Source: https://eadmon.wordpress.com/2009/10/
Timestamp: 2017-08-20 17:08:45+00:00

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octubre | 2009 | Tecnología en la Administración Pública
El correo electrónico en la nube
Hace unos días, Enrique Dans hablaba en Expansión de la seguridad o inseguridad de tener los datos en “la nube“. El cloud computing consiste en alojar en servidores remotos, de terceros, nuestros datos, nuestro trabajo o incluso nuestras aplicaciones. Esta manera de proceder, en claro auge últimamente, reduce costes, elimina pérdidas de datos, hace más accesible la información, entre otras grandes ventajas.
Este paradigma de utilización de internet se opone a la gestión propia en una organización de todas sus necesidades tecnológicas: servidores de aplicaciones, servidores web, de correo electrónico, almacenamiento de datos, políticas de backup, etc. Existen excelentes servidores de correo muy baratos (o gratuítos) que ofrecen todas las garantías de seguridad y privacidad necesarias para una organización. Más garantías en la mayoría de las ocasiones que la propia organización, generalmente más pequeña y por tanto más proclive a fallos en sus sistemas que pueden provocar pérdidas irremediables de datos.
Ayer pudimos leer vía menéame la noticia de que google ha ganado un concurso para proveer de correo electrónico a los funcionarios de Los Ángeles. Este hecho provocará a los ciudadanos de la ciudad un importante ahorro y en mi opinión una garantía de que los datos no se perderán. Personalmente confío más en la seguridad de los datos de google que en los de cualquier administración.
No obstante, hay muchas personas que por distintos motivos son reticentes a alejar físicamente sus datos de sí mismos o de sus propios equipos, aunque no tengan planes de cotingencia o grandes medidas de seguridad. Parece que “la nube” es algo etéreo, que puede desviarse, cambiar o desaparecer sin que podamos hacer nada al respecto, como si de una nube real se tratase. La nube no es más que una interconexión, la nube es internet, y en la red hay cosas etéreas, mutables, poco fiables, dañinas o erróneas; pero también hay cosas estables, corretas, seguras y confiables. Como en el mundo real, en el mundo físico, donde hay bancos buenos y bancos malos, tiendas buenas y tiendas malas, El Corte Inglés y bazares chinos con productos de dudosa calidad. Simplemente hay que saber elegir dónde comprar o dónde depositar nuestro dinero.
Lo que más me preocupa a mí es que el ritmo que lleva la tecnología en la creación de servicios, la velocidad en la innovación, es mucho más rápida que nuestra legislación, y corremos el riesgo de impedir a las empresas el ahorro de costes, el aumento de la difusión o la creación de nuevos servicios profesionales si no estamos muy atentos para modificar unas leyes que en su gran mayoría se diseñaron para un mundo muy distinto al actual (¿Quién podía pensar que para enviar una nota al compañero de la mesa de enfrente, ésta iba a pasar necesariamente por media Europa y por Estados Unidos antes de llegar a su destino, medio segundo más tarde?)
A este respecto escribió hace ya unos meses Javier Maestre, director del Bufet Almeida en Madrid, con quien tuve la suerte de poder charlar largo y tendido hace tiempo en unas conferecias en La Coruña. En un artículo publicado en enero, y titulado “El cuento de la lechera 2.0” imaginaba una situación hipotética en la que una pequeña empresa pasaba de tener sus propios servidores de correo a utilizar las herramientas que le proporcionaba google, y cómo podía tener problemas con la CMT o la AEPD, por no ajustarse a la legislación vigente.
Este artículo tuvo una respuesta inmediata por parte de google, que quiso matizar o quitarle ese halo hipotético, indicando que su compañía cumple con todos los requisitos legales pertinentes para ofertar los servicios que ofrece a sus clientes. La respuesta llevaba el acertado título de “No es un cuento 2.0”.
No obstante, sirva el ejemplo para ilustrar el modo en que las empresas tienden a ir acercándose a la externalización de los sistemas que no es necesario que mantengan ellos mismos y cómo la administración puede ser un obstáculo que hay que vencer.
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¿Cuánta información podemos leer en internet?
Es evidente que internet ha cambiado de un modo radical la forma en que la gente se relaciona entre sí, el modo en que trabaja o se divierte. Puede parecernos mentira, pero hace sólo 15 años la mayoría de las empresas no utilizaban el correo electrónico como medio natural para enviar y recibir comunicaciones, ni disponían de una página web que les permitiese relacionarse con sus clientes y servir de primera fuente de información para quien quisiese conocer esa compañía o alguno de sus productos o servicios.
Ha cambiado también el modo en que accedemos a la información, y lo ha hecho varias veces en estos últimos años. Para estar informados, antes debíamos esperar al periódico de la mañana (y leer las noticias ocurridas el día anterior), o al telediario de la tarde o de la noche, donde se resume lo acontecido en la mañana o en todo el día. Este modo de recibir la información tiene unas características muy concretas:
Necesita de una demanda activa: hay que ir a comprar el periódico o sentarse frente al televisor
Está limitada a un horario: el periódico aparece por la mañana, no antes, y el informativo es a una hora concreta
Se reciben las noticias decididas por el medio de comunicación escogido: no hay posibilidad de selección
Requiere de atención permantente durante la emisión: si haces otra cosa en ese momento, te pierdes la noticia
No hay un modo establecido para hacerse eco de las noticias recibidas: no se puede volver a ver el informativo
Se limitan las fuentes: no se pueden ver tres o cuatro informativos porque coinciden en el tiempo. Los periódicos cuestan dinero y no todo el mundo puede pagar los seis o siete principales.
La web 0.5
La llegada de la web permitió en primer lugar trasladar a este medio la misma estructura de la información que se tenía en los medios tradicionales. Así, los periódicos digitales eran meros reflejos de la versión en papel, verdadera protagonista de la empresa y única con la que se obtenía una rentabilidad. En esta web 0.5 (la 1.0 vendría después) no hubo ningún cambio significativo en el modo en que se accedía a la información ya que la actualización de contenidos seguía haciéndose por ediciones periódicas. La única ventaja era que no había que acercarse al kiosco si querías ojear las noticias más destacadas del día anterior y que podías acercarte a más medios sin coste.
Los medios digitales entendieron más tarde que ya no tenían la necesidad de ajustarse a dos o tres ediciones diarias para ofrecer su información. Internet les permitía compartir las noticias en el mismo momento en que las conocían, tal y como hacían los teletipos, pero una vez ampliadas y contrastadas por ellos. Los periódicos digitales eliminaron la necesidad de estar pendientes de los medios a una hora concreta para poder estar informados y dotaron de continuidad a la labor informativa. Ya no había ediciones, sino que podías conectarte cuando quisieras y recibir la información de lo ocurrido hasta ese mismo momento.
Las televisiones no encontraban la manera de encajar sus informativos (el vídeo bajo demanda era impensable por lento y costoso) y ofrecían en su página web una suerte de teletipos.
Aunque ya no había que estar pendiente de acudir a alguna parte o de hacer algo en un momento dado para estar informado, los usuarios empezaban a ser partícipes de la web y no solo consumidores de información. Hablaban por el messenger, se reenviaban largas cadenas de e-mails, comentaban las noticias por otros medios y querían compartirlas.
De todas formas, acceder varias veces al día a varios medios digitales ocupaba mucho tiempo, así que seguía siendo costoso (y un fastidio) obtener mucha información. Los blogs no existían. Solo había páginas personales, con una menor frecuencia de actualización, y esa web se extingue (Geocities cierra hoy sus puertas).
Esas necesidades de los usuarios llevaron a permitir los comentarios de las noticias en los medios digitales, y a añadir la opción, por ejemplo, de enviar por e-mail. La aparición del RSS permitió centralizar la información que queríamos recibir. En lugar de acceder varias veces a cada periódico, sólo debíamos acceder a nuestro lector favorito para recibir la información de los medios que previamente habíamos seleccionado. Esto agilizó nuestra manera de recibir la información, permitiéndonos leer más información en menos tiempo. Esta solución supuso una mejora pero enseguida se vislumbró el siguiente paso: ¿por qué voy a leer todas las noticias de un medio si la mayoría no me interesan? (no me interesa el fútbol y es la mitad del periódico, no me interesa la política y es la mitad del periódico, no me interesan los sucesos y son la mitad…, etc.). Así, puedo suscribirme solamente a algunas secciones y a blogs personales que hablan de cosas que me interesan, poniendo en el mismo plano a los medios de comunicación (que antes tenían la exclusiva sobre la difusión) y a las personas. Todos ellos son fuentes de información.
Compartir es un pilar fundamental en la web de hoy, y en las fuentes de información ha supuesto un cambio sustancial. La iniciativa necesaria para obtener información ya no es imprescindible, ya que la información llega a nosotros sin que tengamos que ir necesariamente a buscarla. Los medios se diversifican y se popularizan los agregadores de noticias (meneame.net) donde la portada incluye las noticias destacadas y votadas por los propios usuarios, procedan de donde procedan.
Pero además disponemos de google reader donde no solo podemos tener los feeds de medios de comunicación o blogs, sino feeds de agregadores (en una gran vuelta de tuerca), que ya filtran y seleccionan lo más interesante.
Más aún, también tenemos usuarios, amigos a los que conocemos y en cuyos gustos o intereses confiamos. Así, recibimos la información que a ellos les parece interesante, porque la comparten pensando que a nosotoros también nos interesará.
Twitter, esa herramienta en principio tan tonta (¿quién va a comentar permanentemente lo que está haciendo? ¿A quién puede interesarle?) ha supuesto una revolución en el modo en que compartimos y recibimos información. Nuevamente por esta vía recibimos únicamente la información que comparten las personas que nosotros hemos seleccionado para seguir. Y si no nos gusta lo que nos envían o si nos deja de gustar, pues simplemente dejamos de seguirles.
Así, el modo en que estamos informados ha cambiado absolutamente:
No necesitamos hacer una búsqueda activa de información. Nos llega de forma pasiva lo que nos interesa.
La información no tiene horarios. Llega en cuanto se produce.
Seleccionamos los medios, o las personas que queremos que nos informen, y sobre lo que queremos ser informados.
No hace falta una atención constante. Podemos leerlo cuando queramos o podamos.
Toda la información recibida puede compartirse con quien queramos por infinidad de medios (agregadores, blogs, redes sociales, etc.)
Podemos acceder a más información: Mejorando el sistema de recepción de información y descartando lo que no consideramos importante o interesante, podemos aumentar el número de noticias o medios que podemos recibir en el mismo tiempo.
Estamos logrando que hay alguna noticia, cuando alguien piensa algo interesante o cuando hay novedades en alguna materia de nuestro interés, nos llegue esa información de forma instantánea sin que tengamos que demandarla. Aún así, no es suficiente. Queremos disponer con el menor esfuerzo posible de toda la información relevante en el menor tiempo posible. ¿Cuánto seremos capaces de mejorar los procesos de acceso a la información? ¿Dónde estará el límite? Con la avalacha de información que supone la simple conexión a internet corremos el riesgo de no leer o no entender nada si estos nuevos procesos no nos ayudan a comprender y relacionar la cantidad de datos que recibimos.
La idea es avanzar hacia una web completamente semántica.
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La cola del paro puede desaparecer
La tradicional cola del paro podría pasar a la historia
Esta mañana se ha presentado Red Trabaj@, la nueva web del Servicio Público de Empleo Estatal (antiguo INEM). Esta web incorpora nuevas funcionalidades para posibilitar la relación entre los ciudadanos, el servicio público de empleo y las empresas, tales como la posibilidad de guardar varios currículos, acceder a un gran catálogo de ofertas de trabajo, darse de alta como demandante de empleo o renovar esta demanda (ya no hace falta ir a fichar).
En una rueda de prensa, la secretaria general de Empleo, Maravillas Rojo, ha explicado una de las grandes novedades que incorpora el nuevo portal: el Reconocimiento on-line de una prestación por desempleo. En cuanto un trabajador se encuentre en situación legal de desempleo ya no será necesario esperar la tradicional cola para solicitar su prestación. A partir de ahora podrá conectarse a internet desde su casa o desde los quioscos instalados en las distintas oficinas y solicitar la prestación, que será calculada y le será reconocida de modo automático e instantáneo en las cantidades a las que tenga derecho. El ciudadano podrá descargar e imprimir la resolución aprobatoria de su prestación y empezará a cobrarla a partir del mes siguiente, sin necesidad de realizar otros trámites.
Portada de redTrabaj@
El acceso a estas novedades se hará a través del DNI electrónico o mediante la combinación de un usuario y una contraseña que se puede solicitar en las oficinas del SPEE. El nuevo portal estará disponible a partir de hoy y se prevé que se vayan incorporando otros servicios durante los próximos meses.
Según la propia web, redtrabaj@ es la web de empleo en España:
Pone en contacto a los actores de la búsqueda de empleo.
Es lugar de encuentro con las administraciones públicas.
Es una web para construir tus propias soluciones.
Actualizada a cada momento.
Refleja lo más destacado del día.
Esta web está dividida en las siguientes áreas:
Trabajo: Apartado dedicado a quien busca un trabajo. Puede reconocerse una prestación por desempleo, confeccionar distintos curriculos, organizar una agenda para gestionar la búsqueda de empleo o leer información relacionada.
Autoempleo: Dedicado a los emprendedores. El usuario puede crearse una empresa en 48 horas, informarse sobre ayudas públicas, diseñar el plan de negocio o ponerse en contacto con redes de emprendedores
Empresa: Es la parte dedicada a quien necesita trabajadores, y dispone de herramientas para realizar ofertas, preseleccionar a trabajadores o comunicar la contratación
Información: Se dispone de información general sobre empleo
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La importancia de los estándares abiertos
Recuerdo que la mayoría de las páginas web hace años señalaban en un lugar destacado que estaban optimizadas para ser visualizadas con Internet Explorer en una resolución de 800×600. Algunas reliquias sobreviven con gifs animados y botones en java, pero en general, se tiende a no recomendar un navegador particular y a diseñar las páginas y aplicaciones web para que la elección del usuario no interfiera en la “experiencia de la navegación“, que diría Steve Jobs.
El W3C lleva muchos años diseñando estándares abiertos para la web, adaptándose al paso de las distintas necesidades y las nuevas tecnologías. Así, sus recomendaciones incluyen AJAX, HTML, CSS, XHTML, XML, etc. La mayoría de los navegadores recogen e implementan estos estándares, aunque algunos están empeñados en mantener su posición dominante con la técnica de “Adoptar, extender y extinguir”
Particularizando en la administración electrónica, debo citar de nuevo la ley 11/2007 (LAECSP), que en artículo 2 reconoce los derechos de los ciudadanos en su relación electrónica con la administración pública. Concretamente, especifica:
Artículo 2.k. [los ciudadanos tienen derecho] a elegir las aplicaciones o sistemas para relacionarse con las Administraciones Públicas siempre y cuando utilicen estándares abiertos o, en su caso, aquellos otros que sean de uso generalizado por los ciudadanos.
Además, en su artículo 41 habla de la interoperabilidad:
Artículo 41. Interoperabilidad de los Sistemas de Información. Las administraciones Públicas utilizarán las tecnologías de la información en sus relaciones con las demás administraciones y con los ciudadanos, aplicando medidas informáticas, tecnológicas, organizativas, y de seguridad, que garanticen un adecuado nivel de interoperabilidad técnica, semántica y organizativa y eviten discriminación a los ciudadanos por razón de su elección tecnológica.
Esto obliga a las administraciones a utilizar los estándares abiertos y a no discriminar a los usuarios por el navegador (o la suite ofimática) que se elija. De este modo no deberíamos encontrar en las páginas de la administración pública ningún aviso que nos indique la obligatoriedad de utilizar Internet Explorer, Microsoft Word o Google Chrome, si es que llega ese momento, que no sería raro.
Kevin Novak, responsable del grupo de interés en Administración electrónica del Word Wide Web Consortium, escribió un artículo titulado “The importance of Open Web Standards in the Move to Open and Transparent Government” (PDF) (La importancia de los estándares web abiertos en el movimiento por un gobierno abierto y transparente) en el que dice:
“Es importante considerar qué Web y qué tecnologías relacionadas son necesarias y cómo esas tecnologías afectan al éxito último de nuestros esfuerzos. Los objetivos de un gobierto abierto – accesibilidad, interoperabilildad, inclusión ciudadana, e interacción requerirá la adopción y el uso de una web y unos estándares abiertos. Sin ellos, los datos no podrán ser intercambiados o interoperados con otras aplicaciones, las páginas web no podrán ser interpretadas de forma efectiva, la información no podrá ser compartida o interpretada y las páginas web o los datos no podrán ser gestionados para el largo plazo“.
Estoy muy de acuerdo con él. Afortunadamente contamos con organismos dedicados a definir estándares libres. Organismos que cuentan con la industria y las administraciones para recoger las necesidades y plasmarlas en una definición que pueda ser útil para todos. Debemos utilizarlas porque es muy importante garantizar que el modo en que se relacionan los ciudadanos con las administraciones no sea a través de una solución tecnológica impuesta y privada, y que la información que intercambian tenga un formato libre y estándar.
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¿Innovación en la universidad?
Sergey Brin y Larry Page fundaron Google
Un artículo de Vivek Wadhwa en Techcrunch me lleva a reflexionar nuevamente sobre algo que pienso hace tiempo: existe una importante brecha entre las investigaciones que se realizan en las universidades y las empresas.
Vivek Wadhwa es un empresario que se convirtió en profesor (Universidad de Duck) e investigador (Universidad de Harvard), y su artículo se titula “Shooting for the Moon: How Universities Can Turn Innovation into Companies”
(algo así como “Ir a por todas: Cómo pueden las universidades convertir innovación en empresas“).
En este artículo explica cuáles son los motivos de esta brecha y ofrece sus propuestas para evitarla.
“Los investigadores de los laboratorios universitarios encuentran un gran número de avances que pueden mejorar el mundo, pero la mayor parte de su trabajo nunca ve la luz del día. Apenas un 0,1% de las investigaciones científicas financiadas desembocan en una empresa comercial“. Y no es que las investigaciones resulten infructuosas en el 99,9% de las veces ni que en ese porcentaje sean las instituciones públicas las que utilizan la nueva tecnología sin necesidad de pasar por el circuito comercial.
“Para impulsar nuestra economía, tenemos que cerrar esta brecha y mejorar el sistema de comercialización de las investigaciones procedentes de las universidades.”
Y es que existen multitud de innovaciones atascadas en las trámites de patentes pendientes. Las oficinas de transferencia tecnológica tienen asignada la tarea de comercializar los resultados de las investigaciones, pero están dirigidas por burócratas que quieren garantizarse siempre el máximo beneficio y por eso hacen la vida muy complicada a quienes acuden a ellos con una innovación.
En el artículo se recomienda acudir a las universidades, conocerlas para poder llegar a las personas clave que pueden hacer que las cosas sucedan porque tienen el poder y los contactos (es decir, utilizar las puertas traseras), pero en este asunto hay muchas cosas que me parecen preocupantes:
Financiación: Se está gastando mucho dinero en investigaciones que no tienen un retorno comercial, con lo que puede haber cierta sensación de que las universidades son un saco roto donde se invierte mucho dinero pero de donde no se obtiene nada.
Innovación: La innovación existe, pero no proviene de la universidad, luego habrá que estudiar por qué se obtienen más resultados de una idea desarollada por chavales en un garaje que de equipos bien financiados y dedicados constantemente a investigar, supuestamente con tecnología vanguardista
Burocracia: En la universidad existen muchos talentos tanto en los laboratorios de investigación como en los clubes de estudiantes, y es preciso facilitarles la tarea de poner en práctica sus ideas con el soporte de la universidad.
Liderazgo: Al final, la universidad como tal no está liderando, no está a la vanguardia de los cambios que se producen en el ámbito de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
Como caso curioso podemos hablar de Google, una idea de Sergey Brin y Larry Page en la que empezaron a trabajar en el ‘Digital Library Project‘ de la Universidad de Stanford. Cuando ya tenían un producto innovador informaron de la tecnología desarrollada a la ‘Office of Technology Licensing‘ (OTL) de la propia universidad, que se encargaría de ponerse en contacto con compañías de Internet que podían estar interesadas en Google.
Como las ofertas no les parecieron adecuadas (económicamente o por cómo se quiere continuar el proyecto), decidieron abandonar sus doctorados, salir de la universidad, y desarrollar su idea por su cuenta.
Su éxito forma ya parte de la historia.
Tal vez si la universidad hubiese negociado mejor con las compañías o hubiese apostado directamente por financiar e intentar retener una innovación como Google, ahora el éxito sería de Stanford, y Brin y Page no habrían tenido que dormir a medio metro de unos servidores pagados por los préstamos de sus familiares y amigos.
¿Cuantos Sergey Brin y Larry Page no encontraron financiación ni apoyo y sus innovaciones han terminado en una simple idea que jamás se desarrolló? ¿Realmente no podemos trabajar en la universidad por mejorar estas cuestiones? Creo que la universidad española lo necesita mucho.
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