Source: https://reflexionessociales.wordpress.com/2011/08/05/analisis-de-la-resolucion-del-consejo-de-seguridad-de-la-onurs-cs1973-sobre-la-situacion-en-libia/
Timestamp: 2018-08-18 22:26:07+00:00

Document:
La doctrina de la Responsabilidad de proteger y los intereses nacionales. – Reflexiones dulcemente adulteradas
Política·Sociedad/Actualidad
5 agosto, 2011 2 noviembre, 2016 Polsci noob
¿Qué papel pueden tener las concepciones de justicia universalistas en las relaciones internacionales? A continuación reproduzco un trabajo (una especie de estudio de caso) realizado con unos compañeros para la asignatura de Análisis de Políticas Exteriores en el que se bosquejan algunos de los límites que las lógicas de la política nacional pueden imponer a la aplicación real de este tipo de principios.
Análisis de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU:(RS.CS/1973): “Sobre la situación en Libia”
El 17 de marzo del presente año [2011] el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (CS) aprobó la resolución RS.CS/1973 gracias al voto favorable de diez de los estados miembros del CS y a la abstención de Brasil, China, Alemania, India, y Rusia. La decisión del CS se produce a raíz del estallido de una revuelta popular contra el actual gobierno Libio en ciertas zonas del país árabe. Los estados que dan apoyo al texto consideran probado que el régimen autocrático del coronel Muammuar Qadhafi habría reprimido duramente estas revueltas cometiendo crímenes de lesa humanidad contra la población civil libia. Es preciso situar esta revuelta dentro de la llamada “Primavera Árabe”, una serie de protestas contra las élites que gobiernan autocráticamente los estados de mayoría musulmana de Oriente Medio y -especialmente- el norte de África. Este fenómeno empezó a principios de este año en Egipto y Túnez y fue extendiéndose poco después a otros países de la región con “disparadores” e intensidades diferentes. En Libia ha cristalizado en forma de levantamiento rebelde armado. Más allá del posible efecto contagio como causa inmediata (fuera de los focos de origen), podemos aducir dos causas estructurales y una más inmediata que podrían explicar el surgimiento de este fenómeno en la región: 1) el desgaste acumulado de los gobiernos autocráticos y personalistas que, como el del coronel Qadhafi, llevan varias décadas gobernando estos estados de forma autoritaria; 2) la existencia de una importante bolsa de población joven cualificada y en constante contacto con las nuevas tecnologías de la información (el 60% de los ciudadanos de la región tienen menos de 30 años (Macías,2011)). Esta población joven percibiría que sus expectativas y oportunidades de futuro se ven limitadas por las rígidas estructuras económicas y sociales de unos estados dirigidos por oligarquías gerontocráticas. Según la tesis de algunos analistas, este grupo social constituye el grueso de los que se levantan en contra de los gobernantes de estos estados rentistas. Su motivación sería reclamar cambios en el sistema político/social que les sean beneficiosos (Macías,2011); 3) -y en parte relacionado con los dos puntos anteriores- la subida de precio de los alimentos básicos en los últimos meses, bienes básicos que en estos estados han estado tradicionalmente subsidiados para mantener la estabilidad social (Ciezadlo,2011). La miseria y la pérdida de poder adquisitivo derivadas habrían llevado a muchos a sumarse a la protesta.
En el caso de Libia otros factores han condicionado fuertemente el curso de los hechos. En concreto destacaremos tres: 1) las características propias del sistema político del “estado de masas libio” con sus particulares divisiones tribales 2) el historial de Qadhafi como gobernante autoriario, represor y violento 3) La reacción desproporcionada del gobierno libio ante los hechos. El foco de la revolución comenzó en la región Cirenaica (región tradicionalmente poco leal al régimen) y se extendió poco después por las ciudades del este del país y por algunas otras de la región de Tripolitania (zona de mayor influencia del régimen). Los rebeldes se organizaron y consiguieron el control efectivo de amplias zonas de la región Cirenaica (una diferencia destacable respecto a las revueltas entre otros países árabes). Ante estos hechos, el coronel Muammuar Qadhafi y su camarilla utilizó unidades militares (y a algunos mercenarios extranjeros) para reprimir indiscriminadamente a la población civil (incluyendo bombardeos aéreos, fuego real contra manifestantes y otras formas de represión) (Pactrick,2011).
La resolución del CS insta a que los estados miembros “interesados” adopten todas las medidas necesarias para proteger a la población civil libia, estableciendo para ello una zona de exclusión aérea e imponiendo un embargo armamentístico y económico a las entidades estatales y personas jurídicas afines al régimen del líder libio. Esta resolución se circunscribe dentro del llamado principio de “responsabilidad de proteger”(en inglés responsability to protect o R2P) que fue adoptado por el CS a instancias de la Asamblea General en la resolución 1674 (2006). La resolución 1973 es la primera que ha conseguido materializar esta nueva doctrina en acciones militares concretas a través del Capítulo VII de la Carta de la Naciones unidas (CNU). Este principio normativo (de origen reciente y principalmente académico) intenta promover un cambio en la concepción de la seguridad internacional, desplazando el centro de gravedad de la seguridad nacional a la seguridad “humana” (población civil). En este sentido y para resumir, se parte de la premisa que si bien el gobierno estatal tiene el monopolio de la violencia también es a la vez responsable de proteger a sus ciudadanos. Si por cualquier motivo no puede cumplir este cometido, la comunidad internacional, mediante las herramientas que le proporciona el sistema ONU (mecanismo colectivo de seguridad), tiene capacidad (¿y el deber?) para intervenir por encima de la soberanía estatal, incluso con el uso de la fuerza. Siempre dentro de unos casos determinados y solo para proteger a la población civil de posibles atrocidades. Dadas la altas expectativas que conlleva la R2P, cabe preguntarse si podemos considerar la resolución 1973 como ese “hito histórico” que indica el inicio de un cambio de paradigma en las relaciones diplomáticas. A primera vista, el contenido de la resolución y las circunstancias que envolvieron las negociaciones para su aprobación consiguen sembrar la duda sobre los motivos reales que habrían impulsado a ciertos actores internacionales a buscar este tipo de resolución. En este trabajo analizaremos los motivos que hay detrás de la intervención para comprobar hasta qué punto coinciden con los supuestos de esta nueva doctrina. Esperamos así poder perfilar los límites de aplicación de un principio normativo como el R2P a casos concretos, especialmente los límites que plantea la persistencia de los intereses nacionales de los actores estatales.
Para ello primero analizaremos el contenido de la resolución 1973, relacionándolo con los supuestos principales que marca este nuevo principio y con el articulado de la Carta de las Naciones Unidas (CNU). A continuación, trataremos de describir la dinámica del proceso de aprobación y señalaremos los posibles motivos e intereses detrás de la posición de tres de los países integrantes del CS (Francia, Alemania y Rusia). Esto nos permitirá comprobar el grado de divergencia entre los supuestos del R2P y el proceso real. Los resultados de este análisis nos permitirán llegar a unas conclusiones en las que responderemos con toda la precisión posible a nuestra pregunta de investigación.
ANÁLISIS DE LA RESOLUCIÓN 1973
Antes de comenzar el análisis de la resolución conviene explicar la razón formal por la cual esta decisión ha sido tomada por el CS dentro del Sistema-ONU. La Organización de Naciones unidas (ONU) fue creada con el propósito de mantener la paz y la seguridad internacional (Art. 1, CNU); para conseguir estos objetivos hace uso de su instrumento principal: la Carta de Naciones Unidas; este documento (que de hecho es el tratado fundacional de la organización), le proporciona medios institucionales (organismos (Art. 7, CNU)) y medios materiales (instrumentos jurídicos y ámbitos competenciales) para cumplir estos dos propósitos. (Diez de velasco,2008). Respecto a los medios institucionales destacamos dos instituciones, la asamblea general (órgano de representación universal creador de “principios”) y el consejo de seguridad (órgano deliberativo de acción directa), donde se ponen en juego los intereses de las grandes potencias (Diez de velasco,2008). Como vemos en el artículo 24 del capítulo 5, la CNU otorga amplios poderes al CS, situando a este en una posición privilegiada respecto a otros organismos del sistema ONU: es el único órgano que puede desarrollar las funcionas previstas en los Capítulos VI, VII, VIII y XII. Se establece por tanto, que el CS es el órgano de la ONU que tiene la competencia de tomar medidas colectivas para prever y mantener la paz y la seguridad. El capítulo VII de la CNU es el que da paso a la posibilidad de intervención militar, en este sentido confiere todos los poderes en este ámbito al CS; le encomienda tanto el poder de calificación de situaciones que pueden ser consideradas de amenaza a la paz, quebrantamiento de la paz o de acto de agresión, el poder de recomendación, así como el poder de adoptar medidas que impliquen el uso de la fuerza (Art. 39-42,CNU).En nuestro caso es pertinente destacar que este último poder no se ve limitado por el punto 7 del artículo 2 del Capítulo 1 de la CNU (principio de no inferencia en asuntos internos estatales), ya que este articulo explicita que el principio de soberanía nacional no se opone a la aplicación de las medidas coercitivas prescritas en el Capitulo 7 de la CNU. Estas delimitaciones competenciales posibilitan la aplicación efectiva del principio R2P por parte del CS.
Aunque el R2P, como explicita la resolución 1674, sólo es aplicable en unas circunstancias especificas: genocidio, crímenes de guerra, depuración étnica y crímenes de lesa humanidad (Punto 4, resolución 1674), es en estos supuestos cuando se puede considerar que los ataques a la población civil pueden constituir una amenaza para la paz y seguridad internacionales y el CS puede considerar las medidas necesarias para proteger a los civiles. (Punto 26, resolución 1674)Destacamos, pues, que el principio de R2P tiene como objetivo únicamente la protección de los civiles en situaciones de conflicto armado y que es en virtud de este objetivo que se justifica la vulneración a la soberanía nacional.
Acabadas las puntualizaciones nos disponemos ahora a analizar el contenido de la resolución 1973. En primer lugar destacar que el preámbulo de la resolución 1973 empieza recordando uno de los puntos clave de la doctrina R2P que anteriormente hemos comentado, literalmente: “las autoridades libias tienen la responsabilidad de proteger a la población libia y reafirmando que las partes en los conflictos armados tienen la responsabilidad primordial de adoptar todas las medidas posibles para asegurar la protección de los civiles” (Párrafo 5, preámbulo, RS.1973). Esto nos parece estar indicando que en efecto el CS actúa en este caso en virtud de esta normativa. A continuación reconoce que “los ataques generalizados y sistemáticos contra la población civil que están teniendo lugar actualmente en la Jamahiriya Árabe Libia pueden constituir crímenes de lesa humanidad”, (Párrafo 8, preámbulo, RS.1973) es decir enmarca lo sucedido en Libia en uno de los supuestos de actuación que reconoce la resolución 1674, por último, siguiendo con la doctrina R2P postula que “la situación imperante en la Jamahiriya Árabe Libia sigue representando una amenaza para la paz y la seguridad internacionales” (Párrafo 15, preámbulo, RS.1973), la noción de “amenaza para la paz”, reconoce que los ataques contra la población civil libia son una amenaza para la paz abriendo las puertas al CS para la aplicación del cap. VII de la CNU.
En segundo lugar, ya en otro plano de análisis, observamos que en el preámbulo también se recuerda el no acatamiento de la resolución 1970 (2011) por parte del gobierno Libio (requisito necesario para la toma de medidas de “fuerza” como establece el art.42 de la CNU). En el último párrafo del preámbulo se establece claramente que las decisiones tomadas en esta resolución se han tomado siguiendo el articulado del Capítulo 7 de la CNU. Entrando ya en los puntos de la resolución 1973, es obligatorio hacer referencia al punto 4, en él se autoriza a los estados miembros “interesados” a tomar todas las medidas necesarias para proteger a los civiles que estén bajo la amenaza del régimen Libio, excluyendo de forma enfática “el uso de una fuerza de ocupación extranjera de cualquier clase en cualquier parte del territorio libio”(Punto 4, RS.1973). Podemos afirmar que lo anterior constituye el núcleo de la resolución, este punto en concreto está basado en el artículo 42 del Cap.VII de la CNU (articulo que posibilita la toma de medidas de fuerza ante el fracaso de las medidas estipuladas en el art. 41 de la CNU), aunque como viene siendo habitual no es citado de forma explícita. De ahí las referencias a “los estados miembros interesados” y ha autorizar la adopción de estas medidas a estados miembros “actuando a título nacional o por conducto de organizaciones o acuerdos regionales” (Punto 4, RS.1973). En principio el desarrollo del artículo 42 vendría dado por el establecimiento del convenio que marca el artículo 43, convenio que hasta la fecha no se ha puesto en práctica (Diez de Velasco, 2008). Cabe destacar también este no-interés explicito por una ocupación militar en suelo libio. Podemos atribuir esto a una voluntad del Consejo (y concretamente de los promotores de la resolución) de legitimar la resolución entre el mundo árabe. Este argumento se puede corroborar observando el preámbulo de la resolución, en el cual se citan las condenas y las decisiones relativas al conflicto libio expresadas por la Liga de los Estados Árabes, la Organización de la Conferencia Islámica y la Unión Africana y también en el Punto 5 de dicha sanción, dónde se reconoce el importante papel de la Liga Árabe en la región y además requiere la cooperación de sus estados miembros en la aplicación del punto 4. Por otra banda, el énfasis en la “protección de los civiles” se tiene que entender dentro de los principios de el R2P, como hemos visto, la resolución 1674 sólo legitima medidas que sirvan para proteger directamente a la población civil, estos supuestos no incluyen en ningún caso medidas para la deposición de un régimen político. En este punto se puede entrever una falta de coherencia entre las posiciones de los líderes de las potencias (que abogaban por derrocar directamente al régimen de Qadhafi) y los fines políticos explicitados en esta resolución, más adelante indagaremos en esta cuestión.
A continuación encontramos las medidas concretas que se establecen en el cuerpo la resolución para cumplir el mandato de protección a los civiles establecido en el punto 4. La principal medida es la prohibición de todos los vuelos (menos los de carácter humanitario (Punto 7, RS.1973)) en el espacio aéreo libio con “a fin de ayudar a proteger a los civiles.”(Punto 6, RS.1973), medida también encomendada a estos “estados interesados” como vemos en el Punto 8. El uso que en el punto 4 y el 8 se hace de la expresión “adoptar todas las medidas necesarias” imbuye a la resolución de una falta de especificidad intencionada. Estas expresiones nos dan a entender que esta zona de exclusión aérea no se limita a la supresión de las fuerzas aéreas libias, sino que también se pueden incluir fuerzas militares terrestres y núcleos de coordinación militar, lo necesario para aplicar efectivamente el mandato. Las otras medidas incluidas en la resolución y que podemos destacar son: el cumplimiento de embargo de armas que exhorta a todos los estados miembros y en particular a los estados de la región a garantizar la estricta aplicación del embargo de armas establecido en la resolución 1970 (2011) (Puntos 13-16, RS.1973) y por otro lado, la congelación de los fondos financieros y recursos económicos que estén en propiedad o bajo control, directo o indirecto, de las autoridades del régimen libio.(Puntos 19-21,RS.1973)
2. El proceso de negociación y aprobación de la RS.1973: los intereses de los estados miembros del CS.
El proceso de elaboración de la Resolución 1973 estuvo marcado por unas negociaciones intensas que comenzaron a principios de marzo y se alargaron hasta pocas horas antes de su aprobación (RODRÍGUEZ-PINA,2011). Todo ello bajo la presión de los sucesos que iban aconteciendo en Libia, se temía por la posible pérdida del bastión rebelde, la ciudad de Bengasi (asediada por tropas gadafistas), cosa que hubiera significado seguramente el fin del levantamiento. Los impulsores de la Resolución y más concretamente de la intervención armada mediante una zona de exclusión aérea, Francia, Reino Unido y EEUU fueron partidarios de adoptar esta estrategia de contención selectiva para así legitimar internacionalmente la Resolución del Consejo de Seguridad (tal y como hemos visto en el apartado anterior). Tales países gastaron mucho tiempo en negociar los términos de la Resolución con los principales actores de la región (estados miembros de Liga Árabe). Al final se opto por la opción de proteger la región cirenaica (zona rebelde) sin forzar directamente la salida del líder Libio. Es por eso que en este sentido, el contenido de la resolución es bastante ambiguo respecto a las metas políticas que en principio habían declarado los líderes de los países occidentales (básicamente forzar la salida de Qadhafi). La ambigüedad de la resolución refleja esta sinuosa y apresurada búsqueda de la legitimidad árabe por parte de los patrocinadores, legitimidad que se consideró también imprescindible para conseguir el visto bueno de de los miembros del CS (tradicionalmente reacios a este tipo de intervenciones). Las negociaciones al final dieron sus frutos, tanto China como Rusia se abstuvieron abandonando su tradicional doctrina de no intervención en asuntos nacionales. Por otro lado y centrándonos en la votación en sí, los BRIC también manifestaron la misma posición, así que la resolución pudo aprobarse por los votos favorables de Bosnia y Herzegovina, Colombia, Francia, Gabón, Líbano, Nigeria, Portugal, Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos. De este repaso a la dinámica del proceso de negociación subrayamos esta búsqueda de consenso a toda prisa. Parece que la zona de exclusión aérea está basada en el deseo de hacer “algo” contra la inminente posibilidad de reconquista de Libia por parte de Qadhafi.( Quarterman,2011), por ello el consenso al que final se llego fue algo “ilusorio”, no hubo una clara unanimidad entre todos los actores implicados respecto a las medidas concretas que se debían aplicar para satisfacer este “deseo”, de aquí seguramente el difícil encaje que refleja el contenido ambiguo de la resolución. A continuación incidiremos en los intereses y argumentos que se esconden detrás de las posiciones en el CS de tres países miembros en el momento de la votación (Rusia, Francia y Alemania)
Francia ha sido el actor internacional que más se ha implicado en la promoción de la resolución 1973. Junto a Reino Unido, ha sido el patrocinador más activo de la zona de exclusión aérea dentro de las negociones del Consejo de Seguridad. En el sistema político francés la política exterior es competencia de la presidencia de la república. En este caso la figura de Nicolás Sarkozy ha destacado por encima de todos los demás líderes occidentales; el presidente francés ha intentado adquirir mayores cuotas de protagonismo al implicarse activamente en cuestiones de política internacional. No es la primera vez que Sarkozy utiliza la política exterior como eje vertebrador de su política interior (ejemplo: conflicto Rusia-Georgia de agosto de 2008[1]), algunos analistas (Goldhammer,2011) ven en esta voluntad de liderazgo en el terreno geopolítico un intento del dirigente francés por resucitar los valores nacionalistas franceses de la “Grandeur” que encarnaba la figura del fundador de la actual quinta república, Charles de Gaulle, para así conseguir cierta legitimación entre la opinión pública francesa. Esta primera apreciación, parece indicarnos que detrás de la retorica de la posición oficial francesa ante el asunto libio, expresada el día de la votación de la resolución (17 marzo) por el recién nombrado ministro de exteriores francés Alain Juppé, se esconden una serie de factores que habrían impulsado a la presidencia francesa a ejercer este rol activo y que no están directamente relacionados precisamente con la defensa de determinados valores democráticos ni con una voluntad inequívoca de seguir los dictados de la nueva doctrina de la “responsabilidad de proteger”. Podemos dividir estos intereses en 2 categorías para facilitar su análisis, en primer lugar los intereses franceses a nivel geopolítico y económico (en el Magreb, a nivel europeo y mundial) y en segundo lugar, los intereses propiamente relacionados con la política doméstica, de los cuales ya hemos introducido una pequeña noción.
Respecto a los intereses económicos franceses en suelo libio, se suele dar mucha importancia a las extensas reservas de gas y petróleo presentes en dicho país como factor causal del intervencionismo de los países occidentales (y en especial de Francia) en la región). Lo cierto es que aunque la petrolera francesa TOTAL desarrolla actividad de extracción el país árabe, su papel en Libia es menor comparado con el tamaño las inversiones de otras petroleras europeas como la Italiana ENI[2]. En realidad el beneficio económico francés respecto a libia en estos últimos años ha venido de la venta de armamento; del 2004 al 2011 las ventas ascienden a un valor total de 531 millones de dólares[3], armamento que lógicamente ahora el régimen de Qadhafi utiliza para luchar contra los rebeldes. En realidad el país extranjero que sale más perjudicado de este conflicto es Italia (antigua potencia colonial del país árabe), las empresas italianas son las que despliegan mayores inversiones en territorio Libio[4]. Estos últimos años los lazos entre Tripoli y Roma se han reforzado con diversos acuerdos bilaterales, Italia es el principal socio económico de Libia y todo parecía indicar que las negociaciones entre el régimen de Qadhafi y el gobierno Italiano aportarían más contratos en los años venideros. En este contexto económico se puede entender el papel “pasivo” del gobierno Italiano que ve como la inestabilidad provocada por la revuelta pone en peligro sus intereses en la zona. Contrariamente, desde este plano, el apoyo Francés a los rebeldes se puede entender como la expectativa de la presidencia francesa a repartir los dividendos (petróleo) de su apoyo a los rebeldes en un escenario post-Qadhafi, destronando así la fuerte influencia económica italiana en el estado árabe.
Entrando en la geopolítica, la posición Francesa de apoyo a una intervención militar en suelo Libio también se puede interpretar como una voluntad del Estado francés de demostrar que aún continúa siendo la potencia europea con más capacidad de proyección militar en el exterior. En este sentido la tensión se produce con Alemania (potencia económica de la región) que en esto último año ha impuesto sus intereses en materia económica en el seno de las instituciones europeas (controlando el nuevo mecanismo de rescate de los miembros de la eurozona[5]). La posición de implicación activa de Francia en este conflicto que se produce dentro de zona de influencia europea (Mediterráneo) se podría interpretar como una reafirmación de Francia como potencia regional líder en el aspecto militar, potencia con capacidad real de proyección global respecto a los asuntos de política exterior, y con la cual necesariamente se tiene contar en la toma de decisiones a nivel europeo. Des de esta perspectiva y dejando el prisma europeo encontramos una serie de elementos que también pueden dar sentido al papel francés en el proceso de aprobación de la resolución 1973. Destacar aquí que la posición de la superpotencia norteamericana que ha ejercido un papel secundario. En este caso se ha entendido que por proximidad e historia la iniciativa de intervención correspondía a los socios europeos (Francia y Reino Unido) dejando en segundo plano la implicación de EE.UU, país ocupado en otros complicados asuntos en la región. Probablemente Estados Unidos con su posición ha evitado cometer los mismos errores que en Iraq. Por ello ante estas circunstancias la presidencia Francesa ha podido considerar pertinente la implicación activa en el conflicto libio, no ya para reivindicar su papel como potencia europea, sino como potencia global con capacidad de proyección de su poder a nivel global. Por lo tanto se puede entender este interés de coger el “revelo” de EE.UU en el apoyo de intervención directa en los asuntos colectivos como un refuerzo de su papel de potencia en el sistema mundial. De otro lado, pero no menos importante, las posiciones de condena expresadas tanto por Sarkozy como Cameron contra las acciones del régimen Libio podrían haber condicionado la obligatoriedad de la actuación, la no-actuación habría erosionado su papel como potencias globales capaces de condicionar las relaciones del sistema, especialmente después que Qadhafi adoptara un tono desafiante en sus posiciones. En este sentido el coste político tanto a nivel externo como interno de adoptar una posición pasiva ante los hechos podría haber sido demasiado grande. Otro factor importante a nivel estratégico es la cuestión de las posibles oleadas de inmigrantes libios que podrían llegar a Francia (y a otras costas Europeas) si se confirma un escenario de fallida del Estado libio. Esta preocupación fue manifestada por altos funcionarios franceses (Goldhammer,2011). En este caso no está claro hasta qué punto el apoyo a los rebeldes puede frenar este hecho, desde el punto de vista realista quizá hubiera sido más útil una posición pasiva respecto a la revolución libia asegurando así el control de las fronteras a Qadhafi (como había hecho hasta el momento). Por eso entendemos que otros factores habrían influido más en la posición francesa que éste.
La política exterior de un estado no se puede comprender sin situarla en el contexto político interno de dicho estado, en este caso esta máxima parece cumplirse a la perfección. Algunos analistas ven la posición activa del presidente francés en el conflicto libio como un intento improvisado de enmendar los errores políticos del pasado. Cuando nos referimos al pasado hablamos de la posición que adoptó Francia respecto a la revolución tunecina ocurrida semanas antes. Recordamos que entonces la ministra de exteriores francesa, Michele Alliot-Marie, llego a ofrecer apoyo al extinto régimen de Ben Alí para frenar a los manifestantes[6], una posición bastante diferente de la que ha adoptado la presidencia en el actual conflicto libio. Esto perjudicó gravemente la imagen del ejecutivo conservador de la UMP a pocas semanas de las elecciones cantonales francesas (celebradas el 27 marzo) y obligó a Sarkozy a substituir a la ministra de exteriores por el Sr. Alain Juppé. Desde esta perspectiva se podría aducir que el conflicto libio ha supuesto una “ventana de oportunidad” para el presidente galo. Con el argumento del apoyo “humanitario” a los rebeldes y el intento de presentarse a sí mismo como hombre de estado al estilo Gaullista, defensor de la independencia de la nación francesa (y sus intereses) en el exterior, podría pretender incrementar los bajos índices de popularidad que en el momento sufría. Por otra parte tampoco hay que olvidar que entre el electorado francés hay un porcentaje importante de voto inmigrante que puede identificarse con lo que está sucediendo en el norte de África. A un año de las elecciones presidenciales y con las encuestas poco favorables parece probable que el dirigente galo podría haber jugado sus cartas en estos términos. Cuando antes hemos calificado como de “improvisada” a la posición del presidente francés no solo nos referíamos a la falta de coherencia derivada del cambio de posición respecto a la revolución tunecina. El propio proceso de negociación del contenido de la resolución 1973 fue políticamente convulso, parece que Sarkozy fue fiel a su estilo pragmático y personalista, y tomó la iniciativa al margen de su ministro de exteriores y también rival político de Sarkozy, Alain Juppé (Goldhammer,2011). Esto parece corroborar la visión de Sarkozy, como un político con tintes autócratas pero a la vez pragmático, un “criatura del momento” que intenta invocar el espíritu Gaullista versionado de una manera u otra según las circunstancias.
Desde la posición de la Federación rusa se pueden aducir motivos a favor y en contra de la para algunos sorprendente posición Rusa final en la votación de la RS.1973, la abstención. Por un lado, dicha resolución podría ser un pretexto para una operación militar de gran escala en la zona, dado el hecho que varias preguntas acerca de la intervención militar no fueron respondidas por aquellos que votaron a favor de la intervención (las reglas de la intromisión bélica, el límite de la fuerza aplicada o los participantes en dicha operación)[7]. Por otro lado, como apuntan algunos especialistas, la abstención en la votación por parte de Rusia fue un acto ilógico, teniendo en cuenta las posibles consecuencias económicas para el país[8]. Resulta, que uno de los sectores de prioridad para Rusia en el cual el establecimiento de la cooperación con Libia favorecería a los dos países, es el sector energético, especialmente, el del gas y el petróleo. Asimismo la reactivación de relaciones entre ambos países al principio de la década pasada reveló el interés de Rusia en participar en proyectos de gas y de petróleo en Libia[9]. Así, al día de hoy hay tres empresas importantes rusas que desarrollan su actividad económica en el país: Tatneft (sexta empresa petrolera de Rusia), Gazprom (el mayor extractor de gas natural en el mundo y la mayor compañía de Rusia[10]) y RZhD (la compañía de Ferrocarriles Rusos, una de las compañías ferroviarias más importantes del mundo[11]). De este modo, como apuntan varios expertos y analistas, si Rusia quisiera conservar sus intereses económicos sustanciales en Libia (valor, según algunas estimaciones, se aproxima a 70$ mil millones[12]) con la previsión de una situación post-Qadhafi debería haber votado a favor de la Resolución 1973 apoyando la intervención militar. Si, en contraste, el Kremlin creyera que Qadhafi podría sobrevivir al asalto militar y salir ganador de esta situación, entonces Rusia debería haber vetado la resolución y haber apoyado al régimen libio actual. Sin embargo, absteniéndose, Rusia se alejó de las dos posturas y por primera vez actuó en contra de su principio de resistir a la interferencia extranjera en los asuntos internos de cualquier país (Rusia aprobó la misión militar tan sólo una vez, cuando la comunidad internacional decidió castigar a Irak cuando éste ocupó Kuwait hace 20 años, en cambio, se opuso tanto al bombardeo de la antigua Yugoslavia en 1999 como a la invasión de Irak en 2003[13]).
De esta manera se puede apreciar que algo no encaja, no funciona en la toma de decisiones en el Kremlin, prueba de ello son las diversas confrontaciones que tuvieron lugar el pasado mes de marzo y abril entre los políticos rusos. Así, después de no utilizar el derecho a veto en la Resolución 1973, el ex-embajador ruso en Libia Vladimir Chamov apuntó que Rusia traicionó sus intereses en este país ya que “empresas rusas habían acordado unos contratos a largo plazo que prometían ganancias de decenas de miles de millones de euros que ahora podrían perderse o ya están perdidos”[14]. Como consecuencia, el presidente ruso despidió al embajador de su puesto por “la representación incorrecta de la posición de Rusia en el conflicto libio”. Más tarde el primer-ministro ruso Vladimir Putin denominó la Resolución 1973 como “deficiente y defectuosa” y la comparó a “las llamadas medievales a la cruzada”. Horas más tarde el presidente ruso calificó la actuación de su primer ministro como “inaceptable”. Finalmente, el Parlamento ruso se puso de parte del presidente, declarando que apoya la posición de Rusia con relación a la resolución. En resumen, las tensiones en el nivel más alto de la política rusa apuntan a que aquella unanimidad con la que se caracterizaba la relación entre el presidente ruso y el primer ministro está desapareciendo. Rusia se dirige hacia las elecciones parlamentarias en el diciembre de 2011 y las presidenciales en el marzo de 2012 y los dos políticos con este asunto estarían poniendo en juego sus candidaturas. Como apunta Sergey Utkin, jefe de la Sección de los Aspectos Políticos de la Integración Europea en el Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia Rusa de Ciencias, Rusia es una democracia imperfecta, pero la gente ha comenzado ya a elegir el lado. Mientras unos prefieren a Medvedev y su política más liberal, otros optan por el primer ministro actual Vladimir Putin y su rígida política conservadora. El caso de Libia parece ser un instrumento excelente para empujar el juego hacia un punto culminante.[15]
A favor de la posición de la abstención existen varios argumentos, pero se pueden destacar dos que hoy en día se presentan especialmente oportunos, según Eugene Ivanov. En primer lugar, la Resolución 1973 fue aprobada en la víspera de ataque del ejército de Libia en Bengasi. Si Rusia hubiera vetado la Resolución y este ataque hubiera ocurrido antes del establecimiento de la prohibición de todos los vuelos en el espacio aéreo de Libia, todos los reproches morales por las pérdidas acontecidas entre la población civil serían responsabilidad directa de Rusia. Ahora bien, dado el hecho que Rusia asumió la posición de”observador pasivo”, la responsabilidad de la pérdida de los habitantes civiles cayó sobre los actores directos del conflicto militar: el régimen de Qadhafi, los “rebeldes” y las fuerzas de coalición internacionales. En segundo lugar, y más importante aún, el veto sobre la Resolución 1973 provocaría cierta tensión y desconfianza en el diálogo continuo entre Rusia y la OTAN, teniendo presente que actualmente se discute una de las cuestiones más importantes en la esfera de la seguridad nacional entre los dos bandos – la defensa antiproyectil en Europa, Rusia es la que menos necesita el enfriamiento en las relaciones con la OTAN. Para Rusia, según Ivanov, el conflicto de Libia no es tan relevante, a pesar de los intereses económicos en este país africano y las ventas del armamento al régimen de Qadhafi (las pérdidas de contractos sobre las ventas de las armas se aproximan a 4$ mil millones[16]), como para poner en juego el riesgo de encontrarse en periferia de la discusión de defensa antiproyectil, cuestión que sería mucho más importante para Rusia. Al mismo tiempo, la abstención en la votación señaló que la llamada distención entre los Estados Unidos y Rusia produce resultados, dado el hecho que uno de los propósitos de dicha distensión fue el de no contra actuar en la esfera de la política exterior de los dos países. Como se puede apreciar la abstención de Rusia fue un paso importante en el “restablecimiento” en las relaciones entre los dos países que empezó en el 2010.
Por otro lado, el acto de no utilización del veto en el Consejo de Seguridad por parte de Rusia puede ser explicada por intereses geopolíticos a nivel interno. Así, existe un cierto riesgo de que se produzca un impacto potencial a la inestabilidad en la región de Cáucaso del Norte en el suroeste de Rusia que incluye Chechenia. Prueba de esto las declaraciones del presidente ruso el pasado mes de febrero, cuando advirtió que la situación en el Oriente Medio podría causar que algunos “estados densamente poblados se dividieran en pequeños territorios” y llevarían a la “extensión adicional del extremismo islámico”[17].
Tras lo expuesto por el Sr Wittig, representante del país germano, en la 6498ª sesión del Consejo de Seguridad, podemos determinar que Alemania ha dado a conocer una postura relativamente similar al resto de los representantes occidentales, manifestando su malestar por el deterioro de la situación en Libia, donde el incremento de la violencia y las continuas violaciones de los derechos humanos conforman la agenda diaria de dicho país. El gobierno Alemán ha resaltado la importancia de las revueltas populares perpetuadas en los territorios de África septentrional, y por ello, ha sido firme, condenando el genocidio protagonizado por el gobierno libio y considerando, por consiguiente, que el régimen de Qadhafi tiene las horas contadas y que además, ya no lo considera un interlocutor válido, sin embargo, ha expresado que una posible intervención militar con tal de proteger la población civil, supone para la Alemania una complicada situación de determinar, ya que el coste económico y militar puede ser muy elevado. De ahí, que se haya abstenido en la votación de la resolución, ya que en el caso de que hubiera votado a favor, se hubiesen visto obligado colaborar militarmente debido a su papel destacable dentro de la OTAN.
Tal y como han expuesto algunos medios informativos, esta negativa a la colaboración militar ha provocado el enfriamiento entre las relaciones de Alemania y Francia, puesto que el país Galo ha tachado a los alemanes de ventajistas, ya que los germanos podrían beneficiarse de los frutos de la intervención militar francesa sin ensuciarse las manos. El gobierno francés con Sarkozy a la cabeza ha manifestado la negativa a un posible reforzamiento de la posición alemana dentro del Consejo de Seguridad (optar a un puesto permanente). Sin embargo, las movilizaciones diplomáticas y militares de los últimos días han dado a conocer la iniciativa alemana de una participación al menos indirecta que pueda implicar alguna operación militar de apoyo a las fuerzas presentes en el espacio marítimo y aéreo libio[18].
Dentro de un orden económico, la crisis bélica en Libia está representando una amenaza para el curso del crecimiento económico del país germano, ya que Libia se sitúa en un quinto puesto entre los principales países proveedores de petróleo que le venden a Alemania con 7,3 millones de barriles de petróleo al día[19]. Este factor, ha provocado como en otros países europeos, un incremento de los costes de la gasolina y por consiguiente, una reducción de la capacidad de consumo de los alemanes, significando un duro golpe para tal economía. No obstante, también convendría destacar el papel de algunas empresas alemanas en territorio libio como la industria química BASF/Winterschall, muy vinculada con la actividad petrolífera, así como también, la Siemens, Ferrotall y el consorcio alemán de producción de energía RWE, entre las mayores; todas estas han decidido sacar a la mayor parte de sus empleados del país, acentuando aun más las pérdidas económicas. Desde el sector empresarial, y desde algunos medios políticos se anima al gobierno alemán a llevar a cabo una mayor participación con tal de velar por los intereses presentes en el país norafricano.
Desde Alemania y destacando algunos medios que influyen en la opinión pública, podemos resaltar algunas organizaciones de los movimientos por la paz, como la sociedad alemana de paz, que han rechazado abiertamente la intervención militar en Libia, señalando los intereses económicos que pueda haber detrás y expresando que la escala del conflicto amado va en contra de la presunta intención de proteger vidas humanas, tal y como señaló Monty Schaedel[20].
En resumen, sectores que influyen en la opinión pública alemana, los intereses económicos que hay de por medio y el papel predominante de Alemania en Europa, entre otros factores, están condicionando la política exterior del país bávaro, que se balancea entre una mayor o menor participación, puesto que el desconcierto que se extrae del conflicto libio y de la actual crisis económica mantienen en vilo las predicciones económicas de futuro.
En la introducción plateamos la tesis que ha guiado la realización de este trabajo; pretendíamos entrever los motivos de los actores para la aprobación de la resolución 1973. Queríamos comprobar si los intereses nacionales han prevalecido sobre la voluntad normativa de utilizar los dictamines del CS como herramienta de seguridad colectiva para intervenir en temas humanitarios y proteger a la población civil. Tras haber analizado los puntos anteriores, sostenemos que el interés nacional de cada país fue la clave determinante de su posición respecto a la resolución sobre la situación Libia, por encima de cualquier suposición normativa relacionada con el R2P. La situación en Libia ha constituido una ventana de oportunidad que ha permitido a los países interesados en la aprobación de esta moción (principalmente Francia y Reino Unido) satisfacer objetivos internos, principalmente aumentar la popularidad interna (caso francés), proyectar su poder como potencias a nivel global/regional y la expectativa de un importante beneficio económico derivado de los recursos naturales libios. Es importante subrayar el papel secundario de Estados Unidos en este asunto, actor que tradicionalmente ha destacado como el principal protagonista de las intervenciones militares occidentales en Oriente Medio. En este caso ha ejercido un rol más pasivo en la promoción en el CS de la presente resolución. Esto ha dejado margen a la actuación a las potencias europeas (Francia y Reino Unido) con intereses palpables en el Norte de África.
Respecto a las consecuencias de la resolución, si analizamos los últimos acontecimientos en la zona de conflicto, podemos afirmar que, en este momento, con la intervención militar no se han cumplido “del todo” con los objetivos políticos iníciales de la resolución; ni con el principal objetivo de la intervención de proteger a los civiles ni con el velado objetivo secundario de derrocar el régimen de Qadhafi. Por el contrario, la intervención occidental ha dado lugar a la solidificación de una guerra civil entre el bando gubernamental y el bando rebelde. Esto plantea serias dudas sobra la aplicación que se ha hecho del R2P. Desde los principios que fundamentan esta normativa se considera que la aplicación del principio solo es deseable si se tiene la seguridad de que las medidas tomadas van a ser efectivas,(Patrick,2011) aunque es cierto que se evitó la caída de Bengasi no está claro hasta qué punto la intervención militar ha servido para “proteger” a la población civil mas cuando los enfrentamientos actuales han causado un alto número de víctimas. En este sentido seguramente los integrantes de la coalición han fallado en la medición de los recursos y apoyos que el régimen de Qadhafi dispone en su zona de influencia. Seguramente esperaban que la caída del régimen se produjera poco días después de la intervención (objetivo velado no incluido explícitamente en la RS.1973) No ha sido así, la zona de exclusión aérea fue efectiva para parar el avance de las tropas del autócrata libio a mediados del mes de marzo, pero no ha servido para desarticular la estructura política del país árabe. Actualmente Libia se encuentra en una situación de estancamiento, ninguna de las partes es capaz de imponerse sobre la otra y los ataques aéreos de la coalición (ahora bajo el mando de la OTAN) no parecen ser del todo efectivos. Algunos analistas (Vandewalle, 2011) consideran que esta situación puede derivar en la fallida del estado libio actual y la partición del territorio libio en dos entes independientes (conservando Qadhafi la zona de Tripolitania), en todo caso las predicciones sobre el futuro se presentan inciertas, una intervención terrestre a mayor escala podría ser necesaria si se quiere evitar ese escenario. Por último si entramos en valoración de este “hito histórico “que ha supuesto la aplicación del Cap.VII en base al R2P, no podemos evitar caer en el escepticismo. Creemos que en este caso el principio se ha utilizado “in extremis” y como un instrumento que perseguía fines diferentes del de “proteger a la población” .
RS.CS/1973
RS.CS/1674
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[1] ,2 http://blogs.forbes.com/energysource/2011/03/29/france-u-k-have-differing-motives-for-intervening-in-libya/
[3] http://blogs.forbes.com/energysource/2011/03/29/france-u-k-have-differing-motives-for-intervening-in-libya/
[4] http://www.invertia.com/noticias/articulo-final.asp?idNoticia=2478782
[5] http://blogs.forbes.com/energysource/2011/03/29/france-u-k-have-differing-motives-for-intervening-in-libya/
[6] http://blogs.forbes.com/energysource/2011/03/29/france-u-k-have-differing-motives-for-intervening-in-libya/
[7] http://usun.state.gov/briefing/statements/2011/158563.htm
[8] http://www.themarketoracle.biz/Article27187.html
[9] Political-Economic Relations Between Russia and North Africa. Antonio Sánchez Andrés, Working Paper (WP) 22/2006, 7/11/2006
[10] http://en.wikipedia.org/wiki/Gazprom
[11] http://en.wikipedia.org/wiki/Russian_Railways
[12]http://rbth.ru/articles/2011/03/25/russias_response_to_the_libyan_crisis_a_foreign_policy_paradigm_shif_12617.html
[13] http://eng.globalaffairs.ru/redcol/Putin-Medvedev-split-over-Libya-15139
[14] http://www.dawn.com/2011/03/25/russia-betrayed-its-interests-in-libya-says-former-ambassador.html
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[16] http://www.themarketoracle.biz/Article27187.html
[17] http://www.americanprogress.org/issues/2011/04/russia_libya_response.html
[18] http://www.20minutos.es/noticia/994481/1/reproches/francia/alemania/
[19] http://www.cnnexpansion.com/economia/2011/02/23/gasolineras-alemanas-libia-precios-crudo
[20] Presidente de la sociedad alemana de paz
Consejo de seguridad de las naciones unidas Libia ONU Política Internacional R2P Responsabilidad de proteger
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 artículo 24
 artículo 2
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 artículo 42
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