Source: http://radiandando.es/2019/02/18/informe-de-niveles-de-radiacion-electromagnetica-15-000e/
Timestamp: 2019-09-15 12:54:54+00:00

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Informe de niveles de radiación electromagnética: ¡15.000€! – Radiandando
Posted by najera2000 on 18 febrero, 2019 18 febrero, 2019
Desde hace tiempo vengo denunciando por redes sociales y en este blog la venta de productos inútiles, cuando no absurdos, para protegerse contra la radiación de móviles, WiFis o teléfonos inalámbricos: desde pinturas o cortinas que supuestamente apantallan estos campos electromagnéticos, a pijamas, calzoncillos, pegatinas o pastillas. También ciertos servicios, como medidas de exposición, ofrecidos por pseudofundaciones y pseudoprofesionales realizados sin unas mínimas garantías, conocimiento, protocolos o equipamiento. En general, el proceso de venta suele ser el mismo: meter miedo (charlas, panfletos, etc.) y, después, ofrecer cualquier producto o la posibilidad de realizar las medidas. Mi duda siempre ha sido ¿y si el interesado en vez de un particular es un municipio? ¿Cuánto estará dispuesto a pagar un ayuntamiento o administración? No sé si ha sido el caso, pero veamos qué ha pasado en Burlada (Navarra).
Es un municipio de Navarra que desde hace tiempo viene negándose a la instalación de antenas de telefonía móvil en su casco urbano. En los últimos meses el ayuntamiento ha respaldado a la “Plataforma Burlada Habitable” que lidera el movimiento contra la instalación de una antena sobre el Hotel Burlada en el centro del pueblo. Un paseo por su web es poco más o menos que un paseo por el jardín de los horrores de la anticiencia y el desconocimiento… y para muestra un botón:
Pero parece que el desconocimiento y alarmismo de la Plataforma ha contagiado a un ayuntamiento que hace lo propio, difundiendo información sin evidencia científica, propagando el miedo y el desconocimiento a través del siguiente folleto:
Lo que recoge el folleto daría para una extensa entrada en el blog. Si quieres alucinar, amplía la imagen y lee. Ya te adelanto que ninguna de las recomendaciones en él recogidas tiene justificación científica razonable.
Pues bien, al parecer, con el fin de dar respuesta a la alarma social de parte, no sé cuánta, de la población de Burlada, el ayuntamiento encargó, a través del Departamento de Interior del Gobierno de Navarra, un informe para determinar la “contaminación radioeléctrica”. ¿A quién? A un profesor de la Universidad Politécnica de Madrid conocido por su posicionamiento alarmista y en contra de antenas, WiFis y cualquier dispositivo inalámbrico. El profesor Ceferino Maestú, quien en palabras del alcalde en esta entrevista (a partir del min. 15:30) es “una eminencia en la materia“. De Ceferino Maestú sólo puedo decir que ha sido colaborador de, entre otros, el catedrático Bardasano (asesor de Dsalud), y referente de la Fundación Alborada, de DSalud, colabora con Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud o CuerpoMente, entre otros y es Presidente de la Sociedad Española del Síndrome de Sensibilidad Central. Su CV (de 2014) está disponible a través de: http://docencia.gbt.tfo.upm.es/wp-content/uploads/2014/12/Ceferino-Maestu-Unturbe_cv.pdf y no seré yo quien cuestione si es o no una “eminencia en la materia”, que el lector decida. No es el objetivo de este texto, sino analizar el informe que ha supervisado.
Está disponible a través de la web del Ayuntamiento de Burlada en: http://www.burlada.es/news/informe-de-los-niveles-de-radiacion-electromagnetica-en-el-rango-de-la-radiofrecuencia-en-el-termino-municipal-de-burlada-navarra/
Lo que he hecho con el informe ha sido algo sencillo: una lectura crítica. Al tratarse de un tema tan controvertido, debemos ser muy cuidadosos con lo que decimos, que todo esté avalado por una evidencia científica fuerte y rigurosa pues, de lo contrario, caeremos en el amarillismo. Así que busqué rigor científico y una estructura clásica de Introducción, Objetivos, Material y Método, Resultados, Discusión y Conclusiones. Pero sobre todo, una metodología adecuada a los objetivos plateados, unos resultados orientados a mostrar la consecución de los objetivos, una discusión del trabajo, esto es, un análisis crítico de lo realizado comparando con otros estudios y buscando puntos fuertes y débiles, sesgos, etc. así como unas conclusiones que deberían emanar directamente de los resultados. Veamos…
Llaman la atención, además de alguna falta de ortografía, las ambigüedades que presenta, pues siembra la duda sobre los límites regulados de exposición (tanto en la legislación nacional como los establecidos por la ICNIRP y, por tanto, por casi todo el mundo) y los posibles efectos de la radiación electromagnética de radiofrecuencia. Por un lado indica que sólo se observan efectos térmicos al tiempo que, por otro, indica que en condiciones de laboratorio, sobre células, sí se han registrado otros efectos. Mi percepción es que se insinúa una extrapolación o generalización de esos estudios in vitro directamente a consecuencias sobre los humanos, lo que es sumamente peligroso e inadecuado. De ahí que me sorprenda esta ambigüedad en el informe. Mi percepción es que se trata de una sucesión de textos inconexos sin un hilo argumental, justificación o, lo más importante, una revisión del estado actual que nos lleve al planteamiento de objetivos claros.
Sin duda lo más llamativo (alucinante) es la elección de los niveles de exposición de referencia. No, no son los establecidos por la Comisión Internacional para la Protección ante Radiaciones No-Ionizantes (ICNIRP por sus siglas en inglés), establecidos sobre la base de evidencias científicas, tras un periodo de consulta pública o aval científico de BEMS o EBEA (las dos sociedades científicas más importantes del campo). No, tampoco se usarán como referencia los valores recogidos en este trabajo de Sagar y colaboradores (2017). Una revisión sistemática en la que se identificaron los niveles habituales de exposición habituales en diferentes ciudades europeas que podrían haber sido una buena referencia para comparar con la situación de Burlada. Pues tampoco. Se toman en cambio como referencia dos documentos, dándoles el rango de científicos, cuando de ninguna manera lo son. El primero es la Resolución 1815 de 2011 del Consejo de Europa y el segundo el pseudo informe Bioinitiative. Es llamativo que se citen esos documentos, pero aún lo es más que sean tomados como referencia para los cálculos de todo el informe, las conclusiones y las recomendaciones finales. Ninguno de estos dos documentos han sido consensuados en el seno de ninguna sociedad científica. El primero es una declaración política promovida por el luxemburgués Jean Huss. Se elaboró en el seno del Consejo de Europa, organismo que no pertenece a la Unión Europea (aunque en muchas ocasiones cuando se habla de esta resolución, se pretenda dar a entender que son lo mismo) sin que en ella participaran científicos de reconocido prestigio de las dos sociedades científicas anteriormente citadas (así para empezar se me ocurren Roosli, Samaras, Bolte, Josep, Martens, Frei…). En el texto no se incluye ninguna referencia científica que justifique la elección de unos límites de exposición extremadamente bajos. El segundo ha sido extensamente criticado por la comunidad científica pues tampoco se trata de un informe o revisión científicamente rigurosa, si acaso todo lo contrario. Yo no he sido el único que lo ha criticado. Este excelente texto del reconocido científico en la materia, Kenneth Foster, es otro ejemplo: https://sciencebasedmedicine.org/picking-cherries-in-science-the-bio-initiative-report/. En mi opinión, si se pretende ser riguroso y argumentar con base científica, estos dos textos no son los adecuados.
Pero volvamos al informe de Burlada. Lo que se desprende de la introducción es que fija como nivel de referencia para decidir si un valor será elevado o no, el establecido en la Resolución 1815 que, como he dicho, no se justifica científicamente de ninguna manera. Este valor es de 0,1 μW/cm2 mientras que ICNIRP establece un valor de unos 400 μW/cm2, esto es, el tomado en el informe es el 0,0099% del valor ICNIRP.
Tras la lectura de la introducción, en la que tampoco se citan metodologías estándar o valores de referencia medidos en otras partes del mundo, como los indicados en la ya citada revisión sistemática de Sagar et al., (2017), queda claro el interés por alimentar el miedo, la duda, por insistir en el establecimiento de unos niveles de referencia inadecuados, lejos de los aceptados por la comunidad científica propuestos por ICNIRP. Tampoco se proporciona un objetivo, más allá del título. De esta manera, la introducción no justifica la metodología ni los objetivos, más allá de reunir una serie de corta/pega de declaraciones o normativas.
Aunque se incluye este apartado, no se especifican aspectos importantes que justifiquen, por ejemplo, la elección de los puntos de medida. No se plantea un análisis estadístico de los datos, no se proporcionan mapas o análisis SIG (sistemas de análisis geográficos). No se ha justificado el porqué de esta metodología (elaborar un mapa con los valores “esporádicos” en vez de hacer mapas adecuados mediante técnicas de análisis estadísticos de patrones de puntos), como tampoco se justifica la inclusión de un punto en el interior de un edificio (la biblioteca) y que sea tratado del mismo modo que el resto.
Lo más llamativo de la metodología es la injustificada elección de los valores máximos para la realización del informe. Al no haber objetivos claros, no se sabe cual es el objetivo del informe. Parece que la elección del valor máximo pretende establecer en qué puntos se superan los valores “seguros” de acuerdo a esos niveles arbitrarios de referencia (1815/Bioinitiative). A mi se me hubiera ocurrido como objetivo, por ejemplo: “caracterizar la exposición media de la población de Burlada” discriminando entre mañana, tarde y noche. Realizando medidas con exposímetros personales y elaborando mapas mediante técnicas de análisis de puntos y análisis Kriging. Al elegir los máximos de exposición, parece claro que el objetivo no es caracterizar la situación típica de exposición de campos electromagnéticos de radiofrecuencia sino la situación atípica, que será lo que conseguiremos, fácilmente, al elegir máximos y no medias, medianas, modas, percentiles, etc. Es algo que cae por sí solo aplicando unos mínimos conocimientos de Estadística. Estos valores máximos pueden ocurrir por muchos factores y sería necesario saber cuántas veces ocurren, por lo que cada valor debería venir acompañado, al menos, del número de veces que ha sido registrado en cada punto en el periodo de medida, esto es, algo que permita responder a la pregunta ¿es frecuente o esporádico?
Tampoco se proporciona, como ya he indicado, una metodología de análisis de patrones de puntos. Si bien se describe el protocolo de medida y el aparato utilizado, no se aporta una metodología de análisis de datos en 2 dimensiones, algo lógico si vas a medir en una superficie y realizar mapas. Tampoco se comparan o se contrastan las medidas entre diferentes zonas más allá de comparar valores directamente, algo inadecuado pues lo lógico es utilizar algún test estadístico de contraste de hipótesis (U de Mann-Whiteney y correlaciones, algo que mis alumnos de primero ya saben).
Otro aspecto cuestionable es el uso de un analizador de espectros de 700 MHz a 6 GHz que ha obviado bandas de frecuencia importantes como la FM (88-108MHz) o la TV (380-400 MHz) que nos proporcionarían una referencia interesante ya que estas emisiones llevan con nosotros muchísimos años y, a veces, presentan valores muy superiores a los producidos por las antenas. Tampoco se aportan valores por bandas de frecuencia, que serían de interés, como las utilizadas por terminales móviles o antenas, WiFi o DECT, o habiéndolas identificado claramente. Se me ocurre que una medida de 10 minutos con una resolución de 5 segundos para cada una de las bandas de frecuencia, proporcionaría una descripción muy diferente de la situación, pero mucho más real de a qué radiación está sometida la población de Burlada. El hecho de que una persona pase cerca del aparato de medida hablando por teléfono, la presencia de una antena WiFi cerca o un teléfono DECT condicionarían el resultado (pues sólo miramos a los máximos). En una medida temporal, esos valores pueden ser identificados y, si la Estadística lo recomienda, ser eliminados. Se trata de identificar los valores extremos o atípicos para no tenerlos en cuenta si son infrecuentes. Muchas veces esos valores se corresponden con los máximos, por lo que deben ser tratados de una forma diferente. Una razón más para no utilizar el máximo, salvo que tu intención no sea la de caracterizar la exposición de la gente basándote en los valores típicos y sí, centrarte en esos valores atípicos.
Sólo se realizó una medida en interiores donde sabemos que la banda que más contribuye a la exposición total es la WiFi y los inalámbricos (DECT). Si lo que yo quiero es alarmar sobre la exposición producida por las antenas, mediré en la calle, aunque si quiero mostrar la situación real, debería haber medido en interiores y exteriores, proporcionando los valores por banda de frecuencia y así, caracterizar en diferentes circunstancias la situación típica, pero no parece que éste fuera el objetivo.
No se presenta una estadística descriptiva mínima, valores medios, medianas, desviaciones típicas, frecuencias, rangos, etc. Tampoco se indica el número de registros por debajo del umbral del aparato (algo frecuente en estos estudios). Y lo más importante, como he indicado, no se indica la frecuencia con la que ocurren esos valores máximos que se han registrado para la elaboración del informe. Se muestran como “valores verdes” aquellos máximos por debajo de 0,1 μW/cm2, que quedaría en el 0,002% del establecido por ICNIRP. Como puede verse claramente en el siguiente mapa, esta elección arbitraria del nivel de referencia, condiciona los resultados. Por no aportar, no se aportan ni las coordenadas GPS de los puntos de medida que permitirían una reproducción del estudio, por ejemplo.
En general, en este tipo de estudios de caracterización de la exposición, se recomienda trabajar con valores mediana, aportar los valores moda (los más frecuentes), indicar el percentil 95 y realizar correlaciones y estadísticas no paramétricas que permitan comparar estadísticamente las diferencias observadas. Hablar de diferencias mirando únicamente a los valores máximos y sin presentar una Estadística adecuada de los datos observados es un error frecuente que, como he dicho, enseño a mis alumnos de Medicina, en primero de carrera. No se presenta ni tan siquiera una tabla de valores para los puntos medidos para cada banda de frecuencia, por lo que la lectura del informe, para poder analizarlos y compararlos, es sumamente compleja e incompleta.
No se incluye una discusión de los resultados, no se comparan con otros estudios científicos previos (porque ninguno usa valores máximos), no se cuestiona la metodología, no se explica por qué se eligió el máximo y no otro valor, no se discute cómo se condicionan los resultados al elegir el máximo y no la mediana, por ejemplo.
Ya lo hago yo… Por qué se incluyeron esos puntos y no otros, por qué no se presentan los datos pormenorizados por banda de frecuencia, por qué no se hace una Estadística completa, etc. En el informe se mide por la mañana y por la tarde y se dice que los valores registrados son similares pero así, a ojo, en vez de realizar un análisis estadístico adecuado. Lo normal en estos casos es una simple correlación entre las observaciones o una prueba U de Mann-Whitney… es que es un no parar… Lo más divertido, por cutre y absurdo, es que se presenta una zona hexagonal como zona de baja radiación, sin que se justifique la elección de esa forma o la inclusión o no de los puntos en ella. Un análisis adecuado para la determinación de esas zonas es mediante el análisis de patrones de puntos y mapas de Kriging, que no se presentan. En cambio se aportan unos mapas en Google Maps con colores referenciados a los niveles de la resolución 1815 sin más… sin tener en cuenta la orografía o la posición de los edificios. A modo de ejemplo, recomiendo echar un vistazo a estos mapas elaborados por el Prof. López-Espí y colaboradores en Alcalá de Henares. En este trabajo publicado en la revista Science of the Total Environment, una de las más prestigiosas: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0048969717306502?via%3Dihub. compararon los niveles de exposición de 2006 con los de 2015 y concluyeron que en las zonas donde hay más antenas o se ha incrementado su número, los niveles han bajado.
Unos objetivos inexistentes, una metodología que se centra en la determinación de valores máximos, unos límites de referencia sin el mínimo rigor científico exigible, un abordaje que no tiene en cuenta sistemas de información geográfica ni análisis de patrones de puntos, unos resultados que obvian, entre otras cosas, la frecuencia con que se producen esos máximos, o qué otros valores y con qué frecuencia se registran, un trabajo sin un análisis estadístico mínimo ni contraste de hipótesis para comparar diferentes situaciones, una discusión inexistente…
La primera conclusión que aporta el informe es que en ningún punto se superaron los niveles legales y eso a pesar de haber medido máximos y sin diferenciar las bandas de frecuencia de interés en comunicaciones. Por lo que el resultado debería ser sumamente tranquilizador. Conclusión para lo que no hubieran hecho falta medidas de este tipo, pues las antenas suelen emitir a unos niveles que a las distancias mínimas de exposición, sólo por física elemental, producirán valores de exposición por debajo de los legales. El Ministerio de Industria, además, pone a disposición de cualquiera, on-line, los valores con medidas a diferentes distancias de las antenas… ¿hacía falta entonces este informe?
El resto de las conclusiones se basan en los límites de la Resolución 1815 del Consejo de Europa tomando como valores de referencia los 0,1 μW/cm2 y, a pesar de trabajar con valores máximos, un 40% de los puntos medidos registraron valores por debajo.
Con respecto a las recomendaciones, volvemos a lo mismo. Estas se establecen basándose en los niveles de la resolución 1815 o el pseudo informe Bioinitiative, por lo que no tienen fundamento científico alguno más allá de querer alarmar. Las estaciones base de telefonía móvil deben cumplir con la normativa vigente y, aunque el informe recomienda que la antena del Hotel Burlada se eleve al menos 5 metros sobre los edificios, no tiene fundamento, más allá de respetar la normativa, ¡claro! Da igual la altura, lo que se debe evitar, y así está regulado, es que el haz principal de las antenas deje un espacio libre en forma de paralelepípedo de 10 metros de largo. Las compañías no son tontas y no lo dirigirán a un edificio. Otra recomendación que aporta el informe es usar cable en la biblioteca en vez de WiFi pues se registró un valor de hasta 4,67 μW/cm2, esto es, llegando a un alarmante 0,046% del valor máximo ICNIRP. Una vez más sin saber demasiado de si ese valor describe o no la situación de la biblioteca en su conjunto espacio temporal. Así que, una vez más, no tiene fundamento alguno, pues la medida está dentro de los límites recomendados sin olvidar que estamos hablando de valores máximos… Por no olvidar que, a día de hoy, plantearse la eliminación de la WiFi y sugerir acceso cableado por terminales, en un mundo móvil, sería un auténtico atraso, injustificado e injustificable. La última de las recomendaciones es “regular a la baja” las antenas de la zona sur, una vez más sin justificación objetiva clara pues se basa en la asunción de unos límites sin fundamento científico, además de no ser competencia del Ayuntamiento y una actuación sobre unas antenas que cumplen, con creces, la normativa vigente.
Coincidí con Ceferino Maestú en el congreso BIOEM2019 de Eslovenia. Se dirigió a mi y me espetó: “Tú eres Alberto Nájera, tú eres quien va hablando mal de mi”. ¿Yo? Le respondí, “claro, científicamente hablando no puedo hablar bien de ti, lo que haces es irresponsable” le dije. “No se puede aterrorizar a la gente cuando la evidencia científica nos dice otra cosa”. Me dijo que todos los estudios publicados estaban mal hechos, que lo que hacíamos nosotros con los exposímetros era inadecuado y no describía de forma fiable la situación real (será porque usamos medianas y percentiles en vez de máximos). Que los límites ICNIRP, a pesar de que fueron presentados y discutidos allí, estaban fijados por la industria sin tener en cuenta otros efectos que no fueran térmicos y que él había observado en su laboratorio. Le pregunté por la publicación que los recogía… no obtuve respuesta. Claramente dos puntos de vista enfrentados y contradictorios ¿verdad?
Este informe ha costado 15.000€ de dinero público.
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