Source: http://www.blasoneshispanos.com/rordenesciviles/04-Isabel_La_Catolica/IsabelLaCatolica.htm
Timestamp: 2018-12-12 02:28:02+00:00

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La Real y Americana Orden de Isabel la Católica fue creada por el Rey Don Femando VII, mediante su Real Decreto de 24 de marzo de 1815, movido por el aprecio que sentía el monarca por los valientes que defendían sus derechos frente a los insurrectos en América, y con el deseo de recompensar la acrisolada lealtad, el zelo y patriotismo, desprendimiento, valor y otras virtudes, que tanto los individuos de la milicia como los de todas las clases y gerarquías del Estado han mostrado y mostraren en adelante, en favor de la defensa y conservación de aquellos remotos países. Notemos que en principio se trataba de una institución premíal tanto de carácter militar –que fue preponderante en los primeros años de su existencia– como civil.
La Orden se puso bajo el patronato de Santa Isabel, Reina de Portugal, cuya fiesta –8 de julio– sería conmemorada anualmente con toda solemnidad. Es compatible con todas las del Reino, y también con las extranjeras, pudiendo llevarse las insignias conjuntamente. En sus primeros Estatutos se establecían tres categorías; gran cruz, caballeros de primera y de segunda clase; a todos ellos se les reconocía la nobleza personal, como luego explicaremos.
Sus primeros pasos fueron prometedores y brillantes. El Rey hizo por sí mismo la primera creación de caballeros (quince grandes cruces, catorce caballeros de primera clase, y tres de segunda clase). Nombró también el Capítulo Supremo (presidido por el Duque de San Carlos), que se reunió por primera vez en la real cámara el 29 de mayo, junto a los grandes cruces residentes en la corte, Todos juraron en manos del Rey, y fueron armados caballeros e investidos de las insignias por la Majestad Católica. En aquella primera reunión el Capítulo propuso al Rey el cambio de clases, que en los sucesivo serían las de gran cruz, comendador y caballero. Para los indígenas americanos se estableció una meda lla especial. Finalmente, el Capítulo pasó a denominarse Asamblea General, y propuso a S. M. el modelo del collar de oro y del traje de ceremonia; los caballeros gran cruz, un manto de tercianela de color oro, con su muceta blanca, y dos fajas que caen desde el cuello a los pies, de la misma tela; manto, muceta y bandas bordadas de oro con los mismos motivos que componen el collar; bajo el manto, túnica de tercianela blanca rematada en fleco de hilo de oro; cinturón blanco bordado de hilo de oro; espadín dorado de ordenanza; calzón y zapatos blancos, éstos con lazo dorado; sombrero a la antigua española de terciopelo amarillo con plumas blancas y doradas, y el collar sobre la muceta. Los comendadores y los caballeros usarían el mismo traje, pero con los bordados dos o tres dedos más estrechos, respectivamente.
El Real Decreto de 24 de julio de 1815 estableció la dotación de la Orden Americana con 1.600.000 reales, procedentes de rentas eclesiásticas de Nueva España, Lima, Chile, Manila, Guatemala, La Paz, La Habana, Valladolid de Michoacán, y Caracas. Con esta suma se crearon cien encomiendas, dotadas cada una con 4.000 reales al año. Otra Real Orden, ésta dada el 24 de marzo de 1815, extendía a los caballeros gran cruz el tratamiento de Excelencia, según lo tenían los caballeros gran cruz de la Orden de Carlos III; poco más tarde, el Real Decreto de 30 de julio de 1820 les concedió el privilegio de la patada y la espontonada; por fin, en virtud de la Real Orden de 30 de diciembre de 1824, los caballeros gran cruz obtuvieron los mismos honores militares que los del mismo grado de la Orden de Carlos III.
El 26 de mayo de 1816 el Papa Pío VII expedía la bula Víros magnos ín regno, aprobando y confirmando la nueva Orden Americana, y extendiendo a sus caballeros y ministros las mismas indulgencias y gracias espirituales que a los de la Orden de Carlos III, que en su lugar ya expresamos pormenorizadamente. En 1854 la Asamblea decidió que el privilegio de oratorio y altar portátil fuese extensivo a todos los caballeros de la Orden. La Asamblea había decidido en sesión de 20 de enero de 1816 que el ceremonial de investidura de los caballeros fuese idéntico al de la de Carlos III, y escogió para sede de la Orden la iglesia de Santa María la Real de la Almudena; este ceremonial fue aprobado por Real Orden de 7 de octubre siguiente. Se hicieron entonces los mantos del Rey e Infantes, y los de los miembros de la Asamblea Suprema. El primer capítulo general tuvo lugar los días 6 y 7 de julio de 1818, en el templo de San Francisco el Grande, La ceremonia fue solemnísima, y tras ella almorzó allí el Rey en público, sentando a su mesa a los componentes de la Asamblea. En los mismos términos tendría lugar el segundo Capítulo, a 11 de agosto de 1819.
Fernando VII, fundador de la Real Orden de Isabel la Católica.
Perdidas las posesiones americanas, desde fines de la década de los veinte la Orden quedó sin fondos y en estado de postración. Y aunque se propuso a Su Majestad la venta de cruces para sufragar las obras del Real Canal del Manzanares, no tuvo efecto por la oposición de la Asamblea. Es más, tras la muerte de su fundador Don Fernando VII (30 de septiembre de 1833), e iniciada la guerra civil entre cristínos y carlistas, se suspendió totalmente el pago de las pensiones y de los sueldos de los ministros, y éstos oficiales quedaron anejados desde septiembre de 1836 a los de la Orden de Carlos III. Poco después se modificó el tenor del juramento, para adaptarlo a las nuevas circunstancias constitucionales. Los aspectos militares de la Orden, que ya figuran en los Estatutos de 1815, se vieron confirmados y regulados por una instrucción del Ministerio de la Guerra, datada en 14 de julio de 1837, y por la orden circular de 30 de abril de 1838.
Como ya hemos dicho, en 1847 el primer ministro Pacheco acometió una importante reforma de las Órdenes Reales españolas. En lo que respecta a esta de Isabel la Católica, procede recordar que, tras declarar que volvería a ser el premio civil de los ciudadanos de Ultramar –lo que jamás ocurrió–, se variaron los trajes de ceremonia, se limitó a 80 el número de grandes cruces, y a 200 las encomiendas de número –clase de nueva creación–. La insignia de esta nueva clase se definió por la Real Orden de 6 de septiembre de 1847, y consiste en una placa algo menor que la de la gran cruz, pero cuyo medallón central ostentaba la cifra del monarca fundador esmaltada en azul sobre fondo de oro. Cabe señalar que la intentada limitación en el número de las concesiones no sirvió de nada, y que en 1864 existían nada menos que ¡723 grandes cruces!. Otro Real Decreto de 8 de octubre de 1851, sobre las Órdenes Reales, fijó definitivamente el procedimiento de concesión y los grados de la Orden.
Los capítulos solemnes continuaron celebrándose al menos hasta la conclusión del reinado de Doña Isabel II en septiembre de 1868, asistiendo a ellos los caballeros con sus espléndidos mantos ceremoniales. En todo caso, es importante insistir en que, desde poco después de su fundación, y hasta comienzos del siglo XX, la Real Orden de Isabel la Católica –dejó de denominarse Americana en virtud del Real Decreto de 15 de abril de 1889– fue considerada la condecoración general y propia del mérito civil, y como tal se distribuyó amplísimamente entre toda la ciudadanía, tanto peninsular como americana y filipina.
Algunas innovaciones se introdujeron hasta 1931. Aunque la Orden fue suprimida por Decreto del Gobierno republicano de 29 de marzo de 1873, fue restaurada sin mayores complicaciones por el Real Decreto de 7 de enero de 1875 (Gaceta de Madrid del 8 de enero). Por la Real Orden de 8 de noviembre de 1889 se establecieron las normas de concesión a los militares: la cruz para los oficiales, hasta capitán; la encomienda a los comandantes y tenientes coroneles; la encomienda de número a los coroneles; la gran cruz para los generales. A los funcionarios civiles se les equiparó en las mismas categorías, El Real Decreto de 15 de abril de 1889 impuso la amortización de grandes cruces y encomiendas de número, hasta que las primeras quedasen reducidas a 800, pero el Real Decreto de 25 de octubre de 1900 suspendió esta amortización, El Real Decreto de 16 de marzo de 1903 creó la cruz de plata, libre de impuestos, con el fin de hacer asequible este género de distinciones honoríficas al elemento social más humilde. Con la misma intención se dictó el Real Decreto de 15 de abril de 1907, por el que se creaban la medallas de plata y de bronce, destinadas a premiar los servicios de la clases e individuos de tropa y marinería, y de los subalternos o servidores civiles. También se concedían libres de impuestos.
Mayor trascendencia tuvo para la Orden la creación en su seno de un grado supremo, el de caballero del collar, obedeciendo al Real Decreto de 22 de junio de 1927, que así lo establecía, limitando el número de concesiones al de veinticinco, Recordemos que ya desde 1816 los caballeros gran cruz venían utilizando un collar como insignia de su grado; pero en 1927, lo que se hizo fue crear una nueva categoría dentro de la Orden, y por cierto que su insignia –el collar– fue completamente distinto del antiguo collar utilizado desde 1816 –cuyo uso por los caballeros gran cruz no parece haber sido nunca prohibido expresamente–. Este nuevo grado se reservaba para los miembros de la Real Familia y los monarcas y jefes de Estado extranjeros, así como para las más altas autoridades del Reino. En virtud de esta misma disposición, desde 1927 quedó abierto el otorgamiento de distinciones de esta Orden a las señoras, en las categorías de banda –equiparada a la gran cruz–, y lazo –equiparada a la cruz sencilla–.
Comendador de la Real y Americana Orden de Isabel la Católica vistiendo el manto ceremonial señalado para los capítulos, según una litografía coloreada de mediados del siglo XIX (Madrid).
La Real Orden de Isabel la Católica fue la única que no se suprimió en julio de 1931, permaneciendo como la suprema condecoración del Estado republicano. Aunque, eso sí, se disolvió su Asamblea y hubo de dictarse un nuevo reglamento (Decreto de 10 de octubre de 1931), para que el presidente de la República presidiera el Consejo. También se modificaron las insignias para adaptarlas a la simbólica republicana, y se creó el grado de oficial. En el mismo mes, la prensa gráfica de la época divulgó una fotografía en la que puede verse a la bailarina "La Argentina" en el momento en que don Manuel Azaña le impone tan preciada insignia. El píe de foto decía textualmente: El jefe del Gobierno, Señor Azaña, imponiendo la cruz de Isabel la Católica (primera condecoración que otorga la República) a la eminente artista Antonia Mercé. "La Argentina", después de una brillantísima actuación en el Teatro Español un segundo Decreto dado el 4 de diciembre de 1934 (Gaceta de Madrid del 8 de diciembre) fijó los grados dentro de la Orden.
Durante la guerra civil última, se repitió el caso de duplicidad institucional ocurrido durante las guerras carlistas: ambos partidos en lucha se arrogaron la administración de esta Orden. De un lado, el Gobierno republicano mantenía la Orden en su territorio a tenor de los reglamentos de 1931 –aunque parece ser que no se verificaron nuevas concesiones durante aquel periodo crítico–. Del otro lado, el Gobierno nacional reorganizó la Orden en su ámbito por Decreto de 15 de junio de 1938 (BOE de 17 y 18 de junio), dotándola de un nuevo reglamento dictado el 29 de septiembre de aquel año fBO£'del 1 de octubre), que, con pocas modificaciones, era el primitivo de 1815, una vez derogadas las novedades republicanas. Posteriormente, el Decreto 1353/71, de 5 de junio de 1971 (BOE del 26 de junio), definió las clases de la Orden, recuperando el grado de Oficial establecido en 1931 y suprimido en 1938.
El total de collares y grandes cruces concedidas desde los días de la fundación, y hasta el 31 de diciembre de 2002, se distribuye así:
Jefe y Soberano
Grandes Cruces y Collares
Femando VII (1808-1833)
232 Grandes Cruces
1.385 Grandes Cruces
731 Grandes Cruces
768 Grandes Cruces
3 Collares y 1988 Grandes Cruces 44,1
Francisco Franco (1938-1975)
37 32 Collares y 1.180 Grandes Cruces 32,7
Juan Carlos 1 (1975-2002)
27 101 Collares y 1391 Grandes Cruces 55,2
136 Collares y 7.675 Grandes Cruces
Actualmente, la Orden se rige por el reglamento aprobado mediante Real Decreto 2395/1998, de 6 de noviembre (BOE del 21 de noviembre), mediante el cual han sido derogadas todas las normas anteriores, salvo los estatutos fundacionales –extremo este muy importante–. Según su artículo 1, la Real Orden de Isabel la Católica tiene por objeto premiar aquellos comportamientos extraordinarios de carácter civil, realizados por personas españolas y extranjeras, que redunden en beneficio de la Nación, o que contribuyan, de modo relevante, a favorecer las relaciones de amistad y cooperación de la Nación española con el resto de la comunidad internacional.
En virtud de la voluntad del monarca fundador, expresada en los Estatutos de1815, Su Majestad el Rey es el gran maestre de esta Real Orden, y puede ostentar diariamente las insignias correspondientes. La Cancillería y oficinas radican desde su creación en la primera Secretaría de Estado (más tarde Ministerio de Estado, y hoy Ministerio de Asuntos Exteriores); la sede canónica corresponde a la catedral de Nuestra Señora de la Almudena. Hasta la antedicha reforma de 1998, ha contado la Orden para gobernarse con un Consejo, integrado por un canciller-presidente, que era el cardenal-arzobispo de Toledo, cuatro vocales gran cruz, cuatro vocales comendadores de número, un secretario (el jefe de Protocolo. Cancillería y Órdenes del Ministerio), un tesorero (el jefe de Contabilidad del Ministerio), y un contador-maestro de ceremonias. Es muy de lamentar la supresión de este Consejo, Desde dicha fecha, la Orden se administra por el gran canciller (el Ministro de Asuntos Exteriores), un canciller (el subsecretario del departamento), un secretario (el introductor de Embajadores), y un maestro de ceremonias y contador (el segundo introductor de Embajadores); radicando la sede oficial en la Dirección General de Protocolo, Cancillería y Órdenes.
La principal festividad de la Real Orden es la de la patrona Santa Isabel de Portugal (8 de julio), que debe solemnizarse con una misa en la catedral, convocada por el caballero gran cruz más antiguo. Al día siguiente se han de celebrar los solemnes funerales por los caballeros de la Orden fallecidos. Se celebran también las fiestas dinásticas del aniversario del actual gran maestre (5 de enero), sus días (24 de junio), y los de los patronos de la Familia Real; San Fernando de Castilla (30 de mayo) y San Luis de Francia
Placa y Banda de la Gran Cruz
(25de agosto). En estos días es estatutario lucir las insignias.
La Real Orden de Isabel la Católica consta de las siguientes categorías comunes para ambos sexos: collar (antes limitado a 25 plazas): gran cruz (antes denominada banda, cuando se concedía a señoras; estaba limitada a 500 plazas); encomienda de número (antes limitada a 800 plazas); encomienda; cruz de oficial; cruz; cruz de plata; medalla de plata; y medalla de bronce. Además, a las personas jurídicas puede concedérseles la corbata, o la placa de honor.
Todos los caballeros y damas de la Orden, aparte el uso público de sus insignias y uniforme correspondiente, gozan del privilegio de la nobleza personal, y si son católicos también de los concedidos por el Papa Pío VII –es decir, los de oratorio privado, altar portátil, indulgencias,..–. Además, los caballeros y damas del collar y gran cruz tienen el tratamiento de Excelencia, entrada en Palacio, y derecho a honores palatinos (hoy obsoletos), como hemos advertido antes. Los poseedores de la encomienda de número tienen tratamiento de Ilustrísimo Señor o Señora.
El emblema de la Orden se describe en los Estatutos fundacionales como una cruz de oro coronada con una corona olímpica o de cogollos de olivo, formada de cuatro brazos iguales, esmaltada de color roxo, conforme al pabellón español, e interpoladas con los brazos unas ráfagas de oro; En su centro habrá sobrepuesto un escudo circular en que se verán los esmaltes de las dos columnas y dos globos o mundos, que representarán las Indias, enlazados con una cinta, y cubiertos ambos con una corona imperial, llenando el campo del escudo los rayos de luz, que partiendo de los mismos globos se extienden en todos los sentidos. En su exergo. y sobre campo blanco, se leerá de letra de oro. la siguiente leyenda: "A LA LEALTAD ACRISOLADA".
La cruz será lo mismo por el reverso que acaba de explicarse por el anverso, con la diferencia de que en él habrá de leerse: "POR ISABEL LA CATÓLICA, FERNANDO VII", colocando aquella leyenda en la mitad superior del exergo, y este mí nombre, como Fundador de la Orden, sobre campo azul en cifra de oro, coronada de corona Real en el centro del escudo (entre 1931 y 1938 el reverso mostró una carabela navegando; desde 1938, muestra la cifra de los Reyes Católicos en campo azul). Todos los condecorados, además de las insignias, pueden llevar las vestiduras y el manto ceremonial propios de la Orden, en la forma que describe el Real Decreto de 6 de julio de 1847. Estos uniformes están en desuso, pero no
Las insignias del collar son propiedad de la Orden, y deben ser devueltas a la Cancillería tras el fallecimiento de los agraciados. El collar consta de una pieza central con el escudo de los Reyes Católicos sostenido por el águila de San Juan de oro. A ambos lados del referido escudo parten las piezas o eslabones de que se compone el collar, sumando en total quince, separadas estas piezas unas de otras por dos hilos de cadena. En ocho eslabones de forma rectangular figuran enlazados un grupo de cinco flechas y un yugo sobrepuesto en estos atributos, y en los extremos se hallan las letras F. Y., de caracteres góticos, esmaltadas en rojo (que corresponden a las iniciales de los Reyes Católicos), Los eslabones restantes están formados por una corona de laurel circular, en cuyo centro figuran los atributos de dos mundos coronados y dos columnas con la leyenda Plus ultra. Pendiente de la pieza central va una cruz igual a la que llevan las demás categorías de la misma Orden, de tamaño exacto a una cruz. La banda del collar es de seda, de 101 milímetros de anchura, toda de color de oro con una lista blanca de 10 milímetros próxima a cada uno de los bordes; pende de ella la cruz venera de la Orden, La placa correspondiente al collar es la misma que la de las grandes cruces ordinarias.
Detalle del Collar; pincha sobre él para mayor tamaño.
Las insignias de la gran cruz son la banda y la placa. La banda es de seda blanca, de 101 milímetros de anchura (45 milímetros si es de señora), con dos fajas de color de oro y de 24 milímetros de ancho, dispuesta a poca distancia de sus bordes; uniendo los extremos de dicha banda un lazo de cinta angosta de la misma clase, de la que penderá la cruz de la Orden, Llevan asimismo los caballeros y damas gran cruz sobre el costado izquierdo una placa de oro de 85 milímetros de diámetro, de la misma forma que la cruz e igual esmalte que ella, más con la diferencia de que el centro va rodeado de unos ramos de laurel verdes, atados por una cinta blanca en la cual se lee A la Lealtad acrisolada, en la parte superior, y en la inferior Por Isabel la Católica. Remata esta corona de laurel, en su parte superior, un pequeño círculo azul con la cifra de los Reyes Católicos, y la corona real.
Los agraciados con la encomienda de número llevan sobre el costado izquierdo una placa de 75 milímetros de diámetro, semejante a la de la gran cruz pero cuyo centro muestra dos columnas coronadas, con sendas cintas que muestran el lema Plus Ultra, y entre ellas, al fondo, un sol en su orto sobre el océano (recordemos que hasta 1931, el centro de esta placa llevaba sobre fondo azul la cifra del monarca fundador en oro, y entre 1931 y 1938 se dispuso llevase una carabela navegando). Quienes posean la encomienda ordinaria llevan la cruz de la Orden, del tamaño de 60 milímetros de diámetro, pendiente del cuello mediante una cinta de los mismos colores que la banda, pero de 45 milímetros de anchura. Antiguamente, los comendadores de número lucían ambas insignias –placa y venera–, según la orden circular de 24 de septiembre de 1847.
Los oficiales y cruces llevan la insignia de la Orden del tamaño de 47 milímetros de diámetro, y pendiente de un pasador-hebilla dorada, en la forma regular, unos y otros con cinta de la clase arriba explicada y cuyo ancho sea de 30 milímetros; los oficiales llevan encima de esta cinta una roseta con idénticos colores.
Las señoras condecoradas con estas cruces pueden llevar la misma insignia, pero pendiente de un lazo de cinta de 30 milímetros de anchura, colocado en la parte izquierda del pecho. La cruz de plata es de la misma forma y tamaño que la de oficiales y cruces, pero toda de plata bruñida y sin las ráfagas de los entrebrazos. Se luce del mismo modo que la cruz.
En esta Real Orden se reguló en 1934 el uso de rosetas, cuando el agraciado viste traje de calle: quienes poseían el collar o la gran cruz, una roseta con los colores de la banda correspondiente. Los comendadores de número, una roseta con los colores de la Orden sobre un galoncillo dorado; los comendadores, sobre un galoncillo mitad dorado y mitad plateado; los oficiales, sobre un galoncillo plateado, y los agraciados con la cruz sobre galoncillo de cobre. Los premiados con la cruz de plata lucían una sencilla cinta de los colores de la Orden, pasada por el ojal de la solapa. Pero esta disposición ha sido derogada en 1998.
Para las personas jurídicas que tengan reconocido el uso de bandera o estandarte, corresponde la corbata, que consiste en una banda de seda con los colores de la Orden, semejante a la banda de la gran cruz, de 155 milímetros de largo, y rematada en ambos extremos por flecos dorados; lleva bordada, en uno de ellos, la insignia de la encomienda de la Orden. Esta banda se anuda y pende del asta de la enseña, mediante un cordón de seda blanca. La placa de honor se otorga a aquellas corporaciones que no usan bandera: es una placa de plata, de 30xl8'8 centímetros, en cuya parte superior figura la insignia de la Orden en esmalte, y bajo ella el nombre de la entidad agraciada y la fecha de la concesión.
Las propuestas de concesión deben ser presentadas por las autoridades que el reglamento señala; miembros del Gobierno, presidentes del Congreso, del Senado, del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Constitucional, del Consejo de Estado, del Tribunal de Cuentas, Jefe de la Casa de Su Majestad, Presidentes de las Comunidades Autónomas, Delegados del Gobierno en ellas, Defensor del Pueblo, Jefes de Misión Diplomática, Presidentes de Diputaciones Provinciales y Alcaldes. Cualquier iniciativa de cualquier otra autoridad o entidad debe canalizarse a través de las mencionadas. Resulta un tanto sorprendente que no puedan presentar propuestas ni los directores de las Reales Academias, y ni siquiera el presidente del Instituto de España, pero sí el alcalde del último villorrio del Reino.
Para conocer el actual Real Decreto 1051/2002 de 11 de octubre, por el que se aprueba el Reglamento de la Real Orden de Isabel la Católica, pincha sobre este icono:
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References: Real Decreto 
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 artículo 1
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