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Timestamp: 2017-08-16 21:51:23+00:00

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abril 2009 | Actualidad Económica del Perú
Prof. en la universidad de texas, san antonio, EEUU, (UTSA)
Una revista indispensable, principalísima fuente de todo lo que sucede en Palacio y San Isidro, había publicado un suelto a principios de mayo que contradecía mi hipótesis sobre las divisiones empresariales en el Perú contemporáneo. En efecto, Caretas reportaba que CONFIEP y la Sociedad Nacional de Industrias (SNI) habían formado una comisión para que los industriales volvieran al redil. Poco después el tiempo me ha dado la razón al formarse hace poco la Alianza Empresarial para el Desarrollo. Siguen comentarios y no faltan banderillas.
Al parecer el esfuerzo unitario se habría ahogado en el mar de fondo, o mejor dicho, en el fondo profundo del mar peruano. No hay vuelta al pasado. Lo que ha aparecido, o más bien reconstituido, es la alianza empresarial entre la SNI, la Asociación de Exportadores (ADEX) y la Cámara de Comercio de Lima (CCL). CONFIEP, por tanto, ha fracasado en su intento de atraer a capitales medianos y ampliar su mermada capacidad representativa.
Hubo un tiempo, en los gloriosos 90, donde la confederación integraba más gremios, llegando incluso a incorporar a las pequeñas empresas; pero luego vinieron los amarres con el poder, el juego de silencios, y su automarginación. ¿De qué servía, cabe preguntarse, la CONFIEP o las CADE cuando los grandes temas económicos se discutían en reuniones cara a cara con los grandes inversionistas en Palacio? Esa manía promocional, cabe remarcar, empezó con Alberto Fujimori. Sus sucesores, con la excepción honrosa del finado Valentín Paniagua, que se ufanaba en decir, “soy uno de los pocos políticos que no ha viajado en un avión de Romero”, la mantuvieron. Todavía no estoy seguro si estas actividades promocionales son hoy una simple pasarela para inversionistas o una fórmula disimulada de lo que en República Dominicana llaman, con mucha propiedad y poca vergüenza, acuerdos de aposentos.
Dejemos estas faenas de lado. Lo importante en el mundo empresarial de hoy es que se ha formado un bloque empresarial alternativo. Era hora, aunque se veía venir. En 1998 se formó una coordinadora entre estos tres “gremios fundadores”. Se habían cansado de que la CONFIEP estuviera tan cerca al poder, y les pareció demasiado que los intereses mineros y financieros cambiaran los estatutos y los hicieran a un lado, manejando desde entonces la institución. Por eso Eduardo Iriarte de la SNI le escribió una carta anunciando su salida, señalando que “las seis instituciones que fundaron CONFIEP han visto disminuida su participación en la institución” (noviembre 6, 1998). Luego vinieron los reacomodos del nuevo siglo. ADEX volvió a la CONFIEP cuando, durante el gobierno de Toledo, le ofrecieron un ministerio a su presidente. Tal era la capacidad para manejar nombramientos que tenían.
La vuelta de Eduardo Farah a la presidencia de la SNI, su choque con Luis Carranza por los cambios arbitrarios de aranceles del 2007 (su gremio, uno de los principales afectados, no fue consultado pero sí las corporaciones beneficiarias, probablemente por lobby), la vuelta de Carranza al MEF luego de que sacaran al buen Valdivieso, el hecho de que había un espacio por llenar si estos gremios participaban con línea propia en el debate sobre política económica, la lucha más intensa por los estímulos fiscales; todo ello explica por qué ha renacido la Alianza para el Desarrollo Empresarial.
La cuestión es qué tan alto volará, si va a hacer Política o simplemente política. Esta capacidad de manejo del corto plazo, y sus inevitables menudencias, y la de crear y difundir una visión del desarrollo nacional (no proponer un simple enganche convoyero a la globalización a lo IPE), es lo que va a marcar el futuro de esta vieja/nueva Alianza.
¿Precio abusivo de medicinas, seguirá interesando al presidente García?
En la última campaña electoral el único candidato que se preocupó por los problemas en la comercialización de las medicinas, fue el hoy presidente García. Se señalaba que resultaba inexplicable que los precios fueran extremadamente mayores a los que se cobraban en Europa o en otros mercados latinoamericanos.
Cualquier observador quedaría sorprendido de la cantidad de farmacias que proliferan en las ciudades y la consolidación de las grandes cadenas. Una explicación radica en los amplios márgenes de ganancia que se obtienen, los que superan largamente el 100%, el 150% o el 200% del costo de fabricación. Mientras más vital el producto, mayor el margen de ganancia.
Las compañías aseguradoras y clínicas contribuyen a la distorsión, pues es frecuente que el titular de un seguro se sienta satisfecho cuando sólo paga el 10% del valor de lista del medicamento. Sin embargo, no sabe que el precio de lista en la clínica es 90% mayor que el precio en cualquier farmacia. En otras palabras, al pagar su 10% del precio de lista, en realidad, paga el 100% del costo de dicho producto en una farmacia cualquiera. ¿Acaso las reglas del mercado no señalan que cuando se compra en cantidad es posible negociar un precio mejor que el ordinario?
¿Y nuestros amigos médicos no confiesan -sotto voce- que sus preferencias por recetar tal o cual medicamento obedece a los congresos o eventos internacionales a los que asisten invitados – todo pagado – por los laboratorios fabricantes y que estos “acuerdos” se construyen con la red de visitadores médicos?
¿Existirá la concertación de precios? En un mercado tan variado y de tanta dinámica es muy difícil saber si ésta existe. Sin embargo, llama la atención que en Chile se haya sancionado a la cadena FASA, asumiendo la confesión de su conducta ilícita ante las autoridades de competencia, y que en el Perú, donde también opera, el INDECOPI no haya dicho palabra alguna, o referido estudio alguno del funcionamiento de este mercado y de la conducta de los participantes.
Un mercado con conductas de abuso de posición de dominio o concertación de precios no es un mercado libre, no es un mercado que beneficia a los consumidores. La “enfermedad” se puede advertir con la variación de los precios, las condiciones de comercialización y los márgenes de ganancia. Para poder defender la libre competencia es necesario monitorear precios, indagar, recabar información, tomar declaraciones, hacer estudios y formular hipótesis. Es necesario ejercer las facultades legales con las que se cuenta y no permanecer sentado en los escritorios públicos – cobrando significativos sueldos - esperando que las cosas ocurran, o no queriendo ver lo que no conviene. La inacción es la actitud que hoy ha impuesto en INDECOPI su presidente, el declarado amigo del presidente García.
¿El Ministro de Salud o los órganos de control, tendrán conocimiento que este gobierno, ha aprobado el artículo 3º del Decreto Legislativo Nº 1034, Ley de Represión de Conductas Anticompetitivas, que señala: “El Estado podrá asumir las acciones que considere necesarias para contribuir a mejorar las condiciones de oferta de los productos en beneficio de los consumidores”?
Presidente García, los enfermos del Perú esperan que actúe como corresponde para evitar que los abusos se sigan produciendo en este mercado. No esperemos que los TLC agraven una situación ya inaceptable.
La economía peruana y la crisis mundial.
La experiencia histórica muestra que las fluctuaciones macroeconómicas del Perú suelen tener su origen último en los cambios reales o financieros que se producen en la economía mundial. En particular, todas las recesiones registradas desde 1950 coinciden con fuertes caídas de los precios internacionales de las materias primas de exportación y, algunas de ellas, también con abruptas salidas de capital.
La crisis mundial actual puede definirse como la peor recesión global de los últimos 60 años que, para colmo de males, viene acompañada de una crisis bancaria y financiera en el centro solo comparable a la de 1930.
Para una economía como la peruana, exportadora de materias primas que opera en un marco de libre movilidad internacional de los capitales, esta crisis mundial tiene dos consecuencias conocidas: se desploman los precios de las materias primas y fugan los capitales del país. La novedad está en la enorme magnitud que tienen hoy día estos efectos.
El choque externo cambiario.
La crisis mundial ha tenido un doble impacto sobre la balanza de pagos del Perú. De un lado, las exportaciones de materias primas (tres cuartas partes del total) cayeron en dólares un 25% durante el último trimestre del 2008, en comparación con el mismo periodo del año anterior. En enero del 2009, las exportaciones totales mensuales se redujeron en un 37%, disminuyendo tanto las de materias primas (metales, harina de pescado, etc.) en 41%, como las no tradicionales (textiles, agropecuarios, etc.) en 25%, siempre respecto al mismo mes del año anterior. De esta manera, el superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que se observaba desde mediados del 2004, se convirtió en un déficit de 3.3% del PBI para todo el 2008; este resultado refleja también el gran incremento de las importaciones. Según el último Reporte de Inflación del banco central, las ventas al exterior alcanzarían en el 2009 unos 24 mil millones de dólares, esto es, un 25% menos que el valor registrado el año pasado.
Del otro lado, durante este ultimo trimestre del 2008, se produjo también una apreciable salida del país de capitales de corto y largo plazo (incluyendo errores y omisiones) equivalente a casi el 11% del PBI. La reversión de los flujos de capital de corto plazo fue violenta: salieron por un valor igual al 8% del PBI a fines del 2008, después de haber ingresado por un equivalente al 9% del PBI a principios del año. Dentro de estas salidas de corto plazo destacan la reducción de las líneas de crédito externas para los bancos locales y las ventas de papeles de la autoridad monetaria y del gobierno en manos de inversionistas no-residentes. Los flujos de capital de largo plazo (inversión directa extranjera) también decrecieron sensiblemente hasta arrojar una cifra negativa del -1.1% del PBI en el ultimo trimestre del 2008, cosa que no ocurría desde hace un quinquenio. Estas cifras reflejarían tanto la paralización de las inversiones en la minería debido a la caída de los precios de los metales, como el inusual otorgamiento de préstamos por parte de las subsidiarias peruanas a sus casas matrices en el exterior.
Para evitar que este repentino deterioro de la balanza de pagos, vía la cuenta corriente y la cuenta de capital, generase una excesiva presión al alza del tipo de cambio, el banco central empezó a vender dólares agresivamente desde mediados del 2008, mientras mantenía prácticamente constante la tasa de interés de corto plazo en moneda nacional. En consecuencia, las reservas de divisas de la autoridad monetaria, medidas por la posición de cambio, disminuyeron en un 27%, desde junio del 2008 hasta mediados de marzo del 2009. Mientras tanto, el tipo de cambio (el precio de un dólar en soles) apenas subió un 8% en el mismo periodo, cifra bastante menor que la de los socios comerciales. Esta respuesta de política monetaria, muy distinta a la ejecutada en la crisis anterior de 1998-2001, fue posible gracias a la acumulación previa de un nivel de reservas internacionales de divisas sin precedentes. Actualmente, la posición de cambio bordea los 20 mil millones de dólares, un 15% del PBI, mientras que la producción domestica no primaria ha perdido competitividad respecto a la producción extranjera desde mediados del 2008, a juzgar por la evolución del tipo de cambio real multilateral.
Las reservas internacionales vendidas por el banco central han sido compradas no solo por inversionistas extranjeros sino también por el sector privado local, especialmente por los bancos comerciales y los fondos del sistema privado de pensiones (AFPs), entre otros. Esta cifra de reservas vendidas no incluye la emisión por parte del banco central de papeles de corto plazo indexados al tipo de cambio pero pagaderos en moneda domestica. El stock de estos papeles representaría alrededor de un 15% de la posición de cambio actual de la autoridad monetaria. Los bancos comerciales usan estos papeles para cubrirse de los compromisos que adquieren cuando venden dólares para entrega a futuro a un tipo de cambio fijado hoy (forwards), a otros agentes extranjeros o locales que se protegen así contra la devaluación de la moneda nacional (empresas con deudas en dólares) o apuestan a ella. El stock de ventas netas de dólares a futuro se ha incrementado desde mediados del año pasado en una magnitud equivalente a un 15% de la posición de cambio actual del banco central.
El choque externo real.
El año 2002 acabo una larga recesión causada por el efecto adverso conjunto que las crisis asiática y rusa tuvieron sobre las cotizaciones internacionales de las materias primas de exportación y sobre el ingreso al país de capitales externos. Desde 2002 hasta 2008, la marcha de la economía peruana adquirió progresivamente cada vez más velocidad, hasta alcanzar un ritmo superior al 9% anual durante ocho trimestres consecutivos, desde el tercer trimestre del 2006 hasta el tercer trimestre del 2008; en este ultimo periodo, la creación de empleos urbanos en las empresas de mas de 10 trabajadores avanzo a un 9% o 10% anual.
Este prolongado auge de la economía peruana termino en el último trimestre del 2008. La tasa de crecimiento del PBI en el sector no primario o urbano de la economía peruana, sector que genera el grueso del empleo en el país y representa mas de cuatro quintas partes del producto total, cayo sensiblemente desde un 11.5% anual en el periodo enero-octubre del 2008 hasta un 3.1% anual en enero pasado, siempre en comparación con el mismo periodo del año anterior; cabe apuntar que esta tasa del 3.1% seria mucho menor si ciertos cambios metodológicos controvertidos no se hubieran introducido recientemente en el calculo del PBI del sector servicios. Algunas medidas del PBI mensual desestacionalizado, como la publicada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática, sugieren que el punto de inflexión, donde las tasas de crecimiento positivas se convierten en negativas, se habría alcanzado en el ultimo trimestre del 2008.
Las ramas productivas que más bruscamente se desaceleraron durante el ultimo trimestre del 2008 fueron los dos motores de la actividad económica no primaria, es decir, la manufactura no primaria, que excluye las actividades de procesamiento de recursos naturales como refinación de metales, fabricación de harina de pescado, etc, y que depende en parte de la demanda externa, y la industria de la construcción. En enero del 2009, la manufactura no primaria decreció en -4.1% anual, tras haber registrado una tasa superior al 10% anual durante el periodo enero-octubre del 2008; y la industria de la construcción solo se expandió en 4.5%, después de haber crecido a una tasa del 17.9% anual durante enero-octubre del 2008, siempre en comparación con el mismo periodo del año anterior. Es posible que la economía peruana registre durante el 2009 una recesión en toda regla, definida como dos o más trimestres consecutivos de tasas de crecimiento negativas del PBI.
Esta brusca desaceleración de la actividad económica no solo revela la magnitud del impulso recesivo externo. También revela la poca inercia que tiene el PBI no primario de la economía peruana debido a la inexistencia de estabilizadores automáticos como, por ejemplo, el seguro de desempleo, y debido a la gran influencia que las condiciones económicas y financieras externas ejercen sobre la confianza de empresarios y banqueros.
Si las exportaciones representan un 30% del PBI nominal, y si disminuyen en un cuarto, el impacto directo de esta caída de las exportaciones (tanto por precios en el sector tradicional como por cantidades en el sector no tradicional) equivale a un 7.5% del PBI nominal. Y como este caída de las exportaciones tiene un efecto multiplicador (relativamente pequeño en promedio por el peso del enclave minero) sobre el resto de la economía, tanto vía el gasto en el resto de la economía de los ingresos generados en el sector exportador como vía la demanda de insumos intermedios, podríamos elevar este impulso recesivo hasta un 10% del PBI nominal.
A este impacto del descenso de las exportaciones, hay que sumarle los efectos negativos originados por la salida de capitales de largo y corto plazo, que operan sin mediaciones sobre el nivel de actividad económica del sector no primario peruano. En primer lugar, la paralización de la inversión directa extranjera en el sector minero, causada por la profunda caída de los precios externos de los metales, disminuye la demanda de la industria de la construcción. En segundo lugar, conviene recordar que el sistema financiero peruano esta dolarizado. La mitad de los préstamos bancarios a firmas y familias están denominados en dólares y una parte apreciable de estos préstamos se financian con fondos (líneas de crédito de corto y largo plazo) que los bancos locales obtienen en el exterior. Por tanto, un recorte violento de estas líneas de crédito del exterior, como el que ha ocurrido con las líneas de corto plazo que se ha reducido en mas de un 1% del PBI entre mediados del 2008 y principios del 2009, implica que se detiene bruscamente la expansión del crédito bancario en moneda extranjera (hipotecarios, comerciales, etc.). Desde fines del 2008, son negativas las tasas mensuales de crecimiento del crédito en dólares del sistema financiero al sector privado.
Cabe aquí mencionar que la expansión del crédito en dólares fue una fuerza importante que, junto con una política fiscal expansiva, sustento el notable auge de la demanda interna observado en los últimos dos años. Durante el 2007, el crédito bancario al sector privado en dólares se incremento por un valor equivalente al 3% del PBI; similar ritmo de incremento se registro también durante el primer semestre del 2008.
La respuesta de política macroeconómica.
Además de este choque externo adverso de enorme magnitud, que ha impactado simultáneamente sobre el sector real y el financiero, existen diversos factores domésticos que explican de manera secundaria la repentina liquidación de este prolongado auge experimentado por la economía peruana.
El más importante de estos es, quizás, el inoportuno ajuste del gasto público ejecutado durante el último trimestre del 2008 por el anterior ministro de economía; destaca la reducción de la inversión pública a cargo del gobierno central en un 18% respecto al mismo trimestre del año anterior. Este ajuste fiscal estaba destinado a enfriar la economía y bajar así la tasa de inflación, que se había disparado desde un 1% anual a mediados del 2007 hasta un 7% anual a fines del 2008, medida por el índice de precios al consumidor de Lima Metropolitana. Justo a inicios del 2007, el banco central había rebajado el limite superior de su meta de inflación de 3.5% a 3% anual. Como las clases populares carecen de toda protección institucionalizada contra una aceleración de la inflación (no existe indexación a la inflación pasada del salario mínimo legal, de las pensiones de jubilación, etc), y como la inflación estaba liderada por los alimentos que tienen un peso mayor en la canasta de los estratos populares, este proceso provoco una disminución del poder de compra de estos estratos, un descontento masivo, y una sustancial merma de la popularidad del presidente García. De allí, el ajuste del gasto publico y la adopción de otras medidas como el subsidio a los combustibles importados o la rebaja generalizada y unilateral de aranceles a las importaciones; no hubo, sin embargo, aumentos del salario mínimo o las pensiones de jubilación pagadas por el gobierno.
Esta alza de la inflación respondía, en parte, a un choque de oferta negativo (alza de alimentos y combustibles importados) y, en parte, a una considerable presión de demanda, como lo revela la paulatina elevación de la inflación subyacente (que excluye del índice de precios al consumidor los precios más volátiles de combustibles, alimentos frescos y otros) desde un 2% a mediados del 2007 hasta casi un 6% a fines del 2008 y principios de 2009.
Fue en estas circunstancias, que el choque externo adverso empezó a desplegar sus efectos sobre la economía peruana. Desconcertado ideológicamente, el gobierno de García adopto la línea dura de negar de plano cualquier impacto adverso que la crisis mundial pudiera tener sobre la economía peruana. Estamos blindados, repetían infatigablemente los discursos oficiales. En el Reporte de Inflación del banco central correspondiente a setiembre pasado se proyectaba que la economía peruana crecería un 6.5% durante el año 2009 y un 7% durante el 2010.
Esta negación de la realidad genero una respuesta de política macroeconómica que ha hecho más probable la ocurrencia de una recesión en el 2009. En una primera etapa, durante el segundo semestre del 2008, la mezcla de política macroeconómica consistió en reducir el gasto publico, mantener constante la tasa de interés de referencia que el banco central había elevado progresivamente hasta un 6.5% anual para combatir la inflación y, por ultimo, vender agresivamente dólares para impedir un alza significativa del tipo de cambio (que hubiera podido echar mas leña al fuego de la inflación). Es decir, cuando ya existía evidencia que permitía actuar preventivamente con una política monetaria y fiscal expansivas, ni se redujo la tasa de interés ni se incremento el gasto publico para amortiguar los impulsos recesivos que la caída de exportaciones y la salida de capitales iban a originar inevitablemente, como enseña la experiencia. Ciertamente, la venta de dólares moderó los impulsos recesivos generados por la salida de capitales, cosa que no ocurrió en la crisis de 1998; y la intervención en el mercado de bonos públicos impidió que la salida de capitales elevase permanentemente las tasas de interés de largo plazo en moneda local.
Esta primera etapa terminó cuando el gobierno de García abandonó aparentemente la línea dura y decidió lanzar un programa fiscal anticrisis ante la clara desaceleración del crecimiento económico y el malestar creciente de los gremios empresariales. Sin embargo, pronto se reveló que este programa anticrisis era un instrumento de propaganda destinado a infundir el optimismo entre los empresarios. No había un solo dólar de gasto público extra. Después del obligatorio cambio del ministro de economía, el gobierno de García volvió a lanzar a principios del 2009 una segunda versión, keynesiana esta vez, del programa anticrisis.
El nuevo plan anticrisis del gobierno gira alrededor de una sola bala de plata para matar al tigre de la recesión: se trata de impedir la paralización de la industria de la construcción poniendo en marcha un programa de grandes obras públicas. Según el Reporte de Inflación de marzo pasado, la inversión publica crecería a una tasa del 50% anual durante 2009, elevando así su participación desde un 4% hasta un 6% del PBI. Aunque existen otros componentes secundarios en este paquete de política fiscal expansiva, como la rebaja del precio de los combustibles o el incremento de la devolución de impuestos a los exportadores no-tradicionales, la gran cuestión es si este impulso fiscal llegara a tiempo y con la fuerza suficiente para evitar una recesión el 2009. El gobierno no parece haber advertido que, en situaciones como esta, mejor es pecar por exceso que por defecto.
De acuerdo al Reporte de Inflación, este impulso fiscal y la previsible reducción de la recaudación tributaria, convertirían el superávit fiscal de 2.1% del PBI del 2008 en un déficit fiscal del 1% del PBI en 2009; déficit que el gobierno financiaría fácilmente con los depósitos que tiene acumulados en el banco central.
El nuevo plan anticrisis del gobierno excluye otras medidas que elevarían la demanda agregada de bienes nacionales, especialmente para la manufactura no primaria orientada al mercado interno que esta expuesta a una fuerte competencia de importaciones, como las reclamadas recientemente por la principal central sindical del país y que incluyen el aumento de los aranceles (que el gobierno ha rebajado repetidamente) y la suspensión de la firma de nuevos tratados de libre comercio (el gobierno ha anunciado que firmara uno de estos tratados con China próximamente), el incremento del salario mínimo y las pensiones de jubilación, etc. Pero, esta vez el plan fiscal anticrisis ha ido acompañado por un par de tímidas rebajas de 25 puntos básicos de la tasa de interés de referencia del banco central.
Finalmente, cabe enfatizar lo obvio: la persistencia del déficit de la balanza de pagos depende de la duración de la crisis mundial, que determina la caída de los precios de las materias primas de exportación y la salida de capitales de la periferia. El ultimo Reporte de Inflación proyecta, sin embargo, un déficit de balanza de pagos para el 2009 equivalente a tan solo un 2.5% del PBI, a pesar de que el déficit externo registrado en el cuarto trimestre del 2008 alcanzo un 13.2% del PBI. Segundo, es claro que las políticas fiscales y monetarias expansivas que contrapesan el efecto recesivo de la caída de las exportaciones y la salida de capitales, también deterioran la cuenta corriente de la balanza de pagos vía las mayores importaciones. En consecuencia, es perfectamente posible que las reservas de divisas actuales no sean suficientes para atravesar esta enorme crisis mundial de duración incierta y llegar a un puerto seguro, si se mantiene el tipo de cambio real multilateral existente. Este aspecto crucial de la situación económica actual (que exige, por lo menos, un alza del tipo de cambio y/o de los aranceles) parece ser ignorado por el gobierno de García y su plan anticrisis.
[1] Profesor del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
“Al Perú no lo van a hacer retroceder porque tenemos algo que no tienen otros y se llama fe, se llama confianza, se llama coraje frente a la adversidad.
En todas partes se habla del Perú como un fenómeno, y algunos hablan del milagro peruano en Europa y en el Asia”.
Milagro: 1. Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino. 2. Suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa.
Fenómeno: 1. Toda manifestación que se hace presente a la consciencia de un sujeto y aparece como objeto de su percepción. 2. Cosa extraordinaria y sorprendente. 3. Persona o animal monstruoso.
En enero de este año, el Presidente refirió que el crecimiento económico de nuestro país era visto como “fenómeno” en todas partes, y como “milagro” en Europa y Asia. Al analizar los hechos que respaldan las cifras de crecimiento económico de 2006 a la fecha, tenemos que más bien se tiene un fenómeno en la tercera acepción de la Real Academia Española, es decir, tenemos un Frankenstein en el que debiera haber matemática nítida y ordenada.
La medición de los ministerios involucra operaciones de campo tales como encuestas, entrevistas, registros administrativos, y esta medida es un reflejo de la realidad, obviamente con imperfecciones, pero esencialmente un reflejo de la realidad del sector económico en cuestión.
La imputación del INEI involucraba, hasta el 2006, tomar como insumo las cifras de los ministerios y calcular la actividad económica de todos aquellos sectores no medidos directamente, con la estructura económica de 1994. En este caso, a la imperfección de las operaciones de campo se agregaba el supuesto erróneo de mantener la estructura económica de 1994 como válida al presente.
De igual manera, hasta el año 2006, los pasos matemáticos descritos en los dos párrafos anteriores eran de dominio público, a través de la publicación de la hoja de cálculo que sintetizaba las imperfecciones y obsolescencias precisadas previamente, y que permitían a los especialistas identificar las potenciales fallas de medición de la actividad económica.
A partir de 2006, desapareció la transparencia del proceso de imputación que el INEI efectuaba para el 69% del PBI que carecía de medición directa. Este proceso de imputación es ahora secreto y lo publicado muestra lo arbitrario de la medición. A modo de ejemplo se tiene que el sector “Alquileres y Bienes Raíces” crece a una tasa constante por 25 meses consecutivos (ver cuadro).
Un caso flagrante es la medición del sector “Transporte y Comunicaciones”, que mientras hasta el año 2006 se imputaba a partir de la estructura económica del flujo de bienes de 1994, al presente la formula ha sido reemplazada por números de procedencia desconocida. Otro caso palpable es el sector “Comercio mayorista y minorista” que hasta el 2008 se imputaba a partir de la estructura económica del flujo de bienes de 1994, pero a partir de 2009 se ha reemplazado por números de procedencia desconocida (ver cuadro).
Pero estos números de procedencia desconocida no tienen un efecto neutro en el crecimiento económico, sino que más bien son la explicación para el “milagro” y el “fenómeno” a los que nuestro Presidente hace referencia. Estos números de procedencia desconocida permiten tener un Frankenstein que sobreestima el crecimiento de la actividad económica en dos puntos.
En el año base del PBI, 1994, todos los índices de la actividad económica tenían el valor de 100. Mientras que en el periodo entre 2002 y 2006, como producto de la primarización de la economía durante la segunda administración Fujimori, el sector imputado (básicamente el sector servicios) es entre 91% y 92% menor que el sector medido (básicamente el sector bienes).
A partir del año 2006, el gráfico muestra cómo la brecha entre el sector servicios y el sector bienes se reduce sistemáticamente, al punto que en enero 2009 esta a menos de dos puntos de alcanzar la estructura económica de hace 15 años. Para que este gráfico represente la realidad, el Perú desde el año 2006 vive una revolución tecnológica de tal magnitud que en los tres últimos años ha revertido el proceso de primarización de los doce años previos (ver el gráfico).
Lo ocurrido en las dos últimas semanas en torno al tema de Doe Run deja un clima tan cargado que puede terminar contaminándonos como ocurre con el aire que respiran todos los días los pobladores de La Oroya. Aquí algunos temas a título de lecciones:
- Ha sido saludable que el Estado no comprometa recursos de todos los peruanos para salvar a una empresa que desde que llegó al país no ha hecho otra cosa que incumplir con sus obligaciones. La salida que implica un crédito privado de varios bancos y empresas mineras, no solamente permite salvar el complejo de un colapso inminente, sino que sugiere posibles alternativas para un futuro inmediato, ante la evidente falta de capacidad y compromiso de Doe Run.
- De esta crisis debe quedar claro que no es lo mismo buscar salvar el complejo metalúrgico y los empleos en La Oroya, que salvar a Doe Run. Esta empresa no es sinónimo del complejo, de los intereses de los trabajadores y de la población de La Oroya. Al contrario su presencia perjudica el futuro de La Oroya.
- En aras de una mayor transparencia, seria saludable que el Ministerio de Energía y Minas informe sobre la situación actual del fideicomiso. No debemos olvidar que la resolución ministerial 257/2006-MEM-DGM, obligó a que Doe Run suscriba un fideicomiso, mediante escritura pública, con el entonces Banco Wiesse Sudameris. El contrato de fideicomiso debía cubrir “el 100% de todas las obligaciones dispuestas” en un informe que sustentaba la resolución (artículo 2).
- Además, en el artículo 5 de la misma resolución, se señalaba que en un plazo de 30 días calendario, Doe Run Perú debía constituir y presentar “una Carta Fianza, solidaria, incondicionada, irrevocable y de realización automática a simple solicitud escrita del Ministerio de Energía y Minas, por el monto de US$ 28´641,094, equivalente al 20% del costo del proyecto prorrogado “Plantas de Ácido Sulfúrico” del complejo de La Oroya. ¿Cómo están estos instrumentos y cómo están siendo gestionados? Se necesita un informe claro e integral al respecto y sería ideal que como parte de la negociación, la empresa adhiera a la Iniciativa de Transparencia Financiera (EITI por sus siglas en inglés), tal y como lo han hecho otras empresas del sector.
- Como consecuencia de toda esta crisis queda un saldo negativo para la población y la salud de La Oroya: un nuevo anuncio de ampliación del programa de inversiones ambientales (PAMA). ¿Cuantas veces más se le beneficiará a Doe Run con una ampliación del plazo del PAMA? ¿Esta es la última? Cabe recordar que lo mismo se dijo el 2006 cuando se le amplió el PAMA: la resolución ministerial 257/2006-MEM-DGM , señalaba que: “Doe Run deberá cumplir con el proyecto Plantas de Ácido Sulfúrico, en los plazos perentorios e improrrogables que se señalan en el Anexo de la presente Resolución Ministerial” (artículo 1).
- No se da un buen mensaje con esta decisión. El Ministerio de Energía y Minas no ha cumplido su parte: fiscalizar. La Dirección General de Minería debió “disponer la realización de acciones de fiscalización continua”, “la cual evaluará trimestralmente el cumplimiento de lascmedidas y actividades establecidas para la construcción de las Plantas de Ácido Sulfúrico del Complejo Metalúrgico de La Oroya” (artículo 8). Si la empresa no cumplía, en el mismo artículo se señalaba que se debían “aplicar las sanciones correspondientes”. El ministerio se durmió y recién ahora nos enteramos que la planta apenas tiene un avance del 50%. No ha sido la paralización de las dos últimas semanas, lo que explica el retraso, como se ha señalado.
¿Sacaremos las lecciones en esta ocasión? Las autoridades correspondientes tienen la palabra y la sociedad civil deberá estar vigilante.
Las proyecciones del producto bruto interno (PBI) para el 2009, especialmente estadounidense (EE.UU.), son cada vez más negativas. Según el Fondo Monetario Internacional (FMI), el PBI crecería 0.1% respecto del cierre del 2008 (2/10/2008), luego se pasó a -0.7% en noviembre del 2008 (6/11/2008), posteriormente a -1.6% (FMI, 28/1/2009) y a partir de mediados de marzo la proyección fue del -2.6% (FMI, 19/3/2009). Esta semana la OCDE (31/3/2009) señaló que la caída sería del -4%, que implicaría una menor producción de US$ 570,584 millones, 4.8 veces el producto que generamos anualmente todos los peruanos. Esta crisis ha reducido el valor de mercado del patrimonio de las empresas norteamericanas en US$ 8’331,018 millones (al 1/4/2009), como resultado de la crisis del mercado de valores en curso.
No vamos a discutir porque se modifican continuamente las proyecciones económicas. La futurología es una actividad difícil y riesgosa en las actuales circunstancias. La convicción de la mayoría de los economistas es que todavía no hemos llegado al fondo del túnel. La crisis es como un virus que tiene un ciclo reproductivo que termina en la liberación (cuando sale de la célula huésped). Sin embargo, pueden perjudicar a la célula del organismo donde se aloja hasta, en el peor de los casos, destruirla. Asimismo, tienen genes y evolucionan por selección natural. Esto implica que algunas características de nueva aparición se pueden transmitir de generación en generación (Wikipedia, 2009). La crisis actual tuvo una taxonomía particular hasta el tercer trimestre del 2008, de ahí y hasta ahora tiene otra. Hacia delante, pueden configurarse, diversos procesos y etapas, donde destacan la deflación y el caos sistémico.
Hasta antes del tercer trimestre del 2008 la crisis para los países desarrollados se caracterizó por mostrar un alto precio de las materias primas y el petróleo, elevadas tasas de inflación, tipos de interés estables, dólar americano débil respecto de un euro fuerte, bajas tasas de crecimiento económico que perfilaron una clara situación de estanflación. A partir del tercer trimestre del 2008 y hasta ahora se observa un fuerte descenso del precio de las materias primas y del petróleo, caída de las tasas de inflación, dólar fuerte y euro y libra esterlina muy débiles, descenso generalizado de las tasas de interés y ahora, tasas de crecimiento sensiblemente negativas.
La deflación es el proceso extremo que sigue luego de una recesión, cuando la demanda agregada es menor que la oferta, generando que los precios comiencen a reducirse. Este fenómeno se asocia, en el mejor de los casos, a situaciones de estancamiento productivo (crecimiento cero). Para el hombre de la calle, la deflación puede parecer una circunstancia positiva. Sin embargo, es muy negativa, creando un círculo vicioso donde los consumidores postergan sus decisiones de compra (esperando que los precios caigan más), las empresas reducen sus planes de producción, la contratación de mano de obra e insumos son menores y se generan ingresos más reducidos. Por otra parte, se eleva el valor real de las deudas de las familias y de las empresas, de forma tal que éstos deben reducir sus niveles de gasto corriente y demanda (para pagar a los acreedores), con el consiguiente efecto de una menor producción de bienes y servicios.
Es difícil pensar en la deflación cuando se aplica una política monetaria y fiscal anticíclica, pero puede ocurrir que sean como los antibióticos a los virus, sin efecto alguno. La deflación se inicia cuando la incertidumbre es mayúscula. En estas circunstancias la demanda de dinero por motivo precaución crece mucho. Las familias y las empresas mantienen mucho dinero y gastan menos. Se produce la trampa de la liquidez y las tasas de interés efectivas no se reducen, neutralizando la política monetaria. Los menores niveles de gasto pueden compensar el mayor gasto del gobierno y en ciertas circunstancias conduciéndolo a un balance negativo. El gobierno gasta más, pero los ciudadanos y los negocios compran menos.
El salto de la deflación al caos sistémico estaría marcado por el proceso de pérdida de hegemonía del dólar americano, que puede ser conducido por las fuerzas del mercado y/o inducido por decisiones de política, como cuando en la última semana de marzo el gobernador del banco central chino planteó la necesidad de crear una nueva moneda de reserva internacional que éste a cargo del FMI. En la ruta del mercado, ya no es cierta la hipótesis de que las posibilidades de financiamiento del déficit público norteamericano, a través de la emisión de bonos del tesoro, son ilimitadas. La menor entrada de capitales internacionales hacia los EE.UU. serían causa y efecto de una menor demanda por la divisa norteamericana, que debilitaría al dólar americano y colocaría límites a la expansión de la oferta de dinero.
En este escenario, las políticas monetarias y fiscales en EE.UU. inyectarían demanda agregada que generarían presiones para depreciar el dólar americano respecto de otras monedas, presiones inflacionarias y/o de elevación de los tipos de interés de mercado. De éstas, las dos últimas generarían impactos negativos en la demanda y producción, generando un escenario de estanflación. Frente a este panorama, los otros países podrían repudiar al dólar americano y al mismo tiempo harían frente a la depreciación de esa moneda mediante procesos naturales o inducidos de depreciación en sus respectivas monedas nacionales, inaugurando un proceso de devaluaciones competitivas para hacer frente a la pérdida de competitividad. De ahí, al igual que con la deflación generalizada, hay un paso para la reanudación intensificada del proteccionismo, afectando los flujos comerciales y financieros, y el producto mundial.
No vamos a discutir los alcances de la reunión del Grupo de los Veinte (G-20) de esta semana. Sin embargo, es claro que se va a necesitar una conferencia internacional incluyente. En esta ocasión, la lista de actores relevantes y temas debe ser muy amplia. No sólo se debe hablar de las materias comerciales y financieras concretas. La sostenibilidad del sistema en el largo plazo está en juego. Hay que discutir sobre el rol de los mercados y del Estado, de ética global y de los límites en la actuación de los privados, hay que establecer acciones concretas para redistribuir la riqueza y el bienestar mundial, incorporar la problemática del medio ambiente, tratar los viejos temas del desarrollo que competen a los países pobres, entre otros.

References: artículo 3
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 artículo 5
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