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Timestamp: 2018-04-21 14:03:21+00:00

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PAGO ELECTRÓNICO Y DINERO DIGITAL
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Sofia Valenzuela Espinoza
1 PAGO ELECTRÓNICO Y DINERO DIGITAL Alfredo Batuecas Caletrío Universidad de Salamanca SUMARIO: I. CLASIFICACIÓN DEL PAGO ELECTRÓNICO: 1. Definición y elementos que intervienen en una operación de pago electrónico. 2. Clasificación de los medios de pago electrónico: A) Formas de pago electrónico basados en una estructura trilateral. a.1. La tarjeta de crédito y la tarjeta de débito. a.2. La tarjeta inteligente. a.3. Pago desde el teléfono móvil. B) Formas de pago electrónico no basadas en una estructura tripolar. b.1. Monedero electrónico b.2. Algunos supuestos concretos de pago desde el teléfono móvil. b.3. Dinero digital. C) Otras formas existentes de realizar un pago electrónico: c.1. F.S.C.T. (Financial Services Technology Consertium). c.2. CheckFree. c.3. First Virtual. c.4. NetMarket. c.5. NetBill. c.6. NetCash y NetCheque. c.7. Cybercash. II. ESPECIAL REFERENCIA AL PAGO CON TARJETA: 1. Introducción Clases de tarjetas 1.2. Legislación aplicable al pago con tarjeta Supuesto de hecho objeto de análisis 1.4. El pago con tarjeta implica una modificación subjetiva pasiva 2. Teorías sobre la naturaleza jurídica del pago electrónico 3. El pago electrónico entendido como una manifestación de la delegación de deuda 4. Relaciones jurídicas en el pago electrónico 4.1. Relación que vincula al titular de la tarjeta con la entidad de crédito 4.2. Relación que une al titular de la tarjeta con el establecimiento comercial 4.3. Relación que vincula a la entidad de crédito con el establecimiento comercial. 5. Obligaciones de las partes intervinientes en una operación de pago electrónico CLASIFICACIÓN DEL PAGO ELECTRÓNICO 1. Definición y elementos que intervienen en una operación de pago electrónico. El pago electrónico cobra verdadera dimensión y goza de pleno sentido sólo si es puesto en relación con el desarrollo que en los últimos años están experimentando las nuevas tecnologías. Afortunadamente, atendiendo a la realidad actual, España es una de las naciones con un sistema de tarjetas de pago mejor desarrollado, situándose a la cabeza de los países que ostentan un mayor número de cajeros automáticos y Terminales de Punto de Venta (TPV, a partir de ahora) por habitante. España tiene la mayor proporción de cajeros automáticos por habitante de Europa, existiendo 1000 cajeros automáticos por cada millón de habitantes (siendo Cataluña la Comunidad Autónoma que detenta un mayor número de ellos: 8.000, y La Rioja la que menos: 256), seguida de Luxemburgo, Bélgica, Portugal y Alemania con 900 cajeros automáticos por cada millón de habitantes. Complementando a los cajeros automáticos, a lo largo de la geografía nacional se ha distribuido una red de TPVs (el 0.99% por cada establecimiento comercial), siendo Extremadura, proporcionalmente, la Comunidad Autónoma que menos tiene (el 0.57% por establecimiento comercial) e Islas Baleares, la que más (1.83% por establecimiento comercial). El mercado nacional de tarjetas de crédito está dominado de una forma clara por la marca VISA, quien ocupa el 90%. Esta supremacía ya no se observa para las tarjetas de débito en las que, entre la tarjeta 6000 y la tarjeta de débito 4B se reparten el 58 %, dejando el 42% restante para la tarjeta de débito Visa Electrón. Dentro de la modalidad de monedero electrónico el mercado vuelve
2 a estar dominado por la marca VISA, con su monedero Visa Cash, habiéndose emitido hasta el momento monederos (que ocupa el 78% del mercado) y dejando el otro 20% para las otras dos modalidades: Euro 6000 y monedero 4B. Aún con ello, la trascendencia de este gran despliegue técnico en el comercio europeo es menor de la esperada, si atendemos a que tan sólo el 9% de las operaciones se finalizan utilizando una tarjeta de pago, por el 25% que se alcanza en Estados Unidos. Definición A la hora de definir el pago electrónico bien pudiéramos decir de él que es el pago realizado por medios electrónicos. La Recomendación de la Comisión de 8 de diciembre de 1987 sobre un Código europeo de buena conducta en materia de pago electrónico -Relaciones entre organismos financieros, comerciantes-prestadores de servicios y consumidores- (87/598/CEE) entiende por pago electrónico : cualquier operación de pago efectuada con un tarjeta de pista/s magnética/s o con un microprocesador incorporado, en un equipo terminal de pago electrónico (TPE) o terminal de punto de venta (TPV). Por su parte, la Recomendación de la Comisión de 30 de julio de 1997 relativa a las transacciones efectuadas mediante instrumentos electrónicos de pago, en particular, las relaciones entre emisores y titulares de tales instrumentos (97/489/CE), ofrece las siguientes definiciones de una forma más completa en su Artículo 2: A los efectos de la presente Recomendación, se entenderá por: a) instrumento electrónico de pago, un instrumento que permita a su titular efectuar transacciones como las especificadas en el apartado 1 del artículo 1. Quedan incluidos en esta definición los instrumentos de pago de acceso a distancia y los instrumentos de dinero electrónico; (por su parte, el art señala: 1. La presente Recomendación se aplicará a las siguientes transacciones: a) las transferencias de fondos, diferentes de las transferencias ordenadas y realizadas por entidades financieras, efectuadas mediante un instrumento electrónico de pago; b) la retirada de dinero en efectivo mediante un instrumento electrónico de pago y la carga (y descarga) de un instrumento de dinero electrónico en dispositivos como distribuidores automáticos de billetes y cajeros automáticos, así como en los locales del emisor o en una entidad con la que se haya suscrito un contrato para aceptar el instrumento de pago ). b) instrumento de pago de acceso a distancia, un instrumento que permita a su titular acceder a los fondos de su cuenta en una entidad, por el cual se autoriza el pago a un beneficiario, operación que normalmente exige un código de identificación personal o cualquier otra prueba similar de identidad. Quedan incluidas, en particular, las tarjetas de pago (tarjetas de crédito, de débito, de débito diferido o tarjetas T&E) y los servicios de telebanco y de banca a domicilio; c) instrumento de dinero electrónico, un instrumento de pago recargable distinto de un instrumento de pago de acceso a distancia -ya sea una tarjeta en la que se almacenan electrónicamente los importes correspondientes o una memoria de ordenador- en el que se carga electrónicamente un valor, que permita a su titular efectuar transacciones como las especificadas en el apartado 1 del artículo 1; 2
3 A título de anécdota, el nacimiento de las tarjetas se atribuye a Frank McNamara, un ciudadano americano especializado en crédito comercial. Una noche, McNamara, cuando se disponía a pagarle al camarero la cena que acabada de disfrutar, advirtió que había olvidado la cartera. Sorprendido por la situación, no le quedó más alternativa que llamar a su esposa para que viniera a pagarle la cena. Al día siguiente, McNamara almorzó con su abogado Ralph Schneider y, tras contarle lo sucedido, idearon las bases de lo que terminaría siendo el Diner s Club (ARAUJO VÉLEZ, en su obra, Naturaleza jurídica de las tarjetas de crédito. Ed. Retina. Bogotá. 1972). Elementos que intervienen En toda operación de pago electrónico deberán aparecer, al menos, las siguientes personas: a) Emisor del medio de pago electrónico: la persona que, en el marco de su actividad profesional, pone a disposición de un cliente un instrumento de pago, en virtud de un contrato suscrito con él. Un ejemplo de ello pueden ser VISA o Mastercard. b) Suministrador de sistemas: la persona que facilita un producto financiero con una marca comercial concreta vinculado normalmente a una red, permitiendo así que los instrumentos de pago se utilicen para las operaciones mencionadas anteriormente; Nosotros lo conoceremos como gestor y en la mayoría de las ocasiones esta posición viene siendo ocupada por entidades de crédito. Ej. La tarjeta VISA la contratamos a través de una entidad de crédito. No es raro encontrarnos con el supuesto en que la persona del emisor y del gestor coincidan, como ocurre, por ejemplo, con la tarjeta VISA. Los emisores son cada uno de los bancos y, al mismo tiempo, son los gestores de esas tarjetas. c) Titular: la persona que, en virtud de un contrato suscrito con el emisor, posee un instrumento de pago; d) El establecimiento comercial. En el modelo tipo que aquí se propondrá la entidad de crédito es, al mismo tiempo, la emisora y la gestora de la tarjeta de crédito. Es imprescindible aludir expresamente a esta cuestión porque puede ocurrir que el emisor de la tarjeta no sea a la vez el gestor de la misma, y esto daría lugar a cuatro sujetos y a cuatro relaciones jurídicas. Además, puede ocurrir que el establecimiento comercial tenga su propia entidad de crédito encargada de gestionarle la domiciliación de los cobros provenientes de los pagos con tarjeta y que ésta sea distinta de la entidad de crédito gestora de la tarjeta, lo que daría lugar a cinco participantes y a cinco relaciones jurídicas. Sin embargo, la mayoría de las veces las entidades de crédito gestoras de las tarjetas son a la vez miembros de la sociedad emisora de las mismas, por ello nos vamos a centrar en el supuesto en que la entidad de crédito sea a la vez emisora y gestora de la tarjeta. 2. Clasificación de los medios de pago electrónico Para nosotros, un criterio que puede ser útil al tiempo de clasificar los distintos medios de pago electrónico que existen es el número de posiciones jurídicas que existen cuando se realiza la operación. De este modo, puede hablarse de formas de pago electrónico basadas en una estructura trilateral, si en la operación existen tres posiciones jurídicas diferenciadas, ocupadas todas ellas por 3
4 personas que intervienen en la operación, y formas de pago electrónico no basadas en una estructura trilateral, cuando faltan esas tres posiciones jurídicas. A) Formas de pago electrónico basados en una estructura trilateral. a.1. La tarjeta de crédito y la tarjeta de débito Huelga decir que esta forma de manifestación del pago electrónico es la más extendida de entre todas las posibilidades que se ofertan al día de hoy. La forma de proceder del pago electrónico cuando es materializado a través del uso de una tarjeta de crédito o de débito es la siguiente: El cliente le cede la tarjeta al empleado del establecimiento para que éste la pase por el lector del Terminal de Punto de Venta (TPV). La emisión de datos que se hace desde el terminal es recogida por la entidad de crédito del establecimiento que, a su vez, se la reenvía a VISA España. Esta última la recibe y se la envía a la entidad de crédito del cliente que autorizará o denegará la operación, dependiendo de las condiciones que tenga pactadas con el cliente. Si la deniega se le comunica al titular de la tarjeta que se ponga en contacto con su entidad emisora/gestora, quien le dará las razones, y si autoriza la operación se lo comunica en tal sentido a VISA España. VISA España, a su vez, le remite la información de vuelta a la entidad de crédito del establecimiento comercial. El último momento de la operatoria consiste en que la entidad de crédito del establecimiento comercial le hace llegar a éste por el T.P.V. la autorización de la operación, posibilitando que la operación de pago electrónico pueda efectuarse. Este ciclo de ida y vuelta de la información se cierra con la solicitud de la firma al cliente por parte del establecimiento comercial y con la devolución de la tarjeta. Toda la operación de pago mediante tarjeta de crédito dura unos cuantos segundos y tiene idéntica mecánica de funcionamiento si la tarjeta que se utiliza es de débito. a.2. La tarjeta inteligente Antes de pasar a analizar más concretamente cuál es la forma en que se practica un pago electrónico desde una tarjeta inteligente es necesario advertir que en virtud de la característica de la multifuncionalidad ofrecida por estas tarjetas su operatoria puede estar basada en una estructura trilateral o puede no estarlo. No operan bajo una estructura trilateral cuando se utiliza la función de monedero electrónico que llevan incorporada. Pero, en lo que ahora nos interesa, la tarjeta inteligente (o, smart card, como también se el conoce) en la mayoría de las ocasiones opera sobre una estructura trilateral idéntica a la de las tarjetas de crédito. La operatoria de estas tarjetas no sólo es coincidente con la de las tarjetas de crédito por la presencia de las mismas tres partes, sino que también es igual en su forma de ejecutar la operación, ya que se siguen los mismos pasos en la transmisión de la información. Esta similitud llega a producirse sencillamente porque las tarjetas inteligentes pueden incorporar también la función de tarjeta de crédito o de tarjeta de débito, esto es, suponen la fase de evolución más avanzada de las propias tarjetas de crédito o tarjetas de débito y debe ser entendida como una evolución tecnológica en el propio soporte, más que otra cosa. 4
5 La evolución tecnológica en el soporte conlleva la sustitución de la banda magnética en el que se almacenaban los datos por un chip, que viene a cumplir idéntica función. El chip o microprocesador de la tarjeta inteligente controla el acceso a la información que contiene. En lo que respecta a la conformación del Chip de una tarjeta inteligente se debe decir que estructuralmente se divide en seis unidades distintas en las que en la primera está destinada a vigilar la identificación de la persona que utiliza la tarjeta, la segunda se dedica a controlar la entrada y salida de datos, la tercera hace las veces de Unidad Central de Procesamiento (C.P.U., que es donde realmente se encuentra localizado el sistema operativo de la tarjeta), la cuarta y la quinta se destinan a ser el almacén de memoria de la tarjeta inteligente, diferenciándose entre ellas en que una contiene la memoria ROM y la otra la memoria RAM. La última unidad que, sumada a las anteriores, hace posible el funcionamiento de la tarjeta inteligente es el comportamiento que contiene la memoria EEPROM, tipo de memoria que es, además de recargable, reprogramable. Esta última unidad es la que verdaderamente hace distintas a este tipo de tarjeta y la que le confiere una seña de identidad propia. Atendiendo a sus clases, las tarjetas inteligentes se distinguen entre tarjeta de contacto y tarjeta sin contacto, sin que esta distinción altere en modo alguno su esquema de funcionamiento. Las tarjetas inteligentes de contacto requieren alimentación, un reloj externo y necesitan conexiones de entrada y salida de datos con el exterior. Además, el lector de tarjetas y la tarjeta completan un circuito cerrado, esto es, entran en contacto. Por su parte, en la tarjeta inteligente sin contacto, la alimentación y la comunicación con el lector se logra sin que sea necesario el contacto físico. Este último modelo está comenzando a ser operativo (pero, realmente, a nivel probatorio) en sistemas de pago de peaje, autoservicios, etc. El principal logro que aportan las tarjetas inteligentes sobre las tarjetas tradicionales está relacionado con la seguridad, ya que ninguna función o combinación de funciones puede tener como resultado el acceso a información sensible, al estar basada su operatoria en la implementación de una serie de algoritmos de encriptado y autentificación. a.3. Pago desde el teléfono móvil Pagar desde el teléfono móvil constituye la última posibilidad que se le ha ofrecido a los consumidores de llevar a término un pago electrónico. Antes de exponer cómo funciona en la práctica este modo de pago es necesario dejar constancia de que, en función de las variantes que se ofrecen a los clientes por parte de las empresas que prestan estos servicios, el pago desde el móvil puede estar situado dentro de los pagos electrónicos basados en una estructura trilateral o no estarlo. Hasta este momento, en España, han existido las siguientes iniciativas: Móvilpago, que es un proyecto de pago electrónico nacido de la colaboración del BBVA y de Telefónica; Pagomóvil, fruto de la unión entre BSCH y Airtel (Móvilpago y Pagomóvil se fusionaron en 2002, dando lugar a la compañía MobiPay); Caixamóvil, que aúna los esfuerzos de la Caixa y VISA; y Paybox que ha entrado en España de la mano de Deutsche Bank. De estos sistemas, que se encuentran prácticamente en pruebas, sólo MobiPay y Caixamóvil utilizan la tarjeta bancaria, como soporte del sistema, mientras que los otros dos sistemas usan tecnologías diferentes, al cargar los pagos de las compras en la factura telefónica o directamente en una cuenta del banco. 5
6 El servicio, al que en principio no se le ha establecido un límite máximo de gasto, se dirige a cubrir un mercado que no está siendo cubierto en la actualidad por las tarjetas como es el de las compras de pequeña cuantía (entradas de cine, taxis, etc), por lo deficitario que resultaría el sistema si se utilizaran éstas. Es coincidente a todos los modelos que se basan en una estructura trilateral la presencia de una entidad de crédito autorizando o negando la operación. Coincide que todos ellos operan sobre una tarjeta de crédito o una tarjeta de débito. Así, por ejemplo, unos modelos proponen que el pago por medio del móvil vaya asociado a una cuenta de tarjeta de crédito o de tarjeta de débito siguiéndose la secuencia de la operación del siguiente modo: el cliente le propone al establecimiento comercial pagar por medio del móvil y le da el número de ese móvil (si la compra es en Internet, introduce el número del móvil en el espacio reservado para ello) y se envía la información a la entidad de crédito. Se requiere que tanto el cliente como el establecimiento comercial pertenezcan al mismo sistema de pago con móvil. Seguidamente, la entidad de crédito llama al teléfono móvil del usuario para que confirme la operación de compra e introduzca el Número de Identificación Personal (NIP o PIN) que se le solicita. El NIP viene a identificarse jurídicamente con la prestación de consentimiento del cliente a la operación. Una vez que el cliente ha introducido el NIP y se lo ha enviado a la entidad de crédito, ésta comprueba que tiene saldo suficiente (si la tarjeta es de débito) o se ratifica en que entra dentro del crédito concedido a ese cliente (si la tarjeta asociada a ese móvil es de crédito) y autoriza la operación comunicándoselo, de nuevo, tanto al cliente como al establecimiento comercial. Junto a esta modalidad existe otra en la que también subyace de fondo la presencia de la entidad de crédito haciéndose cargo o no de la operación y es aquella en la que la propia tarjeta SIM del teléfono hace las veces de tarjeta de crédito. Esta tarjeta SIM (Módulos de Identidad del Abonado) que actualmente tiene una capacidad superior a 64 kbits está desarrollando ya la posibilidad de realizar varias funciones a la vez, siendo una de ellas la de actuar como tarjeta de crédito. En esta modalidad de pago, la entidad de crédito identifica el teléfono desde el que se pretende hacer el pago (precisamente, por medio de la tarjeta SIM), autorizando o negando la operación dependiendo de que tenga crédito o no lo tenga asignado a esa tarjeta. Llama la atención, por la originalidad del sistema, el modelo de pago electrónico que se está proponiendo desde la compañía fabricante de teléfonos NOKIA. Esta compañía está probando un nuevo sistema de pago por medio de móvil que actuará como tarjeta de débito. Según este modelo, lo único que tendrá que hacer el usuario cuando quiera pagar es pasar su teléfono móvil por un scanner. El scanner contactará con una red inalámbrica y el pago será descontado de su tarjeta de débito. B) Formas de pago electrónico no basadas en una estructura tripolar. Se introducen dentro de este epígrafe todas las modalidades de pago electrónico que no operan sobre la estructura clásica de las tarjetas de crédito en la que la entidad de crédito, en algún momento de la ejecución de la operación, tiene que conceder su autorización para que la operación pueda llevarse a efecto. 6
7 b.1. Monedero electrónico El monedero electrónico constituye el ejemplo más claro de pago electrónico no basado en la clásica estructura trilateral que se había venido observando en los modelos anteriores. En el orden de aparición de las clases de pago electrónico ocupa el tercer lugar después de la tarjeta de crédito y de la tarjeta de débito, siendo en este campo el fenómeno inmediatamente posterior a aquellas. Sin duda alguna, ayudó muchísimo en su nacimiento la facilidad de su manejo y lo práctico que era el cometido que estaba llamado a cumplir, ya que siempre ha sido concebido como la herramienta válida que sustituya a ese dinero conocido bajo la expresión calderilla (no en vano, el monedero electrónico ha nacido para captar el 85% de los pequeños pagos que se realizan en España, cuyo volumen asciende a diez billones de pesetas anuales). El soporte sobre el que opera el monedero electrónico también es una tarjeta, con las mismas dimensiones estándar que tiene cualquier tarjeta de crédito o de débito. La forma de operar del monedero electrónico es totalmente distinta a cualquiera de las que hemos visto para los modelos de pagos electrónicos anteriores, viniendo a consistir en que en el chip que va inserto en la tarjeta monedero se carga una determinada cantidad de dinero (cuyo límite máximo se suele situar en 60 ) desde cualquier cajero automático, para que, cuando se quiera utilizar en un establecimiento comercial con el ánimo de pagar una compraventa realizada, se pueda introducir en el Terminal de Pago Electrónico (a partir de ahora, TPE) de ese establecimiento y proceder a la descarga de la cantidad requerida desde esta tarjeta monedero. En esta operación no existe intermediación bancaria. Por otra parte, en ningún momento se requiere la autorización de la entidad de crédito a la operación, a semejanza de lo que ocurre en el pago mediante tarjeta de crédito o de débito, que pueda hacer pensar que se está operando sobre el esquema clásico de la delegación. El monedero electrónico nació para operar en un ámbito del mercado que quedaba fuera del campo de actuación de las tarjeta, como es el de los micropagos o pagos de pequeñas sumas conformado por el pago en pequeños establecimientos comerciales, cines, cafeterías, quioscos, etc. Aún con ello, al día de hoy, no se puede mantener que el monedero electrónico haya cumplido con las expectativas levantadas, ya que su implantación real ha sido menor de la esperada y su operatividad se ha visto bastante reducida, al no ser alto el número de establecimientos que lo aceptan. Los problemas con los que se está encontrando el monedero electrónico son básicamente dos: el uso del dinero en metálico que, aunque ha disminuido progresivamente su utilización, todavía continúa siendo el medio de pago más importante de las transacciones dinerarias y, en segundo lugar, la falta de interoperabilidad que ha existido hasta ahora entre los distintos sistemas de monedero electrónico. Aunque en un primer momento la interoperabilidad no se lograba por existir barreras entre los sistemas nacionales, actualmente ese problema ya no existe, habiéndose trasladado a un nivel internacional y traduciéndose en que los monederos electrónicos no se pueden utilizar, en la mayoría de los casos, fuera de cada una de las fronteras nacionales. 7
8 La excepción la constituyen los monederos electrónicos Suecos y Finlandeses, señaladamente el monedero electrónico finlandés Avant, que se puede recargar vía Internet y sirve también paga realizar pagos en la Red. (Vid. Rader, M. Böhle, K. Y Riehm, U. Forschungszentrum Karlsruhe, ITAS, 2001). Lógicamente, la razón de la no interoperabilidad entre sistemas de pago con monedero electrónico es consecuencia de la insuficiente infraestructura que se acusa en estos momentos. Desde la UE se está presionando a los bancos para que creen una estructura común, al estimarse que para los usuarios actuaría a modo de revulsivo y haría salir a esos medios de pago de la falta de aceptación que han tenido a nivel nacional. A lo largo de los últimos años han sido varios los proyectos que se han hecho en Europa buscando conseguir una mayor interoperabilidad y una mejor profusión de los monederos electrónicos. Aunque de fondo late la cuestión de la implantación de los medios de pago electrónico, unos abordan el tema del pago electrónico de una forma más directa que otros. El FIWG (Grupo de Trabajo de Asuntos Financieros) influyó directamente sobre el ECBS (Comité Europeo para las Normas Bancarias) que ha perseguido encarecidamente la idea de un monedero electrónico europeo multimoneda. Y, junto a estos proyectos, el CEPS (Grupo de Especificación Común sobre el Monedero Electrónico), formado por Europay, VISA Internacional, Proton, ZKA Germany, Sermepa España y American Express, lleva tiempo intentando aunar esfuerzos con el ánimo de lograr, lo más rápidamente posible, la tan ansiada interoperabilidad. Y, definitivamente, si la interoperabilidad es el fin inmediato a conseguir, la cooperación es el único medio de lograrlo y el camino a seguir. El problema que supone la interoperabilidad a nivel estructural viene dado porque los monederos electrónicos implicaron, en su momento, la primera clase de tarjetas que incorporaba un chip, dejando atrás a la banda magnética. Además de eso, otro problema que se plantea a nivel de interoperabilidad viene dado porque los chips de los monederos electrónicos son recargables, lo que supone habilitar y unificar medios que permitan que esa tarea pueda llevarse a efecto. Para terminar este apartado dedicado al monedero electrónico se ha de señalar que se pretende pasar de un modelo que pueda desarrollar distintas funciones (las propias del monedero electrónico, las de monedero telefónico, y las de monedero virtual) pero sin que sean interoperables entre sí, de tal forma que las cantidades depositadas en la parte destinada a monedero telefónico, por ejemplo, no puedan ser destinadas a pagar una compraventa realizada, a otros modelos en que sus funciones sí sean interoperables entre sí (intentando, ahora sí, que los saldos sean intercambiables). b.2. Algunos supuestos concretos de pago móvil Como ya apuntamos cuando estudiamos el pago electrónico realizado a través de móvil, de entre los distintos proyectos o alternativas que se están proponiendo sobre esta forma de pago, existen algunas modalidades de pago a través del teléfono móvil que no están basadas en esa estructura trilateral. Un ejemplo de esta forma de operar lo constituye el sistema de pago Paybox, que ha entrado en España de la mano de Deutsche Bank. En su operatoria, únicamente se exigen 8
9 tres requisitos: poseer un teléfono móvil, una cuenta bancaria en cualquier entidad financiera de España y darse de alta en Paybox. Su forma de proceder es la siguiente: una vez seleccionado un producto en Internet, hay que elegir la modalidad de pago Paybox (que el establecimiento virtual debe ofrecer en su Web) e introducir el número del teléfono móvil. Cuando se ha hecho esto, se procede a enviar los datos de la transacción a Paybox, que, a su vez, llamará al móvil del cliente para solicitar la autorización de la compra. Si el comprador autoriza el pago (tecleando en el móvil el número secreto que recibió), Paybox confirmará la transacción en el móvil y en la página Web. Por último, se cargará en la cuenta corriente del comprador la compra efectuada. b.3. Dinero digital El dinero digital representa la generación más avanzada de estos medios de pago y su futuro más prometedor. El estado de incipiente desarrollo en el que se encuentra trae consigo que cualquier mención que de él se haga pueda ser contradicha por la historia, ya que los cambios propiciados por su propia evolución hacen que sea incierto su futuro más cercano. La Directiva 2000/46/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 18 de septiembre de 2000, sobre el acceso a la actividad de las entidades de dinero electrónico y su ejercicio así como la supervisión cautelar de dichas entidades, cuando trata de definir el dinero electrónico en su artículo 1 dice de él que es un valor monetario representado por un crédito exigible a su emisor: (i) almacenando en un soporte electrónico, (ii) emitido al recibir fondos de un importe cuyo valor no será inferior al valor monetario emitido, (iii) aceptado como medio de pago por empresas distintas del emisor. En el dinero digital, la entidad de crédito o la entidad emisora de dinero digital crea billetes digitales por la cantidad que el cliente requiera, estando formado cada billete por una secuencia de 15 dígitos que opera en Internet mediante un software específico para él. Una vez que el banco ha creado los billetes digitales, el particular sólo podrá utilizarlos desde su ordenador personal si posee el software y el hardware necesario para hacerlo. Se requiere que el ordenador personal tenga una tarjeta inteligente (al igual que tiene una tarjeta de red o una tarjeta de televisión) llamada wallet, que será en la que se almacene el dinero digital hasta que su propietario decida utilizarlo. En concreto, la forma de operar del dinero digital, que es lo que sirve para diferenciarlo de las otras formas de dinero electrónico, es la siguiente: El comprador adquiere el dinero digital del banco o entidad emisora (cada unidad monetaria digital es un fichero que lleva incorporado un número identificativo). Una vez que lo tiene incorporado en su ordenador personal, donde necesitará de un hardware especial para operar con él (conocido como wallet), podrá utilizarlo para realizar compras en Internet, de tal forma que, cuando decida comprar un producto, a la hora de realizar el pago, le enviará un billete digital al vendedor por cualquiera de los Potrocolos de seguridad (SET ó SSL). El comerciante recibe el dinero digital y lo reenvía a la entidad que lo emitió para que ésta compruebe su validez y anote su uso. Una vez comprobada su validez se lo hace saber en tal sentido al establecimiento comercial, al tiempo que se lo abona en la cuenta de ese 9
10 establecimiento. Por último, el establecimiento comercial procede a realizar el envío de la mercancía. Aunque los términos de dinero electrónico y dinero digital son utilizados como sinónimos por muchos autores y en la práctica suele utilizarse en el mismo sentido, siendo precisos, cabría establecer diferencias entre ellos en cuanto el primero es más amplio que el segundo, que es sólo una de las clases de dinero electrónico junto a otras modalidades como Netcheque (posibilidad de emitir cheques digitales), Cibercash (posibilidad de realizar pagos en Internet a partir de una tarjeta de crédito), el propio dinero que va en un monedero electrónico, o el pago realizado por medio de tarjetas. Todas y cada una de estas formas son distintas variantes de dinero electrónico, entendido como contraposición al dinero clásico. El dinero digital se distingue del monedero electrónico (otra variante distinta del dinero electrónico) en que mientras que en éste último las unidades monetarias van en el propio chip, en el dinero digital no ocurre así y las unidades monetarias no son las que circulan, sino que lo que circula son equivalentes de ese valor monetario en soporte digital. En el artículo 3 de la Directiva 2000/46/CE se señala que: 1. El portador de dinero electrónico podrá, durante el período de validez, solicitar al emisor que se lo reembolse al valor nominal por monedas y billetes de banco o por transferencia a una cuenta sin otros gastos que aquellos que resulten estrictamente necesarios para realizar la operación. 2. El contrato entre el emisor y el portador estipulará claramente las condiciones de reembolso. 3. El contrato podrá prever un límite mínimo para el reembolso. El límite no podrá superar los diez euros. La compañía con más prestigio que opera en este campo del dinero digital es Digicash. Fundada en 1990 en Ámsterdam por David Chaum, ha sido una de las empresas que más han aportado al concepto de dinero digital. La diferencia con otras compañías que persiguen ganarse el mercado del pago en Internet radica, para una parte, en que éste es un sistema de pago anticipado donde se adquiere previamente el dinero del banco y, por otra, en que permite la compra anónima ya que no requiere autentificación. En la forma de pago ofrecida por Digicash, será ella misma quien emita dinero digital. Las entidades emisoras de dinero digital deben ser, según manda el artículo 1.4. de la Directiva 2000/46/CE, entidades de crédito tal como se definen en el punto 1 del artículo 1 de la Directiva 2000/12/CE, relativa al acceso a la actividad de las entidades de crédito y a su ejercicio artículo éste que, a su vez, fue modificado por la Directiva 2000/28/CE en el que se establecía que serían entidades de crédito: a) una empresa cuya actividad consiste en recibir del público depósitos u otros fondos reembolsables y en conceder créditos por cuenta propia o, b) una entidad de dinero electrónico con arreglo a la Directiva 2000/46/CE del Parlamento Europeo y del Consejo. Por último, es menester decir que las preocupaciones a los que de una forma constante hacen referencia los autores que han tratado la materia se recogen en un informe dado por el Banco Central Europeo (Report on Electronic Money, agosto, 1998, pp. 13 y ss.) y vienen a ser: el 10
11 funcionamiento eficaz de estos medios de pago, la confidencialidad de las transacciones, la protección de los consumidores y comerciantes, la estabilidad de los mercados financieros y la protección frente a delitos. C) Otras formas existentes de realizar un pago electrónico Dentro de este epígrafe entran el resto de formas que existen actualmente de realizar un pago electrónico y que pueden estar basadas en una estructura trilateral (propia del sistema de pago con tarjeta) o no estarlo. Los que están basados en un sistema de tarjeta han quedado recogidas aquí y no en los del grupo A), porque acuden al esquema propio de las tarjetas de una forma indirecta o residual. Esto es, cada una propone un modelo de pago electrónico distinto de los demás y sólo es coincidente con el resto en que, al final, el último paso consistente en dar el número de una tarjeta. Conforman este grupo de posibilidades de pago electrónico, basados o no en un sistema de tarjeta, los siguientes: c.1. F.S.C.T. (Financial Services Technology Consertium) F.S.C.T. es un consorcio americano de bancos y organismos gubernamentales que tiene entre sus fines la creación de un sistema de cobro de Cheques Electrónicos. La operatoria de esta forma de pago electrónico es la siguiente: Se requiere que el ordenador personal del cliente y el del comerciante asociados a esta modalidad de pago tengan un software y un hardware especialmente adaptado para que pueda practicarse. El hardware se implementa en el ordenador personal del pagador en forma de tarjeta inteligente y hace las veces de un procesador seguro. Este procesador seguro genera los cheques electrónicos que consisten simplemente en órdenes de pago firmadas digitalmente. Una vez generado, el cheque es enviado electrónicamente al establecimiento comercial, que lo recibe y lo acepta firmándolo digitalmente para, seguidamente, enviárselo al banco con el fin de que lo haga efectivo. c.2. CheckFree CheckFree Corporation es una entidad financiera estadounidense que exige, para poder operar con ella, que sus clientes (particulares o empresas) posean una cuenta en ella. En el modelo de pago electrónico que ofrece esta compañía, el usuario debe ponerse en contacto con ella vía módem (sin pasar por Internet) y enviar una orden de pago. CheckFree, dependiendo del tipo de contrato que haya concertado con el cliente, de crédito o débito, procederá a realizar la Transferencia Electrónica de Fondos (a partir de ahora, T.E.F.) a favor del establecimiento comercial beneficiario de la misma. c.3. First Virtual First Virtual también es una compañía que ofrece la posibilidad de que, a través de ella, se realicen pagos en Internet, con la particularidad de que es de los pocos modelos que no hace uso de la criptografía. También exige que tanto el la persona que quiere realizar el pago como el establecimiento comercial estén afiliados a su red. Con la afiliación, al consumidor se le facilita un 11
12 PIN que utilizará en cada transacción, previa aportación por parte de éste de un número de tarjeta de crédito, VISA o Mastercard. La forma de ejecutar un pago electrónico por First Virtual es la siguiente: El cliente le presenta (vía Internet) su número de identificación de FV al comerciante quien, a su vez, se lo remite a FV para que certifique la legitimación del particular y autorice la operación. comprobado ese extremo, FV le envía un correo electrónico al cliente para que confirme la operación con los datos que le ha dado a ella el comerciante. Si el cliente autoriza o confirma la operación, también vía correo electrónico, FV le comunicará al comerciante la autorización y éste, a su vez, le informará al consumidor de que ha procedido a realizar el envío de la mercancía. c.4. NetMarket Es un sistema de fácil funcionamiento en el que el único requerimiento que se exige es que tanto el usuario del sistema como el establecimiento pertenezcan a NetMarket. Consiste en un intercambio de correos electrónicos en el que el consumidor le da una orden de pago a NetMarket y esta compañía, a su vez, le devuelve con otro correo electrónico su intención de autorizar o denegar la operación. En la operatoria de este sistema también se exige que el usuario del sistema haya facilitado previamente un número de tarjeta de crédito a cuyo cargo se anotará el importe de las compras efectuadas. La confidencialidad de los datos se logra mediante el modelo Pretty Good Privacy para encriptar los números de tarjeta de crédito que van en los mensajes. c.5. NetBill NetBill ha surgido de la Unión de Visa Internacional y la Universidad Carnegie Mellon y tiene por finalidad dar solución de pago al mercado formado por la venta de información digital que puede ser enviada electrónicamente: música, libros electrónicos, software, etc. Se exige que, con carácter previo a realizar cualquier operación, todos los usuarios tengan una cuenta abierta en NetBill. Su forma de ejecutar una operación es la siguiente: Cuando, por ejemplo, un usuario desea recibir electrónicamente un periódico, a cambio le envía una orden de pago al vendedor y éste, a su vez, según le llega, la reenvía a NetBill que deberá autorizar la compra realizando una transferencia de la cuenta del comprador a la del comerciante. Tanto la orden de pago que emite el consumidor como la información y detalles de la compra que da el comerciante es información cifrada y cada parte no conoce los datos que la otra le ha remitido a NetBill. El usuario conocerá los datos completos de la compra después de que NetBill previamente le haya facilitado la Clave de Encriptación. La operación termina cuando, tras aceptar la compra, el Servidor NetBill realiza la transferencia y emite los justificantes de la operación para cada una de las partes. c.6. NetCash y NetCheque Tanto una forma de pago electrónico como otra utilizan el mismo sistema creado por la Universidad Sur California en NetCash y NetCheque operan bajo el mismo protocolo, que puede adoptar dos formas distintas: la de E-cash (NetCash) o la de cheque digital (NetCheque). 12
13 NetCash es similar a DigiCash y opera de la misma forma, mientras que NetCheque sigue una forma de operar similar a la de CyberCash (que seguidamente veremos) y opera sobre la estructura de una tarjeta de crédito. Lo más característico de NetCheque es que la seguridad del protocolo se basa en Kerberos. Para utilizar un cheque el usuario especifica los datos y el software del cliente obtiene un ticket de Kerberos para esa operación. Parte del cheque luego se codifica y se envía al destinatario. Al recibirlo el vendedor, el software de su ordenador lee la parte no codificada del mismo, extra el ticket de Kerberos y lo reenvía a NetCheque que es quien en último lugar valida la operación. c.7. Cybercash Es uno de los modelos de pago electrónico que más trascendencia ha tenido dentro de las formas de pago en el comercio electrónico desde 1994, año en que se fundó la compañía. Exige que todos los usuarios del Sistema tengan su software y opera a modo de pasarela entre Internet y los emisores de tarjetas. El software del consumidor, llamado wallet, está unido a varias cuentas bancarias o a las tarjetas de crédito y con él se encriptan los datos, realiza un registro de todas las transacciones y está protegido por contraseña. El comerciante tiene otro similar. Los pasos a seguir, al tiempo de realizar una operación acudiendo a Cybercash son los siguientes: Una vez seleccionado por el cliente en Internet el producto que desea adquirir, el software del vendedor le envía una factura firmada digitalmente al wallet del consumidor. Cuando éste lo recibe manda una petición de pago al vendedor que, a su vez, se la reenvía a Cybercash. Cybercash comprobará en su directorio de claves públicas si la clave que viene en el mensaje es la que le corresponde a ese usuario y, si es así, redirige el mensaje al banco emisor de la tarjeta solicitándole la autorización a la operación. (A cada usuario le corresponden dos claves: una pública y una privada. Únicamente Cybercash conoce las claves públicas de todos sus afiliados. La comunicación entre consumidor y comerciante se lleva siempre en claro, mientras que la comunicación de cada uno de ellos con Cybercash es siempre protegida, de tal forma que el comerciante nunca verá el número de la tarjeta y Cybercash no sabrá cuál es el producto que se compra, ya que únicamente se requiere que se detalle la referencia y el tipo.) El banco emisor de la tarjeta contesta a Cybercash autorizando la operación quien, a su vez, se lo transmite al vendedor. En el último momento, el vendedor le confirma al comprador que su pago ha sido aceptado y le comunica que procede a efectuarse el envío de las mercancías. La realización de toda la operación no excede de un minuto de tiempo. Los modelos aquí expuestos de cómo se puede realizar un pago electrónico son sólo unos pocos, de los muchos que existen. Aunque la diversidad de formas de pago electrónico puede parecer grande, llama la atención cómo existe un esquema común a muchos de ellos sobre el que operan. En efecto, muchos de estos sistemas operan de igual forma (sobre la estructural trilateral de las tarjetas), siendo la única diferencia que existe entre ellas la compañía que ofrece el servicio. Y es que en un gran número de las propuestas que se hacen actualmente, el modelo ofrecido termina por recurrir a la autorización que debe conceder el emisor de una tarjeta, porque una gran 13
14 cantidad de estos modelos exigen a los que pretenden participar como usuarios del sistema que faciliten el número de una tarjeta donde se le irán repercutiendo los cargos. ESPECIAL REFERENCIA AL PAGO CON TARJETA 1. Introducción 1.2. Clases de tarjetas Seguiremos en este extremo la clasificación ofrecida por BARUTEL MANAUT y distinguiremos atendiendo a los siguientes criterios: A. Por el emisor: - Tarjetas bancarias: las emitidas por una entidad de crédito. - Tarjetas no bancarias: las emitidas por establecimientos comerciales. Ej. T. de El Corte Inglés. B. Por la titularidad de la marca: - Tarjetas de marca propia: El emisor es el propietario de la marca. Ej. Cortefiel. - Tarjetas de marca compartida. El emisor comparte la marca con otros emisores. T Tarjetas compartidas por varias marcas. Aquí dos marcas figuran como emisores de la tarjeta. Desarrolladas especialmente por compañías aéreas. Ej. T. TWA VISA. C. Por su ámbito de aplicación. - Tarjetas de ámbito local. T. Unicuenta (sólo para Madrid); Carte D Or (sólo para Paris). - Tarjetas de ámbito nacional. - Tarjetas de ámbito internacional. D. Por los elementos personales que intervienen. - Tarjetas bilaterales. Ej. El Corte Inglés. - Tarjetas trilaterales. Ej. Ts. Bancarias. - Tarjetas familiares. - Tarjetas de empresa. E. Por la función que realizan: - Tarjetas de crédito. - Tarjetas de débito. - Tarjetas de pago. F. Otros elementos de clasificación: Por su aceptación; por los elementos materiales que incorpora; por los servicios accesorios o complementarios que prestan al titular; por el segmento de clientela al que van destinadas; por las contraprestaciones del titular (gratuitas vs. Onerosas); por el modo de gestionar la tarjeta. 14
15 1.2. Legislación aplicable al pago con tarjeta LEGISLACIÓN NACIONAL - Circular n.º 8/1990, de 7 de septiembre, de Entidades de crédito. Transparencia de las operaciones y protección de la clientela. - Art. 46 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista. - Art. 3 del Proyecto de Ley de modificación de la LOCM. - Proposición de Ley 122/ Transacciones efectuadas mediante tarjetas como instrumento electrónico de pago. Presentada por el Grupo Parlamentario Socialista. LEGISLACIÓN DE LA UE. - Directiva 2000/46/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 18 de septiembre de 2000 sobre el acceso a la actividad de las entidades de dinero electrónico y su ejercicio así como la supervisión cautelar de dichas entidades. - Recomendación de la Comisión de 8 de diciembre de 1987 sobre un Código europeo de buena conducta en materia de pago electrónico (Relaciones entre organismos financieros, comerciantes-prestadores de servicios y consumidores) (87/598/CEE). - Recomendación de la Comisión de 17 de noviembre de 1988 relativa a los sistemas de pago y en particular a las relaciones entre titulares y emisores de tarjetas (88/590/CEE). - Recomendación de la Comisión de 30 de julio de 1997 relativa a las transacciones efectuadas mediante instrumentos electrónicos de pago, en particular, las relaciones entre emisores y titulares de tales instrumentos (97/489/CE) Supuesto de hecho objeto de análisis De entre todas las formas en que puede practicarse un pago electrónico, sólo el pago a través de tarjeta de crédito será tenido en cuenta para desarrollar este trabajo. En concreto, el modelo de operación de pago con tarjeta de crédito que se analizará será el siguiente: la operación comienza con la identificación del titular de la tarjeta mostrando su DNI. Inmediatamente después, el cliente cede la tarjeta al empleado del establecimiento para que éste la pase por el lector del TPV. La emisión de datos que se realiza desde el terminal es recogida por la entidad de crédito del establecimiento que, a su vez, la reenvía al gestor nacional del sistema. Éste último la recibe y la hace llegar a la entidad de crédito del cliente que emitió la tarjeta para que autorice o deniegue la operación, dependiendo de las condiciones pactadas. Si la deniega se lo comunica al titular de la tarjeta y le dará las razones, y si la autoriza se lo comunica en tal sentido al gestor nacional del sistema. Éste, a su vez, le remite la información de vuelta a la entidad de crédito del establecimiento comercial. El último momento de la operación consiste en que la entidad de crédito del establecimiento comercial le hace llegar la aceptación de la operación a éste por el TPV, posibilitando que la operación de pago electrónico pueda efectuarse. Este ciclo de ida y vuelta de la información se cierra con la firma de la nota de cargo que realiza el cliente. La última fase de la operación se corresponde con el pago de la entidad de crédito al establecimiento comercial. 15
16 Toda la operación se ejecuta en unos cuantos segundos y tiene idéntica mecánica de funcionamiento si la tarjeta que se utiliza es de débito El pago con tarjeta implica una modificación subjetiva pasiva Partiendo del modelo de pago electrónico descrito para las tarjetas de crédito, la sustitución de deudores se presenta como una de las consecuencias más importantes que acontece con su uso. El cambio de deudor se produce cuando la entidad de crédito emisora/gestora de la tarjeta acepta la orden de pago que le envía el titular de la tarjeta. Desde ese momento será dicha entidad de crédito quien tenga que responder de la deuda frente al establecimiento, representando esta circunstancia la variación principal que experimenta la relación obligatoria que vincula al cliente (usuario de tarjeta) con el establecimiento comercial. Ofrecer una visión del pago electrónico desde esta perspectiva y no desde otra (como puede ser la concesión de crédito que lleva consigo la tarjeta) tiene sus inconvenientes, al ser la modificación subjetiva pasiva de la relación obligatoria un tema polémico entre la doctrina, que ha generado opiniones enfrentadas y más de una legendaria discusión doctrinal todavía abierta al día de hoy. La razón de que este planteamiento sea espinoso y complicado reside en que detrás del cambio de deudor laten un número de instituciones difíciles de distinguir y de delimitar entre sí, como son la delegación de deuda, la asunción, la expromisión, o el pago del tercero. Una vez señalado que cuando la entidad de crédito emisora/gestora de una tarjeta admite la orden de pago cursada por un titular jurídicamente está aceptando hacerse cargo de la deuda de ese titular, el paso siguiente consistirá en dilucidar si esa modificación implica novación extintiva de la obligación o si, por el contrario, se queda en una simple modificación. Llegado el momento de tener que pronunciarnos sobre el alcance de las modificaciones que se ocasionan en la obligación que vincula al titular de la tarjeta con el establecimiento comercial por la utilización de estos modernos medios de pago estimamos que esas alteraciones no tienen efectos novatorios, sino simplemente modificativos. No obstante, sólo nos inclinamos por esta solución después de realizar una valoración en conjunto de los argumentos de ambas teorías y atendiendo especialmente a las siguientes razones: En primer lugar, según el artículo 1203 Cc, que es el artículo en el que gran parte de la doctrina fundamenta el cambio de deudor, la sustitución de sujetos pasivos en la obligación genera una novación meramente modificativa. Independientemente del esfuerzo vertido con el ánimo de aclarar su verdadero significado, lo que sí parece claro es que existe un acuerdo doctrinal mayoritario coincidente en señalar a este artículo como cimiento sobre el que se asienta toda la figura del cambio de deudor. El segundo argumento del que nos servimos para justificar que el cambio de sujeto pasivo acontecido en el pago electrónico produce una novación simplemente modificativa viene otorgado por la jurisprudencia. 16
17 En este sentido, el Tribunal Supremo se muestra favorable a admitir que la sustitución de deudores produce una novación modificativa como puede observarse, de entre las sentencias más recientes de la Sala Primera, en las siguientes: Sentencia de 7 de junio de 1982 (RJA 3407); 22 de noviembre de 1982 (RJA 6554); 10 de enero de 1983 (RJA 161); 20 de marzo de 1984 (RJA 1311); 27 de noviembre de 1990 (RJA 9056); 27 de junio de 1991 (RJA 4632); 20 de mayo de 1997 (RJA 3890); 9 de diciembre de 1998 (RJA 9881); de noviembre de 1999 (RJA 7529); 9 de marzo de 2000 (RJA 1349). El tercer argumento surge de la voluntad de las partes que actúan en el negocio. En el contrato de emisión de tarjeta que celebran el titular y el emisor de la tarjeta no se estipula expresamente que quieran otorgarle efectos novatorios al cambio de deudor, exigencia ésta que, como hemos visto, viene siendo requerida por el artículo 1204 Cc para que se produzca la extinción de la obligación y la posterior creación de otra nueva (ni existe incompatibilidad entre obligaciones). Verdaderamente, más bien, parece que lo deseado por el titular de la tarjeta es liberarse temporalmente de hacer el pago y retrasarlo hasta un momento posterior (no pagar efectivamente en el momento de realizar la compra, sino en un tiempo ulterior) y frente a otra persona (no pagar efectivamente frente al establecimiento comercial, sino frente a la entidad de crédito). Este modo de pensar conduce a la idea de que las tarjetas pueden ser entendidas como un instrumento cuyo uso implica una modificación de las obligaciones o, lo que es lo mismo, el titular de la tarjeta interfiere el curso natural de la obligación con el uso de la tarjeta (que le llevaba irremediablemente a pagar en ese instante), en el sentido de que sirve de mecanismo perturbador de la obligación en el momento justo en que le corresponde a él hacerse cargo del pago, transmitiendo ese deber a la entidad de crédito emisora de la tarjeta. Además de estas razones, el pago con tarjeta de crédito cumple los requisitos solicitados para la novación modificativa. La doctrina que ha venido estudiando la figura clásica se muestra coincidente en reclamar los siguientes requisitos para que pueda hablarse de novación modificativa: 1. Existencia de una obligación válida; 2. Alteración de alguno de los elementos (estructurales, para algunos) de la obligación; 3. Declaración expresa de las partes de querer modificar, o ausencia de incompatibilidad entre la obligación y las alteraciones introducidas en la misma. Uno a uno, estos elementos se cumplen para el pago electrónico: la obligación contraída por el titular de la tarjeta con el establecimiento comercial ha sido válidamente celebrada; la alteración producida en la obligación a causa del uso de un medio de pago electrónico viene dada por la sustitución del sujeto pasivo; Y, sobre el tercero de los requisitos, nos remitimos a lo ya explicado en este mismo apartado y que justifica su cumplimiento. Por otra parte, a las variaciones que experimenta el quantum debido (la entidad de crédito recibe una cantidad menor de la debida, al aplicársele el descuento), la forma de pago (no se paga con dinero en efectivo, sino por un medio alternativo) y el tiempo (el establecimiento comercial recibirá el dinero efectivamente unos días después de realizarse la operación) la doctrina le otorga simplemente valor modificativo. 17
18 2. Teorías sobre la naturaleza jurídica del pago electrónico Teoría de la estipulación a favor de tercero De entre las distintas teorías que han hecho referencia a la naturaleza jurídica de las tarjetas como medio de pago, la mantenida por NÚNEZ LOZANO es la que de un modo más completo desarrolla la idea de que estas formas de pago operan sobre una estipulación a favor de tercero. El autor mantiene que la institución jurídica en la que se funda el pago electrónico es la estipulación a favor de tercero, pero con la particularidad de que no alcanza esa conclusión después de realizar un análisis global de toda la operación, sino atendiendo exclusivamente al contrato de afiliación al sistema de tarjeta celebrado entre el emisor y el establecimiento comercial. El argumento principal que ofrece NÚNEZ LOZANO es el derecho que tiene el titular de la tarjeta a utilizarla. Para él ese derecho nace de la estipulación a favor de tercero y permite que los titulares de las tarjetas de crédito no tengan que ser entendidos como simples beneficiarios indirectos, ni como simples destinatarios de la prestación, sino como titulares de un verdadero derecho de crédito ejercitable frente al obligado: el derecho a utilizar en el establecimiento comercial sus tarjetas como medio de facilitación de los pagos. Los argumentos que hacen debilitarse la opción por la estipulación a favor de tercero pueden resumirse en los siguientes: En primer lugar, esta teoría propugna que el derecho a poder utilizar la tarjeta lo otorga el contrato de admisión de tarjetas de crédito celebrado entre el establecimiento comercial y la entidad de crédito, amparándose para ello en una cláusula (de redacción confusa) que comúnmente aparece recogida en los contratos de aceptación de tarjeta. En la mayoría de estos contratos existe una cláusula redactada de forma parecida a esta: El establecimiento adherido se compromete a aceptar, en pago de ventas efectuadas o de los servicios prestados, cualquier tarjeta admitida por SISTEMA 4B, S.A. identificable por las características detalladas en los emblemas y distintivos enviados a los establecimientos. En nuestra opinión, la no concesión más explícita de un derecho a un tercero es un impedimento importante para que esta cláusula sea concebida como una estipulación a favor de tercero porque, más que el otorgamiento de un derecho a un tercero, lo que contiene es la imposición de una obligación al establecimiento comercial. Aparte de esto, también se necesitaría que en ella se contuviera alguna referencia clara al tercero, aunque no fuera a un tercero determinado sino sólo determinable, y esto es algo que no se aprecia. Por otra parte, el derecho a utilizar la tarjeta no le viene dado a su titular en forma de estipulación a favor de tercero contenida en el contrato de aceptación de tarjeta, sino que le es conferido por el contrato de emisión de tarjeta celebrado entre la entidad de crédito y el propio titular de la tarjeta. El autor postula que el contrato de admisión de tarjeta es el que le concede el derecho a utilizarla, pero para indicar inmediatamente después que ese derecho resulta configurado en su contenido por las condiciones generales reguladoras del contrato que liga al titular de la tarjeta y al emisor. Con ello tenemos que, según esta teoría, mientras que es un contrato el que le concede el derecho, es otro distinto el encargado de regularlo, algo que no parece 18
19 muy lógico. Se puede pensar que es más coherente la teoría que mantiene que el derecho a utilizar la tarjeta lo concede y regula el mismo contrato, el contrato de emisión de tarjeta. Otra prueba determinante que lleva a descartar la teoría de la estipulación a favor de tercero viene constituida por el doble consentimiento que debe prestar la entidad de crédito. Si el pago electrónico se construyera sobre una estipulación a favor de tercero, una vez que el estipulante y el promitente (entidad de crédito y establecimiento comercial) se ponen de acuerdo en la estipulación sólo se requerirá el consentimiento del tercero para que ésta no pudiera revocarse. Y, sin embargo, en el pago electrónico la entidad de crédito debe prestar dos veces el consentimiento, una de un modo general cuando se perfeccionan los contratos y otra a cada una de las operaciones. Al tener que prestar el consentimiento a cada una de las operaciones se descarta la estipulación a favor de tercero, porque después de concertada se continúan requiriendo nuevas manifestaciones de consentimiento, algo que no es solicitado por la figura. La justificación de que la entidad de crédito tenga que prestar por segunda vez su consentimiento reside en el propio interés que tiene en la operación y es lo que distingue a la estipulación de otras instituciones como la delegación o la asunción que cumplen una finalidad parecida. Teoría de la expromisión Es BARUTEL el autor que propone entender el pago electrónico como una asunción de deudas novativa y realizada por medio de una expromisión. En concreto, BARUTEL mantiene en su obra que la razón principal por la que hay que catalogar al pago electrónico como una expromisión reside en que la iniciativa en la operación parte de la entidad de crédito, que haría las veces de expromitente. Con este planteamiento, en nuestra opinión, BARUTEL parece confundir el momento de perfección del contrato de aceptación de tarjeta con la perfección de una expromisión ya que cuando el establecimiento comercial presta su consentimiento a la entidad de crédito en el contrato de adhesión al sistema de tarjeta no presta el consentimiento a una expromisión, sino a afiliarse al sistema de pago electrónico para, de ese modo, pasar a formar parte de la red de establecimientos adheridos al sistema de tarjeta, y desde aquí entendemos que ambos momentos no son equiparables. Admitido esto, la cuestión siguiente consistirá en determinar el momento en que el establecimiento comercial y la entidad de crédito podrían haber acordado la expromisión. Ello nos lleva necesariamente a un segundo tiempo o momento que se corresponde con aquél en que se utiliza la tarjeta. Más bien habrá que entender, en contra de la opinión de BARUTEL, que será este acto el que deba ser tenido en cuenta para saber de quien parte la iniciativa en la operación que permite el cambio de deudor (y no aquél otro en que se celebran los contratos). Pensar que es éste el tiempo que debe considerarse, y no aquél que proponía BARUTEL, produce una variación importante, porque de concederle la iniciativa a la entidad de crédito pasará a ostentarla el titular de la tarjeta, lo que implicará, a su vez, que desde ese momento la operación no pueda estar regida por la expromisión (en la que la iniciativa en la operación nunca podrá recaer en el deudor originario) y sí por otras figuras distintas como son la delegación de deuda o la asunción. 19
20 La segunda razón que nos lleva a pensar que en el pago electrónico no rige una expromisión tiene en cuenta la orden de pago que el titular de la tarjeta emite a la entidad de crédito. Desde el instante que el nuevo deudor actúe movido por una orden que recibe del antiguo la operación no podrá calificarse como una expromisión, al haberse eliminado la espontaneidad que preside y exige esta figura. Ésta es, sin lugar a dudas, una de las razones de mayor peso que alejan al pago con tarjeta de crédito de la expromisión y lo acercan a otras instituciones como la delegación y la asunción en las que la operación se inicia a partir de una orden de pago emitida por el deudor originario. La potestad de emitir órdenes de pago está basada en la relación contractual que les une, al ser contemplada esa posibilidad como un derecho que le corresponde al titular de la tarjeta. Además de ello, esa orden se puede interpretar como que el titular está prestando su consentimiento a la operación (consentimiento éste que no se contempla en la institución de la expromisión). Teoría de la asunción de deuda Para nosotros, en el pago electrónico opera la asunción de deuda como efecto pero no como mecanismo (o, al menos, no como mecanismo final), ya que estimamos que la asunción de deuda debiera ser entendida como un efecto al que se llega después de que operen otras instituciones (como la delegación o la expromisión) que actúan como su mecanismo. La asunción de deudas no debiera ser concebida como un mecanismo final (como hace el Tribunal Supremo), básicamente porque siempre se remite a otros tipos negociales para ponerse en práctica, como puede comprobarse en el hecho de que, desde sus orígenes, siempre ha tenido dos formas de materializarse: por acuerdo del nuevo deudor con el acreedor (expromisión) o por acuerdo del antiguo deudor con el nuevo más el consentimiento del acreedor (delegación). Dos son las razones que han influido para que estimemos más correcta esta concepción de la institución: En primer lugar, la configuración tan particular que tiene nuestro ordenamiento jurídico (en relación con otros) en lo que respecta a la modificación de la obligación, donde se admite la posibilidad de que exista una novación meramente modificativa. La necesidad que se manifiesta en los Derechos vecinos de buscar un mecanismo alternativo a la novación, y que se generó con el debate a que dio lugar la obra de DELBRUCK, no surgió en el nuestro, al verse aminorada esa necesidad por el desarrollo histórico que experimentó la novación hacia una novación meramente modificativa. El espacio dentro del Derecho que se reclamaba en esos países vecinos para la asunción de deuda, con el fin de que sirviera como alternativa o excepción a la novación, ya estaba cubierto en el nuestro por la novación modificativa. Admitiendo que en Derecho español pueda existir una delegación de deuda que produzca una simple novación modificativa (y no necesariamente una novación extintiva), no urge la necesidad de tener que adoptar la institución de la asunción de deudas (a diferencia de otros ordenamientos). En segundo lugar, ya comienzan a surgir posturas doctrinales que le conceden a la asunción un valor distinto al que le viene otorgando el Tribunal Supremo. De este modo, mientras que gran parte de la doctrina la sitúa a la par de la expromisión y de la delegación (los dos mecanismos clásicos de actuación de la novación subjetiva pasiva), la obra monográfica que ADAME o 20
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References: Artículo 2
 artículo 1
 artículo 1
 artículo 1
 artículo 3
 artículo 1
 artículo 1
 artículo 1203
 artículo 1204