Source: https://historiaenlibertad.blogspot.com/2014/09/10-de-mayo-de-1931-la-quema-de-conventos.html?m=1&fbclid=IwAR0x6OP6txatoi5409Yzu6xC6bp6pfMhrPRwCyKaJGiU7C3gZIMKTOeHw8g
Timestamp: 2019-10-18 19:41:14+00:00

Document:
“Habían solicitado los de la Acción monárquica independiente permiso para celebrar una reunión en su local social, que se les ha concedido dentro de la ley. Nadie tenía noticia de que dicha reunión se celebraba y poco después del mediodía un grupo de jóvenes salió de dicho domicilio social, dando gritos de viva el Rey y muera la República. Los mecánicos de los taxis que estaban frente a dicho edificio gritaron viva la República, y fueron agredidos por los monárquicos. La gente se arremolinó y formó un grupo compacto, que en protesta airada quiso asaltar el edificio. Se cerraron las puertas y acudieron fuerzas de Seguridad. El grupo llegó a tener poco más de mil personas, y poco después el ministro de la Gobernación pasaba por el lugar del suceso y se enteraba de lo sucedido.
Apenas llegado al ministerio de la Gobernación dio las órdenes necesarias para lograr estas dos cosas: que el local fuera desalojado sin daño para las personas y que fueran detenidos los responsables del tumulto, que con sus gritos subversivos habían producido la excitación de los ciudadanos. Fueron desalojadas poco a poco las personas del local y conducidas algunas a la Dirección General de Seguridad en un camión de este Centro. A las cinco de la tarde el ministro de la Gobernación volvió al lugar del suceso y dirigió la palabra a la muchedumbre, rogándola que se retirase y que dejase a la Guardia Civil cumplir su cometido de conducir a los últimos detenidos a la Dirección General de Seguridad. La multitud permanecía estacionada en actitud hostil ante el edificio.
A las cinco y media se había disuelto sin más incidentes que haber quemado dos automóviles, propiedad uno de don Juan Ignacio Luca de Tena y otro cuyo propietario se ignora. A las tres y media de la tarde una manifestación numerosa se dirigió al periódico ABC, en son de protesta, acercándose a la puerta, llamando para que se les abriera y parece que intentaron quemarla, rociándola previamente con algún combustible. En ese momento, desde las ventanas altas del edificio se hicieron varios disparos contra la muchedumbre, resultando herido de un balazo el portero del número 68 de la calle de Serrano, y un muchacho de trece años. Fueron trasladados a la Policlínica de la calle de Tamayo, donde se les dio la asistencia facultativa necesaria. Al tener el ministro de la Gobernación noticia de los sucesos requirió al fiscal de la República para que a su vez requiriera del juez un mandamiento judicial para practicar un registro en ABC y en su caso para la clausura del local. Fuerzas de la Guardia Civil y comisarios de la Policía, con el oportuno mandamiento judicial, fueron a ABC y practicaron el registro que a primeras horas de la madrugada, hora en que el ministro dicta estas líneas, parece que no ha terminado; pero se han encontrado en efecto algunas armas.
En vista de esto el ministro, amparado por la orden del juez ha dispuesto que esta misma noche queden clausurados el periódico y la redacción y sea detenido don Juan Ignacio Luca de Tena, que según noticias que el ministro tiene quedará a disposición del director general de Seguridad en plazo brevísimo, dentro de esta misma noche, y dar comienzo al proceso para indagar las responsabilidades, no sólo por lo ocurrido hoy, sino también por la insistente campaña de provocación y alarma que ese periódico viene realizando”.
“A las dos y media de la tarde llegó a la Puerta del Sol una compañía del regimiento de León, con banda de música y cornetas, al mando de un teniente coronel, para proclamar el estado de guerra. La presencia de las tropas fue aclamada con entusiasmo por parte del numeroso público que presenció el acto.
El bando dice así: Artículo 1º. Quedarán sometidos a la jurisdicción de Guerra: Primero. Los delitos de rebelión, sedición y sus conexos y todos los demás que afecten al orden público. Segundo. Los delitos que se cometan contra la seguridad e integridad de la Patria. Tercero. Los delitos que se cometan contra la libertad de contratación y del trabajo, sea cualquiera la naturaleza de éste, y las coacciones que tiendan al mismo fin. Cuarto. Los que se realicen o tiendan a causar desperfectos en cualquier clase de vías de comunicación telegráfica y telefónica o dificultar la circulación de trenes, tranvías, vehículos de servicio público o de transporte de mercancías, así como los de incendio y daños. Quinto. Los de injuria, insulto o amenaza, de hecho o de palabra, a todo militar que desempeñe funciones propias del servicio, sea cualquiera la graduación de aquél. Sexto. Las personas que promuevan o asistan a reuniones o manifestaciones no autorizadas legalmente. Séptimo. Los que por medio de la imprenta, grabado u otro medio mecánico de publicidad exciten directa o indirectamente a cometer delitos comprendidos en este bando: los repartidores o vendedores de los ejemplares de publicaciones encaminadas a ese propósito y los que fijen pasquines dirigidos al mismo fin. Octavo. Los que tiendan a impedir el abastecimiento público de artículos de primera necesidad. Noveno. Los que maliciosamente causen daños en establecimientos comerciales o puestos de venta, considerándose como delito sea cualquiera su cuantía. Artículo 2º. Serán disueltos por la fuerza los grupos de más de tres personas que se formen en la vía pública si se resistieren a las intimaciones que previamente se les haga. Artículo 3º. Los funcionarios públicos o Corporaciones que no presten el inmediato auxilio que por mi autoridad o por mis subordinados sea reclamado para el restablecimiento del orden o para la ejecución de lo mandado en este bando serán suspendidos inmediatamente en su cargo, sin perjuicio de la correspondiente responsabilidad criminal, que les será exigida por la jurisdicción de Guerra. Artículo 4º. Aprehendidos “in fraganti” los reos de los delitos anteriormente señalados, podrán ser sometidos a juicio sumarísimo y dictada y ejecutada la sentencia con arreglo al Código de Justicia militar. Artículo 5º. Las autoridades civiles continuarán funcionando en todos los asuntos de sus atribuciones que no se relacionen con el orden público, limitándose, en cuanto a éste, a las facultades que mi autoridad les delegue. Artículo 6º. Para circular dentro del territorio declarado en estado de guerra fuera del casco de la población de Madrid, los conductores de automóviles, motocicletas y bicicletas necesitan ir provistos de una autorización especial que habrán de solicitar de la Dirección General de Seguridad. Madrid, 11 de mayo de 1931. Gonzalo Queipo de Llano Sierra.
El público dio vivas a España que contestó el jefe de la fuerza: a la República y al Ejército al servicio de ésta. La fuerza desfiló después por la calle de Alcalá en dirección al ministerio de la Guerra, seguida de numeroso público”.
Un incidente que acaba con el himno de Riego
A las dos y cuarto de la tarde, un teniente de Caballería del Cuerpo de Seguridad, que se encontraba en la Puerta del Sol, frente a la calle Arenal, con unos guardias a sus órdenes, hizo un movimiento rápido en el preciso instante en que un grupo de huelguistas hacía su entrada en la Puerta del Sol, subidos en un automóvil decorado que usaban los jesuitas para llevar las imágenes en las procesiones.
El impacto producido ante la opinión pública católica fue tremendo, porque el artículo 26, pese a las modificaciones conseguidas por Azaña, fue un ataque abierto contra la misma Iglesia. Así, Gil Robles denunció en las Cortes que la nueva Constitución era una “medida persecutoria” contra la Iglesia. Prevaleció una vez más el “sañudo anticlericalismo” de los inexpertos republicanos, cuando “la República tenía mil problemas mucho más graves y mucho más urgentes”.
Como podemos observar la historia es tozuda y se repite. Todo ello ocurría hace ahora unos 83 años, y sin embargo aparece como de una absoluta y rabiosa actualidad. Según Niceto Alcalá Zamora: “Se hizo una Constitución que invitaba a la guerra civil”. Y para Alejandro Lerroux: “La Iglesia no había recibido con hostilidad a la República. Su influencia en un país tradicionalmente católico era evidente. Provocarla a luchar apenas nacido el nuevo régimen era impolítico e injusto, por consiguiente, insensato”. Para Ortega y Gasset: “Esa tan certera Constitución ha sido mechada con unos cuantos cartuchos detonantes introducidos arbitrariamente en ella... El artículo donde la Constitución legisla sobre la Iglesia me parece de gran improcedencia, y es un ejemplo de aquellos cartuchos detonantes”.
El odio y la lucha desatada entre diputados, así como el dogmatismo y la intolerancia fueron muy parejos en las dos Españas. Católicos y laicos se enfrentaron con las mismas armas. Estas actitudes llegó a lo que ya se temía, el estrepitoso fracaso de la República, porque ésta quiso implantar unos ideales completamente contrarios a los que predominaban en la sociedad española. El enfrentamiento con la Iglesia hirió la sensibilidad de la mayoría de españoles y provocó la reacción airada de los católicos.
“Gaceta de Madrid” 21 de agosto de 1931.
“Solidaridad Obrera” nº 149.
Historia en Libertad en 0:53

References: Artículo 1
 Artículo 2
 Artículo 3
 Artículo 4
 Artículo 5
 Artículo 6
 artículo 26
e contrario