Source: https://www.historiasinpretensiones.com/2019/04/proclamacion-de-la-ii-republica-espanola.html
Timestamp: 2020-04-04 04:49:20+00:00

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PROCLAMACIÓN DE LA IIª REPÚBLICA ESPAÑOLA
De Historia sin pretensiones - abril 14, 2019
Tras la dictadura de Primo de Rivera, hay coincidencia en señalar un error por parte de Alfonso XIII que sería el intentar retomar la actualidad como si no hubiera sucedido nada. Pero los cambios se habían producido no solo en el ámbito político, sino en el social y económico también. Parece que pretendió volver a la Constitución de 1876 y nombró presidente del gobierno a otro militar, al general Dámaso Berenguer. Aparentemente todo seguía igual, pero no era así, como dijo Ortega en su artículo del diario El Sol el 15 de noviembre de 1930 «Delenda est monarchia».
Como decíamos, el panorama político era distinto. Había nuevos partidos, los viejos partidos dinásticos estaban heridos de muerte. Ahora nos encontramos el Bloque Constitucional conservador, opuesto al Rey y solicitante de nuevas elecciones; la Unión Monárquica Nacional continuista del partido de la dictadura, antiliberales y también molestos con el Rey, de tendencia mussoliniana. Y el republicanismo estaba en alza, nació Derecha Liberal Republicana. En el primero encontramos a personajes de la talla de Sánchez Guerra, Manuel Burgos y Mazo o Melquiades Álvarez. En el segundo a José Calvo Sotelo, Ramiro de Maeztu o al propio hijo del general, José Antonio Primo de Rivera. Y entre los republicanos a Miguel Maura o Niceto Alcalá-Zamora.
En el ámbito económico España no había sabido, o podido, sacar partida de su neutralidad en la Gran Guerra y la crisis del 29 golpeó de forma violenta nuestras finanzas. La industria no aprovechó sus ganancias para invertir en infraestructuras o en la renovación de la maquinaria con una visión de futuro. Creció el proletariado en las ciudades con una mayor consciencia social y política reivindicativa y había crecido la población estudiantil especialmente la universitaria.
Pero el auge lo vivía el republicanismo. La Alianza Republicana, el Partido Republicano Radical Socialista, la Derecha Liberal Republicana o, dicho de otro modo, Azaña, Lerroux y Alcalá-Zamora más otros partidos de índole regional gallegos y catalanes especialmente, llegaron en agosto de 1930 a un acuerdo entre caballeros que se ha conocido como el Pacto de San Sebastián. El acuerdo versaba no solo en cuanto a un cambio en la forma de gobierno dejando a un lado la monarquía sino a también cuestiones como reconocer las aspiraciones autonómicas de Galicia, Cataluña y el País Vasco, aunque ningún partido vasco estaba presente ni se sumó a la iniciativa. De aquí salió el Comité revolucionario cuyo objetivo era traer la República. Había tres puestos para los socialistas, aunque el PSOE no participó, solo Indalecio Prieto que lo hizo a “título personal”.
La primera duda era cómo llegar al objetivo. Se barajó la vía insurreccional tan característica de la España del siglo XIX, pero sin la ayuda del ejército estaba avocada al fracaso. Otra mas civilizada era la vía electoral, pero sin tradición. Una cosa estaba clara fuera la vía que fuera tenían que tener el apoyo del ejército y de los socialistas. Sin olvidar a las organizaciones obreras que cada día más iban tomando fuerza en la sociedad.
La primera decisión fue apostar por la vía insurreccional contando con los sectores republicanos del ejército muy enemistados con el dictador. Todo estaba previsto para el 15 de diciembre de 1930, pero la sublevación de Jaca con el capitán Fermín Galán a la cabeza, el día 12 precipitó los acontecimientos. El capitán fue fusilado junto a otro capitán, Ángel García Hernández, la República ya tenía sus mártires. La conspiración, a pesar de este revés y de que algunos de los miembros del Comité revolucionario fueron detenidos, se mantuvo firme y el día 14 el alzamiento se realizó en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, que también fracasó. En Valencia, Aragón, País Vasco y Asturias los obreros salieron a la calle y hubo graves enfrentamientos, el gobierno reaccionó con fuerza.
Fracasada la vía insurreccional quedaba la electoral pero la atmósfera no era la idónea. Los conservadores no encontraban su rumbo, los monárquicos tenían proyectos políticos contradictorios, algunos camino de lo que se denominaría fascistización e incluso la Lliga Regionalista de Cambó más pendiente de conseguir apoyos para alcanzar sus aspiraciones nacionalistas.
Tampoco lo veían claro los liberales que preferían las elecciones municipales antes que las generales, por temor a los conservadores.
La Monarquía recibió un duro golpe con la publicación del Manifiesto fundacional de la Agrupación al Servicio de la República, publicado en el periódico madrileño El Sol el 10 de febrero de 1931, firmado por Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, entre otros.
Berenguer dimitió, le sucedió Sanchez Guerra y posteriormente Juan Bautista Aznar en un breve espacio de tiempo. Se dispuso a convocar elecciones municipales en primera instancia, después las provinciales y por ultimo las generales.
Las elecciones municipales se fijaron para el 12 de abril. Los resultados electorales, todavía hoy, son confusos y se siguen debatiendo las cifras. No se sabe si el mayor número de votos o el mayor número de concejales correspondió a unos o a otros, pero lo que sí quedó claro es que la mayoría de las capitales de provincia, en 41 de 50, habían ganado los republicanos.
«¿Que si habrá crisis? ¿Qué más crisis desean ustedes que la de un país que se acuesta monárquico y se despierta republicano?» Palabra de Juan Bautista Aznar
Romanones propuso al Rey que aceptara la derrota y convocase elecciones generales para decidir sobre el futuro institucional del país, lo que venia a ser lo mismo que aceptar la instauración de la República. El Rey aceptó, pero manifestó su intención de expatriarse. Alcalá-Zamora, presidente del Comité revolucionario, presionó y exigió al Rey para que se marchara el mismo día 14. La República se había proclamado en la calle.
Nuevas ideas de democracia y modernización del país calan en las mentalidades no solo de la elite intelectual y clases políticas sino también en la clase obrera cada vez más concienciada en la defensa de sus derechos y libertades. Los movimientos de masas están en alza y eso se hace notar en las calles. Todo este marco reivindicativo ayuda a posicionar a la República como la forma de Estado adecuada e idónea para alcanzar esos objetivos en vez de una Monarquía que se le aprecia como caduca y distante.
PROCLAMACIÓN Y GOBIERNO PROVISIONAL
Se constituye un Gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá Zamora, del partido Derecha Liberal Republicana, que permanece hasta diciembre de 1931. A las 8 de la tarde se presentó a la capital desde el balcón del Ministerio de Gobernación, en la Puerta del Sol madrileña. Esa misma noche Alfonso XIII partía hacia Cartagena y de allí al exilio. No abdicó, prefirió esperar fuera de España la decisión del pueblo. Pero ésta ya estaba tomada. Las calles fueron una fiesta, el cambio de régimen se había producido en paz y por aclamación popular. Llegó con multitud de expectativas de cambio y modernidad, pero poco a poco se fueron manifestando sus debilidades.
Este Gobierno provisional estuvo compuesto por primera vez en España por tres ministros socialistas (Fernando de los Ríos, Indalecio Prieto y F. Largo Caballero); dos del Partido Republicano Radical (Lerroux y Diego Martínez Barrio); dos del Partido Republicano Radical Socialista (Marcelino Domingo y Álvaro de Albornoz); dos representantes nacionalistas, Santiago Casares Quiroga (ORGA) y Nicolau d’Olwer (Acción Catalana). La Derecha Liberal Republicana se reservó la Presidencia con Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura en el ministerio de Gobernación; y Azaña fue ministro de Guerra por Acción Republicana. La representación en este primer gobierno era tan variopinta que no se podía intuir cuales iban a ser sus derroteros. Estaban representados desde las clases media profesionales a la clase obrera pasando por la pequeña burguesía.
La misma noche del 14 de abril, el Gobierno decreta una amnistía para los delitos políticos, sociales y de imprenta, pero el decreto más importante de este Gobierno provisional es el que fija su propio estatuto jurídico, estableciendo para su actuación un marco mínimo de garantías, como la libertad de cultos y creencias y el respeto a los derechos y libertades de los ciudadanos. Toda una declaración de intenciones desde el minuto uno. Caracterizado por la prudencia lo prioritario era convocar elecciones a Cortes Constituyentes. Aunque algunas medidas se aprobaron antes y a golpe de decreto, especialmente las que afectaban a Trabajo y Guerra. Las aspiraciones nacionalistas requirieron la atención inmediata del Gobierno. Maciá había proclamado la república catalana y puesto en marcha un proyecto de estatuto que se votó en referéndum el 2 de agosto. No fue tan fácil ni tan rápido en País Vasco por sus discrepancias internas. Su proyecto no se sometió a referéndum y la posterior redacción de la Constitución lo haría inviable.
«La República necesita de todas las colaboraciones, las mayores y las ínfimas, porque necesita -queráis o no- hacer las cosas bien, y para eso todos somos pocos». Ortega y Gasset.
A los problemas nacionalistas se sumaron los religiosos. La República pretendía la separación total entre Iglesia y Estado. Lo que implicaba acabar con la confesionalidad del Estado, recortar privilegios y prerrogativas que la Iglesia disfrutaba, especialmente en el campo de la educación. La atmosfera previa a las elecciones generales se fue caldeando con el paso del tiempo. A los incendios de edificios religiosos fue acompañado por cierta pasividad gubernamental. La brecha entre católicos y republicanos se agrandó. Al final el ministro de Gobernación, Miguel Maura actuó con contundencia contra la extrema izquierda causante de los incendios, pero también contra las autoridades eclesiásticas que se habían manifestado en contra de la República. Esta nueva andadura no empezaba con buen pie.
Con este panorama se llegó al 28 de junio día establecido para celebrar las elecciones generales. Se consideran las elecciones mas limpias celebradas en España hasta el momento. El resultado refrendó el cambio de régimen atisbado en las anteriores municipales. Pero la composición del Parlamento fue muy compleja lo que dificultaría desde el primer momento la toma de decisiones.
«La República será democrática, o no será». Manuel Azaña, mitin Plaza de Toros de Madrid, septiembre de 1930.
Las elecciones a estas Cortes se rigen por la Ley electoral de 1907, pero con ciertas modificaciones establecidas por decreto de 8 de mayo de 1931. Se sustituyeron los distritos electorales circunscripciones provinciales con el fin de evitar prácticas caciquiles y añadir mayor proporcionalidad, mujeres y clero se incorporan en calidad de elegibles y el derecho a voto baja de los 25 años a los 23.
El triunfo de las candidaturas de la coalición republicana-socialista fue abrumador. Y la Cámara vio llegar a destacados intelectuales como Unamuno, Marañón, Sánchez Román, Madariaga u Ortega y Gasset. Por primera vez en la historia de España entran tres mujeres en las Cortes: dos republicanas, Clara Campoamor y Victoria Kent y una socialista Margarita Nelken.
«República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos». Escribía Clara Campoamor.
La composición de la Cámara quedó en 115 diputados socialistas, 94 radicales y 59 radica-socialistas. El resto, 202 escaños para completarla, estuvo muy repartido y fragmentado. El gran perdedor fue Niceto Alcalá-Zamora que se presentaba como el sector mas moderado y católico de la República. Y el más votado fue Lerroux.
En estas circunstancias se optó por renovar la confianza al Gobierno provisional, pasando a convertirse en el primer Gobierno de la recién nacida República. El primer objetivo era redactar una Constitución, haciendo frente al mismo tiempo a los problemas que se estaban manifestando, nacionalismo, religión y presión social. La situación económica de la España de la década de los 30 no era de bonanza. Las fuerzas sindicales, especialmente UGT y CNT se encontraban en franca expansión y con posicionamientos contrapuestos y a veces con enfrentamientos entre ambas, incluso entre sí
La redacción de la Constitución no iba a ser un camino fácil. El primer anteproyecto corrió a cargo de Ángel Ossorio y Gallardo que había sido ministro con Alfonso XII y ahora se declaraba «monárquico sin Rey», texto moderado y muy en línea del partido del partido de Alcalá-Zamora, pero fue rechazado. El siguiente se encargó a una comisión parlamentaria liderada por Luis Jiménez de Asúa, que se debatiría en las Cortes entre el 28 de agosto y el 1 de diciembre. Cuatro cuestiones generaron severas discrepancias y fueron problemáticas a la hora de recogerlas en el texto, a saber: autonomías regionales, voto femenino, expropiación forzosa y la religiosa.
Para el primer asunto, aprendida la lección de la Iª República, se huyó del termino federal y se reflejó en el artículo 1 que «La República constituye un Estado integral, compatible con las autonomías de los municipios y las regiones».
Otro punto de controversia lo centralizó al sufragio femenino. Recordemos que había tres mujeres en el hemiciclo, pues una de ellas, Victoria Kent se oponía con el argumento de que favorecería a las derechas, ya que, según ella, las mujeres irían a votar influenciadas por sus confesores. Mientras que Clara Campoamor fue su defensora mas ferviente. Se impuso esta tendencia y las mujeres españolas fueron las primeras que acudieron a las urnas en la Europa mediterránea.
Radicales y socialistas apoyaban la idea de la expropiación forzosa, antigua aspiración del pobre campesinado. Acción Republicana propuso una fórmula menos agresiva que finalmente fue la que se impuso. Artículo 44: «Toda la riqueza del país sea quien fuere su dueño, está subordinada a los intereses de la economía nacional y afecta al sostenimiento de las cargas públicas, con arreglo a la Constitución y a las leyes». Habla de expropiación forzosa, pero con la «adecuada indemnización».
Pero el tema estrella, sobre el que giró gran parte del debate fue la relación institucional Iglesia-Estado. Existía una voluntad claramente laicista que a veces se confundió, o interesó en confundirla, como anticlerical. Se pretendió la reestructuración total de esas relaciones, la separación institucional, la disolución de las órdenes religiosas, la nacionalización de sus bienes, la limitación de las manifestaciones religiosas al interior de los templos y el punto que más controversia y polémica trajo fue el capítulo de la enseñanza, la prohibición de dedicarse a ella, tema que hasta ese momento había sido monopolio de la Iglesia en España. Al final se tomó una decisión, liderada por Azaña que atemperó en cierta medida el ambiente. La única orden religiosa disuelta fue la de los jesuitas, al ser la única que tenía el voto de obediencia al Vaticano. Al resto se les prohibió la enseñanza. El 13 de octubre pronunció el célebre discurso en el Parlamento, que le convertiría en presidente del gobierno y que incluía la famosa frase «España ha dejado de ser católica», que, si se lee sin el contexto, crea, como así ha sido, todo tipo de interpretaciones que tan caro le costó a él como a la República. La pretensión era la necesidad de adecuar estas relaciones a las características de un Estado moderno mas cercano a las situaciones de la Europa avanzada.
La Iglesia, por otra parte, aceptó en primera instancia la República por orden del Vaticano, pero entonaba una especia de mea culpa en las palabras del cardenal Isidro Gomá en su primera pastoral como primado de Toledo (1933): «Desde un alto sitial se ha dicho que España ya no es católica. Si lo es, pero lo es poco; y lo es poco por la escasa densidad del pensamiento católico y por su poca atención en millones de ciudadanos».
Artículo 3: «El Estado español no tiene religión oficial».
Al final los preceptos constitucionales referentes a la religión no fueron aceptados por los sectores católicos, empezando por parte del gobierno, así Alcalá-Zamora y Maura, católicos declarados, dimitieron y fueron sustituidos por Azaña, que asumió Presidencia y Guerra, y Casares, Gobernación. Esta segunda etapa del gobierno se mantuvo desde el 14 de octubre al 16 de diciembre. Especialmente conflictivo fue el artículo 26 que establecía que el Estado no mantendría ni auxiliaría económicamente a la Iglesia, que se quedaría sin presupuesto y todo el tema de las órdenes religiosas ya comentado.
El 9 de diciembre de 1931 se aprobaría la Constitución con 368 votos a favor y ninguno en contra. Era la Constitución más democrática, hasta entonces, en nuestra historia. Alcalá Zamora es nombrado presidente de la República en la sesión solemne del día 15.
Artículo 1: «España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia».
Como novedades mas destacables introducía el matrimonio civil, aprobaba el divorcio, aprobaba el sufragio femenino y reconocía el derecho a la autonomía prevaleciendo la unidad del Estado. O lo relativo a la enseñanza.
Artículo 48. «(…) La enseñanza primaria será gratuita y obligatoria. Los maestros, profesores y catedráticos de la enseñanza oficial son funcionarios públicos. La libertad de cátedra queda reconocida y garantizada.
La República legislará en el sentido de facilitar a los españoles económicamente necesitados el acceso a todos los grados de enseñanza, a fin de que no se halle condicionado mas que por la aptitud y la vocación (…)».
El devenir de la República será objeto de otro post en el blog hasta concluir en aquel fatídico 18 de julio de 1936. El camino fue tortuoso y difícil, carente de la estabilidad necesaria para sacar adelante un proyecto de aquella magnitud. Hoy todavía seguimos discutiendo al respecto de sobre quien recae la responsabilidad del fracaso, cuando evidentemente no hay una sola responsabilidad sino una responsabilidad compartida. Pero esto es otra historia. Solo reflejar que entre el periodo que va desde el 14 de marzo de 1931 al 18 de julio de 1936 se sucedieron 20 gobiernos.
«Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico». Gregorio Marañón
Fuente: Historia Contemporánea de España desde 1923. Dictadura y Democracia. Juan Avilés, Ángeles Egido y Abdón Mateos. Editorial Universitaria Ramón Areces. Uned
http://www.congreso.es/portal/page/portal/Congreso/Congreso/Hist_Normas/PapHist/IIRepEsp
Fotos: webs muy historia, diario abc y el periódico
Juanjo Ortiz 15 de abril de 2019, 10:39
Excelente articulo. Buen trabajo.
Historia sin pretensiones 18 de abril de 2019, 19:05

References: artículo 1
 Artículo 44

Artículo 3
 artículo 26

Artículo 1

Artículo 48