 0 2 . J o h n
M e a r s h e i m e r y Stephen W a l t , en Foreign PoHcy, enero-febrero de 2003. L a s
denuncias de 1990, b a s a d a s en supuestas i m á g e n e s satelitales, fueron i n v e s t i g a das por el St. Petersburg Times
L o s expertos que a n a l i z a r o n fotografías t o m a d a s
por satélites comerciales n o e n c o n t r a r o n n a d a . N o s e a d m i t i e r o n p r e g u n t a s n i s e
admiten aún. V é a s e a P e t e r s o n , en Christian Science Monitor, p a r a un a n á l i s i s
de cómo " a l g u n o s hechos no se b a s a n tanto en los h e c h o s " . P a r a información i n dependiente, v é a s e a Peter Z i m m e r m a n en el W a s h i n g t o n
Post, 14 de agosto de 2 0 0 3 .
"una amenaza inminente contra Estados U n i d o s " que debía ser eliminada rápidamente, en defensa propia. P a r a marzo, casi la mitad
creía que Hussein estaba involucrado personalmente en los ataques
s-11 y que había iraquíes entre los secuestradores. El apoyo a la guerra guardaba una estrecha correlación con estas creencias .
En el exterior "la diplomacia pública (...) fracasó estrepitosamente" , informaba la prensa internacional, pero "en el país se ha lucido, al vincular la guerra de Iraq con el trauma de septiembre 11
(...) C a s i el 90 por ciento cree que el régimen [de Saddam] patrocina y encubre terroristas que planean futuros atentados contra Estados U n i d o s " . El analista político Anatol Lieven comentaba que la
mayoría de los norteamericanos había sido "engañada (...) mediante
un programa de propaganda que en cuanto a mendacidad sistemática tiene pocos paralelos en las democracias de tiempos de paz" .
La campaña de propaganda de septiembre de 2002 también bastó
para darle a la administración una exigua mayoría en las elecciones
de mitad de período, pues los votantes dejaron de lado sus intereses
inmediatos y se resguardaron bajo las alas del poder por miedo al
enemigo demoníaco.
La magia de la diplomacia pública hechizó inmediatamente al
Congreso. En octubre, este confirió al presidente autoridad para
declarar la guerra "en defensa de la seguridad nacional de Estados
Unidos ante la continua amenaza que representa Iraq". El guión nos
suena conocido. En 1985, el presidente Reagan declaró la emergencia nacional, renovada cada año, debido a que "las políticas y acciones del gobierno de Nicaragua representan una amenaza inusual
15 Encuesta de Christian
Science Monitor-Tipp,
en Christian Science Monitor.
14 de enero de 2003. L i n d a F e l d m a n , en C h r i s t i a n Science Monitor.
14 de m a r z o de 2003. J i m R u t e n b e r g y R o b i n Toner, en New York Times.
22 de marzo de 2003.
16 E d w a r d A l d e n . en Financial Times, 21 de m a r z o de 2003; A n a t o l L i e v e n . en
London Review ofBooks. 8 de m a y o de 2003.
y extraordinaria a la seguridad nacional y la política exterior de
Estados U n i d o s " . En 2002 los estadounidenses volvían a temblar de
miedo, esta vez frente a Iraq.
El lucimiento de la diplomacia pública en el interior volvió a b r i llar cuando el presidente "dio un poderoso remate reaganesco' a una
guerra de seis semanas" en la cubierta del portaviones A b r a h a m
Lincoln el 1 de mayo de 2003. Pudo allí declarar (sin temor a comentarios escépticos en su país) que había conseguido una " v i c t o r i a en
la guerra contra el terror" al haber "eliminado a un aliado de Al
Qaeda" . No importa que el supuesto vínculo entre Saddam H u s s e i n
y Osama ben Laden, que de hecho es su enemigo acérrimo, no se
basara en pruebas creíbles y en general fuera rebatido por los observadores más calificados. Tampoco i m p o r t a la única conexión
conocida entre la invasión de Iraq y la amenaza del terror: que la
invasión agudizó la amenaza, como tanto se había predicho. T a l
parece que fue un "enorme retroceso en la 'guerra contra el terror',
al incrementar bruscamente el reclutamiento de Al Q a e d a " .
El impacto propagandístico repercutió más allá del final de la
guerra. No obstante el fracaso de intensos rastreos en busca de A D M ,
un tercio de la población creía que las fuerzas de Estados U n i d o s
habían encontrado A D M , y más del veinte por ciento creía que Iraq
las había usado durante la guerra . Bien pueden ser simples reac19
ciones de gentes víctimas del miedo a prácticamente todo, después
de tantos años de propaganda intensiva diseñada para domar a la "gran bestia" haciendo cundir el pánico.
La frase "poderoso remate reaganesco" es presumiblemente una
referencia a la orgullosa declaración de R e a g a n de que Estados
17 E l i s a b e t h B u m i l l e r . en N e w York Times, 2 de m a y o de 2 0 0 3 ; reproducción l o s
comentarios de G e o r g e W. B u s h . en N e w York Times, 2 de m a y o de 2 0 0 3 .
18 J a s o n B u r k e . en Sunday Observer, 18 de m a y o de 2 0 0 3 . v é a s e p á g . 211.
iy P r o g r a m a de A c t i t u d e s sobre las Políticas I n t e r n a c i o n a l e s (PIPA), i n f o r m e a la
p r e n s a , 4 de j u n i o de 2 0 0 3 .
Unidos se "erguía enhiesto" tras haber derrotado la terrible amenaza
de Granada. Algunos comentaristas sagaces añadieron que el aparatoso espectáculo de Bush que se escenificó cuidadosamente a bordo del USS Abraham Lincoln señalaba "el comienzo de su campaña
por la reelección en 2004", respecto de la cual la C a s a Blanca espera que "se construya hasta donde sea posible en torno de los temas
de la seguridad nacional, siendo un elemento central de la campaña la remoción del líder iraquí Saddam H u s s e i n " . Para reforzar el
mensaje, se aplazó el lanzamiento oficial de la campaña hasta mediados de septiembre de 2004, de modo que la Convención Republicana, que se reunirá en N u e v a York, pueda exaltar al único líder
de tiempos de guerra que está en condiciones de salvar a los norteamericanos de una repetición del 11 de septiembre, tal como hizo en
Iraq. La campaña electoral se centrará en " l a batalla de Iraq, en vez
de la guerra", como explicó el importante estratega político republicano K a r l Rove. Eso hace parte de una "guerra mucho más grande
y larga contra el terrorismo, la cual, como lo ve [Rove] en forma clara
y quién sabe si fortuita, se prolongará hasta el día de elecciones en
2004" . Y todavía más allá, seguramente.
Así pues, hacia septiembre de 2002 los tres factores requeridos
para establecer la nueva norma del derecho internacional estaban
dados: Iraq se encontraba indefenso, era muy importante y constituía una amenaza inminente a nuestra propia existencia. Las cosas
siempre podían salir mal. Pero eso era improbable, al menos para
los invasores. La formidable disparidad de fuerzas aseguraba la victoria aplastante; y si había consecuencias humanitarias, se le podían
endilgar a Saddam. De ser incómodas, no se investigarían y toda
huella desaparecería de vista, si es que el pasado puede servir de
guía. Los vencedores no investigan sus propios crímenes, así que
20 Jeanne C u m m i n g s y G r e g H i t e , en Wall Street Journal, 2 de m a y o de 2003.
Francis C l i n e s , en New York Times, 10 de m a y o de 2003. El énfasis es de R o v e .
poco se sabe de estos. Este principio admite pocas excepciones: el
t o t a l de bajas mortales de las guerras de Estados U n i d o s en Indoc h i n a , por ejemplo, es impreciso en términos de millones. El m i s m o
p r i n c i p i o rigió en los procesos por crímenes de guerra al final de la
S e g u n d a Guerra M u n d i a l . La definición operativa de crímenes de
guerra y crímenes contra la humanidad fue clara: un crimen se
calificaba como tal si había sido cometido por el enemigo y no por
l o s Aliados. La destrucción de concentraciones civiles urbanas, por
ejemplo, se excluía. El principio se ha aplicado en juicios posteriores, pero únicamente a enemigos derrotados u otros que sin peligro
se p u e d a n menospreciar.
Cantada la victoria de la invasión a Iraq, se admitió públicamente q u e uno de los motivos de la guerra había sido el de promulgar la
g r a n estrategia imperial como nueva norma: " L a promulgación [de
la Estrategia de Seguridad Nacional] fue la señal de que Iraq sería
la p r i m e r a prueba, no la última", informó The New York Times. "Iraq
fue el tubo de ensayo donde se llevó a cabo este experimento de política preventiva". Un alto funcionario agregaba que "no vacilarem o s en actuar solos, dado el caso, para ejercer nuestro derecho a la
defensa propia mediante la acción preventiva", ahora que la n o r m a
quedaba establecida. " E l resto del mundo conoce bien la índole ejemp l a r de toda la operación [en Iraq]", observó el historiador del M e dio Oriente Roger Owen, de H a r v a r d . Pueblos y gobiernos tendrán
q u e cambiar su manera de ver el mundo, "de una perspectiva basada en las Naciones U n i d a s y el derecho internacional a otra basada
en la identificación" con la agenda de Washington. La exhibición de
fuerza les enseña que deben dejar de lado "toda consideración seria
del interés nacional" a favor de "los objetivos estadounidenses" .
La necesidad de una exhibición de fuerza para "mantener la cre-
21 David Sanger y Steven Weisman, en New York Times, 10 de abril de 2003.
Roger Owen, en Al-Ahram Weekly. 3 de abril de 2003.
dibilidad" ante los ojos del mundo puede haber inclinado la balanza
a favor de la guerra contra Iraq. En un análisis de su planificación,
el diario The Financial Times dató la decisión de ir a la guerra para
mediados de diciembre de 2002, tras la entrega de la declaración de
Iraq sobre armamentos a la O N U . "Había la sensación de que se burlaban de la Casa Blanca", dice alguien que trabajó de cerca con el
Consejo Nacional de Seguridad durante los días posteriores a la
entrega de la declaración el 8 de diciembre. " U n dictador de pacotilla se burlaba del presidente. Eso provocó un sentimiento de rabia
en la Casa Blanca. Después de eso no hubo ninguna perspectiva de
una solución diplomática" . Lo que siguió fue sólo teatro diplomá22
tico para disimular mientras se emplazaban las fuerzas militares.
C o n la gran estrategia no sólo proclamada oficialmente sino
también implementada, la nueva norma de la guerra preventiva
entra a ocupar su lugar en el código. Los Estados U n i d o s pueden
ahora contemplar casos más duros. H a y muchas posibilidades tentadoras: Irán, Siria, la zona andina y varias otras. Las perspectivas
dependen en gran parte de que se pueda intimidar y reprimir a la
"segunda superpotencia".
Las modalidades para establecer normas merecen una reflexión
más honda. Por encima de todo, los dueños de los cañones y la fe
son los únicos con autoridad para imponer al mundo sus exigencias.
Un ejemplo elocuente de las prerrogativas del poder es la muy aclamada "revolución normativa" con que cerró el milenio. Tras algunas salidas en falso, los años noventa se convirtieron en " l a década
de la intervención humanitaria". El nuevo derecho a intervenir por
razones "humanitarias" quedó sentado con el valor y el altruismo
de Estados Unidos y sus aliados, especialmente en Kosovo y Timor
Oriental, las dos joyas de la diadema. Distinguidas autoridades interpretan que el bombardeo de Kosovo, en especial, estableció la
22 En "Comment and Analysis". Financial Times. 27 de mayo de 2003.
n o r m a del empleo de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad.
Surge un sencillo interrogante: ¿por qué se consideran los años
n o v e n t a " l a década de la intervención h u m a n i t a r i a " , pero no los
setenta? Desde la Segunda Guerra M u n d i a l se han presentado dos
casos mayores de empleo de la fuerza que realmente pusieron fin a
crímenes terribles, ambos en forma de defensa propia: la invasión
de Pakistán Oriental por la India en 1971, que puso fin a un exterm i n i o de masas y otros horrores, y la invasión de C a m b o y a por Vietn a m en diciembre de 1978, que terminó las atrocidades de P o l Pot,
recrudecidas a lo largo de 1978. N a d a remotamente comparable ocurrió bajo la égida de Occidente en la década de 1990. P o r lo tanto, a
q u i e n no entienda las convenciones se le puede perdonar que pregunte p o r qué " l a nueva n o r m a " no fue reconocida como tal en los años
La mera idea es impensable y el porqué es claro. Los verdaderos
ejemplos de intervenciones que pusieron fin a enormes atrocidades
fueron llevados a cabo por la gente equivocada. Peor aún, en ambos
casos Estados U n i d o s se opuso férreamente a la intervención y cast i g ó de inmediato al ofensor, especialmente a Vietnam, sometiéndolo
a u na invasión china apoyada por Estados U n i d o s y luego a sanciones aún más drásticas que las originales; en tanto que este país y
G r a n Bretaña ofrecieron apoyo directo a los expulsados khmer rojos. De ahí se sigue que la de 1970 no puede haber sido la década de
la intervención humanitaria y que en ese entonces no se podían establecer nuevas normas.
En 1949 la Corte Internacional de Justicia formuló por voto unán i m e la verdad de fondo, en uno de sus primeros fallos:
La Corte sólo puede considerar al pretendido derecho de intervención como la manifestación de una política de fuerza, similar a las que en el pasado han dado origen a los más graves abusos,
y que no pueden, pese a los defectos del orden internacional, en-
contrar cabida en la legislación internacional (...) dada la naturaleza de las cosas, [la intervención] sería de uso exclusivo de los
Estados más poderosos y fácilmente podría llevar a pervertir la
propia administración de justicia .
Mientras las potencias y los intelectuales de Occidente se admiraban de haber establecido la nueva norma de intervención humanitaria a finales de la década de 1990, el resto del mundo también
tenía sus ideas al respecto. Es muy ilustrativo ver cómo reaccionaron
ante, digamos, la repetición que Tony Blair hizo de los argumentos
oficiales para el bombardeo de Serbia en 1999: no hacerlo "habría
asestado un golpe devastador a la credibilidad de la O T A N " y "el
mundo habría sido un lugar menos seguro como resultado de ello".
Los blancos del solícito interés de la
no parecieron quedar de-
masiado impresionados con la necesidad de resguardar la credibilidad de quienes los habían oprimido por siglos. Nelson M a n d e l a ,
por ejemplo, condenó a B l a i r por "promover el caos internacional,
en compañía de Estados Unidos, al ignorar a otras naciones y jugar
a los policías del mundo " con sus ataques a Iraq en 1998 y a Serbia
el año siguiente. En la mayor democracia del mundo - q u e tras la independencia empezó a recobrarse de los funestos efectos de siglos
de dominación británica-, los esfuerzos de C l i n t o n y Blair por apuntalar la credibilidad de la
y hacer seguro el mundo tampoco
fueron apreciados, pero a estas condenas oficiales y de prensa que
se hacían en la India no se les prestó oído. H a s t a en Israel, el Estado
satélite por excelencia, las pretensiones de Clinton, Blair y una hueste de admiradores nacionales fueron ridiculizadas por los principales analistas militares y políticos como un regreso a la anticuada
"diplomacia de cañonero" bajo la conocida "capa de rectitud moralista" y como un "peligro para el mundo" .
23 Caso del Canal de Corfú. 1949.
24 Véase mi New Military Humanism, Common Courage. 1999.
O t r a fuente de información podría haber sido el movimiento de
los No Alineados, que representaba a los gobiernos de un ochenta
por ciento de la población del mundo hacia la fecha de su C u m b r e
del Sur, en abril del año 2 0 0 0 . La reunión fue la más importante de
su historia; por primera v e z se hizo a nivel de jefes de Estado, quienes, fuera de producir un detallado y complejo análisis crítico de los
programas socioeconómicos neoliberales que los ideólogos occidentales denominan "globalización", también rechazaron firmemente
"el llamado 'derecho' a la intervención h u m a n i t a r i a " . Esta posición
fue reiterada en la c u m b r e de países No Alineados de M a l a s i a , en
febrero de 2003, en iguales términos . Tal vez estos países habían
aprendido demasiada h i s t o r i a , por las malas, para dejarse tranquilizar con retóricas exaltadas, y estaban hartos de oír hablar de " i n tervención humanitaria'" a través de los siglos.
Es una exageración decir que sólo a los más poderosos se les
confiere la autoridad de establecer normas de comportamiento apropiado... para ellos m i s m o s . La autoridad a veces se delega a satélites de confianza. Así, se permite que los actos criminales de Israel
establezcan normas: p o r ejemplo, su práctica regular de "asesinatos selectivos" de sospechosos, tildados de "atrocidades terroristas"
cuando las manos equivocadas los ejecutan. En mayo de 2003, dos
eminentes abogados c i v i l e s israelíes suministraron " u n a lista detallada de todas las liquidaciones e intentos de asesinato que las fuerzas de seguridad de Israel habían llevado a cabo" durante la Intifada
de Al A q s a , entre noviembre de 2000 y abril de 2003. Consultando
registros oficiales y semioficiales, descubrieron que "Israel llevó a
cabo no menos de 175 intentos de liquidación" (uno cada cinco días),
matando a 235 personas, de las cuales 156 eran sospechosas de deli-
25 Véase mi A New
Draws the Line. Verso, 2 0 0 0 , pág. 4 y sigs.
"Declaración del Movimiento de los No Alineados", Kuala Lumpur.
25 de febrero de 2003.
tos. "Mucho nos duele decir lo siguiente'" -escribieron los abogados-, "pero la consistente y difundida política de las liquidaciones
selectivas raya en un crimen de lesa humanidad" . Su conclusión
no es del todo exacta. La liquidación es un crimen en las manos equivocadas, pero se justifica, si bien lamentablemente, como un acto de
legítima defensa cuando un satélite la lleva a cabo; e incluso establece normas para el "patrón llamado 'socio'" , que da su beneplá27
cito. El propio "patrón" aprovechó el precedente de Israel para el muy
celebrado asesinato con misil de un sospechoso en Yemen, junto con
otras cinco personas que por azar estaban cerca. El golpe "se planeó convenientemente [como una] sorpresa de octubre (...) para
mostrar al gobernante en funciones en su hora de gloria, en vísperas de las elecciones de mitad de período" y ofrecer "una prueba de
lo que está por venir" .
Un ejemplo más ilustrativo del establecimiento de normas es el
bombardeo, el 1 de junio de 1981, del reactor de Osirak, en Iraq, por
parte de Israel. Al principio se criticó el ataque como una violación
del derecho internacional. M á s adelante, cuando Saddam Hussein
se transformó de amigo preferido en reprobo abominable en agosto
de 1990, la reacción frente a lo del reactor de Osirak también cambió. Lo que era un delito (menor) fue tenido ahora por norma cumplida, muy celebrada por haber frustrado el programa de armas
nucleares de Saddam Hussein.
No obstante, la norma requería eludir ciertos hechos importantes. Poco después del bombardeo de 1981, el sitio de Osirak fue v i sitado por un eminente físico nuclear, R i c h a r d W i l s o n , en ese
entonces jefe del Departamento de Física de la U n i v e r s i d a d de
Harvard. El científico concluyó que las instalaciones bombardeadas
26 Aryeh Dayan, en Ha 'aretz, 21 de mayo de 2003.
27 Amir Oren, en Ha'aretz. 29 de noviembre de 2002.
28 Suzanne Nossel, en Fletcher Forum, invierno-primavera de 2003.
no eran aptas para la producción de plutonio, como denunció Israel,
a diferencia del reactor de D i m o n a del propio Israel, del cual se i n formaba que había fabricado cientos de armas nucleares. Sus conclusiones fueron c o r r o b o r a d a s por el físico nuclear iraquí I m a d
K h a d d u r i , quien estaba a c a r g o del trabajo experimental en el reactor antes del bombardeo y que posteriormente abandonó el país. El
científico también reveló q u e el reactor de Osirak no servía para la
producción de plutonio, a u n q u e tras el bombardeo israelí de 1981
Iraq tomó la "firme decisión de avanzar a toda marcha en la conversión de material para la fabricación de armas". K h a d d u r i calculó que
a Iraq le habría tomado d é c a d a s obtener la cantidad requerida de
material apropiado para esto, de no haberse acelerado bruscamente el programa a causa del bombardeo. " L a acción de Israel redobló
la determinación de los árabes de fabricar armas nucleares", concluye Kenneth Waltz. " E l a t a q u e de Israel, lejos de impedir la carrera nuclear iraquí, hizo q u e Iraq ganara el apoyo de otros países
árabes para emprenderla' ' .
Independientemente de los hechos, gracias a la invasión de
Kuwait por parte de Iraq u n a década después, la n o r m a que Israel
estableció en 1981 está a h o r a bien afianzada. Y si de veras el b o m bardeo de 1981 aceleró la proliferación de A D M , eso no demerita la
hazaña para nada, ni trae u n a lección sobre las consecuencias de recurrir a la fuerza v i o l a n d o las anticuadas concepciones del derecho
internacional; concepciones que se deben desechar ahora que el
patrón, en su desprecio, ha mostrado que son mera "palabrería". En
el futuro, Estados U n i d o s , su satélite Israel y acaso algunos otros
preferidos del alma p o d r á n apelar a la norma según tengan a bien.
29 Richard Wilson, en Nature 302, núm. 31, marzo de 1983. Michael Hansen, en
Middle East International,
10 de enero de 2003. Imad Khadduri.
Mass, memorias (manuscrito). 2 0 0 3 . Scott Sagan y Kenneth Waltz. The Spread
of Nuclear Weapons, Norton, 1995, págs 18-19.
La gran estrategia se extiende a la legislación nacional de Estados Unidos. C o m o en muchos otros países, el gobierno sacó provecho de las atrocidades terroristas del 11 de septiembre para meter
en cintura a su propia población. A raíz de s-11, a menudo con dudosa relación con el terror, la administración B u s h proclamó, y ejerció,
el derecho de declarar a las personas (incluidos los ciudadanos estadounidenses) como "combatientes enemigos" o "terroristas sospechosos" y encarcelarlas sin dictarles cargos ni permitir el acceso de
abogados o familiares hasta tanto la C a s a Blanca determine que la
"guerra contra el terror" ha culminado con éxito; o sea, indefinidamente. El Departamento de Justicia de Ashcroft considera "fundamental [que] si se detiene a alguien como enemigo combatiente,
obviamente se le niegue el acceso a los familiares y a la asesoría
legal". Estos alegatos de autoridad por parte del Ejecutivo han sido
corroborados parcialmente por los tribunales, que han fallado que
"un presidente en tiempos de guerra puede arrestar indefinidamente
a un ciudadano estadounidense capturado como enemigo combatiente en el campo de batalla y negarle a esa persona el acceso a un
abogado" .
El tratamiento que Washington da a los "enemigos combatientes" en su campamento de prisioneros de Guantánamo, en una zona
todavía ocupada de C u b a , motivó sonoras protestas de las organizaciones de derechos humanos y de otros, incluido del propio inspector general del Departamento de Justicia, en un severísimo
informe del que hizo caso omiso el Departamento. Tras la conquista
de Iraq, pronto surgieron pruebas de que los prisioneros iraquíes
estaban siendo sometidos a un tratamiento similar: amordazados,
atados, encapuchados, golpeados "a la manera de los afganos y otros
30 Neely Tucker, en Washington Post, 3 de diciembre de 2002;
Neil Lewis, en New York Times, 9 de enero de 2003.
prisioneros detenidos en la bahía de Guantánamo en C u b a , tratamiento que de por sí es cuestionable a la luz del derecho internacion a l " , por decir lo menos. La C r u z Roja sentó una firme protesta por
la negativa del alto mando estadounidense a permitirle acceso, tanto
a los prisioneros de guerra, en violación de la Convención de Gineb r a , como a los civiles capturados . M á s aún, estas denominacio51
n e s son caprichosas. Combatiente enemigo puede ser quienquiera
q u e Estados U n i d o s decida atacar, sin pruebas fidedignas, como lo
reconoce Washington .
El pensamiento del Departamento de Justicia queda ilustrado
p o r un proyecto confidencial filtrado al Centro para la Integridad
Pública, titulado "Proyecto de ley de 2003 para el fortalecimiento de
la seguridad interna". Este nuevo "asalto a nuestras libertades ciud a d a n a s " expande enormemente el poder estatal, según escribe Jack
B a l k i n , profesor de derecho de Yale. Socava los derechos constitucionales al conferir al Estado la autoridad de rescindir la ciudadan í a tras el cargo de proveer "apoyo material" a una organización que
e s t é en la lista negra del fiscal general, así el acusado ignore que la
organización ha entrado en dicha lista. " D o n e unos cuantos dólares a una institución islámica de beneficencia que Ashcroft considere que es una organización terrorista -escribe B a l k i n - y usted se
podrá encontrar a bordo del primer vuelo al exterior". El proyecto
declara que " l a intención de renunciar a la nacionalidad no tiene que
manifestarse de palabra, sino que se puede deducir de la conducta";
lo puede deducir el fiscal general, cuyo j u i c i o debemos acatar como
asunto de fe. Se han hecho paralelos con los días más negros del macartismo, pero las nuevas propuestas son más extremistas. El proyecto también extiende los poderes de vigilancia sin autorización
j u d i c i a l , legitima los arrestos secretos y brinda una mayor protec-
31 Ed Vulliamy. en Sunday Observer, 25 de mayo de 2 0 0 3 .
32 Ver pág. 200
ción al Estado contra el e s c r u t i n i o ciudadano, asunto este de gran
significación para los estatistas reaccionarios del régimen de Bush
II. "No hay un derecho civil, ni siquiera el precioso derecho de la ciudadanía, que la presente administración no esté dispuesta a u l t r a j a r
para asegurarse un mayor c o n t r o l sobre la v i d a de la n a c i ó n estadounidense", concluye B a l k i n - .
Se dice que el presidente B u s h tiene en el escritorio un b u s t o de
Winston Churchill, obsequio de su amigo Tony Blair. C h u r c h i l l tuvo
unas cuantas cosas que decir sobre estos temas:
El poder del Ejecutivo para enviar a un hombre a la cárcel sin
formularle ningún c a r g o contemplado por la ley, y especialmente
negarle el veredicto de sus pares, es detestable en el más a l t o grado y se constituye en el fundamento de todo gobierno totalitario,
sea nazi o comunista .
Los poderes que el g o b i e r n o de Bush reclama v a n más
allá in-
cluso de estas odiosas p r á c t i c a s . La advertencia de C h u r c h i l l contra este abuso del poder del Ejecutivo con fines p r e v e n t i v o s y de
inteligencia fue pronunciada en 1943, cuando G r a n Bretaña enfrentaba una posible destrucción a manos de la más brutal m a q u i n a r i a
de homicidio de masas de la historia humana. Quizás a l g u i e n en el
Departamento de Justicia d e b e r í a meditar acerca de las i d e a s del
hombre cuya imagen mira a su líder todos los días.
LEGISLACIÓN Y O R G A N I S M O S I N T E R N A C I O N A L E S
La gran estrategia i m p e r i a l prescinde de hecho del " i m p e r i o internacional de la ley como o b j e t i v o preeminente de sus p o l í t i c a s " ,
33 Jack Balkin. en Los Angeles
13 de febrero de 2003, y en Newsday, 17 de
febrero de 2003. Nat Hentoff, en Progressive, abril de 2003.
34 Winston Churchill. citado p o r A. W Brian Simpson en Human Rights and
the End of Empire, Oxford. 2001, pág. 5 5 .
señala una reseña crítica de la Academia Estadounidense de A r t e s
y Ciencias, apuntando que ni el derecho internacional ni la C a r t a
de Naciones U n i d a s se mencionan siquiera en la Estrategia de Seguridad N a c i o n a l . " L a primacía de la ley sobre la fuerza, [que] ha
sido uno de los principales hilos conductores de la política e x t e r i o r
estadounidense después de la Segunda Guerra M u n d i a l " , d e s a p a rece en la nueva estrategia. También "poco menos que desaparecidos" están los organismos internacionales "que extienden el a l c a n c e
de la ley y buscan contener al poderoso y darle una voz al d é b i l " .
De ahora en adelante, la fuerza impera; y Estados U n i d o s ejercerá
esa fuerza según su parecer. Los analistas concluyen que la estrategia incrementará " l a motivación de los enemigos de Estados U n i d o s
para obrar [llevados por su creciente] resentimiento por lo q u e perciben como una intimidación". Buscarán "formas baratas y f á c i l e s
de explotar los puntos vulnerables de Estados U n i d o s " , los c u a l e s
abundan. El nulo interés que los estrategas de B u s h prestan a esto
también se evidencia en el hecho de que la Estrategia de S e g u r i d a d
Nacional contiene apenas una frase sobre el refuerzo del c o n t r o l de
armamentos, por el cual el Gobierno sólo muestra desdén . En un
artículo para la revista de la Academia, dos expertos en a s u n t o s i n ternacionales describen los planes de "enfrentamiento a m p l i a d o en
lugar de negociación política" como "inherentemente p r o v o c a d o res". Advierten que "el compromiso aparente de Estados U n i d o s con
el enfrentamiento militar activo en pro de una decisiva v e n t a j a nacional" acarrea enormes riesgos . M u c h o s coinciden con tal opinión,
aun por consideraciones de interés propio.
Hay que matizar rigurosamente la opinión de la A c a d e m i a acerca de la primacía de la ley sobre la fuerza en las políticas de E s t a d o s
Unidos. Desde la Segunda Guerra M u n d i a l , el gobierno e s t a d o u n i 35 Kaysen y otros. War with Iraq. Michael Krepon. en Boletín de los Científicos
Atómicos, enero-febrero de 2003.
36 John Steinbruner y Jefirey Lewis, en Daedalus, otoño de 2 0 0 2 .
dense ha adoptado la práctica corriente de los países poderosos, optando en forma regular por la fuerza sobre la ley cuando le ha convenido al "interés n a c i o n a l " , término técnico que se refiere a los
intereses especiales de los sectores del país que están en condiciones de trazar políticas. En el mundo angloamericano esto es verdad
sabida desde los tiempos de A d a m Smith. Este fustigaba amargamente a los "comerciantes y manufactureros" de Inglaterra, que eran
"de lejos los principales arquitectos" de las políticas y se cercioraban de que sus propios intereses fueran "atendidos de modo muy
particular", sin importar lo "oneroso" de su efecto sobre terceros, incluidas las víctimas de su "salvaje injusticia" así en el extranjero
como dentro de la propia Inglaterra . Las verdades sabidas tienen
el hábito de seguir siendo ciertas.
La opinión de la élite dominante acerca de la O N U quedó bien expresada en 1992 por Francis Fukuyama, ex funcionario del Departamento de Estado de la era Reagan-Bush: la O N U es "perfectamente
útil como instrumento del unilateralismo estadounidense y bien
puede ser el mecanismo principal a través del cual se ejercerá ese
unilateralismo en el futuro". Su predicción resultó acertada, acaso
por basarse en una práctica consecuente que data de los primeros
días de la O N U . En esa época la situación mundial garantizaba que
la O N U fuera poco menos que un instrumento del poderío norteamericano. El organismo era muy admirado, aunque el desagrado de las
élites por él aumentó notablemente en los años siguientes. El cambio de actitud siguió a grandes rasgos el curso de la descolonización,
que abrió una ventanita a " l a tiranía de la mayoría"; es decir, a intereses venidos de fuera de los núcleos de poder concentrado que la
prensa económica llama "gobierno mundial de facto" y "amos del
universo" .
37 Véase mi Year 501, South End, 1993, capítulo 1.
38 James Morgan, en Financial Times, 25-26 de abril de 1992, refiriéndose al G-7,
el F M I . el G A T T y otras instituciones de la "nueva era imperial". Guy de
Cuando la O N U deja de servir de "instrumento del unilateralismo
norteamericano" en puntos de interés para las élites, se la ignora.
Una de muchas ilustraciones es la historia de los vetos. Desde los
años sesenta Estados U n i d o s lleva la larga delantera en vetos a resoluciones del Consejo de Seguridad, en una amplia gama de materias,
incluidos llamados a países para que acaten la legislación internacional. G r a n Bretaña viene segunda, y Francia y R u s i a v a n mucho
más rezagadas. Pero incluso este historial está falseado por el hecho
de que el inmenso poder de Washington con frecuencia obliga a atenuar resoluciones que objeta, o no permite que algunos asuntos cruciales se incluyan jamás en la agenda: las guerras de Washington
en Indochina, para dar un ejemplo que inquietaba más que un poco
Saddam H u s s e i n fue condenado en j u s t i c i a por no c u m p l i r a
plenitud numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad, aunque
menos se habló del hecho de que Estados U n i d o s repudió esas mismas resoluciones. La más importante de ellas, la Resolución 687,
pedía poner fin a las sanciones cuando el Consejo de S e g u r i d a d
constatara el acatamiento de Iraq y luego entrar a eliminar las A D M
y sus sistemas de lanzamiento en todo el Oriente M e d i o (Artículo
14, en referencia implícita a Israel). C o m o no existió nunca la posibilidad de que Estados U n i d o s acatara el Artículo 14, fue s u p r i m i do del debate.
El presidente B u s h 1 y su secretario de Estado, James Baker,
anunciaron a un tiempo que su país impugnaría también la principal condición de la 687, rechazando cualquier "relajamiento de las
sanciones mientras Saddam Hussein esté en el poder". C l i n t o n estuvo de acuerdo. Su secretario de Estado, Warren Christopher, escribió
en 1994 que el acatamiento iraquí "no basta para justificar el levan-
Jonquières, en Financial Times, 2 4 de enero de 2001. Fukuyama, citado por Mark
Curtis en The Ambiguities of Power. Zed, 1995. pág. 183.
Hegemonía*
tamiento del embargo", c a m b i a n d o así las reglas en forma unilateral, como señala D i l i p H i r o . La utilización por parte de Washing3 9
ton de inspectores de la
(UNSCOM)
para labores de espionaje
en Iraq perjudicó también l a s inspecciones, terminadas por Iraq
cuando en diciembre de 1998 Clinton y B l a i r bombardearon el país
contrariando a la O N U . Los i d e ó l o g o s de los distintos b a n d o s serán
los ú n i c o s que sepan a c i e n c i a cierta el probable resultado -de aquellas inspecciones. No o b s t a n t e , todo el tiempo fue claro que el desarme por intermedio de i n s p e c t o r e s internacionales no era el objetivo
de la a l i a n z a Estados U n i d o s — R e i n o Unido
y que l o s dos paí-
ses guerreros no acatarían l a s resoluciones atinentes de la O N U .
A l g u n o s comentaristas h a n señalado que Israel ostenta el récord
de desacatos de resoluciones. Turquía y M a r r u e c o s , que g o z a n del
respaldo norteamericano, t a m b i é n han infringido más resoluciones
del C o n s e j o de Seguridad q u e Iraq. Estas resoluciones a t a ñ e n a cuestiones de primerísima i m p o r t a n c i a : agresión, prácticas
crueles y
durante décadas de ocupación militar, graves v i o l a c i o n e s
de las convenciones de G i n e b r a (crímenes de guerra, en t é r m i n o s de
la ley estadounidense) y o t r o s asuntos de más e n v e r g a d u r a que un
d e s a r m e incompleto. Las resoluciones sobre Iraq también aluden a
la represión interna, y a u n q u e en este respecto el historial de Saddam
Hussein fue horripilante, e r a (lamentablemente) apenas un problema secundario, como deja v e r el apoyo que le dieron a S a d d a m algunos de los actuales f u n c i o n a r i o s de W a s h i n g t o n h a s t a mucho
d e s p u é s de cometidos sus p e o r e s crímenes y de la guerra
con Irán.
Las resoluciones sobre I s r a e l no caen bajo el Capítulo VII , que conlleva la
amenaza de fuerza,
pero cualquier propuesta de este tipo
sería v e t a d a enseguida por Estados Unidos.
39 B u s h y Baker aparecen citados por Sam Husseini en Counterpunch, 8 de
de 2003. Dilip Hiro, Iraq: in the Eye of the Storm, Thunders Mouth/
Nation, _2oo2, págs. 102 y sigs.
El veto trae a colación otro importante punto, ausente en las discusiones sobre el acatamiento parcial de Iraq a las resoluciones del
Consejo de Seguridad. Sencillamente, si Iraq hubiera tenido el derecho de veto, este país no habría contravenido ninguna resolución
de la O N U . Es igualmente claro que cualquier discusión seria sobre
desafíos al Consejo de Seguridad tiene que tener en cuenta los vetos,
que son la forma más extrema de desacato. El debate se esquiva, sin
embargo, por las conclusiones que se desprenderían de inmediato.
La cuestión del veto no se ignoró del todo durante los preparativos para la invasión de Iraq. La amenaza de Francia de vetar u n a
declaración de guerra de la O N U fue condenada con acritud. " D i j e ron que iban a vetar cualquier cobro de cuentas a S a d d a m " , declaró Bush con su habitual esmero por la verdad, cuando comunicó su
ultimátum al Consejo de Seguridad el 16 de marzo de 2003. Cundió
la furia contra la i n i q u i d a d de Francia y mucho se habló de castigar
al país que no seguía las órdenes de Crawford, Texas. En general,
las amenazas de veto por otros países son un escándalo que revela
el "fracaso de la diplomacia" y la actitud mezquina de la O N U . Selecciono aquí casi al azar: " S i las potencias menores se las arreglan
para convertir el Consejo en un foro para hacer contrapeso al poder
de Estados U n i d o s con votos, palabras y llamados públicos, desgastarán todavía más la credibilidad y legitimidad de este", en palabras
de Edward Luck, director del Centro sobre el Ordenamiento Internacional de la U n i v e r s i d a d de C o l u m b i a . La apelación rutinaria al
veto por el adalid del mundo se suele ignorar o minimizar, y en ocasiones se la aclama como una demostración de la integridad de un
Washington asediado. Pero no hay inquietud de que esto pueda desgastar la legitimidad o credibilidad de la O N U .
Poco hemos debido sorprendernos, por consiguiente, cuando en
octubre de 2002 un alto funcionario del gobierno de B u s h explicó que
40 Edward Luck, en New York Times. 22 de marzo de 2003.
[49l
"no necesitamos del Consejo de Seguridad", de m o d o q u e si este
"quiere seguir siendo relevante
tendrá que concedernos u n a autori-
dad similar" a la que acababa de conferirles el Congreso: a u t o r i d a d
para emplear la fuerza a discreción. Esta posición recibió el respaldo del presidente y el secretario de Estado, C o l i n P o w e l l , q u i e n añadió que "obviamente, el C o n s e j o siempre podrá sentarse a c e l e b r a r
más discusiones", pero " n o s o t r o s tenemos autoridad para
que consideremos necesario".
Washington consintió en p r e s e n t a r
una resolución al Consejo de S e g u r i d a d ( O N U , 1441), d e j a n d o muy
en claro, sin embargo, que se t r a t a b a de un trámite vacío. " S u t i l e z a s
diplomáticas aparte, el señor B u s h hizo saber que p a r a él la resolución era toda la autoridad q u e necesitaba para actuar c o n t r a Iraq
dado el caso de que el señor Hussein se resistiera", o b s e r v a r o n algunos corresponsales diplomáticos. "Aunque W a s h i n g t o n
consultar con otros miembros del Consejo de Seguridad,
no creía
necesario obtener su a p r o b a c i ó n " . Haciendo eco a P o w e l l ,
C a r d , jefe d e Personal d e l a C a s a Blanca, explicó que " l a O N U puede reunirse a debatir, pero no necesitamos su p e r m i s o " .
El "decente respeto [del g o b i e r n o ] por la opinión de la
dad [al exponer] las causas q u e lo empujan" a la acción, fue enfatizado cuando Colin Powell se presentó ante el Consejo de S e g u r i d a d
unos meses después para a n u n c i a r el designio de W a s h i n g t o n de emprender la guerra. "Los f u n c i o n a r i o s nacionales i n s i s t i e r o n en que
esta presentación no debería s e r interpretada como parte «de un esfuerzo prolijo por cosechar a p o y o para una resolución q u e autorice
el uso de la fuerza ", informó la prensa internacional. Un funcionario dijo: " N o vamos a g e s t i o n a r en favor de una segunda resolución
41 Elisabeth Bumiller y Carl H U L S E E , en New York Times, 12 de octubre de 2002.
Colin Powell citado por Julia Preston en New York Times.
18 de octubre de 2002. David Sanger y Julia Preston. en el New Yor k Times,
8 de noviembre de 2002. Andrew Card citado por Doug Saunders en el
Toronto Globe and
11 de noviembre de 2002.
porque no tenemos necesidad de eso (...). Si los demás miembros del
Consejo nos quieren alcanzar, podríamos detenernos un momento
a firmar sobre la línea punteada", pero nada más . Se le notificó al
mundo que Washington emplearía la fuerza a su amaño; la sociedad
deliberante podría "alcanzarlo" y unirse a la aventura, o bien sufrir
las consecuencias que recaen sobre los que no están " c o n nosotros"
y por lo tanto están "con los terroristas", según las opciones que presentó el presidente.
Bush y B l a i r recalcaron su desprecio por el derecho y los organismos internacionales en una posterior reunión cumbre en una base
militar de Estados U n i d o s en las Azores, donde se les unió el primer
ministro español José María Aznar. Los líderes de
"lanzaron
un ultimátum" al Consejo de Seguridad de Naciones U n i d a s : o capitulan en veinticuatro horas o invadimos a Iraq e imponemos un régimen de nuestra escogencia sin su fútil sello de aprobación, y lo
vamos a hacer - c o s a c r u c i a l - salgan o no S a d d a m H u s s e i n y su
familia del país. Nuestra invasión es legítima, declaró B u s h , porque
"los Estados U n i d o s de América poseen la autoridad soberana para
usar la fuerza con el fin de garantizar su propia seguridad nacional",
amenazada por Iraq con Saddam o sin él. La O N U es irrelevante porque "no ha estado a la altura de sus responsabilidades"; o sea, seguir
las órdenes de Washington. Estados U n i d o s "hará cumplir las justas
exigencias del m u n d o " así el mundo se oponga abrumadoramente .
Washington se afanó también por desnudar ante los ojos del
mundo entero la vacuidad esencial de sus declaraciones oficiales. En
una conferencia de prensa, el 6 de marzo, el presidente afirmó que
apenas existía " u n a pregunta única: ¿se ha desarmado Iraq completa
e incondicionalmente como lo exige la 1441 o no?". A c t o seguido dejó
42 Mark Turner y Roula Khalaf. en Financial Times, 5 de febrero de 2003.
43 David Sanger y Warren Hoge, en New York Times, 17 de marzo de 2003.
Michael Gordon. en New York Times, 18 de marzo de 2 0 0 3 .
en claro que la respuesta a esa ú n i c a pregunta
no importaba, advir-
tiendo que "tratándose de n u e s t r a seguridad,
realmente no necesi-
tamos el permiso de nadie". Las inspecciones de la O N U y las deliberaciones del Consejo de S e g u r i d a d eran, pues, una farsa, y ni siquiera
el cumplimiento comprobado a satisfacción t e n d r í a relevancia. Días
antes B u s h había declarado i n s u s t a n c i a l la r e s p u e s t a a la "única
pregunta": Estados Unidos instauraría un r é g i m e n de su agrado
aunque Saddam se desarmara p o r completo y a u n q u e él y sus huestes se esfumaran, como se recalcó en la c u m b r e de las Azores .
De hecho, había constancia previa del d e s i n t e r é s presidencial
por la única pregunta. Unos m e s e s antes, A r i F l e i s c h e r , portavoz de
la Casa Blanca, había informado a la prensa que "la política de Estados U n i d o s es de cambio de r é g i m e n , con i n s p e c t o r e s o sin ellos".
"Cambio de régimen" no s i g n i f i c a el que los i r a q u í e s puedan preferir, sino el que el conquistador i m p o n e l l a m á n d o l o "democrático",
como suele pasar: hasta Rusia i m p l a n t a b a " d e m o c r a c i a s del pueblo". Más adelante, cuando la g u e r r a e m p e z a b a a perder impulso,
Fleischer restauró la importancia inicial de la "única pregunta": la
posesión de A D M por parte de I r a q , "sobre eso t r a t ó y trata esta guerra". Y mientras Bush presentaba, su posición a n t i n ó m i c a en la conferencia de prensa, Jack Straw, m i n i s t r o de R e l a c i o n e s Exteriores del
Reino U n i d o , anunciaba que, si S a d d a m se d e s a r m a , "aceptamos
que el gobierno de Iraq p e r m a n e z c a en su s i t i o " ; de modo que la
"única pregunta" es la del d e s a r m e : las frases s o b r e "liberación" y
"democracia" son simple palabrería, y Gran B r e t a ñ a no apoyará la
apelación de Bush al uso de la f u e r z a por los m o t i v o s que él aduce (...)
sólo que G r a n Bretaña dio a entender que haría lo que se le ordena .
44 Apartes de la conferencia de prensa de G e o r g e W. Bush, en
New York Times, 7 de marzo de 2003 . Felicity Barringer y David Sanger,
en New York Times,
1 de marzo de 2 0 0 3 .
45 Alison Mitchell y David Sanger. en N e w York Times, 4 de septiembre de 2002.
Mientras tanto, C o l i n Powell contradecía la declaración presidencial de que Estados U n i d o s tomaría el control de Iraq a como
diera lugar. " L a pregunta es, sencillamente: ¿ha tomado S a d d a m
Hussein una decisión estratégica, política, de acatar las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones U n i d a s [y] deshacerse
de sus armas de destrucción masiva? Eso es todo, en pocas palabras (...). Esa es la pregunta. No hay otra". Volvemos a la "única
pregunta", desvirtuada por el presidente cinco días antes y otra vez
al día siguiente. C u a n d o comenzó la invasión, Powell volvió a la
"única pregunta". Iraq era "objeto de un ataque por haber violado
las obligaciones internacionales' contempladas en el acuerdo de rendición de 1991, que exigía la revelación y desarme de su peligroso
arsenal" . Todo lo demás que se ha aducido es, por lo tanto, irrele46
vante: Estados U n i d o s decide unilateralmente impedir que los inspectores realicen su tarea; y el acuerdo de 1991 le da el derecho de
apelar a la violencia, a pesar de lo estipulado allí explícitamente.
Cambiamos a otra fecha cualquiera y otro público, y el objetivo
es ahora llevar la "liberación" y la "democracia" no sólo a Iraq sino
a toda la región, un "noble anhelo". El mensaje es claro: haremos
como a bien tengamos, dando cualquier pretexto que esté a la mano.
Ustedes nos "alcanzan", o si no...
Queda por explicar por qué la amenaza de las A D M se volvió tan
grave después de septiembre de 2002, siendo que antes la consejera
de Seguridad N a c i o n a l , Condoleezza Rice, se había mostrado de
acuerdo con el consenso de que "si realmente adquieren A D M no las
Ari Fleischer es citado por Christopher Adams y Mark Huband en el Financial
Times, 12-13 de abril de 2003. Jack Straw, citado por David Sanger y Felicity
Barringer en New York Times, 7 de marzo de 2 0 0 3 .
46 "In Powells Words: Saddam Hussein Remains Guilty", en New York Times,
6 de marzo de 2003. Weisman. en New York Times, 23 de marzo de 2003.
supe-rvivencia
podrán usar, p o r q u e cualquier i n t e n t o les traería
la devastación de
su país" .
El castigo p o r estar "contra
nosotros" p u e d e ser severo, y l o s
beneficios de alcanzarnos y s e g u i r siendo " r e l e v a n t e s " son jugosos.
Se despacharon altos funcionarnos de la nación
ante países m i e m -
bros del C o n s e j o de Seguridad p a r a "instar a los
líderes a votar c o n
Estados U n i d o r sobre Iraq o a r r i e s g a r s e a ' p a g a r un alto precio'",
punto nada insignificante para a q u e l l o s países d é b i l e s "cuyos intereses recibían p o c a atención a n t e s de obtener u n a silla en el C o n s e jo". Los diplomáticos m e x i c a n o s trataron de e x p l i c a r a los emisarios
de Washington que el pueblo "se opone en su i n m e n s a mayoría a la
guerra", pero el argumento fue
repudiado por r i d í c u l o .
Un problerma especial se l e s presentó a los " p a í s e s que han s u cumbido a las presiones p o p u l a r e s para abrazar la democracia [y]
ahora tienen un público al cual rendirle c u e n t a s ' ' . Para estos, entre
las repercusión es de asumir en s e r i o las prácticas
democráticas pue-
de estar el estrangulamiento económico. En c o m p a r a c i ó n , "míster
Powell dejó en claro que los a l i a d o s políticos y
militares de Estados
Unidos disfrutarán de d o n a c i o n e s " . Entretanto. A r i Fleischer " n e gaba airadamente" que Bush e s t u v i e r a t r o c a n d o favores por votos,
con lo que " d e s p e r t ó carcajadas entre los e n v i a d o s de prensa", según The Wall S t r e e t Journal
Las recompensas por c u m p l i r órdenes i n c l u í a n no sólo ayudas
financieras, s i n o también autorización para i n t e n s i f i c a r las atrocidades terroristas. Al presidente r u s o , Vladimir P u t i n , de cuya afinidad
47 Condoleezza Rice, en Foreign Affairs. enero-febrero de
Mearsheimer y Stephen Walt en
2000. Citada por John
Policy, enero-febrero de 2003. Nótese
que s-11 no incidió sobre estos estimativos de riesgo.
48 D a f n a Linzer, AP, en Boston Globe. 24 de febnrero de 2003.
49 Guy Dinmore y Mark Turner. e n Financial Times. 1 2 de febrero de 2003.
Jeanne Cummings y Robert Block. e n Wall Street Journal.
26 de febrero de 2003.
espiritual con B u s h hay noticias, se le hizo "un guiño diplomático a
favor de una escalada represiva contra los separatistas chechenos,
jugada que algunos analistas de acá y del Oriente M e d i o sostienen
que podría perjudicar los intereses de Estados U n i d o s a largo plazo". Cabe imaginarse que son ciertas otras razones para inquietarse por el apoyo de Washington al terrorismo de Estado. P a r a hacer
ver que ese tipo de reacciones son "irrelevantes", el jefe de una organización de caridad islámica fue sentenciado en una corte federal por
el cargo de haber desviado fondos hacia los chechenos que oponían
resistencia a la brutal ocupación militar rusa, justo cuando a P u t i n
se le daba luz verde. El jefe de esa misma organización también fue
acusado de la financiación de ambulancias para Bosnia; en esa ocasión, tal parece que el delito se cometió por las mismas fechas en que
Clinton aerotransportaba integrantes de Al Qaeda e Hi

References: Artículo 51
 Resolución 
 Artículo 14
 resolución

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