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Timestamp: 2020-01-25 20:32:48+00:00

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La Sony A7 III es el modelo estándar de la gama A7, que incluye la gama A7R de alta resolución y la A7S, orientada a aquellos usuarios que precisan disparar con sensibilidades muy elevadas. Sony fue el primer fabricante en desarrollar una cámara mirrorless con sensor de formato completo y tanto la amplia gama de ópticas dedicadas (desde hace unos meses, incluso Sigma Serie ART), como la especialización de sus tres líneas de cámaras convierten a la multinacional nipona en la opción más versátil en el formato full frame sin espejo.
El precio de la Sony A7 III será el principal atractivo para muchos usuarios, que –hasta el lanzamiento de este modelo– no pudieron acceder a una cámara mirrorless de formato completo, pues sin ser una cámara «asequible» (sobre los 2.300€), sí es el modelo Sony con sensor de formato completo que ofrece menor precio. En este análisis voy a desvelar sus principales virtudes y defectos.
La segunda versión de la Serie A7 trajo claras mejoras en el diseño y ergonomía de la cámara: desde una mejor sujeción (gracias a una empuñadura redimensionada) y un acceso más racional a los botones y diales de control. Las cámaras Sony A7 (con sus variantes A7R y A7S) ofrecen una muy agradable y certera sensación de seguridad en las manos. A esto contribuye también la calidad de los materiales metálicos de construcción y el recubrimiento de goma de la empuñadura, que facilita un mejor agarre, tanto al disparar con ópticas pesadas (como el zoom FE 100–400mm GM OSS), como al disparar en vertical.
El sellado de las zonas más sensibles (a excepción de las tapas de los conectores, uno de los puntos mejorables) garantiza el manejo de la Sony A7 III en condiciones climáticas adversas, ya sea en frío hasta -10ºC, en la humedad de los trópicos o bajo el polvo del desierto. La construcción en metal garantiza mayor resistencia a los golpes y caídas que los materiales plásticos, muy comunes en las cámaras SLR de gama media.
Sigo pensando que las cámaras Sony A7 son las más antipáticas a la hora de afrontar una review, pues es tal el grado de personalización que difícilmente puedo familiarizarme con ella, sus botones y menús en el tiempo de cesión de la cámara. Tras esta opinión personal, basada en el poco tiempo disponible con la cámara, quiero indicar que sólo la frecuencia con que el usuario utilice la cámara logrará una familiarización completa, pues podrá disponer de los parámetros que más utilice en cualquiera de los botones personalizables, convirtiendo a la Sony A7 III en poco menos que una cámara hecha a medida.
En la tapa superior de la Sony A7 III encontramos el selector de puesta en marcha, rodeando a un disparador amplio y sensible. Bajo éste, está situado el dial de control frontal. El aro de modos de exposición y de compensación de la exposición son –junto a los dos primeros botones de función personalizada– todos los controles situados en la parte superior de la cámara. Siempre he pensado que el lado izquierdo del visor está desaprovechado y podría albergar un dial o dos botones de acceso a funciones personalizadas.
En la parte trasera se han dispuesto el segundo dial de control, el joystick de selección del punto de foco, el selector de acceso al modo de visualización de pantalla, ISO y modo de disparo y los botones de acceso al menú general de la Sony A7 III, dos botones personalizados, el de activación del sistema AF, bloque de exposición, acceso a menú rápido (Fn) y revisión y borrado de capturas (que comparte con la 4ª función personalizable). El seguro de la tapa de las ranuras SD completa la botonería en la tapa trasera de la Sony A7 III.
La Sony A7 III es la cámara más versátil de las tres líneas de cámaras mirrorless de formato completo de la multinacional japonesa. Carece de la elevada resolución de la A7R III y no alcanza los valores ISO ofrecidos por la A7S II, pero es una excelente cámara «generalista», capaz de afrontar multitud de ámbitos fotográficos. La elevada calidad de imagen de la Sony A7 III se incrementa respecto a versiones anteriores, gracias al sensor CMOS retroiluminado y el nuevo procesador BIONZ X. La respuesta en ISO altos se mejora (la escala nominal de sensibilidades se amplía hasta 51.200 ISO), mostrando una menor señal de ruido, mayor contraste y una pérdida del color inferior a la versión Sony A7 II.
Los amantes de la fotografía de viajes, de gastronomía, macrofotografía, paisajes y retrato tienen en la Sony A7 III una excelente compañera de trabajo e incluso quienes deseen dar sus primeros pasos en ámbitos tan especializados como la fotografía de espectáculos o en la astrofotografía encontrarán en la A7 III una cámara capaz de afrontar todos estos retos con solvencia.
Sobre el papel, a los ojos menos expertos, puede parecer que apenas existen diferencias entre la nueva Sony A7 III y su predecesora, pues mantienen la misma resolución de 24,3 millones de píxeles. Sin embargo, el cuerpo de la Sony A7 III encierra secretos que sólo se revelan al disparar con ella… Las características técnicas principales de la Sony A7 II son:
Sensor CMOS retroiluminado de 24,3 Megapíxeles
6 modos de fotometría (1.200 zonas de medición)
Sensibilidad nominal: 100–51.200 ISO (ampliada: 50–204.800 ISO)
Enfoque automático híbrido rápido con 693 puntos de detección de fases y 425 puntos de enfoque automático por contraste
Modos de calidad de imagen: RAW (14 bits), RAW + JPEG (Extrafina, Fina, Estándar), JPEG (Extrafina, Fina, Estándar)
Pantalla de 3″ con tecnología táctil de 921.600 puntos de resolución
Los 6 modos de exposición (incluido el modo de escena) proporcionan la seguridad de capturar la imagen mejor expuesta a todo tipo de usuario. Así, los más noveles tendrán en los modos automatizados el salvavidas que les garantice unas fotografías con la exposición correcta y los más expertos podrán disfrutar con las versatilidad del modo manual, donde es el usuario quien elige la velocidad de obturación y la abertura.
Los modos de exposición de la Sony A7 III son:
Desconozco porqué todos los fabricantes mantienen los modos de escenas en modelos de gama alta, puesto que son un modo de exposición heredado de las cámaras compactas más sencillas, que incluyeron los modos de escena al aburrido y monótono modo programable. La Sony A7 III reduce de forma drástica los modos de escena a:
Otra de las herencias recibidas de las cámaras compactas son los filtros creativos, aspecto en el que los fabricantes tradicionales de cámaras sin espejo ofrecen resultados más vistosos que los dos gigantes del entorno réflex, canon y Nikon. Los filtros artísticos incluidos en la Sony A7 III son:
Cámara de juguete (Normal/Frío/Cálido/Verde/Magenta)
La fidelidad del color viene dada por la respuesta del sistema de balance de blancos, que mide la temperatura de color y la compensa a un blanco estándar. Pero más allá del balance de blancos, los estilos creativos facilitan modificar de manera rápida y sencilla la saturación y contraste del color. Así, la saturación al fotografiar un paisaje con un cielo azul intenso no será la misma que al realizar un retrato, donde se necesitan tonos más neutros. Sony es uno de los fabricantes (junto con Canon y Fujifilm y sus modos de simulación de película) que mejores estilos creativos incorpora en sus cámaras.
Los estilos creativos en la Sony A7 son:
La confianza en una cámara se fundamenta en aspectos como la autonomía, la fiabilidad y una exposición correcta. Las tres series A7 ofrecen una medición de luz impecable, tanto a pleno sol, como en interiores poco iluminados. La matriz de 1.200 zonas y los diferentes modos de fotometría garantizan una exposición precisa en todo tipo de escenarios lumínicos. La experiencia de cada usuario determinará la selección del modo de medición más adecuado a cada escena y la Sony A7 III dispone del más amplio abanico de modos de fotometría del mercado. Es importante destacar que el rango de iluminación operativo de la fotometría de la Sony A7 III empieza en -3 E.V.
Los modos de medición de luz de la Sony A7 III son:
El balance de blancos seleccionado mostrará el tono general del color de la fotografía; el sistema de medición de balance de blancos reacciona ante la temperatura de color ambiental y muestra imágenes con la máxima fidelidad cromática a los tonos originales; es –junto a la fotometría– el factor que determina la exposición correcta de una fotografía y nos evita perder horas ante el ordenador ajustando el color de cada imagen capturada. La respuesta del balance automático de blancos de la Sony A7 III me ha decepcionado soberanamente al disparar con luz artificial, pues las dominantes cálidas son excesivas para un modelo del que se esperan las máximas prestaciones.
Los modos de balance de blancos de la Sony A7 II son:
Temperatura de color (de 2.500 a 9.900º K)
Nuevo sensor retroiluminado
El nuevo sensor CMOS Exmor R de 24,2 megapíxeles ahora cuenta con una estructura retroiluminada; se combina con el procesador de imágenes BIONZ X. De esta manera se duplica la velocidad de lectura de datos y se alcanza una capacidad de procesamiento de datos 1,8 veces superior, respecto a la Sony A7 II. El sensor de imagen CMOS retroiluminado mejora la eficacia de la captación de la luz, amplía la escala de circuitos y –con la ayuda de una capa de cableado de cobre– transfiere los datos con mayor rapidez, a la vez que minimiza el ruido para revelar todos los detalles en cada imagen.
Sony A7 III: la cámara versátil
Estamos ante la evolución natural de la Sony A7 II, un modelo que me dejó muy buenas impresiones, pero –como todas las cámaras– mejorable en algunos aspectos. La nueva Sony A7 III corrige algunos puntos débiles del modelo anterior e incorpora nuevas prestaciones, incrementando la calidad de imagen de las fotografías, la respuesta en ISO altos y –de manera especial– todo lo referente al sistema de enfoque automático, notablemente mejorado. Sin ser la cámara más rápida en disparo, la cadencia de disparo de hasta 10 imágenes por segundo (f.p.s.) permite utilizar la Sony A7 III incluso en fotografía deportiva a nivel aficionado.
Uno de los puntos fuertes en la Sony A7 III es el sistema AF, que incluye como novedad el joystick de selección del punto de enfoque. Esto permitirá al usuario seleccionar la posición del punto o área de detección de foco. Es una prestación especialmente útil en la fotografía de sujetos en movimiento. Por otra parte, la ampliación a 693 puntos de detección de fase agiliza el enfoque de forma sustancial, incluso en condiciones adversas de iluminación, pues facilita el enfoque automático incluso a -3 E.V.
Sony A7: la primera mirrorless de formato completo
En unas semanas hemos visto aparecer nuevos modelos sin espejo con sensor de formato completo. Los dos gigantes del entorno réflex han decidido olvidar el espejo y apostar todo por modelos mirrorless de gama alta, pero que no han seducido al profesional. En mi opinión, creo que tanto Canon como Nikon llegan muy tarde y que tendrán en Sony el mayor oponente en la lucha por ser líderes en ventas de cámaras sin espejo y sensor de formato completo. La Sony A7 fue el modelo que inició el camino y gracias a ella han sido miles de usuarios que ha gozado de las prestaciones del formato completo.
¿Pero realmente necesitamos el formato completo? ¿Todos? Considero que tras la carrera del píxel, donde los fabricantes nos adoctrinaron en el absurdo paradigma del «cuanto más, mejor», y pasar por el vía crucis de cámaras que llegaban a superar valores de un millón de ISO (cuando a 3.200 ISO ya mostraban una calidad de imagen discreta), estamos entrando en el momento en que las marcas nos seducen con «Ponga una cámara mirrorless de formato completo en su vida». Es hora de levantarse, acercarnos a un espejo y preguntarnos: «Espejito, espejito… ¿De verdad necesito el formato full frame?». El grado de sinceridad de cada uno determinará la respuesta.
La Sony A7 III dispone de un visor electrónico que cubre el 100% del área de la imagen. La resolución de 2,359 millones de puntos proporciona una visón con detalle, sin importar si se fotografía en exteriores a pleno sol o en interiores poco iluminados. Ni la velocidad de refresco ni la resolución es tan elevada como en su hermana mayor –la Sony A7R III– y al disparar rápido entre foto y foto es posible encontrar un efecto black out de pérdida momentánea de visión. El brillo y la temperatura de color del visor electrónico es ajustable en 5 pasos.
Otro de los aspectos claramente mejorables en la Sony A7 III reside en la resolución de su pantalla LCD, pues los 921.600 puntos me parecen del todo insuficientes para visualizar con claridad fotografías con un enfoque crítico. Más aún en un modelo que supera claramente los 2.000€. La pantalla LCD de 3″ es de tipo abatible, incluye tecnología táctil y facilita el enfoque con el dedo en toda el área de la pantalla. Como sucede en la Sony A7R III, es posible desplazar el punto de enfoque con el dedo sobre la pantalla LCD mientras se sigue la acción a través del visor electrónico.
La Sony A7 III dispone de un sistema de estabilización de alta precisión, con sensores de giro y algoritmos que logra incrementar la velocidad de obturación en 5 pasos E.V. El excelente rendimiento del estabilizador en el sensor de la Sony A7 III facilita disparar con velocidades de hasta 1/4 de segundo (con ópticas cortas y medias) con plenas garantías de obtener una fotografía libre de trepidación y así poder utilizar sensibilidades más bajas.
Junto al sensor retroiluminado y el joystick de control del punto de enfoque, el sistema AF es el apartado que más novedades y mejoras ofrece en la Sony A7 III. El enfoque 4D de la Sony A7 III incluye 693 puntos de enfoque automático con detección de fases[1], que cubren aproximadamente el 93 % del área de la imagen y 425 puntos de enfoque automático con detección de contraste[2] densamente posicionados para mejorar el enfoque.
Gracias al AF con detección de fases en plano focal y el preciso AF con detección de contraste, el AF híbrido rápido de Sony permite capturar sujetos en movimiento rápido con nitidez. Este sistema mejora el rendimiento y duplica la velocidad del AF. El rendimiento del AF tomado de la α9 ofrece un seguimiento de AF más preciso para el disparo continuo de acción rápida. La veloz lectura del sensor de imagen permite seguir el movimiento complejo de los sujetos y predecir los desplazamientos repentinos con precisión, para capturar los momentos decisivos.
Con la Sony A7 III ya es posible utilizar el sistema de enfoque Eye AF con el modo AF-C, para una detección y seguimiento de los ojos rápidos y efectivos al fotografiar y así conservar fácilmente un enfoque óptimo de los sujetos en movimiento y no perder un solo gesto al realizar un retrato. El sistema Eye AF funciona incluso con el rostro parcialmente tapado, con la mirada hacia abajo o en contraluces extremos.
La calidad de imagen es el apartado que –junto al sistema AF– más se ha mejorado en la Sony A7 III. Desde el contraste y el detalle, al rango dinámico y al color, los avances en la calidad de imagen en la Sony A7 III son muy remarcables. Las fotografías se muestran más naturales, gracias a una mejor respuesta del color, más natural y fidedigno. Así, los tonos de piel en los retratos, los cielos azules y los árboles verdes en los paisajes resultan mucho más realistas, al mostrar una mayor fidelidad cromática y alejarse de los tonos excesivamente estridentes.
Con una configuración de baja sensibilidad (entre 100–800 ISO) es posible conseguir un rango dinámico de hasta 15 pasos E.V, gracias al sensor CMOS retroiluminado y al nuevo procesador de imagen BIONZ X, un conjunto que ofrece una suave transición en la gradación de sombras a luces, pero mantiene la naturalidad de la que carece una fotografía HDR.
El rango nominal de sensibilidades se amplía y ahora es posible disparar con valores ISO nativos comprendidos entre 100 y 51.200 ISO (ampliables a 50–204.800 ISO). Como me sucede con la totalidad de fabricantes, considero absurdo que se incluyan sensibilidades que son más un reclamo de márqueting que una solución digna, pues la señal de ruido, la caída del contraste y la fidelidad cromática fallan de manera estrepitosa al pasar de ciertos valores ISO. La Sony A7 III incorpora tecnologías de reproducción de detalle y Noise Cancelling en zonas específicas, que –al disparar con sensibilidades elevadas– mantienen la riqueza en el detalle y reducen el ruido en zonas en sombras.
Las pruebas realizadas demuestran que la calidad de imagen es perfectamente utilizable hasta 10.000 ISO (incluso para realizar ampliaciones de gran tamaño), si bien la sensibilidad límite donde se mantienen todas las virtudes de una calidad de imagen excelente (señal de ruido reducida, detalle, contraste medio y fidelidad del color) se sitúa en 6.400 ISO. A partir de 12.800 ISO aparecen «artefactos» (píxeles de color alterados), la fidelidad del color se reduce y cae el contraste. Considero que las sensibilidades de 25.600 y 51.200 son –como en la practica totalidad de modelos del mercado– más un reclamo publicitario que una solución útil y adecuada al usuario.
El apartado vídeo ha sido –junto a la respuesta del balance automático de blancos en interiores iluminados con tungsteno– una de las mayores decepciones al realizar las pruebas de la Sony A7 III, pues la calidad de las grabaciones han sido inferiores a las que conseguí con la cámara Fujifilm X-T3 hace unas semanas. Pese a disponer de una calidad de grabación 4K, siento que el detalle es muy inferior en el último modelo de Sony, pues la grabación en 4K utiliza velocidades de hasta 100 Mbps, en lugar de hasta 400 Mbps del modelo de Fujifilm.
Todas las fotografías se han realizado con el zoom Sony FE 24–70mm ƒ/2.8 GM, uno de los objetivos con mayor calidad óptica del fabricante nipón. He utilizado los modos de exposición manual y prioridad de abertura, así como el modo HDR. Los modos de fotometría seleccionados han sido multisegmento y poderado al centro y en el balance de blancos, el modo automático. Como en todas las pruebas que realizo, he disparado en formato JPEG, para evitar la personalización del revelado RAW. Las fotografías se han disparado en un rango de sensibilidades comprendidas entre 50–4.000 ISO.
Tras dos semanas con la Sony A7 III en mis manos, siento que estoy ante un modelo que –si bien mantiene la resolución de las dos versiones anteriores– es relativamente innovador. Las principales novedades llegan de la mano del sensor retroiluminado, el procesador de imagen BIONZ X y un sistema de enfoque automático mejorado. La versatilidad de la Sony A7 III la convierte en la herramienta con que un aficionado a la fotografía de naturaleza plasmará la belleza de unos flamencos rosa en el Delta de l’Ebre o en la cámara que hará unas muy buenas fotos familiares, de paisajes o en vacaciones.
Sin embargo, el usuario debe preguntarse ¿realmente necesito una cámara con sensor de formato completo? En mi opinión, no. El mercado ofrece soluciones con una calidad de imagen muy similar en el segmento APS-C, como la cámara Fujifilm X-T3 (para mí, el mejor modelo de 2018), cuyos objetivos ofrecen un muy alto rendimiento óptico a un precio que llega a ser la mitad de los objetivos Sony. ¿Qué sentido tiene pasarse al formato completo, si –por precio– no podemos disponer de las mejores ópticas para estas cámaras?
Si bien la Sony A7 III carece del sello «Profesional» del que goza la A7R III, en mi opinión es una cámara diseñada para satisfacer a un grupo mucho más amplio y heterogéneo que el modelo de alta resolución. Los menús me siguen pareciendo sumamente antipáticos: son excesivamente densos (14 pantallas en el menú «Cámara» en modo foto) y ralentizan el manejo rápido y fluido de la cámara. Tampoco su diseño es el más fotográfico del mercado, pero la facilidad para personalizarla regalará al usuario de la Sony A7 III una cámara prácticamente única y –casi– fabricada a su medida. Sólo la práctica y las horas continuadas de uso lograrán que el usuario se familiarice con ella y pueda explotar así todo su potencial.
El enfoque 4D mejorado es tan sólo superado por la Sony A9, la cámara con el sistema AF más rápido del mercado; sin embargo, la Sony A7 III poco tiene que envidiar al buque insignia de la multinacional nipona en velocidad y precisión de enfoque, pues incluso en condiciones muy adversas de luz es capaz de enfocar en sujetos o motivos con bajo contraste. El modo de enfoque Eye AF me parece imprescindible en retratos, fotografía de moda y social.
La calidad de imagen experimenta una ligera mejora, respecto a las dos versiones anteriores. El sensor retroiluminado ofrece una mejor respuesta al disparar en ISO altos, mostrando mayor detalle y contraste. La respuesta del balance de blancos, la cadencia de disparo y la resolución de del visor y la pantalla LCD son algunos de los aspectos más mejorables en la Sony A7 III, que –pese a ser un modelo de más de 2.200€– mantiene cifras de cámara de iniciación. Tampoco la calidad del vídeo es la esperada en un modelo del fabricante líder en este apartado. La Sony A7 III me deja un sabor agridulce, algo que sólo disfruto en la gastronomía china.
Construcción y sellado, que garantizan durabilidad y resistencia
Máxima personalización, según las necesidades o preferencias del usuario
Modo de enfoque Eye AF
Respuesta a ISO altos (hasta 12.800 ISO)
Estabilizador de imagen interno solvente
Diseño de la cámara poco fotográfico y mal aprovechado
Menús excesivos, densos, lentos, poco intuitivos y farragosos
La resolución se mantiene en los 24,3 Megapíxeles de las dos versiones anteriores de Sony A7
Los valores ISO más altos son más un reclamo de publicidad que una solución válida
El balance automático de blancos en interiores tiende a ofrecer tonos excesivamente cálidos
Respuesta del disparador (más lenta de lo deseable)
Calidad de las grabaciones de vídeo 4K
Precio: 2.299€ (sólo cuerpo)

References: resolución 
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