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Timestamp: 2013-06-19 19:04:46+00:00

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Cuaderno21
de los símbolos........................................................... 35 5 Una nueva concepción de la revolución ............................................................. 38 6 La subversión de las palabras.............................................................................<br><br>
41 7 Los municipios autónomos zapatistas ................................................................ 46 8 Zapatistas y comunidades indígenas.................................................................. 48 9 Las mujeres zapatistas.........................................................................................<br><br>
61 10 Las organizaciones indígenas en Chiapas......................................................... 69 11 Cooperativas zapatistas .................................................................................... 74 Conclusiones .......................................................................................................<br><br>
101 Bibliografía........................................................................................................... 104 Anexos................................................................................................................. 108 Cuadro 1 - Localización de los municipios autónomos Cuadro 2 - Diferentes visiones del mundo 6 7 El primero de enero de 1994 el mundo entero se sorprendió por la irrupción de un movimiento armado de indígenas y campesinos en el sureste mexicano, más precisamente en el Estado de Chiapas.<br><br>
Los csin voz d comenzaron a tener voz, los csin rostro d dejaron ver un rostro encapuchado que ocultaba los rasgos personales pero representaba iden- tidad colectiva: los olvidados, los explotados por más de quinientos años de sometimiento. La dignidad rebelde del EZLN es una respuesta a las ne- fastas consecuencias del neoliberalismo, basado en la do- minación social, política, económica y cultural de la gran masa de la población, incluyendo las llamadas minorías que, en la realidad numérica de países como México, son mayoría. Retomando viejas demandas de los oprimidos, el zapatismo plantea la necesidad de construir un nuevo mundo, un mundo en el que quepan todos, donde encuentren satis- facción las reivindicaciones de tierra, vivienda, alimenta- ción, salud, género, educación del mundo rural campesino y donde las nuevas relaciones políticas del estado mexica- no se apoyen en tres ejes fundamentales: democracia, li- bertad y justicia.<br><br>
No se trata de conquistar el mundo exis- tente, sino de realizar cambios sociales, en cuya búsqueda se incluyan diversos métodos, distintos frentes y diferen- tes grados de participación. En la concepción zapatista, el camino emprendido para lo- grar esos cambios sociales así como las propias transfor- maciones en sí, permiten construir una alternativa de autogestión y una nueva subjetividad que reconozca y acepte particularidades y diferencias. No se trata de trans- formar las cosas desde arriba, sino en sentido contrario, es necesario cmandar obedeciendo d.<br><br>
Por eso los protagonis- tas de este proceso no pueden ser sujetos individuales que circunscriban sus demandas a los intereses persona- les o grupales, sino sujetos colectivos que convierten a la revolución en un problema de todos. Emprender el camino revolucionario no es el destino manifiesto del revoluciona- rio clásico sino de todos los que quieran emprenderlo, por- que no hay una única receta, un único método, una única forma de organización para llegar a esa meta. Desde el punto de vista de la resolución del problema indí- gena, se plantea la construcción de un nuevo tipo de co- INTRODUCCIÓN 8 munidad cuyo centro de decisión son las asambleas comu- nitarias.<br><br>
En este sentido el zapatismo vuelve su mirada al pasado pero para tomar de las tradiciones comunitarias in- dígenas los elementos que permiten la construcción demo- crática de un mundo apoyado en la democracia, la libertad y la justicia. Sin embargo, el rescate de lo colectivo no es sólo propio de las comunidades indígenas sino también la única forma de construir, por parte de los que quieren y ven posible el cambio, una alternativa nacional y universal a la fragmen- tación y el individualismo que nos impone el neoliberalismo. Esta dimensión universal que adquiere el zapatismo no im- plica dejar de lado las experiencias singulares, la autono- mía local y la reivindicación étnica, pero sólo será posible defenderlas ensambladas con una perspectiva nacional y universal, que a su vez transforma su significado.<br><br>
En este sentido observamos una dimensión nueva de las deman- das locales, en comparación con las que sostuvo la primera lucha zapatista (la de Emiliano Zapata). No sólo se trata de una nueva concepción revolucionaria, sino también de rescatar los símbolos, recrear la historia - en especial las luchas de los campesinos mexicanos, entre las que se destaca la del Ejército Revolucionario del Sur de Emiliano Zapata- recuperar la tradición de las comunidades indígenas, revalorizar la autogestión y la autonomía y re- plantear el rol de las mujeres dentro y fuera de las comuni- dades indígenas. Pero también darle un nuevo sentido a las palabras, tenien- do en cuenta el peso que las mismas tienen en la concep- ción zapatista.<br><br>
Así, dignidad, democracia, resistencia civil, insurgencia civil, sociedad civil y patria adquieren un nue- vo sentido. Y entre las palabras recreadas por el zapatismo están autogestión, cooperativismo, propiedad colectiva, autonomía, participación y comunidades, palabras que es necesario recuperar y recrear para llevar a cabo una lucha que no es sólo local 3como lo planteaba la tradición de las comunidades indígenas- sino también nacional y univer- sal. Son todos los mexicanos los que pueden incorporarse y también todos los habitantes del mundo que luchan por la humanidad y contra el neoliberalismo.<br><br>
9 Los rebeldes son miembros de las comunidades indígenas que habitan en el estado de Chiapas y ellas son las prota- gonistas. En algunos casos, la mirada hacia atrás en busca de sus tradiciones implica un replanteo que se originó en el momento en que comenzó a construirse la rebelión que vimos el 1º de enero de 1994. Es el caso del rol de las mujeres.<br><br>
La concepción zapatista se manifiesta en la Ley Revolucionaria de Mujeres, que es el producto de un pro- fundo proceso de incorporación de las mujeres indígenas en la gestión política y económica de sus comunidades. Son los zapatistas los que ponen en práctica la mayor par- ticipación de las mujeres en las filas militares y en el ámbito comunitario, a través de las cooperativas de mujeres. Estas prácticas plantean la necesidad de cambiar la costumbre y la tradición al interior de las propias comunidades, que deben rearticularse para dar lugar al despertar de una sub- jetividad específica, la de las mujeres indígenas, que ad- quieren el derecho a participar en la lucha revolucionaria y a convertirse en sujetos claves del desarrollo de las coope- rativas, quebrando una dimensión de poder en la que el protagonismo le correspondía sólo a los hombres.<br><br>
En otros casos, el zapatismo ha tomado muchos elementos de la tradición indígena pero los ha recreado como res- puesta a las nuevas características que adquiere la lucha. Uno de estos elementos es el concepto de autonomía que adquiere un nuevo sentido en el movimiento zapatista que, en cierta forma lo aleja de algunas tradiciones indígenas, para las cuales la autonomía tiene una base étnica y sepa- ratista. Para los zapatistas la autonomía es la capacidad de los indígenas de decidir por sí mismos de qué forma se insertarán en el contexto nacional existente y, sin renunciar a la diferencia y en igualdad con todos, la capacidad de participar en la vida económica, social, política y cultural.<br><br>
Otro elemento recreado es el de las formas colectivas de producción, entre las que se destacan las cooperativas. Si las comunidades indígenas basaron la organización de su economía en estas formas colectivas para el autoconsumo, los zapatistas las retoman pero plantean la necesidad de que la producción obtenida se destine no sólo a la satisfacción de las necesidades de los productores, sino también a la comercialización de los mismos en los mercados nacionales e internacionales. Es una de las formas que permiten la con- 10 creción de la autonomía económica de las comunidades que logran vender los excedentes de producción para que los beneficios obtenidos queden en manos de quienes produ- cen y no de intermediarios que obtienen ganancias explo- tando el trabajo ajeno y pagando precios irrisorios por los productos.<br><br>
También es la forma en la que las comunidades indígenas se incorporan a la economía nacional desde un lugar que les reconoce su capacidad de participar. Esta capacidad de autogestión productiva y comercial per- mite a las comunidades indígenas recuperar formas autó- nomas relacionadas con su organización social, política y cultural, dando al concepto de autonomía un carácter más amplio que el puramente económico. Es tan importante la influencia zapatista en este sentido que obligó a todos los poderes constituidos a considerar -sea para reprimir, sea para negociar, sea para tratar de resolver- todos los temas relacionados con las demandas indígenas, entre ellos el de la autonomía, aún en el caso de comunidades indígenas que no se incorporaron a la lucha del EZLN.<br><br>
Las cooperativas, con los zapatistas e igual que todo el movimiento, emprendieron una nueva lucha, que implicó recuperar y recrear el pasado, caminar construyendo un nuevo presente y avanzar hacia un futuro en el que quepan todos los que forman parte de él. Estos tres tiempos históricos son dinámicos y por lo tanto se basan en una renovación y una transformación permanente, en búsqueda de viejos y nuevos sueños. 11 c Poco a poco el EZLN se iba transformando: de ser un grupo guerrillero se convirtió en una comunidad en armas d.<br><br>
John Holloway El 1º de enero de 1994 fue el día en que el mundo conoció al EZLN, pero, como es lógico y como sucede con todo movi- miento social, este no fue el momento en el cual se originó. Todo movimiento tiene una historia propia y se inserta, además, en una historia que trasciende su propia existen- cia. En el caso del zapatismo que conocimos en 1994, un poco más de diez años 3ellos festejan el 17 de noviembre de 1983 como fecha de su fundación- habían pasado desde que un grupo revolucionario se instalara en la Selva Lacandona.<br><br>
Respecto de quiénes eran estos revolucionarios se han dicho muchas cosas. La versión de las autoridades se rela- ciona con la lectura que se les hace necesario hacer respec- to al movimiento, es decir, convertirlo en una copia de los tantos grupos guerrilleros que fueron derrotados en los 70. Colocarlo en la categoría de un grupo revolucionario ortodoxo, es decir una organización político-militar guiada por la ideología marxista-leninista, permitía analizarlo como un fenómeno cconocido d.<br><br>
En realidad, lo que más impactó a las autoridades mexicanas es que, en elx 94, el movimien- to revolucionario era difícil de definir porque muchas de sus características y demandas no eran similares a las de otros grupos armados que México, y América Latina en general, habían conocido. Esta es la causa por la cual se buscaron definiciones en el pasado del grupo revolucio- nario; si no se podía definir su presente, había que definir su pasado. Visualizarlo como un movimiento constituido originalmente por un núcleo de revolucionarios profesio- nales urbanos permitía, por un lado, dejar claro que los indígenas habían sido manipulados por ese pequeño gru- po original; y por el otro, quitarle la condición de originali- dad que parecía ser una de sus características.<br><br>
Sirviendo a esta lógica, la versión oficial establecía que los revolucionarios eran sobrevivientes de las Fuerzas de Li- beración Nacional, organización guerrillera que había sur- gido en Monterrey en 1969 y cuyos integrantes, en su mayoría, habían sido arrestados o muertos en 1974. Era 1 LOS ORÍGENES DEL ZAPATISMO 12 una organización que, guiada por el marxismo-leninismo como muchas de las que habían surgido en América Lati- na, tenía como objetivo la toma del poder político por parte de los trabajadores urbanos y rurales para instaurar un sistema socialista. El movimiento zapatista respondió a esta explicación ofi- cial a través de un comunicado con fecha del 9 de febrero de 1995 en el cual destaca que no es uno el antecedente del EZLN: cen sus inicios concurrieron miembros de diversas organiza- ciones del país, que de ahí nace el EZLN (...).<br><br>
Al nombre de las 8Fuerzas de Liberación Nacional 9 entre los antecedentes del EZLN, el gobierno debe agregar el de todas las organizaciones guerrilleras de los 70 9s y 80 9s, a Arturo Gamiz, a Lucio Caba- ñas, a Genaro Vázquez Rojas, a Emiliano Zapata, a Francisco Villa, a Vicente Guerrero, a José María Morelos y Pavón, a Miguel Hidalgo y Costilla, a Benito Juárez, y a muchos otros que ya borraron de los libros de historia porque un pueblo con memoria es un pueblo rebelde». 1 El reconocimiento, por parte del movimiento, de estos an- tecedentes históricos borrados de los libros por la historia coficial d no significa que se hayan tomado modelos para reproducir. El EZLN se reconoce como continuador de la lucha de estos grupos mexicanos, es decir, los reconoce como antecedentes de su propia lucha, pero no se plantea una continuación estática, reproductora fiel de un pasado inamovible.<br><br>
Si el pasado no es tomado en forma inmóvil, tampoco el propio movimiento lo es. Durante la etapa previa a su presentación pública se fue pro- duciendo en el grupo original una transformación. Asumir que hubo un cambio implica reconocer que este grupo funda- dor tenía todo un bagaje ideológico que, enfrentado a la reali- dad de la Selva, desembocó en una transformación del grupo y del proyecto.<br><br>
Este proceso de aprendizaje que dio lugar a modificaciones importantes en el grupo original es descripto por el Subcomandante Marcos en estos términos: cNuestra cuadrada concepción del mundo y de la revolución quedo bastante abollada en la confrontación con la realidad indígena chiapaneca. De los golpes salió algo nuevo (que no quiere decir 8bueno 9), lo que hoy se conoce como 8el neozapatismo´ d. 2 ¿Qué caminos transitó el grupo original para desembocar en su propia transformación?<br><br>
El elemento central de la res- 1 La Jornada , 13 de febrero de 1995. 2 Subcomandante Insurgente Marcos: «Carta a Adolfo Gilly», Viento del Sur, n. 4, verano 1995, p.<br><br>
25. 13 puesta es la confrontación con la realidad indígena chiapaneca. Si en un principio, mientras el grupo revolu- cionario se entrenaba en las montañas, se mantuvo aisla- do, poco a poco comenzó a contactarse con las comunida- des locales, cinicialmente a través de lazos familiares, y después, a partir de 1985 aproximadamente, de una forma más abierta y organi- zada.<br><br>
Cada vez más comunidades buscaban la ayuda de los zapatistas para defenderse de la policía o de las «guardias blancas», cada vez más comunidades se volvieron comunida- des zapatistas: algunos de sus miembros ingresaban al EZLN de tiempo completo, algunos formaban parte de la milicia, los demás daban apoyo material a los insurgentes. Poco a poco el EZLN se iba transformando: de ser un grupo guerrillero se convirtió en una comunidad en armas d .3 3 John Holloway: La revuelta de la dignidad. Material de Internet.<br><br>
cVIENTO PRIMERO, EL DE ARRIBA Que narra como el supremo gobierno se enterneció de la miseria indígena de Chiapas y tuvo a bien dotar a la entidad de hoteles, cárceles, cuarteles y un aeropuerto militar. Y que narra también cómo la bestia se alimenta de la sangre de este pueblo d Chiapas: el sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía. Subcomandante Marcos, Selva Lacandona, agosto de 1992.<br><br>
Luego del 1º de enero de 1994, el gobierno mexicano hizo un enorme esfuerzo por explicar el levantamiento como fru- to de las circunstancias extraordinarias del estado de Chia- pas. El objetivo final era evitar la huida de los capitales extranjeros ante la posibilidad de que el levantamiento se propagara por todo el país. No estaba equivocado respec- to a las difíciles condiciones de vida de los indígenas chiapanecos, pero no tenía posibilidad de convencer a la sociedad mexicana de que sólo allí se vivían las conse- cuencias de la modernización económica.<br><br>
En realidad, la lucha zapatista se convertirá en un fenómeno mexicano porque, por un lado, los factores que la desencadenaron afectaban al país completo y, por el otro, varias de sus reivindicaciones eran nacionales. Respecto al primer pun- to, todo el país sufría las consecuencias de la liberalización de la tenencia de la tierra por la reforma neoliberal del artí- culo Nº 27 de la Constitución, de la retirada del Estado de la política de fomento agropecuario y de la caída de los pre- cios de los productos agropecuarios en el mercado mun- dial. En relación al segundo punto, democracia, justicia y libertad eran demandas para todo el país por lo cual fueron adoptadas por organizaciones de otros estados e incluso de áreas urbanas.<br><br>
No obstante, la realidad chiapaneca explica el surgimiento de la rebelión allí. Chiapas es una de las regiones que regis- tra las más grandes desigualdades económicas, sociales y políticas de todo el territorio mexicano. Es el estado más pobre de México.<br><br>
En salud, tiene el índice de mortalidad más alto del país, hay un médico cada 1130 personas, elevados niveles de desnutrición y frecuentes epidemias de saram- pión, paludismo, tuberculosis y cólera, que dan cuenta de la pobreza general. En educación, el analfabetismo llega al 30%, el promedio de escolaridad de la población de 15 años o más 2 LOS ORÍGENES GEOGRÁFICOS ¿POR QUÉ CHIAPAS? 14 es de cuarto grado, 29 % de todos los habitantes del estado mayores de 15 años no tiene instrucción educativa alguna, menos del 14 % cursó los seis años de primaria, alrededor del 26 % de la población habla una lengua indígena y 8.5 % son monolingües; es uno de los estados de la República con más habitantes que no hablan español.<br><br>
En relación a la fuer- za laboral, casi la mitad de la población trabaja en el sector agrícola y, de toda la población, más de la mitad sobrevive con menos de un salario mínimo. Respecto a la economía, existe una industria de relativa baja tecnología, concentrada en las manufacturas de tejidos, muebles, cueros, alimentos y bebidas. La mayor parte de la producción agrícola es de maíz, en su mayoría destinado al autoconsumo.<br><br>
De las tie- rras cultivadas sólo el 5% tiene sistema de riego, el resto depende de los ciclos de lluvias. Pero no sólo en este sentido es dolorosa la situación de Chiapas. Desde el punto de vista político, el régimen que impera es racista y oligárquico y se apoya en la violencia institucionalizada y en la constante transgresión de la ley.<br><br>
En este sentido, González Casanova describe así el sistema político: cSin arriesgarse a ningún tipo de castigo, en la tierra, el trabajo y la política, quienes detentan el poder tienen la posibilidad de violar la ley sea ésta agraria, laboral o electoral. Lo contrario ocurre con quienes son indígenas o mestizos pobres, campesi- nos, trabajadores y hasta empleados: en cualquier momento se les pueden lanzar falsas acusaciones y aplicarles todo tipo de castigos por delitos imaginarios d .1 El uso de la violencia represiva está presente en la resolu- ción de cualquier conflicto que enfrente a sectores propieta- rios e indígenas, y uno de los más frecuentes es en relación a las tierras. Todo reclamo de sus derechos por parte de indígenas campesinos tiene como respuesta la violencia ins- titucional y también privada.<br><br>
Los sucesivos gobiernos de Chiapas no dudaron en utilizar las fuerzas represivas institu- cionalizadas para acallar esos reclamos; y los propietarios, en especial después del levantamiento del 1º de enero, han aumentado significativamente sus ejércitos personales, lla- mados guardias blancas, que cuentan con un importante arsenal cuyo destino son los indígenas que, con sus recla- mos, ponen en peligro sus negocios particulares. Las estadísticas dan cuenta del pico represivo a que fue- ron sometidos los indígenas chiapanecos: 1 González Casanova, Pablo: Causas de la rebelión en Chiapas. Material de Internet.<br><br>
15 cDe 1974 a 1987 se cuentan 982 líderes asesinados tan sólo en una parte de la región indígena de Chiapas; mil 84 campesinos detenidos sin bases legales; 379 heridos de gravedad; 505 se- cuestrados o torturados; 334 desaparecidos; 38 mujeres viola- das; miles de expulsados de sus casas y sus tierras; 89 poblados que sufrieron quemas de viviendas y destrucción de cultivos d .2 La violencia que se dispara sobre los indígenas de Chiapas no es sólo consecuencia de la aplicación de políticas neoliberales en México, sino que tiene una historia en la cual la cuestión indígena tiene un lugar importante, en es- pecial desde los años 70. Durante esa década arribaron a la región, en consonancia con el clima internacional de la época, diversos grupos, organizaciones y partidos políti- cos de la izquierda mexicana con el objetivo de subvertir las condiciones existentes en Chiapas. Esta confluencia de distintos grupos de militantes de izquierda en la selva chiapaneca contribuyó a la concientización de los indíge- nas, pero también justificó una escalada de violencia hacia las comunidades indígenas, con picos y letargos, pero siem- pre con tendencia ascendente.<br><br>
cLa violencia va desde la persecución hasta el encarcelamiento de líderes campesinos. Los casos extremos, y que son un mal endémico en Chiapas, son los asesinatos. El asesinato de cam- pesinos es una práctica cotidiana en el campo; lo mismo se asesina de manera selectiva que colectiva.<br><br>
Son varias las masacres que se han cometido a la fecha: Lo peor de todo es que esta política de violencia se sustenta en la impunidad d. 3 La respuesta indígena ante esta escalada de violencia fue el inicio de un proceso de organización en algunas etnias, que puede considerarse un antecedente importante de la organización de cooperativas como medio de resolver las necesidades de la población. Por ejemplo, en la zona de los Altos, en el municipio de Tenejapa, indígenas tzeltales se organizaron en una cooperativa de consumo familiar para hacer frente al acaparamiento caciquil de las mercancías de consumo.<br><br>
Eventualmente, serían acusados de csocialis- tas d y la cooperativa sería quemada. En medio de este contexto de organización del movimiento campesino indígena en Chiapas, cuya principal demanda en esta etapa era la recuperación de las tierras, se produjo el Congreso Indígena en 1974. Si bien el objetivo del Con- greso era conmemorar el natalicio de Fray Bartolomé de 2 Ibidem.<br><br>
3 Elizabeth Pólito y Juan González Esponda: cCrono- logía. Veinte años de conflicto en el campo: 1974- 1993 c. En: Revista Chiapas 2 , 1996.<br><br>
pp. 197-198. Este artículo es impor- tante por los datos que aporta respecto a las formas y la continuidad en la violencia a que fueron sometidos los indígenas chiapanecos.<br><br>
La información se obtuvo de la prensa local y nacional y de testimonios directos. 16 Las Casas, tuvo una importancia destacada para el proce- so organizativo de las comunidades indígenas. cLo más importante del congreso fue que la discusión giró en torno a cuatro de los problemas más sentidos por las comunida- des indígenas: la salud, la tierra, la educación y la comercialización.<br><br>
Esto permitió crear condiciones para que las luchas regionales, que se habían caracterizado por su aislamiento, se perfilaran como instancias organizadas más fuertes y que respondieran a las demandas de un creciente número de personas que aspiraban a una mejor forma de vida. Muchos de los delegados, que asis- tieron al congreso indígena, fueron los dirigentes de las organiza- ciones que surgieron posteriormente d. 4 Otros antecedentes importantes de la organización de los campesinos de la Selva Lacandona se relacionan con una de las agrupaciones políticas de izquierda que se hicieron presentes en la zona a fines de la década del 70.<br><br>
Se trataba de la Agrupación Línea Proletaria que arribó a la región entre 1978 y 1979, incidió en el joven movimiento campesi- no y logró acoplarse al proceso de organización que se estaba llevando a cabo en la Selva Lacandona. Esta organi- zación, además de apoyar el reclamo de tierras, orientó su trabajo político a la organización autónoma de la produc- ción y a la creación de instancias políticas y económicas de los campesinos. Entre éstas cabe mencionar la creación de la Unión de Uniones y Grupos Campesinos Solidarios de Chiapas (UU) y la Unión de Crédito cPajal Ya Kactic d.<br><br>
La primera se constituyó en septiembre de 1980 en el ejido Bajucú, municipio de Las Margaritas, Chiapas, con 158 comunidades tzeltales, tojolabales, choles, tzotziles y mes- tizas dispersas en diez municipios del estado. Los objeti- vos más sobresalientes de esta organización eran mejorar los niveles de ingreso de sus miembros para lo cual era necesario aumentar la producción y la productividad. Su acción más importante fue la creación de la Unión de Crédi- to cPajal Ya Kactic d 5 .<br><br>
En esta nueva etapa de organización que nace en los ochen- ta el objetivo no será únicamente la tierra sino la apropia- ción de los procesos productivos y de comercialización, en especial del café que se convirtió en el producto más importante de la región. La preocupación que estas organi- zaciones cafetaleras manifestaron en relación al precio del producto les permitió lograr una cohesión, porque este es 4 Movimientos políticos y organizaciones indígenas en Chiapas. Material de Internet.<br><br>
5 Juan González Esponda y Elizabeth Pólito Barrios: cNotas para comprender el origen de la rebelión zapatista d. En: Revista Chiapas 1, 1995. 17 un tema que afecta a todos los productores que a su vez tiene un enemigo común, los intermediarios.<br><br>
cA partir de ahí las organizaciones se plantearon mecanismos propios para vender su producto. Es así como penetraron en el terreno de la comercialización directa, con todo lo que impli- ca; se plantearon la construcción de su propia infraestructura, enfrentaron la problemática de financiamientos y los obstácu- los de carácter político d. 6 Es importante destacar que esta búsqueda de precios jus- tos y de canales propios de comercialización será una de las razones de la organización de cooperativas en el ámbito agrario inmediatamente antes y después del levantamiento del 1º de enero.<br><br>
Un antecedente importante del espíritu asociativo coope- rativo de los indígenas, que se suma a estas experiencias organizativas en Chiapas, se puede encontrar en las orga- nizaciones e instituciones de la cultura indígena que so- brevivieron a la destrucción colonizadora, que luego se mezclaron con rasgos de otras culturas y fueron influidos por los diferentes procesos económicos y sociales que se sucedieron. Nos estamos refiriendo a los ejidos y las co- munidades. Estos eran, en principio, tierras de propiedad social de los aborígenes, pero también tenían una estruc- tura social y política, y como instituciones se federaron y organizaron desde principios de los 70´, siempre en pos de la cuestión indígena.<br><br>
Participaron en amplios movimien- tos, muchas veces articulados con esas organizaciones, principalmente de izquierda, que venían de afuera de la zona. Es por el reconocimiento legal y constitucional de estas entidades, no como asociaciones civiles sino como sujetos de derecho público, por lo que vienen luchando los indígenas desde hace ya mucho tiempo, y los zapatistas desde 1994. Estas experiencias de lucha y de resistencia influyeron para que en la actualidad, en Chiapas, jueguen un rol importan- te las organizaciones sociales que tienen una presencia considerable en las comunidades, los centros de trabajo y los barrios.<br><br>
Estas son organizaciones campesinas de resis- tencia civil y sus integrantes, entre los cuales tienen una participación muy activa mujeres y niños, aprenden a to- mar decisiones colectivas que van más allá de reclamos circunstanciales. Tienen como propósito organizar la eco- 6 Movimientos políticos y organizaciones indígenas en Chiapas.Op.cit. 18 nomía, los cultivos, la comercialización y el crédito, y algu- nas comenzaron a caminar hacia una economía alternativa de producción apoyadas en una organización cooperativa y de reparto colectivo.<br><br>
Se vinculan con otras organizacio- nes de campesinos y obreros de otras regiones de México, como es el caso de los Ejidos del Valle del Yaqui en Sonora o los sindicatos mineros y siderúrgicos de Monclova y Monterrey, que demuestran su solidaridad proveyendo dinero que se utiliza para contratar empleados e incluso abogados 7 . El Estado mexicano ha tratado permanentemente de poner un freno a la organización y resistencia indígena. Las es- trategias que ha utilizado son varias y, además de la directa represión, podemos destacar algunas: el intento de coop- tación de algunos dirigentes, la represión selectiva de otros y la negociación que las autoridades y los propietarios han realizado con las masas y sus líderes.<br><br>
Más allá de la pobreza de sus habitantes, de la violencia institucionalizada y de las formas de resistencia que res- pondieron a la misma, hay datos relativos a Chiapas que no pueden perderse de vista si se quiere entender la codi- cia del gran capital que se oculta detrás de la represión. Estos datos se refieren a las enormes riquezas naturales con que cuenta el estado de las que sus habitantes origina- rios no ven ningún beneficio, por el contrario sólo pobreza y destrucción. Nos parece importante escuchar a Marcos a través de un texto que escribió en 1992: dpara buscar que fuera despertando la conciencia de varios com- pañeros que por entonces se iban acercando a nuestra lucha d.<br><br>
Este texto fue enviado al Diario La Jornada y el 27 de enero de 1994 fue publicado. cEn las tierras chiapanecas hay 86 colmillos de PEMEX (...). Cada día succionan 92 mil barriles de petróleo y 516.700 millo- nes de pies cúbicos de gas.<br><br>
(...) También por el café se desangra Chiapas. El 35% de la producción nacional cafetalera sale de estas tierras (...) El 47% de la producción va al mercado nacional y el 53% se comercializa en el extranjero, principalmente en Estados Unidos y Europa. (...) en 1998 el kilo de café pergamino se vendió en el extranjero a un promedio de 8 mil pesos, pero al productor chiapaneco se lo pagaron a 2.500 o a menos d.<br><br>
Es importante destacar esta situación de la producción de café porque varias de las cooperativas que hoy existen en Chiapas se dedican a este producto y reclaman precisamen- 7 González Casanova: Causas de la rebelión en Chiapas. 19 te liberarse de los intermediarios y recibir los beneficios que le corresponden a los productores. El texto también se refie- re a otras producciones como la miel, el maíz, sorgo, tama- rindo, aguacate, etc.<br><br>
que se producen en cantidades impor- tantes en Chiapas y que tienen como destino otras regiones de México o el exterior. Continúa el texto: cEl 55 por ciento de la energía nacional de tipo hidroeléctrico proviene de este estado, y aquí se produce el 20 por ciento de la energía eléctrica total de México. Sin embargo, sólo un ter- cio de viviendas chiapanecas tienen luz eléctrica.<br><br>
¿A dónde van los 12.907 gigawatts que producen anualmente las hidro- eléctricas de Chiapas? d 8 Las preguntas de rigor que necesariamente nacen luego de conocer este olvido y esta destrucción: ¿por qué un estado tan rico y tanta pobreza? ¿qué caminos quedaban a los campesinos indígenas chiapanecos para que fueran escuchados, reconocidos, respetados en sus propias for- mas de organización social, política, económica y cultu- ral? ¿qué debían hacer para formar parte de la nación mexi- cana y dejar de ser clos olvidados de la tierra d, cuando todos los canales legales les estaban vedados?<br><br>
¿de qué forma podían hacerse ver y escuchar y cuánto faltaba para decir cYA BASTA d? 8 Subcomandante Marcos: Chiapas: el sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía. 20 cEl Ejército Libertador del Sur no sólo representaba a los sectores más empobrecidos del país y a sus aspiraciones, sino también representaba una nueva forma de enfrentarse al poder.<br><br>
No se trataba de tomarlo y ejercerlo, sino de que el gobierno, quien quiera que lo detentara, cumpliera las demandas de la gente d. Subcomandante Marcos Entre los antecedentes históricos que el movimiento zapa- tista reconoce, merece destacarse el de la lucha del ejército Revolucionario del Sur encabezado por Emiliano Zapata. La trascendencia de esta lucha, encuadrada en el proceso de la revolución mexicana de principios del siglo XX, es tan evidentemente destacada por los insurgentes que han adoptado esa referencia histórica en el propio nombre del movimiento.<br><br>
El proceso revolucionario que se desarrolló en México a partir de 1910 fue encabezado por un sector de la burgue- sía conducido por Francisco Madero. Éste era un terrate- niente norteño que representaba los intereses de un sector de la burguesía que, durante muchos años, había tenido cerrado el camino para su crecimiento. Con el propósito de abrir este camino, este sector planteaba la necesidad de reemplazar la modalidad oligárquica de desarrollo capita- lista, instrumentada durante el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1910), e implantar un capitalismo más democrático y progresista.<br><br>
Madero presentó el Plan de San Luis Potosí en noviembre de 1910; éste era un programa que, como no se proponía un cambio en el modelo de desarrollo, apuntaba principal- mente a realizar una transformación política basada en de- mandas tales como la nulidad de la reelección de Díaz y el principio del sufragio libre. Pero la necesidad de contar con el apoyo de amplios sectores de la sociedad llevaron a Madero a incluir en el programa un artículo referido a uno de los problemas más agudos del México de entonces: el problema de la tierra. La propuesta de resolución en este sentido se basaba en la restitución de tierras a quienes habían sido despojados injustamente de ellas, principal- mente pequeños propietarios, en su mayoría indígenas.<br><br>
La existencia de esta demanda fue suficiente para levantar en armas a los campesinos, deseosos de recuperar las tie- 3 LOS ORÍGENES HISTÓRICOS: ¿POR QUÉ cZAPATISTAS d? 21 rras de que habían sido despojados. Apoyaron el Plan de San Luis y respondieron al llamado de levantamiento gene- ral contra la dictadura, participando en el movimiento revo- lucionario encabezado por un sector burgués de la socie- dad.<br><br>
Uno de los grupos campesinos que se levantaron para apo- yar al sector burgués maderista fue el movimiento encabe- zado por Emiliano Zapata en el estado de Morelos. La exis- tencia y la presión generadas por este levantamiento, junto a su rápida desvinculación de los sectores que canalizaron en su provecho el triunfo de 1911, obligaron a los dirigen- tes de todas las etapas de la revolución a tenerlo en cuenta, ya sea para reprimirlo o para cumplir con sus demandas. Nadie pudo ignorar la presencia de un movimiento armado que, a las puertas de la capital del país, amenazaba perma- nentemente a la nueva estructura de poder implantada con la revolución.<br><br>
No se propuso tomar el poder sino crear una nueva relación entre el gobierno y la sociedad. En este sentido el Subcomandante Marcos nos dice: cEl Ejército Libertador del Sur no sólo representaba a los sec- tores más empobrecidos del país y a sus aspiraciones, sino también representaba una nueva forma de enfrentarse al poder. No se trataba de tomarlo y ejercerlo, sino de que el gobierno, quien quiera que lo detentara, cumpliera las demandas de la gente.<br><br>
Por eso lo mismo pelearon contra Díaz, que contra Madero, Huerta y Carranza. El zapatismo no era controlable en los términos de la clase política de entonces. Pegados al pueblo, los zapatistas nunca pudieron ser domesticados d 1 .<br><br>
Esta es una de las características del EZLN que, al igual que la revolución suriana de Zapata, no se propone la toma del poder sino la construcción de un nuevo poder. La inclusión de los campesinos del sur en la revolución mexicana de la mano de Zapata tenía una razón histórica. El estado de Morelos había sufrido las consecuencias de la expansión del cultivo de caña de azúcar desde la mitad del siglo XIX: la apropiación de las tierras de las comunidades indígenas por parte de los hacendados azucareros, con el doble propósito de obtener tierras para la nueva produc- ción y obligar, a la vez, a las poblaciones indígenas despo- jadas a emplearse como mano de obra de las grandes pro- piedades azucareras.<br><br>
Con la expansión de este cultivo, Morelos se transformó en el primer productor de azúcar de México, a través del 22 1 Subcomandante Marcos: cComien- za la Marcha de la Dignidad Indígena, la marcha del color de la tierra d. En Revista Chiapas 11. Instituto de Investigaciones Económicas.<br><br>
Ediciones Era, México, 2001. desarrollo de una moderna explotación agrícola capitalista, con mano de obra asalariada e importante nivel de tecnificación. La presencia de este tipo de haciendas azu- careras no significó la desaparición de las comunidades indígenas; muchas sobrevivieron y mantuvieron latente el arraigo a la tierra de sus pobladores, a pesar de las cons- tantes amenazas de despojo.<br><br>
En este medio inició Zapata la defensa de los intereses de las comunidades indígenas. Si bien no era un campesino pobre 2 , era conciente de la necesidad de que los pueblos recuperaran las tierras apropiadas por las haciendas, y con- fiando en su capacidad para lograrlo, los campesinos de su pueblo lo eligieron presidente del Concejo de Anenecuilco en 1909. El primer procedimiento utilizado por Zapata para lograr su objetivo fue recurrir a los medios legales, con el fin de que fueran las mismas autoridades del pueblo y el estado las que reconocieran la legitimidad de los viejos títulos comunales.<br><br>
La vía de la legalidad resultó infructuo- sa ya que se reiteraba a nivel regional lo mismo que ocurría con las leyes nacionales: su manipulación por parte de las autoridades a favor de los grandes hacendados. Sólo que- daba un medio para reconquistar las tierras: ocuparlas y distribuirlas entre los miembros de la comunidad mediante el uso de las armas. Si los documentos del pueblo no eran suficientes para solucionar el conflicto, su resolución ven- dría a través de los fusiles campesinos.<br><br>
Un camino similar fue recorrido por el EZLN. El uso de las armas no fue la primera elección de las comunidades indí- genas chiapanecas para lograr que las demandas del pue- blo fueran verdaderamente escuchadas. Recurrieron en primer lugar a todas las armas legales para hacerse oír, pero la sordera del poder les dejó abierto el camino de las armas como el último recurso.<br><br>
En la primera Declaración de la Selva Lacandona manifiestan que la opción de la lucha armada se veía ccomo última esperanza, después de haber intentado todo para poner en práctica la legalidad basada en la Carta Magna (...) d. Los objetivos por los cuales el EZLN se levantó en armas y sus características como ejército fueron manifestados por el Subcomandante Marcos en una serie de conversaciones que tuvo con Ignacio Ramonet: 23 2 c(...) los campesi- nos sabían que no era pobre: los Zapata vivían en una sólida casa de adobe y tierra, y no en una choza. Ni él, ni su hermano mayor Eufemio, habían trabajado nunca como jornaleros en las haciendas, y ambos habían heredado un poco de tierra y algo de ganado al morir sus padres.<br><br>
(...) Emiliano (...) trabajaba su tierra, era aparcero de unas cuantas hectáreas más de una hacienda local, y en las temporadas en que aflojaba el trabajo llevaba una recua de mulas por los poblados del sur situados a lo largo del río Cuautla. También compraba y vendía caballos, aunque no en grande d. John Womack jr.: Zapata y la revolución mexicana.<br><br>
Editorial Siglo Veintiuno, 1987. p.4. cAunque los indígenas sean los más olvidados y los más po- bres de entre los pobres , el EZLN se levantó en armas para reclamar la democracia, la libertad y la justicia para todos los mexicanos, y no sólo para los indígenas.<br><br>
No queremos ser independientes de México, queremos ser indios mexicanos. El EZLN se organizó como un ejército y respeta todas las dispo- siciones internacionales para ser reconocido como tal. Siempre hemos respetado las convenciones internacionales y las leyes de la guerra.<br><br>
Hemos declarado formalmente las hostilidades, llevamos uniformes, grados e insignias identificables y respe- tamos a la población civil y a los organismos neutrales. El EZLN posee armas, está dotado de una jerarquía y de una disciplina militares, pero no practica el terrorismo ni cometió nunca ningún atentado. El EZLN lucha para que ya no sea necesario ser clandestino ni ir armado para pedir democracia, justicia y libertad.<br><br>
Por eso decimos que luchamos para desapa- recer. Creemos que quien conquista el poder por las armas no debiera gobernar nunca, puesto que se arriesga a gobernar por las armas y por la fuerza. Quien recurre a las armas para impo- ner sus ideas es porque tiene ideas realmente muy pobres d 3 .<br><br>
Es importante destacar cómo, al igual que el Ejército Revo- lucionario del Sur, las armas no son un medio para llegar al poder sino para hacerse escuchar. La presencia de las ar- mas obliga al poder a cmirar d lo que sucede y le imposibili- ta seguir ignorando. Tanto ayer como hoy el poder se sien- te amenazado aunque los objetivos de las luchas no sean tomarlo.<br><br>
Para los zapatistas la lucha armada no es el único camino posible para lograr la transformación, fue el camino que tuvieron que elegir en el inicio de la lucha pero, como lo demostró el poco tiempo que duraron los enfrentamientos con el ejército nacional, debe ser reemplazado por otras formas de lucha que permitan la construcción de una nue- va sociedad y no la destrucción implícita en una guerra. cSomos luchadores que se han convertido en soldados para que llegue un día en que los soldados ya no sean necesarios. Somos soldados para que no haya más soldados.<br><br>
Hemos toma- do un camino suicida, el de una profesión condenada a su propia desaparición. No vemos la lucha armada como la veían las guerrillas de los 860, como el único camino, la única senda, la única verdad que lo determinaría todo. Para nosotros la lu- cha armada es una etapa de una serie de formas de lucha que cambian y evolucionan.<br><br>
Pero se puede superar esta etapa. Porque efectivamente la guerra es una medida desesperada. La adoptan los que están desesperados de la política, de su condi- ción social, de la condición femenina, del racismo.<br><br>
Y cuando 24 3 En: Marcos, la dignidad rebelde. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Ediciones Le Monde Diplomatique, 2001.<br><br>
pp.39-40. todos estos desesperados unen sus desesperaciones y se orga- nizan, como hicimos nosotros, entonces todo es posible. Por- que de esta suma de desesperaciones puede nacer una gran esperanza d 4 .<br><br>
La visualización del camino de las armas como la última vía posible de resolución de conflictos sociales es la que llevó también a los campesinos del sur a participar en la revolu- ción de 1910. Con el lanzamiento del Plan de San Luis vieron la posibilidad de apoyar con sus armas una rebelión de al- cance nacional que les permitiría resolver los conflictos lo- cales. Las masas rurales confiaron en las promesas agrarias de Madero y se plegaron al programa de un sector de la burguesía.<br><br>
Poco interés despertó en ellas el resto de las propuestas maderistas basadas en reivindicaciones políti- cas. Si Madero se proponía resolver el problema agrario res- tituyendo las tierras a los pueblos, los campesinos lo apoya- rían, cualquiera fuese el sector social que representaba. La alianza del campesinado suriano con el grupo maderista, si bien se mantuvo durante algunos meses, era bastante endeble; tenían concepciones diferentes sobre los objeti- vos del movimiento revolucionario.<br><br>
Si Madero creía que la revolución se había hecho principalmente para reconquistar las libertades perdidas durante el porfiriato, Zapata pensaba que la finalidad fundamental era resolver el problema de la tierra. En materia específicamente agraria, Madero no se pro- ponía la destrucción del latifundio y menos aún a través de expropiaciones decretadas por el gobierno; Zapata, en cam- bio, era partidario de la expropiación forzosa de los grandes latifundios para restituir las tierras despojadas a pueblos e individuos. La firma del Acuerdo de Ciudad Juárez (25/5/ 1911) reveló al caudillo del sur la realidad sobre los propósi- tos maderistas.<br><br>
Si para Madero la revolución había termina- do al cumplirse los objetivos de csu d lucha, para Zapata se iniciaba un nuevo período al reconocer la negativa del jefe de la revolución a solucionar el conflicto de la tierra. Los terrenos no se habían restituido, por lo tanto no había llega- do el momento de entregar las armas. La permanencia de la actitud de rebeldía de Zapata obligó a Madero, ya elegido presidente y ante la constante ame- naza a su autoridad, a enviar a Morelos varias comisiones con el propósito de que se entrevistaran con el caudillo del sur y obtuvieran la deposición de las armas.<br><br>
La respuesta 25 4 Idem... pp.40-41 de éste a un grupo de comisionados confirmó la ruptura entre la revolución suriana y el movimiento nacional: cYo he sido el más fiel partidario del señor Madero (...); le he dado pruebas infinitas de ello; pero ya en estos momentos he dejado de serlo. Madero me ha traicionado así como a mi ejército, al pueblo de Morelos y a la Nación entera.<br><br>
La mayor parte de sus partidarios están encarcelados o perseguidos (...) y ya nadie tiene confianza en él por haber violado todas sus promesas; es el hombre más veleidoso que he conocido d 5 . La separación del movimiento campesino del sur del jefe de la revolución nacional llevó al dirigente morelense a elaborar un programa propio por el cual continuar la lucha. Así, los altos jefes del zapatismo firmaron el 28 de noviem- bre de 1911 el Plan de Ayala.<br><br>
Es importante destacar, junto a Adolfo Gilly, que este plan implicaba que los campesinos en armas se proponían oponer otro poder al poder estatal oligárquico-liberal y contrarrevolucionario que continua- ba vigente con la llegada de Madero al poder. Este progra- ma era la expresión política de la revolución agraria, más allá de que fuera un plan en el cual parecía que el único objetivo era encontrar una solución para la cuestión cam- pesina. Sin embargo, también marcaba los límites del cam- pesinado en revolución.<br><br>
Gilly se refiere a esta limitación de la siguiente forma: cPero el plan, como los campesinos en los hechos, sólo alcan- zaba a oponer al poder capitalista la iniciativa de las masas. Establecía de hecho la dualidad de poder, como lo establecie- ron los campesinos en armas durante toda la revolución. Pero no oponía la perspectiva de otro poder estatal.<br><br>
La dualidad establecida durante la revolución desembocaba nuevamente en el restablecimiento del poder estatal burgués, aún con la garan- tía democrática revolucionaria del mantenimiento de las armas en manos de los campesinos. El plan no resolvía el problema decisivo del poder. Al no resolverlo le daba una resolución burguesa.<br><br>
(...) Los métodos y las iniciativas eran revoluciona- rios y ponían en cuestión el poder capitalista. Pero la perspec- tiva campesina era incapaz de ir más allá, generalizar al nivel nacional y social y dar una salida a la nación insurrecta d 6 . La dualidad de poderes planteada por los zapatistas quedó de manifiesto en la relativa independencia que el poder campesino de Morelos demostró cuando cdictó leyes, tomó medidas de gobierno sobre educación, sani- dad, comunicaciones, abastecimientos, así como acuñó mone- das de metal, los pesos zapatistas d 7 .<br><br>
26 5 Citado en Womack... op.cit. p.124.<br><br>
6 Adolfo Gilly: La revolución inte- rrumpida. Ediciones Era, México, 1994. pp.<br><br>
101. 7 Adolfo Gilly: op.cit.p.102. Pero esta independencia relativa sólo fue posible en el periodo de ascenso revolucionario.<br><br>
Frente a la necesidad de tomar decisiones políticas de fondo, los dirigentes cam- pesinos tenían dos caminos: implementar una perspectiva socialista o someterse a la legalidad burguesa. El primer camino fue propuesto confusamente por el ala radical del partido representada por Zapata, alrededor de 1918, pero ya no era posible comenzar a construir en ese sentido por- que ya se estaba transitando por una etapa de descenso de la lucha revolucionaria en la cual el ala radical estaba destinada a morir, y lo haría en el momento del asesinato de su más fiel representante: Emiliano Zapata. En la comparación entre los dos zapatismos respecto al tema del poder nos parece importante destacar algunas cuestiones.<br><br>
Según el planteo de Gilly, con el que nosotros coincidimos, los campesinos de Morelos no podían tomar el poder político estatal, no pudieron hacer una propuesta de alcance nacional, a pesar de que plantearon una duali- dad de poderes: el poder estatal burgués y el poder de los campesinos en armas. En el caso de los zapatistas de hoy ellos se han encargado de dejar en claro que no aspiran a tomar el poder, no se lo proponen porque el objetivo es revolucionar el concepto de poder vigente en el sentido de que sea un poder que represente y respete a las mayorías. No podemos dejar de reconocer que los campesinos de Morelos se proponían lo mismo: el poder estatal mexicano debía contemplar y satisfacer las demandas de todos los mexicanos y un paso importante en este sentido era reco- nocer los derechos de los campesinos sobre las tierras que trabajaban.<br><br>
Este reconocimiento permitiría mejorar la situa- ción de los campesinos pero también de toda la nación mexicana, porque el latifundio y los intereses de sus pro- pietarios frenaban la prosperidad de toda la nación. Ese otro poder, el de los campesinos en armas, no pudo ir más allá de lo que se propone una lucha exclusivamente campe- sina, que en general es localista, pero el apoyo al proceso revolucionario burgués encabezado por Madero significó que la lucha por sus derechos no la emprendían solos sino apoyando un proceso que los incluía. La separación de la revolución del sur de este proyecto burgués no se realizó porque quisieran tomar el poder sin intermediarios sino porque Madero defraudó las expectativas que los habían 27 llevado a apoyarlo.<br><br>
A partir de ahí se plantean crear otro poder que se convierta en una presión constante al poder instituido, presión que llevaría a no olvidarlos. Creemos que el EZLN comenzó la lucha con las mismas perspecti- vas, dejar de ser los olvidados de la nación mexicana y hacer oír sus demandas como el reconocimiento de la auto- nomía política, económica, social y cultural de los pueblos indígenas. Ahora bien, la satisfacción de las mismas impli- caría de hecho la construcción de otro poder, y no importa quién lo ejerza, lo importante es que sería otro porque no es el que los olvidó por más de quinientos años.<br><br>
Para dejar de ser olvidados era necesario que los campesi- nos del sur elaboraran un programa que debía apuntar a cumplir con los objetivos por los cuales se habían levanta- do las masas campesinas. Y ahí está el Plan de Ayala que, además de desconocer a Madero como jefe del movimiento revolucionario y llamar a su derrocamiento, era fundamen- talmente un programa agrario. Los artículos 6º, 7º y 8º con- densaban los medios que proponía el zapatismo para resol- ver el problema con la tierra.<br><br>
El punto 6º establecía: cque los terrenos, montes y aguas que hayan usurpado los hacendados, científicos o caciques a la sombra de la justicia venal, entrarán en posesión de esos bienes inmuebles desde luego, los pueblos o ciudadanos que tengan sus títulos, corres- pondientes a esas propiedades de las cuales han sido despoja- dos por la mala fe de nuestros opresores, manteniendo a todo trance con las armas en la mano la mencionada posesión, y los usurpadores que se consideren con derecho a ellas lo deducirán ante los tribunales especiales que se establezcan al triunfo de la revolución d. Hay varios elementos a destacar en este artículo. Por una parte, se establecía el concepto de restitución de las tierras a aquellos pueblos o individuos que habían sido despoja- dos por los usufructuarios del régimen de Díaz y que pose- yeran los títulos de propiedad correspondientes.<br><br>
A su vez, se declaraba la necesidad de utilizar las armas para defen- der la restitución, luego de haber comprobado que el medio legal era ineficaz. Por otra, se apresuraba la toma de pose- sión de la tierra por los legítimos dueños. A diferencia de las leyes agrarias burguesas, donde son los campesinos los que deben acudir a los tribunales para hacer las deman- das de restitución y esperar el fallo judicial, este plan inver- tía los pasos a seguir.<br><br>
Las masas campesinas entrarían in- 28 mediatamente en posesión de los terrenos y serían los te- rratenientes que se creían con derecho a ellos los que ha- rían el reclamo legal correspondiente. El problema agrario se resolvía durante la lucha y no se postergaba hasta el dictado de leyes posrevolucionarias. El contenido del artículo 7º era el siguiente: cEn virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciuda- danos mexicanos no son más dueños que del terreno que pisan, sufriendo los horrores de la miseria sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la Industria o a la Agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos las tierras, montes y aguas; por esta causa se expropiarán pre- via indemnización, de la tercera parte de esos monopolios a los poderosos propietarios de ellos, a fin de que los pueblos y ciudadanos de México, obtengan ejidos, colonias, fundos lega- les para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todos la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos d.<br><br>
Aquí se observa otro medio propuesto por los zapatistas para redistribuir adecuadamente las tierras: la expropiación previa indemnización de la mayor parte de los terrenos monopolizados por los grandes hacendados. A su vez, la consideración de que el fin de la concentración de la tierra en pocas manos traería la prosperidad a clos pueblos y ciudadanos de México d abría las propuestas locales zapatistas al resto de las clases desposeídas de la nación. La puesta en práctica del Plan de Ayala no sólo beneficia- ría a los campesinos de Morelos sino también a todos aque- llos que habían sido perjudicados por la estructura agraria existente.<br><br>
Este inciso era cuna promesa hecha para no quedarse solos con su problema; era la entrada del zapatismo en el escenario nacional, la adop- ción de una bandera nacional, para hacer posible y legitimar una demanda esencialmente local d 8 . En este sentido la lucha de los campesinos indígenas del EZLN tampoco es planteada por ellos como una lucha ex- clusivamente indígena, donde se busquen sólo satisfacer las demandas de este específico sector social. Se trata en realidad de producir un cambio revolucionario apoyado en una democracia entendida como el respeto a la voluntad de la mayoría, asegurando a su vez el respeto a las especi- ficidades locales.<br><br>
No se trata de una trasformación que afecte sólo a los campesinos indígenas de Chiapas sino un proceso de construcción que involucre a toda la nación 29 8 Arnaldo Córdova: La ideología de la revolución mexica- na. La formación del nuevo régimen . Ediciones Era, México, 1973.<br><br>
p.150. mexicana. Para los zapatistas de hoy sólo es posible resol- ver los problemas indígenas en el marco de un cambio re- volucionario general, que se manifieste en el cumplimiento de demandas como democracia, justicia y libertad para toda la nación mexicana.<br><br>
Se trata de una insurrección que no deja de ser indígena y chiapaneca pero que también quiere ser mexicana e incluso universal. En la Tercera Declaración de la Selva Lacandona (1º de enero de 1995) expresan: «La cuestión indígena no tendrá solución si no hay una trans- formación RADICAL del pacto nacional. La única forma de incorporar, con justicia y dignidad, a los indígenas a la nación, es reconociendo las características propias en su organización social, cultural y política.<br><br>
Las autonomías no son separación, son integración de las minorías más humilladas y olvidadas en el México contemporáneo. Así lo ha entendido el EZLN desde su formación y así lo han mandado las bases indígenas que forman la dirección de nuestra organización. Hoy lo repeti- mos: NUESTRA LUCHA ES NACIONAL» 9 .<br><br>
Podemos destacar una diferencia entre ambas luchas zapatistas y es el orden cronológico entre la resolución de los conflictos indígenas y de los problemas nacionales. Si para el Ejército Revolucionario del Sur el primer paso es la satisfacción de las demandas locales para lograr, en un se- gundo paso, la prosperidad de todos los mexicanos, para el EZLN la satisfacción de demandas de los sectores oprimi- dos de México, incluyendo a los indígenas, requiere de un cambio profundo de toda la sociedad mexicana. Hay que tener en cuenta que se trata de dos contextos muy diferen- tes.<br><br>
La lucha de Emiliano Zapata se da en una época en la cual los sectores oprimidos se enfrentan al capital en busca de la satisfacción de demandas específicas. En el caso de América Latina, el nivel de desarrollo de la clase obrera era incipiente y sus demandas, basadas en reclamos salariales y en mejoras de las condiciones de vida y de trabajo, se mani- festaron a través de huelgas en los sectores más afectados por el gran capital nacional y extranjero. El otro sector margi- nado de los beneficios de la modernización, las masas cam- pesinas, luchaba por la restitución de la tierras de las que habían sido despojados y no planteaban la resolución de las demandas de otros sectores sociales.<br><br>
El contexto actual es otro y se caracteriza por una globaliza- ción de la explotación, ya que las modificaciones tecnológi- cas basadas en la aplicación de la electroinformática y la 30 9 La Jornada , 2 de enero de 1995, p. 5. articulación mundial del proceso de acumulación producen una complejización de las condiciones materiales de pro- ducción y a su vez una diversificación de la clase obrera.<br><br>
cEl colectivo de trabajadores sometidos al dictamen del capital en esta nueva fase de su desarrollo es tan diverso casi como la propia sociedad, en la medida que muchas actividades ante- riormente externas o colaterales al proceso de producción han logrado ser incorporadas al mismo d 10 . Teniendo en cuenta que el capital global cglobaliza d la explotación, se hace necesario y posible cglobalizar d la resistencia. Por las distintas características de los contextos en que se desenvolvió cada lucha también es diferente la relación entre el México urbano y el México rural.<br><br>
Si la lucha de Emiliano Zapata fue mirada con desconfianza por los sec- tores obreros mexicanos de entonces porque la lucha cam- pesina no incluía demandas obreras, hoy el México urbano asume una posición distinta frente a la rebelión indígena: cEl México artesano y obrero de 1914 había contemplado con desconfianza y algo de hilaridad anticlerical a los zapatistas católicos que ocupaban las calles de la capital. Algunos historia- dores explican cómo esta diversidad o incluso incompatibilidad cultural condujo a la conclusión de un pacto entre la organiza- ción sindical obrera y el gobierno de Carranza, que llevaría a la formación de regimientos compuestos por obreros para luchar contra los ejércitos campesinos. El México urbano de 1994 y 1995 mira con simpatía y solidaridad, apoya y se organiza al son de los acontecimientos del México indígena y rural.<br><br>
Parece una revancha histórica por los episodios de 1914 y 1915 d 11 . Volviendo a la primera lucha zapatista, el último de los artí- culos del Plan de Ayala referido al problema agrario conte- nía la tercera solución propuesta para la recuperación de las tierras. El punto 8º del plan hacía constar que: cLos hacendados, científicos o caciques que se opongan direc- ta o indirectamente al presente plan, se nacionalizarán sus bienes y las dos terceras partes que a ellos les correspondan, se destinarán para indemnizaciones de guerra, pensiones de viudas y huérfanos de las víctimas que sucumban en la lucha del presente plan d.<br><br>
Tratándose en este caso de los enemigos del plan se esti- pulaba la nacionalización de sus bienes sin ninguna in- demnización. A pesar de lo establecido por el artículo 7º, cen la práctica, el Plan de Ayala debía conducir, en la inmensa mayoría de los casos, a la confiscación de la tierra sin indemni- 31 11 Enrique Rajchenberg y Catherine Héau- Lambert: cHistoria y simbolismo en el movimiento zapatista d. En: Chiapas 2.<br><br>
Instituto de Investigaciones Económicas. Ediciones Era, México, 1996. pp.48-49.<br><br>
10 Ana Esther Ceceña: cUniversa- lidad de la lucha zapatista. Algunas hipótesis d. En: Chiapas 2.<br><br>
Instituto de Investigaciones Económicas. Ediciones Era, México, 1996. p.10.<br><br>
zación alguna, ya que los terratenientes luchaban en contra del programa agrario de los campesinos revolucionarios d 12 . Como la mayoría de los terratenientes podían considerarse enemigos de la aplicación del programa zapatista, en pocos casos se aplicaría la expropiación previa indemnización. El EZLN considera también el problema agrario como uno de los tantos a resolver y retoma las consignas de cTierra y libertad d de la revolución suriana, observando que la lucha de los campesinos pobres mexicanos continúa recla- mando la tierra para los que la trabajan.<br><br>
La Ley Agraria Revolucionaria, que veremos ampliamente en el apartado referido al desarrollo de cooperativas, hace hincapié en esta forma de explotación colectiva de la tierra. Durante el desarrollo de la revolución mexicana, los distin- tos gobiernos que se sucedieron luego de la caída de Ma- dero, más allá de las diferencias que los enfrentaron, tuvie- ron una característica en común: no hubo ningún cambio de actitud hacia las demandas zapatistas. El problema agra- rio no se resolvía y los campesinos surianos dejaron de manifiesto que se opondrían a la pretensión de reducir to- dos los conflictos a un simple cambio de gobernantes.<br><br>
La irresolución del problema agrario desembocó en una radicalización del pensamiento zapatista. En una carta es- crita por Zapata y dirigida a Atenor Sala (un terrateniente que tenía relaciones amistosas con el caudillo), fechada el 4 de septiembre de 1914, se ratificaban las tres soluciones para el problema agrario que ya habían sido propuestas en el Plan de Ayala, pero con
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 artículo 7
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