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Timestamp: 2018-06-19 12:11:52+00:00

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En arenas movedizas: mayo 2013
Cartel de la cumbre en Addis Abeba que ha celebrado el 50º aniversario de la creación de la OUA.
La diplomacia del rey Mohamed VI de Marruecos acaba de recibir un buen revolcón diplomático en el escenario africano. En la XXI Cumbre de la Unión Africana (UA) celebrada este fin de semana en Addis Abeba, la capital etíope, le han dicho alto y claro que no hay ningún inconveniente en que su país regrese a la organización siempre que sea sin poner condiciones que afecten a la participación en la misma de la RASD, la República Árabe Saharaui Democrática.
Publicado por Ana Camacho en 15:39 No hay comentarios:
Publicado por Ana Camacho en 18:23 No hay comentarios:
Max Liniger-Goumaz (en el centro) en la presentación de su nuevo libro en Madrid. A su lado, de izquierda a derecha, Mbuy Kabunda, Francisco Zamora, Justo Bolekia Boleka y Basilio Cañadas.
A veces la labor del historiador se convierte en una poderosa arma contra la injusticia y el activismo a favor de los derechos humanos. Es el caso del investigador y ensayista suizo Max Liniger-Goumaz (Berna, 1930) autor de una extensa obra sobre Guinea Ecuatorial, Recientemente viajó a Madrid para presentar Guinea Ecuatorial. Memorándum, su último libro publicado por la editorial Sial. El acto se convirtió en un homenaje a la infatigable y tenaz labor que lleva cuarenta años compensando la indiferencia, no siempre casual, de los medios españoles ante el sufrimiento de uno de los pueblos más oprimidos de África.
El acto de presentación tuvo lugar en el Colegio Mayor de Nuestra Señora de África bajo la batuta de Basilio Cañadas, responsable de la editorial Sial y actual presidente de la Asociación de Africanistas Españoles de la que Liniger-Goumaz es miembro honorario. Junto a él, varios intelectuales nacidos en África agradecieron al investigador suizo haber contrarrestado con su aportación al "guineanismo" el olvido español que arrancó en los tiempos de la dictadura del primer presidente Francisco Macías, cuando el régimen de Franco impuso a los medios la "materia reservada" sobre lo que ocurría en la antigua provincia africana.
El propio Liniger-Goumaz explicó que, a comienzos de los setenta, le sorprendió la escasez en las grandes bibliotecas europeas de libros dedicados a Guinea Ecuatorial. Estaba preparando una estancia por razones de trabajo en el país que entonces estaba siendo azotado por la dictadura de su primer presidente, Francisco Macías. Tras ser expulsado por el tirano, decidió hacer lo posible para que Guinea Ecuatorial dejase de ser "la gran desconocida" de África. Los ponentes nacidos en África añadieron que, con ello, llenó un vacío del que acabaron siendo víctimas los propios africanos.
“Comencé a conocer mi tierra con las obras de Max Liniger-Goumaz”, dijo Justo Bolekia Boleka, español nacido en Guinea Ecuatorial y que hoy es investigador, escritor y profesor de la Universidad de Salamanca. “Con sus obras comprendí muchas de las cosas que ocurren no sólo en mi país sino en muchos otros del continente”, añadió al alabar la “libertad en estado puro” con la que el profesor suizo siguió denunciando las brutalidades y corrupción del actual presidente Teodoro Obiang, que derrocó a su tío Macías en 1979. “Este blanco", añadió señalando al emocionado investigador, "no tiene miedo a la brujería africana y, todavía hoy, sigue señalando con el dedo y con las verdades que no encontraremos en otros grandes escritores”.
Mbuyi Kabunda (profesor de la Universidad Autónoma de Madrid) y Francisco Zamora Loboch (periodista y escritor) también destacaron la “carga moral” de la obra del historiador-activista de los derechos humanos.
“Leí su primer libro cuando todavía vivía en Lubumbashi, con 17 años, y me abrió la mente”, dijo Mbuyi Kabunda (originario del Congo que se llamaba Zaire). “No le ha temblado el pulso a la hora de retratar la incoherencia y falsa democracia que existe en este país; las fechorías y amistades peligrosas de su actual dictador y la contradicción que marca la enorme riqueza petrolera que ha convertido a Guinea Ecuatorial en el tercer productor africano y la miseria que padece su población, fruto del malgobierno y las complicidades externas con su régimen cleptócrata”.
El historiador con su hija Gabriela (a la izquierda) y dos admiradoras.
El agradecimiento de los africanos es comprensible ya que Liniger-Goumaz comenzó a plantarle cara con sus escritos a la injusticia en África en unos tiempos en que, incluso fuera de España, lo que se estilaba era la tolerancia con los dictadores a los que se justificaba como un mal necesario ante la supuesta falta de madurez de los pueblos "nativos" para regirse con un gobierno democrático.
No se trata de un debate superado. En el coloquio, fue inevitable que se le preguntase al profesor suizo su opinión sobre las elecciones que se van a celebrar en Guinea Ecuatorial el próximo domingo. “Una vulgar y deleznable farsa”, contestó Liniger-Goumaz tajante pese a que ese día todavía no se habían producido las detenciones con las que el dictador ha reprimido un intento de manifestación opositora en Malabo.
Pero la polémica se encendió apasionada cuando desde el público un antiguo residente en la entonces Santa Isabel, formuló una pregunta que contenía serias dudas sobre la viabilidad de un sistema democrático en Guinea Ecuatorial, dadas las profundas divisiones tribales que, desde antes de la independencia, han construido un grueso muro de desconfianza mutua, por ejemplo, entre los fang mayoritarios en la zona continental y los bubis de la isla de Fernando Poo.
“La etnia no es negativa sino positiva porque refleja la riqueza cultural”, le rebatió Mbuy Kabunda. “Yo no le debo nada a mis ancestros, porque lo que tengo me lo he ganado a pulso con el sudor de mi frente”, dijo también el annobonés Paco Zamora. También fue muy enérgica la respuesta del profesor Justo Bolekia: “Hay que acabar con la visión neocolonialista de que el problema que nos arrastramos es que hay muchas etnias”.
Publicado por Ana Camacho en 19:12 No hay comentarios:
Una de las manifestaciones Manifestación registradas en El Aaiún tras aprobarse la resolución 2099, el pasado 25 de abril. / Foto: Red de Medios Radio Maizirat.
La prensa marroquí afín al rey Mohamed VI sigue vendiendo como un gran triunfo diplomático de su monarca el haber logrado mover hilos para impedir que en el Consejo de Seguridad de la ONU prosperase la iniciativa estadounidense sobre derechos humanos y, en su lugar, se aprobase la descafeinada resolución 2099. Todo apunta, sin embargo, a que el majzén ha perdido una gran oportunidad de lograr mucho a cambio de poco.
Una concesión del monarca alauita en materia de derechos humanos, ya lo dije, no garantizaba una aplicación inmediata ni efectiva a favor de las víctimas saharauis. Los casos de Congo, Ruanda o Costa de Marfil constituyen un buen ejemplo de grandes fracasos en la defensa de los derechos humanos de los cascos azules de la ONU, ya sea por lentitud burocrática o porque hay miembros del Consejo de Seguridad activamente empeñados en favorecer a una de las partes del conflicto.
El silencio en el informe del secretario general de la ONU sobre el escandaloso incidente que le costó una brutal paliza a tres jóvenes saharauis secuestrados por policías de paisano a la entrada del cuartel general de la MINURSO en El Aaiún refleja las pocas prisas de Ban Ki-moon por rectificar los más de veinte años de inacción onusiana en materia de derechos humanos en el Sáhara Occidental.
A la hora de explicar la cerrazón marroquí la tesis más habitual es que el rey Mohamed VI se opuso al proyecto de resolución propuesto por EEUU para evitar el peligro de que los saharauis, al sentirse protegidos por la ONU, se echasen a la calle a pedir la independencia. Un sí marroquí a la iniciativa estadounidense hubiese dado una importante victoria moral al pueblo saharaui, es cierto, pero a la vez, hubiese asegurado a la diplomacia marroquí la comodidad de convertirse en la mesa de arbitraje en la parte que acaba de marcarse un tanto con una mediática concesión. Con esa baza, a Francia, Estados Unidos y España, les hubiese sido mucho más fácil enredar al Frente Polisario en una negociación muy ventajosa para la parte marroquí, por el mero hecho de situar en un mismo plano a agresor y agredido, como si el ladrón tuviese derecho a discutir si devuelve o no lo que ha robado a su legítimo dueño.
De hecho,Gerard Araud, el embajador de Francia ante la ONU volvió a recordar, tras aprobarse la resolución 2099, que la opción favorita de Marruecos para el logro de una solución pacífica es la vía de la negociación y que el Gobierno de Hollande siempre ha considerado que la mejor forma de avanzar en el respeto de los derechos humanos de los saharauis es a través de un diálogo bilateral del Frente Polisario con Marruecos. La estrategia del principal aliado del anexionismo marroquí es clara: poner el foco en los derechos humanos y correr un tupido velo sobre el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y el referéndum, como si los atropellos marroquíes fuesen la causa del desaguisado y no la consecuencia del mismo.
El propio secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, marchó en esta dirección en su último informe en el que prefiguraba un escenario dominado por la negociación entre saharauis y marroquíes en el que cada una de las partes debía prepararse a hacer concesiones y corresponder a cada “toma” del contrario, con un “daca” de igual calibre. Si Marruecos hubiese dado su brazo a torcer con las competencias de la MINURSO, ahora sería el Frente Polisario el que debería estar moviendo la ficha del "daca", para no quedar como la parte sin voluntad negociadora.
Protesta en El Aaiún antes de la resolución 2099.
Pero la pelota sigue del lado marroquí y, al final, la pesadilla de Mohamed VI se ha cumplido igualmente porque la indignación ha podido al miedo y decenas de miles de saharauis se manifiestan en los territorios ocupados cada día, desde que en Nueva York se aprobó la resolución 2099. Lo peor para el monarca marroquí es que ahora es del dominio público que la total falta de competencias de los cascos azules de la MINURSO no es normal en la historia de las misiones de paz onusianas. Persistir en esta anomalía, desacredita a la ONU y carga de razón el grito con que los saharauis exigen justicia tras 22 años de espera, sin que la MINURSO haya organizado ese referéndum que se supone era el objeto de la misión.
Un “toma” marroquí en derechos humanos hubiese dejado fuera de lugar la agitación callejera. Aún suponiendo que el júbilo popular hubiese adquirido excesivos decibelios, la Administración de Obama hubiese podido aprovechar el prestigio que se ha ganado ante los saharauis con su frustrada intervención para presionar a los dirigentes del Frente Polisario a favor de la calma. De no responder a sus benefactores, el Frente Polisario hubiese sido fácilmente acusado de maximalismo o, lo que es peor, de falta de liderazgo sobre la población al otro lado de los muros.
Ahora, en cambio, los maximalistas son los hombres de Mohamed VI y quien sabe si Obama no le dice al rey alauita eso de "ya te lo dije, cabezota, que te leyeses Il Gattopardo para comprobar cómo a veces, hay que cambiar algo para que todo siga igual". En cualquier caso, es el Gobierno francés el que se ha visto obligado a recomendar al régimen marroquí prudencia y respeto a los derechos humanos en un vano intento por detener la espiral que está dejando por los suelos la supuesta “apertura” democrática del monarca alauita. Si la situación se desbordase, a Hollande no le quedaría otra salida para intervenir del lado de su peón favorito que cruzar los dedos para que, en alguna esquina del Sáhara Occidental, surgiese una amenaza yihadista susceptible de justificar un desembarco francés en el nombre de la paz y seguridad internacional.
Publicado por Ana Camacho en 13:35 3 comentarios:

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