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Timestamp: 2018-05-24 03:34:22+00:00

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Levantamientos árabes en la geopolítica global Disputa por los recursos e intervención extranjera by oce colombia - issuu
Levantamientos árabes en la geopolítica global
Disputa por los recursos e intervención extranjera
Natalia Margarita Parada Analista en geopolítica y asuntos del Medio Oriente Unión de Internacionalistas con Palestina –UIP
Los acontecimientos en el Medio Oriente y Norte de África tienen lugar en un contexto global donde la economía y los mercados mundiales están siendo disputados entre potencias. La alta concentración de recursos enérgicos, así como la ubicación geoestratégica de varios de los países de la región, los convierte en focos de injerencia e intervención militar extranjera. Las más recientes maniobras de la ONU, la OTAN, los Estados Unidos y sus aliados del Golfo Pérsico, ponen en evidencia el fundamental interés de las potencias por dar continuidad a la estrategia imperialista orientada a controlar territorios y saquear recursos en detrimento de la soberanía y autodeterminación de estos pueblos. Deslinde
os recientes levantamientos en países árabes se desarrollan en medio de una disputa global por los recursos naturales, en la cual el petróleo es, por el momento, el motor de la economía mundial y en gran medida definirá la contienda actual entre las potencias capitalistas occidentales y las potencias emergentes. En este escenario, las regiones del Medio Oriente y el Norte de África son epicentro de especial interés geopolítico y geoestratégico debido a la alta concentración de recursos energéticos, principalmente petróleo. Se trata de los recursos vitales para el sostenimiento de los complejos industriales que permiten a las potencias entrar en la competencia por el control de los mercados mundiales. En el Medio Oriente, geográficamente comprendido entre Siria hasta la frontera irano-afgana pasando por la Península Arábiga, se concentra el 56,2% de las reservas mundiales de petróleo. La lista la encabeza Arabia Saudí con el 19,8% de las reservas, seguida de Irán con el 10,2% e Irak con el 8,7%. Esto significa que en tan solo tres países del Medio Oriente se
concentra más de la tercera parte de las reservas mundiales. Con una producción sobre el total mundial de 11,9%, en el caso de Arabia Saudí y 5,2% en el de Irán, estos dos países se encuentran también dentro los mayores productores de crudo. En cuanto a las exportaciones mundiales, Medio Oriente participa con un 39,8%1. Por su parte la región del Norte de África, también denominada Magreb2 y cultural e históricamente vinculada a la del Medio Oriente, reúne a los países con mayores reservas y producción de petróleo de África. Libia se ubica como el primer país en reservas y el tercero en producción, mientras Argelia como el tercero en reservas y el cuarto en producción; entre ambos suman el 47,1% del total de las reservas del continente africano y el 31,4% de la producción3. En lo que se refiere a exportaciones, Libia ocupa el tercer puesto de África después de Nigeria y Angola, y es el número uno del norte del continente con 1,5 millones de barriles diarios de los cuales el 79% son exportados a países europeos, principalmente a Italia, Alemania,
Levantamientos árabes en la geopolítica global Francia y España en orden sucesivo. De los doce miembros actuales de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, OPEP, la cual controla el 80% de las reservas mundiales, el 41,9% de la producción y el 57,5% de las exportaciones, ocho se encuentran ubicados en el Medio Oriente y Norte de África4; factores que convierten los recientes sucesos en movimientos que podrían transformar el ajedrez mundial. A raíz de la situación en Libia por ejemplo, y a tan solo ocho días del inicio de las protestas, el precio internacional del petróleo registró su mayor alza en los últimos dos años; el barril alcanzó los US $110 debido a una disminución en la producción diaria libia. La preocupación por nuevos aumentos en el precio que pudieran elevar la inflación y reducir la actividad económica, tuvo un efecto inmediato sobre los mercados en Estados Unidos, la Unión Europea y Asia. Analistas de commodities del conocido banco japonés Nomura, advertían sobre la posibilidad de que el precio del petróleo sobrepasara cualquier limite si Libia y Argelia suspenden la producción: “los precios podrían llegar por encima de US $220 por barril y la capacidad de la OPEP sería reducida a 2,1 millones barriles por día, similar a los niveles vistos durante la guerra del Golfo y cuando los valores tocaron los US $147 por barril en 2008”, afirmó el banco5. El desmedido impacto de la crisis en Libia sobre los mercados internacionales responde en parte a la alta calidad del petróleo libio que hace que no pueda remplazarse aumentando
En tan solo tres países del Medio Oriente se concentra más de la tercera parte de las reservas mundiales de petróleo.
la producción de otros países, pues las reservas de Libia son de muy bajo contenido en azufre y fácil refinación, explicaba el diario Financial Times6. Helima Croft, analista en geopolítica de commodities del banco de inversiones británico Barclays Capital, hace un tiempo manifestaba también su preocupación frente a los levantamientos árabes en el diario New York Times: “Nadie sabe dónde va a terminar esto. Hace unas semanas fue Túnez y Egipto, y se pensó que esto se iba poder contener en el Norte de África y los países del Medio Oriente, pero ahora las protestas ya están en Bahrein, que es el corazón del golfo y se está sumando a las ansiedades”7. Al vital papel de los recursos energéticos en términos de los mercados y la economía mundial, se suma la estratégica ubicación geográfica que algunos de estos países árabes han ofrecido en cuanto a facilidades de maniobra y movilidad militar. En Bahrein, por ejemplo, se ubica el Cuartel General de las Fuerzas Navales del Comando Militar de los EEUU en Medio Oriente –Centcom–, que actualmente tiene bajo su responsabilidad el control militar de 20 países de la región; el país del golfo también alberga la sede de la Quinta Flota Estadounidense, responsable del Mar Rojo, Mar Arábigo, Golfo Pérsico, Golfo de Omán, Golfo de Adén y la costa este de África al sur de Kenia. Por su parte, Túnez y Egipto, si bien no poseen grandes cantidades de petróleo comparativamente con países como Libia y los de la Península Arábiga, sí han sido países caracterizados por regímenes aliados a EEUU e Israel, como los de los recién derrocados dictadores Zine El Abidine Ben Ali y Hosni Mubarak, quienes en 2007 aceptaron sin reparos el establecimiento del Comando Militar de EEUU en África –Africom8–, cuya responsabilidad militar abarca todos los países del continente Mayo-julio 2011
africano a excepción de Egipto, que hace parte del Centcom. El territorio egipcio además cuenta con un botín militar norteamericano: el Canal del Suez, única entrada marítima que comunica el Mediterráneo con el Mar Rojo y el Arábigo, lo que se traduce en un amplio margen de maniobra tanto en el Golfo de Adén como en el Golfo Pérsico; este último limítrofe con las costas de Irán, que por su firme posición antiimperialista es considerado enemigo de los intereses estadounidenses en la región. El Canal del Suez ha sido lugar de tránsito de tropas norteamericanas: fue utilizado tanto en la Guerra del Golfo en 1991, como en la invasión a Irak en el 2003. Desde el pasado 2 de marzo, y previa a la Resolución 1973 de la ONU, DESLINDE No. 48
ya navegaban en dirección a Libia por las aguas del Suez, los dos buques de guerra USS Kearsarge y USS Ponce con 2.000 marines estadounidenses a bordo bajo el pretexto de prestar asistencia humanitaria al pueblo libio. Las características geoestratégicas de la región ayudan a entender que los recursos y territorios son una cuestión fundamental y constitutiva del interés de la potencias por monitorear y controlar muy de cerca los levantamientos árabes. Mientras el petróleo siga circulando y se le garantice a Europa los cerca de 1,1 millones de barriles diarios que se le exportan desde Libia, poco y nada importa a estas potencias el derramamiento de sangre de civiles inocentes. Invasiones como las de Irak y Afganistán así lo confirman. 7
Una larga historia colonial que desató el estallido La avanzada imperialista en el Medio Oriente se profundiza a partir de la década de los 80 con la puesta en práctica de la Doctrina Carter, cuyo artífice es el ex presidente norteamericano Jimmy Carter, curiosamente premio nobel de la paz al igual que su actual homólogo Barack Obama. En la doctrina básicamente se estableció que las reservas petroleras del Golfo Pérsico eran de vital importancia para EEUU y que cualquier intento por parte de una fuerza ajena por obtener el control de esos territorios sería rechazado por todos los medios, incluido el militar. Se desplegó entonces toda una estrategia de intervención que se expresa en la amplia presencia de bases militares estadounidenses, así como en la división de la región por Comandos Militares (US Commands) que permiten un rápido despliegue en caso de que los intereses norteamericanos se vean amenazados. Se trata del Centcom y el Africom en el Medio Oriente y África respectivamente. La actual división territorial del Medio Oriente corresponde a un diseño colonial que es la continuidad del modelo instaurado
De los doce miembros actuales de la OPEP, la cual controla el 80% de las reservas mundiales de petróleo, el 41,9% de la producción y el 57,5% de las exportaciones, ocho se encuentran ubicados en el Medio Oriente y Norte de África.
por Francia y Gran Bretaña, cuando tras la caída del Imperio Otomano fragmentaron y se repartieron los territorios de la zona. Desde 1908 cuando se descubrió el primer yacimiento significativo de petróleo en Irán, la región ha sido foco de sofisticadas estrategias de intervención extranjera. Así, a lo largo de la segunda mitad del siglo XX se reconocieron Estados que fueran leales a los intereses imperialistas en la región. Tal es el caso de Israel en 1948 y Kuwait en 1961, el cual hasta esa fecha había sido una provincia iraquí. Luego, en 1971, ante la alianza de Saddam Hussein con la Unión Soviética en el contexto de plena Guerra Fría, Estados Unidos decidió reconocer en menos de cuatro meses a cuatro nuevos Estados que fueran leales a sus intereses y además le sirvieran de soporte para contener la avanzada soviética en el Medio Oriente: Bahrein, Qatar, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. En los países más importantes se establecieron regímenes en cabeza de dictadores aliados a los intereses occidentales pero que tuvieran fachada árabe y democrática; y son esos mismos dictadores puestos y apoyados por las potencias, frente a los que hoy se levantan los pueblos árabes, y a los cuales Estados Unidos, en aras de intentar sostener una posición democrática, se ve en la obligación de darles la espalda. En una entrevista para Democracy Now, el lingüista norteamericano Noam Chomsky, refiriéndose al caso egipcio de Mubarak, explicó de manera precisa el habitual libreto de EEUU cada vez que un dictador aliado está en peligro de perder el poder: “Hay como una rutina estándar: seguir apoyándolo tanto tiempo como se pueda; cuando se vuelva insostenible –especialmente, si el ejército se cambia de bando–, dar un giro de 180 grados y decir que siempre estuvieron del lado de la gente, borrar el pasado y después hacer todas las maniobras necesarias Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada para restaurar el viejo sistema pero con un nuevo nombre”9. Estados Unidos no descubrió en los recientes levantamientos tunecinos y egipcios que Ben Ali y Mubarak eran brutales y repudiables dictadores. Lo tenía claro desde el momento en que decidió apoyarlos irrestrictamente durante décadas; ello en cuanto ambos fueron fieles servidores de los intereses norteamericanos en la región. Basta con recordar aquellas palabras pronunciadas por Obama en su famoso discurso del Cairo en junio del 2009: “Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo”. No es casual que Egipto sea el segundo principal receptor de ayuda militar y económica de EEUU, después de Israel. El gran aliado árabe recibe anualmente US $815 millones en ayuda económica y 1.300 millones en ayuda militar, mientras se estima que Israel, desde su creación en 1948, ha sido receptor de ayuda por US$156.000 millones. Hacia Egipto e Israel va el 92% del total de la ayuda mundial de Washington. Con este apoyo incondicional tanto a Egipto como a Israel, el cual pasa por lo militar, lo económico y lo diplomático, se hace difícil pensar que Estados Unidos tenga restricción alguna para promover y mantener dictaduras siempre y cuando le sean útiles. La historia reciente del Medio Oriente nos ha mostrado que cada vez que Washington alude a la paz y estabilidad de la región, ello en realidad se traduce en planes para garantizar, a cualquier costo, el control de los territorios y recursos. La posición estadounidense a favor de la democracia y de los derechos humanos es insostenible después de invasiones como las de Irak y Afganistán o del apoyo y complicidad en masacres como la de la Franja de Gaza entre diciembre de 2008 y enero DESLINDE No. 48
2009, en la que más de 1.000 palestinos fueron indiscriminadamente asesinados a manos del ejército israelí con armas de fabricación norteamericana. Pese a tan flagrantes y recientes antecedentes, el presidente de Estados Unidos no oscila en afirmarse a favor de los derechos humanos y la libertad de los pueblos árabes, desconociendo, como si bien no lo supiera, que la contradicción y enemigo principal de estos pueblos ha sido precisamente el intervencionismo norteamericano, el cual ha llevado a la región reiteradas invasiones militares además de la imposición de políticas económicas en beneficio del capital extranjero y no del interés de estos pueblos. Tras la dimisión de Mubarak el pasado 11 de febrero, Obama en un acto de cinismo desmesurado exaltaba el levantamiento del pueblo egipcio como “un triunfo de la dignidad humana” y a su vez pronosticaba la llegada de “una verdadera democracia”. Ni la dignidad humana ni la democracia están dentro de la agenda de EEUU, razón por la cual respaldaron hasta el último momento a un dictador como Mubarak y harán todo lo posible para instaurar y apoyar a cualquier otro personaje que, en la misma línea de Mubarak, sea fiel a la agenda norteamericana. Cabe recordar que en Egipto el apoyo militar y económico norteamericano se ha mantenido intacto tras la caída de Mubarak, de manera que el país está en este momento gobernado por un ejército directa y públicamente apoyado por EEUU y que, en consecuencia, es de esperarse que actúe conforme a los intereses de este último; ello implica impedir que se concreten en la práctica todas las reivindicaciones que llevaron al pueblo a levantarse en contra del régimen y de esta forma contener un proceso orientado a cambios estructurales y no sólo de forma. “Creo que el ejército está ahora mismo intentando frenar una 9
Al vital papel de los recursos energéticos, se suma la estratégica ubicación geográfica que algunos de estos países árabes han ofrecido en cuanto a facilidades de maniobra y movilidad militar. revolución, está intentando que la gente se conforme con cambios de caras pero no de fondo”, comentaba el ciudadano egipcio Basel Ramsis en una reciente entrevista10. En la práctica EEUU jamás ha apoyado ni apoyará un levantamiento popular o lucha alguna por la democracia y la libertad, ni en Túnez, ni en Egipto, ni en Libia, ni en cualquier otro lado; pues la liberación de los pueblos constituye, en sí misma, una contradicción fundamental con el actual modelo de ordenamiento global que EEUU y las demás potencias occidentales respaldan, y del cual son directos beneficiarios. Detrás del fingido saludo que Occidente –con todo el eco del aparato mediático que tiene a su servicio– hizo al triunfo por la caída de Mubarak, pretenden esconder aquella contradicción del actual modelo que ha salido a flote con los levantamientos árabes, y que se ve expresada en el profundo contraste entre países altamente ricos en recursos y altamente pobres en cuanto a las condiciones de vida de su población. Dicho en otros términos, se trata de la innegable contradicción que estos pueblos que se levantan tienen con el imperialismo. Las potencias “celebraron” el levantamiento egipcio, pero se negaron a aceptar que se trató de un levantamiento en contra del modelo que ellos tanto apoyan y mantienen. Es la misma lógica expresada por el Foro Económico Mun10
dial (FEM) en su reunión de hace unas semanas en Davos, cuando advirtió que la profundización de las desigualdades sociales es el mayor riesgo que enfrenta el mundo en las próximas décadas. Lo que el FEM no dice es que esas desigualdades se derivan de las políticas económicas que ellos han defendido durante décadas. En Egipto el Banco Mundial lleva 30 años celebrando supuestas altas tasas de crecimiento, pero a su vez encubren la vulnerabilidad de dicho crecimiento ocasionada por su dependencia del mercado exterior y del flujo de capitales petroleros provenientes de los países rentistas del Golfo Pérsico. Tampoco nos dicen que el abrumador incremento de desigualdades y desempleo, que en parte motivo los levantamientos, responde justamente a esa vulnerabilidad que se hizo aún más evidente con la reciente crisis mundial. Es natural que a las potencias y particularmente a EEUU no les convenga reconocer que la injerencia e intervencionismo que desde hace décadas llevan practicando en los países árabes, fue de las causas fundamentales del estallido de los levantamientos, y que además esos levantamientos encuentran sus raíces en una larga y radical tradición antiimperialista en la región, en gran parte inspirada y forjada en torno a las justas luchas por la liberación del pueblo palestino e iraquí. Los levantamientos en Túnez y Egipto y los más recientes en Jordania, Bahrein y Yemen, además de diferenciarse radicalmente de las “revoluciones” promovidas por el capitalismo, tienen algo más en común y es el estar lejos de la aberrante seducción por modelos occidentales. Se reclama democracia por supuesto, pero se trata de una democracia que, por fortuna, no tiene como referente ni a Estados Unidos ni a Europa, y mucho menos a Israel que tanto se jacta de ser la “única democracia” en el Medio Oriente. Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada En aras a disimular la naturaleza antiimperialista de los levantamientos, se ocultan también las reivindicaciones concretas de los pueblos que se han levantado. El principal mensaje difundido por los medios occidentales ha sido que en el Medio Oriente y el Magreb los pueblos se están levantando en contra de regímenes asentados por décadas: 30 años en Egipto, 24 en Túnez y 42 en Libia. “El problema fundamental no es que el régimen lleve en el poder mucho tiempo, el problema es que son ladrones, asesinos y funcionan como una mafia”, comentaba el egipcio Ramsis11. Es muy poco lo que se ha hablado del contenido de los regímenes, pues allí quedaría en evidencia que una de sus características principales es haber implementado políticas en función del beneficio extranjero y en detrimento del interés nacional. Aspecto que se ve reflejado en los altos índices de pobreza, desigualdad y desempleo que deja Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto. “Pan, Paz y Justicia Social” fue la consigna del levantamiento egipcio y son las reivindicaciones que aún se reclaman, principalmente entre los sectores de trabajadores y las capas más deprimidas de la sociedad egipcia. Tras la caída de Mubarak se ha pretendido impulsar un mensaje según el cual Egipto ya logró su revolución, se respondió a la exigencia del pueblo, e incluso las potencias tienen motivos para celebrar el triunfo. Nada más distanciado de la realidad. La disputa por la liberación de los pueblos tunecino y egipcio, que en un acto histórico de dignidad y valentía se levantaron, aún se está librando y ello se ve reflejado en las manifestaciones y huelgas que aún se mantienen pese a que los dictadores ya hayan sido derrocados.
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Para muchos la revolución ya habrá terminado, mas lo cierto es que para estos pueblos, principalmente para los sectores de trabajadores, los derrocamientos de los regímenes constituyen sólo un primer paso que abre el camino hacia un proceso revolucionario. “Nuestra revolución no está completa. Aún estamos bajo el control del mismo ejército y gobierno que antes, y todavía se niegan a reconocer nuestros derechos”, manifestó recientemente el defensor de derechos laborales en Egipto, Kareem El-Beheiry.
La lucha que Occidente se niega a reconocer Occidente en su empeño por presentar al Medio Oriente como una región fundamentalmente determinada por el Islam y cuyos conflictos responden estrictamente a factores de índole religioso, ha buscado desconocer la larga lucha que amplios sectores árabes, tanto musulmanes como no musulmanes, han venido librando contra el imperialismo en la región. Se han desconocido también las contradicciones al interior de los países árabes, es decir, las luchas de clases y demás disputas entre sectores de la sociedad, las cuales están más relacionadas con las profundas desigualdades sociales y políticas neoliberales y abiertamente proestadounidenses, que con asuntos religiosos. Si bien nadie anticipó el momento cuando el levantamiento en Egipto iba a suceder, si existía ya un estado de ánimo particular en la sociedad, un descontento generalizado que propició las condiciones para el levantamiento. La juventud egipcia sin duda jugó un rol notable, pero no sólo se trató, como en ocasiones lo han inten-
Levantamientos árabes en la geopolítica global tado presentar, de un grupo de jóvenes que inspirados por Túnez y ayudados por Facebook convocaron a marchas y así lograron tumbar a Hosni Mubarak. A este respecto Ramsis anotaba: “Nos equivocamos si decimos que fue una revolución de jóvenes. Fue una revolución popular en la que han participado la clase obrera, trabajadores, campesinos y una franja importante de la capa más alta de la clase media. Los jóvenes han cumplido un papel importante en la organización de las protestas; por ejemplo en el Tahrir había comités organizadores de jóvenes. Pero la participación principal fue de las clases pobres y el aspecto que definió la victoria sobre la caída de Mubarak fue el inicio de huelgas por parte de funcionarios de comunicaciones y de obreros en las fábricas. En muchos factores Egipto estaba preparado para lo que ocurrió”12. Desde 2003 Mubarak ya se veía enfrentado a fuertes cuestionamientos por su complicidad con Estados Unidos a la invasión a Irak, lo que desató una serie de protestas en su contra por no haber asumido una posición firme de rechazo a la invasión de un país hermano. Tanto por el tamaño del país como por la ubicación estratégica, Egipto hubiera podido jugar un papel activo en términos de oponerse a los planes militares norteamericanos. Mubarak no lo hizo, y eso en parte le costó la muy merecida etiqueta de “traidor de los países árabes”.
Discurso de Obama en El Cairo, junio de 2009: “Mubarak es un buen hombre. Ha hecho cosas buenas. Mantuvo la estabilidad. Seguiremos apoyándolo porque es un amigo”.
Dicha traición tiene sus antecedentes en los acuerdos de 1978 de Camp David en donde Egipto, en ese entonces bajo el régimen de Anwar El Sadat, pactó la “paz” con Israel dándole la espalda a los pueblos árabes, particularmente al pueblo palestino, en lo que no fue más que un acuerdo oculto en el cual EEUU garantizaría que Israel se retirará del Sinaí y no realizará maniobras militares en territorio egipcio, a cambio del compromiso egipcio de mantenerse aliado a los intereses estadounidenses. Tres años más tarde llegó Mubarak al poder a cumplir el compromiso, que 10 años después estaría reafirmando en el apoyo incondicional a EEUU e Israel durante la Guerra del Golfo. La simpatía del pueblo egipcio por la lucha palestina, que aumentó como reacción a la II Intifada del 2000, así como el rechazo a la invasión a Irak en 2003, fueron el punto de partida para consolidar una red de movilización en Egipto que en 2004 se concretaría en la creación del Movimiento Kefaya, lo que marcó el inicio de manifestaciones por el sector obrero egipcio. La lucha de los trabajadores en Egipto ha sido de muy largo aliento. Sin tener esto en cuenta difícilmente se podrán entender los recientes levantamientos, cuyo escenario visible fue tan solo la renombrada Plaza Tahrir (de la Liberación). Mahalla, una ciudad obrera al norte del delta del Río Nilo, de la que poco se conoce y casi nunca hablan los medios, fue sin embargo el epicentro desde donde se generaron las más significativas huelgas y protestas de trabajadores las cuales desencadenarían en los sucesos de este año que llevaron a la dimisión de Mubarak. El 7 diciembre de 2006, Mahalla se convirtió en un referente importante de las luchas obreras egipcias, cuando más de 3.000 mujeres trabajadoras del sector Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada textil se declararon en huelga y dieron inicio a manifestaciones en el complejo industrial de la fábrica Misr Spinning and Weaving; rápidamente los 27.000 trabajadores de la fábrica se sumaron a la huelga, ocupando las instalaciones por tres días. Estas huelgas del sector textil sirvieron de inspiración para dar importante impulso a una militancia obrera que prontamente se extendió hacia otros sectores de trabajadores. A los trabajadores de textiles de Mahalla siguieron los conductores de trenes, quienes en enero de 2007 se tomaron los ferrocarriles bloqueando el paso de los trenes que trasladan principalmente a empresarios y personas de clase media desde el Cairo a Alejandría. Luego los médicos organizarían sus primeras protestas nacionales desde 1962, seguidos de los profesores universitarios quienes convocaron a su primera huelga desde 1977. El sector bancario no tardó mucho en unirse al descontento, cuando cobradores de impuestos que no se manifestaban desde 1919 fueron a huelga; durante 3 meses dejaron de recoger impuestos, lo que género que el cobro cayera en 90%. Adicionalmente se manifestaron al frente del gabinete ministerial en el centro de El Cairo, en una concentración que reunió a más de 55.000 trabajadores del sector. Las calles y fábricas egipcias fueron a lo largo del 2007 y 2008 escenario de intensas y sostenidas luchas de trabajadores, donde los distintos sectores se organizaron por “comités de huelgas” de los cuales derivó el primer sindicato independiente establecido formalmente en 2009. A los trabajadores que reclamaban ajustes salariales, condiciones de trabajo dignas y derechos laborales, se sumó –literalmente– el hambre del pueblo, cuando en 2008 el precio del pan en Egipto aumento el 50%, entre otras razones por la especulación financiera mundial sobre DESLINDE No. 48
En la práctica EEUU jamás ha apoyado ni apoyará un levantamiento popular o lucha alguna por la democracia y la libertad, pues la liberación de los pueblos constituye, en sí misma, una contradicción fundamental con el actual modelo de ordenamiento global que EEUU y las demás potencias occidentales respaldan, y del cual son directos beneficiarios. los mercados de materias primas, principalmente las agrícolas. Precios en bienes básicos como el arroz, los cereales y el azúcar también incrementaron. Se convocó a huelga para el 6 de abril de 2008, y nuevamente la ciudad de Mahalla fue epicentro de movilizaciones fuertemente reprimidas por el régimen Mubarak. De estas manifestaciones nació el Movimiento Juvenil 6 de Abril, uno de los principales promotores de los levantamientos de este año. Los hechos del 2008 en Mahalla incluso merecieron la redacción de un informe por parte de la embajada estadounidense en El Cairo, recientemente divulgado por Wikileaks y el cual se titula “Mahalla: ¿incidente aislado o punta del iceberg?” El informe afirmaba: “Lo ocurrido en Mahalla es significativo (...) ha irrumpido una nueva fuerza orgánica de oposición que desafía etiquetas políticas y aparentemente no está relacionada con los Hermanos Musulmanes. (...) Lo ocurrido el 6 de abril ha unido a diversas fuerzas de la oposición con numerosos egipcios no activistas, a través de la llamada a la huelga en Facebook, que ha reunido a 70.000 seguidores 13
Levantamientos árabes en la geopolítica global en la red, y ha cosechado una importante atención nacional. El nexo de los usuarios de Facebook de clase media y alta con sus homólogos pobres de las fábricas de Mahalla ha creado una nueva dinámica”13. A tan solo dos meses del emblemático 6 de abril de 2008, en la ciudad de AlBurullus se registraron hechos similares a los de Mahalla, esta vez protagonizados por comunidades de pescadores al norte del delta del Río Nilo, quienes “armados” con piedras, resistieron y enfrentaron la represión de los tanques de Mubarak, imágenes que recordaron las escenas de la II Intifada Palestina. Con la misma consigna que los palestinos gritaron en la frontera con Egipto durante la Intifada, los pescadores egipcios se tomaron las calles de Al-Burullus en 2008: “¡thawra, thawra hatta al-nasr!” (¡Revolución, Revolución hasta la Victoria!). Ante este estado anímico que desde 2006 venían generando principalmente los trabajadores, ya sólo era de esperarse un detonante para que un levantamiento generalizado y de mayores proporciones ocurriera. Dicho detonante se dio en junio del 2010 cuando Khaled Said, un joven de 28 años de la ciudad de Alejandría y sin ningún tipo de participación política activa, fue asesinado a golpes por la policía egipcia. Las imágenes del brutal asesinato fueron registradas y de inmediato generaron indignación y repudio en el pueblo egipcio, principalmente entre los jóvenes quienes consideraron que lo sucedido a Said le podría ocurrir a cualquiera de ellos. El hecho motivó a que se convocara, a través de Facebook, a una concentración el 25 enero de este año, fecha que estuvo antecedida por
los levantamientos en Túnez que acaban de llevar al derrocamiento de Ben Ali, lo cual sin duda también impulsó al pueblo egipcio a salir a las calles el 25 de enero, primer día del levantamiento egipcio. Al igual que en Egipto, en Túnez ya existían unas condiciones particulares cuando apareció el detonante. En este caso se trató de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años que a falta de oportunidades laborales decidió poner un puesto ambulante de venta de frutas y verduras como medio de subsistencia. En diciembre de 2010 la policía le confiscó su puesto de venta por no contar con los permisos exigidos y por ello el 17 de diciembre el joven decidió rociarse gasolina y prenderse fuego en frente de un edifico público para expresar su descontento con el régimen. Amplios sectores de la población tunecina que vieron reflejadas sus condiciones de vida en la imagen de Bouazizi, salieron a las calles a manifestarse desde el 17 de diciembre; sin embargo los levantamientos tomaron fuerza a partir del 4 de enero cuando Bouazizi finalmente murió a causa de las quemaduras. Cayeron los regímenes, pero los sectores más azotados por ellos bien saben que los derrocamientos logrados son sólo un primer paso. Desde la dimisión de Ben Ali el 14 de enero y la de Mubarak el 11 de febrero, las calles tunecinas y egipcias no han dejado de ser escenario de manifestaciones en las que se continúan reclamando las mismas reivindicaciones que motivaron los levantamientos. En Egipto miles de trabajadores de los mismos sectores que vienen reivindicando sus derechos desde 2006 continúan manifestándose; tras la caída de Mubarak los trabajadores del
Natalia Margarita Parada sector textil, bancario, petrolero, turístico, de transporte, y entidades públicas entre ellas al menos 3 ministerios, así como trabajadores del Aeropuerto Internacional y del principal banco de El Cairo, han protagonizado distintas huelgas. Para estos sectores la caída de Mubarak lo que significó fue un nuevo impulso para continuar una lucha de años en los que llevan reclamando mejores condiciones de vida, sueldos dignos y derechos laborales, en un país que tiene la clase obrera más grande de la región y donde el 40% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza de menos de 2 dólares diarios, según cifras del Banco Mundial. Tras la dimisión de Mubarak, el Movimiento 25 de Enero surgido de los levantamientos y compuesto por distintos grupos y ciudadanos independientes, presentó sus exigencias al Concejo Superior de la Fuerzas Armadas en un documento cuyo título ya es sugestivo: La revolución continuará hasta que alcancemos nuestros objetivos. De los seis puntos del pliego de demandas –el cual incluye entre otros, la creación de Consejos Locales y de una Asamblea Popular, la conformación de un gobierno civil de transición hasta las elecciones, la aprobación sin restricciones de partidos políticos y asociaciones, la cancelación de la Ley de Emergencia, el fin del estado policial y la liberación de los presos políticos– el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y actual Presidente Interino Egipcio, Mohamed Hussein Tantawi Soliman, ha aceptado sólo un punto: la conformación de un comité para dar inicio a reformas constitucionales. Son todas esas reivindicaciones las que no pueden caer en el olvido, sobre todo en un momento donde toda la atención ha sido estratégicamente encaminada hacia Libia. Tanto en Túnez como en Egipto se continúan librando luchas que merecen todo el respaldo y apoyo. De igual forma DESLINDE No. 48
La disputa por la liberación de los pueblos tunecino y egipcio, que en un acto histórico de dignidad y valentía se levantaron, aún se está librando. es prioritario impedir que los recientes acontecimientos en Libia sean orientados y maniobrados por las potencias para frenar un potencial proceso revolucionario en la región, el cual podría terminar por aislar a estas potencias transformando la actual correlación de fuerzas a nivel global.
Libia: una intervención en esencia geoestratégica Los medios de comunicación han jugado un rol central en la canalización de los sucesos en países árabes: pasaron de “cerrar” mediáticamente los procesos tunecino y egipcio a direccionar estratégicamente la situación libia. La principal apuesta mediática consistió en trasladar los acontecimientos de Túnez y Egipto a Libia, desconociendo que las características de este último país son bien diferentes a las de los dos primeros, y que el coronel Muammar Al-Gadafi no es ni Ben Ali ni Mubarak. En el empeño por jugar los levantamientos árabes como fichas a favor de los intereses de las potencias, se han invisibilizado al menos tres diferencias fundamentales que separan a Libia de sus vecinos Egipto y Túnez: la posición de sus gobiernos en materia de política exterior, las condiciones de vida de sus poblaciones y las características y desarrollo de los levantamientos en estos países. El coronel Muammar Al-Gadafi llegó al poder en 1969 después de los levantamientos 15
Occidente en su empeño por presentar al Medio Oriente como una región fundamentalmente determinada por el Islam y cuyos conflictos responden estrictamente a factores de índole religioso, ha buscado desconocer la larga lucha que amplios sectores árabes, tanto musulmanes como no musulmanes, han venido librando contra el imperialismo en la región.
populares que llevaron al derrocamiento del rey Muhammad Idris Al-Sanusi, monarca apreciado por los países europeos y apoyado principalmente por el Reino Unido. En ese entonces Gadafi dirigía el “Consejo Revolucionario” y tras asumir la jefatura del gobierno libio retiró del territorio todas las bases militares norteamericanas y británicas. Significativo fue también que en el 2007, a diferencia de Mubarak, Ben Ali y el Rey Mohamed VI de Marruecos, el gobierno Libio junto con el de Argelia en cabeza de Abdelaziz Buteflika, hayan sido los únicos del Norte de África que se opusieron al establecimiento del Comando Militar Estadounidense para África –Africom–, propuesto por George Bush. Gadafi asumió el control del petróleo a través de la Compañía Nacional Libia L-NOC (por sus siglas en inglés: Libya National Oil Company) establecida en 1970, a la vez que impuso restricciones a las multinacionales petroleras. Emprendió un ambicioso proyecto de modernización 16
con énfasis en el desarrollo agrícola, proporcionando a las familias rurales tierra, herramientas y vivienda. Las inversiones en agricultura fueron significativamente mayores a las que dedicó la monarquía anterior. En cuanto a los trabajadores industriales, se les concedió una participación en las ganancias de las empresas y según datos oficiales las inversiones en la industria nacional fueron 11 veces mayores que las de la monarquía. Como resultado tenemos la Libia de hoy en día: el país del continente africano con la Esperanza de Vida más alta, el mayor Índice de Desarrollo Humano, el PIB per cápita más alto y con el segundo lugar en PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA). En cuanto a estructura de participación popular, el gobierno del Coronel también registró avances significativos. Se crearon los llamados “Comités Populares” y el “Congreso General del Pueblo”, el cual es la columna vertebral de participación libia que permite a las bases una amplia intervención en la definición de políticas. “El sistema político del país no es lo que se está diciendo continuamente; éste es un país donde hay participación porque el gobierno está formado por las gentes de abajo, parten desde abajo y se van eligiendo hasta llegar a los que eligen para forma parte del gobierno (…) Quiere decir que es un conjunto de fuerzas, que no hay un señor que pueda decir yo mando y ordeno porque hay muchas fuerzas que impiden que salgan leyes o presionan para que hayan otras cosas; los libios dicen que gracias a Gadafi ellos son libres”, comentaba en una reciente entrevista Leonor Massanet, quien desde hace algunos años ha estado trabajando en Libia y actualmente cubre los sucesos desde el terreno14. Debido a esta forma de organización política, es que en 1977 Gadafi proclamó la “Jamahiriya”, que traduce “Estado de Masas”, y el Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada cual es gobernado a través de los comités populares electos, y pasó así el país libio a denominarse como la Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista. Desde la perspectiva de Soberanía y Autodeterminación es una posición de principios no intervenir en los asuntos internos de los países. En otros términos, es al pueblo soberano a quien compete bien sea salir en defensa de sus líderes o propender por los cambios que considere necesarios. Sin detrimento de lo anterior, es importante dar una mirada al desarrollo del gobierno Gadafi, pues ello permite establecer diferencias significativas con otros regímenes de la región, y consecuentemente entrar a analizar las razones que motivaron los levantamientos en Libia. El pueblo Libio ha tenido unas condiciones de vida y garantías de participación que comparativamente con las de sus vecinos son resaltables, y es en este sentido que la pregunta por quiénes son los llamados “rebeldes libios” es de vital importancia. Tanto en Túnez como en Egipto es claro que fue una significativa mayoría del pueblo, compuesta además por distintos sectores y clases sociales de la población, la que estaba exigiendo el cambio de régimen. Ello contrasta con el caso libio, en el que desde el principio se encontraron enfrentadas dos fuerzas: las leales al gobierno del coronel Gadafi y las de los llamados “rebeldes”. El enfrentamiento entre dos fuerzas es una característica inicial para empezar a entender por qué en Libia rápidamente se desató un alto nivel de violencia. Lo segundo tiene que ver con la naturaleza del levantamiento de los “rebeldes” libios, el cual no se trató de un levantamiento pacifico sino de una sublevación con armas; Gadafi a diferencia de Ben Ali y Mubarak se enfrentó a una insurrección armada. Sus opositores rápidamente aparecieron con armas largas, y resulta DESLINDE No. 48
difícil pensar que haya sido el mismo Gadafi quien proveyó con armas a quienes buscaban derrocarlo. Este aspecto ha sido un punto ciego en varios análisis que sin considerar particularidades han condenado categóricamente las respuestas que se dieron por parte de gobierno libio. A este respecto, el intelectual belga Jean Bricmont acertadamente comentaba: “Se trató de una insurrección armada y no sé de ningún gobierno que no reprima este tipo de insurrección”15. Mucho se ha hablado de que es Gadafi quien con armas de fabricación francesa y británica está bombardeando a su población, pero poco se ha profundizado sobre quién está armando y reforzando a la oposición libia. Algunas declaraciones reveladas por el diario New York Times el pasado 30 de marzo, arrogan bastante luz a este respecto 16. Pese a que la Resolución 1973 es clara en establecer que no se autoriza la realización de ningún tipo de operaciones en territorio libio, las declaraciones de oficiales británicos y estadounidenses publicadas por el diario, hablan del papel que ha venido jugando tanto la CIA norteamericana como el MI6 británico en apoyar a estos rebeldes a través de operaciones clandestinas en territorio libio. El diario mencionaba que además de la presencia de agentes de la CIA que trabajan desde un centro de espionaje en Trípoli, oficiales británicos habían ya confirmado que docenas de soldados de las fuerzas especiales, así como agentes de inteligencia del MI6, trabajan desde el interior de Libia. A lo anterior se suma la intensión expresa del presidente Barak Obama de armar a los rebeldes, sobre lo cual la agencia Reuters reveló un documento secreto firmado por Obama en el que autorizaba a la CIA para operar desde territorio libio y proveer armas a los opositores de Gadafi. Autorización que no 17
contó con la consulta previa a la OTAN y como consecuencia generó malestar en la Alianza Atlántica, cuyo secretario general, Anders Fogh Rasmuss, de inmediato se pronunció diciendo: “Estamos ahí para proteger al pueblo libio, no para armar a la gente”. Dos días antes de las revelaciones publicadas por Reuters y New York Times, se dieron otros tantos movimientos que, sumados, ponen en evidencia tanto la naturaleza de los llamados “rebeldes” como de la intervención que la Coalición ha denominado “humanitaria”. El 28 de marzo Qatar se convirtió en el primer país árabe en reconocer a los “rebeldes” libios como los únicos “legítimos representantes del pueblo libio”. Llama la atención que este reconocimiento se dio justo después de que los “rebeldes” libios anunciaran el 27 de marzo un contrato petrolero con el país del Golfo. “Contactamos a la compañía petrolera de Qatar y afortunadamente 18
ellos aceptaron recibir todo el petróleo que queremos exportarles, para ellos distribuirlo por nosotros”, afirmó el domingo Ali Tarhouni, “rebelde” encargado en este momento de los asuntos económicos, financieros y petroleros de Libia17. El reconocimiento de Qatar al “Consejo Nacional Rebelde en Libia” estuvo respaldado por el Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo –CCASG (por sus siglas en ingles)–, el cual está compuesto por los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Qatar, Kuwait, Arabia Saudí y Omán, de los cuales Qatar y los Emiratos Árabes Unidos rápidamente se unieron a la Coalición enviando aviones y pilotos para contribuir a la imposición del espacio de exclusión aérea, mientras Arabia Saudí, bajo el visto bueno estadounidense, se hace cargo de Bahrein enviando a sus soldados a reprimir aquellas protestas que resultan tan inconvenientes a EEUU. En resumen, el Consejo CCASG es la unión de Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada países del golfo cuyos regímenes son bien conocidos por ser serviles a los intereses norteamericanos en la región. Los aviones que han bombardeado blancos civiles en Sabha, al sur de Libia, son de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, según reportaba Leonor Massanet hace unas semanas desde territorio libio. Entre tanto, mientras se anunciaba el reconocimiento a los rebeldes por parte Qatar y el contrato petrolero entre dichos rebeldes y este país, un funcionario del Departamento del Tesoro estadounidense notificaba desde Washington que como los “rebeldes” libios no hacen parte del gobierno Gadafi, entonces tienen luz verde para iniciar ventas del crudo que esté en los territorios bajo su control, sin que ello los hiciera incurrir en sanciones por hacer negociaciones desvinculadas a las entidades de la administración Gadafi. Así mismo, EEUU instó a los “rebeldes” a fijar mecanismos de transacción que no involucraran a la Corporación Nacional de Petróleo Libio –NOC. La maniobra petrolera se complementó cuando el martes 29 de marzo, un día después del anuncio por parte del Tesoro estadounidense, un funcionario del Consejo de Seguridad de la ONU (que decidió mantener su nombre bajo anonimato) reiteró que “no hay embargo de la ONU sobre el petróleo libio” y que “los rebeldes pueden vender petróleo. Pero ellos no pueden hacerlo a través de la Corporación Nacional de Petróleo de Libia”. La situación es entonces la siguiente: se impone un espacio de exclusión aérea, al gobierno se le embargan las armas y se le congelan los activos, pero el petróleo libio no se embarga; por el contrario, se emprenden todas las acciones necesarias para garantizar que este petróleo siga circulando, pero ya no bajo el control del gobierno del coronel Gadafi; y el 6 de abril ya tenemos el primer buque zarpando desde DESLINDE No. 48
el puerto libio de Trobuk con cargamento de crudo proveniente de los territorios bajo control rebelde, cuya exportación ayudará a financiar considerablemente la rebelión en contra de Gadafi, según informaba la agencia EFE basada en fuentes de la dirección insurgente. No deja de llamar la atención cuales son los territorios controlados por los “rebeldes”; se trata principalmente de ciudades como Misrata, Bengasi y Ajdabiyah, todas ellas ubicadas en el Golfo de Sirte donde se concentra el 80% de las reservas petroleras libias. Pertinente resaltar el papel de la Coalición en el control actual de estas ciudades por parte de los “rebeldes”; fue en una área de 100 km por 150 km sobre Bengasi dónde aviones del ejército francés iniciaron sus operaciones militares aéreas. La estrategia se puede resumir de la siguiente manera: a medida que la Coalición avanzaba en los bombardeos sobre las fuerzas de defensa del gobierno de Gadafi, los “rebeldes” asumían el control de esos territorios ricos en reservas petroleras. La Resolución 1973 de la ONU estuvo amparada por el objetivo principal de proteger a la población civil libia y no el de cambiar el gobierno. Incluso Henri Guaino, asesor del presidente francés Nicolas Sarkozy, afirmaba que la expulsión del presidente libio “no está en el mandato de la ONU”, y agregaba que “no depende de la comunidad internacional decidir el destino de los libios”. No obstante lo que se ha visto desde el 19 de marzo que
Es al pueblo soberano a quien compete bien sea salir en defensa de sus líderes o propender por los cambios que considere necesarios.
inició la intervención militar, es que las potencias rápidamente interpretaron la Resolución como una autorización para participar a favor de los rebeldes en el derrocamiento de Gadafi. Dicha interpretación es resultado de la ambigüedad y el margen suficientemente amplio que deja la Resolución al establecer, en su párrafo cuarto, que se defenderá la población civil “adoptando todas las medidas necesarias”. Que el objetivo real era el derrocamiento de Gadafi y no la protección a civiles libios, era en todo caso algo que se había anunciado desde el 27 de febrero, cuando la secretaria de Estado Hillary Clinton manifestó: “La administración Obama está preparada para ofrecer cualquier tipo de ayuda a los libios que tratan de derrocar a Muammar Gadafi. Estamos tendiendo la mano a muchos libios que están intentando organizarse en el este, y cuando la revolución se extienda hacia el oeste, también allí”. Como menoscabo de la Resolución se debe mencionar también la participación 20
de la OTAN que, pese a no estar autorizada a intervenir, pasó a asumir el control del espacio aéreo para rápidamente pasar a asumir el de todas las acciones militares. En este sentido el secretario general de la Liga Árabe, Amr Musa, además de recordarle a la Coalición los límites de la intervención, señalaba que “lo que está ocurriendo en Libia difiere del objetivo de imponer una zona de exclusión aérea y lo que queremos es la protección de civiles y no un bombardeo sobre más civiles”. La participación de la OTAN resulta clave para EEUU en cuanto le permite delegar las acciones militares en terceros y así evitar asumir la responsabilidad plena y directa de una nueva invasión a países árabes; ello es crucial en un momento en el que el supuesto discurso de la “democracia” imperialista norteamericana está bastante desprestigiado en la región. Después de las invasiones a Irak y Afganistán, está dentro de la agenda norteamericana intentar congraciarse con la región, y ello se ve reflejado en las Mayo-julio 2011
Natalia Margarita Parada apreciaciones que Hillary Clinton hizo del presunto apoyo de la Liga Árabe a la intervención militar, calificándolo como “fundamental” y “decisivo”: “Siempre hemos dicho que el liderazgo y la participación árabe son decisivos (…) Esto subraya la amplitud de esta coalición internacional y la profunda preocupación en la región por el sufrimiento del pueblo libio”, manifestó. Pertinente recordar que de los 22 miembros de la Liga Árabe sólo 11 estuvieron presentes durante la votación, y que Siria y Argelia se posicionaron contra la intervención, de manera que el apoyo del que se jacta EEUU en realidad se traduce en sólo 9 países, de los cuales 6 son miembros de aquel Consejo del Golfo siempre leal a los intereses norteamericanos y liderado por el rey saudí, tan cercano a la Casa Blanca en Washington. La 1973, no se fue otra cosa distinta a una Resolución cuidadosamente negociada entre partes interesadas en el botín libio, premeditada, calculada y redactada estratégicamente en función de que de ella se pudieran hacer interpretaciones útiles para hacerse al control del territorio y recursos petroleros libios, además de cambiar un régimen como el de Gadafi que ha resultado hostil para las potencias, principalmente para Estados Unidos. Si bien Libia tiene significativas reservas petroleras, no sólo se trata de eso. A los intereses de las potencias se suma la ubicación geoestratégica de Libia como puerta de entrada para controlar el continente africano, rico también en recursos mineros. Libia comparte fronteras con Nigeria, segundo país africano en reservas petroleras y con considerables reservas de uranio; en la frontera sur se ubica el Chad, economía potencialmente rica en petróleo y donde multinacionales como ExxonMobil y Chevron tienen el proyecto de trazar un oleoducto, además de ser puerta de ingreso a la región del DESLINDE No. 48
Darfur en Sudán, la cual también posee riqueza petrolera. El control del territorio y petróleo libio trae consigo además la posibilidad de aislar económicamente a China, país que tiene una amplia participación en la industria petrolera libia y en la industria de uranio en Nigeria. Contener a Rusia y China en la región, es un factor de importancia para Washington en el contexto de la actual disputa global entre potencias. En el momento actual, a Estados Unidos no le conviene tener un gobierno hostil como el de Gadafi; preferiría un cliente más dócil y obediente, como por ejemplo los que tiene en los países del Golfo. Por su parte Francia y Reino Unido, que junto a EEUU fueron los promotores de la Resolución de la ONU, desde noviembre de 2010 ya habían entablado un acercamiento en materia de defensa militar, expresado en establecer una estructura de defensa franco-británica y en la planificación, por parte del ministro británico Liam Fox y el francés Alain Juppé, de un ejercicio aéreo conjunto que debía tener lugar entre el 21 y 25 de marzo del presente año y la cual recibió el nombre de Southern Mistral 18. Importante recordar que las acciones aéreas militares en Libia se iniciaron el 19 de marzo y que la participación de estos países es preponderante. Las características geoestratégicas de Libia, así como la hostilidad frente a
De los 22 miembros de la Liga Árabe sólo 11 estuvieron presentes durante la votación, y Siria y Argelia se posicionaron contra la intervención en Libia.
A los intereses de las potencias se suma la ubicación geoestratégica de Libia como puerta de entrada para controlar el continente africano, rico también en recursos mineros. las potencias que ha caracterizado a su líder, el coronel Muammar Al-Gadafi, en conjunto con la forma como se han desarrollado los acontecimientos y los últimos movimientos tanto de la ONU, como de la Coalición, los monarcas del Golfo y los “rebeldes libios”, ponen en evidencia que el objetivo fundamental de quienes en estos momento intervienen ilegítimamente menoscabando la soberanía libia, es mantener la actual correlación de fuerzas mundial que se ve amenazada por los pueblos tunecino y egipcio y más recientemente los de Jordania, Bahrein y Yemen, que en un acto de valentía histórica se han levantado para romper las cadenas a las que han estado sometidos durante años de intervención colonial e imperialista, bien sea directamente o a través de sus líderes. A Libia en estos momentos no sólo se bombardea su población civil, sino también toda su estructura y esquema de defensa, lo que constituye un flagrante acto de violación a su soberanía y al legítimo derecho a la autodeterminación de su pueblo. Que en estos momentos el libio promedio, “de a pie”, quiere y está respaldando a su líder Gadafi, fue algo que reitero Leonor Massanet desde Libia durante una reciente entrevista 19.
El firme apoyo que Gadafi tiene en su pueblo, ayuda en parte a entender el por qué, pese a la brutal arremetida militar de las potencias y el apoyo que éstas le han proporcionado a los “rebeldes”, el Coronel se mantiene a la cabeza de su legítimo gobierno. No resultaría sorprendente entonces que EEUU acudiera a aquella estrategia que implementaron en el Golfo Pérsico, y proceda a dividirse el territorio reconociendo en Libia Oriental una nueva versión de un emirato petrolero como los del golfo, protegido por Occidente y gobernado por alguno de los llamados líderes de los “rebeldes”, quienes tras el apoyo militar que están recibiendo han quedado hipotecados con las potencias. A Gadafi y al pueblo libio quizás les dejarían la zona de Trípoli, con escasas reservas petroleras, muy al estilo de lo ocurrido en Corea del Norte. Imposible estar del lado del pueblo libio sin defender su soberanía y autodeterminación. “Ningún país del mundo debe intervenir en los asuntos internos de otro, independientemente del gobierno que esté al frente del Estado. Esta es una posición de principios para las naciones democráticas y soberanas y la base de la coexistencia pacífica y el mantenimiento de la paz mundial”, escribía hace poco un líder sindical colombiano 20. Fundamental tener siempre presente que es al pueblo libio a quien corresponde resolver sus contradicciones internas, así como decidir sobre un eventual cambio de gobierno si ésa es su voluntad. Si el gobierno en Libia tiene que caer, debe ser el pueblo libio quien lo tumbe, no el imperialismo amparado en Resoluciones de la ONU, ni tampoco “rebeliones” maniobradas y apoyadas por las potencias.
Natalia Margarita Parada N o ta s 1
Los porcentajes presentados en este artículo fueron calculados sobre las cifras del último Boletín Estadístico Anual de la OPEP (Annual Statistical Bulletin –ASB). Disponible en: http://www.opec.org/opec_web/ en/publications/202.htm
La región del Magreb se ubica en el Norte de África; los países que la conforman son Libia, Túnez, Argelia, Mauritania, Marruecos y los Territorios Ocupados del Sahara Occidental.
La cifras sobre la capacidad mundial de la OPEP pueden consultarse en: http://www.opec.org
“Oil May Surge to $220 if Libya, Algeria Halt, Nomura Says” En: Bloomberg Business Week, 23 de febrero de 2011. Disponible en: http://www.businessweek.com/news/2011-02-23/oil-may-surge-to-220-if-libya-algeriahalt-nomura-says.html
“Hunt for top-grade crude sources begins” En: Financial Times, Markets Section, Commodities, 23 de febrero de 2011. Disponible en: http://www.ft.com/cms/s/0/82a2af8e-3f76-11e0-a1ba-00144feabdc0.html
“Oil Soars as Libyan Furor Shakes Markets” En: New York Times, Global Business Section, 23 de febrero de 2011. Disponible en: http://www.nytimes.com/2011/02/23/business/global/23oil.html
El Comando Militar Estadounidense para África, Africom, fue propuesto por el presidente norteamericano George Bush en 2007; sin embargo, inició sus operaciones en el año 2008.
“Noam Chomsky: This is the most remarkable regional uprising that I can remember” En: Democracy Now, Entrevista con Amy Goodman, 2 de febrero de 2011. Disponible en: http://www.democracynow.org/2011/2/2/ noam_chomsky_this_is_the_most
Basel Ramsis es ciudadano egipcio residente en España, donde se desempeña como cineasta y documentalista. Recién iniciados los levantamientos, se trasladó a El Cairo para participar en ellos, y estuvo allí presente hasta días después de la caída de Mubarak. La entrevista fue concedida a la autora del artículo el pasado 14 de febrero.
Entrevista de Basel Ramsis con la autora del artículo, 14 de febrero de 2011.
Cable de Wikileaks citado en: Rodríguez, Olga “El activismo obrero fue el origen de la revuelta”, 15 de febrero de 2011.
Entrevista de Fernando Casares de Rompiendo Muros con Leonor Massanet. Disponible en: http:// rompiendo-muros.blogspot.com/2011/04/leonor-massanet-la-masacre-no-existio.html
Entrevista a Jean Bricmont, intelectual de la Universidad de Lovaina en Bélgica, y representante de una de las posiciones en que se ha dividido la izquierda europea en relación con el levantamiento popular libio y la intervención occidental. Disponible en: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4048
“CIA. Agents in Libya Aid Airstrikes and Meet Rebels” En: New York Times, 30 de marzo de 2011. Disponible en: http://www.nytimes.com/2011/03/31/world/africa/31intel.html
“Qatar recognizes Libyan rebels after oil deal” En: Al-Jazeera, 28 de marzo de 2011. Disponible en: http:// english.aljazeera.net/news/middleeast/2011/03/201132814450241767.html# marzo 28
Sobre la operación Southern Mistral consultar: “Francia estaba preparando el derrocamiento de Gadafi desde noviembre” En: Red Voltaire, 25 de marzo de 2011. Disponible en: http://www.voltairenet.org/article169073.html
Entrevista disponible en: http://rompiendo-muros.blogspot.com/2011/04/leonor-massanet-la-masacreno-existio.html
“¡No a la intervención militar de Estados Unidos y la OTAN en Libia!” Gustavo Triana, 4 de abril de 2011. Disponible en: http://www.moir.org.co/No-a-la-intervencion-militar-de.html
Los acontecimientos en el Medio Oriente y Norte de África tienen lugar en un contexto global donde la economía y los mercados mundiales está...
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