Source: http://2001.atrio.org/sd001_240501.htm
Timestamp: 2019-04-21 08:49:19+00:00

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SerDoc. Nº 1. 24-05-01
Abusos sexuales a monjas:
· ¿Por qué remover este triste asunto?
· El informe de una psicóloga benedictina
· La resolución del Parlamento Europeo
· La revista "Nigrizia" de los Padres Combonianos
· Los documentos del National Catholic Reporter
· Notas y otros documentos citados
Dossier sobre abusos sexuales a monjas:
¿Por qué remover este triste asunto?
El 21 de Marzo de 2001 publicaba El País en primera página este titular: "EL VATICANO RECONOCE QUE CIENTOS DE MONJAS HAN SIDO VIOLADAS POR MISIONEROS". No me llamó la atención, pues el día anterior la agencia ZENIT había informado de la opinión del Vaticano sobre lo que publicaba La Repubblica a propósito de los documentos dados a conocer por el National Catholic Reporter. El portavoz de la Santa Sede admitía que estos documentos habían sido presentados hacía varios años o meses a distintos dicasterios de la Santa Sede y que estaban siendo estudiados.
A parte de otras reacciones y declaraciones que salieron en prensa, me llegaron por Internet dos reacciones distintas: el domingo 25 una declaración llena de comprensible dolor de los movimientos "Mujeres y Teología" y MOCEOP, denunciando el silentísmo, la hipocresía y las causas profundas de los hechos. Y otra comunicación, puesta en circulación el día siguiente en la red en rápida operación de contrainformación, de un misionero Javeriano, Salvador Romano Vidal, en la que arremetía contra El País, al que acusaba de calumniar con alevosía por haber hablado de "centenares de violaciones" y haber puesto en el titular "misioneros" en vez de "sacerdotes indígenas". Como el autor de la comunicación, que es Vicepresidente de la Unión de Institutos Misioneros, se manifestaba informado, conocedor de la realidad africana y del National Catholic Reporter, parecía que el asunto estaba zanjado y que el provocador había sido El País.
Tras buscar información y quedar impresionado por ella, tuve la idea de ofrecerla en la red para la opinión pública española que parecía haber sepultado ya el tema. Pasaron las semanas y la intención fue quedando en nada, en contra del consejo del misionero Salvador Romano Vidal: "¡Si la prensa oficial no dice la verdad, digámosla por la red!".
Hoy me he decidido a poner a disposición de los usuarios de la red la documentación que he recogido, por estos motivos:
A través de la agencia ADISTA (www.adista.it) me han llegado recientemente tres nuevos documentos relacionados con el tema: el informe realmente impresionante de una monja benedictina psicóloga que no quiere generalizar, pero que profundiza a partir de hechos reales y que todos reconoceremos muy extendidos; el texto de la resolución del Parlamento Europeo sobre el caso, de la que tenía noticia pero no por la prensa española; y la encuesta entre misioneros recogida por la redacción de la revista Nigrizia de los Padres Combonianos.
No es bueno facilitar a los responsables de la Iglesia la digestión de este asunto embarazoso, haciendo que la información quede sepultada. Sólo con una autocrítica a fondo se salvará el mínimo respeto a la justicia y a la vida. Quien filtra hasta el mosquito cuando se trata de temas sexuales (ver el caso de Marciano Vidal) y exige penalización universal y sin excepciones de la interrupción del embarazo, no puede usar doble medida ni para el uso de la píldora del día siguiente ni menos aún en casos como estos en los que se han producido violaciones, imposición de abortos y hasta muertes.
Como dice la hermana Fangman, al callar nos hacemos responsables. Ya el secreto de confesión nos ha hecho callar con frecuencia más de lo debido: ¿se ha reflexionado en que esta disciplina eclesiástica tiende a ocultar incluso información genérica y va mucho más allá de lo que comporta un secreto profesional razonable que debe tener sus límites en la prevención de crímenes y defensa de la vida humana? Pero, sobre todo, una mal entendida "razón de estado", aplicada de forma absoluta a la Iglesia, hace que se eche un tupido velo sobre estas llagas, que sólo descubriendo y tratando en sus causas profundas pueden curarse.
A mitad del siglo XIX las obras de Antonio Rosmini fueron puestas en el Índice de libros prohibidos por haber señalado entre "Las cinco llagas de la Iglesia Romana" el poder temporal de los papas. A final de siglo XX ha sido beatificado. ¿Acaso no es una llaga de la Iglesia Católica hoy la concepción de la sexualidad y de la mujer que impregna la moral y el derecho eclesiástico y que se reproduce como tabú en una estructura de poder monopolizada por varones oficialmente célibes?
El informe de una psicóloga benedictina
La Hermana Esther Fangman rompe el silencio: las raíces eclesiásticas de los abusos a las monjas
BOLONIA-ADISTA (Nº 36, 16 mayo, 2001). "Es una cruz muy pesada la que nos vemos obligadas a llevar las religiosas benedictinas, como víctimas del comportamiento sexual de un cura. Callar significaría consentirlo”. Así comienza la Hermana Esther Fangman, benedictina americana, psicóloga desde hace más de treinta años, un informe presentado al Congreso de abades, priores y abadesas de la orden benedictina que tuvo lugar en Roma en septiembre del 2000, y publicado en el Bulletin de l’Aim (Alliance for International Monasticism, n. 70/2000). En el documento, que proporciona una nueva contribución al cuadro del problema del abuso de los curas sobre las religiosas (v. Adista n. 26 y 30/2001), la Hermana Fangman relata situaciones concretas, explicando que decidió sacar a la luz el problema porque, según declaró a Il Regno, “sabía que no podía conservar mi honestidad diciéndome que nunca había oído nada. Sentía que era necesario abrir el debate sobre estos problemas en cuanto fuera posible”.
Estos problemas incluyen también, como valientemente hace saber la Hermana Esther al final de su informe, los del celibato obligatorio. A continuación sigue el texto integral, en una traducción de Il Regno (n. 7/2001).
Deseo aclarar bien desde el principio que lo que diré no debe generalizarse y aplicarse a todas las situaciones, países, comunidades femeninas o a todos los curas. Por ejemplo si afirmara que el abad general es un santo, eso no quiere decir que todos los abades aquí presentes sean unos santos, ni tampoco todos los curas. Os ruego que no generalicéis. Con esto que digo no me refiero ni a todos los curas ni a todas las comunidades monásticas femeninas.
En nuestras reuniones y coloquios, y en discusiones informales, hemos tenido noticia de las situaciones que voy a contar. En algunos países africanos, algunos curas han acudido a conventos y monasterios para “satisfacer sus exigencias sexuales”. Más concretamente, esto quiere decir que un cura puede presentarse en la puerta del convento y esperar que se le ofrezca una religiosa para satisfacer su deseo sexual. En algunos casos, cuando una muchacha toma la decisión de entrar en una comunidad y se dirige al cura que mejor conoce para obtener el necesario certificado y las cartas de recomendación, éste no le concede los documentos si no va con él. Otra situación en la que puede sufrir presiones es cuando va a confesarse. Este tipo de situaciones están aumentando en los últimos años, probablemente a causa del sida, tan extendido en ciertos países de África. Con una monja, que presumiblemente es virgen, se evita el riesgo de contraer el sida. En algunos casos ha ocurrido que la propia monja haya sido contagiada por el virus y/o quedado embarazada.
A veces, cuando las hermanas son enviadas aquí para formarse, llegan prácticamente sin un duro en el bolsillo. Durante las vacaciones puede ocurrir que algún cura se les acerque y les ofrezca dinero a cambio de una pequeña ayuda. Se les piden favores. Ellas imaginan que tienen que hacer tareas domésticas… y se encuentran con que, por el contrario, lo que se les pide son favores sexuales.
Muy alterada, al terminar la escuela fue a comentárselo al párroco. Llegó empañada en lágrimas, visiblemente trastornada. Él la hizo entrar en su oficina, cerró la puerta y la sentó en sus rodillas abrazándola “para consolarla”. La escuchó con atención y respondió con amables palabras. La turbación con la que había llegado aumentó con la confusión que le causó el comportamiento del párroco. Por un lado parecía que él la comprendía, por otro lado algo en ella le decía “no puedo creer que esté ocurriendo esto, no me parece correcto”. Pero el gesto inmediato con que él la puso sobre sus rodillas la tomó de sorpresa. Ella dudó, desconcertada, y cuando pudo entender lo que estaba ocurriendo, ya había pasado cierto tiempo. Él seguía diciéndole palabras de comprensión, de simpatía. Aunque empezaba a dudar y sentía que una voz en su interior le decía “cuidado”, se dijo en cambio: “es muy comprensivo, es sólo eso”. En aquella ocasión no hubo ningún otro tipo de contacto de tipo sexual. Pero al cabo del tiempo él siguió mostrándose “muy comprensivo, lleno de compasión” y el “afecto físico” se manifestó con otros acercamientos. Ella consideró el comportamiento inicial “sin ninguna intención”. Al final, la relación se convirtió en sexual y la hermana perdió el contacto con la verdad en su interior.
Seguía siendo monja, pero al cabo del tiempo la ansiedad y la depresión se apoderaron de ella. ¿Por qué? Esto ocurrió debido a que era presa de una contradicción interior que quería resolver sin admitirla. Sabía que sus acciones y su comportamiento estaban en conflicto con su fe. En psicología, Leon Festiger llama a esto “disonancia cognitiva”. Cuando en nuestro interior hay cosas contradictorias, que están en conflicto, experimentamos la disonancia. Él afirma que dentro de cada uno existe un impulso de autenticidad, de integridad, que quiere hacer que nuestras acciones y pensamientos correspondan a lo que creemos. Necesitamos ser coherentes; y, frente a la incoherencia, sentimos una disonancia cognitiva que tiene que resolverse de alguna forma. Puede ocurrir de varias maneras. Una de ellas es cambiar el comportamiento. “Dejar de hacer lo que te hace estar en contradicción con lo que crees”. En el caso expuesto, la hermana podía dejar de ver al cura. La segunda manera de resolver este conflicto interior es cambiar el modo de pensar, sea cambiando de verdad la propia fe, sea no teniéndola en cuenta. Puede parecer sencillo, pero en muchos casos no lo es en absoluto. Así, esta hermana pudo haber empezado a decirse, por ejemplo, “me quiere de verdad, y yo le quiero, ¿cómo puede ser malo esto?”. Se intenta razonar, para comprender la situación. Pero a nivel inconsciente esta hermana no podía aceptar tal razonamiento, de ahí su estado de ansiedad y depresión. Una tercera solución para la disonancia cognitiva es “separar” o alejar de sí mismo la parte en conflicto, haciendo como si no existiera. Es una forma de disociación. En algunas personas, funciona durante algún tiempo. Después a menudo se añaden otros comportamientos para intentar no darse cuenta de esta falta de lógica, como el alcoholismo o el uso de drogas. Pero si una persona tiene costumbre de rezar, especialmente de manera contemplativa, la disonancia saldrá y habrá que afrontarla y curarla.
He puesto este ejemplo porque me parece importante examinar las situaciones de violencia sexual por parte de un cura con cierta comprensión, sin juicios severos. Si se crece dentro de una cultura –o de una familia– que tiene determinadas opiniones en lo que se refiere a los impulsos sexuales, considerándolos no sólo naturales sino que hay que satisfacerlos como algo sano, para ser hombre y todo eso, cuando la Iglesia viene y dice “los curas tienen que ser célibes”, entonces se produce la disonancia cognitiva. La primera solución a este conflicto, obviamente, es observar el celibato simplemente. Otra solución consiste en considerar la ley del celibato en el contexto de otros razonamientos que la anulan. Por ejemplo: “Roma no entiende nuestra cultura; el celibato no es una cosa normal; en realidad no quieren decir que no se deben tener relaciones sexuales; los hombres tienen derecho de satisfacer sus deseos sexuales, etc.”. No voy a minimizar la horrible injusticia de estos abusos sexuales, sino que simplemente intento entender lo que ocurre. Nuestro comportamiento está fuertemente influido por la cultura en la que crecemos. Si se crece en una cultura que ha institucionalizado ciertas convicciones, éstas forman parte de nosotros, están inscritas en nuestro interior, y las aceptamos. Llegamos a un punto en que nuestra imaginación no puede elegir otra cosa. Por tanto si pertenezco a una cultura que tiene un tipo de estructura en la cual los hombres deciden lo que está bien y lo que está mal, y las mujeres tienen que obedecer, yo, si soy mujer, consiento todo esto. Si la estructura jerárquica es la siguiente: ancianos, hombres más jóvenes, niños, mujeres y niñas, yo me quedo con la noción de que soy inferior, de que el hombre es el que sabe. Y si en esta cultura el cura ha sustituido al jefe, o a la figura que representa la sabiduría espiritual, entonces él es el primero, después van los ancianos, los otros hombres, luego los jóvenes, las mujeres, etc. Entonces, si un cura pide favores sexuales a una monja, aunque ésta no se dé cuenta, su imaginación no le permite pensar que podría decirle: “No, no voy a hacerlo”. La clara libertad de elección no está siempre tan exenta de ambigüedad como se podría esperar. No se trata de una situación en la que un hombre y una mujer deciden de común acuerdo tener una relación sexual. No es una situación en la que un cura y una hermana/monja tienen la misma capacidad de elección. Las mujeres han aprendido a someterse a “el que sabe”. Y aún nosotros la condenamos si consiente.
Para entender toda la fuerza de esta formación cultural, voy a poner un ejemplo sacado de otra parte. En 1973 en Estocolmo, Suecia, cuatro personas fueron secuestradas por unos individuos y mantenidas como rehenes en un banco durante cinco días y medio. Al final, fueron liberadas y fue un shock para todo el mundo comprobar que algunas víctimas tenían miedo de la policía, que las había liberado. Y cuando los secuestradores fueron procesados, algunos de los rehenes testificaron a su favor. Algunos llegaron incluso a pagarles los abogados. Se llama “síndrome de Estocolmo”. ¿Cómo pudo ocurrir? Cuando la supervivencia de una persona depende de otra, y ésta última la trata bien y/o utiliza amenazas violentas contra ella, la víctima, para sobrevivir, comienza sometiéndose, y termina por adoptar el punto de vista del opresor sobre la realidad. La víctima da otro nombre a lo que pasa, da otro sentido a la realidad. En la situación de Estocolmo el enemigo se convierte en el que los agresores indican. Desde entonces, este fenómeno ha sido previsto y entendido por los negociadores en caso de secuestro aéreo o naval. Los negociadores saben que cuanto más se prolonga la situación de los rehenes, más se identificarán con los piratas.
Y bien, si éste fue el resultado evidente en el caso de un secuestro de sólo cinco días y medio de duración, ¿por qué habría de ser tan difícil de entender claramente que una cultura que influye durante 10, 18 o más años en la vida de una persona, será determinante para el pensamiento o la conducta futura de dicha persona?
Cambiar de mentalidad es una lucha larga y ardua. ¿Cómo se puede afirmar simplemente que la hermana no tiene más que decir “no”, sobre todo a alguien que ella considera más sabio? Es un punto de partida desequilibrado, un terreno de juego desigual. Es una situación similar a de David y Goliat, con la diferencia de que David podía pensar que tenía el derecho de combatir a Goliat, mientras que a algunas mujeres ni se les pasa por la cabeza la idea de poder decir “no”. Pero todo esto va cambiando.
Las mujeres se atreven a levantar la voz. Ahora las religiosas empiezan a hablar de esto. La pena –la cruz– empieza a manifestarse. La voz interior que siempre repetía, pero tan profundamente escondida que no se podía oír, se alza y dice “¡basta!”. Es la misma voz que gritaba la injusticia de la esclavitud en Estados Unidos, la misma voz con que Jesús proclamaba que tenemos que amar a los otros como a nosotros mismos. Este mandamiento no permite ningún ultraje como los cometidos por el comportamiento violento sobre las mujeres.
Están aferradas a la disonancia cognitiva, cuando toda la enseñanza que han recibido en la vida religiosa les dice que tienen que ser vírgenes, y, en cambio, tienen una relación sexual con un cura. ¿Cómo hacer coexistir estas cosas? Generalmente el hombre reacciona de manera diferente a la mujer, se encuentra por encima en la escala jerárquica en términos de consideración social. Es una posición privilegiada, y es importante comprender este concepto de “privilegio”. No es algo que se merezca; es dado por nacimiento, se nace hombre. En el caso que examinamos, existe el privilegio adicional que da el sacerdocio. Poco importa qué tipo de persona sea: si tiene el título de cura se le considera sabio, como aquél que conoce lo que es el bien y el mal, etc. Quien se encuentra en esta posición tendrá tendencia a resolver el conflicto, la disonancia, desacreditando la regla o a la otra persona; de todos modos arrojará el descrédito fuera de sí mismo. Pero si se es una mujer, minusvalorada en cuanto mujer, entonces la tendencia será la de desacreditarse a sí misma. Normalmente esto se expresa con sentimientos como: “soy mala”, “es mi culpa”. Cuanto más estima la mujer el rol del hombre o del cura, más se desprecia a sí misma y más recurre a los reproches. Esto se acompaña de una gran vergüenza, de una convicción creciente sobre su falta de valía. Y en la vida monástica comunitaria, esto no solamente afecta a la propia persona, sino que puede conducir al aislamiento, a la desconfianza (especialmente frente a la autoridad), generar cólera, fobia, depresión y causar comportamientos compulsivos como la masturbación. La vergüenza no es sólo muy dolorosa, sino también potente. Todo lo que menciona Benito en el capítulo 72 de la Regla, sobre cómo los monjes y monjas deben tratarse recíprocamente, se hace más difícil a causa de la pena interior. Y así los demás miembros de la comunidad, que no han sido víctimas directamente, también lo sufren. ¿Y si el cura viene a celebrar la eucaristía? ¿Pensáis que la que ha sido su víctima puede olvidar lo que ha pasado cuando el cura eleva la hostia y dice “cuerpo de Cristo”? Pero el daño más grave es quizás el que ocasiona a la relación con Dios. Todos intentamos acercarnos a Dios de manera coherente; y entonces, nuestra manera de estar cerca de aquellos que nos rodean será un reflejo de nuestra relación con Dios. Ahora bien, ¿cómo alguien que cree valer menos que nada puede convencerse de que Dios realmente quiera hablarle de lo que vale a sus ojos (ls 43)? Sólo cuando lo que se ha vivido puede llamarse realmente con su verdadero nombre –un abuso–, entonces las cosas pueden cambiar.
Hoy he venido aquí para daros parte de una pena de nuestras hermanas benedictinas. Ellas hacen parte de nosotros. Queremos decirles que las escuchamos, que sentimos su pena, somos solidarias con ellas. Estamos como un día María a los pies de la cruz, cerca de aquellas que llevan su cruz. Y rezamos. Rezamos para que este problema se resuelva. Uníos a nosotras en esta preocupación. En fin, creemos que el evangelio que tan importante es para nosotras tiene que llevarse a la práctica. Tiene que influirnos más la cultura. Por eso la primera cuestión a tratar es el valor de todos los seres humanos y, en particular, hay que insistir en el respeto hacia las mujeres. En segundo lugar, habrá que examinar la cuestión del celibato.
ABUSOS SEXUALES A MONJAS. EL PARLAMENTO EUROPEO PIDE A LOS TRIBUNALES QUE ARRESTEN A LOS CURAS
ESTRASBURGO-ADISTA (Nº 36, 18 mayo, 2001). Los autores de los abusos a las monjas deberán ser juzgados por un tribunal; el Vaticano tiene que considerar con seriedad las acusaciones de abusos sexuales y destituir a los responsables de los cargos oficiales, reponiendo al mismo tiempo en su cargo a las monjas que han llamado la atención sobre tales abusos y que por eso han sido alejadas, así como proteger a las víctimas. Éste es en resumen el contenido de una resolución del Parlamento europeo “sobre la violencia sexual contra las mujeres y en particular contra las religiosas católicas”, aprobada en Estrasburgo el pasado 5 de abril con 65 votos a favor, 49 en contra y 6 abstenciones.
En Roma la medida no ha sido bien recibida: “las fuerzas políticas europeas que han votado a favor –ha sido el resentido comentario sobre el asunto del padre Bernardo Cervellera, director de la Agencia Internacional Fides– no han entendido que el problema se debe sobre todo a algunos caracteres culturales todavía presentes en algunas, pocas, situaciones en el mundo”. “La agitación de la izquierda en Estrasburgo –continúa– me parece querer echar lodo sobre el testimonio de la Iglesia en el Tercer Mundo”.
A continuación reproducimos el texto de la resolución del Parlamento Europeo
RESOLUCIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO SOBRE LA VIOLENCIA SEXUAL
CONTRA LAS MUJERES Y EN PARTICULAR CONTRA RELIGIOSAS CATÓLICAS
-vista la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea,
-vista su resolución con fecha de 16 de septiembre de 1997 sobre la necesidad de organizar una campaña a nivel de la Unión Europea para la total intransigencia frente a la violencia contra las mujeres,
La revista "Nigrizia" de los Padres Combonianos
LOS PROBLEMAS SON EL CELIBATO Y LA DISPARIDAD HOMBRE-MUJER. LA INVESTIGACIÓN DE " NIGRIZIA " SOBRE MONJAS VIOLADAS POR SACERDOTES
30903. VERONA-ADISTA (Nº 37, 19 Mayo 2001). Hablar, no callar. Y sobre todo esforzarse por entender la raíz de un problema que "puede ser el síntoma de un mal más profundo". Es cuanto piden los combonianos de Nigrizia al intervenir en la cuestión de las monjas que han sufrido abusos y violencias sexuales por parte de algunos sacerdotes, en África, en Roma y en otras partes del mundo.
"Piedad, respeto, amor. Para las monjas víctimas de abusos sexuales. Para los sacerdotes que los han cometido (que no significa exonerarlos de sus responsabilidades). Pero también para cuantos han hecho la opción por la vida consagrada y que se sienten interpelados", se lee en el editorial del número de mayo de Nigrizia, que dedica amplio espacio al asunto: además de la editorial, un informe detallado de los hechos firmado por Gino Barsella, director de la revista mensual de los combonianos; un comentario de una monja africana (prefiere firmar con el seudónimo Ruth Mabuye); y las reacciones del Vaticano, de la Conferencia Episcopal Italiana, de los religiosos y de las religiosas. Con un objetivo preciso: hablar para entender, mientras que, escribe Barsella, "el vértice eclesiástico intenta poner el silenciador al asunto".
Piedad, respeto y amor "no se conjugan con los verbos dormir, calmar, minimizar. Hablemos más bien de ello, interroguémonos", es la invitación de Nigrizia. "Preguntémonos si cuanto ha sucedido (y cuanto sucede, no tanto en términos de violencia, sino en términos de afectividad y sexualidad) puede ser el síntoma de un malestar más" que tiene sus raíces en la esencia de la vida consagrada y en la estructura eclesiástica, "donde el poder es ejercido por el género masculino y donde la identidad de cada uno está sometida a la función exigida para realizar el proyecto. Una estructura –continúa– que tendría principalmente que preocuparse de que la adhesión de cada uno al proyecto se produzca sin malentendidos ni oportunismos, y que tendría que poner la máxima atención en que los complejos mecanismos que tienen que ver con la identidad de la persona (incluida la identidad sexual) no sean removidos". Tres son, según los combonianos de Nigrizia, las cuestiones que la comunidad cristiana tiene el "derecho y el deber" de afrontar, sin reticencias ni omisiones de ningún tipo: "la disparidad hombre-mujer en las estructuras eclesiales; las lagunas en el proceso de formación de sacerdotes, religiosos y monjas; las oportunidades y los límites del celibato obligatorio para acceder al sacerdocio ministerial. Tres cuestiones que se conectan una con otra".
Más bien amargo es el comentario confiado a Ruth Mabuye, mujer africana y monja. Sobretodo por dos razones: la "excesiva defensa del hombre clérigo a través de declaraciones del tipo 'no son todos así, viven en situaciones de estrés, operan en zonas de alto riesgo', casi una justificación velada; pero ninguna consideración por la víctima, en este caso la mujer-monja". Y el 'maquillaje' de la noticia, dirigida a circunscribir una cuestión, difusa en todos los continentes y en la misma Roma, a África. Para garantizar esta tesis, escribe, "también la agencia vaticana Fides ha señalado que no se trata de violencia 'psicopática', sino más bien de un 'modo de vivir ligado a la cultura' del África subsahariana. Quizás a Fides se le escapa un detalle estadístico: en la Europa del norte los hijos (no reconocidos) de sacerdotes son miles y miles, y aquí no existe la excusa de un 'modo de vivir ligado a la cultura' ". Ruth Mabuye apunta el dedo contra la capa del plomo con que se ha cubierto el asunto para salvaguardar la honorabilidad de la vida consagrada, pero "en el ímpetu por minimizar el problema se llega a exaltar una opción de vida a expensas de la Vida misma (...). Me pregunto: ¿qué se ha hecho de la Vida, de la dignidad, del futuro de las víctimas de tales debilidades? ¿debe ser salvaguardado el esplendor de la institución cueste lo que cueste? ¿aunque comporte la violencia, los ataques y los abusos al cuerpo de la monja-mujer doblemente penalizada por ello? (...) ¿Por qué, en vez de lanzar ambiguos comunicados y declaraciones no se hace luz sobre las pruebas de un comportamiento secular y eclesial que ha relegado a la mujer monja a un nivel de sometimiento total? ¿Por qué no declarar que el problema verdadero no está causado solamente por el estrés, ni por el hecho de trabajar en ambientes de alto riesgo psicológico, sino que es una opción (la de unir la ordenación y el celibato) no asumida en plenitud y hoy profundamente en crisis?". Que el dramatismo de la situación desvelada, auspicia Ruth Mabuye, por lo menos sirva a la iglesia para comenzar un proceso de auto-crítica, de relectura y de reforma de la vida consagrada, del celibato eclesiástico y del papel de la mujer "subordinada al sacerdote".
Entre las otras voces africanas recogidas por Barsella, las de una monja y de una socióloga (que eligen el anonimato): la mujer está discriminada, "los sacerdotes en cambio son para siempre como Melchisedek... y los obispos son más comprensivos hacia ellos que hacia las monjas. Es también injusto que las monjas se vean forzadas a someterse por pobreza económica y cultural (...). La iglesia será también pobre, pero es injusta con los salarios de las monjas, que viven de su trabajo". Y, sin embargo, el problema más general es el de la sexualidad, incluida la pedofilia y la homosexualidad: "hay mucha crisis por todas partes, y no se debería excluir la posibilidad de un ministerio ordenado más articulado, con la opción de ministros casados y, por qué no, de mujeres". Va al grano el P. Etienne Mbilizi de Bukavu, en el Congo: "es verdad que un hombre en África no puede vivir sin hijos. Pero otra cosa es tener sexo con las monjas haciéndoles utilizar la píldora y provocando abortos. Quien tiene ahora la responsabilidad en la iglesia debe dar respuestas".
Los documentos del National Catholic Reporter
El pistoletazo de salida de este debate lo dio una revista americana, nacida a raíz y con el espíritu del Concilio Vaticano II, llamada National Catholic Reporter. www.natcath.com El editor presenta así los objetivos de la empresa editorial cuyo buque insignia es la revista: Nosotros nos dedicamos a alcanzar los más altos ideales del periodismo. Buscamos la verdad en nuestras publicaciones. Nos apoyamos en nuestras raíces católicas cuando sostenemos la instancia del Antiguo Testamento en favor de la justicia y la llamada del Nuevo Testamento a la compasión y al perdón.
En el número del 16 de Marzo de 2001 publicaba cuatro documentos, introducidos y comentados por un artículo de la redacción, http://www.natcath.com/NCR_Online/archives/031601/031601a.htm en los que en diversas épocas y por diversas personas de reconocido prestigio, se hacía referencia al incremento de abusos a monjas producidos por sacerdotes católicos. ¿Conseguir estos documentos, relacionarlos y presentarlos en un mismo número de una revista semanal con cien mil lectores y una presencia potencialmente universal en Internet, era un ejemplo de periodismo con las exigencias de justicia y compasión que proclaman? Para nosotros es indudable, sean las que sean las consecuencias que se deriven.
Por orden cronológico, los documentos presentados por NCR en el nº del 16 de marzo ( www.natcath.com/NCR_Online/archives/index/031601.htm ), de los que hacemos sólo una síntesis del contenido, son los siguientes:
1º El Informe de la Hermana Maura O'Donuhue, de la Misioneras Médicas de María, al acabar su trabajo de seis años como coordinadora del grupo de trabajo sobre el SIDA en el Fondo Católico para el Desarrollo con sede en Londres. Fechado en Febrero, 1994.
El documento completo puede obtenerse en esta dirección: http://www.natcath.com/NCR_Online/documents/UrgentConcernsO'DONOHUE.htm
Es un documento de 20 páginas, pero se recomienda vivamente la lectura completa, ya que es la manera de ver cómo y por qué sale a relucir el problema. En un informe sobre el SIDA en África se ha constatado la cantidad de sacerdotes indígenas infectados. En alguna diócesis hasta el 13%. Y se ha descubierto cómo, desde que ha aparecido este riesgo, los sacerdotes acuden con mucha más frecuencia a solicitar servicios sexuales de religiosas, haciendo uso de poder y autoridad. El informe es de una persona bien informada tras la experiencia de seis años investigando y tratando con superiores para atajar el problema, experimentando la reluctancia a tomar medidas en serio. Y en la lista de 23 países de donde ha sacado los hechos que fundan su informe, hechos que sintéticamente agrupa en ocho apartados, incluye a Irlanda, Italia y Estados Unidos.
2. La reflexión del Rev. Robert J. Vitillo, de Cáritas Internacional, aportada al grupo de estudio teológico sobre el SIDA en el Boston College. Fechado el 23 de Marzo, 1994.
Es un documento de 12 páginas en que hace una aproximación al problema del SIDA desde la teología, la moral y la acción pastoral. Hacia el final el P. Vitillo, como un último punto de relevancia ética, dice lo siguiente:
El último aspecto ético que yo encuentro especialmente delicado, pero del que es necesario hablar, se refiere a la necesidad de DENUNCIAR EL ABUSO SEXUAL QUE HA SURGIDO COMO UN ESPECÍFICO RESULTADO DEL SIDA. En muchas partes del mundo los hombres han disminuido su dependencia de trabajadoras del comercio sexual por el miedo de contraer el SIDA. Como consecuencia de este difundido temor, muchos hombres (y algunas mujeres) se han dirigido a jóvenes (y por tanto presumiblemente no contagiadas) muchachas (o muchachos) en busca de favores sexuales. Las religiosas han sido también objeto de tales demandas de hombres, principalmente clérigos, que en otras circunstancias frecuentaban prostitutas. Yo mismo, personalmente, he escuchado relatos trágicos de religiosas que se vieron forzadas a tener relaciones sexuales con el cura local o con el consejero espiritual que insistía que esta actividad era "buena" para ambos. Frecuentemente, los intentos de tratar estas cuestiones con las autoridades locales e internacionales de la Iglesia han encontrado oídos sordos. En Norteamérica y en algunas partes de Europa nuestra Iglesia tiene ya que vérselas con escándalos de pedofilia. ¿Cuánto habrá que esperar para que esta Iglesia institucional se vuelva sensible a estos abusos que están surgiendo de la pandemia?
2º Promemoria personal de la Hermana Maura O'Donohue, MMM, tras su encuentro con la Sagrada Congregación de Religiosos. Fechado el 21 de Febrero de 1995.
Un año después de las denuncias hechas y presentadas a las máximas autoridades, los dos autores de los documentos anteriores, acompañados por el Obispo Crowley, fueron por fin recibidos por el Cardenal Martínez Somalo quien, para permitir un intercambio más técnico y fluido en inglés sobre tan delicado asunto, les dijo que había preparado una reunión de ellos con tres miembros del la Congregación: un dominico, un benedictino y una monja de Jesús María. En su promemoria de 4 páginas la hermana Maura recoge lo que se dijo en la reunión.
Se trataron en la reunión muchas posibles medidas y se estudió la especial vulnerabilidad de las congregaciones religiosas de derecho diocesano que no tienen detrás potentes congregaciones que les defiendan y que dependen económica y jurídicamente del obispo y los sacerdotes locales.
¿Pero qué se hizo de todo ello? Seguramente la falta de reacción seria de las autoridades de Roma es lo que ha provocado que este asunto, discretamente tratado hasta ahora, salga a la luz pública
4º: Informe de María McDonald, Superiora General de las Misioneras de Nª Sª de África al Consejo de los 16 Fechada el 20 de Noviembre, 1998
Cuatro años después del informe de la hermana Maura, y apoyándose en parte en él, la Superiora General de las Misioneras de Nª Sª de África, María McDonald, presentaba un informe al Consejo que reúne a los principales responsables de la Congregación de Religiosos y algunos superiores y superioras generales. La superiora y su Congregación han protestado por la publicación de este informe y denunciado que se ha hecho sin su autorización. Aunque no se ha negado que en él se afirmara: "Tal vez otra de las causas que ha contribuido a la extensión del mal haya sido la conspiración del silencio que ha rodeado este asunto. Sólo si nos enfrentamos todos juntos a este problema con honradez seremos capaces de encontrarle soluciones". En este informe de 4 páginas se añade la preocupación por la dependencia económica en la que se encuentran muchas religiosas respecto a sus sacerdotes y la vulnerabilidad de las estudiantes que acuden a Roma pata estudiar.
Precisamente de este último aspecto trata el último informe, publicado un mes después por la revista.
5º Esquema de trabajo presentado por la Hna. Ellen Gielty, S.N.D. sobre las medidas a tomar respecto a los abusos sexuales a religiosas. Fechado en Noviembre 1998.
http://www.natcath.com/NCR_Online/documents/towardsapolicy.htm
Este texto –"estrictamente confidencial" dice en la cabecera– trata de las medidas que hay que tomar para atender mejor a las religiosas de países de misiones que acuden a estudiar a Roma. Sería todo muy normal si no transparentase los problemas de fondo que han dado pie a proponer estas medidas.
Estas son algunas frases que pueden leerse en el informe: "tener control de las situaciones que pueden provocar escándalo público"... "la comunidad tiene que asumir la responsabilidad del futuro de la hermana y proporcionarle apoyo psicológico, cuidados médicos y, si fuera necesario, asistencia pre y postnatal"... "Se ha sugerido que las Congregaciones Religiosas comiencen a preparar a Hermanas de África como abogadas para tratar los problemas de los abusos y violencias sexuales "
Tras recibir esta información y hacerse cargo de las causas y consecuencias de todo ello.... ¿qué opina Usted?
Pueden comunicar sus conclusiones a antonio.duato@terra.es ¡Gracias!
Notas y documentos finales:
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2. MOCEOP son las siglas del Movimiento por un Celibato Opcional compuesto principalmente por exsacerdotes casados que, con sus compañeras, siguen luchando por la transformación de la Iglesia. Tienen una revista "Tiempo de hablar". Su dirección electrónica:.moceop@arrakis.es . Éste es el texto que difundieron sobre el tema el 29-03-2001 :
Nunciatura Apostólica, Señores Obispos y Opinión Pública
La indignación que sufrimos al conocer el contenido del informe del cardenal Somalo sobre las frecuentes violaciones a religiosas, perpetradas a manos de frailes, misioneros y otros presbíteros de la Iglesia Católica, en 23 países de diversos continentes, ha llegado al límite ante las reacciones, si cabe más indignantes, de Joaquín Navarro Valls, portavoz del Vaticano, quien justificó con argumentos aberrantes estas cotidianas violaciones.
Nos sorprendemos también, ante quienes afirman que "sacar a la luz estos problemas es negativo de cara a posibles deserciones de la Iglesia", como si el problema fuera el escándalo de la noticia, y no lo que describe.
Ahora nos preguntamos si las reciente permisividad al uso de anticonceptivos "tan sólo para religiosas en países de misión", no obedecían a un intento de perpetuación cómoda de esta tragedia. Puede que estemos sólo ante la punta del iceberg de la hipocresía con que las iglesias, y especialmente la católica, adoctrinan con su moral sexual. Es vergonzoso tener que esperar al escándalo insilenciable –a consecuencia de los embarazos detectados, los abortos clandestinos- para llegar a admitir que estas violaciones alcanzan a niñas, niños, novicios y seminaristas también violados.
El celibato impuesto -tradición reciente de la Iglesia- favorece las agresiones, violaciones y la misoginia. Cuando, de forma excepcional, éstas son denunciadas por fieles o religiosas que vencen enormes miedos y presiones, la respuesta de los superiores eclesiásticos suele ser el encubrimiento, el silencio, el descrédito de las propias víctimas, y en último extremo, el desplazamiento del agresor a un nuevo y anónimo destino. Esa impunidad fomenta futuras violaciones y agresiones y, por ello, quien así actúa es indigno de presidir comunidad alguna, por lo que exigimos la expulsión de estos cómplices, con tanta o mayor fuerza como la exigimos para los agresores directos.
Somos iguales ante la ley; por ello, los delitos de acoso, maltrato, abusos y violación, como crímenes civiles que son, deben ser juzgados por la ley civil. No olvidemos que, desde ella, todos aquellos que silencian o encubren un delito son cómplices del mismo.
Por otro lado, es obvio que la Iglesia debería de abstenerse de hablar de sexualidad mientras no haya una discusión de las comunidades cristianas para revisar ese discurso, contaminado de tanta aberración misógina y sexista, degradantes para el pleno desarrollo de la personalidad en cuanto al sexo y las relaciones personales.
Concluimos que esta Iglesia, dirigida durante 2000 años exclusivamente por varones célibes, demuestra una vez más que está lejos del Evangelio y del amor.
MOCEOP (Movimiento pro Celibato Opcional)
En Madrid a 22 de marzo del 2001
3. SALVADOR ROMANO VIDAL, misionero javeriano, con gran sentido de opotunidad, envió a todos los que habían recibido el anterior mensaje de MOCEOP el siguiente escrito:
El 21 de marzo, en portada, "El País" titula "EL VATICANO RECONOCE QUE CIENTOS DE MONJAS HAN SIDO VIOLADAS POR MISIONEROS". Me asombro de la noticia, después de tantos años en África no sé nada de ello, ¿seré tonto?. Veo que el artículo en cuestión, que se encuentra en las páginas interiores del periódico, no menciona ningún caso de violación de una monja por un misionero. Empiezo a mosquearme. Veo que todo se basa en un artículo aparecido en el "National Catholic Reporter". Voy a ver qué dice este artículo y encuentro que habla de algunos abusos sobre religiosas cometidos por algún miembro del clero local (en ningún caso habla de centenares de violaciones), pero no menciona ni una sola vez a los misioneros, si no es para decir que colaboraron en la investigación sobre dichos abusos para que se tomasen las medidas necesarias, fuese reparado en alguna manera el daño cometido y se pusiesen los medios para que la cosa no se repitiera.
Añado una confidencia, cuando los periodistas de "El País" se desplazan a África para cubrir algún acontecimiento, suelen buscar cobijo en las casas de los misioneros. ¿Tendrán el valor estos periodistas de decir la verdad sobre lo que allí ven? ¿Sabrán reconocer la falsedad transmitida por su periódico? Si no lo hacen, ¿tendrán el coraje de volver a sentarse a nuestras mesas para compartir nuestras alubias?
Comentario: está bien defenderse por errores de los periodistas. Pero ¿por qué no ir al fondo del problema? Otros misioneros han reaccionado de manera más valiente, dolida y autocrítica.

References: resolución 
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