Source: http://polis.revues.org/5204
Timestamp: 2017-03-23 04:24:51+00:00

Document:
Mediación en conflictos: hacia un bumerán armónico
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Médiation en conflits: vers un boomerang harmonieux
Mediation in conflicts: towards an harmonic boomerang
Español Français English Este es un documento de lectura a dos niveles de profundización (texto y notas al pie de página) que reflexiona entorno al conflicto y la armonía. Se acerca a la realidad contemporánea a partir de visiones integradoras de la antigüedad, analizando el conflicto desde la perspectiva de la dualidad como concepto básico, con especial referencia al ejercicio del poder a partir del binomio horizontalidad y verticalidad, y una aproximación simbólica a los conflictos que pretende aportar luz a su resolución o transformación. Se realiza a continuación un estudio etimológico y simbólico de los vocablos mediatio, medicatio, meditatio, con raíz común y orientados a la recuperación del equilibrio en las esferas social, psicofísica y espiritual, respectivamente, en un planteamiento de orientación filosófica. Finaliza el estudio con una aproximación a la metamorfosis a partir del arte marcial no violento del Aikido, integrado con las aportaciones realizadas anteriormente.
Ce document consiste en une lecture de deux niveaux de profondeur (texte et notes de bas de page) qui réfléchit sur le conflit et l’harmonie. Il s’approche de la réalité contemporaine à partir de visions intégratrices de l’Antiquité, analysant le conflit depuis la perspective de la dualité comme concept de base, faisant particulièrement référence à l’exercice du pouvoir à partir du binôme horizontalité et verticalité, et une approche symbolique des conflits qui prétend éclairer leur résolution ou transformation. Par la suite, une étude étymologique et symbolique est entreprise des vocables mediatio, medicatio, meditatio, de racine commune et orientés vers la récupération de l’équilibre dans les sphères sociale, psychophysique et spirituelle, respectivement, selon une réflexion d’orientation philosophique. L’étude se conclue sur une approche de la métamorphose à partir de l’art martial non violent de l’Aikido, associé au développement antérieur.
This is a two level reading document (text and footnotes) which deals both with conflict and harmony. It approaches contemporary reality from integrative visions of antiquity, analyzing conflict from the perspective of duality as its basic concept, with special reference to the horizontal/vertical relations of power and a symbolic approach to conflict that pretends to enlighten its resolution or transformation. An etymological study is undertaken in regards the terms of mediatio, medicatio, meditatio, and its common root oriented to the recovery of equilibrium in the social, psychophysical and spiritual areas, respectively, in a philosophically oriented proposition. The study ends with an aproximation to metamorphosis starting from the non-violent martial art known as Aikido, integrated to the foresaid investigation.
Palabras claves :conflit, harmonie, aikido, équilibre
Keywords :conflict, harmony, aikido, equilibrium
Palabras claves :conflicto, mediación, armonía, aikido, equilibrioInicio de página
Conflicto, dualidad, polaridad y símbolo
Mediatio, medicatio, meditatio
Incluso la llave debe entrar en un túnel oscuro antes de abrir la puerta…
¿Cómo invitamos a la metamorfosis, la transformación a partir del conflicto? ¿Cómo abrimos la puerta?
Glosario conceptualInicio de página
* Esta investigación obtuvo el Primer Premio en el Concurso Premio X Aniversario (1993-2003) convoca (...)
1 En relación al “mito de la tabla rasa” ver la interesante aportación de Stephen Toulmin en su obra (...)
1¿Ante la omnipresencia del conflicto*, existe la posibilidad de espacio y tiempo para la armonía? Todavía nos quedan preguntas por formular y cuestiones a responder. Al parecer la dinámica del cambio, tan en boga entre los pensadores actuales, lleva implícita la novedad permanente. Se abren constantemente perspectivas nuevas, sin embargo, muchas de las preguntas ya estaban formuladas y, esencialmente, contestadas desde antaño. Hoy asistimos a un gran esfuerzo por aportar nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevas categorías, nuevas teorías, en especial en relación al conflicto. La mayoría de ellas no son más que ingeniosas estructuras lingüísticas con apariencia de descubrimiento que reflejan una especial comprensión del autor respecto a una perspectiva analógica de la realidad. No practicaremos aquí “el mito de la tabla rasa”1: no se pretende, por tanto, presentar ningún descubrimiento, tan sólo perspectivas y reflexiones complementarias a partir de conocimientos de los antiguos y de nuestros contemporáneos. 2 Deutsch M. (1973) destacó que aunque naciones e individuos no siempre pueden hacer las mismas cosa (...)
3 Ello no deja de tener conexión con uno de los órganos paradigmáticos del hombre: el cerebro genera (...)
2“Curiosa brújula que obedece a diversos polos y enturbia la inteligencia, en la misma medida que ayuda” escribe Le Breton en 1999. Sin duda, la aproximación de este antropólogo y sociólogo respecto del dolor humano puede ser trasladada al horizonte del conflicto, tanto si se refiere al conflicto con y en uno mismo, como a los conflictos entre individuos o entre grupos humanos, sea cual sea su dimensión2. ¿Qué energía y magnetismo desprende el conflicto que revela a la par la fragilidad y el poder de la condición humana?3.
4 Una de las características que pueden percibirse de los procesos conflictivos planetarios en la ac (...)
3 Numerosos autores se han ocupado de la inevitabilidad del conflicto y de las diferentes y posibles causas de su emergencia y permanencia, desde el ámbito bio-psicológico hasta el cultural y estructural (Vinyamata 1999; Burton 1996). Múltiples vías se han generado desde las más variadas disciplinas con el fin de prevenirlo, tratarlo, gestionarlo, transformarlo o solucionarlo a todos los niveles. El problema de lo diferente, la división y el conflicto, tan antiguo y a la vez tan actual en su concepción tanto concreta como planetaria, pueden ser vistos como un producto normal del intercambio social (Gergen 2000). Muchos estudios hacen referencia implícita o explícita a la dualidad que se manifiesta en el conflicto: considero este conflicto en general, para la comprensión de la condición humana. Nunca está de más un retorno a la reflexión en relación a la dualidad y la polaridad en el marco del conflicto: en la comprensión, aceptación, asimilación y transmutación de la dualidad reside una de las claves fundamentales para la resolución de los conflictos en sentido amplio, y concepto simbólico4.
5 Puede completarse esta aportación con el análisis dual en relación a la justicia y la mediación, a (...)
4Le Breton, entre otros, colocan la polaridad en el centro de la experiencia de la enfermedad. En la misma línea y en relación al conflicto podemos aproximarnos a la dualidad y cómo ésta es percibida, experimentada, padecida y trascendida. Poco entenderemos del conflicto si no profundizamos en esta manifestación dual. Todas las culturas hacen referencia desde tiempo inmemorial a la dualidad. Hay múltiples manifestaciones de la dualidad, sin pretensión de exhaustividad: luz y oscuridad, blanco y negro, derecha e izquierda, principio activo-dador y principio pasivo-receptor, sol y luna, fuego y agua5, rojo y azul, circularidad y cuadratura, oriente y occidente, sonido -en especial, palabra- y silencio, lleno y vacío, frío y calor, lento y rápido, dentro y fuera, arriba y abajo, pasado y futuro, macrocosmos y microcosmos, etc. Si hacemos la adecuada traducción observaremos que la mayoría de los conflictos, si no todos, pueden leerse, describirse o justificarse en términos simbólicamente semejantes. 5El cuerpo humano nos muestra la dualidad desde el primer segundo que manifiesta vida autónoma: la inspiración y la espiración nos recuerdan permanentemente, durante toda la vida, esta dinámica dual hasta que el cuerpo deja de respirar. El cuerpo entero es una manifestación completa de la dualidad: dos ojos, dos oídos, un cerebro con dos lóbulos (uno derecho, que se corresponde con las capacidades intuitivas, perceptivas y abstractas -magnético-, y uno izquierdo, que desarrolla las capacidades analíticas, activas y la razón -eléctrico-), dos brazos, dos piernas, dos pulmones, dos riñones, etc.
6 Vid. una aproximación conceptual a “la dualidad” en el glosario de este artículo, ubicado al final (...)
6Superando la lógica determinista binaria del paradigma ganar-perder, como forma de plantear las diferencias de forma sesgada y simplista, existen formas más amplias, más fructíferas y globales de enfocar la dualidad conflictiva (Fisher y Ury 1991, Bush y Folguer 1996 y Moore y McDonald, 2000)6.
7 En la misma línea, los Nativoamericanos, los Tsalagis o Cheroquis, explican como a partir del cero (...)
8 Vid. concepto de “guerra y paz” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
7En nuestra área de influencia cultural los pitagóricos defendían la teoría de que cuando el primer ser se separó de la unidad se convirtió en estado imperfecto y la dualidad se puso de manifiesto. De hecho explicaban la progresión partiendo del número 1, la unidad, surgiendo posteriormente una oposición número 2, produciéndose ulteriormente el efecto de esta oposición sobre la unidad como número 3, dando por último la vuelta a una unidad de orden u octava diferente, el número 47. En un contexto histórico y filosófico diferente, pero en una aproximación similar, la dialéctica hegeliana formulaba principios parejos sustentados en los conceptos de tesis, antítesis y síntesis. Por su parte, los herméticos señalan, en sentido semejante, en su cuarto principio, el de la polaridad: “Todo es doble, todo tiene dos polos, su par de opuestos: los semejantes y antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse” (texto anónimo). Como se señala, el calor y el frío, aunque opuestos, son realmente la misma cosa, consistiendo la diferencia, simplemente en diversos grados de aquella. Lo mismo ocurre con la oscuridad y la luz, la guerra y la paz8, el amor y el odio, el mal y el bien. En los papiros egipcios de Ptahhotep encontrados recientemente -de la misma antigüedad aproximadamente que el clásico chino Tao Te King - puede leerse. “toma consejo tanto junto al ignorante como junto al sabio”.
9 Según François Jullien (1999), “la guerra se concibe naturalmente en China como interacción y pola (...)
10 Vid. concepto de “círculo” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
8El Tao Te King pone de manifiesto que la quietud y la paz perfecta sólo existen en el Tao, que no se ve afectado por las alteraciones que tienen lugar en el plano de lo manifestado, en cambio en el mundo de los Diez mil seres está siempre fluctuando, no hay nada en él que sea permanente y estable; todo está sujeto al cambio, la alteración y el movimiento, y este cambio está regido por la ley de la dualidad que a nivel cósmico se expresa en el juego del yin y el yang9. Estas dos fuerzas están presentes en todos los seres. El yin se define como tiniebla física o simbólica, lo oscuro, sombrío, pasivo, negativo, y el yang como claridad natural, lo luminoso, claro, activo, positivo (Medrano 1994). Como es conocido, y explica este autor, ello es representado simbólicamente por un círculo dividido en dos mitades exactamente iguales, una clara y otra oscura, círculo atravesado por una línea sinuosa que al mismo tiempo que marca diferencia sobre las mitades las une, ya que se funden y se entremezclan dinámicamente de tal manera que es imposible separarlas10. Para acentuar más la interconexión de ambos principios se halla presente una semilla del yin en el yang y viceversa; no hay nada que sea yin o yang en toda su pureza. 11 Véase en este sentido, en el mundo de la gestión empresarial, La Danza del Cambio: los deafíos del (...)
12 Como explican algunos traductores en sus introducciones al Libro de los Cambios -o las Mutaciones, (...)
9Numerosos autores contemporáneos del ámbito de resolución de conflictos presentan “la teoría del cambio” o “los procesos de administración de la complejidad, de la ambigüedad y del caos” como innovadora y paradigmática (Schnitman 2000)11; la literatura y filosofía oriental, y específicamente la China en los clásicos Tao Te King y Yi King o Libro de los Cambios, como es traducido habitualmente, hace milenios que estudiaron y destacaron la importancia del cambio manifestada a través de la dualidad12. El cambio, efectivamente, es lo único que no cambia. Lo que aparece como nuevo, probablemente debido a esa inercia intrínseca de cambio, es la velocidad con que el cambio se produce en nuestras sociedades contemporáneas: las personas, las situaciones, los objetos, los sistemas pasan por delante de nuestros ojos y por nuestro interior psíquico o organizativo con más rapidez que nunca, y eso conlleva dificultades de asimilación que, a su vez, son causa y efecto de cambios y conflictos.
13 Incluso los objetos o manifestaciones aparentemente despreciables, ecológicamente transmutadas com (...)
10El número dos simboliza el dualismo en que se apoya toda dialéctica, todo combate, todo movimiento, toda reciprocidad, todo antagonismo, primero latente, luego manifiesto (Chevalier y Gheerbrant 1986). Las raíces de las lenguas conservan este conocimiento ancestral: en griego antiguo, farmacon13 significa tanto “veneno” como “remedio”. 14 Por su parte Deutch (1973) destaca que el conflicto no está confinado a procesos competitivos, pon (...)
15 Se suele señalar que el output de estos procesos en muchas ocasiones es la solución de compromiso (...)
11John Burton realiza una lúcida aportación en The Language of Conflict Resolution haciendo referencia a las diferencias naturales e inevitables de puntos de vista, y a la manifestación de argumentos en el marco de discusiones14 que sirven para ampliar el horizonte referencial y el conocimiento a través del diálogo. Asimismo, señala el autor, se producen disputas en relación a intereses contrastados, especialmente en relación a intereses de naturaleza material, disputas que pueden ser gestionadas a través de procesos como la negociación, la adjudicación, el arbitraje, la mediación o una combinación de las mismas sin deterioro de las relaciones15. Por último, el autor diferencia las disputas de los conflictos en sentido estricto: se trata de luchas entre fuerzas opuestas en relación con áreas donde no pueden existir soluciones de compromiso. 16 Vid. diferenciación conceptual entre “disputa y conflicto” en el glosario de este artículo, ubicad (...)
17 Otros autores hablaran de “transformación de conflictos” en un sentido análogo: Bush y Folguer (19 (...)
12A todos los niveles, desde la familia hasta el ámbito internacional existen problemas en las relaciones sociales que afectan a emociones y necesidades profundas16 sobre las que no puede existir ningún compromiso. Dichos conflictos deben ser resueltos17, más que arreglados o dirimidos (Burton 1996). De todas formas, hemos de seguir teniendo en cuenta que tanto percepciones o puntos de vista diversos, como discusiones, disputas y/o conflictos están inmersos -y se desarrollan- en la dualidad apuntada. 18 John Burton, en su estudio The Language of Conflict Resolution (1996), señala que cualquier cambio (...)
13Uno de los aspectos más interesantes que ofrece la dualidad es la concepción neutral del conflicto: la ambivalencia del conflicto permite tanto una evolución creadora como una involución destructora: “la división es el principio de la multiplicación, tanto como el de la síntesis y la multiplicación es bipolar: aumenta o disminuye, según el signo que afecta al número” (Chevalier y Gheerbrant 1986). Como se ha destacado la dualidad, el conflicto, el antagonismo no es ni positivo ni negativo, es la oportunidad material y simbólica que se presenta para crear o destruir, para evolucionar o involucionar, resultado que, en todo caso, conformará el número “tres” (nº 3): dicha consecuencia de la dualidad, el número 3, conformará una nueva realidad unificada o manifestará la división intrínseca que permanece pendiente de reunificación18. La oposición o el conflicto puede ser una manifestación “contraria e incompatible, o complementaria y fecunda”.
19 Vid. los conceptos de “horizontalidad y verticalidad” en el glosario de este artículo, ubicado al (...)
20 Vid. el concepto de “poder” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
21 Ello conecta de alguna manera en relación a la comunicación con uno de los axiomas enunciados por (...)
22 El conflicto destructivo, la lucha, la guerra, la angustia, la depresión, la violencia, las emocio (...)
23 En los estudios superiores de arquitectura se explican técnicamente las dos fuerzas presentes en u (...)
24 Vid. el concepto de “circularidad” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
25 Vid. Rubio y Soberon (1985/2001). En este mismo sentido ver (Jäger 1995), humildad, reconocer y a (...)
26 Vid. el concepto de “efecto sistémico” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo 14Una de las manifestaciones más sugerentes de la dualidad en relación al conflicto es, sin duda, la correspondiente a la horizontalidad y la verticalidad19. Ello, sin duda, está relacionado con la simetría o asimetría de poder20 generadora, en ocasiones, de conflictos, con efectos constructivos o destructivos, según los casos21. La forma de trascender esta estructura dual se halla a la vez en el centro crucial y en la periferia circular, no en su linealidad contradictoria. Horizontalidad y verticalidad no pueden permanecer inamovibles, igual que el ser humano no puede espirar indefinidamente o inspirar sin límite, si quiere que la vida siga circulando. Horizontalidad y verticalidad se convierten en estructuras dinámicas cuando residen equilibradas en el círculo22. El avance de la rueda se produce en el momento en que la verticalidad, asociada comúnmente al poder, se pone al servicio y alcanza la horizontalidad y, por su parte, la horizontalidad o base se convierte en los cimientos de la nueva verticalidad23, todo ello en una dinámica cíclica. Es un movimiento ecológico, fluido, flexible24: ello se produce con la naturalidad y humildad óntica25 del ciclo del día y de la noche o los ciclos estacionales (invierno, primavera, verano y otoño). Simbólicamente esto es válido en todas las dimensiones de la actividad humana26. 27 Es interesante el paralelismo existente con el análisis antropológico del dolor que realiza Le Bre (...)
28 Vid. el concepto de “símbolo” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
29 Relativo a la comunicación el construccionismo social, como se sabe, sostiene que el lenguaje no e (...)
30 Vid “símbolo” al final del artículo.
15Comparto la visión con los autores que sostienen que el conflicto se nos ofrece básicamente como una estructura simbólica (Schnitman 2000; Sarrado y Riera 2001)27. Tanto las disputas como los conflictos en sentido estricto contienen un significado que va más allá de lo que aparenta o se manifiesta inicialmente y puede o debe ser interpretado esencialmente por sus participantes28. Así, el símbolo se convierte en punto de encuentro entre posiciones, intereses, necesidades, emociones y relación29. La lectura simbólica puede hacerse tanto a nivel individual como a nivel subsistémico, social y cultural e incluso planetario; todos los niveles están interrelacionados y están cargados de contenido significante30. En la aplicación mayoritaria de la justicia -como estructura formal de resolución de conflictos-, interesa en mayor medida la culpabilidad, la retribución, la victoria-derrota, aplicando ciegamente la ley de la causa y efecto sin atender al significado simbólico subyacente del conflicto. De la misma forma, como señalan Bush y Folger, la preocupación mayoritaria de los operadores en mediación se centra en el acuerdo, dejando de lado la raíz simbólica del conflicto, desaprovechando las oportunidades de conciencia y transformadoras del mismo. El símbolo puede convertirse en un espacio de encuentro para las diferentes visiones y tendencias.
16Si entendemos el conflicto como un bloqueo en el descrito plano de la dualidad o una pérdida de equilibrio de los elementos complementarios surge entonces la pregunta de cómo puede escapar la humanidad, el ser humano, de esta manifestación dual, sabiendo que no es posible destruir el elemento antagónico con el que estamos tan íntimamente relacionados que forma parte de nosotros mismos. Siendo conscientes que no podemos acabar ni con la noche ni con el día y, por tanto, ni con la guerra ni con la paz, entonces nos preguntamos cómo salimos del atolladero, cómo superamos el bloqueo, cómo trascendemos el desequilibrio. 31 Vid. el concepto de “medicación” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
32 Vid. el concepto de “mediación” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
33 Vid. el concepto de “meditación” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
34 Ello es válido a todos los niveles: desde el individuo hasta sus relaciones cercanas, las pequeñas (...)
17Existe un camino que tiene una raíz común en el lenguaje, como convención humana, y que sirve para las tres principales manifestaciones humanas (el cuerpo-mente, las relaciones sociales y la psique o alma): cuando el cuerpo está enfermo (símbolo del antagonismo, de la lucha interna entre microentidades vitales, de la ausencia de armonía corporal) debe aplicarse medicatio31, medicación, para recuperar la unidad y el equilibrio vital; cuando estamos ante un conflicto social entre personas, agrupaciones de personas o macrosistemas sociales existe el camino de la mediatio32 “mediación” para encontrar soluciones creativas y equitativas que permitan relaciones sociales equilibradas y complementarias. Por último, cuando existe división, distorsión metafísica y ausencia de armonía en la inmaterialidad del ser, el camino a seguir es la meditatio33“meditación” que permite trascender la dualidad y tomar contacto nuevamente con el mismo origen del ser. Medicatio, mediatio, meditatio constituyen así “vías de remedio”34: son caminos que nos permiten recuperar el centro o punto de equilibrio, ir de nuevo hacia a una unidad renovada, una armonía dinámica.
18En El tratado de la eficacia, Jullien expone, en sus reflexiones sobre la eficacia, la efectividad o la realización de lo real, dos posibles enfoques para acceder a este re-medio o justo medio, ejemplificadas a través de dos tendencias culturales profundamente arraigadas: por una parte, la tradición europea, proveniente de las fuentes griegas, que concibe la eficacia en la construcción (de formas ideales, erigidas en modelos, que se proyectan en el mundo y que la voluntad establece como objetivo por realizar. Esta tradición es la del plan ideado de antemano y del heroísmo de la acción; según cómo se formule, es la de los medios y los fines o la de la relación entre teoría y práctica) (Jullien 1999). Así define este autor la linealidad de la construcción del modelo por parte de Occidente -válido tanto para la ciencia como para las relaciones humanas: “erigimos una forma ideal (eidos), la establecemos como objetivo (telos) y actuamos seguidamente para que pase a los hechos” (Ibid). 35 Una simple experiencia personal ilustra de alguna manera estos dos modelos: en una conferencia de (...)
19Voluntad y fuerza son dos conceptos básicos en esta tradición, en la que a pesar de la planificación racional y analítica, en la mayoría de ocasiones la realidad se afana en demostrar la distancia existente entre teoría y práctica, en boca de Clausewitz, citado por Jullien: “en la guerra, más que en todo lo demás, las cosas suceden de un modo distinto al que se había previsto, y toman de cerca un cariz diferente”, dado que la guerra es un objeto que vive y reacciona. Por su parte, como paradigma de Oriente resulta que descubrimos en lo más lejano, en China, un concepto de la eficacia que enseña a dejar que avenga el efecto: no aspirar a ello -directamente-, sino a implicarlo -como consecuencia-, es decir no a buscarlo, sino a recogerlo, a dejar que resulte. Bastaría, nos dicen los chinos de la Antigüedad, con saber sacar partido del desarrollo de la situación para dejar que esta nos “lleve”35. 36 Vid. el concepto de “estrategia” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
37 Como señala Jullien, “la guerra se concibe naturalmente, en China, como interacción y polaridad”.
20En la tradición China se destaca como fundamental el proceso o el curso de las cosas. Es preciso descubrir la coherencia del proceso y comprenderla para así aprovechar su evolución en base al potencial mismo que la propia situación desenvuelve. Por eso, para la mentalidad china, no resulta adecuada la planificación previa de un modelo, pues si se actúa de esta forma se está desconociendo el potencial mismo que desvela la situación mientras se está desarrollando. No se quiere decir con ello que el sabio chino no estudie previamente la situación. Basta leer con detenimiento el conocido clásico de la ciencia de la estrategia36 en los conflictos El arte de la Guerra de Sun Tzu para advertir la conveniencia de estudiar la situación: “La acción militar es de importancia vital para un país; constituye la base de la vida y de la muerte, el camino de la supervivencia y de la aniquilación; por ello es absolutamente indispensable examinarla. Por lo tanto calcula sirviéndote de los cinco elementos, y utiliza estos criterios para comparar y establecer cuál es la situación. Los cinco elementos son: el camino, el clima, el terreno, el líder y la disciplina” (Tzu 2000). Obsérvese que este texto, que constituye el inicio de la obra, hace por dos veces referencia a la dualidad (vida-muerte y supervivencia-aniquilación); ésta es siempre la base del trabajo en resolución de conflictos37. 21Este examen de la situación para el operador en resolución de conflictos es válido a todos los niveles de interacción humana; sólo cabe leer los términos de forma simbólica y hacer la adecuada “traducción”. El concepto clave, por tanto, en la estrategia china es la obtención del potencial de la situación, que puede-debe ser discernido por los participantes en el conflicto y los operadores en resolverlo. Según las imágenes utilizadas por el propio Sun Tzu: “cuando la velocidad del agua que fluye alcanza el punto en que puede mover cantos rodados, ésta es la fuerza del ímpetu. En consecuencia, los buenos guerreros buscan la efectividad en la batalla a partir de la fuerza del ímpetu y no de la fuerza de cada soldado. Hacer que los soldados luchen permitiendo que la fuerza del ímpetu haga su trabajo es como hacer rodar troncos y rocas. Los troncos y las rocas permanecen inmóviles cuando están en un lugar plano, pero ruedan en un plano inclinado; se quedan fijos cuando son cuadrados, pero giran si son redondos. Por lo tanto, cuando se conduce a los hombres a la batalla con pericia, el impulso es como rocas redondas que se precipitan montaña abajo: esta es la fuerza” (Ibid). Como se ve, se trata de un concepto de fuerza esencialmente diferente del utilizado en Occidente. Mientras Occidente se centra en la obtención de un resultado a partir de la planificación, Oriente se concentra en la obtención del potencial de la situación que se obtiene a través de la evaluación constante del proceso: como señala Jullien: a diferencia del efecto (al que va dirigida la acción en una relación de medios a fin), el efecto no se “busca” tendiendo hacia él directamente y de manera voluntaria, sino que dimana “naturalmente” del proceso iniciado” (Jullien 1999).
38 Vid. el concepto chino de “eficacia” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
22Esta visión es esencial tanto para las partes en conflicto como para el mediador: la clave está seguramente en el grado de implicación. Desde el momento que existe un plan que realizar o un objetivo que cumplir, que no sea abstracto, el pensamiento y la acción del mediador se ponen en movimiento en dicha dirección, debiendo aplicar en muchas ocasiones la fuerza para evitar desviaciones imprevistas, existiendo al final un alto riesgo de quedar atrapado en la polaridad de una de las partes o visiones del conflicto e, incluso, frustrado por el resultado obtenido. En cambio, si el conflicto está vivo y evoluciona, si la potencialidad reside en el proceso, resultará más fácil al mediador convertirse en un “observador no implicado” más eficaz38, en un acompañante en el proceso simbólico y conflictivo, en el que las partes podrán aprovechar la potencialidad de la situación y sus propios recursos y habilidades -u obtenerlas durante el proceso- para la creación de una nueva realidad beneficiosa o complementaria.
39 Vid. el concepto de “reforma” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
40 Vid. el concepto de “transformación” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
23¿Qué se hace entonces con aquello que nos causa dolor, con aquella persona o grupo social que nos hiere, nos ataca o quiere destruirnos? ¿Optamos por la utilización de la fuerza para aplicar una “re-forma”39 según nuestros paradigmas, o por la lectura simbólica del conflicto, la evaluación de la situación y su potencial, el viaje a sus raíces profundas para transformar40 el conflicto? Reformatio o meta-morfosis son, nuevamente, dos visiones y dos maneras diferentes de vivir los procesos conflictivos. La forma confusa y distractiva, por una parte, o lo que hay más allá de la forma que contiene el significado, por otra, que permitirá la transmutación de la situación en una realidad realmente renovada (no lo que había con otra forma, o, “más de lo mismo”).
24La violencia y las emociones negativas, como manifestación de la polaridad, no podrán ser nunca erradicadas de este plano existencial en el que nos encontramos, sólo pueden ser transformadas en el curso de un proceso. Este espacio, este tiempo, este proceso pueden ser de mediación, una vía remedial transformativa.
41 Diríamos que en este caso a través de la acción heroica o el acto de fuerza sobre la polaridad de (...)
25La puerta dibuja un límite el ser humano, los grupos y las comunidades, la humanidad se encuentra constantemente frente a límites y, a menudo, éstos se perciben como conflictivos cuando quien establece o impone un límite es otro ser humano u otro grupo humano, pero la puerta está ahí: o destrozamos la puerta (accediendo a unas coordenadas espacio-temporales significativamente homólogas41) o abrimos la puerta (y accedemos a un nuevo estado, una nueva realidad dinámica).
42 Vid. el concepto de “arquetipos de Jung” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mis (...)
26De hecho, la enfermedad o el conflicto nos enfocan directamente hacia algo que tememos: el otro polo de la vida, la muerte. El psiquiatra suizo Jung, (1984) expresa lúcidamente esta doble vía a través de dos arquetipos bien definidos. Estos dos arquetipos son válidos para el ser humano y las comunidades que éste crea; dichos arquetipos están profundamente grabados en nuestra naturaleza humana, los conocemos teórica y experimentalmente: el arquetipo “mito del héroe” y el arquetipo “rito de iniciación”42. Desde una perspectiva antropológica y sociológica, Jullien, señala a partir de la eficacia: “habría que revisar el mito occidental de la acción. Sobre todo teniendo en cuenta que la acción es ese objeto propio del mythos, concebido precisamente como relato de la acción, con el que se inició la civilización europea. Repasemos efectivamente, esas imágenes que están entre las primeras de la historia de nuestra razón. Ya sea el de la tradición judeo-cristiana o el del Timeo, Dios hace que exista el mundo por un acto creador; y lo propio del héroe es imprimir su acción en el mundo enfrentándose a él. Con la epopeya, la literatura empezó con el relato de actos memorables, magnificados como hazañas; luego, la tragedia los escenificó. China no construyó un gran relato del génesis, ni se empeñó en explicar la aparición del mundo por un acto demiúrgico. Descubrimos no sólo que el pensamiento chino no se entregó al culto del acto heroico; su libro más antiguo, en cambio, Yi King o Libro de los Cambios, constituido a partir de la oposición de dos tipos de trazo, uno lleno y otro quebrado, que representaban los dos polos de cualquier proceso, explica la realidad desde la perspectiva de una transformación continua. Así, para garantizar su dominio sobre el mundo, para imperar en él, el sabio no actúa sino que transforma; es como el fruto que transformándose imperceptiblemente, acaba madurando, a diferencia del gesto heroico que pretende obtenerlo a la fuerza (Jullien 1999). 43 Vid. el concepto de “boomerang” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
44 Jullien destaca la necesidad de aprender a “dejar que advenga el efecto” según la tradición china, (...)
27Así la situación conflictiva nos ofrece una oportunidad de victoria heroica o una oportunidad de metamorfosis. Como todo se produce en el mismo planeta y se desarrolla en el mismo círculo (simbólicamente hablando), la vía utilizada para resolver el conflicto será, sin duda, determinante en los siguientes procesos vitales en forma de boomerang43, sean éstos conflictivos o no. El héroe -en una batalla o, incluso, en un proceso judicial-, centra su atención en el objeto del conflicto, en la forma, y a través de la fuerza quiere modelar aquella a su manera44. En sus investigaciones acerca del conflicto, y en particular en relación con la cooperación y competición intergrupal, Deutch (1973) destaca como características propias de los grupos altamente competitivos, entre otras, las siguientes: la tendencia a sobrevalorar los planteamientos del grupo propio y menospreciar los del otro grupo; la tendencia a valorar la victoria sobre el acuerdo, de forma que el negociador que llega a soluciones de compromiso es visto como un traidor mientras que el inflexible es visto como un héroe. 45 Ello se convierte en una lectura neutralmente instrumental del conflicto: una visión no agresiva o (...)
28El que está dispuesto a la transformación -o el que facilita espacios de transformación, como la mediatio-, no desprecia la forma pero no se aferra a ella, sabiendo que detrás de la forma se halla el contenido (el significado del símbolo a través de la forma), instrumento básico de transmutación45. ¿Cómo invitamos a la metamorfosis, la transformación a partir del conflicto? ¿Cómo abrimos la puerta?
46 Vid. el concepto de “oscuridad” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
47 Vid. el concepto de “sombra” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
48 “La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida”. La mediación se constituye, (...)
49 Vid. el concepto de “miedo” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
50 En relación al dolor, Le Breton señala que “todo dolor, incluso el más modesto, induce a la metamo (...)
51 Vid. el concepto de “muerte” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
29Entrando por el túnel oscuro del cerrojo46¡Para acceder a la claridad, debemos traspasar la oscuridad! Como señala Jung (1984), existen numerosos ritos de paso de una fase de la vida a otra -aunque poco a poco han ido perdiendo potencia y significado-, en los períodos críticos el arquetipo de iniciación se activa para proporcionar una transición significativa (Jung 1984). Ello resulta evidente en el curso de un proceso como el paso del niño al adolescente, o del adolescente al adulto: sin duda, el individuo no desaparece, pero, sin duda también, algo ha muerto por el camino, y algo nuevo ha emergido o se ha desplegado. El ser humano, las organizaciones, los grupos culturales, étnicos, religiosos etc., las naciones sólo pueden transformarse enfrentándose a procesos de muerte de sus propias sombras47. Son sus propias sombras las que les llevan a procesos conflictivos para que éstas puedan ser transmutadas, para que los vacíos sean llenados naturalmente. Así, la mediatio se constituye en espacio de metamorfosis por excelencia: los macrosistemas, los sistemas y subsistemas pueden aprovechar la concentración sobre la sombra que les ofrece el conflicto, para observarla y aceptarla48 hasta las últimas consecuencias (aún con incertidumbre, desprendimiento, miedo49, sufrimiento, dolor50, sensación de fracaso y muerte51), con el fin de salir transmutados y renovados de la experiencia.
30Se trata, como señala Jullien, de conformar. ¡Conformarse, para transformarse!: nos encontramos muy lejos de cierto mito europeo, demiúrgico y por tanto heroico, del puro poder del inicio. Ser el primero, emprender, empezar: la soledad y el esfuerzo de un sujeto, el riesgo y el desgaste, pero entonces se pierde de vista la eficacia, para caer en otra lógica: la de un deseo y un derroche evidentes. Si se aspira a la eficacia, resulta mucho más rentable “acompañar” a lo real, como no dejan de explicarlo la sabiduría y la estrategia chinas, y actuar en consecuencia. En “consecuencia” significa “siguiendo” lo que se presenta para poder, con-formándose a ello, aprovecharlo (Jullien 1999).
31Uno de los principios básicos del conocido arte marcial no violento del aikido es precisamente el de “no-resistencia”: el aikido es el principio de no resistencia; como por mi parte no existe ninguna resistencia, yo he vencido antes de comenzar (Ueshiba 2000). Este es el principio -no la técnica- de conformarse, adaptarse de forma flexible a la fuerza del oponente para acompañarlo y conducirlo (ago - ducere) a un nuevo espacio donde no hay herida en su “cuerpo”, no hay herida en mi “cuerpo”: y esto significa que no se debe resistir con la fuerza a la fuerza del adversario, que no se debe permitir que la fuerza del adversario alcance su objetivo, y que debe aprovecharse el impulso o la fuerza del adversario para acompañarlo a un nuevo espacio, diferente de las dos posiciones de origen. Como señala Santos Nalda (1984), en la línea que hemos venido desarrollando a lo largo del presente estudio, el aikidoka-podríamos también aplicarlo al mediador, respecto del conflicto y las partes que lo representan-, ha de aprender desde el principio a descubrir la dualidad entre él y el otro, para no darle vida y, mejor aún, evitar que se produzca. El ego es el que suele dar vida a dicha dualidad, por lo que se ha de practicar con la intención de unirse al otro, sin oponerse ni forcejear con él, sin caer en la trampa del conflicto o la oposición. Si nos hacemos uno con el oponente sin imponerle nada, y nos movemos en la misma dirección de su ataque, la lucha deja de existir, vencer una oposición con otra superior, oponiendo la fuerza a la fuerza, es el gran error a evitar desde los comienzos. 52 Vocablo chino traducido como “no-acción”. Una imagen que se me suscita para aproximarme a la difer (...)
53 Uno de los principios básicos que comúnmente se derivan de la mediación es el de la neutralidad: m (...)
32Cuando se aplica una acción sobre el otro y resiste, no hay que obstinarse ni insistir en la intención descubierta y fracasada, sino utilizar la nueva oposición uniéndose a ella, reflexionando sobre la enseñanza del maestro Ueshiba, parte del secreto reside en el hecho de estar presente en el “presente continuo”, dueño del momento que aparece y deja de existir. Integrarse en la acción del oponente significa sumar nuestra energía a la del otro, mientras que resistir u oponerse equivale a restar entre una fuerza y otra, de las que saldrá ganadora la mayor, aunque siempre con un pobre resultado (Santos Nalda 1984). Ello conecta directamente con la “humildad óntica” a la que hacíamos referencia anteriormente. Lao Tse, por su parte, dedica varios textos a la denominada wu wei52, o “actuar sin actuar”53; Jullien lo estudia ampliamente en su ensayo a partir de la fórmula “no hacer nada y que nada quede sin hacerse”.
54 En los ejemplos ofrecidos anteriormente en relación a la transformación en la naturaleza, los excr (...)
33La mediación puede considerase así como este espacio y este tiempo que permite experimentar vitalmente la metamorfosis a partir del arquetipo de los ritos de iniciación, en el que las “posiciones” aparentemente contradictorias se “conforman”, las formas se entregan a la incertidumbre de un proceso abierto y circular. En este proceso las formas son observadas bajo el prisma de su trascendencia simbólica y, a través de su oportuna traducción y tratamiento, dichas formas son trascendidas y transformadas en una nueva realidad equilibrada que iniciará un nuevo ciclo, ciclo permanentemente sometido a la ley del cambio54.
34Arquetipos. Jung describe simbólicamente dos arquetipos, a partir del concepto central de la muerte: “Hay una diferencia chocante entre el mito del héroe y el rito de iniciación. Las figuras típicas del héroe agotan sus esfuerzos para alcanzar la meta de sus ambiciones; en resumen, llegan a triunfar, aunque inmediatamente después puedan ser castigados o matados a causa de su hybris. En contraste con esto, en la iniciación se pide al novicio que abandone toda ambición intencionada y todo deseo y se someta a la prueba. Tiene que estar dispuesto a sufrir esa prueba sin esperanza de triunfo. De hecho tiene que estar dispuesto a morir: crear la sensación simbólica de la muerte de que surgirá la sensación simbólica del renacimiento” (Jung 1984). En sentido semejante, y en relación a sus respectivos campos -mediatio, medicatio, meditatio- ver las obras citadas de Le Breton, Jäger, Ywahoo. Esta última ofrece una aproximación a este hybris del héroe, que acabará consumiéndole a él y a su obra desequilibrada: “¿Cómo se introduce el mal en este mundo? Se introduce, según me dijeron mis abuelos, a través de los hombres que se dejan llevar por el orgullo y piensan que tienen dominio sobre la creación y sobre los demás. Cuando nos oponemos al plan natural, cuando nos hacemos tan arrogantesque tratamos de ir en contra del orden de las cosas, cuando actuamos de forma que causamos daño a otro ser, presente en este momento o que nacerá dentro de varias generaciones, sembramos las semillas del mal. El mal es una utilización equivocada de la fuerza vital, de nuestras relaciones, de nuestro conocimiento; el poder de la recta relación es el poder de invocar la paz” (Ywahoo 1990).
35Bumerán. En relación a este concepto, Ywahoo señala que “conviene que consideres cualquier situación como un experimento, sin apegarte a la forma, pues si no aprovechas la oportunidad en el momento en que se te presenta, volverás a encontrarte en la misma situación una y otra vez. Todo lo que ponemos en movimiento con nuestro pensamiento, todo lo que pensamos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, vuelve a nosotros antes o después” (Ywahoo 1990). 36Esta es la dinámica que se produce en muchos escenarios conflictivos: de todos es conocido que el índice de rupturas de pareja se duplica en las segundas uniones o matrimonios, y aún aumenta más en las terceras uniones. En el ámbito interidentitario o internacional, esta dinámica de bumerán está presente en los conflictos de la antigua Yugoslavia, entre unionistas protestantes y republicanos católicos, entre hutus y tutsis de Rwanda o sus etnias emparentadas en la RD Congo, entre independentistas vascos y estatalistas españoles. Lo cierto es que el efecto bumerán se trata únicamente de una fuerza, que puede orientarse de forma destructiva, pero puede también orientarse de forma constructiva. Sólo hace falta conocer que la fuerza del bumerán se activa con el pensamiento y la acción, individual o colectiva, como han destacado los sabios de todos los tiempos, y a partir de aquí orientarla hacia lo que se desea obtener, que retornará siempre de forma diferente a la proyectada, pero multiplicada en potencia. 37Deutch (1973) destaca en sus investigaciones acerca de la cooperación y competición intergrupal que ambos procesos tienden a autoconfirmarse, de forma que la experiencia de la cooperación “inducirá una espiral benigna de creciente cooperación, mientras la competición inducirá a una espiral viciosa de competición intensificada”. Por su parte el bumerán en el tratamiento de conflictos conecta directamente con los costes del conflicto y de su tratamiento: sirva únicamente de reflexión en un conflicto de alta intensidad como el que hemos nombrado, entre independentistas vascos y estatalistas españoles, los datos objetivos que los costes de dicho conflicto ha generado. Así, mediante Ley Española 9/2000 de 22 de Diciembre se regulan los créditos en solidaridad con las víctimas del terrorismo: el total del cálculo hace referencia a 3.634 personas directamente afectadas por el conflicto, con un coste global de 46.624 millones de pesetas, teniéndose únicamente en cuenta fallecimientos, lesiones con secuelas invalidantes, lesiones no invalidantes, secuestros, tanto con sentencia firme como sin sentencia (evidentemente estos cálculos hacen referencia a “una parte del conflicto” -la otra no queda reflejada-, y no se hace referencia ni a las familias de los afectados directamente, ni a los daños materiales, ni a los costes en policía, armas, entrenamiento, sistema penitenciario, sistema social, etc). Cuando asistimos a un conflicto de tal envergadura como la que describimos, que nos afecta de forma sistémica, se hacen necesarias apuestas económicas en resolución de conflictos en sentido constructivo, para aplicar la fuerza del bumerán en sentido inverso.
38Círculo y circularidad. El círculo ha sido tradicionalmente el espacio en el que las diferentes percepciones pueden verificarse, donde los subsistemas pueden acceder a imaginar, visualizar, incluso experimentar el punto de vista de los otros subsistemas, y donde la danza complementaria del aprendizaje y la enseñanza pueden combinarse armónicamente en un movimiento cíclico. A diferencia de la rigidez identificada con las posiciones rígidas (situación o planteamiento “cuadrado”), donde no existe fluidez, el círculo conforma un sistema flexible.
39La circularidad, presente en todas las culturas del mundo, se ha contrapuesto, por parte de los investigadores en resolución de conflictos, a la linealidad de determinados procesos de resolución de conflictos como la justicia. Una mesa redonda en los conflictos interpersonales, diferentes generaciones o pueblos reunidos en círculo ante el fuego, o un círculo informal de personas o grupos, son ejemplos de disposición que se establecen a menudo para el inicio de un proceso de mediación o facilitación. Ha habido determinadas culturas como por ejemplo la tibetana o la de los nativo americanos, que han construido su sistema global o cosmovisión en torno al círculo: sirva como ejemplo la horizontalidad (orientación este-oeste) y la verticalidad (orientación norte-sur) integradas en un círculo (La Rueda de la Vida, el cero, como equilibrio entre lo positivo y lo negativo), que gira, siempre cambiante, en “el ciclo de todas las cosas y todas las relaciones”, donde se producen las diferentes percepciones. Se señala: “los seres humanos tenemos el deber de transformar cualquier pensamiento o comportamiento que oculte la percepción del círculo. Podemos reconocer las diferentes partes del todo, percibir los diferentes puntos de vista y perspectivas, y ser conscientes de que nuestras opiniones no invalidan las de los demás. Somos seres humanos, y como tales, nuestra percepción de la misma realidad puede expresarse de forma diferente según el idioma, cultura y experiencia de cada uno de nosotros. ¿Es agua? ¿O es azul? Recordemos que nuestros pensamientos y nuestras acciones entran en la rueda y sus efectos vuelven a nosotros. En realidad, en el círculo de las rectas relaciones -es bueno para mí, es bueno para los demás, es bueno para el entorno- no existe ni arriba ni abajo, ni dentro ni fuera; todo permanece unido en el círculo” (Ywahoo 1990). 40La visión sistémica estaba presente en la humanidad hace milenios. En idéntica línea, el Az Mapu o sistema jurídico mapuche (anterior a la creación del Estado chileno): “hacer justicia en la cosmovisión mapuche equivale entonces a restablecer el equilibrio cósmico. Para el mapuche cada una de sus actuaciones, tanto en el mundo social como en su relación con la naturaleza y con el mundo de los espíritus, está regulado por el Az Mapu. Este concepto del derecho y la aplicación de justicia en un código universal, que encierra en sí mismo todos los aspectos de la vida mapuche, da cuenta de la orientación holística o sistémica del pueblo mapuche; siendo el reflejo de la forma que este pueblo se posiciona y se integra como parte de un todo universal”. Los dos ejes, las cuatro direcciones residen en el círculo representadas por “los cuatro poderes en la naturaleza: tierra - agua - aire - fuego. Todas las expresiones culturales del Pueblo Mapuche se manifiestan y se estructuran sobre la base de estos cuatro elementos principales; también la estructura de sociedad propia del Pueblo Mapuche está basada en los cuatro elementos bases señalados. Ellos de alguna forma están representados en la estructura social, que a su vez considera cuatro elementos centrales: territorio, estructura organizacional, pensamiento o filosofía, y sistema económico. Ellos se relacionan y retroalimentan mutuamente, son interdependientes, de tal forma que si uno no avanza a la par de los otros existirá un desequilibrio en el conjunto de los elementos que componen el Pueblo, provocando una crisis a su existencia y sobrevivencia” (Sánchez Carihuentro 2001).
41Disputa y conflicto. Algunos autores, (Moore y Mc Donald 2000) presentan una clara distinción entre disputa aislada o disputa sintomática, siempre con relación a diferencias relativas a los hechos. Por lo que refiere al concepto de conflicto los autores se centran para referirse al mismo, al igual que Burton, en las emociones negativas emergentes o permanentes, y en la relación que une a los participantes, pudiendo ser el conflicto resultado de un acto indiscutido de generación de dolor, de múltiples disputas existentes en el pasado o en el presente o, incluso, percepción o experiencia de conflicto aún sin la existencia de una disputa específica.
42Dualidad. Morihei Ueshiba, creador del arte marcial no violento denominado Aikido, escribía en relación con la dualidad: “ocho fuerzas sostienen la creación: movimiento y quietud, solidificación y fluidez, extensión y contracción, unificación y división. A pesar de lo rápido que me pueda atacar el enemigo, nunca soy vencido, pero no es porque mi técnica sea más rápida que la suya; no es una cuestión de rapidez, sino de que la lucha ha terminado antes de comenzar. Por lo tanto, competir en técnicas, ganar y perder, no es verdadero budo. El verdadero budo no conoce la derrota. (Nunca derrotado) significa no haber luchado nunca. Ganar significa vencer a la mente en discordia que hay dentro de ti. Lograr esto es cumplir la misión que te ha sido encomendada; esto no es una mera teoría” (Ueshiba 2000).
43Efecto sistémico (de la enfermedad, del dolor, del conflicto). Le Breton expresa magistralmente el efecto sistémico de la enfermedad y el dolor, produciéndose dinámicas parecidas en relación con el conflicto: “si el dolor subyace en el oscuro interior del cuerpo de su víctima, la irradiación engloba a una serie de actores que se constituyen como una especie de sistema social del cual el dolor es el centro secreto, y al mismo tiempo manifiestamente pregonado. El dolor crónico es una enfermedad eminentemente social, afecta a los padres o el cónyuge, los hijos, los amigos, y hasta al vecindario, alcanza de rebote al círculo profesional y fuerza por último un recorrido muy pronto familiar (exámenes médicos, etc). Entonces implica a los médicos solicitados, enfermeros farmacéuticos, curanderos eventuales, toda una servidumbre social cuyos miembros no necesariamente se comunican entre sí, pero que movilizados por el dolor del enfermo se unen sin habérselo propuesto”. Podemos trasladar este enfoque al conflicto y esbozar la cantidad de personas y grupos humanos que se hallan directa o indirectamente implicados en el tratamiento del conflicto, según el nivel y la intensidad: a modo meramente enunciativo, además de la familia, núcleo íntimo o relaciones de amistad u ocupación habituales, cabe destacar la actuación de psicólogos, terapeutas, abogados, fiscales, jueces, policía y otros miembros de seguridad, políticos, diplomáticos, ejércitos, estrategas, economistas, empresarios, educadores, antropólogos, sociólogos, peritos de todas las ramas del saber humano, líderes espirituales, congregaciones religiosas, etc.
44Eficacia. Jullien aporta una ilustrativa visión sobre el concepto de eficacia en China: “de ello se desprenden dos modos de eficacia que remiten a dos lógicas diferentes: por una parte, la relación de medios y finalidad, que nos resulta más familiar y, por otra, la relación de condición y consecuencia que es la que han privilegiado los chinos. Cuando la estrategia consiste en hacer que evolucione la situación de tal manera que, dejándose llevar por ella, el efecto derive naturalmente de su potencial acumulado, ya no cabe optar (entre diversos medios) ni esforzarse (para alcanzar un fin). Abandonando la lógica del establecimiento de modelos (basándose en esta construcciónde una forma-finalidad), uno pasa a una lógica del proceso”. Existe el riesgo de que la mediación tienda a responder, como hace en mayor medida la institución de la justicia o la medicina convencional, sólo a criterios de funcionalidad y de eficacia cuantitativa, concentrándose en la innovación técnica o de métodos. La concentración debe producirse sobre el proceso y sus cualidades intrínsecas.
45Estrategia. La estrategia es un concepto comúnmente utilizado por juristas, militares, mediadores, médicos, educadores, analistas, todos los que de alguna manera tratan directa o indirectamente con el conflicto. Etimológicamente, proviene del griego, en una composición de stratos (ejército) y el verbo ago (conducir): así, podría traducirse estrategia como la “conducción de los ejércitos”. La vivencia generalizada del conflicto se identifica a menudo con una guerra o una batalla: lo cierto es que quien utiliza la estrategia (sea el o los actores del conflicto, sean terceros que intervienen en su resolución o transformación) puede conducir los ejércitos hacia la guerra o hacia la paz. Así accedemos a un concepto neutro de estrategia cuya tendencia dependerá de la que se dé a los propios ejércitos (y/o a sus armas). Así las partes o diferentes visiones en un conflicto, por una parte, y mediadores, juristas, militares, diplomáticos, por otra, pueden conducir los ejércitos hacia una determinada orientación, bien sea a partir de una planificación basada en un modelo, bien sea a partir del máximo aprovechamiento de la ocasión o de la potencialidad de la situación. La misma lectura podemos realizar del concepto “pedagogía” como ciencia de la “conducción de niños” (a menudo el lenguaje coloquial identifica las actuaciones de las partes en conflicto o en guerra como “son como niños”). 46Por su parte, el vocablo latín educere (compuesto de e y ducere, conducir de dentro a afuera), hace pensar en dos ideas básicas de la mediación, tal y como la concibo: a) que el conocimiento o el poder para resolver o transformar una situación conflictiva reside esencialmente en las partes, lo que indica que en ellas está no sólo la clave de interpretación simbólica de lo que sucede y ha sucedido, sino, sobre todo, la potencialidad para resolver la situación, aún en el caso que hayan solicitado la intervención de un tercero “ajeno” al conflicto. El mediador en conflictos, entiendo, puede proporcionar un tiempo y un espacio para que las partes en conflicto hagan emerger de sí mismos hacia el exterior los recursos, habilidades y potencialidades que residen en ellos y que, a causa del bloqueo, han resultado inmovilizadas o desactivadas. Así acompaña dichas potencialidades del interior al exterior, “conduciendo adecuadamente sus ejércitos” para la creación de una nueva realidad constructiva; b) El mediador en conflictos puede examinar o evaluar -no tanto planificar- la situación para extraer la potencialidad intrínseca de la misma como una tensión al servicio de su resolución o transformación creativa. Así, el mediador no tiene objetivos a cumplir y puede así no sentirse responsable de los resultados de la mediación que facilita (en este sentido ver Folger y Baruch Bush 2000), centrándose así en las potencialidades de los sujetos y de la situación. Creo que las aportaciones de Burton (1996) en relación a la educación son complementarias a las aquí esbozadas. En sentido inverso deberíamos entender el vocablo latino introducere (compuesto de intro y ducere, es decir, conducir de fuera a dentro), utilizado a menudo como la incursión de los ejércitos en el territorio enemigo, la entrada del arma o proyectil en el cuerpo del adversario, o la aplicación de la ley a través del monopolio de la violencia por parte del Estado, todo ello asociado a una idea de fuerza.
47Guerra y paz. Sirva para ilustrar estos conceptos las aportaciones de Keneth Boulding: la diferenciación en grados entre guerra estable o duradera, guerra inestable, paz inestable y paz duradera, en función de variables como la capacidad (armas) y la intención (hostilidad). Johan Galtung, por su parte, distingue entre paz negativa (ausencia de guerra) y paz positiva (ausencia de todo tipo de violencia directa o violencia estructural-indirecta), (Galtung 1985).
48Horizontalidad y verticalidad. En su sentido etimológico originario, horizontalidad proviene del griego horizo, haciendo referencia a límite, delimitación que realiza uno mismo. El filósofo Gadamer hace una aportación sugerente del horizonte: señala “los horizontes son abiertos y se desplazan: nos introducimos en ellos y ellos a su vez se mueven con nosotros”. Por su parte, verticalidad es un derivado latino de vertere, referido a girar, hacer girar, dar vuelta, siendo asimismo derivados emparentados con vertere “el vértice”, como polo en torno al cual gira el espacio, y vértebra, como articulación en torno a la cual gira un hueso. De hecho, la vida nos marca rítmicamente una danza, aparentemente contradictoria, y en realidad armónica, si la comprendemos dentro de una unidad circular. 49En la noche de los tiempos, como seres primitivos primero, y como mamíferos en evolución después, nos hemos arrastrado durante eones por la tierra “horizontal”. Sólo después de una lucha intensa, y del desarrollo paralelo de la columna “vertebral”, hemos alcanzado paulatinamente una perspectiva más amplia, que debería integrar horizontalidad y verticalidad: fue la “victoria” del homo erectus. El movimiento existe, el hombre camina a partir de los dos ejes de verticalidad y horizontalidad, pero no necesariamente como un péndulo que añade vértigo a sus extremos; puede moverse, caminar, avanzar, moviendo sucesivamente la pierna derecha y la pierna izquierda, aunque profundamente asentado en su centro.
50Cíclicamente, repetimos este camino a lo largo de nuestra vida: nacemos en la horizontalidad y como niños nos arrastramos durante meses hasta que somos capaces de dibujar los primeros movimientos en una verticalidad, auxiliada por la horizontalidad de manos y brazos, hasta que somos capaces de mantenernos de pie por nosotros mismos, momento en que se inicia una lucha constante de equilibrio a lo largo de toda la vida, que busca la integración de horizontalidad y verticalidad, como una balanza. El ser y el cuerpo, de forma definitiva, retornan al inicio del círculo con la horizontalidad de la muerte, hecho que nos iguala a todos los seres, además del hecho de nuestra efímera existencia. 51Por último, este largo camino descrito en clave de humanidad y en clave de vida temporal, se reproduce simbólicamente cada día: en efecto, durante las noches, pasamos casi un tercio de nuestra vida en una horizontalidad aparentemente inconsciente, actividad nocturna que debe procurar no sólo descanso al cuerpo y la psique, sino, sobre todo, debe aportar energía vital, necesaria para la actividad diurna. Cuando recuperamos la conciencia del día nos levantamos para adquirir la verticalidad precisa, una verticalidad que debe construirse y reconstruirse de abajo a arriba. Acabamos el día recuperando la horizontalidad, la muerte simbólica a una realidad y el renacimiento simbólico a otra realidad, que es génesis de transformación profunda. Cada día es el recordatorio del proceso de nuestra vida y del proceso evolutivo de la humanidad. Igual que la semilla se hunde, se entrega y se transforma en la horizontalidad para crecer como árbol en una verticalidad bidireccional, el ser humano se debate permanentemente en el mismo juego simbólico. 52La salud es considerada como el estado de verticalidad equilibrada, cuando se quiebra debemos regresar a la horizontalidad transformadora del lecho, en un reinicio simbólico del ciclo, que nos permitirá alcanzar una renovada verticalidad equilibrada. No es por casualidad que en los formularios de atestados por delitos contra seguridad en el tráfico, por alcoholemia, se reserve un apartado gráficamente importante relativo a las alteraciones psicosomáticas: literalmente, existe una casilla que reza “no mantiene la verticalidad”. Una verticalidad mal construida, sea a causa de dinámicas internas o externas, tarde o temprano debe caer, depositarse nuevamente en la horizontalidad. Cuando se produce algún tipo de desequilibrio de naturaleza física, mental, social o espiritual debe rehacerse el itinerario a partir de la horizontalidad para construir una nueva verticalidad. 53Podemos asociar el eje horizontal al agua y el eje vertical al fuego o al sol. La cruz expresa la estructura del cosmos. La cruz es uno de los símbolos más antiguos de la humanidad, y es considerado como el tercero de los cuatro símbolos fundamentales, junto con el centro, el círculo y el cuadrado: “la cruz, dirigida hacia los cuatro puntos cardinales, es en principio la base de todos los símbolos de orientación, en los diferentes planos de existencia del hombre” (Chevalier y Gheerbrant 1986).En China se asocia con el número cinco, imprescindible referencia al centro de la cruz o punto de intersección de sus brazos, coincidente con el centro del círculo y el centro del cuadrado, en definitiva, el centro de la creación que todas las tradiciones tiene en alta consideración. “La cruz tiene pues una función de síntesis y de medida (en ella) se unen cielo y tierra; es el símbolo del intermediario, del mediador, de aquel que es por naturaleza reunión permanente del universo y comunicación tierra-cielo, de arriba abajo, de abajo arriba, es centrípeto y centrífugo, explicita el misterio del centro, es difusión, emanación, pero también reunión”.
54En nuestros pasos, nuestra columna vertebral busca constantemente el equilibrio entre las fuerzas horizontales y verticales. El reto consiste en vivir los procesos en un equilibrio dinámico, puesto que en este plano en permanente cambio, como señala el Tao Te King, “quien anda de puntillas no puede mantenerse de pie; quien camina dando grandes pasos no llega lejos”, expresión del desequilibrio vertical y horizontal respectivamente, igual en potencia, diferente en grado.
55 Mediación. Utilizo en este trabajo el término “mediación” en sentido genérico como proceso de resolución de conflictos sociales. Burton señala en The Language of Conflict Resolution (1996) que así como existen significados específicos para los términos “disputas” o “conflictos” el término mediación debe ser precisado, dado que “mediación todavía significa diferentes procesos para personas diferentes”. ¿Qué entiendo por mediación, en sentido estricto? La entiendo como un proceso formal o informal, según los casos, de resolución de conflictos y/o disputas. Frente a los autores que presentan sus orientaciones con carácter excluyente (mediación centrada en los acuerdos -posiciones, intereses, necesidades- versus mediación basada en la transformación -empowerment y reconocimiento), creo que la actuación del tercero debe estar exenta de objetivos ex ante (lo que no quiere decir que el mediador no pueda tener una determinada orientación preferente), dejando que sean las partes en conflicto y la situación potencial que se desarrolla en el proceso la que defina finalmente los objetivos de la misma. Nadie, en el marco de una mediación, debería llegar a acuerdos o transformarse en contra de su voluntad o de su libre designio: ni personas, ni organizaciones, ni naciones. 56No es esencial lo que pretende el mediador como objetivo de su actuación, sino lo que manifiestan las partes en el desarrollo del proceso mediador. Como se ve, en parte dicha concepción está prefigurada e influenciada de raíz por nuestra tradición cultural occidental: me baso en la libre autonomía de la voluntad de los individuos y los grupos humanos como uno de los principios básicos en los que se sustentan los sistemas socio-jurídicos contemporáneos de nuestro ámbito cultural, a diferencia de los sistemas comunitarios por antonomasia donde la voluntad del grupo o comunidad son más importantes que la de un individuo específico. Excluyo, sin embargo de la mediación en sentido estricto la actuación de un tercero en sentido interventivo. Hablamos entonces de otros procesos de resolución de conflictos, con otras características y potencialidades, pero no de mediación. Sirva como ejemplo de un sistema comunitario por antonomasia el desarrollado por los Nativoamericanos, en concreto, el Pueblo Cheroqui (Ywahoo 1990) explica la importancia en su tradición hasta el año 1800 de nuestra era de las denominadas Aldeas de Paz , como un espacio que se ofrecía al trasgresor de la Ley de la comunidad, incluso los criminales más infames podían acudir a este espacio donde se sometía a determinados rituales conducidos por los Jefes de Paz, personas que actuaban de mediadores y que entre su formación contaban con la propia de “la resolución de Conflictos que aquejan al individuo y a la comunidad; transformación de la energía de la cólera en rectas relaciones”. Esta autora habla específicamente de la discordia y de la denominada “enfermedad del doble corazón”. En este sentido pone de manifiesto que “el Jefe de Paz es en muchos sentidos, un catalizador que pone en marcha un proceso que purifica los patrones de conflicto, revelando una resolución armoniosa” (Ywahoo 1990).
57Medicación. Este vocablo hace referencia, en sentido original, a poción, alivio, administración de remedios, que pueden servir para curar o envenenar (Diccionario Ilustrado Latino-Español). Ver de forma ampliada Le Breton, 1999. Ueshiba pone de manifiesto: “el Arte de la Paz es la medicina para un mundo enfermo. En el mundo existen el mal y el desorden porque la gente ha olvidado que todas las cosas emanan de una sola fuente. Regresa a esa fuente y deja atrás todo pensamiento autocentrado, todo deseo mezquino y toda ira. Aquellos que son poseídos por la nada poseen todo” (Ueshiba 2000). Por su parte, (Ywahoo 1987), señala: “quienes practican la tradición sanadora se encuentran con personas cuyos cuerpos manifiestan evidentes signos de enfermedad. Corresponde al sanador mantener la forma de alivio y equilibrio, buscando en lo más profundo la perfección de la persona. La enfermedad proviene de los pensamientos de separación y conflicto, de la idea de que quizás no haya suficiente para todos o de que tal vezuno no merece recibir la abundancia que nos ofrece este universo. Las enfermedades sociales, las enfermedades planetarias, las enfermedades del individuo no son sino resultado de una obstrucción en los cauces de la mente. El reto que nos impone la enfermedad, la separación de los seres queridos, las frustraciones que nos causa nuestro trabajo, son oportunidades que se nos ofrecen para consumir las pautas mentales que oscurecen la belleza del fuego de la sabiduría. La enfermedad -igual que el conflicto- se desarrolla cuando la energía vital ve obstaculizado su flujo; en la idea de enfermedad está su cura.
58Cada sistema orgánico mantiene su equilibrio vibrando en armonía con un tono determinado, un tono de salud óptima. Este tono puede distorsionarse por efecto de pensamientos, palabras u obras. Toda forma es vibración”, que puede remediarse. “La curación cambia la discordia en armonía transformando las semillas de desarmonía, su origen. En la tradición Tsalagi, la salud mental, la salud física y el orden social son expresión del adecuado equilibrio de las cosas. El pacificador debe comprender la vibración y ser consciente de que la vida es un ciclo, un proceso”. De forma complementaria (Jäger 1995): “por lo visto, nuestras vidas están altamente influenciadas por las frecuencias. Cuando dos personas mantienen un diálogo grato, las ondas de su corteza cerebral coinciden. En la física, esto se denomina armonización y resonancia. En la actualidad también se cree que las enfermedades son alteraciones de ritmo; los dolores y las enfermedades son originadas en gran medida porque nuestro cuerpo no es capaz de vibrar armónicamente en todos los puntos”. La medicina contemporánea está dedicando ingentes recursos en lo que se ha venido en denominar la “medicina regenerativa” presentado como “nuevo paradigma terapéutico”: se está estudiando las señales químicas que generan 100 billones de células del cuerpo con el fin de comprender cómo se repara el cuerpo a sí mismo, a partir de dichos campos de señales y de las células madre. El principio es a la vez innovador y antiquísimo: se trata de comprender la sabiduría de la naturaleza y utilizarla de forma creativa, como señalan los investigadores. En el campo de la investigación por la paz otros investigadores hacen paralelismos con la medicina, por todos (Rapoport 1989).
59Meditación. El término meditatio, evoca los conceptos de reflexión, consideración. Jäger, (1995), hace una aportaciones interesantes en relación a la “meditación”: “la palabra meditación se refiere aquí a la experiencia transpersonal sobrepasa la dualidad de lo que hay enfrente” (nuevamente emerge el concepto de dualidad). En sentido más amplio “por lo general intentamos solucionar nuestros problemas según el método del ver, juzgar y actuar, pero el camino de la meditación intentar transformar a la persona desde el interior. De la persona transformada surgen nuevas formas de comportamiento, valoraciones e intenciones o sea, el sí mismo es una especie de centro donde es posible experimentar la Realidad. Es un lugar donde la realidad bipolar puede ser vista como Uno”. Como vemos se hace referencia expresa a la transformación o metamorfosis, que será tratada más adelante. Jäger, para ilustrarlo, utiliza la imagen parabólica reproducida a continuación (ver concepto símbolo). Por su parte Ywahoo, en sentido análogo, destaca que “el primer paso consiste en cultivar un pensamiento y un habla positivos, llevando tu mente a un estado de estabilidad por medio de la contemplación de la respiración -de nuevo la dualidad- de la inspiración y la expiración a través de la meditación”. Le Breton, en sentido complementario, hace unas aportaciones interesantes en relación al dolor, que estimo conectan directamente con la meditación: “el dolor agudiza el sentimiento de soledad, fuerza al individuo a establecer una relación privilegiada con su pena. El hombre que sufre se retira en sí mismo y se aleja de los otros”.
60Oscuridad. En situaciones conflictivas individuos, organizaciones y países afirman sentirse desconcertados en un “espacio negro”, donde “no se ve nada claro”. Este espacio oscuro ofrece multitud de posibilidades de respuesta humana; el miedo, la rabia, la agresividad o violencia, la paralización, la ansiedad, la histeria, la aceptación de la oscuridad, la soledad, la pasividad, la pausa, la receptividad, la unión, el aglutinamiento, la cooperación, la serenidad, la creatividad, la generación de posibilidades, el surgimiento de líderes, la sensación de fracaso, la autoridad, la prudencia, la espera, la experiencia. En todo caso, la oscuridad, como aspecto polar, no es nunca eterna e indefinida. La clave está, pues, en cómo las personas, las organizaciones y las naciones viven y generan salidas a estas situaciones de oscuridad inevitables. La experiencia será única en todos pero tanto las personas, las organizaciones, como los países pueden dejarse guiar o conducir por personas, organizaciones o países que han pasado por semejantes estados de oscuridad y han encontrado en la cueva caminos de renovación insospechados. Lógicamente el primer peldaño pasa siempre por reconocer que uno se encuentra en un túnel oscuro y aceptarlo ¿Somos capaces de “no hacernos los héroes o los fuertes”, de acercarnos a los conflictos que nos bloquean con humildad? Creo que las transformaciones profundas son hoy un reto personal, comunitario y planetario que continuamente se nos presentan en formas cada vez más complejas; es un reto en el que quizás deberíamos estar dispuestos a “perder las formas”….
61Miedo. Vinyamata (1999) hace especial referencia a la trascendencia del miedo en la resolución de conflictos: el estudio de la trilogía interdinámica “necesidad, miedo, agresividad” aparece entonces como básica. El autor parte de la manifestación biológica dual consistente en la adrenalina y la endorfina generadas por el propio cuerpo para responder a determinados estímulos externos e internos. Ambas sustancias están íntimamente relacionadas con el miedo, el dolor, la enfermedad y el conflicto y no son más que una nueva manifestación polar gradual de una misma realidad bio-psico-socio-espiritual que se halla en permanente búsqueda del equilibrio en relación a estímulos internos y externos. El miedo que se produce en el marco del conflicto sirve como potente catalizador de determinadas dinámicas: es fundamental entonces conocer no cómo se elimina el miedo -antes de que pase a reacciones agresivas o violentas- sino cómo se disuelve, se reconduce y se transmuta. Existen miedos simbólicos primarios omnipresentes en nuestra vida: al fuego, al agua, a la división o a la multiplicación, a la enfermedad, al conflicto, a la anulación, a la muerte. Existen asimismo múltiples vías naturalmente espontáneas para integrar todo ello: buscar compañía, la acción, la actividad física, la organización, la creatividad, el humor, la palabra y el diálogo, el silencio. El mediador en conflictos debe estar permanentemente abierto a aprender del miedo y a acompañar a las personas y grupos humanos a canalizarlo adecuadamente.
62Muerte. Corresponde quizás a dejar de ser aquello que se creía que era y que, en realidad, no formaba parte de su esencia. Morir, destaca Jäger (en relación a la meditatio), significa “despedirse de ideas, convicciones y puntos de vista queridos”. Al igual que Lao Tse, este autor se sirve de la imagen del agua “¡sigue el curso del agua!”. En esta línea, “quien quiera nacer a una nueva forma de ser, tendrá que soportar ese doloroso proceso de muerte. Morir para vivir; la muerte va unida al dolor, al sufrimiento, a la enfermedad, a la depresión y a la desesperación. Por ese motivo, los ritos de iniciación solían ir acompañados de una muerte simbólica, de sufrimiento, miedo y peligro; el principio estructural de la creación es la transformación”. El conflicto trasmutado debe servir para incorporar lo que faltaba o desprenderse de lo que sobraba.
63Poder. Su conceptualización y su uso, es una de las columnas básicas en la resolución de conflictos. En algunos conflictos en los que hemos mediado se ha manifestado como uno de los núcleos del conflicto. Sirvan como ejemplos ilustrativos: en un conflicto en una gran organización con implantación internacional se debatió ampliamente sobre la forma y el contenido de ejercer el poder, y el control por parte del equipo directivo en relación a los demás subsistemas; el uso y la circulación de la información de carácter esencial; y la ausencia de movilidad de los líderes como manifestación polar; de experiencia consolidada o de rígido autoritarismo, según las diferentes visiones. Por su parte, unas religiosas de una orden contemplativa deciden abandonar su comunidad, entre otras cuestiones, a causa del ejercicio del poder que venían ejerciendo sus responsables, decidiendo constituir una nueva comunidad monástica independiente. A los pocos meses, solicitaron la intervención de mediadores al darse cuenta de los conflictos que emergían a causa del nuevo ejercicio de poder, y cómo aún sin intención estaban reproduciendo los esquemas que anteriormente habían denostado. En el ámbito de la familia, por ejemplo, se generó un amplio e intenso conflicto entre varios hermanos ante la progresiva degeneración vital de su madre anciana, revelándose los diferentes modelos educativos de las familias constituidas y la forma como manifestaban el poder y la capacidad de decisión en el seno de cada núcleo familiar derivado.
64Reforma.- Reformar, del latín reformare hace referencia a volver a formar, rehacer, volver a dar forma a partir de una forma original y, también, en otro sentido, a corregir, y de forma más concreta, “corregir la conducta de una persona, haciendo que abandone comportamientos o hábitos que se consideran censurables” (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española). El término reforma ha sido utilizado durante décadas y hasta la actualidad para hacer referencia a la aplicación de la fuerza legitimada (la Ley del Estado) en relación a delincuentes mayores y menores de edad: mediante la “re-forma” los delincuentes debían “rehacerse” para reentrar en el orden preestablecido.
65Símbolo. En relación al conflicto interno Jäger (1995) apunta que símbolo procede de symballein (juntar). Sirva de ilustración la vieja historia que recoge este autor : “En una aldea, hacía tiempo que no había llovido; como todos los rezos habían sido en balde recurrieron al gran Hombre de la Lluvia, que pidió una cabaña a la entrada de la aldea, así como agua y pan para cinco días. Al cuarto día llovió. La gente volvió jubilosa de sus campos y lugares de trabajo, y se fue ante la cabaña del Hombre de la Lluvia para festejarle y preguntarle por el secreto. Él les contestó: “Yo no puedo hacer que llueva”. “Pero, sin embargo llueve”, dijo la gente. El Hombre de la Lluvia les aclaró: “Cuando vine a vuestra aldea, vi el desorden exterior e interior. Fui a la cabaña y yo mismo me puse en orden. Cuando yo estuve en orden vosotros también os pusisteis en orden, y cuando ya estuvisteis en orden, también la naturaleza se puso en orden y, al ponerse en orden, llovió». El mediador o tercero en la resolución de los conflictos tiene ante sí la estructura simbólica para trabajar como instrumento al servicio de los participantes, que son, en última instancia, quienes podrán interpretarlo y dotarlo de contenido. Dicho instrumento, donde el mediador reintroduce sentido a partir de los puntos de referencia del individuo y de la comunidad, se constituye como un puente entre la materia visible y la materia invisible. Ver, en este sentido, además de las aportaciones de Le Breton en relación a la enfermedad, el dolor y el cuerpo humano y la extraordinaria aportación de (Jung 1984). En relación a la lectura simbólica de la eficacia (vid. Jullien, 1999).
66Analógicamente Le Breton señala con relación al dolor “aunque el umbral de sensibilidad es semejante para el conjunto de las sociedades humanas, el umbral dolorífero en el cual reacciona el individuo, y la actitud que este adopta a partir de entonces están esencialmente vinculados con la trama social y cultural -explicitando una investigación con relación al umbral de tolerancia al estímulo doloroso de sherpas nepalís y norteamericanos de clase media de viaje por el Nepal. Frente al dolor entran en juego tanto la concepción del mundo del individuo como sus valores y su itinerario personal. Georges Canguilhem agrega, siguiendo a Leriche, que el hombre elabora su dolor -igual que elabora una enfermedad o un duelo-, con mucha mayor frecuencia que lo recibe o padece. El enfermo no tiene una enfermedad, la hace -igual podríamos afirmar que el hombre y los grupos no tienen conflictos, los hacen-, entre el estímulo y lo percibido está la trama del individuo como singularidad personal e historia, pertenencia social y cultural”. 67El autor, siguiendo a Zborowski, pone de manifiesto la influencia de la cultura en la percepción y manifestación del dolor, analizando la tendencia a la expresión de la emotividad en tiempo presente, a la dramatización y la participación de la familia en el sufrimiento de los enfermos de origen italiano o judío de Europa del Este. La minimización del malestar, la tardanza y mesura en su expresión, la meticulosidad casi técnica en la descripción de lo que sienten, y la opción de la vivencia del dolor en solitario por parte de enfermos de “vieja cepa norteamericana” (identificados por Zborowski como pacientes de origen anglosajón, de confesión sobre todo protestante, y cuyos antepasados viven en Estados Unidos desde al menos hace tres generaciones), o pacientes irlandeses de confesión católica, con tintes específicos de preocupación, ansiedad y susceptibilidad en estos últimos. Nuevamente retornamos al paralelismo con el conflicto. Por esta misma razón, es inoportuno importar o exportar en bloque modelos de tratamiento o resolución de conflictos sin antes adaptarlos, no sólo a la realidad social y cultural donde se desarrolla, sino también, a los individuos o subsistemas que participan del conflicto concreto. Resulta evidente que no se elabora igual el conflicto en una estructura social mayoritaria de naturaleza individualista que en una de tendencia comunitaria, teniendo en cuenta que en las sociedades actuales cada vez más se encuentran ambas estructuras entrelazadas y se producen abundantes sistemas híbridos, causados por el origen o la posterior influencia cultural. Debe tenerse en cuenta que, además de los participantes o afectados por el conflicto, el interventor en conflictos o el mediador proyecta asimismo sus propias categorías simbólicas, culturales y morales sobre las que es preciso estar especialmente atentos.
68Sombra.- Jung elaboró el concepto de sombra al estudiar el subconsciente del individuo: afirmaba “… la sombra no es el total de la personalidad inconsciente. Representa cualidades y atributos desconocidos o poco conocidos del ego. En ocasiones también puede constar de factores colectivos que se entroncan fuera de la vida personal del individuo. Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra se da cuenta -y a veces se avergüenza-, de cualidades e impulsos que niega de sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas; la sombra no consiste sólo en omisiones, también se muestra con frecuencia en un acto impulsivo o impensado. Si la gente observa sus propias tendencias inconscientes en otras personas, se le llama a eso una proyección Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen también toda posibilidad de auténticas relaciones humanas” (Jung 1984). La mediación se constituye así en el espacio que puede llevar al “héroe” -persona, organización o país-, a enfrentarse con sus propias sombras en el marco de un conflicto manifiesto o latente, lo que le permitirá transformarse a partir de sus propias potencialidades vitales en un sistema más completo, más flexiblemente integrado. 69Igual que la enfermedad provoca alteraciones sensibles en la materia corporal y en la materia incorporal, y, por su parte, la medicación permite reencontrar un centro renovado en la materia corporal e incorporal, el conflicto provoca homólogas alteraciones -a menudo con apariencia simbólica- que pueden ser reconducidas a través de la vía de la mediación, asimismo en sus planos material e inmaterial. El mediador tan sólo acompaña en el proceso, pero su sola presencia permite modificar naturalmente las percepciones de las diferentes visiones entorno a la comunicación, su aproximación a los símbolos, las sombras, los recursos, las habilidades. La física contemporánea ha hecho grandes avances en relación a la influencia que ejerce un mero observador sobre la naturaleza, y ya no digamos las aportaciones de Werner Heisenberg en relación a la incertidumbre de los procesos y las dificultades de predeterminación de determinadas magnitudes. Si ello es así y viene en ser aceptado en la física pura ¿Cómo no nos lo vamos a plantear en las “ciencias” sociales y, en particular, en relación al conflicto?.
70Transformación. Este término procede de metamorphosis, que significa ir más allá de la forma. Todas las definiciones de metamorfosis resultan interesantes en este contexto; según el Diccionario de la Real Academia Española, la metamorfosis es la transformación de una cosa en otra; mudanza que hace una persona o cosa de un estado a otro; como de la avaricia a la liberalidad (en sentido figurado); cambio que experimentan muchos animales en su desarrollo y que se manifiesta no sólo en la variación de la forma, sino también en las funciones y en el género de vida. Llámese sencilla cuando el animal se mantiene constante, pero adquiere nuevos órganos, como las alas en los grillo, y se denomina complicada cuando la forma del animal al nacer no tiene ningún parecido con la de su estado adulto, como en las mariposas.
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* Esta investigación obtuvo el Primer Premio en el Concurso Premio X Aniversario (1993-2003) convocado por la Asociación Catalana para el Desarrollo de la Mediación y el Arbitraje. (vid: «http://www.acdma.org/premi.htm). Agradecemos a su autor la autorización para publicarla por primera vez.
1 En relación al “mito de la tabla rasa” ver la interesante aportación de Stephen Toulmin en su obra Cosmópolis, capítulo quinto.
2 Deutsch M. (1973) destacó que aunque naciones e individuos no siempre pueden hacer las mismas cosas (una nación puede declarar la guerra formalmente, un hombre no; un hombre puede hacer el amor, una nación, no) “las dinámicas del conflicto interpersonal, intergrupal e internacional parecen tener características similares y aparentemente descansan en procesos comunes”.
3 Ello no deja de tener conexión con uno de los órganos paradigmáticos del hombre: el cerebro genera impulsos y ondas electro-magnéticas de diversas longitudes e intensidades, como dos caras, correspondientes a los respectivos lóbulos cerebrales, de una misma moneda.
4 Una de las características que pueden percibirse de los procesos conflictivos planetarios en la actualidad es seguramente su potencialidad simbólica: desde conflictos estructurales como el hambre en Centroamérica, o la enfermedad y la sequía en África hasta los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono en Norteamérica, todos ellos colocan a gran parte de la población en la perspectiva simbólica del conflicto. Esta está llena de significado: las personas, los grupos e incluso las naciones pueden acceder a leer dichos procesos conflictivos con claves que van más allá de la realidad aparente. Un determinado subsistema se muere de hambre, otro está enfermo o seco (¡rígido y muerto!), otro recibe un ataque en su “corazón” financiero y en su “cabeza o mente” (servicios de inteligencia). Se puede vislumbrar más significado de lo que los acontecimientos aparentan, y aproximarse a la comprensión de cómo ello afecta al macrosistema en su conjunto.
5 Puede completarse esta aportación con el análisis dual en relación a la justicia y la mediación, así como dos de sus símbolos más paradigmáticos, la espada -relacionada con el fuego- y el agua (Palou 1999).
6 Vid. una aproximación conceptual a “la dualidad” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
7 En la misma línea, los Nativoamericanos, los Tsalagis o Cheroquis, explican como a partir del cero, el Uno se convirtió en diversidad (Ywahoo, 1990).
9 Según François Jullien (1999), “la guerra se concibe naturalmente en China como interacción y polaridad”.
11 Véase en este sentido, en el mundo de la gestión empresarial, La Danza del Cambio: los deafíos del cambio y estrategias para afrontarlo, de Peter Senge, Art Kleiner, Charlotte Roberts, Richards, Richard Ross, George Roth y Bryan Smith.
12 Como explican algunos traductores en sus introducciones al Libro de los Cambios -o las Mutaciones, (ver. Chai/Chai 1969), “el cuerpo original del Yi King está constituido por el famoso Pa Kua (Ocho Triagramas), consistentes en varias combinaciones de líneas rectas (hsiao) y dispuestas en círculo. Estas líneas conforman dos - de nuevo la dualidad dispuesta en círculo- formas primarias: una línea continua e indivisa denominada yang-hsiao, el símbolo del principio masculino o positivo, y una línea dividida denominada yin-hsiao, símbolo del principio negativo o femenino. Estos son los símbolos básicos utilizados por el Yi King, representando el origen dual de su constitución primaria”.
13 Incluso los objetos o manifestaciones aparentemente despreciables, ecológicamente transmutadas completan el círculo cíclico: como es ampliamente conocido, los desperdicios de grasa que como tal ensucian, convenientemente tratados pueden convertirse en un excelente jabón, que quita la suciedad; por su parte, los propios excrementos de los seres vivos, convenientemente tratados, pueden convertirse en un excelente abono. Incluso la vida diaria de los antiguos tenía integrada la dualidad en su vida cotidiana como movimientos dentro de una unidad cíclica.
14 Por su parte Deutch (1973) destaca que el conflicto no está confinado a procesos competitivos, poniendo de manifiesto que la controversia acerca de los medios de alcanzar un objetivo mutuamente deseado es algo que corresponde asimismo a la cooperación.
15 Se suele señalar que el output de estos procesos en muchas ocasiones es la solución de compromiso que, como señalan incluso los autores que centran sus esfuerzos en el acuerdo a partir del análisis de los intereses y necesidades que subyacen bajo las posiciones (Fisher y Ury, 1991, además del propio Burton). En el caso de que exista relación entre los disputantes dicha solución de compromiso puede desembocar en conflicto destructivo, si no se va a la raíz de la disputa o no se va más allá de la satisfacción parcial de necesidades. En este sentido, estimo que la clave no es siempre el conocimiento de las necesidades e intereses subyacentes y su máxima satisfacción, incluso en un proceso colaborativo: sin duda el primer paso es el conocimiento de las necesidades subyacentes, pero posteriormente debe producirse la oportunidad de un espacio crítico con el fin de discernir la importancia de dichas necesidades, su oportuna transmutación o en su caso redistribución de preferencias. No hay que olvidar que muchos de los conflictos que se producen en Occidente parten de la creación y ampliación del espectro de necesidades. Creo que este último enfoque debería constituir un tema central en la resolución de conflictos en Occidente, o entre Occidente y Oriente.
16 Vid. diferenciación conceptual entre “disputa y conflicto” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
17 Otros autores hablaran de “transformación de conflictos” en un sentido análogo: Bush y Folguer (1996), Lederach (1996) y Moore/McDonald (2000).
18 John Burton, en su estudio The Language of Conflict Resolution (1996), señala que cualquier cambio en el pensamiento requiere un nuevo lenguaje. En este mismo sentido Gergen, en su estudio Hacia un vocabulario para el diálogo transformador (2000), destaca que “teniendo en cuenta el carácter endémico del conflicto, la cuestión reside más bien en cómo proceder para que los antagonismos que siempre han de surgir no desemboquen en agresión, opresión o genocidio; para que en los hechos, no impliquen el final de todo significado”. La opción ante la nueva realidad unificada o la consecuencia terciaria dividida pendiente de reunificación conforma nuestro constante reto vital, y ahora, más que nunca, con trascendencia planeteria. En este marco debemos tener en cuenta los señalado por Anatol Rapoport en The origins of violence. Approachoces to the study of Conflict (1989): la clave no está en la existencia de armas de todo tipo (la materia es instrumental y está a nuestra disposición) sino en la “voluntad de hacer la guerra” (puede leerse destruir o matar, real o simbólicamente), señalando como el sendero más prometedor para la eliminación de la guerra la construcción de una infraestructura de paz, a través de todas las ramas del conocimiento humano. Le Breton (1999) pone analógicamente de manifiesto la misma premisa en relación al dolor y la enfermedad.
19 Vid. los conceptos de “horizontalidad y verticalidad” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
21 Ello conecta de alguna manera en relación a la comunicación con uno de los axiomas enunciados por Watzlawick (1971): las relaciones basadas en la diferencia, denominadas complementarias, y las relaciones basadas en la igualdad, denominadas simétricas. Esta es otra forma de descomponer la verticalidad y la horizontalidad. Ambos tipos de relación o comunicación pueden desarrollarse de forma constructiva o de forma destructiva, produciéndose un bloqueo relacional o una escalada simétrica, respectivamente. Watzlawich concluye que los dos tipos de orientaciones comunicacionales deben estar presentes en las relaciones sanas: “es posible y necesario, que los dos participantes se relacionen simétricamente en algunas áreas y de manera complementaria en otras”.
22 El conflicto destructivo, la lucha, la guerra, la angustia, la depresión, la violencia, las emociones negativas se producen por exceso o defecto, o exceso y defecto correlativo entre horizontalidad y verticalidad: por mucho que quiera y se lo proponga, el ser humano no puede permanecer de pie, despierto, en verticalidad de forma indefinida. Tarde o temprano debe entregarse a la horizontalidad de la noche, donde cambiará de “dinámica”, recobrará fuerzas para alzarse nuevamente. De la misma manera, el ser humano no puede permanecer echado, en horizontalidad de forma indefinida bajo riesgo de rigideces irreversibles. Tarde o temprano, debe alzarse en la verticalidad, donde cambiará nuevamente de “dinámica”, y tomando responsabilidad -en sentido estricto-, con la existencia acabar entregándose nuevamente a la horizontalidad nocturna. El círculo, en horizontalidad y verticalidad complementarias, debe mantenerse en una “dinámica equilibrada”.
23 En los estudios superiores de arquitectura se explican técnicamente las dos fuerzas presentes en una rueda de bicicleta y cómo sus aparentemente débiles radios soportan el peso de una persona: la combinación y transformación armónica de las fuerzas de tracción y compresión en relación con el centro y la superficie circular posibilitan la no-deformación de la estructura y su avance o retroceso cíclico.
25 Vid. Rubio y Soberon (1985/2001). En este mismo sentido ver (Jäger 1995), humildad, reconocer y aceptar.
26 Vid. el concepto de “efecto sistémico” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
27 Es interesante el paralelismo existente con el análisis antropológico del dolor que realiza Le Breton: “el dolor no es un hecho fisiológico, sino existencial. No es el cuerpo que sufre, sino el individuo entero. El cuerpo del hombre no se limita a los relieves dibujados por su organismo; más decisiva es la manera en que el hombre lo inviste, lo percibe, ya que encarna una estructura simbólica antes de configurar una biología. El significado que otorga el individuo sufriente a la prueba soportada es un criterio determinante de su relación con el dolor. El hombre reacciona menos al corte que lo ha herido, a la afección en sí, que al sentido que esta tiene para él” (Le Breton 1999). Creo que puede ser trasladado al conflicto; se dice analógicamente además que “parte” de la humanidad está enferma, siendo quizás el macrosistema en su conjunto que sufre por determinados desequilibrios subsistémicos.
29 Relativo a la comunicación el construccionismo social, como se sabe, sostiene que el lenguaje no es meramente representativo sino que construye la realidad social (Schnitman 2000). Creo que en este contexto enlaza perfectamente la importancia de la construcción de estructuras de educación para la paz, como señalan, entre otros, (Rapoport 1989), y análogamente (Le Breton 1999) en relación a estructuras de enseñanza a propósito del dolor y la adversidad. Del dia-logo puede generarse el sim-logo dinámico. El puro símbolo, con toda su energía potencial, contiene virtualidad constructiva o destructiva dependiendo de su polarización.
31 Vid. el concepto de “medicación” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
34 Ello es válido a todos los niveles: desde el individuo hasta sus relaciones cercanas, las pequeñas y grandes organizaciones humanas - tanto en sus relaciones internas como externas -, hasta los macro sistemas sociales, relaciones internacionales o relaciones macros-inter-sistémicas. Remedium (Diccionario latino-español) tiene relación tanto con remedio, medicación/medicina o solución /recurso.
35 Una simple experiencia personal ilustra de alguna manera estos dos modelos: en una conferencia de paz en la que participaba en el norte de la India, en medio de las sesiones intensas y con el fin de descansar se nos propuso a los asistentes participar en un juego: era el conocido juego, en versión india, de la rotura del ánfora: en efecto se colocó un ánfora a unos 50 metros, se tapaba los ojos al participante y éste debía romper el ánfora para obtener su contenido. Mientras esperaba mi turno en la cola, casi imperceptiblemente, mi mente occidental, entrenada durante décadas en la ciencia de la planificación, el análisis y la cuantificación, se puso rápidamente en movimiento y se puso a estudiar con detalle los itinerarios seguidos por mis predecesores, cuantificando en la medida de lo posible los pasos necesarios para llegar hasta el preciado objetivo. En el momento en que me taparon los ojos, siendo que se trataba de un juego que pretendía distensionar - y que yo ya había encerrado en el mundo de los números- pensé en cambiar de estrategia: dejé mi análisis y mis cálculos a un lado y me concentré única y exclusivamente en disfrutar del juego plenamente -el proceso. Hice unos pasos exageradamente teatrales, burlones, grotescos, reía mientras avanzaba, sin perder la orientación inicial dada pero disfrutando y riendo del ridículo itinerario que estaba dibujando. La gente de mi alrededor, una multitud de personas, gritaban, reían, trataban de orientarme, hasta que creí que ya había hecho suficiente el payaso y había logrado divertirme y divertir a mis colegas, y me dispuse casi sin fuerza, a mover el bastón, en el convencimiento que daría en el suelo. Mi sorpresa fue total al llegar a romper el ánfora que mis predecesores no habían alcanzado. Del interior del ánfora me fue entregada una rosa roja, que a su vez entregué a una bella mirada de mujer india ¡ de unos setenta años !. No se trata de ninguna moralina ni de ningún cuento. En pocos instantes puede experimentar los dos modelos nítidamente ilustrados por Jullien, al que, por cierto, todavía no había leído.
36 Vid. el concepto de “estrategia” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
41 Diríamos que en este caso a través de la acción heroica o el acto de fuerza sobre la polaridad de la situación, efectivamente se accede a un “momento nº 3”. Sí, deviene una consecuencia (una “re-forma”, una nueva forma aparente). Esta consecuencia sin embargo, constituye una situación de “nº 3-dividido”, pues no ha hecho otra cosa que inclinar la balanza hacia un polo utilizando la fuerza. No ha desaparecido, de hecho, en dicha consecuencia la realidad polar, entonces, tarde o temprano el otro polo vendrá a buscar su lugar y luchará por obtenerlo. Incluso las victorias que aparecen con más claridad son consideradas en un lapso relativamente corto de tiempo: si se observa todo el proceso en su conjunto veremos “que las cosas quieren volver a su sitio” (el lugar que perdieron), y no es extraño que un victoria basada en la polaridad presente nuevamente a la persona, grupo humano o nación una nueva situación, simbólicamente homóloga, para tratar el conflicto de forma diferente, como desarrollamos a continuación.
42 Vid. el concepto de “arquetipos de Jung” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
43 Vid. el concepto de “boomerang” en el glosario de este artículo, ubicado al final del mismo.
44 Jullien destaca la necesidad de aprender a “dejar que advenga el efecto” según la tradición china, como destaca Lao Tse a partir de la imagen de una vasija “que el efecto no sea forzado, que uno no quiera apropiárselo y que se evite saturarlo”: como señala Jullien. “Si lo demasiado lleno rebosa - o lo demasiado puntiagudo se quiebra - el exceso de efecto se vuelve en contra del efecto. El exceso de efecto mata el efecto. Sin que intervenga trasfondo moral o religioso alguno, el punto de vista es sólo el de la eficacia: en cuanto se lleva hasta el final, se anquilosa o se fuerza, el efecto traspasa el umbral de la tolerancia de lo real, deja de ser integrable y se deshace el fruto basta. El refuerzo del efecto debilita el efecto, puesto que la fuerza no es sino el anverso de la debilidad y la provoca por compensación: inclinándose del lado de la fuerza, el efecto se encuentra atrapado en esa tendencia fuerza-debilidad y a punto de bascular hacia cualquiera de los dos lados. En cuanto uno se atribuye el efecto, entra en una lógica de apropiación que sólo puede penalizarlo, puesto todo lo que uno “ocupa” está destinado a ser “abandonado” “. Es una ilustración clara de cómo la aparente victoria obtenida por la fuerza acaba convirtiéndose en efímera y fútil. No se trata, por tanto de apropiarse del efecto (el objeto, la forma, lo que se desea obtener), sino, más bien, vivir el proceso con cuidado de “no ocupar el efecto para que no nos deje”, o de manera totalmente alejada del heroísmo “que el efecto se derive y que uno mismo se retire, porque hay lugar para la transformación y se puede pasar de un estado a otro y progresar, por superación de una carencia -ya que el efecto se conquista de un no efecto- es por lo que puede ejercerse el efecto. Y tiene que decantarse de un modo gradual, como el agua “turbia” que al “inmobilizarse”, “se vuelve poco a poco límpida”; o, a la inversa, como lo que “estando en reposo”, “por una larga puesta en movimiento”, “cobra vida poco a poco”.
45 Ello se convierte en una lectura neutralmente instrumental del conflicto: una visión no agresiva o violenta del conflicto. Es conocido el enfoque de “solución de problemas” de la escuela de negociación de Harvard: “existe una alternativa: solución conjunta de problemas. No es ni suave ni dura sino una combinación de ambas. Es “suave con las personas, dura con el problema”. En vez de atacarse mutuamente, ataquen directamente al problema” (Ury 1993). Sigue existiendo una visión separadora, divisoria y violenta, ahora enfocada “contra” el problema. Se distrae la violencia contra la persona pero se sigue viendo al problema como el “enemigo” a batir, y no como el instrumento que permite la transformación en la raíz.
48 “La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida”. La mediación se constituye, así, en un espacio y un tiempo confidencial donde es posible acercarse a las sombras, en un terreno parcialmente seguro, parcialmente inseguro: “si, por el contrario, nos damos cuenta de la proyección, y podemos examinar las cuestiones sin miedo ni hostilidad, tratando con tacto a las demás personas, entonces hay la probabilidad de un entendimiento mutuo o, al menos, de una tregua”. (Jung, 1984). ¿Nos atreveremos a enfrontarnos a nuestras sombras, en nosotros, en nuestras empresas y organizaciones, en nuestra cultura, en nuestra raza, en nuestra religión, en nuestros valores, en nuestra ética y nuestra moral? ¿Somos capaces de reconocernos en nuestras proyecciones a todos los niveles?
50 En relación al dolor, Le Breton señala que “todo dolor, incluso el más modesto, induce a la metamorfosis, proyecta una dimensión inédita de la existencia, abre en el hombre una metafísica que trastoca su ordinaria relación con el prójimo y con el mundo” (Jullien 1999). Es por ello que los procesos de aproximación al dolor, a la enfermedad, al conflicto deben ser “simpáticos”, no “antipáticos” (en el sentido etimológico de los términos).
52 Vocablo chino traducido como “no-acción”. Una imagen que se me suscita para aproximarme a la diferencia entre actuar y “actuar no actuando” es la siguiente; la acción se correspondería con hacer avanzar un caballo tirando de las riendas; la no-acción, montándose en el caballo (montado sobre el proceso) y conducirlo con un imperceptible movimiento de las riendas. Más clara resulta la imagen de una planta, citada por Jullien, según Mencio, “no hay que tirar de los brotes para que crezcan más rápido (imagen de una acción directa), ni prescindir de escardar a su alrededor para ayudarla a prosperar (proporcionando un condicionamiento favorable)”. La imagen por excelencia de la conformación y de la wu wei nos la ofrece el agua: ver en este sentido el estudio previo realizado en relación al agua y la mediación (Palou 1999). Ueshiba destaca “si tu oponente te ataca con fuego, responde con agua, hazte totalmente móvil y de libre fluir. El agua, por su naturaleza nunca choca con nada ni se quiebra. Por el contrario, absorbe todo ataque y queda indemne” (Ueshiba 2000). Frente al evidente movimiento de un héroe del que se destacan sus dimensiones (altura, potencia, fuerza, etc), el paradigma de la transformación en las comunidades nativoamericanas es un renacuajo, el que de forma imperceptible, mezclado entre la tierra y el agua (el lodo), se transmuta en rana en el ciclo correspondiente (Standing Eagle 1999).
53 Uno de los principios básicos que comúnmente se derivan de la mediación es el de la neutralidad: mientras creo que es posible mantener la imparcialidad, de acuerdo con lo expuesto en el presente estudio, no creo posible la existencia de neutralidad en el mediador. En efecto, el mediador forma parte de alguna manera, ni que sea de forma indirecta, del proceso conflictivo en el que “participa” por voluntad de las partes. La neutralidad, en este contexto, la concibo más bien como energía neutra frente a los embates del conflicto o de las partes que, recordemos, están en situación de “guerra”, declarada o no, con sus “ejércitos formados” a los que debe darse conducción con estrategia. Identifico pues la no acción o wu wei con la energía neutra, de la que el mediador debe ser un maestro.
54 En los ejemplos ofrecidos anteriormente en relación a la transformación en la naturaleza, los excrementos, para convertirse en abono, deben entregarse a un proceso de tratamiento específico, y partiendo de su realidad deben desprenderse de la forma, y conformándose, adquieren una forma renovada que se convierte en ecológicamente útil. Si se me permite llevar el ejemplo al extremo, en la línea del mito del héroe, si los excrementos quieren vencer y seguir siendo excrementos sin perder ninguno de sus atributos actualizados conseguirán convertirse en una materia putrefacta no sólo inservible sino dañina en sus propios términos y para el resto del sistema ecológico natural. El arquetipo del rito de iniciación se hace fácilmente visible a través de la transformación de la crisálida.Inicio de página
Jordi Palou-Loverdos, « Mediación en conflictos: hacia un bumerán armónico », Polis [En línea], 14 | 2006, Publicado el 11 agosto 2012, consultado el 22 marzo 2017. URL : http://polis.revues.org/5204Inicio de página
Abogado español, mediador y consultor nacional e internacional en resolución de conflictos. Master en Mediación y Resolución de Conflictos, y Master y doctorando en Derecho Penal y Ciencias Penales de la Universidad Central de Barcelona. Profesor de la Universidad Ramón Llull, la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad de las Islas Baleares.Inicio de página

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