Source: http://rogergaraudy.blogspot.fr/2012/12/
Timestamp: 2018-04-20 10:36:54+00:00

Document:
Roger Garaudy A contre-nuit: décembre 2012
La nouvelle communauté humaine: suggestions pour une démocratie, éduquer pour inventer le futur
La nouvelle communauté humaine est une conception de la société globale dans
laquelle chaque individu devient un centre d'initiative de création et de responsabilité
à tous les niveaux : celui de l'économie, de la politique, de la culture, une conception
qui ne soit ni individualiste, ni totalitaire, mais fondée, pour toutes les activités sociales, sur des communautés de base.
Libellés : Education, Roger Garaudy, Témoignages
"Existe en Francia un poderoso lobby proisraelí que ejerce una notable influencia en los medios de comunicación". (General Charles de Gaulle)[1]
En Francia sólo el General de Gaulle se atrevió a decir "que existía en Francia un poderoso lobby proisraelí que ejercía una notable influencia en los medios de comunicación. Esta afirmación resultó escandalosa en su época. Sin embargo contiene parte de una verdad que hoy en día sigue vigente".[2]
El poder mediático del lobby, cuyo centro dirigente actual está constituido por la LICRA (Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo), es tal que puede manipular la opinión a voluntad. Siendo la población judía en Francia cerca del 2% del total, el sionismo reina en la mayoría de los círculos de decisión política de los medios de comunicación, en la televisión y la radio, en la prensa escrita trátese de periódicos o revistas, en el cine - gracias sobre todo a la invasión de Hollywood - e incluso las editoriales - en las que pueden imponer su veto por medio de los comités de lectura - están en sus manos, así como la publicidad, gerente financiera de los medios de comunicación.
La prueba está en el adocenamiento casi general de los medios de comunicación cuando se trata de invertir, a favor de Israel, el sentido de los acontecimientos y se califica de terrorismo la violencia de los débiles y de lucha contra el terrorismo la violencia de los fuertes.
Un judío enfermo es arrojado por la borda del Achille Lauro por un renegado de la OLP. Se trata, incontestablemente, de un acto de terrorismo. Pero cuando, en represalia, un bombardeo israelí sobre Túnez provoca cincuenta muertos, entre los cuales hubo muchos niños, eso se llama "lucha contra el terrorismo y defensa de la ley y el orden".
Como si estuvieran dirigidos por la batuta de un director de orquesta oculta se escucha el mismo sonsonete en todos los medios, trátese de los atentados contra la sinagoga de la calle Copérnico, de las profanaciones del cementerio de Carpentras, de la invasión del Líbano o de la destrucción de Iraq.
Puedo aportar mi propio testimonio. Hasta 1982 tenía libre acceso a las mayores casas editoriales, a la televisión, a la radio, a la gran prensa. Cuando se produjeron la invasión y las masacres del Líbano, logré de su director, Jacques Fauvet, la publicación en la edición del 17 de junio de 1982 de Le Monde de toda una página pagada en la que, junto al Padre Michel Lelong y el Pastor Matthiot, manifestaba: "el verdadero sentido de la agresión israelí tras las masacres del Líbano".
Demostrábamos que no se trataba de una bravuconada sino de la lógica interna del sionismo político sobre el que estaba fundado el Estado de Israel.
Recibí nueve amenazas de muerte por carta y por teléfono.
la LICRA promovió contra nosotros un proceso por "antisemitismo e incitación a la discriminación racial".
El abogado de Jacques Fauvet recordó que no se podía confundir al Estado de Israel con la comunidad judía y menos todavía con su fe; un estado cuyas exacciones en el Líbano habían sido denunciadas por altas personalidades judías como Mendès France y Nahum Goldmann. Nuestra defensa, la del Padre Lelong, el Pastor Matthiot y la mía, se derivó del propio texto: recordamos todo lo que nuestras vidas debían a la fe de los profetas judíos. Pero el sionismo político ha sustituido al Dios de Israel por el Estado de Israel. Su comportamiento en el Líbano y en Palestina, al crear odiosas amalgamas, deshonra al judaísmo ante el mundo. Nuestra lucha contra el sionismo es, pues, inseparable de nuestra lucha contra el antisemitismo.
Por mi parte, retomé ante el tribunal los análisis de mi estudio "Palestine, terre des messages divins": el sionismo político, fundado por Theodor Herzl - y condenado entonces por todos los rabinos del mundo como traición a la fe judía - no proviene de dicha fe, sino del colonialismo y el nacionalismo europeos del siglo XIX. Los últimos vestigios de colonialismo de poblamiento, tanto en Palestina como en Sudáfrica, se enfrentan por su racismo - oficialmente denunciado por la ONU - a la resistencia de la población autóctona al ocupante colonial.
Como en todo colonialismo y todo régimen de ocupación, la represión se llama mantenimiento del orden, y la resistencia terrorismo. Escuchando al abogado de la LICRA que trataba de hacer un boceto de mi persona como el correspondiente a un antisemita, me veía a mí mismo en Jerusalén, acompañado, en el Muro de las Lamentaciones por el ministro israelí Barzilai en 1967, y, después, en casa de Nahum Goldmann, entonces presidente del Congreso Mundial Judío. Me veía en el campo de concentración con mi amigo Bernard Lecache, fundador de la LICA - que más tarde sería la LICRA - ayudándome a preparar mis cursos para nuestros camaradas, deportados como nosotros, sobre Los Profetas de Israel. Veía a aquel anciano militante comunista y ateo de Tarn diciéndonos tras una lectura de Amós por parte de Bernard y mía: "¡cómo refuerza el ánimo!".
La dominación casi total de los medios de comunicación de América y Francia por parte del sionismo israelí impuso al mundo esta subversión de términos: un diplomático israelí es agredido en Londres (la propia Margaret Thatcher probó ante el parlamento que el autor del atentado no era de la OLP), es terrorismo. El ejército israelí invade el Líbano y provoca miles de muertos, la operación se llama Paz en Galilea.
El 1 de enero de 1989, escucho en la televisión el resultado de la revuelta de las piedras: 327 muertos entre los palestinos - la mayoría niños que arrojaban piedras - y 8 entre los israelíes - la mayoría soldados que disparaban con fuego real -. El mismo día un ministro israelí declara: "la negociación no será posible mientras los palestinos no renuncien a la violencia". ¿Acaso estoy soñando o esta anestesia del espíritu crítico es una pesadilla colectiva? ¡Es el triunfo del sinsentido!
Ya en 1969 el General de Gaulle denunciaba "la excesiva influencia" del lobby sionista en todos los medios: la prensa, la televisión, el cine y la edición. Hoy en día, esta "excesiva influencia" ha logrado operar una inversión total de la realidad, llamando terrorismo a la resistencia artesanal de los débiles y lucha contra el terrorismo a la violencia infinitamente más asesina de los fuertes.
El Padre Lelong, el Pastor Matthiot y yo éramos culpables de denunciar la farsa de esta subversión de los términos. El alto tribunal de París, en resolución del 24 de marzo de 1983 "considerando que se trata de la crítica lícita de la política de un Estado y la ideología que lo inspira, y no de provocación racial... desestima todas las demandas de la LICRA y le condena a pagar las costas".
La LICRA se muestra contumaz y apela. El 11 de enero de 1984, la Cámara Alta de la Corte de París pronuncia se veredicto. Cita un pasaje de nuestro artículo en el que acusábamos al Estado de Israel de racismo. La Corte "considerando que la opinión emitida por los firmantes no concierne más que a la definición restrictiva de la judaicidad contemplada por la legislación israelí... confirma la sentencia anterior en lo tocante a la desestimación de las demandas de la LICRA y condena a ésta a pagar las costas".
La LICRA interpone un recurso. La sentencia de la Corte de casación del 4 de noviembre de 1987 priva a los sionistas de toda esperanza e deshonrarnos legalmente. La Corte "desestima el recurso y condena al pago de las costa al demandante".
Pero la operación de hostigamiento continúa más allá de lo jurídico. El lobby sionista tiene los medios para ello. Si hubiéramos sido condenados, la noticia hubiera aparecido en toda la prensa que nos hubiera puesto en la picota como antisemitas. Por el contrario, la condena de la LICRA por los tribunales fue silenciada sistemáticamente; incluso Le Monde, cuyo antiguo director, Fauvet, estaba implicado con nosotros en este combate, se contentó con un insípido articulito.
Pero el bloqueo a mi esperanza ya estaba en marcha y fue magistralmente llevado a cabo. Tras la aparición de la página de Le Monde sobre la lógica del colonialismo sionista, añadí dos líneas llamando a los lectores a suscribirse para pagar los gastos de inserción. El montante era de cinco millones de céntimos. Recibí siete en decenas de pequeños cheques. Entre los donantes, cerca de un tercio de ellos eran judíos, dos de ellos rabinos.
Pero, a partir de ahí, comenzó la asfixia mediática. Ya no tuve acceso a la televisión y mis artículos fueron rechazados. Había publicado hasta entonces cuarenta libros en todas las grandes editoriales, desde Gallimard a Seuil, desde Plon a Grasset y a Laffont. Habían sido traducidos en veintisiete idiomas. Pero ahora todas las puertas estaban cerradas para mi. Uno de mi más importantes editores hubo de oír de boca de su consejo de administración: "Si publica usted un libro de Garaudy, no volverá a tener los derechos de traducción de las obras americanas". Aceptarme hubiese supuesto poner en peligro su empresa. Otro grande, respecto a otra obra mía, dijo a su directora literaria que, apasionada por el libro, me había ayudado durante tres meses a ponerlo a punto para su publicación: "No quiero a Garaudy en la casa".
Así es la historia del emparedamiento de un hombre.
Nuestros recursos de resistencia contra el sinsentido están condenados a la clandestinidad. Y yo mismo a la muerte literaria. Por un delito de esperanza. No he expuesto más que un ejemplo en el que personalmente puedo testimoniar acerca de la subversión de la realidad por parte del sionismo. Podríamos multiplicar los ejemplos pero todos somos testigos de ellos cada día.
Un paso más fue dado cuando estos edictos propios de los del Zar ruso fueron impuestos por ley, convirtiendo a los magistrados en jueces de la verdad histórica en perjuicio de las anteriores leyes sobre la libertad de prensa. El delito de opinión está legalizado hoy en día por la ley Fabius (apartado 43) llamada ley Gayssot, por el nombre del diputado comunista que aceptó la paternidad de esta perversa ley en mayo de 1990. Consiste, ni más ni menos, en insertar en la ley de libertad de prensa de 1881 un artículo, el 24 bis, que dice: "Serán castigados con las penas previstas por el apartado sexto del artículo 24 aquellos que hayan puesto en duda... la existencia de uno o de varios crímenes contra la humanidad tal y como han sido definidos por el artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional anejo al acuerdo de Londres del 8 de agosto de 1945"[3]. El informe del diputado M. Asensi precisaba (pág. 21): "se les pide la creación de una nueva incriminación concerniente al revisionismo". Dicho de otra manera, preconizaba "aumentar las posibilidades de las asociaciones de presentarse como acusación particular en caso de infracción" (artículo 7).
Desde su introducción, el autor del informe definía el objetivo perseguido: "completar el arsenal represivo existente en aras a que la ley penal... desarrolle plenamente su función intimidatoria y represiva" (pág. 5)[4].
El Tribunal de Núremberg, está menos capacitado que cualquier otro, ya lo hemos demostrado, para hacer jurisprudencia.
Un año más tarde, una enmienda a la ley fue propuesta por M. Toubon: "El artículo 24 bis de la ley del 29 de julio de 1881 sobre la libertad de prensa es abrogado". Esto anulaba la represión propuesta por Gayssot contra los historiadores revisionistas y rechazaba poner la crítica histórica en el mismo plano que el racismo o la apología de Hitler. Esta era su argumentación: "Cuando discutimos en 1990, en base a una proposición de ley del grupo comunista, cuyo primer firmante era M. Gayssot, objeté - y no era el único - al principio de este texto, que consistía en fijar la verdad histórica por ley en lugar de dejar hacerlo a la historia. Algunos opusieron que es la historia la que fija la verdad y no le corresponde a la ley fijarla. Algunas opiniones van demasiado lejos y no hay que permitir su expresión. Pero es un camino que lleva hacia el delito político y hacia el delito de opinión".
"El artículo 24 bis representa, en mi opinión, un error político y jurídico muy grave. En realidad constituye una ley de circunstancias y lo lamento mucho. Ha pasado ya un año. Ya no estamos a un mes de los sucesos de Carpentras. No estamos obligados a examinar un texto que la conferencia de presidentes había inscrito, se lo recuerdo, en el orden del día a toda prisa, cuarenta y ocho horas después de su deposición y que había sido discutida inmediatamente porque el Presidente de la Asamblea, Sr. Fabius, había decidido personalmente su inscripción. Un año después, en frío, podemos, tal y como yo acabo de hacer, examinar la validez de esta ley, la vigencia de este delito de revisionismo previsto por el artículo 24 his y concluir, con Simone Veil, que este delito es inoportuno"[5].
En efecto, a partir de ese momento le estaba prohibido a todo historiador poner en duda las conclusiones del Tribunal de Núremberg sobre el cual el propio Presidente americano del mismo había llegado a la sincera conclusión de que se trataba "del último acto de guerra" y que "por lo tanto no se había atenido a las normas jurídicas de los tribunales ordinarios en materia de pruebas ni de condenas".
En el contexto de esta infame ley la declaración de Jacques Chirac del domingo 16 de julio de 1995 marca un hito importante en la historia de Francia: el de la ruptura con la unidad de la nación en beneficio de la colusión de renuncias. Cuando el Presidente de la República proclama que "la locura criminal del ocupante fue secundada por los franceses y por el Estado francés" comete un doble crimen contra Francia, en primer lugar hablando de Vichy como de un Estado francés, dándole así legitimidad; en segundo lugar envileciendo al pueblo francés confundiéndolo con los adocenados dirigentes que servían al ocupante. Con esta declaración se oficializó la concepción sionista defendida por Bernard-Henri Levy en su libro L'idéologie française en el que escribe: "es toda la cultura francesa... son nuestras más queridas tradiciones francesas las que una a una, evidencian nuestra antigüedad en la abyección". Llama a destruir este "viejo fondo de purulencia" disimulado "en el corazón del pensamiento francés" y que hace de Francia "la patria del nacionalsocialismo en general"[6].
El no va más del asunto es que la ceremonia estaba presidida por el Gran Rabino de Francia Sitruk, el cual, el 8 de julio de 1990, declaraba a Itzak Shamir - el mismo que había ofrecido sus servicios a Hitler y cuya política, la del Estado que presidía, no ha cesado de violar le ley internacional y de no tener en cuenta las decisiones de la ONU: "Cada judío francés es un representante de Israel... Esté usted seguro de que cada judío de Francia es un defensor de lo que usted defiende", sin por ello negar a su regreso cualquier "doble lealtad"[7]. Por tales méritos logrados ante Shamir, que se había ofrecido como aliado a Hitler, deberían haberle asignado en justicia un puesto entre los penitentes y no entre los presidentes.
Por supuesto, este acoso y derribo al pueblo francés fue saludado con entusiasmo por los dirigentes del CRIF (Consejo representativo de las instituciones judías en Francia), que expresó "su intensa satisfacción por ver reconocida al fin, por parte de la más alta autoridad francesa, la continuidad del Estado francés entre 1940 y 1944". Lo más vergonzoso es que los dirigentes de todos los partidos franceses aprobaron en los órganos públicos, desde Le Figaro hasta L'Humanité, esta blasfemia de Chirac. Es una blasfemia contra toda la tradición de unidad francesa y de la resistencia de un pueblo. De Gaulle jamás consideró a Vichy como un Estado. "Hitler creó Vichi", decía[8] y hablaba de los "figurantes de Vichy"[9]. "Proclamé la ilegitimidad de un régimen que estuvo a discreción del enemigo"[10]. "No existe gobierno propiamente francés"[11].
Refiriéndose al acuerdo del 28 de marzo de 1940 con Inglaterra excluyendo toda suspensión separada de armas (I, 74), decía claramente. "el organismo sito en Vichy, y que pretende merecer ese nombre (Estado), es inconstitucional y está sometido al invasor... Dicho organismo no puede ser y, de hecho, no es más que un instrumento utilizado por los enemigos de Francia"[12].
De Gaulle mantuvo esta actitud durante toda la guerra. El 23 de septiembre de 1941, proclamaba en la ordenanza que creaba el Comité Nacional francés: "A la vista de nuestras ordenanzas del 27 de octubre y del 12 de noviembre de 1940 y el conjunto de nuestra declaración orgánica del 16 de noviembre de 1940; considerando que la situación resultante del estado de guerra continúa impidiendo toda reunión y toda expresión libre de la representación nacional; considerando que la Constitución y las leyes de la República Francesa han sido y son violadas en todo el territorio metropolitano y en el Imperio, tanto por la acción del enemigo como por la colaboración de las autoridades que colaboran con él; considerando que múltiples circunstancias prueban que la inmensa mayoría de la Nación Francesa, lejos de aceptar un régimen impuesto por la violencia y la traición, ve en la autoridad de la Francia Libre la expresión de sus deseos y sus voluntades..."[13].
Desligaba así al pueblo francés del servilismo de sus dirigentes. "La condena de Vichy en la persona de sus dirigentes, desligaba a Francia de una política que había sido de renuncia nacional"[14].
De todo esto renegó Chirac, con unas pocas palabras, para contentar al poder mediático de los dirigentes sionistas y, de paso, para rendir pleitesía a los Estados Unidos, proa del lobby sionista, que ya le obligó a abandonar su oposición a Mastricht, la ruina de Francia, y confirmar su sumisión a los dictados americanos del GATT (rebautizado como Acuerdos internacionales sobre el comercio) que destruyen las posibilidades de independencia y de renovación de Francia por medio del cambio radical de sus relaciones con el Tercer Mundo.
El sionismo también ha agitado siempre el espectro antisemita para hacer creer en una amenaza contra Israel y en la necesidad de acudir en su ayuda. No faltan provocaciones recientes destinadas a enmascarar las exacciones de Israel. El método es siempre el mismo. Cuando se produjo la masacre de Sabra y Chatila, el escritor Tahar Ben Jelloun escribió: "Hay coincidencias que, a fuerza de repetirse, acaban por convertirse en indicios mayores. Actualmente sabemos para qué sirve un atentado antisemita en Europa y a quién beneficia el crimen: sirve para encubrir una masacre deliberada de las poblaciones civiles palestinas y libanesas. Es constatable que estos atentados han precedido, seguido o coincidido con un baño de sangre en Beirut. Estas operaciones terroristas están organizadas de tal manera y ejecutadas con una perfección tal que han cumplido hasta ahora a la perfección el objetivo político que perseguían: desviar la atención cada vez que el problema palestino gana un poco más de comprensión, de simpatía. ¿No se trata acaso de invertir sistemáticamente la situación para hacer de las víctimas verdugos y terroristas? Convirtiendo a los palestinos en terroristas se les expulsa de la historia y, por lo tanto, del derecho. ¿No precedió acaso en unas pocas horas la matanza de la calle Rosiers, el 9 de agosto, a un diluvio de bombas de todo tipo sobre Beirut? ¿No fue seguido acaso el asesinato de Bechir Gemayel en dos escasas horas por la entrada del ejército israelí en Beirut Este (lo cual, de paso, eclipsó la visita histórica de Yasser Arafat al Papa)? ¿No coincidieron acaso la explosión de un coche bomba en la calle Cardinet y el ametrallamiento, al día siguiente, de la sinagoga de Bruselas con la masacre sin precedentes en los campos palestinos de Sabra y Shatila?"[15].
Hay precedentes históricos de los que deberíamos sacar algunas conclusiones: un esfuerzo sistemático por modelar la opinión pública saturándola de una información de inspiración etnocentrista, nutre el antisemitismo.
"En Berlín, el teatro, el periodismo, etc. eran un asunto judío. El Berliner Tageblatt era el periódico alemán más importante y, tras él, el Vosiche Zeitung. El primero pertenecía a Mossé, el segundo a Ulstein, ambos judíos. El director del Vorwätz, principal periódico socialdemócrata, era judío. Cuando los alemanes acusaban a la prensa de ser judía, Judenpresse, tenían toda la razón"[16].
Misteriosas profanaciones
El ejemplo más reciente de estas maniobras y de su explotación mediática es el Carpentras.
En mayo de 1990, en el cementerio judío de Carpentras, varias tumbas fueron profanadas. El cadáver de uno de los muertos fue empalado y transportado a otra tumba. El Ministro de Interior, Pierre Joxe, declaró inmediatamente: "No es necesario llevar a cabo una investigación para saber quiénes son los criminales responsables de esta abominación racista". Sin embargo, cinco años más tarde, a pesar del trabajo de decenas de investigadores, magistrado o policías, aún nadie ha podido aclarar hoy en día quiénes son los responsables de esta infamia.
Todo lo que se sabe es que hubo una profanación de un cementerio judío y que hubo un montaje, ya que el cadáver del Sr. Germon no había sido empalado, tal y como reconocieron los investigadores algunos días más tarde. ¿Cabe preguntarse, pues, quién fue el responsable de dicho montaje? ¿Por qué? ¿Quién tenía interés en ello para acrecentar el horror del acontecimiento y excitar el odio de la opinión pública?
Este método ya fue empleado en Timisoara donde se sacaron cadáveres del depósito para que las fotografías dieran la vuelta al mundo y desencadenaran la indignación y el odio contra las supuestas masacres colectivas.
Jean Marie Domenach, antiguo director de la revista Esprit, escribía en Le Monde del miércoles 31 de octubre de 1990 bajo el título Silencio sobre Carpentras: "Hace cerca de seis meses que tuvo lugar la profanación del cementerio judío de Carpentras... Seis meses más tarde no se sabe todavía quiénes son los criminales. Hay algo aún más inquietante: los medios de comunicación escritos y audiovisuales que habían hecho de este suceso abominable un escándalo que arrojó a las calles a centenares de millares de manifestantes y empañó en el extranjero la imagen de Francia no han tomado el relevo de la investigación y se callan. Ningún parlamentario, ninguna autoridad moral o intelectual se atreve a interrogar al gobierno. Carpentras parece haber entrado definitivamente en la leyenda negra de la nación sin que se conozcan lo culpables y sin que se sepa exactamente lo que pasó. Nadie puede todavía, o se atreve, a decir la verdad sobre Carpentras".
El extraño "silencio sobre Carpentras" denunciado por Jean Marie Domenach contrasta con el estrépito mediático de los primeros días.
En la manifestación organizada el 14 de mayo de 1990, ochenta mil personas según la policía, 200.000 según los organizadores, desfilaron por las calles de París. La campana mayor de Notre-Dame sonó en su honor. En realidad, nadie sabía quiénes habían sido los autores de la infamia de Carpentras, así que ¿contra quién se manifestaban? ¿Contra qué? Sólo la encuesta podría haberlo dicho y no lo había hecho. ¿A favor de quién? Esto era algo evidente: la bandera de Israel era ondeada en cabeza de la manifestación. Esta extraña Unión Nacional de esta manifestación en la que Georges Marchais estrechaba ostensiblemente la mano de François Léotard permitía lanzar un ataque global contra cualquiera que pusiera en duda los dogmas que colocaban a Israel más allá de toda ley internacional. El Gran Rabino Sitruk, que pronunció el discurso que cerró la manifestación, pudo gritar: "No permitamos decir cualquier cosa. Demos una lección a los profesores revisionistas, a los políticos irresponsables"[17].
La verdad sobre la profanación de Carpentras no ha podido ser establecida porque de todas las pistas sugeridas a los investigadores una sola ha sido excluida, es, sin embargo, la más plausible.
¿Por qué se ordenó callar a aquellos que hubieran podido aportar los testimonios clave?
"El vigilante de la sinagoga de Carpentras y portador de la llave del cementerio, Sr. Kouhana, que había sido uno de los primeros en descubrir el cuerpo de Félix Germon, se niega a hablar con nosotros: 'Incluso si fuesen de la Prefectura, he recibido la consigna de no decir nada'. El Presidente del Consistorio le ha prohibido hablar 'porque diría cualquier cosa en la tele', justifica el Dr. Freddy Haddad, él mismo muy reticente a la hora de evocar la profanación, al igual que el rabino Amar"[18].
"¿Por qué el rabino de Carpentras, al cuál le preguntamos si volvería a consagrar el lugar respondió: '¡Eso no es de mi incumbencia!', el Presidente del Consistorio: '¡eso no tiene razón de ser' y el alcalde: 'no me ha dicho nada'?".[19]
¿Por qué ningún periódico francés evocó el precedente - tremendamente parecido - de una profanación que se produjo en el cementerio israelí de Rishon Letzion, cerca de Tel-Aviv, en la noche del 2 de marzo de 1984? El cuerpo de una mujer había sido desenterrado y arrojado fuera del cementerio judío. "Acto bárbaro de antisemitismo" proclamaron inmediatamente las comunidades judías del mundo entero. Algunos días más tarde la policía israelí, tras una investigación, reveló la verdad acerca de esta abyección. El cadáver tan innoblemente tratado era el de Teresa Engelowicz, esposa de un judío, pero de origen cristiano. Los integristas judíos consideraban su presencia en el cementerio judío como una afrenta para la pureza de aquel lugar, y el Rabino de Rishon Letzion ya había reclamado su exhumación.
¿Por qué ningún periódico francés evocó el paralelismo? Félix Germon, cuyo cadáver había sido también exhumado en la noche y había sido objeto del siniestro montaje del empalamiento, era también culpable de haberse casado con una cristiana, y su cadáver fue transportado a una tumba vecina, la de Emma Ullma, culpable ella también de haber desposado a un católico.
(Extractado del libro "Los mitos fundacionales de la política israelí" de Roger Garaudy)
[NDLR: voir à la page "Biblio"du blogue pour les liens donnant accès au texte français des "Mythes"]
↑ Philippe Alexandre, El prejuicio proisraelí, Le Parisien Libéré del 29 de febrero de 1988.
↑ Proposición de ley adoptada por la Asamblea Nacional transmitida por el Presidente de la Asamblea Nacional al Presidente del Senado, ¶ 278, anexo al debate de la sesión del 3 de mayo de 1990.
↑ Informe 1296, anexo al proceso verbal de la sesión del 26 de abril de 1990.
↑ Boletín oficial del 22 de junio de 1991, p. 3571. Debates parlamentarios, segunda sesión del 22 de junio de 1991.
↑ Bernard-Henri Levy, L'idéologie française, Grasset, 1981, pp. 61, 92 y 125.
↑ Le Monde del 9 de julio de 1990.
↑ Memoires I, 389.
↑ Idem, p. 130.
↑ Idem, p. 107.
↑ I, p. 388, en Brazzaville.
↑ I, p. 342.
↑ Memoires, I., p. 394.
↑ III, p. 301.
↑ Le Monde del miércoles 22 de septiembre de 1982, p. 2.
↑ Y. Leibowitz, Israël et Judaïsme, Desclée de Brouwer, 1993, p. 113, capítulo sobre las fuentes del antisemitismo.
↑ Le Meridional del lunes 14 de mayo de 1990.
↑ Revista Var Matin del lunes 15 de abril de 1955, artículo de los reporteros Michel Letereux y Michel Brault.
Libro "Los mitos fundacionales de la política israelí" de Roger Garaudy
LES TEXTES RELIGIEUX NE SONT PAS L'HISTOIRE
« Dans ce nouveau livre, dit Jérôme Segal, il est bien question de la terre (on regrette d’ailleurs qu’il n’y ait aucune carte) et Shlomo Sand entend s’intéresser, d’une part, à ce qu’il faut bien appeler la colonisation de la Palestine par les Juifs (à la fin du XVIIIe siècle on comptait 5000 Juifs en Palestine sur une population totale de 250 000 habitants musulmans et chrétiens ) et, d’autre part, dans une approche plus pragmatique, aux conditions selon lesquelles un vivre ensemble serait possible dans la région. Autant dire que cet objectif demeure, fin 2012, d’une triste actualité. »
Résumé : A travers une démonstration brillante, Sand dénonce la création d’un "Mytherritoire" et appelle à une relecture de l’histoire d’Israël, "de la Terre sainte à la mère patrie".
Ce livre aurait pu s’intituler, très sobrement, Israël et la Palestine, mais l’ouvrage aurait alors pu être classé dans les guides de voyage, ce qui aurait été une erreur funeste. A travers une analyse rigoureuse des textes religieux, mais aussi et surtout de l’histoire sociale et politique, ce sont bien les liens entre Israël et la Palestine qui sont au cœur du dernier livre de Shlomo Sand.
Plus modestement et non sans une pointe de cette provocation qui fait la marque de fabrique de l’auteur, l’historien israélien a préféré calquer le titre de son ouvrage, Comment la Terre d’Israël fut inventée, sur celui qui l’avait très largement fait connaître en 2008, Comment le peuple juif fut inventé ?.
Dans ce nouveau livre, il est bien question de la terre (on regrette d’ailleurs qu’il n’y ait aucune carte) et Sand entend s’intéresser, d’une part, à ce qu’il faut bien appeler la colonisation de la Palestine par les Juifs (à la fin du XVIIIe siècle on comptait 5000 Juifs en Palestine sur une population totale de 250 000 habitants musulmans et chrétiens ) et, d’autre part, dans une approche plus pragmatique, aux conditions selon lesquelles un vivre ensemble serait possible dans la région. Autant dire que cet objectif demeure, fin 2012, d’une triste actualité.
Shlomo Sand ne met pas de majuscule au substantif ‘juif’ car il ne s’agit pas, pour lui, d’un peuple comme le "peuple français" ou le "peuple américain" . Selon l’auteur, "peuple juif" a autant de sens que "peuple bouddhiste", et c’est sur ces bases, pour le moins discutables, qu’il retrace aujourd’hui l’évolution de la "Terre sainte à la mère patrie" (sous-titre du livre), tout en nous offrant une analyse lucide et sans concession de la situation actuelle.
Pourtant, on pourrait rétorquer, après avoir refermé son précédent opus, que si le peuple juif a effectivement été inventé, ou plutôt socialement construit, c’est bien qu’il existe (contrairement au peuple bouddhiste).
Même si Sand avait été un peu rapide dans sa critique des théories relevant de la génétique des populations, on doit lui reconnaître le mérite d’avoir à la fois explicité les dangers d’une approche biologique de la notion de peuple, forcément excluante, et d’avoir dénoncé sans ambiguïté l’instrumentalisation politique qui a été faite de la notion de "peuple juif". Aussi, toujours selon l’auteur, avant d’être un "État juif", Israël devrait d’abord être un État démocratique pour tous ses citoyens.
Partant de ce point de vue, l’historien de l’université de Tel Aviv passe de la notion de peuple à celle de patrie, qui fait l’objet du premier chapitre . Dans un exposé historique assez exhaustif, il signale "[qu’]il faut être conscient que ce n’est pas la patrie qui a engendré la nation, mais bien plutôt la nation qui a créé la patrie (…)." .
L’attachement à la terre est vu comme un corollaire du développement des nationalismes et Sand précise encore que "le territoire est la propriété commune de tous les ‘actionnaires’ de la nation (…) [et que] ce sentiment de propriété procure une satisfaction émotionnelle et une impression de sécurité qu’aucune utopie politique ou promesse d’avenir n’a pu concurrencer."
Dans le cas de la "terre d’Israël", il y a, comme il l’explique dans les chapitres suivants, une conjonction de phénomènes expliquant aujourd’hui la relation des Israéliens à leur terre, sans pour autant justifier la conception actuellement dominante, bien au contraire.
Déjà, dans son livre sur le peuple juif, l’historien avait pointé le danger qu’il y avait à considérer les textes religieux, au premier rang desquels la Thora, comme des livres d’histoire. Un point essentiel est par exemple la conséquence de la destruction du Second temple, en l’an 70 de notre ère (fait largement commenté dans le Talmud).
A plusieurs reprises, Shlomo Sand insiste sur le fait qu’il n’y a pas eu « d’exil du peuple juif » après la destruction de ce temple par les Romains : "les juifs n’ont pas connu d’exil forcé de Judée au Ier siècle et (…) ils ne sont pas ‘revenus’ au XXe siècle en Palestine, et ensuite en Israël, de leur plein gré." .
Toutes ces démystifications, au sens propre du terme, font l’objet du deuxième chapitre, "Mytherritoire". Sand remonte jusqu’au 6ème siècle avant notre ère et rappelle que dans la Tossefta, compilation de la loi orale juive rédigée vers l’an 200, on lit "Pourquoi Israël fut exilé à Babylone, plutôt que dans tout autre pays, car de là était, à l’origine, la maison d’Abraham, leur père (…). On peut faire la comparaison avec une épouse qui s’est mal conduite avec son époux, et qui, de ce fait, est renvoyée à la maison de son père."
L’historien conclut, non sans une pincée d’ironie : "L’analogie du ‘peuple d’Israël’ avec une épouse répudiée réintégrant le foyer de ses parents ne vient pas particulièrement à l’appui d’une image de l’exil comme une épreuve douloureuse sur une terre étrangère et inconnue !" . La Terre d’Israël biblique se limitait d’ailleurs dans un premier temps à la Samarie, "autrement dit [précise Sand] la terre du royaume d’Israël septentrional". Jérusalem, Hébron et Bethléem n’en faisait pas partie .
C’est suite à des conversions massives que la Terre d’Israël s’est étendue, sous l’action des dirigeants hellénistiques de Judée.
Sand signale ainsi que "les Édomites dans le Néguev et les Ituréens en Galilée furent contraints par le rouleau compresseur hasmonéen [dynastie qui a régné sur la Judée de 140 à 36 av. J.-C.] de renoncer à leur prépuce et de devenir des juifs à part entière." . On assiste alors à une diffusion de la foi juive dans toutes les capitales du monde hellénistique.
Dans ce chapitre sur les conceptions scripturaires et historiques de "l’espace juif" aux différentes périodes de l’Antiquité, l’auteur s’intéresse également aux révoltes juives qui se sont déroulées entre 66 et 117. Il écrit à ce sujet : "Le soulèvement des communautés juives, que l’historiographie sioniste qualifie de ‘révolte de la diaspora’, afin évidemment de mettre en exergue la dimension ‘nationale’ imaginaire, n’exprima aucune aspiration d’un retour vers la terre des ancêtres, et pas davantage la moindre loyauté ou relation à une lointaine patrie d’origine." .
Enfin, pour asseoir sa démonstration, Shlomo Sand se réfère au Talmud de Babylone, rédigé au VIIe siècle de notre ère, et plus précisément aux trois serments qui y figurent. "L’un dicte aux Juifs qu’ils ne doivent pas converger vers [Sion] en un mur [par la force]" . Il ne saurait de toute façon pas y avoir d’émigration avant la venue du Messie et Sand touche là à un point capital : l’opposition fondamentale entre le sionisme et le judaïsme rabbinique (largement développée au chapitre 4).
Il est intéressant de constater qu’à l’issue de son analyse, Sand tend à relativiser l’importance des textes religieux. Il s’agit presque, pour lui, de prévenir toute contestation possible, en affirmant, que, quand bien même un de ces textes ferait état d’une présence juive affirmée, "vouloir reconfigurer le monde tel qu’il était il y a des millénaires ou des siècles reviendrait à détraquer tout le dispositif des relations internationales." .
Si des Indiens Lenapes venaient à retrouver une trace de leur attachement à la presqu’île de Manhattan, Sand note non sans faire preuve de bon sens, que cela ne justifierait pas le départ des actuels habitants.
A travers cette problématique liée au rôle des mythes dans l’appropriation affective ou réelle des territoires, ce sont aussi les processus de constructions mémorielles qu’il entend aborder, ce qui fait l’objet, comme nous le verrons ci-dessous, de la conclusion du livre et surtout de son épilogue.
(L'intégralité de l'article sur http://www.nonfiction.fr/article-6286-p1-une_invention_plus_que_centenaire_qui_eclaire_le_present.htm)
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Cette brochure (dont n'est donné ici qu'un court extrait) fut éditée en 1980 par l'Association Appel aux vivants, Roger Garaudy étant candidat aux Présidentielles de 1981.
Les difficultés rencontrées ne permirent pas le maintien jusqu'au bout de cette candidature et Roger Garaudy apporta un soutien motivé à François Mitterrand
Une révolution authentique, pour être un changement radical dans les rapports humains, n'est pas seulement le triomphe de la justice mais le triomphe de l'amour.
Mai 68 - Fév 70. A l'époque du "centralisme démocratique"
« Du VIIIe au XIIIe siècle, dit Paul Balta, cette civilisation a été à la pointe de la modernité. Il y a certes eu un «miracle grec» dans l’Antiquité mais il y a eu aussi un «miracle arabe» au Haut Moyen Âge, celui des savants et des penseurs qui ont choisi de rédiger leurs travaux dans cette langue alors qu’ils étaient persans, berbères, andalous, juifs, etc. Ils ont exploré tous les domaines du savoir : astronomie, mathématiques, physique, chimie, médecine, philosophie, géographie, architecture, botanique, histoire. »
Allons prendre connaissance des dires de Paul Balta.

References: resolución 
 artículo 24
 artículo 6
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