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Timestamp: 2018-02-20 11:39:42+00:00

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Sentencia C-509 de 1999 Corte Constitucional
SENTENCIA C-509 DE 1999
LEGISLADOR-Facultad para establecer títulos de idoneidad
En esta materia la regla general es la libertad y la excepción las restricciones. De modo que, si la ley no exige títulos de idoneidad, la profesión o el oficio deben poderse ejercer, claro está bajo la vigilancia y el control del Estado, el cual, a través de la Administración, está llamado a garantizar que con él no se cause daño a las personas ni se perturbe el orden jurídico. Justamente en razón de ese criterio constitucional, que hace prevalecer la libertad, la exigencia de títulos de idoneidad es una excepción de estricto alcance. Y, en garantía de aquélla, sólo el legislador está autorizado para prever los requisitos ordenados a la formación de los profesionales que deben obtener título, y para hacerlo indispensable con miras al ejercicio efectivo de la correspondiente actividad. La Constitución ha reservado esa competencia a la ley, motivo por el cual no puede la Administración asumirla total ni parcialmente. De allí que el artículo 84 de la Constitución exprese que, cuando un derecho o una actividad hayan sido reglamentados de manera general, las autoridades públicas no podrán establecer ni exigir permisos, licencias o requisitos adicionales para su ejercicio, principio recogido también, en materia de libertad de empresa, por el artículo 333 de la Carta.
POTESTAD REGLAMENTARIA-Alcance/POTESTAD REGLAMENTARIA Y AUTONOMIA DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA
La Corte afirma que la potestad reglamentaria de las leyes, que se ha confiado al Presidente de la República, puede ser ejercida por éste en cualquier momento, con la sola restricción que le impone la propia Carta -y que es de índole sustancial-, consistente en que no es posible modificar, ampliar, adicionar, enervar ni suprimir por esa vía disposiciones que el legislador ha consagrado, pues el único objeto del reglamento consiste en lograr el cumplimiento y efectividad de la ley. No le es posible al Presidente, so pretexto de reglamentar la ley, introducir en ella mutaciones o alteraciones que desvirtúan la voluntad del legislador, pero, a la vez, no es permitido al legislador condicionr -como no lo ha hecho el Constituyente- el ejercicio de la potestad reglamentaria, que es permanente, y que se ejerce en la oportunidad y con los alcances administrativos que el Presidente escoja, según su criterio, sin sujeción a la anuencia, el visto bueno, el criterio o el concepto favorable de otro órgano.
Ver la Sentencia de la Corte Constitucional C-302 de 1999
Referencia: Expediente D-2269
Demanda de inconstitucionalidad contra el Parágrafo 2 del artículo 25 de la Ley 30 de 1992
Sentencia aprobada en Santa Fe de Bogotá, D.C., según consta en acta del catorce (14) de julio de mil novecientos noventa y nueve (1999).
El ciudadano LUIS CARLOS ALVAREZ MACHADO, haciendo uso del derecho consagrado en el artículo 241, numerales 4 y 5, de la Constitución Política, ha presentado ante la Corte una demanda de inconstitucionalidad contra los artículos 4, 7, 8, 11, 12 y 13 del Decreto 272 de 1998 y contra el Parágrafo 2 del artículo 25 de la Ley 30 de 1992.
Mediante Auto de fecha treinta (30) de noviembre de 1998, el Magistrado Sustanciador rechazó la demanda por falta de competencia, en lo referente a la solicitud de inconstitucionalidad de los artículos 4, 7, 8, 11, 12 y 13 del Decreto 272 de 1998, dada su naturaleza.
En la misma providencia se admitió la demanda en cuanto a la solicitud de declarar la inconstitucionalidad del Parágrafo 2 del artículo 25 de la Ley 30 de 1992.
Artículo 25.- Los programas académicos de acuerdo con su campo de acción, cuando son ofrecidos por una Institución Técnica Profesional, conducen al título en la ocupación o área correspondiente. Al título deberá anteponerse la denominación de: "Técnico Profesional en...".
Los ofrecidos por las instituciones universitarias o escuelas tecnológicas, o por una universidad, conducen al título en la respectiva ocupación, caso en el cual deberá anteponerse la denominación de "Técnico Profesional en...". Si hacen relación a profesiones o disciplinas académicas, al título podrá anteponerse la denominación de: "Profesional en..." o "Tecnólogo en...".
Parágrafo 1. Los programas de pregrado en Educación podrán conducir al título de "Licenciado en...".
Páragrafo 2. El Gobierno Nacional de acuerdo a las leyes que rigen la materia, reglamentará la expedición de los títulos de que trata este artículo, previo concepto favorable del Consejo Nacional para la Educación Superior (CESU)".
Al interpretar el contenido del texto de la demanda, se observa que, para el actor, la disposición acusada vulnera los artículos 26 y 189, numeral 21, de la Constitución Política-
Manifiesta que el Congreso de la República no podía delegar en el Gobierno Nacional la facultad para reglamentar lo concerniente a la expedición de títulos de idoneidad.
Afirma, en cuanto a la potestad reglamentaria del Presidente de la República respecto de la Ley 30 de 1992, que ésta es precaria y limitada, tanto que -a su juicio- sólo puede ejercerse respecto de los asuntos que la misma ley lo permita.
Por tal razón, considera el demandante que el Páragrafo 2 demandado contraría lo dispuesto por el artículo 26 de la Constitución, según el cual solamente la ley podrá exigir títulos de idoneidad. En tal sentido, sostiene que es el Legislador y no el Gobierno, a través del Consejo Nacional para la Educación Superior CESU, el único facultado para ejercer tal función.
La Secretaria General de esta Corporación ha informado que, dentro del término de fijación en lista, no fue presentado escrito alguno.
El Procurador General de la Nación solicita a la Corte declarar constitucional la disposición acusada.
Afirma que el precepto impugnado, al facultar al Gobierno Nacional para reglamentar la expedición de los títulos de idoneidad lo que hace es reiterar la competencia que el Constituyente le confirió al Ejecutivo para reglamentar la ley, y ello en manera alguna constituye una indebida delegación de funciones legislativas, toda vez que la Ley 30 de 1992 es el marco normativo que el Ejecutivo debe reglamentar.
Considera el Jefe del Ministerio Público, que el Páragrafo demandado no vulnera los artículos 67, 150, numeral 10, ni el 189, numerales 21, 22 y 26 de la Constitución Política, porque para reglamentar la expedición de los títulos de idoneidad el Gobierno Nacional no requiere de facultades extraordinarias, como equivocadamente lo entiende el demandante.
En igual sentido, afirma que la norma acusada permite que el Gobierno ejerza las funciones de inspección y vigilancia que el Constituyente le confirió en la Constitución Política.
Finalmente sostiene el Procurador que, en armonía con lo dispuesto en los artículos 67 y 189, numerales 21, 22 y 26 de la Carta Política, el legislador en el artículo 31 de la Ley 30 de 1992 determinó el ámbito de inspección y vigilancia que corresponde al Presidente de la República en el área de la educación, pero en manera alguna delimitó la potestad reglamentaria del Ejecutivo en esta materia, como erróneamente lo afirma el actor.
2. Competencia exclusiva del legislador para disponer, por vía general, lo relativo a la exigencia de títulos de idoneidad. Posibilidad de que el reglamento desarrolle aspectos instrumentale sobre expedición de títulos. Alcande de la potestad reglamentaria. Autonomía del Presidente de la República en el ejercicio de la función constitucional de reglamentar las leyes
Desde luego, el ejercicio de esa libertad está supeditado por la misma norma a la reglamentación que establezca el legislador y éste goza de atribuciones para resolver cuándo una determinada actividad profesional o un oficio, por implicar riesgo social, exigen la expedición de títulos de idoneidad que aseguren a la ciudadanía una suficiente y adecuada preparación de quienes lo han obtenido, previo el cumplimiento de los requisitos que la propia ley habrá de señalar.
Consecuencia de esa elemental precaución es la facultad conferida por el Constituyente al legislador en el sentido de reconocer las profesiones, exigir títulos de idoneidad, contemplar para ellas una previa formación académica y calificar como de riesgo social las ocupaciones y los oficios que, aún sin requerir esa formación, demanden especiales controles o cuidados habida cuenta de sus peculiares características o del peligro que su desempeño representa". (Cfr. Corte Constitucional. Sala Tercera de Revisión. Sentencia T-408 del 8 de junio de 1992. M.P.: Dr. José Gregorio Hernández Galindo).
"En cuanto atañe a la libertad de ejercer profesión u oficio, que interesa específicamente en este proceso, la función de reglamentación a cargo del legislador, que por su naturaleza tiene que cumplirse teniendo en cuenta las características propias de cada ocupación, implica, como su objeto lo indica, el establecimiento de unas reglas adecuadas a los fines que cada una de ellas persigue, mediante las cuales es necesario estatuir requisitos mínimos de formación académica general y preparación particular en la carrera de que se trata; normas sobre expedición de títulos que garanticen la idoneidad profesional y la forma de acreditarlos ante el público; disposiciones concernientes a las prácticas y experiencias iniciales del recién egresado; exigencias y límites aplicables a quien -debidamente autorizado- ejerce todavía sin título y, desde luego, la espina dorsal de la reglamentación, que consiste en el régimen jurídico aplicable al desempeño de la profesión, dentro del cual a la vez resulta ineludible el señalamiento de principios y pautas, la tipificación de faltas contra la ética en el campo de actividad correspondiente y la previsión de las sanciones que habrán de ser impuestas a quien incurra en ellas". (Cfr. Corte Constitucional. Sala Plena. Sentencia C-002 del 14 de enero de 1993. M.P.: Dr. José Gregorio Hernández Galindo).
Y ya ha definido la Corte que, si el Constituyente reserva un asunto al exclusivo resorte del Congreso de la República, mediante la ley, su regulación no puede transferirse al Presidente de la República ni a otras autoridades, salvo las facultades extraordinarias, en los casos y con las exigencias que la Constitución contempla, circunstancias en las cuales, si bien es cierto actúa orgánica y formalmente el Gobierno, materialmente obra el legislador.
Entonces, si el Congreso se desprende de la función que le es propia y la traspasa a otra rama del poder público, o a uno de sus órganos, viola el artículo 113 de la Constitución, que consagra, sin perjuicio de la colaboración armónica, la separación de funciones. Una norma que contravenga este principio despoja a las disposiciones legales de su estabilidad y les resta jerarquía". (Cfr. Corte Constitucional. Sala Plena. Sentencia C-564 del 30 de noviembre de 1995. M.P.: Dr. José Gregorio Hernández Galindo).
En efecto, es necesario examinar el fragmento legal acusado e interpretarlo, con el objeto de dilucidar su exacto sentido. Este no es el de transferir la competencia legislativa sobre reglamentación de las profesiones, sino,
claramente, el de desarrollar las normas que el legislador ha dictado en materia
de títulos, reglamentando la manera en que ellos, desde los puntos de vista instrumental y práctico, habrán de ser expedidos.
En últimas, a juicio de la Corte, se alude en la norma a la potestad reglamentaria, en cabeza del Presidente de la República, prevista en el artículo 189, numeral 11, de la Constitución Política.
No necesitaría el legislador recordar en un artículo que el Presidente, como suprema autoridad administrativa, tiene tal atribución, pero de la circunstancia de que haya decidido hacerlo no se desprende una razón de inexequibilidad, salvo en la parte en que la función constitucional en referencia aparece supeditada al previo concepto favorable del Consejo Nacional para la Educación Superior (CESU).
A ese respecto, la Corte afirma que la potestad reglamentaria de las leyes, que se ha confiado al Presidente de la República, puede ser ejercida por éste en cualquier momento, con la sola restricción que le impone la propia Carta -y que es de índole sustancial-, consistente en que no es posible modificar, ampliar, adicionar, enervar ni suprimir por esa vía disposiciones que el legislador ha consagrado, pues el único objeto del reglamento consiste en lograr el cumplimiento y efectividad de la ley.
No le es posible al Presidente, so pretexto de reglamentar la ley, introducir en ella mutaciones o alteraciones que desvirtúan la voluntad del legislador, pero, a la vez, no es permitido al legislador condicionr -como no lo ha hecho el Constituyente- el ejercicio de la potestad reglamentaria, que es permanente, y que se ejerce en la oportunidad y con los alcances administrativos que el Presidente escoja, según su criterio, sin sujeción a la anuencia, el visto bueno, el criterio o el concepto favorable de otro órgano.
Puede el Presidente apoyarse en los elementos de juicio de carácter técnico que un cuerpo especializado le suministre -en este caso, del Consejo Nacional para la Educación Superior (CESU)-, pero sin someter su decisión ni la
Oportunidad en la expedición del reglamento o su contenido al sentido favorable del concepto.
Se declarará exequible el parágrafo 2 acusado, salvo la expresión "favorable", que será declarada inexequible.
Declarar EXEQUIBLE el parágrafo 2 del artículo 25 de la Ley 30 de 1992, salvo la expresión "favorable", que se declara INEXEQUIBLE.

References: artículo 84
 artículo 333
 artículo 25
 artículo 241
 artículo 25
 artículo 25

Artículo 25
 artículo 26
 artículo 31
 artículo 113
 artículo 189
 artículo 25