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Sentencia A.N. 49/2010 de 26 de julio. Delito de abusos sexuales. Absolución - Portal Asesoría y Empresas Thomson Reuters
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Sentencia A.N. 49/2010 de 26 de julio
Delito de abusos sexuales: Las declaraciones son creibles pero no incuestionables. La identidad sexual carece de trascendencia penalmente.
ROLLO DE SALA N.º78/09
SUMARIO N.º68/09
ÓRGANO DE ORIGEN: JUZGADO CENTRAL DE INSTRUCCIÓN N.º6
D.ª ÁNGELA MURILLO BORDALLO (PRESIDENTE)
D.ª TERESA PALACIOS CRIADO (PONENTE)
SENTENCIA N.º49/2010
En la Villa de Madrid, a veintiséis de julio de 2010.
VISTO por la Sección Cuarta de la Sala de Lo Penal en juicio oral y celebrado a puerta cerrada, el Rollo de Sala 78/09 derivado del Sumario Ordinario 68/09 del Juzgado Central de Instrucción n.º6 de la Audiencia Nacional seguido por hechos calificados de abuso sexual, siendo partes:
El Ministerio Fiscal representado por el Ilmo. Sr. Fiscal Don Pedro Martínez Torrijos.
D.ª Coro, representada por la procuradora de los Tribunales Sra. Garcisanchez De Gustin y defendida por la letrada Sra. Fernández Piñeiro.
Conrado, representado por la procuradora Sra. Martos Martínez y defendido por la letrada Sra. López Mármol.
Primero.-Con motivo de la denuncia formulada en fecha de 2 de julio de 2007 por hechos que podían constituir un delito de abuso sexual, el Juzgado de Instrucción n.º3 de los de Irún (Guipúzcoa), incoó las diligencias previas al número 650/07.
Tras la práctica de diligencias varias por auto de 21 de septiembre de ese año 2007 acordó la inhibición del conocimiento de la causa a favor de los juzgados centrales de instrucción, siéndole turnada al número 6 que en auto de 21 de octubre siguiente en las diligencias previas 326/07 acordó aceptar la competencia para el conocimiento de la referida causa.
Por auto de 19 de diciembre del año 2009, en el seno del Sumario Ordinario 68/06 se dictó auto de procesamiento y por auto de 5 de abril de 2010 se declaró concluso dicho sumario.
Elevado a la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal y evacuados los traslados preceptivos, quedaron formulados los escritos de conclusiones provisionales.
El Ministerio Fiscal y la Acusación particular calificaron los hechos como:
- Constitutivos de un delito continuado de abusos sexuales de los artículos 181.1 y 2 y 182.1 del Código Penal.
- Es autor el acusado Conrado del delito reseñado, de conformidad a lo dispuesto en los artículos 27 y 28 del Código Penal.
- No concurren circunstancias modificativas de la responsabilidad penal.
- Procede imponer al procesado la pena de ocho años de prisión e inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena.
Por la acusación particular se interesó la pena de diez años de prisión e inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena.
El Ministerio Fiscal interesaba que el procesado indemnizará a Landelino en doce mil euros por los daños psicológicos causados por la agresión sexual
La acusación particular interesó que el procesado indemnizara a Landelino en la cantidad de veinticinco mil euros por los daños psicológicos causados por la agresión sexual.
El Ministerio Fiscal interesó la imposición de las costas procesales al acusado y la acusación particular en igual sentido, incluyendo en su petición que la condena en costas alcance las causadas a la acusación particular.
Por la defensa del acusado se interesó la libre absolución.
Segundo.-En auto de 23 de junio de 2010 se declararon pertinentes las pruebas propuestas y para la celebración del juicio oral las diez horas del día 21 del mes siguiente, lo que tuvo lugar.
Ha sido ponente de la sentencia la Magistrado Ilma. Sra. Doña TERESA PALACIOS CRIADO, que expresa el parecer del Tribunal.
HECHOS PROBADOSÚnico.-El acusado Conrado, nacido el día 28 de febrero de 1981, mayor de edad y sin antecedentes penales, mantuvo una relación sentimental durante siete u ocho años, entre los años 1995 a 2003 aproximadamente, con María del Pilar, de cuya unión tuvieron un hijo nacido el día 10 de agosto de 1998.
Dicha pareja habían establecido el domicilio que habitaban en común en la localidad de Hendaya (Francia), a donde, al menos tras haber nacido el retoño, algunos fines de semana se trasladaba a dicha vivienda el hermano de María del Pilar, Landelino, nacido el día 2 de octubre de 1990, que vivía con la madre de ambos, Coro, en la localidad de Irún.
En la vivienda ocupada por el acusado y su pareja María del Pilar, en los días que permanecía Landelino con ellos dormía en la cama que había en una de las dos habitaciones, en la que también se ubicaba la cuna del hijo de aquéllos, que quedaba libre pues dormía con sus progenitores, que ocupaban una segunda habitación.
No consta que en uno de los fines de semana en que Landelino, cuando contaba con la edad de ocho o nueve años y se encontraba en el domicilio de su hermana y el acusado, éste se metiera en la cama en que dicho menor estaba acostado, le desnudara, le tocara el cuerpo por diversas partes incluidos los genitales, ni que tras ello en dos ocasiones o más en la misma noche, o en cada noche del mismo fin de semana le penetrara analmente.
No precisado pero próximo a esa fecha, Landelino dejó de ir al domicilio para quedarse y sí sólo acudía de visita, produciéndose en él, y también por esa época, un cambio en su actitud, pues se volvió más introvertido, menos comunicativo y se detectó que ganaba peso al comer con ansiedad, sin tampoco acreditarse que tal giro tuviera su origen en el hecho que se denunció por su madre el día 2 de julio de 2007, cuando, tras mantener una conversación con su hijo la noche del día 30 de junio anterior acerca de que le había visto unas marcas en el cuello, que la madre atribuyó a un acercamiento sexual con persona de igual o distinto sexo, Landelino lo negó, contando a la mañana siguiente en presencia de su progenitora, de su hermana María del Pilar y de otro hermano mayor de edad, que la única persona con la que había tenido relación de ese tipo y le había hecho daño, era el acusado, que según él, le había tocado los genitales y penetrado analmente en las ocasiones antes referidas.
Asimismo añadió en el curso de esa revelación que no se había atrevido antes a contarlo pues le tenía miedo al acusado dada la actitud agresiva que con su hermana tenía cuando discutían, sin constar el real alcance de la misma pero sí que se producía, sin que Landelino participase nada de esto a su madre cuando regresaba a casa con ella después de pasar el fin de semana en la de su hermana y el acusado. Tampoco la madre estuvo al tanto hasta que surgió la conversación con su hijo menor aquel 30 de junio de 2007.
La relación entre el acusado y su pareja, María del Pilar, la hermana de Landelino, continúo hasta aproximadamente el año 2002 o 2003, reanudándose un trato exclusivamente cordial a fin de que el acusado se relacionase con el hijo común de ambos, hecho éste que comenzó unos tres o cuatro meses antes de que Landelino contara lo que le había pasado, momento a partir del cual se interrumpió la comunicación que se había restablecido a los fines antes indicados.
A raíz de la denuncia formulada por Coro, la madre de Landelino, en la que en fecha ya datada de 2 de julio de 2007 relató en el Juzgado lo que su hijo le había referido el 30 de junio anterior, en la que peticionó en esa misma declaración que se dictase orden de alejamiento, por auto de ese 3 de julio se acordó dicha medida por la que se requería al denunciado, hoy acusado, para que se abstuviera de aproximarse a la denunciante Coro, al entonces menor Landelino, a la hermana de éste María del Pilar y al hijo de ésta, en una distancia no inferior a 300 metros, así como a su domicilio y lugares de trabajo de todos ellos, y se abstuviera de comunicarse con los mismos por cualquier medio en tanto dure la tramitación de la causa.
El acusado vive en la ciudad de San Sebastián, donde sin constar el número de veces, se ha encontrado con Landelino, que desde la localidad de Irún en la que sigue viviendo con su madre y hermanos se ha trasladado a aquella capital, coincidiendo ambos en una discoteca, de cuyo recinto no consta que debido a esos encuentros uno u otro haya abandonado el local.
Primero.-Por el Ministerio Fiscal y por la Acusación particular se calificaron los hechos que de forma prácticamente idéntica relataron en el escrito de conclusiones provisionales elevado a definitivas de un delito de abuso sexual previsto y sancionado en los artículos 181.1 y 2 y 182.1 del Código penal
Tales abusos sexuales, consistentes en tocamientos por el cuerpo, los genitales y penetración anal al menor en la fecha de los hechos Landelino, se habrían llevado a cabo por el hoy acusado Conrado, sin que la realidad de su acaecimiento haya quedado plenamente probada.
Ello es así por cuanto éste Tribunal no ha alcanzado la convicción plena en los términos exigidos por el artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
El material probatorio se ha centrado en lo que al núcleo del relato fáctico inserto en sendos escritos acusatorios se refiere, en las declaraciones del acusado y del menor en la época en que se encuadra temporalmente aquél, en el testimonio de la madre y la hermana de éste último en relación a incidencias de aquella etapa y años posteriores, no así a lo realmente acontecido entre el acusado y el denunciante dado que se ubica en la más estricta intimidad, pero que podrían contribuir a esclarecer lo ocurrido, y, finalmente, con esa misma virtualidad, en el informe emitido por dos Sras. peritos en psicología sobre la veracidad del testimonio prestado por dicho denunciante.
Comenzando por lo declarado por Landelino, esta persona en el año 2007, año en que en el mes de julio se formula la denuncia a raíz de la revelación que hizo, atinente a que la única persona con la que había tenido una experiencia sexual y le había hecho daño era el acusado, sitúa lo acontecido unos ocho años atrás, esto es, cuando tenía entre los ocho y nueve años de edad, describiendo en las ocasiones que ha contado lo ocurrido de la siguiente manera.
En la fase de instrucción expuso que estando en la habitación de su sobrino vino el denunciado y se metió con él en la cama y le empezó a tocar, le dijo que le tocara a él, le quitó la ropa, se la quitó él también y empezó a tocarle y violarle. Que no lo contó a nadie porque cuando iba a casa de su hermana él veía cómo le pegaba a ella contra la pared y él tenia miedo. Que en la cama el denunciado le tumbó y le penetró analmente.
Sigue diciendo que cuando ocurrieron los hechos su hermana estaba durmiendo y no se enteró de nada, que él estaba durmiendo y se metió el denunciado en la cama a jugar, que le quitó los calzoncillos y los dejó en la cuna, que recuerda que luego ocurrió otra vez más, que cree que fue en dos días seguidos el mismo fin de semana, no recuerda más veces, que después de eso ya no volvió a casa de su hermana a dormir, sino de visita y, finalmente, que no dijo nada ni a su hermana ni a su madre porque como veía como él pegaba a su hermana tenía miedo, que no le pegó sino que únicamente le agarró.
En el juicio oral manifestó que no recordaba la imagen del niño, su sobrino, la cuna sí, que el acusado se metió en la cama, empezó a tocarle por el cuerpo, los genitales y le penetró analmente, diversas veces más, más de una; siguió diciendo que se metía a dormir, que su hermana estaba en el otro dormitorio y que tenía miedo pues veía cómo le pegaba, que no se lo contó nunca a nadie ni cuando rompieron, que se decidió a contarlo porque se veía más mayor, más seguro y, finalmente, que no estaba seguro si también lo contó o le influyó en ello porque creía que al reanudar su hermana la relación con el acusado pasasen de la amistad a una relación de otro tipo.
El acusado en la fase de instrucción declaró que eran falsos los hechos y que acababa de alucinar, que era cierto que agredió a María del Pilar haría unos cinco o seis años, que a lo mejor había empujones, que no sabía si lo denunció, refiriéndose a ella, que la relación con Landelino era buena, que desconocía por qué Landelino había contado esos hechos, que no era cierto que en un fin de semana se metiera en la cama para abusar de Landelino, sino que únicamente se metía en la cama para que se durmiera, que para nada era absolutamente cierto que penetrara a Landelino y, finalmente, que cuando vivió con María del Pilar creía que Landelino no había presenciado ningún empujón o amenaza a su hermana.
En el acto del juicio oral declaró que con María del Pilar tuvo alguna discusión, no llegaron a las manos, igual un empujón, agredirla no y delante de Landelino no.
Siguió diciendo que no era verdad que dijera en la declaración en el Juzgado lo que en la misma obra, acerca de que se metía en la cama de Landelino para que se durmiera, que desde el dormitorio que compartía con María del Pilar donde veían la televisión los cuatro, la pareja, su hijo y Landelino, lo trasladaba cuando se dormía a su cama, que no se metía en la cama con él, que no le hizo tocamientos, que no lo penetró y finalmente que mientras aquél dormía él no entraba en su habitación.
Resulta harto difícil esclarecer hechos de la índole que nos ocupan cuando, como ya se ha dicho, son los protagonistas los únicos testigos de los mismos, no jugar a favor de su comprobación el tiempo transcurrido entre la presunta comisión de los mismos y su revelación, y, finalmente, que no hay que perder de vista el dato de que por tratarse de uno de los sujetos un niño de tan sólo ocho o nueve años de edad, sumado a lo inmediatamente antes expuesto, la parquedad de la exposición por el presunto destinatario del ataque sufrido, aún nítida en lo esencial, son circunstancias todas que no favorecen en principio la acertada apreciación que la verdad material del proceso penal impone.
Esta verdad material que preside el orden en el que nos encontramos, en ocasiones se localiza o encuentra una cercana aproximación en hechos que sin incidir directamente en el concreto hecho a desvelar, sí apuntan en la dirección que los viene a poner de manifiesto.
A tal efecto hay una serie de acontecimientos que quizás contribuyan a ello, liberando de las razonables dudas que surgen en torno a la realidad de lo que se debate, de modo que, prestándole atención y posicionándolas adecuadamente operen eficazmente a los fines de la presente resolución.
Todos coinciden en que con toda seguridad al menos desde que nació el hijo habido entre el acusado y María del Pilar, en fines de semana varios Landelino se desplazaba a la vivienda de ellos donde se quedaba, fuera porque como dijo su madre al trabajar ella en una tienda de chucherías no se quedase solo o porque, como dijo la hermana, María del Pilar, lo recogía porque era una manera de que al estar presente en la casa a lo mejor tenía menos peleas con el acusado, su pareja en aquellas fechas, o, sencillamente porque, como también dijo aquélla, a ella le gustaba que su hermano fuera y a Landelino le gustaba ir.
El hecho cierto es que Landelino iba a esa casa y que ocupaba para dormir uno de los dos dormitorios donde había una cuna y una cama en la que dormía, sin que nadie más hubiera en dicha habitación toda vez que no recuerda sino la cuna y no a su sobrino allí, lo que confirmó su hermana pues invariablemente ha mantenido que su pequeño en esa misma época dormía en el segundo dormitorio con ella y el acusado.
Ubicándonos en el dormitorio que utilizaba exclusivamente Landelino, se está en condiciones de afirmar que el acusado estuvo en su interior y justamente cuando aquél se encontraba dentro, afirmación que surge de la propia versión dada por Conrado.
Así, si se repasa lo prácticamente trascrito de las declaraciones prestadas por éste, se obtiene el dato de que se produjo ese acceso del acusado al dormitorio asignado al hermano de su pareja, si bien con apreciables diferencias entre las dos ocasiones que lo refiere.
En la declaración prestada en el Juzgado tras la denuncia formulada en su contra, dijo, lo que negó en el juicio oral, que se metía en la cama de Landelino para que éste se durmiera, y en el plenario afirmó que cuando aquél se quedaba durmiendo viendo la televisión en el dormitorio suyo y de María del Pilar, lo trasladaba a su cama.
Conviene hacer el inciso de que María del Pilar negó en el juicio que los cuatro ocupantes de la vivienda vieran juntos en la cama de su dormitorio la televisión.
Fuera así o como lo expuso el acusado, es lo cierto, tal como se viene relatando, que éste de motu propio afirmó que estuvo en el dormitorio del menor, siendo ya un avance más que relevante, y, partiendo de esa ubicación de los dos en la habitación ocupada por Landelino, averiguar si alguna vez ocurrió lo que en su día reveló dicho menor.
Constancia inequívoca de lo que ocurriera en base a las manifestaciones en ese punto dadas por el acusado y Landelino no hay, dadas las versiones de todo punto contradictorias entre uno y otro de los afectados; a ello hay que unir, que es una hipótesis barajable y no descartada, que si el acusado de forma nada inducida sino porque así lo consideraría relató en dos ocasiones, si bien de manera diferente, que accedió al dormitorio de Landelino, sea para dormirlo o fuera que lo llevaba dormido y de ahí que se internara en el mismo, es dable sostener que tal hecho lo contó porque nada tenía que ocultar derivado ni de que durmiera al menor en la cama por el mismo ocupada ni de que dormido éste en otra dependencia de la casa lo llevaba hasta la suya.
Asimismo es otro detalle a considerar que Landelino lo que si dice es que cuando ocurrían los hechos denunciados su hermana estaba durmiendo, lo que se compadece mal con lo que María del Pilar en el juicio declaró, cuando dijo que se despierta con el ruido de una mosca, pues cabe deducir que quiso decir que por su agudeza de oído hubiera escuchado algo; pero también es factible conectado con lo anterior, que no se trate de que oiría si su pareja se levanta de la cama estando los dos tumbados en dicha pieza, dada la proximidad de ambos y ese sueño que se rompe, lo que avalaría su afirmación, sino de que son posibles otras situaciones, tales, que se quedase dormida viendo la televisión, fuera donde fuera, pues había otro aparato en el salón, con lo que de haber trasladado su pareja a su hermano a su cama y de ocurrir algo entre ambos en el dormitorio de Landelino, no se enterase porque tenga el sueño más profundo de lo que cree, o, porque no oyera nada con el sonido de la televisión si estaba encendida; en conclusión, cabe representarnos que estando la misma durmiendo, pues, evidentemente se descarta que estuviera despierta salvo en el caso que se ha dicho, aprovechaba el acusado por los motivos que dio en el procedimiento para proceder como el menor insiste que se comportó.
Para terminar este apartado, que alcanza a los que ocupaban la vivienda, María del Pilar también indicó que el acusado nunca llevaba a su hermano en brazos dormido a su dormitorio, pues lo hubiera hecho ella, lo que de ser cierto elimina la versión ofrecida por Coro relativa a que lo trasladaba cuando se dormía el menor viendo la televisión en dependencia distinta de la suya, pues no había instalada en su dormitorio, quedando además abierta otra distinta situación, consistente en que el acusado abordase dicha habitación mientras, en las circunstancias descritas más arriba de que se encontraba durmiendo María del Pilar o despierta pero con ruido en la casa por la televisión puesta, dicho acusado, sin necesariamente proceder de la cama de su dormitorio, caso de que en él se encontrase su pareja dormida y ella pudiera despertarse dada su facilidad para desvelarse, se dirigiera al dormitorio del menor a fin de lo que pudo acontecer, justificándolo actualmente con que iba y se quedaba para que se durmiera.
Segundo.-Examinado el entorno en el que se ubican los hechos denunciados, se ha de afrontar otra serie de datos por si a su través auxilian en el esclarecimiento de lo enjuiciado.
En la cronología de los acontecimientos, datando al parecer del año 1998 ó 1999, son unos ocho o nueve años después cuando se revelan por el que en aquellas fechas tenía tan sólo ocho o nueve años, Landelino.
Sobre lo que esta persona contó nadie de sus más próximos allegados estaba en condiciones de aseverarlo, pues era la primera noticia que todos tenían, pero sí propició que se apuntalaran sucesos personales de aquél.
Así la hermana de Landelino, contó que su hermano, sin saber especificar la fecha concreta, dejó de ir a su casa en la que seguía viviendo con el acusado, los fines de semana ya sólo de visita, lo cual coincide con lo que aquél asimismo manifestó, y tanto ella como la madre de ambos expusieron en el juicio oral, reiterando lo referido sobre lo mismo en el sumario, con el añadido de que era un niño diferente que se ponía tacones con cinco, seis y siete años y muy bueno, que dio un giro de ciento ochenta grados, que dejó de ser comunicativo, que engordó mucho pues comía con ansiedad, época que su madre dijo que era cuando su hijo tenía diez años.
A la par que se denunciaron los hechos, es cuando Landelino al contarlos explica que no los había revelado anteriormente ni siquiera cuando su hermana unos años después de aquéllos rompe con el acusado, debido a que tenía miedo toda vez que había presenciado cómo el acusado golpeaba a su hermana dándole golpes a la cabeza de ésta contra la pared.
Sobre la mayor o menor agresividad en la pareja, en concreto del acusado hacia María del Pilar, no queda inequívocamente acreditado lo que el hermano de ésta última refirió, incluso se contradijo pues al mismo tiempo que contaba aquel incidente, dijo en la primera declaración que prestó que "no le pegó sino que únicamente la agarró".
La hermana, protagonista en este evento, sí dijo en el juicio oral por primera vez que el acusado se había conducido como contó su hermano y que en alguna ocasión se le había ido la mano.
No se está en condiciones de evaluar si se daban agresiones tales que produjeran ese miedo en el menor hasta el punto de que fuera ello la causa por la que no lo contó sino años después lo ocurrido; a ello hay que unir que no se aportaron denuncias que al parecer se cursaron y retiraron según María del Pilar, que el menor nunca se lo contó a su madre, ni siquiera tras la ruptura de la pareja, y que Landelino no obstante estar presente en ocasiones en tanto acaecían, nunca puso excusa para dejar de ir a la vivienda salvo que se entienda que era una forma de estar junto a su hermana, lo que no se sabe si respondía a ello.
La incidencia de este dato es para averiguar si el no contar lo suyo Landelino sino ocho años más tarde fue porque no existió o porque habiendo ocurrido, fruto del miedo que describió ello le había paralizado.
Tal miedo se compadece también mal con la revelación que hizo en el juicio acerca de que al acusado lo ha vuelto a ver en ocasiones en ambientes de discoteca en la ciudad en que vive éste último actualmente, San Sebastián, y dicho sea de paso, se entiende aún menos que al verse, Landelino no abandonase el local presa de ese miedo que dice le profesa y, lo que es más importante, por lo que según el mismo dice aquél le hizo.
Lo que nos interesa es si lo que describió a su familia ese 30 de junio de 2007 era en respuesta vengativa al comportamiento agresivo que Landelino afirma que el acusado tenía con su hermana, la que también incidió en ello en el plenario y al enterarse Landelino que se veían, no como pareja pero amigablemente en pro del hijo común, le hizo temer que volvieran a una relación de pareja y era su forma de impedirlo, o son perfectamente separables los acontecimientos sin más relación que habiendo acontecido los relativos a Landelino le dio miedo la reacción de aquél por si pudiera ser del tenor de la sufrida a sus ojos por su propia hermana.
La madre de estos dos últimos también describió un incidente de golpes proferidos a su hija por el acusado y una chica, y, el propio acusado reconoció que daba empujones e incluso puñetazos, pues, añadió la mención a estos ataques en el derecho a la última palabra, instante procesal en el que sorprendentemente se empleó para negar haber maltratado a la que había sido su pareja durante el tiempo que estuvieron juntos, sin hacer ni la menor alusión en sentido alguno a los hechos a los que se contraía el juicio oral.
Con lo referido tampoco se está inequívocamente en condiciones de afirmar que lo denunciado por Landelino, provenga del conocimiento, que ocultó hasta a su madre y que consideraba que se trataba de suma agresividad del acusado hacía su hermana, valiéndose del mismo en un momento determinado, que seguidamente se abordará, para crear unos graves hechos atribuidos a aquél; descartado ese dato en la seguridad que su crucial introducción requeriría, ha de seguir impetrándose en la averiguación de la verdad de lo a él ocurrido.
El detonante por el que se revelan los hechos que se denunciaron el día 2 de julio de 2007 tiene su raíz en que el día 30 de junio anterior, al regresar Landelino a su casa en la que vivía con su madre. Aún cuando ésta en el juicio oral lo niegue obra que dicha progenitora en la declaración judicial prestada señaló que estaba en aquel momento junto a su hija María del Pilar, la que dijo que ella estuvo al día siguiente pero no esa noche, y, que al ver en su hijo unos chupetones en el cuello le preguntaron ambas si había sido un chico o una chica quien se lo había producido, a lo que el hijo reaccionó llorando y dijo que le había violado una persona que todos conocían.
Puesto en marcha el procedimiento y ya disponiéndose de los datos hasta ahora resaltados salvo los atinentes al plenario, se efectuó un informe por dos psicólogas a las que se les suministraron tales a fin de que informasen acerca de la veracidad del testimonio del menor.
Tales profesionales lo ratificaron en el juicio oral, en cuyo dictamen pericial expusieron que lo relatado por Landelino en su contraste de hipótesis son alegaciones válidas, que se basan en una experiencia personal CONFIRMADA, por contraria al término REFUTADA que en relación a otras alegaciones emplean por considerarlas que en tales se ha podido sustituir al perpetrador, ser inventadas o falsas en aspectos, o, fantaseadas, concluyendo que en función de los datos recogidos y analizados se considera que las alegaciones efectuadas por Landelino son creíbles.
Efectivamente pueden ser creíbles, pero ello no alcanza la categoría de incuestionable, cuando en el mismo informe recoge que el observado presenta una personalidad con rasgos histriónicos, que son indicadores de que manipula con facilidad los acontecimientos para potenciar el apoyo y la atención de los otros y evitar la falta de aprobación.
No se está diciendo que en base a tal rasgo de la personalidad el denunciante fabule, pues más arriba tampoco se aseveró por el Tribunal la concurrencia de esa connotación, pero es que en lo que respecta a la realidad del hecho, por lamentable que éste sea, lo denunciado por Landelino, a pesar del esfuerzo que ha representado el análisis del material probatorio del que se ha dispuesto, no se ha alcanzado la convicción íntima del artículo 741 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que al comienzo de la fundamentación de la presente resolución se mencionó.
No se oculta que en mayor medida la probanza desplegada está más próxima a avalar la versión ofrecida por el en su día menor que la proveniente del acusado, pues las manifestaciones del primero mencionado han sido puestas en relación, en aras de averiguar su crédito, con los demás datos que se han relacionado, lo que ha conducido a una aproximación a una situación que es factible que haya acontecido, pero, de la que no se tiene la completa seguridad de su perpetración; así, a pesar de pretender dar forma cabal a lo que se denunció que ocurrió, no se ha logrado configurar una verdad inequívoca.
Ha sido del lado del perjudicado quien ha puesto empeño en trasladar al Tribunal todo aquello que contribuya en sobreponernos a la dificultad que entrañan conocer en la mayoría de las ocasiones los comportamientos denunciados, dado que no hay nadie más presente en tanto discurren los mismos.
Las circunstancias adversas, tales el dato objetivo consistente en que de haber ocurrido los hechos sólo dos pueden referirlos, el que al tratarse de un menor, por ser explicito lo que relató queda claro en lo sustancial pero al adolecer de aditamentos que pudieran parecer intranscendentes, poco se puede de ello extraer cuando de contrario se niega; el hecho de que a los ocho años aproximadamente de la comisión se revelara, lo que hace que se queden sin recuerdo aspectos que contribuirían al esclarecimiento, ubican lo acontecido en una más que probabilidad sin ser ello equiparable a una realidad incontestable.
Es cierto que del lado del acusado se ha limitado a negar los hechos, lo que en principio es lógico pues la prueba del ilícito comportamiento que se le reprocha por las acusaciones incumbe a éstas aportarla, pero es que además nunca ha negado que accediera a donde presuntamente aconteció el ataque a la libertad sexual del menor, es más, lo contó él desde el primer momento sin que a instancias de nadie se viera en la situación de revelarlo, lo que pudiera responder, y ya se dejó expuesto más arriba, a que precisamente nada tenía que ocultar ni esconder.
A ello hay que unir que derivado de las diferencias de pareja o incluso en un tono más elevado entre su hermana y el acusado, si tenía miedo Landelino, no se alcanza a entender el que siguiera yendo por la vivienda, cierto es que sólo de visita, y que ni siquiera contase aquéllas a su madre cuando se rompió la relación si tan cruentas y frecuentes eran, en aras incluso de proteger a su hermana en vez de ir a donde se producían, y sin tampoco entenderse que coincidiendo casualmente con el acusado en sitios públicos no se mueve del lugar para perderlo de vista.
También obra en el informe aludido que en los estudios va bien, pues su trayectoria académica es positiva, lo que también afirmó su hermana y que en general no aparecen rasgos de alteración, si bien durante la exploración se muestra abierto, con cierta confusión en la identificación sexual.
Este apartado se resalta, toda vez que dicho documento cuando aborda lo relativo al sexo afirma que la dificultad en la identificación sexual podría ser compatible con la supuesta experiencia de abuso homosexual en la infancia.
Ésta parcela del informe por si de alguna manera contribuye al estudio que se hace conviene ser puntualizada, toda vez que al margen de la identidad sexual de cada uno, si el hecho denunciado se acredita, ese extremo pasa a un segundo plano, por no decir que carece de trascendencia punitivamente hablando.
Pero la cuestión, tal como la indica el reiterado dictamen, parte de la premisa de que es probable esa falta definitiva de identificación sexual por la experiencia de abuso sufrido, no barajando otras hipótesis que no es que vengan a dar la orientación definitiva del sexo del observado pero que a lo mejor tuvieron incidencia en ello y no aquella otra que plantean a modo de gran dosis por no decir única explicación a la no definida aún orientación sexual, lo que se termina erigiendo en un elemento quasi imprescindible de tal teoría y a la par la afirmación casi con esa misma seguridad del abuso denunciado.
Por todo lo que antecede, no disipadas ni resueltas las dudas generadas y puestas de manifiesto a la hora de acoger la pretensión penal acusatoria, en virtud del principio in dubio pro reo, procede absolver a Conrado del delito de abuso sexual del que viene siendo acusado.
Tercero.-Se declaran de oficio las costas procesales.
Cuarto.-Una vez sea firme la presente resolución, déjese sin efecto la orden de alejamiento acordada por auto de 3 de julio de 2007.
Quinto.-No procede la deducción de testimonio contra dicho acusado por quebrantamiento de la orden de alejamiento decretada por auto de 3 de julio de 2007, pues en el curso del plenario y en otros pasajes de esta resolución se ha mencionado que se reveló que efectivamente el acusado se había visto con Landelino, pero fue precisamente éste el que desplazado a la ciudad en la que vive aquél se lo ha encontrado en ambientes de discoteca, no constando que en una trabaje el acusado, lo que dio por sentado su Letrada, sin que haya incumplido los términos de las medidas que al dictado del auto fue requerido.
Vistos los artículos citados y demás de general y pertinente aplicación, este Tribunal Dispone que,
QUE DEBEMOS ABSOLVER Y ABSOLVEMOS al acusado Conrado del delito de abusos sexuales del que venía siendo acusado, declarándose de oficio las costas procesales causadas.
Publicación.-Leída y publicada ha sido la anterior sentencia por la Magistrada Ilma. Sra. D.ª TERESA PALACIOS CRIADO, estando celebrando audiencia pública el día de su fecha. Doy fe.

References: artículo 741
 artículo 741
 resolución 
e contrario
in dubio
 resolución