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Timestamp: 2017-12-13 16:35:45+00:00

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ARQUITECTURA POPULAR EN CANDELARIO (SALAMANCA)
DOMINGUEZ BLANCA, Roberto / RODRIGUEZ MORO, Angel
Revista de Folklore número 278 en formato PDF >
CANDELARIO La villa de Candelario, situada en la serrana comarca de Béjar al sureste de la provincia de Salamanca, se caracteriza por manifestar uno de los conjuntos de arquitectura popular más interesantes de España. Aunque más adelante nos extenderemos en ello, de forma muy general apuntaremos que en la villa se distinguen dos tipos de construcciones serranas: una más antigua y otra más moderna, poniendo en uso soluciones diferentes en los elementos arquitectónicos, fechándose a mediados del siglo XVIII la lenta transición de una tipología a otra. Candelario es el paradigma de pueblo serrano de la vertiente meridional del sistema central que ha sabido conservarse como tal a lo largo del tiempo. Situado en la falda de la sierra, Candelario se eleva a 1.126 metros de altitud.
La actividad ganadera de Candelario va a ser decisiva en la remodelación del tipo de arquitectura popular porque el boom industrial propició la aparición de un nuevo tipo de vivienda más acorde para las nuevas actividades que la casa serrana más tradicional, orientada al desarrollo de las actividades ganaderas. Tal es su ritmo de crecimiento, que el 3 de Abril de 1894 la reina regente Doña María Cristina eleva a Candelario al rango de villa.
Este progreso económico e industrial sucumbió en las primeras décadas del siglo XX, por el alejamiento de las principales vías de comunicación.
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL DE CANDELARIO
En el casco urbano conviven, a grandes rasgos, dos tipos de construcciones populares sucesivas en el tiempo: una primera que podemos denominar preindustrial, serrana y ganadera, más parecida a las soluciones constructivas que se dan en la vecina sierra de Francia; y otra posterior provocada por el auge industrial desde la segunda mitad del siglo XVIII, pensada para dicha industria, y con soluciones propias de la arquitectura urbana y civil que se dan en la comarca de Béjar desde el XVIII hasta principios del XX. Es la adaptación del tipo construcción civil del siglo XIX tan corriente en la comarca, adecuado a las necesidades de su industria.
No se puede entender Candelario sin tener en cuenta el paisaje que le rodea ni la orografía de su terreno. Visto desde cotas altas, las edificaciones muestran una gran homogeneidad en todos los sentidos, tanto formal como cromática. Sólo destaca la torre de la iglesia, que no desentona pese a su volumen al emplear los mismos elementos constructivos que el resto de edificaciones (granito y teja árabe). Observando el conjunto del pueblo, comprobamos una nota común a otros pueblos de las serranías salmantinas: el uso de la cubierta como envolvente general de la villa. A vista de pájaro, comprobamos como cada una de las poderosas cubiertas ocultan casas y calles, enlazándose con las adyacentes, formándose un mosaico monocolor o “fachada horizontal” (1).
Por toda la longitud de la población corren dos grandes acequias subdivididas luego en otras más pequeñas por todas las calles. Estas regaderas son lo primero que llama la atención del viajero, ya que no se las encuentra por ningún otro pueblo de la comarca, al menos con tanta asiduidad; así A. t´Serstevens en sus viajes por España entre 1931 y 1961 a su paso por Candelario escribió: “Desde que entramos en el pueblo (…) se nos refrescan los oídos con el murmullo de las aguas. Por las empinadas callejuelas se precipitan de todos lados, siguiendo los regatos de guijarros o las regueras cubiertas de losas; se derraman en gruesos chorros de cristal por las innumerables fuentes, casi siempre pilones sin adorno alguno. Ello produce un ruido continuo, la fresca circulación arterial de los pueblos próximos de la montaña” (2).
El relieve del terreno establece el desarrollo del casco urbano. Las calles no pueden ser rectas porque el terreno no lo permite y son estrechas porque son el resultado de máximo aprovechamiento de los solares edificables en un terreno tan hostil. También la angostura de las calles es una forma de proteger de las inclemencias del clima al viandante, lo mismo que ocurre en algunos pueblos de la sierra de Francia como Miranda del Castañar (Fig. 1).
El trazado urbano de Candelario lo podemos dividir en dos zonas. Por un lado tenemos una primera zona de trazado más complejo que se situaría en el entorno de la iglesia. Vendría a corresponder con la zona más primitiva del poblado y a medida que pasan los siglos se va extendiendo dirección norte. Este primitivo barrio dispone de una configuración marcadamente medieval y que se repite en gran número de los pueblos de la comarca: conjunto de casas, calles, pasadizos y manzanas irregulares apiñados en torno a la iglesia parroquial. Las casas de esta zona son las de tradición constructiva más antigua, de traza y disposición irregular, con vuelos en altura y abundancia de volúmenes con entrantes y salientes. Los espacios abiertos a modo de plazoletas son mínimos y de escasa superficie.
La segunda zona que llega hasta la ermita del Santo Cristo del Refugio, presenta un intento de trazado más regular dentro de las posibilidades de un pueblo serrano. Las calles y callejas de esta zona presentan menos sorpresas que la de los barrios más antiguos, pero siguen siendo sinuosas e irregulares aunque un tanto más desahogadas.
Callejeando por la villa, se aprecian interesantes soluciones de carácter popular a la hora de la creación de nuevos espacios y del problema de la desigualdad del terreno. Las pequeñas plazas pueden adoptar varios niveles. Desnivel muy acusado en el acceso de la iglesia parroquial que se solventa con una rampa con escalones más que escalinata, de trazado quebrado. Los muros de carga que sustentan las sucesivas alturas de la rampa, o el pavimento de rollos empleados, acentúan el tipismo y lo pintoresco de este rincón.
Como vemos el arte popular candelariense no sólo se limita a sus manifestaciones arquitectónicas, sino que se desborda por todo el entramado urbano con sus calles enrolladas, regaderas, muros de huertas, cobertizos, rampas, poyos, fuentes, plazas… En la normativa urbanística de Candelario aparecen una serie de artículos referentes a los elementos del mobiliario urbano moderno como papeleras, puntos de iluminación, cabinas telefónicas, o rótulos de comercios. Así en artículo 25.2.3.1. “Elementos superpuestos a la edificación” (3) dice que sólo se permiten anuncios, letreros o reclamos comerciales en relación con el negocio que se pueda desarrollar en un determinado edificio si se sitúan en el plano de la fachada dentro de los huecos de la edificación. Los materiales de soporte serán siempre madera o chapa de acero, en ambos pintados tanto el propio soporte como el mensaje. El artículo 25.2.3.2. “Mobiliario urbano” (4) dice que los elementos urbanos habituales como quioscos, cabina telefónica, bancos, anuncios, etc., deberán ser objetos de diseños conjuntos para cada grupo, con aprobación de la comisión de seguimiento. Sobre estos apartados hay que señalar que ha habido bastantes adelantos. En cuanto a los anuncios, la mayoría de los comerciantes del casco urbano emplean la madera y chapa. En mobiliario urbano se han hecho buenas adaptaciones como el uso de farolillos que imitan los tradicionales para el alumbrado eléctrico, o las cabinas telefónicas en las que se emplean la madera o la teja curva e incluso el escalonamiento de volúmenes adyacentes.
Respecto a la diferenciación de lo que es la arquitectura popular de la que no es, ésta se muestra claramente definida en Candelario donde el mantenimiento de una arquitectura tradicional viva y escasamente decadente se debe principalmente a que buena parte de la población siga residiendo en el casco histórico.
Por último, es interesante la opinión del plan especial de protección sobre el grado y calidad de la urbanización que dice: “tal como se constata a simple vista, el recinto está totalmente urbanizado, aprovechado al máximo, con calidad media buena y apropiada, las características de la zona a la que sirve” (5). En la supervivencia del caserío tradicional hasta nuestros días, ha jugado un papel fundamental su perfecta planificación y adecuación al terreno del que forma parte.
Dentro del plan de protección se distinguen tres tipologías: La primera, es la llamada de tipo industrial, una segunda, derivada de la anterior, menos urbana y más rural, que se encuentra en áreas periféricas y que no tiene su misma calidad constructiva; y una tercera correspondiente a la arquitectura serrana más clásica. La segunda tipología no la trataremos, por que es una simplificación del primer modelo, y en materiales y estructuras, lo que queda dicho en la primera tipología, sirve para ésta.
LA CASA SERRANA TRADICIONAL
No es más que una interpretación de la tipología de casa tradicional que con tanta frecuencia se da en Miranda del Castañar y en toda la sierra de Francia.
Abundan ejemplares de estas edificaciones en la parte más elevada del pueblo y en los alrededores de la iglesia parroquial. Destacan el llamado barrio antiguo, y sobre todo el barrio judío que son las áreas más antiguas de la villa. Tienen un sabor mucho más serrano, siendo la irregularidad la nota predominante en todos los aspectos por haberse sometido a la dictadura del terreno. No se intuye una calle principal que vertebre el terreno, la mayoría son quebradas, muy angostas, y pueden pasar bajo pasadizos y dar a callejones ciegos (Fig. 2). Frente a la casa industrial, ésta se caracteriza por un mayor empleo de materiales pobres que en muchos casos se dejaban sin enfoscar ni enlucir, vistos al exterior. Salvo excepciones, las fachadas principales son de exigua extensión, creciendo con pisos en vertical con breves fachadas que contrastan con un fondo de mayor amplitud y la desproporción entre fachada y fondo típico de los pueblos de montaña salmantinos. Los caseríos de gran densidad parcelaria y de marcado carácter urbano, debido a la escasez de terreno edificable, presentan esa desproporción entre el escaso recorrido de la fachada y el gran desarrollo del fondo, debido a la necesidad de que un gran número de edificaciones se han de repartir unos metros insuficientes de calle. Todas las viviendas se orientan de esta forma perpendicular a las calles principales.
En alzado, no se sigue un esquema predeterminado y mucho menos seriado. La casa viene a ser la suma de las necesidades vitales de su morador y como casi todos son ganaderos hay invariantes que se repiten como la solana de mayores o menores proporciones; pero su diseño y su disposición pueden ser muy diferentes en cada caso. Esta necesidad de que en todas las casas se repitan una serie de elementos derivados del común oficio de los candelarienses –solanas como secadero, zona de vivienda, espacio para las actividades ganaderas–, junto con una misma tradición arquitectónica que obliga a emplear los mismos materiales, permitiendo enlazar todas estas construcciones entre sí, para poder englobarlas dentro de una tipología. Lo que las caracteriza es la anárquica composición de estas construcciones sin esquema preconcebido, ni serialización de sus elementos.
En el alzado de la fachada se suceden voladizos, retranqueados y estructuras de esquemas irregulares. Lo más corriente es que sobre una línea de fachada más o menos regular, vuelen cuerpos y galerías sobre canecillos o cabezas de vigas sin tallar, a modo de ménsulas. En muchos casos, de este esquema general hay variaciones o soluciones distantes, totalmente anárquicas como el de la figura 3: cuerpo retranqueado del piso bajo, fachada quebrada, acceso a la solana en recodo, solana quebrada en planta buscando el acceso con inhabitual solución en aspa del antepecho, zonas encaladas o no… Esta ruptura con los esquemas generales provoca que los osados constructores se vean en la necesidad de improvisar ingeniosas soluciones particulares de cada caso. En la figura 3 vemos que la solana queda a excesiva distancia del alero. Para su solución se crea una estructura a modo de superposición de órdenes con simples rollizos, sujeta por una estructura vertical de madera meramente desbastada, que se afianza en la estructura general de la edificación aportando seguridad al conjunto. Esta solución es más acertada que si se hubiera colocado un único pie derecho en toda la altura que va desde la base de la solana al alero.
Los materiales básicamente son el granito en los muros; la madera en estructuras verticales, forjados y entramados; el adobe o ladrillo como cerramiento de las últimas plantas; y la teja árabe como cubrimiento indiscutible en toda la región.
En las casas más humildes se pueden ver los últimos coletazos de la tradición constructiva más añeja, perceptible con mayor claridad en pueblos cercanos, pero que aquí se adaptan a las exigencias del terreno, del clima y a la labor ganadera. En la casa de la figura 3 tenemos un ejemplo: la piedra es el elemento fundamental, que se emplea con mayor frecuencia que en la sierra de Francia, alcanzando aquí al menos las dos alturas. Estas casas de mayor antigüedad presentan muros de mampostería que pueden o no unirse con argamasa. Los huecos entre las piedras se rellenan con guijarros, calzando la mampostería. Los pisos altos se forman con forja de madera con paños de adobe o ladrillo y destaca la ausencia de sillar de fábrica, tanto en líneas de esquina como en los recercados de vanos. Las ventanas se enmarcan con madera y las puertas de acceso llevan dintel de madera muy simple. En otros casos se refuerzan las esquinas y los marcos del acceso con fuertes piedras o sillarejo, preludiando el empleo del sillar. Prima el muro sobre el vano para aislarse del frío. Estos son escasos, nunca seriados, y dependiendo de la compartimentación interior de los habitáculos. La planta baja se piensa emplear como establo y almacén. La solana es un elemento importante que aparece siempre en los últimos pisos, siempre de madera, formadas por barrotes verticales, y a veces horizontales o en aspa. En el barrio judío se dan superposiciones de pisos con solanas en cada uno, solución muy corriente en la comarca en edificios del siglo XIX, o en reformas de esta época sobre edificios anteriores. Este aumento en el número de solanas es comprensible en fachadas de reducidas dimensiones, que al no poder evolucionar con amplitud, se divide por los pisos de la fachada.
Algunas construcciones manifiestan un recuerdo acentuado a las soluciones propias de la sierra de Francia, como el empleo de pies derechos de madera y el recubrimiento de tablazón solapada del pasadizo de la figura 2, donde el cuerpo elevado lleva armazón de madera con plementería de ladrillos, todo se revoca, y se cubre con chapado de castaño. Esta solución de la protección de maderas solapadas es muy frecuente en La Alberca sobre todo. En otras localidades de la sierra de Francia los muros son inmunes al frío y a la humedad mediante simples revoques, y a veces empleando el sistema tan propio de la sierra de Béjar de los paños de teja árabe.
La diferencia más notable en el aspecto estructural respecto al tipo de vivienda industrial, es que ésta se sostiene a partir del principio de los sólidos muros de carga, mientras que la vivienda serrana tradicional se levanta sobre estructuras de pies derechos de madera. Estas viviendas, como ya sabemos, llevan una planta baja de muro granítico sobre la que se elevan varias plantas de entramado. En un principio, el muro bajo recibía el peso de los pisos superiores con la ayuda de pies derechos empotrados en el muro; poco a poco, y a medida que la primera planta vuela sobre el muro inferior, los pies derechos son exentos, distanciándose de la pared para alcanzar el vuelo. Una vez que se consigue mayor se- — 60 — Figura 3 guridad constructiva, se eliminan los pies derechos que sostenían los voladizos, pero se llevan al interior de la vivienda donde mantienen la misma misión. De todo esto se desprende que el muro inferior es simplemente una cortina de cerramiento, y que la suma de cargas verticales es recibida por estos pies derechos, y por la estructura horizontal que divide el piso bajo y el superior, a base de la viga madre y las bajeras.
El modelo de construcción serrano es, en Candelario, mucho más modesto que en la sierra de Francia, al menos a la vista de lo conservado; las viviendas son de menor envergadura que en Miranda del Castañar y La Alberca, y los entramados son menos espectaculares, bien porque quedan reducidos a las últimas plantas, bien porque los existentes se suelen ocultar con enlucidos. De todas formas lo habitual en Candelario, y por extensión a la comarca bejarana, es que las dos primeras plantas cuando menos sean de piedra.
Estas construcciones tienen un origen bajo medieval, con influencia de la carpintería mudéjar en entramados y techumbres, y lo que podemos ver en Candelario han de ser coetáneas a las de la sierra de Francia, fechadas entre los siglos XVI y XVIII principalmente.
La llegada del siglo XVIII no sólo supuso la desaparición de casas ganaderas y la creación de casas industriales de nueva planta. En el caserío más antiguo las nuevas casas industriales parten de los muros de las construcciones precedentes más modestas. En la figura número 4 vemos como la primitiva construcción llegaba hasta las dos plantas, por la línea de doble vertiente que se dibuja en la medianería bajo el último piso. La casa ya tenía cierto empaque y regularidad, empleando sillares en esquina a soga y tizón, pero con un despiece lejos de la perfección isódoma que se verá en el siglo XIX. No hay restos de revoques ni encalados totales de la mampostería, pero por higiene, en las construcciones de esta época se enjalbegan los marcos de los vanos de las estancias más importantes. Los vanos coetáneos a la primitiva construcción llevan dintel de madera. Una segunda intervención se llevaría a cabo con el fin de transformar la primitiva edificación en casa industrial. Fijémonos como la intervención en esta vivienda se va a llevar a cabo en los espacios que irán destinados a actividades industriales, como son la planta baja y la segunda planta.
El recrecimiento en altura para crear un amplio sobrado es evidente, para ello se usan adobes entre tramones sin revocar, añadiéndose el indispensable corredor, aunque sea una fachada trasera.
Muy llamativo es el detalle del vano de la planta baja que sin duda corresponde a una rehabilitación industrial por varios motivos. Para empezar, choca que el vano de la planta de viviendas sea más pobre que el de la planta baja, destinada desde el día de su construcción a establos y almacenes. Esto, junto a que los sillares de fábrica en su recercado y la rejería son elementos idénticos a los usados en casas industriales de nuevo alzado, dan que pensar en su modernidad. La planta de establos se cubría con potentes muros, con escasos y minúsculos huecos para evitar que el calor animal que se producía para calentar la planta de viviendas se perdiese. Sin duda este vano se practicó en el muro al transformar el establo en planta chacinera, aumentando la iluminación y ventilación.
Una vez que se impone el tipo de construcción de casa industrial más seriada y unificada con sus elementos invariantes, las construcciones más antiguas harán suyas algunas de estas soluciones con apogeo en el siglo XIX: se cambian las galerías de madera por las de hierro, se recubren sus muros con tejas curvas desapareciendo en proporciones alarmantes el chapado de madera, se amplían o se hacen nuevos huecos, etc. El artículo 17 de la normativa urbanística trata sobre las calles y su mantenimiento, defendiendo el estado actual de las que han sobrevivido enrolladas. Se añade que “se excluyen en cuanto al pavimento las calles perimetrales que sirven de circunvalación a la circulación rodada” (6). En el artículo 22 (7) se ordena el mantenimiento de las estructuras, tanto en forma como constructivamente. Este es un dato muy importante, pues en muchas rehabilitaciones y reconstrucciones impera únicamente el mantenimiento del aspecto externo de la edificación, cambiando totalmente la estructura interior, e introduciendo materiales disonantes con los más tradicionales. El artículo 27 especifica los deberes de conservación del patrimonio catalogado. Se especifica que “los deberes de conservación de un inmueble comporta la obligación de su conservación, protección y custodia tanto para el propietario como para la Administración en la parte que le corresponda” (8). Los bienes catalogados son bienes de utilidad pública, pero han de estar sujetos a todas estas normativas, pudiendo expropiar a los propietarios del inmueble si no cumplen con diligencia su papel en las labores de conservación. Finalmente en el artículo 33 (9) se trata la sustitución de elementos en edificaciones de tipo popular, catalogadas o no. Antes de la sustitución de estos elementos, previa a la concesión del permiso, se ha de realizar un informe gráfico y por escrito, con el fin de proteger los elementos más singulares. Aquellos edificios de nueva planta sobre solares vacíos, pero dentro del casco urbano, deberán integrarse al mismo empleando los llamados invariantes que se dan en la envolvente externa: correderas, batipuertas, uso de materiales tradicionales y permitidos en la normativa urbanística, etc.
LA CASA CHACINERA INDUSTRIAL
La cronología de este tipo de construcción se extiende desde mediados del siglo XVIII hasta los primeros años del siglo XX. Aparece respondiendo a las necesidades de la incipiente y pujante industria chacinera, que requería unos nuevos y diferentes espacios de los que carecía la vieja casa serrana ganadera. El resultado fue un cambio en la fisonomía de la vivienda vernácula (Fig. 5). Comparada con el tipo de construcción precedente cronológicamente, denota los avances en el tipo de construcción civil que se da en el siglo XIX. La casa candelariense se presenta ahora más amplia, más robusta, y más regular.
Este modelo se multiplicará por todo el caserío ocupando el solar de antiguas construcciones, de tal forma que vino casi a renovar por completo la arquitectura local; aunque el regular desarrollo urbanístico de las calles que convergen en la ermita del Humilladero hace suponer que todas estas construcciones se edificaron sobre solares vacíos. Se da paso así a un modelo que se repetirá constantemente con escasas variaciones.
Si tenemos que ejecutar un patrón básico al que se amoldarán este tipo de edificaciones, verificamos que predomina la casa de tres pisos cuya planta baja se dedica a la elaboración de productos cárnicos, la primera planta cobija a la vivienda propiamente dicha, y la segunda se destina como secadero y almacén de los productos elaborados en la baja. Muy importante es hacer notar las escasas ruinas que presenta el conjunto arquitectónico formado por estas edificaciones. Pervivencia en el tiempo gracias en gran medida a los excelentes materiales de construcción usados, como la mampostería y los potentes sillares de granito, o las grandes vigas de madera de castaño, todas éstas materias primas muy frecuentes en la zona.
El plan de protección del casco urbano ya apunta algunas pautas a seguir que se vienen dando para recuperar e integrar estas construcciones a la vida moderna sin modificar sus elementos básicos estructurales, sus volúmenes, ni su aspecto tradicional. Su principal problema es que tanto la planta baja como la segunda se pensaron en pro de la actividad industrial. La industria de Candelario era la suma de pequeños núcleos manufactureros unifamiliares con sede en las propias viviendas, en las plantas mencionadas. En la actualidad lo normal es que estos espacios se sumen al ámbito del hogar, que en su origen quedaba limitado a la primera planta. La planta baja puede reconvertirse en negocio o en tienda, o como prolongación de la vivienda con estancias no proyectadas en la época de su construcción y hoy indispensables en cualquier hogar, como la sala de estar o el cuarto de aseo. La amplitud de espacio de estas casas permite incluso destinar los dos pisos bajos a viviendas independientes entre sí, a modo de apartamentos. El sobrado o desván (nominación más genérica en Candelario), sigue sirviendo como almacén o secadero para productos de consumo propio, o en ocasiones se prepara como sala de juegos o de recreo.
Entrando de lleno en lo que es la casa en sí, ésta se fecha gracias a los grabados que aparecen generalmente en el dintel de acceso principal, o más raramente en marcos pétreos de los vanos de los diferentes pisos (10). Fechas que fluctúan entre la década de 1740 y la de 1920.
Ya hicimos un esbozo de la casa–tipo; ahora vamos a entrar en ella y a analizarla más detalladamente.
La distribución de la planta baja va como sigue: Un único acceso permite la comunicación desde el interior con la calle, traspasándolo, nos encontramos en un zaguán o recibidor –portal o patio en la jerga local– que distribuye las dependencias de la planta baja, dedicadas como locales industriales. El zaguán, que varía en sus dimensiones dependiendo del tamaño y empaque de la casa, desemboca en la escalera de madera que nos conduce a los pisos superiores. Las dependencias chacineras se comunican entre sí, diferenciándose lo que es la zona de la matanza de la zona de despiece.
El proceso que requería la elaboración de la matanza se distribuye en varias fases a las que responde sensacionalmente la distribución interna de la casa. Las dependencias se encadenan una tras otra en función de los procesos o fases propios de la matanza; así la matanza propiamente dicha comienza a las puertas de la planta baja, concluyendo con el producto elaborado, almacenado para su curación en la última planta.
El sacrificio del animal se hacía en plena vía pública, sirviendo las regaderas de agua limpia que corren al pie de las fachadas para evacuar la sangre de las matanzas. Al animal se le colocaba junto a la puerta de la vivienda. Previamente se había abierto hasta atrás la batipuerta (antepuerta a media altura característica de la vivienda que ya trataremos más adelante). Para continuar con los detalles de la matanza típica, qué mejor que acudir al relato de las hermanas Vallejera, preservadoras y difusoras de la tradición local más auténtica: “En tiempo de matanza se abría la batipuerta hasta atrás, se ataba a los bueyes por el vientre con una maroma, que llamaban peal, para colocarlo de forma que al caer muertos quedara casi todo su cuerpo dentro del patio; otros hombres (mozos de la casa) por detrás les daban para que la cabeza quedara al pie del morón, anilla o gancho, y allí les daban la puntilla” (11). En las jambas de muchas casas perviven ganchos o morones, fuertemente adosados al muro.
Como se ve, nada se dejaba a la improvisación, y se busca la forma para que el animal con su peso se venza a la parte del patio o zaguán.
En una sala anexa al zaguán se procedía al despiece de las reses. A continuación se llevaban al picadero, donde se picaba la carne, se adobaba, y finalmente se embutía. No nos resistimos a incluir el siguiente texto de las hermanas Vallejera sobre la matanza típica:
“Todas las casas choriceras tenían tres mozos, y dos o tres mozas que venían de pueblos de Ávila a trabajar los tres meses que duraba la matanza o matariza, en noviembre, diciembre y enero. Venían desde el Tremedal hasta la sierra de Becedas, por la de San Bartolomé y la Hoya. (…) Del pueblo iban hombres a las casas choriceras, cuatro por res, dos días a la semana. Unos las mataban y las descarnaban y otros picaban la carne. Tenían dos o tres casas para ir. Los mozos mataban los cerdos, al día siguiente adobaban las carnes y al tercer día iban las embutidoras y atadoras para hacer chorizos. El ama los pesaba por libras en docenas, y en romanas de arrobas se pesaban por tercios. (…) La carne la picaban los hombres con una cuchilla en cada mano, en troncos de árboles muy grandes, llamados tajones. Cuando eran muy altos se sentaban en taburetes y apoyaban los pies en hierros muy largos que metían en el tronco. En el suelo extendían telas blancas para recoger los trocitos de carne que se cayesen. Como picaban tanta carne, los tajones se iban desgastando, sobre todo del medio, y para igualarlos, de vez en cuando, los serraban. Este trabajo lo hacían los hombres, y los chorizos las mujeres, vestidas de candelarias, que es el traje típico del pueblo y entonces todas lo vestían” (12).
Como colofón a la descripción de la planta baja, indicaremos que ésta solía dar a un patio adosado a la fachada trasera, que podía acoger un jardín o a una huerta de autoabastecimiento con un simple cobertizo o caseto donde almacenar los aperos de labranza.
En ella se sitúa la vivienda. Una sencilla distribución de las habitaciones a cada lado de un pasillo es el elemental recorrido que se nos ofrece. Destaca la cocina, que siempre da a la fachada posterior a través de una pequeña galería. El resto de las dependencias son salas o habitaciones.
La cocina es un espacio interesante desde el punto de vista estratégico. Volvemos a comprobar cómo la distribución de la casa candelariense está perfectamente calculada, al jugar un papel fundamental en la curación de los productos cárnicos de su industria.
La cocina estaba presidida por el hogar, siempre con el fuego encendido. Se disponía contra la pared y el suelo, cubiertos por la morilla en el primero de los casos y por el tillo en el segundo. Ambos son superficies pétreas de grandes losas que convergen a manera de dos planos en ángulo de noventa grados. Muy similares el uno de otro, de forma más o menos cuadrada, y con una superficie aproximada de un metro cuadrado. La leña que se usa para el fuego se dispone sobre el tillo. De una de las vigas cuelga el llar, que es una cadena de hierro que soporta un caldero de cobre lleno de agua.
Se da la circunstancia que estas cocinas ninguna se pensaron con chimenea ni con campana para conducir los humos. Sólo un par de casas improvisaron originalmente sus chimeneas a partir de medias tinajas de barro. El resto de las que se puedan ver actualmente son todas modernas. Sin conducciones de ningún tipo, el humo se traslada al piso superior mediante un hueco hecho en el maderamen de la vertical del fuego. El humo se emplea para curar los jamones y embutidos que se cuelgan en el sobrado.
De nuevo en la cocina, a un lado junto al fuego va un escaño, y al otro el vasero, que no era más que una alacena con la loza cotidiana.
Otros usos de la cocina era el lógico para cocinar y otro muy perdido que se conserva en algunos pueblos: la cocina a modo de estancia, al estilo de las actuales salas de estar. Es lógico; en un clima tan frío lo habitual es permanecer junto al fuego cuando no se trabaja o no se duerme.
El resto de la planta se dividía en salas o habitaciones que comunicaban con las alcobas, que solían ser dos por sala. El mobiliario de estas salas se componía principalmente por arcas y baúles donde se guardaba la ropa, el lavabo con la palangana y el aguamanil, una cómoda, sofás y sillas de bayón. Entre las entradas de las dos alcobas se dejaba sitio para una alacena con la loza más elegante y rica de la casa. Las habitaciones eran muy sencillas; se accedía a través de cortinas, y el mobiliario lo componía fundamentalmente la cama, grande con cabecera de barrotes de madera o bien de hierro de color negro guarnecida de decoraciones en dorado. Los barrotes podían ser lisos, torneados o abalaustrados. Una pequeña pero alta mesilla componía el mobiliario, donde se dejaba una palmatoria cuando se carecía de luz eléctrica.
En las casas de mayor poderío económico había una sala buena, con despliegue de lujo en abundancia y riqueza del mobiliario: cómodas, sofás, sillas tapizadas, cortinas, espejos, incluso una alacena con una hornacina que acogía a la imagen de un niño Jesús vestido, al más puro gusto barroco de tradición andaluza.
Desde el punto de vista constructivo, la planta se compone en su estructura de una doble crujía paralela a la fachada, formada por unos muros de carga de piedra que se corresponde con los de la fachada y un único muro central. Esto vale tanto para la planta primera como para la planta baja.
En ella va el desván o sobrado, un espacio diáfano, sin ningún tipo de muro separador, pero repleto de viguería y varales, tanto para sustentar la estructura del edificio como para curar las sartas de embutidos que en ellos se colocaban. A ella llegan los humos de la cocina que impregnan el ambiente, secan los productos, ennegrecen las paredes, y se despiden por entre las maderas y tejas de la cubierta. Dentro de este espacio se separaba lo que era la zona de curado de los embutidos, de la que era de almacenaje. El desván da a una galería corrida de madera o de hierro cubierta por el alero del tejado de prominente volado, que también tenía como misión proteger de la humedad esta planta, ya que la humedad es letal enemiga de una buena curación.
Esta planta es por lo general de proporciones importantes. En sus muros perimetrales se abren una serie de pequeños vanos cuadrados dispuestos, aleatoria pero continuadamente, a lo largo de las fachadas. Mayoritariamente se suelen presentar en las fachadas delantera y trasera; cuando las medianerías se ven libres de casas contiguas, también se pueden abrir estos huecos. Pueden ser simples ventanucos o tomar la forma de correderas. Las correderas (Fig. 6), son unas tablas de madera que sobre unos raíles o guías, permite una mayor o menor apertura del vano, dependiendo de si las condiciones climáticas eran favorables o no para la curación de la matanza. Esto explica su distribución, orientadas a diferentes puntos, evitando la humedad y buscando el viento seco serrano. Se dice que antiguamente una de las misiones del sereno, era la de advertir del estado de la climatología a los mozos que hacían noche en el secadero esperando sus indicaciones, para abrir más o menos las correderas, sólo las de una parte, etc. La solana permitía el manejo de las correderas con comodidad, y también servía de secadero para determinados productos.
Pudimos acceder al interior de una de estas viviendas gracias a la amabilidad de su dueña, Doña Mercedes García Bejarano. La estructura interior de la vivienda se mantiene como el día de su construcción, pero su uso ya no es el industrial de antaño. Lo que se ha conservado más fiel a su uso primigenio es el desván, con la laberíntica disposición de sus varales de castaño. En esta y otras muchas casas, es habitual que se conserve un tillo en el sobrado donde se hacía lumbre para caldear la estancia en los días muy húmedos.
En el caso concreto de esta casa, pudimos comprobar como todos los muros perimetrales del sobrado se construyeron en madera y adobe principalmente, revocados, y ennegrecidos por el humo durante años. En una de las medianerías presenta una ventana tapiada. Se da la circunstancia que esta casa fue una de las primeras de este tipo en levantarse, fechada en 1748. Como se construiría con una altura superior al caserío circundante, no tuvo problemas en abrir ventanas en las medianerías; pero actualmente la casa adosada a ese muro la supera en altura, siendo también del modelo de casa industrial. En su dintel leemos que se construyó en la década de 1760. Así, unos quince años después de la apertura de este hueco, se tuvo que tapiar al levantarse la casa anexa contra sus paredes.
Constructivamente la última planta ha de usar materiales más ligeros. Lo más frecuente es el uso de entramado de madera a partir de pies derechos del mismo material. Este armazón de madera y su relleno –adobe o ladrillo–, se revoca tanto al interior como al exterior mucho más frecuentemente que en la sierra de Francia, y en gran número, las casas reciben un buen enjalbegado. El deseo de tapar los materiales más pobres con encalados es una nota común a todos los pueblos de la sierra de Béjar, hábito que aumenta a medida que pasan los siglos; más en el XIX y XX, que en el XVII y XVIII. Lo que parte como una ordenanza higiénico–sanitaria desde el siglo XVI, que provoca que obliga el blanqueado de los recercados de los vanos, en el XIX es una nota común a todas las edificaciones proyectadas ya con encalados de fachadas enteras.
Los materiales más ligeros del entramado constituyen muros de menor espesor que los pétreos de las plantas inferiores, así los primeros pueden estar retranqueados hasta el trasdós del muro de piedra. Los muros laterales de la segunda planta pueden levantarse totalmente de piedra como muros cortafuegos, o bien totalmente de entramado, como en la fachada principal, aunque en muchos ejemplos la línea de esquina de granito a soga y tizón se prolonga desde las plantas inferiores hasta topar con el alero.
Partimos del conocido esquema general de tres plantas, no excesivamente altas cada una de ellas, y con solana o corredor en el piso del sobrado. Las mayores diferencias que se dan en las galerías de los pisos altos. Lo normal es que la vivienda se remate en la segunda planta con solana, cuyo alero es la prolongación de uno de los faldones del tejado (Fig. 7). Pero habitualmente nos encontramos con un recrecimiento o peralte del muro sobre la solana, rompiendo la continuidad de la cubierta sobre la solana, cubriéndose ésta con un faldón individual (Fig. 8). En este peralte se pueden abrir o no un nivel más de correderas o pequeñas ventanas como las de la solana. Cuando esta elevación del muro tiene suficiente entidad, da lugar a una poco corriente tercera planta.
CONSTRUCCIÓN Y ELEMENTOS DE LA MISMA
Sobre la construcción el plan de protección dice: “La zona superior es la que ofrece rasgos más característicos, puesto que las dos plantas inferiores se ajustan a forjados de madera clásica en doble crujía sobre los muros de carga” (13). Las maderas que se utilizan para suelos y techumbres son de tonos oscuros, bien pintándolas, o simplemente dando capas de barniz. Los tonos de madera oscura son los más habituales en la carpintería constructiva y en el arte mueble, tanto de Candelario como de toda la comarca. Un error muy frecuente que se lleva a cabo en las rehabilitaciones, es el de emplear maderas y barnices de tonalidades claras, principalmente en la carpintería de cerramiento de vanos, destacando negativamente del conjunto de fachada, basado en la austeridad cromática de sus materiales y revoques.
Las construcciones más típicamente serranas no industriales construyen sus galerías de madera. En la casa chacinera, se emplean balconadas de madera con barandillas y cuartones de este material, de sección más o menos cuadrada, y siempre en disposición vertical. De este mismo material son los pies derechos que sustentan el alero y las pequeñas zapatas que rematan los mismos. En algunas excepciones, la barandilla se presenta metálica. Esta galería se apoya sobre ménsulas de madera labradas, o simples cabezas de vigas. Otra posibilidad es la solana totalmente metálica de fina traza, habitual en toda la comarca, con barrotes simples de sección circular y lisos; aunque menos pintoresca, no desentona en absoluto. Como norma, siempre que la cornisa y las ménsulas sean de granito labrado, la solana será de hierro, incluidos barandilla y pies derechos.
Adentrándonos en los aspectos que en común presentan este tipo de casas, para empezar, vamos a referirnos a las diferencias básicas que existen con el tipo de casa a la que sustituyó, que sobrevive en la parte más alta del pueblo. Aunque como evidente casa de montaña apunta más al desarrollo en altura que en superficie, ocupa más espacio que su antecesora en planimetría, tendiendo a dibujar un rectángulo más o menos regular. En la composición de las fachadas es donde más discrepan ambas tipologías, ya que la casa chacinera gana en orden, sobriedad, solidez, y busca la simetría en la disposición de unos vanos de generosas proporciones, a través de series de ejes verticales. El único elemento en voladizo que permite esta casa es la galería, nunca los pisos de viviendas.
El plan de protección hace referencia a la relación proporcional que existe entre la longitud de la fachada y el número de vanos por planta. Si la fachada mide menos de cinco metros, le corresponde un vano; si mide de 5 a 12 metros, le corresponden dos vanos; y si mide de 12 a 16 metros, le corresponden tres huecos por planta. En los puntos límite de 5 y 12 metros, se pueden usar indistintamente uno o dos vanos en el primer caso, y dos o tres en el segundo de ellos.
Extrañas son las fachadas que superan los 16 metros de longitud, pero en tal caso –como en el Nº 7 de la calle Doctor Espina–, “se fragmenta la composición aprovechando un quiebro en la alineación, y aparenta dos fachadas unificadas por la galería superior” (14).
La fachada principal es el elemento más cuidado de toda la construcción y a ella se abren la mayoría de los vanos. Cada una de las aplicaciones del interior se manifiesta de alguna forma al exterior: la planta de viviendas con grandes ventanales y elegantes balcones, frente al secadero funcional con sus pequeñas aberturas de irregular disposición. El aspecto es sobrio y elegante, gracias a la bicromía que producen la diferencia de materiales. El gris del granito perfectamente labrado, ocupa las partes vivas de la construcción, como recercados de ventanas líneas de esquina, ménsulas, cornisas, o líneas de imposta que marcan la separación entre pisos. En contraste, el enjalbegado, que cubre el resto de la superficie ocultando la mampostería y los materiales pobres de la última planta.
Los vanos de las plantas nobles pueden ser adintelados o se cubren con arco rebajado, solución muy habitual en Béjar y otras localidades. La aparición del arco rebajado se relaciona con edificaciones de carácter más urbano, y se presenta en la arquitectura de un gran número de villas y ciudades de Castilla, en torno al comienzo del siglo XX. No es normal que se dé la combinación de uno y otro en la misma edificación. Son vanos cuyo recercado lo componen sillares perfectamente escuadrados que se despiezan en las jambas, frente a la solución monolítica de los dinteles del acceso y la parte superior e inferior de los marcos de las ventanas.
Obviando estas generalidades sobre el aspecto formal habitual que presentan los vanos, existen un puñado de edificaciones que presentan una solución muy plástica en el arco de ingreso, consistente en un arco conopial cuyas líneas de curva –contracurva se acentúan vehementemente (Fig. 9). En Candelario existe una buena muestra de estos arcos, que aparecen en menor cuantía en la cercana Béjar, donde se llevan también al recercado de ventanas, o en La Garganta (Cáceres), que copia más fielmente el molde candelariense. Esta moda tuvo una vida muy corta, pues se desarrolló únicamente en la segunda mitad del siglo XVIII. Este tipo de portada es uno de los elementos más recargados decorativamente del tipo de casa industrial, y nos habla por un lado, del gusto por lo fastuoso y decorativo en las postrimerías del barroco, y por otro lado, del barroco de inercia en el universo de lo popular, donde no tiene cabida el gusto neoclásico considerado demasiado frío y apagado.
Puede sorprender que al hablar del arco conopial utilicemos el término barroco, siendo como se sabe un elemento constructivo definitorio del arte gótico. Esta anacronía se entiende explicando uno de los fenómenos más interesantes que se da en el mundo del arte popular, y que es la pervivencia en el tiempo de determinadas soluciones artísticas al margen de las novedades artísticas; es decir, en un momento dado se toma un elemento que hace furor en el arte culto y se prolonga indefinidamente en el arte popular; ahí tenemos el caso de los cuarterones en la carpintería, que apareciendo en el siglo XVI, continúan empleándose hasta el siglo XIX. El conopio gótico así también era muy conocido, pues como apunta Carlos Piñel, se suma al repertorio decorativo del mueble popular de los últimos quinientos años (15). También Jaime C. Pinilla González al analizar las etapas constructivas del convento de Gracia cercano a San Martín del Castañar, advierte que “en el muro norte, cercano a la cabecera, se abre un vano cuyo dintel aparece tallado, como tardía imitación barroca en forma de arco conopial (…)” (16). De esta forma los candelarienses sólo tuvieron que recuperar el arco conopial para el arte de la arquitectura, tamizado por la estética barroca popular.
La planta baja se diferencia de la primera en disponer de menor número de vanos, y como norma, no muy grandes. El recercado de los vanos es usualmente de despiece regular, recto; pero en ocasiones el despiece se presenta irregular. Como el zócalo no es muy importante, el recercado de los vanos puede llegar a la base de la fachada, interrumpiendo la franja del mismo. Los vanos de esta planta, salvo el acceso, se guarnecen con sencilla y funcional rejería de forja con barrotes verticales y horizontales, a modo de emparrillado. El aspecto global de esta planta es muy compacto al predominar el muro sobre el vano. Otros materiales que se usan en el muro de esta planta, es la cal morena con la que se enfosca el fondo del paramento, para encalarla por encima, salvo el zócalo, para el que dijimos se usan tonos grises, azulados u ocres.
La primera planta al ser la planta noble, recibe un especial cuidado en todos sus detalles, siendo la disposición y recercado de sus vanos aún más perfecta que en la planta baja. Los balcones, sencillos y elegantes, se componen de elementos horizontales –barandilla– y verticales –barrotes y pies derechos– que forman la estructura, a la que se añaden motivos curvos y en espiral con sentido meramente ornamental. La rejería de los balcones puede ser de forja, o de hierro fundido en las más modernas. El vuelo de los balcones se consigue, o bien con el propio vuelo de la losa de granito que forma la base de algunos ejemplos, o bien con el más tradicional empleo de grandes ménsulas que sustentan los extremos de la losa, añadiéndose jabalcones o tornapuntas de hierro entre ambas bajo la losa. Para enfoscar sus muros también se emplea la cal morena como mortero entre la mampostería, cubierto todo por gruesa capa de cal blanca.
En el sobrado lo habitual son los vanos con carpintería de madera, señal del empleo de entramado en sus muros; pero siempre que veamos recercados graníticos en esta planta, sus muros serán indiscutiblemente de piedra. En un muro de piedra se pueden usar marcos del mismo material o de madera, más arcaizante, y propios de economías menos boyantes. Nunca en un muro de adobe se usará el recercado de piedra.
En esta última planta, ya comentamos cómo destaca la horizontalidad tan rotunda de la solana, y cómo varía si se usa madera o piedra para su construcción. Entrando más detalladamente en su contemplación, la solana de madera descansa sobre las ménsulas que forman las cabezas de las vigas que separan pisos, talladas o no; mientras, la solana pétrea se compone de ménsulas de granito perfectamente trabadas en la estructura, soportando una gran cornisa como base de la solana. En ocasiones se puede presentar la cornisa sola sin ménsulas. Las ménsulas de mayor antigüedad suelen ser de mayor tamaño. Siempre, sea la galería del material que sea, los pies derechos van a plomo sobre las ménsulas.
Por último, la cumbrera se idea paralela siempre a la fachada, y generalmente a dos aguas, con teja árabe solapadas entre sí como es habitual. Tanto las cubiertas o aleros, se disponen sobre un armazón de forjado de madera, empleando en los aleros fuertes rollizos de castaño, sobre los que se disponen perpendicularmente tablas de madera, y finalmente la teja encima. Muy característico de Candelario y de toda la comarca bejarana es que la teja no esté clavada ni unida con argamasa a la estructura de madera, sino que se disponen sobre las tejas piedras que forman hileras a plomo sobre los muros perimetrales y las cumbreras, tanto en cobertizos como en las construcciones más nobles, de forma que crean unos empujes verticales que van directamente sobre los muros, y que no permiten que estas piedras rueden tejado abajo. El empleo de la piedra sobre la teja suelta y solapada es muy habitual en toda la comarca.
En los dinteles de los accesos es donde se suelen labrar las fechas indicando el año de su construcción. Se pueden acompañar con el habitual símbolo de la cruz, y más raramente con los anagramas de Jesús y María, u otro tipo de leyendas piadosas que nos encontramos en otros pueblos de la comarca, tipo “viva la fé católica,” o “viva Jesús”. Mayor riqueza y diversidad en este tipo de inscripciones y simbología religiosa la encontramos en los pueblos de la vecina sierra de Francia. Sobre los dinteles, solamente añadir que se puede encontrar también el doble dintel, uno sobre otro, enlazando con algún elemento superior como puede ser la ménsula de un balcón. Menos habitual es el uso de líneas de imposta separando la planta baja del primer piso, planas y sin ningún tipo de molduración.
Lo que no es sillar, es decir, la madera, el adobe o ladrillo, y la mampostería, normalmente se encalan, salvo una pequeña franja a ras de suelo, que a modo de zócalo, se pinta de tonos azules y grisáceos. Últimamente la moda impone picar estos falsos zócalos, dejando ver la mampostería que siempre se pensó para ser ocultada. En la planta primera, los vanos pueden ser independientes o acompañados de balcón. Mayoritariamente balcón por vano, más raramente uno solo agrupa más de un vano o es corrido. En esta planta siempre de hierro con labores más o menos ricas, pero nunca de madera. El voladizo del balcón va desde los 60 a los 70 centímetros.
Una nota muy característica de esta comarca que también se extiende por las comarcas próximas de las provincias de Ávila y Cáceres, es la de recubrir las medianerías de las viviendas con hiladas de teja árabe (Fig. 10). Las tejas se clavetean solapándose unas con otras formando hiladas verticales, alternando hiladas cóncavas y convexas aprovechando la forma de la teja. También se pueden cubrir con este revestimiento fachadas azotadas por climatología adversa. En el caso de Candelario, aquellos paramentos orientados al sur y suroeste se resguardaban así del hostigo. Estos recubrimientos de teja reciben el nombre de hastiales, quizás porque abundan en las medianerías en las que la doble agua, que vierte en las fachadas delantera y trasera, trazaba la forma de hastial. Estos hastiales igualmente se ven cubiertos de cal blanca, como se deja a la vista el color arcilloso de la teja. Muy habitual ha sido a partir de los años sesenta el empleo de planchas de fibrocemento con el mismo cometido, dañando gravemente la coherencia plástica de la construcción, al ser un elemento del mundo urbano que contrasta negativamente en el ámbito rural, basado éste, como estamos viendo, en el aprovechamiento de materiales que la naturaleza dispone. En la actualidad se prefieren otras soluciones para los edificios de nueva construcción, volviéndose a la teja árabe en las restauraciones de edificios tradicionales. Otros elementos más modernos son los canalones de cinc o de acero galvanizado, que tienen la particularidad de desaguar en las regaderas típicas.
Muy típica y muy querida por los lugareños es la batipuerta (Fig. 11). Consiste en una antepuerta a media altura de madera que, al acercarse a los goznes que la sujetan, se quiebra bruscamente en diagonal ascendente, llegando al final de su recorrido alcanzando las tres cuartas partes del vano. Esta diagonal puede ir lisa o decorada con perfiles curvos o mixtilíneos. Como toda la carpintería del lugar, la batipuerta se pinta o barniza en tonos severos. Siempre se abre hacia la calle, y los niños conseguían abrirla metiendo la mano en un agujero que se solía practicar en un extremo a una altura conveniente. Se compone de un armazón de madera que se cubre externamente con tablas claveteadas; es decir, se desarrolla a partir de la forma de hacer de la carpintería tradicional de la zona.
Nadie se pone de acuerdo sobre el primitivo uso de las batipuertas; se dan varias soluciones dependiendo de los autores. Podrían servir para evitar las grandes nevadas que cubrían las calles, saltando por encima, o empujando desde dentro para retirar la nieve; esto explicaría que se abra hacia fuera. También se piensa que servía para evitar que los animales, libres por las calles antiguamente, entraran en las casas. Otra muy acertada, apunta que servía para proteger al descabellador tras ella, cuando iba a dar la puntilla a una res de gran tamaño –bueyes–, para evitar llevarse alguna coz. Este uso industrial justificaría el gran número de batipuertas conservadas, y principalmente en casas chacineras. No en su totalidad, pero sí a la gran mayoría de las casas tradicionales las precede una gran batipuerta.
Contrasta sorprendentemente como Candelario está ricamente jalonada de batipuertas y en el resto de la comarca sean difíciles de encontrar, aunque se han hallado algunas muy antiguas e indicios de otras de forma testimonial en pueblos alejados de Candelario como Aldeacipreste.
Todos estos elementos generales, que actúan como constantes en cada construcción, son manipulados y variados de forma que, dentro de la homogeneidad del conjunto del caserío, tampoco existen construcciones calcadas unas de otras. Cierta irregularidad propia de los pueblos de montaña, que beneficia la condición pintoresca de Candelario. Estas leves alteraciones sobre los dictados de composición general, dan cierta singularidad a cada una de las casas. Fácilmente se puede comprobar lo que el plan de protección apunta sobre las causas habituales de estas variaciones, como agrupamientos simétricos no globales, reforzamientos de ritmos de huecos, interpretaciones exóticas de las invariantes, simetrías atípicas, uso de diseños culturalistas, y huecos desplazados por plantas.
En función de la colocación de los vanos, distinguimos dos tipos de fachadas cuando menos: una de tipo aleatoria, y otra más formalizada y regular. La disposición aleatoria de los elementos externos como los vanos, es de tradición más antigua, siendo la fachada resultado de la distribución interna de la vivienda. Construcción de la vivienda desde dentro hacia fuera, lo que permite un variado juego de volúmenes, salientes, o voladizos, provocando sensación de improvisación, de falta de un plan previo normalizado para el diseño de la fachada. El modelo que hemos definido como formalizado, se basa en las reglas de la simetría, sobre todo cuando hay uno o tres ejes de huecos verticales. Ahora la fachada principal cobra importancia por su carácter representativo, teniendo en cuenta su papel desde el punto de vista urbanístico.
A lo largo de estos más de ciento cincuenta años de desarrollo del tipo de casa industrial, podemos establecer la evolución cronológica del mismo, patente en la distinta ordenación de los elementos de la fachada. Desde que surge este tipo de vivienda en la década de 1740 (ejemplos datados más antiguos) y durante la segunda mitad del siglo XVIII, nos encontramos con una vivienda aún muy apegada a la tradición constructiva de la casa serrana tradicional, encontrando la mayoría de ejemplos en la parte alta del pueblo, la que tiene un urbanismo más medieval, adaptándose a solares muy irregulares. Esto se transmite al alzado con fachadas generalmente pequeñas, no más de uno o dos vanos por piso, y en la que no hay ejes de simetría ni ejes de vanos que suelen ser de diversos tamaños. Los vanos son adintelados simples o con doble dintel, que pueden llevar, o no, un arco conopial grabado (frecuente entre las décadas de 1760 y 1780), y la batipuerta ya aparece desde entonces. En las viviendas más antiguas la planta noble carece aún de balcón, y se singulariza con la apertura de una gran ventana vertical cubierta con antepecho o barandilla de madera, antecedente del balcón. La solana correrá a lo largo de toda fachada, salvo casos excepcionales, siendo siempre enteramente de madera, con barrotes prismáticos sencillos, con la particularidad de estar colocados con una de sus aristas mirando al frente. En los materiales de construcción aún puede aparecer el entramado en la planta principal. En la piedra abunda el granito moteado propio de la zona, con gran presencia del sillarejo y la mampostería, aunque se va introduciendo cada vez más el sillar (recercados y líneas de esquina). Existen fachadas laterales muy herméticas que se levantan totalmente con mampostería.
Sobre 1785–1790 empiezan a aparecer edificios de gran envergadura sobre solares rectangulares regulares, grandes vanos cada vez más seriados, apareciendo el balcón, generalmente sobre el vano de acceso a la vivienda. Los balcones son de madera sostenidos en sus extremos por potentes ménsulas de piedra, que a principios del siglo XIX darán paso a los balcones metálicos sobre una losa de piedra en voladizo. Arrancando de estas novedades de finales del siglo XVIII, en la primera mitad del siglo XIX poco a poco va predominando el empleo del sillar en las dos plantas inferiores, dejando el entramado de ladrillo o adobe en la última planta, prolongándose en muchos casos la línea de esquina hasta el alero. Las fachadas secundarias muestran una distribución por materiales similar. Con el empleo del entramado en las fachadas laterales se sistematiza el uso de la teja claveteada. Poco a poco el vano va ganando terreno a la piedra. Aparecen las solanas de granito y metal, aunque las solanas de madera se dejan ver en las primeras décadas. Los vanos de la solana reducen su tamaño y se multiplican distribuyéndose aleatoriamente en una o dos filas. Las viviendas alcanzan grandes tamaños prolongándose en ocasiones el muro sobre las solanas. Las fachadas siguen sin atenerse a la estricta simetría y a los ejes de vanos.
A mediados de siglo y hasta, más o menos 1920, la última fase en la evolución del modelo de casa industrial, viene marcada por la pérdida de la vestimenta popular, a favor de la actividad — 70 — de arquitectos y canteros que, partiendo de los modelos populares, enriquecen y singularizan las edificaciones con ornamentos eclécticos y modernistas del momento, traídos de lo urbano. Este cambio se nota sobre todo a partir de la década de 1880, en que las casas de la pequeña burguesía local pierden gran parte de sus elementos característicos, como es el caso de la batipuerta de madera, sustituida por una antepuerta baja de dos hojas de rica rejería calada. Trabajos de rejería que se llevan sobre todo al balcón principal del primer piso, y a los grandes vanos que ahora surgen en la planta baja. La planta noble, con el desarrollo de las técnicas del hierro fundido, proliferan grandes vanos con balcones o antepechos en todos ellos, apareciendo las galerías acristaladas, al menos en el vano central o principal. Las solanas siguen siendo metálicas y se generaliza el uso de las correderas. Las fachadas se serializan con estricta simetría en la distribución de los vanos que alcanzan gran tamaño y pueden cerrarse con arcos rebajados. En algún caso la actividad chacinera se saca de los tres pisos de viviendas en una edificación aparte de dos pisos: el bajo con su batipuerta, y el superior con solana y correderas.
DIFUSIÓN DE LA CASA INDUSTRIAL
Siendo el epicentro de este tipo de vivienda Candelario, su propagación en mayor o menor medida alcanza a pueblos cercanos de la misma comarca de Béjar de marcado carácter serrano como Navacarros, Puerto de Béjar, Vallejera o La Hoya; aunque es en San Bartolomé de Béjar, actualmente provincia de Ávila, donde encontramos una buena colección de viviendas idénticas a las candelarienses (Fig. 12) que, aunque careciendo de algún elemento singular como la batipuerta, siguen hoy en día dedicadas a la actividad chacinera artesanal, como vemos en el interior de sus desvanes repleto de embutido colgado de sus varales (Fig. 13).
De un mismo origen genealógico que la casa candelariense es la casa industrial de Béjar, más urbana y menos llamativa, pero compartiendo sistemas y elementos constructivos, así como la distribución de funciones en cada planta: plantas centrales para vivienda y extremas para la actividad económica, en este caso la textil en lugar de la chacinera.
(1) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Memoria p. 18.
(2) MAJADA, Jesús y Juan Martín: Viajeros extranjeros en Salamanca, Salamanca, 1988, p. 301.
(3) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Normativa urbanística, p. 62.
(5) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Memoria p. 9.
(6) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Normativa urbanística p. 56.
(7) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección… p. 58.
(8) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección… p. 60.
(9) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección… p. 72.
(10) En la casa que visitamos en Candelario, la fecha estaba sobre el acceso a un balcón.
(11) VALLEJERA, Ana y Emilia: Candelario. Costumbres y tradiciones, Candelario, 1998, p. 36.
(12) VALLEJERA, Ana y Emilia: Candelario… pp. 29 y 30.
(13) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Memoria. p. 28.
(14) Archivo Municipal de Candelario: José Carlos Marcos Berrocal Plan especial de protección del conjunto urbano tradicional de Candelario (Salamanca). Memoria, p. 30.
(15) VV.AA. La casa un espacio para la tradición, Diputación provincial de Salamanca, Salamanca, 1997, p. 44.
(16) PINILLA GONZÁLEZ, Jaime: El arte de los monasterios y conventos despoblados de la provincia de Salamanca, Salamanca, 1982, p. 99.
BENITO, Félix: Arquitectura tradicional de Castilla y León. 2 Vols.
Junta de Castilla y León, Salamanca, 1998.
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VALLEJERA MARTÍN, Ana y Emilia: Candelario. Costumbres y tradiciones. Candelario, 1998

References: artículo 25
 artículo 25
 artículo 17
 artículo 22
 artículo 27
 artículo 33