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Timestamp: 2020-07-09 07:18:24+00:00

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Summa contra blasphemos (suma contra los blasfemos) - El blog de Shackra
Summa contra blasphemos (suma contra los blasfemos)
Parte Única (nisi)
Artículo 1: María ¿Es o no es Católica?
Artículo 2: María ¿Es o no su concepción inmaculada?
Artículo 3: María ¿Es o no es siempre virgen?
Objeciones por las que María no parece ser Católica:
María nunca asistió a una Misa porque en la época que ella vivía no existía la Iglesia Católica, por lo tanto María no es Católica.
María nunca fue una mujer blanca y europea como la pintan los artistas Católicos ya que ella en realidad es de la tribu de Judá, por lo tanto María no es Católica.
La Iglesia Católica establece que todos los Católicos deben adherirse de fe a las doctrinas que Ella enseña [CIC 88] desde su creación en el 313 D.C. hasta nuestros días, María nunca creyó en estas doctrinas o practicas, luego María no es Católica.
Contra esto: Difícilmente se puede objetar a la verdadera Iglesia Católica si para cuestionarla se usa en su lugar una imagen errada de Ella, es importante saber qué enseña y qué no para evitar atacar muñecos de paja. Tener conocimiento sobre la historia de la Iglesia, así como el desarrollo de sus practicas y dogmas permiten tener una idea más clara y real de qué es la Iglesia Católica, de dónde vino y a dónde va. Y por supuesto, la posición que tiene su iglesia protestante particular con respecto a Ella.
Respondo: María no es una mujer cualquiera, ella es especial debido a que ella es portadora de Nuestro Salvador, Jesús, Criándolo ella y acompañándolo al inicio de Su vida Publica anunciando la Buena Nueva.
María sí asistió a una Misa, o sea, lo que hoy día la Iglesia Católica celebra, en cuanto a sus partes similares, aunque en su manera sean distintas debido a la diferencia de época y desarrollo litúrgico. En alguna parte de Los Hechos de Los Apóstoles dice: Ellos perseveraban en la doctrina de los apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. (Hechos 2, 42), es pues, lógico pensar que María al estar con los Apóstoles en Pentecostés (Hechos 1, 14) también estaba presente en esos momentos en lo que esta practica tenia lugar.
María ciertamente es Judía en cuanto a raza, pero en cuanto a religión ella es Católica desde el momento en el que acepta cooperar con Dios para hacer posible la encarnación de la segunda persona de la Trinidad, Jesús, quien edificara 33 años después su Iglesia militante sobre la roca que era Simón Pedro. La raza no es razón de exclusión para formar parte de la Iglesia. Y en distintas culturas donde la Iglesia de Cristo esta presente, es normal retratar a María con los rasgos raciales de las personas que pertenecen a dicha cultura.
El descubrimiento de las verdades contenidas en la Revelación divina o las verdades que propone la Iglesia de manera definitiva y que tienen relación con la Revelación divina un vinculo necesario, esto en ejercicio de la autoridad conferida por Cristo Jesús a Ella, fue paulatino, o sea, con el pasar de los siglos. Sin embargo, siendo María obediente a Dios y a su voluntad (cf. Lucas 1, 46-48) se sigue que ella es obediente con aquellos a quienes Jesús les dio autoridad sobre su Iglesia (cf. Lucas 22, 29-30), entonces es de esperar que ella sea obediente a lo que los Apóstoles enseñen, si hubiese algo descubierto que enseñar, o practicase, si hubiese una practica que abrazar.
(Lo siguiente es una extensa cita de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino que lidia con éstas objeciones)
Artículo 1: ¿Fue santificada la Virgen María antes de su nacimiento del seno materno?
objeciones por las que parece que la Virgen María no fue santificada antes de su nacimiento del seno materno.
Porque dice el Apóstol en 1 Cor 15,46: No es primero lo espiritual, sino lo animal; después lo espiritual. Ahora bien, por la gracia santificante nace el hombre espiritualmente en cuanto hijo de Dios, conforme a lo que se dice en Jn 1,13: Han nacido de Dios. En cambio, el nacimiento del seno materno es nacimiento animal. Luego la Virgen María no fue santificada antes de nacer del seno materno.
Dice Agustín en la Epístola Ad Dardanum: La santificación, por la que somos hechos templo de Dios, no se realiza sino en los que han renacido. Pero nadie renace si antes no nace. Luego la Virgen María no fue santificada antes de nacer del seno materno.
Todo el que es santificado por la gracia queda limpio del pecado original y del actual. Si, pues, la Virgen María fue santificada antes de su nacimiento del seno materno, se seguiría que fue limpia del pecado original. Ahora bien, sólo este pecado podía impedirla entrar en el reino de los cielos. Por consiguiente, en caso de haber muerto entonces, parece que hubiera entrado en el reino celestial. Pero esto no fue posible antes de la pasión de Cristo, conforme a estas palabras del Apóstol: Tenemos confianza para la entrada en el santuario por la sangre de Jesús (Heb 10,19). Luego parece que la Virgen María no fue santificada antes de nacer del seno materno.
El pecado original se contrae por el origen, como el actual se contrae por el acto. Ahora bien, nadie puede ser purificado del pecado actual mientras se mantiene en el acto de pecar. Luego tampoco la Virgen María pudo ser limpia de pecado original mientras permanecía en el mismo acto de su origen, cuando se hallaba aún en el seno materno.
Contra esto: está el hecho de que la Iglesia celebra la Natividad de la Santísima Virgen. Pero en la Iglesia sólo se celebra fiesta por un santo. Luego la Virgen María fue santa en su nacimiento. Por tanto, fue santificada en el seno materno.
Respondo: Sobre la santificación de la Virgen María, esto es, que haya sido santificada en el seno materno, la Sagrada Escritura no dice nada. Ni siquiera menciona su nacimiento. Sin embargo, así como Agustín, en el escrito De Assumptione, arguye razonablemente que la Santísima Virgen fue asunta corporalmente a los cielos, aunque la Escritura no lo menciona, así también podemos inferir razonablemente que fue santificada en el seno materno. Es, pues, razonable creer que aquella que engendró al Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14), recibió mayores privilegios de la gracia que todos los otros. Por eso se lee en Lc 1,28, que el ángel le dijo: Dios te salve, llena de gracia. Pero es sabido que algunos otros recibieron el privilegio de ser santificados en el seno materno. Tal aconteció con Jeremías, al que se le dice: Antes de que salieras del seno materno, te santifiqué (Jer 1,5); y con Juan el Bautista, del que se lee en Lc 1,15: Será lleno del Espíritu Santo ya desde el seno materno. Luego es razonable creer que la Virgen María fue santificada antes de nacer del seno materno.
También en la Virgen María fue primero lo animal, y después lo espiritual, porque primero fue corporalmente concebida, y después espiritualmente santificada.
Agustín habla de la ley ordinaria, según la cual nadie es regenerado si primero no ha nacido. Pero Dios no ligó su poder a esta ley de los sacramentos, de modo que no pueda, por especial privilegio, otorgar su gracia a algunos antes de que nazcan del seno materno.
La Virgen María fue santificada en el seno materno en cuanto a la mancha personal del pecado original, pero no fue liberada del reato que pesa sobre toda la humanidad, de modo que no pueda entrar en el paraíso sino mediante el sacrificio de Cristo, como se dice también respecto de los santos padres que vivieron antes de El.
El pecado original se adquiere por el origen, puesto que a través de él se comunica la naturaleza humana, con la que propiamente se relaciona el pecado original. Y eso sucede en el momento de la animación de la prole concebida. Por lo que nada impide que, después de la animación, sea santificada la prole concebida, pues ésta no permanece en el seno materno para recibir la naturaleza humana, que ya posee, sino para lograr alguna perfección de la misma.
Artículo 2: La Virgen María, ¿fue santificada antes de su animación?
Objeciones por las que parece que la Virgen María fue santificada antes de la animación.
Porque, como queda dicho, la gracia otorgada a la Virgen Madre de Dios es superior a la concedida a alguno de los santos. Ahora bien, a algunos de éstos parece que les fue otorgada la santificación antes de su animación. Efectivamente, en Jer 1,5 se dice: Antes de formarte en el seno materno, te conocí. Pero el alma no es infundida antes de la formación del cuerpo. Igualmente, a propósito de Juan Bautista, comenta Ambrosio In Lúe.: Todavía no tenía espíritu de vida, y ya poseía el espíritu de la gracia. Luego, con mucha mayor razón, pudo ser santificada la Virgen María antes de la animación.
Como dice Anselmo en su libro De Conceptu Virginali, fue conveniente que la Virgen resplandeciese con una pureza tan grande, que sólo en Dios pueda concebirse otra mayor. Pero eso se dice también en Cant 4,7: Eres toda hermosa, amiga mía, y no hay mancha en ti. Ahora bien, la pureza de la Santísima Virgen sería mayor si nunca hubiera sido manchada con la corrupción del pecado original. Luego le fue concedida la santificación antes de que su carne fuera animada.
Como se dijo, sólo se celebra fiesta de un santo. Ahora bien, algunos celebran la fiesta de la Concepción de la Virgen María. Luego parece que fue santa en la misma concepción. Y, en consecuencia, parece que fue santificada antes de la animación.
El Apóstol dice en Rom 11,16: Si la raíz es santa, también lo son las ramas. La raíz de los hijos son los padres. Luego la Virgen María también pudo ser santificada en sus padres antes de la animación.
Contra esto: está que los acontecimientos del Antiguo Testamento son figura del Nuevo, conforme a lo que se lee en 1 Cor 10,11: Todo les sucedía en figura. Ahora bien, por la santificación del tabernáculo, de la que se dice en Sal 45,5: El Altísimo santificó su tabernáculo, parece significarse la santificación de la Madre de Dios, llamada tabernáculo de Dios según aquellas palabras de Sal 18,6: Puso en el sol su tabernáculo. Pero del tabernáculo se dice en Ex 40,31-32: Después de que todo estuvo terminado, cubrió la nube el tabernáculo del testimonio, y lo llenó la gloria del Señor. Luego tampoco la Virgen María fue santificada hasta después de haber sido terminados todos sus elementos, es decir, su cuerpo y su alma.
Respondo: La santificación de la Virgen María antes de su animación no es admisible por dos motivos. Primero, porque la santificación de que hablamos no es otra cosa que la limpieza del pecado original, puesto que la santidad es la limpieza perfecta, según dice Dionisio en el c.12 del De Div. Nom.. Ahora bien, la culpa no puede limpiarse más que por medio de la gracia, cuyo sujeto es solamente la criatura racional. Y, por tanto, la Virgen María no fue santificada antes de la infusión del alma racional.
Segundo, porque al ser exclusivamente sujeto de la culpa el alma racional, antes de la infusión de la misma, la prole concebida no está sometida a la culpa. Y así, de cualquier manera en que la Virgen María hubiera sido santificada antes de la animación, jamás hubiese incurrido en la mancha de la culpa original y, en consecuencia, tampoco hubiera necesitado de la redención y de la salvación, que viene por Cristo, de quien se dice en Mt 1,21: El salvará a su pueblo de sus pecados. Pero resulta inaceptable que Cristo no sea el Salvador de todos los hombres, como se afirma en 1 Tim 4,10. De donde se concluye que la santificación de la Virgen María tuvo lugar después de su animación.
El Señor asegura que conoció a Jeremías antes de su formación en el seno materno, es a saber, con el conocimiento de la predestinación; en cambio, dice que le santificó no antes de su formación, sino antes de que saliera del seno materno, etcétera. La afirmación de Ambrosio sobre Juan Bautista, de que tenía ya el espíritu de la gracia antes de tener espíritu de vida, no debe entenderse en el sentido de que espíritu de vida equivalga a alma vivificante, sino en cuanto sinónimo del aire exterior que respiramos. O también se puede decir que todavía no había en él espíritu de vida, es decir, alma, por lo que se refiere a sus operaciones completas y manifiestas.
Si el alma de la Santísima Virgen no hubiera estado nunca manchada con la corrupción del pecado original, eso rebajaría la dignidad de Cristo, que emana de ser el Salvador universal de todos. Y por eso, después de Cristo, que no necesitó de salvación, por ser el Salvador universal, la pureza de la Santísima Virgen fue la máxima. Cristo no contrajo en modo alguno el pecado original, sino que fue santo en su misma concepción, según las palabras de Lc 1,35: Lo santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. En cambio, la Virgen María sí contrajo el pecado original, aunque fue purificada del mismo antes de nacer del seno materno. Y esto es dado a entender en Job 3,9, donde, refiriéndose a la noche del pecado original, se dice: Espere la luz es decir, a Cristo, y no la vea (porque nada manchado ha entrado en tal luz como se lee en Sab 7,25), ni el nacimiento de la aurora que despunta, esto es, de la Santísima Virgen, que en su nacimiento estuvo exenta de pecado original.
Aunque la Iglesia romana no celebra la Concepción de la Santísima Virgen, tolera, sin embargo, la costumbre de celebrarla por parte de algunas iglesias. Por eso no debe reprobarse totalmente tal celebración. No obstante, al celebrar la fiesta de la Concepción, no se da a entender que fuera santa en su concepción. Sino que, al ignorarse el tiempo en que fue santificada, se celebra más bien la fiesta de su santificación que la de su concepción, en el día que ésta tuvo lugar.
Hay dos santificaciones: Una, la de toda la naturaleza humana, en virtud de la cual ésta queda libre de toda corrupción de culpa y de pena. Tal santificación tendrá lugar en la resurrección. Otra, la personal. Esta no pasa a la prole engendrada según la carne, porque tal santificación no afecta al cuerpo, sino al alma. Y, por eso, aunque los padres de la Santísima Virgen estuvieron limpios del pecado original, la Virgen María lo contrajo al ser concebida según la concupiscencia carnal y en virtud de la unión entre hombre y mujer, pues dice Agustín, en el libro De nuptiis et concupiscentia, que toda carne nacida en virtud de concúbito es carne de pecado.
Artículo 3: ¿Estuvo la Virgen María limpia de la infección del "fomes"?
Objeciones por las que parece que la Santísima Virgen no estuvo limpia de la infección del «fomes».
Como es pena del pecado original el «fomes», que consiste en la rebelión de las fuerzas inferiores contra la razón, así también son pena del pecado original la muerte y las demás molestias corporales. Ahora bien, la Santísima Virgen estuvo sujeta a estas penalidades. Luego tampoco el «fomes» fue totalmente eliminado de ella.
En 2 Cor 12,9 se dice: La virtud se perfecciona en la flaqueza; y se habla de la flaqueza del «fomes», a causa de la cual sufría el Apóstol el aguijón de la carne (v.7). Pero nada de lo que afecte a la virtud ha de negarse a la Virgen Santísima. Luego ésta no debió quedar totalmente exenta del «fomes».
Dice el Damasceno que el Espíritu Santo descendió sobre la Santísima Virgen para purificarla antes de la concepción del Hijo de Dios. Esto no puede entenderse más que de la purificación del «fomes», pues no cometió pecado, como dice Agustín en el libro De natura etffaíta. Luego por la santificación en el seno materno no fue totalmente purificada del «fomes».
Contra esto: está lo que se dice en Cant 4,7: Eres toda hermosa, amiga mía, y no hay mancha en ti. Pero el «fomes» implica mancha, al menos de la carne. Luego en la Santísima Virgen no existió el «fomes».
Respondo: Sobre este problema hay diversas opiniones. Unos dijeron que, en la misma santificación que la Virgen María recibió en el seno materno, le fue totalmente quitado el «fomes». Otros enseñan que le quedó el «fomes» en lo que implica dificultad para el bien, pero no en cuanto supone inclinación al mal. Algunos sostienen que en Ella fue suprimido el «fomes» en cuanto afecta a la corrupción de la persona, según impele al mal y dificulta el bien; permaneció, en cambio, en lo que atañe a la corrupción de la naturaleza, a saber, en cuanto es causa de transmitir a la prole el pecado original. Otros, finalmente, defienden que en la primera santificación permaneció el «fomes» en cuanto a su esencia, pero ligado, siéndole totalmente quitado en la concepción del Hijo de Dios.
Para entender estas opiniones es necesario tener en cuenta que el «fomes» no es otra cosa que la concupiscencia desordenada habitual del apetito sensitivo, porque la concupiscencia actual es el impulso del pecado. Se dice que la concupiscencia de la sensualidad es desordenada, en cuanto que se opone a la razón, al inclinar al mal a la vez que dificulta la práctica del bien. Y por eso pertenece al mismo concepto del «fomes» el inclinar al mal y el dificultar el bien. De donde poner en la Virgen María un «fomes» que no inclina al mal equivale a poner dos cosas opuestas.
Del mismo modo, también parece incluir contradicción la permanencia del «fomes» en lo referente a la corrupción de la naturaleza, y no en lo que atañe a la corrupción de la persona. En efecto, según Agustín en el libro De nuptiis et concupiscentia, la libido es la que transmite el pecado original a la prole. Pero la libido implica una concupiscencia desordenada por no estar totalmente sometida a la razón. Y por eso, si el «fomes» se suprimiese en lo referente a la corrupción de la persona, no podría subsistir en lo que pertenece a la corrupción de la naturaleza.
Queda, pues, decir que el «fomes» o fue totalmente suprimido por la primera santificación, o permaneció aherrojado. Pudiera entenderse que el «fomes» fue totalmente suprimido, en el sentido de que a la Santísima Virgen le fuera concedido, por la abundancia de la gracia que descendió sobre ella, el que la disposición de las fuerzas de su alma fuese tal que las fuerzas inferiores no se moviesen en ella sin la deliberación de la razón, como se dijo que aconteció en Cristo (q.15 a.2), de quien consta que no tuvo el «fomes» del pecado; y como sucedió en Adán antes del pecado por virtud de la justicia original. En este sentido, la gracia de la santificación en la Virgen María hubiera tenido el vigor de la justicia original. Pero, aunque esta explicación parece convenir a la dignidad de la Virgen Madre, menoscaba, sin embargo, en algo la dignidad de Cristo, sin cuya virtud nadie ha sido liberado de la primera condenación. Y aunque por la fe en Cristo, antes de su encarnación, algunos hayan sido libres de aquella condenación según el espíritu, no parece obligado, sin embargo, que alguno fuese liberado de tal condenación según la carne sino después de su encarnación, en la que, por primera vez, debió manifestarse la inmunidad de dicha condenación. Y por eso, como antes de la inmortalidad de la carne de Cristo resucitado nadie consiguió la inmortalidad del cuerpo, asimismo no parece conveniente sostener que antes de la carne de Cristo, en la que no hubo pecado alguno, la carne de la Virgen, su Madre, o de cualquier otro haya estado exenta del «fomes», llamado ley de la carne o de los miembros (Rom 7,23.25). Y, por esta razón, parece mejor decir que, mediante la santificación en el seno materno, no le fue quitado a la Virgen el «fomes» en cuanto a la esencia, sino que permaneció ligado. Y no por un acto de su razón, como sucede en los santos, porque no tuvo uso de razón desde el primer instante de su existencia en el seno materno ---esto fue privilegio especial de Cristo---, sino por la abundancia de la gracia que recibió en la santificación y, de modo más perfecto, por la providencia divina, que impidió todo movimiento desordenado en la parte sensitiva. Después, en la misma concepción de Cristo, en la que debió brillar por primera vez la inmunidad del pecado, debemos creer que se produjo en la Madre la supresión total del «fomes» por la influencia del Hijo en ella. Y esto está figurado en Ez 43,2, cuando se dice: He aquí que la gloria de Dios entraba por la vía oriental, es decir, por medio de la Santísima Virgen, y la tierra, esto es, su carne, resplandecía por su gloria, es a saber, por la gloria de Cristo.
La muerte y las penalidades de este género, por su propia naturaleza, no inclinan al pecado. Y por eso, aunque Cristo asumió esas penalidades, no tomó, sin embargo, el «fomes». Por donde también en la Santísima Virgen, a fin de que se asemejase a su Hijo, de cuya plenitud recibía la gracia (Jn 1,16), primero permaneció el «fomes» ligado, siendo luego quitado; pero no estuvo exenta de la muerte y de las otras penalidades de este género.
La flaqueza de la carne, incluida en el «fomes», es ocasión de virtud perfecta en los hombres santos; pero no es causa sin la que sea imposible lograr la perfección. Basta, por tanto, poner en la Santísima Virgen la virtud perfecta y la abundancia de la gracia, sin que sea necesario asentar en ella todas las ocasiones de perfección.
El Espíritu Santo realizó en la Santísima Virgen una doble purificación. La primera, como preparación para la concepción de Cristo, que no consistió en la limpieza de alguna impureza de culpa o de «fomes», sino en el recogimiento sobre uno solo y en la elevación por encima de la multitud. También se dice que son purificados los ángeles, en los que no hay impureza alguna, como escribe Dionisio en el c.6 del De Ecclesiast. Hier.. La segunda purificación fue realizada en ella por el Espíritu Santo mediante la concepción de Cristo, que fue obra de Aquél. Y, en este aspecto, puede decirse que la purificó totalmente del «fomes».
Artículo 4: Por la santificación en el seno materno, ¿fue preservada la Santísima Virgen de todo pecado actual?
Porque, como acabamos de decir, después de la primera santificación permaneció en la Virgen el «fomes» del pecado. Pero el movimiento del «fomes», aun cuando se anticipe a la razón, es pecado venial, aunque levísimo, como dice Agustín en el libro De Trin.. Luego en la Santísima Virgen existió algún pecado venial.
Comentando el pasaje de Lc 2,35: Una espada atravesará tu alma,
dice Agustín, en el libro Quaest. Vet. et Nov. Test., que la Santísima Virgen, sacudida por un cierto estupor en la muerte del Señor, dudó. Ahora bien, dudar sobre la fe es pecado. Luego la Santísima Virgen no fue preservada inmune de todo pecado.
El Crisóstomo, exponiendo las palabras de Mt 12,47: He aquí que tu madre y tus hermanos están fuera buscándote, comenta: Es claro que sólo por vanagloria hacían esto. Y a propósito del pasaje de Jn 2,3:
No tienen vino, dice el mismo Crisóstomo que quería conquistar la gracia de los asistentes, y hacerse a sí misma más célebre por medio de su Hijo;y, tal vez era víctima de alguna flaqueza humana, como lo fueron los parientes de Jesús al decirle: Manifiéstate al mundo. Y, poco después, añade: Aún no tenía de él la opinión que debía. Todo eso consta que es pecado. Luego la Santísima Virgen no fue preservada inmune de todo pecado.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro De Natura et Gratia: Sobre Santa María Virgen, por el honor de Cristo, no quiero plantear absolutamente ninguna cuestión cuando se trata de pecados. Porque sabemos que a ella le fue conferida más gracia para vencer al pecado por todos sus flancos, puesto que mereció concebir y dar a luz al que nos consta que no tuvo pecado alguno.
Respondo: Aquellos sujetos elegidos por Dios para una misión son preparados y dispuestos por El de modo que sean idóneos para desempeñarla, conforme a lo que se lee en 2 Cor 3,6: Nos hizo ministros idóneos de la Nueva Alianza. Y la Virgen Santísima fue divinamente elegida para ser Madre de Dios. De ahí que no quepa dudar de que Dios, por medio de su gracia, la hizo idónea para tal misión, de acuerdo con lo que le dijo el ángel: Has hallado gracia delante de Dios: He aquí que concebirás, etc. (Le 1,30). Ahora bien, no hubiera sido idónea Madre de Dios en caso de que hubiera pecado alguna vez. Ya porque el honor de los padres redunda en los hijos, según palabras de Prov 17,6: Gloria de los hijos son sus padres. De donde también, por el contrario, la ignominia de la madre redundaría en el Hijo. Ya porque tuvo una afinidad singular con Cristo, que en ella se encarnó. Y en 2 Cor 6,15 se lee: ¿Qué concordia puede existir entre Cristo y Belial? Ya, finalmente, porque el Hijo de Dios, que es la Sabiduría divina (1 Cor 1,24), habitó en ella de una manera especial, y no sólo en su alma, sino también en su seno. En Sab 1,4 se dice: La sabiduría no entrará en alma que obra el mal, ni habitará en un cuerpo sometido al pecado.
Y, por tanto, es necesario decir de forma absoluta que la Santísima Virgen no cometió ningún pecado actual, ni mortal ni venial, para que, de este modo, se cumpla en ella lo que se lee en Cant 4,7: Toda hermosa eres, amiga mía, y no hay mancha en ti, etc..
En la Santísima Virgen, después de su santificación en el seno materno, permaneció el «fomes», pero ligado; esto es, para que no prorrumpiese en acto alguno desordenado que se anticipase al acto de la razón. Y aunque la gracia de la santificación obrase con esa finalidad, no era suficiente para conseguirlo. De otro modo, por la virtud de esa gracia se le hubiera otorgado que no pudiera surgir en sus sentidos movimiento alguno que no estuviera prevenido por la razón, y esto equivaldría a no tener el «fomes», hipótesis que contradice lo que acabamos de decir. Por tanto, es necesario decir que el complemento para esa represión provino de la Providencia divina, que no permitía que brotase del «fomes» movimiento alguno desordenado.
Las palabras citadas de Simeón son interpretadas por Orígenes y otros Doctores como referidas al dolor que padeció la Santísima Virgen en la pasión de Cristo. Ambrosio, en cambio, dice que la espada alude a la prudencia de María, conocedora del misterio celestial. La palabra de Dios es viva y poderosa, y más aguda que una espada afilada.
Pero otros traducen la espada por duda; pero no duda de infidelidad, sino de admiración y de reflexión. Efectivamente, dice Basilio en la Epístola ad Optimum que la Santísima Virgen, situada junto a la cruz y contemplando todo lo que sucedía, después de la revelación de Gabriel, después del conocimiento inefable de la concepción divina, y tras una ingente manifestación de milagros, estaba interiormente indecisa, al ver, por una parte, que sufría ignominias y al considerar, por otra, sus obras maravillosas.
El Crisóstomo se propasó en las palabras citadas. Sin embargo pueden interpretarse entendiendo que el Señor cohibió en ella no el movimiento propio desordenado de vanagloria, sino el proveniente de lo que otros pudieran juzgar.
Artículo 5: ¿Alcanzó la Santísima Virgen la plenitud de gracia por su santificación en el seno materno?
Esto parece que es un privilegio de Cristo, conforme a lo que se lee en Jn 1,14: Lo vimos, como Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Pero lo que es propio de Cristo no se ha de atribuir a otro.
Luego la Santísima Virgen no recibió la plenitud de gracia en su santificación.
A lo que está lleno y es perfecto no se le puede añadir nada, porque es perfecto lo que no carece de nada, como se dice en III Phys.. Pero la Santísima Virgen recibió luego un aumento de la gracia al concebir a Cristo, conforme a lo que se le dijo según Lc 1,35: El Espíritu Santo vendrá sobre ti. Y volvió a recibirlo cuando fue asunta a los cielos. Luego da la impresión de que no tuvo la plenitud de las gracias en su primera santificación.
Dios no hace nada en vano, como se dice en I De Cáelo et Mundo. Pero hubiera tenido en vano determinadas gracias, que nunca ejercería, pues no leemos que Ella haya enseñado, lo cual es un acto de sabiduría;
o que haya hecho milagros, que es un acto de una gracia gratis dada. Por consiguiente, no tuvo la plenitud de las gracias.
Respondo: Cuanto algo está más cerca del principio en cualquier género de cosas, tanto más participa de los efectos de dicho principio. De donde infiere Dionisio, en el c.4 De Cael. Hier., que los ángeles, por estar más cerca de Dios, participan en mayor medida que los hombres de las excelencias divinas. Cristo es el principio de la gracia: como autor, por su divinidad; como instrumento, por su humanidad. Por esto se dice en Jn 1,17: La gracia y la verdad vino por Jesucristo. Ahora bien, la Santísima Virgen María gozó de la suprema proximidad a Cristo según la humanidad, puesto que de ella recibió la naturaleza humana. Y, por tanto, debió obtener de Cristo una plenitud de gracia superior a la de los demás.
Dios da a cada uno su gracia en conformidad con la misión para la que le elige. Y como Cristo, en cuanto hombre, fue predestinado y elegido para ser Hijo de Dios con poder de santificar (Rom 1,4), poseyó como propio tener tal plenitud de gracia que se derramase sobre todos, de acuerdo con lo que se dice en Jn 1,16: De su plenitud hemos recibido todos. Ahora bien, la Santísima Virgen María poseyó tal plenitud de gracia, que fue la más próxima al autor de dicha gracia, hasta el extremo de recibir en sí misma al que está lleno de toda gracia y, al darlo a luz, hacer llegar la gracia a todos.
En las cosas naturales lo primero es la perfección dispositiva, como acontece cuando la materia está perfectamente dispuesta para la forma. Luego viene la perfección de la forma, que es superior, pues el mismo calor que procede de la forma del fuego es más perfecto que el que dispone para recibir la forma de fuego. En tercer lugar está la perfección del fin, como cuando el fuego alcanza de modo perfectísimo sus propias cualidades, al llegar a su lugar natural.
Y del mismo modo hubo en la Santísima Virgen una triple perfección de gracia. La primera, en calidad de dispositiva, por la que se hacía idónea para ser Madre de Cristo; y ésta fue la perfección de la santificación. La segunda perfección de la gracia se produjo en la Santísima Virgen con la presencia del Hijo de Dios encarnado en su seno. Y la tercera perfección es la del fin, que posee en la gloria.
Que la segunda perfección sea superior a la primera, y la tercera a la segunda, es manifiesto, en primer lugar, por la liberación del mal. Pues, primeramente, en su santificación fue liberada de la culpa original; después, en la concepción del Hijo de Dios fue totalmente limpia del «fomes»; finalmente, en su glorificación quedó exenta de toda miseria. En segundo lugar, con relación al bien. Pues, primeramente, en su santificación alcanzó la gracia que la inclinaba al bien; en la concepción del Hijo de Dios le fue perfeccionada tal gracia, confirmándola en el bien; en su glorificación se remató esa gracia, consiguiéndola la fruición de todo bien.
No se puede dudar de que la Santísima Virgen haya recibido, de modo excelente, ya el don de la sabiduría, ya el don de los milagros, y hasta el carisma profético, como los tuvo Cristo. Pero no los recibió para tener el uso de estas y otras gracias semejantes, como lo tuvo Cristo, sino de un modo acomodado a su condición. Tuvo, en efecto, el uso de la sabiduría en la contemplación, según el pasaje de Lc 2,19: María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. No tuvo, en cambio, el uso de la sabiduría para enseñar, porque eso no era propio del sexo femenino, conforme a lo que se lee en 1 Tim 2,12: No permito que la mujer enseñe. El uso del don de milagros no la competía mientras viviera, porque en aquel tiempo la doctrina de Cristo precisaba de ser confirmada con milagros; y por eso, únicamente convenía hacer milagros a Cristo y a sus discípulos, que eran los mensajeros de la doctrina de Cristo. Por lo cual, también de Juan Bautista se dice en Tn 10,41 que no hizo ningún milagro, esto es, que a fin de que todos concentrasen su atención en Cristo. Tuvo, en cambio, el uso de la profecía, como consta por el cántico que compuso: Alaba mi alma al Señor (Le 1,46).
Artículo 6: La santificación en el seno materno, después de Cristo, ¿fue algo exclusivo de la Santísima Virgen?
Porque se ha dicho que la Santísima Virgen fue santificada en el seno materno con el fin de que se convirtiese en idónea Madre de Dios. Pero esta dignidad es exclusiva de ella. Luego sólo ella fue santificada en el seno materno.
Da la impresión de que algunos han sido más allegados a Cristo que Jeremías y Juan Bautista, de los que se dice que fueron santificados en el seno materno. Cristo, efectivamente, es llamado, de modo especial, hijo de David y de Abrahán a causa de la promesa hecha particularmente a ellos acerca de Cristo. Isaías también profetizó expresísimamente sobre Cristo. Y los Apóstoles vivieron asimismo en sociedad con El. Y, sin embargo, en ningún sitio se lee que fuesen santificados en el seno materno. Luego tampoco a Jeremías y a Juan Bautista les conviene ser santificados en el seno materno.
Job 31,18 dice de sí mismo: Desde mi infancia creció conmigo la misericordía, y del seno de mi madre salió conmigo. Y, sin embargo, no por eso afirmamos que fuese santificado en el seno materno. Por consiguiente, tampoco es preciso decir que lo fueran Juan Bautista y Jeremías.
Contra esto: está lo que se dice de Jeremías: Antes de que salieras del vientre, te santifiqué (Jer 1,5). Y de Juan Bautista leemos en Lc 1,15: Estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre.
Respondo: Agustín, en la Epístola Ad Dardanum, parece expresarse con dudas sobre la santificación de estas figuras en el seno materno. Pudo suceder, como él mismo dice, que la exultación de Juan en el seno materno fuese la señal de un acontecimiento tan maravilloso, es a saber, que una mujer fuera Madre de Dios, afín de que lo conocieran los mayores, sin que lo conociera el niño. Por eso no se dice en el Evangelio: Creyó el niño en el seno materno, sino exultó. Pero vemos que la exultación no sólo se da en los niños, sino también en los animales. Esta, sin embargo, fue desacostumbrada, porque se realizó en el seno materno. Y por eso, como suele acontecer con los milagros, tal exultación fue obra divina en el niño, no obra humana del niño. Y aun dado que en aquel niño se hubiera acelerado tanto el uso de la razón y de la voluntad que, dentro de las entrañas maternas, pudiese y a conocer, creer y consentir, cosas que en los demás niños han de venir con la edad, pienso que eso debe considerarse como un milagro del poder divino.
Y no es creíble que algunos otros hayan sido santificados en el seno materno, puesto que no los menciona la Sagrada Escritura. La razón está en que privilegios de esta clase de gracia, conferidos a algunos fuera de la ley común, se ordenan al bien de los demás, conforme al texto de 1 Cor 12,7: A cada uno se le da la manifestación del Espíritu para utilidad (de los demás); utilidad que no existiría si proviniese de una santificación en el seno materno desconocida por la Iglesia.
Y aunque no podamos señalar el motivo de los juicios de Dios, esto es, por qué otorga el don de la gracia a éste y no a aquél, parece, sin embargo, conveniente que ambos fuesen santificados en las entrañas maternas, para presagiar la santificación que había de ser realizada por Cristo. Primero, por su pasión, según el pasaje de Heb 13,12: Jesús, para santificar al pueblo por medio de su sangre, padeció fuera de la puerta. Pasión que fue clarísimamente pronosticada por Jeremías con palabras y gestos, y explícitamente prefigurada en sus sufrimientos. Segundo, por el bautismo, conforme al texto de 1 Cor 6,11: Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados. Para este bautismo preparó Juan a los hombres con el suyo.
La Santísima Virgen, que fue elegida por Dios para madre suya, alcanzó una gracia de santificación superior a la de Juan Bautista y a la de Jeremías, elegidos para prefigurar de modo especial la santificación de Cristo. Señal de esto es que a la Santísima Virgen le fue concedido no pecar jamás ni mortal ni venialmente; en cambio, a los otros santificados se cree que les fue otorgado no pecar mortalmente, mediante la protección de la gracia divina.
En otros aspectos pudieron existir santos más unidos a Cristo que Jeremías y Juan Bautista. Pero éstos estuvieron muy unidos a él como figuras expresas de su santificación, como queda dicho.
La compasión de que habla Job no designa una virtud infusa, sino que alude a una inclinación natural hacia los actos de tal virtud.
Artículo 1: La Madre de Dios, ¿fue virgen al concebir a Cristo?
Porque ningún hijo que tiene padre y madre es concebido de madre virgen. Ahora bien, de Cristo se dice no sólo que tiene madre, sino también padre, pues en Lc 2,33 se escribe: Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían acerca de él. Y después (v.48) su propia madre dice: He aquí que yo y tu padre, apenados, te buscábamos. Luego Cristo no fue concebido de madre virgen. 2. En Mt 1,1 si se prueba que Cristo fue hijo de Abrahán y de David, por descender José de David. Pero tal prueba resultaría nula si José no fuera padre de Cristo. Luego parece que la Madre de Cristo concibió a éste de José. Y, de esta manera, da la impresión de que no fue virgen al concebir.
En Gal 4,4 se dice: Dios envió a su Hijo nacido de mujer. Ahora bien, según la manera normal de hablar, se llama mujer a la que ha concebido varón. Luego Cristo no fue concebido de madre virgen.
Los seres que son de la misma especie son engendrados del mismo modo, porque la generación se especifica por el término, como los demás movimientos. Pero Cristo fue de la misma especie que los demás hombres, según Flp 2,7: Se hizo semejante a los hombres, y se manifestó en su porte como hombre. Luego, siendo engendrados los otros hombres mediante la unión del varón con la mujer, parece que Cristo tuvo que ser engendrado de modo semejante. Y, así, no parece que fuera concebido de madre virgen.
Cualquier forma natural tiene una materia determinada, fuera de la cual no puede existir. Pero la materia de la forma humana parece ser el semen del varón y el de la mujer. Por consiguiente, si el cuerpo de Cristo no hubiera sido concebido del semen del hombre y de la mujer, no sería de verdad cuerpo humano, lo que es una hipótesis inadmisible. Parece, por tanto, que no fue concebido de madre virgen.
Contra esto: está que en Is 7,14 se dice: He aquí que la virgen concebirá.
Respondo: Es absolutamente necesario confesar que la madre de Cristo concibió de modo virginal. Lo contrario es la herejía de los Ebionitas y de Cerinto, quienes tienen a Cristo por un puro hombre, y piensan que nació de la unión de ambos sexos. La concepción virginal de Cristo es conveniente por cuatro motivos. Primero, por salvaguardar la dignidad del Padre que le envía. Al ser Cristo verdadero y natural Hijo de Dios, no fue oportuno que tuviera otro padre más que Dios, a fin de que la dignidad de Dios no fuese transferida a otro alguno.
Tercero. Eso fue conveniente a la dignidad de la humanidad de Cristo, en la que no debió haber sitio para el pecado, puesto que por medio de ella era quitado el pecado del mundo, según Jn 1,29: He aquí el Cordero de Dios, es decir, el inocente, quien quita el pecado del mundo. Pero no era posible que de una naturaleza ya corrompida por la unión sexual naciese una carne exenta de la contaminación del pecado original. Por eso dice Agustín en el Libro De nuptüs et concupiscentia: Sólo allí no hubo unión sexual, es a saber, /en el matrimonio de María y José, porque en carne de pecado no podía realizarse tal unión sin aquella concupiscencia de la carne, que proviene del pecado, sin la que quiso ser concebido aquel que no tendría pecado.
Cuarto. Por el mismo fin de la encarnación de Cristo, que se ordenó a que los hombres renaciesen como hijos de Dios no de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino de Dios (Jn 1,13), es decir, del poder de Dios. El ejemplar de este acontecimiento debió manifestarse en la misma concepción de Cristo. Por lo que escribe Agustín en el libro De sancta virginitate: Convenía que nuestra cabeza, por un milagro extraordinario, naciese corporalmente de una virgen, afín de dar a entender que sus miembros nacerían, espirítualmente, de la Iglesia virgen.
Como escribe Beda In Lúe.: José era llamado padre del Salvador, no porque lo fuese realmente, como enseñaban los fotinianos, sino porque, a fin de salvaguardar la fama de María, los hombres lo consideraron como su padre. Por lo que se dice en Lc 3,23: Según se creía, (era) hijo de José. O, como dice Agustín en el libro De bono coniugali: José es llamado padre de Cristo del mismo modo en que también es reconocido marido de María, sin cópula carnal, sino en virtud de la unión del matrimonio; de manera que así estuvo más unido a El que lo hubiera estado en caso de haber sido adoptado de otro modo. Ni era motivo para que José no fuese llamado padre de Cristo el que no le hubiese engendrado por medio de la conmixtión sexual, ya que también sería padre de uno que hubiera adoptado de otro modo, sin ser engendrado de su propia esposa
Como escribe Jerónimo, In Matth., sin ser José padre del Señor Salvador, el orden genealógico se prolonga hasta José: Primero, porque las Escrituras no acostumbran a fijar las genealogías a través de las mujeres. Segundo, porque María y José eran de la misma tribu, por lo que la ley le obligaba a tomarla por ser su semejante. Y, como dice Agustín en el libro De nuptiis et concupiscentia, fue preciso que la serie de las generaciones se prolongase hasta José, para que en aquel matrimonio no se hiciese afrenta al sexo masculino, ciertamente el principal. Con esto no se sustraía nada a la verdad, puesto que lo mismo José que María eran del linaje de David.
Como escribe la Glosa sobre ese mismo pasaje, puso mujer en vez de hembra, conforme al modo de hablar de los hebreos. En la lengua hebrea acostumbra a llamar mujeres no a las que han perdido la virginidad, sino a las hembras.
Tal argumento es válido para los seres que vienen a la existencia por vía natural, porque así como la naturaleza está polarizada a un efecto natural, de igual manera está determinada respecto al modo de producirlo. Pero, teniendo la virtud divina sobrenatural capacidades infinitas, así como no está determinada respecto de un único efecto, tampoco lo está con relación al modo de producir cualquier efecto. Y por eso, como la virtud divina pudo hacer que el primer hombre se formase del limo de la tierra (Gen 2,7), así también pudo hacer que el cuerpo de Cristo se formase de una virgen sin concurso de varón.
Según el Filósofo, en su libro De Gen. Anim., el semen del sexo masculino no es como la materia, sino sólo como el agente activo en la concepción del animal, pues únicamente la mujer suministra la materia en la concepción. De donde, por el hecho de haber faltado el semen viril en la concepción del cuerpo de Cristo, no se sigue que faltase la materia debida.
Artículo 2: La Madre de Cristo, ¿fue virgen en el parto?
Porque dice Ambrosio, In Lúe.: El que santificó un seno inútil para que naciese un profeta, es el que abrió el seno de su madre para salir él inmaculado. Ahora bien, la abertura del seno elimina la virginidad. Luego la Madre de Cristo no fue virgen en el parto.
En el misterio de Cristo no debió existir nada que diera la impresión de que su cuerpo era fantástico. Pero el pasar por lugares cerrados no parece propio del cuerpo verdadero, sino del fantástico, puesto que dos cuerpos no pueden estar a un tiempo en el mismo lugar. En consecuencia, el cuerpo de Cristo no debió salir del seno cerrado de su madre. Y, así, no convino que ésta fuese virgen en el parto.
Como dice Gregorio en la Homilía de la Octava de Pascua, por el hecho de haber entrado el Señor, después de su resurrección, con las puertas cerradas, donde estaban sus discípulos, mostró que su cuerpo era de la misma naturaleza, pero de condición gloriosa; y, de este modo, parece que el pasar por lugares cerrados pertenece al cuerpo glorioso. Ahora bien, el cuerpo de Cristo no fue glorioso a la hora de su concepción, sino pasible, al tener una carne semejante a la del pecado, como dice el Apóstol en Rom 8,3. Luego no salió a través del seno cerrado de la Virgen.
Contra esto: está lo que se dice en un Sermón durante el Concilio de Efeso: La naturaleza ignora la virginidad después del parto. La gracia, en cambio, puso de manifiesto a la parturienta, hizo a la madre, y no dañó a la virginidad. Por consiguiente, la Madre de Cristo fue virgen en el parto. Respondo: Es preciso defender, sin duda de ninguna clase, que la Madre de Cristo fue virgen también en el parto, puesto que el Profeta (Is 7,14) no dice solamente: He aquí que la virgen concebirá, sino que añade: y parirá un hijo. Y esto fue conveniente por tres motivos. Primero, porque correspondía a la propiedad de quien nacía, que es el Verbo de Dios. El Verbo, en efecto, no sólo es concebido en la mente sin corrupción, sino que también procede de ella sin corrupción. Por lo que, a fin de manifestar que aquel cuerpo era el mismo Verbo de Dios, fue conveniente que naciese del seno incorrupto de una virgen. De ahí que en un Sermón del Concilio de Efeso se lea: La que da a luz pura carne, pierde la virginidad. Pero, al ser el Verbo de Dios quien nace en carne, el propio Dios conserva la virginidad, demostrando con ello que es el Verbo. Ni siquiera nuestro verbo corrompe la mente cuando sale de ella. Y Dios, Verbo sustancial, al optar por el parto, tampoco destruye la virginidad. Segundo, porque esto es conveniente en lo que atañe al efecto de la encarnación de Cristo, pues vino para quitar nuestra corrupción. Por eso no fue oportuno que, al nacer, corrompiese la virginidad de la madre. Debido a esto, dice Agustín en un Sermón De Nativitate Domini: No era justo que con su venida violase la virginidad quien había llegado para sanar lo que estaba corrompido. Tercero. Fue conveniente para que, al nacer, no menoscabase el honor de la madre aquel que había mandado honrar a los padres. A las objeciones:
Ambrosio escribe esto, al comentar las palabras de la Ley citadas por el Evangelista: Todo ser de género masculino que abre el seno será llamado consagrado para el Señor (Lc 2,23; cf. Ex 13,2.12). Eso, como explica Beda, se dice del nacimiento ordinario; pero no obliga a creer que el Señor, que había santificado la morada del sagrado vientre al entrar en él, lo desflorase al salir del mismo. Por lo que tal apertura no significa la abertura del seno virginal, sino sólo la salida del hijo del seno materno.
Cristo quiso demostrar de tal modo la verdad de su cuerpo, que a la vez se manifestase su divinidad. Y por eso unió lo sublime con lo modesto. De donde, para manifestar la verdad de su cuerpo, nace de una mujer. Pero para mostrar su divinidad, nace de una virgen: Tal nacimiento conviene a Dios, como dice Ambrosio en el Himno de Navidad.
Algunos afirmaron que Cristo asumió la dote de la sutileza en su nacimiento cuando salió del seno virginal sellado; y la dote de la agilidad cuando caminó a pie enjuto sobre las aguas (cf. Mt 14,25). Pero esto no se armoniza con lo que hemos dicho antes (q.14). Tales dotes del cuerpo glorioso provienen de la redundancia de la gloria del alma en el cuerpo, como se dirá más adelante al tratar de los cuerpos gloriosos. Pero ya hemos establecido (q.13 a.3 ad 1; q.16 a.1 ad 2) que Cristo, antes de la pasión, permitía a su cuerpo obrar y sufrir lo que le es propio, no realizándose tal redundancia de la gloria del alma en el cuerpo.
Y por eso es preciso decir que todo esto se realizó milagrosamente por el poder divino. De donde escribe Agustín In loann.: Las puertas cerradas no se opusieron al paso de la masa del cuerpo en que residía la divinidad. En efecto, pudo entrar con las puertas cerradas aquel que, al nacer, dejó intacta la virginidad de la madre. Y Dionisio dice, en una Carta, que Cristo realizaba lo que es propio del hombre con un poder sobrehumano, y esto lo demuestra la Virgen concibiendo de modo sobrenatural, y el agua inestable al soportar el peso de unos pies terrenos.
Artículo 3: ¿Permaneció virgen la Madre de Cristo después del parto?
Objeciones por las que parece que la Madre de Cristo no permaneció virgen después del parto.
En Mt 1,18 se dice: Antes de que conviviesen (José y María), se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Y el Evangelista no hubiera dicho antes de que convivieran de no haber tenido la certeza de que iban a convivir, porque nadie dice antes de que comiese respecto de aquel que no ha de comer. Luego parece que la Santísima Virgen convivió alguna vez mediante cópula carnal con José. Y, en este supuesto, no permaneció virgen después del parto.
En el mismo pasaje (v.20) se añade, en palabras del ángel que habla con José: No temas recibir a María tu esposa. Pero el matrimonio se consuma mediante la cópula carnal. Luego parece que alguna vez hubo unión carnal entre María y José y, en consecuencia, que no permaneció virgen después del parto.
En el mismo lugar se dice poco después (v.24-25): Y recibió a su esposa; pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito. Mas el adverbio «hasta» ha acostumbrado a significar un tiempo determinado, pasado el cual se realiza lo que hasta entonces no se hacía. Y el verbo conocer, en ese pasaje, se refiere a la unión carnal, como cuando en Gen 4,1 se dice que Adán conoció a su mujer. Luego parece que, después del parto, José conoció a la Santísima Virgen. Por tanto, da la impresión de que, después del parto, no permaneció virgen.
No se puede llamar primogénito más que a aquel que tiene hermanos que vienen después de él; de donde en Rom 8,29 se dice: A. los que conoció de antemano, también los predestinó a hacerse conformes a la imagen de su Hijo, para que El sea el primogénito entre muchos hermanos. Ahora bien, el Evangelista llama a Cristo primogénito de su madre (cf. Mt 1,25; Lc 2,7). Luego tuvo otros hijos después de Cristo. Y así parece que la Madre de Cristo no fue virgen después del parto.
En Jn 2,12 se dice: Después de esto, él mismo, es a saber, Cristo, descendió a Cafarnaúm, y también su madre y sus hermanos. Pero se llama hermanos a los que han sido engendrados por el mismo padre. Por consiguiente, parece que la Santísima Virgen tuvo otros hijos después de Cristo.
En Mt 27,55-56 se dice: Estaban allí, esto es, junto a la cruz de Cristo, a distancia muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole; entre las cuales estaba María Magdalena, y María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Pero parece que esta María, llamada aquí madre de Santiago y de José, es también la madre de Cristo, pues en Jn 19,25 se cuenta que estaba, junto a la cruz de Jesús, María su madre. Luego parece que la Madre de Cristo no permaneció virgen después del parto.
Contra esto: está lo que se escribe en Ez 44,2: Esta puerta estará cerrada, y no se abrírá, y no pasará por ella varón, porque el Señor Dios de Israel ha entrado por ella. Exponiendo este pasaje, dice Agustín en un sermón: ¿Qué significa esa puerta cerrada en la casa del Señor, sino que María será siempre intacta? ¿Y qué quiere decir el hombre no pasará por ella, sino que José no la conocerá? ¿Y qué indica el que sólo el Señor entra y sale por ella, sino que el Espíritu Santo la fecundará, y que el Señor de los ángeles nacerá de ella? ¿Y qué significa que estará eternamente cerrada, sino que María es virgen antes del parto, en el parto y después del parto?
Respondo: Es preciso detestar, sin duda de ninguna clase, el error de Helvidio, quien osó decir que la Madre de Cristo, después del parto, fue carnalmente conocida por José y que tuvo de él otros hijos. Primero, porque eso rebaja la perfección de Cristo, quien, como según la naturaleza divina es el Unigénito del Padre (cf. Jn 1,4) e Hijo suyo totalmente perfecto (cf. Heb 7,28), así también convino que fuese unigénito de la madre, como hijo suyo perfectísimo.
Y, por tanto, es absolutamente necesario afirmar que la Madre de Dios, como concibió y dio a luz siendo virgen, así también permaneció virgen para siempre después del parto.
Como escribe Jerónimo en el libro Contra Helvidium, hay que tener en cuenta que la preposición «antes que», aunque con frecuencia indique lo que sigue, a veces, sin embargo, sólo indica lo que antes se estaba pensando. Ni es necesario que se realice lo que antes se había pensado, cuando sobreviene algo que impide llevar a cabo lo pensado. Por ejemplo, si uno dice: Antes de comer en el puerto, me hice a la vela, no significa que coma en el puerto después de haber navegado, sino que simplemente pensaba comer en el puerto. Y de modo semejante dice el Evangelista: antes de que conviviesen, se halló haber concebido María del Espíritu Santo, no porque después conviviesen, sino porque, mientras pensaban convivir, se anticipó la concepción por obra del Espíritu Santo, a consecuencia de lo cual se siguió el que no conviviesen más adelante.
Como escribe Agustín en el libro De nuptiis et concupiscentia, la Madre de Dios, a la que (José) no había conocido ni había de conocer por la unión sexual, es llamada esposa en virtud de la primera fe de los desposorios. Pues, como dice Ambrosio In Lúe., la celebración de las bodas pone de manifiesto la existencia del matrimonio, pero no la privación de la virginidad.
Algunos sostuvieron que esto no debe interpretarse respecto al conocimiento sexual, sino con relación al conocimiento de algo que se ha hecho notorio. Porque, en efecto, dice el Crisóstomo: José no conoció cuál era la dignidad (de María) antes de dar ella a luz sino que la conoció después de que parió. Porque, en virtud del hijo, se hizo ella más hermosa y más digna que el mundo entero, pues sólo ella recibió en el reducido espacio de su seno al que el mundo no es capaz de contener.
Otros, en cambio, lo relacionan con el conocimiento visual. Como el rostro de Moisés, que hablaba con Dios, se hizo resplandeciente, de modo que los hijos de Israel no podían mirarle (2 Cor 3,7), así María, cubierta con la claridad del poder del Altísimo, no podía ser conocida por José hasta que diese a luz. Pero, después del parto, la conoció con la mirada del rostro, no con el tacto sensual.
Jerónimo concede que la expresión debe entenderse del conocimiento sexual. Sin embargo dice que el adverbio usque o la conjunción doñee (hasta que) pueden entenderse de dos maneras. Unas veces significa un tiempo determinado, como en Gal 3,19: La Ley fue dada por causa de la transgresión, hasta que llegase la descendencia a la que había sido hecha. Otras significa un tiempo indefinido, conforme a lo que se lee en Sal 122,2: Nuestros ojos están fijos en el Señor Dios nuestro hasta que se compadezca de nosotros; sin que, por eso, haya de entenderse que, una vez obtenida la misericordia, nuestros ojos se aparten del Señor. Y, conforme a este modo de hablar, se enuncian aquellas cosas de las que cabría dudar si no hubieran sido escritas, mientras que las restantes se dejan a nuestra propia inteligencia. Y de acuerdo con esto, dice el Evangelista que la Madre de Dios no fue conocida por su esposo hasta el parto, a fin de que entendamos que lo fue mucho menos después del parto.
Es costumbre de las Sagradas Escrituras llamar primogénito no sólo al que es seguido por otros hermanos, sino al que nace el primero. De otro modo, si sólo fuera primogénito aquel a quien siguen otros hermanos, no serían debidos los derechos de la prímogenitura, de acuerdo con la ley, hasta que no naciesen los otros. Esto es claramente falso, puesto que la Ley (cf. Núm 18,16) ordena que los primogénitos sean rescatados al cabo de un mes.
Algunos, como recuerda Jerónimo In Matth., sospechan que San José tuvo de otra mujer los llamados hermanos del Señor. Nosotros, en cambio, entendemos que los hermanos del Señor no son hijos de San José, sino primos carnales del Salvador, hijos de María, tía materna de este último. La Sagrada Escritura, en efecto, distingue cuatro clases de hermanos, a saber: Los que lo son por naturaleza, por raza, por parentesco y por afecto. Por lo que los llamados hermanos del Señor no lo son por naturaleza, como si hubieran nacido de una misma madre, sino por parentesco, en calidad de consanguíneos. Y lo más verosímil, como dice Jerónimo en Contra Helvidium, es que San José permaneciese virgen, porque no hallamos escrito que tuviese otra mujer y la fornicación no cabe en este santo varón.
La María llamada madre de Santiago y de José no puede entenderse como la Madre del Señor, ya que el Evangelio acostumbra a designar a ésta con el sobrenombre de su dignidad, que es el de la Madre de Jesús. La María aludida es la esposa de Alfeo, cuyo hijo es Santiago el Menor, llamado hermano del Señor (cf. Gal 1,19).
Artículo 4: ¿hizo voto de virginidad la Madre de Dios?
Objeciones por las que parece que la Madre de Dios no hizo voto de virginidad.
En Dt 7,14 se dice: No habrá en ti estéril de uno y otro sexo. Pero la esterilidad es consecuencia de la virginidad. Luego la guarda de la virginidad iba en contra de un precepto de la ley antigua. Ahora bien, la ley antigua estaba todavía en vigor antes del nacimiento de Cristo. Por consiguiente, la Santísima Virgen no pudo hacer lícitamente voto de virginidad en su tiempo.
El Apóstol escribe en 1 Cor 7,25: Acerca de las vírgenes no tengo precepto del Señor, pero os doy un consejo. Ahora bien, la perfección de los consejos debió ser comenzada por Cristo, que es el fin de la Ley, como dice el mismo Apóstol en Rom 10,4. Luego no fue conveniente que la Virgen hiciese voto de virginidad.
La Glosa de Jerónimo dice, a propósito de 1 Tim 5,12: Para los que hacen voto de virginidad es condenable no sólo el casarse, sino también el deseo de hacerlo. Ahora bien, la Madre de Cristo no cometió pecado alguno condenable, como antes se ha dicho. Luego, por estar desposada, como se lee en Le 1,27, parece que no hizo voto de virginidad.
Contra esto: está lo que dice Agustín en el libro De sancta virginitate: María respondió al ángel de la anunciación: ¿Cómo sucederá esto, puesto que no conozco varón? Ciertamente no hubiera dicho esto si no hubiera hecho antes voto de virginidad.
Respondo: Como sabemos ya por la Segunda Parte (2-2 q.88 a.6), las obras de perfección son más dignas de alabanza si se hacen en virtud de un voto. Pero la virginidad debió estar en gran aprecio principalmente en la Madre de Dios, como es claro por las razones antes aducidas. Y por eso fue conveniente que su virginidad estuviera consagrada a Dios por medio de un voto. Sin embargo, al ser conveniente que, en tiempo de la Ley, tanto las mujeres como los hombres se aplicasen a la procreación, porque el culto de Dios se propagaba según el nacimiento carnal antes de que naciese Cristo de aquel pueblo, no es creíble que la Madre de Dios, antes de desposarse con José, haya hecho voto absoluto de virginidad, aunque lo deseara, abandonando su voluntad a los designios divinos sobre este asunto. Mas después, una vez que tomó esposo, conforme lo exigían las costumbres de aquellos tiempos, hizo junto con él voto de virginidad.
Al dar la impresión de que la ausencia de esfuerzo para dejar descendencia terrena estaba prohibida por la Ley, la Madre de Dios no hizo voto absoluto de virginidad, sino condicionado: si le era grato a Dios. Pero después que conoció que eso era agradable a Dios, hizo voto absoluto, antes de recibir la anunciación del ángel.
Como la plenitud de gracia fue perfecta en Cristo y, sin embargo, se anticipó en su madre una cierta incoación de la misma, así también la práctica de los consejos, que se realiza por gracia de Dios, de forma perfecta comenzó con Cristo, pero de algún modo quedó incoada en la Virgen su Madre.
Esa sentencia del Apóstol debe entenderse de los que hacen voto de castidad de manera absoluta. Pero la Madre de Dios no lo hizo de ese modo antes de desposarse con José. Una vez que se produjo el desposorio, hicieron ambos voto de virginidad de mutuo acuerdo.
2014-09-10 / 2017-07-21

References: Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

Artículo 4

Artículo 5

Artículo 6

Artículo 1

Artículo 2

Artículo 3

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