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La organización escolar: contexto y texto de actuación - PDF
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Julia Alicia Salazar Sosa
1 La organización escolar: contexto y texto de actuación Joaquín Gairín Sallán Editorial La Muralla Colección Aula Abierta Editorial La Muralla, S.A Constancia, Madrid Primera edición, 1996 Este material se utiliza con fines exclusivamente didácticos
2 ÍNDICE INTRODUCCIÓN PARTE 1 LA ORGANIZACIÓN COMO APROXIMACIÓN AL ESTUDIO DE LA REALIDAD 1. LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS COMO ÁMBITO DE ESTUDIO Una primera aproximación al estudio de la escuela El sistema educativo El sistema escolar La escuela como sistema Relaciones del sistema escuela con el sistema entorno Hacia una nueva conceptualización de escuela Origen y evolución de la escuela La escuela en la actualidad La escuela del futuro Una nueva conceptualización del término escuela Dimensiones en el estudio de la escuela La dimensión institucional La dimensión pedagógica La dimensión didáctica La dimensión orientativa La dimensión organizativa Las dimensiones específicas LA ORGANIZACIÓN COMO ÁMBITO DE ESTUDIO La sociedad y las organizaciones La organización y las organizaciones Organización, administración y gestión Hacia un esquema comprensivo de las organizaciones Tipología de las organizaciones La escuela como organización LA ORGANIZACIÓN ESCOLAR Sobre el concepto de Organización escolar La Organización escolar como práctica y tecnología La Organización escolar como conocimiento científico La Organización escolar como disciplina Objeto y contenido de la Organización escolar Hacia una especificación del contenido a desarrollar Algunas consideraciones finales EL PASADO Y El. PRESENTE DE LA ORGANIZACIÓN ESCOLAR Panorámica general sobre el desarrollo de la Organización escolar Paradigmas en Organización escolar Enfoques globales Implicaciones de los modelos paradigmáticos en el análisis de las organizaciones escolares
3 El enfoque cientítico-racional El enfoque interpretativo-simbólico El enfoque crítico Hacia un modelo comprensivo de la realidad organizativa escolar PARTE II LA ORGANIZACIÓN COMO CONTEXTO PARA LA ACCIÓN 5. EL CURRÍCULUM COMO REFERENTE El currículum como campo de intervención La escuela como espacio del currículum Currículum, organización e innovación LA AUTONOMÍA INSTITUCIONAL COMO REQUISITO La evolución de los sistemas educativos La descentralización como propuesta La autonomía institucional como resultado/ concreción Aspectos conceptuales de la autonomía institucional La autonomía institucional Justificación de la autonomía Los modelos y niveles de autonomía Los usos y abusos de la autonomía Aspectos contextuales de la autonomía constitucional La autonomía de los centros y el sistema escolar Autonomía institucional y planificación educativa participativa De la escuela del Estado a la escuela de la Comunidad Los marcos de actuación Las condiciones que favorecen la autonomía Los peligros o los riesgos que cabe afrontar Las dudas y las esperanzas LA CALIDAD DE LAS INSTITUCIONES EDUCATIVAS COMO OBJETO Problemática conceptual Por qué se plantea la calidad? El movimiento de escuelas eficaces como referencia Algunas problemáticas a considerar PARTE III LA ORGANIZACIÓN COMO TEXTO PARA LA ACCIÓN 8. EL COMPROMISO CON LA CALIDAD. ÁREAS CLAVES Hacia una delimitación de los ámbitos de interés El contexto externo La autonomía institucional como requisito El papel de las autoridades El compromiso de los padres El contexto interno La orientación general del centro educativo El currículum como referencia básica La actuación del personal El liderazgo de los directivos El papel de los recursos
4 El seguimiento y evaluación de actuaciones El clima y la cultura como síntesis Clima y cultura, dos caras de una misma realidad? El clima como resultado A la búsqueda del clima organizacional aceptable La cultura como soporte del cambio La modificación de la cultura DE LA ORGANIZACIÓN QUE ENSEÑA A LA ORGANIZACIÓN QUE APRENDE La organización como marco y agente educativo La organización que aprende La naturaleza del aprendizaje perseguido Las condiciones en que ha de darse Otros requisitos que lo favorecen LAS ESTRATEGIAS DE DINAMIZACIÓN La intervención en centros educativos El sentido de las estrategias Algunas posibles estrategias Estrategias de carácter global El Desarrollo Organizacional La Revisión Basada en la Escuela La Reunión Departamental El Desarrollo Colaborativo La Formación en Centros Otras estrategias deformación Otras propuestas Estrategias operativas Estrategias relacionadas con las funciones organizativas Algunas consideraciones finales A modo de conclusión REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ÍNDICE DE CUADROS ÍNDICE DE FIGURAS
5 CAPÍTULO X LAS ESTRATEGIAS DE DINAMIZACIÓN La intervención en centros educativos La realidad de los centros queda configurada por factores externos e internos que interactúan entre sí potenciándose o condicionándose. Los factores externos actúan como marco, son expresión de los condicionantes socioculturales de carácter general o próximo y adoptan formas de acuerdo a las necesidades del contexto, al marco normativo y a la ordenación que se hace del sistema educativo. Los factores internos hacen referencia tanto a la ordenación de los elementos estáticos de la organización (Planteamientos Institucionales, Estructura y Sistema relacional) como a la consideración de los aspectos dinámicos (dirección y funciones organizativas: planificación, distribución de tareas, actuación coordinación, evaluación e innovación). Y sobre todo ello inciden las concepciones o planteamientos ideológicos que se aplican a la hora de ordenar/justificar las acciones sobre la realidad. Plantearse la forma que ha de adoptar la intervención en los centros educativos no resulta fácil, si se consideran las complejas relaciones que se mantienen entre los elementos organizativos citados y el insuficiente desarrollo que en este momento ha alcanzado la Organización escolar. De antemano, cabe señalar lo determinante que en el contexto organizativo resulta el marco de actuación. Si la intervención educativa tiene como una de sus finalidades el potenciar el proceso de socialización de la persona, deberá estar atenta a las exigencias que el contexto socio-cultural-económico plantea y a las formas como ha ordenado la realidad. Un sistema educativo muy centralizado y con un amplio desarrollo normativo reduce a menudo, como ya hemos mencionado, la acción de los centros a meros sistemas ejecutores de las decisiones tomadas por la política educativa. De hecho, la actuación de los centros educativos queda delimitada en la práctica por las posibilidades que se les proporcionan, pudiéndose señalar el papel decisivo que tienen los recursos proporcionados, las acciones definidas o las actitudes potenciadas. Pero tan importante como el margen de autonomía que permite el sistema educativo, resultan las concepciones o enfoques organizativos que en la práctica se tienen y aplican. Si bien las orientaciones y preocupaciones son diversas a este respecto, la necesidad de acudir a enfoques globales se impone cuando se trata de intervenir en la práctica. No parece soslayable considerar la calidad de los centros educativos desvinculada a su diseño estructural y operativo, de las necesidades de las personas que en ella interactúan o de las imposiciones que potencia la búsqueda del cambio. Los elementos marco citados no sólo delimitan las formas que adopta la posible intervención en centros sino que, además, determina muchas veces las posibilidades de éxito. Las opciones son muchas; no obstante, parecen perfilarse en los últimos años algunos elementos de acuerdo que permiten caracterizar la intervención organizativa en marcos con una cierta autonomía curricular. Al respecto, podemos señalar para el análisis y debate algunos de los presupuestos que pueden regir esa intervención en el contexto interno de las instituciones (Gairín, 1992a:241). 1. Coherencia, con el marco de actuación existente y con los objetivos que persigue la intervención. 2. Holística, en la medida en que considera los diferentes elementos que configuran las organizaciones (Objetivos, Estructura y Sistema relacional) y las relaciones que entre ellos se establecen. 3. Completa, por incorporar tanto procesos de planificación como de ejecución y control. 4. Abierta, si consideramos que la combinación de presupuestos estructurados y emergentes le proporciona flexibilidad para adaptarse a las mejoras que los procesos de seguimiento y evaluación aconsejan. 5. Contextualizada, no sólo con las exigencias del entorno general sino también con las propias del entorno inmediato. Al respecto, habría que considerar la coherencia que los procesos de intervención deben tener con el nivel educativo considerado, con la tipología del centro, con el contexto organizativo existente o con el modelo de dirección adoptado. 6. Democrática, no sólo por permitir la participación sino por alentar a partir de ella procesos de colaboración. 7. Reflexiva e innovadora, por apoyarse en un proceso de búsqueda de alternativas y dirigirse a introducir cambios positivos en la realidad. 8. Factible, esto es, ajustada a las necesidades que plantea la realidad. 5
6 9. Útil, en la medida en que el proceso iniciado resulta ajustado en tiempo y recursos a las exigencias que justifican el propio proceso de intervención. Pero, además y a nivel operativo, la intervención en las organizaciones debería cumplir como mínimo los requisitos de: 10. Sistematismo, al obedecer a un proceso racional de actuación. 11. Progresividad, que exige la adecuación de actuaciones en función de los problemas existentes. 12. Realismo, al concretar las actuaciones en función de los problemas existentes. 13. Especificidad, que conlleva actuaciones sectoriales, si bien se organiza de acuerdo con el respeto al carácter holístico de las organizaciones. La intervención orientada bajo estos presupuestos debe ir dirigida a potenciar la calidad de la educación, a facilitar un contexto que también eduque y a favorecer el crecimiento de la organización. No obstante, el problema ya no reside tanto en saber qué perseguimos sino en cómo lograrlo. Como dice McKanzie: Es tal el nivel de consenso sobre cuáles son los factores principales de la eficacia de la escuela que la cuestión sobre qué es importante para esa eficacia quizás sea ahora menos significativa que la cuestión sobre qué puede cambiarse a un menor precio y con los mejores resultados. (Cit. López, 1994:104) Hay que enfatizar en las estrategias y junto a ellas en las actitudes que mantienen los implicados en los procesos de intervención. Actitudes positivas respecto a la participación y al trabajo en equipo, así como actitudes abiertas a la reflexión, al análisis de la realidad y a la investigación son especificaciones de una actitud permanente de cambio que debe acompañar al conjunto de personas que conviven en una misma realidad y, especialmente, a los directivos que quedan implicados en ella. Como ya señalara en referencia a los directivos: No habrá que olvidar de todas formas que la adecuación a nuevas realidades no sólo es cuestión técnica, lo es también de cultura (la participación no sólo es instrumento, también es una forma de entender la vida). Por ello, habrá que incorporar la formación (...) como parte integrante de un proceso de cambio, que comporta objetivos de carácter personal y técnico para la consecución de algunas de las metas señaladas. (Gairín, 1990b: 128) La revisión de estrategias que a continuación se realiza, más que aspirar a ser exhaustiva, pretende presentar una panorámica general sobre las posibilidades de intervención que actualmente se pueden utilizar en los centros de formación. Partimos para ello de las aportaciones que en su día se hicieron al 1 er Congreso Internacional de Dirección de Centros Docentes (Gairín, 1992a) y a los desarrollos y ampliaciones posteriores (Gairín, 1992c: ; Gairín, 1993g: ; Gairín, 1995). El sentido de las estrategias La conducción de procesos de intervención en aras a conseguir unos determinados objetivos abarca múltiples posibilidades que derivan tanto de las formas de abordar los problemas como de los procedimientos utilizados en su resolución. Al respecto se podrían referenciar métodos, técnicas y recursos. Las diferencias entre estos instrumentos de acción son variadas y ya fueron analizadas desde la dimensión didáctica cuando se señalaba: La diferencia entre métodos y técnicas es una diferencia de grado. Mientras los primeros son generalizables y unidos a procesos de pensamiento, los segundos son particulares y orientados a la práctica. Consecuentemente, todo método que se quiera utilizar en la acción educativa vendrá acompañado de unas técnicas determinadas. Ahora bien, la diferencia es en muchos casos sutil y en otros inoperante, por cuanto una técnica concreta, fuera de la situación de practicidad que la define, puede alcanzar el rango de método. La relación del recurso didáctico con los elementos anteriormente desarrollados viene a ser de subordinación, de tal forma que la elección del método impone limitaciones a las técnicas y recursos que puedan emplearse. Así, el método individualizado restringe la posibilidad de utilizar técnicas grupales y exige una distribución determinada de los recursos físicos y organizativos de un centro. (Gairín, 1984: ) 6
7 Las relaciones entre estrategia y método pueden también analizarse en función de la amplitud y extensión de los aspectos que abarca cada uno de los conceptos. La estrategia es más general y menos precisa que el método, a la vez que toma en consideración las condiciones contextuales que inciden en la toma de decisiones que acompañan a su aplicación. Frente a los métodos y técnicas, que siguen procesos más o menos estandarizados, las estrategias se consideran, de entrada, como propuestas abiertas que se concretan en la práctica, sin que ello haya de presuponer la inexistencia de orientaciones o secuencias que sirvan para ordenar la actividad. Las definiciones de estrategias se podría decir que son tantas como los autores que las han formulado, como dice Besseyre (1989:27), posiblemente debido a los diferentes presupuestos sustantivos y metodológicos de partida. Por nuestra parte, soslayando el problema terminológico, identificaremos la estrategia con el conjunto de decisiones y acciones fundamentadas relativas a la elección de medios y a la articulación de recursos con miras a lograr un objetivo. Más específicamente, implica: existencia de una finalidad. un proceso organizado que no es necesariamente cerrado; procesos de elaboración y de aplicación; la consideración tanto de factores externos como internos; decisiones y acciones en ambos casos, que incluyen procesos de participación. Se enmarca así la concepción de estrategia en un contexto que intenta superar situaciones anteriores donde las estrategias venían dadas (eran externas e impuestas) y representaban la separación entre los que las pensaban y ofrecían de una manera normativa y los que las debían aplicar. Posiblemente, el origen militar y ligado a la planificación estratégica que atribuye De la Torre (1994: ) al término pueda explicar tanto la relación entre planificación, estrategia y política como el uso que el sistema educativo tradicionalmente ha realizado. La concepción amplia y abierta que se ha hecho de estrategia se sitúa, por otra parte, en la línea de los autores que se han referido a este constructo. Sirvan de ejemplo y de matización algunas de las afirmaciones siguientes: La formulación y valoración de estrategias ha de verse como una parte de un todo complejo en las relaciones y procesos sociales, dentro de los cuales aquellas tienen lugar y contribuyen a facilitar los resultados. (Shaw, 1990:472) La dimensión estratégica implica los mecanismos y métodos para gestionar y cambiar la escuela, para tomar decisiones, para renovar e incentivar su estructura, estilos de liderazgo y procedimientos para guardar los valores, relaciones y estructuras. (Dalin, Rust, 1990:46) Entiendo la estrategia de innovación como procedimiento adaptativo o conjunto de ellos por el que organizamos secuenciadamente las acciones en orden a conseguir los cambios previstos. (De la Torre, 1994:206) Aunque se reconoce una cierta falta de univocidad, hay que entender que nos movemos en una cierta imprecisión que nos permite explicar algunos usos indebidos del término. Sea como sea, la extensión que abarca la referencia a estrategia contempla siempre algunos de los prenotandos que hemos señalado. (...) podemos encontrarla bajo la denominación de modelos, programas, métodos o procesos de puesta en marcha de un proyecto de cambio. Comporta, eso sí, ciertas bases teóricas, concreción de su objeto o finalidad, secuenciación en forma de pasos a seguir, elementos personales como agentes y beneficiarios, y elementos organizadores de recursos y de las acciones emprendidas. (De la Torre, 1994:209) La delimitación de estrategias en contextos colaborativos debe considerar: a) Su vinculación con los procesos de planificación De hecho, las relaciones semánticas y conceptuales del término con la planificación estratégica son evidentes y se manifiestan cuando se habla de estrategias como planes generales de acción que deberían irse cumplimentando a partir de una táctica aplicada a cada situación concreta. 7
8 La coherencia que las estrategias deben tener con procesos de planificación no debe presuponer una cierta rigidez si consideramos que la planificación posee diversas formas y que puede observarse una evolución técnica y conceptual de la misma. El funcionamiento de la planificación aplicada a contingencias inadecuadas ha permitido de hecho comprender la limitación de ciertos procedimientos y la necesidad de incorporar nuevas propuestas. La literatura organizativa ha puesto a menudo énfasis en las contingencias del entorno, especialmente en lo que se refiere a la incertidumbre y a la relativa ineficacia de la aplicación de técnicas previsionales por extrapolación en contextos de cambio o de alta incertidumbre. Sin embargo, aún se presta poca atención a las contingencias derivadas de la naturaleza de los problemas, que acaso nos puede ayudar a comprender mejor las contingencias que acompañan a mayores niveles de incertidumbre y complejidad. Razones históricas y coyunturales pueden explicar el anterior fenómeno. La planificación formal (basada en tipos modélicos, de carácter racional-comprehensivo) que se impulsó en el mundo empresarial de los años 60 apareció como un avance científico válido ante la complejidad creciente de las operaciones que se debían abordar. Sin embargo, los cambios producidos en los años 70 (crisis energética, con sus correlatos de inflación, crisis económica, etc.) pusieron en evidencia la invalidez de los anteriores planteamientos (a pesar de reconocer su validez técnica) cuando el nivel de incertidumbre aumenta y no es válida la hipótesis de partida sobre el no cambio: los factores que condicionaron los resultados en el pasado, lo seguirán haciendo en el futuro de la misma forma. La contestación que obtiene la planificación desde lo cognitivo y operacional (imprevisibilidad de acontecimientos, inestabilidad de supuestos de acción, lentitud de formulación, inadecuación a cambios rápidos,...) exige la búsqueda de nuevas formas de planificación que respondan a la incertidumbre y que tomen en consideración una tasa de cambio acelerado. La respuesta no se ha hecho esperar y ya se han desarrollado tecnologías que responden a los cambios en la naturaleza del problema de la organización (por ejemplo, ANSOFF, en el contexto de la planificación estratégica de recursos humanos) y que implican consideraciones de carácter holístico al apoyar la inclusión de valores e incorporar conceptos clave como puedan ser la capacidad adaptativa, la flexibilidad organizativa o la capacidad de respuesta rápida. La lenta evolución de las formas de acción en las organizaciones educativas y su dependencia de modelos externos (empresariales, de organizaciones de servicios,..) ha hecho que la presencia en ellas de los ya anticuados modelos de planificación formal tengan más presencia de lo deseable. Las reacciones al respecto han sido diversas y en algunos casos de negación, como puede apreciarse en las citas presentadas por Escudero (1992:1): Profesores implicados en procesos de desarrollo y mejora de la escuela observan ocasionalmente el tipo de planificaciones realizadas en los ámbitos estatal o provinciales y se sorprenden de lo que puede significar pasarse toda la vida planificando y controlando la educación en lugar de hacer educación. (Louis y Miles, 1990) No hay duda de que muchos de los profesores que trabajan en las escuelas son cínicos y escépticos con respecto a la planificación. Para una gran mayoría, la planificación consiste en recoger muchos datos y elaborar documentos voluminosos mientras la vida de la organización sigue su propio ritmo. (Lotto, Clark y Carroll, 1980) No obstante, como ya se señala en referencia a los procesos de planificación rígidos: Pues si es bien cierto que puede constatarse que la misma representa una parcela de tierra quemada por tantas experiencias improductivas, no deja de ser defendible que, situada en su lugar, la planificación adecuada de nuestra acción educativa tiene gran importancia. Si, como señalan los autores citados en lo que se refiere al desarrollo educativo, los procesos de su puesta en práctica son los más decisivos y críticos, su calidad viene condicionada por el tipo de actividades y procesos que hayan tenido lugar en la preparación/planificación de los mismos (Louis y Miles, 1990). O como también destacan Lotto, Clark y Carooll (1980), la planificación es un aspecto inherente y natural de la vida de cualquier escuela, y cuando es abordada y desarrollada de una manera adecuada, puede contribuir a ordenar y promover su desarrollo para la mejora de la educación. (Escudero, 1992:4) La reacción de retornar a una gestión intuitiva ante los problemas que plantea una tecnología de la anticipación y de la planificación a largo plazo nos parece ingenua y poco realista. Se necesitan, por el contrario, planteamientos sustantivos de carácter más adaptable y capaces de reforzar la intuición y el 8
9 proceso decisional en momentos en los que los problemas sean poco conocidos o la experiencia acumulada pueda ser tanto correcta como incorrecta. Bajo este enfoque de flexibilidad aparecen modelos y técnicas diversas entre las que cabe destacar la planificación contingente, que supone la preparación previa de un conjunto de acciones a adoptar en el caso en que se produjera un evento significativo para la organización (Cuadro 39). Esta planificación de evitación de sorpresas, como a menudo se la ha llamado, admite contenidos diversos y se entiende complementaria con otros mecanismos más rígidos de planificación 1. Cuestiones a resolver Aciones a ejecutar Paso 1: IDENTIFICAR MOMENTOS CRÍTICOS Qué puede suceder? A. Listado de los eventos que pueden suceder. Determinación de los que tienen una significación crítica para la organización. Cómo incidirá en la organización? B. Evaluación y selección de las contingencias. Qué posibilidad existe de que suceda? C. Estimación de la posibilidad de ocurrencia. Paso 2: ESTABLECER EL MOMENTO DE ARRANQUE Cómo sabemos que va a ocurrir? A. Listado de indicadores relacionados en la aparición del evento. Quién puede alertar? B. Identificación de los responsables de explorar los indicadores señalados. Paso 3: DELIMITAR RESPUESTAS Qué hacer si ocurre? A. Determinar la estrategia que centraliza (o capitaliza) el efecto de la contingencia. Qué efecto tendrá sobre el evento? B. Estimar el impacto de la estrategia propuesta. Cómo será la respuesta? C. Estructuración de un programa con asignación de tiempo, responsables y mecanismos de control. Aplicada a la planificación estratégica, requiere que se le complete con planificaciones tácticas, ya que la mera identificación de contingencias y de los objetivos y valores asociados a la respuesta carece de sentido si no se incorpora una implementación táctica de proceso. También nos parecen válidas las aportaciones realizadas por Escudero, quien a través de cuatro proposiciones perfila otra concepción sobre la planificación diferente a la tradicional: a) una faceta crítica de la actividad planificadora viene definida por su carácter de contexto y proceso para legitimar, fundamentar y construir las bases en las que deben basarse la reconstrucción del pasado, del presente y la proyección del futuro. b) la planificación es un proceso que debe afectar a distintas parcelas y dimensiones de la realidad de la escuela, y debe hacerlo más como un proyecto permanente de constitución de lo que hemos de hacer que como una actividad puntual, acotada y reducida a un espacio temporal cerrado sobre sí mismo. c) importa sobremanera clarificar, construir y activar el contexto social/institucional en el que adquiere sentido y realidad el proceso de planificación. d) planificar es un esfuerzo por trazar un puente de relación entre el pasado de un centro, entre su presente y entre el futuro que queremos crear a la luz de las opciones de valor y de los supuestos teóricos en los que asentamos nuestra visión de la educación, de los centros escolares, del trabajo y de la profesionalización de los profesores, etc. (Escudero, 1992: 22) 1 Aunque el modelo de planificación tradicional y rígido parece ajeno al organizador, su utilidad es indiscutible en situaciones que requieren una respuesta rápida (por ejemplo, temas de seguridad: incendio, desalojos,..), a la vez que permite la adopción de medidas preventivas (adiestramiento del personal, simulaciones, delimitación de tareas en casos de crisis,...). 9
10 Sea como sea, lo cierto es que las estrategias de acción se vinculan al modelo de planificación seleccionado y asumen con él la simbología, racionalidad y capacidad de resolución que le acompaña. b) Su relación con los contextos de actuación La elección de estrategias no sólo debe ser coherente con los planteamientos paradigmáticos, también debe considerar el papel que éstas han de jugar en el desarrollo de la organización. En el campo de la planificación de recursos humanos, se usan modelos que fácilmente pueden asumirse en el campo educativo. Un modelo que intenta facilitar la formulación de estrategias y objetivos debería considerar: El entorno que rodea a la organización y con el que interactúa. Abarcará, en consecuencia, tanto los valores y prácticas dominantes como las normativas existentes. Los recursos disponibles, tanto en términos humanos como materiales. Los valores personales de las personas que deciden en el ejercicio de la planificación. El modelo presentado en la Figura 47 parte del supuesto de que la formulación de estrategias y objetivos pretende el desarrollo de la capacidad adaptativa de la organización, a través de la disminución de la distancia entre las demandas del entorno y las demandas generadas por la propia organización (GAP, en el ámbito de la gestión de recursos humanos). Las demandas del entorno corresponden a las exigencias sociales, tecnológicas, legales o de otro tipo que hay que satisfacer. Las demandas de la organización son el resultado de la interconexión de los objetivos institucionales (académicos, administrativos,..), de las personas que los han de alcanzar a partir de su trabajo (sistema relacional) y de las estructuras (de recursos humanos, materiales y funcionales) que los soportan, en el marco conformado por la cultura organizacional. El modelo presentado puede calificarse de homeostático en la medida en que busca el equilibrio. Sin embargo, el dinamismo y complejidad de la realidad organizativa hacen que siempre existan desajustes que se traducen en fuerzas y debilidades de la organización. En este caso, el desequilibrio o conflicto puede ser percibido y valorado por la organización o por el organismo que le ampara como deseable o indeseable, en función de su naturaleza y del estándar de tolerancia que se tenga establecido. En cualquier caso, si se admite la capacidad de incidir en los diferentes elementos, debemos asumir la posibilidad de modificar el gap a través de un esfuerzo de planificación que permita mejorar la capacidad adaptativa. Al respecto, el diagnóstico se plantea como una fase inicial y esencial. c) Su vinculación al proceso reflexivo y a la resolución de problemas 10
11 Asumir las vinculaciones que las estrategias mantienen con el proceso de planificación y su posición entre las demandas de la organización y las del entorno supone admitir su carácter instrumental. De hecho, es a través de ellas como se vehiculan las opciones que el proceso de reflexión va generando. Una intervención cuidadosa en los centros precisa de un esfuerzo constante por diagnosticar y seleccionar claves, organizar evidencias, evaluar datos y tomar decisiones. Al respecto, se plantea el valor de la reflexividad como meta a conseguir (el profesional reflexivo como persona dispuesta y capaz de reflexionar) y como medio para conseguir una realidad capaz de adaptarse a nuevas exigencias. La reflexión como habilidad metacognitiva que permite percibir necesidades y problemas del ambiente tiene así implicaciones didácticas y organizativas y afecta tanto a aspectos del ejercicio y desarrollo profesional como a procesos de desarrollo organizativo. d) Su conexión con la dinámica relacional El conocimiento y aplicación de estrategias corresponde, en la clasificación que en 1959 realizaron French y Raven sobre las clases de poder social, al poder del experto, basado en la capacidad que se tiene debido a la experiencia, entrenamiento, inteligencia o acceso a la información relevante. El poder del experto influye, no obstante, en el campo cognoscitivo, pero escasamente modifica actitudes y valores. Por ello, la utilización de estrategias, si queremos que introduzcan cambios substanciales, debe hacerse, además, desde el poder referente (basado en la atracción personal, identificación o prestigio) sin excluir en segundo término la posibilidad de aplicar recompensas (poder de recompensa) o imponer restricciones (poder coercitivo), como reforzantes de las situaciones dadas y como método de influencia (control de ganancias y costos). Por otra parte, no se debe olvidar que la utilización de técnicas se asocia con la existencia de líderes como personas capaces de conducir al grupo hacia sus objetivos o de estructurar las interacciones necesarias a la resolución de un problema. A todo el conjunto de vinculaciones señaladas subyace la idea del centro educativo como unidad de cambio y de formación permanente del profesorado Esta asunción básica ya comentada anteriormente conlleva un cambio en la forma de hacer y de pensar (cambio cultural), a la vez que modificaciones en los objetivos y estructuras de funcionamiento institucional. Algunas posibles estrategias La complejidad de la realidad organizativa de los centros y la multitud de situaciones que en ellos se dan permiten considerar variadas estrategias en función del ámbito considerado (académico, administrativo, de representación,..) y del contenido de actuación (estructural, operativo,..). Igualmente, se podrían diferenciar las actuaciones en relación al nivel educativo considerado (infantil, primaria,..), a los implicados (grupo de profesores, equipo de nivel, equipo de ciclo,..) y al grado de desarrollo organizativo existente (mínima o máxima implicación del personal, recursos existentes,... ). Relativiza todo ello la procedencia de plantear esquemas unívocos con valor de generalización; antes bien, se apunta la necesidad de analizar cada situación concreta y su grado de desarrollo para seleccionar la actuación más adecuada. Desde esta perspectiva, las aportaciones que siguen deben considerarse como indicativas y ejemplo de muchas de las posibilidades de intervención que existen. Un primer acercamiento lo realizan Chin y Benne (1969) cuando proponen una agrupación de estrategias de cambio en tres enfoques. El basado en la aplicación del poder, nos acercaría a los planteamientos legislativos y administrativos: se delimita una norma que regula la actividad. Un segundo enfoque se apoya en orientaciones psicosociológicas, que confían en la persona como objeto activo que busca solución a sus problemas. Las estrategias dirigidas a la mejora de la solución de problemas, al cambio de actividades y valores o al desarrollo personal serían algunas de las propuestas. El tercer enfoque, calificado de empírico-racional se apoya en un proceso de racionalidad y utiliza a la investigación científica como el mejor medio para ampliar conocimientos y comprobar los resultados en la práctica. Una mayor clarificación de estos enfoques puede verse en el Cuadro 40. CUADRO 40 Tres modelos de cambio planificado (Moscópulos, 1994:266) 11
12 Modelo Racional Empírico Poder Coerción Valores reforzados Lógica y pensamiento Organización miembros productivos. Énfasis en el tratamiento de la persona Como actor racional. Como actor ejecutante Forma de influencia Información, motivación racional. Información, imposición Mecanismos utilizados Convencimiento y persuasión lógicos. Imposición y sanción positiva y negativa. Aprendizaje Asimilación de información. Condicionamiento y persuasión Normativo Educativo Símbolo de autoridad. Democrático. Humanismo Como actor integral: siente, piensa y actúa. Exploración y utilización de resistencias. Sensibilización. Procedimientos y técnicas grupales. Internalización de experiencias significativas. Participación en toma de decisiones. Short (1983, cit. De la Torre, 1994) clasifica las estrategias de cambio: a) las dominadas por expertos o de implementación dirigida; b) las dominadas por expertos en medio socio-cultural o de adaptación limitada; y c) las estrategias de carácter contextual o de implementación abierta. Guba (cit. De la Torre, 1994:221) establece seis tipos de estrategias a partir del examen de los roles potenciales del cambio educativo: 1) estrategia de valores, que supone tomar decisiones de acuerdo a una prioridad de valores exigida; 2) estrategia racional, apoyada en investigaciones y argumentos lógicos; 3) estrategia didáctica, cuando el adoptante admite la innovación pero carece de formación suficiente para ponerla en práctica; 4) estrategia psicológica, relacionada con la implicación de la persona en la innovación; 5) estrategia de compensación económica por participar en la innovación o de sanción si no se hace; y 6) estrategia de autoridad que tiene que ver con la coacción. Por su parte, De la Torre (1994) presenta una clasificación multidimensional que, a nuestro juicio, es más explicativa de procesos de intervención que clarificadora de las estrategias que se pueden usar. Hace referencia a cinco aspectos que se combinan y relacionan entre sí: a) enfoque (tecnológico, interpretativo, sociocrítico e integrador), fases (planificación, implementación y evaluación), fuentes (política, administrativa, institucional o personal), finalidad (cambio de valores, mejora del currículo, crecimiento institucional, capacitación profesional, mejora de aprendizajes y solución de problemas) y obstáculos (socioambiental, institucional, usuarios e innovación en sí). La combinación de las diferentes perspectivas nos da idea de las orientaciones que puede adoptar cualquier intervención en la innovación. La Figura 48 presenta un esquema clasificatorio que tiene en cuenta el origen, focalización y extensión de las iniciativas. Soslayanado las acciones generales vinculadas a la ordenación del sistema educativo o a la acción de los profesores en las aulas, podrían diferenciarse a nivel organizativo entre estrategias externas e internas (Figura 48). Las primeras están en relación al marco de actuación, mientras que las segundas responden a las necesidades organizativas que tienen los centros. 12
13 La mejora de la acción de los centros puede impulsarse desde el sistema educativo, desde otras instancias que se vinculan a los centros (Ayuntamientos, Empresas,..) o desde la propia realidad social. La existencia de normativas de obligado cumplimiento, la facilitación de recursos humanos, materiales o funcionales o la presión social (demográfica, cultural,..) pueden ser ejemplo de estrategias externas que impulsan en los centros educativos la generación de respuestas. La publicación de normativas referentes a la estructuración de un Proyecto Curricular de Centro (P.C.C.) en tiempo y con estructura determinada, la introducción en el sistema de nuevos especialistas (educación física, música,...), la extensión de servicios existentes (equipos multiprofesionales, orientación en los centros, profesores de apoyo,...) o una mayor dotación presupuestaria son acciones que favorecen la dinamización de los centros educativos. Igualmente, esta se impulsa por iniciativas de la Administración educativa y local (Centros de Recursos, Proyectos de Innovación, Proyectos de Formación,...) o por exigencias socio-contextuales (incorporar el idioma y otros conocimientos de la Comunidad Autónoma, impulsar la realización de prácticas en alternancia,...) Pero sin quitar importancia a estas acciones, su eficacia puede verse mermada si no se corresponde con una positiva dinamización interna. Las acciones en este sentido resultan imprescindibles si se quiere un cambio efectivo y real, siendo, en todo caso, las acciones externas un elemento de apoyo necesario en algunos casos y/o conveniente en otros. Las estrategias a utilizar en los centros pueden ser estructurales u operativas. Las primeras, de carácter fundamentalmente estático, inciden en los elementos de la organización (planteamientos institucionales, estructuras,..), mientras que las segundas, de carácter más dinámico, afectan a su funcionamiento. Los compromisos adquiridos a partir de los planteamientos institucionales existentes (Proyecto Educatio, Proyecto Curricular), la creación de estructuras de gestión (comisiones, responsables,...) o académicas determinadas (departamentos, comisiones curriculares,..) 2, el impulso dado a determinados aspectos del Organigrama (criterios de selección de coordinadores, regulación formativa de la disciplina,..) o la dotación de mayores recursos a determinadas acciones son decisiones que conllevan compromisos y que impulsan a menudo la acción de los centros. Igualmente, determinadas formas de actuación operativa de las que luego hablaremos pueden apoyar las decisiones adoptadas. 2 Al respecto, puede resultar importante analizar a nivel estructural aspectos como las formas que adopta la división del trabajo, el grado o nivel de control que se ejerce y las dimensiones contextuales (tamaño y tecnología) y estructurales (complejidad y formalización) (Gairín, 1989). Igualmente, habrá que considerar aspectos vinculados al sistema relacional como: tipos y modalidades de participación, niveles de comunicación, sistema adoptado en la toma de decisiones u otros. 13
14 La selección y aplicación de las diferentes estrategias señaladas supone un conjunto de decisiones con implicaciones ideológicas y metodológicas que asumen como imprescindible la existencia de una alta coherencia entre las diferentes estrategias a desarrollar, si se quiere evitar disfunciones e incluso conflictos. Igualmente, habrá que considerar las condiciones que su aplicación exige, particularmente en lo referente a procesos de formación, tiempo de acción y recursos humanos, materiales y funcionales precisos. Del conjunto de estrategias mencionadas, adquieren para nosotros una importancia fundamental las operativas, en la medida en que pueden hacer realidad una determinada filosofía (participación, colaboración,..) o posibilitar la eficacia práctica de estrategias más generales por todos los centros, como puedan ser las estructurales o las impulsadas desde el exterior de los centros educativos. De las estrategias operativas, presentamos a continuación algunas propuestas existentes, considerando que detrás de ellas hay concepciones determinadas, no siempre están consolidadas como prácticas habituales de los centros y, en algún caso, puedan identificarse con movimientos que las apoyan y que tienen en su utilización el máximo exponente. Estrategias de carácter global Las estrategias de carácter global se identifican como tales por incidir en toda la organización y afectar a todos sus componentes. Suponen o conllevan una modificación de los objetivos institucionales, un cambio en las estructuras y una alteración de los procesos organizativos, al mismo tiempo que una modificación de las dinámicas relacionales. Subyace a todas ellas la idea del centro educativo como un lugar de cambio y de formación, como una institución que aprende y que genera cambios en su cultura. El Desarrollo Organizacional Una aproximación a este planteamiento puede hacerse a partir de las definiciones que recoge Ostoic (1993:278). Es una respuesta al cambio, una compleja estrategia educativa, cuya finalidad es cambiar las creencias, actitudes y valores y la estructura de las organizaciones, en tal forma que éstas puedan adaptarse mejor a las nuevas tecnologías, mercados y retos, así como al ritmo vertiginoso del cambio mismo. (Warren Benis) Es un esfuerzo planeado para toda la organización y dirigido desde arriba, para aumentar la eficacia y salud de la organización mediante interacciones planeadas en los procesos de la organización usando los conocimientos de la ciencia de comportamiento. (Beckhard) A) Caracterización El Desarrollo Organizacional Educativo (D.O.E.) es una de las estrategias de cambio planificado de carácter normativo, o sea, se apoya en valores democráticos humanistas, conduce a la participación y cohesión grupal, permitiendo el crecimiento personal y la utilización de las potencialidades del individuo dentro de la organización (Moscópulos, 1994:268). El D.O.E., a la vez que estrategia, es un marco conceptual, ya que permite a las escuelas convertirse en sistemas de personas autorrenovadoras, autocríticas y receptivas al cambio, con capacidad de formular programas y planes innovadores e íntegros. El D.O.E. concibe la escuela como un todo (estrategia holística), donde los grupos de personas actúan interdependientemente y en contacto entre unos y otros en la realización de sus tareas, que los va conduciendo a los objetivos de la gran tarea que es la organización. El D.O.E. se fundamenta en premisas como: a) Muchos de los problemas que enfrenta la escuela tienen su origen en la naturaleza del grupo y de la organización dentro de la cual se manifiestan. b) La dinámica del grupo, y no las habilidades de los miembros en forma individual, constituye la mayor fuente de problemas y, a la vez, determina la calidad de las soluciones. Si se da una adecuada 14
15 coordinación a los procesos y procedimientos de grupo, más que dificultar el completo uso del potencial humano, permite la salida de la energía latente necesaria para la sensibilidad, la creatividad y crecimiento organizativo. El D.O.E. intenta facilitar esa fuente de energía ayudando a los integrantes de la unidad educativa a descubrir y aprender formas productivas de trabajar sin problemas, mejorando sus capacidades de organización, logrando formas de interacción a pesar de la frustración que pueda existir, confiando en su habilidad para comprenderse a sí mismo, evaluar las circunstancias, identificar sus metas y realizar las funciones en que se encuentran comprometidos. (Moscópulos, 1994:269) Un aspecto importante del enfoque del D.O.E. para mejorar la eficacia organizacional es el esfuerzo reflexivo y consciente para ayudar a las personas a crecer y desarrollarse en el marco organizacional. Supone esto el dar por sentado que la eficacia y la eficiencia organizacionales pueden mejorarse si se satisfacen ciertas condiciones en el marco organizacional ya señaladas por Ostoic (1993: ): La mayoría de las personas necesitan y desean el crecimiento y la autorrealización. Se les debe dar oportunidad para que desarrollen todo su potencial en un trabajo atractivo que constituya para ellos un desafío. Una vez satisfechas las necesidades básicas, muchas personas no quieren ni buscan un ambiente tranquilo y seguro. Si se les da una oportunidad, se interesan más por el trabajo, el estímulo y la responsabilidad. Cuando se organiza el trabajo para que satisfaga las necesidades del individuo respecto a procesos de motivación, responsabilidad y crecimiento, la eficacia y la eficiencia organizacionales aumentan, en relación con todas sus metas. El aumento de la libertad de comunicación facilita el crecimiento personal. Cuando en la resolución de conflictos el acento pasa desde la emisión de órdenes o suavización a la confrontación abierta, se facilita el crecimiento personal y la consecución de los objetivos organizacionales. Las personas que trabajan en grupos se muestran más abiertas y sinceras unas con otras. El grupo aumenta la capacidad para enfrentarse con los problemas de un modo constructivo, en lugar de hacerlo de un modo desorganizado. La estructura y planificación organizacional de los puestos de trabajo puede modificarse para lograr que satisfaga con más eficacia las necesidades del individuo, del grupo y de la organización. Muchos choques de personalidad en las organizaciones son el resultado de los problemas de planificación organizacional. Las características de esta propuesta pueden ser resumidas con Davis y Newstrom (1987) en las siguientes: a) Es de orientación sistémica. El interés radica en el cómo se interrelacionan la partes de la organización, y no éstas en sí mismas. Lo que interesa es que el desarrollo sea una dinámica esencialmente integradora. b) Utiliza un agente de cambio. En su aplicación y para su verdadera intervención en el proceso de cambio, utiliza un agente externo, que se interioriza de las características de la organización, de las problemáticas específicas, para luego, con un plan de trabajo, ir a la acción. Este consultor no impone soluciones, sino que pone a disposición del grupo sus conocimientos sobre interacción humana y procesos de cambio, ayudando a que el mismo grupo busque sus soluciones. El objetivo final será el transmitir estos conocimientos al grupo. Si una escuela siente pertinentes los cambios, los integrantes que se proponen diseñar este cambio deben saber el cómo y por qué las escuelas trabajan en la forma corno lo hacen. De allí que los consultores en D.O. deben tener la capacidad de descubrir la presencia o ausencia de subsistemas y su naturaleza, porque a través de ellos deberá promoverse el cambio. (Moscópulos, 1994:269): c) Emplea la estrategia de solución de problemas y el aprendizaje experiencial. Los integrantes de la organización aprenden a aprender de sus experiencias y en ese aprendizaje logran las habilidades para encontrar solución a los problemas. La integración así conseguida se aplica a nuevos problemas. 15
16 d) Recurre permanentemente a la retroalimentación, ya que permite el aumento de la confianza y apoyo entre los miembros de la organización. La idea es el desarrollo de aptitudes interpersonales para llegar al cambio de actitud y al respeto, tolerancia y fe en sí mismo y en los demás. e) Es de orientación de contingencia. El D.O. es flexible y pragmático Adopta formas de acción de acuerdo a las necesidades que la realidad plantea. f) Fomenta la formación de equipos. La formación de equipos se entiende como un proceso humano esencial en el cual están implicados sentimientos, actitudes y acciones. Es una estrategia que debe emerger por sí sola y entre los mismos integrantes de la organización. g) Sustenta una definida orientación ética, ya que el D.O. se fundamenta en un manejo claro respecto de los valores en la vida laboral, fomentando la colaboración, la comunicación abierta, la confianza interpersonal, el poder compartido y la confrontación constructiva. B) Aplicación Aunque se puede considerar que el D.O. es un enfoque situacional o de contingencia y aun cuando se usen técnicas diferentes, casi siempre el proceso conlleva las etapas recogidas en la figura 49. Como puede apreciarse, hay un proceso de revisión constante que enlaza con las características de planeado, sistemático y concentrado en los cambios con que se ha caracterizado. El desarrollo que hace María Moscópulos (1994) de esta orientación da mucha importancia al análisis de la distribución de las fuerzas reactivas y proactivas respecto al cambio existentes en la organización. Una situación de equilibrio puede alterarse aumentando el conjunto de fuerzas que impulsan el cambio, debilitando las fuerzas opositoras o reactivas y actuando simultáneamente sobre las dos clases de fuerzas. La referencia que hace al Análisis del campo de fuerzas de Kurt Lewin permite identificar los cuatro pasos que permiten pasar de una situación existente a otra deseable. 1. Identificación de las fuerzas existentes, sean conductoras, proactivas, progresivas o impulsoras o reactivas, regresivas o de contención. 2. Descongelamiento de la situación existente. 3. Desplazamiento hacia el nuevo nivel. 4. Recongelamiento o restablecimiento del equilibrio en un punto deseable (nuevos estándares, otras normativas, nuevas políticas, etc.). Una presentación de las fuerzas proactivas y reactivas lo hace Huse y Bowditch (1975) en el esquema presentado en la Figura
17 Las estrategias operativas a usar son variadas, si bien la autora señala como adecuadas el laboratorio de sensibilización, el funcionamiento de equipos, la mejora de las relaciones intergrupales y el enriquecimiento del puesto de trabajo. El variado soporte que ha tenido el Desarrollo Organizacional en buena parte del ámbito de la sociología y psicosociología explica el uso de distintas metodologías, especialmente en la fase de diagnóstico e intervención. Muchas de las técnicas usadas aquí están relacionadas con los T-Groups, la investigación de exploración y retroalimentación, y las técnicas de sensibilización, así como la investigación-acción, la investigación-cooperativa, etc. También Santibáñez (1994) analiza modelos de desarrollo organizacional y presenta estrategias para su aplicación. 17
18 Las aportaciones del Desarrollo Organizativo se relacionan con un intento de focalizar la acción sobre las organizaciones y la introducción de técnicas de intervención como: comunicación, liderazgo, desarrollo de equipos o coordinación de grupos. Pese a su orientación tecnológica (incorpora actuaciones externas y usa técnicas muy determinadas), incorpora, en un contexto de sistemas educativos centralistas y uniformadores, una visión sobre la importancia de los contextos concretos y sobre la necesidad de definir propuestas concretas de intervención. El mayor aporte desde el ámbito de la innovación proviene de la mayor atención al desarrollo interno de las instituciones y a su crecimiento institucional a partir de los modelos de periferia-periferia. La Revisión Basada en la Escuela La Revisión Basada en la Escuela (RBE) o el Desarrollo Centrado en la Escuela implica la diagnosis sistemática sobre el funcionamiento global o de un subsistema completo de la misma dirigida a su mejora y desarrollo. A. Caracterización La RBE como estrategia de cambio se apoya en la teoría de la organización y en ciertos aportes de los estudios sobre innovación. Desde el punto de vista organizativo tiene antecedentes en el Desarrollo Organizacional (surge al amparo del modelo de Recursos Humanos) y en las teorías de innovación difundidas a partir de los 80. La posición de esta estrategia centrada en los propósitos de cambio y mejora del centro educativo son compartidos por otras estrategias, de las que cabe destacar la denominada Desarrollo Curricular Basado en la Escuela (DCBE), y que aglutina un conjunto de prácticas educativas innovadoras que se han desarrollado en las últimas décadas. Definida por Skilbeck (1984) como la planificación, diseño, puesta en práctica y evaluación por parte de la escuela de un programa de enseñanza dirigido a los alumnos y miembros de la institución, implica el dotar a la escuela de un grado de autonomía que le permita tomar decisiones, dirigir sus asuntos y configurar estructuras que le posibiliten diseñar el currículum y configurar programas específicos de enseñanza-aprendizaje. La concreción de la RBE como movimiento se identifica con el Proyecto Internacional de Mejora de la Escuela (Internacional School Improvement Project- ISIP) desarrollado en catorce países a partir de 1982 por la OCDE/CERI. El carácter sistemático de los procesos dirigidos a la escuela o a un subsistema de ella, la intencionalidad y el control del proceso de mejora, la interrelación entre la responsabilidad de las personas de dentro y los apoyos y asesoramiento provenientes del exterior, serán los aspectos más destacables. Una descripción más específica la realiza Bollen (1987), que describe tres posibles enfoques para caracterizarla: Como una técnica, en la medida en que su desarrollo ha ido acompañado del desarrollo de instrumentalización diversa relacionada con el diagnóstico y análisis de datos. Como una fase inevitable de cualquier proceso de innovación y mejora. A este nivel, la naturaleza de la estrategia de mejora determina la naturaleza del proceso de RBE. Como una estrategia de mejora más que un instrumento o herramienta o una fase del proceso. A este nivel presenta como notas relevantes: - Su sistematicidad, no sólo la reflexión. - Su objetivo a corto plazo es obtener información válida acerca de la eficacia organizativa. - Permite dirigir la acción sobre un aspecto de la organización o currículum. - Es una actividad de grupo que envuelve a los participantes en un proceso de colegialidad. - Óptimamente, el proceso es apropiado por la escuela o subsistema. - El propósito es el progreso hacia la idea de escuela que resuelve problemas o de la escuela relativamente autónoma. (Cit. Coronel y otros, 1994: 227). La RBE, como intento o estrategia de cambio, al tiempo que como una meta a alcanzar, queda caracterizada por Hopkins (1989) contó: 1. Tiene como foco de atención la escuela en su totalidad o un núcleo completo de la misma, ya sea el currículo, la organización, la gestión de recursos escolares, el profesorado o el aprendizaje del alumno. 18
19 2. La RBE es un proceso sistemático y reflexivo de los miembros de la institución escolar que buscan obtener información sobre las características de la misma y su funcionamiento, desarrollando con ello su capacidad de autonomía y resolución de problemas. 3. Es una estrategia centrada en la escuela pero desarrollada por el profesorado que es el que se responsabiliza cooperativamente de desarrollarla. 4. La RBE no pretende tan sólo revisar la situación real del centro, sino desarrollar su potencial para mejorar la calidad de la enseñanza. 5. Es fundamental para una exitosa RBE, la existencia de un clima positivo en el centro hacia su autoanálisis. 6. Los propósitos y el contexto de la RBE determinarán la metodología y procedimientos concretos a seguir en su planteamiento y desarrollo. (De la Torre 1994: 240) En definitiva, se reconoce que sólo puede ser unidad de cambio aquel centro educativo que internamente se configura en función de esa perspectiva, lo que exige analizar, cultivar y desarrollar aquellos procesos organizativos que le permitan adaptarse a nuevas situaciones, enfrentarse a los problemas y desarrollarse internamente. La finalidad última de esta estrategia sería el lograr una escuela relativamente autónoma o con capacidad para resolver sus problemas, lo que conlleva capacidades de diagnosis, búsqueda de información y recursos, movilización de acciones colaborativas y control de las tres anteriores. La aplicación de esta reflexión exige a la organización una toma de autoconciencia de sus problemas y de su capacidad para resolverlos. En definitiva, (...) la capacidad de control supone que la escuela puede describir sus propias normas, valores, estructuras y procedimientos, puede examinar sus metas, planes de acción y cuestionar su relevancia, y puede, en definitiva, preguntarse no sólo si se lograron las metas, sino también si ese logro ha sido valioso. (González, 1988:32) No hay que olvidar en este proceso la implicación que tienen las condiciones externas y, más específicamente, las que afectan a la autonomía académica, administrativa y económica. Asimismo, deberán considerarse las internas, que hacen referencia a la existencia de un liderazgo democrático, clima innovador, cierta tradición de autocrítica constructiva, apertura comunicativa y capacidad del grupo para el análisis y la resolución de problemas. B. Aplicación Respecto a su aplicación, no podemos hablar de estrategias genéricas y universales, ni bien definidas ni establecidas a priori, pues su localización en escuelas concretas, con historia, cultura y propuestas de cambio diferentes, y a veces situadas en coordinadas políticas y sociales distintas, ha hecho que su desarrollo y articulación varíe de unos lugares a otros. Cabe, en todo caso, hablar de una estrategia comprensiva, intencional y flexible a los rasgos de cada escuela, lo que no supone pensar en un proceso desestructurado. De hecho, hay una cierta sistematicidad que permite hablar de 4 fases o etapas. a) La iniciación, centrada en las condiciones de actuación, supone el desarrollo de actividades tendentes a clarificar las formas, contenidos e implicados en la revisión. Resulta clave en la medida en que se consiguen procesos de clarificación e implicación personal y se delimitan condiciones infraestructurales para llevarla a cabo. b) La fase de revisión, dirigida al autochequeo del centro educativo o de una parte de él. Incluye un análisis general, que abarca la delimitación de instrumentos y permite la discusión y la reflexión conjunta dirigida a revisar o chequear los aspectos considerados problemáticos por los miembros de la institución. También a un análisis específico, localizado en algún aspecto del currículum, cultura u otro aspecto particular. c) La etapa de acción clarifica, a partir de la información existente, los aspectos a mejorar, las estrategias a usar, la formación del profesorado necesaria y el conjunto de cambios a realizar con la delimitación de los apoyos necesarios y del control parejo que se ha de establecer. d) La etapa de reflexión y evaluación implica el compromiso con la revisión (incluyendo fechas), el análisis de lo realizado y los cambios de orientación, a la vez que una reflexión valorativa acerca de lo que 19
20 ha ido ocurriendo en las diferentes fases. Esta fase conduce a reiniciar el proceso, si hay errores detectados, o a enfocarlo a otros temas nuevos, iniciando el ciclo de nuevo. Además de estas fases, cabe considerar el papel que en ellas desempeñan los diferentes protagonistas de la organización, sean directivos, profesores y otros agentes. También, la toma de conciencia de aspectos como la comunicación, la participación o la resolución de conflictos u otros aspectos como la modalidad de control o de formación que se establecen. La consideración de estas perspectivas ha posibilitado el desarrollo de métodos específicos, del que cabe destacar el propuesto por Hopkins (1989) como GRIDS (Guidelines for Review and Internal Development in School), que describe las diferentes etapas o pasos que configuran el circuito que permite la mejora Por último, cabe destacar las aportaciones de esta perspectiva de trabajo en las organizaciones. Algunas implicaciones son señaladas por S. de la Torre (1994: 241) cuando apunta: Alcanzar la meta de la escuela autónoma, resolutora de problemas, representa un cambio radicalmente distinto del que hoy conocemos, ya que incorpora valores como democracia, autonomía individual y cooperación. La idea de la escuela como institución autónoma, resolutoria de problemas, es una meta ideal, a la que se tiende pero difícilmente se llegará. El foco de atención de la RBE está en el proceso más que en el producto. Las metas parciales de la escuela que resuelve problemas no pueden lograrse solamente por la revisión, sino que ha de ir seguida de un proceso de cambio e innovación. La RBE puede asumir valores diferentes en escuelas o Departamentos diferentes, ya que es el contexto el punto de partida de cualquier revisión. Las aportaciones de la RBE a la potenciación de una escuela reflexiva y autónoma superan, en definitiva, los aspectos procedimentales y conectan con una nueva visión de la organización institucional, e incluso de la evaluación, innovación e investigación. Requiere un trabajo con y para la escuela, que supera enfoques anteriores centrados en el trabajo sobre la escuela, favoreciendo el compromiso de todos sus componentes con la innovación y el cambio. Aun pareciéndonos la filosofía algo asumible y defendible, su realización práctica resulta compleja cuando nos enfrentamos a una práctica donde es casi inexistente el sentido institucional y la cultura colaborativa. Los marcos de autonomía que se están desarrollando en nuestras escuelas y su compromiso con el desarrollo curricular marcan parte de las condiciones externas deseables. No obstante, cabrá ampliar la autonomía curricular a aspectos organizativos y administrativos, de tal manera que se pueda impulsar desde las propios centros educativos las condiciones internas deseables y ya mencionadas CUADRO 41 Matriz del proceso de RBE (D. Hopkins, 1989:118) Fases y actividades CONDICIONES PREVIAS I. Fase Preparación Iniciación. Negociación sobre: - Participación. - Control. - Formación. Decisión de proseguir. Entrenamiento para la RBE. II. Revisión Inicial Planificar la revisión. Decisión sobre instrumentos. Recogida y análisis de datos. Informe y discusión de resultados. Decisión de proseguir o no. Objeto de la revisión Hacer revisión Roles Gestionar Apoyar Controlar/influir 20

References: resolución 
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