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Timestamp: 2018-01-17 22:07:34+00:00

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República Catalana y sindicalismo de clase - Litus Alonso | Sin Permiso
República Catalana y sindicalismo de clase
Éste era el lema del acto con el que, el pasado 30 de noviembre, hizo su presentación pública el colectivo “Sindicalistes de CCOO per la independència i la República Catalana”.
Con un formato de mesa redonda y 4 ponentes (Joan Tardà, actual diputado por ERC en el parlamento español, y Laura Massana, David Companyon y David Fernández, exdiputada/os en el parlament de Catalunya por ICV, EuiA y la CUP, respectivamente), el encuentro, al que asistieron unas 250 personas, tenía por objeto debatir el papel del sindicato en el proceso constituyente que diversas fuerzas políticas y sociales están impulsando en Catalunya, así como dar a conocer los objetivos y las razones de la formación del citado colectivo.
Para situar las cosas en su contexto, conviene recordar algunos datos.
En primer lugar, que CCOO es el primer sindicato en Catalunya y en todo el Reino de España y que CCOO de Catalunya, cuya denominación oficial es CONC (Comissió Obrera Nacional de Catalunya), es la organización con más afiliados/as dentro de la Confederación de CCOO.
Segundo, que, desde su fundación en la clandestinidad durante el franquismo, en 1964, la CONC se ha autodefinido como “sindicato nacional y de clase”, planteando la necesidad de combinar la lucha por la defensa de los intereses de la clase trabajadora con la lucha por las libertades nacionales en Catalunya.
Tercero, que en las otras dos nacionalidades históricas, Euskadi y Galicia, los primeros sindicatos son organizaciones de ámbito nacional, y la suma de CCOO y UGT no llega al 50% de las delegadas y delegados elegidos en las elecciones sindicales.
Cuarto, que en los “Principios y señas de identidad” recogidos en los Estatutos de la CONC (www.ccoo.cat/pdf_documents/estatuts_ccoo_catalunya.pdf) ya figura el objetivo de “avanzar hacia el ejercicio del derecho a la autodeterminación”.
Quinto, que, a pesar de ello, diferentes propuestas presentadas en los sucesivos congresos de la CONC para convertir en política sindical efectiva dicha defensa del derecho de autodeterminación, y aclarando que la independencia era una de las opciones en el ejercicio de este derecho, habían sido rechazadas mayoritariamente.
El gran cambio en la posición de CCOO de Catalunya se produce en su X Congreso, celebrado en diciembre de 2012. Allí se aprueba por práctica unanimidad (405 votos a favor, 3 en contra y 18 abstenciones) una resolución titulada “El sindicato de clase y nacional, por el derecho a decidir”. La resolución afirma que “CCOO defendemos el derecho a la autodeterminación y consideramos que cualquiera de las diferentes opciones que legítimamente puedan plantearse, como el estado federal y plurinacional, un estado independiente o el mantenimiento del estado de las autonomías, entre otros, pasa necesariamente por consultar la voluntad del pueblo de Catalunya expresada en términos democráticos”.
Convendrá recordar, también, que, a partir de la sentencia del Tribunal Constitucional español de 2010 que anuló buena parte del nuevo Estatuto de Autonomía de Catalunya, aprobado en referéndum tras haber sido sustancialmente recortado por el parlamento español, se inició un proceso de movilización popular, con reiteradas manifestaciones masivas sin parangón en la historia europea reciente. Así, aunque siempre había existido un sector de la población catalana partidaria de la independencia, se convierte en mayoritaria la aspiración a la soberanía nacional de Catalunya: la relación a mantener con el resto del Reino de España, o la constitución en estado independiente, ha de ser una decisión a tomar por la población de Catalunya.
En este marco hay que entender la resolución del X Congreso de la CONC. El sindicato llega a la conclusión de que no puede permanecer ajeno a una movilización tan masiva, y que es posible participar en ese proceso con acento sindical propio: la defensa del estado del bienestar y la oposición a las políticas de recortes y austeridad practicadas tanto por los gobiernos españoles de PP y PSOE como por el gobierno catalán de CiU.
La participación de CCOO, también de UGT, en el “Pacto Nacional por el derecho a decidir”, su llamamiento a votar masivamente en la consulta del 9-N de 2014 o su asistencia a numerosas movilizaciones en defensa de la soberanía son la consecuencia lógica de la resolución de 2012, y expresan en la práctica el cambio de postura real respecto a la autodeterminación, anteriormente defendida sólo por parte de los sectores situados más a la izquierda dentro del sindicato.
A diferencia de la CONC, la Confederación de CCOO de España se niega a reconocer el derecho de autodeterminación y sigue apostando por un estado federal surgido de una reforma de la actual Constitución española. Una propuesta idéntica a la del PSOE, cuya versión catalana, el PSC, obtuvo los peores resultados de su historia en las elecciones catalanas del pasado 27 de septiembre: menos del 13% de los votos y 16 sobre 135 diputados/as.
Más allá de lo decepcionante que resulta el rechazo de un sindicato al ejercicio de un derecho democrático como el de autodeterminación, la postura de la Confederación española de CCOO, la sitúa al margen de los sectores que, también fuera de Catalunya, defienden un nuevo proceso constituyente. A estas alturas, apostar por una reforma constitucional es delegar en el PP y el PSOE, con la previsible participación de Ciudadanos, la superación de las muchas carencias del régimen de la segunda restauración borbónica de 1978. La simple asistencia de CCOO, también de UGT, a las reuniones convocadas por Mariano Rajoy para defender la “sagrada unidad de España” ante la resolución rupturista aprobada por el nuevo parlamento catalán el 9 de noviembre, convierte a CCOO y UGT de España, a ojos de amplios sectores de la población catalana, en parte del problema, y no de la solución.
De hecho, justo antes de las elecciones catalanas del 27-S, la CONC ya tuvo que salir al paso de la postura de la Confederación española pidiendo el voto para la opción federal. La CONC reafirmó su defensa de la autodeterminación y su respeto a la pluralidad de opciones de sus afiliados y afiliadas y del conjunto de la clase trabajadora, entre las que se encuentra la independencia y la creación de una República Catalana.
El colectivo “Sindicalistes de CCOO per la independència i la República Catalana” va un paso más allá. En su manifiesto fundacional (http://indepesccoo.cat/pagina-exemple/), de octubre de 2015, declara que “la independencia de Catalunya y la construcción de la República Catalana es la única solución para conseguir una sociedad más justa, socialmente progresista y libre”.
Este colectivo no es, ni quiere ser, una corriente de opinión más dentro del sindicato. En realidad, su composición es muy transversal respecto a los habituales debates internos, agrupando militantes con posiciones muy diversas en otras cuestiones sindicales y también con diferentes adscripciones políticas. En el manifiesto se especifica que “la participación en este espacio de trabajo no modifica el posicionamiento que cada participante pueda tener sobre las políticas organizativas o de acción sindical que desarrolla nuestra organización y es, por tanto, un espacio de amplia transversalidad”.
Sería deseable que el éxito del acto de presentación pública del colectivo tuviera continuidad en dos aspectos. Por un lado, en un notario incremento del número de adhesiones; a día de hoy son casi 300, pero es cierto que son muchos más las y los militantes sindicalmente activos, por no hablar de unos cuantos miles de afiliados/as, que comparten sus criterios y objetivos. Por otro, en que CCOO de Catalunya, sin abjurar del respeto a la pluralidad de opciones de sus miembros, fuera incorporando en su discurso y en su práctica que la mejor vía para la defensa de los intereses de la clase trabajadora, para la conservación y mejora del estado del bienestar, para acabar con las criminales políticas de austeridad practicadas en toda la UE es, precisamente, la apuesta por la República Catalana.
Al margen de posibles criterios de principio, numerosos elementos de la realidad avalan la corrección de esta apuesta. Con el paréntesis de 7 años de gobierno tripartito más o menos de izquierdas, Catalunya ha sido gobernada desde 1980 por Convergència i Unió, una coalición nacionalista de derechas que, en política española, ha sido la muleta habitual para la alternancia de gobiernos del PP y del PSOE y, en política catalana, ha aplicado con entusiasmo las políticas económicas y sociales que los sindicatos se ven en la obligación de combatir. De hecho, el gobierno de CiU que se instaló en 2010, tras la derrota del tripartito, lo hizo con el lema de ser “business friendly”. Artur Mas se vanagloriaba entonces de ser un alumno aventajado de la UE de Angela Merkel.
Pues bien: CiU se ha roto, por el empecinamiento de Unió en continuar siendo portavoz de las grandes empresas catalanas, contrarias a la independencia, aunque ello le haya costado convertirse en un partido extraparlamentario. ERC, seguramente, habría ganado las elecciones, si Mas no hubiera recorrido al chantaje de no convocarlas a no ser que hubiera una lista conjunta de ERC y Convergència. La CUP, una candidatura de la izquierda transformadora e independentista, ha más que triplicado sus votos y escaños. La resolución parlamentaria del 9 de noviembre incorpora un anexo de medidas sociales que, a pesar de sus muchas carencias, va en un sentido diametralmente opuesto a las políticas de un gobierno “business friendly”, amigo de las multinacionales y grandes empresas. Las negociaciones entre “Junts pel Sí” (Convergència y ERC) con la CUP sobre la posible investidura del presidente de la Generalitat versan también sobre un plan de emergencia social, que atenúe los sufrimientos causados a amplios sectores populares por las políticas de austeridad.
Todos estos hechos, entre otros, certifican que en Catalunya el movimiento de masas por la independencia ha provocado un corrimiento a la izquierda del conjunto de la sociedad. La mayoría de las fuerzas que promueven la constitución de la República Catalana, que, a su vez, son la mayoría social y política, impugnan tanto el centralismo autoritario español como las políticas de austeridad en Catalunya, en España y en la UE.
Mientras en el Reino de España las fuerzas que apoyan un nuevo proceso constituyente siguen siendo minoría (con un porcentaje que ya será conocido cuando se publique este artículo), en Catalunya sí existe una mayoría, plural y con ciertas indefiniciones, partidaria de iniciarlo en forma de creación de la República Catalana.
Es por ello que la independencia es, también, el mejor vehículo para intentar que lleguen a vivir, en la realidad y no sólo en los muy necesarios y loables posicionamientos de toda la izquierda política y social, unos programas acordes con lo que postulan los sindicatos.
La independencia de Catalunya es una oportunidad para, en palabras del manifiesto de “Sindicalistes de CCOO per la independència i la República Catalana”, llegar a “una Constitución redactada desde abajo, con la activa y directa participación de los trabajadores y las trabajadoras, que dé contenido social a la República Catalana”.
Algo por lo que vale la pena luchar y trabajar.
es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Actualmente miembro de las Ejecutivas estatal y de Catalunya de Comfia-CCOO (Federación de Servicios Financieros y Administrativos); también es delegado sindical en el BBVA. Ha sido a lo largo de las últimas décadas un militante de la izquierda sindical en el interior de CCOO.
www.sinpermiso.info, 20 de diciembre de 2015

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