Source: https://www.clubforenses.com/2019/06/
Timestamp: 2019-08-18 15:59:15+00:00

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junio 2019 - clubforenses.com
¿Usar la línea base para diagnosticar estados internos? Club de Ciencias Forenses
29 junio, 2019 / Sara Carreño / Sin comentarios
Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Using baseline to diagnose internal state? Listen closely” de Leins; en él nos hablan de cómo se estable la línea base por parte de los entrevistadores en relación al comportamiento de los entrevistados.
El uso de la línea base puede ser un proceso válido para identificar los estados internos de los entrevistados si estos estados se corresponden de manera confiable con la conducta perceptible y los entrevistadores la perciben de manera fiable.
Este estudio tuvo dos fases, en la primera de ellas se desarrollan vídeos de estímulo para una observación posterior. Se entrevistaron a hombres adultos utilizando un estudio de protocolo. Los vídeos fueron desarrollados para provocar cambios en los estados internos. La segunda fase consistía en que los entrevistadores visionaran los videos e informaran sobre sus percepciones e interpretaran el comportamiento de los sujetos.
Como se ha dicho en la primera fase se pretendía grabar los vídeos que servirían para la segunda parte del experimento. Para ello se quería manipular los estados internos de las personas que estaban siendo entrevistadas y grabar los cambios de comportamiento que se produjeran y posteriormente solicitar que identificaran e interpretaran esos cambios de comportamiento. Para producir los cambios en el estado interno se creó un protocolo de entrevista que incluía temas que pueden provocar diferentes cogniciones y emociones. Para ello se realizó una encuesta en la que se preguntaba sobre como se sentiría contestando a preguntas relacionadas con su historial laboral, el estado de su relación, sus antecedentes penales, su educación, su afiliación política, su historial médico, su estado financiero, su consumo de drogas o alcohol o su opinión sobre temas políticos o sociales. Se comprobó que las preguntas sobre el estado financiero, sus antecedentes penales o sobre su consumo de drogas o alcohol presentaban mayor reticencia para responder que aquellas sobre su empleo, su educación o su opinión política. Gracias a esta clasificación se creó un protocolo de entrevista que incluía preguntas sobre temas generales e inocuos y otras sobre temas íntimo y más comprometidos.
Se reclutó a siete hombres de diferentes comunidades y culturas con edades entre los 20 y los 35 años del área metropolitana de Washington. Se les dijo que participarían en un experimento para mejorar las técnicas de entrevista.
Los entrevistados rellenaban primero un cuestionario previo a la entrevista. Después comenzaba la entrevista llevada a cabo por un agente especial retirado que tenía experiencia en entrevistas para autorizaciones del gobierno. Se empezaba con temas generales no amenazadores como la educación y su historial laboral. Para, a continuación, pasar a temas que fueran más amenazadores y produjeran cambios internos, como su historial médico, su salud mental o el uso de drogas o alcohol. La entrevista dura entre 45 – 60 minutos y fueron grabadas desde una vista frontal y otra de perfil. Al concluir la entrevista se revisaba el vídeo con cada entrevistado para que informara sobre sus sentimientos y emociones en cada momento.
Al final, para la siguiente fase, se utilizaron cuatro vídeos de 25 minutos de duración, de los cuales los ocho primeros minutos eran sobre temas inocuos, para a continuación pasar a los más incómodos. El promedio fue de once cambios del estado emocional y siete del estado cognitivo según los entrevistados.
En la segunda fase los vídeos fueron visionados por 18 entrevistadores profesionales con una edad media de 44 años siendo el 94% hombres y el 75% caucásicos, con trabajos en el ejército o en las fuerzas de seguridad federales. Todos ellos habían recibido capacitaciones sobre entrevista, habían realizado más de 50 a lo largo de su trayectoria profesional y contaban con más de cinco años de experiencia. Se les presentaban los vídeos grabados en un ordenador y se decidió aplicar la técnica de pensamiento en voz alta, grabándose todo lo que iban diciendo mientras visionaban las entrevistas. Posteriormente rellenaban un cuestionario sobre datos demográficos y la postvista. Se les dijo que debían ver los vídeos e informar de todo lo que percibieran que les ayudara a establecer y evaluar la línea base. Al final del vídeo debían calificar de fácil o difícil el establecer la línea base de cada entrevistado en una escala de Likert de cinco puntos. Cada entrevistador visionó dos vídeos. Las sesiones tenían una duración media de entre 75 y 90 minutos.
Se transcribió todo lo que dijeron sobre lo que habían usado para descubrir los estados internos y cuales habían sido estos. Las señales fueron codificadas en verbales, no verbales y otras. Después se calculó la tasa de aciertos y errores para cada vídeo. Las categorías de diagnóstico interno incluyen: emoción, cognición, veracidad y estrategia.
En todos los vídeos los participantes informaron de un total de 528 señales, las de tipo no verbal fueron las más identificadas. En general, los casos de señales reportados coincidían con el 27% de los estados internos destacados que identificaron los entrevistados. Se encontraron más aciertos durante el periodo de preguntas más incómodas que durante el de temas generales. Las señales verbales se revelaron como el tipo que más aciertos producía para descubrir el estado interno.
En cuanto a los estados internos encontrados que coincidían con la realidad, el 45% eran emocionales, el 33% eran cognitivos, el 14% eran relacionados con la veracidad y el 31% con los de estrategias.
Los entrevistadores informaron de varias pautas para establecer la línea base. Era de esperar que el tipo de señal más usada sea el comportamiento no verbal ya que es muy habitual que en los programas formativos para la realización de entrevista se hable de la importancia de fijarse en movimientos corporales, gestos, contacto visual, expresiones faciales, etc. A pesar de ello en este estudio se encontró que casi el 70% de las señales verbales identificadas como informativas parecían serlo realmente. Por tanto, también se encontró que los entrevistadores podían estar mejor preparados para prestar atención a lo que les dice los entrevistados de lo que se esperaba. La tasa de aciertos para los estados internos fue baja, un 27%, lo que sugiere que el uso de estados internos para establecer la línea base puede llevar a error, lo que implicaría no sólo perder oportunidades para establecer un buen rapport con el entrevistado sino también el que las entrevistas sean ineficaces.
La aplicación de procesos de referencia para diagnosticar los estados emocionales fue fructífera. Muchos diagnósticos eran relevantes y coincidían con los estados informados. La mayoría versaba sobre la comodidad frente a los temas a tratar. Muchos hicieron diagnósticos resaltando que la incomodidad no la veían como resultado de la culpa o de un sentimiento negativo sino de que hay temas que pueden ser difíciles de tratar según la cultura del sujeto. El uso de líneas base puede ser una adición práctica a los métodos para determinar cuándo profundizar en un tema y cuándo dejarlo.
Es cierto que en este estudio los estados cognitivos fueron menos detectados que los emocionales y habría que investigar en un futuro por esta línea ya que el estado cognitivo puede ayudar a la detección de mentiras.
Enfoque de dominios para predecir resultados en casos de homicidios. Club de Ciencias Forenses
15 junio, 2019 / Sara Carreño / 1 comentario
Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Shifting the focus variables to substantive domains when modeling homicide case outcomes” de Hawk y Dabney; en él nos hablan de la utilización de los dominios en la predicción de los resultados de la investigación de homicidios.
En el año 2016 en EE.UU. la tasa de resolución de homicidios era muy baja, un 59%, marcando un mínimo histórico. Se estima que 7.000 asesinatos se quedan sin resolver cada año. Lo que limita la perspectiva de mejora del índice de resolución de casos es la falta de comprensión de los factores que predicen si un caso se resolverá o no. Este estudio propone un modelo conceptual holístico y práctico para averiguarlo.
Se han detectado varios problemas, el acceso a los datos produce importantes problemas para la medición de procedimientos de investigación policial. Esto a su vez produce que al no trabajar con datos fiables las teorías que se realizan sobre la resolución de homicidios pueden no ser precisas. Otro problema es que los diferentes tipos de investigaciones sobre este tema no son extrapolables de un lugar a otro por diversas circunstancias. Todo ello genera que los resultados de las investigaciones científicas llevadas a cabo sobre la investigación de homicidios den unos resultados incongruentes e incluso contradictorios entre ellos.
Para ampliar y mejorar la investigación este estudio sistematiza las medidas de cinco dominios de investigación y analiza la importancia de cada posible modelo conceptual de agrupación para la posterior resolución. Estos cinco dominios son: sujetos involucrados, circunstancias del incidente, dinámica del caso, características ecológicas y factores del investigador.
Las medidas de los sujetos involucrados hacen referencia a las diferencias personales en víctima y autor y la forma en que su manifestación en el episodio violento puede generar pistas. Las circunstancias del incidente incluyen combinaciones en condiciones relacionales, temporales y físicas que pueden hacer cambiar la forma en que las personas interactúan, como puede ser la relación existente entre víctima y autor, el motivo, el tipo de arma o el día y la hora en la que se produce el crimen. La dinámica del caso hace referencia a los factores que la policía encuentra una vez se dan cuenta del asesinato, como pueden ser los tipos de evidencia que descubren, la ubicación de la escena del crimen o la presencia de policía en esa zona. Las características ecológicas, dentro de este dominio se incluye la cultura, la demografía de los residentes, la eficacia colectiva, las percepciones de la policía y la tasa de delincuencia. Dentro de las variables del investigador se considera la carga de trabajo, el esfuerzo, la experiencia y la técnica que usa.
Para comprobar esto se realizó un estudio en un área metropolitana de EE.UU. de casi medio millón de habitantes. En la década anterior (2000 – 2009) experimentó altos niveles de delincuencia, con 100 homicidios por año. En el momento en que se realizó el estudio la unidad del departamento de homicidios era la encargada de investigar todos los asesinatos reportados, las muertes bajo custodia, los secuestros, los tiroteos relacionados con la policía, los casos antiguos sin resolver y las muertes sospechosas. Para ello contaban con entre 15 y 20 investigadores, supervisados por entre cinco y siete sargentos, un teniente, un capitán y un comandante. Se permitió el acceso total a toda la documentación de todos los casos de homicidios acaecidos entre 2009 y 2011.
Los investigadores recopilaron datos de 252 archivos de homicidio en una plantilla estandarizada, posteriormente buscaron en la base de datos incidentes ocurridos en la misma localización del homicidio. También, se añadieron los antecedentes penales de todas las personas mencionadas en el caso. Además, se añadió información del censo. Posteriormente, se entrevistó al investigador principal de cada caso para que aportara detalles adicionales que se hubieran mencionado en los informes.
Se tuvo como variable dependiente la resolución del caso, considerándose como tales todos aquellos que hubiera finalizado con una detención. La tasa de resolución en esos años estaba en un 69%, siendo ligeramente superior a la media nacional de esa época (65- 67%). Como variables independientes se consideraron 16. En lo relacionado al dominio de sujetos involucrados se consideró el género de la víctima y del sospechoso, la edad de la víctima y el historial criminal del sospechoso. En lo relativo a las circunstancias del incidente se analizó la relación existente entre víctima y victimario, el motivo del crimen y la hora de comisión del mismo. En lo relacionado con la dinámica del caso se extrajeron datos de la presencia de testimonios, de armas y de evidencias tecnológicas y biológicas. También se analizó la frecuencia de la policía en el área y si el crimen había sido interior o exterior. En lo referente a las características ecológicas se analizó la población, el tanto por ciento de extranjeros y el de personas con un nivel educativo inferior a la educación secundaria. Por último, en lo relativo al investigador se recopiló información sobre el número de casos abiertos cada año, el número de casos que tiene asignados, la utilidad de los apoyos y de las revisiones de casos por parte de la unidad.
Los resultados obtenidos muestran que los casos donde la víctima tenía menos de 24 años tenían 3,5 veces más de posibilidades de ser resueltos que cuando la víctima era mayor. Esto puede ser así, porque se les da mayor prioridad a los casos donde la víctima era joven o porque las personas más pequeñas cuentan con la supervisión de los adultos y, por tanto, es más fácil obtener datos. Cuando el sospechoso tiene antecedentes penales hay 1,09 más de posibilidades de resolución. No se encontró una relación entre el sexo de víctima y autor y el índice de resolución de casos. Cuando había una relación entre víctima y autor las posibilidades de resolución aumentan un 6,89. Si el crimen estaba motivado por algún asunto relacionado con el submundo criminal las posibilidades de resolución se reducían un 0,38. Esto es así porque las personas involucradas daban información falsa a la policía o directamente no cooperaban con ella. En lo relativo a las evidencias aumentaban la resolución del caso 2,72 veces. De igual manera la mayor presencia de la policía en la zona hacía que las posibilidades creciesen 2,4. La localización interior del crimen aumenta en un 2,51. Cada vez que se aumentaba en una unidad la población se reducía por 0,99 las posibilidades de resolución, esto es así porque al haber más gente el delincuente se vuelve más anónimo y, por tanto, se dificulta su identificación. Sorprendentemente aumentaban en un 1,11 cuando había mayor presencia de extranjeros, se piensa que es así porque colaboraran más con la policía por el miedo a la deportación o alguna otra falta administrativa. Sin embargo, no se observó relación con el nivel educativo. Por cada caso abierto que tiene el investigador se reduce en 2,5 las posibilidades de resolución. Por el contrario, las revisiones del caso aumentan en un 1,80.
Se puede concluir que los casos que tendrían más posibilidades de resolverse serían aquellos que hubieran pasado en un escenario interior, donde la víctima es menor de 24 años, tiene relación personal con el autor. El victimario tenía antecedentes penales, pero no guardaba relación directa con el submundo criminal. Ocurría en una población pequeña con gran presencia policial y alto número de inmigrantes. La escena del crimen presentaba un gran número de evidencias. El investigador principal tenía pocos o ningún otro caso abierto y en su equipo se hacían revisiones periódicas del caso.
Efectos de la inclusión y exclusión social en la obtención de información. Club de Ciencias Forenses
8 junio, 2019 / Sara Carreño / Sin comentarios
Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Eliciting human Intelligence: the effects of social exclusión and inclusión on information diclosure” de Ask, Ejelöv y Anders; en él se estudia los efectos de las experiencias sociales, concretamente la inclusión o exclusión social, sobre la facilidad de obtención de informaciones en entornos semicooperativos que pueden darse en un contexto de investigación policial o de inteligencia.
La hipótesis que se plantearon en esta investigación es que la exclusión social supondría una amenaza para la necesidad de pertenencia y la autoestima de los individuos lo que les haría intentar reconectar socialmente y eso llevaría a compartir más información crítica.
Para comprobar la hipótesis hicieron dos experimentos. El primer experimento consistió en un dilema de administración de información, en el que debían conseguir llegar a un punto de equilibrio entre la información crítica que divulgaban, que beneficiaba al resto, y la información crítica que retenían, que les beneficiaba a ellos. Previamente habían jugado a un videojuego en el que podían estar incluidos o excluidos socialmente por sus compañeros. Los miembros del grupo control simplemente observaban pasivamente el juego. Se predijo que los participantes que fueran excluidos compartirían más información que aquellos incluidos y que el efecto de la exclusión se podría medir por el nivel de amenaza de pertenencia y por la autoestima que experimentaban los participantes.
Para comprobar las hipótesis se utilizó una muestra de 150 participantes, con una edad media de 28 años. Un 71,3% eran mujeres y un 28,7% hombres. Fueron reclutados a través del departamento de psicología de la universidad de Gotemburgo y se les dijo que el estudio era sobre la toma de decisiones en grupo. Se les asignó al azar a una de las tres condiciones de investigación.
Los participantes llegaban en grupos de entre tres y seis miembros, cada uno se sentaba en un ordenador individual y leían las instrucciones. Para el dilema de la información se les decía que eran un paparazzi que trabajaba en un equipo con más miembros (el resto de participantes). Su equipo competía con otro equipo por ganar un premio de 20€, pero solamente el mejor fotógrafo de manera individual lo ganaría. Cada fotógrafo debía fotografiar a nueve famosos determinados, pero desconocían donde se encontraban. Por el contrario, conocían la ubicación de los famosos de uno de sus compañeros. Compartir dicha información podía hacer ganar a su equipo, pero sólo uno de ellos ganaría el premio. Antes de pasar a la realización del intercambio de información se les pedio que jugaran a Cyberball, un juego donde tres jugadores se pasan el balón entre ellos. Los participantes creían estar jugando en línea con otros participantes. A las personas que se les asignó la inclusión social les pasaba el balón el mismo número de veces, a los de la exclusión social solo se les pasaba dos veces al principio y luego los otros dos jugadores se la pasaban entre ellos exclusivamente. El grupo control vio una grabación. Después de ello se les pedio a los participantes que dijeran cuantas coordenadas revelarían a sus compañeros y que contestaran a unas preguntas con escalas de Likert. Tuvieron que calificar el grado de pertenencia que experimentaron, la autoestima, la existencia significativa y el control que sintieron durante el juego. También tuvieron que informar sobre diferentes estados positivos y negativos que experimentaron y sobre el grado de exclusión o inclusión que sintieron y la frecuencia con la que recibieron el balón.
Los resultados revelaron que los participantes excluidos socialmente se sentían significativamente más excluidos e ignorados que el resto de participantes. También, pensaron que habían recibido el balón un número menor de veces que el resto. Los participantes excluidos informaron que sintieron menos pertenencia, control, existencia significativa y autoestima que los incluidos o el grupo control. Entre estos dos grupos no hubo diferencias significativas. En cuanto a los estados de ánimo el grupo excluido presentó más estados negativos que el resto de grupos. En relación a la revelación de información no se mostró diferencias significativas entre los grupos, por tanto, la hipótesis planteada no pudo demostrarse. Si bien es cierto que los excluidos revelaron un poco más de información que los incluidos, los niveles fueron los mismos que los del grupo control. Tampoco pudo ser probada la hipótesis referente a los niveles de pertenencia y autoestima. Se cree que el resultado negativo del experimento pudo deberse a que la revelación de la información se hacía a un miembro anónimo, lo que no producía una reconexión con el grupo social. También se piensa que la condición de control generaba el mismo rechazo que la de exclusión y por tanto los resultados no diferían.
En el segundo experimento se intentó paliar las deficiencias presentadas en el primero. Por ello se optó por una entrevista de inteligencia, que llevaba aparejada una interacción más directa. Además, se incluyó una medida de sensibilidad al rechazo como un moderador potencial de los efectos de la exclusión social. Se pidió a los participantes que imaginasen ser informadores de la policía con antecedentes delictivos y con conocimientos críticos sobre un inminente ataque terrorista. Para ello se les dio previamente información sobre un ataque ficticio y sobre el grupo que lo iba a llevar a cabo. Se les pidió que durante la entrevista evitaran revelar muy poca información pero que tampoco revelaron demasiada, ya que por un lado necesitaba ser útil para la policía para que le permitirán quedar en libertad, pero por otro, a parte de su simpatía por el grupo terrorista podía ser identificado como la fuente de información. Previamente a la entrevista participaron en un experimento sobre la toma de decisiones grupales que no estaba relacionado donde fueron invitados a unirse a una discusión con otras dos personas o fueron ignorados. El grupo control no participó en esa fase. Las hipótesis que se plantearon fueron que, primeramente, los participantes excluidos socialmente revelarían más información que el resto. También se planteó que el efecto de la exclusión sería mayor para las personas con una sensibilidad de rechazo alta. Por último, el efecto de la exclusión sería mayor en aquellos que experimentaron una amenaza a la pertenencia y a la autoestima. Se manejó una muestra de 135 participantes con una edad media de 29 años, siendo un 65,2% mujeres y un 34,8% hombres.
Después de la entrevista los participantes tuvieron que contestar una prueba de memoria sobre el supuesto ataque que contaba con 17 preguntas. A continuación, contestaron el cuestionario de sensibilidad al rechazo de Downey y Feldman. Para acabar, respondieron a las escalas de satisfacción de necesidades empleadas en el primer experimento.
Los resultados mostraron que los participantes excluidos experimentaron menos pertenencia, autoestima, existencia significativa y control en comparación con los otros dos grupos. Los grupos de control y de inclusión no difirieron en nada salvo en pertenencia que era mayor en el segundo. También, los participantes excluidos mostraron estados de ánimo más negativos que positivos. Los excluidos no difirieron en el número de informaciones reveladas en relación a los otros dos grupos, por tanto, la hipótesis planteada no fue demostrada. Tampoco la sensibilidad al rechazo interactuó significativamente, siendo incompatible este resultado con la segunda hipótesis. El nivel de sensibilidad al rechazo tampoco se pudo relacionar significativamente con la divulgación de información. Por último, tampoco fueron significativos los efectos de la pertenencia o la autoestima en relación a la exclusión social y al intercambio de información, dejando de esta manera sin apoyo a la tercera hipótesis. Se obtuvieron resultados sorprendentes que revelaron que la inclusión social hacía que el número de informaciones reveladas fuera ligeramente mayor.
En conclusión, se puede decir que las experiencias sociales previas de las fuentes pueden realmente influir en el resultado de las entrevistas, aunque, en la actualidad se desconocen los mecanismos que puedan estar detrás de ello.
Estimación de la edad de muerte por el esqueleto: método bayesiano versus regresión. Club de Ciencias Forenses
1 junio, 2019 / Sara Carreño / Sin comentarios
Amigos del Club de Ciencias Forenses, esta semana presentamos el resumen del estudio “Skeletal age -at-death estimation: Bayesian versus regressions methods” de Nikita y Nikitas; en él hacen una comparativa sobre los dos métodos para determinar la edad en el momento de la muerte, la aproximación bayesiana o el método de regresión.
Establecer la edad de fallecimiento basado en el esqueleto es importante, tanto en antropología forense como en la bioarqueología. En el primero de estos campos ayuda a establecer el perfil biológico del individuo y su identificación. En la bioarqueología nos da información del pasado biológico y contribuye al estudio de la patología, la actividad y otros marcadores del esqueleto de la vida del individuo.
Se han propuesto varios métodos para estimar la edad en restos de adultos. Casi todos los métodos utilizan una muestra que debe ser representativa de la población de referencia. Después se establecen relaciones entre la edad cronológica y los marcadores de edad a través de los métodos de regresión o el enfoque bayesiano. Estas relaciones son las que se utilizan para establecer la edad de muerte en la muestra objetivo. Este procedimiento y en concreto el uso de método de regresión ha sido criticado, ya que la edad está sesgada por el perfil demográfico de la muestra utilizada, técnicamente el método bayesiano se desarrolló para minimizar ese problema.
En este estudio se han utilizado dos técnicas para incorporar el perfil demográfico de la muestra utilizada en el análisis regresivo. La primera de ellas es usar factores de ponderación adecuados tomados del perfil demográfico de la muestra objetivo o de una muestra que tenga un perfil similar. La segunda es crear, basándose en la muestra original, una nueva muestra hipotética con un perfil demográfico similar al de la muestra objetivo.
El método bayesiano para la estimación de la edad de fallecimiento fue desarrollado por Konigsberg et al. Calculó la probabilidad condicional Pr(aǀc) de que los restos óseos provinieran de individuos que murieron en la edad = a dado que se observa el marcador de edad c a través del teorema de Bayes:
Donde Pr(aǀc) es la probabilidad de observar el marcador de la edad r en un individuo que ha muerto en la edad a. f(a) es la distribución de la edad de fallecimiento en la población de referencia llamada información previa y shift es la edad mínima en información previa. Esta información era: la muestra objetivo, la muestra de entrenamiento y la muestra con perfil demográfico uniforme.
La f(a) de la información previa se estima con la ecuación que parte de la estimación del ratio de mortalidad y del de supervivencia aplicando la función del modelo de Gomplertz- Makeham. Las probabilidades condicionales Pr(aǀc) se obtienen utilizando el análisis de transición. Hay que tener en cuenta que la Pr(aǀc) se calcula como función de densidad de probabilidad. La edad de la muerte de un individuo con el marcador de edad c corresponde a la posición del pico de la curva de esta función.
En el presente estudio se utilizó como material datos artificiales, donde los marcadores de edad mostraban una expresión de ocho grados. Se generaron muestras aleatorias de edades comprendidas entre los 18 y los 85 años. El perfil demográfico de las muestras se basa en la distribución por edades de Gilbert, en la de Terry y en las tablas de vida inglesa número 17. Para las muestras de entrenamiento se crearon muestras con edades que siguen la distribución uniforme de Los Balcanes. A cada edad se le adjuntó un marcador de edad determinado. Las muestras de entrenamiento se generaron con el tamaño de 50,100,200 y 500. Para las muestras objetivo se utilizó el tamaño de menos de 500 para evitar fluctuaciones en las predicciones. Para cada muestra de entrenamiento se generaron siete muestras objetivo. En total se obtuvo 588 sistemas de datos artificiales, aunque solo se utilizaron 532 por problemas computacionales.
Se utilizaron varios criterios para probar el funcionamiento de los modelos de estimación de edad de la muerte:
Coeficiente de correlación de Pearson entre la edad original y la edad estimada.
El error estándar de estimación (SEE):
El porcentaje de casos en los que la edad de muerte original cayó dentro de un cierto intervalo alrededor de la edad promedio de muerte. Los intervalos fueron ±5 ±10 y ±20 años. Los casos que cayeron en el último fueron descontados por su poco poder de discriminación.
De los resultados obtenidos se pueden sacar dos conclusiones generales: la primera es que aparecen problemas de cálculo par los modelos de regresión 2 y 3 y en bayesiano en todas las muestras superiores a 200. Los problemas surgen cuando hay factores de la muestra objetivo que no están presentes en la muestra de entrenamiento sobre todo cuando faltan factores pequeños. Por tanto, la muestra de entrenamiento debe ser lo suficientemente grande e incluir todos los factores posibles de los marcadores de edad.
La segunda conclusión es que si se documenta la edad de muerte de una colección el mejor método para estimarla en los individuos que pertenezcan a la misma es la regresión simple. El método bayesiano reduce el efecto del mimetismo, pero no lo elimina totalmente.
El tipo y el tamaño de la muestra de entrenamiento puede afectar significativamente a los resultados obtenidos. Estos también se ven influenciados por la técnica propuesta, los pesos y la muestra hipotética de entrenamiento. El método bayesiano se desempeña mejor solo cuando el tamaño de la muestra es pequeño (50) y especialmente al usar muestra de entrenamiento arbitrarias. Cuando las muestras de entrenamiento tienen un perfil demográfico el rendimiento de los métodos de regresión aumenta considerablemente y mejora más si la muestra es uniforme. Los métodos de regresión superan al bayesiano en el 90% de los sistemas.
El método bayesiano que usa un perfil demográfico uniforme o el perfil de la muestra de capacitación son una opción inapropiada especialmente el primero de ellos que deberá evitarse por completo.
El rendimiento de los métodos de regresión en relación al bayesiano depende del criterio utilizado. Existen patrones característicos que son independientes del mismo. El uso de una muestra de entrenamiento uniforme da como resultado el rendimiento óptimo entre los métodos de regresión independientemente del tamaño de la muestra y del tipo de método propuesto. Esto puede ser porque un algoritmo de aprendizaje requiere la edad en el momento de la muerte y que los cambios morfológicos y esqueléticos correspondientes estén completamente representados en la muestra de entrenamiento para que la función matemática que lo mapea sea eficiente.
Se concluye que en el enfoque bayesiano si la información previa se utiliza la muestra objetivo o una similar demográficamente se reduce el sesgo de estimación de la edad de muerte, pero no se elimina del todo. En cuanto a los métodos de regresión tanto si se utiliza el enfoque de factores de ponderación tomados del perfil demográfico de la muestra objetivo como si se utilizan una muestra hipotética de entrenamiento con perfil demográfico similar al de la muestra objetivo, reducen y minimizan el sesgo siempre y cuando la muestra de entrenamiento tenga un perfil demográfico uniforme o de tipo gaussiano con representación equilibrada entre individuos jóvenes y mayores. Si se cumple esto, los dos enfoques superan en rendimiento al bayesiano por encima del 90%.

References: resolución 
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