Source: http://www.libertadidioma.com/2003/20030523.htm
Timestamp: 2020-04-01 02:21:26+00:00

Document:
AGLI Recortes de Prensa Viernes 23 Mayo 2003
El pasado en vaqueros
FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR ABC 23 Mayo 2003
Ha llegado la hora del 155
Juan Carlos Girauta Libertad Digital 23 Mayo 2003
La ambigüedad socialista
Iñaki Ezkerra La Razón 23 Mayo 2003
El precio que los vascos pagan por ETA
Luis María ANSON La Razón 23 Mayo 2003
Un Madrazo en Sevilla
CARLOS HERRERA ABC 23 Mayo 2003
Derby a tres
Presidenta de Nuevas Generaciones de Álava y Concejal del PP en Zigoitia (Álava) La Razón 23 Mayo 2003
El pulso vasco
José Cavero El Ideal Gallego 23 Mayo 2003
Dignos y soberanos
TONIA ETXARRI/ El Correo 23 Mayo 2003
Cartas al Director ABC 23 Mayo 2003
Cartas al Director El Correo 23 Mayo 2003
Antonio López Campillo Libertad Digital 23 Mayo 2003
Asociaciones de víctimas en el País Vasco piden el voto para PP, PSE y Unidad Alavesa
EFE Libertad Digital 23 Mayo 2003
Alfonso Alonso: «El discurso ambivalente del PSE genera incertidumbre»
ABC 23 Mayo 2003 El pasado en vaqueros
Por FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR. Catedrático de Historia Contemporánea Universidad de Deusto ABC 23 Mayo 2003
DESDE hace meses, España se ha ido transformando en un país donde las gentes parecen tener el presente en el pasado. Lee uno la prensa cada mañana, escucha a los políticos con su nuevo evangelio y por la noche se sienta a esperar los noticieros en la televisión. Las imágenes que traen de España son imágenes descoloridas, irreales, carcomidas de historia y trincheras . «Aquí, después de tantos años y una transición, todo es como entonces», se repite irresponsablemente, no se sabe si con el deseo de hurgar en los cubos de las emociones recientes y recoger de ahí despojos, restos, fragmentos de escaños, o con el propósito de airear en las calles una erupción de mocedades en vaqueros.
España, piensa uno oyendo hablar a ciertos representantes de la escena política, parece el sombrío cementerio que hirió de escombros el corazón de Larra... La democracia, una triste tumba llena de musgo. El gobierno, una fecha espantosa: 1939. El Tribunal Supremo, un mausoleo donde acribillado a telefonazos de Moncloa sueña el sueño de los muertos el poder judicial independiente. Televisión Española, luego de tanto silencio ominoso y tanta Inquisición, un breve epitafio: aquí la libertad de expresión reposa. En su vida hizo otra cosa. Todos los pensamientos que han hecho vivir a tantos hombres, todas las emociones que tantos españoles han dejado de vivir, todas las utopías y desilusiones que cruzan la historia y se desvanecen en las páginas de los libros no existen o existieron en vano porque su afán habría resultado inútil, una batalla perdida. Su propio sueño, recogido en gran medida por la Constitución del 78, se esfuma en un mundo impalpable y gris, se disuelve consumiéndose en la maléfica realidad presente.
En España, escribió hace tiempo Julián Marías, no se dice lo que pasa sino que pasa lo que se dice. Los meses que van desde la ilegalización de Batasuna hasta la presente campaña electoral, pasando por la catástrofe natural del «Prestige» y la guerra de Irak, son una ilustración perfecta de esta idea. El histrionismo y la palabrería llenan los días y asombra cómo puede decirse cualquier cosa, con tal de que no tenga ningún contacto con la realidad: se llama al presidente de Gobierno asesino y genocida, se escribe que el fantasma del clericalismo campa de nuevo a sus anchas por Madrid, se dice que perseguir con la ley a las personas que aterrorizan, acosan y financian el crimen etarra es un acto de totalitarismo, se rocía la catástrofe natural del «Prestige» con zumo regionalista, se repite que la mano derecha que nos gobierna es la mano del general Franco... Hay quien habla y no para: desde la izquierda a los nacionalistas vascos, que esperan que el lema Terror aznarista coreado por cómicos y letraheridos suba por la geografía como un carretón de bueyes romanos y lleve a las verdes praderas del País Vasco más txakoli y más soberanía.
En sociedades distraídas como la española, el espejismo de la palabrería nubla la inteligencia y la vida pública se reduce a una verbena de verbos quebrados y tartamudos. La política no es hacer sino decir y a ser posible decir con insultos, bruñir los problemas de hoy con las heridas abiertas de ayer, como si las palabras no importaran, como si fueran inocentes, como si no llevaran dentro la reliquia de un pasado que ya no se puede rescatar para el silencio anterior. Las palabras no matan, pero como bien decía Larra «cae una palabra en los labios de un perorador en un pequeño círculo, y un gran pueblo, ansioso de palabras, la recoge, la pasa de boca en boca, y con la rapidez del golpe eléctrico un crecido número de máquinas vivientes la repite y la consagra, las más de las veces sin entenderla, y siempre sin calcular que una palabra sola es, a veces, palanca suficiente para levantar la muchedumbre...»
Llegado el caso las palabras ofrecen coartadas para el crimen, como ocurre en el País Vasco, como sigue ocurriendo en aquella tierra encanallada de silencios sin que ninguna unión de actores ni ningún juglar del 68 se pasee por el parlamento de Vitoria para reprocharle todos los muertos -fulminados, quemados, tiroteados- todos los perseguidos -amedrentados, exiliados, extranjeros de sí mismos- al Lehendakari Ibarretxe, hoy melancólico defensor de quienes legitiman y aplauden a los asesinos. Sucede que la moda discrimina entre las distintas manchas de sangre: las del lejano pueblo iraquí se conservan en las pancartas de los manifestantes, las de los cientos de personas que mueren una muerte cotidiana a manos de las SS vascas son borradas por la cotidianidad y por las pisadas de los transeúntes... Pero también esas manchas son, existen para siempre, siembra de una guerra unilateral que sólo causa bajas entre los demócratas.
Lejos de los vivos que respiran como muertos delante de nuestras narices, lejos de todo, los españoles hemos perdido en Ilustración, en capacidad para reflexionar y mirar las cosas con rigor, y ganado en siglo XIX, con todo el verbalismo y el culto a lo exagerado, a lo imposible, que atraviesa aquella centuria de revoluciones soñadas y guerras civiles. La política de nuestros políticos de izquierda ha adquirido una dimensión literaria por lo que tiene de ficción, contraria a la realidad, aunque sin el estilo fluido y refinado que supieron darle al párrafo Castelar o Pi i Margall. Piensan más en hablar que en ofrecer ideas, más en seguir modas ideológicas que en resolver problemas, de manera que su discurso se mueve entre pedir responsabilidades al coloso yanqui, como si de un lanzazo pudiésemos tumbar al gigante antes de que éste retorne a su condición de molino; revivir la Marsellesa tras un bullicio estudiantil empancartado de reflexiones como Nunca Máis y No a la guerra, grito este último que dejaba sin aclarar la pregunta de cómo había que ayudar al pueblo iraquí, si esperando a que Sadam cayera por falta de consenso ciudadano o por alguna moción parlamentaria de censura; y traer de una vez y por todas las veces que no se pudo una ilusión descafeinada de Tercera República.
La guerra de sucias palabras que cunde entre nosotros es una guerra de nostalgias contra el silencio de las bibliotecas. Suspirar por la paradójica Francia de las libertades y los intereses petrolíferos, como si de nuevo media España ocupara España entera con el sable y la pistola, o airear banderas republicanas con gusto coquetamente progresista distrae de la seriedad de la vida y de la historia. Los artículos que escribía Sartre en los cafés de París con los bolsillos llenos de anfetaminas eran una directa a la mandíbula de la vieja Europa posterior al milagro alemán, de la misma manera que la República que soñó Azaña fue un intento de pulverizar los dogmas de la vieja España, rectificar, en fin, lo tradicional por lo racional. Las palabras, aquellas palabras, tenían entonces sentido, respiraban su época. El extravagante capricho de quien, en el siglo XXI, las recuerda y las exalta - las palabras, la bandera- e incluso confiesa seguir luchando por una Tercera República, ese extravagante capricho de airear formas carentes de la necesidad histórica que en su tiempo las había producido, no es más que moverse por una ideología a la que se le han amputado las ideas: el culto a lo falso y a lo vulgar.
Escribía Marx que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen dos veces: una vez como tragedia y otra como farsa. En España, después de muchas utopías en huesos, horas pobres, pequeños sosiegos o ilusiones, grandes esperanzas desviadas de la Historia, penas como cuartos donde no se entra, ciertos poemas cargados de futuro, cierta Europa, cierta modernidad y progreso, nos movemos entre lo ridículo y lo grotesco. Muchos españoles, de un tiempo aquí , viven y hablan como seres encantados, como náufragos de la realidad, viven y hablan en un epílogo prolongado, en el intervalo entre el crepúsculo de la II República y el final de la dictadura, como si la España de Aznar fuera la España desvencijada y triste del dictador a la que hubiera que llevar la democracia y la libertad de opinión. Lo demás, la situación económica, la crecida de empleo, la lucha por remover el marasmo de la enseñanza, la determinación contra el terrorismo, los cheques del Estado que rocían Galicia, la preocupación porque España tenga un lugar destacado en el mundo... lo demás, todo esto , parece un instante arrancado al encantamiento, parece silencio.
Hace algunos meses, Jordi Solé Tura publicó un artículo en El País acerca del artículo 155 de la Constitución en el que afirmaba que la norma le recordaba “el conocido desplante del gordo que le dice al flaco aquello de usted no sabe con quién está hablando”, para añadir: “El gordo es en este caso el Gobierno y el flaco la comunidad autónoma.” Si al resto de padres de la Carta Magna se les ocurriera glosar con similar ingenio y parejo rigor el resto del articulado, el respeto a la Constitución entre los españoles podría llegar a parecerse... al que hoy le profesan el PNV e IU.
La Constitución Española es el resultado de un trabajoso encuentro entre las fuerzas políticas. Todos cedieron algo para obtener algo, y el texto entero es ley suprema. Su artículo 155 no está ahí porque sí, aunque Solé Tura opine que “sería mejor que (...) regresase a su vieja y silenciosa guarida y nos olvidásemos de él”. El 155 es parte ineludible, y muy significativa, de un gran acuerdo histórico.
La norma recoge la posibilidad de que el gobierno adopte las medidas necesarias para obligar a cualquier comunidad autónoma al cumplimiento forzoso de las obligaciones que la Constitución u otras leyes le imponen. Todo ello en el caso de que no las cumpliere o de que actuare de forma que atente gravemente el interés general. Asimismo establece que el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas con el fin de ejecutar la anterior previsión. Este artículo forma parte del Título VIII en igual medida que el resto de preceptos sobre los que se ha construido todo el Estado de las Autonomías. Lamento que el hombre que me enseñó Derecho Constitucional haya olvidado algo tan obvio.
El Tribunal Supremo se ha pronunciado claramente sobre la necesidad de que el Parlamento vasco disuelva el grupo Socialistas Abertzales. El presidente de dicha cámara (y la mayoría de sus miembros, según se deduce de la reunión de la junta de portavoces) ha decidido incumplir el mandato del poder judicial alegando una supuesta “invasión” del Supremo en sus competencias y una fantasmal “defensa de su dignidad”, tratando de hacernos creer que el cumplimiento de las resoluciones judiciales está supeditado a las previsiones del reglamento de una cámara legislativa autonómica. Con esta actitud, el Parlamento vasco se pone fuera de la Constitución y de la ley. El gobierno español puede aplicar el Artículo 155. La cuestión es si debería o no utilizar esta potestad por primera vez en la historia de nuestra democracia.
Creo que sí debería, por varias razones. Todas ellas tienen que ver con el coste de no hacerlo. En primer lugar, no quedan otras vías de actuación, y la ilegalización de Batasuna será inoperante durante el tiempo que resta de legislatura en el País Vasco, contraviniéndose no sólo el ordenamiento jurídico sino una estrategia de gran calado que ha supuesto un salto cualitativo en la lucha contra el terrorismo. Por otro lado, al aplicar el 155 se reconduciría una dinámica que lleva directamente a un referéndum de autodeterminación no sólo ilegítimo e ilegal, sino de gravísimas consecuencias a unos meses vista. Por último, su aplicación transmitiría un mensaje muy claro a quienes, desde otras comunidades, pretenden liquidar por vía pacífica pero no menos anticonstitucional, las bases de nuestra convivencia nacional.
Durante muchos años se habló de la ambigüedad del PNV. Ambigüedad cuando debía definirse por el autonomismo o por la independencia así como a la hora de condenar a ETA y darle a la vez cobertura política. Se habló tanto de la ambigüedad del PNV que para ser analista de la actualidad vasca era obligado conocer bien nuestro refranero y nuestro acervo de dichos populares con el fin de poder ilustrar esa proverbial ambigüedad a base de acuñaciones genuinas como «dar una de cal y otra de arena», «poner una vela a Dios y otra al Diablo» o «estar en misa y repicando», de las cuales está poblada toda nuestra prensa desde hace dos décadas. Tanto se habló y se escribió sobre la famosa ambigüedad del PNV que todavía hay quienes hablan de ella por inercia, cuando esa ambigüedad ya está más que enterrada desde Lizarra y cuando la apuesta secesionista de Ibarretxe es de una claridad meridiana.
Pero los nostálgicos del uso del término «ambigüedad» pueden consolarse. Todavía pueden seguir utilizándolo, aunque ahora sea para calificar la política socialista. Es curioso que en la medida en que el PNV ha abandonado esa ambigüedad, que llegó a conformar una seña de identidad, un estilo, un label ideológico del partido de Arzalluz, la haya heredado el PSOE a escala vasca y a escala estatal con una política zigzagueante y confusa que pendula, respectivamente, desde el odonismo hasta el autonomismo en la versión vasca o junior, así como desde el constitucionalismo hasta el maragallismo en la modalidad senior o nacional. No es que el PSE-EE pueda fugarse al extranjero con el PNV tras las municipales del 25-M, sino que es precisamente esa imposibilidad, no ya sólo ideológica sino metabólica, la que hace estéril su artificial alejamiento del PP en Euskadi. Lo absurdo de la ambigüedad socialista es que no esconde una verdadera estrategia de ruptura con el marco constitucional. Mientras al PNV esa ambigüedad le servía para desgastar ese marco, para ir poniendo un pie fuera de la Constitución y del Estatuto de Gernika, la ambigüedad al PSE-EE no le sirve más que para amagar un salto que no va a dar nunca de verdad (lo más que puede ocurrir es que Odón Elorza monte en Donosti un feo numerito) y ahuyentar a su electorado natural con ese contraproducente amago, para que sus votantes se lamenten con resignación entre bastidores de ese pesebrismo y esa nostalgia de la poltrona que ya tienen los pobres asumido como un mal endémico del socialismo vasco.
Si Patxi López se subiera al patinete del Libre Estado Asociado no tendría sentido la peripecia política de Guevara: ser expulsado del PNV por oponerse a una apuesta soberanista y meterse de cabeza en un PSE-EE que iba a aceptar esa misma apuesta a la que él se había opuesto. Para ese viaje ¬vuelven los dichos populares¬ no necesitaba alforjas. El pacto del PSE-EE con el PNV no se presentaría factible ni aun cuando este último obtuviera buenos resultados electorales ¬pues entonces sería improbable que Ibarretxe retirara su órdago¬ ni aun cuando obtuviera malos pues entonces la elección del PSE-EE iba a estar clara: la boda de intereses con el PP que además no tendría impedimentos legales. Lo imperdonable de la táctica de Patxi López es que quepan todas las especulaciones sobre su partido en un momento en que el nacionalismo lanza el mayor desafío a la democracia. Y lo más torpe de dicha táctica es que, gracias a ella, se da por hecho que los socialistas desean más ese pacto con el PNV que el propio PNV, cuando es justo al contrario. Nadie más que los nacionalistas pueden soñar con un acuerdo con el PSE-EE que avalara el Plan Ibarretxe. Nadie más que el PNV puede ansiar ese aval socialista que legitimaría su reto a la legalidad constitucional.
Son los socialistas los que más tienen que ofrecer y los que a la hora de la verdad no pueden ofrecerlo, los que no pueden seguir al nacionalismo hasta el fin del mundo ni hasta las próximas autonómicas siquiera, aunque lo deseen y se recreen en toda clase de fantasías concupiscentes sobre las moquetas de Lakua. Es el PSE-EE el que debe asumir, si no lo ha asumido aún, que ese matrimonio es imposible y que el distanciamiento que estrenó Nicolás Redondo Terreros en 1998 respecto al PNV de Lizarra no era una opción más y la menos rentable, sino el único camino posible. Por esas paradojas que se dan en la vida, hay gente de Patxi López que en el fondo tiene una opinión más idealizada de Redondo que los propios redondistas. Gente que cree que Redondo salió de aquel Gobierno vasco de coalición y que se alineó en la acera constitucionalista del PP por un inocente, virginal y primaveral romanticismo, cuando salió por puro realismo y pragmatismo políticos, o sea, porque entendió que esta ambigüedad que han restaurado sus defenestradores era eso que suele llamarse un viaje a ninguna parte.
Redondo Terreros hizo lo único que se podía hacer, como lo hizo luego Zapatero con el Pacto por las Libertades, así como con el apoyo a la Ley de Partidos aparte de las odonizaciones y maragallizaciones que están teniendo hoy lugar y que ejercen un efecto demoledor para el constitucionalismo aunque tengan mucho de virtuales. El problema del PSOE en general y del PSE-EE en particular no es tan grave como creen muchos ni tan venial como pretenden algunos que lo reducen al luctuoso caso de Odón Elorza. El problema es que el propio Zapatero ha rehabilitado una ambigüedad de la época Jáuregui que hoy sirve para menos de lo que servía entonces. Y el inconveniente para votarles este domingo no es que se vayan a poner en Plan Ibarretxe el lunes, sino que ese voto premiaría una política ante al grave problema nacionalista tan errada como errante.
El País Vasco ocupaba en 1975 el primer lugar entre las regiones de España por su renta per cápita. Hoy están en el sexto. Desde 1975 a 2000, Murcia creció económicamente el 124 por ciento, La Rioja el 113, Canarias el 121, Navarra el 115. La media española fue del 94 por ciento. El País Vasco se quedó en penúltimo lugar con el 62 por ciento. Sólo Asturias, por razones bien conocidas de la crisis del carbón, va por detrás, abrazada al farolillo rojo. Cifras testarudas, que joroban mucho al ayatolá Arzallus y a su pintoresca marioneta Ibarreche.
Lo peor no es eso, claro. Lo peor es la sangre sin fin que se derrama, el vandalismo callejero, la amenaza, la extorsión, el secuestro, la violencia, la coacción ideológica, la fractura de las libertades, la crisis de la democracia, la dictadura del miedo, el clima generalizado de terror. Veinticinco años, en fin, de degradación de la vida ciudadana hasta extremos insoportables para muchos que, de hecho, se han exiliado del País Vasco.
Además de todo eso, que es lo más grave, los vascos han pagado el precio del retroceso económico en relación con las otras regiones españolas. Las Vascongadas en circunstancias normales hubieran crecido un 130 por ciento. Se han quedado en el 62. Eso es, también, una parte del precio que los vascos pagan por culpa de ETA y sus cómplices nacionalistas.
Por CARLOS HERRERA ABC 23 Mayo 2003
POR si había alguna duda en lo que iba a ser el comportamiento político de Javier Madrazo, el máximo responsable de los comunistas vascos, en cuanto al cumplimiento de la sentencia del Supremo que pone fuera de órbita al grupo parlamentario de ETA, los siguientes minutos a la publicación de ésta fueron suficientes para que el «querido líder» despejara cualquier incertidumbre: él estaba con los socios de ETA. Poco importaba que Llamazares, nuestro Kim il Sung, dijera que se iba a acatar toda decisión judicial; el Frente del Norte hará lo que considere oportuno, y lo oportuno es lo contrario a lo que dice el amigo de Fidel (bueno, bien pensado, amigo de Fidel también es Fraga).
Y en el sur decimos: «¡Qué barbaridad, pactar con ETA, ser amigo de ETA!». Pues no sé de qué nos alarmamos. El número cinco de la candidatura de Izquierda Unida al Ayuntamiento de Sevilla -de Sevilla, sí, de Sevilla, no de Marinaleda-, de nombre Juan Carrique, lleva optando desde hace tantos años como quiere por posturas extraordinariamente comprensivas con Herri Batasuna y todas sus metamorfosis. Por ejemplo, asistió en calidad de abogado al juicio de las falsas Giraldillas en el que se juzgaba la apología del terrorismo de varios miembros de la banda proetarra en los Mundiales de Atletismo celebrados en Sevilla en el verano del año 1999. Lógicamente asistió para defenderles: poco le importó que aquella actuación pusiese en peligro una transmisión a más de quinientos millones de personas -este columnista era el presentador del acto- y que supusiese un escarnio para la ciudad a la que quiere representar y a los muertos de la ciudad a la que quiere representar. Para este candidato, el acto fue, simplemente, un ejercicio de libertad de expresión para conseguir el objetivo, compartido por él, de acercar los presos de ETA a su casa. Al candidato le viene de atrás su afecto por la coalición: colaboró como interventor en las elecciones europeas en las que HB tuvo la desfachatez de venir a Sevilla a pasear sus eslóganes -«Dales caña donde más les duele»- sobre el suelo manchado de sangre por las víctimas del terrorismo vasco. En unas recientes declaraciones en las que él podría haber reconocido la irreflexión e inconveniencia de estas actuaciones, no sólo no ha lamentado lo ocurrido -al igual que no ha lamentado su participación en el impresentable y violentísimo asalto al Rectorado de la Universidad sevillana y la indecente manipulación de los emigrantes encerados en el campus de la Olavide el pasado verano ante la pasividad un tanto boba de su rectora-, sino que ha tildado a la banda etarra simplemente de un «grupo político nacionalista con el que no comparto los medios».
El tal Carrique no deja de ser un candidato con posibilidades: aunque parece improbable que IU logre cinco concejales en Sevilla, podría ocurrir que así fuera y que pudiera optar a responsabilidades de gobierno municipal, ya que Monteseirín, el actual alcalde, ha adelantado su deseo de pactar con los comunistas de Paula Garvín, la candidata de la coalición del bueno de Gaspar. Ya tendríamos un Madracito en nuestros predios. ¡Menuda felicidad! ¡Justo lo que le hace falta a esta ciudad!
Entre tanto, el pequeño revuelo que se ha formado con el descubrimiento de este fichaje ha sido aplacado por la que yo tenía por sensata candidata de IU: para defender a su compañero de lista, al amigo de Batasuna, al activista de pasado y presente oscuro, la ya mencionada Paula Garvín ha acusado al número dos de la lista del PP, Ricardo Tarno, de haber encabezado novatadas en su tiempo de estudiante universitario. ¡Magnífico! Ante una acusación de tamaño calado creo yo que debería actuar el Tribunal de La Haya, como poco. Así de simpáticas están las cosas. cherrera@andalucia.net
Entiendo que desde fuera del País Vasco cuando se escucha o lee noticias sobre esta comunidad se llegue a sentir hastío. Entiendo que se quejen de que hay más líneas escritas sobre el País Vasco que sobre otras comunidades. Pero precisamente fue el suma y sigue de noticias del País Vasco lo que hizo despertar a muchos ciudadanos. Se pasó de callar a hablar. El asesinato de Miguel Ángel Blanco hizo que quienes ya estaban despiertos y los que empezaban a estarlo se revelaran creando el Espíritu de Ermua, nutriente de todo lo que ha venido después. Ese despertar fue el primer punto de inflexión en el sentir de los vascos. Se formaron dos equipos que iban a jugar un «derby». Por un lado, con manos blancas y caras al descubierto, los que luchaban porque ningún atentado fuera portada de más noticieros y cuyo himno es «Basta Ya». Por otro lado, mostrando en sus camisetas la serpiente y el hacha, sin dar la cara y con el grito de «ETA mátalos», los culpables de que tuviéramos que escribir esas noticias. Sin embargo, llamando a las cosas por su nombre, se consiguió llevar a puestos de descenso a ese equipo cuyo entrenador es ETA y está integrada por una plantilla como HB, Batasuna, EH, Ekin...
Llevamos muy adelantada esta liga y lo que no debemos olvidar es qué equipo va primero en la clasificación, que no es otro que el dirigido por la Constitución y con una alineación compuesta por el Estatuto, el Pacto Antiterrorista, la firmeza democrática y las víctimas del terrorismo. El trabajo de este equipo es el que hace posible que estemos viviendo un nuevo punto de inflexión que culminará el 25-M, cuando veamos que ya no contaremos con uno de los titulares que jugaba con ETA y que desprestigiaba las palabras «Partido Político».
Sin embargo, en este derby debemos contar con un tercer equipo cuyo nombre es «Nacionalismo Excluyente» y que quiere jugar con trampas y marcando sus propias reglas. Un equipo que reniega de las decisiones del árbitro y cuyo entrenador sólo practica la técnica del Plan Ibarretxe, la cual no se ajusta ni a la realidad ni a las necesidades sociales, económicas y políticas. Con esta técnica que quieren convertir en regla de juego lo único que conseguirán será fracturar el marco en el que todos debemos jugar. En aras a lo dicho, este equipo, el PNV, lo que hace es trampear. Dicen que están contra la ilegalización de Batasuna pero se frotan las manos cuando ven que parte de esos votos manchados de sangre pueden ser para ellos. Dicen que quieren un Estado libre asociado pero quieren sacar al País Vasco de España y de Europa. Dicen que trabajan para todos los vascos pero enchufan a sus amigos. Dicen que quieren acabar con ETA pero pactan con ella. Lo más lamentable es que estos nacionalistas hablan de que los Constitucionalistas herimos las sensibilidades, creamos crispación y división. Pero ¿qué puede crear más crispación que más de un cuarto de siglo sobreviviendo con los terroristas entre nosotros?
Mientras parte de la sociedad sufría y sufre esto, el PNV y EA se quedaban y se quedan de brazos cruzados sin hacer nada para acabar con el cáncer que iba desarrollando ETA. No podemos dejar a un lado el hecho de que PNV ha ido anestesiando a muchos gracias a su emporio económico y social cimentado sobre trampas y mentiras. Sin embargo, el nerviosismo está penetrado dentro de sus pilares y empiezan a ver cómo se agrietan sus muros. El PNV se está dando cuenta de que lo que pensaban que era una herencia vitalicia ya no es tal. Con Álava perdieron su hipotética omnipotencia y deseo que esto sea el principio de una nueva era. Una era en la que como en Fuente Ovejuna todos los Constitucionalistas tengamos un único objetivo: trabajar, no para desbancar al nacionalismo, idea repetida por éstos y que ratifica el síndrome de la persecución que tienen, sino para acabar con el nacionalismo radical, excluyente y xenófobo.
¿Cómo puede ser posible que las Diputaciones de Vizcaya y de Guipúzcoa, antepusieran los intereses del Gobierno Vasco a los de sus ciudadanos en las negociaciones del Concierto Económico? ¿Cuál fue el objetivo de que quisieran cambiar la Ley Electoral seis meses antes de las elecciones? De repente deciden que el voto urbano valga menos que el rural. Que el voto que no les apoya valga menos que el que sí lo hace. ¿Es o no es de tramposos?.
Respecto al 25-M no puedo hacer ningún pronóstico porque si algo hemos aprendido sobre las encuestas, y más tratándose del País Vasco, es que no nos sirven. Sin embargo, hay quien dice que marcan tendencias, pues he de decir que, una tendencia que sí nos debe valer es que personas provenientes del PNV se han incorporan a las listas constitucionalistas. Aunque testimonial, ésto sí marca una tendencia. ¿Me podría decir algún ilustre nacionalista, cuántos ejemplos conocen de constitucionalistas que se hayan incorporado a sus filas? Y es que si antes el nacionalismo lo podríamos calificar de moderado y demócrata, con el paso de los días y de sus actitudes hegemónicas y turbias, vemos que de demócrata poco y de moderado más bien nada. Hace unos días un niño de seis años me quiso describir lo que pensaba y veía con sus ojos. «No entiendo cuál es el problema. Si hay unos malos y unos buenos, lo que tenemos que hacer es que los buenos se junten y que acaben con los malos». Que sabias palabras las de este niño. No supe qué responderle.
La resolución del Supremo que determina que también debe quedar disuelto el grupo Sozialista Abertzaleak, la más reciente denominación de los siete diputados batasunos en el Parlamento vasco, debiera poner final a la cuestión que se planteó con el auto de ilegalización de esta fuerza, brazo político de la banda armada, y que la dirección del Parlamento vasco prefirió tomar con una desesperante calma, alegando su condición de ente autónomo y soberano, excluido de la obediencia, incluso, a resoluciones judiciales “del Estado”. El Supremo ha sido explícito y tajante, a la hora de determinar con la mayor precisión y de advertir, una vez comprobado que los siete miembros de SA son los mismos que integraron el grupo Batasuna, que en un Estado de Derecho todos los poderes públicos están sometidos a la ley, cuya aplicación e interpretación corresponde en exclusiva al Poder Judicial.
Por consiguiente, no debiera haber ya dudas ni resistencias, pero aún queda alguna, como demuestra el hecho de que el Parlamento vasco, todavía, se lo esté pensando. Primero, hasta recibir el auto judicial, luego, porque será preciso modificar el reglamento de funcionamiento interno, que no considera la hipótesis de disolución de uno de sus grupos, y después, porque, en aplicación de su propia filosofía de que es un ente autónomo cuyas decisiones ni siquiera condiciona la doctrina del Tribunal Supremo, se propone someter a votación la aplicación de la resolución judicial. Habrá, por lo tanto, votación secreta y los diputados, uno a uno, y en conciencia, determinarán si hacen caso, finalmente, a las instrucciones que llegan “de Madrid” sobre la exigencia de que la ilegalización y disolución de los grupos de Batasuna, de toda agrupación de Batasuna con cualquier propósito y denominación, debe quedar legalmente extinguida.
¿Y si la resistencia continuara? En medios políticos no se cree que tal cosa vaya a suceder, aunque habrá tentaciones en tal sentido. Si tal cosa se mantuviera, no habría que descartar las reacciones más, teóricamente, inimaginables: la orden de arresto y detención de Atutxa, por ejemplo, por desacato. La disolución de todo el Parlamento vasco y hasta de la autonomía de Euskadi. Pero se mantiene la esperanza de no tener que llevar tan lejos el pulso que se viene produciendo entre el Estado español y el parlamento autónomo de Euskadi.
Que después de tantos emplazamientos jurídicos y otros tantos juegos de dilación, al Tribunal Supremo se le ha agotado la paciencia, salta a la vista. Tras los trucos del Parlamento vasco - «que si no nos damos por aludidos, que si Batasuna ya se llama de otra manera, que si esperamos el pronunciamiento de los servicios jurídicos »- y al haber comprobado la «idéntica composición personal» entre Batasuna y SA, el Alto Tribunal ha dado un paso adelante. Sus magistrados, cansados quizás de invitar constantemente al Parlamento a que obrase en consecuencia disolviendo el grupo de los herederos ilegalizados de Batasuna, y a la vista de que el Parlamento, más que vasco, parecía gallego y se hacía el sueco, ha dictado una orden de disolver el 'grupo de Ternera' que no podía ser más clara.
El PNV, con Atutxa a la cabeza, se rasga las vestiduras alegando la dignidad de nuestro Parlamento que, para cuestiones de organización interna, es soberano. Pero el Tribunal, con el artículo 118 de la Constitución en mano, ya se ha adelantado a recordar que «es obligado» cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de jueces y tribunales. Y se ha adelantado también al decir que su pronunciamiento se ha hecho «con plena independencia de que el estatuto singular de los miembros de los partidos siga la suerte prevista por ellos mismos». Es decir; que si el grupo de Otegi pasa al Grupo Mixto, se acabó la rabia, aunque no el problema, claro está. Pero ahí ya no se mete la Justicia.
Si la Mesa del Parlamento no disuelve el grupo de SA ¿estará colaborando a perpetuar la actividad política de quien se reparte las funciones con una organización terrorista? La pregunta es de un magistrado del Tribunal Superior. Qué pena, por no decir otra cosa, que los defensores reglamentistas de los derechos colectivos de Batasuna no hayan defendido, con el mismo furor, la dignidad de los asesinados por ETA. Por lo visto, para salvaguardar la dignidad también existen dos modelos de país distintos y enfrentados.
El ministro Michavila nunca ha hablado de lo que yo juzgo que debe ser un motivo principal de ilegalización de Batasuna y de sus listas clonadas. Trabajo en un municipio guipuzcoano en el que se presenta, en el segundo lugar de una plataforma seudobatasuna, una presa de ETA acusada de dar información a la organización terrorista sobre las costumbres de un socialista que va como segundo en la lista del PSE-EE. Hace un año, esta señorita recibía una carta de ETA en la que se la invitaba a dar información de las actividades, paseos... del candidato socialista. Dio unas informaciones tales que ETA preparó un coche bomba para estallarlo en un domingo en el que el edil se tomaba libre el día. No obstante, la Policía pudo detener antes al «comando» de ETA. Pues bien, si no se hubiesen ilegalizado esas listas nos hubiéramos encontrado en el mismo pleno, que proclamará al nuevo alcalde de ese pueblo, a la presa-chivata a pocos metros del concejal. ¿No parecería un esperpento? ¿Hemos perdido la sensibilidad? El día 25-M los vascos brindaremos por nuestra definitiva libertad. Iñaki Mendizábal. Ondarroa (Vizcaya).
Nino Muñoz/Vitoria-Gasteiz Cartas al Director El Correo 23 Mayo 2003
Antes, como ahora, lo que está en juego en el País Vasco (vivir para ver), es la vida y la libertad. Pero hoy es más evidente que ayer que el lehendakari y su gobierno siguen anteponiendo su plan soberanista al entendimiento, la convivencia, la vida y la libertad. El PNV lleva gobernando más de 20 años, gracias a la Constitución y al Estatuto. Y de largo, y más concretamente desde el pacto de Estella, viene protagonizando, de acuerdo con los radicales, una ofensiva de ruptura del marco jurídico vigente para imponernos la independencia.
A estas alturas de la película de las elecciones, a las que los constitucionalistas tienen que ir con miedo, con riesgo y escoltados, llama la atención la persistente ambigüedad y el victimismo del PNV poniéndose de crucificado entre ETA y el PP. Ante esta situación, para que no se rompa el actual marco jurídico, para no seguir perseguidos por los violentos, con los votos, alternancia. Para que unos no sigan zarandeando el árbol y otros recogiendo nueces, ni se den connivencias con radicales, para no sufrir discriminación por no saber euskera, alternancia. Para sustituir a quienes no asumen un compromiso real para erradicar el terrorismo, alternancia. Y si no la hay, como dice la canción, mañana, y por coherencia, la habrá.
Los últimos atentados en Arabia y en Marruecos han traído a colación el tema de la posible reaparición del eclipsado Ben Laden y el resurgir del grupo terrorista Al Quaida. Se discute, en los medios de comunicación si ese resurgir del terrorismo es el fruto del deseo de venganza de los musulmanes humillados por el ataque de los EEUU y sus aliados al Irak, o un resurgir de los terroristas de Ben Laden. La primera hipótesis es la conocida tesis de que todo lo malo que sucede en el mundo es el resultado de la agresividad del imperialismo norteamericano, que provoca con sus intervenciones violentas en los países musulmanes, la respuesta terrorista. La segunda, la del resurgir del grupo Al Quaeda, es más tranquilizadora pues esos actos son, simplemente, el producto de un puñado de fanáticos, que reciben ayudas económicas de algunos gobiernos.
Cada una de las dos explicaciones nos da, al mismo tiempo, la posible solución del problema de este terrorismo. En el primer caso bastará con hacer presión sobre el gobierno de los EE UU para que deje de humillar a los musulmanes, y se acaba el terrorismo. En el segundo caso una acción enérgica y conjunta de los gobiernos, occidentales y musulmanes, acabará con esos fanáticos terroristas, ahogándoles física y económicamente.
Puede que el problema sea algo más complicado. Últimamente se han publicado noticias en las que se decía que en todos los países musulmanes, una multitud de imanes influyentes habían hecho llamamientos a la guerra santa contra el mundo occidental en su conjunto, sin hacer distinciones entre los norteamericanos y los otros, pues son infieles. Para esos "consejeros espirituales", cuya opinión tiene mucho peso entre los creyentes, el verdadero enemigo del Islam es la cultura occidental en su conjunto. Por otro lado llegan noticias, pocas, de lo que está sucediendo en el sur del Sudan, en Indonesia, en Nigeria, en Filipinas, y en Argelia por citar los más conocidos. En el Sudan las matanzas de decenas de miles de cristianos y animistas por los musulmanes, han conducido a una guerra civil. En Indonesia la limpieza "religiosa" realizada por los islamistas en el extremo sur alcanza un número que se aproximaba, hace dos meses, a los cien mil. En Nigeria la represión, cruenta, alcanza a todos los animistas y a la minoría cristiana.
En Argelia el FIS (Frente Islámico de Salvación) alcanzo la mayoría en las elecciones de 1991, se anularon las elecciones y en 1992 se ilegalizó al FIS. Desde entonces los islamistas llevan a cabo una guerra civil bajo la forma de actos terroristas; los islamistas argelinos ejecutan a sus compatriotas musulmanes que no les son favorables o son poco fervorosos, hombres, mujeres y niños, del campo y de las ciudades. Él número de víctimas supera las dos mil por año. En Filipinas, la limpieza "religiosa" en algunas islas del sur, es obra de la minoría islámica (6% de la población), pero sigue los mismos cauces y la misma técnica terrorista de los islamistas de otras áreas geográficas.
Del Norte de África a las Islas Filipinas, sin olvidar los Estados Unidos y Europa, el terrorismo islámico tiene los mismos objetivos: las culturas, y religiones, no musulmanas, y los gobiernos musulmanes de tendencia "laica" o moderados. La realidad es que los islamistas son los ortodoxos actuales del Islam. Su movimiento es un "revival" religioso. Creen que la decadencia del Islam es debida al abandono de la ortodoxia, a la tibieza religiosa actual. El fenómeno no es nuevo en el mundo musulmán, recuérdese a los almohades, entre otros. Los islamistas no son una banda de terroristas, son algo más profundo y serio. Descalificar y no querer comprender un movimiento social, religioso o político, es el camino más corto para no saber "con quién se la juega uno".
El Foro de Ermúa, la Fundación de Víctimas del Terrorismo y otras asociaciones han pedido a los ciudadanos del País Vasco, ante las elecciones del próximo domingo, que apoyen "las opciones de libertad, de solidaridad y de convivencia en paz que representan hoy las siglas PP, PSE-EE y UA".
El Foro Ermua, las Fundaciones de Víctimas del Terrorismo, José Luis López de Lacalle, Gregorio Ordóñez y Miguel Angel Blanco, y la Asociación de Víctimas del Terrorismo han firmado un manifiesto en el que consideran un grave error "plantearse estas elecciones a gobiernos municipales y a Juntas Generales como un enfrentamiento entre partidos nacionalistas y constitucionalistas". Para estas asociaciones, lo que se producirá el próximo domingo será un enfrentamiento electoral entre, por un lado, "quienes de hecho se han convertido en los abogados defensores de los terroristas y su entorno y han dado su apoyo moral al brazo político de ETA" y, por otro lado, "quienes han decidido enfrentarse al terror desde la más estricta legalidad democrática".
Estos últimos, señala el manifiesto, "defienden como punto de encuentro y como garantía de nuestras libertades el Estatuto de Autonomía, que nos otorga el mayor autogobierno de Europa". Añaden que "la incorporación a las listas electorales de los partidos constitucionalistas de nacionalistas críticos con la deriva del nacionalismo gobernante es la mejor prueba de ello". El manifiesto destaca que los actuales dirigentes nacionalistas vascos "han buscado todos los subterfugios para incumplir la Ley, siempre en beneficio de los terroristas" y "se han obstinado en impedir cualquier medida tomada contra ETA y su entorno, ya fuera policial, judicial o política", además de que han dado "apoyo moral expreso al brazo político de ETA, e incluso "han ofrecido sus listas a los miembros de Batasuna".
Las asociaciones firmantes del manifiesto resaltan "la deriva suicida del nacionalismo gobernante que nos lleva a escenarios continuamente más desfavorables, la pérdida de toda moderación y su falta de voluntad política para hacer frente a los principales problemas de nuestra tierra: el terrorismo, la adulteración de la democracia, la falta de libertad de la mitad de la población y la ruptura social que padecemos". El manifiesto indica que "es necesario votar de acuerdo con valores y proyectos democráticos que propugnan una defensa activa de la libertad, que apoyan la lucha desde la legalidad", por lo que consideran preciso votar "a quienes hacen frente a la deriva del nacionalismo y defienden una Euskadi plural, sin connivencias de ningún tipo con ETA y su entorno".
ABC 23 Mayo 2003
Los nacionalistas van todos justos a la urnas y, en ese sentido, la ofensiva es difícil y dura porque los constitucionalistas muchas veces estamos divididos, y no hay una suficiente convicción por parte del PSE en que tenemos que estar más unidos que nunca.
-¿Opina que, de nuevo, hay un pacto ETA/PNV?
-La idea del PNV es, con los votos de Batasuna, dar un respaldo al plan Ibarretxe y avanzar en la ruptura del País Vasco con el resto de España. El enfado de ETA con el PNV es porque le está robando el espacio que le correspondía, pero la pretensión de ambos es excluir a los que no son nacionalistas. El PNV lo hace a través de un proyecto político sólo para nacionalistas, y ETA, asesinando.
-¿Cómo convencer a la gente de que apoye la alternativa PP-PSE cuando el socialista Odón Elorza habla de gobernar con el PNV?
-El hecho de que el PP lidere la alternativa al PNV es la garantía de que va a salir adelante, porque nosotros creemos que ese es el camino y en la medida que, eso sea así, seguirá adelante. Si no fuera por el liderazgo del PP, por la solidez y la coherencia de nuestro planteamiento en el PSE, se abrirían muchas posibilidades o tesis, desde lo que dice Maragall, lo que piensa Elorza y lo que, a veces, insinúa Patxi López.
-¿Pone la mano en el fuego para afirmar que si el PNV no logra mayoría absoluta, habrá gobiernos PP-PSE en Vitoria y Álava?
-El Partido Socialista debería ser menos ambiguo y más claro en sus posicionamientos para que todos sepamos el día 26 dónde va a estar exactamente, y no dejar todas las puertas abiertas. Todavía no sé por qué nunca quisieron formar parte de los gobiernos de Vitoria y Álava, y compartir la alternativa. Los ciudadanos tienen dudas fundadas sobre cuál va a ser su actitud después del 25-M. Da la sensación de que decide su táctica en función de las circunstancias y de los territorios, y hay que pedirle un poco más de seriedad, tener un proyecto más coherente y compartido.
-Entonces, en Vitoria, ¿está todo en el aire o se puede hablar de pacto tácito frente al PNV?
-Hay que ver lo pasa el 25 de mayo. Lo que está claro es que hay una ofensiva muy fuerte y clara por parte del PNV, y que nosotros tenemos una especial responsabilidad para liderar una alternativa en la que hay que seguir confiando. Luego, hay otros que hacen dos discursos al mismo tiempo y generan confusión e incertidumbre sobre la alternativa. Creo que, en la medida que nosotros mantengamos una postura coherente y un liderazgo, esa alternativa será un proyecto de futuro que, finalmente, cuajará.
-Los sondeos predicen que el PP perderá la condición de primera fuerza. ¿Cedería la Alcaldía al PSE por un gobierno constitucionalista?
-También el Gobierno vasco ha hecho una encuesta para mandarnos al final...Lo más importante de estos cuatro años ha sido la estabilidad, y que hemos gobernado con sensatez y para la comodidad de todos. Estoy convencido de que ganaremos las elecciones al PNV. Lo otro, es una discusión distinta. Una cosa es si va a haber mayoría constitucionalista en Vitoria, que la va a haber, y otra quién debe liderarla. Detrás de esa decisión, no está sólo la defensa de la Constitución, sino el proyecto de ciudad que otros no tienen. El PNV no aporta ninguno y viene simplemente a sacar adelante el plan Ibarretxe, y el Partido Socialista, tampoco.
-Que el PNV pasara a la oposición, ¿ha influido en que Vitoria se haya convertido en un modelo de lucha por la libertad?
-Sin gobiernos del PP en en el País Vasco, muchos de los avances que se han producido en la mejora de la convivencia, en la lucha contra ETA y en el nacimiento de la idea de una alternativa al nacionalismo no se hubieran producido.

References: artículo 155
 artículo 155
 Artículo 155
 resolución 
 resolución 
 artículo 118