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Timestamp: 2019-07-24 03:26:51+00:00

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ANTONIO SALÚM FLECHA
DEL NOVECIENTOS A LA PAZ DEL CHACO (HISTORIA DIPLOMÁTICA DEL PARAGUAY) - Por ANTONIO SALÚM-FLECHA
DEL NOVECIENTOS A LA PAZ DEL CHACO
Por ANTONIO SALÚM-FLECHA
NUEVAS NEGOCIACIONES CON ARGENTINA
La oposición al gobierno liberal aumentaba en intensidad en todo el país. Y mientras el liberalismo consumía sus energías en luchas estériles y peligrosas en desmedro de la defensa nacional, el coloradismo aunaba sus fuerzas para oponerse al gobierno. Desde el diario “Patria” Enrique Solano López y desde las masas populares José Gill lo atacaban sin tregua alguna. Reaccionando ante dicha campaña, el Presidente González Navero pronto llenó las cárceles de adversarios políticos, así sean colorados o liberales; cerró los periódicos no oficialistas y confinó a muchos presos políticos al famoso Fortín Galpón, inhóspita localidad chaqueña situada a unas 20 leguas de Bahía Negra, donde fueron sometidos a toda clase de tormentos. Así fue cómo comenzó el éxodo a la Argentina, donde miles de compatriotas encontraron la paz y tranquilidad para el trabajo que entonces no existía en nuestro país.
Con ese estado de cosas se llegó al año 1910, víspera del centenario de la independencia nacional, sin lograrse la necesaria estabilidad política del país para afrontar sus múltiples problemas.
El Presidente Manuel Gondra, elegido en noviembre de 1910 para el undécimo período de 1910-14, fue derrocado ya en enero del año siguiente por el coronel Albino Jara, que asumió provisoriamente la presidencia del país por designación del Congreso Nacional.
Los partidarios del depuesto Gondra se agruparon alrededor de Adolfo Riquelme y Eduardo Schaerer produciéndose levantamientos armados simultáneamente en Concepción y Misiones. Riquelme fue derrotado en Rosario y Bonete, tomándosele prisionero y luego fusilado; Schaerer cayó prisionero en Villa del Pilar.
No obstante las enérgicas y sanguinarias disposiciones adoptadas por Jara contra sus enemigos, en julio de 1911, sus propios partidarios lo depusieron, temerosos de ser a su vez víctimas de las medidas del Gobierno que oprimía cada vez más al país.
En este ambiente de verdadero relajamiento político advino a la presidencia el Señor Liberato M Rojas, que en noviembre del mismo año tuvo que afrontar una revolución de los “gondristas” (radicales) iniciada en Villa del Pilar. Los liberales cívicos y los colorados defendieron al Gobierno, pero se produjo otro golpe de estado a principios de 1912 —esta vez colorado— siendo Rojas reemplazado por el Dr. Pedro Peña, que ocupó la presidencia solamente durante un mes porque los radicales lo derrotaron para llevar otra vez provisoriamente a la presidencia a Don Emiliano González Navero.
Pero dejemos de lado por el momento estas interminables deposiciones e imposiciones presidenciales y ocupémonos de los problemas que se suscitaron entonces con los países limítrofes.
a) PROTOCOLOS DE 1905 Y 1907 SOBRE FORMACION DE UNA COMISION QUE DEFINA CUAL ES EL BRAZO PRINCIPAL DEL PILCOMAYO.
Como se recordará, en el Tratado de Límites de 1876 suscrito con la Argentina, el brazo principal del Pilcomayo era el límite señalado con este vecino, de modo que para determinarlo iniciaron tratativas ambos países. Se creía entonces que el río Pilcomayo desaguaba sus aguas en el río Paraguay por varios brazos que arrancaban a diversas alturas de su curso, formando un extenso delta entre los paralelos 24º y 26’, latitud sur, aproximadamente, y, es esa la creencia que trasuntan los mapas de la época que eran muy incompletos e imprecisos.
Expediciones posteriores comprobaron la inexistencia de tal delta, y que el río Pilcomayo, en realidad, desemboca en el río Paraguay frente al Cerro Lambaré, por un único curso de agua en el cual se re conocieron, aproximadamente 85 kilómetros en línea recta, aguas arriba, a contar de la desembocadura en el río Paraguay, dos brazos interiores que confluían en las Juntas de Fontana, que debe ese nombre a su descubridor (cuatro años después del fallo del Presidente Hayes).
En los mapas, estos datos no podían figurar, pues, eran entonces absolutamente desconocidos. Tales mapas no eran sino recopilaciones de datos e informaciones vagas e imprecisas que, muchas veces, no fueron comprobadas ni siquiera en las asequibles regiones vecinas al río Paraguay, en las proximidades mismas de Asunción.
Sobre esta defectuosa cartografía, cuyo signo típico lo constituyen la imaginación y el capricho de sus autores, fue donde se discutieron los convenios originales para solución de un problema tan importante como la dilucidación de los límites internacionales entre el Paraguay y la Argentina.
Este débil fundamento cartográfico, más el juego de intereses que importaba la voluntad de ambos países, en defender uno y en incrementar otro, sus respectivos patrimonios territoriales, tendrían la virtud de provocar graves diferencias respecto al problema que significaba la identificación en el terreno del llamado “brazo principal del Río Pilcomayo”. Al Oeste de los esteros de Patiño (Pilcomayo superior) la inexistencia comprobada de un solo cauce simplificaba la cuestión.
Las divergencias que necesariamente surgirían respecto a tal identificación, dieron lugar a las tratativas consiguientes entre ambos Gobiernos. Felizmente, y no obstante las diferencias existentes, se logró llegar a un acuerdo por el cual se abría a la cuestión pendiente los caminos para una solución de carácter eminentemente geográfico.
El 11 de septiembre de 1905, en la ciudad de Buenos Aires, el Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, Dr. Carlos Rodríguez Larreta, y el Plenipotenciario paraguayo Dr. José Z. Caminos suscribieron un acuerdo ... “con el objeto de definir cuál sea el brazo o canal principal del Río Pilcomayo, que según el tratado del 3 de febrero de 1876 celebrado entre ambas Repúblicas, y el laudo Arbitral de Mr. Rutherford B. Hayes, Presidente de los Estados Unidos de América, pronunciado el 1º de Noviembre de 1878, es la línea divisoria de los dos países en la parte de los territorios del Chaco”.
Con el fin de dar cumplimiento a dicho propósito, el Tratado acordaba la creación de una Comisión Mixta Internacional compuesta de dos peritos por cada país. Por Paraguay, fueron designados los ingenieros Elías Ayala y Augusto Cálcena; y por Argentina, el Ing. Domingo Krause y el Cmdte. de Marina Tomás Zulueta.
En base al informe de dicha Comisión —que hizo el relevamiento completo de los brazos del río Pilcomayo, del Estero Patiño, arroyos, lagunas y pantanos de la región, así como una parte del río Confuso—, ambos gobiernos se comprometían a examinar el asunto. Un protocolo posterior de fecha 1º de febrero de 1907, modificó la constitución de la Comisión Mixta Internacional, estableciendo solamente un perito por cada país. Dicho Protocolo fue suscrito en Buenos Aires por el Plenipotenciario paraguayo, Dr. Caminos, y por el Dr. Estanislao Zevallos de la Argentina.
Debe tenerse en cuenta que la Comisión Mixta Internacional no tenía el carácter de una Comisión Mixta de Límites. Su misión era únicamente la de, específicamente, establecer cuál era el “brazo principal del Rio Pilcomayo”, al que se referían los Tratados y el Laudo Hayes.
Era evidente la intención de que, establecido técnicamente el brazo principal, la cuestión estaría automáticamente resuelta.
b) LA COMISION MIXTA PRESENTA SU INFORME PERICIAL EN 1909
La Comisión Mixta Técnica de peritos dio término satisfactorio a su cometido. En el año 1909 elevó un extenso “Informe-Memoria” suscrito por los peritos Elías Ayala y Domingo Krausse, en representación del Paraguay y Argentina respectivamente.
Junto con el Informe fue elevada también la Carta correspondiente de la zona, que para su época constituía el primer documento cartográfico auténtico y fidedigno, levantado de acuerdo con las reglas del arte y con un concepto y severidad de métodos que acuerdan a este documento cartográfico una jerarquía de trabajo serio y responsable. Por sus conclusiones (reconociéndose el brazo Sud como frontera regular), el Informe Ayala-Krausse constituía una base positiva para la solución del pleito. Ratificar, pues, en un acuerdo las conclusiones del informe Ayala-Krausse, pudo haber sido una solución justa e inobjetable del pleito para este caso particular y objetivamente planteado.
No obstante ello, la solución de la cuestión quedó definitivamente aplazada. El Paraguay insistió varias veces en que se lo aceptara o rechazara sin resultado alguno. La definición vino recién en el año 1921 con la exposición de motivos del Canciller Honorio Pueyrredón.
c) INCIDENTES MARTINEZ CAMPOS EN 1912
En las postrimerías del año 1911 estalló una nueva revolución. El sector descontento del liberalismo había constituido un Comité Revolucionario en Buenos Aires con la poderosa ayuda económica del portugués Rodríguez, un maniático que de esa manera quería obtener influencia política para explotar el país. Los revolucionarios adquirieron un barco de ultramar, el “Constitución”, que en una larga navegación por el Atlántico y el Cantábrico fue perseguido como barco sospechoso. Sin embargo, el “Constitución”, enarbolando pabellón extranjero logró llegar hasta el Río de la Plata el 22 de noviembre de 1911. Allí se posesionó de él el comando revolucionario. Mientras tanto, el Gobierno de Asunción, presidido por Don Liberato Rojas, no atinaba a tomar las disposiciones necesarias para dominar la situación. El “Triunfo”, uno de los dos barcos del Gobierno, se pasó al bando revolucionario. La escuadra argentina ayudaba a las tropas revolucionarias en Asunción, como otras veces lo hicieron los brasileños con otros grupos según conviniera a sus intereses. Así fueron embarcados en Humaitá 400 revolucionarios rumbo a la Capital. Ya anteriormente, el Canciller Irala había protestado porque la escuadra argentina albergaba desertores del servicio militar, a fin de facilitarles medios de trasladarse directamente a otro punto del territorio paraguayo ocupado por la revolución.
Por su parte, el ministro argentino en Asunción Martínez Campos, presentaba al Gobierno una reclamación por diversos atropellos de que habían sido su puestamente víctimas ciertos capitalistas argentinos en el Chaco, y terminaba amenazando con una intervención de la escuadra si no se garantizaba los intereses de sus connacionales. A raíz del asilo que el “Lambaré” prestó a las derrotadas tropas revolucionarias, el Canciller Irala protestó enérgicamente contra tan inusitado atropello a las normas internacionales que rigen la vida de los pueblos civilizados. Entonces el Ministro Martínez Campos, considerándose agraviado, solicitó que nuestra Cancillería retire la nota; pero el Canciller paraguayo se mantuvo firme en su actitud, por lo que el Plenipotenciario argentino declaró rota las relaciones y se marchó a su país.
d) TRATADO DE COMERCIO DE 1916
Con el fin de estatuir un régimen de liberalidades aduaneras sobre la base de recíprocas y equivalentes franquicias y exenciones, que contribuya a fomentar cada vez más el tráfico entre el Paraguay y la Argentina, tomando en consideración análogos intereses de su vida económica y comunes conveniencias de su intercambio comercial, se firmó en Asunción el 8 de julio de 1916 un Tratado de Comercio.
Por el Paraguay lo hizo el Ministro de Relaciones Exteriores, Don Manuel Gondra; y por la Argentina, el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, Don Mario Ruíz de los Llanos.
Este Tratado dispone en su artículo 1º que, “todos los artículos de producción, cultivo o industria, fabril o manufacturera, de las Repúblicas Contratantes (salvo las excepciones temporarias a que se refiera la cláusula segunda), que se introduzcan del territorio de la una al de la otra, estarán libres de todo derecho de importación, y, tanto en su tránsito como en su exportación a otro país, serán considerados como si fuesen de producción, cultivo o industria del territorio en que se hallaren, y tendrán, en consecuencia, el tratamiento fiscal que en tal carácter les correspondiere”.
Este tratado no fue aceptado por el Gobierno de la Argentina.
e) SOLUCION DE LA CUESTION DEL PILCOMAYO
Una inesperada variante en la cuestión de límites se produjo en el año 1921. El 12 de abril de ese año, el Canciller argentino Honorio Pueyrredón, cursó una nota al Plenipotenciario del Paraguay en Buenos Aíres, Dr. Pedro Saguier, dando respuesta a gestiones de éste, así como del Ing. Ayala, Canciller paraguayo, ante la Cancillería argentina, respecto al deseo de finiquitar la cuestión del límite entre ambos países por el río Pilcomayo.
A la nota se acompañaba una “Exposición de Motivos”, extenso documento por el cual la Cancillería argentina daba una nueva interpretación respecto a la cuestión de límites, como por ejemplo:
a) La cuestión a dilucidar es jurídica, de aplicación del Tratado; y no geográfica como por error lo entendieron los que firmaron el Convenio del 11 de setiembre de 1905 (Larreta-Caminos) y el Complementario del 1º de febrero de 1907 (Zevallos Caminos).
b) La solución es simple y está en la confrontación de los Mapas de Mouchez y de Brayer en el terreno. Esos mapas forman parte del texto mismo del Tratado”.
La exposición de motivos de Pueyrredón planteaba la cuestión desde un nuevo punto de vista. La nueva teoría significaba retrotraer la cuestión a una nueva postura jurídica apartándola del plano eminentemente geográfico en que había sido situada por los Convenios de 1905 y 1907. Apuntaba, al parecer, a una resurrección de supuestos derechos emanados del Tratado Secreto de la Triple Alianza, que los negociadores argentinos de 1876 habían renunciado sin razón.
Ajustar la realidad de una zona geográfica a una cartografía imaginaria era algo imposible; el concertado esfuerzo anterior de tratadistas y técnicos de ambos países quedaría destruido por esta nueva teoría que se apartaba de las realidades geográficas y olvidaba las conclusiones de la técnica aplicada a su estudio.
La Cancillería paraguaya, por su parte, en fecha 28 de marzo de 1925, cursó a la de la Argentina una “MEMORIA DE LA CANCILLERIA NACIONAL”, redactada por su eminente titular Don Manuel Gondra, a objeto de dar respuesta a la “EXPOSICION DE MOTIVOS DEL DR. PUEYRREDON” y refutar las conclusiones incluidas en la misma. Es de destacar que el Señor Gondra había tenido una excelente actuación en la Quinta Conferencia Internacional Americana de Santiago de Chile de 1923, donde se aprobó la “Convención Gondra” sobre Conciliación.
El Memorial de Gondra, aunque refiriéndose a diversos aspectos de la cuestión, constituía fundamentalmente una reafirmación y una vindicación de la doctrina que solamente una solución geográfica era la propia y adecuada al pleito de límites, y estimaba que era inconveniente estimular una doctrina que, contrariando lo que la naturaleza se había encargado de establecer, pretendiera someter la verdadera situación geográfica de la zona cuestionada a una cartografía que no era representación de su realidad. El Memorial de Gondra no fue contestado por la Cancillería argentina, quedando así otra vez postergado el diferendo.
Tras el cambio de memoriales, ninguna otra cuestión alteró el estado de la cuestión, que siguió latente. Algunas publicaciones cartográficas argentinas, en las que se consignaban datos de frontera en la zona del Río Pilcomayo que el Paraguay consideró en perjuicio de sus intereses, dieron lugar a sistemáticas reclamaciones del Gobierno paraguayo, que no alteraron ni poco ni mucho la situación de hecho existente.
En tal estado de cosas advino la guerra del Chaco entre el Paraguay y Bolivia, guerra que, en una de sus fases, se desarrolló en una amplia zona marginal del río Pilcomayo. Tras la retirada de las fuerzas del Ejército de Bolivia de algunas de las zonas de la parte central del río Pilcomayo, fracciones adelantadas del Ejército argentino ocuparon algunas de las posiciones que estuvieron anteriormente ocupadas por fuerzas militares de Bolivia, instalando, al mismo tiempo, nuevos puestos militares en una zona que el Paraguay consideraba territorio de su soberanía (1).
Tales circunstancias dieron lugar a gestiones diplomáticas que se tradujeron en cambios de notas, reclamaciones y reservas hechas constantes por el Paraguay en favor de intereses que consideraba lesionados. Estas gestiones en nada alteraron el “Status” de hecho vigente en la zona fronteriza.
Algunos ligeros, aunque ingratos, incidentes militares que se produjeron durante el período bélico en la zona litigiosa de frontera, como consecuencia de la proximidad de fuerzas militares en una región de confusa topografía, no podían ser el mejor estímulo para lograr el ambiente de cordialidad propicio a las soluciones de la vieja cuestión. El cese de hostilidades en el mes de junio de 1935, no alteró este ligero estado de tensión. (2)
El estado de cosas existente en la frontera del río Pilcomayo no podía continuar sin un urgente acuerdo, que aunque no fuera una solución definitiva, por lo menos evitara desagradables incidentes. Fue así que, en Las Lomitas, población argentina próxima a la zona del Pilcomayo, se firmó el 19 de diciembre de 1935, el “ACTA-CONVENIO TEZON- RAMOS”.
En dicho documento se acordaba “ad-referéndum” de los respectivos gobiernos “la línea divisoria, ubicación y dotación de los fortines, instrucciones para vigilancia y relaciones de amistad y mutua cooperación para mantener por las tropas de ambos países, en la zona de litigio, en forma de evitar cualquier incidente o rozamiento que pueda perturbar la cordial y amistosa relación entre ambas naciones”.. .
Conforme a lo estipulado en el artículo segundo, la línea de frontera provisoria quedaba constituida por una línea imaginaria que arrancando del “paraje llamado Tapera La China” y por un punto situado a 2.500 metros al Norte del “paraje denominado Tapera Laguna Verde”; desde este último punto, la línea se dirigía a un punto intermedio del sur del Fortín Paraguayo Sorpresa Nuevo y 500 mts. al Norte del Puesto Militar Argentino Posta Brandsen, para de allí dirigirse hacia el Sur-este, pasando por la Posta Infante Rivarola (paraguaya) hasta llegar al Fortín Paraguayo Guarán, situado en la margen Sur del Cauce Seco del Río Pilcomayo; desde este último punto, la línea provisoria de límites seguía por el cauce seco citado hasta el “paraje denominado Salto Teniente Coronel Lafuente”, desde donde la línea se dirigía en línea recta al Fortín Argentino Caracoles, abandonado, para pasar por el “paraje de nominado Campamento” y de allí al Fortín Argentino Patria, situado en la margen sur del Brazo Sur del Río Pilcomayo, aproximándose siete kilómetros aguas abajo del Salto Palmar.
El Convenio lo suscribieron, por el Paraguay, el Tcnel. Alfredo Ramos; y por la Argentina, el Tcnel. Julio Tezón.
Pequeños incidentes militares de frontera, posteriores a la firma del Convenio Ramos-Tezón, dieron lugar a la firma del “Acta Ferreyra-Ramos” suscrita en Las Lomitas el 12 de diciembre de 1937, que en nada modificaba el convenio anterior.
Liquidada la Guerra del Chaco con la firma del Tratado de Paz de 1938, quedaba pendiente la cuestión del Pilcomayo.
El 5 de julio de 1939, estando de visita en Buenos Aires el Presidente electo del Paraguay General José Félix Estigarribia, y después de rápidas y aceleradas gestiones, se firmó el Tratado Complementario de Límites. Lo suscribieron, en representación del Paraguay, el Dr. Higinio Arbo, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Buenos Aires; y por la Argentina, Don José María Cantilo, Ministro de Relaciones Exteriores y Culto.
Aprobado el acuerdo por los Parlamentos respectivos de ambos países, el correspondiente cambio de ratificaciones se efectuó igualmente en Buenos Aires el 10 de noviembre del mismo año.
Con la firma de dicho acuerdo se comenzó a dar práctica y definitiva solución a los problemas de frontera en el Pilcomayo; conforme a sus estipulaciones quedaron establecidos los límites definitivos en dos sectores del Río, dejando la definición de los límites en un tercero a decisión posterior de los Gobiernos, previo al estudio correspondiente de la zona encomendando a una Comisión Mixta de Técnicos, compuesta de paraguayos y argentinos.
Los límites que quedaron definitivamente establecidos fueron los siguientes:
a) En el sector comprendido entre la desembocadura del Río Pilcomayo y el lugar llamado Salto Palmar, el curso de aguas del Río Pilcomayo y el lugar llamado Salto Palmar, el curso de aguas del Río Pilcomayo, siguiendo el “Brazo Sur” de la bifurcación de las Juntas de Fontana a que se refiere el Informe de los peritos Ayala-Krausse, del 23 de marzo de 1909.
b) En el sector comprendido entre el punto llamado Horqueta y el punto Tripartito Esmeralda, el curso de aguas del Río Pilcomayo.
Sobre los entretelones de la firma de este tratado, el Dr. Marco A. Laconich nos hace el siguiente relato:
“Tierras que no tienen ningún valor”, etc. Seguramente por eso el gobierno argentino se apresuraba a ocuparlas militarmente, sin detenerse a considerar las circunstancias tan poco honorables en que esa ocupación se efectuaba. Seguramente por eso, porque se trataba de tierras inútiles, el pueblo paraguayo derramaba por ellas su sangre y sus tesoros!
La única solución que el Paraguay podía aceptar, como una justa satisfacción de sus intereses, consistía en la inmediata evacuación de las tropas argentinas y la restitución, sin demoras, de las aguas del río Pilcomayo a su interior cauce. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurría, esta solución de estricta justicia parecía alejarse más y más, convirtiéndose el conflicto limítrofe en un permanente escándalo internacional.
Estando de paso por Buenos Aires el Presidente “electo” del Paraguay, General Estigarribia, abordó, e a fondo la solución de la controversia, que en ese momento había alcanzado alto grado de nerviosidad, debido a las exageradas pretensiones argentinas.
El futuro mandatario demoró dos días su partida de la Capital argentina, para que un acuerdo pudiese ser concluido, el cual firmaron el día 5 de julio de 1939 el Canciller Cantilo y el Ministro Higinio Arbo. La rapidez con que fue liquidada la cuestión causó sorpresa, no obstante la intensa actividad desplegaba para lograrlo.
Algunos días después la impresión de sorpresa subió de tono con la divulgación de un incidente surgido, a último momento, entre la Cancillería paraguaya y el Ministro Arbo, del cual resultaba que el citado diplomático había firmado ese y otros ajustes sin esperar las últimas observaciones de su gobierno. Ocupándose de la incidencia, un diario oficialista de Asunción indicó que la situación personal del Dr. Arbo “pudo y puede resolverse en cualquier momento con una actitud de firmeza del Gobierno o con un acto espontáneo del signatario (de los ajustes)”.
Sin mucha metáfora esto quería decir: destitución o renuncia. El Dr. Arbo optó por este último temperamento, siéndole aceptada la dimisión el 27 de julio. Este inesperado desenlace hizo creer que el ajuste complementario de límites quedaba malogrado, pero esos temores se desvirtuaron casi de inmediato.
Sin duda alguna, el Canciller Elías Ayala deseaba salvar, con toda razón, su responsabilidad en un asunto tan ligado a sus actuaciones anteriores; pero, a todas luces, el ruidoso incidente en nada remediaba los comprometidos intereses del país. Como hacía notar “La Prensa” bonaerense, en comentarios acerca de la validez de los actos cumplidos por el desautorizado plenipotenciario, “dentro de poco tiempo entrará en funciones un nuevo mandatario de la Nación hermana y como los pactos de Buenos Aires fueron firmados en su presencia, es posible pensar en que las observaciones llegadas con retardo no sean compartidas por las autoridades bajo cuyo mandato deberá procederse a los trámites para su ratificación”.
“El Diario”, antes tan categórico respecto del Dr. Arbo, adelantaba ya el 4 de agosto que los reparos del P. E. correrían como “nubes de verano, no durando más allá del 15 de agosto, fecha en que se producirá el cambio de Gobierno, si el Congreso no las disipa antes”. Como se descontaba, el Tratado complementario de Límites fue aprobado en ambas cámaras a tambor batiente y a todo escape. Con más retardo lo hicieron las cámaras argentinas, con abundante lluvia de frases relativas al derecho, la confraternidad americana, etc. El 10 del corriente mes de Noviembre fueron canjeados en el Palacio de la Cancillería argentina los respectivos instrumentos de ratificación”.
f) EL TRATADO COMPLEMENTARIO DE LIMITES DEFINITIVOS EN EL RIO PILCOMAYO DEL 1º DE JUNIO DE 1945
En base a los resultados de las investigaciones efectuadas y a las conclusiones y propuestas elevadas a ambos Gobiernos por la Comisión Mixta de Límites Paraguayo-Argentina, éstos no tardaron en convenir un acuerdo definitivo respecto a los límites, en el sector Horqueta-Salto Palmar.
Así fue que en Buenos Aíres, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina, Dr. César Ameghino, y el Embajador paraguayo en Buenos Aires, Dr. Francisco L. Pecci, suscribieron el Tratado Complementario de Límites Definitivos entre ambos países en el Río Pilcomayo.
Por el art. 1º del mencionado tratado se establece la línea de frontera definitiva en el sector Horqueta-Salto Palmar, completándose en esta forma la correspondiente a toda la extensión del Río Pilcomayo, desde su desembocadura en el Río Paraguay hasta el “Punto Tripartito Esmeralda”, punto de conjunción de los límites del Paraguay, Argentina y Bolivia, en la zona del Chaco.
Por el art. 3° se acuerda la construcción de obras de carácter hidráulico, a objeto de: a) dar estabilidad a la línea de frontera acordada para el sector Horqueta-Salto Palmar; b) utilización de las aguas y distribución proporcional de las mismas.
Atendido a las características generales del curso del Río Pilcomayo y a las obras hidráulicas acordadas para el Sector Horqueta-Salto Palmar, por el art. 5°, se acuerda establecer un régimen de administración de las aguas de todo el curso del Pilcomayo, así como de las obras a construirse. Tal estipulación, es con el propósito de que todo el curso del río, en muchas partes de suma inestabilidad, sea vigilado y pueda tomarse en cada caso, y tan pronto sean necesarios, las medidas correspondientes para que no se produzcan desvíos ni alteraciones del curso actual del Río Pilcomayo. Para el cumplimiento de dicho propósito, el Tratado acuerda la creación de una Comisión Mixta Internacional de carácter permanente.
El cambio de ratificaciones correspondientes se efectuó ni Asunción el 16 de agosto de 1945 en solemne ceremonia realizada en el Palacio de Gobierno, con la asistencia de los Presidentes de la República y Ministros de Relaciones Exteriores de ambos países.
De modo que con el Tratado Complementario de Límites del 1° de junio de 1945, la cuestión de límites en el río Pilcomayo quedó definitivamente re suelta.
Tan auspicioso hecho fue logrado acudiéndose, como base de serena y ecuánime solución, a los resultados de las investigaciones geográficas realizadas en la zona cuestionada que finalmente prevalecieron, cuyas características fueron fielmente registradas e interpretadas a través de los medios y conocimientos técnicos y científicos modernos del hombre.
A la Geografía, por tanto, muy especialmente, corresponde en este caso los laureles del éxito en la solución de una tan larga como accidentada cuestión
g) EXTINCION DE LA DEUDA DE GUERRA
El 12 de agosto de 1942, por el voto unánime del Congreso Nacional argentino, se declara extinguida la deuda de guerra contraída por el Paraguay de acuerdo al Tratado de Paz del 3 de febrero de 1876. Al día siguiente, el Presidente Castillo promulga la sanción de las dos cámaras del Congreso argentino.
h) DEVOLUCION DE TROFEOS DE GUERRA
El 16 de agosto de 1954, el Presidente de la República Argentina, General Juan Domingo Perón, en un gesto ejemplar hizo entrega al Presidente de la República del Paraguay, General Alfredo Stroessner, de los trofeos que obtuviera su país durante la guerra contra la Triple Alianza. Así, luego de casi un siglo, retornaban a su tierra esos testigos mudos de la Epopeya Nacional y desde entonces los dos grandes cañones, “El Criollo” y “El Cristiano”, velan el sueño de los héroes en la plaza que lleva el nombre del fundador de Asunción y montan guardia silenciosa a los pies del monumento al Mariscal Francisco Solano López.
i) EL DESVIO DEL RIO PILCOMAYO
Solucionado después de 69 años de arduas negociaciones diplomáticas el problema del brazo principal del río Pilcomayo, hacia fines de 1978 se suscitó nuevamente entre la Argentina y el Paraguay una delicada situación sobre un tramo de dicho río al violar el primero el artículo tercero del Tratado Ameghino-Pecci. Situación que, felizmente, fue superada hacia fines de 1982.
Como se sabe, es éste un río internacional de curso sucesivo que constituye el límite natural entre el Paraguay, la Argentina y Bolivia. El origen de sus aguas, en su mayor parte, proviene de los deshielos de los Andes bolivianos, y en épocas de crecida, su cauce resulta totalmente insuficiente para evacuar las aguas que proceden de la alta cuenca del Pilcomayo, mientras que en estiaje su cauce se atrofia a consecuencia de la decantación de arrastre sólido (sedimentación).
Pues bien, en conocimiento de hechos concretos, el Gobierno paraguayo, en fecha 30 de mayo de 1979, cursó una nota a la Embajada Argentina en Asunción solicitando se le informe sobre la construcción de un canal artificial construido por autoridades provinciales argentinas, a la altura del sitio denominado Puerto Irigoyen en el vecino país, y Fortín Linares en el nuestro, a través del cual las aguas del Pilcomayo se desviaron de su cauce normal, yendo el mayor caudal hacia el territorio argentino (3)
Asimismo, la Cancillería Nacional emitió un comunicado, en fecha 10 de noviembre de 1980, en el que contesta las afirmaciones de la Cancillería argentina sobre la situación creada en el río Pilcomayo. En dicho documento se da a conocer pormenorizadamente el proceso que condujo a dicha situación y sus implicaciones en relación a los acuerdos internacionales sobre la materia, expresando literalmente lo siguiente:
“Con referencia al último comunicado de la Cancillería argentina relativo a artículos periodísticos aparecidos en nuestra capital con relación al desvío del río Pilcomayo, el Ministerio de Relaciones Exteriores se ve obligado, a su vez, a hacer las siguientes precisiones para mejor informar a la opinión pública:
1. En 1974 se suscribió un Acuerdo entre el Paraguay, la Argentina, Bolivia y los organismos internacionales OEA, BID y PNUD para llevar adelante un estudio denominado “Aprovechamiento Múltiple de la Cuenca del Río Pilcomayo”, dividido en dos etapas básicas: a) análisis y estudios generales del área (272.000 km2); y b) programas específicos de desarrollo de carácter regional. Dentro del campo de los estudios aludidos figuran, entre otros, la utilización racional de los recursos naturales, investigación de recursos hídricos, control de sedimentos, proyecto de riego y drenaje, calidad de aguas subterráneas, control de erosión, ecología y posibilidades de fomento de industrias procesadoras de productos agropecuarios. En octubre de 1977, la Dirección Internacional del Proyecto (a cargo de la OEA) sometió a consideración del Comité Ejecutivo y de la Comisión Coordinadora, un informe de la primera etapa (de febrero de 1975 a setiembre de 1977), conteniendo en cuatro volúmenes los trabajos realizados: I) Informe General; II) Recursos Hídricos; III) Recursos de la Tierra; y IV) Perfiles de Proyectos y Socio Economía. En este informe las delegaciones de los tres países presentaron sus proyectos de interés nacional. Entre los de la Argentina, figura el denominado “Riacho El Porteño”.
2. El mencionado informe de la OEA se dio por recibido, por parte de las Delegaciones, a fin de ser considerado a nivel técnico. En aquella ocasión (octubre de 1977), la Delegación Paraguaya requirió de la Delegación Argentina una definición respecto a los diversos proyectos de su país que podrían implicar una utilización consuntiva del río, así como una amplia información técnica sobre “El Porteño”, proyecto éste planteado sobre la base de usar exclusivamente aguas de “desborde natural” (inundación), pero que por su magnitud hacía suponer la utilización permanente de aguas del río Pilcomayo. El Coordinador por la Argentina, en tal sentido, dejó consignada en Acta:
“ . . . declara que su aceptación del informe de la primera etapa no implica el consentimiento a la ejecución por parte de los otros países de los proyectos en él identificados. La materialización de dichos proyectos deberá ajustarse a los instrumentos internacionales bilaterales y multilaterales vigentes en materia de aprovechamiento de recursos hídricos compartidos”,
3. En reuniones posteriores, la Delegación Nacional mantuvo el criterio de estudiar, al nivel técnico correspondiente, los diversos proyectos contenidos en el informe de la OEA en el que figuraba, entre otros, el proyecto argentino sobre “El Porteño”. La propia Conferencia de Cancilleres de 1977 (Res. 79/XI) dispuso al respecto, tan solo “tomar nota de la terminación de la primera etapa del Estudio para el Aprovechamiento Múltiple de la Cuenca del Río Pilcomayo, con la importante colaboración de la OEA, el BID y el PNUD”.
El acuerdo de 1974
4. Debe recordarse, además, que el Acuerdo de 1974, no faculta a las Comisiones Nacionales de los países miembros a prestar consentimiento en nombre de sus respectivos Gobiernos para ningún acto que implique aprobación de informes, parciales o finales, de los organismos internacionales y, mucho menos, para los proyectos y construcción de obras por parte de los otros países integrantes del Acuerdo. Las Comisiones Nacionales tienen atribuciones eminentemente técnicas y científicas, tendientes a elevar a los gobiernos de sus países, informes y sugerencias relativos a problemas diversos dentro del área de estudio.
5. En la XI Reunión del Comité Ejecutivo (marzo, 1979), la Delegación Argentina informó que “la Provincia de Formosa ha completado los planes para la ejecución del proyecto.... habiéndose llamado a licitación pública para la ejecución de las obras, actualmente en proceso de adjudicación”. En dicha ocasión, la Delegación Paraguaya, teniendo en cuenta la falta de información técnica al respecto, dejó constancia en Acta: “... cualquier problema que se derive de la utilización de aguas del Río Pilcomayo, será considerado dentro del marco de los Convenios vigentes entre los Gobiernos”.
6. Como consecuencia de todo lo expuesto, el Ministerio de Relaciones Exteriores, en fecha 30 de mayo de 1979, por nota dirigida a la Embajada Argentina expresó “su firme oposición a cualquier emprendimiento que, de alguna u otra forma, produzca una desviación del cauce principal del Río Pilcomayo y que pueda significar un perjuicio sensible a sus intereses”.
Asimismo, solicitó “todas las informaciones y los datos necesarios para obtener un conocimiento exacto del proyecto de referencia y sus implicancias, en la seguridad de que una adecuada definición del problema contribuirá a afianzar las cordiales relaciones existentes entre nuestros dos países”.
Una posición consecuente
7. En la XII Reunión de Coordinadores (Salta, julio 1979), la Delegación Nacional, sin contar aún con la información solicitada, de las autoridades argentinas, fue terminante al dejar expresado en Acta: "En relación a las obras del riacho El Porteño, el Gobierno del Paraguay ha presentado a la Cancillería Argentina, a través de su embajada, una nota de lecha 30 de mayo de 1979, pendiente todavía de respuesta y que, con consecuencia, con lo expresado, en la nota de referencia, la Delegación Paraguaya manifiesta su oposición a la realización de dichas obras en tanto que no sean atendidas las razones expuestas en la nota mencionada. Igual criterio sostiene la Delegación Paraguaya con respecto a cualquier otro emprendimiento en que se comprometa o puedan llegar a ser comprometidos recursos e intereses que por convenios vigentes entre las Partes, deben ser materia de acuerdos previos”.
8. La Delegación Paraguaya ha sido, en todos los casos, consecuente en sostener el principio de que todo emprendimiento de esta naturaleza debe ajustarse a la Resolución No. 25 de Cancilleres de la Cuenca del Plata, denominada “Declaración de Asunción sobre Aprovechamiento de Ríos Internacionales”, cuyo Art. 1º) establece: “En los ríos internacionales contiguos, siendo la soberanía compartida, cualquier aprovechamiento de sus aguas deberá ser procedido de un acuerdo bilateral entre los ribereños”.
9. El Ministerio de Relaciones Exteriores, a raíz de las tomas de aguas en la margen derecha del Río Pilcomayo, desviando así su curso normal, dejó constancia de su “protesta por la comprobación de la flagrante captación de aguas que se está realizando con canalización artificial que incide tangencialmente sobre el cauce del Río Pilcomayo (Nota al Gobierno argentino del 11 de julio de 1979); urgió la reunión de la Comisión Mixta Paraguayo-Argentina de Administración y Vigilancia del Río Pilcomayo "a objeto de dejar en claro una situación que compromete la correcta conducción de este delicado asunto” (Nota
idem del 18 de octubre de 1979), y reiteró, en nota del 9 de enero de 1980, su reclamo por la “existencia y naturaleza del canal artificial de captación “pidiéndose realizaran de inmediato “las obras requeridas para la solución de la cuestión planteada” (es decir, “cierre de la boca de captación para restituir las cosas a su estado anterior”).
10. El Ministerio de Relaciones Exteriores comparte la afirmación de la Cancillería argentina cuando dice en su comunicado que “La situación descripta fue debidamente considerada por los gobiernos de la Argentina y del Paraguay, coincidiéndose en adoptar las medidas necesarias para proceder al cierre de los escurrimientos observados, a fin de restituir íntegramente dichas aguas, a la mayor brevedad, a su cauce natural”.
En cumplimiento de ese deseo común, el Comando de Ingeniería de las FF. AA. de la Nación está trabajando activamente en las obras de cierre del canal artificial, en el tiempo que aún queda antes de que comience la época de las lluvias y de las crecientes.
Asunción, 10-XI-1980.
j) SOLUCION DEL PROBLEMA
El 11 de noviembre de 1981, el Canciller Nacional, Alberto Nogués, al pronunciar su discurso en la reunión de cancilleres de los países de la Cuenca del Plata, celebrada en Santa Cruz, Bolivia, expresó “que no podía dejar de reiterar la justificada preocupación y consiguiente protesta que suscitó en el Gobierno y en la opinión pública de mi país, un hecho insólito, de todos conocidos, sobre aperturas de canales artificiales en la margen derecha del río Pilcomayo”. Por su parte, el Canciller de Argentina, Oscar Camilión, afirmó que su país está pronto a resolver el problema creado por los trabajos que se realizan para evitar desbordes del río Pilcomayo, que hoy provocan aquí una protesta de Paraguay.
Efectivamente, el 22 de octubre de 1982, el Gobernador de la Provincia de Formosa anunció que el trabajo de taponamiento del desvío del río Pilcomayo, en el sector fronterizo paraguayo-argentino practicado cinco años atrás, está prácticamente concluido. El propio Ministro de Obras y Servicios Públicos de la vecina nación, Ing. Conrado Bauer, expresó desde Itaipú que, efectivamente, el cierre del desvío había finalizado y que se estaba en las tareas de consolidación. “El desvío del Pilcomayo —recalcó— fue el fruto de lo que yo considero un manejo errado, un problema que no fue dirigido a nivel de la Cancillería argentina...”. Poco después, el Canciller Nacional y otros altos funcionarios paraguayos que sobrevolaron la zona del desvío, comprobaron la veracidad de esta afirmación.
k) LOS PRINCIPALES ACUERDOS CON LA ARGENTINA.
La relaciones con la Argentina, empero, no siempre transitaron por la senda tortuosa de la desinteligencia como el que acabamos de mencionar, capaz de entorpecer otros capítulos como las comunicaciones, las finanzas y la economía, inclusive el proyecto Yacyretá, cuya ejecución parecía supeditada al feliz término del problema del Pilcomayo. Existen también hechos de positiva relevancia que en modo alguno podrían haber relegado a olvido la cooperación paraguayo-argentina en temas tan esenciales como el Tratado de Navegación de 1967 y el Tratado de Yacyretá de 1973. Los cuales, obviamente, estaban llamados a influir tarde o temprano en el ánimo de sus gobernantes. Además, estaban pendientes obras que debían efectuarse en nuestro país con apoyo argentino, como el puente internacional sobre el río Paraná, entre Encamación y Posadas, y la pavimentación de la Ruta IV. Los que habrán de realizarse mediante la afirmación de los principios de respeto mutuo y dignidad que caracterizan las relaciones entre Estados amigos y vecinos.
El Tratado de Navegación se relaciona con la libre navegación de los ríos, una de las cuestiones de mayor trascendencia de la política internacional del Paraguay desde la época en que la Junta Superior Gubernativa, en el Bando del 6 de enero de 1812, declaró: “Por estos canales (los ríos del Paraguay) la industria logrará toda libertad, descargada de gravámenes onerosos”.
El proceso para la concreción de este objetivo se inició con el “Acta de Buenos Aires”, de febrero de 1964, y el “Acta de Asunción”, de abril del mismo año. Finalmente, el 23 de enero de 1967, los Cancilleres de Paraguay y Argentina, Raúl Sapena Pastor y Nicanor Costa Méndez respectivamente, firmaron en Buenos Aires el Tratado de Navegación, que asegura a los barcos de pabellón paraguayo y a los barcos de pabellón argentino, respectivamente, cuando se encuentran en aguas jurisdiccionales argentinas y aguas jurisdiccionales paraguayas, el tratamiento de buque o de nave nacional.
El artículo primero establece que “la navegación de los ríos Paraguay, Paraná y de la Plata dentro de la jurisdicción de ambas Altas Partes Contratantes, es libre para los buques paraguayos y argentinos en jurisdicción de ambas Altas Partes Contratantes, es libre para los buques paraguayos y argentinos en igualdad de condiciones”.
En el artículo tercero se expresa que “quedan excluidos del régimen del presente Tratado: a) el cabotaje en el territorio de las Partes Contratantes;
b) los buques de guerra, los cuales se regirán como hasta el presente, por las normas del Derecho Internacional. Queda reservado a las Altas Partes Contratantes, la pesca y el aprovechamiento de los recursos naturales en sus respectivas jurisdicciones, así como la asistencia y salvamento dentro de un régimen de seguridad y economía”.
En la misma fecha, se intercambiaron entre los Cancilleres notas reversales sobre el régimen de habilitación vigente para prácticos y/o baqueanos, reglamentado por el Digesto Marítimo y Fluvial Paraguayo, de modo que la República Argentina, con el propósito de asegurar la igualdad de tratamiento citado en el artículo primero del Tratado, adoptará, en cuanto ello fuera necesario, las medidas para adecuar el Digesto Marítimo y Fluvial a los fines que en dicho instrumento se establecen.
Cabe señalarse, finalmente, que dicho Tratado fue ratificado por Ley No. 1.202, del 30 de enero de 1967, y el canje de los instrumentos de ratificación se efectuó en el Ministerio de Relaciones Exteriores del Paraguay el 14 de marzo de 1967. Así fue como el Paraguay ha logrado vencer un siglo de dificultades, intereses políticos, económicos, históricos y laborales que hasta ese momento se habían opuesto a la conclusión de tan importante Tratado.
Otro importante jalón en la historia de las relaciones paraguayo-argentinas fue la firma del Tratado de Yacyretá, en 1973, a ocho meses de firmarse con el Brasil el Tratado de Itaipú. El que, como ya se sabe, había motivado una tenaz oposición argentina y llevado, inclusive, a protestar violentamente contra el Brasil, acusándole de no cumplir sus compromisos internacionales en torno a la obra de su represa de la isla Solteira, sobre el río Paraná. Animadores entusiastas de este Tratado fueron los presidentes Alfredo Stroessner del Paraguay y Juan Domingo Perón de la Argentina.
El Tratado de Yacyretá señala la culminación de negociaciones llevadas a cabo entre las Cancillerías del Paraguay y la Argentina, a partir del Convenio suscrito en Buenos Aires el 23 de enero de 1958, por el cual se creó la Comisión Mixta Técnica Paraguayo- Argentina del aprovechamiento de la energía hidráulica del río Paraná a la altura de las islas de Yacyretá y Apipé. En el curso de los años siguientes, mediante acuerdos concluidos entre las Cancillerías del Paraguay y de la Argentina fue prorrogándose el mandato de la mencionada Comisión, a más de precisarse la competencia de la misma y, en diversas oportunidades en que se reunieron los jefes de Estado de ambos países, se señaló la importancia de aquel emprendimiento binacional.
Como resultado de tales negociaciones, se llegó a la redacción del texto del Tratado que consta de 25 artículos y 3 “Anexos”, instrumentos que, juntamente con cinco notas reversales, los suscribieron en Asunción el 3 de diciembre de 1973 los Cancilleres del Paraguay y la Argentina, Raúl Sapena Pastor y Alberto J. Vignes, respectivamente. Su ratificación se produjo por Ley No. 433, de diciembre de 1973.
El artículo primero prescribe que “las Altas Partes Contratantes realizarán, en común y de acuerdo con lo previsto en el presente Tratado, el aprovechamiento hidroeléctrico, el mejoramiento de las condiciones de navegabilidad del río Paraná a la altura de la Isla de Yacyretá, y eventualmente, la atenuación de los defectos depredadores de las inundaciones producidas por crecidas extraordinarias”.
En el artículo segundo, “las Altas Partes Contratantes constituyen, en igualdad de derechos y obligaciones, una entidad binacional denominada Yacyretá con capacidad jurídica, financiera y administrativa, y también responsabilidad técnica para estudiar, proyectar, dirigir y ejecutar las obras que tiene por objeto, ponerlas en funcionamiento y explotarlas como una unidad desde el punto de vista técnico y económico”. En el parágrafo segundo, se especifica que “Yacyretá será constituida por ANDE y A. y E. con igual participación en el capital, y se regirá por las normas establecidas en el presente Tratado, sus Anexos, los demás instrumentos diplomáticos vigentes y los que se acordaren en el futuro”.
RELACIONES CON EL BRASIL
a) TRATADO COMPLEMENTARIO IBARRA MANGABEIRA DE 1927
Como se recordará, nuestros límites con el Brasil fueron fijados en el Tratado Loizaga-Cotegipe de 1872, completándose para la parte de frontera constituida por el río Paraguay en el trecho comprendido entre la desembocadura del río Apa y el desaguadero de la Bahía Negra en el tratado suscrito en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1927 entre el Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario del Paraguay en el Brasil, Don Rogelio Ibarra, y el Ministro de Relaciones Exteriores del Brasil, Don Octavio Mangabeira.
En el art. 1º se determina que, “de la confluencia del río Apa, en el río Paraguay hasta la entrada o desaguadero de la Bahía Negra, la frontera entre los Estados Unidos del Brasil y la República del Paraguay es formado por el álveo del río Paraguay, perteneciendo la margen izquierda al Brasil y la margen derecha al Paraguay.
El art. 2º determina que, “además de la isla del Fecho dos Morros, que es brasilera, conforme quedó estipulada en la parte final del art. 1º del Tratado del 9 de Enero de 1872, pertenecen, respectivamente, a los Estados Unidos del Brasil o al Paraguay las otras islas que queden situadas del lado oriental o del lado occidental de la línea de frontera, determinada por el medio del canal principal del río, de mayor calado, más fácil y franca navegación, reconocido en el momento de la demarcación y según los estudios efectuados. Una vez hecha la distribución general de las islas, ellas sólo podrán cambiar de jurisdicción por accesión a la parte opuesta. Las islas que se formaren con posterioridad a la fecha de la distribución general de las mismas serán denunciadas por cualquiera de las partes contratantes y se hará su adjudicación de conformidad con el criterio establecido en el presente artículo”.
“Una Comisión mixta brasilero-paraguaya, —dice el art. 3º— nombrada por los dos gobiernos en el más breve plazo posible después del canje de ratificaciones del presente Tratado, levantará la planta del rio Paraguay, con sus islas y canales, desde la confluencia del Apa hasta la entrada de la Bahía Negra. Esta Comisión efectuará los sondajes necesarios y las operaciones topográficas y geodésicas indispensables para la determinación de la frontera y colocará marcos en las islas principales y puntos que juzgue más conveniente”
b) PROTOCOLO SAPENA PASTOR-AZEREDO DA SILVEIRA DE 1975
Del 3 al 6 de diciembre de 1975 visitó oficialmente la capital paraguaya el Presidente de la República Federativa del Brasil, General Ernesto Geisel, acompañado de una importante comitiva en la que figuraba el Ministro de Relaciones Exteriores, Dr. Antonio F. Azeredo Da Silveira. En la ocasión se realizaron importantes actos de confraternidad entre los que figuraban la firma de protocolos y la devolución del Libro de Oro, trofeo de la guerra de 1864-70, al Presidente de la República General Alfredo Stroessner.
Al día siguiente del arribo del Presidente Geisel, los Cancilleres Raúl Sapena Pastor y Antonio Azeredo Da Silveira firmaron en presencia de ambos jefes de estado el Protocolo Adicional al Tratado de Límites del 21 de mayo de 1927. Como se sabe, hasta ese momento, no habían alcanzado decisión final los intentos realizados por los demarcadores paraguayos y brasileños para dar cumplimiento a las disposiciones del Tratado de Límites Complementario al del 9 de enero de 1872, firmado en Río de Janeiro el 21 de mayo de 1927, en cuanto a la adjudicación de las islas del río Paraguay, en el trecho comprendido entre la boca del río Apa y el desaguadero de la Bahía Negra.
Sin embargo, como resultado de los trabajos hidrográficos y topográficos efectuados por las marinas de guerra y organismos técnicos de ambos países, los dos gobiernos coincidieron en que el canal del río Paraguay que corre por la margen izquierda, al este de la isla conocida como Isla Margarita por el Paraguay, o Ilha de Porto Murtinho o Banco das Tres Barras por el Brasil, es el principal; y que, por otra parte, no existe canal principal de navegación entre la Isla del Sombrero o Ilha do Chapéu y la margen izquierda del mismo río. Así fue que ambos gobiernos acordaron celebrar el Protocolo Adicional al referido Tratado de Límites del 21 de mayo de 1927, en cuyo artículo primero se consigna lo siguiente:
“La República Federativa del Brasil reconoce el dominio territorial y la soberanía de la República del Paraguay sobre la isla denominada Isla Margarita por el Paraguay y conocida, hasta ahora, como Ilha de Porto Murtinho o Banco das Tres Barras por el Brasil, en las coordenadas geográficas de 21º, 41’ 27.3” y 057º 53’ 23.6” w.”
El artículo segundo dice: “La República del Paraguay reconoce el dominio territorial y la soberanía de la República Federativa del Brasil sobre la isla denominada Ilha do Chapéu por el Brasil y conocida, hasta ahora, como Isla del Sombrero por el Paraguay en las coordenadas geográficas aproximadas de 20º 33’ 38.9”S y 058º 00’00” w”
Por el artículo tercero se dispone que los gobiernos signatarios deciden emprender, en el más breve plazo posible, a través de la “Comisión Mixta de Límites y de Caracterización de la Frontera Paraguay- Brasil”, los trabajos relativos a la adjudicación de las demás islas situadas en el río Paraguay en el trecho comprendido entre la desembocadura del río Apa y el desaguadero de la Bahía Negra.
Por el cuarto y último artículo se establece que el Protocolo entrará a regir en la fecha del canje de los respectivos instrumentos de ratificación que deberá realizarse en la ciudad de Brasilia.
c) ADJUDICACION DE ISLAS AL PARAGUAY
El 11 de octubre de 1977, la Comisión Mixta Paraguayo-Brasileña Demarcadora de Límites aprobó la adjudicación de 29 islas y 5 bancos al Paraguay así como 28 islas y 10 bancos al Brasil, en el trecho del río Paraguay comprendido entre la desembocadura del río Apa y el desaguadero de la Bahía Negra, completándose así el proyecto de trazado de la línea limítrofe entre ambos países en dicho trecho de acuerdo a las estipulaciones del tratado Ibarra- Mangabeira.
Posteriormente, la Comisión Mixta dispuso la construcción de hitos en dichas islas para comienzos del año 1978.
d) EXTINCION DE LA DEUDA DE GUERRA
Por Decreto-Ley del 4 de mayo de 1943, siendo Presidente de la República el doctor Getulio Vargas, el Brasil declaró extinguida la deuda de guerra reconocida por el Paraguay en el artículo tercero del Tratado de Paz de 1872.
HACIA LA GUERRA CON BOLIVIA
a) NOTA PROTESTA DE 1906 CONTRA LA FUNDACION DE LOS FORTINES GUACHALLA Y BALLIVIAN
Desengañada Bolivia de sus anteriores tentativas diplomáticas para obtener una salida sobre el río Paraguay, inició una nueva política como medio efectivo de incorporar el Chaco a sus dominios consistente en una penetración pacífica. Así fue cómo, sobre el río Pilcomayo, se fundaron los fortines Ballivián y Guachada (a comienzos del siglo XX) comprendidos entre los meridianos 62 y 63 de Greenwich. El Paraguay no tardó en protestar por intermedio del Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en La Paz, Dr. Pedro Peña, y casi simultáneamente intensificó la ocupación civil a que se prestó la industria del quebracho.
Para evitar incidentes, el gobierno argentino medió para que se firmase en 1907 el tratado Soler-Pinilla.
b) CONVENIO SOLER - PINILLA DE 1907
“Aprovechando el paso por Buenos Aires —dice Elías Ayala— del Canciller boliviano, doctor Pinilla, el Canciller doctor Zevallos invitó al Canciller paraguayo para cambiar ideas en Buenos Aires. El Señor Soler (ministro de hacienda y canciller interino), manifestó que estando aún pendiente las negociaciones Cano-Domínguez (4) no encontraba prudente cruzarlas con otras.
Ante la nueva insistencia del Canciller argentino, se convino que se trataría la cuestión en Buenos Aires, confidencial y oficiosamente; entonces partieron para la capital argentina el Canciller interino y el doctor Domínguez.
Dice el doctor Mercado: “Después de varias proposiciones cambiadas entre ellos, se aceptó la formulada por el Canciller doctor Estanislao S. Zeballos, y sobre esa base se firmó el 12 de enero de 1907, el Protocolo preliminar más leonino que registra la Historia Internacional de Bolivia”.
“Es voz corriente en la Asunción —dice Elías Ayala— que después de la firma del Protocolo, el Canciller Soler, espíritu ágil, hombre jovial que trataba familiarmente a todo el mundo, le habría dicho al doctor Pinilla que no fuera a arrepentirse del paso que acababa de dar, y que éste contestó que ya estaba arrepentido”.
El Protocolo establece el arbitraje, y designa como árbitro al Presidente de la República Argentina; los plenipotenciarios en la Asunción doctores Cano y Domínguez suscribirían un pacto de arbitraje limitado que sería sometido necesariamente a la aprobación de los congresos respectivos en sus primeras sesiones ordinarias. (5)
Las cláusulas capitales estaban contenidas en los artículos segundo y séptimo, redactados así:
“Artículo Segundo. — La zona sometida a dicho arbitraje queda comprendida entre los paralelos 20º 30’ y la línea que en sus alegaciones sostenga al Norte el Paraguay; en el interior del territorio, entre los meridianos 61º 20’ y 62º O. de Greenwich”.
“Artículo Séptimo. — Mientras se tramita el cumplimiento de este convenio, las Altas Partes Contratantes se comprometen a no innovar ni avanzar las posesiones que en esta fecha existan. En ningún caso podrá cesar el statu-quo antes de un año, contado desde la fecha fijada por el artículo tercero (fecha de ratificación). El statu-quo será fielmente observado bajo la garantía del Gobierno Argentino”.
Los bolivianos vieron en este protocolo la quiebra de su política internacional y fue reciamente atacado; a pesar de todo fue aprobado por su gobierno. También lo aprobó el del Paraguay.
Inmediatamente los plenipotenciarios Cano y Domínguez buscaron concertar el Tratado de Arbitraje limitado previsto en el protocolo. El clausulado redactado, según Bolivia, por aquel gran talento que fue el doctor Zeballos, aquel eximio expositor que murió allá en el Norte predicando los credos del Sur, fue encontrado tan obscuro en su artículo Segundo (Dr. Mercado) que el doctor Cano propuso una interpretación o traducción de las zonas sobre las que debía pronunciarse el árbitro.
Vano intento. Desde el preámbulo hasta el artículo final discrepaban los proyectos y contraproyectos presentados”.
El doctor Cano falleció y el tratado de arbitraje no se concertó. Por otra parte, el protocolo estaba destinado a perecer, pues fue considerado en Bolivia como atentatorio a su soberanía que cede el Chaco . . . En cuanto al Paraguay, que anteriormente había cedido en aras de ideales que no fueron comprendidos o cuya realización la experiencia demostró ser imposible, volvió a ceder, una vez; más, para evitar la guerra. El ajuste Soler-Pinilla pone en litigio una parte del Chaco, si bien el Paraguay ya no renuncia en él a ninguna parte de su litoral.
La concesión del Paraguay tenía su contrapartida: el statu-quo. Aceptaba las exigencias bolivianas, pero en la creencia de que su sacrificio hallaría una compensación en el cumplimiento de la solemne promesa empeñada por Bolivia de no continuar sus avances. Sin embargo, mientras los diplomáticos bolivianos reiteraban su vigencia, el Estado Mayor seguía llevando a la práctica sus planes de “bolivianización” del Chaco, conforme a la práctica de los más conocidos hombres públicos de Bolivia.
El statu-quo de 1907 fue continuado y prorroga do en diversas oportunidades, según justifican los protocolos del 5 de abril de 1913, del 19 de julio de 1915 y del 21 de noviembre de 1916, el acta del 15 de junio de 1917, y del 28 de junio de 1918,
c) EL STATU-QUO PACTADO ES CONFIRMADO EN LOS PROTOCOLOS AYALA-MUJIA DE 1913, MORENO-MUJIA DE 1915, 1916, 1917 Y 1918 E IBARRA-MUJIA FERNANDEZ DE 1921
“El statu-quo entró en vigor el 12 de enero de 1907 y se halla subsistente, y que en virtud de los artículos 3º y 6º se hizo de él un convenio independiente de las contingencias del arbitraje” (Ayala: More y Dalence, 168).
Mientras Bolivia deseaba obtener la cancelación del protocolo Soler-Pinilla, el Paraguay sostenía que era de rigor declarar por un pacto conjunto, sea que el ajuste del 12 de Enero queda vigente y entrar en negociaciones para introducir las modificaciones impuestas por las circunstancias (alegadas por Bolivia), sea para declararlo inválido e insubsistente.
Nada más quedaba por hacer, bastaba que una de las partes manifestara su voluntad de cancelar el ajuste para que todo quedase concluido.
En fin, el 5 de abril de 1913 quedó convenida la cancelación del protocolo Soler-Pinilla, firmándose en Asunción el Protocolo (Eusebio) Ayala— (Ricardo) Mujía, cuyas cláusulas esenciales son:
Buscar un arreglo de límites directamente, y de no ser ello posible someter la cuestión a un arbitraje de derecho;
Art. 4º Mientras se lleva a efecto el arreglo directo o se pronuncie el fallo arbitral, seguirá en vigor el statu-quo que estipulaba en el acuerdo del 12 de Enero de 1907, declarando ambas partes haber modificado sus respectivas posiciones desde aquella fecha;
Art. 5º En virtud de las cláusulas procedentes que modifican las estipulaciones del Acuerdo del 12 de Enero de 1907, las Altas Partes Contratantes con vienen en declarar la caducidad de aquel acuerdo.
Tales los términos que traducen el gran éxito diplomático de don Ricardo Mujía, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de Bolivia, al haber conseguido la cancelación del Protocolo Soler-Pinilla.
Este Protocolo fue aprobado por ambos gobiernos el 28 de agosto de 1913.
Bajo la presidencia del Canciller Gondra se iniciaron en Asunción el 26 de marzo de 1915 las gestiones estipuladas en el Art. 1º del Protocolo Ayala- Mujía, entre el Plenipotenciario paraguayo Fulgencio R. Moreno y el Plenipotenciario boliviano R. Mujía.
Como de costumbre, las manifestaciones de buena voluntad fueron frondosas. Para establecer previamente de un modo sólido la base de las negociaciones convinieron los diplomáticos cruzarse Memorándums que contribuyeran a su orientación definitiva, evitando entorpecimientos en el curso de las conferencias. Los Memorándums cambiados en la segunda conferencia motivaron las respectivas observaciones, éstas los segundos Memorándums y sus respectivas réplicas hasta que el Dr. Mujía —el 8 de noviembre— le entregó al negociador paraguayo un ejemplar completo de la obra titulada “BOLIVIA-PARAGUAY” (tres tomos de “Exposición”, cinco de “Anexos” y una “Cartera de Mapas”), y el documento titulado: “Observaciones al segundo Memorándum paraguayo”
La entrega de estos trabajos tenía que modificar necesariamente el curso previsto para las negociaciones por el representante de la Cancillería paraguaya. La consideración de una obra fundamental y tan amplia y su contestación no podían ser tarea de días ni de meses.
Fatalmente los plazos tuvieron que ser prorrogados; y los términos vencían uno tras otros sin que los negociadores hubiesen arribado a nada concreto.
El doctor Mujía fue a Bolivia para integrar el Gabinete del Presidente Gutiérrez Guerra, y para que pudieran proseguirse las negociaciones el señor Moreno recibió sus credenciales para representamos en carácter de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en La Paz.
Las negociaciones fueron reanudadas en la capital boliviana el 7 de julio de 1918, y ambos plenipotenciarios resolvieron:
“1º. Prorrogar el último plazo establecido para esta negociación, hasta el día de la definición de algunas de las proposiciones de arreglo directo, entendiéndose que, en todo el tiempo transcurrido hasta esa fecha, seguirán en vigencia las estipulaciones del Protocolo de 21 de noviembre de 1916, mantenido igualmente en vigor por el acta de 1917”.
El protocolo que se menciona estipulaba la vigencia del Protocolo Ayala-Mujía, es decir, la subsistencia del statu-quo Soler-Pinilla.
El negociador paraguayo presentó como base de arreglo, de acuerdo a las miras económicas de Bolivia, la neutralización de una zona ribereña del río Paraguay, proposición que fue desestimada por Bolivia por considerarla inconveniente a los intereses de la República.
Poco tiempo después el doctor Mujía se retiró del Gabinete y partió para el exterior en desempeño de otras funciones, quedando suspendidas las negociaciones. Por su parte, el Ministro Moreno, afectado por el clima de La Paz, se trasladó a Santiago de Chile ante cuyo gobierno también estaba acreditado
b) PROTOCOLO DIAZ LEON-GUTIERREZ Y NOTA DEL PLENIPOTENCIARIO BAILON MERCADO
La invasión militar boliviana, sigilosamente en caminada hacia el interior del Chaco, al margen de las gestiones diplomáticas, fue difundida mediante publicaciones oficiales (6). Su conocimiento alarmó justamente a la opinión pública paraguaya. Esta alarma se trocó en indignación cuando, el 25 de febrero de 1927, el teniente Adolfo Rojas Silva fue muerto en las inmediaciones del fortín Sorpresa, por tropas regulares de Bolivia (7).
Como la tensión había alcanzado su punto culminante, el gobierno argentino logró se concertara el Protocolo Díaz León-Gutiérrez, en que el Paraguay y Bolivia aceptaron los buenos oficios de aquel Gobierno, para buscar la solución de las cuestiones pendientes.
El precedente protocolo dio lugar a un cambio de notas entre la Cancillería paraguaya y el Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Asunción, Dr. Bailón Mercado. El Canciller paraguayo, Dr. Enrique Bordenave, dirigióle el 25 de mayo de 1927 una nota con el objeto de desvanecer prevenciones, que si bien inconsistentes, han llegado a traducirse en cierta parte de la prensa paraguaya y boliviana y de hacer constar expresamente que el Protocolo Díaz León-Gutiérrez no afecta en forma alguna los acuerdos anteriores a este (sobre el statu-quo). Bailón Mercado contestó el 30 de mayo que: en cumplimiento de instrucciones de su gobierno y en su deber; cábele el honor de declarar que el protocolo de referencia no afecta los acuerdos anteriores.
Con este protocolo se evitó una vez más la guerra que nos hubiera tomado en peligrosa condición de inferioridad.
d) CONVERSACIONES IBARRA-MUJIA FERNANDEZ DE 1921
El 16 de abril de 1921, el Encargado de Negocios de Bolivia en Asunción, don Benjamín Mujía Fernández, presentó una nota de protesta a nuestro gobierno por el envío de expediciones militares hacia la frontera de Bolivia, con violación del statu-quo.
El Paraguay, por su parte presentóle otra contra-protesta. Empero, posteriormente se llegó a un acuerdo para que ambas notas sean retiradas a fin de no perjudicar el espíritu cordial con que se venía desarrollando la negociación pendiente.
El acta firmada por el Ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay, don Rogelio Ibarra, juntamente con el Encargado de Negocios de Bolivia, don Benjamín Mujía, por las que se declararon inexistentes las notas mencionadas, dice en uno de sus párrafo. “En mérito a las antecedentes manifestaciones divinaron, en nombre de sus respectivos gobiernos, que estos habían observado siempre, con toda lealtad, el modus vivendi establecido desde el 12-1-1907, a lo que agregó el Señor Ministro de Relaciones Exteriores que los piquetes paraguayos sobre el Estero Patiño, a que se refiere la nota de la Legación de Bolivia, del 16-IV, habían sido destacados para policiar posiciones de tiempo atrás ocupados por el Paraguay, más de 50 leguas acá de la zona delimitada como litigiosa sustraída a actos jurisdiccionales de los litigantes . etc.”.
A propósito de este Acta, se pregunta el coronel Bejarano: ¿Cómo Bolivia tuvo noticias de estas patrullas paraguayas? ¿Por qué nosotros pedíamos disculpas por ejercer nuestra soberanía en una zona que nos fue adjudicada por el Laudo Hayes en 1878?
d) CONFERENCIAS DE BUENOS AIRESDE 1927-28
Con motivo de la firma del Protocolo Díaz León-Gutiérrez se reunieron en Buenos Aires los delegados paraguayos y bolivianos, realizándose las conferencias en dos períodos. Representaron al Paraguay los doctores Eusebio Ayala, José P. Guggiari, Manuel Domínguez, Francisco C. Cháves y Fulgencio R. Moreno bajo la presidencia del primero. La delegación boliviana estaba presidida por José María Escalier.
“La Delegación boliviana no ocultó su aversión a considerar el statu-quo, que era en realidad el propósito primordial de la Conferencia. La insistencia del Paraguay en solucionar este aspecto capital de las relaciones entre los dos países, ha sido ampliamente justificada por los hechos. Si entonces se hubiese llegado a un acuerdo sobre el mantenimiento electivo del statu-quo de 1907, se hubiese aceptado cualquiera de los medios propuestos por el Paraguay o por la Cancillería argentina para solucionar la tirante situación provocada en el Chaco por la violación del “modus vivendi” por parte de Bolivia, la guerra no hubiera sobrevenido. El Paraguay comprendía que un acuerdo sobre el fondo del problema no iba a ser posible en el curso de esas negociaciones, a causa de la obstinación con que Bolivia se aferraba a sus extremas pretensiones. La propuesta de arbitraje, presentada por la delegación boliviana, mostraba que, al compás de su avance militar, las ambiciones de ese país se habían acrecentado. La posición de los dos países era enteramente inconciliable, por el alejamiento cada vez más definitivo de Bolivia, de las verdaderas bases del problema.
La delegación boliviana que, en un principio había negado la existencia del statu-quo, fue luego admitiéndola de a poco, hasta llegar a defender una interpretación del compromiso de no avanzar que nunca había estado ni en el pensamiento de los negociadores, ni en la voluntad de los gobiernos.
La divergencia sobre un punto de tan capital importancia, no podría ser resuelta, ni se resolvió, en vista de la tenaz resistencia boliviana, por medios directos. La Delegación paraguaya propuso entonces someter la interpretación del Protocolo Soler-Pinilla a la decisión arbitral de la Suprema Corte de Justicia de la República Argentina. Las partes debían rectificar sus proposiciones conforme a esa decisión, una vez que ésta fuera pronunciada, pasando luego a considerar las bases de un nuevo modus vivendi, “de acuerdo con las circunstancias actuales, a fin de crear mi sistema de seguridad recíproca”.
Esta propuesta fue rechazada por Bolivia, como también fue rechazada la sugestión paraguaya de firmal un tratado sobre todas las gestiones en conjunto, tomando en consideración tanto la situación de hecho como el fondo mismo del diferendo, y que comprendiera para el efecto las siguientes partes
1º— Pacto de no agresión;
2º—Pacto de modus vivendi;
3º—Pacto para dar carácter permanente a la Conferencia;
4°—Constitución de comisiones de expertos para dictaminar sobre los títulos de dominios alegados por las partes con miras a establecer las bases de un arreglo directo o la definición de la materia específica.
Las conferencias de Buenos Aires se clausuraron sin notarse el menor indicio de que Bolivia quisiera su proyecto de tratado, que significaba la cesión previa a su favor, sin discusión, de las tres cuartas partes del Chaco Boreal.
Bien pronto los hechos vinieron a justificar los recelos del Paraguay. Los incidentes de diciembre de 1928, fueron una consecuencia directa del estado de cosas creado en el Chaco por la audacia siempre creciente de la penetración boliviana.
f) INCIDENTE DE VANGUARDIA EN 1928
El 15 de agosto de 1928 asumió la Presidencia de la República el Dr. José P. Guggiari.
En septiembre cayeron en poder de los paraguayos, cerca del Fortín Galpón, al norte de Bahía Negra, el coronel Gutiérrez, el teniente Manduco y otros oficiales y tropas bolivianas, quienes alegaban que andaban de “caza” y que se habían “extraviado", motivando ello un cambio de notas entre ambos países. El hecho se agravó considerablemente cuando el 5 de diciembre, el teniente Ortigoza, por orden del comandante de la guarnición de Bahía Negra, mayor Rafael Franco, desalojó a los bolivianos del Fortín Vanguardia, sin conocimiento del Gobierno, incendiando lo que debía quedar y tomando prisioneros a los sobrevivientes. El 8 de diciembre el Canciller Nacional, Dr. Gerónimo Zubizarreta, comunicó el hecho al Ministro Plenipotenciario de Bolivia en Asunción responsabilizando a quienes habían penetrado sistemáticamente en el territorio poseído por el Paraguay. Mientras, en La Paz, el gobierno boliviano entregaba sus pasaportes al Encargado de Negocios del Paraguay, coronel Elías Ayala, concediéndole solamente dos horas para abandonar el país. Igual actitud asumió el gobierno paraguayo con el representante diplomático boliviano en Asunción. Las relaciones quedaron rotas desde ese momento.
En Washington estaba por inaugurarse la Conferencia Panamericana sobre Conciliación y Arbitraje. Se esperaba con interés que las repúblicas americanas agotarían sus esfuerzos por evitar el conflicto que ya se asomaba a las puertas entre el Paraguay y Bolivia.
g) CONSTITUYESE EN WASHINGTON UNA COMISION DE CONCILIACION Y ARBITRAJE
Apenas quedó abierta la conferencia, se formuló votos por el arreglo pacífico del incidente paraguayo boliviano. En ella representó al Paraguay el doctor Eligió Ayala; por Bolivia lo hizo el doctor Diez de Medina.
Nuestro Representante demostró ante la conferencia que Bolivia realizó “actos de provocación y de agresión penetrando con sus fuerzas armadas en territorio poseído por el Paraguay, no solo en el caso del Fortín Vanguardia, en que dichas fuerzas fueron las primeras en hacer fuego sobre las tropas paraguayas, sino anteriormente a él, en que se hizo en dicho territorio diversas incursiones fundando nuevos fortines”.
Bolivia, por su parte, anunció que mientras el Paraguay no le diera satisfacciones, no escucharía su gestiones conciliadoras; el 28 de diciembre el Presidente Siles anunció en La Paz la ocupación de Boquerón y, además, que se tomarían los fortines Rojas Silva y Mariscal López. El Presidente Guggiari respondió decretando la movilización general. Ese mismo día, la Conferencia de Washington ofreció sus buenos oficios, que el Paraguay se apresuró a aceptar. En cambio Bolivia, antes de dar respuesta, consultó con los países limítrofes acerca de la actitud que debía asumir. La respuesta del Canciller chileno, Conrado Ríos Gallardo, expresando que “Chile mira con vivo resentimiento la actitud de Bolivia hacia la guerra”, le indujo dos días después, a aceptar los buenos oficios de la Conferencia.
Una vez aceptado sus buenos oficios, la susodicha conferencia logró que el 3 de enero de 1929 los representantes del Paraguay y Bolivia, doctores Juan Vicente Ramírez y Eduardo Diez de Medina respectivamente, firmasen un protocolo por el cual se creaba una Comisión de Investigación y Conciliación integrada por los delegados de las partes en litigio y de Uruguay, Cuba, Colombia, México y los Estados Unidos de América, para determinar —dentro de los seis meses— “cuál de las partes introdujo innovación en el estado de relaciones pacíficas entre ambos países”; mientras tanto se comprometían ambos países a suspender toda hostilidad, reiterando sus propósitos de que la cuestión se solucionara por medios pacíficos.
Ratificado el Protocolo, el Paraguay designó delegados a los doctores Enrique Bordenave y Francisco C. Chaves.
La Conferencia, que se reunió desde el 13 de marzo hasta el 13 de septiembre de 1929 bajo la presidencia del General estadounidense Frank Mc. Koy, solo pudo examinar la situación de hecho circunscripta a los incidentes, sin serle factible analizar la responsabilidad que cabía por la violación del statu-quo, pues por el protocolo ya mencionado del 3 de enero, el procedimiento no debía comprender ni afectar los acuerdos vigentes, condición impuesta por Bolivia para aceptar la investigación.
La Comisión terminó sus tareas después de firmar un protocolo en que se consignaron los siguientes acuerdos entre Paraguay y Bolivia:
1º—Mutuo olvido de las ofensas y perjuicios causados por cada una de las partes a la otra.,
2º—Restablecimiento en el Chaco, del estado de cosas, tal como se hallaba antes del 5 de diciembre de 1928 (ataque de Vanguardia); y
3°—Restablecimiento de las gestiones diplomáticas.
Esto detuvo una vez más la guerra, que ya se había desatado prácticamente, pero el pleito de fondo no había sido tocado.
No obstante ello, esta Comisión prestó un servicio notable a la causa de la paz y de manera especial al Paraguay que no terminaba de armarse.
h) CONFERENCIA DE WASHINGTON DE 1931 PARA EL ESTUDIO DE UN PACTO DE NO AGRESION
La Comisión creada por el Protocolo del 3 de enero de 1929 (Ramírez-Diez de Medina), emitió su fallo el 12 de septiembre de ese mismo año: “Bolivia agredida, Paraguay agresor”. En consecuencia, el Paraguay se vio obligado a restaurar Vanguardia y Bolivia a devolver Boquerón, operaciones controladas por algunos oficiales uruguayos.
El 31 de agosto de 1929 la Comisión presentó un proyecto de Convención de Arbitraje, en cuyo artículo 5º se dice: “En todo caso, y cualquiera sea la decisión arbitral, se adjudicará a Bolivia el puerto de Bahía Negra... y la extensión territorial que el tribunal considere apropiada para el libre aprovechamiento y la protección de dicho puerto”.
La Delegación paraguaya la rechazó, por no tener Bolivia un título de origen jurídico en favor de su dominio sobre el Norte del Chaco ni estar en posesión quieta, notoria y prolongada de él, y por la amplia facultad que se acuerda al Tribunal de decidir sobre la extensión territorial que considere apropiada. Presenta sus puntos de vista: Que sea resuelta en dos arbitrajes de derecho, estipulados en un mismo trata do; 1º) Determinar la zona litigiosa; 2º) Decidir el mejor derecho a ella, mediante la presentación de memorias, pruebas y alegatos de las partes La sentencia deberá ser fundada.
El 2 de julio de 1931, nuevamente quedaron m tas las relaciones paraguayo-bolivianas como consecuencia de la negativa del Canciller Zubizarreta de desautorizar, a pedido del Ministro de Bolivia en Asunción, las palabras del representante paraguayo en Washington, Pablo Max Insfrán, que en forma irónica había comentado las declaraciones emitidas por la Legación de Bolivia en dicha capital, con motivo de la llegada de los cañoneros “Paraguay” y “Humaitá”, construidos en Italia.
La nueva ruptura coincidió con un recrudecimiento de fricciones en el Chaco.
Los cinco países neutrales de la Comisión de Washington, ratificaron la oferta de buenos oficios. A esto contestó Bolivia expresando que se encontraba dispuesta a estudiar inmediatamente un pacto de no agresión, que el Paraguay lo aceptó también.
Como se recordará, Bolivia no había aceptado anteriormente la discusión de un pacto de esta naturaleza, propuesta por la delegación paraguaya en las conferencias de Buenos Aires, y había rehuido las negociaciones que la Comisión de Neutrales de Washington de 1929, antes de disolverse, había sugerido a los dos países, y cuya iniciativa habían recogido los Gobiernos representados en ella.
El Paraguay acudió a Washington para estudiar el pacto, con la esperanza de que, mediante la intervención de las naciones neutrales, se pudieran acordar las bases de convivencia. Pero la sugestión boliviana no encerraba ningún propósito sincero de paz. Mientras se desarrollaban las conferencias, Bolivia hizo un gran esfuerzo para terminar largos y costosos caminos estratégicos en el Chaco, y para mejorar los que servirían de enlace a sus centros de concentración con los fortines del Chaco. Adquirió grandes partidas de material bélico, que fueron introducidas por Arica en el curso del mes de mayo de ese año. Organizó en el mismo mes de mayo, una concentración de tropas y elementos bélicos en Villa Montes, con alarma de América y de la misma conferencia de Washington. Y como si no fueran suficientes estos preparativos, no negados ni disimulados, fundó en el Chaco, desde que se iniciaron las deliberaciones, numerosos fortines, entre ellos Murguía, Platanillos, Bolívar, Rabelo, General Perez, Camargo, Vargas, etcétera.
La verdadera intención boliviana se descubría no sólo en la prosecución de sus preparativos militares y de sus avances, sino también en la letra y el espíritu del proyecto de Pacto de No Agresión que presentó su delegación.
El 11 de noviembre de 1931 se inauguró la conferencia convocada para complacer la sorpresiva vocación boliviana hacia el estudio, bajo la presidencia del Sub-Secretario de Estado Americano, Mr. Francis White. Delegados del Paraguay fueron los doctores Juan José Soler y César A. Vasconsellos.
La delegación boliviana presentó un proyecto por el cual ambos países se comprometerían a no llevar ataque alguno sobre las posiciones de la otra parte, salvo legítima defensa, por el término de un año (8). Este plan fue rechazado por la delegación paraguaya, que presentó un contraproyecto, en el cual se hacía basar la seguridad del Chaco en el abandono por una y otra parte, de las fundaciones hechas en contravención al “statu-quo” de 1907.
Mientras tanto, en toda América circulaban rumores de un inminente ataque boliviano al Paraguay. El 13 de abril, la Comisión de Neutrales manifestó la gran preocupación que tenía por los preparativos militares que se observaban en el Chaco. El 6 de mayo, Mr. White sometió un proyecto de pacto por el cual las partes se comprometían a no agredirse y a no avanzar sus posiciones extremas, y a éste efecto se haría una enumeración específica de esas posiciones, sin que el compromiso afectase los derechos de ambas partes.
i) ACCION BOLIVIANA DEL 15 DE JUNIO DE 1932, OUE DA COMIENZO A LA GUERRA DEL CHACO
Las tropas bolivianas tenían órdenes de ocupar los lugares provistos de agua, cualesquiera fuese su situación. El Jefe del Estado Mayor boliviano comunicó al Presidente Daniel Salamanca que el primer encuentro de patrullas sería la guerra. No obstante esta advertencia, el Presidente boliviano, estando todavía en estudio el proyecto de Mr. White, ordenó la ocupación del fortín paraguayo a orillas de la laguna “Pitiantuta”, dada su importante y estratégica posición. La operación aparentemente no fue difícil, pues el fortín estaba solamente guarnecido por un cabo y cinco soldados quienes sucumbieron en la refriega. Al mayor Oscar Mocoso le cupo cumplir dicha orden, apoderándose del fortín Carlos A. López (9).
La guerra había comenzado para consternación de América. Y ya nada la detendría hasta el día del armisticio. Ahora tenían la palabra las armas, la diplomacia pasó a segundo plano.
El 15 de julio, las tropas paraguayas, al mando del capitán Abdón Palacios, reconquistaron el fortín Carlos A. López llamado Laguna Chuquisaca por Bolivia. La recuperación suscitó enorme entusiasmo en el Paraguay, pues destruyó de golpe la arraigada creencia de la invencibilidad de la maquinaria bélica boliviana.
j) LA CONFERENCIA DE MENDOZA
Ante el inminente fracaso de la Conferencia de Washington, el gobierno argentino creyó llegado el momento de iniciar una nueva gestión pacificadora. Enterado el Canciller argentino, Saavedra Lamas, que el Canciller de Chile, Cruchaga Tocornal, también había elaborado un plan de arreglo y que había manifestado deseos de armonizar ambas negociaciones, concertó una entrevista de los Cancilleres en la ciudad de Mendoza, el 1º de febrero de 1933.
Las conversaciones de Mendoza dieron como resultado una fórmula que, después de consultados el Brasil y el Perú, debía presentarse oficialmente a los gobiernos de los países en lucha. El plan comprendía los siguientes puntos:
1.— Someter a arbitraje todas y cada una de las cuestiones que se suscitaron para la solución de las disputas del Chaco;
2.— El Tribunal Arbitral se constituiría un mes después de la fecha de la proposición formal; y
3.— Las partes declararían en este acto terminadas las hostilidades.
Al mismo tiempo, Saavedra Lamas y Cruchaga Tocornal acordaron promover la reunión de una conferencia económica para considerar: en relación a Bolivia y Paraguay, el establecimiento de un régimen favorable para el intercambio comercial.
k) DECLARACION CONTINENTAL DEL 3 DE AGOSTO
En vista de la peligrosa actitud del Gobierno de Bolivia, que se mostraba totalmente sordo a todos los reclamos de paz, las naciones de América escogieron un expediente que creyeron bastaría con su mera virtualidad moral, para detener los propósitos conquistadores de Bolivia.
El 3 de agosto, los representantes de 19 naciones de América, reunidos en Washington, firmaron una declaración que consigna los principios de respeto al derecho y adhesión a los procedimientos pacíficos que siempre han constituido la norma de la política continental. Esta declaración dice así:
“El respeto al derecho es una tradición entre las naciones americanas, las cuales se oponen a la fuerza y renuncian a ella, tanto para la solución de sus controversias cuanto para utilizarla como un instrumento de política nacional en sus relaciones recíprocas. Ellas han sido por mucho tiempo los líderes de la doctrina de que el arreglo de todas las disputas y conflictos de cualquier naturaleza u origen que se puedan suscitar entre ellas sólo será procurado por medios pacíficos. La historia de las naciones americanas demuestra que todas sus controversias territoriales y de límites han sido arregladas por tales medios. Por esto las naciones de América declaran que la disputa del Chaco debe someterse a una solución pacífica y piden encarecidamente a Paraguay y Bolivia que sometan inmediatamente la de esta controversia a un arreglo por arbitraje u otro medio amistoso que fuere aceptable para ambos. En cuanto a las responsabilidades que puedan derivarse de los diversos encuentros ocurridos desde el 15 de junio hasta la fecha, consideran que los países en conflicto deberían presentar a la Comisión de Neutrales, toda la documentación que conceptúan pertinente, la cual sería examinada por ella. No dudan de que el país que de esta investigación resulte agresor habrá de querer dar satisfacción al agredido, eliminándose así toda desavenencia entre ellos. Invitan además a los gobiernos de Paraguay y Bolivia a hacer una declaración solemne en el sentido de paralizar movimientos de tropas en el territorio disputado, lo cual serenaría el ambiente y haría fácil el camino a la solución de concordia que América espera en nombre de los intereses permanentes de todos los países de este Hemisferio. Las naciones de América declaran también que no reconocerán arreglo territorial alguno de esta controversia que no sea obtenido por medios pacíficos, ni validez de adquisiciones territoriales que sean obtenidos mediante ocupación o conquista por la fuerza de las armas”.
El Paraguay aceptó el 5 de agosto la histórica declaración. La que consta de varias partes y no se reduce a su último enunciado. Los principios proclamados eran:
1º— Sujeción de la controversia a un arreglo por arbitraje u otro medio amistoso.
2º— Investigación para determinar las responsabilidades.
3º— Seguridad mediante la paralización del movimiento de tropas.
4º— No reconocimiento de arreglo territorial alguno que no fuese obtenido por medios pacíficos, ni de validez de adquisiciones territoriales mediante ocupación o conquista por la fuerza de las armas.
Considerando que el Paraguay no buscaba arreglo alguno de la controversia por medio de las armas, era evidente que la condenación por la ocupación militar iba dirigida exclusivamente a Bolivia. Como también contra Bolivia iban la repulsa y el desconocimiento de la conquista por la fuerza de las armas de un territorio que el Paraguay poseía desde su descubrimiento y con justo título. Por algo el Presidente Salamanca ha conceptuado, la última nota de los Neutrales, como una intimación. “La nueva doctrina pacifista de las Naciones Americanas —dijo— en su mensaje del 6 de agosto al Congreso boliviano, hace su entrada en el mundo, con paso de violencia, a expensas de un país débil”.
Bolivia no comprendió la nobleza del proceder americano. No solamente rechazó la declaración, sino que negó al Continente toda injerencia en el conflicto, desconociendo los elevados propósitos que la habían inspirado. El Presidente Salamanca seguía diciendo en su mensaje del 6 de agosto: “Tácitamente se entiende que la cuestión boliviano-paraguaya compromete la paz de América y constriñe, por lo mismo, a las naciones vecinas a tomar injerencia en el pleito. No acierto por mi parte a comprender por qué motivos o conexiones, el pleito del Chaco debe comprometer a otras naciones, si no es porque ellas quieren comprometerse voluntariamente. La cuestión del Chaco no afecta a los derechos ni al porvenir de otras naciones americanas. A mi juicio, el empeño de convertir este pleito en un asunto continental, es otro error que concurre a agravar y complicar la cuestión.
Si el Paraguay no hubiese tenido estos asideros en su obstinación, es probable que el litigio estaría resuelto o en vías de resolver”.
1) DECLARACION DEL ESTADO DE GUERRA CON BOLIVIA
La declaración del 3 de agosto no contuvo a Bolivia, que se lanzó a la guerra desafiando la opinión de América, tan claramente definida en ella.
Su ofensiva inicial se veía facilitada por la utilización del territorio argentino para el aprovisionamiento del ejército, dirigido desde Formosa. Todos los esfuerzos pacifistas se estrellaron ante la airada voluntad bélica del Gobierno de Salamanca.
Los actos posteriores de agresión boliviana obligaron al Paraguay, por elemental principio de conservación, a repeler por la fuerza la invasión. Los primeros éxitos militares no debilitaron su decisión de poner término inmediato a la guerra.
El 16 de setiembre, el Paraguay propuso la suspensión de las hostilidades y el retiro de 60 kms. de cada parte, a partir del meridiano 60, que sería seguido de otro retroceso mayor, de modo que los bolivianos se retirasen al Oeste del meridiano 62º 30’ y el ejército paraguayo sobre el litoral.
El 26 de setiembre, el Paraguay ampliaba su propuesta, sugiriendo el retroceso inmediato y simultáneo de ambos ejércitos hasta la total desmilitarización del Chaco. Bolivia rechazó estas concesiones del Paraguay, y aunque las armas no le eran propicias, siguió adoptando actitudes arrogantes. Después de tres meses de lucha en que Bolivia seguía aprestandose para la guerra incluso con la contratación de un general extranjero, se observó que la falta de una declaración oficial de guerra impedía al gobierno paraguayo reclamar de la Argentina la adopción de las medidas necesarias para que su territorio no fuese utilizado con fines militares por uno de los beligerantes.
Lo mismo sucedía con Chile, que dejaba pasar por Arica los armamentos adquiridos por Bolivia en Europa. El Paraguay decidió entonces corregir tal anomalía, y para ese efecto, el Presidente Eusebio Ayala pidió al Congreso la autorización para proceder a la declaración del estado de guerra, formalizando una situación ya existente. El 1º de mayo de 1933 se firmó el decreto por el cual se declaró la República en estado de guerra con Bolivia.
El 13 de mayo el gobierno argentino declaró su neutralidad y poco después quedó interceptado el abastecimiento por el Pilcomayo. Pero Bolivia, de acuerdo con sus convenios, continuó recibiendo armas por el litoral chileno sin dificultades y la guerra continuó su curso hasta el 12 de junio de 1935, en que terminó con el triunfo de las armas paraguayas.
Bolivia apeló al Consejo de la Sociedad de Naciones y demandó la aplicación del artículo 16. Su demanda fue desahuciada, quedando claramente establecido que el hecho de declarar oficialmente una guerra ya existente, no implicaba ninguna violación del Pacto.
A raíz de la apelación boliviana, entró de lleno a actuar, haciendo uso de la jurisdicción que le era propia por su estatuto, la Sociedad de Naciones.
ll) ACTA DE RIO DE JANEIRO
En la Primavera de 1933, el Presidente de la República Argentina, general Agustín P. Justo, acompañado del Canciller Saavedra Lamas, hizo una visita oficial al Presidente de los Estados Unido del Brasil, Dr. Getulio Vargas. Ambos presidentes, en un gesto que los honra, acordaron realizar un nuevo es fuerzo por restablecer la paz del Chaco.
De las entrevistas de Saavedra Lamas con Afranio Mello Franco, surgió el Acta del 11 de octubre de 1933, conocido en la historia diplomática de América como el “Acta de Río de Janeiro”.
Dicho documento contenía una nueva proposición de arreglo por medio del arbitraje y un armisticio general bajo la garantía moral de los Presidentes de Argentina y Brasil.
Bolivia gestionó que se dejara a salvo “una lonja en el Norte” que compensara la zona Hayes, excluida del arbitraje. El Paraguay manifestó su total disentimiento de la fórmula, según la cual, parte del Chaco quedaba ya en poder de Bolivia previo a todo arbitraje. La fórmula fue abandonada y la guerra continuó su curso hasta el final.
m) COMISION INTERNACIONAL DE ENCUESTA ENVIADA POR LA LIGA DE LAS NACIONES
En vista de la continuación cada vez más encarnizada de la lucha entre paraguayos y bolivianos, el Consejo de la Liga de las Naciones, el 3 de julio de 1933 constituyó la Comisión Especial con representantes de Inglaterra, Francia, España, Estados Unidos, México e Italia, presidida por el delegado español, señor Julio Alvarez del Vayo. No obstante la premura de la Liga por enviar esta Comisión a América, el viaje quedó suspendido para dar paso a las gestiones del A.B.C.P. (Argentina, Brasil, Chile y Perú).
Cuando estos cuatro países declinaron el mandato, el Consejo de la Liga ordenó que la Comisión se constituyera en Montevideo.
El 3 de noviembre de 1933, en pleno desarrollo de la batalla de Zenteno, llegó a Montevideo dicha Comisión. El Ministro boliviano en dicha ciudad, declaró ante la Comisión que sólo a condición de que las funciones de ésta se ejercieran en los límites definidos por Bolivia, aceptaría ésta su participación en ella.
Trasladada la Comisión al Paraguay, allí escuchó la reiteración de los puntos de vista sobre la prioridad del cese de las hostilidades.
Luego de visitar al general José Félix Estigarribia, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas en el Chaco, la Comisión se trasladó a La Paz, donde pudo comprobar que Bolivia continuaba considerando esencial el acuerdo previo sobre las bases del arreglo territorial.
El 20 de febrero de 1934, la Comisión de la Liga propuso un proyecto de tratado por el cual, suspendidas las hostilidades, se evacuaría el Chaco y se atribuiría jurisdicción amplia al Tribunal Permanente de Justicia Internacional para dirimir el pleito de límites, excluidos la zona Hayes y los territorios al norte de la Bahía Negra cedidos en 1903 por el Brasil a Bolivia.
El Paraguay rechazó esta proposición, por entender que ella significaba poner en arbitraje todo el Chaco; Bolivia tampoco aceptó el plan, y la Comisión dio por terminado su cometido regresando a Europa.
n) EL PARAGUAY FRENTE A LA LIGA DE NACIONES
El 31 de mayo de 1934, el Gobierno boliviano pidió al Consejo de la Liga de Naciones que aplicara al conflicto del Chaco el procedimiento previsto en el artículo 15 del Pacto. El mismo gobierno presentó, dentro del plazo estipulado en el párrafo 9 de dicho, artículo, una petición conducente a someter el diferendo a la Asamblea.
Según el artículo 15 del Pacto, “si surgiese entre los Miembros de la Sociedad cualquier desacuerdo capaz de provocar una ruptura, y si este desacuerdo no fuera sometido al arbitraje o arreglo judicial previsto en el artículo 13, los Miembros de la Sociedad convienen en someterlo al examen del Consejo”.
El 11 de junio, el Delegado del Paraguay hizo notar la imposibilidad jurídica de poner en ejecución el procedimiento del artículo 15, antes de que se encontraran realizadas las condiciones preliminares de paz y seguridad indispensables para la aplicación de dicho artículo.
“Los comentadores del Pacto —decía la exposición del Delegado paraguayo— interpretando los términos del artículo 15, deducen generalmente de la lectura de su texto, tres condiciones previas a su aplicación. Es necesario: 1º, que entre los Miembros de la Sociedad de las Naciones surja un diferendo capaz de provocar una ruptura; 2°, que ese diferendo no sea sometido a un procedimiento arbitral o judicial; 3°, que el Secretario General fuese avisado del diferendo por una de las partes. La mera lectura de estas tres condiciones y, especialmente, de la primera, prueba claramente que hay una primordial, que la doctrina omite mencionar frecuentemente porque a sobre entendida y se encuentra implícitamente enunciada: es la ausencia de todo conflicto armado, y con mayor razón de toda guerra jurídicamente declarada, para poner en vigor el procedimiento prescripto por el artículo. El artículo 15 se coloca en la hipótesis de un estado de paz mantenido, o realizado, por la vía de la cesación de las hostilidades existentes”.
Decidida la aplicación del artículo 15, el Gobierno del Paraguay comunicó al Secretario General, para ser sometida a la Asamblea, la exposición de su causa con todos los hechos pertinentes y piezas justificativas, prescripta en el párrafo 2 del mismo artículo, pero especificando “que era bien entendido que esta exposición podría ser presentada sólo teniendo en cuenta las reservas formuladas por el gobierno respecto de la aplicación eventual del artículo 15 del Pacto y que, especialmente, el hecho de haberla presentado no podría significar, en ningún caso, la aceptación de la aplicación integral de las modalidades previstas en dicho artículo, antes de la cesación previa y definitiva de las hostilidades, acompañada de medidas eficaces de seguridad”.
Juntamente con la Exposición, y siempre de acuerdo con el párrafo 2 del invocado artículo, el gobierno del Paraguay entregó en dos carpetas los anexos justificativos, con un total de 132 piezas, así como una cartera de 45 mapas, haciéndose la observación de que esta colección cartográfica estaba complementada por la presentada a la Sociedad de las Naciones en 9 de julio de 1934.
La notable exposición de la causa del Paraguay en el conflicto con Bolivia se encuentra condensado ni lo siguiente:
1. Bolivia ha traído al Paraguay una guerra de conquista. Pretende despojarle, por la fuerza, de un territorio que el Paraguay posee con un derecho tan antiguo como su propia vida.
2. El Paraguay nació con el Chaco, A través de todas las transformaciones de la organización territorial y política del país, el Chaco ha aparecido siempre como uno de sus esenciales y permanentes, elementos constitutivos. La Colonia ejerció los derechos que las leyes de la Corona española le atribuyeron sobre ese territorio, con vigor indeclinado y con pública notoriedad. Su dominio no le fue discutido por ninguna de las entidades coloniales. Tampoco fue objeto de debates cuando el Paraguay se convirtió en República, incluyendo toda la extensión del Chaco dentro de sus límites jurisdiccionales. De la convicción de su derecho participaron las naciones limítrofes, incluso Bolivia, y las más grandes potencias de la época. Cuando una guerra desastrosa para el pueblo paraguayo (la de 1864-70), hizo poner en litigio, por primera vez, lo que hasta entonces había sido indiscutible, una sentencia arbitral (la del Presidente Rutherford Hayes), pronunciada por una de las más altas autoridades del mundo, proclamó y consagró el “legal y justo título” del Paraguay al Chaco.
3. Los derechos coloniales del Paraguay no se basan solamente en documentos. Se fundamentan en una realidad de substancia duradera. Para el pueblo paraguayo el dominio del Chaco ha sido siempre, como sigue siendo ahora, una condición fundamental de su existencia. El Chaco tenía que ser paraguayo para que el Paraguay pudiera subsistir. Y lo fue, por que tal era la voluntad inflexible de una nación que no quiso sucumbir.
4. Las determinaciones de la Corona de España no hicieron sino confirmar los dictados de la realidad histórica y geográfica.
5. Por eso, los títulos del Paraguay, antes que meras abstracciones o resoluciones de gabinete, son el reflejo de una realidad con raíces inconmovibles.
6. La resistencia opuesta a los planes de conquista de Bolivia, no es sino el episodio culminante de la voluntad del pueblo paraguayo de defender su existencia, manifestada, tan firme y enérgicamente, a través de su historia.
o) RETIRO DEL PARAGUAY DE LA LIGA DE NACIONES
El 9 de mayo de 1934, la Comisión Investigadora presentó su informe ante el Consejo de la Liga, malquistando al Paraguay.
Del informe se infería que éste país se había opuesto a la paz, por fiar demasiado la solución del pleito a la suerte de las armas. El Paraguay repudió este informe.
La Liga, en otro esfuerzo porobtener la conciliación formuló, el 24 de noviembre de 1934, un plan que el Paraguay objetó por considerar el procedimiento “dilatorio, complicado y abierto a incidentes”. Para proseguir las negociaciones, la Liga creó un Comité Consultivo con representantes de las 25 naciones.
Recuperado el Chaco después de tantos sacrificios, la opinión pública paraguaya se resistió a que ese territorio se sometiera a un debate arbitral como preconizaba la Liga. Invitado el Gobierno del Paraguay por el Comité Consultivo a revisar sus observaciones sobre el plan del 24 de noviembre, el Paraguay se ratificó en todas ellas.
El Comité, estimando definitiva la negativa del Paraguay, resolvió el 16 de enero de 1935 aplicar el artículo 15 del Pacto de la Liga de Naciones, y declaró que el Paraguay debía abstenerse de recurrir a la guerra contra Bolivia, por haber este país aceptado las recomendaciones. El Comité declaró asimismo que no había razón para la prohibición de suministrar armas a Bolivia.
El 24 de febrero de 1935 expiraba el plazo que la Liga fijó al Paraguay para la aceptación definitiva de las recomendaciones. El Paraguay creyó llegado el momento de adoptar la actitud que correspondía al sentirse víctima de una injusticia al pretender aplicársele una inicua sanción. El 23 de febrero, el Canciller Luís A. Riart, comunicó al Secretario General de la Liga la determinación del Paraguay de retirarse de su seno.
La Sociedad de Naciones había fracasado una vez más, y años después debía disolverse definitivamente ante su manifiesta incapacidad para contener la agresión de los países del eje Berlín-Roma-Tokio.
Para la solución del conflicto del Chaco, los trabajos pacificadores quedaron radicados de nuevo en una instancia puramente americana. Este era otro triunfo del principio “América para los americanos”, pues el 12 de junio de 1935 Paraguay y Bolivia habían acordado firmar la paz del Chaco.
RESUMEN DE LAS CAMPAÑAS
En 1932 fue electo Presidente de la República el doctor Eusebio Ayala quien encomendó la defensa del Chaco al teniente coronel José Félix Estigarribia. El que sería muy pronto héroe de la guerra fue director de la Escuela Militar y había sido enviado a estudiar a Europa cumpliendo en Francia los cursos completos de la Escuela Superior de Guerra. Al regresar en 1927 fue nombrado subjefe de Estado Mayor y de allí enviado al Chaco como comandante de la División de infantería.
El Gobierno paraguayo, como no había un general en servicio activo nombró Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de la Nación al general de Brigada Manuel Rojas A., retirado del servicio activo hacía varios años. Transcurridos algunos meses y ya en desarrollo las operaciones, fue nombrado Comandante en Jefe del Ejército el teniente coronel José Félix Estigarribia, quien mantuvo el mando hasta la cesación de las hostilidades.
Jefe de Estado Mayor General durante los años 1931-32, época de la movilización y concentración de las fuerzas de la República para la guerra del Chaco, fue el teniente coronel Juan B. Ayala, que ya antes del estallido del conflicto bélico tuvo a su cargo un equipo de jóvenes oficiales muy capaces, que realizó, a sus órdenes, una tarea callada y tesonera, ciñéndose a las más modernas técnicas sobre el arte militar y sobre movilización y conducción de tropas, de acuerdo a los conocimientos que había aprendido en Francia donde cumpliera un curso sobre Estado Mayor. Fue él “quien gestó, planeó e impulsó —según el teniente coronel Antonio E. González— la magnífica movilización, organización y concentración del ejército; quien concibió y preparó la ejecución del plan de operaciones inicial, si es que puede darse este nombre a las decisiones que se tomó bajo la presión de los acontecimientos. Fue el organizador y primer comandante en jefe del histórico II Cuerpo de Ejército de invicta pujanza, el vencedor de Toledo y finalmente quien concibió, planeó y ejecutó la gran batalla de Aliguatá que culminó en Campo Vía.
El presidente Ayala, con sus reiteradas visitas al Comando en el Chaco, logró la armonía y unidad de pensamiento entre el Gobierno y el Comandante en Jefe en la dirección de las operaciones. “Fueron dos Comandos que se consultaban constantemente —escribe el general de Brigada (S.R.) Juan B. Ayala— con miras a los altos intereses de la Patria, el civil o diplomático y el militar estratégico. Es el sistema normal de conducción de la guerra, la armonía entre los dos “comandos” y siempre el militar sometido a la autoridad civil, representante directo y responsable de los intereses de la Nación. Así fue conducida la guerra del Chaco por el binomio presidente Eusebio Ayala-general José Félix Estigarribia”.
Nuestro primer objetivo fue Boquerón que, con Toledo y Corrales, habían sido ocupados por Bolivia en represalia por la retoma de Carlos A. López, llamado Pitiantuta por los bolivianos, El destacamento estuvo a cargo del mayor Abdón Palacios. En las proximidades de este punto —en isla Poí (Villa Militar)— se concentraron 8.000 hombres (la División I) al mando del coronel Carlos J. Fernández, el 9 de setiembre iniciaron el ataque al fortín Boquerón, defendido por el Destacamento Marzana con un efectivo de 1.200 hombres. Se luchó durante 20 días, tiempo en el cual se desarrolló una sangrienta acción que produjo graves pérdidas. Finalmente nuestras fuerzas iniciaron un movimiento envolvente y el fortín quedó rodeado el 26 de setiembre. Varios destacamentos bolivianos venidos desde la dirección de Arce-Yujra trataron infructuosamente de romper el cerco para auxiliar a la guarnición sitiada. Todo fue inútil. El 29, falto de agua y víveres, el comandante Marzana decidió rendirse. Fueron capturados 20 oficiales y 500 soldados a más de un importante botín de guerra. Por nuestra parte, perdimos 1.000 hombres y tuvimos 2.000 heridos. Los cadetes de la Escuela Militar recibieron aquí su bautismo de sangre.
La noticia de este gran triunfo tuvo el mágico efecto de enfervorizar al pueblo y elevó su moral a un punto jamás alcanzado desde los trágicos días de la post-guerra del 70. Efecto inverso habrá producido en el campo contrario. La aventura militar contra el Paraguay no sería fácil como se esperaba. La derrota en la guerra del Pacífico no sería compensada por una fácil victoria sobre el indefenso Paraguay
El comandante Egtigarribia fue ascendido al grado inmediato superior en el campo de batalla
mientras proseguía su victoriosa ofensiva, la que no se detendría sino en Kilómetro 7 (Campo Jordán) de Saavedra (Avalos Sánchez), después de ocupar Toledo, Corrales, Yujra, Arce (Gaspar R. de Francia) Alihuatá, Fernández (Herrera), Platanillos y Bolívar.
OFENSIVA BOLIVIANA
Establecida la nueva línea defensiva en Saavedra, donde los bolivianos lograron afianzarse, 1.500 bolivianos al mando del coronel Bilbao Rioja atacaron en Kilómetro 7 de Saavedra al Regimiento Corrales, donde ambas partes combatieron con “ferocidad inaudita a tiros, a machete, a cuchillo, a golpes de pala, a culatazos, a puntapié y a puñetazos”. Pese al ímpetu boliviano, “Corrales” se mantuvo firme hasta que llegó en su auxilio el Regimiento “2 de Mayo”. El ataque fue rechazado. De los 3.000 soldados de ambos bandos quedaron en el campo más de 1.000 muertos.
NUEVA OFENSIVA PARAGUAYA
A comienzos de diciembre pasó Estigarribia a la acción con el propósito de apoderarse de la red de fortines del sector Sur mediante un ataque de la División V desde Nanawa, y las Divisiones I, II y IV desde Kilómetro 7 de Saavedra. Este movimiento fracasó con pérdidas importantes para nuestro ejército.
Los paraguayos pasaron entonces a la defensiva cubriendo la línea Nanawa - Saavedra - Platanillos con un efectivo de 10.000 hombres. Los bolivianos con unos 8.000 soldados habían consolidado su línea defensiva.
NANAWA Y TOLEDO
El general alemán Hans Kundt, viejo instructor del ejército boliviano que fuera contratado para m mandar las fuerzas del Altiplano, acumuló efectivos y material en el frente. Se estrenó con una ofensiva, varios fortines cayeron en manos bolivianas. Platanillos fue recuperada por el II Cuerpo del Ejército enemigo a mediados de diciembre.
El 20 de enero, 5.000 bolivianos iniciaron el asalto de Nanawa, defendido por el III Cuerpo del Ejército al mando del coronel Luis Irrazábal. Se pasaron momentos angustiosos por agotamiento de las municiones pero llegaron oportunamente aviones conduciendo desde Concepción cajones de municiones y la situación se salvó. Nuestra guarnición resistió con valor y los bolivianos tuvieron que retirarse sufriendo serias pérdidas.
De Nanawa pasó Kundt a atacar la extrema derecha de nuestro dispositivo. Toledo, defendido por el II Cuerpo de Ejército al mando del coronel Juan B. Ayala. El ataque duró del 20 al 27 de febrero siendo magnífica la resistencia de los defensores. El 10 de marzo el Cuerpo inició movimiento envolvente amenazando cortar la retirada al atacante, librándose los bolivianos a duras penas de ser copados.
RETROCESO DEL EJERCITO PARAGUAYO
A mediados de marzo, un fuerte destacamento boliviano ocupó Alihuatá-tuyá viniendo a quedar a retaguardia de nuestra División I que defendía el Kilómetro 7, de Saavedra. Nuestro comando inició una maniobra para desalojar al enemigo pero ella fracasó. La División I tuvo que dejar el Kilómetro de Saavedra y marchó a aposicionarse en Gondra
En la misma época, cinco regimientos bolivianos atacaron varias veces al fortín Herrera (Fernández), defendido por la División II mandada por el Tte. Cnel. Torreani Viera. Fueron denotados con muchas pérdidas. A mediados de abril, nuestras tropas pasaron en el sector a una contraofensiva, despejando todo peligro.
SEGUNDO ATAQUE A NANAWA. GONDRA
Durante varios meses las líneas habían permanecido sin alteración. A comienzos de julio el general Kundt inició una nueva ofensiva en el sector Sur. El 4 y 5 de ese mes, usando tanques y lanzallamas y con fuerte protección de artillería y aviación, los bolivianos atacaron nuestras trincheras en Nanawa. La lucha duró una semana y el enemigo pasó varias veces a ocupar parte de nuestras posiciones en las que fueron desalojados a la bayoneta. La ofensiva terminó con la derrota de los bolivianos que dejaron centenares de muertos y un rico material de guerra.
En el cercano sector de Gondra, en el cual nuestras tropas se hallaban mandadas por el Tte. Cnel. Rafael Franco, se combatió con igual virulencia Nuestra división resistió primero al enemigo y pasó después al contraataque apoderándose de sus posiciones fortificadas. En agosto se volvió a combatir violentamente. A fines de este mes declinó por completo el empuje boliviano pudiendo darse por fracasada la segunda gran ofensiva de Kundt.
OFENSIVA PARAGUAYA
En diciembre de 1932 a septiembre de 1933 nuestro ejército permaneció en la defensiva. La opinión predominante en el país y en el gobierno era de que ellas no debían ser abandonadas. Se creía conveniente escatimar nuevos sacrificios de vida. Los observadores y técnicos militares extranjeros consideraban que las líneas de setiembre de 1933 definitivas porque ninguno de los contendientes tenían las fuerzas necesarias para dominar al otro y obtener una decisión neta. Nuestro Comando obtuvo, después de mucha insistencia, que el Presidente Ayala autorizase la iniciación de la ofensiva.
Nuestra ofensiva se abrió con dos victorias: el 15 de septiembre nuestra VII División (Tte. Cnel. José A. Ortiz) copó en Pampa Grande a los Regimientos “Loa” y “Bolívar”, apoderándose de 17 oficiales y 800 soldados. Al día siguiente, la División VIII (Tte. Cnel. Eugenio A. Garay) cercó en Pozo Favorito a otra División y fueron hechos prisioneros 20 oficiales y 900 hombres. Estigarribia fue ascendido a General de Brigada.
El Comando paraguayo tenía un plan mucho más ambicioso; hacía rato que pensaba en una gran batalla de envolvimiento y aniquilamiento que diese un sesgo total a la contienda.
BATALLAS DE ZENTENO (ALIGUATA) Y CAMPO VIA
La ofensiva paraguaya se inició el 23 de octubre y siguió durante todo noviembre con alternativas. La progresión paraguaya en ambas alas amenazaba seriamente el Alihuatá-Saavedra, pero Kundt se aferró al terreno. El 3 de septiembre Estigarribia asumió personalmente la dirección del gran ejército atacante, instalando su puesto de combate en Falcón. Desde ese momento la acción se desarrolló en forma incontenible. El 4 fue interceptado el camino Alihuatá-Pavón; el 6 el de Alihuatá-Saavedra. El 7 la División I rompía la línea boliviana de Gondra avanzando magníficamente. El 8 fue ocupado el Alihuatá. En vez de ordenar el retiro salvador que pedían sus jefes divisionarios, Kundt introducía cada vez más gente en el Formidable cerco cuyas tenazas de acero se iban cerrando implacablemente.
El día 10, Estigarribia les intimó rendición dando un golpe de muerte a la moral de los sitiados.
El 11 de diciembre de 1933 se rindieron en Campo Vía a las fuerzas mandadas por el Cnel. Irrazábal las divisiones 4º y 9º, entregándose 10.000 soldados con sus jefes y oficiales. En los días sucesivos se rindieron otras unidades. El armamento capturado incluyeron 20 cañones de 105 y 75, morteros Stock Brandt y 60 camiones.
El triunfo en Campo Vía, por sus resultados, trascendencia y gloria, sólo puede compararse en la historia con el de Curupayty.
Con toda razón y no menor honra, Estigarribia fue ascendido a General de División y el Presidente Ayala lanzó la siguiente proclama:
“El éxito alcanzado no es fruto del azar, sino el resultado lógico de un plan concebido con inteligencia y ejecutado con alto espíritu de abnegación y firme voluntad de vencer. El pueblo paraguayo está demostrando al mundo que su tradición de honra, de bravura y patriotismo es mantenida. El nombre del Paraguay se dibuja de nuevo en la historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones de ciudadanos late con fuerza la fe en la Patria inmortal”.
Comenzó la huida del ejército boliviano al mando de Kundt y cayeron sucesivamente: Saavedra, Samaklay, Murgía, Cuatro Vientos, Tinfunque, Corrales, Chañar, Sorpresa, Platanillos, Bolívar, Loa y Camacho.
El General prusiano, como era de esperar, fue destituido y reemplazado por el General Peñaranda
Considerando la imposibilidad del Comando paraguayo de prestar atención a tan considerable número de prisioneros y heridos bolivianos, el Gobierno paraguayo ofreció un armisticio de 10 días (19 al 30 de Diciembre), que fue aceptado por Bolivia siendo luego prorrogado por otros 5 días. Con tal motivo, aprovechando la presencia de la Comisión de la Liga de las Naciones en Asunción, La Paz y Montevideo, se realizaron intensas gestiones para detener la guerra sin resultado alguno. El 6 de Enero se reiniciaron las hostilidades.
CONTINUA EL AVANCE PARAGUAYO
Nuestras fuerzas decidieron avanzar al Oeste alcanzando una línea que iba de Ballivián (sobre el Pilcomayo) hasta Cañada Tarija (cerca de Picuiba). En marzo de 1934, nuestra VI Div. (Tnel. Federico W. Smith) derrotó en Cañada Tarija a la IX División boliviana, capturando 1.000 prisioneros.
En mayo, el I Cuerpo fue atacado sobre el camino Lóbrego sufriendo nuestro ejército la única derrota importante de la contienda. Los bolivianos se apoderaron de 1.200 prisioneros y muchas armas.
La lucha se desplazó luego hacia el sector Picuiba-Carandayty. El II Cuerpo tomó Picuiba el 15 de agosto de 1934 y la Div. VI llegó en su avance hasta la sierra de Carandayty.
El cuerpo de Caballería del general Toro con 12.000 soldados inició una contraofensiva rodeando a la División VI, pero ésta pudo zafarse del cerco.
El 22 de septiembre el Cuerpo de Caballería realizó una nueva maniobra de envolvimiento de la Div. VI. Esta unidad, comandada por el coronel Paulino Antola, consiguió brillantemente romper el cerco. El Cuerpo de Caballería prosiguió en forma alarmante su avance hacia Picuiba. En septiembre, todo el ejército enemigo compuesto de unos 50.000 soldados, se hallaba en plena ofensiva. La organización boliviana alcanzaba su apogeo y afluían al Chaco, hombres, armas, víveres. Nuestro ejército, con sólo 25.000 hombres, no solamente se hallaba en evidente inferioridad de condiciones sino también en delicada posición estratégica. El impresionante avance de Toro en dirección a Picuiba-Camacho amenazaba todo nuestro sistema defensivo y la cabecera de la esencial vía férrea Puerto Casado-Kilómetro 160.
En medio de graves acechanzas y peligros, nuestro Comando pasó otra vez a la ofensiva y esta decisión fue salvadora. En el sector central, el I Cuerpo al mando del coronel Fernández, llevó a cabo un movimiento envolvente en Cañada del Carmen. Fueron copadas las divisiones X y de Reserva con sus comandantes, coroneles Murillo y Walter Méndez, y
7.000 soldados.
En casi todos los sectores nuestro ejército volvió a avanzar; cayó la posición clave de Ballivián, el enemigo se replegó hacia el Pilcomayo y Villa Montes.
GOLPE DE ESTADO EN LA PAZ
En estas graves circunstancias para la nación boliviana, el Presidente Salamanca llegó a Villa Montes decidido a relevar al general Peñaranda y otorgar el mando al general Lanza. Sin embargo, en la mañana del 27 de noviembre de 1934, un destacamento al mando del coronel Busch —uno de los héroes bolivianos de la guerra— rodeó la casa donde se alojaba Salamanca y se le obligó a renunciar. En su reemplazo asumió la presidencia el vicepresidente Tejada Sorzano. Peñaranda fue confirmado como comandante en Jefe.
PICUIBA
La brillante victoria de El Carmen fue seguida de otra operación audaz y sorprendente. El Comando paraguayo trasladó rápidamente a la Div. VIII del sector El Carmen, donde acababa de actuar, al sector Picuiba.
Esta División, después de una marcha homérica, con su glorioso jefe coronel Eugenio Garay, tomó el 9 de diciembre Yrendagüe, apoderándose de los únicos pozos de agua de la zona.
Simultáneamente, el II Cuerpo (Cnel. Franco), en una feliz maniobra atacaba Picuiba. El Cuerpo de Caballería del Cnel. Toro se encontró sin agua y presa del pánico inició la fuga. De sus 12.000 hombres sólo se salvaron unos 2.000. Cayeron prisioneros 3.000 y el resto murió de sed en el camino Picuiba-27 de Noviembre. En una contienda sangrienta y dolorosa fue esa una nota dantesca.
En un mes había cambiado la situación y la suerte misma de la guerra. Villa Montes quedaba directamente amenazada. Nuestras tropas en su progresión alcanzaron las primeras estribaciones andinas y el río Parapití. Nuestro ejército había llegado hasta los límites del Chaco y amenazaba el corazón del enemigo: su petróleo. Pero carecía por completo de efectivos, de armamentos y medios de transporte para obtener una definición neta. Sólo 18.000 paraguayos montaban la guardia a lo largo de una línea de 500 kilómetros. Nuestra artillería estaba muda desde meses atrás por falta de granadas y hacía rato que nuestros aviones habían desaparecido del cielo chaqueño.
El 29 y 30 de diciembre un fuerte destacamento paraguayo comandado por el mayor Alfredo Ramos destruyó dos regimientos bolivianos sobre el Pilcomayo en Ybyvovo, apoderándose de 2.000 prisioneros y un gran botín.
ATAQUE A VILLA MONTES
En el mes de febrero de 1935 se efectuó un gran ataque a la posición de Villa Montes. Durante varios días, nuestras tropas, haciendo alarde de valor, atacaron las posiciones fortificadas que los bolivianos defendían con extraordinaria tenacidad. La tentativa fracasó y nuestra actividad quedó paralizada. A mediados de marzo, los bolivianos atacaron nuestras líneas del sector siendo repelidos con pérdidas.
ULTIMA ETAPA DE LA GUERRA
Se desarrolló a lo largo de las estribaciones andinas y en territorio del Departamento de Santa Cruz. Nuestras tropas cruzaron el río Parapití y ocuparon Charagua. Las bolivianas, por su parte, bajaron de la cordillera, atacaron y tomaron Boyuibé, y días después recuperaron Charagua. Luego, las operaciones quedaron estabilizadas en la extensa línea que iba de Malo Marcado (sobre el Pilcomayo) a Huirapitindi. Los ejércitos de los dos países estaban cansados de la guerra y en todas partes se escucharon clamores de paz.
PRIMERA ETAPA DE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ
a) PROTOCOLO RIART - ELIO DE 1935
Una nueva gestión de paz se realizó en Buenos Aires presidida por el Canciller Saavedra Lamas e integrada por representantes del Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Estados Unidos. La Comisión obtuvo que se trasladasen a la capital argentina los Cancilleres Luís A. Riart del Paraguay y Tomás Elio de Bolivia. La negociación fue muy trabajosa.
El Canciller Riart, el 7 de junio, presentó una propuesta de paz que fue aceptada por el Cancilla Elio casi íntegramente y en pocos días se llegó a un completo acuerdo.
El 12 de junio se firmó “ad-referéndum" el Protocolo Principal de Paz en el que se convenía: Primero, la convocación de una conferencia de paz por parte del Presidente de la Nación Argentina por ruego del Grupo mediador; Segundo, la cesación definitiva de las hostilidades sobre la base de las posiciones actuales de los ejércitos beligerantes; Tercero, la adopción de medidas de seguridad mediante la desmovilización de los ejércitos beligerantes en el plazo de noventa días, la reducción de los efectivos militares hasta cinco mil hombres, la obligación de no hacer nuevas adquisiciones de material bélico y el compromiso de “no agresión”; Cuarto, el reconocimiento por los beligerantes de la declaración del tres de agosto de 1932 sobre adquisiciones territoriales; y Quinto, la suspensión de los fuegos a partir del día 14 de junio a las 12 horas.
En el Protocolo Adicional se expresa que a objeto de dar cumplimiento al artículo Quinto del Protocolo, las Partes contratantes solicitan de la Comisión de Mediación el envío inmediato de la Comisión Militar Neutral al frente de operaciones. También se determina: que si el Protocolo Principal fuese ratificado por los Congresos del Paraguay y Bolivia en el término de 10 días, establecidos para el efecto, el cese provisorio del fuego a que se refiere el Protocolo Adicional, se convertirá automáticamente en la cesación definitiva de las hostilidades. Y en el caso contrario, esto es, de no producirse dicha ratificación fenecerá ipso facto la suspensión de los fuegos.
Finalmente, cabe señalar que en el inc. 7 del Artículo Primero del Protocolo Principal se determinaba que la Conferencia de Paz constituirá una Comisión Internacional que dictaminará acerca de las responsabilidades de todo orden y clase proveniente, de la guerra; si las conclusiones de dicho dictamen no son aceptadas por algunas de las partes, resolverá en definitiva la Corte Permanente de Justicia Internacional de La Haya.
b) FIN DE LA LUCHA
El 14 de junio, a las 12 del día, los bravos y leales contendientes, después de cruzar un fuego violentísimo, abandonaron las trincheras para encontrarse y abrazarse en el campo de nadie. Lágrimas de emoción corrieron las mejillas, la estéril lucha si bien prolongada sólo había servido para que paraguayos y bolivianos se conocieran mejor y se respetasen mutuamente. No hubieron adversarios pequeños o débiles ni adversarios poderosos que pasearan por los campos de batalla. La lucha fue tenaz, de igual a igual, y se desarrolló en un marco de respeto recíproco.
Los dos comandante en jefe, Estigarribia y Peñaranda, se entrevistaron primero en Capirendá y después en Villa Montes, dejando sentadas las bases de una firme reconciliación y una política de amistad entre ambas naciones.
c) EL PROTOCOLO DEL 12 DE JUNIO EN EL PARLAMENTO PARAGUAYO
En fecha 14 de junio de 1935 el Poder Ejecutivo sometía a la consideración del Congreso Nacional el proyecto de ley que aprueba el Protocolo Principal y el Protocolo complementario del 12 de junio.
Dicho Mensaje, que estaba suscrito por el Presidente Eusebio Ayala y el Canciller Justo Prieto, expresaba en uno de sus párrafos: “No es preciso analizar el pacto. En él están satisfechas las aspiraciones de la política que hemos sustentado desde el comienzo de las hostilidades. La lucha cesa de inmediato y se crea un sistema de protección ampliamente garantido contra todo peligro de reanudación del conflicto bélico. Se acepta el principio cardinal del Derecho Internacional que es el arbitraje libremente concertado. Se somete a una comisión el examen de las responsabilidades”.
Más adelante decía: “El Paraguay da un ejemplo de moderación y de obediencia a las normas de la vida internacional, tanto más apreciable cuanto las victorias militares no han turbado su ecuanimidad, ni han cambiado su concepto en las bases de una paz duradera y benéfica. Esta conducta honra al país a la vez de servir sus intereses en lo que tiene de más elevado y permanente”...
En la Cámara de Diputados, previo dictamen favorable de la Comisión de Relaciones Exteriores, se pusieron a debate los Protocolos Principal y Adicional, los cuales merecieron enjundiosos análisis en las sesiones públicas ya que también se trataron en sesión secreta durante una hora y media.
El diputado Pedro R. Espínola expresó en una de sus intervenciones: “Jamás creímos qué la guerra fuese el mejor procedimiento para el arreglo de los conflictos internacionales; pero fuimos a ella, para demostrar al mundo, especialmente a Bolivia, que fincaba en ella todas sus esperanzas, que sólo la justicia basamenta a las naciones, y que el pueblo paraguayo es capaz de inmolarse para conseguir su reinado en la humanidad. Y ahora, después de tres años de guerra, llena de victorias, hemos conseguido por fin, convencer al agresor que el derecho es más bello que la guerra”. . .
Por su parte, el diputado Sixto Ríos, al fundamentar su voto afirmativo expresó en una parte de su vibrante exposición: “Si nuestro ejército ha comenzado esta guerra, señor presidente, sin más armas que su corazón y su voluntad y con ello ha callado la voz de los cañones, ha hecho abatir hasta el trepidar de los trimotores y con ese corazón y con esa voluntad ha vencido el desierto, la naturaleza hostil y agreste del Chaco para llegar hasta nuestros límites arcifinios al occidente: el Parapití, jalonando con los cadáveres de tantos héroes nuestra frontera del occidente, confío, señor presidente, que nuestros diplomáticos, nuestros hombres de Estado, con su patriotismo e inteligencia y con el arma de nuestros títulos indiscutibles han de hacer valer nuestros derechos en el campo de la diplomacia”
También en el Senado la Comisión de Relaciones Exteriores integrada por los doctores Gerónimo Zubizarreta, Luís de Gásperi y Juan José Soler aconsejaron la aprobación de ambos protocolos. Al fundamentar dicha aprobación, el doctor Zubizarreta aclaraba que “la cesación de las hostilidades no depende o, mejor dicho, no está subordinada a la concertación del compromiso arbitral y, en este sentido, el Protocolo consagra el triunfo de la tesis paraguaya sobre la cesación previa de las hostilidades. Previa, en el sentido de no depender, ni en su estipulación ni en su ejecución, del compromiso arbitral por concertar. Y este es un punto capital, la consagración de una realidad, de un statu posesorio con todas las ventajas que de la posesión legítima se deriva”. .
Con respecto a las modalidades de lo arbitrable, explicaba el doctor Zubizarreta que en “el Derecho Internacional Público se dice que en el compromiso arbitral se basa la sentencia arbitral, que de ese compromiso saca la sentencia toda su fuerza, y que él constituye la base de la competencia del árbitro y que por consiguiente es la pauta a que debe someter se la decisión. En consecuencia, la definición de los diferendos del Chaco, según el Protocolo Principal, están remitidos a la concertación del compromiso arbitral. No hay por consiguiente arbitraje sin compromiso arbitral. Y esto que está establecido en la doctrina del Derecho Internacional está también establecido en ciertos estatutos que forman por decirlo así, el Derecho Internacional Público Positivo. Entre ellos está el de la Corte Permanente de Justicia Internacional de La Haya”. . .
Más adelante decía el doctor Zubizarreta: “No ha entrado nunca ni entra ahora en nuestros planes el arrebatar lo ajeno, pero así como tenemos un profundo respeto por lo ajeno tenemos un profundo celo por lo que es nuestro; hoy más que nunca, en que la sangre vertida para defender nuestro patrimonio lo ha hecho más claro a nuestros ojos”. .
Por su parte, el doctor Juan José Soler, en una extensa y medulosa exposición se refería entre otras cosas al statu-quo post-bellum, el uti possidetis de las posiciones actuales que no las poseemos a título de garantía, pues el acuerdo de Buenos Aires no la menciona ni la incluye entre las medidas de seguridad; tampoco a título de conquista que no la admite la Declaración Continental del 3 de agosto, ni las poseemos como mera ocupación, esto es, por vía de adquisición territorial, pues para ello habría que admitir que esas tierras no pertenecen a nadie.
El senador Soler declaraba que “las poseemos a título de dueño, de soberano y señor de esas tierras. Nuestra ocupación es lo que en el Derecho Internacional se llama “ocupación de reintegro”. Sólo una sentencia de la Corte de la Haya puede revocar en la parte que se someta a arbitraje nuestro dominio eminente, pero hasta tanto esa sentencia llegue, nadie podrá desconocerlo ni amenguarlo”. .
Finalmente, por Ley Nº 1455, promulgada por el Poder Ejecutivo el 21 de junio de 1935, fueron aprobados el Protocolo Principal y el Protocolo Adicional del 12 de junio por los que el Paraguay y Bolivia convienen en cesar las hostilidades.
d) ACTA PROTOCOLIZADA ZUBIZARRETA- ELIO DE 1936
La Conferencia de Buenos Aires se inauguró el 1º de julio de 1935 con la presencia de los Representantes de Argentina, Brasil, Chile, Perú y Estados Unidos de América. Los doctores Gerónimo Zubizarreta y Vicente Rivarola representaban al Paraguay; y los doctores Tomás M. Elio y Carlos Calvo a Bolivia. La presidencia fue ejercida por el Canciller argentino, doctor Carlos Saavedra Lamas.
La Conferencia, interesada en la libertad de los prisioneros, destacó una comisión especial a Asunción, y finalmente el Paraguay, atendiendo a las razones humanitarias alegadas, aceptó suscribir el Acta Protocolizada del 21 de enero de 1936 confirmando las obligaciones derivadas del Protocolo de 12 de junio de 1935 y acordando la repatriación de prisioneros.
En el artículo IV se establecía que las Partes procederán a la devolución recíproca de los prisioneros de guerra, dando comienzo a ella dentro de los treinta días contados desde la fecha de la última aprobación legislativa del presente documento, comprometiéndose a proseguir hasta la liberación total de los prisioneros. Los enfermos que no puedan ser trasladados de inmediato, serán, sin embargo, liberados y su traslado se hará tan pronto como sea posible.
“Los gastos que irrogue el transporte de los prisioneros —decía el artículo VII— por el territorio de un tercer Estado, serán a cargo del país a cuya nacionalidad pertenezcan aquellos”.
En el artículo VII se estipulaba que “Las Partes Contratantes, teniendo en cuenta el número de los prisioneros y tomando en consideración los gastos realizados, acuerdan transigir sobre el particular conviniendo en que el gobierno de Bolivia reembolsará al del Paraguay el equivalente de 2.800.000 pesos argentinos moneda nacional de curso legal, en libras esterlinas... o sea £ 154.269 y el gobierno del Paraguay reembolsará al Gobierno de Bolivia el equivalente de 400.000 pesos argentinos moneda nacional de curso legal, en libras esterlinas al mismo tipo, o sea £ 22.031, debiendo en consecuencia abonarse el saldo respectivo en £ 132.231, ocho chelines, un penique, en letras bancadas sobre Londres, equivalente a 2.400.000 pesos argentinos . Ese saldo debe ser depositado en el Banco Central de la República Argentina, dentro del plazo de treinta días de la fecha de la última aprobación legislativa de este acuerdo, a la orden del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina y Presidente de la Conferencia de Paz, que lo pondrá a la orden y disposición del Gobierno al cual corresponda, tan pronto como la comisión especial comunique a dicho Ministro haberse dado cumplida ejecución a lo estipulado”
Por el articulo IX las partes convienen en reanudar sus relaciones diplomáticas a la brevedad posible.
INTERLUDIO POLITICO
a) LA REVOLUCION DEL 17 DE FEBRERO DE 1936. CAIDA DEL PARTIDO LIBERAL
Necesario es, antes de continuar con las tratativas diplomáticas paraguayo-bolivianas, hacer un breve paréntesis político para ubicarnos en el frente interno ya que éste necesariamente debía repercutir en el exterior.
En Asunción habían estado circulando versiones de que se preparaba una conspiración para derrocar al gobierno del Presidente Eusebio Ayala y con él al Partido Liberal. El coronel Rafael Franco, director de la Escuela Militar que funcionaba Campo Grande, fue apresado por el general José Félix Estigarribia y posteriormente deportado a Buenos Aires, manteniéndosele sin embargo la pensión militar correspondiente a su grado.
Empero, los conspiradores militares y civiles continuaron en su tarea de llevar adelante el movimiento. El 6 de febrero el general Estigarribia se trasladó al Chaco, por vía aérea, para condecorar a militares que se hallaban en las guarniciones, a pesar de que se le había prevenido e incluso entregado la lista completa de los militares de los regimientos de Campo Grande que se hallaban comprometidos en el levantamiento.
El lunes 17 de febrero de 1936 estalló en Asunción el movimiento armado, apoyado por amplios sectores del pueblo paraguayo, derrocando al gobierno del Presidente Eusebio Ayala y al Partido Liberal que venía usufructuando el poder desde 1904. El Presidente Ayala fue obligado a renunciar a bordo de uno de los cañoneros surtos en el puerto donde se había refugiado. En cuanto al general Estigarribia, envió desde el Chaco un telegrama recomendando a las tropas que volvieran a los cuarteles, manifestando que él trataría de satisfacer las aspiraciones del ejército Pero el nuevo comandante, coronel Smith, se limitó a imponerle que se diera preso y bajara a la capital. Así lo hizo el general Estigarribia, por vía aérea. A su llegada fue tomado preso, siendo conducido junto al doctor Eusebio Ayala, quien estaba ya alojado en el Departamento Central de Policía juntamente con otros personajes del gobierno caído.
“El tratamiento dado por la Revolución a Ayala y Estigarribia —dice el doctor Stefanich—, prestóse a los más variados comentarios en el exterior y fue explotado con malignidad y astucia por los elementos del viejo régimen. La opinión internacional tenía la impresión de que Estigarribia y Ayala encarnaban al Paraguay heroico y bizarro de la guerra del Chaco y que ambos eran los autores y gestores de aquello sensacional defensa victoriosa que había conmovido al mundo”.
Policarpo Artaza escribió a su vez: “No sólo en el exterior causó sensación la prisión de Ayala y Estigarribia. En el Paraguay, el hecho injusto y arbitrario también conmovió profundamente, salvo en los círculos “ultramontanos”, como dice el doctor Molas López”.
“En efecto —continúa Artaza—, que un partido político fuera desalojado del poder con motivos o sin ellos, no era cosa rara en el continente, y menos en el Paraguay. Pero lo increíble, lo absurdo, lo que no tenía explicación ante propios ni extraños, era que un gran gobernante como el doctor Ayala y un gran jefe como el general Estigarribia, después de una guerra victoriosa, fueran apresados como vulgares delincuentes” .
Victorioso el movimiento, civiles y militares llamaron al coronel Rafael Franco desde Buenos Aires y le impusieron el mandato de la ejecución revolucionaria. Su extraordinaria fortuna durante la guerra del Chaco, el renombre que le formaron con fines políticos algunos sectores de la oposición, hicieron que todos los sectores que participaron en el movimiento, así en su faz de ejecución como en la de preparación, no pudieran pensar en otro jefe. La voluntad unánime fue de que Franco asumiera el poder como Presidente provisorio y como jefe de la revolución.
Y el coronel Franco entregó el poder y la revolución a la Liga Nacional Independiente, sector político con el que estaba ligado desde mucho antes de 1931, cuyo jefe era el doctor Juan Stefanich. La entrega del coronel Franco y con él de la revolución, del ejército y del poder político, a la Liga, se produjo tras un breve proceso que duró cuatro meses, un proceso de maniobras palaciegas exactamente iguales a las que habitualmente se producían en el Paraguay.
En adelante, la conducción política de la nueva oligarquía fue simple: depuración del ejército de sus oficiales de vanguardia. Su transformación paulatina pero firme en ejército partidista; constitución de una “base de opinión civil”, es decir un partido político que asegurara la permanencia en el poder mediante el juego electoral. La nueva oligarquía llamaría a elecciones “honestas, claras y limpias” una vez que tuviera la seguridad de la victoria en las urnas. A tal efecto promulgó el famoso decreto 152 en el cual declara “identificado el Estado (la revolución) con los principios totalitarios de la Europa contemporánea, prohíbe a los partidos opositores organizar sus fuerzas para las próximas luchas electorales, o en otros términos: emplea el poder que le da su carácter de gobierno para asegurarse en el poder político. Estaba pues formado, en el panorama político nacional, un nuevo partido que se denominó Concentración Revolucionaria Febrerista, ahora conocido como Partido Revolucionario Febrerista.
b) REPERCUSION EN EL EXTERIOR
El doctor Juan Stefanich, Canciller del Gobierno Revolucionario, escribió: “Pocas situaciones políticas (la del 17 de febrero) surgieron en condiciones más adversas. Todo le era hostil a la Revolución en el exterior. La conferencia de paz del Chaco, cónclave internacional beligerante que tenía agarrado entre manos la compleja y neurálgica cuestión del Chaco, funcionaba en Buenos Aires y observaba las cosas de la Revolución con espíritu inquisitivo, autoritario y ofendido. .
En Asunción hallábanse la mayor parte de los diplomáticos acreditados en la República y los que ocasionalmente habían estado ausentes fueron llegando precipitadamente como observadores escandalizados. Pero todos ellos manteníanse a prudente distancia del nuevo gobierno, sin permitirse la menor aproximación con sus miembros. Estábamos en cuarentena y éramos vigilados a la sordina u ostensiblemente por los ministros extranjeros.
Diez y seis días habían transcurrido sin que se presentase la posibilidad de ningún contacto oficial con otros gobiernos. Expectativa tan prolongada tornábase grave. En tal emergencia recurrimos a un procedimiento excepcional: despachamos un mensaje telegráfico directo y personal del Presidente Provisional, coronel Franco, a los seis presidentes de los seis países mediadores en la Conferencia del Chaco”.
Asimismo, debe consignarse que fue disuelto el Alto Comando del Ejército, destruido sus organismos superiores, anulado a los principales miembros del servicio exterior y aflojado, en fin, los pivotes de la defensa nacional antes de firmarse todavía el tratado de paz con el enemigo que permanecía observador agudo y acechante de cuanto sucedía en el país.
“Supongamos que Bolivia se hubiera sentido capaz de reiniciar la guerra —dice Policarpo Artaza , que los países mediadores hubieran abandonado a los contendientes a su suerte, ¿qué habría ocurrido en nuestro país, con sus fuerzas políticas divididas y enconadas entre sí, decapitado él Alto Mando y anarquizado su ejército; agotadas sus posibilidades económicas, perdidas hasta las simpatías morales con que los pueblos del mundo nos acompañaron durante la contienda; roto el fervor de los jefes y oficiales, decaído y descorazonado nuestro pueblo por la inquina desatada por los revolucionarios; y con hombres que eran simples aprendices en las altas posiciones del Gobierno y de la diplomacia y que no constituían siquiera una fuerza homogénea, como lo confiesan y declaran los propios autores del golpe del 17 de febrero”?
El doctor Gerónimo Zubizarreta regresaba a Asunción después de haber participado en la Conferencia de Paz de Buenos Aires donde había suscrito los últimos acuerdos en los que Bolivia renunció finalmente a sus pretensiones a un puerto sobre el litoral, afirmándose nuestra soberanía sobre Bahía Negra, cuya cesión a Bolivia se juzgaba prenda necesaria para llegar a la paz del Chaco
En Asunción se encontró con la revolución del 17 de febrero cuyas proyecciones en el exterior, como ya lo dejamos consignado, eran realmente imprevisibles. Felizmente para el Paraguay, meses después, se produjo otra revolución en Bolivia, que desde luego se esperaba como consecuencia de los éxitos alcanzados últimamente por el Paraguay tanto en el campo militar como en el diplomático.
“Lo que ocurrió en Bolivia —refiere Policarpo Artaza— se explica fácilmente. Las derrotas del Chaco, la renuncia a sus pretensiones sobre el mismo y a un puerto sobre el litoral cuya obtención hubiera sido el último justificativo de su Gobierno, determinaron al pueblo a derrotarlo. De no ocurrir este acontecimiento en el altiplano, de mantener su ejército unido y su ciudadanía disciplinada, a buen seguro que su acción hubiera sido mucho más tenaz, más decisiva y más peligrosa para nosotros en la Conferencia de Paz del Chaco frente a una delegación paraguaya de escasa categoría, forjada a imagen y semejanza de su propio y desmedrado gobierno’’
La situación referida por Artaza se vio reflejada en cierto modo, por el comportamiento en Buenos Aires del Canciller Stefanich, que pasaremos a referir seguidamente. Antes, sin embargo, para cerrar el paréntesis político que hemos abierto, debemos consignar que el ciclo franquista terminó a un año escaso de gobierno. Todas las fuerzas de la nación, así políticas como apolíticas, le enfrentaron en febrero de 1937. Dicho gobierno se debatía impotente e irresponsable en medio del vacío. Y la caída sobrevino sin dispararse un tiro el 13 de agosto siguiente. Desde entonces ya no volvería al poder, excepto para integrar brevemente el Gobierno de Coalisión militar- colorado-febrerista del general Higinio Morínigo M. en 1946, del que fue desalojado por el movimiento del 13 de enero de 1947.
Al Gobierno de la Revolución de Febrero reemplazó el llamado Gobierno universitario de marcada tendencia liberal, presidido por el doctor Félix Paiva, profesor de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional, con el compromiso de llamar a elecciones. Fue durante su gobierno que se firmó con Bolivia la paz del Chaco.
c) PROTOCOLO STEFANICH - ALVESTEGUI
Reiteradas instancias lograron que el Canciller paraguayo, doctor Juan Stefanich, se trasladara a Buenos Aires para tratar la cuestión territorial con el Canciller boliviano, doctor Enrique Finot, y con la mediación de la Conferencia de Paz poderosamente reforzada con los Cancilleres del Brasil, Macedo Soares y de Chile, Cruchaga Tocornal.
El Canciller brasileño presentó al Paraguay, como base de discusión, una proposición según la cual la frontera se trazaría por D’Orbigny, Carandayty, Capiirendá, hasta el Parapití y desde allí hasta el Fortín Galpón. Al principio el Canciller paraguayo no quiso aceptar la discusión del problema de frontera alegando que la política partidaria en el Paraguay haría imposible una solución por el momento.
Cuando el 25 de diciembre el Canciller Macedo Soares le pidió que ratificara sus manifestaciones en el sentido de que el Gobierno temía repercusiones políticas, particularmente en el Ejército, el Canciller Stefanich asintió. “Eso es exacto —dijo— el Gobierno de Franco descanso sobre bayonetas”; y agregó que “ni él ni el coronel Franco tenían suficiente autoridad, y que el Ejército y los ex-combatíentes no apoyarían ninguna solución territorial que no diera al Paraguay toda el área ocupada más el arbitraje del resto del Chaco”.
Entonces no se llegó a ningún acuerdo. La Conferencia de Paz renovó sus esfuerzos para impedir incidentes en el Chaco, obteniendo el 9 de enero de 1937 que el Paraguay consintiera el tránsito comercial, con la fiscalización neutral, del camino Villa Montes-Santacruz. Y el 23 de abril siguiente sancionó una Reglamentación de las funciones de vigilancia y control en el Chaco, a que se consideraba facultado de acuerdo a los protocolos de Paz, que fue aprobada por el Paraguay, pero sin que pudiera entrar en ejecución por las encontradas interpretaciones que enseguida suscitaron sus cláusulas principales.
ULTIMA ETAPA DE LAS NEGOCIACIONES DE PAZ
a) LOS CANCILLERES DEL PARAGUAY Y BOLIVIA EN BUENOS AIRES
Derrocado el gobierno de Franco, el doctor Gerónimo Zubizarreta fue puesto nuevamente al frente de la Delegación del Paraguay ante la Conferencia de Paz.
Varias tratativas de arreglo se hicieron entonces, pero sin lograrse acuerdo alguno. Empero, se percataba en el ambiente el anhelo de paz que movía a uno y otro país.
El 29 de junio surgió una propuesta que fue aceptada por Mr. Braden, quien la presentó como suya en la Conferencia de Paz. Zubizarreta, considerando que la fórmula había sido tramitada sin su intervención y contra su parecer, manifestó su formal oposición, pero aseguró que de su parte nada haría que pudiera constituir un obstáculo para el éxito del plan en el caso de que éste fuera aprobado por el Gobierno paraguayo. El Canciller Cecilio Báez resolvió aceptar el plan en gestión, por lo que el 1º de julio el doctor Zubizarreta solicitó que se le desligara de la negociación. Desde ese momento, al frente de la Delegación quedó el doctor Efraím Cardozo.
El general José Félix Estigarribia estudió los antecedentes de las negociaciones y de la disidencia en el seno de la Delegación Nacional, y el 4 de julio informó al Canciller Báez que consideraba aceptable el plan del 29 de junio. Su opinión fue decisiva, por lo que la Conferencia acordó entonces proseguir las negociaciones sobre dicha base.
Bolivia aceptó que el Paraguay fuera excluido del arbitraje de equidad, renunciando por primera vez oficialmente a su aspiración a un puerto sobre el río Paraguay.
Se convino, finalmente, el amplio tránsito por el territorio paraguayo y el derecho para Bolivia de instalar agencias aduaneras, construir depósitos y almacenes en la zona de Puerto Casado, siempre bajo la soberanía paraguaya, para facilitar el eventual comercio boliviano. Así quedó zanjado el secular debate, causa principal de la guerra. El acuerdo final se logró el 6 de julio de 1938, fecha en que se procedió a la redacción del primer anteproyecto de tratado definitivo.
b) PROTOCOLO BAEZ-DIAZ DE MEDINA
El 21 de julio de 1938, en presencia del Presidente de la República Argentina, doctor Roberto M. Ortiz, se firmó en Buenos Aires el Protocolo de Paz, Amistad y Límites entre el Paraguay y Bolivia.
El Paraguay estuvo representado por el Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Cecilio Báez; el Presidente de la Delegación Nacional ante la Conferencia de Paz, General de Ejército José Félix Estigarribia; y los Delegados doctores Luis A. Riart y Efraím Cardozo. También tuvieron una parte prominente en las tratativas si bien no llegaron a firmar el acto diplomático, los doctores Gerónimo Zubizarreta e Higinio Arbo. Por parte de Bolivia lo hicieron el Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Eduardo Diez de Medina; y el Presidente de la Delegación boliviana ante la Conferencia de Paz, doctor Enrique Finot
Por el artículo primero del Protocolo se restablece la paz entre el Paraguay y Bolivia. Por el artículo segundo la línea divisoria en el Chaco entre ambos países será la que determinen los Presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos de América, Perú y Uruguay, en su carácter de árbitros de equidad, quienes actuando ex aequo et bono, dictarán su fallo arbitral de acuerdo con esta y las siguientes cláusulas: a) El laudo arbitral fijará la línea divisoria Norte en el Chaco, en la zona comprendida entre la línea de la Conferencia de Paz, presentada el 27 de Mayo de 1938, y de la contrapropuesta paraguaya, presentada a la consideración de la Conferencia de Paz el día 24 de Junio de 1938, desde el meridiano del Fortín 27 de Noviembre, es decir, aproximadamente meridiano 61° 55’ Oeste de Greenwich hasta el límite Este de la zona, con exclusión del litoral sobre el río Paraguay al Sur de la desembocadura del río Otuquis o Negro; c) Dicha línea no irá en el río Pilcomayo más al Este de Pozo Hondo, ni al Oeste más allá de cualquier punto de la línea que, arrancando de D’Orbigny, fue señalada por la Comisión Militar Neutral como intermedia de las posiciones máximas alcanzadas por los ejércitos beligerantes al suspenderse los fuegos el 14 de junio de 1935 (10).
Por el artículo tercero, se establece el carácter ex aequo et bono del arbitraje. Por el cuarto se establece que el laudo arbitral será expedido por los árbitros en el plazo máximo de dos meses, contados a partir de la ratificación del Tratado. Por el artículo quinto, se constituye una comisión mixta para la aplicación del laudo en el terreno y amojonamiento de la línea divisoria. Por el artículo sexto, se establece la reanudación de las relaciones diplomáticas entre las naciones ex-beligerantes. Por el artículo séptimo, se establece el libre tránsito de mercaderías y productos de y para Bolivia por la zona de Puerto Casado. Por el artículo octavo, se prevé la concertación de un tratado de carácter económico entre los países ex-beligerantes. Por el artículo noveno, ambas partes renuncian a reclamaciones pecuniarias que podrían provenir de la guerra. Por el artículo décimo, se ratifica un compromiso de no recurrir, en lo sucesivo, más que a procedimientos jurídicos para la solución de todas las diferencias que podrían suscitarse entre ambos países. Por el artículo once, se establece la aprobación del Tratado por un Plebiscito, y finalmente, por el artículo doce, se establece el valor jurídico que tendría el Tratado en el caso de que él no fuera aprobado por las partes.
c) EL PROTOCOLO DE PAZ EN LA UNION PANAMERICANA
Enorme satisfacción había producido en el Hemisferio americano la noticia de la firma del Protocolo de Paz, Amistad y Límites del 21 de julio de 1938, en la ciudad de Buenos Aires.
Por acuerdo del Presidente del Consejo Directivo de la Unión Panamericana, Mr. Cordell Hull (Secretario de Estado de los Estados Unidos), se citó a una sesión extraordinaria de ese alto cuerpo en Washington con el propósito de celebrar dignamente tan auspicioso acontecimiento. La reunión se realizó el 21 de julio de 1938 con la asistencia de la mayoría de los representantes americanos.
En su discurso de apertura dijo Mr. Hull, entre otras cosas: “Nosotros, como representantes de los Gobiernos y de los pueblos que forman la Unión Panamericana, compartimos el sentimiento de esperanza, de orgullo y de acción de gracias que debe existir en todo nuestro Continente como resultado de la firma por las Repúblicas de Bolivia y Paraguay del Tratado de Paz, Amistad y Fronteras. Nuestra acción de gracias se basa en la prueba que han dado los Gobiernos del Paraguay y Bolivia de un elevado sentimiento de responsabilidad y nobleza que de ahora en adelante servirá para salvar a nuestros pueblos de una repetición de los horrores y de los sufrimientos de la guerra, y para garantizar a nuestros países el progreso y el bienestar bajo la protección de la paz”
Al final solicitó que el Consejo Directivo de la Unión Panamericana adopte una resolución y transmita por la vía telegráfica a la Conferencia de Paz de Buenos Aires, aprobándose la iniciativa por unanimidad.
A continuación hizo uso de la palabra el Ministro de Bolivia, doctor Luis Fernando Guachalla, refiriéndose al “hecho transcendente de haberse suscrito ese pacto de verdadera conciliación, que ha de permitir a mi patria dedicar sus esfuerzos y sus afanes a obras de progreso y bienestar social, al que se une la profunda satisfacción de ver surgir, en el horizonte de América, el lábaro de las soluciones jurídicas y de equidad, por vía de arbitraje, para abordar los diferendos que aún pudieran separar a nuestros pueblos, y liquidar sin lugar a dudas las dos o tres controversias todavía pendientes entre algunos de nuestros hermanos”. . .
Por su parte, el Encargado de Negocios del Paraguay, doctor Pablo Max Ynsfrán, dijo que “con la solución definitiva de la vieja disputa del Chaco, el Continente americano puede vanagloriarse de haber dado a la opinión mundial una prueba fehaciente de la posibilidad de establecer una convivencia internacional pacífica basada en un amplio espíritu de solidaridad colectiva. Dicha solución no sólo sella la paz entre dos pueblos sino que consagra toda una orientación continental. La paz entre el Paraguay y Bolivia es obra de la fe de todos los pueblos de América en la virtualidad de los postulados fundamentales del derecho: fe que puede convertirse en aurora para disipar las tinieblas de confusión en que se debate el período histórico en que vivimos”. . .
d) EL PLEBISCITO EN EL PARAGUAY
Conforme estaba previsto en el artículo 11 del Protocolo del 21 de julio, considerando que el Paraguay se encontraba transitoriamente sometido a un régimen político de hecho por haberse disueltos todos los poderes constitucionales sin que hasta ese momento se haya reconstituido el Congreso Nacional, el Poder Ejecutivo dictó el decreto Nº 8.015 de fecha 22 de julio de 1938, invistiendo al Superior Tribunal de Justicia la atribución de emergencia de examinar y pronunciarse sobre el acto plebiscitario convocado para el 10 de agosto siguiente.
Realizado el acto plebiscitario en la fecha prevista, la junta Electoral Central dio a conocer el cómputo de los comicios que dio el siguiente resultado:
a) 135.385 votos por la aprobación del Tratado
b) 13.204 votos por el rechazo del mismo.
c) 559 votos en blanco.
De modo que, el Superior Tribunal de Justicia, de conformidad con el artículo 11 del decreto 8,015, aprobó el acto plebiscitario del 10 de agosto, quedando ratificado así directamente por el pueblo el Protocolo de Paz, Amistad y Límites. Canjeadas posteriormente las ratificaciones, el Colegio Arbitral quedó constituido el 8 de septiembre con los Delegados ante la Conferencia de Paz, investidos del carácter de Plenipotenciarios por sus respectivos Presidentes.
e) LAUDO ARBITRAL
Conforme se había estipulado en el artículo segundo del Protocolo del 21 de julio de 1938, el Colegio Arbitral dictó su fallo el 10 de octubre de ese mismo año.
Los límites en él establecidos son los siguientes: en el norte, la línea parte de la desembocadura del río Negro en el río Paraguay, sigue el río Negro hasta la intersección del paralelo 19°, 49’ 40” de latitud Sur, de allí a Cerrito Jara, pasando luego por el Cerro Chovoreca, por la intersección del meridiano del Fortín Paredes con el paralelo de Fortín Cabello, por Palmar de las Islas, por el Cerro Capitán Ustares, hasta 27 de Noviembre y Gabino Mendoza; en la zona Oeste: la línea parte de Gabino Mendoza hasta Villazón, a 15 Kms. al Oeste de Yrendague, pasa a 10 Kms. al Oeste de Estrella, para terminar en el río Pilcomayo en el lugar denominado Esmeralda.
El Colegio Arbitral, a demanda de la Delegación Paraguaya, aclaró que los fortines Patria y Galpón, así como Yrendague, quedaban dentro de la jurisdicción del Paraguay, de acuerdo con la sentencia arbitral.
El 13 de octubre Bolivia informó al Colegio Arbitral que acataba el laudo, y el 20 hizo lo propio el Paraguay.
El 25 de Noviembre quedó constituida la Comisión Mixta encargada de la demarcación. El 28 de Diciembre tuvo lugar en Villa Montes la solemne entrega y consiguiente toma de posesión del territorio adjudicado a cada una de las partes. Así fue como el Paraguay, vencedor de la contienda chaqueña, al firmar el Protocolo de Paz con Bolivia en 1938 pasó a tener una situación menguante en relación con el plenilunio en que estaba al finalizar el año 1935 y al comenzar el año 1936. Se vio en la necesidad de retroceder 100 kilómetros para alcanzar la paz, pues era un país convulsionado por luchas intestinas, un país que no mostraba en la paz la grandeza que había demostrado durante la guerra.
f) FALLO SOBRE LA UBICACION DEL VERTICE VIII (CERRO CHOVORECA)
Habiéndose producido un desacuerdo en el seno de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites de Paraguay y Bolivia, en la reunión plenaria realizada ni Buenos Aires el 23 de mayo de 1967, para la ubicación en el terreno del Vértice VIII (Ceno Chovoreca), de la línea límite entre ambos países, fijada por el laudo arbitral del 10 de octubre de 1938, se acordó designar al Presidente de dicha Comisión Mixta la aplicación sobre el terreno de dicha línea divisoria.
Las causas de la controversia surgieron cuando la delegación boliviana sostenía la inexistencia del cerro Chovoreca, es decir, ningún accidente que geográficamente pueda denominarse “Cerro”. Además, la validez del hito erigido en el Vértice VIII, en coincidencia con las coordenadas planas obtenidas del Plano del Laudo Arbitral. . .
La delegación paraguaya, en cambio, sostenía la existencia del Cerro Chovoreca y la nulidad del hito erigido en el Vértice VIII, porque el Acta de erección, firmada por un sólo delegado paraguayo y bajado en la creencia de que el Cerro Chovoreca no existía, estaba viciado de nulidad, por razones de forma y fondo.
En consecuencia, el Presidente de la Comisión Mixta, interpretando sus facultades y obligaciones emanadas del artículo 5º del Tratado de Paz, Amistad y Límites entre el Paraguay y Bolivia y el artículo 3º del Acta del 25 de noviembre de 1938, después de realizar los estudios pertinentes, decidió en forma inapelable y definitiva que el punto más alto del Cerro Chovoreca que menciona el Laudo Arbitral, expedido el 10 de octubre de 1938, es el punto indica do con la cota 254. 72 metros, perteneciente a la poligonal In que figura en el “gráfico de cotas parte norte hito VIII Chovoreca”. Este fallo, fechado m Buenos Aires el 11 de julio de 1969, estuvo turnado por el General de Brigada Gonzalo Gómez, de nacionalidad argentina, siendo Presidente de la Comisión Mixta Demarcadora de Límites Paraguayo Boliviana.
g) LA NORMALIZACION INSTITUCIONAL
El golpe militar del 13 de agosto de 1937 tenía como meta la normalización institucional del país.
Para preparar las elecciones se constituyó la Junta Electoral Central también con un representante del Partido Colorado, bajo cuya iniciativa se reformó la Ley Electoral ampliando la representación proporcional para que pudieran intervenir otros partidos además de los dos tradicionales.
La Convención del Partido Colorado de febrero- marzo de 1938 selló y remachó la unidad partidaria bajo la presidencia del doctor Juan León Mallorquín, resolviendo además su participación en las futuras elecciones parlamentarias aunque la Junta de Gobierno quedaba autorizada a decidir la abstención si las circunstancias así lo aconsejaban.
A más de los factores partidarios internos que obstaculizaban la normalización institucional, el problema de la paz del Chaco vino a influir en la política interna. Las negociaciones para la concertación de la paz realizadas exclusivamente por dirigentes liberales fue repudiada por la Junta de Gobierno del Partido Colorado así como el procedimiento seguido para la ratificación del Protocolo de Paz mediante el plebiscito.
Entonces, mientras el Partido Colorado se consideraba frustrado para reorganizar sus filas partidarias, la Convención del Partido Liberal votaba la candidatura del General José Félix Estigarribia para su postulación a la Presidencia de la República. Este, que fue candidato único, asumió el mando el 15 de agosto de 1939, logrando que los grupos políticos opositores renunciaran por la fuerza a sus propósitos de reacción contra el régimen liberal renacido. Su presidencia duró solamente hasta el 7 de septiembre de 1940, fecha en que falleció trágicamente junto con su esposa en un accidente de aviación cerca de Altos. A partir de entonces, otra etapa comenzaba en la azarosa vida política del Paraguay.
h) EL PROTOCOLO DE PAZ EN EL CONGRESO NACIONAL
A pesar de que el Superior Tribunal de Justicia había aprobado el resultado del plebiscito nacional del 10 de agosto de 1938 que ratificaba el Protocolo del 21 de julio de 1938, en diciembre del año siguiente el Poder Ejecutivo elevó un mensaje al flamante Congreso Nacional para poner a su conocimiento el Protocolo de Paz, Amistad y Límites.
En la Cámara de Diputados comenzó la discusión del procedimiento seguido para su aprobación, no para reabrir el debate sino para completar el fallo del plebiscito por el fallo inapelable de la historia.
En el artículo 72 inc. 12 de la Constitución vigente se establecía que corresponde al Congreso arreglar definitivamente los límites de la República. No habiendo seguido el Protocolo del 21 de julio de 1938 dicho requisito constitucional, surgía el interrogante si éste era o no válido. El problema no era fácil puesto que estaban en juego principios del Derecho de Gentes y del Derecho Público Interno. En consecuencia, el Protocolo aparecía válido para el Derecho Internacional pero nulo para el Derecho Constitucional.
La contradicción derivaba de la imperfección del orden jurídico imperante. El Derecho Internacional y el Derecho Constitucional constituyen dos construcciones distintas, dos esferas que responden a dos fuentes: las normas de uno no responden a las normas del otro. Así por ejemplo, un principio del derecho internacional no puede ser aceptado por la legislación de un Estado sin ser recibido por intermedio de una ley. Para el efecto, la Constitución Nacional establece la siguiente gradación: principios constitucionales, tratados, y leyes de la República.
El organismo autorizado para considerar los tratados es el Parlamento, no existiendo excepción alguna para que lo fuera de otra manera. Entonces, es o no válido el Protocolo del 21 de julio? La cuestión, a criterio del diputado Julio César Chaves, debía considerarse desde el punto de vista del Derecho Internacional y del Derecho Público Interno.
Para conocer si un pacto al cual le falta un requisito internacional es válido para el Derecho Internacional, el diputado Chaves aclaraba que es una cuestión difícil y debatida. El campo de la doctrina y de los tratadistas estaba dividido en dos grandes grupos. Para unos, el tratado en tales condiciones, es nulo y para otros válido. Para los primeros, es el derecho constitucional de los Estados el que determina el organismo competente para la conclusión de los Tratados. Faltando los requisitos constitucionales, el Tratado es nulo, opinión que es sostenida por el profesor Hebert Kraus. Para otros, la conclusión por los representantes en el exterior de las potencias no necesita del consentimiento parlamentario. Los tratadistas que sostienen esta teoría son, entre otros, Basdevant, Strupp y Verdross. El Jefe de Estado posee competencia para concluir tratados sin consideración alguna a las disposiciones constitucionales que limiten dicha competencia.
El segundo punto de vista a examinar según el doctor Chaves— es el del Derecho Público Interno. “De este Tratado del 21 de julio, como el mismo lo establece, derivarán acuerdos comerciales y económicos de gran importancia para nuestro país ¿Cuál sería la situación del juez nacional, en un caso que plantee derivado de este acuerdo? El juez nacional no podrá aplicar el tratado del 21 de julio. Este tratado no ha sido aprobado por el Parlamento Nacional y si lo aplica será violando el juramento que hizo de respetar la Constitución Nacional”.
“Este aspecto es el que nos interesa fundamentalmente —continúa el doctor Chaves— y la única manera de evitar discusiones sobre el respecto es que el tratado del 21 de julio pase a ser ley de la Nación. Con este procedimiento se evitarán grandes controversias y conflictos para el futuro y esto es lo que queremos conseguir”.
En la Cámara de Senadores, la Comisión de Relaciones Exteriores presentó el proyecto ya aprobado en la Cámara de Diputados, por el cual se aprueba el mencionado Protocolo de Paz, Amistad y Límites.
El miembro de dicha comisión, doctor Justo Prieto, a su vez Presidente de la Cámara, expresó que “cabe plantear ante esta Honorable Cámara, ¿qué valor jurídico tiene el plebiscito dentro de nuestras disposiciones constitucionales? ¿Cuál es su valor real como expresión de la voluntad nacional?”.
“Sin duda alguna —dijo— el plebiscito carece de valor jurídico. Nuestro país tiene fundado su régimen sobre la democracia representativa. El pueblo por expresa disposición constitucional no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes. El plebescito es una suerte de democracia pura, un ideal irrealizable, inaplicable por consiguiente, en tanto la cultura popular no llegue a un estado de perfeccionamiento, también ideal, que pueda equilibrar los arranques pasionales de las multitudes... Solamente el Parlamento ofrece las verdaderas y necesarias garantías de democracia y si algunos defectos tienen como toda institución humana, ellos deben ser achacados más bien a los hombres que a la misma institución. . Sin duda, por muchos siglos, no se hallará fórmula más adecuada para gobernar los intereses generales fuera del Parlamento y de todo el mecanismo del régimen representativo”.
“El plebiscito, no teniendo un valor jurídico, tiene sin embargo un valor de expresión elocuente y espontánea del espíritu social. Toda reunión de hombres, aún la más espontánea, la menos organizada, tiene una expresión colectiva. El plebiscito tiene así el significado de ser la expresión de una intuición, de un anhelo nacional, de los sentimientos populares Aunque desprovisto de valor jurídico, esos miles de hombres que han votado por la aprobación del tratado, han manifestado en forma inequívoca una decisión, han expresado un dictamen, han definido una voluntad firme del pueblo sobre asuntos de interés general. A ese pueblo que marchó decidido al sacrificio, y al cual no le consultara para iniciar la guerra, no se le puede desconocer el derecho de declararla terminada, dirigiendo así sus propios destinos con la suprema intuición de las multitudes”.
El Poder Ejecutivo comprendió, sin duda, siguió diciendo— esta circunstancia y a fin de que el Tratado no tuviera ningún vicio de nulidad, lo envía a la consideración parlamentaria, lo somete a la discusión serena y patriótica de los representantes del pueblo, para colocarlo así dentro de las normas constitucionales. Al aprobar el Parlamento el Tratado del 21 de julio, quedará pues eliminada toda discusión doctrinaria acerca de su validez, median te el cual se ha concertado definitivamente la paz, se han fijado los límites y afirmado la amistad con la República de Bolivia. No podrá, pues, ya invocarse en lo sucesivo ninguna clase de nulidad”
El senador Prieto señaló igualmente, que al tratado también puede hacérsele una objeción de fondo, que puede sintetizarse en una frase: los resultados de las negociaciones no satisfacen nuestras aspiraciones tradicionales, tanto en lo referente a la porción territorial obtenida, cuanto a ventajas económicas. Recalcó en su larga exposición que “el atentado del 17 de febrero de 1936 capitaneado por el coronel Rafael Franco, quien con sus acólitos destruyó cuanto de noble y elevado encontraba en su paso: energías privadas y virtudes colectivas. Destruyó nuestro renacimiento económico, provocó la disociación de la familia paraguaya e hizo perder al Paraguay su prestigio internacional”
En otro pasaje de su interesante exposición recalcó que “debe mencionarse como un honor para el Paraguay que en la secuela de las tratativas su actitud ha tenido una significación internacional. Una vez más nuestro país ha demostrado su adhesión completa a los principios de arbitraje y al no reconocimiento de las conquistas territoriales por la violencia. Desde luego, el arbitraje figura como medio de dirimir contiendas en toda su historia. En cuanto al no reconocimiento de las conquistas hechas por la violencia, ningún país como el Paraguay puede exhibir tan limpia ejecutoria. La doctrina del “no reconocimiento” que fue proclamada líricamente después de la guerra de la Triple Alianza fue formulada en el año 1890, robustecida en el año 1932, reiterada en el año 1936 y fue apoyada en el año 1938 en el Congreso de Lima, en la cual la delegación paraguaya mostró, para la correcta formulación del principio su actitud más firme y decidida. El Paraguay con motivo de su última guerra, de acuerdo con las palabras del doctor Diez de Medina, en la sesión plenaria del 17 de diciembre último, pudo exhibir a la consideración del mundo el más alto postulado del Derecho Internacional Americano: La victoria, no engendra derecho” .
Finalmente, el proyecto de ley fue aprobado por unanimidad y el Poder Ejecutivo lo promulgó bajo el número 61 en fecha 16 de febrero de 1939, quedando así definitivamente terminada cualquier futura controversia sobre uno de los actos más importantes de nuestra historia política y diplomática.
(1) Marco A. Laconich escribe al respecto: "Es sabido que la primera etapa de la penetración boliviana en el chaco Paraguayo se cumplió a lo largo de la margen izquierda del Rio Pilcomayo, por medio de un sistema de fortines escalonados desde Villa Montes hasta los Esteros de Patiño. Este obstáculo natural, insalvable hasta hace algunos años, desvió el avance hacia el Norte. (Fortines Muñoz, Cuatro Vientos, Tinfunke, Alihuatá, Arce, etc.). "En los comienzos, la invasión altiplánica se efectuaba operando a través del territorio argentino. Tropas bolivianas partían de Tarija, cruzaban la frontera argentina, bajo el amparo de los desiertos y fondeaban el rio Pilcomayo a la altura del fortín Guachalla, lo reveló en su hora un Canciller argentino, el Dr. Estanislao S. Zevallos: “Al mismo tiempo llegaban avisos de movimientos de soldados bolivianos en el Alto Pilcomayo, que habían marchado a las veces por territorio argentino” (1906).
(2) “Naturalmente, la situación de guerra, —nos dice Marco A. Laconich— en que se encontraba el Paraguay no le permitía enredarse en otro conflicto con la Argentina y aceptó los hechos, obligado por las circunstancias. Las tropas paraguayas recibieron órdenes de evitar todo incidente con los nuevos ocupantes, al mismo tiempo que la Cancillería del país vecino daba seguridades de que la ocupación “no significaba ejercicio de soberanía” y que la frontera sería definida "de acuerdo con los pactos existentes". “Creóse de esta manera un “statu-quo”, que sólo sirvió para que la penetración argentina cobrase mayor amplitud con el pronto desvío del cauce del Pilcomayo hacia el Norte. Los tres fortines entregados por los bolivianos procrearon con rapidez: hoy suman más de diez y ocho los fundados posteriormente por los argentinos. Sus nombres van enseguida: Soledad, La China, Laguna Verde, Güemes, Lavalle, Brandzen, La Isleta, La Puente, Yacaré, Campamento, Descanso 14 de Diciembre, Salazar, Nuevo Salazar, Caracoles, Leyes, etc. Actualmente abarca más de cuatro mil kilómetros cuadrados. Fueron construidas allí Importantes obras militares, cuarteles, líneas telegráficas y telefónicas, caminos que no revelan ciertamente el ánimo de una ocupación accidental. 1939)".
(3) El 21 de febrero de 1979, la prensa metropolitana informó que la Dirección de Información Pública de Formosa (R.A.) distribuyó una extensa nota relacionada con la cuestión virtualmente planteada por Paraguay respecto al aprovechamiento por parte de esa Provincia de los desbordes anuales del Pilcomayo. Señala el diario “Clarín”: “La nota se refiere a la proyectada construcción de un embalse en el norte provincial, para controlar las aguas que el mencionado río desborda por territorio formoseño, principalmente por los causes de los riachos Porteño, Pavao y Tatú Piré. El reservorio evitará inundaciones periódicas y permitirá regar unas 43.000 hectáreas de tierras fértiles que no se aprovechan convenientemente por falta de agua”.
“En su edición del último domingo, Clarín consigna expresiones de funcionarios paraguayos en el área hidráulica y de los matutinos paraguayos “Patria” (oficialista) y ABC Color, uno de cuyos periodistas entrevistó sobre el tema al gobernador, general Juan Carlos Colombo”, añade el matutino porteño.
“En la nota distribuida por la Dirección de Información Pública, el mandatario señala textualmente que “no se trata de un proyecto dirigido a influir sobre el caudal normal del Pilcomayo sino sobre sus excesos en épocas de deshielo en la cordillera donde el río nace.” Agrega Colombo que el “equívoco en los comentarios nace de una deficiente información del periodista paraguayo, que malinterpreta el sentido y los objetivos de la presa”. Sostiene luego el gobernador que las autoridades internacionales encargadas de controlar este tipo de obras estaban en conocimiento de la misma y no formularon objeción alguna a su concreción”.
“Afirma también que la presa no redundará en perjuicio alguno para los países que comparten con la Argentina el aprovechamiento del Pilcomayo y finalmente se refiere a las buenas relaciones que se mantienen con Paraguay, señalando que Formosa cuida de que sus emprendimientos resulten mutuamente beneficiosos y cita al respecto la construcción en marcha de la ciudad-puerto de General Fortheringhan, sobre el río Paraguay, que dará salida por la Argentina a la actividad del rico sur paraguayo”, añade Clarín.
“Hace más de 10 años se inició el estudio de alguna solución para estabilizar el cauce del riacho Porteño que atraviesa una de las zonas más ricas de la provincia. Ellos concluyeron en la necesidad de planificar el dique, cuyo anteproyecto fue encargado a la firma Franklin Consult, que lo realizó atendiendo principalmente los daños que ocasiona el Pilcomayo a una vasta zona de Formosa por los desbordes anuales de dicho río”, analiza el matutino porteño.
La Nota de Redacción del diario “ABC Color” expresaba a continuación: “La extensa nota remitida por la Dirección de Información Pública de Formosa, y que contiene expresiones del gobernador de dicha provincia, general Juan Carlos Colombo, no aclara sin embargo varias incógnitas. ¿En qué consiste realmente el proyecto y cuáles son sus objetivos? ¿ Qué papel juegan realmente las aguas del Pilcomayo y cuáles son los volúmenes previstos? ¿Cuáles son las consecuencias hidrológicas y ecológicas previstas en el área del Estero Patiño y en el bajo Pilcomayo como consecuencia de una posible alteración del volumen de las inundaciones? Por otro lado, el periodista de este diario que entrevistó al Gral. Colombo en Formosa, se limitó a transcribir las declaraciones del mismo, sin ningún comentario anexo”.
(4) A fines de 1905 llegó a la Asunción el Dr. Emeterio Cano cuyo primer acto diplomático fue protestar contra el protocolo del 11 de setiembre de 1905 suscrito entre Argentina y Paraguay, creando una Comisión Mixta de estudio del río Pilcomayo para determinar cuál era el brazo principal. El doctor Cano salvaba “de la manera más explícita los derechos de Bolivia a los territorios del Chaco, sujetos hasta ahora a una larga controversia diplomática”.
El gobierno paraguayo nombró al doctor Domínguez su plenipotenciario ad-hoc para tratar con el doctor Cano y el 22 de febrero de 1906 iniciaron sus gestiones bajo la presidencia del Canciller Soler.
En la primera conferencia ordinaria, el doctor Cano tomó la palabra e hizo un resumen breve de las negociaciones anteriores y terminó abogando por el arbitraje. Le replicó el doctor Domínguez reconociendo la bondad del recurso arbitral, pero apuntando su irreductible resistencia al arbitraje como le había propuesto el doctor Cano. En las discusiones hubieron proposiciones y contraproposiciones no exentas de erudición y belleza de exposición, pero al final quedaron frente a frente la 3º línea del doctor Cano: “Trazar un ángulo recto en el interior del Chaco, que tenga por lados el paralelo 21 de latitud sud y el meridiano 63 oeste de París” y la línea de compensación del doctor Domínguez consistente en que Bolivia baje al sud del paralelo 20, al sud de Bahía Negra, sin tocar el Fuerte Olimpo, cuyos cimientos son inconmovibles, a condición de que el Paraguay suba del mismo modo a lo largo del meridiano 62 de Greenwich sobre el paralelo 20.
Como en el mes de noviembre había cambio presidencial en el Paraguay, los plenipotenciarios protocolizaron sus gestiones, que quedaron aplazadas. Parecía que el doctor Cano se retiraría y hasta se habló de una mediación del Gobierno del Brasil que si bien el Paraguay estaba dispuesto a aceptar no la había pedido.
(5) Era entonces Presidente de la Nación Argentina el doctor Figueroa Alcorta, que nombrado también árbitro con anterioridad en el asunto de límites peruano-boliviano, había fallado a favor de los primeros. Entonces, el pueblo boliviano, indignado por su fallo, apedreó la legación argentina en La Paz, motivo por el cual el Presidente Figueroa Alcorta renunció a actuar como árbitro designado por el Tratado.
(6) A más de Guachalla y Ballivián que Bolivia tenía en 1907, fecha en que se resolvió mantener el statu-quo. Se fundaron otros como Linares, Magariño, Esteros, Saavedra, Sorpresa, Tinfunque, Muñoz, Arce, etc.
(7) Rojas Silva habla salido en exploración de Mariscal López hacia Sorpresa. Allí fue apresado y luego muerto por el héroe nacional boliviano Tejerina. Sus restos reposan en el lugar de la inmolación.
(8) Con ese pacto, no sólo pretendía Bolivia dar visos de Juridicidad a su ocupación clandestina, sino también derogar el estado de cosas creado por el modus vivendi de 1907, con ni reconocimiento de sus posiciones más avanzadas, que alcanzaban ya el meridiano 59º 30. Según el pacto, habla que "respetar las posiciones efectivas, lo cual significaba dejarle las manos libres para seguir avanzando al amparo de la extensión del territorio chaqueño, hasta llegar infiltrarse hacia el litoral.
(9) Esta agresión fue comunicada a las legaciones de los países de la Comisión de Neutrales el 6 de julio de 1932, y al día siguiente el Paraguay se retiró de la Conferencia de Conciliación y arbitrajes con sede en Washington.
(10) El territorio sometido al arbitraje conjunto de los Presidentes de Argentina, Brasil, Chile, Perú, Uruguay y los Estados Unidos de América o sus representantes, tenía 31.500 Kms.2, como el arbitraje no era el de derecho sino el de equidad, ex equo et bono, sólo retuvimos 14.678 Km2. El resto se otorgó a Bolivia.
HISTORIA DIPLOMÁTICA DEL PARAGUAY DE 1869-1938
Por ANTONIO SALUM-FLECHA
TERCERA EDICIÓN – CORREGIDA Y AUMENTADA
INSTITUTO PARAGUAYO DE ESTUDIOS GEOPOLÍTICOS E INTERNACIONALES
Impreso en Talleres Gráficos de la EDITORA LITOCOLOR
Asunción – Paraguay. 1983 (257 páginas)
Campo Esperanza, agosto de 1932, Grupo 2 de Artillería "General Roa",
el Capitán Raimundo Rolón en marcha hacia Boquerón junto con el
Comandante de la Primera División de Infantería Mayor Carlos Fernández

References: artículo 1
 Resolución 
 artículo 5
 artículo 16
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 13
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 15
 artículo 15
 resolución 
 artículo 11
 artículo 11
 artículo 5
 artículo 3
 artículo 72