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Timestamp: 2020-01-20 22:51:44+00:00

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Portal Guaraní - LA GUERRA DEL CHACO - Por ANÍBAL BENÍTEZ
LA GUERRA DEL CHACO - Por ANÍBAL BENÍTEZ
Por ANÍBAL BENÍTEZ (+)
FASCÍCULO Nº 28 - CAPÍTULO 15
La cuestión del Chaco abarca un período importante de la historia paraguaya y boliviana. Como hasta la finalización de la contienda no se definieron con exactitud los límites entre ambas naciones, los antecedentes del litigio se remontan a los mismos albores de la conquista y se extienden al período independiente de ambas repúblicas.
El primer mártir de la epopeya chaqueña,
el Tte. 1º de infantería ADOLFO ROJAS SILVA,
muerto en el Fortín Sorpresa el 26 de febrero de 1927.
Durante muchos años, especialmente los de la conquista, no hubo manifestaciones de reclamo sobre el territorio al occidente del río Paraguay, porque existía la convicción firme entre los estados americanos -incluida Bolivia- de que el Chaco era una jurisdicción paraguaya, aunque los límites fueran poco claros o imprecisos. En 1852 se produjo la primera manifestación de la pretensión boliviana sobre cierta zona ribereña del río Paraguay. Fue a propósito del tratado argentino-paraguayo firmado por Santiago Derqui y Mariano Varela, el 15 de julio de 1852, que en su artículo 4.° establecía: "El río Paraguay pertenece de costa a costa a la República del Paraguay, hasta su confluencia con el Paraná", el representante diplomático de Bolivia en Buenos Aires, Sr. José De la Cruz Benavente, expresó que encontraba desatendido el derecho que tiene Bolivia al río Paraguay, como ribereña en la costa occidental entre los paralelos 20, 21 y 22. El Paraguay no objetó esta protesta sin fundamento porque no fue dirigida directamente a su gobierno. Un largo silencio se produjo después de la protesta de Benavente. La Guerra contra la Triple Alianza, de tan desastrosas consecuencias para el Paraguay, ocupó todos sus esfuerzos durante cinco años, al cabo de los cuales nuevos tratados de límites debieron ajustarse con los vecinos vencedores.
Preparativos de Guerra. Una "aplanadora" criolla consistente
en un rollo de quebracho tirado por bueyes
convertía en caminos las "picadas" chaqueñas.
Camino Orihuela-Nanawa, construido por el ejército paraguayo.
Especialmente importante fue el firmado entre el representante paraguayo don Facundo Machaín y el argentino don Bernardo de Yrigoyen el 3 de febrero de 1876. Por este tratado el Paraguay cedía a la Argentina desde el Bermejo hasta el brazo principal del río Pilcomayo y aceptaba el arbitraje de los Estados Unidos de América sobre el territorio comprendido entre el Pilcomayo y el río Verde. El fallo del presidente Rutherford B. Hayes, del 12 de noviembre de 1878, fue completamente favorable al Paraguay. La excelente defensa presentada por el diplomático paraguayo Dr. Benjamín Aceval fue incuestionable sobre la presentada por la diplomacia argentina.
El fallo establecía: "... que la República del Paraguay tiene legal y justo derecho a dicho territorio situado entre los ríos Pilcomayo y Verde, así como a la Villa Occidental comprendida dentro de él, en consecuencia, vengo a adjudicar por el presente a la expresada República del Paraguay el territorio situado sobre la orilla occidental del río de dicho nombre, entre el río Verde y el brazo principal del Pilcomayo, inclusa la Villa Occidental".
Es interesante destacar lo que dice al respecto del fallo Hayes el historiador boliviano Mercado Moreira:
"En nada perjudica ese fallo el derecho boliviano:
1º. Porque los mismos estados signatarios (Paraguay y Argentina) del tratado de arbitraje resaltaron expresamente los derechos de Bolivia sobre el Chaco;
2°. Porque durante la tramitación del juicio, el Gobierno de Bolivia salvó también los derechos de su país por nota del 19 de abril de 1878 dirigida a las partes y al juez.
3°. Porque esta sentencia arbitral comprende exclusivamente a la Argentina y al Paraguay, partes litigantes que de común acuerdo se sometieron al fallo de un juez nombrado por ellos mismos. Una tercera potencia como era Bolivia, que no fue parte en el juicio ni se tomaron en cuenta sus títulos, no podía ser perjudicada por esa resolución: Res inter alijos acta.
Conocidos el fallo Hayes y sus consecuencias, los bolivianos inician una serie de acciones diplomáticas buscando el reconocimiento de sus pretendidos derechos sobre el Chaco. Contribuye a esto un hecho muy significativo: en 1879, Bolivia enfrenta, aliada con Perú, a Chile por el territorio de Antofagasta, único vínculo con el océano Pacífico que le restaba a Bolivia, y lo perdió. Acuciada por estas circunstancias, gira la vista hacia el Chaco. ¿Y qué es el Chaco? Hay que dejar claramente establecido que el asunto del Chaco para Bolivia no es solamente cuestión de territorio, sobre el que nuestros derechos jurídicos eran incuestionables; es, además, problema de puerto, determinado por la ejecutoria de la geografía y leyes socioeconómicas, que las conveniencias unilaterales de los pueblos no pueden modificarlas ni siquiera detenerlas por mucho tiempo.
Lo dicho demuestra el claro concepto de la importancia de una salida al mar para Bolivia, principio y fin de la cuestión del Chaco entre ambas naciones. Dice Querejazu Calvo: "En 1879 se inicia la romería de las misiones diplomáticas bolivianas que se trasladarán sucesivamente a Asunción para proponer un arreglo amigable a la delimitación fronteriza entre ambos países. Chile, en la guerra del Pacífico, había mutilado a Bolivia cercenándole la parte más vital de su geografía. La nación volvió los ojos, ansiosamente, hacia el río Paraguay, que ofrecía la única alternativa de comunicación libre y soberana con el mundo exterior".
Los tratados firmados entre Paraguay y Bolivia desde 1879 hasta el principio de la guerra fueron:
TRATADO DECOUD-QUIJARRO (15 DE OCTUBRE DE 1879)
Este documento fue firmado entre el representante boliviano doctor Antonio Quijarro y el ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay doctor José Segundo Decoud. De acuerdo con este tratado, Paraguay cedió a Bolivia más de la mitad del territorio chaqueño, buscando una supuesta conveniencia económica, que significaría que el comercio boliviano se encauzara por el litoral del río Paraguay, atravesando su territorio. El Chaco quedó entonces dividido por una línea que lo cruzaba horizontalmente desde la desembocadura del río Apa -paralelo 22° 05'- hasta alcanzar el río Pilcomayo a la altura de la localidad de D'Orbingy. Todo el territorio al norte de esa línea quedaba para Bolivia; el sur para el Paraguay. El Congreso paraguayo rechazó este tratado, a pesar de las protestas de Bolivia, cuya Convención Nacional del 3 de agosto de 1881 la aprobó, ley mediante.
Fortín Toledo. Construcciones de trincheras a cargo
del R.I. 5 "General Díaz"
TRATADO ACEVAL-TAMAYO (16 DE FEBRERO DE 1887)
Durante el gobierno del general Patricio Escobar, héroe de la Guerra contra la Triple Alianza, se firmó otro tratado entre Paraguay y Bolivia. Por parte de esta última República lo hizo el plenipotenciario Isaac Tamayo, y por parte de nuestro país, el canciller Benjamín Aceval. De acuerdo con este tratado, el Chaco quedaba dividido en tres secciones: entre el Pilcomayo y la línea Decoud-Quijarro, limitada en el fondo por el meridiano 63° entre dicha línea y el paralelo que pasa una legua al norte de Fuerte Olimpo, y entre ese paralelo y la Bahía Negra. La parte sud fue adjudicada al Paraguay; la parte norte a Bolivia y la sección central fue sometida al arbitrio del rey Leopoldo II de Bélgica.
Los términos de este tratado fueron aprobados por Bolivia por ley del 23 de noviembre de 1888, pero el Congreso del Paraguay dejó transcurrir el plazo para la ratificación del mismo produciendo su caducidad. Esto motivó que el encargado de negocios boliviano, señor Claudio Pinilla, cumpliendo instrucciones de su gobierno, dirigiera al paraguayo la nota del 6 de enero de 1890, en la cual declaró: "1°. La República de Bolivia mantiene la integridad de sus derechos sobre toda la zona territorial de la margen derecha del río Paraguay, comprendida entre Bahía Negra y la desembocadura del río Pilcomayo frente a Lambaré, y, 2º. Desconoce todos los actos jurisdiccionales adoptados por el Paraguay respecto a los territorios del Chaco, así como todas las acciones emergentes de ellos, acentuando los ejidos de esta notificación contra las adquisiciones particulares o colectivas que se hubiesen hecho o hicieren sobre los territorios indicados."
La opinión pública paraguaya era contraria a ceder un palmo del patrimonio nacional y presionaba en ese sentido a las autoridades.
TRATADO ICHAZO-BENÍTEZ (23 DE NOVIEMBRE DE 1894)
Este tratado fue firmado entre el representante boliviano Dr. Telmo Ichazo y el paraguayo Gregorio Benítez, a la sazón ministro de Relaciones Exteriores. Este tratado dividió el Chaco por una diagonal que partía a tres leguas al norte de Fuerte Olimpo, en la ribera del río Paraguay, y encontraba el río Pilcomayo a los 61° 28' al oeste de Greenwich. El presidente paraguayo Marcos Morínigo, consciente de que la opinión pública seguía contraria a negociar a costa del territorio nacional, juzgó conveniente no someter este tratado al Congreso nacional, con lo que un nuevo fracaso diplomático cerró las negociaciones en torno al Chaco.
PROTOCOLO SOLER-PINILLA (12 DE ENERO DE 1907)
Este documento se firmó en Buenos Aires entre el representante boliviano Dr. Claudio Pinilla y el paraguayo Adolfo Soler, entonces ministro de Hacienda, y bajo la mediación del canciller argentino Dr. Estanislao Zeballos, "en honor de la amistosa mediación del Gobierno de la República Argentina". Por este convenio se somete al fallo arbitral del Presidente argentino la zona comprendida entre el paralelo 20° 30' y la línea que en sus alegaciones sostenga al norte el Paraguay, y en el interior del territorio, entre los meridianos 61° 30' y 62° de Greenwich.
Se estipuló en el protocolo que las altas partes contratantes no debían innovar ni avanzar las posesiones existentes; es decir, Paraguay y Bolivia debían mantener el statu quo existente a la fecha de la firma del protocolo, en tanto se reglamentaba el acuerdo.
Sabido era que entonces Bolivia ya había fundado en pleno Chaco paraguayo dos fortines militares: Guachalla y Ballivián. Esto respondía a la nueva política boliviana de tomar posesión del territorio que pretendía como suyo, en vista del fracaso diplomático para obtener un puerto sobre el río Paraguay. Por su parte, el Paraguay entregaba gran parte del Chaco a capitales extranjeros para solventar la deuda con el Brasil y la Argentina como consecuencia de la Guerra contra la Triple Alianza.
Cañonero Paraguay, 1932
PROTOCOLO AYALA-MUJÍA (5 DE ABRIL DE 1913)
A raíz de un incidente entre la Argentina y Bolivia, el presidente de aquel país, José Figueroa Alcorta, que debía arbitrar en el litigio paraguayo-boliviano, desistió del mismo, con lo que este protocolo quedó nuevamente sin efecto alguno.
El protocolo del 5 de abril de 1913, firmado entre el ministro de Relaciones Exteriores del Paraguay Dr. Eusebio Ayala y el plenipotenciario boliviano Ricardo Mujía, estipulaba el compromiso de ambas naciones a negociar un tratado definitivo de límites en el término de dos años, manteniendo el statu quo de 1907, tal como establecía el de Soler-Pinilla. Pero el convenio Ayala-Mujía sufrió varias prórrogas y en 1918 fue suspendido sine die.
PROTOCOLO DÍAZ LEÓN-GUTIÉRREZ (22 DE ABRIL DE 1927)
Este protocolo fue firmado en Buenos Aires entre el plenipotenciario paraguayo Lisandro Díaz León y el representante boliviano Julio A. Gutiérrez. Este protocolo convenía que ambos países debían designar plenipotenciarios para solucionar el diferendo de límites en el Chaco, de ya larga data y con tendencia a agravarse. El gobierno argentino actuó nuevamente como mediador en el litigio. La cuestión principal tratada en virtud de este protocolo versó sobre las posiciones pactadas en el tratado Soler-Pinilla de 1907.
Luego de varios intentos de acuerdos diplomáticos realizados en Buenos Aires, finalmente en la sesión del 12 de julio de 1928 ambas delegaciones declararon que el litigio entre Paraguay y Bolivia no será resuelto sino por la vía pacífica, salvo caso de legítima defensa. El fracaso de las negociaciones produjo un profundo malestar en ambas naciones.
En tanto se negociaban soluciones diplomáticas, ya el Chaco era escenario de graves incidentes armados. El primero de ellos, la muerte del Tte. Paraguayo Adolfo Rojas Silva en el fortín Sorpresa en febrero de 1927, luego de haber caído prisionero en poder de tropas bolivianas junto con otros soldados. Un año más tarde, fuerzas paraguayas comandadas por el entonces mayor Rafael Franco protagonizaron una acción grave al incendiar el fortín boliviano Vanguardia, tomando prisioneros a varios oficiales bolivianos.
El gobierno paraguayo, por medio de su ministro de Relaciones Exteriores Jerónimo Zubizarreta, comunicó el hecho responsabilizando del mismo a quienes invadieron territorio paraguayo. La réplica boliviana no se hizo esperar y en diciembre de 1928, fuerzas de aquel país ocuparon el fortín Boquerón.
Esto significó la ruptura de relaciones entre Paraguay y Bolivia, que luego de un intenso intercambio de pareceres apelaron nuevamente a un comité de conciliación para buscar la solución pacífica al problema.
Camiones para el Chaco. El vapor de la marina mercante "Holanda",
movilizado para el transporte de implementos
hacia el frente de operaciones.
Esta conferencia se estableció en Washington el 3 de enero de 1929 y estuvo integrada por representantes de Estados Unidos, Colombia, México, Uruguay y Cuba, además de las partes litigantes, y acordó la conformación de un Comité de Investigación y Arbitraje que en el plazo de seis meses debía determinar cuál de las partes introdujo innovación en el estado de relaciones pacíficas de ambos países.
Fueron en esa ocasión representantes de Paraguay Juan Vicente Ramírez y de Bolivia Eduardo Díez de Medina.
Como resultado inmediato de la Conferencia de Washington y sus buenos oficios en pro de un arreglo pacífico al diferendo chaqueño, en julio de 1930 Paraguay devolvió a Bolivia el fortín Vanguardia y esta hizo lo propio con el fortín Boquerón. Sin embargo, los incidentes continuaban agravándose con choques armados, como el ocurrido con la captura del fortín Samaklay por tropas bolivianas, en setiembre de 1931.
Evidentemente, los esfuerzos diplomáticos habían sido inútiles y ambos países se aprestaban a la guerra.
Después de la crisis originada por los incidentes ocurridos en el fortín Vanguardia, que puso de manifiesto la desorganización militar paraguaya para hacer frente a los embates militares bolivianos, se hizo cargo del Ministerio de Guerra y Marina el prestigioso Gral. Manlio Schenoni Lugo, hombre de vasta cultura y gran capacidad como organizador quien ya venía trabajando sigilosamente en la defensa militar del territorio chaqueño. Juntamente con José Félix Estigarribia, entonces teniente coronel, y a pesar de las diferencias que en cuestiones de estrategia militar mantenían, estos dos oficiales pergeñaban los preparativos para la defensa del territorio amenazado.
A principios de 1931, el presidente José P. Guggiari remplazó al ministro de Guerra y Marina y dio posesión de cargo al civil doctor Raúl Casal Ribeiro, quien apoyó fuertemente a Estigarribia en sus planes defensivos. Este pudo ser efectuado a medias, con escasos medios y menos tiempo. A diferencia del Ejército boliviano, que llegaba al Chaco con una preparación de más de treinta años.
El propio Estigarribia menciona en sus memorias el contraste impresionante entre ambos ejércitos, señalando la diferencia favorable a Bolivia:
La fidelidad de estos datos es cuestionada por muchos historiadores militares, pero creemos de buena fe que por provenir del propio conductor del ejército paraguayo en campaña, reflejarían con bastante certeza la situación de ambos beligerantes en ese período.
Asimismo, en cuanto al plan militar boliviano para el ataque al Paraguay, Estigarribia refiere que el mismo, obra del Gral. Hans Kundt, consistía en un avance sorpresivo y contundente a las débiles fortificaciones paraguayas hasta alcanzar el río Paraguay, y a través de mecanismos de tenazas, capturar Bahía Negra, Toledo, Villa Militar, Puerto Casado, hasta llegar a Concepción, Asunción y Villarrica. De acuerdo con esto, el sometimiento del Paraguay, en régimen de esclavitud, era uno de los objetivos militares bolivianos, además de la posesión efectiva del territorio chaqueño y el dominio del río Paraguay.
Este plan no encontró aceptación en el Estado Mayor boliviano, pues requería de una enorme cantidad de efectivos, muy difíciles de movilizarse en la vastedad del desierto con pocas comunicaciones, sin transporte ni caminos; se creyó más aceptable como plan militar de Kundt el ahorcajarse sobre el río Paraguay a la altura de Concepción, que luego sufrió modificaciones, cuyo objetivo estratégico fue trasladado a Fuerte Olimpo.
El factor sorpresa, una supuesta tendencia a la desmoralización fácil y el heroísmo de biblioteca del pueblo paraguayo contribuirían favorablemente para el logro de los objetivos trazados por el Estado Mayor boliviano.
También existían discrepancias entre los planes militares del Estado Mayor y el propio presidente de Bolivia, doctor Daniel Salamanca, que concebía que una guerra con el Paraguay debía librarse en el sudeste, y que allí se concentrasen las fuerzas posibles para descargar golpes decisivos que les permitiera imponer un tratado de paz en la misma Asunción. Expresaba también el mandatario del Altiplano que la marcha sobre la capital paraguaya sería un golpe asestado al corazón del enemigo y todo el Chaco sería el fruto de esta victoria que permitiría imponer un tratado de paz. La captura de Fuerte Olimpo valdría tanto como un golpe en el dedo meñique de la mano izquierda.
De todos modos, para ejecutar sus planes, Bolivia -se suponía- podía poner sobre las armas a más o menos 50.000 soldados en un tiempo breve y que en el término de menos de dos meses podrían ubicarse frente a las posiciones paraguayas del sur 8.500 hombres, en el centro otros 8.500 y en el norte la misma cifra de efectivos militares, bien armados y equipados.
Extrañamente, el conductor José Félix Estigarribia dice en sus memorias, que, a diferencia de Bolivia, el Paraguay no tenía plan de ninguna clase.
Banda de música formada en el II Cuerpo de Ejército y dirigida por Dario Gómez Serrato.
PLANES MILITARES PARAGUAYOS
Los preparativos bélicos paraguayos fueron siempre muy discretos, pero constantes, de acuerdo con sus posibilidades. Además, los planes de operaciones no se entregan a la opinión pública en conferencia semanal de prensa, en el decir de un destacado militar y protagonista importante de la guerra.
Ya Eligio Ayala, en la década del veinte, siendo ministro de Hacienda y luego presidente de la República, había previsto la defensa del Chaco, para lo cual regularizó las finanzas públicas y con el apoyo del Gral. Schenoni, organizó la Escuela Militar y perfeccionó la formación de jefes y oficiales, mejoró el armamento paraguayo y adquirió las dos cañoneras: "Paraguay" y "Humaitá", que tanta trascendencia tuvieron durante el desarrollo de la guerra.
José P. Guggiari y Eusebio Ayala continuaron con los preparativos defensivos y a este último le tocó dirigir los destinos del país en plena guerra. En lo que a planes militares propiamente dichos se refiere, la idea predominante sostenida por el Gral. Rojas era la de establecer la defensa a orillas del mismo río Paraguay, abandonando el resto del Chaco. A este plan se opuso el Tte. Cnel. Estigarribia, que sostuvo que la defensa debía ser ofensiva y atacar al enemigo en el centro del Chaco, tratando de romper los dientes de cada tenaza antes de que se cerrasen y se consolidasen territorialmente. El factor agua pasaría a ser el factor determinante en la estrategia de las operaciones militares, ya que de ese elemento vital dependería el éxito -o el fracaso- de la campaña.
El Estado Mayor General dispuso la división del teatro de operaciones en tres sectores: uno principal y dos secundarios. El primero comprendía el territorio situado entre Puerto Casado y Concepción-Nanawa; los secundarios eran Olimpo-Bahía Negra y Pilcomayo-Confuso.
En los sectores secundarios se pensaba que la defensa estaría confiada en parte a la propia naturaleza del terreno. Las zonas anegadizas dificultarían el normal desplazamiento de grandes masas.
El sector del sur, por la concentración de fuerzas que reunía, quedaría defendido por la configuración geográfica del Chaco, pues el río Pilcomayo con el Paraguay conforman un ángulo agudo, donde se encuentra Asunción; por lo tanto, se resolvió reforzar Bahía Negra y constituir una fuerza secundaria en Nanawa. A todo esto, el Estado Mayor General, entonces a cargo del teniente coronel Juan B. Ayala, desarrolló un vasto programa -parte del cual fuera citado- de conexiones terrestres y radiotelegráficas entre los fortines y las bases, la construcción de depósitos de víveres y municiones, reservorios de agua potable en posiciones estratégicas del Chaco. Por razones presupuestarias no se logró construir una vía férrea entre Villa Hayes y Nanawa.
Formaba parte del plan militar paraguayo la adquisición de materiales de guerra, permitiendo la puesta en marcha de cuatro divisiones de infantería y una de caballería con un total de 45.000 hombres, así como la organización de la retaguardia, planes que también por razones presupuestarias fueron reducidos gradualmente hasta terminar guardados en el cajón.
Sea como fuese, es evidente, y así lo han demostrado ilustres personalidades y estudiosos imparciales de la Guerra chaqueña, que el Paraguay sí contaba con un plan de operaciones militares para hacer frente a la agresión boliviana a sus derechos posesorios en el territorio occidental.
Sector Toledo. Pozo Artesiano construido para la provisión de agua a la tropa.
Estos trabajos estuvieron a cargo de León Fragnaud y Brígido Prado.
A pesar de la profunda inestabilidad política que soportaba el Paraguay desde la finalización de la Guerra contra la Triple Alianza, con los cambios constantes de gobierno, los levantamientos armados, la economía decadente y una sociedad aparentemente sumisa y aletargada, como durmiendo una larga siesta, hubo, sin embargo, una preocupación constante por la cuestión del Chaco, tanto a nivel de gobierno como de opinión pública. Esto se puso de manifiesto sobre todo después de la constatación por parte de Paraguay de que Bolivia había ya fundado algunos fortines militares en el Chaco y continuaba penetrando en nuestro territorio, violando el statu quo señalado en 1907.
La opinión pública, influida por intelectuales de primer orden como Manuel Domínguez, Cecilio Báez, Manuel Gondra, Fulgencio Ricardo Moreno y otros de destacada actuación en la defensa del Chaco como patrimonio nacional, acercó constantemente al gobierno sus inquietudes con relación a los diferentes tratados encarados con Bolivia por la cuestión chaqueña. En algunos casos, como en los hechos ocurridos en el fortín Sorpresa con la muerte del Tte. Adolfo Rojas Silva y la toma de Samaklay por los bolivianos, estas demandas derivaron en acontecimientos más graves. Como el luctuoso suceso ocurrido el 23 de octubre de 1931.
El tubérculo salvavidas del Chaco, el "yvy´a", sobre el camino
Algodonal-Ysypo´i renda.
En la imagen sentados: Tte. Luis Más, y mayor Atilio Benítez.
De pie los tenientes: Ávila, Cubilla y Romero.
La política del presidente boliviano Daniel Salamanca de pisar fuerte el Chaco, convencido de sus derechos sobre dicho territorio, aceleró el comienzo de la guerra, a pesar de las ingentes negociaciones diplomáticas que todavía se realizaban en Washington. El acontecimiento que marcó decididamente el inicio de las acciones bélicas fue la captura del fortín paraguayo Carlos Antonio López, cerca de la laguna Pitiantuta, el 15 de junio de 1932. Un mes más tarde, y por orden del Tte. Cnel. José Félix Estigarribia, comandante del ejército paraguayo en el Chaco, una fuerza expedicionaria paraguaya al mando del capitán Abdón Palacios reconquistó el fortín tras dura batalla.
La guerra se había iniciado. En represalia a la reconquista paraguaya del fortín Carlos A. López, los bolivianos tomaron los fortines Corrales, Toledo y Boquerón, al mismo tiempo que retiraba sus delegados de la Conferencia de Washington.
En esta misma ciudad, representantes de 19 países ajenos al conflicto, y a iniciativa del ministro argentino de Relaciones Exteriores don Carlos Saavedra Lamas, emitieron, sin embargo, una declaración de importancia histórica el 3 de agosto de 1932. Reconocía el documento:
1. El respeto al derecho tradicional entre las naciones americanas que se oponen a la fuerza y renuncian a ella para dar solución a sus controversias;
2. Las naciones americanas no reconocerán arreglo territorial alguno de esta controversia que no sea obtenido por medios pacíficos, ni validez de adquisiciones territoriales que sean obtenidas por ocupación o conquista por la fuerza de las armas.
La disputa del Chaco debe someterse a una solución pacífica y piden encarecidamente a Paraguay y Bolivia que sometan la de esta controversia a un arreglo por arbitraje u otro medio amistoso que fuese aceptado por ambos.
Paraguay aceptó completamente los términos de la declaración doctrinaria del 3 de agosto de 1932 y expresó que estaba dispuesto a someterse al arreglo arbitral y a abstenerse de toda hostilidad. No ocurrió lo propio con Bolivia que, a través de su presidente Salamanca, expresó, con respecto a la doctrina de referencia: "...La nación necesita romper la barrera que le impide el acceso al litoral sobre el río Paraguay para comunicarse con el mundo". Finalmente Bolivia no aceptó los términos de la doctrina y el canciller Gutiérrez declaraba: "Bolivia no admite el abandono de los fortines tomados al Paraguay mientras una solución final no modifique la soberanía de esta ocupación".
Primeros prisioneros bolivianos marchan por Asunción,
desde el "puerto nuevo" hacia los centros de "Acantonamiento"
Aunque la declaración del estado de guerra contra Bolivia se produjo recién el 10 de mayo de 1933, las acciones habían comenzado mucho antes.
Frente a los acontecimientos de Pitiantuta en junio de 1932 se tomó la decisión de decretar la movilización general, el 28 de julio del año citado. A partir de entonces todo el país reaccionó acudiendo en masa a la convocatoria para la defensa de la patria. Campesinos y estudiantes abandonaron sus tareas para tomar el fusil, mientras las mujeres y los niños cultivaban el campo, cosían uniformes o trabajaban en talleres convertidos en fábricas de armamentos y equipos militares.
Registro: Diciembre del 2012
ANÍBAL BENÍTEZ (+)
FASCÍCULO Nº 29 - CAPÍTULO 15
En setiembre de 1932, el Tte. Cnel. José F. Estigarribia recibió la orden del presidente Eusebio Ayala de tomar Boquerón, fortín estratégico en el esquema boliviano, defendido por el Tte. Cnel. Manuel Marzana al mando de unos 1.200 efectivos -subsiste cierta disparidad de criterios en cuanto a la cantidad real de efectivos bolivianos en el fortín; Estigarribia en sus memorias dice que no bajaban de 2.000- y una sólida defensa. Las operaciones comenzaron el 7 del mismo mes y se confió al Cnel. Carlos J. Fernández el mando de la II División. El ataque se inició con dos regimientes de infantería, el R.I. 2 "Ytororó" y el R.I. 4 "Curupayty; el C. 2 de caballería y el grupo de artillería 1 "Gral. Bruguez".
El R.I. 4 "Curupayty" logró llegar hasta una distancia de asalto, pero las alambradas de púa y un plan de fuego bien organizado le impidieron avanzar, aunque no retrocedió un solo paso hasta la caída final del fortín. El R.I. 2 "Ytororó" atacó a través de un extenso y poco cubierto cañadón, por lo que fue prácticamente barrido por las armas automáticas del enemigo.
A pesar de la superioridad numérica de las fuerzas paraguayas, al principio fracasaron todos los ataques frontales al fortín y la batalla se prolongó por veinte días con serias pérdidas para los paraguayos. Se cambió de táctica y se pasó al ataque envolvente, con lo que el fortín quedó rodeado y sin posibilidad de recibir ayuda. El 29, tras una dura resistencia, el comandante Marzana rindió su división. La victoria de Boquerón tuvo un efecto extraordinario en las tropas y el pueblo paraguayo, sobre todo en el aspecto moral, ya que devolvió la fe en la victoria final, que no decayó nunca hasta el día de la cesación de las hostilidades.
El escritor nacional Augusto Roa Bastos, combatiente de los campos de Boquerón, ante las primeras desazones de nuestros ataques, expresó en su Diario de Campaña:
"9 de setiembre de 1932. Copioso nos ha salido el bautismo de sangre. El golpe de panza se ha vuelto contra nosotros. Los asaltos en masa y al descubierto se estrellaron contra una supuesta línea sin haber podido localizar el reducto, escondido en el monte. Una y otra vez atolondradamente volvieron a la carga, desgranándose como mazorcas de maíz bajo el torrente de la metralla vomitado por las enmarañadas troneras y muy especialmente ante la cuchilla de la Punta Brava erizada de fuego. Nuestras propias baterías cooperaron en la matanza con sus impactos reglados al tanteo. Las granadas de morteros y obuses abrían grandes brechas en nuestro escalón de ataque en lugar de caer sobre el enemigo. Las alas arremangadas de los regimientos se arremolinaban y superponían batiéndose entre sí en una confusión infernal. Nuestro batallón ubicado en la reserva también fue metido en la desbarajustada línea. No tardó más que los otros en desbaratarse. Ni a balazos se pudo contener el desborde de sus efectivos. Mi compañía fue totalmente diezmada en la primera embestida, incluyendo a mi asistente. A media mañana el ataque estaba totalmente paralizado. En el campo de batalla se podía divisar con los prismáticos un gentío de muertos que durante todo el día continuaba tiritando a ratos, como atacados de chucho bajo las ráfagas de las ametralladoras pesadas enemigas. Paseé largamente los prismas por la aglomeración de bultos tumbados en extraña postura que tiemblan al sol calcinante. Nutrido fuego de hostigamiento. Mientras que nuestros cañones ciegos continuaban tronando en la espesura con su engallado, pero inútil, retumbo, al igual que los morteros tosiendo acatarradamente sus Sókes entre el crepitar de la fusilería y las automáticas. Las caravanas de heridos taponan las sendas en un macilento y un sanguinolento reflujo hacia la retaguardia. Anochece. Desmoralización. Cansancio. Impotencia. Rabia.
Nubes de mosquitos enormes como tábanos nos lancetean sin descanso. No hay defensa contra ellos. Me arde en el codo el rasguño de una bala ganado durante el repliegue. Pero más me arde la sed, como llaga viva en la garganta y en el pecho. No ha llegado el agua a las líneas, y en esa espera se escupe polvo".
El Tte. Cnel. José Félix Estigarribia fue ascendido a coronel el 4 de octubre, en el mismo campo de batalla, por el presidente Eusebio Ayala. Casi inmediatamente a la victoria paraguaya de Boquerón se produjo la retirada del delegado nacional ante la Comisión de Neutrales en Washington, Juan José Soler, por orden del presidente Ayala. El motivo principal fue la propuesta de esa Comisión del retiro de las fuerzas paraguayas hasta el río Paraguay y las bolivianas detrás de Ballivián-Vitriones. Propuesta juzgada inaceptable por el Paraguay.
A la victoria de Boquerón siguieron las retomas de Arce, Ramírez, Toledo, Corrales, Yujra, Alihuatá, Castillo, Fernández, Herrera, Platanillos y Bolívar; es decir, toda la red de fortines del centro chaqueño pasaron bajo control paraguayo.
La caída de Boquerón en manos paraguayas significó el repliegue de las fuerzas enemigas para posicionarse a once kilómetros frente al fortín Arce, en el lugar conocido como "Campo de la mula muerta", base adelantada de la penetración boliviana, cruce de caminos y fuente permanente de agua dulce.
A fines de octubre, los sucesivos ataques frontales paraguayos al fortín hicieron mella en la moral y la disciplina de los combatientes bolivianos, que decidieron abandonar la plaza, incendiándola previamente. El 23 de octubre del ‘32, a las 13:30, las fuerzas paraguayas ocuparon lo que quedaba de Arce. Allí se apoderaron de varias piezas de artillería, un centenar de ametralladoras y varios cientos de fusiles quemados. También fueron presas del fuego los depósitos de víveres, municiones, vestuarios y equipos.
Las tropas bolivianas que huyeron de Arce en dirección a Alihuatá sufrieron innumerable bajas antes de llegar y seguir camino hacia Muñoz, presas del terror. De haber sido perseguidas por las fuerzas de Estigarribia, el desastre hubiera sido mayor, pero por un error de apreciación el comandante paraguayo prefirió defender el sector Arce con la Segunda División, enviando a la Primera y Cuarta sobre los sectores Fernández y Platanillos. Esta maniobra fue aprovechada por el coronel Bernardino Bilbao Rioja para reorganizar sus fuerzas en el sector kilómetro 7 de Saavedra.
Km. 180. Punta Rieles. Prisioneros bolivianos esperan
para ser embarcados por ferrocarril a Puerto Casado
El 10 de noviembre de 1932 el regimiento paraguayo "Corrales" fue atacado en el Km. 7 de Saavedra por una fuerza de 1.500 soldados bolivianos al mando del citado coronel Bilbao Rojas. La resistencia del mayor Eduardo Torreani Viera y su regimiento "Corrales" fue tenaz, dando muestras de enorme valor, serenidad y cualidades guerreras, rechazando el furibundo ataque enemigo. Las pérdidas, sin embargo, fueron cuantiosas para ambos bandos.
Después de algunos días, Estigarribia resolvió retomar la iniciativa para apoderarse de Saavedra y avanzar para tomar la serie de fortines bolivianos situados al sur hasta la frontera con la Argentina. La idea del Comando paraguayo era atacar desplegando en primera línea a la Primera División de Infantería al mando del Tte. Cnel. Carlos J. Fernández y a la Cuarta División mandada por el Tte. Cnel. Nicolás Delgado; en segunda línea iría la Segunda División de Infantería, cuyo comandante era el Tte. Cnel. Gaudioso Núñez. La orden de ataque fue firmada por Estigarribia el 30 de noviembre de 1932.
Para el cumplimiento de la mencionada orden, la parte más delicada correspondía a la Primera División de Infantería, pues debía realizar un ataque envolvente, en dirección sur. Para el efecto se encomendó al escuadrón divisionario al mando del capitán J. N. Barrios la misión de explorar y reconocer un gran cañadón hasta encontrar el camino Saavedra-Muñoz. Este reconocimiento era fundamental, ya que se marcharía a campo traviesa, en terreno desconocido y sin puntos de referencia. La misión no tuvo el éxito esperado, pues la distancia prevista de 10 kilómetros resultó el doble y el escuadrón no tuvo tiempo de volver a su base antes de que la Primera División iniciase su marcha nocturna, reforzada con el C. 3 "Cnel. Mongelós", a cargo del mayor Federico Smith. Como consecuencia del imprevisto señalado, el descubrimiento por parte de retenes bolivianos de las intenciones paraguayas y la desaparición del factor sorpresa, los combates desarrollados en condiciones desventajosas para nuestras tropas resultaron con grandes pérdidas para las mismas; el fortín Saavedra permaneció tan firme e irreductible como al comienzo del ataque. Las operaciones, sin embargo, continuaron hasta el 10 de diciembre de 1932, todas fueron infructuosas hasta que el Comando ordenó el repliegue paraguayo.
Taller mecánico en el Chaco. Ómnibus, camiones de carga y hasta automóviles
y carros fueron requisados para el operativo de defensa.
A pesar de la resistencia puesta en Saavedra por las fuerzas bolivianas, sus otros fracasos militares en el Chaco obligaron al presidente Salamanca a encargar el mando de su ejército al general alemán Hans Kundt, que asumió el poder supremo de las Fuerzas Armadas (General en jefe del Ejército en Campaña) el 6 de diciembre de 1932, y para hacer frente a la táctica especulativa del ejército paraguayo emprendió la ofensiva, con gran despliegue de hombres, ese mismo mes. Así cayeron en poder de los bolivianos los fortines Corrales, Mcal. López y a partir del 15 de enero de 1933 atacaron, pero sin éxito, las posiciones paraguayas de Nanawa, defendida por el teniente coronel Luis Irrazábal al mando de 2.500 efectivos del III Cuerpo de Ejército -Quinta División compuesta por los regimientos 7 y 13 de Infantería, 4 y 5 de Caballería y una batería de artillería-, que resistieron el ataque de 6.000 soldados enemigos gracias a la recia fortificación creada por Irrazábal.
Cuando se acabaron las municiones, los soldados paraguayos utilizaron sus respectivos machetes y bayonetas para la defensa, la cual fue sangrienta, pero efectiva, al punto de que un regimiento boliviano fue exterminado.
El ataque a Nanawa fue acometido por la Séptima División boliviana compuesta por diez regimientos de infantería y cinco de caballería, apoyados por el 2 de Artillería y diez aviones.
El ataque enemigo se inició en la lluviosa noche del 19 de enero, organizado en las clásicas tres batallas: el ala izquierda avanzó por una senda de bosque espeso en el cual sus cañones se empantanaron, por lo que entraron tardíamente en acción el primer día de combate, el ala derecha fue rechazada por la defensa paraguaya y al caer la noche los bolivianos se fortificaron en improvisadas trincheras personales.
La Octava División boliviana acudió para apoyar a los atacantes de Nanawa, pero fue detenida por la Segunda División paraguaya que defendía el fortín Fernández.
En este ataque se repitieron los errores habituales por parte de los bolivianos: falta de información, violación del principio de economía de fuerzas y baja estimación del enemigo.
Los siguientes ataques a Nanawa ya no se acometieron en forma directa, sino intentando cortar la retaguardia del fortín Presidente Ayala, vecino de Nanawa. La lucha continuó hasta fines de enero de 1933, dejando un saldo de cerca de 2.000 bolivianos muertos en el campo de batalla contra solo 250 paraguayos. El fortín Nanawa no pudo ser doblegado y, en consecuencia, el prestigio de Kundt recibió un duro golpe mientras que Bolivia sufrió otra derrota moral. A principios de febrero cesaron los ataques a este fortín.
La Fuerza Aérea Paraguaya, compuesta de escasos y vetustos aviones,
estuvo a la misma altura del valor y el sacrificio de las demás fuerzas combatientes.
En la imagen, algunos pilotos y artilleros con el entonces coronel Estigarribia.
Ante el fracaso del ataque a Nanawa, Kundt concentró sus esfuerzos sobre Toledo, en febrero de 1933. La defensa paraguaya estaba organizada por el coronel Juan B. Ayala, comandante del II Cuerpo de Ejército, quien, a través de la Orden de Operaciones N° 10 dispuso el repliegue del Cuerpo de Ejército sobre Toledo, por las condiciones que este ofrecía para la defensa; además, las posibilidades de contar con agua y víveres resultarían mejores en ese lugar. La misión de este Cuerpo de Ejército era atraer sobre sí la mayor parte de las fuerzas bolivianas que operaban sobre Platanillos.
Tomaron parte de las maniobras de Toledo el Regimiento de infantería Nº 5 "Gral. Díaz", el Regimiento de Infantería N° 14 "Cerro Corá" y dos batallones del Regimiento de Infantería Nº 8 "Piribebuy, y como reserva, el C. 1 "Valois Rivarola" el C. 7 "San Martín", un batallón del citado Regimiento de Infantería N° 8 "Piribebuy" y 400 hombres de la guardia del Comando. Aparentemente, las fuerzas enemigas, aunque ligeramente inferiores en número a la de los paraguayos, eran muy superiores, en material bélico y en instrucción militar. Hay que recordar que en Toledo el Regimiento de Infantería "Piribebuy" se componía casi enteramente de reclutas bisoños.
A partir del 22 de febrero de 1933 se iniciaron los ataques al fortín Toledo, algunos de los cuales se realizaron en horas de la noche, pero todos fueron violentamente rechazados. La aviación boliviana intervino con una decena de aparatos que no causaron mayores daños; al parecer, estaban más interesados en explorar que en atacar.
Los combates continuaron hasta 11 de marzo, en que las tropas bolivianas desistieron de sus ataques y se replegaron. Después de 16 días de recio y sangriento batallar, el enemigo dejó en los campos más de 2.000 soldados entre muertos y heridos; nuestras pérdidas sumaron 200 soldados y nueve oficiales heridos; tres oficiales, cuatro cabos y 40 soldados muertos.
La primera consecuencia de la derrota de Toledo para los bolivianos fue la deserción de los regimientos Warner y París, que se dirigieron a Camacho, desconociendo la autoridad de sus jefes y oficiales. Por esta acción de rebeldía el Comando Superior adoptó la severa medida de borrar de los cuadros del ejército a los regimientos mencionados. Cerca de la tercera parte del ejército boliviano sucumbió en los campos de Toledo.
Al final de la batalla, el comandante Ayala lanzó la siguiente proclama:
P.C. en Toledo, 12 de marzo de 1933
Este Comando tiene la satisfacción de hacer llegar a los jefes, oficiales y tropas que componen el II Cuerpo de Ejército sus más calurosas felicitaciones por la brillante acción que sostuvieron desde el 26 de febrero pasado y que finalizó el 11 de este mes con la derrota del II Cuerpo de Ejército boliviano, que en estos momentos huye perseguido de cerca por nuestra caballería.
La prueba ha sido dura y 16 días de lucha constante para vencer al orgulloso enemigo constituyen el mejor título de gloria que podéis ostentar, soldados del II Cuerpo de Ejército. Vuestra constancia, vuestro valor, vuestra resistencia a las privaciones y a las fatigas son timbres de orgullo para nuestra patria y os habilitan para sentiros descendientes legítimos y dignos de nuestros admirables soldados del pasado.
Mantened templados los espíritus y listas las armas. No está ya lejano el día en que el enemigo humillará sus pretensiones de conquista al empuje del acero paraguayo. Entonces volveréis a vuestros hogares a continuar el tranquilo laboreo del progreso interrumpido por la invasión de nuestra legítima heredad, rodeada por el respeto y la consideración de las naciones vecinas, que están viendo cómo el Paraguay defiende sus derechos y su existencia.
Recordemos a nuestros gloriosos muertos, pongamos nuestra fe en la gran patria paraguaya, afilemos las bayonetas vengadoras y conquistemos la victoria final
Teniente Coronel y Comandante del II Cuerpo de Ejército
El Dr. Eusebio Ayala realizó 58 viajes al frente de operaciones.
En uno de ellos fue acompañado por el Dr. Luis Alberto deHerrera
"..repúblico uruguayo que siempre estuvo identificado con la causa del Paraguay".
En la imagen acompañan al Dr. Herrera y al Presidente de la República,
oficiales del Estado Mayor en campaña y el comandante Estigarríbia, de barba.
ACTA DE MENDOZA
Otra tentativa diplomática internacional fue la llamada Acta de Mendoza que, a iniciativas de los cancilleres Carlos Saavedra Lamas, de Argentina, y Miguel Cruchaga Tocornal, de Chile; y con el apoyo de Perú y Brasil, buscó poner fin a las operaciones bélicas en el Chaco, las que revestían caracteres gravísimos.
Para el efecto, Saavedra Lamas envió a Isidro Ruiz Moreno, asesor jurídico del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, hasta Asunción para conversar con el presidente Eusebio Ayala. La propuesta de Ruiz Ayala era el retiro paraguayo hasta el río Paraguay y de Bolivia hasta Ballivián-Roboré, y a partir de ahí esperar un fallo arbitral internacional.
Paradójicamente, las diferencias personales entre Saavedra Lamas y Cruchaga Tocornal obstaculizaban la solución entre los beligerantes, a pesar de los profundos deseos de paz que reinaba entre ellos. El canciller chileno propuso en una entrevista personal con su par argentino, que se realizó en la ciudad de Mendoza los días 1 y 2 de febrero de 1933, reanudar la búsqueda de la paz.
Como resultado de esa conferencia se firmó el Acta de Mendoza, cuyo artículo tercero contenía las propuestas del presidente paraguayo Eusebio Ayala, que promovían una conferencia económica encaminada a considerar la situación mediterránea de los beligerantes, establecer un régimen de tránsito comercial que estimulara el intercambio y la firma de un acuerdo sobre comunicaciones ferroviarias y fluviales. Estas propuestas significarían la satisfacción de las pretensiones bolivianas sin desmembrar el Chaco paraguayo.
De las conferencias surgió otro documento, llamado el Acta Reservada de Mendoza, por la cual se intentaba realizar nuevos esfuerzos en pro de la finalización de la guerra, de acuerdo a los propósitos de los países neutrales. Esta propuesta fue presentada el 25 de febrero de 1933.
Un día antes, el presidente Ayala solicitó al Congreso la declaración del estado de guerra con Bolivia con el propósito de apoyar la contestación paraguaya al Acta de Mendoza. La respuesta paraguaya solicitaba el retiro de las tropas bolivianas a Villa Montes, en el extremo occidental del Chaco, lejos de Ballivián, donde Bolivia concentraba sus suministros bélicos; a cambio, el Paraguay retiraría su ejército a orillas del río Paraguay. Investigaciones internacionales determinarían las responsabilidades del país que fuera hallado culpable de las agresiones.
Por su parte, Bolivia también ponía condiciones para el acuerdo: Todos los proyectos y actos diplomáticos anteriores se considerarían como inexistentes y no influirían en el arbitraje; el fallo aplicaría el principio del uti possidetis juris de 1810, sin que la fuerza o la ocupación constituyesen título, y no establecería compensaciones por vía de equidad sin consentimiento de las partes; la zona Hayes quedaría incluida en la zona de arbitraje y esta última estaría delimitada por el río Paraguay, el río Pilcomayo, el paralelo 21° y el meridiano 59º 55' oeste de Greenwich. La línea Ballivián-Roboré era inaceptable.
Los términos de este documento fueron sometidos a los países beligerantes en febrero de 1933, aunque si bien ambos contendientes los aceptaron con reservas y algunas modificaciones al principio, finalmente los rechazaron en su totalidad.
El 26 de abril Bolivia rechazó lisa y llanamente el Acta de Mendoza, porque los medios ideados en ella no eran convenientes para la paz de América.
El 10 de mayo del mismo año el Paraguay se declaró República en estado de guerra con Bolivia. La intención de esta declaración era obligar a los países neutrales a cerrar sus fronteras con Bolivia para evitar el paso de armas a ese país.
Chile quedó, sin embargo, abierto al tránsito de pertrechos bélicos para Bolivia, lo mismo que el puerto de Corumbá, en Brasil, desde donde el ejército boliviano recibía armas de contrabando. La Argentina, por su parte, declaró y mantuvo una "neutralidad benévola" con el Paraguay.
Ante el fracaso de las negociaciones y las estipulaciones del Acta de Mendoza, la guerra recrudeció inmediatamente.
A pesar de la fuerte ofensiva boliviana dispuesta por el Gral. Kundt, los logros no reflejaban el esfuerzo desplegado, en parte porque el mismo persistió en los infructuosos ataques frontales contra nuestros flancos, que no le reportaban beneficios en término estratégicos ni militares, por lo que en abril de 1933 concentró un gran número de fuerzas para un ataque masivo al sector de Nanawa, defendido por escasos efectivos paraguayos.
Al plan de Kundt se opusieron los comandantes Guillén, Toro, Peñaranda y Moscoso, además de otros jefes experimentados, que sostenían que la toma del fortín Arce constituía un objetivo mucho más estratégico que significaría una victoria decisiva para el ejército boliviano.
El 18 de mayo iniciaron los bolivianos en número de 2.000 un fuerte ataque contra la defensa paraguaya que custodiaba el fortín Fernández. En esta acción por vez primera el ejército atacante utilizó los morteros Stokes-Brand de 81 mm; sin embargo, la sólida defensa paraguaya de 1.200 hombres, al mando del teniente coronel Paulino Antola, pronto los dejó derrotados. Ni siquiera con los refuerzos de los regimientos de Infantería 16 y 41 y el 5 de Caballería, al mando del teniente coronel Arrieta, pudieron causar mayores daños a los paraguayos.
En junio los bolivianos se retiraron hacia Platanillos, dejando más de 500 muertos y 300 heridos. Una vez más la pésima táctica de Kundt fracasó. Solo buscaba ganar terreno, en tanto que la estrategia paraguaya tenía por objetivo la destrucción del enemigo. En tanto, el teniente coronel Rafael Franco defendía en Gondra una posición estratégica de vital importancia, comandando el regimiento N° 2 de Infantería "Ytororó", con la misión de mantener a las tropas de persecución enemigas que operaban sobre Gondra hacia Pirizal lo más lejos posible de este punto hacia el oeste.
La defensa de Gondra por su posición geográfica era de capital significado por cuanto cubría el flanco norte de Nanawa, cerrando una posible y peligrosa dirección de ataque enemigo, en sentido Gondra-Rancho Ocho, y a la vez impedía acciones sobre Falcón y Arce.
En los combates desarrollados en Gondra tuvieron participación la I División de Infantería, compuesta por los regimientos de Infantería N° 2 "Ytororó", luego reforzado por el Regimiento de Infantería N° 4 "Curupayty", el Regimiento de Caballería N° 2 "Cnel. Toledo", y un grupo de artillería con cuatro piezas, que en total alcanzaban aproximadamente 1.800 efectivos; las fuerzas bolivianas estaban integradas por la IV División, compuesta por los regimientos 26 "Pérez", "Loa", "Campero" y "Murgia", grupo de artillería con 12 piezas, grupos de morteros, escuadrón divisionario y compañía de zapadores, sumando aproximadamente 5.000 efectivos.
La defensa del sector Gondra se realizó a costa de enormes sacrificios y a pesar de una grave epidemia de malaria que afectó al campamento del legendario comandante Rafael Franco.
Kundt, entre tanto, seguía concentrando fuerzas sobre Nanawa y el 4 de julio de 1933 desencadenó el más grande ataque frontal en masa de la Guerra del Chaco, sobre el fortín mencionado.
7.000 soldados se lanzaron al asalto sobre campo de nadie, apoyados por la aviación boliviana que bombardeaba a la artillería paraguaya; también los bolivianos emplearon tanques, lanzallamas y un apoyo importante de la artillería contra las defensas paraguayas, las que, sin embargo, resistieron y rechazaron heroicamente los sucesivos ataques bolivianos, que dejaron en los campos de batalla cerca de 2.000 soldados muertos.
A raíz del éxito paraguayo en Nanawa, Estigarribia consideró que era tiempo de pasar a la franca ofensiva para asestar un golpe definitivo y aniquilar al ejército enemigo; pero el presidente Ayala, confiado en una solución diplomática de la guerra, sugirió que se debían evitar al máximo innecesarias pérdidas de vidas. Aun así, Estigarribia estaba resuelto a reanudar las maniobras ofensivas.
Cruces de quebracho marcan, el sitio de reposo eterno de los caídos del
9 al 29 de Setiembre de 1932 durante el asedio a Boquerón
El plan de Estigarribia de pasar inmediatamente a la ofensiva, aprovechando los fracasos bolivianos y la alta moral del soldado paraguayo, rendiría sus frutos, aunque no inmediatamente, ya que la guerra se extendería aún durante largos meses.
La idea de Estigarribia consistía en una doble maniobra envolvente; uno sobre el ala izquierda boliviana en Pampa Grande y el otro sobre los defensores de Pozo Favorito, y luego converger sobre Alihuatá, detrás de la Novena División boliviana, y consumar su aniquilamiento. Después de insistentes pedidos para reiniciar las operaciones, el presidente Ayala lo autorizó y comenzó la ofensiva paraguaya.
El 11 de setiembre de 1933, el propio Estigarribia dirigió personalmente las maniobras al mando del I Cuerpo de Ejército e inició los movimientos sobre Pampa Grande y Pozo Favorito con las divisiones VII y VIII reforzadas, que cumplieron un destacado papel al capturar varios regimientos bolivianos en los sectores mencionados, con gran número de prisioneros y armamentos. En Pozo Favorito, parte del regimiento boliviano 18 de Infantería quedó completamente rodeado el 14 de setiembre.
Mientras, en Pampa Grande la Séptima División paraguaya, comandada por el teniente coronel José A. Ortiz, rodeaba a las fuerzas bolivianas que, presas de la desesperación y la sed, se rindieron el 14 de setiembre con 22 oficiales y cerca de 1.000 soldados; el resto de la Novena División boliviana retrocedió para evitar su total aniquilamiento.
El 18 de setiembre, en Villa Militar, Estigarribia fue ascendido a general de brigada y preparaba otra ofensiva formidable en el sector de Zenteno, donde esperaba cercar totalmente a las fuerzas bolivianas. Mientras, detrás de las líneas enemigas el general Kundt pensaba en fugarse a la Argentina o en suicidarse.
Coronel Gaudioso Núñez, Comandante del I Cuerpo
Coronel Juan B. Ayala, Comandante del II Cuerpo
Coronel Francisco Brizuela, Comandante del II Cuerpo
Coronel Luis Irrazábal, Comandante del III Cuerpo
Capitán de Fragata Ing. José Bozzano, Director General de Arsenales
Coronel Rafael Franco, Comandante del II Cuerpo
Coronel Carlos J. Fernández, Comandante del I Cuerpo
Coronel Eugenio Alejandrino Garay, Comandante de la DI 8
Coronel Nicolás Delgado, Comandante del III Cuerpo de Ejército
El 23 de octubre de 1933 Estigarribia dio inicio a las operaciones ofensivas en el sector Alihuatá-Saavedra, donde Kundt concentró una gran fuerza. La maniobra envolvente ideada por Estigarribia rindió sus frutos. En diciembre de aquel año fue tomado Alihuatá, se interceptó el camino Alihuatá-Pavón y se interrumpió la línea de Gondra, con lo que el ejército boliviano quedó prácticamente aislado. En Campo Vía, el 11 de diciembre, ya sin esperanzas de auxilio y con grave amenaza de exterminio, las divisiones 3° y 4° de Infantería, compuestas de 13 regimientos con todo su material de guerra, se rindieron. Fueron tomados prisioneros 10.000 soldados con sus jefes y oficiales. Los restos del poderoso ejército boliviano que lograron escapar del cerco huyeron lentamente. Poco después cayeron también en poder de las fuerzas paraguayas Saavedra, Samaklay, Murgia, Cuatro Vientos, Platanillos, Bolívar, Loa y Camacho.
El general Estigarribia fue ascendido a general de división en el campo de batalla por el mismo presidente Eusebio Ayala, quien en su mensaje dijo: "El éxito alcanzado no es fruto del azar, sino el resultado lógico de un plan concebido con inteligencia y ejecutado con alto espíritu de abnegación y firme voluntad de vencer.
El pueblo paraguayo está demostrando al mundo que su tradición de honra, de bravura y de patriotismo es mantenida. El nombre de Paraguay se dibuja de nuevo en la historia con fulgores de heroísmo. En nuestros corazones de ciudadanos late con fuerza la fe en la patria inmortal".
Dice el capitán David ZooK Jr. que luego de la victoria paraguaya de Campo Vía "Estigarribia, modesto hijo del Paraguay, hasta entonces poco menos que ignorado, sobrepujó enteramente a un general prusiano y, en el curso de su hazaña, impúsose -y se le reconoció- como un auténtico maestro en el arte de la guerra". Después del contundente fracaso de Kundt en Campo Vía, fue destituido y reemplazado por el general Peñaranda, uno de los pocos oficiales que lograron escapar.
Paraguay ofreció un armisticio de diez días -entre el 19 y el 30 de diciembre- que fue aceptado por Bolivia y prorrogado por seis días más. La razón del armisticio era atender al grueso de los prisioneros bolivianos caídos en Campo Vía y se aprovecharía la tregua, además, para que los beligerantes y la Comisión de la Liga que estudiaba las condiciones de paz se reunieran nuevamente para continuar las tratativas y condiciones de poner fin a la contienda.
Con todo, el armisticio llegó hasta el 6 de enero de 1934; finalmente solo fue oportuno para que ambos contendientes reorganizaran sus fuerzas, ya que el Paraguay no se encontraba en condiciones de aniquilar por completo al ejército enemigo y Bolivia no podría resistir más tiempo los ataques paraguayos sin una completa reorganización de sus tropas.
El armisticio de Campo Vía fue duramente criticado por algunos comandantes de grandes unidades como Rafael Franco, que consideró que la tregua fue una grave traición a la patria; en tanto, el general Juan B. Ayala consideró también que el hecho permitió al vencido reorganizar sus fuerzas desbandadas y continuar la lucha por un año y medio más, con la consiguiente pérdida de numerosas vidas humanas.
"Caso raro en la historia el de un ejército victorioso que ofrece un armisticio al vencido", sentenció Ayala.
Restos del histórico "túnel de Gondra", realizado para la acción del 10 de mayo de 1933.
Apremiadas las tropas paraguayas en conservar la estratégica posición de Gondra,
el cabo Bernabé Mendoza Duré concibió la genial idea de construir el túnel
que permitió el logro de aquel objetivo, con la derrota de los bolivianos.
TARIJA Y CAÑADA STRONGEST
En marzo de 1934 el ejército paraguayo inicia el avance hacia el oeste. Muy cerca de Picuiba, en Cañada Tarija, la VI División al mando del Tte. Coronel Federico W. Smith interceptó a las fuerzas bolivianas capturando 1.000 prisioneros; el comandante boliviano Ángel Bavía intentó suicidarse en esa ocasión, pero fue auxiliado en el campamento paraguayo.
En abril del mismo año Bolivia consiguió reorganizar su ejército y reclutó 40.000 soldados distribuidos en tres cuerpos de Ejército. Para mayo, las fuerzas paraguayas de Cañada Strongest fueron derrotadas y cayeron 1.200 prisioneros en manos de los bolivianos. Fue la victoria más importante obtenida por Bolivia durante la guerra. A pesar de ello, replegó sus fuerzas.
La guerra tomaba un nuevo curso con el reagrupamiento del ejército boliviano, que para entonces contaba con unos cincuenta mil efectivos y recibía en forma constante víveres y armas.
En el sector de Picuiba, la VI División paraguaya comandada por el coronel Paulino Antola fue completamente rodeada por el cuerpo de Caballería del Gral. Toro compuesto de 12.000 hombres. Antola resistió y logró romper el cerco. Sin embargo, las fuerzas del Gral. Toro continuaron con la ofensiva en dirección Picuiba-Camacho, amenazando todo el sistema defensivo paraguayo.
Estigarribia ordenó entonces una nueva ofensiva para obligar al enemigo a abandonar sus posiciones. Autorizó al coronel Rafael Franco, al mando del II Cuerpo de Ejército, a atacar el ala norte del ejército boliviano; por otro lado, el I Cuerpo de Ejército paraguayo, al mando del coronel Fernández, realizaba una maniobra envolvente en Cañada El Carmen a varias divisiones enemigas compuestas de 7.000 hombres. La victoria paraguaya fue contundente. Inclusive la aviación, con sus pesados bombarderos "Potez", vencieron a los "Curtis", aviones caza mucho más rápidos que aquellos. Con la derrota de Cañada El Carmen, algunos oficiales de alta graduación, como el Gral. Bush, obligaron al presidente Salamanca a renunciar, con lo que se originó una crisis política en la paz, asumiendo el vicepresidente Tejada Solórzano en remplazo de Salamanca.
Él general Peñaranda fue confirmado como Comandante en jefe.
El soldado paraguayo, factor de triunfo en la Guerra del Chaco.
Casi niño, con el "verdeolivo", su montera y demás pertrechos de guerra.
En un mes la contienda cambió completamente de rumbo con las significativas victorias paraguayas de fines de 1934: el 8 de diciembre de 1934, el legendario y bravo, "viejo y pintoresco" coronel Eugenio A. Garay, luego de una marcha forzada de 60 kilómetros, al mando de la VIII División, abriendo sendas a machetazos y con el agua necesaria solo para dos jornadas, bajo el sol abrasador de diciembre, se apoderó de Yrendagué, único pozo de agua en toda la región hasta el río Parapití. En esta batalla se destacó el "Batallón 40", ya que el resto de la división quedó rezagado debido al agotamiento y a la falta de agua. Las fuerzas bolivianas se desbandaron, logrando salvarse a duras penas de una muerte segura un reducido contingente de tropas que alcanzó el Parapití.
Con todo, las consecuencias de esta victoria serían enormes para el ejército paraguayo, ya que el golpe asestado al enemigo le imposibilitará, por el resto de la campaña, tomar la iniciativa para realizar nuevas acciones. Las primeras alturas de las cordilleras andinas le permitirán encontrar algún refugio y posibilidad de reorganizarse.
Toro, el comandante boliviano, expresó a sus tropas, en una orden de operaciones lanzada un día antes de la batalla: "Las tropas enemigas nos han demostrado que se puede vivir meses careciendo casi de elementos. Ayer han efectuado una marcha de más de cuarenta kilómetros por sendas y a pie para atacar Yrendagué con máxima audacia y energía".
La élite del ejército enemigo, el Cuerpo de Caballería de Toro, había sido prácticamente aniquilada; los sobrevivientes, como se señaló, se dieron a la fuga, y en un trecho de aproximadamente treinta kilómetros hacia "El Cruce" sus cadáveres momificados por la sed y la fatiga ofrecían un espectáculo macabro. Cálculos realistas afirman que más de 3.000 bolivianos encontraron la muerte en estas acciones.
Las tropas paraguayas, en persecución del enemigo, habían llegado ya a las mismas estribaciones andinas, lejos de sus bases y con pocos pertrechos. La situación se hacía penosa era ya necesario el cese definitivo de las operaciones luego de casi tres años de sangrienta y dolorosa lucha.
La Liga de las Naciones se resistía, sin embargo, a reconocer la necesidad de este hecho e indirectamente apoyaba la resistencia boliviana. Las batallas de El Carmen y de Yrendagué permitieron al Paraguay rearmarse a costa de los pertrechos y equipos abandonados por las tropas enemigas en su desesperado repliegue.
El 10 de diciembre la Liga presentó una propuesta de paz muy favorable a las pretensiones bolivianas, pero fue objetada por el gobierno de Asunción porque no reunía las condiciones que garantizaran su seguridad.
El Paraguay reiteraba que era necesario imposibilitar la reanudación de la guerra. Toda su población masculina se encontraba en los campos de batalla, por lo que la desmovilización era necesaria para la restauración de su economía; caso contrario, su destino como nación se vería afectado. Paraguay exigía, por tanto, la desmovilización y la limitación del ejército hasta alcanzar una cifra nominal, la prohibición de comprar armamentos y un pacto de no agresión.
La Liga, en vista de las posiciones tomadas por ambos contendientes, propuso en enero de 1934 la insólita resolución de levantar el embargo de armas para Bolivia y que el Paraguay se abstuviera de hacer la guerra. En respuesta a estos hechos, el Paraguay se retiró de la Liga en febrero de ese año.
Sacerdote salesiano Ernesto Pérez Acosta entre oficiales y soldados.
Luego de la reorganización del ejército boliviano, refugiado en su territorio y al amparo de las escabrosidades de las cordilleras, el Comando estableció una nueva línea de defensa en Villa Montes; último sostén boliviano en el Chaco, con arsenales recién recibidos, depósitos de pertrechos y una nueva red de comunicaciones. Los comandantes Bilbao y Moscoso se hicieron cargo de su defensa, con 25.000 soldados.
El plan del Comanchaco consistió en dividir en dos al ejército enemigo y cortar el camino Villa Montes-Santa Cruz de la Sierra. Desde el 11 de enero de 1935 las tropas paraguayas atacaron las posiciones bolivianas, y las obligaron a un nuevo repliegue; el 16 de enero el ejército paraguayo alcanzó las márgenes del río Parapití, límite histórico de los derechos sostenidos por el Paraguay sobre el Chaco.
El 23 de enero, el II Cuerpo de Ejército, a cargo del coronel Rafael Franco, tomó Carandayty.
A partir de entonces el enemigo se ocupó de proteger sus pozos petrolíferos de Camiri. Franco se dirigió a Boyuibé con el propósito de tomar los pozos allí existentes y consumar la derrota económica de Bolivia. El 28 de enero cayó Boyuibé y quedó cortado el camino Villa Montes-Santa Cruz de la Sierra, pero la diferencia abrumadora de las tropas bolivianas con respecto a las paraguayas permitió el repliegue de la gente de Franco, lo cual les impidió la toma de Camiri.
El 13 de febrero se inició el ataque paraguayo a las posiciones de Villa Montes con 5.000 hombres. Los ataques fracasaron, dejando cuantiosas bajas en el campo de batalla. Los combates duraron hasta mediados de abril, sin mayores resultados que un crecido número de combatientes caídos. En mayo, los paraguayos se retiraron del Parapití y establecieron una nueva línea frente a Huirapitindy. La ofensiva boliviana pretendía situar sus tropas en la línea Ybybobo-Capiirendá-Huirapitindy, para proteger los territorios petrolíferos.
En tanto, nuevas negociaciones pacificadoras se realizaban entre los países mediadores. Lo cierto era que tanto Paraguay como Bolivia estaban ya cansados de tanta lucha y una vez más depositaban sus esperanzas de paz en las negociaciones diplomáticas, la que no tardaría en llegar.
Convoy de camiones conduciendo tropas bolivianas,
al cruzar un puente en la región de Villazón
FASCÍCULO Nº 30 - CAPÍTULO 15
PROTOCOLO DEL 12 DE JUNIO DE 1935
En Buenos Aires, los cancilleres de Paraguay y Bolivia, doctores Luis A. Riart y Tomás Elío, respectivamente, realizaban importantes gestiones en pro de la ansiada paz.
El canciller argentino Carlos Saavedra Lamas presidió una comisión integrada por representantes del Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Estados Unidos, que solicitó a los cancilleres de los países beligerantes antes citados se trasladasen hasta aquella ciudad para negociar el ansiado acuerdo.
Las deliberaciones se iniciaron el 27 de mayo de 1935 y, el 7 de junio, el canciller paraguayo doctor Riart presentó una propuesta de paz que fue aceptada por Bolivia. El Protocolo de Paz establecía el cese definitivo de las hostilidades sobre la base de las posiciones de los beligerantes; se adoptaban medidas de seguridad para evitar la reanudación de la guerra y se ratificaba la Declaración del 3 de agosto de 1932 sobre adquisiciones territoriales. Además, una conferencia de paz debía ser convocada para resolver el diferendo entre Paraguay y Bolivia en caso de que no llegasen a un acuerdo por medio de un arbitraje de derecho.
El Protocolo se firmó en Buenos Aires el 12 de junio de 1935. Fueron firmantes del mismo: Tomás Elío (Bolivia), Luis A. Riart (Paraguay), Carlos Saavedra Lamas (Argentina), José Carlos de Macedo Soares (Brasil), José Bonifacio de Andrada e Silva (Brasil), Luis Alberto Cariola (Chile), Félix Nieto del Río (Chile) Alexander W. Weddel (EE.UU.), Hugh Gibson (EE.UU.), Felipe Barreda Laos (Perú) y Eugenio Martínez Thedy (Uruguay).
El 14 del mismo mes, a las doce, cesó el fuego en todo el frente de la guerra. En esa ocasión dijo el general José Félix Estigarribia, Comandante del Ejército en Campaña: "Con profunda emoción os anuncio la cesación de la lucha. En tres años de guerra habéis demostrado ser dignos de vuestro orgullo. Quiera Dios que ellos se inspiren siempre en vuestro ejemplo. Habéis vencido en jornadas inolvidables a un enemigo tenaz y una naturaleza hostil. La nación no olvidará a quienes combatieron y la salvaron de la mutilación y la deshonra. Si un pueblo debe ser grande por la inteligencia, el valor y el sacrificio de sus hijos, digo que el nuestro está llamado a los más altos y nobles destinos...".
Nido de ametralladora boliviana en Punta Brava.
Los "Cuatro Jinetes del Apocalipsis", tríptico que retrata dramáticamente la tragedia de la guerra.
Creación del dibujante paraguayo GUEVARA para el diario CRÍTICA de Buenos Aires.
Casa de Gobierno de la República Argentina.
Firma del Pacto de Paz entre Paraguay y Bolivia.
Diario LA NACIÓN de Buenos Aires, 13 de Junio de 1935
EL TRATADO DEL 21 DE JULIO DE 1938
La Conferencia de Paz, pactada en el Protocolo del 12 de junio, entró inmediatamente en vigencia para dirimir el problema entre Paraguay y Bolivia, sobre todo en lo que a límites territoriales y no agresión se refería.
La conferencia estaba integrada por representantes diplomáticos de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Perú y Uruguay, además de los delegados de las partes.
El 24 de mayo de 1938 se incorporaron a la Conferencia los doctores Cecilio Báez, por Paraguay, y Eduardo Díez de Medina, por Bolivia, sus respectivos cancilleres. El 27 del mismo mes la Conferencia entregó a ambos cancilleres la propuesta de solución definitiva al conflicto. Bolivia aceptó, sin reservas, los términos de la propuesta. El gobierno paraguayo, sin embargo, los rechazó, presentando una contrapropuesta el 24 de junio.
Finalmente, el 9 de julio, las partes concordaron sobre un proyecto de tratado que los cancilleres firmaron ad-referéndum de sus respectivos gobiernos.
Luego de tres años de intensas discusiones y propuestas sobre soberanías y concesiones, y ante la proposición hecha por el representante norteamericano Spruille Braden de que ambos países "debían aceptar definitivamente la paz", los antiguos adversarios se avinieron.
El 21 de julio de 1938 se firmó el Tratado de Paz, Amistad y Límites entre Paraguay y Bolivia, en Buenos Aires y en presencia del presidente argentino doctor Roberto Mario Ortiz. Por Paraguay firmaron: Cecilio Báez, José Félix Estigarribia, Luis Riart y Efraím Cardozo. Por Bolivia lo hicieron: Eduardo Díez de Medina y Enrique Finot, y los representantes de los países garantes del Tratado.
El texto del documento dice en partes:
"Las repúblicas de Bolivia y Paraguay (Paraguay y Bolivia), con el propósito de consolidar definitivamente la paz y poner término a los diferendos que dieron origen al conflicto armado del Chaco; inspirados en el deseo de prevenir futuros desacuerdos, teniendo presentes que entre estados que forman la comunidad americana existen vínculos históricos fraternales que no deben desaparecer por divergencias o sucesos que deben ser considerados y solucionados con espíritu de recíproca comprensión y buena voluntad; en ejecución del compromiso de concertar la paz definitiva que ambas repúblicas asumieron en el Protocolo de Paz del 12 de junio de 1935 y en el acta protocolizada del 21 de enero de 1936; representadas la República de Bolivia por S.E. el doctor Eduardo Diez de Medina, ministro de Relaciones Exteriores, y S.E. el doctor Enrique Finot, presidente de la delegación de ese país ante la Conferencia de Paz, y la República del Paraguay por S.E. el doctor Cecilio Báez ministro de Relaciones Exteriores; S.E. el general de ejército don José Félix Estigarribia, presidente de la delegación de ese país ante la Conferencia de Paz, y los delegados sus excelencias doctores Luis A. Riart y Efraím Cardozo, presentes en Buenos Aires y debidamente autorizados por sus gobiernos, han convenido en suscribir, bajo los auspicios y la garantía moral de seis gobiernos mediadores, el siguiente tratado definitivo de paz, amistad y límites:
Artículo 1°: Queda restablecida la paz entre las repúblicas de Bolivia y Paraguay (Paraguay y Bolivia).
Artículo 21°: La línea divisoria en el Chaco entre Bolivia y Paraguay (Paraguay y Bolivia) será la que determinen los excelentísimos presidentes de las repúblicas Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos de América, Perú y Uruguay, en su carácter de árbitros de equidad, quienes actuando "ex aequo et bono" dictarán su fallo arbitral de acuerdo con esta y las siguientes cláusulas.
a) El laudo arbitral fijará la línea divisoria norte en el Chaco, en la zona comprendida entre la línea de la Conferencia de Paz presentada el día 27 de mayo de 1938 y la línea de la contrapropuesta paraguaya, presentada a la consideración de la Conferencia de Paz en día 24 de junio de 1938, desde el meridiano de Fortín 27 de Noviembre; es decir, aproximadamente meridiano 61° 55' oeste de Greenwich hasta el límite este de la zona, con exclusión del litoral sobre el río Paraguay, al sur de la desembocadura del río Otuquis o Negro. b) El laudo arbitral fijará igualmente la línea divisoria occidental en el Chaco, entre el río Pilcomayo y la intersección del meridiano de Fortín 27 de Noviembre; es decir, aproximadamente 61º 55' oeste de Greenwich, con la línea del laudo por el lado norte, a que se refiere el anterior acápite.
c) Dicha línea no irá en el río Pilcomayo más al este de Pozo Hondo, ni al oeste más allá de cualquier punto de la línea que, arrancando de D'Orbigny, fue señalada por la Comisión Militar Neutral como intermedia de las posiciones máximas alcanzadas por los ejércitos beligerantes al suspenderse los fuegos el 14 de junio de 1935.
Artículo 4º: El laudo arbitral será expedido por los árbitros en el plazo máximo de dos meses, contados a partir de la ratificación del presente tratado, obtenida en la oportunidad y forma estipuladas en el artículo 11.
Desfile de la Victoria, Asunción 22 de Agosto de 1935.
José Félix Estigarribia, general en Jefe del Ejército del Chaco,
encabezando el "Desfile de la Victoria"
De acuerdo con el tratado, los límites definitivos fueron establecidos por el laudo arbitral previamente pactado entre las partes y que fue dado a conocerse el 10 de octubre de 1938 con el siguiente fallo, aceptado por Paraguay y Bolivia:
"La línea divisoria en el Chaco entre las repúblicas de Bolivia y Paraguay es la siguiente: en la zona norte la línea partirá de la intersección del meridiano 61° 56' 57" oeste de Greenwich y el paralelo 20° 05' 01" de latitud sur (27 de Noviembre o Gabino Mendoza), para seguir en línea recta al punto más alto del cerro Capitán Ustares; de allí seguirá en línea recta hasta la intersección del camino Ravelo-Ingavi con el linde sur de la Cañada del Palmar de las Islas; desde este punto, también en línea recta, a la intersección del meridiano de Fortín Paredes con el paralelo de Fortín Ravelo; de allí en línea recta al punto más alto de cerro Chovoreca; de allí bajará en línea recta hasta encontrar el cerrito jara, de allí igualmente en línea recta hasta la intersección del paralelo 19° 49' 40" de latitud sur con el río Negro u Otuquis, y siguiendo por el talweg de dicho río terminará en la desembocadura del mismo en el río Paraguay a los 20° 09' 58" de latitud sur y 58° 10' 12" oeste de Greenwich. En la zona oeste la línea partirá de la intersección del meridiano 60° 56' 57" oeste de Greenwich y el paralelo 20° 05' 01" de latitud sur (27 de Noviembre o Gabino Mendoza) y bajará en línea recta en dirección S.S.O. de Yrendagué; de ahí en línea recta hacia el sur hasta encontrar el camino que va de Estrella a Capiirendá (Capitán Carreras Saguier), a diez kilómetros al oeste de Estrella; de ahí seguirá en línea recta hasta terminar en el talweg del río Pilcomayo a los 62° 37' 19" de longitud oeste de Greenwich.
Aunque Bolivia había sido desplazada del territorio que pretendía, la aceptación del fallo por parte de Paraguay significó la cesión a aquella de 110.000 km2 de territorio conquistados en las heroicas jornadas del conflicto. Muchos consideraron -y aun hoy existen criterios divergentes en torno a este Tratado- una verdadera e injusta traición a los combatientes y a la misma patria; sin embargo, la ansiada paz rindió su homenaje a los bravos que defendieron la heredad nacional.
La guerra terminaba, aunque nuevos problemas se cernían sobre los cielos de la victoriosa República.
Diario "NOTICIAS GRÁFICAS", de Buenos Aires, 9 de junio de 1935.

References: artículo 4
 resolución 

Artículo 1

Artículo 21

Artículo 4
 artículo 11