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Timestamp: 2017-06-22 16:31:28+00:00

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La pluma viperina: octubre 2012
PAREJA Y AFICIONES
Este fin de semana he visto una película que me ha hecho reír mucho pero, aparte, me ha servido para pensar sobre un aspecto de la pareja de máxima actualidad e interés: cómo compaginar la vida matrimonial con la práctica de aficiones individuales sin que aquella se resienta.
Se trata de la no muy exitosa comedia El gran año (2011), protagonizada por Steve Martin, Jack Black y Owen Wilson, que es la única cinta que yo conozco sobre la apasionante afición al birdwatching, observación de aves en cristiano, pasatiempo que yo practico de forma más moderada que los personajes de esta divertida historia.
En esta peli, una verdadera delicia para los pajareros, tres tipos muy dispares pero con un fanatismo en común (el birding) se lanzan a participar en la mayor competición de esta disciplina en Estados Unidos, El Gran Año, que consiste en tomarse un año sabático y recorrer los diferentes ecosistemas de Norteamérica para avistar el mayor número de especies de pájaros posible. Gana quien presente la lista más larga de especies y el récord está, creo recordar, en seiscientas y pico. Los avistamientos por lo general se acreditan mediante fotografías.
Tras este guión aparentemente ligero e insustancial, se esconde una reflexión de mucha chicha, cual es el efecto que la práctica individual de determinados hobbies puede tener en la vida personal, familiar y/o conyugal cuando se cruza la línea entre un entretenimiento sano al que se dedican algunas horas de vez en cuando y una obsesión que empieza a ser compulsiva y no deja pensar ni hacer nada más.
Las historias de El gran año son desde luego caricaturescas, pero muy logradas. Muchos de los personajes son auténticos zumbados que, por ejemplo, se pasan todo el rato jugando a adivinar las imitaciones que hacen del canto de las aves. Los protagonistas son dos casados y un separado de mediana edad que sufren diversos trastornos laborales y de pareja como consecuencia de sus meses sabáticos. Entre chiste y chiste, en medio de las situaciones disparatadas que se producen durante la búsqueda de los más variopintos pajarillos por todo el continente, el guión plantea varias cuestiones jugosas: la diferencia entre cultivar un hobby y ser un friki, la necesidad o no de compartir las aficiones en el matrimonio, la importancia de tener un espacio propio, los límites del ocio y las prioridades en la vida.
Algo que a mí me ha gustado mucho es cómo se insinúa que el concepto de friki o de rarete por la práctica más o menos desmesurada de determinadas aficiones tiene una fuerte carga social, siendo así que la sociedad no juzga igual a dos personas que lo dejan todo tirado para irse un año entero a buscar pájaros si uno de ellos es rico, cuenta con un trabajo prestigioso y con el beneplácito de su esposa, y el otro es un divorciado en paro que vive con sus padres. Parece que aunque objetivamente la chaladura es la misma, el primero pasa por un excéntrico entrañable que persigue sus sueños y el segundo por un imbécil inadaptado.
Pero el tema del engranaje entre aficiones y matrimonio es el que más me interesa. En mi opinión lo ideal sería combinar unos hobbies comunes que permitieran compartir juntos tiempo, intereses, lecturas y conversaciones, con otros individuales que surjan de la propia personalidad y dejen a cada uno un margen personal. El problema se produce cuando aparece en escena la desproporción, la búsqueda ansiosa de un espacio propio de tales dimensiones que poco a poco deje en segundo plano la vida matrimonial y las obligaciones de todo tipo que esta conlleva. Lo delicado del asunto es que este dilema es tan subjetivo que un mismo número de horas dedicadas a un deporte, al gimnasio, a la música, a la caza, al mus con los amigotes, al futbol o a Internet puede ser percibido por un determinado cónyuge como un pasatiempo legítimo, y por otro como poco menos que un abandono, como un motivo evidente de separación.
"¿Otra vez al fútbol? Tú sabrás, haz lo que quieras..."
Yo he conocido relativamente de cerca algunos casos de divorcio en los que subyacía este problema de los hobbies mal entendidos. En todos estos casos el que dedicaba un porcentaje supuestamente desmedido de su tiempo a una actividad “extra conyugal” era el marido. Ello fue generando discusiones y creciente mal rollo hasta que uno de los dos (no siempre ella) estalló produciéndose la ruptura.
Solo voy a plantear tres percepciones que tengo yo sobre este tipo de situaciones:
Primero, me parece que volcarse de una manera tan absorbente en una actividad que implique alejarse así de la persona con quien compartes tu vida en el fondo esconde otros desequilibrios. Es decir, que a lo mejor el problema no es la afición en sí, sino que son otros aspectos de la vida en común los que no funcionan como debieran. De hecho, en algún caso concreto de los que he visto, el hobby se había empezado a practicar (o al menos con esa intensidad) tras años de casados, probablemente como huida o desahogo frente a ciertas situaciones que no se sabían o no se querían afrontar.
En segundo lugar, también he visto aficiones muy respetables y moderadas que han chocado de frente con esposas posesivas y castradoras principalmente por un problema de celos, sobre todo cuando dichas actividades se desarrollaban fuera de casa y con amigos u otras personas que no gozaban de la confianza de ella, o la hacían temer infidelidades sin motivo alguno. En estos casos, al que le encanta salir de pesca, ir algún domingo al estadio o tocar el trombón en una orquesta le resulta dificilísimo lidiar con su contraria cuando para ella todo lo que sea hacer algo a su bola y fuera del hogar es motivo de censura.
Por último, me parece que la clave de muchos de estos problemas es la falta de comunicación. Habitualmente nadie dice las cosas claras desde el principio y se termina generando una bola de nieve. Creo que es muy importante expresar con claridad los puntos de vista, la importancia real que tiene esa actividad para ser feliz y las cosas que molestan y por qué. La negociación respetuosa y serena, cediendo cada parte un poco para quedar los dos conformes me parece la mejor solución. Sin embargo, todo esto es demasiado teórico porque tocando estos temas hay gente que es incapaz de dialogar y como de verdad surja un roce serio acerca del tiempo de ocio individual y los dos crean firmemente tener la razón, la cosa está muy, pero que muy jodida, y más en estos tiempos en los que a todos nos encanta hacer lo que nos dé la gana sin fiscalización ajena. Casi diría que salir airoso de estas situaciones es cuestión de suerte, de responsabilidad personal, de cariño y, sobre todo, de verdadero conocimiento mutuo antes de casarse o vivir juntos (¿una utopía?).
SINDICATOS, HUELGA Y REFERÉNDUM
En estas concentraciones se les ve la patita a los sindicatos
﻿Queda ya demasiado lejos aquel tiempo en que los sindicatos de clase abanderaban la lucha contra las injusticias laborales forzando legislaciones más equitativas y humanitarias. Ahora, convertidos en un lobby de intereses bastardos, en gigantescas máquinas burocráticas al servicio del capitalismo, en la carísima coartada de políticos y empresarios, han perdido toda su legitimidad y puede afirmarse sin titubeos que son un enemigo más de los trabajadores. Muchos “sindicalistas” son bien conscientes de la caída en picado de su prestigio y de que ya no merecen ese nombre. Se han dado cuenta de que gran parte de los asalariados no solo no se siente representada por ellos, sino que –como es mi caso– no acudiría jamás a ninguna de sus convocatorias para evitar sentirse manipulada por gentuza vendida al mejor postor. Una prueba de su propio complejo de culpabilidad y, a la vez, de su vileza son las concentraciones “espontáneas” que cada viernes celebran ataviados de negro algunos compañeros en mi centro de trabajo. Estas manifestaciones son promovidas y orquestadas por los sindicatos, que, sin embargo, se han conchabado para no aparecer oficialmente como convocantes (impulsando plataformas satélites) y para no exhibir pancartas ni emblemas identificativos de sus sucias siglas. Pero poco a poco hasta los manifestantes más tontos se están dando cuenta del pastel.
Otra muestra de su demagogia es el ridículo ultimátum que lanzaron al Gobierno amenazando con el segundo paro del año, el del 14 de noviembre, si no se convocaba inmediatamente un referéndum sobre los recortes. Resulta obvio que la política de tijeretazos del amigo Rajoy es improvisada, injusta y carece de criterio, por lo que se comprenden la crispación social y las protestas ciudadanas. Pero lo que es para reír por no llorar es que los botarates cocos y ugeteros pidan una consulta popular sobre estas medidas. Si lo que quieren es convocar una huelga y joder más el país, que la convoquen y punto, que nunca han necesitado demasiadas excusas para traicionar a los trabajadores y machacar sus intereses, pero, por favor, que no se descojonen de nosotros con el rollo del referendo. ¿En qué cabeza cabe que un Ejecutivo se plantee siquiera someter a consulta pública sus decisiones de restricción fiscal o salarial? Acertadas o –como en este caso– disparatadas, hay determinaciones políticas que por su naturaleza procede adoptarlas discrecionalmente, sin consultar ni preguntar y mucho menos a los perjudicados directos de las mismas. El resultado de la posible consulta es tan obvio que parece propio de un anormal pensar en plantearla. ¿Qué se pensaban los mafiosos de Cándido y Toxo que iba a responder la gente en su estúpido plebiscito? “Sí, sí, yo voto a favor de que me bajen el sueldo y me suban la luz, la gasolina y los impuestos”. Vamos, hombre, un poco de seriedad.
Dos enemigos de los trabajadores
La democracia, señores sindicaleros, no consiste en consultar a los ciudadanos sobre cada paso político a dar. La piedra angular de la democracia genuina es el interés general, y las decisiones que hay que tomar para alcanzarlo unas veces exigen un consenso y una valoración ecuánime de las diferentes opiniones en juego, y otras es preciso lanzarse a la piscina sin hacer preguntas, desoyendo las quejas y reproches de los sectores afectados si responden a meros intereses particulares.
No digo con esto que los recortes del PP se ajusten al interés general, pero sí que las protestas ciudadanas, que, por supuesto son muy legítimas, surgen del interés particular que tenemos cada uno de nosotros en no vivir peor que antes. Por eso, como el Gobierno sí cree que sus políticas de ajuste van dirigidas a salvar la economía general y a mejorar la sociedad, es absurdo pedirle que haga un referéndum.
Es como si le preguntamos a un niño pequeño si quiere que le pongan una inyección. El crío dirá que no y echará a correr, tanto si la inyección es un antibiótico para curarle la gripe como si la jeringuilla lleva cianuro. En ambos casos preguntarle es una idiotez.
Más sobre los sindicatos en La pluma viperina
ESTAMPAR EL DESPERTADOR
En el marco de un programa formativo que se está desarrollando en la unidad donde presto mis humildes servicios, la semana pasada tuve que asistir a un curso sobre “consecución de objetivos en el trabajo”. Como era de esperar a la vista de experiencias anteriores, el perfil profesional del profesor elegido por el Departamento de Formación era lo más opuesto que pueda imaginarse al de los alumnos que íbamos a asistir. El pollo en cuestión no solo proviene de una espeluznante consultora especializada en fabricar y vender humo, filial, para más inri, de una multinacional europea, sino que además desconoce hasta en sus aspectos más elementales las características, el funcionamiento, la naturaleza y los objetivos de nuestra organización, por la que se nota a mil leguas que siente una animadversión irreprimible.
No voy a poner aquí en entredicho la calidad del curso, pues considero que los contenidos en general fueron interesantes (aunque inútiles para nuestro trabajo) y que el formador fue ameno y supo llegar a la gente, a pesar de los lugares comunes, cursiladas, poses de gurú barato y soplapolleces varias de los que se vio obligado a tirar el pobre continuamente.
Pero hay límites que no se deben sobrepasar en los tiempos que corren ni siquiera en broma ni en el desempeño de su papel, mezcla de animador sociocultural y de entrenador de fútbol americano en una peli de Hollywood. Me refiero a que el tío se pasó un buen rato arengándonos con el rollo de que había que perseguir los sueños, que sus hijos habían elegido carreras sin salidas solo por vocación, que había que luchar con entusiasmo por nuestras metas personales, que si nos lo proponíamos podíamos ser los mejores en lo que nos ilusionaba, que no era concebible estar currando en algo que no nos llenaba y no cubría nuestras expectativas, y que él –naturalmente- soñaba cada mañana con empezar la jornada porque estaba enamorado de su profesión.
Yo ya estaba sonriendo, pensando que menudo perro de su empresa, cuando soltó una frase que nos dejó a todos helados, descolocados, inquietos:
- Cuando una mañana sintáis deseos de estampar el despertador contra la pared, es que ha llegado el momento de cambiar de trabajo.
Oí claramente susurrar, silabeando, la palabra “gilipollas” al compañero de mi izquierda, y la chica que tenía a la derecha se me acercó discretamente para cuchichearme al oído una tosquedad:
- Sí, hijo, cambiar de trabajo es como cambiarse de bragas.
Y es que descolgarse con semejante frivolidad con la crisis dramática que nos asola es una falta de respeto a la inteligencia, al orgullo y a la dignidad de sus alumnos. El desafortunado comentario tiene varias traducciones, a cual más insultante. Puede interpretarse como que todo el mundo elige su trabajo a capricho, como que quien no trabaja en lo que le gusta es tonto, o como que cambiar de profesión cuando a uno le apetece está al alcance de cualquiera. Con su gracieta del despertador, el amigo ponente nos vino a decir en la cara que él puede encontrar colocación cuando y donde le dé la gana, o que en todo caso tiene pasta suficiente como para abandonar la que tiene ahora si deja de realizarle como ser humano.
Si él lo dice... Yo desde luego lanzaría mi despertador contra el armario todas las mañanas.
Puede que el colectivo al que dirigió su eslogan elitista no sea, al fin y al cabo, el más sensible en estos momentos e incluso sea de los que gozan de mayores facilidades para cambiar de funciones dentro de su propia organización. Aun así, su lema no sentó demasiado bien, por lo que cabe imaginar fácilmente la reacción que habría provocado en un auditorio de albañiles, de dependientes de comercio, de administrativos de PYME o de mileuristas de cualquier tipo con serios apuros para afrontar sus gastos antes de fin de mes. En el caso de que se hubiera atrevido a decir esa chorrada, lo más probable es que alguien se hubiera levantado para pegarle una patada en los huevos, muy bien merecida por cierto.
Más sobre el tema de la vocación en La pluma viperina
El viejo jesuita que nos daba latín en el colegio nos hacía leer en alto, por turnos, largos fragmentos de La Eneida. Muy a menudo, cuando cualquiera de nosotros recitaba a trompicones alterando el ritmo, la acentuación y la pronunciación originales de la obra de Virgilio, se llevaba a la sien la punta de los dedos, negaba nerviosamente con la cabeza y poniendo los ojos en blanco, estallaba al fin encalabrinado y su débil vocecilla nasal se transformaba en un bramido:
- ¡Calla, calla! ¡Me destrozas el verso! ¡Me lo destrozas!
Exactamente eso pensaba yo todo el rato el sábado por la noche durante la representación del musical Más de cien mentiras en el Teatro Rialto de Madrid: me destrozáis las canciones de Sabina, me las destrozáis, una por una.
Mi opinión debe tomarse con la precaución de que suelen desagradarme las versiones en general, pero lo cierto es que muy pocos de los 25 temas interpretados (entre ellos, Y sin embargo) se salvan de la quema. No se trata de que cualquier canción de Sabina me suene rara cantada con una voz que no sea cascada y aguardientosa, sino que los versionados me han parecido excesivamente libres, y para mí la patética interpretación de las canciones por parte sobre todo de Adrián Lastra, en su papel de El Tuli, deja por los suelos la obra del genio de Úbeda, que me choca que haya transigido con semejante tropelía. En algunas ocasiones las melodías se diluyen tanto que llegan a ser irreconocibles.
En cambio, del guión, la puesta en escena, la coreografía, las bailarinas macizas y el recitado de vibrantes poemas sabinescos no puede decirse nada malo. Se pasa un buen rato y ya está. Pero las canciones… ¡Dios nos coja confesados!
LEGISLANDO EN FRÍO: LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABLE (por El Chico de los Tablones)
“Prisión permanente revisable”. Éste es el eufemismo bajo el cual el Partido Popular pretende introducir una suerte de cadena perpetua en nuestro Código Penal, como ya anunciaba su programa electoral. Esta pena, dada su –dicen- extraordinaria gravedad, quedaría reservada para supuestos muy excepcionales: delitos de asesinato a menores de 16 años y discapacitados, asesinatos múltiples, asesinatos subsiguientes a agresiones sexuales, homicidios y asesinatos terroristas, delitos de genocidio y magnicidio contra el Jefe de Estado.
“Prisión permanente”. Dicho así tal cual, hasta el más calientasillas de los estudiantes de primero de Derecho levantaría la mano para salmodiar que ninguna pena de prisión de duración indeterminada tiene cabida en el ordenamiento jurídico español. Y es que una pena de estas características chocaría frontalmente con el artículo 25.2 de la Constitución y el artículo 1 de la Ley Orgánica General Penitenciaria, que consagran “la reeducación y la reinserción social” como fin último de las penas privativas de libertad y las instituciones penitenciarias. Así las cosas, razonaría el estudiante primerizo, ¿qué posibilidad tiene de ser reinsertado en la sociedad un individuo que ha sido condenado a pasar el resto de sus días entre rejas?
Como es lógico, el legislador popular ya pensó en las pegas de nuestro avispado neófito a la hora de redactar el anteproyecto de la ley orgánica que reformará el Código. Y aquí es donde entra en juego el apellido “revisable”: una vez cumplida una parte mínima de la condena (en todo caso inferior a 35 años y variable en función del delito), el penado podrá solicitar periódicamente de un Tribunal colegiado (que no un juez de vigilancia penitenciaria) la revisión de su situación personal. El propio Tribunal deberá efectuar esta revisión de oficio cada dos años, pudiendo conceder el cuarto grado o libertad condicional al penado si estima que éste se ha rehabilitado.
“Permanente” y “revisable” son dos términos contradictorios entre sí que impiden al condenado conocer la duración cierta de su estancia entre rejas; y entiendo que un tío al que han mandado a la trena debería poder saber si va a permanecer enjaulado veinte, veinticinco, cuarenta o equis años. Ya no sólo porque lo contrario atentaría contra el principio de seguridad jurídica del artículo 9.3 de la Constitución, sino también porque cuando a un preso se le despoja de la certeza de salir de la cárcel algún día aumenta el riesgo de fuga o amotinamiento en el centro penitenciario en el que ingresa.
Hablando en plata, lo que Gallardón quiere colarnos es ese sucedáneo de cadena perpetua presente en la mayoría de países europeos. Aunque en sus comparecencias en público diga y rediga que el cumplimiento efectivo mínimo para que entre en juego el régimen de revisión oscilará entre los 25 y 35 años, resulta llamativo (y preocupante) que la exposición de motivos señale precisamente como referencia el Derecho comparado europeo:
• Seguir la estela de países como Alemania, donde un condenado a pseudocadena perpetua puede solicitar la revisión judicial a los 15 años (en el mejor de los casos) y obtener la condicional de promedio a los 20, significaría reblandecer el reproche penal con respecto al Código vigente, que contempla cumplimientos íntegros de 20, 25, 30 y (en dos casos particulares) hasta 40 años.
• Dar por bueno el rango de cumplimiento efectivo mínimo que propone Gallardón daría lugar en más de un caso a encarcelamientos por tiempo superior a 40 años, que podrían considerarse penas “inhumanas” en el sentido del artículo 15 de la Constitución y que contribuirían a engrosar una población reclusa que a día de hoy se sitúa, con casi 70.000 presos, como la más alta de Europa.
Este callejón sin salida invita a pensar que, llevada a la práctica, esta medida será punitivamente insustancial.
Por otra parte, la supuesta disolución de ETA hace que esta reforma pierda parte de su sentido, ya que el artículo 9.3 de la Constitución impide que el nuevo Código Penal se aplique retroactivamente a aquellos etarras que actualmente se encuentran cumpliendo condena.
Entonces, ¿qué razones han podido mover al PP a impulsar este proyecto de ley?
Salta a la vista que, dado lo reciente de los asesinatos de Mari Luz Cortés y Marta del Castillo, esta medida pretende ser un guiño complaciente a las familias de estas víctimas y, de paso, a los miembros de la AVT. Es comprensible que muchos españoles, ante la repulsa social que producen los asesinatos más mediáticos, tiendan a mostrar su solidaridad con el dolor ajeno en caliente, clamando la constitucionalidad de la cadena perpetua, el garrote vil o lo que les dicte el corazón en cada momento; pero ningún partido político hace sus promesas electorales en caliente. Todos las hacen en frío, en función de los votos esperados. Probablemente los populares vieron en este engendro normativo la oportunidad de erigirse, de cara a un sector de la opinión pública, como un Gobierno comprometido con la seguridad ciudadana e implacable en el castigo de los delitos más graves.
Yo quiero pensar –también en frío- que ningún objetivo, por socialmente deseable que sea, puede perseguirse mediante una norma que vulnera dos derechos fundamentales y el principio de seguridad jurídica, por más que cuente con el beneplácito del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, algún que otro periolisto profano en Derecho y decenas de miles de indocumentados con ADSL que, convencidos de piar (to tweet), son incapaces de oír sus propios rebuznos.
Sobre la cadena perpetua en La pluma viperina
Estaba ayer desempolvando y cambiando de armario mi ropa de invierno y me di cuenta de que no tengo ni un solo jersey. Bueno, en realidad encontré un par de ellos: el verde que me dieron en la mili y otro que compré hará la friolera de siete años.
Odio los jerseys desde hace bastante tiempo. No digo que no queden bien ni que no sea una prenda bonita, pero a mí no me acaban de convencer por varios motivos. Entre semana llevo americana o traje, tanto por la mañana como al menos dos o tres tardes, por lo que de lunes a viernes lo del jersey ni me lo planteo, aunque tengo compañeros que lo visten y están bien guapetes, si bien parece que van a un picnic más que a trabajar. Sé que no es una opinión unánime y ni siquiera mayoritaria, pero los suéters me parecen prendas extremadamente informales, igual que los vaqueros, por mucho que nos hayan metido en la cabeza que se puede ir arregladísimo con ellos.
﻿﻿﻿﻿ Los fines de semana tampoco me embuto el jersey ni loco. Soy más bien aficionado a las chaquetas de punto, pero sobre todo a las americanas, que las hay muy de sport, como las de pana o similares. Para salir al campo o hacer deporte, prefiero las sudaderas o los forros polares.﻿﻿
Con las chaquetas se lucen mucho más las camisas y blusas
﻿ Aunque no todos los jerseys me repelen por igual (los muy gruesos son propios de comando etarra de los años setenta), en general no los veo prácticos ni muy estilosos. La razón principal es que con ellos no se lucen nada las camisas, con lo chulas que son, pero es que tampoco se pueden llevar de varias formas como las chaquetas (abiertas, cerradas…) y, encima, aunque admito que suena un poco cursi, es un coñazo despeinarse cada vez que te los quitas y te los pones. Por no hablar de otros inconvenientes. Un asiduo lector de este blog, hace ya muchos años, poniéndose un suéter en un local abarrotado le dio a una moza sin querer un buen meneo en el pecho con una manga, y, cuando asomó al fin la cabeza por el cuello como una tortuga, recibió un guantazo de no te menees. Será una manía, pero a mí no me gusta nada quedarme unos segundos expuesto, sin ver ni torta, mientras me visto o me desnudo (nuca se sabe lo que puede suceder en ese instante).
Así que nada, a debatir pros y contras de los jerseys y demás prendas y complementos invernales, a ver si nos damos ideas de moda otoño-invierno y vamos hechos unos pinceles esta temporada.
Estética y moda,
La justicia –a cualquier nivel– está reñida con ese asqueroso subjetivismo por el que tendemos a dejarnos arrastrar. Los jueces solo harán justicia cuando apliquen la ley con idéntico criterio a todo el mundo, sin sentimentalismos ni caridades mal entendidas. Nosotros mismos solo seremos ecuánimes cuando aparquemos fobias, filias, odios y amiguismos; cuando nos quitemos de los ojos la venda sucia de condicionantes como la imagen, el éxito o el poder, y tratemos a todos nuestros semejantes con una equidad estricta y matemática, sin favoritismos turbios ni prevenciones arbitrarias. Nos guste o no, cuanta más frialdad, mayor justicia.
Uno de los enemigos más odiosos de la justicia es el sentimiento de lástima que algunas personas inspiran a la sociedad. Hay individuos que por circunstancias relacionadas con su salud, su aspecto o su capacidad física o psíquica; por haber sido víctimas de determinadas desgracias graves y fortuitas; por su falta de carácter; por sus antecedentes familiares o por su mala suerte en general, nos inspiran un sentimiento de solidaridad tan intenso como legítimo. La solidaridad, nuestra capacidad de dar a cambio de nada, es de las pocas cosas que nos salvan como seres humanos. Nuestro empeño en contrarrestar el veneno de la libre competencia y remover los obstáculos que impiden crecer como personas a los más débiles y desfavorecidos es algo por lo que uno se siente orgulloso de pertenecer a la Humanidad.
Pero ya digo que dejarse llevar por la pena es peligroso, porque a veces vamos más allá de la solidaridad y entramos en el terreno de la injusticia, tratando con amabilidad exagerada, mostrando un cariño desproporcionado, teniendo comportamientos absurdamente protectores y haciendo favores innecesarios e improcedentes a aquellas personas que, por el motivo que sea, nos infunden una gran compasión.
Mimar, aunque no venga a cuento, a los desafortunados es una droga dura porque nos hace sentir muy buenos y generosos, y es difícil parar. Además a menudo son estas mismas personas las que incentivan nuestro comportamiento, ya que están demasiado acostumbradas a la conmiseración ajena y han hecho de la pena que provocan un auténtico modo de vida basado en el más burdo chantaje emocional. Otros, en cambio, tienen la actitud contraria y su dignidad les impide aceptar el amparo de los que les rodean sin que esté absolutamente justificado, porque naturalmente tanta virtud como ayudar al prójimo es saber aceptar su ayuda.
Es curioso, pero hay algunos que han llegado muy lejos dando pena a diestro y siniestro hasta producirse incluso situaciones absurdas y abiertamente injustas. Por esa lástima tan mal interpretada, hay peña que va por el mundo arramblando con todo lo que puede (en perjuicio de quienes lo necesitan más) o comportándose como auténticos déspotas. Cuántos tipos se libran de mil merecidas broncas o desplantes solo porque dan penita. A cuantos tontos reconocidos los han terminando enchufando divinamente “porque ellos solitos no pueden”, haciendo la santísima a alguien que aspiraba a su puesto. Cuántos personajes lamentables e insoportables han sido aceptados con los brazos abiertos en grupos de amigos en los que no habrían durado ni media hora sin su defecto o desgracia. Cuántas y, sobre todo, cuántos habrán ligado y hasta habrán mojado con el rollito de dar pena, de ser el feo sensible de la clase o la gordita incomprendida, de haber sido abandonado traumáticamente por Cruella de Vil o de estar deprimido. Siempre hay alguien con instinto de padre o de madre que tralarí tralará. Y, por supuesto, cuántos vagos redomados habrán aprobado asignaturas y hasta carreras enteras a base de llorarle sus circunstancias al profesor de turno.
Los justos, para no ser vulgares justicieros, siempre tienen en cuenta las circunstancias personales, pero deben aplicar con sangre fría baremos idénticos ante idénticas circunstancias, estudiando objetivamente las necesidades sin dejarse cegar por el velo de la lástima.
Miguel Hernández ¡FELIZ DÍA DE LA HISPANIDAD A TODOS!
AMIGOS EN PROPIEDAD (y 2ª parte)
La niña no había cumplido 4 años y Nacho comenzó a comportarse de forma extraña. Hablaba muy poco, siempre parecía esquivo, nunca tocaba a Marta y solía regresar de la oficina casi todos los días más tarde de las 9. Cuando ella al fin, completamente confundida, le pidió explicaciones entre sollozos un domingo por la mañana, se limitó a farfullar, mirando al suelo, que quería divorciarse. El motivo se supo al fin y no fue otro que una enfermera pelirroja de 24 años que, según las malas lenguas, había conocido en un chat. Provisionalmente ella se quedó en casa con la cría y él se trasladó al chalet de sus padres en un pueblo cercano, primero solo y a los tres meses con Lidia, su minifaldera y espigada pelirroja.
Lidia rápido se sintió muy unida a todos los amigos de Nacho. Fue recibida al principio como una especie de novedad exótica, por la sorpresa de la separación y por la diferencia de edad, pero superada esa fase de pocos meses en la que se sintió observada y casi juzgada, especialmente por ellas, rápido fue acogida sin reservas y con cariño, y encontró al fin en aquella gente las mejores amistades que había tenido en su vida.
A Marta jamás la volvieron a llamar para quedar. Sus amigos del alma no la avisaron más de ninguna cena, ni la invitaron a ninguna excursión los fines de semana, ni contaron con ella para las copas de los jueves en El Soportal. Probablemente no habría ido, pues malditas eran las ganas que tenía de coincidir más tiempo del imprescindible con el miserable que la había engañado, que ya se le hacía bastante cuesta arriba verse con él para asuntos relacionados con su hija. Pero es que ni siquiera le pegaban ya un toque las chicas cuando bajaban al centro comercial con los churumbeles dos o tres veces a la semana. Neli, la mujer de Quique, la llamó por teléfono un mes después de separarse, para ver cómo estaba. “Ay, chica, no sabes cómo lo he sentido”. Ni una sola palabra sobre Lidia. Ni una sola crítica al adúltero. “Un besito para la niña y nos vemos un día, ¿eh, guapa?, que te tienes que animar y salir”. Nunca más volvió Neli a dar señales de vida.
Lorenzo y María Luisa se encontraron con ella en el Carrefour más de un año después. Le dieron dos besos, la miraron con los ojos del Gato con Botas de Shreck y María Luisa la cogió del brazo muy cariñosa, “ay, hija, los hombres”, le susurró. Lorenzo, tan hablador, con el que siempre había tenido una conexión especial, ni siquiera abrió la boca y se pasó los diez minutos del encuentro riñendo a sus gemelos para que no se alejaran del carrito. Nunca más volvió a saber de ellos.
Los demás ni la llamaron ni la pusieron un simple email. Con Azu coincidió en la plaza una vez, siglos después de lo sucedido, y se empeñó en tomar “un cafetín y me cuentas”, pero a Marta le asqueaba su falsedad y respondió que llevaba prisa y que mejor otro día.
En las últimas Ferias vio a lo lejos a todo el grupo, Nacho y Lidia incluidos, picando algo en la caseta de La Sepia. Daban la impresión de divertirse mucho, pues se estaban riendo a carcajadas en un corrillo. Se fijó en cómo Lorenzo charlaba animadamente con la flaca del pelo rojo y le hacía esa bromita, que antes solía gastarle a ella, de quitarle las gafas de sol que llevaba sobre el pelo a modo de diadema.
Se quedó sin los amigos que suponía tener y a veces se sentía tan desdichada por ello como por su humillante divorcio.
Se quedó sola. Y tardó en entender que incluso los amigos tienen dueño legítimo; que por mucho que te adoren los amigos de tu marido, tu relación de amistad con ellos tiene la misma fecha de caducidad que la de tu matrimonio; que hay que tener muy claro, para no llevarse demasiados disgustos, quién ostenta la propiedad de los amigos y quien simplemente los tiene prestados mientras se dén unas determinadas circunstancias.
La cotorra argentina o cotorra monje (Myiopsitta monachus) no lleva muchos años entre nosotros. Las primeras parejas empezaron a anidar en España a finales de los 70, pero hoy esta especie exótica invasora representa un serio problema, una auténtica plaga dañina en ciudades como Barcelona, Madrid, Valencia, Málaga o Sevilla. Yo únicamente la he visto en los jardines del Campo del Moro en Madrid y junto a la Torre del Oro en Sevilla, pero por lo visto la Ciudad Condal, donde alcanza casi los 3.000 ejemplares, tiene la mayor población de toda Europa.
Esta simpática ave de color verde, con la garganta y la frente grises, pertenece a la familia de los loros y proviene de Sudamérica. El origen de las nutridas colonias que hoy asolan nuestras ciudades está en la suelta de ejemplares domésticos. Aunque hoy está rigurosamente prohibida su importación, la cotorra argentina fue hace décadas el ave exótica más popular por su bajo precio. Cientos de familias se compraron una, pero pronto se cansaron de ella y la soltaron al ser un pájaro demasiado ruidoso y con tendencia a arrancarte el dedo de un picotazo a poco que te descuides. Yo tengo una amiga a la que se le escapó de la jaula.
Como es un animal extremadamente adaptable, que come de todo, incluso pan (hoy más del 40% de su dieta), se asilvestró fácilmente en las localidades de clima más benigno. La pega está en que se reproduce con una facilidad pasmosa, emite unos chillidos ensordecedores, fabrica unos nidos coloniales de cientos de kilos de peso que rompen las ramas grandes de los árboles con grave riesgo para los viandantes, y en que sus excrementos son muy erosivos. Por si fuera poco, para construir sus gigantescas nidificaciones destrozan en la época de cría toda la vegetación de los parques, y además en Barcelona se alimentan en los huertos de los pueblos cercanos, no dejando una mata viva, por lo que ya hay multitud de reclamaciones. Los ayuntamientos afectados han probado de todo y ya no saben qué hacer. Dicen que es peor que si hubieran echado cocodrilos en las alcantarillas. Las colonias de cotorras tienen una tasa de crecimiento anual del 8%.
Lo único positivo, al parecer, es que compiten duramente con las palomas, auténticas ratas con alas, y en algunos sitios han comenzado a desplazarlas, pero no se sabe si es peor el remedio que la enfermedad.
De momento en Castilla y León parece que estamos a salvo de estos bonitos pero perniciosos bichos, aunque las últimas noticias apuntan a varios avistamientos en la ciudad de Segovia. Para mí que no aguantan allí un invierno y en cuanto se chupen el viento de Guadarrama, palman todas.
También se las ha visto en Aranda de Duero (Burgos), donde el año pasado los agentes medioambientales detectaron un nido y capturaron un ejemplar. El Ayuntamiento de la capital ribereña se encuentra seriamente preocupado por los daños que el lorito de marras puede causar a los cultivos vitivinícolas de la zona.
(Y por cierto, hay otra especie de cotorra africana y asiática, la de Kramer, que también cría en algunas ciudades, aunque en mucha menor proporción, pues se calcula que habrá como mucho 250 parejas en toda España).
Sobre otras especies invasoras en La pluma: Castores en España
AMIGOS EN PROPIEDAD (1ª parte)
Marta se sentía muy unida a sus amigos, a los que conoció por Nacho cuando empezaron a salir. Eran todos de su pandilla. Fue recibida al principio casi como una exótica novedad, pues a Nacho, con 29 tacos, no se le había conocido novia hasta entonces, pero superada esa fase de pocos meses en la que se sintió observada y casi juzgada, especialmente por ellas, rápido fue acogida sin reservas y con cariño, y encontró al fin en aquella gente las mejores amistades que había tenido nunca.
En efecto, el gran grupo de amigos que se formó aquellos años había surgido partir de la antigua cuadrilla de Nacho, todos colegas desde los tiempos del colegio. Las chicas, en cambio, eran las novias de ellos y se fueron conociendo al empezar a salir, lo que no impidió que surgiera entre todas ellas una amistad entrañable que las unió como hermanas.
Antes de que se dieran cuenta todo el mundo se casó, formando una especie de gran familia que sincronizó su tiempo libre, sus gustos y su maternidad. Todos los críos nacieron en un período de dos años y la panda se transformó en una ruidosa guardería donde se reforzaron más que nunca los lazos de amistad. Marta quedaba al menos tres veces por semana con las otras mamás. Llegaron a juntarse hasta seis y se pasaban horas en el parque o en el Vallsur, tomando café mientras el mini ejército de chiquitines se desfogaba, y deshaciéndose en consejos con las embarazadas o con las que acababan de dar a luz. Se llamaban todo el día por teléfono, iban juntas de compras y hasta se prestaban ropa para las bodas. Aquella época fue para Marta una de las más felices de su vida, en parte porque ella no había tenido demasiadas amigas de soltera y las pocas que conservaba vivían en Bilbao, donde había vivido hasta la adolescencia.
Los puentes, si hacía bueno, solían irse en manada a una casa rural, al norte. Llevaban hasta los bebés de un mes. Marta siempre decía que esos días todos juntos eran lo más parecido a una familia numerosa, a una comunidad en la que todo se compartía. Compraban en común, preparaban juntos los biberones y las comidas, y, a pesar del jaleo y del engorroso reparto de tareas, jamás se vio una mala cara ni una sola discusión. Solamente Luchi o María bronqueaban de vez en cuando a sus respectivos por hablar a todas horas de fútbol o beber demasiado güisqui mientras jugaban al mus por las noches, pero en general las relación entre la gente era como una balsa maravillosa y todos disfrutaban, se echaban una mano en lo que fuera y se partían de risa continuamente, pero sobre todo en la fiesta de disfraces para niños y mayores que celebraban el último día.
Marta tenía también mucho cariño a los amigos de su marido. Los chicos eran estupendos y algunos tuvieron detalles que jamás olvidaría. Cuando aún era novia de Nacho, Fernando coló a su madre en la lista de cardiología y fue atendida primorosamente en el hospital. Quique, por ejemplo, la llevó a Madrid a una entrevista de trabajo un día que Nacho estaba enfermo, y Lorenzo, como trabajaba en la Fundación, siempre se acordaba de ella cuando había una ópera que merecía la pena y le conseguía un par de entradas. Lorenzo era además con quien mejor se llevaba, no solo porque compartían los gustos “culturetas” con los que había un cachondeo y una incomprensión general por parte del resto, sino porque era un chico que sabía escuchar, y por eso Marta a veces le contaba cosas que la tenían preocupada; era de las pocas personas capaz de levantarle el ánimo en los pocos momentos tristes que vivió por entonces, tal era su optimismo y tan irresistible su sentido del humor.
COPLA A ARTUR MAS
El separatismo rudo,
lenguaraz y traicionero
vuelve a campar por sus fueros
con la crisis como escudo.
Companys resucitado,
más audaz y corajudo,
pide la ley del embudo
contra Hispania y su legado,
aunque hoy se llama Artur Mas
quien borra con aguarrás
más de mil años de Historia
y pone la zanahoria y el palo a los catalanes,
sembrando su vil cizaña,
perpetrando mil desmanes
contra la sagrada España.
Que el politicastro idiota
de Artur Mas suplique y rece
para que ningún patriota
le dé lo que se merece.
Porque su traición, las heces
de su odio y su insolencia,
sus sueños de independencia
que tanto hieren y escuecen
exigen una sentencia
a ejecutar sin clemencia
a la hora en que amanece.
Más poesía en La pluma viperina:
- Democracia (por Ramiro Semper)
- Soneto libio (por Ramiro Semper)
- Soneto del crucifijo (por al Neri)
- Guerra de ripios
Nunca he llegado a comprender bien que Izquierda Unida y ahora los socialistas pidan para España un estado federal.
Para empezar, es el abecé del derecho político que un estado federal solo puede constituirse a partir de la incorporación voluntaria de una serie de estados o regiones a un nuevo ente territorial (que se crea ex novo), al que ceden parte de sus poderes o competencias preexistentes. Por poner un ejemplo (malo, porque entonces no existían estas mandangas), los antiguos reinos peninsulares podrían haberse federado si hubieran querido, otorgando a un gobierno federal una parte de su soberanía. Sin embargo, ahora no podemos hablar de estados independientes sino de meras regiones con autonomía pero sin poderes originarios que han compartido nación y destino durante más de cinco siglos, por lo que resultaría inviable implantar un auténtico federalismo en España.
En segundo lugar sorprende cómo intentan vendernos que el federalismo supondría una mayor cota de autodeterminación para regiones históricas como Cataluña o Vascongadas, cuando el estado español es, sin duda alguna, el modelo más autonomista del mundo. No existe ni un solo estado federal en derecho comparado con un nivel de descentralización mayor que el que caracteriza al engendro autonómico español.
En bastantes sistemas federales del mundo, los estados federados no tienen muchas más atribuciones que las diputaciones provinciales en España.
Es absolutamente inédito, y no hay estados federales que lo contemplen, un disparate como el de los conciertos económicos vascos y el convenio foral navarro, que suponen dotar a estas comunidades autónomas de haciendas propias en gravísimo perjuicio del principio de igualdad entre todos los españoles.
No existe ni un solo estado federal en el planeta en el que se permita, como en España en el artículo 105 de la Constitución (aunque aún no se ha hecho, a Dios gracias), la transferencia y delegación de competencias propiamente federales a los estados federados.
A diferencia de cualquier federación que podamos estudiar en otros países, el modelo autonómico no contempla la llamada cláusula de prevalencia de las normas y competencias del Estado central sobre las de los entes territoriales. Aquí en España hay que estar a cada caso y a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional (y es un lío de cuidado) para saber si una competencia autonómica cede ante una estatal o viceversa.
Y para más inri, nuestra Constitución permite algo jamás visto en los modelos federales: que dos comunidades autónomas puedan unirse entre si así lo desean (Vascongadas y Navarra).
El pillo de Rubalcaba quiere un senado a lo Bundesrat
Vamos, que en la práctica España no solo es ya un estado federal, sino que incluso va mucho más allá que un estado federal.
Aunque en realidad decir “estado federal” es como no decir nada, ya que existen decenas de modelos distintos de federalismo, con diferencias abismales entre sí. La apuesta federalista, así en abstracto, es un brindis al sol, una propuesta política absurda vacía de contenido.
El federalismo simétrico
de Rosa es mil veces mejor
que lo que hay ahora
Conviene también reflexionar sobre ese matiz que introducen los federalistas de izquierda de que quieren un modelo “asimétrico”, es decir una federación donde no todos los estados tengan el mismo nivel de competencias. Extraña semejante pretensión toda vez que parece inimaginable una asimetría mayor que la del estado autonómico que padecemos, y que una de las principales características del estado federal genuino es la simetría en el reparto de competencias. De hecho, la cada vez más valiente Rosa Díez predica precisamente un federalismo cooperativo simétrico, mil veces preferible para España (a pesar del nombre) que el actual estado de las autonomías. Lo triste, al fin y al cabo, es que en cualquiera de los países federales conocidos, cualquier ciudadano de cualquier estado siente con orgullo su pertenencia a la nación común (Estados Unidos, Alemania), mientras que en España, donde, como hemos dicho, las regiones ostentan una autonomía muchísimo mayor que la permitida en los sistemas federales, hay separatistas y traidores a la Patria hasta en la sopa.
Pero como no somos idiotas, más o menos nos olemos las verdaderas intenciones que se esconden detrás de ese idílico federalismo en el que Rubalcaba ve la panacea de las soluciones al conflicto nacionalista. Cuando los sociatas dicen “federal” (muy mal dicho, insisto) hay que saber traducirles y entender que se refieren, entre otras barbaridades, a una profunda reforma del modelo fiscal para dotar de hacienda propia a Cataluña y a una nueva configuración del Senado siguiendo el modelo de la cámara alta alemana, el famoso Bundesrat, al que Alfredo mira con ojos golositos, en el que se vota por regiones en vez de por parlamentarios (cada región tiene un solo voto) y que cuenta con derecho de veto absoluto (insubsanable por el Congreso) sobre las leyes con repercusión en las regiones. Otros posts relacionados en La pluma:
- Devolver competencias
- Reducir el estado autonómico
- Al carajo las diputaciones
LEGISLANDO EN FRÍO: LA PRISIÓN PERMANENTE REVISABL...

References: artículo 25
 artículo 1
 artículo 9
 artículo 15
 artículo 9
 artículo 105