Source: https://digimag.es/review-con-caracteristicas-y-precio/
Timestamp: 2020-07-14 22:22:46+00:00

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Fue presentada hace un par de meses y, casi con toda seguridad, podemos decir que la Olympus OM-D E-M1 Mark III es el modelo profesional más compacto del mercado. Pero ¿se puede hacer un cuerpo PRO en un tamaño tan reducido? Nosotros la hemos probado (antes de la cuarentena, por si os lo estáis preguntando) y os lo contamos.
Lo cierto es que la pregunta tiene trampa, porque evidentemente no estamos hablando de una cámara nueva sino de la renovación de otro modelo que ya demostró que sí, que se puede. Sin embargo, el hecho de que Olympus decidiera desdoblar su oferta profesional añadía interés a este nuevo modelo.
Y es que, antes de nada, hay que recordar que esta cámara bien podría ser la “hermana pequeña” de la Olympus OM-D E-M1 X, modelo con el que comparte la parte más alta del catálogo de la casa, y cuyo diseño incluye la típica integración de la empuñadura que suelen lucir tradicionalmente los modelos de tipo profesional y la hacen notablemente más grande.
De esta manera, los fotógrafos profesionales que busquen un cuerpo generoso, al estilo tradicional, tienen este último modelo a su disposición, mientras que si se busca ligereza y movilidad, la marca sigue ofreciendo una cámara realmente pequeña pero con funciones igualmente profesionales (aunque un poco menos potente). Pero antes de meternos “en faena”, y como es habitual, daremos un repaso a sus principales características:
Especificaciones de la Olympus OM-D E-M1 Mark III
Estabilización y disparo de alta resolución
Calidad de imagen, detalle y niveles de ruido
Olympus OM-D EM-1 Mark III, la opinión de Xataka Foto
La nota de la Olympus OM-D E-M1 Mark III en Xataka Foto
Live MOS de 20,4 Mpíxeles
Sensor de movimiento de 5 dimensiones
121 puntos detección de fase forma de cruz/ 121 puntos AF por contraste
Aprox. 18 fps/ 60 fps en modo Pro Capture
23.601.000 puntos de resolución con aumento del 1,48x y cobertura del 100% aprox.
Doble ranura para tarjetas SD compatibles con UHS-II
Si nos fijamos en las especificaciones y las comparamos con el modelo al que sustituye, la Olympus OM-D E-M1 Mark II, nos daremos cuenta de que no hay grandes cambios. De hecho, lo primero que se suele tener en cuenta, el sensor, es el mismo (aunque tenga las lógicas mejoras que impone el paso del tiempo), lo que ya marca mucho.
Sí que es nuevo sin embargo el procesador llamado TruePic IX, y también se han incorporado algunas nuevas posibilidades que hereda directamente de la OM-D E-M1 X. A saber, lo más importante: el sistema AF de 121 puntos tipo cruz, ráfaga de 18 fotos por segundo y funciones como el Disparo de alta resolución y, tal y como lo ha anunciado la casa, “el mejor sistema de estabilización del mundo”.
Todo ello pretende mejorar un producto que ya de por sí era atractivo, y que no sólo puede presumir de ligereza, sino también de tecnología, aunque herede algunos inconvenientes achacables al sistema que utiliza y de los que hablaremos más adelante.
En los anteriores párrafos no hemos hablado de cambios externos, porque tampoco los hay, salvo por la incorporación de un joystick en la parte posterior, algo que viene apareciendo en los modelos de casi todas las marcas. Un cambio menor que ha obligado a mover algún botón más en la parte trasera, pero que resulta casi imperceptible si no nos fijamos mucho.
Por tanto, se mantiene un diseño muy similar al modelo anterior, e incluso al original, para seguir siendo, como venimos diciendo, seguramente la cámara profesional más ligera del mercado. Todo ello sin perder cualidades, ni en cuanto al acabado que es realmente bueno (como era de esperar, por cierto), ni por lo que respecta al agarre.
Se agarra de forma muy cómoda y segura con una sola mano, sin que en ningún momento dé sensación de que se nos pueda escapar de las manos
De hecho, cuando analizamos la anterior referencia ya destacamos un “agarre generoso que confiere seguridad a la hora de la toma” y ahora no podemos sino reafirmarnos en lo dicho. Su empuñadura no sólo está muy bien diseñada sino que es tan generosa que incluso permite acomodar el dedo meñique que normalmente siempre queda colgando.
Y sin embargo, esta generosidad no nos parece que repercuta en exceso para hacer que parezca una cámara grande (que tomen nota el resto de marcas). Muy al contrario, realmente la Olympus OM-D E-M1 Mark III resulta pequeña y ligera, y sobre todo se agarra de forma muy cómoda y segura con una sola mano, sin que en ningún momento dé sensación de que se nos pueda escapar de las manos.
Este buen agarre se complementa bien con la disposición de los botones que resulta bastante acertada y permite un (igualmente) cómodo manejo. Es cierto que si no tenemos experiencia con cámaras recientes de la marca (como en mi caso), al principio el control puede resultar complicado. Esto es debido a que este fabricante utiliza un sistema de control algo distinto a lo habitual en la mayoría de marcas.
Eso hace que al principio podamos sentirnos un poco perdidos, a lo que contribuye también un cuerpo cuyas dimensiones tan reducidas provocan que los botones estén muy juntos y nos podamos confundir si pretendemos manejar la cámara sin apartar la vista del visor.
A pesar de su reducido tamaño, hay sitio para muchos botones de acceso directo e incluso para una doble ranura para tarjetas de memoria
Por ejemplo, en nuestras pruebas, más de una vez activamos la grabación de vídeo queriendo apretar el botón de ISO. Sin embargo, enseguida se le coge “el tranquillo” y nos damos cuenta de que la disposición de botones está muy bien pensada. De hecho, la colocación de ese control en particular (el de la sensibilidad) es todo un acierto para manejarlo rápidamente en conjunción con la rueda de control delantera; aunque el punto de agarre para la correa (situado justo al lado) estorba un poco.
También hay que destacar las posibilidades de personalización de los controles y la abundancia de botones de acceso directo que se han logrado incluir, a pesar de ser un cuerpo realmente pequeño. Por lo demás, si decimos que externamente la cámara ha cambiado poco estamos reafirmando que se mantienen algunos detalles muy buenos que ya tenía la cámara, como un cuerpo de gran resistencia a los elementos y una doble ranura para tarjetas de memoria.
Pero también hay que decir que se mantienen otros detalles no tan buenos, como una pantalla trasera que sigue utilizando un sistema articulado que, aunque sólido, no nos parece el más cómodo. Hablando de esta pantalla hay que decir que la interfaz táctil que usa la cámara es bastante limitada. Por ejemplo se pueden pasar las fotos que ya hemos hecho con el dedo, pero no se pueden ampliar con el típico gesto de pinza. Incluso tampoco se puede usar (al menos no hemos sabido hacerlo) el dedo para elegir el punto AF cuando estamos mirando por el visor.
Tampoco se pueden visualizar los menús (que siguen siendo más bien poco intuitivos) a través del visor, y si estamos viendo las imágenes realizadas en la pantalla y nos asomamos al visor, la cámara nos quita la visualización. Dos cosas que resultan un poco incomprensibles, aunque seguramente son fácilmente solucionables a posteriori mediante una actualización de firmware.
Por cierto que para nuestra prueba dispusimos del objetivo M.Zuiko Digital ED 12-45mm F4 Pro. No es el 12-40mm F2.8 Pro que se vende en kit junto a la cámara, sino uno menos luminoso. Sin embargo, ambos tienen una cobertura y tamaño similar, y ambos casan muy bien con este cuerpo, resultando en una buena relación tamaño/peso del conjunto.
Si tenemos que destacar algunas de las funciones adicionales que ofrece la nueva cámara seguramente son estas dos, aunque ambas vengan heredadas de la OM-D E-M1 X y, en particular la primera, sea algo de lo que ha venido haciendo gala la marca desde hace ya bastantes años.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 12 mm, 1,5 seg ƒ22 e ISO 200
El estabilizador permite disparar a pulso a medio segundo sin problemas, incluso atreverse con tomas de dos segundos con resultados muy aparentes
El caso es que, por un lado, prometen un sistema que compensa hasta siete pasos y medio de estabilización (con determinados objetivos) y, por otro, un modo para conseguir fotos de 80/50 Mpíxeles (con/sin trípode). Y, claro está, teníamos que probar ambas opciones para ver qué tal resultado dan.
En el caso de la primera, realizamos varias tomas bajando paso a paso la velocidad y el resultado que obtuvimos fue que podemos disparar a pulso a 1/2 segundo sin problemas, y que incluso podríamos llegar a hacerlo a uno/dos segundos completos obteniendo un resultado muy decente si nuestro pulso es bueno.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm, 1/1.500 seg, ƒ5,6 e ISO 200, utilizando el modo de disparo en alta resolución a pulso
En cuanto al segundo, el disparo de alta resolución, teníamos bastante interés en ver su funcionamiento toda vez que precisamente la “escasa” resolución del sensor de esta cámara es una de las pegas que se le pueden poner a nivel profesional. La mecánica, como ya supondréis, se basa en aprovechar su avanzado sistema de estabilización para realizar la técnica del pixel shift o desplazamiento de píxeles.
Comparativa de la toma anterior (ampliada al 100%) realizada en alta resolución (izquierda) con la misma realizada en modo normal (derecha).
Lo bueno es que no necesita ningún tipo de intervención ni conocimientos por parte del usuario, ya que es algo que la cámara realiza sobre la marcha, de forma transparente. Además el resultado es una foto final de 80 o 50 Mpíxeles que se graba en la tarjeta de memoria tanto en formato JPG como en RAW.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 33 mm 1/45 seg ƒ8 e ISO 160 usando el modo de disparo en alta resolcuión.
Pues bien, lo cierto es que el resultado es muy bueno, como pudimos comprobar varias veces en las que realizamos una misma toma usando esta función (en nuestro caso sin trípode) y, a continuación, haciendo otra a resolución estándar para comparar los resultados. Por ejemplo las imágenes que podéis ver adjuntas, donde se aprecia un tamaño de ampliación mayor (por tener la imagen más píxeles) pero sobre todo se ve con bastante claridad que la imagen tomada a alta resolución tiene un mayor nivel de detalle.
Como ejemplo hemos utilizado dos tomas bastante distintas: una muy cercana, donde prima el detalle, y otra amplia, un paisaje urbano de la capital de España. En ambas se nota la mejoría, aunque quizá en el primer caso la mejora parece más evidente. De cualquier manera se trata de una función interesante que, valga la redundancia, funciona de forma eficaz.
Sin duda, se trata de otros dos aspectos importantes en una cámara que presuma de profesional, y por supuesto lo tenía que ser en ésta. Y eso que, por lo que toca al segundo aspecto, ya hemos adelantado que ahora existe un modelo (la Olympus OM-D E-M1 X) que precisamente está pensado para los fotógrafos de deportes o naturaleza, que demandan la mayor velocidad. Aún así, hay que decir que esta cámara da la talla más que de sobra.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/90 seg ƒ4 e ISO 800.
De hecho, es de las cámaras más rápidas a la hora de disparar que hemos probado. Una auténtica “metralleta inofensiva”, como solemos decir, cuya combinación de obturador-botón de disparo va tan suave que es muy, muy fácil hacer largas ráfagas de disparo sin darnos cuenta (ya no digamos si hemos activado el modo silencioso).
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 30 mm 1/500 seg ƒ5,6 e ISO 200.
Como sería la cosa que, a pesar de haber podido tener la cámara sólo una semana (poco tiempo para lo que es habitual) realizamos cerca de 2.500 fotos (por cierto, con solo dos cargas de la batería). Por eso, otro acierto de Olympus en este modelo es haber incluido el nuevo obturador de la OM-D E-M1 X que aguanta el doble de disparos que el anterior (alrededor de 400 mil).
Podemos realizar ráfagas infinitas en JPEG hasta agotar la tarjeta y más de 65 tomas si elegimos el formato RAW
Y eso que “solo” dispara a unos 18 fps, pero su procesador es capaz de realizar ráfagas infinitas de fotografías en JPEG (hasta agotar la tarjeta) y, según nuestras pruebas, aguanta más de 65 tomas (aproximadamente) si elegimos el modo RAW más JPEG de alta calidad. Eso sin echar mano de los modos Captura Pro, que aumentan los frames por segundo a base de guardar las fotos previas (desde que pulsamos el obturador a la mitad) al momento exacto del disparo.
Por tanto ninguna pega a la rapidez de disparo, cosa que no ocurre con el enfoque. No es que sea malo, ni mucho menos, pero al menos en nuestras pruebas nos dejó alguna que otra duda en uno de los aspectos que más se mira últimamente. De todos modos, en general su sistema de enfoque (heredado también de su “hermana mayor”) es muy rápido, preciso y prácticamente silencioso en la mayoría de situaciones;
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/90 seg ƒ5,6 e ISO 400
La mejor prueba son las fotos que veis arriba y abajo, extraídas de la ráfaga que os hemos puesto de ejemplo. De hecho son justo los dos primeros fotogramas de la serie y demuestran como la cámara enfocó al sujeto muy rápidamente de manera que sólo el primer frame aparece fuera de foco.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/90 seg ƒ5,6 e ISO 400.
Donde no se portó tan bien fue a la hora de probar el modo de reconocimiento de caras/ojos. De hecho, en las primeras pruebas nos pareció que esta función directamente no funcionaba, aunque posteriormente (tras indagar un poco en los menús), conseguimos que sí lo hiciera.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 42 mm 1/750 seg ƒ4 e ISO 200
Aún así, no terminó de parecernos todo lo bueno que debería, siendo errático y nervioso por momentos. Un ejemplo serían las fotos de arriba y abajo donde la cámara prefirió elegir a las personas del plano posterior en cuanto cambiamos un poco el encuadre, a pesar de seguir teniendo en primer plano un rostro con un tamaño mucho mayor y claramente predominante.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/500 seg ƒ5,6 e ISO 200.
Eso sí, hay que dejar claro que, como decíamos en el análisis de la Olympus OM-D E-M1X, las opciones disponibles pueden llegar a apabullar al usuario. Realmente uno no sabe si utilizar el clásico punto central para enfocar o decantarse por alguna de las 5, 9 o 25 áreas de puntos de enfoque, y los modos de enfoque requieren de muchas horas de estudio y práctica para sacarle el provecho.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/750 seg ƒ4 e ISO 200.
Esto es algo que nos pasa con cierta frecuencia con las cámaras que probamos (sobre todo si no disponemos del tiempo suficiente para ello), y está claro que en los modelos de tipo profesional aún es más patente. Eso sí, sería recomendable un manual de instrucciones mucho más claro y sencillo.
Para hablar de estas cuestiones, sin duda decisivas, hay que recordar que la cámara cuenta con el conocido sensor Live MOS de 20.4 Mpíxeles de resolución efectiva. Un captor con un comportamiento notable (como así ha demostrado en muchos modelos), pero que sin duda parece desfasado, sobre todo hablando de una cámara profesional.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 28 mm 1/8.000 seg ƒ4 e ISO 200.
Lo cierto es que para esta nueva generación de Olympus se esperaba un nuevo chip que diera un paso más allá en el estándar Micro Cuatro Tercios; tal vez no ese de 47 Mpíxeles de Sony que se anunció hace unos meses (y que quizá parece demasiado exagerado para el tamaño de captor de este estándar), pero sí algo intermedio, que mejorara algo en resolución pero, sobre todo, menos expuesto al ruido de imagen.
Recorte al 100% de la foto anterior para apreciar el nivel de detalle
En un mercado donde se apuesta por el full frame, empieza a parecer acuciante un paso adelante en el estándar Micro 4/3
Y es que, en un mercado en el que se está apostando por las cámaras de formato completo (incluso un socio fiel —hasta ahora— en el sistema Micro 4/3 como es Panasonic) empieza a parecer acuciante un paso adelante en este estándar. Sea como fuere, por lo que toca a la cámara que hemos probado, esto se materializa en una calidad de imagen prácticamente igual que la que entregaba el modelo anterior.
¿Es esto malo? En absoluto, porque la Olympus OM-D E-M1 Mark II ya ofrecía excelentes resultados, con un muy buen nivel de detalle en las fotos, un excelente contraste y gran reproducción de color. Claro que también implica que se mantengan los problemas del modelo anterior; a saber, rango dinámico limitado y ruido apreciable a niveles de sensibilidad relativamente bajos (a partir de 3.200 ISO).
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/60 seg ƒ4 e ISO 1.600
No se trata, por lo que venimos contando, de un problema que sólo sea achacable a éste modelo en concreto, pero sí es más grave por su orientación PRO. Cierto es que el nuevo procesador TruePic IX ayuda a mitigar un poco este problema, ya que permite un mejor acabado de las fotos en JPEG, pero si nos fijamos en las fotos en bruto vemos que el inconveniente sigue ahí, porque es una simple cuestión física difícilmente soslayable.
Comparativa del ruido de imagen en diferentes niveles de sensibilidad en distintas tomas ya acabadas en formato JPEG
Como ejemplo os remitimos las fotos que veis arriba y abajo donde os mostramos la comparativa de una misma toma en distintos niveles de sensibilidad ampliando las imágenes al 100%. Si nos fijamos en las fotos acabadas en JPEG (arriba), vemos que el ruido está bastante contenido, y aunque es apreciable la degradación de la imagen, el resultado es bastante aceptable. Sin embargo, con la comparación de fotos en RAW (abajo) se aprecia claramente el ruido a partir de 3.200 ISO.
Llegados a este punto, un posible comprador profesional debería preguntarse ¿No es suficiente la resolución y calidad que ofrece este sensor para lo que yo necesito? ¿Voy a necesitar disparar frecuentemente más allá de 3.200 ISO? Diríamos que entre el 75 y el 90% de los casos la respuesta va a ser negativa, pero la limitación ahí está, es importante y hay que conocerla.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 37 mm 1/180 seg ƒ4 e ISO 25.600
Llegamos al final del análisis esperando haberos proporcionado una idea clara de lo que ofrece esta cámara: Una muy buena construcción y un diseño que permite un agarre realmente excelente, de lo mejor del mercado; un manejo que resulta un poco complicado en principio pero luego convence. Funciones y prestaciones de categoría para dejarnos claro que estamos ante un modelo profesional. Y, por último, una excelente calidad de imagen y nivel de detalle que, eso sí, se ven ensombrecidos por el, ya habitual, problema de ruido con los sensores del sistema Micro 4/3.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 45 mm 1/180 seg ƒ4 e ISO 800
Todo ello por un precio de 1.799 euros sólo cuerpo, y 2.499 euros en el kit con el objetivo M.Zuiko Digital ED 12 40 mm F2.8 Pro. Ya dijimos que éste no es el objetivo usado para las pruebas, sino el más moderno M.Zuiko Digital ED 12 45mm F4 Pro. Una óptica similar en cuando a distancia focal pero menos luminosa (y, por tanto, más económica).
Aún así, si quisiéramos comprar el cuerpo y este objetivo por separado (ya que no se ofrecen en kit), el resultado es que apenas nos ahorraríamos cincuenta euros, por lo que no tendría sentido elegir esta opción en vez de decantarse por el mencionado kit con el ƒ2.8.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 17 mm 1/750 seg ƒ5,6 e ISO 200
Con un precio más económico, esta cámara podría ser perfecta para que actuales poseedores de réflex “dieran el salto”
En cualquier caso, para valorar el coste hay que comparar; primero con los 1.499 euros, que costaba su antecesora originalmente; segundo con los 2.999 euros que cuesta la Olympus OM-D E-M1 X. Es decir, cuesta casi la mitad que su hermana mayor, pero 300 euros más que el modelo anterior; una diferencia que, aunque hayan pasado cuatro años, nos parece un poco exagerada.
Y es que, una vez más, creemos que el precio de la cámara es demasiado elevado. Como siempre, no dudamos de que la cámara lo valga, pero nos parece que un precio más ajustado ayudaría mucho a hacer más popular este modelo entre fotógrafos menos profesionales.
Olympus OM-D EM-1 Mark III a 12 mm 1/2.000 seg ƒ5,6 e ISO 200
Por ejemplo, estamos seguros que muchos entusiastas, incluidos actuales poseedores de cámaras réflex que no estén muy convencidos de cambiar de sistema, quedarían encantados con ciertos aspectos de esta interesante cámara, como el estupendo agarre, y no tendrían muchos problemas con respecto a asumir sus puntos negativos.
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