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Timestamp: 2019-07-17 21:40:28+00:00

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Los Mediadores y el Conflicto en Cataluña - A Mediar
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by Tomás Prieto 09/10/2017
escrito por Tomás Prieto 09/10/2017 186 visitas
En la sección Vasos Comunicantes vamos a ver las diversas opiniones de los mediadores respecto al conflicto en Cataluña y España
Imagen: AMP – PRNoticias: “Comunicación, herramienta clave en el conflicto catalán”
Orgullo y Mediación. Una reflexión sobre el conflicto que vivimos estos días
“Nos enorgullece decir que nos hemos vuelto gente razonable. Somos conscientes de que durante muchísimo tiempo el conflicto fue el argumento definitorio de nuestra especie, pero hemos descubierto que ese argumento se puede cambiar”.
Salman Rushdie. Dos años, ocho meses y veintiocho noches
Salvador Garrido Dr. en Derecho y Mediador
Estos días más que nunca se habla de mediación y debiera ser motivo de satisfacción para la comunidad mediadora. Después de mucho tiempo predicando sus bondades, parece que por fin la mediación se está abriendo camino entre los pensamientos de mucha gente. El vértigo generalizado que vivimos estos días ha propiciado la aparición de alternativas que ofrecen vías de entendimiento. Y como no podía ser de otro modo nos hemos unido a esta causa.
Llamada a la Mediación
Pero más allá de esta novedad, también hemos asistido a un curioso fenómeno. Al calor de esta llamada generalizada a la mediación, comprobamos que el movimiento alternativo para la resolución de disputas no es homogéneo. Al abrigo de la situación política a la que nos enfrentamos estos días, se han sucedido opiniones contradictorias acerca de la viabilidad (o no) de un proceso de mediación entre los actores protagonistas de este conflicto. Así, se han manifestado quienes veían imprescindible un proceso y quienes lo han desaconsejado totalmente. Y en ambos casos con argumentos de peso.
Simplemente, que la realidad nos devuelve el reflejo que proyectamos ante nuestro particular espejo. Durante mucho tiempo, gran parte de nuestros esfuerzos se han dedicado a la promoción y sensibilización. Desde despachos, asociaciones, organizaciones o centros educativos, nos hemos centrado en intentar convencer a una sociedad poco interesada. Por ello, la indiferencia o el rechazo recibidos a menudo por respuesta han sido el acicate perfecto para redoblar los esfuerzos en la defensa de esta institución.
Ahora la realidad es diferente.
Cuando los acontecimientos políticos amenazan con llevarse por delante el modelo de convivencia que disfrutamos desde hace cuarenta años, resulta evidente que cada mediador y cada mediadora tiene su propia postura. Postura que viene dada por su experiencia profesional, su trayectoria académica y su propia intuición. Tal y como ocurre cada vez que nos encontramos delante de dos o más personas que acuden a nuestra presencia cuando tienen una disputa que las separa.
No podemos saber si la mediación que se propone para resolver la controversia entre España y Catalunya (o entre el Estado central y una comunidad autónoma, según el lenguaje que se prefiera) es la solución adecuada. Igual ocurre con los pasos que se están dando de manera más o menos formal con dos organizaciones tradicionalmente mediadoras (Iglesia católica y Abogacía catalana). El paso del tiempo nos dará la respuesta.
En ambos casos, resulta necesario demostrar prudencia, serenidad y sobre todo confianza. Confianza, la cuádruple virtud que Díez y Tapia han divulgado durante tantos años. La misma que reclamamos a las partes en disputa y que ahora nos toca exigirnos. Porque defender la mediación (o no) para un determinado conflicto es la expresión misma de nuestro arte. Nos definimos como personas mediadoras cuando decidimos ante una situación concreta y real que precisa de nuestra intervención. Lo conveniente de dicha intervención se traslucirá con el desarrollo del proceso; y, en todo caso, sus efectos quedan salvaguardados por la deontología profesional.
Por dicho motivo, no debemos extrañarnos de que existan divergencias dentro de la comunidad mediadora. La diferencia de pareceres es consustancial a la humanidad. Y su segmento más bienintencionado no es inmune a ella. Muy al contrario, es un recordatorio de que nos hallamos a caballo entre dos mundos: la razón y la pasión. Mundos que cada vez se entrelazan cada vez más, como nos recuerda Roberto Aguado desde el ámbito de la psicología o Josemi Valle desde la reflexión filosófica en mediación.
La cita que encabeza este artículo es un buen ejemplo de ello. Pertenece al último libro de un autor con grandes virtudes narrativas. Sin embargo, a menudo solo es recordado por una triste polémica literario-religiosa protagonizada hace muchos años. En esta última obra aborda magistralmente la lucha entre la razón y los sentimientos, entre la realidad y la ficción. Sin desvelar su contenido (que no revelaré para preservar su disfrute a toda persona que quiera leerla), únicamente señalaré una importante lección: la convivencia entre razón y pasión es posible. Pero depende de una decisión personal no exenta de consecuencias. Quizás pueda ser esa la lección que debiéramos aplicarnos en estos días inciertos. Y, por supuesto, aplicárnosla con orgullo.
“Me hubiera gustado decir más cosas, como por ejemplo que en estos momentos una mediación es imperiosa porque las otras alternativas: declaración unilateral del independentismo o aplicación del art. 155 de la Constitución, son mucho peores. Nos queda poco tiempo pero algo queda. Paremos y reflexionemos, por lo menos que todos sepamos dónde nos metemos si continuamos con esa hoja de ruta que ambas partes parecen tener tan clara.” Ana Criado
Andrés Vázquez desde Facebook
Con todo respeto y reconocimiento al autor, discrepo. (En respuesta a este artículo de Pascual Ortuño publicado por El País)
Diálogo y Discrepancia
Andrés Vázquez @AlenMediaGroup
Nadie duda que el diálogo, junto con el respeto a la discrepancia, a la opinión del otro, al adversario político, es la base de cualquier sociedad civilizada. Por eso, las libertades políticas se consagran en las Constituciones de los Estados Democráticos de Derecho, garantizando que los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. También que, su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley y su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos. Así lo reconoce, por ejemplo, el artículo 6 de la Constitución española. También el artículo 55 del Estatuto de Cataluña que, en su literalidad, dice que el Parlamento representa al pueblo de Cataluña.
La “biodiversidad”, en todas sus manifestaciones, tanto en la naturaleza, como en la política, contribuye al patrimonio común que nos enriquece como compañeros del camino de la vida en este planeta. Y la protección de ese patrimonio, que, en lo político en nuestro Estado, garantizan la Constitución y el Estatuto, es conocido, también -por lo que no es necesario extenderse en los detalles- como han sido ilegalmente conculcados por el gobierno de Cataluña con las ilegales y nulas leyes denominadas de desconexión.
Parece de sentido común que, al margen incluso de interpretaciones jurídicas, pueda discreparse del rumbo de una nave. Pero es imprescindible que ésta flote y que no se pueda justificar que el amotinamiento de una parte de la tripulación -arrogándose falsamente la representación de todo el barco (tripulantes y pasaje incluidos)- para hacerse con el control del puente es algo diferente a lo que en el mar sería considerado un acto de piratería.
¿Se puede negociar con “piratas”? Sí. ¿Se puede mediar con ellos? No.
Y las razones -técnicas y deontológicas- las conocen perfectamente todos los que son personas mediadoras profesionales.
Posicionarse en un plano de equidistancia que pudiera justificar iniciativas en ese sentido, poniendo en un plano de igualdad a quienes secuestran la ley y el Estado de Derecho y a quienes lo defienden, es un despropósito similar a quienes quieren explicarlo en base a equiparar el resultado de un fraudulento e ilegal “referéndum” frente a una cuestionada intervención de algunos agentes de policía (otros no estaban, aunque se les esperaba) que pudo ser inadecuada o desproporcionada (nada diferente, en todo caso, a otras muchas desarrolladas por otros cuerpos policiales en Cataluña en multitud de ocasiones con anterioridad) en cumplimiento de un mandato judicial. Episodios que, en todo caso, están siendo investigados por los tribunales de justicia y que resolverán conforme a derecho, como no podría ser de otra forma en un Estado democrático. Igualmente, que en su caso, el incumplimiento por otros de los mandatos judiciales.
*Uno de los hilos abiertos por Carlos Villagrasa que ha generado más debate y opiniones*
Nadie parece cuestionar la responsabilidad de los dirigentes políticos que animaron a los ciudadanos a secundar un acto ilegal y fueron utilizados como “carne de cañón” sin ninguna consideración. Pero basarse en esto, queriendo comparar a los agentes de policía con combatientes en un escenario bélico, nos obligaría a considerar a los ciudadanos que bloqueaban edificios públicos (y que habían accedido a su interior horas antes de forma cuando menos “peculiar”) y que, impedían como escudos humanos el acceso a los mismos para evitar la retirada de los elementos de la consulta -ordenada por un juez- solo salvable por el inevitable uso de la fuerza en mayor o menor escala, con los civiles utilizados igualmente como parapetos en escuelas y hospitales para camuflar a insurreccionales y evitar la devolución del fuego en los combates es, ciertamente, un despropósito.
Tiene poco sentido ser críticos con las irresponsabilidades de los políticos y no aplicarlo al resto de los ciudadanos. Sin perjuicio de la parte alícuota que le corresponda a cada cual.
Tampoco debería aceptarse con tanta complicidad acrítica -desde demasiados estamentos sociales- la pesca descarada e interesada en este rio revuelto. Ni asumir con tanta ligereza la idea de que el conflicto se reduce a las incapacidades de dialogo entre dos gobiernos con signos políticos diferentes. Si fuera así, la solución resultaría bastante sencilla, bastaría con cambiarlos en unas elecciones.
Con un concierto económico como el vasco, ¿Cuántos grupos políticos (y/o de intereses) de Cataluña estarían en el “procés”?
Más allá de las singularidades, que nadie cuestiona, de cualquier grupo o territorio, alimentadas por la tradición de sus culturas, historia, lenguas o costumbres, las eclosiones nacionalistas de los últimos años, si nos atenemos a sus manifestaciones, no son más que un vector estratégico de conveniencia política para ocupar el poder, o en su defecto obtener alguna ventaja frente a sus contrarios políticos. Y si es una “lucha” política, su escenario es un Parlamento y no una sala de mediación.
Deseos, Razones y Emociones
Y es que, si aceptamos que el “deseo” de independencia es el origen de un conflicto (y no una aspiración política de un grupo social de ciudadanos, que puede ser tan legítima como cualquier otra) tendremos que convenir que, en una hipotética mediación, por ejemplo, para acordar la convocatoria de una consulta electoral legal, y en la que ese “deseo” no obtuviera el triunfo… ¿desaparecería el “deseo”?
Y si no fuera así, ¿cuántas elecciones habría que realizar hasta que desapareciera el conflicto? ¿Una por mes? ¿o por año?, ¿y por legislatura?, ¿una por generación? ¿Todos los días? Y si finalmente, en algún momento se produjera una victoria en las urnas de quienes la promueven, ¿cabría suponer que el conflicto desaparecería, o simplemente cambiaría de bando? ¿Habría que seguir mediando para conseguir nuevas votaciones para que quienes no tienen el deseo de independencia, pero si el “deseo” contrario tuvieran una nueva oportunidad de ganar en otra consulta electoral? Y si ganaran, estos últimos, ¿cuántas votaciones habría que realizar hasta que desapareciera el conflicto?…
No estamos en ningún escenario de “guerra”, por más que a algunos interesadamente les convenga exportar internacionalmente esa fotografía. España, en su totalidad territorial, es un Estado de Derecho democrático. Prueba de ello, es que diferentes manifestaciones de partidarios a favor o en contra de la ubicación política de Cataluña dentro o fuera del Estado español, han podido manifestarse pacífica y civilizadamente por sus calles. Con independencia de las banderas que en cada una se ondearan al viento.
Por lo demás citar los acuerdos de Camp David, incluso en el sentido en los que se invocan, me parece poco afortunado. Fue precisamente en Madrid, donde tuvo lugar la Conferencia de Paz que inició un proceso de paz entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina, Siria, Líbano y Jordania. Ideada por el gobierno de España y auspiciada por Estados Unidos y la URSS. Esta conferencia estableció las bases, las condiciones y el calendario para las futuras negociaciones, e inauguró el principio de “paz por territorios”, que aún sigue vigente hoy en día. El mayor inconveniente para la completa eficacia de los encuentros de la Conferencia de Madrid fue el hecho de que la negociación y las conversaciones de todo el proceso se pactaran sin un marco legal de referencia del conflicto.
El Parlamento (Rae. 3. Acción de parlamentar, hablar o conversar)
Y con todo respeto para los discrepantes, en las sociedades democráticas los conflictos políticos se resuelven en los parlamentos, en las negociaciones entre los representantes legítimos de las distintas opciones políticas. Y es que, más allá de la buena fe de muchos, el dialogo no debería ser un parapeto para camuflar la impunidad. Una base poco sólida para un futuro en paz. Es más fiable contar votos que personas distribuidas por las baldosas de las calles, independientemente del color se sus banderas. Y las desobediencias a las resoluciones judiciales de las autoridades políticas se resuelven en los tribunales.
Todos nosotros, al menos todos los que pertenecemos a una cultura moderna y vivimos en una sociedad moderna tenemos lealtades plurales, pertenecemos a comunidades diversas y deberíamos poder asumir roles en conflicto. La idea del sujeto humano cuya identidad está formada por la pertenencia a una única comunidad moral es, en el mejor de los casos, un tipo ideal al que virtualmente nadie, desde luego nadie en el mundo moderno, se ajusta. La pluralidad y el conflicto son elementos integrantes de nuestras identidades. Desde esta perspectiva la doctrina del nacionalismo integral tiene poco sentido, pero para gustos colores. Muchas personas son depositarias de un legado plural, hecho éste que hace discriminadora y peligrosa la idea de que somos o deberíamos ser miembros de una entidad política única, independientemente de que la formulen reaccionarios o izquierdistas.
Hoy en nuestro blog hablamos de Cataluña, de los medios de comunicación y por supuesto, de la mediación. #felizlunes y #felizsemana a tod@s! https://t.co/300P8OjVhP pic.twitter.com/N3TnC78BF8
— Mediación Navarra (@mediacionavarra) 9 de octubre de 2017
España es un Estado de Derecho democrático y garantista. El gobierno de Cataluña quebró la legalidad de la que nace su propia legitimidad democrática. No se puede mediar la impunidad.
En mi opinión, estamos más ayunos de pedagogía política que de mediación.
Los mediadores piden a Puigdemont que desista de soluciones unilaterales @lavanguardia https://t.co/RZ3PCulu8E
— Emilio Navas (@escribanonavas) 8 de octubre de 2017
Cataluñaconflictomediaciónmediadores ante el conflicto catalánorgullo
Oscar Negredo 09/10/2017 - 17:29
Felicidades Tomás, me ha gustado mucho tu articulo, lo encuentro muy clarificador y una buena síntesis de las diferentes posturas. También agradezco que nos atrevamos a opinar, incluso sabiendo que podemos generar controversia. Bienvenida sea !!
Me gustaría puntualizar dos aspectos de fondo del articulo:
1) A diferencia de lo que planteas, considero que este conflicto no aparece a partir del incumplimiento del orden constitucional y el Estatuto de Autonomia por parte de la mayoría del Parlamento de Cataluña. Este conflicto viene de mucho antes, como mínimo del 2010, cuando el Tribunal Constitucional anuló partes significativas de un Estatuto que se había aprobado en el Parlamento Español y votado en Cataluña. También podemos ubicar el principio mucho más atrás, en como se configuró el estado de las autonomías, incluso siglos atrás. Eso depende de quien haga el relato del conflicto, como los mediadores sabemos. Como mínimo aprovecho para señalar que situar el conflicto en la ruptura de la legalidad a partir del 7 y 8 de octubre en el Parlament es una opción de relato pero hay otras. Además esta opción de relato subraya los aspecto jurídicos del conflicto, pero no otros como pueden ser los emocionales, económicos, relacionales, políticos,…
2) El segundo aspecto en el que discrepo es en el de considerar que la mediación no es viable cuando nos enfrentamos ante un incumplimiento de las leyes. Este concepto es totalmente contrario a la propia mediación. Según esta mirada no podríamos impulsar mediaciones judiciales, donde una parte siempre acusa a otra de incumplir la ley. Recuerdo que la mediación es possible incluso posteriormente a la sentencia judicial. Tampoco podríamos impulsar muchas mediaciones comunitarias ya que en muchos conflictos se dan los insultos o las amenazas. A mi entender, la mediación es complementaria a la justícia, y no alternativa. En este conflicto que nos ocupa, se podria plantear una mediación siempre que las partes la aceptaran, sin que esto implicara interrumpir cualquier proceso judicial consecuencia del incumplimiento de las leyes vigentes.
En otro orden de cosas, yo tampoco creo que la mediación sea possible en este caso, pero no por la naturaleza del conflicto, sinó por la voluntariedad de las partes. Y creo que ninguna está por la labor. En el caso del gobierno español es evidente su rechazo, sobretodo por no considerar a la otra parte legítima para ser tratada como igual en una mesa de negociación, no ahora por haber desobedecido al tribunal constitucional, sino de antes. Pero por parte del gobierno catalán tampoco veo el interés. La invitación a mediación que hizo Puigdemont en su discurso del miércoles pasado, tengo la sensación que no está motivada por la buena fe. La mediación no se insta en público, se persigue en privado y con discreción. En este caso, creo que Puigdemont buscaba señalar la falta de voluntariedad de la otra parte, tratando de mostrar una falsa superioridad moral. Tampoco esoty de acuerdo con esas experiències de mediación que estamos viendo, de mediadores que se presentan en público y se hacen fotos después de sus entrevistas. Ojalá me equivoque, por el bien de todos, pero no confío que esas “mediaciones” den resultado.
En fin, espero haberme explicado con claridad. Estoy abierto al debate y a la controversia. Gracias nuevamente por abrir esta posibilidad.
Tomás Prieto 09/10/2017 - 18:42
Muchas Gracias Oscar Negrego por el comentario, le daremos a los autores la oportunidad de debatir. Saludos #SembrandoMediacion
salvadorcooperaccion 09/10/2017 - 23:19
Muchas gracias por tus comentarios, Tomás. El análisis del conflicto y la voluntariedad de las partes revela las graves dificultades que plantea este caso. Por mi parte, quería hacer visible la disparidad de posturas dentro de la comunidad mediadora al respecto. Un abrazo.
Tomás Prieto 13/10/2017 - 12:56
De nada Salvador, pero creo que el destinatario de las “gracias” es más bien Oscar Negredo que es el autor del comentario anterior al post publicado a partir de tu intervención. Si bien, leeros a todos es un lujo que nos podemos permitir en este blog, ya que reunir a profesionales que saben de lo que hablan ha sido siempre nuestra pretensión.
Muchas Gracias a todos por Participar, por Cooperar y Colaborar ¡¡¡ Así queremos que se vea nuestro blog, como un lugar de encuentro colaborativo de profesionales .. .
María del Castillo Falcón Caro 12/10/2017 - 18:58
Gracias Oscar por compartir tus sabios comentarios. Estoy de acuerdo contigo que quizá sea muy pobre partir de la ilegalidad reciente, cuando el conflicto es más antiguo y probablemente más profundo. Por eso considero necesario realizar un diagnóstico del conflicto para después analizar si cabría la mediación. Por otra parte, hay que distinguir la mediación en términos generales de la mediación penal, pues esta es un instrumento de la justicia restaurativa, y es la que se puede dar dentro de la jurisdicción penal cuando existe una imputación delictiva, antes y después de la sentencia. Este tipo de mediación se basa en el perdón realizado por el victimario y aceptado y contemplado por la víctima, y en la restauración del orden infringido desde la reparación. De ahí que no quepa hablar de la misma en este estado de circunstancias. En mi opinión, tal como manifiesto en mi blog (http://www.castillofalcon.com/mediacion-en-sus-justos-terminos/)sólo podría haber Mediación cuando se cumplen sus principios rectores y están legitimadas las partes conforme a los mismos. De otro modo, estaríamos mal utilizando el concepto mismo y tan digna profesión. Terminando, veo que te has dado cuenta de que efectivamente ninguna de las dos partes están dispuestas ni a dialogar, así que menos si hablamos de mediación. Ello incluso lo demuestra los últimos acontecimientos, pues la oferta de diálogo de Puigdemont sólo pretendía servir a sus objetivos estratégicos, en este caso para quedar bien ante la mirada Internacional, teniendo en cuenta esto:
https://www.elconfidencial.com/espana/cataluna/2017-10-12/independencia-cataluna-generalitat-investigacion-poder-judicial-referendum_1459873/
Por cierto, Tomás, gracias y enhorabuena por tan magnífico trabajo, como es habitual en ti.
Tomás Prieto 13/10/2017 - 13:02
Por favor María, de gracias nada porque aquí estamos todos implicados, me gusta la idea de que esto es un trabajo Cooperativo y Colaborativo ya que todos estamos en el mismo barco y remamos en la misma dirección, que no es otra que la Mediación se conozca, se valore y se aplique por la mayoría de la sociedad.
Conveniencia de mediación en Cataluña - Cooperacción 11/10/2017 - 19:44
[…] dedicada a los mediadores y el conflicto en Catalunya, puede consultarse en el siguiente enlace: los mediadores y el conflicto en Cataluña. Esperamos que sea de vuestro […]
Salvador Madrid Res 13/10/2017 - 13:35
“”Como ciudadano no puedo permanecer equidistante, neutral e imparcial ante un conflicto que es de naturaleza estructural, que va mucho más allá de un conflicto meramente interpersonal. El asunto catalán no es el asunto Rajoy-Puigdemont.
Ante una política basada en la injusticia, el adoctrinamiento ideológico, el odio, la coacción, la pretensión de romper y dividir definitivamente la sociedad, uno no debe, ni puede permanecer neutral. Cada cual se pondrá en un lado de la acera.
No soy partidario de caer en las manipulaciones verbales y tácticas de los políticos separatistas y del grupo social que los apoya. El nacionalismo más rancio y miserable está dando la cara. Para dialogar, mediar, negociar, se debe efectuar desde una honesta voluntad, sin manipulaciones de clase alguna. Que los mediadores no pongan claras, inapelables y determinantes las condiciones desde las que se debe partir, es algo totalmente incomprensible.
Otras posturas creo que tiene el riesgo de apartar aún más a la ciudadanía de acercarse a estos medios de resolución de conflictos.Sentimiento que hago personal.””
Para que un conflicto sea mediable, alguno de sus principios serian partir de la Honesta Voluntad junto a la Legitimidad.. al margen de otros presupuestos. Y se deberá desenvolver en cauces de legalidad, porque un acuerdo ilegal sería nulo y denunciable.
A los mediadores se les ha arrastrado, o se les pretende arrastrar a un conflicto de soberanía popular, y estimo que sería bueno exponer claramente que la mediación profesional tiene su código deontológico.
Tomás Prieto 13/10/2017 - 14:22
Muchas Gracias Salvador, me gusta tu actitud colaboradora y tu claridad de ideas ¡¡¡ yo cada día que pasa más confuso . . . seguimos #SembrandoMediacion
Andrés Vázquez (@AlenMediaGroup) 13/10/2017 - 22:51
Mediar entre “lusco e fusco”
Cuando en el Finisterre atlántico las luces del día no han abandonado por completo el paisaje, pero tampoco las tinieblas de la noche se han adueñado por completo de él, los gallegos (también los portugueses) llamamos a ese momento engañoso, entre mágico y tenebroso, estar “entre lusco e fusco”. Es un punto más allá del crepúsculo, y solo hay una forma cierta de saber que lo hemos alcanzado. Es cuando, a simple vista y sin iluminación auxiliar ajena, es imposible diferenciar un hilo negro de otro blanco. Pero el que no pueda percibirse el color del hilo con certeza, no quiere decir que no lo tenga, aunque cada cual crea estar en la seguridad de haber acertado en su particular elección cromática.
Entiendo que, en la mayoría de los foros y las redes, las opiniones vertidas sobre el fondo del asunto que nos convoca a este intercambio de impresiones, se han realizado a título personal, como ciudadanos inevitablemente concernidos, al margen de la circunstancia compartida de la mediación como oficio, en unos casos más teórico que práctico, e incluso apasionado en ocasiones, al tenor de muchas manifestaciones vertidas.
No encuentro nada malo en ello. Incluso cuando se pierden algunas formas de cordial cortesía. (Antes muerta que políticamente correcta… ¿o era sencilla?) Las personas mediadoras están vivas. Felicitaciones.
Pretendo abordar esta intervención desde ese eje de coordenadas. Tampoco quiero hastiar con la repetición de argumentos ya aportados en las redes reiterativamente. Además, el aspecto más técnico desde un punto de vista deontológico lo ha expuesto muy correctamente, entre otros, Juan Ignacio Gutiérrez Lisardo en su post “El nuevo traje del Emperador”, en Kiosko de Mediación (http://www.kiosko-ammediadores.es/nuevo-traje-del-emperador/).
Y es que enfrentar el tema desde lo estrictamente profesional no deja de ser una cuestión técnica sectorial y si acaso goza del estímulo morboso del debate doctrinal acuciado por la urgencia. Pero para mí, lo más sorprendente es que se ha dado por bueno un discurso que obvia que no estamos en ningún estado fallido, carente de normas, escenarios o foros de debate que necesite del auxilio de agentes externos para encauzar demandas socio-políticas. España es un Estado de Derecho, con instituciones legítimas y legales que funcionan democráticamente. Es en el seno de esas instituciones en donde tienen que debatirse y resolverse los conflictos políticos. De no ser así, ¿cuál es la finalidad de su existencia?
Experimentar nuevos ámbitos de mediación puede resultar intelectualmente atractivo. Pero los simulacros se hacen antes de que estallen las crisis, no en medio de ellas. Porque, ¿en qué ámbito se quiere ubicar este conflicto? ¿Civil, comunitario, penal,…? ¿Internacional?
El problema en política surge cuando individual o socialmente no sabemos asumir los roles en conflicto. Y eso no puede ser derivado solo a la responsabilidad de nuestros representantes políticos. Es responsabilidad de toda la sociedad en su conjunto. Por supuesto que pueden existir quiebras individuales, y también desencuentros colectivos. Y eso es un conflicto político. Con todo el daño colateral y emocional que se quiera. Pero político.
Pienso, igualmente, que el colectivo profesional ha desaprovechado una excelente oportunidad de divulgación y aclaración de qué es, y qué no, esta modalidad ADR. En palabras de Madrid Res Salvador, “los mediadores deberían haber sentado cátedra en este asunto, no dejar que se manipule la palabra y el concepto de mediación… no han aprovechado una ocasión para dejar manifiestamente claro que como procedimiento de resolución de conflictos respeta escrupulosamente sus principios y no se deja manipular por intereses”. ¿Espurios?
Conviene no olvidar que algunas tácticas y estrategias de algunos grupos políticos protagonistas de esta situación se autodefinen y reivindican como antisistema. Curiosamente quienes se muestran más activos demandando mediación. Es fácil de entender, siguiendo el lenguaje de las fabulas, el interés del zorro en llevar a las gallinas fuera del corral (institucional).
Más inexplicable es que mediadores profesionales, por definición neutrales, imparciales y obligados por los códigos de conducta y deontología a tener en cuenta las circunstancias de cada caso, los posibles desequilibrios de poder, los deseos que puedan expresar las partes (todas), la legislación aplicable y en consecuencia a valorar si las pretensiones de parte buscan concluir en acuerdos inaplicables o ilegales, hagan un seguidismo tan entusiasta de esas estrategias, y les den soporte.
Pero, lo que ya resulta de todo punto insólito es que, además, se obvie el principio de voluntariedad, presionando insistentemente a acudir al procedimiento a quienes no lo desean y tampoco ven ninguna razón que lo justifique.
El “lusco e fusco” no es exclusivo del occidente atlántico. Se manifiesta en muchos otros lugares, también en el este peninsular mediterráneo, aunque tal vez no hayan acertado con el nombre adecuado para denominarlo. Incluso hay constancia de que, en el pasado, ha tenido manifestaciones musicales. Una muy conocida, desgraciada y simbólica acaeció en la alemana ciudad de Hamelín en 1284. Seguro que todos conocen la historia del flautista.
Tomás Prieto 13/10/2017 - 23:06
Muchas Gracias Andrés, llevo unos días leyéndote y la verdad es que tu argumento es impecable, pero dentro del ordenamiento jurídico. ¿Qué le explicamos a tod@s esos mediadores profesionales que se sitúan al margen del ordenamiento para afirmar que SI cabe mediación y su apuesta es a toda costa mediar?. Me gustaría que pasara por aquí Ana Criado o Carlos Villagrasa y dieran su versión de los hechos, que pienso se inclinan más por mediar. Seguimos #SembrandoMediacion
Tomás Prieto 13/10/2017 - 23:28
Vamos a mirar el Vaso medio lleno, y pensemos que al menos “se habla” a diestro y siniestro de “mediación”. Los efectos negativos de esta ola mediadora confusa será tarea nuestra sacar de la confusión a la generalidad de los mortales.
Al final han salido a flote los sentimientos más profundos de cada cual y se nota que los medidores tenemos fibras sensibles, hay tantos argumentos en contra como a favor …, entre nosotros los mediadores.
¡¡¡ Yo cuanto más leo menos me aclaro . . . entoces apelo al sentido común y pienso ¡¡¡ joer a mi me gusta la PAZ, prefiero la inclusión a la exclusión, no me considero más ni menos que nadie, ¿cómo es posibe que una lengua y una cultura nos separe?, no me entra en la cabeza, abogo por la colaboración y la cooperación, ¿para qué quiero más fronteras?, apuesto por la inteligencia colectiva y hacia la economía del bien común, si todas las inercias y fuerzas van hacia la globalidad, , , algo no me cuadra, porque la crisis pasará como todas las crisis pasan, se superará de una u otra forma pero el daño “entre y a las personas”, ese ya se ha hecho y eso tarda mucho en cicatrizar..
La sociedad civil debe madurar hacia “una sociedad colectiva” impermeable a las manipulaciones políticas que jamás pretenden el bien general, si no el bien de las siglas. Las ideologías enfrentan, la inteligencia colectiva une. Es un reto que tenemos para los próximos años, ser capaces de construir al margen de lo político en sociedades cada día más inteligentes y resilientes.Estoy convencido de que nos irá mucho mejor a tod@s juntos . . . No veo la mediación en este contexto pero si veo factible el diálogo y la negociación para encontrar un punto de partida común que sirva para abandonar las posiciones equidistantes y buscar la vía de los intereses generales ¡¡¡¡
¡Celebra la Mediación! Día europeo de la mediación en Salamanca 18/01/2018 - 13:14
[…] 2017 bastante intenso, donde la palabra Mediación se ha escuchado más de lo normal gracias al conflicto catalán, pero en el que creo que hemos avanzado bastante en nuestro empeño aunque todavía queda un largo […]

References: resolución 
 artículo 6
 artículo 55
e contrario
 resolución 
 resolución