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Timestamp: 2016-10-24 07:33:39+00:00

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⭐drnz~~z~:~-:;~::rci- UOGHT' EDTfORlAi Este Libro Fue Digitalizado Por la Biblioteca Luis Ángel Arango Del Banco De la República, Colombia
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1 n _._~~_.:-=::-:::-~:-:: drnz~~z~:~-:;~::rci- UOGHT' EDTfORlAi ;-_ ~~-=:":"==:::~-~~.,:~~...=:,'.~r,,"... '-::", =~-;::: --;""-',: ~....~-h...~ _~~~2 REPÚBLICA DE COLOMBIA-UNIVERSIDAD NACION~ FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POL[TICAS CARLOS FANDIÑo ORTIZ EL CONTRATO DE TRANSACCIOl' Estudio para el torado en Dere4 Ciencias Politic 101 BOGOTÁ - MCMXXIl CASA EDITORIAL DE LA CRUZADA"3 1 Pac.!tad no aprueba ni desaprueba las.opmwnes!s en las tesis; tales opinion~s dl!ben considerarse Tapias de sus autores "..,.d '; (Acuerdo dd Consejo Directivo de la facultad, de 14 de a :0810 de 1919).4 A mis queridos padres, dignos modelos de un hogar cristiano, quienes en medio de sacrificios y con sus nobles ejemplos y cariño, me enseñaron a conocer y a amar la ciencia y la virtud. Ofrenda de afecto, agradecimiento y respeto. A mi tío, el virtuoso y distinguido Canónigo de la Catedral, DOCTOR NEPOMUCENO FANDlfílO C. que a manera de cariñoso padre, no me abandonó nunca con sus buenos consejos y ejemplo En prueba de gratitud y estimación sinceras.5 A mis hermanos. A mis profesores. A todos los míos. Afectuosamente.6 Heotor de la :"aoultad. Doctor José María GOl)zález Valeocia. (-'residente de TesiH. Doctor 19oacio R. Pii)eros. J urndo exarninador : Doctor Miguel Ababía Mél)bez. Doctor José María GOl)zález Valel)cia. Doctor (arios Bravo. Sporetario de la Faoult.nc1. Doctor (Iemel)k Matiz Ferl)ál)bez.7 PROE/W\IO Tres medios diferentes se ofrecen para solucionar la controversia que puede suscitarse entre dos o más personas, por desacuerdo en lo relativo a intereses pecuniarios o de cualquier otro orden: la justicia ordinaria ejercida por el Poder Judicial, vía ésta la más regular; la formación de un Tribunal Arbitral, y el Contrato de Transacción. El estudio, siquiera sea somero, de uno de estos tres puntos, exige, aparte de un serio criterio jurídico, conocimientos superiores y no poca suma de tiempo, cosas ambas que ro siempre están al alcance de quien, para cumplir un precepto reglamentario, ensaya p~r primera vez sus fuerzas en materias de enta monta y de trascendencia social tan evidente como las que a la ciencia jurídica se rdieren. Hemos optado por el tercer punto, o sea el Contrato de Transacción, ya por ser de los menos trajinados y más humanitarios, como por considerar los grandes bienes que su popularización puede traer a los asociados.8 Para mejor inteligencia, dividiremos el presente trabajo en los siguientes capítulos: l.-reseña histórica. n.-definición y naturaleza del contrato de transacción. III.-Su utilidad. IV.-Condiciones requeridas para la validez de la fransa.cfi(m.,., V -Efecfq~ de'jeste c~tltr~{~,; VI. - Nulidad de la transacción. 1.,..'~'",. VII.-Conclusión.9 EL CONTRATO DE TRANSACCION CAPITULO I Resef\a histórica.. l Entr.e los pueblos primitivos. aunque se encuentra ~na noción precisa de,lo justo y de lo recto, no sjempre~u~ perfecta la administraci6n de I~ justicia social, ora por falta de estabilidad y firme organización de sus gobies:,:" nos. como por lo rudimentario de sus conocimiento!> el}.lo tocante a ciencias sociales y políticas. S610 cuando al correr del tiempo, y merced al desarrollo creciente de las colectividades, la autoridad, atenta al bién común, consolidó StJ poder y dividió su acción en las consabidas ralilas legislativa, ejecutiva y judicial, vino a ser menos difícil la administración de justicia. Un estudio atento de la historia y de la evolución que en las varias etapas ha tenido el derecho, nos deja ver cómo no siempre existió una manera constante y uniforme de considerarli:> y aplicar\o, naciendo de esta de,sigualdad como necesaria consecuencia las múltiples con-.troversias en que hasta el dia vienen empeñados los filósofos, y juristas. " En los primeros tiempos., abandonado el hombre a sus propios instintos, sin ley positiva que respalde el10 - 12- derecho, no se conoció otra solución a cualesquiera diferencias, que la ley del más fuerte, el inmoral principio, convertido en costumbre, de la venganza particular transmitida a las futuf3s generaciones, por el que se creía lesionado en sus legítimos derechos. Mas haciéndose pronto insostenible tal estado de cosas, hubo de recurrirse a una ley tal como la del Talión, consignada en el célebre monumento de las Doce Tablas que sirvieron de base a posteriores legislaciones. La facultad de dirimir las controversias suscitadas entre los miembros de la familia o de la tribu se confió, primeramente, al paterfamilias. Pero como no bastase esta autoridad a reprimir el impulso que llevaba a los asociados a hacerse justicia por su mano, con menoscabo de la tranquilidad general, los sacerdotes, patriarcas y jefes de tribus, con un interés verdaderamente pacificador y progresista, hicieron valer sus poderosas influencias, estableciendo como medio de arreglo el sistema de las Composiciones, que lo terminaba todo con el interés. La Composición, aunque diferente de la transacción, fue su verdadero origen. Los romanos conocieron una forma de transacción que exigía de las partes, además de capacidad para enaj nar, que el derecho tralisigido pudiese, conforme a la ley, ser objeto de este pacto, es decir, que estuviese en el comercio, que no fuese determinado sino incierto, y para distinguirla de los contratos gratuitos o de simple utilidad unilateral, era predso que por un sacrificio reciproco, cada lino de los co:1tendores cediese algo en favor del contrario. El efecto más importante que producía entre los contratantes tra el de cosa juzgada; la transacción era válida, aun cuando hubiera habido error en cuanto al objeto, y sólo se anulaba cuando carecía de él. No producía efecto sino entre las partes; los terceros s610 aprovechaban de ella cuando tenían participación en una11 deuda cuya condonación había sido el objeto de una transacción con uno de los deudores. Como se ve, la transacción no figura entre los contratos que recibieron forma y nombre entre 103 romanos, a medida que iba desapareciendo el formalismo. Muchos de sus litigios terminaban por concesiones recíprocas, sin que bastara para perfeccionarlas un simple acuerdo de voluntades, sino que era menester una prestación; con lo cual, el derecho actualmente litigioso, se cambiaba en otro menor y más cierto. Para extinguir un derecho existente, se servían del pacto de non petendo o de la aceptilación, y para crear uno nuevo concluían un pacto o hacían una estipulación. Mencionaremos entre éstas la Aqui!iana, cuyo objeto era extinguir derechos discutibles no en litis aún, por ser éste principio que hoy rige la transacción. En matt'ria penal, la transacción se admitía para los delitos públicos, que son hoy los políticos, principio reconocido también entre nosotros en la Epoca Colonial, por las Siete Partidas. Las legislaciones modernas sacan el delito de la esfera contractual, por comiderar que está fuera del comercio y que en él se interesa directamente el orden social. La nuéstra, aun cuando acorde con este principio general (Art del C. C.), admite sin embargo una excepción en caso de que el hecho criminoso sea de los que no pueden seguirse de ()li\.:io (Art del C. l.). Como se ve, la importancia del c(' trato de transacción ha sido sicmpn: gr,;l1(ic, y si I:U fjguhi..esde los primeros tiempos del d.:recho, si su apar ición sólo tuvo lugar cuando ya habian visto la luz públi:.:a l1111ci18s de las más sabias codificacione5, la necesidad de llenar este vacío iba acentuándose rápidamente, y Ic. s mismos tribunales hubieron de hacer repetidas peticiones para su establecimiento, que completó las obras de derecho civil.12 CAPITULO" pef,inición y naturaleza del contrato de transacción. SBCCION Definición.., Antes de definir el contrato de transacción, y para mejor inteligencia, daremos una idea de lo que es un contrato en general: Dentro del orden de la ley natural y de la positiva se reconoce el derecho que asiste a todo hombre para disponer libremente de sus bienes como de sus acciones. La razón jurídica de este derecho está en la libertad de que goza para no ser compelido coactiva mente a la enajena- Ción o mutación de lo suyo, ni a la aceptaci6n forzosa de la imposición ajena; sino que debe existir una relación de voluntades, y coincidir en cuanto al derecho transferible para que no falte el consentimiento. De donde se sigue que para verificar la mutación del dominio de las cosas o para permitir o prohibir determinadas acciones, haciendo nacer un vínculo jurídico entre dos o más personas, o dando régimen r~gular al que antes existía, se requiere el concurso de sus voluntades por una parte, y por otra, que este concurso sea sobre una misma prestación. El consorcio de (:stos dos elementos es lo que constituye la esencia de un contrato o convención, definido en el artículo del C. C.: «acto por el cual una parte se obliga para con otra a dar, hacer o no hacer alguna cosa"'.13 - 15- Siendo frecuente el que cuando se discrepe en Intereses o se tengan en litigio, puedan satisfacerse amigablemente las partes, sin el auxilio de la justicia ordhiarlci, y aun sin el de árbitros, debemos ver la manera cómo puede lograrse este acuerdo: Cuando mediante una recíproca cesión de pretensiones, se haya obtenido prácticamente conformidad en el equilibrio de intereses, el contrato así. concluído se denomina TRANSACCIÓN, pala~ bra que viene del latín transactio, derivado a su vez del verbo transigo, compuesto de trans y ago, y que significa pasar a través de, terminar, concluir. El vocablo transacción tomado en plural, y en un scntido más amplio, es un neologismo que expresa arreglo, convención, negocio, trato, sea que se hable o no de asuntos litigiosos, como cuando se dice: en tal plaza se han hecho muchas transacciones. Pero no es este el significado que quiso darle cl legislador, cuando en el al'lo de 1873 sancionó nuestro actual Código Civil e incluyó en él el Título XXXIX. Allí se dio a la palabra transacci6n el significado del lenguaje jurídico, más restringido, más preciso, como vamos a verja. La transacción, dice el doctor González Valencia, es un contrato en que mediante concesiones recíprocas, se termina un litigio pendiente o se previene uno eventual. Baudry Lacantinerie la define dicienco que es un contrato por el cual las partes transigcn mediante sacrificios recíprocos, una cuestión que les parece Iitigiosa. El artículo del C. C. francés, la hé:cc consistir en un contrato por el cual las partes terminan un litigio que ha nacido o previenen un litigio por nacer; y agrega que debe ser celebrada por escrito. Nuestro C6digo Civil da una definición igual a la del Código Civil chileno, y así en su artículo 2.469, dice que "es un contrato en que las partes terminan extrajudicialmente un litigio pendiente o precaven un litigio eventual», y agrega: «No es transac-14 ción el acto que sólo consiste I~n la renuncia de un derecho que no se disputa». Se objeta a las definiciones que de transacción dan el Código Francés, el Chileno y el nuéstro, que no incluyeron las concesiones recíprocas, esenciales a este contrato, y si bien es cierto que jurisconsultos autorizados y dignos de atención, sostienen la bondad de las definiciones dadas en ellos, siguiendo nosotros la Escuela del doctor Oonzález Valencia, creemos que si a la definición de nuestro CÓdigo se agregara la frase «mediante concesiones recíprocas», quedaría completa la definición: Se atribuye tal omisión, a que el Código Francés, base del Chileno y por tanto del nuéstro, adoptó a este respecto el sistema de Domat, según el cual la transacción es sólo una convención o cont:ato por el que se decide una cuestión dudosa entre las partes. Sea de ello lo que fuere, tal como está concebida la definición en nuestro Código, comprende más de lo definido, pues si el sacrificio es unilateral, esto no basta para que haya transacción, h3brá sí un traspaso gracioso del dominio de una a otra persona, una cesión de derechos o una donación, cosas diferentes de la transacc'ón. Luego para que ésta exista, requiere que haya un sacrificio y que ese sacrificio sea recíproco. Lo que no exige la leyes que las concesiones recíprocas sean iguales en importancia ni en valor, contingencia que deja correr libremente a los contratantes, por caber dentro de su radio de acción y depender únicamente de la confianza que tengan en el satisfactorio resultado de la Iitis, caso de ent.iblarse, de la certidumbre en la justicia del reclamo, del grado de estimación en que aprecien su propia tranquilidad, y aun de su grado de inteligencia y de fortuna. Con la definición que de transacción trae nuestro Código, se le ha dado a ésta lugar preferente entre los con-15 - 17- tratos, como quiera que su alcance es el de terminar un pleito pendiente o prevenir uno eventual con el sólo consentimiento de las partes y sin ÍntervenciJn de Magistrados ni de Jueces. Es verdad que no es éste el único medio de evitar la intromisión del Poder Judicial, sino que es posible someter las diferencias a un tribunal especial, constitt'.ído por las mismas partes, cuya naturaleza y amplitud varía a voluntad, y cuyo nombre es el de Tribunal Arbitral, pero también lo es que su formación y funcionamiento, requieren ciertas formalidades prescritas en las leyes procedimentales. SECCIO~ 11 Naturaleza de la transacción. El artículo del C. c., no permite llamar transacción a lo que realmente no lo es, d,índonos para ello una norma segura, un criterio jurídico cierto, que debe servirnos de guía. SegÚn él, pua considerar un contrato como transacciunal, es preciso que se refiera a un derecho litigioso, que no aparece suficientemente c:aro, cuya efectividad pueda ser dudosa o incierta y sobre el que por consiguiente puede trabarse tarde o temprano una Iitis, si es que ya no se ha empci1ado. Si s:: tratara de un acto cuyo objeto fuese un derecho indisclltib ~, no podría dárse/e el nombre de transacción. Nfl es nulo un contrato porque la; partes lo hayan denominado transacci6n, sin serio, sino que, por el contrario, podrá tener plena existencia :1 los ojos de la ley, siempre que reúna los requisitos exigidos por ella, para elevarlo a la categoría de contrato. V( rdad es que para nada sirve entonces el nombre que le hayan dado las partes, pero sí se tendrá en cuenta su misma esencia para la calificación; y así, podrá ser, v. gr., una venta, un arrendamiento, cte., pero en n1ngú1 caso podría pre- 216 - 18- tenderse sacarle del conjunto de reglas que son peculiares a cada uno de estos contratos, para aplicarle las que sólo son propias de la transacción. No por ser este contrato manera de terminar la litis, podría establecer un individuo la anterior existencia de litigio sobre determinados derechos, demostrando que sobre ellos hubo ya transacción. Con esto probaría más bien lo contrario, o sea la ~:xistencia de un abandono recíproco, de parte por lo menos de esos mismos derechos, que alcanzó validez ante '.a ley y que por consiguiente en caso de trabarse Us, no tendrían los contendores la misma amplitud para el arreglo, por cuanto, como lo veremos más adelante, la transacción produce el efecto de cosa juzgada. El temor de que un asunto se haga público con un juicio, quizá con menoscabo de la honra de una persona y hasta de una familia, es suficiente motivo para justificar una transacción, como lo sería el que una de las partes, creyendo dudoso un derecho sin serio, transigiera de buena fe sobre él. Pero si ha obrado con mala fe, ya sea haciendo creer en la incertidumbre de un derecho claro y evidente o ya haciéndolo pasar como dudoso para ella, cuando en realidad no lo era, la transacción es nula, carece de valor. La transacción es indudablemente un con\; 3.to CON- SENSUAL Y pudiera decirse que el más cof.sensual de todos, puesto que sin exigir solemnidad alguna para su celebración, se perfecciona por el libre y espontáneo consentimiento de las partes. El Código Francés requiere para la validez de este contrato que conste por escrito; no así el nuéstro, que haciéndola figurar en el número de las convenciones no solemnes, exige sólo que la capacidad, el consentimiento, el::lbieto y la causa lícitos, concurran en ella como en todo otro contrato, para darle una existencia jurídica perfecta.17 - 19- Con todo, en el caso especial de que se trasmita a otra persona la propiedad de un bien inmueble, a trueque de que verifique determinada transacción, el acto así celebrado deberá constar por escrito por estar incorporada en él la mutación del dominio de un inmueble, y no tener pleno efecto el traspaso de la propiedad raíz sino cuando consta por escritura pública, otorgada ante notario competente y debidamente registrada. La definici6n del artículo hizo figurar a la transacción en el grupo de los contratos BILATERALES, liamados sinalagmáticos por los franceses, ya que engendra la obligación de dar, hacer o no hacer alguna cosa, y cualquiera que se3 el camino que se adopte, se liegará a la conclusión de que las concesiones que de ella nacen, son recíprocas, y esto es lo que le da ese carácter al tenor de lo díspuesto en el artículo del C. C. El artícu!() del C. C. dk(:: "En los contratos bilaterales va envuelta la condición resolutoria, en caso de no cumplir::.e por uno de los contratantes lo pactado». "Pero en tal caso podrá el otro contratante pedir a su arbitrio, la resolución o el cumplímiento del contrato, con indemnización de perjuicios». Algur:cs autores como Laurens, sostienen que a pesar del texto de este articulo, la H~solución de una transacción no podría decretarse, ni aun en el caso de no cumplirse por uno de los contratantes lo pactido, pues así como no podría anulars~ una scnte;lcia pasada en autoiidad de cosa juzgada, tampoco podría serio la transacción que se le equipara en todo. No estamos acordes con esta teoría, por creer que existen diferencias fundamentales entre una sentencia y una transacción, las que tendremos ocasión de ver en el capítulo relativo a «efectos de la transacción". Se la hizo figurar también en el número de los contratos ONEROSOS porque ninguna de las partes adquiere18 - 20 sola la utilidad, ninguna f'ufre sola el gravamen, ni ninguna logra el total de sus pretensiones, sino que en beneficio de la tranquilidad, la brevedad y la economía, los sacrificios son recíprocos, lo que constituye la carga que tiene que soportar cada una Y da al contrato el carácter de oneroso. La transacción es un contrato CONMUTATIVO, porque cada una de las partes hace en ella una concesión igual o equivalente a la que hace la contraria con el mismo fin; pero puede también contarse entre los ALEA TORIOS, pues el gravamen que cada una de las partes tiene que soportar, puede ser incierto y de resultado muy distinto y aun diverso del que creyeron tener que sufrir al tiempo de celebrar el contrato. Esto se comprende fácilmente, si se tiene en cuenta que una cosa contingente puede ser objeto de un contrato, según las reglas generales que les son pertinentes. Siendo los contratos conmutativos perfectamente opuestos a los aleatorios, se pregur.tará: cómo puede la transacción pertenecer a estos dos grupos antagónicos? Para contestar esto, no debemos olvidar que en cada contrato hay que distinguir lo que es de su esencia, sin lo cual, o no hay contrato, o degenera en otro distinto; lo que pertenece a su naturaleza, que sin serie esencial, se entiende incorporado en él, aun cuando no se exprese; y lo puramente accidental, que sin pertenecer a su esencia ni a su naturaleza, requiere una manifestación expresa. Considerada en sí misma la transacción, no es contrato aleatorio ni conmutativo, sino que simplemente tiene un carácter conmutativo y otro aleatorio, según que lo que se pacte en ella sea una cosa cierta y determinada, o una contingente e indeterminada, caracteres que no pertenecen a la esencia, sino a la naturaleza de la transacción.19 Ejemplo del primer caso puede ser la entrega de una suma determinada de dinero a una persona; ejemplo dal segundo, el pago de una renta vitalicia. Para concluír lo relativo a la naturaleza de la tran sacción, trataremos de solucionar dos cuestiones importantes: sabido es que si para adquirir el dominio de una cosa por prescripción extraordinaria es nectsario haberla disfrutado tranquila y pacíficamente por un tiempo mucho mayor que el que se exige para la prescripción ordinaria, ésta requiere en cambio, posesión regular, o sea con justo titulo y buena fe. Se trata de saber ahora: Puede una transacción servir de justo título a cualquiera de las partes para adquirir una cosa por pri:scripción ordil1aria ~ C~lebrada una tr;:nsacción sobre bienes raíces entre dos o más pasonas, quedan éstas rccíproc~mente obligadas al saneamiento por evicción, o por cualquiera otra causa, de los derechos cuyo titulo han cedido en virtud de la transacción? Para mcjor acertar las cuestiones propuestas, debemos averiguar si en \lna transjccién cada parte reconoce ~implell1ente hasta dónde se exti'~nden los derechos de la contraria, con resp-:cto al punto litigioso, o si es un contrato por medio del cual se hap;3 una constitución o traslación de la propiedad. En una palabra: si la transacción e5 declarativa o atriljutiva de d'~:-echos. Punto controvertido por algunos tratadistas ha sido éste, pero la casi totalidad de ellos está acorde en confirmar la última solución y esto es muy natural, puesto que las partes al transigir, lo que \.,,] f2alidad hacen es un reconocimiento tácito de que eslaou:' ;1 un error, de que había una exagerc1ción en sus ;rctcmi():;(;s, de que parte de los derechos que ;;,da cual reclam,'b; como propios, no son realmente suyos, sino que pertenecen a la contraparte. Se establece, pues, la justicia y la razón20 que en ellos la asistían, pero no se verifica la permuta, la venta, la donación, ni ningún otro de los títulos establecidos por la 1ey para la traslación de la propiedad. Además, la transacción es asimi lada por la ley a la sentencia, luego debemos fijamos el lo que acontece en ésta, para asimismo conocer los efectos de aquélla. Pero la sentencia sólo es declarativa y no constitutiva de derechos, no atribuye derechos a las par':es, sino se los reconoce. y como si todo esto no fuese suficiente, podemos apelar al contenido claro y terminante del inciso final del artículo 765, que no deja duc:a ninguna al respecto, si se tiene en cuenta que la transacción no puede tener lugar sino sobre derechos litjgio~,os. Dice así: "Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar derechos preexistcntes, no forman nuevo título; pero en cuanto transfieren ]a propiedad de un objeto no disputado, constituyen un título nuevo". El que en virtud de una t.-ansacción queda en posesión del dominio de la cosa Iitigiosa, realmente lo que ha adquirido es la tranquilidad en su pacífico uso y goce, pero no la cosa misma, que se supone le pertenecia y que por consiguiente no puede adquirir de nuevo. Es, pues, evidente que ella no constituye un justo título que pueda servir de base para adquirir un bien por prescripción ordinaria, sino que para ello habría necesidaj de atender a los títulos anteriores, Como se ve, el principio que informa la transacción, no es de transmisión ninguna de la propiedad, sino de simple acatamiento a los derechos ajenos. Y si bien se mira el fin de la obligación de saneamiento, se verá que no quedan los que trarsigen sometidos a ella, puesto que este fin no es otro que dar protección al adquirente de un derpcho y responder ante él de los vicios redhibitorios que pueda te1cr la cosa objeto del contrato. (Art ). Para p~der obligar, pues, a una de las21 - 23- partes a salir a la evicción de una cosa determinada, sería necesario demostrar primero que de dicha persona se obtuvo el dominio de la cosa, lo que no se logrará con el contrato de transacción, que al tenor de lo que hemos expuesto, es declarativo y no traslaticio de la propiedad. No porque una transacción versara, v. gr., sobre bienes inmuebles, estaría sometida al registro en lo relativo a ninguna de sus partes, y por eso no está enumerada entre los títulos, actos y documentos sujetos a esta formalidad, lo que es muy natural, puesto que el objeto del registro es servir de medio de transmisión del dominio, dar publicidad al movimiento de la propiedad raíz y garantía a los títulos en que dicha propiedad reposa. Tanto lo que hemos dicho con respecto al registro, como lo relativo al s:meamiento, e'5 una consecuencia lógica del principio que acabamos de establecer, de que la transacción no es traslaticia, sino declarativa de dominio. Podría sí presentarse el caso de que una de las partes cediera a la contraria, derechos exclusivamente suyos y exentos de todo litigio, a cambio de valiosas concesiones transaccionales sobre otros derechos dudosos para ambas; y en este caso, los derechos así cedidos, si fueren bienes raíces, sí estarían S(lmetidos a las formalidades del saneamiento y del registro. (Inciso final del Art. 765). Con todo, la tran5misión que habría aquí, no sería tampoco directamente atribuible a la transacción, porque el objeto de ella no podrían ser Ié.S cosas no litigiosas cedidas, que no podrían cederse ~ino a virtud de otro contrato adjunto al de transaccióll, sino el arreglo mismo de los derechos dudosos. y en este caso esprcial en que la transacción tendría el carácter de mixta, sí podría decirse por extensión que constituye un título traslaticio de dominio.22 CAPITULO 111 Utilidad de la transacción. Incierto es en verdad en ocasiones, por no decir siempre, el resultado de un proceso en que las partes han estado, tal vez durante mucho tiempo, batiéndose en implacable lucha para lograr sus pretensiones; en que quizá se ha trabado un combate singular en el campo del derecho y de la idea, para el que a menudo los contendores no cuentan con fuerzas iguales ni dispuestas de la misma manera. Podrá la justicia humana adquirir un grado de organización tan alto como se quiera, estar al cuidado de varones probos, equitativos y justicier'js y ser, con tedo, inducida a error, que tal es la fuerza de las apariencias, tal la flaqueza y la debilidad humanas. Débese a esto, sin duda, la preferencia que dia a día va conquistando la transacción, hoy elemento indispensable del orden y de la tranquilidad sociales, pues a más de contribuir eficazmente al rdnado de la paz y de la justicia, así en las familias corno en los pueblos, provoca el desarroilo moral del individuo, le presta oportunos servicios en todos los actos de la vida civil, y cualquiera que sea su estado, le soluciona o previene sus litigios, sin distraer le en mucho el capital ni el tiempo. La palabra transacción se impone dondequiera, como no sea entre gentes cegadas por el ímpetu de las pasiones; está siempre pronta a arrebatar las conciencias de los hombres, y lo que es más sagrado para ellos mismos y para la sociedad en general, puede sintetizarse en la tranquilidad de espíritu que a todos proporciona, evi-23 - 25- tanda su propia ruina y desolación, o atenuando a lo menos sus desastrosas consecuencias. No debe ponerse en olvido que es elia más conforme que la lucha con un espíritu recto e hidalgo y con la caridad cristiana. Muestra a los diversos hogares que se habían apart; do de la senda de la paz y,iel orden, el camino de la rec"ncí aciú y del acercamiento, les hace un llamamiento a la vida ; pacibie y, estre:h:mdo cada día más entre sus craz03 los víncul(ls de la amistad, proporciona a todos completo bienestar. Deja ella plenamente satisfechas a las partes por ser acción nacida de un l11ovi:niento volun;ario y libre del ánimo. La justicia humana, aun c~tando 2corde muchas veces con la realidad de los hechos, SLlCle dar lugar a procedimientos judiciales, que la m:da fe, :,,5 pasiones y las argucias de t,)dc. génertl, hacen en extremo largos y embarazasos. Cuando una de las partes, adcm:ís, no logra conformidad ent:e la sentencia '~dinitiva 'j sus ;,spiraciijnes, cuando son may(jrcs SllS a:'helo,,; y lo S2 cree inmur,c de los da 'lf;s y pcrjuici'_ s f ;;rídos en su:; k:;ít mos derechos, difícilmcnte se c"durmará con lila, y aparlnl10 las veces en que su apas un:lini~nt) Legue al extrl'mo de querer va~a!lar a su contendor, ponil;;hlose en peligro de dar origen a delitos de S:lllgre y u. lit -" la propiedad, apelará frecuentemente a tod(:s los recursos que su exaltada imaginac;ón le indique: para bur:a~ la justicia, o a lo menos para dilatar i11l;cfi idamen:e su U::g:lda, porque nunca es lo mi.;mo vcrific:lr un acto y;,junt:hiamcnte, que hacerla obedeciendo a la presil'l1 de una m;(!1o f rrea que amenaza ca~,ti~ar duramente su transgresión. Si bien se aprecian t\ das est::s ventajas y muchas otras que!lo se esc; pan a ia col1sidcrad\)n de un criterio sereno, no se extrafiará que los más modernos filósofos y juristas de todas las naciones, se hayan fijado24 --26- preferentemente en la transacción, dándole predominio sobre los juidos y que, mediante evoluciones sucesivas, la hayan colocado en uno de los puntos más altos de la escala contractual y trib l1tádole merecidos honores. De aquí también que desde remotas épocas se haya tenido por célebre y digna de s\~r practicada la sabia máxima de que «vale más hacer una mala transacci6n que ganar un buen pleito», o MULTUM LUCRATUR QUl A LlTE D1SCEDIT. Hemos podido apreciar las grandes ventajas materiales y morales de la transa':ción, y cómo ella encauza corrientes opuestas, ocasionando inmenso beneficio al individuo y a la sociedad. Luego es evidente que el legislador debe preocuparse de manera especial por organizarla adecuadamente y por colocar a las partes capaces de disponer de sus derechos, en condiciones de fácíl acceso a ella. Pero defgraciadamente no debe ponerse tampoco en olvido que no es dable aconsejarla en todos los casos, que todos los derechos no pueden ser objeto suyo: hay en efecto, algunos que están fuera del comercio, otros cuya renuncia es prohibida y, finalmente, actos contrarios al orden público, todos lo:; cuales traspasan la esfera contractual. Entre los primeros citaremos el estado civil de las personas; pertenecen a los segundos los alimentos necesarios y la acción criminal originada por los delitos y las culpas a los últimos. De todos ellos se tratará oportunamente, pero no dejaremos de observar aquí que son casos excepcionales. pudiendo por tanto invocarse el auxilio de la transacción en todas las épocas de la vida y en todos los ramos de la industria y del progreso, que tal es su extensión. Es de notar, por último, que una transacción puede ser aventajada en fuerza de imposición por una buena Mostrar más
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References: artículo 2
 resolución 
 artículo 765
 artículo 1794
 Artículo 1
in fine