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Timestamp: 2017-05-25 08:29:08+00:00

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Antisionismo- El nuevo antisemitismo by Federación De Estudiantes Judíos - issuu
“La judeofobia es una aberración psíquica” diagnosticó un renombrado médico
judío de fines de siglo XIX, y como tal “es hereditaria, y como una enfermedad
transmitida por dos mil años es incurable…”.(1) La persistencia obsesiva y la
intrigante ubicuidad del fenómeno parecen confirmar este postulado. La
judeofobia -definida como odio a los judíos, también conocida como
antisemitismo- se ha mantenido vigente en prácticamente todos los rincones
del globo en todas las épocas desde hace varios miles de años. Incluso en
países libres de judíos ella ha emergido y se ha sostenido. Los judíos han sido
despreciados en sociedades paganas, religiosas y seculares. Irracional por
antonomasia, ha endilgado a los judíos, muchas veces simultáneamente, ser
capitalistas y comunistas, mercaderes explotadores y pobres aprovechadores,
miserables apátridas y dominadores globales, trotamundos cosmopolitas y
nacionalistas chauvinistas.(2) Ella nos desafía a encarar racionalmente
manifestaciones prejuiciosas irracionales y así nos recuerda la pertinencia de
una observación añeja que cabe aquí parafrasear: la basura es basura, pero el
estudio de la basura es academicismo. Al abordar esta verdadera lacra de la
humanidad debemos estar atentos a que una aproximación estudiada al
fenómeno del antisemitismo no le dote respetable racionalidad. Aunque
irracional, empero, el antisemitismo es astuto y sabe acomodarse a las modas
del momento. Forzado a ser camaleónico para asegurar su supervivencia, éste
ha probado su adaptabilidad al entorno con precisión darwiniana. En tiempos
en los que la religión definía las relaciones humanas, atacó al pueblo judío por
sus creencias religiosas. En tiempos de teorías raciales, los persiguió por su
sangre. En épocas de ilustración universalista los desafió por su singularidad.
En la actualidad, en tiempos de autodeterminación nacional y estados-nación,
los agrede por el ejercicio de su soberanía nacional. La evolución ha quedado
tipificada en un antisemitismo religioso desde sus comienzos hasta el
medioevo, pasando a un antisemitismo racial desde la inquisición hasta el fin
de la Segunda Guerra Mundial, y uno de tinte político en la actualidad. Si otrora
cuestionaba la validez de la religión judía y su lealtad más cabal a través de las
nociones de pureza de sangre primero, o su derecho a existir por medio de
leyes raciales después, hoy cuestiona la legitimidad política y moral de la
soberanía judía en su tierra ancestral. Tal como el filósofo Emile Fackenheim
ha detallado, la judeofobia ha atravesado etapas. Primero se ha dicho a los
judíos: Uds. no pueden vivir entre nosotros como judíos (conversiones
forzosas). Luego se les ha dicho: Uds. no pueden vivir entre nosotros
(expulsiones). Y finalmente: Uds. no pueden vivir (genocidio). El político y
académico Amnon Rubinstein adicionó una cuarta fase: Uds. no pueden vivir
entre nosotros como miembro de la familia de las naciones. Es decir, Uds. no
pueden tener su estado propio. A esta forma de antisemitismo se la conoce
más comúnmente como antisionismo.ANTISEMITISMO TRADICIONAL
Ciertamente ha habido un antisemitismo pagano pre-cristiano, pero fue con el
surgimiento del cristianismo que el antisemitismo religioso se afirmó y perpetuó.
Muchos de los temas más permanentes del antisemitismo clásico fueron
creados y esparcidos por cristianos. La idea de pueblo deicida (asesinos del
Hijo de Dios) y su asociado lógico, pueblo diabólico (¿cómo, de otra forma,
podrían haber matado los judíos a una divinidad?), así como las acusaciones
de libelos de sangre (los judíos requieren de sangre cristiana para sus prácticas
religiosas), y la atribución de designios maléficos globales (propagación de la
peste negra, durante el Medioevo) han contribuido a forjar una imagen oscura
acerca del pueblo judío en el ideario colectivo. Las sucesivas discriminaciones
y maltratos, expulsiones y matanzas echadas por siglos sobre los judíos
acostumbraron a los gentiles a la permanencia del sufrimiento judío. El
desplazamiento del componente religioso al racial en el antisemitismo cristiano
ocurrió durante la Inquisición española. Preocupada por la influencia que los
judíos conversos al cristianismo podrían tener sobre los auténticos cristianos, la
Iglesia Católica entró en una paranoia insalvable. Habiendo empujado a los
judíos al bautismo para sobrevivir en la sociedad española, ahora sospechaba
de la insinceridad de tales conversiones y temía sus actitudes judaizantes
dentro de la nueva religión. Quien profesara la fe católica pero tuviera sangre
judía en sus venas era visto como un judaizante sospechoso. Esto dio lugar a
una definición racial del judío, lo que para empeorar las cosas contradecía el
dogma católico del bautismo. Las teorías raciales de siglos posteriores le
dieron una pátina de científicismo a esta idea y posteriormente los nazis la
llevaron a su extremo al determinar que quienes tuvieran antepasados judíos,
aún cuando éstos no se vieran a sí mismos como judíos, estaban destinados al
exterminio. Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica ha revisado su
responsabilidad en la larga historia de acoso antijudío, llegando a definir al
antisemitismo como un pecado contra Dios.
La relación del Islam con los judíos fue religiosamente problemática dado que
este credo también se basó en el judaísmo (la Biblia hebrea como fuente
inspiradora, el monoteísmo como creencia, Jerusalém como centro espiritual,
etc), pero en menor medida a la luz de que ni el fundador de esa fe, ni sus
primeros seguidores, fueron judíos, como en el caso del cristianismo. Como
resultado de ello, entre otros factores, los judíos tuvieron un pasar menos
traumático en tierras musulmanas que el que tuvieron bajo dominio cristiano,
sin que ello significara que la vida judía en el Islam haya sido óptima. Éstos
debieron vestir señales distintivas en sus ropas, pagar altos impuestos para
obtener la protección del gobernante, huérfanos hebreos fueron convertidos a
la fuerza, sinagogas fueron destruidas y comunidades enteras expulsadas o
masacradas. A diferencia del cristianismo, que tuvo relaciones tormentosas con
los judíos desde su advenimiento pero que en la modernidad ha ido puliendo su
actitud y motivando un acercamiento, el Islam brinda todavía a sus seguidores
inspiración justificadora de violencia antijudía y el fanatismo religioso es
rampante en vastos sectores de la sociedad musulmana. La creación del
Estado de Israel ha dado un nuevo foco -aunque de ninguna manera ha
creado- al antisemitismo islámico. Por caso, el Artículo 7 de la Carta de Hamas,movimiento fundamentalista islámico fundado en 1987 y que hoy en día
gobierna la Franja de Gaza, dice: “El Enviado dijo: ´Luchen los musulmanes
contra los judíos y mátenlos, hasta que el judío se oculte tras las rocas y los
árboles y entonces dirán, Oh, musulmán, oh siervo de Alá, tras de mí se oculta
un judío, ven y mátalo´”.(3) En 1955, el diario egipcio Al-Ahram afirmó: “Nuestra
guerra con los judíos es una lucha vieja que comenzó con Mahoma…”.(4) El
entonces presidente de Irán, Hashemi Rafsanjani, sostuvo en 1991: “Todo
problema en nuestra región puede ser trazado a este único dilema: la
ocupación de Dar al-Islam por judíos infieles”.(5) Israel no gestó la antipatía
árabe/islámica hacia los judíos; más bien, la histórica antipatía árabe/islámica
hacia los judíos explica el desprecio contemporáneo a Israel.EL DERROTERO DEL ANTISEMITISMO
El recorrido del virus antisemita en los ámbitos cristiano y musulmán ha sido
circular. Originalmente, el mundo árabe e islámico tomó de sociedades
cristianas algunos componentes importantes del repertorio antisemita, como
ser el libelo de sangre, las teorías conspirativas y la negación del Holocausto.
Las tres subsisten cómodamente en el Medio Oriente hoy en día, con
adaptaciones coyunturales autóctonas. Posteriormente, árabes y musulmanes
gestaron un antisemitismo político centrado en el estado judío que fue
adoptado después por los occidentales cristianos, especialmente aquellos que
se identifican con la izquierda, haciendo del antisionismo su grito de guerra
antijudío. Los orígenes de este fenómeno datan del nacimiento mismo del
Estado de Israel, pero éste recibió cobijo diplomático-jurídico en 1975 cuando,
por iniciativa árabe e islámica y con fuerte apoyo soviético, la Asamblea
General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 3375 que equiparó al
sionismo con una forma de racismo. Nunca antes había un movimiento de
liberación nacional sido tildado de racista en el foro de la ONU, ni nunca
después. Aún cuando esta resolución fue repelida en 1991, la fórmula
“sionismo = racismo” sentó un precedente diplomático y moral singular. La
participación soviética en esta iniciativa presagió la relación sentimental que
une en la actualidad a la izquierda radical con el fundamentalismo islámico. La
URSS puede haber desaparecido, pero el romance izquierdista mundial con el
islamismo persiste. Los atentados del 9/11 (como se refiere a la fecha en
inglés) lo han dejado en evidencia. Ideólogos y militantes de la izquierda
fanática vieron en ese atentado un acto de lucha revolucionaria contra el
capitalismo global. Ungiendo a Al-Qaeda como el arquetipo de la lucha
proletaria, la izquierda radical reformuló al anarquista de antaño con el
packaging del terrorista islamista y materializó lo que Pierre André Taguieff
denomina el “Eterno retorno alucinatorio del Che Guevara…un residuo de
guerrillero, una brizna de Robin Hood, un aire de mártir islámico”.(6) Cuando la
lucha de clases marxista queda desdibujada en una guerra santa islamista es
momento de advertir los destinos peculiares a los que el fanatismo puede
llevar. Habiendo determinado que el terrorista musulmán es un desposeído que
-tal como el anarquista legendario, debe apelar al terrorismo, la mentada “arma
de los débiles”- todo acto quedará justificado. En este esquema, la “lucha de
liberación” del pueblo palestino ocupa un lugar estelar. No pareciera habercrimen posible merecedor de sanción moral por parte de las elites progresistas
en occidente que un palestino pudiera cometer. Él puede lanzar cohetes desde
mezquitas, hacer estallar en mil pedazos a estudiantes en una universidad,
transportar explosivos en ambulancias, ocultar bombas en mochilas de
escolares, declarar a los cuatro vientos que él exige Palestina desde el río al
mar, y puede estar seguro de que las almas nobles de occidente siempre
encontrarán una explicación apologista para su acción. Elconfortable rol de
víctima le da el derecho a odiar, matar y destruir, porque él es un desposeído,
un oprimido, un humillado, y en consecuencia tiene derecho, es merecedor del
buen trato de todas las nobles conciencias. Este falso pietismo a favor de
quienes se han convertido en el pueblo elegido de la izquierda fundamentalista,
halló expresión florida en estas palabras del escritor francés Jean Genet: "La
elección que uno hace de una comunidad privilegiada... es una elección que se
verifica por medio de una adhesión no razonada, no porque la justicia no tenga
en ella su lugar, sino porque esa justicia y toda la defensa de esa comunidad
se realizan en virtud de una atracción sentimental, tal vez incluso sensible,
sensual; soy francés y, sin embargo, por entero, sin crítica, defiendo a los
palestinos. Tienen el derecho de su parte, dado que les amo".(7) En otras
palabras, Genet no dijo “amo a los palestinos porque tienen el derecho de su
parte”, sino “porque les amo, tienen el derecho de su parte”. Prueba ésta del
ingrediente emocional del pro-palestinismo de izquierdas.¿DE
ANTISEMITISMO"?CUANDOHABLAMOSDE"NUEVOInvoluntariamente, la expresión es cierta y engañosa al mismo tiempo.
Efectivamente, se percibe algo novedoso respecto de las actuales acusaciones
contra los judíos. Al menos en las principales y aceptadas corrientes de opinión
de Occidente, éstos ya no están siendo acusados de asesinar a Jesucristo, o
de contaminar pozos de agua, o de controlar la economía mundial, o de estar
detrás de todas las revoluciones habidas y por haber. Ya no vemos las
discriminaciones, acosos, expulsiones, o pogromos que antaño aquejaron a los
judíos de manera cotidiana. Por supuesto, el antisemitismo clásico, el prejuicio
tradicional popular, siempre persistirá en ciertos sectores de cualquier
sociedad. Pero al hacer una evaluación del conjunto social, podemos
razonablemente decir que los judíos de Occidente están menos expuestos a
las difamaciones usuales del tipo que han recibido a lo largo de la historia.
Ahora, las acusaciones no parecen estar dirigidas al judío como individuo, o
como grupo (salvo la negación del Holocausto, cuyo propósito es remover del
récord de la historia reciente la memoria del sufrimiento judío), sino al Estado
de Israel, país al que la mayoría de los judíos del mundo están afectivamente
vinculados. Obviamente, estamos excluyendo del análisis la crítica política al
Estado de Israel. Ella es perfectamente legítima y, de hecho, necesaria para su
mejoramiento como nación, en tanto sea a lugar, justa y proporcionada.
Estamos hablando más bien de la crítica antisemita al Estado de Israel, aquella
que somete al único estado judío del globo a estándares utópicos de moralidad,
que lo expone al escrutinio internacional de manera selectiva, y que invita a la
condena pública con una saña que delata su intencionalidad. En el extremomás evidente se ubica el antisionismo descarnado, definido como la negación
del derecho a la existencia de un estado judío. Quién se manifieste a favor de
la auto-deteminación nacional de todos los pueblos menos el judío, claramente
está incurriendo en un acto discriminatorio, y como tal acto discrimina
negativamente contra los judíos, resulta incuestionable que es un acto
judeófobo. Pero hay otras formas más sutiles de oposición a la existencia de un
estado judío y es necesario exponerlas cuando éstas se hacen presentes.
Cuando ciertas personas, organizaciones, grupos o naciones, hacen
sistemática y obsesivamente de Israel su foco de atención; cuando sin
fundamento real la acusan de cometer crímenes de guerra, violar la ley
internacional, cometer genocidio; cuando maliciosamente la tildan de nación
“nazi” o la comparan con la Sudáfrica del Apartheid; cuando hacen todo ello,
están ejercitando una forma menos brusca pero igualmente cierta de
antisionismo. En el mejor de los casos, ella pretende difamar a Israel, atacar
ideológicamente al estado judío y presionarlo hacia la adopción de políticas que
pondrían seriamente en riesgo su existencia. En el peor, aspira a aislar al
estado judío de la comunidad internacional como preludio para su obliteración.
Al presentarlo como un estado-paria más allá de toda civilidad y contemplación,
ubica a la nación hebrea en oposición al resto del mundo ¿Pues quién estaría
dispuesto a tolerar un estado nazi en pleno siglo XXI? La acusación infundada
no sólo anhela difamar, sino a incitar operativamente. Conforme ha señalado el
ex Ministro de Justicia de Canadá Irwin Cotler, la noción de que Israel es un
estado apartheid lo ubica como parte de la lucha contra el racismo y la
discriminación.(8) En un sentido más elemental todavía, sea esa su intención o
no, las condenas masivas anti-israelíes promueven antisemitismo porque
sugieren la idea distorsionada de que en Jerusalem se encuentra la principal
fuente de maldad e incorrección moral del mundo.(9) Y aquí es donde notamos
que las acusaciones antisemitas clásicas que pensábamos habían sido por
siempre expulsadas del discurso ético contemporáneo, parecen resucitar en un
shockeante reciclaje intelectual. El libelo de sangre medieval halla su
equivalente moderno en la acusación de que los israelíes masacran niños
palestinos. La acusación de que los judíos propagaban la peste negra en todo
el continente europeo halla eco en la noción de que Israel provoca inestabilidad
en todo el Medio Oriente. Las teorías conspirativas encapsuladas en los
Protocolos de los Sabios de Sión resurgen en la fantasía del control judío de la
política exterior estadounidense. Las equivalencias no son perfectas, desde ya.
Pero cualquiera mínimamente familiarizado con el discurso judeófobo
tradicional puede detectar, una vez más, su intención. Podrán cambiar las
formas, pero el propósito sigue siendo el mismo: fomentar la exclusión del judío
de la sociedad, ayer; fomentar la exclusión del estado judío de la comunidad
internacional, hoy.(10) Esto nos lleva a concluir que lo que pudiere haber de
novedoso en el denominado “nuevo antisemitismo” está más ligado a la
realidad circundante que al fenómeno en sí. Más parece ser el mismo y añejo
antisemitismo, en un contexto diferente, con nuevos modos de acción, más a
tono con los códigos de nuestros tiempos. Nuestro entendimiento del “nuevo
antisemitismo” requiere la aceptación de que el antisionismo es una forma de
antisemitismo. Debemos aceptar que así como hay un antisemitismo de tipo
religioso, y lo hubo uno de índole racial, hoy asistimos al espectáculo de un
antisemitismo de carácter político. Este tipo de antisemitismo, “es la más
reciente y menos comprendida forma de prejuicio” según Kenneth Stern (11),entre otras cosas porque los propios antisemitas políticos se declaran
antisionistas a la par que niegan ser antisemitas. No obstante, luce atinada la
caracterización que se ha hecho del antisionismo como el antisemitismo con
buena conciencia.ORIGEN DEL ANTISIONISMO
Los cuestionamientos al concepto de nación judía comenzaron en el mismo
momento histórico en que nacieron los nacionalismos. Célebremente, el conde
Stanislas de Clermont-Tonnerre proclamó ante la Asamblea Nacional Francesa
en diciembre de 1789, luego de la Revolución: “A los judíos como individuos,
todo. A los judíos como nación, nada”.(12) El combite de libertad, igualdad y
fraternidad exigía a cambio el abandono de la identidad nacional judía. En
1807, Napoleón convocó a los líderes de la comunidad judía francesa y les
desafió a que definieran su lealtad; a la nación francesa o al pueblo judío.
Rápidamente quedó trágicamente claro para los judíos europeos de entonces
que “el precio de la emancipación individual era la extinción nacional”.(13) En la
era de la religión, se ofreció igualdad plena a los judíos a condición de que
abandonasen su religión y adoptaran la religión imperante. En la era del
nacionalismo, se les ofreció igualdad plena a condición de que abandonasen su
identidad nacional. “En ambos casos”, escribieron Prager y Telushkin, “los
oponentes de los judíos enviaron el mismo mensaje: cesen de ser judíos”.(14)
Esto mismo fue planteado por la Organización para la Liberación de Palestina
(OLP) en el marco de su conflicto con Israel. El Artículo 20 de la Carta de la
OLP, adoptada en 1964 y revisada en 1968, dice:
“…El reclamo de un lazo histórico o espiritual entre los judíos y Palestina no
encaja con las realidades históricas ni con los elementos constitutivos de la
condición de estado en su verdadero sentido. El judaísmo, en su carácter de
religión de revelación, no es una nacionalidad con una existencia
independiente. De esta forma, los judíos no son un pueblo con una
personalidad independiente. Ellos son más bien ciudadanos de los estados a
los que pertenecen”.(15)
Esto es básicamente lo mismo que los antisionistas contemporáneos dicen hoy
a los judíos. Una vez más niegan a los judíos el derecho a ser como les plazca.
Jamás realizan planteos similares a los musulmanes, los protestantes, los
palestinos, los chinos, los peruanos o los noruegos. El único nacionalismo que
les perturba es el de los judíos. En sus famosas Cartas a un Amigo Antisionista
de 1967, Martin Luther King afirmó: “Tú declaras, amigo mío, que no odias a los
judíos, tú eres meramente ´antisionista´…Cuando la gente critica al sionismo
quieren decir los judíos”.(16)
Los principales promotores de antisionismo occidental en la actualidad son las
Naciones Unidas, muchas destacadas ONG´s de derechos humanos,
prominentes medios masivos de comunicación, y el progresismo intelectual;
razón por la cuál esta forma de antisemitismo goza de apreciable respetabilidad
y aceptación popular. Hay manifestaciones tóxicas de antisemitismo que
superan al epíteto vulgar o al acoso físico con el que el antisemitismo clásicoestá más fuertemente asociado. Profanar un cementerio judío, agredir a un
judío por su condición de judío, atacar una sinagoga, son expresiones obvias
de antisemitismo tradicional. Comparar al estado judío con la Alemania nazi o
la Sudáfrica del Apartheid, acusar a Israel de ser colonialista o genocida,
presentarlo como el más grande violador de las leyes internacionales; también.
Sólo que en vez de ser expresiones convencionales, son nuevas formas de
antisemitismo político. Semejantes caracterizaciones grotescas contribuyen al
aislamiento forzado de toda una nación a los ojos del mundo entero, además
de ser escandalosamente injustas. Ninguna nación es tan cotidianamente
catalogada de nazi, fascista, imperialista, colonialista, expansionista, genocida
y segregacionista, como Israel lo es. Una encuesta europea del 2003 arrojó el
sorprendente dato que aproximadamente el 60% -¡60%!- de los europeos
considera a Israel la principal amenaza a la paz mundial.(17) En Alemania, el
65% de la población suscribió a esa noción; en Austria el 69%; en Holanda el
74%. (A modo de comparación, una encuesta reciente en Egipto, Jordania,
Marruecos, El Líbano, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos -el bloque
“moderado” del espectro árabe- arrojo el dato que el 79% de los encuestados
considera a Israel la más grande amenaza a la paz mundial).(18) Lo que
estamos presenciando aquí es esencialmente un proceso de palestinización del
discurso intelectual occidental. Es como si la opinión reinante en Occidente
hubiera adoptado la terminología intransigente y ofensiva de la Carta Nacional
Palestina, el documento fundacional de la OLP que llama a la destrucción de
Israel. Este no es un comentario irónico. El Artículo 22 de la Carta denomina a
Israel "una base para el imperialismo mundial" y "una constante fuente de
amenaza vis-à-vis la paz en el Medio Oriente y todo el mundo", un punto de
vista reflejado en encuesta tras encuesta europea. El sionismo es descrito
como "racista y fanático en su naturaleza, agresivo, expansionista y colonial en
sus objetivos, y fascista en sus métodos", una caracterización regularmente
asignada a Israel aún en respetables plataformas occidentales. El Articulo 9
afirma que la "lucha armada es el único camino para liberar Palestina", un
concepto ya incorporado en varias resoluciones de la ONU. La renombrada
periodista española Pilar Rahola denomina a la avalancha de hostilidad contra
Israel como una “práctica de tiro intelectual al judío” que prestigia al
antisemitismo, “le da cobertura intelectual, lo arma ideológicamente”.(19)
Además de las Cartas de la OLP y de Hamas ya citadas, agrupaciones como
Hizbullah y Al-Qaeda claman abiertamente por la destrucción de Israel,
también. A ellos debe sumarse la República Islámica de Irán cuyo presidente
públicamente ha llamado reiteradas veces a “borrar a Israel del mapa”. En el
Medio Oriente, la incitación a la eliminación de Israel -dirigida al componente
judío de su población que hoy ronda los seis millones- es oficialmente
fomentada y popularmente aceptada. Israel es el único estado del mundo, y los
judíos el único pueblo del mundo, que son objeto de amenazas genocidas
cotidianas por estratos gubernamentales, religiosos y terroristas que aspiran a
su obliteración.(20) En lugar de provocar la indignación esperada, en el foro de
la ONU, importantes agencias humanitarias, sectores de la prensa y de la
intelectualidad occidental, parecen a veces dispuestos a respaldar
intelectualmente esta ofensiva sin igual. La desproporción, la tendenciosidad y
la supresión de hechos fácticos al juzgar a Israel reinan soberanos. La
comisión de actos verdaderamente atroces por otros actores internacionales
apenas generan una fracción, si eso, de la indignación global que despiertanlas acciones israelíes. Europeos -que conocieron el nazismo, el fascismo y el
colonialismo- acusan a los israelíes de ser nazis, fascistas y colonialistas.
Sudafricanos -que conocieron el apartheid- acusan a los israelíes de racistas.
Latinoamericanos -que conocieron dictaduras- acusan a los israelíes de ser
opresores. Árabes y musulmanes -que continuamente presencian terrorismo en
sus tierras- acusan a los israelíes de ser terroristas. Incluso desde Rusia y
Estados Unidos se oyen voces que aseguran que Israel es imperialista. Sudán,
país en el que realmente hay un genocidio en curso, o Siria, país
incuestionablemente opresor, rara vez son señalados del modo que Israel lo
es. Incluso democracias occidentales en las que hay discriminación contra
minorías, por ejemplo los gitanos en Europa Oriental, o los bolivianos en la
Argentina, no suelen ser señaladas para la condena como Israel lo es. Hungría
no es comparada con el Apartheid ni la Argentina con el Nazismo. Sería una
locura que lo fueran, tal como es una locura hacerlo con Israel.EL PAPEL DE LA ONU
La ONU ha jugado un papel central en esta movida de denostación. Fue en su
recinto donde el sionismo fue tildado de racista. Fue su Asamblea General la
que tachó a Israel de ser un “estado no amante de la paz”. Fue todo su sistema
el que año tras año marginó al estado judío de sus comisiones, agencias y
divisiones. Fue en su Consejo de Derechos Humanos donde alrededor de un
tercio de todas sus resoluciones de condena han sido vertidas contra Israel.
Sobre una constelación de 192 estados-miembro, el CDH ha mantenido por
más de treinta y cinco años un apartado específico de su agenda para el
escrutinio singular de Israel, y sólo de Israel. El resto de las naciones han sido
y son estudiadas colectivamente. En su primer año de vida a partir de su
reforma nominal, el CDH ha adoptado varias resoluciones de condena contra
Israel. En el mismo período, ninguna otra resolución ha sido adoptada en
condena de algún otro país. Esto es: ni China, ni Cuba, ni Zimbaue, ni Irán,
entre tantísimos otros abusadores seriales de derechos humanos básicos. El
CDH, a su vez, ha mantenido más reuniones extraordinarias para condenar al
estado judío que reuniones ordinarias propias de su trabajo. Desde junio de
2006 a febrero de 2009, el CDH condenó solamente a un país -Israel- en el
80% de su 25 resoluciones sobre países específicos, y por Israel
exclusivamente fueron realizadas cinco sesiones especiales, fueron efectuadas
dos misiones de exploración de campo, y creada una alta comisión de
investigación.(21) Robert Wistrich ha definido esto como una “grotesca
perversión de la proporcionalidad y del sentido común”.(22) Hillel Neuer, actual
director ejecutivo de United Nations Watch, una ONG suiza que intenta
admirablemente corregir la politización de las Naciones Unidas, ha escrito: “En
la ONU, Israel por largo tiempo ha sido demonizada como el peor violador de la
ley internacional. Pero ahora, bajo el supuestamente reformado Consejo de
Derechos Humanos, Israel se ha convertido en el único violador”. Tal es el
descrédito de esta institución que incluso Kenneth Roth -director ejecutivo de
Human Rights Watch, una organización internacional de defensa de derechos
humanos muy crítica de las políticas israelíes hacia los palestinos- ha dicho del
CDH que “hasta ahora ha sido enormemente decepcionante”. El Consejo deDerechos Humanos fue creado en el 2006 por una votación de la Asamblea
General (170-4) para reemplazar a la cuestionada Comisión de Derechos
Humanos, iniciativa generada en gran medida a instancias del entonces
secretario-general, el ghanés Kofi Annan, quién creía que la organización había
“puesto una sombra sobre la reputación del sistema de las Naciones Unidas en
su totalidad”. Al cabo de un año apenas, la performance de la nueva comisión
había sido tan mala que incluso el nuevo secretario-general de la ONU, el
surcoreano Ban Ki-moon ha indicado que ésta “claramente no ha justificado
todas las esperanzas que tantos de nosotros hemos puesto en ella”.
Fue del mismo CDH de donde surgió el controvertido Informe Goldstone (así
conocido por el nombre del jurista judeo-sudafricano Richard Goldstone que lo
confeccionó) el que acusó a Israel de haber cometido crímenes de guerra y
posiblemente crímenes contra la humanidad durante su lucha contra Hamas a
principios del 2009. Desconsiderando toda distinción entre la agresión y la
legítima defensa, entre una democracia y una entidad terrorista, entre la
comisión deliberada de actos de terror y las bajas civiles producidas por
accidentes de guerra, el reporte censuró a Israel con una contundencia
impiadosa. Sus 575 páginas relegaron al detalle los ataques incesantes de
cohetes iniciados por Hamas sin que mediare provocación previa alguna por
parte de Israel, y caracterizaron la defensa de Israel de ser “un ataque
deliberadamente desproporcionado diseñado para castigar, humillar y
aterrorizar a la población civil” palestina. El informe tildó a Israel de “poder
ocupante” aún cuando ya desde el año 2005 no hay presencia israelí en Gaza;
a la fuertemente armada policía de Gaza la consideró una agencia civil. Contra
toda evidencia pública, parte de ella incluso televisada, el informe concluyó que
Hamas no usó hospitales como centro de comandos, que no utilizó
ambulancias para transportar cohetes, que sus hombres no dispararon desde
instalaciones de la ONU, y que las mezquitas no fueron empleadas para
esconder municiones. (Respecto de la conducta de la agrupación terrorista,
concedió que atacar a civiles israelíes “constituiría crímenes de guerra y podría
significar crímenes contra la humanidad”).(23) La misión fue instigada por
Bangladesh, Malasia, Pakistán, Siria y Somalía con el mandato de armar un
caso contra Israel por “violaciones a la ley humanitaria internacional”. Ya pasó
a engrosar el abultado archivo antisionista de las Naciones Unidas.
La discriminación diplomática trasciende a la ONU, sin embargo. Cuando los
Países Signatarios de las Convenciones de Ginebra se reunieron por primera
vez, cincuenta y dos años luego de su establecimiento, lo hicieron para debatir
a Israel. Al Magen David Adom (la Estrella de David Roja, en hebreo), la
organización de asistencia humanitaria israelí, por décadas se le ha negado
membresía a la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja y
el Cuarto Creciente Rojo, donde la Cruz Roja cristiana y el Cuarto Creciente
Rojo musulmán han sido agencias históricamente reconocidas. Sólo Israel fue
objeto de campañas de desprendimiento empresarial en las universidades
occidentales, y sólo los académicos israelíes fueron boicoteados por sus
colegas en Occidente. Efectivamente, Israel se ha transformado en el judío
entre las naciones.COMPARACIONES ODIOSAS
Tres son las comparaciones odiosas más prominentes del arsenal antiisraelí en
la actualidad: Israel como régimen Apartheid, como estado nazi, y como colonia
imperialista. Tal como en el antisemitismo tradicional, consisten en acusaciones
exageradamente fantásticas.
Para que la analogía del Apartheid tuviese validez, Israel debiera ser un país
de mayoría árabe gobernada por una minoría judía que la sojuzgara. Debiera
haber incorporado el racismo a sus leyes, haber prohibido el casamiento
interracial, designado asientos especiales en los autobuses para ellos,
determinado que disciplinas podrían estudiar y donde podrían residir. La
minoría árabe de Israel representa alrededor del 20% de la población total del
país. A pesar de tratarse de una minoría afectivamente vinculada a naciones
que han guerreado con Israel en el pasado, y a pesar de la identificación
nacionalista que muchos miembros de esta comunidad expresan con los
palestinos, quienes mantienen una confrontación con Israel, éstos gozan de
una libertad de expresión cívica, política, religiosa, cultural y social superior a la
de cualquier país vecino donde los árabes son mayoría. Sus mezquitas e
iglesias no son profanadas, ni sus poblados atacados, ni sus comunidades
marginadas. Tienen acceso a las escuelas, universidades, hospitales y centros
de entretenimiento en paridad con los israelíes. Han obtenido bancas en el
Parlamento, han llegado a la Corte Suprema de Justicia, han tenido asiento en
el gabinete israelí; los druzos y beduinos han servido incluso en el ejército y en
la policía.(24) Claramente, no hay base alguna para la comparación. Y sin
embargo, la equiparación es un clásico del género. Los periodistas la usan
continuamente. Un ex presidente norteamericano, Jimmy Carter, ha escrito un
libro dedicado a este tema, con el título Peace, Not Apartheid. El Arzobispo
Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz por su oposición al Apartheid en
Sudáfrica, afirmó: “Al venir de Sudáfrica…y ver los puestos de control
[israelíes]…cuando se humilla a un pueblo a tal punto en que lo están haciendo
-y si uno recuerda el tipo de experiencia que tuvimos cuando estábamos siendo
humillados- cuando se hace eso, no se está contribuyendo a la seguridad de
uno mismo”.(25) Desde el año 2005 se desarrolla en diversas universidades del
mundo The Israel Apartheid Week. Una medida de su éxito puede apreciarse
en su expansión. En 2005 se efectuó solamente en Toronto. Al año siguiente
se expandió a Montreal y Oxford. Para el 2007 cinco nuevas localidades se
habían sumado, incluyendo Nueva York. En 2008 veinticuatro sitios
organizaban el evento. En 2009 fue llevado a cabo en 27 ciudades en Estados
Unidos, Canadá, Escocia, Inglaterra, Sudáfrica, México, y Noruega. Cuarenta
ciudades anunciaron su participación para la edición 2010.(26) Aún en
Cisjordania se organiza el encuentro del Apartheid israelí; una ironía que
seguramente pase inadvertida para sus organizadores y seguidores. Ni siquiera
la Valla de Seguridad, comúnmente referida como “el muro”, califica en la
definición, lo que, por supuesto, no evita su uso. “¿Cuál es el término más
adecuado?” pregunta retóricamente al respecto Geore Soros, con intención
condenatoria, “¿´la valla de seguridad incompleta de Israel´ o ´un muro de
Apartheid´?”.(27) Que esta valla fue construida con el único propósito de
prevenir atentados terroristas suicidas cometidos de a cientos por lospalestinos (los cuáles ocasionaron enorme sufrimiento en Israel), que es una
medida defensiva, que los israelíes hubieran preferido no tener que construirla,
y que no obedece a ninguna doctrina diseñada para separar poblaciones sobre
premisas de pureza racial, fueron el tipo de hechos objetivos nunca
considerados por los fans de esta equivalencia.
La forma más convencional de negar el Holocausto consiste en rechazar,
relativizar o minimizar el genocidio nazi de los judíos durante la Segunda
Guerra Mundial. Otra manera de negacinonismo es atribuir a Israel la comisión
de un Holocausto contra los palestinos. En primer lugar, presenciamos la
tergiversación alevosa de la realidad. En segundo término, se tergiversa la
historia de la Shoá, pues si lo que Israel practica es un Holocausto, entonces a
grandes rasgos el padecimiento palestino de hoy día es lo que deben haber
sufrido los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Un tercer punto que
sirve de corolario es el desplazamiento del sufrimiento del pueblo judío al
pueblo palestino. Si los israelíes son los nazis/victimarios, entonces los
palestinos son los judíos/víctimas. Para que la comparación funcione, según ha
imaginado el profesor Bernard Harrison, debiera haber en Israel un partido
fascista represor de todo pensamiento diferente. Los izquierdistas israelíes
debieran estar siendo perseguidos, arrestados y enviados a campos de
concentración. La población árabe debiera estar siendo marginada de la vida
económica, cultural, política y social del país. El equivalente a una Kristallnacht
anti-árabe debiera ocurrir. En algún momento debiéramos ver trenes partiendo
a destinos desconocidos repletos de árabes-israelíes amontonados en sus
vagones. Y finalmente, tarde o temprano debiéramos oír acerca de campos de
exterminio, selecciones, gaseamientos, ejecuciones, fosas comunes y
chimeneas gigantes contaminando el paisaje hebreo con el humo del asesinato
industrial de árabes y palestinos.(28) La inexistencia de este escenario no
impide que la acusación prospere. “¿No repudian los judíos el Holocausto? Y
esto es precisamente lo que estamos presenciando [en Gaza]” afirmó Hugo
Chávez.(29) Israel, según L´Osservatore Romano, lleva adelante “una agresión
que se convierte en exterminio”.(30) La municipalidad de Barcelona canceló
una ceremonia recordatoria del Holocausto a principios de este año porque
“realizar una ceremonia del Holocausto judío mientras que un Holocausto
palestino ocurre no estaba bien”.(31) En una conferencia dictada en Beirut a
finales del 2001, el académico Norman Finkelstein tildó a las acciones militares
israelíes de “prácticas nazis”, aunque con “novedades a los experimentos
nazis”.(32) El poeta y profesor de la universidad de Oxford Tom Paulin publicó
un poema en la revista británica The Observer en el cuál refiere a los soldados
israelíes como “Zionist SS”.(33) El tema ha sido un favorito en las pancartas
erigidas en las manifestaciones antiisraelíes durante las últimas
confrontaciones entre Israel y Hamas, incluso en Estados Unidos. “Israel: el
Cuarto Reich” (Nueva York), “Holocausto palestino en Gaza hoy” (Chicago),
“Elevar a Holocausto versión 2.0” (Los Ángeles).(34) Tal la permisividad social
contemporánea de abusar del Holocausto, que la famosa personalidad
televisiva noruega Otto Jespersen lamentó que miles de millones de piojos
hayan muerto con los judíos en las cámaras de gas.(35) En Alemania, la
cadena de locales de café Tchibo se vio impelida a retirar de circulación unos
siete mil carteles publicitarios de su nuevo café con el lema “A cada cuál lo
suyo”, una frase tomada por los nazis del griego antiguo que adornaba laentrada al campo de concentración de Buchenwald.(36) Una encuesta del Daily
Telegraph de principios de marzo revelo que el 5% de niños británicos en edad
escolar consultados sobre el significado de la palabra Auschwitz respondieron
que era una marca de cerveza, un tipo de pan o un festival religioso.(37) La
última guerra entre Hamas e Israel dio lugar a una situación surrealista. A la
vez que unos acusaron a los israelíes de ser nazis, otros bregaron
abiertamente por imponer un nuevo Holocausto contra el pueblo judío. Mientras
que en Brasil el Partido dos Trabalhadores calificó la represalia israelí contra el
Hamas de “práctica nazi”, en Italia el sindicato Flaica-Uniti-Club pretendió
resucitar las leyes raciales fascistas al instar a boicotear las tiendas
comerciales pertenecientes a los judíos de Roma. Mientras que en Mar del
Plata el titular del Centro Islámico aseguró que “prontamente Israel, como el
Estado Nazi, desaparecerá y será solamente un mal recuerdo del pueblo
árabe”, en Holanda manifestantes gritaron “gaseen a los judíos”. Mientras que
un alto oficial vaticano equiparó a Gaza con “un gran campo de concentración”,
manifestantes corearon en la Florida contra los judíos: “regresen a los
hornos”.(38) Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial no hemos presenciado
un llamado tan explícito a liquidar judíos en las capitales del mundo libre. Que
se invoque retórica nazi contra los judíos al protestar contra la política militar de
Israel, país que a su vez es acusado de ser nazi al lidiar con los palestinos, es
un escenario tan novel como inquietante. “El Holocausto”, ha escrito Walter
Reich, quien fuera director del Museo del Holocausto de Estados Unidos, “está
siendo crecientemente usado como un arma contra los judíos y el estado
judío”.(39)
Al igual que las dos anteriores acusaciones descabelladas, la equiparación de
Israel con el colonialismo y el imperialismo demanda la desconsideración del
conocimiento histórico, la supresión del sentido de la proporción y la anulación
del sentido común. Los pensadores y líderes sionistas del siglo XIX hallaron
inspiración para su propia causa nacional en las luchas de nacionalistas
serbios e italianos y otros contra los imperios otomano, ruso y el Vaticano.
Desde su nacimiento, el sionismo fue un enemigo del imperialismo. Yehuda
Alkalai vio en la lucha serbia contra los otomanos musulmanes un ejemplo
motivacional para la propia causa nacional de los judíos. Moses Hess vio en los
hombres de Garibaldi y su rebelión por una república italiana un modelo de
nacionalismo a emular.(40) Ningún líder sionista declaró jamás que el objetivo
del sionismo era la conquista de tierras foráneas para dominar a otros pueblos
y expoliar sus riquezas. Prominentes intelectuales judíos se opusieron a la
creación del estado judío en Palestina dado que ese no era un territorio
enteramente despoblado. El dramaturgo inglés Israel Zangwill creó una
corriente denominada los “territorialistas” que defendían la idea de construir el
hogar nacional judío fuera de Palestina y apoyaron la sugerencia británica en
1905 de fundar Israel en el territorio británico de Kenya, hoy Uganda.(41) Otros
pensadores judíos tales como Martin Buber, Gershom Sholem, Hugo
Bergmann, y Judah Magnes, prefirieron descartar la noción de un estado judío
en aras del establecimiento de un estado binacional en Palestina, donde los
pueblos árabe y judío coexistirían en armonía sin dominio de uno por el
otro.(42) El movimiento Hashomer Hatzair adoptó formalmente la idea en 1933
y la agrupación Brit Shalom sugirió en 1941 crear una confederación árabejudía cuyo presidente sería alternativamente un árabe y un judío.(43) Incluso en1938 en vísperas de una nueva guerra mundial, Albert Einstein escribió: “Yo
preferiría mucho más ver un acuerdo razonable con los árabes sobre la base
de vivir juntos en paz que la creación de un estado judío”.(44) ¿Es esto
imperialismo? Que Herzl haya buscado apoyo de los grandes imperios de la
época -otomano, alemán, británico- y que haya obtenido el favor de Londres en
modo alguno transforma a los sionistas en imperialistas. En cualquier caso, no
pasó mucho tiempo antes de que los imperialistas británicos traicionaran a los
judíos y adoptaran una política anti-sionista. Los pioneros judíos que labraron la
tierra en Palestina, secaron pantanos, trazaron redes eléctricas, construyeron
escuelas y hospitales, museos y orquestas musicales, no estaban al servicio de
ningún imperio. De hecho, en los años inmediatos previos al establecimiento
del Estado de Israel, ellos estaban combatiendo a la Oficina Colonial británica
en Palestina. Combatientes judíos fueron ahorcados por los británicos en
Palestina; barcos repletos de judíos que huían de los nazis fueron devueltos a
Europa por decisión del gobierno británico. Al debatirse en la ONU la resolución
para la partición de Palestina, Gran Bretaña se abstuvo. Una vez comenzada la
guerra de agresión árabe, oficiales británicos se sumaron a las fuerzas
invasoras, como la Legión Árabe jordana. Estados Unidos (que, junto con
Rusia, votó a favor de la Partición) hizo de Israel un aliado en el Medio Oriente
recién a fines de los años sesenta, para cuando el estado hebreo ya tenía dos
décadas de vida. Tal como Eli Kavon ha observado: “Catalogar al sionismo de
imperialismo es negar la conexión de los judíos con la Tierra de Israel que
retrocede 3.000 años en el tiempo. Los judíos estaban batallando contra
imperialistas, fuesen éstos helenistas o romanos, mucho antes de los
movimientos de liberación nacional. Los británicos en la India, así como los
franceses en Argelia, no tenían una conexión antigua con las tierras que
colonizaron. Los europeos explotaron poblaciones nativas por razones de
economía y jingoísmo. No así los judíos. Los pioneros judíos se asentaron en
Palestina para encontrar un lugar en el cual vivir como hombres y mujeres
libres, libres del dominio de imperialistas en los mundos europeo e
islámico…Etiquetar de imperialista a una pequeña nación de judíos que floreció
a pesar del poder de grandes imperios es absurdo. Es un intento de robar a
Israel su legitimidad. Es una mentira”.(45)
Esta triple acusación -Israel es nazi, apartheid e imperialista- es nada menos
que una demonización a nivel estatal de lo que fue la deshumanización contra
el pueblo judío, sesenta años atrás, a nivel nacional. Antes el pueblo judío, hoy
el estado judío. Al endilgar al único país judío del globo las etiquetas de los
males más nocivos del siglo XX se está pidiendo silenciosamente por su
abolición, pues existe una obligación moral de luchar contra el Mal.(46) De esta
forma se da justificativo ético a la lucha de “resistencia” palestina, a los ataques
del Hizbullah, a la agresión verbal de Irán, en tanto combatientes anti-nazis,
anti-apartheid y antiimperialistas. En esta increíble reversión moral, terroristas
que pregonan la violencia y dictadores teocráticos reciben un sello moral de
aprobación occidental en virtud del vicio absoluto que encarna Israel; ese
“paisecito de porquería” en la impresión de un embajador francés.(47) Moisés
Garzón Serfaty, lo expresa así: Hay dos anti-judaísmos en la actualidad, “uno
islámico, particularmente agresivo, y otro occidental de origen izquierdista y
liberal. El primero se traduce en actos violentos. El segundo, de alguna manera
los legitima. Desprovista de escrúpulos, desorientada como nunca, parte de laizquierda occidental se ha volcado sobre la causa palestina con el mismo
maniqueísmo combativo como lo hizo en su día en relación con la Unión
Soviética, la revolución cubana y otros despropósitos históricos”.(48)INDIGNACIÓN MORAL SELECTIVA
Gaza como la versión posmoderna del Ghetto de Varsovia,(49) la valla de
seguridad como el Muro del Apartheid, e Israel como el nuevo Hernán Cortés,
son referentes estelares del nuevo canon secular del antisemitismo político
contemporáneo. Las pasiones que despiertan las acciones de Israel y el nivel
de involucramiento emocional de observadores supuestamente imparciales
lucen llamativos. Especialmente a la luz de que ningún otro conflicto de
gravedad mucho más acentuada en el orbe parece motivar una reacción
siquiera fraccionaria de lo evidenciado cuando de Israel se trata. El genocidio
en Darfur (400.000 muertos y alrededor de 2.5 millones de refugiados), la
guerra en el Congo (4 millones de desplazados), la represión rusa en
Chechnya (entre 150.000 y 200.000 muertos, un tercio de la población forzada
a abandonar sus hogares) y la guerra civil en Argelia (200.000 muertos entre
1999 y 2006), son las situaciones inmediatas que vienen a la mente. Pero no
menos sorprendente luce la preocupación global por la suerte de los palestinos
al notar el poco interés que otras instancias en las que los palestinos han sido
maltratados ha despertado; instancias en las que los israelíes no estuvieron
enredados, vale decir. Entre 1949-1967, Egipto y Jordania gobernaron a la
población palestina de Gaza y Cisjordania, respectivamente. Dejando de lado
el hecho de que ni Cairo ni Ammán promovieron la independencia estatal
palestina, cabe señalar que desatendieron las condiciones económicas y
sociales de modo tal que, conforme el profesor Efraím Karsh ha documentado,
120.000 palestinos cruzaron hacia el margen oriental y otros 300.000
emigraron al extranjero en ese mismo período.(50) El estado calamitoso en el
que viven los refugiados palestinos confinados a campamentos miserables en
países árabes hermanos solamente genera interés para sancionar a Israel. El
Rey Hussein de Jordania masacró más palestinos en un solo mes de 1970
(entre 3.000 y 5.000) que lo que Israel hizo en décadas y ha sido sin embargo
Israel la parte más sistemáticamente censurada por su trato a los palestinos.
Los sirios han abusado de los palestinos con tal severidad que Abu Iyad, el
número dos de la OLP, afirmó que esos crímenes “superaron aquellos del
enemigo israelí”.(51) Kuwait castigó a la población palestina en su tierra luego
de la alianza de la OLP con Saddam Hussein en 1991 al expulsar a esos
inocentes trabajadores, y también hubo matanzas que llevaron a Yasser Arafat
a lamentar: “Lo que Kuwait hizo al pueblo palestino es peor que lo hecho por
Israel a los palestinos en los territorios ocupados”.(52) Durante el año 2006
solamente, más de 600 palestinos fueron asesinados en Bagdad y otros 100
fueron secuestrados por milicianos chiítas que resienten el buen trato a ellos
dispensado por Saddam Hussein. Según relatos testimoniales, chiítas
extremistas detuvieron a transeúntes en las calles y les exigían sus
documentos de identidad. Si resultaba ser un palestino el desdichado era
fusilado sin más. Esta situación fomentó una emigración palestina de Irak hacia
Jordania y Siria, países que “han impuesto fuertes restricciones al ingreso derefugiados, dejando a muchos de ellos atascados en la frontera en condiciones
crueles e inhumanas” según informó oportunamente el Jerusalem Post. ¿Y qué
decir sobre los cientos de palestinos muertos en la guerra civil entre Hamas y
Fatah del año 2007? ¿Por qué no hizo el novelista José Saramago
peregrinaciones de solidaridad a Ramallah? ¿Por qué no inició Tony Judt un
boicot académico contra la Universidad Islámica de Gaza? ¿Por qué no
publicaron los intelectuales progresistas argentinos solicitadas en Página12
acusando a Hamas o a la Autoridad Palestina de genocidio? ¿Por qué no
vimos editoriales adoloridos en los principales diarios del mundo? ¿Por qué no
se reunió de urgencia el Consejo de Seguridad de la ONU para expresar
preocupación? El hecho de que prácticamente nunca ha despertado
indignación mundial el sufrimiento palestino en manos de cualquier otro que no
sea un israelí, a la vez que su sufrimiento ha provocado oleadas globales de
enojo cuando ha sido causado por israelíes -aún cuando sus acciones han sido
comparativamente pálidas a las de otros- es algo que las buenas conciencias
de Occidente deberían explicar. Y si el desprecio por Israel no está vinculado a
los judíos, ¿por qué cada vez que hay una crisis entre Israel y sus vecinos,
judíos son acosados en Europa? ¿Por qué, mientras Hamas confrontaba con
Israel, fue profanada una sinagoga en Venezuela? ¿Por qué judíos que
celebraban un aniversario de Israel fueron atacados en la Argentina? ¿Por qué
la mayor cantidad de incidentes antisemitas ocurrió, por ejemplo en Gran
Bretaña, a partir del año 2006 en coincidencia con el ataque de Hizbullah a
Israel? Si no hay nexo alguno, ¿por qué le gritaron “judío sucio” al embajador
israelí en España a la salida de un partido de fútbol? ¿Por qué ocurrió en ese
país -donde según una encuesta de septiembre del 2008 de Pew Global
Reserach el 46% de los locales tienen impresiones poco favorables de los
judíos- la más grande manifestación popular anti-israelí de toda Europa? Si
realmente no hay conexión alguna entre el antiisraelismo y el antisemitismo,
¿Por qué el diario secular italiano La Stampa publicó una caricatura con el niño
Jesús en el pesebre mirando a un tanque israelí, diciendo “no me digan que
vienen a matarme nuevamente”?LA NEGACIÓN DEL ANTISEMITISMO
Desde que Hitler le dio un mal nombre al odio a los judíos, los antisemitas han
estando buscando la manera de seguir siendo antisemitas bajo la protección de
una cierta fachada. Esa fachada es el antisionismo. No toda crítica a Israel
encierra odio a los judíos. Pero muchas veces sí lo hace, y es utilizada como
máscara para desviar acusaciones de antisemitismo. Que no siempre las
condenas al estado judío conlleven antisemitismo, no significa que nunca lo
conlleven. Por momentos luce como si se quisiera privar a los judíos de la
posibilidad de señalar la existencia del antisemitismo en el discurso anti-israelí.
“¿Acaso no se puede criticar a Israel?” Preguntó cierta vez un periodista
televisivo a Pilar Rahola en un importante programa de actualidad. “El
problema”, respondió Rahola, “no es que no se pueda criticar a Israel, sino que
exclusivamente se critica a Israel”.(53) La crítica política a Israel, como ya
hemos dicho, es válida. Es la crítica antisemita -disfraza de legítima condena
política- la que debe ser señalada. El hecho de que muchas de lasdifamaciones antiisraelíes sean fomentadas por judíos no inmuniza a nadie, ni
siquiera a ellos mismos, del cargo de antisemitismo. Una calumnia, aún si
promovida por judíos o por israelíes, sigue siendo una calumnia. El que un
hombre o una mujer cuyos padres son judíos sea quien difunda mentiras sobre
Israel no legitima ni un ápice su diatriba. En todo caso el fenómeno del autoodio judío es legendario. A lo largo de la historia ha habido judíos que han
interiorizado, hecho propia, la condena del antisemita. No pudiendo soportar
tanta hostilidad y con la vana esperanza de agradar y ser aceptado, se han
abocado a la tarea imposible de remover lo que hay de judío en el o ella. Una
forma convencional de convencer a otros y a sí mismo de su despojo es atacar
a sus hermanos. Muchos de los más fieros judeófobos de la historia medieval
han sido judíos conversos al catolicismo: Petrus Alfons, Nicholas Donin, Pablo
Christiani, Avner de Burgos, Guglielmo Moncada y Alessandro Franceschi.
(Incluso se ha especulado sobre el inquisidor Tomás de Torquemada). El poeta
alemán Heinrich Heine opinaba que “el judaísmo no es una religión sino una
desgracia”. El escritor Moritz Sapir consideró que “el judaísmo es una
deformidad de nacimiento, corregible por cirugía bautismal”. Algunos llegaron a
odiar tanto su condición que terminaron suicidándose, tal el caso del psiquiatra
y filósofo austríaco Otto Weininger.(54) Una admiradora suya fue la
renombrada poetisa judeo-norteamericana Gertrud Stein, quién en 1934
confesó al New York Times su visión de que “Hitler debió haber recibido el
Premio Nobel de la Paz”; posteriormente gozaría de la protección de
colaboradores del régimen filo-nazi de Vichy en Francia.(55) La teórica del
Marxismo Rosa Luxemburgo escribió en una carta privada: “¿Por qué recurres
a mí con tus penas especiales judías?…No puedo hallar un rincón especial de
mi corazón por el ghetto”.(56) El propio Karl Marx expresó hostilidad al
judaísmo en su ensayo de 1843 Sobre la Cuestión Judía: “La emancipación
social del judío es la emancipación de la sociedad respecto del judaísmo”.(57)
El periodista austriaco Arthur Trebisch ofreció sus servicios a los nazis, a los
que instó a no cesar en su combate contra los judíos. Dejó testimonio de su
sentir: “…cargo yo la vergüenza y la desgracia, la culpa metafísica de ser
judío”.(58) El canciller austriaco más firmemente antiisraelí de las últimas
décadas -Bruno Kreisky- fue un judío. Algunas de las personalidades más
famosas del antiisraelismo actual son judíos: desde Noam Chomsky hasta Juan
Gelman. En otras palabras, uno puede ser judío y albergar sentimientos
negativos respecto de los judíos y el estado judío. Aún cuando no todos los
nombres recién referidos encajen en la definición del auto-odio, a la luz de sus
declaraciones no puede disputarse que queda en evidencia algún grado de
enajenación identitaria. En todo caso, este no es el punto principal aquí, ni es
un debate que deseamos promover. No estamos evaluando la identidad
religiosa del crítico, ni como él se ve a sí mismo en torno a esa identidad, ni si
se odia a sí mismo o no, sino su actitud. Cuando los censores de Israel -judíos
o no- incurren en demonizaciones como las que hemos descrito en estas
páginas -muchas de ellas similares en su naturaleza a las difamaciones
colectivas que han sido históricamente lanzadas contra los judíos, sólo que
esta vez reorientadas al estado judío- tienen la obligación de respaldar
racionalmente sus reclamos de que ellos no están adoptando una conducta
antisemita. Es insuficiente que declaren que están siendo injustamente tratados
como tales y así erigir una especie de escudo protector moral. Ellos deben
justificar racionalmente porqué creen que los israelíes son nazis, debenpresentar evidencia empírica que sustente la noción de que los sionistas son
imperialistas, y deben poder argumentar lógicamente por qué motivo sienten
que las políticas israelíes constituyen un Apartheid. Elegir eludir el desafío y en
su lugar actuar cómodamente el rol del intelectual ofendido es un acto de
cobardía.(59)ISLAMOFOBIA IN, ANTISEMITISMO OUT
Como si el problema del antisemitismo no fuese ya lo suficientemente
complejo, frecuentemente los judíos se ven obligados a lidiar con problemas de
nomenclatura y de definición relacionados al antisemitismo que crean cierta
confusión conceptual. En la realidad del post-9/11, hubo quienes temieron que
la totalidad del Islam fuera a ser erróneamente caracterizado como terrorista o
agresivo, y/o que sus seguidores pudiesen ser colectivamente estigmatizados.
Cada vez con mayor regularidad comenzó a usarse el término “islamofobia”,
que alude al odio a los islámicos. Se popularizó de tal manera la idea de que
los musulmanes son despreciados a escala global que rápidamente ingresó al
léxico de la ONU y de la jerga periodística. En una “Declaración Conjunta” de
diciembre de 2008 efectuada por los presidentes de la Argentina, Brasil y
Venezuela, éstos manifestaron “su más enérgica condena al racismo, el
antisemitismo, el antiislamismo, la discriminación racial y otras formas conexas
de intolerancia”.(60) Si la cuestión se limitara a un debate acerca de si existe
desprecio hacia los musulmanes, probablemente el uso de esta palabra no
estaría generando controversia. Ciertamente, expresiones contrarias al Islam y
a sus fieles seguidores pueden hallarse en el discurso público, y musulmanes
han sido acosados y discriminados en Occidente. Se torna un poco más
dificultoso defender el uso del término si requiere la aceptación de la existencia
de un fenómeno mundial de antiislamismo. Inmigrantes foráneos han sido y son
usualmente discriminados en distintos países, por ejemplo, los paraguayos en
la Argentina. Sin embargo, no es común referir al anti-paraguayismo en nuestra
tierra aún cuando la marginación contra los paraguayos existe. La razón es
simple: existe el acto singular xenofóbico, más no un sistema de prejuicios
contra ese grupo humano. No hay doctrina que lo respalde ni movimientos
ideológicos que lo promuevan. Indudablemente, semejantes actos de
discriminación acreditan nuestro repudio, pero no ameritan ser designados en
un genérico alusivo a un fenómeno que, como fenómeno, es inexistente. Lo
mismo cabe decir respecto del antiislamismo o islamofobia. Aún así, si los
musulmanes sintieran que ese es efectivamente el caso y anhelarán
concientizar al resto del mundo al respecto valiéndose del empleo de un
término que reflejara su sentir, tampoco ello debiera generar inconveniente
alguno; con la salvedad de que no pretendieran ubicarlo a la par de fenómenos
racistas mundial e históricamente establecidos. En términos generales, todo lo
que contribuya a la lucha contra el racismo debiera ser bien recibido. La
polémica nace cuando líderes musulmanes pretenden reemplazar a la
judeofobia con la islamofobia, cuando procuran reprimir la muy real existencia
del odio a los judíos (que en muchos casos emana de naciones islámicas) al
elevar como contrapunto una noción cuestionable. “El hecho es que la
islamofobia ha reemplazado al antisemitismo” aseveró el Consejo Musulmán deGran Bretaña. En la última conferencia contra el racismo organizada por la
ONU en Ginebra (conocida también como Durban II), quedó en evidencia la
politización de la agenda antirracista para servir la causa islamista en donde la
palabra “islamofobia” era promovida con finalidades políticas. Ya desde su
organización temprana, la Organización de la Conferencia Islámica (asentada
en Arabia Saudita, reúne a 57 países musulmanes y opera como bloque en la
ONU) introdujo en el borrador de la declaración final que “las más graves
muestras de difamación de las religiones son el aumento de la islamofobia y el
empeoramiento de la situación de las minorías musulmanas en todo el mundo”.
Grupos de derechos humanos ya han adoptado ello como verdad sacrosanta.
En el año 2001, Human Rights Watch anunció la creación de un puesto para
monitorear crímenes raciales contra “musulmanes, sikhs y personas de
ascendencia mesooriental y del sur de Asia en los Estados Unidos desde los
atentados del 11 de septiembre”. Para la misma época, el FBI hizo pública
información sobre los crímenes raciales en Estados Unidos ocurridos en el año
2000. Aquél año hubo 28 ataques contra musulmanes y 1119 ataques contra
judíos. Aunque los judíos representan alrededor del 2.5% del total de la
población estadounidense, casi un 14% de todos los crímenes raciales y más
de un 75% de todos los crímenes raciales basados en la religión, fueron
orientados contra los judíos ese año.(61) En mayo del 2002, Amnesty
Internacional emitió una condena de repudio a “los ataques contra judíos y
árabes” en la que detallaba instancias de agresión contra judíos y árabes en
Europa. Sobre las agresiones a los judíos mencionaba, en parte, que:
•“En Francia, la hostilidad contra los judíos ha originado una oleada de ataques
especialmente grave. La policía francesa registró 395 incidentes antisemitas
entre el 29 de marzo y el 17 de abril”.
•“En marzo y abril, varias sinagogas, como las de Lyon, Montpellier, Gargesles-Gonesses (Val d'Oise) y Estrasburgo, sufrieron destrozos, y la sinagoga de
Marsella fue pasto de las llamas de un incendio provocado. En París, la
multitud arrojó piedras contra un vehículo que transportaba a alumnos de un
colegio judío y le rompió los cristales de las ventanillas”.
•“En Gran Bretaña, en abril hubo informes de al menos 48 ataques contra
judíos, frente a 12 en marzo, 7 en febrero, 13 en enero y 5 en diciembre. En
algunos casos las víctimas tuvieron que ser hospitalizadas con graves heridas”.
•“En Bélgica se arrojaron bombas incendiarias contra sinagogas de Bruselas y
Amberes en abril, y se acribilló a balazos la fachada de una sinagoga de
Charleroi, en el sudoeste del país. En Bruselas, una librería y tienda de
delicatessen judía fue destruida por el fuego”.
•“También en abril se produjeron ataques contra sinagogas de Berlín y Herford
en Alemania Occidental. Ese mismo mes, según los informes una joven judía
fue atacada en el metro de Berlín por llevar un colgante con la estrella de
David, y dos judíos ortodoxos resultaron heridos leves a consecuencia de la
agresión de un grupo de personas en una calle comercial de Berlín tras salir de
una sinagoga”.
•“En Bruselas, el 7 de mayo una pareja de inmigrantes marroquíes murió y dos
de sus hijos resultaron heridos por los disparos de un anciano vecino, belga,
que, según los informes, hizo comentarios racistas”.En círculos islámicos, la “islamofobia” está siendo empleada como caballito de
batalla contra el antisemitismo, y detrás de éste, contra la noción del
sufrimiento judío. Por extraño que suene, parece haber una competencia
unilateral musulmana por el monopolio de la victimización, el que
aparentemente consideran está en manos del pueblo judío. Este no debiera ser
el caso. La OIC está en su perfecto derecho de alertar sobre discriminaciones o
ataques anti-islámicos en el mundo. Pero no es constructivo hacerlo con un
propósito de sobreimposición.CONCLUSIÓN
El Día de la Recordación del Holocausto del año 2008, alrededor de un
centenar de ingleses tomó una visita guiada al viejo barrio judío londinense. La
visita no pudo ser completada. “Si avanzan más, morirán” les gritaron un grupo
de jóvenes musulmanes mientras les arrojaban piedras. Posteriormente,
algunos judíos debieron recibir atención médica. En ese mismo lugar, sólo que
en 1936, un grupo de fascistas británicos intentó marchar a través del barrio
judío. Esa marcha tampoco pudo ser completada. Una aglutinación de judíos,
católicos irlandeses y comunistas ingleses lo impidieron, unidos bajo el slogan
de la guerra civil española: “No pasarán”. El recordatorio, traído por el
comentarista Mark Steyn, nos sirve para notar cuanto han cambiado las cosas
para los judíos de Europa, y por extensión de Occidente, desde el “No pasarán”
hasta el “Si avanzan más, morirán”. Para los judíos hoy en día no hay
demasiados católicos y comunistas dispuestos a permanecer codo a codo con
ellos para frenar el avance de los antisemitas.(62) Durante la mayor parte del
siglo pasado, el antisemitismo -religioso, racial y nacionalista- estuvo ligado a la
Derecha, y ciertamente este tipo de antisemitismo crudo no ha partido de la
escena. El neo-nazismo, heredero ideológico de este último, sigue siendo un
problema que requiere solución para las sociedades libres y pluralistas.
También es indudable que podemos hallar antisemitas de derecha en las
múltiples manifestaciones antiisraelíes en las que consignas anti-judías son
elevadas. Este tipo de antisemitismo es fácilmente identificable y es
habitualmente sancionado. Pero hay algo novedoso sin embargo, una nueva
forma de prejuicio que también demanda sanción. En la actualidad, la mayor
parte de las manifestaciones antiisraelíes reúnen en mayor medida a pseudopacifistas, anarquistas, comunistas, socialistas, antiglobalistas, medioambientalistas e izquierdistas todo-terreno. Estos radicales operan en una
atmósfera de antiisraelismo creada y perpetuada por establecidos organismos
multinacionales, agencias humanitarias, medios de prensa y destacados
intelectuales. No fue Jean-Marie Le Pen, sino Amnesty Internacional, quién
pidió al Consejo de Seguridad de la ONU y a la Casa Blanca la imposición de
un embargo de armas a Israel en febrero de 2008.(63) (En una irrisoria muestra
de equivalencia moral o falso sentido de la igualdad, AI pidió que el embargo
cayera también sobre Hamas). No ha sido en las academias militares, sino en
prestigiosas universidades de Gran Bretaña y de Estados Unidos -en las que el
progresismo prevalece- donde campañas de boicot académico y de
desinversión contra Israel han surgido. Hay pocos centros de excelenciaoccidentales en los que Mahmoud Ahmadinjead pueda ser bien recibido, la
Universidad de Columbia fue uno de ellos. No es en pasquines fascistas, sino
en periódicos elitistas progresistas, donde vemos caricaturas tan violentamente
antiisraelíes que remiten, sin exageración alguna, a los peores trazos de Der
Stürmer. Tal como Gabriel Schoenfeld ha señalado, durante la primera mitad
del siglo XX, una retórica antisemita de masas -desde los Protocolos de los
Sabios de Sión hasta Mein Kampf y otros- ayudaron a crear el marco cultural e
intelectual para la catástrofe que se avecinaba. Las actuales denuncias
inagotables contra Israel acarrean una resonancia incómoda que poseen “las
semillas de una repetición macabra”.(64) Si algo hemos aprendido (o
debiéramos haberlo hecho) de la Shoá, es que el genocidio comienza con la
destrucción intelectual de un pueblo, abriendo el camino para su destrucción
física eventual. Antes de alcanzar el aniquilamiento parcial del pueblo judío, los
nazis debieron primero obliterarlo en el imaginario colectivo. Antes de llevar a
los judíos a las cámaras de gas, debieron persuadir a la opinión pública de que
los judíos merecían del exterminio contra ellos planeado. Primero éstos fueron
destruidos en los discursos pronunciados desde los palcos, en los panfletos
divulgados en las universidades, en las pancartas erigidas en las
manifestaciones callejeras, en las leyes raciales; de modo que los judíos fueran
completamente aniquilados idealmente como preludio a su obliteración
material. Tenemos el deber de aceptar que lo que empieza con retórica
extrema termina en acciones atroces. La demonización global a la que el
Estado de Israel es cotidianamente sometido no puede terminar bien. Aún
cuando para muchos las políticas del estado judío resulten problemáticas y sus
objeciones sean bien fundamentadas y bien intencionadas, debe admitirse que
para muchos otros este no es el caso. Hay gentes para las que vale la
observación del columnista del Washington Post George Will: “No es que Israel
sea provocativo, el que Israel sea es provocativo”.
En estas páginas se ha intentado alertar sobre un mismo fenómeno en nuevas
antisionismo/antiisraelismo sea una manifestación de antisemitimo, no es
efectuado a los efectos de suprimir toda crítica a Israel, sino de advertir que
esa crítica puede esconder malas intenciones. El espectáculo de denostación
tan total adversa a Israel al que asistimos en estos tiempos, no obstante, remite
a épocas infelices y no puede ser ignorado con atribuciones de paranoia a
quienes, producto de un cúmulo de experiencias dolorosas, han aprendido a
divisar el peligro. Se ha dicho que lo que ocurrió alguna vez en el pasado,
puede ocurrir nuevamente en el futuro, y que lo que empieza con los judíos,
nunca termina con los judíos. Estos no son meros clichés. Son lecciones
históricas que claman por ser aprendidas.
--Buenos Aires, marzo de 2010.
Julián Schvindlerman es analista político internacional, escritor y conferencista.
Tiene una Licenciatura en Administración por la Universidad de Buenos Aires y
una Maestría en Ciencias Sociales por la Universidad Hebrea de Jerusalem.Notas(1) Leo Pinsker, Autoemancipación; citado por Shlomo Avineri, The Making of
Modern Zionism: The Intellectual Origins of the Jewish State (NY: Basic Books,
1981), p. 77.
(2) Dennis Prager & Joseph Telushkin, Why the Jews? The Reason for
Antisemitism (NY: Simon & Shuster, 1983), p. 17.
(6) Pierre-André Taguieff, La Nueva Judeofobia (España: Gedisa, 2002), p.
(8) Irwin Cotler, discurso pronunciado en The Global Forum for Combating
Antisemitism, February 24-25 Jerusalem, DVD.
(9) Robert Wistrich, conferencia en el Foro Argentino sobre el Antisemitismo
Internacional, Buenos Aires, 6 de agosto e 2008.
(10) Alvin H. Rosenfeld, “Progressive” Jewish Thought and the New AntiSemitism (NY: AJC, 2007).
(11) Keneth S. Stern, Antisemitism Today: How It Is the same, How It Is
Different, and How to Fight It (NY: American Jewish Committee, 2006), p. 12.
(12) James Carroll, Constantine´s Sword: The Church and the Jews (USA:
Houghton Mifflin Company, 2001), p. 415.
(15) La Carta completa puede verse en Benjamin Netanyahu, A Place Among
the Nations (NY: Bantam Books, 1993), pp. 418-424.
(16) Citado por Arno Lustiger, “When people criticize Zionism, they mean Jews,
said Martin Luther King”, Jerusalem Post, 15/2/09.
(17) Julián Schvindlerman, “El Otro Eje del Mal: Antinorteamericanismo,
Antiisraelismo y Antisemitismo”, en Reflexiones, Ensayos Contemporáneos
(Buenos Aires: Editorial Milá, 2005), pp. 79-80.
(18) Mark Steyn, “Israel Today, the West Tomorrow”, Commentary¸May 2009.(19) Citada por Moisés Garzón Serfaty, Apuntes para una historia de la
judeofobia (CAIV: Caracas, 2008), p. 169; Dennis Prager & Joseph Telushkin,
Why the Jews? pp. 36-37.
(22) Robert Wistrich, conferencia en el Foro Argentino sobre el Antisemitismo
(23) Ver el comunicado de la ONU que presentó el reporte Goldstone y acceso
http://www.un.org/apps/news/story.asp?NewsID=32057&Cr=palestin&Cr1.
(24) Ben Cohen, The Ideological Foundations of the Boycott Campaign Against
Israel (NY: AJC, 2007), pp. 9-10.
(25) “Tutu sobre la ocupación israelí”, Agencia de Noticias Prensa Ecuménica,
(26) “Israeli Apartheid Week 2009 may be coming to a campus near you”,
Jerusalem Post, 29/1/09; “Israeli Apartheid Week starts today”, Jerusalem Post,
(27) Citado por Bernard Harrison, Israel and Free Speech (NY: AJC, 2007), p.
(30) Richard Bernstein, “An Ugly Rumor or an Ugly Truth?”, New York Times,
(31) Isi Leibler, “Zionism and the global anti-Semitic frenzy”, Jerusalem Post,
(32) Citado por Gabrield Schoenfeld, “Israel
Commentary, June 2002, p. 19.andthe Anti-Semites”,(33) Richard Bernstein, “An Ugly Rumor or an Ugly Truth?”, New York Times,
(34) Walter Reich, “Using the Holocaust to Attack the Jews”, Washington Post,
(35) “Complaint filed against Norway´s ´Holocaust´ comic”, Jerusalem Post,
22/12/08.(36) “Coffee Chain cancels ad with slogan Nazis used”, Jerusalem Post,
(39) Walter Reich, “Using the Holocaust to Attack the Jews”, Washington Post,
(41) Hattis Rolef, Political Dictionary of the State of Israel (Jerusalem: Keter
Publishing House, 1993), p. 345.
(42) Hattis Rolef, pp. 61-62 y Hazony, The Jewish State: The Struggle for
Israel´s Soul (USA: Basic Book, 2000), p. 212.
(44) Citado por Paul Johnson, La Historia de los Judíos (Argentina: Javier
Vergara Editor S.A., 1991), p. 450.
(50) Efraim Karsh, “What´s Behind Western Condemnation of Israel´s War
Against Hamas?”, Jerusalem Center for Public Affairs, 11/1/09.
(53) Cito de memoria, el hecho ocurrió unos pocos años atrás en el programa
“Hora Clave” y la pregunta fue efectuada por un asistente de Mariano
(54) Ver ejemplos y citas en Gustavo Perednik, La Judeofobia (España: Flor del
Viento, 2001), pp. 145-146.
(55) Lansing Warren, “Gertrude Stein: Views, Life and Poetry”, New York
Times, 6/5/1934.(56) Citado por Cohen, p. 3.
(60) Ver “Presidentes de Argentina, Brasil y Venezuela firman Declaración
Conjunta condenando el Antisemitismo”, comunicado de B´nai B´rith, 20/12/08.
(64) Schoenfeld, p. 20.All pages:2345678910111213141516171819202122232425InfoSaveLikeShareDownloadMoreAntisionismo- El nuevo antisemitismo Published on Aug 7, 2011 Para responder cuando los antisemitas se desmarcan, diciendo que son antisionistas, no antisemitas.federaciondeestudiantesjudiosFollowRead moreRead moreSimilar toPopular nowJust for youGo explore

References: Artículo 7
 Resolución 
 resolución 
 Artículo 20
 Artículo 22
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