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Timestamp: 2020-06-01 13:05:14+00:00

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NB —Usted señala que la voluntad colectiva es la única que puede lograr introducir cambios y hacer las modificaciones que de repente son necesarias, sin embargo voluntades individuales sí pueden trancar algunos cambios. Eso es parte de lo que está en discusión cuando se habla del funcionamiento del Consejo de Seguridad, por ejemplo.
ER —Usted puede estar haciendo referencia ahí al famoso tema del veto. Solamente cinco privilegiados tienen –ni siquiera le llamo derecho al veto– el privilegio del veto, instaurado en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, por la cual sin el voto afirmativo o la abstención de uno de ellos el Consejo de Seguridad no puede tomar decisiones. Así son las reglas de juego, así han sido durante 70 años y quizás algún día se modifiquen.
RA —¿Por qué dice “quizás algún día”? ¿No está previsto hoy en la agenda? Se lo pregunto porque el propio Ban Ki-moon en sus últimas declaraciones hizo alguna manifestación en torno a la necesidad de cambiar esa estructura o algo de esa forma de funcionar del organismo.
ER —El problema es por dos lados. Por un lado, en qué beneficia a los actuales poseedores del mayor poder, los miembros permanentes, compartir ese poder con más miembros. Segundo, los demás miembros de las Naciones Unidas no se han puesto de acuerdo en qué tipo de modificación o reforma se querría instaurar, ni en cuanto al número de eventuales miembros del Consejo de Seguridad, ni en cuanto al ejercicio del veto por nuevos miembros del Consejo de Seguridad. Hay un desencuentro de intereses y de posiciones que ha hecho que llevemos ya más de 17 años con el tema reforma de las Naciones Unidas en la consideración de la Asamblea General sin ningún avance sustantivo.
NB —Usted destacaba la experiencia de Guterres como alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados. ¿En qué podría llegar a incidir para cambiar en algo la situación de Siria, por ejemplo, y de los refugiados en general?
ER —La figura del secretario general de las Naciones Unidas es una figura de estatura moral. Es una guía para la institución, pero al mismo tiempo no es el dueño de la institución, siempre ha habido una notoria tensión entre el secretario general y en particular los miembros permanentes. No hay que olvidar, sin ir más lejos, que algún secretario general del pasado –estoy pensando en Butros Gali– no fue reelegido por la oposición de uno de los miembros permanentes, que no estaba satisfecho con cómo se había conducido en la Secretaría General. Por consiguiente, el secretario general en sí no tiene más poder que su persuasión y la calidad de sus propuestas, de manera de convencer o compartir con el Consejo de Seguridad su visión y procurar trabajar en conjunto. Es una tarea sumamente difícil, algún ex secretario general la ha calificado como el trabajo más imposible en el mundo.
RA —Otra de las razones por las cuales este será especial para la ONU es la asunción como presidente de EEUU de Donad Trump, quien ya ha dicho que bajo su mandato la relación de su país con este organismo internacional cambiará. No sabemos bien cómo, pero la semana pasada volvió a referirse al tema, se preguntó: “¿Cuándo vieron a Naciones Unidas resolver problemas? No lo hace, ellos causan problemas”. Y recientemente ha afirmado que la ONU “es un club para hablar y pasarla bien”. ¿Cómo espera que sea la nueva relación de EEUU con la ONU?
ER —En términos generales, a los diplomáticos no nos gusta hacer predicciones, en particular cuando se trata de un gobierno nuevo que todavía no ha comenzado sus funciones ni está manteniendo en la realidad posición alguna, puesto que aún no está en funciones. Tendremos que ver, cuando asuma el Gobierno del presidente Trump, cómo ese Gobierno se va a manifestar a nivel nacional e internacional. En términos generales, a partir del día en que se asume el Gobierno, se asumen también obligaciones, compromisos, y se presenta la necesidad de equilibrar muchísimos intereses, y a veces muchas de las cosas que se dicen antes de asumir el cargo luego se ven no digo sustancialmente modificadas, pero al menos cambiadas con respecto a las manifestaciones anteriores. Ya veremos cómo se manifiesta el nuevo Gobierno de los EEUU en ese sentido. Es muy claro, sin embargo, que el señor Trump hasta el momento no ha manifestado una gran simpatía por las Naciones Unidas, digámoslo así suavemente.
NB —Más allá de las decisiones concretas que pueda tomar cuando esté al frente de la presidencia de EEUU, ¿cómo juega que el presidente de un Estado miembro tan importante como es EEUU para Naciones Unidas tenga esa falta de credibilidad hacia el organismo?
ER —El presidente electo ha hablado con mucha frecuencia sobre su interés en mantener mejores relaciones con Rusia. Si EEUU logra tener un relacionamiento mejor con Rusia, ya son dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad que podrían estar compartiendo determinados liderazgos, lo cual podría ser muy útil para la organización, en la medida en que sean liderazgos en temas y conductas que los demás miembros hallen satisfactorios. Por consiguiente, ahí tenemos un gran potencial para unas Naciones Unidas más eficientes, más efectivas, si realmente la voluntad de EEUU y Rusia logra convencer al resto de la membresía.
RA —El sábado 24 de diciembre pasado el Consejo de Seguridad emitió una resolución que fue toda una sorpresa para el mundo: la condena a Israel por la instalación de asentamientos en territorio palestino y la exhortación a deponer esa actitud en el futuro. La resolución fue aprobada porque por primera vez EEUU, que normalmente vetaba mociones similares, se abstuvo de votar en esta ocasión. ¿Qué importancia le adjudica a esa resolución?
ER —La resolución no contiene ningún elemento nuevo más allá de la abstención de EEUU. Los temas que la resolución trata han sido tratados en numerosísimas resoluciones ya aprobadas por el Consejo de Seguridad, y forman parte del elemento central de las resoluciones y recomendaciones del Cuarteto de Medio Oriente. Por consiguiente, no hay novedad en el contenido, la novedad mayor fue la abstención de EEUU.
NB —¿Se esperaba que EEUU tuviera esa actitud?
ER —Para quienes estamos en el oficio, la resolución contiene las suficientes ambigüedades como para haber logrado que EEUU pudiese dejar la oposición por una abstención. En términos generales, el texto de la resolución, si bien contiene elementos importantes y de reafirmación de principios de derecho internacional, tales como el no reconocimiento de la adquisición de territorios por medio de la guerra, no contiene ningún elemento sustancialmente mayor.
NB —El 2016 fue un año particularmente importante en cuanto al terrorismo. Hubo varis atentados perpetrados por personas que de forma solitaria lograron conmocionar el mundo. Actos como el de Niza, en Francia, en julio, cuando un hombre atropelló con un camión a cientos de personas y mató a 84; el de Berlín, en Alemania, el mes de pasado, de forma similar, en el que murieron 12 personas; el de Turquía este fin de semana… ¿Cómo trabaja el Consejo de Seguridad para prevenir este tipo de situaciones?
ER —El tema terrorismo a nivel de Naciones Unidas está concentrado en la cooperación en materia de la lucha antiterrorista, más allá de lo que pueda ser el enfrentamiento militar con el terrorismo. Por consiguiente, Naciones Unidas tiene en primer lugar una estrategia sobre lucha antiterrorista y numerosos organismos y comités de trabajo, de cooperación internacional en la materia particularmente vinculados a la lucha combinada contra el tráfico de armas, el narcotráfico, el lavado de dinero y trata por ese lado de disminuir todo lo que sea financiamiento de las actividades terroristas. Al mismo tiempo, tiene un gran trabajo de cooperación en materia de movimiento de personas, la posibilidad de identificar y alertar a los distintos organismos de seguridad sobre el pasaje de determinadas personas por distintas fronteras. Por consiguiente, el trabajo en materia de lucha contra el terrorismo en las Naciones Unidas es un trabajo de cooperación entre los estados.
El terrorismo debe ser combatido primariamente en cada uno de los países. Nosotros como delegación de Uruguay hemos sostenido siempre que al terrorismo se lo combate principalmente teniendo sociedades libres, tolerantes, abiertas, democráticamente elegidas bajo el imperio del derecho. A partir de ahí es posible controlar el terrorismo. Todas las formas de intolerancia, que lamentablemente se manifiestan, incluso a nivel de numerosos Gobiernos en el mundo, son, a nuestra manera de ver, fomento claro del terrorismo.
RA —Haciendo un balance del año, ¿en qué asuntos considera que el Consejo de Seguridad ha logrado avances positivos? ¿Qué destacaría?
ER —En este momento, y sobre todo más cercano a nosotros, para Uruguay ha sido muy grato el trabajo dentro del Consejo de Seguridad en lo que hace a la situación en Colombia. Allí lo que hay que resaltar es, precisamente, que, a diferencia de otras crisis en otros países en el mundo, en Colombia ha habido una brutal apuesta por la paz tanto por el Gobierno como por las FARC. Cada uno de ellos ha arriesgado todo su capital político y su prestigio personal en una búsqueda incesante de la paz. Y los colombianos han logrado un acuerdo, con dificultades, con resistencias, pero es notorio que por el momento ese acuerdo viene ejecutándose correctamente.
Ahí Naciones Unidas está prestando un rol sumamente importante, cual es, particularmente, participar en todas las actividades vinculadas al mantenimiento del cese del fuego, a lo que los colombianos han denominado la “dejación” de las armas y a la gradual integración de los exguerrilleros a la vida normal de la sociedad colombiana. Naciones Unidas tiene desplegada una misión política bastante voluminosa, va a llegar a unos 400 observadores para este primer período de seis meses de dejación de armas y de acantonamiento de los anteriores guerrilleros. Por consiguiente, ha sido una tarea muy grata el ver en primer lugar el compromiso asumido por ambas partes en la búsqueda de la paz y la posibilidad de las Naciones Unidas de actuar con rapidez. El Consejo de Seguridad resolvió todo esto en escasos días, porque había una voluntad política de todos los miembros de acompañar ese proceso.
NB —¿Dónde ubica los principales desafíos para el Consejo de Seguridad en este año que comienza?
ER —Los principales desafíos continúan siendo numerosos en cuanto a mantenimiento de la paz internacional. En este momento estamos con una situación algo mejor en Siria, pero la presencia de ISIS dominando vastos sectores de territorio entre Irak y Siria no es de despreciar. La situación en Yemen es crítica. La situación en Somalia no es brillante, por más que gradualmente ha habido algunos pasos de mejoría, en particular con las últimas elecciones que por primera vez se llevaron a cabo en ese país luego de más de 30 años. La situación en Sudán y Sudán del Sur es de una extrema fragilidad. Y la propia situación que veníamos hablando de Israel y Palestina continúa en ese largo proceso de tumulto e inseguridad. Pero por otro lado también tenemos Corea del Norte y su política nuclear. Por consiguiente, hay numerosas áreas en las cuales el mundo mantiene frágiles situaciones que esperemos que no se descontrolen y deriven en asuntos mayores.
Luego tenemos todo lo concerniente a las actividades terroristas, que son un real desafío, en particular para aquellos que entendemos que la lucha contra el terrorismo debe hacerse dentro de la legalidad, dentro de la protección de los derechos humanos y sobre todo dentro del mantenimiento de sociedades libres y democráticas.
RA —Este año Uruguay va a volver a ocupar la presidencia del Consejo de Seguridad en el mes de mayo.
ER —Mayo es el mes de la segunda presidencia de Uruguay en el Consejo de Seguridad.
RA —¿Qué espera poder alcanzar en ese período y más allá? ¿Uruguay tiene alguna agenda propia para estos meses y puede plantearla en el organismo?
ER —Ninguna presidencia tiene una agenda propia. Lo que mayormente podemos hacer es sugerir a los colegas el tratamiento de algún tema en particular de interés especial para el país de que se trate. En el caso nuestro, en la anterior presidencia hicimos énfasis fundamental en un área que es el motivo de la participación de Uruguay en las operaciones de mantenimiento de paz, que es la protección civil. En tal sentido, organizamos un debate específico del Consejo en esa materia.
Para el mes de mayo estamos definiendo algunas de las áreas en las que sería posible trabajar. Estamos pensando mucho en mejorar lo que fue una resolución de la cual el Uruguay fue corredactor, que fue la resolución sobre protección de personal humanitario. Como todos hemos visto, uno de los grandes horrores que han sucedido en los últimos tiempos, notoriamente registrados en Siria, pero no exclusivamente, también visible en Yemen, es la absoluta falta de respeto por las normas de derecho humanitario. Los ataques que se han perpetrado en hospitales e instalaciones sanitarias, bombardeos, ataques individuales a través de francotiradores, persecución de médicos y personal de enfermería son actitudes y crímenes de una bajeza que no se había constatado antes. La vieja Cruz Roja normalmente significaba una garantía de seguridad, hoy día hospitales luciendo la cruz roja o la medialuna roja son bombardeados implacablemente y no necesariamente por terroristas, sino muchas veces por coaliciones integradas por varios gobiernos. Uruguay podría tratar de trabajar en la profundización de la resolución 2286 que aprobamos en mayo del 2016.
Al mismo tiempo, el mejoramiento de la participación en operaciones de paz, en cuanto a la calidad de las operaciones de mantenimiento de paz, en cuanto a la responsabilidad de los países que en ellas participan, en cuanto a dotar las operaciones de mejores medios para llevar a cabo su función es otro de los terrenos en los cuales vamos a estar trabajando.
Si hay algo por lo cual Uruguay es realmente apreciado en el ámbito de las Naciones Unidas es su visible rol en operaciones de mantenimiento de la paz y la calidad del desempeño de sus fuerzas en el terreno. Cuando usted va a Naciones Unidas y dice “Uruguay”, la primera expresión es “operaciones de mantenimiento de la paz”. Tenemos un prestigio muy bien ganado, con actividades de trabajo social en los países donde estamos destacados, particularmente en el Congo y en Haití, pero además nuestros soldados han debido participar en acciones de protección de civiles arriesgando vidas bajo fuego. Tenemos un capital muy favorable, que se debe pura y exclusivamente al profesionalismo y a la calidad del personal de nuestras Fuerzas Armadas destacado en las operaciones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas.
NB —¿Cree que ha valido la pena que Uruguay haya tomado este lugar en el Consejo de Seguridad y esté en la mesa de negociaciones? Ese fue un debate que se dio al inicio, cuando a Uruguay le tocó asumir el año pasado, pero se lo pregunto sobre todo con relación a lo que conversábamos en el primer bloque de esta entrevista, cuando trasuntaba una mirada un poco pesimista con respecto a algunas de las cosas que ocurren dentro de la organización. Hablábamos de las decenas de resoluciones que se desconocen, de las limitadas herramientas que tiene el secretario general, que básicamente se limitan a la persuasión de la voluntad de los otros estados para poder introducir algún cambio, el propio cambio en la conformación del Consejo de Seguridad no va a introducir mayores cambios tampoco. ¿Cuál es su mirada al respecto y sobre la oportunidad de que Uruguay esté participando en el Consejo?
ER —Las cosas pueden ser bastante sencillas. Yo quisiera que el mundo fuera distinto, pero no lo es. Este es el mundo que tenemos, estos son los instrumentos que tenemos, estas son las realidades con las cuales convivimos. Queremos cambiarlas, intentémoslo, la única forma de intentar cambiarlas es estando insertos en ella. Llevamos 70 años en las Naciones Unidas y vamos a seguir. Por consiguiente, nuestra participación en las Naciones Unidas se tiene que dar en todos sus organismos. Como todos los estados miembros, participamos en la Asamblea General, pero también participamos en […], participamos en las comisiones, en el Consejo de Derechos Humanos y en el Consejo de Seguridad. El mundo es como es y nosotros tratamos de, desde los distintos lugares donde trabajamos, dar la opinión, la visión del Uruguay.
Sin ir más lejos, todo los que trabajan en Naciones Unidas, y particularmente en la sede en Nueva York, se han dado cuenta y comentan que Uruguay es un firme propiciador de una mayor transparencia en las tareas del Consejo de Seguridad. Hemos quebrado con algunas costumbres que se llevaban a cabo en las Naciones Unidas, tales como tener una sesión de información del Consejo de Seguridad que es inmediatamente levantada para pasar a sesiones cerradas en las cuales no hay un intercambio profundo que no pudiera haberse hecho delante de la membresía. Hemos roto con esa costumbre de no hacer uso de la palabra en las sesiones abiertas del Consejo, nosotros lo hacemos, damos nuestra opinión, decimos qué es lo que piensa Uruguay sobre cada uno de los temas. Y gradualmente hemos venido arrastrando a algunos otros países a hacer lo mismo. Me preguntará cuál es el valor; es el valor de demostrar que ciertas cosas que se hacen en el Consejo de Seguridad pueden ser cambiadas y mejoradas en la medida en que cada uno de los países tome la iniciativa, sostenga su posición y tenga realmente algo que decir.
Por consiguiente, sí vale la pena estar en el Consejo de Seguridad, vale la pena que Uruguay exprese su pensamiento, su voz al mundo. Porque somos un país con dignidad, un país que tiene una rica historia, una rica tradición en materia de derecho internacional, de política internacional, de derechos humanos, de apego al derecho internacional y a la estabilidad y a las normas de un Gobierno democrático.

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