Source: https://www.slideshare.net/dlsaavedra/el-concepto-de-derecho
Timestamp: 2019-09-20 10:25:41+00:00

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Capitulo 7 by dianaly risco garcia 572 views
Juan Reyes Osorio at Converse
Jonathan Vanesa
1. j7L?LS HERBERT L. A. HARTProfesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Oxford 1EL CONCEPTO,DE DERECHO Traducción de GENARO R. CARRIÓ ABELEDO-PEE m1•_ BUENOS AIRES / 1
2. Título del original THE CONCEPT OF LAW	5,1 y Oxford University Press, 1961 La presente traducción de lhe Concept of Law se publica en virtud de un acuerdo con The Clarendon Press Oxford Lis U Todos los derechos reservados by ABELEDO-PERROT S. A. E. e 1. Lavalle 1280 -- 1048 - Buenos Aires -- Argentina Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723 i.S.B.N.: 950-20-0089-7 4 El derecho de propiedad de esta obra comprende para su autorla facultad de disponer de ella, publicarla, traducirla, adaptarla oautorizar su traducción y reproducirla en cualquier forma, total oparcial, por medios electrónicos o mecánicos, incluyendo fotocopia,grabación magnetofónica y cualquier sistema de almacenamiento deinformación; por consiguiente nadie tiene la facultad de ejercitar losderechos precitados sin permiso del autor y del editor, por escrito,con referencia a una obra que se haya anotado o copiado durante sulectura, ejecución o exposición públicas o privadas, excepto el usocon fines didácticos de comentarios, críticas o notas, de hasta milpalabras de la obra ajena, y en todos los casos sólo las partes deltexto indispensables a ese efecto. Los infractores serán reprimidos con las penas del artículo 172 yconcordantes del Código Penal (arts. 2, 9, 10, 71, 72, ley 11.723). IMPRESO EN LA REPUBLICA ARGENTINA
3. A.J.H. U ;í	10	.
4. PREFACIO A LA EDICION CASTELLANA Constituye una satisfacción muy grande para mí el hecho deque mi libro The Concept of Law esté ahora al alcance de loslectores de habla española, y en una traducción que, según mimodo de ver, reúne todo lo que debe ser una traducción. Lamen-to no poder escribir en español, pero puedo leerlo lo suficiente-mente bien como para darme cuenta de que el Dr. Genaro R.Carrió ha cumplido su tarea con rara destreza y gran compren-sión. Ha superado algunos obstáculos muy serios. La terminologíadel derecho y de la filosofía jurídica ingleses contiene muchasexpresiones que carecen de equivalentes simples en español; por-que las palabras de cada uno de esos idiomas están con frecuen-cia cargadas de una teoría jurídica extraña al otro y llevan en síimplicaciones diferentes. Por añadidura, al escribir mi libro creínecesario, para destacar aspectos del derecho previamente des-atendidos, inventar o usar expresiones que no son familiares nisiquiera para los juristas ingleses. Nada de esto, empero, ha im-pedido que el Dr. Carrió comprendiera lo que quise decir, porlo menos tan bien como lo comprendo yo. Le agradezco la labo-riosidad y el cuidado que ha puesto en la traducción. H. L. A. HARTOxford, marzo de 1963.
5. 3	) L O)tiJN ,b4O
6. PREFACIO A LA EDICION INGLESA En este libro he querido promover la comprensión del dere- cho, la coerción y la moral, en cuanto fenómenos sociales dife-rentes, aunque relacionados. Si bien está primariamente dirigidoal estudioso de la teoría jurídica, espero que sea también útil aaquellos que se interesan principalmente en la-filosofía moral opolítica o en la sociología, más que en el derecho. El jurista veráen este libro un ensayo de teoría jurídica analítica ( analytical ju-risprudence), porque se ocupa de la clarificación de la estructurageneral del pensamiento jurídico, y no de la crítica del derechoo política jurídica. Además, en muchos puntos he planteado pro-blemas que bien puede decirse- que versan sobre el significadode términos. Así, por ejemplo, he considerado cómo "verse obli-gado" difiere de "tener una obligación"; cómo el enunciado deque una regla es una norma jurídica válida difiere de una pre-dicción clla conducta de los funcionarios; qué es lo que quieredecir la aserción de que un grupo social observa una regla y có-m.o difiere de la aserción de que sus miembros hacen habitual-mente ciertas cosas y cómo se asemeja a ella. Ciertamente, unode los temas centrales del libro es que ni el derecho, ni ningunaotra forma de estructura social, puede ser comprendido sin unaapreciación de ciertas distinciones cruciales entre dos tipos dife-rentes de enunciados, que he denominado "internos" y "exter-nos" y que pueden ser formulados dondequiera se observan re-glas sociales. A pesar de su preocupación por el análisis, el libro puedetambién ser considerado un ensayo de sociología descriptiva; por-que la sugestión de que las investigaciones sobre los significados XI
7. de las palabras simplemente arrojan luz sobre éstas, es falsa. Mu- chas distinciones importantes, que no son inmediatamente ob- vias, entre tipos de situación social, o relaciones, pueden ser es- clarecidas mejor mediante un examen de los usos .típicos de las expresiones relevantes y de la manera en que éstas dependen de un contexto social que a menudo no se expresa. En este campo de estudio es particularmente verdad, como decía el Profesor J. L. Austin, que podemos usar "una conciencia agudizada de laspalabras pura agudizar nuestra percepción de los fenómenos". Es obvio que tengo una enorme deuda frente a otros auto-res; en verdad buena parte del libro se ocupa de las deficienciasde un modelo simple de sistema jurídico, construido según las líneas de la teoría imperativa de Austin. Pero en el texto el lectorencontrará muy pocas referencias a otros autores y muy pocas no- tas de pie de página. En lugar de ello hallará, al final del libro,notas extensas para ser leídas después de cada capitulo; allí se re- lacionan las opiniones expresadas en el texto con las de mis prede-cesores y mis contemporáneos, y se formulan sugestiones sobre lasmaneras en que se puede proseguir ci razonamiento en los tra-bajos de ellos. He adoptado este criterio, en parte porque la líneade argumento del libro es continua, y su continuidad quedaríainterrumpida por la comparación con otras teorías. Pero tam-bién he tenido en mira un propósito pedagógico: confío en queesta estructura puede desalentar la creencia de que un libro deteoría general del derecho es, por sobre todo, una obra en la queuno se informa sobre el contenido de otros libros. Mientras estacreencia persista entre los autores, poco progresará nuestra dis-ciplina, y mientras persista entre los lectores, el valor educativo deaquélla seguirá siendo muy escaso. He sido deudor durante demasiado tiempo de demasiadosamigos para ser capaz ahora de señalar todas mis obligaciones.Pero tengo que reconocer una deuda especial frente a A. M. Ho-noré, cuya crítica detallada puso de manifiesto muchas confu-siones de pensamiento e ineptitudes de estilo. He tratado de eh-minarlas, pero temo que ha quedado mucho que él no aprobaría.A conversaciones con G. A. Paul debo lo que pueda haber deXII
8. valor en la filosofía política de este libro y en la interpretacióndel derecho natural que en él hago; tengo que agradecerle tam- Jbién el haber leído las pruebas. Me siento también muy agrade-cido a Rupert Cross y P. F. Strawson, que leyeron el texto, porsu beneficioso consejo y crítica. H. L A. HARTOxford, febrero de 1961. 7
10. INDICE GENERAL 1 PREGUNTAS PERSISTENTES 1 1. Perplejidades de la teoría jurídica 1 2. Tres problemas recurrentes	.......................... 7 3.	Definición	........................................ 16 U. NORMAS JURIDICAS, MANDATOS Y ORDENES ....... 23 1. Variedades de imperativos	........................... 23 2. El derecho como órdenes coercitivas ................... 26fil. LA DIVERSIDAD DE NORMAS JURIDICAS ............ 33 1. El contenido de las normas jurídicas .................. 34 2.	El	ámbito de	aplicación	............................ 53 3.	Modos de origen	................................... 56W. SOBERANO Y SUBDITO ............................... 63 1. El hábito de obediencia y la continuidad del derecho 64 2.	La persistencia del derecho	.......................... 77 3. Limitaciones jurídicas a la potestad legislativa .......... 82 4. El soberano detrás de la legislatura	.................. 89 V. EL DERECHO COMO UNION DE REGLAS PRIMARIAS Y SECUNDARIAS	..................................... 99 1. Un nuevo punto de partida	......................... 99 2. La idea	de obligación	.............................. 102 3. Los elementos del derecho	.......................... 113VI. LOS FUNDAMENTOS DE UN SISTEMA JURIDICIO .... 125 1. Regla de reconocimiento y validez jurídica ............. 125 2. Nuevas preguntas	.................................. 137 3. La patología de un sistema jurídico .................. 146VII. FORMALISMO Y ESCEPTICISMO ANTE LAS REGLAS.. 155 1. La textura abierta de! derecho ........................ 155 2. Variedades de escepticismo ante las reglas .............. 169 3. Definitividad e infalibilidad de la decisión judicial ...... 176 4. Incertidumbre de la regla de reconocimiento ........... 183
11. VIII. JUSTICIA Y MORAL	. 193 1. Principios de justicia ...............................196 2. Obligación moral y jurídica .........................208 3. Ideales morales y crítica social ......................224 IX. LAS NORMAS JURIDICAS Y LA MORAL ...............229 1. Derecho Natural y positivismo jurídico ...............229 2. El contenido mínimo del Derecho Natural ............239 3. Validez jurídica y valor moral ........................247 * X. DERECHO INTERNACIONAL .........................263 1. Fuentes de dudas ..................................263 2. Obligaciones y sanciones ............................266 3. La idea de obligación y la soberanía de los estados ......272 4. El derecho internacional y la moral ..................279 S. Analogías de forma y de contenido ...................286NOTAS .....................................................292INDICE ALFABETICO ......................................327 EL rY
12. CAPÍTULO 1 PREGUNTAS PERSISTENTES 1. PERPLEJIDADES DE LA TEORIA JURIDICA Pocas preguntas referentes a la sociedad humana han sidoformuladas con tanta persistencia y respondidas por pensadoresserios de maneras tan diversas, extrañas, y aun paradójicas, comola pregunta "qué es derecho?". Aunque limitemos nuestra aten-ción a la teoría jurídica de los últimos ciento cincuenta años, ydejemos a un lado la especulación clásica y medioeval acerca dela "naturaleza" del derecho, nos daremos con una situación queno encuentra paralelo en ningún otro tema estudiado en formasistemática como disciplina académica autónoma. No hay unavasta literatura consagrada a contestar las preguntas "qué es quí-mica?" o "qué es medicina?", como la hay para responder a lapregunta "qué es derecho?". Unas pocas líneas en la primerapágina de un manual elemental es todo cuanto debe considerarel estudiante de aquellas ciencias; y las respuestas que se le danson de un tipo muy diferente al de las que recibe el estudiantede derecho. Nadie ha pensado que es esclarecedor o importanteinsistir en que la medicina es "lo que los médicos hacen respectode las enfermedades", o "una predicción de lo que los médicosharán", o declarar que lo que comúnmente es reconocido comouna parte característica, central, de la química, por ejemplo, elestudio de los ácidos, no es en realidad parte de ella. Sin embar-go, en el caso del derecho, se han dicho con frecuencia cosas quea primera vista parecen tan extrañas como ésas, y no sólo se las hadicho sino que se ha insistido en ellas con elocuencia y pasión,como si fueran revelaciones de verdades sobre el derecho, oscu- -1—
13. recidas desde tiempo atrás por representaciones groseramentefalsas de su naturaleza esencial. "Lo que los funcionarios hacen respecto de las disputas es...el derecho mismo"; "Las profecías de lo que los tribuna]es harán...es lo que entiendo por derecho";2 "Las leyes son fuentes de de-recho... no partes del derecho mismo"; -3 "El derecho constitucio-nal no es otra cosa que moral positiva";4 "No se debe robar; sialguien roba deberá ser castigado.... Si existe, la primera normaestá contenida en la segunda, *que es la única norma genuina....El derecho es la norma primaria que establece la sanción"5. Estas son sólo unas pocas de las numerosas afirmaciones y ne-gaciones sobre la naturaleza del derecho que, por lo menos a pri-inera vista, se presentan como extrañas y paradójicas. Algunas deellas parecen hallarse en conflicto con las creencias más firme-mente arraigadas y ser fácilmente refutables; es así que estamostentados de contestar: "Por supuesto que las leyes son derecho,al menos un tipo de derecho aunque hay otros"; "Seguro que de-recho no puede significar simplemente lo que los funcionarios ha-cen o Jo que los tribunales harán, puesto que es menester unanorma de derecho para que alguien sea funcionario o juez". Sin embargo, estas expresiones aparentemente paradójicas nofueron formuladas por visionarios o por filósofos interesados pro-fesionalmente en poner en duda los veredictos más elementalesdel sentido común. Ellas son el resultado de una prolongada re-flexión sobre el derecho, llevada a cabo por hombres que hansido primordialmente juristas, dedicados profesionalmente a laenseñanza o a la práctica de aquél, y en algunos casos, a su apli-cación como jueces. Además, lo que ellos dijeron sobre el dere-cho realmente incrementó, en su tiempo y lugar, nuestra com-prensión del mismo. Porque, entendidos en su contexto, tales 1 Llewellyn, The Bramble Bush (2a. cd., 1951), p. 9. 2 0. W. Holmes, "The Path of dic Law", en CollectedPaers (1920),p. 173. J. C. Gray, The Nature and Seurces of ihe Law (1902), s. 276. 4 Austin, The Province of Jurisprudence Detersnined (1832). Confe-rencia VI (cd. 1954, p. 259). 6 Kelsen, General Theory of Law and S:ate (1949), p. 61. —2—
14. enunciados son a la vez esclarecedores y desconcertantes: se pa- recen más a gruesas exageraciones de algunas verdades sobre el derecho, indebidamente desatendidas, que a definiciones frías. Arrojan una luz que nos hace ver mucho que permanecía ocul- to en ci derecho; pero la luz es tan brillante que nos ciega respec- to del resto y seguimos así sin una visión clara del conjunto. Este interminable debate teorético en los libros, contrasta ex- trañamente con la capacidad de la mayoría de los hombres para citar ejemplos de derecho, con facilidad y confianza, si se les pi- de que lo hagan. Pocos ingleses ignoran que hay normas de dere- çho que prohiben el homicidio, otras que obligan a pagar el im- puesto a los réditos, otras que especifican qué es lo que hay que hacer para otorgar un testamento válido. Virtualmente todos, salvo el niño o el extranjero que se encuentra con la palabra in- glesa "law" por vez primera, podrían multiplicar fácilmente tales ejemplos, y la mayoría de la gente podría hacer algo más. Po- drían describir, por lo menos en esquema, cómo se determina si algo es derecho en Inglaterra; saben que hay expertos a quienes consultar, y tribunales que tienen la última palabra, revestida de autoridad, sobre tales cuestiones. Generalmente se sabe mucho más que esto. La mayoría de la gente educada tiene la idea de que las reglas de derecho de Inglaterra forman algún tipo de sistema, y que en Francia o en los Estados Unidos o en Rusia, y, por cier- to, en casi todas las partes del mundo que son concebidas comoun "país" independiente, hay sistemas jurídicos que son, en lí-neas geuerales, similares en estructura, a pesar de sus importan-tes diferencias. Sin duda que una educación habría fracasado se-riamente si no informara sobre estos hechos, y no pensaríamosque es un signo de gran sutileza si quienes los conocen puedendecimos también cuáles son los puntos importantes de semejan-za entre los diferentes sistemas jurídicos. Podríamos esperar detodo hombre culto que fuera capaz de identificar estas caracterís-ticas destacadas, en una forma esquemática del tipo siguiente.Ellas comprenden (i) reglas que prohiben o hacen obligatoriosciertos tipos de conducta bajo amenaza de aplicar una pena; (u)reglas que exigen que indemnicemos a qpienes hemos dañado de —3—
15. ciertas maneras; (iii) reglas que especifican qué es lo que tene-mos que hacer para otorgar testamentos y celebrar contratos uotros acuerdos que confieren derechos y crean obligaciones; (iv)tribunales que determinan cuáles son las reglas y cuándo hansido transgredidas, y que fijan el castigo a aplicar o la compensa-ción a pagar; (y) una legislatura que hace nuevas reglas y derogalas anteriores. Si todo esto es de conocimiento común, ¿cómo es que lapregunta "qué es derecho?" ha persistido y ha recibido respues-tas tan variadas y extraordinarias? Es porque, además de los ca-sos típicos claros, constituidos por los sistemas jurídicos de losestados modernos, que nadie en su sano juicio dudaría que sonsistemas jurídicos, existen también casos dudosos, acerca de cu-ya "calidad jurídica" no sólo vacilan los hombres cultos comunes,sino también los juristas? El derecho primitivo y el derecho in-ternacional son los más importantcs de tales casos dudosos, y espatente que muchos entienden que hay razones, aunque por locomún no concluyentes, para considerar que es impropio exten-der el presente uso convencional de la palabra "derecho" a estoscasos. Por cierto que la existencia de tales casos cuestionables odiscutibles ha dado origen a una controversia prolongada y de al-guna manera estéril, pero es patente que esos casos no puedenexplicar las perplejidades sobre la naturaleza general del dere-cito, expresadas por la persistente pregunta "qué es derecho?"Que ésta no puede ser la raíz de las dificultades, parece mani-fiesto por dos razones. Primero, es completamente obvio por qué se vacila en losreferidos casos. El derecho internacional carece de legislatura, losestados no pueden ser llevados ante los tribunales internaciona-les sin su previo consentimiento, y no existe un sistema central-mente organizado y efectivo de sanciones. Ciertos tipos de dere-cho primitivo, incluso aquellos a partir de los cuales pueden ha-ber ido evolucionando en forma gradual algunos sistemas jurídi-cos contemporáneos, presentan características similares a las se-ñaladas, y es perfectamente claro para cualquiera que lo que haceque su clasificación se presente como cuestionable es su desvía- -4—	..
16. ción de los casos típicos, en estos aspectos. No hay ningún mis-terio en ello. En segundo lugar, no es en virtud de una peculiaridad detérminos complejos como "derecho" y "sistema jurídico" que es-tamos forzados a aceptar que hay casos típicos claros y casos li-mites discutibles. Es hoy un hecho familiar (aunque demasiadopoco subrayado) que es menester hacer esta distinción respecto decasi todos los términos generales que usamos para clasificar ca-racterísticas de la vida humana y del mundo en que vivimos. Aveces la diferencia entre el caso tpico claro, o paradigma, deluso de una expresión, y los casos discutibles, es sólo una cuestiónde grado. Un hombre con un cráneo reluciente es claramentecalvo; otro que tiene una hirsuta melena, claramente no lo es;pero la cuestión de si es calvo un tercer hombre que tiene unamata de cabellos aquí y otra allá podría ser discutida intermina-blemente, si se la considerara importante, o si dependiera de ellaalguna decisión práctica. A veces la desviación respecto del caso típico no es una meracuestión de grado, sino que surge cuando el caso típico es de he-cho un complejo de elementos normalmente concomitantes pe-ro distintos, alguno o algunos de los cuales pueden faltar en loscasos debatibles. ¿Es un bote volador un "buque"? ¿Podemosseguir hablando de "ajedrez" si decidimos jugar sin la reina?Tales cuestiones pueden ser instructivas porque nos obligan areflexionar, haciéndola explícita, sobre nuestra concepción dela composición del caso típico; pero es obvio que esto, que pue-de ser llamado el aspecto marginal de las cosas, es algo de-masiado común para explicar el largo debate sobre el derecho.Además, sólo una parte relativamente pequeña y poco importan-te de las más famosas y controvertidas teorías jurídicas se ocu-pa del problema de si es o no propio usar las expresiones "dere-cho primitivo" o "derecho internacional" para describir los casosa los que ellas convencionalmente se aplican. Cuando reflexionamos sobre la capacidad general de la gen-te para reconocer y citar ejemplos de normas de derecho, y so- -5—
17. bre la cantidad de cosas que generalmente se sabe acerca del ca- so típico de sistema jurídico, podría parecer fácil poner fin a la persistente pregunta "qué es derecho?", señalando simplemen- te una serie de cosas familiares. ¿Por qué no nos limitamos a re- petir la explicación esquemática d las características salientes de un sistema jurídico nacional que, quizás con excesivo opti- mismo, pusimos, en la pág. 3 en labios de un hombre culto? Po- demos decir simplemente, "Tal es el caso típico de lo que se quie- re decir con derecho y sistema jurídico; no hay que olvidar que además de estos casos típicos encontraremos también estruc- turas en la vida social que, aunque comparten algunas de estas características salientes, no tienen otras de ellas. Estos son casos debatidos respecto de los cuales no puede haber un argumento concluyente en favor o en contra de su clasificación como de- recho". Esta manera de tratar el problema sería agradablemente bre- ve. Pero fuera de ése, no presentaría ningún otro aspecto favo- rable. Porque, en primer lugar, resulta claro que quienes se en-cuentran más perplejos ante la pregunta "qué es derecho?" nohan olvidado, y no necesitan que se les recuerden, los hechos fa-miliares que esta respuesta esquemática les ofrece. La profundaperplejidad que ha mantenido viva la pregunta, no es ignoran-cia u olvido o falta de capacidad para reconocer los fenómenosa los que la palabra "derecho" comúnmente se refiere. Además, siconsideramos los términos de nuestra explicación esquemáticade un sistema jurídico, es patente que ella no va mucho más alláde afirmar que en ci caso típico, normal, van unidas normas ju-rídicas de tipo diverso. Esto es así, porque tanto un tribunal co-mo una legislatura, que aparecen en ese breve esquema corno ele-mentos típicos de un sistema jurídico normal o común, son a suvez creaciones del derecho. Sólo cuando hay ciertos tipos de flor-mas jurídicas que acuerdan a los hombres jurisdicción para deci-dir casos y autoridad para dictar reglas se constituye un tribunalO una legislatura. Esta manera breve de tratar el problema, que se limita a re-cordar las convenciones existentes que rigen el uso de las expre. —6—
18. siones "derecho" y "sistema jurídico", es, por lo tanto, inútil. Ob-viamente lo mejor es posponer toda respuesta a la pregunta "quées derecho?" hasta que descubramos qué es lo que realmente hadesconcertado a quienes la han hecho o tratado de contestar, auncuando su familiaridad con el derecho y su capacidad para reco-nocer ejemplos de él sean indiscutibles. Qué más quieren sabery por qué quieren saberlo? Es posible dar algo así como una res-puesta general a esta pregunta. Porque hay ciertos temas prin-cipales recurrentes que han formado un foco constante de argu-mento y de contra-argumento acerca de la naturaleza del dere-cho, y provocado afirmaciones exageradas y paradójicas sobre elmismo, tales como las que ya hemos citado. La especulación so-bre la naturaleza del derecho tiene una historia larga y compli-cada; sin embargo en visión retrospectiva se advierte que se hacentrado en forma casi continua en unas pocas cuestiones prin-cipales. Estas no fueron elegidas o inventadas gratuitamente paraplacer de la discusión académica; ellas se refieren a aspectos delderecho que, en todo tiempo y en forma natural, parecen darorigen a equívocos, de modo que la confusión y la consiguientenecesidad de una mayor claridad acerca de ellos puede coexistir,aún en los espíritus de pensadores profundos, con un firme do-minio y conocimiento del derecho. 2. TRES PROBLEMAS RECURRENTES Distinguiremos aquí tres de esos principales problemas recu-rrentes, y mostraremos después por qué ellos se presentan juntosbajo la forma de la exigencia de una definición del derecho ode una respuesta a la pregunta "qué es derecho?", o a preguntasestructuradas más oscuramente, tales como "cuál es la natura-leza (o la esencia) del derecho?". Dos de estos problemas surgen de la manera siguiente. Lacaracterística general más destacada del derecho, en todo tiempoy lugar, es que su existencia significa que ciertos tipos de con-ducta humana no son ya optativos sino obligatorios, en algúnsentido. Sin embargo, esta característica aparentemente simple —7—
19. no lo es en realidad, porque dentro de la esfera de la conductano optativa u obligatoria podemos distinguir diversas formas. Elsentido primero, y el más simple, en que la conducta no es ya op-tativa, se presenta cuando un hombre se ve forzado a hacer lo queotro le dice, no porque sea compelidó físicamente en el sentido deque se actúa sobre su cuerpo, sino porque el otro lo amenaza conconsecuencias desagradables si se rehusa a hacer lo que éste quie-re. El asaltante ordena a su víctima entregarle el bolso y le ame-naza con disparar sí no lo ha!e; si la víctima cumple, aludimosa la manera en que fue forzada a hacerlo diciendo que se vioobligada a ello. A algunos les ha parecido claro que esta situa-ción en que una persona da a otra una orden respaldada poramenazas, y, en este sentido de "obligar", la obliga a cumplir,muestra la esencia del derecho, o, por lo menos, "la clave de laciencia de la jurisprudencia". Este es el punto de partida del aná-lisis de Austin que tanto ha influido en la teoría jurídica inglesa. Es por cierto indudable que, a menudo, un sistema jurídicopresenta, entre otros, este aspecto. Una ley penal que declaraque cierta conducta es delito y especifica la pena para el trans-gresor, puede asemejarse a la situación del asaltante en escalamayor;, y podemos pensar que la única diferencia es relativamen-te pequeña, a saber, que en el caso de las leyes las órdenes estándirigidas, por lo común, a un grupo que habitualmente las obe-dece. Pero por atractiva que pueda parecer esta reducción de loscomplejos fenómenos del derecho a este elemento simple, se havisto, cuando se la examina más de cerca, que constituye una de-formacióri y una fuente de confusión aun en el caso de una leypenal, en el que un análisis en estos términos simples pareceser más plausible. ¿En qué difieren, pues, el derecho y la obli-gación jurídica de las órdenes respaldadas por sanciones y cómoestán relacionados con ellas? Este ha sido, en todo tiempo, unproblema cardinal, latente en la pregunta "qué es derecho?".. Un segundo problema semejante surge de una segunda ma- 6 .Austin, op. cit., Conferencia 1, p. 13. Austin añade "y de la moral". —8---
20. nera en que conducta puede ser no optativa sino obligatoria.Las reglas morales imponen obligaciones y excluyen ciertas áreas de conducta de la libre elección del individuo para comportarse como le place. Tal como un sistema jurídico contiene obviamen- te elementos estrechamente conectados con los casos simples deórdenes respaldadas por amenazas, así, en forma igualmente ob-via, contiene elementos estrechamente conectados con ciertos as-pectos de la moral. En ambos casos por igual es difícil identificar cuál es la relación precisa y estamos inclinados a ver en la co-nexión claramente cercana una identidad. No sólo el derecho yla moral comparten un vocabulario, de modo que puede hablarsede obligaciones, derechos y deberes morales y jurídicos; tambiéntodos los sistemas jurídicos nacionales reproducen la sustancia deciertas exigencias morales fundamentales. El asesinato y el usoirresponsable de la violencia no son sino los ejemplos más obviosde la coincidencia entre las prohibiciones del derecho y la moral.Además, hay una idea, la de justicia, que parece unir amboscampos: es al mismo tiempo una virtud especialmente adecuadaal derecho y la más jurídica de las virtudes. Hablamos de "justi- cia de acuerdo con el derecho", y también de la justicia o injus-ticia de las normas de derecho. Estos hechos sugieren el punto de vista de que el derecho esentendido mejor como una "rama" de la moral o de la justicia yque es su congruencia con los principios de moral o justicia, yno el hecho de que constituye un cuerpo de órdenes y amenazaslo que hace a su "esencia". Esta es la doctrina característica no só-lo de las teorías escolásticas del derecho natural sino de cierta teo-ría jurídica contemporánea que critica al "positivismo" jurídicoheredado de Austin. Sin embargo, también aquí las teorías quellevan a cabo esta estrecha asimilación del derecho a la moral, confrecuencia parecen confundir, en último término, uno y otro ti-po de conducta obligatoria, y dejar un lugar insuficiente para lasdiferencias de especie entre las reglas morales y las jurídicas ypara las divergencias en sus requerimientos. Estas son por lo me-nos tan importantes como las semejanzas y convergencias quetambién podemos hallar. Así, la afirmación de que "una norma —9—
21. jurídica injusta no es una norma jurídica" 7 , suena tanto a exage-ración y a paradoja, s1no a falsedad, como "las leyes no son de-recho", o "el derecho constitucional no es derecho". Es peculiar dela oscilación entre extremos, que caracteriza a la historia de lateóría jurídica, que aquellos que han visto en la estrecha asimila-ción entre el derecho y la moral nada más que una inferenciaequivocada del hecho de que uno y otra comparten un vocabula-rio común de derechos y deberes, hayan protestado contra ello entérminos igualmente exagerados y paradójicos. "Las profecíasde lo que los tribunales harán ele hecho, y no otra cosa más ambi-ciosa, es lo que entiendo por derecho" 8• El tercer problema principal que en forma perenne incita a.preguntar "qué es derecho?" es más general. A primera vistapuede parecer que el enunciado de que un sistema jurídico con-siste, por lo menos en general, en reglas, no podría haber sidopuesto en duda ni considerado difícil de entender. Tanto aque-llos para quienes la clave de la comprensión del derecho se en-cuentra en la noción de órdenes respaldadas por amenazas, comoaquellos que la ven en su relación con la moral o la justicia, ha-blan del derecho como algo que contiene reglas, si no está com-puesto principalmente de ellas. Sin embargo, la insatisfacción,la confusión y la falta de certeza acerca de esta noción aparen-temente no problemática, se encuentra en la base de buena par-te de la pçrplejidad sobre la naturaleza del derecho. ¿Qué sonlas reglas?; ¿qué significa decir que una regla existe?; ¿los tribuna-les aplican realmente reglas o sólo fingen hacerlo? Una vez quela noción es cuestionada, y lo ha sido especialmente en la teoríajurídica de este siglo, aparecen las mayores divergencias de opi-nión. De ellas hablaremos rápidamente aquí. Es cierto que hay reglas de tipos muy diferentes, no sólo enel sentido obvio de que además de las reglas jurídicas hay reglasde etiqueta y de lenguaje, reglas de juegos y reglamentos de clubs,sino en el sentido menos obvio de que aun dentro de cualquiera "Non videtur esse lex quae justa non fuerit": San Agustín 1, De Li-bero Arbitrio, 5; Santo Tomás, Summa Theologica, Pr. XCV, Arts. 2,4. 8 Holmes, loe. cit. - lo-
22. de estas esferas, las llamadas reglas pueden surgir de maneras di- ferentes y tener relaciones muy distintas con la conducta a que se refieren. Así, incluso dentro del derecho, algunas reglas son creadas por vía legislativa; otras no son creadas mediante ningún acto deliberado. Más importante aún es esto: algunas reglas son obligatorias en el sentido de que exigen que la gente se com- porte de ciertas maneras, por ejemplo, absteniéndose de la vio, lencia o pagando impuestos, lo desee o no; otras reglas, tales como las que prescriben el procedimiento, las formalidades y las con- diciones para la celebración de matrimonios, otorgamiento de testamentos o realización de contratos, indican lo que la gente de- be hacer para llevar a la práctica sus deseos. El mismo contraste que existe entre estos dos tipos de reglas se advierte entre aquellas reglas de un juego que proscriben ciertos tipos de conducta bajo penalidad (por ejemplo, el juego brusco o la falta de considera- ción al árbitro), y aquellas que especifican lo que hay que ha- cer para convertir un tanto o para ganar. Pero aún dejando a un lado por el momento esta complejidad, y considerando sólo el primer tipo de reglas (que son típicas del derecho criminal), en- contramos, incluso entre los autores contemporáneos, la más am-plia divergencia de opinión sobre qué significa afirmar que unaregla de este tipo obligatorio simple existe. Algunos creen, enverdad, que la noción es misteriosa al extremo. La primera explicación de la idea aparentemente simple deregla obligatoria que, quizás naturalmente, nos sentimos incli-nados a dar, tiene que ser abandonada pronto. Es la que sostieneque decir que existe una regla sólo significa que un grupo depersonas, o la mayor parte de ellas, se comporta "como regla", esdecir, generalmente, de una determinada manera similar en cier-tos tipos de circunstancias. Así, afirmar que en Inglaterra hayuna regla que dice que un hombre no debe usar sombrero enla iglesia, o que debemos ponernos de pie cuando se ejecuta "GodSave the Queen", sólo significa, según esta versión del proble-ma, que la mayor parte de la gente generalmente hace estas co-sas. Es patente que esto no basta, aunque trasmite parte de loque se quiere decir. Puede existir una simple convergencia de — 11 —
23. conducta entre los miembros de un grupo social (todos pueden beber té regularmente a la hora del desayuno o ir al cine una vez por semana) y, sin embargo, puede no haber regla que loexija. La diferencia entre las dos situaciones sociales, la de me- ra conducta convergente y la de existencia de una regla social, se muestra también en el plano linguístico. Al describir la últi- ma podemos, aunque no es necesario, usar ciertas palabras queserían equívocas si sólo se intetara afirmar la primera. Estas son las expresiones "tener que" ("lnust"), y "deber" ("should o "ought to"), que a pesar de sus diferencias comparten ciertas fun- ciones comunes al indicar la presencia de una regla que exigecierto comportamiento. En Inglaterra no hay ninguna regla quediga que todos tienen que, o deberían, o deben ir al cine unavez por semana: sólo es verdad que regularmente la gente concu-ire al cine una vez por semana. Pero hay una regla que disponeque los hombres deben estar descubiertos en la iglesia. ¿Cuál es, pues, la diferencia crucial entre la mera conduc-ta convergente habitual en un grupo, y la existencia de una re-gla, de la que a menudo son signo las palabras "tener que" y"deber"? Aquí ciertamente los teóricos del derecho han estadodivididos, en particular en nuestros días, en que diversos factoreshan traído este problema a superficie. En el caso de las reglasjurídicas se ha sostenido a menudo que la diferencia crucial (elelemento de "tener que" o "deber") consiste en el hecho de quelas desviaciones de ciertos tipos de conducta probablemente sus-citarán una reacción hostil, y, si se trata de reglas jurídicas, seráncastigadas por los funcionarios. En el caso de los que pueden serllamados meros hábitos del grupo, como ir una vez por semanaal cine, las desviaciones no dan lugar a castigo, ni aun a reproche.Pero cuando hay reglas que exigen cierta conducta, incluso reglasno jurídicas como la que prescribe que los hombres se descubranen la iglesia, es probable que la desviación produzca una reacciónde ese tipo. En el caso de las reglas jurídicas esta consecuencia pre-decible es precisa y está oficialmente organizada, mientras queen el caso no jurídico, aunque es probable una similar reacción - 12-
24. hostil frente a la desviación, ella no está organizada ni tienecarácter preciso. Claro está que la predecibilidad del castigo es un aspecto importante de las reglas jurídicas; pero no es posible aceptar es-to como una explicación exhaustiva de lo que se quiere decircon el enunciado de que existe una regla social, o como explica-ción exhaustiva del elemento de "tener que" o de "deber" ence-rrado en las reglas. Tal versión predictiva está abierta a muchasobjeciones, pero una en particular, que es aplicable a toda unaescuela de pensamiento jurídico de los países escandinavos, merececuidadosa consideración. Es que si examinamos de cerca la ac-tividad del juez o del funcionario que castiga las desviaciones delas reglas jurídicas (o la de aquellos particulares que censurano critican las desviaciones de las. regla no jurídicas), vemos queen esta actividad las reglas desempeñan un papel que dicha ver-Sión predictiva deja sin explicación alguna. Porque, el juez, al cas-tigar, toma a la regla como guía y a la transgresión como la razóny justificación del castigo al transgresor. El juez no ve: en la re-gla un enunciado que expresa que él y otros probablemente casti-garán las transgresiones, aunque un espectador podría considerar-la precisamente de esta manera. El aspecto predictivo de la re-gla (aunque totalmente real) es irrelevante a los fines del juez,mientras que el status de ella como guía y justificación es esen-ciaL Lo mismo se aplica a las Censuras informales por la transgre-sión de reglas no jurídicas. Ellas tampoco son meras reaccionespredecibles frente a las desviaciones, sino algo que es guiado porla existencia de la regla y que se considera justificado por ésta. Así,decimos que censuramos o castigamos a un hombre porque hainfringido la regla, y no simplemente que era probable que locastigaríamos o censuraríamos. Sin embargo, algunos de los críticos que han insistido en es-tas objeciones a la explicación predíctiva confiesan que hay aquíalgo oscuro; algo que se resiste al análisis en términos fácticos,claros y rigurosos. ¿Qué puede haber en una regla además delcastigo o censura regular, y por ello predecible, a quienes se des-vían de las pautas usuales de conducta, que la distinga de un - 13 -
25. simple hábito del grupo? ¿Puede realmente haber algo por detrás de estos hechos claramente verificables, algún elemento extra, que guía al juez y justifica la pena, o le da alguna razón para aplicar- la? La dificultad en decir cuál es exactamente este elemento ex- tra ha llevado a estos críticos de la teoría predictiva a insistir) a esta altura, en que todo el lenguaje de reglas, y el correspondien- te uso de palabras tales como "tener que" y "deber", está colmado de una confusión que quizás exte su importancia a los ojos de los hombres pero que carece de fundamento racional. Simple- mente pensamos —pretenden esos críticos— que hay algo en la regla que nos obliga a hacer ciertas cosas y que nos guía o justifi- ca al hacerlas, pero esta es una ilusión aunque sea una ilusión útil. Todo 10 que hay, por detrás de los claros hechos verificables de la conducta del grupo y de la reacción predecible ante la des- viación, son nuestros poderosos "sentimientos" que nos compe- len a comportarnos de acuerdo con la regla y a actuar contra aque- llos que no lo hacen. No reconocemos en estos sentimientos lo que ellos en verdad son, sino que imaginamos que hay algo exter- no, alguna parte invisible de la textura del universo, que nos guía y controla en estas actividades. Estamos aquí en el reino de la ficción, con el cual, se dice, el derecho ha estado siempre co-nectado. Sólo porque adoptamos esta ficción podemos hablar so-lemnemente del gobierno de "leyes y no de hombres". Este tipode crítica, cualquiera sean los méritos de sus tesis positivas, exigepor lo menos una elucidación adicional de la distinción entre re- -glas sociales y simples hábitos de conducta convergente. Esta dis-tinción es crucial para la comprensión del derecho, y buena partede los primeros capítulos de este libro se refiere a ella. El escepticismo respecto del carácter de las reglas jurídicas noha asumido siempre, sin embargo, la forma extrema de condenarla noción misma de regla obligatoria como confusa o ficticia. Enlugar de ello, la forma más dominante de ese escepticismo en losEstados Unidos y en Inglaterra nos invita a reconsiderar el puntode vista de que un orden jurídico en su totalidad o aun princi-palmente consiste en reglas. No cabe duda de que los tribunalesestructuran sus decisiones como para dar la impresión de que ellas - 14—
26. son la consecuencia necesaria de reglas predeterminadas cuyo sig-nificado es fijo y claro. En casos muy simples esto puede ser así;pero en la amplia mayoría de los casos que se ventilan ante lostribunales, ni las leyes ni los precedentes en los que, según sepretende, están contenidas las reglas, permiten un único resul-tado. En los casos más importantes hay siempre una elección. Eljuez tiene que optar entre posibles significados alternativos de laspalabras de una ley, o entre interpretaciones discrepantes de quées lo que "expresa" un precedente. Linicamente la tradición deque los jueces "hallan" y no "crean" el derecho oculta esto, ypresenta sus fallos como si fueran deducciones fácilmente hechasa partir de reglas claras preexistentes, sin que intervenga la elec-ción del juez. Las reglas jurídicas pueden tener un núcleo cen-tral de significado indiscutido, y en algunos casos puede ser difi-cil imaginar un debate acerca del significado de la regla. No pa-rece probable que la cláusula de la sección 9 de la Ley de Tes-tamentos de 1837, que exige dos testigos para un testamento, susci-te problemas de interpretación. Sin embargo todas las reglas po-seen una penumbra de incertidumbre donde el juez tiene queelegir entre alternativas. Aun el significado de la cláusula apa-rentemente inocente de la Ley de Testamentos que dispone queel testador debe firmar el testamento, puede resultar dudoso enciertas circunstancias. ¿Qué pasa si el testador usó un seudónimo?,¿o si otro guió su mano?, ¿o si escribió únicamente sus iniciales?,¿o si puso su nombre completo, correctamente, sin ayuda de na-die, pero en la parte superior de la primera hoja en lugar de co-locarlo en la parte inferior de la última? En todos estos casos, ¿ha"firmado" según el significado de aquella regla jurídica? Si puede aparecer tanta incertidumbre en humildes esferasdel derecho privado, ¿cuánta más no encontraremos en las gran-dilocuentes frases de una constitución, tales como las EnmiendasV y XIV de la Constitución de los Estados Unidos, que estable-cen que nadie será "privado de la vida, de la libertad, o de la pro-piedad sin debido proceso legal?". Un autor9 ha dicho que el ° J. D. March, "Sociological Jurisprudence Revisited", 8 Stanford LawBeview (1956), p. 518. - 15 -
27. verdadero significado de esta frase es éh realidad plenamenteclaro. Significa: "ningún w será x o y sin z, donde w, x, y, y zpueden asumir cualquier valor dentro de un amplio campo". Pa-ra rematar la historia, los escépticos nos recuerdan que no sólolas reglas son inciertas, sino que la interpretación del tribunal,además de hallarse revestida de autoridad, puede ser definitiva.En vista de todo esto, la concepción del derecho que ve en él esen-cialmente una cuestión de rglas ¿no es acaso una exageración gro-sera, si no un error? Tales pensamientos conducen a la paradójicanegativa que ya hemos citado: "Las leyes son fuentes de derecho,no partes del derecho mismo" 3. DEFINIC1ON He aquí, pues, los tres problemas recurrentes: ¿En qué sediferencia el derecho de las órdenes respaldadas por amenazas, yqué relación tiene con ellas? ¿En qué se diferencia la obligaciónjurídica de la obligación moral, y qué relación tiene con ella?¿Qué son las reglas, y en qué medida el derecho es una cuestiónde regias? El principal propósito de la mayor parte de la especu-lación sobre la "naturaleza" del derecho ha sido eliminar dudasy perplejidades acerca de estas tres cuestiones. Ahora es posiblever por qué esta especulación ha sido usualmente concebida comouna búsqueda de la definición, del derecho, y también por qué almenos las formas familiares de definición han hecho tan pocopara resolver las persistentes dificultades y dudas. La definición,como la palabra lo sugiere, es primariamente una c uestión de tra-zar límites o discriminar entre un tipo de cosa y otro, que el len-guaje distingue mediante una palabra separada. La necesidad detal delimitación es experimentada con frecuencia por quienes es-tán perfectamente habituados al uso cotidiano de la palabra en cuestión, pero no pueden enunciar o explicar las distinciones que,según ellos sienten, dividen un tipo de cosa de otro. Todos nos-otros nos hallamos aveces en esa situación: es fundamentalmente rl 10 Gr2y, loc. cit. - 16 -
28. la del hombre que dice, "Yo puedo reconocer un elefante si loveo, pero no puedo definirlo". La misma situación fue expresa-da en algunas famosas palabras de San Agustín 11 sobre la nociónde tiempo. "Qué es pues tiempo? Si nadie me lo pregunta losé; si deseo explicarlo a alguien que me lo pregunta, no lo sé".Es así que aun juristas avezados han sentido que, aunque conocenel derecho, hay mucho respecto del mismo y de sus relacionescon otras cosas que no pueden explicar y que no entienden ple-namente. Como un hombre que puede dirigirse de un punto aotro de una ciudad familiar pero no puede explicar o mostrar alos demás cómo hacerlo, quienes insisten en una definición ne-cesitan un mapa que exhiba con claridad las relaciones que os-curamente perciben entre el derecho que conocen y otras cosas. A veces en tales casos una definición de una palabra puedeproporcionar tal mapa: puede hacer explícito el principio laten-te que guía nuestro uso de la palabra, y al mismo tiempo puedeexhibir relaciones entre el tipo de fenómenos a los cuales la apli-camos y otros fenómenos. Se dice a veces que la definición es "meramente verbal" o "simplemente acerca de palabras"; peroesto puede ser sumamente equívoco cuando la expresión definida pertenece al uso corriente. Aun la definición de triángulo como "figura rectilínea de tres lados", o la definición de elefante como un "cudrúpedo que se distingue de otros porque posee una piel gruesa, colmillos y trompa", nos instruye en forma muy humilde sobre el uso típico de esas palabras y sobre las cosas a que ellas se aplican. Una definición de ese tipo familiar hace dos cosas a la vez. Simultáneamente suministra un código o fórmula que tra- duce la palabra a otros términos que, se entienden bien, y ubica para nosotros el tipo de cosa a que se refiere la palabra según el uso, indicando las características que comparte con una fami- lia más amplia de cosas y aquellas que la distinguen de otras de la misma familia. Al buscar y hallar tales definiciones "no con- templamos simplemente palabras.... sino también las realidades para hablar acerca de las cuales usamos las palabras. Estamos 11 Confesiones, XIV, 17. - 17—
29. usando una agudizada conciencia de las palabras para agudizar nuestra percepción de los fenómenos"12 Esta forma de definición (per genus et differentuzm) que vemos en el caso simple del triángulo o del elefante, es la más simple y de alguna manera la más satisfactoria, porque nos da una forma de palabras que puede ser siempre colocada en reem- plazo de la palabra definida. Pero no siempre disponemos de ella, y cuando tal cosa ocurre, no es siempre esclarecedora. Su éxito depende de condiciones qe a menudo no se presentan. La prin- cipal entre ellas es que haya una familia más amplia de cosas o genus, cuyo carácter tengamos en claro, y dentro de la cual la definición ubique lo que define; porque obviamente una defini- ción que nos dice que algo es miembro de una familia no puede sernos de ayuda si sólo tenemos ideas vagas y confusas sobre el carácter de la familia. Es esta exigencia la que en el caso del de- recho hace que esta forma de definición sea inútil, porque aquí no hay ninguna categoría general familiar, bien comprendida, que incluya al derecho como miembro. La categoría que se pre- senta en forma más obvia para ser utilizada de esta manera enuna definición del derecho, es la familia general de reglas de con-ducta; sin embargo el concepto de regla, como hemos visto, es tan desconcertante como el de derecho mismo, de tal manera quelas definiciones que comienzan identificando a los preceptos ju-rídicos como una especie de reglas, por lo común no hacen pro-gresar mucho nuestra comprensión de aquél. Por esto, hace fa!-ta algo más fundamental que una forma de definición que seusa con éxito para ubicar alguna clase especial, subordinada, den-tro de alguna clase de cosas general, familiar, bien entendida. Hay, sin embargo, otros obstáculos formidables al uso pro-vechoso de esta forma simple de definición en el caso del derecho.La suposición de que una expresión general puede ser definidade esta manera, descansa en el presupuesto tácito de que todoslos ejemplos a los que ella se aplica tienen características comu- 12 J L. Austin "A P1a for Excuses", Proceedings of the AristotelianSocietv, vol. 57 (1956-7), S. - 18 -
30. nes que son significadas por dicha expresión. Claro está que ya a un nivel relativamente elemental, la existencia de casos margi- nales reclama nuestra atención, y esto muestra que el presupues- to de que los diversos ejemplos de un término general deben poseer las mismas características puede tener carácter dogmá- tico. A menudo el uso ordinario, o aún el uso técnico, de una palabra, es plenamente "abierto", en el sentido de que no prohi- be la extensión del término a casos en los que los que sólo están presentes algunas de las características normalmente concomitan- tes. Esto, tal como ya lo hemos observado, es aplicable al derecho internacional y a ciertas formas de derecho primitivo, de modo que es siempre posible discutir con plausibilidad en favor y en contra de dicha extensión. Lo que es más importante es que, además de tales casos marginales, los diversos ejemplos de un tér- mino general están a menudo unidos entre sí de maneras total- mente diferentes de la postulada por la forma simple de defini-ción. Pueden estar unidos por analogia, como cuando hablamos del "pie" de un hombre y también del "pie" de una montaña. Pueden estar unidos por diferentes relaciones con un elementocentral. Así, se advierte tal principio unificador en la aplicaciónde la palabra "saludable" no sólo a un hombre sino también alcolor de su piel y a sus ejercicios matutinos El segundo es unsigno y los últimos una causa de la primera característica centralO también —y aquí quizás tenemos un principio semejante alque unifica los diversos tipos de reglas que constituyen un sis-tema jurídico— los diversos ejemplos pueden ser partes diferentesde alguna actividad compleja. El uso del adjetivo "ferroviario"aplicado no sólo a un tren sino también a las líneas, a una esta-ción, a un mozo de servicio y a una sociedad anónima, está go-bernado por este tipo de principio unificador. Hay por supuesto muchos otros tipos de definición ademásde la muy simple forma tradicional que hemos examinado, peroparece claro, cuando recordamos el carácter de los tres principa-les problemas que hemos identificado como problemas que sub-yacen a la recurrente pregunta: "qué es derecho?", que nadalo suficientemente conciso como para ser considerado una de- - 19 -
31. finición, puede proporcionarle una respuesta satisfactoria. Las cuestiones subyacentes son demasiado distintas entre sí y dema- siado fundamentales para ser susceptibles de este tipo de so- lución. Esto es lo que muestra la historia de los intentos de dar definiciones concisas. Sin embargo, el instinto que a menudo ha agrupado estas tres cuestiones bajo una única pregunta o pedido de definición, no ha estado mal orientado; porque, como mostra- remos en el desarrollo de Iste libro, es posible aislar y caracteri-zar un conjunto central de elementos que forman una parte co-mún de la respuesta a las tres. Se verá mejor lo que son estos ele- mentos y por qué merecen el papel importante asignado a ellosen este libro, si consideramos primero, en detalle, las deficienciasde la concepción que ha dominado en tan gran medida la teoríajurídica inglesa desde que Austin la expuso. Me refiero a la pre-tensión de que la clave para comprender el derecho ha de ha-llarse en la noción simple de orden respaldada por amenazas, queel propio Austin denominó "mandato" (command). La investi-gación de las deficiencias de esta teoría ocupa los próximos trescapítulos. Al criticarla en primer término, y al diferir para loscapítulos ulteriores la consideración de su principal antagonista,hemos dejado a un lado conscientemente el orden histórico enque se ha desarrollado la moderna teoría jurídica; porque la pre-tensión rival de que se entiende mejor el derecho a través de suconexión "necesaria" con la moral, es una doctrina anterior, queAustin, al igual que Bentham antes que él, tomó como objetoprincipal de ataque. Nuestra excusa para este trato a-histórico, si esque ella hace falta, es que los errores de la teoría simple del im-perativo son un índice mejor de la verdad que los de las máscomplejas teorías rivales. En varios lugares de este libro el lector encontrará discu-siones de los casos marginales que han hecho dudar a los ju-ristas respecto de la aplicación de las expresiones "derecho" o"sistema jurídico", pero la solución sugerida a esas dudas, quetambién encontrará aquí, es sólo una preocupación secundariade este libro. Porque su propósito no es dar una definición dederecho, en el sentido de una regla según la cual se puede poner - 20 -
32. a prueba la corrección del uso de la palabra; su propósito es haceravanzar la teoría jurídica proporcionando un análisis más ela-borado de la estructura distintiva de un sistema jurídico nacional,y una mejor comprensión de las semejanzas y diferencias entreel derecho, la coerción y la moral, como tipos de fenómenossociales. El conjunto de elementos identificados en el curso delexamen crítico de los próximos tres capítulos y descriptos en de-talle en los capítulos V y VI, sirven este propósito en las ma-neras que quedarán demostradas en el resto del libro. Por estarazón ellos son tratados como los elementos centrales del con-cepto de derecho, que tienen primordial importancia en su elu-cidación. —21-
33. áq 1
34. U CAPÍTULO II NORMAS JURIDICAS, MANDATOS Y ORDENES 1. VARIEDADES DE IMPERATIVOS El intento más claro y más completo de analizar el conceptode derecho en términos de los elementos aparentemente simplesde mandatos y hábitos, fue el que realizó Austin en The Pro- incc of Jurisprudence Determined. En este capítulo y en los dospróximos expondremos y criticaremos una posición que, en losubstancial, es igual a la doctrina de Austin, pero que probable-mente se diferencia de ella en ciertos puntos. Porque nuestrointerés principal no está en Austin, sino en las credenciales decierto tipo de teoría que ejerce una atracción perenne cuales-quiera puedan ser sus defectos. Por tal razón, en los casos en queel significado de Austin es dudoso o cuando sus opiniones pare-cen contradictorias, no hemos vacilado en prescindir de uno uotras, y en enunciar una posición clara y coherente. Además,cuando Austin se limita a sugerir las maneras de responder a lascríticas, las hemos desarrollado (en parte según las líneas se-guidas por teóricos posteriores tales como Kelsen) para asegurarque la doctrina que consideraremos y criticaremos sea enuncia-da en su forma más fuerte. En muchas diferentes situaciones de la vida social una per-sona puede expresar el deseo de que otra haga o se abstenga dehacer algo. Cuando este deseo se expresa no como una mera in-formación interesante o como una auto-revelación deliberada,sino con la intención de que la otra persona actúe de conformi-dad con el deseo expresado, es usual en inglés y en muchos otrosidiomas, aunque no necesario, valerse de una forma linguistica - 23 -
35. especial llamada el modo imperativo, «jVáyase a su casa!", «¡Ven- ga aquí!", "Deténgase!", "No lo mate!". Las situaciones socia- les en que nos dirigimos a los demás en forma imperativa son di- versas al extremo; sin embargo incluyen algunos tipos principales que se repiten, cuya importancia está señalada por ciertas clasi- ficaciones familiares. "Páseme la sal, por favor", es por lo común un simple pedido, puesto que normalmente esta expresión va dirigida a alguna personaue está en posición de prestar un ser- vicio a quien la emite, y no sugiere un gran apuro ni da a en- tender qué puede ocurrir en caso de que el otro no acceda. La expresión "no me mate" sería normalmente formulada como una súplica, cuando la persona que la profiere está a merced de otra, o ésta puede librarla o sacarla de una situación riesgosa. La expresión "no se mueva", por su parte, puede ser una adver- tencia si quien la formula conoce la existencia de algún peligro inminente para el otro (por ejemplo una serpiente en la hier- ba) que puede evitarse• si éste se queda quieto. Las variedades de situación social en que las formas impera- tivas del lenguaje se usan característicamente, aunque no en for- ma invariable, no sólo son numerosas sino que no se distinguenentre sí con precisión; y palabras tales como "súplica", "pedido" o"advertencia" sirven sólo para hacer unas pocas discriminacionestoscas. La más importante de estas situaciones es aquélla parala cual la palabra "imperativo" parece especialmente apropiada.Es la que ilustra el caso del asaltante que le dice al empleadodel banco "Entrégueme el dinero o disparo". Su nota distintivaque nos lleva a decir que el asaltante ordena al empleado, y nosimplemente le pide, y menos todavía le su plica, que le entregueel dinero, es que para asegurar el cumplimiento de sus deseosexpresados, el primero amenaza con hacer algo que-un hombrenormal consideraría dañoso o desagradable, y de esa manera n&entregar el dinero se torna una conducta sustancialmentemenos preferible para el empleado. Si el asaltante tiene éxito,describiremos lo ocurrido diciendo que coaccionó al oficinista, y que éste estuvo, en este sentido, en poder de aquél. Entales casos pueden surgir difíciles cuestiones lingüísticas: po- - 24—
36. dríamos decir con propiedad que el asaltante ordeno al emplea-do entregarle el dinero y que el último le obedeció, pero sería enalguna medida equívoco expresar que el asaltante dio una ordenal empleado, puesto que esta frase, que tiene resonancias mili-tares, sugiere que hay algún derecho o autoridad para dar órde-nes, cosa que falta en nuestro caso. Sería completamente na-tural, empero, decir que el asaltante dio a uno de sus secuacesla orden de que vigilara la puerta. No es necesario que nos detengamos aquí en estas sutilezas.Aunque a menudo las palabras "orden" y "obediencia" puedenparecer ligadas a una cierta sugestión de autoridad y respeto,usaremos las expresiones "órdenes respaldadas por amenazas" y"órdenes coercitivas" para aludir a órdenes que, como la delasaltante, están apoyadas únicamente en amenazas, y utilizare-nios palabras "obediencia" y "obedecer" para referirnos alcumplimiento de tales órdenes. Sin embargo, es importante ad-vertir, aunque más no sea que por la gran influencia que sobrelos juristas ha tenido la definición de Austin de la noción demandato (command), que la situación simple en que se empleala amenaza del daño, y nada más que ella, para forzar la obedien-cia, no es la situación en que naturalmente hablamos de "man-datos" ("conimands"). Esta palabra, que en inglés no es muycomún fuera de los contextos militares, lleva consigo implicacio-nes muy fuertes de que existe una organización jerárquica dehombres, relativamente estable, como un ejército O un cuerpode discípulos, en la que el "comandante" ocupa una posición depreeminencia. Típicamente es el general (y no el sargento)quien comanda y da mandatos, aunque se usan estos tér-minos para aludir a otras formas de preeminencia especial, co-mo cuando en el Nuevo Testamento se dice que Cristo mandaa sus discípulos. Más importante —porque ésta es una distincióncrucial entre formas diferentes de "imperativos".— es el punto deque cuando se da un mandato no es menester que haya una ame- El autor alude a ciertas implicaciones de la palabra inglesa ,command,que he traducido pçr "mandato". No parece que esta última palabra tenga, enespañol, el mismo halo de sugerencias. (N. del T.). —25 -
37. naza latente de daño para el supuesto de desobediencia. Mandares característicamente ejercer autoridad sobre hombres, no elpoder de causar daño, y aunque puede ir combinado con ame-nazas de daños, un mandato no es primariamente una apelaciónal miedo sino al respeto a la autoridad. Es obvio que la idea de un mandato con su muy fuerte co-nexión con la autoridad está mucho más cerca de la idea de dere-cho que la orden respaldada por amenazas de nuestro asaltante,aunque ésta es un ejemplo de lo que Austin, que no toma encuenta las distinciones hechas en el último párrafo, llama equí-vocamente mandato. La noción de mandato, sin embargo, estádemasiado cerca del derecho para nuestro propósito; porque elelemento de autoridad involucrado en el derecho ha sido siempreuno de los obstáculos en el camino de cualquier explicación fá-cil de lo que el derecho es. Por lo tanto no podemos usar prove-chosamente la noción de mandato en la elucidación del derecho,pues ella también implica dicho elemento. Es ciertamente unavirtud del análisis de Austin, cualesquiera sean sus defectos, que adiferencia del elemento de autoridad, los elementos de la situa-ción del asaltante no son en sí oscuros ni precisan mucha explica-ción; por ello es que seguiremos a Austin en un intento de cons-truir a partir de allí la idea de derecho. No esperaremos, sinembargo, como esperaba Austin, tener éxito, sino, en cambio,sacar una lección de nuestro fracaso. 2. EL DERECHO COMO ORDENES COERCITIVAS Aun en una sociedad grande y compleja, como la de un es-tado moderno, hay ocasiones en las que un funcionario, caraa cara con un individuo, le ordena haceralgo. Un policía ordenadetenerse a un determinado conductor, o moverse a un determi-nado mendigo. Pero estas situaciones simples no son, y no po-drían ser, la forma típica en que funciona el derecho, aunquemás no sea que por la razón de que ninguna sociedad podríamantener el número necesario de órganos para asegurar que cadauno de sus miembros sea informado, en forma oficial y separada, - 26 -
38. de cada uno de los actos que debe realizar. En lugar de ello,tales formas particularizadas de control, o bien son excepcionales,o bien constituyen complementos auxiliares o refuerzos de for-mas generales de directivas, que no nombran a individuos par-ticulares, no están dirigidas a ellos, y no indican un acto particu-lar a ser realizado. De aquí que la forma típica, incluso de unaley criminal (que de todas las variedades de normas jurídicas esla que más se asemeja a una orden respaldada por amenazas),es general de dos maneras; indica un tipo general de conductay se aplica a una clase general de personas de quienes se espe-ra que adviertan que rige para ellas y que cumplan con lo pres-cripto. Las directivas oficiales individualizadas, cara a cara, ocu-pan aquí un lugar secundario: si las directivas primarias genera-les no son obedecidas por un individuo particular, los funciona-rios pueden recordárselas y exigirle que las acate, tal como haceun inspector de impuestos, o la desobediencia puede identificar-se y documentarse oficialmente, y el castigo amenazado ser im-puesto por un tribunal. Por lo tanto, en forma primaria, aunque no exclusiva, elcontrol jurídico es un control mediante directivas que en este do-ble sentido son generales. Esta es la primera característica quetenemos que añadir al modelo simple del asaltante, para que re-produzca las características del derecho. El campo de las perso-nas afectadas y la manera en que dicho campo es establecido pue-den variar con los distintos sistemas jurídicos y aun con normasdiferentes. En un estado moderno se entiende usualmente que afalta de indicaciones especiales que amplíen o reduzcan la clase,sus normas jurídicas generales se aplican a todas las personasque se encuentren dentro de sus límites territoriales. En el dere-cho canónico, se entiende, de modo semejante, que normalmentetodos los miembros de la Iglesia se encuentran sometidos a suderecho, salvo cuando se indica una clase más limitada. En to-dos los casos el campo de aplicación de una norma es una cues-tión de interpretación de la regla particular, sobre la base dedichos entendimientos generales. Vale la pena hacer notar aquí queaunque los juristas, entre ellos Austin, a veces hablan de que - 27 -
39. las normas jurídicas se dirigen a clases de personas, esto es en- gañoso en cuanto sugiere un paralelo con la situación cara a cara que realmente no existe, y que no está en la intención de quienes se expresan de ese modo. Ordenar a los demás que hagan ciertas cosas es una forma de comunicación e implica realmente dirigirse a ellos, es decir, atraer su atención o hacer lo necesario para atraerla, pero dictar normas jurídicas para los demás, no. Así el asaltante, mediante una única expresión, "Entrégueme esos billetes", expresa su deseo de que el empleado haga algo, y a la vez se dirige efectivamen a éste, es decir, hace lo que normal- mente basta para llevar esa expresión a la atención del último. Si no hiciera lo segundo y se limitara a decir las mismas pala- bras en una habitación vacía, no se habría dirigido al empleado en modo alguno, y no le habría ordenado hacer algo: podríamos describir la situación expresando que el asaltante se ha limitado a decir las palabras "entrégueme esos billetes". En este aspecto, dictar normas jurídicas difiere de ordenar a los demás hacer co- sas, y tenemos que tener en cuenta esta diferencia al usar esta idea simple como un modelo para el derecho. Puede ciertamente ser deseable que las normas jurídicas sean puestas en conocimiento de aquellos a quienes se aplican, inmediatamente después de ser dictadas. El propósito del legislador al crear normas se frustaría sí no se procediera así en la generalidad de los casos, y los sistemas jurídicos disponen comúnmente, mediante reglas especiales sobre promulgación, que tal cosa se lleve a cabo. Pero las normas jurí- dicas pueden ser completas en cuanto tales antes de ser publica-das y aunque no se las publique. En ausencia de reglas espe-ciales en contrario, las normas jurídicas son válidamente creadasaún cuando las personas afectadas por las mismas tengan queaveriguar por su cuenta qué normas han sido dictadas y quiénesson los afectados por ellas. Los que aluden a que las normasjurídicas están "dirigidas" a ciertas personas, quieren decir usualmente que éstas son las personas a quienes la norma particular 1 Dirigidas a toda la comunidad% Austin, op cit., p 22 - 28 -
40. se aplica, es decir, aquellas de quienes se exige un cierto compor-. tamiento. Si usamos aquí la palabra "dirigidas", podemos pasar por alto una diferencia importante entre dictar una norma jurí- dica y dar una orden cara a cara, y a la vez podemos confun- dir estas dos preguntas diferentes: "aa quién se aplica la norma?" y "aa quién se ha hecho conocer la norma?". Además de la introducción de la característica de generali- dad, es menester introducir un cambio más fundamental en la situación del asaltante, si es que hemos de tener un modelo plau- sible de la situación en que hay derecho. E5 verdad que en cierto sentido el asaltante tiene un ascendiente o superioridad sobre el oficinista; el mismo radica en su temporaria posibilidad de for- mular una amenaza, que puede muy bien ser suficiente para ha- cer que el oficinista realice el acto particular que se le ordena. No hay otra forma de relación de superioridad e inferioridad en- tre los dos hombres, salvo esta brevísima relación coercitiva. Pe- ro para los fines del asaltante esto puede bastar: porque la sim- ple orden cara a cara "entrégueme esos billetes o dispararé" se agota con la emergencia. El asaltante no da al oficinista (aun-que bien puede dárselas a los secuaces de su banda) órdenes per- manentes a ser seguidas de tiempo en tiempo por clases de per-sonas. Las normas jurídicas, sin embargo, tienen en grado pre-eminente esta característica de "permanencia" o persistencia.De aquí que si hemos de usar la noción de órdenes respaldadaspor amenazas como explicatoria de lo que son las normas jurídicas,tenemos que tratar de reproducir este carácter de perdurabilidadque ellas exhiben. Es menester suponer, por lo tanto, que aquellos a quieneslas órdenes generales se aplican sustentan la creencia generalde que probablemente a la desobediencia seguirá la ejecución dela amenaza, no sólo en la primera promulgación de la orden, sinoContinuamente hasta que la orden sea revocada o cancelada. Pue-de decirse que esta creencia continua en las consecuencias dela desobediencia mantiene vivas o "en pie" las órdenes originales,aunque, como veremos más tarde, el análisis de la nota de per-sistencia del derecho en estos términos simples presenta dificulta- - 29 -
41. des. Por supuesto, para que exista una creencia general de estetipo en la probabilidad continuada de la ejecución de la amena-za, puede exigirse de hecho la concurrencia de muchos factoresque no podrían ser reproducidos en la situación del asaltante. Esposible que el poder para llevar a cabo amenazas unidas a talesórdenes permanentes, que afectan gran número de personas, sólopueda existir de hecho, y sólo se lo pueda concebir como existen-te, si se sabe que un número considerable de habitantes estándispuestos a obedecer voluntariamente, es decir con independen-cia del temor a las amenas, y a cooperar en la ejecución de éstascontra quienes desobedezcan. Cualquiera sea ci fundamento de esta creencia general enla probabilidad de la ejecución de las amenazas, tenemos quedistinguirla de una característica necesaria adicional que hay queagregar a la situación del asaltante para que ella se aproxime ala situación estable en que indiscutiblemente hay derecho. Debe-mos suponer que, cualquiera sea el motivo de ello, la mayor par-te de las órdenes son más frecuentemente obedecidas que desobe-decidas por la mayor parte de las personas afectadas. Llamaremosa esto, siguiendo a Austin, un "hábito general de obediencia", yadvertiremos, con dicho autor, que, al igual que muchos otros as-pectos del derecho, ésta es una noción esencialmente vaga o im-precisa. El problema de saber cuánta gente tiene que obedecer,cuántas de esas órdenes generales tienen que ser obedecidas y du-rante cuánto tiempo tienen que serlo, para que haya derecho, estan poco susceptible de respuesta precisa como la pregunta sobreel número de cabellos que debe tener un hombre para no ser cal-vo. Sin embargo en este hecho de la obediencia general se en-cuentra una distinción crucial entre las normas jurídicas y el casosimple originario de la orden del asaltante. La mera ascendenciatemporaria de una persona sobre otra es naturalmente concebidacomo la antítesis polar del derecho, que tiene un carácter relativa-mente permanente y establecido; por cierto que en la mayor partede los sistemas jurídicos ejercer un poder coercitivo tan breve co-mo el ejercido por el asaltante constituiría un delito del derechocriminal. Queda por ver, en verdad, si esta noción simple, aun- - 30 -
42. que confesadamente vaga, de la obediencia general habitual a las órdenes generales respaldadas por amenazas, basta realmente para reproducir el carácter estable y la continuidad que los sistemas ju- iidicos poseen. El concepto de órdenes generales respaldadas por amenazas dadas por alguien que generalmente es obedecido, que hemos construido mediante adiciones sucesivas a la situación simple del caso del asaltante, se aproxima obviamente más a una ley per.aI sancionada por la legislatura de un estado moderno, que a cual- quier otra variedad de derecho. Porque hay tipos de normas jurí- dicas que parecen prima facie muy diferentes de tales )eyes pena- les, y más adelante tendremos que ocuparnos de la pretensión de que también estas otras variedades de derecho, a pesar de las apa-riencias en contrario, sólo son en realidad versiones complicadas oencubiertas de aquella misma forma. Pero incluso para reproducirlas características de una ley penal en nuestro modelo construidode órdenes generales obedecidas generalmente, algo más hay quedecir acerca de la persona que da las órdenes. El sistema jurídicode un estado moderno está caracterizado por un cierto tipo desupremacía dentro de su territorio y de independencia respecto deotros sistemas, que todavía no hemos reproducido en nuestromodelo simple. Estas dos nociones no son tan simples como pue-den parecer, pero lo esencial de ellas desde el punto de vista de)sentido común (que quizás no resulte adecuado) puede ser ex-presado como sigue: el derecho inglés, el derecho francés, el de-iecho de cualquier país moderno, regula la conducta de pobla-ciones que habitan territorios con límites geográficos bastantebien definidos. Dentro del territorio de cada país puede habermuchas diferentes personas o conjuntos de personas que dan ór-denes generales respaldadas por amenazas y que reciben obedien-cia habitual. Pero debemos distinguir algunas de estas personaso cuerpos (por ejemplo, el London County Council o un ministroque ejerce lo que llamamos poderes de legislación delegados) co-mo órganos subordinados, por oposición a la Reina en Parlamento,que es suprema. Podemos expresar esta relación en la simple ter-minología de los hábitos, diciendo que mientras que al crear - 31 -
43. normas jurídicas la Reina en Parlamento no obedece a nadie ha-bitualmente, los órganos subordinados se mantienen dentro delímites kgislativamente prescriptos, y de esa manera puede de-cirse que al crear normas jurídicas son agentes de la Reina enParlamento. Si ellos no actuaran así no tendríamos en Inglaterraun sistema de derecho, sino una pluralidad de sistemas; mientrasque en la realidad, precisamente porque la Reina en Parlamentoes en este sentido suprema con relación a todas las restantes per-sonas en el territorio, y los otros cuerpos no lo son, tenemos enInglaterra un sistema úico, en el que podemos distinguir unajerarquía de elementos supremos y subordinados. La misma caracterización negativa de la Reina en Parlamen-to, como no obedeciendo habitualmente las órdenes de otros, de-fine en forma tosca la noción de independencia que usamos alhablar de los distintos órdenes jurídicos de los diferentes países.La legislatura suprema de la Unión Soviética no tiene el hábitode obedecer a la Reina en Parlamento, y cualquier cosa que laúltima sancionara sobre los asuntos soviéticos (aunque podríaconstituir parte del derecho de Inglaterra) no sería parte del de-recho de la Unión Soviética. Lo sería únicamente si la Reina enParlamento fuese habitualmente obedecida por la legislatura dela Unión Soviética. En esta versión simple, que más tarde examinaremos en for-ma crítica, dondequiera haya un sistema jurídico es menester que exista alguna persona o cuerpo de personas que emitan órde-nes generales respaldadas por amenazas y que esas órdenes seangeneralmente obedecidas, y tiene que existir la creencia generalde que estas amenazas serán probablemente hechas efectivas en el supuesto de desobediencia. Esa persona o cuerpo debe ser in- ternamente supremo y externamente independiente. Si, deacuerdo con Austin, llamamos "soberano" a tal persona o cuerpode personas supremo e independiente: las normas jurídicas decualquier país serán las órdenes generales respaldadas por ame-nazas dictadas por el soberano o por los subordinados que obe-decen a aquél. —32—
44. CAPÍTULO III LA DIVERSIDAD DE NORMAS JURIDICAS Si comparamos la variedad de tipos diferentes de normas ju-rídicas que aparecen en un sistema moderno, como el derecho in-glés, con el modelo simple de órdenes coercitivas construido enel capítulo anterior, brota una multitud de objeciones. Es patenteque no todas las normas ordenan hacer o no hacer algo. No esengañoso clasificar así normas que confieren a los particulares lapotestad de otorgar testamentos, celebrar contratos o contraermatrimonio, y normas que confieren potestades a funcionarios,por ejemplo, la de decidir litigios a un juez, la de dictar regla-mentos a un ministro, la de aprobar ordenanzas a un consejo de-partamental? Es patente que no todas las normas jurídicas sonlegisladas (enacted), ni todas son la expresión del deseo de alguiencomo lo son las órdenes generales de nuestro modelo. Esto pareceinaplicable a la costumbre, que ocupa un lugar genuino, aunquemodesto, en la mayor parte de los sistemas jurídicos. Es obvioque las normas jurídicas, aun cuando se trate de leyes, que sonnormas deliberadamente creadas, no son necesariamente órdenes dadas a otros. Acaso las leyes no obligan, con frecuencia, a lospropios legisladores? Finalmente es menester que las normaslegisladas, para ser normas jurídicas, expresen realmente los de-seos, intenciones o anhelos efectivos de algún legislador? No se-ría acaso norma jurídica una medida debidamente aprobada, si quienes la votaron no conocían su significado (como seguramente ocurre con más de un artículo de una Ley Financiera inglesa)? Estas son algunas de las más importantes entre las numero- zas objeciones posibles. Parece obvio que habrá que introducir — 33 —
45. alguna modificación al modelo simple original para hacernos car-go de ellas, y puede ocurrir que una vez que hayamos hecho losajustes necesarios, la noción de órdenes generales respaldadas poramenazas resulte transformada en grado tal que no podamos yareconocerla. Las objeciones mencionadas se dividen en tres grupos prin-cipales. Algunas se refieren al contenido de las normas jurídicas,otras a su origen, y otras a su ámbito de aplicación. Los sistemasjurídicos sin excepción parecen, en todo caso, incluir normasque en relación con unoTo más de esos tres aspectos difieren delmodelo de órdenes generales que hemos construido. En el restode este capítulo consideraremos en forma separada estos tres tiposde objeciones. Dejaremos para el próximo una crítica más funda-mental, a saber, la de que, al margen de estas objeciones en razóndel contenido, origen y ámbito de aplicación, toda la concepciónde un soberano independiente y supremo, habitualmente obede-cido, sobre la que descansa el modelo, es equívoca, puesto quepoco hay que concuerde con ella en los sistemas jurídicos reales. 1. EL CONTENIDO DE LAS NORMAS JURIDICAS El derecho penal es algo que obedecemos o desobedecernos;lo que sus reglas exigen es calificado de "deber". Sí desobedece-mos se dice que ha habido una "infracción" al derecho y que loque hemos hecho es jurídicamente "incorrecto" ("wrong"), la"transgresión de un deber", o un "delito" ("offence"). La ley pe-nal cumple la función de establecer y definir ciertos tipos deconducta como algo que debe ser omitido o realizado por aquellosa quienes esa ley se aplica, cualquiera sean los deseos de éstos.La pena o "sanción" que las normas imputan a las infracciones oviolaciones del derecho penal busca crear un motivo para que loshombres se abstengan de esas actividades (aunque la pena puedaservir otro propósito). En todos estos aspectos hay, al menos, unafuerte analogía entre el derecho penal y sus sanciones, por unlado, y las órdenes generales respaldadas por amenazas de nuestromodelo, por el otro. Existe también alguna analogía (a pesar de - 34 -
46. las muchas e importantes diferencias) entre tales órdenes gene- rales y las normas que regulan la responsabilidad extracontractual (law of torts), cuyo objetivo primordial es resarcir a los individuos los daños sufridos como consecuencia de la conducta de otros. También aquí se dice que las reglas que determinan qué tipos de conducta constituyen ilícitos civiles que dan lugar a acciones ju- diciales, imponen a las personas, con prescindencia de sus deseos, "deberes (u "obligaciones") de abstenerse de tal conducta. A ese comportamiento se lo denomina "violación de un deber" y a la indemnización u otros remedios jurídicos, "sanción". Pero exis- ten importantes clases de normas jurídicas respecto de las cuales esta analogía con órdenes respaldadas por amenazas no cabe en absoluto, por cuanto ellas cumplen una función social totalmente distinta. Las reglas jurídicas que definen la manera de realizar contratos, celebrar matrimonios u otorgar testamentos válidos, no exigen que las personas actúen de modos determinados, lo quieran o no. Tales normas no imponen deberes u obligaciones. En lugar de ello, acuerdan a los particulares facilidades para llevar a cabo sus deseos, al otorgarles potestades para crear, mediante ciertosprocedimientos específicos y bajo ciertas condiciones, estructuras de facultades y deberes dentro del cuadro coercitivo del derecho. La potestad así conferida a los individuos para dar forma asus relaciones jurídicas con los demás mediante contratos, tes-tamentos, matrimonios, etc., es uno de los grandes aportes del de-recho a la vida social; y es una característica que queda oscure-cida si se representa a todo el derecho como una cuestión de ór-denes respaldadas por amenazas. La radical diferencia de funciónentre las normas que acuerdan dichas potestades y una ley penalse refleja en muchos de nuestros modos corrientes de hablaracerca de las normas de aquella clase. Al otorgar nuestro testa-mento podemos "cumplir" o no con lo establecido en el artícu-lo 9 de la Ley de Testamentos de 1837, en cuanto al número detestigos. Si no cumplimos, el documento no será un testamento"Válido" que crea derechos y deberes; será un "acto nulo" sin fuerza" o "efecto" jurídicos. Pero aunque sea un acto nulo,nuestra falta de cumplimiento con la cláusula legal no es una - 35 -
47. "infracción" o una "violación" de ninguna obligación o deber, niun "delito" ("offence"), y sería un factor de confusión conce- birla en tales términos. Si examinamos las diversas reglas jurídicas que confierenpotestades a los particulares, veremos que ellas, a su vez, pueden agruparse en tipos diferenciables. Así, tras la potestad para otor-gar testamentos o celebrar contratos hay reglas relativas a la ca-pacidad o condición personal mínima (tal como ser mayor de edad y cuerdo) que deben tener aquellos que ejerciten dicha potestad. Otras reglas dallan la forma y manera en que la po-testad ha de ser ejercida, y determinan si los testamentos o loscontratos pueden ser hechos verbalmente o por escrito, y en esteúltimo caso, cómo han de ser realizados y autenticados. Otrasreglas delimitan la variedad, o el plazo máximo o mínimo de du-ración, de las estructuras de derechos y deberes que los individuospueden crear mediante tales actos jurídicos. Son ejemplos detales reglas las normas de orden público relativas a los contratos,o las reglas contra accumulations en los testamentos o tran-sacciones. Más adelante consideraremos los intentos hechos por losjuristas para asimilar aquellas normas jurídicas que acuerdan fa-cilidades o potestades y expresan "Si quiere hacer esto, esta esla manera de hacerlo", a las leyes penales que, a semejanzade las órdenes respaldadas por amenazas, expresan "Haga esto,lo quiera o no". Aquí consideraremos, empero, una clase adi-cional de normas que también confieren potestades jurídicaspero, a diferencia de las que acabamos de examinar, potestadespúblicas u oficiales y no de naturaleza privada. Se encuentranejemplos de ellas en las tres ramas —judicial, legislativa y admi-nistrativa— en que habitualmente, aunque en forma vaga, sedivide al gobierno. En la terminología del cc»nmon law la palabra accmulation designa lacapitalización continuada di los intereses o frutos de un bien para beneficiofuturo de alguna persona o personas. Las reglas contra acumulations limitan lavoluntad de quien trasmite un bien por acto entre vivos o por testamento, en loque hace a la disponibilidad futura de los intereses o frutos del mismo. (N.del T.). - 36 -
48. Consideremos primero aquellas normas en que se basa el funcionamiento de un tribunal. Algunas de ellas especifican el objeto y contenido de la jurisdicción del juez, o, como suele de- cirse, le dan "potestad para conocer" en ciertos tipos de casos. Otras especifican el modo de designación, las condiciones reque- ridas para ocupar el cargo, y la estabilidad en la función judi- cial. Otras suministran cánones de conducta judicial correctay determinan el procedimiento que debe seguirse ante el tribunal. En la County Coi4rts Act, 1959, en la Court of Criminal Appeat Act,1907, o en el título 28 del United States Code, se encuen- tran ejemplos de tales reglas, que forman algo así como un có-digo judicial. Es beneficioso observar la variedad de cláusulas contenidas en estas leyes para la constitución y funcionamientonormal de un tribunal. Pocas de ellas parecen ser a primera vistaórdenes dadas al juez para que haga o se abstenga de hacer algo;porque si bien no hay razones, por supuesto, para que el dere-cho, mediante reglas especiales, no prohiba a los jueces, bajo, unapena, excederse en la jurisdicción o decidir un caso en el quetengan interés patrimonial, estas reglas que impondrían talesdeberes jurídicos serían adicionales a las que confieren potestadesjudiciales a los jueces y definen su jurisdicción. Porque el obje-to de las reglas que confieren esas potestades no es disuadir a losjueces de realizar actos impropios, sino definir las condiciones ylímites bajo los cuales sus decisiones serán válidas. Es instructivo examinar con cierto detenimiento una cláu-sula típica que especifica la extensión de la jurisdicción de untribunal. Podemos tomar como un ejemplo muy simple el ar- tículo de la County Courts Act (con las reformas de 1959),que acuerda jurisdicción a los tribunales de condado .para cono-cer de las demandas por reivindicación de inmuebles. Su lengua-je, que dista mucho del de las "órdenes", es como sigue: Un tribunal de condado tendrá jurisdicción para conocer y decidir encualquier acción por reivindicación de inmuebles en los casos en que el valoranual neto del inmueble a los fines impositivos no exceda de 100 libras 1• 1 Artículo 48 (1). - 37 -
49. Si el juez de un tribunal de condado excede su jurisdicción al intervenir en un caso de reivindicación de inmuebles de un valor anual superior a las 100 libras, y dicta una decisión res- pecto de ese inmueble, ni él ni las partes en el litigio come- ten un delito (offence). La posición, sin embargo, no es exacta- mente igual a la que se presnta cuando un particular realiza algo que es "nulo" por falta de cumplimiento de una condición esencial para el ejercicio válido de alguna potestad jurídica. Si alguien que tenía la intención de testar omite firmar su testamen- to o procurase dos testigs del acto, lo que escribe carece de sta- tus o efecto jurídico. La decisión de un tribunal no es tratada de esa manera aún cuando exceda claramente la jurisdicción de aquél. Obviamente, es en interés del orden público que la decisión de un tribunal debe tener autoridad de derecho hasta que un tribunal superior declare su invalidez, aún cuando se trate de una decisión que jurídicamente el primero no debió haber dic- tado. Por ello, mientras no sea dejada sin efecto en la alzadapor tratarse de una resolución dictada con exceso de jurisdicción, sigue siendo una resolución jurídicamente efectiva entre lapartes, que será ejecutada. Pero tiene un defecto jurídico: está sujeta (hable) a ser dejada sin efecto o "anulada" ("quashed")en razón de la falta de jurisdicción. Es menester anotar que exis- te una diferencia importante entre lo que en Inglaterra se de-nomina usualmente la "revocación" por un tribunal superior de una resolución dictada por uno inferior, y su "anulación"("quashing") por falta de jurisdicción. Si una resolución es re-vocada, es porque se considera que lo que el tribunal inferior di-jo acerca del derecho aplicable al caso, o acerca de los hechos,es equivocado. Pero la decisión de un tribunal inferior que es"anulada" ("quashed") por falta de jurisdicción puede ser im-pecable en ambos aspectos. No es lo dicho o resuelto por el Juezlo que está mal, sino el hecho de que él lo haya dicho o resuel-to. Ha pretendido hacer algo para Jo que no está jurídicamentecapacitado, aunque otros tribunales pueden estarlo. Pero salvopor la complicación de que, en el interés del orden público, unadecisión emitida con exceso de jurisdicción se mantiene en pie - 38 -
50. hasta que sea "anulada" ("quashed") por un tribunal superior,la conformidad o no conformidad con las reglas de la jurisdic-ción es igual a la conformidad o no conformidad con las reglasque definen las condiciones para el ejercicio válido de las po-testades jurídicas por los particulares. La relación entre la ac-ción conforme con la regla y esta última no es bien expresadacon las palabras "obedecer" y "desobedecer", que se adaptanmejor al caso del derecho penal donde las reglas son análogas alas órdenes. Una ley que confiere potestades legislativas a una autori-dad subordinada ejemplifica igualmente un tipo de regla jurí-dica que no puede, sin deformación, ser asimilada a una ordengeneral. También aquí, como ocurre con el ejercicio de potesta-des privadas, la conformidad con las condiciones especificadaspor las reglas que confieren las potestades legislativas es un pasosemejante a una "jugada" en un juego tal como el ajedrez; tieneconsecuencias definibles en términos de las reglas, y el sistemahabilita a las personas para alcanzar esas consecuencias. La le-gislación es un ejercicio de potestades jurídicas "operativas" oefectivas en la creación de derechos subjetivos y deberes. La noconformidad con las condiciones establecidas por la regla ha-bilitante hace que lo realizado carezca de efectividad y sea, aestos fines, un acto nulo. Las reglas que se encuentran en la base del ejercicio depotestades legislativas son aún más diversas que aquellas enque se basa la jurisdicción de un tribunal, porque en las prime-xas es menester contemplar muchos diferentes aspectos de la le-gislación. Así, algunas reglas especifican la materia sobre la cualpuede ser ejercida la potestad legislativa; otras determinan lascondiciones que deben reunir los miembros del cuerpo legis-lativo o su identidad; otras, la manera y la forma de la legisla-ción y el procedimiento a ser seguido por el cuerpo legislativo.Estas sólo son unas pocas de las cuestiones relevantes; una ojea-da a cualquier ley que, tal como la Municipal Corporations Act,de 1882, confiere y define las potestades de un cuerpo legislativoinferior, revelará muchas más. La consecuencia de la no conformi- - 39 -

References: artículo 172
 Artículo 48
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