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Timestamp: 2017-10-22 17:05:24+00:00

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Una opinión crítica contra los nacionalismos
En Defensa de los Derechos Constitucionales de los que hablamos el Idioma Común Español
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Los recortes de ayer al final de la página
Euro and Europe doomed by Spain's inefficiency
AGLI Editor. 22 August 2012
The Spanish government has no intention to attack the intrinsic inefficiency problem, otherwise it should already have abolished the laws of regional languages. This measure would destroy inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, and benefits are outstanding.
Spain has seventeen regional governments partitioning the country with laws and languages. Therefore, the disassembly of the regional system, by abolishing the laws of the regional (and many local) governments and reducing the redundant government employees is also compulsory. This measure means a heavy social cost, two million people should be laid off, but the private sector could recover and start creating productive jobs. As a byproduct, professionals of politics would probably disappear (as they are the problem).
Spain will sink the Euro and Europe unless it returns to common language and law.
The deep problems of Spain's economy are paving the way to the destruction of the Euro and Europe and the Spanish governments have no intention to fix their problems, otherwise the first measure with zero cost, returning to the spanish common language by abolishing all laws of regional languages, should already have been taken.
Basically, the inefficiencies of the governments and the unnecessary expenses are so high that no tax system can survive after the depletion of its citizens.
Spain has a multitude of regional governments (seventeen) with many of them using different regional languages instead of the Spanish, and consequently the country is divided by laws and languages, the work force can't move unless families surrender themselves and the education of their children from their mother spanish language to the regional languages, government employees are valued more for their knowledge of the regional language than anything else, enterprises have to cope with many different and opposing laws written in different regional languages, and have to translate their operating business systems to them.
Therefore, should the Spanish government have any intention to fix the problem, the first measure should have been to abolish all the laws concerning regional languages, letting the Spanish be the common language. This measure would destroy many inefficiencies affecting market, work force, education, legal, procedural, health, security systems and more. This measure has no cost, on the contrary benefits are absolute neccesity.
The second measure should be the disassembly of the regional systems, abolishing the laws of the seventeen regional (and many local) governments and reducing the redundant and unnecessary government employees. This measure has a very heavy social cost, around two million people should be laid off, but by reducing those, unnecessary expenses, the private sector could recover and start creating productive work. As a byproduct, the superfluous class of professionals of politics would probably disappear (they are the problem).
El español: una lengua viva. Informe 2016. Instituto Cervantes
http://www.cervantes.es/imagenes/File/prensa/EspanolLenguaViva16.pdf
La colección de 'El valor económico del español', un homenaje a nuestro idioma
Fundacion Telefonica 3 Marzo 2017
Descárgatelos gratis http://email.fundaciontelefonica.com/re?l=D0Ilily6zI5ztd4nnIh
Esta ambiciosa obra analiza la importancia que tiene el español como activo de las empresas que impulsa su internacionalización en mercados donde se habla el mismo idioma.
¿Sabías que las industrias culturales en español aportan hoy más de 30.000 millones de euros anuales? ¿Y que nuestra lengua es la tercera en la Red y que el 7,9 % de los usuarios de Internet se comunican en español?
Son datos extraídos de la investigación 'El Valor Económico del Español', formada por 14 títulos, una ambiciosa investigación sobre la cuantificación económica de nuestra lengua, como una forma de lograr que apreciemos el valor cultural de este activo hablado por una comunidad formada por más de 500 millones de hispanohablantes.
Te recordamos que en nuestra web están disponibles los 14 títulos gratuitos que conforman 'El Valor Económico del Español':
• Atlas de la Lengua española en el mundo. Presentación gráfica y didáctica de la situación del español dentro de la riqueza y diversidad del universo de las lenguas. En 2016 ha salido la tercera edición revisada y ampliada de la obra.
• Lengua, empresa y mercado. Analiza la importancia del español como activo que impulsa la internacionalización de las empresas en mercados que hablan el mismo idioma.
• El futuro del español en EE.UU: La lengua en las comunidades de migrantes hispanos. El español es la 2ª lengua más hablada en Estados Unidos gracias a que las segundas generaciones de inmigrantes la mantienen como segunda lengua tras el inglés, un hecho novedoso en la historia de este país, conocido por ser un “cementerio de lenguas”.
• El español, lengua de comunicación científica. Este libro analiza los aspectos cuantitativos y cualitativos del español como lenguaje científico y tecnológico.
• El español en las relaciones internacionales. Un recorrido por la presencia del español en foros y organismos internacionales y su futuro en el mundo globalizado.
• Valor económico del español. Compendio de conclusiones de la primera parte de la investigación sobre la proyección del español en tanto que lengua de comunicación internacional.
• El español en los flujos económicos internacionales. Más de 500 millones de hablantes hacen del español un importante ‘puente económico’ sobre el Atlántico.
• Economía de las industrias culturales en español. El español como lengua global aparece como un importante motor del desarrollo de las industrias culturales.
• Lengua y Tecnologías de la Información y las comunicaciones. Existen vínculos lingüísticos en el patrón geográfico de internacionalización de las operadoras de telecomunicaciones.
• El español en la Red. El informe analiza la presencia de páginas web en español en la Red y las consecuencias que Internet tiene sobre la vida de las lenguas.
• Emigración y Lengua. El papel del español en las migraciones internacionales. Estudia el efecto que tiene una lengua como el español en los procesos de decisión y en los resultados laborales y sociales del emigrante.
• Las Cuentas del Español. Aborda uno de los aspectos cruciales de este ambicioso proyecto: la cuantificación del español en términos como el PIB o el empleo generados en la economía española en los últimos años.
• La economía de la enseñanza del español como lengua extranjera. La enseñanza del español a hablantes de otras lenguas genera empleo y valor añadido.
• Economía del español. Una introducción. Introducción del proyecto de investigación ‘Valor Económico del español’ que cuantifica la actividad productiva o de intercambio que la lengua aporta a la economía.
Boletín AGLI nº25 (Nov 2011)
Si te importa España, diez acciones indispensables
Nota del Editor 1 Noviembre 2011
1ª la lengua española para unificar mercado, educación, sanidad, justicia, legislación, seguridad, anulando toda la legislación sobre lenguas regionales.
2ª desmantelar el tinglado autonómico.
3ª deshacerse de la enorme casta de profesionales de la política
4ª simplificar y reducir el enorme aparato burocrático y millones de funcionarios
5ª deshacerse del intervencionismo de un estado ineficiente y depredador de los recursos de la clase media
6ª deshacerse de un estado indoctrinador y comprador de votos de unos con dinero de otros
7ª arreglar un sistema educativo desastroso con menos medios y más responsabilidad
8ª educar en valores humanos a una sociedad indoctrinada y adormecida
9ª liberalizar y optimizar un mercado fragmentado e ineficaz
10ª arreglar una justicia irracional, politizada, lenta, incompetente e irresponsable con menos medios y más responsabilidad
El Nacionalismo Obligatorio en las Aulas
Por Ernesto Ladrón de Guevara y Arbina.
A LAS PERSONAS QUE HAN SACRIFICADO SU BIENESTAR PARA HACER PREVALECER LA VERDAD
(Vitoria, año 2011) 394 páginas
La "normalización lingüística", una anormalidad democrática. El caso gallego
Dedicado "A todos aquellos que piensan que los idiomas se hicieron para las personas y no las personas para los idomas"
Manuel Jardón (1.284KB, formato .pdf) Nota: si no consigue descargar el libro completo, pulse el botón derecho de su ratón y
seleccione "Guardar destino como" en Internet Explorer o "Guardar enlace como" en FireFox.
Por la normalización del español: El estado de la cuestion, una cuestion de Estado.
FADICE (747KB, formato .pdf )
POR LOS DERECHOS LINGÜÍSTICOS EN GALICIA
POR LA LIBERTAD DE ELECCIÓN DE LENGUA EN LOS CENTROS DE ENSEÑANZA DE GALICIA
Recortes de Prensa 21 octubre 2017
Del libro de Manuel Jardón
"A todos aquellos que piensan que
los idiomas se hicieron para las
personas y no las personas
para los idiomas"
La "normalización lingüística",
una anormalidad democrática
El caso gallego
AGLI Recortes de Prensa Sábado 21 Octubre 2017
Vicente A. C. M. Periodista Digital 21 Octubre 2017
EL DISCURSO DEL REY EN LOS PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS MARCA OTRA VEZ EL CAMINO. EL GOBIERNO DE RAJOY USA LA SEMÁNTICA PARA DEFINIR LAS MEDIDAS QUE ADOPTARÁ.
He de reconocer que me equivoque cuando critiqué que el Rey asistiera a la gala de los premios Princesa de Asturias de este año, en unos momentos que son decisivos para el futuro de España y de la Corona. Ayer, en su discurso de agradecimiento y felicitación a los premiados, el Rey dedicó la parte final para dirigirse a los máximos representantes de la UE para hablar sobre Cataluña, la legalidad constitucional, la unidad de España y el desafío de secesión. Un discurso de la misma claridad y contundencia que el que realizó la noche del pasado 3 de octubre, y del que se pueden extraer las siguientes declaraciones:
1.- “Su presencia hoy aquí en Asturias simboliza, el compromiso, el apoyo y la solidaridad de las instituciones europeas con España, con nuestro sistema constitucional y con nuestro Estado Social y Democrático de Derecho.”
2.- “Señores Presidentes: España tiene que hacer frente a un inaceptable intento de secesión en una parte de su territorio nacional, y lo resolverá por medio de sus legítimas instituciones democráticas, dentro del respeto a nuestra Constitución y ateniéndose a los valores y principios de la democracia parlamentaria.”
3.- “una España, también, abierta y solidaria en la que pudieran reconocerse todos y cada uno de los españoles, y en la que los pueblos que la integran viesen protegidas, reconocidas y respetadas sus lenguas, sus culturas, sus tradiciones y sus instituciones, como un verdadero patrimonio común que sin duda nos enriquece y nos identifica.”
4.- “ningún proyecto de futuro se puede construir basándose en romper la convivencia democrática; ningún proyecto de progreso y libertad se sustenta en la desafección, ni en la división —siempre dolorosa y desgarradora— de la sociedad, de las familias y de los amigos; y ningún proyecto puede conducir al aislamiento o al empobrecimiento de un pueblo.”
5.- “La España del siglo XXI, de la que Cataluña es y será una parte esencial, debe basarse en una suma leal y solidaria de esfuerzos, de sentimientos, de afectos y de proyectos.”
6.- “Pueden estar seguros de que la Unión encontrará en nuestro país un pilar esencial de apoyo y lealtad ante los nuevos desafíos que juntos debemos afrontar. Un camino que debemos recorrer acompañados de la razón, la palabra y el respeto a las reglas de convivencia, inspirándonos en tres principios europeos que también son indisociables: la democracia, los derechos fundamentales y el Estado de Derecho.”
Con anterioridad, Antonio Tajani, Presidente del Parlamento Europeo, en su discurso de agradecimiento por el premio Concordia otorgado a la UE marcó la misma rotundidad diciendo lo siguiente:
• “quiero subrayar que la Unión Europea no es sólo hablar de bancos o del Euro. Es sobre todo la defensa de nuestros valores: la libertad, la democracia, la igualdad, el respeto al Estado de Derecho y la defensa de los derechos humanos entre otros.”
• “Cuando algunos siembran la discordia ignorando voluntariamente las leyes, creo que es necesario recordar la importancia del respeto al Estado de Derecho”
• “Dialogamos dentro del Derecho.”
• “La Unión Europea no tiene una policía que tenga que ejecutar las decisiones judiciales. No es necesario. Cuando el Tribunal de Justicia dicta una sentencia, se aplica y punto.”
• “los Tratados se pueden cambiar……Pero, mientras el Derecho no se cambie, su respeto no es una opción: es una obligación.”
• “defender nuestra unidad dentro de la diversidad, nos hace más fuertes.”
• “Hay algunos en Europa, populistas y nacionalistas, que gastan esfuerzos y recursos en separarnos. Mejor harían en trabajar por la concordia.”
En resumen, no hay otro camino que someterse al Estado de Derecho y respetar las normas que nos hemos dado entre todos para la convivencia y un proyecto en común donde se avanza hacia la integración y no hacia la disgregación y vuelta a las fronteras. El respeto a la legalidad no es una opción sino una obligación. El desafío de secesión de Cataluña es inaceptable. Cataluña es y será una parte esencial de la España del siglo XXI.
Creo que se puede decir más alto, pero no más claro. Este es el camino que el Gobierno de España debe seguir en defensa de la legalidad constitucional repetidamente despreciada y violada por los golpistas dirigentes de la comunidad autónoma de Cataluña. Hoy, por fin, se celebra el Consejo de Ministros extraordinario donde se decidirá la remisión al Senado de las medidas acordadas entre las fuerzas constitucionalistas avaladas por el artículo 155 de la Constitución. Es de suponer que esta acción va a provocar una reacción inmediata de los golpistas en su escalada de sedición haciendo una declaración formal de independencia quizás hoy mismo, o mañana con toda solemnidad por el Gobierno de la Generalidad, rememorando aquella balconada protagonizada en 1934 por el entonces Gobierno de Companys. Hay que tener en cuenta que esa ley del referéndum que los golpistas siguen considerando a pesar de haber sido suspendida y anulada por el Tribunal Constitucional, no recoge la obligatoriedad de someter la declaración a probación del Parlamento de Cataluña. Basta con que el presidente Carles Puigdemont revoque la suspensión y la proclame.
Extraña en este momento el que el Ministro portavoz del Gobierno Méndez de Vigo, tras el Consejo de Ministros ordinario celebrado ayer, usase la semántica para matizar la diferencia entre suspensión e intervención. Es evidente que la autonomía no se va a suspender sino solo se va a intervenir de forma selectiva y limitada algunas de sus competencias. Y esto pasa necesariamente por “apartar” de sus cargos a los actuales responsables, incluyendo al Gobierno golpista. Pero en lo que no estoy de acuerdo con Mariano Rajoy es en que, como consecuencia de la aplicación del 155 no va a haber reacciones y algaradas promovidas por las actuales autoridades golpistas que requieran el uso de la fuerza para devolver la normalidad y defender los derechos de todos los ciudadanos catalanes. A pesar de que lo que pide a los líderes independentistas es “responsabilidad para no agitar la calle y generar problemas de orden público”.
La realidad es que la intervención proporcional y selectiva no deja de ser una suspensión temporal de las competencias autonómicas y su control por el Estado, que solo acabará cuando se recupere la legalidad democrática y los nuevos líderes elegidos democráticamente acaten el Estado de Derecho como base para plantear y debatir sus reivindicaciones que, en ningún caso, pueden seguir pretendiendo la disgregación de España. Y eso me lleva a que en ese Estado de Derecho no tienen cabida partidos que pretenden precisamente destruirlo para imponer el suyo propio. Los partidos que aspiran a la independencia deberían ser ilegalizados en el actual sistema democrático. Reformar la Constitución es admisible e incluso necesario pero solo para mejorarla en cuanto a hacer realidad las bases democráticas de la igualdad entre todos los españoles.
Rajoy abandona el no ser
LUCÍA MÉNDEZ El Mundo 21 Octubre 2017
Mariano Rajoy desaparecerá hoy de sí mismo. Romperá con su pasado. Renunciará a su propia esencia política, consistente en no ser, no hacer, no emprender, no inventar, no molestar, no obrar, no decidir, no moverse del sitio. Rajoy dejará de ser ese líder político que ama el poder sin ruido y lo ejerce sin sobresaltos. El mando sin estridencias. La Presidencia discreta. La Moncloa invisible.
Rajoy se abandonará a sí mismo al convertirse en lo que nunca quiso ser. El presidente del Gobierno español que tomó la decisión más traumática de los últimos 40 años: tomar el mando de la autonomía catalana. La historia le ha jugado esta mala pasada. Precisamente a él, que nunca tuvo la más mínima intención de pasar a la historia. Y además con rima. Adolfo Suárez restauró en la persona de Tarradellas el autogobierno catalán justamente por estos días en 1977. Mariano Rajoy arrebatará hoy el autogobierno catalán a los rebeldes fuera de la ley para ponerlo en manos de los funcionarios del Estado central. No enviará tanques -como en el año 34- sino subsecretarios.
Rajoy lleva la máscara del mando tan bien ceñida, que apenas se distingue de su propio cuerpo. Por eso no hemos podido apreciar señales de congoja, preocupación, alarma, inquietud o zozobra en sus apariciones públicas. Es muy posible que ni siquiera en sus apariciones privadas. Sin embargo, su agenda traiciona a la máscara. Cualquiera que haya atravesado por una situación dramática en la vida, sabe que en los peores momentos, las personas sienten la necesidad de hacer cosas para espantar el pensamiento circular obsesivo. Ordenar armarios, ir de compras, archivar documentos, adecentar el despacho, hacer limpieza. Cualquier cosa que suponga estar ocupado.
Los presidentes tienen posibilidades de evasión más sofisticadas. Pueden, por ejemplo, asistir a la entrega de los premios Princesa de Asturias. Eso es precisamente lo que hizo Mariano Rajoy en vísperas del acontecimiento dramático de su mandato. En sus cinco años como jefe de Gobierno, nunca había acudido a esta cita.
No es la primera vez que Rajoy se evade de sí mismo rodeado de gente. En junio de 2012, tras anunciar el rescate bancario, se fue al fútbol a Polonia, donde jugaba la selección. Y la víspera del 1-O por la noche estuvo de boda. Velando la batalla del Estado.
Frente al chantaje y la cobardía, firmeza del Estado
Gonzalo Duñaiturria okdiario 21 Octubre 2017
El delito continuo que se está cometiendo en el llamado procés se encuentra trufado, lleno de inadmisibles y vergonzosas actitudes chantajistas, mafiosas y cobardes. Carlos Puigdemont a la cabeza, arropado por una caterva que sin complejos debe ser procesada y condenada de inmediato, se ha instalado sin remisión en un conjunto de delitos que copan la mitad de nuestro Código Penal. Los constantes desmanes que llevamos contemplando desde hace demasiado tiempo protagonizados no solo por Puigdemont, Junqueras o Romeva, sino por Forcadell, Trapero, los llamados Jordis y centenares de alcaldes subidos al lomo de una clara sedición, no solo demuestra que parte de una Cataluña enferma se encuentra en manos de unos forajidos a los que es obligatorio, como mínimo, inhabilitar, sino que retrata de igual forma a los que solo miran el problema de refilón por pueriles intereses políticos o lo que es peor, por sus ortodoxas y decrépitas mentalidades guerracivilistas donde todo vale “contra la derecha”.
Pero esa desvergüenza arrogante, tanto de los autores como de sus cómplices y encubridores, es producto de la tibieza mostrada en muchos casos por nuestra actual clase política. Y digo bien, tibieza y complejo que llega hasta tal punto de no querer nombrar un artículo de la Constitución, el 155, por miedo, del mismo modo y con el mismo miedo que Zapatero tuvo al no pronunciar jamás la palabra “crisis” aún metidos hasta la médula en el fango. Parece olvidarse que Puigdemont expone de forma descarada sus auténticos propósitos. Sin duda de forma taimada, ladina, sin clase ni inteligencia suficiente para denominarla sagaz, hasta llegar a permitirse de forma infame emplazar al presidente del Gobierno a una reunión de igual a igual. Qué vergüenza y qué deshonor.
Señor presidente del Gobierno de España, menos misivas, menos plazos, menos “segundas o terceras oportunidades”. Menos oxígeno hacia los que no cumplen la ley y quieren destruir España. La ley, toda la fuerza de la ley hacia unos presuntos delincuentes. Junto con ello, corte de raíz ciertas actitudes y soflamas que parten de algunos de sus consiliarios cuando, por inaudito que parezca, todavía sostienen que si quienes se apartan de la ley y delinquen “vuelven a la ley”, se abriría la posibilidad de una negociación y salida política a esta afrenta. Señor Rajoy, señor. Zoido, los peligrosos no son los centenares de valientes ciudadanos que acudieron a las puertas de los cuarteles y comisarías a despedir a nuestros Guardias y Policías. Se debería haber reaccionado de una manera más contundente, sin duda. Pero que nuestros gobernantes no sigan en el empecinamiento del complejo cobarde. La responsabilidad es suya. La responsabilidad de no cerrar en falso el problema les compete a ellos y estamos ante una oportunidad histórica de desmantelar las amenazas, los mitos y las leyendas impostadas de una minoría. Frente a actitudes delincuenciales es la hora de la grandeza de la política, si bien contemplando a la oposición, mal cesto podremos hacer con semejantes mimbres. Que no pase a la historia un problema que solo trató de cerrar de forma tajante el Rey.
Su mensaje firme, sin precedentes, directo pero sereno, llamando a las cosas por su nombre y definiendo la actual situación como de “extrema gravedad”, tuvo la contundencia y la claridad que requieren la actitud de un infecto soberanismo agazapado de forma cobarde en la burla a los principios básicos de un Estado de Derecho y que ha arrastrado a España en general y a Cataluña en particular a un callejón cuya única salida, frente al chantaje y la cobardía, se encuentra en la firmeza del Estado. Sin concesiones. Somos un Estado fuerte. Nuestros representantes políticos deben por ello actuar con fortaleza. Es su obligación. Porque como dijo Marco Anneo Lucano, poeta y orador de la Antigua Roma: “Ante el inminente peligro, la fortaleza es lo que cuenta”.
EDITORIAL El Mundo 21 Octubre 2017
Los días de titubeos, cálculos e inacción política tocan hoy a su fin. El Consejo de Ministros va a aprobar las medidas que remitirá al Senado para aplicar el artículo 155. Como dijo ayer Rajoy, "no puede haber una parte del país donde la ley no exista". Y es obligación de los poderes legítimos del Estado restaurar el orden constitucional en Cataluña y garantizar la convivencia de sus ciudadanos, quienes sufren ya las consecuencias del desastre al que algunos se empeñan en arrastrarlos.
Desechemos de una vez la burda propaganda. Con la activación del 155 ni se acaba con el autogobierno catalán -sino que precisamente se restaura, devolviendo la normalidad a unas instituciones secuestradas por el separatismo- ni bajará azufre del cielo para convertir Barcelona en Sarajevo. El inadmisible intento de secesión nos ha instalado en la excepcionalidad. Pero, llegados a este punto, el artículo 155 se inscribe en el mero ejercicio democrático regulado por nuestras leyes. Lo que hoy comienza es la oportunidad del Estado de derecho para coser una brecha en la convivencia que no dejaba de agrandarse.
Por ello, confiamos en que el Gobierno y los principales partidos constitucionalistas que lo apoyan no contemplen la activación del 155 como un instrumento meramente accidental, como un trance ingrato destinado en exclusiva a la convocatoria de unas elecciones autonómicas en Cataluña, y a ver si escampa. No: la aplicación tiene que ir acompañada de decisión política y protagonismo pedagógico. Se trata de reivindicar "el deseo sincero de convivencia y de entendimiento, en el respeto de las normas y de las reglas de la democracia", en palabras expresadas por el Rey en el sólido, pero también esperanzador, discurso que pronunció ayer durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias.
En coherencia con su mensaje a la Nación de principios de mes, Don Felipe insistió en el saludable orgullo de lo que representamos como españoles, que no es más que la enriquecedora voluntad de vivir juntos los distintos. Hizo hincapié en los muchos motivos que tenemos para renunciar de una vez a cualquier estúpido y trasnochado prejuicio ajeno a una patria común moderna, inspirada por los principios del liberalismo humanitario europeo, abierta, de ciudadanos iguales, en la que dentro de la ley tienen cabida todas las ideas, todas las discrepancias. Esa España del siglo XXI, "de la que Cataluña es y será una parte esencial", como subrayó el Rey, "debe basarse en una suma leal y solidaria de esfuerzos, de sentimientos, de afectos y de proyectos".
Mucho se ha echado de menos hasta ahora un verdadero liderazgo político que conciencie a los españoles de lo que supone el órdago independentista. Que a todos nos convoca e interpela. Que no es un problema que corresponde resolver únicamente a los políticos. El futuro democrático de España, el bienestar social, el mantenimiento del marco de libertades que con tanto esfuerzo hemos construido a lo largo de las últimas cuatro décadas conforman un patrimonio colectivo que a todos nos compete defender cuando vienen a robárnoslo. Sólo desde esa asunción de responsabilidades podemos luego exigir acierto a nuestros dirigentes.
No podemos resignarnos al fatalismo o la desafección. Los españoles tenemos derecho a mantener la aspiración de convivir, a seguir recorriendo el camino de progreso y libertad que ayer admiraron en Oviedo los máximos dirigentes de la Unión Europea. Para preservar que todos sigamos cabiendo en esta España se activa hoy el famoso artículo 155. Para nada más, para nada menos.
‘Catalonia es un fake’, por Kiko Méndez-Monasterio
Kiko Méndez-Monasterio gaceta.es 21 Octubre 2017
Inmersos en la fase epistolar de esta revolución naif y posmoderna, cualquiera concluye que sólo adquirirá un rasgo interesante si se torna becqueriana, o sea, convertida por fin en cartas desde la celda. Pero está tan ausente lo lírico como lo épico en el coso catalán, diseñado como espectáculo abstracto, donde a las palabras se les extirpa el significado para lanzarlas retorcidas a la jauría de las redes sociales o las tertulias. Los políticos que los partidos nos han dado (como penitencia no sé de qué) ignoran que cuando inutilizamos el abecedario solemos optar por formas más contundentes de comunicación. No es extraño, porque en realidad ellos lo ignoran todo.
Como fenómeno mediático, “Catalonia” es un reality que sigue las estructuras más reconocibles de la telebasura; como político, adopta formas revolucionarias -legalidad paralela, excitación de las turbas, propaganda de guerra-; y como cultural probablemente obedece a los cambios profundos que la posmodernidad tecnológica ha impreso, donde las transformaciones sociales se producen y se contabilizan en tiempo real a través de ese artefacto que aún llamamos teléfono.
Al proceso de las narices le ha hecho más daño Jaume Vives desde el balcón -ese hirsuto catalán que parece escapado de un cuadro de Ferrer Dalmau- que el conjunto de editoriales y discursos pronunciados hasta la fecha. Porque además siempre hay otra fecha, y luego suspensión, y luego otro plazo, en un constante cebo para el rebaño de la audiencia. Alguien escribía que Jaume Vives ha convertido a Manolo Escobar en canción protesta. Sí, eso y más. Su respuesta ha ocupado el espacio que ha dejado en Barcelona la deserción del gobierno, que sigue atrincherado en el palacio de la delegación, mientras los policías y los guardias que lo custodian duermen en lo más parecido a penitenciarías flotantes. A ellos, guardias, policías y jaumes, sólo les queda el discurso olvidado del rey, el aplauso espontáneo que todavía resuena en las redes, y la bandera ondeando en las fachadas. Pudiera parecer que es poco, pero hasta el momento es el único fenómeno que no estaba en el guión, lo único auténtico, y probablemente también lo único capaz de aportar la épica necesaria para superar este mediterráneo de falsedades que ha convertido Cataluña en un fake.
Fernando Díaz Villanueva vozpopuli.es 21 Octubre 2017
Hasta hace no muchos años a la actual etapa de la historia de España la conocíamos como "la democracia". Así, sin más adornos. Se la llamaba democracia en contraposición a la dictadura de Franco, a la que se denominaba "la dictadura". Algunos incluso pensaban que esta era la primera democracia española y que, con la fugaz excepción de la segunda república, todo lo demás había sido una cadena de oprobiosas dictaduras impuestas por espadones sin alma.
Pero lo cierto es que el franquismo es una excepción en nuestros dos últimos siglos de historia. Si algo caracteriza a la historia contemporánea de España es precisamente su acendrado parlamentarismo. No es casual que el palacio de las Cortes se construyese al mismo tiempo que el portentoso edificio del parlamento de Westminster en Londres, y mucho antes que otras asambleas legislativas como el edificio del Reichstag alemán, que data de finales del siglo XIX. España fue de los primeros países de Europa en incorporarse a la fiebre parlamentaria que sucedió a las guerras napoleónicas, y el primero en adoptar una constitución tan avanzada que sirvió de inspiración a otros países durante décadas.
Cuando Franco se aupó al poder, España acumulaba más de un siglo de regímenes parlamentarios no muy diferentes a los de otras partes de Europa. Nuestros espadones, a diferencia de los hispanoamericanos, rara vez forjaron regímenes personalistas y, cuando lo intentaron, éstos fueron siempre breves e impopulares. El parlamentarismo, antecedente de las modernas democracias, es la tónica en la historia política de España de los siglos XIX y XX por más que muchos crean lo contrario.
La España actual no es una excepción a esta constante histórica. Nuestro sistema político, lo que antes llamábamos "la democracia" y ahora algunos han rebautizado como "régimen del 78", es no sólo equiparable con cualquiera de Europa, sino que puntúa mejor que la mayoría de ellos en el Democracy Index que el The Economist Intelligence Unit elabora cada año.
Es una democracia con muchos defectos, obviamente, y perfeccionable en unos cuantos puntos, pero eso no la invalida. Lo que ya es bueno se mejora, no se sustituye. El régimen del 78, con todas sus carencias y, especialmente, sus taras de nacimiento es hasta la fecha la mejor democracia de nuestra historia y, la miremos desde donde la miremos, la más inclusiva de todas. Ahí tenemos los últimos cuarenta años como demostración palpable. A los sistemas políticos, como a las personas o a cualquier colectivo, tenemos que juzgarlos por sus obras y no tanto por lo que sus enemigos digan de ellos.
La Restauración, por ejemplo, no goza de buena fama. Se habla de Alfonso XII o de la regencia de María Cristina de Habsburgo con sordina. Del reinado de Alfonso XIII cuesta encontrar una buena palabra. Pero si observamos aquella época con perspectiva, la que ahora tenemos porque se ha extinguido la memoria viva y es historia en estado puro, es fácil concluir que fue medio siglo de progreso tranquilo durante el cual el país evitó las guerras internas, se modernizó y se crearon instituciones y leyes que aún perduran. Y si perduran es porque nos han sido útiles.
De no haber padecido el ciclo espasmódico de la dictadura de Primo, la república, la guerra y el franquismo, ese régimen de 1876 hubiese devenido en algo similar a lo que tenemos. Más o menos como Inglaterra, país al que admiramos por su estabilidad y culto a la democracia pero que nos inspira y nos repele a partes y iguales. El Reino Unido nunca ha roto con su pasado, ha sabido reinventarse sobre él.
Reforma sí, pero, ¿qué reforma?
Ante la reforma constitucional que se nos viene encima deberíamos tenerlo muy presente. Aprendamos de nuestra propia historia, que está ahí como maestra para que extraigamos las enseñanzas oportunas. Las rupturas no nos han proporcionado más que disgustos, la evolución natural de las instituciones nos ha traído, en cambio, paz y prosperidad.
¿Qué reformas necesitaría el sistema para ponerse a punto y purgar en la medida de lo posible sus errores de concepción? La primera y fundamental seria la territorial, fuente de los aflicciones y mortificación continua desde el alumbramiento del régimen. Desde el 78 España es un Estado federal disfrazado de otra cosa. Quizá haya que quitarse ese disfraz de una vez por todas y convertir a las autonomías en pequeños Estados federados comos los cantones suizos, responsables del gasto, pero también de la recaudación. A ellos les funciona la mar de bien desde hace 600 años, ¿por qué no iba a funcionarnos a nosotros, un país montañoso, variopinto y, fruto de lo anterior, propenso al localismo?
Por traducirlo a términos que entendamos, sería algo así como extender a todo el país el sistema foral vasco-navarro. ¿O acaso Castilla, Cataluña o Galicia no tienen historia y en su momento no disfrutaron de sus respectivos fueros? Los detractores de ese sistema arguyen que va contra la solidaridad interregional, pero ésta, que es buena y necesaria en caso de catástrofe, genera incentivos perversos cuando se hace de oficio al tiempo que condena al atraso y la dependencia a regiones enteras del país.
Un Estado central pequeño con competencias muy limitadas pero intransferibles como la representación exterior, la defensa, la red nacional de carreteras y ferrocarril, las aduanas, el sistema eléctrico y poco más. Del resto se encargarían las comunidades como ya lo hacen, pero, eso sí, con autonomía fiscal plena en todos los impuestos.
¿Dónde está escrito que Extremadura tenga que ser eternamente pobre y dependiente de los subsidios? Con la reforma adecuada podría convertirse en una región competitiva a nivel nacional e internacional. Y eso sólo puede hacerlo atrayendo talento y empresas, no redistribuyendo las migajas de la solidaridad forzosa, que es lo que se ha hecho hasta ahora. Ídem con las dos Castillas o con Aragón. El régimen del 78 les hurta la posibilidad de competir y les condena a la penuria y la despoblación.
Si se supiese dar salida al problema territorial se habría hecho medio camino, el otro medio se recorrería solo. El exceso de políticos y burócratas que padecemos, consecuencia de una barra libre concebida para que se multipliquen como setas sin tener que rendir cuentas a la hora de recaudar, remitiría. Y con él la infinidad de problemas que entre ambos han creado a lo largo de los últimos cuarenta años.
José Carlos Rodríguez vozpopuli.es 21 Octubre 2017
La Declaración de Independenciade Cataluña tendrá efectos políticos de enorme calado. Por fin, a España no le va a conocer ni la madre que le parió, como dijo en su momento Alfonso Guerra. Algunos pueden ser muy contradictorios. Los nacionalistas, ahora, buscan crear su republiquita para robar sin la amenaza de represión por las leyes españolas. Pero mayoritariamente se ha buscado dirigir, o influir, en la dirección de la política desde Barcelona. Ahora, ¿cuál va a ser la capacidad de influencia de unos grupos políticos golpistas en Madrit? Ni la mendaz admiración del resto de España por los nacionalistas catalanes será suficiente para redimirles.
Ese no será el principal cambio político, claro está. El sistema político español, y la propia sociedad, ha dejado que la bola de nieve nacionalista siga aumentando de peso y velocidad a cada paso, hasta arrollarlo todo. Se les ha permitido declararse como nación ya con Jordi Pujol. Se les ha permitido programar nacionalistas en las escuelas y en los medios de comunicación. Se les ha permitido violentar abierta y sistemáticamente la ley, siempre para el avance de su proyecto político. Y la única respuesta del Estado ha sido una imprudente retirada. La declaración de independencia es un corolario no sólo previsible, sino inevitable.
La aplicación del 155 lo cambia todo. Acaba con el espectáculo de los nacionalistas dando pasos adelante, pero nunca atrás. Sienta un precedente que es igual de válido para el País Vasco, para Galicia, para Baleares, para Valencia, para Canarias. Impide desconocer los mecanismos de destrucción de la convivencia y de fomento del odio a España, que sólo son posibles vulnerando, además, la libertad de los ciudadanos. No es casualidad el hecho de que, por vez primera, se hable en el Congreso del adoctrinamiento nacionalista en las escuelas. Hace visible al Estado a millones, sí, millones de ciudadanos que se sienten desamparados sólo por reconocerse españoles en España. Todo este proceso, además, ha fortalecido la figura del Rey y le ha dado muchos españoles la oportunidad para quitarse el complejo de serlo.
Todo ello son malas noticias para Podemos. Este es, también, otro de los cambios políticos de calado que va a vivir España, y en un plazo relativamente breve. La crisis del intento de secesión catalana era la ocasión perfecta para la estrategia leninista de Pablo Iglesias, que he explicado en estas páginas. Como Lenin con Finlandia, Iglesias y su banda han apoyado la secesión de Cataluña porque al hacerlo todo salta por los aires. La Constitución, las leyes, la convivencia, todo. Y en una situación así es más fácil encontrar una vía alternativa para la constitución de una República que, como ellos mismos dicen, enganche la historia de lo que quede de España con la Segunda.
Pablo Iglesias, cuando hablaba ante los suyos, cuando hablaba sin mentir, dijo: “La identidad España, para la izquierda, una vez que terminó la Guerra Civil, está perdida. No sirve para hacer política en Cataluña, en Galicia y en el País vasco, y es un agregador con el que gana la derecha”. Y por si no quedara suficientemente clara su idea, terminó aquél seminario en la Universidad de La Coruña, en septiembre de 2013, diciendo: “La respuesta es que no hay nada que hacer; perdimos la guerra”. Esta idea es clave. España, la vieja España, es una realidad histórica que nos une como sociedad. Y todo lo que nos fortalezca, todo lo que nos una, todo lo que suponga una oportunidad de avance por medios pacíficos, supone un obstáculo para los planes de Iglesias et al.
Esta es la oportunidad de los nacionalistas catalanes. Tienen que ganar la batalla y lograr que Cataluña sea independiente. Si no lo hacen, y no lo harán, habrán arruinado su futuro político. Lo mismo se puede decir de Podemos. Ya va cayendo en las encuestas. Y es sólo el comienzo de una carrera hacia la irrelevancia política del PCE en la democracia española.
LOS INTELECTUALES Y ESPAÑAGABRIEL ALBIAC
"Si el Gobierno persevera en su ignorancia, tiene la batalla perdida"
FERNANDO PALMERO El Mundo 21 Octubre 2017
"El sentido, pues sería la clave: la fijación de finalidades que la nación materializa y en función de cuya preeminencia todo sacrificio es exigible". De esta forma precisa define Gabriel Albiac el nacionalismo en su Diccionario de adioses (Seix Barral, 2005). Y advierte sobre su naturaleza destructora: "La gran carnicería colectiva en que se mutó la antigua Yugoslavia no es más que un paradigma de laboratorio de lo que, en otros espacios geográficos, emerge bajo escenografías menos cruentas; por el momento. La certeza, elemental en sus convicciones, de políticos que enarbolan la identidad de sangre y lengua, como fe última e incuestionable teología, se ha convertido en la pesadilla inaugural del siglo". Religión laica, por tanto, que transforma variedades culturales (sangre, tierra y lengua) en identidades de guerra (todas lo son, dirá Albiac) que comparten "imprecisas fronteras con el fascismo".
¿Cómo interpreta la actitud de los empresarios?
La tesis clave de todo el pensamiento de Carl Schmitt es que para formar la identidad de una nación, basta con inventarse a un enemigo. Da igual que exista o que no exista. Lo que el nacionalismo hace en el periodo de entreguerras, exactamente igual que ahora, es configurar un enemigo, y el enemigo es la España que, fórmula afortunadísima de uno de los grandes publicistas del independentismo, no hace otra cosa que robarnos, España es un inmenso parásito que vive a costa de lo que chupa a Cataluña. Los altos dirigentes de La Caixa saben que eso es falso porque ellos viven de la clientela española; los grandes empresarios comerciales lo saben también porque sus productos se venden principalmente en España. Todo el gran capital sabe que eso es una majadería y que si se aplicase sería para ellos la catástrofe completa, pero les interesa desarrollar una bolsa de rechazo contra España a la sombra de la cuál piensan poder obtener unas situaciones fiscales mucho más favorables de las que tienen. Sin embargo, en un momento determinado se encuentran con que eso ya no lo pueden controlar. Y es el momento en el que empieza a producirse la gran fuga de empresas, como se intentó producir en los años 30 en Alemania. Pero ya con el nazismo en el poder si te intentabas marchar te fusilaban. Afortunadamente no es el caso, por el momento, en Cataluña.
¿Qué le parece la respuesta de Europa?
Muy tibia. Pero eso sí que forma parte de las mitologías europeas. Europa es una entidad marcada por la voluntad de suicidio desde 1914, y después de la Segunda Guerra Mundial, es como si no quisiese ya seguir viviendo. Europa no ha tenido capacidad de autodefensa y tiene plena consciencia de que no ha hecho nada para sobrevivir, que se ha salvado por la cabezonería de un político conservador, Churchill, y por la intervención de eso que los europeos han odiado siempre por encima de todas las cosas: el malvado imperialismo yanqui. Durante la Guerra Fría, Europa fue el escaparate frente a la URSS y al bloque del Este, por lo tanto había que plantearla desde el punto de vista de la guerra propagandística, de la guerra simbólica. Finalizada ésta, Europa se encuentra con que no produce nada y que tiene unos niveles de vida disparatadamente elevados. Si se cree que puede seguir viviendo 10 veces mejor que el resto del planeta y 2.000 veces mejor que los que están del otro lado del Mediterráneo y que lo puede mantener sin un ejército, allá ella.
¿En qué medida el populismo de Podemos es heredero de los gobiernos de Zapatero?
Rodríguez Zapatero ha sido el mayor imbécil de la política española, utilizo el término imbécil en su sentido etimológico, débil. Es un viejo dilema que se estudia en teoría política: ¿Qué es peor a efectos de gobierno, un malo o un tonto? Éticamente tenderíamos a decir que un malo, pero desde el punto de vista de los efectos materiales de un país, no hay nada peor que la estupidez, y la estupidez de Zapatero fue el origen de todo lo que vino a continuación. Lo fascinante es que grupos como estos chicos de Podemos que se presentan a sí mismos como la forma hipermoderna de la vieja izquierda revolucionaria, busquen la identificación en Cristina Kirchner, por un lado, y por otro, en la prolongación del peronismo en Venezuela, es decir, en movimientos abierta, descarada, explícita, inocultablemente fascistas. Creo que es un grave error hablar de Podemos como una organización comunista. No, Podemos es una organización fascista clásica.
¿Cómo se explica que surjan de la Universidad?
El destino del 80% de los alumnos de la Facultad de Filosofía o de Políticas, que es donde surgen, es estar allí para acabar la carrera y seguir viviendo a costa de sus padres. Es una tragedia. Y esto crea un estado de desequilibrio mental extremo. Por tanto, la posibilidad de ofrecer a estos chavales una nueva sacralidad, un universo sacramental que los libere, es tentadora. Estos de Podemos utilizan la vieja jerga religiosa y evangélica (el asalto a los cielos, el hombre nuevo...), hablan como San Pablo, literalmente y cuando lo que tú tienes delante es gente muy desesperada, funciona. Igual que funcionó en los años 30. Toda la Universidad alemana fue nazi, desde los profesores más brillantes hasta los alumnos más preparados.
¿La situación de la Universidad es por Bolonia?
No. Bolonia certifica la muerte de una universidad que ya estaba muerta. La gran enseñanza media, que fue la gloria de Europa, ha desaparecido. Por múltiples motivos, que van desde la masificación de los centros hasta la pérdida de homogeneidad del alumnado. Así, todo el sistema escolar ha descendido un escalón, es como si se estuviera pasando directamente de la primaria a la Universidad. Por tanto, lo que debemos hacer es bajar un escalón la universidad y convertirla en la enseñanza media que ya no existe. Naturalmente los países más sensatos lo que hacen es, en paralelo, mantener el sistema de centros élite. El caso francés es el más descarado. Allí, el deterioro de las grandes universidades ha sido igual pero cuentan con esa alternativa que mantiene todavía al alto funcionariado del Estado.
Su última novela está construida en torno al 11-M, ¿qué significó ese atentado?
El 11-M cierra el ciclo que se inicia en 1975. Es decir, cierra el ciclo de la Transición y lo cierra con una derrota de tales dimensiones que ni siquiera se puede verbalizar. Y eso distingue esencialmente la peculiaridad española de la de cualquier otro país. El bárbaro de Iglesias, que se ha gloriado tanto de decir que él fue el que organizó los ataques contra las sedes del PP después de los atentados, lo ha dicho con más claridad que nadie: no, no, miren, en realidad tenemos que entender que nuestro enemigo es España, España es una cosa inventada por el franquismo, tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, por lo tanto, España es algo que ya no puede ser utilizado para nada. Lo que en ese momento triunfa en las calles es la idea de que hemos sido masacrados porque somos una cosa odiosa llamada España y eso, exactamente eso, es lo que une a un Iglesias con las variedades más locas del independentismo. El triunfo más espantoso y más perenne del franquismo es que cada uno de nosotros tiene que hacer un esfuerzo para decir España sin temer estar diciendo franquismo. La canallada mayor de la dictadura fue aprovecharse del significante España. Y los de Podemos deberían estar libres de eso. Para mí y para los de mi edad, decir España implicaba pararte, meditar y decir con toda seriedad: digo España a pesar del franquismo. Estos no tendrían ni que hacer esa cautela. Digo España porque ya sólo un gilipollas puede pensar que España es el franquismo. Bueno, pues esos gilipollas son ellos.
En Alá en París (Confluencias, 2016) advertía del peligro que para Europa representa el yihadismo, ¿qué consecuencias tendrá la caída de Raqqa?
A medio plazo eso repercutirá en una pérdida de capacidad técnica y logística del Estado Islámico (IS). Ante su pérdida de influencia, es probable que la guerra de Siria se desplace hacia Libia, donde una parte del IS se va a instalar porque aquello es, en estos momentos, el caos. A corto plazo, sin embargo, los militantes islamistas que logren escapar y regresen a Europa, principalmente a Francia, serán incontrolables. Habrá muchos atentados en los próximos años y pagaremos un precio muy alto.
Has pasado los últimos cinco años reactualizando a Pascal para una edición completa y bilingüe de los Pensamientos que saldrá en unos meses en Tecnos. ¿Qué tiene de actual Pascal y todo el siglo XVII?
El descubrimiento del siglo XVII, de personajes tan ocultos como Spinoza, Pascal o los libertinos, viene para los de mi edad ligado a una experiencia política y a la necesidad de dar razón de esa experiencia política personal. Tras la monstruosidad completamente inaceptable que fue la URSS, Althusser propone una tesis básica que es la que todos nos lanzamos a desarrollar: esto ha sido el resultado de proyectar sobre Marx la concepción de la Historia hegeliana. Es decir, la idea de que la Historia avanza implacablemente por el sentido bueno, que hay un sentido de la historia y una finalidad de la historia. El retorno al XVII, sin embargo, nos permite decir algo esencial que Spinoza es el que lo formula de manera más clara: todos los autoengaños, todos los errores, todas las mentiras que se producen en las cabezas de los hombres lo hacen a partir de una sola mentira básica: la de que existe el sentido, la de que existe la finalidad, porque si existe el sentido y la finalidad, todo está justificado, tanto la matanza de seis millones de judíos como los veintitantos millones exterminados por Stalin. En cuanto a Pascal, sus manuscritos los publica Pierre Nicole, que es el autor de un libro extraordinario sobre el teatro, en el que analiza el espacio escénico como el espacio de la corrupción de las almas. La polémica con Racine es terrible, porque Nicole dice que un poeta teatral no es más que un envenenador de las almas, así que será mejor poeta teatral cuanto mejor las envenene. A ese envenenador de almas llamamos hoy político.
Liberalismo de estrambote
El Club de los Viernes Libertad Digital 21 Octubre 2017
Nada hay más lesivo para una idea, o para una filosofía vital, que caer en el ridículo. El ridículo hace que toda idea que cae en él, por acertada que sea en su base, por moralmente elevados que sean sus objetivos, por muy ciertos que sean los postulados de los que parta o las conclusiones a las que llegue, sea desechada por la sociedad de forma rápida y acrítica.
El liberalismo es un camino. Un camino que debe transitarse de forma coherente con la realidad político-social en la que vive la sociedad que se pretende mejorar. Porque la realidad político-social, nos guste o no, existe; y el objetivo del liberalismo no es, no debe ser, crear de la nada un hombre nuevo en una sociedad nueva. Eso se lo dejamos al marxismo y a sus derivados.
La defensa del derecho a la libertad política de las distintas comunidades humanas, sean estas las que sean y tengan el tamaño que tengan, no puede defenderse desde una posición descontextualizada. La defensa que en estos días vemos por parte de algunas figuras del liberalismo patrio del derecho a la autodeterminación política de cualquier comunidad humana, llámese administrativamente comunidad autónoma, provincia, municipio, ciudad o barrio, olvida que no se puede pedir lo máximo si no está garantizado lo mínimo. Olvida que solo los hombres libres pueden decidir en libertad. Olvida que una persona sometida a un severo adoctrinamiento ideológico, privada parcialmente de sus derechos civiles, sometida sistemáticamente a represión financiera sobre sus bienes y propiedades, despojada de la libertad de educación, no es libre. Olvida en definitiva que hoy, en España, los mayores atentados contra las libertades civiles se desarrollan en muchos casos bajo el poder de gobiernos autonómicos. Así pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar una nación y perder sus libertades?, ¿de qué vale ganar una supuesta libertad política si con ella se profundizaría en la pérdida de muchas otras libertades civiles?, ¿acaso puede un pueblo ser más libre siéndolo menos los individuos que lo forman?
Aseguremos primero las libertades básicas en toda España y después que cada uno defienda, como hombre libre, sus ideas nacionales. No alentemos desde un liberalismo de salón ideas irrealizables hoy en día. No intentemos dar soporte ideológico desde el liberalismo a movimientos políticos que solo conducirán, en las actuales circunstancias, a una pérdida evidente de libertades. Porque si, tras una declaración de independencia, existe un evidente panorama de pérdida de libertades educativas (adoctrinamiento nacionalista exacerbado), lingüísticas, financieras (corralito), de movimientos (fronteras), etc., ¿de qué vale postular, en este contexto, que existe un supuesto derecho de autodeterminación política, y que este supuesto derecho debe ser defendido y amparado desde posiciones liberales? En realidad, la respuesta a estas cuestiones es que sirve para caer en un ridículo del que será muy difícil salir, y lo que menos necesita el liberalismo hoy en día es ser catalogado como una ideología ridícula, alejada de la realidad y solo apta para elucubraciones teóricas. Bastante dura es ya la batalla ideológica que hoy venimos dando desde posiciones liberales; no nos lo pongamos más difícil.
España necesita hoy, como siempre, desarrollar una serie de reformas encaminadas hacia una mayor libertad individual en todos los ámbitos, y en esa labor debe centrar el liberalismo sus esfuerzos, pero sin perder nunca de vista que la casa de la libertad debe edificarse sobre los sólidos pilares de las libertades individuales. Porque el liberalismo político debe tener unas bases sólidas si pretende no degenerar en una vaga colección de ideas estrambóticas que puedan ser usadas posteriormente por advenedizos políticos. En este caso, el liberalismo político, haciendo nuestras las palabras del evangelista (Lucas 6:48), debería ser "semejante a un hombre que al edificar una casa cavó hondo y echó cimiento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el torrente dio con fuerza contra aquella casa, pero no pudo moverla porque había sido construida sobre roca". Desde una perspectiva liberal, la roca sobre la que debemos basar siempre cualquier construcción política es la defensa irrenunciable y primaria de los derechos individuales básicos de todo hombre. Será esta roca firme la que pondrá a salvo cualquier construcción político-social de los torrentes de naturaleza estatalista y populista que constantemente amenazan y amenazarán nuestra convivencia.
El daño que se hace al liberalismo hoy, en España, defendiendo supuestos derechos políticos a nivel de comunidad autónoma, a sabiendas de que tras ello vendrá la vulneración de derechos mucho más fundamentales, y en cualquier caso previos, es inmenso. Porque, como dice la conocida frase atribuida a Juan Domingo Perón, "de todos lados se vuelve, menos del ridículo".
Guardias civiles y policías ya pueden denunciar ante Educación el acoso a sus hijos en aulas catalanas
OKDIARIO 21 Octubre 2017
El Mando de Información, Investigación y Ciberdelincuencia ha enviado a la Zona de Cataluña una comunicación, a la que ha tenido acceso Europa Press, en la que informa de que tanto los guardias civiles como los policías naciones pueden tramitar desde esa cuenta de correo sus denuncias sobre “incidentes de alumnos de hijos de miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado”.
En el escrito, fechado el 17 de octubre, se informa de que un funcionario de la Alta Inspección de Educación se ha dirigido a la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil para explicar que se ha constituido “una oficina central de recepción de toda la información” relativa a este tipo de incidentes.
El informe de la Guardia Civil recuerda que la Alta Inspección vela por la observancia de los principios y normas constitucionales de acuerdo al artículo 27 de la Carta Magna. También vigila el cumplimiento de las condiciones básicas que garanticen la igualdad de todos los españoles en el ejercicio de derechos y deberes en materia de educación, así como sus derechos lingüísticos.
La Delegación del Gobierno de Cataluña gestiona otro correo electrónico en el que recibe las denuncias de casos de acoso u hostigamiento en centros educativos contra quienes se muestran contrarios al independentismo o no quisieron participar en actos de apoyo al referéndum ilegal del 1 de octubre.
Por comparación, los atentados del 17-A supusieron un desplome puntual del 5%.
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 21 Octubre 2017
El año 2017 estaba siendo un buen año para el sector hotelero de Cataluña. Según la Encuesta de Clima Turístico Empresarial que elabora EXCELTUR, el 55% de los hoteles esperaban que la ocupación aumentase en la segunda mitad del año, frente a un 29% de los establecimientos que veía posible repetir los números de 2016.
Los atentados del 17 de agosto en Las Ramblas tuvieron un impacto negativo en el 42% de las empresas turísticas. Pese a este golpe, el 77% de las caídas fueron inferiores al 5%. De hecho, tres de cada cuatro negocios que reconocieron un cambio a peor en los días que siguieron a los ataques manifestaron que la caída había quedado atrás en apenas unas semanas.
Pero esa tendencia se ha roto en los meses de septiembre y octubre. De hecho, a raíz del referéndum ilegal de independencia que tuvo lugar el pasado 1 de octubre, EXCELTUR ha detectado una preocupante tendencia en el sector hotelero catalán. De momento, Cataluña ha experimentado un desplome del 20% en las reservas turísticas. Peor aún, se espera una caída adicional de 10 puntos porcentuales, hasta llegar a un descenso del 30%.
Un desplome de 1.796 millones
Según el informe de la Alianza para la Excelencia Turística, al que ha tenido acceso Libre Mercado, la caída esperada para el cuarto trimestre del año afecta principalmente a la provincia de Barcelona. En suma, el golpe al turismo que se deriva de la inestabilidad política supone un descenso del volumen de negocio que puede llegar a los 1.796 millones de euros.
"El deterioro económico es impredecible y los efectos inducidos son muy negativos para un sector que constituye la principal actividad económica de Cataluña y que da trabajo a más de 405.000 personas", apunta el informe de EXCELTUR. Un auténtico aviso a navegantes, que pone de manifiesto el peligro para el empleo que supone el desafío independentista.
Analizando la situación en clave nacional, el documento explica que "la creciente inestabilidad derivada del 1-O afecta sólo a la demanda turística de Cataluña, pero el peso de esta comunidad autónoma sobre el conjunto del sector turístico español implica que el descenso del 20% que ya se ha constatado puede reducir un punto al aumento interanual del PIB turístico español. En consecuencia, el avance en 2017 sería del 3,1% frente al 4,1% que estaba proyectado".
Reunión con Ada Colau
El pasado 17 de octubre, el Ayuntamiento de Barcelona acogió un encuentro entre el equipo de gobierno municipal y diversos representantes del tejido productivo de la Ciudad Condal. Según las cifras que manejan los empresarios de la restauración y el turismo, la caída de la actividad oscila entre el 30% y el 40%. Durante el encuentro, diversos gremios expusieron a la alcaldesa Ada Colau el profundo golpe que están sufriendo sus ventas.
El islam llega a las escuelas valencianas, donde se enseñará durante el curso 2018-2019
Redacción IslamWatch.eu lagaceta.eu 21 Octubre 2017
La islamización de Europa también avanza en España. Será a partir del próximo curso cuando algunos colegios valencianos enseñen el Islam tras la petición de los dirigentes de la comunidad islámica.
Estos han solicitado al Consell el desarrollo del convenio firmado en 1996 para la enseñanza de esa religión en los centros escolares de la Comunidad Valenciana.
Tras hablar directamente con los dirigentes islámicos de la Comunidad Valenciana, el Consell ha acordado su aplicación durante el curso próximo (2018-2019) en algunos centros de la Comunidad Valenciana, por lo que dentro de unos meses, comenzará la islamización de la educación valenciana.
Joan Calabuig, delegado del Consell para la Unión Europea y relaciones externas, y el secretario autonómico de Educación, Miquel Soler, mantuvieron varias reuniones con representantes de las comunidades islámicas con el fin de analizar la enseñanza del Islam a los estudiantes valencianos.
Los representantes islámicos que acudieron a las reuniones fueron Ihab Fahmy, presidente de las Comunidades Islámicas de la Comunidad Valenciana, Saied Ratbi, delegado de la Comisión Islámica de España para la Comunidad Valenciana, y Abdul Yahmour, presidente de la Comunidad Islámica de Valencia.
Puigdemont, Otegi e Iglesias, unidos contra la democracia
Isabel San Sebastián ABC 21 Octubre 2017
A mediados de los noventa, cuando ETA lanzó su campaña de «socialización del terror», consistente en asesinar selectivamente a políticos o periodistas opuestos a sus pretensiones, se hizo célebre un grupo de dirigentes peneuvistas designados por el partido para mantener un contacto permanente con los terroristas, por supuesto en secreto. Durante años, mientras el PNV condenaba oficialmente los atentados, ellos celebraron reuniones periódicas con diversos cabecillas de la banda, en el transcurso de las cuales debatían amigablemente sobre el mejor modo de alcanzar la meta ansiada por todos ellos: la independencia del País Vasco. Se trataba de Joseba Egibar, Gorka Agirre y Juan María Ollora, integrantes del conocido como «trío de la bencina». Al último de estos personajes debemos ese eufemismo, tan falsario como extendido en nuestros días, recogido en la expresión «derecho a decidir». Los hijos políticos de Sabino Arana pensaban que la denominación original «derecho de autodeterminación» evocaba reminiscencias marxistas que podían resultar inquietantes para su electorado. De ahí que Ollora acuñara la expresión «ámbito vasco de decisión», definida por él mismo en estos términos: «El respeto por los demás ámbitos de lo que la sociedad vasca decida democrática y pacíficamente». Dicho de otro modo; si los pistoleros dejaban de matar, el conjunto de los españoles deberíamos acatar sin discutir la decisión de los vascos respecto de nuestro futuro común, prescindiendo de la Constitución, la soberanía nacional, el ordenamiento jurídico y demás «minucias» constitutivas de un Estado de Derecho. Transcurridas dos décadas, la ocurrencia lingüística de Ollora hace furor entre todos los interesados en destruir España.
Traigo a colación este recordatorio porque las cosas, en política, nunca ocurren por casualidad sino respondiendo a una causalidad que conviene conocer. ¿Quién está en el origen de ese presunto «derecho a decidir» invocado por los separatistas catalanes como argumento de fuerza para perpetrar su golpe a la legalidad democrática? Un nacionalista vasco interlocutor habitual de ETA. ¿Quiénes apoyan política y mediáticamente a esos golpistas, otorgando legitimidad a un supuesto «derecho» inexistente en la legislación supranacional y carente del menor fundamento histórico-jurídico? Los populistas de Podemos. Y Bildu/Batasuna, desde luego. Ellos cierran el círculo.
La foto nos muestra a Carles Puigdemont, Arnaldo Otegi y Pablo Iglesias exhibiendo los mismos carteles-trampa en demanda de libertad para dos delincuentes comunes (nada de «presos políticos») acusados de sedición por una magistrada independiente de la Audiencia Nacional. En segundo plano, entre bambalinas, como es costumbre de la casa, se adivina el rostro de Íñigo Urkullu, esperando recoger las nueces del árbol que sacudan otros. Los enemigos de nuestra nación y nuestra democracia unen sus fuerzas y aparcan las enormes diferencias ideológicas que les separan en el empeño común de quebrar nuestro espinazo. Sus visiones de la economía o el modelo de sociedad no se parecen en absoluto. Tampoco sus motivaciones son las mismas. Lo que les mantiene juntos es el anhelo compartido de debilitar al país que les ha dado el cauce, la oportunidad y los medios de convertirse en lo que son y alcanzar el poder que ostentan. También la determinación de emplear cualquier medio, empezando por la mentira y el adoctrinamiento, para conseguir sus fines. La palabra «ingratitud» les viene pequeña. Retratan mejor su conducta los vocablos «deslealtad», «mezquindad», «infamia» o «traición».
Puigdemont, Otegi, Iglesias y Urkullu están juntos contra España. Juntos contra el Estado de Derecho. Juntos contra la verdad y la historia. Frente a ellos, defendiendo lo que atacan, se ha posicionado claramente Albert Rivera, en espera de que Mariano Rajoy se decida a actuar y Pedro Sánchez elija bando. La batalla acaba de empezar.
Pflüger y Esparza: la opción de los patriotas
Eduardo Arroyo gaceta.es 21 Octubre 2017
He leído el artículo en este mismo medio titulado “Gracias al separatismo…” de Juan E. Pflüger, un investigador incansable y veraz sobre lo sucedido en España durante la Guerra Civil. El artículo señala certeramente la explosión de patriotismo en respuesta a la traición del “Govern”. Yo, he de confesar, que nunca creí que ocurriera algo parecido a lo vivido estos días pero el hecho es que ahí ese mar de banderas en balcones y plazas.
Antes de éste artículo leí otro de José Javier Esparza, también en “La Gaceta” y cuyo título no recuerdo, sobre la colusión de intereses empresariales en Cataluña para conducirnos cual borregos a la reforma constitucional. Javier tiene el don extraordinario de la pedagogía histórica: lo que otro hubiera explicado con mil circunloquios, él lo razona de modo, diríamos, natural, como si todas las piezas del discurso encajaran espontáneamente. Al margen de las formas, en el artículo al que me refiero, tenía mucha razón.
Sin embargo, uno y otro texto no ponen sobre la mesa a mi juicio una cuestión central que en modo alguno es teórica sino existencial y de mera supervivencia: qué vamos a hacer o, en concreto, qué van a hacer los patriotas a corto, medio y largo plazo.
Me gustaría exponerlo en estas líneas, forzosamente breves, para que sirviera de acicate a otros en su reflexión. La cosa se plantea en los siguientes términos: es cierto que ha habido una explosión de patriotismo. Por desgracia, la política oficial intenta reconducirlo al puerto de la corrección política. Como Pflüger explica, fue Adolfo Suárez quién prohibió la bandera en actos políticos. Esto, en definitiva, era solo una transposición jurídica de lo que ya estaba en marcha: la marginación y desprestigio sistemático del patriotismo español y, más allá, de la propia idea de España. En esta tarea han estado implicados, de uno u otro modo, desde Bildu hasta el PP: unos diciendo que España es un invento del “fascismo franquista”; otros sustituyendo a España por la adhesión a “los valores constitucionales”. Los unos y los otros ninguneando a España como producto de una gestación histórica, cultural, étnica y religiosa, además, bastante singular. La expresión más soterrada de toda esta corriente de pensamiento han sido, en los años de plomo de ETA, las organizaciones “antinacionalistas” que situaban los orígenes del terrorismo y de la agresión nacionalista en lo “identitario”. Ni uno de estas organizaciones plantearon jamás la obviedad de que lo verdaderamente identitario en las regiones donde el nacionalismo periférico se mostraba con fuerza era, precisamente, sus raíces genuinamente españolas y que el rechazo a España nacía de una falsificación histórica deliberaba que inculcaba en el pueblo un odio visceral a España. Por su odio a lo identitario metían en el mismo saco el supuesto identitarismo nacionalista, fraudulento y delirante, con la genuina y necesario identidad española. En realidad, el motor de todo lo periférico era –y es- el odio, no el amor a sus supuestas naciones. Así, la defensa de España pasaba a hacerse desde lo político-ideológico, no desde lo histórico e identitario. El resultado de todo esto era que, quienes reivindicaban España, tenían que hacerlo reivindicando un sucedáneo: España era una forma de defender la “democracia”, la “constitución” y la “libertad”. Como si de un tren se tratase, España equivalía a defender la “convivencia” y el régimen del 78. En este discurso ni por un momento se planteaba la implicación del régimen del 78 en la génesis de los problemas actuales o, dicho de otro modo, el hecho de que la CUP son, guste o no, el producto más refinado del citado régimen. A estas alturas suena patético escuchar a los que ahora buscan votaciones contra el “adoctrinamiento” en los colegios de Cataluña, cuando han estado décadas no solo obviando el problema, si no también marginando a los que lo denunciaban.
Pero no quiero perderme en el pesimismo. Lo que quiero subrayar es que la política oficial pretende reconducir el patriotismo de estos días a las mismas aguas que nos han estado envenenando durante todo este tiempo. Los discursos de Borrell y Vargas Llosa en Barcelona, el pasado 8 de octubre, son un buen ejemplo: el primero tuvo innumerables ocasiones de denunciar lo que hoy sucede desde sus cargos gubernamentales; el segundo, ultraliberal y cosmopolita, es tan ajeno al patriotismo español como puedan serlo Pablo Iglesias o el inevitable Soros.
Es un hecho indiscutible que el patriotismo genuino; esto es , la defensa de España sin más y no porque sea una democracia o tenga una constitución, carece de representación institucional ahora mismo. La equiparación de España a una forma de gobierno supone ahondar en el proceso de desnacionalización y, por contraste, dar alas a los enemigos de España.
Lamentablemente, las fuerzas que han contribuido a una progresiva pérdida del sentido de lo nacional en nuestro país –por suerte, sin un éxito completo-, saben qué se juega aquí y pretenden darnos más de lo mismo. El problema más grave que surge ahora es que posiblemente la situación gravísima en la que nos encontramos pueda parchearse durante un tiempo más, pero si el patriotismo no se cultiva, independientemente de constituciones, regímenes y otros factores meramente instrumentales, a medio plazo dejará de existir un valladar contra el odio. Hace muchos años escuché a Gonzalo Fernández de la Mora, el ex ministro de Franco y gran intelectual, decir, en medio de una grupo de contertulios anclados en el pesimismo más estéril, que España no desaparecería porque Europa “no nos permitirá suicidarnos”. Pero en política es siempre peligroso depender de otros. Lo que quiero decir es que la disyuntiva es clara: o el patriotismo consciente toma cuerpo social y se transforma en una fuerza emergente o España está condenada a medio plazo.
Como siempre, la pregunta no es lo que van a hacer los que ya conocemos. Al fin y al cabo, en el clima burgués y des-nacionalizado que vivimos, los empresarios catalanes miran antes que nada por sus empresas y es lógico que apuesten por el cambio constitucional si eso trae la estabilidad económica que ellos necesitan. Por eso cada propuesta delirante de la CUP, cada majadería de Anna Gabriel, impide un poco más la independencia.
Pero la pregunta es qué vamos a hacer nosotros, los patriotas que creemos que España es anterior a la Constitución y que a ésta, España no le debe nada más que el honor de ser un instrumento a su servicio. No podemos seguir confundiendo los medios con los fines.
La respuesta debe estar a cargo de los patriotas de verdad y no a cargo de quienes han estado durante tanto tiempo negando a España su defensa identitaria y equiparando a ésta con los nacionalismos periféricos. Que quede aquí planteado el problema para que todos reflexionemos pero antes un aviso: es evidente que la opción de los patriotas se sitúa al margen tanto de los nacionalismos periféricos como de los partidos al uso. Está muy claro, por consiguiente, que la salvación de España acarreará para más de uno un sinfín de improperios y calificativos totalmente denigrantes provenientes de todo el arco parlamentario y de la totalidad de los medios de comunicación. El camino, por tanto, no será ni mucho menos agradable pero ¿hay otro?
Quien juega a caballo ganador, quien nunca se ve desautorizada ante sus votantes, es la CUP. Ningún acontecimiento que pueda tener lugar en la realidad consigue desautorizarla
Manuel Cruz elconfidencial 21 Octubre 2017
En Cataluña hay dos formas de plantear lo mismo que, a estas alturas, solo se diferencian en los detalles. Una primera forma es la representada por la CUP y que este grupo ha explicado de forma clara y –si no se ofenden los pedagogos– pedagógica en su famoso vídeo del mambo. Se trata de que la furgoneta del 'procés' se despeñe para que por fin pueda dar comienzo la fiesta de la independencia (el mambo en cuestión). El lamentable estado en el que vaya a quedar la furgoneta es para los cuperos algo de todo punto irrelevante. Algún director de diario digital afín a estas tesis ha declarado celebrar la huida de Cataluña de tantas empresas, calificándolas de mafiosas, de idéntico modo que ha habido dirigentes de la formación que no han pestañeado lo más mínimo cuando se les ha planteado la posibilidad de que se pudiera producir un corralito en Cataluña.
La otra forma de plantear el 'procés' compartía con la primera la voluntad de tensionar la situación al máximo, solo que en su caso la expectativa se limitaba a llegar en las mejores condiciones a una hipotética negociación con el Estado español. Alguien podrá pensar que este diseño caducó hace ya tiempo pero, por sorprendente que parezca, es el que hasta hace bien poco continuaban manifestando en privado algunos destacados políticos del bloque soberanista (sobre todo los procedentes de la antigua Convergència) y en el que, desde luego, confiaban un sector importante de sus votantes. En todo caso, era este segundo un diseño que creía jugar sobre seguro en cualquier supuesto: si el 'procés' no alcanzaba la publicitada meta de la independencia se obtenían sustanciosos beneficios de la negociación (por ejemplo, en materia de financiación o de blindaje de competencias), y si se alcanzaba, mejor todavía, porque una Cataluña independiente mejoraría su situación actual y se convertiría, según las palabras textuales del astuto impulsor de todo esto, en la Dinamarca del Mediterráneo.
Es probable que tanto el primero como el segundo sector piensen su relación con el otro bajo la misma clave, esa que antaño se solía nombrar con la expresión "compañero de viaje", expresión amable que en su versión más desagradable también puede hacerse equivaler a la de "tonto útil". En todo caso, sea cual sea la versión por la que se opte, lo que importa aclarar en situaciones de este tipo es cuál de los dos miembros de la alianza ocupa el lugar del tonto o, en la versión suave, quién acompaña a quién en el viaje. Este asunto no debería plantearse en términos subjetivos, o de mera apreciación personal (si así se dirimiera la cosa, por definición siempre atribuiríamos la condición de tonto al otro). Tal vez un planteamiento más objetivo pasaría por dilucidar cuál de los sectores aliados consigue imponer sus objetivos y sus estrategias. Dilucidado esto, al otro sector le correspondería, ineludiblemente, el papel subalterno.
Si dibujamos así las cosas, parece claro que quien de verdad juega a caballo ganador –esto es, quien nunca se ve desautorizada ante sus propios votantes– es la CUP, en la medida en que a ella nada la deja en falso, ningún acontecimiento que pueda tener lugar en la realidad, por catastrófico que sea, consigue desautorizarla, como señalábamos al principio. Lo opuesto, claramente, a lo que le sucede al bloque de Junts pel Sí, como queda patente a la vista de sus reacciones ante esos mismos sucesos que traen al pairo a la CUP. Y es que tales sucesos (sobre todo, la fuga de grandes bancos y empresas, con todos los efectos económicos que ello comporta) suponen una auténtica carga en profundidad a los planteamientos de aquel bloque. Porque, en efecto, uno de los motores más efectivos del 'procés' había sido el extendido convencimiento de que la permanencia en España era la causa de todos los males de los catalanes, convencimiento del que se desprendía, como fruta argumentativa madura, la necesidad de un Estado propio. Pero si lo que se augura es que, de producirse la independencia, la situación real de los catalanes se deterioraría de manera notable, ¿en nombre de qué querer empeorar?, ¿qué atractivo puede tener en tales condiciones ser independientes?
Las reacciones de los portavoces del Junts pel Sí al verse desautorizados por la realidad han resultado tan penosas como reveladoras. La de Ferran Bel, diputado del nuevo PDeCAT en el Congreso de los Diputados, bordeó lo pintoresco. Vino a decir que no había que preocuparse por los efectos económicos de la independencia porque, dado que España no la reconocería, no entraría en vigor y, por tanto, Cataluña no quedaría fuera del paraguas del Banco Central Europeo. O, si prefieren formular con otras palabras el mensaje que lanzó a sus electores: no se preocupen porque cuando declaremos la independencia en realidad no seremos efectivamente independientes, por lo que no hay nada que temer. Con franqueza, se me hace muy cuesta arriba pensar que a alguien que de veras anhele la independencia le pueda resultar tranquilizador un mensaje así.
Pero más importante, por reveladora, ha sido la reacción del máximo responsable de Economía de la Generalitat, Oriol Junqueras. Me refiero a sus declaraciones restando importancia a la fuga de las dos entidades bancarias catalanas más importantes con el argumento de que irse, irse, no se habían ido porque habían decidido permanecer en los Países Catalanes. O aquellas otras en las que afirmaba que la salida de empresas tenía carácter meramente temporal. O aquellas, en fin, en las que atribuía la decisión de abandonar Cataluña por parte de bancos y empresas a las cargas policiales del 1 de octubre. Que estos disparatados comentarios correspondan al 'vicepresident' del Govern para asuntos económicos debería resultar severamente alarmante para la ciudadanía catalana. Porque resultan reveladoras, en efecto, del nivel de nuestros responsables políticos, nivel que técnicamente algunos gustan de describir a través del llamado principio de incompetencia de Peter, pero que también tiene una versión en nuestro acerbo popular en aquel refrán que reza "si quieres saber quién es Juanillo, dale un carguillo".
Aunque la cosa no queda aquí. Todas esas declaraciones también resultan reveladoras de que este bloque lo había fiado todo a un solo plan y, ahora que el mismo ha fallado de manera ostensible (por añadidura, el portazo de Europa resulta imposible por completo de maquillar), no acaban de saber a qué carta quedarse. Y lo peor de todo –si es que la situación puede empeorar todavía más– es que están escenificando sus dudas y sus contradicciones en la plaza pública, a la vista de todos, sin que a fecha de hoy pueda descartarse que asuman ya explícitamente el papel de tontos útiles y dejen la situación en manos de la CUP y su estrategia de agitación callejera. Entenderán ahora mejor, tal vez, el título del presente texto.
Dejémoslo en este punto. Hace pocas semanas escribía en estas mismas páginas virtuales mi pesimista diagnóstico acerca de que esto no se acabaría nunca. Ahora completaría, de forma un tanto ruda, aquel diagnóstico añadiendo una consideración de conjunto. Estaba cantado: la suma de la certificada incompetencia de Artur Mas como dirigente y de la insignificancia política de Carles Puigdemont (no en vano designado por el primero para sustituirle) era imposible que diera lugar a nada bueno.
Así se han construido el rechazo a España y el subsiguiente sentimiento nacional catalán: con incesantes falsificaciones, mentiras y ocultaciones.
Jesús Laínz Libertad Digital 21 Octubre 2017
Desde hace algunos años rebota sin cesar por el ciberespacio un texto al que llaman Juramento de Felipe V mediante el que numerosos separatistas pretenden apuntalar tres argumentos centrales de su ideario: la existencia secular de la nación catalana; la existencia ya en aquel tiempo de una Constitución catalana, siglos antes de la Pepa, y el reconocimiento de aquella nación y el juramento de aquella Constitución nada menos que por el gran enemigo de Cataluña y fundador de la dinastía hoy reinante. Mediante este texto, según se dice, la nación catalana queda demostrada y cualquier otra explicación sobra.
El juramento en cuestión reza así:
La nación catalana es la reunión de los pueblos que hablan el idioma catalán. Su territorio comprende: Cataluña con los condados del Rosellón y la Cerdaña, el Reino de Valencia y el Reino de Mallorca. Los tres pueblos que forman la nación catalana tienen una constitución política propia y están federados entre sí y con el Reino de Aragón mediante ciertas condiciones que son objeto de una ley especial. Cataluña es el Estado político formado, dentro de la Confederación, por los catalanes del Principado y de los condados del Rosellón y de la Cerdaña. El Principado de Cataluña es libre e independiente.
El texto suele presentarse acompañado de la portada de la edición de las Constitutions y altres Drets de Cathalunya dada a la imprenta en 1704, tras las Cortes celebradas por Felipe V dos años antes. Y, junto a dicha imagen, el argumento de que se trataba de la Constitución catalana que evidenciaba el carácter democrático de la Cataluña de aquellos siglos y que tuvo que jurar Felipe d’Anjou para ser aceptado por los catalanes como su legítimo monarca.
Empecemos, pues, a desbrozar el camino aclarando que las Cortes catalanas de aquel tiempo eran estamentales –brazos eclesiástico, militar y real–, como las de toda la Europa del Antiguo Régimen, por lo que no tenían nada de democráticas.
En segundo lugar, el término constitutions no tiene nada que ver con la ley fundamental de un Estado, cuya primera manifestación tardaría casi un siglo en ver la luz en los Estados Unidos. Las constitutions catalanas –así, en plural, pues no era una, sino muchas– fueron las normas de todo tipo (procesales, civiles, penales, tributarias, comerciales) de aplicación en todo el Principado y dictadas por el rey con la aprobación de las Cortes. Eran de rango superior a otras fuentes legales como los capítols, los actes de cort, los usatges, los privilegis o las pragmàtiques.
El problema es que ninguna de esas personas se ha tomado la molestia de comprobar la autenticidad de un texto que, como es comprensible, encaja muy bien en su discurso. El hecho de que haya sido citado en algún periódico, o incluso en alguna carta al director, es suficiente para darlo por cierto. Pero tiremos del hilo. El origen de la cita es el libro La victòria catalana de 1705, de Antoni Porta i Bergadà, editado por Pòrtic en 1984 y presentado en sociedad por el expresidente del Parlamento de Cataluña Heribert Barrera. Según una reseña anónima aparecida en La Vanguardia el 8 de noviembre de aquel año, Antoni Porta luchó en el frente de Lérida durante la Guerra Civil y posteriormente se ordenó sacerdote en Argentina. "¡Menudo libro y menudo historiador!", exclamó entusiasmado el anónimo redactor al comienzo de un artículo que, tras reproducir el texto de marras, concluyó reiterando que se trataba de un libro de historia "realmente ejemplar".
Pero Porta no se inventó nada, ya que el origen del fraude se encuentra un siglo atrás, en 1878, año en el que José Coroleu e Inglada (republicano, masón, militante de la Unió Catalanista y redactor de la ponencia sobre municipios de las Bases de Manresa) y José Pella y Forgas (conservador y militante de la Lliga Regionalista) escribieron al alimón un libro titulado Los fueros de Cataluña. En él se sacaron de la chistera una "Constitución política de Cataluña" inspirada, según ellos, en las viejas leyes catalanas pero "siguiendo modernas formas constitucionales (…) para mayor claridad del público" (cursivas añadidas). No hay mejor explicación que sus propias palabras:
Con la mira de dar más gráfico relieve a los principios de derecho escrito y consuetudinario que formaban la constitución histórica del Principado, los hemos clasificado, por decirlo así, a la moderna, lisonjeándonos de que nuestros lectores no tomarán a mal esta impropiedad en que incurrimos voluntariamente (…) En una palabra, los autores se han creído en la necesidad de sistematizar y presentar en forma moderna ese conjunto de disposiciones. [Énfasis añadidos].
Sin embargo, los buenos de Coroleu y Pella no modificaron solamente la forma, sino también el fondo introduciendo conceptos (nación catalana, confederación) e ideas (el pancatalanismo, la lengua como elemento definidor de la nación) completamente ajenos a la legislación histórica catalana que tan falsamente pretendían estar compilando. Y, efectivamente, los artículos 1 a 3 de dicha "Constitución" consisten en el párrafo hoy anunciado como el texto que tuvo que jurar Felipe V casi dos siglos antes de haber sido escrito.
Respecto a la idolatrada nación, merece la pena subrayarse el hecho de que, aunque curiosamente no lo recogieron Coroleu y Pella, aparece mencionada, ciertamente, en el texto redactado en 1702, en concreto en el encabezamiento dedicado al nuevo rey:
(…) cuida ab tota solicitut del consuelo de sos vassalls, y seguritat y defensa de sa Monarchia, disposant per aquest efecte un gran Exercit, que trobantse aquest Any de 1704 dins lo Regne de Portugal, gosa nou lustre ab la presencia de tant animos y valeros Rey, que infundint major valor a las Armas Espanyolas, se espera lograràn, ab lo favor de Deu, molts felices y prosperos successos para major gloria sua y honra de la Nacio Espanyola.
A esta primera falsificación de 1878 se añadió un siglo más tarde la sorprendente cita de Antoni Porta, aquel pedazo de historiador que, por inmenso error o inmensa voluntad de mentir, ignoró los cristalinos párrafos de Coroleu y Pella y presentó un texto inventado en 1878 como uno auténtico de 1702. Y tras él, todos los engañados que lo han repetido un millón de veces en todo tipo de medios y formatos. Falsedad recurrente, verdad fehaciente.
Así se han construido el rechazo a España y el subsiguiente sentimiento nacional catalán: con incesantes falsificaciones, mentiras y ocultaciones. He aquí sólo un ejemplo, y no sobre un asunto marginal o irrelevante. En el improbable caso de que algún separatista llegue a tener conocimiento de ello, le resbalará puesto que el cerebro humano es impermeable al razonamiento, el argumento y el documento, sobre todo cuando se encuentra cautivo de una fe nacionalista sabiamente inoculada. ¿Habrá alguien capaz de comenzar a darse cuenta de que es víctima de un gigantesco engaño llamado nacionalismo catalán? No parece probable, pues lo que cuenta es el sentimiento. Y ese sentimiento nunca será cuestionado ni aun sabiendo que ha sido provocado por patrañas como ésta.
Tácticas golpistas en el 'procés'
¿Cómo va a aplicar el Gobierno central el artículo 155 en el Estado en Cataluña?
Adrià Pérez Martì vozpopuli.es 21 Octubre 2017
Uno asiste impávido a esta escalada de despropósitos que, ¿saben sus protagonistas?, a dónde nos llevará. Tras la previsible negativa de Puigdemont de continuar con su pulso al Estado español, es decir, conforme aumentamos en gravedad y tensión el conflicto, el foco de preocupación que antes se veía de reojo y que ahora nos asalta con mayor importancia es el papel de unas quince mil personas armadas, los Mozos de Escuadra, y qué uso político y físico va a hacerse de ellos en todo este proceso.
Porque al final, dejando aparte del debate de los nacionalismos, patriotismos, del fanatismo romántico -especialmente en el sentido que destacó Isaiah Berlin en "Las raíces del romanticismo", es decir, ese retroceso con respecto a la Ilustración al ensalzarse las actitudes y menospreciarse sus consecuencias, los resultados-, dejando aparte, como digo, estas ideas, lo que queda, no lo olvidemos, es quién es el dueño del poder, quién quiere adueñarse de él y cómo va a hacerlo.
Estamos hablando de las raíces del Estado, de cómo se comporta, de cómo muere porque otro nace. ¿Es una revolución? ¿Es una insurrección?
Estamos hablando de las raíces del Estado, de cómo se comporta, de cómo muere porque otro nace. ¿Es una revolución? ¿Es una insurrección? Son hechos que se repiten más allá de la conjura de Catilina contra la república romana. Movimientos políticos, movimientos militares, policiales, violencia, propaganda, odio... Desgraciadamente, en eso estamos otra vez en pleno siglo XXI.
Y no todas las maneras de adueñarse del poder por medios no democráticos son iguales e igualmente exitosas. Ya Napoleón estudiaba las maneras de cómo Cicerón actuó contra Catilina en la mencionada intentona. Y antes que él otros tantos buscaban innumerables ejemplos clásicos que ilustraran a sus mentes ávidas de poder de cómo conseguirlo. Lo mismo que el trabajo del periodista, escritor y diplomático Curzio Malaparte en su muy ameno y actual "Técnicas del golpe de Estado", en el que repasa algunos famosos golpes de Estado a partir de la táctica desarrollada por Trotsky en su toma del poder ruso hace cien años. Porque, al contrario que Lenin, que pretendía movilizar a las masas, a los comités, crear una estrategia revolucionaria global para la guerra, en definitiva, crear las circunstancias favorables para llevar a cabo la toma del poder, Trotsky menospreciaba tanta complejidad y elaboraba su plan: sencillo, "quirúrgico", preciso, con pocos hombres, incluso sin necesidad de muertos, para asestar un golpe rápido y eficaz. Y resultó. Fue Trotsky el que acometió el golpe que dio a Lenin el poder.
A diferencia de Lenin, que pretendía derrocar al Gobierno para conquistar el Estado, Trotsky prefería hacerse con el Estado para luego derrocar el Gobierno. Y es lo que hizo, y el cómo es lo que resulta tristemente de tanta actualidad estos días. Su táctica se basó, no en las grandes masas y ejércitos, sino en utilizar un relativamente reducido número de hombre para tomar los puntos neurálgicos de un Estado. Pero no tanto las partes importantes de la organización política burocrática del Estado, sino los puestos técnicos de un país: las fábricas, las vías clave, los medios de comunicación, las centrales eléctricas, puertos,... que hoy en día serían ligeramente diferentes. Y los ocupó, no sólo con esos guardias rojos sino, especialmente, por técnicos: ingenieros, especialistas, obreros, etc. Se necesitan técnicos además de soldados. Esto es lo que le concedió la victoria sobre Kerenski, que contra sus movimientos, quiso aplicar una respuesta policial orientada a imponer el orden público, a controlar a grandes masas. Una vez controló los puntos nerviosos del Estado, el propio Gobierno se replegó en un único punto, el Palacio de Invierno, y ahí terminó con él.
Y con éste análisis puede explicarse los éxitos del 18 de Brumario de Bonaparte, el de la revolución rusa, la propia derrota posterior de Trotsky contra Stalin, la toma del poder por Mussolini, la experiencia polaca de Piludski y la de Kapp en Alemania en los años veinte...
Y, no sin dejar de sorprenderme mientras escribo, también en España en 2017. Porque, de eso se trata. ¿Quién tiene el poder en Cataluña: el Estado español o el catalán? Puesto que, para alguien no especialista en la materia, entre los que me incluyo, ya existen ambos. Y buena prueba de ella fue el referéndum del 1-O.
A lo largo de las últimas décadas, los órganos técnicos más importantes del Estado en Cataluña han sido ocupados por favorables a la independencia: educación, televisiones públicas, telecomunicaciones y centros de datos, policía, emergencias, Sanidad, organizaciones civiles... Este es el motivo por el que parte del Estado en Cataluña es independentista, y no sólo su Gobierno, pues es esa la diferencia esencial que resalta constantemente Malaparte. De tal modo que llegamos a la idea de que en realidad, lo que pretende el Gobierno central es retomar el control del Estado en Cataluña, y por eso es útil utilizar las enseñanzas que el mencionado autor usa para... los golpistas, para quienes quieren adueñarse del poder (siempre dentro de este tipo de análisis).
¿Qué hizo Rajoy ante el golpe de fuerza del referéndum del 1-O? Trató de colocar un cargo político, un coronel de la Guardia Civil que coordinó a cargos técnicos, intermedios, independentistas. Pero no sustituyó a esos cargos técnicos. El resultado es de sobra conocido.
Ahora hablamos del artículo 155 de la CE. ¿Cómo va a aplicar el Gobierno central este artículo en el Estado en Cataluña? A tenor de las tácticas contempladas en el libro citado, a uno le asaltan graves dudas, sobre todo después de ver la pifia del 1-O. ¿Volverá a reemplazar sólo a cargos políticos? ¿Qué hace con los Mozos de Escuadra? Sustituirá a Trapero y su superior, ¿solamente? ¿Cómo puede hacerlo de otra manera, centrándose también en los mandos técnicos, intermedios? Quizá lo sepamos a partir del sábado, o quizá se vuelva a equivocar, y en ese caso tendremos la misma preocupación que mencionaba: unas quince mil personas que, aparentemente en su mayoría, prestan obediencia a sus actuales superiores, sobre todo si día tras día el Gobierno catalán hace muestras de fuerza a través de otras tácticas no comentadas como huelgas o movilizaciones de masas.
¿Qué hay de otros cargos técnicos, como los relativos a la educación, los medios de comunicación públicos, puertos, carreteras, etc.? (Recordemos que la CUP sí ha hecho público sin ambages seguir esa táctica insurreccional trotskista de tomar puertos o boicotear a las empresas del IBEX, etc.)
Quizá una de las profesiones técnicas de más poder y al mismo tiempo más dispersión sea la de los jueces. Quizá sea los jueces que se someten a la legalidad vigente y la hacen cumplir los que actúen como un mayor contrapoder y hagan parte del trabajo a Rajoy desde el punto de vista técnico de Malaparte.
El pequeño detalle de todo esto es que Cataluña no es un Estado, sino parte de un Estado, y eso lleva el importante matiz del sistema de financiación autonómica actual. La Generalidad no administra los impuestos. Su fuente de ingresos depende del Estado español. Bajo el análisis, no sólo de Malaparte, sino de autores como Margaret Levi (que analiza el poder fiscal y cómo la evolución de los sistemas fiscales explican la forma y evolución de los estados), se puede utilizar otro argumento que explica por qué del mantenimiento de la irresponsabilidad fiscal de las autonomías, en donde éstas pueden gastar autónomamente pero no recaudar. Dicho de otro modo, si la Constitución Española diseña un Estado en el que el gobierno de cada autonomía tiene el poder de aspectos técnicos y neurálgicos (Malaparte) del Estado en sus territorios, tan importantes como la educación, la comunicación y televisiones públicas, la policía, sanidad, etc., se explica que la carta magna reserve al gobierno central aspectos clave como, siempre lo es, el dinero. Es Interior quien paga a los Mozos, es el gobierno central quien parte y reparte la financiación autonómica. Sin Hacienda propia, es bastante difícil, sin utilizar una violencia aplastante, que el procés termine venciendo.
Y esto nos lleva de nuevo a la Constitución, para algunas cosas fundamental, pero que es claramente disfuncional. Si se reforma para no solucionar estos problemas creados por el uso espurio de los gobiernos y el Estado, siempre tendremos el mismo problema. Y tiene difícil solución si sólo se contemplan "soluciones" estatalistas: si no se apuesta por liberalizar y por tanto, despolitizar los Estados, es muy difícil resolver el problema. Si la educación sigue perteneciendo al Estado, al Gobierno; si hay medios de comunicación que pertenecen al Estado, al Gobierno; etc., etc., seguiremos teniendo un riesgo a que la diversidad no pueda coexistir pacíficamente.
Enrique Arias Vega Periodista Digital 21 Octubre 2017
Me dicen que una cosa es el apoyo incondicional, sin fisuras, de la Unión Europea contra el desafío secesionista catalán, manifestado públicamente el viernes por sus tres principales dignatarios, Jean-Claude Juncker, Donald Tusk y Antonio Tajani, y otra muy distinta su enfado personal con Mariano Rajoy por haber permitido que el separatismo haya llegado tan lejos sin habérselo advertido a lo largo de estos años.
Su descontento no es sólo con el presidente español, por su puesto. Al parecer, en privado se quejarían de que ni la diplomacia de nuestro país, ni los cargos públicos que han acudido a encuentros internacionales y ni siquiera los europarlamentarios les hayan prevenido de lo grave en que iba derivando la situación.
Ahora, al parecer, ellos se ven obligados a echar el resto para evitar el desastre, o sea, el desgajamiento de parte de un Estado miembro a la que la UE, si llegara el caso, mantendría en el más absoluto ostracismo, como a la paupérrima república turcochipriota, frente al Chipre libre, el cual es miembro de todas las instituciones europeas y goza de todos los derechos como Estado miembro.
No resulta baladí, tampoco, que sea en Bruselas donde Pedro Sánchez haya mostrado más apoyo al Gobierno español en su intento de devolver la legalidad a Cataluña. La UE ha tenido que urgirle a que lo haga, lo mismo que en 2011 impuso a Rodríguez Zapatero la modificación del artículo 135 de nuestra Constitución, incorporando en el texto el concepto de “estabilidad presupuestaria”. La UE no admite bromas con las cosas de comer: es decir, el bienestar económico, los derechos de los ciudadanos, la libertad y la democracia.
Fuentes consultadas admiten un dato de más difícil comprobación: el que los dirigentes europeos creen que, incluso en la mejor hipótesis de restauración institucional en Cataluña, el descalabro económico que eso va a suponer para España será mayúsculo y no sólo del modesto uno y pico del PIB que pregonan, sino incluso de hasta dos cifras, con una larga y difícil recuperación.
Por ello, el precio a pagar sería la probable la intervención de la troika en España y, por ende, en Cataluña. O sea, que las cuentas de la Generalitat y el desenvolvimiento económico de su autonomía no serían intervenidas exclusivamente por Cristóbal Montoro, sino por los hombres de negro de las finanzas públicas internacionales.
Eso, o convertirse en el irrelevante Chipre del Norte, al cual sólo reconocen Turquía y desde hace poco la inoperante Organización de la Conferencia Islámica.
Cualquiera de ambas hipótesis, claro, sería la peor pesadilla para un independentista radical.
La brigada de demolición
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 21 Octubre 2017
Los apodamos, irónicamente, "salvapatrias". Ahora, cuando se pudren los frutos que regaron con astucias, mentiras y puñaladas traperas, ya no queda margen para bromas y solo cabe calificarlos de "ahogapatrias". Envueltos en banderas apócrifas, encandilaron a las masas con un derroche de cinismo para movilizarlas en pos de una república quimérica pródiga en riquezas. Prometían ser los constructores de un futuro luminoso para Cataluña. En pocos días la realidad contundente ha demostrado que componen una peligrosa brigada de demolición.
En una monarquía parlamentaria como la española, guiada por el principio republicano de la división de poderes, es normal que el Ejecutivo ponga en manos del Judicial las pruebas, recogidas por las fuerzas del orden público, de que en una comunidad autónoma –en este caso la catalana– se han perpetrado delitos de prevaricación, malversación y sedición. Pero es imperioso, a la vez, que sea la sociedad víctima de dichos delitos la que muestre su indignación, se organice para la reconstrucción moral y material y estigmatice a los culpables de la ruina.
Nadie puede argumentar que no se dieron voces de alarma, denunciando a los conspiradores y describiendo con precisión milimétrica la magnitud de los daños que iban a causar con sus tropelías. La labor de esclarecimiento ha corrido por cuenta de políticos, académicos y periodistas comprometidos con la integridad y soberanía del reino de España y con el bienestar y la convivencia de los ciudadanos. Lo dijeron con claridad meridiana: la secesión de Cataluña implicaría la salida automática de la Unión Europea, con el consiguiente empobrecimiento social, económico y cultural. Los Gobiernos y los más altos funcionarios de la Comunidad Europea lo ratificaron.
Si estas advertencias no se escucharon fue porque las tapó la ensordecedora avalancha de mentiras con que los medios de comunicación y las redes sociales, puestos al servicio del trampantojo secesionista, machacaban a la buena gente.
Lo deprimente es que la crisis mayúscula que estamos viviendo se podría haber evitado si esa misma buena gente hubiera reaccionado a tiempo, todavía en 1981, cuando un estadista ejemplar denunció las iniquidades que se estaban tramando. El estadista era Josep Tarradellas y las iniquidades las tramaba su sucesor en la presidencia de la Generalitat, el artero Jordi Pujol.
Habla Tarradellas
Está de moda citar a Tarradellas, cuando se cumplen 40 años de su regreso a Cataluña. Incluso Carles Puigdemont cometió la blasfemia de invocar su nombre en vano. También lo exhumó La Vanguardia en un editorial blandengue y oportunista ("El ejemplo de Tarradellas", 16/10), en el que se filtra, sin embargo, la clarividencia del prócer:
Ya como presidente emérito, en el primer año de Jordi Pujol, Tarradellas detectó que la lealtad catalana a España, que él había abanderado, flaqueaba al servicio de una abstracción nacional. Y escribió a Horacio Sáenz Guerrero, entonces director de este diario, una carta de sincera preocupación que hoy parece profética. Lamentaba Tarradellas la pretensión de construir una Catalunya impermeable a España. Treinta y seis años después, dicha pretensión ha cristalizado en una mayoría parlamentaria catalana dispuesta a saltar al vacío.
Tarradellas profetizó mucho más en su extensísima carta del 16 de abril de 1981, que quien desee aproximarse a la verdad histórica deberá consultar íntegra en la hemeroteca del diario. Escribió, por ejemplo:
El presidente Pujol (…) afirmaba una vez más su conducta nacionalista, que era y todavía es hoy la de utilizar todos los medios a su alcance para manifestar públicamente su posición encaminada a hacer posible la victoria de su ideología frente a España.
[Los nacionalistas] utilizan un truco muy conocido y muy desacreditado, es decir el de convertirse en el perseguido, en la víctima.
Es revelador, en fin, que Tarradellas haya previsto, en 1981, la necesidad de vacunar el sistema de enseñanza de Cataluña contra el odio y la discriminación lingüística que hoy lo pervierten, como han vuelto a denunciar Ciudadanos y el ministro Alfonso Dastis.
Francesc-Marc Álvaro impugna la denuncia ("El retorno del Estado", LV, 16/10):
Han aparecido discursos que no son inocentes. Alfonso Dastis ha dicho que no se enseña castellano en las escuelas. Pura mentira. ¿Por qué un ministro tan relevante del Gobierno de Mariano Rajoy dice eso?
Y clama un titular del mismo diario (16/10): "Enojo por la acusación de adoctrinamiento – El Govern cree que el PP busca con sus críticas al modelo educativo catalán justificar una intervención del sistema con el artículo 155".
¿Y qué opinaba Tarradellas sobre este tema en la carta de 1981? Esto:
Los problemas de la lengua y de la escuela es la actual Generalitat quien en gran parte los ha provocado.
Quiebra del Estado de Derecho
La brigada de demolición convierte en realidad los peores pronósticos del avi Tarradellas. La poltrona de la Generalitat la ocupa un matón que se jacta de que "Damos miedo, y más que daremos" (toda la prensa, 1/7). José Antonio Zarzalejos acumula argumentos irrefutables para sentenciar: "Catalunya bajo una autocracia" (LV, 15/10). El efecto demoledor de la amenaza imborrable y de la quiebra del Estado de Derecho ha sido fulminante: 700 empresas han abandonado Cataluña en diez días hábiles (El País, 17/10).
Despechado, el matón autócrata recitó el catecismo de sus compadres anticapitalistas (LV, 16/10):
Y también tuvo un reproche para las empresas que han trasladado sus sedes sociales fuera de Catalunya: "Contra los que quieren poner la economía al servicio de los intereses políticos, la determinación de nuestras pequeñas y medianas empresas y de nuestros trabajadores es de construir un país de libre competencia y donde pese más el valor del voto que el valor de la bolsa".
Las empresas –grandes, medianas y pequeñas– mudan sus sedes sociales y fiscales fuera de lo que puede convertirse en un Estado mostrenco porque necesitan continuar bajo el paraguas de la UE y del BCE. Y por otro motivo que subraya con objetividad Manel Pérez ("El efecto sede", LV, 15/10):
Pese al indiscutible crecimiento de las exportaciones, el mercado de referencia para las empresas catalanas más relevantes sigue siendo el español. Su primer mercado, en muchos casos.
Minoría de crápulas privilegiados
Enric Juliana, que conoce los entresijos del contubernio porque forma parte de él, nos cuenta un secreto que retrata a los fanfarrones de la nomenklatura catalana ("Atrapados en el estadio", LV, 15/10):
En privado, la plana mayor soberanista está horrorizada. No se esperaban la salida masiva de empresas. En público, disimulan, para no desmovilizar al estadio. Esta es la más grave responsabilidad a la que se enfrentan Carles Puigdemont y Oriol Junqueras.
¿La más grave responsabilidad? Ellos solo se sienten responsables de aplicar la política de la brigada de demolición. Y la aplican implacablemente, como lo demuestran los titulares de la prensa diaria: "Tensión política, bajón cultural – El clima de incertidumbre da un golpe a la venta de entradas y cancela actos y visitas" (LV, 7/10); "Exceltur prevé pérdidas de 1.200 millones para el turismo catalán si persiste la caída de reservas – El lobby turístico ya registra una caída del 20 % de reservas desde el referéndum del 1-O" (El País, 17/10); "El plan de independencia unilateral admite problemas para pagar las nóminas" (LV, 17/10).
Josep Antoni Duran Lleida se pregunta, vistas las dimensiones de la catástrofe ("Astucia y frustración", LV, 13/10):
¿Es que alguno de nuestros dirigentes piensa en escenarios como el de la desintegración de Yugoslavia? ¿O acaso algunos están urdiendo un escenario como el del Ulster y no les basta con esa maldita obsesión de tildar de unionistas a todos aquellos que no piensan como ellos?
Urge despojar legalmente del poder absoluto a esta minoría de crápulas privilegiados –la brigada de demolición– que fragmentan, empobrecen, intimidan y alejan del mundo civilizado a la sociedad catalana, para convertirla en dócil cobaya de nefastos experimentos totalitarios que ya hundieron a otros pueblos.
La ley y el chándal batasuno
LUIS MIGUEL FUENTES El Mundo 21 Octubre 2017
En la tele triunfan los equidistantes, los tibios, los colaboracionistas, con o sin mano de cazo. El lunes, antes de que la ley hablara, Ada Colau, con su aire de pastorcita, pedía "diálogo" y "referéndum pactado" (que no cabe en la Constitución sin una reforma equivalente a la de la secesión). El catedrático Pérez Royo, confesor de alcoba del viejo PSOE, su cura de cuartel, su Richelieu de biblioteca, alertaba del "riesgo para la democracia" que suponía el 155, como si la voladura de toda ley en Cataluña no fuera nada. Pero ya dijo una vez, sobre los ERE, Chaves y Griñán, que la prevaricación administrativa era "un delito muy extraño" e incluso "imposible". Será igual la sedición. Y Enric Juliana, pura casta, de ese periodismo champiñonero que ha comido del nacionalismo y ha alimentado al trol del separatismo, parecía llamar ahora a los catalanistas sensatos que desean que esto vuelva a ser un sano chantaje por la pela.
Así estaban, igualando democracia y locura, cuando la juez entrulló a los Jordis como a dos hermanos Dalton. En TV3 les montaron una especie de velatorio siciliano. Hasta pusieron los vídeos afectadamente póstumos que habían dejado. Los tertulianos, políticos y tunos del Régimen hablaban de "presos políticos", como si les hubieran repartido a todos ridículos chándales batasunos (también los repartieron en el Congreso). Y se emitió ese montaje mendaz y meoncete, Help Catalonia, copiado más de la perrita Pippin que de Ucrania. Hace mucho que renunciaron a la razón. Sólo les quedan la propaganda, las caras con pucheros, los ojos de gatete y las prótesis de cojos falsos. Y nadie fuera se lo traga.
El jueves, las cartas perfumadas con veneno, como en Las amistades peligrosas, se volvieron a cruzar igual que trenes de soldados. Puigdemont parecía negar la declaración de independencia pero la usaba como amenaza. Y regresaban los apaciguadores e indies. Iglesias insistía en los presos políticos. Pere Rusiñol pedía "una salida que no sea la rendición incondicional". Parece que se trata de egos, no de justicia. Juliana, totalizando, advertía hace poco también sobre "no humillar a la sociedad catalana". No los ofendamos mientras destrozan todo. Pero habrá 155. O más. Ésa es la ley, la que se cumple, no la que se imagina. Con ella se esfuman las fantasías y los delirios.

References: artículo 155
 artículo 155
 artículo 155
 artículo 155
 artículo 27
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 artículo 155
 artículo 135
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