Source: http://miguelangelsantos.blogspot.com/2007/
Timestamp: 2017-04-26 02:11:58+00:00

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Miguel Ángel Santos: 2007
A propósito de los balances que se hacen por estos días sobre el año que termina y de los nuevos propósitos, vale la pena reflexionar sobre ese deporte nacional que es el hablar de todo, de todos y peor aún, con todos. Hablar de lo que se sabe y también de lo que no se sabe, pontificar con los demás sobre nuestras circunstancias y sobre las de ellos, sin estar seguros de si les interesa, en el primer caso, o de si desean algún consejo u opinión de parte nuestra, en el segundo. Hablar, eso sí, con propiedad, usando cada vez menos “yo creo” o “me parece”, mientras nuestras conversaciones están llenas de enunciados, de principios, líneas que se leyeron al vuelo en algún lugar o comentarios sueltos que escuchamos y repetimos, la mayoría de las veces sin recordar de quién, y que teñimos de certeza. Y eso por no incluir lo que simplemente se inventa. Decir “no sé” se ha convertido en toda una decepción.Haga la prueba: La próxima vez que escuche a alguien hablar con énfasis, con propiedad, acerca de un área que muy evidentemente no le es propia, ensaye algunas preguntas interesadas: ¿Cómo llegaste a saber eso? ¿Dónde lo leíste? ¿Quién te lo contó? Son preguntas que desarman (quizás no la última), pues las más de las veces no existe asidero, no hay allí ninguna red de seguridad para contener esas palabras, para darle sustento a esos malabarismos de nuestra lengua. Detrás de la mayoría de los enunciados hay un tinglado muy frágil, si es que hay alguno del todo.Los funcionarios públicos que tienen algo que ver con nuestra economía son un ejemplo bastante desafortunado de esa costumbre de hablar a diario, sobre todo y con todos, de decirse y desdecirse, de prometer y justificarse con una frecuencia tal que consigue evaporar el objetivo último de toda declaración pública: Promover la credibilidad. Aquí vamos desde que el ITF no va a producir inflación porque hay controles de precios y porque lo paga el productor, hasta que el ITF aceleró la inflación porque había controles de precios y (“¡lógico!”) porque los productores lo trasladaron al consumidor. Pasamos de decir que el control de precios es necesario para contener la inflación y no producirá escasez, a decir que la inflación la está produciendo la escasez porque hay control de precios. Y de ahí a decir que el control de precios no ha funcionado, por lo que es necesario restringirlo a menos bienes. Yogi Berra envidiaría una frase así. El por qué no, se vuelve luego el por qué sí. Como dice Floria Emilia en su carta a San Agustín: “Si te hubieras quedado callado, habrías podido seguir haciéndote pasar por sabio”.Luego están las cosas, que son unas cuantas, que decimos a pesar de tener la certeza de que decirlas, ya sea en público, o a alguien al oído, nos ayudará poco, nada, o (las más de las veces), nos perjudicará. “No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias… Contar casi siempre es un regalo, es un vínculo y un otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de la navaja o filo para cortarlo”. Hablar casi nunca es gratis. Y esto no es cuento, es historia.Para El Universal, 28/12/2007
¿Qué leer? (o qué regalarle a quienes leen)
A tres días de la Navidad nadie está interesado en saber algo más de economía o de política. Estos días no son para pensar en eso, se suele pasar un velo que deja estas y otras posibilidades tras la espalda de nuestro tiempo. En ese paréntesis muchos se dedican con renovado afán a leer, sin duda una de las cosas más positivas que nos han dejado estos años. Algunos están motivados por el deseo de entender los orígenes de todo esto, una parte del país se ha volcado sobre las páginas a ver si se encuentra a sí mismo, a ver si consigue abstraerse de toda esta marea y sacar algunas cosas en claro. Otros recurren a la lectura para escapar, para transportarse a otros lugares y otros tiempos, para encontrar alguna paz mental. Otros alternan a conveniencia entre ambos tipos de lecturas.Para unos y otros las posibilidades son infinitas, como dice Tyler Cowen en “Descubre el economista que llevas dentro”, las dos cosas que más escasean en el mundo de hoy son el tiempo y la atención. Lo que sigue es apenas una breve referencia de lo poco que yo, con mis propias limitaciones de tiempo y atención, he podido leer en el año.Para quienes leen para tratar de comprender qué nos está pasando no hay mejor lectura que “China: El Imperio de las mentiras”, de Guy Sorman, una suerte de catálogo de todo lo que a nuestro gobierno le encantaría alcanzar en esa carrera desenfrenada por controlarlo todo: Desde la producción y divulgación de estadísticas oficiales hasta la censura de los mensajes de texto si contienen ciertas palabras claves (presos políticos, verdad, idea, concentración). También está “El fin de la pobreza”, de Jeffrey Sachs, un recuento de las experiencias del autor en su lucha contra la pobreza en América Latina, Europa del Este, Asia y África. Allí está la frase: “La mayoría de las sociedades con buenos puertos, próximas a países ricos, condiciones de clima favorables, fuentes de energía adecuadas, y libres de epidemias, han logrado escapar de la pobreza” (¿Y entonces nosotros por qué seguimos en esto?). Para aprovecharlo mejor conviene leer también la demoledora crítica que le ha realizado William Easterly en “El fardo del hombre blanco: ¿Por qué los esfuerzos de Occidente por ayudar han causado tanto mal y tan poco bien”.De las lecturas que se hacen para escapar nada me ha absorbido más este año que “Nieve”, de Orhan Pamuk, una novela que ocurre en la eterna dicotomía entre la religión islámica y el estado secular, en el conflicto entre la modernidad y los valores tradicionales de una sociedad. También he sido partícipe de la fascinación que ha despertado la obra de Sandor Marai. Para mí las mejores siguen siendo las más breves, “El último encuentro” y “La herencia de Esther”, pero sus volúmenes autobiográficos “Confesiones de un joven burgués” y “¡Tierra, Tierra!” también tienen sus fanáticos. Por último, “El olvido que seremos” de Héctor Abad Faciolince, es un exorcismo de la figura del padre que desempolva y revive un hatajo de recuerdos que todos tenemos ahí atrás, en algún cajón de la memoria (Algunos preferirían dejar eso así, “dejar esos recuerdos presos en las celdas de la memoria”, como escribió Tomás Eloy Martínez). Usted decide. Feliz Navidad.Para El Universal, 21/12/2007
Cosas veredes Sancho... (Perspectivas 2008)
Hay dos hipótesis que podrían explicar por qué el gobierno ha optado por dejar de gobernar. Por un lado, para resolver problemas como la inflación, el desabastecimiento, la falta de empleo o la inseguridad, hay que sentarse a trabajar, pegarle nalga a la silla (como diría mi profesor Napoleón Goizueta), diseñar planes, tener capacidad gerencial para ejecutarlos; actividades todas que exigen cierta disciplina de trabajo que el poder ejecutivo parece haber perdido. Esa una situación común en un país acostumbrado a consumir bastante más de lo que produce. Seguramente más de un lector ha sido testigo de un arreglo similar en su propio ambiente de trabajo (por fortuna, para mantener vivo el espíritu empresarial de la nación, existen los trabajadores informales, esos sí que no pueden dejar de esforzarse o de ser creativos porque desaparecen en ese salvajísimo neoliberalismo que predomina en el sector).Según la otra hipótesis, el gobierno ha reconocido su incapacidad para resolver nuestros problemas, y se ha apresurado a pasar una reforma constitucional que ahogue cualquier posibilidad de que el descontento natural que surgirá ante la ausencia de soluciones (y de gobierno) se pueda canalizar políticamente.En cualquier caso, nuestros problemas seguirán ahí. En el área económica, el gobierno tendrá presión social para seguir incrementando el gasto público. La demanda seguirá creciendo en un país operando a plena capacidad y sin ninguna inversión productiva significativa. Eso provocará a su vez una fuerte presión inflacionaria, que hasta ahora se ha aliviado a través de importaciones, en 80% traídas con dólares a tasa de cambio oficial. Ese patrón no se puede sostener, la curva de crecimiento de las importaciones tiene una pendiente mucho mayor que la de exportaciones petroleras (aunque el precio sube, los volúmenes de producción siguen cayendo). En 2008, o se implementará un régimen de cambio múltiple que devalúe de forma implícita el bolívar, o simplemente se pondrá a CADIVI a funcionar en modo “operación Morrocoy”. Si se recortan las importaciones, se acelera la inflación. Si no quieres inflación y pones controles de precios, tienes escasez.2008 vuelve a ser un año electoral. Ahora todos los años son electorales. Si el gobierno desea que aparezcan los bienes de nuevo en los anaqueles debe flexibilizar los controles. Hace unas semanas se ajustó el precio de la pasta en 58% en un día, en el caso de la leche de larga duración el ajuste ha sido mayor. Los demás rezagos son de igual magnitud. El gobierno ha decidido solucionar la escasez de algunos bienes reconociendo la enorme inflación represada. Mientras no se recupere la inversión y la producción, la elección continuará siendo entre inflación, escasez e importaciones. Dentro del esquema mental de la revolución será difícil salir de este ciclo, ya es tarde para que el gobierno se reinvente a sí mismo y se convierta en una especie de imán para la inversión privada. Por esa razón continuará el esfuerzo por introducir los elementos claves de la reforma. Eso generará aún más conflicto del que hubiese provocado de aprobarse el pasado 2D. “Cosas veredes Sancho, que harán temblar paredes”.Para El Universal, 14/12/2007
La inflación en el 2008: ¿Quién raciona mejor: los precios o las libretas?
La inflación del mes de Noviembre fue de 4,4%, lo que los demás países de América Latina experimentan en un año, nosotros lo tuvimos en un mes. En los últimos doce meses, los precios a nivel del consumidor han crecido 20,7%, mientras los alimentos totalizaron 29,6%.La crisis de inflación que subyace al sistema es bastante peor que esos números, ya de por sí malos. En el transcurso de 2007 se implementaron cuatro estrategias para frenar la inflación que son muy difíciles de repetir:- Se redujo el IVA de 14% a 9% (esto se aprende en las primeras clases de Macroeconomía 101: Una reducción en los impuestos genera una expansión en la demanda que ejerce más presión sobre los bienes)- Se emitieron los bonos de PDVSA a 10, 20 y 30 años, que totalizaron 7.000 millones de dólares, una operación que retiró del mercado 14% de la liquidez en una semana- Se mantuvieron los controles de precios- Se alcanzaron niveles récord de importaciones (sin devaluar la moneda local por tercer año consecutivo, y sin que esas importaciones traigan inflación de sus países de origen)Aunque parezca difícil de creer, algunas de estas medidas contribuyeron a que los índices de inflación no fuesen todavía peores. El problema está en que ninguna de ellas es sostenible: Reducir el IVA no da resultado, y tratar de cubrir el hueco fiscal con el ITF sólo ha contribuído a generar mayores costos en la oferta de bienes; no se puede recoger 14% de la liquidez todos los días porque los costos financieros asociados son enormes; no se pueden seguir manteniendo los controles de precios porque los bienes controlados terminarán por desaparecer por completo de los anaqueles; y no se puede seguir combatiendo la inflación vía importaciones, porque ya estamos cerca de consumir bienes importados equivalentes al total de nuestras exportaciones petroleras.La inflación venezolana es de carácter estructural, está siendo alimentada por cuatro factores:- Aunque la ejecución ha sido más moderada en 2007 que en 2006 (al menos hasta Septiembre), el gasto público sigue creciendo y sigue alimentando la demanda de bienes,- El aparato productivo venezolano se encuentra funcionando a plena capacidad, si se le sigue lanzando dinero (ahora casi todos los años son "electorales") o suben los precios, o se trata de sacar el dinero vía importaciones,- El gobierno mantiene ahogado al aparato productivo privado (ahora se le sumó el ITF), inhibiendo la inversión, y acabando con la única posibilidad de promover el crecimiento a mediano y largo plazo sin inflación: El trade-off crecimiento-inflación al que se ha referido Rodrigo Cabezas en repetidas ocasiones, ocurre porque el gobierno sigue concentrado en políticas (erráticas) de demanda (sube el gasto, recorta el gasto, modera el gasto, baja las tasas, baja los impuestos, sube los impuestos), y no existe ninguna estrategia para incrementar la oferta local de bienes y servicios, y- El descuido del gobierno del dólar en el mercado paralelo, que financia aproximadamente 21,4% del total de las importaciones del país (aún cuando financia "sólo" 21,4% de las importaciones, la influencia del dólar en el mercado paralelo es mucho mayor: La inestabilidad en las políticas de asignación de divisas está llevando a muchos a hacer pricing a un dolar implícito de 4.000-5.000 para incorporar la probabilidad de no recibir divisas).A partir de aquí será mucho más dicífil, porque no hay salida fácil. Las importaciones están alcanzando niveles récord, con una tasa de crecimiento de 455% entre 2003-2007 que ha hecho posible aumentar el consumo mucho más de lo que ha aumentado la producción, pero esto no es sostenible. Si se detienen las importaciones, reduciendo la velocidad o los montos que liquida CADIVI, con el paralelo en 5.700, se acelerará la inflación. Si se mantienen los controles de precios para bajar la inflación, habrá más escasez. Si se devalúa se podría frenar el crecimiento de las importaciones, pero a costa de una mayor inflación. No devaluar es medio pan para hoy, y mucho más hambre para mañana.Las opciones menos dañinas, recortar el gasto público, subir las tasas de interés, o las más favorables, promover la inversión privada, no parecen estar en el radar de política del gobierno. ¿Y entonces? El gobierno se moverá en el 2008 en ese círculo importaciones-escasez-inflación. Para devolver los bienes a los anaqueles es mejor reconocer las brechas de precios temprano. Diciembre parece un buen momento. El ajuste en el caso de la pasta, hecho hace unas semanas atrás, fue de 58%. En los demás bienes escasos la situación es similar.Si bien ha ocurrido alguna anticipación en lo que respecta a los posibles efectos de la reforma monetaria, la confusión inicial de esos días no contribuirá en nada con la inflación de enero. El forecast de inflación 2008 podría estar entre 26%-28% (hablando siempre de la que reporta el BCV). Se podría reportar una inflación menor a costa de una mayor escasez, o haciendo uso de (aún) mayores importaciones. Pero luce poco probable. Ya Rodrigo Cabezas aclaró que se "tomarán medidas para salvaguardar el sistema de asignación de divisas". Definitivamente es una declaración que no contribuye a generar más confianza (o menos desconfianza). Parece indicar que restringirán en algo la asignación de divisas, que podrían seguir creciendo pero a un ritmo menor y con lapsos de entrega más largos. Incorporar una tasa oficial intermedia entre 2.150 (o 2,15 BF) y el paralelo podría ser una opción. Ninguna de ellas contribuye con la inflación, pero sí permiten a los precios ejercer su función de racionamiento del consumo. Después de todo, los precios lo hacen bastante mejor que la libreta.
El domingo no fue la primera vez que el gobierno ha sido minoría en lo que a voluntad popular se refiere. La diferencia es que esta ocasión sí coincidió con un evento electoral. Durante 2002 y 2003 todos los estudios de opinión reflejaban una notable pérdida de popularidad oficial. En aquél entonces, el gobierno respondió demorando el referéndum revocatorio y dedicándose en el ínterin nada menos que a gobernar. Se introdujeron las misiones Barrio Adentro, Robinson y Rivas, y se conformó la red de distribución de alimentos MERCAL. Todas estas iniciativas iban al corazón de los principales déficit de atención social que se denunciaban con insistencia desde las universidades venezolanas: Salud, educación y nutrición. Las misiones no los resolvieron, pero sí contribuyeron a difundir la impresión de que “alguien se está haciendo cargo”. Esa mayoría que se puso de manifiesto en el RR de agosto 2004 se había mantenido incólume hasta hace muy poco.Todo este pequeño recuento viene muy a propósito de los resultados electorales. No hace falta ponerle mucho sentido común para darse cuenta de que una enorme mayoría (quienes votaron en contra de la reforma y quienes no se manifestaron) lo que le está pidiendo al gobierno es que gobierne. Le están reclamando que deje de vivir de la construcción de aquellos primeros módulos de Barrio Adentro, muchos de los cuales hoy en día están abandonados o mal dotados; que garantice la transición entre las misiones educativas y el mercado laboral, que resuelva el problema de la inseguridad, que garantice el abastecimiento y acabe de una vez por todas con la escasez, que acabe con la inflación.Siendo así, yo pensaba que, aunque con cierto fastidio, la actitud oficial sería “bueno… ahora habrá que gobernar”. A juzgar por las primeras reacciones, no han leído los resultados de esa forma. El pueblo que antes era sabio, ahora es inmaduro. Todo lo rechazado el domingo pasado por la vía de la reforma constitucional, lo vamos a tratar de introducir, de todas formas, por otras vías. El castigo al gobierno es un auto-castigo, es una prueba de que quienes eligen no saben lo que más les conviene (esa es la piedra angular de la ideología fascista). Cilia Flores insiste en que la Asamblea está allí “a la orden del Presidente y del pueblo” (en ese orden). El problema está en que por primera vez ha quedado constancia de que ambas cosas no son lo mismo. No es “y”, es “o”.Mientras tanto, los problemas cotidianos siguen agravándose. La inflación de noviembre pasó de 4%, en doce meses supera 21%, 29% en el caso de alimentos. La escasez continúa. La solución parece estar lejos del alcance del gobierno, que sigue teniendo en ascuas al sector privado venezolano e inhibiendo la inversión, mientras continúa acelerando el gasto público y manteniendo los controles.Es una oportunidad única para empezar a construir una verdadera mayoría. Mientras tanto, hay que dejar gobernar al gobierno, cualquier cosa que ellos entiendan por eso. La euforia que siguió a la victoria ciclópea del domingo no oculta el hecho de que la oposición apenas sumó 200.000 votos más que en diciembre pasado. Eso alcanzó en esta ocasión, pero no será suficiente en el futuro.Para El Universal, 07/12/2007
El camino de la servidumbre: Depende de tí
A veces la simbología de la historia no perdona: Tal día como hoy, el 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte se consagró Emperador en la catedral de Notre-Dame, París. Algunas horas después, él mismo coronó a su esposa Josefina. Once años más tarde, el 18 de Junio de 1815, la batalla de Waterloo dio al traste con las aspiraciones del Emperador de dominar toda Europa, y marcó el comienzo de su exilio en la isla Sainte Hélène. En aquella ocasión los franceses tuvieron muy poco qué decir. Este 2 de diciembre es distinto: La posibilidad de que se apruebe una reforma constitucional que modifica por completo las relaciones sociedad-Estado, concentrando una enorme cantidad de poder en la figura presidencial, está en las manos de todos los venezolanos.A estas alturas del proceso ya resulta un hecho que los venezolanos conocen muy poco sobre la reforma, y menos aún acerca del socialismo del siglo XXI. Consultados sobre este último tema los diputados a la Asamblea Nacional han dado versiones muy disímiles, muy sujetas a la interpretación. Y es allí en donde cobra importancia la reforma: Será el Presidente de la República quien articule de forme exclusiva, a su mejor saber y entender, esa interpretación.Ya no hay tiempo para comprender en detalle en qué consiste la reforma. Se procura que millones asimilen en tres meses lo que a un pequeño grupo le llevó más de seis meses estructurar. Pero hay grandes lineamientos sobre los cuales vale la pena reflexionar.En primer lugar, la reelección indefinida del Presidente de la República. Esta reforma amenaza con acabar con más de cincuenta años de una tradición democrática a la que el propio Presidente no sólo pertenece, sino de la que se benefició en diciembre de 1998. No tiene sentido mantener que la decisión sigue estando en la gente: Todos sabemos que la administración del poder, esa que la constitución procura concentrar aún más en la figura del Presidente, otorga unas ventajas muy difíciles de salvar en un evento electoral. Más aún, la re-elección resulta muy difícil de defender como concepto cuando se propone permitir que se reelija al Presidente, pero no a los alcaldes y gobernadores.En segundo lugar, está la propiedad privada. Está claro que el proyecto de reforma la reconoce junto con otros cuatro tipos de propiedad, pero las bases legales que la sostienen son muy frágiles. Por un lado, ha costado un mundo que se le reconozca sobre la propiedad el derecho de disposición, que no estaba en el proyecto original. Por el otro, más grave aún, está el hecho de que la propiedad privada se reconoce cuando haya sido adquirida de manera legítima, no dice legal, dice legítima. Es posible argumentar que cierta propiedad se adquirió de manera legal, de acuerdo con el ordenamiento vigente a la fecha. Legítimamente es otra cosa. Legítimamente se parece mucho a ese carácter “estratégico” que podrían tener algunos activos para que el estado se reserve su propiedad y administración, mediando sólo la compensación oportuna. Ya no dice previa, dice oportuna.El reconocimiento absoluto del derecho a la propiedad está consagrado en la Constitución de 1999 y en ese sentido la reforma representa un claro retroceso. La libertad es el derecho natural que consiste, entre otras cosas, en la facultad de disponer de sí mismo y de lo que se ha adquirido por intercambio o donación. La libertad y la propiedad son indisociables. Todo atentado a la propiedad es un atentado a la libertad, y todo atentado a la libertad es un atentado a la propiedad. En esa misma línea, la propuesta constitucional también ha eliminado el derecho a la libertad económica, que a su vez comprende un conjunto de facultades entre las cuales están la libertad de dedicarse a la actividad económica de la elección de cada quien y el derecho a obtener lucro de ella, dentro de los límites que establece la ley. Ese derecho ha sido eliminado. Juan Carlos Monedero, en un programa en TV Española Internacional, ha retado a que se le especifique en qué parte de la reforma se dice todo eso. El problema está precisamente en que no se le puede señalar porque no está allí. A veces es mucho más grave lo que no se dice, que lo que se dice.En su conjunto, la reforma constitucional procura convencernos de que la mayoría de nuestros problemas cotidianos ocurren porque no se ha concentrado suficiente poder en la figura del Presidente. En consecuencia, entroniza al “hombre fuerte”, al “hombre capaz de hacer el trabajo”. Está sustentada en el supuesto de que la falta de empleo, de seguridad, o para ser más específicos, la falta de leche, de carne, de pollo, o de azúcar, se puede solucionar otorgando al Presidente poderes plenipotenciarios.La reforma también propone darle al Presidente la potestad de crear territorios especiales y asignarles a dedo la autoridad de gobierno. Adicionalmente, propone reducir a los gobernadores y alcaldes a meros administradores del dinero que, en teoría, el gobierno central hará llegar a los consejos comunales. Ahora bien, para que un consejo comunal reciba dinero debe estar registrado en un ente centralizador-controlador, que podría pasar factura a aquellas regiones que no se muestren muy entusiastas con las ideas que promueve la Presidencia. Eso es lo que se llama un modelo “centralizado”, pero “desconcentrado”.Eso es, en resumen, lo que en el transcurso del día de hoy iremos a apoyar o a rechazar. Está en nuestras manos.· “Todos cargamos sobre nuestros hombros una parte de la sociedad: Ninguno es relevado por otro de esta carga de responsabilidad. Si la sociedad se arrastra hacia su destrucción, nadie puede encontrar una manera segura de evitarlo, fuera de su propia acción mancomunada con la de otros. En consecuencia, todos por su propio interés deben comprometerse a sí mismos vigorosamente en la batalla. Nadie puede permanecer al margen. Lo elija o no, cada hombre está comprometido en la gran lucha histórica, la batalla decisiva a la que nuestra época nos ha precipitado” (Ludwig von Mises)· “Para ser esclavo, se necesita uno que desee dominar, y otro que acepte servir” (Étienne de La Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria)Para Últimas Noticias, 02/12/2007Jean-Pierre Marcailloujeanpi@cantv.netMiguel Angel Santoswww.miguelangelsantos.blogspot.com
Hay tantas razones para votar el domingo que alcanzan para casi todos los motivos. Para quienes votar es una decisión puramente utilitaria, es decir, “yo voto si existe algún chance de ganar”, esta es acaso la mejor oportunidad que se haya presentado, no sólo en los últimos diez años, sino también en los años por venir. A pesar de la abstención esperada, que continúa reduciéndose, ésta será una elección bastante más cerrada a lo que estamos acostumbrados.Para quienes votar representa el ejercicio de un derecho constitucional, un acto que reafirma la condición de ciudadano por encima de la de mero habitante, el domingo habrá una nueva oportunidad, no sólo para ejercer el derecho del voto, sino para contribuir activamente a defenderlo. Quienes se abstienen porque piensan que no existe garantía de que su voto sea respetado, se olvidan de que la defensa del voto en esencia recae sobre quien lo ejerce, y que existen mecanismos suficientes como para que todos aquellos con la convicción y el deseo de defender su voto puedan hacerlo. Sí, está Jorge Rodríguez, y sí, en diciembre, una vez que se comunicaron los resultados, el árbitro salió a celebrar con el ganador sin ningún pudor. El gobierno controla una fracción del proceso, pero no todo. De controlarlo todo, no se habría dudado en introducir una elección artículo por artículo.Para quienes han crecido con el deseo de participar e intervenir en el gobierno del país, para quienes se han preparado a conciencia, para todos aquellos que desean sentir en alguna medida que el destino de la patria depende de la voluntad de sus ciudadanos, el domingo representa una oportunidad de mantener esa puerta abierta. Más allá de los detalles legales, lo que se nos está sugiriendo es que la mayoría de nuestros problemas cotidianos ocurren porque no se ha concentrado suficiente poder en la figura del Presidente. En consecuencia, se nos propone entronizar al “hombre fuerte”, al “hombre capaz de hacer el trabajo”. Todo sustentado en el supuesto de que la falta de empleo, de seguridad, o para ser más específicos, la falta de leche, de carne, de pollo, o de azúcar, se solucionará otorgando al Presidente poderes plenipotenciarios.En la escuela primaria los curas solían alentarnos a ir a misa los domingos argumentando que dos horas a la semana era “lo único que nos pedía el Señor”. A mí, con la mezquindad que caracteriza la niñez (y que en algunos de nosotros también se presenta en la asombrada hora de la adultez), esas dos horas -en pleno domingo- me parecían algo así como mucho. Además, no se percibía una conexión inmediata entre la no asistencia y la vida cotidiana. Ahora no es igual. Con el perdón de la iglesia, las consecuencias de no acudir este domingo podrían ser mucho más directas, inmediatas y terrenales. El país nos está reclamando un día, a cambio de la posibilidad de amanecer el lunes en un lugar completamente distinto a aquél en donde nos acostamos a dormir el sábado.Hay un argumento de quienes prefieren abstenerse que merece alguna consideración: Votar el domingo, en el fondo, representa una enorme demostración de ingenuidad. Quizás sea así. Pero ingenuidades así a veces alcanzan para salvar un país.Para El Universal, 30/11/2007
Mensajes de los economistas venezolanos al país: ¿Cuáles son los riesgos económicos de la reforma?
La propuesta de Reforma Constitucional, aprobada por la Asamblea Nacional a ser considerada en Referéndum el 2 de diciembre, implica graves riesgos para la estabilidad económica y monetaria de Venezuela. De llegar a ser aprobada representa un cambio fundamental en la estructura del Estado y de la Constitución vigente, toda vez que se pretende instaurar un Estado y una economía socialista. También alteraría los principios básicos de la Constitución en lo concerniente a pluralidad, alternabilidad y libertad. Se ha explicado, y se debe enfatizar, que una verdadera reforma constitucional según el artículo 342 no puede modificar los fundamentos del Estado.En lo relativo a los aspectos económicos que trata esta propuesta, son diversos, pero queremos referirnos solamente a algunos de los más importantes. En el artículo 112 de la reforma se plantea que: “El Estado promoverá el desarrollo de un modelo económico productivo, intermedio, diversificado e independiente, fundado en los valores humanísticos de la cooperación y la preponderancia de los intereses comunes sobre los individuales…”, todo ello con el objeto de crear “las mejores condiciones para la construcción de una economía socialista” (cursivas nuestras). Se desconoce el significado de un “modelo productivo, intermedio..” y la orientación productiva no ha sido el signo de la política económica que ha aplicado el gobierno hasta ahora, pues se promueven las importaciones masivas. En lo concerniente al “modelo intermedio” persiste la indefinición. La “economía socialista” en el lenguaje ideológico de la reforma significa un predominio absoluto del Estado sobre toda la actividad económica con una sola tendencia, una versión de socialismo radical, como guía organizadora del Estado y de la economía, la cual enfatiza la colectivización de la propiedad como prioridad, en perjuicio de la propiedad privada, sea ésta pequeña, mediana o grande, todo lo cual inhibe la inversión y la creación de empleos.En el artículo 115 del proyecto de Reforma Constitucional se establecen distintas modalidades de propiedad: la propiedad pública, perteneciente a los entes del Estado y la propiedad social, que nominalmente reposaría en manos del pueblo. Ésta puede ser de dos tipos la propiedad social directa cuando es ejercida por el Estado a nombre de la comunidad y la propiedad social indirecta cuando el Estado la asigna a una o varias comunidades. La propiedad social indirecta será financiada por el Estado y al final será dependiente de esa fuente de recursos última de la cual dependemos todos: el petróleo administrado por el gobernante. También se especifica en el citado artículo la propiedad mixta conformada por el Estado en conjunción con cualquier particular o entidad colectiva. Es de resaltar que en la Constitución vigente se pauta claramente un principio cardinal sobre el uso y disposición de los bienes por los ciudadanos, el cual fue redactado de forma ambigua en la reforma que se propone para que de esa manera impere la discrecionalidad en su interpretación y aplicación de un principio constitucional. Igual sucede con los activos financieros u otros bienes que pueden ser objeto de expropiación aún cuando no se haya dictado sentencia firme.Mediante el artículo 236, numeral 13, se pretende facultar al Presidente de la República, sin necesidad de convocar el Consejo de Ministros, para “administrar la Hacienda Pública Nacional, las reservas internacionales, así como el establecimiento y regulación de la política monetaria, en coordinación con el Banco Central de Venezuela”. Esta concentración de atribuciones en manos del Presidente que confunden el uso de los recursos fiscales y monetarios como si fuesen lo mismo, lo convierte en el responsable de las emisiones monetarias, con y sin respaldo de reservas, todo lo cual llevaría a crear graves riesgos de desestabilización monetaria y de precios en el país. Una interpretación apropiada de estas atribuciones sugiere en realidad que los lineamientos y la ejecución de la política monetaria y financiera del Estado, junto a la conducción de las finanzas públicas, o peor aún en función de ella, estarían bajo control del Presidente de la República, sin ningún tipo de contra balances.Una sana política económica en nuestros tiempos indica que debe existir una separación entre la responsabilidad de emitir dinero y la de ejecución del gasto público, y por esa razón los bancos centrales tienden a ser entes autónomos del gobierno central, sin ser una amenaza para el mismo. Esa facultad monetaria del banco central, necesaria para garantizar niveles bajos de inflación se eliminó, al normarse en el artículo 318 que el sistema monetario debe estar en función de los “fines esenciales del Estado Socialista” y no de la estabilidad de los precios y de la moneda, al tiempo que se supedita al Banco Central de Venezuela (BCV) a las directrices del gobierno, lo cual lleva a facilitar la nefasta práctica de financiar los déficits fiscales con impresión de dinero sin respaldo sólido en reservas internacionales.En el artículo 321 se le otorga al presidente de la República la facultad de manejar directamente las reservas internacionales. Ello implica un ejercicio delicado por cuanto son esas reservas el respaldo de los depósitos bancarios, billetes y monedas en circulación. El doble uso monetario de los divisas que involucra el tomar parte de las reservas y volver a imprimir bolívares contra el mismo dólar anteriormente monetizado, lleva a lo que los tratados de economía de hace siglos llamaban el “envilecimiento” de la moneda debido a la pérdida de su poder adquisitivo. Esto ocurre usualmente cuando se imprime nuevo dinero sin respaldo para el financiamiento del gasto público deficitario, tal como ha venido ocurriendo con los activos externos (reservas internacionales) que el gobierno le ha venido confiscando al BCV para financiar en forma inconstitucional a través de FONDEN el gasto gubernamental fuera del presupuesto nacional. Llevar este comprobado error a la Constitución es la institucionalización de la fragilidad monetaria y de la inflación, con todo lo que ello implica para los más pobres, cuya dependencia de sus salarios en bolívares los hace víctimas directas de los desaciertos de política monetaria.Debe destacarse que la disposición transitoria novena, aplicable de ser aprobada esta propuesta de reforma prevé que “Hasta tanto se dicten las normas que desarrollen los principios establecidos en el artículo 112 de esta Constitución, el Ejecutivo Nacional podrá, mediante decretos o decreto ley, regular la transición al Modelo de Economía Socialista”. Con ello se le conferiría al Presidente unos poderes ilimitados en el tiempo sobre las materias económicas y también la discrecionalidad para la transferencia de propiedad privada a manos colectivas, mediante una especie ley habilitante continuada. Dada la generalidad del artículo 112 y el objetivo de “..construcción colectiva y cooperativa de una economía socialista..”, esta disposición resume la mayor concentración de poder económico posible y en si mismo sería una fuente generadora de mayor incertidumbre e inestabilidad sobre el presente y futuro de la economía nacional.Quienes suscriben este documento alegamos con responsabilidad que Venezuela enfrenta además de los riesgos políticos y sociales de la propuesta de reforma discutidos en diversos trabajos divulgados, una verdadera amenaza a su estabilidad económica, y por tanto al poder de compra del salario real, al empleo y a la capacidad productiva. Estos nuevos peligros llegan en mal momento, pues el país sufre actualmente un cuadro preocupante de inflación, escasez de bienes esenciales, una tendencia a la caída anual de la producción petrolera, estancamiento de la producción en sectores industriales y agrícolas, una brecha significativa entre los tipos de cambio oficial y paralelos, y un contexto de debilidad institucional de los entes a cargo del diseño y ejecución de la política económica.La bonanza de altos precios petroleros que nos ha permitido postergar la búsqueda de soluciones a los problemas económicos, si bien ha provisto mayor ritmo de actividad y crecimiento, ya no puede evitar la manifestación de agudos desequilibrios cuya principal expresión es la escasez de productos de la canasta básica y las alzas de precios. No cabe la menor duda que esta situación económica con claras implicaciones sociales negativas, se agravará en forma crítica de ser aprobada la propuesta de reforma constitucional. Llamamos a los venezolanos a rechazar esta propuesta y a replantearnos luego la solución de los problemas socioeconómicos presentes para conducir a Venezuela a una verdadera situación de progreso económico con la equidad social que se merece.Caracas, 27 de Noviembre de 2007JOSÉ GUERRAORLANDO OCHOAGUSTAVO GARCÍAPEDRO PALMA HÉCTOR MALAVÉ MATADOMINGO MAZA ZAVALA TEODORO PETKOFFJOSÉ TORO HARDYCARLOS RAFAEL SILVAMIGUEL ANGEL SANTOSRONALD BALZAHÉCTOR SILVA MICHELENARICARDO VILLASMILEMETERIO GÓMEZADICEA CASTILLOFRANCISCO FARACOSARI LEVYGUILLERMO MÁRQUEZABRAHAM JAGUANOMAR ZAMBRANOJOVITO ALCIDES VILLALBALISBETH SEIJASISAAC MENCIAVICTOR ABREUALEXANDER GUERREROKARINA BARRALREINIER SCHLIESSERANAHIR RODRÍGUEZJESÚS CASIQUECARLOS GRANIER RÉGULO SARDIMANUEL F. GARAICOCHEARAMÓN MELINKOFFLOR PEREDASIMONE CAPRILELAURA LUCIANI DE TOROJUAN MISLEILEANA PEROZOFERMÍN CONDERAMÓN PEÑAMARÍA MIRABALCARLOS BLANCORAFAEL MARCANOIGNACIO DE LEÓNDANIEL GONZÁLEZLUIS BELTRÁN PETROSINIMARCOS MORALESLEÓN SARCOSALÍ GUARECUCOSILVIA SALVATO
Mañana en la tarde se debe hacer pública la adjudicación del Bono El Venezolano II. El gobierno sigue aprendiendo, llevándose una proporción cada vez mayor de la torta que separa el dólar paralelo del dólar oficial. Esta vez el total de la emisión se desconoce, la palabra “mínimo” antecede al monto de cada uno de los tres bonos que conforman el paquete. Es decir, si existe una demanda suficiente como para vender bonos (dólares) a una tasa implícita próxima a 6.000 bolívares por dólar, ¿por qué nos vamos limitar a sólo 500 millones de dólares? Póngale “mínimo”, por si acaso.Esta vez los inversionistas pequeños, esos que cuando conviene se dice que se busca favorecer, no tenían nada que buscar en la emisión. El mecanismo de subasta reduce los márgenes de ganancia al mínimo, dejando el negocio para los compradores que se benefician de pequeñas ganancias sobre grandes montos. De acuerdo con las órdenes recibidas a mediodía del miércoles, en promedio la tasa de cambio implícita era 5.690 - 5.890 bolívares por dólar. Para un inversionista pequeño, no tiene sentido correr el riesgo de participar para ganarse 210-410 bolívares (3,5%-7,0%) por cada dólar asignado (la tasa paralela se encuentra en 6.200).¿Y cuáles son esos riesgos? Primero, en la medida en que se continúe ofertando de forma indiscriminada deuda venezolana, mientras por otra parte se destruye la inversión privada, la cotización de los bonos continuará cayendo. Aún quienes compran para vender de forma “inmediata” corren el riesgo de perder en el ínterin (no todas las casas de bolsa liquidan las posiciones con la celeridad que requieren los clientes, y menos aún si esos clientes son personas naturales sin ningún poder de negociación). En segundo lugar, existe el riesgo de que el gobierno decida cambiar la tasa de interés que pagan los bonos una vez asignada la subasta, y repetir el infame “donde dice 11,54% debe decir 9,70%”.
El lunes en la tarde fue asignada la emisión de Bonos El Venezolano en su versión #1. Esta vez el gobierno no estuvo dispuesto a hacer un deal 50%-50% con los participantes, así que diseñó una subasta para elevar la cotización de la unidad de inversión. Además de la subasta, el martes se hizo circular un comunicado según el cual las condiciones iniciales ya no eran las mismas, se introdujo así un cambio nada sutil: De acuerdo con la convocatoria original (5/11/2007) el cupón (interés) del VEBONO 2014 sería de “11.98% variable indexado al rendimiento de las letras del tesoro”, mientras el del VEBONO 2015 sería de “11.54% variable indexado al rendimiento de las letras del tesoro”. De acuerdo con la fe de errata que existía en la página web del Ministerio de Finanzas hasta el día miércoles, en el caso del VEBONO 2014, “En donde dice 11,98% debe decir 11,54%” y en el del VEBONO 2015, “En donde dice 11,54% debe decir 9,70%” ¡Una vainita! En una rueda de prensa (sin preguntas) que se convocó de forma apresurada el miércoles en la mañana Rodrigo Cabezas y Guillermo Ortega trataron de minimizar este error aludiendo a que la esencia se mantiene, se ofrece un margen de 2,50% por encima del promedio de las letras, lo que pasa es que “nos equivocamos en el promedio de las letras”. Eso no es verdad, la hoja de términos inicial no habla de márgenes sobre letras, habla de tasas indexadas al rendimiento de las letras, que no es lo mismo, ni se escribe igual.En cualquier caso, las tasas implícitas resultaron así:- A todos aquellos que cotizaron entre el mínimo de 114% y 121% por el paquete de bonos no les tocó nada (un gentío, por cierto, porque muchos pensaron que si ese era el mínimo algo les debía tocar).- A quienes cotizaron entre 122%-124% se les asignó apenas el 20% de lo solicitado, a una tasa de cambio implícita de 5.134 - 5.254 bolívares por dólar (todos los cálculos incluyen comisiones e I.V.A.).- A quienes cotizaron entre 125%-135% se les asignó el 35% de lo solicitado, a una tasa implícita de 5.314-5.916 bolívares por dólar.- A quienes cotizaron más de 136% se les asignó el 100% de lo solicitado, a una tasa mínima de 5.977 bolívares por dólar.Como se puede observar, quienes se encuentran en éste último tramo obtuvieron una tasa de cambio implícita por su operación que apenas resultó poco más de 400 bolívares más baja que de haber acudido al mercado paralelo normal. El gobierno ha seguido learning-by-doing con estas emisiones de bonos, cada vez la repartición de ganancias por la venta de dólares favorece más al vendedor y menos a los participantes. Mucha agua ha corrido desde aquella primera emisión en donde la tasa implícita resultó ¡menor que la tasa oficial!El negocio sigue siendo: Mira, si yo quiero cambiar estos dólares que resultan de la venta de petróleo y que estoy almacenando en FONDEN, y voy al BCV, me dan 2.150 bolívares por dólar; y si tu quieres comprar dólares y no estás autorizado por CADIVI y vas al paralelo te sale en 6.400, ¿por qué no hacemos negocio? Lo que pasa es que el negocio cada vez está más lejos de la tasa oficial y más cerca de la tasa paralela.El gobierno sigue repitiendo que el mercado paralelo es una ficción, que no existe, mientras se beneficia cada vez más de su existencia porque liquida allí los dólares a una tasa muy superior a la oficial, es decir, el mercado paralelo les da la oportunidad de beneficiarse de la depreciación del bolívar sin necesidad de devaluar la tasa oficial (el diputado Escalona bromeaba - me imagino - el fin de semana pasado en El Nacional diciéndole a un periodista: "¿A dónde voy yo a comprar dólares en el paralelo?, ¡eso no existe!..." Just in case: Ya sabe dónde diputado, las direcciones las tiene en esa misma lista de casas de bolsa y sociedades de corretaje que están utilizando los venezolanos para participar en las emisiones de bolívar/dólar).Ahora bien, ese lunch tampoco es free. Mientras más alto sea el paralelo más recauda el gobierno, pero al mismo tiempo mayor presión inflacionaria, porque aún quienes reciben dólares a la tasa oficial hacen pricing en algún lugar intermedio entre el oficial y el paralelo para contabilizar por la probabilidad que existe de que en algún momento los dejen sin autorizaciones de CADIVI. En este sentido, esta subida del paralelo de los últimos meses, que se haya devaluado en más de 90% en lo que va de año, resulta difícil de explicar. Por un lado, sí, les ha dado la oportunidad de cambiar sus dólares más caros a través de las emisiones de bonos, pero por el otro ha ejercido una enorme presión inflacionaria, lo que dada la persistencia del control de precios nos ha llevado a una situación de escasez inexplicable en épocas de bonanza.Hay algunas consideraciones adicionales. Mientras mayor sea la diferencia entre el paralelo y el oficial hay mayores incentivos para enriquecerse de forma fácil, más estímulo a la corrupción (que tampoco es que aquí hay que estimularla mucho ya de por sí). Además, mientras mayor sea esa brecha, más fácil sacar a alguien "inconveniente" de negocio, drive- him-out-of-business, suspendiéndole el acceso a CADIVI.En los últimos días han incrementado los rumores de modificaciones en el sistema cambiario con cierta tendencia a la adopción de un tipo de cambio dual. Bueno, dual ya es, porque hay dos tasas. El rumor cobra varias formas, las que más suenan son:a) Mantenimiento de un tipo de cambio oficial a 2.150 bolívares por dólar, por donde pasarían importaciones de alimentos y otros bienes fundamentales de la canasta básica, además de una tasa libre que flotaría de forma sucia con la intervención del BCV (lo que implica el levantamiento del control de cambio), yb) La adopción de un sistema múltiple, con dos tasas oficiales a 2.150 y 3.500 bolívares por dólar, según la prioridad que se le otorgue al bien, más el paralelo legal menos intervenido que en la versión anterior.Nótese que en ambos casos se mantiene el 2.150 para ciertos bienes (un compromiso que en el gobierno ha insistido demasiado como para quebrarlo en el corto plazo), y se mantiene una tasa libre paralela más o menos intervenida, más o menos controlada, a la que el gobierno puede continuar haciendo operaciones tipo "El venezolano", beneficiándose de una depreciación mayor, sin necesidad de devaluar. Yo personalmente creo que la opción a) es menos probable, porque implica el levantamiento del control de cambio, y esa es una herramienta política a la que el gobierno no va a estar dispuesto a renunciar en esta "primera etapa" de la "nueva República". Por supuesto, también existe la opción de que no ocurra nada, de que no se devalúe la tasa oficial por cuarto año consecutivo, y se termine de destruir lo poco que queda del sector transable no petrolero.¿Y entonces? ¿Qué va a pasar con el mercado paralelo?
Esta novela de Javier Marías, más concretamente la primera de la trilogía (Fiebre y lanza), fue lo primero que se me vino a la mente mientras escuchaba las declaraciones del general Baduel el martes pasado. Se trata de Jacques (o Jacobo) Deza, un personaje con la facultad de leer en los rostros de los demás sus vidas, sus intenciones, sus inclinaciones, acaso antes de que ellos puedan leerse a sí mismos. Después de algunos minutos de conversación, con base en gestos, expresiones faciales, a partir las palabras que se escogen para definir ciertas formas que podrían haber sido descritas de otro modo, Deza elabora “un retrato mínimo, un estereotipo, una suposición plausible” que le ayuda a hacerse una idea de cómo acabará todo, de cómo evolucionará el personaje, de qué le aguarda y nos aguarda, de qué cabe esperar de él en el futuro.Uno ve a Baduel vestido de civil, chaqueta gris, sudando copiosamente, aferrado con disciplina militar a esas líneas tan coherentes, tan bien pensadas, como si fuesen un salvavidas; y no puede dejar de preguntarse en qué momento cambió de opinión, cuándo se dio cuenta de que la reforma es una trampa diseñada para “conducirnos como ovejas al matadero”. Es decir, cuesta pensar que todo lo que está sucediendo no podía ser vislumbrado con anterioridad, sobretodo estando tan cerca, que no había señales, que la traición de Chávez a la idea que él tenía de Chávez durante todos estos años se presentó de repente y sin aviso. Y esto vale para Baduel o para Luis Miquilena, para Ismael García o para Carlos Genatios.Esta es una actitud que, según la novela, se debe a que aún cuando “desde el principio vemos mucho más de lo que reconocemos… la mayoría necesita engañarse y ser optimista para seguir viviendo con algo de confianza y calma”, y por eso “desechamos indicios y rehusamos interpretar signos, y los relegamos y echamos a la bolsa de las figuraciones, para contraponerles otros que en el fondo sabemos que no son señales sino fingimientos y simulacros que buscan nuestra confianza y nuestro sopor o adormecimiento”.De repente Baduel ha sido víctima de esa actitud tan común en el género humano que tiene por objetivo engañarnos por el camino de la confianza, olvidando que “todo ser humano lleva sus probabilidades en el interior de sus venas, y sólo es cuestión de tiempo, de tentaciones y circunstancias que por fin las conduzcan a su cumplimiento”. Me parece más verosímil esta visión que la esgrimida por una parte de la sociedad demasiado propensa a hundirse a sí misma, según la cual todo es parte de un gran complot estratégico a-la Arias Cárdenas diseñado en los mismos laboratorios de inteligencia roja que son incapaces de resolver a punta de real el desabastecimiento de la leche.Si es así, si tengo razón, el verdadero valor del discurso del martes estaría en su potencial como despertador y anti-soporífero para aquellos que aún tienen fe sincera en que este proceso no termine en lo que ya resulta demasiado evidente que va a terminar. Después de todo, ya no hay que ser Jacques (o Jacobo) Deza para vislumbrar cómo será el rostro de la república mañana. A partir de ahora viene quizás lo más desagradable: Vivir sabiendo y no esperando.Para El Universal, 09/11/2007
Hay quienes piensan que los fondos que el gobierno mantiene, tanto en bolívares en Venezuela como en dólares en el exterior, son una verdadera garantía de estabilidad económica, una panacea que no sólo contribuiría a mantener la machacada prosperidad de estos años, sino además nos evitaría un aterrizaje forzoso en el caso de una eventual caída en los precios del petróleo.La verdad, la magnitud de esos fondos puede llegar a ser tan considerable como inestimable. Por un lado, desde la creación del Banco del Tesoro se desvanecieron casi la totalidad de los depósitos del gobierno en el BCV y una fracción nada despreciable de los que se mantenían en el resto del sistema financiero. Presumiblemente, pues poco se puede hacer más allá de presumir, han sido trasladados para allá. Por otro lado, el gobierno ha aprovechado el mercado natural de deuda en bolívares que se creó a raíz del control de cambio para levantar mucho más de lo que necesita: Entre 2004 y 2006 el financiamiento obtenido superó a las necesidades en 35,6 billones de bolívares. Además, está el FONDEN y los demás fondos que se mantienen en el exterior (entre los que empieza a sonar cada vez más el Fondo Miranda), que se nutren de las reservas que se trasladan sin ninguna contrapartida desde el BCV y de aportes directos realizados desde PDVSA. Todo un crisol de discrecionalidades.Nada de eso ha evitado que caigan sobre nuestra economía algunas plagas más típicas de tiempos de escasez: la inflación, la devaluación, el desabastecimiento. Si todo se tratara de dinero, si la renta petrolera fuese suficiente para darle aire a la economía venezolana: ¿Cómo explicar el estruendoso fracaso del gobierno de Herrera Campíns, en medio del boom petrolero por habitante más grande que se haya experimentado en período presidencial alguno?En lo que va de año la depreciación del bolívar en el mercado paralelo ya alcanza 106% (cerró diciembre pasado en 3.246 bolívares por dólar). A pesar de que las autorizaciones de divisas aprobadas por CADIVI han crecido 66% en relación con el año anterior, hay dos hechos que continúan ejerciendo una fuerte presión inflacionaria: 1) Una buena parte de las importaciones no se realizan a tipo de cambio oficial, y 2) Para protegerse de la inconsistencia de CADIVI la mayoría está haciendo pricing en un punto intermedio entre el oficial y el paralelo. Esta semana el gobierno reconoció algunos retrasos importantes en el control de precios, 58% en el caso de la pasta, 18% en el del pan. Restan ajustes similares en los demás bienes que escasean (sobretodo en los mercados populares).¿Y el gobierno no tiene real para importar esos bienes, distribuirlos a través de MERCAL, y evitar todo ese desabastecimiento? Sí, si tiene, pero por alguna razón no lo ha hecho, así como tampoco ha puesto freno al mercado paralelo o controlado la inflación. Haber nadado en liquidez en estos últimos años, haber vivido en un país en el que cada vez más todo se resuelve a punta de real (pasaportes, leche, avances en la cola para adquirir vehículos) y en el que los errores de política económica parecen no tener costo, nos ha hecho creer que el dinero les alcanza - y nos alcanza - para todo.Para El Universal, 01/11/2007
Conversaciones entre Philip Roth e Iván Klima: Sobre censura y autocensura
Algo en estos días me condujo de vuelta a la entrevista que en 1990 realizó Philip Roth al escritor checo Iván Klíma (El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras, Seix Barral, 2003). No tengo del todo claro el por qué, la leí hace algunos años y por estos días me sobrevino una inclinación, mezcla de vaga impresión y urgencia cierta, de regresar allí. Viéndolo en retrospectiva, creo que estaba buscando matices de censura y autocensura. Trataba de saber más tanto de las formas bajo las cuales han sobrevivido quienes han estado sometidos a la censura oficial; como de los mecanismos que conducen a que un sector de la sociedad decida imponerse unas restricciones acaso más fuertes que las que el propio régimen exige.No creo que haga falta abundar en el por qué, de censuras y autocensuras la realidad venezolana nos ha aprovisionado a manos llenas: Las empresas que prohiben a sus empleados participar en eventos públicos, los cambios de logotipos que gradualmente incorporan el anaranjado (que en términos de colorimetría debe ser algo así como: “aún no estoy allá, pero voy en camino”), la salida al campo de entrenamientos de los flamantes Leones del Caracas ataviados de rojo intenso.Confieso que no tengo cómo juzgar a quienes proceden así, que no tengo respuesta a cómo se debe (sobre) vivir en un régimen así. Por esa razón creo que volví a la entrevista con Iván Klíma. Muchas obras del escritor vieron luz durante la ocupación de Checoslovaquia, gracias al samizdat, la publicación subrepticia de obras literarias de muy bajo tiraje. El pasaje más revelador es aquél en donde reflexiona sobre los escritores que aceptaron ser publicados por el régimen sometiéndose a la censura oficial: “Los cambios que la censura obligó a hacer son, desde el punto de vista de la obra, monstruosos en todo el sentido de la palabra. Pero peor aún, sin embargo, fue el hecho de que muchos escritores tuvieran en cuenta la censura a priori, deformando su obra y, en consecuencia, deformando su propia personalidad”.Exponer nuestro trabajo honesto ante la censura al menos tiene el beneficio de que las pocas partes que le puedan sobrevivir serán genuinas. La autocensura equivale a la negación de sí mismo, a mutilar nuestra actividad, cualquiera que ésta sea, despojándola de todo carácter, un ejercicio que puede llegar a ser más atroz que la propia censura.Estoy consciente de que este pasaje tiene más vigencia cuando se trata del arte, no alcanza para describir la naturaleza de la autocensura que muchos se imponen para poder sobrevivir económicamente, para mantener sus empresas a flote, y menos aún la de quienes se des-personalizan sin ningún pudor, con el único objetivo de hacer dinero. Buscaba una respuesta más personal, menos colectiva, menos amplia.Por lo demás, la entrevista está llena de narraciones de episodios reconfortantes (las carcajadas sinceras que provoca la repetición de los discursos del antiguo régimen, el empleo primitivo de la lengua, “las frases deplorablemente enrevesadas”). Toda la conversación de Roth con Klíma destila una cierta sabiduría que a cada uno puede ayudar a construir su propia estructura de supervivencia, su propia respuesta al cómo-debo-vivir.Para El Universal, 19/10/2007
Pico y placa como una estrategia de racionamiento
A muy pocos se les ha ocurrido pensar en el programa pico-y-placa como una estrategia de racionamiento. En ese mercado, los vehículos equivalen al dinero, y el espacio físico por donde circulan es el bien que se persigue con el dinero. En los últimos tres años el número de vehículos creció exponencialmente, mientras el espacio por donde circulan se mantiene. Ese divorcio evidente entre las tasas de crecimiento de vehículos y vías ha provocado ese caos en el que todos los días se nos escapa un pedazo de vida, sentados, inmóviles, con las manos al volante. Todo un colosal shock de productividad al que se le presta muy poca atención en un país muy poco preocupado por producir.Si utilizar las vías de circulación tuviese un precio más tangible, hubiese crecido lo suficiente como para regular la demanda y reestablecer cierto equilibrio. Pero no ocurre así. El precio de utilizar las vías públicas está diluido entre la renta petrolera y una complicada estructura de impuestos, no disminuye si las uso menos. Por otra parte, el precio la gasolina venezolana, acaso lo único que se paga por circular, es el más bajo del mundo (125 bolívares no-fuertes por litro).Sin el mecanismo de precios no hay otra forma de atacar el problema que regular el consumo, racionarlo a cuatro días por semana. De manera que ahora tener carro, no necesariamente equivale a poder circular.Esa misma lógica está operando en otros mercados. Ya tener dinero no equivale a tener bienes. El gobierno fijó algunos precios hace ya algún tiempo, dando al traste con la única herramienta transmisora de información que teníamos a mano para intentar alcanzar el equilibrio. Hoy en día ese conjunto de precios, allí en donde todavía se consiguen esos bienes, está entre 50% y 80% por encima del precio regulado.A partir de aquí hay varios caminos posibles. A diferencia de las calles, avenidas y autopistas que tanta falta hacen, otros bienes sí se pueden importar. El gobierno puede mantener los precios regulados, terminar de ahogar a los productores nacionales, mientas continúa pagándole a los extranjeros el precio que aquél mercado haya fijado para esos bienes. Esta política tiene sus límites: La renta petrolera es grande, pero no alcanza para importar nuestro consumo total y menos aún para emplear a los doce millones de venezolanos en edad y disposición de trabajar.Otra alternativa sería flexibilizar el control, o más aún liberar los precios, a la manera de Pérez en 1989. Según está versión, en las hojitas de cálculo de los técnicos del BCV aparecerían los precios reales de las cosas, y se reconocería institucionalmente la inflación represada que hoy ya subyace la economía venezolana. En contrapartida, se recuperaría la producción nacional, y acaso también el empleo, y se reduciría en algo la dependencia de las importaciones.La última posibilidad equivale al pico-y-placa del mercado de bienes: El gobierno sustituye al mecanismo de precios como determinante del consumo, restringiendo lo que se puede demandar de ciertos bienes a través de una libreta del racionamiento. Algo así como los cuatro días por semana, pero eso sí, en leche, café, carne, pollo, y azúcar. Una vez aquí, no hay salida fácil.Para El Universal, 26/10/2007
La inflación en el 2008: ¿Quién raciona mejor: los...
Conversaciones entre Philip Roth e Iván Klima: Sob...

References: artículo 342
 artículo 112
 artículo 115
 artículo 236
 artículo 318
 artículo 321
 artículo 112
 artículo 112