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PROPUESTAS PARA UN CAMBIO DE REGIMEN JURÍDICO DE LOS EMPLEADOS DE HOGAR - PDF
PROPUESTAS PARA UN CAMBIO DE REGIMEN JURÍDICO DE LOS EMPLEADOS DE HOGAR
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José Ignacio Cordero Mendoza
1 GOBIERNO DE ESPAÑA MINISTERIO DE TRABAJO Y ASUNTOS SOCIALES SECRETARÍA DE ESTADO DE LA SEGURIDAD SOCIAL DIRECCIÓN GENERAL DE ORDENACIÓN DE LA SEGURIDAD SOCIAL PROPUESTAS PARA UN CAMBIO DE REGIMEN JURÍDICO DE LOS EMPLEADOS DE HOGAR RESPONSABLE: JOSE IGNACIO GARCIA NINET UNIVERSIDAD DE BARCELONA Investigación financiada mediante subvención recibida de acuerdo con lo previsto en la Orden TAS/1587/2006, de 17 de mayo (subvenciones para el Fomento de la Investigación de la Protección Social FIPROS-) La Seguridad Social no se identifica con el contenido y/o conclusiones de esta investigación, cuya total responsabilidad corresponde a sus autores.
2 PROPUESTAS PARA UN CAMBIO DE RÉGIMEN JURÍDICO DE LOS EMPLEADOS DE HOGAR. Financiado por medio de la subvención dirigida a actividades de estudio e investigación en el ámbito de la protección social (FIPROS 2006). Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Orden TAS/1587/2006, de 25 de mayo.
3 1. Concepto El artículo 2.1 b), del Estatuto de los Trabajadores considera relación laboral de carácter especial la del servicio del hogar familiar, estableciéndose en la disposición adicional primera de la ley 32/1984, de 2 de agosto, sobre modificación de determinados artículos de la Ley 8/1980, de 10 de marzo, del Estatuto de los Trabajadores, como el Gobierno, en el plazo máximo de doce meses, contados a partir de la entrada en vigor de la referenciada ley, había de regular el régimen jurídico de las relaciones laborales de carácter especial previstas en el Estatuto de los Trabajadores. El Real Decreto 1424/1985, de 1 de agosto, dio cumplimiento a tal mandato, teniendo en cuenta la necesidad de conciliar la equiparación de las condiciones de trabajo de los trabajadores domésticos al resto de los trabajadores y la consideración de las peculiaridades que se derivan de una actividad prestada en el ámbito del hogar familiar. La propia Exposición de Motivos de esta norma reconoce que es precisamente el ámbito de la prestación de servicios, es decir el hogar familiar, el factor determinante de las especialidades que con respecto a la legislación laboral común se prevén en esta norma, ya que ello determina la necesidad de que esta relación se base en la mutua confianza de las partes, equilibrando el respeto a los derechos laborales básicos de los trabajadores con la necesaria flexibilidad que debe concederse a que el empleador y el trabajador determinen las condiciones de prestación de servicios por mutuo acuerdo, no cabiendo tampoco olvidar que en el ámbito familiar en el que se desarrolla el trabajo se proyectan derechos constitucionales, relativos a la intimidad personal y familiar. Hay que tener en cuenta, aunque parezca una afirmación excesivamente simple, que la mayor parte de la problemática jurídica actual sobre esta materia se debe a su configuración como relación laboral de carácter especial y por tanto, a las diferencias existentes entre este tipo de prestación de servicios y la que se regula en el art. 1.1 del Estatuto de los Trabajadores. Conforme al art. 1.2 del Estatuto de los Trabajadores, se considera relación laboral especial del servicio del hogar familiar la que conciertan el titular del mismo, como empleador, y la persona que, dependientemente y por cuenta de aquel, presta servicios retribuidos en el ámbito del hogar familiar. La primera definición de esta relación jurídica puede encontrarse en el Proyecto de Código Civil de 1821 como aquel que presta servicios puramente mecánicos a favor de otras personas como objeto principal de su ocupación. Esta definición ha llevó a la doctrina a determinar un doble conclusión fundamental: en primer
4 lugar, y principal, que es probable que el origen de la relación laboral sea el servicio doméstico 1 ; en segundo lugar, y no por ello menos importante, el proceso de querer separarse por parte de los trabajadores por cuenta ajena del concepto de servicio doméstico no es reciente 2. Habrá que esperar hasta el Código Civil para la regulación concreta de esta figura jurídica. Especial importancia tuvo la facultad de desistimiento del art del Código Civil. Concretamente, este precepto se refiere a la posibilidad de extinguir el contrato por parte del amo siempre que exista justa causa o sancionada legalmente y, en caso contrario, ha de abonar una indemnización de quince días de salario. Además, en el párrafo segundo de este precepto se regulaba una presunción iuris tantum a favor del amo para ser creído, por su sola palabra, sobre los aspectos salariales. Esta normativa, que tuvo una aplicación de larga duración, motivó que la doctrina estimara que ya en los inicios, la relación entre el empleado doméstico y el titular del hogar familiar estaba perfectamente delimitada en el plano jurídico 3. En un sentido puramente cronológico, hay que tener en cuenta que la Ley de 30 de enero de 1900, de Accidentes de Trabajo, no se aplicaba a los empleados domésticos. Esta norma no dice nada sobre esta cuestión, pero sí que determina esta exclusión la jurisprudencia cuando declara la incompetencia de la jurisdicción para conocer de una cocinera que se había accidentado limpiando pescado 4. De la misma manera, la Ley 3 de marzo de 1904 y 19 de abril de 1905, excluían la aplicación del descanso dominical a los empleados domésticos. Asimismo, las Reales Ordenes de 15 de enero de 1920, una sobre jornada y otra sobre descansos, excluían la aplicación de la jornada de ocho horas a los empleados domésticos. Esta exclusión también se puede observar en el art. 2.2 de la Ley de Jornada Máxima, de 1 de julio de La primera definición sobre el concepto de servicio doméstico puede hallarse en el art. 3 de la Real Orden de 31 de marzo de 1920, sobre la aplicación de las leyes sociales a cocineros, reposteros, mozos, pinches, camareros, recadistas y demás obreros que sirven en hoteles, fondas, restaurantes, cafés y demás establecimientos públicos del género de los citados: 1 BORRAJO DACRUZ, El concepto de socio beneficiario del Montepío Nacional del Servicio Doméstico, Revista Iberoamericana de Seguridad Social, número 2, 1959, pág GONZALEZ ROTHVOSS, El servicio doméstico ante las leyes sociales españolas, Madrid, 1932, pág DE LA VILLA GIL, La relación laboral de carácter especial del Servicio del Hogar Familiar, Documentación Laboral, número monográfico, 1985, pág STS 31 de enero de
5 el que mediante jornal, sueldo, salario o remuneración de otro género o sin ella, sea contratado, no por un patrono, sino por un amo que no persiga fin de lucro sino para que aquél trabaje en su casa o morada particular al servicio exclusivo del contratante, de su familia y de sus dependientes, bien se albergue en el domicilio del amo o fuera de él. Esta definición fue posteriormente utilizada para poder excluir del ámbito de aplicación de la norma a los empleados domésticos en el art. 5 del Real Decreto 29 de diciembre de 1922, por el que se aprobaba el Reglamento de Accidentes de Trabajo de En el mismo sentido, el art. 147 del Código de Trabajo de 1926 excluía expresamente la aplicación a estos empleados domésticos de las cuestiones relativas a la responsabilidad patronal por accidentes de trabajo. En cambio, la única excepción a esta lista de exclusiones del servicio doméstico como relación laboral cabe hallarla en el art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo de 1931, en la que se incluyó dentro de este concepto a los servidores domésticos 5. Posteriormente, retomando la dinámica anterior, y con una definición casi idéntica a la establecida en la norma de 1920, la letra c) del art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 regulaba que uno de los supuestos excluidos de esta norma era: El servicio doméstico, entendiéndose por tal el que se preste mediante jornal, sueldo, salario o remuneración de otro género o sin ella, y que sea contratado, no por un patrono, sino por un amo de casa que no persiga fin de lucro para trabajar en una casa o morada particular al servicio exclusivo del contratante, de su familia o de sus dependientes, bien se albergue en el domicilio del amo o fuera de él 6. De hecho, quizás la única excepción normativa durante este período en relación a normas que de alguna manera le atribuyeran algún tipo de efectos laborales al servicio doméstico cabe hallarla en el Decreto 1119/1960, de 2 de junio, que prohibía el trabajo en el sector de los menores de catorce años, o de dieciséis sin certificado de estudios primario. Durante este período la jurisprudencia y la doctrina empiezan a opinar acerca de su importante proximidad con el contrato laboral, por ejemplo, cuando en las sentencias del Tribunal Supremo se afirma que es una relación laboral ya 5 GALVARRIATO, Notas para la historia del servicio doméstico, Revista de Trabajo, número 2, 1946, págs. 25 ss. 6 PEREZ GONZALEZ, Aspecto social del servicio doméstico, Revista de Trabajo, número 2, 1944, págs. 121 ss.
6 que reúne todos cuantos elementos se precisan para que de tal se calificara, a no ser por las excepciones que las citadas normativas establecen 7 y se comienza a utilizar el concepto que después derivará en las relaciones laborales de carácter especial. 2. Qué significa el concepto de hogar familiar? Es evidente que la característica que permite identificar este tipo de relación de carácter especial es el concepto hogar familiar, desde un doble punto de vista: El empresario es el titular del hogar familiar Los servicios se prestan en el ámbito del hogar familiar Hay que tener en cuenta que en la letra c) del art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 se utilizaban otro tipo de conceptos, probablemente más acordes con su época, ya que se refería a servicio doméstico, amo de casa o casa o morada particular. La propia exposición de motivos del Real Decreto determina la importancia de esta significación de la siguiente manera: (...) la consideración de las peculiaridades que se derivan de una actividad prestada en el ámbito del hogar familiar; es precisamente el ámbito de la prestación de servicios, es decir el hogar familiar, el factor determinante de las especialidades que con respecto a la legislación laboral común se prevén en esta norma, ya que ello determina la necesidad de que esta relación se base en la mutua confianza de las partes, equilibrando el respeto a los derechos laborales básicos de los trabajadores con la necesaria flexibilidad que debe concederse a que el empleador y el trabajador determinen las condiciones de prestación de servicios por mutuo acuerdo, no cabiendo tampoco olvidar que en el ámbito familiar en el que se desarrolla el trabajo se proyectan derechos constitucionales, relativos a la intimidad personal y familiar. Ahora bien, como se verá posteriormente, este concepto ha quedado superado, tanto desde el punto de vista físico, del espacio, como de los moradores del mismo, o sea, los familiares, de manera que son varias las sentencias que admiten la prestación de este tipo de servicios fuera del hogar familiar 8 ; incluso cuando la persona fue contratada para trabajar en la atención y cuidado de los hijos menores del titular del hogar familiar, con horario permanente, trasladándoles al colegio, dándoles de comer y cuidándoles, en el domicilio de la empleada doméstica mientras sus padres trabajaban 9. Algunas dudas han surgido en la jurisprudencia cuando se trata de la prestación de servicios en centros en los que coexiste el domicilio particular y 7 STS 23 de enero de 1965 (RJ 1965, 313). 8 STSJ Castilla y León/Burgos 30 de abril de 2002 (AS 2002, 4222). 9 STSJ Cantabria 11 de mayo de 2000 (AS 2000, 2451). 9
7 un posible centro de trabajo. Ahora bien, este concepto ha sido restringido cuando no existe una idea clara de hogar familiar, aunque los posibles empresarios sean familiares. Hay que tener en cuenta que en la letra c) del art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 se refería al empresario como un amo de casa que no persiga fin de lucro. En cambio, en el art. 1.3 del Real Decreto 1424/1985, de 1 de agosto, en la actualidad se contiene la siguiente regulación: Por titular del hogar familiar se entiende tanto el que lo sea efectivamente como el simple titular del domicilio, o lugar de residencia, en el que se presta el servicio doméstico. El concepto domicilio, aunque esencialmente es de naturaleza civil y se encuentra regulado en los artículos 40 y siguientes del Código Civil, también presenta diversas regulaciones en otras normas del Ordenamiento Jurídico, entre las que cabe destacar las leyes procesales, las mercantiles o las tributarias. La regulación de este precepto permite aceptar un concepto amplio del lugar de trabajo del trabajador, en el cabe incluir, normalmente, dos grandes categorías sin que la ubicación en uno u otro suponga, salvo excepciones, como se puede observar respecto al art. 8 del Real Decreto relativo a la conservación del contrato de trabajo doméstico, variación en el régimen jurídico de la prestación de servicios: Domicilio habitual o primera residencia Domicilio secundario o segunda residencia En todo caso, hay que incluir cualquier tipo de espacio donde se desarrollen actividades de tipo doméstico, ya sean viviendas o habitaciones, por ejemplo, si se prestan los servicios en una habitación de hotel donde reside, habitual o temporalmente 10, el empresario, fijas o móviles, como pueden ser embarcaciones. Ahora bien, toda esta construcción dogmática quiebra en los supuestos expresamente excluidos por el propio Real Decreto, ya que, en estos casos, aunque se den todas las notas características para que la prestación pudiera ser incluida dentro de la relación laboral de carácter especial, han de ser considerados como prestaciones de servicios ordinarios. 10 Sobre los domicilios temporales véase, entre otras, STCT 19 de octubre de 1983 (RTCT 1983, 8608), STCT 26 de diciembre de 1983 (RTCT 1983, 11253), STCT 9 de marzo de 1984 (RTCT 1984, 2283) y STCT 10 de noviembre de 1984 (RTCT 1984, 8536).
8 Es evidente que el concepto de titularidad del hogar familiar, ya sea efectivamente o se trate del simple titular del domicilio ha de ser necesariamente ampliado ya que, a la hora de determinar el empresario, los conceptos civiles de propiedad o posesión son insuficientes, por ejemplo, en cesiones temporales de uso sin título jurídico expreso. Por esta razón, se ha acumular a esta situación otra que es mucho más relevante y que proviene del concepto laboral general de empresario; es decir, quien recibe los servicios del empleado del hogar familiar 11 o quien consta y actúa como titular 12. Ahora bien, aunque esta regla sea la suficiente clara, se pueden dar situaciones en las que es necesario proceder a una búsqueda del empresario, por ejemplo, cuando no haya habido ningún tipo de declaración expresa en relación con el mismo. Así, si se trata de una familia formada por dos cónyuges se ha de acudir al Código Civil para solventar las dudas. En primer lugar, a diferencia de la expresión en un sólo sentido contenida en la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 cuando se refería al amo de casa, en la actualidad cualquier de los dos cónyuges pueden asumir la titularidad de empresario, conforme a la regulación contenida en el art o art del Código Civil. De esta manera, de las posibles deudas que se puedan contraer en el ejercicio de la potestad doméstica, conforme al art Cc, responderán solidariamente los bienes comunes y los del cónyuge que contraiga la deuda y, subsidiariamente, los del otro cónyuge. En este momento hay que realizar una distinción según cuál sea el régimen económico de los cónyuges. En el régimen de gananciales cuando se trate de obligaciones contraídas por los dos cónyuges conjuntamente o por uno de ellos con el consentimiento expreso del otro que generen deudas contraídas en el ejercicio de la potestad doméstica se responde con los bienes gananciales, según los artículos o 1367 del Código Civil. En cambio, en el régimen de separación de bienes, las obligaciones contraídas por cada uno de los cónyuges serán de su exclusiva responsabilidad, pero en cuanto a las obligaciones contraídas en el ejercicio de la potestad doméstica ordinaria responderán ambos cónyuges en la forma determinada en los artículos 1319 y 1438 del Código Civil. Sin embargo, cuando el vínculo conyugal se disuelve, hay que aplicar el art. 91 del Código Civil, conforme el cual, en las sentencias de nulidad, separación o divorcio, o en ejecución de las mismas, el Juez, en defecto de acuerdo de los cónyuges o en caso de no aprobación del mismo, determinará las medidas que 11 SALA FRANCO, La relación laboral especial del servicio del hogar familiar y el contrato de trabajo doméstico, Relaciones Laborales, Tomo I, 1986, pág STSJ Cataluña 27 de septiembre de 2005 (AS 2006, 77). 11
9 hayan de sustituir a las ya adoptadas con anterioridad en relación con los hijos, la vivienda familiar, las cargas del matrimonio, liquidación del régimen económico y las cautelas o garantías respectivas, estableciendo las que procedan si para alguno de estos conceptos no se hubiera adoptado ninguna. Estas medidas podrán ser modificadas cuando se alteren sustancialmente las circunstancias. Además, cuando se trata de varias personas que viven en un mismo domicilio, y no se haya definido claramente quién es el empresario, cualquier de los miembros puede asumir esta función ya que todos serán receptores de los servicios prestados por el empleado de hogar. Aunque el Real Decreto 1424/1985, de 1 de agosto, no regula esta cuestión, se puede acudir al art. 4.2 del Decreto en el que se puede observar esta cierta opción por parte de todos los beneficiarios de la prestación de servicios al regular que será el empresario la persona que ostente la titularidad de la vivienda que habite o aquella que asuma la representación del grupo. De esta manera, queda claramente determinado que el empresario lo deberá ser uno de los integrantes del colectivo de residentes del domicilio, en último caso, aquella persona que asuma la representación; pero, bajo ningún concepto lo será el grupo, con independencia de la forma jurídica que asuma. Todo ello sin perjuicio de las relaciones internas que se puedan generar en el propio grupo y que podrán ser resueltas, salvo que se haya pactado unas reglas específicas, por las reguladas en el art. 393 del Código Civil. Finalmente, se plantean, cada vez más, supuestos en los que se puede apreciar la coexistencia de varios empresarios, normalmente dos. El supuesto habitual es una persona que contrata a un empleado de hogar para que preste servicios a favor de un familiar suyo, titular de un domicilio, habitualmente un ascendiente, que es quien determina cuál va a ser la prestación a llevar a cabo por el trabajador En este caso no queda claro quién es el empresario, si la persona que contrata, el familiar que recibe la prestación de los servicios o los dos de manera conjunta. La identificación adquirirá mucha importancia, por ejemplo, en supuestos de pago de salarios o extinción del contrato de trabajo por causas que afecten a la persona del empresario, como puede ser la muerte o incapacidad permanente del ascendiente. 3. Ausencia de ánimo de lucro La letra c) del art. 2 de la Ley de Contrato de Trabajo de 1944 regulaba que en esta relación no persiga fin de lucro.
10 En la actualidad el Real Decreto no presenta esta nota característica, que sí aparece en el art. 4.1 del Decreto 2346/1969, de 25 de septiembre, por el que ser regula el Régimen especial de la Seguridad Social del servicio doméstico, ya que al definir a la persona que considera cabeza de familia entiende que se trata de una persona natura que tenga algún empleado del hogar a su servicio en su domicilio y sin ánimo de lucro 13. Sin embargo, tanto la doctrina como la jurisprudencia han seguido utilizando este concepto para identificar al servicio doméstico. Entre los autores, cabe destacar la afirmación que el servicio doméstico es totalmente improductivo 14. La jurisprudencia también ha seguido esta línea de interpretación. Tanto el Tribunal Supremo al declarar en sus sentencias que en esta relación no existe obtención de una finalidad lucrativa por coadyuvar en el proceso de gestación de bienes económicos de quien recibe tales servicios 15 o que falta de traslado efectivo del fruto del trabajo al empresario para su ulterior especulación de éste 16 ; como el Tribunal Central de Trabajo al determinar que el servicio doméstico se caracteriza porque quien lo recibe no persigue fin de lucro industrial o mercantil, ni tampoco el efecto social de proporcionar a terceros bienes o servicios cuya titularidad haga suyos ab initio 17. Esta desconexión puede llegar a presentar contradicciones entre la normativa laboral y la de Seguridad Social. Así, por ejemplo, cuando una persona presta servicios dentro de esta relación laboral de carácter especial en un domicilio donde habitan varios huéspedes, es probable que no existan dudas sobre la calificación de esta relación como ordinaria, no sólo porque la prestación no es doméstica, sino también porque existe una actividad lucrativa entre el empresario y los demás habitantes de dicho domicilio. Sin embargo, mayores problemas pueden surgir si se piensa en un domicilio particular donde se alquila una habitación. 4. Cuál es el objeto del contrato? Conforme al número cuarto del artículo 1 del Real Decreto 1424/1985, de 1 de agosto, que regula el ámbito de aplicación, el objeto de esta relación laboral especial son los servicios o actividades prestados en o para la casa en cuyo seno se realizan, pudiendo revestir cualquiera de las modalidades de las tareas domésticas, así como la dirección o cuidado del hogar en su conjunto o de algunas de sus partes, el cuidado o atención de los miembros de la familia o de quienes convivan en el domicilio, así como los trabajos de guardería, jardinería, 13 DE LA VILLA GIL, La relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar, Documentación Laboral, 1985, pág LOZANO MONTERO, El servicio doméstico y el contrato de trabajo, Revista de Trabajo, número 5, 1948, págs STS 23 de diciembre de 1983 (RJ 1983, 10765). 16 STS 26 de noviembre de 1983 (RJ 1983, 10125). 17 STCT 5 de junio de 1985 (RTCT 1985, 3751). 13
11 conducción de vehículos y otros análogos, en los supuestos en que se desarrollen formando parte del conjunto de tareas domésticas. En principio esto supone que el objeto del contrato de trabajo ha de ser la prestación de servicios que tenga por finalidad la satisfacción de necesidades personales del empresario como titular del hogar familiar y no la participación en actividades económicas. Probablemente el concepto regulado en la Ley de Contrato de Trabajo era más esclarecedor ya que se refería a un tipo de prestación de servicios doméstico, traducible, conforme a la etimología de esta palabra, como aquel que se realiza en o para una casa. Asimismo, también es más clara la definición regulada en el art. 1 de la Ley número 339, de 2 de abril de 1958, per a la tutela del rapporto di lavoro domestico al definir que se trata del que es prestado a qualsiasi titolo la loro opera per il funzionamento della vita familiare, sia che si tratti di personale con qualifica specifica, sia che si tratti di personale adibito a mansioni generiche. El art. 1.4 Real Decreto 1484/1985, de 1 de agosto, regula una serie de actividades que forman de la prestación del servicio por parte del trabajador. Como se puede observar la lista es totalmente abierta, de manera que puede ser ampliada, siempre que se trate de supuestos que guardan algún tipo de relación con las tareas domésticas. Es evidente que la elasticidad del listado quedará restringido por la opinión de los tribunales cuando se den conflictos jurídicos, en cuyo caso, habrán de actuar analizando el servicio que se pretende incluir de manera concreta. En todo caso, y como criterio general, aunque probablemente no excesivamente útil a efectos prácticos, el Tribunal Supremo estableció como criterio general de distinción el carácter inespecífico, indeterminado y universal de los servicios o tareas propiamente domésticas, frente a la tipicidad y especialización de otros servicios no domésticos prestados en el hogar familiar 18. Además, la redacción de este precepto ha ocasionado una corriente, tanto jurisprudencial como doctrinal 19, en la que permite observar dos tipos de actividades domésticas: las propiamente dichas y las que no son necesariamente tareas domésticas. En principio la separación entre ambas categorías se lleva a cabo de la siguiente manera: 1) Propiamente dichas. 18 STS 1 de julio de 1987 (RJ 1987, 5052). 19 RAMIREZ MARTINEZ, La relación laboral especial del servicio del hogar familiar, Comentarios a las Leyes Laborales. El Estatuto de los Trabajadores. Tomo II. Volumen I, Madrid, (Edersa), 1987, pág. 4.
12 Se divide, a su vez, en dos bloques. En primer lugar, una definición general, como es cualquiera de las modalidades de las tareas domésticas. En segundo lugar, aporta el siguiente un listado: dirección o cuidado del hogar en su conjunto o de algunas de sus partes, el cuidado o atención de los miembros de la familia o de quienes convivan en el domicilio. En esta categoría se agrupan todas las tareas domésticas cuyo objeto son las personas que viven en la casa, siempre y cuando se traten de servicios intrínsecamente domésticos. La jurisprudencia ha incluido en este grupo los supuestos de asistencia a ancianos, discapacitados, enfermos o similares, aunque en alguna sentencia se ha manifestado la posibilidad de cubrir esta necesidad, tanto por medio de esta relación laboral de carácter especial, como por medio de un contrato de arrendamiento de servicios, por ejemplo, si los servicios hubieran consistido únicamente en actividades específicas de su profesión de ayudante técnico sanitario, sin sometimiento a horario y mediante remuneración por acto profesional 20 o una relación laboral ordinaria. Así, no cabe duda cuando a estas tareas de colaboración con una persona impedida se añaden la realización de otros servicios domésticos 21, si se prestan servicios que no parecen tener cualificación profesional especial 22, cuando son genéricos 23, si son de carácter técnico, pero se realizan en el ámbito del hogar familiar 24, servicios no especializados prestados a una persona que no puede valerse por si misma por persona titulada no en el ámbito del hogar familiar, sino en un hospital 25, servicios de asistencia personal y limpieza prestados a una anciana enferma, inicialmente en su domicilio y posteriormente en la clínica en la que está internada 26 o realizados por persona carente de título sanitario que cuida a una persona en el seno del hogar familiar 27. En cambio, la jurisprudencia ha excluido de la calificación de servicio doméstico la relación existente entre una persona que presta determinados servicios equivalentes a una enfermera en su domicilio particular a un anciano, en razón al carácter no doméstico de los mismos 28, cuando se trata de tareas especializadas 29, si se trata de servicios de cuidado de un anciano en el ámbito de una residencia concertados por sus familiares 30 o concretamente, en el caso 20 STCT 5 de febrero de 1985 (RTCT 1985, 766). 21 STCT 2 de noviembre de 1977 (RTCT 1977, 5287). 22 STCT 28 de enero de 1986 (RTCT 1986, 432). 23 STSJ País Vasco 9 de mayo de 2000 (AS 2000, 3160). 24 STCT 13 de octubre de 1988 (RTCT 1988, 6350). 25 STCT 22 de abril de 1989 (RTCT 1989, 1449). 26 STSJ Madrid 14 de junio de 1989 (AS 1989, 2345). 27 STSJ Baleares 16 de junio de 1994 (AS 1994, 2618). 28 STS 1 de julio de 1987 (RJ 1987, 5052). 29 STSJ Canarias/Santa Cruz de Tenerife 17 de marzo de 2003 (Jur. 2003, ). 30 STSJ País Vasco 1 de septiembre de 2004 (AS 2004, 3893). 15
13 de una secretaria particular y una empleadora, actriz, cuyas necesidades profesionales atendía en lugar distinto al domicilio 31. 2) Las que no son necesariamente tareas domésticas o también denominadas tareas domésticas por extensión 32. En este bloque no existe una declaración general, sino que ofrece la siguiente lista, los trabajos de guardería, jardinería, conducción de vehículos, con dos notas que se separan de la primera categoría. En primer lugar, una regulación que permite la inclusión de cualquier otra actividad siempre que guarde una cierta relación, por tener como finalidad asegurar el normal funcionamiento del hogar, al introducir la expresión y otros análogos. En segundo lugar, y esta es quizás la redacción que ha ocasionado más problemas, la frase en los supuestos en que se desarrollen formando parte del conjunto de tareas domésticas, cuyo significado ha sido que tales servicios podrán ser objeto de la relación laboral de carácter especial siempre que constituyan tareas domésticas y, como tales, se desarrollen, como una/s más dentro del conjunto de las que es preciso realizar para el mantenimiento o funcionamiento del hogar 33. Con independencia de la posible reiteración de servicios domésticos entre el primer bloque y el segundo, por ejemplo, cuando se habla de cuidado o atención de los miembros de la familia o de quienes convivan en el domicilio y se compara con trabajos de guardería, la cuestión principal es descifrar el significado de la última frase del precepto. En principio la jurisprudencia ha entendido que esta expresión significa que estas actividades que no son propiamente domésticas sólo quedarán incluidas en el ámbito de esta relación laboral de carácter especial cuando se desarrollen junto a las tareas domésticas que se configuran como objeto principal de este tipo de relación y, por supuesto, reúnan las notas características de este tipo de relación. Los tribunales, en varias ocasiones, obvian este requisito. Así, por ejemplo, cuando se califica de servicio doméstico el trabajo de un jardinero al servicio de un particular de modo esporádico, sin sujeción a horario, aportando el trabajador los elementos de trabajo y cobrando por horas 34 o cuando se explota una finca y se cuida una casa, en la que se habita, que es propiedad del empleador que reside en un país extranjero STCT 18 de mayo de 1982 (RTCT 1982, 2917). 32 SALA FRANCO, La relación laboral especial del servicio del hogar familiar y el contrato de trabajo doméstico, Relaciones Laborales, Tomo I, 1986, pág STSJ Andalucía/Granada 10 de enero de 1996 (AS 1996, 783). 34 STCT 14 de febrero de 1973 (RTCT 1973, 683). 35 STCT 30 de octubre de 1974 (RTCT 1974, 4409).
14 Así, la jurisprudencia, a la hora de considerar la existencia o no de una relación laboral de carácter especial, por ejemplo, en las actividades de jardinería y afines realizadas en fincas destinadas al recreo de sus propietarios, utiliza como elemento fundamental, en unos casos, la existencia o falta de hogar familiar en la finca en la que se prestan los servicios 36, mientras que en otros, por ejemplo, si se trata de servicios de cuidado de una huerta familiar 37 prestados en el círculo de la tareas domésticas, son plenamente incluibles en el régimen especial. Concretamente, los supuestos más analizados por la jurisprudencia son los siguientes. En relación a los conductores, en un primer momento, la jurisprudencia del Tribunal Supremo rechazó la calificación de servicio doméstico de este tipo de relaciones. Sin embargo, en la década de los años cincuenta esta posición cambia y se incluyen en esta categoría 38. Posteriormente, se mantiene esta calificación fundamentándola en la no aplicación de la Reglamentación Nacional de Transportes, aprobada por Orden Ministerial de 2 de octubre de Respecto a los servicios de jardinería, en un primer momento, el Tribunal Supremo rechazó la calificación de servicio doméstico a los servicios de jardinería ya que no se refería a las atenciones interiores de la vida familiar 40. Posteriormente, esta doctrina cambia y se incluyen dentro del concepto doméstico, fundamentándose, especialmente, en la falta de fin de lucro del contratante en relación a este tipo de actividad 41. Estos criterios son aplicados con más rigor por la jurisprudencia en supuestos en los que la finca en que el trabajador desarrollaba sus servicios no estaba constituido el hogar familiar del empleador o aunque así lo fuera los servicios desarrollados aisladamente considerados y al margen de otras tareas domésticas, no tenían el carácter de domésticos 42 ; pero, en cambio, aceptan la calificación de las tareas como domésticas si la empleadora es titular de una torre en la que el trabajador realiza el cuidado de una pequeña huerta familiar y trabajos de jardinería 43. Además, también se ha considerado una relación laboral ordinaria cuando los servicios se prestan a un empresario que persigue afán de lucro, como sucede, 36 STSJ Cataluña 4 de septiembre de 1998 (AS 1998, 3039). 37 STSJ Cataluña 10 de abril de 1992 (AS 1992, 2261). 38 STS 15 de diciembre de 1950 (RJ 1950, 2409). 39 STS 30 de septiembre de 1987 (RJ 1987, 6432). 40 STS 9 de abril de 1951 (RJ 1951, 948). 41 STS 22 de septiembre de 1953 (RJ 1953, 2269) y STS 22 de enero de 1969 (RJ 1969, 298). 42 STSJ Asturias 24 de mayo de 1991 (AS 1991, 3316). 43 STSJ Cataluña 10 de abril de 1992 (AS 1992, 2261). 17
15 por ejemplo, cuando promotores o propietarios de urbanizaciones contratan la prestación de servicios de jardinería 44, cuando los servicios que prestaba la trabajadora eran de limpiadora en la explotación de unos estudiosapartamentos 45 o si el trabajador es contratado por una empresa inmobiliaria para llevar a cabo una prestación de servicios consistente en cuidar y mantener los chalets destinados a la venta 46. En relación a guardas al servicio de particulares, se incluye dentro del concepto de servicio doméstico aquella persona que realiza funciones de cuidado de una casa o morada particular sin la existencia de inquilinos para un ama de casa, fundamentándose, una vez más, en la falta del fin de lucro 47. En cambio, se excluye de este concepto aquel servicio que no tiene como característica principal el servicio del hogar familiar, sino la conservación y custodia de una importante finca 48. Respecto a los porteros de casas particulares, la jurisprudencia, en general, ha declarado la laboralidad de esta relación y por tanto, su no consideración como trabajo doméstico, con el fundamento de las distintas funciones realizadas, especialmente si se trata de una casa con varios vecinos y/o el dueño no vive en ella 49. Finalmente, y situando estos servicios en los hogares rurales, la jurisprudencia ha considerado que pueden incluirse dentro de la relación laboral de carácter especial el cuidado de animales domésticos existentes en dependencias ajenas a la vivienda, siempre que sean destinados al consumo del empleador 50. Ahora bien, se excluyen cuando existe una explotación 51. En todo caso, esta interpretación jurisprudencial presenta tres interrogantes. En primer lugar, la interpretación literal de esta doctrina permite afirmar que este segundo tipo de actividades sólo podrán ser consideradas como servicio doméstico si también se realizan las actividades del primer bloque; o sea, los trabajos de jardinería realizados en un hogar familiar, cumpliendo además el resto de requisitos generales, sólo se considerarán incluidos en esta relación laboral de carácter especial si además se llevan a cabo tareas de limpieza del hogar. 44 STCT 29 de septiembre de 1984 (RTCT 1984, 7203). 45 STSJ Baleares 4 de diciembre de 1998 (AS 1998, 6593). 46 STCT 25 de febrero de 1986 (RTCT 1986, 4087). 47 STSJ Extremadura 20 de abril de 1991 (AS 1991, 2494). 48 STCT 25 de noviembre de 1986 (RTCT 1986, 12335). 49 Entre las varias sentencias que tratan esta cuestión, véase STS 15 de enero de 1941 (RJ 1941, 39), STS 20 de enero de 1952 (RJ 1952, 39) y STS 2 de octubre de 1953 (RJ 1953, 2432). 50 STCT 10 de diciembre de 1981 (RTCT 1981, 7272). 51 STCT 2 de junio de 1970 (RTCT 1970, ).
16 Es evidente que esta situación, aunque posible, es ciertamente extraña, ya que normalmente en un hogar familiar siempre deberán realizarse las actividades denominadas domésticas. Dicho de otra manera, siempre habrá alguien que lleve a cabo las actividades de limpieza, como mínimo. Además, en el caso que pudiera darse exclusivamente las actividades del segundo bloque, habría toda una serie de servicios que no tiene sentido que cambien de naturaleza jurídica por el hecho que se lleven a cabo solos o junto a otros. Quizás esta conversión podría darse en alguna actividad muy concreta que difícilmente de manera separada pudiera ser considerada como doméstica y que, por el contrario, junto con otras, pueda ser incluida, como por ejemplo, determinados servicios de mantenimiento en un domicilio. En segundo lugar, hay que plantearse quién puede realizar estas actividades domésticas principales: el mismo empleado doméstico, otra persona, conviva o no en el domicilio o incluso el mismo titular del hogar familiar. En principio, la redacción del Real Decreto no dice nada al respecto, por lo que podría entenderse que son válidos cualquiera de los sujetos propuestos. En tercer y último lugar, hay que tener cuidado porque la realización de estas actividades análogas no propiamente domésticas podría llegar a suponer la aplicación de la presunción de la existencia de una única relación laboral de carácter común, conforme a la letra d) del art. 2.1 Real Decreto 1484/1985, de 1 de agosto. Sin embargo, esta idea no es suficiente en la actualidad. Actualmente el concepto familiar que ha de ser utilizado en esta prestación de servicios ha de ser mucho más amplio que la definición tradicional de familia, no sólo por la estructura social se ha modificado, y es necesario dar cabida a todas estas nuevas realidades, sino también porque pueden haber determinadas situaciones, que no encajan totalmente en la definición del Real Decreto, pero que no existe ninguna razón para que no puedan ser incluidas. Ahora bien, hay que tener en cuenta que algunas de estas excepciones ya habían sido previstas; por ejemplo, cuando el art. 2.2 del Decreto 2346/1969, de 25 de septiembre, incluye dentro del campo de aplicación del Régimen especial, a quienes prestan sus servicios a un grupo de personas que si bien no constituyen familia viven todas ellas con tal carácter familiar en el mismo hogar. Es probable que esta regulación estuviera pensando, por ejemplo, en los supuestos de servicios domésticos prestados en una vivienda habitada por sacerdotes, pero no en realidades actuales como familias monoparentales o 19
17 pluralidad de personas que conviven en un mismo domicilio 52, como por ejemplo, pisos de estudiantes 53. De hecho la regulación del Real Decreto, al referirse al objeto del contrato, es más amplia que la precedente en la Ley de Contrato de Trabajo de 1944, ya que no sólo se refiere a los servicios prestados en el hogar familiar o en la casa o morada, si se prefiere la definición anterior, sino que se amplía con la preposición para. Aunque, probablemente, en ambos supuestos se esté pensado en el mismo tipo de prestación como regla general. Conforme al primer párrafo del art. 2.2 del Real Decreto, con carácter general quedan excluidas del ámbito de esta relación laboral especial las relaciones de trabajo en las que falta alguno de los presupuestos configuradores de su naturaleza jurídico-laboral, como la remunerabilidad, de dependencia y ajenidad. El interrogante que se plantea es saber si excluida una prestación de servicios del ámbito de esta relación laboral de carácter especial, cuál es su naturaleza jurídica. En alguna de las exclusiones expresas del art. 2.1 del Real Decreto la respuesta es sencilla: A) en las relaciones concertadas por personas jurídicas, aun si su objeto es la prestación de servicios o tareas domésticas, se está ante una relación laboral ordinaria, B) en los trabajos realizados a título de amistad, benevolencia o buena vecindad, la prestación se considera no laboral y C) en las relaciones concertadas entre familiares para la prestación de servicios domésticos, también se considera no laboral, salvo que se pueda demostrar que la parte que presta el servicio tiene la condición de asalariado conforme a lo regulado en el Estatuto de los Trabajadores. En el resto de supuestos, conforme a la disposición adicional única, se aplicará la regla regulada en el art. 8.1 del Estatuto de los Trabajadores en el sentido de presumir en los supuestos no expresamente resueltos por el Real Decreto la existencia de una relación laboral ordinaria. Sin embargo, aunque de manera muy extraña también puede darse el caso contrario, de manera que por debajo de la apariencia formal representada por varios contratos temporales suscritos, existía una distinta voluntad negocial que se manifestó, aunque no se documentara así, en la creación de un vínculo jurídico laboral subsumible en la referida relación especial de servicio doméstico Relaciones concertadas con otros sujetos 52 STSJ Navarra 15 de junio de 2001 (AS 2001, 1881). 53 Sobre este colectivo, entre otros, STCT 7 de diciembre de 1977 (RTCT 1977, 6281). 54 STSJ Cataluña 19 de enero de 1995 (AS 1995, 274).
18 De acuerdo con la letra a) del art. 2.1 del Real Decreto, quedan fuera del ámbito de esta relación laboral de carácter especial las relaciones concertadas por personas jurídicas, aun si su objeto es la prestación de servicios o tareas domésticas, quedando estas sometidas a la normativa laboral común. Esta nota característica, también presente en la definición de empleados del hogar que ofrece el art. L del Code du Travail, se fundamenta en nuestro país en una interpretación de origen jurisprudencial que las excluía, bien en razón de la falta de los requisitos esenciales, especialmente cuando se llevaban a cabo por sujetos plurales en los que existía ausencia de ánimo de lucro en la realización de sus actividades o de acuerdo con la interpretación del término patrono 55. Son varias las actividades que pueden incluirse dentro del concepto de servicio doméstico, entre las que cabe destacar, quizás por ser las más habituales, las labores de limpieza y el cuidado de personas, que pueden realizarse dentro de un domicilio por una persona pero cuya relación laboral ha de ser calificada como ordinaria porque el empresario es una persona jurídica 56. Estos supuestos cabe agruparlos en los siguientes tres bloques: empresas, organizaciones sin afán de lucro y congregaciones. Son varios los supuestos de actividades que se excluyen porque el empresario es una persona jurídica, en algunas ocasiones de naturaleza pública 57, como por ejemplo, cuando el empresario es el servicio social de asistencia a pensionistas de la Seguridad Social 58 o lo es un ayuntamiento 59. En cambio, se ha considerado servicio doméstico cuando en estos mismos supuestos, es el anciano el que tiene la condición de empresario 60. Diferentes son los problemas que plantea la contratación de servicios domésticos en embajadas españolas en el extranjero, que en general se califica como de relación común 61, ya que en estos casos suele prestarse servicios tanto en la parte privada como pública, aunque también caben casos en los que se trata de una verdadera prestación de servicios de tipo doméstico. Respecto a las organizaciones sin afán de lucro, la jurisprudencia, en general, ha considerado servicios domésticos en supuestos en los que se lleva a cabo contratación de educadores para cuidar a niños o jóvenes acogidos que 55 STSJ Madrid 23 de marzo de 2004 (AS 2004, ). 56 STSJ Andalucía/Málaga 15 de abril de 2002 (Jur. 2002, ). 57 STS 27 de mayo de 1981 (RJ 1981, 2362). 58 STCT 15 de febrero de 1982 (RTCT 1982, 860). 59 STSJ País Vasco 29 de junio de 1990 (AS 1990, 1556). 60 STCT 11 de marzo de 1988 (RTCT 1988, 2001). 61 STSJ Madrid 15 de junio de 2004 (Jur. 2004, ). 21
19 conviven como si fueran una familia 62, los servicios prestados en colegios 63, hospitales o centros de atención de personas, entre otros. En relación a las congregaciones, institutos religiosos o entidades benéficas, hay que distinguir entre aquellas contrataciones en las que se realiza una prestación de servicios cuyos beneficiarios sólo son los miembros de dicha entidad o si se prestan servicios a terceros. En el primer caso, la jurisprudencia suele considerar los servicios como domésticos, por ejemplo, entre una comunidad religiosa y una cocinera, que trabaja de manera exclusiva para ésta 64, mientras que en el segundo caso, se ha de llevar a cabo por medio de una relación laboral de tipo ordinaria 65, por ejemplo, si se trata de una prestación de servicios de limpieza de habitaciones en una residencia regentada por una orden religiosa 66. En general en estos supuestos los servicios prestados no cabe incluirlos dentro del concepto servicio doméstico, ya que no tienen como finalidad la satisfacción de las necesidades de una organización familiar dentro de su propio hogar 67. El concepto comunidad de bienes ha de ser entendido en un sentido amplio, ya que ha de incluir tanto el concepto jurídico de comunidad de bienes que se regula en el Código Civil y que utiliza el art. 1.2 del Estatuto de los Trabajadores a la hora de definir el empresario, como cualquier tipo de agrupación de personas. Así, en principio, la prestación de servicios de una persona para una auténtica comunidad de bienes se considera una relación laboral común. Esta afirmación se fundamenta en que, si el mero hecho de la convivencia es compatible con la existencia de un hogar familiar, que como actividad consuntiva no exige vínculos de parentesco entre sus miembros, la convivencia comunal no conlleva de por sí un hogar familiar, pues éste exige una indiferenciación entre lo común y lo particular que caracteriza la actividad de privacidad del hogar familiar. En los supuestos de existencia de un ámbito de coordinación diferenciado de las distintas privacidades normalmente no se identifica un hogar familiar, sino una empresa comunal y ésa es la razón de la exclusión cuando el empresario es una persona jurídica, pues ésta se caracteriza, como fenómeno organizativo, por la identificación de un interés común o coordinativo diferente de los privados de sus miembros. El hogar 62 STCT 9 de julio de 1986 (RTCT 1986, 8628). 63 STS 5 de mayo de 1954 (RJ 1954, 1263). 64 STCT 10 de marzo de 1988 (RTCT 1988, 2353). 65 STS 13 de febrero de 1953 (RJ 1953, 228). 66 STCT 23 de abril de 1980 (RTCT 1980, 2274). 67 STSJ Galicia 5 de febrero de 1998 (AS 1998, 1234).
20 familiar supone una privacidad, en la que el fenómeno convivencial aparece orientado intensivamente, ad intra y no extensivamente ad extra 68. En esta línea, entre los supuestos que han sido considerados como una relación laboral común cabe citar, la actividad de limpiadora al servicio de una comunidad de propietarios 69, si la empresa laboral consiste en una residencia donde se alojan permanentemente hermanos del instituto religioso y transitoriamente otros miembros de la misma congregación que se encuentren de paso en Madrid y a veces de otras congregaciones 70 o cuando se trata de varios familiares que contratan a una empleada doméstica para cuidar a un anciano en una residencia 71. En cambio cuando se trata de una agrupación de personas que de alguna manera pueden presentar una cierta consideración familiar, entonces la citada prestación puede ser considerada como relación laboral de carácter especial 72. En conclusión, el elemento diferenciador entre ambas categorías no estará tanto en la forma jurídica concreta del empresario, como en el hecho que la prestación de servicios se pueda incluir en el concepto de actividad doméstica 73. Conforme a la letra b) del art. 2.1 del Real Decreto 1424/1985, de 1 de agosto, quedan fuera del ámbito de esta relación laboral de carácter especial las relaciones concertadas entre familiares para la prestación de servicios domésticos, cuando la parte que preste el servicio no tenga la condición de asalariado en los términos del artículo 1.3.e) del Estatuto de los Trabajadores. En este precepto se utiliza la misma técnica que la regulada en el Estatuto de los Trabajadores, donde existe una exclusión clara en relación a determinados familiares, según el grado de parentesco, que puede ser destruida, ya que en determinadas situaciones estas mismas personas pueden llegar a ser trabajadores por cuenta ajena. De esta conexión entre ambas normas cabe plantearse, principalmente, dos cuestiones. En primer lugar, y esto parece no dar lugar a dudas, para poder excluir esta prestación del concepto de relación laboral de carácter especial por existir vínculos familiares se han de dar las notas características suplementarias reguladas en el Estatuto de los Trabajadores, por ejemplo, la convivencia con el empresario, titular del hogar familiar. 68 STSJ Madrid 4 de junio de 1996 (AS 1996, 2512). 69 STCT 19 de abril de 1985 (RTCT 1985, 2589). 70 STSJ Madrid 4 de junio de 1996 (AS 1996, 2512). 71 STSJ País Vasco 1 de septiembre de 2004 (AS 2004, 3893). 72 STSJ Navarra 15 de junio de 2001 (AS 2001, 1881). 73 STSJ Madrid 25 de marzo de 2003 (AS 2003, 2728). 23
Aspectos Laborales de la Empresa Familiar
Aspectos Laborales de la Empresa Familiar Isabel Merenciano Gil 28 mayo 2015 2015 BROSETA Abogados, S.L.P. ÍNDICE 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 Trabajo familiar Presunción de no laboralidad (art. 1.3.e ET) Estatuto

References: artículo 2
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