Source: https://www.nato.int/docu/review/2009/Afghanistan-law-order-elections/conflict-resolution-afghan/ES/index.htm
Timestamp: 2019-04-22 22:07:11+00:00

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﻿ Resolución de conflictos: Los afganos pueden hacerlo por sí mismos
Los afganos han vuelto a recurrir a sus métodos tradicionales para resolver los pleitos.
Christian Dennys relata su experiencia sobre la forma en que los afganos han instaurado la ley y el orden a través de consejos locales, y afirma que debe apoyarse ese sistema durante el largo periodo necesario para establecer un sistema judicial que funcione.
A principios de 2008 la aldea de Qala-i Farhad, situada en el distrito de Kalakan al norte de Kabul, se vio inmersa en numerosos conflictos sobre propiedad de tierras, en algunos casos entre familias de localidad y en otros con las aldeas vecinas. Según pasaba el tiempo los Consejos de Paz locales fueron trabajando con todas las partes implicadas, incluyendo a varios jóvenes que presionaban a sus padres para que resolvieran de una vez las disputas, en busca de una solución justa y razonable. En Kalakan siguen produciéndose desacuerdos, pero al menos con los Consejos de Paz existe un foro para resolverlos.
Las disputas por lindes y propiedades como éstas son habituales en muchos países; la diferencia es que en Afganistán no existe un sistema judicial eficaz, por lo que muchos de sus habitantes no tienen acceso a la justicia y tienen que confiar en mecanismos informales de resolución de conflictos. En Qala-i Farhad el mecanismo fue el Consejo de Paz local, cuyos miembros habían recibido una formación específica para la resolución de disputas sin violencia ni discriminación por parte de la sociedad benéfica Cooperación para la Paz y la Unidad (CPAU).
La imposibilidad de acceder a la justicia constituye una frustración grave para muchos afganos, y ya se está reconociendo que la reforma del sistema judicial oficial va a llevar muchos años. Sin embargo, no existen planes para una solución judicial alternativa al sistema oficial, lo que implica que la mayoría de la población no tendrá acceso a la justicia durante bastante tiempo.
Las Loya Yirgas (o Grandes Yirgas) de Emergencia y Constitucional, celebradas respectivamente en 2002 y 2003, constituyeron un ejemplo de resolución de disputas a escala nacional
Ya existen mecanismos informales de justicia en casi todas las comunidades, a los que se les suele denominar yirgas o shuras, que vienen a significar consejo o asamblea. En algunas comunidades existe una larga tradición de resolución de conflictos mediante códigos locales como el Pashtunwali, utilizado en áreas de mayoría pastún. Otras comunidades usan nombres diferentes, pero los ingredientes son en su mayoría los mismos: los consejos permiten que el demandante presente una queja o pida una indemnización, y el demandado puede responder a sus exigencias. Los representantes de la comunidad, entre los que suelen contarse ancianos de la aldea, propietarios de tierras y líderes religiosos, emiten una sentencia que puede consistir en el pago de una indemnización, un nuevo reparto de terrenos o un sistema consensuado para compartir recursos de uso común como el agua.
Hay muchos ejemplos de conflictos resueltos de esta forma. De hecho, las Loya Yirgas (o Grandes Yirgas) de Emergencia y Constitucional, celebradas respectivamente en 2002 y 2003, constituyeron un ejemplo de resolución de disputas a escala nacional. Las yirgas y shuras normalmente no se celebran a tan alto nivel, sino que se centran en los asuntos cotidianos de la vida de la población. Las investigaciones de la CPAU sobre estos programas indican que los principales motivos de litigiosidad son las tierras (36%), el agua (14%), los matrimonios o divorcios (15%) y las deudas (15%), además de diversos tipos de disputas personales como accidentes de coche (20%).
Dado su carácter local, los consejos responden a los problemas locales. La investigación de la CPAU indica que el nivel de litigiosidad está estrechamente vinculado a los ciclos agrícolas, aumentando apreciablemente en las temporadas de siembra, riego y cosecha. Los afganos aprecian mucho la capacidad de respuesta de los consejos, frente a lo que ocurre en el sistema oficial en el que las sentencias pueden tardar años y a menudo implican el pago de sobornos.
Uno de los ancianos de la aldea de Safidbarah saluda a un soldado del 207º Cuerpo del Ejército Nacional Afgano.
Aunque son los implicados en la disputa los que solicitan que se convoque el consejo, en ocasiones han sido terceras partes, como consejos no gubernamentales, líderes religiosos o vecinos, los que han presionado a los grupos o las familias en conflicto para que acudan a esta solución. Incluso los funcionarios gubernamentales a menudo entienden que en ciertos casos el mejor lugar para solucionar cierto tipo de pleitos, incluyendo delitos menores como robos o agresiones, es el sistema informal.
En una ocasión uno de los miembros del Consejo de Paz se enteró de que un hombre había presentado una queja ante el gobernador del distrito y el juez local porque el marido de su hermana se había comportado violentamente con ella. Temiendo que el caso se resolviera de forma poco eficaz, el miembro del Consejo pidió que se intentara mediar una solución entre el hermano, el marido y la mujer. Hicieron falta varias reuniones, pero poco a poco el marido fue admitiendo su error, pidió perdón y se reconcilió con su esposa y su cuñado.
Esto no quiere decir que esa familia ya no necesite ayuda para evitar que se reproduzca la violencia doméstica, pero al menos la solución se aplicó con rapidez y desembocó en un propósito de cambio de comportamiento.
Parece evidente que la mejora en la resolución de conflictos locales mediante la formación y concienciación de los miembros de los consejos es una tarea que deben realizar las organizaciones y el gobierno afganos
Las disputas locales no son inmunes a los cambios que se producen en el resto del país, así que les afectan la inestabilidad, los conflictos armados, el tráfico de drogas, la sequía y los desplazamientos de población. En un caso en el distrito de Sayedabad, en la provincia de Wardak, se enfrentaban dos comandantes de facciones yihadistas que se oponían a las actividades de desarrollo en sus zonas porque cada uno de ellos creía que beneficiarían al otro. Gracias a una formación adecuada los lugareños pudieron reunir a ambos comandantes y convencerles de participar en un proceso de formación. Fueron días tensos y difíciles, pero el ser capaces de compartir la misma habitación les ayudó a empezar a comprenderse mejor. Al finalizar el proceso de formación acordaron trabajar conjuntamente en pro del desarrollo del distrito.
Los mecanismos locales de resolución de conflictos no son una solución mágica, y no siempre llegan a decisiones justas. Muchas de las yirgas y shuras implicadas en la resolución de disputas han ido cambiando en el curso de los conflictos de los últimos treinta años, de forma que ya no están al servicio de la comunidad sino de los intereses de los poderosos. Además, estos consejos no siempre tienen en cuenta el punto de vista de las mujeres y de otros colectivos marginados, como los jóvenes, a la hora de tomar decisiones, a causa de la influencia de las tradiciones locales y religiosas.
Los ancianos constituyen una parte integral de los procesos de toma de decisiones y resolución de conflictos en Afganistán.
Parece evidente que la mejora en la resolución de conflictos locales mediante la formación y concienciación de los miembros de los consejos es una tarea que deben realizar las organizaciones y el gobierno afganos, que pueden trabajar con ellos para darles experiencia. Dar formación a un Consejo de Paz de 25 miembros cuesta muy poco, y permite que las comunidades tengan acceso a la justicia. Y se trata de una necesidad esencial porque pasarán muchos años antes de que el sistema judicial oficial, con sus tribunales, jueces y policías, haya adquirido la formación y práctica necesarias para cumplir sus funciones.
Pero gran parte de la comunidad internacional no se da cuenta de que la ayuda y el desarrollo pueden provocar a su vez nuevos conflictos. En Wardak y Badakhshan se ha pedido a los Consejos de Paz que ayuden a mediar en conflictos relacionados con el agua en proyectos de regadío financiados por el Programa de Solidaridad Nacional.
En todo lo relativo a la resolución de conflictos y los consejos locales la comunidad internacional desempeña un papel muy sensible. El camino mejor y más fácil consiste en asegurar que los programas de ayuda y desarrollo cumplen con el principio de “no provocar perjuicios” y de tratar de reducir los conflictos. Intervenir directamente en los consejos puede resultar muy difícil porque la mayoría de sus miembros no quieren dar la sensación de que están allí porque la comunidad internacional se lo ha pedido o les paga por ello, cuando lo cierto es que normalmente lo hacen porque quieren ayudar a su comunidad y a la justicia.
Pero sí que existe un papel a desempeñar: ayudar a grupos iniciales de adiestradores o a organizaciones que puedan aportar formación a los consejos. Esta ayuda indirecta hasta ahora ha sido insuficiente y existen muchas posibilidades de actuación para ampliar la resolución de conflictos a nivel local para atender una necesidad básica de los afganos: la justicia.
Christian Dennys es representante en Europa del grupo de expertos Cooperación para la Paz y la Unidad (CPAU). Anteriormente trabajó con otras organizaciones como Oxfam. Habla fluidamente el dari y en los últimos cinco años ha llevado cabo trabajos políticos y de investigación en Afganistán.

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