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Timestamp: 2018-07-17 11:29:28+00:00

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La ambivalente política hemisférica de Barack Obama por Luis Suárez Salazar | Movimiento Nuestra América
La ambivalente política hemisférica de Barack Obama por Luis Suárez Salazar
El “nuevo” pacto para la seguridad pública de las Américas
Por consiguiente, lo “nuevo” parece ser que, en el futuro, el pretexto legitimador de esas y otras acciones político-militares (al menos el hemisferio occidental) no será la llamada “guerra contra el narcotráfico” emprendida por las administraciones de Ronald Reagan, George H. Bush y William Clinton, ni la “guerra preventiva contra el terrorismo” impulsada por George W. Bush, sino la elaboración de un “nuevo” pacto para la “seguridad pública de las Américas”. Esto se infiere de los planteamientos al respecto realizados por Obama tanto antes, como después de su victoria electoral. Así, durante el referido discurso sobre su futura política hacia América Latina y el Caribe que pronunció en Miami el 23 de mayo del 2008, el actual presidente de los Estados Unidos anunció que, en el primer año de su mandato, instruiría al Fiscal General y al Secretario de la Seguridad Nacional para que se reúnan con sus “contrapartes en las Américas” con vistas a elaborar una “estrategia regional” y una “nueva alianza” para combatir “el tráfico de drogas, la actividad de delictiva doméstica y transnacional”, “el crimen organizado”, el “tráfico humano” y la “inmigración ilegal”. Según sus enunciados, esa “alianza hemisférica contra el crimen y por la seguridad” debe incluir, entre otras cosas, la cooperación en materia de inteligencia y de investigación de las actividades criminales, el fortalecimiento de “las fuerzas de la ley” y de las instituciones judiciales, así como la salvaguarda de estas contra la corrupción (Obama, 2008a): componentes ya presentes en el discurso y la praxis de todos sus antecesores demócratas y republicanos.
Aunque sin ofrecer detalles al respecto, esa idea se reiteró en el referido mensaje que Obama difundió previo a la 5ta Cumbre de las Américas (Obama, 2009). También en el discurso que pronunció en esa cita. En este recalcó su intención de construir una alianza “contra la violencia y la inseguridad sin importar de donde provengan”. Asimismo, anunció una nueva iniciativa para invertir 30 millones de dólares para fortalecer la cooperación en materia seguridad con los gobiernos del Caribe (Obama, 2009a). Aunque no ha trascendido públicamente, se supone que la distribución de esos fondos fue abordada en la reunión que, a puertas cerradas, sostuvo el 17 de abril con todos los mandatarios de los países integrantes de la CARICOM. También se supone que en esa reunión se hayan actualizado los compromisos adquiridos en el 2007 entre esos mandatarios y el entonces presidente estadounidense George W. Bush. Según la información oficial de esa reunión, con vistas a promover “la prosperidad y seguridad” de esa región, los mandatarios caribeños se comprometieron a cumplir los diferentes acuerdos en esa última materia signados con la administración de William Clinton. A cambio, George W. Bush prometió “trabajar con el Congreso para extender y actualizar” la Iniciativa para la Cuenca del Caribe (ICC) impulsada desde 1983 por la reaccionaria administración de Ronald Reagan (1981-1989), al igual que el Acuerdo Marco de Inversiones y Comercio (AMIC) firmado en 1991 por George H. Bush (Joint Statement, 2007).
Por otra parte, se supone que Obama les haya explicado a los mandatarios de la CARICOM las dificultades que tiene para emprender la reforma migratoria reiteradamente prometida durante su campaña electoral y que –en razón de las graves afectaciones económicas y de seguridad que les causan— le ha sido demandada por los gobiernos de los países de la Cuenca del Caribe; entre ellos el Primer Ministro de Belice y los dignatarios centroamericanos que participaron en la referida reunión con Joseph (Joe) Biden. Sin embargo, merece recordar que después de esa reunión, los negociadores oficiales estadounidenses, mexicanos, centroamericanos y caribeños –al igual que de otros países del hemisferio— aceptaron que en el llamado Compromiso de Puerto España que debía haber aprobado la 5ta. Cumbre de las Américas se incluyera un acápite y varios párrafos dirigidos a “reforzar la seguridad pública en las Américas” (GRIC, 2009).
El análisis crítico de ese cuestionado documento trasciende el objetivo de estas páginas; pero es conveniente señalar que en este todos los mandatarios participantes en esa cita debían haber expresado con sus firmas (cosa que no hicieron) “su voluntad de implementar el Compromiso con la Seguridad Pública de las Américas” adoptado en la Primera Reunión de Ministro de Seguridad Pública (MISPA) efectuada en México en octubre del 2008. Igualmente debían haberse comprometido a implementar “los acuerdos emanados de las Reuniones de Ministros de Justicia u otros Ministros, Procuradores o Fiscales Generales de las Américas (REMJA) previamente efectuadas”. Asimismo, estaba previsto que le solicitaran a la Secretaria General de la OEA que en la próxima Cumbre de las Américas (se celebrará en Colombia en el año 2013) presentara un informe sobre “el avance en el cumplimiento” de los compromisos asumidos en las REMJA o en las reuniones de MISPA ya celebradas o que se efectúen en los años venideros (GRIC, 2009).
Hay que destacar que algunas ideas al respecto expresadas o apoyadas por Obama tanto antes como durante la 5ta. Cumbre de las Américas parecen inspiradas en las definiciones sobre la “seguridad multidimensional” adoptadas en la Conferencia Especial sobre Seguridad Hemisférica realizada en México en octubre del 2003. Por tanto, “lo nuevo” es la sistemática incorporación de esas definiciones al discurso del actual mandatario estadounidense. Este –a diferencia de sus predecesores “neoliberales”, conservadores y “neo-conservadores”— también ha incorporado a los enunciados de su política interna y exterior varios términos provenientes del legado keinesiano y reformista del renombrado presidente demócrata estadounidense Franklin Delano Roosevelt (1933-1945). Igualmente, del discurso desarrollista, ambientalista y asistencialista aprobado, a partir de la década de 1990, por diversas conferencias especializadas de la ONU. Entre ellas, la que en el 2005 analizó los “desafíos del Milenio” y adoptó un plan de acción dirigido a disminuir antes del 2015 la galopante pobreza crítica y crónica que afecta a diversos países del todo el mundo; incluidos los del hemisferio occidental.
La alianza “verde” de las Américas
Sin dudas, en ese orden, Obama ha asumido públicamente un compromiso más firme que su antecesor republicano, ya que constantemente ha criticado la regresiva distribución de los ingresos existentes en América Latina y el Caribe. Para tratar de mitigarla (sin resolver las causas estructurales que la determinan) y luego de reconocer el negativo impacto social de “la crisis económica y financiera” en curso, en su discurso en la Cumbre de las Américas reiteró que había solicitado al Congreso 448 millones de dólares dirigidos a ofrecer asistencia inmediata a “las poblaciones vulnerables”. También anunció que trabajará con sus “aliados del G-20 para asignar recursos considerables para ayudar a los países a sobrellevar momentos difíciles” (Obama, 2009 y 2009a).
No obstante, no realizó ningún otro compromiso para incrementar los menguados fondos de Ayuda Oficial al Desarrollo que ofrece Estados Unidos a los países del hemisferio occidental. Esto a pesar de que en sus discursos en la campaña electoral se había comprometido a duplicar esa ayuda para el año 2012. En su lugar, resaltó que exhortaría a todos los accionistas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) –entre ellos a los 22 Estados latinoamericanos y caribeños que lo integran— a que “maximicen los préstamos y reanuden el flujo de créditos”. También expresó la disposición de su gobierno a examinar la demandada re-capitalización y modernización de esa institución financiera controlada en cerca de un 50% por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y por los gobiernos de otros países extra-hemisféricos (Bounomo, 2009).
En esa lógica, Obama ensalzó los acuerdos adoptados al respecto por la Asamblea de Gobernadores del BID efectuada en ocasión de su 50 Aniversario (marzo del 2009). También los acuerdos adoptados en la reunión del G-20 efectuada en Francia a comienzos de abril del 2009; pero insistiendo explícitamente que su primera tarea era impulsar la recuperación de la economía estadounidense. Al hacerlo –agregó—“ayudaremos a estimular el comercio, la inversión, las remesas y el turismo”, lo que le dará una base más amplia a la creación de empleos, al flujo de créditos y a la “prosperidad común del continente” (Obama, 2009 y 2009a). Desde ese falaz y nunca demostrado presupuesto, así como siguiendo algunos de las recomendaciones de la referida Comisión para una Potencia Inteligente, el actual presidente estadounidense se detuvo en la explicación de la que probablemente sea su propuesta más innovadora: la institucionalización de una “alianza de las Américas” para la producción y el transporte de energía renovable y para enfrentar y mitigar los efectos del cambio climático.
No tengo espacio para definir y explicar todos los enunciados y componentes de la susodicha alianza; pero a los efectos de esta contribución basta decir que –en el discurso de Obama— esa formaría parte constitutiva de los componentes de “la seguridad multidimensional” y de “la prosperidad” de los países del hemisferio occidental que acepten incorporarse a ella bajo el liderazgo estadounidense; en tanto –a su decir— esa “alianza pragmática” y presuntamente despojada de “las controversias ideológicas del pasado” ayudará por igual a Estados Unidos y a los países de América Latina y el Caribe a ser “mas independientes en materia de energía” y a promover su “crecimiento sustentable” mediante el incremento de fondos dirigidos a la investigación y desarrollo de tecnologías “limpias de carbón”, así como de una nueva generación de “biocombustibles sustentables” y de energía eólica, solar y nuclear. También a coordinar el transporte de “energía verde” a través de las fronteras nacionales y a crear “mercados adicionales” para los biocombustibles y para las “tecnologías verdes” que se produzcan en todo el continente y en particular en Estados Unidos, Brasil y México (Obama, 2008a).
Para ello Obama se comprometió ante sus electores estadounidenses a crear un Programa de Transferencia de Tecnología dentro del Departamento de Energía dedicado a “exportar tecnología amistosas con el clima”; incluida la construcción de “edificios verdes” y de tecnologías avanzadas en la producción de nuevos automóviles que “ayuden a las naciones de América Latina y el Caribe a combatir el cambio climático”. También se comprometió a invertir en proyectos de producción de energías bajas en carbón en “el mundo en desarrollo”. Asimismo, a ofrecer incentivos para mantener y explotar de manera sustentable las extensas áreas boscosas existentes en América Latina y en particular en América del Sur. A tales fines respaldó la Alianza para la Producción y la Exportación de Biocombustibles (ALEP) firmada en el año 2007 entre los gobiernos de George W. Bush y Luiz Inácio (Lula) da Silva; quien –dicho sea de paso— también se ha convertido, junto a la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, en uno de los “interlocutores privilegiados” de Obama en el continente. A tal grado que –según trascendió— el canciller brasileño, Celso Amorín, pretende actuar como “mediador” entre la Secretaria de Estado Hilary Clinton y los cancilleres de los gobiernos integrantes del ALBA-TCP, incluido el de Cuba.
Como se recordará esa ALEP y sus implicaciones negativas para la ecología, la seguridad alimentaria y las deterioradas condiciones de vida de los trabajadores brasileños fue duramente criticada por diferentes fuerzas sociales y políticas de ese país (entre ellos, el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra), al igual que por importantes sectores de la izquierda política, social e intelectual de América Latina y el Caribe. Haciéndose eco de esas críticas la declaración de Cumaná aprobada por los mandatarios integrantes del ALBA-TCP en la Cumbre Extraordinaria que realizaron previo a la 5ta. Cumbre de las Américas señaló, entre otras cosas, las siguientes: “Las soluciones a las crisis energética, alimentaria y del cambio climático tienen que ser integrales e interdependientes. No podemos resolver un problema creando otros en áreas fundamentales para la vida. Por ejemplo, generalizar el uso de agro-combustibles solo puede incidir negativamente en los precios de los alimentos y en la utilización de recursos esenciales como el agua, la tierra y los boques” (ALBA-TCP, 2009)
Como se demostró en la Quinta Cumbre de las Américas, esos y otros enunciados de la Declaración de Cumaná difieren de las posiciones adoptadas por otros gobiernos latinoamericanos y caribeños. Mucho más porque a diferencia de estos, entre los gobiernos integrantes del ALBA-TCP existe la justificada percepción de que –con independencia de su retórica y de sus buenas maneras diplomáticas (profundamente contrastantes con la ineptitud de su antecesor)— la antes referida “alianza entre las Américas” propugnada por la administración de Barack Obama está orientada al fortalecimiento del “liderazgo estadounidense” y, por tanto, del sistema de dominación oligárquico, plutocrático e imperialista instaurado en el continente americano.
En las presentes circunstancias, esa estrategia conllevará la implementación por parte del poderoso aparato estatal estadounidense de acciones dirigidas a continuar institucionalizando el antes mencionado “nuevo orden panamericano” y, por tanto, a entorpecer los promisorios acuerdos que se han venido elaborando en los marcos de la Unión de Nacionales del Sur (UNASUR), del Grupo de Concertación y Cooperación de Río de Janeiro y de la primera Cumbre para la Integración y el Desarrollo de América Latina y el Caribe, efectuada en Salvador de Bahía, Brasil, a fines del año 2008. En primer lugar, sus acuerdos dirigidos a fundar en la Segunda Cumbre que se desarrollará en México en febrero del 2010 una organización de estados latinoamericanos y caribeños totalmente independientes de los vetustos órganos del Sistema Interamericano.
Con independencia de la actitud positiva –pero también ambivalente— adoptada por la administración de Barack Obama frente al golpe de Estado que se produjo en Honduras el próximo pasado 28 de junio,[10] lo antes dicho también implica que la mencionada administración estadounidense continuará sus acciones dirigidas a “contener”, aislar y, si fuera posible, derrotar (roll back) por vías predominantemente “pacíficas” y “democráticas” a algunos o todos los gobiernos fundadores o integrantes del ALBA-TCP. En particular, a los gobiernos de Cuba y de la RBV. De ahí que –como hemos visto a lo largo de este artículo— estos hayan sido los principales blancos de la “diplomacia directa, fuerte, agresiva y principista” que, desde el 20 de enero del 2009, ha venido desplegando la Casa Blanca.
A ello se une la reiterada disposición de Barack Obama a encabezar “alianzas modulares y pragmáticas” con los demás gobiernos latinoamericanos y caribeños que él considere “democráticos”, tanto en materia de defensa y seguridad pública, como de energía renovable y mitigación del cambio climático. En primer lugar, con los gobiernos de Brasil y México, socios minoritarios –junto al gobierno de Argentina— del G-20 y del BID. Sin negar las diversas contradicciones que afectan sus correspondientes relaciones con Estados Unidos, ni las diferencias existentes entre uno y otro, ellos –junto a los actuales gobiernos de Colombia, Costa Rica, Chile, Panamá, Perú, República Dominicana y de otros países del Caribe— pudieran contribuir a la “neutralización” de las posiciones más radicales y antiimperialistas que actualmente se debaten tanto dentro de los diferentes foros oficiales latinoamericanos y caribeños, como en diferentes ámbitos del Sistema Interamericano.
Así se evidenció en las reuniones efectuadas por el Consejo de la OEA con vistas a analizar la situación creada en Honduras en los días previos al golpe de Estado del 28 de junio. Tendencia que también se había expresado durante la XXXIX Asamblea General de la OEA efectuada en San Pedro de Sula. No obstante “la histórica derrota” sufrida en esa cita por el gobierno de Estados Unidos en la elaboración de la resolución que –luego de 47 años— dejó sin efecto la exclusión del gobierno de Cuba del Sistema Interamericano (OEA, 2009),[11] sobre la base de los diversos protocolos y pactos interamericanos previamente aprobados por esa organización (García Collada, 2005), en esa asamblea se aprobaron cerca de 90 resoluciones (20 de ellas, relacionadas de una u otra forma, con diferentes temas de “la seguridad multidimensional del hemisferio occidental”) que garantizan la continuidad de las acciones multilaterales emprendidas por las administraciones de William Clinton, George W. Bush y, de manera más reciente de Barack Obama, con vistas a fortalecer “la hegemonía” estadounidense en el hemisferio occidental. Como dejó consignada la delegación de Nicaragua, en algunas de esas resoluciones se endosan de manera inadecuada los principales contenidos del llamado Compromiso de Puerto España, a pesar de que este –a causa del activismo de los gobiernos integrantes del ALBA-TCP— no fue firmado por los mandatarios asistentes a la Quinta Cumbre de las Américas (OEA, 2009a).
De todo lo antes dicho se desprende que la posibilidad de que en el futuro más o menos próximo la administración de Barack Obama logre o no el cumplimiento de sus principales objetivos hemisféricos y en primer lugar la pretendida “renovación” del “liderazgo estadounidense” será directamente proporcional a los avances o retrocesos de las multiformes resistencias estatales y no estatales al sistema de dominación hemisférico que se están desplegando en América Latina y el Caribe. Y, en particular, de la movilización y unidad de los diversos movimientos sociales y políticos, así como de los gobiernos de raigambre popular en sus luchas dirigidas a convertir en realidad las utopías unitarias y libertarias de los que José Martí llamó los “tres héroes” de las luchas contra el colonialismo español (Simón Bolívar, José de San Martín y Miguel Hidalgo) y de los próceres y mártires de la que el propio Martí denominó “segunda independencia” de Nuestra América frente a la Roma Americana.
La Habana, 1ro de julio de 2009
Nota: Este artículo es una de las partes de un excelente ensayo que próximamente será publicado, en forma de folleto, por la Editorial Ocean Press-Ocean Sur bajo el título: “Las estrategias hacia hemisferio occidental del gobierno temporal de Barack Obama: “lo nuevo” y “lo viejo”. El director.
– Dr. Sc. Luis Suárez Salazar es Licenciado en Ciencias Políticas, Doctor en Ciencias Sociológicas y Doctor en Ciencias. Asimismo, escritor y Profesor Titular (a tiempo parcial) del Instituto Superior de Relaciones Internacionales adscrito al Ministerio de Relaciones Exteriores, al igual que de la Facultad de Filosofía e Historia, de la Cátedra Che Guevara y de la Cátedra del Caribe de la Universidad de La Habana. A su vez, integra el Grupo de Estudios sobre Estados Unidos del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO)
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[1] En la literatura marxista, siempre se ha diferenciado los términos Estado y Gobierno. Desde el reconocimiento del carácter socio-clasista de cualquier Estado-nación, el primero alude a lo que se denomina “la maquinaria burocrática-militar” y los diferentes aparatos ideológico-culturales que de manera permanente garantizan la reproducción del sistema de dominación. Mientras que el término “gobierno” alude a los representantes políticos de las clases dominantes o de sectores de ellas que se alternan en la conducción de la política interna y externa de ese Estado. Curiosamente la diferenciación entre los “gobiernos permanentes y temporales” fue retomada por los redactores del famoso documento Santa Fe I. Con los primeros se referían a los que llamaron “grupos de poder y poderes fácticos”, mientras que los segundos aludían a los gobiernos surgidos de los diversos ciclos electorales que se producen en diferentes países del mundo. De ahí la validez de emplear el término “gobierno temporal” para referir a la administración de Barack Obama; quien, al igual que otros mandatarios estadounidenses, de una u otra forma, está subordinado al “gobierno permanente” de ese potencia imperialista.
[2] El Sistema Interamericano está conformado por un entramado de diversas instituciones políticas, jurídicas, político-militares y económico-sociales. Dentro de estas últimas, la más importante es la Organización Panamericana de la Salud (OPS); de la cual el gobierno cubano nunca fue expulsado. Por el contrario, como reconocimiento a la labor favorable a la salud pública del pueblo cubano y de otros pueblos latinoamericanos y caribeños, los representantes oficiales cubanos han ocupado diversos cargos de dirección de esa organización; incluida una de sus vice-presidencias.
[3] Como en otros de mis trabajos, utilizo el concepto “proyección externa” para connotar acontecimientos y definiciones de las políticas internas, económicas o ideológico-culturales de cualquier Estado que contribuyen o no al cumplimiento de los objetivos de su “política exterior”.
[4] Según indicó un informe elaborado por el Coincil on Foreig Relations en el año 2008, ese enfoque desconoce que George W. Bush fue el presidente estadounidense que más veces visitó América Latina y el Caribe durante su mandato (CFR, 2008). Desde mi punto de vista también desconoce todos los esfuerzos políticos, económicos y militares desarrollados por esa administración con vistas a fortalecer su sistema de dominación en el continente. Igualmente oculta que la disminución de “la influencia” de Estados Unidos en América Latina y el Caribe tiene causas muchos más profundas que “los errores” cometidos por esa administración republicana. Entre esas causas simpre hay que incluir las multiformes y algunos casos exitosas resistencias, estatales y no estatales, de los pueblos latinoamericanos y caribeños que se han desarrollando a lo largo de la historia y, en particular, desde la última década del siglo XX y en los años transcurridos del presente siglo.
[5] En el caso del presidente de la RBV, Hugo Chávez, ese “dialogo” se realizó durante los diversos encuentros bilaterales o multilaterales que sostuvieron durante la 5ta. Cumbre de las Américas. Como consecuencia de ello, ambos países volvieron a nombrar sus embajadores respectivos y se han abierto canales directos de comunicación entre el Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores de la RBV y el todavía subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental de los dos últimos años de la administración de George W. Bush, Thomas Shannon.
[6] En correspondencia con ese anunciado, la Obama ha nombrado a Daniel (Dan) Restrepo (de origen colombiano) como Director de Asuntos Hemisféricos del Consejo Nacional de Seguridad. Igualmente ha propuesto (todavía están pendientes de aprobación por parte del Senado) a Arturo Valenzuela (de origen chileno) como Subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental; a María Otero (de origen boliviano) como Subsecretaria de Asuntos Globales del Departamento de Estado, a Carlos Pascual (de origen cubano) como Embajador en México y a la abogada Vilma Socorro Martínez como Embajadora en Buenos Aires. A ello agregó su trascendente propuesta de la puertorriqueña Sonia Sotomayor como integrante de la Corte Suprema de Estados Unidos.
[7] El 3 de junio del 2009 la XXXIX Asamblea General de la OEA aprobó por aclamación una resolución que dejó sin efecto la resolución de la OEA de 1962 referida en el texto. Sin embargo, hasta el día anterior la delegación estadounidense, encabezada por Hilary Clinton, había estado condicionando la aprobación de dicha resolución a que el gobierno cubano introdujera cambios internos en consonancia con la Carta Democrática Interamericana y con otros acuerdos de la OEA.
[8] Comúnmente se le llama “desastres naturales” a los inevitables movimientos telúricos de la naturaleza: ciclones, terremotos, erupción de volcanes. Tal enfoque desconoce que esos movimientos lo generan son “desastres sociales”; buena parte de ellos provocados por las imprevisiones de los seres humanos.
[9] A esa reunión no asistieron los mandatarios de Honduras y Nicaragua, como protesta por el desconocimiento de la institucionalidad del Sistema de Integración Centroamericana (SICA). En el momento en que se produjo la reunión, Daniel Ortega era el presidente pro tempore del SICA. Sin embargo, la administración de Obama la organizó en San José de Costa Rica. Por consiguiente actuó como anfitrión el mandatario de ese país, Oscar Arias, con el que la administración de Obama ha mantenido lo que algunos califican como una “relación preferente” respecto a los demás mandatarios centroamericanos; incluido el recién electo presidente salvadoreño Mauricio Funes; quien, sin embargo, ha mantenido una fluida relación con la Secretaria de Estado, Hilary Clinton.
[10] Según la información disponible al momento de redactar este artículo (1 de julio del 2009), el presidente Barack Obama había calificado de “ilegal” la “sustitución” del presidente hondureño José Manuel Zelaya; pero –a pesar del acuerdo de prácticamente todos los gobiernos latinoamericanos y caribeños— el Departamento de Estado se negaba a calificar esos acontecimientos como “un golpe de Estado”, ya que tal calificativo implicaba la suspensión inmediata de toda la “ayuda” económica y militar que le sigue ofreciendo el gobierno de Estados Unidos al espurio gobierno de Roberto Micheletti y las represivas fuerzas armadas y policiales hondureñas.
[11] Según han denunciado los gobiernos de Cuba y Venezuela, hasta el día antes de la aprobación de esa Resolución (3 de junio del 2009), la secretaria de Estado Hilary Clinton estuvo presionando a diversos gobiernos latinoamericanos y caribeños con vistas a que la resolución le impusiera diversas “condicionalidades” al gobierno cubano. A pesar de ello, días después, el DE calificó esa resolución como “una victoria” de la Secretaria de Estado, Hilary Clinton.
http://www.alainet.org/active/31723
América Latina (1760-2010) Partes I y II – José Steinsleger Video: Honduras Resiste

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