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Timestamp: 2019-08-20 02:02:52+00:00

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Libro rojo de aves de Colombia Volumen II: Ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos del centro, norte y oriente del país | coll. | download
Strona główna Libro rojo de aves de Colombia Volumen II: Ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales,..
ISBN 13: 9789587169805
Doctor Esperanto: Novela biográfica sobre Luis Lázaro Zamenhof
María Ziółkowska
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Libro rojo de aves de Colombia Volumen II: Ecosistemas abiertos, secos,
insulares, acuáticos continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra
Nevada de Santa Marta y bosqu...
Book · December 2016
Angela María Amaya-Villarreal
39 PUBLICATIONS 783 CITATIONS
13 PUBLICATIONS 24 CITATIONS
7 PUBLICATIONS 28 CITATIONS
27 PUBLICATIONS 162 CITATIONS
BioModelos: mapping Colombia's Biodiversity by integrating expert opinion and statistical models View project
Libro rojo de aves de Colombia View project
All content following this page was uploaded by Luis Miguel Renjifo on 20 March 2018.
Ángela María Amaya-Villarreal,
y Jorge Velásquez-Tibatá
Este libro es el segundo de dos volúmenes,
resultado de una investigación iniciada en el
año 2008. En el primer volumen se presentaron los resultados de los análisis de riesgo de
extinción de las especies de aves de los bosques
húmedos de los Andes y de la costa pacífica.
En este volumen se presentan los resultados
de las especies de ecosistemas abiertos, secos,
insulares, acuáticos continentales, marinos,
tierras altas del Darién, Sierra Nevada de Santa
Marta y bosques húmedos del centro, norte y
oriente del país. Esta obra se basa, en gran medida, en ciencia ciudadana. Los análisis de riesgo de extinción se apoyan en las síntesis de
información escritas por numerosos autores
(104 para este volumen, 155 en total para los
volúmenes I y II) y en modelos originales de
distribución y pérdida e idoneidad de hábitat
procesados con base en información aportada
por 6 instituciones y 141 colaboradores (para
los volúmenes I y II). Los modelos y las estimaciones de tamaños poblacionales y de las
tasas de cambio fueron hechos por el grupo de
autores principales de la obra y las evaluaciones de riesgo de extinción estuvieron a cargo
del primer autor. Esta obra está acompañada
de ilustraciones originales del artista Robin H.
Schiele y de fotografías tomadas por 20 colaboradores.
LA SERIE DE LIBROS ROJOS DE ESPECIES AMENAZADAS
DE COLOMBIA HA SIDO LIDERADA POR LAS SIGUIENTES INSTITUCIONES:
ECOSISTEMAS ABIERTOS, SECOS, INSULARES,
ACUÁTICOS CONTINENTALES, MARINOS,
TIERRAS ALTAS DEL DARIÉN Y SIERRA NEVADA
DE SANTA MARTA Y BOSQUES HÚMEDOS DEL
CENTRO, NORTE Y ORIENTE DEL PAÍS
ACUÁTICOS CONTINENTALES, MARINOS, TIERRAS
ALTAS DEL DARIÉN Y SIERRA NEVADA DE SANTA
MARTA Y BOSQUES HÚMEDOS DEL CENTRO,
Jaime Burbano-Girón y Jorge Velásquez-Tibatá
© Instituto de Investigación de Recursos
© Luis Miguel Renjifo, Ángela María
Amaya-Villarreal, Jaime BurbanoGirón, Jorge Velásquez-Tibatá
Carrera 7 No. 37-25, oficina 1301
Editorial Instituto Alexander
Teléfono: 3202767
isbn: 978-958-716-980-5
Pamela Montealegre Londoño
Óscar Campo Becerra
Claudia Patricia Rodríguez Ávila
Renjifo Martínez, Luis Miguel, autor
Libro rojo de aves de Colombia / Luis Miguel Renjifo [y otros tres]. -- Primera edición. -- Bogotá
: Editorial Pontificia Universidad Javeriana : Instituto Humboldt, 2016.
1 volumen. (564 páginas) : ilustraciones, fotos a color y mapas ; 25 cm
ISBN : 978-958-716-980-5 (v.2)
Contenido : Volumen 2. Ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales, marinos,
tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos del centro, norte y oriente del
1. AVES - DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA - COLOMBIA. 2. ORNITOLOGÍA. 3. ESPECIES
EN PELIGRO - COLOMBIA. 4. PROTECCIÓN DE LAS AVES. 5. CONSERVACIÓN DEL MEDIO
AMBIENTE. 6. ECOLOGÍA ANIMAL. I. Amaya-Villarreal, Ángela María, Autora. II. Burbano-Girón,
Jaime Iván, autor. III. Velásquez Tibatá, Jorge, autor. IV. Pontificia Universidad Javeriana.
CDD 598.2 edición 19
Prohibida la reproducción total o parcial de este material, sin autorización por escrito de la Pontificia Universidad Javeriana
y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt.
a) si cita toda la obra, los métodos, la síntesis de resultados o el nivel de riesgo de alguna especie:
Renjifo, L. M., Amaya-Villarreal, A. M., Burbano-Girón, J., y Velásquez-Tibatá, J., 2016. Libro rojo de aves de Colombia,
Volumen II: Ecosistemas abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada
de Santa Marta y bosques húmedos del centro, norte y oriente del país. Editorial Pontificia Universidad Javeriana e Instituto
Alexander von Humboldt. Bogotá, D. C., Colombia.
b) si cita la síntesis de información de una especie pero no hace referencia al grado de amenaza de la especie cite los autores de la
ficha. Ejemplo:
Ayerbe-Quiñones, F., Pulgarín-Restrepo, P., y Estela, F. A., 2016. Podiceps occipitalis, en: Renjifo, L. M., Amaya-Villarreal A. M.,
Burbano-Girón, J. y Velásquez-Tibatá, J., 2016. Libro rojo de aves de Colombia, Volumen II: Ecosistemas abiertos, secos,
insulares, acuáticos continentales, marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos del centro,
norte y oriente del país. Editorial Pontificia Universidad Javeriana e Instituto Alexander von Humboldt. Bogotá, D. C., Colombia.
Pontificia Universidad Javeriana. Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento
de personería jurídica: Resolución 73 del 12 de diciembre de 1933 del Ministerio de Gobierno.
Mustelirallus colombianus
Aportes de los autores a esta obra
Índice de nombres científicos por especie (vols. I y II)
Índice de nombres comunes en español
Índice de nombres comunes en inglés
stamos agradecidos con todas las personas
e instituciones que hicieron posible este
libro. Desde el 2008 hasta el 2016 la Pontificia
Universidad Javeriana apoyó institucional y económicamente la investigación conducente a la publicación de Libro rojo de aves de Colombia, volumen I y volumen II (Renjifo et ál. 2014; Renjifo
et ál. 2016). Igualmente fue importante el apoyo
financiero del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt (I.
Humboldt) en las primeras fases de investigación
(2009-2011) del proyecto y su posterior apoyo
en la publicación de la obra mediante un convenio de coedición. El Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible (MADS) también nos apoyó
al inicio del proyecto. Queremos hacer una mención especial a María del Pilar Pardo, en aquel
entonces a cargo de la Dirección de Ecosistemas
del MADS, quien le dio vida al proyecto con su
respaldo inicial y aprobación de recursos para la
primera fase. Este apoyo fue crucial no solo en
relación con lo económico, sino también por el
soporte que el Ministerio prestó a lo largo de
todo el proceso como la entidad coordinadora
del comité nacional de categorización de especies
silvestres amenazadas. Estamos particularmente
agradecidos con Diego Fernando Higuera, Claudia Rodríguez, Xiomara Sanclemente y Sandra
Aristizábal. Del I. Humboldt agradecemos muy
especialmente el acompañamiento y paciencia de
María Piedad Baptiste durante toda la investigación y proceso editorial, así como el apoyo de las
directoras Eugenia Ponce de León y Brigitte L.
G. Baptiste. También agradecemos la colaboración de Carlos Lasso, los investigadores Hernando García y Ana María Franco, Johanna Galvis, y
Ricardo Carrillo de la oficina de planeación.
Queremos expresar nuestra gratitud al conjunto de directivos, académicos y administrativos
de la Pontificia Universidad Javeriana cuyo apoyo
al proyecto del Libro rojo fue de vital importancia para emprender y concluir esta obra. En especial, queremos reconocer al padre Vicente Durán, ex-vicerrector académico, y Consuelo Uribe,
ex-vicerrectora de investigación; Jaime Cataño y
Santiago Pinilla Valdivieso, directores jurídicos,
Jaime fue nuestra luz en momentos de oscuridad;
a los decanos de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, María Adelaida Farah y Luis
Alberto Villa, y a nuestros colegas en diferentes
dependencias de la universidad. En la Facultad de
Estudios Ambientales y Rurales queremos agradecer a Andrés Etter, Juan Ricardo Gómez, Fabiola
Mendoza, Esperanza Rueda, Janeth Torres, Clara
Inés Monroy, Gabrielle Rubiano, Carlos Alberto Villamizar y Armando Sarmiento. Armando
nos sugirió con agudeza cómo aprovechar información de diferente calidad y gran complejidad.
En la Dirección Jurídica agradecemos a: Andrés
Atahualpa Pérez, Laura Buendía Grigoriu, Gloria
Calvajica, Angélica García Peña, Andrea Hernández Guayacán, Wilson Ríos y Daissy Rodríguez.
En la Editorial Pontificia Universidad Javeriana
agradecemos a Nicolás Morales Thomas por su
apoyo al proyecto editorial desde la primera conversación que tuvimos. Agradecemos el trabajo y
entusiasmo de Pamela Montealegre, Jhon Mesa y
Karen Sánchez González con quienes fue todo un
gusto trabajar y aprender.
A nuestros colegas y amigos que nos acompañaron en el equipo núcleo del Libro rojo, volumen I, y no pudieron acompañar la investigación
para el volumen II, les agradecemos su contribución para sacar adelante la iniciativa de este Libro
rojo en su primera fase. Ellos son Juan David Amaya, María Fernanda Gómez y Gustavo H. Kattan.
Un gran grupo de personas y entidades contribuyeron significativamente en el desarrollo de
esta obra al permitirnos el acceso a información
que está bajo su custodia. Ricardo José Lozano,
Ernesto Rangel Mantilla y Gonzalo Hurtado, del
Ambientales de Colombia (IDEAM), muy generosamente nos permitieron utilizar información de la
red de estaciones meteorológicas del país, la cual
fue la base para generar las capas de información
climática utilizadas para hacer los modelos de nicho
de distribución de las especies. Del mismo modo,
el IDEAM nos dio acceso a los mapas de coberturas
boscosas para diferentes años, así como a la Capa
Nacional de Cobertura de la Tierra (metodología
CORINE Land Cover). La estimación del cambio de
la cobertura en regiones con bosques deciduos y
semideciduos representa un gran reto cuando las
imágenes provienen de diferentes épocas del año.
Agradecemos la opinión experta de Gustavo Galindo (IDEAM) para orientar nuestros análisis en este
tipo de ecosistemas. Por otro lado, Stuart Butchart
y Christian Devenish de BirdLife International nos
enviaron información sobre tiempos generacionales de las especies de aves que fueron evaluadas.
José Vicente Rodríguez, de Conservación
Internacional (CI), puso a nuestra disposición la
base de datos del proyecto BIOMAP. Ana María
Franco compartió con nosotros una versión de los
registros utilizados en el desarrollo del Libro rojo
del año 2002. Ana María Castaño, de la Sociedad
Antioqueña de Ornitología (SAO), y en representación de la Red Nacional de Observadores de Aves
de Colombia (RNOA), compartió con nosotros la
información de Dataves. La RNOA fue el canal más
importante de comunicación que tuvimos con la
comunidad de observadores de aves y fue una herramienta fundamental para que el nivel de participación hubiera sido tan alto, de manera que agradecemos el apoyo de esta Red. También agradecemos
a Christian Devenish (BirdLife International) por
su aporte de información sobre Áreas Importantes
para la Conservación de las Aves (AICAS).
La retroalimentación recibida de parte de
Stuart Butchart y Joe Taylor (BirdLife International), Rebecca Miller y Arturo Mora (UICN) y
Graeme Buchanan (Royal Society for the Protection of Birds, RSPB) fueron muy valiosas para la
correcta aplicación del sistema de evaluación de
riesgo desarrollado por la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Por
su parte, Resit Akçakaya, profesor del Departamento de Ecología y Evolución de la Universidad
Estatal de Nueva York en Stony Brook, sugirió
utilizar los índices de idoneidad para estimar el
área de ocupación de las especies.
También agradecemos a Juan Sebastián Lozano, quien durante la primera fase del proyecto
hizo una revisión de literatura y de métodos de
modelamiento de distribución y nicho de especies,
aporte crucial durante la primera fase del proyecto.
Esta obra no hubiera sido posible sin la participación de un gran número de personas, entre el cual se encuentran quienes escribieron las
síntesis de información (fichas) de las especies
(104 colaboradores para este segundo volumen,
155 en total para los volúmenes I y II), quienes
compartieron con nosotros los registros (141 colaboradores para los volúmenes I y II) para el desarrollo de los modelos de nicho de las especies, y
quienes nos enviaron las fotografías de las especies
(97 colaboradores para los volúmenes I y II).
Expresamos nuestra gratitud a quienes
recopilaron la información y escribieron las
fichas de síntesis de información de las especies
evaluadas, su trabajo comprometido y riguroso
constituyó uno de los pilares de información
sobre los cuales se apoya esta obra, ellos son:
Orlando Acevedo-Ch., Marta Sofía Agudelo,
Gustavo Alarcón Nieto, Silvia Álvarez, Juan
Fernando Alzate, Juan David Amaya-Espinel,
David J. Anderson, Sandra Arango Caro, David
Arenas, Diana Arzuza Buelvas, Fernando AyerbeQuiñones, Jorge Enrique Avendaño, Marcela
Beltrán, Henry David Benítez-Castañeda, Johana
Andrea Borras, Jorge Eduardo Botero, Esteban
Botero-Delgadillo, Carlos Daniel Cadena,
Giannina Cadena, Ángela Patricia Caguazango,
Sergio Chaparro Herrera, Pedro Arturo Camargo
Martínez, Giovanni Cárdenas, Laura Cárdenas,
Ghislaine Cárdenas-Posada, Angélica CarvajalRueda, Katherine Certuche, Giovanni Alberto
Cháves Portilla, Yanira Cifuentes-Sarmiento,
Robert Clay, Sergio Córdoba-Córdoba, Oswaldo
Cortés-Herrera, Andrés M. Cuervo, Juan Carlos
De las Casas, Alexandra Delgadillo, Christian
Devenish, María Ángela Echeverry-Galvis, Néstor
Raúl Espejo-Delgado, Rocío Espinosa, Felipe A.
Estela, Juan Freile, Eduardo Gallo-Cajiao, María
Fernanda Gómez, Camila Gómez-Montes, Natalia
Gutiérrez-Pinto, Alejandro Hernández-Jaramillo,
Richard Johnston-González, Carlos Esteban Lara,
Jairo Lasso-Zapata, Oscar Laverde, Alexander
C. Lees, Arne Lesterhuis, Juan Pablo López-O.,
Mateo López-Victoria, Sergio Losada-Prado,
María Lozano-Jaramillo, Diana Carolina Macana,
Thomas McNish Merril (Q.E.P.D), Isabel Melo
Vásquez, Carolina Montealegre-Talero, Andrea
Morales Rozo, María Isabel Moreno, Noemí
Moreno Salazar, Miguel Moreno-Palacios, Joaquín
Moya, Claudia Múnera, Cristóbal Navarro, Ángela
Patricia Navas-Berdugo, Margarita Nieto Restrepo,
Natalia Ocampo-Peñuela, José Manuel OchoaQuintero, Christian Olaciregui, Hugo OliverosSalas, Rubén Darío Pacheco, Jorge Enrique Parra,
Juan L. Parra, Gerson Peñuela, Jorge PosadaGarcía, Paulo C. Pulgarín R., Sebastián Restrepo
Calle, Johana Reyes, Alejandro Rico-Guevara,
Héctor Fabio Rivera, Diego Rodríguez-Gacha,
Néstor Roncancio, Loreta Rosselli, Carlos José
Ruiz-Guerra, Juan Miguel Ruiz-Ovalle, Fausto
Sáenz Jiménez, Diego Soler-Tovar, Adriana Sua
Becerra, Jaime Andrés Suárez, Nubia Suárez,
Juan Lázaro Toro, Ana María Umaña-Villaveces,
Luis Eduardo Urueña, Gabriel Utria, Sandra V.
Valderrama, Yurgen Vega, Daira Ximena Villagrán,
Johana Edith Zuluaga-Bonilla y Santiago Zuluaga.
La mayoría de estas personas aparecen en
este libro como autores de las fichas. Sin embargo, algunos de ellos escribieron la síntesis de
información de especies que no resultaron estar
amenazadas después de hacer el análisis de riesgo
y que por lo tanto no están incluidas en este libro.
Las personas que contribuyeron con dichas síntesis de información y las especies sobre las cuales
escribieron se encuentran en la Tabla 1.
Tabla 1. Especies evaluadas y categorizadas en preocupación menor (LC) y especies que no fueron evaluadas (NE) con los
correspondientes autores de fichas. Los símbolos junto a algunas de las especies indican: *** Tiene menos de 2 % de su población mundial en el país, +++ No está confirmada su presencia en el país, ** Es de amplia distribución o común, °°° No es
residente ni estacional ni permanente en Colombia, (LC) Especie categorizada en Preocupación Menor.
Autores de ficha
Anas andium (LC)
Johana Edith Zuluaga-Bonilla y Henry David Benítez-Castañeda
Sula sula***
Felipe A. Estela y Juan David Amaya-Espinel
Agamia agami (LC)
Carlos José Ruiz-Guerra y Felipe A. Estela
Zebrilus undulatus (LC)
Aramides wolfi (LC)
Carlos José Ruiz-Guerra, Juan David Amaya-Espinel y Felipe
Laterallus jamaicensis+++
Juan David Amaya-Espinel y Felipe A. Estela
Tryngites subruficollis°°°
Richard Johnston-González, Johana Edith Zuluaga-Bonilla y
Gelochelidon nilotica***
Carlos Ruiz-Guerra y Felipe A. Estela
Ramphomicron dorsale (LC)
Oswaldo Cortés-Herrera
Brachygalba salmoni (LC)
Melanerpes pulcher (LC)
Johana Andrea Borras y Luis Eduardo Urueña
Thamnophilus melanonotus (LC)
Oswaldo Cortés-Herrera, Silvia Álvarez
Myrmeciza palliata (LC)
Andrés M. Cuervo y Margarita Nieto
Sporophila funerea**
Adriana Sua Becerra y Sergio Chaparro Herrera
Sporophila maximiliani**
Ángela María Amaya Villarreal
Habia gutturalis (LC)
Sergio Córdoba-Córdoba y Paulo C. Pulgarín-R
En los últimos años, se ha avanzado considerablemente en el conocimiento de la distribución
de las especies de aves en Colombia. Sin embargo, una muy buena parte de la información sobre
la avifauna colombiana se encuentra dispersa en
libros, artículos científicos, informes y literatura
gris, observaciones personales no publicadas, así
como en colecciones públicas y privadas. Estos
registros, junto con las capas de información climática, fueron la base con la cual se desarrollaron
los modelos de distribución de las especies en los
cuales se apoya esta obra. En el volumen I agradecimos a las 133 personas que nos enviaron registros del conjunto de especies de los volúmenes I y
II; en esta ocasión queremos agradecer a las personas que nos enviaron registros adicionales para las
especies del presente volumen: Juan David Amaya-Espinel, Diana Esther Arzuza, Jorge Eduardo
Botero, Giannina Cadena, Felipe A. Estela, Jairo
Lasso Zapata, Mateo López Victoria, Christian
Olaciregui, Daira Ximena Villagrán. Por su parte,
Carlos José Ruiz-Guerra y Yanira Cifuentes nos
enviaron registros de algunas especies acuáticas de
la base de datos del Censo Nacional de Aves y el
Censo Neotropical de Aves Acuáticas en Colombia: 2002-2011, publicados en la Red Nacional de
Observadores de Aves (RNOA), SiB Colombia, Calidris - Invemar y observaciones personales.
Carol Andrea Franco, Jorge Velásquez Tibatá, Jaime Burbano Girón, Ana María Umaña,
María Fernanda Gómez y Ángela María AmayaVillarreal, se encargaron de la curaduría exhausti-
va de estos registros biológicos y de la verificación
y ajuste de su georreferenciación.
Con el fin de obtener nueva información
sobre especies potencialmente amenazadas y muy
poco conocidas en el territorio colombiano, se llevó a cabo una expedición a la Serranía del Darién
en agosto del 2010. En la expedición y en los preparativos de la misma hicieron parte Jorge Enrique
Avendaño, Sergio Ocampo, Luis Miguel Renjifo,
Augusto Repizzo, Juan Miguel Ruiz y Andrés
Upegui. En la preparación de la expedición se contó con la valiosa colaboración de María Fernanda
Gómez. La familia Toro muy gentilmente sirvió
como anfitriona a los expedicionarios. Además,
Oswaldo Cortés hizo una serie de salidas de campo
a varias localidades en el occidente de Cundinamarca con el objetivo de obtener nuevos registros
para algunas de las especies evaluadas.
Este libro se encuentra bellamente ilustrado
con pinturas originales del artista Robin Schiele y
con fotografías de distintos fotógrafos. Hicimos
una convocatoria para recibir fotografías de las especies del libro y recibimos cientos de imágenes.
Los nombres de los fotógrafos aparecen reconocidos en cada una de las fotos utilizadas pero el número de contribuyentes fue mayor. Agradecemos
a las 97 personas que nos enviaron amablemente
sus contribuciones fotográficas para los volúmenes I y II de esta obra. Además de las 56 personas
que nos enviaron fotografías en la fase del volumen I, a quienes agradecimos allí, en este segundo volumen, queremos agradecer a las personas
adicionales que nos enviaron fotografías: Bjor Anderson, Jenny Alexandra Angarita Báez, Juan José
Arango, Magaly E. Ardila Reyes, Hernán Arias,
Carl Axel Bauer, Alejandro Bayer, Jurgen Beckers, Daniel Bernal, Craig Brooks, Pedro Arturo
Camargo, Giovanni Cárdenas, Laura Cárdenas,
David Caro, Oscar Castellanos Sánchez, Katherine Certuche, Giovanni Alberto Chaves Portilla,
Enrique Couve, Gregory Dean, Felipe A. Estela, Andrea Fonseca, Tom Friedel, Kurt Hennige,
Lasse Laine, Juan Pablo López-O., Juan Carlos Marín Marmolejo, Thomas McNish Merril
(Q.E.P.D), Miguel Moreno-Palacios, Noemí
Moreno, Wilmar A. Múnera-P., Walberto Naranjo Maury, Judy Andrea Pacheco, Jorge Parra,
Mikko Pyhälä, Debby Reynolds, Pablo Rodríguez
A., Fausto Sáenz, Andy Swash, Gill Swash, Juan
Lázaro Toro Murillo y Johana Zuluaga-Bonilla.
Para este segundo volumen, en el año 2014
se llevaron a cabo dos talleres (uno en Bogotá y
otro en Cali) con apoyo del I. Humboldt y Calidris, en los cuales se reunieron expertos en aves
acuáticas para compartir y discutir información
útil para las categorizaciones. Estos talleres fueron
organizados por Daniel López, Jorge VelásquezTibatá, César Gutiérrez, María Cecilia Londoño
y Carolina Ortiz. Al de Bogotá asistieron Johana
Zuluaga-Bonilla, Loreta Rosselli, Oswaldo Cortés
Herrera, Sergio Córdoba-Córdoba, Pedro Arturo Camargo, Néstor Raúl Espejo-Delgado, Jorge
Avendaño, Sergio Losada, Daniel Bernal, Diana
Balcázar, Juan Pablo López, Jorge E. Botero, Yanira Cifuentes, Clara Isabel Bohórquez, Nick Bayly
y Sebastián Restrepo. En el taller de Cali nos acompañaron Fernando Ayerbe, Vladimir Rojas, Carlos
Ruiz, Diana Eusse, Yanira Cifuentes, Jhon Jairo
Calderón Leyton, Gustavo Kattan, Carlos Valderrama y Giovanni Cárdenas.
Agradecemos también a los dos revisores
anónimos que evaluaron el documento de este
volumen II, para la convocatoria interna de la Vicerrectoría de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana en el año 2014. Su lectura y
aportes contribuyeron a mejorar los textos. Paulo
C. Pulgarín-R gentilmente revisó el manuscrito
del libro para cazar gazapos.
Los autores de este libro agradecemos a
nuestras familias y seres queridos su comprensión
por todo el tiempo que no estuvimos con ellos
por estar trabajando en nuestro Libro rojo y por
su apoyo a lo largo del proceso.
Los autores agradecemos a todas estas personas e instituciones, y ofrecemos nuestras disculpas a aquellos que se sientan injustamente omitidos de esta sección del libro.
contrario, facilita la interferencia humana con la
desecación y los incendios forestales.
Es difícil escribir estas líneas sin hacer referencia a una catástrofe que desde el principio
del año en curso (2016) ha estremecido las conciencias conservacionistas. En una de las áreas
más pobladas de todo el país, la Laguna de Sonso, declarada Reserva Natural, reconocida como
AICA (Área Importante para la Conservación de
las Aves) y en trance de convertirse en humedal RAMSAR, fue invadida supuestamente por un
empresario cañicultor quien, con ayuda de maquinaria pesada y sin que mediara acción alguna
por parte de la corporación regional a cargo, en
unos cuantos días drenó, rellenó, taponó, desvió,
en fin, hizo todo lo necesario para destruir, entre
otros, el humedal más importante en el alto valle
del Cauca. Y lo logró. La explotación minera y
sus efectos en diversas regiones han tenido una
atención por parte del Estado igualmente tímida
y tardía. Innecesario decirlo, en ningún caso se ha
evaluado el impacto de los atropellos, ni se sabe si
será posible reparar el daño causado.
Es hora de revaluar concepciones generalizadas y ya bien arraigadas en el sentimiento de
a sola mención de ecosistemas abiertos y secos, tierras altas del Darién, Sierra Nevada
de Santa Marta y territorios insulares, a diferencia
de las regiones andinas tratadas, entre otras, en el
primer volumen de la presente edición del Libro
rojo de aves, evoca visiones de áreas extensas, alejadas de los centros de población y libres, por lo
tanto, de las presiones inducidas en nombre del
Pero al dar una mirada a los mapas de las
distribuciones remanentes de las especies emerge
un patrón general de áreas originalmente extensas
y hoy reducidas a girones fraccionados, a veces
a meras hilachas, que evidencian situaciones de
conservación en extremo precarias. Indefectiblemente estos mapas representan gráficamente las
restricciones de los hábitats causadas por distintos
tipos de interferencia humana, desde reducción de
los bosques para expansión de la frontera agrícola
hasta desecación de humedales en beneficio de la
ganadería y la agroindustria. En muchas especies
se añade una inclemente persecución directa. Por
supuesto, el cambio climático global, del cual el
actual fenómeno de El Niño es apenas una expresión pasajera, no ayuda para nada sino que, por el
orgullo patrio, tales como “Colombia el país más
rico en aves” y “Colombia potencia hídrica”. La
riqueza interpretada como mera abundancia conduce en ambos casos, más que al legítimo orgullo
y al esmero en la protección, al despilfarro y eventualmente a la destrucción y al empobrecimiento,
si no se soporta con una clara conciencia de su
fragilidad ante los atropellos ambientales.
La conservación de la avifauna y sus hábitats
en todo el país requiere ya mismo de organizaciones ornitológicas y conservacionistas en general, fortalecidas para detectar oportunamente las
interferencias, vigilar estrechamente a los actores,
monitorear las poblaciones de aves afectadas y,
donde y cuandoquiera que sea necesario, cuestionar y plantear frentes críticos a unas entidades
oficiales cada vez más alejadas de la tierra cuyo
cuidado les fue encomendado.
El Libro rojo de aves seguirá siendo la herramienta fundamental en esta monumental tarea.
n las publicaciones de un profesor se reflejan no solo la materia en que se ha especializado, sus intereses y aficiones, sino también los
talentos que lo acompañan en su quehacer académico: la curiosidad, la constancia, la paciencia, la
disciplina, todos ellos indispensables para alcanzar
las metas que se ha propuesto en sus estudios e
investigaciones. En esta nueva obra dirigida por el
biólogo Luis Miguel Renjifo Martínez, profesor
titular de nuestra universidad, quien fuera Decano
Académico de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales, y hoy Vicerrector de Investigación,
encontramos las huellas de un trabajo desarrollado con esmero, en el cual el conjunto de autores
pone en evidencia su pasión por la naturaleza y
la preocupación por su conocimiento y cuidado.
Nuestro país es reconocido mundialmente
por su diversidad y la exuberancia de sus paisajes,
de su flora y de su fauna. Los Andes, que sirven
de espina dorsal al territorio colombiano, fijan linderos a las regiones que tienen costa sobre el mar
Caribe y el océano Pacífico, a los Llanos Orientales
y la selva amazónica, lo mismo que a las extensas
cuencas del río Magdalena y el río Cauca. En este
rincón del mundo, riquísimo en agua y yacimien-
tos minerales, abundan las aves, habitantes del planeta que sobresalen entre los seres vivos por sus
alas y la capacidad de alzar vuelo para desplazarse
de un lugar a otro, así como por sus trinos, gorjeos
y tantas modalidades de canto que alegran y embellecen los campos y también el entorno urbano.
Catorce años después de la publicación del
Libro rojo de aves de Colombia (Renjifo et ál. 2002),
sale a la luz este segundo volumen sobre especies
que están en riesgo de extinción en nuestro país,
un esfuerzo que ha convocado a centenares de
personas, profesores, estudiantes e investigadores,
biólogos y profesionales de otras áreas, observadores de aves, fotógrafos expertos y algunos aficionados. Gracias a su activa y emotiva participación, se
lograron los registros y observaciones de campo,
las fotos y las notas con datos sobre las especies.
Esta alta participación es, en sí misma, un aporte muy significativo a la investigación científica en
Colombia. En efecto, la “ciencia ciudadana” puede
producir resultados sólidos a partir de información
generada colectivamente: así lo testimonia el segundo volumen del Libro rojo de aves de Colombia.
Por otra parte, se debe destacar la importancia de esta obra para las acciones que se hacen
de conservación dirigidos a especies focales han
beneficiado a sus poblaciones. Aunque la tendencia general es desalentadora, estos casos positivos
tienen un gran valor al ser un reconocimiento de
la posibilidad de reversar el camino hacia la extinción, en algunas ocasiones gracias a la efectividad
de medidas de conservación.
Al celebrar la publicación de este magnífico
trabajo y felicitar al profesor Renjifo Martínez y a
todo el equipo que participó en su elaboración,
unimos nuestra voz a la de todos aquellos que de
tantas maneras se esfuerzan por llamar la atención
sobre el cuidado que requiere esta “casa común”,
tal como lo ha hecho el papa Francisco en su
encíclica Laudato si’. Se trata de un patrimonio
invaluable que debemos preservar y disfrutar, teniendo siempre presente que constituye el mejor
legado para las futuras generaciones.
necesarias con el fin de conservar la biodiversidad
de la avifauna del país. Los resultados de este trabajo ofrecen una herramienta indispensable para
avanzar en la legislación sobre la biodiversidad,
las vedas, restricciones y prohibiciones relacionadas con el uso de las especies. Debemos recordar
que los principales factores que ponen en riesgo
a las aves son la pérdida, transformación y degradación de hábitats, así como la cacería para tráfico ilegal de especies. En este contexto, el libro
permite al lector conocer el conjunto de factores
que amenazan la avifauna, relacionados directamente con las actividades humanas intensificadas
que generan cambios en el uso del suelo, la deforestación para dar paso a cultivos y ganadería, la
contaminación y la cacería. No obstante, también
permite conocer algunos casos en los que el cambio de porcentaje de hábitat es positivo, y otros
en los que se pone de manifiesto que los planes
Asociación para el Estudio y la Conservación de
las Aves Acuáticas en Colombia
Centro Nacional de Investigación del Café
Corporación Autónoma Regional del Centro
Corporación para el Desarrollo Sostenible del Archipiélago
de San Andrés, Providencia y Santa Catalina
Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur
Fundación Ornitológica Sierra Nevada
“José Benito Vives de Andreis”
and Nature Resource
Neotropical Ornithology discussion List
NEOORN-L
Red Nacional de Observadores de Aves de Colombia
l incremento en el uso de los recursos del
planeta por parte de la humanidad se ha
convertido en una fuerza de importancia global,
lo cual ha ocasionado la pérdida de la biodiversidad mediante la transformación o pérdida de
hábitats y la sobreexplotación de especies (Pimm
2000; Foley 2005). La extinción de especies, unida a los cambios en el uso del suelo, socava la
capacidad de los ecosistemas en el mantenimiento
de funciones tan importantes como el sostenimiento de la producción de alimentos, la provisión de agua de buena calidad y de recursos forestales y, además, amenaza de manera directa la
salud humana (Foley 2005; Dirzo et ál. 2014). La
pérdida de la fauna tiene consecuencias evolutivas
y lleva a perturbaciones que se propagan a través
de los ecosistemas con efectos negativos sobre
procesos como el ciclado de nutrientes, la erosión
y los regímenes hídricos (Estes et ál. 2013; Dirzo
2014; Ripple et ál. 2014).
El mantenimiento de los servicios ecosistémicos favorece el desarrollo económico de las
sociedades humanas y contribuye a disminuir la
pobreza global (Turner et ál. 2007). La pérdida
de especies de aves lleva al detrimento de servi-
cios ecosistémicos tales como la polinización y la
dispersión de semillas, roles con los que contribuyen a la regeneración de los bosques. Las aves
también controlan poblaciones de invertebrados
y microvertebrados, que son plagas en sistemas
productivos, y controlan malezas en sistemas agrícolas (Sekercioglu 2006; Whelan et ál. 2015). La
ornitología económica moderna se encuentra en
una etapa inicial de desarrollo, por lo cual la valoración de las funciones ecológicas y servicios ecosistémicos requiere de un análisis más profundo
(Whelan et ál. 2015). No obstante, se ha medido
cómo la observación de aves contribuye a la economía de algunas regiones y países de manera muy
cuantiosa (Carver 2013; UNEP 2012). Colombia
alberga la avifauna más diversa del mundo, por lo
cual la actividad de observación de aves tiene un
interesante potencial económico con beneficios
a comunidades rurales e indígenas con escasas
oportunidades de desarrollo local sostenible. Esta
actividad ya genera una contribución de ingresos
y oportunidades de desarrollo personal antes ausentes en localidades tan dispares como Pueblo
Rico (Risaralda), Camarones (Guajira), Los Besotes (Cesar) o Mitú (Vaupés).
La evaluación del riesgo de extinción es
fundamental para la planeación y el ejercicio de
la conservación de especies. Estas evaluaciones
de riesgo se documentan en listas rojas o libros
rojos (Rodrigues et ál. 2006). La utilidad de los
libros rojos se fundamenta en que, además de determinar cuáles especies están en riesgo, proveen
la gran riqueza de información en la que se basan
las evaluaciones, información esencial para saber
dónde están operando los factores de amenaza
y cómo combatirlos: requerimientos ecológicos,
distribución geográfica, tamaño y tendencias poblacionales, amenazas y acciones de conservación
(Rodrigues et ál. 2006, Vié et ál. 2008). Por tal
razón, estos libros son utilizados como soporte
de una variedad de acciones relacionadas con la
conservación de las especies amenazadas. Por
ejemplo, se tienen en cuenta para desarrollar y
priorizar planes de conservación (Baillie et ál.
2004; Farrier et ál. 2007; Vié et ál. 2008), para la
declaración de áreas protegidas (Rodrigues et ál.
2006), para la formulación de políticas (Baillie
et ál. 2004; Vié et ál. 2008), para la asignación de
recursos económicos para la conservación (Rodrigues et ál. 2006), e incentivan actividades de educación y concientización sobre la vulnerabilidad
de la naturaleza (Baillie et ál. 2004). Estos libros
también incrementan la motivación de los investigadores para mejorar el conocimiento de las especies amenazadas. No obstante, es importante
reconocer que el valor intrínseco y las utilidades
prácticas de las listas rojas, no son el único criterio para determinar las prioridades en acciones de
conservación, pues para maximizar la efectividad
de estas es necesario tener en cuenta factores financieros, culturales, logísticos, biológicos, éticos
y sociales (Miller et ál. 2006).
La información sobre distribución y requerimientos ecológicos puede ser usada para detectar
vacíos en la cobertura de especies amenazadas por
áreas protegidas y, por lo tanto, para determinar
prioridades espaciales en aras de conservar la biodiversidad (Rodrigues et ál. 2004; Hoffman et ál.
2008). Por ejemplo, es utilizada como apoyo en
la identificación de prioridades de conservación
a escala local, como las Áreas Clave para la Biodiversidad, las AICAS y sitios RAMSAR (Eken et ál.
2004). En el caso colombiano, la designación de
las AICAS se desarrolló a partir de criterios nacionales, a partir del Libro rojo de aves de Colombia del
año 2002 (Franco et ál. 2009). En algunos casos
la evaluación de riesgo de extinción ha llevado a
la toma de medidas de conservación concretas por
parte de autoridades ambientales regionales. Por
ejemplo, en el proceso de evaluación de riesgo de
extinción de las aves de Colombia del año 2002
(que tuvo como resultado el Libro rojo, Renjifo et
ál. 2002) se determinó que el Arrierito Antioqueño (Lipaugus weberi), endémico de los bosques
del norte de la cordillera Central, se encontraba
en peligro crítico de extinción y se recomendó la
protección de su hábitat. Esto llevó, poco tiempo después de la publicación del libro, al establecimiento de La Reserva Forestal Protectora La
Forzosa por parte de Corantioquia, con la motivación explícita de proteger esta y otras especies
amenazadas en Anorí, Antioquia.
La información de los libros rojos es utilizada también para orientar la legislación nacional
o internacional sobre especies amenazadas, por
ejemplo, para informar en acuerdos multilaterales
como la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora
Silvestres, CITES, la Convención de especies Migratorias, la convención RAMSAR y la Convención
sobre Diversidad Biológica, CBD (Baillie et ál.
2004; Vié et ál. 2008). Las listas subregionales
algunas veces tienen datos de mayor calidad que
los de las listas globales y son muy importantes
para las políticas regionales y nacionales (Rodríguez et ál. 2000). En Colombia, los libros rojos
son una herramienta para facilitar el cumplimiento de las funciones de control de las autoridades
administrativas, policivas y judiciales (MMA 2002).
Así, el Ministerio de Medio Ambiente, mediante
la resolución 584 de 2002, declaró oficialmente
las especies de los “Libros rojos de especies amenazadas de Colombia” como especies amenazadas en el territorio nacional (MMA 2002). Hoy,
la resolución 192 de 2014 del Ministerio de Am-
describió cómo fue el proceso de investigación y
colaboración conducente a la publicación de ese
volumen caracterizado en cinco fases que condujeron a la publicación del volumen I. Este volumen II culmina una investigación que comenzó
en el año 2008. Aquí analizamos el riesgo de extinción de las especies de todas las regiones y ecosistemas no cubiertos en el volumen I (ecosistemas
abiertos, secos, insulares, acuáticos continentales
y marinos, tierras altas del Darién y Sierra Nevada de Santa Marta y bosques húmedos de tierras
bajas del centro, norte y oriente del país). Para
mayor detalle sobre este punto, véase la sección
Síntesis de resultados. Anhelamos que la obra inspire a los investigadores de manera que estimule
el desarrollo de un conocimiento más profundo
de estas especies, a las autoridades ambientales y
la sociedad civil para orientar medidas efectivas de
conservación, y a la ciudadanía para infundir un
mayor aprecio y compromiso por la conservación
de nuestro patrimonio avifaunístico.
biente y Desarrollo Sostenible es el acto administrativo vigente que establece el listado de las
especies silvestres amenazadas que se encuentran
en Colombia (MADS 2014). La designación oficial
de las especies incluidas en el Libro rojo de aves de
Colombia como especies amenazadas constituye
una herramienta concreta para orientar la actuación de las autoridades ambientales.
Es necesario hacer evaluaciones periódicas
para monitorear el progreso o retroceso en el estado de conservación de las especies y, por tanto, de las políticas de conservación (Farrier et ál.
2007; Butchart 2008; Amaya-Espinel et ál. 2011).
El presente libro es el segundo de una obra de
dos volúmenes que remplaza totalmente el libro
rojo del año 2002 (Renjifo et ál. 2002). En la introducción del primer volumen de este libro rojo
(Renjifo et ál. 2014) se hizo una síntesis del desarrollo de los libros rojos en el mundo, del desarrollo del sistema actualmente vigente de categorías
y criterios de la UICN, y del desarrollo de las listas
y libros rojos de aves en Colombia. Así mismo se
de la Naturaleza desarrolló un procedimiento de evaluación de riesgo de extinción de las especies basado en un sistema de categorías y criterios.
Este sistema se basa en estimaciones de tamaños
de población y de distribución, así como en tendencias y velocidades de cambios de estas variables
(UICN 2001, 2013). No obstante, los estimativos
poblacionales y geográficos utilizados en evaluaciones globales o regionales con frecuencia carecen de un vínculo explícito con datos empíricos o
conocimiento ecológico de las especies. La investigación conducente a este libro rojo involucró una
serie de pasos para la obtención de la información
base (fichas de síntesis de información, registros
biológicos, información climática e información
sobre tiempos generacionales) y caracterización de
la distribución geográfica de las especies. Con esta
información base generamos cifras específicas para
cada especie sobre magnitud y tasas de cambio en
las distribuciones, hábitats y poblaciones. La información geográfica y ecológica explícita se utilizó
en las evaluaciones y categorizaciones del riesgo de
extinción de las especies. En esta sección se describen los métodos utilizados.
comunidad ornitológica
Un aspecto sobresaliente del proceso de investigación que dio como resultado este libro fue la
participación de cientos de personas, entre las
que se incluyen investigadores, observadores de
aves, profesionales de disciplinas no biológicas y
estudiantes. La información proporcionada por
la comunidad ornitológica del país y, en menor
medida, por la comunidad internacional, no solo
marcó uno de los puntos de partida para hacer los
análisis de riesgo de extinción de las especies, sino
que fue una iniciativa de construcción colectiva
del conocimiento sobre la avifauna del país, en lo
que se conoce como ciencia ciudadana.
Durante el 2009, se realizaron 9 talleres de
socialización del proyecto en diversas regiones de
Colombia: Bogotá (tres talleres), Cali (dos talleres), Medellín, Ibagué, Armenia, Santa Marta y Bahía Solano. Este último durante el XXII Encuentro
Nacional de Ornitología (ENO). En el año 2010 se
llevaron a cabo otros dos talleres en Bucaramanga
y Soatá (durante el XXIII ENO) y se organizó un
simposio sobre “Ecología y conservación de especies de aves amenazadas en Colombia” en el
contexto del III Congreso Nacional de Ornitología, en Medellín. El propósito central de estos
eventos fue invitar a la comunidad ornitológica
del país a vincularse al proyecto de diversas maneras. Esta invitación tuvo la doble finalidad de
generar apropiación por parte de los ornitólogos
y observadores de aves, y recopilar información de
manera colaborativa para darle solidez al proceso
La colaboración de la comunidad ocurrió de
diferentes modos. La primera fue a través de talleres en los cuales se discutió con los asistentes una
lista inicial de 212 especies que iban a ser objeto
de análisis detallados de riesgo de extinción. Esta
lista fue retroalimentada para incluir o excluir especies. Durante los talleres se hizo evidente que
en ese registro de partida se habían pasado por
alto algunas especies que podrían estar en riesgo,
pero también se habían incluido otras resilientes
a los procesos de transformación del paisaje, las
cuales debían ser removidas de la lista. Una segunda forma de cooperar consistió en proveer
datos de registros biológicos (observaciones o datos de especímenes) a través de una plataforma de
captura de información en línea (EVARIX) desarrollada para este fin o a través de correo electrónico.
Una tercera forma de colaboración fue escribir las fichas de síntesis de información para
cada una de las especies. Con el objetivo de identificar personas interesadas en escribir las fichas
se hizo una invitación abierta a investigadores a
través de la lista de discusión de la Red Nacional
de Observadores de Aves (RNOA) y se consultó el
interés durante los talleres, así como la existencia de nuevos estudios e investigadores que estuvieran trabajando en las especies que iban a ser
evaluadas. De manera complementaria, invitamos
directamente a investigadores que habían hecho
estudios sobre algunas especies para que escribieran sobre ellas. Los responsables fueron designados según su experiencia, disponibilidad de tiempo e interés. A los autores designados se les envió
una guía editorial para la preparación de las fichas.
Una vez recibida cada ficha, esta se revisó para determinar si contenía el tipo de información requerida como apoyo en el proceso de evaluación de
riesgo de extinción: ecología de la especie, información sobre densidad poblacional, vulnerabilidad a cambios ambientales u otras presiones, medidas de conservación tomadas o propuestas, etc.
Usualmente cada ficha pasó por una o varias revisiones con el fin de asegurar que contuvieran la
información necesaria. Una vez evaluado el riesgo
de extinción, las fichas de las especies incluidas en
alguna categoría de amenaza, casi amenazadas o
insuficientes de datos pasaron por un proceso de
edición para velar por la unidad de estilo y brevedad sin perder información valiosa.
Previo a la designación de autores de fichas
se hizo un trabajo de búsqueda de información en
artículos científicos sobre historia de vida, abundancia relativa, densidad poblacional y longevidad
de las especies. Esta información fue enviada a los
autores designados. Una cuarta forma de colaboración altamente participativa de este proyecto fue la obtención de fotografías de las especies
amenazadas. Para esto se hizo una nueva invitación a través de la RNOA y de NEOORN-L dirigida a
fotógrafos profesionales o aficionados que quisieran enviar sus fotografías. Una vez compiladas las
fotos se hizo un proceso de selección de acuerdo
Finalmente, una quinta forma de colaboración consistió en la realización de dos talleres
con expertos en aves acuáticas en asocio con el
Instituto Alexander von Humboldt y Calidris. En
dichos talleres, los expertos convocados (ver agradecimientos) utilizaron la herramienta BioModelos (biomodelos.humboldt.org.co) para registrar
su opinión respecto a los umbrales que mejor
representaban la distribución de las especies, las
áreas de sobrepredicción de los modelos y las preferencias de hábitat de las especies.
para caracterizar las distribuciones de especies y
son un gran progreso en la investigación de patrones macroecológicos (Brown 1995; Gaston y
Blackburn 2008). La evaluación del riesgo de extinción de especies ha sido posible gracias al uso
de los mismos (Renjifo et ál. 2002; IUCN 2013).
Recientemente, los modelos de distribución
de especies (MDE) han emergido como una herramienta valiosa para la delimitación de los ámbitos
geográficos de presencia (Franklin 2009). Los
MDE estiman la relación estadística entre las observaciones (presencia/ausencia, o solo presencia) de
una especie en sitios muestreados con las características ambientales de dichos sitios para predecir
la idoneidad del hábitat de áreas no muestreadas.
En la práctica, los registros georreferenciados de
la distribución de una especie provenientes de
museos u observaciones de campo son integrados
en un sistema de información geográfica con capas ambientales (clima, vegetación, suelos, etc.)
para determinar las características ambientales de
los sitios donde la especie ha sido registrada. Dicha información se usa posteriormente para modelar estadísticamente la presencia de la especie
en función del ambiente y determinar su probabilidad de presencia en sitios no muestreados pero
para los cuales existe información sobre sus características ambientales.
Para caracterizar las distribuciones de las especies contempladas en este Libro rojo utilizamos
un enfoque híbrido que tiene dos componentes.
El primero, utiliza modelamiento de la distribución de las especies con base en variables climáticas, del que resultan predicciones de la distribución potencial (sensu Soberón y Nakamura 2009).
El segundo componente, el criterio experto, delimita las áreas donde es posible la dispersión de las
especies y toma como base el umbral de distribución resultante del proceso de modelamiento que
refleja con mayor exactitud la prevalencia de la especie en Colombia de acuerdo al criterio experto.
De la aplicación de estos dos componentes se obtiene el área de distribución de la especie sobre el
cual calculamos la extensión de presencia (EOO).
Posteriormente, los resultados son refinados me-
El sistema de categorías y criterios de la UICN utiliza dos mediciones del tamaño de la distribución
de las especies. Estas son la extensión de presencia
(EOO por sus siglas en inglés) y el área de ocupación (AOO por sus siglas en inglés). La extensión
de presencia es definida como el área contenida
dentro de los límites más cortos imaginarios (polígono convexo) que pueden ser dibujados para
abarcar todos los sitios en donde se encuentra la
especie, bien sea conocidos, inferidos o proyectados (UICN 2013). Por su parte, el área de ocupación es el área dentro de la extensión de presencia
ocupada por la especie y medida en una escala que
es biológicamente relevante para la especie considerada (IUCN 2013).
Tradicionalmente la distribución de las especies ha sido caracterizada mediante mapas de puntos y mapas de expertos (Rondinini et ál. 2006;
Gaston y Fuller 2009). En un mapa de puntos se
grafican las localidades donde una especie ha sido
registrada, mientras que, en un mapa de expertos,
un especialista en un determinado grupo taxonómico traza un polígono que abarca los registros
conocidos de una especie, pero también incluye o
excluye áreas que en su criterio son o no habitables por la especie. Los mapas de experto pueden
ser refinados utilizando información geográfica
secundaria, por ejemplo topografía y vegetación,
y de acuerdo a las categorías que para el investigador representan condiciones habitables por la
especie (Beresford et ál. 2011).
Los mapas de puntos son más exactos ya que
representan las localidades donde existe evidencia
de la presencia de una especie. Sin embargo, su
utilidad depende de la intensidad y extensión del
muestreo, por lo tanto, son poco útiles en países con muestreos sesgados y de baja intensidad,
como Colombia. Por su parte, los mapas expertos
infieren la distribución de las especies en lugares
no muestreados, pero su construcción es necesariamente arbitraria e irrepetible; no obstante, en
ocasiones son la única herramienta disponible
diante la inclusión de la cobertura vegetal actual
donde habita la especie para determinar el área de
ocupación (AOO).
Nivel 2: el registro tiene originalmente datos
de coordenadas con minutos, segundos y altitud
** Nivel 3: el registro tiene solo datos de coordenadas
** Nivel 4: el registro fue ubicado con base en
un topónimo y con descripción de ubicación
** Nivel 5: el registro fue ubicado en una cabecera municipal por falta de información cartográfica o descripción de localidad muy vaga.
** Nivel 6: la descripción del registro no es suficiente para asignar coordenadas al nivel de
Para el modelamiento de la distribución de
las especies se utilizaron solo los registros con un
nivel de precisión de 1 a 4. En este sentido resultaron particularmente valiosos los registros recientes enviados por investigadores y observadores de
aves, ya que su precisión era alta (niveles 1 a 3).
Registros de especies y georreferenciación
Los datos de presencia de las especies fueron
compilados a partir del proceso participativo descrito en la sección anterior, la literatura ( Collar
et ál. 1992; Renjifo et ál. 2002), bases de datos
de registros biológicos (Biomap, Dataves, Xenocanto, Cenicafé, SELVA), e informes de las exploraciones del grupo GEMA del I. Humboldt. Todos
los registros biológicos fueron revisados cuidadosamente para constatar su validez y precisión
geográfica, y después se unificaron en una base de
datos que se convirtió en insumo básico para el
desarrollo de los modelos.
Compilamos más de 7000 registros con
un nivel de precisión geográfica diverso. Para
asignar coordenadas a los registros y/o verificar
la calidad de la georreferenciación se utilizaron
diversas fuentes, tales como mapas topográficos
(escala 1:25 000 a 1:500 000 IGAC), gaceteros en
línea (GEONet Names Server), National Imagery
and Mapping Agency (NIMA) y literatura (Paynter 1997), así como la base cartográfica del IGAC
para identificar límites político-administrativos y
modelos de elevación digital a 30 y 90 metros de
resolución (https://lta.cr.usgs.gov/SRTM).
En el proceso de revisión de los registros se
unificó el sistema de coordenadas y se integraron
en un sistema de información geográfica. Para
esto se comparó la descripción de localidad (departamento, municipio, topónimo político, topónimo geográfico y localidad), datos de altitud y
observaciones de hábitat, con la cartografía disponible para confirmar su ubicación o determinar
sus coordenadas con el mayor nivel de precisión
posible de acuerdo a la descripción original de la
localidad. Una vez ubicado y validado cada registro, se categorizó en un nivel de precisión según
** Nivel 1: las coordenadas del registro fueron
tomadas directamente con GPS
Para obtener predicciones mensuales de variables
climáticas a lo largo del territorio colombiano,
se interpolaron datos promedio mensuales de
temperaturas máximas, mínimas y precipitación
acumulada provenientes de la red de estaciones
climáticas del IDEAM para el periodo 1970-2009,
a una resolución de 1 km2. Dichas interpolaciones
fueron obtenidas por medio de la técnica estadística thin-plate smoothing splines (Wood 2003),
efectuada en el paquete fields del software R (R
Esta técnica fue escogida debido a su uso
amplio para interpolación de datos climáticos, y
porque mostraba un buen desempeño en comparaciones de modelos y eficiencia computacional
(Hijmans et ál. 2005). Para la interpolación de
los parámetros temperatura máxima y mínima se
empleó la altitud como covariable, extraída a partir de un modelo de elevación digital a una resolución de 1 km. En el caso de la precipitación se
interpoló sin el uso de la altitud, ya que el uso de
esta variable redujo el desempeño predictivo de
las interpolaciones (Tabla 2).
Tabla 2. Comparación de métodos de interpolación de
precipitación en Colombia. Métodos de interpolación:
inversa de la distancia a exponentes de 0.5 a 3 (IDW),
Multilevel B-Splines (MBA) y thin-plate smothing splines
(TPS); estadísticas de evaluación: coeficiente de determinación (R2), raíz cuadrada del error cuadrado promedio
(RMSE), porcentaje de error (PE). Resaltado en negro el
método de interpolación con el mejor desempeño.
Estacionalidad de la precipitación
Precipitación del trimestre más húmedo
Precipitación del trimestre más seco
IDW 0.5
Precipitación del trimestre más cálido
IDW 2.0
IDW 2.5
IDW 3.0
Tps+Elevación
Para algunas especies el bajo número o la
inexistencia de registros georreferenciados dentro
de Colombia, exigió utilizar datos de presencia por
fuera de los límites políticos del país. En estos casos
las 19 variables climáticas (Tabla 3) empleadas en
el modelamiento de la distribución se obtuvieron
de la base de datos climática mundial WorldClim
(www.worldclim.org) (Hijmans et ál. 2005).
En total se obtuvieron 36 capas climáticas
para la superficie continental colombiana (3 parámetros climáticos por 12 meses). A partir de estas
capas se derivaron las 19 variables bioclimáticas
descritas en Hijmans et ál. (2005) (Tabla 3), las
cuales fueron utilizadas para el desarrollo de los
Para el modelamiento de distribución de especies
se utilizó el software MAXENT (Phillips et ál. 2006),
el cual usa un método basado en el principio de
máxima entropía. MAXENT estima la distribución
de probabilidad de máxima entropía (más cercana
a una distribución uniforme) de cada variable ambiental en el área de estudio, bajo la condición de
que el valor esperado de los momentos de la distribución de probabilidad estimada (promedio, varianza, covarianza, entre otros) sea igual a los momentos empíricos generados a partir de los datos
de distribución de especies (Phillips et ál. 2006).
MAXENT está particularmente recomendado para el
modelamiento de la distribución de especies con
datos de solo presencia como los de este estudio,
y ha sido evaluado consistentemente como una
de las mejores técnicas para este propósito (Elith
et ál. 2006).
En MAXENT, se utilizaron los puntos georreferenciados categorizados como válidos (nivel de
precisión de 1 a 4), y se eliminaron aquellos con
menos de 10 km de distancia entre sí, con el fin
de disminuir el sesgo geográfico en la colección de
datos de algunas especies (por ejemplo, grupos de
Tabla 3. Variables utilizadas en el modelamiento de
Rango diurno de temperatura
Estacionalidad de la temperatura
Máxima temperatura del mes más cálido
Mínima temperatura del mes más frío
Rango de temperatura anual
Temperatura promedio del trimestre más húmedo
Temperatura promedio del trimestre más cálido
Temperatura promedio del trimestre más frío
puntos en áreas de monitoreo de especies o frecuentemente visitados). Los datos de fondo que
usa MAXENT fueron obtenidos aleatoriamente de
la extensión geográfica de Colombia. Para evitar
el sobreajuste de los modelos, se utilizaron únicamente funciones lineales, cuadráticas y bisagra.
distribución original1 de la especie. En la Figura 1
se presenta un ejemplo del postprocesamiento de
los modelos del Libro rojo.
Para la mayoría de las especies tratadas en
esta obra fue posible obtener modelos de distribución con el método descrito. No obstante, para
algunas especies no se contó con suficientes registros para construir modelos de distribución. En
ese caso fue necesario recurrir a la construcción
de modelos expertos basados en la información
ecológica (como ámbitos altitudinales), de presencia de la especie en regiones específicas y de los
ecosistemas originales del país, de acuerdo al método desarrollado en Renjifo et ál. (2002). En la
obra, estas especies se pueden identificar porque
para ellas se ilustra solamente el mapa de distribución, con la respectiva representación de hábitat
remanente y pérdida de hábitat, a diferencia de
las otras especies para las que se añade el mapa de
idoneidad de hábitat.
Procesamiento de los modelos
Para convertir los modelos producidos por
MAXENT de escala continua a mapas binarios es
necesario definir umbrales. Varios métodos para
definir umbrales han sido propuestos con base en
datos de presencia y ausencia de las especies (Liu
et ál. 2005). En este estudio solamente se usaron
datos de presencia los cuales resultan en modelos
para los que no es posible determinar estadísticamente el umbral que mejor separa las presencias
de las ausencias. Por lo tanto, los umbrales para
cada especie se definieron a través de visualización
de la distribución potencial de las especies generada para cuatro percentiles de omisión de presencia
por el modelo (0, 10, 20, 30) y se escogió el percentil que a criterio experto (LMR, JV y expertos
convocados en los talleres de aves acuáticas; ver
agradecimientos) se ajustaba mejor a la distribución conocida de cada especie.
Adicionalmente, los modelos de especies basados solo en variables climáticas suelen sobrestimar las áreas de presencia, e incluyen áreas donde
no se encuentran las especies, ya sea por factores
históricos, barreras geográficas o factores bióticos
(Graham et ál. 2010). Por ejemplo, en Colombia
se presentan climas muy similares en las tres cordilleras, por lo que los modelos generados para
una especie que existe en una o dos cordilleras comúnmente predicen la presencia de la especie en
las tres cordilleras (Velásquez-Tibatá et ál. 2013).
Por lo tanto, en los modelos desarrollados en esta
obra se eliminaron manualmente aquellas áreas
de sobrepredicción de acuerdo al conocimiento
actual (literatura, observaciones personales y criterio experto) acerca de la distribución de las especies. De esta manera se obtuvieron mapas de la
Estimación de la extensión de presencia
La extensión de presencia (EOO) se delimitó a
través de un polígono mínimo convexo sobre la
distribución actual generada para cada especie, de
acuerdo a las recomendaciones de la IUCN (2013).
El polígono mínimo convexo representa el polígono de menor superficie que contenga todos los
lugares de presencia, pero que ninguno de sus ángulos internos exceda los 180 grados (Figura 2).
Los polígonos mínimos convexos se calcularon
usando el paquete aspace del software R (R Core
Team 2011). En los casos en los que el polígono
mínimo convexo generaba EOO de la especie por
fuera de Colombia, este fue recortado a los límites
Distribución original: mapa binario que se obtiene
después de eliminar las áreas de sobrepredicción de
un mapa de distribución potencial.
Figura 1. Representación del procesamiento de los modelos. Los puntos rojos muestran las observaciones de presencia de la
especie Myrmeciza palliata y las áreas de color ocre corresponden a la distribución potencial generada con el uso de cada uno
de los umbrales basados en percentiles. En este caso, el percentil que mejor se ajustó a la distribución conocida de la especie
fue el percentil 30. Sin embargo, en este escenario se sobrestimaba el área de presencia conocida de la especie, por lo que se
requirió un ajuste manual según el criterio experto, con base en la cota de altura (100-1900 m) y las localidades para las que
existían observaciones, de esta manera se delimitó la distribución original al área sombreada de color gris oscuro.
Figura 2. Representación del cálculo de un polígono mínimo convexo (tomado de IUCN 2001). En A se muestran lugares
de presencia conocidos, inferidos o proyectados para la especie, y en B el polígono mínimo convexo generado de acuerdo con
A. En el lado derecho se muestra el polígono mínimo convexo generado para Myrmeciza palliata (polígono azul) de acuerdo
al cálculo de la distribución original de la especie (en gris oscuro).
calas, puede ser necesario estandarizar las estimaciones aplicando un factor de corrección de escala.
Es difícil dar un método estricto de cómo llevar a
cabo la estandarización” (IUCN 2001).
El área de ocupación real es desconocida
para la mayor parte de las especies del mundo, y
ciertamente lo es para todas las especies de aves
en Colombia. En esta obra, tomamos como base
para el cálculo de AOO el área del hábitat remanente para las especies dentro de su distribución
actual (ver siguiente sección). Ya que interpretar
la totalidad del área de hábitat remanente dentro
de la distribución original de una especie como
AOO puede resultar en una sobrestimación de
ese valor, ponderamos el área de hábitat remanente con el índice de idoneidad de hábitat2 resultante del modelamiento con MAXENT, en los casos en
que se disponía de este. Específicamente, el AOO
Estimación del Área de Ocupación
El área de ocupación (AOO) es definida como “el
área dentro de la extensión de presencia que es
ocupada por un taxón, excluyendo los casos de actividades asociadas al deambular. La medida refleja
el hecho de que un taxón comúnmente no aparecerá en toda el área de su extensión de presencia,
ya que puede contener hábitats no ocupados o inadecuados. En algunos casos (p. ej. los lugares de
nidificación colonial irremplazables o los sitios de
alimentación cruciales para taxones migratorios) el
área de ocupación es el área más pequeña esencial
para la supervivencia de las poblaciones existentes
de un taxón, cualquiera que sea su etapa de desarrollo. El tamaño del área de ocupación será una
función de la escala en que esta se mida, y debe
darse a una escala apropiada para los aspectos biológicos relevantes del taxón, la naturaleza de las
amenazas y la información disponible. Para evitar
inconsistencias y sesgos en la evaluación debido a
la estimación del área de ocupación a diferentes es-
Índice de idoneidad de hábitat: índice de 0 a 1 resultante del modelamiento con MAXENT que mide la
idoneidad del hábitat basada en las variables ambientales.
se calculó a una resolución de 1 km2 para todas las
especies de acuerdo a la siguiente ecuación:
AOO = ∑ Ai si
Donde Ai es el área de la celda i ocupada
por la especie (1 km2 para todas las especies), Si es
la idoneidad de hábitat de la celda i, y N es el conjunto de celdas que conforman la distribución de
la especie sobre el hábitat remanente (Figura 3).
Para las especies cuya distribución fue estimada
mediante un modelo experto, asumimos una idoneidad de hábitat constante e igual a 1 en toda
su AOO, por lo que la variable desaparece de la
ecuación, lo que resulta en la suma del área de
hábitat remanente estimada para la especie. El hábitat remanente se estimó con base en las coberturas a 2010 o 2011 según el tipo de hábitat de la
especie (ver estimación de la pérdida de hábitat).
estimación de la pérdida
Figura 3. Índice de idoneidad de hábitat de la especie
Myrmeciza palliata en su hábitat remanente. El índice de
idoneidad de hábitat toma valores cercanos a 1 cuando las
condiciones del AOO de la especie son más favorables, de
acuerdo a las variables ambientales usadas en el modelamiento de su distribución. Su uso en el cálculo del AOO
reduce la sobreestimación, ya que pondera el área de hábitat que se asume que es ocupada por la especie. El índice
de idoneidad de hábitat extrae una proporción equivalente
a su valor en cada celda habitada de la especie, es decir,
que para cada celda de ocupación de hábitat de 1 km2, su
AOO se reduce al valor resultante de multiplicar el área de
la celda por el valor del índice en esta última.
Dado que las coberturas terrestres originales en
la mayor parte del territorio colombiano han sido
transformadas, los mapas de distribución original
fueron ajustados con base en las preferencias de
hábitat de las especies. Así mismo, se estimó la
pérdida de hábitat de las especies en dos periodos:
el primero con relación a la distribución original
de cada especie y el segundo para un lapso de diez
años. Dada la temporalidad de la información
existente sobre las coberturas terrestres de Colombia, el cálculo para los diez años se realizó de
manera diferenciada entre las especies exclusivas
de hábitats boscosos y las especies con otras asociaciones de hábitat como sabanas, ecosistemas
secos, páramos, humedales, etc. Para las primeras,
la pérdida de hábitat se calculó para el periodo
2000-2010, y para las segundas se utilizó el periodo de 2001-2011.
Las preferencias de hábitat fueron tomadas
de las fichas de colaboradores de esta obra, del libro rojo de 2002 (Renjifo et ál. 2002), BirdLife
International (2014a), Stotz et ál. (1996) y de los
datos ingresados para especies acuáticas a través
de BioModelos (biomodelos.humboldt.org.co).
Para todas las especies cuyo hábitat se identificó
como bosque, se usaron para el año 2000 y 2010
las capas de cobertura de bosque y no-bosque
generadas por el IDEAM en el marco del proyecto
REDD, las cuales se obtuvieron a partir de clasificación de imágenes satelitales de tipo Landsat y
Radar en el territorio colombiano (Cabrera et ál.
2011; IDEAM 2014). Las capas originales fueron
clasificadas a una resolución de 30 m, pero para
este proyecto fueron reclasificadas a 250 m y
finalmente a 1 km de modo que coincidiera con la
resolución espacial de los modelos desarrollados.
La presencia de nubosidad en las imágenes
Landsat usadas en la construcción de las capas de
bosque era alta en la región del Pacífico para el
año 2000 y, para el 2010, en las zonas altas de los
Andes. La imagen del 2000 fue corregida usando
la imagen de 2010, particularmente en la zona
del Pacífico, ya que el uso de imágenes Radar en
2010 permitió sortear la presencia de nubes característica de esta región. Se infirió entonces que
la presencia de bosque en el 2010 era producto de
la presencia de bosque 10 años atrás, y se asumió
que un bosque no se habría regenerado en un periodo inferior a 10 años. De esta manera, todos
los pixeles que en el 2000 pertenecían a la categoría sin información y que en el 2010 aparecían
como bosque, fueron tomados como pixeles de
bosque en el 2000 (53 % de los pixeles sin información fueron convertidos a bosque, mayormente en la región Pacífica).
Las coberturas asociadas a las especies con
otros hábitats además de bosque (incluidas las
especies acuáticas), fueron extraídas de las capas
generadas en el proyecto de implementación de
la metodología Corine Land Cover en Colombia
para los años 2001 (construido con fuentes de información del periodo 2000-2002) y 2007 (construido con fuentes de información del periodo
2005-2009) (IDEAM, 2010; IDEAM et ál. 2012).
Estas capas fueron generadas a escala 1:100 000
a través de la clasificación de imágenes satelitales LandSat y SPOT, y contienen la descripción
de la cobertura y uso de la tierra en Colombia
(Tabla 4). Para su uso en el análisis de la pérdida
de hábitat las capas fueron convertidas a formato
raster a una resolución de 1 km2.
Debido a la existencia de regiones sin información, tanto en las capas de bosque y no-bosque
como en las de Corine Land Cover, se decidió
hacer un ajuste al valor del hábitat remanente, es
decir, a la capa del año más reciente (2010 y 2007
respectivamente). Para esto se asumió que la proporción de cambio de hábitat en los pixeles sin
información era igual a la proporción de cambio
en los pixeles con información. Se extrapoló en
las regiones sin información dentro de la capa de
cobertura del año más reciente de cada especie,
un valor de área correspondiente a la proporción
de cambio entre la distribución original y la remanente. De esta manera el hábitat remanente
ajustado correspondió a la cantidad de hábitat
cuantificada al año 2010 y 2007 respectivamente,
más un valor extrapolado del área de los pixeles
sin información en proporción a la tasa de cambio entre la distribución original y la remanente
 HR
HRAJ = HR + 
× HRSI 
 DO
Se calculó la pérdida de hábitat de la especie
en dos momentos: desde su distribución original,
y en los últimos 10 años (según la información
disponible), de acuerdo a los criterios de evaluación para el riesgo de extinción (IUCN 2001, 2012,
2013). El cálculo desde su distribución original se
hizo restando al área de distribución original, el
área del hábitat remanente de la especie. A su vez,
el cálculo de la pérdida de hábitat en 10 años se
hizo restando al área de hábitat de la especie en
la fecha más reciente de cada capa (2000 y 2001
respectivamente) el área de hábitat de la especie
remanente (2001 y 2007 respectivamente).
Debido a que las fechas promedio de las capas de cobertura Corine Land Cover tenían una
diferencia de 6 y no de 10 años (2001 y 2007), se
calculó la tasa de cambio del hábitat de la especie
en el periodo de 6 años (2001-2007) y se extrapoló el área de hábitat de la especie al año 2011
(4 años más) siguiendo la siguiente ecuación:
 H
− H 2001 
H 2011 = H 2007 +  2007
× ( 2011 − 2007 ) 
Donde el área de hábitat de la especie al 2011
H2011 corresponde al área hábitat al 2007 H2007 ,
más la tasa de cambio entre el periodo 2007 y
2001 H 2007 − H 2001 extrapolada hasta el año 2011
se convierte en una resta, siguiendo la relación con
la pérdida de hábitat. Si por el contrario existe una
ganancia en el hábitat de la especie, el área de hábitat en el 2001 es menor que en el 2007, lo que
convierte la tasa de cambio en un valor positivo.
(multiplicada por 4 años: 2011-2007). Cuando
existe pérdida de hábitat para la especie, el área de
hábitat en el 2001 es mayor que en el 2007, lo
que convierte la tasa de cambio en un valor negativo. Cuando esto ocurre, la suma de la ecuación
Tabla 4. Leyenda de unidades de coberturas de la tierra de acuerdo con la metodología corine Land Cover escala
1:100 000 adaptada para Colombia. Imagen tomada de IDEAM (2010).
Leyenda nacional de coberturas de la tierra - Colombia
2.2.3.1. Otros cultivos permanentes arbóreos
2.2.3.2. Palma de aceite
2.2.4. Cultivos agroforestales
2.2.5. Cultivos confinados
2.3.1. Pastos limpios
2.3.2. Pastos arbolados
2.3.3. Pastos enmalezados
2.4.1. Mosaico de cultivos
2.4.2. Mosaico de pastos y cultivos
2.4.3. Mosaico de cultivos, pastos y espacios
2.4.4. Mosaico de pastos con espacios naturales
2.4.5. Mosaico de cultivos y espacios naturales
1.1.1. Tejido urbano continuo
1.1.2. Tejido urbano discontinuo
1.2. Zonas industriales o comerciales y redes
1.2.1. Zonas industriales o comerciales
1.2.3. Zonas portuarias
1.2.5. Obras hidráulicas
1.3.1. Zonas de extracción minera
1.3.2. Zonas de disposición de residuos
1.4.1. Zonas verdes urbanas
1.4.2. Instalaciones recreativas
2.1.1. Otros cultivos transitorios
2.1.5 Tubérculos
2.2.1. Cultivos permanentes herbáceos
2.2.1.1. Otros cultivos
permanentes herbáceos
2.2.1.2. Caña
2.2.1.3. Plátano y banano
2.2.2.1. Otros cultivos permanentes
2.2.2.2. Café
3.1.1.1.1. Bosque denso alto de tierra firme
3.1.1.1.2. Bosques denso alto inundable
3.1.1.2.1. Bosque denso bajo tierra firme
3.1.1.2.2. Bosque denso bajo inundable
3.1.2.1.1. Bosque abierto alto de tierra firme
3.1.2.2.1. Bosque abierto alto inundable
3.1.2.2.1. Bosque abierto bajo de tierra
3.1.2.2.2. Bosque abierto bajo inundable
3.1.3. Bosque fragmentando
3.1.4. Bosque de galería y ripario
3.1.5. Plantación forestal
3.2.1. Herbazal denso
3.2.1.1. Herbazal denso de tierra firme
3.2.1.2. Herbazal denso de tierra firme
3.2.1.3. Herbazal denso de tierra firme
3.2.1.4. Herbazal denso inundable arbolado
3.2.1.5. Arracachal
3.2.1.6. Helechal
3.2.2. Herbazal abierto
3.2.2.1. Herbazal abierto arenoso
3.2.2.2. Herbazal abierto rocoso
3.2.2.3. Arbustal denso
3.2.2.4. Arbustal abierto
3.2.3. Vegetación secundaria o en transición
3.3.1. Zonas arenosas naturales
3.3.2. Afloramientos rocosos
3.3.3. Tierras desnudas y degradadas
3.3.4. Zonas quemadas
4.1.1. Zonas pantanosas
4.1.3. Vegetación acuática sobre cuerpos
4.2.1. Pantanos costeros
4.2.3. Sedimentos expuestos de bajamar
Las categorías en las cuales puede ser clasificada una especie, con sus respectivas abreviaturas
usadas internacionalmente, son:
5.1.1. Ríos (50 m)
5.1.2. Lagunas, lagos y ciénagas naturales
El proceso de evaluación de riesgo de extinción
conduce a la asignación de categorías que describen el riesgo en que se encuentra una especie o
taxón. Las evaluaciones en este libro rojo siguen
el sistema de categorías y criterios vigente (IUCN
2001, 2012), y se apoyó en los “Lineamientos
para el uso de las categorías y criterios de listas
rojas versión 11” (IUCN 2014) y en los “Lineamientos para la aplicación de las categorías y criterios de listas rojas a niveles regionales y nacionales
versión 4” (IUCN 2012). Las definiciones de las
categorías, criterios, subcriterios y procedimientos de carácter general que se describen en esta
sección se basan en esos documentos. Por lo tanto, si se requiere una definición más extensa de
los conceptos de los criterios o definiciones de
términos se debe recurrir a esos documentos. La
descripción de los procedimientos específicos para
la evaluación de las especies en el contexto colombiano con respecto a cada uno de los criterios es
original de esta obra.
Un taxón está “extinto” cuando no hay ninguna
duda razonable de que el último individuo existente ha muerto.
Se considera que un taxón está “extinto en estado silvestre” cuando solo sobrevive en cultivo, en
cautividad o en una o varias poblaciones naturalizadas fuera de su distribución original.
Se considera que un taxón está “en peligro crítico”
cuando se está enfrentando a un riesgo de extinción
extremadamente alto en estado de vida silvestre.
Se considera que un taxón está “en peligro” cuando se está enfrentando a un riesgo de extinción
muy alto en estado de vida silvestre.
de amenaza (VU, EN y CR) o si se acerca a ser calificado como amenazado (NT), o es una especie
de preocupación menor (LC).
Los criterios para evaluar la probabilidad de
extinción son cinco:
A. Rápida reducción en el tamaño poblacional
Un taxón es “vulnerable” cuando se considera
que se está enfrentando a un riesgo de extinción
B. Área de distribución pequeña, fragmentada,
en disminución o fluctuante
Se considera que un taxón está “casi amenazado”
cuando ha sido evaluado y no satisface, actualmente, los criterios para las categorías “en peligro
crítico”, “en peligro” o “vulnerable”. Sin embargo, se asume que el taxón está próximo a satisfacer los criterios o que es posible que en un futuro
cercano los satisfaga.
C. Población pequeña y en disminución
D. Población o distribución muy pequeña y en
E. Análisis de viabilidad poblacional
Estos criterios cuentan con subcriterios que
describen, bien sea diferentes lapsos de tiempo
con referencia al presente o diferentes escalas de
análisis. Los subcriterios a su vez cuentan con
umbrales que corresponden a categorías de amenaza (VU, EN, CR). Para que un taxón sea considerado amenazado debe alcanzar al menos uno
de los umbrales y cumplir con los subcriterios y
calificadores específicos para que la categoría sea
válida (véase resumen del sistema en la Tabla 5).
En el proceso de evaluación cada taxón debe
ser evaluado con respecto a cada uno de los criterios. No necesariamente todos los criterios son
aplicables para cada especie, pero basta con que
uno de ellos sea plenamente satisfecho para una
categorización válida. Al evaluar una especie se
puede categorizar en distintos niveles de amenaza
de acuerdo con diferentes criterios o subcriterios.
En este caso, se categoriza la especie en el mayor
riesgo de amenaza y se documentan las otras categorías identificadas.
Un taxón se considera de “preocupación menor”
cuando ha sido evaluado y no cumple ninguno de
Un taxón se incluye en la categoría de “datos insuficientes” cuando no hay información adecuada
para hacer una evaluación, directa o indirecta, de
su riesgo de extinción, con base en la distribución
y/o condición de la población, por lo tanto no
es una categoría de amenaza. Un taxón incluido
en la categoría DD requiere más información y se
reconoce la posibilidad de que investigaciones futuras demuestren apropiada una clasificación de
Un taxón se considera “no evaluado” cuando
todavía no ha sido clasificado en relación a estos
Aplicación de las categorías y criterios a la
El criterio A está diseñado para identificar especies
que han experimentado una disminución sustancial en el tamaño de sus poblaciones en el pasado o
se proyecta dicha disminución en el futuro, o una
combinación entre lo que ha ocurrido en el pasado
y lo que se proyecta en el futuro. El criterio se divide en cuatro subcriterios que abarcan diferentes
momentos en el tiempo (véase Tabla 5). El lapso
Cuando se analiza el riesgo de extinción de un
taxón, se determina si lo datos disponibles son
adecuados y suficientes. Si no lo son, la especie
es asignada a la categoría de datos insuficientes
(DD). Si los datos son adecuados, se determina si
la especie se encuentra extinta (EX) o extinta en
vida silvestre (EW). Si no lo está se considera la
posibilidad de que se encuentre en una categoría
de tiempo para el cual se evalúa el porcentaje de
reducción de población es tres generaciones o diez
años, cuando se desconoce la duración de una generación. Es preciso identificar si la reducción de
la población se basa en a) una observación directa,
b) un índice de abundancia apropiado para la especie, c) una disminución en el área de ocupación,
extensión de presencia y/o calidad de hábitat, d)
niveles actuales o potenciales de explotación, e) el
efecto de especies introducidas, hibridación, patógenos, contaminantes, competidores o parásitos
(IUCN 2014).
Los cambios de la proporción de hábitat de
la especie dentro de su área de distribución original
nos permitieron determinar el porcentaje de pérdida o ganancia de hábitat en 10 años. Para las especies en las cuales tres generaciones corresponden a
más de 10 años estimamos el porcentaje de cambio
de hábitat en tres generaciones asumiendo una tasa
constante. Utilizamos la información ecológica de
las especies para inferir si la tasa de reducción poblacional era mayor o menor al ritmo de cambio
del hábitat. Por ejemplo, para especies sensibles a la
degradación de hábitat, vulnerables a presiones selectivas como la cacería o sujetas a comercio, el ritmo de disminución poblacional puede ser superior
al de pérdida de hábitat. Para determinar el tiempo
generacional de las especies se utilizó información
suministrada por BirdLife International.
El criterio B sirve para identificar especies
con distribuciones restringidas o severamente
fragmentadas, por lo que experimentan una disminución continua y/o fluctuaciones extremas.
Las dimensiones de la distribución se miden con
respecto a la extensión de presencia (EOO) para el
subcriterio B1 y el área de ocupación (AOO) para
el subcriterio B2. Si una especie cae por debajo de
los umbrales de estas mediciones de distribución,
debe cumplir con dos de tres opciones para ser
considerada como amenazada: a) la distribución
debe ser severamente fragmentada o existir en
pocas localidades, b) disminución continua, o c)
fluctuaciones extremas (IUCN 2014, véase tabla 4).
Para el caso colombiano utilizamos los métodos ya descritos al estimar la extensión de pre-
sencia (EOO) y el área de ocupación (AOO). Así
mismo, utilizamos los mapas de distribución y
pérdida de hábitat para determinar si una especie
tenía una distribución severamente fragmentada
(bien sea su distribución original o la resultante
de los procesos de pérdida de hábitat) y las mediciones de cambio de hábitat en 10 años para identificar si la especie está experimentando pérdida
de hábitat e inferir disminuciones poblacionales.
Para algunas especies se contaba con información
sobre la desaparición en algunas localidades donde previamente se encontraba.
Bajo el criterio C se determina si las especies
tienen poblaciones pequeñas y están disminuyendo o podrían disminuir en el futuro cercano. Para
considerar que una especie se encuentra amenazada bajo este criterio debe estar por debajo del
umbral de una categoría y cumplir con uno de
dos subcriterios (véase Tabla 5).
Para obtener estimaciones poblacionales
de las especies utilizamos el área de ocupación
ponderada por idoneidad de hábitat para estimar un área efectivamente ocupada por la especie
(AOO). Al multiplicar esta área por la densidad
poblacional reportada para la especie, estimamos
el tamaño de la población. Cuando se contaba
con varias estimaciones de densidad poblacional
para una especie se utilizó la más conservadora
(la más baja). Para muchas especies no se contaba
con estimaciones de densidades poblacionales, en
estos casos utilizamos como sustitutos densidades obtenidas para especies del mismo género o
con atributos ecológicos similares (por ejemplo,
la densidad poblacional de un águila de bosque
como sustituto de la densidad poblacional de
otra águila de bosque). De nuevo, si se contaba
con varias estimaciones se utilizó la densidad poblacional reportada más baja. Esta aproximación
probablemente lleva a obtener umbrales máximos
de tamaño poblacional, lo cual nos condujo a tratar esta información con cautela, pero sirvió para
obtener estimaciones de tamaños poblacionales
ecológicamente informadas.
Bajo el criterio D se evalúan especies que
tienen poblaciones muy pequeñas o muy restrin-
gidas y existe una amenaza antrópica o natural
posible (IUCN 2014, véase Tabla 5). Utilizamos
los métodos descritos en los criterios B y C para
obtener estimaciones del área de distribución y
del tamaño poblacional, información de las fichas
elaboradas por los colaboradores, o nos basamos
en el conocimiento del evaluador para determinar
la existencia de una amenaza posible.
Por último, para que una especie califique
como amenazada bajo el criterio E debe tener
una alta probabilidad de extinción en un análisis
cuantitativo, como por ejemplo un análisis de viabilidad poblacional. Para ninguna especie de ave
colombiana se cuenta con suficiente información
para este tipo de análisis. En consecuencia, el criterio E no fue utilizado en esta obra.
(colombiana) es objeto de inmigración desde las
regiones vecinas. Si la especie no es objeto de inmigración o no se sabe con certeza, no se modifica la categoría obtenida. Si la especie sí es objeto
de inmigración, se analiza si se espera que esta
inmigración disminuya con el tiempo. Si se considera que no se reducirá la inmigración, se disminuye la categoría de amenaza en un nivel (por
ejemplo de EN a VU). Por otro lado, si se estima
que habrá disminución en la inmigración o no se
sabe que ocurrirá con esta, se debe analizar si la
población colombiana es un sumidero. Si la población colombiana fuera un sumidero se aumentaría la categoría en un nivel. Si no es sumidero o
no se sabe, la categoría inicial no se modifica. En
general, no se sabe si las poblaciones colombianas
son sumideros porque no se tienen datos precisos
que indiquen si la tasa de natalidad es inferior a la
Por otra parte, para las especies migratorias
visitantes (migratorias que no se reproducen en
Colombia), se analiza si las condiciones fuera de
Colombia se están deteriorando. Si hay un deterioro o no se sabe, no hay cambio en la categoría
obtenida con respecto a la categorización a escala
global. Si no hay un deterioro de condiciones por
fuera de Colombia, se analiza si dentro del país
se están deteriorando las condiciones. Si esto está
ocurriendo, no se modifica la categoría. Si no hay
un deterioro en el país o este es poco probable, se
examina si la población reproductora podría rescatar la población regional en caso de que esta decrezca. Si no es el caso o no se sabe, no se modifica
la categoría, pero si dicho rescate es probable, se
disminuye la categoría en un nivel.
Al final del ajuste regional se escribe el código que describe cada categoría, criterios, subcriterios y calificadores para cada uno de los niveles de
amenaza en que se encuentra la especie.
Una vez evaluada una especie de acuerdo al procedimiento descrito anteriormente, se verificó si
es endémica de Colombia o no. Cuando la especie es endémica del país su evaluación de riesgo
corresponde a una evaluación global y por lo tanto no requiere de un ajuste de carácter regional.
Para las especies compartidas con otros países la
probabilidad de extinción en Colombia puede no
ser independiente de lo que está ocurriendo con
las poblaciones de la especie en las regiones vecinas y por esto es necesario hacer un ajuste de evaluación de carácter regional. Con este propósito
se siguieron los lineamientos para la aplicación de
las categorías y criterios de listas rojas a niveles
regionales y nacionales versión 4.0 (IUCN 2012).
De manera sintética el procedimiento utilizado fue el siguiente. Una vez evaluada la especie
de acuerdo a los criterios globales, se determinó
si la especie es migratoria o no. Para las especies
no migratorias se analizó si la población regional
Tabla 5. Resumen de las categorías y criterios de la UICN3.
A. Reducción del tamaño poblacional. Reducción poblacional (se mide considerando el periodo más largo, ya
sea 10 años o 3 generaciones) basada en cualquiera de A1 a A4
A1 Reducción de la población observada, estimada, inferida o
sospechada en el pasado, donde las causas de la reducción
son claramente reversibles Y entendidas Y han cesado.
A2 Reducción de la población observada, estimada, inferida o
pueden no haber cesado O no ser entendidas O pueden no
ser reversibles.
A3 Reducción de la población que se proyecta, se infiere o se
sospecha será alcanzada en el futuro (hasta un máximo de
100 años) [(a) no puede usarse para A3].
A4 Una reducción de la población observada, estimada, inferida,
proyectada o sospechada, donde el periodo de tiempo debe
incluir el pasado y el futuro (hasta un máximo de 100 años
en el futuro), y donde las causas de la reducción pueden no
haber cesado O pueden no ser entendidas O pueden no ser
(f) observación directa [excepto A3]
(g) un índice de abundancia
apropiado para el taxón
(h) una reducción del área
de ocupación (AOO),
(EOO) y/o calidad del
(i) niveles de explotación
reales o potenciales
(j) efectos de taxones introducidos, hibridación,
patógenos, contaminantes, competidores o
B. Distribución geográfica en la forma de cualquiera B1 (extensión de presencia) Y/O B2 (área de ocupación)
B1. Extensión de presencia (EOO)
< 5000 km2
< 20 000 km2
B2. Área de ocupación
< 2000 km2
Y por lo menos dos de las siguientes 3 condiciones
(a) Severamente fragmentado O número de
(b) Disminución continua observada, estimada, inferida o proyectada en cualquiera de: (i) extensión de presencia; (ii) área de ocupación; (iii) área, extensión y/o calidad de hábitat; (iv) número de localidades o subpoblaciones; (v) número de individuos maduros
(c) Fluctuaciones extremas en cualquiera de: (i) extensión de presencia; (ii) área de ocupación; (iii) número de
localidades o subpoblaciones; (iv) número de individuos maduros
C. Tamaño de población pequeño y en disminución
< 2500 km2
Y por lo menos uno de C1 o C2
C1. Una disminución continua observada, estimada o
proyectada de por lo menos
(hasta un máximo de 100
años en el futuro):
el 25 % en 3 años o una
generación (el que sea
más largo)
el 25 % en 5 años o 2
generaciones (el que
sea más largo)
el 10 % en 10 años o
3 generaciones (el que
C2. Una disminución continua observada, estimada,
proyectada o inferida Y por
lo menos una de las siguientes 3 condiciones:
(i) Número de individuos maduros en cada
(ii) % de individuos maduros en una subpoblación=
(b) Fluctuaciones extremas
en el número de individuos
D. Número de individuos maduros
D2. Solo aplica para la
categoría VU
Área de ocupación o
restringidos con una
amenaza futura posible
que podría llevar al
taxón a CR o EN en un
periodo de tiempo muy
D2. típicamente:
AOO < 20 km2 o número de localidades ≤ 5
Indica que la probabilidad de extinción en
estado silvestre es:
≥ 50 % en 10 años o 3
generaciones, el que sea
más largo (100 años
≥ 20 % en 20 años o 5
≥ 10 % en 100 años
Tomado y traducido de: iucn Standards and Petitions Subcommittee. 2013. Guidelines for Using the iucn Red List Categories and Criteria. Version 10. Prepared by the Standards and Petitions Subcommittee. Downloadable from http://
www.iucnredlist.org/documents/RedListGuidelines.pdf.
Entre las aves cubiertas en este volumen, una
se encuentra extinta (endémica de Colombia), 72
están en alguna categoría de amenaza (27 endémicas), 10 están casi amenazadas (una endémica)
y 7 tienen datos insuficientes para lograr llegar a
una conclusión (ninguna endémica). Las 72 especies amenazadas incluyen dos especies en peligro
crítico – probablemente extintas (una endémica),
9 en peligro crítico (3 endémicas), 30 en peligro
(12 endémicas) y 31 especies vulnerables (11 endémicas) (ver Apéndice 1 y Apéndice 2).
Al igual que ocurrió con el volumen I, hay
cambios sustanciales en el riesgo de extinción de
las especies con respecto al Libro rojo del año 2002
(Renjifo et ál.). Estos cambios se deben a diversas
circunstancias. Estas incluyen el tiempo transcurrido con las consecuentes variaciones en la naturaleza e intensidad de las amenazas, la mejoría en
la disponibilidad de información sobre las especies
para hacer las evaluaciones de riesgo, la calidad de
información multitemporal sobre los ecosistemas
en el país, la descripción de especies nuevas para
la ciencia, así como las separaciones o fusiones taxonómicas. De las especies que ahora se encuentran amenazadas, dos son nuevas para la ciencia
del volumen ii
En este volumen II del Libro rojo de aves de Colombia analizamos el riesgo de extinción de las aves
acuáticas, marinas, de ecosistemas abiertos o secos (páramos, sabanas, matorral espinoso, desierto, bosques secos), los sistemas montañosos del
Darién y la Sierra Nevada de Santa Marta, ecosistemas insulares (tanto islas marinas como de los
grandes ríos amazónicos) y los bosques húmedos
del país no incluidos en el volumen I (tierras bajas del norte, centro y oriente del país). En este
volumen II se encuentra incluida Anthocephala
berlepschi de los bosques húmedos de los Andes;
en el momento de publicación del volumen I era
considerada una subespecie de Anthoc

References: Resolución 
 resolución 
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 resolución 
 resolución 

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