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Timestamp: 2020-04-01 04:59:07+00:00

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La Ruta de Perón 1893-1945 - Historia del Peronismo
La Ruta de Perón 1893-1945
17 de Octubre por Evita y Delfina Bunge
LA RUTA DE PERÓN 1893 A 1945
Presidencia de Ramírez
Espacios políticos del G.O.U. y de Perón
Perón, sobre Rawson y Ramírez
«Nos dicen que Rawson va a jurar como presidente el día 6 y que ya ha nombrado a dos ministros. En el mando de la Primera División se empiezan a dejar caer los coroneles y a decirme ‘Che Perón….¿Qué es lo que pasa? ¿Dónde estaba este loco acá con nosotros? ¿Quién le ha traído a ése? ¡Ah, esto no puede ser!’ Y designaron a cinco coroneles para que le exigiéramos la renuncia, y si se resistía, le tiráramos por la ventana. Creo que fuimos designados: Mascaró (que era el más antiguo y respetábamos mucho su opinión), Anaya, Agüero, Fragueiro y yo. Muy bien, llegamos a la Casa de Gobierno, los cinco coroneles, con el capote (pues hacía mucho frío) y todos con la pistola 45 debajo del capote. ‘Queremos ver al general Rawson’, dijimos. ¿Para qué? Bueno, ahora vamos a decirle a él para que.’ Entramos en el despacho, cerramos la puerta y nos quedamos parados delante. El sentado en la mesa presidencial ‘¿Qué? ¿A qué vienen ustedes? Hemos venido a que renuncie.’ Así se lo dijimos. ‘Pero ¿Cómo? Sí señor, porque nos llama la atención que usted sea el presidente. Padito Ramírez me ha dicho que sea yo el presidente (Padito era el sobrenombre con que él lo llamaba a Ramírez). En cualquier caso -añadió-, no tomaré ninguna decisión hasta que no venga Padito. Renuncie antes que venga el general Ramírez, insistimos. ¿Y si me niego? Si se niega, tenemos orden de tirarle por la ventana.’ Entonces él renunció y nosotros nos quedamos en Casa de Gobierno. ¡Era un colado! ¡Un tipo que se había metido de prepotente! Una vez que lo renunciamos, llegó Ramírez. ‘Usted se va a quedar’. Y lo pusimos de presidente.»
Testimonio de Juan D. Perón
Habiendo ya renunciado Rawson, el presidente designado fue como hemos apuntado, el general Pedro Pablo Ramírez, quien va a jurar a su cargo el día 7 de junio de 1943 a las 19 hs.
De los siguientes hechos surge con claridad, tanto la precariedad política del poder, entendiéndose por esta a objetivos unificados inexistentes; como la precisión en las maniobras políticas del G.O.U. y la sagacidad y alta estrategia política que evidenció Perón.
Una de las cuestiones claves ha resolver por el nuevo presidente era la intervención o no en la segunda guerra mundial. La conformación del gabinete era, por lo tanto, un asunto de extrema delicadeza.
Lo que ocurrió fue el reflejo de la precariedad política apuntada. El gabinete fue un mosaico donde estuvieron expresadas las tendencias en juego y con ello se alcanzó un delicado e inestable equilibrio.
Ratificado el vicepresidente Saba H. Sueyro, el «reparto» de ministerios dejó ver a partidarios de los aliados (USA e Inglaterra) en hombres como Storni, Santamarina, Galíndez y Anaya. Por su parte los neutralistas habían colocado a Farrell, Gilbert y Sueyro y además estaban conformes con la neutralidad del propio presidente Ramírez. Por lo demás, entre los dirigentes radicales que previamente a la revolución habían pensado con hacer la propia y colocar de presidente al mismísimo Ramírez, también había conformidad ya que lo veían como un objetivo cumplido.
Por su parte el G.O.U., como logia política hacedora y determinante en los hechos del 4 de junio, conseguía ocupar espacios políticos militares con mucho más poder de decisión a los que poseía antes.
Solo por mencionar algunos oficiales superiores del 1º escalón directivo del G.O.U., ellos aparecían en los siguientes espacios:
Coronel Juan D. Perón: antes oficial en la Inspección de Tropas de Montaña, ahora Jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra.
Coronel Enrique P. González: antes secretario del ministro de Guerra, ahora Jefe de la Secretaría de la Presidencia.
Coronel Emilio Ramírez: antes Director de la Escuela de Suboficiales, ahora Jefe de la Policía Federal Argentina.
Coronel Urbano de la Vega: antes Jefe del Servicio de Informaciones del Ejército, ahora jefe del regimiento 1º de artillería.
Coronel Agustín de la Vega: antes oficial del Centro de Remonta y Veterinaria, ahora jefe de la 2ª brigada de caballería.
Teniente Coronel Julio Lagos: antes oficial en Inspección de Comunicaciones, ahora en el Servicio de Informaciones del Ejército.
Teniente Coronel Severo Eizaguirre: antes oficial en Dirección General de Personal, ahora jefe del regimiento 2º de infantería.
Teniente Coronel Tomás Ducó: antes oficial en Comando de Defensa Aérea, ahora jefe del regimiento 3º de infantería.
Teniente Coronel Arturo Saavedra: antes oficial en el Centro de Remonta y Veterinaria, ahora jefe del Regimiento Granaderos a Caballo.
Teniente Coronel Aristóbulo Mittebach: antes oficial en el Comando de Caballería, ahora jefe de la 1ª brigada de caballería.
Como es notorio, en un gobierno esencialmente militar, el grado de incidencia política de estos cuadros militares al pasar a comandar unidades con poder de fuego y mando de tropa, y estar en puestos claves en las cercanías del espacio presidencial, era un avance significativo en relación a la posición de esos mismos cuadros antes del pronunciamiento del 4 de junio. Esto era el G.O.U. después de esa fecha.
¿Qué pasaba con el pueblo? ¿Cuál era su reacción? En rigor estaba ausente de toda estructura desde donde pudiese tomarse decisión alguna. No ofrecía oposición ni apoyo explícito alguno. Todo era un mar de expectativas e incertidumbres en el terreno popular.
FORJA, Fuerza Orientadora Radical de la Joven Argentina, grupo altamente militante, emitirá un comunicado donde se mezcla la precaución y la esperanza. Dirá en el que siguen con «serenidad no exenta de esperanza la constitución de las nuevas autoridades nacionales, en cuanto las mismas surgen de un movimiento que derroca al ‘régimen’ y han adquirido compromiso de reparar la disolución moral en que se debatía nuestra política.» Uno de los pocos comunicados de fuerzas políticas donde se advierte un muy cauto apoyo.
En realidad lo que ocurría era que nadie era ciego y podía advertirse claramente en la composición del nuevo gobierno la lucha de tendencias, no solo en lo que hace a la postura internacional argentina, sino en lo interno la incidencia de elementos del llamado nacionalismo oligárquico que reniegan absolutamente de toda incidencia popular en las decisiones. Este nacionalismo elitista, vanguardista y sectario, confrontará decididamente y desde el primer momento con otras corrientes al punto tal de que Arturo Jauretche y Oscar Meana, integrantes de FORJA, son detenidos solo por debatir abiertamente las cuestiones nacionales con Giordano Bruno Genta, interventor de la Universidad del Litoral. ¿Qué se debatía?
Escuchemos a Bruno Genta: «el nacionalismo verdadero no puede ser jamás populista ni desteñirse en un cristianismo aguachento».
Recogemos este análisis, porque marca con precisión sobre cual era una parte importante del debate político de aquel momento: «El rechazo de los forjistas, encabezados por Arturo Jauretche, a la línea pro-oligárquica que presiona dentro del gobierno de Ramírez, no es un mero problema de tipo ideológico: aquella línea de posturas reaccionarias en sus postulaciones políticas, preconiza la consolidación de una ‘auténtica aristocracia de la inteligencia’ y levanta la necesidad ‘de integrar la clase dirigente’. En esas ideas se encierra el firme propósito de consolidar el proceso revolucionario a espaldas del pueblo; la militancia forjista no puede aceptar el camino. Tampoco puede aceptarlo el coronel Perón, que simpatiza con las propuestas antiimperialistas y patrióticas de FORJA y que tiene un definido sentido popular, alimentado con sus experiencias en todas las latitudes de la Patria y en sus viajes de estudio por el extranjero.» (53)
Perón en la Secretaría de Guerra
Este virtual alejamiento voluntario de Perón de los cargos más notorios del nuevo poder, obedece a una clara y premeditada estrategia política y nada mejor que lo explique él mismo: «A mi no me convenía. Yo sabía que las revoluciones empiezan con esas cositas que se gastan, pavadas, cosas políticas…En los primeros tiempos hay que estar lejos de la zona de fuego…Por otra parte, yo ya tenía la intención de dar a nuestra revolución un fuerte contenido social. No quería que nuestra revolución se limitara a un cambio de nombres en el gobierno y después quedara igual o peor que antes. Había que darle un contenido. Yo por entonces les dejé que empezaran a tropezar unos con otros y me quedé de Jefe de Estado Mayor de la Primera División.» (54)Esto será solo por unos pocos días hasta que el general Farrell, el 8 de junio, lo designa, aunque en rigor se hace designar, como secretario del ministerio de guerra, un cargo equivalente a una Secretaría de Estado. Lo acompaña en su gestión el teniente coronel Domingo Mercante, quién será un colaborador decididamente clave para la gestión social que se avecina.
Todavía está en un segundo plano, pero pronto comenzará a acumular poder mediante una política de defensa absoluta de los intereses de la clase trabajadora y del acercamiento que ya mismo comienza a tener con los dirigentes sindicales.
Aunque parezca increíble, desde un organismo esencialmente militar, Perón, Mercante y un militante radical Francisco Capozzi, comienzan a tejer una trama de contactos con dirigentes sindicales, los que no salen de su asombro, y además comienza a intervenir decididamente en conflictos laborales.
El objetivo es claro y simple, comenzar a resolver esos conflictos laborales y ponerse al frente de la estructura sindical en procura de su unidad, su reconocimiento, y la creación de un organismo dedicado especialmente a la problemática de la actividad laboral humana.
Un caso paradigmático resulta ser la resolución del conflicto de los trabajadores de la carne. El líder de ese gremio, el comunista José Peter, que está detenido en razón del mismo conflicto en Neuquén, es traído a Buenos Aires. En reunión con Perón se conviene su libertad y un aumento en el jornal de los obreros de ese gremio a cambio del levantamiento de la huelga. El acuerdo es convalidado por los obreros en asamblea y el caso fija un hito en las nuevas relaciones entre parte del poder, léase Perón y los trabajadores, en este caso del gremio de la carne. Seguirán los casos y siempre desde la Secretaria del Ministerio de Guerra.
Un grupo de jóvenes dirigentes sindicales socialistas enfrentados con la dirección del Partido Socialista, también se pondrán en contacto con Perón. La resultante será su alineación incondicional con el nuevo líder de los trabajadores. Este grupo está encabezado por Angel Borlenghi, quién será en el futuro uno de los hombres más importantes del Movimiento Peronista.
Los contactos con dirigentes sindicales se multiplican por decenas. Prácticamente están expresadas todas las tendencias. Es un avance incontenible hacia el encuadramiento sindical bajo un nuevo pensamiento, el naciente justicialismo.
Obviamente esto no resultará gratuito. Despertará desde envidias hasta malestares entre sus camaradas militares y los sectores patronales comienzan a preguntarse ¿Quién es ese coronel?
Tanto son los resquemores que producen estas acciones de Perón y su equipo, que bien pronto se decide dar un primer contragolpe revolucionario. El objetivo: desplazar a Farrell y a Perón del Ministerio de Guerra, con acuerdo del presidente Ramírez. La fecha prevista es el 10 de octubre, pero se posterga momentáneamente hasta que Ramírez volviese de una visita a la ciudad de Azul. De todos modos ya es tarde para los complotados.
El G.O.U. esta perfectamente informado y aborta el contragolpe del siguiente modo: cuando el presidente está regresando en tren de Azul, el mismo es detenido en la ciudad de Chascomús a las 4 de la madrugada. Un grupo de oficiales despierta e interpela al presidente…..El resultado es que se le hace firmar dos decretos, nombrando en uno vicepresidente de la nación al general Farrell por fallecimiento de Sueyro, con retención del cargo de ministro de guerra y en el otro se le aceptaba la renuncia a Santamarina, Anaya y Galíndez, ministros aliadófilos del gabinete que no habían renunciado, pero que se despertarían con esa novedad.
Son nombrados el general Luis Perlinger ministro del interior; el capital de navío Ricardo Vago en Obras Públicas; el escritor Gustavo Martínez Zuviría en Instrucción Pública y el Dr. César Ameghino como ministro de Hacienda. La secretaría de la presidencia a cargo del coronel González, es elevada al rango de ministerio de estado.
La revolución es reencauzada; el presidente Ramírez queda muy condicionado y debilitado, lo que le costará su cargo tiempo después; el G.O.U. hace una clara demostración de poder, fruto indudable de su unidad de concepción y Perón podrá poco tiempo después dar un paso decisivo: ocupar el Departamento Nacional de Trabajo, trinchera de la naciente revolución justicialista y a poquísimo de andar transformado en Secretaría de Trabajo y Previsión, sin duda alguna la herramienta clave.
¿Por que surgió Perón en 1943?
Una Argentina exterior
«Era un país tan pequeño, de los argentinos había muy poquito.»
En la búsqueda de una explicación posible, entre otras, del porqué surgen Perón y el peronismo después de 90 años de liberalismo en la Argentina, exceptuando de algún modo, el yrigoyenismo, a pesar de su tibieza y confusión, brota, en primerísimo término el fracaso absoluto de ese liberalismo en la solución de los problemas del pueblo argentino. A menos que, desde la óptica liberal pueda afirmarse, como es comprensible, que sus objetivos fueron cumplidos. Y en realidad fue así, construyeron un país tan pequeño como que fue solamente para ellos, la oligarquía, sus sirvientes amanuenses y todos ellos al servicio de Inglaterra, la heredera de España en el dominio de nuestro territorio y de nuestra economía.
Este aserto se explica, simplemente observando el nivel de vida de la mayoría de los argentinos durante todo ese periodo y el nivel de vida de unos pocos en el mismo tiempo. La diferencia abismal entre uno y otro no se compadece con ninguna explicación posible, por más retórica que se utilice, o por más números falaces que se exhiban. Ejemplo de esto mismo puede ser, entre otros, cualquier cifra que muestren los liberales sobre el ingreso per cápita de los argentinos, que aparece para estas décadas como muy elevado, escondiendo escandalosamente que es el resultado de la división de los ingresos de la poderosa oligarquía ganadera con el miserable jornal de un peón. El resultado es obviamente un promedio mentiroso porque ni el rico ganadero gana tanto menos, ni el pobre peón tanto más. La Argentina «granero del mundo» era, para los argentinos, la Argentina del padecimiento y del sufrir. Justamente, a partir de este lugar en nuestra página, daremos cuenta de todas las realizaciones que comenzaron desde la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1943. Y si se hicieron, era porque faltaban.
De igual modo, cualquier análisis de la economía argentina muestra un perfil agroganadero exportador, absolutamente concentrado en poquísimas manos (la oligarquía ganadera), sin finanzas propias, sin industrias, sin servicios en manos argentinas, prácticamente sin nada nuestro. La expresión de Perón titulando estas líneas es muy gráfica. Y este era el país de los liberales, el que siguió a la caída de Rosas, el que construyeron de espaldas a la propia Argentina. Un país de cara al exterior, intentando borrar todo rastro de nacionalidad o de genética propia. Una imitación del modelo europeo. ¿Si fue exitoso? Claro que sí, pero ¿Éxito, para quién? El fruto de la riqueza era repartido entre algunos pocos centenares de familias. Entonces, ¿Como se mide un éxito? No cuenta para el liberalismo el bienestar de la comunidad, ni la grandeza de la nación. Solo cuentan los números de sus propios negocios. Esa es la medida de la eficiencia y del éxito según sus principios. La Argentina puede ser una colonia, si los beneficios quedan en las manos de los que deben quedar, las de ellos.
Pero, además de la crisis social y económica, no es menos dramático el fracaso político del sistema instaurado a partir de 1853.
Debiendo para tal fin, previamente destruir militarmente y desarticular las masas nacionales expresadas en los movimientos populares conducidos por los caudillos del interior, lo que sobrevino fue un replica del paradigma político europeo, esto es el sistema de partidos. Como de todas formas los vencedores eran minoría, ningún partido popular prosperó ni pudo organizarse para llegar al poder. De este modo y desde Mitre en adelante, todos los presidentes lo fueron desde componendas o previos acuerdos sobre quien debía serlo y luego simular democracia con elecciones siempre fraudulentas o, en todo caso, ganando el que mejor hacía trampa.
Ver en esta página nuestro trabajo «Del voto cantado al voto cadena-El fraude electoral en la Argentina 1857-2009»
Quienes pusieron el pecho a tal situación fueron primero Leandro Alem y luego Hipólito Yrigoyen. El pronunciamiento popular de 1890 dio origen al partido radical, una insinuación y una esperanza de participación popular. Las luchas radicales continuaron con Yrigoyen en la conducción después del suicidio de Alem, con una visión y acción siempre conspirativa. Al fin y al cabo el radicalismo había nacido de una revolución armada, la del 90. El resultado fue arrancarle a la oligarquía una concesión, la ley Sáenz Peña de voto universal (solo para los hombres), obligatorio y secreto y la llegada de Yrigoyen a la presidencia de la nación por vía del sufragio. Paradoja de quién había estado en cuanta conspiración armada tuviese lugar.
En este punto el liberalismo jugó dos cartas claves y el propio radicalismo hizo lo suyo.
El primero infiltró al radicalismo mediante el alvearismo, corriente oligárquica encabezada por Marcelo T. de Alvear, antiyrigoyenista y presidente entre 1922 y 1928, logrando desviarlo de sus fundamentos originales y cuando esto no fue suficiente, derribó en 1930 al presidente Yrigoyen mediante un golpe militar para dar paso a la década infame, que lo fue por corrupta, vendepatria y fraudulenta.
A su vez los radicales con el propio Yrigoyen a la cabeza, cayeron en la trampa del liberalismo, abortando por la mitad su destino de movimiento y cristalizándose como partido. Además de una dinámica tortuosa y paralizante en la segunda presidencia de Yrigoyen, que entorpeció toda la política de gestión y realizaciones, incurrieron en el terrible error de perderse en la politiquería, esto es en las trenzas «apañadoras de cualquier cosa» y componendas de comité para la obtención de algún cargo, ventaja o negocio. Esta actividad reemplazó y «subalternatizó» a la política en serio y así le fue al radicalismo. Esto le pasó, porque como dice Vicente Sierra con una expresión genial: «quién imita va siempre atrasado». Creyeron que debían ser «democráticos» en la acepción liberal y no responder a sus orígenes. Detrás de esto, el demoliberalismo, haciendo creer a propios y extraños que la democracia es eso, mientras el poder real hace lo suyo. Las masas alejadas e inorgánicas. El ideal liberal.
Entrados ya en la década de 1930 el conjunto de partidos políticos, léase especialmente el radicalismo y el socialismo, son furgones de cola del conservadorismo, liberal y oligárquico. Década de fraude y componendas, de políticas antiargentinas y de hambre. Tibios reclamos, pero calientes acuerdos como por ejemplo la «Concordancia», donde están atados conservadores, radicales antipersonalistas (antiiyrigoyenistas) y socialistas. Todos ellos cómplices del sostenimiento de los intereses extranjeros y de las políticas de hambre. Las masas ausentes. La política desprestigiada al extremo. Dice Vicente Sierra: «Los partidos políticos son observados por la ciudadanía como madrigueras de aventureros o de indeseables, a las cuales rechazan unirse los hombres nuevos. El proceso político iniciado después de Caseros, que alcanza su culminación en 1880, ha fracasado, como ha fracasado el proceso social consiguiente.» (55)
A su turno los sindicatos, que pudieron ser el cause masivo de la reivindicación social, también defeccionaron, no por falta de coraje, sino por estar mirando hacia las experiencias sindicales europeas y no interpretar el alma del hombre argentino. Siempre divididos en más de una central obrera (hasta 3), dirimen sus ideologías, los anarquistas, los comunistas y los socialistas. Resultado: debilidad obrera y ventaja para la oligarquía.
Ver en esta página «Movimiento Obrero Organizado antes del Peronismo»
En esta situación e ingresados ya en la década de 1940, el conservadorismo ya no puede con su propio desgaste ni mantenerse en el poder indefinidamente por la vía del fraude; el radicalismo está dividido, ha perdido su esencia y está atado al régimen; el socialismo es minoría y también está atado al conservadorismo; de los sindicatos ya conocemos su condiciones. En el mundo se considera agotada la vía de los partidos. Rusia hace su experiencia con un partido único, el Partido Comunista; la Alemania nazi hace lo propio con el Partido Nacional Socialista; Italia otro tanto en la experiencia fascista con un solo partido más el agregado de la representación corporativa; Estados Unidos con 2 partidos, el Demócrata y y el Republicano que responden ambos a 100 personas, los más ricos y poderosos entre los ricos y poderosos, la plutocracia, o sea una cabeza con 2 brazos. Inglaterra hace lo propio con el Partido Laborista y el Partido Conservador, ambos conducidos desde una central masónica.
Este análisis es el que hace Perón en su libro «Latino América, Ahora o Nunca», aparecido en 1967, el que recomendamos vivamente leer en forma integra, porque es una verdadera lección de historia universal.
Los políticos argentinos de la época abrazaban el sistema burgués demoliberal de partidos como panacea, sin advertir la tendencia del mundo hacia la concentración y sin tampoco advertir que en la propia Argentina habían sido absorbidos y reciclados por la oligarquía en una democracia solo aparente y avanzaban hacia la nada. Alentaban la división política en partidos y en más partidos, la ficción democrática, pero el poder era uno solo y sin embargo este, comenzaba a flaquear ostensiblemente. La situación se acercaba a un punto de vacío de poder y algo debía suceder. ¿Hacia adonde va la política argentina entonces? ¿Quién o quienes pueden impulsar una revolución que cambie de raíz la situación social, política y mire hacia lo esencial de toda la actividad política, el respeto por la condición y esencia humanas?
Un factor de poder político, tal como lo hemos descrito anteriormente, es el ejército. Por tradición de participar en la resolución de las grandes cuestiones políticas de nuestra historia y por su situación en este presente que historiamos, la realidad lo ubica en tal posición.
Pero no es homogéneo su pensamiento político. Esta dividido en fracciones y tendencias. Deberán prevalecer entonces, la decisión, la sagacidad, la audacia, el valor, la planificación, la alta estrategia y sobre todo un proyecto. Es lo que tiene Perón, solo él y muy pocos oficiales lo acompañan.
Toda la hoja de ruta de Perón que hemos venido analizando, nos habla de una formación larga y paciente, decidida a realizar un proyecto argentino y absolutamente enraizado en la resolución de la cuestión social. La justicia social, la participación del pueblo en las decisiones y una política nacional en defensa de los intereses argentinos son los objetivos del pensamiento de Perón. El tiempo que demandó su propia formación y la espera, después de años de hacer política en forma concreta y silenciosa, de la llegada del punto histórico oportuno, correcto y preciso para la toma del poder, es lo que determina su accionar y que los hechos no sucedan ni antes ni después, sino en el momento en que debían ocurrir. Esto habrá de suceder a partir del 4 de junio de 1943 y hasta el 17 de octubre de 1945 en que, como bien dice Raúl Scalabrini Ortiz, el subsuelo de la patria sublevado, da un paso decisivo hacia delante. Ese subsuelo siempre estuvo y viene con la patria. Se expresó de mil modos durante siglos. Esta es otra oportunidad, más plena, mas contundente en el sentido de que va por mucho más: bienestar, participación en las decisiones y por la grandeza de la patria, esta, al momento, en manos de la extranjería y de las políticas antinacionales. Hace falta un Perón para conducir este proceso. Ahí estaba.
Cerramos este análisis con estas observaciones de Vicente Sierra sobre el nacionalismo y sobre la aparición de Perón en la política argentina: «Por su parte, aquel nacionalismo no supo encontrar su fórmula política, porque en la mayoría de su adalides se quedó en un tipo de ‘Revolución restauradora’, llena de valor literario, pero sin sentido en la calle, donde, además de la restauración de los valores tradicionales había hambre de una revolución social que terminara con una constitución desigual de la sociedad argentina. Tan es así que, cuando una revolución se produce, el 4 de junio de 1943, su fracaso habría sido absoluto sino hubiera contado en las filas con un hombre excepcional, el entonces coronel Juan Perón, que comprende que la restauración no consiste en volver a los usos y costumbres de un pasado más o menos cercano, sino en situar al hombre de hoy, al argentino de hoy, en una posición verdadera respecto al problema fundamental del ser, como hombre: el de la Persona Humana. El liberalismo nunca se interesó por tener un concepto sobre el hombre y por ello careció de un concepto sobre la libertad y la justicia, porque, en realidad, un concepto sobre el hombre no puede surgir nunca exacto de una doctrina política, sino de una doctrina religiosa. El coronel Perón comprende que los partidos políticos argentinos han terminado definitivamente su vida, advierte que el problema social debe ser encarado de nuevo y no en base a concesiones al socialismo, como ha venido haciendo el liberalismo, incapaz de concepciones propias y, sin elucubraciones intelectualistas ‘a priori’, por el camino de la acción y la observación, logra encauzar un movimiento que no puede ser sino de masas, pues no se puede esperar que el país abjure de la noche a la mañana de los errores acumulados en casi dos siglos desorientación cultural, a cuyo frente coloca principios eternos, como base de una formación doctrinaria enraizada en el alma misma de la nacionalidad.» (56)
El Departamento Nacional del Trabajo era un organismo creado por el presidente José Figueroa Alcorta el 14 de marzo de 1907 y decía el decreto respectivo lo siguiente: «recoger, coordinar y publicar todos los datos relativos al trabajo de la República, especialmente en lo que concierne a las relaciones del trabajo y del capital y a las reformas legislativas y administrativas capaces de mejorar la situación material, social, intelectual y moral de los trabajadores». Algo más tarde, el 30 de septiembre de 1912 y recogiendo los proyectos de José L. Cantilo y Alfredo L. Palacios, se ampliaron sus funciones al sancionarse la ley 8.999 y las nuevas funciones eran: la inspección y vigilancia de las leyes, la incorporación de un registro de colocaciones para trabajadores sin empleo, y la facultad de mediar en los conflictos entre el capital y el trabajo, a través de un Consejo del Trabajo.
Esta concesión de la oligarquía de principios de siglo sobre la problemática laboral, era precisamente y solamente eso, una concesión, vacía de contenido y mucho menos imbuida de la intención de defender derechos laborales, porque ninguna de las funciones del departamento fue cumplida cabalmente de modo que sirviese a los intereses de los trabajadores. Las pruebas están a la vista, inexistencia del descanso semanal, del horario de 8 horas para la jornada laboral, de jubilaciones, de condiciones de seguridad en los puestos de trabajo, de vacaciones pagas, de fueros laborales, de salarios dignos y de protección a las familias de los trabajadores. Nada, absolutamente nada de todo esto fue cumplido como misión de protección al trabajo humano. Los conflictos laborales eran irremediablemente resueltos a favor de las patronales y la bajísima esperanza de vida de los trabajadores y las ollas populares para dar de comer a los desocupados, son el mejor testimonio de esta situación.
Lo que si resultó ser el Departamento Nacional del Trabajo, fue apenas una oficina de estadísticas y una agencia de colocaciones en plena oleada inmigratoria europea. Dar alguna e ínfima salida laboral a los inmigrantes recién llegados a esta tierra, pareciera ser que fue la verdadera intención de su creación. Ninguna de las otras funciones declamadas en su creación fueron puestas en práctica y las relaciones entre el trabajo y el capital siguieron su curso de explotados y explotadores, sin control alguno, ni atisbo de justicia social.
Un signo muy claro de la escasa o ninguna importancia que podía tener la justicia en las relaciones laborales, lo marca el hecho de que el Departamento estaba incorporado a la estructura orgánica del Ministerio del Interior. ¿Qué tenía que hacer en ese ministerio un organismo supuestamente dedicado a una problemática tan sensible como la calidad de vida de los trabajadores? Incomprensible, o mejor dicho, perfectamente comprensible si nos situamos en la Argentina opulenta y al mismo tiempo miserable de principios de siglo.
Pero además, un departamento en la estructura de cualquier ministerio argentino, es un organismo de cuarto nivel o categoría. A saber: ministerio, secretarias, subsecretarias, departamentos. Esto era el fiel reflejo de la importancia que podía tener la labor humana, la cuarta categoría, mientras que sí había un ministerio de agricultura que por supuesto incluía en primer orden, tanto a la agricultura misma como a la ganadería. Mucho más valía el ganado que los humanos.
Como señalamos anteriormente, Perón ya hacía emprendido una acción política decidida, muy sagaz, valiente y profunda desde la Secretaría de Guerra con un objetivo claro, comenzar a instaurar la justicia social y fundar las bases de su futuro movimiento político. Pero esto fue muy breve, hacía falta algo más: un espacio específico para la tarea emprendida.
El espacio elegido por Perón fue el Departamento Nacional del Trabajo, el cual acabamos de describir. Muchos, tal vez, deben haber pensado «que poco pedía Perón» habida cuenta de lo irrelevante que significaba, en términos de poder, ese«olvidado« organismo. Muy pocos en realidad conocían la táctica que desarrollaba Perón y muchos menos todavía se podían imaginar cual era su proyecto.
Lo cierto es entonces, que el día 27 de octubre de 1943 habiendo sido designado mediante un decreto presidencial, se hace cargo de la presidencia del Departamento.
Reunido con todo el personal del Departamento, les habla de un modo tan claro y preciso sobre sus propósitos, que ese «discurso» resulta ser toda una declaración de principios sobre sus intenciones políticas y a partir de aquí no puede ya haber sorpresa alguna. Perón se pone al frente de las reivindicaciones obreras rumbo a la justicia social.
Aquellas palabras fueron las siguientes: «…en una oportunidad, viajando por Europa, había encontrado un reloj frente a la plaza de un antiguo pueblo, que cambiaba de figuras cada seis horas; primero aparecía una maestro que decía, ‘Yo soy el artífice de vuestra inteligencia’; después un abogado decía, ‘Yo soy el defensor de vuestros intereses’; más tarde un sacerdote explicaba, ‘Cuido vuestras almas’. Y por último, después de las seis horas finales de la jornada, salía un hombre que decía, ‘Yo soy un obrero que, con mi trabajo, mantengo a los otros tres’.» (57)
El rumbo estaba fijado.
De inicio no más, Perón entra en contacto con José Figuerola, español estadígrafo y especialista en planificación laboral y sindical que ya trabajaba en el Departamento.
Habitualmente y como no podía ser de otro modo, la izquierda argentina lo ubica dentro de los parámetros ideológicos del fascismo. La ceguera de la izquierda es proverbial. No ve ni reconoce nada que pueda contradecir a como imagina la realidad, dependiendo esta por supuesto de los fundamentos ideológicos. Primero está la ideología y después la realidad.
Por suerte historiadores como Fermín Chávez, nos ayudan a ubicar correctamente a estos protagonistas de la historia. Dice: «Según el lugar común que impusieron entre nosotros los autores socialistas, Figuerola aportó a Perón ‘ideas corporativas’, las que se sumaron al ‘esquema fascista observado por Perón durante su misión en Italia y el avance del nazismo dentro del Ejército Argentino.’ A tales aseveraciones cabe observar que Figuerola estaba muy lejos de ser un teórico de las ideas corporativas y que si Perón hubiese necesitado del susodicho esquema fascista hubiera pedido la colaboración de quienes, dentro del nacionalismo argentino, habían estudiado el sistema corporativo y lo habían divulgado entre 1940 y 1943. El principal de ellos era el doctor Héctor Bernardo, colaborador y autor de uno de los primeros libros sobre el tema.» (58)
27 de octubre de 1943, el coronel Perón se hace cargo de la presidencia del Departamento Nacional del Trabajo. A su lado el coronel Mercante, vicepresidente del mismo.
Dirá Perón: «Figuerola es el mejor estadígrafo que tenemos. Es un hombre valiosísimo.» No era necesario, para Perón, atender a las posibles simpatías de Figuerola con el corporativismo europeo. Lo que hizo fue muy simple y demostrativo de su sistema de pensamiento. La realidad le indicaba, por encima de las ideologías, el enorme valor del trabajo técnico de Figuerola. Su adhesión al futuro peronismo y su desempeño en los gobiernos de Perón, fueron la demostración de lo que apuntamos.
Este es un testimonio invalorable del propio Figuerola: «Tras saludar al personal pasamos a mi oficina, alrededor de la siete de la tarde, prolongando la entrevista hasta las dos y media de la mañana del día siguiente, 28 de octubre. Con su coche del Ministerio de Guerra, sin escolta (sólo con chofer), me condujo hasta mi domicilio. A las tres de la madrugada, recibía el primer abrazo del coronel Perón. Con el nuevo día, además de una estrecha colaboración, nacía una amistad sincera, a prueba de los avatares políticos que después se han sucedido…
…La colaboración personal que sostengo con él es absorbente. Desde la revisación de la clasificación de actividades profesionales, para conocer metódicamente la situación de las empresas y de los trabajadores en ellas ocupados, pasando por la reestructuración de los servicios de estadísticas, la definición de los principios y objetivos de la política social argentina, el esquema de la labor a realizar en materia laboral propiamente dicha, la proyección hacia el campo económico social mediante la implantación de un sistema coordinador de las dispersas funciones que incumben al Estado, fueron jalonando una serie de estudios y medidas.»
Declaraciones de J. Figuerola al cuestionario que le hicieron los alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información y Opinión de la Universidad del Museo Social Argentino, 25-9-1965.
José Figuerola. Asesor clave de Perón en cuestiones laborales y brillante estadígrafo graduado en las universidades de Madrid y Barcelona
Dos hombres claves más, en esta pequeña estructura del Departamento Nacional del Trabajo, el socialista Juan Atilio Bramuglia, futuro ministro en el gobierno de Perón y el doctor Eduardo Stafforini, experto en derecho laboral y creador de la palabra Justicialismo, según testimonio del propio Perón y del que daremos cuenta más adelante. Imposible soslayarlos, ya que tuvieron una actuación decisiva en el Departamento y en la ya naciente Secretaria de Trabajo y Previsión.
«La casa de los trabajadores»
Muy poco tardará Perón en dar un paso trascendental. El 27 de noviembre de 1943, a solo un mes de haber asumido en el Departamento Nacional del Trabajo, por decreto ley Nº 15074, consigue que sea creada la Secretaría de Trabajo y Previsión, separada del Ministerio del Interior y con rango de ministerio. Al día siguiente asume interinamente a cargo de la misma. El 1º de diciembre es designado titular de la misma.
Su primer discurso como secretario el día 2 de diciembre de 1943 es revelador y deja perfectamente en claro el rumbo de su accionar político. Algunos párrafos de ese discurso, transmitido por cadena nacional, y haciendo referencia al Departamento Nacional del Trabajo que acaba de transformar en secretaría de estado, son los siguientes: «….El Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No regulaba las actividades sociales como era su deber. Solo tomaba contacto en forma aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle, le obligaba a descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los gobernantes que la indiferencia adoptada antes las contiendas sociales facilitaba la propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley de su conveniencia…..»
Agregando «……Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patrones y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades, tendrán la garantía de que, si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana, no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y por consiguiente del engrandecimiento del país. Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionando con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones».
1º de diciembre de 1943 – Foto de un momento trascendental en la historia del peronismo. Perón asume la titularidad de la Secretaría de Trabajo y Previsión
Conciencia capitalista y conciencia social, una conquista sobre el espíritu
«A nadie le interesaba la suerte de nadie, salvo su propia suerte, aún cuando esto representara la desgracia de los demás.»
JuanD. Perón
Antes de analizar el detalle de la acción de Perón en la Secretaría, nos parece importantísimo consignar en este lugar de nuestra historia, hacia adonde apuntaba uno de los objetivos más profundos de su pensamiento y de su acción.
Este es el pensamiento de Perón sobre el estado de la conciencia social en la sociedad argentina hacia 1943, en los años previos al advenimiento del peronismo:
Facsímile tomado de la publicación «Perón, 30 años que conmovieron la política argentina»
¿Dónde se instaló la Secretaría de Trabajo y Previsión?
Testimonian sus más allegados, que el lugar físico del Departamento Nacional del Trabajo quedó chico inmediatamente de creada la Secretaría.
Por esta razón Perón le pidió al intendente de la ciudad de Buenos Aires general Pertiné, que le habilitara las instalaciones del Concejo Deliberante de la ciudad, ya que estaba sin uso alguno al no haber actividad legislativa por ser un gobierno militar y de facto. Como no obtuvo respuesta favorable, decidió tomarlo sin permiso alguno utilizando el recurso y el axioma del fatto compiuto (en italiano hecho consumado). En efecto, y utilizando un sábado y un domingo, mudaron a ese lugar todas las instalaciones del Departamento Nacional del Trabajo que funcionaba en el viejo Club del Progreso y de ese modo la recién creada Secretaría tuvo un lugar acorde con la trascendencia de la misión.
Histórico escritorio que usara el coronel Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión
Revolución social y participación popular en las decisiones
Este es el testimonio del propio Perón sobre un diálogo que tuvo con el general Farrell: «Vea mi general, aquí se han producido muchas revoluciones de carácter político, pero ninguna de carácter social. Y el problema argentino no es político, sino social. El descontento de los trabajadores es el que produce todas las alteraciones de orden público y hay que conformarlos para evitar esos conflictos y esas revoluciones. Creo que hay que darle a esta revolución un contenido social, y la única manera es haciendo intervenir a las masas populares en la vida del país.
Farrell comprendió y me contestó: ‘Vaya hágalo’.» (59)
Y aún más para comprender el espíritu y el sistema de pensamiento de Perón frente al problema social y laboral, dice en 1943: «Yo no he ido a los tratados de trabajo ni a las leyes, ni a los teóricos que hablan del trabajo. He ido al trabajo. A propósito de esto, recuerdo que uno de mis técnicos me dijo un día, trayéndome unos libros sobre Derecho del Trabajo y Previsión Social:
‘Léalos coronel, son muy interesantes.’
Le respondí con un recuerdo histórico. Refiere Plutarco que cierta vez pasaba cerca de Esparta un circo y un amigo de Licurgo lo invitó a que lo acompañara a verlo. Le preguntó que había de bueno allí, y le contestó su amigo que había un hombre que imitaba maravillosamente al ruiseñor. Licurgo lo miró y le dijo: ‘No me interesa, ya he oído al ruiseñor.’
Del mismo modo, cuando el abogado me trajo los libros, yo le dijo: Querido amigo, yo quiero ver eso en la fábrica y entre los obreros….» (60)
Quedaba claro entonces que, no obstante la apoyatura teórica y técnica que poseía él mismo y las que le acercaban sus colaboradores, lo decisivo resultaba ser la propia observación de la realidad «¿De que se trata el problema?» y mucho más que eso, la concreción en la práctica de esos principios. «Mejor que decir es hacer».
Las acciones de Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión
Fijados inicialmente los objetivos de Perón en el organismo, debía ahora producir los hechos que confirmaran a los mismos y que dieran, por sí mismos, más fundamentos a la verdadera teoría social de lo que será el peronismo. Principios, hechos que los corroboran y que generan nuevos principios. Resultado, toda una teoría de la acción, una doctrina y los fundamentos ideológicos que correspondan. Algo entonces tan alejado del sistema de pensamiento liberal y marxista que no puede desarrollar su acción si no es dentro del marco inmutable de la ideología preexistente. Los hechos según la ideología. No es así en Perón, los hechos tienen peso específico propio y determinan las doctrinas y los principios ideológicos pertinentes.
3 Frentes de lucha
El impulso que Perón dio a sus acciones en el organismo, reconoce tres frentes principales de desarrollo.
Ellos son, una política clara y precisa con todos los sectores del sindicalismo. La creación de normas y leyes laborales con un marco jurídico específico, para esas mismas leyes y para las organizaciones sindicales. Y finalmente, el contacto diario con la masa trabajadora, a partir de resolver en su favor cada uno de los conflictos laborales que se iban presentando y que eran llevados a la Secretaría de Trabajo y Previsión. Esto permitía a Perón tener un contacto personal y directo con los trabajadores y ejecutar las medidas concretas que ponían en marcha la justicia social.
-Con los sindicatos
La política con las organizaciones sindicales era un problema muy arduo, ya que estas mismas fuerzas estaban dividas en varias corrientes de pensamiento, tan diversas, como que eran comunistas, socialistas, anarquistas y trotskistas. Atomizados de este modo y con un encuadre de trabajadores absolutamente minoritario, la fuerza laboral organizada era presa fácil de las patronales y del sistema de explotación del trabajo humano. Para colmo esa fuerza gremial organizada esta expresada en dos C.G.T., la Nº 1 y la Nº 2. Ambas dividas y junto a los resabios del anarquismo que aún quedaban, tan minoritario y debilitado, miraban tanto a Europa como a las directivas de las direcciones partidarias correspondientes, lo que les impedía una penetración masiva en la clase trabajadora argentina, portadora sí de una conciencia nacional. Por eso es que la mayoría de los trabajadores no estaban agremiados y lo único que producía este fenómeno era debilidad, tanto en los que estaban independientes por no estar protegidos por una organización, como a los que estaban agremiados por ser minoritarios y por lo tanto débiles. Entre las dos C.G.T. apenas alcanzaban el número de 550.000 afiliados…..
Ver en nuestra página «El sindicalismo previo al peronismo»
Pero además existía otro fenómeno que atentaba contra la fortaleza de los trabajadores organizados y este era su agremiación por la especialidad de su labor. Esto significaba ni más ni menos que el sindicato respondía al encuadramiento de los trabajadores de una labor determinada y no a la sindicalización por grandes ramas de industria o actividades comerciales o de servicios.
La diferencia entre en un encuadramiento y otro, es nada más ni nada menos que la posibilidad de negociar frente a la patronal desde una posición de debilidad o desde la mayor fuerza posible. Desde un sindicato que reúna, por ejemplo, a una especialidad metalúrgica o desde un sindicato que reúna a todas las especialidades metalúrgicas. El resultado en la negociación es más que obvio. Siempre va a ser más favorable a los trabajadores reunidos en una gran organización.
Perón cimentó durante los dos años de la Secretaría de Trabajo y Previsión la unidad de los sindicatos de actividades o labores afines, bajo una organización madre, los sindicatos por rama. Es decir grandes frentes de lucha. Desde ahí devino la gran fortaleza del sindicalismo argentino, que en años posteriores iba a concretar esta unidad iniciada desde 1943.
Además, una determinación clave de la Secretaría: el reconocimiento legal de los delegados obreros y la imposibilidad de que fuesen despedidos por sus empleadores. Una resolución que sacó de la virtual ilegalidad a los trabajadores elegidos por sus compañeros para cumplir con esa misión.
A fines de 1944, después de solo un año de labor, había una sola C.G.T. y alrededor de 40 organizaciones sindicales se hallaban encuadradas dentro de ella.
-Leyes obreras
En el terreno de las realizaciones rumbo a la justicia social y en cuanto a las leyes y normativas referentes a la regulación del trabajo humano, debe tenerse en cuenta que algunas leyes, jubilaciones por poner un ejemplo, ya existían, pero eran aplicadas de un modo absolutamente minoritario, es decir de aplicación a una ínfima cantidad de trabajadores. ¿De que podía valer entonces una ley escrita y no aplicada? ¿Qué hizo Perón? Extendió el beneficio a la mayor cantidad de trabajadores posibles durante el periodo 1943-1945. Es el hacer lo que termina siendo una virtud y no la letra de una norma que jamás se cumple, por mejor inspirada que esté.
O, por tomar otro caso, el de la ley que establecía la jornada laboral de 8 horas y la semana laboral de 44, que había sido promulgada en 1929 pero que nadie cumplía. La hizo cumplir.
En otros casos se perfeccionaron las leyes existentes adaptándolas y modernizándolas a la medida de las necesidades de los trabajadores.
Un caso paradigmático y revolucionario fue la sanción del Estatuto del Peón Rural. En una Argentina, opulenta para pocos, miserable para la mayoría, todavía existían aún quienes la pasaban peor, los peones de campo.
En una economía predominantemente agraria, conocida como ya apuntamos como la del «granero del mundo», los trabajadores del sector vivían en una semiesclavitud, sin convenio alguno, ni con la más mínima protección laboral… Abandonados a su suerte por los patrones cuando apenas envejecían, esto es, que en algunos lugares del interior argentino apenas pasados los treinta años morían irremediablemente en la peor de las miserias. Mal alimentados, sin jornal justo, sin jubilación y sin sanidad, no podían tener otro destino.
El Estatuto empezó a poner remedio a esta situación, fijando por ley cuales eran las obligaciones patronales. La elevación del nivel de vida de los trabajadores rurales y su adhesión irrestricta a Perón fue la consecuencia inmediata. También lo fue el odio que la oligarquía ganadera descargó sobre la persona de Perón. Les había puesto en blanco sobre negro la hipocresía de su declamado cristianismo y no se lo iban a perdonar.
Dirá Perón el 9 de noviembre de 1944, con motivo de la instauración del Estatuto:«Hace pocos días se ha puesto en ejecución el que, probablemente, sea el más extraordinario y trascendental de todos los estatutos del trabajo, el del hombre más humilde: el del peón de campo, que hasta ahora era algo así como un paria en la Patria, en condiciones inferiores a la propia esclavitud, ya borrada por la magna Asamblea de 1813, aunque no creo que estos hombres que trabajan por 15 o 20 pesos por mes tengan muchas ventajas comparándolos con aquellos esclavos, por cuanto a éstos los amos debían mantenerlos en la vejez, mientras que el peón, cuando llega a viejo, se lo arroja para que se muera en el campo o en los caminos.»
La actividad normativa y legislativa de la Secretaría es febril y sencillamente avasallante. No deja nada por hacer y es así como: amplía el beneficio jubilatorio a todos los gremios; impone rigurosamente el descanso semanal como también el cumplimiento de la jornada laboral de 8 horas; las vacaciones son obligatorias y pagas; también se impone el pago del aguinaldo en las remuneraciones de cualquier trabajador; se firman decenas de convenios colectivos de trabajo fijando salarios justos y dignos; empiezan a vigilarse rigurosamente las condiciones de trabajo; el trabajo de la mujer adquiere entidad propia al crearse el 3 de octubre de 1944 en la Secretaría, la División del Trabajo y Asistencia de la Mujer, todo un avance revolucionario; se crea el Fuero Laboral, un avance extraordinario en defensa de los intereses de los trabajadores, ya que reconoce en los estrados judiciales la especificidad de la problemática laboral humana.
-La acción directa
Laudo favorable a los trabajadores, siempre
Pero prevalecen las acciones en los conflictos, por eso es que, para poder cumplir con eficacia los objetivos de la Secretaría, Perón tiene en claro que cualquier organismo estatal tiene una «enfermedad» congénita: la burocracia. O sea, si la Secretaría nace como cualquier otro organismo no ha de cumplir ningún objetivo. ¿Qué hace Perón entonces? Crea, dentro de la misma Secretaría, un grupo de acción directa, propio de su formación militar como comando. El mismo lo explica: «Para evitar que ella (la Secretaría) cayese nuevamente en el mal anterior, en esa burocracia estática que hace ineficaces casi todas las organizaciones estatales porque están siempre cinco kilómetros detrás del movimiento, organizamos, sobre esa burocracia, un brazo activo que se llamó Acción Social Directa, que va a la calle, toma el problema, lo trae y lo resuelve en el acto, y en tres días se tiene establecido un acuerdo entre patrones y obreros, que después se protocoliza en pocas horas en un convenio que firman las partes y se pasa a ejecución.« (61)
Es decir que, en aquellos años entre 1943 y 1945, todos los conflictos laborales tienen un lugar de resolución, la Secretaría de Trabajo y Previsión, ya sea porque son llevados ahí por los propios trabajadores o porque la misma Secretaría sale a detectarlos. Esa resolución será siempre a favor de los trabajadores, siempre.
Un testimonio clave para ver como estas acciones provocaban en los trabajadores un elevado estado de conciencia de su propio valor, lo narra el dirigente sindical Angel Pérelman en su libro «Como hicimos el 17 de Octubre». Dice: «En nuestro trabajo sindical advertimos a partir de 1944 cosas increíbles: que se hacían cumplir leyes sociales incumplidas hasta entonces; que no había necesidad de recurrir a la justicia para el otorgamiento de vacaciones; otras disposiciones laborales, tales como el reconocimiento de los delegados en las fábricas, garantías de que no serían despedidos, etc., tenían una vigencia inmediata y rigurosa. Las relaciones internas entre la patronal y el personal, en las fábricas habían cambiado por completo de naturaleza. La democratización interna que imprimimos al sindicato metalúrgico, hacía que el delegado de fábrica constituyese el eje de toda la organización y la expresión directa de la voluntad de los trabajadores en cada establecimiento.
Los patrones estaban tan desconcertados como asombrados y alegres los trabajadores. La Secretaría de Trabajo y Previsión se había convertido en un factor de organización, desenvolvimiento y apoyo para la clase obrera. No funcionaba como una regulación estatal por encima de las clases en el orden sindical: actuaba como un aliado estatal de la clase trabajadora.»
Un síntoma de cómo ven los trabajadores toda estas acciones de Perón y su equipo desde la Secretaría, son las multitudinarias expresiones de agradecimiento frente a la misma cuando se firma o un convenio o queda fijado para siempre un beneficio provisional o social. Es notable la velocidad de penetración de Perón y de la justicia social en la conciencia de los trabajadores. Las manifestaciones así lo expresan.
27 de Noviembre de 1944, aniversario de la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión. Manifestación de apoyo y agradecimiento frente al edificio de la misma.
Marquesinas y carteles al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión en el primer aniversario de su creación
A modo de resumen, el 1° de mayo de 1945, Perón daba cuenta de la tarea realizada por la Secretaría de Trabajo y Previsión solo para el último año: 29 decretos leyes, 319 convenios colectivos y 174 gestiones conciliatorias que habían beneficiado a más de 2.580.000 trabajadores.
Facsímile de una gráfica de la época, donde se detallan los puntos principales que deben ser respetados en la vida del peón rural.
Terremoto en la ciudad de San Juan
El 15 de enero de 1944, un terremoto sacude la ciudad argentina de San Juan destruyéndola por completo. El saldo es pavoroso: aproximadamente 9.500 personas pierden la vida, transformándose desde ese momento en la mayor tragedia natural colectiva sufrida por los argentinos.
Dos aterradoras fotografías muestran la gravedad del daño en la ciudad de San Juan
Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, se pone al frente de un mega operativo nacional en socorro de los sanjuaninos, coordinando las acciones, desde el rescate de las víctimas con intervención del ejército y la movilización de aviones, trenes y camiones para transportar alimentos, carpas y materiales para el armado de barrios transitorios, hasta la ayuda que deberá prestar la comunidad civil.
El suyo es un gigantesco llamado de solidaridad y virtualmente toca todos los resortes posibles en esa dirección.
Uno muy particular fue la movilización de artistas en la recolección de fondos para la ayuda a San Juan. Un nutrido grupo de ellos se puso a su disposición y colaboraron en todo el operativo. Ellos fueron, entre otros, Olinda Bozán, Angelina Pagano, Pierina Dealessi, Luisa Vehil, Aida Alberti, Libertad Lamarque, Mecha Ortiz, Silvana Roth, Blanca Modestá, Iris Marga y Eva Duarte…, entre los artistas femeninos. En los masculinos los más destacados fueron Angel Magaña, Manuel Alcón, Francisco Alvarez, Pepe Arias y Enrique Muiño.
El propio Perón se pone al frente de la recolección de fondos, por ejemplo realizando una caminata por la calle Florida de la ciudad de Buenos Aires o yendo un domingo al hipódromo de Palermo en plena reunión hípica.
Dirá de estas colectas en una reunión en la Secretaría de Trabajo y Previsión: «Yo, señores, no he pedido nunca en mi vida porque, gracias a Dios, no he tenido necesidad. Pero por los demás soy capaz de pedir noche y día.»
Fotograma de la película «Perón sinfonía del sentimiento» de Leonardo Favio, donde puede verse al coronel Perón caminando por la calle Florida de la ciudad de Buenos Aires, en apoyo a las víctimas del terremoto de San Juan y a la actriz Eva Duarte, próximos ambos en la caminata, y a unir sus destinos entre sí y con el pueblo argentino.
El milagro del 22 de enero de 1944
Dentro de la campaña de recolección de fondos para San Juan, ese día se realiza en el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires, un festival a beneficio de las víctimas del terremoto.
Perón, como venía sucediendo en esos días, cuenta con el apoyo generalizado de los artistas argentinos. También están presentes ese 22 de enero. Entre los artistas está Eva Duarte, artista de cine, teatro y muy popular en radio.
Perón y Eva Duarte son presentados. Se conocen y se produce el milagro. Nace una historia de amor. El destino marca un punto de encuentro en la línea de la vida de ambos. Se enamoran uno del otro y pasan a ser hombre y mujer de una pareja dichosa y feliz. Mas esta felicidad no estará abonada solo por el sentimiento y atracción de hombre a mujer y de mujer a hombre que los une. Lo que se produce es el reconocimiento en ambos de que el destino y la providencia los ha unido para cumplir con una misión superior y esta misión será para con el pueblo, el tercer gran protagonista de esta historia de amor que pare nada menos que al movimiento de liberación más grande de América El milagro que dará vida a la justicia social para tantos y tantos argentinos, acaba de suceder.
¿Qué dice Evita de ese encuentro? : «En aquel momento sentí que su grito y su camino eran mi propio grito y mi propio camino. Me puse a su lado. Quizás ello le llamó la atención; cuando pudo escucharme, atiné a decirle con mi mejor palabra: Si es como usted dice, la causa del pueblo su propia causa, por muy lejos que hay que ir en el sacrificio, no dejaré de estar a su lado, hasta desfallecer. El aceptó mi ofrecimiento. Aquél fue mi día maravilloso.» (62)
¿Qué dice Perón del mismo encuentro? Este es su testimonio:
Y aún mas, dice Perón sobre aquel primer encuentro: «Vi en Evita a una mujer excepcional. Una auténtica apasionada animada de una voluntad y de una fe que podían parangonar con aquella de los primeros cristianos. Eva debía hacer algo más que ayudar a la gente de San Juan; debía trabajar por los desheredados argentinos porque en aquel tiempo, en el plano social, la mayoría de los argentinos podía equipararse a los sin techo de la ciudad de la cordillera sacudida por el terremoto. Decidí por lo tanto que Eva Duarte permaneciese en mi Ministerio y abandonara su actividad teatral.» (63)
Esta es la crónica, los testimonios y los significados de un hecho clave para la historia de los argentinos. El futuro, aún en ausencia física de Perón y de Evita, estará determinado por los hechos que se gestaron a partir de este encuentro, porque son indelebles en la conciencia de los argentinos. Aunque los derechos sociales sean conculcados, lo conquistado a partir de este punto de la historia será irreversible, porque pasó a forma parte de la genética colectiva nacional. Más o menos consciente según el momento, pero está y estará.
Evita por Ricardo Carpani
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Renuncia de Ramírez, Farrell presidente
Como ya hemos dado cuenta, la presidencia de Ramírez resultaba más que peligrosa para los objetivos de la revolución iniciada el 4 de junio de 1943, porque era muy obvio que se inclinaba hacia sectores reaccionarios que cada vez más aborrecían las acciones de Perón y su equipo.
Perón, por su parte, conserva un elevadísimo prestigio en la fuerza ejército, lo que lo sostiene políticamente. Es más, le permite conducir la situación política mientras suma poder ahora desde la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Pese a sus esfuerzos por relevarlo, el presidente Ramírez, por el contrario, ve disminuido rápidamente su escaso peso político lo que lo llevará en breve a abandonar su cargo.
Los acontecimientos se precipitan, en 1944, entre la noche del 23 de febrero y la madrugada del 24, el G.O.U. factor determinante de la revolución, reunido en la sede del Concejo Deliberante, es decir en la Secretaría de Trabajo y Previsión, se disuelve, resolviendo quedar liberados de sus juramentos a todos sus integrantes.
Esa misma mañana, el presidente Ramírez intenta descabezar el Ministerio de Guerra, exigiendo la renuncia del general Farrell, es decir apuntando directamente contra Perón. No tuvo tiempo para más nada. Los jefes de las principales guarniciones militares del área metropolitana le exigieron a él la renuncia, callejón sin salida del cual no pudo escapar y debió renunciar.
Testimonia Perón recordando lo sucedido: «Estuvo seis o siete meses, ¡era bastante! Empezó a cultivar los intereses oligárquicos y a meterse en la corriente de nuestros enemigos. Y nosotros, que no éramos tontos, estábamos lejos, pero mirábamos y veíamos. Entonces, sacamos a Ramírez que renunció con un pretexto, y nombramos a Farrell que era vicepresidente.» (64)
Farrell presidente
Perón en la presidencia de Farrell
Como vimos anteriormente y según el testimonio del propio Perón, habiendo renunciado Ramírez a la presidencia, «lo pusimos a Farrell«, que era el vicepresidente. La frase no tiene desperdicio y revela con claridad meridiana que Perón hasta acá no actúa solo, pero que además conduce. Su cercanía a Farrell, por otra parte y desde hace ya algunos años, ha incidido sin lugar a dudas para que fuese el presidente designado.
Los hechos, cronológicamente, sucedieron de este modo: el día 24 de febrero de 1944 Ramírez, advirtiendo que su gobierno está cercado, decide replegarse momentáneamente con seguras intenciones de dar un autogolpe y desplazar a Farrell y a Perón y delega provisoriamente el mando en el mismísimo Farrell y como hemos dicho, para luego derrocarlo. No le será posible, porque Perón ejecuta una maniobra político militar de impecable resolución y lo deja virtualmente en situación de tener que renunciar definitivamente, lo que finalmente hace el 9 de marzo, fecha en que asume Farrell la presidencia de la Nación.
La maniobra de Perón mencionada, consistió en enviar a todas las guarniciones del país al coronel Orlando Peluffo, para que cada unidad firmase de manera explícita, un documento donde se comprometían a apoyar incondicionalmente a Farrell como presidente designado.
Debe tenerse muy en cuenta que el G.O.U., acababa de ser disuelto, ya no cumplía una misión de unidad de acción y concepción y que el pensamiento y la acción misma estaban divididos entre sus componentes, por lo tanto ya no es un factor político que pueda incidir en tanto que no tiene unidad interna. Por eso se disuelve.
Desde acá en adelante, Perón ya no podía contar con el G.O.U. Si contará para la acción política y social, con la adhesión de los hombres de mayor confianza que lo siguen a él. Este es el dato nuevo de la situación política. Por eso es que destaca a Peluffo en la misión que vamos a describir y el objetivo es conseguir el respaldo del conjunto de la fuerza ejército al gobierno de Farrell, lo que equivale a decir que lo se precisa es conseguir estabilidad y apoyo político también para él mismo y su trascendente misión político social.
La misión de Peluffo, delicada y trabajosa, le insumió recorrer 7.000 kilómetros en avión durante 7 días, al cabo de los cuales volvió a Buenos Aires con el objetivo cumplido. Recorrió: Buenos Aires, Paraná, Concordia, Monte Caseros, Córdoba, Salta. Villa Mercedes, Mendoza, Neuquén, Bariloche, Esquel, Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia.
«Juro:
1-Servir incondicionalmente a la unión y solidaridad de las Fuerzas Armadas de la Nación2-Reprimir enérgicamente toda forma de disensión y conspiración que intente provocarse entre las tropas a mi mando.
3-Ceder mi puesto sin resistencia cuando así lo estimen mis superiores naturales o cuando a mi juicio haya perdido prestigio ante mis subalternos.
A fin de disipar toda clase de dudas convengo y acepto:
1-Que el señor general de división don Pedro P. Ramírez ha dejado de ser definitivamente Jefe de la Revolución y en consecuencia, presidente de la nación.
2-Que en su reemplazo corresponde ese alto cargo al señor general de brigada Edelmiro Farrell.
3-Que por tales motivos y a partir de este momento cumpliré las órdenes de su ministro interino de guerra, señor coronel don Juan D. Perón.
Si alguna vez faltase a este solemne compromiso de honor, que Dios, la Patria y mis camaradas me lo demanden.»
Perón es ministro de guerra, 4 de mayo de 1944
A su vez, la designación de Farrell como presidente, dejaba vacante el cargo de ministro de guerra. Le fue ofrecido a Perón por el conjunto de los jefes más relevantes de la guarnición Buenos Aires, a lo que en principio se negó, para aceptar después.
Una vez más recurrimos a la palabra de Perón. En el documento «¿Dónde estuvo?», que firma Bill de Caledonia (seudónimo del propio Perón) y que está disponible íntegramente en nuestra página en el link DOCUMENTOS, se explica con claridad el suceso.
Del mismo, reproducimos estos párrafos:
«Porqué fue ministro de Guerra el Coronel:
En este episodio de su vida pública, preferimos transcribir de sus memorias, sus propias palabras:
«Corrían días difíciles para la Revolución –dice el coronel–. El general Ramírez había renunciado y el general Farrell, en su carácter de vicepresidente, se había hecho cargo del Gobierno.
Personalmente deseaba dedicarme por entero a la Secretaría de Trabajo y Previsión, a fin de influir en cualquier forma sobre la parte constructiva de la Revolución que, para mí, fincaba en tres grandes reformas de fondo: la reforma rural, la reforma industrial y la reforma social ya en marcha.
Siendo así, desde el primer momento, aconsejé al nuevo presidente nombrar a un general como ministro de Guerra, proposición con la que estuvo completamente de acuerdo, prometiéndome hacerlo así. Con ello pensábamos que se afirmaría la disciplina que poco a poco habíamos ido reconstituyendo desde el Ministerio de Guerra, para regularizar una situación alterada por la Revolución.
Cuando los jefes se enteraron de ello se pusieron en movimiento y con el general Avalos a la cabeza pidieron al presidente Farrell que el coronel Perón fuera designado para desempeñar la cartera vacante.
Finalmente, después de algunos cambios de opiniones, el general Farrell aceptó y le hice presente que no convenía al gobierno tal nombramiento. Acosado por los jefes que insistieron de toda manera y llegaron hasta decirme:’Mi coronel, usted nos ha metido en esto y no puede negarse a ser nuestro ministro’, tuve que aceptar la imposición y hacerme cargo del Ministerio.
Todos los hechos anteriores pueden ser atestiguados por el propio general
Farrell y por todos los jefes de la Primera División del Ejército, los de Campo de Mayo, del Ministerio de Guerra y muchos otros.’
Esta primera ambición de que se acusa al coronel, es conveniente cargarla a la cuenta de otros, pues como vemos se trata de un caso de «ambición a la fuerza.»
Por otra parte, Franklin Lucero, hombre de extrema confianza de Perón y que luego con el grado de general será Ministro de Guerra en su gobierno, es llevado al Ministerio de Guerra como Secretario y en su libro «El precio de la lealtad», revela este testimonio importantísimo de una conversación suya con Perón, que permite tener una visión clara del cuadro de situación política a principios de 1944: «Nuestra patria <le dice Perón> necesita cambios radicales que no es posible introducirlos de golpe dados los enormes intereses creados en todos los círculos del país, en especial en los políticos y los militares dominados, como Ud. sabe, por una poderosa minoría oligárquico-liberal-mercantilista. Si pretendemos modificar bruscamente el actual estado de cosas no debemos dudar que esta minoría nos tragará de golpe. Lo mismo que los grupos militares, como los de Campo de Mayo o los que pertenecieron al G.O.U. En consecuencia iremos cambiando la fisonomía política, económica y social del país mediante la aplicación de nuevos procedimientos y métodos que progresivamente rompan las viejas y burocráticas organizaciones. Crearemos una nueva doctrina que nos asegure una patria libre, justa y soberana y que fortalezca poderosamente el alma nacional. En esta acción estoy empeñado y necesito que Ud., desde el puesto de Jefe de la Secretaría me reemplace en mis funciones lo más que pueda a fin de dedicar yo mi tiempo a estas fundamentales reformas.»
No debe olvidarse que Perón es Secretario de Trabajo y Previsión, y es este espacio desde donde despliega su estrategia clave, como es la de implantar la justicia social y tomar el decisivo contacto con los trabajadores, el que no abandonará para siempre.
Perón ha ganado un nuevo espacio, pero lo más importante es que se «lo han pedido» y por esa razón pasa también a ser ministro de guerra. Es designado como tal en forma interina el 26 de febrero de 1944 y como titular el 4 de mayo del mismo año. Es notable observar que sus dos antecesores habían llegado a ser presidentes de la nación: el general Ramírez había sido ministro de Guerra de Castillo y el general Farrell de Ramírez. La posición de Perón lo acercaba a las puertas mismas de la presidencia, aunque queda muy claro que no era su intención ser presidente mediante una designación. La historia será muy otra.
A pesar de su casi infinita capacidad de acción en distintos frentes y espacios, necesita, en el Ministerio de Guerra, a una persona de su extrema confianza para delegarle la multitud de asuntos que llegan a su escritorio, reservándose para sí la conducción y la fijación de la política estratégica del ejército. Como ya señalamos ese hombre será Franklin Lucero.
La indefensión militar argentina era notoria, tanto en efectivos como en material. La enorme frontera a custodiar, junto a sus recursos naturales imponía una nueva política. Cabía al nuevo ministro dar un importantísimo impulso al requipamiento de las fuerzas armadas. Esto fue lo que ocurrió:
– El 31 de mayo de 1944 por decreto presidencial Nº 13.939, se creó el Consejo Nacional de Defensa, que tenía como misión intervenir en los departamentos de todos los ministerios que tuviesen poder de decisión en temas relativos a la defensa nacional.
– El 10 de junio de 1944 se inauguró en la Universidad de La Plata la Cátedra de Defensa Nacional, siendo el disertante el coronel Perón. Este discurso pasará a la historia como una verdadera doctrina nacional en materia de defensa, donde queda fijado el concepto de «La Nación en Armas». Está disponible el texto integro del mismo en nuestra página, en el link DOCUMENTOS.
– Se elevó el número de oficiales en un 40% y el número de efectivos del ejército llegó al record de 138.000, siendo de ellos 104.000 los conscriptos y se dan los primeros pasos para un autoabastecimiento en material bélico con la presentación del prototipo de tanque mediano «Nahuel», diseñado por el teniente coronel del ejército argentino Alfredo Baisi.
– Se crea la Fuerza Aérea Argentina como fuerza militar autónoma, habiendo sido hasta el momento un brazo del ejército.
– Aprovechando el fin de la 2ª Guerra Mundial se dan los primeros pasos en dirección a la compra de material de última generación disponible, especialmente tanques y blindados de todo tipo, inexistentes hasta ese momento en el Ejército Argentino. Solo la acción política de Estados Unidos que presionaba para que Argentina abandonara una política internacional independiente, retrasó estas compras hasta 1948 en que se efectivizaron. Pero esto fue iniciado en 1945.
Como decimos, este es un año clave, porque en el se concentra la mayor parte de la acción política y social de Perón.
Las masas de trabajadores comienzan a advertirlo y empiezan a reconocerlo como su líder. El peso de las realizaciones tiene ese resultado.
Desde el arte y desde la documentación grafica, exhibimos en nuestra página las siguientes imágenes, que son el fiel reflejo de la Argentina anterior a Perón y de la que se inicia a partir de este momento histórico.
Un cuadro, un fotograma y una fotografía
Un extraordinario aporte en la búsqueda de la verdad histórica. Una contemplación exacta y sin mengua alguna de la realidad.
«Sin pan y sin trabajo», Ernesto De La Cárcova
Este famosísimo cuadro data de 1893 y su autor expresa con el más crudo realismo, la desesperación y la impotencia de un trabajador junto a su angustiada familia. Detrás del vidrio y muy difuso, está lo que se le niega, el trabajo. La desesperanza y la bronca invaden la escena, y seguramente son el reflejo de su espíritu. Es la Argentina de la injusticia social, la Argentina liberal, la del desempleo y del hambre.
Avanzadas las décadas y a partir de 1943, aparece una esperanza entre los más necesitados, los más débiles, los pobres: el coronel Perón, la Secretaría de Trabajo y Previsión y su radical, profunda y decidida acción para establecer la justicia social.
El fotograma que reproducimos a continuación, es parte de la película «Perón sinfonía del sentimiento», de Leonardo Favio. Su genialidad y la del equipo de artistas plásticos que lo acompañan, permitieron crear esta composición, donde puede verse en primer plano el cuadro de De La Cárcova y detrás del vidrio al coronel Perón y a los trabajadores, es decir la esperanza cierta. También una extraordinaria contribución del arte a la verdad histórica.
Fotograma de la película «Perón sinfonía del sentimiento», 1999, Leonardo Favio.
Esta fotografía muestra al coronel Perón llegando a la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944. Como todas las mañanas, es esperado por los trabajadores. El vínculo entre esta fotografía y el fotograma anterior es inequívoco y evidente. En ambas imágenes los trabajadores rodean a Perón en búsqueda de la solución para los problemas que oprimen sus vidas, la explotación y la falta de trabajo, dos tragedias humanas.
«Aguinaldo para todos». Gráfica de la época muestra los efectos de la generalización del sueldo anual complementario.
«….El coronel comienza a destacarse e incomodar porque les habla a los humildes, a los trabajadores e incluso descoloca a sus propios camaradas: temen que este hombre de vuelta el destino de la Argentina dependiente. El coronel contaba entonces con 48 años (edad oficial). Se llamaba… Juan Domingo Perón.»
Texto que forma parte de la citada película de
La acción sobre la dirigencia política «nueva y vieja»
Perón consolida su frente interno militar; avanza en la conciencia y en el corazón de los trabajadores y de los dirigentes sindicales, muchos de estos últimos con gran desconfianza, y esta, muy por encima de la adhesión que despierta en los trabajadores, que no sienten ningún recelo ni desconfianza. Pero también avanza sobre el frente político, donde el espectáculo es el que describimos en varios lugares de esta página: los partidos y sus dirigentes como furgón de cola del régimen demo- liberal, burgués y partidocrático y la nueva dirigencia expresada en una importante cantidad de cuadros que ven en el horizonte «algo nuevo, con olor a renacer y a revolución».
Con muchos de ellos, como hemos dado cuenta oportunamente, mantiene contactos desde antes de su viaje a Europa, desde donde no pierde a los mismos y recibe y envía correspondencia y material escrito.
Estas relaciones y contactos lo son con los más diversos matices de la política argentina. Está cubierto todo el arco, desde el conservadorismo que luego se llamará popular, hasta la izquierda, pasando por el radicalismo.
Son los albores de un movimiento, donde tendrán cabida todas las extracciones previas al peronismo y que luego se convertirán en lo nuevo, lo que está por venir.
Con los radicales, mantiene reuniones, ya desde 1942 con el grupo intransigente cordobés de Amadeo Sabattini. Varias y largas reuniones, con dirigentes de esta línea y otros radicales, tal es el caso de Racedo, Pomar, Cattáneo, Ratto, Avalos, Viñas Ibarra, Balbín y Odone, proponiéndoles la participación en el poder y en el futuro movimiento. Resultarán frustradas por la pésima predisposición que muestra el jefe cordobés, que según el propio Perón obedece a las escasas luces que «adornan» su inteligencia: «La idea que debe tener de su persona supera todo lo imaginable, pero a excepción de un par de tontos y de indocumentados como él, que lo tienen de oráculo, no me atrevería a llamarlo aprendiz de político moderno.» (65) «No me pude entender con él, era un hombre que no tenía posibilidad de entender una cosa como la nuestra. El estaba en los viejos cánones.» (66)
Diferentes son los resultados con otra vía radical, cual es la de F.O.R.J.A, con quien ya tiene relaciones políticas desde hace años. Distinta será la actitud de este grupo frente al movimiento naciente y también distinta será frente al propio radicalismo, que es de donde provienen. Arturo Jauretche había lanzado la consigna de «Radicalizar la revolución (la de 1943) y revolucionar al radicalismo.» (67). Participan en FORJA, además, R. Scalabrini Ortiz, Homero Manzi (quién adherirá al peronismo en 1947), Ortiz Pereyra, Capelli (su último presidente), Darío Alessandro.Armando Casella entre otrosy también serán positivos los resultados con otro grupo de radicales, aquellos que en las elecciones generales del 24 de febrero de 1946, identificados como U.C.R. Junta Renovadora, adherirán a Perón y aportarán nada menos que el vicepresidente en la fórmula ganadora: Hortensio Quijano, junto con Antille, Cooke, Colom, A. Leloir, Vicente Saadi entre otros.
Toma contacto y conocimiento de jóvenes dirigentes conservadores, dispuestos a dar una vuelta de página en el terreno de sus ideas previas. Entre otros están Héctor Cámpora, José Visca, Héctor Sustaita Seeber y Jerónimo Remorino. Junto con el general Filomeno Velasco y el contraalmirante Alberto Teisaire, formarán el Partido Independiente, una de las formaciones políticas en que se apoyará Perón para llegar a la presidencia en 1946.
Entre los socialistas ya mencionamos a Borlenghi, Doménech, Bramuglia y debemos agregar a brillante pensador y escritor proveniente de esa corriente política, Manuel Ugarte.
Aportarán su adhesión desde el nacionalismo Tomás Casares, Vicente Sierra, Ernesto Palacio, entre otros, que tendrán por delante una nueva situación, como que el peronismo es una categoría político ideológica superior al nacionalismo y serán peronistas, algunos de ellos, de ahí en adelante.
Desde el pensamiento se irán plegando distintos sectores y aportarán su presencia en el futuro movimiento peronista: los ya mencionados Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo Jauretche, Ernesto Palacio, Diego Luis Molinari, Ramón Doll, Armando Casella y Leopoldo Marechal. Pero…, falta el aporte decisivo, el del pueblo. El de la masa de trabajadores y de los sumergidos que no están, ni enrolados en un partido de los conocidos, ni encuadrados en organización sindical alguna.
EL APORTE DECISIVO
«El tenía otros sueños….»
Mientras redactamos esta parte de nuestra investigación e interpretación histórica, como todos los días, algo nos sorprende, nos impacta sensiblemente en nuestra conciencia y valida nuestra búsqueda de la verdad. El testimonio de hoy nos lo da Olga Lotitto, ahijada de Perón y de Evita. Su padre, Carlos Orlando Lotitto, fundó una biblioteca popular en la ciudad de Buenos Aires, el 4 de junio de 1944. Estaba situada en la calle Caseros 2927 y fue bautizada «Coronel Perón». Exactamente un año después el 4 de junio de 1945, se le otorgaba a la biblioteca su correspondiente personería como tal y pasó a ser con ello, la primera institución libre del pueblo en haber sido parida por el peronismo, aún antes de que este naciese como tal.
Cuando Olga nos comenta lo sucedido, surgen algunas preguntas cuyas respuestas son reveladoras. El diálogo fue el siguiente:
Roberto Maffeis: Olga, ¿su padre pertenecía a algún partido político?
Olga Lotitto: No, a ninguno. Algunos familiares de él eran afiliados al radicalismo, pero no era su caso.
R.M.: ¿Como fue Olga entonces que su padre, sin militancia política, «vio» al coronel Perón y desde ahí en adelante fue su líder?
O.L.: Bueno, «el tenía otros sueños….
Este testimonio nos cae a la mano, en el preciso instante en que estamos analizando, interpretando y justificando, como fue que tantas personas adhirieran y abrazaran al coronel Perón. ¿Cómo fue posible que algunas de ellas proviniesen de viejos partidos de la política argentina y muchos otros, como en el caso de Lotitto, de ninguno de ellos? Es que unos y otros percibían lo nuevo, el renacer del ser nacional y la revolución. A ninguno de ellos esos partidos los guiaba por una senda nueva. Por el contrario, eran furgón de cola de la oligarquía y así se vivía, miserablemente y sin destino. Pero debemos dar cuenta de algo, el ser nacional viene de lejos, de muy lejos y los valores permanentes que porta, «afloran siempre», como dice el propio Perón. Tener otros sueños, como los que tenía Lotitto y tantos como él, pertenece al bagaje que porta el ser nacional. ¿Cuántos Lotitto había? Millones. Ellos eran el «subsuelo de la patria» y se «sublevaron» porque fueron capaces de soñar otra cosa. Gracias a ellos entonces. Gracias también a Olga Lotitto.
La biblioteca fue quemada después de 1955 en nombre de la «libertad» por la Revolución Libertadora y hoy en ese lugar funciona un centro comercial. Algunos de los libros que pudieron ser salvados, se supone que forman parte del patrimonio de la Biblioteca del Congreso Nacional.
Y es así, cuadros de los viejos partidos políticos, sindicalistas de las viejas corrientes sindicales, algunos militares, muchos profesionales, intelectuales o más que eso trabajadores del pensamiento y mucha, pero mucha gente simple, trabajadora, no afiliada a ningún partido, pasan a formar parte del nuevo movimiento que está naciendo. Nadie se equivocó, todos buscaban una revolución nacional. El vínculo con Perón les demostró que era posible. Por eso el futuro movimiento peronista verá nutrida su dirigencia en todos los terrenos. Todos los que siguieron a Perón estaban hartos del pasado y es así como resurge en ellos el viejo movimiento nacional, que también viene del pasado, pero que subyace y siempre mira hacia delante, siempre, aunque no se lo vea y por eso renace hoy cristalizado bajo la forma de movimiento peronista. La diferencia con el liberalismo era que este ofrecía el pasado sin redención alguna.
Perón, Evita y los trabajadores, por Ricardo Carpani
Perón es vicepresidente, 7 de julio de 1944
Tal como en el caso de la designación para ministro de guerra, recurrimos nuevamente al testimonio del Coronel Perón presente en nuestra página bajo el título de ¿Dónde estuvo? por Bill de Caledonia (seudónimo de Perón), y que está disponible íntegramente en nuestra página en el link DOCUMENTOS, para entender como fue designado Vicepresidente de la República el 7 de julio de 1944, con retención de sus cargos de Secretario de Trabajo y Previsión y Ministro de Guerra.
«Porqué el Coronel fue Vicepresidente
«Como en el caso anterior, preferimos sacar de sus memorias, la explicación de este suceso:
‘Corrían los días un tanto plácidamente desde que el general Farrell ocupara la primera magistratura. Varias veces habíamos conversado los dos sobre la necesidad de designar un vicepresidente. Mi opinión, y así insistí siempre ante él, era que debía designarse al almirante Teisaire, a fin de que la Marina tuviera su representación. El general encontró atinada la idea y lo decidió así. Recuerdo que confidencialmente llegué hasta felicitarlo al buen amigo Teisaire.
Pasaron unos días después de tomada la decisión y el general me llamó para decirme que los jefes creían que yo debía ser el vicepresidente y recuerdo que contesté al general: Yo no acepto.
Nuevamente, como había pasado en el caso de mi designación de ministro, llegaron hasta mí los jefes y el general Avalos para pedirme que depusiera mi intransigencia y aceptara, en razón de convenir que un hombre de la Revolución quedara al frente del Gobierno en el caso que llegara a faltar el general Farrell. Resistí insistentemente manifestando a los jefes que no querría aparecer como un ambicioso que andaba a la pesca de figuración y que ellos me estaban haciendo figurar como lo que no era. Finalmente rehusé aceptar. En esos días se pensaba modificar el gabinete y yo presenté mi renuncia como ministro de Guerra. Desconozco qué gestiones se realizaron, pero a los pocos días me llamó el general Farrell y me pidió que aceptara la vicepresidencia. No me quedó otro remedio.
Cuanto manifiesto aquí, puede ser atestiguado por el propio general Farrell, por los jefes de la Primera División de Ejército, los de Campo de Mayo, del Ministerio de Guerra y muchos otros.’
Elocuentes son las palabras del coronel que pueden ser corroboradas por tanta gente responsable. Este, como el anterior, es otro caso de «ambición a la fuerza.»
El día que asume a la vicepresidencia, pronuncia un discurso de agradecimiento a la concentración de trabajadores que lo acompaña en ese momento en Plaza de Mayo, Buenos Aires, durante el acto de asunción.
Este es un pasaje del mismo: «La presencia de los trabajadores del país en esta histórica plaza, en representación de cuarenta sindicatos argentinos que comprenden la hora y que viven las inquietudes del gobierno de la patria, constituyen para mí el más insigne honor y el estímulo más significativo que yo pudiera recibir.» Y era la toma de posesión del cargo de un vicepresidente…. Algo desconocido en la Argentina.
Pocos días después, el 28 de ese mismo mes y frente a una reunión de trabajadores, comerciantes y profesionales, produce una declaración de principios, destinada a hacer reflexionar precisamente al perfil socio-económico en que se expresa la mayoría de los presentes, la clase media. Habla sin vueltas y a fondo: «El individualismo favorece al hombre aislado, pero ello no hace más feliz a la humanidad. Contra él, en forma de reacción, se desplaza rápidamente un movimiento hacia la total socialización; es decir que el hombre desaparece como entidad, para aparecer la agrupación. Esos dos extremos han sido siempre, como todos los extremos, organizaciones que no han resistido al tiempo………»Agregando: «Pensando así, y sin que las ideologías puedan asustarnos con rótulos más o menos vituperables, debemos en mi concepto buscar la solución por el método argentino». Prosigue más adelante explicando que la clase media se formó «con un complejo de inferioridad porque no tuvo nunca oportunidad de actuar. Así se formó sin contenido social. Habrán observado ustedes que el obrero no va a pedir un aumento de salarios para él, sino para todos los de su gremio. El hombre de la clase media no va pedir nunca para los de su gremio. Va a pedir solamente para él. Es lo que lo ha debilitado y esto no es obra de la clase media sino de nuestro sistema político que ha fincado su fuerza y el manejo de la agrupaciones del país encaminándolas exclusivamente hacia un provecho para un círculo reducido de hombres y no para todos los argentinos,» Se refiere luego también a la oligarquía, a la que remata diciendo de ella: «Servida por hábiles políticos, no solamente cometió delitos contra el país sino algo más grave aún, tuvo sojuzgadas a numerosas generaciones de argentinos, a los que disoció en sus verdaderos valores.»
Consejo Nacional de Posguerra – La planificación
Los liberales mienten
Uno de los cimientos del futuro movimiento peronista es la planificación. Cuando el liberalismo se enfrenta con esta idea y postura, huye despavorido de la misma y descarga una verdadera tormenta de acres críticas sobre los movimientos que sí la practican.
El fundamento del liberalismo para renegar de la planificación es que, supuestamente, el libre juego de las fuerzas económicas y políticas determinará la riqueza de los estados y de los pueblos. Los estados, por lo tanto, no deben planificar nada. Una mentira suprema, proclamada durante años y desmentida a cada instante por la desigualdad escandalosa entre las diferentes clases sociales y porque los estados liberales, también planifican. ¿Qué es lo que planifican los estados liberales de países periféricos y dependientes? El mantenimiento de las desigualdades sociales y el fortalecimiento de la dependencia y de todas las prerrogativas de las clases más pudientes, con pretextos ideológicos, pero que en definitiva son estados copados por los poderosos con esos objetivos. La resultante es que todas las políticas que surgen deben cuidar de esos privilegios. Entonces por supuesto que hay que planificar. Hay que planificar, cuidar en rigor, lo que los factores de poder económico y político planifican fuera del estado. Lo que ocurre es que hay que hablar de planificaciones distintas, una al servicio del pueblo y de la patria y otra al servicio de intereses minoritarios y de la dependencia. Siempre le convino más al liberalismo prescindir de la palabra planificación como algo indeseable, que aceptar para que la emplea y para quienes lo hace.
Cuando el peronismo está naciendo, esto es entre 1943 y 1945, y cuando Perón es designado vicepresidente, inmediatamente crea un organismo de planificación.
Efectivamente, el 25 de agosto de 1944, el ejecutivo promulga el decreto 23.847 por el cual es creado el Consejo Nacional de Posguerra como órgano consultivo de la vicepresidencia. Es decir, queda en manos de Perón, nombrado presidente del organismo, toda la tarea de planificación del futuro gobierno del pueblo.
El secretario general del mismo, será quien ya era un hombre verdaderamente clave en la Secretaria de Trabajo y Previsión, el Dr. Figuerola, acompañado por D. Mercante y de Estrada, entre otros. Lo acompañan además, miembros de todos los ministerios, secretarias y organismos del gobierno, lo que garantiza que la visión que se tendrá de las soluciones a los problemas a planificar, será integral.
Posteriormente y para que esa visión fuese verdaderamente integral, son incorporados representantes de los sectores patronales. Es el caso de Torcuato Di Tella, José Dodero, Guillermo Kraft, Menéndez Behety y Méndez Delfino.
¿Cuál es el fundamento de esta creación y de la planificación que surgirá de el? El fundamento es que debe atenderse al interés nacional y al interés del pueblo, en forma ordenada, sostenida, fijando previamente objetivos claros y planificando la acción, tanto la económico social (clave y desconocido propósito de planificación en nuestra tierra), como el perfil de desarrollo industrial y el papel geopolítico de Argentina en el mundo. Semejantes objetivos no admiten improvisación alguna y debe iniciarse la acción cuanto antes.
Era visible que la guerra mundial se acercaba a su fin, lo mismo que su resultado, Alemania y su aliados de Eje derrotados y los aliados Estados Unidos, Inglaterra y la Unión Soviética ( ) como vencedores. Por lo tanto debía comenzar a planificarse el futuro inmediato.
Los considerando del decreto son clarísimos. Uno de ellos dice textualmente:
«Si bien los problemas sociales han sido con frecuencia abordados sin tener en cuenta la conexión que guardan con los demás factores que integran el complejo económico nacional, las excepcionales circunstancias del momento presente exigen que marchen firme y prudentemente orientados hacia la consecuencia de un objetivo común, claramente precisados y con un vigoroso impulso perseguido.» y se agrega más adelante: «… la desarticulación provocada por la guerra en la economía mundial requiere igualmente prever las soluciones aplicables a las necesidades apremiantes de posguerra a fin de que el Estado, sin alterar los principios de la libertad económica, tanto para los productores como para los consumidores, estimule su propósito inquebrantable de perfeccionar los conocimientos técnicos, aumentar el rendimiento, mejorar de modo efectivo las condiciones de trabajo o de vida de los trabajadores, fomentar el progreso de la clase media y estimular el capital privado en cuanto constituye un elemento activo de la producción y contribuye al bienestar común.»
Y aún más, Perón en sus «Memorias», ofrece un testimonio clave para entender porque se creo el Consejo Nacional de Posguerra. Había objetivos económicos y también políticos. Veamos lo que dice:
«Creé el Consejo Nacional de Posguerra, cuya misión era estudiar cómo haríamos para que no nos robaran, como había sucedido en 1918 -cuando los vencedores no nos pagaron un centavo por los productos con los que los habíamos abastecido-; luego también formé un cuerpo de concepción de la revolución que inicialmente estuvo integrado por cien personas.»
Por otra parte y para poner un broche final a la justificación de la planificación por venir, léanse estos dos artículos de la parte resolutiva del decreto presidencial:
«1° Proponer la coordinación, planificación y ejecución de todo lo
referente a cuestiones de carácter social y económicas.
2° De modo especial considerará las cuestiones siguientes:
a) situación económico social del momento presente.
b) posibles desequilibrios determinados por la repercusión inmediata de la terminación de la guerra y el pasaje a la paz.
c) determinación de las nuevas características y formas que convenga adoptar y aplicar en las relaciones económicas en el orden interno como externo.
d) fijación de los objetivos a alcanzar una vez restablecida la normalidad de la posguerra y de acuerdo con las modalidades que se prevea caracterizarán el porvenir económico social.
e) prosición inmediata de medidas y disposiciones, cuya aplicación convenga hacer desde este momento para salvar las dificultades que puedan presentarse y ajustando aquellas a los principios del respeto, justicia y solidaridad.»
f) prosición inmediata de medidas y disposiciones, cuya aplicación convenga hacer desde este momento para salvar las dificultades que puedan presentarse y ajustando aquellas a los principios del respeto, justicia y solidaridad.»
Habiendo avanzado ya un tramo en su acción, un año después de su creación, el 22 de agosto de 1945, se le encomienda por el decreto 19288, la elaboración de un plan concreto para la acción el período de posguerra, el que acaba de comenzar.
Estamos a dos meses del 17 de octubre de 1945 y a menos de un año de la asunción de Perón a su primera presidencia. Nada era librado al azar y a la improvisación.
Este plan estará contenido en un informe que llevará el título de Ordenamiento Económico Social y será la base del futuro 1º Plan Quinquenal del gobierno del general Perón.
Estos son los considerando, fundamentos y objetivos de ese documento:
«1) inalterabilidad del principio de libertad económica.
2) estímulo necesario a la producción indispensable para el desarrollo de
3) fomento de las industrias.
4) estímulo al capital privado.
5) utilización de toda la mano de obra disponible, tratando de mantener el
máximo nivel de ocupación posible.
6) justo equilibrio entre todos los sectores y factores de la producción.
7) intensificación del intercambio comercial.
8) mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores,
mediante la regulación y fijación de las condiciones mínimas en que
deberá prestarse el trabajo.
9) colaboración entre las organizaciones patronales y de trabajadores,
buscando la armonización de sus intereses.
10) desarrollo de un amplio programa de seguridad social.»
Este es el origen de la planificación en manos del naciente peronismo. No se le perdonará jamás esta iniciativa. Se la atacará ideológicamente, económicamente y políticamente. La verdadera razón jamás se puso sobre la mesa. La planificación estaba al servicio de la nación y de la inmensa mayoría del pueblo. Un pecado verdaderamente imperdonable.
Como es sabido, Estados Unidos tiene como objetivo político en América del Sur, reemplazar a Inglaterra que está en retirada. Argentina es un país clave en esa política, por la extensión de su territorio, su posición geopolítica y por la gigantesca gama y cantidad de recursos naturales de los que dispone. Estados Unidos se propone dominarlo.
Ni bien iniciada la 2º guerra mundial (1939-1945), Inglaterra y Estados Unidos, que no ingresará en la misma hasta 1941, presionan políticamente a la Argentina para que declare la guerra a Alemania. El gobierno argentino, aún el conservador de Ortiz-Castillo, va a mantener su neutralidad a rajatabla ateniéndose a las declaraciones de La Haya de 1899 y 1907, suscriptas también por nuestro país.
En 1943, con la caída del gobierno de Castillo, la Revolución iniciada el 4 de junio de ese año, va a mantener, en principio, la misma neutralidad, hasta que el presidente Ramírez cediendo un poco a la presión de Estados Unidos, toma una medida no definitiva respecto de la situación, como es la de romper relaciones diplomáticas con el Eje, es decir Alemania, Italia y Japón, lo que dista enormemente de declarar la guerra.
De hecho que esto no conforma a los aliados, Estados Unidos-Inglaterra y la presión continúa bajo el rótulo impuesto de nazi-fascistas con que se agravia al gobierno argentino.
Pero ese disconformismo se traduce en hechos concretos: Estados Unidos ha retirado a su embajador Norman Armour en junio.
El 19 de julio de 1944 el Comité de Emergencia para la Defensa Política del Continente, organismo que responde a los intereses de Washington, decide presionar a todos los países miembros para que declaren la guerra a Alemania. Argentina se retira del Comité emitiendo una declaración donde dice: «Nuestro país no aceptará medida alguna que parezca dictada desde el exterior.»
Un mes después, presiona a Inglaterra y el primer ministro inglés Winston Churchill también retira a su embajador en Argentina. A fines del mismo mes, Estados Unidos da otra vuelta de tuerca y produce una declaración que lleva por título «No reconocimiento de Argentina».Farrell reacciona y retira al embajador Escobar de Washington. Estados Unidos en una escalada que parece no tener fin, declara el bloqueo comercial de Argentina, el congelamiento de sus fondos en bancos norteamericanos y la prohibición a cualquier buque de su bandera a tocar cualquier puerto argentino. La consecuencia política en nuestro país, fue un notorio respaldo popular al gobierno argentino.
Estados Unidos continúa presionando al gobierno argentino y a varios países latinoamericanos para que procedan en línea con sus intereses. Argentina mantiene firme su posición hasta que en febrero de 1945, tres meses antes de la rendición de Alemania, una misión diplomática yanqui visita nuestro país. El objetivo canjear una declaración nuestra de guerra a Alemania, por el restablecimiento pleno de las relaciones del propio Estados Unidos y de los gobiernos latinoamericanos con Argentina.
La evaluación que se hace de este acercamiento de Estados Unidos, se funda en que el gobierno de Farrell es lo suficientemente sólido y que va a cumplir sus metas políticas, lo cual decide al gobierno de Estados Unidos a enviar la misión.
El 27 de marzo de 1945 Argentina declara la guerra a Alemania y a Japón y días después Estados Unidos e Inglaterra restablecen el nivel normal de relaciones con nuestro país. ¿Qué había pasado?
Hay dos razones por las cuales el gobierno argentino toma esa decisión. La primera tiene que ver con la necesidad de comprar armamento de última generación que está por ser desactivado, ya que es inminente la finalización de la guerra mundial. A Argentina le conviene tener acceso al mismo y como hemos dicho anteriormente las gestiones estaban iniciadas desde 1944, por eso declara la guerra a Alemania, lo que parece una debilidad y en realidad es todo lo contrario, ya que se toma en el preciso momento en que Argentina lo decide y le conviene.
La segunda razón está en boca de Perón y su testimonio es insoslayable.
Acá la reproducimos:
Tomado de la publicación «Perón, 30 años que conmovieron la
política argentina», Fascículo Nº 4, de José M. Rosa
Inmediatamente después de esta decisión argentina, Estados Unidos envía lo que se va a conocer como la misión Warren.
Tiene como objetivo político llegar a acuerdos comerciales y de defensa (léase venta de material bélico a nuestro país). El acuerdo llega rápido en ambos terrenos y la misión Warren retorna a su país.
En ese breve tiempo y para descomprimir la situación política, Perón el 22 de abril de 1945 emite una declaración donde dice que «no alentaba ambiciones presidenciales». Quedaba clarísimo que Perón irritaba ostensiblemente tanto al imperio, como a la oligarquía argentina y era conveniente dar alguna «señal», aunque lo esencial no solo no era tocado, sino que se incrementaba día a día. La Secretaría de Trabajo y Previsión, resolvía a favor de los obreros todos los conflictos y legislaba en un solo sentido, el de la justicia social.
Regresada a Estados Unidos la misión Warren, todo debió suceder en arreglo a lo acordado, pero en ese país había fallecido el presidente Roosevelt, lo cual congeló en forma inmediata todos los compromisos contraídos.
El testimonio de Perón sobre esta situación es este: «Después de todas las promesas que nos habían hecho, se produjo una ‘impasse’ y finalmente no cumplieron ninguna de ellas. No vino nadie de los que debieron venir a hablar y llevar a término lo acordado, ni se avanzó un paso. Todo se paralizó y en su lugar vino el nuevo embajador de EE.UU (…) A los pocos días se producían las renuncias de varios componentes de la misión Warren venida a Buenos Aires.» (68)
Este nuevo embajador estadounidense se llamó Spruile Braden y pasará a la historia como el conductor de toda la oposición a Perón y como la expresión de la impudicia en la intervención de Estados Unidos en la política argentina y de la brutalidad en materia de diplomacia.
No es que Estados Unidos no lo hubiese practicado en el pasado reciente y precisamente en Latinoamérica, pero finalizaba la segunda guerra y el nuevo amo del mundo, al menos en la parte del reparto con la Unión Soviética que le tocaba, debía reemplazar al anterior, Inglaterra y debía hacerlo en forma inequívoca.
Lejos de constituir una amenaza para el avance de Perón, de su movimiento en formación y del pueblo en general, su desfachatez y desvergüenza en colocarse al lado de lo peor de la política argentina, le sirvió a Perón para mostrar con claridad y blanco sobre negro quién es quién.
En seguida veremos los hechos que sus intervenciones promovieron y provocaron.
Llega el embajador de Estados Unidos Spruille Braden
El 9 de mayo de 1945 llega a la Argentina el nuevo embajador yanqui y sus dos primeras acciones fueron inequívocas. Previamente a viajar, el 29 de abril declara: «No vamos a permitir un brote nazi-fascista en el continente.», con lo que deja perfectamente claro para que viene a la Argentina.
Pero veamos lo siguiente; a esta altura de los acontecimientos Estados Unidos no piensa realmente que el gobierno argentino tenga como modelo los sistemas nazi o fascista. ¿Cuales son sus verdaderas preocupaciones y cuales son las contradicciones principales con Argentina? Dos son ellas: una es que Argentina no reconoce el liderazgo de Estados Unidos y la otra es el arrollador avance de la legislación social que se está implantando en nuestro país. Estas son las verdaderas contradicciones y la supuesta política nazi-fascista de nuestro gobierno, es solo un burdo pretexto que esconde el verdadero problema. Hay que rotular con algo que descalifique a Perón. Esa es la cuestión.
Además recomienda a su gobierno suspender el envío de armas a la Argentina y expresa que llegaba a nuestro país con ansías de «democratizar» nuestro sistema político. Se pone al frente de la oposición a Perón. La mencionada desfachatez: habla sin vueltas y actúa como gobernador de su país en el nuestro. Viene y dice públicamente lo que los argentinos debemos hacer de acuerdo con los intereses norteamericanos. Lo dramático será que algunos argentinos y casi todos los partidos políticos lo seguirán. Una Argentina exterior, incapaz de mirar hacia adentro. Servil y genuflexa, indigna de lo propio.
9 de mayo de 1945-Llega a Buenos Aires el embajador yanqui
Spruille Braden y se pone al frente de la oposición a Perón
Tapa de la revista norteamericana Time del 5 de noviembre de 1945. El mensaje es muy claro: el ex embajador Braden en Argentina, es ahora asesor de la Secretaria de Estado para Asuntos Latinoamericanos de Estados Unidos. Había estado en Argentina para conducir la oposición a Perón. Ahora va a «dar letra» a América Latina. O sea, a decirle que debe hacer. Por eso el tintero y la lapicera. Así le fue en Argentina.
«…..el que le haga eso a su país, es un hijo puta»
Este extraordinario testimonio de Perón sobre Braden, muestra a las claras el grado de brutalidad política que portaba el embajador y la suprema ignorancia de Estados Unidos sobre quienes somos los argentinos.
Algunas «razones» locales, léase cipayos que admiran cualquier cosa de la extranjería, podían hacerles pensar en que íbamos a ser eternamente una colonia.
Con Perón se equivocaron y sufrieron la derrota política más estrepitosa de la posguerra.
Aparecido en «Perón, 30 años que conmovieron a la política argentina», Fascículo Nº 5, de José M. Rosa
Como apuntamos antes, Braden, ni bien acaba de arribar se pone al frente de la oposición a Perón. Recorre en simulados agasajos, que en rigor son actos políticos, todo el arco económico, financiero y político que mira a Perón con incipiente odio por las normas de justicia social que implanta y al embajador yanqui, como una especie de Mesías, que viene a salvarlos de esta «inesperada» irrupción política de un coronel que los deja entre estupefactos y sorprendidos, pero la realidad es que expresa lo siguiente : todo el andamiaje político y económico liberal, no puede contener más una situación injusta para la mayoría de los argentinos.
Sucesivamente se reúne con la Sociedad Rural Argentina, con la Unión Industrial, con la Cámara de Comercio, con varios ministros del último gobierno conservador de Castillo, con dirigentes de los partidos políticos y con dirigentes estudiantiles y a diario, contacto con la prensa «seria», que, por supuesto, juega su partida en contra de Perón.
Esta fotografía apareció en la portada del Fascículo Nº 5 de la obra citada de José M. Rosa.
Tiene el enorme valor de graficar, al pié de la imagen, con un título muy preciso, lo que claramente empezaba a suceder.
La oligarquía no toleraba la acción de Perón rumbo a la justicia social y se pone en «marcha». Braden conduce.
Aquí junto a Perón en una comida protocolar en 1945.
El coro cipayo oligárquico acompaña a Braden y comienza a producir declaraciones.
El 15 de junio de 1945 la Industria y el Comercio, con la firma de 319 de sus integrantes declara:«El gobierno persigue e intensifica una política económica y comercial cuyas consecuencias peligrosas para el futuro de la Nación, nos hemos esforzado en demostrar y se nos hace un deber denunciar.»
Perón responde: «Sepa el mundo que somos un país manso y laborioso, pero orgulloso y altivo. Enarbolaremos nuestra dignidad frente a la prepotencia, a la gula inagotable de los imperios de turno y a sus personeros. Solo así evitaremos que nuestros sufridos trabajadores, sigan siendo bestias de carga azotadas por la miseria. Solo así evitaremos que se siga esquilmando el patrimonio que pertenece a mil generaciones de argentinos.» y agrega en otra declaración: «Estas fuerzas que se oponen a nuestra política de Justicia Social, han representado dentro del país la eterna oligarquía económica que ha manejado a la oligarquía política.»
Perón sobre Braden-testimonio
«¿Como lo iba a dejar de aprovechar? Era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar, y cuando se enojaba ¡ atropellaba las paredes ! …, que era lo que yo quería, porque entonces perdía toda ponderación.»
Juan D.Perón
La situación se polariza: de un lado Perón, del otro Braden conduciendo a la oposición. Pero la brutalidad y la estupidez sin límites de los opositores a Perón, no repara en que, precisamente la figura de un embajador de Estados Unidos, lo único que hace es encender aún más las llamas del sentir nacional y la sed de justicia ante tanta miseria y humillación. Todo parece favorecer a Perón. De hecho es así, pero faltan batallas importantes, decisivas y momentos de gravedad e incertidumbre antes del 17 de octubre de 1945.
A esta altura del año 1945 y con la llegada de Braden al país, empieza a tomar forma lo que en breve será la Unión Democrática, es decir la coalición de partidos opositores a Perón. La oposición creó la Junta de Coordinación Democrática que reunió a diversos sectores: Comunistas, Socialistas, Radicales, Partido Demócrata Nacional (conservador), Demócrata Progresista.
El eje de la misma será la Unión Cívica Radical, por ser el partido de más peso electoral. Un dirigente de este partido José P. Tamborini, a fines de junio en una convención radical expresa refiriéndose a Perón: «Ese agitador de masas debe ser detenido.» Increíble o no tanto, declaración de un dirigente de un partido con raíces populares, pero que ya hace tiempo ha abandonado gran parte de ellas y opina de Perón, tal cual lo podría hacer el más rancio oligarca, al que la acción de Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión le parece una verdadera tragedia. Pero no es un conservador oligarca y sin embargo habla como tal.
Perón le responde pocos días después en un acto del sindicato de trabajadores de seguros:«Se me ha llamado agitador de las masas argentinas. Yo no rechazo el título, y si algún día, por necesidades de la justicia o del país, hubiera de ser un verdadero agitador de las masas trabajadoras, no titubearé un segundo en ponerme a su frente.»
La recta final: se anuncian elecciones para fin de año
El presidente Farrell anuncia el 6 de julio, en ocasión de la cena de camaradería de las Fuerzas Armadas que: «antes de finalizar el año se convocará al pueblo a elegir autoridades. No estamos fabricando sucesiones. He de hacer todo cuanto esté a mi alcance para asegurar elecciones completamente libres y que ocupe la primera magistratura el que el pueblo elija. Repito «¡el que el pueblo elija!».
Estas palabras les fueron sugeridas a Farrell por el propio Perón, según se desprende del documento citado anteriormente «¿Dónde estuvo?», disponible en el link DOCUMENTOS.
Identidad: 12 de julio de 1945, por primera vez aparece la consigna,
«Ni bolches, ni fascistas, peronistas»
La situación se tensa al extremo. El pueblo trabajador sale a apoyar a Perón, del mismo modo que la oligarquía y los liberales en general, incluyendo a los izquierdistas, hacen de coro al embajador Braden.
El 12 de julio de 1945, la C.G.T., realiza un acto multitudinario en Florida y Diagonal Norte, de la ciudad de Buenos Aires, que sobrepasa largamente las 200.000 personas. Es en apoyo a Perón, quien es atacado, cada vez más virulentamente, por la oposición al gobierno, pero en realidad, repudia y tiene pánico a las realizaciones que se están produciendo, especialmente en materia social. Esto llega al extremo de que, las entidades patronales pidan la anulación lisa y llana de todas las normas laborales y sociales implantadas desde 1943. Por eso el acto de la C.G.T. en defensa de las mismas.
El acto es histórico, por el número de concurrentes y porque por primera vez en un acto masivo se entona la consigna que encabeza este punto, lo cual muestra a las claras el destino político e ideológico que está gestando el peronismo. Años más tarde esa consigna será expresada con una variante, pero que igualmente muestra el rumbo del Movimiento Peronista: «ni yanquis, ni marxistas, peronistas»
Otro factor político, además de los seguidores de Perón y los partidos de oposición que siguen soldando la constitución de la Unión Democrática interviene en esta pulseada: los sectores militares que pugnan por desplazar a Perón.
De este modo y luego de un reclamo concreto de 10 almirantes donde se pedían elecciones inmediatas y en el que se exigía virtualmente que ningún miembro de gobierno realizase campaña política, el día 28 de julio, el presidente Farrell convoca a una reunión de altos mandos a la que concurren 28 generales y 11 almirantes. Después de varias horas de deliberación, no se llega a ningún acuerdo. En otras palabras, las posiciones de estos sectores militares habían quedado expuestas y no eran precisamente favorables a Perón.
Se echan las cartas
Las cartas empiezan a echarse en forma definitiva y el ingreso de la situación política en el mes de agosto, significará entrar en la recta final hacia el 17 de octubre de 1945, el día en que la Argentina cambió para siempre.
Es importante en este punto revisar en el link CRONOLOGIA de nuestra página, los años 1944 y 1945. Solo se señalan los hechos, las fechas y los protagonistas. Así es una cronología. La interpretación de los mismos, se hace en este mismo punto que estamos recorriendo, por lo que una cronología no es la historia misma, pero es parte imprescindible de ella para ubicar en tiempo y espacio a los actores y a los hechos de la historia.

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