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Timestamp: 2018-06-23 04:07:20+00:00

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GUADARRAMA EN MARCHA: Participación y cambio.: diciembre 2016
El 23 de diciembre de 2016, el Consejo de Seguridad de Naciones
Unidas adoptó por unanimidad la resolución 2334, con la abstención de
Estados Unidos. La resolución reafirmó que la política y prácticas de
Israel al establecer asentamientos en territorios palestinos y otros
territorios árabes ocupados desde 1967 no tiene validez legal y
constituye una seria obstrucción para lograr una paz amplia, justa y
duradera en Medio Oriente (y) llama una vez más a Israel, como potencia
ocupante, a regirse escrupulosamente por la Cuarta Convención de Ginebra
de 1949, rescindir sus medidas previas y desistir de llevar a cabo
cualquier acción que resulte en un cambio del estatus legal y la
naturaleza geográfica y que afecte materialmente la composición
demográfica de los territorios árabes ocupados desde 1967, incluida
Jerusalén y, en particular, a no transferir partes de su propia
población civil a los territorios árabes ocupados.
Reafirmado. Un asunto de cierta importancia.
Es importante reconocer que la 2334 no es nada nuevo. La cita anterior
es de la resolución 446 del Consejo, del 12 de marzo de 1979,
reiterada en esencia en la resolución 2334. La 446 fue aprobada 12-0
con la abstención de Estados Unidos, al que se unieron Reino Unido y
Noruega. Las diferencias primordiales son que ahora Estados Unidos
está solo contra el mundo entero, y que es un mundo diferente. Las
violaciones israelíes a las órdenes del Consejo de Seguridad, y al
derecho internacional, son ahora mucho más extremas que en 1979 y
suscitan mucha mayor condena en gran parte del mundo. Por tanto, hay
que tomar más en serio los contenidos de las resoluciones 446-2334. De
ahí la intensa reacción a la 2334, tanto en cobertura como en
comentario y, en Israel y Estados Unidos, en considerable histeria.
Esas son impactantes indicaciones del creciente aislamiento de Estados
Unidos en la escena mundial. Esto es, con Obama. Con Trump, es
probable que el aislamiento se incremente, y de hecho así ha sido
incluso antes de que asuma el poder.
El paso más significativo de Trump en promover el aislamiento
estadunidense se dio el 8 de noviembre, cuando obtuvo dos victorias. La
menor fue en su país, donde ganó el voto electoral. La mayor fue en
Marrakech, Marruecos, donde unas 200 naciones se reunían para tratar de
poner algún contenido real en los acuerdos de París de diciembre de 2015
con respecto al cambio climático, los cuales quedaron como promesas más
que como el tratado que se pretendía, porque el Congreso republicano no
aceptaría compromisos vinculantes.
Al llegar los votos electorales el 8 de noviembre, la conferencia de
Marrakech se desvió de su programa sustantivo hacia la cuestión de si
podría haber alguna acción significativa para enfrentar la severa
amenaza de catástrofe ambiental ahora que el país más poderoso de la
Tierra está levantándose de la mesa. Esa fue, sin duda, la mayor
victoria de Trump el 8 de noviembre, de verdadera trascendencia. También
definió el aislamiento de Estados Unidos respecto de los más severos
problemas humanos jamás enfrentados en la historia del planeta. El mundo
puso sus esperanzas de liderazgo en China, ahora que el Líder del Mundo
Libre ha declarado que no sólo se retirará del esfuerzo sino, con la
elección de Trump, aplicará medidas de fuerza para acelerar la carrera
hacia el desastre.
Un asombroso espectáculo, que pasó virtualmente sin comentario.
El hecho de que Estados Unidos esté solo ahora en su rechazo al consenso
internacional se reafirmó en la declaración 2334, en la que perdió
incluso a la Gran Bretaña de Theresa May.
La razón por la que Obama optó por la abstención en vez del veto es una
pregunta abierta: no tenemos evidencia directa. Pero hay algunas
suposiciones plausibles. Hubo algunas reacciones de sorpresa (y
escarnio) después del veto de Obama en febrero de 2011 a una resolución
del Consejo de Seguridad que llamaba a adoptar una política oficial en
Estados Unidos, y tal vez sintió que sería demasiado repetirlo si quería
salvar algo de su maltrecho legado entre sectores de la población que
tienen cierto interés por el derecho internacional y los derechos
humanos. También vale la pena recordar que entre los demócratas
liberales, si no en el Congreso, y en particular entre los jóvenes, la
opinión acerca de Israel-Palestina ha virado hacia la crítica a las
políticas israelíes en años recientes, tanto que el núcleo del apoyo a
esas políticas se ha desplazado a la extrema derecha, incluida la base
evangélica del Partido Republicano. Tal vez esos factores influyeron.
La abstención de 2016 causó furor en Israel y en el Congreso
estadunidense, tanto entre republicanos como en prominentes demócratas,
incluso con propuestas de retirar fondos a la ONU en represalia por el
crimen del mundo. El primer ministro israelí Netanyahu denunció a Obama
por sus acciones deshonestas contra Israel. Su oficina acusó a Obama de
coludirse tras bambalinas con esa conjura del Consejo de Seguridad, y
presentó partículas de evidencia que apenas se elevan al nivel del humor
enfermo. Un alto funcionario israelí añadió que la abstención reveló el
verdadero rostro del gobierno de Obama y que ahora entendemos con qué
hemos estado tratando en los ocho años pasados.
La realidad es muy diferente. Obama de hecho ha roto todos los récords
de apoyo a Israel, tanto diplomático como económico. La realidad es
descrita con exactitud por el especialista del *Financial Times* en
Medio Oriente, David Gardner: “Los tratos personales de Obama con
Netanyahu tal vez fueron ponzoñosos con frecuencia, pero ha sido el más
pro israelí de los presidentes: el más pródigo con la ayuda militar y el
más confiable en el ejercicio del voto estadunidense en el Consejo de
Seguridad… La elección de Donald Trump hasta ahora ha traído poco más
que espumarajos de *tuits* sobre éste y otros embrollos geopolíticos.
Pero los augurios son ominosos. Un gobierno irredento en Israel,
inclinado hacia la ultraderecha, se ve unido ahora por un gobierno
nacional populista en Washington que transpira islamofobia”.
En un comentario interesante y revelador, Netanyahu denunció la
*conjura* del mundo como prueba de la parcialidad del viejo mundo contra
Israel, frase reminiscente de la distinción que hacía Donald Rumsfeld
entre la vieja y la nueva Europa en 2003.
Se recordará que los estados de la vieja Europa eran los chicos malos,
los principales estados europeos, que se atrevieron a respetar la
opinión de la abrumadora mayoría de sus pobladores y por tanto se
negaron a secundar a Estados Unidos en el crimen del siglo, la invasión
de Irak. Los estados de la nueva Europa eran los chicos buenos, que
desoyeron a una mayoría aún más grande y obedecieron al amo. El más
honorable de los chicos buenos fue José María Aznar, de España, quien
rechazó una oposición virtualmente unánime en su país a la guerra y fue
recompensado con una invitación a estar al lado de Bush y Blair en el
anuncio de la invasión.
Este despliegue bastante revelador de desprecio absoluto por la
democracia, junto con otros al mismo tiempo, pasó virtualmente
inadvertido. Es comprensible, porque la tarea en ese tiempo era ensalzar
a Washington por su apasionada dedicación a la democracia, como quedó
ilustrado por la promoción de la democracia en Irak, que de pronto se
volvió la línea del partido después de que la única pregunta
(¿renunciará Saddam Hussein a sus armas de destrucción masiva?) recibió
la respuesta incorrecta.
Netanyahu está adoptando la misma postura en gran medida. El viejo mundo
que se ha alineado contra Israel es todo el Consejo de Seguridad de la
ONU; más específicamente, cualquiera en el mundo que tenga algún
compromiso duradero con el derecho internacional y los derechos humanos.
Por fortuna para la ultraderecha israelí, eso excluye al Congreso
estadunidense y –de manera muy abierta– al presidente electo y sus
El gobierno israelí está, desde luego, al tanto de estos hechos. Por
tanto, busca cambiar su base de apoyo a estados autoritarios como
Singapur, China y la India nacionalista derechista hindú de Modi, que
ahora se convierte en un aliado muy natural, con su viraje hacia el
ultranacionalismo, las políticas reaccionarias internas y el odio al
islam. Las razones de que Israel mire en esa dirección en busca de apoyo
son esbozadas por Mark Heller, investigador principal asociado en la
Institución de Estudios de Seguridad Nacional de Israel. A largo plazo,
explica, hay problemas para Israel en sus relaciones con Europa
occidental y con Estados Unidos, mientras, en contraste, los importantes
países asiáticos no parecen indicar mucho interés por cómo Israel se
lleva con los palestinos, los árabes o cualquier otra nación. En
síntesis, China, India, Singapur y otros aliados favorecidos se ven
menos influidos por las preocupaciones liberales y humanas que
representan crecientes amenazas para Israel.
Las tendencias que se desarrollan en el orden mundial merecen alguna
atención. Como se indicó, Estados Unidos está aún más aislado que en
años recientes, cuando encuestas dirigidas por este país –que no se
informan aquí, pero son sin duda conocidas por Washington– revelaron que
la opinión mundial lo considera la mayor amenaza, con mucho, a la paz
mundial, con ninguno siguiéndolo siquiera de cerca. Con Obama, el país
está ahora solo en su abstención sobre los asentamientos ilegales
israelíes, contra un Consejo de Seguridad unánime. Con Trump y sus
seguidores de ambos partidos en el Congreso, la nación estará aún más
aislada en el mundo en apoyo a los crímenes israelíes.
Desde el 8 de noviembre, Estados Unidos está aislado en el aspecto mucho
más crucial del calentamiento global. Si Trump cumple su promesa de
salir del acuerdo de Irán, es probable que los otros participantes
persistan, con lo que Estados Unidos quedará aún más aislado de Europa.
También está mucho más aislado de su *patio trasero* latinoamericano que
en el pasado, y lo estará todavía más si Trump retrocede de los
vacilantes pasos de Obama hacia la normalización de relaciones con Cuba,
emprendidos para prevenir la probabilidad de que su país quedara
excluido de organizaciones hemisféricas a causa de su continuo ataque a
Cuba, en aislamiento internacional.
En gran medida ocurre lo mismo en Asia, porque incluso aliados cercanos
estadunidenses (aparte de Japón), como Reino Unido, recurren al Banco de
Desarrollo de Infraestructura de Asia, con sede en China, y a la
Sociedad Económica Regional Ampliada, también basada en China, y en este
caso con Japón incluido. La Organización de Cooperación de Shanghai
incorpora los estados de Asia central, Siberia con su riqueza de
recursos, India, Pakistán y pronto probablemente Irán y tal vez Turquía.
Esta asociación ha rechazado la solicitud de Estados Unidos de sumarse
como observador y en cambio le exigió que retire todas sus bases
militares de la región.
Inmediatamente después de la elección de Trump, presenciamos el
interesante espectáculo de la canciller alemana Angela Merkel asumiendo
el liderazgo en leer la cartilla a Washington sobre valores liberales y
derechos humanos. Entre tanto, desde el 8 de noviembre, el mundo mira
hacia China por liderazgo para salvar al planeta de la catástrofe
ambiental, en tanto Estados Unidos, una vez más en espléndido
aislamiento, se dedica a socavar esos esfuerzos.
Por supuesto, el aislamiento estadunidense no es completo. Como quedó de
manifiesto en la reacción a la victoria electoral de Trump, Estados
Unidos cuenta con el apoyo entusiasta de la ultraderecha xenofóbica en
Europa, incluidos sus elementos neofascistas. Y el retorno de la
ultraderecha en partes de América Latina ofrece a Washington
oportunidades de alianzas allí también. Y, desde luego, conserva su
alianza cercana con las dictaduras del Golfo y con Israel, que también
se separa de sectores más liberales y democráticos de Europa y se
vincula con regímenes autoritarios a los que no les importan las
violaciones israelíes del derecho internacional y sus duros ataques a
los derechos humanos elementales.
El cuadro que se perfila sugiere el surgimiento de un Nuevo Orden
Mundial, muy diferente de los retratos usuales dentro del sistema
Publicado con permiso de Chomsky ZCommunications
Publicado por Fundación Emilia Mª Trevisi en 17:09 No hay comentarios:
LA CULTURA (I)
La visión de cultura atraviesa un largo periplo histórico de confrontaciones entre una visión materialista y otra idealista hasta llegar a la concepción científica de cultura que es resultado de la conciencia que la sociedad humana adquiere, en base de las transformaciones de la cultura material, realizadas por el hombre como ser social para hacer producir a la naturaleza, lo cual se refleja en su cerebro el mismo que, al producir ideas crea la cultura espiritual que incide en la cultura material; ambas, la cultura material y la espiritual, interactúan una sobre la otra, recíprocamente, dialécticamente.
La formación del hombre
La cultura se inicia con la formación del hombre que deja atrás al homínido: El desarrollo de su cerebro que produce ideas, de sus manos como herramientas, del lenguaje articulado, son procesos ligados a la lucha que el hombre, actuando socialmente, lleva a cabo para transformar la naturaleza creando y desarrollando instrumentos de producción para que esta le proporcione alimentos, vestido, bienes, dominándola progresivamente, no solo haciendo uso de ella, en función de proteger la más alta especie animal brotada de la naturaleza: Su propia especie, el hombre.
, destaca Engels: Esta historia durante los estadios inferior, medio y superior de la barbarie, que dejan atrás el salvajismo, y se funden con el estadio de la civilización, dan un salto en el desarrollo cultural: el dominio en la producción de la tierra, la forja de más avanzados instrumentos de producción y de comunicación, los inicios del arte en el labrado de metales y en la arquitectura, así como en la literatura al crear la mitología que se expresa en los cantos homéricos como “La Ilíada.
La sociedad esclavista
Durante el período esclavista este desarrollo de las culturas material y espiritual, dan un salto: Los instrumentos de producción creados, a través de los agricultores y artesanos, incrementan la producción y la riqueza, más, una minoría entre la cual destaca el mercader, se va apropiando progresivamente de estos excedentes de la riqueza producida por la mayoría trabajadora en dicha sociedad humana.
Para engrosar dichas riquezas, “la nueva aristocracia de la riqueza” se lanza a la guerra para apropiarse de territorios y de seres humanos que convierte en sus esclavos. El contingente de esclavos se engrosa a través de nuevas guerras de apropiación violenta de nuevos territorios: Los amos incrementan el número de sus esclavos con los prisioneros de guerra a quienes explotan sus energías físicas y mentales acumulando mayores riquezas.
Para legalizar este sistema de explotación y opresión surge el Estado de clases con sus leyes, su educación y artes, sostenido por el ejército imperial; esta sociedad opresora es la esclavista y sus clases fundamentales son: Los amos y los esclavos.
La clase de los esclavos, acumulando energías culturales, desarrollando, en forma espontánea y conciente, su cultura como pueblo oprimido, se alza, como ocurre en Roma durante “la tercera guerra de los esclavos, conducida por Espartaco, 80 años antes de nuestra era”*, quienes casi llegan a destruir el imperio esclavista romano; así sucesivamente, la cultura de los oprimidos, de los esclavos, alzándose una y otra vez, conduce a que la sociedad esclavista sea echada abajo.
Surge la sociedad feudal que es una sociedad distinta de la anterior, pero signada, igualmente, por la explotación y opresión sobre la nueva clase surgida de la sociedad feudal: los siervos, quienes ahora, pasan a ser explotados y oprimidos por los “señores feudales” dueños de la tierra, los monarcas latifundistas de “cabezas coronadas” que dicen ser “representantes de dios” y que cuentan con una institución que bendice, “a nombre de los cielos”, la explotación y opresión sobre los siervos: la Iglesia Católica.
Durante la Edad Media, echado abajo el régimen esclavista, durante el período feudal de dominio de las monarquías latifundistas y de la Iglesia Católica, en el siglo XV, se produce un auge en el desarrollo de las artes y de las ciencias conocido como El Renacimiento.
Este es el batintín de una revolución que se cuece en los pies, en la base de la sociedad feudal con el desarrollo de la manufactura y de la industria, que, recogiendo los aportes de los griegos en filosofía y de los árabes en las ciencias, desarrolla las artes y la investigación de la naturaleza*.
Se produce un salto en la creatividad: la pintura, la escultura, la literatura, el gravado, van de la mano del desarrollo de la ciencia militar, y de los descubrimientos en la física, la mecánica, las matemáticas, etcétera: Los hombres que se colocaron al frente de esta revolución en las artes y las ciencias, vivían “En una época -dice Engels- “Que requería titanes y forjó titanes”: Leonardo Da Vinci, Durero, Maquiavelo, Lutero, “eran todo, menos gente burguesamente limitada”.
Esta corriente revolucionaria en las artes y las ciencias enfrenta la represión y crímenes que, a nombre de la “fe”, de las creencias idealistas, místicas, para defender el decadente sistema feudal.
La burguesía, apoyándose en las masas campesinas, de artesanos y trabajadores urbanos, utilizando sus energías, los elementos culturales del odio de los siervos de la gleba a la dominación feudal, el rechazo al boato, y a la opresión de la monarquía, adquiridos y forjados durante su vida y combates a los latifundistas “coronados”; su cultura como pueblos oprimidos, apoya la visión y la praxis avanzada de la nueva clase, la burguesía, representada por la Ilustración, por los enciclopedistas franceses inmersos en el auge de los descubrimientos científicos, del desarrollo de las artes, de la pedagogía burguesa, de la estética materialista, echan abajo el sistema feudal monárquico, e instauran el sistema capitalista, dando un salto en el desarrollo de las culturas material y espiritual: El ejemplo clásico de la Revolución burguesa se produce en Francia en 1789.
La contradicción entre la revolución en las ciencias y la visión de la inmutabilidad de la naturaleza
A mediados y finales del siglo XVIII, siglo del materialismo mecanicista, y a pesar de que, los descubrimientos científicos demuestran que la materia está en permanente movimiento, en el terreno de la naturaleza y del universo, el pensamiento se encuentra estancado, cargado de teologismo, pues, la visión que impera es la de la “inmutabilidad de la naturaleza”*, es decir, una visión filosófica carente de movimiento, metafísica, que, cuando brota la pregunta acerca del “origen” (¡sic!) de la naturaleza y del universo, la respuesta inmediata es la de “la creación”.
La forja de la filosofía marxista
Durante este período en que la burguesía realiza su revolución, y que se producen los cambios científicos y artísticos, aquella concepción de inmutabilidad del universo y la naturaleza, en lo fundamental se mantiene.
Desde la misma Francia de la revolución burguesa, brota el pensamiento socialista utópico; en Inglaterra se desarrolla la economía política inglesa y en Alemania, la filosofía está envuelta en un torbellino de ideas donde los jóvenes hegelianos de izquierda, Marx y Engels, motivados por el descubrimiento de la dialéctica hegeliana, a pesar de su corteza idealista; y luego, por la profunda visión materialista de Feuerbach, aunque aún ésta, con vestigios religioso idealistas; profundizando en sus aspectos revolucionarios, estudiándola y desarrollándola, dan un salto y descubren el materialismo dialéctico: Esta visión filosófica científica materialista deja atrás la concepción de la inmutabilidad de la naturaleza y del universo y provoca el más inusitado salto en la transformación del pensamiento humano, de la cultura espiritual de la sociedad humana.
Esta nueva concepción filosófico- científica: La dialéctica materialista, concluye que el movimiento del universo es eterno, y que la naturaleza se halla en un proceso de permanente transformación y cambio.
Con esta aprehensión filosófica la cultura espiritual, forjada durante miles de años, durante los cuales se han desarrollado las culturas material y espiritual de la sociedad humana, alcanza la visión científica de cultura, filosofía que, a diferencia de todo el acumulado filosófico construido desde la antigüedad griega, cuya esencia es la pugna entre idealismo y materialismo, se plantea no solo observar e interpretar al mundo, a la naturaleza, sino transformarlos.
Sobre la base de haber construido los pilares de la ciencia revolucionaria, de la cultura científica del proletariado, los comunistas con Marx y Engels a la cabeza, lanzan, dentro del mundo capitalista, su llamamiento al proletariado y a los pueblos, a echar abajo el capitalismo por ser un sistema explotador y opresor de la clase obrera, sosteniendo científicamente que, esta clase social oprimida, junto al campesinado y los pueblos, harán saltar en base de sus propias fuerzas y por medio de la fuerza, de la violencia, de la revolución social, al sistema capitalista: ¡Proletarios de todos los países, uníos!, es el llamamiento que genera de parte de la burguesía el odio y la persecución a la teoría científica marxista, a la cultura del proletariado, y desde luego, a Marx y a Engels, precisamente cuando la teoría del marxismo se expande entre los trabajadores y pueblos del mundo, dirigida por las primeras organizaciones comunistas que se agrupan y organizan en torno de la teoría, de la ideología del proletariado, para empujar la política revolucionaria constituyéndose en los representantes de la cultura científica mas avanzada de la humanidad, que funde teoría con praxis, y que muestra a una intelectualidad, la proletaria militante, distinta de la burguesa, cohesionada y dispuesta, que convoca a echar abajo el sistema capitalista.
Tras la construcción del marxismo como ciencia, la burguesía echa a rodar el Fantasma del Comunismo, pero en Francia se instaura La Comuna de Paris, “el Asalto del Cielo” como la primera asonada práctica de la ideología proletaria.
Temporalmente derrotada por la burguesía, la Comuna de París, trinchera desde donde el artista del proletariado y diputado a la Comuna, Eugenio Pottier, crea la canción de la “Internacional Comunista”, deja lecciones positivas imborrables.
A inicios de la primera década del siglo XX, durante y a finales de la Primera Guerra Mundial, sobre la base del enriquecimiento del marxismo que impulsa Lenin, se produce la Primera Revolución Proletaria victoriosa en el mundo: la Revolución Socialista de Octubre en la Rusia Zarista, bajo la dirección del Partido Comunista (b) de Lenin y Stalin: la teoría del marxismo, se eleva a nivel del marxismo- leninismo, y la cultura proletaria, planteada como una perspectiva, se hace realidad en la construcción del primer país socialista del mundo a pesar de que se lleva a cabo, contra éste, una guerra imperialista para echar abajo el nuevo sistema social, guerra en la que triunfa el proletariado en el Poder, dirigido por su partido revolucionario, el partido comunista.
La cultura científica se hace realidad, ahora, como cultura dominante, en todos los terrenos: en la cultura material levantando una agricultura basada en la cooperativización de la tierra, para los campesinos que la trabajan, y en la estatización de la tierra, también para el campesinado trabajador, producción agrícola y ganadera que nutre, que es fundamental para el desarrollo de la industria estatal socialista liviana, mediana y pesada, dirigida por la clase obrera y su partido, eliminada la clase social parásita, antes propietaria de aquellas, y que se enriquecía a costa de extraerle plusvalía a la clase obrera; bases económicas y sociales en las que se asienta la nueva cultura espiritual socialista, opuesta al individualismo: colectiva y solidaria, que al desarrollarse se convierte en fuerza colectiva de los pueblos para el desarrollo de la cultura material de la patria socialista. Este desarrollo de la cultura espiritual se expresa en un inusitado avance de las ciencias, la técnica, la educación, los deportes, la literatura socialista, las artes populares; en el desarrollo de la cultura planificada socialista, confirmando que es ésta la expresión más avanzada de la concepción científica de cultura, basada en la destrucción del viejo mundo capitalista y su aparato estatal burgués, construido para explotar y oprimir a los pueblos, y en la construcción del nuevo aparato estatal del proletariado, en el ejercicio del Poder Popular, de la dictadura del proletariado, sostenido por el ejército popular y el pueblo armado, para preservar el desarrollo de la nueva cultura socialista, la vida nueva.
Es falso lo que pregona el postmodernismo, de que, al luchar por la liberación de la opresión de clases, los comunistas dejamos de lado las particularidades étnicas, locales, regionales, de los pueblos, ni los aspectos culturales, artísticos y literarios que emanan de las culturas de los pueblos.
Durante el socialismo, en ese auténtico escenario de libertad social, es posible impulsar una auténtica interculturalidad, y todas las expresiones populares provenientes de los pueblos.
Lo contrario ocurre con la propuesta demagógica del capitalismo que, al hablar de “interculturalidad” fomenta la única posible en su sistema, que consiste en someter a los pueblos a la cultura dominante del capitalismo.
La identidad: un fenómeno estudiado por nuestra filosofía que se verifica en la naturaleza y en la sociedad humana
Durante la construcción del socialismo en la URSS, el partido comunista basándose en la teoría científica del marxismo- leninismo impulsa entre la clase obrera y los pueblos el estudio de las ciencias para el desarrollo multilateral del socialismo; durante este extraordinario período histórico se determina que la identidad es una categoría filosófica transitoria dentro de la lucha de contrarios que en el interior de cada elemento material existe y que caracteriza el movimiento de todos los fenómenos, materiales y espirituales; de estos últimos como reflejo del movimiento material y eterno del universo, de las transformaciones inorgánicas y orgánicas de la materia, y de la sociedad humana en sus diversos estadios de desarrollo social y cultural.
La identidad se encuentra en la materia inorgánica y orgánica, tal lo puntualizan, M. Rosental y P. Yudin, en su conocido diccionario filosófico:
Veamos que ocurre con cuatro elementos químicos de la Tabla de Mendeleev: Calcio: (Ca); Cloro: (Cl); Hidrógeno: (H); Oxígeno: (O), los cuales están en permanente cambio; cada elemento tiene su propia identidad, la cual es transitoria, en cuanto se transforma en otro elemento por diversas causas, por ejemplo: La mezcla, o fusión, de elementos químicos: El hidrógeno (H) es hidrógeno (sic!), esa es su identidad, que lo diferencia del oxígeno (O); cuando se mezclan, esa identidad, transitoria, da paso a una nueva identidad: La del agua (H20); la identidad del Calcio (Ca), es el calcio (sic!), cuando se unen el Calcio (Ca) con el Cloro (Cl), se forma el Cloruro de Sodio, la sal: Esta es una nueva identidad dentro del mundo inorgánico.
La identidad en el mundo animal
Lo propio ocurre en el mundo animal y vegetal: hay identidad entre animales de la misma especie, que, como se sabe, han venido, desde hace millones de años, desde que surgió la albúmina y luego la célula, y luego los vertebrados.
Veamos un ejemplo dentro del reino animal: Lo cual significa que los anfibios, los reptiles, las aves y los mamíferos, siendo diferentes, teniendo identidades como familias de cordados, provienen de un tronco común, que es el hemicordado; dentro de cada una de dichas familias, que tienen identidad como tales: mamíferos, reptiles, aves, etcétera, hay identidades propias dentro de cada familia.
Culturas e identidades en la sociedad humana
En las sociedades humanas ocurre algo similar, pero es más complejo pues, el hombre al actuar socialmente, genera no solo producción de alimentos, vestido y/u otros productos provenientes de la naturaleza, particularmente variados instrumentos de producción, que, siendo cambios materiales, a la vez producen cambios en la mente, en la cultura espiritual de la sociedad que distingue las identidades del mundo animal, de las identidades de la sociedad humana, pues lo que caracteriza el desarrollo del ser humano en su relación con la naturaleza es que el hombre no hace uso de la naturaleza, sino que ejerce progresivamente dominio sobre ella en beneficio de la sociedad humana: De este modo se van conformando la cultura espiritual de las sociedades humanas progresivamente, por ejemplo: Durante el período tribal a cada tribu le corresponde su propia identidad cultural, su sentido de pertenencia a dicha tribu; el fenómeno es mas complejo en las sociedades de clase, pero igualmente dentro de ellas, al examinar sus culturas, dentro de la estratificación de clases, brotan de ellas identidades culturales.
El postmodernismo mete en el mismo saco a la cultura burguesa y a la científica proletaria
En las últimas décadas, sobre todo a raíz de la Caída del Muro de Berlín, el postmodernismo desempolvó y maquilló la categoría de la identidad, ubicándola como un supuesto hallazgo, como una novedad en la visión de las sociedades humanas, de parte de la burguesía, que supuestamente, se refiere exclusivamente a un fenómeno social, derivado de la cultura espiritual, de “la diversidad de las culturas”, de la cual derivaron la tesis reaccionaria postmodernista de que la visión cultural clasista, deja de lado la diversidad de culturas e identidades que de ellas se desprenden.
El postmodernismo, involucra en “la modernidad” tanto al imperialismo como al socialismo y al marxismo, lo cual es esclarecido por Oswaldo Palacios: <“Muy simplemente concluyen que el postmodernismo “ha dejado atrás a la modernidad”, entendida como el carácter imperialista del capitalismo, y que ahora el “establecimiento” ha devenido en una “sociedad civilizada”. En el posmodernismo, la existencia de las clases sociales, de la lucha de intereses de las mismas, de la explotación y la opresión, han sido también “superadas” y el marxismo como doctrina del pensamiento ha sido superado ampliamente por las nuevas condiciones en que se desenvuelve el mundo, la sociedad actual.>
Con esta visión “identitaria”, el postmodernismo pasó a examinar las sociedades de la postmodernidad, a la luz de la visión de “las identidades” y de “las culturas”, desclasándolas de manera vertical, autoritaria, idealista y metafísica, en sociedades en donde no existen, supuestamente, las clases sociales, la lucha de clases, y mucho menos, la perspectiva del socialismo.
Ahora solo restaba volcar la visión a las sociedades de la postmodernidad, del “bienestar general”, donde había que examinar las particularidades de los “grupos sociales” desde la óptica de las identidades: étnicas, regionales, de género, de “preferencias sexuales”, visión que se opone tajantemente a la visión cultural clasista, con la cual se pierde de vista la perspectiva de la reanudación de las revoluciones proletarias y la reinstauración, vía de la revolución social, del Poder Popular y del socialismo.
La bancarrota neoliberal y la crisis del capitalismo golpea las tesis postmodernistas
Más, los hechos golpearon como una piedra que rompe el cristal de un gran rascacielos donde se efectúan operaciones especulativas: La crisis real, general y las crisis cíclicas que acosan a la sociedad capitalista, han ido echando abajo las tesis postmodernistas, que, desde luego siguen pululando y haciendo estragos entre los pueblos; la crisis, ya golpeada por el fracaso del neoliberalismo, y la caída de algunos gobiernos, especialmente en América Latina, se han venido acentuando, probando, por los hechos irrefutables de algunas crisis como la de México, la de Rusia, la de “los tigres asiáticos”, y particularmente por la reciente crisis cíclica en la que está envuelto el mundo capitalista, que tiene como eje al imperialismo norteamericano, en función de los cuales, la visión postmodernista ha venido sufriendo un golpe tras otro.
Sin embargo, ello no ha significado que sus tesis antimarxistas, que sus visiones “culturales” no sigan siendo utilizadas, particularmente en el “trabajo de campo” que realizan en forma proliferante los agentes de las ONGs, los “antropólogos” “especialistas en “culturas”, los organismos estatales dedicados a “las culturas y las artes”, en las comunidades campesinas y urbanas, a través de los cuales se empuja una ofensiva “cultural” contra la visión clasista de la cultura y se empuja la división de los pueblos a través de la visión de las culturas e identidades étnicas, regionales, etcétera.
La ofensiva postmodernista desvía a los pueblos del rumbo de la revolución
Las tesis postmodernistas tienen un eje conocido: “es el fin de la historia” y el fin de las ideologías”.
Es la negación de la cultura científica del proletariado y la afirmación, antihistórica y metafísica, de que en el capitalismo termina el desarrollo de las sociedades humanas: Ese “metarelato*” de las comunidades primitivas, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo”, dicen:
Esta concepción imperialista, agresiva y anticientífica de cultura se propone subordinar las culturas e identidades de los pueblos de los países dependientes a la cultura imperialista de manera hegemónica, a la “globalización”, arrasando con las culturas nacionales, de nacionalidades y etnias, e identidades desprendidas de esas culturas.
El nacionalismo burgués en algunos países de América Latina genera una cultura de resistencia a la cultura de la globalización y promueve las culturas e identidades nacionales, de las nacionalidades y etnias
Dada la agudización de la crisis del sistema capitalista que se va expresando en la crisis general y en diversos estallidos que la azotan en uno y otro país; esta crisis del sistema capitalista se expresa en América Latina en el fracaso del neoliberalismo, de la política de privatizaciones, a través de las cuales el imperialismo se proponía explotar y oprimir, más, a los pueblos de los países dependientes.
“Frente a la globalización -destaca Pablo Miranda- como una reacción inmediata se está produciendo, en determinados países y pueblos una exacerbación del nacionalismo burgués, estallan confrontaciones de carácter nacional, étnico- cultural y religioso, que hacen parte del proceso de transición”
Surge y se desarrolla una tendencia de cambio, que, apoyada en la lucha de los trabajadores, los pueblos, la juventud, va echando abajo los regímenes neoliberales, privatizadores que actuaban bajo la cobertura de la “democracia representativa” que legalizaba su corrupción y entrega de la soberanía.
“Estos hechos incontestables evidencian importantes cambios en la correlación de fuerzas. Expresan que los Estados Unidos no tiene la capacidad de antes para manipular a su antojo a todos los gobiernos. Significan para los pueblos y los trabajadores de otros países un referente, la demostración de que es posible triunfar en los procesos electorales y abrir un nuevo camino para la solución de los problemas que nos aquejan”, señala Miranda.
“Para nosotros está claro -agrega el camarada Miranda- que en ninguno de esos países en los que se eligieron presidentes antinorteamericanos se ha producido el ascenso al poder de los trabajadores y los pueblos”…Esto quiere decir que no se ha producido la revolución social”.
En este escenario, desde las esferas de dichos gobiernos, se expone que, dejando atrás al capitalismo, se ha instaurado un “socialismo” sui géneris: el “socialismo del siglo XXI”, el cual, pese a estos cambios democráticos y patrióticos operados, no afecta la estructura del sistema capitalista que, en lo fundamental, en su estructura económica y su sistema social, se mantiene vigente; sus propulsores aclaran que “el socialismo del siglo XX fracasó”; agregan a esta visión “cultural” su oposición al principio científico de la lucha de clases.
El postmodernismo empata con el reformismo en la cultura
En las esferas de “La cultura” se ratifican y desarrollan estas visiones y conceptos culturales: Al mismo tiempo que se mantiene un discurso antineoliberal, que se adoptan, ciertamente, medidas que vulneran la política hegemónica, globalizadora del imperialismo, opuesta a los diversos planes “Santa Fe”, propiciados por el imperialismo; que se defiende la cultura nacional, la identidad nacional, las culturas e identidades de las nacionalidades y las etnias, las de “género”, de “preferencias sexuales”, etcétera; de otra parte, progresivamente, se desarrolla un discurso que, abiertamente declara ante la sociedad capitalista que “no hay “lucha de clases”, por tanto, no reconoce la existencia de las clases sociales, ni la visión clasista, científica, de la cultura, ni la perspectiva revolucionaria de la conquista del poder popular a través de la revolución, ni de la construcción de la sociedad socialista.
Estas justas tesis, igual que lo hace el postmodernismo, son estigmatizadas; el discurso, mientras en la forma ataca al “capitalismo”, lo cual, de una parte es bueno; de otra parte, como ocurre y de manera abierta en Venezuela, o sesgadamente, como en Ecuador, demarca claramente sus diferencias con el “socialismo dogmático y ortodoxo”, ya fracasado, del siglo XX”, todo lo cual, en estos aspectos, identifica a esta propuesta “cultural”, desarrollista y reformista, de manera pragmática y aún dentro de sus diferencias, con los postulados teóricos y los objetivos políticos e ideológicos del postmodernismo.
La propuesta cultural desarrollista y reformista niega la visión clasista, de la cultura
La propuesta cultural de la “revolución ciudadana”, del “socialismo del siglo XXI” se concreta en la propuesta cultural: “Libres, Iguales y Diversos”, tesis reformista que mimetiza y niega la existencia de las clases sociales y de la lucha de clases. La visión científica cultural clasista
Estos “nuevos tiempos”, requieren para el “socialismo del siglo XXI”, una “revolución ciudadana” sin confrontaciones, “sin lucha de clases”, dentro de la cual se logre “la libertad”, se elimine la “desigualdad”, a través no de “la exclusión”, sino de “la inclusión” de las “culturas étnicas”, de las “identidades”, a las cuales se las reconoce como única forma de expresión de “lo popular”, pues, “provienen de los pueblos”, en “la cultura”.
Estos planteamientos “identitarios” son reforzados por “antropólogos” como Omar Skola, quien sostiene que “lo popular” hay que encontrarlo en las culturas: .
Lo popular, según esta visión cultural no clasista, son las culturas étnicas y regionales, y la de “las clases subalternas”
El “antropólogo” Skola, reconoce a “lo popular” en las culturas “etno-históricas”, regionales, locales, rurales, urbanas, globales y aquellas que están en la “perspectiva de clase socioeconómica”, estas últimas, relegadas, en segundo plano.
En esta visión antropológica- cultural no aparecen con claridad las clases sociales, lo que significa que estamos ante una visión postmodernista, que niega, o mimetiza, la existencia de las clases sociales y la lucha de clases.
Aunque, relegadas, se habla de “las manifestaciones y representaciones subalternas y de intelectuales adscritos a ellas”; podría colegirse, que, detrás de este lenguaje “antropológico” se habla de ¡las clases sociales!, dado que, como premisa se habla de “las perspectivas de clase socioeconómicas”, o sea, se habla de una estratificación económica de clases.
Al darle a éstas, la connotación de “manifestaciones subalternas”, por lógica podríamos concluir que, aunque escondiendo sus propósitos de privilegiar las culturas étnicas, y mimetizar a las clases sociales, el “antropólogo” Skola se refiere a las clases sociales explotadas y oprimidas por el capitalismo.
En todo caso las clases sociales explotadas, que son el motor del cambio social revolucionario no son consideradas, claramente en este análisis; la visión científica, clasista, de la cultura, es colocada al margen por Omar Skola, lo que nos ubica en su particular visión antropológica de “lo popular”, que no es suya, que corresponde al postmodernismo; lo importante es que se refiere al Ecuador de hoy.
Esto confirma que, pese a las diferencias entre la “globalización” y el “socialismo del siglo XXI”, hay una coincidencia: La visión “cultural” postmodernista, y la “antropológica reformista”, coinciden en que en nuestro país no existen las clases sociales, ni la lucha de clases.
Publicado por Fundación Emilia Mª Trevisi en 13:55 No hay comentarios:
PLAGIO EN LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA
Los itinerarios del plagio
¿Qué engranajes de poder se esconden detrás de las universidades españolas? ¿Por qué el silencio? ¿Qué conciencia hay en la sociedad española sobre la dignidad de la producción intelectual?
Nunca se había oído noticia de un fraude intelectual a tan gran escala en el ámbito universitario. Como han venido informando eldiario.es, Cuarto Poder o El Correo Gallego, el rector de la universidad pública Rey Juan Carlos de Madrid (URJC), Fernando Suárez Bilbao, ha plagiado una buena parte de su producción investigadora. Entre noviembre y diciembre se han descubierto 10 plagios.
Cada pocos días, aparecía en prensa una nueva tabla comparativa que remarcaba decenas de párrafos robados. Por toda respuesta, Suárez lanzó un escrito que enrabietó a la comunidad universitaria y a las víctimas del plagio. Se negaba a dimitir, hablaba de campaña mediática, rechazaba las acusaciones incurriendo en confusiones legales y emulaba a Luis XIV con una suerte de ‘la URJC soy yo’ al calificar las peticiones de responsabilidad a su figura como ataques a toda la universidad.
El silencio se había roto primero tímidamente: se pronunciaron las víctimas, agrupaciones de alumnos. Sin embargo, plagio a plagio, se levantaron más voces de catedráticos de distintas universidades: la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Alicante emitió un manifiesto “en defensa de la ética”, la crisis saltó a los telediarios. Ante la presión, hace una semana, el órgano de coordinación de los rectores españoles, el CRUE, forzó el cese como vocal de Suárez. Estaba acorralado y, finalmente, el 20 de diciembre, reunió al consejo de gobierno: no dimitió, adelantó las elecciones y volvió a negar el plagio masivo. Tampoco cerró la puerta a presentarse de nuevo a las elecciones. Sólo 2 de los 50 miembros presentes pidieron su dimisión, y una gran parte le dedicó palabras de agradecimiento por la gestión. Al acabar la reunión, recibió una ola de aplausos.
Una ovación, y un abrazo caluroso en forma de silencio público por parte de la Comunidad de Madrid y del Ministerio de Educación. El partido que domina ambas instituciones guarda una entrañable relación con la URJC y con el rector Fernando Suárez. Después de haber violado el capital más básico de un investigador, la honestidad intelectual, ha hecho falta un terremoto público para que obligaran a Suárez a mover su posición inicial. ¿Qué engranajes de poder se esconden detrás de las universidades españolas? ¿Por qué el silencio? ¿Qué conciencia hay en la sociedad española sobre la dignidad de la producción intelectual?
Priomera línea de infantería
“SE HIZO UN JUICIO MEDIÁTICO EN EL QUE SE ENJUICIABA NO SÓLO AL RECTOR, SINO TAMBIÉN AL RESTO DE LA UNIVERSIDAD"
El campus de Vicálvaro de la URJC estaba casi vacío el viernes 16. Plena época de exámenes. En el edificio en el que CTXT habla con el Consejo de Estudiantes no hay nadie. En el despacho, Juan Rivera, presidente del consejo; estudia Periodismo y es un apasionado de la comunicación corporativa. Tiene tablas y muchos adverbios. También está Virginia Huidobro, Ciencias Ambientales, vicepresidenta; desprende menos pasión y más escepticismo. Rivera deja claro, desde el principio, que habla en nombre del consejo: “Es complejo para la comunidad universitaria en general que su rector esté acusado de plagio, y es la primera vez que hemos vivido una situación así: tampoco sabíamos muy bien cómo actuar, nos lo tomamos con cautela”. Enseguida se refiere a una “abrasión mediática”: “Se hizo un juicio mediático en el que se enjuiciaba no sólo al rector, sino también al resto de la universidad, cuestionando nuestra agilidad a la hora de responder”. Huidobro interviene y se queja de la presión que ha recibido: llamadas, preguntas de medios, de trabajadores de otras universidades solicitando que pidieran la cabeza del rector... Señala que hay quienes se han tenido que cambiar el número: “Que estemos aquí no significa que tengamos las respuestas”. Son la primera línea de infantería mientras el rector calla.
Rivera invoca constantemente la presunción de inocencia de Suárez: “No nos pueden pedir una respuesta inmediata, un golpe encima de la mesa, primero tenemos que coordinarnos todos”, se queja. “Existen unos plazos en los que tenemos que hacer las cosas, básicamente, para preservar la seguridad jurídica de la figura el rector”. Insiste mucho en trámites, pasos, burocracia. Excusa la demora en la convocatoria de la comisión de investigación en la falta de experiencias previas.
“Como son casos excepcionales puedes inventarte un proceso lento o un proceso rápido; tardaron ocho meses en quitarle el doctorado honoris causa a Rodrigo Rato”, protesta más tarde, sentado en unas escaleras de otro edificio del campus, Víctor Guzmán, representante de la asociación de alumnos Rise Up, responsable de la iniciativa en Change.org que pide la dimisión del rector y que ya acumula 69.700 firmas. También Rise Up fue la artífice de la campaña contra Rato. Guzmán critica el papel laxo del Consejo de Estudiantes y no comprende las alusiones a los hipotéticos ataques contra la universidad: “Esto no es un ataque, ni ideología ni una conspiración, esto es una cuestión de comprensión lectora; coges un texto, coges el otro y comparas. Si tú exiges una cosa y eres la máxima autoridad, debes cumplirla con mayor rigor”.
La laxitud del consejo se nota en los adverbios. Preguntamos si creen que hay plagio. La vicepresidenta asiente, más con la cara que con las palabras. Rivera se resiste, suspira, ni niega ni admite que haya plagio: “Existe la duda más allá de lo razonable de que es probable que haya plagiado. Entrar a decir que ha plagiado sería ir en contra de la presunción de inocencia. Más allá de lo razonable hay pruebas suficientes para plantearse seriamente la posibilidad de que haya plagiado”.
"MÁS ALLÁ DE LO RAZONABLE HAY PRUEBAS SUFICIENTES PARA PLANTEARSE SERIAMENTE LA POSIBILIDAD DE QUE HAYA PLAGIADO”Emilio la Parra, catedrático de Historia de la Universidad de Alicante, no cae en circunloquios. Él es una de las víctimas de la voracidad calcadora de un rector que copiaba hasta las erratas. De La Parra, Suárez Bilbao tomó párrafos del libro El primer liberalismo y la Iglesia. Las Cortes de Cádiz (1985) para su artículo Las Cortes de Cádiz y la Iglesia (2011). En este texto, el rector saqueó a un total de cinco autores: “Nos citaba así una vez en general, pero luego reproducía frases nuestras al pie de la letra: un plagio manifiesto”. No se enfadó tanto por caso personal, sino porque “significaba que había catedráticos que habían construido su obra a base de plagios”, y le molesta, sobre todo, que el culpable sea un rector.
Uno de los argumentos que utilizan algunos defensores de Suárez es el de reducir el rectorado a unas funciones meramente administrativas. “Pero un rector”, se opone La Parra, “debe impulsar la ciencia y vigilar, entre otros aspectos, la honestidad intelectual”
Caminos de la impunidad
La Parra, con más de 30 años de experiencia investigadora, asegura que el plagio está más presente y menos perseguido de lo que cabría esperar. “A veces, se ha tratado de ocultar estas actuaciones, y hay algún caso doloso, en el sentido de que se han dejado pasar plagios apreciables y se han tratado de ocultar por ser de una persona concreta”, explica. Si el plagiario es un superior y la víctima quiere hacer carrera universitaria o ser titular en el futuro, la mejor medida es el silencio. “Es evidente que hay una mafia y están practicando este tipo de cosas, hay amaños, una fontanería por parte de sujetos de calaña dudosa”, lamenta el catedrático.
En suelo español, la impunidad está ligada a esta modalidad de fraude. A José Solís le copió en 2001 parte de su tesis Juan Francisco Baltar, el cual había sido miembro suplente de la comisión del doctorado. El rector de la Universidad de Zaragoza se puso del lado de Baltar. El corporativismo funcionó. Solís debió esperar hasta 2015 para que el Tribunal Superior de Justicia de Zaragoza le diera la razón.
“CUANDO UN CREADOR ALCANZA FAMA Y RECONOCIMIENTO YA PUEDE COMETER EL MAYOR DISPARATE QUE NADIE LE APEA DE LA POSICIÓN QUE TIENE"
El director del Instituto de Estudios Fiscales (IEF), que ayuda a marcar los objetivos estratégicos del Ministerio de Hacienda, José Antonio Martínez Álvarez, se mantiene a la cabeza del organismo a pesar de plagiar varios artículos y de colocarse como titular de una cátedra que no existe. Los plagiarios invulnerables suelen vivir adscritos al poder institucional y público, incluso fuera de la universidad. Arturo Pérez Reverte fue condenado por plagiar el guión de la película Gitano. Hoy, continúa cómodamente en el sillón de la Real Academia de la Lengua y su prestigio acumulado como autor, en este punto, no ha sufrido daños.
Ignacio Sánchez Cuenca, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Carlos III y autor de La desfachatez intelectual, conoce bien las distintas facetas del fraude en la producción cultural. “Cuando un creador alcanza fama y reconocimiento ya puede cometer el mayor disparate que nadie le apea de la posición que tiene, le siguen llamando para conferencias, artículos, cursos”, opina.
En la universidad, el carácter intocable de quienes tienen cierta trayectoria y reconocimiento se agrava con los engranajes del corporativismo. “Es el mecanismo que explica que no pase nada, los colegas no quieren enfrentarse unos a otros. Es fácil, por ejemplo, escribir un artículo contra el rector de otra universidad, pero en mi propia universidad no sé si tendría el arrojo de hacerlo, sabiendo que mi posición futura depende de las decisiones que tome el rectorado”, reflexiona Sánchez Cuenca.
Quizás, para blindar más la situación, habría que recordar que, según los primeros datos sobre endogamia universitaria que publicó el Ministerio de Educación, en el curso 2013/14, el 73% de los profesores trabajaban en el centro en que se habían formado. Esto aumenta el riesgo de que el clientelismo, las deudas personales, los agradecimientos, prevalezcan sobre el mérito.
Al autor de La desfachatez intelectual le preocupa la politización de la universidad: “Cuando cambia el gobierno, cambian hasta las comisiones de evaluación para hacerse catedrático o profesor titular. Cambia el director de la ANECA y de ahí hacia abajo”.
La ANECA es la agencia que decide quién debe ascender en la carrera universitaria y quién no. Cuando Mariano Rajoy llegó al gobierno, el ministro Wert colocó a Rafael van Grieken Salvador (también catedrático de la URJC) a la cabeza de este organismo. Hoy es Consejero de Educación de Cristina Cifuentes y no ha dicho una palabra sobre los fraudes de su antiguo compañero Suárez Bilbao.
WERT COLOCÓ A VAN GRIEKEN A LA CABEZA DE ESTE ORGANISMO. HOY ES CONSEJERO DE EDUCACIÓN DE CRISTINA CIFUENTES
Por otra parte, la burocracia se inventa y se regula desde arriba, de modo que se hace difícil confiar en las verdaderas intenciones de una comisión de investigación: “La comisión puede tomarse su tiempo, que normalmente es muy largo, de forma que se desactive el caso y la gente se olvide. Se habla de investigar como si fuera una enfermedad rara e hiciera falta un equipo médico para estudiarla durante años; en realidad, un plagio se puede resolver en una semana”, critica Sánchez Cuenca.
Pero hay factores culturales que juegan a favor de la omertà que rodea el fenómeno. El profesor de la Universidad Carlos III lamenta que no haya un consenso consolidado contra el plagio en España: de ser así, el castigo se aplicaría automáticamente. Yolanda Marotó, en su Reflexión necesaria sobre el plagio en el Espacio Europeo de Educación Superior, recordaba que en los países anglosajones, incluso, existe una mayor variedad de palabras para definir la copia o la falsificación y que cada alumno, al ingresar en la universidad, debe firmar un “código de honor y compromiso de honestidad”.
El profesor de la Universidad de les Illes Balears Rubén Comas ha dedicado años a estudiar el plagio entre los alumnos españoles. De momento, no se ha atrevido a abordar el de los profesores “por no destapar la caja de Pandora”. En un artículo, analizó las 72 normativas universitarias españolas en lo tocante a fraude y plagios, y comprobó de primera mano el desfase de la regulación. “La mayoría de profesores no sabe qué hacer en caso de plagio, primero porque no conocen la existencia de reglamentación y segundo porque ésta no estipula medidas sancionadoras claras al respecto”, explica Comas. Los profesores actúan por instinto, lo cual traslada el mensaje de que el plagio no es reprochable per se, sino una cuestión de sensibilidades. “Desde el punto de vista del alumno, genera mucha indefensión”, concluye.
En las escaleras del Campus de Vicálvaro, Víctor Guzmán, de Rise Up, se queja justamente de esta arbitrariedad: “Me da clase José Ramón Monrobel, vicerrector de alumnos, del equipo del rector, y dice que si nos pilla copiando no nos manda a septiembre, sino directamente al año que viene; sin embargo, no se ha pronunciado sobre Suárez”.
Pese a las reservas para calificar el plagio a las claras, el presidente del Consejo de Estudiantes, Juan Rivera, cuenta que en la preparación del Trabajo Final de Grado sí aprenden los métodos de citas correctos para no caer en la apropiación del trabajo ajeno: “Nos enseñan a citar por el método Harvard, o por el de la Universidad de Chicago… Evidentemente, en el tema de las citas nos dicen que hay que citar bien y que si no, se puede llegar a considerar plagio”, asume.El perjuicio a la imagen de la Universidad Rey Juan Carlos no procede de las peticiones de dimisión. El fraude intelectual del rector, de hecho, no pasaba totalmente desapercibido antes de la explosión de la crisis de los plagios. En una revista especializada chilena se hablaba así de una publicación de Suárez Bilbao: “No es un buen libro. Es una acumulación de páginas diversas sueltas”, “agradeceríamos que F. Suárez Bilbao se concentrara en la Baja Edad Media y no prodigara sus incursiones científicas en los siglos XIX y XX”. El prestigio de una universidad se mide en función de su capacidad para producir conocimiento, no de la lealtad hacia la jerarquía.
AUTOR · Esteban Ordóñez
Publicado por Fundación Emilia Mª Trevisi en 12:38 No hay comentarios:
UN CUENTO DE NAVIDAD. EL ZAPATERO DE VILLA RÍO NEGRO
Mempo Giardinelli (Página 12)
Esto sucedió hace muchos años, cuando los diciembres no eran
exasperantes para los argentinos. E incluso, pienso ahora, cuando decir
diciembre y decir pobreza podía ser una evocación de Charles Dickens, de
Victor Hugo o de Knut Hamsun, o sea algo que se asociaba con países lejanos
porque entonces los lejanos no éramos nosotros, o al menos no lo sabíamos.
Me parece ahora que esta historia remite a paralelos porque
aquel viejo zapatero de Villa Río Negro lloraba todo el tiempo y eso era lo
que a mí, que era un niño, tanto me impresionaba. Como en nuestra casa no
éramos ricos, siempre había zapatos que arreglar y se los arreglaba muchas
veces antes de que los vencieran el tiempo y las deformaciones. A mí
siempre me tocaba ir al zapatero, y se me hizo costumbre llegar hasta su
vereda un poco sigilosamente y, en vez de entrar, espiarlo por la ventana.
Porque para todos los niños del mundo un hombre grande que llora es un
espectáculo asombroso.
Este zapatero vivía y tenía su taller en un modesto caserío del
otro lado del viejo Puente de los Inmigrantes, que era de maderas preciosas
del Chaco y que un día se llevaron una correntada y la estupidez municipal.
En aquellos años Villa Río Negro era menos que un barrio, en todo caso una
apacible sucesión de quintas y casas recostadas sobre el río que serpentea
desde el corazón del Chaco, antes de morir, exhausto de tanto camalote,
bagres y lodo, en el Paraná. Aunque todavía conserva un sector residencial
con pretensiones, desde que un par de oscuros generales de la dictadura
ubicó allí sus mansiones y valorizaron esa parte del barrio, Villa Río
Negro es hoy uno de los barrios más populosos y pobres de los suburbios de
Resistencia. Como metáfora social de la culebrilla, con la crisis de los
últimos años la zona residencial quedó como aprisionada por un pobrerío
absurdo que es en sí mismo un grito contra la condición humana.
Para mí cruzar aquel puente era una fiesta, por lo que hacerme
cargo del mandado de ir al zapatero no era gravoso. Y además colmaba mi
curiosidad ver a ese hombre mientras cambiaba el taco de un mocasín o cosía
la suela de una bota, lo cual no tiene nada de excepcional en ese oficio
salvo que este zapatero lo hacía llorando.
Ese hombre siempre estaba solo, como enmarcado por miles de
zapatos viejos, silenciosos testimonios de todas las chuequeras del mundo.
Sentado en un banquito petiso, inclinado sobre una especie de plantilla de
hierro negro, siempre trabajaba llorando. Sus manos eran bastas, como
labradas en madera, pero sus dedos enormes tenían la destreza de los
artesanos. Su perfil parecía cortado a cuchillo y sus cejas negras pintadas
a brochazos, y ante tanta dureza supongo que era ese llanto íntimo,
quedito, lo que desentonaba.
Ponía un clavo y se sonaba los mocos, ponía otro clavo y se pasaba un pañuelo sucio, amarillento, por los ojos mojados. Tan grandes
eran su pena o su vergüenza que yo me dedicaba a conjeturar durante un
rato, con infantil imaginación, las razones de su dolor. Supuse alguna vez
que era la pobreza la causa, aunque el hombre vivía dignamente y el suyo no
era un llanto de resentimiento ni de frustración. Era otra cosa. Algunas
veces supuse que se le habría muerto un hijo en las guerras del Paraguay,
entonces tan cercanas a nosotros, o que su familia lo habría abandonado
porque era un hombre malo. Finalmente, yo le entregaba lo nuestro y me iba,
sabiendo que al regresar, días después, lo encontraría llorando.
Probablemente voy a decepcionar a quienes lean este relato,
pero nunca supe el motivo de aquel llanto. Yo era niño y los niños, aunque
capaces de fabular con desenfado, no indagan en las tragedias de la gente
mayor. Pero si ahora cuento esto es porque en estos días de dolor y de
rabia, cuando el país evoca y llora su tragedia griega, que es la misma
tragedia colectiva de siempre, he vuelto a pasar por la que fuera casa de
aquel zapatero, del otro lado del río, que ahora es una zona peligrosa,
desaconsejable para caminar incluso de día y para los habitantes del
barrio. Aunque hay un pesebre modesto en una placita, allí la Navidad no se
festeja, yo diría que se padece.
Lo cierto es que quiso el azar -esa literaria invención
borgeana - que volviera a caminar esa vereda para ver, dentro de la misma
casa derruida, ahora sin zapatos, rodeado de una decena de perros flacos y
en un marco de miseria atroz subrayada por un arbolito viejo, descolorido y
patético hasta en su última rama pelada, a un hombre llorando. Este es
joven pero moreno y duro como aquel zapatero. Y como aquél, no me vio
cuando lo miré por la ventana. Fueron unos segundos, apenas, pero lo que
más me impresionó, y me impresiona todavía, es que era el mismo,
exactamente el mismo rostro y el mismo llanto de hace tantos años. Sólo que
ahora no ignoro la razón de este llorar.
Publicado por Fundación Emilia Mª Trevisi en 11:28 No hay comentarios:
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