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Timestamp: 2018-01-21 20:31:33+00:00

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Segunda parte de la Junta previa celebrada el dia 29 de octubre de 1914 en la ciudad de Aguascalientes, en, Cronicas y debates de las sesiones de la Soberana Convencion Revolucionaria, recopilacion de Florencio Barrera Fuentes. Captura y diseño, Chantal Lopez y Omar Cortes para la Biblioteca Virtual Antorcha
Primera parte de la Junta previa celebrada el día 29 de octubre de 1914 en la ciudad de Aguascalientes
JUNTA PREVIA CELEBRADA EL DÍA 29 DE OCTUBRE DE 1914 EN LA CIUDAD DE AGUASCALIENTES
Empiezo por asentar el hecho de que aquí hay una Compañia Fundidora de Fierro que tenía un contrato por medio del cual se le concedia trabajar sin pagar contribución durante cuarenta o cincuenta años; no estaba obligada a pagar contribuciones, y debido a la energía del gobernador, y eso a pesar de las observaciones del Primer Jefe, las hizo ligeramente, y no hubo ningún conflicto con Inglaterra; e invito a los demás compañeros para que estimen los demás casos de esos contratos de la administración porfirista con las casas extranjeras, y vengan a ver la injusticia de ese artículo en contra de los intereses nacionales.
Para una aclaración referente al asunto de que acaba de hablar el compañero Berlanga.
Yo creo que es de justicia decir que dicho contrato oneroso sea anulado, en vista de que no se cumplió con determinados requisitos, cuando el contrato se relaciona con este gobierno. Ese contrato estuvo siendo respetado mientras el actual gobierno, por medio de abogados competentes, no encontró ese fallo, que era un requisito que faltaba y sin el cual no podía subsistir; no se anula en vista de lo oneroso, precisamente, aun cuando esa era la cuestión primordial, sino que se anula en vista de determinados requisitos que faltaron en la formación del contrato.
Tiene la palabra el ciudadano Ruiz.
Hemos oído a varios de los delegados que con argumentos brillantes y aplastantes han destrozado el artículo 1°, y destrozado después los artículos 3° y 4° del Plan de San Luis; como esos artículos eran los únicos que citaba el artículo 4° del Plan de Ayala, resulta que el artículo 4° del Plan de Ayala, no debe subsistir.
Destrozando, pues, los artículos 3° y 4°, y hablando tan sólo del artículo 4° del Plan de Ayala, en que se advierte que hace suyo el Plan de San Luis, no tiene razón de ser el artículo 4° del Plan de Ayala. Yo pido, por tanto, a la comisión del Ejército Libertador, que retire por completo el artículo 4°, y cesará la discusión y terminará nuestra sesión.
El Plan de San Luis, en el artículo 1° ... (Siseos)
Pueden seguir siseando; esos son los mejores aplausos para un hombre consciente ... (Voces: ¡Ah! ¡Ah! Aplausos)
El Plan de San Luis dice en el artículo 1° que se declarará nula la elección de presidente y vicepresidente; en el artículo 2° dice que se desconoce el gobierno del general Díaz y su autoridad, y en el artículo 3° dice ...
Estamos discutiendo el artículo 4°.
Sí señor; pero quiero llevar a usted una idea que quiero que le penetre, y para esto tengo que darle mis razones. Las voy a fundar, porque quiero que vean que es incoherente aprobar en estos momentos el artículo 3° del Plan de San Luis, cuando nosotros tenemos enfrente la Revolución que se iba a iniciar el 20 de noviembre de 1910; el artículo 3°, sencillamente, dice: Con el objeto y para evitar todos los desbordamientos que son ingénitos a todo movimiento revolucionario, se ponen hasta las otras leyes; eso es lo que dice. Ahora, es lo que digo: que, ¿estamos en la hora anterior de esa Revolución para dar leyes que vengan a fijarse cuando se haga esa Revolución? Tuvo, sí, razón de ser antes del 20 de noviembre; pero ahora no tiene absolutamente ninguna razón de ser. Se habla en la segunda parte del artículo 3° de la reforma agraria, y, señores, como ha dicho muy bien uno de los señores delegados, lo que ayer aprobamos está en pugna completamente con lo que aquí se asienta sobre la parte agraria en el artículo 3° Ahora ... Todavía no he acabado; un momento. (Aplausos y siseos)
El señor coronel Serratos hace hincapié en aquella parte donde se dice que se han de respetar todos los contratos porfiristas que se hicieron con los gobiernos extranjeros, y se espantó; dice: Si no aprobamos eso, van a venir las naciones que son poderosísimas, que tienen muchos cañones y muchos barcos ... (Aplausos)
Y tengo que decir y tengo que contestar al señor coronel Serratos esto: que, no obstante que esta ley estuvo desde el 20 de noviembre de 1910, y durante toda aquella revolución, hasta ahora, cuatro años después, no ha venido ninguna guerra con ninguna nación europea. (Aplausos)
Voy ahora a contestar la alusión personal del muy distinguido señor licenciado Soto y Gama. Dice que ese artículo me ha producido un galimatías (Risas). La verdad es que ...
Un momento; después hablará usted.
El C. Serratos:
No es que tenga yo miedo a los cañones, no, señor, ni a las pistolas; a lo que tengo más miedo es a que el señor Paniagua se vaya a quedar sin pan y sin agua si se viene esa guerra. (Aplausos)
Como esas palabras no son razones, no me tomo el trabajo ni siquiera de contestarlas.
Estoy contestando una alusión del distinguidísimo señor licenciado Soto y Gama, que ha dicho que, efectivamente, con sus lucubraciones de jurisconsulto, me produjo el galimatías; pero dispensarlo, porque hasta ahora no he sentado plaza ni de intelectual, ni de científico, ni es de llamar eso la atención, ni ha producido tal trastorno en mi cerebro. Lo que sí es de llamar la atención, señor licenciado Soto y Gama, es esto: que cuando vengan los señores representantes con intereses más altos, del socialismo, de ese socialismo que todo lo predica, es de llamar la atención que este socialista jurisconsulto esté en esta hora, en esta Convención Revolucionaria, convertido en un completo conservador; eso sí es de llamar la atención; pero esto tiene una razón muy clara. Decía un distinguido general que era porque era abogado; no, él ya no es picapleitos; no es por eso, ya lo confesó; es por una razón muy sencilla; no quiere que se ataquen los contratos.
El C. Ernesto Aguirre:
El señor orador se ha apartado del punto a discusión.
No, señor; estoy sosteniendo la cuestión de que se deben atacar los contratos, y creo, en mi humilde inteligencia, que hace muy bien el señor licenciado en sostenerse en esa posición; hay que defender el oficio, hay que recordar que es notario.
El C. Murrieta:
El C. Buelna:
Estos señores tienen que llevar allá, ante los revolucionarios del Sur, una prueba de que serán aceptadas ciertas condiciones que, como hemos visto, no llegan ni siquiera a lo que nosotros queremos, si no quieren más de lo que ellos piden. Estoy seguro de que quedarían más conformes dejándoles el artículo en cierta forma en que aparezca ya ante el señor Zapata que se acepta el artículo 4° en una forma tal, que él no puede decir nada, puesto que nos reservamos nuestro derecho de llevar nuestro radicalismo más allá de como lo piden el Plan de San Luis y el de Ayala, para dejar así conforme a la Revolución del Sur y dar una prueba también de nuestra conciencia. (Aplausos)
Muy respetuosamente me permito recordar a los señores delegados que creo que nosotros debemos discutir estos asuntos usando de razonamientos, y creo que debemos hacer a un lado todos los ataques personales usando argumentos, puesto que no vienen al caso esos ataques. Yo me permito suplicar muy afectuosameñte a mis compañeros, en bien de la Patria y de ellos mismos, que si alguno de ellos hace referencias personales, que las olvide por completo; esa es la mejor manera de castigar los insultos personales o los disparates personales que sean hechos; pero haciendo a un lado todo esto, me permito recordarles que se ha dicho antes que el tiempo es sangre, y esa sangre caerá sobre la cabeza de los que no sepan respetar en estos momentos la Patria y este lugar. (Aplausos)
El C. Díaz Soto y Gama:
Se ha apelado como arma de combate al artículo, y eso hace comprender que hacen falta las razones. Es muy serio lo que se quiere hacer y muy seria y muy grave la tesis que ha sentado el señor Castillo Tapia.
El señor Castillo Tapia me ha atacado por el lado que sabe es más sensible en mí, por el lado del socialismo, y quiere hacer creer que todos los sOcialistas somos unos locos, que estamos fuera de este mundo, de las condiciones internacionales, que queremos de un golpe, de un bote, llegar a la suprema perfección; para lo cual tuvo necesidad de remontarse a la inmensidad del tiempo, sacar de sus sepulcros a Sócrates y a Cristo, y hacernos unas lucubraciones rebosantes de vida, pero en el fondo carentes de razón. La hermosa argumentación del señor Castillo Tapia a mí mismo llegó a desconcertarme; pero no debemos deslumbrarnos por hermosas frases; debemos serenamente bajar a esta triste realidad, a este planeta plagado de imperfecciones, para estudiar serenamente lo que se nos propone, y no proponer arrojar el guante a las naciones civilizadas más fuertes que nosotros y desafiarlas para quedar más despreciables.
Estamos en los momentos precisos en que, para la salvación del país, se necesita más que nunca el aporte de capitales extranjeros. En los momentos mismos en que a nuestro país se le dejarán beneficios brillantes en los grandes negocios; en los momentos en que estamos frente a frente del gran problema de Patria que ha de hacer la felicidad de este país, como el cumplimiento hermoso y grande del problema agrario; en los momentos mismos en que estamos obligados a usar de sus riquezas y de sus tesoros, para hacer de este país, la América, lo que nunca hemos soñado; cuando el mal está para bajar con nosotros, quieren los señores, quiere mi compañero antiguo en la lucha nuestra de la tierra que se le diga a Europa: Nosotros los revolucionarios de México, somos más socialistas que los europeos; nosotros los revolucionarios de México, llevamos nuestra intemperancia hasta el grado de faltar a lo que todo el mundo cumple, el respeto a la fe jurada, a los intereses socialistas; si nosotros expedimos contratos, no tenemos honorabilidad; rompemos con los derechos de que investimos a las leyes. Somos socialistas, y se nos hace agua la boca con esa palabra, para que Europa mañana no tenga absolutamente confianza en nosotros, para que Europa nos diga: ¿Qué confianza, qué respeto se merece la Nación que con pretexto de la Revolución viola esos pactos y viola esos compromisos, muchos de ellos, quizá muchísimos, con injusticia, y muchos de ellos quizá perfectamente legítimos? ¿Quién va a hacer el juicio de que esos contratos son o no son leoninos, quién va a decir a Europa que ninguno de los contratos que se han hecho con casas extranjeras es considerado como legitimo? ¿Cree el señor Castillo Tapia que esta Convención viene a hacer labor política?; ¿lo cree el señor Castillo Tapia, cuando, en estos momentos, precisamente lo que hay que hacer es labor patriótica por el temor de una intervención extranjera?; ¿cree el señor Castillo Tapia que somos tan ilógicos que lo vamos a hacer así, sin pensar que tenemos delante un programa? Eso es renegar del sentido común, renegar del momento histórico y olvidarse enteramente de que en este mundo estamos acompañados por las entidades más fuertes de la tierra, y ante cuyp apoyo, ¿qué necesitamos? Invito al señor Castillo Tapia a que no sugestione a la Asamblea con hermosas frases, a que no haga hermosa profesión de elocuencia a costa de nosotros, que venimos con tanta buena fe, y a que diga con menos verbosidad lo que se le pide, que son más razones. (Aplausos)
Voy a precisar un hecho. Ya que se trató del petróleo como una fuente de riqueza, que seguramente es la más importante y con la que vamos a contar en lo sucesivo, hay un contrato que nosotros vamos a deshacer. Quiero que tengamos el derecho de revisarlo, porque es anticonstitucional, sobre todo; el hecho es el de la casa Pearson, que tiene derecho de extraer su petróleo sin pagar derechos de exportación, y que cuenta con dos oleoductos hasta fuera de la barra de Tuxpan y otro hasta Tampico; pues no sólo a esto se ha reducido esto que es tan benéfico en los contratos, sino que muchos de los dueños de petróleo, en lugar de pagar derechos de exportación al Gobierno mexicano, sacan su petróleo por los oleoductos de la Huasteca. Naturalmente que no va a llegar esa fuente de riqueza a hacer que reconsideremos esos contratos: si se encuentra que son anticonstitucionales, nulificándolos no perderíamos nosotros nada con las naciones extranjeras, ni nadie se creería con derecho a venir a reclamar algo que es justo, que es contra la Constitución; no se seguirá eso, porque no tendrán legitimidad los que tienen monopolio ...
Me permito llamar la atención de ustedes sobre que ...
Estaba en el uso de la palabra, y se me interrumpió por la interpelación del señor Gutiérrez de Lara. Voy a ser muy breve.
Mi observación es ésta: yo, por mi parte, y supongo que esa será la opinión de todos mis compañeros, no tenemos empeño decidido en hacer triunfar el artículo; tampoco tenemos empeño -yo, por mi parte- en dejar subsistente el precepto del contra. Lo que quiero que se diga es que en todos casos serán respetados. Mi único objeto, al tomar la palabra, es este: que no quede sembrado en el ánimo de esta Asamblea, que lo que estamos haciendo, entre otras cosas, es sentar el principio de que porque somos revolucionarios tenemos derecho a romper, a despedazar toda clase de contratos con naciones extranjeras, sin examinar sólidamente si son justos o injustos. Las observaciones en contra de este contrato, ¿las admitimos? Lo que quiero es que no quede sembrada en la Asamblea esa idea, que puede dar muchas dificultades.
Como temperamento tropical completamente arrebatado, yo quiero poner en guardia a la Asamblea en este momento; yo no tengo interés en sostener ese artículo. Mis compañeros de comisión lo dirán.
El C. Castillo Tapia:
La Mesa ha concedido la palabra al ciudadano Castillo Tapia.
¿Ninguo de los dos toma la palabra? Yo la tomo.
Dice el general Buelna que estoy haciendo perder el tiempo; que él nos ilumine, y sea la pitonisa que nos venga a decir cuál es la solución.
Yo no voy a iluminar; sencillamente voy a proponer a la Asamblea y a la comisión que seamos un poco razonables en este punto.
Por eso pedí la palabra y por eso la tenía.
Voy a decir a la comisión zapatista que reforme su artículo, a fin de que allá los revolucionarios del Sur no queden mal y siempre lleven aprobado algo con respecto a ese artículo; y a la Asamblea en general, que no se trata ahora de discutir el programa de gobierno o el programa de los principios revolucionarios, sino simplemente mandar allá un documento en el cual algo de ese artículo se deba reformar, y que cuando se trata del programa de gobierno, entonces discutiremos el punto como tan acaloradamente se ha discutido aquí. Que la comisión zapatista no elimine ese artículo; que solamente quede en otra forma.
Voy a hablar en contra de los dos artículos relativos al Plan de San Luis y al Plan de Ayala. Como realmente, cuando Se expresa alguna idea, se expresa mal, depende el éxito de esta exposición de aquello, después se funda dándole extensión por medio de las palabras. Por eso tengo que decir aquello es esto que probablemente es muy bueno, y probablemente es muy malo el artículo; pero por los argumentos del señor Soto y Gama es por lo que se va a desechar ese artículo, y, en cambio, no obstante que el señor Paniagua lo ha impugnado por lo que él dijo, y no obstante haber hablado con mucha precisión y claridad, ha estado a punto de que se acepte. Lo que más me sorprende es oír hablar al señor Soto y Gama como se oiría hablar -¿a quién creen ustedes?- a Limantour o a Joaquín D. Casasús; allí está el fantasma del extranjerismo. Ninguno mejor que él ha hecho la apología del miedo, del miedo en la República Mexicana para con las naciones extranjeras, cuando estas naciones extranjeras vengan, no se dirá que a despojarnos, a robarnos, lo cual ha dicho él.
También ha hablado el señor Soto y Gama de la demagogia, y aquí sólo ha obrado demagógicamente y tratado de sugestionar a las galerías para tener como un puntal de sus argumentos un atronador aplauso. Hace muy bien, yo no le niego ese derecho; pero no todos estamos en el caso de sugestionarnos por esos aplausos.
Voy a atacar el artículo; lo ataco por la misma razón por la que ataqué ayer, e hice mal con esto, con decirle tal plan, porque aquí yo no conozco el Plan de San Luis; puedo decir que el Plan de San Luis tuvo una génesis esencialmente política, y tan fue así, que sus principios capitales fueron de sufragio efectivo y no reelección; esto fue esencialmente político. ¿Por qué, pues, llamarle Plan de San Luis?
Hay que incorporar al programa de la Revolución el Plan de Tuxtepec, sí, señores; el Plan de Tuxtepec tuvo la misma base que el Plan de San Luis Potosí, que dijo: Sufragio Libre y No Reelección; con eso se derrocó a Lerdo de Tejada. Por consiguiente, el Plan de San Luis Potosí, para denominación de los principios, es ya una cosa absurda; debemos expresar los principios tales como necesidades principales, capitales, del Plan de San Luis Potosí, que están ya incorporadas a la Constitución de la República, por principio fundamental en la República Mexicana en lo relativo del presidente, etc., etc.
Por tanto, en su origen, es ya impugnable el artículo, es decir, el Plan de San Luis Potosí; todos los principios carecen de relatividad; no debe tener referencia con alguna otra cosa que sea tan concreta como el lugar que se llama San Luis Potosí, u otra cosa cualquiera, sino que deben ser abstractos.
En cuanto al respeto histórico que invoca el señor Soto y Gama, inconscientemente quizá se ha ido afirmando en el conservatismo que aquí resulta refinado; ¿qué respeto histórico podemos tener nosotros cuando desde hace cuarenta años -y considero mucho que no sea desde hace ochenta o más-, se nos ha estado engañando históricamente? No tenemos historia, más que hojas de leyendas y hasta de injusticias; ¿cómo, pues, respetar la historia cuando nosotros debemos depurarla para redimir al país y dejar un legado glorioso a la historia, y más que glorioso, un legado verdadero? Sin eso no seremos dignos del momento histórico, y éste es el momento histórico en que debemos resolver absolutamente todo; si somos verdaderos radicales, debemos resolver hasta la historia, de todas las injusticias que nos han hecho renegar de las escuelas públicas, de todos los amigos de Porfirio Díaz y de algunos otros pseudohéroes.
Más aún, el señor Soto y Gama dice que debemos ser sumamente respetuosos de la historia de la Revolución. Esto es contrario, no sólo al socialismo, al socialismo radical, casi anarquista, de que alardea a veces el señor Soto y Gama, sino al liberalismo nada más; esto es dogmático. Nosotros tenemos derecho de discutir todo, y después de que pase por nuestra discusión, sancionarlo. ¿Por qué, pues, nos vamos a detener ahora por respeto ante el pasado?; ¿no estamos aquí renovando el pasado y el presente? No debemos, pues, detenernos; al contrario, debemos rechazar todo aquello, respetándolo en la parte que sea respetable, pero no en lo absoluto, no dogmáticamente.
Ahora, refiriéndome a la cuestión de la devolución de las tierras, dice así: Que se devolverán éstas a sus primitivos poseedores; y yo voy a preguntar al más caracterizado, al más consciente defensor del Plan de San Luis y también al defensor del Plan de Ayala, que me diga quiénes son los primitivos poseedores de esas tierras, quien para eso tendría que hacer una larga historia y tendría que llegar al caso de quiénes fueron los primeros en llegar a tomar la tierra, a posesionarse de ella; pues como he dicho hace pocos días, tenga entendido el señor Soto y Gama que como se usurpa hoy la tierra, se ha usurpado por los siglos de los siglos, así se ha poseído la tierra siempre; ¿quiénes son, pues, los primitivos poseedores?
Más aún, digo esto en concreto, y refuto los argumentos del señor Soto y Gama, el artículo que está a discusión, no tenemos más que hacer, que desecharlo, y no escuchar los argumentos de la defensa. El habla mucho de la noción de Patria, y nos dijo que si él quisiera hablar aquí de la noción Patria, no le entendería nadie, nos dijo que quién sabe qué hecatombe podría resultar de aquí. (Risas) No hay tal; el señor Soto y Gama, así, trata de inducir a la Asamblea, por temor y por la conservación de una entidad patria, sofísticamente, por supuesto, a la conclusión de que debe votar por la aceptación de este artículo, que es absurdo, que es inconsecuente con los tiempos, que está fuera de las tendencias de la Revolución, que es inmoral hoy; cuando fue hecho, no.
Como lo he dicho antes, como lo dije ya, todo tiene su génesis y todo tiene su progresión; el Plan de San Luis, en los momentos en que se hizo, fue sabio y tendía a reformar la política, porque a los ojos, no digo de Madero, sino de todos nosotros, nos aparecía más claro el problema de la República; por eso se limitó a lo que tiene expresado ese artículo. En las actuales circunstancias, debemos rechazarlo. No nos sugestionemos por la amenaza del extranjero ni por la sugestión natural que se ejerce sobre las multitudes hablándoles de la palabra patria, patriotismo, etc. Tampoco nos sugestionan a nosotros con toda la serie de palabras intercaladas en el discurso, señor Soto y Gama, para llegar a la conclusión que dice. El artículo es absurdo; pido que se deseche.
Tiene la palabra el ciudadano Paulino Martínez.
El C. Paulino Martínez:
Con objeto de evitar que estemos perdiendo el tiempo inútilmente, lanzándonos dicterios unos y otros que no han de unificar a la Revolución, ni han de traer la paz a la Nación, creo que con estas palabras intercaladas al articulo, se acabará la discordia y se acabará la discusión. Voy a presentarlo reformado en esta forma:
Artículo 4. La Junta Revolucionaria del Estado de Morelos manifiesta a la Nación, bajo formal protesta, que hace suyo el Plan de San Luis Potosí, en todo lo que no se oponga a los principios revolucionarios y radicales de la Convención, con las adiciones que a continuación se expresan, en beneficio de los pueblos oprimidos, y se hará defensora de los principios que defiende, hasta vencer o morir.
Creo que no hay inconveniente en aprobar esto, señores. (Aplausos)
Pido la palabra. Con esta declaración que ha hecho el señor Martínez, el artículo ha quedado aceptable. El señor Martínez y los defensores de dicho artículo han pasado ya a la historia, y por lo tanto, no me ocupo más de ellos.
Debe saber esa comisión que nosotros, al hacer observaciones a los artículos que ellos han propuesto, lo hemos hecho únicamente, no para restringir lo que ellos han pedido, sino para darles más de lo que ellos piden. Con ese objeto lo hemos hecho, esa intención es la que llevamos. Aquí han venido con un pían reducido, y les vamos a dar más de lo que han pedido; pero respecto a que todavía subsista la frase de que: La Junta Revolucionaria del Estado de Morelos hace suyo el Plan de San Luis Potosi, con esa expresión nosotros mismos compartimos lo que acabamos de aprobar. No debe hacer suya la Junta Revolucionaria de Morelos, en su manifiesto que lanza a la Nación, sino aquel principio que se relaciona con nuestros principios revolucionarios, nada más; no el Plan de San Luis.
Esa es la parte todavia no tan atacable del artículo, tal como se acaba de proponer; creo que nada más quitando esa frase de: Hace suyo el Plan de San Luis, se acabará toda discusión; y asi los señores delegados del Ejército del Sur salen ganando, porque les hemos concedido más de lo que han pedido.
Para una aclaración nada más. (Voces: ¡No, no!)
La comisión retira la proposición en que habia concebido el articulo 4°, y lo presenta asi reformado. Pide permiso para retirarlo.
¿Se concede ese permiso? Los que estén por la afirmativa, sirvanse poner de pie. Lo presenta reformado en estos términos:
Articulo 4° La Junta Revolucionaria del Estado de Morelos manifiesta a la Nación, bajo formal protesta, que hace suyo el Plan de San Luis Potosi, en todo lo que no se oponga a los principios revolucionarios y radicales de la Convención, con las adiciones que a continuación se expresan, en beneficio de los pueblos oprimidos, y se hará defensora de los principios que defiende, hasta vencer o morir.
He pedido la palabra para suplicar que aprobemos de plano el articulo con las modificaciones que han sido presentadas, para que de esa manera demos gusto a los revolucionarios del Sur. Creo que no podemos dar un voto negativo a esa proposición, y, al mismo tiempo, dar gusto a los revolucionarios del Sur; debemos hacerlo por consideración. Por tanto, pido que sin discusión se apruebe el artículo. (Aplausos)
No estamos aqui discutiendo ...
De conformidad a lo acordado, ya lleva veinte veces, y el orador no tiene derecho más que a hablar tres veces. (Aplausos)
No hay ningún reglamento. Me ha concedido la palabra el señor presidente. Dije que con esa frase que hace suyo el Plan de San Luis, no hace absolutamente nada; con esa misma frase, deshace lo que el mismo Plan de Ayala propone al hacer suyo el Plan de San Luis; restringe todo lo que el Plan de Ayala pide y todo lo que nosotros pedimos; lo restringe, porque ... (Siseos)
La Mesa ruega atentamente a las galerías guarden el orden y la compostura debidos, pues si no, se verá obligada a que abandonen el salón. (Voces: ¡Es aquí abajo!)
El C. Chao:
Es aquí abajo.
No hemos hecho nada del Plan de San Luis, justamente nada; ¿qué hemos aprobado del Plan? No podemos aprovechar nada de él si le quitamos la parte esencial.
Pido la palabra para una moción de orden. Para suplicar a la Mesa respetuosamente que pregunte a la Asamblea si el asunto está suficientemente discutido. (Aplausos)
Mientras alguno hable, eso prueba que el asunto no está suficientemente discutido.
Suplico a la Mesa que tenga la bondad de preguntar si el asunto está suficientemente discutido, y espero que esa pregunta se haga a la Asamblea.
El C. De la Torre:
Mientras el orador tenga el uso de la palabra, no se le puede quitar jamás.
La Mesa manifiesta al delegado Hay que no tiene ningún derecho para quitar la palabra al orador. (Aplausos)
Dice el general Hay que aceptemos el artículo por consideración; pero por una consideración ¿qué es lo que vamos a aceptar del artículo? No aceptamos nada. ¿Por qué no somos prácticos? Estamos a base de honor aquí; ¿por qué no decimos: Este artículo no tiene nada bueno? ¿Por qué no se suprime?
No aceptamos nada de él. Qué, ¿por una cortesía vamos a decir que sí, por una cortesía hipócrita?, porque el general Hay dice que no pide absolutamente nada este artículo, que este artículo, así como está redactado, no es artículo siquiera revolucionario, no pide nada el artículo, no pide nada el Plan de San Luis: ¿qué es lo que aceptamos de él, si no aceptamos nada?, ¿por qué hipócritamente vamos a decir: No aceptamos?
La Mesa pregunta, por conducto de la Secretaría, si se considera suficientemente discutido el artículo 4°. Se sujeta a votación. Los que lo aprueben, sírvanse ponerse de pie. Aprobado.
La Mesa declara que fue aprobado. (Aplausos) La Mesa suplica a los ciudadanos delegados que guarden compostura. (Voces: ¡Ah! ¡Ah!)
El C. Chargoy:
¿Los señores delegados de la comisión del Sur tienen voto aquí?
Por la condición del artículo que estamos discutiendo aquí, fue la condición que pusieron ellos para aprobar o no.
Voy a acabar.
La votación debe levantarse, y nada más.
La Mesa, por conducto de la Secretaria, informa que se ha abierto Junta Previa para que tengan voz y voto los delegados del Sur, y que los acuerdos que se tomen en la Junta Previa se ratificarán o rectificarán en la Convención.
¿Por fin qué?, ¿ratificarán o rectificarán?
Aun cuando sé que se me va a condenar, en este asunto, debo decir que es verdaderamente inconsecuente lo que se está haciendo, porque si hay una proposición.que no necesita estar representada por veinte, treinta o cuarenta votos, si vienen después los votos de la comisión del Sur, que así como trajeron veintiocho, pueden haber traído cien, entonces no puede haber servido la discusión; esto es una inconsecuencia, ya que se va a fallar en sentido contrario; pero no quiero votar, porque no quiero hacerme solidario de esa inconsecuencia.
Contestando al señor García Vigil, le diré que, en efecto, es una inconsecuencia, porque ni siquiera vienen como presuntos delegados los señores que forman la comisión del Sur; se les ha aceptado, porque así lo quiso la Asamblea, por cortesía, por condescendencia, por un amplio espíritu de armonía.
Siendo así, pido que se acepte, señor.
Se pregunta a la comisión del Sur si tiene que pedir aún la aceptación de algunos otros principios para ingresar a la Convención.
Suplico a la Presidencia precise las condiciones para ingresar a la Convención los 26 miembros aquí presentes.
El C. presídente:
Para ingresar a la Convención, según lo determinó la misma Convención, discutiéndose credencial por credencial, como se ha hecho ...
Para ingresar a la Convención, nosotros, los aquí presentes, porque parece que la Presidencia incurre en una confusión. Nosotros hemos venido. a pedir, entre otras cosas, y como primer punto, una prórroga racional para tener tiempo el Sur de convocar a todos sus generales, y de que cada uno de esos jefes nombre sus delegados. El me pregunta, que si estamos dispuestos a entrar a la Convención, pregunta que si nosotros, o los delegados que se manden después, todavía no venimos como delegados. Sabe muy bien la Presidencia que venimos a pedir una prórroga.
Según reglas establecidas en esta Convención, algunos de los comisionados del Sur se entiende que podrán ser delegados.
No estamos facultados para presentarnos como delegados cuatro o cinco, porque esos cuatro o cinco obligarían al Sur; necesita estar completa la comisión del Sur. Por eso se solicita la prórroga; así se empezó a decir desde que llegamos aquí.
Desde el principio de esta Convención ha estado como delegado de ella, en representación del Ejército Libertador, el señor general Galván.
No tiene credencial el señor general Galván.
Vino representándose a sí mismo, como general que es del Ejército Libertador.
Se representa a sí mismo, pero no representa al Sur.
Vino por un nombramiento que se le hizo en la misma forma en que están aquí representados muchos.
La delegación del Ejército Libertador no podrá estar representada aquí si no es la delegación completa, hasta que todos los jefes sean convocados; éste es el principal objeto de esta comisión.
Esta comisión vino a pedir una prórroga, primero que nada, y después de que aceptaran el Plan de Ayala, lo dijo muy claro en la tribuna el señor González Garza; después del discurso primero del señor Martínez y del mío, dijo que con motivo de los incidentes surgidos, no habíamos podido llegar a precisar la primera proposición, que era de prórroga; vinieron después los debates relacionados en otro sentido; luego se descendió en el curso de los debates; pero debió haberse empezado por pedir a la Asamblea la prórroga, para que el Sur pueda nombrar sus delegados completos. Nosotros somos una comisión de representantes, que venimos, según reza nuestra credencial, a expresar los motivos por los que el Sur no ha podido todavia nombrar sus delegados. Pido a la Presidencia ordene a la Secretaría que lea las credenciales; eso disipará absolutamente todas las dudas.
Para una interpelación. Desearía que el señor licenciado Soto y Gama me dijera si todos los miembros que forman esta comisión están con la condición a que acaba de referirse, o si hay algunos de ellos que vienen con el carácter de delegados.
Con gusto atiendo la indicación del señor Hay. Ninguno de nosotros viene con el carácter de delegado. La credencIal es la que explicará mejor el asunto.
¿Puedo proseguir, señor presidente? En atención a lo que acaba de decir el señor Soto y Gama, me extraña haber visto una de esas credenciales calzada con la firma del general Angeles, en que se dice: Conste que el señor es delegado a la Convención; quisiera que me explicara el general Angeles por qué puso esa constancia.
El C. Angeles:
Tiene la palabra el ciudadano Angeles.
No recuerdo exactamente el texto de la certificación; pero teniendo dudas en el Sur de que, al pasar por México, el señor Primer Jefe del Ejército Constitucionalista nos mandara aprehender, para que no tuvieran ninguna duda ellos, puse: Me consta. Podría verse una credencial, es mejor.
El C. secretario leyó la credencial del ciudadano Paulino Martínez.
La palabra delegado que se emplea en ese certificado, quiere decir que había sido delegado por el general Zapata para que viniera a la Convención; pero como a la palabra delegado le han dado otra acepción especial -es delegado a la Convención, según la han empleado generalmente, el que viene aquí representándose a sí mismo para aceptar todos los acuerdos, o el que viene en representación de otra persona-, yo emplee ahí el térmíno de delegado como habiendo sido mandado por el general Zapata para venir al seno de la Convención a tratar los asuntos para que hubiera sido comisionado.
Insisto en mi moción de orden: que la Presidencia se sirva ordenar se dé lectura a la comunicación por la cual el general Zapata contesta la invitación que se le hizo de enviar delegados a la Convención.
Pido la palabra, señor presidente, para suplicar que tuviera la bondad la Secretaría de leer el pliego que mandó el general Zapata.
Precisamente eso se va a hacer.
En contestación a su atenta comunicación de fecha quince de los corrientes, en la que invitan al Ejército Libertador, para que concurra, por medio de sus delegados, a dicha Convención, he tenido a bien nombrar a los ciudadanos generales Otilio E. Montaño, Enrique S. Villa, Juan M. Banderas, Samuel Fernández y Leobardo Galván; coroneles: Paulino Martínez, licenciado Antonio Díaz Soto y Gama, Leopoldo Reynoso, doctor Alfredo Cuarón, doctor Aurelio Briones, Genaro Amezcua, Manuel Robles, Gildardo Magaña, Manuel F. Vega, Rutilio Zamora, Miguel Zamora, Rodolfo Magaña, Herminio Chavarría, José Aguilera, Rafael Cal y Mayor, y Juan Ledesma; tenientes coroneles: Amador Cortés Estrada, Reynaldo Lecona, Salvador Tafoya; mayor, Porfirio Hinojosa y capitán, Miguel Cortés Ordóñez, para que asistan a la expresada Convención en representación del Ejército Libertador, a fin de que expongan de viva voz, los motivos por los cuales no es posible desde luego enviar a los jefes o delegados que los representen.
Asimismo, en nombre del Ejército Libertador, me permito solicitar a esa honorable Asamblea, se conceda a mis comisionados voz y voto en las deliberaciones que surjan con motivo del desempeño de su mandato, a fin de que la Convención no retarde sus labores y pueda continuar.
Lo que hago saber a ustedes para su inteligencia y fines consiguientes.
Cuartel General en Cuernavaca, Morelos, a veintidós de octubre de mil novecientos catorce.
El general en jefe del Ejército Libertador de la República.
A los ciudadanos Antonio I. Villarreal, J. Isabel Robles, coronel S. M. Santos, M. González, Mateo Almanza, V. A. Robles y Pánfilo Natera; presidente, vicepresidente, 1°, 2°, 3° y 4° secretarios, y 2° vocal, respectivamente, de la Convención Revolucionaria.
El C. Lugo:
Pido la palabra para una aclaración: Hace un momento, el señor presidente de la Mesa preguntaba a los señores delegados del Ejército Libertador si tenían alguna otra condición en cartera qué exponer ante esta Asamblea, para concurrir a la Convención, a fin de que se pudiera dar por terminada la sesión, para no sufrir entorpecimiento en las labores de la Convención. Le contestaron al señor presidente que se había desorientado la discusión, porque la primera condición era la referente a la prórroga para que pudieran concurrir los delegados del Ejército Libertador, y que por un entusiasmo muy común de la colectividad, se había apresurado el criterio de la Asamblea y se había acordado preferentemente el Plan de Ayala.
Yo me permito insistir en la pregunta hecha por el señor presidente de la Mesa Directiva, porque la condición referente a la prórroga no tiene razón de ser, la Convención no ha cerrado sus puertas a los miembros que tengan derecho de pertenecer a ella.
El señor Antonio Díaz Soto y Gama debe tener entendido que aquí se permitirá a todos y cada uno de los delegados del Ejército Libertador del Sur, siempre que vengan con sus credenciales y que se sujeten a los estatutos ya acordados de antemano por esta Convención; por tanto, creo pertinente que el señor presidente de ls comisión del Sur conteste la pregunta formulada hace un momento por el señor presidente de la Mesa.
Empezaba a contestar la pregunta a que se refiere el preopinante, cuando surgió la necesidad de la lectura de la comunicación que nos sirve de credencial. Me preguntaba el señor presidente si la comisión traía o exigía algunas otras condiciones para entrar al seno de esta Convención; le expliqué desde luego que la primera de estas condiciones era que se concediera una prórroga para que se pudieran nombrar los delegados completos; la segunda condición la conocen los señores: las adiciones al Plan de Ayala; la tercera condición no la hemos expresado, por más que la indiqué alguna vez. No la había expresado claramente, porque como flota en el ambiente de esta Asamblea, sabíamos que un grupo numeroso estaba dispuesto a sostenerla, y no queríamos que por nuestra parte se hubiese hecho una imposición.
Por la razón muy natural de consideración y respeto a la Asamblea, no habíamos dicho cuál era esa condición; pero es muy sencilla; es la de todos los mexicanos, podría decir verdaderamente revolucionarios; como decía el otro día el señor González Garza, la de todos los revolucionarios no personalistas; esa condición es la referente al señor Carranza, que se ha encaprichado en quedar al frente de la Presidencia, a pesar de todo el país y toda la Revolución. Eso no lo habíamos indicado por discreción, aunque la Presidencia me obligaba a no ser muy discreto; pero creo que con esta aclaración, la Asamblea no se considerará herida, y se resolverá este punto.
Decía a ustedes que la Presidencia no obligaba a expresar esas razones o esas condiciones; la Presidencia solamente preguntó si había algún otro principio que exigiera la comisión del Sur. Me refería al programa de principios, no a otra cosa; de manera que conste que yo no lo he obligado.
Tiene razón el ciudadano presidente; emplee una expresión inexacta. Debí haber dicho, y digo, que la Presidencia me puso en el caso de hablar; sin darse cuenta del asunto, no podía adivinar la intención de aclarar esto, que hubiera sido una indiscreción de mi parte antes de la interpelación tan directa de la Presidencia. Así es que tiene usted razón.
Tengo pena de estar a cada momento hablando; pero cuando usted preguntó a los señores delegados del Ejército Libertador si tenían alguna otra condición qué poner, respecto a los principios, para ser aceptados aquí como delegados, la contestación no se dio; por tanto, se entendió que no había ninguna otra condición referente a los principios.
En cuanto al otro asunto, el señor Soto y Gama ha dicho en la plataforma que aceptarán ser delegados a la Convención con dos condiciones: que nosotros nos adhiriéramos al Plan de Ayala y que pidiéramos la renuncia al Primer Jefe. La adhesión al Plan de Ayala ya se decidió; nosotros nos adherimos a ellos; fue la delegación zapatista del Ejército Libertador la que, discutiendo con nosotros, nos concedió la razón, y han salido ellos ganando. Respecto al otro punto, no lo hemos tocado; para tocarlo, necesitamos naturalmente oír al que solicita la renuncia.
Es el caso llegado de explicar a la Asamblea que los señores no son ni siquiera presuntos delegados; forman simplemente una comisión que el general Zapata ha mandado aquí para ponerse de acuerdo con nosotros, respecto a las bases que han de provocar unión entre el Ejército Libertador y el Constitucionalista. Por lo que parece, ya está conseguido casi todo; lo que falta, probablemente, se conseguirá, y entonces los señores volverán al seno del Ejército Libertador, allá, a dar cuenta de su comisión, para que ya vengan, como están dispuestos de antemano, los delegados o los jefes del Ejército Libertador.
Pido la palabra. Estamos discutiendo, estamos tratando en una junta previa de las consideraciones propuestas a la consideración de la Asamblea; por la comisión del Ejército Libertador parece, pues, según lo acaba de enunciar uno de sus más prominentes delegados que su misión ha quedado terminada dentro del seno de esta junta. En consecuencia, creo yo que para no perder más tiempo, ya hay lugar de dar por terminada esta sesión, esta junta previa, para que se siga la de la Convención y se debatan las demás labores que son concernientes a ella; y en vista de la otra condición que acaban ellos de decir que también traen en cartera, ésa ya la aprobará la Convención, no como condición impuesta por el Ejército Libertador del Sur, sino únicamente porque algunos o varios delegados de la Convención creen pertinente que se someta a discusión ese punto.
Para una aclaración. (Voces: ¡No, no!) Me permito hacer notar a la Asamblea que el documento que se leyó hace un momento, es una credencial en toda forma, es una credencial para el general Zapata, porque ha mandado sus representantes y sus delegados, y no lo es para nosotros, porque hemos adoptado un sistema y un cartabón para hacer entrar aquí a los delegados; el señor general Zapata lo dice perfectamente claro.
Es una aclaración de la discusión.
No está a discusión la credencial del general Zapata.
El C. Ruíz:
Se están aclarando los puntos, señor; yo vengo a hablar en este sentido, señores.
El señor general ha quitado la palabra al orador, porque el señor delegado general Lugo ha dicho que ha terminado la misión de los señores zapatistas y que debemos hacerlos a un lado para comenzar nosotros los trabajos que vamos a comenzar, los trabajos, señores, sobre los grandes problemas de la Patria.
El general Zapata ha previsto perfectamente el caso, y dice: Para no retardar a esa Gran Convención la resolución de los grandes problemas, les suplico que den a mis delegados voz y voto en ella; luego él está con la idea de que estos señores van a discutir con nosotros los grandes problemas de la Patria, vamos a ser los soldados de esa bandera.
No estoy conforme con el señor Berlanga, puesto que la credencial, el documento que se ha leído, dice claramente, señores, en la última parte de él: Para que los delegados discutan, se les dé voz, y no se retarde la discusión de los grandes problemas. Ahora bien, señores; justamente se ha tocado el punto delicado; este asunto, demasiado lo saben los señores que estuvieron con nosotros en la sesión secreta de anoche; los asuntos tan gravísimos que en ella se trataron, y que es indispensable absolutamente que se resuelvan hoy en la sesión de la Convención.
Es por demás que el señor esté diciendo eso; desde luego que los que vienen aquí en representación del señor general Zapata dicen que no pueden ser delegados; ¿para qué estamos perdiendo el tiempo?
Se suspende la sesión previa para continuar en sesión ordinaria.
Estoy yo hablando.
Yo también estoy hablando.
Se sienta usted, señor.
Me interrumpe usted, no he acabado de hablar.
Yo estoy hablando.
Que se siente usted; no le doy el uso de la palabra.
¿Me lo quita usted?
Sí, se lo quito a usted.
Se suspende la sesión previa para continuar en sesión ordinaria, a fin de arreglar las condiciones en que debe venir la Comisión del Sur y arreglar también la prórroga que se les conceda. Los señores delegados del Ejército Libertador podrán pasar al foro, donde tendrán voz y si aprueba la Asamblea, también tendrán voto, y determinaremos la cuestión pendiente.
Se levantó la Junta previa a las 6.30 p.m.

References: artículo 1
 artículo 4
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 artículo 2
 artículo 3
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Artículo 4
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 resolución