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Timestamp: 2019-06-18 15:08:31+00:00

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LA HISTORIA DEL PODER Y EL PODER DE LA HISTORIA por César Cerda Albarracín - Le Monde diplomatique - edición chilena
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LA HISTORIA DEL PODER Y EL PODER DE LA HISTORIA por César Cerda Albarracín
A propósito del intento que hace una minoría social por borrar las huellas de sus horribles crímenes cometidos en el pasado
El día jueves 26 de enero de este año, los medios de comunicación informaron que el Consejo Nacional de Educación (CNED), mediante Resolución, acordó restituir la palabra dictadura para referirse al régimen de Augusto Pinochet, concepto que está incluido en las bases curriculares de los libros de historia de primero a sexto año básico. Como se recordará, el pasado 4 de enero, el Consejo había decidido cambiar la palabra dictadura por la de “régimen militar”, noticia que provocó enorme impacto nacional e internacional (1) levantando críticas y comentarios en todos los planos y desde los más variados sectores. La nueva redacción de las bases curriculares dice: “Comparar diferentes visiones sobre el quiebre de la democracia en Chile, el régimen y/o dictadura militar y el proceso de recuperación de la democracia a fines del siglo XX, considerando los distintos actores, experiencias y puntos de vista, y el consenso actual con respecto al valor de la democracia”.
¿Qué consecuencias de fondo tiene esta nueva Resolución? ¿Es ella una redacción que responde a un análisis científico del pasado histórico reciente de nuestro país? ¿Responde acaso solamente a una visión “consensuada” o negociada como ha sido la tónica de las relaciones políticas de la Concertación con la Alianza durante más de dos décadas? ¿Cuales son sus reales significados y repercusiones en la formación y el proceso de adquisición del conocimiento sobre el pasado histórico del país en las nuevas generaciones? ¿Cuales son sus reales objetivos ¿De que manera repercute en la ciencia histórica? En definitiva: ¿Quienes, porqué y para qué fue hecho e hicieron este cambio?
Sostenemos que la Resolución del MINEDUC persigue cuatro objetivos simultáneos. Primero, instalar en el pensamiento, durante la etapa formativa mas importante del proceso de aprendizaje del ser humano (de primero a sexto básico) la idea, de la inexistencia de un determinante acontecimiento histórico en el desarrollo social, económico y político de nuestro país, como fue en este caso el golpe y la dictadura. Se debe saber que las formas que adopta la enseñanza de la historia en los niveles de escolaridad básica y media, sumado a la difusión de cierto saber histórico a través de los medios de comunicación masiva, la inculcación exaltada de unas cuantas recetas generales, el aprovechamiento de actos conmemorativos oficiales de los pasados triunfos, son prueba de la utilización ideológica política de la historia del poder.
Cuando se deforman o distorsionan los hechos históricos ocurridos en el país, especialmente estos hechos tan dramáticos como el golpe militar y los crímenes cometidos por la dictadura, se está deformando la mente de los jóvenes. Lo que se debe hacer, es contar la realidad y cada uno podrá interpretar, analizar, o realizar una lectura distinta, de los factores que condujeron al hecho histórico, cuestión que sí corresponde a la ciencia histórica.
Segundo; se intenta reinstalar una visión reaccionaria del desarrollo histórico, que en la práctica niega a la historia como disciplina científica, y que en la actualidad, es reflejo de las concepciones filosóficas del llamado postmodernismo. Con la instalación de la interrogante, ¿Dictadura o Régimen?, el objetivo es claro. Se trata de colocar en el plano de la interpretación, lo que corresponde al hecho real y concreto, comprobado en la práctica social por miles y miles de actos. Es sumamente claro que se trata de una operación que posee un contenido perverso, entendido éste, como la acción dirigida a distorsionar la realidad. Se intenta arrancar de cuajo su condición de acto real y concreto realizado por un determinado sector social en un momento determinado del desarrollo del país
Tercero; se trata además de borrar de la memoria histórica de nuestro pueblo y que las nuevas generaciones de jóvenes olviden la relación y los vínculos de muchos de los actuales funcionarios del Gobierno, de senadores y diputados miembros o no de la Alianza, de altos oficiales de las FFAA, empresarios, que durante la dictadura, se apropiaron de las industrias, empresas y bienes de todos los chilenos y que hoy aparecen como exitosos emprendedores, todo ellos comprometidos con el régimen y responsables directos de los actos que generaron y generan repulsa nacional e internacional.
Cuarto; mentir sobre el pasado histórico de nuestro país. El intento del uso de un concepto “mas neutro” como régimen militar, constituye el intento de la intelectualidad orgánica de la clase social minoritaria en el poder, de borrar toda verdad histórica. Tal como denunció a radio Bio Bio el 25 de enero el Dr. Alejandro Goic, el renunciado miembro del CNED al imponerse de la atrocidad de la medida. El Dr. Goic sostuvo que, (además) de los cambios de los conceptos de dictadura por gobierno militar, se omiten también en el curriculum, los términos “golpe de Estado”, “Estado de derecho”, y “violaciones de los DDHH”.
La Resolución tomada por la CNDE y aprobada por el MINEDUC, no es en absoluta ingenua. Responde concreta y objetivamente a una burda maniobra que representa una determinada concepción del mundo y de la ciencia histórica. En definitiva, responde a los intereses económicos, sociales, culturales, ideológicos y políticos de la fuerza social que en la actualidad controla un poder absoluto, no compartido. Sostenemos que la Coordinadora Fontaine, oculta los reales objetivos de la Resolución.
María Loreto Fontaine Cox, encargada de dar a conocer la nueva redacción, señaló que: “el objetivo de optar por el concepto “régimen militar”, apunta a mostrar que puede haber diferentes puntos de vista y experiencias”. Como Coordinadora nacional de la Unidad de Curriculum del Ministerio de Educación (MINEDUC), es la encargada de vigilar y cuidar, entre otros, los programas y contenidos fundamentales de las materias de la historia. Se debe saber que Loreto Fontaine, ex investigadora del área de Educación del Centro de Estudios Públicos (CEP) – el mismo Think tank que concentra a la intelectualidad heredera de Pinochet, lugar desde donde también proviene el Ministro de Educación Harald Bayer - es esposa de Juan Pablo Illanes, ex Director de “El Mercurio”, uno de los cerebros en la defensa de la “obra” del pinochetismo, y en su época, el responsable en imprimirle el profundo contenido y sello antipopular que caracteriza al diario de “Don Agustín”.
¿Son reales los objetivos de la Resolución que señala Loreto Fontaine en el sentido de mostrar “diferentes puntos de vista y experiencias” sobre una determinada etapa de la historia de Chile? ¿Corresponde efectivamente a una concepción amplia, “neutra” de la comprensión del proceso de desarrollo histórico o constituye la redacción de un documento que expresa una concepción ideológica determinada sobre la marcha y el sentido de la historia?
Veamos: Sabido es que uno de los rasgos característicos de la ciencia histórica, y que la diferencia de otras disciplinas, es que la reconstrucción de la acción del hombre y su relación con otros hombres, y de éstos con la naturaleza en el pasado, se hace desde el presente. De ahí que sean los hombres que gobiernan, las fuerzas sociales que detentan el poder en ese presente, las que deciden oficialmente porqué, como, que, y para que, se interviene la recuperación del pasado. Es por ello que la reconstrucción del pasado que se hace desde el poder, y que se realiza en forma parcial, manipulada y pragmática, es casi tan antigua como la propia historia. Desde el poder, se asumen toda las formas de identificación, de explicación de las maneras y contenido del relato, de legitimización del orden establecido, de otorgarle sentido a los individuos y a las naciones, de inculcar ejemplos morales, de levantar falsos héroes, o de sancionar o justificar la dominación de unos hombres sobre otros, de condenar o aprobar la acción del hombre en relación a sus intereses sociales, fundar el presente y ordenar el futuro inmediato, de condenar o avalar la conducta de las clases sociales, etc., etc.
Es por el sentido profundamente actual de este tipo de recuperación de lo acontecido, es que el “pasado” entra en el presente como cosa viva y obra en la actualidad con la misma o semejante fuerza que lo contemporáneo. Las reactualizaciones que de ese pasado se hacen, se transmiten sin delación y con toda su carga emotiva las poderosas presencias del pasado en los actos, conductas de los individuos, de las clases y de las luchas sociales del momento actual.
¿Significa esto que siempre la historia estará determinada por el poder? La historia, no puede estar determinada por el poder. Lo que si está social y políticamente determinado, es la interpretación oficial del pasado que realiza la clase social que está en el poder, del hecho, de la acción, de la lectura, del acto realizado por el hombre social en el conjunto de sus relaciones. Pero, ¿Por qué proceden de esta manera? Por la sencilla razón de que desde el punto de vista de la estructura social, las fuerzas sociales económica y socialmente dominantes, (FSED) constituyen una minoría. De ahí que quienes participan en decidir la historia oficial que hoy se escribe, están ubicados en el mejor lugar para intervenir en su interpretación, mas aún cuando en el presente se activa la lucha social y los dominados se percatan y comprenden del origen de las luchas sociales de las clases dominadas, de sus tradiciones y de la continuidad histórica de ellas. Ello es así, dado que el impacto de la historia no se localiza solamente, en el plano discursivo de la comprensión del proceso social en curso. Antes que todo impregna la práctica misma de los factores de quienes actúan en uno u otro sentido. Lo que mas importa es comprender es que el relato histórico que hace la FSED, desde el punto de vista de su ubicación en la estructura social, expresa la visión que realiza una minoría social, aquella poseedora de los medios de producción, de los medios de comunicación y de circulación del capital, y que en el caso de nuestro país lo conforman ¡¡¡ 4500 familias!!!(2)
En definitiva, se trata de la visión, de la concepción y de la metodología que utiliza una fuerza social orientada a justificar la explotación y el funcionamiento de la sociedad capitalista. Desde su ubicación en el poder, pone en función todos los mecanismos de control y dominación social, entre ellos, la “apropiación” del pasado social y de sus relaciones. Instruye además, una concepción de la historia dirigida a incentivar el valor de lo individual ante de lo social. La historia del poder, tiene que mentir para que nada cambie.
¿Qué es la historia del poder? La historia del poder, es la historia oficial. Es la imposición, el cuidado, el control, que realiza la FSED en un momento histórico determinado, sobre aspectos cardinales, trascendentales y decisivos del contenido y de la metodología para analizar el desarrollo del hombre en el pasado, de las acciones que han realizado los individuos, las distintas fuerzas sociales en sus relaciones de clases y ellos, con la naturaleza en un territorio determinado. En este caso, la Resolución dada a conocer por doña Fontaine Cox, es la imposición por parte del MINEDUC de la nueva versión que se hace del pasado, la cual no es producto principalmente de la autenticidad de los testimonios aducidos, de la fuerza convincente de la explicación, o de un riguroso estudio e investigación de los hechos. Se trata una interpretación, de una lectura impuesta por las mismas fuerzas sociales y políticas que modificaron a sangre y fuego el desarrollo histórico de nuestro país el 11 de septiembre de 1973.
Así, de esta manera, se da inicio a un proceso en donde la nueva interpretación se generaliza, y con frecuencia se transforma en la explicación histórica dominante, por el control que ejercen del poder establecido, dirigido a producir y difundir reiteradamente esta nueva interpretación. De esta forma, pueden imponer una “verdad”, su verdad, sobre la base de la manipulación del pasado, y después, mediante su reiteración, logran la “legitimación”, asimilación y absorción de una visión del pasado que favorece sus intereses en contra de las aspiraciones de justicia democracia que impulsan las fuerzas sociales desposeídas.
Pero, ¿Cómo y de que forma se pueden enfrentar los poderosos intereses de clase que se encuentran detrás de la historia del poder? ¿Acaso la historia del poder puede sin obstáculos imponer su visión de los acontecimientos históricos, puede mentir, falsear, manipular?
Todo historiador sabe que aquellos cientistas sociales que asumen el papel de la historia como ideología, se transforman de hecho en un enorme obstáculo para la realización del papel de la historia como ciencia, en un freno para el desarrollo de la disciplina, y abren espacios para aquellas concepciones que niegan el carácter objetivo de la historia. Este es el caso de la “historia militante”. Distinto es el caso del “partidismo” histórico que actúa como motivador, incentivador y por lo tanto, en un instrumento mas que necesario para el desarrollo de la historia.
¿Qué es el poder de la historia? El poder de la historia es la historia misma, se encuentra en el hecho histórico. En el acontecimiento, en el acto, en las huellas del propio hombre. Fue a partir de su “primer acto histórico”, el de producir sus necesidades para la subsistencia o sea, “la producción de la vida material misma”, lo que constituyó “un hecho histórico, una condición fundamental de toda historia” (3).
El poder de la historia está en que se apoya en las mayorías de un país, que son justamente aquellas que hacen la historia y las que determinan su desarrollo. Al apoyarse en las mayorías, habla desde y por ellas, de sus acciones, de sus realizaciones colectivas, e individuales, respetando la acción y el acto personal, pero entendiendo que el verdadero poder de la historia está en los que son los actos colectivos los que determinan su desarrollo. La historia individual, aquella que privilegia al “sujeto histórico”, no obstante su enorme importancia, no construye acontecimientos decisivos. Este tipo de visión del desarrollo histórico, es promovida y reiterada por ellos, como ejemplo de que la historia está hecha por individualidades y no por las masas, para modelar el pensamiento individualista, egoísta de las nievas generaciones. En ese sentido, la historia del poder, es antihistórica, dado que se orienta en contra del objeto de la propia historia.
El poder de la historia sabe que verdad y utilidad son mutuamente correspondientes dado que son parte del supuesto de que el conocimiento de ciertos fenómenos constituye una guía para comportarse cuando ocurran de nuevo cosas “semejantes”. De ahí emana justamente el principio histórico, de que uno de los componentes del sentido de la investigación histórica esta en su capacidad para producir resultados que operen como guía para la acción, nos permite ver y analizar como y porqué las sociedades van cambiando.
Las armas con que combate el poder de la historia, son extraordinariamente más poderosas que aquellas con las que cuenta la historia oficial. El poder fundamental de la historia está en que trabaja con la verdad, esa es su gran fortaleza. Verdad que se encuentra en las acciones, dejadas por el hombre en su “andar”, pasos que constituyen una práctica social real y concreta y que constituyen el único criterio de la verdad. El poder de la historia está en saber que la verdad, no es retórica, la verdad se prueba en la práctica social sabe que la historia no habla desde la subjetividad, cuestión que sí puede realizar el historiador. Es el historiador el que puede desarrollar su discurso de la verdad, pero si se aleja de la historia, de los hechos, de las huellas, se pone de espaldas a la propia historia. El poder de la historia está en que ninguna respuesta a las preguntas que hoy pueden formularse respecto a la situación presente es posible en ausencia del saber histórico.
El poder de la historia se expresa desde los actos de masas, de las concentraciones, de las luchas locales, nacionales e internacionales, desde los problemas, de las complejicidades, de las contradicciones que acarrea el propio proceso de desarrollo del hombre. Esos actos quedan impregnados, fundidos, reflejados, en múltiples espacios tanto físicos como espirituales. Físicos, son las paredes, los enormes monumentos, las extraordinarias obras de ingeniería, etc. También lo son, las casas de tortura, los escritos de las más diversas especies, de los campos de concentración, etc. Espirituales, son las vivencias, las emociones, las sensaciones, las expresiones artísticas, miles y miles de formas de testimonios son también poder de la historia. De esta manera, a la inversa del accionar de la historia del poder, el poder de la historia recurre al rescate de todos los actos, de los testimonios, para fortalecerse, para dar vida a la historia. Mientras la historia del poder destruye la propia evidencia que la condena, el testimonio, la huella, que es la materia prima con la que trabaja el historiador, el poder de la historia vigila, cuida, protege, guarda, atesora, archiva. En ese sentido, la historia del poder, es antehistoria. De ahí que si para los poderosos, la reconstrucción del pasado ha sido un instrumento de dominación indispensable, para los oprimidos y perseguidos, el pasado ha servido como memoria de su identidad y como fuerza emotiva que mantiene vivas sus aspiraciones nacionales, democráticas y de justicia social. En ese sentido el poder de la historia está en que puede determina la suerte del propio hombre mañana, le da vida al paso del hombre en el pasado.
Los combates por la historia
Lo que sucede es que en el campo de la historia, así como en todas las áreas del conocimiento, el desarrollo de la disciplina se realiza justamente a partir de las visiones y lecturas distintas que suelen generarse de un mismo hecho histórico. Insistimos, es natural que así sea, es necesario, hasta imprescindible. La Resolución del MINEDUC, demostró por ejemplo, que no todos los intelectuales orgánicos del pinochetismo, como es en este caso, la opinión de la Coordinadora Fontaine Cox y del Ministro de Educación Harald Bayer, piensan igual que ellos en cuanto a la denominación de dictadura al régimen de Pinochet. Existen muchos casos de pinochetistas “idealistas objetivos” que no se cuestionan el hecho, al contrario, algunos incluso justifican los horrendos crímenes. Lo entienden necesario, imprescindible por sus objetivos de clases. Lo comprenden como una acción hecha en nombre de los “emprendedores” nacionales e internacionales. Así, lo sostiene por ejemplo Francisco Javier Covarrubias columnista habitual de “El Mercurio”, el que a raíz de esta polémica que comentamos, escribió el 28 de enero de éste año, “El problema de fondo es porqué llegamos a una dictadura. Ese es el tema no resuelto y no lo soluciona la palabra que se use”.
Entre la historia del poder y el poder de la historia se establece una lucha, permanente, continua que no es mas que el reflejo que adquiere a nivel del relato los conflictos sociales centrales de la sociedad. Esta lucha, es un combate de sobrevivencia. Por un lado, la historia del poder, la historia oficial, necesita mentir, falsear y manipular, modelar el pensamiento, y se aferra con dientes y muelas a esa tarea. Uno de sus objetivos centrales, es impedir el cambio social, que las relaciones de explotación no cambien, para que todo lo que no dañe sus intereses se modifiquen, para que no se transforme el mundo, para mantener la dominación. Mientras la historia del poder frena el desarrollo, el poder de la historia fundamenta el desarrollo. En definitiva, si para las FSED la manipulación del pasado constituye un instrumento de dominación indispensable, para las fuerzas sociales oprimidas y perseguidas, la historia ha servido como memoria de identidad y como fuerza emotiva que mantiene viva sus aspiraciones de justicia y democracia.
Para enfrentar esta embestida contra la historia, se debe responder con más historia. Se deben investigar los problemas históricos aún no resueltos, con más decisión con más análisis los hechos concretos realizados por los hombres socialmente hablando en un momento histórico concreto. De ahí la importancia de los testimonios, de los relatos, de loas novelas, de la creación artística, la visita a los museos, los centros de tortura que lograron quedar en pie, las fotos, las películas, etc., etc. Se trata de aquellos lugares, sitios, espacios, donde se refugia el poder de la historia, en resguardo, de la historia del poder, por el hecho que éstas evidencias atentan contra su existencia. No se debe olvidar de que las situaciones que nos llevan a hacer historia, rebasan al individuo, plantean necesidades sociales colectivas, en las que participa un grupo, una clase, una nación, una colectividad cualquiera. El poder de la historia, cobra vida, existencia, cuando el relato respeta y refleja, cuando parte del hecho concreto, de la realidad.
¿Es subjetiva la historia? Crítica a una crítica.
La Resolución, ha dado motivos para reactivar viejos planteamientos virtualmente ya superados entre los historiadores. Pero además, ha puesto en evidencia los alcances que en algunos círculos de cientistas sociales han tenido las concepciones ideológicas de la llamada post-modernidad.
Una de las añejas opiniones que más vulgarmente se conoce, es aquella que sostiene que la historia es la disciplina que estudia el pasado. En dos palabras; el pasado en sí no existe. Lo que sí constituye el objeto del conocimiento de la historia como ciencia, es todo el conjunto de procesos de la vida social del hombre en su desarrollo, el conjunto de actividades realizadas por el hombre social en el pasado. La historia es la ciencia que estudia, que investiga los problemas, que habla desde lo que socialmente ha realizado el hombre en el pasado. Otra de las opiniones vulgarmente conocida es aquella que dice que existen tantas historias como historiadores. En pocas palabras, no existen varias historias. La historia es una, es el hecho, es el acontecimiento socialmente realizado por el hombre, en su proceso de desarrollo. Lo que sí existe, es que desde el presente se pueden hacer varias interpretaciones del acontecimiento, y que éstas pueden ser resultado de múltiples factores en donde juega un papel muy importante la ubicación social del historiador.
Es en este último punto, donde se refleja en toda su magnitud la intensión ideológica, el “militantismo” de los intelectuales orgánicos del pensamiento más reaccionario de la derecha chilena. La Resolución intenta ladinamente de instalar en un mismo plano lo que corresponde al objeto y al sujeto en el conocimiento histórico. Intenta relativizar el hecho histórico de la instauración en Chile de la dictadura militar. La lógica que se expone en la Resolución, necesariamente conduce a negar el conocimiento histórico. Al relativizar el hecho, niega la existencia de la verdad, y que por lo tanto puede haber tantas verdades como interpretaciones existen. Pretenden hacer que sean las representaciones mentales el motor fundamental de la historia. De ahí que cuando E. Hobsbawm analiza las nefastas consecuencias que ha tenido la llamada Postmodernidad en las nuevas generaciones sostiene que; “El gran peligro practico inmediato que amenaza a la historiografía actual, es el “anti-universalismo”: “mi verdad es tan válida como la tuya, independientemente de los hechos”. Y afirma; “la historiografía se mantuvo y se mantiene enraizada en una realidad objetiva, es decir, la realidad de lo que ocurrió en el pasado”. (4)
Ese es justamente el profundo error en el que incurre la colega Cristina Moyano Barahona, Doctora en Historia y académica de la Universidad de Santiago (USACH). Ella, en medio de la polémica suscitada raíz de la Resolución a mediados de enero de este año, en un artículo titulado “Dictadura y no gobierno militar” que fue ampliamente difundido, señalaba que; “La intencionalidad no puede ocultarse con las palabras del Ministro Beyer quien plantea que gobierno militar es un concepto mas general que el de dictadura y que por ello se justifica su uso, aunque él afirme después, que cree que efectivamente fue una dictadura. Esto no es un problema de generalidades u objetividades, por que la historia no es objetiva, sino que sujeta a interpretaciones, abierta al debate y por ende políticamente construida” (“El Mostrador, 8.enero, 2012, cursiva nuestra). (5)
Dra. Moyano, por supuesto que la historia es objetiva. La fuente de todo saber es la realidad objetiva, el mundo natural y social que rodea al hombre. El propio saber no puede ser otra cosa que el reflejo de los rasgos y propiedades, de las interconexiones y las leyes, inherentes en este mundo, en la conciencia de los hombres. El conocimiento científico es un reflejo subjetivo de la realidad objetiva. Así, de este modo, el conocimiento histórico, está supeditado a los principios generales, posee los rasgos y pasa a través de las etapas inherentes a todo conocimiento científico y también posee una determinada especificidad, cuyo cómputo requiere estudiar una serie de problemas metodológicos concretos. Por ello la importancia cardinal del método. Justamente a esto se refiere E. Hobsbawn cuando señala que; “En el plano metodológico, el fenómeno negativo mas importante fue la edificación de una serie de barreras entre lo que ocurrió o que ocurre en historia, y nuestra capacidad para observar esos hechos y entenderlos. Y agrega; “Esos bloqueos obedecen a la negativa de admitir que existe una realidad objetiva, y no construida por el observador con fines diversos y cambiantes” (6).
Colega Moyano, la historia es objetiva, sostener que “la historia no es objetiva”, es negar la propia historia. Entonces, ¿Para que, por qué, investigamos un hecho, un acontecimiento?, ¿Para que buscamos y rebuscamos las fuentes, los archivos, “las huellas”, si solo es algo subjetivo?
En todo caso, lo planteado por la Doctora Moyano, nos permite percatarnos de las repercusiones que han tenido en algunos círculos de cientistas sociales, las posiciones ideológicas y metodológicas de la llamada post-modernidad. La idea de que la historia no es objetiva, es conocida como una de las tendencias más reaccionarias en el campo de la historiografía, es una reacción contra la historia como ciencia que nos ayuda a conocer la verdad. Es una concepción estática del acontecer humano, una negativa a pensar históricamente el desarrollo social y una marcada tendencia a subjetivizar el razonamiento científico. Es la idea, de que la realidad histórica no existe por si misma, pues es solo reflejo de la “espiritualidad” del historiador, quien sucesivamente va cambiando la imagen del pasado conforme se modifica su espiritualidad.
El basamento sobre el cual se construye todo el andamiaje teórico de la crítica a la historia, es el rechazo que se hace al objeto de conocimiento de la historia como ciencia. El neoliberalismo y su expresión postmodernista en el terreno de la filosofía, y en este caso de la historia, niegan la posibilidad del análisis y estudio del conjunto de fenómenos de la vida social en su desarrollo. Para ellos, no se concibe la posibilidad del estudio de la sociedad, por la simple razón que ella, como cuerpo social, como objeto, no existe.
Dictadura de Pinochet: ¿Cuestión de punto de vista?
Cuando a las 10 de la mañana del día viernes 3 de marzo del año 2000, el dictador se paró de la silla de ruedas de la que fue bajado del avión que lo trajo desde Londres, habían transcurrido 503 días desde que la noche del 16 de octubre del 1998, fuera detenido en la clínica en la cual se reponía después de haber sido operado de una hernia. Al aeropuerto del Grupo 10 de la FACH fueron a recibirlo en pleno la Directiva de Renovación Nacional y de la Unión Demócrata Independiente, teniendo como fondo, los honores máximos militares, con bandas de las Fuerzas Armadas, junto al Comandante en Jefe de ese entonces, Ricardo Izurieta, acompañado de su esposa que lucía rebosante de alegría, al igual que los familiares directos del dictador. Todos ellos, sumado a los grandes empresarios, las ¡¡¡4.500 familias!!!, y sus intelectuales orgánicos, son los que quieren cambiar la nominación de dictadura por régimen militar, todos ellos necesitan blanquear su pasado.
En los casi 17 meses en que Pinochet estuvo arrestado en Londres, miles y miles de personas, desde todos los rincones del planeta, estuvieron diariamente frente a The Clinic, para protestar y demostrar su repudio contra quién es considerado uno de los dictadores mas sanguinarios de los últimos tiempos. Una gran cantidad de gobiernos exigieron que fuera enjuiciado en sus países, y organismo internacionales, incluida las Naciones Unidas, exigieron un juicio internacional al dictador. Incluso, “pinochetismo” paso ser casi una categoría en la ciencia política y se utiliza para referirse a un tipo de dictadura, sangrienta, perversa, atroz, absoluta. Es más, en numerosos países, acusar a alguien de pinochetista, es un insulto. Pero, ¿Por qué este repudio universal contra Pinochet, si también en ese momento existían otras dictaduras militares? ¿Por qué miles de personas viajaban desde todos los rincones del mundo a Londres a manifestar su repudio al dictador? ¿Por qué tanta permanente condena internacional a la dictadura chilena? ¿Por qué la noticia de la Resolución del MINEDUC causó tanto asombro y crítica internacional?
Toda persona medianamente preparada sabe en términos generales, que una dictadura es una forma específica del ejercicio del Poder en donde éste es asumido a través de un golpe de estado, y desde el cual, una clase social o fracción de ella, asume el control absoluto del aparato del Estado, y lo pone al servicio de sus intereses sin el mas mínimo respeto de los derechos humanos.
Son numerosos los trabajos que existen y que analizan los rasgos de la dictadura de Pinochet y de los que la promovieron y apoyaron. Sin embargo, la dictadura pinochetista, no fue cualquier dictadura. El régimen dictatorial instaurado desde el 11 de septiembre de 1973 tuvo cuatro rasgos característicos. Primero; fue una dictadura terrorista, desde el momento que transformó al terror en una de sus armas principales, dirigida a hacer desaparecer, asesinar y amedrentar a los millones de personas del pueblo de Chile que constituían la fuerza de apoyo fundamental del proyecto nacional, democrático y popular que encabezaba el Presidente Salvador Allende Gossens. Como se sabe, Chile era el tercer país del mundo en donde los partidos marxistas-leninistas eran de los más poderosos. Segundo; fue una dictadura del terror abierto. La mayoría de las dictaduras del mundo, ocultan de muchas formas sus actos sanguinarios. No fue el caso del pinochetismo. Sus crímenes, las detenciones, los asesinatos masivos, los realizaban, en las mayorías de las veces, en la vía pública, en las calles, detenciones en las salas de clases, en los espacios donde se concentraba población. Pinochet, no solo no ocultaba su terror a nivel nacional, sino que además, recurrió al terrorismo internacional, incluso asesinando a 10 cuadras de la Casa Blanca en Washington, también en Roma, en Buenos Aires y otras capitales.
Tercero: la dictadura de Pinochet fue patriotera, chauvinista. Recurrió al patriotismo, como instrumento ideológico en parte para “justificar” sus asesinatos en contra de los militantes y simpatizantes de los partidos de la Unidad Popular. Para tal efecto se apoyó en los lineamientos de la “Doctrina de Seguridad Nacional” que entre sus orientaciones sostenía que se debía luchar en contra de los “enemigos de la patria” por ser partes de una ideología internacional, el marxismo, y responsables de la división del país. Una simple lectura de los discursos del dictador, se puede observar de la utilización reiterada de la palabra patria, patriotas y compatriotas. El falso patriotismo de Pinochet y de quienes lo sostenían, se comprueba históricamente cuando, al mismo tiempo que él hablaba de defender la nación, desnacionalizaba nuestros principales recursos naturales, los privatizaban y se los entregaban al capital transnacional. Cuarto: la dictadura pinochetista, se apoyó en una minoría activa sustentada fundamentalmente en el poder de las armas. La oligarquía financiera, fue su principal fuerza social de apoyo, sumada al capital financiero internacional, principales dañados por el cumplimiento del Programa de la Unidad Popular. Ellos fueron los principales enemigos del proceso histórico iniciado el 4 de septiembre de 1970.
La responsabilidad social del historiador
La responsabilidad social del historiador es enorme. Participa indirectamente en lo que es el proceso de modelamiento del pensamiento político y social de la sociedad, lo que repercute finalmente en sus conductas, comportamientos, juicios valóricos y las definiciones básicas y de fondo que marcan su existencia. La eficacia del discurso histórico, como en general, de las distintas formas del discurso científico, no se reduce solamente a su función de conocimiento; posee también una función social cuyas modalidades no son exclusivas ni primordialmente de carácter teórico. Sin ninguna duda, pues el estudio del movimiento de la sociedad, mas allá de la validez o legitimidad de los conocimientos que genera, acarrea consecuencias diversas para las confrontaciones y luchas del presente.
La historia tiene múltiples discursos y lecturas, dado que todo discurso histórico interviene, se inscribe en una determinada realidad social donde es más o menos útil para las distintas fuerzas sociales en pugna. De ahí que sea un campo de combates permanentes lo que le otorga su carácter vibrante y a veces apasionado. Es objetivo y comprensible que en una sociedad en donde se enfrentan fuerzas sociales antagónicas, coexistan de modo conflictivo definiciones contrapuestas de su pasado. Ello no significa ubicar a la historia en el lugar de inmadurez, como ciencia y que carezca de fundamentos científicos. La pluralidad de modelos teóricos enfrentados, es el resultado también de la división social y del consiguiente carácter fragmentario de lo que le interesan a las diferentes corrientes ideológicas de recuperar del pasado. La historia está llena y plena de vida, reflejo de la vida y debe también recoger la pasión que le entregan los que la hacen. Pero se ha confundido el legítimo derecho de disentir sobre las explicaciones que le atribuimos al pasado, con el intento eufemístico como forma, para falsear de mentir sobre el pasado.
Que nadie se llame a engaño. El país se enfrenta en el presente, a los intentos desesperados que realiza un sector socialmente minoritario que controla absolutamente el poder, y se encuentra dispuesto a todo con la finalidad de limpiar su imagen. Queda demostrado que su objetivo es lograr que las nuevas generaciones no solo olviden parte del pasado nacional, sino que lo conozcan invertido de forma truculenta. Se debe tomar conciencia de que la historia se emplea de manera sistemática como uno de los instrumentos de mayor eficacia para crear las condiciones ideológico-culturales que facilitan el mantenimiento de las relaciones de dominación. Se debe tomar conciencia de todas las secuelas y traumas que generará a futuro en los jóvenes. Ello será así, cuando mañana se vean enfrentados a la realidad concreta y en su desarrollo de la vida social, vallan conocimiento a través de testimonios, de libros, de museos, de los relatos, la verdad de la historia y se vean enfrentados a la caída de los falsos mitos, y de saber que los “buenos eran malos y los malos eran buenos”.
No se puede admitir que la historia del poder mienta y manipule de esta forma el pasado de la heroica, difícil y compleja lucha de nuestro pueblo. No se puede admitir que una minoría social se burle de nuestra historia social. A esta arremetida antihistórica, se le debe responder con mas historia, con mas investigación, con mas avances colectivos, con la verdad para vencer a la mentira.
Debemos apoyarnos en el poder de la historia, para vencer a la historia del poder.
1. La Resolución dio vueltas al mundo. Los principales periódicos de varios países, comentaron la noticia. El prestigioso diario inglés “The Financial Times”, señaló en su editorial del día lunes 9 de enero, “que el conflicto sobre el reemplazo de “dictadura” como “gobierno militar” en textos escolares, refleja que políticamente el gobierno y el sistema político chileno aún cojea”. Señaló además que la decisión de cambiar la palabra de cómo referirse al periodo bajo la dictadura de Pinochet, fue en parte una provocación, y demuestra que el sistema político chileno necesita una reforma urgente y comprueba que la polarización de la sociedad chilena se ha mantenido.
2. Así lo sostienen los economistas Gonzalo Durán y Marco Kremerman, en su trabajo “La Elite Coludida”. (“El Mostrador”. 7.12.2011)
3. Marx, C, “Feuerbach. Oposición entre las concepciones materialista e idealista”. O.E. 3T., T. 1, Progreso, Moscú, pgs., 26 y 27.
4. Hobsbawm, E. “Manifiesto para la renovación de la historia”. En: “Le Monde diplomatic”. Enero-febrero, 2005.
5. Este artículo fue reproducido, entre otras, por la Revista “El Periodista”, Nº 211, enero, 2012.
6. Hobsbawm, E., Op. Cit.
No citada: “Historia. ¿Para qué”. Varios autores. ? Siglo XXI, México, 1998, 17ª Ed. Principalmente se utilizaron los trabajos: “Historia. Para qué” de Carlos Pereyra; “El sentido de la historia” de Luis Villoro; “De la memoria del poder a la historia como explicación”, de Enrique Florescano.
César Cerda Albarracín Profesor Titular - UTEM

References: Resolución 
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