Source: http://www.magicasruinas.com.ar/rock/charlie-garcia.htm
Timestamp: 2016-10-23 11:57:25+00:00

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Charlie Garc�a (1976) M�gicas
el m�sico que derrot� a Monz�n
A los 24 a�os, el m�s famoso �dolo del movimiento beat argentino logr� reunir en el Luna Park a m�s de 40 mil adeptos, una cifra que supera los topes de Locche, Alindes y Monz�n. En una extensa entrevista con Siete D�as analiz� los motivos de su arrasador �xito �al frente del conjunto Sui Generis bati� todos los records de venta de discos� y desentra�� las claves del fen�meno que se produjo en torno de su curiosa y divertida personalidad. C�mo y por qu� dej� de ser un pibe de barrio para convertirse en el l�der de millares de adolescentes
Cuando el escritor norteamericano Jack Kerouac, uno de los fundadores y l�der del movimiento cultural conocido como beat generation, escrib�a �all� por mediados de la d�cada del '50� sus principales obras, Charlie Garc�a apenas si hab�a nacido. Sin embargo, �l es, seguramente, la expresi�n m�s viva y fiel de aquella c�lebre frase con que el autor estadounidense pintara a los integrantes de las nuevas generaciones. "Son j�venes, bellos, inteligentes ... y est�n m�s locos que una cabra", fue la justa y cari�osa definici�n de Kerouac �en su libro 'El �ngel subterr�neo'� que resum�a las cualidades de una verdadera legi�n de chicas y muchachos de aspecto desprolijo, enfundados en jeans gastados y ropas de colores, �amantes por igual de la poes�a y de la m�sica de rock and roll y ac�rrimos enemigos de toda forma de establishment� que empezaban a florecer, por aquel entonces, en el escenario de su pa�s.
Charlie es incre�blemente alto, flaco y desgarbado. En forma permanente, como una verdadera obsesi�n, mantiene la cabeza inclinada hacia un lado, casi apoyada sobre el hombro. Mientras pasea por la calle mes�ndose la pelambre y moviendo r�tmicamente su cuerpo largo y esmirriado; cuando toma el desayuno, descalzo y en posici�n de Buda sobre la cama, escuchando al conjunto Led Zeppelin, o cuando sube al escenario para cantar y arremeter con su piano el�ctrico, derrocha siempre, invariablemente, la misma gracia y simpat�a contagiosas. Vive haciendo morisquetas, adoptando tonos de voz hilarantes, imitando acentos extranjeros al hablar.
Aparenta ser un muchachito divertido y desenfadado, de maneras dulces y cuidados modales. Pero cuando comienza a hablar en serio conviene estar prevenido: tras su fachada adolescente y despreocupada, oculta bajo su rostro de rasgos ingenuos, casi infantiles, descansa una personalidad sorprendente. Poseedor de un vocabulario profuso, claro en sus definiciones y gustos, Garc�a impresiona como un personaje l�cido y maduro, due�o absoluto de s� mismo y de sus ideas. Cuando se le pregunta algo, �l escucha con atenci�n, manteniendo fija la mirada en su interlocutor y sin abandonar ni por un segundo su particular sonrisa (en realidad, una mueca que engloba la iron�a y el esp�ritu de aprobaci�n). Luego, lentamente, inclina la cabeza hacia el otro lado y sin demasiados pre�mbulos vomita su pensamiento, sin detenerse, exento de reparos y ajeno por completo a los prejuicios.
Durante seis a�os comand� un grupo musical que por su estilo, por la calidez de sus interpretaciones y, ante todo, por el mensaje que acompa�aba cada tema, se gan� la predilecci�n de millares de j�venes. Sui Generis se convirti�, con el tiempo, en mucho m�s que un simple conjunto de m�sica rock. Charlie y Nito Mestre, su compa�ero, fueron l�deres y conductores, sin propon�rselo, de buena parte de una generaci�n argentina. Cuando la agrupaci�n se disolvi�, en septiembre de 1975, ofrecieron un recital de despedida; aquella presentaci�n se trasform� en un acontecimiento que trascendi� extensamente los l�mites de lo estrictamente musical. Congregados a lo largo de dos funciones consecutivas, cerca de 40 mil personas coparon hasta el �ltimo rinc�n del Luna Park (unos cuantos miles de fans se quedaron sin entradas). Una cifra que, ni en sus noches de mayor gloria, lograron reunir Nicolino Locche o el mismo Carlos Monz�n.
EL PRINCIPIO. Charlie empez� tocando rock and roll para los amigos, como cualquier pibe de barrio, cuando acariciaba los diecisiete a�os. Form� su primer conjunto con compa�eros de colegio y despu�s de un tiempo de intentos est�riles llegaron a grabar el primer tema. De all� a la fama el camino ascendente resultar�a r�pido y desprovisto de obst�culos mayores. En breve lapso Sui Generis edit� tres long-plays y varios discos simples; sus melod�as comenzaron a ser coreadas por doquier. Un poco m�s tarde el boom ya estaba dibujado en todos sus contornos, cuando aparec�an los primeros posters con las im�genes impresas de Charlie y Nito. De un pibe como tantos otros, Garc�a pas� a ser admirado por miles de chicos apenas menores que �l; la idolatr�a y la notificaci�n, entonces, fueron poco menos que inevitables.
"Al principio yo pensaba que el �nico factor de nuestra atracci�n era la m�sica �recuerda despatarrado sobre su cama, en la habitaci�n de un hotel c�ntrico bastante distinguido, en el que habita desde hace tres meses�; pero con el tiempo mucha gente comenz� a notar el fen�meno sociol�gico, que se estaba gestando con Sui Generis. Y debo reconocer que, al principio, me atrajo un poco esa admiraci�n que despert�bamos. Pero, de todos modos, nunca me sent� c�modo en el papel de �dolo. Empec� a notar que se me estaba confundiendo; yo soy un m�sico y quer�a mostrar mi m�sica, pero naci� una fuerte mitificaci�n. Todos los chicos me quer�an hablar, me ped�an aut�grafos o hasta pretend�an acercarse para verme de cerca o tocarme. Todo eso me molestaba much�simo y termin� por gastarme. Muchas veces, si alguien ven�a a pedirme un aut�grafo, ten�a ganas de matarlo. Sent�a que no me estaban entendiendo; yo creo que un m�sico es simplemente eso, ni m�s ni menos que un m�sico. Nunca puede ser un gur� o un conductor. Despu�s de todo, yo no tengo una varita m�gica para darle soluciones a la gente".
Son las once de la ma�ana y el sol ingresa poderoso por la ventana de la habitaci�n. Una mucama entra en escena trayendo para Charlie un jugo de naranja exprimido. La mujer observa sorprendida el aspecto que ofrece el lugar: mi grabador funcionando, c�maras y equipos fotogr�ficos desparramados, y un fot�grafo trabajando desde la alfombra. "�Qu� es esto, Charlie?", pregunta, sin entender del todo lo que pasa. Despu�s se dirige a nosotros: "Tr�tenmenlo bien al chico, �eh?". Garc�a sonr�e, con expresi�n de ni�o mimado, y despide a la se�ora con un par de frases cari�osas. Como la ma�ana es preciosa le propongo una breve caminata por las cercan�as. Acepta gustoso, y se dirige al placard donde se amontonan sus ropas. Escoge un sweter de incontables colores y dibujitos, un pantal�n marr�n y un par de zapatillas azules de b�squet. En el hall del hotel, un �mbito suntuoso y discreto, lanza saludos efusivos a la telefonista y pasa, con suma displicencia, entre un par de circunspectos se�ores que, sin disimulo, le clavan los ojos, intercambian sonrisitas, y retornan luego a la lectura de sus respectivos diarios, abiertos �presumiblemente� en la p�gina de la Bolsa.
Ya en la calle retomamos el hilo de la conversaci�n: "Yo siempre hice m�sica �y adopta aqu� un tono ir�nico�; a los cuatro o cinco a�os ya estaba componiendo sonatinas. Mi instrucci�n, b�sicamente, fue de m�sica cl�sica. Pero despu�s me agarr� la nueva ola y me qued� pegado para siempre", sonr�e.
El tema de sus primeras intentonas como m�sico de rock no parece disgustarle. Al contrario, habla con mayor cari�o de aquellas �pocas en que "nadie daba un peso por m�", que del �xito y los triunfos posteriores. Muchas de sus canciones hablan del colegio secundario, de ese �mbito tan especial y contradictorio en que se desenvuelve buena parte de la vida de los adolescentes. "Durante la �poca de la escuela yo no me sent�a muy c�modo. Siempre se establecen relaciones feas entre los alumnos: est� el m�s piola, el m�s estudioso, el m�s fuerte, el m�s habilidoso jugando al f�tbol. Bueno, yo en realidad era el m�s nada."
Le pregunto si ahora que ya pasaron unos cuantos a�os (actualmente tiene 24) tuvo oportunidad de reencontrarse con alguno de sus antiguos compa�eros: "S�, y generalmente me llev� grandes desilusiones. Los vi como gastados, muy tristes. Me parec�an personas mucho m�s viejas que yo. Y, lo que es peor a�n, hab�an perdido esa frescura adolescente que al menos los hac�a rescatables en otro tiempo. Claro que la actitud de ellos hacia m�, al volver a vernos, fue la de pensar algo as� como qui�n lo hubiera dicho. Porque entonces Nito y yo �ramos los �nicos chicos del colegio que no ten�amos nada definido. Uno quer�a ser abogado, otro arquitecto, otro m�dico, y a nosotros lo �nico que nos interesaba era la m�sica. �bamos de grabadora en grabadora, ofreci�ndonos, y en cada empresa nos pegaban una patada en el traste y nos mandaban de nuevo al colegio. As� siempre ...".
El nuevo grupo que dirige, Garc�a y la M�quina de Hacer P�jaros (nombre que tom� prestado de una historieta del dibujante cordob�s Crist), vari� considerablemente en relaci�n con la l�nea musical de Sui Generis: es m�s estridente, cargada de efectos electr�nicos, y abandona la l�nea mel�dica y de baladas folk. Algunos cr�ticos, luego de las primeras presentaciones del conjunto, objetaron el valor de algunas de las nuevas composiciones, por considerarlas incorrectas desde el punto de vista t�cnico-musical. "Mir� �explica Garc�a� yo me recib� de profesor de piano a los 12 a�os. Luego estudi� armon�a y contrapunto y reci�n ahora comienzo a comprender que muchas de las cosas que me dec�an que no deb�a hacer eran en realidad posibles. En m�sica hay cosas prohibidas (como las cuartas aumentadas, o las quintas descendentes). Pero se pueden hacer; quiz�s no suenen matem�ticamente perfectas, pero el asunto no es mostrar siempre el lado perfecto de las cosas. Todo artista debe reflejar con su creaci�n, a la par que sus virtudes, sus propias imperfecciones. De pronto, yo necesito tocar cosas de las llamadas imperfectas, entre comillas. Pienso que la t�cnica, o las costumbres, en todos los �rdenes, no tiene que limitar al hombre. No estoy en contra de la t�cnica, pero siempre y cuando no se use para encasillar o limitar la imaginaci�n humana."
Mientras caminamos por la Avenida 9 de Julio, Charlie concita la atenci�n de un grupito de chicas y una que otra mirada furibunda de alguna matrona. De pronto me propone que entreviste a los chicos que integran su nuevo grupo. "Me gustar�a que los conozcas. Son tipos muy macanudos y muy inteligentes", sostiene. Le explico que, period�sticamente, el tipo "Importante" para la nota es �l. "S�, est� bien �Insiste�, pero igual me agradar�a que los vieras. Ellos tienen asumido el asunto de que yo soy el m�s conocido. Pero son muy inteligentes y eso no crea ning�n tipo de problemas."
Le propongo que hagamos la cita en su hotel, para el d�a siguiente: "No �replica�, mejor en otro lugar, porque all� me llaman todo el tiempo por tel�fono y nos van a interrumpir mucho". Despu�s de esa explicaci�n adopta una pose de vedette, cruza las piernas, se alisa el pelo hacia atr�s y fumando en una boquilla imaginarla bromea: "Chiquito, t� sabes lo solicitadas que somos las grandes estrellas del espect�culo."
LA MAQUINA. Incluyendo a Charlie, son seis m�sicos: Moro, el baterista del legendario conjuntos Los Gatos; el guitarrista Gustavo Bazterrica; el bajista Jos� Luis Fern�ndez, y dos voces, Ana Mar�a Quatraro y H�ctor Dengis. En el local en que act�an conversamos durante un buen rato, sumidos en un clima entusiasta y cordial. Curiosamente, Charlie fue, durante esa charla, uno de los que menos intervino. Se mostr� cauto, prefiriendo escuchar a sus compa�eros. Y m�s all� de los temas que tratamos durante las dos horas que dur� nuestra pl�tica, lo realmente importante y rescatable fue la actitud general de los chicos: fueron resolviendo cada uno de los temas por los que incursionamos con Inteligencia, sin alardes. La m�sica, obviamente, fue el punto en que se centraron las mayores disquisiciones: "Guste o no lo que nosotros hacemos �indicaron�, no se puede dejar de reconocer que el nuestro es un esfuerzo profesional. No hay Improvisaciones y trabajamos conscientemente".
Les pregunto, ante la defensa apasionada que hacen de su m�sica y de todo lo que ella significa en sus vidas, si no les molestan las concesiones que todo grupo musical debe atender para alcanzar fama y publicidad. "Nosotros hacemos las concesiones normales que se deben hacer para trascender �opinaron�. Pero en cuanto algo no nos gusta, no lo hacemos y listo. Por ejemplo, este reportaje no nos molesta, porque las cosas de que estamos hablando nos parecen importantes. Pero, eso s�, tratamos de no mitificar; no entramos por la variante de decir que Charlie se est� por divorciar, o que Ana est� un poco m�s gorda y va a empezar un r�gimen para adelgazar. Lo que haga cada uno de nosotros en su vida privada es problema suyo. Que quede claro que el nuestro no es un grupo ideol�gico al servicio de una causa determinada. Cada uno tiene sus propias ideas. Estamos ligados por cosas m�s cercanas a las emociones y a los sentimientos que al pensamiento."
Cuando les planteo si la m�sica es el �nico medio de que disponen para descargar sus conflictos y contradicciones, las respuestas var�an sobremanera. En un rato estamos todos prendidos en una discusi�n salpicada de nombres como Nietzsche o Debussy, y que abarca desde la teocracia hasta la cuarta dimensi�n. Olvidados por completo del reportaje charlamos en el m�s ameno de los climas. Sus conocimientos generales son vastos, tienen inquietudes y viven interesados y preocupados por los problemas de su tiempo. Todos ellos tienen amplios estudios de m�sica cl�sica, a pesar de su corta edad (Jos� Luis, por ejemplo, ejecutante de bajo el�ctrico y violoncello, tiene apenas 18 a�os).
Ya en la calle, mientras vamos caminando de regreso) Charlie, con una sonrisa satisfecha, me dice: "Hoy charlamos de cosas que nunca hablamos antes entre nosotros. La cotidianeidad impide a veces dialogar sobre temas tan profundos. Yo, por ejemplo, no sabia que Jos� Luis ama a Nietzsche ni que Gustavo era tan m�stico, pero lo m�s importante, y lo que yo quer�a, era que charlaras con ellos y los conocieras tal como son".
Una de las caracter�sticas m�s salientes en Garc�a es su capacidad para mudar de estado de �nimo. As�, cuando inquiero acerca del destino de la plata ganada en su carrera, troca su aspecto serio por uno mucho m�s divertido y simp�tico: "Y pues �recita con aire y acento gallegos- me la gast� toda". Y agrega m�s sobrio: "Hice todas las cosas que hubiera hecho un chico como yo y con mis mismos gustos. Me compr� discos importados, un �rgano y un piano el�ctricos, el sintetizador y el melotr�n, entre otras cosas".
Id�nticos buen humor y chispa inundan sus recitales: desde el escenario Charlie dialoga a menudo con su p�blico. Las letras de sus canciones, como �l mismo, equilibran la tem�tica profunda con trazos de fina iron�a: "El humor es muy importante y la gente generalmente no lo posee. Uno sale a la calle y encuentra a la gente triste. Y el asunto va m�s all� de que el pan est� caro o el televisor no funcione. Pienso que hay como una sensaci�n general de descontento en todo el planeta. Hay un gran descreimiento y tambi�n una suerte de conciencia mal entendida de la civilizaci�n. Los actos puros ya casi no existen y hay una gran hipocres�a en muchos �mbitos. Incluso mucha gente que se dice honesta en realidad no lo es. Por eso le doy tanta Importancia a mi m�sica, porque en medio de todo ese estado de cosas, la considero algo puro, un verdadero acto de amor. Desde 'otro punto de vista, pienso que la �poca en que vivimos es l�mite, es un tiempo de cambios. Mi m�sica, como no pod�a ser de otro modo, tambi�n es l�mite".
Alguna vez se le objet� cierta presencia escabrosa en algunos de sus temas (incluso sufri� censura en varias ocasiones). "El artista �se defiende� tiene que tener conciencia. Yo, a partir de mi conciencia me ubico en el mundo y me defiendo de las cosas que veo como malas o injustas. Hacer un acto puro, en un mundo en que ese tipo de actos no aparecen, es algo muy importante. Pero, por supuesto, mi m�sica tiene que estar, a la fuerza, te�ida de imperfecciones y hasta de aspectos escabrosos. Porque la realidad misma es as�".
Ya de regreso en el hotel le confieso que antes de emprender el reportaje ten�a ciertas dudas acerca de sus reacciones. Lo cre�a un tipo mucho m�s dif�cil de tratar, hasta quiz� un poco neur�tico y reacio a las entrevistas. Charlie sonr�e, hace un par de muecas, y despu�s responde: "Mir�, no me molesta esta nota en s�. Pero lo que no soporto es que vengan a entrevistarme, como pas� en varias ocasiones, y empiecen a agredirme por mi aspecto o a se�alarme como si yo fuera un delincuente. Entonces s�, no me cuido y mando al reportero al mism�simo diablo".
Ahora est� decididamente serio, reflexivo. Quiero saber cu�les son las cosas que m�s le molestan del mundo en que le toc� nacer y vivir: "Creo que lo que m�s odio es la gente que se encierra, que cierra sus mentes y cree que no pueden pasar cosas nuevas; que todo debe seguir como siempre. No soporto a las personas que no son capaces de abrir su mente a cosas nuevas",
�PARA QUIEN CANTO? "Para qui�n canto yo entonces, si los humildes nunca me entienden / Si los hermanos se cansan de o�r las palabras que oyeron siempre / Si los que saben no necesitan que les ense�e / Si el que yo quiero todav�a est� dentro de tu vientre / Yo canto para esa gente, porque tambi�n soy uno de ellos / Ellos escriben las cosas, y yo les pongo melod�a y verso / SI cuando gritan vienen los otros y entonces callan / SI s�lo puedo ser m�s honesto que mi guitarra / Y yo canto para usted, / el que atrasa los relojes / El que ya jam�s podr� cambiar, y no se dio cuenta nunca que su casa se derrumba".
Para qui�n canto es una de las m�s famosas y difundidas melod�as de Sui Generis. Para Charlie, la canci�n result� una verdadera justificaci�n de toda su m�sica. "Yo sigo creyendo que, de alg�n modo, soy un incomprendido musicalmente hablando. Me plante� muchas veces el problema de llegar masivamente a la gente. Pero existe una evoluci�n que no puedo traicionar. Para cantarle a todo el pueblo habr�a que hacer algo mucho m�s sencillo. Nuestra m�sica tiene contenido y vuelo, pero no responde a las pautas establecidas en la canci�n popular".
Charlie pasa actualmente muchas horas de su vida en el hotel: "Ahora quiero tener mi propia casa -fantasea-. De todos modos no salgo mucho. S�lo me interesa mostrar mi m�sica; no quiero que los chicos se me acerquen como si fuera un dios o alguien m�s importante que ellos mismos. Por eso prefiero vivir m�s en mi intimidad, tomar ciertas distancias ...".
Resulta casi imposible no relacionar a Charlie con la m�sica. Su habitaci�n, por ejemplo, parece un verdadero estudio de grabaci�n, con equipos de sonido, auriculares, pilas enormes de discos, revistas y libros relacionados con el tema. A pesar de ser trillada y conocida, no desde�� una pregunta que con Charlie calzaba justo. �Qu� hubiera pasado con �l de no haber triunfado en su carrera musical? "Creo que hasta podr�a haberme suicidado �confiesa�. O quiz�s estar�a haciendo algo como
teatro ... Aunque debo reconocer que si no me hubiera sido posible-descargar tantas cosas en mi m�sica, hubiera resultado un tipo sumamente peligroso", y sonr�e, sorprendido de sus propias reflexiones, lanzando carcajadas cortitas, como si tuviera hipo.
Esa noche, mientras nos dirig�amos a La Bola Loca, el local en que act�a, cruzamos en la calle a una mam� muy joven, llevando en sus brazos a su peque�a hijita. Por primera vez, entonces, lo not� absolutamente concentrado, con todos sus sentidos pendientes de la ni�a. "�Qu� ni�a hermosa!", balbuce�. Y acto seguido fue �l quien me preguntaba: "�Vos ten�s hijos?"; y continu�: "Aunque quisiera tener un hijo, no estoy seguro de cu�l es la educaci�n m�s indicada. Creo que, simplemente, le dar�a much�simo amor, y de vez en cuando lo reprimir�a. El chico tiene que saber que ciertas cosas no se pueden hacer. Conviene que lo aprenda porque igual el mundo despu�s lo va limitar y le va a colocar trabas".
Un rato antes de que comience la funci�n las localidades ya est�n agotadas. Con Charlie (ajeno por completo a sus fans y a los enormes carteles que reproducen su imagen en la puerta de la sala) intercambiamos algunas �ltimas frases: hablamos de su amor por el cine, y por directores como Truffaut o Fellini y de sus ganas de componer m�sica de pel�culas.
Casi sobre el filo del reportaje, y despu�s de que �l confesara que su educaci�n literaria no es muy profusa, le hago notar que, sin embargo, su l�xico es m�s que correcto, y sus continuas citas hist�ricas o comparaciones varias denuncian una formaci�n general suficientemente s�lida: "Creo que el origen de mi formaci�n hay que buscarlo, sobre todo, en artes como el cine o la m�sica. Porque, despu�s de todo, pienso que soy, con todas las desventajas y ventajas que ello implica, un verdadero hijo de este tiempo". Daniel Kon Fotos: Eduardo Nu�es

References: Sui Generis
Sui Generis
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