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Timestamp: 2017-10-19 07:21:28+00:00

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Discriminación al diferente | Rubén Darío Buitrón
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Más Orwell y menos Trump
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El gran oponente de Donald Trump, el presidente tuitero, el gran antiintelectual de nuestra época, no es Hillary Clinton, ni Bernie Sanders ni Barack Obama, sino George Orwell, el escritor y reportero y librero y soldado antifascista que murió en 1950 pero está más vivo que nunca.
Cuando en 2013 se reveló que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) de Estados Unidos nos estaba espiando de un modo indiscriminado, las ventas de la novela 1984 se multiplicaron por siete en Amazon.
Y en pleno proceso actual de transformación de la distopía en realidad, como siempre a través del lenguaje (desde los tuits sobre Corea del Norte hasta la firma de la orden ejecutiva para construir un nuevo muro), la expresión “hechos alternativos” en boca de Kellyanne Conway —que en pocos días pasó de dirigir la campaña electoral a asesorar en el Despacho Oval—, ha situado el libro sobre el Gran Hermano y el Ministerio del Amor y el doblepiensa en el más vendido del megasupermercado online.
No es La conjura contra América, de Philip Roth, una ucronía de estilo realista que fabula el ascenso a la Casa Blanca de un presidente fascista, aliado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial. No son los Diarios de Victor Klemperer, el filólogo que anotó y desmenuzó, sabia y maniáticamente, cada una de las palabras que eran adulteradas y envenenadas por la retórica nazi.
Se trata de una novela futurista sobre la censura y la vigilancia, sobre el nacionalismo y el totalitarismo, que anticipa la omnipresencia de los helicópteros como vehículos de biocontrol y de las pantallas panópticas, y que da por descontado que, en un futuro en guerra, la gran alianza de Gran Bretaña sería con los Estados Unidos y no con Europa.
Una novela sobre el lenguaje como un líquido viscoso que se filtra por los poros de los pliegues del cerebro: es la neolengua la que permite el doblepiensa, una disciplina mental que logra que creas simultáneamente en dos verdades contradictorias.
“Lo que vi en España no me ha vuelto escéptico, pero me ha convencido de que el futuro se presenta muy negro”, escribió Orwell en una carta al escritor y productor de radio Rayner Heppenstall el 31 de julio de 1937.
A partir de ese momento, Homenaje a Cataluña (1938), Rebelión en la granja (1945) y, finalmente, 1984 (1949) comparten la obsesión por desenmascarar el estalinismo.
En unos años en que todos escribían contra Hitler, Orwell lo hacía contra Stalin.
En unos años en que todos veían la paja en el ojo ajeno, Orwell —quien era británico— publica el artículo “Antisemistismo en Inglaterra” (1945).
No obstante, sus tres obras mayores constituyen un testamento que supera las encarnaciones históricas del totalitarismo.
El Fascismo es una fuerza superior que se metamorfosea y sobrevive.
Él creía y defendía un socialismo democrático que, si llegó a existir, fue enterrado por el capitalismo huracanado y de ficción.
Tal vez haya dos tipos de clásicos, esos textos ajenos a los spoilers, esos textos que nunca pasan de moda: los que invitan a ser reimaginados y los que invitan a ser reactivados. La novela 1984 pertenece a esta segunda categoría.
Durante las últimas décadas su crítica política ha provocado tanto adaptaciones directas (televisivas, cinematográficas, radiofónicas) como versiones libres (del film Brazil de Terry Gilliam al cómic V de Vendetta de Alan Moore y David Lloyd), porque pocos libros contienen tantas ideas perturbadoras que hayan logrado ir cobrando formas familiares, opresivamente inmediatas.
Que la presidencia de Trump haya sido recibida con una compra masiva de 1984 se puede interpretar como una gran performance colectiva: como una manifestación de la incipiente resistencia civil, que activa un título talismán, para usarlo como arma de la polis contra el tirano que atenta contra el periodismo y contra la literatura y contra el mero pensar.
Pero eso, por supuesto, es una lectura humanista de un dato revelador. Toda cara tiene su cruz: que en un mundo con decenas de canales de telerrealidad, en que son grabados todos y cada uno de nuestros pasos físicos y materiales, midamos en los términos que propone Amazon conceptos como la resistencia no puede más que significar el triunfo final de Gran Hermano.
La moneda está en el aire: ¿Qué eliges, cara o cruz?
Por Jorge Carrión, The New York Times
La gran farsa de la concesión de frecuencias de radio y televisión
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Frecuencias de radio y TV
El debate sobre la distribución de frecuencias, ha concentrado su atención en la asignación de frecuencias por tipos de medios y en lo procedimental, relegando a un segundo plano los principios fundamentales que contiene la Constitución respecto a la comunicación, así como normas expresas de la Ley Orgánica de Comunicación.
Efectivamente, en tanto las fuentes oficiales consideran que lo importante para la recuperación de derecho a la comunicación es el establecimiento de “un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico” mediante un reparto equitativo: 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios, como lo establece la Ley Orgánica de Comunicación en el artículo 106, los potenciales afectados en la asignación de frecuencias defienden su derecho, reclamando que el proceso ha carecido de transparencia y que han sido objeto de un tratamiento discriminatorio.
El debate se ventila en la esfera pública, mediante una serie de declaraciones y comunicados emitidos por las fuentes oficiales, en tanto los posibles afectados han acudido, incluso, a movilizaciones en procura del apoyo político de fuerzas de la oposición, lo que no se ha hecho esperar, como es previsible en este momento en que se desarrolla el proceso electoral para designar Presidente de la República.
Por lo mencionado, el presente análisis pretende develar, sobre la base de los principios y las disposiciones constitucionales aprobadas respecto a la comunicación, y las disposiciones que contiene la Ley Orgánica de Comunicación, si se han respetado o no los principios y disposiciones de esos cuerpos legales, para, sobre esa base, juzgar la pertinencia o no de la posición oficial, así como si el reclamo presentado por potenciales afectados, tiene o no razón de ser.
Monopolización y oligopolización
La Constitución vigente contiene tres principios fundamentales, a saberse:
El fomento de la pluralidad y la diversidad de voces;
La garantía que la asignación de frecuencias se producirá “a través de métodos transparentes y en igualdad de condicionesprecautelando que en su utilización prevalezca el interés colectivo”; y,
La decisión de no permitir: “…. el oligopolio o monopolio, directo ni indirecto, de la propiedad de los medios de comunicación social y del uso de frecuencias”.
El mandato constitucional de no permitir la concentración de frecuencias, se desarrolla en forma taxativa, inequívoca en el artículo 113 de la Ley Orgánica de Comunicación (en adelante LOC), cuando dispone:
“Art. 113.- Prohibición de concentración. – Está prohibido que las personas naturales o jurídicas concentren o acumulen las concesiones de frecuencias o señales para el funcionamiento de estaciones matrices de radio y televisión.
La autoridad de telecomunicaciones no podrá adjudicar más de una concesión de frecuencia para matriz de radio en AM, una frecuencia para matriz de radio en FM y una frecuencia para matriz de televisión a una misma persona natural o jurídica en todo el territorio nacional.
Quien sea titular de una concesión de radio, ya sea en AM o FM, puede participar en los concursos públicos para la adjudicación de no más de una frecuencia de onda corta.
En una misma provincia no podrá concesionarse una frecuencia para el funcionamiento de una matriz de radio o televisión a familiares directos de un concesionario con el que tengan parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad y segundo de afinidad.”
Sin embargo, de lo explícito de las disposiciones antes mencionadas, tanto CORDICOM como ARCOTEL, argumentan que: “… la ciudadanía recupera los derechos (el acceso y a la libre expresión GNJ) bajo un nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico mediante un reparto equitativo: un 33% para medios públicos, 33% para medios privados y el 34% para medios comunitarios”, a lo que agregan: “Es por ello que el Concurso Público de Frecuencias, convocado por ARCOTEL el 16 de abril de 2016, es un proceso histórico de distribución técnica, equitativa y transparente que garantiza la participación de todas y todos los ecuatorianos”.
En consecuencia, según CORDICOM y ARCOTEL, la desconcentración se produce por el nuevo esquema de administración del espectro radioeléctrico y no por el cumplimiento de las disposiciones constitucional y legal que prohíbe la asignación concentrada de frecuencias en determinadas personas, naturales o jurídicas. Siendo esto así, el recordar que la monopolización u oligopolización reduce el número de prestadores de servicios de comunicación y, concomitantemente, controlar los contenidos de los productos comunicacionales, es irrelevante para ARCOTEL y CORDICOM.
Percepción no sólo ilegal e inconstitucional, sino también equívoca, ya que la realidad demuestra que, en el caso del sector privado, inexorablemente, se observa una tendencia a la monopolización o a la oligopolización, como quedó demostrado en el Informe de la Comisión Auditora de la Concesión de Frecuencias.
Restricción a la diversidad de voces que igualmente se registra en el caso de los denominados “Medios de Comunicación Públicos de Carácter Oficial”, cuya definición y funciones se establecieron ilegalmente en la LOC en el artículo 83[1], puesto que éstos se han convertido en medios de propaganda gubernamental, en voces únicas, antes que en medios que apoyen a la diversidad de voces.
Si lo antes aseverado podría ser objetado por ARCOTEL y CORDICOM, vale acudir a la realidad de las concesiones que han aprobado, las cuales muestran, en forma fehaciente e irrefutable, que, en evidente violación de la Constitución y de la Ley Orgánica de Comunicación, han concedido frecuencias a determinadas personas que conforman conglomerados monopólicos a nivel nacional, como es el caso de las frecuencias de radio y de televisión concedidas al señor Jorge Yunda Machado (candidato a asambleísta por PAIS) para sus estaciones de radio y televisión que operan bajo la denominación de Canela, o al señor Remigio Ángel González González, quien, de acuerdo a la información proporcionada por el diario El Universo, no sólo controla medios de comunicación radiales o televisivos, sino también medios impresos[2].
El Universo afirmaba que: “Con la venta del Grupo El Comercio, en diciembre pasado, se desveló en el país la figura de Remigio Ángel González González, un empresario mexicano-estadounidense de 71 años que en Ecuador maneja 16 medios de comunicación, diez de ellos nacionales (el 16%), incluyendo al diario capitalino, con el que se estrena en el mundo de los impresos en el país.
Entre los medios que controla están, según los registros de la Superintendencia de Compañías revisados por este Diario hasta el jueves pasado, tres canales de televisión (RTS, Red TV Ecuador y Tropical TV), once radios (Galaxia, Fabu, Alfa Stereo, Joya Stereo, Metro Stereo, Platinum, La Fabu, Tropicálida, RQP, Arpeggio y Radio Quito) y dos diarios (El Comercio y Últimas Noticias).
En la mayoría de los medios ejerce su control a través de parientes, abogados o empleados, una práctica que se repite en los países donde tiene negocios y que él mismo ha reconocido.
“¿Por qué mentir? En Guatemala utilizo el nombre de mi esposa, en Chile tengo a chilenos, en Perú tengo a peruanos (…). Yo manejo un consorcio de compañías y dejo que mis amigos y parientes controlen todo. Yo no violo ninguna ley”, le aseguró al periodista Will Weissert, corresponsal de la agencia Associated Press, en el 2002.[3]”
Concentración que se profundiza y consolida con la salida al aire, el 1 de febrero del 2016 del nuevo canal Televicentro, que puede ser visto en los canales 5 en Quito y 11 en Guayaquil, que presenta tres noticieros con el sello editorial de diario El Comercio. Esta concesión comprueba una vez más que ARCOTEL concedió esta frecuencia sin que medie un concurso público que dispone la LOC. A lo que debemos agregar que para posibilitar la salida al aire de Televicentro, ARCOTEL autorizó que se mueva la señal de RTS del canal 5, al canal 11, canal que no existía en el norte de Quito, en tanto que en Guayaquil le asignaron el canal 11.
Es ineludible agregar que esas frecuencias estaban concesionados a GamaTV, razón por la cual y en el objetivo de posibilitar la concesión a Gonzáles, el gerente de GamaTV, Claudio Moya Rossel, solicitó el 5 y el 7 de agosto del 2016, el canje del canal 11, cuya concesión mantenía en el sur de Quito y el sur de Guayaquil, por otras frecuencias, petición en la que insiste el 17 de agosto, la misma que fue aprobada el 18 de agosto. El mismo 17 de agosto, fecha en la cual GamaTV solicitaba el canje, las empresas de González solicitaron las frecuencias de esos canales que hoy ocupan RTS y Televicentro, replicando el ilegal denominado procedimiento “devolución- concesión”, denunciado en el Informe de la Comisión de Auditoría de la Concesión de Frecuencias.
En conclusión, ARCOTEL y el CORDICOM insisten en que la redistribución por tipo de medios es el mecanismo idóneo para fomentar la pluralidad y la diversidad, puesto que si hubiesen reconocido y respetado el principio constitucional y la disposición legal sobre concentración y monopolización, no podrían haber concedido frecuencias sin concursos públicos, a conglomerados que concentran una gran cantidad de medios nacionales tanto de radio como de televisión como quedó demostrado.
Observaciones al procedimiento
Tanto la Ministra de Telecomunicaciones Alexandra Ávala, como CORDICOM y la Directora de ARCOTEL, Ana Proaño, sostienen que el procedimiento para la concesión de frecuencias contempla dos fases, una primera que se inicia con la presentación por parte de los postulantes, a y según ARCOTEL, del plan de gestión, de viabilidad financiera y el estudio técnico, y, una segunda en que CORDICOM evalúa el proyecto comunicacional y elabora el informe vinculante[4].
Al respecto es ineludible señalar que los responsables de los organismos mencionados no se atienen a dispuesto en la LOC respecto al procedimiento a seguir. Efectivamente, si bien la LOC contempla las dos fases, la responsabilidad atribuida al ARCOTEL y al CORDICOM, no son los que señalan las autoridades en sus comunicados y declaraciones.
Efectivamente, si se estudia el contenido del artículo 110 de la LOC, todos los solicitantes deben presentar al ARCOTEL para participar en el concurso público para la concesión de frecuencias:
“1. El proyecto comunicacional, con determinación del nombre de medio, tipo de medio, objetivos, lugar de instalación, cobertura, propuesta de programación e impacto social que proyecta generar;
El plan de gestión y sostenibilidad; y,
El estudio técnico”.
En consecuencia, si es cierto que ARCOTEL sólo exigió a los solicitantes la presentación del plan de gestión, la viabilidad financiera y el estudio técnico, como lo afirmó la directora de ARCOTEL, y obvió la presentación del proyecto comunicacional, no sólo incumplió lo dispuesto en el artículo 110 de la LOC, por lo que los concursos serían ilegales, sino además porque impediría el desarrollo de la segunda fase del concurso y la definición de las concesiones solicitadas. Conclusión que contraría la posición de la directora de ARCOTEL, quien asevera que no existen argumentos jurídicos para detener el proceso en marcha.
En relación a la segunda fase del concurso, la CORDICOM, en su carta publicada en los medios de comunicación social, asevera que: “La Ley determina como obligación del Cordicom la evaluación del proyecto comunicacional y la elaboración de del informe vinculante para la asignación de frecuencias”.
Es válido afirmar que se desconoce lo dispuesto en la LOC.
Efectivamente, la LOC dispone que la CORDICOM, una vez que ARCOTEL remita los expedientes de hasta los cinco solicitantes mejor puntuados, debe revisar el proyecto comunicacional, esto es una vez que ARCOTEL lo haya calificado en la primera fase del concurso.
Revisión que por definición, debería tener por objetivo determinar lo que se debe corregir, enmendar o reparar. Como a lo expuesto puede acotarse que la LOC también dispone que el CORDICOM en base a su evaluación emita el informe vinculante, vale preguntarse: ¿Cómo puede el CORDICOM revisar y evaluar los proyectos comunicacionales si ARCOTEL no exigió su presentación para su análisis en la primera fase del proceso? ¿Para qué sirve la primera fase el concurso si se omite le proyecto comunicacional? ¿Cabe en la segunda fase volver a recalificar a los solicitantes sobre la base de un solo requisito, el mismo que no fue solicitado como lo exige la LOC? ¿Es factible comparar cualidades distintas, cuyos objetivos son igualmente distintos como es el caso de los medios privados y los comunitarios? ¿No será que la segunda fase es una suerte de instancia inquisitorial, en la que se decide quien sí o quién no puede acceder a una frecuencia, de acuerdo a criterios ideológicos o políticos?, como lo advertimos oportunamente.
La instancia que decide la concesión o no de una frecuencia, es un organismo en el cual actúan hoy sólo 3 de sus 5 miembros, ante lo cual cabe preguntar: ¿tres ecuatorianos sobre cuya sapiencia en el campo de la comunicación expresamos nuestras reservas, deben ostentar el poder de asignar o negar frecuencias sobre la base de su opinión sobre el proyecto comunicacional? Amén, por cierto, de las prácticas corruptas que denunció el ex asambleísta Gerardo Morán respecto a las coimas solicitadas por el consejero de la CORDICOM, Marcos Párraga Quinteros, delegado ante ese organismo por su calidad de asesor del Vicepresidente de la República.
Porcentaje por acciones afirmativas
Tanto la Ministra de Telecomunicaciones como la directora de ARCOTEL y los directivos de CORDICOM, admiten que se estableció un porcentaje inicial de 15% en favor de los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios.
Acción que califican como acción afirmativa, disposición que se admite casi sin reparo alguno, sin considerar que la Constitución de la República establece que: todas las personas, en forma individual o colectiva, tienen derecho a acceder al uso de frecuencias del espectro radioeléctrico en igualdad de condiciones (artículo 16), disposición que se reitera en el artículo17, en el cual se establece que el Estado, para fomentar la pluralidad y la diversidad en comunicación: “
“1. Garantizará la asignación, a través de métodos transparentes y en igualdad de condiciones, de las frecuencias del espectro radioeléctrico, para la gestión de estaciones de radio y televisión públicas, privadas y comunitarias, así como el acceso a bandas libres para la explotación de redes inalámbricas, y precautelará que en su utilización prevalezca el interés colectivo”.
Principios constitucionales que se reitera en la LOC, tanto en el segundo como en el sexto considerando como en el artículo 34, por lo que el otorgar un porcentaje sólo para quienes solicitan se les asigne una frecuencia para medios comunitarios, desacata el principio igualdad de condiciones, el cual se expresa en forma reiterada en la Constitución vigente y se desarrolla en la LOC.
Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario precisar que si bien la LOC establece el Principio de acción afirmativa cuando dispone en el artículo 11:
“Art. 11.- Principio de acción afirmativa. – Las autoridades competentes adoptarán medidas de política pública destinadas a mejorar las condiciones para el acceso y ejercicio de los derechos a la comunicación de grupos humanos que se consideren fundadamente, en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos.
Tales medidas durarán el tiempo que sea necesario para superar dicha desigualdad y su alcance se definirá para cada caso concreto.”
Simultáneamente lo limita a favor de los “… grupos humanos que se consideren en situación de desigualdad real; respecto de la generalidad de las ciudadanas y los ciudadanos, por lo que establecer el porcentaje en favor de todos los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios viola este principio.
Ejemplificando, si se han presentado solicitudes por parte de congregaciones religiosas, es evidente que se viola la LOC, puesto que aquellas no se hallan en situación de desigualdad real, por el contrario, disponen de un poder económico e ideológico que las ubica en una posición privilegiada y, de ninguna manera, en una situación de desigualdad real, como lo exige la LOC.
Adicionalmente a lo antes expresado, es necesario señalar que la LOC, en aplicación del principio de acción afirmativa, acota los alcances de las acciones afirmativas, cuando dispone en el artículo 86, primer párrafo:
“Art. 86.- Acción afirmativa.- El Estado implementará las políticas públicas que sean necesarias para la creación y el fortalecimiento de los medios de comunicación comunitarios como un mecanismo para promover la pluralidad, diversidad, interculturalidad y plurinacionalidad; tales como: crédito preferente para la conformación de medios comunitarios y la compra de equipos; exenciones de impuestos para la importación de equipos para el funcionamiento de medios impresos, de estaciones de radio y televisión comunitarias; acceso a capacitación para la gestión comunicativa, administrativa y técnica de los medios comunitarios”.
Disposición que limita las acciones afirmativas a la creación y fortalecimiento de los medios de comunicación comunitaria, a la vez que dispone que éstas se relacionarán, entre otras, al crédito, exenciones de impuestos, acceso a capacitación comunicativa, administrativa y técnica. Disposición que, en respeto al principio de igualdad de condiciones, no incluye como acción afirmativa la concesión de un porcentaje favorable a los solicitantes de frecuencias para medios comunitarios, como si lo hace, en el artículo 107, a favor de:
“Las personas jurídicas o naturales concesionarias de las frecuencias de radio y televisión abierta, cuyo plazo expiró, podrán concursar para obtener o renovar su propia frecuencia u otra diferente respetando la distribución que haga la autoridad de telecomunicaciones para medios privados y comunitarios. A estas personas se les reconocerá un puntaje adicional equivalente al 20% de la puntuación total establecida en el correspondiente concurso como reconocimiento a la experiencia e inversión acumulada en la gestión de un medio de comunicación”.
En consecuencia, la inclusión del porcentaje observado en favor de todos quienes solicitan una frecuencia para medios comunitarios, viola la LOC por lo antes expresado.
Igualmente, cuando el CORDICOM califica como acción afirmativa en el reglamento para la concesión de frecuencias, probó el porcentaje en mención, irrespetó el principio constitucional de igualdad de oportunidades y los alcances que la LOC estableció en el artículo 86 para las acciones afirmativas, violación que proporciona otro argumento legal adicional por el cual debe detenerse el proceso de adjudicación de frecuencias. Proceso que debería reiniciarse corrigiendo el irrespeto a las disposiciones constitucionales y todas las ilegalidades que hemos mencionado y precisado, y el incumplimiento por parte de ARCOTEL de lo dispuesto en la Décima Disposición Transitoria de la LOC, que reza:
“DÉCIMA.- De conformidad con el informe presentado el 18 de mayo de 2009 por la Comisión para la Auditoría de las Concesiones de las Frecuencias de Radio y Televisión, creada por disposición constitucional las frecuencias de radio y televisión que no hayan sido otorgadas por autoridad competente; las que no han iniciado la operación en el plazo señalado en el contrato de concesión; las que no hayan pagado las tarifas de uso de concesión durante seis meses consecutivos; las que se hayan arrendado por más de dos años o transferido bajo cualquier modalidad el uso de la frecuencia a terceros; y, las que han convertido estaciones repetidoras en matrices o viceversa, serán revertidas al Estado por la autoridad de telecomunicaciones, aplicando el debido proceso establecido en el reglamento que para estos efectos dicte la autoridad de Telecomunicaciones”.
Incumplimiento que es fácil de demostrar. Basta comparar el número de frecuencias que debían revertirse en aplicación del informe que se elevaban a más de 800 frecuencias, con el número de frecuencias que han sido revertidas y que son objeto del concurso, las cuales, no superan las 300 frecuencias, como lo reconoce el propio ARCOTEL.
[1] Este tipo de medios no fue incluido en la versión del Proyecto de Ley Orgánica de Comunicación que se discutió en primera en la Asamblea Nacional, por lo que su inclusión en la versión propuesta para el segundo debate violó la Ley de la Asamblea Nacional.
[2] Para el análisis de los grados de concentración de medios de comunicación, es de especial importancia el determinar la propiedad cruzada, esto es la propiedad de medios impresos, televisivos e impresos, por el enorme poder y la restricción de voces que ello genera o ejerce.
[3] Véase, El Universo: “ Un magnate de Estados Unidos controla 10 medios nacionales”, edición del 22 de febrero del 2015.
[4] Véase: Carta publicada por el CORDICOM, 25 de enero del 2016
Los peligros de la propaganda política para la democracia
Posted by rubendariobuitron in Autocrítica periodística, Ciudadanos mediáticos, Crítica periodística, Desconfianza pública en la prensa, Discriminación al diferente, Estupidización mediática, Libertad de expresión, Libros, Medios y politica, Opinión pública, Periodismo, Periodismo y corrupción, Periodismo y poder, Periodismo y política, Propaganda, Propaganda política
En Mein Kampf, Hitler argumentaba que la propaganda efectiva apela a “los sentimientos de la audiencia más que a su capacidad de razonamiento”; se basa en “fórmulas estereotipadas” que se repiten una y otra vez para meterles esas ideas en la cabeza a las masas, y usa fórmulas sencillas de “amor u odio, bien o mal” para atacar al enemigo, mientras se hace referencia a argumentos “unilaterales e intencionalmente sesgados”.
Aunque por lo general la propaganda se ha asociado con regímenes totalitarios como la Alemania Nazi y la Unión Soviética, el académico Jason Stanley, profesor de filosofía en la Universidad de Yale, nos recuerda en su último libro que la propaganda también puede ser un verdadero peligro para las democracias.
El tema no podía ser más relevante en la actualidad, dada la proliferación de noticias falsas y la desinformación en la red, la existencia de un público con un apetito voraz de escándalo y entretenimiento, los medios de comunicación obsesionados con los ratings y los clics, los rusos inmiscuidos en la campaña presidencial estadounidense de 2016 y un presidente electo que ha avivado los temores y el resentimiento de quienes lo apoyan y que, además, cambia repentinamente de opinión y siembra confusión con sus tuits.
En la reciente edición de bolsillo de How Propaganda Works, Stanley analiza la propaganda moderna: su operación, técnicas y efectos colaterales.
Su prosa puede caer en un tono académico molesto, pero el lector que pueda superar las repeticiones y el argot descubrirá que este libro proporciona reflexiones valiosas sobre un tema importante y oportuno.
Stanley comienza por darnos una definición de propaganda que va más allá de las descripciones del diccionario que dicen que es información sesgada o engañosa que se usa para promover una causa política o un punto de vista.
El autor nos dice que la propaganda es una parte característica del mecanismo mediante el cual se engaña a la gente respecto de cómo puede hacer realidad sus metas y en consecuencia se le impide ver qué es lo mejor.
Esto se logra a través de medios probados con el tiempo, al apelar a las emociones de tal forma que el debate racional se haga de lado o haga cortocircuito; al promocionar una dinámica de nuestra gente/intrusos que contamine la conversación más amplia con estereotipos negativos de grupos minoritarios y al erosionar las normas comunitarias de “lo razonable” para profundizar en “normas de respeto mutuo y responsabilidad mutua”.
En una columna de opinión que publicó en The New York Times justo antes de la elección presidencial de este año, Stanley escribió que “Trump se ha dedicado a tácticas retóricas sin precedentes en la historia electoral reciente de Estados Unidos.
“Repetidamente respaldó argumentos que eran falsos de manera evidente” e hizo muchos “comentarios extravagantes, retractaciones, retractaciones a medias y emitió declaraciones rotundamente falsas”, y en el proceso promovió intencionalmente una imagen distópica (y distorsionada) de Estados Unidos como un país disfuncional que sufre los efectos de la violencia y el crimen, y que necesitaba de él para restaurar la ley y el orden.
Denunciar a Trump por “ser un mentiroso”, argumentó Stanley, “es no entender del todo lo que es la propaganda autoritaria. Los propagandistas autoritarios están tratando de transmitir poder al definir la realidad. La realidad que ofrecen es muy sencilla, y se ofrece con el objetivo de cambiar el sistema de valores de los electores por el sistema de valores autoritarios del líder”.
En este libro (que se publicó originalmente en pasta dura en 2015), Stanley no lidia directamente con la retórica de Trump ni con el lugar que ocuparon las “noticias falsas” en la elección de 2016.
No obstante, este libro sí nos da información útil de los peligros de la propaganda y de su dependencia de hechos tergiversados, argumentos falsos y reduccionistas e historias maniqueas.
El autor observa que el discurso demagógico en las democracias suele usar un lenguaje que parece apoyar ideales democráticos (libertad, igualdad y razón objetiva) “a fin de socavar esos ideales”.
Stanley señala que la propaganda suele generar miedos que muy probablemente limitan el debate racional, por ejemplo, al “vincular a Saddam Hussein con el terrorismo internacional” después del 11 de septiembre, y que podría aprovecharse de prejuicios más profundos hacia grupos religiosos o étnicos para socavar nuestra “capacidad de sentir empatía hacia ellos”.
En una sección sobre lenguaje despectivo, Stanley escribe que “los insultos comunes hacia los grupos étnicos son demasiado fáciles de reconocer como tales para incluirse en el debate político en una democracia liberal” (aunque “a medida que una democracia liberal se rompe, como sucede en la Hungría de nuestros días”, añade, “los insultos explícitos se vuelven más aceptables”).
Al mismo tiempo, “palabras aparentemente inocentes” o expresiones como bienestar, ética laboral, inmigrante ilegal, pueden adoptar connotaciones negativas a medida que “se acompañan, mediante un mecanismo de asociación repetida, de imágenes o estereotipos problemáticos”.
Los estereotipos son herramientas poderosas para los propagandistas y demagogos porque proveen, en palabras de Stanley, “guiones sociales que nos guían por el mundo, le dan sentido y legitiman nuestras acciones en él”.
Afectan “la información que adquirimos a través de la percepción” y se resisten a la revisión (mediante la presentación de hechos contradictorios o argumentos lógicos) porque están emocionalmente “conectados con nuestra identidad” y ayudan a legitimar creencias que se tenían previamente.
Es por ello que la propaganda —que nos da una arquitectura narrativa sencilla, conveniente y aparentemente coherente para procesar acontecimientos— se desarrolla en un entorno polarizado donde la verdad se considera realista y los hechos son intercambiables.
Así es como la propaganda que distorsiona la realidad debilita la deliberación razonada, que es tan esencial en la democracia.
Redes sociales: los dioses vemos la realidad desde nuestro cielo
Posted by rubendariobuitron in Autocrítica periodística, Blogroll, Crítica periodística, Discriminación al diferente, Espionaje y medios, Intolerencia sexual, Periodismo, Privacidad, Religión
Los dioses observamos la realidad desde nuestro cielo (I)
Ayer me sorprendí cuando una colega que, al parecer, estaba navegando con cierta abulia por las redes encuentra la página de Facebook de un vigilante de tránsito del Guayas. En las primeras imágenes, como ella misma lo sugiere, se ve un hombre musculoso, atractivo, que llama la atención de las mujeres por su porte y su garbo. Luego, la colega hace un comentario en el que da a entender (porque todo es en doble sentido) que el vigilante no ha sido lo que aparentaba, sino otra cosa (¿gay, talvez?)
Los dioses observamos la realidad desde nuestro cielo (II)
Nuestra querida colega es popular y, por tanto, tiene un buen puñado de seguidores en su página de Facebook. Al compartir las fotos personales del vigilante de tránsito, unas en la calle, ejerciendo su oficio, y otras en la intimidad, sin permiso de la persona cuya imtimidad está siendo expuesta, generó decenas de comentarios de todo tipo, la mayoría de ellos en alusión a la sexualidad del vigilante de tránsito, pero algunos en tonos homofóbicos y otros en lenguaje burlón.
Los dioses observamos la realidad desde nuestro cielo (III)
Conozco de la ética profesional y humana de la colega, pero también sé que tiene ,muy buen humor y que gusta tomar la vida sin dramas ni patetismos. Si es posible hacer de la existencia cotidiana una experiencia agradable, descomplicada, entrenida, ella casi siempre está buscando maneras de hacerlo y no solamente para su satisfacción o placer sino para que sus amigos, seguidores y fans nos divirtamos con sus ocurrencias.
Los dioses observamos la realidad desde nuestro cielo (IV)
Hay una delgada línea roja entre lo posible y lo imposible, lo privado y lo íntimo, el juego y el respeto , la intimidad (¿hay intimidad en redes sociales que todo el mundo puede ver?) y lo público. Hoy ella tuvo la decencia de buscar al hombre y entrevistarlo, pidiéndole disculpas. Pero me queda una duda: ¿Hasta qué punto tenemos derecho a jugar con la imagen de otras personas sin conocerlas, dejando que cualquiera le diga lo que quiera?
La tragedia del periodismo intencional y el caso Morona
Posted by rubendariobuitron in Autocrítica periodística, Crítica periodística, Desconfianza pública en la prensa, Discriminación al diferente, Elecciones y partidos, Etica, Investigación periodística, Libertad de expresión, Medios oficialistas, Medios y politica, Periodismo, Periodismo y poder, Periodismo y política, Propaganda
La crisis que vive el periodismo ecuatoriano se expresa en la impotencia ciudadana de conocer la verdad (o mentira) de lo que pasa en Morona.
Allí, esta semana, la tercera de diciembre de 2016, se han producido violentos enfrentamientos, con el lamentable desenlace de la muerte de un policía, alrededor del rechazo a la exploración minera de una compañía china en territorios que para indígenas y ecologistas son ancestrales, pero que para el Régimen no lo son.
El problema del conocimiento del caso es también grave.
¿A quiénes debemos creer los ciudadanos?
¿Si un periodista o un medio dice que los agresores fueron los policías o los militares, es antigobiernista?
¿Si un periodista o un medio dice que los agresores fueron los indígenas, pertenece al oficialismo?
¿Por qué no existe una tercera posición que nos permita a los que no estamos allí determinar nuestra posición sobre los hechos?
¿Cómo podemos los ciudadanos entender el porqué, el cómo y el dónde y el contexto en que se están produciendo los sucesos, si no tenemos la información completa?
¿Se han puesto a pensar, quienes están de un lado o del otro de la información, que existen millones de ecuatorianos sin acceso directo a los hechos y, por tanto, sus reacciones pueden ir desde la indiferencia (que es la posición más cómoda y más peligrosa para una ciudadanía que cada vez debiera ser más reflexiva) hasta la toma de posiciones radicales (que también es peligrosa porque la gente opina de una manera injusta o expresa cosas sin fundamento).
Un país permanece maniatado y amordazado cuando ocurre un hecho grave (al menos, eso es lo que nos hemos enterado desde las partes en conflicto), en especial en un sector tan delicado como la Amazonia, y el país solamente tiene un conocimiento superficial o manipulado o tergiversado o politizado.
Un país que logra conocer retazos de la realidad es víctimas de la omisión, de la exageración, de lo que no se dice, de lo que dice a medias, de lo que dice según las conveniencias de un sector o de otro.
El hecho se agrava porque los acontecimientos se producen en una zona que muchos ecuatorianos y extranjeros creen intocable o intangible, sacralizada, hasta el punto que los mestizos locales y extranjeros o la policía y el ejército o las compañías mineras o petroleras quizás no deberían ni siquiera acercarse jamás porque no tienen el derecho de hacerlo, a menos que las comunidades del lugar lo permitan.
¿Cómo tener la certidumbre, entonces, de quiénes nos están diciendo lo que realmente ocurre y de qué es lo que realmente sucede?
Es una consecuencia del transcurrir contemporáneo en el Ecuador el hecho de que el periodismo se haya partido en dos.
Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada donde se ha producido un quiebre histórico a partir del antes y el después de la llegada hace diez años del presidente Rafael Correa.
Y los medios y los periodistas, como actores de la cotidianidad social, política, partidista, económica e ideológica ecuatoriana, también son parte de esa polarización.
Ese no es el problema. El problema se produce cuando la polarización empieza, consciente o inconscientemente, a dejar a un lado el relato de los hechos y, de nuevo consciente o inconscientemente, convierten a la información en propaganda.
Por eso los expertos dicen que en una guerra o en un conflicto gana quien controla la información.
Gana quien logra mayor credibilidad ante la opinión pública (no ante la opinión publicada).
Porque es la opinión pública, es decir, lo que está percibiendo o suponiendo o sintiendo la gente común en las conversaciones de la calle, lo que determina, al final y aunque el uno o el otro sector tengan la razón, quién está en lo correcto y quién no.
Cuando los medios, privados u oficiales, asumen un discurso proselitista y narran los hechos luego de hacerlos pasar por el filtro ideológico o por el filtro de los grandes intereses particulares o demagógicos -mucho más a las puertas del proceso electoral del próximo 19 de febrero cuando elijamos presidente de la República y legisladores de la Asamblea Nacional-, no están cumpliendo su función ética de informar.
Dejan de ser medios de comunicación para convertirse en medios de propaganda.
Y cuando hablamos de propaganda ya no hablamos de periodismo, porque el periodismo va muriendo al calor de una lucha ideológica que no admite posiciones de equilibrio o de información factual.
Entre lo que nos cuenta la prensa oficial y lo que nos dice la prensa antioficial, la tragedia del país (y con ella del periodismo) es que nos vamos quedando sin certezas.
El poder, el título, el cargo…
Posted by rubendariobuitron in Crónica, Discriminación al diferente, Educación, Etica, Filosofía, La vida, Periodismo
No vale más el asesino despiadado que el ladronzuelo callejero.
No vale más el médico prestigioso que el conductor de la ambulancia.
No vale más el goleador de fútbol europeo que el arquero del equipo de barrio.
No vale más el presidente de un país que el pordiosero del pueblo más lejano.
No vale más el veterano periodista que el reportero principiante.
No vale más el ingeniero que el albañil.
No vale más el papa de Roma que el cura del pueblo fantasma.
No vale más el decano de la facultad que el conserje que limpia los pupitres de las aulas.
No vale más el señor ministro que su guardaespaldas.
No vale más el arrogante director del periódico que el más humilde canillita.
No vale más el prepotente empresario que el semianalfabeto guardia de la puerta principal de la fábrica.
No vale más la guapísima reportera tuneada que aparece en televisión que la humilde chica que lucha en la universidad por ser la mejor.
No vale más la gerenta tipo Carolina Herrera que la recepcionista tipo hipster.
No vale más el director-gerente que el chofer personal de la esposa de aquel.
No vale más el PhD que el bachiller.
No vale más el Presidente que el ciudadano de a pie.
No vale más el extravagante ejecutivo de un banco que el sudoroso y novato cajero.
No vale más el hombre famoso que el adolescente emprendedor pero desconocido.
No vale más la prestigiosa ejecutiva que la joven estudiante de provincia.
Solo vale quien realmente vale.
Solo vale quien lleva en su alma el deseo de convertirse en un decisivo y extraordinario ser humano dispuesto a servir, amar, trascender, jugarse la vida por los demás.
Y para eso no hay título ni cargo ni poder que valgan.
La foto del asambleísta
Posted by rubendariobuitron in Análisis, Discriminación al diferente, Libertad de expresión, Medios alternativos, Periodismo, Redes sociales
Una imagen puede calumniar. Puede difamar. Puede crear escenarios distintos a los de la realidad. Puede jugar con las percepciones de quienes la miran. Puede sugerir hechos que no necesariamente han ocurrido. Puede hacer que desconfiemos del discurso oficial o del discurso de oposición. Puede hacer más daño que la palabra.
No es necesario pensar demasiado para concluir de dónde salió la fotografía: de quien la tomó, por supuesto. O de quien supo quién la tomó.
Recordemos que hace meses pasó algo menos horrendo, pero igual de absurdo: circularon en redes imágenes de una exdirigente gremial aparentemente en la intimidad sexual.
¿Fue necesario hacerlo? No.
Pero más allá de estas acciones que producen cierto escalofrío o estupefacción al ponernos a pensar quién y por qué se lo hace, este es el problema menor.
El problema mayor es llegar a la conclusión de que en el Ecuador la deliberación política está clausurada.
Que quienes atacan la reputación de una persona con una fotografía de su cadáver semidesnudo están dispuestos a jugárselo todo por recuperar el poder político.
Y que en ese jugárselo todo no tendrán ningún escrúpulo a la hora de enlodar a quien crean que deben enlodar, manchar, ensuciar para bajarlo del lugar donde esté.
Si las circunstancias que rodearon la muerte del asambleísta fueron personales, ¿por qué agredir así, públicamente, el dolor de su familia, de sus compañeros, de sus amigos?
¿La fotografía revela algo que tenga que ver con el Estado, con el Gobierno o con la Asamblea Nacional?
Si no lo revela, ¿qué sentido tiene conseguirla a cualquier precio y difundirla subrepticiamente, como si nada ocurriera, seguramente con el propósito de generar reacciones que van desde la especulación morbosa hasta la degradación moral?
Quien puso a circular la fotografía sabe, conoce que “a la hora de persuadir, en el mensaje no es lo mismo recurrir al discurso racional que a las apelaciones emocionales, ni es equivalente apelar a emociones positivas que a emociones negativas”, como dicen los autores del libro “Tácticas e iconografías del poder” (*).
“Los efectos de la propaganda son siempre intencionales, pero, ¿se pretende que la gente recuerde argumentos o emociones?, ¿se persigue un impacto inmediato o la creación, aceptación y naturalización de una cierta tendencia a lo largo del tiempo…?”.
Quienes pusieron la foto en redes sociales tenían la certidumbre de todas aquellas emociones que la imagen produciría: sorpresa, asombro, dudas, conjeturas, desprestigio, incertidumbre…
La imagen como arma de ataque.
Un ataque implacable desde frentes inconcebibles, desde campos de acción donde pocos se atreven a disputar una batalla.
Un ataque implacable que muestra el tono degradante y degradado que tendrá la campaña electoral para las elecciones presidenciales y legislativas del 19 de febrero de 2017.
Un ataque implacable que deja ver con claridad la inutilidad de que los ciudadanos levantemos las voces y exijamos que el país conozca los planes de gobierno, las maneras en que se llevarán a cabo esos planes, las similitudes y las diferencias entre uno y otro candidato, la diversidad al proponer el Ecuador que queremos o el Ecuador que no queremos.
Pero si se empieza con golpes bajos, como el de la imagen del asambleísta fallecido, está claro que no habrá un intercambio de propuestas estratégicas, tácticas e ideológicas.
Está claro que no se elevará la calidad del discurso, sino que se combatirá desde las alcantarillas, reduciendo al mínimo la posibilidad de que el ejercicio de la política y la forma de estructurar una campaña tengan dignidad, respeten al adversario, pongan sobre la mesa ideas y no agresiones de ningún tipo.
Si es así, preparémonos para lo peor.
Para una guerra de guerrillas en que el ataque por la espalda y bajo las sombras trazará la ruta por donde irán quienes se han propuesto “recuperar el país” con un discurso moralista y ético que se queda en la superficialidad y suena falso, porque mientras dicen una cosa es otra la que, sin dar la cara, empiezan a dejar que fluya por las alcantarillas donde pretenden conducir la confrontación electoral.
* Tácticas e iconografías del poder (Virginia García, Orlando D’Adamo y Gabriel Slavinsky)
Machismo o feminismo en las salas de Redacción y en los medios
Posted by rubendariobuitron in Análisis, Autocrítica periodística, Capacitación, Crítica periodística, Discriminación al diferente, Etica, Grandes medios, Libertad de expresión, Machismo o feminismo, Medios y politica, Mujer, Periodismo, Periodismo y poder, Periodismo y política, Política ecuatoriana
¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fuesen mujeres?
No necesariamente, porque no es un asunto de género.
¿Cambiaría el periodismo si quienes lo manejaran, en su mayoría, fueran mujeres comprometidas con la gente?
Sí, definitivamente, porque es un asunto de cómo se mira el mundo, de cómo cambiar sus injusticias, discriminaciones e inequidades, de cómo exponer en los medios la realidad sin omitir ni sesgar.
En mi carrera viví dos experiencias bajo dirección femenina (en un país como Ecuador donde en la prensa mandan los hombres) y en comparación con otras vivencias y medios periodísticos donde el mando lo tuvieron los varones, nunca observé cambios sustanciales según si quien mandaba era de un género u otro.
Lo que ocurre en los medios se parece mucho a lo que sucede en la política.
Los dones y sensibilidades distintas que poseen las mujeres en relación con los hombres no tienen relevancia a la hora de las decisiones finales, porque no son las mujeres, por más jefas que fueran, las que intervienen en el proceso de decisiones y edición del producto que llega al público.
En el caso de mis experiencias, en el primero se trataba de una revista de amplia circulación.
Mi jefa directa en Quito (de quien aprendí muchísimo) y la editora general (con base en Guayaquil) eran mujeres, pero quien tenía la última palabra era el dueño de la revista.
Él, con esferográfico en mano y mirando, tachando o acomodando línea por línea y página por página, decía sí o no a cualquier tema. Y eran el sí o no definitivos.
Quitaba párrafos o fotografías que no le agradaban.
Ordenaba que un tema no saliera porque afectaba a su ideología o porque el tema era contrario a los intereses económicos y de poder de él o de su grupo.
Pedía cambios si la nota tocaba a ciertos anunciantes poderosos.
¿Puedo enorgullecerme de haber tenido dos excelentes jefas que me enseñaron mucho? Sí, en especial de quien dirigía la corresponsalía en Quito.
¿Puedo enorgullecerme de que en ciertas circunstancias su esfuerzo, y el mío, fuera inútil? No. Porque era evidente que se cuidaban intereses particulares y no se pensaba en el interés general o en el bien común.
Mi segunda experiencia la viví algunos años en un periódico quiteño que, en determinado momento histórico, fue decisivo para el país.
En este caso, las condiciones parecían mucho más propicias para que fueran diferentes las miradas de la realidad: una mujer madura era la dueña de la mayoría de acciones, era la presidenta de la empresa y la directora del medio.
Si extrapolaríamos las cosas y fuéramos ingenuos, ella habría tenido que establecer líneas editoriales con visiones distintas de los hechos y habría tenido que estructurar una sala de redacción plural y democrática en todo sentido, desde pensamientos políticos plurales y democráticos hasta la selección de personal con propuestas periodísticas cercanas a lo social y a distintas voces. Pudo hacer un periódico democrático.
Pero nunca fue así. Era mujer, mas sus intereses económicos, su entorno empresarial y su ideología conservadora no la diferenciaban del director (hombre) del medio anterior.
El periodismo sería mejor, mucho mejor, si lo liderasen personas (mujeres u hombres, indistintamente) que se jugaran por los sueños y necesidades de la gente común, por los objetivos de la mayoría de la sociedad. Si fueran, al menos, líderes con formación anti-establishment.
Porque no es un asunto de género. Es de ideología. Es de compromiso con los que pobres, con los rezagados y con los que no tienen voz.
Puedo apostarlo.

References: artículo 106
 artículo 113
 artículo 83
 artículo 110
 artículo 110
 artículo17
 artículo 34
 artículo 11
 artículo 86
 artículo 107
 artículo 86