Source: http://www.europarl.europa.eu/sides/getDoc.do?type=CRE&reference=20080709&secondRef=ITEM-002&language=ES&ring=A6-2008-0241
Timestamp: 2013-12-08 09:52:33+00:00

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Debates - Miércoles 9 de julio de 2008 - Informe anual del BCE para 2007 (debate)
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A6-0241/2008Textos presentados :
2. Informe anual del BCE para 2007 (debate)PV
Presidente. - El siguiente punto es el informe de Olle Schmidt en nombre de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios en el informe anual de BCE para 2007 (2008/2107(INI) (A6-0241/2007). Olle Schmidt, ponente. – (SV) Señor Presidente, señor Trichet, señor Juncker, todas las miradas están fijas en el Banco Central Europeo. La incierta situación económica actual y el desasosiego financiero someten al BCE a una enorme presión. Estoy convencido de que la subida de tipos de interés realizada la última semana era la decisión correcta. La inflación es un flagelo que redistribuye injustamente los activos. Los líderes políticos de Europa deben estar agradecidos por tener un banco central independiente y preparado para impedir que Europa entre en un periodo de estanflación, con el crecimiento estancado y la inflación en alza.
Diez años después de su introducción, el euro es una moneda mundial. La seguridad y estabilidad que ha traído a la zona del euro y a la Unión en su conjunto, incluido mi país, e incluso a la economía mundial son algo con lo que nadie podría haber soñado. El «no» de Irlanda en el referéndum no era una reacción a la fuerza del euro. El desarrollo asimétrico de las economías entre los distintos países de la zona del euro puede constituir un riesgo, solucionable si se cumplen los requisitos del pacto de estabilidad para dar solidez a las finanzas públicas y prosigue la transformación estructural en los Estados miembros.
Al mismo tiempo es lógico volver a examinar, después de 10 años, cómo funciona el BCE; podrían mejorar el escrutinio, la transparencia, la toma de decisiones y la función internacional del euro. Por consiguiente, la comisión propone que el BCE presente una nueva propuesta para que la toma de decisiones sea tan transparente y eficaz como el crecimiento del Eurogrupo. El BCE debe dar cuenta de las discusiones entre los Miembros del Consejo de Administración cuando tome decisiones tales como bajar el tipo de interés, para así aumentar la transparencia y hacer la situación más predecible. Asimismo, debe fortalecer su función como líder del Eurogrupo para reflejar mejor la importancia del euro en el contexto internacional.
Suministrar mejor información al mercado sobre las decisiones del tipo de interés del BCE ha sido crucial durante mucho tiempo para el Parlamento, como lo son la publicación de las actas y el resultado de las votaciones. Sin embargo, el BCE lo ha rechazado señalando que crearía divisiones nacionales dentro de la gestión del BCE.
Señor Trichet, hemos escuchado sus argumentos y la comisión presenta ahora una propuesta modificada. La dirección del BCE debe suministrar información más clara después de una decisión como la subida del tipo de interés, es decir, debe declarar si se ha logrado por unanimidad, sin discusiones, o si ha sido difícil alcanzar una posición común. Sería un paso importante para mejorar el diálogo entre el mercado, nosotros los políticos y el BCE.
La inflación ha aumentado hasta valores nunca vistos y ahora está en torno al 4 %, lo que es sustancialmente mayor que el objetivo previsto a medio plazo de aproximadamente el 2 %. No solo el dólar, sino otras monedas también se han debilitado considerablemente respecto al euro, lo que ha reactivado la discusión sobre el tipo de cambio. La ampliación de la zona del euro le otorga más peso a la zona monetaria, pero al mismo tiempo plantea varios retos, ya que la toma de decisiones es más compleja y aumentan las diferencias de desarrollo económico entre los miembros.
La crisis en el mercado hipotecario indica que la estabilidad financiera es una cuestión mundial, pues las crisis ya no se limitan a un único país o región. Los esfuerzos combinados de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra han contribuido sustancialmente a mantener el sistema financiero a flote, pero no han resuelto la crisis. Esto también ha puesto de manifiesto la necesidad de mejorar la cooperación entre los bancos centrales y otras instituciones. Las advertencias del BCE y la Reserva Federal en el sentido de que no se debía subestimar el riesgo de crisis en el mercado hipotecario no han tenido éxito, y muestran la creciente vulnerabilidad de los mercados financieros mundiales. Hay buenas razones para actuar, y el Parlamento, entre otros, lo está haciendo ahora, por ejemplo siguiendo el proceso Lamfalussy para modernizar la estructura europea de supervisión.
La política monetaria común y el BCE se enfrentarán a grandes dificultades en los próximos años. Estoy convencido de que los líderes de la UE y el BCE pasarán la prueba. Pero, al mismo tiempo, todos los líderes de la UE deben entender que la estabilidad de los precios y la solidez de las finanzas públicas son los pilares del crecimiento y de la creación de nuevos puestos de trabajo. Es, pues, preocupante que el Presidente francés, en su función actual de Presidente del Consejo, cuestione las metas de estabilidad del BCE. En mi opinión, los líderes de Europa deben explicar en un diálogo abierto con sus ciudadanos las finalidades y metas de la política monetaria. Las subidas vertiginosas de los precios y los aumentos salariales compensatorios son los peores enemigos de la prosperidad. Jean-Claude Trichet, Presidente del Banco Central Europeo. – (FR) Señor Presidente, ponente, Señorías, es para mí un honor presentar ante ustedes el informe anual de 2007 del Banco Central Europeo, según lo estipulado por el Tratado. Nuestras relaciones van mucho más allá de las obligaciones impuestas por el Tratado, y el Banco Central Europeo aprecia su estrecha relación con el Parlamento.
Esta es la cuarta vez que hablo ante ustedes este año. Mis colegas del consejo de administración también han estado en estrecho contacto con el Parlamento Europeo, en particular sobre asuntos como la ampliación de la zona euro, los sistemas de pago y el décimo aniversario de la Unión Económica y Monetaria. Ante todo quiero resumirles brevemente las tendencias económicas del período que va de 2007 a 2008 y explicar las medidas de política monetaria adoptadas por el BCE. A continuación formularé algunas observaciones sobre los puntos e ideas de su propuesta de Resolución sobre el informe anual del BCE de 2007.
En 2007, el BCE funcionó en un contexto difícil de elevación y gran volatilidad de los precios de los productos básicos y, a partir de la segunda mitad de 2007, una incertidumbre mayor derivada de la corrección en curso de los mercados financieros mundiales mencionada por el ponente. A pesar de estos problemas, la economía de la zona del euro siguió mejorando con tasas sólidas en 2007 y un aumento anual real de PIB de un 2,7 %.
En la primera mitad de 2008 continuó el crecimiento moderado en términos reales del PIB, aunque el perfil de trimestre a trimestre presentará probablemente una elevada volatilidad debida a factores temporales, relacionados en parte con la meteorología. Por tanto, al evaluar la evolución del crecimiento es importante centrarse en la tendencia a medio plazo.
Mirando hacia adelante, hacia el exterior, el crecimiento en los países emergentes debe seguir siendo sólido y apoyar la demanda exterior en la zona del euro. En el lado interior, los principios económicos fundamentales de la zona del euro siguen siendo sólidos y no sufren desajustes graves. Las tasas de desempleo y la incorporación de nuevas fuerzas laborales han aumentado considerablemente en los últimos años, y las tasas de desempleo han descendido a niveles no vistos durante 25 años.
Una vez aclarado este punto, la incertidumbre que rodea estas perspectivas de crecimiento sigue siendo alta, con riesgos de retroceso relacionados principalmente con aumentos imprevistos de los precios de los productos básicos, posibles nuevas influencias de las tensiones de los mercados financieros en la economía real y aumento de las tendencias proteccionistas.
En cuanto a la evolución de los precios durante 2007, la inflación media anual del IAPC en la zona del euro fue del 2,1 %, ligeramente superior a la definición de estabilidad de los precios del BCE. Sin embargo, al final del año, los considerables aumentos de los precios internacionales del crudo y de los alimentos elevaron la inflación a niveles muy por encima del 2 %. Desde entonces, la inflación en la zona del euro ha aumentado aún más y, tras los bruscos y renovados aumentos de los precios de los productos básicos, el nivel ha llegado hasta un preocupante valor de alrededor del 4 % a mediados de 2008. Mirando hacia adelante, durante algún tiempo la tasa anual de inflación del IAPC probablemente quede muy por encima del nivel compatible con la estabilidad de los precios, y sólo se moderará gradualmente en 2009.
Los riesgos de inestabilidad de los precios a medio plazo fueron claros en 2007 y se han intensificado durante los últimos meses. Estos riesgos incluyen posibles subidas en los precios de los productos básicos y aumentos no previstos de los impuestos indirectos y de los precios regulados. Además, al Consejo de Administración le preocupa mucho que el comportamiento de los precios y del ajuste de lo salarios se sume a la presión inflacionista por medio de un efecto dominó generalizado. Los primeros signos ya son visibles en algunas regiones de la zona del euro. En este contexto son especialmente preocupantes los sistemas de indexación de salarios nominales, que deberían evitarse.
Como en 2007, el análisis monetario de la primera mitad de 2008 sigue confirmando los riesgos predominantes de inestabilidad de los precios a medio y largo plazo. De acuerdo con nuestra estrategia de política monetaria, pensamos que la solidez básica sostenida de la expansión monetaria y crediticia en la zona del euro durante los últimos años ha incrementado el riesgo de inestabilidad de los precios.
Para contener estos riesgos dominantes que amenazan la estabilidad de los precios a medio plazo, el Consejo de Administración ha ajustado una vez más su postura en política monetaria en marzo y junio de 2007. Después de un período de incertidumbre excepcionalmente alta en el contexto de la corrección del mercado financiero, en julio de 2008 el Consejo de Administración llevó la tasa de cotización mínima para operaciones de refinanciación en el sistema del euro hasta el 4,25 %. Esta acción subraya la firme determinación del Consejo de Administración de prevenir el efecto dominó y de mantener las expectativas de inflación a más largo plazo firmemente controladas, en línea con la estabilidad de los precios. Esta es la contribución de la política monetaria del BCE para mantener el poder adquisitivo a medio plazo y apoyar el crecimiento sostenible y el empleo en la zona del euro.
Después de la decisión de última semana de aumentar los tipos, según la evaluación actual del Consejo de Administración, la postura de política monetaria contribuirá a lograr la estabilidad de los precios a medio plazo. Seguiremos vigilando muy estrechamente todos los aspectos de la evolución de la situación en el futuro inmediato.
En el proyecto de resolución ustedes plantean varias cuestiones de relevancia para el BCE. Quisiera asegurarles que consideraremos los comentarios que acaban de hacerse y todos los comentarios presentes en la resolución con suma atención y que les informaremos debidamente.
Comentaré muy brevemente algunos de estos puntos. En la estrategia de política monetaria, quisiera mostrar mi satisfacción por la evaluación positiva hecha por la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios sobre la estrategia de política monetaria del BCE. Nuestro marco de dos columnas asegura que toda la información pertinente para la evaluación de los riesgos que amenazan la estabilidad de precios se tiene en cuenta de forma uniforme y sistemática al tomar decisiones de política monetaria.
En 2007, el Consejo de Administración lanzó dentro del sistema del euro un temario de investigaciones para mejorar aún más su análisis monetario, tal como se propone en el proyecto de resolución para seguir mejorando la infraestructura analítica del BCE.
Respecto a la transparencia, también me satisface que la comisión reconozca que no es necesariamente aconsejable que las actas de las reuniones del Consejo de Administración del BCE se pongan a disposición del público. Tal medida llamaría la atención sobre las posturas individuales cuando, en una zona del euro de 15 y muy pronto 16 países, lo que cuenta es la posición del órgano colegiado encargado de adoptar las decisiones, el Consejo de Administración. También podría llevar a que se presionase a miembros del Consejo de Administración para que abandonen su posición cuando se adoptan decisiones sobre política monetaria.
Como ya he recalcado en ocasiones anteriores, considero la declaración introductoria que presento en nombre del Consejo de Administración en la conferencia de prensa mensual como un equivalente de lo que otros bancos centrales llaman «actas resumidas». Junto con la sesión de preguntas subsiguiente, la declaración introductoria ofrece un panorama completo de la postura actual en política monetaria por parte del Consejo de Administración. Este instrumento de comunicación nos ha servido mucho para orientar las expectativas del mercado financiero.
Con relación a las políticas fiscales, el BCE comparte el punto de vista expresado de que todos los Estados miembros deben respetar plenamente el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Se espera un aumento del déficit fiscal agregado de la zona del euro para 2008. Hay un riesgo claro de que algunos países no cumplan las previsiones del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Lograr posiciones presupuestarias sólidas y sostenibles y, sobre esta base, dejar que actúen libremente los estabilizadores automáticos es la mejor contribución que, a nuestro juicio, puede hacer la política fiscal a la estabilidad macroeconómica.
El proyecto de resolución también se refiere a los riesgos que entrañan las diferencias económicas entre los países de la zona del euro, que hasta cierto punto reflejan las rigideces estructurales y/o las políticas nacionales inadecuadas. Huelga decir que las divergencias económicas en todos los países de la zona del euro quedan fuera del alcance de la política monetaria.
Para evitar un período prolongado de bajo crecimiento y desempleo o de sobrecalentamiento como respuesta del país a las asimetrías, se deben emprender reformas a escala nacional para mejorar la capacidad de recuperación ante tales choques. Estas incluyen reformas estructurales bien diseñadas para mejorar la competencia, aumentar la productividad y fomentar la flexibilidad del mercado laboral.
Déjeme recalcar nuevamente que es necesario vigilar con lucidez la evolución de la competitividad nacional –incluidos los costes laborales– porque recuperarse ex post de la pérdida de competitividad es un ejercicio difícil. A este respecto apoyamos que el Parlamento pida políticas responsables de salarios y precios.
Déjenme volver ahora a las cuestiones planteadas por la corrección del mercado financiero para prevenir y gestionar la crisis, que también ocupan un lugar destacado en el análisis del Parlamento.
En relación a la prevención y la corrección del mercado, se han planteado cuestiones para los supervisores y para los bancos centrales. Los supervisores deben realizar más esfuerzos para reforzar la cooperación y el intercambio de información transfronteriza. Es crucial para explotar aún más el potencial del marco de Lamfalussy. El Consejo Ecofin ha estado de acuerdo con ciertas medidas destinadas a ese fin, y la atención debe ahora orientarse a ejecutar esas medidas.
La corrección del mercado, en nuestra opinión, no ha aportado pruebas convincentes para la renovación completa del marco supervisor actual, por ejemplo mediante el establecimiento de una nueva autoridad para la supervisión de la UE. Los bancos centrales, incluido el BCE, han sabido identificar eficazmente en gran medida los puntos débiles y los riesgos del sistema financiero que ya se han materializado cuando ha irrumpido la crisis. No me extenderé más sobre este punto.
Buscando enseñanzas para la gestión de la crisis, la cuestión que se planteó con más fuerza durante el torbellino de la crisis fue la necesidad de una información fluida entre bancos centrales y supervisores en estas circunstancias. Los bancos centrales pueden necesitar información de los supervisores para desempeñar de forma eficaz sus funciones de gestión de la crisis. Esto se aplica al Eurosistema y a todos los bancos centrales. Los supervisores, por su parte, pueden beneficiarse de la información de los bancos centrales. Por consiguiente, el BCE apoya firmemente el fortalecimiento previsto de las bases legales de la UE para el intercambio de información entre los bancos centrales y los supervisores.
Terminaré con algunos comentarios sobre la integración de los sistemas de pago en Europa. Hemos observado con satisfacción las evaluaciones positivas en el proyecto de resolución sobre SEPA y TARGET 2. En cuanto a la iniciativa Target 2 securities del Eurosistema, el Consejo de Administración decidirá en las próximas semanas la continuación del proyecto T2S. Es importante señalar que los principales CSD han respondido positivamente a nuestra iniciativa. Jean-Claude Juncker, Presidente del Eurogrupo y miembro del Consejo Europeo. – (FR) Señor Presidente, ponente, Señorías, quisiera ante todo reconocer el nivel del trabajo de su ponente. Es un informe excelente que contiene todos los puntos esenciales.
Me complace observar, del trabajo de su comisión y el informe de su ponente, que los puntos de vista de su Parlamento coinciden en términos generales con las opiniones expresadas numerosas veces por el Eurogrupo, que tengo el privilegio de presidir. Este consenso, esta convergencia amplia de los criterios está relacionada en particular con las operaciones y actividades del Banco Central, que, como de costumbre, se ve abrumado por los cumplidos de su Parlamento y de los gobiernos a los que aquí represento.
Esta observación es particularmente significativa a la luz de las diversas críticas recibidas por el Banco Central durante las semanas y meses recientes, cuando se ha tenido que implantar un arsenal de medidas para afrontar la crisis financiera que está azotando todo el mundo. Criticado inicialmente por sobreactuar, el Banco Central Europeo ha observado con satisfacción que otras importantes autoridades monetarias habían adoptado sus instrumentos y métodos.
También estamos de acuerdo con el ponente cuando insta al Eurogrupo, al Consejo ECOFIN en general y a nuestro Banco a sacar las conclusiones financieras adecuadas para la crisis con la que nos enfrentamos, en particular en relación con el control de los mercados y la transparencia que debemos añadir a nuestros mecanismos actuales.
La lucha contra la inflación es la principal inquietud de nuestros conciudadanos. Por el momento, todas las encuestas indican que la gente todavía está preocupada por la pérdida de poder adquisitivo y teme que se materialice el riesgo de esa pérdida. Es por consiguiente, un derecho y una responsabilidad del Banco asegurar la estabilidad de los precios, un objetivo fijado por el Tratado fundacional de Maastricht para el Banco central.
Añadiría que no debemos inclinarnos hacia la idea de que el Banco Central, como autoridad monetaria, es el único órgano responsable de la estabilidad de los precios y de la lucha contra la inflación. La inflación y la lucha contra la inflación son también objeto de interés y obligación de los gobiernos de la zona del euro. También ellos, al complementar las políticas monetarias del Banco Central, tienen que introducir políticas sólidas capaces de apoyar la estabilidad de los precios.
Por tanto, los gobiernos del Eurogrupo se han comprometido, en primer lugar, a hacer todo lo posible para asegurar la contención salarial que necesitamos y para evitar que los salarios y el sector público queden fuera de control. Por consiguiente es fundamental que hagamos todo lo posible para evitar aumentos innecesarios de la tributación indirecta, tanto del IVA como de los impuestos especiales. Nos hemos comprometido firmemente a hacer todo lo posible para asegurar que los precios no excedan los límites del sentido común.
Nadie puede hablar de la inflación y estabilidad de los precios sin mencionar la independencia del Banco Central, como ha dicho su ponente en sus informes escrito y oral.
Querría señalar una vez más que la independencia del Banco Central es un principio fundamental de la Unión Económica y Monetaria, que la independencia del Banco Central forma parte del Pacto en que se funda la Unión Económica y Monetaria, y que, en el trabajo que condujo al tratado constitucional y a la reforma posterior en el Tratado de Lisboa, ningún gobierno ha sugerido ni el más mínimo cambio de las atribuciones generales del Banco Central, orientadas a la estabilidad de los precios. Por consiguiente, pienso que un día tendremos que poner fin a un debate fútil e inútil que no tiene nada que ver con la situación real. Eso no significa que no tengamos derecho a criticar al Banco, o a ofrecer apoyo y asesoramiento a su buen hacer, pero nada debe interferir con su independencia.
Por otra parte, diré que no debemos sobrecargar la política monetaria de responsabilidades. El Tratado afirma que el objetivo del Banco Central es la estabilidad de los precios. No debemos añadir innumerables objetivos económicos a sus atribuciones, pero sí debemos seguir la regla de la coherencia, que exige que no pretendamos que el Banco persiga demasiados objetivos políticos. Tiene un instrumento para la acción, que es la política monetaria; actúa con buen talante y determinación.
En cuanto a la política de cambio, he observado una ligera ambigüedad en el informe del señor Schmidt, pues da la impresión de que dicha política sea territorio único, cuando no exclusivo del Banco Central. Me parece muy bien que el Banco Central desempeñe una función de liderazgo en todos los ámbitos relacionados con el cambio, pero aún así, quisiera llamar su atención hacia las disposiciones del Tratado, que asigna poderes compartidos al Banco y a los gobiernos para la política de cambio. Por lo demás, en la política de cambio y en la política monetaria, al igual que en las políticas estructurales, mantenemos con el Banco un diálogo fructífero al que contribuye todo el mundo.
Por tanto, como parte de este diálogo regular, el señor Trichet y yo fuimos a China en noviembre para tratar la política de cambio con las autoridades chinas, y lo haremos nuevamente en la segunda mitad de este año.
Otra ambigüedad leve que he observado en el informe de su comisión afecta a la representación en el exterior de la zona del euro. Una vez más, al contrario de lo que el informe indica, el Banco Central no es el único responsable de dar los pasos necesarios para fortalecer la función internacional de la zona del euro. Se trata de otro ámbito en el que las competencias se comparten. Thomas Mann, en nombre del Grupo PPE-DE. – (FR) Saludos a los dos Jean-Claude, el Presidente Trichet y el Presidente Juncker.
(DE) El 2 de junio tuvimos una celebración importante en Frankfurt, la ciudad donde se introdujeron el marco y el euro, diez años de Unión Económica y Monetaria Europea. Gracias al BCE, el euro se ha establecido internacionalmente y la estabilidad de los precios ha seguido siendo la meta principal en todo momento. Es lógico que hace pocos días el BCE utilizase su arma más eficaz para influir en el tipo de interés básico y lo elevase un cuarto de punto. El objetivo era, y sigue siendo, hacer frente a los riesgos de inflación creados por el elevado coste de la vida y por la subida de los precios de la gasolina y el petróleo.
Esta vez el BCE anunció sus medidas con varias semanas de antelación. En la primavera actuó de otro modo y adoptó una medida efectiva a gran escala en unas pocas horas. El informe del señor Schmidt –un informe excelente en el que trabajamos conjuntamente– acoge con satisfacción precisamente eso. En la segunda mitad de 2007 se derrumbó el mercado inmobiliario. En la crisis de las hipotecas subprime, los bancos y las compañías de seguros que habían estado jugando se vieron en dificultades. El BCE liberó muy rápidamente los fondos necesarios, y evitó así un derrumbe transfronterizo.
Esta rapidez y eficacia son prueba de una acción decidida, basada en la competencia y en la mayor confianza en su institución. Pienso que las decisiones del BCE son generalmente transparentes, y basadas en un buen flujo de información y en objetivos abiertos. En el diálogo monetario, el BCE informa regularmente a la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios sobre las decisiones en materia de política financiera.
En mi opinión, hay un aspecto en la publicación de las actas de las reuniones del consejo que requiere atención. Hay que evitar la influencia nacional. Se necesita independencia ilimitada. Normalmente, señor Presidente, los diputados del PE tenemos muchas ocasiones para criticar. Hoy, permítame expresarle nuestros elogios por lo que ha dicho, las empresas y los ciudadanos sabemos que el BCE en Frankfurt está buenas manos, por un lado del señor Trichet y su banco, y por otro lado, por supuesto, del admirable Jean-Claude Juncker. Manuel António dos Santos, en nombre del Grupo PSE. – (PT) Señor Presidente, señor Juncker, señor Trichet, quisiera en primer lugar decir que el objetivo principal de este informe era analizar las actividades del Banco Central Europeo durante 2007. Sin embargo, la discusión en la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios no podía obviamente dejar de analizar los retos para el futuro de la política monetaria de la Unión Europea y su regulación.
En cuanto a las competencias del Banco Central Europeo (BCE), según lo estipulado en el Tratado, tenemos que reconocer el valor de su trabajo en 2007. Aunque no ha podido evitar la turbulencia monetaria y la consiguiente crisis del crecimiento económico que estamos viviendo, sí ha logrado mitigar muchas de las consecuencias negativas de la situación actual. Creo que el principal problema sigue siendo si las políticas y los instrumentos actuales de la Unión Europea nos permitirán superar definitivamente la grave crisis de la economía mundial y sus consecuencias para Europa.
Una crisis no es necesariamente una catástrofe. Sin embargo, sólo podemos evitar que una crisis se convierta en una catástrofe si tenemos una visión correcta de futuro, libre de las ortodoxias obsoletas y centrada en la naturaleza de los nuevos fenómenos que tenemos que afrontar y superar. Es inadmisible defender el incumplimiento de las reglas en vigor, y debemos contribuir al debate político desarrollando propuestas orientadas a cambiar la situación actual.
El informe del señor Schmidt presenta algunas propuestas de futuro: mejorar la cooperación entre los bancos centrales y las autoridades reguladoras en la lucha por conciliar la liberalización y la regulación financiera; crear un marco para la función de gestión financiera del BCE; promover la coordinación de las políticas económicas entre el Eurogrupo, la Comisión y el BCE; mejorar la transparencia en la toma de decisiones; y sobre todo, suministrar información que permita al público entender las medidas del BCE; promover la reforma estructural de la gobernanza del Banco; administrar los tipos de interés con sumo cuidado, evitando intervenciones especulativas y descuentos inadecuados para el mercado, con el fin de no poner en peligro la política de inversiones, la creación de puestos de trabajo, la reforma estructural y el crecimiento económico. Independientemente de todo esto, que es mucho, también necesitamos comprender que nos enfrentamos a una difícil crisis económica y social cuyas consecuencias todavía desconocemos. Sin embargo, sí sabemos que hay más probabilidades de que empeore que de que mejore.
No podemos hacernos la ilusión de que los remedios que tenemos a nuestra disposición serán capaces de resolver los problemas actuales. Reconocer la situación no es ser derrotista, sino mostrar sentido común. Estamos probablemente en el umbral de identificar las soluciones políticas a nuestros problemas. Esto sin duda no es el fin del mundo, y mucho menos el fin de la historia. Sólo podemos solicitar al BCE cooperación, competencia, transparencia y flexibilidad en cuanto a sus competencias y que nunca las sobrepase. Wolf Klinz, en nombre del Grupo ALDE. – (DE) Señor Presidente, señor Trichet y señor Juncker, Señorías, me gustaría secundar los cumplidos del orador anterior. El BCE en verdad actuó con prontitud y competencia al comienzo de la crisis financiera, y sin esa resolución la crisis probablemente habría resultado mucho peor. Además, con sus decisiones, el Banco no sólo ha demostrado su credibilidad, sino que se ha convertido en un modelo de banco central competente por sus acciones y en un ejemplo para otros bancos centrales.
Sin embargo, me temo que el Banco Central todavía tenga por delante la fase más difícil. Los próximos dieciocho meses serán la prueba decisiva para comprobar si el Banco todavía puede mantener su credibilidad. Confío en que pueda. Los precios del crudo y las materias primas están desbocados, los precios de los alimentos aumentan sin cesar y tenemos inflación. El señor Trichet habló de un 4 % en la zona del euro. En muchos Estados miembros es en realidad de casi el 6 %, y el euro es increíblemente fuerte.
Por tanto el riesgo de estanflación es muy real. Tenemos que asegurarnos de que realmente detenemos ese riesgo en una fase inicial. Por consiguiente, en esas circunstancias, acojo con satisfacción que el Banco Central se pusiese a prueba la semana pasada con sus decisiones sobre el interés. Sin duda, combatir la inflación es y seguirá siendo nuestra tarea principal.
Hace algunos decenios, cuando Alemania pasaba por un período de estanflación, el Canciller Schmidt dijo que para él una inflación del 5 % era mejor que un desempleo del 5 %. Por lo tanto, se opuso frontalmente al Bundesbank. Luego se demostró que la política del Bundesbank de combatir la inflación de inmediato y decididamente era la correcta. Alemania se recuperó de la estanflación antes que muchos otros países.
No tengo ningún consejo que dar al Banco Central. Sabe mejor que nadie lo que tiene que hacer. Pero sí tengo tres deseos. Dos de ellos ya han sido concedidos. Quisiera ver que el diálogo entre el Banco Central y el Eurogrupo y el señor Juncker, su Presidente, se desarrolla sin tropiezos. Creo que eso está sucediendo. Quisiera ver una cooperación más estrecha no sólo entre los bancos centrales, sino también entre el Banco Central y las autoridades supervisoras. Esto también está a la vista.
Por último –y aquí por desgracia tengo una respuesta negativa del señor Trichet– me gustaría que recibiéramos más información sobre la toma de decisiones. No queremos conocer los nombres, pero deseamos saber si la decisión se tomó por una mayoría justa o amplia, y si hubo o no mucho debate. Claude Turmes, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (FR) Señor Presidente, no soy un gran experto en asuntos monetarios, pero estoy tratando comprender lo que hay detrás de la crisis energética y alimentaria actual; y mi conclusión es que estamos entrando en una nueva era.
Una era en la cual los recursos del planeta son escasos. ¿Por qué? Dado que tenemos un modelo económico predominante que data del siglo XX, que se creó y se desarrolló gracias a mil millones de ciudadanos de la clase media de Europa, Estados Unidos y Japón, y de pequeñas élites en otras zonas del mundo. Eso era el mundo de siglo XX.
El mundo de siglo XXI tendrá cientos de millones más de habitantes de clase media de China, India, Indonesia, Sudáfrica, Nigeria, México, Brasil y otros países. Por consiguiente, nuestro modelo económico predominante tiene un fallo esencial. El sistema no tuvo en cuenta que los recursos son limitados. ¿Dónde vamos a encontrar peces cuando los chinos coman tanto pescado como los japoneses? ¿Dónde vamos a encontrar gasolina cuando toda la India conduzca automóviles Tata? ¿Dónde vamos a encontrar carbón para las plantas siderúrgicas de todo el mundo si los países emergentes se desarrollan de acuerdo con las tecnologías existentes? Esa es la crisis que está profundamente arraigada.
Así que tengo tres preguntas concretas. Primero, la especulación. La especulación no es, por supuesto, un movimiento de base, ¿pero qué hacer en favor de los ciudadanos agobiados por el alza de los precios mientras los accionistas de Total y Eon y otros especuladores están agobiados por sus beneficios? Señor Juncker, usted propuso la idea de un impuesto sobre la especulación. ¿Ha progresado esa idea?, porque pienso que los ciudadanos desean que nosotros como políticos adoptemos medidas.
Mi segunda pregunta se refiere a las medidas que se pueden tomar rápidamente para hacer que la economía europea sea menos dependiente, especialmente del petróleo y del gas importado y de sus precios. ¿Podríamos considerar un programa de inversiones ambicioso, con la ayuda del Banco Europeo de Inversiones, para modernizar edificios, transportes públicos y además, por ejemplo, instalar motores eléctricos y otros sistemas en pequeñas y medianas empresas? Pienso que esa es la única manera de reducir el consumo, porque no estamos controlando los precios.
Mi tercer punto se refiere al sistema de indexación de los salarios. Señor Trichet, usted y yo ganamos sueldos suficientemente altos, y el precio de la energía y de los alimentos no nos afecta. Sin duda, usted gana más que yo, pero al mismo tiempo dice que los sistemas nacionales de indexación de salarios que tenemos en Luxemburgo y Bélgica deben abolirse. ¿Pero, señor Juncker, no es ése el único modo que tiene la gente de disponer de unos ingresos extra cuando los precios están por las nubes? Realmente no comprendo por qué usted está tan obsesionado con los índices. Johannes Blokland, en nombre del Grupo IND/DEM. – (NL) Gracias, señor Presidente. Bienvenidos señor Trichet, presidente del Banco Central Europeo, y señor Juncker.
Me gustaría en primer lugar felicitar al señor Trichet por el informe anual que acaba de presentar. Las cosas no parecen buenas para la zona del euro, no nos engañemos. Me temo que en los próximos años se demostrará que muchas de las dudas expresadas en el momento del lanzamiento del euro eran correctas. Después de unos pocos años de prosperidad veremos ahora si el Banco Central Europeo logra mantener la inflación baja.
La zona del euro tiene una política monetaria única, pero cada uno de sus dieciséis países tiene su propia política económica. Dieciséis países, cada uno con su propio IAPC y su propia política de fomento del empleo. Con la inflación en la zona del euro en un 4 %, la última elevación de los tipos de interés decidida por el Banco Central Europeo significa que el tipo de interés real es del 0,25 %. Pero ese tipo no es suficiente para contrarrestar la inflación ascendente y la amenaza de recesión en todos los Estados miembros.
¿Es capaz el señor Trichet de darnos una estimación de la medida en que serán suficientes los instrumentos disponibles en los años venideros? Sergej Kozlík (NI). – (SK) Apoyo el punto de vista que la introducción del euro, el aumento gradual de la zona del euro y la aplicación de políticas económicas uniformes combinado con el enfoque prudente del Banco Central Europeo han conducido al presente desarrollo económico relativamente estable en los países de la Unión Europea.
También es indudable que, debido al crecimiento dinámico del número y la variedad de operaciones de los mercados financieros, éstas se hacen menos transparentes. Esto da lugar a un número creciente de riesgos que potencialmente pueden dañar, no sólo a proveedores y consumidores, sino también a las economías de naciones enteras. En consecuencia, hay una necesidad de establecer en la UE un marco de supervisión financiera más amplio y de involucrar más estrechamente al Banco Central Europeo en la supervisión para resolver los posibles problemas del sistema financiero.
Estoy de acuerdo con el ponente, señor Schmidt, en que la mayor cooperación entre los bancos centrales y las autoridades supervisoras nacionales será inevitable. La meta es defender la estabilidad de los mercados financieros, en particular teniendo en cuenta que están cada vez más integrados. En estos tiempos, lo que se aplica a la ecología se aplica también a los mercados financieros. Sin la participación de otros grandes agentes, como Estados Unidos, Rusia, Japón, China, India y otros, no es posible lograr buenos resultados en el contexto mundial. José Manuel García-Margallo y Marfil (PPE-DE). - (ES) Señor Presidente, señor Gobernador, señor Presidente del Eurogrupo, los dos han coincidido en que, durante diez años, ha habido un consenso no alterado sobre el papel relativo de las distintas políticas. Al Banco Central y a la política monetaria les corresponde asegurar la estabilidad de los precios, las cuentas públicas deben equilibrarse en el término medio y a las otras políticas corresponde hacer crecer las economías y hacer crecer el empleo.
Me parece también que el aumento de la gobernanza económica supondría un contrapunto, un equilibrio; pero de eso, evidentemente, no tiene la culpa el señor Trichet. La tenemos nosotros, por no haber aprobado todavía el Tratado de Lisboa, y eso intento que se corrija. Pervenche Berès (PSE). – (FR) Señor Presidente, señor Trichet, señor Juncker, primero me gustaría dar las gracias a nuestro ponente por su excelente trabajo. Pienso que las contribuciones que todos han hecho han producido un resultado que aclara la situación; el mensaje quizá sea un poco vago, pero pienso que tiene elementos útiles.
Señor Trichet, todos estamos impresionados por sus discursos del verano de 2007. Apreciamos que usted informase de inmediato a la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios. Pero ahora usted ha elevado los tipos en un clima en el cual todos creemos que la crisis no ha terminado y en que las malas noticias, incluidas las de los principales bancos europeos, todavía están por venir.
Cuando le vimos el pasado diciembre usted nos dijo que básicamente esperaba una inflación del 3 % en 2008 y que luego las cosas se calmarían. Ahora la inflación está en el 4 % y usted ha aumentado los tipos en un cuarto de punto. Pero con la inflación importada, si su estrategia es en realidad seguir vigilando con la misma intensidad la estabilidad de los precios, ¿podrá mantener la misma política a corto y medio plazo, con los riesgos que sabemos para el crecimiento y, por tanto, para el empleo?
Me parece que el fenómeno al que se ha referido el excelente señor Turmes, que podría describirse como la entrada de la Unión Europea en la segunda fase de la globalización, nos está llevando a reevaluar las herramientas que tuvimos a nuestra disposición para afrontar la primera fase de la globalización. Esa primera fase favorecía la estabilidad de los precios, o en cualquier caso una reducción de los precios de los bienes de consumo, debida en particular a la deslocalización.
Ahora, en esta nueva fase, tenemos un nuevo equilibrio y un nuevo modelo en el cual lo que anteriormente eran países emergentes son ahora países plenamente asentados, también en cuanto al acceso a las materias primas, con los efectos sobre los precios de los que todos somos conscientes.
Por tanto, en estas circunstancias –y dirijo mis comentarios tanto al señor Trichet como al señor Juncker, ya que éste llama la atención correctamente hacia las competencias del Eurogrupo y ECOFIN en este terreno, pero nunca viene a esta comisión ni al Parlamento– ¿no es lo fundamental el tipo de cambio, la adquisición de suministros de petróleo en euros y la capacidad de la Unión Europea, en particular de su zona del euro, para hablar con una voz de modo que, diez años después del cambio al euro podamos al fin contribuir a un diálogo coordinado y responsable entre las principales monedas mundiales para asegurar el mejor tipo de cambio para nuestro crecimiento? Margarita Starkevičiūtė (ALDE). – (LT) Permítame señalar que durante nuestro mandato el Banco Central Europeo, gracias a su notable trabajo, ha pasado de ser sólo uno de los muchos bancos centrales del mundo a convertirse en el líder mundial de los bancos centrales. Hoy se enfrenta con el nuevo reto de definir su función, cada vez más importante, en un mundo globalizado.
Nos gustaría que el banco mejorara su función de previsión y gestión de la macroeconomía y de la estabilidad financiera, ya que la mayoría de las crisis actualmente tienen su origen en terceros países, y sería apropiado decir que el Banco Central Europeo no ha logrado producir una previsión exacta de la magnitud de la crisis y de su posible repercusión. ¿Qué se podría hacer para mejorar la situación? En primer lugar mencionaría una mayor coordinación entre las políticas económica y monetaria. El tercer mundo está ahora entrando en la etapa de la liberalización de precios, lo que a mí me resulta muy familiar, como representante de Lituania. Podría durar más tiempo, y Europa estaría expuesta a una presión enorme en relación con los precios. Sin embargo, esta presión podría ser superada por nuestra política monetaria, lo que quizá supusiese una carga mayor para nuestra economía. Como alternativa, podríamos ofrecer ayuda a los países en desarrollo para organizar su política de ingresos y estabilizar los precios. Esto se podría hacer aumentando nuestra participación en el Fondo Monetario Internacional y mediante la comunicación con el Banco Mundial. Se trata de un instrumento posible que podría ayudar a frenar la inflación en los países en desarrollo y a aliviar al Banco Mundial de la carga de ajustar la política monetaria.
Hay otro aspecto que me preocupa, y es el sistema europeo de conciliación. A pesar de la considerable aportación del Banco Central Europeo para la ejecución del SEPA y el desarrollo del sistema de seguridad TARGET 2, el problema es aún más complicado. Ryszard Czarnecki (UEN). – (PL) Señor Presidente, el informe anual del Banco Central Europeo parece que no hace mención de una tendencia que se ha desarrollado en los últimos años. Mientras que hasta el momento se podía decir que el banco europeo de Frankfurt actuaba con independencia, en fechas recientes hemos asistido a los intentos de los países más grandes de la Unión Europea de presionar al BCE e influir en sus decisiones.
Esta tendencia es preocupante, ya que en la práctica significa que la UE se está dividiendo en países que son iguales y aquellos que son más iguales que otros. Esto podría conducir a un doble rasero. A países como Francia o Alemania se les concede el derecho de presionar al BCE pero, cuando se trata de países más pequeños, se esgrime muy estrictamente el principio de la independencia del Banco Central Europeo frente a los gobiernos de los Estados miembros de la Unión Europea. Hablo de esto porque es una evolución preocupante.
Por último, no se puede decir que Europa tenga un sistema financiero adecuado y estable. Es algo que está en proceso de desarrollo. Ilustra esto el ejemplo paradójico de Londres, que es el centro financiero más importante de la Unión Europea, aunque sea la capital de un país que no pertenece a la zona del euro. Luca Romagnoli (NI). – (IT) Señor Presidente, Señorías, la zona del euro está sufriendo por los precios de la energía, que ni el BCE, ni la Unión, ni los gobiernos pueden controlar El Ministro Alemán de Finanzas, Peer Steinbrück, le dijo a usted, señor Trichet, y el BCE anunció más tarde, que se proponía apoyar a los bancos en dificultades. Me pregunto cuándo anunciará el BCE que desea apoyar a los ciudadanos que no logran llegar a fin de mes rebajando el precio del dinero y obligando a los bancos a aplicar a las hipotecas tipos de interés que no sean tan agobiantes como los actuales.
Mantener el crecimiento es más importante que mantener alto el valor de la moneda. Esta es la política del dólar, frente a la que el BCE no está ofreciendo una respuesta efectiva. El señor Schmidt se ha esforzado mucho por fortalecer la función y la autoridad del BCE, pero yo me sigo cuestionando la independencia del BCE. Es indudable que la introducción del euro ha aportado algunos beneficios: algunos de los mencionados por el señor Schmidt son incuestionables, pero no se ha dicho ni una palabra sobre los efectos adversos tangibles para todos los ciudadanos de la zona del euro que han padecido una inflación real muy superior a las cifras oficiales como consecuencia de la especulación generalizada que ha acompañado a la introducción de la moneda y que el BCE y las instituciones han hecho poco por controlar.
Como escribe el señor Schmidt, el BCE debe su aceptación por el público a que ha alcanzado sus objetivos, como la estabilidad de los precios y el crecimiento económico, y por esa razón considera que la transparencia tiene menos importancia; también propone renunciar al principio de igualdad de los Estados miembros y dar más poder al Comité Ejecutivo. El señor Schmidt teme que en la práctica los gobiernos presionen al presidente de su banco central; en otras palabras: teme que la política se imponga a las finanzas. Creo que la posición contraria es la correcta.
Señor Schmidt, señor Trichet, no puedo de ningún modo aprobar estas propuestas. Gay Mitchell (PPE-DE). – Señor Presidente, quiero dar las gracias al señor Schmidt por su muy buen informe.
Déjeme decir desde el principio que algunos Estados miembros están ya en recesión o se encuentran muy cerca de ella, y debemos preguntarnos qué es lo más importante en esas circunstancias. Creo que lo más importante para nosotros en estas circunstancias es proteger los puestos de trabajo y fomentar la creación de nuevos empleos. Fijémonos en la situación de 1990 a 1998 cuando, en lo que ahora es la zona del euro, se crearon cinco millones de puestos de trabajo. Pero lo que sucedió en los diez años comprendidos entre 1998 y 2008, cuando el euro se implantó y el señor Trichet y sus antecesores aplicaban sus políticas, es que se crearon casi 16 millones de empleos.
Tenemos que reflexionar sobre esto. Es un logro ejemplar, y la contribución de las políticas del Banco Central deben reconocerse. Debemos conceder crédito cuando es debido.
¿Pero se está explicando esta historia? Las razones del éxito son claramente los bajos tipos de interés y, en particular, la inflación baja, y creo que la constante insistencia del señor Trichet sobre esto es acertada.
¿Pero necesitamos aumentar continuamente los tipos de interés? Es hora de examinar más profundamente este aspecto. Las condiciones económicas actuales exigen una acción tranquila y sensata. Para eso tenemos un Banco Central independiente.
Sin embargo, quisiera formular una observación sobre la fortaleza del euro. Está teniendo efectos negativos sobre las economías exportadoras. El tipo de cambio del euro respecto al dólar y la libra esterlina no se está reduciendo y no es probable que se reduzca teniendo en cuenta la divergencia entre los tipos de interés de la zona del euro y de Estados Unidos. La elevación de los tipos, aunque orientada hacia la inflación, puede presentar nuevos riesgos para el tipo de cambio del euro y reducir el potencial de crecimiento económico en un tiempo de incertidumbre económica.
En el tiempo que me queda diré que el año pasado fui ponente para el informe sobre el Informe anual del BCE y señalé que había 223 000 millones de euros en billetes de 500 euros, lo que significa que hay 446 millones de billetes en circulación. Pedí que se examinara esta situación, en particular porque me parece probable que se utilicen con fines delictivos. Quizás el señor Trichet quiera explicar en su réplica lo que se ha hecho acerca de esta preocupación que expuse. Ieke van den Burg (PSE). – Señor Presidente, quisiera unirme a las felicitaciones que se han dado al BCE por lo que hizo el año pasado durante la crisis financiera. Se ha recalcado en el informe la función del BCE como último recurso en la provisión de liquidez y la creación de mercado, y comparto este punto de vista. Pienso que también ha cumplido esta función.
En relación con ésto, señor Trichet, pienso que es correcto que usted recalcara la necesidad de mejorar el acceso a la información y su intercambio, y opino que el BCE podría asumir un papel de liderazgo. Esto es también lo que presentamos en un informe de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios para el Parlamento acerca de la reforma del sistema de supervisión, una cuestión que debatiremos la próxima semana. Considero muy importante que tengamos una mejor conexión entre la información microconservadora que tienen los prudentes supervisores del mercado y de la banca y la información del BCE, y que también aquí el BCE puede asumir una función destacada.
Usted ha dicho que no quiere renovar los sistemas de supervisión; no es eso lo que proponemos, pero pienso que también redundaría en su interés no depender demasiado de la cooperación voluntaria de los Estados miembros y sus autoridades supervisoras en este intercambio de información. Por consiguiente, es importante que haya más participantes independientes en este terreno y un sistema y una estructura más fuertes a escala europea.
Otro aspecto son los sistemas de pago y conciliación. Me satisface escuchar que la propuesta Target 2 securities, elaborada por el BCE y otros bancos centrales, ha sido recibida positivamente por los CSD. Pienso que esto podría ser una base importante para mejorar el sistema. También me gustaría preguntarle su opinión acerca de lo que se está haciendo ahora, también desde el mercado, en la esfera de los derivados y en el mercado minorista para crear más contrapartidas centrales y un mejor sistema de supervisión.
Mi último comentario es un paralelismo con la intervención del señor Bernanke de ayer, pero no entraré ahora en detalles. PRESIDE: RODI KRATSA-TSAGAROPOULOU Vicepresidenta Daniel Dăianu (ALDE). – Señora Presidenta, quiero felicitar al ponente por su trabajo.
Un informe anual puede dedicar muchos volúmenes a los éxitos y a las complejidades de la política y las compensaciones. Las tasas de inflación actuales en Europa están atormentando a los responsables de la política y a los ciudadanos. El Banco Central Europeo ha aumentado su credibilidad mediante políticas coherentes. Este comportamiento se ha visto realzado por la inflación importada como consecuencia de la globalización y el ascenso de las economías asiáticas.
Por desgracia, ahora está interviniendo una situación inversa debido a los enormes aumentos de los precios de la energía y los alimentos que reflejan la creciente escasez de los recursos disponibles. La presión de los costes está creando tensiones en los mercados de todo el mundo. La tasa de inflación en la zona del euro está a su nivel más alto de los diez últimos años. Esto es muy preocupante, y la estanflación parece estar a la vuelta de la esquina.
Es más, la crisis financiera ha complicado enormemente la tarea del Banco Central Europeo. El BCE tiene que luchar tenazmente contra la inflación, y frenar las expectativas de inflación es clave en este empeño. Pero el riesgo es alto. No está claro cuánto tiempo durará la presión exterior sobre los costes. Es vital que se evite una espiral de precios y salarios. Solíamos hablar de la moderación de la inflación en el último decenio, de manera que debemos esforzarnos por lograr la moderación de la dinámica de precios y salarios en el período que se acerca.
Una mayor divergencia económica en la zona del euro no fomentaría un buen clima para las iniciativas del Banco Central Europeo. Además, cuando los mercados son cada vez más mundiales, lo que hace el Banco Central Europeo debe examinarse con relación a lo que hacen las otras partes importantes. Esto tiene que ver con las diferencias entre los tipos de interés y las posturas políticas generales.
Una última observación. Los graves riesgos sistémicos de los mercados financieros actuales exigen marcos de supervisión mejores y una mejor coordinación entre el BCE, la Reserva Federal y otros grandes bancos centrales. A este respecto hay que subrayar los peligros de las políticas de dinero barato. Othmar Karas (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, Señorías, espero que los mensajes más importantes de este debate lleguen a los ciudadanos de Europa. El primero de tales mensajes es, en mi opinión, que el BCE y el euro no son las causas de las preocupaciones y los problemas, sino parte de la solución. El segundo mensaje importante es que el euro aporta beneficios y protección. Beneficia a los ciudadanos de toda la Unión Europea, no solo de la zona del euro, al proyecto político de la Unión Europea y al crecimiento y a la política de empleo de la Unión Europea.
Aparte del mercado interior, el euro es la respuesta más eficaz a la globalización. El euro y el Banco Central Europeo no nos hacen, es cierto, independientes de las influencias mundiales, pero sí nos dan una capacidad muy superior para afrontarlas.
Por consiguiente, me gustaría dar las gracias al Banco Central Europeo por su política firme y equilibrada, porque en un momento en el que se está perdiendo la confianza, es sin duda una de las instituciones que la está ganando.
Pero también quisiera decir en esta ocasión a todos a los Jefes de Estado y de Gobierno que quiten las manos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y del Banco Central Europeo. Si tienen problemas internos y no hacen su tarea, es demasiado fácil echar la culpa a otros. Por ese motivo tenemos que hacer todo lo posible por mejorar la concienciación y acabar con el déficit de información. En general, no se conoce la relación que hay entre inflación, tipos de interés y estabilidad de los precios. Agradezco al señor Juncker que haya señalado que la tributación indirecta no debe aumentarse, sino reducirse siempre que sea posible.
Tenemos que comunicar el mensaje de que el euro no es responsable del aumento de los precios de la energía y las materias primas. También acojo con satisfacción el hecho de que la cooperación entre el Banco Central Europeo, la Comisión y el sector de los servicios financieros haya contribuido al lanzamiento con éxito del SEPA para pagos transfronterizos. Utilicemos la sensibilidad y las preocupaciones y los temores justificados del público para dialogar con él, para dar respuestas y explicaciones en lugar de limitarnos a pronunciar aquí discursos obsequiosos. Benoît Hamon (PSE). – (FR) Señora Presidenta, Señorías, el euro es una moneda cada vez más costosa en comparación con las de nuestros socios y competidores principales. Eso es particularmente cierto cuando se compara con el dólar. Naturalmente, la política de aumentar sistemáticamente los tipos de referencia del Banco Central Europeo, combinada con la política contraria de la Reserva Federal, no hace sino acentuar el problema. Esta tendencia del tipo de cambio, que está dañando la competitividad de la economía europea, ha sido objeto de muchos comentarios, en particular por parte de dirigentes europeos muy destacados.
El criterio predominante, en esta Cámara en particular, es que el BCE goza de competencia única y absoluta en lo relativo a las tendencias del tipo de cambio. El propio BCE se niega, por medio de su Presidente, a expresar cualquier criterio sobre el particular, salvo unas pocas declaraciones internacionales vagas. Esta situación no es sólo opaca y nada democrática, sino, ante todo, contraria al Tratado. El artículo 111 del Tratado dice, y cito literalmente: «A falta de un sistema de tipos de cambio respecto de una o varias monedas no comunitarias con arreglo al apartado 1, el Consejo, por mayoría cualificada, bien sobre la base de una recomendación de la Comisión y previa consulta al BCE, bien sobre la base de una recomendación del BCE, podrá formular orientaciones generales para la política de tipos de cambio respecto de estas monedas». Repito: «podrá formular orientaciones generales para la política de tipos de cambio respecto de estas monedas».
En otras palabras: la zona del euro se ha provisto de los medios necesarios para decidir democráticamente sobre su política cambiaria. Mi pregunta es sencilla y la dirijo a los Jefes de Estado y de Gobierno: en lugar de lamentarse, ¿a qué esperan los gobiernos de la Unión para actuar? Cornelis Visser (PPE-DE). – (NL) Ante todo debo felicitar al señor Schmidt por su informe. Como representante de Suecia, que no pertenece a la zona del euro, ha elaborado un informe muy bueno y muy claro. A mi juicio ha cumplido los criterios para la integración en nombre de Suecia.
La semana pasada el Banco Central Europeo aumentó los tipos de interés. Está claro que el Banco Central Europeo y su Presidente, el señor Trichet, se toman en serio el mandato del Banco y los criterios del Maastricht. Me alegro de que el BCE sea independiente. El BCE debe estar protegido frente a la intromisión política por parte de las autoridades nacionales, por ejemplo, y me complace también escuchar al señor Juncker confirmar esto en nombre del Eurogrupo.
Y el Banco Central Europeo ha respondido bien a la crisis financiera. Se ha movido a tiempo para garantizar la liquidez a los mercados. Esto ha estabilizado por el momento los tipos de interés. La crisis en el sector bancario ha sido una llamada de advertencia. La falta de transparencia en los riesgos financieros a los cuales están expuestas las instituciones está produciendo pérdidas que quizá sean considerables. Actualmente se está debatiendo el escrutinio financiero en el Parlamento Europeo. El Banco Central Europeo puede desempeñar una función crucial aquí, porque está bien informado por los bancos centrales de los Estados miembros.
Pero el Tratado no dice nada acerca de esto. Creo que necesitamos una cooperación más estrecha entre los bancos centrales y el Banco Central Europeo, los mercados financieros y las autoridades reguladoras. El Banco Central Europeo debe desempeñar una función más importante en el escrutinio y la supervisión. Está en condiciones de organizar el intercambio transfronterizo de información, sin duda cuando se trata de estabilidad financiera. El BCE ha demostrado su valía. Debemos usar su poder para fortalecer el escrutinio financiero. Christoph Konrad (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, Señorías, a la vista de este debate puede decirse que el BCE es una especie de roca frente al oleaje. Es una buena noticia. Obviamente, la estabilidad de los precios es la prioridad máxima en la economía; si esto sigue siendo así en el futuro, sólo puede ser positivo.
Hemos señalado que la tasa de inflación media en la zona del euro es del 4 %. En algunos países de la zona del euro es aun mayor: en Bélgica, por ejemplo, es del 5,8 %, y del 5,1 % en España. Son malas noticias. Por consiguiente, la señal enviada esta semana –la decisión de Banco Central Europeo– es importante. Aquí en el Parlamento tenemos que señalar también que el BCE obviamente no puede hacer nada para combatir los precios inflacionarios del petróleo. Sin embargo, los efectos secundarios que se sentirán en la zona del euro, por ejemplo, salarios más altos, que están exigiendo las centrales sindicales, y al mismo tiempo precios más altos, que a continuación afectan a las empresas, suponen un riesgo y conducen en último término a un círculo vicioso.
Quisiera hacer otras dos observaciones sobre la politización del Banco Central Europeo. Nos enfrentamos constantemente con ella en la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios, y también se ha puesto de manifiesto en este debate. Por ejemplo, la cuestión de la transparencia del proceso decisorio es una señal en esa dirección, un intento de averiguar cada vez más, y también de aumentar la influencia en el proceso de toma de decisiones. Esta petición de mayor transparencia me hace ponerme en guardia. Pienso que el Banco tiene que tomar decisiones por sí mismo y, por supuesto, en consulta con el Parlamento y los representantes de la zona del euro. Pero pedir que se justifiquen las decisiones es ir demasiado lejos.
Cuando ampliemos la zona del euro hemos de reconsiderar con mucha atención si podemos continuar con esta política, y sin duda esta cuestión se abordará en la próxima ronda. Eslovaquia ha sido para mí una señal de advertencia. En el futuro debemos prestar menos atención a la política y más a los criterios. Zuzana Roithová (PPE-DE). – (CS) Señorías, la repercusión de la crisis financiera estadounidense en la economía mundial ha sido un regalo inesperado y no deseado con ocasión del décimo aniversario de la Unión Económica y Monetaria. La inflación en aumento es otro problema actual. El BCE ha administrado perfectamente la conmoción en los mercados financieros mundiales, ha aportado liquidez por valor de 95 000 millones de euros y ha realizado otras operaciones de ajuste para estabilizar los tipos de interés a muy corto plazo. Una vez más esto ha demostrado las ventajas de la política monetaria común de la Unión Europea en períodos de inestabilidad, tanto para la economía europea como para ciudadanos particulares. Según el artículo 105 del Tratado CE, el BCE también apoyará las políticas económicas generales en la Comunidad. Ahora el BCE tiene que afrontar los retos de la inflación ascendente, por un lado, y de la recesión económica, por otro. Esto no es sólo un reto, sino también una prueba real de la independencia del BCE y del Sistema Europeo de Bancos Centrales.
En virtud del Tratado de Lisboa, el BCE se convertirá en una institución con personalidad jurídica y un estatuto de independencia claramente definido. Por otro lado, la integración continua de los sistemas financieros requiere una cooperación más estrecha con los bancos centrales de los Estados miembros. Hay voces que advierten que la independencia del BCE está en peligro, y una de las razones que aducen es que las reuniones oficiosas de los Ministros de Finanzas de la zona del euro recibirán, según el Tratado de Lisboa, un estatuto oficial. Ya podemos oír las discusiones en cuanto a la capacidad de los Ministros para debatir si el objetivo de inflación se ha definido correctamente o no.
Pienso que es muy importante distinguir entre las discusiones profesionales y políticas que tienen lugar en una sociedad democrática y la injerencia real en la política fiscal del Banco Central Europeo. Teniendo en cuenta el doloroso alumbramiento del Tratado de Lisboa, hacer tal distinción será una tarea extremadamente importante para nosotros en esta Cámara y, naturalmente, para los medios de comunicación. Para finalizar, quisiera agradecer a los ponentes el informe equilibrado y sumamente profesional que evalúa el Informe anual de BCE. Ioannis Varvitsiotis (PPE-DE). – (EL) Señora Presidenta, he escuchado muy atentamente los discursos del Presidente del Banco Central y de Jean-Claude Juncker, que me merecen el mayor respeto.
Sin duda, nos enfrentamos con una importante crisis económica sin precedentes en los últimos decenios. El aumento alarmante del precio del crudo y de muchos otros productos, la elevada tasa de desempleo, la pobreza generalizada y las tasas bajas de crecimiento contribuyen a esta imagen desagradable.
Las críticas expresadas han sido objeto de largos debates. Creo que estas críticas, que también vienen de fuentes oficiales, comparten todas el objetivo de subrayar la gravedad de la situación. Además, como políticos, debemos buscar críticas, porque sólo mediante la crítica podemos mejorar, ver los problemas más claramente y alcanzar así soluciones en beneficio de la comunidad.
Por último, deseo felicitar al ponente por su informe verdaderamente excepcional. Ilda Figueiredo (GUE/NGL). – (PT) Señora Presidenta, de este debate se desprende con claridad que la supuesta lucha contra la inflación se limita a restringir los aumentos salariales. Para justificar el noveno aumento del tipo básico del Banco Central Europeo en dos años y medio, los responsables de la política monetaria de la Unión Europea sólo hablan de la necesidad de restringir los salarios y pasan por alto el aumento escandaloso de los beneficios de las grandes empresas y de los grupos económicos y financieros, próximos al 30 % anual, mientras el aumento de los salarios en algunos países no ha alcanzado ni para cubrir la tasa de inflación. Este es el caso de Portugal, donde la mayoría de los trabajadores y pensionistas han sufrido graves pérdidas en su poder adquisitivo y donde los salarios y las pensiones se encuentran entre los más bajos de la Unión Europea.
La falta completa de sensibilidad social de estas políticas monetarias, con tipos de interés elevados y un euro sobrevalorado, está exacerbando las desigualdades sociales y territoriales, contribuyendo al aumento de la pobreza y creando cada vez más problemas para las empresas pequeñas y muy pequeñas, especialmente en los países con economías más débiles. Por consiguiente debe cambiarse esta política para hacer exactamente lo contrario y para dar prioridad al crecimiento económico y el empleo, erradicar la pobreza y promover el progreso social y el desarrollo. Theodor Dumitru Stolojan (PPE-DE). – (RO) El Banco Central Europeo lleva a cabo su actividad para mantener la estabilidad de los precios en condiciones de gran incertidumbre y presiones inflacionistas.
No sabemos todavía si el nivel actual de los precios de la energía y los alimentos es aquél del cual dependerá toda la estructura de precios; tampoco sabemos qué acciones de política pública adoptarán los Estados miembros para facilitar el ajuste de los negocios y los ahorros de la población y los hogares a la nueva estructura de precios. Además, la crisis financiera está todavía lejos de haber dicho su última palabra.
Como Diputado al Parlamento Europeo, aprecio la competencia y la integridad de las políticas monetarias del Banco Central Europeo y la determinación de su Presidente de atenerse al objetivo de inflación que caracteriza la medida de estabilidad de los precios.
Expreso mi confianza en el buen juicio del Banco Central Europeo, en la integridad y la independencia del Banco Central Europeo y en la decisión de los políticos de no interferir en las decisiones de este banco. Margaritis Schinas (PPE-DE). – (EL) Señora Presidenta, el Eurogrupo formula la política económica, el Banco Central Europeo formula la política monetaria y nosotros, aquí en el Parlamento Europeo, simplemente hacemos política, sin adjetivos, y esto nos obliga a ser responsables de la amplia gama de las decisiones que se toman en la zona del euro.
Como neófita en la política, aunque respeto plenamente la independencia del Banco Central, creo que puedo ofrecer algún consejo. La inflación importada, que es nuestro mayor problema, no puede, en mi opinión, contrarrestarse por completo si la única arma que usamos son los tipos de interés.
Tenemos que adoptar medidas para incidir en las causas de la inflación. Tenemos que luchar con los cárteles del petróleo, tenemos que batallar con los mercaderes de materias primas, necesitamos más alimentos en el mercado y, si no adoptamos medidas en el origen del mal, me temo que seguiremos celebrando debates como éste, que tienen una lógica que se comprende en Bruselas y en Estrasburgo, pero que carecen de justificación política a los ojos del público. Piia-Noora Kauppi (PPE-DE). – Señora Presidenta, creo que la forma en que el BCE ha cumplido el primer punto de su mandato –la estabilidad de los precios– es asombrosa. Si consideramos el período del marco alemán de 1948 a 1998, los resultados de estabilidad de los precio del BCE son realmente mejores que los del marco, que se utilizaba como punto de referencia mundial. Pienso que usted ha presentado un resultado muy bueno en ese aspecto. Pero también me encanta que usted, Presidente Trichet, se haya referido a la estabilidad financiera. Esto está también en el mandato del Tratado del BCE, y pienso que debe fortalecerse la función del BCE en la supervisión financiera.
El modelo de los «picos gemelos» de Tommaso Padoa-Schioppa es muy sugestivo, y pienso que son ahora los Estados miembros y el Consejo los que deben adoptarlo para una función más importante en el BCE en el ámbito de la supervisión de la estabilidad financiera. En el Parlamento Europeo se está elaborando el informe Van den Burg-Dăianu sobre este aspecto. Tiene muchos buenos puntos que usted también puede usar en su trabajo cuando tratamos de mejorar la supervisión de la estabilidad financiera en Europa. Czesław Adam Siekierski (PPE-DE). – (PL) Señora Presidenta, el funcionamiento económico y financiero de la UE crea estabilidad real para el crecimiento. En este terreno desempeña una función esencial el Banco Central Europeo, cuyo objetivo fundamental es la creación de la política monetaria. Los Estados miembros y sus gobiernos son responsables de la política económica y de la creación de puestos de trabajo.
Pero se plantean dudas en cuanto al correcto funcionamiento del BCE y su influencia en los procesos económicos. ¿Debe el Banco Central ser más proactivo, como en Estados Unidos, o no? Además, considerando la crisis alimentaria mundial y los aumentos de los precios de la energía y el combustible, se plantean varias preguntas. En primer lugar, ¿qué medidas deben adoptarse para evitar la profundización de la crisis? En segundo lugar, ¿cómo apoyar el crecimiento en los países pobres? En tercer lugar, ¿cómo vigilar los mercados financieros para evitar una repetición de la crisis en operaciones hipotecarias?
Por último, llegados a este punto, también debe quedar bien claro que el cumplimiento de los criterios del Pacto de Estabilidad y Crecimiento debe vincular por igual a todos los Estados miembros. Jean-Claude Trichet, Presidente del Banco Central Europeo – Señora Presidenta, aprecio enormemente las observaciones hechas tanto en el notable informe del ponente como por parte de los numerosos oradores que han intervenido y que reflejan la independencia del Banco Central, como ha dicho muy claramente el propio señor Jean-Claude Juncker. Creo que es extremadamente importante y tengo que decir que no se cuestiona en ninguna parte. Es una parte esencial de la credibilidad de la institución, y gracias a esta independencia muy visible y a este mandato prioritario —que es claro en cuanto a la estabilidad de los precios— hemos logrado hasta ahora refrenar las expectativas de inflación.
He insistido mucho en que frenar las expectativas de inflación es decisivo, porque nos permite seguir incorporando, en las cotizaciones del mercado a medio y largo plazo, estas expectativas de inflación durante el medio y largo plazo. Algunos gobiernos de Europa están aceptando préstamos a 50 años. Están aceptando préstamos a 50 años a tipos que incorporan la credibilidad del Banco Central para mantener la estabilidad de los precios, no sólo durante dos, cinco, diez o veinte años, sino durante mucho más tiempo. Por eso es absolutamente prioritario frenar, mantener el sólido anclaje de las expectativas de inflación, y por eso hemos tomado la decisión que se ha mencionado.
En opinión del Consejo de Administración del BCE —y, supongo, en la decisión que las democracias europeas adoptaron de crear el BCE, el sistema del euro y la zona del euro— no hay ninguna contradicción entre la estabilidad de los precios, y la fijación firme de las expectativas de estabilidad de los precios, y el crecimiento y la creación de empleo.
Tengo que decir que ahora se considera en todo el mundo que la forma apropiada de enfocar las cosas es que la estabilidad de los precios y una estabilidad de los precios creíble a lo largo del tiempo allanan el camino para el crecimiento sostenible y la creación de empleo. La mención de los casi 16 millones de empleos que se crearon desde el establecimiento del euro ilustra lo que acabo de decir.
Dicho esto, también quiero hacerme eco de lo que han dicho gran número de Diputados sobre el hecho de que para conseguir la estabilidad de los precios teníamos que conseguir alguna cooperación de otros responsables de adoptar decisiones, de las autoridades y del sector privado. Esta es la razón por la cual somos tan claros en nuestros propios mensajes, reconociendo plenamente que somos independientes y que quienes están adoptando esas decisiones son independientes. Pero siempre insistimos en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento porque sobrecargar las políticas monetarias con una política fiscal laxa es siempre un peligro.
Estamos también exhortando a los agentes económicos que fijan los precios en general –grupos empresariales, el sector productivo, distribuidores minoristas– a que incorporen el hecho de que mantendremos la estabilidad de los precios a medio plazo para no sufrir efectos de segunda vuelta en este dominio.
He mencionado a los agentes económicos que fijan los precios. También quiero mencionar, naturalmente, a las partes sociales, y esa es la razón por la cual estamos diciendo con claridad, no sólo a los agentes económicos que fijan los precios, sino también a las partes sociales, que incorporen en sus decisiones el hecho de que mantendremos la estabilidad de los precios de acuerdo con nuestra definición a medio plazo.
La situación es obviamente difícil debido a los precios del petróleo y de los productos básicos o a la escasez de materias primas, que está presionando los precios al alza. Debemos recordar lo que sucedió en 1973-1974. Está totalmente claro que las economías que dejen correr a sus anchas los efectos de segunda vuelta y tengan una inflación duradera tendrán inflación y un crecimiento muy bajo, y ese ha sido el comienzo, en numerosas economías de Europa, del desempleo masivo que estamos todavía combatiendo y en trance de eliminar. Por consiguiente, hay mucho en juego aquí en este dominio, y eso es importante.
También me gustaría mencionar aquí, porque me parece un elemento extremadamente importante, que es el más vulnerable y el más pobre de nuestros conciudadanos el que más sufre en épocas de inflación alta y duradera. Por consiguiente, cuando hablamos de mantener la estabilidad de los precios a medio plazo, no sólo respetamos el Tratado, no sólo respetamos el mandato —que no hemos inventado nosotros, sino que nos han entregado las democracias de Europa— sino que estamos haciendo lo mejor para el más vulnerable de nuestros conciudadanos.
En cuanto al precio del crudo, los productos básicos y la energía y los alimentos y, en general, todo esos precios que están subiendo, pienso que hay un triángulo. Como han dicho muy elocuentemente varios Diputados, tenemos sin duda el fenómeno empujado por la demanda; las grandes economías emergentes están introduciendo en todo el mundo un elemento nuevo de fuerte demanda, y eso debe reconocerse plenamente.
El segundo lado del triángulo es sin duda la oferta, y en el lado de la oferta tenemos muchas responsabilidades. Los cárteles no son buenos, y está claro que tenemos cárteles que operan en varios ámbitos. Aparte de los cárteles, varios países y economías están también creando escasez impidiendo la perforación, impidiendo la prospección, impidiendo la construcción de refinerías. Por tanto, también debo llamar la atención sobre este punto. Tenemos que ver, en el lado de la oferta, si estamos haciendo todo lo que podemos.
El tercer lado del triángulo es la reasignación de capital a escala mundial a los productos básicos. Esto no se cumple exactamente en el caso del crudo, de otras energías o de las materias primas de todo tipo. Pero el fenómeno es cierto, y desempeña obviamente una función y hemos de reconocerlo. Tenemos que exigir mercados que sean lo más transparentes posible, que operen de una manera completamente transparente. Esta es la forma en que presentaré ese fenómeno y diría que, al igual que con ciertas enfermedades que exigen un tratamiento pluridimensional, hay que aplicar todos los esfuerzos posibles en los tres lados del triángulo.
Muchos Diputados han mencionado la supervisión prudente y la necesidad de mejorar la situación, y sin duda me haría eco de sus palabras. Tenemos una situación que debe mejorarse, y eso está totalmente claro. Desde la fundación del BCE venimos diciendo que exhortaríamos a todas las autoridades a cooperar lo más estrechamente posible. También dijimos que estábamos a favor de una muy estrecha relación entre los bancos centrales y las autoridades supervisoras. Sucesos recientes desde la turbulencia que comenzó en agosto de 2007 han demostrado que esta doctrina era correcta: que es necesaria una muy estrecha relación entre los bancos y las autoridades supervisoras centrales.
Diría en esta etapa que apoyamos plenamente la orientación que ha mantenido la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios sobre una base de consenso. Pensamos que hay muchos seminarios y que tenemos que avanzar lo más rápida y decididamente posible en esta dirección. Sé que el Parlamento está pensando quizás en iniciativas más audaces. Diría que a nosotros, a nosotros mismos, nos gustaría que se ejecutase todo lo que ya se ha decidido, para que nadie aproveche el pretexto de una segunda etapa para no hacer lo que ya se había decidido. Luego pienso que tenemos que examinar muy detenidamente las propuestas, porque creemos que cuanto más estrechamente cooperemos —más estrechamente que hoy— tanto mejor será para Europa. Lo que digo para Europa es, en nuestra opinión, válido para todas las demás partes del sistema financiero mundial.
Mi última observación se refiere al tipo de cambio, que han mencionado varios Diputados. Pienso que el Consejo de Administración del BCE está a favor de la aplicación plena del Tratado. Me parece que cuando estamos en China, como ha dicho Jean-Claude Juncker, o cuando estamos en el G7, cuyo comunicado oficial hemos firmado Jean-Claude y yo, estamos haciendo lo que es apropiado, y si soy cauteloso —porque se ha dicho que soy muy prudente y muy cauteloso cuando hablo de tipos de cambio— es porque estamos en un terreno extraordinariamente sensible y en un terreno en el que, en mi opinión, hay que respetar plenamente la orientación que habíamos acordado. Esta es la razón por la cual diría que, nuevamente, en esta etapa estamos de acuerdo con todo los socios del G7 en el mensaje para China. No hay la menor ambigüedad. Dejamos esto bien claro en el último comunicado oficial del G7. También consideramos importante examinar con mucho detenimiento los posibles efectos adversos de las fluctuaciones excesivas, tanto sobre la estabilidad financiera como sobre el crecimiento.
También debo mencionar que es muy importante que las autoridades de Estados Unidos repitan que un dólar fuerte beneficia a los Estados Unidos de América. Jean-Claude Juncker, Presidente del Eurogrupo y miembro del Consejo Europeo. – (FR) Señora Presidenta, Señorías, no voy a repetir las observaciones hechas por el Presidente del Banco Central durante nuestro debate. Es mejor no repetir lo que ha dicho, pues tiene razón en todo, y cualquier cosa que diga sobre el particular podría verse como un intento de matizar sus observaciones, cosa que no es necesaria. (DE) Señora Presidenta, estoy hablando en alemán para demostrar al señor Trichet que, como él, también conozco esa lengua. En efecto, un francés que ya tiene obligaciones más que suficientes merece que se le felicite por dedicar el tiempo necesario para aprender la lengua de las personas con las que vive, pues vive en Frankfurt. No todos los franceses harían algo así.
Hablaré alemán, para que me entienda mejor. Quisiera hacer dos o tres observaciones finales, porque a veces los debates en esta Cámara parecen estar llenos de nostalgia de los años setenta y ochenta del siglo pasado. Se insta al Eurogrupo a que coordine mejor la política económica de los Estados miembros del euro. Todos tratamos de hacer las cosas lo mejor posible, y ahora hemos introducido un código de conducta en muchas áreas de política económica práctica y estamos esforzándonos para seguirlo. Sin embargo, no se puede, por un lado, pedir la coordinación de la política económica y, por otro, lamentarlo cuando la política económica que se coordina de esa manera luego se aplica en la práctica.
Les pondré algunos ejemplos. Reformamos el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en 2005. Parte de la sustancia de las propuestas de reforma consistió en fortalecer el aspecto preventivo del Pacto de Estabilidad, que estaba infradesarrollado y débil. Para fortalecer la parte preventiva del Pacto de Estabilidad, es esencial que los gobiernos mantengan la consolidación de presupuestos e intensifiquen el esfuerzo de consolidación cuando la economía va bien, para acumular reservas para los años menos favorables, que, según la pauta cíclica normal de nuestros sistemas económicos, ocurrirán regularmente.
Ahora estamos en los malos tiempos. Ya no son buenos tiempos. Los gobiernos que han consolidado tienen márgenes presupuestarios suficientes para que los estabilizadores automáticos entren en funcionamiento cuando disminuyan los ingresos del Estado. Los gobiernos que no consolidaron en una medida suficiente en los buenos tiempos no pueden, como es lógico, reaccionar cuando vienen malos tiempos.
Cuando en el Eurogrupo acordamos que los Estados miembros que han alcanzado su objetivo financiero a medio plazo pueden ahora actuar también ante la tendencia económica desfavorable y ante los precios en alza del petróleo y los alimentos, pueden hacerlo porque en el pasado definieron los márgenes presupuestarios necesarios para que no quedar debilitados e incapaces de reaccionar en épocas de crisis.
No hemos exigido una congelación salarial; ni el Banco Central ni el Eurogrupo han pedido nunca ninguna congelación salarial en la zona del euro. Lo que sí decimos es que los salarios no deben subir automáticamente con la inflación, sino que las tendencias salariales deben tener en cuenta el aumento de la productividad, que puede lograrse en la economía, y los salarios también pueden aumentar en consecuencia sin inflación.
Hemos dejado muy claro que de ningún modo podemos continuar pidiendo restricciones salariales a los trabajadores de Europa mientras los directivos y los propietarios del capital reciben salarios extraordinarios y excesivos. Hemos dicho esto varias veces.
Los pagos a los directivos de las compañías europeas —incluido de forma especial el sector financiero— no tienen nada que ver con el aumento de la productividad. Lo único que hacen es recaudar dinero, y sus acciones no son económicamente justificables ni socialmente responsables.
Dado que no hemos ordenado una congelación salarial, porque yo, más que otros, estoy quizás muy atento a mantener el aspecto de contrato social de la acción europea, hemos instado enérgicamente a que, en vez de dejar que las empresas paguen, considerando los precios al alza de las materias primas y el petróleo, debemos considerar lo que pueden hacer los Estados en el campo del apoyo social a los sectores más desfavorecidos de la población, en vista de la pérdida de poder adquisitivo.
Al fin y al cabo, es cierto que los Estados que han consolidado su posición presupuestaria tienen ahora los recursos necesarios para financiar programas de apoyo social para los sectores más desfavorecidos de nuestra población. Hay Estados que han introducido ayudas para los gastos cotidianos, la calefacción y el alquiler, cosas que se pueden permitir gracias a la consolidación pasada. Hay también Estados que adaptan sistemáticamente sus sistemas fiscales para que los sectores menos favorecidos de la población puedan obtener ganancias netas de las rebajas de impuestos, en lugar de las rebajas fiscales que sólo benefician a los grupos de población más prósperos.
En este sentido creo que la política general es, sino perfecta, al menos concluyente. No queremos y no debemos repetir los errores de los años setenta y ochenta, aunque fuera algo más fácil a corto plazo. Tenemos que actuar contra la inflación creciente. En los años setenta y ochenta dejamos que la inflación se disparase En los años setenta y ochenta dejamos que la deuda pública aumentase sin cesar. En los años setenta y ochenta aceptamos el déficit público y restamos importancia a sus efectos. El resultado fue desempleo masivo en Europa, que ahora hemos reducido hasta un 7,2 % con el euro y gracias a él.
El resultado fueron unas contribuciones excesivas a la seguridad social en casi todos nuestros países, que muchos todavía consideramos excesivas, y esto no tiene nada que ver con el rechazo a la solidaridad social, sino con la financiación prudente de nuestros sistemas de seguridad social. Se gravó excesivamente el trabajo e insuficientemente el capital. Estos han sido los efectos de la política errónea de los años setenta y ochenta del siglo pasado.
Estamos contra la inflación porque estamos contra el desempleo y a favor del crecimiento. El crecimiento y la lucha contra la inflación no son antónimos. Necesitamos crecimiento sin inflación, para que en el futuro las cosas sean mejores para la gente. Repartir hoy regalos, teóricamente para ayudar a la gente y para que se nos aplauda por actuar como generosos benefactores sociales, es una política errónea. Para tener éxito ahora hay que pensar en las generaciones futuras, no al contrario.
(Aplausos) Olle Schmidt, ponente. – (SV) Señora Presidenta, gracias por un debate extraordinariamente interesante y estimulante. Indica que hay un apoyo generalizado a las ideas y las conclusiones que presentamos en el informe. También quiero dar las gracias al señor Juncker y al señor Trichet por las buenas respuestas que han dado. Han respondido de un modo que da la impresión de que también adoptarán los criterios e ideas que hemos propuesto aquí.
Por último, permítanme aportar mis propias experiencias como político en el norte de Suecia, una zona bastante menos poblada. Durante el decenio de 1990, cuando Suecia chocó contra un muro económico, era Diputado al Parlamento Sueco y miembro de su comisión financiera. Amigos míos, las experiencias en política son saludables. Quienes creen que la inflación y una política monetaria inestable ayudarán a las personas que necesitan nuestro apoyo están equivocados. ¡Están equivocados! Como miembro de la comisión financiera fui testigo de cómo los tipos de interés alcanzaron en Suecia niveles que nadie podría haber imaginado: el 500 %. En el decenio de 1990, como ha dicho el señor Juncker, tuvimos desempleo masivo, inflación en ascenso y estanflación. Recuerdo esas experiencias vívidamente, y me han inducido a esperar que mi propio país, Suecia, entre a formar parte de la zona del euro y a participar plenamente en cooperación con Europa.
Como ha dicho nuestra colega la señora Kauppi y repetido el señor Trichet, nadie creyó que el euro tendría el éxito que tuvo. Creo que eso prueba el valor de la cooperación europea.
Señor Juncker, usted ha dicho que el BCE actúa con buen talante y determinación. Me parece una buena frase. Quiero darle las gracias por un buen debate. También agradezco que, estando yo fuera del sistema de cooperación del euro, se me haya encomendado la tarea de redactar este informe. Presidenta. – Se cierra el debate.
Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento) Sebastian Valentin Bodu (PPE-DE), por escrito. – En cuanto a la evolución económica, los principios básicos de la economía de la zona el euro siguen siendo sólidos debido al crecimiento de la inversión y a las mejores tasas de empleo y de participación de los trabajadores. Aunque se modera, el crecimiento de la economía mundial se espera que conserve la capacidad de respuesta y que se beneficie en particular del crecimiento sólido y continuo de las economías emergentes. En cuanto a la evolución de los precios, la inflación anual del IAPC ha quedado muy por encima del nivel compatible con la estabilidad de los precios desde el pasado otoño, y alcanzó un 3,7 % en mayo de 2008 y, según una estimación urgente de Eurostat, un 4,0 % en junio. Este preocupante nivel de las tasas de inflación se debe en gran parte a los aumentos bruscos de los precios de la energía y los alimentos en todo el mundo en los últimos meses. La incertidumbre que envuelve estas perspectivas para la actividad económica sigue siendo alta y prevalecen los riesgos de recesión. En particular, los riesgos proceden del efecto de moderación del consumo y la inversión que provocan los posibles nuevos aumentos imprevistos de los precios de la energía y los alimentos. Además, los riesgos de recesión siguen vinculados con la posibilidad de que las tensiones del mercado financiero afecten a la economía real más adversamente de lo previsto. En estas circunstancias, la decisión adoptada por el BCE de aumentar en 25 centésimas de punto, hasta el 4,25 %, el tipo mínimo para las principales operaciones de refinanciación del Eurosistema, es satisfactoria y debe aplaudirse. Última actualización: 3 de noviembre de 2008Aviso jurídico

References: Resolución 
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 artículo 111
 artículo 105