Source: http://www.jaberni-coleccionismo-vitolas.com/1C.5.03-Grandes_Tabaqueros_Canarias.htm
Timestamp: 2019-02-21 09:02:36+00:00

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Es indudable el protagonismo de España en el descubrimiento del tabaco durante el primer viaje de Cristóbal Colón a América. La planta del tabaco era bien conocida por los habitantes del Nuevo Continente, prodigándose en forma salvaje en distintas zonas. Los indígenas la recolectaban en sus distintas variedades silvestres, aunque no llegaron a cultivarla. Hay incluso algunas fuentes, carentes de rigor, que suponen que debía existir en lugares como Filipinas o Canarias. En cualquier caso, suponiendo que fuera cierto, no se dispone de pruebas ni datos sobre su hipotético uso.
Fue también España la nación que tuvo el papel protagonista en la difusión del tabaco, pues fue el médico de la Corte del rey español Felipe II, Francisco Hernández Boncalo, quien por primera vez habló maravillas de esta planta y el primero que hizo traer las primeras semillas de tabaco al viejo continente. Su carácter mágico y las supuestas cualidades curativas que se le atribuían contribuyeron a su rápida difusión por las cortes europeas, ávidas de remedios para tanta enfermedad como había en esa época.
Muy pronto, el tabaco sería objeto de negocio para los estados, sobre todo para España, que aunque pronto renunció al cultivo de la planta en su propio territorio, prohibiendo su siembra, tuvo la gran suerte de tener bajo su bandera a los países más idóneos para su cultivo, como Cuba, Filipinas o México, entre muchos otros, por lo que se limitaría a ejercer un riguroso control de su cultivo y acopio, mediante el Estanco del Tabaco, así como a sacar el máximo provecho, aplicando diferentes sistemas de gestión y administración de su renta o aprovechamiento.
Previo a contar el desarrollo de la industria manufacturera del tabaco en España, que es la vertiente que nos interesa analizar con mayor detalle en este capítulo, pasaré revista brevemente a aquellos acontecimientos que marcarían el devenir de la historia del sector tabaquero y de la industria tabaquera española, para situarnos convenientemente documentados en el entorno del año 1852, que marcaría un antes y un después en el desarrollo de la industria tabaquera canaria, y posteriormente en el resto del país.
Los distintos Estancos del Tabaco en España. La prohibición de su cultivo.
Durante los siglos XVI y parte del XVII, el tabaco estuvo considerado como una planta medicinal y, por consiguiente, los gobiernos no pusieron obstáculos a su cultivo. El cuestionamiento de sus usos terapéuticos y el aumento progresivo del consumo por placer llevó a la consideración de los gobernantes la posibilidad de un lucrativo negocio.
Muy pronto, en 1625, se impusieron los primeros gravámenes a la comercialización del tabaco desde la Península, primer indicio del carácter contributivo que tendría para la Real Hacienda en el futuro. El aumento del consumo para usos de moda y de placer fueron inclinando a las autoridades hacia la implantación de medidas para obtener pingües beneficios.
La Real Cédula de 28 de diciembre de 1636.-
Con esta disposición, el Estado daba un paso definitivo para controlar el cultivo, manufactura y comercialización del tabaco, estableciendo el Estanco del Tabaco.
Con la implantación del Estanco se prohibía el cultivo de la planta en todos los territorios de la Corona, excepto en las Indias, y se arrendaba su gestión mediante concesión a particulares por periodos de varios años, afectando inicialmente dicho arriendo solo a a los territorios de Castilla y León; posteriormente se extendería a todo Aragón y finalmente a Canarias y Navarra, este último en 1709. A pesar de la prohibición, la planta seguirá cultivándose de forma clandestina y difundiéndose sin parar. Como veremos, pasadas unas pocas décadas, el Estanco del Tabaco se convertirá en uno de los pilares de la Hacienda española.
La política española respecto al cultivo de la planta de tabaco fue, desde un principio, el permitirlo únicamente en sus colonias americanas y aún así con algunas restricciones, por ello estuvo siempre totalmente prohibido en territorio peninsular hasta 1827. El creciente número de personas que lo requerían prefería el tabaco indiano, pero a veces escaseaba o no se encontraba fácilmente, y entonces recurrían al tabaco peninsular. Dicha demanda hizo que proliferaran los cultivos de tabaco clandestinos en territorios peninsulares e insulares, aunque fuese malo y mal curado, ya que al parecer tenía un sabor fuerte y áspero. (*3), (*4), (*8)
La Cédula de 9 de abril de 1701 .-
En este documento oficial se ponía de manifiesto el desmesurado fraude de los sucesivos arrendatarios privados, que provocaba una clara merma de los potenciales beneficios de la Renta del Tabaco para la Corona, ordenando que la gestión de la Renta del Tabaco fuera ejecutada directamente por la Real hacienda Pública. No obstante solo se tomaron medidas puntuales y parciales de choque, manteniéndose los arriendos "de facto" hasta la promulgación del Real Decreto de 1730.
Realmente, a pesar de las quejas puestas de manifiesto por el propio gobierno en la citada célula de 1701, en el periodo 1701-1730 el aumento del consumo de tabaco debió ser extraordinario, pues, se logró un aumento de los beneficios de un 267,4 %, pasando de 11.997.967 reales en 1701 hasta 1930 que llegó a 44.079.058 reales. Además, estos ingresos procedentes de las Rentas del Tabaco tenían la característica de ser impuestos de gran liquidez y disponibilidad, notablemente superiores al del resto de las rentas ordinarias, lo que le hacía aún más valioso y estratégico para la Corona.
No obstante, las cifras de tabaco importado que consta en los registros oficiales de este periodo son de dudosa credibilidad, pues reflejan importantes desajustes y contradicciones, lo que nos lleva a pensar en descontrol, corrupción y fraude, pero sobre todo un elevado contrabando; por ejemplo es bien conocido y documentado el continuo acopio de tabaco en manos de la marinería de los barcos que transportaban el tabaco desde las colonias a Sevilla para su manufactura y sus trapicheos en puertos canarios y peninsulares. (*3), (*4)
El Real Decreto de 20 de diciembre de 1730 .-
El objetivo del centralismo borbónico en materia económica no era otro que aumentar la recaudación y la represión del fraude, y con este decreto la monarquía absoluta se aseguraba el control directo del lucrativo negocio de la venta de tabaco, así se derogó definitivamente los arrendamientos privados de la renta del Tabaco, pasando el Estanco a administrarse por la Real Hacienda.
A partir la entrada en vigor del nuevo estanco borbónico de 1730, se van dictando y aplicando paulatinamente nuevas instrucciones para mejorar la operatividad y la coordinación entre los distintos agentes de la Administración directa de la Renta.
El proceso de reforma de la Hacienda va cristalizando en el contexto general de reformas borbónicas y concluye en 1749 . El tabaco queda administrado de forma independiente por la Dirección General de Rentas Estancadas (*7), en adelante D.G.R.E. junto con el resto de monopolios fiscales como pólvora, naipes, hielo y un cierto número de minerales como el azogue, plomo o azufre, algunos de ellos todavía subarrendados total o parcialmente. El resto de impuestos se administrarán en otras dos Direcciones Generales: las Rentas Generales (aduanas) y las Rentas Provinciales (alcabalas, lana, hierbas, nieve, pescado, aguardiente, etc...), llegando a considerarse como un sistema maduro en lo que a centralización, unificación y control se refiere.
Para comprender la enorme importancia económica, política y estratégica del tabaco en España, baste considerar que la Renta del Tabaco llegó a ser el principal recurso económico de la Corona española, donde parte importante de sus ingresos, sobre todo a partir de 1760, serían empleados en el mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo cual nos lleva a afirmar que fue vital para el sostenimiento y supervivencia de la monarquía. (*2)
Los primeros signos de debilitamiento .-
El siglo XIX fue turbulento con continuos sobresaltos. Desde sus inicios, ya con el nuevo gobierno de Fernando VII, se suceden continuos cambios de políticas sobre el tabaco; durante dos cortos espacios de tiempo se dictan medidas liberalizadoras del cultivo y libre venta (periodos 1813-1814 y 1820-1823), que son bruscamente reemplazadas por prohibición de siembras y medidas monopolizadoras y restrictivas, dentro de las líneas más duras del Estanco de Tabaco. Pese a todo, los países europeos, y en especial Francia, se habían lanzado abiertamente a la aclimatación de la planta en sus respectivos países A pesar de su prohibición, durante la primera mitad del siglo se editarían en España innumerables tratados, memorias, manuales de cultivo, etc... sobre el tabaco. Durante los escasos periodos liberales en los que se intentó el desestanco, se puso de manifiesto la mayoritaria y creciente opinión de los expertos sobre las ventajas de aprobar el cultivo en los territorios peninsulares.
En lo que respecta a la política dirigida a las colonias españolas de ultramar, mediante el Real Decreto de 23 de junio de 1817 se produce la tan ansiada derogación del Estanco del Tabaco en las colonias. El día 24 de ese mismo mes queda inhabilitada oficialmente la Factoría de Tabacos de la Habana. Cuba y otras colonias, excepción hecha de Filipinas, se libraban del tan criticado Monopolio, y podrían vender sus productos no solo en España sino a cualquier país extranjero. Se iniciaba así el imparable despegue del tabaco cubano.
El 9 de noviembre de 1820, las Cortes Españolas del reinado de Fernando VII acuerdan un nuevo desestanco de tabaco en la península, pero fue un espejismo, pues la libertad duró solo hasta la promulgación del decreto del 16 de febrero de 1824, que coincidiendo con el fin de este periodo liberal, restablecía una vez más el estanco absoluto, fijandose las precisas reglas para su gobierno. Pero medidas como ésta no contribuían a mejorar la situación; era como intentar "poner puertas al campo". Los aires liberales de la Revolución Francesa se habían difundido como la pólvora en toda Europa, Norteamérica, y con algo más de retraso en la vieja metrópoli española y sus colonias. Por poner un ejemplo, en Cuba en 1820 se comienza a notar la abolición del estanco, pues comienzan a proliferar pequeñas empresas dedicadas a la elaboración de cigarros y cigarrillos; con el transcurrir del tiempo, algunas de ellas se convertirían en importantes empresas tabaqueras.
Así llegamos a 1852, momento en que se produce en España el primer cambio de relevancia en las políticas tabaqueras, que fue la aprobación de la ley de Puertos Francos, que derogaaba el Estanco del tabaco en el archipiélago Canario, liberalizando su cultivo. En la península todo seguiría igual o parecido, es decir, con la sempiterna prohibición del cultivo y con la Administración Renta en manos del Estado español, en concreto dependiente de la Dirección General de Rentas Estancadas. (D.G.R.E.)
La gestación de la Compañía Arrendataria de Tabacos .-
Se suceden continuos intentos de liberalización, fracasados todos ellos por la imposibilidad de encontrar una figura tributaria capaz de reemplazar el volumen de ingresos recaudados por el Monopolio, que entonces era entre el 12 y el 18% de los ingresos del Estado. Uno de estos intentos fue el Real Decreto de 20 de febrero de 1844, por el que se establecían las bases para el arrendamiento de la renta de tabacos a una empresa privada, la Compañía de Tabacos S.A., que lo adjudicó ese mismo año al Marqués de Salamanca, pero duró escasos meses al considerarse no rentable y corrupto.
El Monopolio del Tabacos español perduraría hasta el 2 de agosto de 1886, fecha en que Joaquín López Puigcerver es nombrado ministro de Hacienda por el gobierno liberal español, y a los pocos meses de su nombramiento retoma la vieja idea de una "gestión ordenada del tabaco" en la península, Baleares y Norte de África, siguiendo el modelo italiano y dejando a un lado la otra opción "a la inglesa", de liberalización completa del mercado, presenta la ley de 27.4.1887 por la que se autoriza al gobierno a arrendar el antiguo Monopolio de Tabacos Español, adjudicandolo al Banco de España, que a su vez forma la sociedad Compañía Arrendataria de Tabacos CAT con la finalidad de privatizar la fabricación y venta de tabacos, mejorando la gestión y los costes de producción.
Las Fábricas de Tabaco Españolas (*8), (*22)
Durante el siglo XVI no se tiene noticias de la existencia de fábricas de tabacos en España, solo debía haber pequeños molinos o morteros familiares, donde se preparaba tabaco en polvo o rapé, que era el tipo de tabaco que entonces se consumía mayoritariamente. Los cigarros eran preparados y liados como se podía por los propios fumadores. En el siglo XVII se produjo un gran incremento del consumo de tabaco, lo que motivó la necesidad de fabricarlo de forma industrializada, primero en su modalidad de polvo y más adelante en forma de cigarros. Así fueron apareciendo las fábricas de tabaco, que funcionarían adscritas a las normas y propietarios que fijaba el Estado en cada momento, como se ha visto anteriormente en el capítulo anterior: Los distintos Estancos del Tabaco en España.
Entre 1636 y 1730 las fábricas existentes dependieron de arrendatarios privados, pues el Estado cedió la gestión de la Renta del Tabaco a particulares, mediante contratos de arrendamiento.
Entre 1730 y 1887 las fábricas pasaron a depender del propio Estado, pues sería éste quien administrará directamente la Renta de Tabacos mediante la D.G.R.E.
Entre 1887 y 1944 las fábricas pasarían a depender de la CAT o Compañía Arrendataria de Tabacos.
Finalmente, a partir de 1944 su propietario será la empresa Tabacalera S.A.
Antigua Fabrica de Tabaco de Sevilla.
Litografía de F.J. Parcerisa de 1856 (*14)
la fÁbrica de tabaco de SEVILLA .
Durante el breve periodo 1684-1687 en que la Hacienda Real Española decide cambiar la política de arrendamientos privados y pasa a gestionarlo directamente, confía su administración a la fábrica sevillana, que también pasó a depender directamente de la Hacienda, y le encomienda la producción exclusiva de tabacos. Este corto periodo vino sin duda a dar un extraordinario impulso a la fábrica de Sevilla, que ya se había ganado un gran prestigio por méritos propios, pues sus productos no tenían competidores, dado su calidad y finura.
La primer gran ampliación se llevó a cabo entre 1685 y 1687 por el administrador general de la Renta y Fábrica, D. Félix Nieto de Silva, conde de Guaro. Pero la actividad de la fábrica cada vez mayor, superó todas las previsiones, y así, a principios del siglo XVIII, sufrió una segunda ampliación ocupando unos edificios colindantes, con lo que llegó a ocupar la totalidad de la manzana.
Dado el creciente consumo, de nuevo se vuelve a quedar pequeña, y se pone de manifiesto la necesidad de una nueva ampliación, que se acomete el 4 de septiembre de 1714, esta vez por por D. Juan Tovar.
La última gran ampliación se produce el 15 de julio de 1726, acometida por D. Juan Carlos Mirail, mediante la cual se incorporaron a la fábrica trece casas pertenecientes a la Iglesia, en su gran mayoría, junto con varios callejones ciegos.
La necesidad cada vez mayor de mayor producción para satisfacer la creciente demanda de tabaco motivó que se fueran construyendo otras fábricas de tabaco en diversas regiones del reino, como Cádiz, Madrid o Barcelona, entre otras, como veremos.
En 1725, antes de la comenzar la última ampliación de la fábrica de San Pedro, ya se había tomado la decisión de construir una nueva fábrica de tabacos en Sevilla.
En 1728 se iniciaron las obras, pero se interrumpen por diferencias de criterio sobre el proyecto original, entre el autor del proyecto, el ingeniero militar D. Ignacio Sala y el administrador general de la Renta y Fábrica de Tabacos, D. Sebastián Caballero.
En 1750, después de trabajos parciales entre 1733 y 1737, se reanuda definitivamente cuando se constata que la antigua fábrica no reunía las mínimas condiciones de trabajo. Se pone al frente de las obras el ingeniero extraordinario D. Sebastián Van der Borcht, quien termina el edificio general de la fábrica en 1757, razón por la que es ascendido a teniente coronel de Infantería e ingeniero de segunda.
El 9 de junio de 1758 entró el primer cargamento de tabaco en la nueva fábrica, por lo que esa fecha puede considerarse como la del comienzo de la actividad para la que estaba diseñada. En 1770 se dan por finalizadas todas las obras, después de que en 1760 se aprobara el proyecto que completaría los restantes edificios, y en 1771 se abandonaba definitivamente la antigua fábrica de San Pedro.
El edificio se diseñó especialmente para su uso como fábrica de tabaco, con paredes de piedra robustas en evitación de incendios, salas aireadas para el oreo del tabaco, etc... En la planta baja estaban los molinos, las llamadas cuadras de cernido y los almacenes de tabaco en rama, elaborado y demás elementos de fabricación. En la planta alta, los talleres de cigarros, la moja y los diversos oreos. Las salas de molinos tenían tal disposición que la caballería que movía el molino quedaba casi a oscuras, lo que evitaba tener que vendarle los ojos, sin embargo, en la parte superior los operarios cernedores (los que separaban el molido) y los que atendían al molino tenían buena luz y ventilación.
El polvo de tabaco se conseguía directamente mediante la labor mecánica de los molinos, que eran el elemento fundamental de las fábricas de tabaco en aquella época. Estos molinos eran unos pesados y voluminosos artefactos de madera movidos por caballerías, que necesitaban para su funcionamiento salas diáfanas y de grandes dimensiones; sin embargo el número de operarios necesario no era elevado, ya que el polvo de tabaco obtenido era el producto final y por tanto no se necesitaba elaborar.
Al principio de su funcionamiento toda la producción de la nueva factoría sevillana consistía en tabaco en polvo, que se obtenía en grandes cantidades. Para darnos idea de ello, baste decir que los molinos eran movidos por 113 caballerías. La producción de rapé va decreciendo en el transcurso del siglo XVIII. A lo largo del siglo XIX los molinos van poco a poco enmudeciendo, siendo sustituidos por talleres de fabricación de cigarros y cigarrillos. Sevilla disfrutará durante muchos años, al igual que el resto de fábricas españolas, del alegre ajetreo de las operarias de la fábrica, las cigarreras de la fábrica de tabacos sevillana.
Interior de la fábrica de Tabacos de Cádiz.
Cigarreras con la maestra en plena faena (*13)
LA FÁBRICA DE TABACO DE CADIZ.
No se conoce con exactitud la fecha de inicio de sus actividades, aunque sí se sabe que en 1731 contaba con 180 cigarreras y dependía administrativamente de la fábrica de Sevilla, pasando a ser autónoma en 1740, fecha que normalmente figura como fecha de fundación erróneamente.
Su primera ubicación fue en la puerta de Sevilla, donde después se levantó el edificio de la Aduana. Después pasó a la calle del Rosario, allí daba trabajo a 580 operarios, todas mujeres, dedicadas a tareas de manufactura de cigarros, las famosas cigarreras de Cádiz.
En 1829 se trasladó a la Alhóndiga. Tras diversas vicisitudes, como su cierre durante un año 1870-1871, en enero de 1881, por iniciativa del Ayuntamiento, se le dio un nuevo impulso, entablándose conversaciones con la Hacienda Pública para ampliar la plantilla de obreras. El Estado acepta la propuesta a cambio de que los gastos de adaptación y ampliación corriesen a cargo del municipio, firmándose un convenio acuerdo entre ambos en septiembre de 1881.
Entre los años 1883 y 1884, la fábrica sufrirá importantes obras de renovación y ampliación con arreglo al proyecto del ingeniero de la D.G.R.E., Mauro Serret, reinaugurándose el 1 de octubre de 1887 con la tecnología mas avanzada, razón por la cual fue considerada todo un modelo en su género.
El proyecto arquitectónico de Federico Gil de los Reyes afectó prácticamente a todo el antiguo edificio, a excepción de la zona de bóvedas, dando como resultado un edificio compacto, de ladrillo visto y cubiertas de cerámica vidriada. Su estructura de estilo neomudéjar, profusamente utilizado en esa época, responde al gusto ecléctico del momento y constituye un interesante ejemplo de la arquitectura industrial del siglo XIX, que ha llegado hasta nuestros días prácticamente inalterado.
Constaba de dos pisos, con la distribución típica de las fábricas de tabaco de la época: En la planta baja se ubicaban los talleres de despalillado, preparación de la rama, oreo de la picadura, empaquetado, almacenes, además de las oficinas. El piso principal se destinó a los talleres de cigarros. El segundo piso se dedicó a talleres de cigarrillos y oficinas de Inspección. A fines del siglo XIX trabajaban en ella unas 1.560 operarios, la mayoría mujeres, fabricando los tradicionales cigarros, pero también por primera vez cigarrillos de papel. Sobre la puerta principal se conserva el escudo barroco de la primitiva fábrica, realizado en mármol blanco en 1741.
Los compromisos contraidos entre la D.G.R.E. y el ayuntamiento de Cádiz, en 1881, fueron incumplidos por el nuevo propietario, la C.A.T., que sometió a la fábrica de Cádiz, al igual que otras de la península, a una reducción del número de operarios simultáneamente a la mecanización de los procesos productivos, pues de las 2.987 operarias que contemplaba el acuerdo pactado, se redujo efectivamente a 1.130.
A finales de la década de 1980, la actividad tabaquera se traslada a una nave industrial a la entrada de la ciudad, después de lo cual el edificio fue remodelado para adaptarlo a Palacio de Congresos. Tras el E.R.E firmado en el año 2009, quedaron solo 76 empleados en la nueva fábrica y el 28 de junio de 2013 la planta gaditana de Altadis se cerraba oficialmente.
Fábrica de Tabacos de Alicante. (*16)
Poca información ha llegado hasta nuestros días sobre esta fábrica, que se construyó muy próximo en el tiempo a las de Madrid y La Coruña. No se conoce la fecha exacta de su construcción, pero debió ser sobre principios del siglo XIX, habiéndose reutilizado parte de un antiguo albergue de pobres llamado Casa de Misericordia. Al poco tiempo se quedó pequeña, y en 1838 se amplía, terminando de ocupar casi la totalidad del albergue religioso. Después del grave incendio del edificio en 1844, se reconstruyó ocupando mayor superficie.
Su estructura era la típica de toda fábrica de cigarros y cigarrillos de la época: planta baja, principal y superior, similar a la descrita para la fábrica de Cádiz.
La Fábrica ha producido todo tipo de tabaco: picado, cigarrillos, caldo de gallina, Ideales, Celtas, Ducados, puros Farias, etc. El número de personas que trabajaban en ella fue aumentando hasta la época de mayor actividad a finales del siglo XIX con más de 5.500 trabajadores de ambos sexos. La mecanización iniciada por la CAT a principios del siglo XX supuso un continuo descenso de los operarios, que en 1930 eran solo de 2.426 trabajadores que hacían funcionar más de 500 máquinas.
Actualmente (año 2013) en una de sus tres naves naves, de 3.000 metros cuadrados, se ubica un centro cultural denominado Las Cigarreras. Las últimas noticias apuntan a que el Ayuntamiento alicantino ha acordado ceder gratuitamente y a perpetuidad la totalidad de los os terrenos de la fábrica (25.000 metros cuadrados) y el propio edificio a la Universidad de Alicante.
La fábrica de Tabacos de Madrid, en la castiza calle de Embajadores,
vista desde la glorieta del mismo nombre. Postal antigua.
El edificio que ocupó la fábrica de tabacos de Madrid fue proyectado por el arquitecto Manuel de la Ballina. Comenzado en el reinado de Carlos III, dirigió su construcción, según parece el arquitecto Pedro Arnal, siendo finalizado el año 1790.
La fábrica se halla situada, como se sabe, en la calle de Embajadores (fachada principal) junto a la Glorieta de Embajadores, próximo al lugar que en otro tiempo ocupaba el portillo del mismo nombre.
Tiene dos plantas (baja y principal), de forma rectangular, de 128 x 71 metros. El edificio, denominado originariamente Real Fábrica de Aguardientes, se construyó originariamente para fabricar y almacenar diversos productos pertenecientes a la Dirección General de Ramos Estancados, como aguardiente, licores, barajas o papel sellado, y además sirvió de depósito de efectos plomizos. Poco duró esta actividad, pues la fabricación de licores se concedió a la Condesa de Chinchón y la de naipes al belga Heraclio Fournier.
Su uso como fábrica de tabacos comenzó con carácter provisional en el año 1809, en pleno periodo de ocupación napoleónica, al objeto de remediar el desabastecimiento de tabaco en la corte madrileña, y para ello, se reclutó a más de 800 mujeres de los barrios próximos cuya labor, aunque modesta, alcanzó en pocos años un considerable nivel de calidad.
La fabricación continuó con altibajos e interrupciones de actividad, hasta que finalmente el 23 de junio de 1825 se restablece con carácter definitivo y un volumen de fabricación de significativa importancia. Aunque el edificio no había sido diseñado para fábrica de tabacos, era ámplio, luminoso y bien ventilado, lo que permitió su aprovechamiento. Así, en 1853 trabajaban más de 3.000 operarios de ambos sexos.
La evolución de la fábrica está en línea con el resto de factorías tabaqueras peninsulares. De las 3.000 operarias que aproximadamente trabajaban en la fábrica en 1853, solamente 200 de ellas fabricaban cigarrillos.
En pocas décadas la situación cambió drásticamente. La política de ahorro de costes y mejora de productividad puesta en marcha por la recién creada Compañía Arrendataria de Tabacos, en 1887, impuso a todas las fábricas peninsulares una renovación de sus instalaciones y la consiguiente mecanización de sus procesos productivos. Así, en 1898, funcionaban en la fábrica de Madrid tres máquinas picadoras de disco Fombuena, dos picadoras Flinch, una cuadradora Boixader, varias laminadoras de vena, etc... La fábrica ocupaba a 4.200 operarias, de las cuales 2.000 trabajan en la fabricación mecanizada de cigarrillos con un volumen de producción de cien millones de cigarrillos al mes.
A partir de la segunda mitad del siglo XX, la fábrica fue disminuyendo progresivamente su actividad, al tiempo que su plantilla se mantenía bajo mínimos, hasta su cierre definitivo, a finales del año 2000. En la actualidad es propiedad del Estado y dependiendo del Ministerio de Cultura.
Las famosas cigarreras de esta fábrica dieron alegría y colorido a calles y plazas de Madrid, dando vida a todo un barrio, con lugares tan emblemáticos como Lavapiés, Embajadores, fuente de Cabestreros, el rastro, la fuentecilla (Calle Toledo), etc... conformando la historia de ese Madrid castizo del siglo XIX, con sus verbenas, su música y baile populares, sus patios de corredor o corralas (corralas de Lavapies), sus leyendas, etc.
Fábrica de Tabacos de "La Palloza" (La Coruña). Postal antigua.
LA CORUÑA (LA PALLOZA)
La llamada fábrica de La Palloza, en La Coruña, se creó a principios del siglo XIX. Estaba ubicada en lo que fue el Arsenal de La Palloza, extramuros de la ciudad, siendo también conocida por el nombre de Almacén General de Víveres. Es muy probable que sus comienzos funcionase más bien como almacén de acopio de tabaco colonial o depósito de polvo sevillano y ya posteriormente, en 1808 fabricase cigarros contando solo con 120 operarias. Un año más tarde sería saqueda por completo y utilizada como Cuartel general del ejército francés, causando considerables destrozos.
Finalizada la guerra se reparan los destrozos y pronto se reanuda la actividad de la fábrica, hasta que en 1826 se realizan importantes reformas y mejoras que permiten alcanzar a finales del siglo XIX una importante producción, siguiendo la tónica del resto de fábricas del Estado.
La antigua fábrica de Tabacos de Valencia, en el edificio
de la Aduana del Rey, de 1758. (*16) La fábrica de tabacos de Valencia. Inaugurado como
Pabellón de la Industria en 1909. (*17)
Fue fundada en 1828, en un palacio construido en 1758 para albergar la Aduana, durante el reinado de Carlos III, según el proyecto del intendente D. José de Avilés. Las magníficas estatuas que hoy podemos contemplar en su fachada fueron esculpidas por Vicente Vergara, primer director de la Real Academia de San Carlos.
Hubo cronistas y viajeros que al ver las fábricas de tabaco españolas de Sevilla o Valencia por ejemplo, afirmaban que « en España los cigarros se fabricaban en palacios ».
La fábrica de Valencia será una de las primeras fábricas de la CAT en incorporar las nuevas tecnologías que estaban llamando a la puerta en ese momento. En 1898, la fábrica contaba con 2.198 operarias, (de las 2800 censadas en 1887), habiéndose mecanizado la fabricación de picadura y de cigarrillos. Entre sus principales máquinas destaca un humectador, torrefactor y aerocondensador, una picadora de hebra Flinsch y tres picadoras al cuadrado Portilla, 12 liadoras Bonsack y sendas Leblond, Vilaseca y Rapide, amén de una prensa Flinsch y 36 Meritjot. Todo ello era movido por una máquina de vapor doble de la Maquinista Valenciana de 50 cv por unidad con dos calderas multitubulares De Naeyer de 100 cv cada una. (*22).
En cambio, los cigarros se seguían elaborando artesanalmente en dos talleres, uno de cigarros para la exportación y otro de cigarros para consumo nacional, incluidos los cigarros Farias, que se comienzan a fabricar a principios de la década de 1890.
Las nuevas exigencias de la producción y la búsqueda de mayor espacio y mejores condiciones para el funcionamiento de la fábrica, obligaron a cambiar de emplazamiento la factoría. Se eligió un nuevo edificio situado en la margen izquierda del viejo cauce del río Turia, en un solar de 23.800 metros cuadrados, cuando la anterior tenía solo 3.072, que se había usado como Pabellón de la Industria en la Exposición Regional de 1909, y que, se convertiría en la sede de la nueva fábrica de tabacos, en 1914.
Durante la guerra civil fue la sede de la CAT republicana hasta su traslado a Barcelona, en noviembre de 1937, año en el que se asignó a la fábrica valenciana la llamada labor de guerra, que compartió con las de Madrid, Tarragona y Alicante.
La nueva fábrica permaneció allí hasta su cierre definitivo en el año 2001, iniciándose el proceso de rehabilitación en septiembre de 2007 para alojar diversas dependencias del Ayuntamiento de la ciudad.
Fábrica de Tabacos de Santander, antiguo convento de monjas clarisas.
Comenzó su actividad de forma provisional en 1835, ubicada en una salas del Hospital Civil de la ciudad. En 1838 se trasladó a su ubicación definitiva, un antiguo convento de monjas claras, que había servido anteriormente de cuartel.
A finales del siglo XIX trabajaban en ella unas 1.200 operarias que elaboraban cigarros y cigarrillos de forma manual, aunque ya contaba con una máquina de vapor de 25 caballos para mover las picadoras.
El 2002 se construyó una nueva factoría en Entrambasaguas. En 2009 el grupo Imperial Tobacco, propietario actual de la fábrica, decidió concentrar en ella toda la elaboración de cigarros para Europa, incluida la que se realizaba hasta ahora en las instalaciones de Bristol (Reino Unido) y Estrasburgo (Francia), para lo cual tuvo que ampliar la plantilla de 250 a 278 trabajadores y aumentar su producción de 380 a 816 millones de cigarros al año.
El Convento se encuentra ubicado en el nº 32 de la calle Alta de Santander, frente al antiguo Hospital de San Rafael, y en la actualidad es utilizado para la Asamblea Regional de Cantabria.
Fábrica de Tabaco de Gijón, en Cimadevilla.
La fecha de fundación de la fábrica de GIJÓN estaría comprendida entre los años 1822 y 1834, según distintas fuentes de información.
Se instaló en un convento de monjas agustinas recocoletas, en el Barrio de Cimadevilla, pero no se logró convencer a las monjas de la necesidad de su traslado hasta el 2 de marzo de 1843, fecha en que tomó posesión la fábrica su primer director, D. José Velasco, ocupándola con sus 1.200 operarias que elaboraban solo cigarros de forma manual. En 1853 se comenzó a fabricar paquetes de picadura para aprovechar los recortes de los cigarros.
En 1860 se inauguró otra fábrica en OVIEDO, ubicada en una antigua fábrica de armas, que producía únicamente cigarrillos, siendo ocupada con operarias procedentes de Madrid. Funcionó solo hasta 1871, siendo absorbida por la de Gijón, que desde entonces empieza a producir también cigarrillos de papel.
La fábrica de Gijón continuó su actividad normalmente hasta que la CAT se hizo cargo de la totalidad de las fábricas estatales, momento en que se inicia la mecanización en todas ellas. En 1895 daba empleo a 1.828 trabajadores, mujeres en su mayor parte. La fábrica gijonesa comienza a producir cigarrillos con boquilla en 1914 y, entre 1939 y 1957 elabora picaduras y cigarrillos entrefinos Ideales.
En el año 2.000, siendo su propietario el grupo multinacional Altadis, es clausurada y trasladada, tanto la producción como sus operarios, a la fábrica de Santander.
Fábrica de Tabacos de Bilbao en Santucho.
La pérdida de los fueros supone que surja la necesidad de crear fábricas de tabaco, que hasta ese momento no fueron necesarias, dado la libertad de su comercio.
La fábrica de BILBAO se tuvo que ubicar fuera del casco urbano de la capital, en Santucho (Begoña), a unos dos kilómetros de Bilbao, aprovechando un edificio de cuatro pisos que se habúa usado como cuartel y refugio durante las guerras carlistas. Fue inaugurada el 1 de julio de 1878, dando trabajo a unas 488 operarias
Como todas las fábricas tabaqueras de la época, los talleres y almacenes se distribuían de forma muy similar (ver Sevilla o Cádiz) .
La fábrica de Bilbao fue la primera en fabricar los cigarros puros tipo peninsulares mediante el sistema Farias, desde mayo de 1889, a un ritmo de 350.000 cigarros mensuales. La patente de fabricación Farias se había formalizado en Madrid, el 22 de agosto de 1886, y el contrato de la C.A.T. con sus inventores (Heraclio Farias y Vargas Machuca y Francisco Vila Camprubí) se habría formalizado a finales de 1888, habiéndose convenido que las pruebas de fabricación en serie se realizarían en la factoría bilbaína. Sufrió serios daños a raiz de los bombardeos en la Guerra Civil española que obligaron a paralizar su producción. Finalizada la contienda no fue reconstruida.
Fabrica de Tabaco de San Sebastián (Atocha).
La fábrica de SAN SEBASTIÁN se instaló en un edificio construído en 1868 para alhóndiga provincial en la calle de Garibay, según el proyecto de D. Ramón Antonio de Cortázar, y que en 1870 ya había servido para almacenar el tabaco para consumo interno y para exportación.
Comienza a funcionar como fábrica el 27 de mayo de 1878, el mismo año que la de Bilbao, compartiendo provisionalmente edificio con la Diputación Provincial hasta que éste último, en 1885, pudo trasladarse a una nueva residencia definitiva.
Producía unas labores diferenciadas de sus homólogas, que era el tabaco para atender la demanda de los fumadores de pipa, elaborado a partir de hoja de tipo Virginia.
A pesar de disponer de todo el edificio, la fábrica siempre tuvo problemas de espacio debido a las limitaciones del edificio, donde solo pudieron trabajar un máximo de 660 operarias. Por ello, en 1888 se aprueba el proyecto de construcción de una nueva fábrica cerca de la plaza de toros de Atocha, con un presupuesto de 1.250.000 pesetas, que se financió por el Ayuntamiento y la CAT
Las obras se iban retrasando debido a que ambos promotores no veían claro la utilidad de la nueva fábrica, y además no querían poner más dinero. LLegado un momento, intentaron dos veces el cambio de destino, primero para cuartel y posteriormente para industria textil. Cansadas de tanta incertidumbre, tuvieron que ser las 533 cigarreras que en aquel momento trabajaban en la fábrica, apoyadas por la Liga de Propiedad Industrial y Comercio, quienes consiguieron con sus protestas que se concluyera el proyecto original, inaugurándose la nueva fábrica de tabacos el 18 de julio de 1913.
En el año 2001, Ayuntamiento y Diputación Foral acordaron recuperar la gran fábrica de tabaco para la ciudad y convertirla en un centro de cultura contemporánea.
Antigua fábrica de Tabacos de Logroño.
Dado que ya se inauguró en plena política de mecanización industrial de la CAT, de inicio fueron instaladas máquinas para la fabricación mecanizada de cigarrillos de varios sistemas: 50 máquinas Fombuena (25 / minuto), 7 Borrás (30 / minuto), 18 Climent (62 / minuto), 10 Vilaseca (30 / minuto), y 6 americanas Comas (160 / minuto). Toda la fábrica funcionaba solamente con 440 trabajadores.
En 1978, Tabacalera S.A. decidió dejar la antigua fábrica del centro de la ciudad y trasladarse al polígono de El Sequero, en el término municipal de Agoncillo, a 18 Km. de la ciudad de Logroño, donde se construyó una moderna factoría tabaquera en un solar de 214.000 metros cuadrados, que fue inaugurada el 26 de junio de 1978.
En 2002, siguiendo la misma estrategia empresarial que en el caso de la fábrica de Santander, el nuevo propietario Imperial Tobacco, decidió concentrar en la fábrica riojana toda la actividad de fabricación de cigarrillos en España, para lo cual tuvo que aumentar la plantilla en 89 trabajadores de un total de 663, para conseguir una producción de 33.000 millones de unidades anuales.
En 2011, Altadis Logroño producía la friolera de 27 billones de cigarrillos (unos 140 millones de unidades al día) de las marcas Fortuna, Ducados, Nobel, JPS, Habanos y BN. Como curiosidad, la máquina más rápida produce 16.000 cigarrillos por minuto.
Fabrica de Tabaco de Tarragona. Postal antigua.
tarragona y mÁlaga (*8), (*10)
Estas dos factorías tabaqueras se levantaron en pleno crecimiento del consumo mundial de cigarrillos, mediante un decreto de 22 de mayo de 1922 que autorizaba a la CAT para construir estas dos nuevas fábricas.
Sufrió varios bombardeos en la Guerra Civil, que dañaron seriamente sus instalaciones, lo que obligó a realizar desembolsos importantes para su reparación, siendo el único establecimiento que tuvo que interrumpir su actividad. No pudo restaurarse hasta marzo de 1943, en parte por los daños habidos, pero sobre todo por la falta de actividad industrial.
En 1964, se convirtió en el primer centro productor de Tabacalera S.A. en España.
En 1966 se inauguró la primera planta de bateo de tabaco de la marca Ducados, y a finales de la década inició la producción de tabaco rubio marca Bisonte.
En 1970 producía unos 30 millones de paquetes de tabaco mensuales, y en los años ochenta la producción era de unos 5.000 cigarrillos por minuto.
En 2003, la empresa Altadis, resultado de la fusión en 1999 de la tabacalera española Tabacalera S. A. y la francesa Seita, comunicó la decisión de cerrar la planta, cuando el personal ya se había reducido a 250 trabajadores que mantenían el nivel de producción, principalmente de las marcas Ducados, Fortuna y Nobel.
Fábrica de Tabaco de Málaga. (*23)
La fábrica de MÁLAGA no encontró dificultad alguna y se construyó entre 1923 y 1927. El conjunto fabril se ubicó en la orilla occidental del río Guadalmedina, en el barrio de Huelin, y consta de once pabellones independientes dispuestos en torno a un espacio central, como corresponde a la típica organización de una fábrica de tabaco moderna. No obstante no llegó a inaugurarse como fábrica, pues cuando casi estaba finalizada se desistió de su finalidad, siendo entregada al Servicio Nacional del Cultivo y Fermentación del Tabaco.
Hubo que esperar hasta el 30 de septiembre de 1974 para que oficialmente se autorizase su uso como fábrica de tabacos. Las obras de adecuación se prolongaron durante tres años, inaugurándose en diciembre de 1977. La ciudad vería así cumplido un proyecto largamente esperado, por el que se habían realizado infinidad de gestiones a lo largo de casi dos siglos. Dicho proyecto se enmarcaba en una coyuntura política y económica concreta: prepararse para la entrada en la C.E.E.
Los objetivos que se perseguían no eran otros que incrementar la producción, enriquecer la oferta peninsular con nuevas labores atendiendo a todo tipo de demandas. Para ello sería imprescindible la creación de una fábrica moderna con tecnología de última generación.
La fábrica malagueña fue pionera en la introducción de modernas tecnologías que marcaron hitos en la industria tabaquera del último CAT del siglo XX. Se creó en la idea de introducir dichos avances en todas las fases de la producción, para producir cigarros de calidad y bajo coste y prepararse para competir con las labores canarias, cubanas y los países de la C.E.E. una vez incorporados a ella. Por todo ello, Tabacalera consideraba la Fábrica de Málaga como un factor crítico de éxito dentro de su estrategia competitiva. (*2)
La emigración Canaria a Cuba.
Vitolas chinchales cubanas de propietarios vegueros isleños de Cabaiguan (Lucumi y Bauza). (*32)
Los siglos XVI y XVII fueron de bonanza económica. La economía isleña se basaba en la especialización vinícola vinculada a los mercados británicos y coloniales americanos, y se sostenía gracias a un mercado interior en donde los puertos canarios jugaban un papel de gran importancia, pues servía de punto obligado de tránsito del tráfico marítimo atlántico, con un oscuro protagonista, "el contrabando". Las relaciones Canarias-Península fueron escasas, limitándose a meros intercambios financieros con las plazas de Sevilla y Cádiz. Los únicos que compraban caldos y barrilla canarios eran los países extranjeros, a cambio de una manufactura más barata que la nacional, que solo era posible con políticas proteccionistas.
La crisis del siglo XVII, con la guerra arancelaria anglo-hispana, hizo caer a límites impensables la competitividad de los famosos vinos malvasía canarios, las altas tasas e impuestos a los barcos hicieron que dejasen de recalar y aprovisionarse de víveres y combustible en sus puertos, pero las guerras de finales del siglo XVIII terminaron por arruinar a los productores de vinos y barrilla (*4)
Aunque entre los años 1790-1814 se produjo una breve pero importante bonanza económica, resultó un espejismo, pues se rompió bruscamente para dar paso a otro periodo más largo de nueva y profunda crisis económica, que abarcará hasta mediados del siglo XIX, con la ley de Puertos Francos Canarios.
A partir de 1814, la errática política arancelaria, con continuos aumentos en los impuestos en los años 1817, 1826, 1834, 1837, 1841 y 1834, e intentos frustrados de políticas librecambistas en los periodos 1822-1826 y 1831-1834, limitó la capacidad exportadora de los mercados que tradicionalmente habían dinamizado la economía isleña durante más de tres siglos, con grave quebranto para la economía.
Los elevados impuestos sobre la entrada barcos siguieron elevando el precio de los fletes, ahuyentando a los buques en tránsito, que preferían aprovisionarse en otros puertos como Madeira o Cabo Verde, abiertos al libre comercio. Este proteccionismo perjudicaba también a las potencias europeas, y especialmente a Inglaterra, que necesitaban los enclaves portuarios isleños, .
Para poder imaginar la magnitud de la depresión en este periodo, se citan algunos datos relevantes: De los 19.658.460 reales que se ingresaba en concepto de venta de vinos y barrilla en 1800 se redujeron a 3.827.900 reales en 1839. Si hablamos de impuestos, decir que en 1800, con una economía floreciente y con un sistema fiscal y arancelario favorable se abonaban algo más de cuatro millones en concepto de impuestos extraordinarios, a finales de la década de 1840, en estado moribundo y mediante un sistema fiscal y arancelario que aceleraba su agonía se pagaba más de siete millones.
La falta de liquidez fue de tal magnitud que hasta los impuestos se pagaban en especie y las autoridades portuarias llegaban a ofrecer madera y combustible gratis para intentar que los barcos que recalaran en sus puertos, lo que aceleró la desforestación de las islas. Tal situación de miseria y falta de esperanza hizo que los campesinos y trabajadores isleños girasen la mirada hacia su otro hogar, el continente americano, en búsqueda de una vida mejor. (*1).
El regreso de los emigrados. Su contribución al despegue de la Industria Tabaquera Canaria.
Y así fue como, por mucho tiempo, un gran número de familias enteras de isleños emprenderán una aventura a países lejanos en distancia pero cercanos a su corazón. La mayoría de ellos eran expertos agricultores, trabajadores tenaces y esforzados que emigraron a América para hacerse un hueco junto a sus paisanos de Venezuela, Uruguay, y sobre todo de Cuba.
Durante los siglos XVII y XVIII, la mayoría de los canarios se establecieron en la provincia de La Habana, aunque existían otros núcleos poblados por canarios como Matanzas, Sancti Spiritus, Remedios, Puerto Príncipe y toda la región central del país. Allí trabajaron en la construcción de vías férreas, carreteras, caminos, etc... aunque la mayoría lo hizo en la agricultura, como jornaleros o pequeños propietarios. La emigración que siempre hubo hacia América se intensificó a principios del siglo XIX, debido en gran medida al auge del cultivo de la caña de azúcar en Cuba. Los barcos salían casi a diario desde los puertos de Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma, sobrecargados de canarios llenos de ilusiones en busca de una vida mejor.
Los agricultores canarios afincados en Cuba complementaron sus conocimientos agrarios con otros cultivos muy distintos a los que realizaban en sus islas, como el azúcar y sobre todo el tabaco, cuya técnica de producción y elaboración les resultaba compleja y desconocida, por ello tuvieron que aprender estos conocimientos de los cubanos. Hay que tener en cuenta que el cultivo de la planta del tabaco combinaba muy bien con el carácter esforzado y tenaz del agricultor canario, ya que exigía continuas labores, máxima dedicación y mucha mano de obra para lograr una óptima calidad. Para ello, la familia isleña participaba al completo en las faenas del campo para llegar a obtener de aquellas fértiles tierras la mejor hoja de tabaco, y lo lograrían, pues con el tiempo el tabaco cubano llegó a ser considerado, con todo merecimiento, "el mejor tabaco del mundo".
De este modo, los isleños contribuirían decisivamente al desarrollo económico de Cuba, jugando un papel decisivo en la construcción de su riqueza tabaquera. Pero a partir del último tercio del siglo XIX muchos de ellos regresarían después de varias generaciones a la tierra de sus antepasados, debido fundamentalmente a dos importantes acontecimientos históricos:
El despegue económico del Archipiélago Canario y las buenas perspectivas para el cultivo de tabaco en las islas, a partir de la ley de puertos francos de 1852.
La inseguridad que supuso la primera guerra de independencia cubana o Guerra de los diez años (1868-1878).
El regreso de estos vegueros isleños posibilitará, en gran medida, el despegue de la Industria Tabaquera Canaria, pues además de aportar los ahorros de toda su vida, trajeron con ellos todo un tesoro: la experiencia de varias generaciones de esforzados campesinos y pequeños manufactureros o chinchaleros, curtidos en el cultivo y preparación del mejor tabaco del mundo, el cubano.
Para no repetir contenidos ya vertidos en otros capítulos, si desea más información sobre la emigración canaria a la isla de Cuba y su aportación al despegue de su Industria Tabaquera, haga clic aquí: "Los grandes tabaqueros cubanos" y " la emigración española a Cuba".
Los ensayos de cultivo de tabaco.
Los primeros ensayos (*6)
El contrabando de tabaco a gran escala que imperaba desde Los Estados Unidos y Brasil hacia la Península, afectaba gravemente al suministro de hoja a las fábricas de la Renta española. El desestanco cubano de 1817, seguido del periodo de libertad del desestanco peninsular de 1820-1823, provocaron que los contratistas en vez de aprovisionarse en Cuba, compraran el tabaco a precios más remuneradores en Estados Unidos y Brasil. Al Estado solo le quedaba la salida de fomentar su producción en el territorio español, cosa que se fragua en la publicación del Real Decreto de 14 de diciembre de 1827, y la normativa posterior que lo desarrollaba, por la que se decide ensayar la aclimatación de la planta de tabaco en Puerto Rico, Baleares y Canarias. Sin embargo, en el propio territorio peninsular, las Sociedades Económicas de Amigos del País (Barcelona y Extremadura, principalmente), también intentarían implantar su cultivo, pero sin lograrlo.
Entre 1827 y 1852, el gobierno fue concediendo con cuentagotas autorizaciones para cultivar tabaco, saldándose cada nueva experiencia con un manifiesto fracaso. Se detallan, a título de ejemplo, algunos de los principales acontecimientos relacionados con dichos ensayos:
En 1828 se realizaron ensayos en Sevilla, que fueron valorados de forma contradictoria. Pocos años después, serían las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País de diferentes regiones españolas las que pidieron la supresión del estanco y ensayos de cultivo en su territorio, siendo todos denegados, considerando suficientes los ensayos de Sevilla o Baleares, y alegando que la mata producida en España nunca podría sustituir a la de La Habana.
Entre 1831 y 1832 se realizaron ensayos en Aranjuez, en el Real Jardín Botánico de Madrid, y posteriormente, en 1839, en el Huerto del Noviciado, abandonado por los Jesuitas.
En 1840, el Estado adquirió a Canarias la producción de tabaco autorizada, que fue calificada de deficiente.
En 1853, la D.G.R.E. emitió un informe poco favorable a los cuatro “andullos”, cosechados en las tierras de Cayetano Lugo, en la isla de Gran Canaria.
En 1861 y 1875 se denegaron sendas peticiones de que el gobierno admitiese en las fábricas nacionales una cantidad fija del tabaco cosechado en las islas Canarias. El informe de la Junta fue abiertamente contrario a las exenciones temporales del pago de contribuciones, que era lo que demandaban los cosecheros.
El cultivo de cochinilla o grana tuvo un gran éxito en Canarias en el periodo 1845-1866.
Los primeros ensayos canarios .-
Hay que tener muy en cuenta que, aunque el nuevo marco de la ley de Puertos Francos canarios de 1852 había derogado el Estanco del Tabaco en las islas, haciendo posible el cultivo libre de la planta, el auge de la cochinilla como colorante y su cultivo intensivo y exitoso en todo el archipiélago motivó que la llamada opción tabaquera tuviera que esperar al rápido declive de este tinte, sobre mediados década de 1880, motivado por su rápida sustitución por las anilinas, para que se retomara con fuerza dicha opción tabaquera, de la mano de la R.S.E.A.P. de Gran Canaria, bajo unas perspectivas inmejorables del mercado mundial del tabaco, con aumento de su precio debido a la caída de producción de tabaco cubano consecuencia de la Guerra de Cuba. En este entorno, comenzarían realizarse ensayos de cultivo más organizados y coordinados, primero en territorio Canario, y mucho más tarde en la península.
Pero, después de más de 30 años de ensayos, lo que más preocupaba a los expertos eran los datos sobre la escasa calidad acreditada por el tabaco canario, que los informes de la comisión presidida por las R.S.E.A.P. ponían de manifiesto, que si bien eran ciertos los premios obtenidos en las exposiciones a las que se habían enviado muestras, por ejemplo la primera Gran Exposición Regional de Las Palmas de Gran Canaria en 1860 o la Exposición Internacional de Filadelfia en 1876, no lo era menos los resultados de análisis exhaustivos que ponían de manifiesto una mala preparación, falta de aroma, mala ceniza y mala combustión. Esto explicaba las devoluciones frecuentes de partidas de tabaco por parte de afamadas casas comerciales de Londres y Alemania.
No obstante, estos datos se quedaron en la recámara y se lavó la cara al informe cara al exterior, pero la comisión tenía muy claro que el incremento de calidad del tabaco era la única vía para aumentar su competitividad, y que el éxito pasaba por buscar y captar agricultores e industriales especializados donde fuera.
Los ensayos organizados.
Las primeras ventas importantes de tabaco canario (1875) (*6)
La introducción del tabaco canario en el mercado peninsular se produjo tarde y con dificultades, pues hubo que esperar hasta 1875, veintitrés años después del Real Decreto de 1852, para que los cosecheros canarios lograsen presentar su tabaco en la Fábrica de Madrid, aunque solo como ensayo. Las R.S.E.A.P. jugaron un papel muy importante en todo el proceso, empujando y preparando al sector, por ejemplo una de las iniciativas más sugestivas que la sociedad de Gran Canaria defendió, aunque finalmente no llegó a materializarse, fue la solicitud al gobierno de la creación de una escuela pública para la práctica del cultivo y confección del tabaco, que fue presentado en 1863 por Juan Nepomuceno Déniz, que años después sería uno de los pioneros del cultivo del tabaco en Canarias.
En 1873 se constituyó la sociedad anónima El Porvenir Agrícola de Canarias, que jugaría un papel relevante en la coordinación de los cosecheros para la venta del tabaco del archipiélago. Según informes británicos, anteriormente ya se habrían exportado pequeñas partidas de tabaco a mercados europeos (Reino Unido y Alemania), 175 Tm. en 1871, y 30 Tm. en 1873, pero no pasaba de ser una transacción puntual, carente de la mínima regularidad exportadora.
Otra figura importante fue Luis Marín del Corral, que desde Tenerife jugó un papel fundamental como promotor y divulgador y publicista del cultivo y elaboración del tabaco, con publicaciones como El Tabaco. Instrucción para el fomento de su cultivo en las Islas Canarias, de la que será su director, llegando a editar once números, con una periodicidad quincenal, entre el 15.9.1875 y el 29.2.1876. También contribuyó a ello su tienda almacén denominado Luis Marín Corral y Cia., donde vendía semillas y plantones de tabaco (aclimatadas o no), procedentes de las mejores vegas tanto de Cuba (Vuelta Abajo) como de Filipinas (Cagayán o Isabela).
El 13 de enero de 1875 se enviaba una Orden del Ministerio de Hacienda dirigida a la D.G.R.E., para que estudiasen las condiciones del tabaco de las Islas y se hiciesen las oportunas averiguaciones, al objeto de emplearlo en las fábricas nacionales. Meses antes, Luis Marín del Corral se había desplazado a Madrid representando a la RSEAP en el papel de portavoz en la presentación y defensa de las muestras de tabaco y de los informes correspondientes, llevando la iniciativa de todo el proceso.
Poco después, una comisión de expertos de la Real Fábrica de Tabacos de Madrid emitía un informe favorable sobre la calidad de las muestras enviadas, poniendo en marcha por primera vez el procedimiento de compra por vía de ensayo de 50.000 kgs de tabaco canario para manufacturarlo en sus fábricas nacionales, y poder comprobar de este modo su aplicación y la aceptación por parte del consumidor. El informe de la comisión calificaba las muestras analizadas como susceptibles de mejora, aunque, en general, se reconocía su calidad, especialmente las de uso para capa, centrando la recomendación de mejora sobre las fases finales del proceso, a partir de la formación de los pilones. También manifestaba que el tabaco de Canarias podría solucionar las faltas de abastecimiento de Vuelta Arriba y de Filipinas, derivadas de la Guerra.
El real decreto de 27 de Abril de 1875, autorizaba al ministerio de Hacienda para adquirir, sin la necesidad de subasta, un máximo de 50.000 kilogramos de tabaco canario con destino a las fábricas nacionales.
Parece ser que el tabaco que se utilizó en la venta procedía de cosechas anteriores a 1875 y, por consiguiente, no reflejó lo mejor de la producción canaria. La venta se produjo sin necesidad de subasta previa, pagándose a 2,70 ptas./kg., apareciendo entre los cosecheros canarios conocidos nombres, como Agustín Bravo de Laguna, Juan de León y Castillo, Diego del Castillo Westerling, los hermanos Rafael y Felipe Massieu y Falcón, García Torres, Román Lugo, Melián, Sotomayor, y un largo etc... muchos de los cuales ya aparecen en las relaciones de cosecheros de este ejercicio, reproducidas en el ejemplar nº 3 de la revista El Tabaco, Instrucción para el fomento de su cultivo en las Islas Canarias, de Luis Marín Corral. Hay que resaltar el peso de los cosecheros de Gran Canaria en esta primera remesa, con un 73,31% del total.
Esta primera gran venta había generado unas expectativas enormes y la "opción tabaquera" comenzaba a ser inapelable, a medida que se iba derrumbando la producción de cochinilla. El negocio del tabaco en Canarias fue progresivamente articulándose; así, en 1877 se crea la Liga de Cosecheros y Fabricantes de Tabaco, que jugaría el papel de grupo de presión, para que, como veremos, el Estado Español incorporase partidas de tabaco canario en sus presupuestos. Esta corporación, que agrupaba los distintos intereses económicos y empresariales canarios, asumirá la responsabilidad de dar respuesta adecuada a los pedidos del Monopolio, negociando los cupos, obteniendo reconocimientos de calidad, etc.
Con el tiempo, cosecheros y fabricantes se irían separando, llegando a constituir intereses contrapuestos. La D.G.R.E., primero, y la Arrendataria CAT después, a partir de su creación en 1887, se comprometerán a comprar el tabaco en rama canario entre 1875 y 1930, situándose en los 88.000 kgs. de media (73,5 hs. cultivadas al año), siendo absorbido el resto por la propia industria autóctona.
La ley de presupuestos de 1876 facultó por segunda vez al gobierno para adquirir directamente tabaco a los cosecheros canarios durante tres años, a condición de que no excediesen en precio a labores similares y estar cultivado o cosechado en tierras canarias. A pesar de lo engorroso y lento de los trámites burocráticos, la D.G.R.E. dictó nuevamente su informe favorable, promulgándose un Real Decreto de 30 de agosto de 1877, que fijaba un tope de 200 Tm. como la cantidad máxima de hoja de tabaco que se autorizaría adquirir a Canarias. En esta segunda venta, la isla de Tenerife tuvo mayor protagonismo, copando unos 2/3 del total vendido, con 109 cosecheros tinerfeños de un total de 185, establecidos sobre todo en Santa Cruz, La Laguna y La Orotava.
Vitola gigante que anillaba un mazo de cigarros de la marca
FLOR DE LAS VEGAS, del tabaquero LUIS ROMAN Y LUGO. (*32)
En años sucesivos, las adquisiciones por parte del gobierno se siguieron realizando, pero de forma irregular. En 1879 los diputados canarios, por tercera vez, consiguieron del gobierno español que la venta de la hoja isleña quedara asegurada durante otros tres años, pero no sería hasta la Real Orden de 24 de noviembre de 1880, cuando se establecería el procedimiento definitivo a seguir en las adquisiciones. El preámbulo de esta disposición ponía de manifiesto que las compras de 1876 no habían respondido a las expectativas del gobierno, por "no reunir el tabaco las condiciones de curación y beneficio”, sin embargo, se congratulaba de la considerable mejora producida en los conocimientos y la práctica de los cultivadores. De hecho, en 1887, en la Exposición de Cádiz, y en 1888, en la de Barcelona, se presentan las primeras fábricas de tabaco de Canarias, como la de Luis Román y Lugo, de Tenerife, con su marca LA FLOR DE LAS VEGAS, que obtuvo en ambas la medalla de plata.
Luis Felipe Gómez Wangüemert.
Luis Felipe Gómez Wangüemert fue un polifacético personaje, gran defensor de la opción tabaquera canaria, que intentó conducir (con escaso éxito) el cultivo y la elaboración del tabaco en Canarias por la senda de la calidad y el buen hacer.
Natural de Los LLanos de Aridane (isla de La Palma), emigró a Cuba a los veinte años donde se dedicó, entre otras cosas, al tabaco: tenía cultivos propios, apoderaba a otros vegueros y compraba hoja para las prestigiosas fábricas de Henry Clay, de Julián Álvarez. También trabajó de periodista, perteneció a agrupaciones masónicas e hizo incursiones en la política, incluso llegó a ocupar una alcaldía.
De regreso a Canarias, en 1899, realizó una encomiable labor de difusión y promoción del tabaco canario, asesoramiento y enseñanza de las técnicas de cultivo y tratamiento de la hoja aprendidas y practicadas en su estancia cubana, además de una defensa decidida de la opción tabaquera canaria. No obstante, no le tembló la pluma al criticar políticas equivocadas o perjudiciales para el sector, siendo buena prueba de ello los artículos publicados por él en su revista "El tabaco", editada en 1906, donde se decían cosas como que «solamente un puñado cosecheros, todos en la Isla de La Palma, eran los únicos que realizaban bien el proceso de cultivo y posterior preparación del tabaco, enfatizando en el proceso del curado o secado, ya que consideraba que era la operación más difícil y por tanto la que se debía de poner mayor esfuerzo en su mejora».
Siguiendo el modelo cubano, siempre pensó que la mejor política para desarrollar con éxito la opción tabaquera canaria era la calidad, pero fracasaría en su intento de crear una comunidad de propietarios de la cual solo formasen parte aquellos cosecheros que cultivasen en tierras idóneas, pues topó con los intereses de caciques y terratenientes conservadores que engañaron a los propios campesinos con promesas de grandes beneficios que luego se quedarían en poco o nada.
Wangüemert emigraría a Cuba donde finalmente se nacionalizó cubano y viajaría a España por periodos más o menos largos, regresando a su segunda patria definitivamente poco antes del final de la guerra civil española, ya que estaba claramente identificado con las ideas políticas republicanas y autonomistas. Desde allí enviará artículos críticos a periódicos canarios con el pseudónimo Juan del Time. Falleció en La Habana en 1942.
El cultivo de tabaco en la península. (*3), (*6), (*8), (*9)
Regadíos de Tabaco en Cáceres.
Los continuos movimientos activistas de las Sociedades de Amigos del País de las distintas regiones españolas, así como las publicaciones sobre la conveniencia del cultivo de tabaco y la propaganda en periódicos y revistas, dieron finalmente sus frutos. Cuando, en 1887, el Ministerio de Hacienda resolvió finalmente abandonar la Administración directa de la Renta del Tabaco para cederla o confiarla a la Compañía Arrendataria de Tabacos CAT se produjo un cambio de política y se comenzó a atisbar un nuevo régimen de autorizaciones más amplio para los ensayos de cultivo, pero siempre de forma muy lenta.
La CAT fue promoviendo ensayos con cuentagotas en las provincias de Málaga, Valladoliz, Vizcaya, Madrid y Valencia, todos con resultados poco favorables.
En 1898, la pérdida de Cuba y Filipinas introdujo mayor presión a la política de ensayos, por lo que a partir de entonces se prestó mayor atención, pasando a ser dirigidos directamente por ingenieros de la propia CAT No obstante, todo seguía marchando demasiado despacio, y habría que esperar a la llamada Ley de Autorizaciones de 2 de marzo de 1917, por la cual se autorizó al gobierno para que conviniese con la CAT permisos de cultivo en aquellas zonas donde se considerase más rentable, durante un periodo de prueba de tres años, que luego se prorrogaron otros dos años más.
Plantación de tabaco y secaderos (provincia de Cáceres).
En el periodo 1920-1925 se autorizaron ensayos en distintas zonas de la península, con resultados contradictorios, pero el tabaco se usó satisfactoriamente en las fábricas de la CAT, volviéndose a prorrogardurante otros diez años más, con un incremento importante del número de plantaciones. llegándose a una extensión de los cultivos de 2.000 Ha y 500.000 Kg. de producción de tabaco
En la campaña 1930-1931 se produjo un salto considerable, pasando de 2.000 a 5.000 Ha cultivadas. Por ejemplo, en la campaña de 1931 se llega a producir 8 millones de Kg.
En 1940, al término de la Guerra Civil, el tabaco representaba, por volumen y precio, el segundo artículo de importación, y el Estado Español se decide a dar el paso definitivo conducente a potenciar el cultivo masivo en la península, y promulga el decreto de 28 de junio de 1940, por el que se reconocen de forma oficial los beneficios esperados del cultivo de tabaco en la península, dándose vía libre a dicha explotación de forma industrializada. En esta misma década de 1940 se introducen en España los primeros cultivos de tabaco tipo bright o amarillos, curados en atmósfera artificial, dirigidos a la fabricación de cigarrillos rubios, ya de plena moda en los mercados internacionales, y sobre todo en los EEUU y México.
En la década de 1950 se produce un despegue realmente espectacular, incluyendo las Canarias. Se apuesta decididamente por las zonas más apropiadas, como Cáceres (La Vera), Toledo (Talavera), Valencia y Granada, entre otras, introduciendo las más modernas técnicas de cultivo de tabaco por regadío.
En los años 1960 el cultivo sigue aumentando, pero sobre todo va afirmándose cada vez más el protagonismo de los regadíos de Cáceres y Granada, y a mayor distancia otras provincias como Santa Cruz de Tenerife, Badajoz, o Sevilla. Solamente la provincia de Cáceres, a finales de la década, concentró el 50% del total del regadío de tabaco español. El protagonismo de Cáceres en el cultivo de la planta del tabaco aumentará en la década de 1970 con cifras como éstas: Cáceres: 17.790 Ha.; Granada: 3.464 Ha.; Toledo: 673 Ha.; Ávila: 650 Ha.; Badajoz: 510 Ha. Estas cinco estas provincias concentraban la cosecha del 94,5 % de todo el tabaco cultivado en el país. (*3).
En estos momentos, la situación actual de estas zonas eminentemente tabaqueras como Cáceres o Sur de Ávila (Jaraíz de la Vera, Talayuela, Majadas, etc...), pasa por el abandono de los cultivos cada vez más palpable, con un éxodo de la población rural de estas zonas que se cifra en varios centenares de habitantes en tan solo un año. Las autoridades locales de estas comarcas cifran en un 50% la disminución de ingresos por este concepto. Entre los que deciden quedarse, algunos aguantan un tiempo a ver qué pasa, otros diversifican sus cultivos y otros muchos enfocan sus esfuerzos hacia el turismo.
Juan Bravo Murillo, artífice de la Ley de Puertos Francos. Pintura en el Congreso de los Diputados.
1852.- La Ley de Puertos Francos. La opción tabaquera canaria.
La larga y penosa crisis que azotaba el archipiélago canario, recrudecida a partir de 1814, hizo que los políticos locales comenzaran a cuestionarse la procedencia de pertenecer a una nación que no daba respuesta a sus necesidades y exigieron una serie de medidas liberalizadoras mediante un trato fiscal y mercantil diferenciado que:
Apoyara la competitividad de su oferta agraria y su capacidad adquisitiva
Eliminara las trabas a la marina extranjera para potenciar la economía de servicios en la nueva era del transporte marítimo
Evitara que la guerra arancelaria debida al proteccionismo afectara al librecambio isleño.
El gobierno español, después de considerar distintas alternativas, como la aplicación de una reforma arancelaria sobre la entrada de la marina extranjera o el establecimiento de un sistema de puertos francos, finalmente eligió la segunda opción, y así, el 11 de julio de 1852, siendo presidente del Consejo de Ministros D. Juan Bravo Murillo, dictó un Real Decreto por el que se declaraban francos a todos los puertos insulares a excepción de El Hierro, que fue incorporado en 1870, fijándose un cupo de 1.215.811 reales que se abonaría a Hacienda por la supresión de las aduanas y el estanco del tabaco.
Esto se conseguiría mediante los arbitrios de puertos francos, consistentes en un moderado derecho sobre el tabaco y el uno por mil sobre la entrada de mercancías, lo recaudado por la importación de granos y harinas extranjeras según el arancel de 1831, y un recargo del 2% sobre la contribución territorial y otro del 50% sobre la comercial. (*1)
A partir de entonces, se produjo un proceso de cambio social y productivo, sobre todo en el período 1880-1930, cuando el modelo librecambista alcanzó la edad de oro, aunque su brillo lo eclipsara la 1ª Guerra Mundial y la gran depresión.
La exportación de cochinilla alcanzó los 2,7 millones de toneladas pasando del 6% en 1839 al 90% en 1870 del total exportado.
La franquicia mejoró la capacidad adquisitiva de la población, creando expectativas económicas a medida que los barcos hacían escala obligada en los puertos insulares en su viaje atlántico.
La balanza comercial con Inglaterra pasó a tener superavit a partir de 1865.
Aumentó considerablemente el comercio y la industria, creció la población y los jornales con un pleno empleo, en claro contraste con la miseria y la diáspora de tiempos pasados.
Los municipios mejoraron sustancialmente sus infraestructuras de educación y sanidad.
Pero no todo fueron buenos resultados. Para pagar el cupo exigido por las franquicias, sobrevino un aumento de la presión fiscal, que afectó sobre todo al mercado interno. Por otra parte, las ventas de grana disminuyeron drásticamente, debido a la aparición de las anilinas artificiales. Todo ello desembocó en una brusca recesión en la década de 1880 que obligó al gobierno insular a plantearse nuevos mercados. Por una parte, se aprovechó su ventaja librecambista volcándose en una la oferta de productos agrícolas (plátanos, tomates y patatas) dirigida sobre todo a su tradicional mercado inglés. Para ello se abrieron pozos, se construyeron canales y embalses, se ampliaron puertos y se construyeron pescantes y muelles para embarcarlos. Las exportaciones comenzaron a finales de la década de 1880 siendo absorbidas el 90% de la producción total por el mercado inglés.
Por otra parte, y aprovechando el paraguas proteccionista peninsular, se pensó potenciar los sectores del azúcar, la pesca y EL TABACO, aunque como veremos en detalle, finalmente sería éste último el ramo que mayormente se desarrollaría, con vistas sobre todo al abastecimiento del mercado peninsular, sin despreciar otros mercados internacionales. No faltaron, en cualquier caso, voces que se alzaron a favor de la opción tabaquera en exclusiva, desaconsejando la vía del azúcar que, en los años de 1884–1885, estaba sufriendo una crisis mundial con caídas de precios equivalentes a un 50%.
Se trataba de optar por una actividad que requería menores capitales, como habían escrito los publicistas de las décadas anteriores y, sobre todo, dependía más del factor humano, en el sentido de que era “un artículo más manuable”, que aguantaría mejor la competencia externa.
En este sentido es digna de mención una opinión emitida desde Francia, en 1885, sobre las posibilidades de la economía tabaquera canaria: «Mucho más lógico parece que ahí se diera preferencia al cultivo del tabaco, sobre el de la caña, tanto por no exigir el primero los grandes capitales que exige la última, para explotarla en buenas condiciones, CAT por ser un artículo más manuable y sobre todo mucho más a propósito para resistir la competencia extraña, siendo su calidad tan buena como aseguran personas que debo considerar competentes». (*6)
Reforma de la ley de 1852 .- A mediados de 1880, cuando la cochinilla no parecía ya que fuera a recuperarse, los cosecheros y fabricantes canarios, a través de las asociaciones de propietarios, vieron que el futuro estaba en las ventajas que podían obtenerse en ambas producciones, siempre y cuando el gobierno reformase la ley, permitiendo la flexibilización del marco de los Puertos Francos.
La reforma de los Puertos Francos de 1900 estableció que los productos del suelo y de la industria de Canarias deberían pagar el arancel general a su entrada en la Península e Islas Baleares, prohibiéndose su transporte en buques extranjeros, elevando el cupo por concesión de franquicias a un millón de pesetas, y fijando los impuestos que garantizarían su abono. Como consecuencia de ello, entre 1900 y 1936, Canarias se convirtió en país tercero en el plano de la economía nacional, pues tuvo que elegir entre integrarse bajo el paraguas proteccionista español eliminando sus franquicias, o bien continuar con ellas y ser tratado a efectos arancelarios como país tercero. (*6)
En resumen, se podría decir que, aunque el Real Decreto de Puertos Francos tuvo una repercusión institucional inmediata para el sector tabaquero canario, que fue la eliminación del Estanco, el resultado esperado no se materializará en realidades concretas hasta mediados de la década de los setenta, cuando la crisis de la cochinilla ya era un hecho irreversible y se decida apostar por la denominada opción tabaquera, primero mediante la venta de hoja y más adelante labores canarias al Monopolio de Tabacos español, siempre con el apoyo del Gobierno.
1887-1944 .- La Compañía Arrendataria de Tabacos (C.A.T.).
Joaquín López Puigcerver. (*20)
Durante los últimos años del Estanco del Tabaco en España se habían producido importantes avances que anunciaban inminentes cambios. La importancia del tabaco entre las industrias de bienes de consumo era patente pues solo el ramo de la elaboración de tabaco absorbía en 1887 a más de 32.000 trabajadores, en su mayoría mujeres, lo que suponía un 3% de la población española en activo, muchas de ellas en las diez grandes fábricas de tabacos repartidas por todo el territorio peninsular, con la de Sevilla a la cabeza que es considerada la más antigua del mundo. Además hay que incluir otros 20.000 que trabajaban en el sector de la distribución, en concreto en las oficinas expendedoras de tabaco, conocidas popularmente como "estancos". En total, unas 52.000 personas vivían directamente del tabaco en España, lo que nos da una idea de su gran importancia económica y social. (*22)
Pero veamos con detenimiento los movimientos previos a la creación de la CAT. En 1878, "el Estanco" se extiendió a las provincias vascas, las únicas que quedaban exentas fuera del ámbito del Monopolio, todo ello gracias al régimen foral del que disfrutaron hasta ese momento. La Renta ganaba así un buen número de consumidores y lograba frenar el contrabando que, desde el País Vasco, se generaba hacia la meseta. Pero, en definitiva, se seguía echando en falta una reforma a fondo de "la Renta del Tabaco".
Ese mismo año de 1878, el senador D. Manuel Girona, presidente del Banco de Barcelona y vicepresidente del Banco Colonial, presentó una proposición de ley para crear una comisión que estudiase a fondo la situación de la Renta del Tabaco y sus posibles salidas o soluciones.
Se estaba fraguando el cambio, que iba a producirse pocos años más tarde. Aunque todavía no se daban las condiciones precisas, muchos ya estaban tomando posiciones y preparándose para la liberalización. En realidad se estaba librando una batalla por el poder entre dos grandes magnates económicos del momento: el valenciano Marqués de Campo y el cántabro afincado en Barcelona, el Marqués de Comillas. Se suceden acontecimientos que denotan que el cambio estaba cercano y todo estaba preparado, de forma parecida a lo sucedido con el desestanco del tabaco en Filipinas el 25 de junio de 1881, cuando pocos meses después de la promulgación de la ley se produce la fundación de la Compañía General de Tabacos de Filipinas, por Antonio López, Marqués de Comillas. Personajes como el citado Manuel Girona figurará como miembro fundacional, lo cual es una prueba de cómo un buen nutrido grupo de políticos y economistas estaban poniendo sobre el tapete sus estrategias desde hacía tiempo.
Joaquín López Puigcerver es nombrado ministro de Hacienda el 2 de agosto de 1886, por el gobierno liberal español liderado por Sagasta, y a los pocos meses de su nombramiento retoma la vieja idea de una "gestión ordenada del tabaco" en la península, Baleares y Norte de África. Había dos opciones, la liberalización completa del mercado "a la inglesa", caso de Alemania y Holanda, o el arriendo italiano de 1867, llamado regia interessata, algo más estricto pero con unos resultados excelentes.
El Estado decide finalmente seguir el modelo italiano, y presenta la ley de 27.4.1887 por la que se autorizaba al gobierno a arrendar el antiguo Monopolio de Tabacos Español, adjudicandolo al Banco de España, que a su vez forma la sociedad Compañía Arrendataria de Tabacos, (en adelante CAT), con la finalidad de privatizar la fabricación y venta de tabacos, mejorando la gestión y los costes de producción.
Las cartas se habían levantado definitivamente y con ello se acababan las aspiraciones de Campo a que se le asignara dicha concesión. Esto sería solo un aviso, pues con el tiempo perdería otros de sus negocios en Filipinas en favor de su contrincante, como el tabaco y los transportes marítimos.
La duración de la concesión de arrendamiento se fijó en 12 años (base 2). Las fábricas de tabaco propiedad del Estado se entregarían al contratista para su explotación, quien las debería devolver a la finalización del contrato (base 6). El contratista se comprometía a expender a comisión los tabacos elaborados en Canarias y Colonias de Ultramar (base 11). La ley de 30 de agosto de 1896 establecerá la renovación de la concesión de arrendamiento a la CAT, esta vez por un periodo de 25 años, hasta el 30 de junio de 1921.
Inversiones de la C.A.T. en tecnología (*22)
El plan estratégico de modernización. (*6), (*22)
En el momento de la cesión de la fábricas de tabaco españolas a la Arrendataria, la D.G.R.E. ya había iniciado el necesario proceso de modernización en sus factorías tabaqueras. Por poner un ejemplo, en 1861 el proceso de picado estaba ya mecanizado en todas las fábricas, lo que constituyó el primer proceso de elaboración tabaquera sujeto a mecanización. El picado constituía el cuello de botella de la producción, sobre todo en la confección de cigarrillos y picaduras.
A los pocos años de su funcionamiento, la CAT continuó dicho proceso de mecanización iniciado en la etapa anterior, poniendo en marcha un ambicioso plan de modernización de sus factorías, que podríamos esquematizar en tres fases:
La primera fase (1887-1903) .- Comprendida entre los años, se caracteriza por una fuerte inversión inicial en nuevas tecnologías de preparado de picaduras para consumo directo y para elaboración posterior de cigarrillos, esto último aún limitado a algunas fábricas. También en este periodo se realizaron fuertes inversiones en la represión del contrabando, llegándose a crear una flota de barcos especializados para ese fin, que supuso un gasto de unos 360 millones de pesetas, desembolsados por el propio Estado, pues le correspondía hacerlo, según lo estipulado en el contrato de arrendamiento.
La segunda fase (1905-1913) .- Interrumpida por la primera guerra mundial, la Cia. centra su estrategia en modernizar el sector del cigarro, pues intenta en lo posible las importaciones de habanos tras la pérdida de las colonias. Durante la segunda fase de la industrialización del sector tabaquero. Destacó sobre todo la introducciónde la máquina tírulera, que confeccionaba mecánicamente una parte del proceso de elaboración del cigarro, el tirulo, al que se añadía manualmente la capa, en un proceso semiindustrial que enlazaba perfectamente con el ritmo lento que se impuso en la sustitución del trabajo manual por empleo mecánico.
La tercera fase (1921-1929) .- Fue el periodo de mayor esfuerzo en la modernización de las instalaciones de las fábrica de tabaco españolas, pues aprovechando el tirón de la demanda producido una vez finalizada la primera contienda mundial en 1918, las reformas se intensificaron y se extendieron a todas las factorías. Se electrifican la mayoría de las fábricas de la CAT y se adquiere maquinaria moderna, sobre todo para la fabricación de cigarrillos.
También se continúa el esfuerzo iniciado en 1887 de lucha contra el contrabando, adquiriéndose a cargo del Estado un total de 33 barcos rápidos para la vigilancia y control de las aguas marítimas.
En lo básico, este proceso de modernización finalizaría en 1929, y supondría una mejora competitiva muy importante, que permitió a la CAT competir en igualdad de condiciones en un mercado tabaquero cada vez más abierto, aunque obligó a reducir drásticamente las plantillas de operarios de la mayoría de las factorías, lo que provocará fuertes tensiones y conflictos laborales. Para ampliar información, leer capítulo de las fábricas de tabaco españolas.
Las máquinas que se compraron e instalaron lo hacían casi todo: preparación de la hoja, picadura, liar cigarrillos, el tirulo de los cigarros, empaquetado, etc... A título de ejemplo, cito algunas de las más famosas: Universal (inglesa), Universelle (J.C. Müller, Dresde), Boixader (España), Climent (España. La Maquinista Valenciana), Fombuena (Madrid. Batista Fombuena), Flinsch (Ferdinand Flinsch, Offenbach, Decouflé (A.E. Decouflé, Paris), Borrás (Borrás y Alegre, Barcelona), Molins (Molins Machine Co., Londres), y por supuesto la emblemética máquina de fabricación de cigarrillos Bonsack (The United Cigarette Machine, Co., USA).
Antigua vitola de la Cia. Arrendataria de Tabacos. (*32)
Las ventas de tabaco canario a la CAT y los conflictos de intereses. (*6)
Realmente, el período anterior a la constitución de la CAT había sido bastante más beneficioso para la agricultura del tabaco canario que la etapa de la Compañía, pues entre 1875 y 1887 el estanco dejó entrar rama canaria en sus fábricas durante seis años, quedando tres ejercicios en blanco, a una media anual aproximada de 128.989 kg. Sin embargo, desde la constitución de la CAT, en 1887, hasta el año 1905, que cesan las compras oficiales, los contratos de hoja cosechada se suceden ininterrumpidamente a excepción de 1896, aunque con una sustancial caída de las exportaciones del archipiélago, que se contraen un 47% de media, quedándose cerca de los 69.000 kg., excepción hecha del año 1895 con una venta excepcional de 321.800 Kg. (ver gráfico adjunto).
Como se aprecia muy bien en el gráfico, en ese periodo de 1875-1905, las ventas de tabaco al Monopolio español fueron básicamente en forma de rama autóctona, por lo que se deduce que la opción tabaquera canaria se centró fundamentamente en el cultivo de la planta, pero desde 1905 aproximadamente, las circunstancias cambiarían, y las labores o tabaco manufacturado, sobre todo en forma de cigarros pasarán ser el principal motor de la industria tabaquera canaria.
La penetración de las labores canarias en Portugal, Gibraltar y plazas del norte de África, además del notable e imparable contrabando a la propia península, preocupaba a los dirigentes de la CAT cuyas labores no podían competir en calidad con las labores canarias. Por otra parte, Juan March, que para entonces ya era accionista de la CAT, presionaba a su director, Francisco Bastos, para que se tomaran medidas conducentes a que sus negocios tabaqueros no se vieran afectados por la imparable competencia canaria.
El contrato de 1922. El primer gran periodo de expansión de la Industria Tabaquera Canaria (1922-1936).
Como consecuencia de las presiones de Juan March y la cada vez mayor calidad y competitividad de las labores canarias, se firmaría en 1922 un importante contrato entre la Arrendataria de Tabacos española y los industriales isleños legalizados, mediante el cual la primera se comprometía a adquirir todas las existencias de labores canarias, primero parcialmente, pues su propósito era reducir sus ventas a las plazas españolas del Norte de África, y más tarde, derivar sus productos hacia el territorio peninsular, siempre a condición de que fuera una venta exclusiva.
Realmente, con este contrato se intentaba utilizar a los productores canarios para favorecer lo oscuros intereses de Juan March, que no eran otros que blindar sus intereses tabaqueros de la competencia de las labores canarias, de mejor calidad y precio.
Ventas de tabaco canario al Monopolio español (*6)
De este modo, Canarias quedó integrada en el Monopolio como sector productivo, sujeto a tratamiento diferenciado por el Régimen de Puertos Francos, estableciéndose vínculos entre ambos que, a pesar de las tensiones que siempre hubo y habría, marcarán la trayectoria futura del sector, posibilitando que el tabaco fuera el primer ramo exportador del Archipiélago hasta el fin del periodo, es decir, hasta el comienzo de la Guerra Civil española.
Las ventas oficiales a la Arrendataria se reanudaron después de quince años, pero ahora la rama canaria ya será poco competitiva y quedará relegada a cifras poco relevantes. Era el momento del desarrollo de la industria de manufactura de las labores canarias, cigarros, cigarrillos y picadura.
Pero, como anticipamos anteriormente, el desarrollo de este contrato estuvo lleno de tensiones motivadas por el continuo crecimiento del sector y su capacidad potencial de producción y competencia con las labores de las fábricas del Estado, que como veremos en detalle, hicieron muy difíciles las relaciones, sobre todo a partir de 1930.
Su política para con el tabaco elaborado canario fue la propia de un Monopolio, es decir, aprovecharse de su posición de fuerza para crear desconcierto e inseguridad, así establecía contactos con los fabricantes que se avenían a cumplir sus exigencias con precios insostenibles. Esto motivó la reacción de defensa de dichos fabricantes canarios, que crearían en 1924 la primera Asociación de Fabricantes de Gran Canaria, en la que figuraban un buen número de industriales tabaqueros consolidados, como Eufemiano Fuentes Cabrera, Joaquín J. Dos Santos, Rafael Vera Giménez, Luis Correa Medina, Nicolás Socorro Guerra o Nicolás Socorro Soto.
En 1926, la CAT fijará su posición respecto a los fabricantes canarios, pretendiendo rescindir los contratos para no fomentar el desarrollo de su industria tabaquera, argumentando como pretexto que "uno de los objetivos principales de los contratos había sido fomentar el cultivo del tabaco canario, circunstancia que no se consiguió en absoluto" o bien que "los únicos intereses atendibles deberían ser los agrícolas" o bien que "algunas labores no tenían la calidad adecuada".
En 1935 la situación era muy delicada, pues los stocks de labores manufacturadas canarias acumulados en los almacenes de la CAT habían llegado a exceder el 60% de los pedidos semestrales. El excedente de cigarros y cigarrillos suponía una inmovilización de capital muy importante, que amenazaba en convertirse en una pérdida irremediable. Los intereses de las partes involucradas (los sindicatos canarios, la Arrendataria y los fabricantes) eran divergentes:
Los fabricantes pugnaban, como siempre, por mantener e incluso incrementar su presencia en el mercado del Monopolio
La CAT ponía por delante de cualquier consideración la eliminación de los excedentes de las labores isleñas, consecuencia, según ellos, de la rigidez asociada a la relación contractual vigente, aunque en la recámara siempre estaba el problema de que las labores canarias entraban en competencia directa con las propias de la CAT
Los sindicatos canarios argumentaban que las causas reales del atasco había que buscarlas en la competencia cubana, que afectaba tanto a los cigarros canarios como peninsulares, y en los defectos de la cadena de ventas de la Cia., que no prestaba suficiente atención a las labores insulares.
Los responsables de la CAT propusieron al Ministro de Hacienda la ruptura de la relación contractual, denunciando el compromiso en vigor, que se materializó con la Orden Ministerial de 28 de junio de 1935 que rescindió los contratos vigentes entre los sindicatos canarios y el Monopolio.
Ante este panorama, el Estado español, que tenía que hacer complicados malabarismos para tener contentos a todos, decidió finalmente convencer a la Arrendataria para que comprase las labores de procedencia Canaria por dos razones de estrategia política y económica: la primera era debilitar y entorpecer el creciente negocio de Juan March en el pujante mercado del Norte de África, pues perjudicaba tanto a la propia CATcomo a los tabaqueros canarios en general, y la segunda, reducir el creciente contrabando que se daba en el propio archipiélago Canario.
Así, el gobierno español decidió seguir protegiendo a la industria tabaquera canaria, siempre y cuando fuese compatible con las necesidades de la Renta, presionando a la Arrendataria para que diera continuidad a las compras de labores canarias, en contra de las opiniones de los técnicos del Monopolio, que eran partidarios de romper los acuerdos.
A los pocos meses se negocia un nuevo contrato, autorizado por la O. M. de 27 de octubre de 1935, que como principal novedad impondrá que las compras de labores canarias ya no se realizasen mediante compra directa sino mediante un nuevo sistema de venta a comisión.
Juan March junto a su nuera Carmen Delgado
y su nieta Leonor March Delgado.
Los opacos negocios tabaqueros de Juan March (*21).-
Ya vimos que siempre hubo conflictos de intereses entre el Gobierno de Canarias y la CAT, pero los negocios y trapicheos del banquero y magnate mallorquín Juan March, cuya finalidad no era otra que dominar el comercio del tabaco en el Mediterráneo, apoyándose en el contrabando y el tráfico de influencias, enturbiaban continuamente las de por sí complejas relaciones.
En 1906, March había comprado parte de una fábrica de tabaco en Argelia. En 1909, la CAT lo denuncia por contrabando de tabaco, sufriendo la primera orden de arresto. En 1911 obtuvo de la Compañía Internacional de Tabacos de Marruecos, de capital francés, el monopolio del comercio de tabaco en todo Marruecos, incluido el español. Había logrado, por entonces, tener operativa una red de distribución de tabaco de buena calidad por todo el norte de África, y a precios sin competencia.
Durante la 1ª guerra mundial se enriqueció con el contrabando de tabacos, armas y combustibles en todo el Mediterráneo, sobornando a guardia civiles, funcionarios de aduanas, y hasta jueces y políticos con su famoso lema «todo hombre tiene su precio, y si no lo tiene es que no lo vale».
En 1919, gracias a las gestiones del gobierno español, obtuvo una prórroga del Monopolio de Tabacos en el Norte de África, quedando perjudicada la Compañía Arrendataria de Tabacos, por lo que March y su negocio fueron combatidos por Cambó, ministro de Fomento desde 1918 y de Finanzas en 1921-22; en 1921 lo denunció públicamente, considerándole un contrabandista "técnico a la moderna" y "el último pirata del Mediterráneo". Pese la vigilancia marítima y algunas detenciones de barcos realizadas por la policía, logró mejorar sus prácticas organizativas y seguir con sus actividades de contrabando, incluso logró en 1927 extender el monopolio tabacos del Norte de África a las plazas de Ceuta y Melilla.
Como ya vimos anteriormente en el contrato de 1922, Juan March consigue mediante presiones al director de la CAT, que ésta firme un contrato con los tabaqueros canarios de venta exclusiva de sus labores. Logra así blindar sus negocios tabaqueros de la gran competencia que sufría con las labores canarias.
La Segunda República, apercibida de su peligrosidad, puso en marcha una rigurosa investigación sobre el origen de su fortuna, que duró un año. En su defensa, llegó a desafiar al propio ministro de Hacienda, Indalecio Prieto. Finalmente, tras un brillante discurso de Jaime Carner titulado "O la República somete a March, o él someterá a la República", fue encarcelado en junio de 1932 en la Cárcel Modelo de Madrid, aunque apenas estuvo 17 meses, pues logró fugarse junto con su carcelero, seguramente mediante soborno.
En 1922, Juan March ya era accionista mayoritario de la CAT, y había presionado fuertemente a su director gerente entre 1922 y 1925, el ingeniero militar y prestigioso hombre de negocios Francisco Bastos Ansart, para que se tomaran medidas que blindaran sus negocios tabaqueros de la gran competencia que sufría con las labores canarias. Lo consiguió mediante la firma del citado contrato de 1922 entre la CAT y los tabaqueros canarios mediante el cual el Monopolio Tabaquero se comprometía a comprar toda su producción siempre que fuera en exclusiva. Conseguía así librarse de un plumazo de la competencia que estaba sufriendo por parte de los industriales tabaqueros canarios en zonas que consideraba de su exclusiva competencia, como el Norte de África.
1944-1998 .- Tabacalera S. A.
Paquete de Tabaco picado fino de TABACALERA S.A.
La CAT subsistió hasta el año 1944, momento en que el Estado decide aumentar el grado de participación pública y convocar un concurso de adjudicación para el nuevo proyecto tabaquero. La ley de 18 de marzo de 1944 autorizó al Gobierno español para adjudicar la explotación del monopolio de tabacos mediante concurso, estableciendo las bases por las que se regiría. El decreto de 31 de mayo de 1944 adjudicaba el contrato a la CAT, que a su vez crea la sociedad mercantil Tabacalera S.A., cuyo contrato sería otorgado a su vez por decreto de 3 de marzo de 1945, con una duración de 25 años.
Tabacalera S. A. estaba constituida por los mismos accionistas que la CAT y con un similar modelo de gestión, pero esta vez controlado desde el Estado, que sería en adelante quien fijaría las líneas estratégicas del nuevo Monopolio de Tabacos español. En las plazas españolas del norte de África, el monopolio se concedió a la Compañía Canariense Marroquí de Tabacos S.A. con funciones análogas a Tabacalera S.A.
Al poco de constituirse Tabacalera S. A. dio entrada al capital privado, como el Grupo Fierro, que entró por primera vez en el sector con Tabacalera en 1955, ocupando puesto de consejero hasta la muerte de su fundador. Fierro entró también en el sector tabaquero canario a través de su compañía fosforera CIESA, Compañía Industrial Expendedora S. A., con la compra de industrias tabaqueras canarias consolidadas, como RUMBO, que a su vez había integrado a un número considerable de pequeñas empresas tabaqueras canarias. Con los años, Fierro llegó a ser propietario de dos empresas más: la Compañía Tinerfeña de Tabacos y Tabaquera Canaria y, con ellas, de una importante cuota de mercado, llegando más adelante a superar al poderoso grupo CITA.
Como se observa, se estaba produciendo un proceso acelerado de concentración empresarial del sector tabaquero, siguiendo la tónica de la industria tabaquera a nivel mundial.
El 21 de marzo de 1971, se renovó el contrato próximo a vencer, que había funcionado durante 25 años de forma ininterrumpida, esta vez con una duración de 20 años.
El contrato no llegó a finalizar su plazo de vigencia, pues tuvo que interrumpirse cuando España comenzó a adoptar las modificaciones previas a su incorporación a la Comunidad Económica Europea para adaptarse a las directrices comunitarias.
Previa negociación, se adopta el modelo francés, que compatibilizaba la existencia de un monopolio de tabacos con la desaparición de cualquier discriminación entre ciudadanos comunitarios. De este modo, el 1 de enero de 1986 se derogó la ley de 1971 y se dispuso la nueva ley del Monopolio Fiscal de 1986, que mantenía el monopolio de tabacos al pormenor con titularidad estatal, liberalizándose la importación y comercio mayorista del tabaco de procedencia comunitaria, sin que esta ley afectara al régimen de las Canarias. Se mantenía el monopolio de fabricación, importación y distribución de tabacos manufacturados no comunitarios, cuya gestión se siguió encomiendando a Tabacalera S.A.
Situación especial de Canarias .-
Dado la fiscalidad especial de las islas, con niveles bajos para las ventas y alta para las importaciones, fueron creciendo los incentivos y posibilidades para los operadores internacionales, mientras que el mercado peninsular seguía constituyendo una importante área de demanda. La incorporación al mercado común europeo sería el factor definitivo que impulsaría las expectativas de las empresas internacionales líderes en el mercado mundial, que fueron localizándose progresivamente en las Islas a través de la compra de empresas ya existentes, como Philips Morris, que se instala en la antigua fábrica de La Lucha, R.J. Reynolds en Tabacos Capote (La Palma), el grupo Martin Britman adquiere ITACASA. Cuando Tabacalera S.A. decide entrar en ese proceso de concentración, compra ITACASA a Britman, se asocia con Philips Morris y más adelante crea Tabacanaria S.A. y Cigarcanaria S.A.
Vitola semi-gigante de Cigarcanaria, donde se puede leer la fecha de constitución de la empresa: 18 de marzo de 1981 así como las marcas de cigarros que fabricaba. (*32)
En los años ochenta se produce un importante proceso de fusiones de empresas tabacaleras en las Canarias, como resultado de un proceso de concentración de la oferta en la que Tabacalera, S.A., que ya participaba en ITACASA al 100%, tomó un destacado protagonismo. Esta última ya había absorbido, por entonces, a las empresas Pedro Fuentes Cabrera S. A., Agrupación de Fabricantes de Tabaco de Las Palmas S.L., Compañía Industrial Expendedora S.A., Compañía Tinerfeña de Tabacos S.A., Tabaco Banda S.A. y Tabaquera Canaria S.A.
El 2 de marzo de 1981 se creó Tabacanaria S.A. para la producción de cigarrillos y el 18 de marzo de 1981 se constituyó la empresa Cigarcanaria S.A., para fabricar cigarros, ambas participadas al 50% por el Monopolio estatal Tabacalera S. A.
El resto de participación en ambas aglutinaba grandes empresas o grupos como Fierro, Lain y lo que quedaba del imperio de Eufemiano Fuentes Cabrera, en el caso de Tabacanarias (cigarrillos) y Tabacos Alvaro González S. A., Lorenzo Peñamil S. A., La Belleza, Rumbo y La Fama, entre otras. En 1984, reforzaría su posición con la adquisición de Tabacos Capote.
Ese mismo año, Cigarcanaria dio entrada en su accionariado a British American Tobacco, Henri Wintermans y Cubatabaco.Posteriormente British American Tobacco entró a formar parte de Tabacanarias comprando la participación del grupo Fierro y formando la empresa LABACANARIAS.
El grupo CITA, propiedad de los Zamorano, en concreto de Luis Zamorano Tais, permaneció independiente de Tabacalera S.A. En 1991, se fusionó con las dos empresas canarias participadas al 50% por Tabacalera S.A. (Cigarcanaria y Tabacanaria) para fundar CITA Tabacos de Canarias, S.L., por lo que se hizo con las importantes marcas de cigarros Alvaro y Peñamil, antes integradas en Tabacalera S.A. al pertenecer a Cigarcanaria, convirtiéndose así en uno de los principales grupos tabaqueros españoles con más de mil empleados repartidos entre Canarias, la Península y Baleares. (*24)
En abril de 1998 Tabacera S.A. fue privatizada mediante una Oferta Pública de Venta (O.P.V.), cuyo precio final fue de 19,13 € por acción, con unos ingresos brutos para el Estado de 1,75 millones de euros.
A finales de 1999, mediante una Oferta Pública de Canje a partes iguales, se produce la fusión de Tabacalera con su homóloga francesa Seita, dando como resultado la creación de Altadis, uno de los grupos líderes de la industria del tabaco, líder mundial en cigarros y cigarrillos. La fusión se materializó a través de una oferta de intercambio de acciones de ambas compañías.
En enero de 2008, Altadis, que entonces ocupaba la 5ª posición del ranking a nivel mundial, es comprada por la multinacional tabaquera Imperial Tobacco, lo que sirvió para consolidar la CAT posición de Imperial Tobacco a nivel mundial y liderar también el mercado nacional.
La Industria Tabaquera Canaria.
La Industria del Tabaco Canaria nació aproximadamente a mediados del siglo XIX, tomando como patrón el modelo cubano de modestos chinchales o talleres artesanales familiares que, partiendo del tabaco en rama, confeccionaban los cigarros o tabacos con sus propias manos, sirviéndose de utensilios básicos. En aquellas fabriquitas, casi en la clandestinidad, se torcían tabacos procedentes de las mejores zonas de Cuba, que llegaban a los puertos canarios de Las Palmas o Tenerife a precios muy competitivos, aprovechando las ventajas comerciales que supuso, a partir de 1952, la ley de Puertos Francos.
Sus antepasados habían contribuido a que los puros habanos fueran considerados, sin lugar a dudas, como "los mejores del mundo" y ahora ellos, después de varias generaciones, ellos traían aquellas técnicas de cultivo y elaboración del tabaco que aprendieron en Cuba y las aplicaban en Canarias. Comenzaba la aventura del tabaco canario.
Panorámica de Breña Alta (La Palma). En esta zona de medianías se cultiva quizás el tabaco de mayor calidad de las islas Canarias.
La Palma, Tenerife y Gran Canaria son las islas de mayor extensión del archipiélago, y por ello fueron las que, tanto el cultivo de la planta como la industria tabaquera, se dieron con mayor fuerza.
La isla de La Palma, a pesar de su menor tamaño, era la que ofrecía mejores condiciones para el cultivo de la planta del tabaco, dado las excelentes características de sus valles, como la Caldera de Taburiente, de 28 Km. de circunferencia, Los LLanos de Aridane , Mazo, o Las Breñas. De hecho, la introducción del cultivo del tabaco en el archipiélago se habría producido en dicha isla de La Palma sobre el año 1840, con la plantación de tabaco capero procedente de Cuba, donde habían aprendido a cultivarlo, todo ello según un informe interministerial de 1968 (*6).
En la isla de Tenerife se cultivó tabaco en Santa Cruz, La Laguna, La Orotava, La Perdoma, Los Realejos, Icod, Tacoronte, Granadilla, Guía y Adeje, etc... y en la isla de Gran Canaria se cultivó en Las Palmas, Telde y Gáldar, San Mateo, Ingenio, Aguimes, Santa Brígida, etc...
El éxito del cigarro canario se debió, en parte, a disponer de expertos tabaqueros que elegirían muy acertadamente la liga, es decir, los tipos de tabaco y las mezclas a utilizar en las diferentes partes del cigarro (tripa y capa), así como disponer del mejor tabaco traído de Cuba y también del cultivado en el propio archipiélago. Un ejemplo, de ello sería el éxito fulgurante del industrial tabaquero Eufemiano Fuentes Cabrera al poner al frente de su fábrica de tabacos torcidos LA FAVORITA a un joven pero experto tabaquero, Lorenzo Arbelo Pérez, que aplicando una adecuada elección de la liga, logró unos cigarros de gran calidad y a precios competitivos.
En una primera etapa, como se detalló anteriormente en el el capítulo las primeras grandes ventas de Tabaco Canario, la actividad tabaquera se limita básicamente al cultivo, destinado a abastecer una pequeña parte de las necesidades de la demanda peninsular a través del Monopolio Nacional de Tabaco, primero con la DGRE y posteriormente con la CAT.
A partir de la firma del contrato de 1922 con la CAT se reanudan las ventas de rama, pero sobre todo se produce un aumento realmente significativo de las ventas de labores manufacturadas canarias. Se abren multitud de fábricas de tabaco, que elaboran cigarros, cigarrillos y picadura y venden sus productos a la península o los exportan a todos los países. Con ello comienzan a hacer competencia seria a las labores de la propia CAT, amén de los intereses tabaqueros de Juan March, que no le interesaba para nada competir con el excelente tabaco manufacturado canario e intentaba hacerse con el control del monopolio español. Pero no volveremos a repetir estas luchas y conflictos, que han sido suficientemente tratados anteriormente, en el capítulo los conflictos de intereses de los tabaqueros canarios con la CAT
Las islas de Tenerife y Gran Canaria fueron las que, basándose en sus magníficos puertos comerciales y en sus populosas capitales, levantarían una potente industria manufacturera de tabaco, basada en un primer momento en pequeñas fabricas o chinchales, y posteriormente en talleres tabaqueros modernos y de mayor tamaño. También las islas de La Gomera, e incluso Lanzarote y El Hierro, tuvieron actividad en este sector, aunque en mucha menor medida.
Los fabricantes estaban divididos en dos grupos: aquellos industriales conocidos como "los grandes", que disponían de instalaciones propias, estaban legalmente registrados y disponían de un número de operarios l contratados más o menos amplio, mientras que había otro grupo, mucho más numeroso, conocido como "los pequeños", que elaboraban tabaco en cualquier sitio, en un rincón de su casa o en un pequeño local alquilado, con la ayuda de unas pocas mujeres que simultaneaban todos los oficios tabaqueros, como torcedoras, despalilladoras, elegidoras, mezcladoras, etc... Estos artesanos del tabaco o chinchaleros normalmente no tenían registrada marca alguna, por lo que podían vender más barato que los talleres legales. Al igual que pasó en Cuba, fueron poco a poco desapareciendo y los que quedaron se legalizaron registrando su propia marca.
Exceptuando los pioneros de la Industria Tabaquera Canaria, que fundarían sus marcas a partir de 1850, la mayor parte de ellas se crearon a partir de 1910, con un incremento sustancial a partir de 1922. A continuación se aporta una lista de aquellos fabricantes tabaqueros más relevantes, agrupados por la isla en que se ubicaron. Faltarán muchos de ellos, pues no se trata de confeccionar una lista exhaustiva de fabricantes y marcas, que sin duda supondría un ingente y aburrido volumen de información, sino de dar una pequeña pincelada para tener una visión general con las más importantes y representativas.
Observese que aquí solo haré una breve reseña de cada uno. Luego, el que quiera puede ampliar la información, haciendo clic en el encabezado o bien al final del párrafo, en «--ampliar información--».
Respecto a las anillas y habilitaciones que adornaron las labores canarias, decir que fueron varias las litografías alemanas que trabajaron para la industria tabaquera canaria; no obstante, hay que destacar a la Hermann Schöt (H.S.) y a la Gebrüder Klingenberg (G.K.), como las más importantes, de las que el industrial tabaquero canario Nicolás Socorro Guerra sería el representante exclusivo para todo el archipiélago; de las nacionales, las litografías Romero y Saavedra que, por estar enclavadas, la primera en Tenerife y la segunda en Las Palmas, han sido durante muchos años las que han acaparado todo el trabajo de la industria tabaquera isleña.
Germán de León y Castillo, con su marca JARAQUEMADA es considerado el primero que registró una marca de tabaco en Gran Canaria, el 23 de abril de 1854, lo que convierte a su fundador en el pionero de esta actividad industrial en dicha isla. Militar de profesión, reside durante cuatro años en Cuba, ..... «-- ampliar información --»
Anilla con el retrato de Severino Viera Martín. (*32)
Severino Viera Martín, inicia sus negocios en compañía de su hermano José y su primo Agustín, abriendo una pequeña fabriquita en Las Palmas. Funda en 1894 su marca-fábrica EL CREDITO, pero el éxito le abre las puertas cuando conoce al industrial tabaquero y diplomático argelino de origen español Miguel Meliá Roselló, que le abre las puertas de ..... «-- ampliar información --»
Fábrica de tabaco de Santiago Gutiérrez Martín.
Santiago Gutiérrez Martín fundó en 1902 su marca LA FLOR ISLEÑA en Las Palmas de Gran Canaria, después de haber realizado en la primera década del siglo XIX una encomiable labor de divulgación de la opción tabaquera canaria. Viajó de pueblo en pueblo para contar a los pequeños agricultores e industriales sus teorías sobre ..... «-- ampliar información --»
Antonio González y Fernández fundó en 1913 la marca LA REFORMA en el corazón del barrio de Santa Catalina de Las Palmas. Comenzó vendiendo sus excelentes cigarros en el muelle del Puerto de la Luz, a las barcos que hacían sus escalas en ese puerto. La fábrica alcanzaría su apogeo durante los años 1914-1918, en que llegó a tener ..... «-- ampliar información --»
Joaquín José Dos Santos, nacido en Funchal (Madeira), fue un personaje de gran personalidad, que aprovechó el periodo gran demanda de labores tabaqueras que se produjo finalizada la llamada Primera Guerra Mundial para fundar, en 1919, su marca LA REGENTA en el corazón de Las Palmas, para fabricar cigarros ..... «-- ampliar información --»
La familia de industriales tabaqueros FUENTES CABRERA la componen cinco miembros en total, los cuatro hermanos, Humberto, Eufemiano, Pedro y Fernando, por este orden, y un quinto miembro, Pedro Díaz Fuentes, primo hermano de éstos. Todos ellos nacieron en la ciudad grancanaria de Telde, a unos 20 Kms. de la capital Las Palmas, donde pasaron su niñez y parte de su juventud. De los cinco, Eufemiano Fuentes Cabrera sería el pionero y motor principal del gran emporio tabaquero que llegaron a construir.
Eufemiano Fuentes Cabrera nació en 1861 y muy joven se traslada con su familia a la capital de la provincia, Las Palmas. Al poco tiempo, abre un ..... «-- ampliar información --»
Antonio Ruiz Vargas fue otro pionero de la industria tabaquera en la isla Gran Canaria. Voluntario en la Guerra de Cuba, a su regreso fue destinado a Las Palmas, donde fundó en mayo de 1912 las marcas LA AROMÁTICA y LA HOJA AROMÁTICA. Fue socio fundador de la Agrupación de Fabricantes de Tabacos. ..... «-- ampliar información --»
José Herrera Talavera o Pepe Herrera, como le llamaban entonces sus amigos, nació en Las Palmas de Gran Canaria a principios del siglo XX. Muy joven entró a trabajar en el taller de cigarros de Santiago Caballero Cabrera, propietario de la marca FLOR DE ORO, donde se convirtió en un experto mezclador de liga. Años más tarde se independizó y fundó la marca LA REGIONAL ..... «-- ampliar información --»
Otras fábricas importantes en Gran Canarias fueron: EL PAIS, propiedad de Francisco Trujillo y Hernández y EL AVIÓN, a nombre de su esposa Rosa Pérez Melián, ambas marcas se fundaron sobre el año 1937, estaban ubicadas en la calle Pelayo nº 21 del barrio de Guanarteme, de Las Palmas. Rafael Vera Jiménez fue otro industrial del tabaco que fundó en Las Palmas de Gran Canarias dos importantes marcas: LA DILIGENCIA el 4 de junio de 1931 y LA IMPERIAL en 1937, ambas ubicadas en la calle Matías Padrón. Su muerte prematura obligó a sus familiares a vender La Imperial a Nicolás Socorro Guerra y La Diligencia a Francisco Márquez y Márquez, que finalmente se integraría en la fábrica RUMBO (grupo Fierro), también ubicada en Las palmas. Nicolás Socorro Guerra fundaría años más tarde la marca APOLO.
LA FLOR DE ADEJE fue fundada en 1923 en la calle de los Maltases (Las Palmas) por Juan Bernal Cabrera, natural de Vallehermoso (isla de La Gomera). Viaja a Adeje (Tenerife) donde monta un negocio de tabaco importado. Una vez en Gran Canaria, inicia la Unión de Fabricantes de Tabacos de Gran Canaria (*29) de la que es fundador y uno de sus más fervientes impulsores. También comercializó sus cigarros con la denominación de VIOLA PALMENSE. Falleció en 1939 dejando la asociación de fabricantes sin su principal valedor. A su muerte, la fábrica fue administrada por su hija Candelaria, que la continuó hasta 1961 en que la vendió a Luis Lainez Hernandez.
Habilitación (papeleta) con dibujo de la Gran Fábrica
de Tabacos VICTORIA, de Luis Zamorano González,
que aún hoy se puede visitar en Sta. Cruz de Tenerife.
Elías Rojas fundó la Fábrica de Tabacos TAORO entre los años 1880 y 1885, en la calle Cruz Verde nº 12 de Santa Cruz de Tenerife, por lo que puede considerarse sin lugar a dudas como una de las más antiguas del archipiélago canario. Sus comienzos debieron ser los correspondientes a un pequeño taller o chinchal donde se torcerían cigarros artesanalmente, con excelente hoja cubana que llegaba a los puertos canarios a buen precio, vendiéndose en mazos de 25 o 50 unidades en el mercado interno y también a la tripulación de los barcos que hacían escala en sus puertos, como debió de suceder ..... «-- ampliar información --»
Retrato del industrial
Luis Zamorano Benítez. (*28)
La dinastía de industriales tabaqueros ZAMORANO constituyen, sin duda, el más nutrido y representativo grupo de industriales tabaqueros ubicados en territorio español, tanto por su número como por su relevante actividad empresarial en dicho ramo. Esta importante familia de tabaqueros constituye por sí misma un punto de referencia en la singular aventura del tabaco canario. El origen de la familia de tabaqueros Zamorano fue el matrimonio José Zamorano y Dolores López, que llegaron al archipiélago canario a partir del año 1850. De ellos nacen dos ramas familiares los Zamorano Benítez y los Zamorano Villar, y de ambas surgirían tres generaciones de industriales tabaqueros, que harían de esta saga o dinastía, la más importante quizás de todas las establecidas en territorio español.
Sus empresas contribuyeron significativamente al desarrollo social y económico de Canarias, representando con orgullo a la totalidad del sector tabaquero nacional ..... «-- ampliar información --»
Álvaro González de Paz fue, sin duda, la figura más conocida y relevante de la familia Álvaro, pues impulsaría la industria de tabacos ÁLVARO hasta convertirla en una de las principales industrias tabaqueras de Canarias. Esta familia, junto con los Zamorano, fueron los que más aportaron a la industria tabaquera en la provincia de Tenerife. No obstante, el iniciador de la actividad tabaquera de la familia fue su padre, Manuel González Fernández. En sus comienzos fue cultivador de tabaco en la isla de La Palma, y modesto industrial que regentaba un pequeño taller de tabaco ..... «-- ampliar información --»
Laureano Argüelles abrió su taller de tabacos EL GUAJIRO, el 31 de Octubre de 1935. Su nombre quizás quiera rememorar a aquellos esforzados vegueros o campesinos que cuando son de raza blanca, allí llamaban guajiros, con los que debió convivir y conocer a fondo durante los años que residió en Cuba. En 1955, la empresa fue adquirida por el palmero Braulio Pérez Méndez. ..... «-- ampliar información --»
Pero, en la isla de Tenerife hubo otras muchas fábricas importantes con sus respectivas marcas de tabaco registradas oficialmente, aparte de multitud de pequeños chinchales o talleres artesanales que poco a poco irán desapareciendo para dejar paso obligado a las grandes fábricas y posteriormente, a partir de la década de los sesenta, a los grandes grupos, como resultado de la concentración empresarial dominante en la economía mundial.
ARAUTAPALA (Don Pancho),
EL AROMA y LA BELLEZA. (*32)
Por poner unas cifras, en 1931, en Santa Cruz de Tenerife había 33 fábricas sindicadas, entre las que merece destacar prestigiosa fábrica de LA TINERFEÑA, medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929-30, cuyo propietario, Manuel Herrera Hernández, un gran experto en la industria tabaquera, presidía por entonces el Sindicato de Fabricantes de Tabacos de Tenerife. Esta marca junto con el ÁGUILA TINERFEÑA de Manuel Morales Clavijo, construida el 1923 en la calle Pérez Galdós esquina con Suárez Guerra, ambas pasarían a ser absorbidas por el grupo I.T.A.C.S.A. (Industria Tabaquera Canaria, S. A.), controlado por el potente grupo financiero Rothmans.
Fábrica de cigarrillos LA LUCHA.
Otra gran fábrica era La Lucha, de los Herederos de Manuel López Luis con sus cigarrillos Super Lucha, Ben Hur y Extra Lucha, que también obtuvo medalla de oro en la citada exposición sevillana. Fue gerente de la fábrica el también tabaquero Ramón Franquet y Solé, que luego se independizaría abriendo su propio negocio fundando la marca El Aroma. El espléndido edificio de la fábrica La Lucha, de estilo ecléctico, ubicado en la calle El Pilar, en la capital tinerfeña; se construyó en 1924 y ha llegado a nuestros días en excelente estado de conservación.
La Belleza, de Angel Carrillo Fragoso, buen amigo de Álvaro González de Paz (Tabacos Álvaro), construyó su fábrica en 1930 en la calle Pérez de Rozas, que funcionaría hasta que en 1970 fuera vendida a ITACASA. LA MASCOTA, de Diego Moreno Miranda, creada inicialmente en sociedad con su cuñado, Arturo Zamorano Benitez y más tarde en solitario. EL CENTEN CUBANO, de Francisco Padrón Elizmendi. EL FIRMAMENTO, creada en 1932 por Pedro Castro Durán, en la calle San Francisco nº 7, y un largo etc. (*26), (*27).
En la ciudad de La Laguna, además de la ya comentada anteriormente, Tabacos Álvaro, merece la pena destacar, LA ARAUTAPALA, fundada en 1924, por el tabaquero de origen navarro Prudencio Eugui Barriola en sociedad con Pedro Hernández Martín. La marca tiene un variado vitolario, destacando el conjunto de anillas con la figura de un barrigudo con bombín de nombre Don Pancho.
Vitolas de CAPOTE. (*32)
Pedro Capote Lorenzo, creador de la gran industria de TABACOS CAPOTE nació el 4 de mayo 1899 en la localidad de El Paso, La Palma. Inicia sus actividades tabaqueras en El Paso, en 1923, abriendo una pequeña fábrica con seis trabajadores que elaboraban cigarros manualmente, y que ..... «-- ampliar información --»
Selección de vitolas de marcas palmeras. (*32)
Juan Cabrera Martín fundó en Santa Cruz de La Palma la fábrica de tabaco LA AFRICANA, una de las fábricas de tabaco más antiguas del archipiélago canario. Nació en Santa Cruz de La Palma el 24 de junio de 1838. Su padre poseía algunas pequeñas embarcaciones dedicadas a la pesca en la cercana costa Africana. En 1847 decide emigrar a Cuba con una de sus goletas, de nombre Africana (nombre con el que, años más tarde, denominará su marca de cigarros). Una vez asentado en La Habana, trajo a su hijo Juan, con diez años de edad, ..... «-- ampliar información --»
Domingo de León, vecino de Los LLanos de Aridane, fundó, en 1908, a la avanzada edad de setenta años, una de las marcas de tabaco señeras en Canarias, LA FLOR DE ARIDANE. En 1914, se asocia con Mauricio Duque Camacho, «-- ampliar información --»
Los Pérez, los Concepción, los Lorenzo, los Hernández, los Duque o los Vargas son familias o linajes de gran tradición y renombre en el mundo del tabaco de la isla de La Palma, donde se cultiva un tabaco de excelente calidad debido las especiales características de la zona denominada Las Breñas, Breña Alta o Breña Baja, según estemos a un lado o a otro de la carretera que conduce a Los Llanos de Aridane.
Muchos de estos hombres aprenderían, en Cuba, los secretos de la elaboración del tabaco, y de regreso a su isla natal aprovecharon el auge económico propiciado por la Ley de Puertos Francos y las oportunidades de la llamada opción tabaquera canaria, dedicándose al cultivo de la planta del tabaco en una tierra privilegiada para ello y a la industria de su elaboración y manufactura, con suerte diversa, pero con innegable entrega y profesionalidad.
A estas familias pertenecieron marcas de tamaño más bien pequeño, como GLORIA PALMERA (Francisco Concepción Pérez), ANTILLANA, (Alfonso Pérez Delgado),, LA TROYA (Manuel Concepción Pérez), FLOR DE LA ROSA (Antonio Concepción Concepción), LA CHATITA (Antonio Pérez Lorenzo), LA CHANGA (Pedro Lorenzo Pérez), FLOREAL (Floreal Hernández Pérez), LA FLOR DE LA PALMA, FLOR DE CANARIAS y LA GIRALDA (Tomás Concepción Pérez) , EL GUAYRE (Pedro Concepción Pérez), LA CRIOLLA (Enrique Vargas de Paz), LA MORA (Manuel Pérez García), LA NEGRITA (Lorenzo Pérez y González), LA FLOR (Lorenzo Pérez Mederos), AROMAS (José Pérez de las Casas), LA GLORIA (Antonio Pérez Ramos), LA RICA PALMERA (Ramón Pérez y Pérez), El ATREVIDO (Fidel Pérez), LA SIN RIVAL (Leandro Rodríguez Pérez), LA CRUZ (Gonzalo San Gil Pérez), LA TROCHA (Francisco Pérez Machín), LA AROMÁTICA (Argelio Martín García), LA MARINA (Juan Martín Pérez). (*30)
Vitolas de EL GALLITO, de Matías Pérez Pulido. (*32)
Matías Pérez Pulido registró el 6 de Marzo de 1926 su marca EL GALLITO con los escasos medios económicos de que disponía. Elaboraba cigarros con las mejores hojas de tabaco de la zona de Las Breñas y de la Caldera de Taburiente usando anillas de escasa calidad (o sin ellas). La excelente calidad de sus cigarros, unido al bajo precio con que los vendía en las tabaquerías de Santa Cruz de la Palma justificó el gran éxito que obtuvo en muy poco tiempo. Los industriales tabaqueros de las islas Canarias habían sido invitados a la Exposición Internacional de Barcelona inaugurada el 20 de mayo de 1929, y decide presentarse con sus magníficas labores palmeras, anilladas por primera vez con lujosas vitolas procedentes de talleres litográficos alemanes, que distribuía Nicolás Socorro Guerra como representante exclusivo de dichas empresas litográficas para todo el archipiélago. La fábrica de tabacos EL GALLITO, que por entonces ocupaba a treinta mujeres, logrará una meritoria medalla de plata y mención de honor. (*30)
Ernesto González Pérez nació en El Llanito, Breña Alta, el 17 de febrero de 1904. A comienzos de la década de 1920 fundó, en Breña Alta, la que sería su fábrica principal, LA RICA HOJA. Adquiere a Pedro Martín González la marca LA RICA PALMA, ubicada en Buenavista, y en 1960 incorpora nuevos socios, traslada la fábrica a Santa Cruz de La Palma y moderniza sus instalaciones, quedándose en 1972 como propietario único y trasladando nuevamente la fábrica a La Cuesta, Breña Alta.
Continuó fabricando cigarros hasta el año 2003 en que falleció a la avanzada edad de 99 años.
A principios de los años treinta trabajaban en la fábrica unos 20 trabajadores, contando con un depósito de venta de cigarros en Santa Cruz de Tenerife, que siempre fueron apreciados pues tenían fama de ser de gran calidad. (*27)
(*1) Canarias 1800-2000 - La singularidad de la historia económica isleña. Autor: Antonio M. Macías Hernández. Universidad de La Laguna
(*2) Tabaco e Historia Económica - Estudios sobre Fiscalidad, consumo y empresa (siglos XVII a XX) - Fundación ALTADIS
(*3) La creación del Estanco del Tabaco en España. Autor: José Manuel Rodríguez Gordillo - ALTADIS
(*5) Planta aizoácea, asociada a la familia Mesembryantemum, conocida en canarias como barrilla y en la península fue profusamente cultivada en Las Canarias, sobre todo en Lanzarote, para la obtención de sosa.
(*6) La opción agrícola e industrial del tabaco en Canarias. Santiago de Luxan y Menéndez
(*7) Rentas estancadas son el conjunto de ingresos provenientes de actividades industriales y comerciales realizadas por la Corona Española a través de Monopolios.
Consistían en los pagos correspondientes a derechos por extracción, manufactura y comercio de diversas mercancías tales como tabaco, sal, pólvora, salinas, naipes, papel sellado, etc.
(*8) España en la historia del tabaco. Autor: José Pérez Vidal
(*9) Origenes, Expansión, Producción y Mercado de Tabaco en Espana. Autor: Victoriano Guarnido Olmedo
(*10) Ayuntamiento de Tarragona. La Tabacalera. http://www.tarragona.cat/lajuntament/equipaments/latabacalera/la-tabacalera-1
(*11) La industria tabaquera en la fábrica de Valencia. http://www.usc.es/estaticos/congresos/histec05/b2_teixidor_hernandez.pdf
(*12) Asociación Cultural Alicante vivo. Historia de la fábrica de tabacos http://www.alicantevivo.org/2008/02/la-historia-de-la-fbrica-de-tabacos.html
(*13) Antigua Biblioteca de Altadis
(*14) Litografía realizada por el artista Francisco Javier Parcerisa en 1856 para ilustrar la obra de Pedro Madrazo: Recuerdos y bellezas de España, bajo la Real protección de SSMM la Reina y el Rey
(*15) Geografía General del Reino de Valencia. Provincia de Alicante. Figueras Pacheco. BGM Biblioteca Gabriel Miro
(*16) Blog de imágenes de postales antiguas de Valencia. http://postalesdevalencia.blogspot.com.es/2013/01/fabrica-de-tabacos.html
(*17) Valenpedia. La hemeroteca valenciana. http://valenpedia.lasprovincias.es/historia-valencia/1909/la_exposicion_nacional_de_1910_tratara_de_solventar_los_problemas_economicos_
(*18) Artículo sobre la Fábrica de Tabacos donostiarra. http://www.diariovasco.com/v/20100718/san-sebastian/abre-puertas-nueva-fabrica-20100718.html
(*19) Biblioteca de la Rioja. http://www.blr.larioja.org/historiadeledificio
(*20) Grabado publicado en la de la revista "La Ilustración Española y Americana". 1886.
(*21) Biografia de Juan March http://www.biografiasyvidas.com/biografia/m/march_juan.htm
(*22) La modernizacion de la Industria del Tabaco en España 1800-1935 - Autor: Luis Alonso Álvarez. Universidad de La Coruña. Nov. 1993
(*23) Wikipedia
(*24) Empresa e historia en Canarias. La industria tabaquera en las islas canarias. Una perspectiva siglo XXI
(*25) Blog Padronel. A el paso, y a Canarias toda http://padronel.net/2011/09/29/otros-los-canarios-en-amrica-jos-antonio-prez-carrin-100-luis-f-gmez-wanguemert/
(*26) Revista digital: laopinion.es La Arquitectura del Tabaco http://www.laopinion.es/tenerife/2012/05/27/arquitectura-tabaco/415338.html
(*27) Ensayo histórico sobre Canarias y el tabaco. y su relación con la villa de Breña Alta. Autor: Alfredo Mederos.
(*28) Libro: La familia Zamorano a través de la Vitolfília desde 1850. Editado en diciembre de 1999 por CITA Tabacos de Canarias S. L. en conmemoración de su 50 aniversario.
(*29) La sociedad se constituyó el 27 de enero de 1932 por por trece miembros fundadores: Fernando Fuentes Cabrera, Juan Bernal Cabrera, Pedro Díaz Fuentes, José Maroles Tolero, Antonio Ruiz Vargas, Manuel García Miranda, Cristobal Santana Mújica, Rafael Vera Giménez, Tomás Bermúdez Armas, José Bratlle Garriga, Fernando Santana Ravelo, José-Candido García Santana, Antonio González Fernández.
(*30) Revista A.V.E. nº 182, Pág. 10-11. Autor: Jorge Pérez Chacón.
(*31) El Tabaco en España, evolución, fabricantes y marcas. Autor: José Serrano del Valle.
(*32) Colección del autor.

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