Source: https://www.tuexperto.com/2020/05/13/mi-experiencia-samsung-galaxy-s20-5g-tras-tres-semanas-uso/
Timestamp: 2020-08-07 03:54:16+00:00

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Mi experiencia con el Samsung Galaxy S20+ 5G tras tres semanas de uso
Probamos durante tres semanas el Samsung Galaxy S20+ 5G, la apuesta intermedia de Samsung en su gama alta. Conoce todas nuestras impresiones.
Publicado por Juan Carlos Broncano | 13 mayo 2020 | Análisis de Móviles, Análisis | 1
El pasado 11 de febrero Samsung presentó la que sería su gama alta de móviles para este 2020. En concreto, el fabricante surcoreano lanzó tres series, la serie Galaxy S20, Galaxy S20+ y Galaxy S20 Ultra. Dentro de cada una de estas series nos encontramos con dos versiones, una con 4G y otra con conectividad 5G, a excepción del S20 Ultra, que solo cuenta con una única versión con 5G. En esta ocasión he tenido la oportunidad de probar el hermano mediano, el Samsung Galaxy S20+, en su modalidad con 5G. El precio de esta versión supera la friolera de los 1.100 euros. ¿Será capaz de proporcionarnos lo mejor del mercado por este precio? Veámoslo.
El análisis del Samsung Galaxy S20+ se ha realizado durante la cuarentena por coronavirus. Es por ello que algunas pruebas relacionadas con la experiencia real de uso se han visto limitadas. Estas pruebas muestran resultados en autonomía, conectividad y fotografía que pueden variar en un uso cotidiano del dispositivo fuera de la cuarentena.
Un móvil para manos grandes que se deshace de las curvas
La mejor pantalla que verás en un teléfono móvil
Cariño, este móvil suena mejor que mi ordenador portátil
La mejor experiencia de uso que he tenido en un móvil
Funciones interesantes del Samsung Galaxy S20 Plus 5G
Cámara: los 30 aumentos son una delicia algo limitada
Todos los modos de cámara del Samsung Galaxy S20+ 5G
Todas las opciones de cámara del Samsung Galaxy S20+ 5G
El problema de Samsung con la cobertura y sus procesadores Exynos
Autonomía variable según las exigencias de la pantalla
Biometría: una de cal y otra de arena
Conclusión: un móvil redondo que pierde su encanto con el precio
6,7 pulgadas con tecnología Dynamic AMOLED, resolución Quad HD+ (563 ppp), 120 Hz de tasa de refresco y compatibilidad con HDR10+
– Sensor principal con lente gran angular de 12 megapíxeles, apertura focal f/1.8 y píxeles de 1,8 um
– Sensor secundario con lente ultra gran angular de 12 megapíxeles, apertura focal f/2.2 y píxeles de 1,4um
– Sensor terciario con lente telefoto de 64 megapíxeles y 3 aumentos, apertura focal f/2.0 y píxeles de 0,8 um
– Sensor ToF para el cálculo de la profundidad en imágenes en modo Retrato
128 GB de tipo UFS 3.0
4.500 mAh con carga rápida, carga inalámbrica y carga inalámbrica reversible
Android 10 bajo One UI 2.1
WiFi 4×4 MIMO b/g/n/ac, LTE Cat. 20, 5G NSA sub-6, Bluetooth 5.0, GPS de doble banda (GLONASS, Beidou, SBAS y Galileo), NFC y USB tipo C 3.1
161,9 x 73,7 x 7,8 milímetros y 186 gramos
Desde 1.010 euros
Es un hecho, el Samsung Galaxy S20+ es un móvil grande, demasiado grande me atrevería a decir, incluso para una persona con las manos grandes, como es mi caso. Y no es para menos. El teléfono mide más de 16 centímetros de alto (16,1 centímetros para ser más exactos) y casi 7,4 centímetros de ancho. Para las dimensiones de su pantalla, de 6,7 pulgadas, es un tamaño realmente compacto, pues apenas cuenta con marcos. Pero no para el común de los mortales.
A la hora de la verdad, el teléfono me ha resultado algo incómodo en mano, sobre todo al sostenerlo en vertical. De hecho, he de admitir que el terminal se ha resbalado de mis manos en más de una ocasión. Esto se debe, en parte, a los materiales de construcción: cristal en la carcasa trasera y metal en los márgenes. Afortunadamente, tanto el chasis como la pantalla han aguantado a la perfección. No es un móvil resbaladizo, pero hay que tener sumo cuidado si tenemos las manos pequeñas o simplemente no llegamos a sostenerlo por completo.
Pero si el tamaño supone una desventaja a la hora de usar el móvil en vertical, la experiencia a la hora de ver contenido en su pantalla o jugar a ciertos juegos cambia por completo, aunque de esto tiene la culpa la pantalla y el sistema de altavoces (más adelante hablaré de ello). Y es que si hay algo que me ha sorprendido es el peso del teléfono. Aún a día de hoy no entiendo cómo Samsung ha logrado embutir todo el hardware en un cuerpo de tan solo 186 gramos. Repito, 186 gramos. Un móvil de casi 7 pulgadas y una batería que se acerca a los 5.000 mAh.
En este aspecto, el teléfono me ha resultado sumamente cómodo. Incluso parece que no cuenta con una batería en su interior. Por contextualizar, el iPhone 11 Pro Max pesa 226 gramos, unos 40 gramos más que el Galaxy S20 Plus. Recordemos que es un móvil de 6,5 pulgadas y unos 15,8 centímetros de alto.
La razón de este ínfimo peso se debe precisamente al grosor del cuerpo. Según Samsung, el chasis de su buque insignia mide tan solo 7,8 milímetros. Y es cierto, es un móvil realmente fino. Eso sí, salvando su cámara. Según mis cálculos, el módulo de la cámara ocupa prácticamente una cuarta parte del grosor del dispositivo.
Esto acaba provocando que el teléfono cojee en superficies planas, algo bastante incómodo si estamos usándolo en una mesa. A larga incluso puede provocar pequeñas rozaduras en el cristal óptico de la cámara, aunque bajo mis pruebas el teléfono ha aguantado realmente bien. Vale decir que cuenta con resistencia IP68 al agua y al polvo. Por motivos obvios, no he probado a usar el teléfono bajo la ducha (de momento).
La cámara sobresale y mucho.
Me gustaría finiquitar el apartado del diseño con dos detalles. El primero tiene que ver con la decisión de Samsung por deshacerse, por fin, de la curva de la pantalla. Bueno, no del todo, pero sí lo suficiente para que no perdamos practicidad y comodidad. Sí, el teléfono cuenta con ligeras curvas en la parte trasera y la parte delantera, pero no es algo que sea molesto. Incluso ayuda a mejorar el agarre del chasis en mano.
El segundo detalle tiene que ver con la eliminación del botón de Bixby ante el fracaso del asistente. Ahora Samsung ha integrado dos botones, uno para el volumen y otro que hace las funciones de botón de bloqueo y encendido. Si pulsamos este botón de manera prolongada Bixby se activará, aunque podemos configurarlo de manera manual en la propia aplicación. Sin duda alguna, dos buenas noticias para los que encontraban algo de frustración en la iteración anterior.
Y no tengo miedo a afirmarlo. He probado más de una treintena de móviles a lo largo de mi vida y me atrevo a decir que la pantalla del Samsung Galaxy S20+ es la mejor pantalla que ha pasado por mis ojos. Tanto por colores, como por brillo, como por fluidez. Comencemos primero por los datos técnicos.
El teléfono se vale de un panel Dynamic AMOLED de 6,7 pulgadas, resolución Quad HD+ y 120 Hz de frecuencia. En otras palabras, una pantalla de calidad. A nivel de calibración, la pantalla viene algo saturada de serie, si bien es algo que podemos modificar desde los propios ajustes. Personalmente prefiero colores más vívidos, precisamente por la tecnología y las bondades de las pantallas de tipo OLED.
Si hablamos del brillo, el panel es capaz de proporcionarnos picos de hasta 1.300 nits si usamos el móvil en exteriores. He probado a usarlo un par de veces con la luz directa del sol y se ve realmente bien, incluso con fondos de pantalla oscuros. El brillo mínimo también es muy bajo. Usar el móvil en la cama también es una delicia. Esto se aplica en cualquier entorno donde la luz es escasa.
En exteriores, la pantalla se ve realmente bien.
Pasemos a hablar del apartado más polémico de la pantalla, su tasa de refresco. Sí, contamos con un panel de 120 Hz. El problema es que no podemos usarlos con la resolución nativa del panel, sino que nos vemos forzados a bajar la resolución hasta Full HD.
A la hora de la verdad, lo cierto es que no me ha supuesto ningún problema. Es cierto que se aprecia una ligera bajada de calidad en ciertos contornos, pero la alta tasa de píxeles por pulgada (563, para ser exactos) hace que me olvide por completo de esta ¿carencia?. Probablemente se deba a un aspecto meramente funcional, al fin y al cabo, la autonomía podría verse afectada seriamente. De hecho, no es algo de lo que este Galaxy S20+ pueda presumir, aunque posteriormente hablare de ello en el pertinente apartado de la autonomía.
Fuera de esta limitación, la experiencia de uso ha sido prácticamente perfecta, o casi perfecta. Los 120 Hz dotan al teléfono de una fluidez nunca antes vista en un móvil. Sí, se notan y mucho. Volver a los 60 Hz me ha hecho ver las ventajas de los 120 Hz, aunque lamentablemente no todas las aplicaciones y juegos son compatibles con esta tasa. Hablaré más tarde de esto mismo.
A veces hay que hacer malabares para coger el móvil sin que se nos escape de la mano.
Como acabo de señalar en el apartado anterior, la experiencia con la pantalla no ha sido perfecta. Y hay una razón: los toques fantasmas. Debido al escaso margen de apoyo que dejan sus ínfimos marcos, el teléfono tiende a detectar toques falsos continuamente.
En más de una ocasión los vídeos de YouTube se me han adelantado por pulsar una de las esquinas del teléfono con la palma de la mano. En Google Chrome incluso he llegado a acceder a algunos enlaces de manera involuntaria. Y algo similar sucede con el resto de aplicaciones. Es cierto que existe una opción en los ajustes que nos permite evitar los toques fantasmas. Ciertamente, su funcionamiento deja bastante que desear. Confío en que Samsung corregirá este problema en futuras actualizaciones. O al menos lo espero.
Y no es ninguna broma. Actualmente poseo un MacBook Pro de 13 pulgadas de 2017, uno de los ordenadores con mejor sonido dentro del mercado de los portátiles. Sorprendentemente, el sonido del Galaxy S20 Plus supera con creces el sonido del portátil de Apple. No tanto en volumen, seamos honestos, sino en definición y calidad de los agudos. De hecho, los altavoces del ordenador llegan a saturar en ocasiones en las frecuencias más graves. El teléfono de Samsung, sin embargo, mantiene el tipo incluso con géneros de música algo más duros en ciertas frecuencias. Eso sí, la entrega de graves no es tan buena como la del portátil e incluso llega a causar vibración en el cuerpo. Tampoco la sensación de “envoltura” del sonido. Pero para ser un teléfono, la experiencia me ha dejado con muy buen sabor de boca.
Por supuesto, no es oro todo lo que reluce. Sí, el teléfono cuenta con dos altavoces estéreo, pero la ubicación del altavoz inferior (el más potente) no es la más adecuada. Al estar situado a la derecha del puerto de carga, obstaculizaremos su salida a la hora de usar el teléfono para ver vídeos o bien para jugar a juegos. La solución pasaría por implementarlo dentro del propio marco, si bien es cierto que el volumen y la presencia de frecuencias graves sería mucho menos notoria. El sonido, por cierto, puede ser configurado a nuestro gusto por medio de un ecualizador integrado, así como por un ecualizador firmado por Dolby que nos permite configurar el sonido en juegos.
Otro componente que hay que destacar en este apartado son los auriculares que vienen de serie en la caja. Están firmados por AKG, cuentan con una conexión USB tipo C y vienen cubiertos de un recubrimiento de tela que augura una resistencia mayor a la de los cables convencionales. Las sensaciones que me han transmitido estos auriculares son realmente buenas. Volumen alto sin llegar a saturar y espectro de sonido que da la talla en todas las frecuencias. Por poner una pega, echaría en falta una presencia más notoria de los graves.
Pero antes de hablar de ello comencemos por la teoría. El Galaxy S20 Plus 5G cuenta con un procesador Exynos 990, 12 GB de memoria RAM y 128 GB de almacenamiento interno de tipo UFS 3.0. Con todas estas especificaciones es de esperar que el teléfono se comporte con total solvencia en cualquier operación que le exijamos. Y así ha sido.
Gracias a este configuración y a los 120 Hz de la pantalla, la experiencia que he tenido con este móvil es la mejor en años sin temor a equivocarme. Las animaciones, las transiciones, el cambio rápido entre aplicaciones, el uso de la multitarea, el uso de varias ventanas flotantes, los juegos a su máxima calidad gráfica. Absolutamente todo funciona como tiene que funcionar, algo de lo que últimamente Samsung no ha podido presumir.
Si con los Galaxy S51 y A71 me quejé de la falta de optimización de One UI, con el S20+ aplaudo el trabajo de la compañía en el campo del software. Bien es cierto que el teléfono ha sufrido un par de bloqueos en Google Chrome e Instagram. En más de una ocasión me he visto obligado a forzar el cierre de las aplicaciones por no responder correctamente.
A la izquierda, puntuación del Galaxy S20+ 5G en Antutu. A la derecha, la velocidad de lectura y escritura de la memoria interna.
En lo que respecta al resto de aplicaciones, el funcionamiento ha sido el correcto. Incluso en juegos con alta demanda gráfica. He probado a jugar dos juegos compatibles con los 120 Hz de la pantalla, el Payback 2 y el CSR Racing 2, y la experiencia ha sido muy grata. Quizá el margen de mejora en este punto lo encuentro en la gestión de la temperatura. Cuando jugaba a títulos como Call of Duty Mobile o algunos de los que acabo de mencionar con la configuración gráfica al máximo, la temperatura del teléfono se acercaba peligrosamente a los 40 ºC.
Por ejemplo, en el benchmark de Antutu la temperatura máxima ha llegado a alcanzar los 39,7 ºC. Teniendo en cuenta que el verano está al caer, no descarto que la temperatura supere los 40º C a la hora de realizar determinadas acciones con el móvil. Supongo que es el precio a pagar por tener un móvil tan fino y tan poco pesado, aunque a la larga puede suponer un problema que puede desembocar en más de una llamada al servicio técnico. No he probado a usar el teléfono con funda, pero no descarto que la temperatura sea aún superior si decidimos cubrir el móvil con un trozo de silicona pegado a su cuerpo.
Aplicaciones en ventanas flotantes
Modo Concentrado
Rutinas de Bixby (Bixby Routines)
Samsung Dex para convertir el teléfono en un ordenador conectándolo a un monitor externo
Smart View para conectar el teléfono a una TV
No voy a engañaros. No soy fan de las cifras que prometen los fabricantes con niveles de zoom de 30, 50 o incluso 100 aumentos. Este Galaxy S20 Plus llega con la promesa de ofrecernos 30 aumentos digitales con su lente teleobjetivo de 3 aumentos ópticos. ¿Lo conseguirá? Ahora lo veremos, pero hablemos primero de sus cuatro cámaras. Antes de entrar en detalle me gustaría aclarar, no obstante, que las pruebas se han visto limitadas por la cuarentena. Actualizaré el artículo con más fotos en la medida de lo posible. Asimismo, cabe destacar que las imágenes han sido redimensionadas y comprimidas.
Volviendo a las especificaciones del teléfono, el Samsung Galaxy S20 Plus se vale de tres sensores de 12, 12 y 64 megapíxeles y un último sensor ToF destinado a crear mapas en tres dimensiones para mejorar los resultados del modo Retrato. Comencemos por el sensor principal, que en este caso es el sensor de 12 megapíxeles. El de 64 está reservado para el teleobjetivo y la grabación de vídeo en 8K.
Fotos tomadas con el sensor principal.
Los resultados con este sensor son realmente buenos. Durante el día las imágenes mantienen un nivel de detalle alto y el rango dinámico del sensor nos permite jugar con fotografías de amaneceres y atardeceres.
Cuando usamos la resolución máxima del sensor cuesta enfocar objetos relativamente cercanos.
El enfoque de este sensor también nos permite crear un bokeh a cierta distancia sin recurrir al modo Retrato (Enfoque dinámico lo llama Samsung). Donde el sensor no brilla tanto es durante la noche. Es cierto que el tamaño ha crecido casi dos veces respecto al sensor del S10 (unas 1,7 veces, en concreto), pero la apertura focal se ha reducido de manera considerable (de f/1.5 a f/1.8). No es un mal sensor para la fotografía nocturna, no nos equivoquemos, pero los resultados no alcanzan el nivel que esperaba. Para ello nos vemos obligados a recurrir al modo Noche, un modo que solo hace magia cuando la luz es muy escasa. Es decir, cuando hay oscuridad, pero no la suficiente, el modo actuará de una manera mucho más sensible, con un tiempo de exposición que varía según lo defina la Inteligencia Artificial.
El modo noche satura bastante los colores, si bien logra levantar luces que el ojo humano ni siquiera es capaz de captar.
Por ejemplo, a cielo abierto podemos jugar con la astrofotografía para obtener el detalle de las estrellas. El resultado me ha parecido realmente bueno si tenemos en cuenta que en ningún momento he usado un trípode para las fotografías. El tiempo de exposición en este caso puede ampliarse hasta los 10 segundos. Lo normal es que sea de 3 ó 5 segundos en fotografías por la noche.
Si tenemos buen pulso podemos llegar a capturar incluso algunas estrellas.
Pasemos a hablar del segundo sensor, de 12 megapíxeles también. Acompañado de una lente ultra gran angular y una apertura de foco f/2.2, los resultados con respecto al sensor principal son algo inferiores. El rango dinámico y el nivel de luminosidad del sensor no son tan amplios por la apertura focal del mismo y la carencia de un sistema de estabilización óptico. Por contra, obtenemos mayor versatilidad al contar con un campo visual mayor, aunque por la noche los resultados decaen de manera estrepitosa. De nuevo por la carencia de OIS (estabilización óptica). Sí que he llegado a notar una interpretación de los colores algo más agresiva que la del sensor principal, con unos tonos bastante más saturados que los de la anterior cámara. Esto es algo que también he apreciado con otros modelos de Samsung. Desconozco el porqué.
Fotos tomadas con el sensor gran angular.
Durante la noche, las carencias del este sensor denotan unos resultados bastante deficientes. Cuando el nivel de luminosidad es escaso empieza a aparecer el ruido. Aunque el procesado de Samsung logra salvar este ruido, el algoritmo lava las texturas para dar una sensación de mayor luminosidad. En este aspecto hubiese preferido aumentar el tiempo de exposición para no forzar el ISO y provocar así la aparición de ruido. Lo bueno es que el modo Noche logra salvar, en parte, las fotografías tomadas con este sensor. A pesar de ello, no es una cámara que recomiendo para escenas nocturnas o interiores.
El gran angular tiende a saturar los colores con respecto al sensor principal.
Toca hablar de la cámara protagonista. El sensor teleobjetivo es el que se lleva la mejor hoja de especificaciones: 64 megapíxeles, 3 aumentos ópticos y una apertura focal f/2.0. Las fotos durante el día si usamos los 3 aumentos son muy decentes si obviamos las diferencias con el sensor principal. Buen nivel de detalle y una interpretación de los colores quizá algo más pálida de lo que nos tiene acostumbrados Samsung. A la hora de hacer uso de un nivel de zoom mayor, el nivel de detalle empieza a perderse, pero no tanto como cabría esperar.
Sensor teleobjetivo (3x)
Zoom digital (10x)
Sensor principal (1x)
Zoom digital (30x)
Por ejemplo, las fotos tomadas con 10 aumentos son perfectamente aprovechables, al menos durante el día. Pero, ¿qué sucede si estiramos el nivel de zoom hasta los 30 aumentos que promete Samsung? Aquí el trabajo de la compañía es encomiable. Durante el día el trabajo de la Inteligencia Artificial hace magia, resolviendo con bastante soltura el detalle de los objetos capturados a distancia. Incluso el de algunos contornos finos o letras.
Zoom híbrido (10x)
Lo que hace el teléfono es limpiar la imagen de ruido “lavando” texturas y subir el nivel de nitidez para obtener una imagen artificialmente definida. Esto es algo que por el día sorprende. Por desgracia, este sistema decae cuando la luz es escasa, es decir, durante la noche.
Podemos jugar con el enfoque del sensor teleobjetivo a niveles muy similares a los de una lente macro.
Solo hay una excepción, las fotos de la Luna. Es sorprendente cómo Samsung logra capturar el detalle de la Luna desde prácticamente cualquier ángulo y condición lumínica. Y no hablo de salir a la calle con un trípode y apuntar a la Luna en plena oscuridad. Hablo de hacer la foto desde el sofá de casa.
Algo que he podido apreciar jugando con la cámara del teléfono es que no siempre usa el sensor telefoto al usar el zoom 3x. Por ejemplo, cuando la situación lumínica es compleja, lo que hace el teléfono es capturar la imagen directamente desde el sensor principal y acercarla digitalmente. Esto se puede saber analizando los metadatos de las fotografías con programas especializados.
Pasemos a hablar del último sensor, el sensor ToF (Time of Flight). La única función de este sensor es mejorar el desenfoque de las fotos tomadas en modo Desenfoque dinámico. El trabajo en este aspecto es bastante bueno. En todo momento logra separar el cuerpo del paisaje, tanto en personas como en mascotas y objetos. El nivel de desenfoque sí que es algo agresivo para mi gusto, aunque podemos modularlo a posteriori o incluso cambiarlo en tiempo real.
Modo Retrato (Enfoque dinámico lo llama Samsung).
Ya hemos hablado de las bondades de las cuatro cámaras en fotografía. Pero, ¿y en vídeo? Las sensaciones en este campo son prácticamente idénticas. Primero, por el tratamiento del color que realiza Samsung sobre las imágenes. Segundo, por la capacidad de enfoque de sus sensores. Tercero, por el buen hacer de la estabilización. Y cuarto, por la posibilidad de intercambiar en diferentes cámaras a tiempo real. Solo hay un par de pegas relacionadas con la grabación de vídeo.
La primera tiene que ver con la ausencia de OIS en el gran angular, lo que acaba desembocando en un efecto mantequilla provocado por la estabilización digital. La segunda carencia llega con el sensor teleobjetivo. A pesar de que cuenta con OIS, el resultado de este sensor en vídeo es algo inferior al del sensor principal, algo que podemos apreciar por la noche o incluso en habitaciones de interior.
No es el mejor móvil para grabar vídeo, pero no vamos a echar nada en falta. De hecho, el teléfono es capaz de grabar a resolución 8K. Sí, 8K, has leído bien. Por desgracia, el confinamiento me ha limitado la grabación de vídeo a través de este modo. Mis pruebas me han dado un par de conclusiones: es un modo que conviene usar quietos y solo durante el día.
Debido a que el teléfono transfiere la grabación de vídeo de este modo al sensor teleobjetivo por su resolución de 64 megapíxeles, sus posibilidades son algo limitadas por las características del sensor. Su baja apertura focal no nos permite jugar por la noche o en interiores. Asimismo, tendremos que valernos de un trípode para lograr que el teléfono estabilice correctamente las imágenes y enfoque la escena. En este aspecto he encontrado el comportamiento de la cámara algo errático. Tampoco he sido capaz de encontrarle una utilidad real, más allá de usar los vídeos para recortarlos a una resolución más baja y editarlos posteriormente para otras escenas. A menos que contemos con un televisor 8K, un tipo de producto que hoy se puede encontrar en el mercado por 3.000, 4.000 o incluso 5.000 euros.
Por lo demás, el teléfono cuenta con diversos modos de vídeo que nos permiten jugar con el bokeh en tiempo real e incluso grabar un vídeo con varias cámaras a la vez para crear “momentos”. Modos que funcionan realmente bien y que nos pueden ayudar a dotar de mayor versatilidad al móvil.
Ahora sí, toca hablar de la cámara delantera. A diferencia del modelo del año pasado, el teléfono solo cuenta con una única cámara de 10 megapíxeles. Se reduce la apertura focal (f/2.2 frente a f/1.9 del Galaxy S10 Plus), lo que repercute de manera negativa en la fotografía nocturna. De hecho, las sensaciones de esta cámara no han sido tan positivas que las del resto de cámaras.
Durante el día sí logra obtener un buen detalle, pero las carencias del sensor durante la noche nos obligan a usar el modo Noche para evitar la aparición de ruido. Sí que me gustaría destacar el buen trabajo de Samsung con el modo Retrato (Enfoque dinámico, recordemos) y la estabilización digital de los vídeos. Aún con todo, los resultados de esta cámara no me han convencido en absoluto. Ni en definición, ni en rango dinámico ni en enfoque. Punto negativo para el teléfono en este aspecto.
Es algo de lo que personalmente me he quejado en cada uno de los teléfonos Samsung con procesador Exynos que he probado, como el Galaxy A51 o el Galaxy A71. La cobertura del teléfono en mi casa es prácticamente inexistente, incluso en el segundo piso y la terraza. Pocas veces ha superado el 50% de señal si tomamos como referencia el icono de red asociado a la cobertura, algo que no es permisible en un móvil que, recordemos, supera los 1.000 euros en su versión base.
Por lo general, el icono de cobertura no ha llegado a superar las dos rayas durante las tres semanas de uso, lo que acaba afectando a la recepción de llamadas. Todos mis contactos han asegurado que escuchaban su voz en eco durante alguna llamada, algo que ningún otro teléfono con procesadores de otras marcas ha reportado durante mis pruebas. Es cierto que cuenta con conectividad 5G compatible con redes SA y NSA. Lamentablemente, mi zona carece de dicha conectividad. Tampoco es algo que haya afectado de manera positiva a la cobertura del 4G, al parecer.
Nivel máximo de cobertura que he obtenido en casa.
Si hablamos del resto de conexiones del teléfono, lo cierto es que el Galaxy S20+ se ha comportado realmente bien. El alcance y el comportamiento del Bluetooth y el WiFi ha sido correcto bajo mis pruebas. No he podido usar el NFC por motivos evidentes, pero no creo que dé ningún problema a la hora de realizar pagos móviles. Quizá la ausencia que más he echado de menos es la del puerto para los auriculares. Es un incordio tener que elegir entre cargar el teléfono o escuchar música con unos auriculares de diadema. Tampoco es algo de lo que pueda presumir la competencia hoy por hoy, por lo que este punto se queda en tierra de nadie.
Donde sí encuentro un punto de diferenciación con respecto al resto de marcas es en las posibilidades que el teléfono nos da con su sistema Samsung Dex. Se trata de una función que nos permite conectar el teléfono a un televisor o un monitor externo por medio de un cable USB tipo C y convertir su interfaz en la de un ordenador. Es cierto que el número de aplicaciones compatibles con este modo es algo reducido a día de hoy, pero lo cierto es que el manejo de las aplicación que sí son compatibles es toda una delicia: redimensionar aplicaciones, arrastrar ventanas, usar un sistema de archivos al estilo ‘Windows’… Poco se habla de esta característica para lo buena que me parece, al menos bajo mi humilde punto de vista.
Tras la presentación de Samsung en pasado 11 de febrero, la autonomía del Samsung Galaxy S20+ apuntaba maneras por la capacidad teórica de su batería, unos 4.500 mAh.
Para dar contexto a esta cifra he decidido usar tres tipos de configuraciones en la pantalla durante las tres semanas que he podido probar el móvil. Las diferencias entre estas tres configuraciones parten de la resolución (Full HD y Quad HD) y la tasa de refresco (60 Hz y 120 Hz). Antes de proceder, eso sí, me gustaría aclarar que la autonomía real debería ser menor a la expuesta en los datos que veremos a continuación por limitar el uso de teléfono a causa del confinamiento. Es decir, fuera datos móviles, fuera pantalla con brillo al máximo y fuera usar la cámara a todas horas.
Autonomía en la primera semana.
Durante la primera semana decidí mantener la resolución del panel en su resolución original (Quad HD+) y establecer la tasa de refresco en 60 Hz, la única opción posible si optamos por semejante resolución. La autonomía en este caso ha rondado las 7 horas de pantalla con un uso muy variado. YouTube, Slack, WhatsApp, Telegram, hacer fotografías con la cámara… Las horas totales de uso no han diferido mucho entre sí a lo largo de la semana excepto cuando decidí jugar a Call of Duty Mobile. Aquí el uso se acercaba más a las 6 horas y media que a las 7.
Autonomía en la segunda semana.
Pasemos a la segunda semana de uso. En esta ocasión decidí bajar la resolución hasta Full HD y subir la frecuencia de actualización hasta los 120 Hz. Las cifras con el mismo esquema de aplicaciones y juegos bajaron estrepitosamente hasta las 6 horas, 5 y media algunos días. Es decir, la autonomía real se reduce en torno a una hora, algo más si usamos juegos compatibles con esos 120 Hz.
Autonomía en la tercera semana.
La última semana de uso decidí directamente mantener la resolución del panel a esos 1.080 puntos y bajar la tasa de refresco hasta los 60 Hz. La autonomía media en este caso fue de unas 7 horas y media, una cifra algo más decente según los estándares actuales pero que sigue quedando algo lejos para una batería de 4.500 mAh. Otros fabricantes han sabido manejar mejor estas cifras con una pantalla similar, por lo que en este aspecto el margen de mejora es importante.
Toca hablar de la carga del teléfono. Samsung ha optado por integrar 25 W en la carga mediante cable, una cifra que se aleja bastante de los 50 y 65 W que hemos podido ver en otros fabricantes. El resultado es el siguiente: más de una hora de carga de 0 a 100%. En concreto, en torno a una hora y cuarto. Ni es la carga más rápida ni la más lenta, aunque por su precio esperaba bastante más. Quizá los 45 W del modelo Ultra 5G, o una cifra a medio camino entre los 25 y los 45 W.
¿Y qué hay de la carga inalámbrica y la carga inalámbrica reversible? Por desgracia, no he podido probar ninguno de estos dos sistemas por no contar con dispositivos con carga inalámbrica. Espero hacerlo en un futuro y actualizar el artículo con toda la información al respecto.
El Samsung Galaxy S20+ se vale de dos métodos biométricos para proteger la información del dispositivo. El primero se basa en un sensor de huellas ultrasónico integrado en la propia pantalla. Su funcionamiento es decente, aunque no perfecto.
La velocidad de reconocimiento es algo lenta para mi gusto. Lo bueno es que casi nunca suele fallar, algo de lo que no pueden presumir los sensores de huella ópticos. Sí, es un buen sensor y la experiencia no es para nada negativo. Pero no es el mejor y es algo que se debe exigir a un móvil que supera hoy día el salario mínimo interprofesional.
El segundo método de desbloqueo se basa en un sistema de reconocimiento facial mediante software. Aquí la experiencia decae bastante. Durante el día, la tasa de acierto es relativamente alta. No tanto la velocidad, probablemente por la baja apertura focal del sensor y la carencia de un sensor ToF que realice un mapa 3D de nuestra cara. Vale decir que otros teléfonos con un sistema similar logran resultados sobradamente mejores.
A esto hay que sumarle que el sistema es bastante exigente a la hora de posicionar nuestra cabeza con respecto al teléfono. Es decir, si miramos ligeramente hacia un lado del teléfono o usamos el dispositivo en otro ángulo, el sistema dejará de reconocernos. La experiencia decae aún más si el nivel de luz empieza a bajar. En interiores el reconocimiento muestra serios problemas. Durante la noche es prácticamente inservible, por lo que nos vemos obligados a recurrir al sensor de huellas, que en este caso sí muestra una experiencia satisfactoria, aunque no tan rápido como algunos sensores ópticos que hemos podido ver en el mercado.
Toca sacar conclusiones después de analizar el Samsung Galaxy S20+ 5G al completo. Es un hecho, nos encontramos con uno de los móviles más redondos de la historia de la compañía. El teléfono cuenta probablemente con la mejor pantalla del mercado y uno de los apartados sonoros más completos de la gama alta. Sumado al diseño y la versatilidad de sus cámaras, el conjunto es prácticamente redondo. Excepto por el precio y algunos aspectos técnicos menores, como la carga o la autonomía.
El precio oficial del móvil es de 1.010 euros en su versión más básica y 1.110 euros en su versión con 5G. ¿Merece la pena invertir semejante cantidad de dinero en un simple teléfono móvil? La respuesta a esta pregunta la da el criterio de cada uno. Personalmente no invertiría un sueldo en algo tan perecedero como un teléfono. Justo en este punto entra el factor devaluación.
Hoy día podemos encontrar la versión económica de este Galaxy S20+ por tan “solo” 790 euros en tiendas de terceros. La versión 5G con 12 GB memoria RAM, es decir, la versión que acabamos de analizar, se encuentra por unos 930 euros. Por este precio el teléfono se antoja bastante más interesante. Si esperamos un par de meses, lo más probable es que el precio baje aún más, igualándose al del modelo con conectividad 4G.
La pregunta que tendremos que hacernos en este caso es si merece la pena pagar ese precio extra por contar con un móvil con 5G y 4 GB de memoria RAM adicionales. Teniendo en cuenta el estado actual del 5G en España, la balanza se decanta hacia el ‘no’. Pero eso es algo que yo no puedo decidir por vosotros. También hay que tener en cuenta que por el tamaño del dispositivo no es un móvil apto para todos los públicos, algo que he entendido precisamente con este teléfono. Puede llegar a ser realmente incómodo en la mano e incluso en los bolsillos del pantalón si usamos ropa ceñida. Personalmente me decantaría por el hermano menor de la familia, el Galaxy S20. No solo por el tamaño, sino también por el precio.
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esteban	el 18 junio, 2020 a las 1:16 pm
Yo llevo varios dias usando un Galaxy S20+5G, y estoy un poco decepcionado con el brillo máximo de la pantalla en exteriores. Tengo un xiaomi mi9 lite, q tiene bastante mas brillo. Una decepción

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