Source: http://www.slideshare.net/EscuelaBicentenario/propuestas-y-experiencias-educativas-para-mejorar-la-convivencia
Timestamp: 2016-06-27 04:25:51+00:00

Document:
SUPER CHAR. El cumpleaños de Claudia.
¿Qué nos pasa?: Reflexiones sobre l...
La Educación para Todos, 2000-2015:...
"El contenido se dedica esta vez a la resolución de conflictos y a la prevención de la violencia. Las actividades aportadas ya se han experimentado en las aulas y, lejos de ofrecer un monográfico teórico, hemos intentado que resulte lo más práctico posible."...Prólogo:
Pedro Civera Coloma Director del CEFIRE de Elda
Propuestas y experiencias educativas
ISBN: 84-482-3803-6
Diseño gráfico portada: Vladimir Monzó Gol
Imprime: GRAFIBEL 2010 S.L.
c/ Padre Mariana, 15 - bajos
Tel. 965 20 48 92. 03004 Alicante
© De los autores sobre la parte literaria y del Conselleria de Cultura, Educació i Esport de la
El contenido de este libro se puede reproducir en parte, siempre que se citen procedencia,
En la sección de publicaciones de la Biblioteca Virtual del Cefire de Elda se puede acceder
a la versión en PDF de esta publicación: http://cefirelda.infoville.net
Albero Alarco, Juan GPM Aspe
Albero Jiménez, Purificación IES Gran Vía (Alicante)
Aracil Antón, Natividad IES El Vinalopó (Novelda)
Areal Delgado, Beatriz IES Gran Vía (Alicante)
Bello Catalá, Soledad C. Salesiano Don Bosco (Alicante)
Calatayud Salom, Mª Amparo Universidad de Valencia.
Campos Muñoz, Joaquín IES Gran Vía (Alicante)
Campos Pardillos, Antonio IES Gran Vía (Alicante)
Carlos Botella, José IES Luís García Berlanga (Sant Joan – Alicante)
Carrancio Quijano, Gustavo IES Gran Vía (Alicante)
Caruana Vañó, Agustín CEFIRE de Elda
Cascón Soriano, Francisco Universidad Autónoma de Barcelona
Civera Coloma, Pedro CEFIRE de Elda
Esperanza Quintana, Lourdes IES El Vinalopó (Novelda)
García Cremades, Celia Sª. Maria del Carmen (Elda)
García Ortega, Pilar EI La Roda (Ontinyent)
López de Luz, Mª José IES Gran Vía (Alicante)
López Fernández, Carmen IES Gran Vía (Alicante)
López Iborra, Mª José IES El Vinalopó (Novelda)
Luca de Tena, Carmen Universidad de las Islas Baleares
Martínez García, Elena IES Gran Vía (Alicante)
Martínez San Pedro, África IES Luís García Berlanga (Sant Joan – Alicante)
Martínez Seguí, Faz IES El Vinalopó (Novelda)
Mejías Pérez, Desideria IES El Vinalopó (Novelda)
Melgarejo Martínez, Beatriz IES Valle de Elda (Elda)
Miralles Galipienso, Fernando GPM Aspe (Alicante)
Miralles Romero, Mª José IES La Torreta (Elx)
Molina Gomis, José Luis IES El Vinalopó (Novelda)
Moya Pérez, Rosario IES Bahía de Babel (Alicante)
Navarro Reina, José Luis IES El Vinalopó (Novelda)
Ortega Iñesta, Victor IES El Vinalopó (Novelda)
Oseguera Lomeña, Leandro IES Leonardo da Vinci (Alicante)
Palomo Cerdá, Natividad IES El Vinalopó (Novelda)
Planelles Seguí, Mª Dolores IES Luís García Berlanga (Sant Joan – Alicante)
Pomares Padilla, María Isabel IES Gran Vía (Alicante)
Rebollo Viloria, Ana S. José de Cluny (Novelda)
Rebolloso Sánchez, Julia SPE - A7 (Alicante)
Reina Lirio, Carmen SPE A4 (Elda)
Rodríguez, Rosa Isabel Universidad de las Islas Baleares
Rubio Oya, Francisca Psicóloga. Práctica privada
Salort Sempere, Josefa IES Monastil (Elda)
Sánchez Martín, Virginia IES La Melva (Elda)
Sánchez Yánez, Mª Salud GPM Sant Joan (Alicante)
Sánchz Iñíguez, Fernando IES Clot de L’Illot (El Campello)
Sanjuán Galiano, Milagros IES Paco Molla (Petrer)
Talens Molla, Milagros IES Gran Vía (Alicante)
Torres Martínez, Sara IES La Tortea (Elda)
Torres Perseguer, Mercedes IES Enric Valor (Monovar)
Vaello Orts, Juan IES Bernat Sarriá (Benidorm)
Viciana López, María IES Luís García Berlanga (Sant Joan – Alicante)
Vives Gómez, Antonio IES El Vinalopó (Novelda)
Zapatel García, Ana IES Gran Vía (Alicante)
Pedro Civera Coloma....................................................................................................... 7
Factores responsables de la indisciplina y propuestas de actuación.
Rosa Isabel Rodríguez y Carmen Luca de Tena.............................................................. 8
Un plan de gestión de la convivencia: las 4 P.
Juan Vaello Orts............................................................................................................... 18
El equipo directivo ante los conflictos en los institutos de Educación Secundaria.
Rosario Moya Pérez......................................................................................................... 28
Técnicas para promover cambios positivos de comportamiento en estudiantes.
Fernando Sánchez Iñiguez............................................................................................... 33
Mi respeto es tu libertad.
Soledad Bello Catalá........................................................................................................ 45
Programa de educación emocional para la prevención de la violencia:
metodología, marco teórico y actividades de la primera parte.
Agustín Caruana Vañó, Ana Rebollo Viloria, Beatriz Melgarejo Martínez, Carmen
Reina Lirio, Celia García Cremades, Fernando Miralles Galipienso, Francisca Rubio
Oya, Josefa Salort Sempere, Juan Albero Alarco, Mª José Miralles Romero, Mª Salud
Sánchez Yánez, Mercedes Torres Perseguer, Milagros Sanjuán Galiano, Sara Torres
Martínez, Virginia Sánchez Martín.................................................................................. 56
Programa de mejora de la convivencia. Diseño por ámbitos de actuación.
Leandro Oseguera Lomeña y Julia Rebolloso Sánchez................................................. 149
Formación en resolución de conflictos.
Pilar García Ortega........................................................................................................... 235
Mª Amparo Calatayud Salom,......................................................................................... 248
Francisco Cascón Soriano................................................................................................ 258
La práctica educativa y la resolución de conflictos desde la perspectiva sistémica.
La experiencia de la Asociación Timoneda.
Natividad Palomo Cerdá y Lola Planelles Seguí............................................................. 277
Intervenció davant els conflictes: la importància de la visió compartida.
Natividad Aracil Antón, Lourdes Esperanza Quintana, Mª José López Iborra, Faz
Martínez Seguí, Desideria Mejías Pérez, José Luis Molina Gomis, José Luis Navarro
Reina, Víctor Ortega Iñesta, Natividad Palomo Cerdá, Antonio Vives Gómez.............. 285
INDICE (continuación) Pág.
Análisis y resolución de conflictos en el IES Gran Vía.
Purificación Albero Jiménez, Beatriz Areal Delgado, Joaquín Campos Muñoz,
Antonio Campos Pardillos, Gustavo Carrancio Quijano, Mª José López de Luz,
Carmen López Fernández, Elena Martínez García. Mª Isabel Pomares Padilla,
Milagros Talens Molla, Ana Zapatel García.................................................................... 299
Memoria de la implantación del currículo de resolución de conflictos en un
grupo de 2 de la ESO en el IES Luis García Berlanga.
José Carlos Botella, Africa Martínez San Pedro y Mª Dolores Planelles Seguí.............. 335
Convivir con el conflicto. En el IES Luis García Berlanga.
María Viciana López y Mª Dolores Planelles Seguí........................................................ 343
Quiero expresar mi más sincera gratitud a todas las personas que han hecho posible
esta publicación. Al director Pedro Civera Coloma por su decidido impulso a esta publicación
y esmerada supervisión y al equipo de asesores del CEFIRE de Elda, particularmente a Jesús
María García Sáenz, el nuevo asesor de Lenguas Maternas, por la revisión de los textos. Y,
por supuesto, a todos los autores que han decidido difundir el fruto de su esfuerzo en esta
publicación, cuyo principal objetivo no es otro que poner a disposición del profesorado un
lugar de encuentro para el intercambio de experiencias, reflexiones y recursos educativos.
Constituye una grata tarea presentar este nuevo libro a la Comunidad Escolar. Un año
más el Cefire de Elda ofrece un trabajo colectivo con experiencias que pretenden ayudar a las
El contenido se dedica esta vez a la resolución de conflictos y a la prevención de la
violencia. Las actividades aportadas ya se han experimentado en las aulas y, lejos de ofrecer
un monográfico teórico, hemos intentado que resulte lo más práctico posible. Los autores y
autoras abordan de forma clara aspectos relacionados con la convivencia en los centros. La
resolución de los conflictos no sólo se atiende desde el punto de vista de la psicopedagogía,
sino desde el trabajo de los equipos directivos, con larga experiencia en ese tema. Son muy de
agradecer las aportaciones que provienen del ámbito universitario y, cómo no, las del grupo
de psicólogas, psicólogos y docentes, que han reunido en los últimos cinco años sus trabajos,
haciendo posible que contemos con una nueva publicación que viene a completar y a
enriquecer los recursos educativos generados desde este Centro de Formación, Innovación y
Como he expresado en ocasiones, nuestra misión consiste en servir de caja de
resonancia de experiencias que puedan aportar un servicio a nuestro colectivo, posibilitar por
lo tanto un enriquecimiento basado en el intercambio de dichas prácticas. Es por ello por lo
que el libro estará también disponible en formato .pdf, como todos los anteriores, en la
dirección http://cefirelda.infoville.net
Quisiera destacar el innovador enfoque con el que se han abordado las ideas que tienen
como fundamento teórico la Educación Emocional, dado su valor en el terreno educativo. Me
gustaría invitarles a su lectura porque estoy seguro de que quienes lo lean o consulten
encontrarán ideas y actividades sin duda provechosas. Por último, desearía testimoniar mi
felicitación y agradecimiento a las autoras y autores por su trabajo y a mi compañero Agustín
Caruana Vañó por lo mucho y bueno que aporta desde este Cefire a nuestra Comunidad
“En tanto los maestros no se tomen la molestia o no sean
capaces de infundir en sus alumnos un vivo interés por
aprender, no tienen derecho a quejarse de su falta de atención
En este artículo se analizan las causas que determinan los comportamientos indisciplinados y
se proponen pautas de actuación encaminadas, especialmente, a la prevención. Se precisan los
factores que determinan dicha conducta considerando cuatro categorías: comportamiento del
alumno y del profesor, características de la institución escolar y factores extraescolars o
Aunque no existe unanimidad a la hora de determinar qué comportamientos pueden
considerarse indisciplinados o no, si es cierto que a nivel general suele aceptarse como
indisciplina toda conducta que repercute en el desarrollo de la vida normal en la escuela y que
dificulta la convivencia y el aprendizaje. En cualquier caso, y a pesar de la gran variedad en
cuanto a formas de conceptualizar la disciplina escolar, es posible analizar las causas que
determinan estos comportamientos, de manera que pueda establecerse pautas de actuación
encaminadas, especialmente, a la prevención.
Una de las posibles clasificaciones respecto a los factores determinantes de una
conducta indisciplinada estaría formada por las siguientes cuatro categorías (González
Blanco, 1995; Rodríguez y Luca de Tena, 2001):
Cada alumno tiene unas características individuales que deben tenerse siempre
presentes a la hora de analizar las posibles causas que desencadenan las conductas disruptivas,
que podemos clasificar en: causas afectivas (inseguridad, falta de cariño, rechazo…), causas
de adaptación (dificultad de integración en el grupo clase, aislamiento, agresividad, no aceptar
los valores educativos, marginación…) y causas académicas (dificultades de aprendizaje,
rendimiento bajo, fracaso escolar continuado...)
Es importante recordar el carácter interactivo de la situación de aula, así como la
necesidad de que el profesor desempeñe su liderazgo de forma adecuada. El profesor debe
establecer una relación con sus alumnos que posibilite el aprendizaje y los anime a la
autodirección, pudiendo ser por tanto causa de conflicto debido a sus características
personales, docentes o a su forma inadecuada de entender la disciplina y dirigir el aula.
Pueden generar conflicto diferentes aspectos de su comportamiento:
• Vulnerabilidad psicológica: Algunos profesores por su estructura de personalidad son
incapaces de enfrentarse a las situaciones conflictivas desarrollando niveles de ansiedad
elevados que conlleva sentimientos de inseguridad y falta de control de sus emociones
negativas (nerviosismo, miedo, agresividad, etc.) y de esta forma se enturbian y dificultan
las relaciones con sus alumnos.
• Modelo de liderazgo: Tradicionalmente desde los estudios de Lewin, Lippitt y White
(1939) se establecen tres formas de entender la autoridad en función del grado de control
que se ejerce sobre los alumnos. Los profesores autoritarios establecen reglas y normas de
forma impositiva y no están dispuestos a la negociación o explicación sobre su necesidad.
Los profesores liberales o “laissez-faire” no establecen normas, actuan de forma permisiva
y carecen de control del grupo. Los profesores democráticos establecen las normas a
traves de la negociación, se basan en la explicación de su necesidad y en el diálogo,
logrando de esta forma una mayor implicación personal de los alumnos en su
El tipo de disciplina que surge de estas formas de entender la autoridad reciben el
nombre de autocrática o impositiva, libertaria o autogestionaria y democrática o participativa.
La más adecuada de ellas es la democrática ya que favorece tanto la autonomía como la
independencia del alumno, mientras que una disciplina impositiva genera dependencia,
tensión y miedo en el grupo (aunque en algunos casos mejora el rendimiento académico), por
su parte una disciplina permisiva despierta en los alumnos la sensación de frustración y
ansiedad, aumentando en ambos casos la insatisfacción de los miembros del grupo.
• Relaciones interpersonales en el aula: Un clima humano favorable en la clase mantiene el
deseo de aprender del alumno y la implicación necesaria para lograr un aprendizaje
• Capacidades pedagógicas: Todos somos conscientes de que las clases monótonas,
aburridas, carentes de recursos didácticos, poco atractivas, hacen difícil que el alumno
mantenga su interés y atención aumentando las dificultades de control del proceso de
enseñanza- aprendizaje. Un buen docente ha de ser capaz de desempeñar el papel de
La propia institución escolar puede ser responsable de generar niveles altos de ansiedad
en los alumnos y actitudes de rechazo ante cualquier normativa disciplinaria como sería en
caso de implantar normas inadecuadas o incoherentes, falta de coordinación entre los
profesores del centro en temas referentes a la disciplina, infracciones de los propios docentes
en el ejercicio de su actividad (retrasos, absentismo, falta de interés o dedicación, etc.) o
sistemas de evaluación inadecuados. Por otra parte, a pesar de que los alumnos tienen derecho
a participar en la elaboración del reglamento de régimen interno (RRI) y formar parte de la
Comisión de Convivencia del Centro que tiene como fin “(…) resolver y mediar en los
conflictos planteados y canalizar las iniciativas de todos los sectores de la comunidad
educativa para mejorar la convivencia, el respeto mútuo y la tolerancia en los centros
docentes” (artículo 6, Real Decreto 732/1995 de 5 de mayo), son pocos los centros que
promueven o facilitan el ejercicio de dichos derechos (Notó, 2000).
Por último, no podemos dejar de mencionar la carencia de recursos humanos
(profesores de apoyo, psicopedagogos, etc) y/o recursos materiales (falta de espacio o mala
distribución del mismo, falta de material, etc.) sin olvidar la insuficiente comunicación entre
En muchos casos las causas de los conflictos se deben a factores sociales externos al
propio ámbito escolar como la situación socioeconómica familiar, las condiciones del barrio,
los grupos de amigos (pandillas adolescentes), los medios de comunicación, marginación,
droga, etc.
De todos los factores mencionados, la escuela puede actuar sólo sobre los de tipo
institucional, es decir, los relativos a los profesores y la institución escolar, mientras que,
especialmente a corto plazo, su influencia sobre las disposiciones personales del alumno o
sobre las características estructurales de nuestra sociedad es escasa (Rodríguez y Luca de
Tena, 2001).
Por tanto, una estrategia práctica para que los profesores entiendan y reduzcan la
indisciplina empieza por centrarse en lo institucional, más concretamente en su propia aula.
No decimos con ello que lo personal y lo social tenga que ser olvidado, sino más bien,
destacamos que hay que trabajar sobre aquello que realmente produce beneficios, en nuestro
caso, sobre lo que produce cambios reales que permiten la buena marcha de nuestros alumnos.
Las tendencias actuales hacia este tema pasan por una actuación preventiva sobre los
posibles problemas de disciplina de los centros escolares y orientada a educar en la
Debemos recordar que tanto la prevención como la intervención no dependen sólo del
profesor, sino de una actuación consensuada y cooperativa entre los distintos miembros de la
comunidad educativa. Incluso, en las ocasiones en donde el problema de comportamiento se
limite a un solo docente, el buscar soluciones reflexionadas y pactadas entre todos puede dar
al profesor la seguridad y el apoyo necesarios para que en el futuro no se repitan dichos
problemas (Rodríguez y Luca de Tena, 2001).
El trabajo en equipo queda patente como una de las características de los centros
escolares menos conflictivos, pudiendo señalarse como formas de funcionamiento
generadoras de un clima de convivencia y de prevención de la violencia escolar algunas de las
siguientes (Trianes, 2000):
• Cohesión interna del claustro de profesores, respeto mutuo, consenso en objetivos y
métodos, trabajo en equipo, implicación personal.
• La existencia de normas claras y consensuadas que no permitan la violencia e impulsen la
cooperación y el trabajo académico.
• Relaciones interpersonales entre los profesores, disponer de espacio y tiempo para
discutir, formación compartida.
• Profesores con ideologías docentes democráticas y preocupados por el desarrollo integral
• La detección precoz de alumnos problemáticos, en el sentido de aceptar que las escuelas
deberían identificar lo antes posible a aquellos alumnos que pueden ser motivo de
conflicto y aplicar medidas preventivas. Con esta idea estamos “marcando” a dichos
alumnos, creando para ellos unas expectativas de fracaso que pueden llegar a confirmarse
(profecía autocumplida) (Rosenthal y Jacobson, 1968). La atención a la problemática
individual del alumno no debe asociarse, por tanto, al etiquetado puesto que podría
conllevar a la estigmatización y dificultar el cambio de comportamiento.
• Los mecanismos de separación del grupo del alumno problemático. Si alejamos a los
alumnos problemáticos de los que no lo son, llegaremos a crear “escuelas-ghetto”, lugares
en donde los alumnos difícilmente podrán aprender a vivir en sociedad, a respetar las
normas, a integrarse.
• El castigo como uso habitual. Creemos que el castigo debe ser siempre la última
alternativa a usar como intento de cambiar la conducta de los alumnos conflictivos,
tendiendo en cuenta las repercusiones negativas que acarrea (sentimientos negativos hacia
el profesor y la tarea; deterioro en la autoestima, etc.).
La estructura y la organización diaria de la clase debe intentar ofrecer un entorno
académico satisfactorio que reduzca al mínimo las dificultades planteadas por el control de la
clase. Se trata, en definitiva, de realizar una buena gestión o gobierno del aula, entendiendo
con este nombre la forma en que cada profesor pone en práctica sus métodos didácticos y
organiza la propia clase como factor de ayuda para el aprendizaje (Gotzens 1997).
Disponer de los recursos necesarios para una buena gestión conlleva lograr un clima
de aula y una situación de enseñanza - aprendizaje que en sí misma prevendrá la aparición de
problemas de indisciplina.
Son numerosos los autores que han intentado analizar las estrategias y técnicas
utilizadas por los profesores eficaces, es decir, por los buenos gestores. Partiendo de las
propuestas de Kounin (1970), Good y Brophy (1996) y Gotzens (1997) entre otros,
destacamos a continuación las orientaciones más interesantes intentando dar respuesta a tres
Es necesario tener en cuenta ciertos requisitos para llevar a cabo la instrucción de forma
correcta desde el antes (planificación), hasta el durante (enseñanza - aprendizaje) y el después
(evaluación, feedback) de la instrucción. Para ello debemos, entre otras cosas:
• Adecuar las tareas a las aptitudes e intereses del alumno: En este sentido los objetivos de
aprendizaje deben ser asequibles para los alumnos, facilitando un aprendizaje significativo
que reforzará su sentido de competencia. Al ofrecer propuestas instruccionales atractivas e
interesantes para el alumno aumentará su motivación por el aprendizaje.
• Determinar claramente los objetivos instruccionales: La mayor parte de los profesores
dan por sentado, no sólo el interés del alumno, sino que este es consciente en todo
momento de qué se tiene que aprender y cuales son los objetivos finales que se persiguen.
Afortunadamente en el aula contamos con una gran diversidad de alumnos que serán más
o menos dependientes y su estilo cognitivo encajará o no con nuestro estilo de enseñanza
por lo tanto, en este sentido, no se pueden generalizar decisiones sobre el grado de
estructuración que se debe dar a los contenidos instruccionales. Aunque podemos decir
que nuestra cultura valora la independencia y en nuestras aulas intentamos favorecerla,
esto no constituye ningún impedimento para tratar de mantener una estructuración de los
contenidos a enseñar que sea lo suficientemente clara para el alumno y que facilite la
comprensión. Hacer uso de los organizadores previos que nos propone Ausubel al
comienzo de la clase y aclarar al alumno qué objetivos se persiguen y qué aplicaciones
puede tener en la vida real, no sólo hace más atractiva la tarea sino que facilita los
procesos cognitivos del alumno, ya que habrá recuperado de su memoria a largo plazo
aquella información relativa al tema tratado. El supuesto básico que manejan la mayor
parte de los estudiosos del tema de la disciplina es que cuando el aprendizaje resulta
atractivo, posee un grado de dificultad tolerable y se cuenta con el apoyo del profesor
cuando es necesario, no se presentan problemas de disciplina.
• Supervisar y controlar el proceso de aprendizaje: Es preciso ofrecer un feedback
informativo continuo al alumno para poder controlar los avances y dificultades que
presenta el aprendizaje. En este sentido la evaluación se convierte en un instrumento
eficaz para determinar las razones por las que no se logran los objetivos académicos,
facilitando el diagnóstico de la situación que hace posible tomar decisiones respecto a las
estrategias de aprendizaje que se deben entrenar en el alumno para acometer la tarea, los
métodos de enseñanza más adecuados en cada situación de aprendizaje y los diferentes
tipos de actividades que deben ofrecerse al alumno para superar las dificultades y/o seguir
avanzando hacia las metas instruccionales propuestas.
• Mantener un ritmo de aprendizaje correcto: Aunque parezca una obviedad en muchos
casos los profesores están más preocupados por abarcar todo el curriculum que por
adaptar el ritmo de su enseñanza al de aprendizaje de sus alumnos. Cuantas veces los
alumnos se quejan amargamente del exceso de información ofrecida durante la clase que
dificulta la comprensión y claridad de la misma. El desarrollo de las actividades, así como
la transición entre las mismas, debe realizarse con suavidad, manteniendo un "tempo"
estimulante pero que al mismo tiempo no genere ansiedad en los alumnos por no poder
seguir su evolución, ya que tan sólo lograremos que se desenganchen del aprendizaje.
Manteniendo el ritmo correcto se aprovechará el tiempo efectivo de aprendizaje al no
tener que dedicarlo a aclaraciones innecesarias, procurando simultáneamente mantener el
máximo de alumnos implicados en las actividades.
• Solucionar los problemas que se plantean durante el proceso de enseñanza-aprendizaje:
Para lograr un aprendizaje significativo es preciso centrar la preocupación de la
instrucción en el propio proceso, asistiendo en cada momento al alumno en sus
dificultades. A través de la interacción verbal y la comunicación no verbal el profesor
puede solicitar al alumno que explicite sus procesos de pensamiento para hacerlos
conscientes, animándole a buscar soluciones alternativas y descubrir sus errores. En esta
etapa es importante recordar que ciertos alumnos por sus características de personalidad
(retraimiento, timidez) son menos propensos a solicitar este tipo de ayuda pero no por ello
deben ser olvidados. Debe mantenerse cierta flexibilidad adaptando las estrategias a las
dificultades que van surgiendo y al tipo de tarea propuesta. Los profesores disponen
además de diversos recursos tecnológicos audiovisuales e informáticos que, siempre que
estén vinculados a los objetivos instruccionales, servirán para mantener y mejorar la
atención del alumno así como para facilitar la comprensión de lo explicado en clase.
Directamente relacionada con la prevención de problemas de comportamiento en el
aula se encuentra la planificación de las normas que deben regir el orden del grupo y los
procedimientos que se aplicarán para hacerlas cumplir. En este sentido los acuerdos
establecidos en el Consejo Escolar dan como resultado el Reglamento de Régimen Interno,
documento que recoge las reglas, preceptos e instrucciones mediante las que se pretende
regular el régimen de cada centro escolar. Este documento debe tenerse siempre presente a la
hora de establecer las normas del grupo clase, recordando que cuanto más contextualizadas
estén en función de las características de dicho grupo, mayor eficacia se logrará en su
Apuntamos a continuación algunos aspectos que deben tenerse en cuenta a la hora de
realizar la planificación de las normas del grupo clase:
• El profesor debe reflexionar sobre las características de su grupo así como determinar qué
tipo de normas cree necesarias y prever las posibles situaciones de indisciplina a las que
se tendrá que enfrentar seleccionando posibles estrategias de intervención.
• Establecer las normas del grupo clase. Es aconsejable recurrir a la negociación de las
mismas con los alumnos, tal como propone el modelo democrático de la disciplina
(Ausubel, 1976), aunque en ningún momento esto signifique que el profesor renuncia a su
papel de educador y líder.
A la hora de redactar las normas se deben tener en cuenta que éstas deben ser: necesarias;
realistas; claras; estar redactadas en términos positivos y adaptadas a las características de un
alumnado concreto.
• El profesor debe informarse sobre el tema a través de lecturas especializadas, compartir
experiencias con sus compañeros y debatir sobre los problemas que surjan ya que de esta
forma aumentará su flexibilidad, creatividad y lucidez a la hora de tomar una decisión ante
• Es importante mantenerse constantemente alerta ante las incidencias de la clase. Los
profesores más eficaces supervisan de forma continua lo que sucede en cualquier lugar del
aula y se percatan rápidamente de los problemas interviniendo cuando estos son aún
menores, mientras que los profesores menos eficaces intervienen tardíamente, de forma
excesiva o bien errónea ante los conflictos.
• Informar durante el primer o primeros días de clase de las normas que van a regir las
interacciones entre todos los miembros de la clase. Es aconsejable ser claro y consistente
desde los primeros días, informando sobre las expectativas, reglas y procedimientos
procurando al mismo tiempo estimular la responsabilidad del alumno no sólo en el
cumplimiento de las normas sino también en su implicación en el aprendizaje.
• No hay mejor inversión que dedicar los primeros días a establecer entre todos las normas
a respetar y a sentar las bases de la convivencia.
• Utilizar la red de asesoramiento y orientación de que disponen los centros: director,
tutores, coordinadores, jefe de estudios, orientadores etc. Para que funcione la comunidad
educativa en temas de disciplina, serán precisas reuniones regulares para analizar los casos
o situaciones que aparezcan así como para hacer un seguimiento de los acuerdos. La
participación democrática y comprometida de los integrantes de la comunidad escolar es
la mejor alternativa para la prevención y resolución de conflictos.
En el proceso de enseñanza - aprendizaje adquiere un papel fundamental la interacción
profesor alumno. El profesor desempeña el papel de mediador del conocimiento, pero su
trabajo se lleva a cabo en un contexto de aula con características únicas, por lo que serán
múltiples los factores que inciden sobre los resultados finales de aprendizaje: características
del profesor, expectativas, capacidad docente, características de los alumnos, contexto escolar,
influencias socioculturales, etc.
Entre las principales características de personalidad que debería poseer un profesor y
que facilitan su acción docente encontraríamos (Rodríguez y Luca de Tena, 2001):
• El carisma o capacidad de atraer o influir en los demás mediante la propia personalidad.
• El dominio o la capacidad de obtener control sobre una situación.
• El poder intelectual o el conocimiento o dominio de una materia determinada.
• Los recursos implícitos al propio poder o la capacidad para organizar todos los aspectos
de las actividades de los alumnos.
Por otro lado, es imprescindible reflexionar sobre las dificultades que plantea
cualquier acción docente en el contexto del aula. El profesor debe tener en cuenta los
múltiples factores implicados a la hora de analizar las situaciones de conflicto y tomar
decisiones de forma cautelosa. Doyle (1986) nos ofrece un interesante análisis de las
características de cualquier contexto de aula que nos sirven para entender las dificultades para
llevar a cabo la acción docente.
• Multidimensionalidad: En las aulas suceden varias cosas al mismo tiempo y se realizan
diferentes tareas, lo que dificulta el control de todas las acciones, además es una situación
social compartida por diversas personas que difieren en expectativas, necesidades y forma
• Simultaneidad: Todo sucede al mismo tiempo. Puesto que no podemos atender a varias
cosas a la vez es posible que algunas escapen a nuestro control.
• Inmediatez: Sucede aquí y ahora, sin permitir en muchos casos la reflexión profunda al
docente. No podemos congelar la acción ni exigir que transcurra más lentamente o en otro
momento para poder hacerle frente de forma más calmada.
• Impredictibilidad: Es difícil predecir que puede suceder en cualquier momento, estamos
sujetos a imprevistos.
• Publicidad: Las aulas son lugares "públicos". Cualquier acontecimiento es observado por
todos los participantes, profesor y alumnos, por lo que cualquier decisión tomada actuará
mediante los principios del aprendizaje por observación (por ejemplo: a Luis no le ha
dicho nada el profesor por hacerse el gracioso y los compañeros pueden pensar que ese
tipo de conducta no tiene repercusiones).
• Cronicidad: En las aulas existe una historia común , un pasado, compartido por todos los
que conviven en ella. Las experiencias pasadas están determinando los comportamientos
actuales e influirán sobre los futuros.
Por último, y respecto a las orientaciones de actuación para la gestión del aula,
enumeramos a continuación una serie de normas sencillas que pueden facilitar la tarea
basadas en las propuestas de Fontana (1989), Good y Brophy (1996), Gotzens (1997) y
Rodríguez y Luca de Tena (2001):
• Desarrollar habilidades de comunicación: El profesor es ante todo un comunicador que a
través de la interacción con sus alumnos transmite conocimientos, procedimientos y
actitudes. Si bien la comunicación por sí misma no garantiza el aprendizaje, se trata de
una condición necesaria, aunque no suficiente. Es imprescindible ser capaz de
comunicarse verbalmente de forma clara y precisa no sólo para favorecer el aprendizaje,
sino también para evitar los equívocos en las relaciones interpersonales. Hemos de añadir
a ello la capacidad de decodificar correctamente los mensajes de los alumnos así como
dominar el campo de la comunicación no verbal.
• Rutinas organizativas: Gran parte de los comportamientos del profesor en el aula se
inician de forma automática, bien cuando se pone en marcha una actividad en clase, se
controla el aula o se planifica la instrucción. La ventaja que reportan las rutinas es liberar
al docente de tener que dedicar su atención a aquellas situaciones u acontecimientos que él
sabe bajo control. Las rutinas son por tanto aconsejables ya que el docente puede reservar
sus energías para aquello que es realmente importante y le permiten concentrarse en
aspectos o acontecimientos que requieren atención, deliberación, conclusión y respuesta.
• Atender individualmente al alumno: Dentro del aula cada alumno desea cubrir sus
necesidades básicas de aceptación, competencia y autonomía. El profesor debe mostrar su
interés por él y dedicarle el tiempo suficiente según sus necesidades tanto dentro del aula
como en las tutorías o en los periodos de ocio escolar. No queremos dejar de recordar los
efectos que se producen en las interacciones entre profesor y alumno según las
expectativas que cada uno de ellos posee sobre el otro, el conocido como efecto
"pigmalión" (Rosenthal y Jacobson, 1968). Mantener expectativas realistas sobre los
alumnos facilita una comunicación clara y una relación basada en el respeto mutuo,
favoreciendo en el alumno metas realistas que le llevarán a mejorar su competencia y
• Favorecer la autorregulación del alumno: Tanto a nivel de control del comportamiento ,
como de los procesos de aprendizaje, el camino del alumno hacia la independencia es
largo y costoso. Para fomentar su autonomía se puede delegar en los alumnos gran
cantidad de tareas rutinarias aumentando así su implicación en la vida del aula y su
responsabilidad. Conviene dar cabida a sus iniciativas y ofrecer posibilidades de elección
cuando sea posible en la realización de actividades, agrupamientos etc.
• Mantener siempre una actitud positiva y no perder el sentido del humor: El humor ayuda
a modificar la perspectiva del problema y a desdramatizar la situación por lo que es
fundamental para enfrentarse productivamente a los conflictos que surgen a diario en el
aula. La risa puede ayudar a que nos mantengamos sanos, psíquica y físicamente.
• Practicar la seducción instruccional: En los estudios clásicos sobre la expresividad del
profesor (Ware y Williams 1975) se analizaban las características de los docentes que eran
valoradas por los alumnos y que repercutían en el rendimiento de los mismos. La
"expresividad" o "seducción instruccional" lo definen como: entusiasmo, humor,
amabilidad, carisma y personalidad. Una visión positiva de los conflictos, sin posturas
tremendistas o catastrofístas, unida a la habilidad de escuchar de forma activa y empática
a los implicados, hace más fácil lograr acuerdos y soluciones ante los mismos. No está
nunca de más descubrir la parte amable y simpática de la vida diaria, pues no debemos
olvidar que ante todo el profesor es un educador que acompaña al alumno en un periodo
Hace tan solo unas décadas que la disciplina se consideraba un requisito necesario
para poder desempeñar la tarea educativa. Las normas y el control adulto se convertían en el
eje del proceso de enseñanza aprendizaje por lo que la violación de las reglas de juego
impuestas desencadenaba restricciones y sanciones al comportamiento del alumno. En este
contexto el término disciplina fue acumulando connotaciones negativas al asociarlo a la
privación o el castigo por lo que resulta necesario recuperar el significado real del término,
etimológicamente relacionado con la enseñanza de los neófitos.
Desde que Ausubel definió en 1961 la disciplina democrática el cambio ha sido
progresivo e irreversible, considerándola en la actualidad un medio para lograr un fin más
ambicioso, la socialización y formación de la personalidad del individuo. En este sentido ha
dejado de considerarse un problema individual para convertirse en social, ya que el
comportamiento de cualquier individuo repercute directamente en el resto de los miembros
del grupo al que pertenece, tomando forma el nuevo concepto de convivencia.
Por otra parte cabe destacar el cambio de enfoque que se ha dado en este campo al dar
prioridad a las actuaciones preventivas frente a las propuestas tradicionales centradas en la
intervención. Un supuesto básico a considerar es que al ofrecer al alumno situaciones de
enseñanza - aprendizaje atractivas, con un grado de dificultad ajustado a sus características y
el apoyo necesario, se favorecerá la satisfacción de sus tres necesidades básicas: competencia,
autonomía y aceptación, dificultades la aparición de problemas de disciplina. Parece
aconsejable por tanto que ante las múltiples causas que pueden generar la indisciplina los
docentes se centren en aquellas más controlables a través de su ejercicio profesional.
La planificación de la disciplina a nivel de grupo clase, los acuerdos conjuntos entre
los integrantes de la comunidad educativa y el compromiso en la toma de decisiones y
seguimiento ante los problemas que puedan aparecer, son requisitos necesarios para una
gestión adecuada de la disciplina a nivel institucional. La prevención de los conflictos pasa
por la mejora de la calidad de los centros en los que se deben comprometer todos los
miembros de la comunidad educativa para mejorar tanto los recursos materiales como
Por su parte el docente debe orientar sus esfuerzos hacia una práctica educativa de
calidad centrándose en el perfeccionamiento de sus habilidades pedagógicas y manteniendo
un espíritu reflexivo y crítico respecto a su papel social como educador.
La tarea común a realizar se debe centrar en una enseñanza basada en la valoración del
individuo en su complejidad y que destaque el carácter educativo y socializador de la escuela.
AUSUBEL, D.P. (1976). Psicología educativa. Un punto de vista cognoscitivo. Mèxic:
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UN PLAN DE GESTIÓN DE LA CONVIVENCIA:
En este trabajo pretendemos aportar algunas ideas que ayuden a gestionar la
convivencia en un centro de forma operativa y coherente, procurando disminuir al máximo las
estrategias punitivas o de sometimiento y maximizar, por el contrario, las estrategias
instruccionales o de enganche de los alumnos, sin perder por ello eficacia.
La conflictividad en las aulas ha ido ganando relevancia en los debates educativos en
los últimos tiempos, ligada a la extensión de la obligatoriedad de la enseñanza hasta los 16
años, entre otros múltiples factores. Una actividad como el estudio, en sus niveles
obligatorios, genera tres tipos de alumnos en función de su actitud ante la clase:
• Los enganchados a la dinámica de la clase. Son alumnos que se sumergen gustosamente
en el estudio, bien por el interés directo por los contenidos escolares bien por la
satisfacción derivada del éxito escolar y las buenas calificaciones. Disfrutan con el estudio
y lo contemplan como fuente de satisfacciones y de autorrealización.
• Los sometidos. Aceptan resignadamente las obligaciones derivadas del rol de alumno por
complacer a los padres, por no transgredir las normas establecidas o por temor al castigo y
a la desaprobación de padres y profesores. Aunque el estudio no está ligado a satisfacción,
suelen adaptarse al mismo en función de incentivos externos, buscando la aceptación de los
demás y evitando castigos y críticas de la familia o de los profesores.
• Los rebotados. Rechazan abiertamente las tareas educativas y lo manifiestan con
conductas disruptivas. Utilizan los problemas de conducta como una expresión de su
rechazo a las clases y no se adaptan al régimen escolar, que les resulta claramente
Pretender que todo el universo de alumnos escolarizados obligatoriamente esté
enganchados o sometidos a la oferta curricular es una ingenuidad. Es necesario admitir que
los conflictos han ido, van e irán unidos al carácter obligatorio de la enseñanza, y siempre
habrá que contar con un porcentaje más o menos grande de alumnos que van a obstaculizar el
desarrollo de la clase. De esto podemos extraer algunas conclusiones obvias:
• Hay que aceptar como algo habitual la presencia de conflictos en las aulas y aprender a
• Hay que dotarse de estrategias operativas que disminuyan el número y la intensidad de
• En función del estilo docente de cada profesor o el clima de cada centro educativo, nos
podemos encontrar con estrategias fundamentalmente centradas en enganchar alumnos o
bien con el predominio de medidas encaminadas a someterlos para que no causen
problemas. En el primer caso se primarán estrategias instruccionales centradas en
variables del proceso de aprendizaje tales como la motivación, la atención, el
autoconcepto o las expectativas, mientras que en el segundo caso primarán las referencias
a las normas, el control, las faltas o las sanciones.
En este breve trabajo pretendemos aportar algunas ideas que ayuden a gestionar la
estrategias punitivas o de sometimiento y maximizar por el contrario las estrategias
EL CLIMA DE CENTRO
El clima de un centro educativo es fácil de detectar y difícil de analizar, pero en
cualquier caso tiene un peso específico muy grande en la presencia o no de conflictos.
Cualquier profesor con un mínimo de sensibilidad puede percibir si un centro es conservador
o innovador, relajado o tenso, cohesionado o segmentado, pero cuando se buscan las razones
que lo determinan, la cuestión se complica muchísimo, pues a la gran cantidad de variables
presentes se añade la dificultad para poderlas controlar, ya que gran parte de ellas pertenecen
a facetas informales, personales o paraeducativas, sobre las que se tiene un conocimiento más
bien escaso e intuitivo, y sobre las que es muy difícil incidir. No obstante, sí se puede intentar
aumentar el conocimiento de algunas variables para poderlas manipular en aras de la creación
de un mejor clima escolar.
El clima de un centro determina el contexto en el que se van a dar todas las conductas
de alumnos, profesores y familias, y facilita o dificulta tanto la convivencia como el trabajo
escolar. Puede decirse que no es la disciplina la que lleva a un buen clima, sino que es un
buen clima el que lleva al orden, por lo que tiene una importancia crucial.
Viene el clima marcado por la suma de los hábitos de conducta de todos los miembros
de la comunidad educativa, y es en esas conductas habituales en las que hay que centrarse,
obviando las conductas aisladas que no marcan tendencias.
Uno de los temas cruciales en la creación y mantenimiento del clima de centro es
dotarse de un plan de gestión de la convivencia eficaz que evite y resuelva problemas.
El plan que proponemos se basa en las siguientes 4 P:
En un centro hay infinidad de procesos que se desarrollan simultáneamente y no se
pueden atender todos con la misma intensidad. Determinar cuáles son los problemas
prioritarios de un centro permite centrarse en los mismos y afrontarlos antes que otros que no
tienen la misma importancia. Además, no todos los centros son iguales y, mientras unos
sufren problemas gravísimos de violencia, otros tienen más bien problemas de poca gravedad
y alta frecuencia. Por lo tanto, no sirve el mismo plan para todo tipo de centros, por lo que
antes de elaborar un plan hay que determinar qué tipo de conductas son las que causan mayor
trastorno y malestar en la comunidad educativa y darles un tratamiento prioritario. Hay pues
que priorizar, seleccionando unas cuantas ideas-guía estratégicas que conduzcan a la
resolución de los conflictos más relevantes para el centro.
Una forma de establecer prioridades es mediante el uso del criterio de Kaufmann
precedido de una lluvia de ideas. El criterio de Kaufmann consiste en comparar el costo de
resolución de un problema con el costo del olvido del mismo. Es obvio que hay que empezar
por problemas cuyo costo de resolución sea bajo y cuyo costo de olvido sea alto, por su
incidencia en el grado de satisfacción colectivo y por el efecto motivador que tienen los éxitos
en las primeras actuaciones que se decidan.
Otra forma de determinar cuáles son los problemas prioritarios que el centro debe
acometer es mediante el análisis cuantitativo del tipo de conductas inadecuadas que han
aparecido en el curso anterior. Para ello, a final de curso el equipo directivo puede hacer un
recuento de las quejas formuladas por escrito por el profesorado (amonestaciones, notas a los
padres o cualquier otro formato utilizado) y distribuirlas en categorías, por ejemplo:
• Actos de violencia física.
• Actos de violencia verbal.
• Retrasos o faltas de asistencia.
• Faltas de respeto a compañeros y profesores.
• Resistencia al trabajo escolar.
• Molestias a compañeros.
• Cualquier otra categoría que por su frecuencia merezca ser resaltada (no conviene que
sean muy numerosas las categorías).
La frecuencia de las quejas en cada categoría es un reflejo del malestar docente:
podemos entender que son más molestas para los profesores aquellas conductas que más
aparecen en los documentos disciplinarios del centro.
Una vez establecidas las conductas más frecuentes y/o perturbadoras de la
convivencia, se unifican criterios entre el profesorado sobre cómo abordar en el futuro dichos
Tener claros los objetivos a conseguir es fundamental para que los procedimientos que
se adopten sean eficaces, (“no hay viento favorable para quien no sabe adónde va”)
Hay centros para los que el orden y el control de los alumnos es lo prioritario y que
por tanto aplican estrategias de control y sometimiento fundamentalmente, mientras que otros
persiguen recuperar al alumno para la dinámica de la clase y priman las estrategias
instruccionales, usando las medidas punitivas sólo cuando no queda otro remedio. Según el
estilo de gestión de cada centro, se pone el acento en una u otra perspectiva aunque,
evidentemente, una visión positiva y formativa de la disciplina debería centrarse en el modelo
de “enganche” de los alumnos.
Hay por lo tanto dos grandes dilemas a la hora de establecer los propósitos de un plan
de gestión de la convivencia:
• Enganchar frente a someter.
• Anticiparse (prevenir, facilitar el aprendizaje) frente a buscar remedios (resolver, zanjar
A pesar de que todo el mundo admite que busca enganchar y anticiparse, en la práctica
es frecuente que se haga lo contrario y que la disciplina se convierta en una búsqueda más o
menos desesperada de parches para atajar problemas que acaban afectando gravemente la
convivencia a todos los niveles, generando un clima de centro tenso e insatisfactorio.
Detectadas las prioridades, y antes de decidir las acciones por poner en práctica,
conviene establecer unos principios de actuación, que sirvan de eje para todas las actuaciones
y decisiones del centro. La adopción de unos principios evita el funcionamiento mediante
ensayo-error y la improvisación, además de la consiguiente incoherencia. Entre ellos
• Economía. De tiempo, de papeles, de personas implicadas. Hay que ir a procesos simples.
Lo que pueda resolver un profesor, mejor que implicar a varios innecesariamente; lo que se
pueda resolver sin papeles superfluos, mejor que con un papeleo burocratizado; lo que se
pueda resolver en poco tiempo, mejor que dedicarle un protagonismo y esfuerzo
• Distribución equitativa de las cargas en los procesos. Es frecuente que determinados
cargos dentro de la estructura de un centro estén sobrecargados de funciones, mientras
otros no lo están en la misma medida. A la hora de decidir el procedimiento de resolución
de conflictos de un centro, conviene distribuir las cargas entre los diferentes actores de
forma que haya un equilibrio. La Jefatura de Estudios, la Dirección y las Tutorías de ESO
suelen estar saturadas de funciones, por lo que conviene ahorrarles intervenciones
• Eficacia. Un proceso es eficaz cuando evita y/o resuelve problemas. Si los procedimientos
adoptados no evitan ni resuelven los problemas prioritarios detectados, es indicativo de que
hay que cambiar el procedimiento. Por ello, se hace imprescindible realizar una evaluación
sistemática de la eficacia de cada procedimiento que se aplique, y sustituir los no eficaces
por otros de mayor fuerza.
• Simplicidad mejor que perfección. La mayoría de procesos no instruccionales que ocurren
en un centro se caracterizan porque se tienen que aplicar en un corto período de tiempo, y
además muchas veces se solapan unos con otros. Por ello deben ser lo más simples posible
y no planificarlos como si fueran los únicos a realizar en todo el día. Un excesivo afán
perfeccionista puede llevar a la ineficacia más absoluta, pues lo que decide la validez de
los procedimientos es su aplicabilidad y comodidad, especialmente en momentos del curso
en que hay una sobrecarga especial de trabajo.
• Atención a lo implícito, a lo oculto. Frente a los planes oficiales, nomotéticos (Proyecto
Educativo de Centro, Proyecto Curricular, Reglamento de Régimen Interno…) o, además
de ellos, hay que considerar las peculiaridades que se presentan en el día a día, y que
suelen afrontarse desde una vertiente intuitiva y personal que muchas veces soslaya lo que
la norma general dice. Conviene adaptar los planes oficiales a las características del
profesorado y tener en cuenta la idiosincrasia tanto de las personas en particular como de
las dinámicas de relación interpersonal que se generan un centro.
• Propiciar oportunidades favorables. Las conductas inadecuadas pueden surgir en cualquier
momento sin que podamos evitarlo pero suelen suceder cuando las oportunidades son
propicias a su aparición. No se pueden evitar todos los conflictos, pero sí se pueden y se
deben propiciar condiciones que dificulten su aparición. La labor del profesor debe
encaminarse a crear condiciones que hagan difícil la aparición de los conflictos, no sólo en
su clase sino también en el ámbito general del centro ya que esto garantiza una coherencia
necesaria entre el clima de la clase y del centro, y lleva al profesor a adoptar una actitud de
colaboración y compromiso en las medidas de centro que se adopten para mejorar el clima
Dichas condiciones favorecedoras no se crean espontáneamente, sino que hay que prever
los problemas fundamentales que afectan a la convivencia y determinar con antelación las
actuaciones más pertinentes para garantizarla.
• Planificar. Si sabemos que van a aparecer los mismos conflictos de siempre, en los mismos
lugares de siempre y en los mismos momentos de siempre, ¿por qué no planificar las
actuaciones con antelación? La planificación supone visualizar problemas y decidir
intervenciones con las características arriba enunciadas, antes de que los conflictos
previsibles y ya conocidos de antemano aparezcan.
• Prestar atención preferente a los momentos y espacios estratégicos. Los conflictos suelen
aparecer en unos momentos y espacios determinados, que se repiten con regularidad y se
pueden prever en su mayor parte. Son las rutinas, que conviene afrontar con decisión y
rotundidad a principios de curso, para evitar tener que estar continuamente resolviendo los
mismos problemas. Si una rutina perturbadora va a aparecer ochenta veces en un curso y la
resolvemos eficazmente a principios de curso, habremos ahorrado muchísimas
• Prever la implementación y la evaluación de los procesos. Cualquier plan y proyecto que
hagamos, aunque sean un modelo perfecto en teoría, no resultará eficaz si no se piensa en
su capacidad operativa, ya que lo que cuenta es la manera de implementarlos, de llevarlos a
la práctica. Para que un colectivo aplique eficazmente un procedimiento (en este caso, de
resolución de conflictos) debe:
- Ser conocido y comprendido por todos, si fisuras, para lo cual es fundamental una
difusión adecuada.
- Ser aceptado por todos, con un compromiso sincero para su aplicación coordinada
(persuasión) La utilidad y la simplicidad de los procesos son dos mecanismos
poderosos a la hora de convencer.
- Ser valorado y revisado para pulir defectos y realizar ajustes que mejoren su
• Unificar criterios. La aplicación de medidas comunes a todo un centro o equipo docente
potencia enormemente la eficacia y el poder de dichas medidas; por el contrario, la
disparidad de criterios a la hora de adoptar intervenciones debilita la capacidad del
profesor de influir sobre los alumnos. Por lo tanto, es crucial ponerse de acuerdo y
comprometerse colectivamente en la decisión y aplicación de procedimientos. Para ello, la
simplicidad de las normas y medidas aplicadas, así como el corto número de ellas, va a
ayudar a ponerse de acuerdo al profesorado.
• Rapidez, inmediatez, persistencia. Estas tres cualidades deben estar presentes en la
planificación de un plan de gestión de la convivencia, pues sólo cuando se interviene
persistentemente sobre hábitos inadecuados se consigue sustituirlos por otros compatibles
con el buen clima de clase.
• Centrarse en las causas y no en los síntomas. Cuando las actuaciones disciplinarias en un
centro se centran en las conductas sin más, hay que estar continuamente interviniendo para
modificarlas una a una. Por el contrario, cuando se analizan las causas de las conductas
inadecuadas y se va a solucionarlas, se consiguen efectos mucho más duraderos y eficaces.
• Despersonalizar los problemas. Cuando es un profesor único el que adopta medidas
disciplinarias, los problemas acaban por convertirse en cuestiones personales entre el
profesor y el alumno, y se deteriora la relación entre ellos. Conviene que las consecuencias
de las conductas inadecuadas se apliquen de forma despersonalizada, evitando que el
alumno entienda una cierta animadversión personal hacia él. Para ello conviene
incrementar la aplicación de medidas colectivas, además de argumentar las medidas por
tomar, basándonos en la obligatoriedad de aplicar las normas, de garantizar los derechos
colectivos de la clase o del profesor, y dejando claro que no hay un empeño personal del
profesor en aplicar medidas coercitivas sin razón alguna.
Una vez decididas las prioridades y propósitos, y procurando que cumplan los
principios que hayamos acordado cumplir, se puede pasar a disponer las estrategias o
procedimientos aplicables en las distintas situaciones problemáticas que se vayan
presentando. Se debe tener un abanico suficiente de estrategias para poder ir sustituyendo las
que no sean operativas por otras más eficaces. Será pues la eficacia la prueba de fuego para
decidir si mantenemos o no una estrategia.
El plan que proponemos está basado en dos únicas estrategias que procuran cumplir
los principios anteriormente enunciados, es decir, ser económicas, eficaces, proactivas…
Procedimiento Indicado para...
Enterado de los padres Problemas de conducta puntuales no muy graves, que no
necesitan ser comunicados a otros miembros del equipo
Hoja de incidencias Problemas relevantes que conviene comunicar a otros miembros
del equipo docente.
El plan se apoya en los dos siguientes procedimientos:
• Enterados. Son notas redactadas por los padres en las que manifiestan estar enterados de
la conducta inapropiada que ha cometido su hijo. Es fundamental que estén redactadas por
los propios padres, ya que ello da mayor efectividad a la medida, que la sola firma de una
amonestación o nota redactada por el profesor. Su eficacia se basa en que es económica (no
genera burocracia al centro), proactiva y positiva (sólo es intercambio de información) y
permite implicar a las familias haciéndolas copartícipes de la gestión del centro.
Ejemplo de enterado redactado por los padres.
Quedo enterado de que mi hijo/a … en la clase de … ha estado … molestando
continuamente a sus compañeros/as.
Agradezco me haya informado y le comunico que, tras haber hablado con él/ella,
asegura que no volverá a ocurrir. Nosotros, por nuestra parte, ya hemos tomado
Le ruego me informe si vuelve a incurrir en la misma conducta u otras similares.
............................., ......... de .................................... de …....
• Hoja de incidencias. Consiste en un impreso donde se anotan todas las incidencias
reseñables (positivas o negativas) de conducta o rendimiento, que merezcan ser
comunicadas al resto del equipo docente. Este procedimiento permite una comunicación
entre los miembros de un equipo docente que la estructura de los centros de Secundaria
pone muy difícil, al no haber ninguna hora destinada a la coordinación de los equipos
docentes de grupo. Además permite que cada profesor conozca inmediatamente qué ocurre
en las clases con otros profesores y adoptar medidas comunes.
Las cualidades que la hacen eficaz, frente a un sistema basado en amonestaciones, son las
• Permite una comunicación rápida y fácil entre los componentes de un equipo docente,
atenuando un déficit estructural de los centros de Primaria y Secundaria: no hay un marco
de comunicación entre los profesores que dan clase a un mismo grupo. Mediante la hoja de
incidencias, cada profesor tiene disponible información de los otros miembros del equipo
docente. No tiene pues carácter punitivo, sino informativo.
• Es una medida que economiza mucho en papeles (una única hoja por grupo) y carga de
trabajo (no se actúa sobre cada queja, sino sobre trayectorias o rumbos negativos de los
• Permite una reacción rápida, pues semanalmente se revisa la situación del grupo y se
interviene si es necesario.
• Permite la despersonalización de los conflictos, al evitar que cada profesor tenga que
enfrentarse al alumno después de cada conducta problemática, lo cual puede ser un suplicio
para algunos de ellos. Mediante la hoja de incidencias, es el centro el que actúa
despersonalizadamente, a través de los órganos correspondientes, pero no después de cada
conducta, sino sobre los rumbos o trayectorias negativas detectadas.
• Permite una división equitativa del trabajo, frente a otros procedimientos que sobrecargan
de trabajo a algunos puestos. Este procedimiento distribuye las cargas entre varios puestos:
el profesor hace un poco (anotar la incidencia), el tutor hace otro poco (pasar incidencias a
la hoja resumen y decidir cuándo hay que actuar tomando medidas) y el Jefe de Estudios
hace otro poco (decidir cuándo hay que actuar adoptando medidas, de acuerdo con el
• Este procedimiento permite además, extraer abundante información sobre el rendimiento y
la conducta del grupo, a partir del análisis de la hoja-resumen en diferentes niveles:
- Análisis individual: nos detalla el número de quejas por cada alumno y nos marca el
rumbo del mismo.
- Análisis grupal: nos indica el nivel de conflictividad del grupo, que viene dado por el
número de quejas totales del grupo.
- Análisis del profesorado: nos permite comparar el número de quejas anotadas por un
profesor con las anotaciones de otros profesores y detectar los problemas de
conducción de la clase que pueda tener algún profesor determinado, si se comprueba
que supera de forma ostensible a los demás en anotaciones negativas.
El material consta de dos hojas para cada grupo:
• La hoja de incidencias, ubicada en un lugar accesible de la sala de profesores, en la que se
anotan las incidencias significativas que ha habido a lo largo del mes. Como se puede ver
más abajo, contiene varias columnas: una para el nombre del alumno, otra para las
incidencias, otra para la fecha y otra para el nombre del profesor o la asignatura.
Grupo: Mes: Hoja nº
Alumno Incidencia Fecha Profesor/a
• La hoja resumen anual, custodiada en Jefatura de Estudios, que contiene el listado de
alumnos (en la columna de la izquierda), seguido de una serie de casillas donde se anotan
el total de las incidencias del año, sintetizadas únicamente mediante la abreviatura de las
asignaturas donde se han dado las incidencias.
HOJA RESUMEN DE INCIDENCIAS Grupo:
Anota de forma abreviada la asignatura en que se ha dado la incidencia (ej.: MAT, FQ ...)
NOMBRE DEL ALUMNO/A ASIGNATURAS (en las que ha habido quejas)
• El profesor, cuando tiene una queja o hecho positivo reseñable por su persistencia o
intensidad, la anota en la hoja de incidencias.
• El tutor, semanalmente, transfiere las quejas anotadas a la hoja resumen, en la que anota
únicamente las iniciales de cada materia donde se ha dado la incidencia (MAT, FQ...).
Cuando detecta una trayectoria negativa debido al número de incidencias acumulado por
un alumno y considera necesaria su corrección, propone al jefe de estudios la adopción de
medidas. Cualquier profesor del grupo tiene acceso a la información en todo momento y
puede pedir también la aplicación de medidas al tutor o al jefe de estudios, si lo considera
• El Jefe de Estudios supervisa regularmente las hojas resumen y propone la adopción de
medidas, al órgano pertinente, previa comunicación al tutor.
No hay un plan de gestión de la convivencia ideal, válido para cualquier centro. Cada
centro tiene un estilo de actuación marcado por infinidad de variables que aquí no podemos
abordar. Tiene pues que adaptarse el plan a la idiosincrasia del centro; lo que en un centro
puede funcionar muy bien, en otro no. Es pues necesario que cualquier centro reflexione
colectivamente a la hora de elaborar un plan de gestión de la convivencia, para determinar
cuál es el que mejor se ajusta a sus necesidades. Para ello, es conveniente que se empiece por
aclarar una serie de cuestiones que van a determinar el carácter del plan y su posterior grado
Nosotros, como sugerencia, hemos propuesto más arriba las siguientes cuestiones:
• Determinar cuáles son las prioridades del centro respecto a la convivencia y la creación de
un buen clima de centro.
• Aclarar qué objetivos se pretenden con las actuaciones disciplinarias.
• Determinar unos principios de actuación que sirvan de guía y garanticen una coherencia
imprescindible para que el plan funcione.
• Decidir unos procedimientos que cumplan con los principios que se hayan adoptado.
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EL EQUIPO DIRECTIVO ANTE LOS CONFLICTOS EN LOS
Rosario Moya Pérez
Partiremos de la idea que es necesario mejorar la cooperación y la comunicación entre las
personas que conviven en un centro educativo, por tanto debemos analizar las diferentes
situaciones de conflicto con las que nos encontramos en los IES y en las que son necesarias la
intervención del equipo directivo para darles una respuesta adecuada.
Podríamos definir el conflicto como la perturbación del orden dentro del aula o en
alguna dependencia del centro. Surge como consecuencia de las relaciones personales, siendo
el análisis de estas relaciones el que ayude a la solución y toma de decisiones en el conflicto.
Desde la dirección se ve el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir y
resolver de una forma inmediata sin entrar en las causas por los que se ha originado un
conflicto. El pensar de esta manera puede deberse a diferentes motivos:
• El sentir que nos faltan herramientas y recursos al no haber sido educados para
enfrentarnos a los conflictos de forma positiva
• La gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien preferimos mantenerlas así
antes de meternos en un proceso de transformación
Los equipos directivos y especialmente desde la jefatura de estudios, nos enfrentamos
diariamente con tal cantidad de conflictos que la persona que realiza esta función es fácil que
entre en un estado de impotencia y desánimo importante, llegando a tal punto que son muchas
las que abandonan este cargo antes de terminar la legislatura con su equipo.
Los conflictos que aparecen los podríamos agrupar:
• Entre el alumnado: los conflictos que surgen entre ellos se caracterizan por peleas más
o menos agresivas según la edad, desencuentros y robos.
• Alumnado contra el profesorado: son los conflictos que aparecen en las aulas, es donde
la naturaleza del alumnado y el profesorado se encuentran y pueden ser la base del
Pueden aparecer conflictos con grupos de alumnos que consumen diferentes sustancias
adictivas arrastrando a otros chicos y chicas a introducirse en actividades perjudiciales para su
desarrollo físico, psíquico y social.
• Las familias con el centro: los conflictos y malentendidos pueden ser por diversos
motivos, en la mayoría de los casos no justificados y consecuencia de falta de
entendimiento entre las diferentes partes.
El conflicto no es un momento puntual, es un proceso. Podemos diferenciar tres fases:
• Primera fase: tiene su origen en las necesidades económicas, biológicas, ideológicas,...
• Segunda fase: cuando las necesidades de una parte chocan con las de la otra y es cuando
surge el problema. El no enfrentarse a los problemas o no resolverlos, hará que comience
la dinámica del conflicto, añadiéndose elementos que estallarán en una crisis
• Tercera fase: es cuando se manifiesta la violencia y es la que entendemos por conflicto.
Cuando aparece el conflicto es el peor momento para resolverlo de forma creativa,
donde ya no se dan las condiciones para hacerlo de una forma positiva. En este momento el
conflicto se ha hecho inmanejable y tenemos que darle respuesta inmediata. Debemos pensar
en la resolución del conflicto como un proceso y no como una acción concreta que acabará
Ante el conflicto podemos tomas diferentes actitudes:
• Gano/pierdes: es conseguir lo que yo quiero, la relación no importa lo más importante es
conseguir mi meta aunque tenga que pasar por encima del otro. No es aconsejable en la
relación de la jefatura de estudios con el alumnado pues impide la comunicación,
apareciendo una falta de entendimiento por ambas partes.
• Ganas/ganas (cooperación): es muy importante conseguir los objetivos y que se desarrolle
bien la relación. Es el modelo que deberíamos desarrollar en el proceso educativo.
Cooperar no es acomodarse, es ceder en aquello que no es importante sin renunciar a
aquello que es fundamental.
Cuánto más importante sean los objetivos y la relación, más importante será aprender
a cooperar. Aprender a cooperar es un tema importante para trabajar, por lo general las partes
en conflicto cooperan pero para destruirse. Debemos entender que con quien tenemos un
conflicto no tiene porque ser nuestro enemigo y que lo mejor puede ser colaborar juntos para
resolver el conflicto de la forma más satisfactoria para ambos. Cooperar es mejor, no sólo
desde el punto de vista ético, sino desde el punto de vista de la eficacia.
• La negociación: se trata de que ambas partes ganen en lo fundamental, ya que no pueden
llegar al 100%. Si una de las dos partes no tiene la sensación de que ha ganado lo
fundamental, estamos en el modelo de la competición.
Es necesario intervenir en el conflicto antes de que aparezca la crisis, esto nos lleva al
siguiente proceso de intervención:
• Una explicación adecuada del conflicto.
• Un conocimiento de los cambios estructurales necesarios para eliminar sus causas.
• Favorecer las condiciones que creen un clima adecuado y favorezcan unas relaciones
cooperativas que ayuden a solucionar las contradicciones antes de que lleguen a
convertirse en un problema.
Ideas prácticas desde la dirección para mejorar las relaciones en el centro:
• Preguntar a las personas implicadas qué les ocurre y mostrarse abierto sobre lo que nos
está perturbando como adultos.
• Escuchar de verdad lo que el otro quiere decir.
• Mantenerse en contacto con los problemas y enfocarlos de manera adecuada interviniendo
con otros profesionales del centro tutores, profesorado, psicopedagogo...
• Que la comunidad educativa conozca el RRI para darle una aplicación adecuada y no
causante de más problemas.
A la hora de intervenir en un conflicto debemos tener en cuenta un principio básico el
de la economía. Tenemos unas energías limitadas y entrar en un conflicto significa invertir
muchas energías, por tanto debemos medirlas y aprovecharlas para conseguir un modelo de
cooperación y negociación.
FORMAS DE ORGANIZACIÓN PARA LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
Es necesario que desde el equipo directivo se creen en los centros educativos espacios
en los que profesorado y alumnado se preparen y desarrollen herramientas que permitan
abordar y resolver los conflictos con mayor creatividad y satisfacción.
Es fundamental trabajar los conflictos en los primeros estadios, incluso antes que se
produzcan, para que en un clima menos crispado, con tiempo y sin apasionamientos se puedan
analizar y desarrollar ideas creativas de resolución que nos permitan enfrentarnos mejor
cuando surjan. Uno de los problemas con que nos enfrentamos desde la dirección cuando
aparece un conflicto, es que respondemos de forma inmediata y no tenemos recursos para
afrontarlos de una forma diferente.
Desde la dirección es necesario:
• Implicar al profesorado en la resolución de conflictos evitando que se desentiendan de
ellos y se deriven a otros profesionales del Centro para que lo resuelvan.
• Animar a un grupo del profesorado para que participe en la resolución de conflictos
facilitándole el acceso a jornadas, cursos, seminarios… que les ayuden en el conocimiento
de las diferentes técnicas y recursos existentes.
• Trabajar con los representantes de las familias y del alumnado de tal forma que sean
conocedores de las situaciones que alteran la convivencia y participen en su resolución.
• Enfocar el Proyecto Educativo para que un primer objetivo sea la convivencia entre la
• Potenciar la Comisión de Convivencia del Consejo Escolar de manera que no sea sólo una
comisión de disciplina, dándole mayor protagonismo y siendo un importante recurso en la
• Facilitar espacios para trabajar la resolución de conflictos: en la clase, la tutoría, recreo,
programa específico, dentro de la comisión de convivencia...
Desde la dirección se trata de favorecer una serie de habilidades y estrategias que nos
permitan enfrentar mejor los conflictos. Podemos hablar de desarrollar las siguientes
habilidades en un proceso de resolución de conflictos:
• Crear un ambiente de aprecio y confianza entre las personas que conviven en el centro
Realizar dinámicas que permitan crear un clima de confianza en nosotros mismos y en los
demás que nos permita enfrentar los conflictos sin miedo. En este apartado incluimos la
importancia de trabajar la autoestima y el aprecio a los demás. A principio de curso puede
ser buen momento para trabajarlo en el grupo-clase, como un aspecto a desarrollar dentro
del Plan de Acción Tutorial de los distintos niveles educativos que se imparten en el
• Favorecer la comunicación. Una buena comunicación es fundamental para poder resolver
conflictos, ya que el diálogo es una de sus principales herramientas. En la comunicación
trabajaremos tanto los canales verbales como los no verbales. Aprender que hay una
coherencia entre los que transmiten unos canales y otros, de tal forma que no se pierda la
creatividad y la confianza.
Es importante desarrollar la escucha activa. Se trata no sólo de escuchar sino de hacer
sentir a la otra persona que me importa lo que dice, que es escuchada.
Tomar decisiones consensuadas, de forma participativa, es aprender a tomar
decisiones en las que todo el mundo haya tenido oportunidad de expresar su opinión y que
ésta se haya tenido en cuenta. Es necesario ceder parcelas de poder. Es tomar decisiones sobre
temas sencillos, para poco a poco decidir sobre cosas de más importancia. Desde el PAT se
puede trabajar la Asamblea de clase para enseñar al alumnado a resolver sus conflictos que
surgen entre iguales o con el profesorado.
• Trabajo de cooperación
Establecer un tipo de relación cooperativa que nos enseñe a enfrentar los conflictos
entre todas las partes. Descubrir los valores de otra persona, que la veamos como alguien con
la que puedo colaborar y aprender y no como un enemigo a eliminar.
• Espacio para la mediación
La mediación de otras personas o grupos son un buen recurso para la resolución de
conflictos. A la hora de realizar un proceso de mediación lo podemos desarrollar a través de:
• La Mediación Informal: todos en el centro han sido formados en este tema, siempre que
haya un conflicto y las partes sientan que no son capaces de resolverlo piden ayuda a un
• La Mediación Formal. Son equipos de mediación que se crean en el centro tienen una
ubicación concreta y todo el mundo los conoce. Estos equipos deben tener representación
de todos los estamentos: profesorado, alumnado, personal no docente y padres-madres.
• Ambas modalidades pueden caminar juntas y ayudarse.
• Según quién realiza la mediación podríamos hablar de:
• Mediación entre iguales: media alguien del mismo estamento que las partes en conflicto,
sería una forma de versión informal, ya que formará a las personas de cara a una forma de
enfrentar el conflicto en su vida cotidiana.
• Mediación de adultos: es el profesorado el que media en el conflicto. Pueden ser
solamente los tutores, pero es más coherente que sea todo el profesorado.
CRAIG PEARSON (1984). Cómo resolver conflictos en clase. Barcelona: CEAC
RED EUROPEA DE TRABAJO PARA LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA JUVENIL
(2002). Diputación de Alicante.
TÉCNICAS PARA PROMOVER CAMBIOS POSITIVOS DE
COMPORTAMIENTO EN ESTUDIANTES
Presentamos en este trabajo una serie de técnicas, propias del enfoque ecosistémico,
que tienen por objeto ayudar al profesorado a promover cambios positivos en las situaciones
escolares problemáticas, tales como alumnos que llegan tarde a clase, alumnos que no hacen
los deberes, alumnos que se pelean con otros, padres que no asisten a las reuniones con el
profesorado, etc. Para ilustrar la aplicación de cada una de ellas, se incluyen algunos casos
prácticos. Este enfoque enmarca los problemas de comportamiento en el ambiente social en el
que suceden y considera que cada una de las personas involucradas influencia y es
influenciada por la situación y entre ellas se da un patrón de interacciones que condiciona las
reacciones de los demás. Desde esta perspectiva, un cambio en la percepción o el
comportamiento de alguien asociado con un problema (por ejemplo del profesor) tiene el
potencial de influir sobre el mismo.
Cuando alguien está experimentando un problema, el reconocimiento de una razón
para cambiar no suele ser suficiente para que se produzca una variación significativa en su
comportamiento. Normalmente, hace falta que alguna otra persona sensibilizada con el mismo
tome la iniciativa de hacer algún cambio. Por ejemplo, los terapeutas familiares saben que los
miembros de una familia con una situación conflictiva normalmente se quejan a los demás de
lo que está pasando. Cada uno de ellos tiende a esperar que sea el otro o los otros quienes
cambien. Sin embargo, el primer cambio suele hacerlo el familiar que parece estar
experimentando más dolor o preocupación como consecuencia del problema, o que tiene más
Este enfoque puede también ayudar a los educadores a manejar situaciones de
conflicto en la escuela, ya que ellos son los más sensibilizados con las mismas y los que
tienen más posibilidad de introducir cambios en su interpretación. Ante una dificultad de
comportamiento persistente, el profesor puede empezar valorando la posibilidad de introducir
algunos cambios en la manera que ha actuado hasta el momento. Otra opción es esperar que el
alumno dé el primer paso para cambiar, pero esto es difícil que se produzca si el profesor no
toma la iniciativa antes. Las clases y los colegios son ecosistemas, y las personas no pueden
permanecer igual mientras los otros cambian, debido a que todas las percepciones y los
comportamientos interactúan entre sí y se influencian unos a otros.
No obstante, cuando el profesor maneja dificultades de comportamiento de
alumnos/as, si está convencido que necesita actuar de forma diferente a lo ya intentado, debe
seguir su criterio personal, valorando los pasos a dar para solucionarlas. Porque sólo él conoce
lo que ya ha intentado, las personas involucradas en el problema, las demandas y expectativas
de su escuela. Así pues, para emplear las técnicas ecosistémicas en problemas de
comportamiento persistentes, el profesor ha de intentar describir el comportamiento de una
manera diferente a lo intentado previamente.
PENSAR DE MANERA DIFERENTE SOBRE EL PROBLEMA
¿Cómo promovemos cambios constructivos de comportamiento?
La técnica del re-enmarque
Los terapeutas familiares han descubierto que una manera poderosa de promover el
cambio en situaciones problemáticas es formular una interpretación alternativa y positiva del
problema de comportamiento y animar a la persona más sensibilizada con el mismo a
introducir esta interpretación, actuando de manera congruente con ella. Esta técnica es
conocida como “re-enmarque”.
Para un profesor, re-enmarcar significa encontrar un nuevo “marco perceptivo” para la
situación problemática, uno que sea positivo, que se ajuste a las características de la situación
y que sea aceptable para las personas involucradas. Un re-enmarque también sugiere como
actuar de manera diferente con el problema. Por ejemplo, pensemos en el caso de un alumno
que interrumpa la clase con frecuencia haciendo preguntas sin esperar su turno ni pensarlas
bien, el profesor podría interpretar las interrupciones con motivos negativos, tales como que
el alumno intenta “perder el tiempo” o “llamar la atención del maestro o de los compañeros”,
etc., y dar una respuesta del tipo: “no molestes a tus compañeros” o “siempre estas
interrumpiendo la clase” o “eres muy impulsivo, nunca esperas tu turno para preguntar”, etc.
Pero también puede dar a este comportamiento una interpretación positiva, como por
ejemplo, considerar las preguntas del alumno como involucradas e interesadas en la lección y
darle una respuesta congruente con dicha interpretación: “me alegro de que tengas interés en
saber esto, espera un momento a que termine lo que estaba diciendo y lo explico” Con esta
segunda interpretación hay más posibilidad de modificar el comportamiento del alumno.
Por otro lado, un cambio en la percepción del comportamiento de un alumno o
alumna, ayudará al profesor a valorar de otra forma su contexto social y esto influirá la
conducta problemática. En un ambiente escolar, el primer cambio en el contexto social será el
de la percepción y el comportamiento de la persona que hace el re-enmarque y actuar en
consecuencia con el mismo. Para emplear esta técnica, el profesor tomará en consideración
algunos principios: 1) varias interpretaciones de un comportamiento pueden ser ciertas al
mismo tiempo, 2) el comportamiento de una persona (incluido el comportamiento
problemático), será considerado por una persona como una respuesta apropiada a la situación
según como él o ella la perciba.
David y Pedro ¿camorristas perezosos o buenos amigos?
David insistía en perder todo el tiempo que podía lejos de su sitio de pie junto al
pupitre de Pedro. Eran buenos amigos, y se apoyaban en todo. Por ejemplo, cuando uno
respondía una pregunta, el otro decía: “Eso es, él lleva razón”.
Cada mañana David entraba en el aula y se quedaba de pie junto a la mesa de Pedro, y
se ponían a hablar sobre lo que habían hecho la tarde anterior. La profesora le dijo a David
varias veces que se sentara en su sitio, porque la molestaba al pasar lista. Además, como
David estaba hablando con Pedro, tardaba mucho en sacar el material y en ponerse a hacer las
tareas de clase. En días anteriores la profesora les había llamado la atención amablemente y al
final tuvo que amenazar a David con un castigo para que fuera a su sitio, desde donde siguió
diciendo cosas a Pedro de vez en cuando. En ese momento la profesora se enfadó porque no
hacían el trabajo y hacían perder el tiempo de toda la clase.
La profesora intentó “re-enmarcar” la situación. Su interpretación sobre el significado
del comportamiento de los chicos había sido negativa, esto es, que estaban intentando perder
el tiempo, escabullirse del trabajo y comprometer su autoridad en clase. Pensando sobre la
situación, la profesora dio con otra explicación del comportamiento de los alumnos. Una
posible interpretación positiva sería que David y Pedro eran buenos amigos y que querían
estar juntos cada mañana como una manera de reafirmar su amistad. (Como la profesora
aplicó la técnica del “re-enmarque”, empezó a considerar alternativas positivas para
interpretar el comportamiento de los alumnos. Una vez llegó a una explicación aplicable y
positiva del mismo, formuló una afirmación -respuesta- que pudiera dar a los alumnos y
actuar en consecuencia con ella).
A la mañana siguiente, cuando David entró en el aula y fue ha hablar con Pedro, la
profesora dijo. “David, yo creo que está bien que seas el mejor amigo de Pedro y que quieras
estar un poco de tiempo con él cada mañana”. Él miró a la profesora y dijo: “Esta bien, ya me
voy a mi sitio”. Él no pensó que la profesora le hablara en serio. La siguiente mañana, cuando
David estaba de pie junto al pupitre de Pedro y empezaba a hablar con él, la profesora dijo:
“David, adelante habla con Pedro, algunas veces una buena amistad es más importante que
ninguna otra cosa”. David la miró como si estuviera siendo sarcástica y Pedro empezó a
reírse. Como la profesora mantuvo su compostura, el alumno se sintió desconcertado. (Al
realizar el re-enmarque, es importante que la interpretación positiva sea aceptable para todos
los involucrados. Si la profesora realizó un re-enmarque honestamente, y no de forma
sarcástica, era probable que sus estudiantes lo tomaran en serio, era convincente también para
ellos). David habló con Pedro sólo unos segundos más y fue a su sitio y se puso a trabajar.
David todavía va al pupitre de Pedro a hablar un momento a principio de clase, pero
luego se va a su sitio y se pone a trabajar. Y ha empezado a mejorar con los ejercicios de clase
cada vez más. La profesora empieza la jornada de mejor humor y tiene una actitud más
receptiva ante los estudiantes.
El proceso que hizo esta profesora ilustra claramente la técnica del “re-enmarque”. En
primer lugar, ella identificó las interpretaciones negativas que había aplicado para intentar
solucionar la conducta problemática. Después volvió a pensar en ella y buscó una posible
interpretación positiva alternativa, que fuera aplicable de forma honesta y no de forma
sarcástica. Ella eligió la interpretación que resultaba más convincente para los estudiantes y
que le ofreciera una nueva interpretación positiva consistente.
Este ejemplo también demuestra que normalmente es necesario repetir el mensaje.
Manejar una situación problemática empleando la técnica del re-enmarque conduce a actuar
de diferentes maneras y a dar varias respuestas al alumno o alumnos involucrados en ella. No
es extraño que la primera vez que se ofrece una interpretación positiva del problema, el
alumno o los alumnos se queden algo desconcertados. Por esta razón, puede ser necesario
repetir el mensaje para que el alumno lo capte.
Alumno rebelde y desafiante o adolescente difícil
A partir de una determinada edad, los alumnos intentan asumir papeles de liderazgo e
incrementar su popularidad de diversas maneras. Algunos destacan a través de sus habilidades
intelectuales o académicas, mientras que otros se dedican más a su apariencia y sus cualidades
atléticas, debido a que su desarrollo físico es más adelantado que el de sus compañeros y les
resulta más fácil sobresalir en deportes y juegos.
Este era el caso de un alumno de la clase de sexto grado. Diego era más alto que el
resto de sus compañeros desde los primeros cursos de E. Primaria y aparentaba varios años
más que ellos. Su estatura le había concedido siempre un papel de dominio sobre los otros
alumnos. En lugar de que comportarse en clase como un compañero más, Diego había
asumido un papel de rebeldía ante la autoridad del profesor de chico fuerte. A lo largo del
curso, actuaba para justificar su reputación de chico fuerte y rebelde, pero no terminaba casi
nunca las tareas de clase, interrumpía las clases e intimidaba a otros estudiantes.
Las interpretaciones negativas del profesor sobre el comportamiento del alumno no
eran obviamente injustificadas, sugerían que éste había empleado su experiencia pasada con
otros alumnos parecidos, además de su percepción del estudiante en el colegio, para crear una
comprensión compleja del comportamiento del alumno. Él tomaba en cuenta la estatura del
alumno y cómo él percibía que la empleaba con los otros. Además, interpretaba que Diego no
terminaba el trabajo en clase como una manera de demostrar su rebeldía. Algunas veces, el
conocimiento previo que tiene el profesor, su experiencia anterior y el apoyo social para una
interpretación determinada de la situación problemática, puede hacerle difícil buscar una
interpretación alternativa y específicamente positiva.
Al principio del año escolar, el profesor había intentado ganar a Diego para la clase
asignándole algunas obligaciones especiales que esperaba que fomentaran un liderazgo
positivo. Muchos de estos encargos especiales fueron manipulados por el alumno y
supusieron nuevos problemas para el profesor. Entonces el profesor habló con Diego, dándole
un voto de confianza y haciéndole saber sus expectativas con él. Le dijo que esperaba que él
respetara su deseo como profesor de tener un ambiente de clase tranquilo, bueno para todos,
en el que se pudiera trabajar y estar a gusto. Diego pareció fijarse sobre todo en que él
resultaba un alumno que casi siempre conseguía interrumpir las clases. Muchas veces, el
profesor descubrió intimidando a otros alumnos en el patio y le amenazó con castigos y
expedientes. Esto únicamente consiguió fortalecer su imagen de rebeldía. (El profesor
describía claramente cómo sus percepciones y actuaciones y las del alumno interactuaban no
sólo para mantener sino algunas veces para empeorar la situación problemática).
Hace poco tiempo, la clase de Diego estaba preparando, para la fiesta del último día de
trimestre, una obra de teatro que sería escenificada ante los padres. Diego no deseaba
participar en esa “tontería” y esto parecía estar desanimando a los demás. El profesor tenía
que hacer algo y pensó que podía intentar la técnica del re-enmarque (para re-enmarcar el
comportamiento del alumno, el profesor debía abandonar su interpretación del
comportamiento de Diego como rebelde, reacio a la autoridad y todo lo demás y encontrar
una nueva interpretación no negativa que fuera convincente para ambos (el profesor y Diego).
Actuar en consonancia con ella supondría una manera diferente de responder al estudiante.
Durante un descanso en el que los estudiantes estaban practicando unos movimientos
con las manos para una canción de la obra, Diego estaba molestando. El profesor se acercó y
le dijo que se daba cuenta de que no le gustaba participar en la obra y le dijo que cuando no
estuviera a gusto que podría ver los ensayos junto al profesor y ayudarle. Él pareció un poco
sorprendido y no participó en el resto del ensayo. En la siguiente clase, el profesor se
sorprendió al ver a Diego hacer un sincero esfuerzo por unirse al resto de la clase y como los
ensayos siguieron poco a poco se fue implicando más.
Han pasado varias semanas desde que el profesor realizó el “re-enmarque” y ya ha
percibido un cambio de actitud en Diego tanto en las actividades de clase como en su actitud
con él (ha hablado con él del trabajo de clase y parece más abierto a sus ideas y a sus
consejos). Su trabajo en la clase ha mejorado, aunque todavía hay algún incidente aislado en
el tiempo de recreo. Una tarde de viernes, a última hora, después de salir de clase con los
demás alumnos, Diego volvió a entrar y dijo al profesor ¡Que pase un buen fin de semana!
Nunca antes había dicho adiós ni se había despedido de ninguna forma. Esto le pareció un
cambio realmente positivo.
Este ejemplo ilustra cómo fácilmente las interacciones de las personas en las
situaciones problemáticas pueden mantener y reforzar el problema. El profesor siguió
buscando interpretaciones del comportamiento del alumno hasta que creó una interpretación
que explicaba su conducta, ofreció una interpretación diferente de su significado y sugirió una
manera alternativa de actuar.
La técnica del “re-enmarque” tiene efectos tanto la persona que tiene un
comportamiento problemático como en la persona que realiza emplea la técnica (en ambos se
producen cambios).
Técnica de buscar motivos con connotaciones positivas
Cómo identificar posibles motivaciones positivas para la conducta problemática es la
esencia de esta técnica. Si tomamos como referencia el ejemplo del estudiante que interrumpe
la clase y el profesor que considera mejor ignorar esta conducta, los motivos negativos no son
difíciles de encontrar: lo que desea el estudiante es interrumpir la clase, para comprometer al
profesor, para alardear ante los compañeros o quizás para no dejar dar el tema. Si el profesor
atribuye cualquiera de estos motivos negativos al comportamiento de interrumpir
abruptamente la clase, entonces ignorar la conducta es una respuesta lógica.
En el caso de algunos comportamientos molestos para la clase, pero que no perturban
gravemente la convivencia en el aula, se puede considerar la posibilidad de ignorar o quitar
importancia a la conducta del alumno, para no reforzarla, lo cual no supone que el profesor
vea lesionada su autoridad en clase. Con esta estrategia el educador puede buscar una
extinción del comportamiento, especialmente si interpreta que el alumno tiene necesidad de
llamar su atención (podría prestar ayuda al alumno cuando le corresponda pero no cada vez
que lo demanda). Si la situación no mejora, se puede intentar algo nuevo: buscar motivos del
comportamiento con connotación positiva.
En la aplicación de esta técnica, se sugiere que el profesor/a piense en el
comportamiento en términos específicos (¿qué hace el alumno implicado?, ¿cuándo lo hace?,
¿hay alguien más involucrado?). Conviene también que reflexione sobre la respuesta que ha
dado al problema hasta el momento y busque algún motivo positivo para el mismo que le
permita dar una nueva respuesta al problema.
Algunos ejemplos de este técnica:
Pensar antes de participar en clase
Miguel era un estudiante de quinto curso que casi nunca participaba en clase y
tampoco terminaba los ejercicios escritos. No es que siempre se negara, sino que sólo hacía lo
que le gustaba y dejaba de hacer las demás actividades. Esta actitud parecía responder a su
estado de ánimo o a su falta de voluntad de participar en clase y no a un contenido difícil de
las tareas. (La primera hipótesis aplicada por los profesores a este comportamiento era atribuir
el problema al estado de ánimo o a una falta de voluntad del alumno: estos eran motivos
Comparado con otros estudiantes de la clase, Miguel parecía tener un buen potencial
de aprendizaje y los profesores no entendían por qué se negaba a participar (habían
interpretado su conducta de forma que tenía sentido desde el punto de vista del profesor, lo
cual era normal “si un estudiante con buenas aptitudes no participaba era porque no estaba
motivado o porque era perezoso y no se esforzaba). Aún así, los profesores habían intentado
varas maneras de que se implicara en clase e hiciera el trabajo: habían intentado darle
actividades más cortas, le habían dado más ayuda que a los demás, habían hablado con los
padres (informándoles a diario de si realizaba o no las tareas). Pero no consiguieron ningún
A pesar de cierto escepticismo por parte del profesorado, con ayuda del psicólogo
escolar se intentó “re-enmarcar” la situación y buscar posibles motivos con connotación
positiva del comportamiento del alumno. Se sugirió a los profesores que, cuando Miguel
dejara de hacer el trabajo o rehusara participar en clase, le dieran mensajes como: “Sabemos
que es importante para ti pensar bien las cosas antes de levantar la mano para preguntar algo
en clase, así que queremos que te tomes el tiempo que necesites antes de participar”. Para su
trabajo en clase el mensaje fue: “Los profesores también estamos de acuerdo en que pienses
bien las cosas que te piden los ejercicios antes de ponerte a escribir. Necesitas ese tiempo para
poner tus ideas en orden”.
Con esta nueva hipótesis de evitar atribuir al alumno falta de voluntad y describir su
comportamiento como un deseo de pensar sus intervenciones en clase o de cómo hacer los
ejercicios, el comportamiento de los profesores cambió. Miguel siguió algún tiempo sin
participar en clase y dejaba algunos ejercicios por hacer, pero después de unos días empezó a
cambiar porque los profesores le dejaron más a su aire y no se metían con él. (Este es otro
Memorias de un viejo profesor.

References: resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 
 resolución 

resolución 
 Real Decreto 
 resolución 

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 Resolución 
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 RESOLUCIÓN 
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 resolución 
 resolución 
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