Source: https://www.diputados.gov.ar/proyectos/proyectoTP.jsp?exp=3981-D-2019
Timestamp: 2020-07-09 12:42:25+00:00

Document:
Expediente 3981-D-2019
Sumario: DECLARESE MONUMENTO HISTORICO NACIONAL, A LA "CASA ARGENTINA EN PARIS", EN LA REPUBLICA DE FRANCIA.
ARTÍCULO 1º: Declárese MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL a la Casa Argentina en París, sita en 27A Boulevard Jourdan, 75014 Paris, Francia.
ARTÍCULO 2º: Declárase al mobiliario de la Casa Argentina en París BIEN DE INTERÉS ARTÍSTICO NACIONAL.
ARTÍCULO 3°: En cumplimiento de la Ley N° 25.197, Régimen del registro del patrimonio cultural, la Secretaría de Cultura del Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología deberá inventariar los bienes muebles del Colegio Mayor Argentino para su correcta preservación.
ARTÍCULO 4°- Declárase la Biblioteca Julio Cortázar existente en la sede de la casa Argentina en París, BIEN DE INTERÉS HISTÓRICO NACIONAL.
ARTÍCULO 5°: La Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, en cumplimiento del art. 1° ter de la Ley N° 12.665, ejercerá la superintendencia patrimonial sobre el inmueble y los demás bienes culturales referidos en art. 1°, 2° y 4° de la presente ley, estando su custodia y conservación a cargo del Estado Nacional, conforme lo que dispone el art. 2° de la misma norma.
ARTÍCULO 6º: El Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto instrumentará los acuerdos pertinentes con el Gobierno de la República Francesa y el de la Alcaidía de París para la salvaguarda del bien protegido objeto de la presente ley.
La Casa Argentina fue inaugurada el 27 de Junio de 1928, destacándose el hecho de haber sido el cuarto edificio construido en la Ciudad Universitaria, luego de las casas de Francia, de Canadá y de Bélgica, convirtiéndose, así, en la primera casa no francófona de “la Cité U”.
Es de señalar que las negociaciones para su construcción se realizaron durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear (1922-1928), quien ya desde 1923, se había propuesto este objetivo desde la dirección de la Legación Diplomática Argentina en París.
La fuerte expansión cultural, política y económica del Estado argentino a nivel nacional e internacional, colocó a la Casa Argentina en un lugar virtuoso para articular intercambios bilaterales culturales y académicos que, hasta el momento, estaban circunscriptos a la elite intelectual argentina con fuertes vínculos con Europa.
“El gobierno argentino se comprometió con un ideal humanista y cosmopolita de entente, propio del período posterior a la Primera Guerra Mundial” al sumarse a la idea del Estado francés de crear una Ciudad Internacional Universitaria en París, a la que acudieran estudiantes de todo el mundo. Es de destacar que, desde su creación, la Casa Argentina ha protagonizado todo tipo de hechos socio-políticos propios, tanto del derrotero histórico de ambas naciones como de la propia Ciudad Universitaria de París.
Este no estar ajena a los avatares de los tiempos históricos es el hilo conductor que hilvana el saqueo por parte de las tropas nazis, con el haberse convertido en sede para una enfermería del ejército estadounidense en 1944 y en un edificio ocupado en el Mayo de 1968, lo que provocó su clausura. Más recientemente, en refugio de argentinos y argentinas en los oscuros días de la última dictadura militar (1976-1983) o en un lugar de protestas por la grave crisis argentina en 2001.
Si hubiera que sintetizar el sentido de la Casa Argentina, diríamos libertad y democracia.
Hay que destacar que la Casa fue construida por un importante aporte privado, el de Otto Bemberg, que equiparó los fondos que derivó el gobierno argentino.
Otto Sebastián Bemberg nació en Buenos Aires en 1857 y falleció en Montecarlo en 1932. Estudió Ingeniería en la Universidad de Lovaina, Bélgica, y se especializó en la fabricación de cerveza en la Universidad Técnica de Munich, Alemania. Comenzó sus negocios con la “Destilería Franco-Argentina”, fundada en 1860 por su padre Otto Peter, nacido en Colonia, Alemania, y emigrado a la Argentina en 1852. En 1888, Otto Peter y su hijo fundaron, junto a un grupo de inversores, la Brasserie Argentine Sociedad Anónima, con sede en París. En 1890, comenzó la producción y la venta bajo la marca que rescataba la antigua denominación originaria de una localidad donde se asentaron los kilmes, pueblo calchaquí que resisitió y se rebeló al yugo español, y que se transformaría en el sinónimo de cerveza: Quilmes.
Los empresarios Bemberg siempre tuvieron una proyección comunitaria, de ahí que conjugaran esfuerzos en áreas tan diversas como la salud, los servicios urbanos, el deporte, la educación y la cultura en general.
En este contexto, debe entenderse la donación que Otto Sebastián Bemberg y su esposa Josefina Elortondo Armstrong realizaran para la construcción de un pabellón de la Fundación Argentina, para que allí pudieran residir los argentinos y argentinas que elegían continuar en París sus estudios universitarios, o dedicarse al arte o a las ciencias.
La Casa Argentina de París ha ido constituyendo ido una destacada biblioteca desde el momento de su fundación, a la cual se fueron incorporando cantidad de obras –libros y revistas científicas– de gran valor literario e histórico, al punto de convertirla hasta 1960, en uno de los espacios bibliográficos en lengua castellana más peculiares de París.
En primer lugar, se conservan varios volúmenes de dos colecciones populares, pioneras en la difusión de la literatura y cultura argentinas que ofrecían, sin embargo, dos maneras contrapuestas de leer el pasado nacional y construir la noción de “clásico” argentino: la “Biblioteca Argentina” dirigida por Ricardo Rojas (1915-1928) y “La Cultura Argentina” por José Ingenieros (1915-1925). Pese a sus diferencias, ambas confluyeron en un objetivo que también haría suyo la Casa Argentina de París: garantizar un nuevo tipo de acceso a la cultura que franqueara los límites del mero círculo elitista.
Por otro lado, la biblioteca conserva diversas ediciones princeps de obras de grandes escritores argentinos como Leopoldo Lugones, Alberto Girri, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares, Eduardo Mallea y Ezequiel Martínez Estrada, entre las cuales cabe destacar la edición del “Evaristo Carriego” de Jorge Luis Borges –publicada por la editorial de Manuel Gleizer en 1930– y la de “Los dueños de la tierra” de David Viñas, publicada por Losada en 1959.
Dos importantes archivos documentales de historia argentina que aún son fuente de consulta también forman parte de la biblioteca: Asambleas Constituyentes Argentinas (1937-1939) –dirigidas y anotadas por Emilio Ravignani– y Biblioteca de Mayo publicada por el Senado de la Nación entre 1960 y 1974.
De la importante bibliografía sarmientina, pueden mencionarse tres ejemplares particularmente valiosos: la legendaria edición crítica del Facundo –prologada y anotada por Alberto Palcos y publicada en 1938 por la Universidad Nacional de La Plata– y dos notables traducciones francesas: “Souvenirs de province” y “Facundo”. La primera data de 1955 y cuenta con una introducción del gran hispanista francés Marcel Bataillon quien, a su vez, es el traductor del Facundo. De esta última obra, se conserva la segunda edición de 1964 (la primera se publicó en 1934), aparecida en la prestigiosa colección de L’Herne.
Los célebres Cuadernos de “Historia de España”, escritos por el destacado historiador español Claudio Sánchez Albornoz durante su exilio en Argentina y publicados por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, desde 1944 también componen el acervo de la biblioteca. Del mismo modo, lo hacen muchos de los ejemplares donados por la casa editorial Sur, fundada en 1933 por Victoria Ocampo, dos años después de la revista del mismo nombre. Cabe señalar, también, la primera edición de “Argentina en el callejón” de Tulio Halperin Donghi, publicada por la editorial uruguaya Arca en 1964 y donada por la Biblioteca Hugo del Campo la cual también nos ha concedido una serie de números agotados de la revista de Ciencias Sociales: “Desarrollo económico”. Finalmente, la biblioteca guarda un importante número de obras dedicadas por sus autores, entre las cuales podemos señalar una de Alfredo Palacios (“Libertad de prensa”, 1935) y varias de o prologadas por el enorme artista plástico argentino Gyula Kosice que tienen hoy un valor incalculable: “Peso y medida” de Alberto Hidalgo (1953) y la “Antología de la poesía madí” (1955).
La toma de la Casa en 1968 bajo el contexto del Mayo Francés y el posterior cierre temporario impuesto por el gobierno de facto del Gral. Juan Carlos Onganía, provocó que la biblioteca ingresara en una acelerada decadencia de la que ya no pudo recuperarse. Al comparar la primitiva catalogación con los ejemplares que finalmente quedaron en los estantes, se pudo constatar el vaciamiento que provocaron las sucesivas dictaduras.
Puede leerse en la página web de la Casa argentina en París : “De los tres elementos básicos que suelen definir toda biblioteca –colección, organización y disponibilidad–, diremos que el primero estuvo signado por un afán meramente acumulativo exento de todo criterio, el segundo por la dispersión, el pillaje o el deterioro material de sus volúmenes y el tercero por la inopia de su función consultiva. Si bien su sala siempre cumplió su cometido como espacio público de lectura, el descuido de sus anaqueles hizo que se diluyera su rol en la difusión, preservación y uso del patrimonio bibliográfico. Sin nombre e investida por el sigilo de su anonimato, la biblioteca se replegaba en la ilusión de un mundo inmóvil”.
Así las cosas, a partir de 1983, con la recuperación de la democracia en Argentina, la Casa volvió a renacer. Con excepción de una modificación parcial del mobiliario, de la instalación de un nuevo sistema de iluminación y de una nueva catalogación de sus existencias a fines de 1998, durante las últimas tres décadas, la biblioteca no sufrió, en esencia, cambios significativos. Los libros que se incorporaron durante ese tiempo procedieron, en su mayoría, de donaciones particulares y eventuales.
Su reinauguración, en marzo de 2011, significó un nuevo hito para la Biblioteca “Julio Cortázar”. En primer lugar, recibir el nombre, de quien fuera uno de sus más antiguos y notables residentes. La Biblioteca fue refundada y completamente reorganizada con un criterio específico de valoración bibliográfica.
Como señala la página de la Casa: “A partir del último cuarto del siglo XX, el conocimiento científico ha sido objeto de un intenso proceso de especialización y autonomía en disciplinas y sub disciplinas que nos ha obligado a repensar la práctica de la investigación y la circulación de sus resultados. Frente a ello, reconstruir la biblioteca de la Casa para este nuevo siglo implicó sustraerla de cualquier acopio impreciso y proporcionarle una identidad. Además, recordemos que con el surgimiento de internet, la dimensión simbólica de la lectura en papel como único acceso al conocimiento comenzó a sufrir fuertes modificaciones cuyos resultados son aún imprevisibles. Lejos quedó la época en que los residentes esperaban con avidez la llegada a la biblioteca de los periódicos argentinos –hasta fines de los años 1980, por lo general, con una semana de retraso– para informarse de lo que sucedía en su país. La cosa impresa, a diferencia de lo que ocurría décadas atrás, debe ahora compartir la transmisión de la información y del saber con otros soportes. Así pues, la permanencia del objeto-libro en una biblioteca argentina que busca contribuir a la difusión de su cultura en suelo francés sólo puede obedecer a criterios rigurosos, alejados del fetichismo de la mera preservación. Precisamente en septiembre de 2008 comenzó el largo proceso de selección y sustitución bibliográfica a través del cual se decidió convertirla en un espacio destinado exclusivamente a la literatura y a las ciencias humanas y sociales de Argentina. En primer lugar, se ha conservado, naturalmente, la totalidad de los antiguos volúmenes que respondían a esta premisa y que fueron ingresados desde su fundación. Muchos de ellos, asimismo, fueron restaurados para hacer efectiva su consulta. Por otro lado, gracias al asesoramiento de la Biblioteca Nacional de Maestros de Buenos Aires, al de la Biblioteca de la Ciudad Universitaria de París y al aporte de muchas universidades y editoriales argentinas que donaron gentilmente buena parte de su acervo, se incorporaron más de 5.000 impresos argentinos publicados en los últimos años –entre libros y revistas científicas– que actualizan y demuestran el importante flujo de ideas que hoy domina en la investigación de nuestra región.
La Casa Argentina es un lugar virtuoso de intercambios académicos, científicos y artísticos, un espacio de vida académica y cultural inigualable sobre todo en términos de la cooperación entre Argentina y Francia. De ahí que, por la fuerte impronta simbólica de los saberes que circulan por una residencia de sobrados e imponentes valores arquitectónicos, consideramos que la Casa Argentina debe ser declarada monumento histórico.
Por los motivos expuestos es que solicito a los diputados y diputadas que me acompañen en el presente proyecto de ley.

References: ARTÍCULO 1

ARTÍCULO 2

ARTÍCULO 3

ARTÍCULO 4

ARTÍCULO 5

ARTÍCULO 6