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Timestamp: 2017-11-18 10:24:57+00:00

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Israel y Palestina, destinados a no entenderse | El Orden Mundial en el S.XXI
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29 julio, 2013 Adrian Vidales Oriente Próximo y Magreb, Regiones 12
Largo y tendido se ha escrito sobre el origen y desarrollo del conflicto palestino-israelí durante los más de 50 años que ya dura este. Por ello, el objetivo de este post no es ahondar una vez más en dicha materia, sino trazar las líneas en las que actualmente se desenvuelve la cuestión de Oriente Próximo; en especial los temas que deberán resolverse en las nuevas negociaciones que comenzaron el pasado mes de agosto, a saber: el establecimiento de fronteras seguras, el control de Jerusalén, la situación de los refugiados palestinos y los asentamientos israelíes.
El establecimiento de fronteras seguras
El establecimiento de unas fronteras claras, reconocidas y, sobre todo, seguras, ha sido una preocupación constante en la política exterior israelí desde la creación del Estado judío en 1947, y una condición sine que non que los israelíes han esgrimido en todas las negociaciones habidas hasta el momento. Y para ello, la parte israelí esgrime el texto de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, que establece el “respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y de su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenaza o actos de fuerza”.
INTERESANTE: Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU (texto oficial, 1967)
Para Israel dichas fronteras coinciden (en el caso de Cisjordania) en buena medida con las delineadas en la famosa “Línea Verde”, trazada en el armisticio de 1949 (que puso fin a la primera guerra árabe-israelí de 1948); y con respecto a la franja de Gaza, a las fijadas en los acuerdos de Oslo de 1993, por los que se devolvía a manos palestina la soberanía sobre dicho territorio. La construcción del muro fronterizo por parte de Israel a partir de 2002 ha supuesto la invasión de aproximadamente un 10% del territorio palestino, ya que los israelíes han insistido en incluir dentro de su trazado colonias judías especialmente pobladas y sitas en Cisjordania. Finalmente, la postura israelí sobre fronteras engloba también la reclamación sobre los barrios judíos de Jerusalén Oriental, bajo soberanía palestina según la Línea Verde, y que fueron anexionados durante la Guerra de los Seis Días de 1967, manteniéndose bajo administración israelí desde entonces.
Por su parte, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) reclama plena soberanía en su Estado independiente, con Gaza y Cisjordania como territorio y Jerusalén Este por capital. Es decir, la vuelta a las fronteras previas a 1967, avaladas por la importante resolución 242 de Naciones Unidas; algo a lo que el gabinete israelí se niega, al considerar estas fronteras como indefendibles e incompatibles con la seguridad de Israel. No obstante, la Autoridad Nacional Palestina (con el apoyo de la Liga Árabe) parece estar dispuesta a aceptar intercambios puntuales y justos de territorio que modifiquen ligeramente ese trazado. Asimismo, la ANP quiere que se reconozca la ilegalidad de las colonias, en las que residen más de medio millón de israelíes; punto en el que Netanyahu (presionado por sus socios de gobierno) no parece estar dispuesto a ceder; aunque sí se estaría estudiando la posibilidad de la anexión de la mayor parte de los asentamientos y el desmantelamiento del resto, lo que dejaría en el limbo a unos 70.000 colonos, que deberían ser reubicados dentro del Estado israelí o asimilados por el futuro Estado palestino.
Por lo que se refiere a “la seguridad de las fronteras”, Israel exige que Palestina esté desmilitarizada y que el mantenimiento de una presencia militar propia en el Valle del Jordán a través de bases militares, así como mantener el control del espacio aéreo y las fronteras exteriores. La ANP rechaza todas estas pretensiones por considerarlas incompatibles con la soberanía sobre su propio territorio, haciendo que este punto sea especialmente enrevesado y espinoso en las negociaciones.
Jerusalén: una ciudad dividida
Jerusalén es venerada como ciudad santa por las tres religiones mayoritarias: judaísmo, cristianismo e Islam, lo que se manifiesta prominentemente en el conflicto palestino-israelí.
Desde que en el año 1004 a.C. el Rey David estableciese Jerusalén como capital de su reino, los israelíes han considerado la ciudad como la capital histórica e irrenunciable de su nación. Asimismo, en Jerusalén se encuentra el conocido como “Monte del Templo”, lugar más sagrado del Judaísmo al encontrarse en él las ruinas del Segundo Templo (el famoso Muro de las Lamentaciones), templo que, de acuerdo con la tradición judía, fue construido sobre el Even Hashtiya, la piedra sobre la cual se creó el mundo, y en el cual se ubicaban el Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley, elementos centrales de la religión judía. Así, vemos cómo la ciudad de Jerusalén reviste una especial importancia religiosa y política para la sociedad civil israelí.
Por lo que respecta al mundo musulmán, Jerusalén cobró significado sagrado para el Islam bajo la dinastía de los Omeya (661-750 DC). Viéndose desafiado en el poder por Ibn al-Zubayr, un rebelde que se había autoproclamado califa y que mantenía el control de La Meca, el califa omeya Abd al Malik trató consolidar su influencia sobre el en ese momento dividido mundo islámico estableciendo en Jerusalén un nuevo lugar de adoración para sus fieles (reemplazando así a La Meca), para lo cual ordenaría la construcción del llamado Domo de la Roca (o Cúpula de la Roca) entre los años 688 y 691 d.C. Dos décadas después, en 715 DC, los Omeya construirían otra mezquita en el Monte del Templo, conocida como Mezquita de al-Aqsa, que sería construida sobre las ruinas del famoso Templo de Salomón, y donde, según la tradición musulmana, Mahoma ascendió al paraíso, convirtiendo así a Jerusalén en la tercera capital del Islam.
El 29 de Noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaba la Resolución 181, en la que se detallaba un plan de partición del antiguo mandato británico de Palestina entre dos países, uno árabe y otro judío. El plan recomendó que Jerusalén se convirtiera en una ciudad internacional, administrada por las Naciones Unidas por un período de 10 años, después del cual la situación de la ciudad se determinaría nuevamente mediante un referéndum; plan que sería aceptado por los israelíes y rechazado de plano por los palestinos, incluyendo la internacionalización de Jerusalén, y que estaría en el origen del estallido de la Guerra árabe-israelí de 1948.
El 3 de Abril de 1949, tras diez meses de guerra, árabes e israelíes firmarían un armisticio que dividía Jerusalén en dos mitades a lo largo de la línea de cese del fuego de noviembre 1948 situada entre Israel y Jordania. El oeste de Jerusalén, en contra de la opinión y la legislación internacional, se convertiría en la capital de Israel; y la parte este de Jerusalén, incluyendo los lugares sagrados, fue ocupada y anexionada por Jordania, que mantendría el control sobre Jerusalén Este hasta la Guerra de los Seis Días, cuando este sector de la ciudad sería ocupado por Israel, que unificaría administrativamente toda la ciudad – ofreciendo la ciudadanía israelí a los residentes árabes de Jerusalén – y la declararía en 1980 (con la aprobación parlamentaria de la Ley Básica sobre Jerusalén) como su capital eterna e indivisible, hecho que provocaría la adopción, por parte del Consejo de Seguridad, de la Resolución 478 en la que se afirmaba que dicha ley constituía una violación del derecho internacional, no reconociendo por lo tanto a la ciudad como capital administrativa de Israel. Motivo por el cual, a día de hoy, la capital administrativa y reconocida de Israel sigue siendo Tel Aviv, donde se encuentran la totalidad de embajadas extranjeras.
Por su parte, los palestinos insisten en que Jerusalén Este debe ser la capital de su futuro Estado, rechazando las ofertas israelíes de cesión de la administración de los barrios árabes de la ciudad, lo cual ha dejado la situación en un punto muerto, y en una cuestión que enciende las más airadas pasiones en ambos pueblos (no olvidemos que el detonante de la Segunda Intifada fue un paseo de Ariel Sharon a lo largo de la Explanada de las Mezquitas) y sobre la que los equipos negociadores han pasado de puntillas desde que se iniciasen las conversaciones de paz en Oslo.
La Guerra árabe-israelí de 1948 provocaría el desplazamiento de cientos de miles de palestinos que se vieron obligados a huir de sus casas y propiedades ante los choques bélicos. Posteriormente, con la victoria israelí en la guerra, estos “desplazados” no serían autorizados a regresar a sus lugares de origen, ahora bajo dominio israelí. Ese sería el nacimiento de lo que ha venido en denominarse “la cuestión de los refugiados palestinos”.
Uno de los momentos claves sobre dicha cuestión vino marcado por la adopción de la Resolución 194 de 1948 de la Asamblea General, cuyo artículo 11 resolvía que:
“Debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y que deberán pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien perdido o dañado cuando, en virtud de los principios del derecho internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño deba ser reparado por los Gobiernos o autoridades responsables.”
Esta resolución ha sido la columna vertebral en la defensa del derecho de los palestinos -como pueblo al ser expulsados de su patria y como refugiados como consecuencia de esta expulsión- para volver a sus hogares y para ser indemnizados. Y es que, según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) son refugiados palestinos las “personas cuyo lugar de residencia habitual era el Mandato Británico de Palestina entre junio de 1946 y mayo de 1948 y que perdieron sus casas y medios de vida como consecuencia de la Guerra árabe-israelí de 1948”.
Pero lo más importante de esta resolución (que se vería posteriormente reforzada por otras como las resoluciones 2535 y 3236, así como por la Convención Internacional sobre la Eliminación de toda Forma de Discriminación) es que reafirma los derechos inalienables del pueblo de Palestina que posee en virtud de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo 30, más concretamente, establece que:
No respetar esta resolución es, por lo tanto, un incumplimiento de estos acuerdos internacionales que se remontan a la mencionada Declaración de los Derechos Humanos. Y, sin embargo, Israel se niega a acatar todo este conjunto de disposiciones internacionales, aduciendo al ineludible e irrenunciable carácter judío del Estado de Israel.
INTERESANTE: Mapa interactivo de campos de refugiados palestinos
Según el Tribunal Supremo israelí, el carácter judío del Estado está definido por tres componentes interrelacionados: que los judíos forman la mayoría del Estado, que los judíos tiene derecho a un tratamiento preferencia según la Ley del Retorno, y que existe una relación recíproca entre el Estado de Israel y los judíos de fuera de éste. Asimismo, según cálculos israelíes, la entrada de los refugiados palestinos al Estado de Israel transformaría irrevocablemente su composición demográfica: a día de hoy, los judíos constituyen, aproximadamente, el 79% de una población israelí de seis millones de habitantes, porcentaje que se reduciría a menos del 60% por la riada de refugiados que llegarían y por la mayor tasa de natalidad de los palestinos; terminando así con la esencia judía de un Estado que se concibió como refugio de todos los judíos del mundo tras siglos de persecuciones.
Y así se justifica esta clara muestra de discriminación religiosa que viola las disposiciones legales internacionales que acabamos de citar; situación que se mantiene por la reserva que ha venido mostrando el Consejo de Seguridad de la ONU al tratar la cuestión, guardando silencio durante el éxodo de 1948 y no enfrentando el problema hasta 1967 con la aprobación de la Resolución 237, adoptada tras la guerra de los Seis Días y en la que se instaba a los israelíes a que facilitasen el regreso de los habitantes que habían huido al iniciarse las hostilidades. En la actualidad, no ha mostrado ningún interés por la temática de los refugiados, concentrando sus resoluciones sobre Oriente Próximo a las controversias bélicas y al tema de los asentamientos; y sin tomar ninguna medida contra las supuestas presiones sobre los palestinos para lograr que renuncien a esta exigencia o que ni siquiera la reclamen.
En 2013, la UNRWA tiene registrados en los países donde opera a más de 5 millones de refugiados de Palestina, de los que casi un tercio –más de 1,4 millones— viven en 58 campamentos de refugiados. El país con mayor cantidad de refugiados palestinos es Jordania con 2.090.762 refugiados, seguido de Siria con 518.949, y el Líbano con 470.604. En los territorios palestinos, la mayor parte de los habitantes de la Franja de Gaza son refugiados (1.241.794 sobre una población total de aproximadamente 1.500.000 personas). En Cisjordania residen 886.716 refugiados registrados; una cuarta parte vive repartida en 19 campamentos, y otros muchos lo hacen en las ciudades y en los pueblos.
ARTÍCULO RELACIONADO: Refugiados y olvidados (Juan Pérez Ventura, Julio 2013)
Actualmente, la cuestión que más enciende los ánimos entre palestinos e israelíes es la referente a la progresiva construcción de asentamientos de colonos por parte de Israel en Cisjordania, es decir, en territorio palestino.
Aunque ya desde 1971 existían indicios de una política israelí de establecimiento de asentamientos en territorios palestinos, sería a partir de la Guerra del Yom Kippur cuando esta se comenzase a desplegar de forma inequívoca en Cisjordania y la franja de Gaza. Desde 1979, Naciones Unidas ha abordado el tema, insistiendo en la aplicabilidad del Cuarto Convenio de Ginebra de 1949 relativo a la protección debida a las personas civiles en tiempo de guerra, que prohíbe los asentamientos en territorios ocupados y declarando constantemente que las políticas y prácticas de Israel no tienen validez legal – de hecho, en enero de 2013, en un informe independiente encargado por el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas se acusaba a Israel de emplear la construcción de asentamientos de colonos para anexionarse de forma lenta e inexorable las zonas ocupadas en Cisjordania y Jerusalén Este, y se le exigía que detuviese los asentamientos y retirase a los más de 500.000 colonos que residen en ellas – a pesar de lo cual, Israel ha seguido adelante con su política de asentamientos, aprobando este mismo mes de agosto una nueva ampliación de los mismos. Por lo que se refiere a Gaza, el gobierno presidido por Ariel Sharon decretaría de forma unilateral en 2005 el desmantelamiento de asentamientos en la Franja; no sin una fuerte oposición por parte de los colonos, muy influyentes en la política israelí a través de partidos de extrema derecha como el Israel Beitenu o el Habayit Hayehudí, que en los últimos años han sido claves a la hora de formar gobiernos de coalición en el fragmentado sistema de partidos israelí.
La violación por parte de Israel del Cuarto Convenio de Ginebra puede ser considerada un crimen de guerra y, por lo tanto, susceptible de ser denunciado ante la Corte Penal Internacional de la Haya por una Autoridad Nacional Palestina que, en noviembre de 2012, fue aceptada por la Asamblea General de la ONU como “Estado observador no miembro”, estatus jurídico que habilita a quien lo ostenta para reclamar sus derechos ante la máxima autoridad judicial en derecho internacional. Lo cual no hace sino añadir una nueva variable a la ya de por sí difícil resolución del conflicto de Oriente Próximo.
NOTICIA: El gobierno israelí autoriza la edificación de 797 viviendas en Cisjordania
Estos son los puntos más candentes en estos momentos dentro del contencioso palestino-israelí. No obstante, existen otras variables (derivadas de las primeras) que afectan a las negociaciones, tales como los derechos de agua, el fin del terrorismo palestino y la aprobación de fórmulas para la libre circulación de personas y mercancías entre los territorios de Israel y Palestina; variables que, si bien siendo más secundarias, podrían determinar el fracaso de las negociaciones que, una vez más, se han puesto en marcha con el objetivo de alcanzar una paz estable y duradera en la región. Y así, podemos ver la tremenda tarea que les espera a quienes, sentados en una mesa de negociaciones, van a tratar de poner fin a este contencioso que dura ya más de 50 años.
El estado palestino y la comunidad internacional
La comunidad internacional está dividida en cuanto a su posición respecto al conflicto Palestino-Israelí. En el siguiente mapa se muestran en color verde oscuro las naciones que reconocen políticamente al Estado Palestino, y en color verde claro a aquellos países que sólo mantienen un status diplomático especial, es decir, que no reconocen al 100% la autoridad del Estado Palestino. En color gris aparecen los países que directamente no reconocen bajo ningún concepto el Estado Palestino (Israel principalmente).
No es casualidad que la división que se observa en torno al caso Palestino coincida con una clara división mundial. Por un lado tenemos a los países de Occidente (los que se pueden incluir dentro de La Tríada Económica), y por otro lado a Sudamérica, África, el Mundo Árabe y potencias como Rusia, China o la India. Se observa un enfrentamiento, al menos ideológico en términos generales, entre dos “bloques” del mundo. Este enfrentamiento y división sigue recordando a la época de la Guerra Fría, y escenifica la división geopolítica internacional: Occidente contra todos los demás.
Observando el mapa, no cabe sorprendernos, ya que ¿cómo iba Occidente a apoyar al Estado Palestino? ¿cómo podría Estados Unidos apoyar la causa palestina? Como ya analizamos en el artículo Los medios de comunicación, en Estados Unidos los principales grandes medios de comunicación están controlados por empresarios judíos. Y no es un secreto que el lobby judío tiene un gran poder de decisión y de presión sobre la política estadounidense. Además, más de 6 millones de judíos viven en Estados Unidos (que son casi los mismos que viven en la propia Israel). Parece claro que Estados Unidos está, lo quiera o no, atado a la causa israelí.
Y Estados Unidos arrastra a Europa y al resto de Occidente (Australia, Japón…). ¿Cómo iba Francia a cuestionar la autoridad judía en el territorio que hoy forma Israel? ¿Cómo se iba a atrever el Reino Unido a apoyar a Palestina? Las relaciones internacionales no son secretas, y muchas veces se dejan ver de forma muy clara. Es obvio que Occidente, arrastrado por un importantísimo lobby judío en Estados Unidos, va a apoyar a Israel en este conflicto contra Palestina.
Un ejemplo del poder de presión de Israel sobre Occidente lo encontramos en la reciente incorporación del Estado Palestino en la UNESCO. En octubre de 2011, la UNESCO aprobó la adhesión de Palestina como miembro de pleno derecho. Por supuesto Israel votó en contra de esa decisión, y junto a Israel: Estados Unidos, Canadá y Alemania. ¿Qué le importa a Canadá o a Alemania que Palestina ocupe un asiento en una organización de importancia menor como es la UNESCO? ¿Por qué votaron NO a la incorporación de Palestina? …así funcionan las relaciones internacionales.
Lo más curioso de este asunto es que, a veces, parece que incluso los presidentes de Occidente se cansan de la causa israelí, y parecen estar obligados geopolíticamente a apoyar a Israel, aunque sea en contra de sus verdaderas opiniones. En cuanto a este aspecto, fue sonada la noticia de Noviembre de 2011, en plena cumbre del G-20, cuando se filtró gracias a un micrófono abierto, la conversación que Barack Obama y Nicolas Sarkozy habían mantenido, y en la que criticaban a Netanyahu (primer ministro de Israel) y parecían estar hartos de él. La noticia puede verse aquí. “Tu estarás harto de él -le dijo Obama a Sarkozy-, pero yo tengo que lidiar con él todos los días” . Toda una confesión.
Por otro lado, hay un importante número de países (la mayoría de los que forman la ONU), que sí que reconocen políticamente el Estado Palestino y la soberanía del pueblo palestino en sus territorios. La mayoría de países sudamericanos, casi todos los países de África, prácticamente todo el Mundo Árabe… pero además, algunas de las potencias más importantes del mundo, especialmente los países BRIC: Brasil, Rusia, India y China.
Se puede decir que el Estado Palestino tiene buenos socios y buenos defensores. Pero quizás el apoyo de la gran mayoría de los países (y por tanto de la gran mayoría de la población mundial) no sea suficiente contra las dudas de Occidente. Parece que mientras Estados Unidos y Europa no apoyen claramente la causa palestina, nada avanzará. En todo caso, lo avanzará la construcción de viviendas israelíes en territorios palestinos…
INTERESANTE: Red Solidaria contra la ocupación de Palestina (pdf)
10 comentarios en Israel y Palestina, destinados a no entenderse
Rosario 29 diciembre, 2013 en 23:55
Muy buen artículo! Seguid así, me encanta esta página web! 🙂
José 30 diciembre, 2013 en 01:46
¡Gran artículo! Me ayudó a comprender el conflicto mucho mejor,
saludos y felicitaciones desde Colombia
Jorge Barón 25 agosto, 2014 en 21:04
Me parece más una columna de opinión personal que un análisis geo-político, dejas fuera muchísimas cosas, como entre ellas la política de terror que ha alejado a Palestina de concretar su sueño de independencia, también obvias el hecho de que en varias ovaciones Palestina podría haber proclamado su independencia y no lo ha hecho, siempre, siempre ha elegido la pelea… El resto de lo que expones es opinión personal, sesgada del conflicto y los apoyos, poniendo en duda el legítimo derecho de Israel sobre la tierra, creo que para el nivel de este blog quedaste corto y nos debes un análisis objetivo, considerando también todas las cosas que los palestinos han hecho mal y que han perdido en la guerra.
Adrián Vidales 10 septiembre, 2014 en 16:18
El objeto de este artículo es analizar las cuatro principales líneas de fractura entre palestinos e israelíes en las negociaciones que empezaron el año pasado. Y, mal que te pese, en todas ellas Israel incumple la legislación internacional y dificulta enormemente las negociaciones con condiciones que serían inasumibles para cualquier Estado soberano. Y los constantes ataques de los cohetes de Hamás o los atentados terroristas (siempre condenables, eso queda fuera de toda duda) no van a cambiar ese hecho.
Hablas del legítimo derecho de Israel sobre la tierra, y supongo que para ello te remites a los tiempos del Antiguo Testamento, en los que aquella tierra estaba habitada por judíos. Si ese es tu argumento (que tampoco lo sé, y te invito a que lo aclares si así lo quieres) simplemente decirte que, por esa regla de tres, quizá Marruecos tendría derecho a reclamar los territorios del antiguo Califato de Córdoba, Italia los del Imperio Romano, y Mongolia los del Imperio de Genghis Khan; todos ellos ejemplos ridículos que se colocan al nivel de quienes quieren otorgar al pueblo judío la legitimidad para reclamar los territorios de lo que hace 2000 años fueron Samaria y Judea.
Bajo mi punto de vista, la única legitimidad que tiene Israel es la que le dio el Plan de Partición para ocupar los territorios que este le concedía; otra cosa es que buena parte de la comunidad internacional haya aceptado las fronteras de 1967 como derecho de conquista de un país que ha sido previamente atacado. Y en este punto, resulta cuando menos digno de señalar que Israel incumpla sistemáticamente las resoluciones de la organización internacional a la cual debe legalmente su existencia.
Y por último, y en cuanto a que Palestina ha sido siempre libre de proclamar su independencia (¿independencia de qué otro país?) quisiera recordar lo que pasó en 2011 cuando Mahmud Abbas trató de conseguir que Palestina fuera un Estado reconocido por la ONU: EEUU vetó la petición palestina en el Consejo de Seguridad, y después, movilizó toda su capacidad diplomática para impedir que Palestina obtuviera estatus de miembro observador permanente ante Naciones Unidas, con acciones como la retirada de apoyo financiero a la Unesco tras el reconocimiento de Palestina como miembro de la agencia, o el bloqueo de parte de la ayuda financiera a la ANP, aunque sin éxito porque esta vez la decisión correspondía a la Asamblea General.
Como ves, pues, no es oro todo lo que reluce, ni tan fáciles las cosas como a todos nos gustarían que fueran. Por ello, te agradecería que evitaras poner en cuestión el rigor y la profesionalidad de este blog y de quienes escribimos en él, puesto que, aunque tenemos nuestras opiniones personales, no por ello desdeñamos los hechos para construir una versión que no se corresponda con la realidad.
Un saludo y bienvenido al debate
Jorge Barón 25 agosto, 2014 en 21:14
otro detalle, publicas un mapa utilizado como propaganda palestina, antes del 48, todo ese territorio (junto con la actual jordania) eran dominados por el mandato británico, antes d seso por el imperio otomano, nunca había existido ahí un estado palestino, esas tierras históricamente eran habitadas por judíos y también árabes, de ahí a que la ONU decidiera la partición del territorio, me parece que para un blog de esta calidad (y realmente lo aprecio por la calidad de muchos de sus análisis, por ejemplo el de ISIS), empujar análisis subjetivos le hace bajar el nivel, ¿tengo que pesar que todos los otros post también son sesgados?.
Adrián Vidales 10 septiembre, 2014 en 16:25
Este mapa tan sólo señala qué zonas del territorio del mandato de Palestina estaban habitadas por población judía, y qué zonas estaban habitadas por población musulmana; así como la posterior evolución que el control del territorio ha experimentado, y con él, los movimientos de población.
No obstante, y aquí te doy la razón el mapa puede llamarse a engaño porque, efectivamente, en 1946, no existía ningún Estado llamado Palestina.
Espero que la cuestión haya quedado aclarada, tanto para ti como para futuros lectores de este artículo.
Jorge Barón 29 septiembre, 2014 en 19:13
Puedes aclarar en la letra chica lo que desees, pero mientras no corrijas el artículo y el mapa en cuestión sigo pensando igual.
Los felicito por el sitio, aparte de este artículo siempre encuentro muchas cosas muy interesantes.
Alberto 30 enero, 2017 en 01:14
En el primer mapa, por qué has pintado de verde todo el deshabitado desierto del Neguev? Si está deshabitado no debería ser de ninguno de los dos. Parece un mapa manipulado para dar la impresión de que el 99% eran árabes.
El segundo mapa fue solamente una propuesta, jamás se llevó a cabo, porque los países árabes decidieron invadir Israel. De no haberlo hecho, sería la realidad a día de hoy.
El tercero, no hay “palestinian land”, lo verde sería “egyptian land” y “jordanian land”.
El único mapa correcto es el cuarto, en el que por PRIMERA vez en la historia los palestinos son soberanos de parte de su tierra.
Diego G 25 agosto, 2015 en 02:34
Tu trabajo está genial. Pero creo que se queda un poco corto:
Considero que si agregas un mapa con la intrusión crónica de Israel en la región de Palestina, deberías explicar el porqué de tal colonización: Se necesitaba establecer un Estado Judío y el lugar idóneo para tal era, evidentemente, Jerusalén. Y quizá también podrías comentar (no con una tremenda exhaustividad) algo acerca de la dispersión que sufrió el pueblo judío.
En cuanto al análisis del estado palestino y la comunidad internacional, pienso que se echan balones fuera cuando se dice que es la causa de que Estados Unidos sea dirigida por medios de comunicación judios la que hace que los americanos apoyen a los israelíes y que, como consecuencia, también Europa los apoye. Si bien creo que eso es cierto y en absoluto discrepo con tal información. Pero ¿acaso no sería también raro que Europa defendiese a un país musulmán, cuando son éstos los que están sembrando el pánico en el viejo continente?
Marcos 3 octubre, 2016 en 15:24
Quería precisar un dato referente al mapa expuesto como “Mapa de territorio palestino y territorio judio”
El mapa induce a error, e incluso genera un sesgo sobre el lector.
Antes de la independencia de Israel, en el año 1948, toda el área se llamaba Palestina, o bien “Mandato Británico de Palestina”. Árabes y judíos convivían en una sola entidad llamada Palestina, incluso instituciones judías de la época como el diario Palestine Post (actual Jerusalem Post) usaban el nombre Palestina.
Posterior a la guerra de independencia, el territorio controlado por judíos paso a ser renombrado Estado de Israel, y el que quedo en manos de las potencias árabes ocupantes de la parte Palestina (Egipto en la franja de Gaza y Jordania en los territorio de Judea y Samaria), mantuvo el nombre histórico de la zona – Palestina.
Por lo tanto el error esta en indicar que toda el área en verde estaba en control de los árabes, cuando nunca fue de esa forma. El territorio fue adquirido por los judíos mediante compra de tierras al Imperio Turco, originales dueños de todo el territorio.
Barack Obama: La Gran Decepción. | BLOGSUNIDOS
El siglo XXI: ¿Un siglo sin barreras? | Derecho Internacional Público - www.dipublico.org

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