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Timestamp: 2017-09-22 19:36:46+00:00

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Carla Tebar Lucero
1 EL PAPEL DE LOS USOS EN EL CODIGO DE COMERCIO (Notas para una reinterpretación del art. 2 C de c) 1 Jesús Alfaro Aguila-Real Profesor titular de Derecho Mercantil. Universidad Autónoma de Madrid. I. La integración del contrato mercantil: Planteamiento del problema. 1. Pese a que, con frecuencia pasa desapercibido, el art CC es un precepto absolutamente central dentro de nuestro Derecho de obligaciones y contratos pues en él se regulan las fuentes de integración del contrato, es decir, los "materiales" a los que han de acudir los operadores jurídicos para determinar el régimen jurídico de una relación contractual concreta 2. Justificar esta afirmación es tarea bien sencilla y bastarán para ello dos argumentos. En primer lugar, la imagen de dos contratantes regulando exhaustiva y minuciosamente todas las posibles vicisitudes que pueden afectar a su relación es simplemente quimérica. Los contratos tienen un carácter "naturalmente" incompleto. Por lo tanto, las labores de integración contractual constituyen una de las tareas más significativas entre las asignadas a los órganos de aplicación del Derecho 3. En segundo lugar, el art CC constituye la 1 El presente trabajo constituye la reelaboración de una ponencia desarrollada en el Seminario de Derecho Mercantil de la Facultad de Derecho de la UAM. Las notas añadidas no tienen, lógicamente, pretensión de exhaustividad. 2 V., por todos, DIEZ-PICAZO, Fundamentos de Derecho civil patrimonial I, Madrid, 1979 p V. sobre estas funciones del art. 1258, J. ALFARO, Las condiciones generales de la contratación, Madrid, 1991, p 359 ss con más indicaciones. 1
2 sede legitimadora del llamado desarrollo judicial del Derecho en el ámbito contractual. En aplicación de este precepto, los jueces actualizan el Derecho contractual dispositivo adaptándolo a la evolución del tráfico económico y dotando de regulación a los nuevos tipos contractuales producto de dicha evolución. 2. En la realización de las tareas de integración contractual, el art CC ordena al juez que, ante una cuestión contractual litigiosa, acuda, en primer lugar, al propio contrato, para determinar si las partes han previsto la cuestión y han establecido una regulación de la misma ("lo expresamente pactado"). Si tal regulación existe, la tarea del juez se reduce a interpretar la cláusula o cláusulas contractuales correspondientes y a aplicarlas a la cuestión litigiosa. Si las cláusulas son dudosas, recurrirá a los criterios hermenéuticos consagrados en los arts a 1289 CC. Si las partes no han previsto una regulación expresa, el juez acudirá, en principio, al Derecho dispositivo para determinar la regulación aplicable. Si existe una regla legal dispositiva y la misma se ajusta a las "expectativas normativas de las partes", el juez aplicará la norma dispositiva al caso concreto (integración del contrato de acuerdo con la ley). Si las partes no han previsto una regulación expresa y el juez acude al Derecho dispositivo y existe una regla aplicable a primera vista, pero, tras una valoración equilibrada de los intereses, ésta no se ajusta a las "expectativas normativas de las partes", el juez deberá resolver la cuestión acudiendo de nuevo al contrato para determinar si existen datos en el mismo que 2
3 permitan deducir qué regulación se habrían dado las partes, recurriendo en su caso a los usos si la regulación contenida en éstos responde mejor a dichas expectativas (interpretación integradora del contrato). Una vez determinada procederá a su aplicación a la cuestión litigiosa. Si las partes no han previsto una regulación expresa, y el Derecho dispositivo carece de una regulación para el supuesto planteado, el juez deberá verificar si existe un uso jurídico que dé una solución al conflicto y, lo aplicará al caso (integración del contrato de acuerdo con los usos). Por último, si tampoco existe una regla consuetudinaria aplicable al caso, el juez deberá examinar la "naturaleza" (tipo) del contrato celebrado y "descubrir" la regulación adaptada al mismo que (de acuerdo con las valoraciones de) el legislador (se) habría dado para ese supuesto (integración del contrato de acuerdo con la buena fe). Si la regulación "descubierta" es trasladable a otros supuestos y se inserta sin fisuras en el ordenamiento, pasará, en su caso, a formar parte del arsenal jurídico de los jueces (desarrollo judicial del Derecho) En este contexto resulta extraño que en el Derecho mercantil no exista una norma similar al art CC, sobre todo, si tenemos en cuenta que la mayor parte de la legislación mercantil resulta integrada por normas relativas a la contratación 5 y que el Código de Comercio fue promulgado con 4 V. sobre todo esto, ampliamente, ALFARO ibidem, pp Basta con examinar el contenido del Código de Comercio. A la regulación de obligaciones y contratos mercantiles están dedicados directamente los artículos 50 a 87; 116 a 572 y 652 a 805. Por lo demás, el carácter predominantemente contractual del 3
4 anterioridad al Código civil. No se nos oculta, ciertamente, que el equivalente al art CC podría encontrarse en el art. 57 C de c cuando establece que los contratos de comercio se ejecuten y cumplan de buena fe, "según los términos en que fueren hechos y redactados, sin tergiversar con interpretaciones arbitrarias el sentido recto, propio y usual de las palabras dichas o escritas, ni restringir los efectos que naturalmente se deriven del modo con que los contratantes hubieren explicado su voluntad y contraido sus obligaciones" 6. A nuestro juicio, sin embargo, tal equiparación no es correcta, al menos en lo que se refiere a las fuentes de integración del contrato. El art. 57 C de c no contiene la lista de los materiales a los que ha de recurrir el juez para integrar un contrato. a) En primer lugar, la buena fe a la que se refiere el art. 57 C de c es la buena fe in executivis 7, no la buena fe en función de integración 8. b) La Derecho Mercantil es un lugar común en la doctrina: v., por todos, J. GARRIGUES, Tratado de Derecho Mercantil, III-1, Madrid, 1964, p 3. y GARRIGUES, "Los usos de comercio", RDP 1944, p La consideración del art. 57 C de c como la norma reguladora de las fuentes de integración del contrato mercantil se halla muy generalizada implícita o explícitamente, entre los mercantilistas: v., en la literatura más reciente, J.M. GONDRA, Derecho Mercantil I, Madrid, 1992 p 190; nosotros mismos hemos mantenido esta opinión en un trabajo anterior (v. ALFARO, Condiciones generales, p 384) que ahora corregimos. 7 Es decir, la buena fe como un patrón de conducta en el ejercicio de los derechos y obligaciones que resultan del contrato que impone a las partes un modo determinado de ejercitar y cumplir los mismos. Un ejemplo de la aplicación del art. 57 C de c en este sentido lo suministra la STS 4-VI-74 (Ar 2616) donde el tribunal rechazó la argumentación de una aseguradora que denegó la indemnización alegando que el asegurado había incumplido uno de los requisitos de ésta establecido en una de las cláusulas contractuales. El TS afirmó que si bien el requisito exigido no se había cumplido, la finalidad perseguida con el establecimiento del mismo si lo había sido por otro medio, por lo que la conducta de la aseguradora era incompatible con el art. 57 C de c. 4
5 referencia a los usos no se hace en función integradora. El equivalente del art. 57 C de c en este punto no es el art CC o el art CC 2ª proposición (usos en función integradora). El equivalente es el art CC 1ª proposición (usos como medio de interpretación de declaraciones contractuales ambiguas 9 ). c) Falta cualquier referencia al Derecho dispositivo mercantil. Por lo tanto, puede afirmarse con cierta seguridad que el art. 57 C de c no es la sede de las fuentes de integración del contrato mercantil 10. Frente a este planteamiento, ciertamente, cabría objetar que el Derecho mercantil no necesita una norma especial que regule las fuentes de integración del contrato, puesto que esta función la desempeña perfectamente el Código civil y, precisamente, el art La objeción, sin embargo, puede soslayarse con facilidad y ello por dos razones. La primera -ya señalada- viene dada por la anterioridad del Código de comercio respecto del Código civil. La segunda y más importante estriba en la necesidad de una norma especial para el tráfico mercantil. 8 Es decir, como fuente de obligaciones y derechos para las partes. Un ejemplo puede verse en la STS 23-III-88 (Ar 2225) comentada en ALFARO, Condiciones generales, pp El significado usual al que se refiere el precepto es el significado normal de las palabras o en expresión del propio art. 57 el "sentido recto, propio... de las palabras" Los antecedentes del precepto, en el Código de Comercio de 1829 apoyan esta afirmación: al indicar que debía atenderse al "sentido usual" de las palabras, se estaba pensando, fundamentalmente (v. arts. 253, 254 y 255 C de c 1829) en palabras (sobre todo relativas a monedas, pesas, medidas, distancias) que podían tener varios significados v. P. GONZALEZ HUEBRA, Curso de Derecho Mercantil 3, I Madrid, 1867 pp Así, con razón, MUÑOZ PLANAS, "Teoría de los usos" en Recopilación de usos, costumbres y prácticas mercantiles seguidas en España, Madrid, 1964, pp
6 En efecto, parece razonable pensar que en materia de integración contractual debería existir una norma especial para los contratos mercantiles dado que, de otro modo, y por aplicación del art. 50 C de c habría que acudir al art CC que, de acuerdo con la doctrina más atendible supone anteponer el Derecho dispositivo civil a los usos en el ámbito de la integración, lo que implicaría que en el sector de la materia mercantil en el que más propiamente ha de recurrirse a los usos como es el ámbito contractual no se aplicarían preferentemente los usos sobre el Derecho dispositivo civil La insatisfacción que provoca esta situación nos ha llevado a reflexionar sobre el artículo 2 C de c y a aventurar la hipótesis de que la función fundamental de este precepto no es regular las fuentes del Derecho Mercantil, sino resolver el problema de la integración contractual, dotando al Derecho mercantil de una regla que, cumpliendo la función propia del art CC, tuviera también en cuenta las especialidades de la contratación mercantil. El objetivo de ests páginas consiste precisamente en argumentar que la función del art. 2 C de c es "especializar" la prelación de fuentes de integración recogida en el art CC haciendo prevalecer los usos mercantiles sobre el Derecho dispositivo civil, lo cual permite explicar, además, algunos problemas sistemáticos discutidos tradicionalmente en relación con los artículos 50 y 59 C de c. 11 Esta es, no obstante, la opinión de GONDRA, Derecho Mercantil, I p 190, donde se lee: "son éstas (las de interpretación e integración) las dos funciones clásicas atribuidas a los usos negociales que se recogen, con carácter general, en los artículos 1287 y 1258 CC aplicables en el ámbito mercantil, sobre la base de lo dispuesto en el artículo 50 del Código de comercio". Opinión que no puede compartirse por las razones ya apuntadas y las que se desarrollan seguidamente. 6
7 La interpretación que proponemos puede formularse como sigue: el art. 2 C de c recoge el mismo esquema de fuentes de integración contractual que, más tarde, asumiría el Código Civil en el art pero, coherentemente, consagra la preferencia de los usos mercantiles sobre el derecho dispositivo civil en el ámbito de la integración de los contratos mercantiles 12. La interpretación que proponemos se aparta abiertamente de la interpretación que tradicionalmente viene haciéndose del art. 2 C de c. La doctrina mayoritaria analiza el art. 2 C de c en el marco de la discusión sobre las fuentes del Derecho afirmando que el Derecho Mercantil presenta como especialidad en materia de fuentes la preeminencia de la costumbre mercantil sobre el Derecho "común". El art. 2 C de c como sede de regulación de las fuentes del Derecho mercantil, tendría por cometido establecer las especialidades mercantiles en materia de fuentes respecto del Derecho Privado general 13. Bajo esta óptica, el equivalente del art. 2 C de c. no sería el art CC sino el art. 1.3 CC que hace prevalecer el Derecho legal sobre el Derecho 12 Aunque, normalmente utilizaremos exclusivamente la expresión "integración" para no hacer excesivamente compleja la redacción, nos referimos sin embargo, a integración stricto sensu y a la interpretación integradora. 13 Esta es la concepción mayoritaria en nuestra doctrina, así, URIA Derecho Mercantil 17 Madrid, 1990 p 17-18; SANCHEZ CALERO, Instituciones de Derecho Mercantil, Madrid 14, 1990 (hay ed. post.) p. 29; MUÑOZ PLANAS, Recopilación, p 34; MOTOS, "La interpretación del contrato mercantil y el artículo 59 del Código de comercio", RJCat p 34 ss recogiendo la opinión de Garrigues y de la doctrina más antigua; GONDRA, Derecho Mercantil I, Madrid, 1992 p 162 con matizaciones añadidas que se discutirán más adelante; Girón, por su parte, resuelve la contradicción entre Código de Comercio y Código civil considerando que la reforma del Título preliminar del CC de 1974 de donde procede el actual art. 1 CC supone una derogación tácita del art. 2 C de C, Apuntes de Derecho Mercantil. Introducción, Madrid, 1987, p
8 consuetudinario. De esta manera se han producido algunos trastornos en la comprensión de los problemas que suscita esta materia. En efecto, la consideración del art. 2 C de c como sede de las fuentes específicas del Derecho Mercantil ha conducido a los estudiosos a examinar en este ámbito los problemas relativos a la validez, requisitos y prueba de la costumbre; a la distinción entre uso y costumbre; a la distinción entre usos normativos y usos interpretativos etc. tratando de elaborar una doctrina propia sobre los usos de comercio, siendo así que todas estas cuestiones pertenecen a la teoría general de las fuentes del Derecho y sobre ellas el Derecho mercantil no plantea especificidad alguna 14. No es este, sin embargo, el trastorno más importante que ha producido la aproximación tradicional al art. 2 C de c. Lo que resulta más insatisfactorio es que el desplazamiento del centro de la discusión ha provocado una comprensión inadecuada de las relaciones entre el art. 2 y los arts. 50, 57 y 59 C de c que nos proponemos aclarar. II. De nuevo sobre la exposición de motivos del Código de comercio. 1. A la confusión expuesta en el apartado anterior ha contribuido, no poco, la Exposición de Motivos del Código de Comercio de 1885, que dedica fragmentos de inusitada extensión a 14 Para estos problemas siguen siendo fundamentales hoy las páginas de F. DE CASTRO, Derecho Civil de España, I Madrid, 1949, reimpr pp 363 ss esp. pp 385 ss; v., también, recientemente A. GORDILLO CAÑAS, Comentario al art. 1.3 CC en ALBALADEJO/DIAZ ALABART, Comentarios al Código civil y compilaciones forales, I-1º Arts. 1 a 7 CC, Madrid, 1992 pp 77 ss e ibi ulteriores referencias. 8
9 aclarar la referencia que el art. 2 C de c hace a los usos. La razón que indujo al legislador a detenerse tan detalladamente en la justificación del precepto se encuentra sin duda en la novedad que indrodujo respecto de la situación bajo la vigencia del Código de comercio de 1829, que carecía de una norma similar y cuyo art. 234 establecía que los actos mercantiles se regirían en primer lugar "por las disposiciones del derecho común con las modificaciones que establece la ley especial del comercio, y en segundo lugar por el uso común o práctica observada en el comercio" 15. De la exposición de motivos interesa recordar ahora los pasos referidos a los usos de comercio que son los siguientes: "Pero el ministro que suscribe debe manifestar, para evitar toda falsa interpretación, que los usos del comercio se admiten por el proyecto, no como derecho consuetudinario, sino como reglas para resolver los diversos particulares que ocurran, ya supliendo las cláusulas insertas generalmente en los actos mercantiles, ya fijando el sentido de las palabras oscuras, concisas o poco exactas que suelen emplear los comerciantes, ya finalmente para dar al acto o contrato de que se trata el efecto que naturalmente debe tener, según la intención presunta de las partes. Bajo este aspecto, la autoridad de los usos del comercio es incontestable. Las operaciones mercantiles presentan accidentes y modos que dan por resultado atribuir a un mismo contrato efectos diferentes, según que se trate de asuntos civiles o comerciales, siendo tanta su importancia que sin ellos, los comerciantes no comprenderían la utilidad de las mismas operaciones a que afectan; y como se han introducido por la misma fuerza de los hechos, la práctica constante y general del comercio las ha conservado a pesar del silencio de la ley escrita, la cual... no puede preveer todas las contingencias que pueden sobrevenir en la contratación... A esta consideración hay que añadir que, siendo, por lo general, el estilo de los comerciantes excesivamente conciso, a veces oscuro, encerrando en pocas palabras variedad de conceptos y sobreentendiendo casi siempre los 15 V. al respecto, detalladamente, A. MENENDEZ MENENDEZ, "Autonomía económica liberal y codificación mercantil española" en Centenario del Código de comercio I, Madrid, 1986 pp 80-81; v. también, GONDRA, Derecho Mercantil, p
10 que son comunes y ordinarios, la interpretación de los actos o contratos mercantiles no puede hacerse exclusivamente desde el punto de vista del Derecho civil, porque haría incurrir a los tribunales en apreciaciones equivocadas, sino desde el punto de vista comercial, único que puede facilitar la verdadera inteligencia de las palabras oscuras, revelar el sentido que encierran y presentar el acto o contrato bajo todas sus fases. Para esto deberán acudir los tribunales a los usos del comercio generalmente observados en cada localidad, los cuales les servirán de poderoso auxiliar para estimar, como explícitamente estipulado, todo lo que sea indispensable para que el contrato produzca los efectos comerciales que habían entrado en la intención de las partes" La doctrina que se ha ocupado de este texto se muestra casi unánime en afirmar su incoherencia con el contenido del art. 2 C de c. La Exposición de Motivos -se nos dice- se refiere a los usos interpretativos, mientras que el art. 2 C de c consagra indubitadamente los usos normativos 17. La incoherencia se resuelve, lógicamente, a favor del texto legal, privando de valor a la Exposición de motivos que se juzga desenfocada 18 salvando de esta manera la concepción del art. 2 C de c. como sede de las fuentes del Derecho Mercantil. La revisión que proponemos, aunque reconoce ciertos errores "conceptuales" en la redacción de la Exposición de motivos, logra salvar su sentido fundamental que conduce a considerar el art. 2 C de c como sede de la integración del contrato. 16 Los subrayados son nuestros. 17 En este sentido v. J. GIRON, Apuntes de Derecho Mercantil. Introducción, Madrid 1987, pp ; J. GARRIGUES, Curso de Derecho Mercantil, I (colabor. A. BERCOVITZ), Madrid, 1976, p 126; GARRIGUES, RDP, 1944 p 832; MUÑOZ PLANAS, Recopilación, p 34 ss; GONDRA, Derecho Mercantil, I, p 187; F. BLANCO CONSTANS, Estudios elementales de Derecho Mercantil 4 (a cargo de R. Mur Sáncho) I, Madrid, 1936 pp ; A. BERGAMO, Instituciones de Derecho Mercantil, I, Madrid, 1951 pp 21-22; contra, F. ALVAREZ DEL MANZANO, Curso de Derecho Mercantil, I 2, Madrid, 1903, p 737; 18 Así, por ejemplo, Muñoz Planas ha llevado a afirmar que se trata de una Exposición de motivos "francesa" para un precepto "alemán" v. MUÑOZ PLANAS, Recopilación p
11 3. Para apercibirnos de ello hemos de abrir un pequeño excursus sobre las distintas clases de usos de forma que queden fijadas con claridad las bases conceptuales de las que partimos. a) La primera distinción que conviene valorar es la que separa uso y costumbre. A nuestro juicio, hoy no parece relevante jurídicamente distinguir entre uso (normativo) y costumbre 19. El tenor del art. 1.3 II CC resulta, a nuestro juicio, definitivo 20, aún cuando un sector muy autorizado de la doctrina haya intentado conservar la distinción Así, DE CASTRO, Derecho civil, I p La equiparación que dicho precepto realiza entre usos y costumbre a efectos jurídicos hace poco fructífera, a nuestro juicio, la discusión acerca de si la equiparación es "entitativa" o meramente "funcional" (así GORDILLO, Comentarios, 257ss). Las distinciones jurídicas sólo tienen sentido cuando conducen a un régimen jurídico diferente y si el legislador equipara dos supuestos, deben considerarse jurídicamente idénticos. 21 L. DIEZ-PICAZO, Comentario al art. 1.3º CC en Comentarios a las reformas del Código civil, I, Madrid, 1977 p 50 ss y GORDILLO, Comentarios, pp Ambos autores mantienen la distinción sobre diferentes argumentos. Según Diez-Picazo, los usos se diferencian de la costumbre en que ésta es una norma jurídica completa mientras que aquéllos son "puros elementos utilizados en los supuestos de hecho de otras normas" (p 70). En estos casos, afirma Diez-Picazo, la norma no está en los usos, sino en la norma que dice que recurramos a ellos ("el uso sólo obliga en forma indirecta, en cuanto ha sido recogido por otra norma como elemento de ella" p 67). A nuestro juicio, tal calificación de los usos es correcta referida a los supuestos de usos a los que la ley se remite (como por ejemplo el antiguo art. 528 C de c [así, también, GORDILLO, Comentarios al CC, p 119]), pero no es aceptable en relación con funciones generales de los usos como las de interpretación e integración. La "validez" de los usos en estas funciones deriva ya del reconocimiento genérico de la costumbre como fuente del Derecho. No hay en este punto una diferencia relevante con el derecho dispositivo en función integradora, como lo prueba el hecho de que el art CC no se refiera sólo a los usos sino también a la ley siendo obvio que la función integradora del Derecho dispositivo no depende de que así lo haya establecido el art CC. La argumentación de Gordillo para mantener la distinción entre uso y costumbre puede resumirse afirmando que la costumbre sería "una norma supletoria de la ley" y el uso "un dato objetivo supletorio del pacto o integrador del mismo" es decir, con función supletoria de la voluntad privada (GORDILLO, Comentarios, pp , pp 139 ss; p 141 donde habla de una "normatividad menor" de los usos" p. 189 y, passim concluyendo que la costumbre, consiguientemente, ha perdido cualquier 11
12 b) Descartada la distinción anterior, a nuestro juicio, la distinción debe contraerse a la que se realiza entre usos interpretativos y usos normativos. La distinción no se funda en razones materiales 22, sino funcionales 23. En el ámbito contractual y, de acuerdo con las actividades que debe llevar a cabo el juez en la resolución de conflictos contractuales y que hemos descrito más arriba, habría usos con función interpretativa en sentido estricto (se presume que las partes que han utilizado una cláusula "quieren" las consecuencias que habitualmente se derivan de tal cláusula) y usos con función integradora 24. Cuando trascendencia como fuente autónoma del Derecho). A nuestro juicio, Gordillo olvida que la función fundamental del Derecho dispositivo en el ámbito contractual no es otra que integrar la voluntad privada (v. al respecto, ALFARO, Condiciones generales, pp 361 ss y p 374 ss), es decir, exactamente la misma que la que él atribuye a los usos. Por lo tanto, la distinción entre uso integrador y costumbre sólo puede mantenerse a costa de negar carácter normativo al Derecho dispositivo, lo cual no parece aceptable. Consecuentemente, nos atreveríamos a afirmar que el criterio real de distinción entre uso y costumbre que subyace a la exposición de Gordillo es el de uso como norma consuetudinaria dispositiva frente a la costumbre como norma consuetudinaria imperativa, criterio que nada tiene que ver con el carácter normativo o no de una regla de conducta. 22 La distinción no es, en efecto, aceptable si pretende afirmarse sobre la base de que los usos negociales carecen de opinio iuris. La razón es clara: tampoco la costumbre exige opinio iuris (v. DE CASTRO, Derecho Civil, I p ; GARRIGUES, RDP, 1944 p 826; en general, N. BOBBIO, voz "Consuetudine", Enciclopedia del Diritto, IX, Milán 1961 p 426 ss; contra, ahora, GORDILLO, Comentarios, p 142 y 172 ss. Por otro lado, es equívoco hablar de usos "negociales" (para referirse a los usos interpretativos) frente a usos "normativos" porque ambas cualidades no son excluyentes. Hay usos aplicables a los negocios que son normativos. Es más, prácticamente todos los usos relevantes en el ámbito mercantil son usos de la contratación (así, GARRIGUES, RDP 1944, p 823 y 824). 23 Como ha defendido fundamentalmente De Castro (Derecho civil, I, pp ). La distinción es negada por Garrigues (RDP, 1944 p 827) que considera que el uso interpretativo no es sino la forma inicial del uso integrador; en el mismo sentido, MUÑOZ PLANAS, Recopilación, pp 31-32; sobre la discusión, v. DIEZ-PICAZO, Comentarios, p 63 y GORDILLO, Comentarios, pp 241 ss; v. también, PAVONE DE LA ROSA, "Gli usi bancari", BBTC 1977 I p DE CASTRO, Derecho civil, I, p 396 ss. En su función estrictamente interpretativa, los usos sirven a la tipificación y estandarización del significado de cláusulas contractuales habitualmente utilizadas en el tráfico mercantil (CAPELLE/CANARIS, Handelsrecht, p 166). Por ejemplo, la cláusula "Pago contra documentos" debe interpretarse en el sentido de que el comprador debe abonar el precio no cuando reciba las mercancías sino cuando entregue los documentos al banco pagador 12
13 desempeñan esta última función, los usos son costumbre en el sentido del art. 1.3 II CC. c) Las consecuencias de esta distinción se manifiestan fundamentalmente en la relación entre usos y Derecho dispositivo. La interpretación "conforme a los usos" es un criterio más, entre otros, de interpretación (arts ª prop. y art. 57 C de c) de una cláusula contractual. Esta "interpretación usual" no entra en conflicto con la alternativa aplicación del Derecho dispositivo 25. Lo usos en función de interpretación integradora se aplican con preferencia respecto del Derecho dispositivo (porque su contenido es remitible a la voluntad de las partes) en la medida en que de acuerdo con los datos suministrados por el contrato existan razones para pensar que su regulación responde mejor a las expectativas normativas de las partes que la regulación correspondiente del Derecho dispositivo 26. Por último, debe aplicarse preferentemente el Derecho dispositivo respecto de los usos cuando su función es cubrir una laguna contractual sin que existan datos en el contrato que nos permitan deducir que la regulación del uso sería más conforme con la voluntad de las partes (función de regulación supletoria de segundo grado). En su función de integración, pues, forman parte de los contratos por su fuerza del crédito documentario. Un ejemplo de uso en función integradora es aquél que prevea la cuantía de la comisión que recibe un comisionista mercantil en un determinado sector del tráfico o en una determinada zona geográfica (art. 277 II C de c) (v. CAPELLE/CANARIS, ibidem, p 169). No es posible poner un ejemplo de un uso en función de interpretación integradora, precisamente porque como señala De Castro (p 399) son los mismos usos que desempeñan la función de integración, según se expuso supra. 25 Los usos en función estrictamente interpretativa (interpretación usual) se aplican salvo que se demuestre que las partes pretendieron otra cosa, correctamente en este punto, GARRIGUES (RDP, 1944 p 829). 26 Al no tener en cuenta la existencia de la interpretación integradora, era erronea la opinión de GARRIGUES (RDP, 1944 p 829) cuando afirmaba que los usos interpretativos también se impone a los propios contratantes, en tanto en cuanto no demuestren que en aquel caso se han querido apartar de la interpretación usual de la cláusula". La opinión es correcta, como hemos señalado, en el ámbito de la interpretación en sentido estricto (v. art CC y 57 C de c) pero no lo es en el ámbito de la interpretación integradora, donde no se trata de aclarar el significado de una cláusula contractual, sino de integrar la declaración (no la voluntad) de las partes. En este caso, las alternativas son los usos o el Derecho dispositivo y sólo cuando haya razones para pensar que las partes hubieran preferido la aplicación del uso es posible desplazar la aplicación del Derecho dispositivo que, en otro caso, es de aplicación preferente. Por tanto, es necesario "probar" que "la voluntad de las partes iba enderezado a reconocer" el uso (correctamente, DE CASTRO, Derecho civil, I p 399). 13
14 normativa 27, y a salvo de derogación expresa por las partes 28, tras la aplicación del Derecho dispositivo. De la disgresión anterior se extraen las siguientes consecuencias: a) Los usos deben clasificarse, de acuerdo con su función, en usos interpretativos (que resuelven dudas derivadas de cláusulas ambiguas, imprecisas o indeterminadas) y usos integradores (que completan la regulación expresamente pactada de acuerdo con la voluntad presunta de las partes). b) Los usos integradores son usos normativos y constituyen Derecho consuetudinario. 4. Tales conclusiones revisten una extraordinaria relevancia para valorar la coherencia de la Exposición de Motivos con el art. 2 C de c. a) La Exposición de Motivos es incorrecta en cuanto que en el art. 2 C de c no se encuentran los usos estrictamente interpretativos (que se encuentran en el art. 57 C de c) sino los usos en función de integración (arts ª prop. y 1258 CC). La Exposición de Motivos es correcta, sin embargo, en la medida en que se refiere también a los usos en función de integración V. al respecto, recientemente, GONDRA, Derecho Mercantil, 185 ss; CAPELLE/CANARIS Handelsrecht 20, Munich 1988 p ; K. SCHMIDT, Handelsrecht, p 18 ss. 28 Como se observará, la exposición realizada sigue a la doctrina de DE CASTRO (Derecho Civil, I pp 395 ss) con una matización derivada de la concepción que, a nuestro juicio, debe mantenerse de la interpretación integradora. (ALFARO, Condiciones generalres, pp 374 ss). 29 Así lo demuestran expresiones como "supliendo las cláusulas insertas generalmente en los actos mercantiles" o "ya finalmente para dar al acto o contrato de que se trata el efecto que naturalmente debe tener" y sobre todo "A esta consideración (es decir, a que el contenido de los usos integra los contratos 14
15 b) También es incorrecta la Exposición de Motivos en cuanto afirma que los usos en función de integración no son "Derecho consuetudinario". Los usos en función de integración tienen, según hemos visto, la consideración de costumbre (art. 1.3 CC) y, consecuentemente, han de calificarse como normas. 5. Los errores son, sin embargo, comprensibles e irrelevantes para la utilización de la Exposición de Motivos en la interpretación del art. 2 C de c. Son perfectamente comprensibles si se examinan en el marco de las concepciones dominantes en la Codificación, donde las dos funciones de los usos no se conciben como diferentes, como lo demuestra el examen de los antecedentes del art CC y sus relaciones con el art CC 30. La razón se encuentra en la concepción del Derecho dispositivo propia del siglo XIX, en la cual, el Derecho dispositivo (y no sólo los usos) reflejaba la "voluntad presumible de las partes". Sólo pretendía validez en la medida en que por acción u omisión pudiera quedar referida a la voluntad contractual 31, es decir, "autonomía privada, usos de mercantiles) hay que añadir que... la interpretación de los actos o contratos mercantiles no puede hacerse exclusivamente desde el punto de vista del Derecho civil" (es decir, la interpretación conforme con los usos). 30 V. ALFARO, Condiciones generales, p 393 y CAFFARENA, "El requisito de identidad del pago en las obligaciones genéricas", ADC 1985, p 934 nota Sobre esta función del Derecho dispositivo, v. ALFARO, Condiciones Generales, pp y 388 ss, con amplias referencias, especialmente, p. 391 que reproduce un texto de Demolombe donde queda paladinamente clara esta concepción: "la ley, toda de interés privado, que regula... los efectos de una convención, es una ley puramente interpretativa de la voluntad presunta de las partes contratantes" (DEMOLOMBE, Traité des Contrats ou des Obligations conventionnelles, t. XII, París, (sin fecha) p
16 comercio, derecho dispositivo son... distintos segmentos de una misma secuencia en la que se viene a afirmar como fuente del Derecho la voluntad real o presunta del individuo" 32. Pero es que, además, tales errores dogmáticos son, en todo caso, irrelevantes para la interpretación del art. 2 C de c. Al contrario, la afirmación del texto de la Exposición señalando que no estaba hablando de "Derecho consuetudinario" es muy reveladora del verdadero sentido del precepto. El autor de la Exposición de Motivos no trataba de aclarar que el art. 2 C de c sólo iba referido a los usos interpretativos y no a los usos normativos. Trataba, simplemente, de dejar claro que la novedad introducida por el art. 2 C de c en relación con el Código de 1829 no significaba en absoluto una alteración de la teoría de las fuentes del Derecho, lo cual hubiera ocurrido si afirmase que el Derecho consuetudinario era aplicable con preferencia respecto al Derecho legal 33. Su significado es, fundamentalmente, técnico: los usos de comercio deben aplicarse con carácter preferente tanto en función de interpretación como de integración de los contratos mercantiles respecto al Derecho dispositivo civil porque es lógico pensar que su contenido será más conforme con las expectativas normativas de dos comerciantes que el contenido de las reglas dispositivas del Derecho civil. 6. Por lo demás, el texto de la Exposición de Motivos 32 A. MENENDEZ, Centenario C de c, I, p 80; también, GONDRA, Derecho Mercantil, I, p 187 quien, sin embargo ve en ello una especialidad del Derecho Mercantil, mientras que, a nuestro juicio, es ésta una concepción predicable también de la codificación civil. 33 Esta es la explicación que daba De Benito (apud MUÑOZ PLANAS, Recopilación, p 34). 16
17 refleja con gran claridad las mismas ideas que están detrás del art CC. Es más, existe una muy destacable proximidad incluso literal de los párrafos de la Exposición de motivos transcritos con los arts y 1258 CC y los textos relevantes para su interpretación 34. Conviene reproducir, por ello, un texto de García Goyena en su comentario al posteriormente art CC. En dicho texto, García Goyena cita un paso del Digesto (<<quae sunt moris et consuetudinis in bonae fidei iudiciis veniunt>>) y señala que para integrar el contrato se estará en primer lugar, "a la voluntad espresa (sic) de las partes; segundo, la voluntad presunta por el uso o costumbre; tercero, a falta de voluntad espresa y presunta, la equidad y la buena fe". 7. Por tanto, la Exposición de Motivos nos permite concluir que el art. 2 C de c se ocupa exclusivamente de determinar el orden de prelación de las fuentes de integración del contrato mercantil (ley mercantil, usos mercantiles, ley civil, usos civiles, buena fe) y, en esta medida, constituye el equivalente al art CC, al cual modifica, coherentemente, anteponiendo al derecho dispositivo supletorio de segundo grado (el Derecho común), los usos de comercio, pero colocando éstos, al igual que el art CC, tras el Derecho dispositivo legal de primer grado (el Derecho mercantil). 34 V. ampliamente, ALFARO, Las condiciones generales de la contratación, Madrid, 1991, pp 388 ss. Sobre la fuente próxima del texto de la Exposición, parece acertada la sugerida por MUÑOZ PLANAS. Recopilación, p 35, que se trataba de un texto de Masse (p 35). Sin embargo, esa forma de hablar se encuentra también en la fundamentación del art CC tal como se explica en el texto. 17
18 III. La interpretación de los arts. 57, 50 y 59 C de c. Esta interpretación del art. 2 se confirma al examinar los arts. 57, 50 y 59 C de c, pues es la única que permite una comprensión sistemática y valorativamente coherente de este conjunto normativo. Pero vayamos por partes. 1. De acuerdo con el art. 57 C de c, la interpretación y ejecución de los contratos mercantiles deberá hacerse de conformidad con la buena fe. Ya hemos visto (supra I.3) que los usos no se reclaman aquí en función integradora, cuando parece evidente que deberían tenerla. Con la interpretación que proponemos, la explicación de por qué los usos no aparecen en función integradora en el art. 57 C de C es, ahora, bien sencilla: La razón es que las fuentes de integración del contrato y, por tanto, los usos no están en dicho precepto sino en el art. 2 C de C. En el art. 57 C de C basta con la referencia a la interpretación literal puramente objetiva (equivalente a los arts. 1281, 1283 ss CC) y a la interpretación usual. Esta conclusión se refuerza teniendo en cuenta que en el código de 1829, el art. 250 (situado inmediatamente después del actual 57) recogía dicha función integradora de los usos 35. El precepto correspondiente desapareció en el código de 1885 precisamente porque su contenido quedó incorporado al actual artículo 2 C de C. 35 "Omitiéndose en la redacción de un contrato cláusulas de absoluta necesidad para llevar a efecto lo contratado, se presume que las partes quisieron sujetarse a lo que en casos de igual especie se practicare en el punto donde el contrato debía recibir su ejecución y en este sentido se procederá, si los interesados no se acomodaren á explicar su voluntad de común acuerdo". 18
19 2. La interpretación expuesta viene confirmada por el texto del art. 50 C de C, que parece colocar al Derecho común como derecho regulador de primer grado junto a las normas mercantiles en todo lo relativo a los contratos, haciéndolo prevalecer - aparentemente- sobre los usos de comercio, que no aparecen reflejados en el tenor del artículo, lo que es especialmente grave en materia de "interpretación" de los contratos. La doctrina mayoritaria ve aquí una aparente antinomia y la resuelve afirmando, bien la supremacía del art. 2 C de c y, por tanto, la prevalencia de los usos de comercio sobre el Derecho común también en el ámbito de la parte general de contratos, o bien afirmando la especialidad del art. 50 C de c respecto al art. 2 C de c 36. A nuestro juicio, la cuestión está mal planteada y puede resolverse correctamente si consideramos el art. 2 C de c como equivalente al art CC como aquí se ha propuesto. En realidad, no hay tal antinomia. En el art. 2 C de c y en el art. 50 C de c se regulan distintos sistemas de prelación de fuentes. 36 Así, por ejemplo, MOTOS, RJCat, 1955 pp que considera un error que el art. 50 mencione la interpretación; GIRON, Apuntes, p 122, que se extraña de que en el art. 50 C de C no haya una referencia a los usos; o F. VICENT CHULIA, Compendio de Derecho Mercantil I 2, Barcelona, 1991 p 28: "es claro que el art. 50 no puede modificar el art. 2 suprimiendo porque no los cita los usos de comercio, y precisamente en relación con los contratos que es donde tienen más amplia aplicación": URIA, Derecho Mercantil 17 p 18; SANCHEZ CALERO, Instituciones 14, p 29; OLIVENCIA, (en G. JIMENEZ [Coord.] Derecho Mercantil, Barcelona, 1991, pp 43-44) afirma que "hay que aclarar que, aún cuando en materia de regulación de los contratos mercantiles, el art. 50 C de c no se remita expresamente a los usos de comercio, de la interpretación sistemática de este precepto con el de carácter general que contiene el art. 2 se desprende que también en esta materia los usos normativos mercantiles han de preceder en su aplicación a las reglas del Derecho común". 19
20 Mientras en el artículo 2 C de c se recogen las fuentes de integración de los contratos 37, en el art. 50 C de c se regula un supuesto de integración de normas legales por remisión a otras normas. Por lo tanto, las normas del "Derecho común" a las que se refieren uno y otro precepto no pueden ser las mismas. Si el art. 2 C de c se ocupa de la integración contractual, hay que entender que al referirse al Derecho común lo hace a las normas integradoras de los contratos del Derecho común, es decir, a normas dispositivas reguladoras de cada tipo contractual (arts ss CC) y normas dispositivas sobre obligaciones (arts ss) normas a las que se refiere, igualmente, el art CC. Por el contrario, la referencia al Derecho común del art. 50 debe entenderse realizada -como se deduce del propio tenor literal- a "lo relativo a sus requisitos, modificaciones, excepciones, interpretación y extinción y a la capacidad de los contratantes", es decir, a las normas (imperativas) generales sobre contratos que después serían arts ss CC. La función de unas y otras normas es muy diferente y el codificador era consciente de ello. En el art. 2 sólo le preocupaba que la voluntad "presunta por el uso mercantil" no fuera contrariada por las normas que para ese tipo de contrato previera dispositivamente el Derecho civil. En el art. 50 y ss. el codificador omitió el desarrollo de una "parte general de las obligaciones y los contratos mercantiles", por considerar que en esa materia debían regir las reglas generales. De ahí que sea correcto afirmar que en materia de "Parte general", el CC es 37 No debe olvidarse, en efecto, que el art. 2 C de c no reza "la materia mercantil se regirá" (así el art. 1 del Código de comercio italiano derogado). o "Son fuentes del Derecho mercantil..." sino "los actos de comercio... se regirán". 20
LOS USOS DEL COMERCIO Javier Ibáñez Alonso CES Felipe II (UCM) Diplomatura de Ciencias Empresariales
LOS USOS DEL COMERCIO Javier Ibáñez Alonso CES Felipe II (UCM) Diplomatura de Ciencias Empresariales Resumen: El objeto de este trabajo es delimitar los distintos significados que puede tener el término

References: artículo 2
 artículo 50
 artículo 59
 resolución 
 artículo 2
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