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Timestamp: 2019-05-19 21:20:06+00:00

Document:
CREACIÓN DE REGISTRO NACIONAL DE TRANSPORTE DE CARGA TERRESTRE. INFORME DE COMISIÓN MIXTA
LEY MARCO SOBRE PROTECCIÓN DE ANIMALES. INFORME DE COMISIÓN MIXTA
CONFLICTO DEL MEDIO ORIENTE. PROYECTO DE ACUERDO
SUSPENSIÓN DE ATENCIÓN MÉDICA A BENEFICIARIOS DE DIPRECA. OFICIOS
PROYECTO DE ACUERDO SOBRE PROBLEMAS DEL MEDIO ORIENTE (S 659-12)
Sesión 30ª, en miércoles 5 de marzo de 2003
Proyecto de ley, en trámite de Comisión Mixta, que crea el Registro Nacional de Transporte de Carga Terrestre (2590-15) (se aprueba su informe)...........................
Proyecto de ley, en trámite de Comisión Mixta, sobre protección de los animales (1721-12) (se aprueba su informe)..........................................
Situación internacional en lo relativo a problemas del Medio Oriente.....
Proyecto de acuerdo sobre problemas del Medio Oriente (se aprueba)......
Suspensión de atención médica a beneficiarios de DIPRECA. Oficios (observaciones de los señores García y Cordero)..................................
De Su Excelencia el Presidente de la República, relacionado con la solicitud del acuerdo del Senado para autorizar la salida de tropas nacionales a territorio extranjero (Boletín Nº S 658-05).
--Se manda remitir el documento a sus antecedentes.
Del señor Director Nacional de Gendarmería de Chile , por medio del cual responde un oficio enviado en nombre del Honorable señor Espina, relativo a la situación de funcionario de la Institución a su cargo.
Del señor Alcalde de Peumo , mediante el cual remite copia de un documento dirigido al señor Subsecretario de Desarrollo Regional y Administrativo , referido a problemas que afectan a la municipalidad local.
Dos del señor Jefe de Gabinete del General Director de Carabineros:
Con el primero, y en relación con un oficio enviado en nombre del Honorable Senador señor Horvath, amplía información relacionada con los pasos fronterizos de la Undécima Región, y
Con el segundo, da respuesta a un oficio enviado en nombre del Senador señor Zaldívar, don Andrés, sobre solicitud de vecinos de las localidades que indica, relativa a la permanencia de la Tenencia de Carreteras de Curacaví en su actual ubicación.
--Quedan a disposición de los Honorables señores Senadores.
Tres de la Comisión de Relaciones Exteriores, recaídos en los proyectos de acuerdo, en segundo trámite constitucional, que se indican:
1.- El relativo a la aprobación del Convenio sobre Seguridad Social entre la República de Chile y la República Bolivariana de Venezuela, suscrito en Santiago, el 20 de agosto de 2001 (Boletín Nº 3.030-10);
2.- El referido a la aprobación del Acuerdo Modificatorio del Convenio de Seguridad Social entre la República de Chile y la República Federativa del Brasil, suscrito el 20 de marzo de 2002 (Boletín Nº 3.035-10), y
3.- El concerniente a la aprobación del Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño Relativo a la Participación de los Niños en los Conflictos Armados, adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y suscrito por Chile el 15 de noviembre de 2001 (Boletín Nº 3.071-10).
De las Comisiones de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento y de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología, unidas, recaído en el proyecto de reforma constitucional, en segundo trámite, que establece la obligatoriedad y gratuidad de la educación media, con urgencia calificada de "simple" (Boletín Nº 3.039-07).
De la Comisión de Medio Ambiente y Bienes Nacionales, recaído en el proyecto de ley, iniciado en moción de los Honorables señores Horvath y Prokuriça, en primer trámite constitucional, que modifica el decreto ley Nº 2.222, de 1978, Ley de Navegación, en relación con los tribunales competentes para conocer de las causas por contaminación (Boletín Nº 2.928-12).
Señor Presidente , se acaba de comunicar el despacho del proyecto de reforma constitucional que establece la obligatoriedad y gratuidad de la educación media. Si fuera factible, solicito que la Sala lo discuta el miércoles venidero. Hago esta petición porque el señor Ministro desea estar presente durante el debate de la iniciativa. Antes, le es imposible por tener que cumplir compromisos ineludibles.
Si le parece a la Sala, se accederá a tal petición, siempre que en la tabla no haya asuntos de mayor importancia.
Informe de la Comisión Mixta, formada en virtud de lo dispuesto en el artículo 68 de la Constitución Política, recaído en el proyecto de ley que crea el Registro de Transporte de Carga Terrestre . (Boletín Nº 2590-15).
--Los antecedentes sobre el proyecto (2590-15) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
En trámite de Comisión Mixta, sesión 9ª, en 5 de noviembre de 2002.
Transportes, sesión 11ª, en 30 de abril de 2002.
Mixta, sesión 30ª, en 5 de marzo de 2003.
Sesiones 16ª, en 15 de mayo de 2002 (queda para segunda discusión); 1ª, en 21 de mayo de 2002 (se aprueba en general); 5ª, en 15 de octubre de 2002 (se aprueba en particular).
La controversia entre ambas ramas del Parlamento se originó en el rechazo por la Honorable Cámara de Diputados de la totalidad de las enmiendas propuestas por el Senado en el segundo trámite constitucional.
El informe de la Comisión Mixta propone resolver la divergencia producida entre ambas Cámaras aprobando la totalidad de las modificaciones efectuadas por el Senado, con una enmienda formal al inicio del número 2 del artículo único. Este acuerdo contó con la unanimidad de los miembros presentes de la Comisión Mixta, Honorables Senadores señores Cantero, Muñoz Barra, Novoa, Pizarro y Vega, y Honorables Diputados señora Caraball y señores Delmastro y Salaberry.
Para una mejor comprensión de la proposición de la Comisión Mixta, la Secretaría ha elaborado un boletín comparado dividido en cinco columnas, consignándose en la última de ellas el texto final que quedaría de ser aprobado lo que se sugiere.
Cabe hacer presente que el inciso quinto del artículo 34 bis, contenido en el número 1 del artículo único, tiene carácter de norma orgánica constitucional, requiriéndose para su aprobación el voto conforme de 27 señores Senadores.
Finalmente, corresponde señalar que la Honorable Cámara de Diputados aprobó la proposición de la Comisión Mixta en sesión celebrada el día 21 de enero del año en curso.
--Se aprueba el informe de la Comisión Mixta, dejándose constancia de que emitieron pronunciamiento favorable 33 señores Senadores.
Informe de la Comisión Mixta, formada en virtud de lo dispuesto en el artículo 68 de la Constitución Política, recaído en el proyecto de ley sobre protección de los animales. (Boletín Nº 1721-12).
En trámite de Comisión Mixta, sesión 18ª, en 10 de diciembre de 2002.
Constitución y M. Ambiente, unidas, (complementario), sesión 16ª, en 30 de julio de 2002.
Constitución y M. Ambiente, unidas (nuevo segundo), sesión 12ª, en 13 de noviembre de 2002.
Sesiones 30ª, en 12 de abril de 2000 (se aprueba en general); 17ª, en 31 de julio de 2002 (vuelve a Comisión para nuevo informe); 13ª, en 19 de noviembre de 2002 (se despacha en particular).
En este caso, la controversia entre ambas ramas del Congreso se originó en el rechazo por la Honorable Cámara de Diputados de algunas modificaciones acogidas por el Senado en el segundo trámite constitucional.
La Comisión Mixta, analizando cada una de las discrepancias, acordó, respecto de los artículos 1º y 2º, del inciso segundo del artículo 11, del artículo 16 (correspondiente al artículo 10 del Senado, que pasa a ser artículo 12), de la supresión del artículo 17 y del artículo 16, nuevo (que pasó a ser 18), aprobar la proposición del Senado.
En cuanto a los artículos 9º y 10, el inciso primero del artículo 11, el artículo 22 y el artículo 1º transitorio, acordó aprobar lo sugerido por la Cámara de Diputados. Los acuerdos relativos a los artículos 1º, 2º, 11 y 22 fueron adoptados por la unanimidad de los miembros presentes de la Comisión Mixta, Honorables Senadores señores Horvath, Stange, Vega y Viera-Gallo, y los Honorables Diputados señores Bertolino, García Huidobro, Rossi, Sánchez y Silva.
Los acuerdos respecto de los artículos 9º, 10, 16, 17, 18 y 1º transitorio contaron con los votos de la mayoría de los miembros presentes de la Comisión. Cabe advertir que la Comisión Mixta introdujo enmiendas de referencia al artículo 11 del Senado, que pasa a ser artículo 13.
La Secretaría ha elaborado un boletín comparado, que se divide en cinco columnas, la última de las cuales contempla el texto final que quedaría de aprobarse las proposiciones de la Comisión Mixta.
Corresponde destacar que los artículos 12 y 13 contenidos en el texto final son normas de carácter orgánico constitucional, requiriéndose para su aprobación el voto conforme de 27 señores Senadores.
Finalmente, cabe indicar que la Cámara de Diputados aprobó las proposiciones de la Comisión Mixta en sesión del día 21 de enero del presente año, con excepción de los artículos 12 y 13, respecto de los cuales no se alcanzó en esa Corporación el quórum constitucional requerido, no obstante lo cual, como se ha dicho, el Senado debe pronunciarse sobre la totalidad del informe de la Comisión Mixta.
Si le parece a la Sala, se aprobará el informe.
En todo caso, quiero advertir que el Ejecutivo , por la vía del veto, tratará de subsanar el problema suscitado con la aprobación de la Cámara de Diputados. Este asunto lo vimos en Comités y recomendamos acoger el texto de la Comisión Mixta.
Solamente quiero ratificar que con el nuevo Ministro Secretario General de la Presidencia este veto está comprometido.
--Se aprueba el informe de la Comisión Mixta, dejándose constancia de que emitieron pronunciamiento favorable 35 señores Senadores.
Señor Presidente , en todo caso, la decisión del Senado no significa la aprobación del informe de la Comisión Mixta, porque debemos entender que ya está rechazado al no haberse alcanzado en la Cámara de Diputados el quórum necesario.
A la Cámara de Diputados le corresponde comunicar que no se aprobó el informe de la Comisión Mixta.
El veto tiene que contemplar todas las normas y no sólo las de los artículos que no reunieron el quórum de aprobación.
Si el informe de la Comisión Mixta no alcanzó a ser ley, mal puede tener carácter de tal.
Corresponde continuar el debate iniciado en la sesión de la mañana sobre la situación internacional en lo relativo a problemas del Medio Oriente.
Señor Presidente , tengo la impresión de que durante la mañana tuvimos oportunidad de escuchar muy interesantes observaciones, opiniones y puntos de vista respecto de una situación tan compleja como la que vive el Medio Oriente y particularmente Iraq.
No es mucho tal vez lo que podamos agregar.
Sin embargo, quiero hacer un par de reflexiones.
Sigo convencido de que en materia de relaciones internacionales los países todavía siguen moviéndose esencialmente por cuestiones de principios. Y no es algo que tengamos que observar sólo a la luz del pragmatismo más extremo, como se colige de algunas de las opiniones vertidas en esta Sala.
Quizás, incurriendo en un acto de osadía intelectual, trataré de expresar algunos principios que a mi juicio siguen siendo válidos en materia de relaciones internacionales, particularmente en el modo como debemos enfrentar problemas tan acuciosos y difíciles como el de Iraq.
En los próximos días nuestro país deberá adoptar una posición ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respecto al tema de Iraq. Tendrá que optar entre la propuesta de los Estados Unidos, que urge una acción militar contra ese país, o apoyar, si se traduce en una propuesta de resolución concreta, la iniciativa levantada por Francia, Alemania y Rusia, que no dan por agotadas las gestiones políticas y diplomáticas y proponen, en el contexto de la resolución 1441, dar tiempo adicional a los inspectores de las Naciones Unidas para finalizar su trabajo destinado a desarmar definitivamente al régimen de Saddam Hussein.
No es posible ocultar, señor Presidente , que, colocado nuestro país frente a este trance, la decisión que se adopte en uno u otro sentido no dejará de tener consecuencias. Hay quienes, en un ejercicio de pragmatismo supremo, no dudan en aconsejar el acompañar a los Estados Unidos en vista de los efectos negativos que podría acarrear no hacerlo, teniendo en mente particularmente el tratado de libre comercio ya negociado con ese país.
Otros, entre los que me cuento, pensamos que ante una realidad tan difícil es la hora de los principios. Enfrentados como estamos a un conflicto de inconmensurables dimensiones, Chile debe recurrir a su historia, a las constantes que han marcado su presencia en la arena internacional. En momentos tan difíciles como éstos siempre hemos sido un país que con dignidad y soberanía frente a las grandes potencias ha luchado por la paz y no por la guerra; ha puesto su sabiduría como nación a favor de las soluciones políticas y diplomáticas de las controversias internacionales, y nos hemos opuesto al uso de la fuerza militar cuando hemos considerado que aún hay espacio para evitar la destrucción de vidas humanas, cualquiera que sea el signo religioso o ideológico de éstas.
Somos convencidos de que a la paz no se la mide por un calendario ni por un reloj. Por ello, y a pesar de la inminencia de esta guerra anunciada, Chile debe optar por la paz. Ello requiere, aunque parezca imposible a estas alturas del debate, detener los ímpetus belicistas de los Estados Unidos y sus aliados y desarmar pacíficamente al régimen de Hussein. A éste se le deben imponer exigencias aún más perentorias que las establecidas en la resolución 1441 y destinar un número mayor de inspectores que aseguren, independientemente de las premuras de las grandes potencias, la eliminación definitiva de las armas de destrucción masiva que aún pueden quedar en territorio iraquí.
Ésa es mi posición, señor Presidente.
Pero mis reflexiones son las siguientes.
¿Qué es lo que ha llevado en el fondo a los Estados Unidos a una acción de esta naturaleza? He escuchado con mucha atención ciertas observaciones que se han hecho acá y he leído algunos documentos que ha emitido el Departamento de Estado Norteamericano, e incluso el Pentágono. En varias de ellas se insinúa claramente que el objetivo no es solamente la eliminación de las armas de destrucción masiva, sino básicamente derrocar a un dictador.
Creo que eso es particularmente delicado, porque Estados Unidos fue factor esencial en la puesta, en la ubicación de dictadores en todas partes del mundo. Y lo cierto es que -quiero decirlo con mucha franqueza-, si en algún momento a la nación del norte se le hubiese ocurrido intentar algún tipo de acción militar en contra del régimen de Pinochet, nos habríamos opuesto, porque hubiera puesto por el suelo la dignidad del pueblo de Chile y se habría demostrado que nuestro país no tenía capacidad alguna para resolver sus problemas internos.
Esto ha ocurrido en varios lugares del mundo. Básicamente, Estados Unidos es el país que ha puesto más dictadores que han pisoteado la democracia en el mundo entero, incluyendo Asia, África y otros países del orbe.
En consecuencia, resulta absolutamente absurdo pensar que el motivo fundamental sea derrocar a un dictador, porque ésa no es la política que ha caracterizado a Estados Unidos durante el último siglo.
¿Acaso Iraq representa un peligro extraordinario?
¿Por qué no se dice que desde 1991 dicha nación -inventada por Inglaterra, como todos recordamos- se halla absolutamente intervenida, de modo tal que en la parte norte de su territorio se ha establecido un gobierno kurdo, en tanto que en el sur es manejada por los shiítas, directamente vinculados con Irán.
Es un país completamente intervenido: aviones lo sobrevuelan diariamente; todos sus movimientos son controlados por las grandes potencias del mundo, particularmente por Estados Unidos. Saddam Hussein se encuentra prácticamente dentro de una caja de zapatos y el 60 por ciento de la población iraquí está siendo alimentada con recursos provenientes de las Naciones Unidas, o sea, con aportes, incluso nuestros.
Se trata de un país en donde no existe ninguna posibilidad para que los niños tengan opción de sanar hasta de los males más elementales y, por lo mismo, todos los días mueren en cantidades increíbles.
Saddam Hussein a lo mejor es un hombre odiado por su pueblo.
Aparentemente, no existen alternativas. ¿Cuáles son las que presenta Estados Unidos al mundo en cuanto a la situación post Saddam Hussein? ¿Qué es lo que ha dicho que sucederá en ese lugar en donde se concentran -por cierto, no solamente Iraq- los dos tercios de los recursos energéticos potenciales del planeta? Nada.
Lo que sabemos es que se trataría de montar un gobierno provisional, pero ignoramos cuándo tomaría el poder; en un país donde la mayor parte serían shiítas, con lo cual, obviamente, se generará una situación particularmente compleja con Irán y Siria .
Se anuncia la derrota de Saddam Hussein -nadie duda de que así sucederá y de que, seguramente, terminará en un cajón-, pero ¿qué ocurrirá después en ese país?
Los analistas de los institutos más prestigiosos de Estados Unidos y de Francia sostienen que vendrá una desestabilización -así lo he leído y escuchado-, y señalan que la inestabilidad de ese sector del mundo significará a lo menos 15 años de pequeñas guerras, controladas tal vez, pero que terminarán afectando también al propio país del Norte. Eso lo está pregonando a viva voz incluso el director de "The New York Times", que hace un mes manifestó a un senador francés, amigo mío, que no podía decir estas cosas porque inmediatamente sería considerado traidor. Y esto lo digo con alta responsabilidad, porque el Senador de Francia es nada menos que el Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de su país.
En consecuencia, estamos frente a una situación particularmente compleja. Porque otra pregunta es ¿por qué hace cuatro o seis meses el tema principal para Estados Unidos apuntaba a terminar con el terrorismo? Y todo el mundo tiene claro que el terrorismo tiene nombre y apellido: una organización denominada Al Qaeda y un líder que se llama Bin Laden . Hoy en día nadie habla de Al Qaeda ni tampoco de Bin Laden.
El Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell , en una de sus últimas reuniones trató de vincular Iraq con Bin Laden , pero eso nadie se lo compra. Cualquiera intelectualmente serio sabe perfectamente que no hay una relación como la que pudo haber existido antiguamente, por ejemplo, entre las guerrillas latinoamericanas y Cuba. Esa relación no está presente en el caso de Iraq. No existe vinculación alguna que Estados Unidos pueda comprobar entre el régimen de Saddam Hussein y Al Qaeda o Bin Laden . Tampoco se trata entonces de una lucha contra el terrorismo ni contra la facción más poderosa y criminal conocida en el mundo.
Hace poco tiempo la comunidad internacional vio horrorizada cómo se destruían palestinos e israelíes. Las Naciones Unidas aprobaron cinco resoluciones que obligaban al gobierno de Israel a cumplir determinadas medidas, pero no las ha acatado. ¿Por qué no actúa Estados Unidos con la misma energía política y diplomática para imponer dichas resoluciones a esa nación? Y uno debe entender que el mundo israelí, el mundo judío, es muy poderoso en la banca de los Estados Unidos. Es la única explicación.
Se dice que ninguna de estas cosas tiene que ver con el petróleo. Sin embargo, durante la campaña el actual Vicepresidente de los Estados Unidos, señor Cheney , señaló permanentemente que el grave problema estratégico que afecta a su país es que los lugares donde están los principales pozos petrolíferos o las reservas mundiales de combustibles son muy inestables. Porque ellos han hecho investigaciones de terreno en Arabia Saudita, e incluso en Kuwait, y un porcentaje enorme de ciudadanos de esas naciones tiene a la del Norte convertida prácticamente en una suerte de "paraíso del diablo".
En consecuencia, ésta declaró que todos esos países son demasiado inestables (la expresión "demasiado inestables" es del señor Cheney ) y, por lo tanto, para la política estadounidense lo que debe hacerse es básicamente buscar reservas alternativas, las que no están solamente en Iraq, sino también en territorios de la ex Unión Soviética, prácticamente al lado. Pero Estados Unidos olvida que existen algunos países, como Chechenia, que obviamente van a generar una situación de conflicto internacional absolutamente inconmensurable e imposible de terminar.
Concluyo señalando que, dado el complejo panorama internacional, sigo pensando que, lamentablemente, la guerra que pretende llevar a cabo Estados Unidos es de una gran irresponsabilidad. Y Chile, aun cuando sea muy doloroso a veces recurrir a los principios, lo que debe hacer es justamente eso: recurrir a los principios que siempre todos los Gobiernos -como ya se dijo en esta Sala-, de Izquierda, de Centro o de Derecha, esgrimieron para enfrentar situaciones tan particularmente difíciles como el caso de Iraq.
Creo que el debate habido en la mañana de hoy y lo que acabamos de escuchar al señor Senador que me ha precedido en el uso de la palabra muestran claramente que hay una percepción colectiva, primero, de que estamos ante la inminencia de un conflicto armado mayor, y segundo, de que la complejidad del mismo envuelve situaciones que probablemente ya no pueden ser aisladas por nosotros. Porque él tiene sus bases en factores geopolíticos, económicos, religiosos, étnicos, culturales, y, obviamente, guste o no guste, sus repercusiones se harán sentir en cualquier lugar de la tierra. Por lo tanto, los chilenos estamos expuestos a lo que dicha conflagración realmente pueda generar.
Aquí se han precisado muy bien -y quiero reiterarlo, porque pedagógicamente es bueno para entenderlo- cuáles son los elementos en juego para conformar la decisión de algunos gobiernos y la opinión pública, que mundialmente se expresa en torno de este episodio.
En primer término, tres son, a mi juicio, los niveles en los cuales está colocado el problema, el primero de los cuales, de fondo y que permanece a lo largo del tiempo, es la disputa no resuelta entre el pueblo palestino y el Estado de Israel. Es un sustrato que se arrastra desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, y que ha sido y sigue siendo utilizado en este conflicto como un elemento de la potencialidad y los riesgos que tiene respecto de la forma como se resuelva la situación en que estamos.
Lo segundo es que existe hoy día una ominosa amenaza de un nuevo terrorismo internacional. No es que antes no lo haya habido, pues siempre ha existido, en toda la historia; pero este terrorismo adquiere una característica distinta, porque, obviamente, la versión renovada de Al Qaeda significa que a un factor cultural, religioso, une la visión de enfrentar a Occidente, o a la civilización judeo-cristiana, sobre la base de que hay un elemento de perversión y de traición a valores morales. Y esto se apoya en el primer aspecto señalado: el conflicto judío-palestino.
Por lo tanto, aun cuando no exista una relación directa de causa y efecto, no hay duda de que está presente. Y aquí es donde surge algo que uno como ser humano no puede aislar: el pueblo norteamericano -no sólo los políticos o la prensa- ha quedado altamente sensibilizado y con un sentido de nación agredida después del atentado terrorista del 11 de septiembre del año antepasado. Quienes, por razones distintas, hemos estado en el país del Norte y conversado con la gente común, debemos entender que eso está incorporado a su sicología. Y no obstante ser el país más poderoso de la tierra, se siente vulnerable. Es ahí, precisamente, donde se apoya el tercer elemento, que motiva este debate y configura un tercer cuadro: la situación del Gobierno, de la dictadura existente en Iraq, que estaba antes del atentado terrorista, pero que ahora se renueva sobre la base de la insistencia norteamericana de exigir el desarme de aquél.
Estos tres elementos se entremezclan y son utilizados como distintos argumentos. Por ejemplo, diciendo que si se produce un ataque armado las consecuencias van a tener el efecto de aumentar el terrorismo bajo el signo ideológico o religioso, y obviamente los países árabes y quienes respaldan la legítima aspiración del pueblo palestino encontrarán en esto una forma de alineamiento.
En este cuadro, los chilenos, por circunstancias de todos conocidas, formamos parte de un Consejo de 15 miembros, representativos de igual número de países, en el cual debemos pronunciarnos.
El Senado, en este debate y mediante el proyecto de acuerdo que entregaremos a la Mesa, ha alcanzado una unanimidad realmente digna de destacar desde todo punto de vista. Senadores de todas las posiciones, no sólo de partidos políticos, sino también los institucionales, hemos firmado un documento que haremos llegar a la testera, en el cual afirmamos que queremos la paz, defender el Derecho Internacional, reforzar los organismos de las Naciones Unidas, exigir el desarme de Iraq, y que no estamos disponibles para una acción armada, militar, unilateral.
Tales son los principios del acuerdo de la sociedad chilena, que se expresan en el documento. No es que nos arroguemos una representatividad, que tenemos por el hecho de formar parte de esta Corporación, sino que refleja el sentimiento de nuestra nación.
Por lo tanto, en nombre de todos quienes hemos firmado el documento, pido que el proyecto de acuerdo sea enviado al Presidente de la República , a la Cancillería, y que se haga público, para que el Senado chileno dé a conocer cuáles son sus bases.
Pero ésa es una parte del asunto, porque esta iniciativa ¿seamos realistas- dura hasta el viernes. Y con suerte hasta ese día. Es un gesto. Pero ahora surge la pregunta: ¿Qué hará Chile ante la situación que se presente el viernes? ¿Habrá o no un informe satisfactorio del inspector Blix?
Aquí se ha dicho ¿comparto lo que varios señores Senadores han expresado, y quienes hemos trabajado en el sistema de Naciones Unidas lo sabemos- que lo único que puede hacer el inspector Blix es ceñirse a la letra, a la coma y a la tinta de lo que son sus términos de referencia. No se puede apartar una coma. Y cualquiera que sea la categoría del informe, va a ser un documento objetivo que sólo puede demostrar una cosa: si hay o no intencionalidad o presunción de voluntad por parte de Iraq de acceder a las exigencias de la comunidad internacional. Más allá de eso es imposible. ¡Imposible!
Por lo tanto, el informe del inspector Blix no será suficiente. Lo sabemos quienes estamos aquí. Y se va a plantear de inmediato la pregunta de si satisface o no la resolución 1441 y si ella requiere o no un pronunciamiento adicional.
Está presentado un borrador de resolución por parte de Inglaterra, no de Estados Unidos ¡Cuidado! ¡Ojo con lo que estoy diciendo!. Es Inglaterra la que ha presentado un proyecto de resolución. Y todo el mundo sabe que los gestos de Saddam Hussein para acceder a algún grado de voluntad a desarmar parte de su arsenal están vinculados directamente a la presencia de las tropas que se encuentran en la frontera: 200 mil hombres, a lo menos, a estas alturas, y con toda la tecnología más moderna disponible para atacarlo.
Aquí se comprueba, desgraciadamente, lo establecido en los textos de la guerra y de la política: lo que la diplomacia no logra, lo empujan las armas. Y estamos ante esa evidencia.
Pero subsiste la pregunta de qué hará Chile si hay o no veto de alguno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad. Sobre el particular, quiero fijar una posición -que no sé si un señor Senador ya mencionó mientras me encontraba fuera de la Sala-: soy partidario de exigir a esos cinco miembros permanentes que cumplan con el mecanismo de privilegio que se autoimpusieron después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se arrogaron el derecho a veto y el poder de decisión sobre lo que era bueno y lo que era malo. Y el Consejo de Seguridad -del cual hoy día Chile forma parte como miembro no permanente- en el fondo sabe que el acuerdo de esas cinco naciones es vinculante para todas las definiciones.
Por lo tanto, soy partidario de que nuestro país exija que los cinco miembros permanentes del Consejo asuman su responsabilidad. Hace pocas horas escuchamos una nueva declaración de parte de algunas de esas naciones, a la que no se sumó China. Pero se trata sólo de una declaración, no de un proyecto de resolución.
En consecuencia -termino de inmediato, señor Presidente-, la posición de Chile va a estar dada por lo siguiente:
1.- Si se va a ejercer o no el derecho a veto. Materia respecto de la cual debemos tener una opinión. Soy partidario de exigir que los cinco miembros permanentes se pongan de acuerdo;
2.- Si se va a votar o no el proyecto de acuerdo inglés, y
3.- Si se presentará o no un nuevo proyecto de acuerdo, porque hasta ahora no se ha formulado ninguno.
Por lo tanto, o se vota el proyecto de acuerdo inglés, o no hay ningún otro respecto del cual pronunciarse. Y en la eventualidad de que aquél se presente, yo creo que Chile debe abstenerse.
Aquí he escuchado opiniones respecto de la abstención, que no comparto -y las respeto, pues son legítimas-, porque quienes hemos participado en foros internacionales sabemos que la abstención no es un acto de cobardía; es tomar una posición para exigir a esos cinco países (los dueños del mecanismo ya descrito) que ejerzan su labor y no descarguen su responsabilidad en las naciones más débiles.
Señor Presidente, hago llegar a la Mesa el respectivo proyecto de acuerdo de los señores Senadores abajo firmantes.
Señor Presidente , no me extenderé sobre los fundamentos de cómo se llegó a la situación actual, porque ya han sido vastamente tratados y con mucho acierto por mis distinguidos colegas.
Está claro que no hay ningún Senador presente que no sea partidario de la paz. Y creo que todos los países que integran el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas obran de acuerdo con principios. Es obvio que algunos de ellos pueden ser distintos. Pero no podemos pretender imponerles a todos el mismo principio en materia internacional, sobre todo cuando éste es permanentemente vulnerado por los países.
Por desgracia, el Derecho Internacional no tiene la fuerza suficiente para imponerse en el mundo, y es precario en cuanto a su ejercicio y al respeto de sus normas, porque en definitiva está entregado al criterio y poderío de las grandes potencias. Desafortunadamente, ésa es una realidad.
Hoy día vemos a naciones que se oponen al uso de la fuerza, con razones muy legítimas y basadas en principios muy serios y valorados, pero que no han sido consecuentes en el uso ni en la aplicación de aquéllos.
Algunas se han opuesto a la intervención en Iraq a través de medios de fuerza. Sin embargo, hemos presenciado recién la intervención en Costa de Marfil, donde no hubo ninguna resolución de Naciones Unidas autorizando el uso de la fuerza, ni la ocupación o intervención en un país, así como tampoco ningún tipo de reclamo del Consejo de Seguridad de dicho organismo. Hemos visto que en el caso de Yugoslavia, donde se señaló que se estaba cometiendo genocidio, se intervino sin el parecer del Consejo, olvidándose que en Iraq también se cometió genocidio con el pueblo kurdo.
En consecuencia, considerando todos los factores aludidos, podemos observar que por desgracia, en materia de principios, los países y las grandes potencias no siempre actúan conforme a lo que tales principios señalan, sino que motivados por sus propios intereses.
Por otra parte, en estas materias la opinión pública también es extraordinariamente cambiante, y los gobernantes tienen el deber -muchas veces doloroso- de actuar guiados por los intereses de los países, sin considerar la voluntad de la opinión pública ocasional, que puede estar en contra de las decisiones de los gobiernos. Tal voluntad es muy respetable, tiene que ser considerada, pero la responsabilidad es de los gobernantes.
Al respecto, yo me pregunto qué pasó con los miles y miles de pacifistas que aclamaban a Chamberlain, dónde estaban después, cuando Hitler invadió Checoslovaquia, qué fue de ellos.
Tampoco se ha visto una reacción de la opinión pública a nivel mundial en contra de Iraq, ni siquiera protestas, porque es obvio que así tendría que reaccionar.
Sin embargo, es una materia que a nuestro país no le corresponde decidir, porque no son factores sobre los cuales pueda intervenir.
Aquí se señaló la posibilidad de que Chile deba votar en el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas una resolución patrocinada por Estados Unidos, el Reino Unido, España e Irlanda. En mi concepto, es posible que eso no ocurra. Éste es el escenario más probable. Y, por lo tanto, la situación de nuestro país será distinta de la planteada.
Lo más factible es que si las naciones patrocinantes de esa resolución tienen la mayoría -cosa muy difícil que ocurra-, la presentarán. En ese caso, la votación de Chile no será determinante para los efectos de la resolución. Pero si no tienen la seguridad de obtener la mayoría, o ya se sabe anticipadamente que uno de los que tienen derecho a veto lo va a ejercitar, no me cabe ninguna duda de que el nuestro no se verá enfrentado a votar, porque se retirará la resolución.
De tal suerte que la posición de Chile, a mi juicio, no será necesario plantearla en los términos aquí señalados, porque no habrá resolución que votar y nuestro país no jugará un papel decisivo si hay votos suficientes para presentarla y no existe veto; o lo más probable que suceda, como ya están anunciados vetos, es que no haya resolución, producto de su retiro.
Lo que va a pasar es otra cosa muy distinta. Porque, enfrentados a la realidad de 200 mil soldados instalados en la frontera de Iraq, que ya significa un acto de fuerza frente a una nación que habrá de encarar a un ejército muy poderoso, la situación deberá resolverse en forma dramática. Y tendrá que solucionarse por una razón que todos conocemos: la climática. Hay un plazo implícito en todo esto, cual es la llegada del verano en esas latitudes.
Esto significa que inevitablemente, aun cuando las resoluciones no fijen fecha, el plazo existe. La alternativa de un simple retiro de esa fuerza y su regreso a Estados Unidos es impensable. Porque eso crea una situación extraordinariamente grave para la política interna estadounidense, bien o mal evaluada o concebida.
De tal suerte que aquí estamos ante un problema ineludible, que necesariamente se deberá enfrentar. Por eso, encuentro que tendríamos que revisar cuál va a ser la posición nuestra cuando se deba actuar como consecuencia de la realidad que allí se vive y un país -Estados Unidos- tenga que usar la fuerza contra Iraq.
Lo que deberemos analizar, nos guste o no, será la posición de Chile, no el voto en el Consejo de Seguridad, que obviamente sería una situación bastante más fácil de manejar. Desafortunadamente, vamos a tener que enfrentar una realidad: el hecho de que Estados Unidos ya habrá utilizado la fuerza en contra de Iraq, por las razones muy legítimas que tiene para actuar, que no son compartidas por otras grandes potencias.
Ésa es la realidad y, obviamente, sobre esta base tendremos que tomar nuestra decisión. Deberemos determinar si ella será de condena frente a tal hecho; si se presentará o no se presentará ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un voto de condena en contra de Estados Unidos. Éste será el gran tema que habremos de analizar, y que Chile ha de enfrentar.
Por lo tanto, la situación no deja de ser en extremo delicada; pero es fundamentalmente distinto votar antes de una acción militar que después de producida.
Ésa es la cuestión que nos corresponderá encarar. Lógicamente, Chile debe resolverla de acuerdo con sus intereses y principios. Y todos tendremos que colaborar a fin de que ésa sea la mejor decisión, para los efectos de que nuestro país, ante un conflicto en cuya génesis no ha tenido participación alguna, no salga perjudicado, de una u otra manera.
Señor Presidente , primero que todo, me parece muy oportuno y necesario debatir en el Senado la situación internacional, en relación con el posible conflicto bélico ad portas en Iraq. Tanto por las intervenciones que hemos escuchado hoy en la Sala, como por las conversaciones tenidas ayer en la Comisión de Relaciones Exteriores, nos hemos ido formando una suerte de visión común respecto de la que debería ser la postura de Chile en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Considero extraordinariamente positivo el haber generado un proyecto de acuerdo del Senado, hecho explícito por el Senador señor Moreno , donde se establecen criterios para coadyuvar a que nuestro país -el Ejecutivo , el Gobierno, el Presidente de la República - pueda tomar en los próximos días decisiones coherentes con el papel que siempre ha jugado en los organismos internacionales.
Como expresó el Senador señor Páez , el proyecto de acuerdo es muy parecido a las resoluciones adoptadas en los Congresos de otros países o en las instancias parlamentarias de nivel internacional, en los ámbitos latinoamericano y europeo y en la propia Unión Interparlamentaria Mundial.
Estimo que un elemento central por considerar en la toma de decisiones tiene que ver con una buena evaluación de los intereses nacionales. De las exposiciones de los Honorables colegas y de la información internacional, se desprende claramente que los distintos países no sólo están pensando en el bien común internacional y en perseverar en caminos que conduzcan a mantener la paz, sino que muchos de ellos actúan sobre la base de sus propios intereses: económicos, políticos, en algunos casos electorales, como se ha graficado también en el debate.
Lo anterior reafirma que la postura de Chile debe obedecer esencialmente a nuestra propia realidad, a nuestros propios desafíos, a nuestros propios intereses.
El proyecto de acuerdo planteado es un respaldo al camino que lleva adelante el Ejecutivo , mediante el cual trata de generar las condiciones que obliguen al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a una resolución que permita una salida pacífica y, por supuesto, el cumplimiento de la resolución 1441, que implica el desarme de Iraq y la eliminación de sus armas de destrucción masiva.
En mi opinión, dicho proyecto de acuerdo, que enfatiza el papel que Chile ha jugado y puede seguir cumpliendo con naciones con las cuales tenemos intereses, formas de análisis o roles comunes en el ámbito internacional, como el caso de México, es lo correcto, lo adecuado.
En un momento determinado quizás en algunas personas o en la opinión pública chilena haya quedado la sensación -como se ha señalado- de que nuestro país no tiene una definición sobre la materia o de que, en el fondo, la propuesta que hizo el jueves pasado el Embajador chileno en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no implicaba asumir cabalmente una postura o tomar una iniciativa. Por el contrario, creo que con el planteamiento de Chile y México se ha ganado un espacio, aunque sea pequeño, para abrir posibilidades de negociación, de entendimiento o, por último, para generar una situación de mayor presión sobre las potencias, que son las que en definitiva tomarán los acuerdos o las decisiones para definir el desenlace del proceso.
El exigir coherencia a los Estados miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas respecto al derecho que tienen, por ejemplo, de vetar una resolución que no les parezca adecuada, aparte de constituir una forma de establecer una postura clara y precisa, es un acto de responsabilidad. Porque cuando países como Francia, Alemania y Rusia han asumido posiciones distintas a la contemplada en la resolución que hoy se discute, indudablemente que el solo hecho de tomar la decisión política de oponerse a ella implica abrir un nuevo espacio de negociación que, por muy pequeño que sea, obliga a rectificar, a generar enmiendas, a abrir debate o un diálogo. Esto, para una nación como la nuestra, puede significar una tremenda diferencia en el momento de resolver cómo votar.
El proyecto de acuerdo del Senado respalda efectivamente los esfuerzos del Ejecutivo para lograr una salida pacífica a la crisis, conforme a los principios del Derecho Internacional; exige al Gobierno de Iraq el cumplimiento de las resoluciones del Consejo de Seguridad sin condiciones de ningún tipo y rechaza cualquier acción militar al margen de las Naciones Unidas.
A mi juicio, eso es lo correcto, lo responsable, lo sensato.
Pero también debemos ser claros y decir que la estrategia diseñada por el Gobierno tiene límites en cuanto al tiempo. Tal vez en este instante sea suficiente y permita encontrar una solución; pero perfectamente puede darse la situación contraria, que señaló el Senador señor Fernández : que en el Consejo de Seguridad Chile se vea obligado, en una situación extrema, a tomar una decisión respecto del planteamiento de Inglaterra, Estados Unidos, España y de otros países.
Y aquí, insisto en lo que manifesté al comienzo sobre los intereses nacionales: qué es mejor para nosotros; en qué condiciones Chile puede adoptar decisiones que afectarán fuertemente su marcha o su proceso de desarrollo en lo económico, en lo social, en lo político.
En la sesión de esta mañana el Senador señor Boeninger hizo un análisis muy interesante, que es importante tener en cuenta. Con mucha crudeza, planteó lo que en términos económicos puede significar para nuestro país una decisión contraria a la postura de Estados Unidos. Porque, a pesar de las visitas, de los enviados, de los emisarios y de que las presiones no se ejerzan burdamente, todos sabemos que fuera del análisis que podamos hacer acá uno tiene derecho a pensar qué pasará si el día de mañana Chile tiene una posición adversa al país del Norte. Qué pasará, por ejemplo, en la votación por el Congreso norteamericano del Tratado de Libre Comercio. Si se rechazará o aprobará, y en este último caso, en qué tiempo ocurrirá; qué puede significar para Chile un retraso en la aprobación de él; cuánto le costaría al país una situación de ese tipo; cuáles serían sus perspectivas de crecimiento y desarrollo.
Señalo lo anterior porque Chile, aparte de estar inserto en la globalización, cuenta además con una estrategia de apertura hacia el exterior, lo que significa un potencial crecimiento, más allá de lo que actualmente tenemos. Sin duda, los tratados de libre comercio son oportunidades, como se ha dicho en la Sala.
Seguramente, aquel elemento de análisis se encuentra en la trastienda de cada una de las posturas que adoptamos. Y debo decir con franqueza, señor Presidente, que tal punto tiene que ser motivo de estudio en el Senado.
Estoy convencido de que la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos puede demorar si Chile manifiesta una opinión distinta de la planteada por ese país. Sin embargo, a la larga o a la corta -ojalá, lo más pronto posible- lo acogerá de todas maneras, porque también tiene sus tiempos, compromisos e intereses.
Por lo demás, para el resto de América Latina, la decisión unilateral de aquella nación de no aprobar un instrumento internacional ya negociado -que es ejemplo y que ha servido como señal positiva- podría implicar un retroceso, que no sé si Estados Unidos hoy día está en condiciones de soportar o de pagar. A lo mejor no le importa. Pero claramente, hasta el momento, la estrategia de los norteamericanos en esta materia indica que ellos son partidarios de fortalecer esa vía y no de debilitarla.
Señor Presidente , me parece que, aun cuando implique algún costo para los chilenos, no debemos apoyar un planteamiento como el de Estados Unidos e Inglaterra, pues constituye la opción de la guerra, en circunstancias de que en el Senado hay claridad en cuanto a que todavía existen espacios conforme a los cuales se puede cumplir la resolución de las Naciones Unidas sobre el desarme de Iraq.
Considero que Chile debe actuar sobre la base de sus principios permanentes, que buscan garantizar la paz y solucionar los conflictos a través de vías pacíficas. El hecho de mantener una estrategia y una postura como ésta puede, a la larga, crear condiciones apropiadas sobre el particular o dar lugar a una resolución que permita al Consejo de Seguridad cumplir con los dos objetivos aquí planteados.
No creo, señor Presidente , que razones solamente económicas puedan condicionar el voto de un país con la tradición y trayectoria que tiene Chile en el ámbito internacional.
Señor Presidente , como está casi todo dicho, sólo argumentaré en tres planos.
Evidentemente, hay unanimidad en la comunidad internacional en cuanto al objetivo relacionado con el desarme de Iraq. Creo que sobre eso no hay dos opiniones-, lo que también es compartido por la política exterior chilena.
La primera discusión que surge hoy día sobre el tema apunta a si dicho desarme se puede o no conseguir de manera efectiva por la vía pacífica, o si requiere de intervención militar. Acá se ha argumentado largamente al respecto. Comparto la opinión de que ese objetivo se puede lograr manteniendo presión por la vía de inspecciones y de una comunidad internacional muy vigilante. Ello ha ido dando resultado, al margen de lo maligno que sea el señor Hussein . Lo es, y de sobra, pero éste no es el tema en discusión.
El argumento de que es tramposo no sirve para declarar la guerra, porque sabemos que es así. No sólo eso: es un dictador brutal hacia el interior de la región y ha sido un factor de agresión en el área, donde ha desatado dos guerras terribles. Una de ellas fue contra Irán, conflicto que duró nueve años, que costó miles de vidas y en que se usaron armas químicas de manera masiva. Es impresionante al respecto el testimonio tanto de los niños como de la población iraníes, que todavía sufren las secuelas provenientes del uso de ese tipo de armas por parte de Iraq en una guerra insensata por una pequeña disputa territorial, en un intento de aprovechar la debilidad de las fuerzas armadas de Irán después de la revolución de los ayatolás.
También conviene decir -porque la historia sirve- que esa guerra fue apoyada en forma activa por Estados Unidos y Francia, y que en dicha masacre se utilizó incluso material bélico producido en Chile.
Posteriormente, se produjo la agresión brutal a Kuwait.
En consecuencia, el tema no es la maldad de Hussein.
La invasión militar de Iraq en 1990 provocó una guerra legítima desde el punto de vista internacional, pues existía claridad respecto de la ocupación de un país extranjero sobre otro y en cuanto a que se había fijado plazo para la desocupación del territorio de Kuwait. Eso resultaba medible, mensurable, claro, y no había discusión sobre el punto. Obviamente, tal situación se dio en otro contexto internacional.
No se puede olvidar que en la guerra de 1991 hasta Siria participó con fuerzas militares. Se trató de una coalición formada al amparo de las Naciones Unidas y de una amplitud que hoy día sería inimaginable.
Por lo tanto, desde esa perspectiva, evidentemente no es necesaria la guerra, porque hoy en día Hussein e Iraq no constituyen una amenaza para la estabilidad y la paz mundial. Aquél es un país sin capacidad de ataque y que -como bien dijo aquí el Senador señor Núñez - está cercado.
Deseo agregar otro argumento: la principal riqueza de Iraq está expropiada, por cuanto las Naciones Unidas resuelven cuánto petróleo se extrae, cuánto se vende y en qué se gasta lo obtenido por su precio. Su población es alimentada por esa organización mundial. Además, una parte importante del territorio no es controlada por el poder central.
Es claro que el desarme de Irak -por miserable que sea Saddam Hussein- es posible sobre la base de aumentar las inspecciones y mantener una fuerte presión internacional sobre el Régimen.
A mi juicio, las opiniones vertidas aquí sobre el particular son unánimes.
Ése es un primer tema.
Hay un segundo asunto que es más complejo, y que dice relación con el sistema multilateral, el mundo contemporáneo, la situación de las Naciones Unidas y el escenario completamente inédito que se vive. Inédito en el sentido estricto, porque se suele comparar la condición actual con la del imperio romano. Hay mucha literatura al respecto. Sin embargo, se trata de algo muy distinto, pues, al final de cuentas, en esa época coexistieron cinco o seis grandes civilizaciones: el imperio chino, los poderosos imperios en la India, las civilizaciones de Irán y de la vieja Persia, que no pudieron ser conquistadas por las legiones romanas. Pero hoy, por primera vez en la historia, existe una sola potencia que no puede ser desafiada militarmente por nadie. Esto no había ocurrido nunca -¡nunca!- desde que hay registro de los hechos históricos.
Eso, obviamente, genera un cuadro internacional muy complejo, porque la creación de las Naciones Unidas se basó en un cierto equilibrio estratégico, político y militar después de la Segunda Guerra Mundial.
En virtud de lo anterior, deseo hacer una afirmación: el Derecho es primordial para toda la comunidad internacional, pues permite mantener algún grado de identidad nacional, aunque no en la amplitud que deseamos, pues el mundo está muy globalizado. Señalo esto, porque nos encontramos antes dos posibilidades: o se permite que la principal potencia militar maneje el orbe a su arbitrio, o se establece un mínimo orden internacional basado en el Derecho, que siempre es precario y que es infringido normalmente por las grandes potencias, pero que a la vez, permanentemente, ha sido el recurso del débil, del orden y de la civilización.
A la importancia del Derecho Internacional cabe agregar un segundo elemento: la democracia. Éste es el único sistema que permite efectivamente que ciertos valores de la civilización y humanitarios puedan tener alguna influencia, aunque no determinante, en el acontecer mundial, y no las armas.
En ese sentido, observamos cómo la democracia, con todas sus dificultades, tiene cierta influencia. No es indiferente que 85 por ciento de la población europea esté por la paz. Algo tiene que ver con ello lo que ocurre en política. Seguramente, no constituye la fuerza suficiente para detener la guerra, que Bush desea de todas maneras, pero la afirmación del derecho internacional y de la democracia incide en alguna medida en el orden que deseamos construir.
Dos reflexiones sobre la situación del país.
Celebro mucho el proyecto de acuerdo y le doy un gran valor, porque contiene tres afirmaciones centrales que ninguna fuerza política democrática chilena podría dejar de suscribir:
-Se solicita realizar todos los esfuerzos para resolver el asunto de una manera pacífica, en el marco del orden internacional (el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas).
-Se llama a Iraq al cumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas.
-Se rechaza cualquier intervención militar unilateral.
Eso es lo que debe manifestar Chile. No podría señalarse otra cosa, porque corresponde a nuestros intereses nacionales, tradición e historia.
¿Cuál es el problema político?
Primero, a lo mejor tendremos que votar. Y, a lo mejor, no, porque se han anunciado los vetos de Francia y Rusia. Pero no podemos dejar de sostener una posición -como bien ha expresado el Senador señor Pizarro - y ella no puede sino consistir en esos puntos esenciales. Y el problema político - tengo plena confianza en que el Presidente de la República lo resolverá ajustándose al interés nacional y a su más íntima convicción- es que esas líneas de principios son distintas a la política actual del Gobierno de Bush.
Si afirmamos estos valores, todos los que suscribimos el proyecto de acuerdo tenemos una diferencia con la política de Bush, que sostiene que hay que buscar una solución militar, está dispuesto a usar la fuerza al margen de Naciones Unidas y persigue objetivos fuera del derecho internacional: cambiar el régimen iraquí.
Entonces, tenemos una diferencia de política internacional con un país muy importante para nosotros y del cual deseamos ser socios comerciales plenos -he sido quien más ha apoyado el tratado de libre comercio durante doce años- y podríamos sufrir algunas consecuencias en el plano comercial.
Si Chile, por esta razón, vota contra sus principios y a favor de la política de Bush, perderá toda estatura política y toda decencia nacional e internacional. Ése es el punto.
Señor Presidente , coincido, en lo fundamental, con el proyecto de acuerdo, que refuerza el camino definido hace tiempo por el país -que, en general, lo ha seguido con gran coherencia- y que recuerdo que cuando recién comencé a asomarme en los asuntos públicos, a fines de los años sesenta, defendía y promovía con extraordinario brillo quien entonces era Canciller, don Gabriel Valdés . Me parece que en ese punto no hay ninguna discrepancia y que ha sido una gran línea de continuidad de la política exterior chilena.
Además, parece obvio, después de escuchar lo señalado en la Sala y de conversar con cualquier vecino -al parecer, es un fenómeno mundial-, que a muy poca gente le gusta el camino trazado por el Gobierno de Estados Unidos para manejar la situación de Iraq.
En consecuencia, habría que contestar la pregunta formulada por el Honorable señor Valdés . ¿Por qué no apoyamos la posición de Francia desde el comienzo? Ese país ha sido muy claro. Ha señalado que no concuerda con la posición de Estados Unidos, que no está dispuesto a apoyarla y que desea aumentar el número de inspectores, etcétera. ¿Por qué el Presidente Lagos y la Canciller señora Alvear no han manifestado hasta ahora que están de acuerdo en apoyar a Francia y, por lo tanto, eventualmente a votar contra Estados Unidos?
En primer lugar, pienso que ello no se ha hecho en buena medida por una razón de prudencia, en el sentido de que todavía no es obvio cómo cautelar mejor el interés del país en la complejísima situación internacional.
Y tengo la impresión de que la segunda razón por la cual no se ha hecho es porque el Gobierno y seguramente todos los que estamos en la Sala consideramos que cualquier decisión que adoptemos involucrará costos importantes. Por lo tanto, en este cuadro no es ni posible ni conveniente apresurar una definición y anticipar costos a lo mejor evitables.
¿Por qué esto es tan complejo? Porque el mundo contemporáneo lo es y porque Chile adoptó una posición que en buena medida significa un acuerdo nacional implícito, respaldado por Gobiernos de uno u otro color, sobre la base de que, como país muy pequeño, enfrenta dos severas limitaciones: su distancia geográfica de los centros de poder mundial y de los grandes mercados mundiales, y su tamaño (15 millones de habitantes).
¿Cómo evitar que se convierta en una nación insignificante? O bien, dicho de otra manera, ¿cómo lograr abrir un camino no sólo a sus 15 millones de habitantes actuales, sino también a las generaciones posteriores, que les signifique cierta garantía de mayor bienestar, dadas sus limitaciones de tamaño, de distancia, etcétera?
Por una parte, se decidió practicar un juego riesgoso, en cuanto a seguir el camino emprendido con mucho éxito por otros países pequeños en condiciones estructurales similares, de atrevernos a entrar al mundo global con todo y tratar de apoyar, fortalecer y estimular instituciones que construyan un orden internacional en el desorden de la globalización.
En seguida, se logró un acuerdo nacional casi milagroso en el sentido de que el destino de Chile está necesariamente vinculado, por lo menos en las próximas décadas, a tener un acceso lo más permanente, estable y seguro a los grandes mercados mundiales. Porque un país con quince millones de personas no puede, sobre la base de su mercado interno, generar bienestar y esperanza para su pueblo si no rompe esa barrera estructural.
Para ello, asumimos algunas definiciones arriesgadas pero verdaderas y exitosas, como la de iniciar, durante el período del Gobierno Militar -lo digo con toda tranquilidad-, un proceso de apertura unilateral de la economía y de continuar con esa política en los Gobiernos de la Concertación, pero sobre todo la de construir alianzas y convertirnos en "socios para el desarrollo" con los más grandes y exitosos países del mundo.
Ese proyecto, nacional, es uno de los más importantes de Chile en muchas décadas. Involucra la potencialidad de despertar una capacidad emprendedora en muchos chilenos que, luego de observar esos mercados, dirán: "Tengo que hacer cosas nuevas, tengo que hacerlas mejor y tengo que demostrar que me la puedo con esos gallos de allá.".
Eso es lo que está en juego. Y sucede que ese mundo al cual nos hemos aventurado no está cristalizado, por dos razones: uno, porque en el orden financiero no hay reglas, o hay muy pocas, y, en segundo lugar, porque las instituciones políticas multilaterales que se han creado son frágiles, son instituciones con una pata coja.
Y el otro gran dato con el cual, nos guste o no, tenemos que vivir es que ha emergido un poder mundial hegemónico que de alguna manera debilita, o acota, o limita el margen de acción de los organismos multilaterales.
En este contexto, el asunto es cómo definir el interés nacional permanente, de largo plazo, frente a una potencia desequilibrante.
¿Por qué Tony Blair se atreve a enfrentar con fuerza la impopularidad entre los británicos? Porque cree que el interés de Inglaterra radica en una relación privilegiada con Estados Unidos, para de ese modo lograr funcionar como un eje con el resto de Europa y no quedar aislada y debilitada.
¿Por qué países como Polonia, Hungría , la República Checa, Latvia , Estonia , respecto de los cuales uno piensa de inmediato que están a punto de entrar en la Unión Europea, emiten sorpresivamente, en el comienzo del conflicto, una declaración apoyando a Estados Unidos? ¿Por qué definen su interés nacional de esa manera? Porque consideran que su seguridad como nación está más resguardada hoy día con un poder hegemónico, con Estados Unidos, antes que con Francia u otro país que ofrezca el esquema alternativo.
Pero Chile no tiene esos problemas de seguridad, no tiene problemas con sus países vecinos. Lo que Chile tiene es una gran vulnerabilidad económica. Es un país que, para ser viable, requiere la inserción en el mundo, alianzas y socios.
Por eso, creo que nuestra política exterior ha sido muy correcta, en el sentido de defender siempre el multilateralismo y de buscar socios para el desarrollo. La guerra no le conviene a Chile. Entonces, ¿qué podemos hacer en el estrecho margen en que podemos movernos? Creo que algo no muy distinto de lo que hemos estado haciendo. Debemos evitar tener que pagar los costos de optar. De modo que, al revés de lo que expresaba el Honorable señor Gazmuri , pienso que no debemos apresurar una decisión, sino dilatarla lo más posible para no incurrir en esos costos.
Por lo tanto, en este período la diplomacia chilena tiene que trabajar para acercar posiciones, para evitar la votación o para modificar la resolución presentada por Estados Unidos. No hay que apresurarse, porque además, ¡ojo!, si asumimos ahora una posición contraria a ese país, nos arriesgamos a que en unos días más aparezca el señor Putin , o incluso el señor Chirac, con un entendimiento con Bush sobre la base de quién sabe qué clase de acuerdo de otro tipo y a que al final sus naciones terminen o sumándose o mirando para el lado, mientras Chile da su gran testimonio de país pequeño, orgulloso, que en función de sus principios enfrenta al gigante norteamericano.
Creo que los testimonios son muy importantes en la vida y también para los países, pero cuidado con ellos cuando el interés nacional de largo plazo está en juego. Por lo menos, tenemos la obligación de ser racionales, y para serlo debemos medir bien los costos. Por ejemplo, nuestra embajada en Washington debería hacer una evaluación minuciosa de hasta dónde existen grados de libertad y de cuáles son los costos que para un país pequeño tiene el tomar posiciones distintas de las del Gobierno de Estados Unidos. También conviene un seguimiento detenido de lo que están pensando Rusia, China, Francia, naciones que al final podrían llegar a entenderse con esa potencia.
Tenemos que actuar con los otros a través de medidas de persuasión. Pero, al final, éste es un tema tan absolutamente delicado, de tal envergadura para el país, ahora y por muchos años, que en algún momento habrá que hacer un acto de confianza en el Gobierno para que éste tome la decisión, porque el interés nacional, en este caso, requerirá una tremenda unidad nacional para que Chile pueda salir hacia adelante y no hacia atrás en este conflicto.
Debe pedirla al Senador señor Horvath, Su Señoría.
¿Me permite una aclaración, señor Senador ?
Señor Presidente , el Honorable señor Foxley dijo que yo había preguntado por qué no se había aceptado la posición francesa entregada al Consejo. Quiero dejar constancia de que no hice esa pregunta. Lo que sostuve -y está escrito- es que habría sido muy conveniente aprobar la sugerencia francesa en orden a multiplicar por tres o por diez el número de inspectores, el número de aviones y el número de elementos para pesquisar las armas de destrucción masiva. Lamentablemente, esa propuesta inicial no fue aprobada, a pesar de que habría significado mayor celeridad en la entrega de los informes de los inspectores. Porque con 140 personas no se llega muy lejos en un país que tiene la dimensión de Francia; con 500 u 800 inspectores habría sido más rápido.
Ése fue mi planteamiento.
Recupera el uso de la palabra el Honorable señor Horvath.
Señor Presidente, la verdad es que ya se ha entregado gran cantidad de antecedentes, de manera que tal vez correspondería intervenir en forma resumida, para no redundar.
Si uno revisa el proceso de desarme en Iraq, producto de las resoluciones de Naciones Unidas y de la presión internacional, verá que en este período se ha logrado desactivar armas en una proporción mucho mayor que las utilizadas en la guerra del Golfo Pérsico. Así que, de hecho, ya hay un camino alternativo que es, lejos, más efectivo con respecto a la causa.
En segundo lugar, en cuanto a Estados Unidos, obviamente que hay que moverse con la mayor prudencia. Es un país digno de admiración, por su historia y también por la calidad moral de algunos de sus ciudadanos, como Abraham Lincoln . Sin embargo, si uno examina el desarrollo de su política exterior, podrá apreciar que ha cometido una suma de desaciertos, influido, entre otros factores -conociendo internamente a su pueblo-, por una suerte de falta de cultura, una suerte de incomprensión de las realidades externas. Basta revisar lo ocurrido con Europa central, que, producto de la Segunda Guerra Mundial, inexplicablemente fue entregada como botín a la Unión Soviética, con la ignominiosa Cortina de Hierro y el Muro de Berlín; el ataque a Hiroshima y Nagasaki, donde se registraron las dos únicas bombas atómicas lanzadas en la historia sobre gente inocente; la situación de Cuba, donde primero se levanta a Fidel Castro y después se lo aísla; el ejemplo de la propia Unión Soviética, pues en un momento determinado también se apoyó la revolución; el caso de Irán, donde, una vez que cae el Sha, se arma a Iraq para atacar a ese país y se crea el fenómeno de Saddam Hussein , y, finalmente, la guerra del Golfo Pérsico , ganada por Estados Unidos después del ataque a Kuwait, dejando una zona en que se mantiene la tensión. Todo esto -dicho en forma bastante breve- constituye una suma de desaciertos.
Ahora bien, en el caso de que se lleve a cabo un ataque militar -que se ve altamente probable, por lo que señala la Cancillería y lo que indica la política exterior-, sus efectos no se remitirán sólo a la caída de Saddam Hussein, a un seudoproceso de democratización en esa cultura y a evitar el riesgo de todo tipo de armas, sino que éstas serán mucho peores. A mi juicio, habrá una suerte de "balcanización". Iraq mantiene conflictos con Turquía, enfrenta la cuestión de los kurdos, sobrelleva el problema con Irán, todo lo cual seguirá exacerbándose en el tiempo. Como han dicho algunos personeros, a Estados Unidos tal vez le va a ser fácil entrar, pero muy difícil salir.
Otra gran consecuencia dice relación al mundo islámico, en la que perderá toda confianza en los Estados de Occidente que apoyen la intervención. Y hoy en día están colaborando en desarticular las redes terroristas, entre otras las de Al Qaeda. ¡Y qué decir de los islámicos que habitan en países occidentales! Francia alberga entre siete u ocho millones de musulmanes. ¿En qué situación quedará? Por ello, entre otras razones, no está respaldando la posición de Estados Unidos.
Asimismo, surge un asunto de la mayor importancia para países pequeños, como el nuestro. Porque no podemos aparecer apoyando una acción unilateral y, además, una agresión preventiva. A cualquiera podría tocarle el día de mañana. De aprobarse, no sólo se estaría rompiendo un valor de carácter universal en la relación entre los pueblos, sino que también se dejaría a Naciones Unidas como un organismo inocuo, prácticamente sin sentido hacia el futuro.
Otro tema no menor es el del petróleo. Hay antecedentes bastante claros de que éste se está agotando. Nos hallamos en la fase de declinación. Si uno suma todos los potenciales existentes en el mundo, concluye que ya el año 2010 ese recurso no se obtendrá con la facilidad esperada.
Y al revisar la prensa encontramos noticias, ya no sólo alarmantes, sino también descaradas. El Presidente Bush da garantías a las empresas petroleras de Estados Unidos y de Gran Bretaña de que accederán al petróleo del Golfo Pérsico ; o sea, ya se están repartiendo el botín. Y la otra parte no es menos; quizá, un poco más diplomática; pero, en el fondo, Francia y Rusia también tienen acuerdos sobre el petróleo con Iraq sin necesidad de guerra.
En verdad, no estamos ante una situación fácil. Escuché con mucha atención al Honorable colega que me antecedió en el uso de la palabra. Empero, creo que no podemos poner en la balanza materias de carácter económico y materias de carácter moral. Eso no tiene presentación. Pienso que, con la prudencia que ha caracterizado las relaciones exteriores de Chile en este ámbito, debemos tratar de prevenir la guerra hasta el último minuto. Si los líderes morales, como el Papa, revirtieran la situación en las Naciones Unidas y lograran que a Estados Unidos se le hiciera presentable volver a su país y buscar un camino más positivo, obviamente podríamos esperar un escenario como ése. Pero por ningún motivo un Tratado de Libre Comercio y un buen mercado para nuestros productos pueden obtenerse a costa del respaldo cómplice a una guerra que causaría la muerte de inocentes.
Señor Presidente , en primer término, deseo enfatizar que todos los discursos pronunciados aquí han sido muy elevados, y las argumentaciones, contundentes, destacándose, entre otras, las exposiciones de los Honorables señores Valdés y Núñez . Y podría decir lo mismo de todas, porque en realidad han sido muy buenas.
Me parece que el Gobierno ha manejado este asunto con mucha prudencia. Y lo ha socializado con los partidos políticos, con las instituciones, con las Comisiones de Relaciones tanto del Senado como de la Cámara de Diputados, y también con el Parlamento propiamente tal, que está celebrando a este efecto sesiones especiales, como la realizada hoy en esta Alta Corporación.
Aunque la facultad constitucional pertinente compete sólo al Presidente de la República , éste ha aplicado a la materia que nos ocupa una política de Estado y quiere que todo el país se pronuncie al respecto.
Señor Presidente , los Estados Unidos comenzaron a concebir un nuevo orden para el Medio Oriente después de la Guerra del Golfo que coincidió con el derrumbe de la Unión Soviética.
El nuevo orden internacional, monopolar, permite al país del Norte hacer una distinción entre Estados Legítimos y Estados fuera de la Ley, en la que subyace un distingo de orden moral entre "Los Buenos" y "Los Malos". Los Estados fuera de la Ley se miden por su capacidad de provocar daño. Y la posición norteamericana se vio reforzada tras los hechos del 11 de septiembre de 2001, luego de lo cual se generó el concepto de países dentro del "Eje del Mal".
Frente a esas naciones se desarrolla una estrategia, llamada "Del ataque preventivo", que se consolida en septiembre de 2002 en las palabras del Presidente Bush , quien afirma: "Como criterio de autodefensa y sentido común, América actuará contra cualquier amenaza emergente antes de que se constituya completamente. No podemos defender a América y a nuestros amigos esperando a que ocurra lo mejor".
Quiero, señor Presidente , aportar algunos datos sobre el desarme de Iraq.
Al término de la Guerra del Golfo se impusieron una serie de sanciones al régimen de Saddam Hussein, contenidas fundamentalmente en la resolución 687 de la ONU. Por ésta se disponía el alto al fuego a cambio de que Iraq pusiese fin a los programas de desarrollo de armas químicas, bacteriológicas y nucleares, y desmantelase su sistema de misiles, estableciéndose un procedimiento de verificación por inspectores de la ONU; que se pagasen compensaciones de guerra a Kuwait, y que se devolviesen a este país todos los prisioneros de guerra.
Los inspectores de la ONU encargados de la inspección de armas químicas, bacteriológicas y nucleares llegaron a Iraq en 1991 y permanecieron allí hasta 1998. Durante ese período destruyeron -como lo señaló el Senador señor Horvath - más armamento iraquí que la colisión militar durante la guerra, lo cual prueba que las inspecciones son más efectivas que las incursiones militares y menos costosas en términos humanos.
El informe entregado por Richard Buttler , responsable de las inspecciones, tiene fecha 13 de diciembre de 1998. En él concluía que la capacidad de armas no convencionales de Iraq había sido, en lo fundamental, eliminada. Ese informe fue entregado a los diplomáticos norteamericanos, quienes solicitaron que se reescribieran las conclusiones antes de elevarlas al Consejo de Seguridad, con la finalidad de resaltar, ante todo, las cinco ocasiones en que Iraq no cooperó con los inspectores, dando a este hecho más peso que a los cientos de veces que sí lo hizo.
En 1998 Estados Unidos integró en su política contra Iraq un apoyo más activo a la idea de un cambio de régimen, bajo el nombre de "Irak Liberation Act" (Acto de Liberación de Iraq). Este programa fue dotado con un presupuesto de 97 millones de dólares para financiar la oposición al régimen de Hussein.
En la actualidad, dentro del Consejo de Seguridad, la actitud más decidida contra las acciones militares es la sustentada por Francia. Se fundamenta en que, a su juicio, esas acciones ponen fin a la lógica que inspiraba la imposición de inspectores y sanciones, dejando muy pocas razones al régimen iraquí para cooperar. Plantea que el Consejo de Seguridad debe intensificar sus esfuerzos para dar una oportunidad real a una solución pacífica de la crisis, tomando en cuenta que revisten particular importancia dos asuntos: primero, la preservación de la unidad del Consejo de Seguridad, y segundo, la obligación de aumentar la presión ejercida sobre Iraq.
El 18 de noviembre de 2002 los inspectores de la ONU volvieron a Iraq, dirigidos por Hans Blix. El Secretario General de las Naciones Unidas expresó en enero de 2003: "Los inspectores están realizando su trabajo sin impedimentos. Por tanto, no veo ninguna razón para una acción militar inmediata".
Tres han sido los argumentos fundamentales esgrimidos por Estados Unidos para actuar contra Iraq. Primero, la posesión de armas no convencionales de destrucción masiva; sobre el particular, se está demostrando que ellas están siendo destruidas o han desaparecido casi en su totalidad. Segundo, la acusación a Iraq de mantener conexiones con Al Qaeda, lo que no se ha logrado probar. Y tercero, el convencimiento de que la actuación militar permitirá poner fin al sufrimiento de la sociedad iraquí. Sobre este último aspecto, un informe de Naciones Unidas expresa: "Aunque todo el sufrimiento en Iraq no puede ser imputado a los factores internos, especialmente las sanciones, el pueblo iraquí no habría enfrentado tales privaciones sin las medidas prolongadas impuestas por el Consejo de Seguridad y los efectos de la Guerra".
En todas las grandes capitales del mundo se han realizado gigantescas manifestaciones contra la Guerra, y las encuestas han evidenciado una fuerte oposición a las acciones militares. El Presidente Bush declaró al respecto: "No dedico mucho tiempo a las encuestas que se realizan en el mundo para decidirme si lo que pienso es lo correcto". Finalmente, que no basta con que Iraq se desarme, sino que es indispensable reemplazar el régimen que ya existe, y que Estados Unidos se encargará de que surja un Gobierno, posiblemente bajo la forma de protectorado, que sea ejemplo de democracia para la región. A partir de esto se iniciará la "remodelación" de la región del Golfo Pérsico, donde están las mayores reservas de energía del planeta. El Presidente Bush , acerca de este punto, aseguró que "Estados Unidos se quedará todo el tiempo que sea necesario".
Chile tiene una enorme responsabilidad al momento de votar en el Consejo de Seguridad. Ésta será la primera vez que nuestro país participe en una decisión que puede gravitar decisivamente en los destinos del mundo. La responsabilidad de Chile es aun mayor, ya que llegó al Consejo de Seguridad en virtud del apoyo que le dieron muchos países que confían en nuestro buen criterio, inspirado en los grandes conceptos del Derecho Internacional y de la preservación de la paz mundial. Creo que nuestras autoridades desean sinceramente abrir un camino a la paz y votar de manera soberana conforme a la justicia.
La voz de la Iglesia, a través del Cardenal, expresó: "La Santa Sede ha manifestado que la Guerra que nos amenaza no puede ser una decisión unilateral. Una acción de tal gravedad debe ser emprendida y decidida en el contexto de la ONU. Sólo el Consejo de Seguridad de la ONU tiene poder para decidir un ataque armado de legítima defensa. Lo contrario sería un crimen contra la paz".
Quiero concluir manifestando que estamos en un punto crucial, en el que debemos establecer nuestra firme voluntad de fortalecer los principios del Derecho Internacional, de sus instituciones y, en este caso particular, de los acuerdos del Consejo de Seguridad. Nosotros, los países más pequeños, encontramos nuestras fortalezas al amparo del imperio del Derecho. Es el Derecho el único instrumento que puede frenar la fuerza de los más poderosos para lograr hacer prevalecer sobre ella la razón.
La posición de Chile en el Consejo de Seguridad deberá enmarcarse en el estricto cumplimiento de la resolución 1441, cuyo principal objetivo es la eliminación de las armas de destrucción masiva que posee Iraq, permitiendo una salida pacífica al conflicto. Asimismo, nuestra posición no debería estar condicionada a resoluciones económicas pendientes, sino a la vocación permanente de nuestro país por la paz y por las políticas de entendimiento.
A mi entender, el proyecto de acuerdo presentado por la gran mayoría de los Senadores, que por cierto apoyamos, expresa los sentimientos y las aspiraciones de la inmensa mayoría del pueblo de Chile.
Señor Presidente , se ha opinado tanto, que se hace cargo de conciencia continuar hablando, porque ya es poco lo que uno puede aportar y, sobre todo, porque parte del sentido de la reunión se pierde por la ausencia de la Canciller. Entiendo que se encuentra en una reunión parecida en la Cámara de Diputados; así que no le estoy formulando un cargo, sino simplemente señalando aquello.
Mi particular interés por participar en esta sesión obedece al deseo de plantear inquietudes o consultas al Ministerio de Relaciones Exteriores. Porque no contamos con todos los antecedentes que tiene la Cancillería. Y si importa una opinión del Senado, es poco más que la declaración que se ha hecho -la suscribí- lo que podemos decir: criterios generales y consideraciones muy amplias. Pero cuando se trata de votar, ya es distinto. Y si el parecer de esta Corporación es útil, debe ser más informado.
Lo anterior, principalmente porque el asunto en cuestión es en extremo grave, no sólo por las consecuencias económicas que puede tener para el interés de Chile la decisión que se adopte -algunos han puesto énfasis en ello-, sino también porque eventualmente se está declarando una guerra, lo cual implica resolver sobre el destino de la vida de decenas, de cientos, de millones (no lo sabemos) de personas, que no me parece un problema trivial, que se pueda considerar en forma liviana (reitero: es una situación extremadamente delicada).
Asimismo, estimo que cualquier intervención de nuestro país en esta materia debe dejar muy en claro la vigencia y validez de los principios del Derecho Internacional. Porque, como muy bien se ha expresado, siempre hemos de tener en cuenta, dada la historia de Chile, y particularmente la limítrofe, que la preservación de la soberanía y de la integridad física de nuestra nación pasa por la defensa irrestricta del Derecho Internacional. Si nos salimos de ese camino, nos va a costar muy caro.
Hechas esas consideraciones, la verdad es que mis inquietudes son muy simples, por lo menos en su formulación; quizás más complicadas en las respuestas.
La primera dice relación a los hechos.
Obviamente, cualquier responsabilidad que se asuma, por la importancia que reviste la situación, debe fundarse en hechos sustantivos.
Sobre el particular, me gustaría saber si el Gobierno, que tiene la responsabilidad de conducir la política exterior de Chile -no la tiene el Senado- ha tomado conciencia de la envergadura de los hechos.
¿Es efectiva la capacidad de Iraq en materia de armas de destrucción masiva? ¿Constituye hoy ese país una amenaza real para el mundo? ¿Cuál es la conciencia que se ha configurado a ese respecto la Cancillería? Porque éstos son datos esenciales. Sin claridad acerca de tales hechos, cualquier decisión que se tome puede ser tremendamente complicada. Entre otros aspectos, está lo relativo a la proporcionalidad, mencionado por el Senador señor Viera-Gallo , y también lo atinente a la guerra justa, referido por el Honorable señor Romero . Y ellos tienen que ver con eso: la naturaleza de los hechos. ¡Los hechos mandan!
Hay un segundo aspecto en que tengo interés.
La señora Canciller aludió hoy a la importancia que Chile atribuye al sistema multilateral, principio irrenunciable, que compartimos. Obviamente, ése es el tema. Y, en mi concepto, parte de lo que aquí ocurra tiene que ver con el destino de las Naciones Unidas, como una suerte de organismo que pueda gravitar en el orden internacional.
Entonces, me gustaría saber derechamente lo siguiente: si por algún motivo Estados Unidos decide llevar adelante una intervención unilateral, ¿nuestro Gobierno la va a respaldar? Me interesaría conocer qué opinión se ha formado al respecto el Ejecutivo hoy, a estas alturas.
En ese mismo sentido, a propósito de la resolución 1441, hace algunos días escuché al Embajador norteamericano decir que ellos la consideraban "self implementing" -algo así como autoaplicable-, sin perjuicio de lo cual habían presentado la otra resolución, por el problema político de Inglaterra, particularmente de Tony Blair.
Yo pregunto: ¿Comparte el Gobierno esa interpretación? ¿Requiere una nueva resolución? Porque ahí es donde se pone en juego la voluntad de llevar adelante la política de defensa del orden multilateral.
En seguida, respecto de la posición del Gobierno, a diferencia de lo planteado por otros Senadores, he creído ver en el último planteamiento formulado a los cinco grandes que tienen derecho a veto un pronunciamiento como diciendo: "Éste es un problema de ustedes. No nos pasen a nosotros su solución ".
¿Qué significa un planteamiento de esa naturaleza cuando Chile ha querido estar en el Consejo de Seguridad y ejercer y hacer valer sus derechos?
Me da la impresión de que hay dos posiciones en la Cancillería: una que busca influir, intervenir a través de dicho Consejo, y otra que ahora busca retirarse, no tener responsabilidades, no tener complicaciones.
Eso no me parece coherente. Y, en tal sentido, pienso que, si se asumen responsabilidades como aquélla, no se puede actuar con ambigüedad.
Por otra parte, creo importante analizar las distintas repercusiones que pueden tener las decisiones susceptibles de adoptar.
Aquí se ha hecho referencia, por ejemplo -y es una de las cuestiones que considero más complicadas-, a las repercusiones que puede tener cualquier invasión en el mundo musulmán (no sólo en el mundo árabe: en el mundo musulmán, porque el islamismo está más extendido).
Tengo la sensación de que, luego del conflicto palestino-israelí y del ataque terrorista de Al Qaeda, una intervención en Iraq provocará consecuencias en la visión que el mundo musulmán puede configurarse respecto del mundo occidental, cristiano (como quiera llamarse). No veo que una cosa esté desligada de la otra.
No sé cuáles son la información y el planteamiento de la Cancillería sobre esa materia, ni cuál es su relevancia.
Hay ahí, entonces, un punto que considero no menor para el orden internacional futuro.
En seguida está el problema de los precedentes.
Cuando se toman decisiones, se van generando precedentes. ¿Qué significa eso de que si no se cumplen las resoluciones hay derecho a intervenir militarmente? ¿Cuántas resoluciones de las Naciones Unidas no se han cumplido? Muchas. ¿Significa ello que en lo sucesivo el orden internacional se regirá por ese criterio, por la ley del más fuerte, dicho en castellano?
Ésa es una cuestión que no veo fácil.
De la misma manera, aquí estamos todos de acuerdo respecto del maligno dictador de Iraq, que no puede ser peor: violento, corrupto -todos los adjetivos que Sus Señorías quieran usar- y, además, aparentemente, poseedor de armas de destrucción masiva de gran envergadura.
¿Es el único en el mundo? ¿Y cada vez que se configure ese esquema quien posea el poder tendrá el derecho a intervenir? ¿Cuál es el precedente que se sienta? ¿Qué dice el Gobierno sobre esta materia? A mí me interesa particularmente conocer esa opinión.
En cuanto al planteamiento que hicieron los Honorables señores Foxley , Boeninger y otros señores Senadores en la mañana acerca de cómo incide este conflicto en la estrategia macroeconómica de Chile, ciertamente el tratado de libre comercio y otras decisiones como la compra de los F-16 nos ligan a Estados Unidos. ¿A la Cancillería le resta libertad de decisión esta situación? ¿Es más importante -como señaló el Senador señor Foxley - la defensa de la estrategia macroeconómica de desarrollo al cual el país finalmente ha llegado, o la defensa de ciertos principios que después nos pueden dejar, además, en ridículo, porque cambian de postura los otros países? ¿Ésa es la posición de la Cancillería? ¿Ésa es la posición del Gobierno?
En verdad, señor Presidente, se pueden percibir en estas inquietudes problemas bastante sustantivos y de fondo, que deben resolverse para tener una posición correcta. Yo, como todos, adhiero a la paz, no descarto el uso de la fuerza para resolver conflictos en el orden jurídico nacional o internacional. Y si se configuran hechos graves, me parece que es preciso intervenir.
Sin embargo, quien tiene los antecedentes es el que nos debe ilustrar, si acaso ése llega a ser el fundamento de su voto, o si esos requisitos están cumplidos. No dispongo de los antecedentes para decir "sí están" o "no están", porque ello es imposible para quien es un modesto Senador de una Región muy pequeña y sencilla. Pero el Gobierno, que tiene la responsabilidad de la política exterior, sí debe hacerse cargo de esta situación. Y si quiere la opinión del Senado, primero es preciso que dé a conocer, con reserva si es necesario o abiertamente si corresponde, cuál es su posición respecto de estos hechos. Sólo entonces podremos opinar con libertad.
Se ha presentado un proyecto de acuerdo suscrito por casi la totalidad de los señores Senadores. No sé si el Honorable señor Arancibia desea mantener su abstención. (Boletín Nº S 659-12).
Si le parece a la Sala, se aprobará el proyecto de acuerdo, con la abstención del Senador señor Arancibia.
En segundo término, aprovechando que contamos con quórum para tomar acuerdos, propongo que se envíe el texto completo de las intervenciones realizadas hoy día en la Sala a la Ministra de Relaciones Exteriores y a la Cancillería, para que examinen cada una de las tesis y posiciones sostenidas por los diversos señores Senadores. En ese sentido, podríamos obviar en parte las observaciones formuladas por el Senador señor Larraín que tienen bastante justificación.
Señor Presidente , a estas alturas y sobre todo después de los acuerdos que la Mesa, con mucha razón, pidió adoptar, el debate debe ser muy restringido.
Ante todo -debo decir que hablo no sólo en mi nombre, sino también en el de mi querido colega el Senador señor Parra -, es evidente que deberíamos empezar por recordar algo fundamental: Chile forma parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Y su elección por inmensa mayoría es consecuencia de la respetabilidad de su política internacional y de la circunstancia de que invariablemente ha puesto énfasis en lo esencial: en el respeto a los principios y en el olvido de todo aquello de índole -por así decirlo- más o menos pragmática o de otro tipo que no sea, como digo, la confirmación de que siempre Chile y su Cancillería han respetado los principios que singularizan una política de Estado.
Dentro de ese marco se encuentra, y con mucho fundamento -lo dijo el Senador y ex Canciller señor Valdés cuando inició este debate-, el principio de la paz, que fue, ha sido y será siempre esencial para el Gobierno y la Cancillería de Chile.
Conforme a ese parámetro, obviamente hay que partir de la base de que tienen razón los Senadores señores Larraín y Fernández cuando hicieron presente que la política internacional la conduce el Gobierno de Chile y la ejecuta su Cancillería. Por lo tanto, me parece que al Senado de la República le compete, en lo básico, no llegar hasta la pormenorización de esa política, sino al trazamiento de las líneas esenciales que, a nuestro modesto juicio, deben guiarla.
En el caso de la especie, sin duda partimos de la base de la defensa incontrarrestable del principio de la paz, de la convicción de nuestro respeto por los tratados internacionales y por las competencias en materia internacional. En el orden de la materia de que se trata, la competencia está entregada por entero y librada, por determinación de los países del mundo, a las Naciones Unidas. Ningún país, por poderoso que sea, puede pretender transformarse unilateralmente ni en un cancerbero ni en un protector porque sí de la comunidad internacional. Eso, hipotéticamente, en algunos casos podría establecerlo las Naciones Unidas, pero no determinárselo a sí mismo un país, por mucha fuerza que tenga.
Dentro de esos parámetros, es obvio que partimos de la premisa de que nuestra Cancillería, en cumplimiento de las decisiones del Presidente de la República , habrá de operar tanto dentro del Consejo de Seguridad, si se requiere que ese asunto llegue a votarse, como hipotéticamente en el campo internacional, fuera de cualquier pronunciamiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la eventualidad de que alguna potencia arbitrariamente quisiese atribuirse determinados poderes que nadie le ha otorgado.
A este respecto, deseo simplemente recordar que la resolución 1441 de las Naciones Unidas no ha reconocido el derecho a la intervención armada. Ni siquiera lo ha reconocido para el caso hipotético de que este organismo internacional, en un momento dado, llegue a la conclusión de que esa intervención sea conveniente. Lo que ha hecho el Consejo de Seguridad al aprobar la resolución 1441 es, en primer lugar, dar una última oportunidad a un país que aparece acusado con fundamento y, en segundo término, establecer el mecanismo de la designación de inspectores, quienes determinarán hasta la exégesis si se ha cumplido o no con el deseo justificado de las Naciones Unidas. Sin embargo, si el Consejo de Seguridad llega a la conclusión de que Iraq es merecedor de una sanción, este organismo y las Naciones Unidas deberían decidir alguna intervención de otro tipo, que ninguna potencia, por sí y ante sí, puede atribuirse como una potestad que nadie le ha dado.
En consecuencia, dentro de esos parámetros, nuestro papel como Senadores es simplemente el de cumplir -como lo hemos hecho- con la aprobación de ese proyecto de acuerdo, donde se precisan los puntos de vista fundamentales que, a nuestro juicio, el Gobierno debe tener en consideración. Además, hay que recordar que el papel esencial del Gobierno del Estado de Chile será siempre defender hasta el cansancio esos principios esenciales, que, en mi concepto, son los que han hecho digna la posibilidad de que nuestro país ejerza su rol de miembro del Consejo de Seguridad.
Señor Presidente , estimados señores Senadores, ante todo, deseo agradecer la presencia de quienes heroicamente se han quedado hasta escuchar esta intervención. Y, en el escenario en que se nos presenta el tema en análisis, trataré de darle un sentido un poco distinto de lo que se ha planteado con tanta intensidad y que ha sido muy valioso hoy día en la tarde.
Creo que todos estamos por la paz y no por la guerra. Primera condicionante. En eso hay acuerdo pleno aquí. Cuando entro a estudiar esta materia con una visión un tanto militar, estratégica, o que pudiera ser afín al pensamiento al cual estaba acostumbrado, busco ante todo conocer cuál es la amenaza. Es decir, cuando todos queremos la paz existe un mundo sin amenaza, en equilibrio, seguro, tranquilo. ¿Cuál es la amenaza número uno que el mundo enfrenta hoy día? El terrorismo. Me parece que también hemos llegado a un acuerdo en general al respecto. Y este terrorismo se ve complicado hoy día, porque está asociado o relacionado con fundamentalismo religioso y, lo que es peor, con armas de destrucción masiva. Es decir, la actividad terrorista de una persona con un frasquito insignificante que contenga elementos de guerra química o biológica, si llega a distribuirlos en el metro de cualquier lugar, puede producir un desastre tremendo.
Hay varias formas de atacar al terrorismo. Una de ellas -sería fantástico si el mundo lo lograra- consiste en aislar las fuentes de financiamiento, las fuentes de producción y las fuentes de inteligencia que permiten a los terroristas tener acceso a estos elementos. Pero eso es bastante utópico. Pareciera que hasta ahora, en la historia de la humanidad, eso ha sido imposible de evitar, porque -tal como se ha dicho hoy día en la Sala- los conflictos se han llevado adelante con armas de uno y otro bando, de acuerdo con la conveniencia, la oportunidad y momento que se está viviendo.
Así nos encontramos con una situación que no parece tan práctica, pero que es el fundamento de lo que aquí se está planteando: para actuar en contra de la acción terrorista y de quienes de alguna manera la apoyan, el intento de disuadir esa acción es un elemento todavía válido. ¿Y qué es la disuasión? Es la capacidad y la voluntad de empleo de medios coercitivos para que quien va a ejecutar un acto contrario al interés mundial reciba castigo adecuado.
¿Por qué Iraq? La respuesta resulta difícil. Porque está ahí. Porque ha cumplido todos los requisitos para estar ahí: tiene un dictador -aquí se ha explicitado en forma brillante cuáles son sus condiciones, características y orientaciones-; tiene una actitud que avala la idea de que representa al mal; está ahí, próximo. Lo han tratado de asociar con Bin Laden y Al Qaeda, etcétera, pero eso casi no es importante. Está llegando el momento en que la gran potencia quiere demostrar su capacidad para evitar una acción terrorista en un país que, se dice, posee -aun cuando todavía haya dudas- armas de destrucción masiva. Y se pretende aplicar el método de disuasión, el cual implica el empleo de medios coercitivos, lo que tiene que ser creíble en cuanto a la voluntad de materialización.
¿Para qué es esto? Para la seguridad internacional y para evitar la guerra. O sea, el objetivo en sí, el último, el grande, el bueno, sería positivo aun cuando tenga un costo intermedio.
Desde ese punto de vista, dada la posición de Estados Unidos -los 200 mil hombres destacados en el área, el cerco tendido a Iraq, la actitud que está desarrollando-, ¿alguien cree que este último podrá desarmarse sin haberse logrado los objetivos que se están buscando? ¿Alguna persona cree que el informe del señor Blix, si es que se atreve a dar un informe que tenga un signo claro en cierto sentido -cosa que tampoco creo-, va a permitir una resolución adecuada y unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? Considero que el Senado no puede caer en esa ingenuidad. Con 200 mil hombres listos para la guerra, deberíamos estar en condiciones, al menos anímicamente, de prender el televisor el día de mañana y enterarnos de que se inició el proceso militar contra el régimen de Saddam Hussein, como una acción disuasiva hacia quienes deseen participar en actividades terroristas internacionales. Nos encontraremos con eso, señores Senadores, como se señaló aquí en la Sala.
Si ello es así, entonces, veamos dónde está nuestro interés. Nuevamente se llegará a esa situación; porque así sucederá.
Estoy de acuerdo con lo planteado por el Senador señor Fernández , quien dijo: estamos discutiendo una cosa, pero va a pasar otra. Nos encontraremos con el hecho militar. ¿Y cuál será la reacción? Hay dos posibles. Una, la de los principios, defendida aquí con valor e intensidad realmente espectaculares, lo cual me hace sentir orgulloso de mi Senado. Y la otra, un poco más pragmática, se ha definido como la del interés nacional, que ya no es la postura, sino el interés específico, que con tanta efectividad postuló el Honorable señor Foxley . La política del Gobierno de Chile ha sostenido ese interés específico en dos grandes líneas de acción. Una, su incorporación al mundo en general. El país se había preparado para ello, pero fue el Gobierno de la Concertación el que realmente lo insertó en el mundo a través de alianzas, convenios, acuerdos y de todos los tratados que conocemos. Y dos, su penetración en los distintos mercados.
¿Qué se llama "incorporación al mundo"? No sólo el poder disfrutar de los beneficios que el mundo otorga a una economía como la nuestra, sino el compromiso con la seguridad mundial. Y ese compromiso -me imagino, no soy capaz de buscar otras razones- fue lo que llevó al Gobierno a aceptar con tanto entusiasmo la oferta de formar parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
En suma, la política exterior de Chile -vista desde la posición de este modesto Senador- ha tenido dos grandes ejes: la apertura de mercados y la integración plena al mundo, no sólo política y económicamente, sino también en el espíritu de la seguridad. Son dos temas que en este momento nos tienen complicados. Pero ésa es la política exterior que, me imagino, representa el interés de Chile.
Llegado a ese punto, me preocupa la situación. No sé si a Sus Señorías les habrá extrañado que no haya suscrito el proyecto de acuerdo. Y no lo hice, pese a que su texto puede tener varias lecturas. Por lo menos, respecto del párrafo tres he escuchado dos versiones distintas: una, que se puede actuar militarmente de acuerdo con la resolución 1441, y otra, que no es posible hacerlo. Es decir, en esta sesión hay Senadores de la República que interpretan un mismo párrafo de manera distinta. Aún así, pienso que dicho documento constituye una señal que la Cámara Alta está enviando al país y, por cierto, al Gobierno y al Presidente de la República , con lo cual -perdónenme, soy el encargado de decirlo- se coarta de alguna manera su libertad de acción. El Primer Mandatario se halla en medio de una negociación de tiempo y espacio, de ubicación, de teléfonos, de ida y de vuelta, y a él corresponde cuándo decidir y qué. Esta señal de la Corporación, en cierta manera, con distintas lecturas, está diciendo al mundo: "¡Ojo! En Chile, la opinión pública, a través de su Senado, está expresando esta postura". Por lo tanto, el Presidente de la República o va contra esto -de acuerdo con la lectura que cada uno le dé- o se suma a esa posición, con lo cual Chile ya está fuera del voto, está en el voto, se pronuncia a favor o en contra.
Debemos dar espacio al Jefe del Estado para que resuelva esto, como también se mencionó en la Sala. Por eso no adherí al proyecto de acuerdo.
Y ese espacio que se entrega al Presidente de la República tiene una tremenda cuota de responsabilidad. A él cabe la obligación de responder al país por sus compromisos internacionales y por las resoluciones que adopte. Hasta el momento, lo ha hecho con el aplauso de todos nosotros. Y si mañana resuelve mal en cuanto al interés nacional, cualquiera que éste sea, tendrá el aplauso de los que estén de acuerdo -por los principios o por cualquier otra causa-, y el rechazo de otros. Pero debemos dejar libertad de maniobra al Jefe del Estado . Permitámosle asumir en plenitud su responsabilidad. Hasta el momento lo ha hecho bien y nos ha informado aquello que nos puede contar.
Por lo tanto, con ese pedazo de información y con el tremendo espacio de libertad que el Presidente de la República se ha guardado, no nos pidan resoluciones trascendentes, ni apoyos o respaldos a decisiones que neta y puramente le corresponden a él y de las cuales tendrá que responder al país.
Como el Senador señor Ávila no está presente en la Sala, tiene la palabra el Honorable señor Cordero.
Señor Presidente , aunque no cabe duda de que existe consenso en torno a la defensa de aquello que resulte más conveniente para la paz y la seguridad en el mundo, así también considero necesario examinar esta materia que nos ocupa desde el punto de vista de lo que representa para nuestro país como integrante de la comunidad internacional.
Considero bastante evidente que Estados Unidos de Norteamérica tiene tomada una decisión respecto de la anunciada guerra con Iraq. Los restantes miembros de la comunidad mundial pueden apoyar o no apoyar esa decisión, a la cual se le atribuye, por su principal actor, la satisfacción de una urgente necesidad de desarme y, por parte de sus grandes detractores, un interés estratégico de poderío sobre yacimientos petrolíferos.
En ese contexto, aparece con claridad que Chile, como Estado, no se encuentra en condiciones de influir significativamente en la decisión de ir o no ir a la guerra, aunque forma parte de los órganos en los cuales se ha buscado la legitimación de estas acciones bélicas.
Nuestro país se encuentra sometido a los efectos imprevisibles a que pueda dar lugar la necesaria manifestación de su posición en el conflicto. Esto, eventualmente, puede considerarse como un prejuzgamiento de las motivaciones o de la legitimidad de las acciones bélicas de sus principales actores.
Finalmente, se trata de asumir una responsabilidad que va a marcar el destino de muchos seres humanos y del mundo.
Dentro de este contexto, ya que nuestro país tiene poco que ganar, con independencia de la decisión que se tome, creo que debemos actuar con mayor apego a otras consideraciones. Decidir ajustándose a la legalidad propia del orden internacional, así como a los principios que sustentan nuestra propia institucionalidad.
Yo comparto el objetivo de obtener el desarme de Iraq, y estimo que la seguridad es la mejor garantía de paz.
No hay que olvidar que el dictador Hussein no es una persona fácil, y que se quedó con ocho helicópteros de guerra de Chile. Así es.
No creo que exista consenso sobre la forma de conducirnos en estas circunstancias. Sin embargo, quisiera concluir señalando que los Estados Unidos rara vez se convierten en buenos aliados de las naciones que demuestran debilidad o complacencia en su acercamiento a dicho país. Me parece que esto debemos tenerlo presente en todo momento, sin llegar a alejarnos de lo que una sana prudencia aconseja. Actuar así, naturalmente, no resulta nada de fácil, pero pienso que Chile debe demostrar siempre una consecuente proyección de independencia.
Tiene la palabra el Honorable señor Bombal, que es el último inscrito.
Señor Presidente , el Senado ha sido testigo de un gran debate, y con mi intervención no pretendo prolongar la duración de esta sesión. Y sólo debo lamentar, de alguna manera, que en su transcurso no se haya hecho mención de un plan que nuestro Gobierno debiera tener para enfrentar las posibles contingencias que aquí se han planteado.
Considero que cuanto antes, tal vez la semana próxima, el Senado debiera celebrar una sesión extraordinaria -a lo mejor el panorama ya va a ser muy distinto-, para tener cabal conocimiento de cuáles serían las consecuencias frente al problema económico que se va a producir y cuyas manifestaciones ya estamos advirtiendo.
Es muy importante que la ciudadanía -tal vez a través del Senado, considerando la forma como ha abordado este problema- se imponga detalladamente de esas eventuales medidas. Al respecto, me permito sugerir al señor Presidente proponer a los Comités la celebración de una sesión que, dada la naturaleza de las implicancias que ella pueda tener, probablemente debería ser de carácter secreta para no generar mayor tensión, pero creo útil que el país conozca esas consecuencias, que podrían ser bastante devastadoras.
Por consiguiente, señor Presidente , encontrando profundamente interesante este debate, hay que reflexionar mucho sobre lo aportado al tema. Me siento muy orgulloso también de que en el Senado se haya podido dar con tanta altura tal nivel de intervenciones. Le pediría entonces, si fuera posible, que se contemplara una reunión próxima del Senado para analizar los escenarios económicos que nos plantea este conflicto y la inminencia del mismo.
Han intervenido todos los señores Senadores que estaban inscritos para hacerlo en esta parte del Orden del Día y corresponde entrar a la hora de Incidentes.
Al señor Ministro del Interior , acerca de CREACIÓN DE COMUNA DE PUTU (Séptima Región).
Al señor General Director de Carabineros de Chile , recabando antecedentes sobre NÚMERO DE DETENIDOS EN DIVERSAS COMUNAS DE NOVENA REGIÓN Y REGIÓN METROPOLITANA POR DELITOS DE CONNOTACIÓN SOCIOPOLICIAL.
Al señor Ministro de Bienes Nacionales , referente a USO DE DISTINTIVO EN VEHÍCULOS FISCALES y UTILIZACIÓN DE INMUEBLES FISCALES EN NOVENA REGIÓN.
Al señor Subsecretario de Pesca y al Director Nacional del Servicio Nacional de Pesca , solicitando información sobre medidas que garanticen las labores de EXTRACCIÓN DE ALGAS EN PLAYA OBISPITO, COMUNA DE CALDERA (Tercera Región).
Como el Comité Mixto Unión Demócrata Independiente e Independientes no hará uso de su tiempo, tiene la palabra el Honorable señor García en el turno del Comité Renovación Nacional.
Señor Presidente , quiero dar lectura a una carta firmada por don Marcelo Núñez Iribarren , subgerente del hospital de la Asociación Chilena de Seguridad de Temuco, y dirigida a la señora Coordinadora Regional de la Dirección de Previsión de Carabineros doña Wilma Fernández, que dice:
"Por razones de análisis y revisión de Convenio de Servicios Médicos a beneficiarios Dipreca y atenciones por accidentes en actos de servicio a personal activo de Carabineros de Chile, informamos que a contar del 1º de Enero de 2003, nuestra Institución ha decidido suspender transitoriamente la atención de estos pacientes.
"Conforme a lo anterior, a partir de la fecha indicada, todo beneficiario de Dipreca que requiera atención médica en nuestro Hospital del Trabajador de Temuco deberá presentar documento en garantía o pagar en efectivo.".
Quiero llamar la atención al hecho de que esta situación no afecta sólo a la Novena Región, sino a todo el país.
Yo he pedido antecedentes del caso a DIPRECA, la que me ha confirmado lo que estoy denunciando. Deseo resaltar que hay personal activo de Carabineros de Chile que queda sin atención médica por accidentes en actos de servicio, y que son miles los pensionados de la Institución que no la están recibiendo, principalmente en Regiones.
El problema central es el déficit de la Dirección de Previsión de Carabineros de Chile. Por lo tanto, señor Presidente , solicito oficiar al señor Ministro del Trabajo y Previsión Social , a la señora Ministra de Defensa Nacional y al señor Ministro de Hacienda solicitando reponer urgentemente los servicios médicos actualmente suspendidos, tanto para los pensionados de Carabineros de Chile, sus montepiadas, sus beneficiarios, como para el personal activo.
Señor Presidente, pido incluir mi nombre en ese oficio.
--Se anuncia el envío de los oficios solicitados, en nombre del señor García , en conformidad al Reglamento, con la adhesión del señor Cordero .
Tiene la palabra el Honorable señor Cordero, en el tiempo del Comité Renovación Nacional.
Señor Presidente , debo recordar que oportunamente les envié cartas a todos los Diputados y Senadores, insistiéndoles en que incluir más beneficiarios en la Dirección de Previsión de Carabineros haría colapsar el sistema de salud. El problema se abordó en esta Sala. Sin embargo, el proyecto se aprobó por unanimidad, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado.
En esta Sala, el señor Ministro de Justicia de la época se comprometió ante Su Señoría, y ante todos los Senadores, a que al problema le íbamos a dar rápida solución. Yo lo increpé, lamentablemente, en esa oportunidad, y él respondió que siempre daba cumplimiento a sus compromisos. Le quiero decir, señor Presidente , que no cumplió ni uno de ellos, y ahora dejó de ser Ministro . Vale decir, habrá que empezar todo el trabajo de nuevo.
La situación que denuncia el Senador señor García es gravísima porque los carabineros en servicio activo, que están sometidos a fuerte presión y a un riesgo altísimo en la zona de La Araucanía por los incidentes que se producen, carecen de atención médica en los establecimientos. Sí la tienen de parte de los médicos de la Institución, lo que no es suficiente porque en caso de lesiones graves se necesita internarlos en los establecimientos de Salud, razón por la cual deseo dejar constancia de esta situación.
Haremos presente al Presidente de la República y al Ministro de Justicia este reclamo, que encuentro bastante justificado.
-Que la observancia del derecho internacional y la aplicación de la Carta de las Naciones Unidas son principios rectores de la política exterior de Chile.
-Que la mantención de la paz y seguridad internacionales es un propósito fundacional de las Naciones Unidas, constituyendo ésta una responsabilidad colectiva de los miembros del Consejo de Seguridad de dicha Organización.
-Que las resoluciones del Consejo de Seguridad son obligatorias para todos los Estados miembros de la comunidad internacional.
- Que Irak ha violado sistemáticamente, por más de 12 años, las obligaciones establecidas por diversas resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que exigen la eliminación de las armas de destrucción masiva de dicho país, para llegar a un desarme pleno y efectivo.
-Que tal como lo señala la Resolución 1441 de 8 de Noviembre de 2002, aprobada unánimemente por el Consejo de Seguridad de las naciones Unidas, el incumplimiento de Irak de las resoluciones del Consejo y la proliferación de armas de destrucción masiva y misiles de largo alcance, constituyen una amenaza para la paz y seguridad internacionales. Para lograr el desarme, esa resolución estableció un sistema de inspección en Irak, que está en pleno desarrollo y al cual hay que darle el apoyo necesario para que pueda cumplir sus objetivos.
-Que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es el órgano encargado de la preservación de la paz y seguridad internacionales.
-Que Chile es actualmente miembro de dicho órgano principal de Naciones Unidas.
-Que en tal calidad ha hecho y se encuentra haciendo todos los esfuerzos para lograr una solución pacífica a la crisis de Irak.
1.- Solicitar al Ejecutivo que realice, en el marco del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, todos los esfuerzos destinados a lograr una solución pacífica a la crisis de Irak, conforme a los principios del derecho internacional.
2.- Hacer un llamado al Gobierno de Irak para que de cumplimiento inmediato e incondicional a las resoluciones del Consejo de Seguridad.
3.- Rechazar cualquier acción militar que se realice al margen de las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Firman los Senadores: señora Frei y señores Aburto, Ávila, Boeninger, Bombal, Canessa, Cantero, Cariola, Chadwick, Coloma, Cordero, Espina, Fernández, Flores, Foxley, Frei, García, Gazmuri, Horvath, Larraín, Lavandero, Martínez, Moreno, Muñoz Barra, Núñez, Ominami, Páez, Parra, Pizarro, Prokurica, Ríos, Romero, Ruiz De Giorgio, Ruiz-Esquide, Sabag, Silva Cimma, Stange, Valdés, Vega, Viera-Gallo, Zaldívar, don Adolfo y Zaldívar, don Andrés.

References: artículo 68
 artículo 34
 artículo 68
 artículo 11
 artículo 16
 artículo 10
 artículo 12
 artículo 17
 artículo 16
 artículo 11
 artículo 22
 artículo 1
 artículo 11
 artículo 13
 resolución 
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