Source: https://www.hypermediamagazine.com/columnistas/fiebre-de-archivo/felix-sautie-mi-telefono-te-lo-dio-la-seguridad-del-estado/
Timestamp: 2020-07-08 08:12:57+00:00

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Uno de los comisarios más cercanos al poder durante la década de 1960 y 1970 en Cuba, fue, sin dudas, Félix Sautié Mederos. En varias ocasiones visitó la Unión Soviética para estudiar los programas de rehabilitación de ese país. Recorrió algunos campos de trabajo forzado (gulags), como el de Novosibirsk en Siberia. Además, fue parte del Consejo Nacional de Cultura y estuvo a cargo de publicaciones como Mella, El Caimán Barbudo y el periódico Juventud Rebelde.
Al parecer, su labor dentro de esta publicación no fue mirada con buenos ojos, porque a mediados de 1968, fue enviado a la granja de rehabilitación “Juventud Heroica” en Ciego de Ávila, a trabajar en la agricultura. Durante un año, Felix Sautié supo de los rigores del trabajo forzado: los programas que había ayudado a diseñar y a desarrollar, se habían vuelto también en su contra. Hoy es un hombre solo que escribe sobre teología y la Revolución “traicionada”. Todavía cree en un “socialismo participativo y democrático, próspero y sustentable”, al menos es lo que dice en su website.
El 27 de junio de 2012 fui a su casa en Centro Habana. Ese año ya mis días en Cuba estaban contados, no aguantaba más. Como no sabía si habría regreso, me dediqué a entrevistar a varios funcionarios e intelectuales para un proyecto de libro sobre el “hombre nuevo” y la utopía comunista. Había que apurar el tiempo.
“Yo no sé de dónde tú sacaste el teléfono mío, porque mi teléfono no lo sabe nadie. Mi teléfono te lo dio la Seguridad del Estado”, me dijo Felix Sautié en tono acusador. No sabía que su número lo había sacado de una guía electrónica en formato Excel, que se había filtrado. Solo tuve que entrar su nombre en el buscador. ETECSA, el monopolio estatal de comunicaciones, no cuida en lo absoluto la privacidad de sus clientes.
Después que bajó la tensión y dejó de acusarme de agente, la conversación comenzó a fluir. Me ofreció café, agua, y explicó que la diabetes lo estaba envejeciendo aceleradamente. Encendí la grabadora… Hablamos de la política cultural de la Revolución, de la “parametración”, de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, entre otros temas.[1] Hizo referencias constantes a sus “memorias” escritas, empeñado en magnificar su propia importancia y reescribir su biografía. En su retórica subyace una homofobia contenida, que me molestó bastante. Sin embargo, compartió detalles que pueden servir para llenar algunos huecos y vacíos historiográficos.
Antes de que pudiera formular la primera pregunta, empezó a hablar sin pausas, se metió en un personaje, en un monólogo destinado a alguien más, como si en la habitación hubiera cámaras ocultas y otra grabadora, además de la mía:
Yo te quiero decir que empecé en la Revolución en 1957, era un joven católico, dirigente de la Juventud Católica, y cuando vine a ver yo estaba integrado, sin darme cuenta, plenamente en el proceso de la Revolución; pero siempre he seguido detrás de la Revolución. Yo soy militante del Partido, fundador del Partido Comunista de Cuba —pa’ dejar claras las cosas—, miembro del núcleo zonal de aquí y soy el orientador ideológico de ese núcleo. Te expongo mi biografía a tiempo porque aquí en estos momentos hay una situación en la cual todo el que es crítico es disidente, es enemigo, es traidor.
Me mandan gente de la Seguridad a regañarme, aparecen tipos por otro lado, aparecen personas como tú; me hacen entrevistas, después me golpean. Hay quien narra mi casa, yo soy un hombre que vive… yo me integré a la Revolución porque me salió de los cojones y creyente en Dios toda la vida. Entré en el Partido creyendo en Dios y a mí me anularon la pregunta, o sea que… porque ya yo era secretario de la ORI, entonces…[2]
¿De las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI)? (le pregunté para guiar la conversación. Hasta ese momento no me dejaba poner una).
Sí, yo fui secretario de la ORI en Oriente, fui del Movimiento 26 de Julio, o sea, yo he estado en todos estos procesos, pero siempre con mi opinión y mi criterio. Y mi opinión y mi criterio me han costado que de un lado y de otro me arañen: que me arañe la Iglesia, que me arañe la derecha, que me arañe la izquierda, que me arañen en todas partes. Aquí tú tienes que estar de acuerdo con todo para ser un magnífico combatiente. Entonces esa etapa para mí fue tan complicada como puede ser esta.
Yo soy de los que está consciente que estoy terminando; porque hay quienes no están conscientes que están terminando y que no les queda tiempo —empezando por Fidel, por Raúl y por todos los que están doblando los ochenta— y que para que la Revolución sobreviva, hace mucho tiempo que debieron de haber entregado el poder como hizo Mandela. Pero esto que yo he dicho, lo escribo, me lo han venido a grabar aquí y se lo han llevado a ellos, y no me he ido porque no me ha dado la gana. Tengo cinco hijos afuera y nueve nietos, no me he ido porque no me ha dado la gana de irme, porque este es mi país. ¿Por qué no se van ellos?
¿Cómo fue que armonizó su fe religiosa con la Revolución?
Lo digo en mi primer libro autobiográfico, que se llama Sin tiempo para morir, en el cual yo explico por qué a mí —creyendo en Dios— me aceptaron en el Partido. A través de los años el cristianismo abrió una corriente de izquierda, de ahí surgió la Teología de la Liberación. Yo leía a Alfonso Comín, militante del Partido Comunista de Cataluña y católico… Bebí en esa corriente desde los años de Acción Católica, y esa corriente me llevó hacia la izquierda.
Soy teólogo, licenciado en Teología, miembro de la Asociación de Teólogos Laicos de España, miembro correspondiente, porque no estoy allá, no puedo ir. Soy académico con obra publicada, una de mis obras es Evangelio y Revolución, en la que se plantea toda esa corriente. Tengo incluso un libro en proceso, que se llama Crítica política cristiana y revolucionaria, en la cual se explica toda esa posición.
La Revolución, entre otras cosas, fue un proceso religioso que enfrentó directamente otras posiciones religiosas.
Ese fue el esquematismo y el dogmatismo, que a mí me mordió muy temprano.
Sí, pero es muy simple explicar eso a través del dogmatismo.
No, no, no; eso fue dogmatismo oportunista.
¿Qué resortes se activaron?
Sencillamente, se activó un resorte de supervivencia al los norteamericanos quitarnos la cuota azucarera y cerrarnos la entrada del petróleo. Aleksander Alekseiev, representante de la agencia TASS, en esos momentos estaba en Cuba. Ese individuo —muy cercano a Carlos Rafael [Rodríguez] y a una serie de viejos comunistas— fue el puente para debatir con la entonces Unión Soviética. El primer ministro era Anastas Mikoyán y partir de las conversaciones, se hizo una exposición en el Palacio de Bellas Artes para discutir, precisamente…
De ahí salieron los cien millones de rublos que la URSS le dio al gobierno revolucionario.
Sí. Ahí se hizo un tratado comercial y se estableció la línea de barcos más larga del mundo, desde los puertos de Odesa y de toda esa área trayendo petróleo, y eso significó un viraje. Entonces la Revolución de los años sesenta —que Fidel dijo que era verde olivo, que no iba a dar un paso a la derecha ni un paso a la izquierda, sino un paso adelante—, se sovietizó. Su máxima expresión estuvo cuando se aceptó la invasión de Checoslovaquia.
Yo te digo del dogmatismo porque ahí se produjo todo un proceso muy complicado en el cual la Revolución, primero, se centralizó cada vez más; después de que se centralizó, se personificó en una sola persona, Fidel. Sus decisiones eran indiscutibles y había que estar de acuerdo con ellas. Cuando tú nada más hacías una objeción o una crítica, terminabas en una granja de trabajo en Ciego de Ávila como yo, en el mejor de los casos. Entonces es un proceso que yo no te lo puedo explicar en tan corto tiempo, ni tengo la capacidad de sintetizarlo. Sí te puedo decir que están aquí los arañazos.
Pero usted tuvo responsabilidad en el diseño y la gestión de esas políticas.
Yo me he equivocado mucho, en la “guerrita de los emails” yo salí diciendo que yo era victimario y víctima. Tuve los cojones porque en aquel momento había que tenerlos para decirlo, tuve los cojones para decirle eso.[3]
Primero, Ambrosio Fornet no fue parametrado. Reynaldo González no fue parametrado.
Yo era miembro del Consejo Nacional de Cultura en esa época de la parametración y tengo mi historia.
Desiderio Navarro, que en los años sesenta y pico publicaba en la revista de la UNEAC a favor del realismo socialista búlgaro, ni siquiera el ruso, a favor del realismo socialista búlgaro —y yo publicaba a favor del surrealismo en Juventud Rebelde, con el gallego Posada, con [Roberto] Matta, y con un grupo de gente—, se aparece en medio de aquella baraúnda de la “guerrita de los emails”, que yo la entendí como una explosión necesaria; pero entonces me quieren mezclar a mí dentro del pensamiento gris.
Los que se hicieron dueños de la “guerra de los emails” no fueron parametrados. Tomás Morales, Meme Solís sí, porque sí fue parametrado; Vicente Revuelta y un grupo más fueron parametrados.
Reynaldo González aparece diciendo que fue parametrado. Reynaldo no fue parametrado, como no lo fueron Portocarrero ni Héctor Quintero; como no fue parametrado mi primo Adolfo de Luis, que era uno de los teatristas importantes de aquel momento. Entonces ese fue un proceso en el cual Armando Quesada fue el que se aprovechó de la Resolución No. 3. Esa Resolución la inspiró Tony Pérez, que vino de la vieja guardia, la firmó [Luis] Pavón, Fidel aceptó y lo tuvo que decir. [4]En aquella época es iluso pensar que se pudiera haber hecho algo que Fidel no aceptara.
Adjudicarle toda la responsabilidad a Pavón, como si Pavón hubiera tenido el poder suficiente…
Sí, yo lo conozco porque yo salí de la Juventud y me mandaron de director a la Escuela de Arte. De la Escuela de Arte a mí se me llamó al Partido para decirme que tenía que ir como vicepresidente ejecutivo de Cultura, porque a las diez de la mañana Pavón ya no estaba en sus cabales. Pavón padecía de una migraña muy fuerte que la resistía tomando, estaba alcohólico. Como Pavón había sido secretario del Che y además una persona decente, porque yo sigo diciendo que es una persona decente…
Allí había un personaje que era Marilú Moré de Castro, la ayudante de Pavón, que era la que decidía todo cuando Pavón no estaba claro… A mí me mandaron pa’ eso, y choqué con la Resolución No. 3. Cuando me nombran vicepresidente, un día me dice mi secretaria en la oficina del Palacio del Segundo Cabo, que allá abajo estaba Adolfo de Luis que quería hablar conmigo. Y yo dije: “Bueno, está bien, que pase pa’acá”. Yo estaba con el estilo UJC, no me comportaba como un burócrata oficial. Entonces Adolfo se para en la puerta y me dice: “Muchachito, ustedes están sacando de Cultura a los maricones de culo, pero no están sacando a los maricones de mente y tú que estás ahora, vengo a decirte algo que quizás tú no recuerdes bien o no sepas. Yo soy tu primo y le voy a decir a todo el mundo que tú tienes un primo maricón, pa’ que lo sepas”.
Figúrate tú, sin preámbulo, sin nada.
“Pero siéntate, vamos a conversar”, le dije.
“No, no, no, yo nada más que vine a decirte este mensaje; lo último que quiero decirte: investiguen a Armando Quesada”, y se va.
Quesada era el director de Teatro de Cultura.
¿Que lo investigaran en qué sentido?
¿En qué sentido? Eso fue lo mismo que yo me dije. Lo mandé a investigar y cuando yo vi aquel expediente, yo no sabía qué iba a hacer.
¿Quiénes hicieron el informe?
La gente que atendía…
Ah, la Seguridad del Estado.
Pero los que atendían la Cultura, los especialistas en cultura. Si yo había pedido la investigación, el que tenía que tomar medidas era yo, si bien todo aquel proceso era un gran montaje, yo no tenía la autoridad, yo no podía quitar a un tipo que no lo había nombrado yo. Mi historia no tenía nada que ver con la historia de Pavón, yo na’ más que tenía un tío viejo comunista histórico, que quise mucho por cierto, fue fiscal de los fusilamientos en La Habana, pero sí conocía a Lázaro Peña por razones familiares, era muy amigo de mi padre, iba a mi casa. No sabía a dónde ir. No podía ir a Tony Pérez, que era el secretario ideológico en aquel momento y me había mandado a apoyar a Pavón, y la Resolución No. 3 la había firmado Pavón. Además, yo no llevaba ni quince días allí en el Segundo Cabo, ni tres meses en la Escuela de Arte…
¿Eso fue en 1972?
Sí, yo era nuevo allí, no sabía ni qué carajo iba a hacer. Y recuerdo que fui a ver a Lázaro Peña y le dije: “Vengo a pedirle consejo, mire lo que me ha pasado”. Resulta que Armando Quesada era maricón de culo y estaba parametrando homosexuales. Había sido pareja de Héctor Quintero, se habían fajado. Después se metió en el Ejército y allí se hizo instructor de arte y se construyó una historia de duro. Con esa historia de duro llegó al Consejo Nacional de Cultura junto con el equipo de Pavón. Aquello era complicado. Cuando yo llego y le cuento eso al viejo Lázaro Peña, me dice: “¡Bingo! Pavoncito y su equipo han estado parametrando a quienes no son. Parametraron a Meme Solís, que canta las canciones de Tania y algunas mías —porque algunas canciones que Tania cantaba eran de Lázaro—, y Flavio Bravo está muy disgustado con Pavoncito porque le liquidó a Tomás Morales de Tropicana”. Y por ahí me empezó a hacer una lista y dice: “Despreocúpate, eso es un problema mío, tú no tienes posibilidad de meterte en esta guerra”.
¿Y por qué usted baja la voz?
Bajo la voz porque me emociono, esta es la historia de mi vida.
Se dio una asamblea en Teatro Estudio. Estaban Lázaro Peña, que se sentó en el medio, el secretario del Sindicato de Cultura a un costado, Armando Quesada y yo. Empieza la asamblea, aquello estaba abarrotado. Entonces [Adolfo] Llauradó dijo: “Lázaro, antes de empezar esta asamblea, en la mesa hay un Torquemada, no tiene nada que hacer aquí”. Yo le pregunté bajito a Lázaro: “¿Ese seré yo?”. “Estate tranquilo, que aquí está todo bajo control, Torquemada no eres tú”.
¿Pero qué pasó? ¿Qué dijeron?
Bueno, allí dijeron todo lo que había pasado: los que estaban parametrando, todo el mundo defendiendo sobre todo a Vicente Revuelta, que era la figura más ilustre. El problema es que con independencia de que se sea maricón o no, se puede ser brillante o no, se puede ser maricón mediocre y maricón brillante. Tú no puedes identificar la preferencia sexual de una persona con su capacidad y su honestidad, incluso con su honestidad.
¿De dónde viene ese sentimiento homofóbico?
Ese sentimiento homofóbico venía de la estructura machista…
Pero se reforzó con la Revolución.
Se reforzó de una manera tremenda, y se reforzó de una manera tremenda por el estalinismo, que poco a poco se fue metiendo aquí hasta en los huesos.
Las mismas UMAP son un ejemplo de esa política de Estado.
Mira, si tú puedes tener acceso un día a [Carlos] Aldana, él no quiere hablar, pregúntale sobre la UMAP y lo que desde la Juventud Comunista hicimos para denunciarlo; pregúntaselo a él, no me lo preguntes a mí. La UMAP fue el apogeo de Saturno, que se empezó a comer a la Revolución.[5]
No, es que el modelo mismo es totalitario.
Ese modelo estalinista es totalitario, ese modelo no tiene nada que ver con Carlos Marx… El machismo nuestro es ancestral, que nos viene de África y nos viene de España, porque los abakuás eran machistas y buena parte de la religiosidad popular era machista, y los maricones tenían que estar guardados en el clóset; podían ser maricones siempre y cuando estuvieran guardados en el clóset, lo cual en realidad es una falsedad histórica.
Se puede identificar varios momentos. El discurso de Fidel Castro el 13 de marzo de 1963, cuando habla de los pepillos y elvispreslianos. Ahí está su teoría sobre la homosexualidad a la que asocia con la enfermedad. La ley del Servicio Militar Obligatorio de ese año y la Ley de la Vagancia de 1971. Hay otros, pero…
Yo asistí al Consejo de Ministros por la UJC donde se discutió la Ley de la Vagancia; en aquella época todavía se podía discutir con Fidel, y aquello fue… Hubo una discusión de Carlos Rafael Rodríguez, que estuvo en contra, discutiendo hasta el final él y Fidel, ahí no discutió más nadie. La Ley de la Vagancia se aprobó sin el voto de Carlos Rafael. Eso no se me olvida a mí nunca, una discusión tremenda; de ahí vino todo lo que iba a pasar. El problema es que los procesos sociales no son simples.
Volviendo a la crisis de la parametración. Después de aquella discusión hubo una reunión de la dirección del Consejo Nacional de Cultura en la cual Pavón me cuestionó: “¿Por qué tú hiciste todo eso?”. Yo tenía el expediente en la mano y yo se lo dije en esa reunión: “Ese señor que está ahí, Armando Quesada, es un farsante, porque él es más maricón que los maricones que él ha botado”.
Aquella discusión fue un final de semana; el lunes cuando regreso a mi oficina a trabajar, estaba mi pasaporte, que lo tenía mi secretaria, y un pasaje de avión. Cuando aquello los pasaportes se entregaban, pero el mío era además diplomático, que no necesitaba permiso de salida. Entonces yo tenía el pasaporte y el pasaje, tenía un plan de trabajo. Mi secretaria me dice: “Dentro de dos días sales pa’ Panamá a una reunión de expertos culturales de la UNESCO que está programada con un seminario por unos cuarenta y cinco días”. Pero yo no soy experto cultural y nunca he trabajado con la UNESCO, y ella dice: “Esa es una decisión que ya está tomada y usted tiene que ir”.
Me habían sacado cuarenta y cinco días del país, en la cresta de la bronca que se había armado. ¿Quién lo decidió? A esta altura no lo sé, pero los que lo decidieron tenían poder para decidirlo y a una velocidad…
Al regreso ya se había cuestionado la Resolución No. 3 en el Tribunal Supremo. La Resolución No. 3 es la única resolución de un ministerio que el Tribunal Supremo echó pa’ atrás.[6] Dice José Milián en una de las broncas de los emails, que yo no tenía nada que ver con eso, que yo no sabía nada, que ellos eran los que habían presentado la Resolución al Tribunal. El que estuvo detrás de que presentaran la Resolución al Tribunal Supremo fue Lázaro Peña, que movió sus peones y la presentaron; pero el pobre Milián no sabe eso.
Cuando yo regresé de Panamá se creó una comisión en la cual me pusieron a mí al frente para reunirme con todos los parametrados y grabarlos. Aquella comisión comenzaba con una grabadora de casete y tú le preguntabas: “¿Usted está de acuerdo con que lo graben? esto va a terminar con un informe”. Yo empecé con Raquel Revuelta, con Vicente, al que respetaba mucho, aunque no soy teatrista, pero lo respetaba mucho; igual que respeté a Portocarrero y a mucha gente. Con todo eso se elaboró un informe.
¿Qué decía? ¿No lo conserva?
Sí, lo tengo por ahí. Tendría que buscarlo. Figúrate tú, ellos decían lo que pasaba de verdad.
Usted dirigió Mella, que fue una publicación que apoyó, por ejemplo, las depuraciones en los preuniversitarios y en la universidad. También dirigió Juventud Rebelde.
Yo de aquello no sé directamente. Yo en aquel proceso no participé y no lo conozco… Bueno, lo conozco como lo puede conocer todo el mundo, porque aquel proceso yo lo pasé fuera, metido en Camagüey. Si a mí me hubieran puesto en ese proceso, yo hubiera depurado a gente, no te estoy diciendo eso… porque en aquel momento yo era igual que ellos; o sea, yo me había creído la Revolución, pero me la había creído en un punto que lo sufrí y me ha afectado mi salud. Yo soy de las múltiples generaciones que fuimos quemados. Todos los jóvenes que se han destacado, todos, han terminado tronados.
Eso empezó en 1964.
Yo en el 64 era el director del Mella, allí estuve menos de un año porque en el 65 se fundió Mella con La Tarde y nombraron de director de Juventud Rebelde a Miguel Rodríguez, que después se suicidó. Cuando Miguelito se suicida, Armando Hart me llama y me dice: “Bueno, te vamos a…, hace falta que tú regreses pa’ Juventud Rebelde”. Entonces regresé pa’ Juventud Rebelde, porque no había a quién poner. Estuve 18 meses metido en Juventud Rebelde, que aquello era una locura, donde tuve un gran proceso precisamente por una depuración que habían hecho en la Escuela de Arte, que determinó que yo hiciera un artículo, “Militante o artista”. Yo nunca firmé ningún documento a partir de eso.
Yo no estaba ligado a la universidad; los que atendían la universidad eran Marcos Portal, Jaime Crombet. Entonces yo estaba metido en Juventud Rebelde, me metí en el proceso de la crítica, que era tremenda… Metimos la crítica por cuatrocientos toneladas métricas de mantequilla que se echaron a perder; fue un escándalo tremendo que voló en pedazos la empresa ALIMPORT y volé en pedazos yo. Terminé castigado con una sanción de un año de trabajo en la granja “Juventud Heroica” de Ciego de Ávila, recogiendo bejuco de boniato, y después fui parte de la Columna Juvenil del Centenario.
Recuerdo que tuvieron que sacarme de la Columna; Jaime me citó a una reunión en La Habana y cuando llegué me estaban esperando en el aeropuerto José Martí y me llevaron para la sala 2 del Calixto García, y estuve dos meses allí ingresado, porque había perdido calor en el estómago y estaba ya en una situación crítica.
Demasiado estrés, ¿no?
No demasiado estrés, lo que pasa es que yo soy diabético y el trabajo en la agricultura… Recuerdo que yo me desmayaba en el surco. Después de mi salida del hospital me nombraron secretario de Trabajo Social, porque yo había hecho una experiencia de rehabilitación con delincuentes y predelincuentes en la Columna, y fui el miembro de la Juventud en la Comisión de Prevención Social y empezamos a hacer un trabajo con Raúl Ferrer, fundar las escuelas talleres. Entonces lo que me dediqué fue a visitar centros de rehabilitación y jóvenes predelincuentes y delincuentes, De ahí salí pa’ Cultura.
Para mí la Columna Juvenil del Centenario fue una estrategia que siguió la máxima dirección del país para esconder o disfrazar los daños a la imagen de la Revolución que habían ocasionado las UMAP. ¿Usted comparte eso conmigo? Yo leí el reglamento de la Columna Juvenil del Centenario, es militar.
La UMAP se puso muy mala, cuando eso estábamos en el Buró de la Juventud, estaba Aldana… Aquello se había puesto muy malo, malo, malo; habían llegado muchas quejas a Raúl, cuando aquello ese señor que fue amigo mío hasta ese momento, que se llamaba Quintín Pino Machado, él era uno de los dirigentes. La UMAP la habían hecho con un empaque de rehabilitación.
El empaque fue el Servicio Militar.
Sí, pero la habían hecho con el empaque de rehabilitar a la gente con problemas. Los que pusieron al frente de la UMAP, los que estaba en las prisiones, eran animales con patas que no tenían nada que ver con la Revolución. Como muchos policías hoy, muchos tipos que está haciendo la represión y que están jodiendo, que no tienen nada que ver. Entonces en la selección que hicieron, esos son los tipos que se prestaron para reprimir y aquello fue terrible.
La represión sí tiene que ver con la Revolución. Es parte de la Revolución…
Mira… A nosotros nos dieron la tarea especial y escogimos un grupo de jóvenes con características especiales y los preparamos en una de las casas que está en El Laguito, que cuando aquello era de la Marina de Guerra. Le hicimos una preparación y una caracterización y esos cincuenta tipos se buscaron líos y cayeron presos en distintos campamentos de la UMAP. Esa gente en un momento determinado se mandó a sacar, nos reunimos en esa misma casa y corroboramos la mayor parte de las cosas que se saben.
La tarea de nosotros fue prepararlos y recoger el impacto. A los tipos los seleccionaron los aparatos, los seleccionaron, los pusieron allí y después los aparatos se encargaron de darles palos, complicarlos, castigarlos, sancionarlos y meterlos. Esa parte sí yo no sé cómo se hizo; el que sí sabía eso era [Carlos] Aldana, porque el responsable militar de la UJC en aquella época era el secretario de la UJC, que eso era el vínculo directo con el Estado Mayor General…
Eso significa que estaba involucrado Raúl Castro, ¿no?
Sí, toda su vida trabajó con él.
Entonces Raúl Castro fue uno de los que diseñó las UMAP…
Sí, pero en medio de eso mandaron a hacer esa verificación y yo fui de los que ayudó. Redactamos un informe y ese informe se elevó a la dirección del país. A partir de ahí, Quintín Pino Machado, que era amigo mío, dejó de serlo.
Porque el informe lo golpeó y lo golpearon. Después vino la desarticulación. En medio de eso estaba la idea de Fidel de que con el trabajo de los jóvenes iban a salvar la Revolución. Cuando él quiso hacer los diez millones, que es una de las cosas más nefastas que se le ocurrieron, porque no había condiciones… Entonces estaba toda aquella mística sovietóloga de las tierras vírgenes y de los jóvenes; incluso yo fui en una delegación a Siberia, a Novosibirsk, con los komsomoles; en fin, toda esa historia.
¿Usted cree que las UMAP hayan sido parte de esa experiencia?
La UMAP fue el golpe fallido de esa experiencia que después se rectificó con el Ejército Juvenil del Trabajo. Pero se llegó a la conclusión de que no era práctico meter un ejército que hacía falta, por eso éramos los jóvenes los que teníamos que ir a las tierras vírgenes a conquistar Camagüey; entonces nosotros nos creímos todas esas ideas.
Ese fue el año de la Ofensiva Revolucionaria. La invasión a Checoslovaquia…
Ya yo estaba castigado en la granja “Juventud Heroica” de Ciego de Ávila, y allí me fue a ver Jaime y me dijo que yo iba a salir junto con él, Domenech, con Aldana, con un grupo de gentes y un señor que fue mucho tiempo dirigente importante, que se llama Lázaro Vázquez, que fue de la Operación Mambí, secretario del Partido en Camagüey. Entonces todas esas tierras las manejaban los guardias y se dio la orden de que los guardias nos iban a ir entregando los campamentos y nosotros íbamos a movilizar a los jóvenes, se iban a llamar por tres años y toda esa mística.
¿Ocuparon los mismos campamentos de las UMAP?
Los mismos campamentos de las FAR y de la UMAP; fueron todos los campamentos, porque se metieron 50 000 hombres, fueron todos los campamentos y algunos los hubo que construir. A mí me pusieron a escribir el reglamento, toda la estructura. Lo escribí y se lo llevamos a Armando Hart. La primera propuesta que hicimos demandaba pocos recursos, unos cuantos camioncitos… Cuando esa propuesta llegó a Raúl, Hart se la llevó, Raúl dijo que eso era una barbaridad, que se iban a morir 50 000 hombres y que había que poner todos los recursos, que nos iban a dejar todos los recursos, los yipis [jeeps], los campamentos, las cocinas. Todo aquello de buenas a primeras pasó a ser de nosotros; había que formar cocineros, de todo, sanitarios… Entonces nos dimos a esa tarea con una idea productiva. Juan Herrera, que fue ministro del Azúcar, fue el jefe de operaciones de la Columna, Lázaro Vázquez, jefe de Estado Mayor, Jaime Crombet, jefe de la Columna, el político de la Columna fui yo, y a Aldana lo pusieron de asesor militar mío.
Nosotros hicimos los documentos normativos, cogimos los documentos de la Operación Mambí y los adaptamos. La idea no era formar a nadie de a cojones; yo choqué con esa idea; no era formar a nadie, ni era rehabilitar, ni era la UMAP: la idea de la Columna era sembrar la caña y producir los diez millones. Porque vino Acevedo, que cuando aquello era el delegado del Buró Político; vino Juan Almeida, que era duro, y nos dijo: “Ustedes aquí vienen pa’ garantizar la Zafra de los Diez Millones, ustedes no tienen otra tarea”.
Yo iba abriendo escuelitas con Raúl Ferrer para la batalla por el sexto grado, y atrás iba Jorge Reyes, que era del aparato de operaciones, cerrándome las escuelas porque los horarios esos había que aprovecharlos también; se empezó a cortar caña con luces. Y yo llevé la bronca hasta el Buró Político, con Hart que terminó diciéndome que yo tenía que salir, que él tenía un proyectico pa’ trabajar con 1 500 delincuentes y predelincuentes que se llamó Pre Columna del Centenario. Me dijo que esa concepción donde iba a poder aplicarla era allí, porque en la Columna yo no podía aplicarla.
Todo puede ser cierto, incluso, que te digan que la estrategia de las UMAP fue formar el hombre nuevo… Esa estrategia yo me la creí, pero la verdad es que la tarea de la Columna era cortar caña, esa era la orientación, cortar caña y luchar por el prestigio de la Revolución para que se lograran los diez millones. Y la Columna cumplió, la caña que había que cortar para producir los diez millones en Camagüey nosotros la cortamos. Cuando se cumplió ese objetivo, los estudiosos, los cabezones de arriba ya habían creado otra idea, que es el EJT [Ejército Juvenil del Trabajo]; pero en el EJT entonces pusieron a gente con cabeza, tipos capaces. Muchos de mis delincuentes y predelincuentes pasaron al EJT, llegaron a ser oficiales y pelearon en Angola.
¿Cuál era el criterio para reclutar para la Pre Columna?
Era la depuración por expediente de todos los delincuentes y predelincuentes, porque nosotros hicimos una captación de 100 000; de esos 100 000 se quedaron 60 000 y de los 60 000 se depuró y nos quedamos con 1 000, que eran los que tenían mayores problemas. Se sacaron de los reformatorios, por expediente; incluso se hizo una experiencia y se sacaron gentes que habían matado, y de hurtos, y se mezclaron y dio resultado. Dio resultado en el sentido de que muchos encontraron su trabajo y llegaron a ser oficiales de las FAR y muchos combatieron en las guerras después y rehicieron su vida. Otros no. Cuando a mí me nombran secretario de Trabajo Social, cuando iba a los reformatorios, los tipos que habían estado en la Columna se escondían pa’ que yo no los viera. Tuvimos una gran bronca porque los campamentos estaban custodiados y entonces yo llegué a la escuela de maestros y yo dije que no podía ser. Esa fue una bronca con Armando Hart tremenda, y yo boté pa’l carajo a los guardias y los tipos no se fueron. Esa es mi verdad, la verdad de los que la concibieron es otra, quizás…
Vino el Congreso de la Juventud y me dieron la tarea de ir a organizar la enseñanza del arte. Empecé a estudiar Historia del Arte en la Universidad, llegué hasta el quinto año en medio de todos esos procesos. Cuando se murió mi hijo y todo eso, me fui pa’ la Isla de la Juventud.
¿Qué hizo en la Isla?
Fui vicepresidente del Poder Popular y atendí la Educación, la Cultura. Después salí para acá, porque me mandaron a fundar la editorial José Martí, y después fui para una empresa que era un aparato de inteligencia.
Pero en 1968 también estuvo en El Caimán Barbudo. Sustituyó a Jesús Díaz.
Eso pasó por una publicación de Sixto Quintela: “Los diablos blancos”. La discusión fue —ahí si participé— por ese cuento donde el principal diablo blanco era Fidel. Eso reventó la copa porque directo bajó una orden que había que… Porque, además, cuando tú te lees el cuento te das cuenta de que el diablo blanco no podía ser otro que Fidel. El diablo blanco hablaba en una plaza que era la Plaza de la Revolución, de un país donde gobernaban los diablos blancos. ¿Quién era el que hablaba en la Plaza de la Revolución?
Entonces estuve de sustituto en El Caimán…, creo que fueron tres o cuatro ediciones, no fue mucho más. Lo que sí publiqué fue un artículo sobre El Caimán Barbudo en la nueva etapa con Armando Hart. En ese artículo yo explicaba la nueva etapa, los objetivos de El Caimán... Después hice con mi amigo Matta —que fue amigo mío toda la vida, yo fui amigo de los surrealistas toda mi vida—, hicimos un Caimán Barbudo gráfico, que está incluso expuesto en la Casa de las Américas; fue Matta, Posada, Saura, fue una de las últimas obras que hizo Matta.
¿Por qué lo sacaron de El Caimán Barbudo?
Yo estaba de director de Juventud Rebelde, director de El Caimán…; cuando aquello no existía la editora Abril y Pionero, Juventud Técnica… todo eso se dirigía desde Juventud Rebelde y yo era el director. Cuando a mí me revientan en Juventud Rebelde por el proceso de crítica, entraron Remigio Ruiz y Ángel Guerra; fueron los que aguantaron el palo, después vino Jorge López, que se suicidó también. Juventud Rebelde tiene dos directores suicidados.
Jorge López no sé, porque ya yo estaba fuera, yo estaba en Camagüey; Miguelito porque le diagnosticaron un cáncer de páncreas y no lo soportó.
Cuando se formó la bronca de El Caimán Barbudo yo estaba al frente de Juventud Rebelde y fui responsable de atender esa bronca. Tuve una discusión con Jesús Díaz en la cual le dije: “No nos entendemos; tú estás diciendo una cosa y yo estoy diciendo otra”. Después Jesús Díaz fue un gran personaje, hizo una novela, Hart lo apadrinó y terminó fuera de Cuba, y yo estoy aquí. Adolfo Rivero, que estaba en aquella bronca, escribió en el Miami Herald hasta que se murió y escribió a favor de la elección de Bush, y era más comunista que yo. Quintela estaba con Rivero allá también, a favor de los republicanos.
¿Lo molesta mucho la Seguridad del Estado?
Muchachitos que cuando acaban de salir de la escuela de la Seguridad los entrenan y entonces vienen a medir el termómetro político, a mí me lo han venido a medir muchas veces. Una vez Jaime [Crombet] mandó a una muchacha que trabajaba con [Abelardo Colomé Ibarra] Furry, se sentó ahí, puso una grabadora, se le acabaron los casetes, le saqué una caja y le dije: “Mira, lo primero que voy a decirte es que Fidel tiene que renunciar, Fidel tiene que hacer lo que hizo Mandela, porque nosotros lo hemos seguido a él y él no tiene derecho a hacer lo que está haciendo, no lo tiene”.
Cuando a Aldana lo quitaron vino a verme un oficial que se llama Blanco Fung. Aldana y yo surgimos juntos, Aldana fue el que matraqueó para que a mí me sacaran de Camagüey. Yo soy amigo de él, independientemente de lo que haya hecho o no. Entonces vino a verme el oficial y me dice: “¿Qué usted piensa?”, y le dije: “¿Eso lo van a oír Fidel y Raúl? Si lo van a oír Fidel y Raúl pon ahí: dice Félix Sautié, el loco, que Aldana y yo salimos juntos de la UJC, que a mí me mandaron pa’ Cultura y a él lo mandaron pa’ la ayudantía de Raúl; por tanto, lo que haya hecho Aldana no es responsabilidad mía, es responsabilidad de Fidel y Raúl”. El tipo recogió la grabadora y se fue.
Los dos surgimos juntos en la Juventud igual que Jaime y otro grupo de gente. Cuando cayó en desgracia vienen a mí a preguntarme. Primero, yo estaba en Cultura y a él lo pusieron en la oficina de Raúl y después en el frente ideológico, al cual yo jamás llegaba ni me reunía, ni sabía lo que había pasado, por la sencilla razón de que estaba en otro nivel… Llegó a ser miembro del Buró Político y yo era un comemierda. Entonces, ¿cómo carajo, a esta altura de la discusión, le vienen a preguntar al comemierda lo que hizo un miembro del Buró Político, que fue Fidel el que lo sacó? Chico, pregúntale a Fidel por qué lo sacó. ¿Por qué tú me vas a preguntar a mí? Porque el problema aquí es que siempre la culpa la tiene otro: el imperialismo, tú, el otro, el pueblo, la falta de disciplina…
Félix Sautié: “Mi teléfono te lo dio la Seguridad del Estado” – Abel Sierra Madero (entrevista).
[1] La política de “parametración” formó parte de una ola represiva contra los intelectuales en Cuba a inicios de la década de 1970. Se le conoció con ese nombre debido a la Resolución No. 3 emitida el 10 de julio de 1972 por el Consejo Nacional de Cultura. La regulación dictaminaba que aquellos que no reunían “los parámetros ideológicos exigidos” para pertenecer a las instituciones del Consejo Nacional de Cultura —dirigido entonces Luis Pavón Tamayo—, podían ser expulsados sin contemplaciones. Pavón estuvo al frente de la institución durante cinco años. A ese período oscuro se le conoció como “Pavonato” o “Quinquenio Gris”.
[2] Las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) fue una suerte de partido político, creado en julio de 1961, para agrupar y representar al Movimiento 26 de Julio, al Partido Socialista Popular y al Directorio Revolucionario.
[3] Como “guerrita de los emails” se conoció al intercambio de correos electrónicos que se produjo en 2007 entre varios intelectuales, indignados por la presencia de exfuncionarios y censores culturales en la televisión estatal.
[4] Se refiere a Antonio Pérez Herrero, uno de los censores más siniestros del campo cultural cubano de las primeras décadas de la Revolución. Hasta 1985, año en que fue destituido de su cargo, se desempeñó como jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba.
[5] Carlos Aldana fue jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba desde 1986 hasta 1992. Ese año cayó en desgracia y fue destituido, al ser acusado de reformista. Durante mucho tiempo estuvo en el epicentro del poder.
[6] Las purgas de la política de “parametración” incluyó a miembros del grupo Teatro Estudio, una compañía dirigida por los hermanos Raquel y Vicente Revuelta, del grupo de Teatro Guiñol dedicado a los niños, y del Teatro Musical. Muchos fueron despedidos y perdieron sus trabajos. Entre los expulsados estuvieron Gloria Andreu y Denis Leonardo Ferrera, quienes impugnaron la Resolución No. 3 ante los tribunales, por considerarla una violación de la justicia laboral y de la Constitución de la República. Para aplacar los ánimos de los intelectuales y dar fin al asunto, el Tribunal Supremo de Justicia tomó cartas en el asunto. El 24 de septiembre de 1973, La Gaceta Oficial publicó la sentencia No. 48 emitida por el tribunal que invalidaba la Resolución No. 3 del Consejo Nacional de Cultura. La sentencia que dejaba muy mal parado a Pavón. La justicia revolucionaria consideró de modo excepcional que la disposición era anticonstitucional. No conozco un caso similar.
Durante los últimos años he tratado de alimentar mi visión y comprensión de la historia de la Revolucióncon otro archivo, conformado por voces que me han compartido sus vivencias y su interpretación del tiempo que les tocó vivir. Una de esas voces es la de Reinaldo García Ramos.
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junio 26, 2020 a las 12:31 pm
Un cobarde que se hace el valiente. Qué horror este Sutié. Ni el Papa le perdona sus pecados…
Por cierto, el seguroso que le mandaron no es “Blanco Fung” sino Blanco Fong, Francisco (que ya va por general de Brigada).
Muchos harán sus versiones de la historia. Si Reynaldo Gonzalez no fue parametrado, por qué no vuelve a publicar sino hasta inicios de los 80, cuando aparece La fiesta de los tiburones? Y un par de detalles en las notas: Meme Solís no logra salir de Cuba hasta inicios de los 80 rumbo a España: se pasó en Cuba toda la parametración. El Teatro Nacional de Guiñol no solo hacia representaciones para niños, de hecho, son sus atrevidas puestas para adultos como La Celestina y La Corte del Faraón las que aceleran los recelos en contra de sus directores, los Hermanos Camejo y Pepe Carril.
Hay pocas entrevistas en las que el entrevistador y sus preguntas son tan relevantes como el entrevistado y sus respuestas. Esta es una de ellas. La economía de medios, la conducción del diálogo, son perfectos.
WALDOGONZALEZ dice:
MAGNIFICA ENTREVISTA. FELICITACIONES A ABEL, AL QUE CONOCI CUANDO GANO EL PREMIO CASA DE LAS AMERICAS CON SU EXCELENTE VOLUMEN SOBRE EL HOMOSEXUALISMO.

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