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Timestamp: 2020-08-03 15:29:22+00:00

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LA CREACIÓN DE LA DOCTRINA TRUMAN: EL ACUERDO MILITAR ENTRE LA OTAN Y LA REPÚBLICA FEDERAL ALEMANMA
La reflexión en este punto de la asignatura, en el cual me gustaría contextualizar un debate en torno a la continuidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), inmediatamente después del fin de la Guerra Fría, provocó una serie de posturas, concernientes un objetivo claro para la existencia de la misma, al haber desaparecido la amenaza comunista. Otras más, aludiendo a los nuevas problemáticas mundiales que habían surgido o resurgido como consecuencias del Nuevo Orden Internacional que nació con el fin del conflicto Este-Oeste. En esta perspectiva, creo que, se han planteado diferentes enfoques con respecto al mantenimiento de la Alianza Trasatlántica, en los cuales hay quienes cuestionan no sólo su continuidad sino el liderazgo norteamericano en este órgano, y por otro lado, existe la tendencia a mantener con vida a la OTAN, debido a la necesidad que tienen tanto Estado Unidos como los países europeos de afrontar de manera unificada los graves peligros que amenazan la seguridad internacional en la actualidad. La OTAN nace fundamentalmente para frenar la influencia de la URSS en el mundo, como garantía del núcleo de países capitalistas más desarrollados para disputar la hegemonía en los terrenos ideológico, cultural, económico y militar, al sistema del «socialismo real«.
El surgimiento de la OTAN no fue más que una consecuencia lógica de la crisis del sistema de paz establecido por los aliados a la conclusión de la segunda guerra mundial. La creación de dos zonas de influencia quedó establecida en las conferencias de Yalta[1] o Potsdam. Por el sistema de reparto, la URSS abandonó Irán, cesó en sus presiones sobre Turquía para obtener un control sobre los estrechos y dejó a su suerte a las guerrillas comunistas griegas; a cambio, se aseguraba su zona de influencia sobre Europa oriental. Estados Unidos, por su parte, abandonó las zonas ocupadas de Checoslovaquia y de la actual República Democrática Alemana. La doctrina Truman[2] y su enorme poderío bélico y financiero le hicieron asumir su papel de defensor de sus intereses en cualquier lugar del planeta. El rechazo del Plan Marshall[3] por parte de Moscú, la formación de las repúblicas democráticas en la Europa del Este y el control severo de la zona por parte de la URSS hicieron realidad la existencia de un mundo escindido en dos bloques y regido por dos superpotencias. El alineamiento de las naciones desarrolladas en dos sistemas diferentes y encontrados había sido descrito, recién finalizada la guerra, por Winston Churchill con una frase que hizo fortuna: «Un telón de acero ha caído sobre el continente europeo». El bloqueo de Berlín, iniciado el 24 de junio de 1948, fue la verdadera declaración de la guerra fría.
La OTAN como tratado multilateral que sucede a la política de pactos bilaterales seguida hasta entonces por Estados Unidos, tuvo también sus antecedentes. En 1947 Francia e Inglaterra habían establecido en Dunquerque un acuerdo exclusivamente militar de cincuenta años de validez y que hacía referencia a la posibilidad de una nueva agresión por parte de Alemania. Al año siguiente ese pacto se amplió en Bruselas con la incorporación de Bélgica, Holanda y Luxemburgo y con la inclusión de relaciones económicas y culturales, además de las militares. En aquella ocasión, el ministro británico de Asuntos Exteriores, Ernest Bevin[4], apuntó la idea de no dejar limitados a Europa los fines que perseguía el tratado. Canadá y Estados Unidos se hicieron eco de la propuesta, y las negociaciones, que habrían de desembocar en la creación de la OTAN se iniciaron meses después. Inmediatamente de constituida la OTAN, la URSS protestó por lo que consideraba una transgresión a los principios de la Carta de las Naciones Unidas, por su carácter de alianza agresiva y por la limitación de la participación a determinados países occidentales. El 31 de marzo de 1954 propuso su incorporación al pacto, con el fin de eliminar su carácter de alianza unilateral y agresiva. La propuesta soviética fue rechazada en mayo y, precisamente el 14 de mayo de 1954, se firmó en la capital polaca el acuerdo constitutivo del Pacto de Varsovia, la antítesis de la OTAN.
El ingreso de la remilitarizada República Federal de Alemania fue aceptado el 8 de mayo de 1955, justamente cuando se cumplía el décimo aniversario de la derrota del III Reich. Desaparecía así el último vestigio del sistema pactado como conclusión de la segunda guerra mundial, acordado en Potsdam[5], que comprometía a las potencias aliadas a preservar la desmilitarización de Alemania. En poco tiempo, las fuerzas alemanas pasaron a constituir el principal núcleo de la OTAN en Europa occidental, junto con las fuerzas expedicionarias americanas. Comienza una época en la que las élites hegemónicas se cuidan más del futuro de su dominación que del futuro de la humanidad. El 4 de abril de 1949 se firma en Washington el Tratado del Atlántico Norte, que perseguía la creación de una Alianza Militar de carácter defensivo y vinculado a la Carta de Naciones Unidas. En todo el articulado del Tratado se salvaguarda el papel del Consejo de Seguridad en la solución de los conflictos y en su artículo 5 se explicita que la OTAN sólo actuará como respuesta al ataque a alguno de los países miembros y en legítima defensa, tal y como reconoce el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas. La formación de la Alianza Atlántica atravesó varias fases. En 1947, franceses y británicos habían firmado el Tratado de Dunquerque[6] teniendo aún como objetivo Alemania. En marzo 1948, tras el golpe de Praga y bajo el consejo norteamericano, se firma el Tratado de Bruselas[7] firmado por Francia, Gran Bretaña y los países del Benelux. Por este tratado, ya claramente dirigido contra la amenaza soviética, nació la Unión Europea Occidental. Paralelamente, el bloqueo soviético de Berlín va a propiciar un giro histórico en la diplomacia norteamericana: el 11 de junio de 1948 el Congreso aprueba la resolución Vandemberg[8] (presidente republicano de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado) que permitía al poder ejecutivo concluir alianzas en tiempos de paz. Era el fin del aislacionismo norteamericano. Finalmente, se firmaba en Washington 4 de abril de 1949 el Tratado del Atlántico Norte o Alianza Atlántica. Lo firmaron doce países (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Italia, Noruega, Dinamarca, Islandia, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y Portugal). En 1952 Turquía y Grecia accedieron al Pacto, la República Federal de Alemania en 1955 y, finalmente España, que tuvo que esperar a la muerte de Franco para participar en la defensa occidental en pie de igualdad, en 1982. En sus primeros años, la OTAN no era mucho más que una asociación política. Sin embargo, la Guerra de Corea hizo que se planteara una coalición permanente, y desde entonces se creó una nueva estructura militar bajo la dirección de los comandantes de Estados Unidos. La dependencia de la OTAN de la doctrina estratégica norteamericana y, como consecuencia de ello, en opinión de Francia, la subordinación de los intereses de los países europeos a los de Estados Unidos provocó la primera crisis entre los integrantes del pacto. En 1959, a raíz de la cumbre de París, en la que se aprobó un plan de diez años sobre temas políticos, militares y económicos, se suscitó la protesta abierta de Francia. Para el general De Gaulle, la OTAN ya no era una alianza y el sistema de integración defensiva había dejado de existir. Francia no podía hacer depender su seguridad de los intereses norteamericanos y «si una nación como Francia debe ir a la guerra, ésta debe ser su guerra». Los motivos del presidente francés no sólo eran de índole militar, en el sentido de que la primacía dada a las armas nucleares convertía a la Alianza Atlántica en un sistema generador de posibles riesgos. Políticamente, la OTAN se había convertido en un freno y en un obstáculo mundial. Y en el plano económico, porque el mantenimiento de su papel de superpotencia obligaba a Estados Unidos a mantener su ventaja económica en perjuicio de los países europeos, por ser éstos prácticamente sus únicos competidores en el campo tecnológico e industrial. Como consecuencia de estos hechos, Francia decidió abandonar el sistema militar integrado el 1 de julio de 1966 y participar sólo en las instituciones civiles y políticas. Esto significa que Francia no está automáticamente comprometida por una decisión militar de la OTAN y que puede disponer, autónomamente, de su fuerza militar. Esta situación ha variado significativamente desde 1975. Bajo la política de Giscard[9] se han establecido compromisos estrechos con la organización y Francia participa actualmente en numerosos organismos y planes de organización y estandarización militar. El 20 de diciembre de 1966 fue creado el Comité de Defensa Nuclear, del que Francia quedó excluida. Estados Unidos conservó el derecho de veto sobre la toma de decisiones que involucraran el empleo de armas nucleares americanas. Siguiendo el ejemplo francés, en agosto de 1974, Grecia retiró igualmente sus fuerzas de la OTAN, en respuesta a la ocupación parcial de Chipre por fuerzas armadas de Turquía con el acuerdo tácito de Estados Unidos y otros miembros. Ambos países se acusaron mutuamente de haber utilizado armamento de la Alianza y Grecia manifestó su decisión de retirarse de los organismos militares. Curiosamente, el texto del tratado no prevé nada para los casos de conflicto interno.
La revolución portuguesa del 25 de abril de 1974[10] provocó un eclipse pasajero de la participación lusitana y tanto los problemas pesqueros entre Islandia y Gran Bretaña como la posibilidad de ascenso al poder de los comunistas en Italia han creado momentos de tensión. La posibilidad de participación de algunos partidos comunistas en Gobiernos de países miembros de la Alianza Atlántica ha sido objeto de formulación política desde finales de 1975. El resultado ha sido una expresión de rechazo ante esa eventualidad que «socavaría los fundamentos de la OTAN». En 1976, la doctrina Sonnenfeldt-Kissinger establecía la aceptación de la esfera de influencia exclusiva de la URSS y la necesidad del mantenimiento de la occidental, al menos en el estado actual. Sonnenfeldt, asesor del secretario de Estado sobre Europa oriental, consideraba que los progresos del comunismo en los grandes países de Europa son susceptibles de provocar una reacción en cadena. Con la participación comunista se correría el riesgo de tener que contar con Gobiernos con los que el grado de cooperación que ha caracterizado las relaciones atlánticas será cada vez más difícil de lograr. En definitiva, estaba latente el temor de que «en períodos de crisis los comunistas estarían por Moscú como De Gaulle estaba por Washington».
La OTAN es un órgano político que fue creado después de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo principal de poder contrarrestar el avance comunista soviético en la Europa Occidental. En sus primeros años de existencia la Alianza mantuvo un estado de cohesión importante que permitió la contención del expansionismo soviético en el viejo continente, el cual había encontrado sus fundamentos de acción en la contrapartida de la Alianza Occidental, el llamado Pacto de Varsovia, que representaba también una alianza de índole defensivo contra la influencia capitalista occidental. A partir de la década de los sesenta, la Alianza Atlántica empieza a mostrar ciertos rasgos de distanciamiento con respecto a determinadas acciones militares emprendidas principalmente por sus socio mayoritario y líder de la misma: Estados Unidos. En una primera instancia, surge una tendencia de independencia de la seguridad europea con respecto a Estados Unidos, que lleva a la separación de Francia de la OTAN, en aspectos militares, ya que en el plano político, este país aún participa como miembro de la Alianza. Posteriormente, al desatarse el conflicto turco-griego de Chipre[11], la OTAN también se vio afectada por las distintas posiciones de sus miembros con respecto al conflicto.
La indecisión de la OTAN para participar en dicho conflicto, llevó a la salida de Grecia de la Alianza[12], al igual que Francia siguió manteniendo relaciones políticas con el mismo. Sin embargo, dichas situaciones, no fueron causa de grandes e irreconciliables posturas por parte de los países miembros de la Alianza. En general, se puede decir que durante todo el tiempo que duró la Guerra Fría, la OTAN se mantuvo firme y unida con respecto a sus objetivos conjuntos. A raíz del fin de la Guerra Fría, el papel que desempeñó la OTAN ha sufrido cambios importantes, debido en primer lugar, al posicionamiento de Estados Unidos como una gran potencia que no tiene frente a sí a una oponente como la que fue la URSS. En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, el concepto de seguridad en Europa ha debido reencaminarse, ya que al desaparecer la amenaza comunista, parecía que las estrategias defensivas enmarcadas en la Alianza Trasatlántica no tienen sentido al no haber ya un objetivo claro de su existencia. En torno a este aspecto, principalmente se fue gestando el debate referente a la continuidad o desaparición de la OTAN. Por un lado, puede surgir, la postura tendiente a su desaparición, no cual en realidad estoy seguro de que no pasará de ser una mera suposición, ya que si bien es cierto, el objetivo para lo cual había sido creado carecía ya de sustento, con la caída de la URSS y en consecuencia del comunismo, surgen nuevos retos y peligros en el mundo, que conllevan a la continuidad de la OTAN como un órgano ya no solo defensivo, sino también preventivo ante dichas amenazas.
El curso de la Guerra Fría llevó a las naciones rivales a crear el Pacto de Varsovia, que se formó en 1955. Siempre se han manifestado dudas sobre la alianza europeo-norteamericana ante una invasión soviética, desacuerdos que se plasmaron con la creación por parte de Francia de la fuerza de choque nuclear, y finalmente con su retirada de la alianza en 1966. Después de la caída del Muro de Berlín en 1989, la organización intervino dentro de la Guerra de Yugoslavia[13], lo que se convirtió en la primera intervención conjunta de la OTAN, y también después en 1999. Políticamente la organización ha ido mejorando sus relaciones con los antiguos miembros del Bloque del Este, que culminaron al incorporarse varios miembros del Pacto de Varsovia entre 1999 y 2004. En septiembre de 2001 ha sido la única ocasión en que un país miembro, Estados Unidos, ha invocado el Artículo 5 del tratado reivindicando la ayuda en su defensa. A partir de entonces los países miembros colaboraron con los Estados Unidos en la Guerra de Afganistán y de Irak. El artículo 4 del tratado prevé llamar a consulta a los países miembros y ha sido convocado 4 veces, 3 de ellas por Turquía, la primera por la Guerra de Irak y las dos restantes por ataques recibidos durante la Guerra Civil Siria, la cuarta ha sido invocado por Polonia durante la Crisis de Crimea de 2014, debido a la movilización de tropas rusas en la frontera polaca con Kaliningrado y las maniobras rusas en el Báltico. Es importante destacar el papel de la República Federal de Alemania, como árbitro de la escena geoestratégica y geopolítica en el enfrentamiento entre los dos bloques en Alemania y en Europa. La división de Alemania y su posterior reunificación está directamente relacionada con la división este – oeste de la Europa de la posguerra. Incluso antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, las cuatro potencias victoriosas – Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia – ya no compartían su visión de la Europa de la posguerra. Después de la capitulación de Alemania, el 8 de mayo de 1945, las cuatro potencias dividieron Alemania y también su capital, Berlín, en cuatro zonas de ocupación militar.
Las zonas de ocupación y el gobierno militar conjunto fueron vistas originalmente como una solución temporal hasta que se pudiera alcanzar un acuerdo sobre el futuro de Alemania. Sin embargo los objetivos políticos de los aliados en relación con Alemania resultaron incompatibles en poco tiempo. Alemania se convirtió en el campo de batalla de la guerra fría. El resultado de este conflicto ideológico fue la división de Alemania en dos estados separados: la República Democrática Alemana (RDA) fue creada en la zona soviética y la República Federal de Alemania que se desarrolló en las zonas americana, británica y francesa. Esta división se hizo oficial con la creación de dos estados alemanes separados en 1949 y se consolidó con la construcción del muro de Berlín en 1961. Las dos alemanias se desarrollaron en formas muy diferentes dentro de dos sistemas políticos opuestos. La República Federal se convirtió en una nación altamente industrializada con una fuerte orientación hacia occidente, manteniendo una estrecha relación con Estados Unidos de América. Se unió a la OTAN el 5 de mayo de 1955 y continúa siendo miembro hoy en día. La República Democrática Alemana se integró al Pacto de Varsovia de las naciones de Europa del este y estaba fuertemente orientada hacia la Unión Soviética. Las diferencias entre ambas naciones alcanzaron todas las facetas de su existencia.
La construcción del muro de Berlín, el 13 de agosto de 1961 fue una reacción de la República Democrática Alemana al constante flujo de alemanes del este a través de la frontera abierta de Alemania occidental y el oeste de Berlín. La República Democrática Alemana no podía competir con la libertad personal, los mejores empleos y las mayores comodidades materiales ofrecidas por el occidente, por lo que las autoridades de Alemania oriental sintieron que debían cortar este flujo, ya que de otro modo Alemania oriental perdería muchos de sus ciudadanos, particularmente, los mejor educados. La construcción del muro creó dos Berlinés. Berlín oriental era la capital de la República Democrática Alemana, mientras que Berlín occidental era una réplica, en miniatura de Alemania occidental, una isla virtual, 110 millas adentro del territorio de Alemania oriental. A pesar de que Berlín occidental permanecía bajo la autoridad de los comandantes militares residentes de los Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, tenía un gobierno civil y todas las leyes de Alemania occidental tenían vigencia en la ciudad. Los residentes de Berlín occidental eran ciudadanos de Alemania occidental y el gobierno de Berlín enviaba representantes, sin derecho a voto, al parlamento (Bundestag) en Bonn. Berlín occidental recibía bienes, servicios y considerables subsidios gubernamentales de Alemania occidental. No puede negarse la naturaleza brutal del muro de Berlín. Literalmente dividía a la ciudad por la mitad, impidiendo la libertad de movimiento de los ciudadanos alemanes. Muchos de aquellos que hicieron intentos desesperados de cruzarlo, fueron balaceados por guardias fronterizos y murieron en el intento. El muro permaneció erguido durante casi tres décadas y llegó a ser visto en todo el mundo como un símbolo de opresión política. Ya en el siglo XXI, los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington sin duda cambiaron toda la perspectiva de seguridad y defensa en el mundo occidental, y ello afectó al resto del planeta. La OTAN no fue ajena a ello: tras los atentados, Estados Unidos convocó por primera y única vez hasta la fecha al Consejo de la organización e invocó el artículo. La petición estadounidense no fue aceptada de forma directa, pero el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sí encomendó a la OTAN liderar una misión para instaurar la paz en Afganistán, entonces bajo el poder de los talibanes, y ayudar al Gobierno local a mantener de manera efectiva el orden. Esta Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, como se la conoce, actúa de manera bilateral con las fuerzas desplegadas por Estados Unidos. En ella llegaron a participar más de 40 países con casi 130.000 tropas sobre el terreno en total. En épocas más recientes, hay que destacar la coordinación del mando en la operación de bloqueo naval e instauración de una zona de exclusión aérea en Libia. Si bien empezó como una operación para minimizar bajas civiles ante los continuos ataques de las fuerzas aéreas de Gadafi, la OTAN se acabó extralimitando en sus funciones y ayudó notablemente al esfuerzo de guerra de la facción rebelde mediante ataques estratégicos con fuerzas navales y aéreas.
Tras la gran ampliación hacia el espacio postsoviético de finales del siglo XX, las siguientes incorporaciones se han centrado en las repúblicas balcánicas, con la entrada de Croacia y Albania en 2009. En perspectiva de lo que puede pasar en un futuro, la lógica geopolítica de la organización apunta a que la expansión siga hacia el este de Europa, los Balcanes y el Cáucaso. Con todo, desde 1994 existe un programa llamado Asociación para la Paz que trata de promover las buenas relaciones de vecindad y cooperación entre países limítrofes con la zona OTAN, por lo que poco a poco es probable que países como Georgia o Ucrania pidan el ingreso en la Alianza. Lo que es difícil es que, salvo cambio radical de las circunstancias, los países europeos occidentales que aún no se han adherido pidan la entrada, puesto que todos ellos —salvo los balcánicos— son constitucional o políticamente neutrales: Suiza, Austria, Suecia, Finlandia e Irlanda.
Por otra parte estarían las relaciones con Rusia: aunque se han intentado mejorar, las políticas estadounidenses de defensa para con Europa no han ayudado a la distensión. El mayor punto de ruptura ha sido la instalación del escudo antimisiles, una política en la que Rusia se muestra intransigente al considerarla un remanente de la bipolaridad de la Guerra Fría. Sea como fuere, el debate sobre la organización sigue muy vivo: para unos es un remanente anacrónico de los tiempos de confrontación con la Unión Soviética y una herramienta geopolítica de los intereses de Estados Unidos; para otros, un elemento fundamental en la defensa de Europa frente a potencias como Rusia. De lo que no cabe duda es de la elevada influencia de la que todavía goza la organización tanto en el Viejo Continente como en su espacio circundante.
[1] La conferencia de Yalta fue la reunión que mantuvieron antes de terminar la Segunda Guerra Mundial (del 4 al 11 de febrero de 1945) Iósif Stalin, Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt, como presidentes de gobierno de la Unión Soviética, del Reino Unido y de Estados Unidos, respectivamente y que tuvo lugar en el antiguo palacio imperial de Livadia, en Yalta (Crimea). Suele considerarse como el comienzo de la Guerra Fría. Fue la continuación de la serie de encuentros que empezaron con la conferencia de Moscú, de agosto de 1942, que tuvo lugar en el Kremlin y que continuaron con la conferencia de Casablanca, de enero de 1943, la Conferencia de El Cairo, del 22 al 26 de noviembre de 1943 y con la Conferencia de Teherán, entre el 28 de noviembre y el 1 de diciembre de 1943, que tuvo lugar en la embajada de la URSS, en Irán.
Los acuerdos de Yalta fueron polémicos incluso antes del encuentro final en Potsdam. Tras la muerte de Roosevelt, Churchill y Stalin fueron acusados de no haber aceptado un control internacional sobre los países liberados por la URSS. Más aún, ningún otro gobierno fue consultado o le fueron notificadas las decisiones tomadas allí
[2] La Doctrina Truman fue una medida creada por los Estados Unidos que pretendía dar apoyo a «pueblos libres que están resistiendo los intentos de subyugación por minorías armadas o por presiones exteriores», ya que estos regímenes representaban una amenaza al capitalismo de los Estados Unidos de América, siendo estas directrices de ferviente tendencia anticomunista dado el contexto en el que se hallaban, hasta el punto de un fanatismo persecutorio de cualquier movimiento en el marco de izquierda política. Se quiere luchar contra la propagación de la influencia soviética y, sobre todo, del comunismo en Europa Occidental. Su denominación se debe al presidente de los Estados Unidos de América Harry S. Truman, quien hizo la proclamación de esta doctrina en su comparecencia ante el Congreso de los Estados Unidos el 12 de marzo de 1947, estando por entonces en curso la crisis de la guerra civil griega (1946-1949). El discurso decía así:
Creo que debemos ayudar a los pueblos a forjar su propio destino […]. Cada nación debe escoger entre dos modos de vida opuestos. […] Uno reposa sobre la voluntad de la mayoría y se caracteriza por sus instituciones libres, por un gobierno representativo, por elecciones libres, por la garantía del mantenimiento de las libertades individuales y por la ausencia de cualquier opresión política […]. El otro reposa sobre la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y en la opresión, tiene una prensa y una radio controladas, unas elecciones truncadas y la supresión de las libertades personales.
[3] El Plan Marshall —oficialmente llamado European Recovery Program (ERP)— fue una iniciativa de Estados Unidos para ayudar a Europa Occidental, en la que los estadounidenses dieron ayudas económicas por valor de unos 12 000 millones de dólares de la época​ para la reconstrucción de aquellos países de Europa devastados tras la Segunda Guerra Mundial. El plan estuvo en funcionamiento durante cuatro años desde 1948. Los objetivos de Estados Unidos eran reconstruir aquellas zonas destruidas por la guerra, eliminar barreras al comercio, modernizar la industria europea y hacer próspero de nuevo al continente; todos estos objetivos estaban destinados a evitar la propagación del comunismo, que tenía una gran y creciente influencia en la Europa de posguerra.​ El Plan Marshall requirió de una disminución de las barreras interestatales, una menor regulación de los negocios y alentó un aumento de la productividad, la afiliación sindical y nuevos modelos de negocio «modernos»
[4] Ernest Bevin (9 de marzo de 1881-14 de abril de 1951) fue un político y sindicalista británico recordado por ser unos de los mejores ministros de Trabajo y Servicio Nacional.
[5] La conferencia de Potsdam fue una reunión llevada a cabo en Potsdam (cerca de Berlín), Alemania entre el 17 de julio y el 2 de agosto de 1945 y que tuvo lugar en el palacio Cecilienhof. Los participantes fueron la Unión Soviética, el Reino Unido y Estados Unidos, los más poderosos de los aliados que derrotaron a las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. Los jefes de gobierno de estas tres naciones eran el secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética, Iósif Stalin, el primer ministro Winston Churchill (posteriormente Clement Attlee)​ y el presidente Harry S. Truman, respectivamente. Stalin, Churchill y Truman (así como Clement Attlee, que sucedió a Churchill tras ganar las elecciones de 1945) habían acordado decidir cómo administrarían Alemania, que se había rendido incondicionalmente nueve semanas antes, el 8 de mayo. Los objetivos de la conferencia también incluían el establecimiento de un orden de posguerra, asuntos relacionados con tratados de paz y el estudio de los efectos de la guerra.
[6] El Tratado de Dunkerque fue una alianza militar firmada el 4 de marzo de 1947 entre Francia y Reino Unido en Dunkerque, Francia, como un Tratado de Alianza y Asistencia Mutua contra un posible ataque alemán después de la Segunda Guerra Mundial. El Tratado de Dunkerque entró en vigor el 8 de septiembre de 1947 y precedió el Tratado de Bruselas de 1948. Según el profesor de ciencias políticas Marc Trachtenberg, la amenaza alemana fue un pretexto para la defensa en contra de la Unión Soviética
[7] El Tratado de Bruselas de 1948 fue firmado el 17 de marzo del mismo año entre Francia, el Reino Unido, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Da nacimiento a la Unión Occidental (antecedente de la Unión Europea Occidental), conteniendo una cláusula de defensa mutua de todos los países firmantes. Las autoridades firmantes representantes de sus respectivos países fueron Georges Bidault por Francia, Ernest Bevin por Reino Unido, Paul-Henri Spaak por Bélgica, el barón Carel Godfried van Boetzelaer van Oosterhout por los Países Bajos y Joseph Bech por Luxemburgo.
[8] La resolución Vandenberg fue aprobada por el Senado de los Estados Unidos como Resolución 239, en el 80º Congreso de los Estados Unidos, en su Segunda Sesión, en junio de 1948. Fue propuesta por el senador Arthur Vandenberg, por lo que se la renombró en su honor. Las negociaciones sobre la naturaleza y grado de involucración de Estados Unidos en la defensa de los miembros de la OTAN eran complicadas por la controversia surgida de la voluntad por parte de los aliados de una intervención americana inmediata en caso de un ataque soviético y la insistencia del Senado de Estados Unidos en que sus prerrogativas constitucionales debían ser preservadas, especialmente el poder de decisión en lo que a declaraciones de guerra se refiere. Los oficiales del Departamento de Estado, después de haber llegado a la posición común de apoyo a la idea del tratado, aprobaron un texto que satisfacía de la misma forma tanto a los aliados europeos como a las políticas de los Estados Unidos, que, a partir de las elecciones de 1948, jugaban un papel importante en las negociaciones internacionales y del Congreso. El debate sobre la seguridad colectiva en Europa fue llevado a cabo entre abril y junio de 1948. Las conversaciones reflejaron la futura victoria del partido Republicano en las elecciones presidenciales de noviembre. El senador republicano Arthur H. Vandenberg, Presidente del Comité de Relaciones Exteriores y Presidente Pro Tempore del Senado, tuvo especial relevancia en el debate para la nominación del candidato por el Partido Republicano a las elecciones presidenciales. En conversaciones privadas con el Secretario de Estado Marshall y el Subsecretario Lovett, Vandenberg se mostró de acuerdo con la idea de la OTAN y aceptó apoyarla en el Senado solo si se negociaba antes de las elecciones y la Carta de las Naciones Unidas fuese afirmada claramente y se dejase constancia de que el tratado no la contradecía.
El papel de las relaciones personales en la política exterior fue manifestado por las discusiones a nivel informal entre Lovett y Vandenberg. El senador, ferviente internacionalista, era consciente de las realidades políticas del país, que evidenció ante el subsecretario y la administración de Truman. En una reunión el 11 de abril, Lovett concentró las ideas de Vandenberg en varios temas clave, incluyendo el tipo de ayuda que el Congreso aprobaría; la forma del pacto, especialmente la voluntad del Senado de aprobar una versión modificada del Tratado de Río pero referente a Europa; el papel de las Naciones Unidas en las políticas de seguridad colectivas; y la puesta a punto legislativa necesaria para la final conclusión de un acuerdo a largo plazo con Europa en un tema referente a la seguridad. Una semana más tarde, Vandenberg y Lovett ya trabajaban en la forma exacta que tendría la resolución que eliminaría cualquier dificultad legislativa del acuerdo. El 11 de mayo Vandenberg presentó la resolución que había esbozado conjuntamente con Lovett ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, que la aprobó. El 11 de junio, Vandenberg la presentó en el Senado, donde se aprobó por una mayoría de 64 votos a 6, aconsejando al Presidente que permitiese que los Estados Unidos alcanzasen acuerdos de defensa colectiva, para así aumentar la seguridad del mundo libre. El párrafo 3 de la resolución hacía referencia a los temas de asistencia militar. La resolución Vandenberg fue la acción que abrió el camino a la negociación del Tratado del Atlántico Norte. Aunque está claro que el concepto de una alianza así surgió durante las Conversaciones del Pentágono en Washington en marzo, la incorporación americana hubiese sido difícil sin la actuación del Senado.
[9] Valéry Giscard d’Estaing (Coblenza, Alemania, 2 de febrero de 1926) es un político francés, presidente de la República Francesa entre 1974 y 1981. Conocido por su apoyo al federalismo europeo, fue también presidente de la Convención para el Futuro de Europa, que redacto el proyecto de Constitución Europea en 2003. Ostentó, además, la dignidad de copríncipe de Andorra y jefe de dicho Estado.
[10] La Revolución de los Claveles es el nombre dado a un levantamiento militar ocurrido el 25 de abril de 1974 en Portugal, que provocó la caída del Gobierno de ese país, que no convocaba elecciones democráticas desde 1925. El fin de este Gobierno, conocido como Estado Nuevo, restauró la democracia en Portugal casi cincuenta años después, y permitió que todas las provincias portuguesas no europeas (excepto Madeira y Macao) lograran su independencia antes de concluir 1975. Tras una larga guerra en lo que hoy son Angola y Mozambique, Portugal se convirtió en un Estado democrático y de derecho.
[11] Problema de Chipre (u otras denominaciones, como conflicto de Chipre, partición de Chipre, división de Chipre, disputa del territorio de Chipre o guerra civil de Chipre) es un conflicto abierto a mediados del siglo XX y aún no cerrado que afecta al territorio y la población de esa isla, con intervención de potencias internacionales; principalmente Grecia, Turquía y el Reino Unido, además de las Naciones Unidas. Los principales actores son las comunidades grecochipriota y turcochipriota. Su composición quedó definida en el artículo 2 de la Constitución de 1960
[12] Grecia retiró sus tropas de la estructura militar de la OTAN entre 1974 y 1980 a causa de las tensiones entre dicho país y Turquía en 1974. Alemania se unió como República Federal de Alemania en 1955 y la Alemania unificada de 1990 extendió su participación a las zonas de la extinta República Democrática Alemana.
[13] Las guerras yugoslavas fueron una serie de conflictos en el territorio de la antigua Yugoslavia, que se sucedieron entre 1991 y 2001. Comprendieron dos grupos de guerras sucesivas que afectaron a las seis ex repúblicas yugoslavas. Se han empleado términos alternativos como la guerra de la antigua Yugoslavia o guerra de los Balcanes (o también en algunas ocasiones, tercera guerra de los Balcanes). Las guerras se caracterizaron por los conflictos étnico-religiosos entre los pueblos de la antigua Yugoslavia, principalmente entre los serbios por un lado y los croatas, bosnios y albaneses por el otro; aunque también en un principio entre bosnios y croatas en Bosnia-Herzegovina. El conflicto obedeció a causas políticas, económicas y culturales, así como a las tensiones étnicas y religiosas (predominio musulmán en Bosnia y predominio cristiano en Serbia). Hubo muchos detonantes, pero los principales fueron la abolición de la autonomía de Kosovo por Milosevic, y sobre todo que los serbios de la región croata de la Krajina declararan su separación de Croacia en marzo de 1991, lo que llevó a Croacia y a Eslovenia a declarar unilateralmente su independencia el 25 de junio de 1991 y produjo un efecto contagio en el resto de repúblicas yugoslavas. Debido al choque entre el nacionalismo serbio (Slobodan Milošević) y el croata (Franjo Tuđman) se degeneró en una guerra muy violenta. Meses después, el 15 de enero de 1992, los países europeos de la CE y la comunidad internacional reconocen la independencia de Eslovenia y Croacia, provocando el fin de Yugoslavia, aunque Serbia y Montenegro seguirán usando esta denominación (sin reconocimiento internacional) hasta el 2003. Las guerras yugoslavas terminaron con gran parte de la antigua Yugoslavia reducida a la pobreza, con desorganización económica masiva e inestabilidad persistente en los territorios donde ocurrían las peores luchas. Las guerras fueron los conflictos más sangrientos en suelo europeo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, resultando en unas 130 000 a 200 000 muertes y millones más sacados de sus hogares. Fueron también los primeros conflictos desde la Segunda Guerra Mundial en haber sido formalmente juzgados los genocidas y muchos de los individuos claves participantes fueron consecuentemente acusados por crímenes de guerra.
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References: artículo 5
 artículo 51
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 Artículo 5
 artículo 4
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 artículo 2