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Timestamp: 2020-08-13 06:26:25+00:00

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El Fabuloso Destino de Shanti – Universo Rave
El Fabuloso Destino de Shanti
Tagged: 88°, Cruz de Encarnación, Diseño Humano, Relato
El principio, según parece, sería así: el óvulo está ahí, bien dispuesto y maduro para franquearse camino y abrirle su escudo protector a un único espermatozoide. Y este espermatozoide es único porque un buen rato antes de empezar a incursionar el camino atávico de las profundidades (parece que 8 horas antes), fue ungido portador de un misterioso cristal llamado de Diseño y un “coso” que denominan Monopolo. No me pregunten quién ni cómo. Tampoco sé quién tuvo la idea de ponerme tetillas siendo un varón, ni cómo y, sobre todo, para qué.
A todo esto, la Tierra gira alrededor de su eje y, como si no fuera poco, orbita alrededor del Sol. La Luna cumple sus ciclos y el resto de los planetas danza el rock’n roll sistémico entre exaltaciones y detrimentos mutuos. Todo en un orden galáctico estricto, salvo que explote una supernova por ahí (¡y lejos, por favor!) y cambie el flujo de los neutrinos nuestros de cada día.
Los neutrinos son como chispitas que están en todos lados, pero no son chispitas porque viajan a una velocidad imposible para la luz. Y son también como piedritas, pero no son piedritas porque lo traspasan todo. Están, sí, pero no están. Son, también y por ende, pero no son. Y sin embargo puede medirse sus influencias. Sí, el tema del conocimiento de los neutrinos está verde, pero cuando madure (que ya va a llegar) yo predigo que empezaremos a teleportarnos a cualquier lado como en Star Trek: “¡Energía, Señor Scott!”
La cuestión es que la fuente más importante de neutrinos que bombardea nuestro planeta es el Sol, y se la calcula en un 70 % de todos los neutrinos que recibimos de todos lados. Y si bien los neutrinos lo atraviesan todo, por eso de la chispa/no chispa, piedrita/no piedrita, es de esperar que si al flujo de neutrinos se le atraviesa materia, el flujo va a cambiar, va a haber un efecto en esa radiación cósmica, mínimo quizá, pero efecto al fin. Como que ese flujo no será el mismo durante un eclipse solar. E insisto, salvo que tosa una supernova por ahí y expectore todos sus neutrinos, ya que eso cambiaría todo el fino balance galáctico, y así estamos de antiguas toses.
Bueno, pero volvamos al principio. El espermatozoide único por ungido, hace su precalentamiento de 8 horas, se acomoda en algún recoveco que no sea su cola el Cristal de Diseño y el Monopolo, que vendrían a ser como una contraseña y un turbo, estira y contrae la cola y sale a correr una maratón llena de obstáculos y de pares: unos diez millones en promedio. Pero él es el único, el que va más rápido, el más resistente y el que tiene la llave de entrada. Se encuentra por ahí con el óvulo, enorme, denso, pluripotente e inexpugnable que frente a la contraseña baja las barreras por un instante, deja penetrarse por el ungido (que pierde la cola en el intento) y vuelve a cerrarse definitivamente. El resultado de este principio de encuentro es lo que llaman la fertilización: dos partes que se unen para dar algo nuevo y diferente, el huevo o embrión. Y es en ese momento en el que se habla de concepción.
El huevo comienza una migración que lo lleva a arraigarse en la pared del útero. Siendo una única célula, el huevo se divide en dos células, y cada una de estas dos en otras dos, y las siguientes en dos más, y así hasta que cada célula empieza a diferenciarse, a cumplir su propósito que, según parece, está comandado por el Cristal de Diseño, ese que aportó el ungido. Unas formarán lo que será la piel, otras lo que representará el sistema circulatorio. Unas los pulmones, otras las huesos. Unas las uñas, otras el cerebro. A todo esto la Tierra sigue girando alrededor del Sol y los neutrinos juegan a ser y no ser, estar y no estar, ¡y el mundo sin un sistema de teleportación aún!
El neocórtex es una de esas palabrejas de moda que nos trae la divulgación de neurociencias y que siempre queda bien introducir en una conversación social afirmando que todo lo humano empieza en el neocórtex y termina en las rebajas de verano. Para entendernos, convengamos que el neocórtex es ese grupo hiperespecializado de células del cerebro que nos hace ser racionales… bueno, o lo intenta. Lo de neo viene porque es la última, la más nueva capa de células (córtex) que se forma en el cerebro del feto. Esto ocurre a partir del tercer o cuarto mes de gestación. El neocórtex sigue evolucionando luego del parto.
Parece ser que en este preciso momento, mientras el sistema solar hace su paseo en el seno de la galaxia y las células del feto están en pleno concierto de especialización dirigido por el Cristal de Diseño, el “coso” este del Monopolo, que estaba bien acomodado en un rincón del esternón sin llamar la atención aparece, disca un número que tenía en memoria, llama al Cristal de Personalidad y lo invita a que se instale en ese neocórtex flamante y con un atrayente olor a tapizado nuevo, vistas despejadas y con potencialidades varias. El Invitado no resiste la oferta y allí se instala definitivamente.
Parece ser que esto ocurre como una programación a unos 3 meses antes del día de nacimiento. Y si naciste prematuro, de los tres meses no te salvas: es parte del programa. –¡Y no me jodas!– agrega el “coso” que se quedó definitivamente sin batería en el teléfono.
No está muy claro (Monopolo no responde) si el Cristal de Diseño ya estaba ahí, o lo invitaron sin mayor alharaca, pero a esos 3 meses antes del parto, él ya estaba instalado un poco más abajo que el Cristal de Personalidad en la zona de la cabeza. Lo que sí parece indiscutible es que en ese preciso momento se quedó dormido y como nunca quiso usar protector solar quedó expuesto al flujo de neutrinos reinante. Por lo que se puso colorado como un tomate y esa impronta le quedó marcada de forma indeleble.
A todo esto, parece ser que al Cristal de Personalidad le costaba un Perú acomodarse con tranquilidad en las nuevas instalaciones que no paraban de agrandarse. Nunca reparó del arribo de su vecino, el Cristal de Diseño, y este último, ocupado en arreglar los últimos detalles (y las quemaduras neutrínicas), tampoco se percató de la existencia del otro. Mientras tanto, el “coso” del Monopolo, imposibilitado de llamarlos, se concentró en la ardua logística de establecer una dirección y un sentido al conjunto desde su cuartel general detrás del esternón. Y allí, afuera, el sistema solar en pleno movimiento… y la humanidad, lejos de la teleportación.
Parece ser que las primeras patadas son algo hermoso, que el aumento de peso es un orgullo, y que la parturienta termina sin aliento y no viendo la hora de que ocurra el bendito parto. Entre paréntesis, hay quien dice que fue la esposa de Roddenberry (el creador de Star Trek) quien le sugirió durante su segundo embarazo la idea de la teleportación que lo hizo famoso. “¡Quiero que me saques ya esto de aquí y que lo pongas ahí!”, afirman allegados que espetó la mujer a la centésima contracción de un parto complicado.
Es así, como sea, de la forma que sea, pero unos 3 meses después de haberse instalado el Cristal de Personalidad en el neocórtex, que la criatura nace y con ella la promesa única. Es en ese exacto momento en que sale la criatura del vientre de su madre, que el Cristal de Personalidad queda expuesto, recibe su baño de neutrinos en ese mismo instante y queda negro como el carbón para siempre (vaya uno a saber por qué usaba protector), lo que es el signo de su impronta. Ah, y la criatura se llama Shanti y nació en Bombay, que por esas razones de política interna difíciles de comprender, hoy se llama Mumbay. ¡Bienvenido Shanti!
Parece ser que hay 64 hexagramas del I Ching y que uno puede hacer con ellos un círculo o una ruleta que se proyecta desde el cuerpo de la criatura hasta el espacio justo donde navegan los satélites a pleno bip-bip, aunque dicen que en ese lugar no se escucha ni el zumbido de una mosca. Como sea, ese círculo o ruleta, que a fines aún más prácticos uno se lo puede imaginar como una rueda con 64 chirimbolos de líneas enteras y cortadas (muy bonitas aunque sean chino básico), puede alinearse con todo lo que anda dando vueltas por el espacio -el Sol, la Luna, los planetas-, y la rueda sobre la propia criatura. Ya vimos que el Cristal de Diseño se tostó unos tres meses antes que el Cristal de Personalidad, y que el Monopolo está ocupado dando dirección (y no contesta).
Pero, ¿cómo es eso de los tres meses? ¿Son tres exactos o hay descuento? Shanti nació, que no es poco, en un lugar determinado en el planeta Tierra y a una hora precisa, entre la emisión de telecompra de la mañana y las series soporíferas y repetidas de la madrugada. Parece ser que eso es una coordenada cósmica substancial (sin olvidar que también este es el momento en el que el Cristal de Personalidad logró su bronceado). En ese exacto y preciso momento la Tierra que vio nacer a la criatura sobre la cual hemos imaginado la rueda con los 64 chirimbolos muy bonitos, viene girando alrededor del Sol que marca su posición en la rueda. Eso permite trazar una línea entre el Sol y la Tierra que de un lado de la rueda tocará uno de los chirimbolos y del otro, otro. Este es el eje al que se le llama de Personalidad. Pero esto ocurrió como resultado del bronceado neutrínico del primer cristal, el de Diseño, que se había quedado rojo como un tomate 3 meses atrás. Digamos que en aquel momento la Tierra estaba en otra posición con respeto al Sol, y esa posición de entonces es un punto diferente en la rueda sobre la cabeza de Shanti que todavía no nació. Con ese punto de este Sol y su contrario en la Tierra, se puede trazar la otra línea o eje que se denomina de Diseño.
Se forma así una cruz muy sui generis que divide a la rueda en cuatro partes. Lo de sui generis viene a título de que los ejes no forman un ángulo recto, ese tan tranquilizador de 90 grados, como habrá saltado a la vista de cualquier aficionado. Dos de las partes de la torta tienen un ángulo más pequeño y las otras dos uno más grande. Parece ser que si uno mide las porciones más pequeñas con un transportador, encuentra un místico número que no cambia para ninguna criatura: 88 grados. Por lo que si aplicamos las matemáticas geométricas del círculo, y sin necesidad de transportador, los más grandes tendrán sendos ángulos de 92 grados. Así: 88 + 88 + 92 + 92 = 360. Y como todos sabemos desde la primaria, 360 grados son los que contiene todo círculo como la gente.
Parece ser, entonces, que entre el momento en que los neutrinos enrojecieron el Cristal de Diseño de Shanti y en el que le dejaron negro el Cristal de Personalidad, la posición de la Tierra con respecto de la del Sol cambió en 88 grados en esa rueda. Y 88 grados de coordenadas solares son unos 3 meses. – ¡Y dale con la aproximación! ¿Cuántos días?– reclama el otro. La respuesta es de entre 85 y 92 días que es alrededor de 3 meses. No te pongas loco y dame dos párrafos.
Todo el mundo ha escuchado o leído alguna vez que la Tierra gira alrededor del Sol en una eclíptica, que es casi un círculo con forma parecida a una pelota de rugby, o sea que no es un círculo perfecto como la forma de una pelota de football. Es así que, en un momento del año, la Tierra está más cerca del Sol y en otro más lejos (¡y no, no es por eso que tenemos las estaciones!). Lo que no todo hijo de vecino sabe es que la Tierra recorre esa trayectoria de su eclíptica a velocidades diferentes. Sí. Cuando va acercándose más al Sol, que es en el solsticio de diciembre, éste la atrae con más fuerza y la Tierra avanza entonces en su eclíptica más rápido hasta llegar al punto que se denomina Perihelio, que es a principios de Enero. Por el contrario, cerca del equinoccio de Junio, o sea que más lejos del Sol, la Tierra recorre su trayectoria más lentamente hasta el punto que los doctos llaman Afelio, a principios de Julio.
Esta diferencia de velocidad de giro de la Tierra alrededor del Sol nos hace percibir que el astro transita el cielo a velocidades diferentes. Así, si la criatura nació un 9 de Septiembre, el Sol ya había enrojecido su Cristal de Diseño 88 grados antes en la rueda, o sea el 9 de Junio. Esto es un periodo de 91 días y monedas en el que la Tierra iba más lento (andaba cerca del Afelio), por lo que el Sol parecía “transitar” la rueda más lentamente. Pero si hubiese nacido el 9 de Marzo, el Sol de su Diseño habría marcado la rueda el 13 de diciembre del año anterior, época del Perihelio de máxima velocidad, que es como decir que el Sol avanzaba más rápido en el cielo. Ese periodo de los mismos 88 grados corresponde a 86 días y monedas. Por eso lo de más o menos 3 meses.
Esto quiere decir que la trayectoria del Sol en la rueda con los chirimbolos chinos dura siempre un año, pero que su velocidad para avanzar en ella (que es la de la Tierra) varía durante el transcurso de ese año. 88 grados de esa rueda separan el momento en que el Cristal de Diseño fue neutrinizado y se quedó en algún lado de la cabeza, y el momento en que el Cristal de Personalidad se instaló con su impronta en el cuerpo al momento de nacer.
Ahora podemos volver al tema de las cruces tan sui generis, aunque antes…
Me fui con la cruz de Shanti dibujada en la hoja de papel a lo de mi vecino Jung Li (que tiene un hijo que no sabe una papa de la velocidad variable de la Tierra y se la pasa cazando pikachus en su consola). Me recibió con inclinaciones, sonrisa presta y me invitó a entrar en su departamento con sus ojitos chiquitos. Me explicó que los chirimbolos de la rueda se llaman Hexagramas, que son 64 y que cada uno es una figura con un mensaje específico que sufre mutaciones. Mientras preparaba una sopa con citronela, hongos y langostinos que me hacía agua la boca, me contó que para entender la mutabilidad de un hexagrama hay que considerar primero las dos líneas que lo componen a todos, una línea continua y otra cortada en sus 4 combinaciones posibles, el Yang y el Yin, los contrarios que se complementan. Luego con ellos se pueden construir los trigramas, que son tres líneas en todas las combinaciones posibles, o sea 8, que al ponerlos uno encima del otro obtenemos un trigrama inferior y otro superior. Lo que finalmente forma el chirimbolo… el Hexagrama, quiero decir, que es un signo formado por seis líneas que se enumeran de abajo hacia arriba de 1 a 6.
Y a mí, que me gusta que todo esté ordenadito (salvo mi casa y mis cosas), se me vino un entripado cuando vi que la secuencia de los 64 Hexagramas alrededor de la rueda estaba toda desordenada. Al escucharme, Jung Li dejó de revolver la sopa y me miró con sus ojitos entrecerrados de siempre (también miró a su hijo que seguía dale que dale con la consola, y le gritó algo; pero no viene al caso). Entonces me dijo que ubicara el Hexagrama 1 en la rueda, el que tiene sus 6 líneas enteras. Así lo hice, es el que está a las a las dos y diez. Luego me dijo que recorriera en sentido antihorario los 7 siguientes Hexagramas, o sea el 43, 14, 34, 9, 5, 26 y 11, y me dijo que buscara lo que tenían en común. Me costó, pero al rato vi que los 8 símbolos tenían en común el trigrama inferior, tres líneas enteras.
Entonces me dijo que mirara el Hexagrama 10 (justo a la izquierda del 11) y que viera si encontraba algo en común en los 7 siguientes. Y como ya me sentía canchero, de una le dije que el trigrama inferior de los 8 era el mismo: las dos primeras líneas enteras y la tercera cortada. Bajó la vista y agregó una cucharada de salsa de soja a la sopa que continuaba emitiendo a toda la vecindad sus efluvios irresistibles. –¡Shi da! – me dijo, que supongo debe querer decir sí en chino. Y con un gesto de la cabeza, me invitó a seguir. Y así pude dar la vuelta por toda la rueda y encontrar un primer orden en la secuencia de los chirimbolos… Hexagramas. Los trigramas inferiores de cada grupo de 8 en su secuencia son iguales. Miré la rueda de lejos y le dije con satisfacción que esos grupos dividen la torta en 8 partes iguales.
Me sonrió con sus ojitos entrecerrados por el vapor de la sopa, y al tiempo que agregaba unas hojitas de no sé qué me dijo que hiciera lo mismo con las dos líneas inferiores. Como ya estaba en modo cardiomental óptimo, ahí me puse a mirar previendo lo que me iba a encontrar. Empecé con las dos líneas inferiores enteras desde el Hexagrama 10, y vi que la secuencia ininterrumpida llegaba hasta el Hexagrama 19, a la izquierda, y hasta el hexagrama 1 a la derecha: o sea 16 Hexagramas con el mismo bigrama de líneas enteras. Del 13 al 24, todos los 16 tenían la primera línea entera y la segunda cortada. Los 16 que seguían, del 2 al 33, compartían sus dos primeras líneas cortadas, y los últimos 16, del 7 al 44, la primera línea cortada y la segunda entera. Y di la vuelta a la rueda donde el ciclo vuelve a empezar. Lo que permite cortar la torta en 4 porciones con 16 hexagramas cada una: o sea que la rueda tiene cuatro “cuartos” compuestos cada uno por un Hexagrama con 6 líneas en un orden en el que lo inferior invariable soporta lo superior variable. –¡Shi da, shi da! – me dijo Jung Li mientras me invitaba a sentarme a la mesa en la que tres pocillos muy lindos y tres cucharas enormes de porcelana rodeaban la cacerola con esa sopa que, era de prever, estaba de putamadre.
El hijo de Jung Li, se clavó la sopa en 5 minutos y con un “shieshié, shieshié” inclinado la cabeza, partió a la caza de nuevos pikachus. En la sobremesa, Jung Li me dijo que las líneas en un hexagrama mutan, se interconvierten, pasan por periodos de indefinición antes de convertirse en enteras o cortadas. Me dijo que eso es el secreto que cada línea guarda: el cambio, la diversidad, la mutación. Que en el camino no todo es entero ni todo es partido, que nada es enteramente Yin ni enteramente Yang porque el uno es el germen en el otro. Que meditara en eso.
Fue entonces que tomó mi imagen de la rueda con la cruz sui generis y me dijo que mirara bien en detalle qué partes de los cuatro hexagramas cubrían los ejes. Y pude ver con claridad que en la rueda cada Hexagrama tiene seis divisiones. Pedí un segundo bol de sopa, que mi vecino vertió con suma delicadeza en el pocillo, justo en el momento en que su hijo pegó un grito que me hizo entender que acababa de atrapar al más poderoso de los pikachus de la galaxia y zonas aledañas. En efecto, los ejes de esa cruz se apoyaban en diferentes zonas del espacio para cada Hexagrama. Miré con detalle, agucé la vista y pensé en el concepto intrínseco del movimiento: “entre un punto A y un punto B hay infinitos puntos que los unen”.
“No te quedes con el hexagrama como algo rígido y estático, porque un hexagrama es algo móvil y muy profundo”, me dijo Jung Li mientras recogía los pocillos, las cucharas y la cacerola, y me invitaba a partir porque ya era tarde. Me teleporté a mi departamento (20 escalones y 3 metros más abajo), desempolvé mi lupa, mi calculadora Casio C20, y me puse a hacer gráficos en el ordenador.
Volvamos a la criatura, Shanti, a quien le corresponde esta Cruz sui generis con ángulos de 88° que definen los otros de 92°. Ya vimos que los 88° son estrictos y es la distancia que recorre el Sol entre el bronceado neutrínico del Cristal de Diseño y el del Cristal de Personalidad, que corresponde a un periodo de días variable de unos 3 meses, y que cuando uno traza (que no es obligación, ¡eh!) cada una de esas dos coordenadas en la rueda de los… Hexagramas que están muy bien ordenados, aunque no lo parezcan, obtiene una cruz chanfleada que cae en cuatro de ellos.
Parece ser que la criatura que es Shanti vio la luz el 21 de diciembre de 1995 a las 6 horas y 1 minuto en Mumbay, India, parto normal, la mamá bien y el padre orgulloso. En ese momento cósmico, el Sol marcaba su paso virtual (que es la Tierra la que se mueve, ¡joder!) en la rueda en el Hexagrama 10, con su alineación terrestre en el Hexagrama 15. Lo que quiere decir que 88 grados antes en la rueda se instalaba el cristal de Diseño. En ese momento el Sol marcaba su paso celeste en el Hexagrama 46, con la contrapartida terrestre en el Hexagrama 25 = una bonita cruz sui generis.
Ahí saco la lupa y miro dónde se posan los ejes en el espacio que le corresponde a cada Hexagrama y anoto:
En el eje de Personalidad: para el Hexagrama 10, el Sol estaba transitando el principio de la línea 1, lo que se traduce en la misma posición para la Tierra en la puerta 15.
En el eje de Diseño: para el Hexagrama 46, el Sol estaba a más de la mitad de camino entre la línea 3 y la 4, ídem para la Tierra de Diseño. Esto es lo que se denomina perfil 1/3.
“Ajá” me dije. “No sólo los ejes de la cruz tienen ángulos diferentes, sino que también sus posiciones en la continuidad de las líneas es distinta”. De no haber sido Shanti tan nocturno y hubiese nacido más tarde (previo clavado familiar de un buen pollito al tandoori, por ejemplo), digamos que, después de las 16 horas, la posición de los dos ejes de la cruz habría cambiado sus rangos en las líneas de los mismos Hexagramas. Obvio, todo se mueve. Sólo que el eje de Diseño ahora estaría empezando a transitar la línea 4, y el de Personalidad estaría recién llegando al final de la línea 1. Lo que nos da una combinación de líneas 1/4, y a este par se le llama perfil.
Y si luego del tandoori y después de un buen darjeeling con masas de miel, este Shanti de criatura hubiese llegado al mundo a eso de las 18 horas, la cruz habría seguido moviéndose y ahora el eje de la Personalidad empezaría a circular la línea 2 mientras que el de Diseño estaría llegando al final de la línea 4. Lo que resulta en el perfil 2/4.
De esta asimetría tan perfecta como necesaria surgen 12 posibilidades puntuales, doce perfiles, mientras las cruces sui generis de las potenciales criaturas recorren las líneas de sus cuatro Hexagramas Sol/Tierra:
1/3, 1/4, 2/4, 2/5, 3/5, 3/6, 4/6, 4/1, 5/1, 5/2, 6/2 y 6/3
Y todo está en un orden perfecto. Los 88 grados entre la impronta de neutrinos del Diseño y la Personalidad abren una puerta adicional increíble a la diversidad, porque huelga decir que no es lo mismo un perfil 1/3 que un 4/6 o un 4/1 o un 6/2. No, no. No son lo mismo. No son la misma evolución de las líneas de los Hexagramas, y Jung Li sabe bien que eso es radical, por eso me dijo que meditara en la dinámica. Los 88 grados posibilitan lo que una simetría perfecta no lograría: la diversidad de… ejém… la Encarnación de las diferentes criaturas que somos todos, nuestro propósito, nuestras ropas con las que damos una vuelta por este mundo.
Hay todavía algo más curioso en esta asimetría tan sui generis de las cruces, y es que sus dos ejes no se mantienen en los dos mismos pares de Hexagramas durante el mismo ciclo. –¿Por qué me la seguís complicando? –me reclama el otro. Y yo le respondo que la belleza nunca es complicada.
Si hacemos girar la cruz sobre la rueda en el sentido antihorario, que es el sentido en el que percibimos el movimiento del Sol (que no es él el que se mueve) en el cielo, podemos verificar lo siguiente, y para eso tomemos como punto de partida el nacimiento de Shanti, el 21 de diciembre de 1995 a las 6 horas y 1 minutos en Mumbay: esto es 10/15|46/25 (Hexagramas 10 y 15 para el eje de Personalidad y Hexagramas 46 y 25 para el eje de Diseño). También vimos que el eje de Personalidad recién empieza a transitar la línea 1 y el de Diseño ya está a medio camino entre la 3 y la 4. Las criaturas que vayan naciendo horas después tendrán todas los dos mismos pares de hexagramas (10/15|46/25) pero diferentes pares de líneas, hasta que se llega al 4/6. En ese momento se produce un cambio desde el eje de Diseño en línea 6 que “salta” a la línea 1 del Hexagrama siguiente, para volverse el par 4/1 de una dupla nueva: 10/15|17/18. Estas nuevas coordenadas conforman una nueva cruz. Si avanzamos unas horas más, las criaturas que nacerán tendrán sus cruces con estos mismos pares de Hexagramas pero en las líneas que siguen: 5/1, 5/2, 6/2 y 6/3. A este fenómeno de la dinámica en la rueda, parece ser que le pusieron nombres: así, los primeros 7 pares de líneas (1/3, 1/4, 2/4, 2/5, 3/5, 3/6 y 4/6) con sus Hexagramas 10/15|46/25 los llaman de Ángulo Derecho y las 7 cruces llevan el mismo nombre. El primer par de líneas (4/1) que salta al par siguiente de Hexagramas, 10/15|17/18, se denomina de Yuxtaposición y su cruz tiene su propio nombre. Los 4 que siguen (5/1, 5/2, 6/2 y 6/3) son nombrados como de Ángulo Izquierdo y los 4 poseen el mismo nombre de cruz. Lo que significa que cada par de Hexagramas define tres cruces diferentes. Lo que nos da 194 cruces distintas en toda la rueda.
Así gira la Tierra Alrededor del Sol, y es este astro el que nos baña a su paso con la mayor cantidad de neutrinos que se emiten en nuestra vecindad cósmica. Tarda un año en dar una vuelta entera a la rueda pero a cada paso deja su huella. A cada paso, a cada segundo de grado, el Sol marca su presencia y eso nos permite a las criaturas que somos de dibujar diferentes cruces precisas y asimétricas en una hoja de papel. Pero por sobre todas las cosas dejó su impronta en Shanti y lo transformó en un ser con un destino único.
Queda por saber qué hay entre una línea y otra. Ese espacio en el que seguramente ocurre un montón de otras cosas y Shanti es más Shanti. Rascar para ver lo que hay “entre líneas” o lo que está por debajo, que es lo mismo, es parte de otra historia que también es parte de esta historia; una historia también ya contada aquí y allá y que puede valer la pena tomarse un rato para aprehenderla. Pero esa otra historia parece que es sólo otro principio. Y a todo esto, parece ser que las criaturas de la humanidad siguen sin poder teleportarse, Shanti incluido. [AR-UR]
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