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CONSTITUCION WEB: Colección de documentos relativos a la negociación Yancey, dirigida a concluir las controversias entre la Confederación y Buenos Aires (1859)
Colección de documentos relativos a la negociación Yancey, dirigida a concluir las controversias entre la Confederación y Buenos Aires (1859)
Colección de documentos relativos a la negociación Yancey, a fin de poner término a las disensiones entre la Confederación Argentina y Buenos Aires
[1 de Julio a 15 de Septiembre de 1859] [1]
[Oficio del Mediador Benjamín Yancey, Ministro de los Estados Unidos, al Presidente de la Confederación Argentina, por el que le informa minuciosamente de las razones que motivaran el fracaso de su mediación ante el Gobierno del Estado de Buenos Aires]
[30 de agosto de 1859]
Paraná, Agosto 30 de 1859.
A S. E. El Presidente de la Confederación Argentina y Capitán General de sus Ejércitos D. Justo J. de Urquiza.
A mi regreso de Buenos Aires el 22 del presente, hice a V. E. una narración verbal de mi conducta, como mediador, para obtener un arreglo pacífico y la futura unión política entre aquel Estado y la Confederación; -lo cual desgraciadamente no ha tenido un éxito feliz.
Como la correspondencia y los negocios de mi Legación demandaban mi inmediata atención, he postergado hasta ahora, el daros un informe escrito con copia de la correspondencia.
He considerado esto de mi deber; porque solo yo representaba la Confederación, y era el único medio de informaros oficialmente de la historia de la negociación.
Buenos Aires estaba representada por dos de sus distinguidos ciudadanos: el Sr. D. Dalmacio Velez Sarsfield, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, y el Sr. D. José Mármol, Senador; ambos nombrados para la negociación. Ellos han dado cuenta a S. E. el Gobernador del Estado de Buenos Aires, Dr. D. Valentín Alsina.
La simple correspondencia, y las bases escritas para un arreglo, no bastan para dar una idea detallada de la negociación. Existen hechos extraños que fueron desenvueltos en las conferencias habidas, y que son esenciales para su historia completa.
No era mi intención entrar en detalles, como ahora lo hago. La lectura de un informe oficial de la negociación, que ha dirigido S.E. el Gobernador Alsina a la Honorable Cámara de Senadores de Buenos Aires, me induce a cambiar de plan. Se ha omitido una parte de la correspondencia. Y el parte de S. E. es demasiado limitado para dar una idea completa del asunto.
Tuve con el Gobernador Alsina tres entrevistas privadas, pues que hasta entonces mi ofrecimiento de mediación no estaba aceptado por él; sin embargo, en ellas, se discutieron condiciones. La última entrevista tuvo lugar en la tarde del 3 del presente.
No dudo que S. E., persona muy estimable, haya sometido todo lo que él creyó necesario. Difiriendo sin embargo de su opinión, me tomo la libertad de exponer todos los hechos, para poder presentar el asunto en alto relieve.
El 7 de Julio, acompañado por el Sr. N. H. Hudson, Cónsul de los Estados Unidos de América en Buenos Aires, hice una visita de etiqueta a S. E. el Gobernador Alsina, en su casa de Gobierno. En oposición a mis deseos, y lo que yo consideraba el curso natural de las cosas, fui atraído en una discusión sobre mi mediación, antes de haberse contestado mi carta. El Gobernador Alsina dijo que, quizá cuatro o cinco meses antes, un arreglo pudiera haberse hecho.-Pero que en el presente estado de cosas, y en vista de los preparativos de defensa a costa de grandes gastos de dinero, era extremadamente difícil. Y que probablemente el Gobierno exigiría una condición a la cual no podía yo acceder. Esta era: el retiro de V. E. de la vida pública. Entonces y allí mismo declaré positivamente al Gobernador Alsina, que no podía considerar tal proposición; y que tampoco hubiese considerado una proposición por parte de V. E. imponiendo al Gobernador Alsina al abdicar su puesto y retirarse de toda vida pública.
Expuse algunas razones contra semejante condición; y que un arreglo honorable de paz y de unión política podía hacerse;-y que se podía confiar en que cualquier tratado que se ajustase, seria observado con buena fe. Yo deseaba que se aceptase mi mediación antes de entrar en la discusión de las bases. El Gobernador dijo que si yo insistía, contestaría a mi carta. Pero como no insinuó una respuesta favorable, preferí tener otra entrevista privada, antes que exponerme a la interrupción de toda esperanza de un arreglo honorable. El Gobernador indicó otra entrevista en mi casa: pero no tuvo lugar, por equivocación del sirviente, quien dijo no me hallaba en casa. La conferencia sin embargo, tuvo lugar en la tarde del 11 de Julio de mi sala. Se repitieron las ideas de la anterior, y se trataron otras cosas. Presenté mis bases, según consta por la correspondencia que acompaño, en castellano y en inglés. Fueron leídas y discutidas. Resultó que el Gobernador Alsina pidió una copia de ellas, para tomarlas en consideración, ofreciendo además presentar otras bases. Contesté que sí; y que mi intención era, después de aceptada mi mediación, presentar mis bases, y pedir las de ellos, y entonces tener conferencias para modificar, discutir y ajustar tales bases, y ponerlas de acuerdo si fuese posible.
El Gobernador Alsina sugirió dos puntos. El uno la clausura de los mercados de la Confederación para los indios que robaban caballos y ganado, que conducían vivo, o bien los cueros para ser vendidos en la Confederación; y otras estipulaciones respecto a estos indios hostiles. Yo manifesté mi creencia de que no habría dificultad sobre ese punto. El otro era, que Buenos Aires prefería una pronta unión con las trece Provincias confederadas en vez de esperar hasta 1863; y una inmediata convocación para una Convención General del pueblo de las catorce Provincias, con el fin de revisar la presente Constitución de la Confederación y adoptar una para su Gobierno común.
Yo respondí que no tenía autorización para estipular sobre tal arreglo; pues la Constitución de la Confederación no permite ser alternada antes de 1863. Pero que mencionaría este punto a V. E. con el fin de proveerme de las instrucciones necesarias.
Estos hechos me autorizaban razonablemente a creer, que la persona de V. E. no era ya considerada como un obstáculo insuperable a un arreglo amistoso.
Durante estas negociaciones tuvo lugar un motín el 7 de Julio, a bordo del vapor de Buenos Aires "General Pinto," surto frente al puerto del Paraná, cuyo resultado fue la captura del buque por los amotinados, y su entrega a la Confederación. Cuando esa noticia llegó a Buenos Aires, no faltaron personas que imputaron este resultado a la mala fe de algunas personas del Gobierno de V. E., sin embargo de que V. E. había prometido no cometer ningún acto hostil hasta haber recibido noticias de mí. También se opuso, que las baterías del Rosario habían hecho fuego sobre el vapor «Buenos Aires» en su fuga del Paraná, después del motín abordo del «Pinto». Esto era indudablemente una violación que hacían de vuestra promesa los oficiales subalternos de aquella ciudad.
Hice presente al Gobernador Alsina, que estaba moralmente convencido, que ni V. E. ni persona alguna en la Confederación, tuvo nada que ver con el motín del «General Pinto.» Pero que el haber hecho fuego sobre el «Buenos Aires» era un asunto de tal carácter, que juzgaba de mí deber indagarlo, y obtener una pronta reparación, antes de proseguir en la negociación; pues sin una plena satisfacción, no deseaba representar partido alguno, culpable de mala fe. Me decidí a regresar en la primera oportunidad para ver a V. E. Esta decisión fue aprobada por el Gobernador Alsina. No se presentó oportunidad alguna hasta el 22 de Julio. Antes de mi partida hice una visita de cumplido al Gobernador Alsina en su residencia. Me preguntó si deseaba continuar nuestras conferencias. Yo contesté que no, hasta que regresara con las pruebas que vindicasen a V. E. de toda mala fe. A mi llegada a esta, se confirmaron mis opiniones respecto al motín del «General Pinto,» no solo por las pruebas mas incuestionables, sino por las conversaciones que tuve con el Almirante Murature, que estaba herido y que había sufrido la pérdida de su valiente hijo, al querer sofocar el motín. Respecto al fuego hecho por las baterías del Rosario sobre el vapor «Buenos Aires.» V. E. expresó su disgusto, y que ese hecho tuvo lugar sin su conocimiento, habiéndome prometido por escrito, que llamaría para que desempeñase su puesto en la capital, al funcionario que allí mandaba, el cual me había prometido no cometer ningún acto hostil o hacer fuego sobre esos vapores, en caso que cualquiera de ellos pasara aguas abajo.
Con esta evidencia, regresé a Buenos Aires, anuncié al Gobernador Alsina la satisfacción cumplida que había recibido y solicite una entrevista. Esto era el 2 de Agosto. El Gobernador Alsina me indicó que lo esperase en mi habitación a la tarde del 3 del corriente. Le di la prueba de que, la cuestión sobre mala fe, había sido rectificada; y que me hallaba pronto a seguir la negociación. El deseó saber cual era el resultado de mi entrevista con V. E., respecto a la convocación de la Convención para revisar la presente Constitución antes de 1863. Rehusé contestarle, o seguir en la discusión de las bases, hasta que mi mediación fuese aceptada por una respuesta a mi nota del 6 de Julio. El, insistió en querer continuar como antes, nuestras entrevistas privadas, para ver si podíamos llegar a un arreglo. Yo rehusé esta indicación. Mi primera posición inoficial era desagradable, y la responsabilidad ingrata. Y era justo, tanto para la Confederación, cuanto para mí mismo, el que mi posición allí fuese oficial, o ninguna. En mis entrevistas anteriores, deseaba con ansiedad ser aceptado como mediador, para poder pedir al Gobierno de Buenos Aires una suspensión de hostilidades durante las negociaciones. No era justo tener atadas las manos de la Confederación, y dejar libres las de Buenos Aires, para dar el golpe cuando lo permitieran las circunstancias. Así pues manifesté, que tan luego como se me aceptara, pasaría una nota pidiendo la suspensión de hostilidades. Presenté entonces al Gobernador Alsina la orden de V. E. a sus fuerzas navales en Montevideo, para que no cometan hostilidad alguna hasta segunda orden; y le aseguré que yo transmitiría aquella a la escuadra, tan pronto como el Gobierno de Buenos Aires prometiese suspenderlas por su parte. El Gobernador finalmente prometió contestar mi nota del 6 de Julio, «el día siguiente o el inmediato.» Solicité que lo hiciera el día siguiente, y al mismo tiempo contestase si consentía en suspender las hostilidades, (que yo pasaría después la nota pidiendo lo mismo) para poder comunicar a V. E. el resultado por el vapor. No quiso alterar su plazo del «día próximo o del subsiguiente.» Le hice presente, que si tenía a bien indicar el carácter de su respuesta, haría demorar un día mas, la salida del vapor «Asunción.» valiéndome de la deferencia de sus dueños. -El rehusó. Solo se prestó a prometerme una respuesta a mi nota del 6 de Julio, dentro del plazo indicado. -Y que si en vista del espíritu de esa respuesta, pasaba yo una nota pidiendo la suspensión de hostilidades, se tomaría en consideración. -Así terminó la conferencia. Para ser exacto, debo decir que al principio de la entrevista, el Gobernador Alsina dijo que la suspensión de hostilidades no era probable; pues podía desmoralizar las fuerzas, y que no era necesario para la continuación de las negociaciones.
A las 9 de la noche del día siguiente, 4 del corriente, el Gobernador Alsina me remitió una carta aceptando mi mediación. Como aquella había sido puesta en la mesa de mi sala, mientras yo estaba fuera de casa, no llegó a mi noticia sino a la mañana siguiente.
Contesté el mismo día al Gobernador, pidiendo la suspensión de hostilidades, como también la presentación oficial de las bases que, el día 11, había deseado hacer, proponiendo además una iniciación oficial de la negociación. Me remitió extraoficialmente sus bases; indicándome que toda corresposdencia oficial debía hacerse con el Departamento de Gobierno y Relaciones Exteriores. Véase la correspondencia sobre este punto con el Ministro de Gobierno.
En la noche del 8 del presente tuve mi primera conferencia oficial con el Dr. Sarsfield, único negociador por parte del Gobierno de Buenos Aires.
Consideramos las bases del Gobierno de Buenos Aires, y discutimos cada uno de sus artículos. Anuncié que estaba pronto a aceptarlas, con dos excepciones; y propuse una alteración, a la cual el Dr. Sarsfield accedió. Esta alteración era en el artículo 4º a saber -En vez de hacer incurrir a todas las Provincias en los gastos e inconvenientes de una Convención especial, que fijase el punto, en que se reuniría la Convención General para revisar la Constitución y «la forma» -según se indicó- que fije la representación proporcional al número de miembros de dicha convención; y su manera de votar;- nuestro tratado arreglaría estos puntos. Por ejemplo se elegiría el Rosario o San Nicolás, adoptándose un sistema representativo Federal en el Congreso, y votando per cápita: Buenos Aires votaría en proporción a su población.
Los dos puntos que objeté en aquellas bases, se referían a la parte del artículo 2°, que pedía el retiro completo de V.E. de la vida pública, por el término de seis años, a lo menos, «después de firmadas las presentes bases.»
Y permítaseme una digresión para manifestar mi deseo de que el lenguaje de este artículo se tenga presente, -para cuando me ocupe de considerar la única y final proposición hecha por los negociadores del Gobierno de Buenos Aires en la noche del 1º del presente. Aunque las dos demandas relativas al retiro de V. E., son al parecer iguales, quedará sin embargo demostrado, que son muy distintas, y que están basadas en principios enteramente diversos. El Dr. Sarsfield se extendió en las razones y motivos para esa estipulación -como necesaria para la fiel observancia, por parte de la Confederación, del Tratado que pudiéramos concluir.
Rechacé esas razones como insuficientes, y la estipulación como innecesaria e inadmisible, habiendo positivamente anunciado este hecho al Gobernador Alsina en nuestra primer entrevista del 7 de Julio. -Que el Gobierno de Buenos Aires no tenía derecho aparente para tal demanda. Que si Buenos Aires deseaba aceptar la actual Constitución de la Confederación sin revisarla, e incorporarse inmediatamente bajo su Gobierno, y entonces hacer esa demanda -yo la sometería a V. E.; y que creía que V. E. la hubiese aceptado, antes que permitir que su persona fuese un obstáculo para la unión de vuestra Patria. Y como el Sr. Sarsfield dijo, que la única objeción a la actual Constitución Federal era, el artículo que hacia de Buenos Aires la capital bajo la legislación Federal, propuse yo estipular en el Tratado, que la capital Federal quedase en el Paraná hasta que la nueva Constitución designase el lugar.
Pero esa no era la proposición. -Buenos Aires pedía vuestro retiro de un Gobierno bajo el cual no se proponía vivir. Y además de que vuestro término presidencial espira antes del próximo mayo; -y que vuestro cargo militar era ejercido en virtud de una ley sancionada bajo la presente Constitución, y que Buenos Aires tendría un voto poderoso en la formación de la nueva Constitución que sustituyese a la primera:- expirarían todos los empleos creados bajo de ella: -Así pues Buenos Aires según sus bases o las mías, nunca tendría que quedar bajo vuestra autoridad; por consiguiente, el único motivo por el cual podían razonablemente hacer tal demanda, no existía. -El Dr. Sarsfield dijo, que si Buenos Aires se dispusiese a vivir bajo la presente Constitución, la Confederación no aceptaría. - Yo le contesté que hiciese la proposición; pues estaba cierto que seria aceptada.
El otro punto que objete, era la garantía que se exigía de los Estados Unidos hasta cierto punto, respecto a ciertas franquicias comerciales.
Hice notar al Sr. Sarsfield- tan bien enterado en nuestra política, -que pedía un imposible -Que nuestra política fundamental era evitar disensiones con naciones extranjeras - Y por este artículo mi Gobierno seria requerido, en caso de que alguna de las partes signatarias violase las estipulaciones del Tratado, a emplear la fuerza contra la parte infiel para hacerlo respetar. Aunque esto no importase un conflicto en la política de los Estados Unidos, ningún Ministro que no estuviese autorizado, podría obligar a su nación; y mucho menos, el que en esta negociación obraba solo bajo su carácter privado.
Propuse una sustitución: -que en el caso de mala interpretación del Tratado u otra dificultad que resultase del mismo ambos Gobiernos se comprometiesen a no apelar a medios hostiles para su solución; que la buscarían defiriendo los puntos de desacuerdo al Presidente de los Estados Unidos de América, o a otra potencia amiga, cuya decisión seria sagradamente observada.
El Dr. Sarsfield me pidió entonces hiciese esa indicación por escrito, lo que verifiqué entregándosela en aquella forma. El me prometió someter mis ideas a la consideración de su Gobierno antes de otra entrevista, la que postergó dos días, es decir hasta la noche del 10 del corriente. Expresó el deseo que tenía, de asociarse, para las demás entrevistas, como un porteño -pues él era provinciano de nacimiento.
En consecuencia, fui oficialmente informado de la elección que el Gobierno de Buenos Aires había hecho de un negociador adjunto, en la persona del Senador D. José Mármol.
Se revisaron mis bases. El Dr. Sarsfield solo objetó el artículo 9, por el cual Buenos Aires no podía mantener relaciones diplomáticas con las naciones extranjeras. La objeción resultó de una mala inteligencia que se daba al artículo. El Dr. Sarsfield suponía, que por aquel se trataba de autorizar a la Confederación por medio de sus relaciones diplomáticas a negociar sobre los intereses de Buenos Aires durante el statu quo. Pero al explicarle yo lo contrario, y que el predicho artículo solo significaba, a estar por el valor de la frase, una negociación del ejercicio de relaciones diplomáticas por parte de Buenos Aires; -deber que debe reconocer como consistente con su promesa de no hacerse un Poder independiente; -el Dr. Sarsfield se manifestó satisfecho, agregando que esta idea se expresaría satisfactoriamente, cuando arribásemos a la redacción del tratado en debida forma. Comprendí que no se harían excepciones a mis otras bases.
En la entrevista del 10 del corriente que fue la última, los negociadores de Buenos Aires propusieron una sola estipulación, en sustitución a sus bases originales y a las mías; la cual trascribo aquí por su brevedad.
«Tan pronto como el General Urquiza se retire de la vida pública, el Estado de Buenos Aires concurrirá a una Convención nacional, a revisar la Constitución de la Confederación Argentina de 1º de Mayo de 1853, con el fin de reunirse inmediatamente a las demás Provincias argentinas bajo una ley común.»
Buenos Aires, Agosto 10 de 1859.
Dalmacio Velez Sarsfield; José Mármol.
Ya puede concebirse la sorpresa que me causó semejante proposición -Los antecedentes de la última conferencia no justificaban, ni aun la mas remota sospecha de un tal procedimiento -Si se consideraba la persona de V. E. como un obstáculo insuperable a cualquier arreglo, ¿porque continuó el Gobernador Alsina sus conferencias conmigo, después de haberle positivamente declarado que no podía considerar tal proposición? ¿Por qué, en la noche del 11 de Julio, discutió mis bases, sugirió dos puntos, deseó guardarlas, y pidió autorización para presentar un plan de las suyas? ¿Quien podía suponer que había de incorporar en su programa la demanda de vuestro retiro de la vida pública para ser conservada como un -sine qua non? Al hacer una visita de cumplido al Gobernador, antes de mi regreso al Paraná, en Julio, ¿Por qué me preguntó si deseaba continuar nuestras conferencias sobre las bases de arreglo? ¿Por qué no me devolvió mis bases, o me dio las que me había prometido, o finalmente me dijo, que era inútil me tomase el trabajo de regresar al Paraná para remover toda duda sobre vuestra buena fe, cuando yo no me hallaba dispuesto a aceptar la demanda de vuestro retiro, -que él y su gabinete habían resuelto hacer el eje de toda la negociación?
¿Por qué, a última hora, después de mi regreso a Buenos Aires, el 3 del presente, deseó el Gobernador Alsina continuar nuestras conferencias, y conocer mis instrucciones sobre los dos puntos que había sugerido en nuestra entrevista del 11 de Julio, a saber: la cuestión sobre los indios y la mas importante aun, de convocar desde luego una Convención General para revisar o alterar la presente Constitución, sin esperar hasta 1863, para la incorporación inmediata de Buenos Aires con la Confederación el año próximo?
¿Para qué discutir base alguna de arreglo sí la demanda de vuestro retiro era cosa determinada, como única condición del Tratado que debía realizarse, después de firmado, sin que antes se hubiese arreglado si tal concesión seria hecha; cuando el Dr. Alsina estaba convencido por mis declaraciones previas, que yo no entraría en este punto? ¿Porque se aceptó mi mediación después, es decir el 4 del corriente, si Buenos Aires no estaba dispuesto a ceder en el mismo?
¿Por qué se examinó cada artículo de nuestras bases respectivas en la conferencia oficial del 8 del corriente con el Dr. Sarsfield, y se aceptaron todos menos los dos ya mencionados, si el relativo a vuestro retiro debía finalmente anular los de mas? ¿Y para qué se sometieron al Gobernador y al Gabinete mis vistas opuestas antes de tener una conferencia, si estaba ya predeterminado exigir vuestro retiro de la vida pública?
Pero cuando nos reunimos en la noche del 10 del corriente, la primera y única moción por parte de los negociadores de Buenos Aires, fue presentar la predicha aislada proposición, en sustitución a las demás.
Hay diferencia entre ella, y una proposición contenida en el art. 2º de sus bases generales. Esta reconoce el principio de tratar con V. E. -de hacer un Tratado firmado y ratificado por V. E., -y después que lo hubiese firmado, se invita a V. E. haga, «el patriótico sacrificio de retirarse de la vida pública,» pero no por mas de seis años.
Pero por esa nueva proposición (hecha según el mensaje del Gobernador a la Cámara de Senadores, para evitar un insulto supuesto a V. E o a la Confederación), se rehúsa aun de tratar con V. E. La una os reconoció como digno de todo tratamiento, y capaz del más elevado y puro patriotismo, sacrificando toda ambición personal por la unión de vuestra patria. La otra niega prácticamente a V. E. ambas cualidades; o mas bien os desconoce; sin embargo de que sois el Presidente de la Confederación, y autorizado por una ley especial del Congreso Federal, para negociar la paz y la integridad Nacional. -¡Que modo tan singular de evitar el insulto! «-Tan luego como se retire V. E. » -esto es vuestro retiro de toda posición oficial; ya civil o militar, debe ser el preliminar o toda acción por parte del Gobierno de Buenos Aires. -Para darle aun una construcción mas favorable; «tan pronto como» -es decir cuando V. E. se retire- O bien; como uno de los negociadores prefiere traducirlo «-tan pronto como» es decir «simultáneamente,» -en el momento en que V. E. se retire- ese instante Buenos Aires concurrirá a una Convención para revisar la Constitución.
Cualquier construcción que se quiera dar a esa frase, ella solo dará, por resultado algunos segundos o instantes; pero el principio es el mismo -la condición no varía.
V. E. verá pues, que no se me dejaba mas alternativa que la de terminar la negociación.
Y a la verdad, dije a esos caballeros, que la proposición debió haber sido designada por el Gobierno de Buenos Aires para cerrar la puerta a la negociación, y cortar toda esperanza de paz.
Para hacer justicia a estos negociadores, es preciso indicar su posición y los argumentos que presentaban para una base semejante: -«Buenos Aires había estudiado y trataba de imitar el ejemplo de los Estados Unidos de América: -había iniciado la supremacía de la autoridad civil sobre la autoridad militar, y desconocía el reino de los caudillos. -Que V. E. había gobernado este país más o menos bajo una tiranía de veinte años. -Que V.E. había demostrado mala fe al sitiar a Buenos Aires, en 1853, después de haber declarado a su Gobierno el 19 de Septiembre de 1852» -Que como Director Provisorio de la Confederación, dejaba a la Provincia de Buenos Aires la completa libertad de disponer de su propio destino- «-Que también, V. E. había violado y anulado los Tratados de Diciembre y de Enero de 1854 -y 1855. Por consiguiente, Buenos Aires no podía confiar en V. E. o hacer arreglo alguno para incorporarse a la Confederación, mientras V. E. ocupase un puesto en el poder, civil o militar.»
Opuse a estos argumentos que:-el mismo Dr. Sarsfield, con el Gobernador Alsina en Palermo, después de la batalla de Caseros en 1852, que derribó el poder del General Rosas, ofreció hacer a V. E. el primer presidente del nuevo Gobierno. De manera que por su propia boca, deducía 13 de los veinte años de su argumento. Pero aun podía traer a Buenos Aires, a una época mas reciente. Hizo tratados con V. E. en 1854 y 55. Tres años más que deducir. -Siendo 16 de los 20: -aun mas; -Ahora dos años el Honorable Sr. Christie Ministro Plenipotenciario de S. M. B. cerca del Gobierno de la Confederación, emprendió una mediación igual a la mía. El Gobierno de Buenos Aires, como ahora, presentó sus bases. No contenían esa demanda relativa a la persona de V. E. y pedían menos que las bases que yo ofrecía a Buenos Aires. De los 20 años quedaban pues refutados 18; Pero aun mas; el Sr. Ministro de Gobierno a quien tenía el honor de dirigirme, tuvo a bien facilitarme el día antes, las bases de un arreglo que en 4 de Octubre último había presentado al Honorable Senador del Congreso de la Confederación, Sr. D. Benjamin Villafañe, Contenían seis artículos. Se habían preparado cuidadosamente en una conferencia con cierto número de las personas más distinguidas de Buenos Aires que representaban la opinión pública del Estado. Aquellas no contenían demanda alguna sobre el retiro de V. E. de la vida pública. Esto tuvo lugar ahora diez meses. De modo que el mismo Ministro refutaba su argumento y lo reducía al tiempo presente.
Yo me ocupé luego en considerar los casos en que se imputaba mala fe a V. E.
Expuse que V. E. no mandó el ejército e la Confederación a Buenos Aires en 1853, sino después que Buenos Aires había enviado, en los buques del Gobierno una partida de filibusteros a la provincia de Entre Ríos, que hizo estragos en la ciudad «Concepción del Uruguay». El primer síntoma de mala fe, aparecía pues, por parte de Buenos Aires. Sobre este punto, el Dr. Sarsfield, pidió permiso para interrumpirme, con el fin de hacerme una rectificación cronológica; y sostuvo que el suceso al cual yo aludía ocurrió después del sitio de 1853-durante el cual V. E. había desvastado parte de la provincia de Buenos Aires.
Yo manifesté la seguridad que tenía en la exactitud de mi aserto, y que no obstante eso me remitía a su conegociador el Sr. Mármol, quien dio su fallo en mi favor. Mas la historia establecía el hecho de que la primer violación de los Tratados 1854 y 55, fue de parte de Bs. As.; pues la causa que impelió a la Confederación a anular esos Tratados, fue la violación de la integridad de su territorio por el Coronel [hoy General] Mitre, pasando con fuerza armada a la Provincia de Santa-Fe en persecución de algunos ladrones de ganado. El aprisionamiento de esos hombres en el territorio de Buenos Aires hubiera sido legítimo. Pero emplear la fuerza, no para evitar el delito-sino para castigarlo, dentro del territorio de la Confederación, en vez de demandar civilmente el castigo de los delincuentes y el pago de perjuicios, -fue una violación manifiesta de los Tratados.
Evité expresar mi opinión, sobre si este hecho era suficiente para justificar que la Confederación hubiese anulado esos Tratados. Y solo empleé mi argumento en demostrar el hecho histórico-que la primera violación de los Tratados fue por parte de Buenos Aires.
Solo me queda que decir -que no estaba de acuerdo con la opinión de los negociadores-y que el juicio del mundo, no apoyaría a su Gobierno, en esta base final.
Las Naciones mas ilustradas de la tierra -la Inglaterra, la Francia, la Prusia, la Serdeña, la España, el Brasil y los Estados Unidos en América habían acreditado sus Ministros cerca del Gobierno de la Confederación, presidido por V. E. y no cerca de Buenos Aires: -Y esas mismas naciones habían considerado a V. E. digno para tratar.
Estos hechos, y el conocimiento de que V. E. representando la Confederación había mandado ofrecer a aquel Gobierno condiciones aun mas liberales que las que exigieron en varias ocasiones; -darán por resultado que el juicio ilustrado del mundo no sostendrá a Buenos Aires en precipitar al país en una guerra fratricida-por una mera antipatía personal -retardativa de la civilización- destructora del bienestar de los colonos extranjeros, y ruinosa para el comercio.
Terminada así la negociación me despedí de los negociadores de Buenos Aires, agradeciéndoles sus atenciones y bondades, que tanto ellos, como su Gobierno me habían personalmente manifestado.
Ellos a su vez me manifestaron los mismos buenos sentimientos hacia mi persona, la del Sr. Hopkins, y Mr. Hudson, Cónsul de los Estados Unidos, quienes habían prestado un servicio importante; como intérpretes en nuestras conferencias.
Ocurrió un incidente relativo a un esfuerzo que se hizo para tener otra entrevista, y el cual requiere alguna explicación. El Gobernador Alsina solo publica mi nota final sobre este episodio, dejando el origen y los incidentes en la oscuridad.
El 12 del presente llegó a Buenos Aires el vapor «Asunción» procedente del Paraná, conduciendo al Dr. Juan Francisco Seguí miembro de la Corte Suprema de la Confederación, enviado por V. E. cerca de mi, como mediador-con referencia a los intereses ele paz. Este pequeño vapor, para precaverse del viento pampero en el puerto, suele fondear siempre en una pequeña ensenada 1 o 2 millas abajo de la Boca. Solicité pues del Gobierno,- a quien según sabia el Sr. Seguí había enviado el pasaporte de su carácter oficial -que se le permitiera desembarcar y permanecer bajo mi protección en mi residencia y en el Consulado de los Estados Unidos hasta la salida del vapor para el Paraná, el 17 del corriente. Este permiso fue concedido. Yo quería de este modo colocarlo en una situación mas conveniente y agradable para las conferencias, que lo que habría sido si hubiese permanecido abordo en la Boca, embarazado por los buques del cabotaje. Comprendí que mi obligación era no permitirle comunicar con los hijos del país; pues no podía haber objeto en prohibirle que conversara con los extranjeros que me visitaban.
El 13 del corriente, un distinguido caballero inglés, que tengo orgullo de contar entre mis amigos, y que tenía un gran interés en ver una paz honorable entre los dos Gobiernos; -se acercó a mí para saber si consentiría una entrevista entre el Sr. Mármol, uno de los negociadores, y el Sr. Seguí. El Sr. Mármol había ido a su casa la noche anterior, y había le dado explicaciones sobre la última proposición que terminó nuestras negociaciones, Esta circunstancia indujo a ese caballero a sugerir una conferencia, en mi habitación entre el Sr. Mármol y el Sr. Seguí. El Sr. Mármol aceptó. He ahí la causa de los pasos que se dieron cerca de mí. Yo rehusé mi consentimiento; a no ser que el Gobierno estuviese previamente de acuerdo.
Eso hará ver la buena fe con que yo obraba -no permitiendo que uno de los negociadores (un Senador de la confianza del Gobierno) conferenciara sin autorización con el Dr. Seguí.
El Sr. Mármol fue impuesto de esa condición, y consultó al Gobernador. Se reunió el consejo. -Algunos opinaron que la conferencia no era impropia. El Gobernador insistió que no era propio que el Sr. Mármol conferenciara con el Dr. Seguí -simple particular con respecto al Gobierno de Buenos Aires -y ciudadano de la Confederación. El Ministro de Gobierno dijo, que como yo no les había aun notificado por escrito el retiro de mi mediación, podía solicitar otra entrevista en mi habitación y presentar al Dr. Seguí. Viendo que estos arreglos se prestaban a los deseos de otros, pues yo no veía por lo que a mi toca, la posibilidad de cambiar la naturaleza de las cosas, no pude rehusar mi interposición oficial para facilitar una entrevista entre esos caballeros, mientras existía un rayo de esperanza para un resultado pacífico.
La correspondencia mostrará a V. E. que mi solicitud fue aceptada el 14 del corriente; aunque no pudo fijarse un día a consecuencia de la enfermedad del Dr. Sarsfield. Pocas horas después, este señor como Ministro de Gobierno, me dirigió una nota ordenando el reembarco inmediato del Doctor Seguí. Al día siguiente recibí una nota indicando las 7 de la noche para la predicha conferencia. No quiero hacer comentarios-Véase mi nota rehusando la conferencia, pues que ella quedaba anulada con el hecho de haber sido expulsado el Dr. Seguí de la ciudad por orden de aquel Gobierno. La narración de estos sucesos, hace ver que los negociadores no los ignoraban, y sirve cuando menos para poner mi conducta en su verdadera luz.
Me ocupo de este incidente con bastante repugnancia, pues encierra en sí una marcada descortesía hacia mi persona, en mi carácter de mediador; y que desacredita aquel Gobierno, que se vanagloria de su ilustración superior, y de desconocer el dominio de los caudillos. Pero por el alto respeto que tenía hacia el Gobierno de Buenos Aires, y por las maneras afables de sus gobernantes hacia mi, no puedo suponer caritativamente otra cosa, sino que, sin apercibirse, han dejado que su antipatía a V. E. -manifestada de una manera descortés a vuestro negociador de paz acreditado cerca de mí, y colocado por orden de ellos bajo mi protección; -haya ofuscado su razón.
No pretendo hacer alusión a aquella; pero creo de mí deber informar a V. E. de que manera se ha recibido y tratado a vuestro Comisionado. Llegó des pues que se había perdido toda esperanza de paz -El ignoraba este hecho hasta después de su llegada.
Cuando recibí el permiso de hacerlo desembarcar bajo mi protección, me dirigí acompañado del Sr. W. H. Hudson, Cónsul de los Estados Unidos, hacia la oficina del capitán del Puerto, para notificarle la orden a fin de evitar toda dificultad. La nota del Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores me informaba que se habían impartido órdenes al Capitán del Puerto a ese efecto. Pregúntole el Cónsul si había recibido órdenes relativas al Dr. Seguí. Contestó que si. Entonces le presenté la nota oficial: pero no quiso leerla diciendo que estaba bien. -Hicimos aprontar una ballenera. Mientras se preparaba; el capitán vino al muelle y nos ofreció su falúa, excusándose, por no haberlo hecho antes. Al llegar al vapor, vimos un bote con gente armada, y el oficial sobre su cubierta. Le comuniqué mi objeto. Después de haber permanecido algún tiempo a bordo, propuse desembarcar. El oficial no quiso leer mi orden oficial, pues mi palabra le bastaba; pero el Cónsul le obligó a leerla, por ser un oficial subalterno. Así se hizo. Como él había despedido el bote que nos condujo, ofreció el suyo, y desembarcó con nosotros y el Dr. Seguí; después de haber puesto el Cónsul la bandera de los Estados Unidos en la proa.
¿Cuál no fue nuestra sorpresa, cuando al desembarcar, el Sr. Gelly, Capitán del Puerto se nos presentó arriba de la escalera del muelle preguntándonos, porqué desembarcábamos al Dr. Seguí?
Le presenté la orden del Gobierno que no había querido leer en su oficina. Examinó el sello del sobre, que era el del Gobierno y Relaciones Exteriores, y leyó la orden escrita en papel sellado con las armas del Ministerio, y dijo que no reconocía orden alguna firmada por el Oficial Mayor. El despacho resultaba firmado por orden del Gobernador; pues era sabido que el Ministro se hallaba enfermo. Nos invitó a ir a su oficina; a lo que accedimos.
Después de permanecer allí algunos instantes, vi que su intención era detener al Dr. Seguí, hasta recibir una orden del Gobierno. Pedí entonces la devolución de mi orden, y le dije que me retiraba inmediatamente con el Dr. Seguí; y que podía encontrarle en mi habitación. El contestó que la culpa era suya, que había comprendido mal las palabras del Cónsul, pues creía que solo íbamos a visitar al Sr. Seguí, desde que sus órdenes previas eran de no permitir su desembarco. Aun admitiendo esto, su error no existía, desde que leyó la orden del Gobierno que debió respetar.
Había redactado una carta al Gobierno quejándome de esta conducta extraordinaria: pero como no estaba copiada cuando sugirió una nueva entrevista, seguí el consejo de no mandarla.
La orden de expulsión vino el 14 del presente antes de la mitad del término acordado. Y el motivo que se daba, era de que el Dr. Seguí había paseado por las calles de la Ciudad, violando de ese modo las condiciones, bajo las cuales había desembarcado. No existe tal prohibición de pasear por las calles de la Ciudad. Las palabras que «permanezca» en mi casa y el Consulado Americano, no pueden interpretarse por una reclusión, sin libertad de salir. Significan que no podía residir lejos de mi o del Cónsul de los Estados Unidos alojándose en otra parte. Y según mi conversación con el oficial Mayor, no podía comunicar con hijos del país.
Admitiendo sus argumentos, es evidente que no ha violado tal condición; porque solo transitó por las calles, cuando se dirigió del Consulado, donde se bajó inmediatamente después de su llegada, a mi comedor particular y a mi sala del hotel de Roma, parte de mi domicilio, y de allí, a mi dormitorio. Y solo una vez mas de mis habitaciones a mi comedor, y viceversa; pues nosotros nos desayunábamos en nuestro dormitorio, y antes de su tercera comida, fue expulsado de la Ciudad.
Es falso pues este cargo; y admitiendo que fuera cierto, ¿qué daño hacia él transitando por las calles? Estaba reservado al ilustrado Gobierno de Buenos Aires prohibir el ejercicio del aire libre a un caballero distinguido acreditado como Comisionado pacífico cerca de un mediador aceptado.
Además, se le había permitido desembarcar bajo la fe del Gobierno y bajo mi protección especial. Si surgió alguna duda sobre la vio lacio n de las condiciones de desembarco, el Gobierno debió, por deferencia a mi, consultar e indagar los cargos imputados, antes de mandar una orden perentoria de reembarco, y enviar un oficial de Policía a mi habitación para hacer ejecutar la orden algunos instantes después.
Aun se añadía una descortesía. Se me permitió hacerle venir a tierra sin Oficial de Policía. Debía pues reembarcarle sin la custodia de tal agente.
Como no había buque de guerra de los Estados Unidos en el puerto de Buenos Aires, el Capitán Hammer del «Bergantín» de su Majestad Británica «Spy» a solicitud del Cónsul de los Estados Unidos, recibió y hospedó bondadosamente a vuestro Comisionado hasta la salida del vapor «Asunción» el 17 del corriente. Mas en el muelle, cuando el Comandante Inglés ofreció conducirle abordo de su buque en su embarcación, el Oficial de Policía, apoyado por el Ayudante y Capitán del puerto, no permitió dejarle embarcar en la ballenera inglesa, e insistió en que debía conducirlo en el bote de Policía. Como era un deber, no quise dejarlo entre las manos de la Policía; y con el Cónsul de los Estados Unidos lo acompañamos hasta el buque inglés.
Así pues, fuera de la ciudad, y cuando se hallaba en la ribera pronto a ponerse bajo la bandera Inglesa-que garantía su permanencia transitoria hasta la partida del « Asunción;» siempre se le manifestaba descortesía.
Me complazco en expresar mi agradecimiento por la atención y cortesía del Comandante Inglés hacia el comisionado de V. E. acreditado cerca de mi persona, y bajo mi protección.
Y permítame Sr., aprovechar esta ocasión para expresar mi gratitud a los capitanes Peel y Paget de los vapores de S. M. B. «Oberon» y «Buzzard», por los sentimientos que me manifestaron, como también a mis compatriotas.
He redactado este informe Sr. a toda prisa, e interrumpido por mis asuntos oficiales. Espero pues que V. E. disimulará sus defectos como también su extensión -que era necesaria para daros una idea completa de mi mediación.
Esto era también un deber para con V. E.; pues al aceptar mi mediación, me manifestó en una conferencia verbal su alta confianza, dándome carta blanca en cuanto a los detalles.
Confío en que al revisar mi conducta, me estimareis esa confianza como mal depositada.
Aunque deploro el resultado infructuoso de mi mediación, y de que la guerra se considere alguna vez necesaria;-mas siendo este el caso, y hallándose los Ejércitos de ambos Gobiernos prontos al combate-no puedo despedirme de V. E. en el carácter de mediador, sin manifestarle mi alta admiración por la liberalidad y grandeza que ha desplegado en este esfuerzo para evitar las calamidades de la guerra, y restablecer la paz y la Unión de vuestra patria.
Con distinguida consideración de V. E. atento servidor y amigo.
Benjamín Yancey.
Es traducción fiel del inglés.
José F. Lopez.
Documentos anexos al informe sobre la mediación Yancey
Legación de los Estados Unidos de América en la Confederación Argentina.
Paraná, 1º de Julio de 1859.
A su Excma. el General D. Justo J. de Urquiza, Presidente de la Confederación Argentina.
Como los preparativos de guerra entre la Confederación Argentina y Buenos Aires, se hacen con actividad; y que las hostilidades pueden romperse de un momento para otro; y como V. E. ha sido autorizado, por un acto del Congreso Federal, para arreglar la cuestión de integridad nacional por negociaciones pacíficas o por la guerra, solicito que se me permita interponer mis esfuerzos por la paz.
Aunque receloso de mis humildes aptitudes-al considerar los desastres que resultarían para el comercio, el atraso de la civilización, y deseando impedir, si fuese posible, el derrame de sangre y los horrores de una guerra fratricida, no puedo prescindir de apelar a V. E. como al Gobierno de Buenos Aires, para que admita mi mediación en favor de la reconciliación y de la humanidad política, antes que el nudo Gordiano, para el rompimiento del cual, tantos esfuerzos se han hecho, sea cometido por la espada.
Confiando en que V. E. realice plenamente las excelsas glorias de la paz, tan benéfica para la prosperidad y felicidad de los ciudadanos y del Gobierno de la Confederación Argentina, y que acepte prontamente mis buenos oficios, me suscribo con mi mas distinguida consideración.
De V. E. obediente servidor.
Benjamín C. Yancey.
Paraná, Julio 2 de 1859.
Ministro de los Estados U nidos de América.
He tenido el honor de recibir la apreciable nota de V. E. fecha de ayer, en que me ofrece noblemen¬te su mediación para arreglar la cuestión de integridad Nacional, que ha obligado a armarse a la Confederación Argentina.
Autorizado por el Congreso para resolver por negociaciones pacíficas o por la guerra esa cuestión que compromete el porvenir del país, y los intereses de las naciones que tienen conexiones con él, he declarado solemnemente que en cumplimiento de esa misión no estorbaría, ni dilataría por ningún acto la paz, excelsa gloria, como V. E. la llama y como yo la estimo.
Me complazco en reconocer y en declarar a V. E. que si el Gobierno de la Confederación no ha tentado un medio pacífico, ha sido porque el Gobierno de Buenos Aires no ha admitido aquellos que se habían hecho previamente, por lo que, todo medio posterior era imposible.
Siento orgullo y placer en expresar a V. E., que acepto su mediación, como una reciprocidad que es debida a la suma deferencia con que fue aceptada la mía en la guerra que amenazaba estallar entre los Estados Unidos de América y el Paraguay, cuyo éxito venturoso para la humanidad me halagará toda mi vida, junto con los recuerdos de la honra que me fue tributada por el Ministro Americano y por el Presidente de la República del Paraguay. -No podría negarme en nombre del país, sin ingratitud, si ya no estuviese bastante inclinado por el culto que rindo a la paz, ese supremo bien de los pueblos.
Soldado de la causa del orden y de la tranquilidad de mi patria, yo dejaré con gusto las armas, cuando esos altos intereses se salven en su bien y en el del comercio y de la industria del mundo.
Yo deseo que V. E. encuentre en el Gobierno de Buenos Aires la misma justa deferencia a sus buenos oficios, y que le sea fácil obtener bases que salvasen los altos intereses invocados con la dignidad Nacional.
Saludo a V. E. con todo afecto y distinguida consideración.
Abordo del vapor de guerra de Buenos Aires-
«General Pinto, frente al Diamante. 9 A. M. 3 de Julio de 1859.
A S. E. el Presidente de la Confederación Argentina y Capitán General de sus Ejércitos, General D. Justo José de Urquiza.
Pasando esta mañana dos buques de guerra del Gobierno de Buenos Aires que iban río arriba, les mandé hacer señales, y habiendo el Almirante bondadosamente mandándome su bote, tuve una entrevista con él. Mi ansiedad era grande que no se cometiera ningún acto de hostilidad que pudiese, en lo menor, embarazar mi negociación de paz.
Aunque el Almirante tiene orden de tomar posición entre el Paraná y Santa Fe, la que no se consi¬dera con facultad de suspender, se compromete a no cometer ningún acto de hostilidad, hasta que se determine el resultado de mis esfuerzos en la negociación.
Como evidencia de su desinclinación a precipitar la guerra, dice que, aunque se les hizo a sus buques más de treinta tiros de cañón fuera de la fusilería, al pasar por el Rosario, no permitió que se contestase un tiro.
Con las órdenes que tiene tan distante de su Gobierno, las que no tienen libertad para desatender en el todo, él espera sinceramente que V. E. no tratará de pasar tropas o material de guerra, del Paraná a Santa Fe, pues que en ese caso, sus órdenes le obligarían a interceptarlos; circunstancia de complicación que, con el conocimiento que ahora tiene de mi noble misión de paz, lamentaría profundamente.
Por las generosas expresiones de V. E. por la paz, confío sinceramente, que V. E. suspenderá gustosamente el pasaje de tropas por este Río, como también evitará todo otro acto que pudiera embarazar mi misión de Paz. Soy de V. E. muy obediente servidor.
(La copia de mi carta a V. E., desde San Nicolás, de 4 de Julio, se ha traspapelado. V. E. tiene, sin duda el original)
San Nicolás Domingo a la noche, 4 de Julio de 1859.
A S. E. Dr. D. S. Derqui, Ministro del Interior de la Confederación Argentina - Rosario.
Señor: Cumpliendo con vuestro pedido de ayer noche, os aviso el resultado de mi entrevista con el Coronel W. Paunero, Jefe del E. M. del Ejército de Operaciones del Estado de Buenos Aires.
Me asegura que en vista de los objetos de mi misión de paz, ningún movimiento hostil se hará por su parte contra la Confederación, observando como vos observasteis, que solamente obrarían en el caso de alguna agresión de parte de la Confederación. El Coronel Paunero bondadosamente ofrece mandar esta comunicación al puesto mas avanzado de la Confederación, con pasaporte para el correo que yo mando.
- Como el General Mitre está algunas leguas distante, se debe confiar en la promesa del Coronel Paunero, a no ser que recibieseis aviso del General Mitre de que dicha promesa se ha revocado. Sin embargo, el Coronel Paunero no tiene el menor temor de esto. Con seguridades &&
Benjamin C. Yancey.
Buenos Aires, 6 de Julio de 1859.
A S. E. el Dr. D. Valentín Alsina, Gobernador del Estado de Buenos Aires.
Señor: Toda guerra es desastrosa para el desarrollo del comercio, el progreso de la civilización y la prosperidad y felicidad del ciudadano.
Mas especialmente debe lamentarse y evitarse una guerra entre hermanos, ligados unos con otros por la simpatía de raza y las glorias asociadas del pasado. El evitar una guerra tal, tan inminente en este momento entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, es digno del mas grande esfuerzo. Animado por el amor a la paz y por el deseo de efectuar una reconciliación, si es posible, entre la Confederación y el Estado de Buenos Aires, sobre bases igualmente honrosas para ambos; mirando a la ulterior incorporación de las catorce provincias bajo un Gobierno, conservando cada una su organización política distintiva, pero todas aunadas a objetos generales, bajo una cabeza común Federal; ofrezco muy respetuosamente mis buenos oficios. Creído de que el Gobierno de V. E. conocerá plenamente las glorias superiores de la paz, y de que tendrá buena voluntad para usar cualesquier esfuerzo para ajustar honrosamente las dificultades por largo tiempo pendientes, con preferencia al arbitraje del sable; confío en que se aceptará mi oferta de mediación. Aunque desconfiando en mis humildes y capacidades para desenredar una madeja que ha burlado los esfuerzos de muchos mas sabios y mas hábiles que yo; sin embargo, abrigo esperanzas de una feliz solución.
El sentimiento más íntimo de mi coraza n es el deseo de tener buen éxito. Entonces, si las catorce provincias, unidas en hermandad entronizasen a la Paz como la Diosa de su culto político, el mundo verá con admiración vuestro progreso y vuestros hechos en desarrollo, en gloria y en renombre. Con la mas distinguida consideración, soy de V. E. muy obediente servidor.
Buenos Aires, 10 de Junio de 1859• A S. E. el Presidente de la Confederación Argentina, Capitán General D. Justo José de Urquiza.
Señor: mi nota al Gobernador Alsina ofreciendo mis buenos oficios para mediar a favor de la paz entre la Confederación y Buenos Aires, fue entregada el Jueves por la mañana. Sin contestación, se solicito una entrevista para las 4 de la tarde del mismo día. Una conferencia posterior fue postergada hasta las siete de la noche, en mi sala el viernes. El Gobernador no cumplió con la cita: él mismo había indicado hora y lugar. Ayer fue día festivo, y hasta este momento no he sido informado de la causa de su falta. No puedo por lo tanto avisar a U, en esta vez, nada definitivo en cuanto a la perspectiva de una negociación, ni aun si se acepta mi mediación. Si la entrevista hubiera tenido lugar en la noche del viernes, hubiera podido, sin duda, darle a U. una opinión definitiva. Aunque la entrevista en la casa de Gobierno, dio por resultado una discusión que juzgué impropia antes de aceptarse mi mediación, y antes de ofrecerse dar la dirección constitucional que asegurase una contestación oficial; me determiné a prescindir de todo juicio personal de etiqueta y conveniencia, antes que hacer peligrar el grande objeto que tenía en vista (evitar una guerra fratricida) tan importante para el desarrollo del comercio y para la felicidad del pueblo entero. Mañana, sin duda, alcanzaré algunos datos definitivos. Pero no puedo dejar que salga el vapor hoy, única oportunidad de comunicación directa quizás que se me ofrezca por una semana o más, sin escribir algo, por poco satisfactorio que sea, a U. que tan generosamente aceptó mis buenos oficios. Creo que ahora dos meses, podía fácilmente haber efectuado un arreglo honroso. Pero ahora en medio de los preparativos de guerra, hay un entusiasmo y una confianza prevalecedora en el buen éxito de un combate, que embarazan mis esfuerzos. Pero la paz es tan importante para los intereses públicos y privados y para la causa de la humanidad, que no puedo aun abandonar la esperanza del buen éxito, en vista de las proposiciones que puedo ofrecer, tan razonables y tan honrosas.
Con las seguridades de mi distinguida consideraciónn.
Memorandum de carta al Dr. Derqui, Ministro del Interior en el Rosario.
10 de Julio de 1859.
Mi oferta de mediación no ha sido aun aceptada, pero está pendiente.
Por el paquete escribiré más extensamente al General Urquiza, Presidente de la Confederación; pero por la posición de U., juzgo conveniente avisárselo a U.
Escribí a U. una comunicación desde San Nicolás, que debía remitirse por el Coronel Paunero, bajo mi pasaporte y con bandera blanca. Suponiendo que U. habrá recibido esa carta, me es innecesario repetir su contenido.
Paraná, 15 de Julio de 1859.
Excmo. Señor Benjamín C. Yancey &&
He recibido la estimable comunicación de V. E. fecha 10, y soy por ella advertido que aun no había sido admitida la mediación noblemente ofrecida por V. E. por parte del Gobierno de Buenos Aires, verificándose la fundada desconfianza que a V. E. había expuesto.
Como temo que V. E. no haya sido aun mas feliz, me limito a manifestar a V. Q. mis agradecimientos por todo el interés que V. E. ha puesto para evitar la acción de las armas en esta contienda entre hermanos.-Vale mucho para mi el alto testimonio del digno Ministro Americano, de que me ha encontrado dispuesto a contener el fuego de las pasiones y de la guerra por un esfuerzo noble por la paz-de que no es mía la responsabilidad de los desastres que la guerra trae consigo.-Deploro las alucinaciones que hacen nacer en los otros sentimientos opuestos a la paz, y reposo tranquilo en el alto testimonio de V. E., en el fallo de los contemporáneos, y confío en el poder que da el derecho y la decisión de los pueblos.
No dejaré de decir a V. E. que los sucesos que han tenido lugar, después de la ida de V. E., ajenos a mi voluntad, no han alterado mi ánimo.
Deseo a V. E. un feliz regreso, y ofrézcole en esta ocasión muy sinceramente, el homenaje de una amistad perfecta con que soy de V. E.
Atento Servidor.
Justo Jase de Urquiza.
Buenos Aires, Julio 18 de 1859.
A S. E. Mariano Baudrix, Encargado de Negocios de la Confederación Argentina, en Montevideo &&&.
Quizá U. ha sido informado por S. E. el General Urquiza que mi oferta de mediación entre la Confederación y Buenos Aires ha sido aceptada por él y que, pendiente mi esfuerzo por la paz, no cometería ningún acto de hostilidad.
También me autorizó para dirigirme a U. en caso de ser aceptada mi mediación por el Gobierno de Buenos Aires pidiendo ordenase a la Escuadra de la Confederación, en Montevideo, permaneciese en Statu qua pendiente las negociaciones.
He estado aquí en mi misio n de paz, desde el 7 del corriente, y aunque no puedo decir a U. que mi oferta de mediación ha sido aceptada formalmente, sin embargo puedo decir que han tenido lugar entrevistas entre S. E. el Gobernador Alsina y yo, en las cuales hemos tenido un cambio de vistas sobre las bases que someto por la paz, y hermandad política. Mis proposiciones escritas quedan en su poder, con el privilegio de presentar las suyas. -Aunque el progreso de esta negociación ha sido suspendida por mi propia determinación, a consecuencia de la desgraciada complicación producida por el asunto del vapor «General Pinto» y el fuego hecho por la batería del Rosario al vapor «Buenos Aires» mientras volvía rió abajo. -Esta suspensión confío será solamente temporal.
Yo voy inmediatamente al Paraná a ver al General Urquiza, para alejar toda sospecha de mala fe, obtener explicaciones sobre el fuego hecho por la Batería del Rosario sobre el «Buenos Aires.»
Tengo la más entera confianza en la promesa y honor de S. E. el General Urquiza: y espero por lo tanto, poder volver aquí en pronta oportunidad, para continuar la consideración de las proposiciones para la paz y hermandad política.
Bajo estas circunstancias he creído de mi deber comunicar a U. y expresar la esperanza que su opinón, concurrirá con la mía, para que ningún movimiento sea hecho por su Escuadra, sin nuevas órdenes de su Gobierno, calculado, para traer a un conflicto con los vapores ú fuerzas de Buenos Aires.
Sin embargo que U. mantendrá siempre vigilancia y prontitud para resistir cualquiera agresión.
El paquete vapor «Asunción» se espera hoy, para volver el Viernes, el vapor Inglés «Oberón.» Capitán Paget, de la marina Real, debe ir para arriba el Jueves. -El Capitán Paget me ofrece un pasaje con la mas sincera cordialidad. -En vista de actividad, partiré por la primera oportunidad.
El Capitán Steedman, Jefe accidental de las fuerzas Navales de los Estados Unidos en esta estación, entregará a U. en persona esta comunicación.
Con distinguida consideración lo saluda.
Benjamin. C. Yancey.
19 de Julio de 1859.
El «Asunción» llegó hoy -he recibido una carta del General Urquiza, de que adjunto copia.
Confidencial. - Paraná, 30 de Julio de 1859.
A S. E. Benjamín C. Yancey &&.
Excmo. Sr. y distinguido amigo:
A consecuencia de nuestra conferencia, y porque deseo evitar con V. E. toda discusión sobre detalles que no pude suprimir entonces, aunque lo deseaba, se le llamará al Ministro del Interior para que venga a llenar su empleo en esta Capital. Cedo sobre este punto, meramente por la amistad de V. E. Deseo dar a V. E. una prueba adicional de los sentimientos que he expresado, y del aprecio de su interposición al efecto. Aunque la oficialidad del vapor Bonaerense devuelto a la Nación por un motín Militar abordo, ha sido tratada por mí con toda benignidad, como pueden informar a V. E. el mismo Coronel Murature y demás Oficiales, sobre cuya caballerosidad descanso en que hagan tal declaración a V. E., de que su infortunio no fue agravado con el carácter de prisioneros, sino con el de huéspedes, voy a impartir la orden para que se les ponga en completa libertad.
Confío en que V. E. aceptará esto como la mejor demostración de la sinceridad de mis deseos de obtener la paz, la integridad de la República, y la unión Argentina.
Saludo a V. E. con consideración.
De V. E. amigo y obediente servidor,
San Nicolás a las 12 y media de la noche 1º de Agosto de 1859.
A S. E. el Presidente de la Confederación Argentina, y Capitán General de sus Ejércitos, General D. Justo José de Urquiza.
En este momento he concluido una entrevista con el General Mitre, que comanda el Ejército de Buenos Aires.
Me asegura que las fuerzas a sus órdenes no cometerán ningún acto agresivo u hostil contra la Confederación, hasta que reciba contra-órdenes de su Gobierno, después de mi llegada a Buenos Aires.
Por supuesto, toda medida necesaria para la conservación de su Ejército, como también para repeler hostilidades de parte de las fuerzas de la Confederación, será legítima y no incompatible con su promesa personal a mí.
Con distinguida consideración, de U. obediente servidor,
San Nicolás a las 12 1/2 de la noche 1.0 de Agosto de 1859.
Al Sr. Brigadier General D. Benjamín Virasoro.
Señor: -Remito a U., con la presente, un pliego para S. E. el Presidente de la Confederación y Capitán General de sus Ejércitos, con respecto a una entrevista que acabo de tener con el General Mitre que comanda el Ejército de Buenos Aires, que Ud. tendrá la bondad de encaminar inmediatamente. Yen cumplimiento con mi promesa al General Urquiza, anunciar el resultado de dicha entrevista a las autoridades del Rosario. Aviso a Ud. que el General Mitre me asegura que las fuerzas a sus órdenes no cometerán ningún acto agresivo u hostil sobre la Confederación, hasta que reciba contraórdenes de su Gobierno, después de mi llegada a Buenos Aires. Por supuesto, que toda medida necesaria para la conservación de su Ejército, como también para repeler hostilidades por parte de fuerzas de la Confederación, será legítima y no incompatible con esta promesa personal a mí.
Con distinguida consideración, de Ud. obediente servidor.
Buenos Aires, 2 de Agosto de 1859.
A S. E. el Gobernador del Estado de Buenos Aires, Dr. D. Valentín Alsina,
Señor: -Tengo el honor de anunciar a V. E. que he regresado a esta Ciudad con procedencia del Paraná, habiendo cumplido los objetos para los cuales me fui.
Agradecería que V. E. me acordase una entrevista a la brevedad que le fuere conveniente, con referencia al asunto de paz y fraternidad entre el Gobierno de V. E. y el de la Confederación Argentina, que se tomaba en consideración antes de mi partida.
Con las seguridades de mi distinguido aprecio, de V. E., obediente servido,
P. S. -Adjunto una comunicación del General Mitre, que comanda el Ejército en San Nicolás &&&.
Nº 14 1/2
Buenos Aires. 2 de Agosto de 1859.
Excmo. Sr. Ministro, D. Benjamin C. Yancey.
No habiendo podido responder por escrito a la apreciable carta de V. E. de esta fecha, lo hago repitiendo ahora lo que verbalmente dije a su conductor el Sr. Hopkins, esto es, que siéndome imposible pasar hoy a saludar a V. E., procuraré tener ese gusto mañana a las 7 de la noche.
Entre tanto, celebro el feliz regreso de V. E., y agradezco las notas del General Mitre que se ha servido remitirme.
Soy de V. E. atento y humilde servidor, Q. B. S. M.
Confidencial.- Buenos Aires Agosto 3 de 1859.
A S. E. el Presidente de la Confederación Argentina y Capitán General de sus Ejércitos &&.
Señor D. Justo José de Urquiza.
Ayer anuncié mí llegada al Gobernador Alsina, solicitando una entrevista, a su mas temprana conveniencia. Teniendo ocupaciones que atender por la tarde, convino en venir a mi alojamiento por la noche de hoy. Hemos tenido una conferencia. El deseaba conocer cuales eran las informaciones o instrucciones dadas por Ud. acerca de las insinuaciones que él me hizo; esto es, la pronta reunión de una convención para adoptar una nueva Constitución. que principie a regir tan pronto como fuese posible, y antes del vencimiento de los diez años desde la adopción de la actual Constitución y otros puntos mencionados en mi última conferencia con G. del 30 del próximo pasado.
He eludido toda discusión sobre las bases de mi negociación, hasta que el Gobierno de Buenos Aires conteste y acepte mis ofrecimientos de mediación o buenos oficios, tendentes a producir la paz y la fraternidad.
Esto era necesario para verme libre de un debate, y ponerme en una posición que me autorizase a pedir la suspensión de las hostilidades activas. V. E. las suspendió y era muy justo que el Gobierno de Buenos Aires las suspendiera. Seria una injusticia tener atadas las manos de V. E. dejando la de ellos libres para dar cualquier golpe durante una negociación. No pude pues consentir en que la discusión continuase, causando demora, hasta que tan justa medida, tanto para la Confederación cuanto para mí fuese tomada, o que ambas partes adoptasen medidas iguales.
El Gobernador Alsina prometió contestar a mi ofrecimiento de mediación mañana o pasado. Le hice presente que en caso aceptase mis buenos oficios, seria oportuno declarar la suspensión de hostilidades durante mi negociación. No pudo comprometerse a esto. Pero que después de recibida la contestación a mi ofrecimiento de mediación, podía yo escribirle pidiendo la suspensión de hostilidades: cosa que seria tomada en consideración, y que se contestaría.
Estoy pues, muy a pesar mío, imposibilitado, de daros por el vapor que sale mañana un informe definitivo. Los dueños del vapor «Asunción» lo detendrían un día mas, y con placer, si esa demora me habilitase para comunicaros dicha contestación. Pero el programa prescripto, exigirá dos, tres o más días.
Por consiguiente, aun no mandaré al Jefe de vuestra Escuadra en Montevideo, la nota que Ud. me confió ordenándole de suspender las hostilidades, hasta que este Gobierno prometa suspenderlas por su parte.
Comunicaré a Ud. sin la menor demora, la acción de este Gobierno por un chasque, si él me proporciona uno. -También daré aviso a V. E. por la primera salida de un vapor que se presente antes del regreso del «Asunción».
Creo Señor, que mi deber es ser muy franco con Ud. y decirle que la entrevista de esta noche no me ha dejado una impresión favorable para un buen éxito.
Aunque por otra parte puede ser una superchería diplomática para ver cuales son las ventajas y las condiciones favorables que puedan obtener antes de someterme sus bases. -Pero en esto han fallado. Y si el Gobierno de Buenos Aires desea la paz, es preciso que obre de un modo tan liberal y magnánimo como V. E. y no perder tiempo en discusiones.
Pero confío sinceramente que V. E. en vista de la lenta decisión y perpleja política de Buenos Aires; no se partirá de la elevada conducta que adoptó para un arreglo honorable-Porque si este Gobierno rehúsa una mediación razonable, la continuación de vuestros esfuerzos para la paz hasta el último momento, le darán un gran poder moral que ayudará al ilustrado juicio del mundo, en remover la gran responsabilidad de las consecuencias desastrosas, nacidas de una guerra.
Mientras tanto y bajo las actuales circunstancias, faltaría a mi deber si no le aconsejase la mayor vigi¬lancia, para precaveros contra cualquiera sorpresa.
Puedo asegurarle que el gran objeto de la paz, la causa de la civilización y de la humanidad no dejará de ocupar mis esfuerzos y aprovecharé de toda oportunidad para comunicarme con V. E.
Si Buenos Aires acepta mi mediación rehusando suspender hostilidades, la discusión de las bases para un arreglo podría continuar-Yen tal caso V. E. estará eximido de toda obligación de suspenderlas por su parte. -Ese desgraciado estado de cosas solo aumentaría las dificultades de un arreglo, si desgraciadamente hubiese algún conflicto y sangre vertida.
Con las seguridades de mi distinguida consideración: de V. E. obediente servidor,
Escribí a V. E. de San Nicolás por un chasque -También al General Virasoro. -Comunico el tenor de esta al Brigadier General Virasoro, porque se halla lejos de la Capital -sobre la frontera del Rosario.
Buenos Aires, 4 de Agosto de 1859.
Al Brigadier General Virasoro -en el mando de la plaza del Rosario &&&.
Escribí a Ud. desde San Nicolás en 1º del corriente comunicándole el arreglo condicional hecho por mi con el General Mitra respecto a las hostilidades. Este arreglo quedaba vigente hasta que el General Mitre pudiese recibir órdenes de este Gobierno después de mi llegada a esta Ciudad.
Mientras yo estuve aquí la vez pasada, nunca hubo formal aceptación de mi oferta de mediación. En una entrevista tenida con el Gobernador anoche, se mostró dispuesto a continuar como antes, cambiando ideas sobre las bases para un arreglo de las diferencias entre los dos gobiernos. Yo rehusé proceder adelante de este modo, y deseaba antes de decir nada más, que el Gobierno contestase mi oferta. Si él aceptaba, entonces yo estaba preparado para entrar en la discusión de las bases. Y adenias, que tan luego como él aceptase, yo me encontraría en una posición para pedir oficialmente a este Gobierno una suspensión de hostilidades durante la negociación; que el General Urquiza había obrado así, y que no era justo tenerle con las manos ligadas, mientras que ellos quedaban en libertad para darle cualquier golpe.
El Gobernador Alsina, pues, ha quedado en contestar a mi carta hoy o mañana. Entonces si mi mediación es aceptada, escribiré en el instante pidiendo una suspensión de hostilidades, y tan luego como tenga la contestación, comunicaré el -resultado al General Urquiza, como también a Ud. mismo por chasque, si el Gobierno me hace el servicio de despachar uno.
Si la mediación es aceptada, y la suspensión de hostilidades rehusada, la negociación puede conti¬nuar, pero el General Urquiza estaría desligado de toda obligación de suspender hostilidades, y quedaría igualmente en libertad de obrar en la ofensiva según le aconsejen las circunstancias.
Pero al mismo tiempo, en las circunstancias por ahora de no suspender hostilidades por parte del Gobierno de Buenos Aires, yo aconsejaría la mayor vigilancia y preparación contra toda posible sorpresa o ataque de este lado.
Escribo por este vapor «Asunción» extensamente al General Urquiza. Pero como Ud. está distante de la Capital, y sobre la frontera, estimo conveniente poner esto también en conocimiento de Ud.
Muy respetuosamente, obediente servidor,
Excmo. Sr. Benjamin C. Yancey Ministro de los Estados Unidos.
Cumplo con el deber de responder por escrito a su distinguida nota de Julio 6, no habiéndolo hecho antes por los motivos que V. E. sabe, y entre ellos, el de la precipitada ausencia que V. E. se creyó en la necesidad de hacer con destino a la Bajada, de donde acaba de regresar.
En la referida nota, dictada por sentimientos cuya nobleza me complazco en reconocer, se digna V. E. ofrecer muy espontáneamente, su valiosa mediación, con el plausible objeto de procurar la reconciliación entre Buenos Aires y la Confederación, mediante bases honrosas para ambas partes, y tendientes a una satisfactoria reconstrucción de la Nacionalidad Argentina.
Enteramente de acuerdo con V. E. en que la paz es el bien supremo de los pueblos, y en que toda guerra, especialmente entre hermanos, es forzosamente desastrosa, me permitiré la libertad de significar previamente a V. E., que si la paz se halla hoy comprometida, la responsabilidad no es ciertamente de Buenos Aires: no ha partido de él la iniciativa de su actual perturbación; ni sus actos o sus leyes habían presentado el menor indicio de hostilidad o malquerencia hacia sus hermanos.
Hecho esta advertencia y contrayéndome a lo esencial de la apreciable nota de V. E.; yo debo repetirle aquí lo que ya tuve el honor de manifestarle verbalmente, desde la vez primera que el Sr. Ministro se sirvió favorecerme con su presencia, a saber: que si bien ahora cinco o seis meses, quizás hubiera sido posible hallar términos de arreglo, equitativos y satisfactorios para ambas partes, en el día, y en la altura a que habían llegado las cosas, esa obra, en mi humilde opinión, era extremadamente difícil.
Esto no obstante, Sr. Ministro, está muy distante de las miras del Gobierno el repeler ningún medio honroso de alejar de la República Argentina los tremendos males de una guerra fratricida; y como además he adquirido la íntima convicción de la habilidad, imparcialidad y perfecta buena fe de V. E., cualidades que suelen allanar muchas dificultades, y que me lisonjeo facilitarán tal vez a V. E. el encontrar esos deseados términos de arreglo, que yo no puedo descubrir, me es agradable decirle que puede V. E. proceder en el concepto de que su respetable y espontáneo ofrecimiento de mediación, queda aceptado sin dificultad por parte del Gobierno del Estado de Buenos Aires.
Tengo la honra de ser, con el mas perfecto respeto y consideración, de V. E. atento S. S.
Buenos Aires, 5 de Agosto de 1859.
A S. E. el Gobernador del Estado de Buenos Aires, Dr. D. Valentín Alsina.
Señor: -La nota de V. E., de ayer, aceptando mi oferta de mediación, fue entregada en mi Hotel anoche, pero solo llegó a mis manos esta mañana.
V. E. ha comprendido bien y claramente expresado los objetos de mi mediación:-el alcanzar la paz entre Buenos Aires y la Confederación, y arreglar para la futura reconstrucción de la Nacionalidad Argentina. Es decir -la más pronta cooperación practicable de los dos Gobiernos bajo un sistema Federal.
Con deseos sinceros de parte de ambos Gobiernos, de obtener objetos tan apetecibles; y entrando en la obra con un espíritu de liberalidad y magnanimidad como el que debiera caracterizar tan santo propósito de fraternidad, espero que lo encontraremos un trabajo llano, de fácil solución, al menos no uno de dificultad insuperable.
En mi entrevista de 3 del corriente, hice presente a V. E. el convenio, por parte de la Confederación, de suspender hostilidades contra el Gobierno de Buenos Aires, hasta el aviso de haberse fallado las negociaciones.
Ahora solicito encarecidamente que el Gobierno de V. E. imparta órdenes, con prontitud, de suspen¬der hostilidades contra la Confederación, por el mismo periodo de tiempo. No pido la suspensión de ningún movimiento interno de aumento o concentración de sus recursos militares o tropas, ya sea por tierra o por agua; sino solamente que ningún activo de carácter agresivo, tal como un ataque, se haga contra la Confederación o sus fuerzas. Por su¬puesto que los buques armados de la Confederación no han de pasar la isla de Martín García.
Espero que V. E. considerará cuan importante es un arreglo tal para los vastos intereses de la propiedad, del comercio, de la vida, y del porvenir de este país. Sin él, nuestra negociación estaría expuesta, en cualquier momento, a complicaciones que la hagan más difícil de una solución feliz, por algún desgraciado combate en que se vierta sangre.
Y con la mira de apresurar las negociaciones, como cada día está preñado de peligros, permítaseme pedir a V. E. que considere las proposiciones que recibió informalmente de mí en mi sala, el 11 del próximo pasado, como presentadas ahora formalmente como bases en discusión. Y como V. E. tuvo a bien, entonces, preguntar si le seria permitido presentar proposiciones de la misma manera informal, a lo que accedí, espero que ahora V. E. me co¬municará oficialmente dichas proposiciones, en vista de las actuales relaciones, a la hora más inmediata que le fuere conveniente. Hecho esto, sugeriría respetuosamente, que conferencias personales serian el mejor método de discutir proposiciones y armonizar cualesquier puntos de diferencia basta que lleguemos a bases honrosas para ambos Gobiernos y compatibles con la paz y con una futura fraternidad política, bajo un solo Gobierno.
Tengo el honor .de expresar a V. E. mi muy sin¬cero aprecio.
Buenos Aires, 6 de Agosto de 1859.
A S. E. el Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield.
Señor: - EI 6 de Julio próximo pasado dirigí una nota a S. E. el Gobernador del Estado de Buenos Aires, ofreciendo mi mediación para obtener, si posible, la paz entre Buenos Aires y la Confederación, y arreglar para su futura unión política en sistema Federal.
El día 4 del corriente, S. E. el Gobernador me dirigió una nota aceptando mi oferta.
Ayer trasmití al Gobernador mi primera nota oficial, como mediador aceptado. Pero habiéndoseme aconsejado que en lo sucesivo haga mis comunicaciones al Gobierno, por el Departamento de V. E., me permito presentar, por el órgano de V. E., lo sustancial de esa nota.
Mis servicios como mediador fueron aceptados, por parte de la; Confederación, el 2 de Julio próximo pasado.
Habiendo deseos sinceros de parte de ambos Gobiernos, de obtener los objetos apetecibles de mi mediación; y entrando en la obra con un espíritu de liberalidad y magnanimidad como el que debe caracterizar un tan santo propósito de fraternidad. espero que encontraremos las cuestiones, fáciles de solución, sin que sean materia de dificultades insuperables.
La Confederación ha convenido suspender hostilidades con el Gobierno de Buenos Aires, hasta tener aviso de haber fallado las negociaciones.
Ahora solicito muy encarecidamente que el Gobierno de V. E. imparta órdenes, con prontitud, para la suspensión de hostilidades contra la Confederación, por el mismo espacio de tiempo; no pido la suspensión de ningún movimiento interno de aumento o concentración de sus recursos militares o tropas, por tierra o por agua; sino solamente que ningún acto de carácter agresivo, tal como un ataque, se dirija contra la Confederación o sus fuerzas. Por supuesto que los buques armados de la Confederación no han de pasar la isla de Martín García durante la tal mutua suspensión de hostilidades.
Espero que el Gobierno de V. E. considerará cuan importante es un arreglo tal para los vastos intereses de la propiedad, del comercio, de la vida, y del porvenir de este país.
Sin este arreglo, nuestras negociaciones estarán expuestas, en cualquier momento, a complicaciones que las hagan más difíciles de solución, por algún combate desgraciado en que se vierta sangre.
Y con la mira de abreviar las negociaciones, como que cada día está preñado de peligros, presento adjuntas, proposiciones que pueden considerarse como bases generales para un arreglo.
Yo sugeriría respetuosamente conferencias personales, entre los que estén legalmente autorizados para obrar y yo, como el mejor medio de discutir mis proposiciones, y las que tuviere a bien comunicar el Gobierno de V. E., armonizando cualquier punto de diferencia hasta que alcanzásemos bases honrosas para ambos Gobiernos y compatibles con la paz y una futura unión política.
Me aprovecho de esta ocasión para expresar a V. E. la muy distinguida consideración con que soy, de V. E., obediente servidor.
Al Excmo. Sr. D. Benjamin C. Yancey, Ministro de los Estados Unidos.
El abajo firmado, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, tiene el honor de dirigir al Sr. Ministro de los Estados Unidos, contestando la comunicación de S. S. al Excmo. Sr. Gobernador, fecha 5 del corriente después de aceptado su ofrecimiento de mediación.
En ella propone V. E. un armisticio entre las fuerzas del Estado de Buenos Aires y la Confederación Argentina, durante la negociación de paz que ha iniciado S. E. el Sr. Ministro, y el abajo firmado ha recibido orden de decir a S. S. que el Gobierno comprende perfectamente que una negociación de paz sin previo armisticio puede recibir modificaciones del mas grave carácter por los hechos de armas que tengan lugar; pero mil veces sucede que un armisticio en la guerra inutiliza los medios de acción; los hace menos vigorosos, y pueden los pueblos o los Gobiernos perder o desvirtuar los medios preparados de acción o defensa. En otras ocasiones, el armisticio puede dar a uno de los beligerantes el tiempo que le falta para armarse mejor o para reunir mayores elementos de guerra; y aleja entonces uno de los más poderosos motivos que le indujeron a la paz.
Estimando el Gobierno las circunstancias todas en que él se encuentra, y aquellas en que se halla el Gobierno que le ha declarado la guerra, está íntimamente persuadido que un armisticio en estos momentos, seria ciertamente, y muy luego, una causa que diere lugar a esperanzas para resistir la paz, objeto primordial de la negociación que ha iniciado V. E.; y no le es posible por lo tanto, asentir a los deseos y a la proposición del Sr. Ministro.
En cuanto a la indicación de S. S. de que el Gobierno mire como presentadas oficialmente las bases que se sirvió entregar al Sr. Gobernador en la noche del 11 de Junio, puedo decirle que así se considerarán, tan luego como sean fechadas y firmadas por S. E. el Sr. Ministro; no habrá tampoco inconveniente alguno para que las bases dadas por el Sr. Gobernador, sean remitidas oficialmente al Sr. Ministro, a pesar de que ya lo fueron el día de ayer en una forma confidencial, como había convenido S. S. con el Sr. Gobernador. El infrascripto aprovecha la ocasión para renovar a V. E. las seguridades de su más alta consideración.
Buenos Aires, 8 de Agosto de 1859.
Al Sr. Ministro de los Estados Unidos de América, D. Benjamín C. Yancey.
El abajo firmado, Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, ha recibido la comunicación del Sr. Ministro de los Estados Unidos cerca del Gobierno de la Confederación Argentina, fecha 6 del presente, incluyéndole firmadas las bases para asegurar la paz entre Buenos Aires y la Confederación, que el Sr. Ministro había presentado antes confidencialmente, al Sr. Gobernador del Estado, y proponiéndole un armisticio de la forma que lo determina el Sr. Ministro, entre las fuerzas de ambos Estados. El abajo firmado incluye a V. E. las bases que días pasados le fueron entregadas a V. E. confidencialmente por el Sr. Gobernador. Respecto a la nueva invitación a reconsiderar la resolución tomada por el Gobierno respecto al armisticio propuesto, S. E. el Sr. Gobernador me ordena decirle, que no le es posible al Gobierno prestarse al dicho armisticio, sin poner en el mayor peligro la defensa del Estado.
Aprovecho esta oportunidad &&.
Bases generales propuestas para asegurar la paz entre Buenos Aires y la Confederación, y su futura unión política bajo un sistema federal.
1º - Cada una de las partes contratantes reconoce la integridad nacional como base de todo arreglo; esto es la unión definitiva de las catorce provincias Argentinas bajo un gobierno Federal.
2º - En tanto que la presente Constitución Federal no puede ser alterada o corregida por el término de diez años desde su juramento, 1º de Mayo de 1863, la próxima elección de Presidente tendrá lugar en completa conformidad con sus estipulaciones ad hoc.
3º - Buenos Aires se conservará en su presente aislamiento gubernativo hasta la conclusión de los trabajos de un nuevo Congreso Constituyente del pueblo Argentino, al cual se compromete asistir con sus representantes en la obra de enmendar, alterar, y jurar una Constitución para el Gobierno común de la Confederación.
4º - Las presentes leyes de derechos diferenciales de la Confederación, serán abolidas, y no se establecerá en ningún tiempo otras de igual naturaleza.
5º - El decreto de la Confederación Argentina del 19 de Abril de 1859 contra Buenos Aires, como también todas las otras leyes incompatibles, de ambos lados con la hermandad política, serán abolidas por los respectivos Gobiernos.
6º - La buena fe de ambos Gobiernos se empeña del modo mas solemne ante el mundo civilizado, para no hacerse oposición alguna, en adelante, el uno al otro.
7º - El principio de la extradición por cada Gobierno a pedimento del otro, se declara por toda clase de ofensa contra la ley y el orden.
8º - No habrá confiscación de propiedad por ofensas políticas pasadas, y se concederá entera amnistía a las personas desterradas desde el 11 de Septiembre de 1852; obligándose ambos Gobiernos a este convenio.
9º - Por una consecuencia natural a la base de este arreglo, Buenos Aires, no tendrá relaciones diplomáticas con naciones extranjeras. Su sistema Consular cesará a su incorporación a la Confederación.
10 - Por cuanto que, bajo las bases aceptadas, comienza una hermandad práctica, el Gobierno de Buenos Aires contribuirá con una justa proporción a los gastos diplomáticos de la Confederación.
Bases generales que pudieran extenderse y consignarse, si fuere necesario, en un tratado.
1º - Ambas partes contratantes reconocen la integridad nacional, como el punto principal de cualquier arreglo, es decir, la unión definitiva de las catorce provincias argentinas bajo un Gobierno común.
2º - Para facilitar y precipitar la ejecución de aquel objeto, el actual Presidente de la Confederación, tan pronto como se firmen estas bases, hará el patriótico sacrificio de retirarse completamente de la vida pública, por el espacio por lo menos de 6 años; debe mantenerse el respectivo estado de cosas en Buenos Aires y en la Confederación: pero se entiende que el statu quo creado por los Tratados de 1854 y 1855, es restablecido en toda su extensión.
3º - La presente Constitución de la Confederación será revisada y modificada después del término que ella establece, es decir, después del 1. ° de Mayo de 1863; y después de la instalación del sistema o del orden de cosas que entonces se adopte, el statu quo a que se refiere la 2º base, cesará.
4º - Los Diputados de Buenos Aires concurrirán a la reforma de la presente Constitución en la forma y lugar que ambas partes designarán por medio de una convención ad hoc, que se reunirá y convendrá 6 meses antes del 1º de Mayo de 1863.
5º - El dicho statu quo de 1854 y 1855, serán garantidos por el Gobierno de los Estados Unidos, a lo menos en aquella parte que tenga relación con la libertad y privilegios comerciales.
Buenos Aires 8 de Agosto de 1859.
Dalmacio Velez Sarsfield.
A S. E. el Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires, Dr. D. D. Velez Sarsfield.
Tengo el honor de acusar recibo de la nota de V. E. de 6 del actual.
Propongo una entrevista para discutir nuestras respectivas bases de arreglo, en la habitación de V. E. a las 7 de esta noche.
Con las seguridades de alta consideración, -de V. E., obediente servidor.
El abajo firmado ha recibido la nota de V. E. fecha de hoy, proponiéndole una entrevista para discutir las respectivas bases; y debe contestar al Sr. Ministro que acepta la entrevista propuesta en el lugar y hora que V. E. designe. Con este motivo reitero a V. E. las seguridades de mi mayor consideración.
Al Sr. D. Mariano Baudrix, Encargado de Negocios de la Confederación Argentina, en Montevideo.
Tengo el honor de acusar recibo de la carta de Ud. del 25 del próximo pasado, en duplicado, sin ser firmada la última, que recibí ayer.
Mi oferta de mediación ha sido aceptada por el Gobierno de Buenos Aires, el 4 del corriente. Me hallo ahora en correspondencia oficial con el Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores. Hemos canjeado nuestras respectivas bases. Se me acaba de informar que obtendré a mi conveniencia, entrevistas personales para discutirlas. Al concluir la presente carta, he de fijar una entrevista para esta noche.
Esto no obstante, el Gobierno de Buenos Aires rehúsa prestarse a la suspensión de hostilidades, creyendo que tendería a la desmoralización de sus fuerzas.
Por consiguiente no encamino la orden del General Urquiza, en mi poder, al Jefe de su Escuadra, en Montevideo, para que suspenda las hostilidades.
La Confederación queda, por consecuencia, libre de toda restricción de obrar según su placer.
Lamento que la suspensión de hostilidades no pueda convenirse mutuamente. Nuestras negociaciones podrán ser interrumpidas en cualquier momento, y de esta manera podrá embarazarse seriamente la cuestión de la Paz, y lamentaré sinceramente tal acontecimiento.
Nuestras bases difieren, pero confío que podremos arribar a un resultado en favor de la paz.
Sin embargo, no puedo formar un juicio, en el que pueda confiarse, hasta después de una entrevista.
Como no tengo ocasión de transmitir al General Urquiza lo que comunico a Ud. en esta carta, suplico a Ud. le envíe una copia de ella, si se le proporcionase a Ud. oportunidad de hacerlo, ya sea por un vapor Brasilero o por chasque por tierra.
No tengo tiempo de decir más, antes que se cierre la mala de este vapor.
Con la seguridad de mi respeto.-
Señor - Su más obediente servidor -
Nº 26 1/2
Paraná, 9 de Agosto de 1859.
Excmo. Señor: Benjamín C. Yancey.
Excmo. Señor y mí distinguido amigo:
La respetable comunicación de V. E. fecha 3 del corriente que condujo el vapor «Asunción» me confirma en mis temores de que el Gobierno de Buenos Aires, no está animado de los mismos deseos por la paz que V. E., con altura y con justicia, me reconoce, lo que me causa nueva gratitud y estimación por V.E.
La conducta noble y leal de V. E. en la manera de ejercer su mediación, obligan de mi parte todo procedimiento que acredite mi confianza en V. E. y también mi lealtad de que quiero que V. E. sea un honroso y elevado testigo siempre, cualquiera que sea el resultado de este negocio.
Un incidente desagradable, puede hacer dudar a V. E. de mi rectitud si él no es convenientemente explicado -Al efecto he creído necesario enviar acreditado cerca de V. E. un comisionado confidencial, el Sr. Juez de la Corte Suprema Dr. D. Juan Francisco Seguí, que bajo la protección de la bandera Americana, irá hasta la rada de Buenos Aires, a tener una conferencia con V. E. abordo del «Asunción» -Acuérdele V. E. entera fe a cuanto a mediación, y al incidente de que paso a ocuparme.
Sobre la línea del Arroyo del Medio, hay diariamente pequeñas guerrillas de las guardias avanzadas, pasándose partidas de aquella parte a esta a arrebatar caballos o haciendas, para obtener el precio que los Jefes de Buenos Aires pagan por cada caballo y cada res-Con esta provocación, una avanzada ha hecho una pequeña escaramuza - V. E. verá por los documentos originales y que en copia exhibirá a V. E. el Dr. Seguí, que reprobado ese hecho, y recibida la nota de V. E. de San Nicolás fecha 4 de Agosto, he dado orden terminante para la suspensión de toda hostilidad, a pesar de la vague¬dad de las expresiones del Jefe del Ejército de Buenos Aires, 6rden que mantendré hasta el definitivo informe de V. E. sobre el éxito de su negociación.
Como V. E. lo desea, y como es mi ánimo, continuaré así mis esfuerzos por la paz hasta el último momento -Cuando me sea indispensable obrar con la actividad que lo requiere la acción de las armas y can la seguridad que me da el poder, y la justicia de la causa, la aumentará la convicción de que he hecho cuanto ha estado en mí para evitar la efusión de sangre y los desastres de una guerra entre hermanos, que en un momento de patriotismo y de cordura haría abrazarse para la felicidad de la patria común.
Ha sido muy prudente que V. E. no haya enviado a la Escuadra la nota para la suspensión de hostilidades, desde que ella no sea terminantemente aceptada por el Gobierno de Buenos Aires, pues hasta entonces no puede serme obligatoria sino en cuanto quiera comprometer a V. E. mi personal deferencia a sus nobles buenos oficios.
Déjeme V. E. repetirle que cualquiera que sea el éxito que logre, desgraciadamente dependiente del mal espíritu que domine a los hombres que imperan en Buenos Aires, el nombre de V. E. como misionero de paz y fraternidad, será estimado por todos los Argentinos de patriotismo, y por mí mas que todos.
Buenos Aires, 10 de Agosto de 1859.
Al Sr. Ministro de los Estados Unidos, D. Benjamín C. Yancey.
El abajo firmado Ministro de Gobierno y de Relaciones Exteriores, tiene el honor de dirigirse al Sr. Ministro de los Estados Unidos de América, diciéndole que el Gobierno ha designado al Sr. Senador D. José Mármol, para que en unión con el infrascripta tenga con V. E. las conferencias necesarias sobre las que tanto V. E. como el Gobierno se han trasmitido mutuamente.
El infrascripto aprovecha esta oportunidad &&.
Buenos Aires, 11 de Agosto de 1859.
Sr. D. M. Baudrix - Encargado de Negocios de la Confederación Argentina, cerca del Gobierno del Uruguay.
Señor. -Tengo el honor de acusar recibo de la favorecedora de V. E. de ayer, por el «Corza».
Siento anunciarle la terminación de las negociaciones de paz en la entrevista de anoche.
Yo había ofrecido bases igualmente si acaso no mas liberales, que las que este Gobierno jamás había pedido en diversas ocasiones anteriores.
Ellos habían ofrecido sus bases. Ambas habían estado en discusión: Es innecesario aquí indicarlas.
Anoche ofrecieron una sustitución en una sola proposición -que era igual a rehusar tratar con el General Urquiza, y requerían como preliminar a toda acción de su parte, el retiro del General Urquiza de todo empleo, civil o militar. Hecho esto, Buenos Aires tomaría parte en una Convención Nacional para la revisión de la Constitución de la Confederación Argentina &.
Esta inadmisible proposición, presentada como un sine qua non, cortó toda negociación de paz.
Como no tendré oportunidad de comunicar el resultado al General Urquiza antes del vapor del 16 del corriente, con el que regresaré al Paraná, y como V. E. puede tener ocasión mas pronta desde Montevideo, adjunto para su transmisión, una comunicación para el General Urquiza.
Me aprovecho de esta nueva ocasión, para expresar a V. E. mis respetos y distinguida consideración.
A S. E. el Presidente de la Confederación Argentina y Capitán General de sus Ejércitos &&. D. Justo José de Urquiza.
Con mucho pesar anuncio la desfavorable terminación de las negociaciones de paz, en mi entrevista de anoche, con los negociadores por parte del Gobierno de Buenos Aires.
En esta entrevista me sometieron una sola proposición, en sustitución de las bases, suyas y mías, que habían estado previamente en discusión, sustitución que era igual a exigir de Ud. su retiro de todo empleo, tanto civil como militar, como preliminar a toda acción por parte del Gobierno de Buenos Aires.
He considerado esta proposición como inadmisible -que cortaba toda esperanza de paz.
Regresaré al Paraná en el Asunción», adonde podrá con mas comodidad, darle a Ud. una historia de la negociación.
Con seguridades &&.
Nº 29 1/2
Buenos Aires, 12 de Agosto de 1859.
A S. E. Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield-Ministro de Relaciones Exteriores &.
Esta mañana he recibido comunicaciones del Gobierno del Paraná, por conducto del Dr. Seguí, que aun está detenido abordo del vapor Americano «Asunción». Como se me había hecho comprender que no habría inconveniente por parte del Gobierno de Buenos Aires, para el desembarco del Doctor Seguí con el objeto de conferenciar personalmente conmigo, en mi carácter de mediador entre los dos Gobiernos, respetuosamente pido una orden o pasa¬porte que le permita venir a tierra, para permanecer ya en mi casa, o en el Consulado de los EE. UU.
Soy, señor &&.
Al Sr. Ministro de los E. UD. de América, D. Benjamín C. Yancey.
El infrascripto Oficial Mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, ha recibido orden de S. E. el Sr. Gobernador, para comunicarle en contestación a la nota de V. E., fecha de hoy, dirigida al Sr. Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield, que el Gobierno en el deseo de evitar a V. E. el inconveniente de tener que pasar a la rada para tener sus conferencias con el Sr. Seguí, de acuerdo con los deseos manifestados por V. E. va a expedir las órdenes a la Capitanía del Puerto para que el Sr. Seguí pueda bajar a tierra y permanecer en la morada de V. E. yen el Consu¬lado Americano hasta la partida del vapor de los EE. UU., «Asunción».
El infrascripto tiene con este motivo el honor etc. etc.
Palemon Huergo.
Buenos Aires, 13 de Agosto de 1859.
A S. E. el Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires, Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield.
Señor - Aunque yo había considerado como terminadas las negociaciones de paz en la noche del 10 del corriente, sin embargo como no he anunciado al Gobierno de V. E., por comunicación oficial, de que yo haya desistido de mis esfuerzos, respetuosamente pido otra entrevista con V. E. y el Sr. D. José Mármol, los negociadores por parte del Gobierno de V. E.
Solicito que la entrevista sea en mi casa habitación, a la hora que V. E. tuviese a bien indicar.
Con las seguridades de mi alto respeto y consideración, de V. E., obediente servidor.
Buenos Aires, 14 de Agosto de 1859.
Al Sr. Ministro de los Estados Unidos D. Benjamín C. Yancey.
El infrascripto Oficial Mayor de Relaciones Exteriores, ha recibido orden de S. E. el Sr. Gobernador, para acusar recibo a la nota de V. E., fecha de ayer, dirigida al Sr. Ministro de Relaciones Exteriores, recibida a las 4 de la tarde, y decirle que aunque los comisionados del Gobierno le habían dado cuenta de estar terminada la negociación de paz, como V. E. lo había expresado terminantemente ante ellos, sin embargo, consultando el Sr. Gobernador sobre la materia, les ha ordenado que asistan a la entrevista pedida por V. E. Pero haciendo cuatro días que se halla enfermo el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores se avisará a V. E. del día y hora en que pueda tener lugar la conferencia.
El infrascripto aprovecha etc. etc.
Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores.
Al Sr. Ministro de los EE. UU. D. Benjamín C. Yancey.
El abajo firmado Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, se vé en la necesidad de decir al Sr. Ministro de los EE. UU. que D. Juan F. Seguí, saliendo de la casa de V. E. y paseándose por las calles de este pueblo, ha quebrantado las condiciones bajo las cuales se le permitió bajar a tierra, y que por lo tanto el Gobierno ha ordenado sea inmediatamente puesto abordo. El abajo firmado saluda con toda su consideración al Señor Ministro de los EE. UU.
Señor: -En este momento, que son las tres de la tarde recibo la nota de V. E. de esta fecha. V. E. exige que el Dr. J. F. Seguí, a quien se le permitió desembarcar bajo mi protección, deje la Ciudad, inculpándole de haber violado las condiciones bajo las cuales se le permitió bajar a tierra.
En el momento que me pueda ver con el Cónsul de los EE. UU., que no está en su oficina, pero que probablemente lo estará dentro de dos horas, arreglaré de manera que el Dr. Seguí deje la Ciudad, y vaya abordo de algún buque extranjero en el Puerto.
V. E. encontrará en las circunstancias, y en que no tengo un intérprete a mi lado que haga los arreglos, lo razonable que es que se dé algún tiempo.
La partida del Dr. Seguí se arreglará con la brevedad posible.
Pero, sin referencia a ese hecho, permítaseme pedir a V. E. se sirva citarme cuando, y de que manera y en que circunstancias, el Dr. Seguí ha violado las condiciones bajo las cuales se le permitió desembarcar.
Esto lo pido respetuosamente, por lo que a mí toca, pues que el Dr. Seguí fue puesto bajo mí protección, ha estado bajo mis consejos, y no sé en que haya violado las condiciones. No ha salido a parte alguna sino a acompañarme a comer, a mi comedor privado en el Hotel de Roma; dicho comedor, es mi comedor acostumbrado, y por lo tanto forma parte de mis habitaciones o morada en tierra.
Aprovechándome de la ocasión de renovar a V. E. la expresión de mi aprecio, soy de V. E. obediente servidor.
Buenos Aires, 15 de Agosto de 1859.
Al Sr. Ministro de los Estados Unidos de América D. Benjamín C. Yancey.
Contestando su carta, fecha de ayer, debo decir a V. E. que el Gobierno, al conceder permiso para que el Sr. Seguí bajase a tierra permaneciendo en casa de V. E., se persuadió que él no podría comunicar sino con V. E. Pero no ha sido axial, y ha estado en franca comunicación con el Sr. Hopkins, y ha dirigido varias cartas a personas del pueblo.
En el Hotel de Roma, a donde asistía con V. E., tenía comunicación con todas las personas que querían acercársele. En una noche estuvo públicamente hablando allí con el Sr. Gowland. Teniendo informe de todo esto el Gobierno en las delicadas circunstancias de hallarse el enemigo frente a Buenos Aires, era de su deber hacer reembarcar al Sr. Seguí, como lo avisó a V. E., pues que él pertenecía a uno de los altos poderes de la Confederación Argentina.
Estas solas indicaciones creo que satisfarán a V. E. respecto a la medida adoptada con el Sr. Seguí.
Soy Señor, su mas atento S. Q. B. S. M.
A S. E. el Ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores del Estado de Buenos Aires, Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield,
Señor: -Tengo a la vista la nota de V. E., de esta fecha, que indica la manera en que el Dr. J. F. Seguí ha violado las condiciones bajo las cuales se le permitió desembarcar.
Paso a tomar nota de los casos que V. E. enumera.
1º - Que tuvo comunicación franca con el Sr. Hopkins.
El Gobierno sabe que en todas las conferencias oficiales que he tenido con sus miembros y negociadores, el Sr. Hopkins ha sido mi intérprete y Secretario. El Dr. Seguí ha sido acreditado por el Gobierno de la Confederación, cerca de mí, como mediador que soy por la paz, con el Gobierno de V. E.: él no habla inglés. Era pues propio que el Sr. Hopkins conferenciase con el Dr. Seguí, con mi presencia o sin ella.
2º - Que el Dr. Seguí había dirigido varias cartas a personas en la Ciudad.
No tengo conocimiento de que haya dirigido cartas a persona alguna, a no ser meros cumplidos para amigos, y para comprar algunos objetos de vestido o muebles, o plantas de flores. Y seguramente, que a un comisionado de paz a mi, en mi carácter de mediador, podía permitírsele hacer esto, sin incurrir la imputación de ser espía.
3º - Que en el Hotel de Roma, a donde asistía conmigo, se comunicaba con todas las personas que querían acercársele.
Hay dos contestaciones a esta aseveración, En mi nota de ayer dije, que mi comedor acostumbrado, estaba en el Hotel de Roma; que era una habitación particular, y, de consiguiente, parte de mis habitaciones o morada en la Ciudad. Mis compañeros de mesa de costumbre, eran, el Cónsul de los Estados Unidos y el Sr. E. W. Edwards, un compatriota, comerciante en esta Ciudad. Nadie comió con nosotros, sino el Sr. Hopkins, el primer viernes a la noche. Nadie nos visitó allí, sino el Sr. Dudemaine, del Consulado Francés, que el sábado a la noche, vino a ver al Sr. Hudson, en momentos que concluíamos de comer, y al corto rato después, el Dr. Seguí y yo nos regresamos a nuestros cuartos de dormir.
4º - Que una noche el Dr. Seguí estaba públicamente hablando allí [refiriéndose al Hotel de Roma] con el Sr. Gowland - Es una equivocación. El Sr. Gowland jamás estuvo en el Hotel con nosotros, ni con uno ni con otro. Sin embargo, el Sr. Gowland ha visto al Dr. Seguí en mis cuartos de dormir, en mi presencia, y parte de ese tiempo, hizo de intérprete, a petición mía. El Sr. Gowland es inglés, y bien conocido a V. E. como residente distinguido en esta Ciudad.
Otros Ciudadanos de los Estados Unidos han estado aquí y han visto al Dr. Seguí, estando yo presente.
Ciertamente que no era razonable suponer que a los extranjeros que visitasen mis habitaciones se les prohibiese hablar con el Dr. Seguí. Yo no concebía que las obligaciones se extendieran mas allá de la de no tener entrevistas con hijos del país.
Jamás dejé al Dr. Seguí mientras estuvo en tierra, sino el sábado a la noche, durante una hora y media, habiendo yo salido a las 10 de la noche, para visitar un amigo. A mi regreso, le encontré en cama, y se me dijo que nadie había venido.
Dos o tres artesanos vinieron para venderle ropa y arreglar el modo de procurarle sus plantas de flores. También vino un barbero Italiano para afeitarlo.
Numerosos hijos del país vinieron a visitar al Dr. Seguí, pero rehusó verlos.
Habiéndoseme sugerido que podía tener lugar una entrevista entre el Dr. Seguí y un distinguido caballero de esta Ciudad de la confianza del Gobierno, aun en este caso, rehusé mi asentimiento, sin previo conocimiento y aprobación del Gobierno.
He juzgado necesario hacer estos detalles, para vindicarme, lo mismo que al Dr. Seguí, de la presunción de violación de obligaciones.
Con distinguida consideración, de V. E. obediente servidor.
Señor Ministro: -haciendo un esfuerzo sobre mi mala salud, estaremos hoy a las siete de la noche, con el Sr. Mármol, en casa de V. E. para tener la conferencia que V. E. nos ha pedido.
Soy Señor, su mas atento servidor, Q. B. S. M.
A S. E. el Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield, Ministro de Relaciones Exteriores &&, Buenos Aires.
Señor: -Tengo el honor de acusar recibo de una nota del Oficial Mayor de Relaciones Exteriores, fecha de ayer, aceptando una entrevista según pedí en mi nota de la misma fecha.
Igualmente he tenido el honor de recibir la esquela de V. E. de esta fecha, señalando, a su nombre y en el del Honorable José Mármol, las siete de esta noche para dicha entrevista en mi habitación.
Había abrigado la esperanza de que algunas explicaciones, que entonces estaba en situación de ofrecer, podían haber tenido un efecto favorable sobre nuestras negociaciones, pero veo por el tenor de la nota de ayer, que S. E. el Gobernador había sido informado por el Comisionado del Gobierno de V. E. que las negociaciones de paz habían terminado; y como ahora me veo privado de esas explicaciones que únicamente podía haberlas dado el Comisionado que vino acreditado a mi; estoy perfectamente de acuerdo de que se den por terminadas, desde que el objeto de la entrevista ha sido frustrado por la acción del Gobierno de V. E. al expulsar al Dr. Seguí de la Ciudad.
Con las seguridades de mi alta consideración, de V. E., muy obediente servidor.
José Antonio Álvarez de Condarco, Teniente Coronel del Ejército Nacional, Diputado del Soberano Congreso Federal, Traductor Oficial del Supremo Gobierno Nacional, &&;-
CERTIFICO: que de los cuarenta documentos precedentes; veinte y siete de ellos, señalados con. los números 1, 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 18, 19, 23, 24, 26, 28, 29, 29 1/2, 31, 34, 36, y 38 son traducciones fieles de copias en idioma Inglés, que con la misma numeración acompaña como anexos a su informe sobre su mediación, el Excmo. Sr. Ministro de los Estados Unidos de América, D. Benjamín C. Yancey; y los trece documentos restantes, señalados con los números 14 1/2, 17, 20, 21, 22, 25, 26 1/2, 27, 30, 32, 33,35 Y 37 son copias fieles de copias en idioma Castellano, que con la misma numeración igualmente se acompañan a dicho informe. En fe de lo cual, doy el presente certificado, firmado de mi mano, y sellado con el sello de mi Oficina, en la Ciudad del Paraná, Capital Provisoria de la Confederación Argentina, a los cinco días del mes de Setiembre del año mil ochocientos cincuenta y nueve.
José Antonio Álvarez de Condarco.
Hay un sello del Traductor Oficial.
Documentos adicionales relativos a la mediación Yancey
Montevideo 25 de Julio de 1859.
A S. E. el Sr. Benjamín Yancey, Encargado de Negocios de los Estados Unidos de Norteamérica en la Confederación Argentina.
Señor: -Ayer he tenido el honor de recibir la nota que el 18 del corriente se ha servido V. E. dirigirme desde la Ciudad de Buenos Aires, participándome que la mediación ofrecida por V. E. entre la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires, fue aceptada por el Excmo. Sr. General Urquiza, y que S. E. autorizó a S. S. para pedirme ordenase a la Escuadra de la Confederación, surta en este punto, permaneciese en statu quo, pendientes de las negociaciones, en caso de ser aceptada la mediación de S. S. por el Gobierno de Buenos Aires.
Quedo instruido de que V. E. ha permanecido en Buenos Aires, desde el 7 del corriente, y que aunque no puede decirme V. E. que su noble oferta de mediación ha sido aceptada, sin embargo puede anunciarme que han tenido lugar entrevistas con el Gobernador de Buenos Aires, en cuyo poder quedan las proposiciones sometidas por. V. E., con el privilegio de presentar él las suyas. Y que dirigiéndose V. E. al Paraná a fin de obtener explicaciones sobre el suceso del vapor «General Pinto», y sobre el fuego hecho por las baterías del Rosario al vapor «Buenos Aires», para proseguir las indicaciones de negociación, abriga S. E. la esperanza, de que concurriré a que ningún movimiento sea hecho por la Escuadra Argentina surta en este puerto, que se mantendrá sin embargo siempre en vigilancia y facilidad para resistir cualquier agresión.
Muy agradable me ha sido saber que el Gobierno Argentino, perseverando en su amor a la paz, no ha vacilado en aceptar la mediación noblemente ofrecida por V. E. dando así un nuevo testimonio del anhelo que durante siete años ha acreditado, de alejar por arreglos conciliatorios las calamidades de la guerra entre hermanos y no solo me seria satisfactorio, sino que creería secundar bien la política elevada de S. E. el General Urquiza, defiriendo plenamente a los deseos de V. E. si no mediasen para ello graves inconvenientes que voy a tener el honor de someter al juicio de V. E.
Desde que la mediación ofrecida por V. E. y aceptada por el Presidente de la Confederación, aun no ha sido admitida por el Gobierno de Buenos Aires, como S. E. se digna indicármelo, las fuerzas militares de su dependencia no están sujetas a limitación alguna, y se consideran en perfecto derecho para ejercer toda clase de hostilidades sobre las fuerzas de la Confederación. Si en este estado de cosas la Escuadra Argentina en este Puerto, hubiese de declararse en la obligación de permanecer en statu quo; se colocaría en situación desventajosísima, y concedería a los enemigos de la Confederación, el privilegio de agredir libremente, mientras ella se reducía al inconveniente rol de la resistencia.
A la ilustración de V. E. no puede ocultarse, que desde que el Gobierno de Buenos Aires no ha aceptado aun la mediación ofrecida por V. E., no ha llegado el caso en que V. E. fue autorizado por el Excmo. Sr. Presidente de la Confederación Argentina para pedir la inactividad de la Escuadra que se halla en este Puerto.
Por la estimable nota de V. E. comprendo que inaceptada aun la mediación, no han empezado las negociaciones, y que únicamente se han hecho insinuaciones que serán probablemente confidenciales puesto que todavía no ha sido sancionado el acto primordial y previo, el de la mediación de V. E.
Este juicio que he formado en presencia de la nota de V. E. lo encuentro corroborado en diferentes hechos todos ellos de gravedad.
Esta legación tiene conocimiento oficial que en los últimos días de la permanencia de V. E. en Buenos Aires, el Gobierno de aquella Ciudad ha duplicado los trabajos, que desde tiempo atrás ha iniciado en esta Capital para sobornar las fuerzas navales de la Confederación en este puerto o inutilizar sus naves. Esta Legación sabe positivamente que en los últimos días de la permanencia de V. E. en Buenos Aires, aquel Gobierno ha despachado órdenes para que el Ejército de operaciones a las órdenes del General Mitre, invada la provincia de Santa Fe, sin demora, aprovechando la detención de S. E. el General Urquiza en la Capital del Paraná, y en estos momentos, esta Legación es instruida de que el Gobierno de Buenos Aires, lejos de paralizar sus hostilidades a la Confederación, las extiende hasta el comercio neutral que se dirige a los puertos argentinos, apresando como ha intentado hacerlo en Martín García el vapor inglés «General Havelock» que ha sido luego puesto en soltura por la interposición de un buque de la marina Imperial, con circunstancias que aun no son bien conocidas por esta Legación.
Todos estos hechos de gravedad y trascendencia, que no se ocultarán a la ilustración de V. E., me demuestran que el Gobierno de Buenos Aires que no ha aceptado siquiera la noble interposición de V. E., se considera en completa libertad para proseguir sus agresiones y hostilidades a la Confederación, y no me es posible en tales circunstancias por mucho que anhele acreditar mi obsecuencia a los deseos de V. E., encadenar la acción de las fuerzas marítimas que deben concurrir a la defensa de los intereses nacionales y a la reservación del honor Argentino.
Para evitar estos inconvenientes V. E. me permitirá recordarle que las suspensiones de hostilidades no pueden ejecutarse sino cuando son aceptadas por ambos beligerantes, clara y terminantemente, con plazos especificados y con deslindes intergiversables, y debo presumir que S. E. el General Urquiza al autorizar a V. E. como lo hizo para pedirme que pendientes las negociaciones [que aun no han empezado] dispusiese que la Escuadra en Montevideo, permaneciese en statu quo, debió suponer que igual suspensión se impondría al Gobierno de Buenos Aires: y que ese acuerdo explícito, bien convenido y publicado, como es costumbre en casos análogos, seria el primer acto de la honrosa mediación promovida por el digno representante de los Estados Unidos. Pero frustrada esa generosa esperanza de S. E. el General Urquiza como lo deduzco de la nota con que S. E. me ha honrado, de la perseverancia en agredir que manifiesta el Gobierno de Buenos Aires, según he tenido el sentimiento de exponerlo a V. E., de la misma prudente indicación que V. E. me hace, para que esta Escuadra se mantenga siempre con vigilancia para resistir cualquier agresión, no me es posible deferir enteramente a que los buques argentinos se mantengan en statu quo, frente a Montevideo, porque reputaría esa situación muy desventajosa para la Confederación y muy contraria a la seguridad de su territorio y de los grandes intereses na¬cionales que se interponen en la actualidad.
Como V. E. se digna manifestarme su resolución de trasladarse al Paran a, a solicitar explicaciones acerca de los sucesos de los vapores «General Pinto» y «Buenos Aires», no creo necesario trasmitir detalladamente al conocimiento de V. E., los antecedentes oficiales que tengo de aquellos acontecimientos. Pero me anticiparé a informar a V. E. que una resolución espontánea de la guarnición del vapor "Pinto», ajena completamente a la voluntad del Gobierno Argentino, es el hecho que ha devuelto -aquel buque a la Nación. V. E. se dignará comprender que un suceso de esta naturaleza no podía jamás reputarse como contrario a la suspensión de hostilidades a que generosamente se mostró dispuesto el Presidente de la Confederación, y mucho menos cuando esa suspensión no estaba aceptada por el Gobierno de Buenos Aires, y cuando el vapor presentado a la Autoridad Nacional se sometió a ella el día 7 de Julio, fecha en que según deduzco de la apreciable nota de V. E., aun no habían sido posible a V. E. ni poner en conocimiento del Gobierno de Buenos Aires el pensamiento de mediación de que era portador.
Me es igualmente agradable manifestar a V. E que el vapor «Buenos Aires», recibió los fuegos de Rosario, porque abandonando su fondeadero, en que estrictamente debió permanecer si consideraba suspensas las hostilidades, según las prescripciones del derecho internacional para tales casos, trató de forzar el paso de aquellas baterías, sin aviso ni explicación previa que hiciese conocer el objeto de una marcha que no le era permitida, estuviesen vigentes las hostilidades o estuviesen en suspenso. Los tiros que ese buque ha recibido, son pues consecuencias inevitables de su propio movimiento, y a V. E. le será desagradable saber que el Comandante del vapor, no solo alteró indebidamente su posición, sino que enarbolando como en el parte oficial a su Gobierno lo declara, la bandera falsa de parlamento cometió una felonía inexplicable, y que puede en lo sucesivo hacer imposible las atenuaciones de la guerra, por cuyo alejamiento V. E. tan empeñosamente trabaja.
Al terminar estas explicaciones, debo reiterar a V. E. el profundo sentimiento que experimento al no expedir la orden que en su apreciable nota me indica, en razón de los hechos que he referido, y de no considerar en presencia de ellos, llegado el caso previsto por S. E. el General Urquiza, puesto .ue no existen negociaciones pendientes, y no ha sido aun aceptada por el Gobierno de Buenos Aires la mediación de V. E., a lo que yo deseo íntimamente un éxito cumplido y satisfactorio.
Tengo el honor de saludar a V. E. con muy distinguida y especial consideración.
Mariano Baudrix.
Está conforme -Alf. de Brayer
Es copia - José F. Lopez - Oficial M.
Montevideo 27 de Julio de 1859.
Excmo. Sr. Presidente de la Confederación Argentina Capitán General D. Justo José de Urquiza.
El Encargado de Negocios de los Estados Unidos de Norteamérica, Sr. D. Benjamín C. Yancey, me dirigió desde Buenos Aires, la comunicación fecha 18 del corriente, copia núm. 1. Incluyó también copia de la carta de V. E. que anuncia el Sr. Yancey en su Post. Data, y que acompaño con el núm. 2. Considerados los puntos que abraza la referida nota, no vacilé en dar la contestación que bajo el núm. 3, someto al ilustrado juicio de V. E. Confío que mi proceder merezca la aprobación de V. E. contemplando que sin contrariar los generosos deseos que se abriguen por nuestra ansiada fraternidad, no podía comprometer la inacción de nuestras fuerzas sino en el caso bien previsto por V. E. de haberse aceptado por el Gobierno de Buenos Aires la mediación que les ofrecía el Diplomático Americano, y por el conocimiento que tengo de la actividad hostil en que se mantienen los enemigos de la Confederación Argentina. De esto verá V. E. nuevos comprobantes en el reciente envío del batallón de Conesa y otras fuerzas al Ejército de operaciones y los nuevos trabajos de fortificaciones de Martín García.
Tengo el honor de saludar a V. E. con la mas distinguida consideración y respeto con que,
Firmado- Mariano Baudrix
Es copia – José F. Lopez -Oficial Mayor -
Secretaria de Guerra Cuartel General en el Paraná, .
8 de Agosto de 1859.
Al Excmo. Sr. Brigadier General D. Juan Pablo Lopez, Gobernador de la Provincia de Santa-Fe y General en Jefe de vanguardia.
S. E. el Sr. Presidente y Capitán General me ordena prevenir a V. E., que ninguna operación agresiva debe ser efectuada hasta segunda orden, por las fuerzas de su mando, limitándose a repeler las que fuesen efectuadas por el enemigo, si osase traspasar la línea del Arroyo del Medio
Es copia - José F. Lopez - Oficial Mayor
Montevideo, 10 de Agosto de 1859.
A S. E. el Señor D. Benjamín C. Yancey, Encargado de Negocios de los Estados Unidos de Norte América, en la Confederación Argentina.
El infrascripto tiene el honor de avisar a V E el recibo de la nota que con fecha 8 del presente, se ha dignado V. E. dirigirle, participándole estar en sus manos la contestación que en 25 del mes anterior, dio el infrascripto a la estimable correspondencia de V. E. El principal de la nota que V. E. ha recibido fue dirigido al Paraná donde V. E. se ha encaminado, y al saber su regreso a esa ciudad, el abajo firmado se apresuró a enviarla a V. E. en duplicado, por considerar muy necesario que V. E. conociese la verdadera aptitud en que quedaba la Escuadra Argentina en este puerto.
El infrascripto agradece vivamente el conocimiento que V. E. se digna transmitirle del estado en que se encuentra la negociación de paz, promovida por V. E. con un espíritu elevado y digno de la Nación y Gobierno que representa. Y se complace en reiterar a V. E. sus sinceros votos por el acierto y feliz desenvolvimiento de la mediación que V. E. ha ofrecido a los altos intereses de la concordia y de la humanidad.
El que firma deplora como V. E. que el Gobierno de Buenos Aires no se preste a una suspensión perfecta de las hostilidades, porque es fuera de toda duda que bajo el estruendo de las armas no es muy fácil que preponderen los suaves consejos de la paz -Pero ya que V. E. no ha podido aun alcanzar esa medida previa a todo trabajo de conciliación, la Escuadra Argentina operará sin restricción alguna, según lo aconsejen las circunstancias, y lo exijan la seguridad y el honor de aquella Nación.
El infrascripto defiriendo muy complacido a la insinuación de V. E., procurará una oportunidad inmediata para remitir a S. E. el Presidente de la República una copia de la nota que tiene el honor de contestar.
El que firma aprovecha esta oportunidad para saludar atentamente a V. E. y reiterarle sus mas distinguidas consideraciones.
Mariano Baudrix
Es copia – conforme -Alf. de Brayer.
Paraná, Septiembre 2 de 1859.
A S. E. el H. Caballero Benjamín C. Yancey, Ministro Residente de los Estados Unidos de América.
El Excmo. Señor Presidente de la Confederación Capitán General D. Justo J. de Urquiza tuvo la honra de recibir la interesante nota de V. E. fecha 30 de Agosto último, con los documentos de su referencia, sobre el principio, curso y desenlace de la negociación pacífica que V. E. se dignó asumir entre el Gobierno de la Confederación y el de la Provincia de Buenos Aires.
La hora avanzada en que el Excmo. Sr. Presidente ha recibido anoche la correspondencia de V. E., y su partida de esta Capital con destino al Ejército, que se verificó esta mañana, me proporcionan la honrosa satisfacción de cumplir yo con el agradable deber de avisar a V. R el recibo de aquella respetable comunicación.
S. E. el Sr. Presidente se ha instruido con detención de todos los puntos que abraza el luminoso informe de V. R, y me ha recomendado de una manera muy especial, que al reconocer la elevación de ideas y nobleza de sentimientos con que V. E. ha procedido en su digno carácter de mediador, le signifique la mas ferviente gratitud a nombre del Gobierno y de la Nación Argentina.
V. E. en efecto, la ha merecido en grado muy distinguido- Y si sus benévolos esfuerzos en favor de la paz han sido estériles ante la injustificable resistencia del Gobierno de Buenos Aires, el pueblo Argentino, sin excluir la sensata sociedad de aquella Provincia, ha valorado ya el mérito de la generosa oficiosidad de V. R, y ha de responsabilizar a su tiempo a los hombres sin patriotismo ni altura, por cuya causa ya a derramarse una vez mas la no bien estancada sangre Argentina.
El Honorable Congreso Federal, instruido como lo será en breve de la negociación de V. R, ha de pronunciarse también, Sr. Ministro, y esa voz, órgano adecuado del sentimiento nacional, hará justicia a la moderación y templanza del Poder Ejecutivo, y al magnánimo proceder del ilustre negociador de paz.
En el incidente ocurrido con el Juez de la Suprema Corte de Justicia Federal Dr. D. Juan F. Seguí, Comisionado de S. R el Sr. Presidente cerca de V. E., hay circunstancias que honran muy poco al Gobierno de Buenos Aires, y que apreciadas ya con recto juicio por V. E. mismo, corroboran el pensamiento general, de que toda transacción amigable con la Administración actual de aquella Provincia se ha tornado de todo punto imposible. Escandaliza y asombra su intolerancia: está visto, sangre y más sangre quieren los hombres que hoy pesan sobre Buenos Aires.
Pero si felizmente la opinión pública se engaña, y fundadas esperanzas de reconciliación y de paz se ostentasen de nuevo en el horizonte de la patria, el Gobierno de la Confederación, por el órgano de su digno Presidente, ha declarado ya ante el Congreso, que aceptará esa paz, si ella es honrosa, con preferencia a la victoria misma.
Este sentimiento que tanto enaltece al primer Magistrado de la República, subsistirá, Sr. Ministro, en los consejos del Gobierno Argentino, aun en medio de la lucha ardiente en que la ceguedad del Gobierno de Buenos Aires ha empellado a toda la Nación.
Con tal motivo me es agradable renovar a V. E. las seguridades de mi alta estima y distinguida consideración.
Baldomero García.
El Presidente de la Confederación Argentina Capitán General de sus Ejercitas
Al Honorable Congreso Federal.
La sanción Legislativa de 20 de Mayo del corriente año me imponía el deber de traer a la Provincia de Buenos Aires al seno de la gran familia Argentina por medio de arreglos pacificas o por el poder de las armas.
Las reiteradas tentativas de mi Gobierno para hacer oír del de Buenos Aires los consejos de la razón; -los esfuerzos estériles para vencer con la voz del derecho y de los intereses generales, la injustificable resistencia del partido dominante en aquella Provincia; -la dignidad misma de la nación tantas veces comprometida con los pasos oficiosos del Gobierno General para hacer aceptable al de Buenos Aires la Ley Fundamental de los demás Pueblos Confederados; -la ninguna esperanza por otra parte, de que el Gobierno de Buenos Aires con las condiciones de su existencia anómala, y bajo la presión de ideas subversivas y de sentimientos egoístas, cediese a las inspiraciones del buen sentido y a las racionales exigencias del patriotismo: -todo esto ligado al convencimiento profundo de que el actual Gobierno de Buenos Aires no ejerce las atribuciones de su mandato legal, porque su autoridad está dominada por una facción turbulenta, me imposibilitaba a mi pesar de tentar de nuevo el medio de una reconciliación pacífica y en posesión de los medios bélicos que la Nación ha puesto en mis manos, me disponía emplearlos contra la tenacidad y malevolencia de ese Gobierno inconsiderado.
Ya tenia reunido en la Provincia de Santa Fe un ejército suficiente para sacar airoso al Pabellón Nacional, y la Armada de la República se improvisaba enfrente del poder marítimo con que contaba el Gobierno de Buenos Aires pan, dominar los ríos.
Las operaciones militares iban a abrirse cuando se interpuso el Excmo. Sr. Ministro N. A. Caballero Benjamín C. Yancey ofreciendo su mediación en la contienda, y asumiendo el honorable rol de negociador de paz.
El Gobierno Argentino que repetidas pruebas había dado de moderación y de templanza en sus diferencias con el de Buenos Aires, soportando durante siete años las mas provocantes injurias, y en constante alarma para defender las instituciones Nacionales amenazadas por una política disolvente en sus resultados, como corruptora en sus medios; el Gobierno Argentino que había llevado su abnegación hasta olvidar los derechos de la Mayoría Nacional, para mantener la paz, y calmar la exaltación natural de los pueblos cruelmente ofendidos, no quiso rehusar de su parte y aceptó la mediación ofrecida por el ilustre representante de la gran República Americana.
Otra consideración mas influyó en los Consejos de mi Gobierno para decidirlo a aceptar esa mediación.
Ella era propuesta por el Excmo. Sr. Ministro de una Nación cuyo digno Representante en las cuestiones de la República del Paraguay con los Estados Unidos de América había honrado altamente al Gobierno de la Confederación Argentina, dándome una participación en las conferencias que prepararon y produjeron la paz de esos Estados, de la que conservo el mas satisfactorio recuerdo, y con la que tuve la dicha de adquirir gloria para mi patria. Comprendí, pues, que mis constantes deseos en favor de la paz, me ofrecían al mismo tiempo la solemne oportunidad de corresponder a las benévolas atenciones de la diplomacia Americana, y acepté la mediación de S. E. el Caballero Yancey, significándole con tal motivo mi íntima gratitud.
El Excmo. Señor Ministro de los Estados Unidos ha tenido ocasión de juzgar la cuestión pendiente del Río de la Plata. Trasladándose personalmente al centro mismo de las dificultades, ha podido apreciar hasta donde el Gobierno de Buenos Aires es responsable de la situación que surgió después del 11 de Septiembre, y de los acontecimientos que van hoy a desarrollarse después de malogrados los esfuerzos del alto funcionario Americano.
Aceptada su mediación en Buenos Aires después de demoras injustificadas, muy luego conoció el caballero Yancey que las proposiciones de aquel Gobierno no tenían otro móvil que el propósito de romper las negociaciones, pues el carácter de las bases, personal, apasionado y concebido insidiosamente, revelaba a no dudarlo las tendencias de esos hombres, que parece se cuidaran muy poco de la suerte de la patria Argentina, tan desgraciada desde su origen.
El Honorable Sr. Yancey, en vista de la manera estrecha, personal e insidiosa con que el Gobierno de Buenos Aires discutía las bases de la paz, se consideró obligado por su imparcialidad y elevado carácter a rechazar las proposiciones de aquel Gobierno, y a romper las negociaciones iniciadas con tan notoria buena fe, y con tan altas y humanitarias miras por el generoso mediador.
La correspondencia cambiada entre el Gobierno Argentino y el Sr. Ministro Americano, y el memorandum de las conferencias habidas entre este y los Comisionados del Gobierno de Buenos Aires instruirán detalladamente al H. Congreso Nacional, del principio y curso de toda la negociación. Con tal objeto me es honroso acompañar esos documentos numerados del 1 al 38.
No siendo ya probable ningún arreglo pacífico con el Gobierno de Buenos Aires, vuestra resolución de 20 de Mayo, me dice elocuentemente como debo proceder en este caso.
El Ejército Nacional contenido en su ardoroso entusiasmo durante la negociación, solo espera mis órdenes, y las ha reclámelo ya para empuñar el pabellón glorioso de la patria, y marchar sin demora a desplegarlo enfrente de los enemigos de la tranquilidad pública, ele la Constitución Nacional, de la paz general de la República Argentina.
Voy a ponerme a la cabeza de esos valientes, para quienes la disciplina y el sufrimiento de las penurias de la guerra fueron siempre una obligación sagrada de Ciudadanos virtuosos y en quienes la victoria recompensó siempre la subordinación, el desprendimiento y coraje incontrastable.
Guerra ha gritado en su delirio el Gobierno de Buenos Aires.
Guerra responden los pueblos Argentinos que, admirando al mundo por sus sacrificios, moderación y generosa deferencia, solo han recogido el desprecio del partido desmoralizador que pretende poner en conflicto a la indivisibilidad de la Patria.
Guerra habrá pues a despecho de los vehementes deseos de mi corazón, y en ella no economizaré sacrificios, ofreciendo desde ahora en holocausto al Pueblo Argentino, mi reposo, mi fortuna y mi sangre.
En tan gloriosa cruzada cuento con la poderosa ayuda ele los Legisladores de la Nación, con el patriotismo de esta, y con la decisión de los buenos ciudadanos.
Pero como los intereses materiales del país, y el bienestar de sus hijos necesitan imperiosamente de la paz yo me honro en declarar en tan solemne ocasión que autorizado por el Supremo Poder Legislativo de la República para emplear las vías pacíficas o el poder de las armas con el Gobierno de Buenos Aires, siempre estaré dispuesto a oír proposiciones de paz; y si ellas son honrosas para la familia Argentina, las aceptaré con placer aunque renuncie por ellas a los laureles de la victoria.
El Gobierno de Buenos Aires con intenciones conocidas se ha empeñado en personalizar la cuestión Nacional, y ha declarado que la Provincia de su mando no examinará la Constitución Argentina, ni se incorporará a la Nación, mientras el General Urquiza desempeñe algún cargo civil, militar o político.
Señores Senadores y Diputados del Congreso Federal:
El General Urquiza no ha de desmentir sus antecedentes, sea cual fuese el objeto del Gobierno de Buenos Aires al presentar en su persona el obstáculo para la realización de la integridad Nacional.
Si en vuestras sabias deliberaciones juzgáis que la persona del Presidente de la República puede servir a la unión Nacional, abdicando su autoridad, y aun el rango militar con que honráistes al General Urquiza, no titubeéis en declararlo así.
Creo haber prestado a mi patria servicios importantes. No ambiciono honores ni ventajas personales de ningún género.
He tenido la suerte de que la Providencia Divina me eligiera por instrumento suyo para libertar a la República, y darle una Constitución liberal, que a despecho de los malos ciudadanos ha de hacerla grande y gloriosa en la evolución ele los tiempos.
Con este favor del Cielo basta para que mi ambición de hombre y ele Ciudadano esté completamente satisfecha.
Antes, ele terminar esta nota, quiero llenar un alto deber de gratitud, recomendando muy encarecidamente ante la Representación Nacional los humanitarios sentimientos, infatigables esfuerzos, y generosos oficios del Excmo. Señor Ministro de los Estados Unidos de América, Caballero Benjamín C. Yancey, para evitar la efusión de sangre Argentina, y asegurar la paz en la Confederación. El ha adquirido relevantes títulos a la gratitud Nacional y en mi carácter de ciudadano y de jefe de la República, he tenido ya el honor de manifestárselo así, y hoy lo tengo de nuevo ante los dignos Delegados de la Nación.
Saludo al Honorable Congreso Federal con toda consideración y respeto.
Baldomero Garcia.
Paraná, 16 de Septiembre de 1859.
A S. E. el Sr. Arzobispo de Palmira, Monseñor Marino Marini, Delegado Apostólico &&&.
A S. E. el Sr. Enviado Extraordinario v Ministro Plenipotenciario de S. M. el Emperador del Brasil, Consejero Dr. D. José Maria do Amaral - &&&.
A S. E. el Sr. Ministro Plenipotenciario de S. M. el Emperador de los Franceses, Caballero D. Carlos Lefebvre de Becour - &&&.
A S. E. el Sr. Ministro Residente de los Estados Unidos de América, D. Benjamín C. Yancey &&&.
A S. S. el Encargado de Negocios de S. M. F., Consejero D. Leonardo de Souza Lehitte Acevedo &&&.
A S. S. el Encargado de Negocios de S. M. el Rey de Cerdeña, Caballero D. Marcelo Cerrutti &&&.
A S. S. el Encargado de Negocios de S. M. el Rey de Prusia, Caballero Van Gülich &&&.
A S. S. el Encargado de Negocios de S. M. B. D. Jorge Fagan - &&&.
V. E. está perfectamente instruido de la disidencia entre el Gobierno de la Confederación Argentina y el de la Provincia de Buenos Aires, también Argentina. Sin embargo juzga aquel oportuno hacer ahora ante V. E. (S. S.) una reseña de los antecedentes de esta cuestión para mostrarla en su estado actual, y dejar bien perceptible al juicio de V. E. (S. S.) y del Gobierno que representa en este país la justicia de su causa, la moderación con que siempre ha procedido y la fatal necesidad de que se le ha puesto de resolverla ya por las armas.
Largos años de dolorosos ensayos habían corrido desde 1810, en que este territorio se emancipó de su metrópoli, y si bien parte de este tiempo fue empleado en la lucha de la Independencia, tan gloriosa para los argentinos, terminada esta no terminaron los sufrimientos de la nueva Republica. La guerra civil aun roas tremenda se ensañó en los independientes, y no es posible a un argentino recordar, sin sentirse abatido, los horrores con que la tiranía o la demagogia han afligido a esta tierra en tan pesada época. Pero en fin, pareció que el Cielo había resuelto poner término a tan afligente período de prueba, y que el cañón de Monte Caseros era el designado para cerrarla.
«No hay vencedores ni vencidos," proclamó el General triunfador, D. Justo José de Urquiza, «fusión, fraternidad y paz sea dada entre todos los Argentinos.» Todos en efecto aparecieron por primera vez estrechados en un solo abrazo, y su primer pensamiento fue realizar el programa del año 10, darse un Código en que sus respectivos derechos y deberes fuesen sancionados bajo los auspicios de la libertad, y la organización política definitivamente establecida sobre las bases que las lecciones de la severa experiencia aconsejaban. La Constitución se dio: bajo su escrupulosa observancia trece de las Provincias Argentinas, tan infelices antes, están convaleciendo notablemente de sus envejecidos in fortunas, se exhiben al mundo en cuerpo de Nación, vivificado por el espíritu de la época, y tienen el honor de sostener relaciones con el Gobierno a quien V. E. (S. S.) dignamente representa cerca de ellas.
Pero este suceso, el establecimiento regular de la Nación Argentina, bien importante por cierto, fue todavía bastante menoscabado porque hubo un 11 de Septiembre; en ese día de 1852 hubo todavía quienes olvidando las desgracias no bien pasadas, se sublevaron en Buenos Aires contra el pensamiento nacional, y pervirtiendo el ánimo de parte de aquel pueblo, emponzoñándolo sin piedad contra las Provincias hermanas, retiraron del Congreso Constituyente los Diputados de aquella, y la redujeron a una vida aislada y anómala. S. E. el Sr. Vice Presidente de la República, en ejercicio del Poder Ejecutivo y por cuya orden estoy escribiendo a V. E. (S. S.) no teme ser desmentido por el juicio de los hombres y naciones que nos observan, cuando aseguran que no hay un motivo serio, un honesto pretexto siquiera, que autorice el ominoso cisma en que los hombres de Septiembre colocaron y mantienen a la Provincia de Buenos Aires.
Inconcuso era el derecho de las trece Provincias para someter al Gobierno revolucionario, nacido en Buenos Aires del 11 de Septiembre: pero el Gobierno Argentino y su ilustre Jefe el General Urquiza han querido mas bien aplazar en cuanto fuese posible la ventura de tener en su comunión a la hermosa Provincia de Buenos Aires, si había de ser necesario traerla por un camino de sangre. Sin consentir ni por un solo momento en la desmenbración de la importante y benemérita Provincia Bonaerense, el Gobierno Nacional esperaba del tiempo su reincorporación, y de los incesantes esfuerzos que empleaba para realizarla por los medios del convencimiento, por las inspiraciones del patriotismo. De conformidad con la ley del caso, y confiando el Gobierno Nacional en el ilustrado sentido de la Provincia misma de Buenos Aires, en nombre de la Patria y de la humanidad interpelaba a sus mandatarios a que la convocasen para revisar la Constitución Federal, y exponer los reparos que este examen le sugiriese: pero ovaciones, desdenes, intolerable insolencia, esto es lo que con repetición el Gobierno ha obtenido de la Administración refractaria que pesa sobre Buenos Aires, y sofoca la expresión legítima de sus votos.
Entretanto el tiempo corría: la situación precaria de la República respecto de esa Provincia se tornaba cada día más incómoda, y los inconvenientes de una paz armada más embarazosa. Frecuentes emanaciones de la política corruptora y disolvente del Gobierno de Buenos Aires se hacían sentir en diversos puntos de la Confederación: el orden interno de esta, sus relaciones internacionales, las operaciones del comercio, el desarrollo de la industria, la inmigración extranjera, todo era medroso, todo se resentía de un porvenir incierto, todo reclamaba la pronta terminación de tan azaroso estado.
Los pueblos lo sintieron y el Congreso lo declaró por la ley de 20 de Mayo del corriente año, impOniendo al Presidente de la República el deber de restablecer la integridad Nacional por la razón o la fuerza. Los arbitrios de aquella estaban ya agotados en manos del Gobierno, y se preparaba dolorosa pero enérgicamente a usar de las armas, cuando el distinguido Ministro Residente de los Estados Unidos en este país, S. E. el Sr. D. Benjamín C. Yancey, afrontó la difícil tarea de inspirar en el Gobierno disidente los consejos de la prudencia, los sentimientos de la paz, ofreciéndose generosamente a mediar entre ambas partes, prontas a lanzarse en lucha fratricida.
El Gobierno Nacional aceptó con pronto y ferviente anhelo tan noble interposición, que no fue de la otra parte admitida sino con un malqueriente melindre y pesada voluntad. Los documentos de la negociación están todos impresos en los números de «El Nacional Argentino» desde 1022 a 1026 inclusive, que tengo el honor de adjuntar a V. E. [S. S.]
El fino tacto de V. E. [S. S.] notará bien pronto hasta donde han ido la liberalidad, el amor a la paz del Gobierno Nacional: -hasta aplazar al año 1863 la incompleta reincorporación de la Provincia de Buenos Aires, contentándose entre tanto con la esencia por decirlo así de la unidad nacional, con un vínculo que la atestigüe, exhibiendo a todos los Argentinos en el exterior bajo un simulacro de nación. También llamará con fuerza la atención de V. E. [S. S.], yo lo espero, la intratable proterva con que los disidentes han cerrado todo camino a la paz por medio de su final proposición - Tan luego como el General Urquiza- &.
Ese General Urquiza a quien los disidentes fingen mirar como un obstáculo a la paz, es el mismo que pacificó a las dos Repúblicas del Plata, maltratadas por 20 años de infanda guerra; el mismo que por amor a la paz ha ido de año en año, difiriendo el deber que su honor y su gloria le imponían, de restablecer la nacionalidad Argentina y dejarla integrada antes de abandonar el mando en su próxima terminación presidencial; él mismo, el único que realizo en 1853, después de 43 años de cruentos desastres, el pensamiento que presidió a la emancipación política, dando a su Patria una Constitución, respetándola con religioso escrúpulo y haciéndola fructificar a la sombra de la paz.
No se podía, pues, dar por obstáculo para la paz, al Presidente Urquiza sin una calumnia al menos latente: pero la calumnia se mostró notoria, evidente, vergonzosa. El Dr. D. Dalmacio Velez Sarsfield, llamado Ministro de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, (que ningunas Relaciones Exteriores tiene ni puede tener,) ese funcionario tan distinguido entre los disidentes, para acriminar al General Urquiza ha tenido que falsear la historia reciente de este país, y ha merecido sufrir en humillante silencio que el distinguido diplomático extranjero lo llamase a la verdad, apoyado por el colega mismo de aquel mal negociador.
Desde que la base del arrogante ultimátum arro¬jado a los ojos de la Nación por los disidentes era una fabricación dolosa, una notoria falsedad, claro es que sus pretensiones caen sin fundamento.
Por lo demás, sea permitido notar aquí que la grosera caída del Ministro de los disidentes bastaría para postrar y dejar para siempre sin voz al que la hubiese sufrido, en cualquiera asociación que rindiese culto al decoro y a la verdad. Ni tal impudencia es fácil que encuentre antecedentes sino es la admirable soltura con que el Dr. D. Valentín Alsina, hoy Gobernador de Buenos Aires, siendo Ministro de Relaciones Exteriores, a fines de Octubre de 1852, e interpelado por el cuerpo diplomático si los buques que se aprestaban y armaban en su rada, tenían algún destino hostil, contestó categóricamente que no, y entretanto a los pocos días esos buques arrojaron sobre la costa del Uruguay, territorio del Entre Ríos bajo el Gobierno del General Urquiza, las partidas de filibusteros a que alude el Honorable Sr. Yancey, las cuales fueron de allí con ejemplar escarmiento arrojadas.
Disimule V. E. (S. S.) si insisto en alusiones de igual carácter: pero no es indiferente al objeto de esta nota exhibir a los hombres que fuerzan al Gobierno Argentino a la guerra. Esos que se empeñan hoy en afrontar y humillar al General Urquiza, son los que el General Urquiza exaltó y colmó de honores; los mismos a quienes S. E. trajo de larga emigración, y a quienes colocó en la altura que aun conservan y de que tanto abusan. No es extraño ahora, aun no habían pasado sino pocos meses de la victoria de Caseros que los llamó al país, y de tan honoríficas distinciones con que los recibió el General Libertador, y ya andaban husmeando su sangre: el acometimiento del Uruguay ya recordado, lo comprueba de un modo que a la verdad entristece por el tamaño y deformidad del crimen, pero que no por eso es menos cierto.
He juzgado indispensable llamar la atención de V. E. [S. S.] sobre ciertos recuerdos sugeridos por la lectura de los adjuntos documentos, por mas penoso y desagradable que me haya sido, y sobre algunos de sus detalles, sin embargo de que mi Gobierno espera de la deferencia de V. E. [S. S.] que se instruirá de todos ellos con la detención necesaria para trasmitir al suyo su contenido. El recto fallo de los Gobiernos amigos es el único lenitivo que siente el Gobierno Argentino contra el dolor profundo con que toma las armas en esta ocasión.
El injurioso capricho de los negociadores del Gobierno de Buenos Aires se hizo incompatible con los respetos debidos al distinguido mediador y con toda esperanza de una intención seria.
La obcecación de los disidentes, su tortuosidad, el picante aire de originalidad con que se complacían en tratar tan serio asunto, fatigaron al fin la bien probada constancia del ardiente mediador y obligaron al Diplomático americano a dar punto a la negociación. No quedan pues sino los males de la guerra: el Sr. Capitán General procurará disminuirlos en lo posible, y el Gobierno Argentino prestará siempre oídos a toda proposición de paz que salve la Constitución Federal y deje perfectamente restablecida la integridad Nacional -Mas si a pesar de tales disposiciones arde la guerra, el comercio se desarregla, la industria padece, la civilización sufre, la humanidad gime, desea mi Gobierno que el mundo sepa que él llevó hasta el último extremo sus esfuerzos por evitar tan luctuosos resultados.
La existencia independiente de una Provincia era una monstruosidad política, y necesariamente había de producir los desarreglos, desórdenes y agitaciones que se están sintiendo de tiempo atrás en ella misma, en la Confederación y en los Estados circunvecinos con grave perturbación de los intereses de todos: era el deber y está en el derecho de la Confederación hacer cesar ya tan graves trastornos por cualquier medio que sea.
Lleno de consideración por V. E. (S. S.) me es grato saludarlo con sentimiento de perfecta estimación.
[1] Ortografía modernizada. Fuente: Ravignani, E, Asambleas Constituyentes Argentinas, Tº VI, 2º parte, pág. 525 ss.

References: artículo 4
 artículo 2
 artículo 9
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