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Timestamp: 2018-03-24 09:37:00+00:00

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CONSTITUCION WEB: Disertación de Betancourt en reunión de dirigentes políticos de Europa y America Latina, en pro de la solidaridad democrática internacional (1976)
Disertación de Betancourt en reunión de dirigentes políticos de Europa y America Latina, en pro de la solidaridad democrática internacional (1976)
DISERTACION ANTE UNA REUNIÓN DE DIRIGENTES POLÍTICOS DE EUROPA Y AMERICA LATINA, REALIZADA EN CARACAS EN PRO DE LA SOLIDARIDAD DEMOCRÁTICA INTERNACIONAL
“Un enfoque de la realidad económica, política y social de América Latina”
[23 de Mayo de 1976]
Compañeros asistentes a esta reunión de dirigentes políticos de Europa y América Latina en Pro de la Solidaridad Democrática Internacional:
Comenzaré por agradecerles la designación hecha por ustedes en mí, durante la sesión preparatoria celebrada en la noche de ayer, para presidir este evento. Declino en el pueblo de Venezuela y en el Partido Acción Democrática -auspiciador de tan importantísimo encuentro, junto con el compañero Willy Brandt, Presidente del Partido Socialista de Alemania Federal- el honor que se me ha discernido.
Me queda sólo ratificar las palabras de cálida bienvenida que acaba de dirigirles el compañero Gonzalo Barrios, Presidente del Congreso Nacional venezolano y del Partido Acción Democrática.
Es tan relevante la valía intelectual y la fuerza del liderazgo político de los aquí presentes -gentes de Europa y de América Latina- que me atrevería a glosar y repetir una frase del Presiden te John F. Kennedy. Reunió a cenar en la Casa Presidencial a todos los Premios Nobel de Estados Unidos. Y al ofrecer el convivio dijo que en esa noche se habían reunido tantos hombres de talento esclarecido en la Casa Blanca, como cuando cenaba solo Thomas Jefferson en su despacho presidencial.
Somos conscientes de no estar reunidos en un torneo oratorio. Se hablará en nuestras reuniones el lenguaje esclarecedor y sereno de quienes no solicitan aplausos de galerías, sino que buscan las coincidencias en acciones de gobierno y la de partidos políticos de ideología similar, europeos y latinoamericanos. Esta es una reunión orientada hacia el trabajo constructivo y desprovisto de afanes publicitarios.
La parte fundamental de la exposición que se me ha asignado, estará dirigida hacia un enfoque de la realidad económica, política y social de América Latina. Del estado de las relaciones de nuestra región latinoamericana con la Europa Occidental, gobernada por regímenes socialistas o de otro parecer; en todo caso, adscritos al sistema democrático pluralista, respetuoso de las libertades públicas y de los derechos humanos.
Por último, me permitiré formular algunas proposiciones para ser discutidas por la Comisión que habrá de redactar la Declaración pública que dará remate a esta reunión. Proposiciones hechas con humildad sincera y que si al final n o son aprobadas, ello no me causará desazón de ninguna clase.
PANORAMA ECONÓMICO DEL SUB-CONTINENTE AMERICANO Y PROCESO DE INTEGRACIÓN DE LA AMÉRICA LATINA
El ingreso per cápita del producto territorial bruto de los países del subcontinente americano, incluyendo no sólo a las naciones de raíces hispánicas, lusitana y francesa, sino también a las antiguas colonias británicas, es muy variable de un país a otro. El más alto es el de la Argentina: 1400 (dólares estadounidenses) con una población (números redondos) de 24 millones de habitantes; le sigue Venezuela, con 1.260 (dólares estadounidenses) con una población (menor en alrededor de la mitad de la de Argentina) de 11 millones de habitantes (números redondos). Dos de entre los más importantes y poblados países del subcontinente -Brasil y México- tienen cifras de habitantes mucho más altas e ingresos per cápita del producto territorial bruto más bajos que Argentina y Venezuela: Brasil: 100 millones de habitantes e ingreso per cápita 720 (dólares estadounidenses). México 56 millones de habitantes (números redondos) e ingreso per cápita 810 (dólares estadounidenses). El país más pobre de la región, escasamente favorecido por la naturaleza y que ha estado sometido a lo largo de su historia al dominio de dictaduras tan implacables en su modo de gobernar como saqueadores del erario público en su manejo administrativo es Haití. Tiene una población de apenas 4 millones de habitantes (números redondos) y un ingreso per cápita de 120 (dólares estadounidenses). Es de observar que a causa de sus apreciables recursos naturales, especialmente minerales y de cierta tradición de administración correcta de los dineros públicos, las excolonias inglesas incorporadas en fechas recientes al auto gobierno, tienen poblaciones en cantidad menor e ingresos per cápita más altos que un número relativamente importante de repúblicas establecidas desde 1830. He aquí algunas cifras que avalan el anterior aserto:
Los expertos del Fondo Monetario Internacional (en la publicación Direction of Trade, 1975) han hecho una evaluación razonable y equilibrada de la situación económica y fiscal del sub-continente latinoamericano y de los países caribeños de habla inglesa.
Población Participación per cápita del PTB
(habitantes) (dólares estadounidenses)
Guayana 770.000 400
Jamaica 2.000.000 800
Trinidad y Tobago 1.000.000 990
Señalan que en 1974 sufrió la región los efectos de la recesión iniciada en los países industrializados. En muchos países coincidió el alza de los precios de los bienes de capital importados y la baja en la cotización mundial de sus materias primas exportables. Estos factores determinaron deterioro de su situación económica interna y desataron la espiral inflacionista.
Agregan que no sólo el alza de los precios del petróleo -como pregonan algunos voceros de los gobiernos de países desarrollados- fue la causante de esos fenómenos económicos, fiscales y sociales desfavorables. Agregan que los nuevos precios del petróleo, fijados por la OPEP en 1973, no afectaron a Venezuela -el primer exportador de ese producto energético de América Latina y tercero en el mundo- ni tampoco a Bolivia, Ecuador y Trinidad yTobago, todos países con yacimientos petrolíferos que satisfacen sus necesidades internas. Argentina, Colombia y México, cuya producción de hidrocarburos casi cubre las necesidades de consumo nacionales, fueron menos afectados por la más que justificada decisión de la OPEP, integrada por países productores de petróleo, materia prima irrecuperable después de que se extrae del subsuelo, porque es una de las más características de las riquezas naturales no renovables. Los demás países sí fueron relativamente afectados por el alza en la cotización del petróleo en los mercados internacionales, porque son importadores netos de ese producto, incluyendo a Brasil, Chile, Jamaica y Uruguayo
El señalamiento de que sólo fueron “relativamente afectados” los países no petrolíferos con esas alzas de precios de los hidrocarburos derivó del hecho del mayor precio a que vendieron en 1974 sus materias primas exportables. Barbados, la República Dominicana y Guatemala, por ejemplo, se beneficiaron de la alta cotización del azúcar en el mercado mundial; y la misma República Dominicana junto con Haití y Jamaica, de los mejores precios a que vendieron la bauxita.
En 1976, empeoraron las condiciones del mercado para la mayoría de las naciones de la región en lo que se refiere a los principales productos exportables. Los términos del intercambio comercial con los países desarrollados han llegado a un nivel crítico para un número apreciable de países latinoamericanos. En palabras menos economicistas, subió en varios puntos más el nivel de pobreza en que vive, o sobrevive, inmersa la determinante mayoría de la población latinoamericana.
La relativa disminución de los precios del café ha acusado efectos muy negativos en varios países de la región, los cuales derivan el 20%, Y aún más, de las monedas fuertes que en ellos ingresan de la exportación de ese grano. La baja de las cotizaciones del cobre ha afectado de modo adverso a Perú y Chile. La disminución del precio de la lana y la declinación en el mundo de los precios de la carne, han significado una caída vertical de los ingresos en divisas sólidas a la Argentina y al Uruguayo Señalan los analistas comentados –y es verdad- que decisiones tomadas por la Europa de los 9, la del Mercado Común, son las principales causantes de esa situación tan desfavorable para los países latinoamericanos. Han prácticamente, o casi prácticamente, creado una especie de cordón infranqueable para las exportaciones hacia Europa Occidental de los países que integran la región latinoamericana.
Tarifas preferenciales protegen las exportaciones hacia una zona de fuerte poder adquisitivo de cuanto se produce en los países africanos o del Caribe, excolonias o no de los miembros de tan exclusivo Club, en contra del acceso de las materias primas, productos elaborados o semielaborados procedentes del sub-continente americano.
La Convención de Lomé concreto esa política comercial de Europa Occidental de especialísimo trato hacia los países africanos y caribeños y de discriminación de los de la zona latinoamericana Y va de anécdota.
En 1965 me encontré en una calle de cualquier capital europea a mi viejo amigo Pepin Bosch, uno de los codueños y Gerente del imperio del ron Bacardí. Me dijo que él ahora vive en Las Bahamas y muy satisfecho de que el gobierno de Fidel Castro hubiera confiscado las destilerías suyas en Cuba porque había instalado en Guadalupe o Martinica -no recuerdo bien- la mayor destilería de ron del mundo. Y prácticamente, había monopolizado el Mercado Común Europeo. No creo que todos nuestros amigos europeos beban exclusivamente té; que de vez en cuando en su Club o en algún Hotel van a tomar alguna bebida y todos ellos saben que ya ha desaparecido la palabra ron de las listas de licores. En esos sitios sólo se dice Bacardí.
De paso quiero agregar, con un sentido de autocrítica venezolana y no por puritanismo, que mucho me preocupa que por ese nuevo riquismo (sic) que hemos derivado de la afluencia de los petrodólares, seamos con relación a nuestra población los primeros importadores del mundo de whisky escocés y de champaña francesa).
COMERCIO EXPORTACIÓN-IMPORTACIÓN DE AMÉRICA LATINA
Estados Unidos de América, país continente que ocupa el primer puesto como exportador de bienes de capital y de inversiones en nuestras industrias, al propio tiempo que absorbe en el vasto mercado de consumo la mayor parte de nuestras exportaciones, forma el elemento decisivo en nuestro comercio internacional, junto con los bloques de naciones industrializadas: el Mercado Común Europeo, el Comecón y Japón. Son ellas las zonas donde más vendemos y más compramos. Ese comercio exportación-importación de América Latina es de importante cuantía dentro del marco de las relaciones económicas internacionales. En 1974 el total de exportaciones fue, en números redondos, unos 40 mil millones de dólares estadounidenses, de los cuales correspondió un 74% del total a las áreas desarrolladas de Occidente, o sea 29 mil millones de dólares estadounidenses. Partes muy reducidas de nuestras exportaciones van hacia la Unión Soviética y sus satélites del Este europeo. Fueron no más (1973) de 823 millones de US dólares, alcanzando apenas el 3,6% del total. En cuanto a las importaciones, fueron de 33.500 millones de dólares, en números redon¬dos, de los cuales el 78,3% del total correspondió a materias primas y productos elaborados procedentes de los países desarrollados de Occidente. Apenas nos vendieron los países bajo régimen totalitario comunista, en números redondos, 220 millones de US dólares, correspondiendo a un mediocre 0.9% de nuestras compras al exterior (Datos de la Dirección of Trade, del Fondo Monetario Internacional) .
Este intercambio comercial de apreciable magnitud entre América Latina, Estados Unidos de América, la Europa de los 9 y el Japón, se ha venido realizando bajo el signo de las reiteradas injusticias hacia América Latina. Ya he hecho referencia a los Acuerdos de Lomé del Mercado Común Europeo. En cuanto a Estados Unidos, sus Poderes Ejecutivo y Legislativo, toman decisiones unilaterales, sin consulta previa con los gobiernos de nuestra región, que afectan el nivel de ingresos latinoamericanos. En 1959, el Ejecutivo presidido por el señor Eisenhower emitió una proclamación mandataria favoreciendo prácticamente a Canadá, teóricamente a México y afectando seriamente a la economía y al fisco venezolanos. Fijó cuotas anuales rígidas para el ingreso a EE.UU. del petróleo extraído en mi país. En fecha más reciente (1974), el Congreso de Estados Unidos -no obstante las objeciones de la Casa Blanca- excluyó del beneficio de algunas ventajas arancelarias otorgadas a 120 naciones en proceso de desarrollo, a los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo), entre ellos a Venezuela y Ecuador. Su “delito”: pertenecer a la OPEP. Acaso privó en los Congresantes de Washington la idea de que el éxito alcanzado por este compacto de pueblos individualmente débiles para defender el precio de su materia prima básica, incitara a los países del Tercer Mundo a formar carteles de vendedores similares a la OPEP. El ejecutivo de EE.UU. ha objetado esa enmienda y se espera que termine su vigencia después de concluido el proceso electoral que se realiza en estos mismos días.
América Latina ha entendido el signo de los tiempos. La pasión latinoamericana de Simón Bolívar, el Libertador, fundador de países y el más esclarecido estadista nacido en nuestra región, ha encontrado resonancia actualizada. Ha comprendido nuestra región que el dilema es un imperativo categórico: o nos integramos en un solo bloque, o seguiremos siendo un archipiélago de enanas y dispersas repúblicas, con palabra inaudible por los grandes países industrializados. Era imprescindible que aumentáramos el comercio intrazonal; que afirmáramos los lazos culturales entre nuestros pueblos, tarea facilitada porque la mayoría de ellos tienen el idioma hispánico común y un trasfondo religioso judea-cristiano (con excepción, en lo que al habla se refiere, del portugués en Brasil y del francés en Haití) y de homogeneidad racial, mestizada, mezcla de blanco, indio y negro. Y que presentáramos, por último, un frente único codo a codo con los países del Tercer Mundo afro-asiáticos, para el diálogo sobre relaciones comerciales con los bloques de naciones industrializadas: Estados Unidos de América, el Mercado Común Europeo, el Comecon y Japón.
Para sintetizar el camino que ha venido recorriendo nuestra región en su proceso de integración, vaya utilizar un excelente ensayo titulado “Los Latinoamericanos entre sí; los latinoamericanos y U.S.A. “. Fue publicado en el Semanaio “Nueva Frontera” (abril 8-14, 1976) que dirige en Bogotá nuestro amigo el ex Presidente Carlos Lleras Restrepo -lamentablemente ausente de este evento y calzado con las iniciales L.C.G. (Tengo mis sospechas de que esas iniciales corresponden al propio ex Presidente Lleras Restrepo. Además de su activo trabajo político, es prolífico escritor. En su revista publica no sólo medulosos ensayos sobre cuestiones internas colombianas, sino sobre política internacional e inclusive comete travesuras literarias como la de insertar o traducir poemas eróticos de todas las lenguas: porque es políglota. Confieso que le siento cierta envidia cordial. Hablo el francés “un peu” y un “broken and Brooklyn english”. Recuerdo a un escritor de cuya lectura habrán disfrutado muchos de entre ustedes: el lusitano Fea de Queiroz, quien creó un personaje ágil mentalmente y dueño de un comunicativo buen humor: Fradique Méndez. En su epistolario se refería a una tía suya que no hablaba ni siquiera el portugués, sino el morriño, un dialecto de alguna de las regiones de su país. Se alimentaba sólo con huevos y recorrió el mundo y cada vez que llegaba a una nación distinta le decía al conserje del hotel, ahuecando previamente la falda y utilizando los dedos: “dos” y dice Fradique: “y siempre comió huevos y muy frescos”.
Esta falta de capacidad mía para expresarme en idiomas extranjeros se debe a que en mi infancia y adolescencia viví en la Venezuela del despotismo no ilustrado, sino embrutecedor, de Juan Vicente Gómez. Luego, durante mi primer exilio, estuve confinado a la zona del Caribe y América Latina y, posteriormente, ya adulto, he contado con la alcahuetería de mi esposa, la doctora Renée Hartmann y de mi hija, la doctora Virginia Betancourt, aquí presentes, ambas políglotas y quienes me han servido de intérpretes tanto en Estados Unidos de América, como en Europa.
VISTAZO AL DEVENIR DE LA HISTORIA DE AMÉRICA LATINA Y GRAVITACIÓN POLÍTICO-ECONÓMICA DE ESTADOS UNIDOS SOBRE LA REGIÓN
Ahora procuraré sintetizar el discurrir histórico latinoamericano. El primer señalamiento que debe hacerse es el de que después de la muerte de Bolívar, en 1830, las repúblicas recién nacidas cayeron en las manos imperiosas de los caudillos militares. En asocio con la oligarquía terrateniente, cobraban desde gobiernos autocráticos todos y dictatoriales algunos: “el precio de las conquistas de sus lanzas” en aplicación de la previsiva frase bolivariana.
Otra consideración de la mayor importancia es la de que América Latina ha vivido, desde que ganó la guerra de independencia contra España y por vía evolutiva se transformó en República el régimen monárquico brasilero, dentro del área de influencia geopolítica de los Estados Unidos de América. El águila norteña clavó sus garras sobre el más inmediato vecino del imperialismo estadounidense, México, en su etapa de expansión territorial. En 1848, durante la administración del Presidente Polk, le arrebató a México, lanzando contra ese país una invasión armada, los muchos millares de kilómetros cuadrados que hoy forman los Estados de California y Texas. En ambos Estados sobreviven aún descendientes de los antiguos mexicanos, los llamados chicanos, aferrados a su lengua y a sus tradiciones raigales, minoría racial que aún estos días que estamos viviendo son ciudadanos de segunda clase, azotados por la discriminación. (Y aquí vale la pena hacer recuento de una experiencia personal que mucho contribuyó, junto con un mayor conocimiento de la realidad socio-económica latinoamericana tan diferente de la europea, a que me curara en mi ya lejana juventud del sarampión marxista, que entonces se había adueñado del pensamiento político mío. En España, entonces República, se publicaron todos los textos de Marx y Engels, por una editorial que dirigía el Profesor Roces. Y en comentario escrito por los progenitores de esa doctrina, se saludaba con alborozo esa mutilación del ámbito geográfico y humano de México con una argu¬mentación mecanicista y absurda. Según Marx y Engels esa anexión bajo el signo de la piratería era un hecho clasificable de revolucionario. Significaba, de acuerdo con sus peregrinos argumentos, que se arrebataba a un país, entonces pobre y de economía agrario-pastoril, territorios que no estaban en capacidad de desarrollar, para que cayeran en manos de una nación en vías de rápida industrialización. Agregaban, que al arrimo de las maquinarias nacería una nueva clase: la proletaria. El capitalismo contribuiría así a partear a sus propios sepultureros. Esas apreciaciones analizadas por quien era un anti-imperialista a tiempo completo, y con la agresividad de los 23 años, contribuyeron a desmantelar mi fe en la fórmula marxista como orientadora única de cambios revolucionarios en las sociedades. En días muy recientes, leyendo periódicos y viendo televisión en Nueva York, fui testigo ocular de las derrotas avasalladoras que le inflingió en las elecciones primarias del Partido Republicano en ambos Estados el ultra-conservador Reagan al Presidente Ford, quien si de algo peca no es de poseer un ideario liberal. “Los sepultureros del capitalismo”, previstos por los dos creadores de la doctrina comunista, devinieron a lo largo de más de un siglo los hombres y mujeres más reaccionarios del arco-iris político estadounidense). Fue a propósito de una disputa entre Venezuela y Gran Bretaña, en la que mi país perdió extensa porción de su territorio en la zona del Esequibo a consecuencia de un laudo arbitral amañado, que el Secretario de Estado Olney proclamó en Washington (1895) la “soberanía de hecho” estadounidense sobre América Latina. En 1898, Estados Unidos erradicó a España del Caribe ocupando a Cuba y dejándola bajo su imperioso dominio mediante la llamada Enmienda Platt. En 1903, Teodoro Roosevelt, aplicando su doctrina del big stick (“El gran garrote”), se apropió de Panamá y colocó bajo tutela estadounidense, que aún pervive contra el querer de los panameños y del resto de los latinoamericanos, el canal inter-oceánico que ha hecho factible el tráfico entre el Atlántico y el Pacífico. La política imperialista seguida por Washington y por la multimillonaria maquinaria financiera e industrial de EE.UU., fue evolucionando en forma paulatina. Dejó atrás los métodos de conquista de territorios para substituidos por los de absorción de mercados consumidores y de inversión de capitales. Y relativamente abandonó las prácticas del big stick (“del gran garrote”). Y digo que “relativamente” porque a finales de los años 20 y en parte de los años 30, tropas del Tío Sam ocuparon militarmente, aduciendo diversas especiosas razones, a Haití, Nicaragua y Santo Domingo e intervinieron a cara descubierta en la política interna de México. En Santo Domingo y Nicaragua dejaron como herencia de su presencia armada no sólo la humillación sufrida por esos pueblos y por los otros de América Latina, solidarizados con ellos, sino también la rectoría de los gobiernos instalados cuando evacuaron esos territorios. Rafael Leonidas Trujillo, el dominicano y Anastasio Somoza, el nicaragüense, fueron formados en las tropas constabularias (la Guardia Nacional), entrenadas por el Ejército ocupante. Ambos fueron tiranos sin fronteras, saqueadores del erario público, dueños feudales del patrimonio privado y de la vida de sus desgobernados. Ambos salieron del escenario donde cometieron crímenes y exacciones por balazos que le dispararon patriotas tiranicidas. Ambos fueron también hombres de paja de quienes se sucedieron como inquilinos de la Casa Blanca durante sus prolongados bajalatos. Es conocida y muy repetida la frase del Presidente Franklin Delano Roosevelt -el mismo gobernante liberal y quien inició hacia América Latina la comprensiva política de “buena vecindad”- cuando vio, desde su silla de ruedas de inválido, descender por la escalerilla del avión, en un aeropuerto washingtoniano, al tirano Anastasio Somoza: “Este es un hijo de mala madre, pero es nuestro hijo de mala madre”. (This is a S. O.B., but he is our S.O.B).
En años recientes, el Presidente Truman tuvo una política comprensiva hacia América Latina. En la década del 50 fue funesto para la región latinoamericana el comportamiento del tandem Eisenhower-Foster Dulles. Dieron apoyo no disimulado a las dictaduras que azotaron a nuestros pueblos y llegaron al extremo escandaloso de otorgar la condecoración de la Orden del Mérito, la más alta que discierne EE.UU., a dos de los más despreciables de esos dictadores: Pérez Jiménez, en Venezuela, y Odria, en el Perú. En la “proclamación” del Presidente Eisenhower para aumentar la hojalatería de condecoraciones que colgaban sobre la guerrera de Pérez Jiménez, el mandatario estadounidense elogió al pequeño déspota por su “espíritu de cooperación y amistad con Estados Unidos”.
Y agregó sin rubor alguno: “Su política sana en materia política, económica y financiera ha facilitado la expansión de las inversiones extranjeras, contribuyendo así su administración al mayor bienestar del país y el mayor desarrollo de sus inmensos recursos naturales”. Las compañías transnacionales estadounidenses que operaban en ambos países repartieron entre sus accionistas, debido a la protección de hijas mimadas que les dispensaron los dictadores, fabulosos dividendos.
Esto explica y justifica en cierto modo el recibimiento bastante agresivo que se le hizo al entonces Vicepresidente Richard Nixon, cuando visitó América Latina. En su libro “Six Crisis” dice el señor Nixon que hablando conmigo en esa oportunidad, en Caracas, me dijo que viera lo que eran capaces de hacer los comunistas, pero no agregó mi respuesta: “Lo que pasa señor Vicepresidente, es que cuando los comunistas decían “Nixon no”, nosotros los adversadores confesos del comunismo, no podíamos decir “Nixon sí”. Advino en 1960 el gobierno del victimado Presidente, John F. Kennedy, hasta ahora el único gobernante estadounidense que ha demostrado militante simpatía hacia nuestra región y quien hizo esfuerzos positivos a través de su programa ''Alianza para el Progreso” orientados en el sentido de que América Latina saliera de la hondonada del sub-desarrollo económico, del atraso cultural y del bajo nivel de vida de la mayoría de su población. En 1965, el Presidente Jhonson, no obstante su conducta liberal en lo relativo a la administración interna de su país, fue impulsado por el Embajador suyo en Santo Domingo, cuyos mensajes de histérico alarmismo me dio a leer el Presidente después de haber ordenado la injustificable y repudiable acción de enviar fuerzas militares aerotransportadas a ocupar la República Dominicana. Este suceso, que mereció mayoritaria protesta a lo largo y ancho de nuestra región, convalidó de paso la frase de Trudeau, Primer Ministro del Canadá en la que se conjugan la veracidad y el buen humor. La frase es ésta: “Es muy peligroso dormir al lado de un elefante, aun cuando éste sea amigo: durante el sueño puede sufrir de una pesadilla y aplastarnos con una de sus patas”. El elefante, cuando los domadores son malhumorados o engreídos, tiene tendencia a dirigir hacia Europa y otras regiones del mundo ya no las patas, sino la trompa, dando ruidosos resoplidos de descontento, y aun de veladas amenazas. Ha hecho referencia a esos resoplidos en fecha muy reciente (New York Times, 15 de mayo, 1976) el profesor y sociólogo Norman Birnbaum, ciudadano de Estados Unidos. Refiriéndose a los esfuerzos de los gobiernos de Europa y, de modo especial, a los socialistas, para forjar una sociedad más justa, dice que los actuales gobernantes estadounidenses han visto esos esfuerzos con una combinada actitud de “provincial ceguedad y de arrogancia imperial. Esto es destructivamente cínico”. Agrega que el Premier francés Jacques Chirac -quien no es socialista sino giscardino- y el canciller socialista alemán, Helmut Schmidt, se han visto en la necesidad de hacerle recordar al Secretario de Estado, Henry Kissinger, que las naciones europeas son soberanas y que son ellas, ellas solas, quienes escogen a sus propios gobiernos.
También han intervenido los gobiernos estadounidenses para “desestabilizar” a regímenes latinoamericanos a los cuales fueron hostiles. El trabajo sucio lo hizo la C.LA. (Servicio de Inteligencia Americano). La Comisión Senatorial del Congreso de EE.UU., presidido por el honesto Senador Frank Church, editó y puso en circulación el resultado de esa requisitoria. Quedó evidenciado que los gobiernos de Jacobo Arbenz (1953) en Guatemala y de Salvador Allende (1974) en Chile, fueron derrocados con la activa cooperación de la C.LA. y de las Embajadas de EE.UU. en ciudad de Guatemala y en Santiago. Ambos gobernantes -especialmente Arbenz- no tenían dotes de hombres de Estado y cometieron en el ejercicio del Poder errores tan garrafales que le barrieron el camino a quienes los derrocaron. Pero eran Presidentes escogidos en libres votaciones. La ingerencia extranjera para precipitar su erradicación del mando y conducir al suicidio de Salvador Allende -cuya estatura humana, no admite comparación alguna con la pigmea de Jacobo Arbenz- son hechos merecedores de la más severa crítica.
Me interesa precisar que al hacer con tan desnuda franqueza el análisis del comportamiento de la super-potencia estadounidense hacia América Latina, no olvido las maneras de actuar, aun de naturaleza más brutal y desafiadora de la opinión democrática mundial, utilizadas por la Unión Soviética.
FRENTE AL TOTALITARISMO SOVIÉTICO, DE SUS SATÉLITES DEL ESTE EUROPEO Y DEL RÉGIMEN CASTRO-COMUNISTA
Los hombres y mujeres de Acción Democrática en las ya casi cuatro décadas que cantamos como organización política, jamás hemos cohonestado los atropellos del régimen soviético contra sus vecinos y satélites suyos del Este europeo, ni las violaciones a los derechos humanos cometidas dentro de su propio territorio por la otra superpotencia mundial: la llamada “Patria del Proletariado”. Siempre hemos elevado nuestra palabra condenatoria contra las operaciones punitivas desatadas por los tanques soviéticos y de los asociados de la U.R.S.S. en el marco del Pacto de Varsovia. Los episodios de salvaje agresión frente a los motines nacionalistas de Alemania Oriental, de Hungría y el más reciente de Checoeslovaquia, cuando quinientos mil hombres utilizando armamentos de los más modernos aplastaron la primavera de Praga, merecieron nuestro indignado repudio. La intervención de Breznev y de su fiel palafrenero Fidel Castro en Angola, los hemos condenado sin contemplaciones. Actitud similar han adoptado los otros Partidos democráticos latinoamericanos. No hemos procedido nunca como la gente de Occidente -comunistas, pro-comunistas, “tontos útiles” y los viejos verdes políticos radicalizados hacia la izquierda en la hora otoñal de su ciclo vital, que integran el Tribunal Russel- quienes tienen de la justicia un concepto muy peculiar. No es la simbolizada por los griegos en una estatua de mujer con los ojos vendados y una balanza en las manos. Más bien podría representarse por el general israelita Dayán, con un parche negro en el ojo izquierdo y utilizando el derecho para mirar y criticar sólo las actuaciones que ellos consideran como merecedoras de repudio de los gobiernos de Occidente.
La agresión de la China Continental de Mao a la India, que produjo tan íntima frustración en Nehru como para acelerar su deceso y conducir a su país, de confesa vocación pacifista, a procurarse la bomba atómica, los dejó inmutables. Como tampoco dicen una sola palabra de protesta contra las repercusiones en Rusia al Premio Nobel de la Paz, el científico disidente Sajarov, y de las condenas a largos años de prisión, en clínicas psiquiátricas y a trabajos forzados en campos de concentración, de figuras señeras de la inteligentzia rusa.
Los mayores desafueros cometidos por Estados totalitarios, siempre que ostenten en su mascarón de proa la enseña comunista, merecen el silencio y aun el aplauso masoquista de muchos de los llamados “intelectuales de izquierda” de Occidente, en todos los países y de todas las lenguas.
SUMARIO DEL PROCESO INTEGRACIONISTA LATINOAMERICANO
Evaluada así, en forma resumida, parte del devenir histórico contemporáneo de América Latina, me referiré también, de manera sucinta, a su proceso de integración económica.
Tiene prosapia secular ese proceso. Con su antevisión de estadista genial lo inició el Libertador Simón Bolívar, cuando hizo convocar en 1826 el Congreso Anfictiónico de Panamá. Hizo reunir, con una finalidad integracionista, a todos los representantes de Repúblicas, es decir, de democracias latinoamericanas. Las efímeras y poco efectivas deliberaciones de ese Congreso -iniciado en Panamá hace 150 años y concluido en México- se realizaron bajo la consigna de una frase bolivariana, que sigue siendo para nuestras nacionalidades mandato de obligatorio cumplimiento: “Sólo la unión de los pueblos latinos de América los hard grandes y respetables ante las demás naciones”. Contrariado el parecer de Bolívar, el entonces encargado de la Presidencia de la Gran Colombia -Venezuela, Ecuador y la Colombia de hoy, orgánicamente amalgamados- fueron invitados representantes de Washington. En el Congreso de Panamá participó Inglaterra, entonces aliada tácita del sub-continente en su oposición común a la Santa Alianza, que articulaba en el Viejo Continente el Canciller austríaco Metternich, para restablecer, o apuntalar en el mundo, el sistema monárquico de gobierno. (Y una digresión. En cumplimiento de ese propósito. Metternich vivía en contiguo desplazamiento, de país a país. Llegó a ser apodado, risueñamente, como el “cochero de Europa” aludiéndose al principal medio de transporte entonces utilizable. Personas que difieren de sus concepciones acerca de política internacional afirman que el actual timonel número uno de la diplomacia del Potomac ve en Metternich su arquetipo e inspirador, sólo que en su continuo desplazarse por los cinco continentes, ya no utiliza el obsoleto coche tirado por caballos, sino modernísimos aviones jeto Su estómago y su mente han devenido ecuménicos. El primero le falló en su reciente gira a África. La deglución de un plato nativo, elaborado con carne de cocodrilo y tapioca, lo confinó a un hospital durante 24 horas, adolorida víctima de una colitis).
El anhelo integracionista latinoamericano llegó a alcanzar, a lo largo del Siglo XIX y en lo que ya se ha vivido del Siglo XIX, la categoría de mito. No hubo hombres de gobierno que actualizaran lo que previó la mente lúcida, y proyectada hacia el futuro, de Simón Bolívar. Ideólogos y ensayistas sí predicaron ardorosamente la doctrina unionista. Fueron abanderados y voceros, en el altisonante lenguaje de su tiempo, de ese anhelo y necesidad subyacentes en la mente de los latinoamericanos. Escribieron mucho y largo acerca del tema, entre otros, José Enrique Rodó, Manuel Ugarte, José Ingenieros, Rufino Blanco Bombona, César Zumeta y José Vasconcelos. Este último en su hora estelar de madurez mental, seguida por una de senectud menguada, en la que claudicó de un ideario que le había otorgado el rango de ductor del pensamiento juvenil de nuestra generación latinoamericana. Aún los poetas cantaron, en las sonoras estrofas del modernismo, ese propósito unificador, Rubén Darío, el de mayor jerarquía literaria de su época, se preguntaba en su “Canto de Roosevelt” si en América Latina “tantos millones de hombres hablaremos inglés”; y dándole contenido religioso a su requisitoria lírica, propiciaba la aglutinación de la América “que aún cree en Jesucristo y reza en español”.
En la segunda mitad del Siglo XX comenzó a cuajar en realidades concretas el afán integracionista latinoamericano. Surgió en 1960 la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y a ella se vincularon 11 países. En Centro América, después de constituirse la ODECA -en 1951-la Organiza¬ción de los Estados de América Central integrada por Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Panamá, firmaron en 1960 un Tratado General de Integración Económica. Su finalidad: desarrollar económicamente toda el área, liberalizar el comercio entre los países-miembros y realizar gradualmente un mercado común”. Luego se suscribió en 1969 el Acuerdo de Cartagena, creador del Pacto Sub-Regional Andino, integrado inicialmente por Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Chile, y al que luego adhirió Venezuela. En abril de 1%9 se firmó en Brasilia el Tratado para articular la Asociación de la Cuenta del Plata. La forman Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguayo Los gobiernos caribeanos de habla inglesa están en camino de integrarse dentro de la Comunidad del Caribe, establecida en 1973. Ahora se están dando pasos más audaces, uno de ellos ya en pleno ejercicio de su utilísima función: el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y otro en acelerado proceso de formación: el SELA (Sistema Económico Latinoamericano). Funciona también, con finalidades de integración, la Asociación Latinoamericana de Institutos Financieros (ALIDE). Agrupa a más de 100 institutos públicos y privados de desarrollo latinoamericano. Tiene entre otros, como miembros adherentes, al BID y al Banco Mundial.
El Banco Interamericano de Desarrollo fue creado en 1960. Resultó de un acuerdo multilateral entre veinte países del hemisferio. Seis países más han ingresado como accionistas a ese organismo crediticio. Diez países europeos, además de Israel y de Japón, han colocado con fines inversionistas parte de sus excedentes de capitales en los activos de ese Banco. El año pasado, recibió el BID del actual gobierno venezolano, en calidad de fideicomiso y para préstamos reproductivos dentro de nuestra región, la apreciable cantidad de US$ 500 millones.
El SELA (Sistema Económico Latinoamericano) es de más reciente data y ha iniciado ya sus actividades. Lanzó la idea el Presidente mexicano Echeverría y le ha dado respaldo vigoroso el Presidente Pérez, de Venezuela, quien ha hecho de la integración regional uno de los objetivos fundamentales de su política exterior. El Acta Constitutiva del SELA (1975) definió las metas de esa organización “defender los precios de las materias primas; realizar proyectos de desarrollo económico; crear empresas multinacionales latinoamericanas, contrapartida de las transnacionales estadounidenses y europeas, promover la integración socioeconómica latinoamericana”. Hasta la fecha, forman parte del SELA 24 países incluidos todos los de América Latina y los caribeños, exceptuados Surinam, Guyana y Antillas Holandesas.
El proceso integracionista latinoamericano ha sido lento. Obstáculos -que bien conocen los europeos del Mercado Común, y otros suscitados en nuestra propia región- han determinado apenas el logro de la liberalización de tarifas arancelarias y de acuerdos en las áreas de la educación y la cultura. Sí ha crecido, en el transcurso de los últimos 15 años de esfuerzos integracionistas, el comecio intra-zonal. “Se calcula que el intercambio entre los países latinoamericanos ha crecido cerca del 80% en ese lapso. En el Grupo Andino la cifra supera -a precios constantes- el 110%”. Esta necesidad imperiosa de la integración latinoamericana la veníamos preconizando desde hace años muchos hombres públicos de filiación social-democrática. Resumen de lo que dije e hice durante mi segunda gestión presidencial en Venezuela (1959-1964) fue lo escrito en el libro mío “Hacia América Latina Democrática e integrada” (pág. 191):
“La integración económica latinoamericana no será resultado de un fiat ultraterreno. Será el remate de un proceso difícil de discusiones y acuerdos entre los personeros de los distintos países. Y aún después de lograda la integración y funcionamiento del Mercado Común Latinoamericano, los ajustes y debates intrarregionales continuarán. La experiencia de la Comunidad Económica Europea es aleccionadita en el sentido de que los acuerdos multinacionales para la producción y el intercambio son de lenta elaboración y de difícil mantenimiento.
América Latina tiene por delante un futuro tentador. Alcanzarlo es tarea que en lo fundamental corresponde a los latinoamericanos mismos. Y también en las formas de la promoción económica y de la asistencia técnica, a las naciones industriales. Pero sólo pesará su voz en el mundo y estará en condiciones de afirmar su puesto bajo el sol cuando reencuentre el camino de la acción unida y del esfuerzo concertado. El dilema es inexorable para América Latina: o se articula una acción coordinada de rodas las naciones que la integran, o marchará a la zaga de la Historia”.
Debo señalar, porque es ineludible responsabilidad el hacerlo, que los dirigentes políticos latinoamericanos reacios a aceptar la obediencia soviética y a oficiar en los altares de la demagogia, tenemos concepto diferenciado y propio de la función dentro del marco internacional de nuestra región, cuando esté integrada en un Mercado Común y en cabal ejercicio del régimen democrático. No avizoramos la posibilidad de antagonizar a los países industrializados. No estamos en el plan de atizar en nuestros pueblos rencores y resentimientos acumulados por las injusticias de que han sido víctimas. Procuramos el establecimiento de un nuevo orden económico internacional, más equitativo en la distribución mundial de los productos naturales y de los creados por la inteligencia del hombre. Vocero calificado de esa tesis ha sido el venezolano Dr. Manuel Pérez Guerrero, Ministro de Estado Asesor para Asuntos Económicos Internacionales en el Gabinete Ejecutivo del Presidente Pérez. En las reuniones de representantes de países industrializados y de países en proceso de desarrollo en París, bajo la designación de Conferencias Norte-Sur, así como en las reuniones de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) que en estos mismos días se efectúa en Nairobi, la posición oficial venezolana ha sido meridianamente clara. Queremos el diálogo constructivo: buscar lo que nos une y eludir lo que nos divide. Y no soy pesimista, acaso con algún ribete panglosiano, cuando confío en que se llegara, sin excesivos y perjudiciales retardos, a un acuerdo satisfactorio para ambas partes en el diálogo actualísimo entre países industrializados y países fundamentalmente exportadores de materias primas.
AMÉRICA LATINA: VASTO ESPACIO GEOGRÁFICO, VENERO DE RECURSOS NATURALES, VOLUMEN POBLACIONAL, EDUCACIÓN Y REFORMA AGRARIA
Intentaré presentar en sociedad a América Latina a nuestros amigos europeos. No es que esté cumpliendo los 15 años, fecha utilizada para realizar festejos que incorporan a las jovencitas a la vida mundana. Está próxima a cumplir nuestra región cinco siglos de existencia. Pero Europa nos ha ignorado olímpicamente y la verdad sea dicha que nosotros -los latinoamericanos- hemos hecho relativamente poco para hacernos conocer mejor. Reuniones como ésta que estamos realizando, prestigiada por la presencia de tantos hombres de tan calificada jerarquía intelectual y política, procedentes del Viejo Mundo, revela que para Europa hemos dejado de ser sólo una mancha coloreada en el Mapa-Mundi: una convulsionada parte del Universo estremecida por frecuentes terremotos políticos, y una fuente de exótico folklorismo, creadora de danzas que han adquirido dimensión mundial: el tango, la rumba y la samba.
Vastísimo es el espacio geográfico del sub-continente americano. Su masa de tierra, desde el Río Grande mexicano hasta el Estrecho de Magallanes chileno, duplica la extensión territorial de EE.UU. Sus recursos naturales explotados y potenciales son inmensos. Bienes extractivos como el petróleo, el hierro, el cobre, la bauxita y otros muchos. Vastas llanuras productoras de ganado y de lana. Tierras agrícolas de notable magnitud, donde se cosechan por toneladas frutos de las zonas tropicales y templadas. Han ingresado también algunas zonas de nuestra región en un proceso de industrialización, que las capacita para ser exportadoras de productos semi-manufacturados, o elaborados.
Sobre esta masa de tierra tan vasta habitan (1976) 326 millones de personas. La tasa de crecimiento poblacional inter-anual es del 2,8%. La proyección para el año 2000 es de 600 millones de habitantes. La población de EE.UU. (1976) es de 215,3 millones de habitantes; el crecimiento inter-anual es de 0,8% y la proyección para el años 2000 es de 262,5 millones de personas.
El promedio de expectativa de vida en los latinoamericanos es de 62,5 años (1970-1975) y la proyección para el inmediato futuro (1975-1980) es de 64,7 años. [1]
(Por cierto que en recientes días escuché en Nueva York de labios del Dr. Theodore Muller, la referencia, para mí desconocida, de que el más alto prome¬dio de longevidad humana en el mundo se registra en tres sitios: Georgia (Rusia), North Carolina (EE.UU) y Caracas (Venezuela). Esos tres lugares habitados tienen condiciones naturales similares. El Dr. Muller es un infatigable investigador científico y uno de los mejores cirujanos de enfermedades cancerosas de EE.UU. Nuestras conversaciones fueron entre viejos amigos y no hubo relación alguna médico-paciente. Esto lo dejo caer al desgaire para aguarle la fiesta a ciertos obstinados enemigos políticos míos. Acepto esa situación como gaje de mí ya prolongado quehacer de hombre público, sin rencor y más bien con irónica condescendencia. He luchado en el curso de más de cuatro décadas contra despotismos y autocracias. También contra inaceptables privilegios de los detentadores del poder y de la riqueza, en mi país y en nuestra América. En el transcurso de ese largo batallar por causas justas, he pisado muchos callos. Sería falta de realismo pensar que los afectados por esa consecuente manera de actuar me miraran con ojos benevolentes.
América Latina, como todas las demás áreas del mundo en proceso de desarrollo, sufre las consecuencias muy negativas de un crecimiento poblacional explosivo. México, Venezuela, Colombia y Ecuador se cuentan entre los de más alto porcentaje de nacimientos. Los avances realizados en la atención médica madre-niño ha hecho caer verticalmente el índice de la mortalidad infantil. Se cuentan por millones los menores de edad y los adolescentes que anualmente reclaman acceso a escuelas primarias, liceos, Universidades e institutos especializados en tecnología. También se cuentan por millones de los jóvenes que anualmente concurren al mercado de trabajo, en busca de ocupación remunerada para sus brazos de obreros y de campesinos; de sus destrezas como gradua¬dos en profesiones medias; y de sus conocimientos científicos los egresados de las Universidades, con título académico en las diversas ramas del saber humano.
Programas de planificación familiar están en ejecución en casi la totalidad de los países de América Latina. Actividad prioritaria de los gobiernos y de las sociedades, mancomunados, es la de profundizar al máximo posible esos programas. Sin apelar a los sistemas drásticos de la China Continental, posibles por la estructura totalitaria de su gobierno, debemos combinar y aplicar todos los métodos experimentados por la medicina social para frenar ese aumento tan violento de la población. Ya son cuatro mil millones los habitantes de nuestro planeta. Y América Latina llegaría a ser en el futuro una de las áreas del mundo con mayor población amontonada, y con razón frustrada, si a tiempo no ponemos un dique de contención a la torrentera desbordada del crecimiento demográfico.
En la región latinoamericana se ha producido, en forma muy aguda que justifica alarma y preocupación, un fenómeno presente en la totalidad de los países subdesarrollados, o en proceso de desarrollo. El del éxodo masivo de la periferia al centro, del campo a las ciudades, de verdaderas avalanchas humanas. Son los marginales, equivalentes allumpen-proletariado definido por Marx en el Siglo XIX. Escribí a este respecto, en un libro mío ya citado, titulado “Hacia América Latina Democrática e Integrada” (4a edición, 1%9, Taurus Ediciones, España, pág. 138): “En las capitales de la casi totalidad de los países latinoamericanos coexisten las lujosas urbanizaciones residenciales de las clases de altos ingresos con los muy poblados cinturones de miseria en las barriadas de extramuros. La tercera parte de la población de Río de Janeiro habita en las favelas, casas hechas de cartón y zinc. De cada 100 chilenos, catorce viven en las callampas, antros de pesadilla. Las villas proletarias de México, las ciudades tablitas de Caracas, las villas miseria bonaerenses, se repiten con nombres locales en Lima, en Montevideo, en Quito. Zonas que no reúnen las condiciones mínimas de habitabilidad, sin servicios de agua potable, sin alcantarillas, las más de ellas sin servicios adecuados de luz eléctrica y de transporte”. Algo se ha hecho en algunas ciudades muy pobladas de la región para enfrentar el problema de la marginalidad, pero no tanto como debiera hacerse ante la magnitud de ese reto a las sociedades y a los gobiernos.
El número tan caudaloso de niños y de jóvenes que reclaman educación en América Latina no alcanza a ser absorbido por los institutos docentes existentes, en los diversos niveles de la enseñanza. Sin embargo, bastante se ha hecho desde la década de los años 60 para aumentar las posibilidades de adquirir conocimientos generales, destrezas manuales y formación científica a las nuevas promociones latinoamericanas.
El índice de analfabetismo continúa siendo muy alto. No merece la pena cuantificarlo. Porque se ha apreciado un fenómeno común a la región y del cual un caso muy específico es el de Costa Rica, acaso el país de América Latina donde es mayor el número de personas, con relación a la población nacional, que han aprendido en la escuela primaria a leer y escribir. Se ha constatado en ese país, y la experiencia sirve para el resto de la región, que por falta de practicar la escritura y la lectura un porcentaje grande de esas personas ha recaído en el analfabetismo.
Ahora vaya dar algunas cifras, en números redondos, de las unidades educacionales y cantidad de personas que en ellas cursan estudios.
Número de establecimientos 360.000
Número de alumnos matriculados 46.000.000
Número de establecimientos 37.000
Número de alumnos matriculados 11.000.000
Número de establecimientos 909
Número de alumnos matriculados 1.600.000
“América en Cifras” 1972-1974 (Publicación de la Organización de Estados Americanos) UNESCO YEAR BOOK, 1973.
Faltaría por analizar la calidad de enseñanza que se dispensa en nuestra región. Esta cuestión de crucial interés tiene -como es bien conocido- dimensión universal. Pedagogos, sicólogos, investigadores sociales están en permanente búsqueda de caminos nuevos para transformar los sistemas educativos. Esta búsqueda afanosa es estimulada y financiada por todos los gobiernos, al margen de sus distintas filosofías políticas y de sus estructuras estatales diferentes. Se trata -nada más ni nada menos- que de forjar un tipo de hombre no sólo con la mente apertrechada de conocimientos asimilados, sino todo él conformado para asumir a plenitud la responsabilidad de vivir.
Desmantelar el latifundismo antihistórico y antieconómico -heredado de la Colonia y de los regímenes oligárquicos republicanos- es tarea emprendida por varios gobiernos latinoamericanos de nuestro tiempo. Pionero de esa empresa de redención social y del incremento de la producción agrícola, fue México, en la primera mitad del Siglo XX. Le han seguido, en días más recientes, Venezuela, Colombia, Perú y otros. La reforma agraria puesta en marcha por el gobierno autoelecto limeño, así como otras medidas sociales suyas, han merecido la vocinglería elogiosa de la ultraizquierda latinoamericana y de otras regiones, al llamado “modelo peruano”. Los hechos han contradicho sus ditirámbicas apreciaciones. El Presidente General Juan Velasco, promotor principal del motín exitoso, fue en tiempo reciente derrocado a su vez y substituido por el General Francisco Morales Bermúdez. Este ha liberalizado, en cierto modo, el régimen, pero no ha podido detener el deslizamiento hacia el fracaso de la gestión financiero-administrativa. El año pasado importó Perú el doble que lo que exportó, con un déficit en la balanza comercial de mil millones de dólares. El Banco Central y el Ministerio de Finanzas han prohibido la publicación de estadísticas. La prensa estatizada ha llegado a ser -según propias palabras del Presidente impuesto Morales Bermúdez- tediosa en su continuado elogio al régimen. La reforma agraria, formalmente la más radical realizada en América Latina, carece del apoyo del propio campesinado. Es que, sin mejora sensible de sus condiciones de existencia, ha visto substituir a los antiguos capataces de los hacendados privados por burócratas engreídos, civiles o militares, muchos de ellos sin capacidad para orientar los trabajos agrícolas o ganaderos y bastantes posesos del afán de hacer fortuna propia, con toda rapidez. Dejaré sin enfocar, por obvios motivos de tiempo disponible, otros temas de la realidad socio-económica de América Latina, y pasaré a darle sumaria revisión a tópicos de general interés.
CONTRA EL PECULADO Y LA MALVERSACIÓN POR GOBERNANTES DE DINERO DEL ERARIO PÚBLICO
En América Latina ha sido bochornosa herencia recibida de los virreyes y capitanes generales durante los siglos de coloniazgo español y portugués, la del enriquecimiento ilícito de funcionarios públicos. Este problema ha perdido en los últimos tiempos el carácter de calamidad confinada al ámbito latinoameri¬cano. Las compañías capitalistas multinacionales se han encargado de darle dimensión mundial a la maloliente y deshonrosa lacra de la venalidad de los servidores de los Estados.
Venezuela ha sido uno de los pueblos de nuestra región más azotados por la corrupción administrativa. Y ello a pesar de que su Libertador, Simón Bolívar, es de los ejemplos mundiales más obligantes de aséptico proceder del hombre público en el manejo de los dineros fiscales. Cuando inició la rebelión de independencia contra España, en 1810, poseía un patrimonio heredado de 4 millones de pesos, entonces moneda dura. Murió en 1830 en la costa atlántica colombiana, en casa y cama ajenas, en la mayor pobreza. Mientras gobernó, fue inexorable contra quienes se beneficiaron robando al patrimonio nacional. Incluso decretó que se les impusiera la pena de muerte, después de sumaria investigación.
Contra la tradición de siglo y medio de vida republicana venezolana, durante la cual fueron muy pocos los gobernantes que no se enriquecieron ilícitamente a la sombra propicia del Poder, insurgió agresivamente el Partido Acción Democrática cuando ascendió al gobierno durante el trienio 1945-1948. Creo un Tribunal de Responsabilidad Civil y Administrativa. Hizo enjuiciar ante él a quienes habían gobernado desde 1899 hasta esa fecha. Tuvieron los enjuiciados amplio derecho a la defensa. La Asamblea Nacional Constituyente, libremente elegida, escogió una comisión pluri-partidista, en la que la oposición fue adecuadamente representada, para que sirviera de instancia de alzada a las sentencias del Tribunal ya nombrado. Riquezas mal habidas, a costa del pueblo venezolano, fueron retornadas a la Hacienda Pública.
Fue a partir del 24 de noviembre de 1948 cuando se estableció una dictadura -más policíaca que militar- que duró una década. El dólar y la libra esterlina, que a torrentes habían caído en el país para explotar los yacimientos petrolíferos, fueron unos de los ingredientes principales en esa sucia marea de corrupción administrativa desatada sobre Venezuela.
Al ser derrocado el régimen dictatorial, por la acción unida del pueblo y de las Fuerzas Armadas, el 23 de enero de 1958, la Junta Cívico-militar que gobernó por decretos durante un año, confiscó los bienes de algunos de entre los más destacados capitostes del régimen erradicado. Después de realizarse unas elecciones libres en las cuales obtuvo el Partido Acción Democrática, y yo como su candidato presidencial, el 49% de los sufragios emitidos, “se puso de moda la honradez” para decirlo en palabras de José Martí, el libertador de Cuba.
Fueron acusados ante los Tribunales ordinarios numerosos reos de peculado. Y se logró, mediante un proceso judicial establecido en los Estados Unidos e invocándose un viejo tratado suscrito en 1922 entre ese país y Venezuela, la extradición del ex General Marcos Pérez Jiménez, el déspota con las manos maculadas con sangre de venezolanos que le hicieron valerosa resistencia y con millones de dólares robados a la Nación. Tenemos entendido que por primera vez se ha creado el precedente internacional de que un Ex Jefe de Estado, por repudiable que haya sido el origen de su mandato, fuera extraditado de un país donde disfrutaba del derecho de asilo, a causa de su comprobada apropiación ilícita de bienes pertenecientes a la nación que gobernó.
No nos contentamos con este proceder intra-fronteras. Procuramos darle dimensión mundial a la acción punitiva contra el peculado, el tráfico de influencia y el enriquecimiento ilícito por quienes cumplen funciones de gobierno. En 1959, en la Conferencia de la Unión Interparlamentaria mundial realizada en Varsovia, la delegación venezolana, presidida por el entonces diputado, compañero Gonzalo Barrios, presentó un proyecto encaminado a la “adopción de una actitud común y solidaria, conforme a la justicia y al derecho, para impedir que los dineros públicos de los cuales se han apropiado indebidamente en un Estado aquellos que han ejercido el Poder en forma abusiva, pueda ser empleado impunemente y gozar de garantía sobre el territorio de otro Estado”.
El tema fue debatido posteriormente en reuniones realizadas en Ginebra y en Tokio y, por último, quedó condensado en un proyecto aprobado en la reunión efectuada en Brasilia, en 1963. Allí, por mayoría de votos de parlamentarios asistentes, incluyendo los de las dos superpotencias mundiales: Estados Unidos de América y la Unión Soviética, fue aprobado un texto de resolución para ser presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas con respecto a la tácita complicidad de los países que den asilo en su territorio a ex mandatarios concusionarios y permitan que en ellos hagan inversiones reproductivas, o depósitos bancarios, con las fortunas amasadas en forma ilegal. Este es el momento adecuado para extraer de la gaveta, donde está expuesto a la acción destructiva de las trazas, el acuerdo suscrito en Brasilia. Y de ser presentado por gobiernos con solvencia moral a debate y posible aprobación en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Porque cuando se suscribió se tenía en mientes fundamentalmente a América Latina. En los días que estamos viviendo es un problema ecuménico. La compra de conciencias y de influencia política por la Lockheed Corp. -productora estadounidense de aviones- ha provocado investigaciones parlamentarias y de otros órdenes, de un personaje de la casa reinante de Holanda; de por lo me¬nos una de las tres más importantes figuras de la cúspide demócrata-cristiana italiana; y de un magnate multimillonario japonés, señalado como uno de los principales financiadores del partido de gobierno en ese país. Ya el Príncipe Bernardo neerlandés ha reconocido que -según han publicado agencias internacionales de noticias- previa aprobación de su gobierno, cohechó hace más de una década y con varios millones de dólares al gobernante argentino Juan Domingo Perón y con joyas muy valiosas, para realzar sus naturales encantos, a doña Evita Duarte.
GOBIERNOS DE FACTO EN AMÉRICA LATINA
Plaga que azota a nuestra región es la existencia de una mayoría de gobiernos de fuerza, nacidos de las balas y no de los votos. Ellos hacen padecer irrespetos en sus derechos humanos y su seguridad personal a millones de latinoamericanos: entorpecen el desarrollo económico-social, y obstaculizan el proceso integracionista y democrático.
Estos gobiernos, incubados en motines militares, niegan las substantivas y nobilísimas atribuciones que a las Fuerzas Armadas otorgan todas las Constituciones de nuestros países. La de ser garantes de la intangibilidad de las fronteras de tierra, aire y mar de sus Patrias, ante cualquier agresión extranjera; y la de sostener con las armas, que confiadas les entregaron las Repúblicas, la estabilidad de los gobiernos surgidos de comicios populares. Contraria a normas explícitas del sistema jurídico inter-americano (OEA), integrado a las Naciones Unidas, el uso de la fuerza armada para asaltar y detentar el Poder. La Carta Constitutiva de la Asociación de Estados Americanos establece como pre-requisito irrenunciable que sus gobiernos sean producto de libres elecciones; apliquen la democracia representativa y respeten los derechos humanos de sus gobernados. En la Conferencia de Bogotá (1948), donde se suscribió el Acta Constitucional de la OEA ciudad sacudida por la trágica conmoción política que causó el asesinato de líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, no fue discutido a fondo el tema del reconocimiento diplomático de los regímenes de facto por los gobiernos del hemisferio. Apenas se aprobó en la Resolución XXXVII la referencia tangencial de que era “deseable” la continuidad de las relaciones diplomática entre los países del hemisferio, y se remitió al Comité Jurídico Inter-Americano de Río de Janeiro un estudio a fondo del problema. Su dictamen fue categórico. Los gobiernos de facto solo podían aspirar al reconocimiento diplomá¬tico cuando fijarán fecha cierta para presidir nuevas elecciones y garantizarán mientras tanto a sus connacionales respeto a las libertades públicas y a sus derechos de hombres y de ciudadanos.
Fue irrespetada esta norma jurídica clarísima cuando la mayoría de los gobiernos del hemisferio aplicaron la llamada Doctrina Acheson -entonces Canciller estadounidense- del reconocimiento automático de gobiernos presididos por cualquier aventurero, o grupo de aventureros, que entraran por la ventana a las Casas de Gobierno y se perpetuaran en ellas.
Y fue a partir de 1959 cuando el gobierno por mí presidido -con apoyo en sólidas razones de moral política, y jurídicas del sistema interamericano- aplico una doctrina contrapuesta a la atribuida al Secretario de Estado Acheson. Fue la doctrina del no reconocimiento automático, la de la fractura total de vínculos diplomáticos, con cualquier clase de gobierno incubado de insurgentes armadas. El ejecutor de esa política fue quien ejercía el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores, doctor Marcos Falcón Briceño, amigo de mi mayor confianza y hasta ahora el único Canciller de Venezuela que ha desempeñado esa función administrativa de singular rango por ascensos sucesivos en su carrera diplomática. Esa misma línea de conducta en cuanto se refiere al comportamiento ante los gobiernos de facto en América Latina, fue continuada por quien me sucedió en la Presidencia de la República, compañero Raúl Leoni, fraternal amigo, ya extinto. Fue substituida por otra, desde 1970 hasta hoy.
Los Jefes de Estado del lapso 70-76 han procedido como han considerado más favorable para el país, dentro de las circunstancias prevalecientes en los últimos años. Y, además, en ejercicio cabal del artículo 190 (parágrafo 5°) de la Constitución Nacional. Este confiere al Jefe del Estado, como función privativa, la de “dirigir las relaciones exteriores de la República”.
Tres consideraciones cabe hacer en referencia a este importantísimo tema de los gobiernos de fuerza en América Latina. La primera, que son de frágiles y desmoronables estructuras, a pesar del aparente soporte recio de las bayonetas. En Honduras, Ecuador y Perú ha habido cambio de timoneles en recientes días, sin pena ni gloria. Es que sobre ese tipo de gobiernos gravita el repudio de la población civil, entrañable y tradicionalmente fiel a la devoción por la libertad: y estás expuestos, además, a las pugnas internas entre sus integrantes de charretera. Encarnan sus timoneles el símil del ciclista Dan con su humanidad en el pavimento, cuando dejan de pedalear la bicicleta. Y cabe agregar lo que fue experiencia evidente durante la década de los años 50, bajo un régimen en Venezuela que se auto-designaba como de las Fuerzas Armadas. La de que la institución castrense, ni la mayoría determinante de los hombres en uniforme, no obtuvieron beneficio de ese régimen, los usufructuarios de él fueron el dictador, un reducido grupo de sus incondicionales dentro de las Fuerzas Armadas y una vasta cauda de civiles corrompidos, bastante de entre ellos en posesión de títulos universitarios.
La segunda, por mí antes apuntada y en fecha reciente reiterada por el Presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez, que no siempre personeros de las Fuerzas Armadas asaltan el poder por ambiciones políticas personales o de grupo. Presidentes de Repúblicas ineptos, aún cuando de irreprochable origen comicial, y partidos de gobierno disgregados y corrompidos por la inmoralidad administrativa, abren el paso a la insurgencia armada. Podría señalar y no lo hago, por cierto tardío apego a la brevedad en mi exposición, nombre por nombre, a los Jefes de Estado latinoamericanos que autoapresuraron su derrocamiento. Porque ellos hicieron como la viejecita húngara ante la fogata en que quemaron al prelado contestatario Juan de Hús: echarle chamizas a la hoguera donde iban a ser consumidos políticamente. El más reciente y patético ejemplo de esa conducta negativa de gobernantes civiles, es el caso de la Presidenta argentina María Estela Martínez de Perón, derrocada, después de haber conducido a su país al borde de la guerra civil y de haberlo encallado en la falencia económica y fiscal. Fue todo ello producto de su flagrante incapacidad para gobernar y de la asesoría del ex-caporal de policía, quiromántico y astrólogo señor López Rega.
Y tercera, que en contradicción de cuanto pregonan los voceros de “odios estratégicos”, los Estados Unidos de América no siempre han propiciado el derrocamiento de gobiernos de legítimo origen. Por lo contrario, apoyaron en 1946 la tesis de la Cancillería uruguaya del Paralelismo entre la Democracia y la Paz, traba en contra de las dictaduras; y presentaron un anteproyecto de Resolución favorable a la democracia en la V Reunión Interamericana de Cancilleres, realizada en 1%1 en San José de Costa Rica, bajo la presidencia de otro ilustre ausente de esta reunión, el doctor Julio César Turbay, conductor liberal colombiano. En ambas oportunidades, la mayoría de los Estados latinoamericanos negaron esas proposiciones. Fueron apoyados enérgicamente, con argumentos y con votos, por las delegaciones venezolanas de gobiernos por mí presididos.
El presidente Kennedy llegó hasta a retirar por algún tiempo su representación diplomática en el Perú, después de ser depuesto por la fuerza el Presidente Prado, y anunció el retiro del personal de las Embajadas en Honduras y Santo Domingo, cuando los gobiernos legítimos allí establecidos fueron derrocados. [2] Los balazos de Dallas detuvieron ese caminar por una senda, jurídica y democráticamente justas, de la diplomacia estadounidense hacia América Latina.
Concluyo ya. Y antes de hacerlo formularé algunas proposiciones para ser debatidas en las Comisiones de Trabajo y en las reuniones plenarias que se realicen:
1° Que la Convención de Partidos Socialistas Europeos y de Partidos Latinoamericanos de orientación social-demócrata, reafirme su vocación de respeto al ejercicio de las libertades públicas; a la vigencia de los derechos humanos; a la elección de los gobiernos mediante el sistema de sufragio general universal y secreto; y de una mejor distribución de la riqueza de los pueblos, para elevar los ingresos y la calidad de vida de los sectores mayoritarios de las naciones.
2° Que los partidos de gobierno aquí representados y los que tienen legítimas aspiraciones de llegar a serlo, se comprometan a influir para que las discusiones en marcha entre los países industrializados y los que están en proceso de desarrollo, lleguen a acuerdos equitativos que echen las bases de un nuevo orden económico internacional. Y que luchen y trabajen sin pausas ni desánimos para contribuir a que la paz y la comprensión mutua prevalezcan entre las naciones del mundo.
3° Que los representantes de los partidos de gobierno de Europa y de América Latina expresen su decisión de auspiciar conjuntamente, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, una resolución que obligue a todos los Estados-miembros a conceder la extradición de personas que haya propiciado crímenes políticos, o cometido delitos de peculado o de malversación de fondos durante el ejercicio del Poder. También que puedan ser repatriados los bienes mal habidos por funcionarios públicos, depositados en entidades bancarias distintas de las de su propio país.
Estas acciones no podrían ser intentadas por los gobiernos de países perjudicados sino después de haber sido juzgados los reos por tribunales ordinarios y con ejercicio del derecho a la defensa.
4° La reunión envía un fraternal saludo a los Partidos Socialistas de Portugal, España y sus afines ideológicos, por la gallarda y valerosa tarea que han venido realizando, después de desaparecer de ambos países de la Península Ibérica dos ominosas y largas dictaduras.
Quiero referirme al singular papel que valerosa y lúcidamente han desempeñado en Portugal el compañero Mario Soares y su Partido Socialista, enfrentándose no sólo a las corrientes heredadas del conservatismo ultraderechista y dictatorial de Salazar y Gaetano, sino también a los comunistas de Alvaro Cunhal, un stalinista que no pretende presentar al comunismo con fisonomía humana, sino que francamente defiende y proclama los que son clásicos, antiguos y modernos, postulados del comunismo. Y al compañero Felipe González, quien junto con los distintos matices de los partidos socialistas españoles y de las fuerzas democráticas, han logrado que avance España hacia una transición, contra la opinión de los hombres del Bunker y de los miembros del movimiento falangista -quienes decían que no se iban a dejar borbonear por el Rey Juan Carlos-; y es el retrato suyo y no el de Franco, el que está ahora en las oficinas públicas; y otra serie de medidas que revelan como puede irse en España, mediante el esfuerzo de quienes han luchado por las libertades democráticas en la clandestinidad y en el exilio, a una Asamblea Constituyente de la cual derive un régimen de auténtica democracia pluralista.
Me permito pedir a la Asamblea que, puesta de pie, ovacione a los compañeros Mario Soares y Felipe González, (10 hace fervorosamente la Asamblea) como un homenaje a las obstinadas luchas, en la clandestinidad y en el exilio, de la gente democrática y socialista hispano-portuguesa.
FINAL Y SÍNTESIS
Termino reafirmando la profunda convicción de que este evento tiene contenido de excepcional trascendencia. Gracias a él, mejorarán sensiblemente las relaciones de toda clase entre Europa Occidental y América Latina. Muchos millones de hombres y de mujeres podrán luchar ahora en forma más coordinada por el advenimiento de un orden mundial económico y social más justo. Y en cuanto a América Latina se refiere, creo que no pasarán muchos años sin que recupere la región su fisonomía democrática. Es que fue acertada, e inserta en raíces históricas profundas, la Declaración de Chapultepec (México), suscrita por todos los Estados americanos el 6 de marzo de 1945, al afirmar en su artículo 12°: “El hombre americano no concibe vivir sin justicia. Tampoco concibe vivir sin libertad”.
[1] Estos datos han sido obtenidos de la Population Reftrenee Bureau Inc. de EE.UU. La información está basada en el documento de la Organización de Naciones Unidas titulado” Single Year Population Estimates and Projeetions Estimates jór Mayor Areas, Regions and Countries ofthe Wórld 350-2000”, y en el Wórking Paper N° 56, oct. 1975, División de Población. Naciones Unidas.
[2] En relación con la actitud del Presidente Kennedy cuando fueron derrocados los gobiernos de legítimo origen comicial de Honduras y Santo Domingo, puede utilizarse el testimonio válido de uno de los personales presentes en el momento en que el Presidente de Estados Unidos adoptó esa decisión. Me refiero al libro de John Bartlow Martin “Overtaken byevents” (Doubleday Company Inc. New York, 1966, p. 601).

References: resolución 
 Resolución 
 artículo 190
 Resolución 
 resolución 
 artículo 12