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Timestamp: 2019-11-17 18:38:59+00:00

Document:
El señor MONTES (Presidente).- Por acuerdo de Comités, corresponde ocuparse en el proyecto, iniciado en moción de los Honorables señor Quintana, señoras Órdenes y Provoste y señor Latorre, en primer trámite constitucional, que modifica la Ley General de Educación para establecer la obligación de que todos los establecimientos educacionales con financiamiento público sean de carácter mixto, con informe de la Comisión de Educación y Cultura.
--Los antecedentes sobre el proyecto (11.743-04) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
En primer trámite: sesión 17ª, en 16 de mayo de 2018 (se da cuenta).
Educación y Cultura: sesión 22ª, en 6 de junio de 2018.
El señor LABBÉ (Secretario General).- El objetivo principal de la iniciativa es reconocer en el cuerpo legal citado, en el artículo que desarrolla y define los principios en que se inspira el sistema educacional, el derecho efectivo de los estudiantes de incorporarse a los distintos establecimientos que reciben aportes del Estado, públicos o privados, sin que el género sea una razón excluyente para su ingreso, por lo que corresponderá que estos últimos adquieran la condición de mixtos en el plazo de cuatro años desde la publicación de la norma.
La Comisión deja constancia de que discutió solo en general el proyecto, no obstante ser de artículo único, a fin de que se disponga la apertura de un plazo de indicaciones con el objeto de hacer las adecuaciones que sean necesarias.
La idea de legislar fue acogida por la mayoría de sus miembros. Se pronunciaron a favor los Honorables señora Provoste y señores Latorre y Quintana, y lo hizo en contra el Senador señor García.
Cabe tener presente que el artículo único permanente reviste carácter orgánico constitucional, por lo que su aprobación requiere 23 votos.
Puede intervenir la Honorable señora Provoste, Presidenta de la Comisión de Educación y Cultura.
La señora PROVOSTE.- Señor Presidente, el propósito de la moción presentada por el Senador señor Quintana -ha pedido que lo acompañemos los Honorables señora Órdenes y señor Latorre y quien habla, lo que hacemos con gran entusiasmo- resulta muy claro, cual es dar cuenta de los avances experimentados por nuestro país que permiten ir profundizando una cultura que rechaza todo tipo de discriminación arbitraria, situación que se registra en diversas dimensiones y que hoy se evidencia de mejor manera en el trato desigual que reciben las mujeres.
Resulta un deber, entonces, hacer efectivos la responsabilidad, la integración y el valor de otro en cada una de las instancias con participación del Estado, en lo que cabe reconocer las diferencias al igual que apreciar las virtudes. Ello debe ocurrir desde la más temprana edad y a lo largo de todo el proceso educativo.
El proyecto en debate busca volver a lo natural, a lo que significa la convivencia diaria entre hombres y mujeres en distintos espacios. En el último tiempo hemos tenido la posibilidad de dialogar con profesores, con centros de alumnos de diferentes establecimientos que han dado el paso de transformarse en mixtos y de comprender que la escuela desempeña un rol muy importante, no solo desde el punto de vista de la educación y la socialización, sino también de contribuir decisivamente a eliminar todas las barreras patriarcales que impiden una convivencia armónica entre un sexo y otro. Nadie puede desconocer que la educación juega un rol precioso para poder avanzar en el camino de dejar atrás todo tipo de discriminación. Por ello es que en esas conversaciones los estudiantes valoraban iniciativas como la que nos ocupa.
Desde luego, ya son muchos los colegios que han logrado dar el paso de convertirse en mixtos, de volver -repito- a lo natural, de no contemplar barreras de entrada que discriminen a quienes quieran ingresar.
Creo que ha sido particularmente importante advertir que la proporción de aquellos que se mantienen con una estructura monogenérica no sobrepasa el 3,7 por ciento y que, de ellos, los que reciben financiamiento estatal representan un porcentaje aún menor.
El Estado ha tenido que forzar transformaciones relevantes, y la legislación ha jugado un papel muy significativo, que va desde la conquista de derechos políticos, al incluir a las mujeres en el derecho a voto, hasta la más reciente determinación de cuotas, en el sentido de incorporar la exigencia de que vayan en las listas parlamentarias.
Si algunos plantean, como argumento para oponerse al proyecto, que el ordenamiento no puede forzar, permítame recordar la historia del país, señor Presidente. Han sido precisamente leyes las que han llevado adelante las transformaciones culturales y las esperanzas de muchos sectores que hemos creído que la mujer tiene derecho a votar y, posteriormente, a ser elegida. Eso se halla presente en la normativa.
Lo que se considera en el texto es si estimamos o no necesario derribar todo tipo de discriminaciones.
En un momento en que el actual Gobierno ha planteado una política de género, nos parece claro que cabe sumarse con entusiasmo a la iniciativa. Ello permite efectivamente dejar atrás la división de roles, así como la educación y el trabajo como un pilar básico en el sistema patriarcal, que sostiene la superioridad masculina y asigna a los hombres el espacio público y a las mujeres el mundo privado del hogar, la maternidad y el aspecto reproductivo.
Lo anterior es lo que se ha encontrado presente en la naturaleza del funcionamiento de colegios para hombres y de colegios para mujeres: los primeros han preparado a quienes tenían que encabezar la República y los segundos han formado para ser buenas madres y dueñas de casa.
Eso estamos discutiendo en relación con el proyecto de ley, el cual busca que todos los establecimientos que reciben financiamiento del Estado dejen atrás esta discriminación arbitraria.
La educación escolar segregada refuerza la división sexual patriarcal y crea, particularmente en los colegios de varones, un ambiente de sociabilidad masculinizante y machista, donde se refuerzan los roles tradicionales del hombre, el uso de la fuerza, y el humor y lenguaje sexistas, lo que impide a los alumnos aprender a convivir con mujeres, y no solo respetarlas a ellas, sino también a personas de distinta orientación de género.
La pluralidad de género, de raza, de etnia y de clase social en la educación es un valor que les permite a los estudiantes acostumbrarse a socializar, como individuos integrales, en un marco de no discriminación.
Es por eso que hemos acompañado al Senador señor Quintana en la idea y la autoría, y apoyado con entusiasmo la iniciativa en la Comisión, al igual que lo haremos en la Sala al votar a favor.
El señor GARCÍA.- Señor Presidente, es probable que existan buenas razones pedagógicas para que los colegios privilegien una educación mixta, para que niñas y niños estén juntos en la sala de clases. Lo que no me parece adecuado es que eso tengamos que hacerlo por ley.
Podemos establecer incentivos o ver distintas fórmulas a fin de lograr ese propósito, si lo definiéramos como un objetivo educacional. Pero prohibir la existencia de colegios unigénero, prohibir la existencia de establecimientos que han definido como proyecto educativo el ser de niñas o de niños -entre los cuales hay más de doscientos colegios municipales, por ejemplo-, no solo me parece una exageración -y un mal procedimiento hacerlo por ley-, sino además, clara y directamente, una vulneración de garantías constitucionales establecidas en nuestro ordenamiento.
En efecto, dentro de las BASES DE LA INSTITUCIONALIDAD, en el artículo 1°, inciso tercero, de nuestra Carta Fundamental se señala: "El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad y les garantiza la adecuada autonomía para cumplir sus propios fines específicos.".
Si nosotros le prohibimos a una comunidad educativa decidir qué tipo de estructura o forma le da a su colegio, si mixta o unigénero, estamos invadiendo un ámbito que es privativo de esas organizaciones intermedias.
Ello se advierte con mayor claridad aún si nos vamos al artículo 19, número 11°, del Texto Constitucional, que habla precisamente sobre la libertad de enseñanza:
"La libertad de enseñanza incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales.
"La libertad de enseñanza no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional.".
Por tanto, es perfectamente legítimo, de acuerdo con nuestro ordenamiento constitucional y legal, que una comunidad educativa elija si quiere un colegio mixto o prefiere un colegio solo de niñas o solo de niños. Creo que prohibirlo mediante una ley es -como dije- atribuirnos una decisión que debe quedar en el ámbito de la familia y de las respectivas comunidades.
Por eso, señor Presidente, voté en contra del proyecto en la Comisión de Educación y hago ahora reserva de constitucionalidad a su respecto.
Insisto: si llegáramos a la convicción de que, desde el punto de vista educacional, este debiera ser un objetivo, lo que tendríamos que hacer es crear incentivos para que así ocurra, pero no prohibir lo contrario por ley.
Quisiera, además, señalar lo siguiente, porque no se ha dicho y creo que es muy importante.
Nosotros, en la tramitación de esta iniciativa en la Comisión de Educación, no tuvimos oportunidad de escuchar a los actores: los alcaldes que tienen colegios no mixtos, o los que contaban con colegios unigénero y los transformaron en mixtos. Tampoco tuvimos la posibilidad de oír a las comunidades escolares, a los directores, a los centros de padres y apoderados, a los centros de alumnos.
En consecuencia, en la mencionada instancia acordamos que, siendo este un proyecto de artículo único, la Sala votara hoy día solo la idea de legislar, y, de aprobarse, que volviera a la Comisión, porque estimo que esta es una materia muy importante y trascendente para la familia.
Pienso que tenemos la obligación, para legislar correctamente, de disponer de más información, en especial de aquella proveniente de quienes trabajan en las respectivas unidades educativas.
Señor Presidente, quiero que, en caso de aprobarse la idea de legislar, se tenga presente ese acuerdo de la Comisión de Educación, porque considero que este proyecto, a pesar de ser de artículo único, debe necesariamente regresar a dicho órgano técnico.
El señor MONTES (Presidente).- Deseo hacer una aclaración.
Está planteado que la iniciativa solo sea vista en general por la Sala -es lo que sugiere la Comisión-, que se fije un plazo para la presentación de indicaciones y que antes de discutirse estas se puedan realizar audiencias para oír a los distintos actores y personas.
Lo que viene en el informe de la Comisión apunta en el mismo sentido de lo que ha propuesto Su Señoría.
Evaluamos si el proyecto es inadmisible o no. Y la verdad es que, como está afectando o incorporando principios, creemos que es admisible, porque no representa un gasto específico.
El señor MONTES (Presidente).- Quiero saludar al Segundo Medio del Colegio San Andrés de Colina -¡ha venido casi todo Colina...!-, que está integrado por cincuenta alumnos, dirigidos por la profesora Magda Sandoval.
El señor QUINTEROS.- Señor Presidente, este proyecto no lo estaríamos discutiendo si no fuera por el auge que ha adquirido el movimiento feminista en el Chile de hoy, por la adhesión y simpatía que generan sus demandas en la mayoría de la sociedad, las que se expresan en centenares de movilizaciones, con los más variados petitorios.
No se trata solo de un conjunto heterogéneo de reivindicaciones, algunas muy generales y más bien de carácter cultural, y otras mucho más acotadas y de alcance parcial.
Lo relevante y lo contagioso del movimiento es que representa una toma de conciencia profunda que se ha producido en la sociedad chilena, fundamentalmente en las nuevas generaciones.
Los niños y jóvenes simplemente no aceptan muchos de los roles que hasta ahora dominan y condicionan la vida familiar, laboral y social.
Su rechazo es radical e intransable. Y tienen razón en el fondo de su radicalidad, porque lo que está en juego es la dignidad de las personas y sus derechos esenciales.
Su movimiento no respeta tradiciones, por cuanto justamente es la costumbre la que transmite los roles y formas de vida que asfixian y limitan las capacidades de desarrollo de las mujeres, limitando con ello a toda la sociedad.
En este marco, se entiende perfectamente que, bajo la consigna de "educación no sexista", las aulas sean el medio en que el movimiento ha adquirido mayor dimensión y se constituyan, por lo tanto, en uno de los primeros objetivos de intervención.
Después de la familia, para los niños la escuela es el principal espacio de socialización. Los patrones o conductas que se aprenden en ella son fundamentales en su formación.
Y el punto de partida es que la escuela no discrimine en su admisión por razones de sexo o género.
Esto no es nuevo en la educación pública. Antes se les llamaba "escuelas coeducacionales", y desde hace décadas se han constituido en la regla general. Pero hay un conjunto de establecimientos, incluidos algunos de los llamados "emblemáticos", que continúan acogiendo alumnos según sexo.
Esta tradición no admite continuación, en primer lugar, por el rechazo que genera en los propios estudiantes, pero también por el modelo sexista que se reproduce consciente o inconscientemente.
Así como estamos por la inclusión social, por la integración en las ciudades y barrios, por la convivencia de todas las culturas, también las escuelas deben apropiarse de nuestra diversidad, valorizar nuestras diferencias. Y eso se hace, en primer lugar, con una igualdad total, descartando todo tipo de discriminación en el ingreso por la condición económica, social, cultural, étnica, religiosa o de sexo o género.
Señor Presidente, los nuevos tiempos para el país están siendo construidos por las pequeñas y grandes transformaciones que está impulsando el movimiento justo, honesto e impaciente de miles de mujeres y hombres que han decidido cuestionar los paradigmas vigentes y salir a las calles demandando igualdad.
El señor QUINTANA.- Señor Presidente, Chile es un país muy distinto al que era hace doscientos años, cuando se crearon los colegios separados por género.
La Senadora Yasna Provoste, Presidenta de la Comisión de Educación y Cultura -autora también de esta iniciativa, al igual que el Senador Latorre, entre otros-, explicaba muy bien lo que tuvieron en consideración el Director Supremo y los gobiernos de la época.
Incluso, podemos demostrar que antes de ese período también hubo establecimientos separados por género. ¿Por qué? Porque durante la Independencia, fundamentalmente, en los liceos de hombres debían formarse los ciudadanos que tomarían las grandes decisiones de la patria y en los liceos de niñas debían formarse quienes estarían a cargo de los cuidados del hogar, donde la mayor de las responsabilidades sería la de ocuparse de la salud de sus miembros.
Así eran los roles, muy separados, bien distintos a lo que ocurre doscientos años después.
Y debiera decir "más de doscientos años después", señor Presidente, porque el primer establecimiento del cual se tiene conocimiento y es reconocido por el Ministerio de Educación data de 1791: la Escuela Elemental de Primeras Letras, de la ciudad de Rancagua, que fundó Ambrosio O'Higgins. Hasta el día de hoy es un establecimiento de hombres.
Actualmente, se llama "Escuela Superior de Hombres de Rancagua". "Superior", nótese el término.
Digo esto porque en este momento existe un gran debate en la sociedad chilena, planteado por el movimiento feminista (esta tarde hubo una nueva marcha), que expone diversos argumentos.
El Gobierno actual también ha tomado algunas de las banderas del feminismo. Y digo "algunas", porque cuando hablamos del teletrabajo asociado a la mujer, de la crianza asociada a ella, no estamos entendiendo muy bien la agenda feminista ni haciéndonos cargo de cómo transformamos esta sociedad patriarcal en una sociedad con menos estereotipos y más simétrica. Lo mismo cuando en dicha agenda de mujer no hay una sola palabra sobre la educación no sexista. ¡Nada! No existe la educación no sexista.
Y este, señor Presidente, es simplemente un primer paso, pues debemos avanzar hacia el currículum.
Yo valoro que la vocera de Gobierno, la Ministra Cecilia Pérez, hace tres días haya planteado, en un programa de televisión, que esta Administración ahondará en el currículum, que hay cosas que mirar en él.
¡Y cómo no va a ser así!
Ana Luisa Muñoz, académica experta en la materia, perteneciente a la Facultad de Educación de la Universidad Católica, a propósito de la educación no sexista, dice: "Usualmente, las mujeres somos representadas como débiles, donde el hombre nos tiene que salvar, nos muestran como brujas, en un aspecto negativo que es muy medieval. Somos relegadas a los espacios privados, siempre nos muestran en la casa, siendo superamorosas, sirviendo la comida, y los hombres siempre están dominando el espacio público y liderando las batallas".
Lo que ella describe lo encontramos todos los días, incluso en los textos escolares.
Una educadora de párvulos me comentó que todavía hay colegios donde se baila el Arroz con leche. ¡Imagínense qué más machista que el contenido de esa canción, cuando dice que un señor se quiere casar con alguien que sepa tejer y que sepa bordar para hacer las medias para un capitán!
Eso todavía pasa en los colegios de Chile.
Me sorprende mucho la actitud de los Senadores de Gobierno y del Subsecretario, al escucharlos en la Comisión y hoy día en el Hemiciclo.
Esta es la prueba de fuego para el Presidente Piñera, y yo quiero decirlo con todas sus letras. ¿Este Gobierno realmente va a hacer suya una agenda de género que parta por la primera infancia? ¿Son o no son los niños lo primero?
Permitamos que los establecimientos que ya han iniciado una transformación sean ejemplo para otros. La Senadora Yasna Provoste bien lo señalaba: solo el 3,9 por ciento de la matrícula escolar es monogenérica.
Mientras escuchaba al Senador García, de verdad echaba de menos en esta Sala a la ex Senadora Evelyn Matthei. ¿Por qué?, dirán ustedes. Porque ella, como actual Alcaldesa de la comuna de Providencia, ha entendido que no podemos seguir manteniendo esta discriminación anacrónica y ha tomado acciones concretas al respecto.
Ocurrió en un establecimiento de su comuna: el Liceo Arturo Alessandri Palma está partiendo con el cambio, abriendo su matrícula a mujeres. Lo mismo el Liceo José Victorino Lastarria, que después de 104 años también se transforma.
Hoy día es imposible que un niño de Providencia, o de cualquier otra comuna de Santiago, pueda matricularse en el Carmela Carvajal. Por eso señalo el rol de la actual Alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei, porque ella entendió tempranamente que esto había que modificarlo.
Quiero exponer algunos datos de lo que está ocurriendo ahora, a tres meses de haberse iniciado la matrícula mixta en el Liceo Arturo Alessandri Palma, de Providencia.
¿Qué ha sucedido en ese establecimiento? Se copó la matrícula nueva mixta; mejoró la asistencia en 7 u 8 puntos porcentuales; aumentó la asistencia a talleres y actividades extraprogramáticas; bajaron los niveles de bullying, de consumo de drogas y -esto puede parecer bien raro- de la accidentabilidad.
¡Pero es evidente!
Entre puros varones los juegos son más bruscos. En las escaleras todos corren. Distinto es cuando se debe aprender a respetar los roles de las compañeras en los distintos espacios. Y, por supuesto, eso mejora la convivencia.
Eso es lo que ha ocurrido en ese establecimiento.
A veces se habla de "calidad". Bueno, ¡esto es calidad!
Si la calidad se persigue manteniendo colegios y liceos segregados, ¡por favor! ¡Yo no sé cuándo vamos a comenzar a hablar realmente de la calidad, de lo que ocurre al interior de las salas de clases!
Quiero citar otro ejemplo: el de un establecimiento de la comuna de Santiago.
Todos seguramente han escuchado al Alcalde Felipe Alessandri, que no es precisamente un progresista, cuando señala que "La educación bajo la óptica del siglo pasado de separar, ha llevado a que la sociedad a veces tolere conductas que son completamente impropias".
¿Cuándo lo dijo? En mayo de este año. ¿Por qué? Porque él también ha entendido la transformación que ha experimentado el Instituto Alonso de Ercilla.
En el caso del Liceo Arturo Alessandri, de Providencia, el cambio fue generado por los estudiantes. En el del Alonso de Ercilla, de Santiago, el cambio fue provocado hace trece años, ¡trece!, por los padres y apoderados. Y este año egresan las primeras promociones mixtas.
Algunos Senadores y Senadoras hablan del "derecho a elegir". ¿Dónde está el derecho a elegir de un padre que tiene tres hijos, dos niñas y un varón, y quiere que todos asistan al mismo establecimiento? ¡No existe el derecho a elegir en esos casos!
Entonces, señor Presidente, es bien interesante lo que está ocurriendo en el Alonso de Ercilla, porque, después de trece años, la discusión en sus aulas es otra. En la clase de gimnasia se preguntan por qué a las niñas no se les permite usar calzas cortas, cuando los varones pueden sacarse la polera y quedar a torso desnudo.
¡Esas son las discusiones!
En ocasiones hay Senadores que se ponen una venda en los ojos. Francamente, no quieren entender el mundo en que estamos.
Mi intención era simplemente entregar estos elementos. Este es el primer paso en una agenda de transformaciones que, desde luego, tendrá que hacerse cargo del currículum escolar e integrar otras dimensiones.
En estos momentos, la inmensa mayoría de los textos escolares son escritos por hombres -como señalaba la profesora de la Universidad Católica-, con roles donde siempre se sitúa a la mujer en un papel secundario. Incluso, las profesiones que concentran una mayor cantidad de matrícula femenina buscan la asistencia de otras personas.
Esos son, señor Presidente, algunos de los argumentos.
Se dijo en la Comisión que esto podría significar un costo. La verdad es que no significa ningún gasto adicional, pues los establecimientos a los cuales está enfocado este proyecto, que reciben subvención, tienen asignado un fondo para mantenimiento, que les llega todos los años, en el mes de enero, y que está destinado precisamente a obras menores.
Si a alguien le preocupa cómo se van a arreglar los baños -que pueden ser mixtos, por supuesto que con puertas separadas-, esas obras, que son menores, se hacen con esta subvención, que apoya el mantenimiento.
No hay que presentar ningún proyecto, ni siquiera licitar, porque los DAEM, en el caso de los establecimientos municipales, cuentan con personal para ello. También está el FAEP, que permite realizar mejoras cuando las obras exceden los montos.
Estoy hablando de baños. Creo que es difícil que por estas instalaciones, o por las duchas, que no requieren financiamiento especial, debamos posponer una discusión como esta.
Se han entregado argumentos constitucionales, pero parece que se olvida que hay que mirar no solo el número 11° del artículo 19, sino también los números 2° y 10° de dicho precepto.
"Hombres y mujeres son iguales ante la ley", establece el número 2°.
Por su parte, el número 10° señala: "La educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la persona". ¿Cómo se van a desarrollar plenamente alumnas y alumnos si no se les enseña a convivir desde temprano con la realidad que van a enfrentar después, cuando tengan que entrar al mundo laboral?
El señor QUINTANA.- Por todas las razones expuestas, pedimos a la Sala apoyar la presente iniciativa.
Quiero mencionar que este asunto no es nuevo. No tiene que ver con el actual movimiento feminista solamente. Por supuesto, constituye nuestro deber prestarle atención y no esperar que los establecimientos monogenéricos terminen en desuso, pues, finalmente, la tendencia va para allá, y no se entendería que el Congreso Nacional y el Gobierno no dijeran una sola palabra.
Quiero señalar que hace exactamente tres años junto al Senador Rossi planteamos esta misma discusión en el marco de la Ley de Inclusión, con la idea de establecer en ella el término de la división por género. Y ese cuerpo legal dispone: "el sistema propiciará que los establecimientos educativos sean un lugar de encuentro entre los y las estudiantes de distintas condiciones socioeconómicas, culturales, étnicas, de género, de nacionalidad o de religión".
Este proyecto, entonces, es simplemente una herramienta para hacer efectiva la Ley de Inclusión.
El señor MONTES (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Allende
La señora ALLENDE.- Señor Presidente, quiero partir por felicitar al autor de esta iniciativa, don Jaime Quintana, a quien acompañaron, además, otros colegas que adhirieron a su moción: las Senadoras Provoste y Órdenes y el Senador Latorre.
Considero tremendamente importante el asunto que hoy día estamos discutiendo. Y también encuentro muy relevantes las cifras y los resultados de la investigación que nos ha mostrado el propio Senador Quintana en orden a las ventajas y los efectos positivos que produce una mayor integración.
La separación de colegios por género es, claramente, un resabio de la segmentación y la exclusión que las mujeres hemos vivido durante nuestra historia republicana, donde se ha ido normalizando la diferencia de espacios entre hombres y mujeres.
Lamentablemente, la educación ha replicado la mencionada discriminación, argumentándose que cada uno posee distintas aptitudes y roles en la sociedad que hacen necesaria una educación diferente.
Basta recordar que en el siglo XIX las mujeres éramos excluidas de la enseñanza porque, de acuerdo a la formación de aquella época, nuestra labor tenía que ser el cuidado del hogar y de los niños.
Apenas en 1860 -¡en 1860!- se incorporó en la Ley General de Instrucción Primaria el deber del Estado de educar en igualdad de condiciones a ambos sexos. Pero recién en 1877, con el decreto Amunátegui, se pudo incorporar a la mujer en la educación superior, siendo la primera titulada doña Eloísa Díaz.
O sea, la incorporación de la mujer en igualdad de condiciones en la educación ha significado una larga lucha.
Hoy el movimiento feminista ha criticado, con toda legitimidad, la permanencia en el sistema de una educación sexista, donde el Gobierno actual no ha realizado ninguna propuesta concreta sobre las mallas curriculares que impida reproducir esta asimetría entre hombres y mujeres.
Por ello, valoro la presente moción. Constituye un paso, un avance tremendamente importante.
Creemos que las escuelas por género o sexo permiten la normalización de conductas de distinción arbitraria entre hombres y mujeres. Por eso, mantienen una relación de privilegios y de desigualdad que necesitamos terminar.
Si en realidad queremos que nuestra nueva educación pública refleje una sociedad integradora, resulta indispensable terminar con la injustificada separación entre colegios de hombres y de mujeres. Necesitamos un espacio común donde se socialice, donde se desarrolle el conocimiento, donde se entreguen las mismas enseñanzas, donde nuestros niños y niñas crezcan y se acostumbren a convivir entre distintos géneros, tal como les tocará experimentarlo en la futura educación superior, en ambientes laborales o en la sociedad en general. Debemos mostrarles la realidad de la sociedad y no esconderles la diferencia; que tanto hombres como mujeres aprendan desde pequeños a convivir en una relación horizontal, armónica y de pleno respeto entre unos y otros.
La tradición o la libertad para elegir no puede ser una excusa para mantener la segmentación, naturalizando la exclusión de género. Por eso, nos alegramos de ver cómo ya liceos tradicionales -tal cual se ha recordado aquí- se han comenzado a abrir a la necesidad de crear un sistema integrado, y cómo algunos alcaldes (el señor Alessandri, la señora Matthei, a quienes nadie podría calificar de opositores al actual Gobierno) ya se han adelantado, se han anticipado y han formulado declaraciones al respecto.
La reforma que hizo la Presidenta Bachelet -también fue recordada aquí por el Senador Quintana- puso fin a la segregación por nivel social, por el bolsillo, tratando de empujar una educación que sea realmente reflejo de la realidad republicana donde, evidentemente, confluyen los distintos sectores de la sociedad.
El término de los liceos por género significa avanzar y cumplir con los principios de la Ley General de Educación, normativa que impulsó la Presidenta en su último Gobierno.
Por otra parte, la distinción tampoco se sustenta en términos científicos o pedagógicos. La revista Science publicó: "No existe ninguna investigación correctamente diseñada que demuestre que la educación segregada por sexos mejore el rendimiento académico de alumnas y alumnos; en cambio, sí existen pruebas de que la segregación por sexos potencia los estereotipos de género y legitima el sexismo institucional".
Diversos estudios en Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelandia no han podido demostrar diferencias de resultados entre la enseñanza mixta y la segregada.
De acuerdo a otras afirmaciones, los niños aprenden de forma distinta a las niñas, pero los neurocientíficos no han detectado diferencias en los cerebros infantiles que justifiquen desigualdades en el trato.
Por el contrario, se ha demostrado que si a un niño se lo educa segregadamente por alguna característica física, de género, racial o de clase social, adquiere la noción de que dichas diferencias son naturales y, obviamente, desarrolla e internaliza tales sesgos.
Por eso, señor Presidente, vamos a votar a favor del proyecto. Esperamos que sea el primer paso para que el principio instaurado se traslade, alguna vez, a los colegios privados. Debemos dejar de defender diferenciaciones solo por motivos de tradición, sin sustento científico ni pedagógico; debemos actualizar nuestra educación a los nuevos tiempos, donde las mujeres tenemos el derecho a disfrutar de similares condiciones que los hombres, lo cual constituye igualmente una cuestión de dignidad y de respeto.
Es por eso que en las marchas -lo recordaba también el Senador Quintana- una de las principales reivindicaciones es, asimismo, el término de la educación sexista.
Este es un primer paso, porque no parece natural hacer esa diferenciación. Al contrario, las sociedades integradoras, inclusivas, donde se desarrolla desde temprano la convivencia y el respeto a la diversidad, hacen bien, sin duda.
Por lo mismo, quiero felicitar al Senador Jaime Quintana, así como a quienes adhirieron a su moción, señalando que es exactamente la senda por donde quisiéramos caminar, pues constituye la dirección correcta.
Y termino mencionando un hecho muy comentado, basándome en un artículo de Carlos Peña, prestigioso columnista al cual se suele leer los fines de semana. Él alude allí a una frase que el Presidente Piñera dirigió a la Presidenta de la Cámara de Diputados al término de la Cuenta Pública, ceremonia republicana extraordinariamente relevante desde el punto de vista de nuestra tradición como país.
Efectivamente, se ha tratado de presentar como algo anecdótico. Y podría serlo, si el comentario se hubiera limitado a "tan linda que se ve". Pero se agregó "y tan dura que es", no entendiendo el papel condescendiente que de alguna manera se le quiere asignar a la mujer. O sea, puede ser linda, pero tiene que ser sumisa, o muy flexible, sin poder llevar adelante su función crítica, que es, simplemente, el rol que ha jugado la Presidenta de la Cámara de Diputados.
Lamento que haya ocurrido aquello. Sencillamente, lo pongo como ejemplo de cuánto cuesta entender todavía que ese tono condescendiente, que asigna un estereotipo (que la mujer debe ser, o más sumisa, o más aceptadora, como algo propio de su "naturaleza"), es lo que la juventud de hoy rechaza, y que, afortunadamente, ha elevado, con mucha fuerza, el movimiento feminista, que lo que más anhela es, básicamente, terminar con este sexismo, con esta diferenciación arbitraria, con este estereotipo que, de alguna manera, siguen pretendiendo marcar diferencias que, a nuestro juicio, cada día demuestran ser más infundadas y más ilegítimas.
Por eso, señor Presidente, celebrando la moción del Senador Quintana, anuncio mi voto a favor.
El señor MONTES (Presidente).- Saludamos a la delegación del segundo nivel medio del CEIA "Teresa Moya Reyes", de Puente Alto, que viene con la profesora Odette González.
La señora ALLENDE.- ¿Puede abrir la votación, señor Presidente?
El señor MONTES (Presidente).- ¿Habría acuerdo para abrir la votación, manteniendo los tiempos?
La señora VON BAER.- No, señor Presidente.
Está inscrito a continuación el Senador señor Pérez Varela.
El señor PÉREZ VARELA.- Señor Presidente, he oído algunas de las intervenciones sobre este proyecto, particularmente la del Senador Quintana, quien habló de "progresista", y después vi el informe de la Comisión de Educación. Y resulta que no se escuchó a nadie. ¡A nadie! No sé si eso podría considerarse progresismo. No se consultó la opinión de especialistas en educación, de centros de padres, de centros de alumnos. ¡No se escuchó a nadie, porque existe la actitud "progresista" de determinar qué es lo que deben hacer los demás!
¡Ese es el progresismo!
Y le quiero decir al Senador Quintana que lo que está haciendo la ex Senadora y actual Alcaldesa Evelyn Matthei (conservadora) es permitir que los establecimientos de su comuna participen en la decisión de tomar este camino.
Al margen de esos comentarios, quiero partir señalando que soy partidario de la educación en colegios mixtos. Tengo seis hijos, y siempre he privilegiado que ellos estudien en establecimientos de ese carácter. Pero es una decisión personal. No tengo por qué obligar a alguien a que también la tome.
Por lo tanto, el camino que genera este proyecto, persiguiendo un fin loable, es equivocado. A mí me parece que tienen que ser las comunas, las comunidades educativas las que deben ir tomando, paulatinamente, la decisión, decisión que es absolutamente posible de adoptar dentro del marco legal que hoy tenemos.
Quiero recordar que, no sé si hace ocho o diez años, el Liceo de Hombres de Los Ángeles se transformó en un liceo coeducacional mixto. Y lo mismo ocurrió con el Liceo de Niñas y otros establecimientos.
Por consiguiente, señor Presidente, es una decisión que hoy se puede tomar, que se puede llevar adelante, sin una imposición poco participativa y ordenada solo por ley. En mi opinión, los alumnos, los profesores, los padres y apoderados tienen un rol fundamental en el sistema educativo y, particularmente, en los procesos educacionales.
Muchas veces hemos escuchado que como país nos falta mejorar la calidad de la educación y que eso parte en la sala de clases. Y cuando uno dice "parte en la sala de clases", es porque debe darle poder al profesor, al director de la escuela, hacerlos partícipes en la toma de decisiones. Estoy absolutamente convencido de eso.
Por lo tanto, debiéramos aproximarnos a un camino para llegar a tal fin, que, en lo personal, considero loable y que en los hechos busco, al menos para la educación de mis hijos. Debemos lograr que todos los colegios, tanto públicos como privados, sean mixtos, pero siempre con la participación de las comunidades educativas.
De repente aquí se hacen algunas caricaturas. He escuchado que la separación entre colegios de hombres y de mujeres respondería a que en los primeros se educaría para dirigir la república, y en los segundos, para que las niñas sean dueñas de casa.
Señor Presidente, yo estudié en el Liceo José Victorino Lastarria, y mi hermana, en el Liceo N° 7 de Niñas, el cual jamás ha tenido una educación orientada a que las jóvenes sean dueñas de casa. Y atribuirle esa condición y esa característica me parece una ofensa casi gratuita.
Lo mismo vale para el Liceo Experimental de Concepción: afirmar que ahí se educa para que las niñas asuman solamente roles de carácter femenino o de dueñas de casa, subordinadas al hombre, es un insulto a una institución señera que posee una fuerte historia en el desarrollo educativo.
Con mi hermana fuimos contemporáneos. Como expresé, yo estudié en el Lastarria y ella en el Liceo N° 7. Y las materias y las exigencias eran extraordinariamente similares. Y eso ocurrió algunas décadas atrás.
Por lo tanto, ese no es el problema real de la educación chilena.
El problema real de la educación chilena es su calidad. Y para mejorarla tenemos que avanzar en el respeto a nuestros profesores, lograr que nuestros padres y apoderados participen en el proceso educativo, y escuchar también a nuestros alumnos.
Ahora bien, si esa comunidad educativa determina, junto con su alcalde, junto con sus autoridades locales, caminar en el sentido que indica el proyecto, ¡bienvenido sea!
Es una decisión que debe ser especialmente participativa porque, sin participación y solo con una imposición a través de la ley, creo que no vamos a avanzar en absolutamente nada, más aún si se considera que el objetivo perseguido es factible con el ordenamiento actual. Pero la decisión debe ser tomada por las comunidades educativas: los sostenedores, los que dirigen el proceso educacional en la comuna, que son quienes conocen la realidad, quienes entienden, quienes palpan la situación y pueden determinar con mayor precisión lo que es mejor o peor para los alumnos.
Creo que imponer la decisión significa ir por el mal camino.
Yo celebro que se rectifique la actitud de no escuchar a nadie a propósito del proyecto y que en el proceso de la discusión particular la Sala haya autorizado invitar a especialistas, comunidades escolares, centros de alumnos, centros de padres, al Colegio de Profesores. Después de eso podemos discutir y establecer un mecanismo donde sea la unidad educativa la que en definitiva resuelva, porque, más allá de los gustos o ideas personales que uno pueda tener sobre la materia, lo importante es que las comunidades educativas, que son entidades vivas, vitales, esenciales para el desarrollo de una localidad, de una comuna y del proceso educativo, sean escuchadas. No hacerlo significa darle la espalda a lo que la ciudadanía verdaderamente necesita hoy día: ser escuchada, ser tomada en cuenta en sus opiniones.
El proceso de transformar el Liceo de Hombres de Los Ángeles en coeducacional duró dos o tres años. Hubo una amplia participación del centro de padres, del centro de alumnos; se realizaron conferencias, reuniones. Fue un proceso absolutamente natural, fluido y relativamente exitoso, con todas las dificultades que hoy enfrenta la educación municipal, la educación pública, con falencias que aún no han sido superadas debido a los otros problemas que todavía tenemos.
Por eso, señor Presidente, compartiendo en lo personal el fin que se persigue, estimo que el camino, el procedimiento que establece el proyecto es equivocado y va en contra de lo que verdaderamente requiere hoy día la educación: mucho más escuchar que imponer.
Hay trece inscritos para hacer uso de la palabra y estamos dando un espacio de diez minutos por intervención, por lo que tenemos para un poco más de dos horas.
La señora VON BAER.- No hay acuerdo, señor Presidente.
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Saludamos a los alumnos del segundo año medio del Colegio San Andrés, de Colina, a quienes los trae -me imagino que en un ejercicio de educación cívica- la profesora Jocelyn Páez.
¡Bienvenidas y bienvenidos a este Senado!
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- A continuación, le ofrezco la palabra al Senador señor Latorre.
El señor LATORRE.- Señor Presidente, por su intermedio, quisiera dirigirme a esta Corporación para manifestar la importancia que tiene llevar adelante nuestra labor parlamentaria, escuchando las necesidades de la sociedad.
Hoy, las calles de nuestro país han vuelto a ser el escenario de un movimiento feminista que trasciende todo tipo de fronteras. Tenemos el deber de responder a estas demandas de igualdad, no discriminación y redistribución de poder entre los géneros en las diversas estructuras sociales de nuestro país.
La educación, como uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad, no puede quedar afuera de esta discusión. La Ley de Inclusión Escolar modificó la Ley General de Educación y consagró, en su artículo 3o, letra k), el principio de inclusión en los diversos establecimientos educacionales, con el fin de eliminar todas las formas de discriminación arbitraria. De esta manera, se dispuso que el sistema educativo deba ser un lugar de encuentro entre las y los estudiantes, sin importar cuáles sean sus condiciones socioeconómicas, culturales, étnicas, de género, de nacionalidad o de religión.
Pues bien, los principios de esa ley son, como todos los principios, solo guías o directrices. Lo que realmente se requiere para hacer efectivas la integración e inclusión es dar un paso más y legislar derechos efectivos que permitan romper con los estereotipos que rigen en nuestra sociedad y contribuir a generar el cambio cultural.
El proyecto de ley que hoy discutimos cumplirá este propósito de inclusión e integración de una manera real y efectiva, eliminando barreras injustificadas. Donde hay financiamiento público deben primar criterios públicos y democráticos.
¿Por qué una mujer no podría estudiar en el Instituto Nacional? ¿Por qué a esa familia no le sería posible tener esa opción? Nosotros decimos que sí deben poseer ese derecho a elegir.
Sin embargo, queda fuera, lamentablemente, la necesidad de derogar estas discriminaciones en los colegios particulares pagados. Creemos que en ningún establecimiento debe poder discriminarse, y es necesario empezar a regular la educación que forma a la élite de nuestro país, que es todavía una tarea pendiente.
Esta puede ser la base para abrir ese diálogo social y político.
Quiero invitar a las y los parlamentarios de esta Corporación a aprobar esta iniciativa y hablarle a la sociedad.
Algunos podrán decir que la obligación de los colegios a ser mixtos o la prohibición de establecer limitaciones en razón del género afectarán la libertad de enseñanza. Sin embargo, esto no es así, pues no se dañará el núcleo esencial del derecho, que consiste en abrir, mantener y organizar establecimientos. Muy por el contrario, la aprobación de este proyecto contribuirá enormemente al ejercicio igualitario y no discriminatorio de derechos fundamentales que son complementarios, esto es, los derechos a la educación, a no ser discriminado, a la libertad de enseñanza y a la igualdad de género.
El movimiento feminista interpela a la sociedad patriarcal en su conjunto y demanda una educación no sexista. Es un desafío ineludible en el siglo XXI. Esta iniciativa es un paso recién mínimo para avanzar en esa dirección.
Además, se otorga un plazo de cuatro años para implementar esta normativa. Ello no es de un día para otro. Por lo tanto, se puede abrir perfectamente el diálogo con las comunidades educativas involucradas (sostenedores, profesores, padres y apoderados, centros de estudiantes). Reitero que existirán cuatro años de plazo.
Por todos estos argumentos, señor Presidente, anuncio mi voto a favor.
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Nos visitan alumnas y alumnos de la Universidad del Desarrollo, de Las Condes.
¡Sean bienvenidas y bienvenidos al Senado!
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Se ha solicitado abrir la votación.
La señora VON BAER.- Señor Presidente, los autores de este proyecto de ley lo enmarcan dentro del movimiento feminista.
Quiero plantear de manera bastante general que no comparto el argumento que se ha esgrimido para apoyar esta iniciativa en el sentido de que en los colegios de hombres -no sé cuáles fueron las palabras exactas que se usaron- son más agresivos y más duros, que se juega más fútbol, y que al convertirse en mixtos bajan los accidentes. A mí me parece que ese argumento tiene un dejo de machista y que estereotipa nuevamente a las mujeres. O sea, ¿quiere decir que debemos establecer colegios mixtos para que los hombres se porten mejor porque se supone que las mujeres somos más suavecitas? Yo espero que las mujeres también jueguen fútbol y sean fuertes. En verdad, encuentro que ese argumento en particular estereotipa de nuevo el rol de la mujer justamente en una discusión en que se supone que queremos equiparar los roles.
En segundo lugar, nos encontramos con el argumento que plantea que en los liceos de hombres se van a formar los ciudadanos y en los liceos de mujeres estas se van a preparar para el hogar. Me parece que es un argumento del siglo pasado. No es lo que nosotros estamos viviendo hoy día. Por lo tanto, estimo que de nuevo estamos estereotipando y usando argumentos bastante machistas en la discusión de este proyecto.
Creo que el punto de fondo acá radica en si efectivamente es discriminatorio que haya colegios para hombres y colegios para mujeres. Y es ahí donde tenemos que centrar la discusión.
En tal sentido, deseo plantear mi argumento sobre la base de la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza. Y eso, señor Presidente...
¿Puedo pedir un poco de silencio?
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Solicito silencio, señores Senadores.
Muchos países fundan su decisión de mantener los sistemas separados entre colegios de hombres y de mujeres justamente en virtud de lo dispuesto en la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza, de 1960. Se trata de un instrumento ratificado por Chile.
La Convención, en su artículo 2, señala expresamente:
"[...] Las situaciones siguientes no serán consideradas como constitutivas de discriminación en el sentido del artículo 1 de la presente Convención:
"a. La creación o el mantenimiento de sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino, siempre" -y aquí está el punto- "que esos sistemas o establecimientos ofrezcan facilidades equivalentes de acceso a la enseñanza, dispongan de un personal docente igualmente calificado, así como de locales escolares y de un equipo de igual calidad y permitan seguir los mismos programas de estudio o programas equivalentes;".
Así las cosas, señor Presidente, en nuestro país los planteles educacionales separados por sexo, tanto públicos como privados, cumplen totalmente con las exigencias de la Convención. Es evidente que si consideramos lo que ocurría en el siglo antepasado, ello no se daba. Pero los establecimientos hoy día sí las cumplen: ofrecen facilidades equivalentes de acceso a la enseñanza tanto para hombres como para mujeres; disponen de un personal docente igualmente calificado en los respectivos establecimientos; cuentan con locales escolares y con un equipo de igual calidad, y, finalmente -y creo que es lo más importante-, tienen los mismos programas de estudio. O sea, acá nosotros no estamos haciendo programas de estudio distintos, porque ahí sí sería discriminatorio. Repito: cumplen con los mismos programas de estudio.
Señor Presidente, muchas veces en las discusiones sobre educación escuchamos el ejemplo de lo que pasa en el extranjero.
Veamos lo que sucede en el exterior en esta materia.
Por ejemplo, en el caso de Gran Bretaña, la Sex Discrimination Regulations de 2008, o sea, la legislación sobre discriminación, excluyó la educación de su ámbito de aplicación (artículo 9, Capítulo I) y, por lo tanto, no se impide en Gran Bretaña que haya escuelas de educación diferenciadas, que ciertamente existen en ese país en un número bastante importante.
En Bélgica, el decreto de 12 de diciembre de 2008, para la lucha contra ciertas formas de discriminación, prevé expresamente en su artículo 19 que una distinción en el acceso a la enseñanza por razón de sexo no constituye discriminación si está objetivamente justificada en una finalidad legítima y los medios para alcanzar dicha finalidad son apropiados y necesarios.
¿Qué pasa en Francia, señor Presidente? La ley No 2008-496, de 27 de mayo de 2008, tras incluir expresamente el principio de igualdad de trato entre mujeres y hombres, señala específicamente que este principio "no es obstáculo [...] para la organización de las enseñanzas agrupando los alumnos en función de su sexo".
¿Qué sucede en Alemania? El Tribunal Supremo Federal Alemán, con fecha 30 de enero de 2013, tras analizar el sistema de educación diferenciada, llega a la conclusión de que no está en absoluto probado ni admitido por la comunidad científica del ámbito de la pedagogía y la educación que la asunción del principio de igualdad de género no pueda lograrse con el método de enseñanza monoeducativa o de escuela diferenciada.
Señor Presidente, no está demostrado para un lado ni para otro que uno u otro sistema sea mejor o peor para las mujeres y los hombres. Esto radica en una decisión sobre qué tipo de enseñanza quiere la familia.
La sentencia del tribunal alemán también indica que la libertad de elección de métodos y modelos constituye la esencia misma de la libertad de enseñanza privada, pues "la Constitución tiene en cuenta la esencia misma de la libertad de enseñanza y el derecho de educación de los padres, y se declara a favor del pluralismo educativo".
Asimismo, en Estados Unidos -pasando al otro lado del mundo-, la Corte Suprema, que cumple el rol de Tribunal Constitucional, en el caso "Estados Unidos versus Virginia", en 1996, y basándose para tomar su decisión en la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones antes mencionada, ha considerado discriminatorios por ser contrarios a la cláusula de igual protección de la decimocuarta enmienda solo aquellos sistemas de educación separada que no proporcionan "igualdad sustancial e igualdad de oportunidades" en los aspectos relativos a las opciones curriculares, financiación, prestigio, o apoyo de los alumnos.
Por lo tanto, plantea que solo hay discriminación si no existe igualdad o equivalencia en las opciones curriculares, en el financiamiento, en el prestigio, o en el apoyo a los alumnos. Si estas existen, no hay discriminación.
Señor Presidente, finalmente -para no citar más ejemplos-, veamos qué ocurre en España. Muy recientemente, con fecha 22 de mayo de 2018, el Tribunal Constitucional resolvió, también sobre la base de la misma Convención que mencionaba al principio, que "La mera lectura de este precepto permite apreciar que lo relevante a los efectos de analizar una posible discriminación de la educación diferenciada por sexo es la equivalencia en el acceso de los alumnos y alumnas a la enseñanza, en las condiciones de prestación y en los contenidos docentes." -nuevamente se entrega el mismo argumento- "Por el contrario, no es determinante en sí mismo, a tales efectos, si el modelo pedagógico es de coeducación o de educación diferenciada por sexo, siempre que esté garantizada aquella equivalencia.".
De esta forma, en los términos de la Convención, que está ratificada por Chile y que de hecho fue citada por el Senador Ignacio Walker para rechazar este tema cuando se discutió en la Ley de Inclusión, la educación diferenciada por sexo no es discriminatoria, como tampoco lo es la educación separada por motivos lingüísticos o religiosos o en centros privados o públicos, siempre que se cumplan las condiciones previstas en este texto internacional.
¿Y cuáles son esas condiciones? La equivalencia en los profesores, en el currículum y en la calidad.
Por lo tanto, como se ha podido apreciar en los distintos países señalados, queda de manifiesto que el modelo pedagógico consistente en una educación diferenciada por género no es considerado como un caso de discriminación por razón de sexo.
Señor Presidente, yo me formé en un establecimiento con educación mixta; mis hijos están en la educación mixta. Desde mi punto de vista, considero que este tipo de educación es mejor que la separada por sexo. Sin embargo, creo que las familias tienen derecho a elegir.
Yo puedo elegir la educación mixta; otra familia puede elegir la educación separada por sexo. Lo que no considero válido, porque es abiertamente inconstitucional, es que nosotros impongamos a todos los que no pueden pagar -¡a todos los que no pueden pagar!-, porque esta no es la educación estatal, sino la financiada por subvención, el no poder elegir el tipo de educación que quieren entregar a sus hijos. Creo que eso es profundamente discriminatorio contra aquellos padres y apoderados que, no pudiendo pagar la educación de sus hijos, quieren elegir el tipo de educación que les desean entregar.
Por lo tanto, señor Presidente, entendiendo que el proyecto es inconstitucional, voto en contra.
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Saludamos a los alumnos de intercambio de ISA-Chile, provenientes de Estados Unidos.
La señora ÓRDENES.- Señor Presidente, a lo largo de nuestra historia, las mujeres en Chile hemos tenido mucho camino que recorrer. El derecho a la educación lo alcanzamos a través de la promulgación del Decreto Amunátegui, de 1877, instrumento legal a través del cual se abren las puertas de la universidad a las mujeres, hito fundamental para que luego otras se incorporaran a las distintas esferas del saber y discusiones del siglo XX.
El reconocimiento de nuestra ciudadanía solo fue posible a partir del trabajo mancomunado de organizaciones feministas que exigieron igualdad de derechos y que establecieron las condiciones necesarias para que finalmente se firmara y promulgara la ley que autorizó el voto político amplio para la mujer, en 1949, que permitió que la mitad de la población del país finalmente participáramos en el proceso de toma de decisiones respecto de quienes han de conducir los destinos de Chile.
Y hay un hecho más reciente: el derecho de reconocimiento de nuestros hijos e hijas en igualdad de condiciones con la Ley de Filiación de 1998, que puso fin a la discriminación existente entre hijos legítimos e ilegítimos, como si la maternidad tuviera dos caras.
Cito estos ejemplos porque han sido expresiones de la desigualdad y para compartir también la idea de que somos herederas del legado de muchas otras mujeres que antes de nosotras levantaron una causa, a fin de derribar barreras legales y culturales que actuaban como factores de desigualdad y que les impedían desempeñarse en determinadas áreas.
Creemos que estamos enfrentando un espacio o un tiempo histórico radicalmente distinto al de antaño.
Las causas las levantábamos de a una. Y hago este relato, pues efectivamente lo que marca el siglo XIX es nuestro acceso a la universidad como un gran logro en términos de equidad de género; en el siglo XX es el derecho y reconocimiento de nuestra ciudadanía; y hoy día el propósito es distinto, que habla de una transformación cultural mayor, y es lo que ha marcado las marchas de mujeres y estudiantes en las calles de Chile.
Los establecimientos monogenéricos lo que hacen al final del día es establecer una educación estereotipada. La escuela es fuente y agente de socialización; es un reflejo de la sociedad y evidentemente se aprenden y se asignan roles diferenciados a hombres y mujeres, y es lo que ha ocurrido históricamente: se asocia el espacio público a los hombres y el espacio privado a las mujeres; y eso se traduce en una serie de conductas y modelos que se pretende seguir.
Por eso he apoyado esta iniciativa, señor Presidente.
Solo quiero formular algunas preguntas, dado que otras ya han sido planteadas por mis colegas.
¿Por qué una mujer no podría acceder hoy al Instituto Nacional? Es cierto, los colegios monogenéricos corresponden a menos de un 4 por ciento, pero muchos de ellos son los llamados "emblemáticos", y creo que toda niña de Chile tiene el derecho a acceder, por ejemplo, al Instituto Nacional.
Otra pregunta, ¿por qué no existen salas cunas diferenciadas? ¡Ahí no nos hacemos la pregunta, no sé por qué! Pero respecto a un período de educación de doce años sí iniciamos esta discusión, ¿o vamos a tener universidades para hombres y para mujeres? En doce años de enseñanza sí se permean conductas. Considero que son fuente de discriminación, y es la razón por la que he patrocinado este proyecto de ley del Senador Quintana.
Debemos transitar hacia un nuevo punto en la historia. La sociedad exige una transformación, porque esto dejó de ser un movimiento de mujeres. Hoy día el llamado también es a los hombres. Acá hay una transformación y se debe avanzar en una nueva cultura y en un nuevo trato hacia la igualdad.
Creo que ese es el desafío. Esto es solo parte de una agenda. Estamos hablando de colegios que representan menos del 4 por ciento, pero hay una concentración también ahí -repito- respecto de cuáles son los establecimientos, por ejemplo, emblemáticos. Y existe una cosa que me parece ilógica: un Instituto Nacional, que dentro de sus grandes logros muestra que forma Presidentes para Chile, bueno, ¡ya es hora de que sea mixto!
La señora ARAVENA.- Señor Presidente, tal como han dicho varios de los Senadores que me antecedieron en el uso de la palabra, en Chile hay 438 escuelas segregadas por sexo -es un número importante-, que representan el 3,7 por ciento de los colegios existentes en nuestro país, y alrededor de 140 mil estudiantes que asisten a aquellas.
El sistema educacional chileno se basa en la libertad de elección del establecimiento de enseñanza por las familias, las que pueden ejercerla en función de los aprendizajes y de los valores que cada uno de ellos ofrece. Este es el derecho que nuestra Constitución ha reconocido para todos los chilenos.
Es esa posibilidad de elegir la que defenderé hoy, enfrentada a esta iniciativa -y, por cierto, cada vez que sin causa justificada se busque ponerle límites a la referida libertad-, por medio de mi voto en contra, el que fundamento en el hecho de que promover la obligación del carácter mixto de todos los establecimientos educacionales que reciban financiamiento público significa imponer como Estado una sola visión de educación, lo que considero totalitario y completamente contrario al rol subsidiario que aquel debe tener conforme al reconocimiento de los grupos intermedios que nuestra Constitución hace en su artículo 1o.
Así, el rol del Estado debe ser reconocer y promover la existencia de proyectos heterogéneos a fin de satisfacer el derecho de los padres a escoger el establecimiento de enseñanza para sus hijos, dando protección a la garantía constitucional de la libertad de enseñanza, que incluye el derecho de organizar establecimientos educacionales.
En la práctica, esta moción exige a los municipios, por ejemplo, incurrir en gastos de modificación de infraestructuras para implementar el carácter mixto que pretende otorgar obligatoriamente a todos los establecimientos educacionales, lo que, por cierto, atañe a la administración financiera y presupuestaria del Estado y riñe con el artículo 65 de la Carta Fundamental, que establece las materias de iniciativa exclusiva del Presidente de la República.
Por todas las razones expuestas, rechazo este proyecto.
El señor ELIZALDE.- Señor Presidente, en primer lugar, quiero felicitar al Honorable señor Quintana y a todos los Senadores que suscribieron esta iniciativa.
En mi concepto, ella se enmarca dentro del cambio cultural que debemos promover al objeto de generar una sociedad sin discriminación, ni exclusión; que erradique toda forma de prejuicios, los cuales nos han dañado por tanto tiempo y no nos han permitido reconocer la importancia de la mujer en la vida social.
Aquello es parte del desafío que tenemos para construir un mejor país.
En seguida, deseo referirme al cuestionamiento que se ha hecho respecto de la normativa que estamos votando por la restricción que representaría para la iniciativa privada, en particular para los sostenedores de establecimientos educacionales.
Este proyecto se limita -según se establece en el artículo pertinente- a los "establecimientos educacionales públicos y privados que reciban aportes del Estado".
Ello no es menor, señor Presidente.
Me parece de toda lógica que el Estado, cuando financia el sistema educacional, pueda establecer una reglamentación adicional al marco general, pues no es neutra la forma como se utilizan los recursos.
Los dineros deben usarse con una finalidad. Y, en este caso, se garantiza efectivamente una educación que nos permita construir una sociedad sin discriminación.
Es una antigua y hoy incomprensible tradición la que estamos cambiando a través de la ley en proyecto: la de segregar y discriminar a las niñas, a las jóvenes. Desde esa perspectiva, se trata de un gran avance en materia de igualdad e inclusión.
El hogar, la escuela y el colegio son los lugares donde nos formamos.
El hogar es mixto. Es hora, pues, de que todos los colegios también lo sean. Porque si queremos construir una sociedad en que las prácticas discriminatorias contra la mujer no tengan cabida resulta imprescindible el cambio cultural.
La manera en que nos educamos es determinante en la forma como nos vamos a comportar después como adultos. Si desde pequeños las niñas y los niños conviven, habrá una garantía en términos de que los prejuicios culturales no tendrán lugar en la vida adulta.
Tal es el sentido de esta iniciativa, que no solo es respuesta a las demandas de estos días, que son tan importantes para construir un mejor país: también tiene que ver con los cambios que se han introducido en nuestro sistema educacional, en que cada día son menos los establecimientos que mantienen ese tipo de segregación.
Mezclarse y conocerse desde la niñez, sin tabúes ni prejuicios basados en el desconocimiento de unos u otros, nos permite construir una mejor sociedad. Niñas y niños juntos hacen un país mejor. Esto posibilitará que puedan coexistir de modo más adecuado cuando sean adultos.
Este proyecto es también un llamado a aquellas instituciones que aún cierran sus puertas a las mujeres, para que repiensen sus políticas y sus prácticas.
No puede haber en Chile ningún lugar cerrado para ellas.
Quienes tenemos más años somos testigos, por ejemplo, de que en el pasado organismos importantes de la República no tenían baños para mujeres. Porque hasta hace poco ellas no desempeñaban cargos de importancia en dichas entidades.
Todavía hay instituciones en que se establece esa forma de segregación. Por lo tanto, resulta imprescindible erradicarla.
Esta iniciativa es igualmente un paso adicional en el camino iniciado con los proyectos aprobados por el Congreso Nacional para poner fin a la selección y, en consecuencia, a todo tipo de segregación.
Es, además, manifestación de que hoy Chile está hablando el mismo lenguaje: cómo las demandas de las mujeres se ponen en primera línea precisamente para generar cambios que todavía se hallan pendientes.
Hace dos años una estudiante de tan solo once años de edad, Marina Ascencio, les preguntó al rector del Instituto Nacional y a la Presidenta Bachelet por qué no podía estudiar en el referido establecimiento. Ella quería hacerlo porque su padre, de quien sentía un profundo orgullo, había estudiado allí.
Pues bien, este proyecto es una respuesta a Marina y, también, a nuestro país, por cuanto iniciativas de esta índole nos permitirán construir una sociedad en que la igualdad y la no discriminación sean una realidad, y donde la inclusión esté siempre presente en nuestra vida cotidiana.
La señora EBENSPERGER.- Señor Presidente, la educación ha sido, sin duda, un tema prioritario en nuestro país durante la última década, y debe seguir siéndolo.
También es importante señalar que la discusión en ese ámbito ha versado sobre materias relevantes, pero que a mi juicio no abordan la cuestión más fundamental, que se halla relacionada con una educación de calidad, que sea capaz de enfrentar los desafíos del Chile moderno.
Se extraña en el debate una mayor preocupación por la educación de la primera infancia y por la enseñanza técnico-profesional, aspectos fundamentales para nuestro país y, en particular, para la región que represento, que demandan muchos trabajadores de nivel técnico.
Ahora nos encontramos discutiendo sobre si hacer mixtos o no los establecimientos educacionales que reciben aportes del Estado.
Yo no tengo una posición dogmática en ese asunto.
Creo que ambos tipos de colegios, tanto los mixtos como los que son para un solo sexo, tienen elementos positivos y oportunidades de mejoras.
Sin embargo, estimo que son las propias comunidades educativas las que deben tomar la decisión sobre qué es mejor para ellas.
Considero, asimismo, que son los padres los que deben tener el derecho a poder elegir entre distintas opciones de colegios para sus hijos.
En tal sentido, no estoy de acuerdo con el proyecto que ahora estamos votando, pues restringir la libertad de los establecimientos educacionales y la de los padres me parece mal, y no aporta para el fin que todos deberíamos estar buscando con ahínco: una educación de calidad.
Además, señor Presidente, hay una razón de forma y una de fondo por las que este proyecto adolece de inconstitucionalidad.
En cuanto a la razón de forma, debo señalar que la iniciativa que nos ocupa fue producto de una moción, y en la práctica lo que hace es colocar una nueva exigencia a los establecimientos públicos y privados que reciban aportes del Estado.
Pues bien, la regulación de los requisitos para recibir aportes públicos es propia de la administración financiera o presupuestaria del Estado. Por lo tanto, en virtud del artículo 65, inciso tercero de la Constitución Política, le corresponde al Presidente de la República la iniciativa exclusiva de los proyectos allí mencionados.
Por consiguiente, de ser aprobada la normativa propuesta, se declarará, o debiera ser declarada, inconstitucional por razones de forma.
A mayor abundamiento, respecto de los establecimientos públicos, se vulnera la iniciativa exclusiva del Presidente de la República para determinar las funciones o atribuciones de los servicios públicos, reconocida en el artículo 65, inciso cuarto, numeral 2° de la Carta Fundamental. Por consiguiente, malamente por ley iniciada en moción podría impedírseles a las municipalidades o a los servicios locales de educación el establecimiento de una modalidad educativa, pues, a todas luces, ello sería inconstitucional.
En cuanto a la razón de fondo, es del caso relevar que el artículo 19, número 11° de la Constitución Política garantiza expresamente la libertad de enseñanza al disponer:
"Artículo 19. La Constitución asegura a todas las personas:
"11°. La libertad de enseñanza incluye el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales.
"La libertad de enseñanza no tiene otras limitaciones que las impuestas por la moral, las buenas costumbres, el orden público y la seguridad nacional.
"La enseñanza reconocida oficialmente no podrá orientarse a propagar tendencia político partidista alguna.
"Los padres tienen el derecho de escoger el establecimiento de enseñanza para sus hijos.
"Una ley orgánica constitucional establecerá los requisitos mínimos que deberán exigirse en cada uno de los niveles de la enseñanza básica y media y señalará las normas objetivas, de general aplicación, que permitan al Estado velar por su cumplimiento. Dicha ley, del mismo modo, establecerá los requisitos para el reconocimiento oficial de los establecimientos educacionales de todo nivel;".
En ese orden de cosas, y principalmente en lo referido a los establecimientos particulares subvencionados, la ley en proyecto vulnera abiertamente la libertad con que cuentan los sostenedores para organizar sus establecimientos educacionales por medio de una prohibición legal tan intrusiva que a todas luces transgrede también lo dispuesto en el artículo 19, número 26°, donde se señala que "los preceptos legales (...) no podrán afectar los derechos en su esencia, ni imponer condiciones, tributos o requisitos que impidan su libre ejercicio.".
Pero, además, la vulneración a la libertad de enseñanza redunda en una afectación directa al derecho de los padres a elegir el establecimiento de enseñanza de sus hijos. Lo anterior es obvio, pues ciertamente resulta imposible concebir un real ejercicio del derecho de escogerlo sin la existencia de la libertad de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales a fin de proveer opciones para elegir.
Aquello resulta relevante, porque no existe derecho a escoger sin la posibilidad de que se provean opciones diversas.
Así, la imposibilidad de existencia de una diversidad real y efectiva de proyectos educativos a través del ejercicio de la libertad de enseñanza, inclusive aquellos fundados sobre la base de la separación de los estudiantes por sexo, hace inviable el ejercicio del derecho de los padres a escoger el establecimiento de enseñanza para sus hijos.
En función de todo lo anterior, hago reserva expresa de constitucionalidad en cuanto a este proyecto de ley porque vulnera lo dispuesto en los incisos tercero y cuarto del artículo 65 de la Constitución Política, debido a que trata una materia propia de la iniciativa exclusiva del Presidente de la República; y además, porque transgrede abiertamente lo establecido en su artículo 19, número 11°, en lo relativo a la libertad de enseñanza y al derecho de los padres de elegir el establecimiento de enseñanza de sus hijos.
Por último, quiero decir que yo estudié en un colegio público de puras mujeres. Y no siento que haya tenido una educación sexista, dirigida únicamente a que el día de mañana me casara, tuviera hijos y atendiera el hogar.
¡Prueba de ello es que estoy sentada aquí, junto a todos ustedes!
El señor PIZARRO.- Señor Presidente, ciertamente, el debate respecto de este proyecto, de artículo único, se ha tornado muy atractivo por los distintos enfoques que cada uno de nosotros le ha dado a esta materia.
Hay algunas cuestiones que me gustaría plantear.
Tengo dudas, por razones distintas a las señaladas por la Senadora que me antecedió en el uso de la palabra, sobre la admisibilidad de esta iniciativa.
Entiendo que la Mesa del Senado la habrá analizado y evaluado. Y si autorizó su discusión es porque tiene claridad sobre el particular.
¿Pero por qué digo que mis razones son diferentes a las expresadas por Su Señoría?
Por una cosa muy sencilla.
Yo parto de la base de que una vez que se apruebe la ley en proyecto, cuando llegue el momento de su implementación, va a requerir recursos. Y ello es de iniciativa del Ejecutivo.
Todos sabemos que es el Gobierno el que tiene la iniciativa cuando algún proyecto irroga gastos. Y no cabe duda de que este sí implica costos.
Ahora bien, cualquiera podría decir: "¡Cuál es el problema! Si la malla curricular es la misma y la infraestructura que se usa también".
Pero, señor Presidente, no necesariamente la infraestructura ha de ser igual. Y, por lo tanto, deben hacerse las adecuaciones pertinentes.
No nos olvidemos que en algunos lugares tenemos establecimientos públicos mixtos -en mi Región existen varios-, y también hay internados. Y existen, asimismo, internados mixtos.
Aquello forma parte de la adecuación que se deberá hacer para implementar una ley de esta naturaleza, en que habrá que incurrir en gastos.
¿Quién determinará esto? Ello lo tendrá que establecer el propio Ejecutivo.
Ahora bien, hace un rato le consulté a la Senadora Provoste por qué se fijaron cuatro años para concretar lo dispuesto en la ley en proyecto.
Considero relevante que los Senadores tengamos información más acabada sobre ello.
¿Hay un cálculo en cuanto al número de establecimientos que actualmente son solo de hombres, o de mujeres, y respecto de los cuales tenemos que ver la forma como los transformamos en mixtos?
¿El plazo de cuatro años se establece sobre la base de la gradualidad, de ir aplicando esto primero en los servicios locales de educación que se vayan formando? ¿O, como el plazo de gradualidad de la implementación en los servicios locales es mucho mayor, habrá que hacerlo en ese mismo tramo?
Me habría gustado tener un poco más de antecedentes al respecto.
Ahora bien, yendo a la cuestión de fondo, la experiencia de la educación mixta en cualquier establecimiento en que hoy día se esté llevando a cabo me parece extraordinariamente positiva.
A diferencia de lo que señaló un señor Senador en el sentido de que esto era una cosa del progresismo, producto de las actuales demandas sobre identidad de género, de las exigencias de igualdad de derechos que las mujeres plantean en las calles, creo que es una cuestión fundamentalmente de sentido común evaluar en términos positivos lo que implica la convivencia entre hombres y mujeres en las aulas desde la edad más temprana.
Las salas cunas son mixtas; y los jardines infantiles también.
Pienso que en la educación parvularia, y después en los niveles básico y medio, hay que desarrollar una buena convivencia. Porque tenemos que entender que somos iguales en derechos y que esa relación debe basarse en el respeto, en el reconocimiento de que todos podemos y debemos formarnos con las mismas exigencias y derechos.
La experiencia, sin duda, ha sido extraordinariamente positiva.
Es objetivo el hecho de que quienes han estudiado en liceos o colegios mixtos tienen una forma de relacionarse muy distinta de la de aquellos que lo hicieron en establecimientos destinados solamente a hombres o a mujeres.
En mi concepto, hay que considerar aquello.
Creo que este proyecto no obedece a un ideologismo, a un feminismo extremo, sino al sentido común y, también, al propósito de ser eficaces en el uso de los recursos en materia educacional, que normalmente son escasos.
Señor Presidente, se ha argumentado aquí -no capto muy bien el trasfondo del planteamiento hecho- que con el mecanismo propuesto se podría restringir la libertad de los sostenedores para decidir en cuanto a su proyecto de educación.
Con respecto a aquello, que se discutió bastante cuando hicimos la reforma, hay que preguntarse qué está ocurriendo en la práctica.
Yo diría que, en el hecho, todos los establecimientos con sostenedores privados que reciben financiamiento público tienen educación mixta. Y ello, no en función de su proyecto de estudio, sino por una cuestión práctica: en la medida que las matriculas han ido disminuyendo, se requiere contar con más alumnos al objeto de recibir las subvenciones que permitan obtener mayores ingresos para sustentar el establecimiento y, por supuesto, aumentar las utilidades.
Hoy día la situación es distinta.
Aquí, contrariamente a lo que se ha sostenido, no se está coartando la libertad de enseñanza.
¿En qué podríamos coartarla si resulta que actualmente las mallas curriculares son exigibles a todos los colegios por igual? Algunos tendrán una diferenciación. Y es bueno que así sea si colocan mayor énfasis a determinada asignatura, o a cierta actividad, o a la forma como se relacionan con las comunidades.
Yo siempre he sido partidario de que, por ejemplo, las mallas curriculares de los establecimientos de las regiones mineras, o agrícolas, o turísticas, en fin, pongan énfasis en las actividades desarrolladas en ellas. Pero la decisión pertinente deben tomarla los servicios locales en cada comunidad.
Aquí -repito- no se afecta en nada la libertad de enseñanza. Esta se halla debidamente consagrada. Y por eso existen los colegios privados, que ofrecen proyectos de enseñanza, si bien ceñidos a la matriz impuesta a todos los establecimientos públicos, en que pueden establecer su sello, sea en formación religiosa, en idiomas, en deportes, etcétera.
Lo que sucede es que, como estamos hablando de la educación, financiada con recursos públicos, hay que sujetarse a cierto patrón común. Pero eso no implica que quienes quieran educar a sus hijos en establecimientos distintos (algunos serán más caros; otros, menos caros; algunos, gratuitos) no puedan hacerlo. Y la diferencia radica en que no reciben recursos estatales.
Entonces, mal se puede sostener que el mecanismo propuesto puede afectar la libertad de enseñanza.
Por último, señor Presidente, quiero insistir en que lo relevante es, sin duda, la calidad de la educación. Pero también importa mucho el efecto positivo de la convivencia entre hombres y mujeres. Y (repito) mientras más temprano se dé, el resultado será mucho mejor.
Eso sí que permite, a la larga, ir estableciendo niveles de igualdad y de derechos y deberes para hombres y mujeres.
Yo voy a apoyar esta iniciativa. Sí, vuelvo a decir que, a mi parecer, puede haber un problema de admisibilidad, por los recursos que ella significa. Y tal vez en la discusión particular podamos recoger algunas de las inquietudes planteadas en cuanto a la mejor manera de implementar la ley en proyecto.
El señor GIRARDI.- Señor Presidente, considero que este proyecto es innovador, inteligente, adecuado al siglo XXI.
¿Y por qué digo aquello? Porque, más que de discriminación, yo quisiera hablar de los modelos de convivencia que hemos tenido.
Todo esto subyace porque siempre hay historia, y uno puede ser rehén de ella o intentar cambios.
Se ha planteado acá que la mujer fue confinada obligatoriamente al rol de la reproducción. Y, para defender ese rol reproductivo, muchas veces se la compelió a estar interdicta en varios ámbitos de la sociedad.
Claro: ella debe preocuparse de la familia, de los niños.
Por eso fue tan difícil que pudiera estudiar en la educación básica, en la media.
Recién a finales del siglo XIX a la mujer le fue factible incorporarse a la universidad, y a mediados del siglo pasado, adquirir el derecho a voto.
¿Por qué la mujer se vio privada de la posibilidad de ejercer sus derechos civiles? Porque se reiteraba el modelo de convivencia que la obligaba a estar supeditada fundamentalmente al rol reproductivo.
¿Por qué a la mujer se le impide acceder a los métodos anticonceptivos? ¿Por qué hace pocos años se quiso sacar la "te" de cobre? ¿Por qué se inhibe a la mujer en cuanto al uso de la píldora del día después, que no es abortiva? ¿Por qué se lucha contra el uso del condón -públicamente, actores políticos y conservadores dicen: "¡No! ¡El condón, no!"- si no es abortivo? ¡Porque por esas vías la mujer puede liberarse del rol reproductivo y vivir la sexualidad como algo pleno, trascendente...!
Es decir, para ser libre, la mujer debe liberarse definitivamente de la prisión a que se la obliga, que tiene que ver con la reproducción. Y esto acarrea consecuencias muy importantes.
Entonces, yo pregunto por qué es interesante mirar este asunto de aquella manera.
La Iglesia católica es un ejemplo maravilloso, pues ha sido la principal doctrinaria de dicho principio. Nosotros vemos la segregación que hace entre religiosas y religiosos; cómo es su jerarquía: no existe ni una sola mujer; únicamente, hombres.
Entendemos tal segregación, porque así la sociedad comienza a construir símiles de aquello y vive un verdadero apartheid, en que a las mujeres se las segrega, se las separa de los hombres.
Es algo muy parecido a las culturas islámicas.
Con los Senadores Allamand y Letelier estuvimos en Irán, donde impacta que el Jefe del Estado sea un religioso. Y en ese país las mujeres deben ir atrás de los hombres, caminar separadas de ellos; tienen que asistir a colegios distintos y trasladarse en buses diferentes, en fin.
Ese es un modelo de convivencia.
La pregunta es si nosotros debemos mantener el modelo de convivencia existente.
Yo digo que hemos de ponerle fin. ¿Por qué? Porque considero sano que hombres y mujeres se encuentren permanentemente en una situación de normalidad en el colegio. Y ello tiene que ver justamente con el modelo de convivencia que queremos para el futuro.
La segregación no es lo mismo que el hecho de que los niños y las niñas se encuentren; de que se respete al legítimo otro; de que se establezcan relaciones de igualdad; de que haya relaciones de compromiso, de visiones compartidas.
Yo tengo la sensación de que quienes están en colegios solo para hombres tienen con respecto a las niñas una visión bastante más erotizada y mucho más de objeto que una dimensión real como seres humanos plenos con los cuales se puede compartir en igualdad de condiciones.
Este es un problema cultural. Y se da mucho en las ciencias.
Hace algunos días yo decía: "Si se les pregunta a un niño y a una niña de cinco años quién es particularmente una persona inteligente, ambos contestan que puede ser, indistintamente, un hombre o una mujer. Si esa pregunta se les hace a los 10 años de edad, la respuesta se inclina hacia el hombre. Y a los 18 años el porcentaje favorable al hombre es altísimo".
En cuanto a las aptitudes para las matemáticas, la respuesta es que las del hombre son mayores, en circunstancias de que nada fundamenta tal visión.
Entonces, yo me quiero plantear cómo avanza una sociedad.
Para poner una situación que me parece interesante, voy a referirme a las Fuerzas Armadas de Chile, que son mucho más adelantadas, bastante más visionarias, harto más innovadoras.
¿En qué está la Armada? En incorporar plenamente a la mujer.
¿En qué está el Ejército? En incorporar plenamente a la mujer.
¿En qué está la Fuerza Aérea, institución que incluso forma a mujeres piloto? En incorporar plenamente a la mujer.
Incluso, se entiende que vamos a llegar a una situación paritaria en Chile y en el resto del mundo.
No es comprensible mantener algo que podría haber tenido justificación hace cientos de años.
No es comprensible que, sobre la base de un planteamiento que tiene dos mil años, se siga intentando modelar la sociedad con las mismas matrices.
Por lo tanto, pienso que debemos establecer una verdadera igualación de modelos de convivencia. ¡Y qué mejor lugar para hacerlo que el colegio, donde niños y niñas se encuentran permanentemente, como es la vida!
¡Si la vida no es segregada! ¡Los hombres y las mujeres no estamos en lugares distintos: convivimos siempre!
Ahora, mientras más juntos convivamos; mientras más igualitarios seamos; mientras mejor nos podamos entender, más posibilidades habrá de que derrotemos la visión machista en que siempre subyace el rol de la mujer en materia de sexualidad.
Para ser libre, la mujer debe liberarse de su condicionamiento sexual.
Por eso, quiero valorar -no forma parte de este proyecto- lo que ha ocurrido en Irlanda, país hipercatólico, donde a la mujer se le retiró el yugo, se le quitó la interdicción.
En ciertas culturas, en determinadas sociedades, ¡por estar embarazadas, las mujeres no son personas, no pueden decidir, están interdictas...!
¡Qué bueno que haya países hipercatólicos, como Irlanda, que transforman a las mujeres en personas no interdictas y establecen que ellas siempre -¡siempre!- pueden decidir, por ejemplo, si quieren embarazarse y ser madres!
¡En esas naciones las mujeres nunca están en interdicción!
En tal línea, felicito al movimiento argentino que está dando la misma lucha para liberar a la mujer de la odiosa obligación de, independiente de su voluntad, cumplir el rol de la reproducción y permitirle vivir una sexualidad libre, plena, que pueda ir más allá de lo meramente reproductivo.
Algún día se planteará lo mismo en nuestro país.
Nosotros ya presentamos un proyecto para liberar definitivamente a la mujer chilena de la obligación castradora de asumir el papel reproductivo, incluso cuando no quiere, e impedir que por el hecho de estar embarazada siga siendo interdicta y pierda todos sus derechos civiles.
Creo que la iniciativa de ley que nos ocupa es un epifenómeno pequeño, pero maravilloso, pues busca establecer cierta normalidad. Yo diría que es hasta poético, humano.
Resulta muy difícil entender que una parte de nuestra sociedad -una parte inteligente, que respeto mucho y que ha aportado bastante al desarrollo de Chile- exprese su negativa. Porque es casi de sentido común que estando involucrados fondos públicos propiciemos una dimensión igualitaria.
Por eso -insisto-, es maravilloso que hasta las Fuerzas Armadas, que pertenecen a todos los chilenos, estén en el esfuerzo -tal vez el Parlamento todavía no alcanza a dimensionar la importancia que reviste- destinado a establecer una igualdad verdadera entre hombres y mujeres.
De verdad, me parece que este proyecto es maravilloso, porque aunque sencillo, genera una discusión de profundidad y envergadura mayores, lo que le hace muy bien al Senado de la República.
La señora MUÑOZ.- Señor Presidente, en primer término, quiero felicitar la presentación de esta iniciativa, que es, en el Congreso Nacional, el primer impacto de la revolución feminista de mayo del 2018, la que se ha expresado a lo largo de todo nuestro país.
Hablo de "revolución feminista" porque el feminismo del siglo XXI se propone avanzar en un cambio cultural profundo y subvertir un sistema civilizatorio patriarcal que subordina a las mujeres y las somete a una condición de opresión, violencia y dominación.
El patriarcado -lo explico desde el punto de vista cultural- se estructura en todos los ámbitos de la sociedad.
El dominio masculino está presente en la familia, en el trabajo, en la política, en la economía.
Se trata de un sistema que establece una relación social sexo-política que domina todos los ámbitos de la comunidad.
Ante él se rebelan con fuerza en nuestro país las feministas, quienes tienen conmovidas las calles, las facultades, en fin.
Su demanda es tan profunda que busca subvertir el orden de convivencia en las universidades, en los colegios, en la política, pero desde el punto de vista cultural.
Del feminismo del siglo XXI muchas somos actoras principales.
Las mujeres hemos construido a lo largo de la historia: en el siglo XIX; también en el XX, con las integrantes del MEMCH.
La lucha central de las mujeres en los siglos XIX y XX buscaba obtener los mismos derechos de los hombres: a la educación (porque antes ellas no podían asistir a los colegios); a acceder en condiciones igualitarias al mercado del trabajo; a establecer cuotas para ocupar más escaños en el Parlamento.
Ha sido una lucha por igualarnos con los derechos de los hombres.
No olvidemos que el 8 de marzo se celebra como Día Internacional de la Mujer para conmemorar la pelea que obreras textiles de Nueva York dieron para que se redujera su jornada diaria, que era de 16 horas, mientras la de los hombres llegaba a 8.
Después, otras hicieron algo similar, y fueron quemadas: ¡murieron todas!
¡Su protesta era para igualar derechos laborales!
En cambio, mediante la lucha que damos las mujeres hoy día, en el siglo XXI, que debe llamarnos a una reflexión profunda, hemos conquistado derechos, pero no igualdad. ¿Por qué? Porque el método en comento está hondamente enraizado en la cultura. Y no es culpa de los hombres ni de las mujeres, sino de un sistema patriarcal arraigado fuertemente en la convivencia cotidiana de Chile y del resto del mundo.
Entonces, esta es una cuestión cultural. Y las mujeres apuntan a ella.
Tenemos leyes contra la violencia hacia la mujer. Pero ¿se terminó esa violencia?
Hay leyes contra el femicidio: todos los años contamos los asesinatos cometidos contra mujeres.
Debimos poner cuotas para aumentar el número de parlamentarias en el Congreso.
¡La cultura patriarcal es muy resistente!
Hemos aprobado leyes; hemos propuesto movilizaciones, pero no logramos la verdadera igualdad estructural que estamos buscando.
Señor Presidente, este proyecto es muy pertinente, pues abre en el espacio de los colegios, mediante la docencia, la posibilidad de subvertir los comportamientos cotidianos de dominio y abuso contra las mujeres.
Con hombres y mujeres juntos, entendiendo las lógicas, las conductas, los códigos femenino y masculino, en igualdad de condiciones, es factible provocar aquel cambio cultural. Ello no es posible solo a través de las leyes.
Por eso, felicito a las mujeres del ya referido movimiento feminista, quienes son sucesoras de aquellas que lucharon durante los siglos XIX y XX, pero apuntan a una rebelión muy profunda destinada a revertir lo que está sucediendo en las universidades, donde se ha denunciado acoso sexual y han salido a la palestra nombres de eminentes académicos que, tras su importante presencia pública, ocultaban una conducta de desprecio, de dominio, de abuso y de violencia hacia las mujeres.
¡Esa es la revolución que se busca hoy día!
¡Se ha desenmascarado ese poder oculto de dominio hacia las mujeres!
¡Hasta cuándo se toleran el abuso laboral, el abuso sexual, la violencia verbal, la violencia gestual!
Señor Presidente, respecto de la sanción a los piropos, que puede aparecer como algo extremo, yo digo ¡quién tiene derecho a invadir la privacidad de una mujer que va por la calle o que viaja en un medio de transporte!
¡Quien cree tener derecho sobre la vida de una mujer la mata porque se considera su dueño...!
Incluso, el Código Penal dispone que cuando se asesina por celos, por obcecación, en fin, hay rebaja de la sanción.
El actual movimiento feminista busca subvertir ese sustrato cultural.
Con relación al proyecto que nos ocupa, señor Presidente, debo puntualizar que de nuevo ha salido a la luz un tema que aparece en todos los debates habidos durante estos años cuando hemos procurado consagrar derechos y avanzar en libertades: la libertad de los padres para elegir la educación y el colegio de sus hijos e hijas.
¡Qué libertad tienen hoy día los padres a ese respecto!
Algunos establecimientos educacionales no aceptan que las mamás solteras o quienes se hallan divorciados matriculen a sus niños.
En realidad, tras el eslogan de la libertad se resguardan privilegios.
Esa materia -repito- ha estado presente en todos los debates en este tiempo.
Por último, si la iniciativa es inadmisible e inconstitucional, creo que al Presidente Piñera, quien mostró una contundente agenda de género en su primera cuenta al país, se le presenta una gran oportunidad. En caso de que el proyecto no sea de pertinencia parlamentaria, podría perfectamente patrocinarlo y dar la posibilidad de que se inicie una educación mixta. Porque esta última no es un titular: se refiere a la construcción de bases culturales para relaciones de respeto entre hombres y mujeres desde la primera infancia.
Entonces, le pido al Primer Mandatario -por su intermedio, señor Presidente- que otorgue su patrocinio, que logre que la observación de inadmisibilidad sea superada con la voluntad política del Gobierno y que le diga al país, en definitiva, que su compromiso con la agenda de género es de verdad.
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Puede intervenir el Honorable señor Lagos.
El señor LAGOS.- Señor Presidente, voy a votar la iniciativa con ganas, con gusto. Lo que se dispone me parece sencillo, pero bien profundo.
Chile, como muchos países -algunos de ellos quizás aún más retrasados-, registra una cultura patriarcal, un sometimiento tradicional de la mujer. Eso es histórico. Y todos los cambios que han favorecido la igualdad de oportunidades, de derechos, se han generado, al final del día, a partir de cambios en ese ámbito, pero habiendo mediado una discusión bastante fuerte en la sociedad.
No es por nada que la calidad de ciudadana, propiamente tal, con la capacidad de votar por un Jefe del Estado, tiene bastante menos años que lo que algunos imaginan.
Tal vez se trata de algo natural y obvio para los más jóvenes. Mi hija de siete años y medio ha visto una Presidenta de Chile. Eso está en su imaginario. No lo estaba en el de mi abuela ni en el de mi madre. ¡No se hallaba en el de nuestros padres que hubiera Primeras Mandatarias! Para las generaciones actuales de diez años y menos, ello es parte de la vida y una posibilidad.
La situación se explica por cambios culturales, pero también porque es preciso tomar decisiones desde el punto de vista de la legislación, de las señales que se dan. También tiene que ver, al final, con el control de las mujeres sobre su vida, su sexualidad, y las decisiones en cuanto a sus derechos reproductivos.
Por ejemplo, la introducción de la píldora anticonceptiva, en los años sesenta del siglo pasado, determinó un cambio cualitativo en el rol de la mujer y su integración a la sociedad. Le dio independencia. Poder decidir si engendrar o no, si ser madre o no, y la oportunidad constituyeron una modificación sustantiva en la cultura occidental. Ello cambió a la sociedad americana y a la europea.
Lo anterior llegó a Chile en el Gobierno del Presidente Frei Montalva, cuando se introdujeron la planificación familiar y los métodos anticonceptivos. Fue necesario enfrentar muchas de las cuestiones de fondo expuestas hoy día y que no descalifico, porque es una manera de ver la sociedad: miradas distintas; existencia o no de error; independencia femenina o definición por la familia; asunto entre hombres y mujeres, no solo entre estas últimas. Todo eso se dijo en su oportunidad.
Esos razonamientos se tienden a repetir ahora, más o menos, cuando discutimos algo bastante más sencillo, a mi juicio, pero muy profundo: si la sociedad cree que es mejor -no malo-, más adecuado, más conveniente en nuestra convivencia que existan colegios financiados con recursos de todos los chilenos para alumnos de un solo género, o bien, obligatoriamente mixtos.
Estimo que el debate no solo se relaciona con lo que ocurre en este momento, por lo que hemos visto. Conforme a la historia de la legislación, el punto se abordó también cuando hace tres o cuatro años se trató la reforma educacional. Si mal no recuerdo, se rechazó una indicación de los Senadores señores Quintana y Rossi, la cual no maduró. No fue el tiempo para ello. Es cierto: la fuerza se ponía en la reforma, la inclusión, la gratuidad y el fin del lucro; pero el asunto se planteó en su oportunidad. Juzgo, entonces, que a los temas asimismo les va llegando su hora.
Cuando el alumnado del 3,7 por ciento de las escuelas es de un solo sexo, me parece que no se efectuaría un cambio radical y sí se daría una tremenda señal.
Se hace referencia al posnatal. ¿No se incluye hoy día en el sistema igualmente a los varones?
Mencionamos el patriarcado. ¿Cuál era la solución social cuando una adolescente quedaba encinta en la etapa escolar? Esta tenía que dejar el establecimiento educacional. ¡Y el joven, quien había sido parte del proceso de embarazo de su polola, de su compañera, seguía estudiando como si nada!
¡Esta es la sociedad chilena!
¿Qué significa eso? Alguien me dirá que se trata de machismo puro y duro. ¡Sí, señor! Pero es más: constituye una mirada cultural. ¡Al quedar embarazada, repito que ella tenía que dejar el colegio! ¡Y el participante -porque se precisa la concurrencia de un varón, hasta donde entiendo, para que una mujer quede esperando un hijo, salvo que medie la inseminación artificial...- seguía estudiando! O sea, una era privada de educación y el otro no.
Ello no ocurrió hace cincuenta años: acontecía en Chile hasta después de recuperada la democracia. Fue en 1992 o 1993 cuando se introdujo una normativa de la materia al menos en relación con los colegios públicos, entiendo que en virtud de un decreto del Ministerio de Educación. Así y todo, ha sido algo difícil de superar.
Entonces, considero que, para materializar la igualdad, tenemos que convivir con las diferencias. Porque estas existen entre hombres y mujeres, pero no pueden traducirse en desigualdad de derechos, en discriminación, en falta de oportunidades, en la aplicación de criterios que se manifiestan, al final del día, en segregar y confirmar lo que haya sucedido.
Al revisar la historia de nuestro país, de la mujer chilena, del mundo, siento que detrás, atávicamente, en definitiva -no soy un experto-, se hallan el uso de la fuerza y la opresión a una parte significativa del género humano. Está bien: se hacen chistes, se envían memes -todo lo que Sus Señorías quieran-, pero en el trasfondo se encuentra la influencia y el ejercicio de coerción sobre la mitad de la humanidad.
En pleno siglo XXI -me metí a Internet- todavía hay educación de un solo género, en efecto, en muchos países del mundo, como decía mi Honorable colega Von Baer, pero ha ido disminuyendo dramáticamente.
En Europa continental equivale a menos del dos por ciento.
En Inglaterra asciende al seis por ciento. Un dato: en los años sesenta -acabo de leerlo-, casi la mitad de los colegios de dicho país eran para un solo sexo. Porque así fue la educación británica. ¡Pero reitero que eso hoy día llega al seis por ciento!
Se afirma que ningún estudio prueba las bondades de un sistema u otro. Pero ello no se requiere para el ejercicio de una opción, pues no es algo escrito en piedra ni lo define un científico. A quienes van a votar en contra puedo expresarles que no tengo la verdad en la materia, pero sí abrigo una convicción. El rol de representante se refiere a interpretar o no a quienes respaldaron a este para sentarse acá a tomar decisiones, y creo que la vasta mayoría de los que me apoyaron para seguirlo haciendo en el Congreso por otros ocho años quieren colegios mixtos para sus hijos y no establecimientos segregados, que tienden a mantener, a mi juicio, una división cultural patriarcal que nos ha hecho un tremendo daño. Así que invito a reflexionar, a pronunciarse en conciencia, ciertamente; pero Chile va para allá.
En esta misma Sala tuve que presenciar la pérdida de mi voto, entre comillas, cuando inicialmente se rechazó la posibilidad de legislar sobre el aborto, en mi primer período. Se aprobó recientemente que este último tenga lugar por tres causales.
Era Ministro cuando se dijo: "No a la píldora del día después". Hoy día, ella no se cuestiona.
Es posible seguir enumerando: divorcio, etcétera.
El señor COLOMA.- ¡La Concertación...!
El señor LAGOS.- El mundo avanza en una dirección.
¡Si me pongo cínico, cabe recordar que hemos visto a quien no creía en la gratuidad...! ¡Y llegó la magia de esta medida en la educación superior!
¿Qué quiero decir? Que Chile se ha movido en cierto sentido. Y uno tiene que interpretarlo también.
Entonces, tal vez ahora no estarán los votos -se requieren 23, más que la simple mayoría-, pero no habré dejado el Congreso cuando en un par de años más se apruebe una legislación equivalente. Y, tal vez, algunos de los presentes van a cambiar su pronunciamiento por otro a favor, porque la fuerza de los vientos es imparable.
El señor COLOMA.- Señor Presidente, debates de este tipo son bien especiales. He escuchado referencias a la segregación, a la discriminación, como si estuviéramos frente al nuevo big bang en la materia. Quienquiera que escuche la discusión -no sé si alguien la está siguiendo, pero imaginemos que es así- puede pensar que se efectúa un cambio copernicano con relación a lo que se halla en juego en la educación.
Pero, ¡oh, sorpresa!, si se observan los antecedentes -es una iniciativa exprés solo vista por la Comisión y el Gobierno, sin que se invitara a nadie, y con anteojeras- y se pregunta cuántos colegios no mixtos con financiamiento público existen en el país, se tiende a concluir que la proporción es mitimota y que la modificación será muy importante. Les tengo una mala noticia a quienes creen que están cambiando el mundo: ¡el 96,3 por ciento de los establecimientos con financiamiento público son mixtos! O sea, se alude al 3,7 por ciento.
Si alguien en la Sala estima que ese primer porcentaje demuestra una segregación, ya que no constituye el cien por ciento, y una conculcación de derechos de las personas, ¡por favor!, me parece que ello no resiste ni el menor análisis.
Nos ocupa algo relevante en lo conceptual por una razón exactamente inversa a la que impulsó, a mi juicio, al señor Senador que en forma legítima presentó el proyecto. Creo que está muy equivocado.
Mas contextualicemos lo que se plantea, porque todas las semanas se ve aparecer aquí a muchos salvadores de la patria que intentan afirmar: ¡Ahora sí! Sugiero que pongamos los pies en la tierra, conservemos la calma y nos fijemos en nuestras aseveraciones. Se trata de algo más serio.
¿Qué reflexiones puedo hacer respecto del asunto?
Primero, a mí me parece -sé que a algunos no les importa mucho, pero seré porfiado- que nos encontramos ante un proyecto claramente inconstitucional. Todo lo que tenga que ver con la administración financiera y presupuestaria -y la materia dice relación exactamente con la forma como se administran los fondos del Estado y para qué- corresponde a la iniciativa exclusiva del Presidente de la República. Lo estimo evidente.
Cualquier persona de buena fe tendría que asumir que es así. ¡Pero ya! Imaginemos lo contrario.
El artículo 1° de la Constitución dispone que "El Estado reconoce y ampara a los grupos intermedios a través de los cuales se organiza y estructura la sociedad". Entonces, ¿son o no legítimos proyectos educativos con una alternativa, la cual puede ser elegible, que representen el 3,7 por ciento del total en el país? ¿Eso vulnera un derecho de las personas?
¡Por favor! Juzgo que precisamente se legitima el derecho a una opción. Y, obviamente, esta última, dentro de las sociedades intermedias -no son lo mismo que el Estado ni los individuos-, es esencial. No creo que el igualitarismo, para estos efectos, sea la palabra rectora para inspirar las acciones ciudadanas.
La libertad de enseñanza, adicionalmente, tiene que ver con el derecho de abrir, organizar y mantener establecimientos educacionales, de acuerdo con el artículo 19, número 11°, de la Carta Fundamental.
¿Resiste el proyecto un análisis, no diría profundo, sino somero, en materia de constitucionalidad?
El Gobierno actual no ha planteado la iniciativa, pero pudo presentarla el anterior, obviamente. Los mismos que hoy día la formulan pudieron ejercer hace pocos meses la misma facultad y no lo hicieron. No lo creyeron relevante, decisivo ni de la importancia que ahora se le pretende asignar.
Lo segundo se vincula con el tema de fondo.
Desde el punto de vista conceptual, ¿alguien piensa que hoy día existe discriminación en la materia? ¿Dónde?
Si se registra un 96,3 por ciento versus un 3,7, ¿eso permite hacer semejante afirmación?
Si el 3,7 por ciento correspondiera a colegios mixtos, asumo que alguien podría opinar: "Tenemos que hacer un esfuerzo adicional". ¡Pero las cifras son exactamente a la inversa! Hay algunas pocas opciones en ciertos lugares donde se da lo que puede ser objeto de un proyecto familiar. Cada uno lo determinará.
Los mismos que exponen una diversidad extremada de familias se niegan a que estas puedan representarse una diversidad de proyectos, de visiones y de sueños para los hijos.
¿Por qué el Estado va a impedir que una de ellas -cualquiera de las múltiples señaladas aquí periódicamente- quiera un tipo de educación?
En otros países, esta última se imparte en la casa.
La que acabo de señalar es la discusión de fondo.
¿Por qué se va a prohibir -repito- que una familia pueda buscar uno de esos pocos colegios con una educación no mixta?
A mí me parece que tal medida vulnera, objetivamente, el derecho de las personas. ¡Y eso sí que es arbitrario! ¡Eso sí que es discriminador!
Deseo consignar que la discriminación es a la inversa: quieren imponer un modelo único y se niegan a aceptar uno distinto.
El Senador que habla leyó el informe. ¿Dónde se mencionan invitaciones a educadores, a las familias, a personas con directa vinculación a la educación? No hay nada.
Aquí nos encontramos ante una inspiración -no sé si divina, para estos efectos...-, en virtud de la cual se presenta una forma distinta de ver la educación.
En mi concepto, cualquier aspecto de esta naturaleza requiere la participación de la comunidad. Son esenciales la capacidad de escuchar y de comprender hacia dónde se va y el respeto por las preferencias de las familias.
¡Ello es muy importante! No veo ninguna razón para desdeñar o dejar de lado estas últimas, o para impidir el pluralismo en función de un seudopluralismo. Porque, al final, eso está ocurriendo. O sea, desde las bancadas del frente tratan de decirnos que la existencia de dos modelos es poco plural.
¿Cómo va a ser poco plural? Lo poco plural es que haya uno.
¿Que se respeta poco el desarrollo de las personas? Lo que respeta poco es un solo modelo.
¿Por qué vamos a obligar?
No propongo seguir el camino inverso. Porque las sociedades se van desarrollando, y los modelos y proyectos educativos se traducen en formas de actuar. Pero respetemos la esencia de la libertad de una sociedad intermedia, de una familia, del derecho a elegir.
En el Senado estamos impidiendo cada vez más las opciones. A propósito de una sociedad libre, estamos dejando a esta progresivamente con menos de ellas. Me parece que eso apunta en el sentido exactamente inverso a la forma como debemos funcionar y a lo que debemos buscar como sociedad.
Por eso, en Chile no hay un antes ni un después del proyecto. Nadie se desangra ni nada se desmorona.
Pero sí hay un criterio profundamente equivocado:
¡En aras de la libertad, se está ahogando la libertad!
¡En aras del pluralismo, se está sofocando el pluralismo!
¡En aras de la diversidad, se está planteando la uniformidad!
Esta visión sesgada y pequeña de la sociedad me inquieta y preocupa.
Porque he escuchado expresar: "Si no conseguimos los votos, ¡vamos a presentar otra iniciativa, pero más estricta!". No. Se requiere capacidad de escuchar, de observar, al igual que imaginar la sociedad que estamos construyendo entre todos.
No se trata de imponer una mayoría de uno o dos votos para liquidar las libertades. Pienso que nuestra tarea es bastante más profunda.
Por no ser constitucional, por vulnerar las libertades, por prescindir de lo fantástico de poder elegir, me pronuncio en contra del proyecto de ley.
El señor BIANCHI (Vicepresidente).- Puede intervenir el Honorable señor Guillier.
El señor GUILLIER.- Señor Presidente, me parece excesivo atribuir al gasto un carácter estratégico en la discusión del asunto que nos ocupa, porque el presupuesto normal bastaría para adaptar baños y camarines de un colegio.
Por lo demás, con la tasa de natalidad en Chile, más bien es una bendición para muchos colegios subvencionados y públicos disponer de la flexibilidad de integrar a alumnos de distintos establecimientos, hombres y mujeres, en una misma unidad.
Por lo tanto, lejos de ser un problema, desde el punto de vista económico es todo lo contrario.
Sería interesante ver, más bien, si esto aporta o no, no solo a la libertad de enseñanza, sino a la solución del verdadero problema de la sociedad chilena, aquello en que -hay que reconocerlo- está al debe: la convivencia entre hombres y mujeres, desde el inicio de sus vidas.
Los colegios solo de hombres o de mujeres efectivamente representan el 3,8 por ciento de la matrícula total. Es decir, son 258 municipales y 150 particulares subvencionados los que van a recibir la buena noticia de que ahora podrán recibir hombres y mujeres, y completar así sus matrículas, que se han ido reduciendo, lo que amenaza a los profesores con el desempleo.
Pero vamos al tema más de sentido.
¿Por qué razón el Estado amerita una ley, cuando solamente un 3,8 por ciento de los colegios no son mixtos?
Primero, hay que reconocer cierta tendencia a normar. Hoy día en las comunas de Santiago, de Providencia, en todos los colegios exclusivamente de hombres o de mujeres están discutiendo si pasan a ser mixtos. Es el caso del Liceo Tajamar, del José Victorino Lastarria y de algún otro, según se me dijo.
Lo importante es que los colegios deben ser representativos de los valores y principios que articulan a una comunidad.
Se separaba a hombres y mujeres porque la sociedad entendía que tenían roles distintos. El Estado no les preguntó a los chilenos y a las chilenas si había que tener colegios separados por sexo, simplemente, porque se habría considerado inmoral juntarlos.
Cuando las mujeres ingresaron a las universidades tampoco se preguntó ni se debatió si había que invertir en los baños. Se discutió si las mujeres tenían o no derecho a ingresar a la educación superior, porque no se estilaba respecto de sus roles, y ello ocurrió particularmente en las carreras vinculadas a la salud, como medicina.
Pero estamos en otro Chile, que quiere dar señales y establecer clara y categóricamente que no puede haber discriminaciones entre hombres y mujeres.
Por sobre todo, se advierte la necesidad de abordar el tema cultural, de promover desde el nacimiento de un niño o una niña un patrón de convivencia de género, respetuoso, tolerante, comprensivo.
Establecer esto en una ley no significa que quedará como precedente solo para apurar a ese 3,8 por ciento y acelerar así un proceso que igual se está precipitando, sino que establecerá de manera permanente que en todo colegio público, o que recibe financiamiento público, se debe abordar la convivencia, la integración y la inclusión; que es preciso eliminar toda barrera que impida el encuentro; que es necesario aprender a convivir.
Porque, cuando hablamos de "cultura" nos referimos a un proceso de aprendizaje sobre cómo nos relacionamos en cuanto a género.
No olvidemos que la cultura son todas las formas de actuar, pensar y sentir, que son aprendidas y compartidas.
Por lo tanto, debemos generar en la convivencia cotidiana esa cultura de integración no sexista; y no solo en los planes académicos, en los programas.
Por eso, es importante respaldar esta iniciativa.
Ella no tiene que ver con el número de alumnos que todavía están en colegios de hombres o de mujeres. Se trata de dar una señal global al sistema de que se aborda integralmente la construcción de comunidades basadas en el respeto, la tolerancia; de que se rechazan los prejuicios, el machismo, el sexismo. Eso habla de una sociedad en que nos reconocemos como iguales y en que hemos aprendido en la convivencia cotidiana.
¿Y por qué es importante apurar estos procesos? Porque en la vida de un joven o de un niño, cuatro, cinco o seis años más -es lo que podría demorar en completarse esta medida- es mucho tiempo; es perder una generación que no aprendió a convivir desde el comienzo, desde el nacimiento.
Lo que estamos haciendo es reafirmar una señal de civilización y de convivencia en una sociedad democrática, donde todos nos reconocemos iguales en dignidad y en derechos.
Señor Presidente, apoyo el proyecto.
El señor SANDOVAL.- Señor Presidente, sin duda, estamos frente a una iniciativa que ya fue superada por la realidad. Como nos ha pasado en otras ocasiones, llegamos un poco tarde con las regulaciones. Quizá este proyecto habría tenido pleno sentido hace muchos años atrás.
Habiendo salido del sistema escolar hace un buen tiempo, puedo decir que jamás estudié en un colegio donde solamente hubiera un sexo asociado. Es más: en toda mi Región de Aisén no hay ningún establecimiento educacional que sea solo de un grupo de personas, ¡ninguno! ¡Son todos mixtos!
Eso muestra que, en realidad, esta tendencia está instalada hace muchos años.
Quiero hacer un paréntesis, señor Presidente: hablamos mucho de inclusión; sin embargo, la transmisión de esta sesión del Senado deja a un segmento muy importante de la población, que tiene discapacidad auditiva, sin la posibilidad de enterarse de lo que nosotros estamos tratando. No hay transmisión simultánea con lenguaje de señas. Y excluimos a ese sector justo cuando hablamos de inclusión.
Solicito, por tanto, que se considere implementar un sistema de transmisión simultánea para las personas con discapacidad auditiva. Así estaremos acercando el Senado a nuestras comunidades y a nuestra población.
Volviendo a la iniciativa en debate, Chile ha vivido muy profundos cambios en el rol de la mujer. Pero, no cabe duda alguna, aún quedan muchas brechas. Tendremos que seguir avanzando.
El empleo del sector femenino -por señalar alguna- avanzó del 31 por ciento en 1990 al 48 por ciento el año recién pasado. Ello nos sitúa todavía muy por debajo del porcentaje de participación laboral que tienen las mujeres en Latinoamérica. ¡Para qué decir respecto de los países con los cuales habitualmente nos comparamos!
Bien señalaba el Senador Coloma que pareciera ser que estuviéramos frente a un proyecto en el cual la inmensa mayoría de los establecimientos se hallan en esta condición en particular. Sin embargo, solamente el 3,7 por ciento de ellos no son mixtos, ¡el 3,7 por ciento!
Evidentemente, eso nos pone en una cierta realidad. Se dice acertadamente: "Estamos llegando atrasados", porque esta situación ya aconteció. Aún más, sin ley, entre el año 2014 y el 2017, 218 colegios pasaron a ser mixtos. ¡Sin ley: 218 establecimientos! Es decir, la mitad de los que hasta el día de hoy permanecen en su condición presente.
Estos 218 establecimientos no requirieron ninguna norma legal para transformarse, porque lo que se necesita para ello, en el marco de la libertad de enseñanza, es única y exclusivamente una decisión del mismo centro educacional, de su comunidad educativa, de sus instancias de participación interna.
Por eso, estos 218 colegios -insisto: ¡sin ley!-, desde el 2014 al 2017, se convirtieron en mixtos.
Señor Presidente, ¿cuál es el sentido real y práctico del proyecto?
Porque, a pesar de la buena disposición de sus autores -de la que no dudo-, se establece una exigencia exclusiva para los colegios públicos y privados que reciben aportes del Estado. Es decir, se siguen manteniendo en esta misma lógica -porque quedan al margen de la exigencia- los colegios particulares pagados. Por tanto, estos últimos podrán, a pesar de la norma general, seguir en su condición actual.
Claramente, hay dudas respecto de la admisibilidad del proyecto. Aquí ya se ha planteado la reserva de constitucionalidad, si es que esta situación avanza. Pero creemos que estamos frente a una iniciativa atrasada respecto de los hechos que están aconteciendo. Me refiero a que solamente el 3,7 por ciento de los establecimientos (438 en todo el país) no son de carácter mixto.
¡Solamente el 3,7 por ciento!
Y entre el 2014 y el 2017 -¡sin ley!- 218 colegios no tuvieron ningún inconveniente, ningún problema, ninguna limitación para pasar a ser mixtos. Fue una decisión soberana de sus respectivas unidades educativas, de los sostenedores, lo que tiene mucho más valor que esta iniciativa de ley.
Entonces, no por hacer guiños a ciertos grupos debemos avanzar en proyectos que, en definitiva, tienen dudas de procedimiento. Además, como he dicho, el que nos ocupa está superado por la realidad. Hoy día cualquier colegio, sin ninguna otra restricción que la decisión soberana de su unidad educativa, puede transformarse en mixto. Me refiero a los 438 establecimientos educacionales que en Chile todavía no tienen esa condición.
El señor NAVARRO.- Señor Presidente, la iniciativa de Ley de Instrucción Primaria Obligatoria -la N° 3.654- se presentó en 1902 y tardó dieciocho años en ser aprobada. Ello ocurrió el 26 de agosto de 1920.
En su época, Enrique Mac Iver hizo una intervención histórica respecto de la necesidad de hacer obligatoria la enseñanza. Para que el país se desarrollara resultaba indispensable que hubiera educación, que ella fuera obligatoria y que no quedara al arbitrio de los padres.
Por tanto, se dictó la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, que estableció la obligatoriedad para la enseñanza básica.
Ahora se ha abierto un debate distinto, pero que guarda relación con el tema.
Cuando discutimos el proyecto de ley sobre gratuidad en la educación, recordé que en los debates en el Senado el Partido Agrario Laborista argumentaba que, si los niños estudiaban, los campos iban a quedar desiertos. "¿Quién va a sembrar y cultivar nuestros campos?", se decía.
Había un temor proverbial. Se pensaba que la educación podía terminar con la mano de obra, y, por ende, muchos se oponían a que fuera obligatoria, porque eso traía mayor cultura, más rebeldía.
La situación descrita ocurría a principios del 1900, donde florecía la clase obrera y se sindicalizaba.
Pienso que Mac Iver tuvo razón: la educación es un camino de libertad y desarrollo.
Pero hoy día, en el año 2018, nos preguntamos cuál es el fundamento técnico para que no exista educación mixta, por qué se impide aquello.
Todos los estudios revelan que en la educación mixta hay un mayor rendimiento y, por cierto, se da una condición que no la tienen los colegios segregados por sexo.
Pablo Gómez, sociólogo de la Universidad Alberto Hurtado, recuerda que el primer colegio de hombres en Chile fue el Instituto Nacional, fundado por José Miguel Carrera en 1813, y allí se formaban hombres para la república.
Posteriormente, en 1894 se fundó el Liceo N° 1 de Niñas, pero estas -así lo expresa Pablo Gómez- no iban a estudiar para luego ir a la universidad, sino que asistían a clases para jugar un rol distinto: ser buenas madres y buenas dueñas de casa.
Esta segregación se tradujo durante muchísimos años en el establecimiento de roles distintos. Por tanto, la integración que hoy día reclamamos para los colegios públicos -los establecimientos privados no están incorporados en la ley en proyecto; ellos podrán seguir siendo femeninos o masculinos- dice relación con un elemento básico: la experiencia determina que la integración es positiva.
Por cierto, hoy día los niños asisten a jardines infantiles mixtos; en seguida, no hay universidades solo para hombres ni solo para mujeres; y después se da la misma condición en la vida laboral, porque hombres y mujeres trabajan juntos. O sea, la integración se da.
Por consiguiente, mantener un aislamiento en este aspecto obviamente no forma parte de una política de carácter público.
El Colegio del Sagrado Corazón de Apoquindo pasó a ser mixto. Por su parte, el rector del Colegio Sagrados Corazones de Manquehue ha señalado que no existe ningún fundamento para no ser mixto, y están en un proceso de integración.
Es decir, los colegios privados estiman que es conveniente, sin alterar su proyecto educativo, que haya integración.
En los Estados Unidos, de los 93 mil establecimientos públicos, solo 24 -¡solo 24!- mantienen la segregación de sexos. El resto, los casi 93 mil, son mixtos.
Entonces, yo pregunto cuál es el tema en debate. ¿La argumentación técnica es que la educación segregada por sexo es más conveniente para el proyecto educativo de tal o cual establecimiento y permite una mejor elección de los padres? La verdad es que, en la práctica, cuando existe este tipo de segregación y en las familias chilenas hay uno, dos, tres, cuatro hijos el tener que repartirlos en colegios distintos es siempre un problema.
Me explico: el hecho de que en una familia los hijos estudien en un mismo establecimiento mixto es, quizás, de gran beneficio en lo que respecta al tiempo que puedan compartir y al cuidado familiar. Esta situación ocurre en los colegios que hoy día son mixtos, ya que las familias pueden elegir tener a sus hijos, hombres y mujeres, en el mismo establecimiento.
Por lo tanto, creo que este debate va mucho más allá de lo que se quiere ver.
Aquí no hay un sesgo ideológico.
Si decimos que en Estados Unidos la totalidad de los establecimientos públicos son de carácter mixto -solo 24 de 93 mil no lo son-; si decimos que colegios privados de tanto renombre, como el Sagrado Corazón de Apoquindo o el Sagrados Corazones de Manquehue, han hecho una evaluación del tema, es porque esos son signos de los tiempos.
Y así lo ha manifestado el rector del Colegio Sagrados Corazones de Manquehue: ¡Son los signos de los tiempos y hay que actualizarse!
En consecuencia, hoy día, cuando se financia la educación con fondos públicos, lo deseable es que las familias sí puedan elegir y contar con las mejores condiciones para educar a sus hijos, y esto significa integración mixta.
Señor Presidente, yo tuve la suerte de estudiar en un colegio mixto: el entonces Liceo José Miguel Carrera, de Conchalí. También estudié en el Liceo Miguel Luis Amunátegui, que era de hombres. De manera que puedo hacer una comparación, por haber cursado primero medio en un establecimiento exclusivamente de hombres y haber estudiado en un liceo mixto: lo hice en la mejor de las condiciones. Aunque algunos conllevan y arrastran mitos atávicos, la experiencia lo desmiente.
Si en Chile los colegios privados quieren permanecer en la segregación, ¡bien! Pero todo indica que incluso connotados recintos de enseñanza privados se están transformando en mixtos. Por tanto, el debate va a estar centrado en los llamados "colegios tradicionales", como el Carmela Carvajal o el Instituto Nacional.
Esa va a ser una discusión en la que también sería bueno escuchar a los padres y a los estudiantes.
Hoy día, en una comunidad educativa, decisiones de esta magnitud requieren debate, y tengo la certeza de que se va a imponer en él un criterio de integración.
Por eso, creo que los prejuicios que pudieren estar instalados en cuanto a que por asistir un alumno a un colegio mixto va a decaer su rendimiento escolar o a que hay mejores condiciones de estudio cuando el colegio es segregado, no tienen validez y la experiencia misma los está desechando.
Aquí se ha señalado que se quiere imponer una condición ideológica. Yo quisiera preguntar cuál es.
Cuando se discutía la enseñanza primaria obligatoria, a principios del siglo XX, se pudo haber dicho: "Sí, hay un fuerte contenido conservador y liberal". Pero considero que hoy día ese debate está ampliamente superado.
Señor Presidente, espero que podamos aprobar este proyecto. No sé cómo va la votación. En lo personal, anuncio mi voto favorable, porque creo que las cosas, cuando avanzan de la mano del futuro, lo hacen con una legislación acorde a esa realidad.
Mantener la idea de que los colegios públicos sean segregados es algo que va a contrapelo con la voluntad ciudadana y, particularmente, con la modernización de la educación chilena.
Por eso, señor Presidente, me pronuncio a favor del proyecto, con convicción y con la certeza de que estamos dando un paso muy importante en otorgar mayor valor agregado a la educación pública, sin violentar ningún derecho de la familia, sin inmiscuirnos en materia de opción de los padres, quienes siempre podrán elegir dónde estudiarán sus hijos.
La experiencia personal y la que he conversado con muchos colegas universitarios es que la integración mixta resulta fundamental para comprender mejor el rol de la mujer.
Estimo que esa integración brinda mayores posibilidades de comprensión de la vida y de cómo se relacionan hombres y mujeres que las que se dan en los colegios segregados. Y esto último lo han dicho jóvenes que actualmente estudian en ese tipo establecimientos, no siempre por propia voluntad: los pusieron ahí o no tuvieron cómo optar. Hay quienes en el Instituto Nacional dicen: "Estamos aquí porque es un muy buen colegio público, pero también podría ser para mujeres". Están ahí porque no tienen alternativa.
El señor KAST.- Señor Presidente, probablemente -hay un consenso bastante importante en la Sala en ese sentido-, la gran mayoría de la gente está moviéndose hacia colegios mixtos. Existe esa tendencia en Chile.
Entonces, si aquella es la realidad -de hecho, como bien se mencionaba hace un rato, hoy solamente un 3,7 por ciento de los establecimientos no es mixto-, la pregunta relevante que a mi juicio debemos hacernos y que tiene mucho que ver con si creemos en ciertos principios de descentralización, de localismo y de sociedad civil, es si nosotros vamos a actuar con soberbia para impedir determinada opción.
Imagínense una comunidad que quiera un colegio distinto, una comunidad de la sociedad civil que, tal vez por razones culturales, por razones religiosas, por cualquier motivo, desee emprender un proyecto educativo diferente, enmarcado dentro de ese 3,7 por ciento. ¿Nosotros vamos a censurar tal expresión de diversidad en la sociedad chilena, vamos a sentirnos más dueños de la verdad y, con una soberbia absoluta, vamos a impedir que la sociedad civil, una comunidad, un municipio tenga esa libertad?
Y, ojo, aquí se dice mucho -de hecho, lo acaba de expresar el Senador Navarro, a quien cito textual- que queremos que todos los padres puedan elegir siempre. ¡Curiosa forma de darles a los padres libertad para elegir si es que estamos censurando su posibilidad de emprender un proyecto que a mí, en lo personal, puedo no compartir, y que busque poner a sus hijos en un colegio no mixto! ¿Por qué caer en esa mirada, que busca homogeneizar todo?
La sociedad civil es bastante más sofisticada que nosotros, que llegamos tarde, como bien lo señalaba el Senador Sandoval. Este es un debate al cual ya llegamos tarde. La sociedad civil se mueve mucho más rápido que nosotros. Y es mucho más sofisticada, más rápida, más diversa, más dinámica.
Por lo tanto, ¿vamos a censurar aquí esa expresión del 3,7 por ciento? Yo, por lo menos, no lo comparto.
Se afirma: "Es que aquí se está actuando con recursos públicos. Démosles libertad a los privados" -lo expresaba recién el Senador Navarro- "para que ellos sí puedan seguir segregando". ¿Qué significa eso, en la práctica? O sea, ¿solo el que tiene plata puede elegir? ¿Solo el que puede pagar 200 mil pesos tiene derecho a elegir una educación distinta? Yo, honestamente, creo que no debiera ser así. ¡Nada más elitista que aquello! Por último, podrían tener el coraje de decir: "Prohibámoslo en todos los colegios". Obviamente, yo no estaría de acuerdo. ¡Me carga la imposición! Pero no hay nada más elitista que plantear: "Los particulares pagados seguirán teniendo educación segregada. Los padres que envían a sus hijos a esos establecimientos sí pueden elegir, porque pueden pagar 200 mil pesos". Yo encuentro que eso no corresponde.
A mi modo de ver, la política pública correcta consistiría en promover los colegios mixtos. ¿Cómo? ¿Por qué no pedir una subvención especial? Sabemos que tal vez hay mucha inercia, que tal vez algunos municipios administran pobreza, y que la transición hacia un liceo mixto puede significar costos. La pregunta relevante es: ¿por qué no solicitarle a Educación -lo acabamos de conversar con el Ministro Blumel- que implemente una subvención especial para aquellos establecimientos no mixtos que deseen convertirse en mixtos?
Esa me parecería una política responsable, que apunta en la dirección correcta, pues, claramente, yo sí comparto que ojalá nunca un padre se vea obligado a enviar a sus hijos a un colegio no mixto porque no tiene otra alternativa. Dejemos que sean las comunidades escolares las que finalmente elijan.
Sé que todos aquí están actuando de buena fe, que todos quieren alcanzar, efectivamente, una educación de mejor calidad, pero yo voy a votar en contra por un principio profundo: creyendo que la gran mayoría de los chilenos queremos colegios mixtos y que estos son positivos, y sabiendo que eso, afortunadamente, es lo que está ocurriendo de manera espontánea, yo por lo menos no soy quién para censurar a una comunidad por, eventualmente, querer construir mayor diversidad en nuestra educación.
El señor GALILEA.- Señor Presidente, quiero sacar de esta discusión los temas feministas, ideológicos, políticos y otros tantos que se han mencionado, porque estimo que la cuestión tiene que ver bastante más con asuntos pedagógicos.
Mucho se ha insistido en tópicos más bien sexistas y ha habido una reiteración muy fuerte en torno al sexismo que existiría en uno y otro tipo de educación.
Haciendo un poco de historia, cuando en 1813 se implementó la primera ley de educación en Chile por parte de José Miguel Carrera, se prohibían expresamente los colegios mixtos. Y hoy día, doscientos y tantos años después, estamos discutiendo si hacemos exactamente lo contrario: prohibir los no mixtos. En nuestro país -ya se ha mencionado aquí hasta el cansancio- prácticamente todos son mixtos. La natural elección de los padres chilenos es por un establecimiento de tal carácter.
Yo he participado en el directorio de varios colegios. Y en uno de ellos, que era mixto, se me ocurrió consultar a los apoderados en el sentido de si les parecía bien que en determinadas asignaturas se separara a los hombres de las mujeres. Y cómo estará de arraigado el sentimiento de colegio mixto en el chileno medio, que en vez de respuestas me llegó, de vuelta, el comentario de a quién se le había ocurrido hacer semejante pregunta.
Por lo tanto, acá no hay ningún tipo de discriminación ni nada que se le parezca. Prácticamente todos los chilenos van a colegios mixtos.
Insisto: ¿es lógico prohibir la educación no mixta?
La Senadora Ena von Baer hizo una reseña en tal sentido y yo también estuve revisando. Y si uno mira países como Estados Unidos, Francia, España, Bélgica, Holanda, se percata de que a ninguno se le ha ocurrido prohibir la educación no mixta. En todos ellos la situación es parecida a la de Chile: la amplia mayoría de la gente se educa en colegios mixtos, pero nadie ha pensado en ponerle una lápida y prohibir expresamente la educación monogénero. Y no vamos a decir que en Francia las mujeres están segregadas o que en Bélgica no cuentan con oportunidades. De hecho, ambos países muestran la más alta participación y empoderamiento de las mujeres en el mundo.
Por lo tanto, resulta curioso el argumento.
En España hace muy poco se discutió exactamente el mismo asunto. Y el Tribunal Constitucional español, basado en el artículo 2 de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de la UNESCO, organización que pertenece a las Naciones Unidas, dictaminó de manera expresa que no se podía prohibir esa forma de educación, porque no constituía ninguna discriminación.
Uno prohíbe las cosas malas, pero no anda prohibiendo a diestra y siniestra las que son perfectamente opinables.
Y quiero destacar algo bien notable.
En Estados Unidos, a contar de los años noventa, empezó a darse un fenómeno justamente a la inversa de lo que estamos discutiendo acá.
El Senador Navarro entregó unas estadísticas correspondientes a ese país. Debo decir que están completamente equivocadas. Ahí hay muchísimos más que 24 colegios estatales (o state school, como se llaman) que no son mixtos. ¡Muchísimos más!
De hecho, a contar de los noventa -reforzado especialmente bajo el Gobierno de Barack Obama-, Hillary Clinton, de quien uno podría pensar que es el ícono del feminismo en Estados Unidos, apoyó completamente que se volviera a analizar y avanzar en ver si la educación en colegios no mixtos era algo que podía ser válido y que mejoraba, de alguna manera, el rendimiento escolar de niños y niñas en determinados casos. Porque no tiene por qué ser la regla general: funciona en determinados casos.
Y es así como año a año hay cada vez más colegios que tienen separados a hombres de mujeres. Son una minoría, pero cada vez se suman más. Y se suman más, no por razones políticas, ni por razones sexuales, ni por nada por el estilo: se suman por razones meramente pedagógicas. Se pusieron de acuerdo el Partido Demócrata y el Partido Republicano y establecieron un programa al que llamaron Not leave the children behind, "No dejemos a los niños atrás" (bien parecido a Chile). Y empezaron a darse cuenta de que en determinados contextos resultaba claramente mejor la educación en colegios donde los niños estaban separados por sexo. En vez de ponerse una venda en los ojos y decir "No, a mí esto no me gusta", pensaron "Bueno, ¡si aquí lo importante son los niños, no lo que piensen los adultos!". Y consistente con aquello, los resultados han demostrado que, bajo ciertas circunstancias, resulta mejor contar con colegios que permitan aquella separación.
Voy a mencionar algo que es bien notable y que encontré de pura casualidad.
La semana pasada aprobamos la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación en este Senado. Pues bien, CONICYT mandó a realizar unos estudios el año pasado, para revalidar unos análisis que venían del extranjero a propósito de la problemática de por qué en Chile las mujeres estudian menos carreras científicas, tecnológicas y matemáticas que los hombres. Desarrollaron la investigación y empezaron a segregar la información, descubriendo que en los colegios mixtos la proporción de mujeres que se interesan en carreras de esas áreas era casi un tercio menor que en establecimientos con educación separada.
Se metieron más en el asunto (estoy hablando de una investigación de nuestro CONICYT, desarrollada el año pasado, en plena Administración de la Nueva Mayoría; o sea, aquí no hay mano del Gobierno del Presidente Piñera) y llegaron a una conclusión bastante increíble: que en los colegios mixtos las mujeres tienen visiones mucho más tradicionales en cuanto a roles de género que en los colegios donde existe separación por sexo.
¿A qué voy con esto, señor Presidente? A que el Senado no se halla pero ni muy cerca de estar en condiciones de prohibir y ponerle la lápida a la educación en colegios no mixtos.
Puede haber muchísimas razones por las cuales sea mejor que un niño estudie en un colegio con separación por sexo: inseguridades, elementos sicológicos, ¡miles de razones!
Ponerle la lápida a la educación mixta sería, a mi parecer, una inconciencia.
Y esto, repito, no tiene nada que ver con la política, ni con el sexo, ni con la ideología, ni con nada de esas cosas: ¡tiene que ver con pedagogía!
A mí me encanta la mentalidad práctica de los norteamericanos: descubrieron un resultado y empezaron a generar las condiciones para su implementación.
No seamos nosotros quienes le pongamos la lápida a una opción tal vez minoritaria, pero que puede ser muy importante para muchos niños en nuestro país.
El señor HUENCHUMILLA.- Señor Presidente, considero que hemos tenido un debate superinteresante.
De lo que se trata aquí es de descubrir de qué manera organizamos nuestra educación en aquellos establecimientos donde el Estado pone recursos. De eso estamos hablando en este proyecto de ley.
Yo pienso, señor Presidente, que detrás de todo lo que se ha dicho subyace un profundo debate ideológico. Me parece bien, pero a veces lo soslayamos y buscamos otros argumentos para justificar nuestras posturas.
Aquí, en el fondo, estamos discutiendo cuál es el rol del Estado y cuál es la libertad que tienen las personas y las organizaciones.
En definitiva, nos referimos al más profundo sentido del liberalismo. Así, cuando citamos el ejemplo de Estados Unidos, debemos considerar que es una sociedad basada en el neoliberalismo, en el individualismo absoluto de la persona. Esa es la ideología dominante en ese país.
Entonces, cuando escucho a los señores Senadores de la Derecha fundamentar sus posturas sobre la base de la libertad de enseñanza, consagrada en el artículo 19, número 11°, de la Constitución Política (en esta camisa de fuerza que tenemos, con sus reglas), ¡claro!, debo decir que nosotros también creemos en la libertad, pero cuando se trata, por ejemplo, del aborto en tres causales, ¡ahí no podemos hablar de libertad!
Y en las bancadas del otro lado, cuando se trata del aborto en tres causales, entonces sí tenemos que hablar de la libertad de la mujer; pero cuando se trata de la libertad de enseñanza, se debe decir: "No. Se ha de prohibir la existencia de estos colegios subvencionados por el Estado en estas condiciones".
¿Por qué digo esto? Porque no es posible disociar la ética de la política.
En efecto, siempre que se toma una decisión, en este caso en un órgano colegiado del Estado cuya función es producir leyes para organizar la sociedad, hay detrás una idea, un valor, algo que ilumina la acción, a fin de poder hacer las cosas en función de cómo se quiere organizar la sociedad.
Porque es la vieja pregunta de Platón: ¿Cómo debemos vivir? Y la pregunta de la ética es: ¿Cuál es la forma correcta de vivir?
Entonces, me pregunto: ¿Cuál es la forma correcta de educar a nuestras niñas y nuestros niños? ¿Qué tipo de sociedad queremos tener con la educación entregada a nuestras niñas y nuestros niños?
¡Claro que esto es un tema cultural!
Aquí se recordó que hace doscientos años se decía: "Están separados". Y más de cien años atrás no se permitía el divorcio. Nos demoramos todo ese tiempo en resolver ese tema, y hoy en día no es un problema. Del mismo modo, hace pocos años dijimos que todos los niños eran iguales, que ya no existían los "guachos", los hijos naturales o ilegítimos.
La sociedad creció en esos valores que iluminan nuestras organizaciones, nuestra acción.
Por lo tanto, la cuestión por debatir es qué es lo mejor para nuestras niñas y nuestros niños, no si tengo libertad para crear establecimientos educacionales. Aunque esto pueda ser válido, no es el punto. No se está discutiendo si el Estado puede prohibir o no hacer tal cosa. Lo que debe resolverse aquí es de qué manera, como sociedad, instauramos un escenario de vida para nuestros niños, quienes crecerán y tendrán la responsabilidad de seguir conduciendo este país, esta sociedad a la que pertenecemos.
Yo pienso que en el presente es mejor una integración entre niñas y niños, que convivan para así enfrentar la difícil vida que les espera en la lucha por la subsistencia, por la familia, por el trabajo, por buscar un lugar.
Por ello, tampoco me gusta el liberalismo cuando hablamos, por ejemplo, de la inclusión, porque entonces tenemos colegios para los ricos, los menos ricos; los pobres, los menos pobres, en fin, son alrededor de cinco categorías. Y, así, vivimos en guetos; vivimos excluidos; vivimos mirando unos para el norte, otros para el sur.
¡Esto lo veo en La Araucanía, donde los hijos de colonos han estudiado en una parte y los hijos de los mapuches en otra!
Yo me pregunto ¿cuándo se encuentran? ¡No se encuentran jamás!
En consecuencia, se vive pensando en que a unos los antepasados les quitaron sus tierras y que ahora les corresponde la revancha. Porque -repito- nunca hay integración: vivimos separados, ¡vivimos en guetos!
Entonces, la filosofía de que hablo no es la del liberalismo, sino la filosofía del bien común; es la ética laica o la ética cristiana, en el sentido de buscar lo mejor para nuestras niñas y nuestros niños, nuestras familias y nuestra sociedad.
¡Eso es lo que está en juego en el proyecto! Y me gustaría que se mejorara. Porque, efectivamente, tenemos una camisa de fuerza en el artículo 19, número 11°, de la Carta Fundamental.
Concedo el punto: es complicado. Pero si hay buena voluntad de parte de nosotros (Gobierno y Oposición), y pensamos que lo mejor es simplemente acotar las exigencias y condicionamientos del uso de los recursos del Estado a los establecimientos con aportes públicos, y que el resto de los colegios quede con la libertad para hacer lo que estimen pertinente, daríamos una señal grande: queremos que nuestras niñas y nuestros niños hoy día, con todos los problemas que tiene este difícil mundo, vivan juntos, para que hombres y mujeres, todos, construyamos una sociedad mejor.
Por eso, señor Presidente, y con la prevención de que ojalá esto se perfeccione, voto a favor.
La señora PROVOSTE.- Señor Presidente, no intervendré.
--Se rechaza el proyecto de ley en general (20 votos a favor, 15 en contra y una abstención), por no reunir el quorum constitucional exigido.
Votaron por la afirmativa las señoras Allende, Muñoz, Órdenes, Provoste y Rincón y los señores Araya, Bianchi, De Urresti, Elizalde, Girardi, Guillier, Harboe, Huenchumilla, Lagos, Latorre, Montes, Navarro, Pizarro, Quintana y Quinteros.
Votaron por la negativa las señoras Aravena, Ebensperger, Van Rysselberghe y Von Baer y los señores Castro, Chahuán, Coloma, Galilea, García, García-Huidobro, Kast, Pérez Varela, Prohens, Pugh y Sandoval.

References: artículo 1
 artículo 19
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 artículo 3
 artículo 2
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e contrario
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 artículo 65
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