Source: http://www.libertadidioma.com/2000/20001001.htm
Timestamp: 2020-04-05 03:22:59+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Domingo 1 Octubre 2000
#ETA sigue con su escalada de terror contra los empresarios
Impresiones El Mundo 1 Octubre 2000
#Obligación constitucional
Editorial La Razón 1 Octubre 2000
#Talón de Aquiles
Enrique de Diego Libertad Digital 1 Octubre 2000
#La legitimidad de ejercicio
Luis María ANSON de la Real Academia Española La Razón 1 Octubre 2000
#Redondo JR
César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Octubre 2000
#La deuda pendiente
Mª Enriqueta Benito Bengoa Portavoz de Unidad Alavesa en el Parlamento Vasco La Razón 1 Octubre 2000
#«Para hacer política en el País Vasco hay que ser un héroe»
MAGIS IGLESIAS COLPISA. MADRID El Correo 1 Octubre 2000
#«El nacionalismo es la guerra»
MAGIS IGLESIAS. Colpisa MADRID La Voz 1 Octubre 2000
#«Estamos asistiendo a una confrontación de valores»
L. P. BILBAO El Correo 1 Octubre 2000
#Sociedad y política
Editorial El Correo 1 Octubre 2000
#¡PROTEGED A SAVATER!
XOSÉ ANTÓN VILA La Voz 1 Octubre 2000
#Por el camino que lleva a Irlanda
JOSÉ LUIS ZUBIZARRETA El Correo 1 Octubre 2000
#La Constitución obliga al Gobierno a intervenir cuando una autonomía no garantiza el orden
Redacción - Madrid .- La Razón 1 Octubre 2000
#Un sector de CDC pide la independencia de Cataluña
J. GARRIGA, Barcelona El País 1 Octubre 2000
#Gesto de unidad
NURIA NUÑO VITORIA El Correo 1 Octubre 2000
#Ciudadanos en pie
LOURDES PÉREZ BILBAO El Correo 1 Octubre 2000
#Nueva «noche de terror» en el País Vasco: los proetarras atacan un cuartel y queman una librería y una fábrica
E. Mejuto/ Redacción - Bilbao/ Madrid .- La Razón 1 Octubre 2000
#Moshé Shaul: «El ladino fue clave en la expansión del español»
Susana Jarandilla - Madrid La Razón 1 Octubre 2000
ETA sigue con su escalada de terror contra los empresarios
ETA prosigue su escalada de terror contra el empresariado vasco que se niega a ser extorsionado con el impuesto revolucionario. En la madrugada del viernes al sábado, un artefacto de gran potencia destrozó la sede de la empresa Mecanizados Alberdi, en el municipio de Legutiano, cerca de Vitoria. El atentado viene a sumarse a la voladura de la discoteca de la familia Korta y al coche bomba que estalló en el barrio de Las Arenas, donde viven numerosos empresarios vascos. Cuando mataron a Korta, Román Sudupe (PNV) dijo aquello de: «Era uno de los nuestros». La nueva barbaridad de los terroristas en Alava también, ya que la empresa es propiedad de un militante del PNV. Aquí tiene otra vez el partido de Arzalluz la respuesta de ETA a la mano que tiende de forma permanente y hasta suicida a juzgar por los hechos a los violentos y quienes les apoyan. El portavoz del Gobierno vasco, Josu Jon Imaz, dijo ayer que se trata de un «chantaje inaceptable que busca doblegar a la sociedad vasca». Y ello es tan cierto como que el Ejecutivo al que Imaz pertenece debería hacer frente como Dios manda al chantaje y al terror. Pero hay más. En la empresa destrozada trabajan 80 personas y el jefe de compras de la misma es el alcalde de Legutiano, que milita en EH y que ayer se encontraba participando en una reunión de cargos de la coalición de Udalbiltza -asamblea de municipios vascos- en Pamplona. ¿Qué opinará este empleado que puede quedarse sin trabajo a causa de sus compañeros patriotas? A lo mejor considera que dejar en el paro a 80 personas es una forma de contribuir a lo que EH llama «construcción nacional». Si el fanatismo le permitiera ver la realidad -cosa poco probable- debería abominar de la violencia.
La relación de los últimos actos del imperio del terror de los cachorros protearras es ya tan ingente como evidente es la impotencia de la Policía autónoma para garantizar los derechos de los ciudadanos. Anoche, se produjeron al menos cuatro ataques más, en los que participaron medio centenar de asaltantes, sin que la Ertzaintza haya detenido a sólo uno de ellos.
Nadie pone en duda la legitimidad ni la conveniencia de la existencia de la Ertzaintza. Es un instrumento plenamente constitucional y una institución pensada para servir mejor a los vecinos. Nadie como un Gobierno autónomo, volcado exclusivamente en la Administración de su territorio, debe estar más capacitado para dirigir la acción policial en defensa de los vecinos. Pero tampoco es admisible que un Ejecutivo autónomo pueda convertir a los ciudadanos en rehenes de su ineficacia y privarles de la tutela efectiva de sus garantías constitucionales. Cuando esto ocurre, algo debe cambiar. Los poderes públicos están obligados a actuar en este sentido, cuando se mantienen en el País Vasco situaciones de falta de libertad; cuando los vecinos deben soportar que los «borrokas» tomen las calles a su antojo y la Ertzaintza llega siempre con clamoroso y sospechoso retraso; cuando el miedo se ha impuesto en la sociedad y decir en voz alta lo que uno piensa llega a constituir una sentencia de muerte. Cuando, en fin, se pisotean los derechos y libertades que recoge la Constitución, resulta obligada la restitución del Estado de Derecho.
Reforzar con las Fuerzas de Seguridad del Estado los huecos que los agentes autónomos no llegan a cubrir, o retirar temporalmente el mando de la Ertzainzta a su Gobierno son dos posibles medidas excepcionales susceptibles de adoptarse para cambiar la situación. Basta fijarse en Navarra, donde la Policía y la Guardia Civil mantienen a raya los intentos etarras de extender allí la situación de terror callejero.
No se trata de una simple potestad del Gobierno de España. Es una obligación que la Constitución establece en su Artículo 155 que, en su apartado primero, dice: «Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general» Y continúa el texto, en su segundo apartado: «Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas».
Es, por tanto, obligación legal del Gobierno cumplir la Constitución, aplicar los mecanismos que la Carta Magna tiene previstos para casos como el del País Vasco, en un momento en el que la violencia callejera mantiene su actual grado de impunidad y la Policía autonómica no sólo se muestra incapaz de evitarlo, sino que llega incluso a proteger a quienes gritan «Eta mátalos» y actúa en cambio contra quienes piden paz y libertad. Es imperativo que el Gobierno exija del lendakari Ibarreche una actuación firme y eficaz, absolutamente clara, contra el entorno etarra. Y actuar en consecuencia si no quiere, o no es capaz de hacerlo.
Por Enrique de Diego Libertad Digital 1 Octubre 2000
Eta tiene más explosivos que dinero. Las referencias al chantaje mafioso han sido obsesivas en los últimos comunicados de reivindicación de los asesinatos. Es muy probable que el incremento de los que se resisten y rechazan esta esquilmación parasitaria de los violentos fuera uno de los motivos que indujeran a los terroristas a abandonar la tregua-trampa. Según el auto del juez Baltasar Garzón sobre Ekin, la Eta interior, en la cuenta de ese grupúsculo directivo, sin afiliados ni cuotas, se mueven cada dos meses cerca de cuatrocientos millones de pesetas (dos mil cuatrocientos millones al año). El asesinato del empresario José María Korta está directamente relacionado con ese intento de amedrentar: la inmunidad de los nacionalistas se acaba en el bolsillo. La situación financiera debe ser angustiosa cuando Eta ha atentado reiteradamente contra las zonas emblemáticas de la burguesía bilbaína y a ello iba Patxi Rementería cuando falleció víctima de sus excesos... de explosivos.
Una hipótesis o escenario que viene barajando Interior es la posibilidad de un secuestro. El terrorismo es muy caro. Eta es un negocio basado en el crimen. Estrictamente, una mafia. Cuesta mucho sostener una estructura de pistoleros a sueldo. Los golpes a los que la banda ha sido más sensible ha sido los que han afectado a su estructura recaudatoria. El organigrama financiero de Eta es poco conocido, no se sabe a ciencia cierta el funcionamiento contable, ni los cauces de blanqueo de dinero aunque se podría buscar por Hb con certeza de éxito, como ha sucedido con Ekin. El dinero es el talón de Aquiles de Eta. En su modelo totalitario, caben los empresarios muertos o arruinados. La construcción nacional es un horizonte de genocidio y ruina económica. Merecerían un homenaje también todos los empresarios que han seguido generando riqueza sin someterse al chantaje mafioso como héroes de la libertad, porque la libertad económica es fundamento de la política.
La legitimidad de ejercicio
El ejercicio del poder ejecutivo exige en las democracias pluralistas el respaldo de la voluntad general libremente expresada en las urnas. Sin esa legitimidad «de origen» no sería admisible el Gobierno. Pero la atención al bien común no termina en el respaldo democrático. Si el gobernante no garantiza la libertad, la justa distribución de la riqueza y el orden público pierde, en el ejercicio del poder, la legitimidad que tenía «de origen».
La «kale borroca» no es sólo la manifestación de un terrorismo de intensidad media. Es la demostración diaria de que el lehendakari vasco no puede garantizar la libertad y el orden público. Ha perdido la legitimidad de ejercicio además de tener muy comprometido el respaldo popular. Por eso hay que cambiarlo. A través de las urnas, claro.
El problema tiene más alcance del que la clase política, tan mansurrona y lanar, puede suponer. La Constitución preve ante la impotencia de una Comunidad para mantener el orden y el respeto a la ley la intervención del Gobierno nacional. No es aconsejable esa intervención aunque sea legal. Pero los ciudadanos vascos, zarandeados por la «kale borroca» y con la libertad fracturada, no sólo tienen el derecho de responsabilizar de la situación al Gobierno vasco sino además al que cuida del bien común general de los españoles. Aznar y Mayor Oreja son también responsables de la quiebra del orden público en el País Vasco. Cuando contemplamos en televisión los desmanes callejeros de los proetarras, los dirigentes del Gobierno del PP no pueden esconder la cabeza como los avestruces. También a ellos corresponde cuidar el bien común de la Comunidad vasca. Esa es la cuestión.
Redondo JR
Por César ALONSO DE LOS RÍOS ABC 1 Octubre 2000
En esa delegación para asuntos vascos que forma con Rubalcaba y con Caldera, la figura de Redondo JR desentona, llega a comunicar la desazón de lo no homologable, se diría que va encorsetada, casi a regañadientes, como si en vez de ir con unos compañeros voluntariamente fuera conducido. Tampoco de esta descripción debería deducir el lector que considero a Rubalcaba y a Caldera dos comisarios políticos dedicados a controlar al políticamente incorrecto. Interpretación tan maniquea sería insoportable a estas alturas de la película política. Ni el uno es la encarnación de la ingenuidad ni los otros son los perversos guardianes de la ortodoxia.
Sucede que la inclusión de Redondo JR en esta tríada es muy expresiva de las dos posturas que existen en el Partido Socialista: por un lado la de quienes piensan que la paz y la democracia del País Vasco sólo será posible con fórmulas de gobierno PNV/PSOE o en todo caso que la presencia del PNV es inevitable en cualquier futuro gobierno: por otro lado la de quienes defienden un entendimiento con los populares una vez que el PP ha alcanzado el nivel de representación que tiene en estos momentos y, sobre todo, una vez que el PNV ha decidido entrar en la locura de la construcción de un País Vasco soberano e independiente.
La postura de Nicolás Redondo tiene el «pedigree» de los viejos socialistas —desde Prieto a Fernando de los Ríos— que veían en el PNV el doble peligro de la ruptura de la nación española y la propuesta de un País Vasco vinculado al más casposo de los tradicionalismos. Por su parte, Caldera y Rubalcaba, si bien no comparten las soluciones autodeterministas, defienden un Estado federalizante, un paso más allá del autonómico, en el que desaparezcan los elementos nacionales que dividen a los progresistas desde Galicia a Mallorca.
La sombra de González favorece a estos últimos. El mismo día de la manifestación del «Basta ya» advirtió acerca del peligro de demonizar al PNV. Pero no sólo actúa de esta forma platónica. Se entrevista y pacta con Arzalluz, intenta condicionar la política de Rodríguez Zapatero. Si queremos ser precisos, las posiciones de Redondo JR están en minoría aunque haya socialistas que las defienden con pasión como es el caso de Paco Vázquez, alcalde de La Coruña, y en el País Vasco políticos de la talla de Javier Rojo que se inclinarían de forma decidida por una coalición de gobierno popular-socialista. Los Rojo conocen la amargura de haber sido manipulados durante tantos años por el nacionalismo «democrático». Conocen los entierros en solitario y se reconocen en los «populares» que mueren por lo mismo que ellos.
Es posible que entre los personajes que componen esta delegación para asuntos vascos sólo haya diferencias de matiz mientras yo me empeño en ver contrastes fuertes; es posible que esta interpretación de la estampa según la cual yo veo a Redondo JR conducido y vigilado por sus dos compañeros de dirección sea una concesión a lo literario. Ahora bien, en el caso de que los resultados de las elecciones en el País Vasco permitan la formación de una coalición de gobierno del PP y el PSOE, los componentes de esta delegación tendrán que enfrentarse a una situación límite: tendrán que elegir entre los constitucionalistas y aquellos que firmaron el ominoso pacto de Estella y que tan solo entienden la vida pública en el País Vasco como una construcción totalitaria.
Según los análisis más optimistas, Nicolás Redondo JR conseguiría imponerse a los Elorza y Eguiguren, a los González y Maragall. Según los más realistas daría la batalla para salvar al PSE del desastre definitivo aunque no lo conseguiría. En ese caso, Redondo JR sabría que había llegado al punto de lo inaceptable, como en su día lo hizo su padre.
Por fin se ha hecho justicia y las víctimas del terrorismo tienen el reconocimiento que se merecían. Han pasado muchos años, ha habido varios gobiernos de diferente color y por fin ha habido un homenaje y un reconocimiento a un colectivo que solo ha tenido dolor, tristeza y por desgracia olvido.
Hay un aspecto que es fundamental remarcar y es la memoria histórica, porque una cosa es perdonar y otra cosa es olvidar, es decir la memoria histórica debe permitirnos, debe obligarnos a no olvidar en absoluto a las víctimas del terrorismo y que las víctimas sean resarcidas, no solo económicamente sino moralmente y en ningún caso consentir que sean humilladas en el proceso de pacificación. Sobre el olvido no es posible edificar la paz, la reconciliación no significa perdón y olvido, sino algo muy importante justicia para todos.
En este País Vasco compulsivo, histriónico y sin rumbo, jamás ha habido, no ya un homenaje, sino palabras, gestos que denotaran el apoyo a este colectivo tan castigado por el terrorismo. Y la única vez que pedimos que se cree una ponencia para hablar sobre las víctimas del terrorismo, los nacionalistas se ponen de acuerdo con los cómplices de los asesinos y crean una ponencia denominada, víctimas de la violencia, incluso retándonos y mofándose al nombrar al innombrable Josu Ternera miembro de la Comisión de Derechos Humanos. Así que de esta manera pretendían poner en la misma balanza a víctimas y a verdugos y de ninguna manera pueden tener la misma consideración moral las víctimas que sus verdugos. Indigno, querer dar la voz a quienes matan y jalean y quitar la voz a los menos escuchados.
Por eso es necesario que ante el olvido institucional, eso sí voluntario por parte de algunos, se resarza a las víctimas del terrorismo haciendo un homenaje a este colectivo, con el fin de que la sociedad vasca, representada en el Parlamento Vasco a través de los partidos políticos, pida perdón.
Por este motivo, Unidad Alavesa ha propuesto a PP y PSE que presentemos una iniciativa conjunta en el Parlamento Vasco para que, dada la mayoría con la que contamos en la Cámara Vasca, antes de finalizar el actual período de sesiones se realice un homenaje a las víctimas del terrorismo asesinadas en el País Vasco y además se instale en la entrada de la sede parlamentaria un panel en que se reflejen los nombres de todas las personas asesinadas víctimas de la violencia terrorista.
Hay que recordar que entre las víctimas anónimas del terrorismo, figuran familiares de policías, guardias civiles, ertzainas, políticos, sindicalistas, jueces, profesores, sociedad civil y ni los homenajes, ni recompensas les devolverán a sus seres queridos, pero qué duda cabe que por lo menos les debemos el reconocimiento social y político que teníamos que haber hecho hace mucho tiempo y que unas veces por miedo, otras por actuar de supervivientes hemos consentido que estén en el más absoluto ostracismo.
«Para hacer política en el País Vasco hay que ser un héroe»
NICOLE FONTAINE PRESIDENTA DEL PARLAMENTO EUROPEO La máxima responsable de la Eurocámara ratifica «el apoyo» de esta institución «a los demócratas españoles» frente al terrorismo de ETA
Su figura menuda y la dulce sonrisa de su rostro rubicundo pueden confundir a cualquier interlocutor ajeno al coraje y la fortaleza interna que la presidenta del Parlamento Europeo ha heredado de sus ancestros normandos. Nicole Fontaine ha situado el cargo de presidenta de la Cámara europea en los niveles más altos de credibilidad y respeto, por sus decididas intervenciones a favor de la vida, la paz y la democracia. Ha destacado su protagonismo en situaciones de crisis, como en las recientes elecciones celebradas en Yugoslavia, o ante la violencia de ETA. Su valentía ha merecido el elogio del Rey, quien le comunicó, personalmente, su admiración cuando la centrista francesa se desplazó esta semana a Madrid.
-Las crisis que afectan al Este europeo, concretamente, a los Balcanes, tienen su origen en problemas ocasionados por nacionalismos. ¿Considera que el nacionalismo es intrínsecamente malo y peligroso?
-Tengo la tentación de retomar la declaración, muy fuerte, que el presidente Mitterrand utilizó cuando vino, por última vez, al Parlamento Europeo, donde dijo que el nacionalismo «es la guerra».
-¿Todos los nacionalismos?
-El nacionalismo es la guerra. Por mi parte, tengo muy clara esa concepción del nacionalismo.
-Por tanto, ¿está usted de acuerdo con ese planteamiento?
-La semana pasada, los parlamentarios europeos comenzaron a firmar una declaración contra el terrorismo de ETA. ¿Se quedará en un gesto o espera que tenga consecuencias concretas?
-Consecuencias directas no. Pero es un mensaje político extremadamente importante. Sobre todo, le recuerdo que el Parlamento Europeo representa a 370 millones de ciudadanos de la Unión Europea, somos representantes de todo ese pueblo y los diputados de distintas nacionalidades y diferentes sensibilidades políticas quisieron asumir un compromiso personal al suscribir esa resolución.
-¿Lo considera un éxito?
-Naturalmente. En apenas una semana, la resolución ha sido firmada por más de la mitad de los parlamentarios, aunque disponen de un plazo de tres meses para hacerlo. Éste es un hecho sin precedentes. Se trata del testimonio de un compromiso verdaderamente importante. Espero que la opinión pública y todos los demócratas españoles lo interpreten como el respaldo y el apoyo del Parlamento Europeo en este combate.
-¿Pasó un mal rato en el pleno de la Cámara cuando, en el debate sobre las propuestas contra ETA, el eurodiputado de Euskal Herritarrok, Koldo Gorostiaga, fue abucheado tras enfrentarse al portavoz del PP, Gerardo Galeote, e intentar justificar el terrorismo?
-Usted sabe que a estas situaciones difíciles se les da poca importancia en el Parlamento Europeo. Cuando el señor Gorostiaga intervino, después del homenaje que yo había rendido a la última víctima del terrorismo, el Parlamento mostró una profunda repulsa ante sus propuestas. Y yo se lo dije, espontáneamente.
-Usted se ha destacado por su firme posición contra el terrorismo de ETA. Incluso retiró la palabra al parlamentario de EH cuando justificaba el terrorismo por razones políticas, un discurso que usted calificó de «indecente».
-Yo nunca le quité la palabra a mi colega. El señor Gorostiaga concluyó su discurso. Yo aporté una apreciación bastante firme sobre su propuesta, aclarando que se trataba de una apreciación personal. Una posición que el Parlamento Europeo ha compartido ampliamente.
-Tras haber mantenido esta actitud valiente, ¿teme que le pueda ocurrir algo?
-Usted habla de valentía. No se trata de un sentimiento de valor. Cuando uno tiene unas convicciones, las expresa. Y yo lo hago dentro de la función que me ha sido encomendada en el Parlamento Europeo.
-Precisamente, por expresar sus convicciones es por lo que ETA asesina y persigue a los demócratas. ¿No siente miedo?
-No. Yo no tengo miedo.
-¿No se le ocurrió que corría un riesgo cuando decidió venir a Madrid esta semana?
-No. Sólo decidí que quería participar en una ceremonia de entrega de condecoraciones a las familias de las víctimas del terrorismo. Antes que en mí misma, pensé en todas esas personas muertas y esas familias desgarradas y destruidas para siempre.
-¿Tiene previsto ir al País Vasco a presentar la resolución contra el terrorismo que están firmando los europarlamentarios?
-Había pensado en ir al País Vasco pero creo que, en este momento, el clima no se presta a la presencia de la presidenta del Parlamento Europeo, tal y como yo la imagino. Por lo tanto, esperaré un poco.
-¿Le parece que hay que ser un héroe para hacer política en el País Vasco?
-Miembros de Euskal Herritarrok han sido encarcelados, acusados de colaboración con ETA. ¿Cree que debería ilegalizarse a la coalición si se demuestra que esas acusaciones son fundadas?
--La aceptación o no de los partidos políticos no es, en absoluto, competencia de la Unión Europea. Es, sobre todo, una cuestión de subsidariedad en la que la presidenta del Parlamento Europeo no tiene que entrar. Regular la ilegalización o no de tal o cual formación política es algo que corresponde a los estados.
«El nacionalismo es la guerra»
Su figura menuda y su dulce sonrisa pueden confundir a cualquier interlocutor ajeno al coraje y la fortaleza interna que la presidenta del Parlamento Europeo heredó de sus ancestros normandos. Nicole Fontaine ha situado la presidencia de la Cámara europea en los niveles más altos de credibilidad con sus decididas intervenciones en favor de la vida, la paz y la democracia. Destaca su protagonismo en situaciones de crisis, como las elecciones de Yugoslavia o ante el terrorismo etarra. La valentía con la que defiende a los demócratas frente a la ceguerra terrorista le ha merecido el reciente elogio del Rey de España.
«Estamos asistiendo a una confrontación de valores»
Parte de los protagonistas de este reportaje conocieron en primera persona los rigores de la dictadura y la esperanza colectiva que preñó los primeros años de la democracia. «Hay una diferencia fundamental entre las movilizaciones de aquella época y las de ahora. Las expectativas que levantó la Transición eran de positivación, de ilusión por un cambio histórico a una sociedad democrática. En estos momentos, existe el riesgo de la confrontación», reflexiona Víctor Urrutia, catedrático de Sociología Urbana de la UPV.
El profesor universitario comparte uno de los diagnósticos apuntados por el escritor Anjel Lertxundi: la creciente desorientación de la ciudadanía. «¡Claro que está desnortada! Porque lo que marca el norte son los valores y aquí la sociedad no logra distinguir si es más importante el derecho a la vida o los objetivos políticos», asegura. «Se han inflado los valores patrióticos apoyados en la violencia. Y precisamente a lo que estamos asistiendo es a una confrontación de valores vitales». Urrutia alerta de la ruptura de la «cultura del diálogo» que caracterizaba a la sociedad vasca y que comenzó a resquebrajarse, sostiene, el día en que el PNV se sumó a Lizarra y «puso fin a 60 años de entendimiento con los socialistas».
El catedrático valora los elementos de «interrogación civil» y de «implicación» que han aportado los movimientos por la paz, pero advierte, al tiempo, de que «hay que tener cuidado» con las críticas que se lanzan contra los políticos. «Muchos de ellos se están dejando la vida», recuerda. Esto no le impide urgir a los partidos a elaborar «programas comunes de mínimos» que superen «el plazo corto de los réditos electorales». «Antes el PSOE, ahora el PP y siempre el PNV han funcionado con ese horizonte», afirma. «Nos falta mucho para avanzar en este terreno, sin olvidar que ETA sigue siendo dueña de la vida de muchas personas».
Si los promotores, redactores y firmantes de cuantos documentos han visto la luz este último año se reunieran para ver qué les une y qué les separa, probablemente su discusión daría lugar a un espectro de posiciones análogo al del arco parlamentario. En primer lugar, porque las diferencias que se manifiestan en la política no son un artificio ajeno a la diversidad de trayectorias vitales, sensibilidades y aspiraciones que coexisten en la sociedad civil. En segundo lugar, porque las expresiones cívicas recogidas en tal o cual documento -en una u otra convocatoria de movilización- traslucen otra forma de exteriorizar la confrontación política. Ni la sociedad civil y sus demandas van tan por delante de la política; ni los políticos recrean un mundo tan alejado de cuantos instintos hacen y deshacen una sociedad. En caso contrario, los votantes no secundarían en las urnas las estrategias de polarización política, y los partidos se mostrarían más preocupados por las consecuencias negativas que podría acarrearles la tensión extrema que fomentan.
Son ya muchos los indicios que apuntan a la existencia de una esquizofrenia colectiva en Euskadi, por la cual la sociedad en su conjunto y cada ciudadano en concreto experimenta un peculiar desdoblamiento entre sus convicciones políticas y el resto de sus vivencias. Dicho desdoblamiento llega a extremos espeluznantes en el caso de quienes justifican la aplicación sumaria de la pena de muerte sobre sus convecinos mientras afirman vivir en el mejor de los rincones del planeta. Pero, con formas menos descarnadas y más sutiles, alcanza a buena parte de las respuestas -organizadas o espontáneas- que se dan frente al terror. Basta con atender a las condenas expresadas tras los atentados perpetrados por el terrorismo este fin de semana -las bombas reivindicadas por el GRAPO, el atentado contra la empresa Alberdi, el ataque al cuartel de la Guardia Civil en Oñati - para percatarse de que ninguna valoración es idéntica a otra: ni muestran el mismo grado de preocupación, ni jerarquizan de igual forma la trascendencia de los actos terroristas, ni califican con los mismos adjetivos su gravedad. Sin duda, esas diferencias miden siempre la distancia a la que quien efectúa la valoración se sitúa respecto a las víctimas directas de cada hecho dramático. Al mismo tiempo reflejan cómo, acontecimiento tras acontecimiento, va trabándose un comportamiento ético determinado; una ética propia e intransferible que cada cual construye de su propia experiencia y como mecanismo de respuesta ante situaciones futuras.
Pero, junto a esto, las distintas manifestaciones frente a la violencia muestran cómo la propia sociedad y los diferentes colectivos cívicos han ido también interiorizando criterios de oportunidad política, de evaluación de los efectos colaterales de las iniciativas frente al terror, e incluso de distinción entre ‘los nuestros’ y ‘los otros’. El auténtico diálogo requiere que sus protagonistas compartan un mismo lenguaje. Y, hoy por hoy, tanto los actores políticos como las organizaciones sociales carecen de una escala común de principios desde los que enjuiciar el problema y aportar unas mismas soluciones.
¡PROTEGED A SAVATER!
Me emociona oír cómo Fernando enarbola su verbo contundente contra las pistolas de los intolerantes, de los fascistas, de los depuradores de razas, de aquellos que su cerebro sólo alientan odio atávico, alimentado por la dejadez de los que no supieron atajar a tiempo a los que desde los púlpitos de las ikastolas _siguiendo el más elemental manual de sectas_ fueron pudriendo granito a granito el cerebro de muchos jóvenes que hoy se entrenan quemando autobuses, bancos, viviendas; para mañana, cual juego infernal, pasar a asesinar por la espalda sin piedad ni remordimiento.
Tu lucha, Fernando, es la de todos los que queremos dejar un país en libertad para nuestros hijos, en el que no tengan, como nosotros, que vivir épocas de oscurantismo y miedo, de censura, de represión, de persecución intelectual y de obsesiones que nos han perseguido toda la vida. Una de mis obsesiones de infancia estaba provocada por mi madre, que nos contaba cómo, en plena Guerra Civil, las descargas de los fusilamientos le despertaba al amanecer, y cómo, cual campanadas, contaban el número de víctimas. No comprendía cómo en una ciudad que desde el primer momento estuvo con Franco podía matarse a tanta gente. Le obsesionaba que algún envidioso pudiese acusar a mi padre o a algún familiar de ser rojo, tal como le ocurriera a La Sarita, mi primera maestra, a la que le pasearon su marido _¡con lo buena persona que era!_. También me viene a la memoria el relato de cómo Millán Astray, incapaz de acallar la voz de la razón, blandiendo su pistola, gritaba: «¡Muerte a los intelectuales!».
Hoy, ETA tambien blande su pistola contra los intelectuales, y fusila a tantas buenas personas como el marido de La Sarita delatados por cobardes sin conciencia . No quiero que mis hijos, ni los hijos de mis hijos, tengan viejos fantasmas en su memoria, ni quiero que oigan campanadas de muerte al amanecer, ni que nadie blanda una pistola amenazante frente a los que no piensan como él. Quiero que vivan en paz, en tolerancia, que sus ideas no constituyan su sentencia de muerte, no quiero que tengan que mirar debajo del coche, ni que su familia sufra una espera angustiosa cada día.
Un enemigo mayor Creo que a ETA y su entorno, a los malabaristas del cinismo, a todos los que han venido dando, por acción u omisión, cobertura a los asesinos, a los que detrás de cada cínica condena del terrorismo han puesto la coletilla de que hay que profundizar en diálogos imposibles _¿verdad, señores del BNG?_, les ha surgido un enemigo más mortal que mil cañones y al que son mucho más vulnerables; un enemigo que les crispa y que por primera vez les ha obligado a sacar la careta y a manifestarse tal cual son _¿verdad, señor Arzalluz?_.
El principio de su fin ha comenzado. Estamos asistiendo a los últimos estertores que presagian su muerte, y hay que prepararse para sufrir alguna embestida más. Por eso, porque sabemos del peligro de las alimañas moribundas, me preocupa que pueda correr peligro gente como Fernando Savater. No podemos permitirnos el lujo de que un energúmeno pueda acallar su voz, porque nos llenaría a todos de amargura y desesperanza. Por eso también pido a quien competa que proteja a Fernando.
Por el camino que lleva a Irlanda
Nada agradaría tanto a ETA y sus estrategas como que se reprodujeran en nuestro país los esquemas de enfrentamiento que han prevalecido en Irlanda del Norte y que se alimentan, más que de ningún otro nutriente, de la existencia de dos comunidades irreconciliables. No hay que olvidar que el caso irlandés ha ejercido, desde siempre, una casi irresistible fascinación sobre la rama más radical del nacionalismo vasco ni que, en los años más recientes, el proceso de paz norirlandés ha servido de referente obligado, cuando no de riguroso modelo, para los planteamientos que desembocaron en el Acuerdo de Lizarra. Por si la memoria flaquea, conviene recordar que el mencionado acuerdo vino precedido de aquel Foro de Irlanda que Herri Batasuna organizó, así como que su introducción recoge las conclusiones que, según sus firmantes, deberían extraerse del proceso irlandés para aplicarlas al nuestro. Tan obsesivo se ha hecho para la izquierda abertzale el modelo irlandés de enfrentamiento intercomunitario que sus portavoces llevan tiempo designando a los constitucionalistas vascos con el apelativo de unionistas, con la intención, sin duda, de que el término se acuñe y generalice entre nosotros -no sería la primera vez que tienen éxito en imponer su terminología- y, lo que es aún peor, de que la realidad acabe acomodándose al nombre con que se la designa. La apertura de una grieta que divida la sociedad vasca en dos comunidades de identidades y lealtades incompatibles constituye, por tanto, el objetivo al que ETA y sus estrategas aspiran con mayor ahínco en estos momentos.
La mera evocación del fantasma de dos comunidades irreconciliables habría resultado del todo extemporánea y poco menos que provocadora para la sociedad vasca de hace tan sólo unos años. El entramado de instituciones y símbolos que habíamos erigido en los dos últimos decenios nos ofrecía un cobijo que podíamos compartir, casi todos, con relativa comodidad y constituía, a la vez, un referente de identidad y lealtad al que nos habíamos adherido con razonable naturalidad. Parecía tan consolidado, además, que nos sentíamos vacunados contra el virus de la disociación comunitaria. Quizá en otros países, pero nunca en el nuestro encontraría tal virus el caldo de cultivo apropiado para su proliferación.
A la vista de cómo vienen dadas las cosas en los últimos tiempos, uno comienza a sospechar, sin embargo, que aquella seguridad nuestra se basaba en una ficción. Creíamos, al principio, que los primeros síntomas disgregadores que se manifestaron afectarían sólo a la superestructura política, la cual, por lo demás, aparte de tenernos acostumbrados a intermitentes calenturas pasajeras, había perdido ya toda capacidad de contagio respecto de la población. Así lo pensábamos. Pero, poco a poco hemos ido cayendo en la cuenta de que aquellos incipientes brotes infecciosos atravesaban las defensas con que creíamos habernos inmunizado frente a la superestructura política y se reproducían alarmantemente por todo el cuerpo social. Ha bastado con que se haya dado una sacudida al entramado de instituciones comunes y símbolos ya compartidos, para que los ciudadanos, sintiéndose a la intemperie, hayan buscado cobijo allá donde, si no más seguros, sí, al menos, más y mejor acompañados se sienten. En otras palabras, sacudido bruscamente el entramado estatutario, la ciudadanía se ha refugiado, según sus respectivas preferencias originarias o sobrevenidas, en los cobijos del soberanismo y del constitucionalismo.
Así las cosas, y llegada la confrontación hasta la gente, nos vamos a medir, no sólo en las urnas y en las instituciones -como hasta ahora-, sino, por lo visto, también en la calle. Mal asunto. Porque por la calle -por nuestra calle- todavía deambulan fantasmas del pasado, espíritus malignos del agravio alguna vez sufrido, del resentimiento largamente incubado, del revanchismo siempre acechante, demonios, en suma, que creíamos haber encerrado bajo siete llaves en el recinto estatutario, pero que, al salirse de él y convenientemente azuzados, pueden hacer estragos entre la población, por muy legítimas y nobles que sean las intenciones de la élites dirigentes y de los creadores de opinión. Si alguna conclusión cabe extraer de estos dos últimos años es precisamente la de que el entramado estatutario, no sólo era demasiado inestable como para zarandearlo a la ligera, sino que, además, mantenía bajo control las pulsiones disgregadoras que todavía laten en nuestra sociedad.
Ocurre, encima, que, si cualquier momento es malo para experimentar con el equilibrio tan precariamente alcanzado, el actual es el peor de todos. La estrategia actual de ETA se dirige precisamente a explotar, en beneficio propio, esas pulsiones que se han desatado. Y la ejecuta de la manera más cruel y despiadada, pero, a la vez, más efectiva posible. Al concentrar toda su actividad asesina en las filas de los no nacionalistas, ETA, no sólo está volando, como tantas veces se ha dicho, los eventuales puentes de entendimiento entre nacionalistas y no nacionalistas en los niveles directivos, sino que persigue, sobre todo, actuar sobre las emociones de las bases populares, utilizando a las víctimas como factor aglutinante para la construcción de una comunidad irreconciliablemente enfrentada a la nacionalista. Si el soberanismo nacionalista ha dado pie a un constitucionalismo firme y beligerante, ETA, con su acumulación de víctimas en este sector, quiere dar un paso más: convertir el constitucionalismo en auténtico unionismo, con las connotaciones de enfrentamiento civil que ello supondría. Que lo logre o no, no depende sólo de los constitucionalistas. También el nacionalismo está concernido.
No todo el mundo, ni en el lado constitucionalista ni en el soberanista, parece apercibirse de esta endemoniada estrategia. Algunos, también en ambos lados, están incluso dispuestos a hacerla suya, como si, de ese modo, recogieran gallardamente el guante lanzado por ETA y pudieran derrotarla en el terreno que ella propone. A mí, en cambio, todo esto me parece descabellado. Enfrentarse a ETA con las propias filas divididas conducirá, tarde o temprano, a dejar de lado a ETA y a enzarzarse en una estéril batalla entre falsos enemigos. Algo de eso está ocurriendo. Y lo peor de todo es que, aunque no lo desee, la mayoría puede verse arrastrada por una dinámica que, movida por una serie interminable de errores y reproches, resulte al final fatalmente irreversible. Así ocurre, a veces, en la historia. Y, cuando ocurre, todo el mundo se llama andana.
La Constitución obliga al Gobierno a intervenir cuando una autonomía no garantiza el orden
«Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general.»
Políticos y jueces no descartan el Artículo 155
Alegan que en el País Vasco se ha llegado a una situación «excepcional» en la que se persigue a los no nacionalistas
Representantes de la vida política, de la Justicia y de colectivos pacifistas no descartan una posible aplicación del Artículo 155 de la Constitución para hacer frente al problema vasco, alegando que la situación a la que se ha llegado en esa Comunidad es «excepcional» ya que se está ante un proceso cuyo objetivo último es la soberanía y la privación de libertades de todos los que no piensan como los nacionalistas. También señalan la incapacidad del Gobierno autónomo para mantener el orden público y hacer frente al terrorismo y a la violencia callejera. Desde el PSOE se reconoce que es bueno que se sepa que ese Artículo constitucional está en vigor, aunque no es el momento de proceder a su desarrollo.
El Artículo 155 de la Constitución establece que si una Comunidad Autónoma no cumpliera las obligaciones que la Carta Magna u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés de España, «el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación de la mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones». Se trata de lo que se ha denominado «cláusula de ejecución federal» y que se corresponde con lo que establece, por ejemplo, el Artículo 37 de la Constitución alemana.
En distintos sectores políticos, judiciales o pacifistas empieza a tomar fuerza la idea de que es necesario estudiar una posible aplicación de este punto de la Carta Magna española en relación al País Vasco, siempre desde la base de que se haga sobre el máximo consenso.
No obstante, tanto desde la dirección del PP como del PSOE se insiste en que, en estos momentos, la única actuación que cabe es la que pasa por un adelanto electoral en el País Vasco que permite construir una alternativa política a la existente. Por ejemplo, el secretario de Libertades Públicas socialista, y responsable de la política autonómica, Juan Fernando López Aguilar, indicó a LA RAZÓN que es bueno que se sepa que ese Artículo constitucional es válido y está en vigor, aunque «no haya llegado el momento de desempolvarlo». «Los problemas políticos de preservación del orden público y de garantía de las libertades deben ser resueltos mediante un desbloqueo de la situación que pasa por una convocatoria electoral en el País Vasco», precisó.
Desde fuentes de la investigación antiterrorista se asegura que las competencias en materia de terrorismo de la Ertzaintza deberían ser asumidas por Interior ya que, entre otras cosas, éste es un fenómeno que traspasa el territorio autonómico».
Entre las personas que no descartan que se estudie una posible aplicación del Artículo 155 están:
«El Gobierno debe garantizar a todos los ciudadanos los principios de la Constitución. Si hay alguna anomalía tiene que interceder para que todos los españoles puedan disfrutar de los principios de nuestra Carta Magna y garantizar el respeto a la democracia».
«Sólo a través de un grupo de ciudadanos que denunciase al Gobierno español en el Parlamento Europeo porque no garantizase su seguridad en el País Vasco creo que tendría sentido aplicar el Artículo 155. El Ejecutivo español tiene la obligación de hacer cumplir la legalidad. Lo que realmente es injusto y demencial es haber permitido que el nacionalismo crezca, que tenga un «copy right» democrático. Es un momento delicado pero yo personalmente, no como miembro del Foro Ermua, creo que la aplicación del Artículo 155 de la Carta Magna no sería inteligente políticamente hablando. Yno creo que falte autoridad moral ni legal dada la escandalosa dejación por parte de la Ertzaintza».
«Todavía hoy no es el momento de aplicarlo pero soy partidario de que se tenga en cuenta su existencia. Este Artículo es una copia exacta del 37 de la Constitución alemana. Tanto el referido punto de nuestra Carta Magna como el de la Carta Fundamental de Bonn no se han aplicado ninguna vez. Algún jurista constitucionalista ha manifestado que el citado Artículo no es similar a lo que se denomina el Estado de excepción, pero se puede entender como una fase previa al mismo».
«En mi opinión, uno de los grandes problemas del País Vasco es que aquí no se cumple el Estado de Derecho ni la legalidad vigente. Sin embargo, la aplicación del Artículo 155 sería excepcional ya que las ventajas serían inferiores a los inconvenientes».
«Yo estimo que la situación del País Vasco es de Estado de Excepción, permitido por el Gobierno vasco, que lo implanta en Estella. Y Eta es la mano armada de lo que se denomina el proceso cuyo objetivo es la soberanía y la privación de libertades para todos aquellos que no piensan igual que ellos. Si en una parte del territorio, la Constitución, la ley, no se cumple por la acción violenta y siete mil ertzainas están parados y permiten que desaparezca una empresa en Álava por el ataque del entorno de Eta, en esa situación, el Estado Democrático tiene que intervenir y hay fórmulas que obligan a que la Ertzaintza evite el terrorismo. Si los responsables de la Policía Autónoma no cumplen con su obligación, hay que sustituirles para que ejerzan sus funciones y se detenga de una vez a los saboteadores proetarras».
«El Art. 155 se encuentra tan en vigor como todos los demás, incluido el Art.55 en relación con el Estado de excepción o de sitio. Otra cosa es que, en mi opinión, el Art. 155 sea innecesario en estos momentos. Al Gobierno le compete, en su caso, cualquier iniciativa. Creo que no se han agotado, ni de lejos, las posibilidades que, dentro de la normalidad más absoluta, ofrece la reforma de nuestros textos penales. No tengo reparo, por ejemplo, en solicitar el inicio de una discusión seria sobre la prisión perpetua, existente en países tan democráticos como Francia o Alemania».
«Echo en falta la creación de un Mando Único de Coordinación contra el Terrorismo, dependiente de Interior, que aglutinara a todas las Fuerzas de Seguridad. Si, a pesar de todo, la Ertzaintza demostrase ineficacia por instrucciones políticas, entonces sí habría que retirarle la competencia en materia de terrorismo».
«La aplicación, o no, del Artículo 155 de la Constitución es una cuestión de oportunidad política en la que no entramos. Depende del Gobierno y del Parlamento. En todo caso, el ordenamiento jurídico lo permite y no es descabellado».
El alcalde de Legutiano, de EH, es jefe de compras de la empresa - El local carecía de sistemas de seguridad - Vinculan el atentado con la negativa de Mikel Alberdi a pagar el «impuesto revolucionario»
Un sector de CDC pide la independencia de Cataluña
Los soberanistas de Convergència Democràtica (CDC) iniciaron ayer su ofensiva para que las tesis más radicales salgan triunfantes en el próximo congreso del partido, previsto para el mes de noviembre. Ayer, en Barcelona, unos 150 cuadros de CDC aprobaron un documento en el que se aboga por que Cataluña sea un Estado federado de Europa, se defiende un pacto parlamentario con Esquerra Republicana, una fusión con sus socios de Unió Democràtica y se reclaman mayores cotas de participación de la militancia.
Las propuestas de este sector suponen un salto cualitativo de índole nacionalista frente a la prudencia que domina las ponencias ideológica y de organización. La fuerza de los soberanistas se medirá en virtud de su capacidad para que estas iniciativas se traduzcan en enmiendas en el congreso. Pero si se tiene en cuenta la convocatoria de ayer, no les resultará nada difícil. Más de 150 miembros de CDC, entre ellos un consejero del Gobierno catalán, dos ex consejeros y siete miembros de la ejecutiva apoyaron ayer la propuesta.
Que estas enmiendas triunfen en el congreso ya es harina de otro costal, no por el sentir mayoritario de los delegados -los soberanistas han copado la representación de congresistas- sino por el pragmatismo que Jordi Pujol impone en el partido. Y el presidente siempre ha manifestado que CDC no es independentista. El documento va más allá incluso de las teorías que mantiene el sector más radical. Si antes propugnaban la autodeterminación, ahora se aboga por que Cataluña sea "un Estado federado más de Europa".
Representantes de todas las fuerzas democráticas y cientos de personas secundaron en Vitoria la llamada de Gesto por la Paz en apoyo a todos los amenazados por la «violencia de persecución»
«El principio de todo es la unidad. Tenemos que estar todos juntos y salir a la calle a demostrarlo. Esperemos que esta concentración sea el comienzo de algo». Consuelo Garrido acertaba a pronunciar este mensaje de esperanza con el alma todavía encogida. Pese a las muchas concentraciones a las que ha tenido que acudir, a la madre de Miguel Ángel Blanco aún le atormentan los tristes recuerdos. Ella, su marido y Natividad Rodríguez, viuda del dirigente socialista alavés Fernando Buesa fueron tres de las víctimas de la violencia que ayer se concentraron en Vitoria para secundar la llamada de Gesto por la Paz.
No estuvieron solos. La enjuta figura de El Caminante, el monumento instalado en la plaza del Arca de la capital alavesa, fue el fiel acompañante de los cientos de personas que en la tarde de ayer hicieron un alto en sus compras y paseos vespertinos para protestar en silencio por la «persecución violenta» que sufren representantes políticos, empresarios y periodistas, entre otros colectivos.
Tal y como era la intención de la coordinadora pacifista, el acto, que llevaba por lema ‘No a la violencia de persecución’, logró reunir a los representantes de todos los partidos, a excepción de EH, en la defensa de un «compromiso firme, sincero y permanente con las víctimas y los amenazados de la violencia».
Por parte del Gobierno vasco acudieron los consejeros de Agricultura, Iñaki Gerenabarrena; Transportes, Álvaro Amann y Medio Ambiente, Patxi Ormazabal. También estuvieron presentes los socialistas Ramón Jauregui y Javier Rojo, junto con los populares Carmelo Barrio y Alfredo Marco Tabar. El secretario general de EA, Gorka Knörr, su compañero de partido, Rafael Larreina y el presidente del Araba buru batzar, José María Generabarrena, compartieron los quince minutos de silencio con el parlamentario de IU Koldo Usín. En representación de UA acudió su presidente, José Luis Añúa, y el juntero alavés Javier Moraza.
Por la mente de todos los concentrados pasaba la sombra de la última acción perpetrada por ETA contra la clase empresarial. Tan sólo unas horas antes, la empresa Mecanizados Alberdi, situada en la localidad alavesa de Legutiano, había sido destrozada por una bomba. Esa circunstancia motivó que los asistentes al acto mostraran su solidaridad con el empresario Miguel Alberdi «miembro de un colectivo que no puede vivir en este país por su actividad económica», señaló el peneuvista Iñaki Gerenabarrena.
El consejero de Agricultura destacó la importancia de acudir al acto convocado por Gesto por la Paz «como la expresión de este Gobierno de mostrar su apoyo y solidaridad con las víctimas». «Es necesario que entre todos logremos superar este conflicto», enfatizó. A la cita acudió también el secretario general de la patronal vasca Confebask, José Guillermo Zubia, y el del sindicato UGT en Euskadi, Carlos Trevilla, que mostró su apoyo al empresario.
La única anécdota de la concentración que, transcurrió en absoluto silencio, corrió a cargo del grupo catalán Els Comediants que detuvo durante unos minutos los preparativos para la puesta en escena de su obra ‘Dimonis’ .
Tras los aplausos con que finalizó el acto, el senador socialista Javier Rojo apeló a la unidad de los demócrata, ya que «por encima de lo que pueda decir una pancarta, están hechos como el de hoy en el que todos estamos en contra de la violencia que es lo que tiene prevalecer».
Idéntica opinión compartió la concejala de Cultura del PP en el Ayuntamiento de Vitoria, Encina Serrano, que agradeció el «necesario apoyo de los ciudadanos». Una respuesta espontánea a un objetivo difícil, el de la paz, que la coordinadora pacifista valoró de modo «muy positivo». «Las movilizaciones sólo tienen que ser de rechazo a la violencia y de solidaridad con los amenazados. Sin coletillas políticas», concluyó su portavoz, Mikel Urkiola.
Ciudadanos en pie
La sociedad vasca vive de nuevo momentos de efervescencia, en los que se multiplican las iniciativas en favor de la paz y el diálogo. Es la respuesta cívica a la ofensiva de ETA y al desencuentro de los partidos.
ETA acababa de asesinar a su padre -fue el 26 de marzo de 1982- cuando Cristina Cuesta alzó por primera vez la voz contra la violencia en un lugar público. En realidad, la afirmación es inexacta. La fundadora de Denon Artean, que entonces tenía poco más de 20 años, ni siquiera llegó a despegar los labios. En una de las paredes de la facultad de Filosofía, en San Sebastián, se topó con una pintada -«una de tantas», recuerda- con tan sólo dos palabras grabadas en negro: ‘Gora ETA’. «Saqué un bolígrafo y escribí ‘Siempre que no maten a tu padre’, con letras muy pequeñas. ‘Algo habrá hecho’, me contestó alguien. Y ahí se acabó todo», rememora, con el deje aliviado del que piensa que no volverá a soportar aquel «vacío».
Arrancaban los 80, la primera década de una democracia titubeante, la del centenar de asesinatos anuales a manos de ETA, la de la ‘guerra sucia’ de los GAL. También fueron los años en que un puñado de ciudadanos, todavía en grupos muy pequeños, comenzó a transformar el mutismo impuesto por «el miedo» en un silencio reivindicativo contra la violencia que atenazaba a la sociedad. Fue así como germinaron los colectivos emblemáticos del pacifismo vasco. «Apostamos por un modelo de concentración silenciosa porque es la manera más firme y plural de defender la vida y los derechos humanos. Eso es lo que nos une», explica Jesús Herrero, veterano militante de Gesto por la Paz.
Una década después, la soledad y el silencio de aquellas primeras iniciativas ha dado paso a manifestaciones multitudinarias como la convocada por ‘Basta ya’ en San Sebastián, en las que los ciudadanos reclaman libertad a gritos y siguen lemas que desbordan los límites de la ética para introducirse en terrenos políticos. La descarnada ofensiva de ETA y la voladura de los puentes de entendimiento entre los partidos han devuelto a los vascos a las calles con un grado de efervescencia social similar al registrado tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco.
En apenas diez días, intelectuales, políticos y ciudadanos de a pie han estampado su firma en tres manifiestos -‘Basta ya’ y los documentos ‘Zaramaga’ y ‘El silencio no es cobijo’-, en los que se aboga por acallar las armas desde posiciones muy distintas. En los últimos años, han menudeado los foros y las declaraciones cívicas; sólo el registro de asociaciones del Departamento de Justicia tiene contabilizada al menos una quincena de grupos pacifistas. La sociedad se resiste a continuar atrapada en la espiral de violencia y crispación, justo en un momento en el que, paradójicamente, parece agrandarse la sombra de la fractura social.
«No sé si hemos pasado por situaciones peores, pero la actual es muy grave porque los ciudadanos no tienen referencias», se lamenta Anjel Lertxundi, uno de los 140 creadores euskaldunes que se adhirió al manifiesto ‘El silencio no es cobijo’. «En Euskadi existe un problema prepolítico, un problema ético: por qué hay gente que sigue pensando que cualquier medio es válido para conseguir unos objetivos. Esa quiebra es impresionante y los ciudadanos se han dado cuenta, pero los políticos no les escuchan». «Deberíamos evitar la ruptura social que está buscando ETA, porque eso sería lo más grave que podría pasarnos. Se sembraría la semilla del odio», aventura Margarita Robles.
La ex secretaria de Estado de Interior forma parte, junto a otras 300 personas, del Foro de Madrid, un colectivo constituido poco antes de la tregua en favor de una salida «dialogada» al conflicto vasco. Euskadi nunca le ha resultado ajeno a la magistrada, que estuvo destinada a principios de los 80 en los juzgados de Bilbao. «No es cierto que los vascos se hayan pasado años mirando hacia otro lado», niega. «Yo participé, con otra mucha gente, en la manifestación convocada tras el asesinato del ingeniero José María Ryan. Ahora, las movilizaciones son mayores porque los ciudadanos están hartos y piden soluciones».
Lertxundi coincide con Robles en que es la sociedad civil la que trata, una vez más, de marcar el ritmo a los partidos. También lo cree Cristina Cuesta, quien reconoce que los movimientos por la paz deben ser extremadamente «cuidadosos» para hacerse impermeables a los intentos de «manipulación». «Cuando salimos a la calle, lo que estamos exigiendo es normalidad democrática», reitera, convencida de que la ciudadanía ha terminado por reaccionar al cabo de los años. «Antes, todo el mundo hablaba entre dientes, había un miedo palpable. Si ETA mataba a un familiar tuyo, era como si hubiera tenido un accidente, una fatalidad del destino».
«Este país es uno de los lugares donde menos se dice ‘lo siento’. Y vamos de cráneo si seguimos pensando que una bandera está por encima de un amigo o de un vecino», sostiene con su habitual llaneza el escritor Martín Barriuso, una de las 800 personas que apuestan por la vigencia de Lizarra y piden una nueva tregua en el ‘Documento Zaramaga’. Iconoclasta y sumamente crítico, Barriuso insiste en que las iniciativas sociales son «la única alternativa que les queda a los ciudadanos para hacerse escuchar. El país está enloquecido y los partidos se están convirtiendo en parte del problema». Y en una tesitura tan inestable, nadie se atreve a pronosticar no sólo hacia dónde caminará la sociedad, sino también cómo lo hará.
Hace unos años, Mikel Casado decidió canalizar sus inquietudes en uno de los talleres locales de Elkarri, persuadido de que «la acción social y la creación de opinión ayudan a fortalecer la convivencia». Este profesor simpatizaba con las iniciativas de condena impulsadas por Gesto, pero echaba en falta «una visión política, que intentara analizar la totalidad del conflicto y buscar soluciones».
«Los movimientos sociales tienen que ir amoldando sus mensajes a los cambios de la sociedad. La mayoría de los ciudadanos defienla democracia que tenemos», dice Cristina Cuesta. Junto a este planteamiento, Jesús Herrero continúa reivindicando el valor del silencio abanderado por Gesto. «Aunque ETA no escuche, debemos seguir movilizándonos si no queremos ser una sociedad enferma», concluye.
Nueva «noche de terror» en el País Vasco: los proetarras atacan un cuartel y queman una librería y una fábrica
Grupos de encapuchados destrozaron también una oficina bancaria en Guecho y quemaron contenedores en Deba
Empresarios, Guardia Civil y el mundo de la Cultura volvieron ayer a convertirse en objetivo de los proetarras, en una «noche de terror» en la que, respectivamente, los violentos colocaron un potente artefacto explosivo en una empresa alavesa, lanzaron casi 50 cócteles molotov contra un cuartel en la localidad guipuzcoana de Oñate e incendiaron una librería en San Sebastián. El saldo de este indiscriminado despliegue se cerró con el ataque a una oficina del Banco Atlántico en Guecho y con la quema de varios contenedores en Deba. Pese a la ofensiva del entorno de Eta, el Gobierno ha reiterado su convicción de que la sociedad ganará la «batalla» contra la banda, eso sí, desde la tenacidad y la constancia.
La violencia etarra volvió ayer a hacer acto de presencia en el País Vasco, donde grupos de encapuchados atacaron la pasada madrugada una empresa de Vitoria, que quedó totalmente destruida, el Cuartel de la Guardia Civil en Oñate, una librería en San Sebastián y una oficina bancaria en Guecho. El delegado del Gobierno en el País Vasco, Enrique Villar, quien se trasladó a los lugares de los hechos para expresar su «apoyo y solidaridad» con los afectados, condenó con rotundidad la actuación de estas «alimañas», que no dudan en denominarse «salvadores de la patria».
La «noche de terror» se ensañó primero con el sector empresarial. Los terroristas colocaron un potente artefacto en la empresa alavesa «Mecanizados Alberdi», un taller situado en la localidad alavesa de Legutiano y propiedad del afiliado al PNV Miguel Alberdi. La explosión destrozó tanto la estructura como el interior y exterior del edificio, además de afectar considerablemente a su mobiliario. «Mecanizados Alberdi» es un taller en el que trabajan 40 personas, a unos diez kilómetros de Vitoria, en un polígono industrial entre la carretera que une los pueblos de Legutiano y Landa.
Un artefacto muy potente
Según fuentes del Departamento de Interior consultadas por LA RAZÓN, se continúa investigando la composición del explosivo, si bien se puede precisar que se trataba de un artefacto de gran potencia. Hacia el lugar del siniestro se desplazó en la mañana de ayer Enrique Villar quien, tras visitar la fábrica y condenar lo sucedido, lo calificó de «salvajada» que sólo provoca «dolor y sufrimiento». Con acciones como ésta, en su opinión, los que se autodenominan «salvadores» de la «patria», condenan al paro y miseria a muchas familias. Debido a que la detonación se produjo hacia las tres y media de la madrugada, y el edificio se encontraba totalmente vacío, no hubo que lamentar daños personales.
Entretanto, minutos después de las dos de la madrugada, alrededor de una treintena de violentos con el rostro cubierto con pañuelos se dirigieron al cuartel de la Guardia Civil de la localidad guipuzcoana de Oñate, contra el que lanzaron un total de 47 cócteles molotov. Ninguno de los artefactos incendiarios, que fueron lanzados desde unos 50 metros del cuartel, alcanzó al edificio, aunque sí a un vehículo particular que se encontraba aparcado en las inmediaciones del mismo, que sufrió daños de consideración.
El cuartel también recibió la visita del delegado del Gobierno en el País Vasco, quien quiso trasladar a los miembros del cuerpo su «solidaridad», así como su «apoyo» y «ánimo para que sigan desarrollando su función».
A la misma hora, la librería «Aritz», situada en la calle Segundo Izpizua de San Sebastián, sufrió daños de importancia después de que unos desconocidos prendieran fuego al establecimiento después de rociarlo con líquido inflamable.
Los violentos rompieron la luna del escaparate y rociaron con líquido inflamable el local al que posteriormente prendieron fuego. La librería resultó seriamente dañada en la zona del escaparate, mientras que el interior quedó totalmente ennegrecido. Los bomberos sofocaron las llamas sin que fuera preciso desalojar el edificio.
El saldo del violento despliegue proetarra se cerró con el ataque a una oficina del Banco Atlántico en la localidad vizcaína de Guecho, así como con la quema de varios contenedores en Deba (Guipúzcoa).
Tras conocerse el atentado contra «Mecanizados Alberdi», partidos políticos, empresarios y sindicatos han expresado su apoyo al dueño de la factoría, a los trabajadores y, en conjunto, a la clase empresarial vasca. Desde el Gobierno Vasco, su portavoz, Josu Jon Imaz, lo calificó de «chantaje inaceptable de Eta, que busca doblegar a la sociedad vasca que no piensa como ella».
El vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, condenó ayer en Alicante el ataque y pidió al conjunto de la sociedad que se prepare para una «batalla que no es fácil, pero que vamos a ganar».
Rajoy expresó su solidaridad con los afectados por la acción del entorno de Eta, a la que calificó como una «organización criminal que asesina y pretende erigirse en juez de lo que tienen que hacer lo demás», de forma que «el derecho a la vida de las personas, el derecho a su libertad, a vivir en un país normal donde se les respete como personas, no existe» para ella.
Por su parte, Jaime Mayor Oreja consideró desde Valencia que «si hay tenacidad y constancia, el final del terrorismo lo veremos la mayoría de los españoles», aunque estimó que lo importante «no es predecir el final de Eta», sino la actitud «para aceptar lo que falta para terminar con Eta».
Mayor destacó la importancia de que «no nos pongamos, en ocasiones, excesivamente desesperanzados ante lo que es Eta, ni tampoco caigamos en euforias absurdas que a nada conducen», sentenció.
Moshé Shaul: «El ladino fue clave en la expansión del español»
«Sueños de España» muestra en Ávila la relevancia de la creación sefardí
La iglesia gótica de Mosén Rubí, en Ávila, acoge, hasta el próximo 18 de octubre, la exposición «Sueños de España» en la que se refleja, a través de más de 200 escritos, cómo los sefardíes han conservado sus raíces españolas y, especialmente, su lengua, el ladino. La exposición, que se puso ver hace un año en Jerusalén, viajará más tarde a Zaragoza y a París, coincidiendo con unos encuentros sobre el ladino y su cultura.
«Llevaron de acá nuestra lengua, y todavía la guardan y usan della de buena gana, y es cierto que en las ciudades de Salónica, Constantinopla y en el Cairo y otras ciudades de contratación y en Venecia no compran, ni venden ni negocian en otra lengua sino en español». Estas líneas de Gonzalo de Illescas («Historia Pontificial»,Barcelona, 1606) evidencian cómo los judíos expulsados de España no abandonaron la lengua de la que había sido su patria y propiciaron la expansión del español en su largo periplo por tierras africanas y asiáticas.
Ahora, 500 años después de la diáspora, la iglesia gótica de Mosén Rubí, en Ávila, abre sus puertas a «Sueños de España», una muestra que recoge la cultura del ladino y la evolución de esta lengua, hija del español, a través de cinco siglos de peregrinaje. La exposición, según explica Moshé Shaul, vicepresidente de la Autoridad Nacional de Ladino, ofrece un panorama general de la creación literaria y periodística en ladino a través de más de 200 obras, entre libros, poemas, periódicos, cartas, etc, «que muestran que esta lengua servía para las relaciones diarias y para las comerciales», dijo Moshé Shaul a LA RAZÓN.
«En el momento de su expulsión de España -explicó Saul- los sefardíes hablaban su lengua vernácula, el catalán, el gallego, el leonés y, sobre todo, el castellano. Con el tiempo, esta lengua tuvo una evolución, más lenta que la que tuvo el castellano en España, y que se puede entender como una creación común judeo-española, ya que del español se mantiene la forma y del judío el contenido». De esta manera nace el ladino, un idioma «que aún en la actualidad los españoles entienden muy bien» y que tuvo una importancia vital en su expansión.
«El ladino, que aunque hoy sea hablado por más de 100.000 personas, es una lengua esencial que aún se mantiene viva, y que en su momento ayudó mucho a la expansión del idioma español por el mundo.
Muchos son los documentos, libros y escritos que reflejan la relevancia de la creación literaria en ladino. Por ejemplo, Shaul destacó el Zohar, uno de los libros más importantes de la Cábala y que fue escrito por el rabino Moshe de León, un judío de Ávila.
Estambul, Bulgaria, Francia, EEUU son algunos países donde existen núcleos sefardíes. En España, sin embargo, y a pesar de la relación entre ambas culturas, no hay ninguna de estas comunidades: «Se debe precisamente a lo bien que se adaptaron las comunidades sefardíes a España, a sus costumbres y a su cultura -dice Shaul-. Con esta integración se hizo muy difícil mantener la lengua viva y por eso en España no hay núcleos sefardíes». Lo que sí que existen -Universidades de Granada y el País Vasco- son cursos para el estudio de esta lengua.
Para evitar que el ladino se convierta en una lengua muerta, nació en 1997 la Autoridad Nacional del Ladino, institución independiente de Israel encargada de crear una infraestructura para la enseñanza de esta lengua. «De momento, hemos preparado un diccionario del ladino al hebreo para adultos y para la formación de profesores. Por ejemplo, mantenemos una relación muy estrecha con el Instituto Cervantes en Israel, y esperamos que, aunque de momento estas son actividades dentro del país, pronto tengan proyección internacional».

References: Artículo 155
 resolución 
 resolución 
 Artículo 155
 Artículo 155
 Artículo 155
 Artículo 37
 Artículo 155
 Artículo 155
 Artículo 155
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 Artículo 155