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Timestamp: 2017-10-19 20:04:22+00:00

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Publicado en 15 Enero, 2011 por ulises tomas
Pablo Cazau – Introducción a la investigación en ciencias sociales
2) Problema.- En nuestra definición hablamos deliberadamente de ‘problema’, y no empleamos palabras como misterio o enigma, por cuanto ellas tienden a sugerir cuestiones que aceptamos como insolubles, como cuando se dice el misterio de la Santísima Trinidad, o el misterio de María, una mujer que, siendo virgen, parió un hijo. Por tanto, el problema que genera la investigación debe ser, por lo menos en principio, solucionable -sea en el grado que sea-, si no, no hay investigación posible. La investigación implica no sólo enfrentar un problema sino también resolverlo, pues de otra forma la investigación no se completa como proceso: un investigador es un buscador de soluciones o si se quiere, un disolvedor de misterios.
Si solamente nos ocupáramos de enfrentar problemas sin resolverlos, haríamos como Fabio Zerpa con el asunto de los platos voladores y como Charles Berlitz con el Triángulo de las Bermudas, para quienes cuantos más misterios sin resolver haya, tanto mejor: es lo que podemos llamar una anti-investigación, porque el fin no es solucionar misterios sino multiplicarlos. De alguna forma ellos saben de la fascinación que ejercen los misterios sobre las personas, y de esa manera pueden vender muchos libros: Bunge llamaba a estos personajes “traficantes de misterios”. Desde ya, estos traficantes de misterios ofrecen soluciones, como por ejemplo cuando dicen que las pirámides fueron construidas por extraterrestres, pero la solución vuelve a encerrar un misterio aún mayor, como por ejemplo de dónde vinieron o quienes eran aquellos presuntos extraterrestres. Estos traficantes seducen con lo misterioso, insisten en el enigma, no en la solución. La investigación científica procura resolver problemas, aunque detrás de ellos encuentra problemas más grandes. Sin embargo, no insisten en el enigma sino en la solución.
Etimológicamente, ‘investigar’ significa buscar, indagar. En inglés, investigación se dice ‘research’, y precisamente ‘search’ significa buscar. Desde ya se trata, como hemos indicado, de una búsqueda de soluciones.
En nuestra definición habíamos dicho que la investigación implica enfrentar y resolver problemas. Ya hemos aclarado que ‘resolver’ problemas significa encontrarles soluciones. Aclaremos ahora un poco más que significa ‘enfrentar’ problemas.
Tanto en la vida cotidiana como en la investigación científica enfrentamos problemas, pero mientras en la primera los problemas se presentan muy a pesar nuestro, en la ciencia los buscamos y los formulamos deliberadamente. El científico, a diferencia del hombre común, es un problematizador por excelencia, es alguien que está ‘mentalizado’ para detectarlos. Mario Bunge decía que una de las tareas del investigador es tomar conocimiento de problemas que otros pueden haber pasado por alto. Por ejemplo, en la vida cotidiana nadie se plantea el problema de por qué se cae una manzana cuando la soltamos, salvo que sea Newton y se haya sentado debajo del manzano: “el trabajo científico consiste, fundamentalmente, en formular problemas y tratar de resolverlos” (Ander-Egg E, 1987:139).
Ahora bien, sea que los problemas se busquen deliberadamente (como en la ciencia) o se encuentren inopinadamente (como en la vida cotidiana), el denominador común es le hecho de que el problema debe ser enfrentado. La distinción entre buscar y encontrar puede tener una importancia psicológica, pero es secundaria a los efectos de lo que aquí queremos ver, es decir, lo que es común a cualquier investigación. Lo importante será para nosotros que en la investigación se ‘enfrentan’ problemas, sea que estén buscados deliberadamente, sea que hayan sido encontrados ‘sin querer’.
En general, en los manuales de metodología de la investigación suele insistirse en el papel protagónico del problema en la investigación, tal como podemos encontrarlo por ejemplo en Selltiz. El mismo Bunge también insiste en ello, dándonos una versión de investigación con reminiscencias darwinianas, cuando la define como un proceso que “consiste en hallar, formular problemas y luchar contra ellos” (Bunge M, 1970:185). En síntesis, si tuviésemos que condensar en una fórmula muy simplificada qué es la investigación, podríamos decir: “investigación = problema + resolución”.
Como podemos advertir, no puede haber investigación sin un problema, pero, ¿puede haber un problema sin investigación? Respuesta: puede haberlo, como por ejemplo en los casos de resolución de problemas en forma automática, ya que la investigación implica una forma planificada de resolución, como enseguida veremos. Otro ejemplo puede ser agrandar el problema (la anti-investigación de Fabio Zerpa), y otro ejemplo es cuando hay un problema pero no hay una inquietud por resolverlo. Yo tuve una novia que decía: “si un problema no tiene solución, para qué hacerse problema?, y si tiene solución, para qué hacerse problema?” Nunca supe si el problema que la desvelaba era yo, entre otras cosas porque no me dio tiempo: salimos solamente tres días.
Para Bunge, el término ‘problema’ designa “una dificultad que no puede resolverse automáticamente, sino que requiere una investigación, conceptual o empírica” (Bunge M, 1970:195). Esto nos suscita la idea de que hay por lo menos dos formas de resolver problemas: automática y planificada.
En la resolución inmediata, apenas aparece el problema aparece la solución. Si tengo necesidad de una birome, la tomo del bolsillo y se acabó el problema, es decir, no necesito hacer una ‘investigación’ para buscar la birome (la investigación, como veremos, supone una resolución planificada). Si mi problema es conocer el origen del universo, puedo tener una solución inmediata que me es provista por mi cosmovisión: lo creó Dios y punto. El dogma religioso suele prohibir la investigación: las verdades están dadas, no hay que buscarlas en ningún lado.
La resolución rutinaria implica llevar a cabo una serie de actividades en forma ordenada, mecánica o predeterminada. Muchas actividades cotidianas son rutinarias: si tengo que preparar la comida de todos los días, si tengo que entrar al auto, arrancarlo y andar, o si debo tomar el colectivo todos los días para ir a trabajar, ejecuto una serie de pasos ordenados, incluso sin pensarlos demasiado, en forma automática. Nadie diría que preparar la comida de todos los días es ‘hacer una investigación’: resolver un problema cotidiano no implica necesariamente investigar. Otro ejemplo: un cirujano que realiza su operación número mil de vesícula ya la hace casi con los ojos cerrados, en forma automática y rutinaria, y por ende no investigó nada.
b) Resolución planificada.- Como podemos imaginarnos, una resolución planificada no es una resolución automática: exige cierto esfuerzo, exige cierta dosis de creatividad, exige trazarnos estrategias y tácticas. Como su nombre lo indica, exige trazarnos un ‘plan’ para resolver el problema, precisamente porque no podemos resolverlo automáticamente.
Cuando pierdo el botón de la camisa o los documentos y no puedo resolver el problema de manera automática, inicio una ‘investigación’, pero previamente hago una planificación, por muy inconciente o rudimentaria que pueda ser, es decir, me organizo, me trazo un plan: primero busco en el piso, después en la casa, después en los lugares donde estuve, para lo cual a su vez pudo llamar por teléfono a esos lugares o ir personalmente, etc.
Una ‘planificación’ normativa implica diseñar un plan en forma inflexible y rígida, sin tener en cuenta las posibles variaciones y sorpresas que la realidad pueda presentarnos. No admite ni prevé cambios sobre la marcha. Se trata de una planificación que pretende actuar sobre la realidad como Procusto, quien en lugar de construir un lecho acorde con las dimensiones del hombre, cortaba a éste para ajustarlo al lecho.
La planificación implica trazar un plan constituído por pasos sucesivos para resolver el problema. A grandes rasgos, estos pasos deben incluir la formulación adecuada del problema (para tener claro qué es lo que requiere una solución), la especificación de los medios para recolectar, seleccionar, comparar e interpretar la información -necesaria para resolver el problema-, de la forma más sencilla, breve y económica posible. Decía Pedro Laín Entralgo: “el buen investigador ha de tener a la vez ideas nuevas, buena información y buena técnica de trabajo. A los malos investigadores les falta siempre uno por lo menos de esos tres requisitos”. El autor pensaba en la investigación científica, pero sus requisitos son igualmente aplicables a cualquier otro tipo de investigación, por más cotidiana e intrascendente que pueda ser.
Por ejemplo, la resolución aleatoria puede darse en el curso de una resolución planificada: Pasteur encontró la manera de ‘pasteurizar’ la leche por azar. Un día sin querer se le cayó el preparado con bacterias patógenas y luego comprobó que habían muerto todas por el brusco cambio de temperatura, consecuencia de esta caída. Esto del azar es un poco relativo, porque, como decía Claude Bernard, el eminente investigador del siglo XIX: quien no sabe lo que busca, no comprenderá lo que encuentra. Esto es importante porque si alguna vez encaramos una investigación, no es raro que resolvamos el problema central o algún problema secundario en forma aleatoria, pero sabremos interpretarlos porque tenemos en mente una investigación planificada en la cual sabemos lo que buscamos.
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